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p. -T 



ReVISTA CHII96NA 



ide: 



Historia Natural 



PUBLICACIÓN BIMESTRAL ILUSTRADA 

Dedicada al fomento y cultivo de las Ciencias Naturales en Chile 

PREMIADA POR EL INSTITUTO DE FRANCIA (Académie das Sciences) 



DIRECTOR Y REDACTOR (FUÍÍDADOR): 

Prof. Pr. Carlos E. PORTER, C. M. Z. S., f. E. S. 

DIRECTOR DEL MUSEO Y LABORATORIO DE ZOOLOGÍA APLICADA 
Catedrático da Zoología general, Entomologia y Microscopía del Instituto Agronómico de Chile, 
de Parasitología animal en la Escuela Nacional de Medicina Veterinaria y de Histología normal, Ana- 
tomía comparada y Zoografía da invertebrados en la Escuela de Altos Estudios del Musao Nacional 
Catedrático Honorario de Zoología Agrícola de la Universidad de Manáos (Brasil) 
Director de la obra "Fauna da Chile" y de los "Anales da Zoología Aplicada" 
Laureado de la Academia de Ciencias (París) y de varías otras Corporaciones sabias de Europa 
y con la Medalla da Honor de Instrucción Pública por el Gobierno de Venezuela 
Oficial de Instrucción Pública de Francia; "Chevalier" del Mérito Agrícola 



»e<- 



AÑO XXV 092O 



1923 

Santiago de Chile. — IMP. y LIT. LA ILUSTRACIÓN —Santo Domingo 863 



PRÓXIMA A SALIR A LUZ ^^^ tomo Gt. en 8o, de mas de28o 

■ páginas Ij, memísima o6i-a intitulada' 

LECCIONES ELEM.U.NTALES 

morfología y fisiología del hombre 



Chrlos E. PORTER, C. m- Z. s., p e. s. 

Profesor de Zoología general y aplicada en el instituto Agronómico da Chile, etc- 

La 1.» ed. de esta obra ha sido honrada ;on aprobaciones universitarias c i varios 

países americanos y declarada oficialmenlo texto de la Escuela Naval Militar de Chile. 

Se han emitido sobre ella más de 12'' juicios muy favorables con respecto a sus 

condiciones científicas, pedagógicas y materiales por eminentes fisiólogos y revistas 

científicas y por profesores de Institutos nacionales y extranjeros. 

Xa 2* edición, aumentada e ilustrada con más de 130 figuras y láminas (varias 
a más de dos tintas), próxima a salir a luz, lleva un prólogo del eminente profesor 
D. Emilio Ribera Gómez, doctor por premio extraordinario en Ciencias Naturales, jefe 
administrativo y catedrático del Museo de Madrid, Vice-presidente asistente al Congreso 
Internacional de Educación de Chicago (1893). 

"Entre las publicaciones que a este han 
dado justificado renombre es quizás la más 
característica el libro que estamos encabe- 
zando. Sobriedad en el lenguaje; claridad t 
precisión en la exposición; doctrina a la al- 
tura de lo más moderno en Anatomía y Fi- 
siología; claro criterio para sintetizar en 
pocas páginas cuanto de más esencial estas 
ciencias integran; tales son las cualidades 
que le avaloran. Destinado a la enseñanza 
de los aspirantes a ingenieros de la Armada 
Nacional puede servir a maravilla no sólo 
para ellos, sino para todos los alumnos en 
preparación para las escuelas profesionales 
y aún en ciertos respectos (Citología, Histo- 
logía) para iniciar a los aspirantes a alum- 
nos de medicina en corocimientos que re- 
quieren base sólida sobre que fundamentar 
ampliaciones ulteriores. 

"Entrando ya en análisis del libro, nos 
es muy grato consignar que en su prin^era 
parle. Nociones de 'Anatomía general (págs. 
18-68) se trata con tal acierto la Estequiolo- 
gía, la Elemputologia y la Histología que 
resulta sin duda lo mejor de la obra, lo que el profesor Porler ha hecho con cariño ma- 
yor. Nada de lo moderno está aquí olvidado; la Citología es particularmente primorosa 
•n sus nociones exlernas sobre morfología y vida celulares, y todo tratado dentro del 
carácter elementalisimo del libro." 

"La 2» pane del libro (págs. 69 y siguientes) viene dedicada a lo que en él se deno- 
mina Nociones de Anatomía y Fisiología. 




Golilla de sangre, con gran aumento 



"El examen de las funciones del hígado, tan complejas, importantes y recientemente 
bien precisadas puede servir como comprobante da nuestro aserto, por lo bien «-xpueslas 
que en el libro van; lo mismo puede verse por lo que a cualquier otro órgano o función 
atañe; por ejemplo al sentido del equilibrio en el oíao localizado; a las funciones del 
aparato nervioso donde hasta la teoría histológica del sueño se trata, etc. 

"Resumiendo: nos consideramos honrados consignando en estas líneas, presewta- 
ción al público de la 2 » edición del libro de Porter, que es esta nua obra aue enaltece 
por igual a quien la escribió y al Gobierno de Chile que ha sabido utilizar debidamente 
a hombres de sus aptitudes, llevándolo donde éstas han pórfido ser mejor aprovechadas 
para el aventajamieuto de laenseñunza nacional". (Del Prólogo del Dn. Rideha Gómez.) 

El Dr. Laoi-anie, Profesor de Fisiología en la Escuela Nacional Veteriiaria de To- 
losa (Marzo 8 de 1906): He recibido con el interés de siempre un nuevo paquete de publi- 
caciones suyas. . 

"No necesito decirle cuanto le agradezco el hermoso tomo 8.» de su progresista 
"Revista" y su obra de Fisiología que tanto deseaba conocer. Es éste un libro metó- 
dico, claro, bien al día de los úflimos adelantos, que obtendrá éxito seguro y no dudo 
verlo pronto traducido a otros idiomas; de mi parte voy a recomendar a uno de nues- 
tros editores su traducción al francés. 

Permítame felicitarlo ardientemente por esta nueva obra didáctica suya y créame su 
colega V amigo. — (Firmado) Dr. Laulanib." 

IMPORTE DE L.4. OBRA COMPLETA: Empastada en tela $ 10.00 

Los compromisos de suscripción (y dirección precisa del suscriptor) deben remitirse 
a la brevedad posible a su autor, pues está comprometida ya casi toda esta nueva edición. 

Dirigirse al autor, Casilla 2974, SaKTIAOO (Chile) 



>i^tinguido señor y colega: 

^^JTengo el gusto de remitirle esa reciente publicación 
V:qiie le ruego aceptar, esperando sea de su agrado y 
ue tenga la bondad de acusarme recibo a mi dirección 
ostal: Casilla 2974, Stti'^iago (Chile). 

Salúdalo atentamente S. S. S. 

Prof. Dr. Porter 



REVISTA CHILENA 



HISTORIA NATU RAL 



RfiO XXV (I92I) 



LmttAnf 



«DVERTENCIfiS 



7.8 Los estudios se publicarán invariablemente en orden es- 
tricto de su arribo. Mientras dure la escase: de buen papel 
nos permitimos recomendar a nuestros colaboradores condensar 
en el menor número posible de páginas sus valiosos trabajos. 

Todos deberán traer al pie la fecha de su envío. La Redacción 
archiva los originales después de publicar los estudios respectivos. 

Los que, por cualquier motivo, no puedan ser publicados en la 
^''Revista''', serán devueltos certificados a sus autores. 

2-^ La Dirección de la "'Revista"' no autoriza la reproducción 
de los estudios originales publicados en ellos y sólo admite traba- 
jos inéditos. 

3.^ La Redacción no anunciará absolutamente (aunque las 
reciba) ninguna Revista que no anuncie la nuestra ni las obras 
de su Director que se le hayan remitido por conducto seguro. 

4.=^ La Dirección deja a los autores la sola responsabilidad 
de las ideas emitidas y de la nomenclatura usada por ellos. 

5.^ La '''Revista' no acepta ningún artículo en que se haga 
alusión injuriosa a otros naturalistas y mucho menos a sus pro- 
pios colabores: ella es obra de paz, concordia y unión entre los 
cultivadores de las ciencias naturales, cualquiera que sea su na- 
cionalidad y su credo político o religioso. 

6.^ Como la intención del director es dar el mayor número 
de trabajos y sobre los más variados temas en cada número, y no 
disponiéndose, por el subido precio de las impresiones de muchas 
páginas, el ideal sería que, hasta nuevo aviso, los señores colabo- 
radores' dedicaran a ella sus artículos que no pasen de 4 a S pá- 
ginas con las figuras más indispensables. 

7-^ Todos los canjes, las obras enviadas para anuncios o para 
ser analizadas, los pedidos y las colaboraciones deben ser dirigi- 
dos, certificados, al: 

Prof. Dr. Carlos E. PORTER 

Director de la Revista Chilena he Historja Natlral 

Casilla 2974 



SñriTIñQO (Chile) 



PRINCIPALES OBRAS CIENTÍFICAS 

DEL 

Prof. Dr. CARLOS E. PÜRTER. C. M. Z. S.. F. E. S. 

Director de la ''Revista Chilena de Historia Natural" 



1. Revista Chilena de Historia Natural.— Publicación bimestral ilustra- 
da, dedicada al fomento y cultivo de las Ciencias naturales en Chile. — Direc- 
tor y Redactor (fundador, en 1897|: Prof. Dr. Carlos E. Porfer. Con la cohibo- 
ración de 118 especialistas. Se anuncian las obras recibidas. — Suscripción al 
año. paijo anticipado $ 20.00 

2. Atlas Elemental de Anatomía y Fisiolog-ia del Hombre. — Agotada la 
primera edición, saldrá en breve a luz la segunda edición que coniprendenl 
75 láminas a varias tintas y varios cuadros sinópticos originales del autor. — 
Sn precio en rústica será sólo de $ 7.00 

3. Introducción al estudio de los Miriópodos. — Un folleto de 08 páginas 
en 8.0, ilustrado con2l figuras yáláminas en colores(2.* edición, 1912) $ 3.00 

•1. índice alfabético y sinonímico de la Anatomía humana de Sappey. — 
Un volumen en 8.", de 270 páginas, con más de 9 mil referencias. Gillet 
Hnos., Valparaíso. 1900. Obra muy bien recibida por gran número de profe- 
sores y revistas médicas. Quedan escasos ejemplares — Precio i? 10.00 

5. Memorándum de Zoología. — Un vol. gr. en 8." con numerosas láminas 
y figuras negras y en colores. Éxito colosal en todos los países cultos. Más de 
800 juicios se han emitido sobre esta obra destinada especialmente a la ense- 
ñanza en la América española. Próxima a salir a luz. 2." edición, con Prólogo 
del Profesor Dk. Odón de Bukn, de la Universidad Central (Madrid). Su 
precio será sólo de $ 12.00 

6. Lecciones elementales de Morfología y Fisiología humanas. — Obra 
«lue ha sido recibida con universal aceptación por eminentes fisiólogos, pro- 
fesores y revistas. Cuenta, como el MEMOPAXDUM DE ZOOLOdlA.Qon 9 
aprobaciones universitarias en América. La 2.'' edición, próxima a salir a luz, 
lleva un Prólogo del catedrático del Museo de Madrid Dr. Emilio Ribera 
GÓMEZ. — Precio, pasta, tela, será de sólo de .$ 10.00 

7. Instrucciones para la recolección y conservación de ejemplares de 
Historia Natural. — Esta obra indispensable a los estudiantes que hacen excur- 
siones y a los aficionados a formar colecciones de Historia Xatural, ha sido 
aplaudida por más de 2<i0 profesores y revistas de ciencias, y honrada con 
suscripciones oficiales en Chile, Perú^ Bolivia, El Salvador. Costa Pica, Para- 
(jnf/if, rruguaij y Guatemala. Agotada la 3." edición, saldrá próximamente a 
hiz una 4.* edición aumentada e ilustrada con 12 láminas y 70 figuras. Con un 
prólogo del Prof. Dr. G. Renandet. Director de la Estación Biológica de Vi- 
braye (Francia). — Precio a la rústica $ 3.00 

8. Materiales para la Fauna carcinológica de Chile,— Se ha estado publi- 
cando por partes desde 1903 en la «Revista Chilena de Historia IVatural». 

9. (ralería de Naturalistas de Chile (Retratos, biografías breves, listas de 
sus trabajos). — Se han publicado en la «Revista Chilena de Historia Xatural» 
hasta el presente 2(3 biobibliografías. 

10. Programa de Morfología y Fisiología del Hombre. 1 Folleto en 8.^ 
de 16 paginas. — Imprenta Gillet, Valparaíso, 190;?. 

11. Bibliografía chilena de Antrojtología y Etnología. — 1 folleto de 2^ 
páginas en 8.° (Reimpresión de los «Anales del Museo nacional de Buenos 
Aires). Buenos Aires 1910. 

12. Bosquejo histórico, desarrollo y estado actual de los estudios sobre 
Antropología, Fauna y Flora chilenas. — 1 folleto'en 8." de -tñ páginas. Con re- 
tratos y figuras. Es una conferencia dada en la Sociedad Científica Argenti- 
na, el 1.0 de Agosto de 1910. Imprenta Coni Hnos. Buenos Aires, 1910. 

13. Anales de Zoología Aplicada (Agrícola, Médica, Veterinaria). Fun- 
dados en 1914. — Colaboradores inscritos: 130 especialistas. Se anuncian los 
tratados, revistas y tesis recibidos. Suscripción al año, pago anticipado, para 
los susci-iptores a la Perista Chilena de Historia Xatiiral $ 10.00 



En preparación y en prensa 

Se encuentran las siguientes obras del Director de esta Revista: 

1. Museos y Naturalistas americanos (B tomos). 

2. Sinopsis y Atlas de Zoología Econ«)m¡ca de Chile (1 tomo). 

8. La organización y arreg:lo de Museos y fiíabinetes de Histo- 
ria Natural.— Formará lui tomo grande en 8. " de más de 300 páginas, 
con planos y figuras. 

4. Recolección, preparación y conservación de los Invertebra- 
dos. Con la colaboración de varios especialistas. — Formará un tomo 
en 8.° de más de 200 páginas, profusamente ilustrado. 

5. Vulgrarización Zoológ-ica.- Se publicará por series. Cada cua- 
derno o serie (con ilustraciones) $ 2.00 para los suscriptores de la «Eev. 
Ch. de Hist. ^íat.» — Para los demás: $3.00. 

6. Mi viaje de estudio en Europa (1910-1911). 1 tomo gr. en 8." 

7. Catálogo y bibliografía de los Cóccidos de Chile.— Con lámi- 
nas y figuras intercaladas, la mayoría originales. 

8. Catálog-o razonado de los Crustáceos podoftalmos de Chile.— 
Con láminas numerosas, originales del autor. 

9. Nociones de Zoología descrijttiva, conforme a /os últimos ade- 
lautos (le la ciencia ij con aplica< ion especial a los estudios agronómicos. 
1 vol. gr. en 8.". en excelente papel, de más de 300 páginas, ilustrada 
con más de 120 láminas y figuras intercaladas. Cuatro de las láminas 
en colores. Representa la obra un resumen de las lecciones dadas por 
el autor en el Instituto Agronómico de Chile. El importe será de $ 10 
para los 2(J0 primeros suscriptores. Después y en Librerías $ 18. 

10. Los Pentatóniidos de Chile. Con figuras, todas originales. 

11. Memorándum de Microscopía general y de Técnica histoló- 
gica aplicada al estudio de los tejidos animales. 1 tomo en 8.° de 
cerca de 120 páginas. Guía de trabajos prácticos, con figuras. Este libro 
representa un resumen de las lecciones explicadas por el autor a los 
alumnos del Instituto Agronómico de Chile. 

12. Catálogo sinonímico y distribución geográfica de los Longi- 
cornios de Chile, con numerosas figuras intercaladas, una bibliogra- 
fía completa y notas biológicas s/. esta interesante familia de insectos. 

13. Nociones de Anatomía comparada de los Invertebrados. Con 
la desoripcióu del instrumental y métodos técnicos empleados en los 
grandes laboratorios de Europa. Con numerosas figuras. 

11. Compendio de Zoología Médica para uso de los estudiantes de 
la América latina. Estado actual de la ciencia. Ilustrada con numero- 
sas láminas y figuras intercaladas, muchas originales. 

15. Fauna de Chile. Inventario razonado y profusamente ilustrado 
de todos los animales que habitan la República. Con la colaboración 
de más de 150 especialistas. Comprenderá 14 vols. en 8." 

16. Catálogo sinonímico, distribución geográftca, bibliografía 
y Atlas de los Invertebrados chilenos, con la colaboración de más de 
100 especialistas. Se publicará por entregas. Cada una tendrá pre- 
cio diferente según su extensión e ilustraciones. 

17. Los Protozoos. Resumen de las lecciones dadas en la Escuela 
de Altos Estudios del Museo ^N^acional. Con muchas figuras. 

18. Vocabulario de Histología normal y de Técnica histohigica. 
Formará un gr. vol. en S. ", con muchas figuras intercalas y láminas. 

Id. Sinopsis de los Sírfidos de Cliile. Con láminas y figuras, to- 
das originales del autor. 

20. Los Coreidos de Chile. Con figui-as originales. 

PoF más datos, suserlpeiones, ete., dirigípse al: 

Prof. br. C. E. PORTER, Casilla 2974, SANTIAGO (Chile) 



ReVISTA CHIbeNñ 



I3£2 



Historia Natural 

PUBLICACIÓN BIMESTRAL ILUSTRADA 

Dedicada al fomento y cultivo de las Ciencias Naturales en Chile 

PREMIADA POR EL INSTITUTO DE FRANCIA (Académie des Sciences) 



DIRECTOR Y REDACTOR (FU?íDADOR|: 

Prof. Pr. Carlos E. PORTER, C. M. Z. S., F. E. S. 

DIRECTOR DEL MUSEO Y LABORATORIO DE ZOOLOGÍA APLICADA 

Catedrático de Zoología general, Entomología y Microscopía del Instituto Agronómico de Chile, 

de Parasitología animal én la Escuela Nacional de Medicina Veterinaria y de Histología normal, Ana. 

fomía comparada y Zoografía de Invertebrados en la Escuela de Altos Estudios del Museo rvJacional 

Catedrático Honorario de Zoología Agrícola de la Universidad de Manáos (Brasil) 

Director de la obra "Fauna de Chile" y de los "Anales de Zoología Aplicada'' 

Laureado de la Academia de Ciencias (París) y de varias otras Corporaciones sabias de Europa 

y con la Medalla de Honor de Instrucción Pública por el Gobierno de Venezuela 

Oficial de Instrucción Pública de Francia; "Chevalier" del Mérito Agrícola 



AÑO XXV 092O 




1921 

Santiago de Chile. — IMP. y LIT. LA ILUSTRACIÓN — Moneda 873 



Esta REVISTA es propiedad del Di- 
rector y Redactor {su fundador en 1897), 
quien se reserva todos los dereclios lite- 
rarios y artísticos. 

Queda hecho el depósito (¡ne manda 
la ley. 



n Lñ MEMORIñ DE LOS SñBIOS 

Jücm Ign. Molina, Claudio Qay, Rodulfo ñ. Philippi, 

Fcd. Philippi, Ignacio Domcyko, Edwin C. Rccd 

y Filibcrto Qcrmain, 

n LOS ILUSTRES PROFESORES Drs.: 
Fcrnand Latastc Vicente Izquierdo 5. 

Ex-Catodrático de Zoología Médica Ex-Decano de la Facultad 
en la Escuela de Medicina. de Medicina. 

Gregorio nmundtegui Eduardo Moore B. 

Decano de la Facultad de Medicina Fundador y Director 

de la Escuela de Altos Estudios 
del Museo Xacional. 

ñ MI PniRin 

dedico este volumen especial de la "REVISTA 
CFlILEnn DE MISTORlñ MñTURnL" 

CARLOS E. PORTER. 

SnriTinGO de Chile. i8 de Septbre. de 1921. 



¿^í 



DOS pninBRñs 



En Octubre de 1897 salía a luz el primer núme- 
ro de nuestra querida '^Revista'', cuyas páginas ofre- 
cimos a todos los que en nuestro país escribían sobre 
Ciencias Naturales o las enseñaban por aquel enton- 
ces. 

Es cierto que, a pesar de reiteradas invitaciones 
a colaborar, algunos ya por falta de tiempo, y otros 
por dejadez o indiferencia no han respondido hasta la 
fecha. Lo lamentamos. 

Sin embargo, muchos nos ayudaron desde el pri- 
mer instante en la campaña que, en pro del adelanto 
y vulgarización de las ciencias naturales, empren- 
díamos llenos de fe y entusiasmo. Y esa fe y ese entu- 
siasmo no han decaído en nuestros colaboradores yii 
en nosotros: por eso la ''Revista'' vive y seguirá vi- 
viendo. 

En medio de la ardua labor que demandan el 
mantenimiento de la correspondencia y la corrección 
de pruebas-, de los sinsabores, etc., que representa la 
publicación — durante años — de una Revista científica , 
710 escasean también satisfacciones: la salida, de cada, 
número que lleva el nombre de nuestra patria queri- 
da a todas las comarcas del mundo; el recuerdo de 
^^ que en nuestra revista se iniciaron como escritores 
^ en ciencias naturales varios de sus mismos colabora- 
"7" dores; los estímulos que a diario recibimos de numero- 
oo sos Gobiernos y corporaciones sabias del extranjero; 



KlíVISTA ('iílLKXA DE lIlSTíllllA NATURAL 



la ayuda patriótica que, por unanimidad de votos, nos 
han concedido desde hace varios años los honorables 
miembros de ambas Cámaras Legislativas, mante- 
niendo una subvención en el Presupuesto nacional', 
el ver citados, en las más notables monografías edi- 
tadas en Fracia, Bélgica, etc., los estudios dados a 
luz en nuestra ''Revista"; ver a la misma elegida por 
personalidades de fama para la publicación de nota- 
bles estudios] verla premiada en concursos y exposi- 
ciones nacionales y extranjeras y estimulada por to- 
da la prensa diaria de la República 

Un hombre superior, cuya modestia excesiva no 
nos perdonaría lo nombráramos, pagó su primer 
tomo, la ayudó con tres suscripciones año tras año y 
canceló varias veces sus láminas en colores. 

El querido e ilustrado amigo y compañero 
don Bernabé F. Anguita nos ha pedido escribir para 
este tomo especial un proemio que juzgamos dema- 
siado generoso e indulgente. 

Por fin los señores Poblete Cruzat Hnos., propie- 
tarios de la acreditada Impta. "La Ilustración" nos 
han dado toda clase de facilidades para esta publica- 
ción y han puesto su inteligencia y patriotismo al 
servicio de esta obra nuestra. 

Para todos, nuestros más sinceros agradeci- 
mientos. 

Carlos E. POJRTER. 
Santiago de Chile, 18 de Septiem.br e de 1921. 



LA REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

sus BODAS DE Plata 
EL PROFESOR DR. CARLOS E. PCRTER 



Hoy cumple veinte y ciuco años de vida la Revista 
Chilena de Historia Xatural, fundada en Valparaíso el año 
de 1897 por el profesor Dr. Carlos E. Porter. 




En los anales de las Ciencias Xaturales representa 
un acontecimiento digno de ser notado la subsistencia, en 
pleno ñoreciraiento, durante cinco lustros, de una revista 
consagrada al estudio y vulgarización de conocimientos en 
general poco amenos al vulgo. 



KEVISTA CHILENA DE HISTORIA NATI'RAL 



Innumerables son las revistas de carácter literario, 
histórico y científico que se han publicado en nuestro país 
desde la época de nuestra emancipación, que se han sos- 
tenido un cierto tiempo y luego han muerto por falta de 
ambiente, de inanición. 

Meteoros, como tan propiamente los llamara nuestro 
sabio don Carlos Newman, irradiaron la chispa en el fir- 
mamento de las letras, deslumhrando por el brillo y lumi- 
nosidad, pero sin legar un rastro eficiente en el progreso 
colectivo, que demanda la continuidad del esfuerzo, la per- 
sistencia en la lucha por los ideales. 

<í¡La Revista Chilena de Historia Xatiiral» ha enterado 
veinte y cinco años de existencia! 

He aquí un hecho realmente insólito en Chile. 

Y conste que esta publicación no pertenece a empresa 
editorial capitalista ni a un sindicato de científicos adine- 
rados. 

Ella ha vivido, se ha mantenido en tan largo lapso de 
tiempo gracias a una ayuda fiscal no muy pródiga, y al tesón 
y a la perseverancia infatigable de un pioiieer, del Prof. 
Dr. Porter. 

Por flaqueza de voluntad, pur decadencia en el carác- 
ter, languidecen y fracasan en nuestro país el noventa por 
ciento de nuestros compatriotas, careciendo del temple, 
del empuje, del nervio que en, Norte América, imprimen al 
ciudadano la conciencia del valer propio, la constancia en 
el trabajo y la seguridad de que, tras labor porfiada, lu- 
cirá el éxito final. 

Consecuente con su apellido sajón, el profesor Porter, 
en los veinte y dos años que rae honro con su amistad, 
ha dado pruebas de ser un seJf made-man, pues, batallando 
día a día con la pobreza, peleando rudamente la lucha del 
vivir, desafiando los espantables prejuicios que en nues- 
tra tierra casi incontrastablemente dominan, ha llegado a 
la meta del prestigio científico, que nadie puede discutir 
ya, consagrado, como se halla, por el veredicto de los sa- 
bios y de las Universidades de Europa y América. 

El 6 de Mayo de 1911 fué honrado el profesor Porter 
con la presidencia honoraria del banquete de la Asociación 
de Naturalistas de Levallois Perret, celebrada para con- 
memorar sus 27 anos de existencia, aprovechándose esa 



B. F. Anguita.— i'R»)L()G<í 



ñesta para hacerle entrega del premio («Medalla Bufíbu») 
que dicha corporación científica le acordara a riñes de 1909 
por el conjunto de su labor científica y especialmente por 
la publicación de su <Eev. Ch. de Hist. Natural». 




Presidente de dicha Asociación lo era, en aquel enton- 
ces, IVt. Rollet, notable geólogo y autor de numerosos e 
interesantes trabajos sobre la constitución del suelo de 
Francia. 

Creo de estricta justicia copiar aquí las frases del 
sabio M. Eollet en honor de nuestro compatriota, al pro- 
nunciar su discurso de ofrecimiento: 

'< Permitidme, entretanto, dar la bienvenida a nuestro 
sabio Presidente, el profesor Carlos E. Porter, que, apro- 
vechando una comisión de estudio de su gobierno, ha ve- 
nido a entrar en relaciones con nosotros o, para expresar- 
me con más exactitud, a estrechar aún más los lazos de 
amistad que, desde hace años, lo ligan a nuestra corpora- 
ción. Así hemos pensado que, mejor que ningún otro, es- 
taba él designado, por su autoridad e infatigable dedica- 
ción al progreso de las ciencias naturales, a presidir nues- 
tra fiesta de esta noche. 

Tales son las consideraciones que nos han impulsado 
a pedir al profesor Porter que presida nuestro banquete 
anual. El ha querido darnos el gusto de aceptar; se lo 
agradecemos sinceramente. 

Al terminar, os pido levantar nuestras copas por 
nuestro sabio Presidente el Profesor Porter y por su patria, 
C'hile, esa tierra siempre cariñosa y hospitalaria con nues- 
tros exploradores, como el Dr. Charcot y otros». 



REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



A las lisonjeras palabras de M. Rollet respondió el 
profesor Porter con un discurso tan sobrio como entusiasta, 
impregnado de sinceridad y de reconocimiento a la patria 
de la ciencia universal, a la Francia inmortal de la histo- 
ria, del derecho humano, del arte, siendo acogido con es- 
truendosas ovaciones y mereciendo, al final, que M. Eo- 
llet arrancara gallardamente la más hermosa bandera chile- 
na, de seda y ñecos de oro, que adornaba la sala, y se la 
obsequiara al señor Porter como recuerdo de la velada y 
en testimonio de estimación, de compañerismo científico. 

En correspondencia que, desde París, remitiera el 
que estas líneas escribe a El Diario Ilustrado, de esta ca- 
pital, con fecha 17 de Mayo de 1911, formulaba sobre la 
personalidad del señor Porter el siguiente juicio rápido, 
confirmado hoy y acrisolado suficientemente con la labor 
científica, interesante y nutrida, del fuudador y Director 
de la Revista Chilena de Historia Natural: 

«En el banquete celebrado en Levallois-Perret se 
« aclamó a Chile, se nos agradeció el concurso prestado al 
« Dr. Charcüt para su expedición del «Pour-quois-Pas»; el 
«. nombre de nuestra tierra se meció a impulsos de la cor- 
« dialidad única, del entusiasmo sin igual del corazón 
« francés. 

«El Profesor Porter justifica, pues, una vez más, la 
« verdad inmutable del gran dicho filosófico: Nadie es pro- 
« feta en sii tierra. 

«Pueda que, cuando llegue ungido al terruño, se le 
« reconozcan sus servicios, su actividad de hormiga, su 
« clara inteligencia, la bondad de su alma». 

De intelecto perspicaz y agudo, memoria prodigiosa, 
formidable espíritu de trabajo, entusiasmo por su ciencia 
rayano al delirio; constancia y paciencia de benedictino 
para la investigación y la labor biológica; una fe absoluta, 
certera, en el éxito, a despecho de la maledicencia impú- 
dica, de la envidia, rastrera como serpiente y soberbia 
cuando es todopoderosa; desdén olímpico por la materia- 
lidad de la vida y sus sibaritismos insolentes y un culto 
idolátrico por el altruismo científico, que dá, ensena, pre- 
viene, inmuniza \ derrama la semilla fecunda a los cuatro 
vientos, sin otro extipendio que el goce y satisfacción su- 




EL PROFESOR Dr, CARLOS E. PORTER 



FUNDADOR Y RED/CTOR DE LA .REV. CH. DE H-ST. NAT.. EN SU BIBLIOTECA 

PARTICULAR 

(De la Revista «Zifr-Zag») 



REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



prema del deber y de la couciencia embriagada por el 
amor a lo bello, lo bueno y lo verdadero. 

Tales son las características fundamentales del Pro- 
fesor Porter, tan popular en Santiago y en Valparaíso- 
como en el resto de la República. 

Heredero de la tradición que nos legaron Molina, 
Gay, Philippi, Porter, como Ernesto Riquelme al dispa- 
rar el último cañonazo del último cañón, trincó la enseña 
naturalista en el barco de su Revista, la cual, en los cinco 
lustros de su peregrinación a través de sirtes y bajíos, no 
ha naufragado. 

En Chile es casi el único en devoción científica, y por 
la amplitud de su labor ya enorme, como lo testimoniaré 
a continuación, no tiene rival el Doctor Porter. 

Es un cruzado de la Historia Natural, porta-estan- 
darte de la Zoología chilena, genio protector, descriptor 
y clasificador de los invertebrados chilenos. 

Eterno distraído de lo que a su ciencia no sea atañe- 
dero, lo tengo bautizado, desde hace muchos años, con el 
apodo cariñoso de «Br. Mirabel». Pero no un Mirabel de- 
sorientado y fuera del tráfago, que remata en Los Andes en 
vez del Himalaya. 

Porter se distrae de lo superfino, odia el oropel, rum- 
bea los derroteros de la ciencia. La despreocupación sen- 
cilla, desnuda de pose, típica en los hombres de valer no 
prestado, constituye el ornamento psíquico que más resal- 
ta en la idiosincrasia del profesor Porter. Su sans-fagon a 
este respecto es singular. 

Cuando, veintidós años ha, se presentara Porter candi- 
dato a profesor de Historia Natural de la Escuela Naval, 
su preparación, sus méritos para el desempeño de la cáte- 
dra, no fueron objetados y sí ampliamente reconocidos. 

Con todo, se le puso un reparo serio. Fué un distin- 
guido marino, hoy prestigioso almirante, quien pretendie- 
ra invalidarlo, esgrimiendo el estilete. 

«¿Cómo es posible admitir de profesor de Ciencias 
Naturales, en la Escuela Naval, al chico Porter, que tan 
mal se trajea?» 

Y este criterio sastreril, imperante en Valparaíso, en 
Santiago y en Jaén, en aquella circunstancia sufrió repul- 
sa: triunfó Porter. 



B. F. Anguita.— PRiM.oGo 



Y ha seguido triunfando en la capital de la Repú- 
blica. 

De acuerdo con las nuevas orientaciones y couse- 
cuencialmeute a la caída estrepitosa de la política impe- 
rialista de la fuerza que prima sobre el derecho legítimo 
V resplandesciente, de hoy en adelante el mundo pertenece 
a los buenos, a los honrados, a los talentosos, a las almas 
puras y saneadas. 

He aquí la razón matriz del éxito deriuitivo y triun- 
fal logrado en Chile por el naturalista Carlos E. Porter. 

Proficua y altamente honrosa para nuestra Patria ha 
sido la tarea que ha llevado a cabo la Revista Chilena de 
Historia Kafioal bajo la dirección acuciosa del Profesor 
Porter. 

Ha mostrado al mundo cientíñco que, en este aparta- 
do rincón del Globo, se cultivan con solicitud las materias 
relacionadas con su programa de trabajo y divulgación. 

Por ella, y gracias a su diligente redactor y director, 
nuestra Patria ha perri^anecido en contacto firme con los 
más eminentes naturalistas del orbe, quienes han colabo- 
rado con páginas magistrales y a la vez han recibido las 
vibraciones del alma nacional en lo que concierne a ramo 
tan importante de los conocimientos humanos. 

Quincenal o mensualmente, por su intermedio, Chile 
ha hecho acto de presencia eñ la Liga Científica de las Xa- 
cíones, tomando parte en sus debates, con modestia, pero 
llevando a ella el entusiasmo ardoroso de los pueblos jó- 
venes que aspiran a contribuir, con su grano de arena, al 
auge infinito del progreso universal en las investigaciones 
cósmicas. 

Es la única publicación de la América latina que re- 
presenta a este continente en gran número de Bibliotecas 
de Europa, Japón, Argelia, América y Australia. 

En el terruño ha contribuido a poner al día las obras 
de Molina, Gay, Philippi. etc., publicando monografías y 
descripciones de especies nuevas debidas a su pluma y a 
sus colaboradores. 

Los artículos orii^inales en ella insertos en 24 anos, 
alcanzan a 700; resúmenes tomados de otras Revistas y 
artículos de crónica, más de 8()0, y más de 4,300 obras y 
revistas han sido anunciadas y prolijaniente analizadas. 



KKVISTA CHILENA I)K HX.STOIUA NATUKAL 



El sabio español Dr. Santiago Ramón y Cajal, en nn 
hermoso estudio sobre los ojos compuestos de los insectos 
con que se inicia el volumen de las Bodas de Plata de la 
«Revista Chilena de Historia Natural», formuló cumplido 
elogio al fundador señor Porter. 

Catedrático, realza Porter el magisterio nacional en 
su ramo por la erudición, claridad de su verba expositiva, 
el método y perfecto dominio del tema bajo el cetro de su 
talento y la soberanía de su palabra ágil, rectilínea, me- 
dulosa. 

Es todo un profesor al estilo de los que, en las Uni- 
versidades europeas, atraen la multitud estudiosa y se 
imponen al respeto general. 

No terminaré estas líneas justicieras y reparadoras 
sin antes enumerar, en síntesis brevísima, la obra y servi- 
cios prestados al país por nuestro eminente profesor 
Porter. 

En Valparaíso fué Director del Museo de Historia 
Xatural, donde desarrolló una labor considerable. De 
ella ha quedado constancia en las Memorias presentadas 
por el Profesor Porter al Ministerio de Instrucción — las 
que se reprodujeron siempre en la «Revista Chilena de 
Historia Natural» y en su «Boletín» anexo- — 3" también en 
una interesante Memoria del señor Joaquín Fernández Blan- 
co, Intendente de Valparaíso. El «Boletín Estadístico y de 
Canjes del Museo de Valparaíso», que lleva algunas lámi- 
nas; reúne en más de 700 páginas la historia de ese Museo 
durante la administración Porter (181)7-1910). 

Fué además profesor de Historia Natural, Fisiología 
e Higiene en la Escuela Naval y Escuela de Ingenieros de 
la Armada, y de Microscopía del Instituto Técnico Co- 
mercial. 

Varias Universidades, en atención a sus valiosas in- 
vestigaciones y obras de aliento, lo han honrado con el 
título de Doctor lionoris causa, miembro honorario, ^corres- 
pondiente y catedrático honorario de Zoología. De 7 Aca- 
demias de Ciencias de Europa y América forma par- 
te como académico de mérito, honorario y correspondiente. 

69 Sociedades de Historia Natural, de Europa espe- 
cialmente, lo haü nombrado, por unanimidad, miembro ho- 
norario, correspondiente o titular. 



REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



A la muerte del sabio Dr. don Eodulfo A. Philippi, 
la Sociedad Científica Argentina llenó con el Dr. Porter 
la vacante de Socio correspondiente en Chile. Forma parte 
como miembro honorario y correspondiente de G Socieda- 
des de Geografía. 

Desde 1904 pertenece a la Société Scientifique du 
Chili, habiendo sido en uno de los períodos su Vice-Presi- 
dente. 

Entre los libros que ha dado a la estampa, 7 de ellos 
han llamado la atención universal. El Memorándum de 
Zoolofi'Ki y las Lecciones elementales de Morjolofi¡(( y Fisio- 
logía humanas fueron aprobadas por 9 Universidades de 
la América latina. Estas dos obras y las Instrucciones para 
la recolección // conservad ('m de ejemplarí-s de Historia Na- 
tural han sido recomendados por notables profesores a edi- 
tores de sus países respectivos para su traducción al fran- 
cés, al inglés y al portugués. Las segundas ediciones de 
ellas, que pronto saldrán a luz, han sido honrosamente pro- 
logadas por eminentes profesores europeos. 

En la Revista y en otras extranjeras ha publicado 
artículos originales en número de 183. De 1896 a 1920 ha 
descubierto más de 230 especies zoológicas fuera de las 
que hay en estudio, dominando entre esas especies los in- 
sectos y los arácnidos; ha descubierto, también, 2 hongos, 
y 2 moluscos fósiles, descritos por especialistas distinguidos. 

Ha descrito él mismo 1 pez, 3 crustáceos y 14 insectos 
nuevos para la ciencia. 

Como conferencista o vulgarizador de las ciencias, ha 
dado en Valparaíso, (de 1900 a 1906) 90 conferencias y en 
Santiago, Talca, Chillan, San Fernando y Temuco (1908 
a 1920), 60. 

En 1910-1911 fué a Europa en comisión del Gobierno 
para estudiar la organización de los Museos y Laborato- 
rios dé Zoología y Anatomía comparada. En París profun- 
dizó sus conocimientos, siguiendo los cursos magistrales 
de Zoología y Anatomía comparada en la Sorbona, de Ilis- 
tolofjia Normal en la Facultad de Medicina, de Entomología 
en el Museo Nacional y en el Instituto Xacional Agro- 
nómico. 

En la célebre cátedra y laboratorio anexo de Parasito- 
logía del eminente profesor Rafael Blanchard siguió el 




a. -sz 



REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



curso de Farasitologui, rindiendo examen de la especiali- 
dad y obteniendo diploma y certificado de estudios teóri- 
cos y de trabajos prácticos de laboratorio. 

No obstante residir en París, Londres, Ginebra, con- 
tinuó publicando su entrañable Be vista Chilena de Historia 
Natural, distribuyéndola a sus canjes, como lo hiciera 
cuando permanecía en la Patria. Como delegado del 
Gobierno de Chile al Congreso Cientíñco Internacional 
Americano de Buenos Aires (Julio de 1910), presentó 4 
trabajos a hi Sección de Ciencias Biológicas, siendo todos 
aplaudidos y uno de ellos mereció en las Conclusiones (je- 
nerales: «un aplauso al Gobierno de Chile». Dio, ade- 
más, dos conferencias: una en el Cíírculo Médico Argentino 
y la otra en la Sociedad Científica Argentina. En el men- 
cionado Congreso Científico Internacional Americano 
se le confirió la Presidencia honoraria en la sesión pública 
del 15 de Julio, de la Sección de Ciencias Biológicas. 

De la conferencia en el Círculo Médico dijo La Nación 
del 30 de Julio: «El conferenciante trató los caracteres 
físicos de la célula animal con una convicción admirable 
y conocimientos profundísimos. Estaban presentes nume- 
rosos médicos y un considerable contingente de estudian- 
tes de medicina. El T)r. Porter fué escuchado con todo in- 
terés y muy felicitado al terminar su notable conferencia». 

El diario La Argentina, del mismo día, abundaba en 
parecidos conceptos sobre esa conferencia. 

En su visita a los Museos de Londres, París, Turín y 
Ginebra, así como en el de Dijon, consiguió numerosos 
ejemplares de animales, plantas y fósiles que, a su regreso 
a ( íhile, trajo para incrementar las secciones del Museo Na- 
cional. 

En París y en Le Mans dio conferencias para hacer cono- 
cer los establecimientos y los hombres de ciencia de Chile. 

Actualmente desempeña las cátedras de Zoología ge- 
neral, Entomología aplicada y Microscopía en el Instituto 
Agronómico y la de Parásitos de los animales domésticos 
en la Escuela Nacional de Medicina Veterinaria. 

Es Director del Mnseo y Laboratorio de Zoología apli- 
cada, cuyas bases echó él mismo en el Instituto Agronómi- 
co. Además, en el Museo Nacional tiene a su cargo los cur- 
sos de Histología normal y Zoografía de Invertebrados. 




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XXIV REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

En 1914 f Lindó los «Anales de Zoología Aplicada)/ que 
presentó al público el gran zoólogo argentino Dr. Ángel 
Gallardo, Director del Museo Nacional de Buenos Aires. 

En el extranjero, en concursos y por premios extra- 
ordinarios, ha obtenido 6 medallas. 

En Chile, el Congreso Pedagógico y la Exposición 
Agrícola de Talca premiaron respectivamente sus cuadros 
murales de Histología y la Revista Chilena de Historia 
Natural, con medidlas. 

El gobierno francés discernióle en 15)06, por sus tra- 
bajos científicos, las Palmas Académicas de Oficial de Ins- 
trucción Pública y en 1910, la Cruz del Mérito Agrícola. 

En concurso de 1909 la xlcademia de Ciencias (París) 
le acordó el «Premio Gay». 

Y, más recientemente, el Presidente de Venezuela, a 
insinuación de la Universidad de Caracas y del Ministro 
de Instrucción, ha premiado sus trabajos con la Medalla 
de Honor de Instrucción Pública. 

Colabora en 21 Pe vistas nacionales y extranjeras. 
Ha formado parte de 4 Congresos Científicos de Chile y 
varios extranjeros de Zoología. 

Sobre la Revista Chüena de Historia Natural y 
varias de sus obras se han emitido más de 1,800 juicios, a 
partir de 1900, por los más ilustres zoólogos, profesores y 
directores de Revistas. 

Hasta aquí la interminable lista de los trabajos del 
Profesor Porter. Resumida en ella queda la vasta labor de 
nuestro insigne naturalista. 

Con un broche de oro cerraré este artículo de verdad 
y sinceridad, citando el verso de Horacio, que viene a pelo 
en justificación de la empresa magna del ilustre profesor 
Porter: 

Exe(ji monumentum oere perennius. 

Bernabé F. ANUUITA 

S.\NTiA(;o ])K CiíiLií, Octubre de 1921. 




Revista Chilena de Historia Natural 



Publicación Bimestral ilustrada (Fundada el año 1897) 

Dedicada al fomento y cultivo de las Ciencias Naturales en Chile 

Premiada por el Instituto de Francia (Académíe des Sciences) 
DiiCPtor y Redactor (Fundador': 

Prof. Dr. CARLOS E. PORTER, C.M.Z.S., F.E.S. 

AÑO XXV (1921) 



5obrc la estructura de los centros ópticos De los Insectos 



POR 



5. R. Cajal y Domingo Sánchez 

l'rofesor de Histología cu Ayudante del IiKsliliilo Cajal y l'rot'esor 

la Universidad de Madrid. Auxiliar de la Facultad de Ciencias de la 

Universidad de Madrid. 



Eü nuestro deseo de corresponder a la honra que nos 
dispensa el ilustre Director de la Ilecista Chilena de His- 
toria Natural, invitándonos a sumar nuestros modestos 
nombres a los de los sabios colaboradores de la obra, que 
sin duda alguna habrá de resultar monumental, destinada 
a conmemorar las bodas de plata de esa prestigiosa Revis- 
ta, y convencidos del especial interés que, para los natu- 
ralistas, debe tener el conocimiento de los trabajos recien- 
tes relativos a la estructura de los órganos visuales de los 
insectos, nos permitiremos exponer, siquiera sea eil breví- 
simo resumen, los más importantes datos suministrados 
por nuestras investigaciones sobre ese interesante asunto. 

Preciso es reconocer que los autores que trabajaron 
con los métodos histológicos antiguos, no desdeñaron el 
estudio de los centros nerviosos de los artrópodos y parti- 
cularmente el de los insectos. J. Müller, Grenacher, Exner, 
A^iallanes, Hickson, Ciaccio, Parker, Crevatin, liellonci, 
Cucati, Hesse, Berger, etc., han realizado valiosos traba- 
jos encaminados a reconocer y describir los ganglios y vías 
nerviosas principales, emitiendo al propio tiempo hipótesis 
más o menos verosímiles sobre su fisiologismo. 

UEV. CU. HIST. NAT. 1921) (1) 



REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



Mas, a pesar de su extraordinario interés, sorprende 
la escasa atención que, durante los dos o tres últimos de- 
cenios, tan copiosos en bibliografía ueurológica, se ha con- 
cedido al sistema nervioso de ese interesante grupo de in- 
vertebrados. 

Modernamente, y valiéndose de los métodos selecti- 
vos del sistema nervioso, han aportado Ivenyon, Vigier, 
Cajal, Jonescu y Zawarzin, copiosos e importantes porme- 
nores relativos al plan estructural de la retina y cerebro 
de los insectos. 

Estimulados nosotros por los resultados obtenidos en la 
mosca azul {\) ensayamos en numerosas especies de insec- 
tos de muy diversos órdenes (Odonatos, Ortópteros, Hc- 
mípteros, Dípteros, Himenópteros y Lepidópteros), el 
empleo de los métodos de Golgi y del nitrato de plata re- 
ducido, ideado por uno de nosotros (2) y hemos logrado 
espléndidas preparaciones que nos permitieron aportar 
muchos y muy importantes hechos relativos ala estructu- 
ra de los centros nerviosos de ese grupo zoológico, espe- 
cialmente de la retina y ganglios ópticos. 

Pénese claramente de manifiesto con esos métodos la 
extraordinaria complicación y delicada estructura de di- 
chos órganos. Mas, dada la índole de este modesto trabajo, 
cuya extensión no puede exceder de un reducido número 
de páginas, los limitaremos a señalar los rasgos generales 
de los eslabones fundamentales de la cadena nerviosa vi- 
sual, sus relaciones recíprocas y algunas indicaciones so- 
bre sus posibles homologías con los de los ojos de los ver- 
tebrados. 

Empero antes de emprender esta labor, estimamos de 
todo punto indispensable, para facilitar la exposición, ha- 
cer algunas consideraciones, aun cuando sean brevísimas, 
sobre la conformación de los órganos visuales de los insec- 
tos y de los artrópodos en general. 

Siguiendo el plan adoptado en nuestros trabajos rela- 
tivos a la estructura de la retina y centros ópticos de los 



(1) S. E. Cajal: Nota sobre la estructura de la retina de la mosca 
{Musca vomitoria, L.)—Trab. del Lab. de Invet^t. biol.. tomo VII, lOOÍ). 

(2) S. R. Cajal: Un sencillo método de coloración selectiva del re- 
tículo protoplásmico y sus efectos en los diversos órganos nerviosos. — 
Trab. del Lab. de Iiivesf. biol., tomo II, 1903. 



Cajal V Sánchez.— CENTROS ópticos de los insectos 3 

insectos (3) consideraremos el aparato visual constituido 
por tres porciones bien diferenciadas por su organización 
y caracteres; a saber: la retina propiamente dicha, el nervio 
óptico o Jdasma interno y el lóbulo óptico. 

Lix retina propiamente dicha, está integrada por tres 
formaciones ganglionares diferentes; una externa, otra in- 
termediaria y la otra interna. 

La retina externa o periférica, comprende tres zonas 
diferentes: una superficial, formada por las corneólas y co- 
nos cristalinos (no representada en nuestras láminas); otra 
media, que es la de los bastoncitos retiñíanos (primera 
neurona visual) (1, láras. I y II), y la otra interna, que es 
la membrana limitante o basal de la retina periférica (2, 
láms I y 11/ 

La retina intermediaria, denominada también perióp- 
tico, ofrece igualmente tres zonas o capas bien distintas: 
una externa, la zona fenestrada o de las fibras subretinia- 
nas, llamada por Cajal y nosotros de los kiasmas mídtiples 
(3, láms. I y II); otra media, la de los granos cuernos o cé- 
lulas monopolares (segunda neurona visual), y la otra pro- 
funda, \\amdi(\di ple.i'i^or me externa o de los cartuchos ópticos 
(4, láras. I y II). 

Por último, la retina interna o profunda, que también 
suele denominarse epióptico, comprende, a su vez, otras 
tres capas o estratos: uno externo, formado por fibras en- 
trecruzadas, que es el llamado kiasma intermediario {externo 
de la generalidad de los autores) (5, láms. I y II); otro me- 
dio, el de los granos internos, donde residen los cuerpos 
de las células gangliónicas (tercera neurona visual) y las 
amacrinas, y otro profundo, que es la capa plexitorme 
interna (6, láms. I y II). Esta capa aparece dividida en 
subzonas o pisos diversos, que hemos denominado plexos 
difusos, separados entre sí por bandas de fibras llamadas 
serpenteantes. 

El lóbulo óptico, como las otras masas ganglionares, 
ofrece una corteza granular formada por los cuerpos celu- 
lares, y un núcleo fibrilar de estructura análoga a las for- 



(8) S. L\ Cajal y Domingo Sunches: Contribtieióii al foiiociiniento 
(le les centros nerviosos de los insectos. — Parte I: Retina y contros 
ópticos.- T/Y/i'^. del Lab. de Jincst. biol.. tomo XIII, 1915. 



REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



maciones plexiformes de las retinas intermediaria y pro- 
funda. Esta masa plexiforme está toda ella situada en mu- 
chos insectos (Himenópteros, Ortópteros, Odonatos, etc.) 
delante del kiasma interno (8, lam. I); pero en otros (Díp- 
teros, Lepidópteros) rodea a éste y aparece, en los cortos 
horizontales, dividida en dos porciones: una anterior, de- 
nominada ./bco ovoideo (8, lám. II) y otra posterior llama- 
da /oco laminar (8a, lám. II). 

Las masas plexiformes del lóbulo óptico, sea cualquie- 
ra su forma, presentan también, como en los otros gan- 
glios, varios estratos o zonas separados por láminas de 
fibras, más o menos paralelos a sus superficies externas. 

La división de la retina de los insectos en las tres 
formaciones principales, que acabamos de mencionar, há- 
llase justificada, aparte de otras razones derivadas de su 
distinta morfología, estructura y relaciones, por residir 
en cada una de ellas el soma de una de las neuronas cons- 
titutivas de los tres eslabones fundamentales de la cadena 
nerviosa visual. 

Veamos los rasgos más importantes de cada una de 
ellas. 



1.^ Bastoncitos retinianos o corpúsculos Jotoi^ensihles. — 
Estos corpúsculos, homólogos de los conos y bastones 
de los ojos de los vertebrados, moran en la retina perifé- 
rica; constituyen el primer anillo de la cadena visual y 
son los encargados de recibir el estímulo de la acción 
luminosa y transmitirlo a otros tramos más profundos, 
donde será recibido [)or los que han de continuar la fun- 
ción visual. 

Los bastoncitos forman en la retina externa una 
ancha empalizada (incompletamente representada en nues- 
tras figuras) que ocupa la mayor parte de su espesor, limi- 
tada exteriormente por la zona de los cuerpos cristalinos, 
e interiormente por la basal o limitante externa. 

Como han observado los autores que de este asunto 
se ocuparon, las células visuales se reúnen en grupos, ge- 
neralmente de siete, dispuestas en largo prisma, constitu- 
yendo las omatidias u ojos elementales, en cuyo eje se ha- 



Cajal V 5ánchez.— CENTROS ópticos de los insectos 5 

llau los rahdomas, especie de listones o crestas formados 
por diferenciacicm de aquella parte del cuerpo celular. Esos 
rabdomas se ponen en relación con el polo profundo de los 
cuerpos cristalinos y son considerados como los verdade- 
ros órganos receptores de la vibración luminosa. 

Pero la zona de los bastoucitos de los ojos compuestos 
de los insectos no corresponde exactamente a la de los 
vertebrados, sino que comprende además la llamada en es- 
tos délos (/ranos externos. Los núcleos de los corpúsculos 
fotosensibles hállanse, en efecto, por fuera de la membra- 
na basal o limitante, dispuestos unas veces en una sola 
zona concéntrica poco espesa, diseminados otras a diferen- 
tes alturas, según las especies de que se trate. 

Aun cuando, a juzgar por los caracteres de la expan- 
sión periférica de las neuronas fotosensibles no pueden 
establecerse en los insectos dos tipos morfológicos diferen- 
tes, comparables a los conos y bastones délos vertebrados, 
existen también entre ellos dos distintas categorías per- 
fectamente reconocibles por las propiedades de sus expan- 
siones profundas o cilindraxiles, comunmente designadas 
con el nombre de fibras visuales. 

En unas esta expansión centrípeta alcanza longitud 
considerable (A, A', A", láms. I y II). nacidas en la ca- 
pa de los bastoucitos, atraviesan la membrana basal, reco- 
rren todas las zonas de la retina intermediaria y la del 
kiasma subyacente (7, láms. I y II) formando parte de es- 
te, entrecruzándose con sus semejantes y con los demás 
elementos de esa enigmática formación y llegan, por fin, 
a la retina interna, en cuya masaplexiforme terminan por 
arborizaciones complicadas. 

Estos son los bastones largos o fibras visuales largas 
perfectamente coloreables por el nitrato de plata reducido 
y por el cromato argéntico. 

Descubiertas por uno de nosotros (4), han sido pues- 
tas en dudas por ZaAvarzin (5) que no pudo hallarlas en la 
retina de las larvas de ÁescJina: mas su existencia es ya 



(4) S. Jí. Cajal: jS"ota sobre la estructura de la retina des la mosca, 
ya citada. 

(5) A. Zairai'siir. Histologische Studien über Insekteii.— IV; Die 
optischen Ganglieu der Aeschna-Larven.— Z^/V.sr///'. /. Wiss. Zool., 
Bd. lOR 1914. 



REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



iiD hecho fuera de duda, pues nosotros hemos comprobado 
su presencia en multitud de especies de insectos pertene- 
cientes a casi todos los órdenes (6), por cuya razón nos in- 
clinamos a creer que existan en los ojos compuestos de 
todos los exápodos y aún de los de los artrópodos en ge- 
neral. 

Y no vaya a creerse que estas fibras visuales largas 
sean escasas en número y, por esa circunstancia, difíciles 
de reconocer. Xo; son acaso tan numerosas como las de la 
otra categoría y, como hemos demostrado en un reciente 
trabajo (7), existen ellas solas, al menos en ciertas espe- 
cies de metamorfosis complicadas, en los primeros perío- 
dos del desarrollo. Entonces es sumamente fácil seguirlas 
hasta épocas bastante avanzadas del proceso evolutivo, 
desde sn origen en la retina exterua, hasta la interna. 

En algunos insectos las fibras visuales largas mues- 
tran, a su paso por la zona plexiforme externa, algunos 
cortos apéndices, a modo de brevísimas ramas de arbori- 
zación; pero en otras muchas, tal vez en la ma3'oría, ape- 
nas existen o no se notan tales indicios de arborización; 
las fibras se presentan desprovistas de apéndices o ramas 
en todo su largo trayecto, desde que atraviesan la mem- 
brana basal, hasta su entrada en la capa plexiforme in- 
terna. 

Mas al penetrar en ésta originan su arborización ter- 
minal, destinada a establecer conexiones con otros ele- 
mentos de los varios contenidos en esa formación. Dicha 
arborización presenta formas y caracteres bastante varia- 
dos eñ las distintas especies y aún en una misma y alcan- 
za varios estratos de los que muestra constantemente esa 
complicadísima formación. 

Las fibras visuales de la segunda categoría, que por 
oposición a las primeras hemos denominado fibras risnalts 
cortas o bastones cortos, no pasan de la capa plexiforme 
externa, en cuyos estratos profundos se halla su termina- 
ción, que por lo general es poco complicada. Ordinaria- 
mente (Dípteros, Lepidópteros), terminan por un ligero 



(6) S. R. Cuja] y Domingo Sánchez: Loe. cit. 

(7) Domingo Sánchez: Sobre el desarrollo de los elementos ner- 
viosos en la retina del Pieris brassica. L.— Trah. del Lab. de Invest. 
hiol., tomos XVI (1918) y XYII (1919). 



Cajal y Sánchez.— CENTROS ópticos de los insectos 7 

abultamiento redondeado, a modo de pico de sonda (B, 
lám. II). Otras veces (Himenópteros, Odonatos, Ortópte- 
ros) suelen mostrar una pequeña arborización de ramas 
cortas, relativamente robustas (B, B", lám. I). 



2P Células m.onopolares o neuronas ópticas intermedia- 
rias. — El segundo eslabón de la cadena visual está re- 
presentado por los corpúsculos monopolares o neuronas 
ópticas intermediarias. Estas células corresponden, en el 
orden homológico, a bipolares de la retina de los vertebra- 
dos. Mas entre unas y otras existen diferencias morfológi- 
cas y estructurales tan considerables que, en un examen 
superficial, sería difícil reconocer esa homología. 

Son éstas, en efecto, neuronas monopolares cuyo so- 
ma, en vez de residir entre las zonas plexiforraes externa 
e interna, ocupa, como notaron Kenyon, en las abejas, 
Yigier y Cajal en la mosca azul, Zawarzin en las larvas de 
Aesclina y hemos comprobado nosotros en multitud de es- 
pecies, un estrato más superficial, situado por fuera de la 
primera de esas zonas; mas no en contacto con la limitan- 
te o basal de la retina periférica, sino separado de ella 
por una zona de espesor variable según las especies, la zo- 
na fenestrada que carece de representación en los verte- 
brados. 

Aún cuando en los distintos grupos de insectos presen- 
tan diferencias notables y modalidades diversas, pue- 
den todas referirse, casi siempre con relativa facilidad, a 
dos categorías diferentes; a saber: corpúsculos monopolares 
gigantes y corpúsculos monopolares pequeños o diminutos. 

La neurona monopolar gigante, esquemáticamente re- 
presentada por Kenyon, fué luego cuidadosamente estu- 
diada por Yigier, Cajal y Zawarzin y últimamente por no- 
sotros en muchas especies de insectos de diversos órdenes. 
En todas ellas presentan diferentes tipos y ofrecen casi 
siempre particularidades específicas; pero de ellas no po- 
demos ocuparnos en este brevísimo resumen, en el cual 
habremos de limitarnos a indicar solamente los rasgos 
esenciales comunes. 



REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATlKAL 



El soma, ordiuariamerite piriformo, a veces globoso o 
poliédrico, es a menudo muy voluminoso y origina un ta- 
llo descendente, que ofrece caracteres diversos en las dis- 
tintas especies y aun, con frecuencia, en una misma. 

La porción inicial de dicho tallo es, por lo común, 
corta y gruesa en los Dípteros (mosca, tábano) (C, D, F, 
lám. II) y varios Odonatos (libélula, agrión, etc.), larga, 
delgada y Üexuosa en varios Himenópteros (abejas, varias 
avispas, calicodomas, etc.) (C, E, F, lám. 1); pero hay tam- 
bién especies en que las de unas células son cortas y ro- 
bustas como en los primeros, y las de otras largas y delga- 
das como en los segundos, según puede observarse en al- 
gunos Ortópteros, Lepidópteros, etc. 

Esa primera porción, libre casi siempre de apéndices 
o ramas, está situada en la zona de los granos externos o 
alcanza sólo la región superficial de la capa subyacente (la 
plexiforme externa). 

Desde que penetra en ésta, el referido tallo continúa 
su marcha en sentido centrípeto y exhibe, en su trayecto 
a través de esa formación, multitud de apéndices o ramas 
que originan las arborizaciones típicas y características de 
esa capa. 

La distribución de esas ramas de arborización es 
muy variada según las clases de células y los insectos a 
que pertenecen. Unas veces se distribuyen en dos grupos; 
uno superficial, generalmente muy extenso, destinado a 
los plexos periféricos, y otro profundo, mucho más redu- 
cido, situado en el estrato más interno de la capa plexifor- 
me, cerca de la zona del kiasma intermediario (O, E, lám. 
I). En otras forman una sola arborización, semejante, en 
cierto modo, a la externa de las anteriores, extendida por 
casi todo el espesor de la capa. plexiforme (F, lám. II). 

Los caracteres de los apéndices formadores de esas 
arborizaciones son también variados. Cortos y verrugosos 
en los Dípteros y Odonatos, son muy largos y tortuosos 
en los Himenópteros, Lepidópteros y Ortópteros; se entre- 
lazan a veces los unos con los otros y terminan frecuente- 
mente por pequeños abultamientos. 

La segunda categoría de neuronas monopolares, las 
man opoJar es pequeñas, fueron observadas primero por Ca- 
jal en la mosca azul y luego por Zawarzin en las larvas 



Cajal Y Sánchez.— CENTKOs ói-tho.s de los in,sií(;to,s O 

de Aesclina: mas no habiendo logrado dichos autores perse- 
guir sus tallos en toda su longitud, les fué imposible de- 
cidir si tales pequeños elementos constituyen una variedad 
de legítimas neuronas monopolares, o representan una ca- 
tegoría de corpúsculos locales, verdaderas células amarri- 
nas; es decir, provistas de arborizaciones cortas distribui- 
das en la misma zona plexiforme externa. 

xíuestras recientes investigaciones, que se extienden 
a muchas especies de insectos, disipan por completo aque- 
llas dudas y demuestran la existencia de interesantes va- 
riedades de monopolares pequeñas o medianas, que no po- 
demos describir aquí su detalle, limitándonos simplemente 
a indicar sus rasgos característicos generales. 

Esos corpúsculos, ordinariamente colocados en las 
regiones más profundas de la capa de los granos externos, 
si bien hay excepciones, se caracterizan, en general, por la 
tenuidad de su tallo (E, lám. II), aún cuando no es raro 
encontrar algunos, sobre todo en las de tipo mediano, que 
ofrecen un abultaraiento fusiforme situado hacia la mitad 
profunda de la capa plexiforme (D, G, lám. I). 

Es también rasgo característico de estas neuronas, 
especialmente en los Himenópteros (abeja), la carencia de 
apéndices o ramas en la porción del tallo comprendida 
en esa capa (D, lám. I) o la presencia de una sola arbori- 
zación de ramas más o menos largas, a veces algo recu- 
rrentes, situada en el estrato limitante profundo de dicha 
zona (Gr, lám. I). Mas en otros insectos (Dípteros, Lepidóp- 
teros, Ortópteros) el tallo de esas células emite apéndices 
de muy variada longitud y variables en número, casi siem- 
pre limitados a los estratos superficiales y a veces emana- 
dos de los mismos cuerpos celulares (E, lám. II), los cua- 
les toman en este caso aspecto algo semejantes al de 
ciertos corpúsculos bi o raultipolares de los vertebrados. 

Las arborizaciones emitidas por los tallos de las neu- 
ronas monopolares en la capa plexiforme del perióptico, 
contribuyen a constituir una complicada formaci(m, lugar 
de conexiones recíprocas, designada con el nombre de 
cartuchos ópticos, en la cual toman parte los bastoncitos 
retiuianos, las ramas de arborizacióu de las monopolares, 
grandes y pequeñas, y las de ciertas fibras centrífugas pro- 
cedentes de territorios ganglionares profundos. 



10 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



Pasada la capa plexiforme del perióptico, los tallos de 
las neuronas monopolares, sea cualquiera la categoría a 
que correspondan, caminan, libres enteramente de apén- 
dices, por la región del kiasma intermediario (5, lams. I 
y II), en cuya formación toman parte, y penetran, por úl- 
timo, en la maza plexiforme interna (6, láms. I y II), don- 
de unas y otras generan sus arborizaciones terminales. 

Estas arborizaciones ofrecen distribución y caracteres 
bastante diferentes, cuya descripción nos llevaría dema- 
siado lejos. Hablando en términos generales, puede decir- 
se que las expansiones de las monopolares grandes ter- 
minan en el primer piso de conexión de la retina profunda 
por una especie de maza erizada de ramillas cortas y ve- 
rrugosas. En cambio las de las monopolares pequeñas o 
medianas emiten con frecuencia larguísimas y delgadas ra- 
mas que engendran una arborización difusa, a veces com- 
parable a la fronda de un sauce llorón (C, lám. I; H, lám. 
II) extendida por todos los pisos del epióptico. 



3P Células gangliómcas. — El tercer anillo de la ca- 
dena visual (tercera neurona óptica) lo forman las llama- 
das células ganfiliónicds o (/anglionares. 

Estas células, descubiertas por Ivenyon en las abejas, 
aunque las representó muy esquemáticamente, fueron ha- 
lladas luego por Cajal en la mosca azul y más completa- 
mente descritas después por Zawarzin en las larvas de 
Aesclma. Los nuevos estudios realizados por nosotros nos 
han permitido comprobar en muchos insectos los datos 
consignados por esos autores y aportar numerosos hechos 
y pormenores interesantes sobre el asunto. 

Estas células presentan tipos morfológicos y relacio- 
nes muy variadas, y aún cada tipo ofrece multitud de va- 
riedades por lo general bien determinadas. Esa misma 
multiplicidad de formas nos impide reseñarlas en un re- 
sumen tan breve como éste, por cuya razón nos vemos en 
la imprescindible necesidad de limitarnos a consignar sus 
rasgos generales, aludiendo tan sólo a algunas particula- 
ridades cuando las circunstancias así lo exijan. 



Cajal V Sánchez.— CENTROS ópticos de los insectos 11 



Sus somas, diseminados en la capa granulosa interna, 
entre los de las células amacrinas de este territorio, son, 
por lo común, piriformes o globosos, a veces poliédricos 
o irregulares y ofrecen tamaños muy variados. 

Casi siempre francamente raonopolares, engendran 
una expansión generalmente delgada, que se encamina 
hacia la capa plexiforme interna. Pero rara vez aborda a 
esta formación directamente. \)e ordinario describe in- 
flexiones más o menos complicadas o largas, en muchos 
casos en sentido horizontal o concéntrico, que la obligan 
a recorrer, en la zona de los granos, distancias a veces 
considerables, hasta que acaba por penetrar en aquella 
zona (N, O, (T, P, lám. I; N, N', O, O', P, P", lám. II). 

Llegadas esas expansiones a la capa plexiforme del 
epióptico, caminan en sentido centrípeto, siguiendo direc- 
ción radial, de manera que se disponen casi enteramente 
paralelas las unas a las otras, hasta desembocar por la 
parte opuesta. 

En su curso a través de esa capa, los tallos de las 
células gangliónicas. emiten proyecciones o ramas que for- 
man las arborizaciones de conexión con otros elementos 
nerviosos de muy diverso origen. 

Esas arborizaciones presentan formas y caracteres 
muy variados, no sólo en las distintas especies, sino en 
una misma. 

Unas veces las ramas de arborización son largas y 
ñexuosas, aproximadamente horizontales o concéntricas, 
provistas de ramillas más o menos numerosas, frecuente- 
mente terminadas por varicosidades de grosor muy dife- 
rente (láms. I y II). 

Por regla general, las ramas de arborización no es- 
tán distribuidas con regularidad en todo ese trayecto, for- 
mando una sola arborización amplia y difusa, sino que se 
reúnen en grupos independientes más o menos distantes 
entre sí, constituyendo verdaderas arborizaciones locales 
situadas en estratos diferentes de la referida capa, en los 
que contribuyen a la formación de ciertos plexos que 
muestra esta capa. 

Algunas de esas neuronas ofrecen una sola arboriza- 
ción que, particularmente en los miíscidos, suele estar 
formada de ramas largas, destinada por lo común a los 



12 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



plexos superüciales primero o segundo (N", lám. I; O', 
láni. IIj. 

Otras muestran dos o tres arborizacioncs locales dis- 
tribuidas en estratos diferentes (N, O, P, etc., láms. I 
y II). 

Cuando tienen dos arborizaciones, lo ordinario es que 
una de ellas esté destinada a alguno de los plexos super- 
ficiales primero o segundo, o se extienda parcial o total- 
mente a los dos, mientras la otra, situada más profunda- 
mente, ocupa, por lo general, el cuarto. Mas no es raro 
hallar tallos provistos de una arborización para el segundo 
plexo difuso y otra para el t(ircero, en cuyo caso pueden 
ofrecer ambas caracteres semejantes o ser muy diferentes 
en amplitud y estructura (O. O", P, lám. 1; Ñ, N', (), P', 
lám. II). 

Hay, por último, células gaugliónicas, cuya expan- 
sión ofrece, a su paso por la capa plexiforrae interna, tres 
arborizaciones locales: una superficial, generalmente muy 
extensa, que ocupa más o menos completamente los plexos 
difusos primero y segundo; otra intermedia para el terce- 
ro y, finalmente, la tercera para el cuarto (Ñ, lám. I; P. 
lára. II). 

Muy a menudo algunas de esas arborizaciones no 
están por completo situadas en los plexos difusos, sino en 
los estratos intermedios, mezclando sus fibras a las que 
forman las que hemos denominado láminas de fibras ser- 
penteantes. 

Pasada la capa plexiforrae del epióptico, las expansio- 
nes de las células gangliónicas, continuando su marcha 
en sentido centrípeto, penetran en la zona subyacente 
donde forman, en unión de otros muchos elementos de 
muy diversa procedencia, un robusto manojo de fibras (7, 
láms. I y II), al cual se ha designado, a causa del entre- 
cruzamiento de una gran porción de sus elementos, con el 
nombre de liasma interno, así como también con el de 
nerrio óptico atendiendo a las analogías que ofrece con el 
órgano así llamado en los vertebrados. 

Por este amplio cauce siguen caminando hacia dentro 
los axones de las células gangliónicas para dirigirse al 
Jobillo óptico, que es la formación donde residen sus termi- 
naciones. 



Cajal V Sánchez, -centros (íptico.s de los insectos i:? 

Eu todos los iusectos estudiados por nosotros (Himc- 
uópteros, Odouatos, Lepidópteros, Dípteros, Ortópteros, 
Hemípteros), los conductores ópticos procedentes de neu- 
ronas ganglionares llegados de las regiones anteriores del 
epióptico, se terminan invariablemente en los territorios 
externos del lóbulo óptico; los llegados de las regiones 
posteriores, se distribuyen eu los internos: y, por último, 
los que provienen de las intermedias de aquél, se sitúan 
en los territorios medios de este. 

Las terminaciones de las células gangliónicas en el 
lóbulo óptico ofrecen caracteres distintos en nna misma 
especie y mucho más distintos aún cuando se los estudia 
en formas pertenecientes a diferentes órdenes, particular- 
mente en cousonancia con la conformación de esta parte 
del aparato visual. 

En los Dípteros y Lepidópteros, en qne el lóbulo óp- 
tico está constituido, como queda indicado, por dos por- 
ciones diferentes, se ha impuesto a las ñbras visuales afe- 
rentes, para adaptarse a esa disposición anatómica, una 
modificación de carácter específico, puesto que falta en los 
otros grupos en que aquella división no existe. 

Para proveer convenientemente de conexión visual, 
tanto el foco laminar como el ovoideo del lóbulo óptico, 
los axones de las células gangliónicas se bifurcan en plena 
región del kiasma, en la vecindad de esas masas plexifor- 
mes, originando una rama fina y otra gruesa destinadas, 
aquella al/oco laminar o accesorio y esta al ovoideo o prin- 
cipcd. 

Mas conviene advertir que, aún en los insectos de 
lóbulo óptico bipartido, no todos los conductores visuales 
ofrecen semejante bifurcación. Algunos, ordinariamente 
más delgados que sus congéneres, carecen de ella, siendo 
destinados, naturalmente, sólo a una de las porciones de 
aquél. 

Sea cualquiera la especie de insectos considerada, las 
fibras visuales pueden clasificarse, por su manera de ter- 
minar en el lóbulo óptico, en dos categorías diferentes; a 
saber: jMjliesf ratificadas y monoestratitlcadas. Enlas prime- 
ras, las ramillas de arborización se presentan más o menos 
claramente separadas en grupos que constituyen a modo 
de arborizaciones locales, destinadas cada una a un plexo 



14 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

de los varios en que las masas plexiforraes de este gauglio 
aparecen divididas. 

Las ramas finas de la bifurcación antes mencionada 
en los Dípteros y Lepidópteros, destinada al foco accesorio 
o laminar, suele mostrar su arborización terminal dividida 
en dos porciones destinadas a los dos pisos de articulación, 
superficial y profundo de dicho foco. 

Las ramas gruesas o principales de la mencionada 
bifurcación, como las de los insectos de lóbulo óptico indi- 
viso, ofrecen caracteres muy variados. A veces muestran 
dos o tres arborizaciones locales semejantes; pero por lo 
común preseutan dimensiones distintas, siendo, por lo 
general, mayor la más próxima al kiasma, y a veces ésta 
y la última aventajan a la intermedia. 

En cuanto a las monoestraüficadas, unas veces tienen 
su arborización en el estrato superficial, otras en los me- 
dios o en los profundos y sus caracteres son también va- 
riados. Sus ramas ofrecen longitudes y distribución dife- 
rentes; y la importancia aparente, deducida de sus propor- 
ciones, es también relativa. 



Los tres grupos neuronales de que acabamos de hacer 
sucinta indicación, constituyen los tres eslabones funda- 
mentales de la cadena visual de los insectos. Pero este 
aparato ofrece además otros elementos nerviosos que com- 
plican de modo extraordinario su delicadísima estructura, 
sin contar con la ueuroglia, el complicado sistema traqueal, 
elementos pigmentarios y de sostén, que contribuyen a 
aumentar la gran complicación que la parte estrictamente 
nerviosa ofrece. 

Aún limitándonos a los elementos de naturaleza ner- 
viosa, es preciso mencionar, si se quiere dar idea, aunque 
sólo sea aproximada, de los factores que toman o parecen 
tomar parte activa en el fenómeno complejo de la visión, 
las células locales o espongiohlastos y las fibras centr[fuf/as 
que, procedentes de orígenes diversos, llegan a las distin- 
tas formaciones retinianas. 

A la retina intermediaria llegan constantemente ele- 



Cajal y Sánchez.— centros ópticos de los insectos 15 

mentos centrífugos que, eu uuión de las fibras visuales 
(cilindros ejes de los bastoncitos) y los tallos y arboriza- 
ciones de las neuronas monopolares, contribuyen a formar 
las agrupaciones fibrilares complejas que hemos llamado 
cartuchos ópticos. Aquellos elementos proceden de células 
residentes eu los ganglios vecinos, o vienen de territorios 
lejanos situados más allá de las formaciones visuales. 

En muchos insectos (múscidos, ápidos, etc.) algunas 
de esas fibras proceden de corpúsculos locales situados por 
dentro de la capa plexiforme externa, en plena zona del 
kiasma intermediario, ya en la vecindad de aquella capa 
(mosca azul) (G, lára. II), ya en la corteza del epióptico 
(abeja) (H, H', lám. I). Esas células, de tipo nonopolar, 
emiten una expansión que se dirige afuera, penetra en la 
plexiforme externa, y allí engendra su arborización termi- 
nal, de forma y distribución variable. 

Los otros elementos centrífugos del perióptico pro- 
vienen de células situadas más lejos, en la corteza del 
epióptico o más distantes todavía, en cuyo caso tienen 
que atravesar esta última formación retiniana. Llegados 
a la plexiforme externa, emiten sus arborizaciones ter- 
minales, a veces muy complicadas, por las cuales se esta- 
blecen conexiones con los demás factores que por allí 
circulan. Eu nuestras láminas I y II, hemos representado 
algunas de esas arborizaciones. 

Eu la retina profunda o epióptico se suman a las ter- 
minaciones de las fibras visuales largas, a las de las mo- 
nopolares y los tallos y arborizaciones de las células gan- 
gliónicas, de que ya queda hecha mención, otros muchos 
elementos que provienen principalmente de dos orígenes 
diferentes. Unos corresponden a células situadas en los 
territorios vecinos y pertenecen al tipo designado por 
Cajal con el nomhvQáeespoufíiohlastos o células amac riñas. 
Los otros proceden de corpúsculos residentes en ganglios 
lejanos, ya de los que rodean al lóbulo óptico, ya de los 
situados en las masas nerviosas centrales o cerebroides. 

Las amacrinas de esta regióu, situadas en la corteza 
granular que rodea al epióptico, presentan tipos distintos, 
tanto por los caracteres de sus arborizaciones, como por 
los territorios a que están destinadas. 

Unas son monoestratificadas y originan, por consiguien- 



10 REVISTA CHILENA DE III.STUKIA NATURAL 



te, una sola arborizacióu destiuada a imo de los plexos de 
esa capa. Las hay para todos los pisos y en algunas de 
ellas la arborizaídón se extiende en sentido horizontal, 
concéntrico con los estratos de esta masa, o se hace recu- 
rrente, como si tuviese necesidad de invertir los elemen- 
tos de conexión (K, lám. I; K, L, M, lám. II). 

Otras son puliestrati/icadas, presentando dos o tres ar- 
borizaciones locales, situadas cada una en un plexo difuso 
o en una de las láminas de fibras serpenteantes (J. L. M., 
lám I). 

ílablando en términos generales, puede decirse que 
las arborizaciones de los espongioblastos presentan carac 
teres semejantes a las de las células gangliónicas, de las 
cuales es algunas veces difícil distinguirlas, a no ser'que 
se descubra su terminación. 

Los demás elementos centrífugos de la retina pro- 
funda provienen, a su vez, de dos fuentes diferentes. 

Unos tienen su origen en corpúsculos residentes en 
ciertos ganglios de la vecindad, situados entre el epióptico 
y el lóbulo óptico, principalmente en los grupos denoini- 
nados í/anf/lios anqidares anterior y posterior. La inmensa 
mayoría de los tallos procedentes de esas neuronas se di- 
viden en T, ya en el interior de la masa plexiforme inter- 
na, ya fuera de ella. Las ramas de la primera de esas 
variedades están destinadas: una, la centrípeta, al mismo 
epióptico, y la otra, que os centrífuga, al perióptico; y de 
las dos de la segunda, una al epióptico (centrífuga) y la 
otra al lóbulo óptico (centrípeta), (R, R', lám. I; R, 
lám. It). 

Las otras centrífugas de la retina profunda provie- 
nen de los ganglios cerebroides, llegan por el nervio 
óptico (V, láms. I y II) o por otra vía situada por delante 
del lóbulo óptico (X, láms. I y II) y se ramifican de muy 
diversos modos en el interior de la capa plexitorme inter- 
na, dando ramas a los distintos estratos de esa formación. 

También al lóbulo óptico llegan, además de las ter- 
minaciones de las células gangliónicas, numerosos ele- 
mentos procedentes de orígenes diversos. 

La mayor parto de las células residentes en la^corteza 
del lóbulo óptico, sobre todo en las regiones internas, en- 
vían su expansión a las formaciones plexiformes de esa 



REV. CH. HIST. NAT., Año XXV (1921") 



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ESQUEMA DE LA RÉtl 



CENTROS ÓPTICOS DE LA ABEJA 



REV. CH. HIST. NAT,. Año XXV (1921; 



Lám. II. 




ESQUEMA DE LA RETINA Y CENTROS ÓPTICOS DE LA MOSCA AZUL. 



Cajal y Sánchez. — centros ópticos db los jnsectos 17 

masa gangliouar y iniichas de ellas terminan allí, compor- 
tándose como verdaderos espongioblastos, estableciendo 
.conexiones entre elementos situados en las zonas o estra- 
tos de esa masa. En los insectos en que el lóbulo óptico 
está formado de dos porciones, particularmente en los 
múscidos, algunas de esas células situadas en la corteza 
posterior, envían sus expansiones transversalmente, hacia 
el kiasma interno y el foco anterior, atravesando antes el 
foco laminar. Mas al penetrar en aquel foco, o aun en 
pleno kiasma, se dividen en T, una de cuyas ramas ter- 
mina, mediante arborización algodonosa, en el estrato 
perikiasmático de la masa plexiforme del foco oval; y la 
otra, de curso recurrente, vuelve al foco laminar y termi- 
na en su estrato superficial por una arborización relativa- 
mente pequeña, formada de ramillas cortas no muy abun- 
dantes (S, S', S", S'", lám. II). 

Muchas células residentes en la corteza anterior del 
lóbulo óptico mandan también sus expansiones a la masa 
plexiforme de este ganglio, donde no pocas parecen ter- 
minar, comportándose como amacrinas. Peio algunas de 
ellas irán acaso a establecer conexiones con territorios más 
o menos lejanos (U, láms. I y II). 

Por último llegan al lóbulo óptico, como a la retina 
profunda, numerosas fibras centrífugas procedentes de los 
ganglios cerebroides. Unas son homolaterales; es decir, 
emanadas de corpúsculos situados en la misma mitad del 
cuerpo, y otras cruzadas, originarias de células situadas 
en la mitad opuesta. 



Conocidos los precedentes datos, nos parece posible 
interpretar con probabilidades de aci^^rto, la marcha y 
propagación del estímulo nervioso a través de los diversos 
factores del aparato visual. 

El impulso luminoso, recogido y concentrado por las 
corneólas y conos cristalinos, es recibido por las células 
fotosensibles o bastoncitos y conducido por la expansión 
])rofunda de éste, a la zona plexiforme del perióptico. 
Aquí es recogido por la arborización colateral de los tallos 
de las raonopolares, que, obrando como verdaderas expan- 

REV. CH. HIST. NAT. '1921) (2) 



18 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

siones denclríticas, transmiten la onda nerviosa en sentido 
axípeto, propagándole por el tallo de dichas neuronas 
hasta los estratos superficiales de la capa plexiforme in- 
terna. Finalmente dicho impulso es recibido entonces, de 
los penachos terminales de esos axones, por las arboriza- 
ciones que los tallos de las células gangliónicas emiten en 
la capa plexiforme interna, continuando luego la corrien- 
te nerviosa por las prolongaciones cilindraxiles de estas 
neuronas, hasta los estratos del lóbulo óptico, donde es 
recogida por las arborizacioues centrífugas venidas de 
los centros cerebrales. 

Esa que dejamos bosquejada tan suscintamente. es la 
marcha de la corriente nerviosa por la vía principal o di- 
recta, aun cuando al indicarla no ha3^amos hecho mención 
del papel de los bastones larr/us, que parecen comunicar el 
efecto de la vibración luminosa directamente, desde la 
periferia hasta los estratos plexiformes del epióptico. Pero 
hay, además, vías indirectas o colaterales integradas por 
las células amacrinas y otros conductores, tan numerosos 
en algunos tramos del aparato visual, especialmente los 
de marcha centrífuga. Mas de la propagación del influjo 
nervioso a través de estas vías, así como de la misión de 
los kiasmas interpuestos entre las principales formaciones 
visuales, no podemos ocuparnos ahora. 

Madrid, 2 de Marzo de 1921. 



Martin.— SUR LES odonates Dr chili 



19 



SUR LES 0D0N«TE5 DU CHILI 



Rene MARTIN 



Les Odonates sont des iusectes h raétamorphoses 
iucomplétes, c'est a diré que, de Ywuf pondudans imétang 
011 une riviere nait une larve qui vit et grossit sans 
changer de forme, puis sort de l'eau quand elle a atteint 
toute sa taille. A peine est elle hors de l'eau, la peau qui 
Tenveloppait se fend et l'insecte parfait se degage pour, 
aussitot qu'il est séché, prendre son vol a travers l'espace; 
cet insecto parfait ou imago méne alors une vie aérienne, 
se nourrit d'autres insectos, s'accouple et meurt, mais, 
aussitot aprés l'accouplernent, la femelle a pondu ses oeufs 
dans Teau oii les futuros larves vivrout a leur tour. 



,„^ JW»»ÍH^»¿. ifet*.*-. 







4uAÁA^'X.K¡i„.^j^ 



F¡^. 1. 



Famille des ^scJinidce. 



20 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

Linné a place tous les Odouates dans son genre Li- 
bellula, del'ordre des Névropteres. Plus tard, Fabricius 
designa sous le nom «Odonata» la 5.^ classe de sa división 
des insectes. Les auteurs plus récents ont fait de ce 
groupe tantot une famille, tantot un sous-ordre et ont 
place les Odonates parrai les Névroptéres ou ont voulu 
les rattacher a Torde des Orthoptéres. Aujourd'hui, les 
meilleurs esprits sont d'accord pour les classer dans le 
sous ordre des Pseudonévroptéres, ou, ce qui me me semble 
préférable, pour en faire un Ordre separé. 

Les Odonates se divisent en trois grandes familias, 
subdivisée en 9 sous familles: 

_ .,, - X -7 77 7-7 ( Sous famille des Libellulinae. 
Famille des LiheUulidcB.y g^^^ f^^.^^ ¿^^ Cordulinae 

Sous famille des Gomphinae 
Sous famille des Petalurinae 
Sous famille desCordulegastriníe 
Sous famille des ^schninae 

/ Sous famille des Calopterygina' 
Famille des AgrionidceX Sous famille des Lestinae 

( Sous famille des Agrioninae 

La faune uéotropicale, avec prés de 600 espéces est 
la plus riche du globe, mais la fauue du Chili est tres 
restreinte et ne corapte actuellement que 35 espéces 
décrites: 7 Libellulinae, 3 Cordulinae, 3 Gomphinae, une 
de la sous famille des Petalurinae, 6 Cordulegastrinae, 7 
Aschninae, 7 Agrioninae, une de la sous famille des 
Lestinae. Les Calopteryginae ne sont pas représentées au 
Chili. 

Un des meilleurs éléments pour la classification des 
Odonates se trouve dans la réticulation des ailes. 

Dans la famille des Libellidida\ les ailes supérieures 
et inférieures sont dissemblables de forme et par leurs 
triangles, ceux des ailes supérieures ayant leur graud axe 
perpendiculaire aux ailes et ceux des inférieures ayant 
leur grand axe dans les seus de la longueur des ailes. Les 
yeux sont plus ou móins contigus. 



Martin.— SUR les odonates du chili 21 

Chez les Libellnliníü, le bord anal des ailes inférieures 
est aiTondi, non anguleux, serablable dans les deux sexes, 
les yeux simples sans prolongeraent aubord posterieur. 
Chez les Cordul'mm le bord anal des ailes inférieures est 
arrondi chez la femelle seule, il est excavé et anguleux 
chez le mále; les yeux contigus ont íi leur bord posterieur, 
vers les tempes, une sorte de prolongeraent ou second neil. 
Le 2.f segment del abdomen des males porte 2 oreillettes. 

Dans la famille des ^JilscMnidce^ les ailes supérieures 
sont dissemblables de forme, mais la forme des triangles 
est variable dans chaqué sous famille. Le bord anal des 
ailes inférieures du mále est anguleux, celui de la femelle 
est arrondi. 

Chez les Gomphinw, qui se rapprochent des Cordulinoe 
par la forme de leurs triangles, les yeux, au lieu d'etre 
contigus, sont tres éloignés í'un del'autre. 

Les Petalurinm et les CordulegastrincB, qui tiennent 
le milieu entre les Gomphinne et les iEschniuíe n'ont les 
yeux ni tres éloignés ni tres contigus, mais se touchant 
seulemeut sur un petit espace on méme par un seul 
point* 

Chez les yEscJinince, les triangles des 4 ailes sont a 
peuprés semblables, ayant tous leur graud axe dans le sens 
de la longueur del'aile. Les yeux sont tres gros et tres 
contigus. 

Dans la famille des Agrionidoe, les 4 ailes sont sem- 
blables. Les triangles qui existent dans les autres familles 
deviennent ici des quadrilatéres. Les yeux sont toujours 
éloignés l'un dePautre. 

Chez les Calopteryg'mce, il y a aumoins 5 et ordinaire- 
ment un grand nombre de nervules antenodales. 

Chez les Agríonina;, et les Lestince, il y a seulement 
2 nervules anténodales, mais, chez les Agrionina», la ré- 
ticulation est différente de celle des Lestina\ le secteur 
sousnodal de ees derniéres naissant plus prés de l'arculus 
que du nodus, tandis que, chez les autres, il prend 
naissance plus prés du nodus que del'arculus. 

On a décrit jusqu'á cejour 35 especés d'Odonates qui 
habitent le Chili: 



22 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

Libelliilinre: Erythrodiplax connata Burmeister (Com- 
munis Earabur) Habite une partie 
derAmérique raéridionale. 

Erythrodiplax plebeia Eambur (Argen- 
tine, Chili). 

Erythrodiplax illota Hagen (Californie, 
Xevada, Mexique, presque toutel'Amé- 
rique méridionale). 

Erythrodiplax chloropleura Brauer (Bré- 
sil, Argentine). 

Erythrodiplax fusca Eambur (Amérique 
du Sud). 

Ephidatia longipes Hagen (Partie der- 
Amérique du Sud). 

Paútala flavescens Fabricius: (Toutes les 
régions tropicales). 
CordulhKc: Paracordulia tomentosa Fabr. (Propre au 
Chili). 

Gomphomacromia paradoxa Brauer (Chi- 
li, Patagonie). 

Eialla raembranata Navas (Chili, Argen- 
tine). 
Gomphinae: Neogomphus bidens Selys: (Chili). 

Neogomphus molestus Selys (Chili). 
Gomphóides fuliginosa Selys (Chili, Deme- 

rara. 

1 sp. desPetalurinae. Phenes raptor (Eambur). \ 
(3 Corduleffastrinae, que certains auteursratta- 
chentala famille des ^Eschninae ci aprés. I 

Petalia Punctata Selys. / tous spé- 

Phyllopetalia stictica Selys. \ ciaux au 

Phyllopetalia apicalis Selys. I Chili. 

Phyllopetalia apollo Selys. 1 

Phyllopetalia decorata Selys. 
Hypopetalia pestilens Mac Lachlan.' 

7 u^scJminae: ^schnadiffinis Eambur, (Chili, Terre de 
Feu, Péru, Bolivie). 
^Eschna confusa Eambur (Chili, Argentine, 

Brésil). 



Martin. — sur les odoxates du chili 23 

-¿EschnaboiianensisEarabur(Partiederamé- 
rique du Siid). 

^•Eschna brevifrons Selys{Mexique, Arnéri- 
que du Sud). 

^schna intricata R. Martin (Mexique Amé- 
rique du Sud). 

iEsclina variegata Fabriciusfiudiquée de la 
Terredefeu et de TArgentine). 

Allopetalia reticulosa Sel3's (C-hili). 
1 sp. des Lestinac: Lestes undulatus Say (Brésil, Uru- 
guay, Argentiiie, Chile). 
7 Agrioninae: Antiagrion Gayi Selys: (spécial au Chili). 

Autiagrion Blauchardi Selys; (spécial au 
Chili). 

Oxyagrionrubidum Selys: (Argeutiue, Chili). 

Oxyagriourufulum Hagen:(Argentine, Chi- 
li, Californie). 

EvythragrioD erythrinum: (Brésil, Chili, Pé- 
rou). 

Acanthagrion interruptum Selys: (Argén 
tine, Chili). 

Ischnurafluviatilis Selys: (Amérique duSud) 

Au total environ, 35 ou 36 espéces. Mais nous devons 
ajouter que lexisteDce d'uiie espéce n ést pas bien cer- 
taine: «^Eschna variegata.» 

Depuis que nous habitons le Chili central, nous 
avous capturé un Odonate, du genre Goraphomacromia, 
qui n'apas encoré été décrit et dontla description est don- 
née ci aprés. La genre Goraphomacromia est remarqua- 
ble parceque tous les triangles sont libres, c'est adire ne 
sont traversés par aucune nervule, larculus aux ailes in- 
férieures est place avant le cote interne du triangle; les 
triangles aux 4 ailes ne sont suivis que d'un soul rang de 
cellules, et l'écaille vulvaire de la feraelle est prolongée 
en 2 lamelles dépassant l'abdomen. 

Goniphoiuacroiiiia chilensis nüv. spéc. 

¿ Long du corps 38 mm: abdomen 28-29 mm. aile 
inferiere 24 mm. 



24 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

Face bruñe glacée de noiratre, lévre supérieure no- 
ire, rinférieure roussátre, vértex bleu foncé raétallique, 
front de méme couleur (en grande partie jaune chez les 
jeunes). 

Prothorax noir. Thorax villeux, brun avec une fine 
ligne dorsale jaune et, á petite distance de cette ligne 2 
bandes autehumérales vert métallique, les cotes d'un noir 
vert métallique avec une large bande jaune céntrale et, 
tout en bas, une seconde bande jaune. 

Espace interalaire brun noiratre avec un point jaune 
central, Tattache de chaqué aile portant un tout petit point 
jaune. 

Pieds assez minees, roux d'un cote, noirs del'autre, 
tarses noirs, les tibias avec de longues épines espacées. 

Abdomen tres minee, íi peine gonflé au 2.° segment, 
devenant tres épais aux 7 et 8.% noir. Le I.*''" segment 
noir, táchete de jaune; le 2.^ avec 2 petites taches jaunes 
séparées par Tárete dorsale; le 3.° avec une tache jaune 
céntrale dorsale; les 4-7 noirs; le 8.^ avec 2 petites ta- 
ches dorsales centrales séparées par Tárete, le 9^ jaune 
avec cütés noirs, le 10 jaune en dessus. 

Appendices noirs, les supérieurs plus longs que le 9^ 
segment, courbés en bas, tronques au bout; Tinferieur lar- 
ge avec 2 petites pointes recourbées enhaut, ne rejoignant 
pas tout afait le bout des supérieurs. Le dessous deTabdo- 
mennoir, sauf le dessous des 9-10 segments qui est jaune. 

Ailes assez étroites, hyalines, avec un vestige de sa- 
frané a la base, couvrant a peine Tespace jusqu' íi la 1 .'^^ an- 
ténodale, stigma noir, excessivement court (1 mm.) pres- 
que carré" Triangle anal allongé avec une nervule. Mem- 
branule blanche. 

Aux ailes supérieures 9-10 anténodales et 9 postno- 
dales; aux inférieures 6 anténodales et 9-10 postnodales. 
9 Long. corps 40 mm.. Elle difiere du raále parce- 
quilny a pas apparence (sur la femelle unique que je 
possede) d'antehumérales verles sur le thorax. L'abdomen 
est tres minee, noir, sans aucun gonflement aux 7.8 
segments de l'abdomen, qui, en dessous, est tout noird'un- 
bout íi Tautre. Appendices noirs tres courts. 

Stigma brun foncé. Ailes faiblement teintées de sa- 
frané clair de la base jusqu'aprés le triangle, cette nuance 



Martin.— SUR les odonates du chili 25 

subsistant, raais tres faible aux ailes supérieures jiisqu au 
nodus. 

Cette espéce differe beaucoup de G. paradoxa; elle 
ressemble davantage a G. fallax Mac Lachlan, indiquée 
de TEcuador, du Brésil et du Pérou, qui a la méme taille, 
mais, chez cette derniére la face est entiérement marrón 
en baut et orangée en bas, le front est marrón, l'abdomen 
moins élargi aux 7-8 segments, les 4-7 segments ont 
des taches jaunes centrales et au contraire les 8-10 
segments sont noirs, le dessous del'abdomen est tout noir, 
enñn le stigma marrón est notablement plus minee et plus 
allongé. Pour moi, G. chilensis est évidemment une espé- 
ce distincte de «fallax». S'il etait possible de laconsidérer 
comme une simple race de G. fallax, elle constituerait 
alors une forme quil y aurait lieu de nommer G. fallax 
chilensis. 



26 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



UN NUEVO BR/lCóNiDO CHILENO 

POR EL 

Prof. Dr. Carlos E. PORTER 

Catedrático de Zoología general y Entcmoiogia Aplicada del Instituto Agronómico de Chile 



A principios de Diciembre del ano pasado el Agró- 
nomo Regional Jefe, señor Roberto Opazo G., rae remitió 
para su determinación unas larvas (en cantidad) de Lepi- 
dóptero. Estas resultaron ser de Laora rariabilis. El 12 
del mismo mes nacieron moscas parásitas que resultaron 
pertenecer a una especie nueva que confié al distinguido 
entomólogo Dr. Bréthes de Buenos Aires quien la des- 
cribió con el nombre de Parasetigena Porteri en los «An. 
Zool. Aplic.» del presente año (p. 12). 

En algunas de las larvas aparecieron después capu- 
llos blancos de donde comenzaron a salir eñ 20 de Enero 
del presente año (1920) unos Bracónidos que creo corres- 
ponden a una especie nueva para la ciencia, que describiré 
enseguida: 

Apúnteles (Pseudapanteles) laorae, Poktek n. sp. — 
Politus, uifjer, palpis, pedUms a trochanteribus testaceis, sed 
fenioribtis posticis vix totis, tibiis posticis ápice et tarsisposti- 
cisfiiscíoribus, alis hyalmis, stigmate venisque plus minus 
fuscis. Long.: 2 mm. Alae: 2 mm. 

La cabeza es lisa con puntos bastante esparcidos, el 
clípeo separado de la cara por una línea impresa en semi- 
círculo y está truncado adelante. La cabeza y el cuerpo 
con pelos blanquizcos esparcidos. Antenas de 18 artejos. 



Porter.— UN nuevo bracónido chileno 



Mesouoto cou puntuación más fuerte que la de la cabeza, 
las líneas parapsidales apenas marcadas por impresiones 
poco aparentes, separado del escudete por una serie de 
unas 8 foveolas. El escudete casi liso en su parte comba- 
da, con estriación en sus bordes laterales. El postescudete 
con una foveola relativamente grande en el medio segui- 
da hacia los lados de otras más pequeñas. Segmento me- 
diario no areolado ni carenado en el medio, pero con fo- 
veolas, existiendo una mayor de cada lado en la parte 
declive posterior. Primer segmento del abdomen subcua- 
drado, con pequeñas foveolas y un espacio mediano liso 
cerca déla extremidad. Segundo segmento como tres veces 
más ancho que largo, un tanto más angosto hacia adelan- 
te, finamente areolodo y con una ligera elevación media- 
na longitudinal, las gastrocelas triangulares. Los otros 
segmentos del abdomen lisos con pocos pelos esparcidos. 
Las alas hialinas con la areola teniendo sólo la primera 
transverso-cubital y la porción de la cubital enfrente dis- 
tintas. 

Parásito de Laora variabilis^^ 

En los últimos días de Enero han nacido, en el tubo 
donde guardé vivos ejemplares de la especie del Apanteles 
que acabo de describir, unos pequeñísimos himenópteros 
que lo parasitan a su vez y que he enviado al Dr. Brethes 
para su estudio. Ya veremos el resultado. 

Laboratorio de ZOOlOpia Aplicada, Santiago, 30 de Junio 1920. 



(*) Los trabajos del director de esta Revista, se postergan, y con 
placer, para dar cabida preferentemente, dentro del número de pági- 
nas contratadas con la Imprenta, a los estudios de los señores colabo- 
radores. El presente artículo quedó sobrante del año pasado junta- 
mente con otros nuestros que en el presente tomo tendrán cabida. 



28 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



CONTRIBUCIÓN ^L ¿5TUD10 D£ L05 ClCiNDELID^E 
Los Cicíndelidac De Chile 

POR 

Eduardo VARAS ARANGUA 

Miembro de la "Soc. Ent. da France" 



Después de la muerte del sabio Jefe de la Sección 
Entomológica del Museo Xacional, M. Philibert Germain, 
uadie en Chile se ha acordado de los (Coleópteros, a excep- 
ción de nuestro distinguido compatriota el Profesor Dr. 
Carlos E. Porter, que se encarga del estudio de algunas 
familias {Cerambycidae, Bruchidae, Silpliidae) y el resultado 
de sus concienzudas observaciones no tarda en publicarse, 
pero a pesar de todo, es mucho lo que falta por dar- 
se a conocer en este orden; una idea puede dar el «Ca- 
tálogo de los Coleópteros Chilenos del Museo Nacio- 
nal» (*) publicado por M. Ph. Germain, poco antes 
de su muerte, el que sólo comprende 26 familias, enume- 
rando 884 especies, de las cuales 217 son inéditas. 

Entre las tantas familias desatendidas por los ento- 
mólogos chilenos figura la de los CicindeUdae, ignoro cuál 
sería la causa, pero tal es que hasta este momento, a pe- 
sar de ser la primera familia de los Coleópteros, nadie ha 
hecho un estudio de ella y en los Catálogos publicados en 
Chile se notan algunos errores que se estaban haciendo 
permanentes. 

Como nuestra especie de Cicindelidae más antigua- 
mente conocida, puede considerarse la Cicindela trifascia- 
ta peruviana, que fué dada a conocer por Dejean corao Ci- 



(*) Boletín del Mu.seo íí'acional, 1911, p. 47. 



Varas A. -contribución al estudio de los cicindelid.k 29 

cmdela tortuosa, procedente del Perú, en 1831, y cuatro 
anos más tarde Castelnau la describía como especie distin- 
ta bajo el nombre de C. peruviana. 

La última especie que se describió fué la Cicindela 
Gormazi, encontrada en el seno de Eeloncaví por el Cap. 
F. Vidal Gormaz y el Dr. Juliet, en el verano de 1871. 
En el presente estudio propongo el restablecimiento del 
nombre Vidali para la forma C. Gormazi dolorosa (Chaud) 
W. Horn, la cual está en sinonimia, y creo la nueva var 
C. Gormazi Izquierdoi. 

II 



La familia de los Cicindelidae es perfectamente carac- 
terizada, mas, por sus múltiples relaciones con los Cara- 
bidae, muchos autores la consideran como Sección de és- 
tos, y, en dicha forma ha sido tratada por el Dr. Walther 
Horn en el Genera Insectorum, de Wytsman, proposición 
que aún no ha sido generalmente aceptada. 

Habitan en casi todas partes del Globo, pero con pre- 
ferencia en los países cálidos, donde viven en las orillas 
del mar o de los ríos y en los claros arenosos de los bos- 
ques, aunque muchas viven en medio de las selvas, ha- 
biendo especies arbóreas, tales como los Collyrini, las Ci- 
cindelas del grupo Megalomma, de las islas Mascareuas, 
etc., la mayoría dé ellas siendo raras en las colecciones 
debido a la dificultad para allí cogerlas. 

La mayor parte son diurnas, pero las hay también 
crepusculares y nocturnas, las que acuden a las luces. (*). 

Según él Dr. Horn, en el Genera Insectorum, esta 
familia, sección de los Carabidae para él, queda dividida 



(*) Muchas especies del Cicindelidae, aunque diurnas, acuden a 
las luces, siendo éste un caso frecuente en las reg-iones tropicales don- 
de el uso de la linterna pasa a ser una gran ayuda al coleccionista. 



30 



REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



' Alokosternaliae 



CICINI)ILINAE.< 



Flatjsternaliae. 



^ Ctonostoniini 
( Collyíiiii 
Mantiehorini 

Megaeephalini.. 



_ Cicindelini. 



Platychilina 

Omina 

ilegaeephalina 

Diomieina 

Teratliina 

Piothymina 

Odontochilina 

Ciciudelina 



De todas estas divisiones sólo tres tenemos represen- 
tadas en Chile y son: MagacepJialini, Omini, Cicindelini . 
las dos primeras con una especie respectivamente, la últi- 
ma con cuatro y éstas son las siguientes: Picnochile falla- 
ciosa (Chevr.), Me.gacepliala [Tetraclia) Carolina (L); Cicin- 
dela irijasciata F.; Cicindela melcdeuca Dejean, C. Gorma- 
zi E. C. Keed y C. clúliensis Aud. et Brullé, pero ninguna 
de ellas habita exclusivamente en Chile, la Megacephala 
(T) Carolina habita en la región anstral de los Estados 
Unidos y la tenemos representada, no por el tipo, sino 
que por dos sub-especies, ambas comnnes al Perú, la C 
trifasciata representada por su forma peruviana, que como 
indica su nombre es originaria del Perú y todas las res- 
tantes se encuentran en la República Argentina; la exis- 
tencia de la Cicindela melaleuca en Magallanes me parece 
muy dudosa. ('''). 

III 
Cicindelidae 



Antenas insertas en la frente sobre la base de las 



(*) M. Ph. Germain. cita en su «Cat. de los Col. de Chile del Mus. 
Xac.» (Bol. Mus. Xac. p. 49 1911) la Magacephala Germaini Chaud., esta 
especie se encuentra en la Eep. Argentina, no en Chile, y él dice (1. c.) 
«base orient. de los Andes, Ch. Argent. Río Diamanto». Xunoa se la ha 
encontrado en Chile y los cuatro ejemplares que posee el Museo j?ía- 
cional están etiquetados «Mendoza»; tal vez pueda encontrársela al 
Occidente, pero aún no se la ha hallado. 

M. Ed. Fleutiaux. en su «Cat. Syst. de Cic.» Liége, 1892, cita como 
encontrándose en Chile la Tefraclia cijanea Chaud. (M. fulgida ssp. 
('nanea AV. H.) (p. 23) y la Tctracha Gerniaini Chaud. (p. 22), ambas sien- 
lio oriundas de la República Argentina. 



Varas A. — contribución al estudio de los cincidelid.k 31 

mandíbulas, largas y apenas dentelladas; mandíbulas raul- 
tidentadas interiormente 3' de extremo muy agudo, algu- 
nas veces el número de dientes no es igual en una y en 
otra mandíbula; maxilas con el lóbulo externo biarticula- 
do, el interno generalmente terminado por un gancho 
movible; labro fuertemente recortado en el margen; len- 
güeta muy pequeña y oculta; base de los palpos labiales 
libre, éstos de cuatro artejos; ojos frecuentemente muy 
grandes y sobresalientes, cubiertos en su parte superior 
por el borde de la órbita; cabeza casi siempre más ancha 
que el protorax; protorax dividido transversalmente por 
(los surcos bastante profundos, la parte media compuesta 
por dos lóbulos convexos separados por un surco longitu- 
dinal bien marcado; con los epímeros y episternones dis- 
tintos; metasternón terminado prolongado hacia atrás; 
abdomen compuesto de seis segmentos en la hembra y con 
frecuencia de siete en el macho, con los tres primeros uni- 
dos entre sí; patas delgadas propias para la carrera; coxas 
posteriores dilatadas, movibles, simples, no alcanzando a 
los lados del cuerpo; tarsos siempre de cinco artejos, los 
anteriores frecuentemente dilatados en los machos. Las 
hirvas construyen madrigueras verticales, poseen dos gan- 
chos en el dorso del quinto segmento abdominal. 

De estos caracteres los más importantes son la reduc- 
ción de la lengüeta, el gancho articulado de las maxilas. 
la cabeza vertical, la inserción de las antenas en la frente 
V las larvas. 

El i)r. Walther Horn se basa para reunir esta fa- 
uiilia a la de los Carabidae en una serie de comparaciones 
que hace (*) entre diversos géneros de una y otra familia 
llegando al resultado de que hay Carábidos con caracte- 
res de Cicindélidos y Cicindélidos con caracteres de aque- 
llos. Yo creo que será muy difícil comprobar si se trata de 
dos familias distintas o deunasola; pero soy de opinión que 
debieran ser separados como familia distinta. 

Desde que ambos son Adéfagos tienen siempre carac- 
teres comunes pero entonces deberíamos reunir también 
en la misma familia a los Di/tiscidae, Hadplidae, Omo- 
jjJtronidae, etc. Adepliaga es una sección y no una familia. 



(*) "SVvtsniiiirs (ienera Insectoniru. fso. S2a. 1908, pp. 66-7*2. 



82 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

No deja de ser curiosa la reducción de la lengüeta y pa- 
raglosas en ciertos Anthiani; la falta de Gancho articulado 
en las maxilas de los Ctenostomini y la presencia de él en 
la tribu TyigonodactyUni, pero caracteres aislados solo 
atestiguan un origen común o hábitos semejantes y el pa- 
rentezco innegable que poseen, mas, no significa que perte- 
nezcan a una misma familia. 

Los Cicindelidae son Coleópteros de mediana talla, 
raras veces alcanzan a más de una pulgada, ni tampoco 
hay especies muy pequeñas; por lo general son de colores 
vivos, con brillo metálico o color negro, bronceado u otro 
obscuro, con dibujos blanquizcos o manchas capricho- 
sas (*). De preferencia se les encuentra en parajes areno- 
sos, en los días de calor; hay especies que se esconden ba- 
jo la corteza de los árboles o bajo piedras. Las costumbres 
de estos insectos, tanto de las larvas como de los imagos, 
han sido detalladamente estudiadas para muchas especies, 
pero de las chilenas, nada se ha hecho en este respec- 
to. (**). 

Las especies chilenas de Cicindelidae se encuentran 
distribuidas en nuestro territorio en la forma siguiente: 



Picnochile fallaciosa (Chevr) Magallanes, Tierra 

del Fuego. 

Megacephala (Tetracha) Carolina 

ssp. chilensis Cast. Chile Boreal, desde 

ssp. Latreillei Cast. Tacna hasta Ataca- 

ma. 

Cicindela trifasciata 

ssp. peruviana Cast. Atacama - Coquim- 



bo, SantiagoV 



(*) Según Conistock. estos dibujos, a más de sii extremada vora- 
cidad, les han valido el nombre de Tiger-Beetles que les dan en Inglés, 
traducción de «Tigrides veloces> como los denominó Linné. Estos dibu- 
jos en realidad no son caprichosos y se rigen por leyes como lo prueba 
el Prof. A". E. Shelford en su interesante monografía «Color and Color- 
pattern Mechanism of Tiger-Beetles», Illinois Biological Monographs. 
1917, Urbana. 

(**) M. C. BEoulbert. en «Insecta». 1912, p. 230, da una larga y 
completa bibliografía sobre larvas y costumbres de Cicindelidae. 



REV. CH. HIST. NAT., Año XXV (1921) 



Lám. III. 




1. Pícnochile fallaciosa. 

2. Megac. carotina. 

3. id. ssp. chilensis. 



4. Megac. ssp. Latreillei. 

5. Cic. trifasciata tortuosa. 

6. id. ssp. sigmoidea 



7. Cíe. ssp. peruviana. 

8. id. chiliensis. 

9. id. Gormazi. 



Varas, del 



Varas A.— contribl'Ción al estudio de los cincidelidae 33 

Cicindela chiliensis A. & B. Coquimbo-Iilanqui- 

hue. 

Cicindela Gormazi E. C. Reed. Llanquihue. 

El profesor Edwiu C. Eeed, en el Eutom. Mouth. 
Magaz. 1871, p. 76, hace una observación relativa al ha- 
l)itat de nuestras especies que no deja de tener importan- 
cia. Llama la atención a que la CicindeJa peruviana habite 
en Atacama solamente, una región donde nunca llueve, la 
Cic. chiliensis desde Santiago a Chillan, zona en la cual el 
período de lluvias es casi igual al de días secos y por úl- 
timo la Cic. Gorman en Llanquihue, donde llueve casi to- 
do el año; si aunque la Cic. trisjasciata peruviana habitaría 
también en Santiago, la Cic. clúliensis habite de preferen- 
cia los cursos superiores de los ríos, es decir, en los Andes, 
donde llueve casi tanto como en las provincias australes, 
a más de encontrarse en Llanquihue y en las mismas re- 
giones que la Cic. Gormazi, esto no vendría a destruir la 
importancia zoogeográfica que esta observación tiene. 

Para facilitar la determinación de nuestras especies 
rae parece que el cuadro adjunto es práctico: 

Ojos relativamente pequeños, apenas o na- 
da cubiertos por el borde de la órbita. 

31egaceplialiiiae 1 

Ojos muy grandes y salientes, cubiertos 
en su parte superior por el borde de la 
órbita Cicindelinae 3 

1. Élitros con pseudo-epipleuros, sin ángulos 
humerales. Sin húmeros. Ancas poste- 
riores no tocándose. C^olor negro uni- 
forme o ligeramente parduzco; élitros 

con una fuerte costa longitudinal 

Picnochile fallaciosa (Chev.) 

Élitros sin pseudo-epipleuros, con ángulos 
humerales. Con húmeros. Ancas posterio- 
res tocándose. Colores metálicos. Élitros 

EEV. CH. HI.ST. NAT. • 1921) (3) 



34 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

lisos, con puntuacióu más o menos fuer- 
te en la mitad basal 2 

2. Pantiiación pequeña, profunda y esparcida, 

color dominante el cobrizo 

Megacephala (Tetracha) cai'oliiia 

ssp. chileiisisCa&t. 
Puntuaciíjii más gruesa y apretada, color 

dominante el verde metálico 

Megacephala (Teti'acha) Carolina 

s*p. Lati'eillei Cast. 

3. Trocánteres medios con sedas. CUipeo y frente 

desnudos. Élitros sin vellosidad. Ápices 

elitrales aserrados 

Cicindela ti'isfaciata ssp. peruviana Cast. 

Trocánteres medios sin sedas. Clipeo y fren- 
te con numerosas cerdas. Élitros cubiertos 
de nna pubescencia muy corta, ñna y 
erecta que les da apariencia aterciopela- 
da. Ápices lisos 4 

4. Protorax rugoso. Disco del protorax con nnos 

pocos pelos esparcidos. Lados de los éli- 
tros redondeados 5 

Protorax con rugosidad casi enteramente 
desvanecida. Disco del protorax con dos 
líneas de nelos tendidos. Lados de los éli- 
tros paralelos... Cicindela chiliensis Aud. & Br. 

5. Marcas de los élitros muy dilatadas, invadien- 

do a éstos casi totalmente de blanco.... 
Cicindela Gormazi var Izquierdoi n. var. 

Marcas normales, completas 

Cicindela Gormazi E. C. Reed 

Marcas de los élitros muv ñnas, lúnula hu- 
meral interrumpida 

Cicindela Gormazi var Vidali Ph. & J. 



Uaras A.— contribución al estudio de los cincidelidab 35 



3IEGACEPHALINAE 

1907. Megacephalini AV. Horn, Deut. Eut. Zeitsch. p. 

466. 
1910. Megacephalini W. Horn, Wvts. Gen. Insect., fsc. 

82b, p. 116. 

Esta Sub-tamiliíi comprende tres tribus: FlatychUini 
W. Horn, Omini W. Horn y Megücephalini Lacord.; las 
dos primeras incluidas por muchos autores en los Mauti- 
chorinae. Son insectos por regla general de hábitos noc- 
turnos. 

La mayoría de los Megaceplialinae habitan en el hemis- 
ferio Austral, encontrándose en Xorte-América y con 
menos abundancia en Xorte África; en Europa y Asia sólo 
se conoce una especie. Escasean en las Islas pudiendo ser 
consideradas como exclusivamente continentales. 

La tribu Platychilini contiene sólo una rara especie 
del Sud-Africa; la tribu Omini comprende tres géneros, 
dos: Amhhjchtila y Omus, de la América del Norte y uno, 
Picnochile, de Magallanes y la tribu Megacephaliui com- 
prende cinco géneros, uno, Megacepliala, cosmopolita, los 
cuatro restantes exclusivos a la América del Sur. 

Omini 

1835. Megacephalidie Lap. de Cast. Et. Eut. p. 33. 

1845. Mantichorides Lacord. Monogr. Cic. 

1854. Mantichorides Lacord. Gen. de Col. Vol. I. 

1857. Manticorites J. Thoms. Monogr. Cic, p. 64. 

1862. Mantichorinip Motsch. Et. Ent. II, p. 23. 

1868. Mantichoriui Gera. & Har., Cat. Col. Vol. I, p. 1. 

1898. Xeomantichoridífi W. Horn, Deut. Ent. Zeitsch, p. 

51. 

1899. Xeomantichorid;e W. Horn, Deut. Ent. Zeitsch, p. 

17. 

1900. Amblychiliui Csicki, Mathem u. Xatur. Ber. Un- 

garn, Vol. 18, p. 124. 



86 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

1905. Neomautichoridií' W. Horn, Sj^st. Index Cic. p. 54. 
1907. Omites W. Horn. Deut. Ent. Zeitsch. p. 466. 
1910. (3mina W. Horn, Wyst. Genera Insect., fsc. 82b, 
p. 119. 

Pronoto angostado hacia atrás, nunca abrazando la 
base de los élitros con los ángulos posteriores. Salida pros- 
lernal no alargada hacia el surco medio ni formando su- 
j)erficie horizontal con el meso y metasternon. Ángulos 
liumerales o «Pseudo-húmeros» existen. Escama palpigera 
de los palpos labiales difícilmente alcanzando la escotadura 
del mentón. Élitros sin ángulos humerales, con «Pseudo- 
húmeros» y «Pseudo-epipleuros» de los cuales el borde 
presenta una costa, la que es rudimentaria, a menudo afi- 
lada pero raramente aserrada. Ancas posteriores no tocán- 
dose. 

Primer segmento de los palpos labiales nunca se ex- 
tiende mucho mas allá de la escotadura del mentón, el 
segundo de estos artículos es relativamente grande; ter- 
cero de los palpos mandibulares nunca más largo que el 
cuarto. Protorax y élitros desnudos (W. Horn, Genera 
Insectorum, fsc. 82b, p. 117 & Deut. Ent. Zeitsch). 

Picnocliile, Motsch. 

1854. Agrius Ghevrolat, Aun. Soc. Ent. Fr. T. II, 3e. 
Ser., p. 665. 

1856. Picnochile Motschulzky, Et. Entom. V. p. 32. 

1857. Agrius J. Thomson. Monog. Gic. p. 10. 

1862. Polyagrus K. A. Philippi, An. Univ. Ghile, T. II, 

p. 407. 
1862. Agrius Motsch. Et. Entom. II, p. 23. 
1865. Pycnochile C!haud Gat. Goll. Gic, p. 46. 
1898. Agrius W. Horn, Deutsch Ent. Zeitsch, p. 4. 
1892. Agrius Ph. Germain, Act. Soc. Se. Ghili, T. II, p. 

253. 
1905. Pycnochila W Horn, Deut. Ent. Zeit; Syst. Index 

der Gic. p. 4. 
1907. Agrius Kolbe, Hamb. Magell. Samm.. Gol. p. 14. 
1910. Pycnochila W. Horn. Gen. Insect, fsc. 82b, p. 120. 
1915. Picnochile W. Horn, Gen. Insect, fsc. 82c, p. 430. 



Varas A. — conthibición al p:studio de los cincidelidae 37 

Proloügacioues de las ancas posteriores medianas no 
conectadas por quitinas (cavidades abiertas); élitros con 
una larga y ancha costa lateral; surco basal del prosterno 
no completa el surco proepisterno epiraeral con el «surco 
anular basab: por el surco transversal de la parte posterior 
de los epipleuros protorácicos; epipleuros de los élitros 
visibles desde la parte superior (en los machos aún más 
que en las hembras) no puntuados; tarsos anteriores de 
los machos dilatados. (W. Horn, Genera lusectorum, fsc. 
82b, p. 120). 

El nombre Af/rius, con el cual Chevrolat denominó 
el género ha pasado a la sinonimia por haber sido usado 
con anterioridad, según Motschulzky, para especies de 
Odonnata y Lepidoprera (Et. Entom. II, p. 23, 1862); esto 
no lo he podido comprobar, no conozco género Ar/rius en 
ninguno de los dos Ordenes, pero por ahora aceptaré la 
denominación de Motschulzky dando crédito a los trabajos 
del Dr. W. Horn, Fleutiaux y otras autoridades cientí- 
ficas. 

El facies de la única especie que constituye el género 
se asemeja a ciertos Heteromera, PsammeticJms princi- 
palmente. 

Chevrolat dice (1854, Anu. Soc. Ent. Fr., p. 665): 
«Sout port rapelle assez les Omus; par les mandibules, les 
elytres et Tabdomen il resserable aux Tetracha; Je crois 
que sa veritable place doit etre entre les genres Xebria et 
Met)-ius.y> (!!!) 

Picnochile Fallaciosa (Chev.) 

1854. Agrius fallaciosus Chevrolat. Aun. Soc. Ent. Fr. 
T. II, 3e Ser., p. 666; Lam. 19, fig. I (1-8). 

1856. Picnochile magellanica Motsch. Et. Ent. Y; p. 23. 

Lam. I; fig. 11. 
in litt. Psammeticha magellanica Bigelow, Motsch. 

1857. Agrius fallaciosus J. Thomson. Monogr. Cicind. p 

12 Lam. 3; fig. 1, a, b. 

1858. Picnochile fallaciosa Motsch. Et. Ent. III, p. 153. 

1859. Omus californiensis R. A. Philippi An. Univ. Chile 

T. XVI, p. 636. 



38 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



1862. Polyagriis Schythei R. A. Philippi. An. Univ. Chi- 
le T. II, p. 408. 
1868. Agriiis fallaciosus Gemm. & Harold. Cat. Col. T. I, 

p. 2. 
1874. Agrius fallaciosus E. C. Reed. Proc. Zool. Soc. 

p. 51. 
1874. Agrius fallaciosus E C. Reed. An. Univ. Chile, T. 

XLV, p. 338. 
1882. Agrius fallaciosus Dokthurow. Spec. Cic. T. I, pp. 

18-19. 
1887. Agrius fallaciosus F. Philippi. An. Univ. Chile. T. 

LXXI, p. G2d.-ihid-Cat. Col. Ch. p. 13. 
1892. Pycnochile fallaciosa Fleutiaux. Cat. Svst. Cic. 

p. 9. ^ 

1892. Agrius fallaciosus Ph. Germain. Act. Soc. Se. C'h. 

T. 11; p. 253. 

1905. Pycnochila fallaciosa W. Horn. Syst. Index, der 

Cic. Deut. Ent. Zeitsch. p. 54. 

1906. Pycnochile fallaciosa Rousseau. Res. du Voy. «Bél- 

gica;^, Col. p. 19. 

1910. Pycnochila fallaciosa W. Horn. Gen. Insect. fsc. 

82b, p. 121; fsc. 82a (1908) Lam. 19. fig. 5. 

1911. Pycnochila fallaciosa C. Bruch. Rev. Mus. La Plata 

(T. IV, 2 a Ser.) Cat. Sist. Col. Rep. Argent. 

p. 145. 
1911. Agrius fallaciosus Ph. Germain. Bol. Mus. Nac, 

Cat. Col. Ch. Mus. Nac, p. 49. 
1915. Picuochile fallaciosa W. Horn., Genera Insectorum 

fsc. 82 c, p. 430. 

Cabeza más ancha que larga, con dos profundas hen- 
diduras que nacen frente a la base de las antenas y con- 
vergen hacia el occiput, dejando en el centro un triángulo 
algo convexo; cuello ancho; toda muy rugosa con arrugas 
irregulares transversales; el borde de la órbita alcanza a 
cubrir levemente la parte superior de los ojos; en el borde 
de la órbita hay varios puntos setigeros (más o menos 7). 
Labro con dos grandes lóbulos laterales y una prolonga- 
ción cóncavamente truncada en el centro con numerosos 
hoyuelos setigeros. Mandíbulas arqueadas, terminadas en 
punta muy aguda con tres dientes truncados. Ciipeo sin 



Varas A.— contribución al estudio de lo.s cincidelidae 39 

puntuacióu, con numerosas arrugas irregulares, con tres 
hoyuelos setigeros a cada lado. Cuatro primeros artejos 
antenales con unas pocas cerdas erectas, artejos 5-11 cu- 
biertos de una fina pubescencia blanquizca. Segmentos 
abdominales con dos puntos setigeros sagitales posterior- 
mente. Patas con cerdas erectas (no tan numerosas como 
en Omi(s). Tarsos anteriores de los machos fuerte pero 
angostamente dilatados. 

Es entero de un negro mate, salvo los muslos, tibias 
y los cuatro primeros artejos antenales que son de color 
rojizo, teniendo todos esos órganos el ápice obscuro. Algu- 
nos ejemplares presentan color rojizo en los élitros, pro- 
bablemente a causa de inmadurez. 

En esta especie no son raras las anormalidades en el 
desarrollo de los élitros, con frecuencia no siendo ambos 
de igual longitud. Sólo se conoce el imago, tal vez su lar- 
va y ninfa presenten caracteres de importancia. 

La especie fué descrita bastante vagamente por Che- 
vrolat en una larga diagnosis, en el año de 1854, acompa- 
ñando la descripción de algunas figuras, denominando falla- 
ciosus a la especie por considerarla de facies muy extraño, 
a lo cual dice Thomson, que él conserva dicho nombre no 
por lo falacioso del insecto sino que por lo de la descrip- 
ción. Motschulzky, desconociendo la descripción de Che- 
vrolat. la describió según un ejemplar que dice que 
obtuvo por compra en Í3aviera, etiquetado Psammeticha 
maf/ellanica. La descripción dada por don Eodulfo A. Phi- 
lippi en 1862 es suficiente para reconocer la especie. 

Habita en la Tierra del Fuego, Magallanes, y, según 
Bruch, se encontraría en las Costas Sur del Chubut. Igno- 
ro cual sea su límite Xorte por Chile, sólo he visto ejem- 
plares procedentes de Punta Arenas y Tierra del Fuego, 
los Catálogos y publicaciones lo citan de iguales localida- 
des; la Expedición Antárctica del ; Bélgica ;> recogió un 
ejemplar de cada sexo en el Seno de Ultima Esperanza, el 
Dr. Horn agrega Ins. Elizabeth. 

Eepresentada por numerosos ejemplares en la ( olec- 
ción del Museo Nacional; 8 ejemplares procedentes de Punta 
Arenas en la Colección Izquierdo; 6 ejemplares proceden- 
tes del Río Santa Cruz (entre Salinas y Punta Arenas) en 
la Colección Paulsen; en la Colección E. I). Harris del 



40 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATI KA L 



Museum of Comparative Zoology, Cambridge, Mass. hay 
<los ejemplares. En mi Colección tengo dos ejemplares 
procedentes de la C'oll. Vicuña, otros de Punta Arenas. 



Megaceplialini 

1854. Mégacéphalides Lacordaire, Gen. des Col., T. I, 

p. 9. 
1899. Megacephalidae W. Horn, Deutsch Ent. Zeit. p. 51. 
1905. Megacephalidae W. Horn, Syst. Index der Cic. 

p. 49. 
1907. Mesacephalites W. Horn, Deutsch Ent. Zeit. 

p. 466. 
1910. Megacephalina W. Horn, Gen. Insect. fsc. 82b, 

p. 126. 

Pronoto angostado hacia atrás, nunca abrazando la 
base de los élitros con los ángulos posteriores; salida pros- 
terual no alargada hacia el surco medio ni formando su- 
perficie horizontal con el meso y metasternón; con ángulos 
humerales o '<pseudo-hiimeros»; escama palpigera de los 
palpos labiales alcanzando claramente más allá de la exca- 
vadura del mentón (prácticamente sin excepción muy lar- 
ga); élitros sin pseudo-epipleuros, con húmeros de desarro- 
llo variable, los cuales algunas veces se retraen bajo los 
pseudo-húmeros; no señas de costas; ancas posteriores to- 
cándose; dibujos casi siempre existen. (De las Sinopsis 
de las tribus de Mer/acephalini; W. Horn, Gen. Insect.. 
p. 117). 

La tribu Meciacephalini comprende cinco géneros: 
Aniara, Megacephala, O.rycheila, Fstudo.njclieila y Ch'i- 
loria, con ini total de 95 especies (*), siendo el Megaee- 
phala el más numeroso, con 67 especies, después el Oxij- 
cheüa con 25 especies y los otros tres monotípicos. 

La tribu encierra algunas especies de gran tamaño y 
de bellísimos colores, son insectos, en su mayoría, noctur- 
nos o crepusculares. 



( *) AV. Horn. Genera Insectorum. fsc. 82 a, (1908) p. 50. 



Varas A.— cíontribución al estudio de los cincidelidae 41 



Megacephala, latr. 

1802. Megacephíila Latreille, Hist. Nat. des lus. T. III, 
p. 140. 

— Disco del extremo de los élitros uimca densamente 
punteado o rugoso; escama palpigera de los palpos labia- 
les extendiéndose bastante más allá de la excavadura del 
mentón; frente entre los ojos no cóncava; coxas, en las 
más, con un largo pelo sensitivo; tibia media en los ma- 
chos bastante más densamente peluda; élitros sin manchas 
en el medio del margen; (último artejo de los palpos ma- 
xilares casi siempre decididamente más corto que el 
penúltimo, labro a menudo sin diente medio y frecuente- 
mente con pelos marginales); clipeo algunas veces con 
muchas, otras sin cerdas; crista temporalis siempre desa- 
rrollada; abdomen algunas veces con una mancha pálida; 
tercero a quinto segmento en las hembras algunas veces 
típico; los tres primeros artejos tarsales en las hembras 
algunas veces con la misma clase de cerdas en cada lado. 

— Borde lateral de los élitros y lado interno de los 
fémures sin órganos que puedan producir sonidos; labro 
a menudo corto, a menudo con pelos submarginales; origen 
del abdomen algunas veces presente; último artejo tarsal 
nunca engrosado y esparcidamente velludo por debajo; en 
el macho los tres primeros artejos de los tarsos anteriores 
fuertemente dilatados (clipeus a menudo con pelos sensi- 
tivos; cuello siempre ancho; del tercero al sexto segmento 
abdominal de las hembras de longitud normal, especial- 
mente el quinto). 

— Labro nunca con diente sagital, generalmente cor- 
to, transversal (nunca muy largo), casi siempre con sedas 
subnnirginales; palpos generalmente de un amarillo 
claro; clipeus con el pelo sensitivo lateral; escutelo es- 
condido; en los machos los tres primeros artejos de 
los tarsos anteriores desigualmente velludos a cada lado, 
y del tercero al quinto segmento abdominal de longitud 
normal. Superficie lateral de las mandíbulas^ primer artejo 
antenal en el medio 3^ élitros algunas veces con pelos cer- 



42 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



(losos, cuerpo algunas veces amarillo, cuello alguuas veces 
profundamente enterrado en el pronoto; húmeros nunca 
retraídos bajo los pseudo-húmeros. 

— Abdomen nunca con marcas agudas frente al ex- 
tremo, labro casi siempre con pelos submarginales, élitros 
Qunca con rugosidades aserradas; todos los apéndices del 
cuerpo generalmente, palpos siempre amarillo claros; cer- 
das del cuerpo pálidas. (Élitros a menudo con una man- 
cha apical, raramente con mancha post-humeral, nunca 
con manchas marginales o una mancha sola central). (W. 
Horu, Gen. Insect. fsc. 82b. p. 127-9). 



Tetracha Hope, s. str. 

1838. Tetracha Hope. Coleopterist's Manual T. II, p. 7. 
1855. Tetrarcha Motsch, Et. Ent. p. 33, (per errorem?). 
1907. Megacephala s. gen. Tetracha W. Horn, üeutsch 

Ent. Zeit. p. 263. 
1910. gr. XIY W. Horn, Gen Insect. fsc. 82b, p. 140. 

Insectos medianos o grandes, metálicos o negruzcos, 
casi siempre de forma elongada; orla de pelos del prouoto 
detrás de los ojos larga; coxas anteriores desnudas, sin 
pelo sensitivo, coxas medias y cuatro trocánteres anterio- 
res con pelos largos (excepto Tetracha ori/chiliformis, sin 
pelo en los trocánteres medios), ojos nunca fuertemente 
protuberantes; cabeza y tórax nunca amarillos; cuello an- 
cho; élitros desnudos, sin tubérculos hacia la base y no 
soldados y débilmente convexos, a menudo dentados; ti- 
bias más bien redondeadas, algunas veces con un débil 
surco longitudinal; por norma nunca con mancha humeral; 
el surco transversal anterior del pronoto en los bordes 
laterales no continúa oblicuamente hacia los ángulos (ex- 
cepto en algunos ejemplares de Tetracha insiqnis). (Me- 
gacephala XIV Neotropische Tetracha W. Horn, Gen. 
Insect. fsc. 82b, p. 140). 

. Este grupo se divide en dos Secciones, la primera 
monotípica, (Jetracha stituralis), la segunda caracterizada 
por tener el ápice de los élitros anchamente amarillo. 



Varas A.— contribución al estudio de los cincidelidae 43 



Megacephala Carolina chilensis «C'ast. 

1834. Megacepliala chilensis Lap. de Cast. Rev. Ent. Silb 

II, p. 29. 
1840. Megaeephala chilensis Lap, de Cast. Ilist. Xat. Ins. 

Col., T. I, p. 11. 
1843. Megaeephala laevigata Chaud. Bull. Soc. Xat. Mos- 

cow, p. 675. 
1849. Megaeephala chilensis Solier, in Gay's Hist. Fis. 

y Pol. de Chile, Zool. T. IV, p. 112. Atlas II. 

Col. Lara. I, fig. 1, a, b. 
1857. Tetracha chilensis Thomson, Monog. Cicind. p. 34; 

Lam. 5, fig. 10. 
1868. Tetracha Carolina var. chilensis Geinm. & Harold. 

Cat. Col. T. I, p. 4. 
1868. Tetracha Carolina var. laevigata Gemm. & Harold. 

Cat. Col. T. I, p. 4. 
1874. Tetracha chilensis E. C. Reed, Proc. Zool. Soc, 

p. 52. 
1887. Tetracha Carolina F. Philippi, An. Univ. Chile, T. 

LXXI, p. 629. Cat. Col. Chile, p 13. 
1892. Tetracha chiliensis Fleutiaux, Cat. Sist. Cic, p. 21. 
1896. Tetracha Carolina var. chiliensis AV. Horu, Stt. Ent. 

Zeit., p. 167. 
1905. Megaeephala Carolina ssp. chiliensis W. Horn, 

Syst. Index der Cic. p. 52. 

1910. Megaeephala Carolina chilensis AV. Horn, Genera 

lusectorum. fsc. 82h, p. 141. 

1911. Tetracha Carolina Ph. Germain. Bol. Mus. Xac. 

p. 49. 

La Megaeephala Carolina chilensis difiere considera- 
blemente de la forma típica o 31. Carolina (Linué) Leng & 
Mutchler (*) de los Estados Unidos, sin contar por su ha- 
bitat (**), por la puntuación de los élitros que es más 

(*).— Descriptive Cat. of AVest Ind. Cic. Bull. Am. Mus. >'at. Hist. 
1916: p. 686. 

(**). — «des insects. identitiques en apparenee. constituent toujours 

des especes distinctes s'ils proviennent de pays differents». 

(R. Oberthür)— Les Lucanides de Java— Insecta. 1914, p. 68. 



44 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



pequeña, profunda y separada; la coloración de la cabeza 
y protorax francamente cobriza en la ssp. chilensis y ver- 
de en la forma típica; las patas y antenas siendo absolu- 
tamente testaceas en la forma típica son extensamente 
ahumadas en la forma chilensis. 

Además, la ssp. chilensis es ligeramente más peque- 
ña y proporcionalmente más angosta que la Carolina típi- 
ca y nunca presenta color francamente azul en el margen 
externo de los élitros; ñnalmente la forma de las lúnulas 
apicales y de la mancha negra que las rodea son de una 
diferencia importante y que mejor que explicación puede 
comprenderse viendo la lámina en la que la figura 2 re- 
presenta la M. Carolina (Liunó) Leng & Mutchier, y la fi- 
gura 3 la M. Carolina chilensis Cast. 

Como se vé, no es posible considerar idénticas las M. 
Carolina sstr. y la M. Carolina chilensis Cast, puede que 
sean la misma especie pero las variedades nunca han sido 
sinónimos de las formas típicas. 

Mr. J. Thomson, refiriéndose a la M. chilensis (*) 
dice: «La puntuación varía de tal modo en este insecto 
« que uno se tentaría de hacer especie de casi todos los 
« individuos». Al respecto, me parece que no hay duda 
de que si ejecuta la idea que creyó inconveniente no ha- 
bría errado demasiado, pues debe haber confundido bajo 
el nombre de T. chilensis Thoms. un gran número de es- 
pecies diferentes. En mi colección tengo la M. Carolina 
chilensis representada por un gran número de ejemplares 
aunque sólo dos procedentes de Chile, el resto habiendo 
sido capturado por el Prof. Feo. C-ampos E. en Posorja, 
Ecuador, y obsequiados a mí por el Prof. Dr. Carlos E. 
Porter. Los dos ejemplares de Chile los tengo como cap- 
turados en Curicó (Lat. 35 S) (**) por don Absalón Onel 
y entre ellos no he encontrado más diferencia que en la 
intensidad del color ahumado de los artejos antenales y 
las patas, pareciéndorae más obscuros en los ejemplares 
ecuatorianos (efecto del estado de conservación?). La cons- 
tancia que he notado en los caracteres que separan esta 
forma de la Carolina típica, la falta casi absoluta de variá- 



is).— J. Thomson.— Monogr. Cieiiul. (1857). p. 34. 

(**)— Creo errónea esta procedencia, serán acaso de Copiapó? 



Uaras A. — coNTraBucióx al estudio de los cincidelidae 45 

ción individual y lo extensa la región en que habita me 
inducen a creer esta forma como especie distinta de la 
Carolina s. str. 

Representada en la Colección Izquierdo por cuatro 
(íjemplares procedentes de Arica; Museo Xacional: 2 
ejemplares sin más indicación de procedencia que «Chile 
Boreal»; Sr. A. Onel, cuatro ejemplares procedentes de 
Curicó (?); el Dr. A. Oyarzún dice haber tenido ejempla- 
res capturados en Chorrillos, Perú: American Museum of 
Xat. Hist. 3 ejemplares del Perú; Colección Harris, en el 
Museum of Coomparative /oology, 2 ejemplares del Perú. 
El Dr. W. Horn dice que se encuentra en Colombia. 

Mr. E. C. Peed, en Proc. Zool. Soc. 1874, p. 52 dice: 
« Teíracha clúlensis ha sido erróneamente colocada en 
« las listas chilenas; jamás he visto un ejemplar que haya 
« sido encontrado en este país.» 

3Iegacephala Carolina Latreillei Cast. 

In litt. Megacephala Latreillei Dupont. Cast. 

1834. Megacephala Latreillei Lap. de Cast. Rev. Ent. 

Silb. II. p. 32. 
1840. Megacephala Latreillei Lap. de Cast. Hist. Xat. des 

Ins. Col, T. I; p. 12. 
1857. Tetracha chilensis J. Thomson, Monogr. Cicind. p. 

34; Lam. 6; fig. 1. 
1868. Tetracha Latreillei Gemm. & Harold. Cat. Col. T. 

I; p. 5. 
1882. Tetracha chrysochroa Dokhturow. Spc. Cic. T. I; 

p. 41. 
1892. Tetracha Latreillei Fleutiaux, Cat. Syst. Cic. p. 21. 
1896. Tetracha Carolina var. Latreillei W. Horn, Stt. Ent. 

Zeit. p. 167. 
1905. Megacephala Carolina ssp. Latreillei W. Horn, Syst. 

Index der Cic. p. 52. 

1910. Megacephala Carolina Latreillei "W. Horn, Genera 

Insect. fsc. 82b, p. 141 ; fsc. 82a (1908) p. 29; 
fig. 27. 

1911. Tetracha Carolina Ph. Germain, Bol. Mus. Nac. 

p. 49. 



46 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

M, Laporte de Castelnau crea su M. Latreülei con la 
siguiente descripción: «Difiere de la M. brasüiensis por 
« su tamaño más pequeño; los élitros menos granulosos; 
« la mancha amarilla posterior menos larga, el color ge- 
« neral de un hermoso verde claro brillante; borde de los 
« segmentos del abdomen, labro, patas y antenas de un 
« amarillo testaceo; seíí;undo, tercero y cuarto artículo de 
« éstas con una mancha un poco parduzca — Brasil in- 
« terior». 

La AL Carolina Latreülei no difiere de la 3L. brasi- 
liensis Kirby por su tamaño, pues esta última es muy va- 
riable y algunas veces puede ser menor y otras mayor; 
los élitros no son menos sino que mucho menos granulo- 
sos; la mancha amarilla posterior — lúnula apical — es tan 
diferente en una y otra especie como para no compararlas: 
en la M. brasiliensis es alargada, angosta y bordea el ápi- 
ce por el margen externo, en la 31. Carolina Latreillei es 
ancha e invade casi todo el cuarto apical del élitro; es de 
forma más esbelta, de color brillante metálico; el color de 
la brasiliensis es negruzco y casi sin brillo. 

Esta forma es bastante más semejante a la AL. caroti- 
na típica que lo que es la forma chilensis; es aproximada- 
mente del mismo tamaño y la puntuación casi tan gruesa, 
la diferencia principal estando en la forma de la lúnula 
apical (véase figs. 2 y 4). 

Es de color verde azulado metálico, con el disco de 
los élitros muy brillantes. Las patas y antenas son testa- 
ceas con los ápices de los muslos y de los artejos antena- 
les 2, 3 y 4 ahumados. Este color ahumado siendo muy 
variable en intensidad. Uno de los ejemplares que he po- 
dido observar es notable por la extensión y obscuridad de 
dicho color, el que es casi negro. 

La escasez de material de estudio de este insecto no 
me permite juzgar su variabilidad en cuanto a color y es- 
cultura, en cuanto a tamaño todos los ejemplares que he 
visto son prácticamente constante y el tinte ahumado de 
las patas parece ser lo más variable. 

Refiriéndome a la AL. Carolina s. 1. me parece que su 
origen debe buscarse en la forma chilensis; las formas hoy 
día habitando en las Antillas, Centro y Norte-América 
son descendientes de los emigrados del Sur, pero, cual es 



Varas A. — contkiblción al esti:dio de los cincidelidae 47 

el origen de la ssp. LatreíUei? Esa es una pregunta que 
me parece que uo se puede contestar en la actualidad. Es 
posible que la ssp. Latreillei sea una forma peculiar a las 
Montañas de la América del Sur mientras la forma cMlen- 
sis sea propia de las Costas, pero la falta de material y 
conocimiento de procedencia de los pocos ejemplares que 
se puede encontrar en colecciones impide toda hipótesis. 
He visto la 31. Carolina Latreillei representada por 
unos pocos ejemplares en la Colección del Museo Nacio- 
nal, procedentes de «Chile Boreal colocados junto con 
los ejemplares de M. Carolina cJiilejisis. En mi Colección 
tengo uno sin indicación alguna de procedencia. Gemmin- 
ger y Harold como también Fleutiaux la citan como de 
Bolivia. El Dr. W. Horn dice que se encontraría en las mis- 
mas localidades que la chilensis. 

CICINDELIN.E 



1835. Megacephalidie Cast. Et. Ent., p. oo. 

1898. Cicindelime W. Horn, Deut. Ent. Zeit. p. 51, 

1910. Cicindelini W. Horn. Gen. Insect.fsc. 82b. 



Esta es la agrupación más numerosa de la Familia, 
está compuesta por cinco ti'ibus, que son: Dromicini, Pro- 
ihi/mini, Theratini, OdontocMlini y Cicindelini, con un 
total de 23 géneros y 896 especies. 

A pesar de lo numerosa sólo un género puede consi- 
derarse cosmopolita y este es el Cicindela, con el cual 
tenemos representado la Sub-familia. 



Ciciiidelini 

1910. Cicindelina W. Horn, Genera Insect. fsc. 82b. 

— Metaepisleinón grande, nunca mucho menor (casi 
siempre mucho más grande) que el mesoepisternón. los 
cuales son largos y anchos, clipeus a menudo con pelos 



48 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

sensitivos; diente d(!l inentóii falta algunas veces; alas 
generalmente desarrolladas (labro a menudo con más de 
cinco sedas sensitivas) frente algunas veces con solo una 
seda supraorbital, élitros raramente soldados, húmeros 
altan raras veces; trocánteres posteriores siempre des- 
nudos. 

— Earaa externa del labio unida; labro a menudo 
corto, a menudo con pelos submarginales; frecuentemente 
con menos de ocho pelos y el diente del mentón general- 
mente presente; cuarto artejo tarsal raramente acortado, el 
quinto inserto en su vértice (placas orbitales por lo gene- 
ral no muy fuertemente diferenciadas) frente casi siempre 
con más de una seda supraorbital en nada lado; cuerpo 
frecuentemente cubierto coa cerdas ornamentales. 

— Cualquiera, sea la cabeza, pronoto y mososternón 
y la base del abdomen o de los élitros con cerdas, o el ter- 
cio posterior de los élitros con marcas blancas a lo largo 
de la sutura o en el disco. (Labro algunas veces con nume- 
rosas, frente a menudo con más de dos sedas sensitivas 
en cada lado). Dr. W. Horn, Genera Insectorum, fsc. 82b, 
p. 154. 



Cicindel.i, Linné 
1758. Cicindela Linné, Syst. Nat. II, p. G57. 



— Parte media del pronoto en los ápices anteriores 
sin prolongación espinosa; segundo artículo antenal casi 
siempre desnudo; mandíbulas a menudo amarillas hacia la 
base; parte anterior de la frente raramente con pelos que 
se extiendan mas allá de la base del labro; epipleuros del 
pronoto faltan con frecuencia, a menudo rudimentarios; 
sutura pronoto-epipleural formando raramente un borde 
afilado; superficie ventral y dorsal del tórax raras veces 
encontrando el borde pronoto epipleural a un ángulo agu- 
do; élitros casi siempre con la escultura debilitándose ha- 
cia el ápice, algunas veces soldados; alas algunas veces 
rudimentarias. 



üaras A.— contribución' al ESTroio de los cincidelidae 49 



— Escultura de la superficie superior de la cabeza 
generalmente consistiendo en mu}' pequeñas partes de im- 
presiones como hoyuelos (generalmente en toda su exten- 
sión rugosa, estriada o lisa) escultura del borde anterior 
del prouoto y lados de la cabeza raras veces consistiendo 
esencialmente en impresiones como hoyuelos; clipeus, éli- 
tros, epipleuros elitrales, generalmente sin cerdas; borde 
posterior del mesoepisternón no convexo, no proyectándo- 
se lateralmente más allá del meso-epimero, meso-epimero 
sin proyecciones laterales, no alcanzando más allá del án- 
gulo anterior del meta-episternón; puntuación insterticial 
de los élitros con frecuencia más o menos falta, casi nun- 
ca presente en toda la sutura; sutura de los élitros raras 
veces soladadas. (W. Horn, Gen. Insect, fsc. 82c (1915), 
p. 231-2.) 

El género Cicindela ha sido tratado por el Doctor 
Horn por un afortunadísimo medio de clasificación, ba- 
sado en la distribución de las cerdas en la ^cabeza, tórax, 
abdomen, labro, patas, etc. y conforme a ello ha dividido 
el género en un gran número de Grupos y agrupados por 
regiones zoo-geográficns. De estos Grupos sólo dos son de 
interés para nosotros y éstos son: Secciones X y XXIV 
Xeotropicales. 



X. Sección Neotropical 

1915. — W. Horn, Genera Insectorum, fsc. 82c, p 403. 

Cuatro trocánteres anteriores con sedas; clipeus, fren- 
te, cuello, élitros y epipleuros elitrales desnudos; pronoto 
con sólo lateralmente pelos tendidos pero junto con estos 
pelos, tanto en la base (*)como en el borde anterior, a me- 
nudo en gran extensión, pelos a lo menos de largo normal 
(subsagital desnudo); segmentos délos palpos largos y del- 
gados, el último artejo nunca sin brillo metálico, la vello- 
sidad submarginal del labro cubre sólo una pequeña por- 



(*) En la base estas cerdas son de longitud normal pero se levan- 
tan transversalmente. 

REV. CH. HIST. XAT. (I9ál) (4) 



50 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

cióu de la base délas mandíbulas; largas cerdas en el borde 
interno de los cuatro muslos posteriores o hay cerdas gan- 
chudas en los cuatros fémures anteriores (Algunas veces 
también sedas finas extra largas); lados del tórax y abdo- 
men con largos y apretados pelos blancos; élitros siempre 
densamente punteados, (generalmente notable por lo den- 
sa y profundamente). (W. Horu). 

Cicindela ti'ifasciata peruviana, cast. 

1831. Cicindela tortuosa Dejean, Sp. Gen. Col. T. Y, p. 

2ia. 

1835. Cicindela peruviana Lap. de Cast. Et. Eut. I. p. 35. 
1837. Cicindela peruviana Chaudoir, Bull. Soc. Nat. Mosc. 

p. 5., fig. 7. 
1849. Cicindela peruviana Solier, in Gav. Hist. Fis. Pol. 

de Chile, Zool. T. IV, p. 115.— Atlas 11, Col. 

lam. I., fig. 2. 
1854. Cicindela peruviana Chaudoir, Bull. Soc. Xat. Mos- 

cow, p. 114. 
1868. Cicindela trifasciata Gemm. & Harold, Cat. Col T 

I, p. 28. 
1874. Cicindela peruviana E. C. Reed, Ent. Month, Magz, 

p. 76. 
"1874. Cicindela peruviana E. C'. Reed, An. Univ. Chile, 

T. XLY, p. 338. 
1874. Cicindela peruviana E. C. Reed, Proe. Zool. Soc, 

p. 51. 
1887. Cicindela trifasciata F. Pliilippi, Au. Univ. Chile, 

T. LXXI, p. 629.— Cat. Col Chile, p. 13. 
1897. Cicindela trifasciata var. peruviana W. Horn, Deut. 

Ent. Zeit. Heft. I, p. 36. 
1905. Cicindela trifaáciata ssp. peruviana W. Horn, Syst. 

Index der Cic. p. 18. 
1915. Cicindela trifasciata peruviana W. Horn. Genera 

Insect. fsc. 82c. p. 403.— fsc. 82a (1908) fig. 

103, p. 33. 
1917. Cicindela trifa.sciata peruvianaV V. E Shelford, 

III. Piol. Mongr. Yol. III, X.^ 4, p. 501, fig 434. 



Varas A. — contribución al estudio de los cincidelidar 51 

Esta forma fué descrita con bastante exactitud por 
Solier en la Historia Física y Política de Chile de don 
Claudio Gay, y además, al pie de la descripción, pone la 
siguiente nota: 

«Por la precedente descripción se puede ver que esta 

< especie difiere de la C tortuosa, con la cual ha estado 
« confundida, por el diente del labro muy pronunciado en 
*< ambos sexos; por el ribete blanco de los élitros, que 
« reúne las lúnulas y la línea media; por la forma de los 
« surcos transversales, y en fin por la escotadura del cuar- 
to seo-mento del abdomen del macho más brusco y re- 

< dondeado en el fondo: estos caracteres son muy sufi- 
« cieutes para distinguir las dos especies- . 

A pesar de lo expuesto por Solier este insecto ha se- 
guido confundido con la forma tortuosa por mucho tiem- 
po, las figs. 5 y 6 de la Lam. III representan la Cicindela 
trifasciata tortuosa Dejean y la C. trifasciata sigmoidea Le 
Conté, respectivamente, habiendo elegido ejemplares in- 
termediarios para hacer las figuras porque las manchas 
varían mucho de desarrollo; poseo ejemplares de C. trifas- 
ciata tortuosa procedentes de Miami, Fia, que carecen casi 
en absoluto de marcas, y tengo otros de Everglade, Fia, y 
Guadalupe, Mex, con las líneas anchas y muy bien defini- 
das; igual cosa sucede con la forma sigmoidea Le Conté, 
del Oeste de losEE. Uü., mas, esto no ocurre nunca en tal 
grado en la ssp. peruviana y todos los ejemplares que he 
visto pueden considerarse como idénticos entre sí. 

Fuera del diente del labro, la continuidad del margen 
lateral, la forma ganchuda de la lúnula humeral, etc., el 
Dr. W. Horn agrega (Deut. Eut. Zeit. 1897): "Cic. trifas- 

< data var. tortuosa he C. tiene bandas muy angostas y 
« muy pocos pelos en el pronoto; la var. peruviana tiene 
« marcas decididamente más robustas y cerdas mucho 
« más numerosas». 

Esta forma no es rara en las Colecciones pero está 
lejos de ser común; la he visto representada por cuatro 
ejemplares procedentes de Carrizal (Atacaraa) en la Colee. 
Izquierdo; gran número de ejemplares en la Coleo. Paul- 
seu, recogidos en las aplayas del Iluasco, La Serena, Co- 
piapó» (Cat. Colee. Paulsen, iued.) Los ejemplares del 
Museo Xacional tienen por toda indicación de procedencia 



52 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

«Chile Boreal». En rui Golecc. tengo un eiemplar del Ma- 
pocho (Santiago), dos del Oopiapó (1/1917) (Atacama) y 
otros sin indicación de localidad, procedentes de la Colee. 
Vicuña. Hacia el Norte alcanza hasta el Ecuador. He vis- 
to ejemplares de Lima (Perú) en el Museo Americano de 
Hist. Xat. idénticos a los de Chile. 

Me parece que la forma i^enwiana está con la forma 
tortuosa en una relación idéntica a la 31. Carolina cltilen- 
sis con la M. Carolina s. str. 

XXIV. Sección Neotropical 

1915. W. Horn, Genera Insectorum, fsc. 82c, p. 408. 

Dos trocánteres anteriores con, medios sin sedas cons- 
tantes; lados de la cara (sedas a menudo esparcidas), cli- 
peo, y frente con cerdas, élitros y epipleuros elitrales des- 
nudos; pronoto a los menos con cerdas en la parte lateral 
anterior y sub-margiual; labro velludo sub-raarginal men- 
te; prosterno siempre desnudo en el disco; primer artejo 
antenal por lo general desnudo; borde posterior de los 
muslos a menudo con cortas cerdas; patas posteriores de 
longitud no anormal. (W. Horn). 

Cicindela Gorniazi, keed. 

1871. Cicindela Gormazi E. C. Reed. Ent. Month. Magz. 

Vm, p. 77. 
1874. Cicindela Gormazi E. C. Reed. Proc. Zool Soc. p. 52. 
1874. Cicindela Gormazi E. C. Reed. An. Univ. T. XLV, 

p. 338. 
1887. Cicindela Gormazi F. Philippi, An. Univ. Chile. 

T. LXXI, p. 629— Cat. Col. Chile p. 13- 
1892. Cicindela Gormazi Fleut., Cat. Syst. CÍic, p. 108. 
1905. Cicindela Gormazi W. Horn, Syst. Index. Cic. 

p. 19. 
1911. Cicindela Gormazi C. Bruch, Rev. Mus. La Plata 

p. 149. 
911. Cicindela Gormazi Ph. Germain, Bol. Mus. Xac, 

p. 49. 



Varas A.— contribi-ción al estudio de los cincidelidae 53 



1915. Cicindela Gormazi W. Horu., Gen. Insect. fsc. 82e. 

p. 409. 
1917. Cicindela Gorraazi Y. E. Shelford. Illinois Biolg. 

Mong. T.III, iV.o 4, Lam. XVIII, fig. 424. 

La Cicindela Gormazi es la especie chilena más rara 
de la Familia; se distingue principalmente por los carac- 
teres siguientes: Palpos labiales negros, el último artejo 
lustroso; estrías supraorbitales relativamente profundas, 
cortas, semicirculares, dirigiéndose a la parte posterior de 
los ojos. Abdomen densa y anchamente velludo lateral- 
mente, disco glabro. Rugosidades del protorax bastante 
visibles; disco del protorax con muy pocos pelos esparci- 
dos. Élitros con unos pocos hoyuelos esparcidos, de color 
verde o cobrizo metálico, más numerosos hacia la base. 
Espina sutural de los élitros en la hembra muy retraída. 
Élitros angostados hacia adelante, presentando su mayor 
anchura en el tercio apical. 

El Dr. W. Horn, comparando su C. Beedi con la clú- 
lieusis y la Gormazi, en el Deut. Ent. Zeitsch., dice: «C 
« Gormazi es la única especie en que la curva (codo) supe- 
« rior interna de la banda media queda relativamente dis- 
« tante de la extremidad inferior de la lúnula humeral»... 
« En O. chiliensis la parte inferior de la mancha humeral 
« está las más veces encorvada hacia adentro y arriba, en 
« Gormazi nada. .» 

En la Cicindela Gormazi típica las patas son verdo- 
sas, las marcas de los élitros normales, anchas, completas; 
la lúnula humeral completa; la banda media ensanchada 
en la base, frecuentemente conectada con la mancha su- 
plementaria marginal, raras veces conectada con la lúnula 
humeral. La porción descendente presenta unas pocas 
irregularidades en la acodadura y en el medio. La lúnula 
apical ancha, el lóbulo superior redondeado, no vuelto 
hacia afuera. 

Representada en la Colección del Museo Xacional 
por 3 ejemplares, en la mía por dos. 

Se encuentra en la provincia de Llanquihue. Bruch 
dice: Chubut, Patagonia; Gerraain dice: orillas de las la- 
gunas araucanas. 



54 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



Cicindela Gormazi Vidali, ph. & juliet. 

1865. Cicindela dolorosa Chaudoir, Cat. Coll. p. 26 (sine 

desoriptio). 
1871. Cicindela Vidali Ph. y Juliet An. Univ. p. 141. 
1887. Cicindela Gormazi F. Philippi. An. Univ. Chile, 

T. LXXI, p. 629.— Cat. Col. p. 13. 
1892. Cíicindela dolorosa Fleut. Cat. Syst. Cic, p. 54. 
1896. Cicindela Gormazi var. dolorosa W. Horn. Stt. 

Ent. Zeit. p. 170. 
1905. Cicindela Gormazi ssp. dolorosa W. Horn. Syst. 

Index. Cic. p. 19. 
1911. Cicindela Gormazi Ph. Germain. Bol. Mus. Nac. 

p. 49. 
1915. Cicindela Gormazi (nn-dlc-F) dolorosa W. ílorn. 

Genera Insect., fsc. 82c. p. 409. 

Esta forma fué descrita por los señores Philippi y 
Juliet, el último colector del insecto, en 1871, casi simul- 
táneamente con la descripción de la forma típica (V). 

La descripción de Ph. y Juliet es la siguiente: 

(íCicindela Vidali. — C. elytris nigris haud laevigatis, 
« obliterato punctatis, lúnula humeralis arcuata non con- 
« tinuata usque in humerum; línea mediana arcuata in- 
« flexa, prope suturam descendente, inclinata ad suturam 
« retrorsum arcuata, simplicissima, in parte prima poste- 
« riore incrassata; lúnula apicali regulari; lunulis et linea 
« albidis; pedibus corpore concoloribus. — Long 11 millim, 
« lat. 5 millim.» Ph. et Juliet;;. 

«...Su tamaño es poco más o menos el de la chilensis, 
« el color de sus élitros y pies es negro y sin lustre, las 
i manchas que adornan sus élitros son de uu amarillo 
« pálido, casi blanco y mucho más finas que las de la 
« peruviana, notándose además otras diferencias que in- 
« dico en la descripción». 

Esta misma forma, que desde años antes figuraba en 
la Colección de Chaudoir quien la había denominado Ci- 
cindela dolorosa, sin describirla, fué descrita como una va- 



Varas A. — contribución al estudio dk los cincidelidae 55 

riedad de Govmazi, bajo aquel nombre, por el Dr. Walther 
Horn, y su descripción es la que sigue: 

«Differt a typo albys elitrorum signaturis teuuissi- 
« mus: lúnula humeíali curvata, stria tortuosa media, 
« macula inter hanc et lunulam apicalem coUocata». 
« 9^ m/m. Chile (Coll. Dolirn et mea)». 

De la comparación de las dos descripciones creo que 
se puede precisar sin peligro de equivocarse que se trata 
de la misma forma, y al comparar estas descripciones 
con la de la forma típica se verá inmediatamente de 
que no pueden confundirse nna con otra; es posible que 
se trate simplemente de variedades individuales de muy 
poca importancia, pero debido a la falta de material no se 
puede precisar nada en la actualidad. 

En esta forma las marcas de los élitros son muy an- 
gostas; frecuentemente falta la mancha humeral, o si pre- 
sente, no conectada con el resto de la lúnula humeral; la 
banda media muy simple, casi sin irregularidad alguna, 
apenas extendida en la base por el margen lateral, no co- 
nectada con la mancha marginal suplementaria, la que 
frecuentemente es muy reducida y en algunos ejemplares 
falta; la lúnula apical angosta pero completa, en algunos 
ejemplares el lóbulo superior presenta una tendencia a 
doblarse hacia el margen externo. 

El señor Juliet, al describir este insecto dice: «El 
« primer ejemplar fué encontrado en la playa arenosa de 
'< Ealún y me permitió reconocer su importancia. Algunos 
«■ días después habiendo tenido que practicar el señor A i- 
'< dal un reconocimiento del río Petrohué, tuvo también la 
« felicidad de encontrarla en abundancia lo que me ha 
« suministrado algunos ejemplares más». 

En el Museo Nacional hay cuatro ejemplares, que si 
aunque no llevan indicación alguna creo que son los que 
sirvieron de tipos a los señores Philippi y Juliet. En la 
Colección del Dr. Izquierdo hay dos ejemplares que fue- 
ron obtenidos de la colecta original del Dr. Juliet. 



56 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

Cicindela Gormazi Izquierdoi, n. var. 
Cicindela dolorosa m. iu litt. 

Blffert a tupo mactiUs elijtrorum ¡atissimis confluen- 
iíbus. 

Difiere del tipo en que las manchas de los élitros han 
alcanzado tal extensión que la banda media, mancha suple- 
mentaria marginal y lúnula humeral están anchamente 
conectadas por el margen lateral y la lúnula apical está 
enteramente confundida con la mancha suplementaria. La 
extensión blanca lateral deja libre el extremo de la ban- 
da media solamente, pero permite notar la forma de la lú- 
nula humeral, la que se ve conectada por el margen y no 
por la acodadura de la banda media, la que permanece tan 
separada como en el tipo. 10^ millim. Sin localidad indi- 
cada. 

Un ejemplar en la Colección del Dr. Izquierdo (Tipo) 
y otro, en mal estado, en la Colección del Museo Na- 
cional. 

En la Colección Paulsen, en el Museo Nacional, hay 
un ejemplar intermediario entre esta forma y la forma tí- 
pica, en el cual la mancha suplementaria marginal no está 
unida con la lúnula apical y el borde exterior de la banda 
media no alcanza a confundirse con el margen lateral muy 
dilatado. Probablemente Mr. E. C. Eeed tuvo a su vista un 
ejemplar como aquel cuando escribió una nota inédita hoy 
día en mi poder, que lee como sigue: 

xA variety of C. Gormazi occurs in which all the 
« white marks of the elytra are much broader the lunule 
« evalescing on the sides with the base of the middle 
« sinuous band^. 

El Dr. Izquierdo tenía su ejemplar junto con otros 
de C. chilieiisis, procedentes de Chillan, por lo cual creía 
pudiese proceder de dicha localidad. 

Me es honroso dedicar erta nueva variedad al Dr. 
Izquierdo, poseedor del único ejemplar en buen estado que 
he podido ver, y quien a contribuido grandemente a la 
formación de mi Colección privada a la vez de haber él 



Varas A.— contribución al estudio de los cincidelidae 57 

reunido una colección que sirve de base para el estudio 
de cualquier grupo de insectos de Chile. 

Es posible que cada una de las formas de Gormazi, 
es decir: Gormazi Eeed, Vidali Ph. y Juliet, e Izquierdol 
m. sean variedades individuales que se encuentren en el 
mismo terreno y vivan juntas como sucede con muchas es- 
pecies extranjeras de este género, pero debido a la cons- 
tancia de los ejemplares que he visto como pertenecientes 
a la colecta original del Dr. Juliet me permito creer que 
pueda tratarse de formas correspondientes a diversos la- 
gos de la Región Austral. 

Antes de terminar con la Cicindela Gormazi debo in- 
dicar que el nombre específico soy de opinión deba cam- 
biarse a T idali, pues la publicación del señor E. C. Eeed, 
fechada por él el 30 de xlbril de 1871, fué publicada en 
el número de Septiembre del Ent. Month. Magz. mientras 
que la descripción de los señores Philippi y Juliet, aunque 
por ellos fechada 1.° de Junio de 1871, fué publicada en 
los Anales de la Universidad de Chile, en el número co- 
rrespondiente a Julio. El hecho de que el señor Eeed pone 
a Vidali como sinónimo de su especie y el señor F. Phi- 
lippi acepta esa determinación, en sus respectivos Catálo- 
gos de los Coleópteros de Chile, me induce a creer que la 
publicación chilena debe haber sido entregada al público 
después de la fecha impresa, pero bien pueda ser que am- 
bos hayan procedido en tal forma guiados por la fecha de 
los manuscritos en lugar de la fecha de aparición de las 
publicaciones. Todos mis esfuerzos por saber cuándo se 
entregó el número correspondiente de los Anales de la Uni- 
versidad no han alcanzado éxito. (*) 



(*) Después que los origiuales dt' este trabajo fueron dados a la 
Imprenta, he recibido del Dr. "Walther Horn copia de una carta que 
a él le escribió F. Philippi, el 18 de Enero de 1909. que dice: «Carlos 
« Juliet liizo una expedición como colector con una comisión de la 
« Marina para explorar el sur, j sus resultados fueron publicados 
« en los An. Un. Chile 1871, II. Mi padre describió las especies re- 
« cofifidas e hizo la descripción de la nueva Cicindela. Mr. Reed. 
« quien había obtenido un ejemplar, se apresuró a describir la es- 
« pecie. tan pronto como fuese posible, en Inglaterra, como C. Oor- 
« luazi (Ent. Month. 1871, p. 77) y su descripción salió, a lo menos. 
« seis meses antes que la otra; consecuentemente él ganó la prori- 
« dad. Ambos nombres se refieren, accidentalmente, al mismo nieri- 



58 REVISTA CIIILEXA DE HISTORIA NATURAL 



Cicindela luelaleuca dejean! 

1831. Cicindela melaleuca Dejean, Spc. Gen. Col., T. Y: 

p. 238. 
1911. C^icindela melaleuca Bruch, Rev. Mus. La Plata, 

p. 149. 
1915. Cicindela melaleuca W. Horn, Gen. Insect, 82c, 

p. 409. 

El l)r. Walther Horn, en el Genera Insectorum de 
Wystman, cita como localidad habitada por esta especie 
Port Famine (Patagonia Chilena, Estrecho de Magalla- 
nes). Esta localidad tiene importancia porque incluiría 
una especie más a nuestra fauna y porque demarcaría el 
Límite Austral del Género Cicindela, antes poseído por la 
(J. ramosa Prullé que habitaría en San Julián, Patagonia 
Argentina, en Lat. 49° S. 

En todo caso esta localidad parece muy dudosa. 

Cicindela cliiliensis aud. et bkullé. 

1838. Cicindela chiliensis Aud & Brullé. Arch. Mus. Pa- 
rís, p. 33; Lám. 9; fig. 1. 

1849. Cicindela chilensis Solier, in Gav Hist. Fis. Pol. de 
Chile; Zool. T. IV; p. 117. 

1868 Cicindela chiliensis Gerara & Harol. Cat . Coleópt 
T. I; p. 12. 

1871. Cicindela chilensis E. C. Peed, Eut. Mouth. Magz. 
p. 76. 

1874. Cicindela chiliensis E. C. Peed, Pro. Zool. Soc. 
p. 51. 

1874. Cicindela chiliensis E. C. Peed, Au. Univ. Ch. 
p. 338. 



« torio oficial de la Marina. Francisco Vidal Gormáz (el i'iltiuio noni- 
«bre es el de su madre)». 

Gracias a este documento, tan amablemente proporcionado por 
el Dr. Horn. puedo dejar definitivamente establecido que el nomíjre 
específico de este insecto es el dado por Mr. Reed en el Ent. Month. 
Magz. 1871. p. 77. 



Varas A. — contribición al estudio de los cinx'idelidah; 59 

1887. Cicindela chilensis F. Philippi, An. Univ. Chile, 

T. LXXI, p. 629.— Cat. Col. Chile p. 13. 
1892. Cicindela chilieusis Fleut. Cat. Syst. Cic. p. 54. 
1905. Cicindela chiliensis W. Horn. Syst. Index, p. 19. 
1911. Cicindela chilensis C. Bruch. Rev. Mus. La Plata, 

p. 149. 
1911. Cicindela chilensis Ph. Germain, Bol. Mus. Xac 

p. 49. 
1915. Cicindela chiliensis W. Horn, Genera Insectorura, 

fsc. 82c., p. 409. 

Esta especie que es el Cicindelidae más común de Chi- 
le, se reconoce por los siguientes caracteres: Palpos labia- 
les amarillentos, último artejo verde lustroso, estrías 
supraorbi tales muy débiles, casi desvanecidas, casi rectas, 
paralelas. Abdomen ligeramente velludo lateralmente, dis- 
co glabro. Disco del protorax casi liso, con dos líneas 
longitudinales de pelos tendidos, y densamente revestido 
de pelos lateralmente. Protorax cordiforme, la mavor an- 
chura un poco antes de la mitad. Élitros cubiertos de unos 
hoyuelos de color verdoso metálico. Espina sutural en la 
hembra no muy retraída. Élitros paralelos. Marcas de los 
élitros muy variables pero ni reducidas ni dilatadas, en 
algunos ejemplares la acodadura de la banda media toca 
la lúnula humeral. 

En la Colección del Museo Xacional hay un ejemplar 
etiquetado por M. Ph. Germaiu «C. araucana Dohrn». 

Se encontraría desde Coquimbo (Gay) hasta Llauqui- 
hue. 

En la Colección Izquierdo está representada por ejem- 
plares procedentes de Santiago, Chillan y Valdivia. (Los 
ejemplares de Valdivia presentan marcas muy angostas). 
J3on Fernando Paulsen dice: (1. c): «Sobre la arena hú- 
meda o eñ el limo, en la vega del río. Santiago, Santa Rosa, 
C'hillán». En mi colección tengo ejemplares de San José 
de Maipo (Santiago); Acúleo (Santiago); fundo Los Cipre- 
ees (Colchagua, límite con la República Argentina); Val- 
divia; Carelmapu (Llanquihue), etc. El Dr. Bruch, en su 
Catálogo de los Coleópteros de la República Argentina, 
dice que se encuentra en Chubut, Patagonia, y don Carlos 



60 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

S. Eeed la habría encontrado en Mendoza. El Dr. Walther 
Horn, en el Genera Insectorum, dice que se encuentra en 
Chubut. 

ly 



Esta breve contribución podría considerarse como 
simplemente un C^atálogo de los Cicindelidae de Chile, au- 
mentado con algunas notas y observaciones personales y 
de diversos autores e ideas generales de la Familia y su 
sistemática, habiendo para ello extractado párrafos prin- 
cipalmente de las publicaciones del Dr. Walther Horn, en 
el Genera Insectorum, Deutsche Entoraologische Zeits- 
chrift, etc., con el objeto de hacer conocer la Familia en 
Chile, para facilidades de los estudiantes e interesados en 
los Coleópteros. 

Me es grato agregar que esto ha sido con el conoci- 
miento y cordial consentimiento del Dr. W. Horn. 

No dudo adolecerá de múltiples imperfecciones, pero 
en todo caso creo haber hecho algo en pro del conocimien- 
to de nuestros Cicindelidae y espero, en otra ocasión, sa- 
tisfacer de una manera más completa los deseos de nues- 
tros entomólogos. 

Honroso me es decir que gracias a la amabilidad del 
Profesor Mr. Nathan Banks, del Museura of Comparativo 
Zoology (Harvard University, Cambridge, Mass) he podido 
consultar casi la totalidad de las obras mencionadas en las 
listas bibliográficas, y en aquellos casos en que me fué im- 
posible ver las obras mencionadas he tomado las citas 
principalmente del magnífico trabajo del Dr. Horn en el 
Genera Insectorum. 

Xo puedo dar término a este trabajo sin hacer pre- 
sente mis agradecimientos al Dr. don Vicente Izquierdo 
8. que había puesto a mi disposición su magnífica Colec- 
ción privada, a don Carlos Silva Figueroa, que no había 
hecho menos con las Colecciones y biblioteca a su cargo 
en el Museo Xacional y al Dr. Walther Horn, de Berlín, 
y Messrs. Charles W. Leng, Wm. M. Wheeler y Nathan 
Banks, distinguidos entomólogos americanos, quienes 
han cooperado con el más absoluto desinterés y buena vo- 



Varas A.— contribución al estudio de los cincidelidae 61 

Imitad, y especialmente al Prof. Dr. Carlos E. Porter, a 
quien debo numerosos obsequios sobre entomología, ha- 
biéndose, en más de una ocasión, desprendido de valiosas 
obras de su gran biblioteca privada, dejándome absoluta 
libertad para consultar sus trabajos inéditos, proporcio- 
nándome material de estudio, etc., y creo que sin su 
cooperación y estímulo no rae hubiese jamás aventurado 
en el campo de la Entomología. 

Cambridge, Mass. 
u. s. A. 

22 de Julio de 1919. 



6'2 líEVISTA CHILENA DE HISTORIA NATIRAL 



£L VOLC^iN 5í*N J05t DE M^IPO 
Historia de $u exploración y su activíDaO volcánica 



rir. 3. BRU66EN 

Dirección de Minas y Geología 



El volcán de San José es, junto con el Tupungatito, el 
volcán activo más cercano a Santiago. El Tupungatito fué 
descubierto sólo en el año 1897 por el señor Vynes, geó- 
logo de la expedición de Fitzgerald, mientras que el San 
José se conoce desde hace ya mucho tiempo. Las expedi- 
ciones hechas para explorar este volcán que en el año 1822 
tuvo una erupción bastante fuerte, datan también de una 
época relativamete temprana. 

La primera ascensión de la cual se tiene noticias la 
realizó en 1831 el naturalista alemán Meyen, quien según 
sus cálculos llegó hasta cerca de 500 pies de la cumbre del 
cerro. Meyen acompañó a un buque mei'cante alemán en 
un viaje al rededor del mundo y publicó sus observaciones 
en un libro en dos tomos, titulado: íllelse nm die Welty>. En 
el primer tomo aparece nn dibujo, un poco esquemático, 
del San José hecho por él mismo; al volcán lo llama el 
'< cerro ardiente» (Feuerberg)de Maipo, nombre que originó 
un error posterior. Hizo creer que había subido al volcán 
Maipo situado más al sur, en el nacimiento del río Maipo 
y que éste había tenido una erupción. Pero por la descrip- 
ción del viaje que va a continnación se deduce que se trata 
del volcán San José. 

El día 14 de Febrero de 1831 salió Meyen de Santia- 
go provisto de cartas de recomendación para el comandan- 
te de la guarnición de San José de Maipo; esta guanición 
se encontraba en el pueblo eü previsión de nuevos ata- 
ques de los Pincheiras, que pocos meses antes habían des- 



Brüggen— EL volcan san josé de majpo 63 

ti'iiído el pueblo. De aquí pasó a Toyo, situado al otro lado 
del río, frente a Sau José de Maipo, donde fué recibido 
amablemente por los hermanos Bunster. Después de un 
día de descauso continuó el viaje con ocho soldados, cinco 
aldeanos de la milicia y dos mozos. La noche entre el 15 
y 16 de Febrero la pasaron a una legua de la desemboca- 
dura del río Yeso. El camino seguía por la orilla derecha 
del río en el valle del Volcán, atravesando dos veces el río. 
Cerca de su desembocadura en el río Maipo existía un for- 
tín do la época de los españoles donde se dejó una guar- 
nición de cuatro soldados, para evitar ataques sorj^resivos 
desde el valle superior del río Maipo. En su descripción 
menciona Meyen las capas calizas ricas en fósiles que en la 
región del Campamento Valdés forman las dos faldas del 
valle. Desde ese punto el camino empezca subir; el río tie- 
ne aquí tres saltos de agua de 9 a 15 m. de altura. Más tar- 
de acampaban en una llanura que se extiende hasta el pie 
mismo del volcán. Durante la noche el cerro se mantuvo 
cubierto de nubes, y sólo, cuando estas desaparecieron, 
en la mañana se pudo ver una columna de humo y llamas 
(|ue salían del cráter grande. Con la salida del sol desapa- 
reció la llama, pero la columna de humo pudo observarse 
todo el día y además una nueva que provenía de una aber- 
tura lateral del cono. Meyen siguió camino valle arriba 
liasta llegar a un pequeño valle que desembocaba por el 
sur desde el pie del volcán. Por esta descripción no cabe 
duda de que se trata del valle de «La Engorda». También 
menciona las grandes acumulaciones de bloques enormes 
que existen en esa región. 

Al fin del valle se llega al límite de las nieves eter- 
nas y Meyen intentó subir por el lado sureste que desde 
lejos aparecía formado por rocas negras, y resultaron ser 
nieve, o con más probabilidad, hielo del ventisquero cu- 
i)ierto de cenizas recién caídas. Como no le fué posible 
subir por este lado, Meyen dio una gran vuelta e inició la 
ascensión por el noreste. Luego llegó a los campos de nie- 
ve, dura como hielo, que se encuentran encima de capas 
«le yeso. Después de atravesar esta nieve, que en realidad 
debe haber sido uno de los ventisqueros que descienden 
del volcán, tuvo que pasarun campo de rodados que llegaba 
bástala falda misma del cono volcánico. Este campo de roda- 



64 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

dos cubierto de cenizas sueltas en la que se hundía el pie, 
ofrecía al que le atravesaba grandes dificultades que se evita- 
ban en lo posible saltando de una piedra a otra. Pero a con- 
tinuación el ascenso se hizo más cómodo porque se podía tre- 
par por grandes escalones de lava de estructura columnar. 
Ya pesaba Meyen que con sólo unos doscientos pasos más 
llegaría al cráter pequeño, cuando de repente el camino 
apareció cortado por una quebrada profunda que impedía 
continuar la ascensión. Del cráter pequeño salían en for- 
ma continua grandes nubarrones de humo. A poca distan- 
cia encima de éste se hallaba el cráter principal del vol- 
cán, y Meyen calculaba en sólo 500 pies la distancia que 
los separaba de la cumbre. 

La ascensión de Meyen, hecha en una época que no 
existía el deporte del alpinismo ni aun en Europa y que, 
por consiguiente, no había experiencia de ninguna clase, 
debe considerarse como empresa muy audaz que el éxito 
casi coronó. Se la puede comparar a la ascensión al volcán 
Antuco realizada algunos años antes por Poeppig, otro 
naturalista alemán. 

El año 1909, el señor Gustavo Brant, de Valparaíso, 
acompañado de varios amigos, efectuó la segunda ascen- 
sión al volcán de que se tieue noticias y cuya descripción 
se encuentra en la Eevista de la Sociedad Científica Ale- 
mana, de Santiago. También esta ascensión se hizo por el 
valle de «La Engorda», y se empezó bajo condiciones re- 
lativamente favorables. A las llf de la mañana ya se ha- 
bía alcanzado una altura de 5,400 pies pasando por la 
parte más difícil del camino. Les faltaba sólo unos 500 m. 
de altura, pero de marcha muy pesada a causa de que en la 
nieve se hundían los pies a cada paso. A medio día se de- 
sencadenó un fuerte temporal de nieve que obligó a re- 
gresar a la expedición. 

El señor Brant habla en su publicación de una ten- 
tativa hecha por un ingeniero español y de la que no se 
tienen mayores detalles. 

El volcán San José fué por fin vencido en el año 1920 
por el señor H. Gewiuner, de Valparaíso; ascensión cuya 
descripción se encuentra en el Folleto N.'^ 6 de la Mittei- 
hingen des Deutschen Ausjfugvereins zu Valparaíso^ 1920. 
También esta ascensión se efectuó por el cajón de «La 



Brüggen.— EL volcan san josé de maipo 65 

Engorda», y las grandes dificultades que ofrecen el aire 
enradecido y los temporales de viento y frío, el señor Ge- 
winner las venció sin mayor contratiempo, acostumbrado 
a esta clase de expediciones en los cerros gigantes de la 
Cordillera Eeal de Bolivia. 

Según el señor GcAviñner el cráter principal tiene un 
diámetro de unos 100 metros y una profundidad de 20 a 
30 m. Parece enteramente apagado y carece de nieve tan- 
to en el interior como en sus faldas exteriores, porque los 
vientos fuertes que soplan continuamente a esta altura no 
permiten ninguna acumulación de nieve. En la falda de 
un cerro situado al sur del cráter más alto el señor, Ge- 
winner descubrió una abertura con borde amarillo que 
tal vez pueda corresponder al cráter pequeño observado 
por Meyen. Pero por desgracia el cerro principió a nu- 
blarse — el peligro más grande de estas alturas — y el audaz 
alpinista tuvo que desistir en su propósito de visitar tam- 
bién este punto. 

Por fin incluiremos algunos datos sobre el San José y 
su actividad volcánica. 

En una excursión hecha con los estudiantes del Cur- 
so (le Minas he tenido oportunidad de ver el volcán, tanto 
desde el sur como desde el oeste, del valle del Engordan. 
El macizo del San José es volcánico no sólo en su parte 
superior, por encima de una altura de 4,500 m. aproxima- 
damente. El zócalo consiste en rocas extraficadas de la 
formación jurásica, a la cual pertenecen las capas de yeso 
mencionadas por Meyen. Por lo que se puede ver desde 
abajo el macizo se compone de tres volcanes distintos. El 
cerro situado más al norte es un volcán muy antiguo, el 
borde occidental de su cráter está ya enteramente des- 
truido; según el mapa de la Comisión de Límites tiene 
una altura de 5,740 m. Más al sur sigue la cumbre más 
alta 5,880 m. ascendida por el señor Gewinner; correspon- 
de esta cumbre a un volcán relativamente pequeño que 
según los datos proporcionados por dicho señor Gewinner 
se levanta unos 200 m. encima del material acumulado 
por los otros dos volcanes. Se trata de un volcán entera- 
mente apagado y además las grandes aberturas que se han 
observado en el borde de su cráter hablan también en fa- 

REV. CH. DE HrST. NAT. t921 ) (5) 



66 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

vor de su mayor edad. El tercer volcán se halla más al 
sur, tiene una altura de 5,830 m. sólo menor en unos 50 m. 
u la del cono más alto, y su forma es la de un cerro muy 
ancho. Sin duda es el más interesante, porque el dibujo 
un tanto esquemático del señor Meyen parece indicar que 
la actividad volcánica se limita a la cumbre más austral 
de la serranía, y probablemente corresponde a este volcán 
la actividad volcánica observada por él. 

Muy escasas son las noticias que tenemos de las 
erupciones del San José. El Dr. Martin escribe en su Lan- 
deskmide van Chile, p. 86: «Probablemente del San José 
provenían las cenizas que cayeron el 19 de Noviembre de 
1822 en el pueblo de San José, al mismo tiempo que en 
Santiago y Valparaíso se sentían fuertes terremotos. Se- 
gún Pissis este período de actividad terminó en 1838. 
Pero aun después del año 1895 podía observarse una pe- 
queña columna de humo». 

El primer período de actividad está comprobado por 
la expedición de Meyen y las circunstancias de que las 
cenizas hayan llegado hasta San José indica que se trata- 
ba de erupciones bastante fuertes. Parece muy poco pro- 
bable que las cenizas hayan tenido su origen en el otro 
volcán activo de esta región, el Tupungatito, en vista de 
la mayor distancia de este cerro. 

Acerca de otra erupción habida en 1843 tenemos no- 
ticias muy poco claras, y de la cual escribe Barros Arana 
en su Geografía Física: «La erupción de 1843 produjo un 
sacudimiento que trastornó el valle inmediato en una ex- 
tensión de mas de tres leguas y derrumbó grandes trozos 
de las montañas vecinas; pero parece que no fué una ver- 
dadera erupción». En el Ensayo de una Bibliografía His- 
tórica y Geográfica los señores Anrique y Silva agregan 
que estos trastornos se produjeron en el Valle de los Piu- 
quenes y que se formaron varios conos de escorias. El 
valle mencionado puede ser o la parte superior del cajón 
del Yeso, desde donde el portezuelo de los Piuquenes con- 
duce a la Argentina, o al valle del Arroyo de los Piuque- 
nes, situado en la Argentina cerca del portezuelo. Según 
el mapa, los dos valles se encuentran fuera de las hoyas 
hidrográñcas que nacen en el cerro de San José, de modo 
que esta erupción no puede atribuirse a este volcán. 



Brüggen.— EL volcáx san josé de maipo 



Ea el año 1875, según el señor L. Zegers (Anal. Uni- 
vers. 1875, I. p. 3G6), el volcán ha estado tranquilo. En 
su obra: Chile, Latid und Lpufe, el señor Ochsenius men- 
ciona una erupción habida en 1881, pero no da ningún 
detalle. 

La actividad volcánica de fines del siglo pasado men- 
cionada por el señor Martín se halla comprobada por la 
publicación del señor Brant, a quien comunicó el arriero 
que el volcán tenía períodos de actividad; le indicó la para 
te del cráter del cual provenía el humo de día y las llamas 
en la noche; y también que algunos años antes mientras 
acompañaba a un ingeniero español y encontrándose en el 
campamento de la «Engorda: , había presenciado una erup- 
ción. El cerro entero habría temblado y una lluvia de ce- 
nizas finas habría cubierto todos los objetos de una del- 
gada capa obscura. 

También el señor Risopatrón en sus viajes hechos en 
la Comisión de Límites ha observado esta actividad del 
volcán. En su obra: La Cordillera de los Andes entre las 
latitudes 30° 40° y 36° S. escribe en la página 41: «Pissis, 
en su Descripción Geológica de la BepühUca de Chile dice 
que este volcán no daba señales de actividad después del 
año 1838. Parece entonces que ha vuelto a ella, pues el 
que escribe, ha visto en su cima la delgada nube de humo 
de que se ha hablado, en el mes de Abril de 1896, desde 
los orígenes del río Colina y más tarde, en el mes de Marzo 
de 1897, desde los orígenes del río argentino Salinillas. 



68 KEVISTA CHILENA DE HISTORIA NATIIKAL 



^punte^ sobre la 
GEOLOGl^í Y TOPOGR^íFÍíí DE C/tLD£R^ 



POR 



Enrique Ernesto 6I60UX 



Terrenos. — Un campo de arena es esta región, con 
rocas diseminadas caprichosamente. 

Superficie con grandes ondulaciones y dos inclina- 
ciones principales. Una SE. y NO. hacia el mar; la otra 
de más longitud SO. NE., en el sentido del eje mayor de 
la población. De aquí la denominación de jjf/ra arriba que 
se da al extremo SO. y para abajo al NE. 

Detrás de la población, dos llanos levantados como 
dos escalones situados a bastante distancia uno del otro. 
El primero cortado casi al medio por las aguas aluviales, 
forma la hondanada, ya arreglada por el hombre y por 
donde pasa la línea del F. C. a Copiapó. 

Al fondo, por el Norte y Oeste cordones de cerros 
distantes; hacia el Sur, prolongación de los llanos; al 
Oeste, colinas rocosas que van a terminar en la puntilla 
del Faro. Al Norte-Oeste el mar. Y al Sur, detrás de la 
bahía de Puerto Inglés, el coloso de la costa; El Morro. 

Cerca de las playas o en los cortes naturales o artifi- 
ciales donde la arena no puede encubrir el terreno, éste 
aparece evidenciándose por sus caracterizaciones. 

La observación atenta de la localidad durante mu- 
chos años, nos ha permitido reconocer como terreno pre- 
dominante al terciario, el que se extiende por todos los 
contornos hasta los cerros y se prolonga al Sur. En esta 
dirección hemos recorrido más de 60 kilómetros, notando 
que él continúa manifestándose claramente y creemos 
avanza por la costa hasta muy al Sur del país. 



GigOUX. — GEOLOGÍA Y TOPOGRAFÍA DE CALDERA 69 

Los barraucos de arenisca al Este y Oeste de la bahía 
son terciarios. En los derrumbes de la costa Oeste, con 
Encope cMlensis y Ostrea copiapina: en el Puente y Cueva 
de Calderilla, formados casi totalmente de Ostrea copiapi- 
na y O. media: en la Cantera, en los cortes artificiales y en 
todas partes donde el terreno está cortado, aparece el ter- 
ciario, ya con sus arcillas color leonado o sus fósiles. 

En toda excavación que se ha hecho, esta arcilla 
aparece en partes superficial y en otras a regular pro- 
fundidad. 

El terreno cuartario se encuentra a veces en descu- 
bierto; pero, por lo general, está debajo de la arena, sobre 
el terciario. 

En muchos sitios están tan confundidos los fósiles 
de uno y otro, tan mezclados, que suponemos esos terrenos 
son formados por el acarreo de materiales de ambos. 

Así, en el ñauco de una pequeña colina hemos en- 
contrado dientes de Carcharia mecjalodon, Ostrea máxima, 
Pectén purpuratus, Mactra Vidali, Pectuncuhis intermedius 
y trozos de huesos. 

En algunos lugares todo desaparece bajo el terreno 
de acarreo, mientras en otros sólo hay agrupamientos de 
rocas graníticas y arena. 

Al Oeste del jMorro se extiende un llano que es pro- 
longación del segundo de que hablamos. Las aguas alu- 
viales lo han zanjeado en dirección Oeste Este, formando 
un laberinto de calles torcidas, plazoletas y callejones. 

Hay encrucijadas, cerrillos cónicos aislados y todas 
las terminaciones del terreno son redondeadas. 

Toda esta área extensa es de arcilla leonada, que eu 
partes es descolorida. En ella no se encuentran fósiles por 
lo general. 

Cerros. — El Morro, este cerro abrupto que se interna 
en el mar, tiene 307 metros de altura según (San Eomán). 

Hemos dicho de él que de lejos parece un monstruo 
antediluviano agazapado; pero, de cerca es un macizo cua- 
drangular que descausa sobre una plataforma. Sus flancos 
son muy inclinados. El del lado Xorte tiene quebradas 
que son precipicios, y en el del Sur hay partes que son 
casi verticales. 



GigOUX. — GEOLOUÍA Y TOPOGRAFÍA DE CALDERA 71 



En épocas de lluvia se cubre de vegetación como los 
llanos arenosos; pero, durante los largos períodos de se- 
quedad sólo se ven los cactus de que está cubierto. Igual 
aspecto tienen los cerros de la interesante Quebrada del 
León, al Norte del puerto que, en primavera, se revisten 
de una vegetación lozana. 

El Cerro Montevideo, al Oeste, 292 metros de altura, 
(San Román) es un centinela aislado en el llano, que está 
indicando al viajero que el puerto está cerca. 

Más allá de Ramadas se ve el Cerro Medanoso que 
señala la entrada de la Quebrada del León. Es una mon- 
tana de arena que por las tardes ofrece el magnífico es- 
pectáculo de reílejar los colores del arrabal con más inten- 
sidad que los otros. 

Estos son los tres cerros principales más cercanos a 
la población y más independientes de los cordones del 
fondo. 

Rocas. — La gran mayoría son de granito andesítico, 
encontrándose cuarzo, gneis, feldespato y trozos de rocas 
metamorfoseadas. 

Entre las de los alredores se hallan las notables 
piedras campanas, de las que nos hemos ocupado en nues- 
tro artículo «Fonolitas^ publicado en Diciembre de 1915. 
Las llamamos así, no porque tengan o no tengan los ca- 
racteres de las fonolitas, sino por ser piedras sonoras. 

Hemos contado 57 piedras campana, sin haber termi- 
nado su reconocimiento. 

En un grupo de rocas una o dos son sonoras, o cuatro 
y cinco, constituyendo un campanario. 

Casi todas descansan sobre otras apoyándose por los 
extremos o lados; pero, hay algunas que no están en estas 
condiciones y recordamos de una que tenía la arena por 
base. 

En una de las playas del Norte se encuentra el inte- 
resante grupo de Piedras Panteras, que hemos llamado 
así por el aspecto de su superficie, pues, que miradas de 
cerca o de lejos parecen envueltas en pieles de panteras. 

Dos son de grandes dimensiones, siendo las otras 
veintidós de menor tamaño. No se encuentran iguales en 
ninguna parte de esta región, ni más allá. 



72 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

Esta roca es uua serpentina de la especie llamada 
gabbro. Es cnriosa la imitación de seres y cosas que pre- 
sentan las rocas debido en gran parte al desgaste que 
sufren. Cuando no afectan formas animales u objetos de- 
terminados, se ven en ellas caprichos y fantasías. 

Hacia el Norte, en las vecindades de Cabeza de Yaca, 
hay en un llano pequeño una agrupación de rocas desgas- 
tadas, que como un rebaño en descauso están aisladas y 
distante de otras. 

Aquí se ven altares, grutas, centinelas, ventanillas, 
casuchas de baño, garitas, pulpitos, asientos y perfora- 
ciones de proyectiles. 

Restos petrificados de las ruinas de una aldea, estas 
rocas carcomidas presumen de motivos arqueológicos y su 
conjunto interesante llama la atención del que las mira y 
sabe ver. 

Más al Norte otras rocas enfiladas, son murallas con 
nichos verticales o remedan bajo relieves de asuntos que 
no se entienden. 

Son numerosas las rocas que tienen formas bien de- 
terminadas. De entre las muchas citaremos la muy cono- 
cida del <Alto del Fraile , que es un monje sentado; «El 
Rinoceronte», frente a la Carpa N."^ 2; «El Cañón, al 
Oeste del Morro; «La Piedra del Coche» y «El Toro» al 
Xorte de Ramadas. 

En nuestro artículo «Las Rocas», publicado en Di- 
ciembre de 1916 hemos tratado de ellas con más detalles. 

Llanos. — La superficie de los llanos en las cercanías 
del mar es de arena movediza, excepción de algunas 
partes en que hay extensiones de tosca nivelada. 

En los llanos altos es de arena gruesa apretada y cu- 
bierta de piedrecillas redondeadas y fragmentos pulidos 
de una variedad incontable de rocas que no se encuentran 
en los alrededores, tal vez efecto de la acción de antiguos 
mares o de remotos aluviones que los trajeron de muy 
lejos. 

Con estos cantos rodados se puede formar una inte- 
resante colección de rocas; pues, la colección está tirada 
sobre esos llanos. 

Estas piedras en gran número están cubiertas de li- 
qúenes, y cuando se hallan muy juntas ocupando una ex- 



GigOUX. — GEOLOGÍA Y TOPOGRAFÍA DE CALDERA 78 

tensión apreciable, hace el efecto de ver tendido un tapiz 
oriental de colores apagados. Estos son, el gris que pre- 
domina, terracota, negro desteñido, blanco sucio, café 
claro y amarillo verdoso. 

El llano de la costa tiene superficie ondulada irre- 
gularraente. Hay montículos, rocas separadas o en grupos, 
zanjas, hondanadas. 

La nivelación es más pronunciada mientras es mayor 
la distancia del mar. Así, el gran llano interior es plano, 
aun con su disimulada inclinación NS. Y donde se forma 
el segundo escalón, sobre todo al NO. del Morro, donde 
las aguas han sido más impetuosas cortando el terreno 
levantado, se ven mesetas perfectamente niveladas y se- 
paradas que parecen mesas enormes. 

Aguadas. — Al Sur del Morro y donde al llegar al 
mar se corta bruscamente el terreno del llano, formando 
un barranco alto de capas estratificadas, ya discordantes, 
paralelas o inclinadas, y dispuesto en semicírculo, brota 
el agua que cae abundante favoreciendo una vegetación 
local que cuelga del barranco y crece en los charcos de la 
playa. A otro lado y en la parte baja el agua sale a chorro 
como de un pilón, por varios agujeros. 

Este lugar se llama «Chorrillos» y queda frente de 
Isla Grande. El agua es muy poco salobre y la beben el 
hombre y los animales. 

Frente a la terminación de la playa «Copiapina» que 
concluye al pie del Morro y es la segunda de Puerto 
Inglés, hay una pequeña quebrada que le llaman de 
«El Algarrobo», porque hay dos de estos árboles. Se en- 
cuentran acá dos ojos de agua, rodeados de especial vege- 
tación, y aunque están muy cerca, uno es menos salobre 
que el otro. 

En la Quebrada del León, hay una vertiente de agua 
muy salobre que filtra de la parte alta, corre serpenteando 
por entre las piedras y va a perderse mar abajo. 

El agua obtenida de pozos es siempre más o menos 
salobre, siendo los de la parte alta más cargada de sales 
que los de la baja. 

El Pozo de llamadas es el que da mejor agua, y con 
otros que se han aterrado daban vida a una reducida po- 
blación de los últimos changos de esta costa. 



74 REVISTA CHILKNA DE HISTORIA NATURAL 

Está en uu arenal a un kilómetro de la playa y sigue 
prestando utilidad a pescadores y gentes de campo. 

Salinas. — Al SO. del Morro, a 14 kilómetros están 
«Las Salinas: . Las aguas de la vertiente más cargada de 
sal están captadas en un canal largo y ancho de donde se 
la hace subir hasta las eras, donde se evapora. Vive en 
abundancia la Artenúa de las Salinas. 

A 80 metros más atrás, otra vertiente mucho menos 
salada, rodeada de la vegetación característica del lugar 
y en la que viven larvas de libélulas. 

Y a 300 metros hacia el Sur, dos pozos con agua que 
sólo sirven para los animales. 

Estas salinas ocupan la parte central de una depre- 
sión del terreno que recuerda a un lago seco. 

Desde muchos años se explota esta industria, pero, 
aun con medios primitivos. Ya no se usan los molinos 
que se han abandonado y cuyos esqueletos con los otros 
detalles del lugar imitan un paisaje de La Mancha. 

Más allá y frente a la Carpa N." 2 hay otras salinas 
más reducidas y menos importantes. 

Conchales. — Cerca de la costa y en los contornos de 
su extensión, se encuentran los conchales y los cemen- 
terios indígenas, únicos restos de las antiguas civiliza- 
ciones locales. 

Los primeros están formados de conchas de los bi- 
valvos más comunes, Fecien, Mytilus, Tapes, Concholepas, 
etc., generalmente rotas, entre cuyos fragmentos se hallan 
trozos de vasijas de greda }' a veces una punta de flecha. 

Los segundos no están todos reconocidos y los que 
han sido excavados no han dado un verdadero provecho 
cientíñco, por falta de bueua dirección en los trabajos y 
no ser siquiera uu añcionado quien hubiese dirigido las 
excavaciones. 

Con los utensilios encontrados y sobre todo con las 
puntas de flecha tan variadas en colores, tamaños y for- 
mas, se arreglaron hermosas colecciones para la vista, y 
nada más. 

Tinajas. — Este nombre dan a las grandes tazas o 
huecos que hay en las piedras, siempre que estén en la 



GigOUX.— GEOLOGÍA Y TOPOGRAFÍA DE CALDERA 75 

cara superior. Con las lluvias se llenan de agua, la que 
dura mucho tiempo, ofreciendo oportuno recurso ala gente 
de campo. 

La mayor de ellas está al Sur del «Cabeza de Vaca^, 
en una enorme roca granítica; tiene forma de medio ovoide 
y es perfectamente simétrica y pulida. 

Mide 1.20 metros de profundidad; 5.90 metros de 
circunferencia en la boca; 2.00 metros de diámetro su 
perior y 0.65 metro de diámetro a 0.25 del fondo. 

Es conocida con el nombre de «Tinaja Grande». 

Vegetación. — Cuando las lluvias riegan estos are- 
nales caldeados por el sol y batidos por los vientos, se 
cubren de una alfombra de verdura, que en los buenos 
años son un prado de yerbas. Cuando viene la floración, 
los matices de tanta corola son un mapa de colores y la 
brisa cargada de perfumes silvestres, debilita y prevalece 
sobre el característico olor de mar. 

Esta flora que ha aparecido como por encanto, tiene 
vida corta. Dura tres o cuatro meses y va poco a poco 
desapareciendo para no quedar nada de ella. 

Otra vez se ven los arenales y, como una protesta a 
la esterilidad de esta región, la Frankenia erecta sigue 
viviendo con calor y viento, con sequedad o frío. Una 
aquí, otra allá, esta planta se burla de la aridez y del 
rigor de los elementos. 

Esta flora es herbácea y anual. Las plantas perennes 
son pocas: la Eupliorbia lactijiua. los Cactus, la Encella 
tomentosa y las Alonas. La primera y la tercera pierden 
muy tarde sus hojas si el tiempo es seco y las conservan 
si es húmedo. 

Esta localidad tiene lugares interesantes para el tu- 
rista y el observador: 

El Morro con sus rocas, grutas, quebradas y acanti- 
lados y abundante vegetación en Primavera. Las her- 
mosas playas de Puerto Inglés, Tres Quebradas; la bahía 
de Calderilla que es un verdadero golfo, con su isla al 
extremo Sur y al Oeste del pintoresco Puente, del que 
damos una fotografía, y la Cueva, sitios ¡¡referidos de los 



76 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

paseantes. (1) Punta de Combate, con su canal soberbio, 
que cuando el mar está embravecido se presencia un espec- 
táculo imponente de cascadas de espuma y olas rugiendo. 

Los Anfiteatros. — Formados los tres por el de- 
rrumbe de la tosca, son circulares, cerrados por detrás y 
abiertos hacia el mar. 

El Faro. — La torre, las casas, las penas, los pájaros 
marinos y el mar siempre agitado, todo concurre para 
hacer de esta puntilla un paisaje inalterable que ha dado 
motivos para cuadros y fotografías. 

Al norte del puerto, el Túnel, la isla y playas de 
llamadas, y en «Cabeza de Vaca», <<.Barranquillas», masa 
blanquecina de conglomerados, tosca y arenisca, que el 
mar en sus ataques ha labrado arcadas en su base, ha- 
ciendo de este barranco de corte vertical, el frontis rui- 
noso de una antigua construcción. 



■o' 



Caldera, Septiembre 21 de U)20. 



(1) La mancha oscura que se ve a la izquierda, debajo del 
puente (en la lámina), es una pirca de piedra que han hecho para 
resguardarse del viento. 



SpCgaZZini. — GASTEROMYCETEA AMERICANA 

G^STtROMYCETt^ ^MtRIC/íN/í 
di|na de constituir un nuevo género 

POR EL 

Dr. Carlos 5PE6AZZIN1 

(Conclusión) 



Podríamos entonces considerarla como una Boris- 
ta Dill. coincidiendo con este género por la falta de base 
estéril y por su aspecto general, como parece lo hubiera 
ya sospechado Peck iu 1. c. 

Sin embargo, tampoco esta solución no me satisface 
pues nos hallamos en presencia de un útero que carece de 
un exoperidio bien determinado y revestido de un peridio 
bien determinado de espesor y consistencia peculiar, como 
también la estructura de su gleba; no hay duda que nos 
hallamos en presencia de una Lycoperdacea más bien que 
de una Sclerodermacea; me parece entonces que no nos 
queda otro recurso que tomar esta interesante especie co- 
mo tipo de un nuevo género al cual propongo se de el 
nombre de Pila (signifícado latino ^«Pelota de jugar») y 
cuyos caracteres taxonómicos serían los siguientes: 

Pila Speg. (N. gen.) 

Char. Gasteromycetea, lycoperdacea, epigea, globosa, 
sessilis, basi sterili plañe destituta; exoperidio tenuissimo 
mox evanescente cum endoperidio crasso, ad maturitatera 



(*) Véase esta Revista, año XXIV (1920) pp. 161-164. 



78 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATrRAL 

coi'iaceo-subchartaceo laevissimo. per aetatem fiiscescente, 
irregulariter frustulatim dehiscente, arete confluente; gle- 
ba peridio vix subadnata, primo alba carnosa compacta 
non alveolata, serius gruraoso-subpulverulenta olivácea, 
capillitio parietibus peridii laxe adnato tenui laevi non 
spinuloso elongato ramoso, ramis saepe laxe anastomosan- 
tibus; sporis subglobosis, episporio tenui laevissimo vesti- 
tis, olivascentibus, vix 1-papillulato-appendiculatis, grosse 
1-guttulatis, chiorinulis. 

Specie typiea adhuc única, neogea, sub nominibus 
plurimis edita. 

Pila fragilis (Lev.) Speg (n. comb.) 

Mycenastriim fragüe Lév.^ — Sderoderma fragüe Sacc. 

Lycoperdon pachyderma Peck. — Calvatia pachyderma 
Lloyd. 



6iacomelli.— EL géneko dryocampa 79 

50BRE EL GÉNERO DRYOC/tMPfi H^RRIS 
= ^n¡$ota, Hucbn. 

POR EL 

Dr. Eugenio GlACOnELLI 

(La Rioja, R. A.) 



El género Dryocampa Hakkis, incluido por Burmeis- 
ter en la fara. Ceratocampidae (Ceratocampiclae et Adelo- 
cepbalidae Boisd.), y que figuraría mejor en Adelocepliali- 
dae a mi modo de ver, parece aún ser poco estudiado. Por 
eso resumiendo brevemente lo que se conoce sobre las es- 
pecies argentiiuis en él incluidas, damos a continuación 
los apuntes que son objeto de este estudio. 

1.*^ La especie que ha servido de base para el estudio 
de las demás especies argentinas es el Dri/ocamjja bilinea- 
ta BuKM. (Descr. Physique de la R. Argentine, T. V. Le- 
pidopt. y Atlas, y siendo dicha figura según datos segu- 
ros fiel, relativamente al ;< iipo^, la especie bUineata debe 
ser uniforme de coloración, sin manchas de ningima clase. 
Así me lo comunicó mi estimado amigo el Lng." Sr. Carlos 
Lizer, que gentilmente se encargó en B. Aires, de la com- 
paración y estudio de dicho tipo y figura y ejemplares 
de aquí enviados (La Rioja, E. A.) 

2.0 Sucesivamente han sido descubiertas varias espe- 
cies más del mismo género. La más parecida a bilineata, 
sino es una forma o variedad de la misma es Bryocampja 
^ormosa Dognix, que se diferencia de la D. biUneata 
principalmente por tener el abdomen rosado superiormen- 
te y por tener las alas más o menos salpicadas de átomos 
negruzcos. En las ? 2 muchos más raras que los $ $ pre- 
domina el blanco, los átomos parecen escasear, el abdó- 



80 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

raen es blanco superiormente, pero vestigialmente tenido 
de rosado en los dos o tres primeros anillos; su tamaño es 
bastante más grande. Los $ $ parecen ser sumamente 
variables de coloración; las alas del 1.®'' par son a veces 
inmaculadas, excepto en la raza característica que las 
atraviesa oblicuamente, otras veces son cubiertas de áto- 
mos en mayor o menor cantidad hasta ponerse casi ne- 
gruzcas en algunos ejemplares fuertemente salpicados, y 
a estos se reñere la que yo describí en «Anales de la Soc. 
Cien tí f, Argent., T. LXXII, pág. 19 como Bryocampa hi- 
lineata Bukm. s forma atomosa Giac. En D.formosa las 
alas del 2.° par son más variables aún y su coloración 
pasa desde el blanco casi puro al blanco rosado y hasta al 
gris, además están o nó cubiertas de mayor o menor can- 
tidad de átomos negruzcos, según los individuos. La colo- 
ración del abdomen es también muy variable y aunque 
en general es rosado, este color es más o menos intenso, 
y en dos ejemplares muy singulares de mi colección, que 
opino sean meras aberraciones individuales y no especie 
distinta, la coloración del abdomen es rojo vinoso negruz- 
co, casi negro en uno, amarillo ocráceo claro en otro; difí- 
cilmente se encontrará, creo, una especie más variable que 
la que acabamos de citar, sobre todo en la superficie su- 
perior de las alas; los ejemplares anómalos citados quizá 
sean objeto de una descripción especial. 

S.*^ Otra especie es DryocanijM inversa Giac. 

Esta especie, descrita en el trabajo citado, y de la 
cual sólo se conocen los í í , es a mi modo de ver com- 
pletamente distinta ({& formosa y de las demás: una ver- 
dadera «bona species» a mi juicio. Se distingue fácilmente 
de todas por el fondo obscuro con una raya blanca en las 
alas del 1.*"" par (pág. sup.), lo cual dio lugar al nombre 
que le apliqué de inversa por ser su coloración la de hili- 
neata y de formosa, pero invertida. Es especie rara relati- 
vamente a \a /ormosa, pues de esta última se hallan buena 
cantidad de ejemplares. 

A esta especie he referido una forma especial que 
denominé: inverso atomosa Giac. que le es análoga pero 
que pudiera resultar o ser considerada como especie dis- 
tinta. Difiere de inversa en tener además de todos los ca- 



6iacomelli. — EL génkho duyocampa 81 

racteres de colornción de ésta, las nervaduras del l.'''"par 
de alas marcadamente rosadas y por tener todas las alas 
a la superficie superior e inferior salpicadas de átomos 
negruzcos, análogamente a forraosa; parece un conjunto 
deforniosa e inversa, casi diríamos un híbrido de ambos. 
De esta rarísima forma solo se ha encontrado un ejem- 
plar ? , descrito en el trabajo citado y perteneciente a la 
colección del Sr. A. Carreras, cuyo «//j^o» creemos conser- 
ve todavía. 

La última especie que conocemos de las Dryccampa 
argentinas es Dr y acampa Floresi Giac, que encontró el 
Sr. Flores, en Estación Mollecito (Provincia de C'atamar- 
ca) en tres ejemplares, 2 de los cuales conservo y uno fué 
enviado a Francia a Mr. Doguin, que lo conserva en su 
colección y posee además otro de Santiago del Estero. 
Esta rara especie es inconfundible con las otras y la más 
característica de todas, pues su color es giisáceo rosado, 
casi isabelino claro en la superficie superior de las alas, 
cubierto de finos átomos negruzcos. No se conoce 
la ? . Esta especie la describí en <í Algunas novedades de 
lepidopterolo(jki arqenünay' (Anales del Museo Nacional 
de B. Aires." T. XXVII, pág. 359). 



REV. cu. «IST. NAT. ["M\ ¡ (6) 



REVISTA CHILKNA UE HISTOKIA fsATlT.AL 



G^LERl^ DE N/tTUR«Ll$T«5 DE CHILE 

ron EL 
Prof. Dr. Carlos E. PORTER 

Catedrático de ZoologU general y Enlomologia Aplicada del Instituto Agronómico de Chile 



XXVI— El Di'. Vicente IZQUIERDO S. 

Es para nosotros muy placentero, al continuar la pu- 
blicación de la «Galería de Naturalistas de Chile?, honrar 
el volumen de las Bodas de Plata de nuestra querida Re- 




vista, insertando el retrato y algunos datos bibliográfi- 
cos del eminente Dr. don Vicente Izquierdo Sanfuentes, 
ex-profesor de Histología Normal y ex-Decano de la 
Facultad de Medicina de la Universidad de C'hile. 

Es el doctor Izquierdo uno de los sabios más distin- 



Porten.— (íalería de nati;i;ali.sta.s d'í 'jhile 88 

gnirlos de este pnís, siendo desdo hace años acreedor al 
carino y respeto de todos los cultivadores de la ciencia. 

El Dr. Izquierdo, nacidoen Santiago, en Dic. de 1850, 
se distinguió desde muy joven por su amor al estudio, 
que jamás ha abandonado. 

C'iirsó las Humanidades en el Instituto Nacional. 

Trasladóse enseguida a Europa y estudió Medicina 
en Estranburgo donde se recibió de Médico práctico. Se 
dedicó alhi muy ej^pecialmente a la Histología, y fué 
en este ramo aventajado discípulo de KA^'V1EK en Fran- 
cia y de His y Waldeyek en Alemania. 

La ciencia le debe algunos descubrimientos como ser 
los de algunas terminaciones nerviosas sensitivas de la 
córnea de los mamíferos y en la lengua de las aves acuá- 
ticas. Precisamente sobre este tema versa su Memoria 
para graduarse en Alemania. 

Siguió también el curso de Zoología del famoso pro- 
fesor LeuckaPvT. — A su arribo a Chile, continuó sus es- 
tudios médicos y se tituló en nuestro país. 

Posee una magnífica colección de insectos chilenos, 
compuesta principalmente de Lepidópteros, casi todos ca- 
zados por él mismo o desarrollados en su Laboratorio. 

Fué el fundador de la enseñanza, en nuestra Escuela 
de Medicina, de lu Histología Normal y de la Técnica his- 
tológica. 

Después de enseñar con brillo duranttí 25 años dichos 
ramos y desempeñando el elevado cargo de Decano de la 
Facultad de Medicina, presentó su renuncia a consecuen- 
cia de una grave afección a la vista, la que le fué aceptada 
enviándosele, con tal motivo, una honrosa comunicación 
por el señor Ministro de Instrucción Pública, la que trans- 
cribimos en esta mistna Revista, año XVII (1913), págs. 
296-297. Hizo igual cosa el H. Consejo de Instrucción 
Pública. 

El mismo año el Gobierno Italiano le concedía una 
valiosa condecoración: la Orden de la Corona de Italia. 

Los trabajos que conocemos del Dr. Izquierdo relati- 
vo.s a las ciencias naturales, son los que anotamos a con- 
tinuación, según las fichas correspondientes a diversos 
capítulos de nuestra obra «Ensayo de una Bibliografía 
C-hilena de Historia Xatural?. 



84 HKVISTA CHILENA UK III.STOKIA NATLHAL 

PROTOZOOS. Sobre estos seres ha publicado el li- 
bro siguiente: 

Ensayo sobre los Protozoos de las ag-iias dulces de Chile 

1 tomo en 8.", de 228 pátts, ilustrado con \i láminas. Santiago do 
Chile, imprenta Cervantes, Bandera 50. — 1906. 

Es este el primer trabajo sistemático sobre Protozoos publicado en 
el país _v— honroso para Chile — escrito porim sabio chileno. 

Se editó como volumen anexo a los Anales de la riiiicrsidad el t.° 
de Febrero de 1906. 

Después de la Advertencia y de una interesante introducción, el au- 
tor entra a la parte sistemática de su trabajo, en la que describo los nu- 
merosos Protozoos observados por él. 

Las especies, minuciosamente descritas, llevan dentro de cada gé- 
nero sólo números de orden, v. gr.; Pefalomonas nñin. 1. Petalnnionas 
nínn. 2. etc.: sin embargo, en algunos casos están las mismas especies 
numeradas, identificadas a especies bien conocidas como p. ej.: Liono- 
tns nú ni. 1 (=L. ancerj. Colpoda núni. 1(^=0. cucnllus). etc. 

El trabajo del Dr. Izquierdo es del tipo de los llamados a desper- 
tar interés por el estudio de un grupo tan importante del reino animal. 

Sobre HISTOLOGÍA existen va dos ediciones del: 

Curso de Histología Normal, editado jior nuestro amigo el Dr. Cé- 
sar E. ZiLLERUEi.o. La primera ed., de...págs.. Santiago de Chile. 1904. 
La segunda ed.. de 480 págs.. con 25 lánis.. Santiago de Chile. 1912. 

Los Leucocitos normales, en la sani^re, linfa y en los tejidos. En 
«Eev. Médica de Chile», año XL. X» 9. Sept'. 1912. Eu las págs. 
323-338. 

Es una conferencia dada en la Sociedad Médica de Chile, en la 
que el autor se ocupa del estado actual de la cuestión. 

Sobre INSECTOS, tenemos anotado, en el volumen 
pertinente de nuestro mencionado Ensayo a, lo que co- 
piamos enseguida: 

Notas sobre Lepidópteros de Chile. Con 4 láminas. 

i Anales de la Universidad» de Chile. Tomo XC (1895). págs. 783- 
835. 

Después de importantes notas sobre la literatura lepidopteroló- 
gica de Chile y de poner de manifiesto la necesidad que hay. para 
el cabal conocimiento de los géneros y especies, de conocer la vida 
de la mariposa en sus diferentes fases (metamorfosis) viejie una mo- 
nografía del género Hyperchiria. de Hübner. Eu seguida trata de 
las siguientes especies, en las págs. que se expresan: 

Heliochroma leucotea-Mol 803 

Pyrgus americanus-Blanch 806 

Epiuephele coctei-Guér 810 

Plusia virsula-Blanch 812 



Porfer. — GALERÍA de naturalistas de chile 85 



Dry inania pica-Butl 814 

Oufax gnonia-Bntl. 815 

Apieia valdiviana-Butl 81(5 

Phibalapterix edna-Butl 818 

Edmoíulsia svpnoides-Biitl 825 

Euptoiota hoitensia-Bl 826 

Hypoeliroma Edmoiídsii-Butl 829 

Pliisia Tin, Giienée 829 

Careerocepbahis flovomaculatiis-Bl 830 

Pyrameis carye-Hübn ... 832 

De la níayor parte de estas es})ec¡es sólo se ocupa de describir 
los huevos, larvas y crisálidas, que hasta entonces no habían sido 
estudiados. 

Son interesantes las particularidades que el autor ha dado a co- 
nocer respecto a la estructura de la membrana extei'na del huevo 
de las Hyperchirias. 

Eu este trabajo el Dr. Izquierdo crea el nuevo íjénero Xcocerco- 
phaua (p;lg. 818) para una especie encontrada por dicho lepidojitero- 
logista en Chillan y Araucanía. En Enero de 1894 trajo doce capu- 
llos de los cuales salieron, hacia fines de Abril y fines de Mayo del 
mismo año sólo dos ejemplares, uu macho y una hembra y sobre los 
que ha hecho la descripcióu minuciosa de la especie nueva que de- 
dica al Dr. Philippi. 

Sobre los líquidos arrojados por los insectos para defenderse 
de sus enemigos. 

Actes de la Sociétc Scii'ufifiqíie du Chili. Tomo V (1895). pác-s. 
257-261. 

En esta interesante comunicación el distinguido ex-catedrático de 
Histología rí^ormal de nuestra Universidad se ocupa especialmente de 
los líquidos arrojados por los coleópteros como medio de defensa, a 
propósito de una comunicación hecha a la Sociedad " Científica de 
Chile, hacia fines de 1894, por C. E. Porter (*|. 

Eecordaraos haber visto alguna vez im estudio sobre 
la verruga peruana, pero aquí sólo nos corresponde men- 
cionar los trabajos relativos a la Historia Natural. 

El Dr. Izquierdo ha tenido a bien honrar el presen- 
te tomo de nuestra Revista, cediéndonos las primicias de 
dos estudios sobre Entomología, cuyos originales pronto 
nos remitirá: el primero versará sobre la puesta del Er'w- 
campoides limacína y el otro sobre Biología de la Folythij- 
sana Ednionchi, según nos lo hizo saber al recibir nuestra 
invitación. 

Santiago de Chile, 4 de Abril de 1921. 



(^•) Carlos E. Pouter. Sobre el líquido (jite. como medio de defensa, 
emiten algunos insectos: Obsei'vaciones en algunos coleópteros chilenos. 
«Actes de la Soc. Se. du Chili», tome IV (4'"*'. année) 1894, i)p. 217 
y sigtes. 



8() ItliVISTA CHILliJNA DE HhSTOUlA XATlÜtAL 



^NTEBRííZO DEL C^iBíiLLO 

POR EL 

Dr. V;íctor n. ARROYO 

Profesor de la Escuela de Medicina Veterinaria. 



«Santiar/o de Ch'dc, Abril 76* de 1931. 

«Señor 

Doctor Carlos E. Porter 

Presente. 

«Mi distinguido amigo: 

« Disponiendo, entro los huesos que estoy coleccio- 
nando para el Museo de Anatomía (en formación) de la 
Escuela de Medicina Veterinaria, de dos antebrazos de 
caballo, ejemplares poco comunes, remítele las fotogra- 
fías respectivas por si las cree de utilidad, más la de 
otro que se observa generalmente a los efectos compa- 
« rativos. 

« En los animales domésticos, como el caballo, en 
'i los cuales los miembros anteriores son empleados ex- 
« elusivamente como órganos de sustentación y locomo- 
« ción, el cubito se suelda al radio (por sinostosis) y su 
« parte mediana perdiendo todo rol funcional, se va atro- 
« fiando, abortando la parte inferior de su diáfisis como 
« se puede observar en la Fot. III-4. 

'< La epífisis inferior del cubito se encuentra for- 
« mando la tuberosidad externa de la epífisis inferior del 
« radio (Fot. 1-2), demostrándolo el hecho que, en el de- 
'< sarroUo de éste, dicha tuberosidad se desarrolla por un 



(*) Considerando el interés que, para los que se ocupan de estos 
asuntos, puede tener la carta v fotografías que hemos recibido del 
Dr. Arrojo, las reproducimos en este volumen de nuestra Revista. — 
La Redacción. 



Arroyo.— ANTEBRAZO del caballo 



87 



núcleo (]e osificación particular y que se observa en el 
primer mes de la vida. 

« En las fotografías I y II, se vé la parte inferior de 
la diáfisis del cubito (abortada en la Fot. III-4) for- 




Fig. 3. — Antebrazo del caballo. 



« mando una segunda arcada radio-cubital en 1 y libre 

« en o. 

« Estos ejemplares me sugieren la hipótesis que, los 

« antepasados del caballo que habitaron escalonados des- 

« de el eoceno inferior al plioceno (Eohippe, Oroliippe, 

« Mesohippe, Miohippe, Protohipe y el Pliohipe) los 

« cuales disponían de cinco dedos (con rudimento de 



88 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

« pulgar), cuatro, tres, dos, etc., hasta llegar al género 

« Equus, ha3'au tenido el cubito separado del radio y de 

« un largo igual; conformación que le habría permitido 

« al radio efectuar un movimiento de rotación (más o me- 

« nos limitado) sobre el cubito y por consiguiente la su- 

« pinación, empleando el miembro anterior como órgano 

« de prehensión, requerido por las necesidades de la lu- 

« cha por la vida. 

« En la filojenia de la especie, tal conformación os- 
« teológica del cubito y radio, se habría modifícado por 
<í: la adaptación llegando a la atrofia que hoy observamos. 

« Sin otro motivo me es grato saludarlo muy atte. 
« como su affmo. amigo y S.S. 

Y. M. Arroyo K 



OliOer. — PALEONTOLOGÍA CHILENA 89 



Contribución a la Falcontolo^ía Chilena, 
apuntes sobre el Cimolia^aurus ^ndiun, Deecke 

POU 

Carlos OLIUER 5CHNEIDER 

Conservador del Museo de Historia Natural de Concepción 



Los estudios de Deecke lian revelado la existencia 
de dos saurios en la formación cretácea, (Senouiano supe- 
rior), de la isla Quiriquina, uno de ellos, el Pliosaurus 
chileusis, Gervais (1), y el otro, el Cimoliasaurus And'mm, 
fundado por Deecke. lie tenido oportunidad de estudiar 
uuos restos fósiles de la misma isla y que corresponden a 
la iiltima especie nombrada, un sauroterigio muy poco co- 
nocido y cuya descripción original, basada en algunas 
vértebras y huesos, creo yo poder ampliar, confirmando 
la citada especie y dando a conocer una nueva pieza, un 
diente, al propio tiempo que algunas observaciones y 
comentarios que me han sugerido el estudio del material 
conocido. 

A modo de antecedentes aprovecho esta ocasión para 
anotar algunos datos relativos a la historia de esta es- 
pecie. 

Los primeros huesos que sirvieron de base al estudio 
del C. Audium, fueron colectados en la Quiriquina por al- 
gunos viajeros alemanes que los llevaron al Museo del 
Gran Ducado de Oldemburgo. Otro colector, el Dr. Gart- 
ner, cirujano de la corbeta de guerra Moltke, durante la 
estadía de su buque en la Bahía de Concepción, estrajo 
nuevos restos en la isla, los que en 1880 fueron deposita- 
dos en el Museo Mineralógico de Iviel. 

Posteriormente, en 1883, el geólogo Dr. Gustavo 
Steinmann, en una exploración que realizó en la isla, ob-. 



(1) Sinoiiini: Plessiosaurus chilensis, Gerv. 



90 KKVlSTA CHILENA DE HI.STOUIA NATURAL 

tuvo junto con un copioso material de invertebrados fósi- 
les, unos restos de saurios que se guardan en el Instituto 
Paleontológico de Estrasburgo. 

Todo este material fué estudiado por el especialista 
Prof. W. Deecke, de Greifswald, en un trabajo publicado 
en 1895 (2), que determinó en él las dos especies ante- 
riormente citadas y que corresponden a la familia de los 
plesiosaurios. La primera es la descripta por Paul Gervais, 
en la Zoología de Gay (3), como correspondieuta al pro- 
pio género Plesiosaurus, de Conybeare; y la segunda crea- 
da entonces, es a la que me refiero. 

El género Cimoliasaurus fué creado por Leidy y re- 
visado por Lydekker, quien agrupó en él, una serie de 
especies antes conocidas por Orophasaurus, de Cope; 
Mauisaurus, de Héctor; Brimosaurus, de Leidy, etc., to- 
dos correspondientes al cretáceo y jurásico superior de 
América, Europa, Australia y Xueva Zelandia. 

Las características principales consisten en tener el 
cráneo relativamente chico, el cuello muy largo, los dien- 
tes cortos y romos. La cintura escapular compuesta de un 
hueso coracoide y una escápula, las vértebras cervicales, 
pequeñas las primeras y de forma elíj)tica las del medio, 
todas escavadas ligeramente en su centro. El húmero es 
más largo y más fuerte que el fémur. 

Los restos descriptos por Deecke son trece vérte- 
bras cervicales, de las cuales ocho corresponden a las de- 
lanteras, tres a las centrales y una a las posteriores; una 
vértebra dorsal y una caudal, el húmero, costillas y hue- 
sos del pie. 

En las láminas que acompañan a su estudio da a co- 
nocer gráficamente el atlas, el axis, una vértebra cervical 
vista desde el costado, el húmero, una vértebra cervical 
vista desde arriba, tres vértebras cervicales centrales, dos 
vértebras cervicales posteriores, una vértebra caudal, apó- 
fisis de una vértebra caudal y un fragmento de una cos- 
tilla dudosa. 



(2) Ueber Sanrierreste aiis den Qiiirifj/iifiaSchichten.Proí.W. Deecke, 
in Beitrage ziir Geologie and Paleontologie von Siulainerika von Gr. 
Steimnann. Xeue Jahrb für Miner 18í»5. Beil Baiul. 10. p. 32-63. Tab. t.3. 

(3) Claudio Gav. Historia Física v Política de Cliile. Tomo II, pág. 
130-136. Año 1858,"^ I con. Atlas, tomo lí. Lára. Herp. I-II. 



OliVer.— PALláONTÜLOCilA CHILKNA 91 

Las características del material más importantes sou 
la siguientes: 

Vértebras cervicales. — El Prof. Deecke divide, para 
su estudio, las vértebras cervicales en tres grupos: delan- 
teras, centrales y posteriores. 

Las delanteras en el material que estudió consisten 
en ocho vértebras, incrustadas en una colpa, que mide 
340 mm. «más o menos >,, pues el axis que es una de ellas, 
está quebrado en la mitad. El atlas es semejante, «en sen- 
tido relativo», al del Polyptichodou, dibujado en la obra 
de Owen. (4), formando en este caso los prezigaposis (5), 
del canal neural, una proominencia obtusa, el axis co- 
rresponde igualmente a ¡a citada especie de Owen. La 
tercera vértebra es de forma cilindrica y su plano de ar- 
ticulación tiene un perfil casi circular; sus dimensiones 
son: 30 mm. de largo y 35 mm. de ancho y la vertebra 
siguiente, o sea la cuarta, aumenta únicamente su di- 
mensión en la parte trasera, aumento progresivo que con- 
tinúa en la quinta y sexta, siendo en esta el canal neural 
más hondo y al mismo tiempo, más angosto; su tamaño es 
mayor, el largo alcanza a 35 mm. y el ancho a 40 mm., 
tomando una forma general cónica abastante pronuncia- 
da ». En la séptima y octava vértebra se deja notar, en 
los arcos superiores, que mientras los prezigapofisis están 
apenas marcados, los poszigapofisis, tiene un desarrollo 
notable sobre el borde delantero de las vértebras si- 
guientes. Sus largos aumentan proporcionalmente, la 
séptima a 40 mm. y la octava a 43 mm , el ancho de 
ambas es 45 mm. 

Las vértebras cervicales del centro se diferencian de 
las delanteras, en que los planos de articulación son más 
afilados. De las tres que estudió y considerando sus di- 
mensiones, cuyos largos alcanzan a 59 mm. en la primera, 
y 53 mm. en la última, deduce Deecke, que la prime- 



(4) R. Owen. Monograph of tUe Brit. Reptil, of the Mesozoic For- 
luat. 1874. 

(5) Para los lectore-s poco forailiarizados con la anatomía compa- 
rada indico el significado del término zigapofísis (Ziga-yngs. apófisis- 
eminencia). Corresponde a lo qne en Anatomía hnmana llamamos 
apófisis articulares. Las ascendentes equivalen a los prezigapofisis y 
los descendentes a los postzigapofisis. 



92 REVISTA CHILKXA DIí UISTíJRIA .NATl'llAI. 

ra debe corresponder a la décima tercia vértebra cer- 
vical. 

Las vértebras cervicales posteriores, de las cuales ha 
examinado dos y que por el tamaño, largo 62 mrn., an- 
cho 102 mm. y alto de 85 rara, «raás o menos», supone que 
correspondan a las primeras de esta serie, tienen sus pla- 
nos de articulación poco escavados y de contornos elípti- 
cos, carácter genérico de los C'iraoliasaurus. 

Vértebras dorsales. — En esta categoría de vértebras 
sólo estudió una, cuyo largo alcanzaba a 70 mm., y ancho 
a 78 mm. con un alto de 89 rara. La apófisis espinosa fuer- 
teraente comprimido lateralmente, y sus bordes, el poste- 
rior casi recto y arqueado el anterior. 

Costillas. — Estudió escasos fragmentos, de los cuales 
deduce que debieron tener sus cabezas de articulación en 
forraa redouda, que las correspondientes al pecho y región 
abdoraiual eran largas y de sección circular, siendo ro- 
bustas y provistas de un surco largo, que recuerda al Ple- 
siosaurus crassicostatus, Hec. y al P. australis, Ow. (Aus- 
tralia y Xueva Zelandia). Sus dimensiones. <'raás o me- 
nos», alcanzan a 20 rara. 

Fuera de este material, describe Deecke, una vérte- 
bra cervical, suelta, que no coincide con las anteriores, a 
que se refiere y, sin embargo, es de Ciraoliasaurus, por 
características y por tener semejanza con restos norte- 
americanos, descriptos por Leidy y con las formas de 
Waipara i3eds, en Xueva Zelandia. Por sus dimensiones 
y formas propias, es desconcertante en el conjunto estu- 
diado por el profesor alemán. 

Las raedidas dadas por Deecke son: largo 45 rara, 
altura mayor 51 rara., altura raenor 48 ram. y ancho 
68 rara. 

Correspondería a una especie diferente, a un ejera- 
plar de otro sexo o de diferente desarrollo? 

En el material que he tenido a mi disposición existe 
una igual, de mayor tamaño, a la que me referiré más 
abajo. 

Hecho este resumen de las descripciones del . mate- 
rial estudiado por Deecke y que le sirvió para fundar 



Oliüer. — PAKKOXTOI.OGÍA (CHILENA 



m 



esta especie, resuinen que he creído necesario para mayor 
compreusióu, entro a la descripción de dos piezas que 
forman parte de la colección Paleontológica del Museo de 
Concepción. 

El diente a que me refiero (N.« 18.723,1. C-ol. Mus. 
Con.) y que estimo debe corresponder a la mandíbula su- 
perior, es de forma cónica, de color negro brillante, de 
superficie accidentada, con estrias levemente profundas, 
diri<>idas longitudinalmente, sinuosas y sin guardar igual- 
dad de distancias. 

Es largo, grueso y un tanto encorvado, terminando en 
una punta redondeada, roma. 

Sus medidas son: 

Longitud 55 mm. 

Diámetro basal 15 mm . 

Diámetro antero posterior 21 mm. 

Diámetro transversal 16 mm. 

Su sección es triangular, pero con los ángulos redon- 
deados y los lados un tanto convexos. El borde anterior 
presenta señales de desgaste, que por su forma^ las atribu- 




¥íg. i. a. "Veitebia cervical posterior, vista de costado, mos- 
trando el plano de articulación, de contorno elíptico y un 
poco escavado. 
b. Diente mostrando su cara anterior, las estrias lonjitiuli- 
nales y la punta roma. (Fot. Dr. A. Santa Cruz). 



yo al desgaste natural de su uso. La cara posterior pre- 
senta una superficie rugosa, iguabnente la lateral izquier- 
da que muestra cerca de su cúspide, una depresión notable. 



94 IJEVISTA CHILENA DE HISTORIA NATLHAI- 



Este diente coincide con los caracteres propios del 
género, que señala Zittel en su conocido manual. (6) 

El sabio Dr. Philippi, en su obra sobre los Fósiles 
Terciarios y Cuartarios de Chile, al referirse al Pliosaurus 
chilensis, de Ger. describe, expresando sus dudas, dos dien- 
tes que por sus caracteres, y esto ya lo ha dicho el geólo- 
go Dr. Brüggeu, no corresponden al cit;ido animal. El 
diente que he descrito y figurado en el presente trabajo, 
es, que yo sepa, el único que se ha encontrado en la isbi 
Uuiriquiíui y el primero que se da a conocer. Ratifica por 
su característica, la especie fundada por Deecke. 

Vértebra cervical. — Igual a la vértebra cervical dudo- 
sa del estudio do Deecke, posee el M. O. (X.» 18.723,2) 
una vértebra mucho mayor, como lo revelan sus medidas: 

Largo 70 mm. 

Alto mayor 105 mm. 

Alto menor 96 mm. 

Ancho 151 mm. 

Es de color negro brillante, sus planos de articulación 
un tanto escavados. Estos son simétricos, la cara superior 
presenta una sinuosidad central, profunda, en la que se 
encuentran situados dos agujeros, separados por una cres- 
ta angosta. Quedan en ella también indicios de la existen- 
cia de las apófisis espinosa. Miden de largo 27 mm. Las 
caras lateraK'S son convexas y redondeadas. La cara ven- 
tral presenta también dos agujeros, siendo igualmente de 
superficie sinuosa, en sus extremos estí'ui también los indi- 
cios de las apófisis transversas quebradas. Los planos de 
articulación, de forma elíptica, son escavados y en su cen- 
tro presentan una pequeña eminencia, las aristas son sa- 
lientes y robustas. 

En síntesis tenemos comprobaba la existencia en el 
terreno Seuoniano de la formación cretácea de la isla Qui- 
riquina, la existencia del Cimoliasaurus Andium, Deek. 

Por el análisis de las medidas y descripciones dadas 
por este autor y a pesar de afirmar este, basado en su ob- 
servación «de en todas las vértebras los arcos ueurales 
están muy unidos con su centro; que «el animal no esjo- 

(tí) Karl. Zittel. Handbuoh der Paleozoologie. Miinchon 188)]. 



O'liuer. — l'ALEONTOLOliÍA CHILENA 95 

ven>, estimo en comparación con las piezas que he dis- 
puesto, que los restos estudiados por el profesor Deecke, 
corresponden a un animal no del todo desarrollado, como 




Fig'. 5. a. Vértebra cervical ])Osterior, vista desde abajo, mos- 
trando la cara ventral, sus dos agujeros y los vestigios 
de las apófisis transversas, queliradas. 
b. Diente mostrando su cara posterior, do superficie rugosa 
_v dejando ver la depresión de la cara izquierda. (Fot. 
Dr. A. Santa Cruz). 

se puede ver ¡)or el estudio comparativo de las dimensio- 
nes anotadas. 

En la posibilidad de poder hacer un estudio más de- 
tenido y basado en mayor material, dejo paia otra ocasión, 
algunas observaciones más, acerca de esta curiosa especie 
de reptil, que hace miles de anos constituía en los mares 
del cretáceo de esta zona uno de los animales más voraces 
y feroces, de gran tamaño y ágil nadador, debió con su 
largo cuello dar alcance a los peces y tal vez sostener lu- 
chas encarnizadas con otras especies de su categoría. De- 
bo, ti'.ial mente, dejar constancia de la cooperación prestada 
para la realización de este trabajo^ por el señor I)r. Alci- 
bíades Santa Cruz, que obtuvo las fotografías que ilustran 
estas páginas y del Prof. Dr. Johaues Bruggen, que gen- 
tilmente me prestó la bibliografía necesaria, sin la cual, 
tanto las piezas descriptas, como muchas otras que guar- 
dan la colección paleontológica del Museo de Concepción, 
no hubieran podido ser estudiadas. 

Laboratorio de Paleontología del Museo de Concepción. Dicbre. 1920. 



96 KEVl.STA CHILENA DE HISTÜUIA NATURAL 



L/Í5 C/íCT^CE^5 D£ MfNDOZ/i 



Renato SANZIN 

Profesor del Colegio Nacional y Escuela Nación?! de agricultura de Mendoza. 
Biólogo del Gobierno Provin ;¡al. 



Este estudio tiene por objeto completar y corregir 
otro mii\' breve trabajo anterior sobre el misrao asunto, 
que presenté en 1917 en la l.'^ Eeunión Nacioiuil de C'ien- 
cias Naturales, celebrada en Tucumán. (*) 

Además del gran desarrollo que ahora doy ala parte 
de texto, aprovecho, a solicitud del Prof. Porter, director 
de la «Revista Ch de Hist. Nat. », de ilustrarlo con 18 
figuras, todas originales. 

Las Cactáceas, en la flora Mendocina, constituyen una 
de las agrupaciones botánicas de mayor importancia. 

EUas, en efecto, no sólo presentan una admirable 
adaptación al medio ambiente, es decir a un clima muy 
cálido y seco, sino que imprimen, desde el llano hasta la 
alta Cordillera, un aspecto muy característico a la flora 
regional. 

En los alrededores mismos de la Capital se pueden 
observar ciertas especies en gran abundancia, como ser: 
El Cereus candicans de hermosas y grandes flores blancas 
fñ<¿. 6); el C. coeridescens de color azulado, muy ramoso y 
elegante (fig. 2); la Opuntia aoracantlia, la O. diademata y 
la O. sulphurea. Menos frecuentes: El Eclünocactus cata- 
marcejisis y la Echinopsis intricotiss'nna. 

En la cordillera abundan los Filocereus erythrocppha- 
lus, de forma columnar y flores rojas; la Opuntia ovala y 
O. aurantiaca. 



(*) Véase * Primera Rennióu Nacional de la Sociedad Argentina de 
Ciencias Xafurates" B. Aires, 1918-1919, ])ágs. 275-278. 



5anzm.— CACTÁCEAS ue .mknuuza 



97 



Otras especies son más raras o abuiidau solamente en 
ciertas regiones, como sucede con las Maihuenia, de dis- 
tribución geográfica muy limitada. 




Fisr. G. Cereus canclicans 



Una lierraosa especie de cactácea, que nt) pude deter- 
minar, y que quizás sea una nueya especie, es muy común 
en toda la Precordillera y se parece mucho, por su tama- 
ño y forma columnar al Pilocereiis erythroceplialus. Se dife- 
rencia, sin embargo, de esta última por sus fiores amarillas 
y parece ser. por sus espinas y areolas, más bien un Cerens. 
(Lám. Y, B.) 



UEV. CU. lll.ST. NAT. I!"l!ll 



(7> 



98 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

Las cactáceas mendocinas están representadas por los 
siguientes géneros: Cereus, con seis especies; Echinopsis, 
con cuatro, Echinocactus, con dos; 3Iaihuenia, con dos; 
Opuntia, con siete; Pilocereus y Pterocactus, con una espe- 
cie cada uno. Total de especies: veintitrés. 



Clave de los géneros 

I. Tallo no articulado, con o sin ramificaciones. 

Hojas nulas o escamosas. Faltan los agui- 
jones gloquideos. 

A. Tronco alargado, anguloso o con crestas 

longitudinales. 

a. Aréolas cortamente borrosas. Borra no 
persistente. Involucro ñoral casi siem- 
pre largamente imbutiforme, raramen- 
te tubular 1. Cereus 

b. Aréolas largamente borrosas, espe- 

cialmente en la época de la floración 
íl cm. de alto) y revestidas de pelos. 
Involucro floral acampanado o imbu- 
tiforme 2. Pilocereus 

B. Tronco corto, globuloso o clavilbrme, 

a veces apenas columnar. 
a. Involucro floral que se desarrolla po- 
co a poco hasta alcanzar una longi- 
tud considerable 3. Eclúnopsis 

h. Involucro floral corto, en forma de 

taza o embudo 4 Echinocactus 

II. Tallo ramoso, en forma de césped bajo. 

Hojas aleznadas, bastante desarrolladas y 
siempre visibles. Areolas con espinas pe- 
ro sin aguijones gloquideos ó. Maihuen'm 

III. Tallo articulado. Hojas aleznadas, desarro- 
lladas sólo en la juventud, más tarde ca- 
ducas. Aréolas borrosas, con o sin espinas 
y con manojos de aguijones gloquideos 
delgados. 
A. Fruto carnoso; semilla con cascara grue- 
sa y dura 6'. Opuntia 



REV. CH. HIST. NAT,, Año XXV (1921) 




^A.— Cereiis coenileseiis 




B.— Cereiis sp. 



100 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

B. Fruto seco; capsular dehiscente; semilla 
ampliamente alada y de cascara delgada 
7. Pterocactiis 



I. Gen. CEREUS, mill. 



Las especies mendocinas de este género se conocen 
fácilmente por sus grandes flores, generalmente blancas, 
y por su forma alargada, sin ramificaciones, con excepción 
del Ccreus coerulescens. 



CLAVE DE LAS ESrÉCIES 



I. Especies verticales o más o menos verticales, 
como columnas. 
J. Brotes verdes, no papilosos. 

a. Sobre las aréolas se observa una im- 
presión en forma de V. o una línea 

horizontal J. lamprochhru^ 

b. Sobre las aréolas no existen impre- 
siones, 
o. Cuerpo delgado de un diámetro 
no superior a G cm. 
i. C'restas en número de 10-13. 
Espinas periféricas 8-1 y una 

sola central if. Spachianus 

ii. Crestas en número de 1518. 
Espinas periféricas 18-lG y 

centrales 4 3. strigosus 

00. Cuerpo grueso, de más de 6 cm. 
de diámetro. Crestas en núme- 
ro de 10 como máximo 4. candicans 

B. Brotes papilosos de color azul o gris.... 

;>. coerulescens 

II. Especies con el tronco erguido al principio 
y luego decumbentes. Flores de color ro- 
jo, ligeramente zigomorfas 6. Baumannii 



Sanzin. — cactáceas de Mendoza 



101 



1. C. lamprochloriis Lem. (Fig. 7). 

Schumann, Gesamtbeschreib, de Kakteen, p. 60. 
Svn.: C. niteus S. I). 




Fig'. 7. Cereus laniproclilorus 



Echinopsis laraprochlora Web. 

Especie en forma de columna, simple o apenas rami- 
ficada en la base. Crestas en número de 10-15, ob- 
tusas o subcrenadas; 11-14 espinas radiales, acicu- 
lares o subuladas; 4 espinas centrales; flores infun- 
dibuliformes con ovario escamoso lanuginoso. 

Bistribudón geoijráfica: C, BA., RN . 

C. Spachianus Le.m. 

Schumann, 1. c, p. 67. 

Especie en forma de columna a veces ramosa en la 
base, llegando a tener hasta 1 m. de alto por 5-6 
era. de diámetro. Crestas redondeadas, en número 
de 10-13; espinas radiales 8-10, aciculares; las cen- 
trales solitarias. Flores infundibuliformes de ovario 
escamoso, lanuginoso. 

Distribución geográfica: SJ., E, SL., 



102 



KKVISTA CHILENA 1)K HISTOÜIA XATIIÍAL 



3. O. strift-osns S. D. (Fig. 8). 
Schumanu. 1. c, p. 68. 
Syu.: C. myriüphyllus riill. 
C. intricatus S. I). 
Echiuocereus strigosus Eürapl. 
Ed forma de columna, muy ramoso en la base. Cres- 
tas en número de 15-18, poco desarrolladas, ob- 




P¡^. 8. 

tusas y apenas crenadas. Espinas radiales, acicula- 
res en número de 13-16; las centrales más desarro- 
lladas y en número de 4. Flores infuudibuliformes, 
grandes con ovprio escamoso, lanuginoso. 

Distribución r/por/ráfica: Chile, SJ. En Mendoza es 
muy com.ún en todos los terrenos pedregosos. 

Florece XI. 



C. candic.ins Gill. (Fig. 9). 
Schumanu. 1. c, p. 69. 
Syn.: C. gladiatus Lem. 

C. Montezumae Hort. 
^ Echinopsis aurata S. I). 
Echinocactus auratus Pfeiff. 
Especie en forma de columna, ramosa en la base. 
Crestas en número de 10, redondeadas, crenadas; 
11-14 espinas radiales, aciculares o subuladas y 



Sanzin.— CACTÁCEAS de mendoza 



103 



1-4 centrales. Flor iiifundibuliforme, escamosa, la- 
nugiuosa. 
Bistribnción geoffráfica: Chile, Cl., SJ., Ct., R. Muy 
común en todos los terrenos áridos de los alrede- 
dores de Mendoza. Florece XII. 




Piff. 9. 

5. C. coerulesceiis S. D. (Fig. 10). 
Schumann, 1. c, p. 121. 
Syn.: C. Landbeckii Phil. 
C. Mendory Hort. 

C. nigrispinus y C. melanacanthus Hort. 
Especie por lo general muy ramificada con 8 crestas 
obtusas, subsinuadas; 9-12 espinas radiales subu- 
lado-agudas, centrales 2-4 más largas. Flor infun- 
dibuliforme con ovario escamoso, glabro. 
Distribución geográfica: Toda la Eepública. Florece 
XII. 



104 



REVISTA CHILENA DE HISTOlUA NATURA), 




Fiar. 10 



6. C. Baunianiiii Lem. 
Schumann, 1. c, p. 133. 
Svu.: C. colubrinus Otto 



Sanzín.— CACTÁCEAS de mendoza 



105 



C. Twediei Hook. 
C. subtortuosus Ilort. 

En forma de columua, ramoso en la base, al princi- 
pio erguido y más tarde decumbente alcanzando 
1 m. de longitud por 1.5- 2,2 cm., de diámetro. 
14-16 crestas obtusas y poco marcadas con 15 20 
espinas subuladas de 1,5 a 2,5 cm. de largo. La 
flor es un hermoso color rojo algo cigomorfa, tu- 
bulosa con el ovario escamoso, lanugiuoso. '^' 

Distribución geográfica: Urug.. Parag., J., S., T., R., 
Sgo, Ct, SJ", SI, C. 

II. Gen. PILOCEREUSLem. 

En Mendoza una sola especie: 

7. P. erythrocephaliis K. Sch. (Fig. 11). 
Schumann, 1. c, p. 195. 
Syn.: Echinopsis rhodacantha S. D. 

Echinocactus rhodacauthus S. 1). 




Fig-. 11 



Especie brevemente columnar, sin ramificaciones y 
con 27 a 30 crestas obtusas; más de 30 espinas, rí- 
gidas en el centro y algo encorvadas, débiles y fie- 



106 KEVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



xuosas en la periferia. Floresi nfimdibulifbrmes con 
el ovario y el tubo escamoso laniiginoso. 
Distribución geográfica: SJ. 

III. Gen. ECHINOPSiS Zuce. 

Las especies de este género sé caracterizan especial- 
mente por su forma globulosa u ovoidal muy rara- 
mente cilindrica, y sin ramificaciones. Las flores 
son muy largas y angostas basta su parte superior 
en donde se ensanchan bruscamente. 

Clave de las especies: 
I. Una sola espina central o ninguna. 

A. Espinas periféricas encorvadas, tronco 

corto, esférico o ligeramente elipsoi- 
dal «S. leucantlia. 

B. Espinas periféricas rectas, tronco colum- 

nar 9, campyJacantha. 

IL Varias espinas centrales. 

A. Espinas centrales en número de 5-8, par- 

das en la base y de un hermoso co- 
lor rojo oscuro en la parte superior. 
Flores amarillas 10. formosa. 

B. Espinas centrales en número de 4-tí de 

las cuales 1-2 mayores. Flores blan- 
cas 11. intricatíssima 

;. E. leucaiitha Walp. (fig. 12). 
Schuraanu, 1. c, p. 240. 
Syn.: E. campylacantha Pfeiff. 
E. salpingophora Lem. 
E. polyacantha et stylosa Monv. 
E. Yacutulana Web. 
Echinocactus leucanthus Gilí. 
Cereus leucanthus Pfeiff. 



Banzin.— cactÁ( eas de Mendoza 



107 



EchÍDonyctanthus leucanthus Lem. 
Cereiis iuciirvispiniis Hort. 
Melocactus ambigiuis Hort. 




Fisr. 12 

Especie globosa o elipsoide, a veces apenas cilin- 
drica, de 14 crestas altas apenas sinuadas. Tiene 9-10 
espinas radicales más o menos curvas de color cas- 
taño pálido y las centrales solitarias y encorvadas 
hacia el ápice. Flores grandes, blancas, ligeramente 
rosadas. 

Distribución r/eográfica: SL., C, R. — No muy 
común en Mendoza. 



E. canipylacanth.a R. Mev. 
Schumann, I. c, p. 241. 
Syn.: E. salpingophora, Preinr. non Lem. 

Especie simple, cilindrica de color verde obscuro, 
con 1214 crestas no muy altas y apenas crenadas; 
espinas radiales T-S, rectas, subuladas y de color 
pardo claro, las centrales encorvadas en el medio con 



108 RFJVISTA CHILENA DIO III.STOKIA NATURAL 



la parte superior recta o apenas encorvada. Flores 
grandes blancas. 

Distribución geográfica: T., Sgo., S., C, SL. En 
Mendoza es muy rara esta especie. 



10. E. forniosa Jac. 

Schiimanu, 1. c, p. 244. 
Syn.: Echinocactus formosus Pfeiff. 
Melocactus Gilliesii Hort. 
Cereus Gilliesii Web. 
Elipsoide o brevemente cilindrica con 15-30 
crestas altas y apenas sinuadas; espinas radiales 11-13, 
encorvadas, blancas en la base y de color rojo en su 
parte superior; las centrales en número de 6-8 dis- 
puestas en varias series y con los ápices de color 
castaña. Flores pequeñas amarillas. 
IHstriJyución geográfica: Mendoza. 



11. E. intricatissima Speg. (fig. 13). 

Spegazzini, Cactac. Plat. Tentamen, p. 491. in An. 
Mus B. Aires. 

Especie subovada con 16 crestas casi semicilín- 
dricas, apenas sinuadas y dispuestas en forma casi 
espiral. Espinas radiales en número de 8-13, centra- 
les 4-6 de las cuales 1-2 más largas y bastante ar- 
queadas. Flores grandes, blancas. 

Distribución geográfica: En Mendoza. Bastante 
común en la llanura. 



IV. Gen. ECHIXOCAOTUft Lk. 



Se distingue a primera vista de los géneros afi- 
nes (Cereus, Echinopsis) por sus flores pequeñas y 
de involucro corto en forma de taza o embudo. Dos 
especies viven eñ Mendoza. 



Sanzin.— CAUTxicEAS ue mbndüza 



109 




Fiii'. 13. Ecliiuopsis ijitiicatissiniii 



C'LAVE DE LAS ESrECIES: 



I. Cuerpo globoso. Crestas interrumpidas, for- 

mando tubérculos confluentes. Espi- 
nas radiales pectinadas, las centrales 
faltan. Flores blancas 12. ScJiickendantzii 

II. Cuerpo, al principio elíptico, luego cilin- 

drico no muy alargado. Crestas no 
interrumpidas. Espinas radiales y 
centrales numerosas. Flores ama- 
rillas 18. cafamarcensis 



lio 



REVISTA CHILENA l)K HISTORIA XATl'UAL 



12. E. Schickeiulaiitzii Web. (fig. 14). 

Schiiraann, 1. c, [). 415. et Naclitr. p. 122. 
Syu.: E. liy[)tiacaüthum (Sanzin, Apuntes sobro C'act. 
Mendoza, non Lehin). 




Especie compriraido¡ij;lobosa con 7 crestas am- 
pliamente sinuadas y formando nnas especies de 
tubérculos confluentes de color verde obscuro. Espi- 
nas radiales en número de (3-7 dispuestas como dien- 
tes de peine; las centrales faltan. Flores blancas con 
el ovario escamoso y glabro. 

BistribucAun geográfica: Sgo., SL., C., K., C't. 
En Mendoza es poco frecuente y se halla de vez en 
cuando en los terrenos áridos arenosos de la llanura 
(Alto Verde) y de la Precordillera. Florece XII-I. 



13. E. catíiniarcensis SrEí^i. (tig. 15). 
Spegazziui, 1. c, p. 500. 
Syn.: E. Straussianus K. Schra. 

Brevemente cilindrico con lo crestas subobli- 
cuas, crenadas; espinas en número de 20 entre radia- 
les y centrales que se confunden, son gruesas, rectas 



Sanzin.— lACTÁcKAs de mbnuoza m 



y subuladas y de color rojizo. Flores no muy grandes, 
amarillas con el ovario escamoso y piloso. 




Fig-. 15 

Distribución fjeof/yájica: SJ., C^t., en Mendoza es 
muy común en las colinas pedregosas de los alrede- 
dores. Florece XI. 

V. Gen MAIHLIENIA Phil. 

Las especies de este género se distinguen fácil- 
mente por 8U ramiñcación en forma de césped bajo 
y extendido, y por carecer en absoluto de aguijones 
gloquideos. 

Clave üe las especies: 

I. Flores amarillas. Articulaciones con espi- 
nas hasta la base 14. Foeppiyii 

II. Flores rojas. Articulaciones con espinas 

solamente hacia los ápices... 15. bracliydelplujs 

14. M. Poeppigii Phil. 

Schumanu, 1. c, p. 755. 
Syn.: Peireskia Poeppigii Web. 
Opuntia Poeppigii Otto. 
O. Maihuen Eemy. 
Especie muy ramosa cespitosa, que ocupa exten- 
siones considerables; espinas en número de tres, la 



112 UEVl.STA CHILENA UE HlsToKlA XATLRAL 

central muy larga j subulada. Flores amarillas. El 
fruto una baya subclavada. 

Distribución geof/ráfica: Chile., Ohubut; en Men- 
doza ocupa grandes extensiones en la Cordillera 
Tutungato a unos 2,000 m. de altitud y se le conoce 
con el nombre de «Yerba del huanaco». 

15. M. brachydelphys K. Sch. 

Schumannii, 1. c, p. 756. 

Syn.: Opuntia brachydelphys K. Scli. 

Especie muy ramosa cespitosa con articulaciones cilin- 
dricas o subelípticas de base inerme. Espinas en 
número de tres; una larga central y dos cortas la- 
terales. Flores de color rojo. 

Distribución geográfica: Paso Cruz en la Cordillera 
de Mendoza (Otto Kuntze). 

YI. Geí^. OPUNTJA MiLL 

Se reconocen fácilmente las especies de este género 
por su cuerpo articulado y por la presencia de los 
aguijones gloquideos que llevan en las aréolas. 

De las numerosas especies conocidas (alrededor de 
140) 8 pertenecen a la ñora de Mendoza. 

Clave de las especies: 

I. Articulaciones de sección transversal cir- 
cular. 
^4. Articulaciones de un color gris caracte- 
rístico. 

a. Espinas rígidas, rectas IG. aoracaniha 

b. Espinas blancas, papiráceas o sin espi- 

nas 17. diademata 

B. Articulaciones verdes o rojizas, nunca de 
color gris. 
a. Espinas papiráceas o por lo menos muy 
flexibles y algo achatadas en la base. 



Sanzin.— CAt'TÁCEA.s dk ímendoza 113 



O. EspÍLas muy difusas, parduzcas, eu 
número de 2-4. Articulaciones ver- 
des 18. plati/acaníha 

00. Espinas muy claras eu la base y roji- 
zas eu los extremos, en número de 
2-5. Articulaciones purpurinas en 
los extremos. Forma céspedes tupi- 
dos y hemisféricos. En la alta Cor- 
dillera 19. andicola 

b. Espinas aleznadas, rígidas. 

0. Varias espinas cortas y una mucho más 

larga, delgada y cilindrica 20. lonf/isp'nia 

00. Espinas en número 7-8, desiguales, 

rígidas 21. ovata 



'O' 



11. Articulaciones achatadas y sección trans- 
versal elíptica. 

A. Articulaciones poco achatadas, pequeñas 

y alargadas. Flores auaraujadas 22. aurantiaca 

B. Articulaciones muy achatadas, grandes 

y ovaladas o circulares. Flores de 

color amarillo azufre 23. sulplmrea 

IG. O. aoracantha Lkm. (Fig. IG). 
Schumann, 1. c, p. G91. 
Syn.: O. ovata Píeiff. 
O. Gilliesii Otto 
Cereus ovatus Pfeiff. 
Tephrocactus aoracanthus Lem. 
Especie fruticosa, muy ramosa, pequeña, de un color 
verde-gris muy característico. Tiene articulaciones 
globosas o elipsoidales que llevan en cada aréola 
de 3 a 7 espinas subuladas, largas y duras. Flores 
blancas. 
Bistribución geográfica: SJ., R., Ct., J. En Mendoza 
es muy común en los cerros áridos de los alrede- 
dores de la capital. 



UEv. CU. nisT. nat. (I'J21) ■ (8) 



J14 KKVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 
i 




Fisr.. 16 



17. O. diadeiiiata Lem. (Fig. 17 
Schumann, 1. c, p. 692. 
Syn.: O. Turpinii Lem. 

O. papyracantha Phil. 

O. calva Lera. 

O. articulata Lk.? 



Sanzin.— CACTÁCEAS de mendoza 



115 



O. polymorpha Hort? 
Teplirocactus diadematus Lem. 
Cereus articulatus Pfeiff.? 




Fig. 17 



Pequeña especie friicticosa, cespitosa y muy ramiñ- 
cada de uu verde gris característico. Las articula- 
ciones globosas, a vec3s subcilíudricas. 

En Mendoza existen dos variedades: 

a) im'ywi>^ Speg. enteramente desprovista de espinas. 

bj o¡i(/ac(intlia Speg. con 1-2 espinas largas, papua 
ceas. 

Distribución r/eor/ráfica: SJ., R., Ct., S., J., Sgo. 



116 



RlfiVISTA CHILENA üü HISTORIA NATURAL 



18. O. platyacantha s. d. (Fig. 18). 
Schumann, 1. c, p. 693. 
Syn.: O. alpina Gilí. 

O. pelageiisis S-D. 

O. tuberosa Hort. 




Fig'. 18. Opuntia platyiU'antlia. 



Tephrocactus platyacanthus T;ern. 

Pequeña especio cespitosa-ramosa coa articulaciones 
elipsoidales o subclavadas. Lleva en cada aréola de 
2 a 4 espinas anchas papiráceas, rígidas. 

Distribnción (jeográfica: Cliile, Pat 



19. 0. andícola Pfeiff. 

Sídiumann, 1. c, p. 693. 
Syn.: O. glomerata Haw.? 
O. liorizontalis Gilí. 
(). papyracantlia Hort. 
Tephrocactus andícola Lem. 
Pequeña planta cespitosa con las articulaciones ver- 
des en la base y rojiza en los extremos, de forma 



Sanzin.— 'CACTÁCEAS dio Mendoza 



ir 



cilindrico clavada o elipsoidal. Tiene en cada aréo- 
la 1 ó 2 espinas largas papiráceas y a veces otras 
3 ó 5 más. 
Distr'ihucmi geográfica: Chile. En Mendoza se en- 
cuentra no con mucha frecuencia a grandes altu- 
ras en la Cordillera, formando unos céspedes tupi- 
dos y hemisféricos característicos. Florece XI-XII. 

20. O. loiigispina Haw. 

Gay, «Flora Chilena», T. III, p, 28. 

Especie con articulaciones cilindricas, algo comprimi- 
das, con espinas rojizas, cortas, de las cuales una 
más larga, cilindrica y delgada. 

No la he visto. 

21. 0. ovata Pfeiff. (Fig. 19). 
Schuraann, l.c, p. 696. 
Syn.: O. ovoides Lem. 

Cactus ovoides Lem. 




Fisr. 19. Opiuitia Ovata. 



Fiíí". 20. O. aiiraiitiaca. 



118 REVISTA CHILEXA DE HISTORIA XATLRAL 



Pequeña, ramoso-cespitosa, y de un verde amarillen- 
to con las articulaciones elipsoidales o sul)cilíu- 
dricas; 5-9 espinas breves; el fruto, una baya su- 
bovada, umbilicada. 

Bistrihucion geográfica: Chile. 

22. O. aurantiaca Gill. (Fig. 20). 
Schuraann, l.c, p. 744. 

Syn.: O. extensa S. D. 

Cactus aurantiacus Lem. 

Pequeña especie, muy ramosa, decumbente y de co- 
lor verde oscuro; articulaciones alargadas, lineares 
y algo achatadas; 4-6 espinas pardas; flores ana- 
ranjadas. 

Bistribución geográfica: Uruguay, Chile. 

23. O. sulphiirea Gill. (Fig. 21). 
Schumann, 1. c, p. 745. 




Fig. 21. Opuntia siilphurea. 



Syn.: O. Twediei Hort. 

Especie poco ramosa, decumbente, de un verde páli- 
do; articulaciones grandes de forma orbicular u 
ovoidal, muy achatadas ;espinas en número de 1-6; 
flores de color amarillo azufre. 

Bistribución geográñca: Chile, Cbt., EN., JS., Ct., SL. 

Muy común en Mendoza tanto en la Cordillera como 
en la llanura. 



Sanzin— CACTÁCEAS de Mendoza 119 

VJI Gen PTEROCACTUS K. Sch. 

Se conoce una sola especie: 

24. P. Kiiiitzei K. Sch. 

Schumaüu, 1. c, p. 753. 

Es una pequeña especie, muy ramosa en la base; ra- 
mitas débiles, cilindricas o subclavadas; en cada 
aréola 9-12 espinas pequeñas, rígidas y acostadas 
a las ramas. Las flores son moradas y las raíces 
por lo general tuberosas. 

Muy común en los terrenos áridos y arenosos de la 
Precordillera, siendo accidental su presencia en la 
llanura. 

Bibliografía 

Doy a continuación una lista de las obras consulta- 
das, en las cuales se describen o citan especÍ3s de cactá- 
ceas raendocinas. 

De Candolle, Prod. Syst. Nat. III. 

Gaij, a, Hist. Fis. y Pol. de Chile, Botánica, III. 

Hauman, X., La Végétation des Hautes Cordilleres de 

Mendoza, in An. Soc. Cieut. Argent. LXXXVI, 

1918. 
Kuntse, O., Rev. Gen. Plant., Leipzig, 1898. 
Schumann, K., Gesamtbesch. d.Ivakteen Xeudarara, 1903. 
Spegazzini, 6\, Cact. Plat. Tentamen; Anales Mus. Xac. 

C. Natur., Bs. Aires, T. IX. 
Walpers, G., Rep Bot. Syst, II. 

Abreviaciones usadas 

BA. — Buenos Aires. T. — Tucumán. 

C— Córdoba. S.— Salta. 

Ct. — ^Cata.marca. Sgo. — Santiago del Estero. 

SL. — San Luis. RX. — Río Xegro. 

SJ.— San Juan. Cbt.— Chubut. 

J. — Jujuy. X. — Neuquén. 

R. — Rioja. Pat. — Patagonia en general. 

Mendoza, Xovbre. de 1920. 



láO KICVI.STA CUlLrA'A 1)K MISTOlilA NATt'líAL 

Nota sobre el huevo De 
ERI0C/ÍMP01DE5 LIM^CIN^ ( CH/í?E >) 

POR EL 

Dr. Vicente IZQUIERDO S. 



Seguramente no habrá ningún horticultor que no 
esté convencido de los terribles estragos que causa la lar- 
va {chapé) de este insecto en los árboles frutales y de par- 
que, como cerezos, perales, guindos, obepinos, v a veces 
membrillos y que en raras ocasiones ataca también al du- 
razno rojo de flor doble. 

Los daños son de tal naturaleza que deshoja a veces 
por completo árboles de gran tamaño, los que privados 
durante varios anos seguidos de su follaje acaban por pe- 
recer. 

La biología de este insecto ha sido bien estudiada 
por numerosos entomólogos y horticultores. Nosotros no 
pretendemos ocuparnos de ello en este pequeño trabajo y 
nos concretamos únicamente a estudiar el huevo y la 
manera como es depositado por la hembra en las hojas; 
pues a este respecto los autores difieren mucho unos de 
otros; no encontrándose de acuerdo sobre el delicado me- 
canismo y la perfección con que la hembra trabaja en 
este caso. 

Antes de exponer nuestras ideas sobre el particular, 
creemos de necesidad reproducir aquí, aunque muy sucin- 
tamente, lo que dicen los autores consultados sobre el 
particular, traducido literalmente. 

Theübald, «Insects Pests of Fruit», 1909, pág. 336, 
se expresa así: 

«Cada huevo es depositado en una ranura semicircular por el 
« oviscapto de la hembra en la cara inferior de la hoja, pero do cnan- 
« do en cuando parece ser puesto en la cara superior. Una pequeña 
« mancha pálida seííala el lugar de inserción del huevo». 



Izquierdo.— EL hlevo de ehiooampoider lbíacina 121 



E. Sandkkson, «lusects Pest of Farm, Gardcii and 
Orchard^>, dice: 

«La hembra con el oviscapto corta una pequeña célula como am- 
« polla en la cara s-nprrior y dentro ile ella pono el huevo». 

En el «Manual of Fniit insects», por Slingekland 
aud ChiosBY, se lee: 

«La hembra provista de oviscapto dentado y afilado deposita con 
« él sus huevos bajo la epidermis de la hoja. El oviscapto se inserta 
« en la cara inferior y trabaja en forma de cortar una porción de la 
« epidermis superior, dejándola en forma de ampolla para colocar el 
« huevo, que es oval». 

Hasta aquí las desciipcioues de los autores que se 
ocupan del huevo de este insecto. 

El lector notará fácilmente la confusión, la ineer- 
tidumbre y las verdaderas contradicciones en que caen. 
Es posible que ninguno de ellos se ha3'a dado cuenta 
exacta de como tiene lugar el hecho. Otros escritores no 
dan ningún dato al respecto. 



Pasamos ahora a dar a conocer nuestras propias ob- 
servaciones. 

Empiezan a verse huevos del Eriocampoides en los 
primeros días de Octubre; a la simple vista aparecen en 
forma de una manchita de color amarillo verdoso, de 
forma más o menos circular, apenas prominente sobre la 
superficie de la hoja, y de menos de 2 milíms. de diáme- 
tro; el observador inesperto no se imaginaría que ahí está 
el huevo del insecto, que tan grandes danos causa. 

Tomemos ahora una lente y observemos con ella esta 
manchita, y veremos con toda precisión, que es una ver- 
dadera vesícula formada por la epidermis de la hoja y de- 
bajo de la cual se encuentra el verdadero huevo, el cual 
es de forma elíptica, de tinte verdoso y cuando más de 
un milím. de diámetro; rara vez está colocado en el cen- 
tro de la vesícula; en general, está periférico; se presenta 
rodeado de una zona angosta de color hoja seca, la que 



122 



REVISTA CHILENA I>E HI.STOKIA NATUUAL 



contiene aire; es sin rluda el espacio vacío que se produce 
cuando es introducido el huevo con alguna presión por 
debajo de le epidermis. 

Esta zona contiene nna sustancia dispuesta en radia- 
ciones que van del huevo a la periferia y de color hoja 
seca, formada probablemente por la sustancia glutinosa 




Fíg'. 22. Corte vertical de una hoja al nivel del huevo (es- 
queinátioo): ep., epidermis superior; ep. /'., epidermis 
inferior; H, huevo: cav. «., cavidad con aire o celdilla; 
par., parénquima de la hoja; /«., incisión por donde 
penetra el oviscapto. 



en que se ve envuelto el huevo al salir del oviducto, y 
quizá también por células epidermoidales (1). 

El óvulo es colocado siempre en la cara superior de 
las hojas, jamás en la inferior, a lo menos esto es lo que 
pasa aquí en Chile, sea cualquiera el árbol de que el in- 
secto se sirve. 

Ahora bien, la epidermis que pasa por encima del 
huevo, no presenta en toda la hoja ninguna solución de 
continuidad; luego el acertó de algunos autores de que la 
hembra deposita los huevos directamente en la cara supe- 
rior, rompiendo la epidermis, tiene que ser falso, desde 
que la epidermis no tiene ninguna cicatriz o solución de 
continuidad. 

Colocado el huevo de esta manera queda contenido 



(1) El huevo es de una fragilidad extraordinaria: aplastado sua- 
vemente con el dedo, se deshace; está envuelto en finísima mem- 
brana. 



Izquierdo.— EL huevo ub briocampoides limacina 123 

en una pequeña cavidad, cuyas paredes son: la epidermis 
superior de la hoja por encima y el parénquima de la mis- 
ma por debajo, quedando así protegido de tal modo que 
ningún cuerpo que frote la hoja puede desprenderlo o 
destruirlo, lo que contribuye a explicar el inmenso núme- 
ro de larvas que se desarrollan. Por otra parte, esta colo- 
cación facilita mucho su destrucción por los líquidos in- 
secticidas empleados en horticultura. C-uando la hoja es 
delgada, como la del cerezo, el huevo forma una ligera 
prominencia o abolladura en la cara inferior de la hoja. 

Tratemos ahora de averiguar cómo el insecto ha po- 
dido llegar a colocar su huevo debajo de la epidermis su- 
perior sin romper ésta: no existe sino un solo camino, y 
este es tratar de introducirlo por debajo a través de todo 
el espesor del parénquima de la hoja. Aquí nos encontra- 
mos en presencia de uno de los instintos más maravillosos 
del mundo de los insectos. 

Si se observa con cuidado y con una buen lente la 
superñcie inferior de la hoja, frente al lugar que ocupa 
el huevo, se encontrará siempre una pequeña cicatriz co- 
rrespondiendo a una incisión del mismo tamaño, la cual 
atraviesa de parte a parte el parénquima y da entrada a 
la celdilla en que está el huevo; se comprende que sólo 
por esta vía puede ser introducido éste, y realmente lo es 
así. Tiene, pues, la hembra que perforar todo el espesor 
de la hoja de abajo arriba, lo que exige un esfuerzo de 
cierta importancia y un instrumento bastante perfecto, 
como es el oviscapto, el cual está provisto en su extremi- 
dad de pequeños dientes afilados. 

De esta ingeniosa manera, la hembra, con un instin- 
to maravilloso, coloca su huevo en las condicioues más 
favorables posible, debajo de la epidermis de la cara supe- 
rior de la hoja (sin romper ésta), donde queda expuesto 
directamente al calor fecundante de los rayos del sol. 



124 REVISTA CHILENA IJE HISTORIA NATIIRAl. 

Una nueva carta Oc Geografía botánica chilena 

POR 

Alberto EDWARD9 

(Director General de Estadística) 



Con motivo de la próxima publicacióu del Censo de 
1920, la Oficina Central de Estadística ha hecho ejecutar 
en los Talleres del Estado Mayor una serie de cartas fisio- 
gráficas del territorio chileno, las cuales, en su conjunto, 
dan una idea bastante exacta de las aptitudes agrícolas 
naturales de las diversas zonas del país. 

üe estas cartas, se encuentran impresas las que mues- 
tran la distribución de las lluvias y la geografía botánica; 
está ya dibujada la que contiene las isotermas, y en pre- 
paración la carta de la evaporación media. 

La carta de geografía botánica que es la que princi- 
palmente motiva esta nota, no ha sido construida con un 
criterio científico (filogénico o sistemático) sino conside- 
rando el problema de la distribución de los vegetales bajo 
su aspecto económico y práctico. No cabe duda, en efecto, 
que el carácter de las formaciones vegetales de un terri- 
torio es uno de los indicios más preciosos para conjeturar 
sus aptitudes agrícolas, y por tanto, cuando del censo se 
trata, su capacidad para contener y alimentar mayor o 
menor número de habitantes. 

Las diversas zonas vegetales que se encuentran dibu- 
jadas en la carta de que me ocupo, están principalmente 
caracterizadas por sus fascies, su aspecto exterior, la den- 
sidad, exuberancia y carácter de su flora, y no por las 
familias o géneros botánicos que en ellas predominan, 
.aunque, sin duda alguna, un estudio científico del proble- 
ma permitiría acaso definir técnicamente las características 
sistemáticas de cada una de esas zonas que llamaremos 
visuales. 



Edwards.— CAUTA de geogkafía botánica l-ió 



Daremos una idea breve de dichas zonas, jimto cou 
los accidentes meteorológicos que las determinan. 

1." Zona del Altiplano. — Ocupa parte de la región an- 
dina de Jas provincias de Tacna, Tarapacá y Antofagasta 
hasta donde alcanzan las lluvias regulares de verano, pro- 
pias del altiplano de Bolivia. El carácter de su vegetación 
es estepario, debido a la escasez y corto período de las 
lluvias por una parte y a la elevación del suelo y consi- 
guiente falta de calor. 

2.^ Zona del Desierto. — Ocupa la mayor parte del te- 
rritorio al norte del paralelo 27°. El suelo aparece en ge- 
neral desnudo de toda vegetación, salvo donde alcanza el 
riego artiñcial o a orilla de las aguadas y corrientes de 
agua que bajan de las cordilleras. La excesiva escasez o la 
casi absoluta falta de lluvias es lo que determina el De- 
sierto, propiamente tal. Su límite con las estepas que lo 
circundan varía de ano en ano, según que las lluvias se 
extiendan más o menos. 

3.*^ Zona Faposana. — Más que una zona continua, 
la Paposana (que así la bautizó Philippi) está constituida 
por una serie de islotes de vegetación más densa y apa- 
rente que la del desierto. Dichos islotes o sub-oasis apare- 
cen en los ñancos occidentales de la cordillera de la costa 
y en las vecindades del mar (aunque siempre acierta altu- 
ra). La conñguración y elevación de los cerros, provocando 
la condensación en nieblas y garúas de las humedades ma- 
rítimas, determinan esta zona cuyo centro más vasto y 
mejor estudiado, se encuentra por el paralelo 25^ en los 
alrededores de Paposo. 

4.*^ Zona Coquimbana. — Sirve de transición entre el 
Desierto y la Zona Central y se extiende (en líneas gene- 
ralos) desde el paralelo 27<^ hasta el ol"^. Se caracteriza por 
estepas temporales herbosas en invierno, y su vegetación 
leiiosa está representada principalmente por cactáceas y ar- 
bustos espinosos de hojas minúsculas, que indican la seque- 
dad del clima. J)eterminan esta zona lluvias periódicas y 
bastante escasas e irregulares en 1í; estación de invierno. 

5." Zo)¿a Central. — Se extiende entre el paralelo 31° 
y el 36*^. La caracterizan praderas temporales de invierno 
más y más duraderas a medida que se avanza hacia el Sur. 
La vegetación leñosa es rica y variada: la componen nu- 



126 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

merosos árboles y arbustos de aspecto raediterráueo o sub- 
tropical que forman verdaderos bosques, pero el monte es 
generalmente bajo salvo en las quebradas. Las hayas faltan 
o sólo aparecen en forma esporádica sin cíiracterizar el 
paisaje. 

6.^ Zona de los Bosques Australes. — Se extiende desde 
el paralelo 36° hasta la peníusula de Taitao (47"^'). Eegión 
de bosques elevados y exuberantes compuestos de árbo- 
les de muy diversas familias y mezclados entre sí. La pre- 
sencia de numerosas enredaderas, plantas epífitas y bam- 
búes hacen recordar la selva tropical. Las hayas predominan 
sin dominar en absoluto. Aparecen las coniferas. 

7.° Zona de ¡os Bosques Magallánicos. — Se extiende 
por la parte occidental del continente, al sur de la anterior 
y hasta el Cabo de Hornos. Es una región exclusivamente 
de selvas pero no tan elevadas y variadas como las de la 
zona anterior. Es el bosque austral empobrecido, no por 
falta de humedad sino de calor y de luz. Predominan las 
hayas y los pinos; la mayor parte de los árboles del centro 
y sur han desaparecido, como también casi todas las enre- 
daderas, plantas epífitas y bambúes. De acuerdo con Ste- 
ffen se ha puesto como límite entre esta zona y la anterior 
la península de Taitao. Ello, hasta cierto punto, es pura- 
mente convencional: el empobrecimiento de las selvas de 
Valdivia y Llanquihue es gradual y constante de norte a 
sur. 

8.° Zona Andina. — Comprende las altas cordilleras. 
Científicamente hablando debía ser dividida esta zona en 
varias que se suceden con la latitud. Por desgracia, no 
existen para ello bastantes observaciones, y la importancia 
económica de dicha subdivisión sería muy escasa. 

9.0 Zona Patagónica. — Comprende las estepas, pra- 
deras y matorrales ralos que continúan hacia el sur las 
pampas argentinas al oriente de las cordilleras hasta la 
Tierra del Fuego. 

Todas estas zonas están determinadas por numerosos 
caracteres, por lo menos externos y prácticos, como podría 
probarlo si se me hubiera concedido Onspacio para ello. 

Ya sea porque la forma alargada del territorio induce 
a ello o por falta de un estudio detenido de la geografía 
vegetal ha sido costumbre dividir ni país (en trabajos de 



Edwards.— CARTA de geografía botánica 127 

la índole del que nos ocupa) eu zonas que se suceden re- 
gularmente de norte a sur y separadas entre sí por para- 
lelos de latitud. 

Ello no responde a la realidad. Así como las lluvias no 
varían regularmente con la latitud (como lo prueba la carta 
respectiva) tampoco sucede tal cosa con la vegetación. 
Por ejemplo, la flora característica de las zonas más lluvio- 
sas se prolonga hacia el norte en las vertientes marítimas 
de la cordillera de la costa y en los flancos de la cordi- 
llera, mientras que la flora característica de las regiones 
secas se prolonga hacia el sur eu el valle central y sobre 
todo en los flancos orientales de la cordillera de la costa. 

La zona coquimbana de las estepas y matorrales es- 
pinosos alcanza así eu ciertos sitios hasta las vecindades 
del paralelo 33o ^ en tanto que los montes del centro suben 
hacia el norte en la zona marítima hasta Fray Jorge, ya 
muy cerca de los 30°. De igual manera, los bosques altos 
con hayas característicos de la zona austral, suben en la 
costa hasta la hoya del Maule y talvez más al norte; y en 
la cordillera hasta las vecindades de la hoya del C'achapoal 
(cerca de los 34°); en cambio la zona central se prolonga 
por el valle longitudinal hasta el río Malleco, muy cerca 
del paralelo 38°. 

Puede que apesar de su escaso valor cientítico, la 
carta botánica de que hablamos, pueda prestar algún ser- 
vicio. 



128 REVISTA CHILEXA UK HISTORIA NATURAL 



HYMÉN0PTERH5 NOUVE^íUX DU CíilL 



Dr. 3ean BRETHE5 

Entomologiste au Musée National de B. -Aires R. A.) 



Tetrastichus apaiitelicida Bkktheí^, n. sp. — Qyaneo- 
Ví4 vírídí-nUens, frochauteribus^femurum ápice, tibiis et tur- 
sis art. 1 et 2 albis, aUshyalinis. Longr. 11 mm. 

La tote est lisse avec striatiou microscopique, les aü- 
tennes courtes, le scape aiissi loiig que les deiix premiers 
articles du funicule, le pedicelle obconique, a peine plus 
loug que large a Textrémité; il y a deux annelets peu 
perceptibles, le funicule avec les trois articles aussi longs 
que larges, et uñe file de sencilli chacuu, la massuo ellip- 
tique, le secoud article un peu plus long que les auties 
deux, avec chacun ime seule file de sencilli, la troisiéme 
termine en pointe aigue. Le pronotum est trausverse, le 
mésonotum avec striatiou longitudinale, une ligue irapri- 
mée raédiaue sur la raoitié postcrieure. L'ócusson avec 
quatre ligues impriraées longitudinales et striatiou égale 
a celle du mésonotum. Abdomen ovale, a peu prés de la 
lougueur du tliorax et aussi de la mome largeur. 

Parásito iY Apanteles laorcc Poktkk. 

Sympotomiis Bkéthes, ii. gen. — Capite tliorace latió- 
re, antenuff prope médium Jaciei sita', 10 — articulatce, cla- 
va liaiid latiora, ociáis mafinis, interne anticem versiis mo- 
dice convergeutibus, r/enis rix nullis tliorace ovoideo, lineis 
parapsidalibus postice solum notatis, aiillis in medio sat late 
disjunctis, scutello modice convexo, segmento mediarlo slne 
carina longitudinaU , abdomine petiolato, petiolo coxis posti- 
cis lonc/iore, clava abdominis tliorace breviore et anr/ustioie, 
ovoidea, alis vena marginali longa, ad | alae attingente, 
vena stigniali postmarginali tamtum breviore, tarsis 4-ar- 
ticidatis. 



Bréthes.— HVMÉNorTKüEs nouveax du chili 120 

Ce genre se place pnrmi les 8pliegíga?,terini par ses 
cperons postéricMirs uuiques, Tabdorneu pétiolé, le meso- 
iiotum relativement court, les antennes de 10 articles et 
iusérées assez loiu du clypéus, la tete leuticulaire, les 
tempes étroites;il se place prés de Syntomopus Wlk., doiit 
il différe spécialeraent par ses antennes et les ligues pa- 
rapsidales. 

Synipotomiis Porteri Bréthes, ii. sp. — Nir/er, viri- 
di • vel ciipreo - nitens, pedíbus et linea scapi flaiús, alis 
hj/alints, in medio macula indecisa tantidum fusca. Lonr/.: 
l-\ mm. 

La tete est chagriuée, la face uu peu imprimóe vers 
la base des anteunes avec une légére créte entre elles; 
celles-ci do 10 articles: lo scape cylindrique, le pédicelle 
obcouique, les deux anuelets courts, le premier comme la 
moitió du secón d, les trois articles du funicule subcarrés, 
la raassue avec le premier article presque aussi long que 
les autres deux, le deruier petit, poiutu. Long. des arti- 
cles: 240, 70, 9, 18, 70, 70, 60, 60, 40, 35, microns. Le 
vértex est lisse avec le chagriné microscopique, les oce- 
lles éloignées des yeux d'un peu plus de leur diamétre, 
Tocciput marginé. Le thorax a un chagriné bien plus fort 
que le vértex avec quelques poils noirs épars, les ligues 
parapsidales marquées prés de l'écusson, celui-ci couvexe 
le postécusson sigualé par une file de petites fovéoles. Le 
pétiole de Tabdomen opaque granulé, le reste de l'abdo- 
rae lisse, le 2P segraent un peu plus long que le pétiole. 
Les autres segments ensemble un peu plus courts que le 
2P segment. Les ailes hyalines avec uue tache a peine 
enfumée assez grande au milieu des ailes antériures. 

Recueilli par le Dr. Carlos E. Porter (Santiago). 



HliV. CU. DE HIST. >AT. '921) (9) 



130 RliVlSTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

Momcnclatura de I05 principales 
MU5G05 DE íñ HOYít DE M/íRG^-M^RG^ 

(QUILPUÉ — PROVINCIA DE VALPARAÍSO) 

POR 

Nataniel COSTES 

MieTibro do la Academia Internacional de Botánica. 



El profesor Dr. Carlos E. Porter tuvo la benevolencia 
de obsequiarme, seis años hace, un notable artículo publi- 
cado en su Revista Chilena de Historia Natural: era un 
estudio de los Musgos, recogidos en una excursión al sur, 
por el ilustre briólogo Mr. I. Thériot, tan ventajosamente 
conocido en el mundo científíco por su competencia en el 
profundo estudio de los Musgos del globo. 

La lectura de ese artículo determinó en mí la resolu- 
ción de contribuir, eu la modesta esfera de mis esfuerzos, 
al conocimiento de la briología chilena. El campo de mis 
observaciones ha sido la Hoya de Marga-Marga, cuyo es- 
tero es tributario del de Viña del Mar. He recogido los 
diversos ejemplares ya sea en la corteza de los árboles, o 
en los taludes y rocas, y en diferentes alturas para cono- 
cer las cotidiciones de vida de estos Musgos y su distribu- 
ción geográfica en comparación con las comarcas vecinas. 

Las tareas de la enseñanza no me han permitido ve- 
rificar estas exploraciones en compañía de otros entusias- 
tas aficionados, sino en los meses de Enero, Febrero, Mar- 
zo y Septiembre. 

Gracias al generoso y sabio concurso de Mr. I. Thé- 
riot, ho logrado orientarme en esta clase de investigacio- 
nes; sus luces me han ayudado en la clasificación y diag- 
nóstico de los Musgos de Marga-Marga. 

Que esta insignificante colaboración a la Revista Chi- 
lena de Historia Natural sirva de homenaje de admiración 
al celo esforzado y perseverante de su distinguido funda- 
dor y director, que ha tenido que lidiar con tantas dificul- 
tades y odiosas ingratitudes: Labor onuiia vincit imjyrobus. 



Costes— ML'SGOS DE MARGA-MARGA 13t 



Lista de 3Iusgos de 3Iarga-Marg'a 

Angstroemia Gayaiía (Mont) C. M. 

Ainphidium cj'aticai'pum (Mont) 

Amühidium sp. 

Auectnngium sp. 

Aiiomobiyum sp. 

Aiithoceras sp. 

Barbilla flagellaris Sclip. 

Barbilla pachyneura Das. 

Barbula subgramini color Thér. 

Barbilla poepigiuae slir. 

Barbilla C'ostesii Thér. 

Barbula depressa Sull. 

Barbilla fusca C. M. 

Bartrainia ambigua Mont. 

Brachymeniura ellipticura (Mitt.) Thér. 

Bryum gracilitorquescens C M. 

— Aspillagíe Thér. 

— crassinervium 

— griseum Dus. 

— valparaiseiise Thér. 

— arablyolepsis C'ard. 

— tenuicaule Mont. 

— longidens Th. 

— concarifoliura Th. 
Catagouiopsis Bcrteroana Mtg. 
Campylopus incrassatus (Kuz) Milt. 
Costesia spongiosa Thér. 
Cryptomitrum tenerum (llook) 
Destychofillum moUe Besch. 
Didimadon crassinervis Thér. 
Firabriaria chilensis Mont. 
Fissidens Jaffueli Thér. 

— C ostesii Thér. 

— siibaloma Dus. 

— Biotheri var. longisetus Thér. 

— ' Brotheri Dus. 
Fossombronia crassifolia Spr. 
Frullania quillotensis Mont. 
Fiinaria Berteroana Stp. 

— hygrometrica (L) 



132 REVISTA CHILENA DE HISTORIA XATLItAL 

— Oostesii Thér. 
Gongylanthus Duseuii St. 

— ouiscoides Spr. 

Giinmia oousobrina Kunze 
Hyapliila Sp. 

Laphocolea divergenti-ciliata Steph. 
Leioscyphiis chamissonis (Leh) Mitt. 
Luniilaria cruciata (L) Diis. 
Madotlieca cliilensis Lehra (Corbicre) 
Marcliautia cefaloscypha Stpli. 
Xeckera chilensis Schimp. 

— scabridens C/M. var. Purtei-ii Tliór. 
Orthotricum rupestre Schp. 
Oligotricum canaliculatum (Hook) Mitt. 
Pleuridiiim C^ostesii Thér. 

Pogonatura oligodus Kuz. 

Philciiotis sp. 

Plagiochastna validum Bent. 

Porotrichum chileuse Thér. 

Pseudoleskea fuegiaua (Bescb.) Card. 

Porotrichum callicostelloides Broth. 

Rebouillia hemispherica Reddi. 

Riecia squamata Nees. 

Rigodiura arborescens (C. M.) 

Rhaphidostegium callidum (Mont.) Jaeg. 

Rhynchostegiella acanthophylla (Mont.) Broth. 

Stereophilliim seminerve (Kuz.) Mitt. 

Sciaromium pacbyloma (Mus.) Forma, brevifolia TH. 

Symphyogyna Hochstteri. Mont. det Corbiere 

Targonia Hypophylhi L. 

Triquetrelhi patagónica C. M. 

Targonia hypophyUa L. 

Tortula "'lacialis Ivunz. 

o 

— squarripiia Thér. 
— - perñaccida Broth. 
— ■ rauralis (L.) 

Kunzeana Cur. 

— scrabrinervis Cur. 

— flagellaris f Vohp.) Thér. 
Cebera C'Ostesii Card. et Thér. 
Zygodon Jaffueli Ther. 



Oyarzun.— TORoMiiíOs de la isla de I'ascua 18;i 



T0ROMIRO5 U LR I5L^ í)E P^SCU^í 



Dr. Aurcliano OYARZUN 

Director del Museo de Etnología y Aniropologia de Santiago de Chüe 



De los numerosos objetos etnológicos de esta isla que 
conoce la ciencia con los nombres de ua. ¡ma, ao, arikii y 
toda la serie de toromiros que se trabajan en ese lugar, 
vamos a estudiar hoy tres, cuya forma y uso son poco co- 
nocidos. 

Diremos, desde luego, que la palabra toromiro, made- 
ra i)esada y dura {1), corresponde a uno de los escasos 
arbustos naturales de la isla, que Phillippi (2) ha denomi- 
nado Edwardsia toromiro. Este arbusto es pariente cercano 
de nuestro pelú del Sur y del tnaiju del centro de Chile, 
de modo que no tiene para los compatriotas que visitan la 
isla el aspecto de una planta exótica. 

Todos los objetos de madera que confeccionan los na- 
turales de Pascua, particularmente los pequeños molíais, 
los llaman toromiros, palabra que no tiene, como se ve, 
significación particular alguna. 

1. — Rei-niiro 

De estos toromiros nos ocuparemos, en primer lugar, 
del llamado rei-miro, instrumento que se conoce desde ha- 
ce mucho tiempo, ])ero''cuyo verdadero significado quere- 
mos dejar establecido en estas líneas. 

La palabra rei-miro se compone de dos vocablos: rey, 
castellano, y miro, pascuense, madera, o sea, rey de ma 
dera. 



(1) ]V. C/t urch i /.—Eiistev Islam!, Washington Í9i2. Pág. 262. 

(2) F. A. Fhilippi.—Jjd Isla de Pascua y sus liabitantos. Anale.s de 
la Universidad de Chile. 1873. Pás:. 379. 



ReV. CH. HlST. NAT., Año XXV (1921) 



Lám. Vi. 




En la parte superior: Rei-Miro 
En la parte inferior: Fiqnra iniinana de baile 



OyarzUn.— TouóMiuos de la isla dk pascíia 135 



El rei-miro completo tiene la forma de una media lu- 
na cou dos cabezas antropomorfas en sus extremidades, 
que se miran la una a líi otra. En la parte inferior del me- 
dio lleva uno o dos agujeros que sirven para colgar. Al 
ganas veces presentan grabados en la parte anterior con 
vexa. 

De los rei-miros conocidos, recordaremos el recogido 
en el año 1888 por los ofíciales del buque de guerra inglés 
«Topaze-í', que se conserva en el Museo Británico y que 
reproduce la señora Eoutledgeenlaobra que acaba de pu- 
blicar (3). 

Dice esta autora que es < r? hrcast ornement'!> y tiene 
la particularidad de presentar grabados de signos geroglí- 
ficos iguales a los de las tablillas reproducidas por Pinart 
(4), Thompson (5) y Fhilippi (6) en sus respectivas publi- 
caciones. 

Philippi (7) describe detalladamente un t^ei-míro que 
se conserva en el Museo de Historia Natural de Santiago. 
Lo considera un instrumento destinado al baile y que, en 
tal caso, lo llevaba su dueño colgado del cuello. Tiene la 
forma de media luaa, mide setenta y siete centímetros de 
largo y cinco de espesor. Carece de cabezas y adornos. 

Pinart (8) habla en la descripción de su viaje a Pas- 
cua de un rei-miro sencillo, sin cabezas ni adornos, igual 
al de Santiago, que llama «adorno en forma de media 
luna». 

El capitán Geiseler (9), do la marina de guerra ale- 
mana, recogió también en Pascua un hermoso rei-miro con 
geroglíficos y cabezas. Se conserva en el Museo de Yol- 



(3) 3Irs. Scot-esb.y Ran/ledí/c.—The Mj.stery of Easter Islaml. Loii- 
don. Fil^. 2G8, fi^r. 115. 

(4) A. Pinart. — Vovage a l'isle de Paqiie.s. Le Tour du Monde* 1878. 
París. Pág. 238. 

(5) W. J. Thompson.— '^G Pito Te Hernia, oi- Easter Island. Wa.s- 
hington. 1891. Láminas XLTL XLIII, XLIV, XLV. XLVL XLVIII 
y XLIX. 

(6) fí. A. F/iilippi. —Icono^vixihi Geroglíflica de los indígenas de la 
Isla de Pascna. Anales de la Universidad de Chile. 1875. Pág. 670. Lá- 
minas Cl, B2. A, P. A. 

(7) Philippi.— 1a. c. 1873. Lámina III, fignra VI. Pág. 365. 

(8) Piíiarf.—Jj. c. Pág. 340. 

(9) Cap. Geiseler. — Dio Oster Tnscl, eine Statte prahistorischer Iviil- 
tur in der ¡Sildsee. Berlín. 1873. Lámina 21. Pág. 35. 



136 UEVl.STA CHILENA DE HISTORIA NATUKAL 

kerkunde, deRerlíu. El dibujo corresponde a la lámina 21 
de su Memoria, y su descripción, contenida en la página 
35 de ésta, dice: «Por lo demás, se encuentran también 
adornos del cuello que se mudan según las fiestas y los 
bailes. En el primer caso, las mujeres principalmente, cuel- 
gan del cuello un cordón hecho con sus propios cabellos, 
dos conchas blancas de un molusco raro deEapanui,o tro- 
zos de madera tallados en forma de peras o de escudos. 
Estos últimos llevan a veces geroglíficos, iguales a los de 
las tablillas, cuyo significado tiene relación con la catego- 
ría de sus dueños. Presentan estos escudos en sus extre- 
mos cabezas de dioses tallados en bajo relieve. Un escudo 
de esta clase, que perteneció al señor Salmón (empresario 
de la isla), lo dibujamos en la lámina 21. Proviene de las 
islas Chinchas del Perú, a donde fué llevado por la fami- 
lia real, que lo conservaba en su poder desde muchos años 
atrás >' . 

Hablando Philippi (10) del mismo rei-miro que estu 
dia, agrega: Es una media luna de palo que los habitan- 
tes de la isla de Pascua usan en ciertos bailes». 

«Con esta ocasión surge la cuestión de si las tales ta- 
blillas han debido recordar bailes de esta clase o de si los 
bailes con el reimiro eran una función religiosa». 

En efecto, las tablillas dibujadas por Philippi (11), re- 
presentan la figura del rei-miro distribuida entre los dibu- 
jos de los geroglíficos. 

Así, la tablilla B2 contiene once figuras de rei-miros, 
la C2, nueve, y, además, dos juntas, formando un solo 
cuerpo. 

En las rocas de Orongo hay dibujado un rei-miro (12). 

La señora Routledge (13) dice que el rei-miro es un 
adorno del pecho, de forma semicircular con una cara en 
cada una de sus extremidades. Según ella, lo usan las mu- 
jeres, pero Ngaara, el último arikii o rey de Pascua, que 
murió en el destierro de las islas Chinchas, usó varios rei- 
miros de pequeño formato. Consta, sin embargo, que no 
fué este el último rey pascuense. 



(10) Pliilippi.—lj. c. Anales. 1875. Pág. 678. 

(11) Philippi.— li. c. Anales. 1875. Lámina B2 v Cl. 

(12) Routledge.— h. c, pág. 268. 

(13) Routledge.— Jj. c, pág. 268. 



Oyarzun. — türo.miüos de la t.SLA de pascua 137 

Se ve, pues, que, según los autores citados, el rei-mi- 
ro sirvió de adorno para las mujeres en el baile y de insig- 
nia de los arikiis o reyes. 

El yei-viiro adqiiirido por el Musco de Etnología y 
Antropología de Santiago (Lámina YI, parte superior), 
perteneció al último rey de Pascua. El nombre de este rey 
fué Riroroko v murió envenenado en Valparaíso entre los 
años de 1895/1900 (14). 

El padre capuchino Bienvenido de Estella, que lo de- 
dicó a este Museo, lo obtuvo hace dos años, en sus misio- 
nes en la isla, de una princesa, descendiente legítima de 
su padre rey y que lo guardaba como una reliquia de fa- 
milia. 

Según las declaraciones de la misma princesa canaca, 
nuestro rei-miro sirvió de insignia real y de mando a su 
ilustre antepasado. 

Podemos afirmar, entonces, que si antes fueron esca- 
sos estos adornos reales, hoy han desaparecido completa- 
mente y, que si las mujeres los han podido usar en sus 
bailes, sirvieron ante todo de insignia de sus arikiis o 
reyes. 

2. — Figura humana de baile 

Conocida es la afición de los pascuenses por el baile y 
el canto. Debemos el conocimiento de su habilidad musical 
al R. P. capuchino Bienvenido de Estella (15), quien nos 
ha dado a conocer trozos escogidos de sus cantos. Es natu- 
ral que, contando con tan buenas disposiciones artísticas e 
impulsados por las mismas pasiones e ideas que afectan a 
todos los pueblos primitivos, se haya desarrollado tempra- 
no en ellos el arte del baile y la confección de los instru- 
mentos que le adornan. Entre estos se han descrito los bas- 
tones llamados ao j rapa, especie de remos de dos palos 
(16, 17). Seguramente han servido también para el mismo 



(14) fí. P. Bienvenido de Fsfella.— liosi Misterio-s de la Isla de Pas- 
cur. Santiago. 1927. Pág. 144. 

(15) F. P. Bienvenido de ^s/f//«.— Publicaciones del Museo de Et- 
nología y Antropología. Santiago. 1920. P;íg. 115. liáminas: 1, 2, o, 4 y 
5. — Mis viajes a Pascua. Santiago. Pá. 31. 

(16) Thompson.— 1j c, lámina L III, figuras 1 y 2. 

(17) Poufledge. — L. c, figuras 116 y 118. 



138 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

objeto los bastones coü dos caras ita y poa, iusig-iiia de sus 
inaudaíarios (18). 

No es extraño, entonces, que el instrumento que re- 
producimos aquí (Lámina YI, parte inferior), haya servido 
también para bailar. 

Este modelo es el único conocido hasta ahora en la his- 
toria de la isla de Pascua. Lo obtuvo personalmente allí 
el Dr. W. Knoche, quien ha tenido la gentileza de permi- 
tirme sacar una reproducción en madera del original para 
el Museo de Etnología y Antropología de Santiago, por lo 
cual le expreso aquí mis agradecimientos.' 

Es también un toromiro. 8u cabeza, que mide unos 
dos tercios del tamaño natural, lleva orejas cortas y dos 
brazos desproporcionados que nacen de ambos lados del 
cuello. 

Un objeto tan extraño como éste y que se puede to- 
mar fácilmente de los brazos para combinar figuras, dan- 
do al que lo maneja un carácter especial, no pudo haber 
servido siuo para el baile, y así se lo expresaron los natu- 
rales de Pascua a su actual dueño. 

3. — Toromiro de forma fúlica 

El tercer instrumento, aunque no del todo conocido, 
es bastante exh-año. ¿Es una caricatura humana que repre- 
senta un PJiaUus? 

Se sabe que los pascuenses en bus ¿oromiroshaniüger- 
tado cuerpos de lagartijas en cabezas humanas y vicever- 
sa, haciendo, de esta manera, las esculturas más extrañas. 

La señora Routledge (19) nos presenta en su obra el 
fotograma de un moko-miro, (lagartija de madera), de for- 
ma humana con cabeza de saurio. 

Citaremos también las figuras de la página 47 de la 
obrado Ratzel(20)que, con el título de «ídolos de cabeza de 
pescado de la isla de Pascua», reproduce los grabados de 
dos hermosos toromiros que se conservan en la Christy 
Collection de Londres. 



(18) Foutledffe.—Jj. c, figura 116. 
[\.%)—Roiitledge.—Jj. c, figura 117. 

(20) F. Ratsel.—YoWíQYliwxiáe. Leipzig uud Wieji. 1894. Tomo I, 
pág. 47. 



Oyarzún.— ToRoMiiios de la isla de pascua 



139 



Dicho autor emite la idea de que estas figuras pueden 
haber servido para expresar la idea de la creencia en ¡oh 
animales (Tierglaube) o, a nuestro parecer, el totemismo, 
que también se couoce en Pascua, a donde todavía se prac- 
tica el tahii como en otras islas do la Polinesia. 



Piff. 23. — Toromiro de forma fúlica 



La fig. 23, a y b nos muestra un toromiro visto 
de frente y por su parte dorsal, que fué traído de 
Pascua hace muchos años por un oficial de la marina chi- 



140 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATIRAL 

lena para el señor Mateo Fabres, cuya familia tuvo la 
bondad de obsequiarlo al que esto escribe. 

Mide sesenta y tres centímetros de largo y doce de 
ancho en la cabeza y en el vientre y tiene siete centímetros 
de espesor. 

Tiene alguna semejanza con el mayor de los dibuja- 
dos por Ratzel; su estilo revela que pertenece a la misma 
categoría de toromiros. La terminación caudal y los miem- 
bros inferiores, humanos, adheridos, son iguales. El cuer- 
po, en la parte correspondiente, descubre en la ligura a 
los brazos, que nacen de las mamas, se doblan hacia atrás 
y van a perderse en la figura 6 a la nuca. La cabeza y la 
cara se confunden en un solo cuerpo. Presenta dos arcos 
superciliares macisos que. partiendo de los lados de la ba- 
se de la cabeza y el cuello, se continúan sobre la glabella, 
donde los atraviesa un órgano de aspecto extraño que re- 
presenta la nariz. A los lados y por debajo de las cejas se 
encuentran los ojos de hueso y obsidiana, protegidos por 
un grueso marco de madera en relieve. 

Esta figura es de estilo humano. Podría creerse que 
la cabeza corresponde a la de un quelonio o saurio, no de 
pez, pero esto no impide que descubramos en ella, en la 
nariz principalmente y en la disposición misma del arco 
superciliar con su acompañamiento de los ojos, motivos 
fálicos bien acentuados. 

A nadie debe tomar de nuevo esta suposición, si pen- 
samos solamente en el culto a 2Iake-Ma]:e y al órgano pa- 
sivo de la generación que cultivaron los pascuenses. Se ve, 
pues, que los enigmas de la vida ocuparon también la ima- 
nación de estos isleños, los que representaron en sus es- 
culturas y les rindieron culto de la misma manera que los 
otros pueblos de la antigüedad. 



Claude Doseph E. C— jkkuhs des akaignée.s 141 



MCEURSDtS /SR/tlGNHE5CttlLI£NNH$ 



r Ai; 
Claude 30SEPH E. C- 



III — L'aérostation 

Les jeiiiies araignées demeurent dans le uid un cer- 
taiii teinps apres l'éclosioD. Elles y fout la premiére miie 
et s'y foitifie. En l'abandonnant elles grimpent par les 
tiges des graminées, par les branches des arbustes, etc.. 
júsqn'a en atteindre la cime. La, elles commeucent á filer 
et se prépareut a partir chacune de son cote. 

J'avais oublié un nid d'araignée labyriuthe dans la 
poche de mon vetement. Au bout de quelques jours, je 
me vis, un matin, vers dix heures, couvert de petites 
araignées qui rae prenaient d'assaut la tote. Je parvius íi 
me débarrasser d'uhe partiedes assaillantes, raais le reste 
me montait par le cou, ra'arrivait aux cheveux, aux orei- 
lles, me courait sur le visage. J'allai m'exposer au soleil 
et j'eus la curiosité d'attendre pour voir ce qui allait se 
passer. Quelques unes avaieut atteint le bord de mon 
chapean et s'y suspendaient par un fil vertical. De la, elles 
lancaient un autre fil, long et léger, qui s'élevait dans 
l'atmosphére emportant avec lui la petite araignée qui 
l'avait produit. Ainsi s'óleverent successivement, sous 
mes yeux, huit petites araignées. 

J'ai observé depuis, Tasceusión de beaucoup d'araig- 
nées. Chaqué matin d'automne elle se renouvelle pour les 
jeunes. Elle a lieu de sept a neuf heures, qiiand le soleil 
est déjá un peu haut. A ce moment une légére vapeur 
s'éléve du sol dans l'atmosphére. Les araignées y sont 
sensibles, la chaleur les rend actives: eHes vont et vien 
nent par leurs fils, en lancent de uombreux qui s'accro- 
chent aux feuilles et aux branches voisincs. Par un fil 
vertical elles descendent lentement, bailotees par le vent. 
Elles s'arrétent et produisent des fils latéraux que le vent 



142 REVISTA CHILENA DE HISTORIA XATIRAL 

leur extrait des fíliéres. Ces fils ondiilent et flottent 
mollernent dans l'air avec une tendance h s'élever. Quand 
riiii d'eux est chauffé par le soleil il se dilate et acquiert 
une forcé ascensionnelle capable de soulever Taraignée 
et de l'entrainer dans Tatmospliére a une grande hauteur. 
Portees sur leurs fils, et pousséos par le vent, les petites 
araignées voyagent pendant tout le jour. 

Vers le soir, quañd Tatraospliere se refroidit, elles 
atterrissent, aprés avoir franchi des distances conside- 
rables. 

Je remarque quelques différences, dans la maniere 
de laneer le fil transporteur. Elles tienneut sans doute a 
des différences d'espéces, de genres ou de familles. 

Une mcme espéce adopte quelquefois telle ou de te- 
lle position seusiblement différente Tune de l'autre. II y 
a en cela adaptation au lieu. a la tcmpórature, a la direc- 
tion et a l'intensité du vent. 

Voici quelques cas que j'ai plus fróquemment obser- 
ves. A sa sortie du nid une petite araignée trottiüe sur 
le sol, grimpe par la tige d'une graminée, en atteint la 
cimo oíi elle se repose quelques secondes. Elle pose ses 
ñliéres sur la plante, y fixe un premier fil qu'elle allonge 
en se laissant choir doucement, puis elle s'arréte. D'une 
des pattes darriére elle touche son fil. Aiusi suspendue, 
elle lance un nouveau fil qui s'éléve et la souléve elle 
mcmc au dessus de la plante. Le fil qui entraine l'araig- 
née a trois ou quatre métres de long. Sa forcé ascension- 
nelle est suffisante pour rompre le premier fil et s'éparer 
Taraignée de la plante. II monte obliqueinent, avec une 
vitesse croissante a mesure qu'il s'allongc. Pendant l'as- 
cension, le petite araignée a lancé un deuxiéme fil, puis 
un troisieme, qui sont venus augmeuter la forcé ascen- 
sionnelle su premier el m'empécher de continuer plus 
longtemps mon observation. En une demi-minute l'araig- 
née a fait tous les préparatif du départ, s'est elevée a 
une hauteur d'une dizaiue de métres. Elle a continué a 
s'élever, poussée un peu de cote par le vent. 

Jobserve une araignée, qui court sur mon journal. 
Elle se dirige au point le plus elevé, se tourne la teto 
contre le vent, fixe un fil sur le papier, eleve l'abdomen, 
se dresse sur ses pattes, expulse son fil d'une fayon rápido 



CH. H13T. NAT., Anj XXV (1921) 




144 REVISTA CHILENA DE HISTOUIA NATUKAL 

et continué; le vent en favorise la sortie, il le transporte et 
ajoute sa forcé a la forcé ascensionnelle du fil. L'araiguée 
est emportóe rapidement par son fil qui l'éléve et par le 
vent qui Tentraine de cote. 

Une jeune saltique ses bausse sur les pattes, eleve 
labdoraen en le compriraant vers l'avant, l'arriére se 
gonfle; les glandes asoie semblent pressées. Un fil jaillit 
des filiéres directement. Dans cette position, le vent ne 
n'aide pointa las ortie du fil, sinon é quaud celui-ci est deja 
long. La pression intérieure le fuit d'abord jaillir comme 
un trait jusqu'a la lougueur d'un raétre environ. L'am- 
poule rectale située pres des glandes ne contribuerait 
elle pas a cette expulsión si vigoureuse et si rapise du fil? 
N'en régulariserait-elle pas la sortie continué d'abord et 
ralentie ensuiteV 

En quelques secondes le fil a soulevé raraignéo et 
l'a entrainée dans son ascensión. 

Vers dix heures du matin, par un temps calme, en un 
Herí bien ensoleillé, j' expose de jeunes araignées. 
Elles grimpent par quelques branches, s'y suspendeut par 
un fil, se redressent et «'accrochent au fil avec les pattes. 
Ainsi renversée elles lancent un fil qui monte droit vers 
le ciel. 

En un clin d'añl elles sont soulevées par leur fil. 
Jai pu les distinguer jusqu'a une hauteur de quifize á 
vingt métres; cela a duré deux ou trois secondes. 

L'ascension est d'aubant plus rapide qu'il fait plus 
chaud. Placee á l'ombre, dans un appartement les araig- 
nées ne s'élévent jusqu'au plafond qu' avec peine. 
Elles retombent bientot. Exposées au soleil dans une 
salle, elles s'élévent lestemcnt par un fil qui monte per- 
pendiculairement au plafond. L'asceusion se ralenti des 
que le fil est soustrait á l'action solaire, puis elle s'arréte 
fil et araignée et redescendent. 

En plein air, l'ombre á la meme action sur le fil. 
Aussi, est-il fréquent de voir les araignées monter 
jusqu'a la cirae des grands arbres pour de la s'éléver 
saus obstados. 

Pendant l'ascension, l'araiguée produit de nouveaux 
fils transporteurs. Plus ils sont longs et nombreux plus 
aussi est rapide l'ascension et plus haute est l'altidude 



Claude Doseph E. C. — míkurs des araignées 145 

atteinte. II est diíFicile de vérifier jusqu'a qiielle hauteur 
elles parviennent j'en ai vu s'élever sur le sommet d'une 
montagne qui a 2,500 metres d'altitude. Elles atteignent 
peut étre jusq'a trois milles metres. Celles qui s'élévent 
les plus vite et les plus haut sont les plus petites; elles 
pésent moins. En augmentant de poids elles n'atteignent 
plus ees hauteurs. II arrive méme un temps ou l'aérosta- 
tion ne leur est plus possible, au raoins pour certaines es- 
péces trop pesantes. Les Thomisus, les Atticus, les Salticus 
conservent toute leur vie la faculté de s'élever ne fut-ce 
qu'á quelques metres du sol Elles vont defleurs en fleurs, 
d'un arbie a l'autre. Leur taille est moyenne et méme 
petite. 

Les autres s'élévent plus difficilement a mesure 
qu elles croissent. Elles voyageut encoré a quelques me- 
tres de hauteur, suspeudue a un longfil mouvant, pourvu 
d'une forcé ascensionnelle un peu supérieure au poids de 
l'araiguée. Enfin elles ne peuvent plus s'élever. 

Elles conservent bien la propriété de lancer des fils 
par lesquels elles voyagent d'une plante a l'aulre, mais 
c'est tout. Ce sout dcy fils d'automne. Une vie plus séden- 
taire com menee. 

En s'élevant entourées de fils, l'araiguée estentrainée 
de cóté por le vent. On peut la suivre des yeux et savoir 
la distance aproximative qu'elle parcourt en une heure, en 
un jour, etc. Elle se déplace avec la vitesse du vent, tout 
comme un nuage. 

Le soir est lemeilleur moment pour observer la rapi- 
dité du voyage. L'atmosphére se refroidit; les fils s'im- 
prégnent d'humidité, les araignées se rapprochent du sol. 
La deséente s'opére lentement. Chez quelques unes les 
fils de trausport se sont collés; ils forment un long fila- 
ment blanc bien visible, a méme une centaine de métre 
du sol; ils se déplacent en ondulant et en serpentant dan» 
la mer aérieune. Pour les suivre il faut courir. 

Chez d'autres araignées les fils transporteurs sont 
pelotonnés pour la deséente. Ils forment un petit fiocon 
blanc, gros comme une noisette. Ainsi, le fil offre une 
moindre résistance. 

II arrive que plusieurs araignées se recontrent en 
l'air; leurs fils se collent. Elles voyagent en commun; j'en 

KEV. CH. HIST. NAT. (1921). (10) 



146 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

ai compté sept, hiiit, dix, couraut sur leurs fils enchevé- 
trés. Elles vont aussi vite associées que séparément. Les 
ñlameuts sont seulement plus longs el plus gros. 

Ed arrivant á uñ obstácle, les fils s'y accoUent s'il 
s'agit d'uu arbre ou d'un buisson, ils font uu boud et le 
fraiichissent si c'est une muraille, une toiture. Cela vient 
de ce que le vent penetre au travers du feuillage et y 
entraine les fils, tandis que la muraille empeche le cou- 
rrant d'air de suivre son cours; une partie de l'aor refoule 
l'autre et l'oblige h s'élever au dessus de l'obstacle. Les 
fils transporteurs se plient aux moindre remous aériens et 
perraettent d etudier la marche d'un courant d'air pour 
íaible qu'il soit. 

Les araignées atterrissent vers cinq ou six heures du 
soir, aprés dix k douze heures d'aérostation, á 150 ou 200 
kiloraétres du point de départ, en supposant un dépla- 
cement moyen de 4 á 5 métres par seconde. 

Le voyage est parfois interrompu par un brouillard 
qui se forme, par une averse de pluie, etc.... par toute 
cause qui diminue notablement ou supprime la forcé ascen- 
sionnelle des fils. Sil pleut les araignées sont precipitées 
sur le sol et y restent jusqu'au retour de beau temps. Des 
que le soleil reparait elles recommencent les préparatifs 
de l'ascension. Partout elles multiplient les fils: elles en 
couvrent le sol, les herbes, les arbustes, etc.. puis elles 
s'élévent et disparaissent de nouveau jusqu'a une pro- 
chaine averse oujusqu'au soir. 

Pendant la nuit, les araignées marchent sur le sol, 
parmi les plantes, á la recherche de nourriture. Elles font 
provisión pour le jour qui vient. Et au matin, elles atten- 
dent, au bout des branches, sur les tiges des graminées, 
l'heure de s'élever encoré, pour un nouveau voyage. 

Cette periode d'aérostation dure 8 á 10 seraaines. De- 
puis son premier départ une araignée arrive a parcourir 
en moyenue la distance enorme de 10,000 kilométres. Peu 
d'animaux ont un moyen de dispersión aussi puissant. II ya 
bien íi remarquer que toutes les araignées ne sont pas 
portees a de telles distances de leur lien d'origine. Le vent 
qui les pousse aujourd'hui dans une direction peut les ra- 
mener demain pres oü elles étaient parties. C'est un 
va et vient pour quelqiies unes. Seulement dans des con- 



Claude Joseph E. C— moeurs des araignées 147 



ditions favorables elles peuveut étre transportées íi des 
milliérs de kilométres et la établir leur toile ou y vivre 



vagaboude. 



Les Mers, les Océans ue peuvent étre frauchi a cause 
de Tatterrisage forcé de la niiit. Les moutagnes de 2 a 
3,000 métres d'altitude peuvent l'étre daus bien des cas. 



Explicatioii de la planche (VII) 

P. Point de départ. 
PA. Fil vertical. 

A. L'araignée lance son fil transporteur. 

B. Le fil transporteur la sonléve et le vent Tentraine un peu. 

C. Le fil transporteur s'allongeant augmente en forcé ascensionnelle. 

D. La forcé ascensionelle du fil transporteur rompt le fil vertical 

et Taraigneé est emportée dans ratmosphére. 

E. En montant Taraigneé émet de nouveaux fils transporteurs. 

A. B. C. D. Positions successives occupées par l'araigneo qui s'eléve 

dans Fatmospliére 
A", fil simple et direct lancé par une araignée, 
B\ Ce fil iemporte. 



148 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



NUEVOS P0MFILID05 CHILENOS 
(PompiüDac. Hymcnoptera) 



POR 

Paul HERB5T 

(Valparaíso, casilla 35ÍÍ8) 



Pompilus Fazii, n. sp. 

Preciosa especie que tanto por su robusta talla y lin- 
da pubescencia de un verde azulado, como por sus carac- 
teres morfológicos, que la aproximan al género Salius 
Fabr. resalta a primera vista entre los pompilidos chilenos. 
Coloco esta especie bajo el género Pompilus Fabr. princi- 
palmente por el tamaño de la tercera célula cubital, la cual 
no supera el de la segunda, por sus tarsos fuertemente 
jjectiuados, por la falta de una impresión transversal en 
el segundo segmento ventral. 

? Longitud: 13 — 20 mm. 

Negro, lustroso, cuerpo en todas las partes cubierto 
de un finísimo vello sedoso de color verde oscuro algo azu- 
lado semejante al del carbonato de cobre, vello que es más 
escaso sobre los segmentos ventrales. Cabeza, prosterno, 
caderas, patas dotados con escasos largos pelos negros. 
Cabeza algo aplanada, clipeo abovedado, su margen ante- 
rior levemente escotado, quedando visible el labio. Tercer 
artejo de las antenas del mismo largo que el del cuarto o 
quinto. Los ojos compuestos alcanzan la base de las man- 
díbulas, el margen interior de su órbita rectilíneo, entre sí 
paralelos. Pronoto de una longitud moderada, su margen 
posterior arqueado. Segmento mediarlo abovedado y divi- 
dido por un surco longitudinal, que ensancha hacia atrás, 
su superficie en ambos lados levemente arrugado trans- 



Herbst. — nuevos pompílidos chilenos 149 

versalmeute. Alas superiores e inferiores bien ahumadas, 
con reflejos violáceos. La célula radial de alas las superio- 
res es romboidal, relativamente muy larga, tal como es 
propio al género Salius Fabr. Segunda y tercera célula 
cubital en la vena cubital de uua misma longitud, la ter- 
cera de forma trapezoidal y apenas mayor que la segunda, 
la segunda de forma romboidal. La primera vena recu- 
rrente desemboca a la segunda célula cubital más allá de 
su medio, la segunda a la tercera delante de su medio. La 
vena cubital es prolongada, pero no alcanza el margen de 
la ala. La vena basal de las alas superiores arranca bas- 
tante delante del fin de la célula subraedial. La vena cu- 
bital de las alas inferiores es casi intersticial. Patas I muy 
cortas, muy robustas, su fémur moderadamente engrosado, 
metatarso y especialmente el segundo, tercer y cuarto arte- 
jo de sus tarsos muy recortados y anchos como los del 
género Planiceps Latr., armados de un robusto peine tar- 
sal: el metatarso posee en su cara exterior cinco cortos 
dientes de peine, cuyo último tiene la longitud de los 
dientes con los cuales están dotados los artejos 2 al 4. Pa- 
tas II y III poseen tarsos más largos, normales. El peine 
de cerdas finas entre las uñas es bien desarrollado. 

S Longitud 9 — 12 mm. 

Caracteres plásticos y el color conformes a los de la 
hembra, pero de talla mucho menor y más delgada. Segun- 
do artejo de las antenas dos veces más largo que ancho. 
Segmento mediarlo sin arrugas transversales. Segmento 
anal revestido de pestañas largas. Artejos tarsales de las 
patas I y II recortados, de las patas III muy largos, dos 
veces mayores que los de las patas II. 

Tengo a la vista numerosos ejemplares colectados en 
la provincia de Valparaíso, en las cercanías de esteros o 
canales de riego sobre flores de umbelíferas durante los 
meses de Diciembre hasta Abril: Limache, Olmué, Mar- 
ga-Marga, etc. 

Denomino esta linda especie en honor del señor Al- 
fredo Faz, Santiago, quien me presentó el primer ejemplar. 



150 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 





Fig. 24. — Venación de las alas superiores de: 
a) Pompilus Fazii, P. Herbst b) Fo/iipilus Jaffueli. P. Herbst 



PonipiJiis Jaffueli, ii. sp. 

Especie de tamaño mediano, cabeza y tórax negros, 
abdomen rojizo, decorados de abundante vello plateado. 

9 Longitud: 8 mm. 

Cabeza, antenas, tórax y patas de un color negro 
mate, en iluminación lateral con brillo aterciopelado, ab 
domen rojizo, en iluminación lateral con reflejos violáceos. 
Decorados de un resaltante sedoso vello plateado están 
los bordes interiores de la órbita de los ojos compuestos, 
una impresión longitudinal entre la base de las antenas y 
del ocelo anterior, el occipucio, el prosterno, el borde pos- 
terior del pronoto y del mesotórax, la superficie del post- 
scutelum y del segmento mediario, las coxas I, II y III. 
La cabeza y el prosterno dotados de aislados pelos largos 
de color gris; el abdomen revestido de un fino vello gris. 
Las alas anteriores, especialmente en su margen exterior 
negruzcas, con reflejos violáceos, con venas negras. Las 
células cubitales están formadas por una venación análoga 
de las del Pompilus nitidulus (Guér.) Kohl, con la diferen- 
cia que la tercera es de menor tamaño que la segunda, 
pero hacia la vena radial angostada como en la especie 
comparada; la segunda vena cubital transversal es arquea- 
da, de manera que la formu de la segunda célula cubital 
resulta ovalada. La vena basal de las alas anteriores no 
es completamente intersticial sobre la vena subme- 
dial transversal, arranca más bien muy cerca de ella. 
La vena basal de las alas posteriores es intersticial. La 
la frente es ancha, el margen interior de los ojos facetados 
es rectilíneo, entre sí paralelos. Los ocelos posteriores 
guardan entre sí una igual distancia que de los ojos. Cli- 
peo es abovedado, negro, glabro, dejando visible el borde 



Herbst. — nuevos pompílidos thilexos 151 

anterior arqueado del labro. Antenas robustas, segundo 
artejo del flagellum tan largo que el primero más el tercer 
artejo en conjunto, el quinto al undécimo artejo del fla- 
gellum poseen en su cara exterior una escotadura, de ma- 
nera que las junturas de ellos parecen estar sobresalientes; 
cada uno de estos artejos está dotado de un hoyello longi- 
tudinal. El borde posterior del pronoto es obtnsangulo. 
Segmento mediarlo abovedado con un surco longitudinal. 
Patas I dotadas de un robusto peine tarsal, su raetatarso 
en su cara exterior armado de 4 dientes de peine, de los 
cuales el basal es mucho más corto que los demás, cuales 
miden m. o m. tres cuartas partes del largo del metatarso. 
El lado interior de las uñas armado de un diente; las uñas 
carecen de un peine de cortas cerdas. 

$ Longitud 5 mm. 

Conforme a su hembra, pero de mucho menor talla. 

Las alas anteriores están casi hialinas, excepto su 
ápice que es negruzco. Antenas cortas, filiformas, la cara 
exterior de los artejos sin escotadura y sin hoyellos, se- 
gundo artejo del flagellum más corto que el tercero, el 
tercero tan largo que el primero más el segundo en con- 
junto. Uñas no biñdas. Segmento mediarlo dividido en su 
mitad por una quilla longitudinal, delante ambos estig- 
mos existe un pequeño tubérculo en forma de perla. 

Tengo a la vista 1 ? y 1 ^ cogidos en el valle del 
estero de Marga-Marga, provincia de Valparaíso durante 
el mes de Enero por el E. P. señor Félix Jaffuel, SS. CC, 
Santiago, en cuyo honor denomino esta linda especie. 



152 RKVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



L«5 C^CT/íCt^ 
de los alrededores De Zapallar 



POR EL 



Prof. Dr. Federico DOHOW 

Catedrático de Botánica en la Escuela de Medicina y de Ciencias Biológicas 
en el Instituto Pedagógico de Chile 



Las observaciones que van expuestas a continuación 
forman un capítulo de una obra en cuya composición esta- 
raos ocupados desde varios anos atrás y que versará sobre 
la sistemática, geografía y ecología de la flora de una re- 
gión del país que hemos podido estudiar con especial dete- 
nimiento y que nos ha ofrecido no pocas novedades. Xos 
referimos a aquella parte de la costa de Aconcagua donde 
está situado el floreciente balneario de Zapallar, lugar do- 
tado, como se sabe, de un clima delicioso y rodeado de 
una vegetación indígena por demás rica e interesante. 

De las familias de plantas que constituyen la flora 
zapallarina y que figuran, por consiguiente, en la mencio- 
nada obra, algunas habían sido hasta ahora tan imperfec- 
tamente estudiadas en Chile, que el autor creyó convenien- 
te, para llenar los vacíos existentes en la literarura florís- 
tica del país, dedicar a su descripción más espacio que a 
las otras mejor conocidas y que estimó poder tratar más 
sucintamente. A las primeras pertenecen las Cactaceae, a 
las cuales se^refiere el presente artículo, familia omitida 
por completo en los Estudios Críticos sobre la Flora de 
Chile por Carlos Eeiche y cuya descripción en la antigua 
Flora Chilena de Claudio Gay es del todo deficiente. La 
única obra que contiene descripciones de todas las espe- 
cies chilenas conocidas es la Gesamratbeschreibung der 



OohOW.— CACTÁCEAS DE ZAPALLAR 153 

Kakteeu por K. Schuraaun (1), que se funda, en lo que a 
Chile respecta, principalmente en las comunicaciones y 
muestras enviadas por el ex-director del Jardín Botánico 
de Santiago don Juan Sohrens. 

Muchas de las características dadas en esta obra no 
satisfacen tampoco, a causa de que el autor no ha podido 
observar las plantas en sus sitios naturales y ha tomado 
a menudo por caracteres específicos propiedades que no 
son sino modificaciones variables. 

Daremos en el presente artículo no sólo la descrip- 
ción morfológica de las Cactaceae representadas en Zapa- 
llar, entre las cuales se halla una especie a nuestro juicio 
nueva, sino que trataremos también de su biología floral, 
tema que hasta ahora no ha sido abordado respecto de 
ninguna especie de la familia. 

A fin de llenar el indicado vacío, que se nota también 
en los libros de enseñanza usados en Chile, servirá la si- 
guiente breve exposición de los caracteres generales de 
la familia. 

CACTACEAE (Quiscos) 

Son plantas de tallos suculentos, provistos de aguijo- 
nes (llamados quiscas), cuya naturaleza morfológica está 
todavía incierta (2). Dichos aguijones se hallan agrupados 



(1) JN"eudamm Í899; IN'achtrilore 1898-1902. ibid. Véase también 
Cactaceae por K. Schumanii en Encrler y Prantl, ríatürl, Pflanzefain. 
III. 6 a p. 156. El mismo autor publicó en los «Abhandlungen der 
Konigl. Preuss. Acad. de Wiss», un trabajo sobre la distribución 
geográfica de la familia («Die Verbreitiing der Kakteen ini Yerhiiltnis 
zu ihrer systematischen Oliederung»). Berlín 1899. En estas obras en- 
cuentra el lector toda la literatura anterior sobre la familia. Dos pe- 
riódicos que se dedican exclusivamente a la descripción y representa- 
ción por láminas de Cactáceas son la «Monatsschrift fur Kakteon- 
kunde» y la Iconographia Cactacearum (»Blühende Kakteen»), ambos 
fundados por Schumanu y editados en IN'eudamm desde 1891 y 1901 
respectivamente. 

(2) Algunos autores consideran estos órganos como bojas meta- 
morfoseadas, mientras que otros les atribuyen sólo el valor de pelos 
o emergencias. El hecho es que tanto su origen como la estructura 
histológicas son en extremo variables. Una clase especial de aguijo- 
nos, caracterizadas por las ramificaciones dirigidas hacia atrás que 
llevan en la punta, son los «g"loquidios», que se observan iinicamente 
en la subfamilia Opuntioideae. Desde oi punto de vista zoológico, los 
aguijones deben interpretarse como armas de defensa contra los anima 
les herbívoros. 



154 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



en las «aréolas», que son porciones de la superñcie del 
tallo de contorno circular o elíptico y ubicadas en las axi- 
las de hojas ya normales ya rudimentarias o nulas. El ta- 
llo es simple o ramificado, y su forma exterior según los 
géneros cilindrica, prismática, globosa, achatada o articu- 
lada. La superficie es raras veces lisa, generalmente pre- 
senta costillas que están separadas por surcos y divididas 
o no en protuberancias («tubérculos»). Sobre las costillas 
o en la punta de los tubérculos se hallan las aréolas. 

Las flores son grandes y sésiles. Tienen un ovario 
infero y un periantio no diferenciado en cáliz y corola, 
sino formado de numerosas hojuelas que están dispuestas 
en espiral continua y aumentan gradualmente de tamaño 
de abajo para arriba. Casi siempre las bases de estas ho- 
juelas están unidas, constituyendo un tubo más o menos 
largo, en cuya cara interior están insertos los estambres. 
Estos son numerosos y colocados también en espiral. El 
estilo sencillo termina en un estigma estrellado con tantos 
radios como carpelos entran en la composición del ovario. 
El fruto es una baya polisperma que en la madurez queda 
carnosa o se seca interiormente y en fin se abre, dejando 
entonces las semillas descubiertas. 

Las Cactaceae son vegetales típicamente xerófitos, e. 
d. adaptados a la sequedad. Se encuentran desde la costa 
del mar hasta considerables alturas de las montañas. La 
mayor parte de las especies son terrestres, sólo algunas 
(no representadas en Chile) viven epifiticameute sobre los 
árboles. Salvo las pocas especies dotadas de hojas, asimi- 
lan con la corteza verde de sus tallos y acumulan grandes 
(cantidades de agua en el parenquima incoloro que consti- 
tuye la masa carnosa de éstos. Las raices son parte adhe- 
sivas y profundizadoras, parte absorbentes y superficiales. 
Las últimas son capaces de aprovechar la más insignifi- 
cante humedad del suelo. En cambio los órganos aéreos 
no tienen por regla general la facultad de absorber el agua 
atmosférica (3). Sobre la biología de la polinización y de la 
diseminación no existen datos en la literatura que se 
"funden en observaciones hechas en la naturaleza. 



(3) De esta regla hacen tal vez una excepción ciertas especies de 
Echinocactiis (E. ornatus. mvriostigma y otras), que poseen escamas 
de la misma forma estrellada que se observa en las Bromeliaceae. 



DohOW.— CACTÁCEAS DE ZAPALLA!; 155 

Con la única excepción de algunas especies del géne- 
ro epiíítico Ehipsalis, que habitan en África, Madagascar, 
Mauricia y Ceylan y que deben probablemente su exis- 
tencia en esas regiones al transporte de semillas a través 
del Océano Alántico mediante las aves frugívoras (4), las 
Cactaceae se hallan limitadas a América. Su centro geo- 
gráfico o «de creación» parece estar situado en México, 
país en que todavía habita la mayor parte de las especies. 
Desde esa región la familia se ha esparcido tanto hacia él 
norte como hacia el sur, estando hoy representada en todos 
los países del nuevo mundo desde el Canadá hasta la Pata- 
gonia argentina, e. d. en la enorme extensión de 103 gra- 
dos de latitud. 

Las especies chilenas son en su mayoría endémicas 
en el país, lo que no obsta a considerarlas como procedi- 
das del Perú, donde se halla un centro secundario de la 
familia, muy rico también en especies. El límite sur del 
área de dispersión lo forma en Chile el río Bío-Bío y en 
Argentina la parte más austral de la estepa patagónica. 

A pesar del gran interés que siempre han despertado 
las Cactaceae por la hermosura de sus flores y por su cu- 
riosa organización vegetativa, nuestros conocimientos so- 
bre la posición de la familia en el sistema y sobre los gé- 
neros y especies que en ella deben distinguirse, dejan 
todavía mucho que desear. Tocante al primer punto, viene 
acentuándose en los últimos tiempos la opinión de que las 
parientes más cercanas de las Cactaceae son las Portula- 
caceae y Aizoaceae, familias que presentan un gran número 
de especies suculentas, cuyas flores concuerdan también 
en varios caracteres con las de las Cactácea y de las cuales 
una parte posee «aréolas», e. d. porciones circunscritas de 
la superficie del tallo que se encuentran en las axilas de las 
hojas y son los lugares donde nacen las ramificaciones, 
flores, etc. (5). 



(4) Véase Schumanii, 1. c, p. 24-25; iVatürl. Pflanzenfam. III, 6.", 
pág. 172. 

(5) En la esperanza de poder confirmar mediante experimentos de 
injerto la supuesta afinidad con las Aizoaceae j Cactaceae. se ensayó 
en el Jai-din Botánico de Santiago injertar especies de la última familia 
sobre la doca chilena (Mosembrianthemum aequilaterale) con el i-esul- 
tado no decisivo de que en el punto de unión de las dos plantas no se 



156 REVISTA CHILENA DE HISTOREA NATURAL 

En cuanto a la distinción de géneros y especies den- 
tro de la familia, ha sido una tarea muy difícil para los 
botánicos sistemáticos por la enorme variabilidad que pre- 
sentan muchas Cactaceae según las condiciones topográ- 
ficas de su sitio y por la existencia de formas transitorias 
entre casi todos los géneros. Ambos hechos demuestran 
que se trata de un grupo de seres que está todavía en 
plena evolución y en el cual no se pueden aun discernir y 
circunscribir con certeza las categorías sistemáticas de que 
en un porvenir tal vez lejano ha de quedar definitivamente 
compuesto. En la ya citada monografía de Schumann se 
admiten 21 géneros que abarcan 779 especies descritas, 
Tomando en cuenta que muchas regiones de América están 
a la fecha mal exploradas, es probable que el número de 
especies llegará en fin a más de mil. Las Cactaceae chile- 
nas hasta ahora descritas representan 53 especies y perte- 
necen a 4 géneros, a saber Maihuenia con 2, Opuntia con 
11, Cereus con 8 y Echinocactus con 32 especies. 

Schumann ha demostrado con muy buenas razones 
que como grupo más antiguo de la familia han de consi- 
derarse las Peireskioideae, que poseen todavía hojas pla- 
nas bien desarrolladas, cuales son típicas en la clase Dico- 
tylae. De las Peireskioideae (no existentes en la flora 
chilena) han descendido las Ópuntioideae, de las cuales 
algunas especies también conservan aún hojas verdes, pero 
que se distinguen no solamente de las Peireskioideae sino 
de todas las demás Cactaceae por la posesión de gloqui- 
dios y la naturaleza dura de la testa de las semillas. Una 
transición entre las dos subfamilias mencionadas la forma 
el género chileno-argentino Maihuenia, dotado de gloqui- 
dios como las Ópuntioideae y de semillas que concuerdan 
con las de las Peireskioideae, de las cuales descienden como 
las Ópuntioideae. 

Hay en la región de la costa aconcagüina que nos 
ocupa, sólo representantes de dos géneros de Cereoideae. 

CEREUS MiLL 

Tallo alargado desde la primera edad, con costillas 



formó ningún Ciillo. pero el injerto echó raíces que penetraron en los 
tejidos del patrón y continuaron creciendo dentro de ellos hasta llegar 
en contacto con el suelo. 



DohOW. — CACTÁCEAS DK ZAPALLAR 157 



derechas, divididas o no en tubérculos. Aréolas vestidas 
únicamente de un tomento corto. Flores oriundas de la 
parte superior de las aréolas, grandes e infundibuliformes. 
Periantio actinomorfo o ligeramente zigomorfo, con tubo, 
en el cual están insertos los estambres Baya jugosa. Se- 
millas con testa reluciente. 

La única especie representada en Zapallar pertenece 
a la tribu '<Notati» según la terminología de Schumann, 
caracterizada por una depresión transversal que se halla 
más arriba de cada aréola. 

Cereiis litoralis, nov. sp., Jühow 

Simplex colnm naris, serius reclinatus, deinde prope 
apicem geotropiceresurrectus et a basi procumbente ramo- 
sus, 1-2 m. altus, 10-12 cm. crassus, cinereo-viridis, ápice 
convexo aculéis viridibus dein melléis obtecto; costis 21 
rotundatis, o mm. altis, depressionibus lateri superiori areo- 
larum contiguisin tubercula vix prominentia solutis; valle- 
culis acutis, undulatis; areolis orbiculari-ellipticis, obüquis, 
tomento brevi isabeliino dein griseo vestitis, 1 era. inter 
se distantibus; aculéis radialibus ca 20 subulatis, centra- 
libus 5-8 raajoribus inaequalibus, ómnibus deuique griseis; 
floribus lateralibus semper in caulis lateri septentrionali 
i. e. solem versus spectante ortis, 12-14 cm. longis, 10 cm. 
latis; ovario globoso, squamoso, atque tubo perianthii lana 
obscura vestito; tepalis exterioribus acutis, viridialbescen- 
tibus, ápice rubeolis,interioribus acumiuatis, apicem versus 
interdura denticulatis, albis; starainibus exterioribus fau- 
cem perianthii sulperantibus, filaraentis pallide viridibus, 
antheris sulphureis; stylo longitudine staraina exteriora 
aequante, pallide viridi; stigmatibus 18-22 luteo-albis; bacca 
depressa, 3-4 cm. crassa. 

Se distingue del Cereus chilensis Colla (C. quisco Ee- 
my), que más se le aproxima, a la primera vista por la 
particularidad del tallo de crecer primero en dirección 
perpendicular para inclinarse después a causa del propio 
peso del tallo hacia el suelo y levantarse de nuevo por geo- 
tropismo. Como este fenómeno se repite cada vez que el 
tallo alcanza más o menos un metro de altura y como lue- 
go brotan ramificaciones en el lado superior de la parte 



158 REVISTA CHILEN'A UE HISTORIA NATURAL 

tendida al suelo, la planta ocupa al fin una considerable 
extensión de terreno, constituyendo con los arbustos que 
crecen asociados a ella (p. e. la Fuchsia rosea) espesuras 
tupidas e impenetrables. El punto donde el encorvamien- 
to geotrópico se verifica, dista unos 25 cm. del ápice, lo 
que prueba que en esta región del tallo perdura todavía 
el crecimiento intercalar. En el lado convexo de la curva- 
dura, que está en contacto con el suelo, brotan tarde o 
temprano raices adventicias, que contribuyen a la firmeza 
de la planta y ayudan en la alimentación. La inclinación 
hacia el suelo deja de tener lugar solamente cuando la 
planta crece en medio de un matorral, cuyas ramas le sir- 
ven para apoyarse en ellas, y es en tales casos que el tron- 
co alcanza la excepcional altura de 2 m., altura que es 
muy común y a menudo excedida en el Cereus cliilensis. 

El grosor del tallo es de 10-12 cm., su color un ver- 
de oscuro que tira al ceniciento. El ápice es convexo y en- 
vuelto por los aguijones nuevos, que primero son verdes, 
pero luego toman un color miel y más tarde se tornan ce- 
nicientos. Contamos invariablemente 21 costillas; que son 
derechas, de corte redondeado, de 5 mm. de altura y se 
hallan separadas por surcos agudos, ondulados. Esta for- 
ma ondulada de los surcos proviene de que las costillas 
son a la altura de las aréolas más gruesas que entre ellas 
y de que las aréolas de las costillas vecinas se alternan. In- 
mediato al límite superior de cada aréola hay en la costi- 
lla un hundimiento, que afecta también la aréola y da a 
ésta una posición algo oblicua. Las aréolas distan un cm. 
entre sí y son de forma elíptico-orbicular. Los aguijones 
periféricos son radiantes y delgados; su número fluctúa 
alrededor de 20. Los centrales son más gruesos y largos, 
por lo demás de longitud desigual; en los ejemplares típi- 
cos que crecen en las inmediaciones del mar, los aguijones 
más grandes miden ordinariamente 2 cm.; en otros lugares 
los hemos encontrado un poco más largos. 

Las flores ocupan siempre el lado norte del tallo o 
sea el que recibe la luz del sol más intensa. Se encuentran 
tanto cerca del ápice como a considerable distancia de él 
(hasta 60 cm;). Tienen la forma de un embudo algo encor- 
vado por geotropismo hacia arriba y miden 12-14 cm. en 
el largo y 10 era. en el diámetro mayor. El ovario es esfé- 



DohoW.— CACTÁCEAS DE ZAPALLAR 159 

rico, escamoso y vestido, lo mismo que el tubo del perian- 
tio, de largos pelos oscuros. Las hojuelas exteriores del 
periantio son agudas, verdoso-blanquizcas con el ápice ro- 
jizo; las interiores son acuminadas, en la punta a veces 
denticuladas y de color blanco. Los numerosísimos estam- 
bres disminuyen de largo de afuera para adentro; los ex- 
teriores sobrepujan la garganta, mientras que los interio- 
res llegan hasta la altura de ella; todos tienen filamentos 
blanco-verdosos y anteras color azufre; carecen de irrita- 
bilidad al contacto. El estilo es del mismo largo que los 
estambres exteriores y de color verde pálido. El número 
de las ramificaciones del estigma varía entre 18 y 22. El 
fruto es una ba3^a redonda, deprimida y mide entre 3 y 4 
cm. en el diámetro. 

De la descripción que antecede se desprende que 
nuestra especie fuera de los caracteres vegetativos ya men- 
cionados se distingue del Cereus chilensis también en dos 
propiedades de sus flores, que son: el exclusivo nacimien- 
to de ellas en el lado norte del tallo y el gran número de 
ramificaciones del estigma (Al C. chilensis atribuye Schu- 
mann 6 radios del estigma, número que probablemente 
no es del todo constante, pero que parece difícil pueda au- 
mentar hasta 18). Por lo demás, las dos especies concuer- 
dan tanto en la estructura floral que su afinidad estrecha 
queda fuera de duda. 

(3tra especie chilena de Cereus que con la nuestra 
tal vez tiene relaciones de parentesco, es el C. funkii Iv. 
Schum.; planta de la cual no se conoce la flor y que difie- 
re del C. chilensis y del C. litoralis en las dimensiones del 
tallo y en el número de costillas y aguijones (6). 

El área geográfica del O. litoralis abarca la costa de 
Aconcagua desde Papudo hacia el sur y posiblemente tam- 
bién la de Valparaíso y Santiago. EnZapallar la phmta es 
común en las inmediaciones del mar. Abunda p. e. cerca 
de la playa, en el lugar llamado <Mar Bravo; y en la par- 
te de la costa que se extiende entre Zapallar y Cachagua. 
Ejemplares aislados se encuentran también en los cerros 
que rodean el balneario; pero en las alturas mayores de 
las montañas la especie no se observa. 



(tj| Sclmmanii. Go.sainmtbeselireibinií;, p. 01. 



160 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

Hemos encontrado repetidas veces ejemplares defor- 
mados por fasciación y que presentaban figuras por demás 
caprichosas. Uno de ellos hace diez años fué transplantado 
a nuestro jardín, vive todavía allí y continúa produciendo 
ramificaciones achatadas y encorvadas en la forma carac- 
terística para esta clase de fenómenos teratológicos. Como 
todos esos individuos observados por nosotros en la natura- 
leza crecían en sitios donde había mucho estiércol de anima- 
les, nos inclinamos a suponer que la hipertrofia obra como 
causa provocadora de la deformación. Entre los aficionados 
que se dedican al cultivo de los quiscos, tales fasciaciones, 
que ocurren en varias especies, son conocidas bajo el nom- 
bre de «crestas de gallo». 

Sobre la biología floral del C. litoralis hemos ¡Dodido 
hacer las siguientes constataciones. La época de la flora- 
ción comprende los meses de Septiembre y Octubre; por 
excepción se encuentran flores a fines de Agosto o en No- 
viembre. Cada flor permanece abierta durante 4 o 5 días 
y no presenta movimientos nictitrópicos ni fenómenos de 
irritabilidad de sus estambres. La polinización artificial 
con el polen de la misma flor o con el de otra flor del mis 
mo ejemplar no produce efecto fecundador. (En los experi- 
mentos efectuados para constatar esto, se impidió el acceso 
de insectos, envolviendo las flores en pedazos de tul). La espe- 
cie no es, por consiguiente, autógama. Por la adaptación 
xenógama habla desde luego la pronunciada protandria 
(le la flor, pues las anteras se encuentran abiertas desde 
el primer día de la floración, mientras que el estigma sólo 
un el tercer día se abre, extendiendo sus ramificaciones. 
La consistencia pegajosa del polen, el considerable tama- 
ño del periantio, su color vistoso y la existencia de cierta 
cantidad de néctar en el fondo del tubo y alrededor de la 
base del estilo, son claros indicios de zoofilía. Efectiva- 
mente la flor es visitada por un gran número de insectos, 
especialmente por pequeños himenópteros de la familia 
Apidit', pero también por varios coleópteros buscadores de 
polen (7). En cuanto a las mariposas, de las cuales Schu- 



(7| Estos insectos se posan con preferencia sobre los estambres, cu- 
briéndose de polen si la flor se halla en el estado masculino, y «desem- 
barcan» a menudo en el estigma, polinizíindole, si sus rayos ya se ban 
abierto. 



DohOW.— CACTÁCEAS DE ZAPALLAR 161 

mann (8) supone que intervienen en la polinización de las 
Cactáceas, no hemos encontrado nunca ninguna especie 
de este orden en los centenares de flores de nuestra espe- 
cie que hemos examinado en diversas horas del día y de 
la noche. Pero sí hemos observado varias veces la visita 
del picaflor grande (Patagona gigas) y creemos que esta 
ave, que manteniéndose a vuelo frente a la flor introduce 
en ella su pico y su lengua para sacar insectos y néctar, 
es el principal agente de la polinización extraña. Al for- 
mular tal hipótesis, tomamos muy en cuenta que las di- 
mensiones de la flor concuerdan mejor con la longitud del 
pico del ave mencionada que con el cuerpo de aquellos pe- 
queños insectos, los cuales por lo demás no queremos ne- 
gar que ocasionalmente contribuyen al trasporte del po- 
len. Téngase presente también el hecho de que la perma- 
nencia en la costa chilena del picaflor grande cae precisa- 
mente en la época de la floración de la planta (9). 

En cuanto a la diseminación, no disponemos de ob- 
servaciones directas por no haber podido estudiar la espe- 
cie en la época de la madurez de los frutos (Noviembre y 
Diciembre). Dada la naturaleza jugosa de éstos (que los 
habitantes de Zapallar llaman guillaves o tunas y que 
aprecian como comestibles) es, sin embargo, evidente que 
los agentes obligados de la propagación son las aves fru- 
gívoras, como la thenca, el zorzal y los mismos picaflores. 
En Enero y Febrero ya no se encuentran en los alrededo- 
res del balneario sino fragmentos de frutos en unión con 
la planta, y en tales restos hemos visto varias veces mul- 
titud de hormigas ocupadas en devorar y llevar a sus ni- 
dos lo que quedaba de la pulpa dulce. Bien puede ser en- 
tonces que estos voraces insectos contribuyan en cierto 
grado a la propagación de las semillas. 



(8) 1. c. p. 19. 

(9) La Patagonia gigas es una de las pocas aves migratorias de 
Chile. Llega a la" costa de Aconcagua en Agosto y se va al norte (Perú, 
Ecuador etc.) después de haber anidado. Muy pocos ejemplares se que- 
dan en Chile hasta otoño. Sobre el rol que desempeña esta ave en la 
polinización de otras plantas de la misma región (v. g. la Puya venusta y 
la Lobelia salicifolia) véanse los «E.studios de Biología Vegetal» publi- 
cados por el autor en los Anales de la Universidad de Chile, 1910. 

REV. CH. HÍST. NAT. (1921) (") 



162 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

Ecliinocactus. Lk. 

Cuerpo primero siempre globoso, después en algunas 
especies elevado en forma de columna, con costillas longi- 
tudinales derechas u oblicuas y enteras o divididas en tu- 
bérculos. Aréolas vestidas de un tomento lanudo. Aguijo- 
nes de forma y tamaño muy variables. Flores en la parte 
superior de las aréolas, a veces más arriba del fascículo 
de aguijones. Periantio actiuomorfo, las más veces corto, 
con tubo, en el cual están insertos los estambres. Ovario 
escamoso. Baya más o menos jugosa, indehiscente o dehis- 
cente. Semillas punteadas. 

Las dos especies que se hallan en Zapallar pertenecen 
al subgénero Hybocactus de Schumanu, caracterizado por 
una prominencia que los tubérculos presentan debajo de 
las aréolas. Aunque están descritas ya en la obra de Schu- 
raann (10), damos aquí una nueva característica corregida. 

E. chilensis Hildm. 

Tallo generalmente sencillo, a veces prolífero, en la 
base o lateralmente, en la primera edad esférico, después 
cilindrico como un cereus, redondeado o caú plano (apenas 
deprimido) en el ápice y vestido allí por la ap)roximación de 
las aréolas de una lana blanquizco-amarillenta. 

Costillas 17-21, derechas u oblicuas, separadas por 
surcos agudos de 1-1,3 cm. de altura y divididas por esco- 
taduras de muy poca profundidad en tubérculos apenas 
sobresalientes. Hacia la base del tallo los surcos van apta 
nándose paulatinamente. Prominencias infra-areolares bajas 
y obtusas. Aréolas elípticas, de 5-8 mm. en el diámetro 
mayor, distantes 1 cm. entre sí, con tomento corto, pri- 
mero amarillento, después blanquizco, en fin caduco. Agui- 
jones nuevos más o menos amarillentos con puntas más 
oscuras, todos inclinados hacia el centro del ápice, que casi 
emmelven; los más viejos de color gris o blanquizco. Agui- 
jones marginales más o menes 20, delgados y divergentes, 
los centrales 6-8, más fuertes y largos (lo-S cm). 

Flores en mayor o menor número (contamos hasta 20) 



(10) Gesaiiinitbesclir. p. 4:"23 y 424. Xactriige p. 128. 



DohOW. — CACTÁCEAS DE ZAPALLAR 1<)8 

cerca del ápice, de 4 cm. de longitud total, colocadas más 
arriba del fascícii o de aguijones. Ovario oblongo, color 
verde claro, provisto de pequeñas escamas, de cuyas axilas 
salen dos cerdas blancas v/, además, muchos pelit os lanudos 
cortos del mismo color. Periantio de 3 cm de anchura, con 
tubo cubierto de hojuelas escamosas color verde en la ba- 
se, rosado en la punta y que llevan también dos cerdas y 
lana en sus axilas. Hojuelas corolinas del periantio sin pe- 
los, de color rosado o carmín más o menos subido con es- 
tría media más oscura, las exteriores más anchas, puntia- 
gudas u obtusas, a veces denticuladas en la margen, en la 
flor nueva inclinadas hacia el centro de manera que ocul- 
tan los estambres, después extendidas para afuera. Estam- 
bres numerosísimos, irritables al contacto, los interiores 
paulatinamente más cortos, todos insertos más arriba de 
la base del tubo, la que constituye el receptáculo del néc- 
tar. Filamentos blanquizcos, anteras de color azufre. Esti- 
lo más corto que el periantio, pero en la flor nueva con el 
estigma sobresaliente sobre las hojuelas inclinadas hacia el 
centro y más largo que los estambres después por creci- 
miento ulterior de los filamentos de igual longitud que 
éstos. Ramificaciones del estigma generalmente 6. Baya 
oblonga, verdosa o del mismo color que la ñor, glabras 
sembrada d*^ escamitas, cuya lana axilar ya persiste, ya 
desaparece, hueca e indehiscente en la madurez, corona- 
da por los restos secos del periantio, de 2-2^ cm. de lon- 
gitud. Semillas negras, de 1 mm. de grosor. 

Habita únicamente en la orilla del mar, donde crece 
en las hendiduras de las rocas graníticas y a veces aun en 
la superficie misma de las piedras, si éstas se hallan en 
vías de descomposición. Xo se aleja jamás de la angosta 
faja de terreno formada por las penas marítimas y hume- 
decida por la bruma. El área de dispersión parece limita- 
da en el norte más o menos por los esteros Petorca y Ligua; 
el límite austral no lo conocemos, pero se halla segura- 
mente más al sur de San Antonio en la provincia de San- 
tiago. La época de la floración es la primavera (Agosto 
hasta Xoviembre); pero se encuentran ejemplares floridos 
también en las demás estaciones. 

En cuanto a la biología floral, se desprende en gran 
parte ya de la descripción que acabamos de dar. En la pri- 



164 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

mera fase de la antesis las hojuelas interiores del perian- 
tio están inclinadas hacia el centro, ocultando los estam- 
bres, cuyas anteras ya están abiertas. C-omo por otra parte 
el estigma que sobresale en el medio de la flor, tiene en 
este estado sus ramificaciones no extendidas todavía, la 
planta ha de considerarse en el sentido común de la pala- 
bra como protándrica. Sin embargo, si tomamos en cuenta 
que durante toda la primera fase los estambres permane- 
cen inaccesibles a los insectos y que esta iuaccesibilidad 
perdura hasta que el estigma extiende sus ramificaciones 
y queda listo para la polinización con el polen traído de 
otras flores, la flor aparece protogínica. Después de efec- 
tuada la polinización, la flor se abre totalmente (11), encor- 
vándose hacia afuera también, los tépalos inferiores. Al 
mismo tiempo se alargan los estambres tanto que el estig- 
ma, ya marchito y cerrado de nuevo, queda al mismo ni- 
vel que aquellos. 

Principia entonces la última fase, en la cual los insec- 
tos pueden buscar el polen y transportarlo a una flor más 
nueva. Como se ve, podemos distinguir en el E. Chilensis, 
diferentemente de otras plantas dicógamas, tres eu vez de 
dos fases consecutivas de la antesis. La primera, en la cual 
los estambres ya maduros están ocultos en el periantio y 
el estigma ya sobresale, pero está cerrado, es la que se 
prolonga por más tiempo (dos o tres días). Por consiguiente, 
la inmensa mayoría de las flores que ocurren en la natu- 
raleza, presenta el aspecto que a esta fase corresponde. La 
segunda fase, caracterizada por los estambres todavía ocul- 
tos y el estigma abierto en formado estrella, y la tercera, 
en la cual la flor está totalmente abierta, presentando estam- 
bres alargados y el estigma marchito, duran sólo algunas 
horas y fueron observadas por nosotros mucho más raras 
veces que la fase primera. Siendo escasísimo el número de 
flores que no se convierten en frutos con semillas e impo- 
sible la polinización propia por la pronunciada dicogamia, 
debe suponerse a priori que no escasean en los sitios donde 
habita la planta, los respectivos agentes polinizadores. La 



(11) La aseveración de Schumann (Gesammbb. p. 425) de que en el 
E. aciitissimiis y especies afines la flor no puede abrirse por el gran 
número de aguijones que la rodean, es errónea. 



DohOW. — CACTÁCEAS DK ZAl'ALLAR 165 

observación directa de las visitas de éstos no es, sin em- 
bargo, tarea tan sencilla como pudiera creerse. Dejamos 
primero constancia de no haber visto nunca ni picaflores 
ni mariposas en la flor y que ésta tampoco ejerce atracción 
sobre los himenópteros durante la primera fase de la an- 
tesis. Parece que los insectos consideran la flor imperfec- 
tamente abierta, en cuyo centro se levanta el estilo con el 
estigma cerrado, como un simple botón, que no vale la pena 
explorar. Solamente, cuando se abre el estigma, ostentan- 
do su forma de estrella, y en el tercer estado, en que los 
estambres se imponen a la vista, los himenópteros acuden 
en busca de miel y polen. Las especies que hemos obser- 
vado son las mismas pequeñas Apidae, de las cuales ya 
hablamos al tratar del Cereus litoralis, planta a la cual el 
Echinocactus chilensis crece íntimamente asociado. 

Sobre la diseminación podemos decir muy poco. Siendo 
jugoso el fruto y dotado de color aliciente — si bien en la 
madurez se torna hueco y la pulpa dulce queda reducida 
a una delgada capa de la pared — es claro que la planta 
debe ser zoócora. Como el fruto está flojamente unido a la 
planta y se desprende al más leve contacto (quedando en- 
tonces abierto en su base), puede ser transportado entero 
por cualquiera ave frugívora, por más pequeña y débil 
que sea. Si el fruto no es llevado por un agente animal, 
se separa en fln espontáneamente, y las semillas que caen 
por la base abierta son arrastradas por la lluvia o el viento 
al suelo, donde germinan con gvan facilidad. 

E. acutissinms Otto et Dietr. 

Cuerpo generalmente sencillo, a veces más o menos 
prolífero en la base, hemisférico hasta esférico, raras veces 
más tarde subcilindrico, distinta aunque no profundamente 
deprimido en el ápice, donde las aréolas están distantes una 
de otra de manera que el tomento corto de ellas no tapa la 
superficie verde. Costillas 16-22, derechas u oblicuas sepa- 
radas por surcos agudos de H cm. de altura y divididas 
por escotaduras profundas en tubérculos pronunciados. En 
la base del tallo los surcos se conservan. Prominencia infra- 
alreolares más altas y agudas que en la especie anterior. 
Aréolas elíptica, de 8-10 mm. de diámetro, distantes 1 cm. 
entre sí, con tomento amarillento, después blanquizco, que 



166 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATl'RAL 

en fin desaparece. Aguijones nuevos (del ápice) amarillen- 
tos con punta oscura, todos inclinados hacia el centro, de- 
jando éste visible, los más viejos de color gris blanquizco. 
Aguijones marginales más o menos 20, delgados y diver- 
gentes hacia la periferia, centrales 6-8, más fuertes y lar- 
gos (1-1| cm.) 

Flores en mayor o menor número (contamos hasta 20) 
cerca del ápice, de 5 cm. de longitud total, colocados más 
arriba de los fascículos de aguijones. Ovario oblongo, color 
verde claro, provisto de pequeñas escamas que generahiente 
no llevan cerdas ni lana en sus axilas (12). Hojuelas coro- 
linas del periantio sin pelos ni cerdas, de color rosado o car- 
mín más o menos subido con o sin estria media oscura, 
todas lanceoladas, las interiores algo más anchas y acumi- 
nadas. Xúmero de estambres muy subido, los interiores 
paulatinamente más cortos, todos insertos más arriba de 
la base del tubo, la que constituye un receptáculo del 
néctar. Filamentos blanquizcos, anteras color azufre. Desa- 
rrollo y longitud relativa de los estambres y del estilo como 
en la especie anterior. Eayos del estigma 6-8. Baya de color 
verde claro, verde oscuro o carmín, oblonga, más carnosa 
que en el E. chilensis, pero en fin también hueca e indehis- 
cente. Semillas negras, punteadas, de 1 ram de grosor. 

Habitli en la Cordillera de la costa de (.'hile central 
(Aconcagua, A^alparaíso, Santiago y talvez más al sur), "a 
mayor altura de 300 m. sobre el mar. En Zapallar se en- 
cuentra en los costados de los cerros que dan al norte y al 
occidente asociándose a la Puya coerulea (el < chagual»), 
que también falta en las cercanías del mar, donde la reem- 
plaza la Puya chilensis (el «cardón-;)- Entre la zona ocupada 
por el E. acutissimus y la orilla del mar, donde habita el 
E. chilensis no existe cerca de Zapallar ningún ejemplar 
de ninguna de las dos especies de Echinocactus. 

De las descripciones que hemos dado se desprende 
que las dos formas de Echinocactus que hay en Zapallar 
son muy afines entre sí, pero deben mantenerse como es- 
pecies distintas. 

La biología floral del E. acuttissimus no difiere en 
nada de la del E. chilensis. 



(12) Sólo por excepción hemos observado en esta especie lana esca- 
sísima V cei'das cortas, aisladas. 



Barros ü.— avks de Aconcagua 167 



ÍV£5 DE Lfi CORDILLERA DE ACONCAGUA 

POK 

Rafael BARROS U. 

Ingeniero Agrónomo, Jefe de la Estación de Piscicultura de Rio Blanco 



Mi excelente amigo, el Prof. Di*. Carlos E. Porter, el 
esforzado fimdador y director de la Revista Chilena de His- 
toria Natural, me ha hourado invitándome a colaborar en 
el volumen de gala que hoy da a la publicidad, con mo- 
tivo de cumplir 25 años de existencia su hermosa Eevista. 
Agradeciéndole la invitación, he accedido gustoso, esti- 
mando que sería de algún interés publicar mis observa- 
ciones sobre las aves de este sector de la cordillera de los 
Andes chilenos, y que constituyen mi segunda contribu- 
ción al estudio de la repartición geográfica de los pájaros, 
en nuestro país. 

Las observaciones que aquí expongo, comprenden un 
período de cuatro anos. Empecé a practicarlas desde los 
primeros días de Octubre de 1917, fecha en que me hice 
cargo de la Estación de Piscicultura de Kío Blanco, que se 
encuentra situada sobre la margen derecha del río de este 
nombre, en un pintoresco valle estrechado por altas e im- 
ponentes montañas, a 1.540 m. sobre el nivel del mar. 

He hecho estas investigaciones, no sólo en la Esta- 
ción de Piscicultura, sino que también en Los Andes 
(830 ra. sobre el mar), donde resido desde hace más de dos 
años, y en numerosos viajes de servicio y excursiones de 
estudio, por las hojeas de los ríos Aconcagua y Blanco, va- 
lles de «Los Leones» y «LosPiuquenes», Cajón de Castro, 
Juncal, Laguna del Lica, etc. 

Por falta de espacio no tocal-é la climatología, que 
tanta influencia tiene sobre la avifauna. Sólo haré notar 



168 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

que, tanto las lluvias como las nevadas, son sumamente 
variables, según los años. 

La vegetación es algo escasa. En las plantas leñosas, 
domina la vegetación arbustiva. Los árboles suben hasta unos 
2.200 m. sobre el mar, y sus especies más características 
son el quillay, Quillaja saponaria, y el maitén, Maytenus 
boaria, y en las partes más altas, el olivillo. 

La variación en las fechas de la caída de las nieves 
en los valles cordilleranos, en otoño y principios de pri- 
mavera (e indudablemente, también, otras ñausas que se 
producen en otros puntos del territorio), hacen que la lle- 
gada o la partida de las aves migratorias se anticipe o re- 
tarde algunos días. Las épocas que indico están basadas 
en estadísticas que llevo. 

A falta de instrumentos para medir las alturas exac- 
tas, las he calculado aproximadamente, guiándome por el 
perfil longitudinal del Ferrocarril Transandino por Uspa- 
llata; por las alturas medidas en la Estación de Piscicul- 
tura y en la mina Cristóbal Colón, y por estudios del Es- 
tado Mayor General del Ejército. 

Denomino precor dillera, las estribaciones que se pro- 
longan desde el macizo cordillerano hacia el centro del 
país, y los valles que se extienden entre ellas, todo consi- 
derado hasta una altura de 1.000 m., aproximadamente. 
Cordillera, llamo los puntos situados a mayor altura. Los 
valles precordilleranos los tomo en consideración sólo des- 
de Los Andes (830 m. más o menos), porque mis observa- 
ciones parten de este punto. 

La escasez de elementos me ha impedido hacer más 
completo mi trabajo: otros, con más recursos y mayores 
conocimientos, podrán completarlo. Al emprenderlo me 
ha movido el anhelo de hacer un pequeño servicio a mi 
Patria y el deseo de contribuir, aunque muy modestamen- 
te, al progreso de los conocimientos de Historia íía- 
tural . 

Los nombres vulgares de las aves, usados en la región, 
están escritos con letra negrita: los demás nombres vul- 
gares, con tipo común. 

No terminaré estas líneas de introducción sin expre- 
sar mis sinceros agradecimientos a mi distinguido amigo, 
el Prof. Porter, de quien he recibido en repetidas ocasiones 




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170 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

importantes publicaciones científicas, y al sabio ornitólogo 
del Museo de Buenos Aires, Dr. Eoberto Dabbene, quien 
me ha dado, por carta, útilísimas indicaciones sobre diver- 
sas aves (Phrygilus Aldunatei, Pseudochloris, Belonopte- 
rus, Henicornis, Siptoruis sórdida, Siptornis modesta, 
Cyanolyseus). 



Orden TINAMIFORMES 

Familia TiNAMlDAE (Tinámidos) 

1. — Perdiz, yothoproda 2)erdicaria (Kittlitz). — Resi- 
dente y sedentaria. Por la hoya del Aconcagua llega has- 
ta Guardia Yieja, y por la de río Blanco hasta poco más 
arriba de la Estación de Piscicultura (potreros de «El Sala- 
dillo»). La altura máxima a que sube va de 1.650 a 1 700 
m. sobre el mar. 

Orden GALLIFORMES 
Familia ODONTOPHORIDAE (Codornices americanas) 

2. — Codorniz, de California, Lopliortyx califomica 
(Lathara). — Común en ciertos puntos de la ¡Drecordillera, en 
los faldeos; residente. Sube a la cordillera; ocasionalmente 
se le halla hasta a unos 1.650 m. (Guardia Avieja, Estación 
de Piscicultura), en escaso número. En invierno no per- 
manece en esas alturas; baja a la precordillera, para regre- 
sar a principios de primavera. 

Orden CO L U M B I FO R M ES 

Familia COLUMBIDAE (Palomas) 

3. — Torcaza, Columba araucana Lesson. — En in- 
vierno llega, desde el sur, a la precordillera; pero nunca 
en abundancia. Algunos pares suben hasta Río Blanco, de 
1.560 hasta 1.600 m. De tarde en tarde se ven aquí peque- 
ñas bandadas. A fines de invierno desaparecen de la 
región. 



Barros U.— aves de Aconcagua 171 



Familia PERISTERIDAE (Tórtolas) 

4. — Tórtola común, Zenaida auricidata aiiriculata (Des 
Murs). — ^0 abunda sino en los valles de la precordillera, 
donde se presenta en bandadas. La he observado de a pa- 
res hasta en el valle de los Leones, a más o menos 2,000 
m. de altura. En Eío Blanco y alrededores suelen verse 
pequeños grupos. Eesidente; pero viajera en un radio bas- 
tante extenso. 

5. — Tortolita ciiyana, Columbina picui piaii (Tera- 
minck). — Común en la precordillera; busca los valles, los 
planes; prefiere las partes arboladas; muy mansa y fami- 
liar, se instala en los huertos y jardines y hasta se multi- 
plica en la plaza de Los Andes. Residente. En la cordille- 
ra no se halla a más de LlOO m. En Yilcuya (LOOO m.) ya 
es bastante escasa. 

6. — Cuyuca, tórtola cordillerana, MetriopeUa mela- 
noptera (Molina). — Empieza a llegar en grupos y banda- 
das compactas, a Eío Blanco, en la segunda quincena de 
Septiembre o a principios de Octubre, retrasándose o ade- 
lantándose la época de su llegada, con la mayor o menor 
abundancia de las nieves que hayan caído en los valles su- 
periores. A la altura de Río Blanco está sólo de paso; pronto 
sube a mayores alturas y se reparte por las faldas y valles 
cordilleranos, desde unos 1.800 a 2.500 m., donde se repro- 
duce. En este tiempo algunas quedan en la precordillera. 
Principia a bajar desde fines de Febrero o principios de 
Marzo; los últimos ejemplares abandonan la cordillera en 
la primera quincena de Abril. Inverna en los valles y fal- 
deos precordilleranos, la mayor parte a menos de 800 m., 
y suele avanzar hasta la región de la costa. 

Orden RALLI FORM ES 

Familia RALLIDAE (Rálidos: taguas, pidenes, etc.) 

7. — Piden, Pardiralliis rytirlitjnclms sanguinolentus 
Swainson — Eesidente y sedentario. Habita en la precor- 
dillera y en la cordillera hasta unos 2.000 m. (Valle de 
los Piuquenes, hoya del río Blanco). Se le halla en las 



172 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

vegas rodeadas de matorrales, donde se oculta, y cerca de 
las corrientes de agua. 

8. — Tagua, Fúlica sp. — En primavera y verano se le 
encuentra en la laguna de Copín o de ;<Los Patos» y en 
otras lagunas altas, donde se reproduce. No he podido ob- 
tener ejemplares por lo cual no se qué especie sea. 

Orden C H A R A D R II FO R M ES 
Familia ATTA6IDAE (Atágidos). 

9. — Perdiceña, perdiz cordillerana, Attagis Gay'i 
Lesson. — Residente. Vive generalmente a más de 3.300 
m. sobre el mar, en vegas y valles. En invierno, después 
de grandes nevadas, suelen cazarse ejemplares en Eío 
Blanco; parece que no desciende a menos de 1 .400 m., en 
esta región. 

10. — Don Juancho, corral, cojón, Tlúnocorys Orhig- 
nyaniis Geoffroi y Lesson. — Residente. Durante la buena 
estación habita la alta cordillera, en las vegas. Comienza 
a hallársele en primavera a unos 2.200 m. y en verano a 
más de 2.500 m. En invierno desciende a los valles y ve- 
gas más bajas, manteniéndose de costumbre a más de 1.600 
m. Sólo en ocasión de grandes nevadas, llega a la precor- 
dillera por las faldas de las montanas, encontrándosele 
desde 700 u 800 m.; luego que desaparece la nieve, gana 
mayor altura. Se reproduce desde fines de Septiembre. 

Familia CHARADRIIDAE (Carádridos) 

11. — Quelteliue, treile, Belonopterus cayennensis chi- 
lensis (Molina). — Escaso; únicamente se le halla en la pre- 
cordillera; lo he visto en Los Aíides y potreros de plan de 
«El Sauce», a no más de 860 m. sobre el nivel del mar. 

Familia 5C0L0PACIDAE (Escoiopácidos) 

12. — Chorlito o pollito de Mitchell Plieqornis Mit- 
chelli (Fraser). — En Octubre, a principios o mediados 
del mes, llega del norte; se le ve primero a unos 2.200 m. 
de altura, a la orilla de los ríos; pronto sube a la alta cor- 



Barros U. — aves de Aconcagua 173 

dillera, a más de 3.200 ra. donde vive en primavera, ve- 
rano y parte del otoño. Se mantiene en las vegas y de 
preferencia a la orilla de las lagunas y corrientes de agua. 
A fines de Abril y en Mayo emigra al norte. 

13. — Chorlito o pollito de Baird, Pisohia Bairdi 
(Coues). — Tengo un ejemplar en mi colección cazado en 
Vega Kedonda (Valle de los Piuqueues) a unos 2.200 m., 
el 5-X-1920, en la época de su llegada. 

He visto otras especies de esta familia; pero no he 
logrado obtener ejemplares. 

Orden ARDEI FORMES 

Familia ARDEIDAE (Ardéidos) 

14. — Huairavo, Nycticorax cyanoceplialiis (Molina). — 
Muy escaso; en la precordillera se encuentra en ciertos 
puntos (cerros boscosos de San Vicente, El Sauce, etc.); 
no sube por lo común a más de 1.200 m., salvo raras ex- 
cepciones, pues se han visto ejemplares aislados hasta en 
Río Blanco. 

Orden ANSERIFORMES 
Familia ANATIDAE (Anátidos) 

15. — Pluquén, Chloi'phaga melanoptera Eyton. — En 
las lagunas y vegas de la alta cordillera a más de 3.000 m. 
se le halla siempre desde fines de invierno hasta fines del 
verano. En la actualidad es raro que baje a menores altu- 
ras, y, cuando lo hace, es sólo de paso. Principia a llegar 
en Agosto y regresa al ¿norte? en la segunda quincena de 
Marzo. 

16. — Pato corta corriente, pato cordillerano, Merga- 
netta armata Gould. — Eesidente; sedentario durante largas 
temporadas. Habita los ríos y torrentes. En invierno se le 
encuentra desde 900 a 1700 m. más o menos. Empieza a 
reproducirse a principios de Septiembre y, para hacerlo, 
remonta a lo menos a 1.600 m. A esa y mayores alturas 
permanece hasta principios de invierno; en las primeras 
creces producidas por las lluvias de principios de Mayo y 
nevadas en las partes altas, baja a los puntos donde inver- 



174 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



lia, llegando, en ciertos anos, hasta más abajo de Los 
Andes, a menos de 800 m. La altura máxima a que lo he 
observado, ha sido a unos 3,100 m. en Paso de la Ventana 
(Cajón de Castro). 



Folngr. Isaiiro Santelices E. 



Fig. 25. — El río Aconcagua, cerca de «Salto del Soldado», después del 
líltimo túnel, en el antiguo campamento de trabajadores, hov su- 
primido. 



— Otra especie de pato, probablemente el jergón chi- 
vo, ^^'ettiiim ^fíavirostre (Y\e\\\ot), llega todos los años a la 
laguna de Copín (de los Patos); más no me ha sido posible 
])roporcionarme ejemplares para determinar la especie, ni 
he podido llegar a esa laguna. 

Orden P E L E C A N I FO R M E S 

Familia PHALACROCORACIDAE (Cuerdos, cormoranes) 

17. — Cuervo, pato yeco, Fhalacrocorax vigua vigua 
(Yieillot). — Remonta el Aconcagua desde el mar, en busca 



Barroa ü. — aves de acoxcaoia 175 

de las carpas y pejerreyes. He visto llegar ejemplares a 
Los Andes en diversas ocasiones; pero vuelven hacia atrás, 
sin detener el vuelo siquiera. 

Orden C A T H A R T I D I F O R M E S 

Familia CATHARTIDAE (Catártidos) 

18. — liiútve, cóiulov, SaycorJiam2)hus f/ri/pliusihmjieo). — 
Este gigante alado, tan común en otro tiempo, es bastante 
escaso en la actualidad y está recluido en la alta cordi- 
llera, donde es residente; al plan de la precordillera no 
baja, y aún a los valles cordilleranos no desciende sino de 
tarde en tarde, atraído por algún cadáver. Principia a vér- 
sele revolotear sobre las cumbres, generalmente desde 
Salto del Soldado (1.270 ra.) 

19. — Jote, Catharíps aura aura (Linneo). — Muy es- 
caso; sólo se encuentra aislado o de a pares en la precor- 
dillera (Los Andes), y creo que nunca sube más arriba de 
Río Colorado (1.100 ra.). Residente. 

Orden ACC I Pl TR I FO R M ES 
Familia FALCONIDAE (Falcónidos) 

20. — Tiuque cordillerano, Phalcohcenus negalopterus 
(Meyen). — Muy escaso; habita todo el ano la alta cordi- 
llera; es raro verlo más abajo de 1.400 ra. De carácter hu- 
raño y pendenciero, es difícil acercársele; comunmente 
anda de a pares o en pequeños grupos, tres o más indivi- 
duos, aunque esto último es raro; cuando muere un ani- 
mal llegan a disputarse sus restos. 

21. — Tiuque, trinque, chíuque, Milvaíjo chimanqo 
(Vieillot). — Común en la precordillera; residente y bas- 
tante sedentario; frecuente todavía en Puente de las Viz- 
cachas, va escaseando a medida que se asciende, hasta de- 
saparecer por completo frente a Río Colorado o muy poco 
más arriba. Xo se nota ningún cambio estacional en 
esta ave. 

22. — ¿Vai'il, vari, Circus cinereus (Vieillot)? — Suma- 
mente escaso: nunca lo he visto; pero rae han asegurado, 



176 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



algunas personas, haberlo observado hasta en Río Blanco. 
El hecho es que, entre los montañeses, que siempre han 
vivido aquí, se emplea el nombre vulgar de esta ave. 

23. — Águila, Geranoaetus melanoleucus (Vieillot). — 
Común; residente. La he observado desde Los Andes hasta 
en Valle de los Leones, a más de 2.100 ra.; se le ve aisla- 
da y de a pares. 

24. — Ag-iiilucho común, Buteo erythronotus (Iving). 
— Más escaso que el águila; se le encuentra en la precor- 
dillera y en la cordillera hasta más de 2.300 m. Lo he ob- 
tenido, como la especie anterior, de Río Blanco. 

25. — Halcón, penco perdiguero, Falco fusco -caerules- 
cens Vieillot. — Muy escaso; tengo un ejemplar hembra 
cazado en el invierno de 1920, en «El Saladillo» (hoya 
del río Blanco), a más o menos 1.650 m. de altura. 

26. — ¿Gavilán, Falco pegrerinus Cassini Sharphe? — 
El gavilán se halla en la precordillera; pero no lo he ob- 
tenido. A esta especie atribuyo tres ejemplares que en 
Noviembre de 1920, vi a corta distancia, en un cerro, cer- 
ca de Los Andes. 

27. — Cernícalo, Cerchneis sparveria cinnamomina 
(Swainson). — Común; residente. Es, tal vez, la rapaz que 
se presenta con mayor frecuencia, después del tiuque; en 
la cordillera sube hasta más de 2.200 m. (Valle de Los 
Leones, Vega Redonda, etc.) Anida en grietas de los fa- 
rellones. 

Orden STRIGIFORMES 
Familia BUBONÍDAE (Buhos, lechuzas). 

28. — Tucúqiiere, Bubo virginianiis ñacurutú (Viei- 
llot). — Escaso. Se le halla sobre todo en la cordillera, du- 
rante la buena estación, desde 1.600 m. hasta más de 
2,300 m., donde llega a fines de invierno para reprodu- 
cirse. Parece que baja a los bosques altos precordillera- 
nos a fines del verano. Lo he obtenido del Valle de los 
Leones (2.100 m.) y de la estación del Juncal (2.250 
metros). 

29. — Pequen, Speotyto cunicularia cunicularia (Moli- 
na). — Residente; sedentario. Habita la precordillera, en 



Barros V7. — avks dk auonoagua 177 



las faldas do los cerros; no sube a más de 1.100 m. sobre 
el mar. 

30. — ^Chuclio. cliimcho, Glancidium nanum (Kiug). — 
Residente; relativamente común. Lo he observado desde 
la precordillera hasta a más de 1.800 m. de altura, en 
Río Blanco. 

31. — Lechuza, Tuto Jiammea perlata (Lichtensteiu.) 
— Residente. Habita en la precordillera y se interna en 
la cordillera hasta a más de 1.900 ra. 



Orden PSITTACIFORMES 
Familia P5ITTACIDAE (Loros). 

32. — Loro, tricao, Cijanolyseus byroni (Children). — 
Este loro, que en mis «Aves del Valle de Nilahue» fígura 
como Ciianuhjseus patagonus (Yieillot), se lia extinguido 
en la provincia de Aconcagua, desde hace r ' 3 de oO años. 
En la zona que estudio, habitaba la precoruillera y parte 
baja de la cordillera; había triciúnieras (sitio donde se re- 
producía en colonias) hasta cerca de Salto del Soldado 
(1,200 m.), donde hay un punto que aun se conoce con 
el nombre de «Los Loros». La misma causa que lo ha he- 
cho desaparecer en el centro del país, actu(3 aquí: la per- 
secución que se le hacía, sobre todo a sus pichones. Nun- 
ca he oído acá hablar de la cata, Microsittace ferruf/í- 
nea (P. L. S. Müller); parece que nunca ha llegado a la 
provincia. 

Orden CORACIIFORMES 

Familia CAPRIfnULGIDAE (Plastillas, chotacabras). 

33. — Plasta, plastilla, gallina ciega, Steiiopsis longi- 
rostris (Bonaparte). — Residente en la precordillera, donde 
la he hallado todo el año. Sube a la cordillera a media- 
dos de Agosto y llega hasta más de 2.200 m., frecuentan- 
do los sitios cubiertos de matorrales; parece que en Mar- 
zo baja a menores alturas, retirándose a la precordillera 
y región de la costa. 

UEV. CH. HI.ST. NAT. (Itíál) (12) 



178 KEVISTA (JHILKNA DE HISTORIA NATLRAL 

Familia TROCHiUDAE (Picaflores) 

34. — Piíigiiera, Patagona (jifias (Vieillot). — Principia 
a llegar desde el norte en los últimos días de Agosto, 
a Los Andes, y en los primeros de Septiembre a Kío 
Blanco. Sube en la cordillera hasta más de 2.000 m. Em- 
pieza a emigrar a fines de Febrero, viéndose los últi- 
mos ejemplares a fines de Marzo. 

35. — Picaflor cordillerano, Oreotroclúlus leiicopleurus 
Gould. — Inicia su llegada desde el norte, a Río Blanco, 
en los últimos días de Septiembre, y en años de invierno 
muy crudo, en los primeros de Octubre. Permanece en- 
tre 1.530 y ].700 m. durante Octubre y Noviembre, sin 
mostrarse en puntos más bajos; en Diciembre gana mayo- 
res alturas, haciéndose escaso en los puntos donde antes 
era mu}' común. Sube hasta más de 2.400 m., siguiendo 
la floración de las yerbas y arbustos, que en las montañas 
es vertical y progresiva; es decir, primero florecen las 
plantas de las partes más bajas, y a medida que avanza el 
tiempo van floreciendo las de las alturas. En Marzo emigra 
al norte; los últimos se van en la primera quincena de 
Abril. 

36. — Picaflor común, Eustephanus galeritiis (Molina). 
— En los primeros días de Febrero comienza a llegar en 
escaso nútnero a Los x^ndes, desde el sur del país; de vez 
en cuando suele verse algún ejemplar en Enero. A fines 
de Marzo ya es común, mostrándose muy activo durante 
todo el otoño e invierno. En Agosto regresan al sur los 
primeros; a principios de Septiembre todavía quedan mu- 
chos, pero a mediados de este mes casi ha desaparecido 
del todo. A Eío Blanco sube en pequeño número desde 
mediados de Marzo; no asciende a más de L700 m.; en 
la cordillera permanece también durante el invierno y 
algunos quedan hasta mediados de primavera: tengo ni- 
dos y huevos de esta ave, colectados en la Estación de 
Piscicultura en Septiembre y Octubre. 

Orden PICIFORMES 

Familia PICIDAE iCarpiníeros). 

37. — Pltiii, pitigüe, Colüptes pitiiis (Molina) — Eesi- 
dente en la región; pero errante en un radio de varios ki- 



Barros V. -avíos de aconííacíi'a 179 



lótnetros; todo el nño se le eiicucnf rn en his nioíitaíÍHS, 
donde sube hnsta más de 2,000 m. 

38. — Carjíintero, earpinterito. Dri/obafes ¡ignarius 
(Moliua). — Residente hasta una altura de más de 1.800 m.; 
pero errante y muy escaso. Lo he observado en los ce- 
rros que rodean la Estación de Piscicultura. 

Orden PASSERIFORMES 
Familia HYLACTIDAE (Hiláctidos) 

39. — Churrín, piurríu, chercán negro, Sci/ialopus ni- 
ger (Swainson). — Residente; bastante escaso, tanto en la 
precordillera coqio en la montaña. Sube a más de 8.100 m. 
y no parece descender mucho en invierno, porque en ese 
tiempo lo he visto en puntos cubiertos de nieve, a 1.600 
y 2.000 m. de altura. Lo he cazado en el Cajón de Castro 
a más o menos 3.200 m. (13-IV-1921). Además lo he hallado 
en Río Blanco (Piscicultura), Guardia Vieja, Ojos de Agua 
y Valle de los Piuquenes. 

40. — Tococo, tapaculo, Pteroptocliu^ albicollis Kitt- 
litz. — Residente; sedentario; se le encuentra hasta una 
altura de poco más 1.650 m. Habita de preferencia en que- 
bradas y laderas boscosas; pero principalmente entre los 
matorrales de esos puntos y de la orilla de los ríos. 

41. — Turca, turco, Hglades negapodius (Kittlitz). — 
Residente y, en parte, sedentaria. Se le halla hasta una al- 
tura de unos 2.300 m. durante la mayor parte del año; 
sólo cuando las partes más altas quedan cubiertas por la 
nieve, desciende un poco, siendo entonces muy común en- 
tre 1.400 y 1.700 m. En alturas menores es sedentaria. 

Familia DENDROCOLAPTIDAE iDendrocoIáptidos) 

42. — Pachurra, GeosUta rufipennis y )ennis (Bnr- 
meister). — Esta caminera cordillerana es bastante común 
durante la buena estación, desde los 1.650 m. más o me- 
nos, hasta más de 3.000 m. de altura. En otoño, después 
de las primeras nevadas, desciende por las faldas y se dis- 
tribuye en grupos por los cerros, avanzando hasta la precor- 



180 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



dillera baja, hasta menos de 600 m. sobre el mar. (En 
Agosto de 1919 la observé en los cerros de Eenca, en San- 
tiago). Torna a la montana en Septiembre y primeros días 
de Octubre. Pero en la cordillera (Río Blanco) quedan al- 
gunos ejemplares formando grupos, durante la estaciim 
fría. La pachurra vive en las faldas áridas cubiertas de 
piedras sueltas; anida en galerías. 

43. — Pachurra ¿Geositta antárctica Landbeck. — A 
esta especie refiero algunos ejemplares que vi en A^ega 
Redonda (Valle de los Piuquenes) el 15-X-1920. Tuve 
nno a pocos pasos de distancia; su color y perfil eran igua- 
les a los de la figura que da Philippi en Anales del Museo 
Nacional (1). El viento me impidió dispararle. 

44. — Bandurrilla común, Vpucerthia dumctoria Geo- 
ffroi y D'Orbigny.— Muy escasa en la precordillera (Los 
Andes) y parte baja de la cordillera , donde se ve sólo 
de paso en otoño y principios de primavera. En la cordi- 
llera tiene su lugar de reproducción, desde unos 2.000 m. 
de altura hasta más de 3.000 m., y allá reside durante la 
primavera y verano, desde fines de Agosto. 

45. — Reniolinera, churrete, churreta, ( 'inclodes fusciís 
juscus (Yieillot). — ^Habita en la alta cordillera desde unos 
1.800 hasta más de 3.300 m., desde principios de Octubre a 
fines de Abril, época en que emigra a los valles del cen- 
tro y región de la costa, donde pasa la estación lluviosa. 
En la baja cordillera y en la precordillera se ve sólo dé 
paso; apenas si se detiene en esas zonas, que atraviesa rá- 
pidamente. Esta especie frecuenta de preferencia las 
vegas. 

46. — Romolinera común, molinera, churreta, churre- 
ta, Cinclodes rupestris (Kittlitz). — Residente: todo el año 
vive en la precordillera junto a las corrientes de agua y 
pantanos; en la cordillera se halla durante la primavera 
y verano hasta más de 3.000 m. (La Lagunita, Cajón de 
Castro, etc.). Al aproximarse la estación fría, baja a pun- 
tos menos desolados; pero en alturas hasta de 1.700 ra. 
permanece todo el año. 



(1) Dr. E. A. PHiLipri.— Figuras y Descripciones de Ares Chile- 
nas, en los «Anales del Museo ^S^acional de Chile». Entrega 15." 
Primera sección. Zoología. Lámina XXII, pjíg. 2. Santiago de Chile. 
1902. 



Barros V.— aves dk ACONCAGfA 181 



47. — Remoliiiera chica, molinera chica, cliuiTeta, chu- 
rrete, Cmclodes Oustaleü (Scott). — -Residente, en parte. 
Aunque efectúa migraciones como C. fusciis fuscus, siem- 
pre quedan ejemplares desdq unos 1.700 m. hacia abajo. 
En primavera todos suben a hi cordillera y se reparten 
entre 2.000 y más de 3.500 ra. para reproducirse. A prin- 
cipios de Abril empieza a llegar a la precordillera y a fines 
de este mes avanza hacia los planes, para volver a subir a la 
montana en Agosto; los últimos ejemplares abandonan Los 
Andes en los primeros días de Septiembre. En Febrero 
del corriente año, vi ejemplares de esta especie en Llico 
de Curicó, lo que es muy curioso y parece indicar que al- 
gunos no emigran a la cordillera durante la primavera, 
sino que a la orilla del mar. 

48. — Garganta blanca, Henicomis (CJiilia) melanura 
Gray. — Residente; en invierno es bastante común en las 
faldas donde hay arbustos, desde unos 1.600 a 2.000 m. 
sobre el mar; en el resto del ano, especialmente en 
primavera, es más escaso. Algunos bajan por los contra- 
fuertes hasta la precordillera; en los cerros vecinos a Los 
Andes he visto ejemplares todo el año. El nombre qarg an- 
ta blanca es casi desusado; lo propongo después de haber- 
lo oído a un montañés, porque los dos nombres vulgares cJuh 
rrete de la cordillera y tapaculo de la cordillera que figuran 
en «Contribuciones al Estudio de las Aves Chilenas >^ por 
F. Albert, son falsos (como muchos otros que aplica a otras 
aves), y se prestan a confusiones. 

Mr. Sclater dice, respecto del género Henicomis (2), 
que, se acerca a Cinclodes en sus costumbres generales. Es 
un error que conviene esclarecer, pues los dos géneros nom- 
brados difieren notablemente: iín^/corw/s habita las laderas 
y faldas de las montañas; prefiere las partes más secas, ári- 
das y pedregosas; se oculta y busca su alimento entre los 
arbustos y matorrales; su vuelo es corto, bajo (rastrero) y 
pesado; en su estomago siempre se hayan piedrecillas en 
abundancia y su alimento se compone de semillas, insectos 
y materias vegetales en descomposición. Todo esto lo aleja 
visiblemente de Cinclodes, que vive en las humedades, en 



(2) Philu> Lutlev Sulater.— f'atalogrue of tlie líirds iii llio Itri- 
tlsh Miispiim. Yol. XV., pág. 26. Londres. 1890. 



182 REVISTA ÜFULENA DE HISTORIA XATLRAL 

las vegas, a las orillas de las corrientes de agua, alimen- 
tándose de larvas y materias que encuentra en el barro, 
etc., y lo acerca a Siptornis, al cual, en realidad, se ase- 
meja. En lo único que se parece algo a Cinclodes, es en la 
costumbre de anidar en grietas; pero nunca las abre él, 
como hacen casi sienipre las remolineras, sino que ocupa 
las que halla entre las rocas. 

49. — Colilarga, siete colas, tijerita, tijeral LeptastJie- 
nura cegitlialoides (figithaloidea (Ivittlitz). — "Residente. Ha- 
bita hasta una altura de más de 2.200 m. Durante el in- 
vierno es común en la precordillera, y en la montaña has- 
ta más de 1.700 m. Frecuenta los valles y las faldas con 
uegetacion de arbustos o árboles. 

50. — Canastero cordillerano, Siptornis sórdida sórdi- 
da (Lesson ). — He encontrado esta especie únicamente en 
la cordiller lesde los 1.800 hasta a más de o. 000 m., en 
los meses i.e Octubre a Abril (hoyas del Aconcagua y río 
Blanco). Habita suelos pedregosos provistos de matas y 
arbustos; en las mayores alturas frecuenta las yerbas es- 
pinosas que allí crecen. Pero debe ser ave migratoria, por- 
que en invierno no se le encuentra en esos puntos. 

51. — Canastero, Siptornis modesta modesta {Y^y ton) — 
Este canastero, habitante también de las faldas y suelos 
pedregosos, lo he hallado en Julio y Agosto en el cerro de 
la Virgen (Los Andes), en 1920 y en el presente año. En 
Agosto del año pasado, vi también un ejemplar en Eío 
Blanco, hacia el valle de los Leones, a unos 1.700 m. No 
lo he hallado en otras estaciones. 

52. — Canastero común, bolaria, taguatera, Siptornis 
humicola (Ivittlitz) — Eesidente; común en la precordillera; 
algo escaso en la cordillera, donde se le encuentra hasta 
una altura de 1.650 a 1.700 m., en todo tiempo. Errónea- 
mente figura en mis «Aves del Valle de Nilahue^- con el 
nombre de Siptornis sórdida (Lesson). 

Familia TYRANNIDAE (Tiránidos). 

53. — Zorzal mero común, A rjr i ornis I ivida {KiiÜ'úz) — 
Residente en la región hasta una altura de más de 1.800 
ra.; pero errante: nunca permanece largo tiempo en un 
punto, pronto cambia de residencia; comunmente se ve de 



Barros V.— aves de Aconcagua 183 

a pares o aislado. Es algo escaso; más común en otoño e 
invierno. 

54. — Gaucho, zorzal mero cordillerano, Agriornis 
marítima (D'Orbiguy y Lafresnaye) — Eesidente, y, como 
la especie anterior, errante. Parece no encontrarse en la 
precordillera. Lo he visto en Río Blanco durante el invier- 
no; en primavera remonta hasta más de 3.000 m. Más es- 
caso que el mero común, se ve casi siempre aislado. El 
13-IV-1921 obtuve un ejemplar en el Cajón de Castro, a 
unos 3.300 m. de altura. 

55. — Diucóii, Taenioptera pyrope (KiíÚWt) — En esta 
región es migratorio: comienza a llegar en número muy 
contado en los primeros días de Febrero; pero su llegada 
viene a notarse principalmente a mediados de Abril; a fi- 
nes de este mes, o en Mayo, ya es común. Vuelve al sur 
y a la costa a fines de invierno; los últimos ejemplares 
desaparecen en los primeros días de Septiembre. Sube, en 
la cordillera hasta más de 2.200 m. Es más común aquí 
en ios anos que abunda el hemíptero o rincoto Hemipticha 
chilensis, que ataca al quillay (Quillaja saponaria), al que 
el diucón hace cruda guerra. 

56. — Dormilona común, arriero, tontito, Muscisaxico- 
la macloviana (Garnot) — Efectúa migraciones o cambios 
de altura: durante el invierno permanece en la precordi- 
llera (Los Andes), donde empieza a llegar desde la monta- 
ña a fines de Abril; pero la mayoría avanza a la parte 
central y a la zona de la costa. A Río Blanco comienza a 
regresar a fines de Julio o principios de Agosto; pronto 
sube a L800 y 2.000 m. y continúa ascendiendo, para ir 
a reproducirse, probablemente, a más de 3.000 m., donde 
se encuentran ejemplares hasta fines de Abril; pero inicia 
el descenso en los primeros días de este mes. 

57. — ^Fraile, dormilona nuca amarilla, Muscisaxicola 
Jiavinucha Lafresnaye — Comienza a llegar, del norte, a la 
cordillera, en los primeros días de Septiembre; sube hasta 
más de 2.800 m.; se reproduce desde los 2.000 m. más 
o menos; inicia su bajada al valle del Rio Blanco (potreros 
de «El Saladillo») y su regreso al norte (¿cordillera de las 
provincias del norte?) a fines de Diciembre y primeros días 
de Enero. Parece que nunca desciende a menos de 1 400 m. 

58. — Dormilona nuca rojiza, Muscisaxicola ru/ivertex 



184 REVISTA CHIl.KXA DE IlISTOlMA XATI'ÜAL 



I)' Orbigny y Lafresuaye — Empieza a verse en líiiipos, 
en la cordillern, a fines de Agosto o principios de Sep- 
tiempre, a una altura de 1.700 o más metros, donde se 
mezcla con las bandadas de 31. macJoriana; debe remon- 
tar hasta más de 3.000 m., y es raro encontrarla a menos 
de 1.600. Emigra al norte al fin de verano y principios 
de otoño; suelen verse algunos ejemplares hasta en ]\Iayo. 

59. — Dormilona chica, dormilona de pico manchado, 
Muscisa.ricoJa macnJirofitrh (D'Orbigny y LafVesnaye) — 
Su llegada, del norte, coincide con la de la dormilona nu- 
ca amarilla. La he observado por la cuenca del río Blanco 
entre 1.700 y 2.200 m. Emigra ¿^ fines de verano?. Algo 
difícil de observar porque es desconfiada, y a la distancia, 
y sin disponer de anteojos de larga vista, se confunden 
con otros pájaros. 

GO. — Dormilona cabeza rojiza, Muscisa.iicoJa rubr'ua- 
pilla Philippi y Landbeck — Esta especie llega un poco 
más tarde que las otras, también a la cordillera, donde 
puede hallársele desde principios o mediados de Septiem- 
bre, desde poco menos de 1.400 hasta 1.600 o más metros. 
En los primeros días de Octubre una gran parte ha remon- 
tado ya los valles de montaña, y se le encuentra hasta 
más de 2.200 m. Aunque esta dormilona asciende hasta 
más de 2.500 m., es la especie que se halla a menos altu- 
ra en primavera y verano: algunos ejemplares quedan du- 
rante ese tiempo en los valles más bajos, desde los 1,400 
m. para arriba, siendo común de 1.600 a 1.650 m. xA.1 nor- 
te regresa a fiues del verano. 

ÜS'ota. — Toda.s las dormilonas que iii venían en el norte (¿jnovincias 
del norte. Bolivia. Perú?) viajan por la montaila: minea se ven en la 
])recordillera. 

61. — Dormilona cenicienta, jlfnscisa.ricola cinérea 
rhilippi y I dbcck. — En un vinje que hice a la laguna 
del Inca el t7-XI, para colocar alevines de salmónidos, 
al tiempo de hacer la corrección de pruebas de este tra- 
.bajo, obtuve un ejemplar de la dormilona nombrada, en 
la estación de Portillo (2.880 m.r, varios otros ejemplares 
dispersos había en el mismo punto. 

62.— Aniniita, colegial, Lessonia nigra (Boddaert) — 
En la precordillera se halla todo el año^ (siendo escasa en 



Barros \). — aves de aconcagiia 



185 



primavera), a la orilla del río AcoDcagua y en algunas 
partes de los campos de riego; a fines de Septiembre y eu 
Octubre sube a la cordillera y va a establecerse desde unos 
2.000 hasta a más de 3.000 m., en las vegas y a la orilla 
de las corrientes; de donde regresa a principios de verano 
y muchas animitas van hasta la orilla del mar. 

()3. — Viudita, Colorliamplms 2)arrirostris (Gould) — 
Principia a llegar del sur de la República a mediados o 
fines de Abril; pero viene a hacerse común eu Mayo. En 
los años eu que los raaitenes (Maytenus boaria) dan poca 
semilla, do la que se alimenta de preferencia durante la 
época invernal, llega en menor número. i\costumbra subir 
por las faldas y los valles de montaña hasta más de 2.000 
m. Los últimos ejemplares desaparecen de la región a 
principios o mediados de Septiembre. 

64. — Cachudito, torito, Anae- 
retes parulus (Kittlitz). — Resi- 
dente. Se halla hasta una altura 
de poco más de 1.700 m. En in- 
vierno se alimenta casi exclusiva- 
mente con semillas de maltón y 
con insectos en el resto del año. 
— Albert dice que los ojos de es- 
ta avecita son negros (3) lo cual 
es un error. El cachudito tiene 
en el iris dos secciones de distinto 
color, como indica la figura: la 
menor es de color rojo violáceo, o 
concho de vino, la más extensa, 
blanco amarillento. 

65. — Silbador, íio-fio, Elaenia 
albiceps (Lafresnaye y D'Or- 
bigny). — Inverna en los países del norte (¿Bolivia, 
Perú", Ecuador?). Llega primero a Los Andes y despuós a 
Río Blanco, con poca diferencia, en la segunda quincena 
de Septiemlíre; algunos suben hasta más de 2.100 m. En 




Yi^. 2tí. — Anaeretc paniliis. 
Distribución del color en 
el iris: a) rojo violáceo 
(concho de vino); b) blanco 
amarillento. 



(8),— Federico Albert.— Contribuciones al estudio de las Aves 
Chilenas, en los r>Anales de la Universidad». Tomó CIY. ])aír- 274. San- 
tiago de Chile. 1899. 



186 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

Febrero inicia su emigración v los últimos desaparecen 
del 10 al 12 de Abril. 

Familia PHVTOTOMID/E (Raras) 

QQ. — Rara, Fhytotoma rara Molina. — Relativamente 
común, en Los Andes, durante la primavera y verano. Su- 
be a la cordillera y se establece en los puntos favorables, 
cerca de las vegas y suelos frescos, desde los 1,600 ra. 
(Guardia Vieja) hasta a más de 2.000 m. (Vega Redonda, 
en el valle de los Piuquenes). Desde Febrero emigra a la 
región de la costa, llegando hasta la orilla del mar. Las 
últimas raras abandonan la cordillera en la primera quin- 
cena de Abril; en esta época también desaparecen de la 
precordillera. A Los Andes empieza a regresar, desde la 
costa, a principios de Agosto; a fines de este mes o en los 
primeros días del siguiente, se le encuentra ya en la cor- 
dillera, en las mayores alturas señaladas. Las investiga- 
ciones posteriores a mi trabajo sobre la rara (4) me han 
permitido descubrir sus migraciones. 

Familia HIRUNDINID/E (Golondrinas) 

67. — Golondrina común, golondrina de lomo blanco 
Iridoprocne Meyeni (Bonaparte). — Residente; muy común 
en la precordillera durante todo el año. En la cordillera la 
he observado hasta cerca de Juncal; pero es escasa. En Río 
Blanco hay una colonia cerca de la estación del Ferroca- 
rril Transandino, donde también es residente. En Los 
Andes disminuye su número durante el invierno, sobre 
todo en los inviernos más fríos, como el de este año. 

68. — Golondrina de lomo negro, Pygochelidon cyano- 
leiica 2)atagonica ('Lafresnaye y D'Orbigny).- Principia a 
llegar del norte, a Los Andes, en los primeros días de 
Agosto; a Río Blanco vuelve casi en la misma fecha o muy 
pocos días después. Emigra en Marzo; los últimos ejem- 
plares abandonan la región a principios de Abril. Esta es- 



(4).— Bafael Barros V, — La Rara (Pliytotonia rara, Mol.) en los 

«Anales de Zoología Aplicada» Año VI (^1919). Santiago de Chile, 



Barros U.— aves de Aconcagua 187 

pecie sube, en la cordillera hasta más de 3.000 m. En Los 
Andes anida, como la anterior, en las grietas de los teja- 
dos de las casas, y buscan las de las laderas y farellones, 
en las montañas. 

Familia TROGLODYTIADE (Chercanes) 

69. — Chercán común, chircán, Cistotlionis platensis 
(Latham). — Residente y bastante común; se interna en la 
cordillera por los valles y laderas de las montañas, hasta 
una altura de más de 2.200 m. 

Familia TURDIDAE (Zorzales) 

70. — Zorzal común, Planesficus maciellanicus (King). 
— Residente; muy común en la precordillera, y en la re- 
gión montañosa hasta unos 1.700 metros. A tínes de in- 
vierno suben algunos hasta unos 2.200 m., los que se esta- 
blecen en las vegas, y descienden, probablemente en Mayo. 

Familia hlhlDAE (Tencas) 

71. — Tenca, trenca, Mhmis thenca (Molina): — Resi- 
dente; común en todo tiempo hasta unos 1.650 a 1.700 m., 
es más escasa en altura mayores; se le halla hasta a más 
de 2.000 m. (Los Leones, Los Piuquenes). 

Familia MOTACILLIDAE (Alondras americanas) 

72.— Caminante. Antlms cor vender a (Vieillot). — Lo he 
observado en los planes de la precordillera (Los Andes), 
donde llega en la segunda quincena de Agosto (1921); 
parte ¿hacia el norte? en Abril? 

Familia FRIN6ILUDAE (Fringílidos) 

73. — Jilguero cordillerano de pico grande, Spiniis 
ictericus magnirostris Dabbene. — Esta subespecie es nueva 



188 REVISTA CHILEXA DR HISTOKIA NATURAL 



para Chile. La he observ^ado en grupos y bandadas duran- 
te la primavera, en la hoya superior del río Aconcagua 
(El Peñón, Ojos de Agua) y en el valle de los Leones. Es 
migratoria y en verano ya ha desaparecido. Su determina- 
ción la debo al Dr. Roberto Dabbene, del '< Museo Nacio- 
nal de Historia Natural de Buenos Aires», a quien doy 
aquí mis agradecimientos, como también a mi distinguido 
amigo Sr. Prof. Carlos S. Peed, quien se dignó hacer lle- 
gar un ejemplar a su poder. 

74. — Jilguero cordillerano, Spinus uropi/rjiaUs (Scla- 
ter). — La mayor parte del ano vive en la región; sólo du- 
rante los meses más crudos, desde Mayo a Septiembre 
emigra ¿al uorte? Muy escaso en la precordillera, donde 
sólo se ve de a pares, o ejemplares aislados, en los cerros 
altos, es preciso subir hasta unos L700 m. para principiar 
a hallarlo en bandadas durante la primavera, y en verano 
y otoño a unos 2.000 m. 

75. — Jilguero común, Spinus barhatus (Molina).— 
Eesidente en la precordillera, aunque una parte parece 
emigrar al centro y a la costa en invierno y primavera. 
En Los Andes se reproduce desde Agosto o Septiembre, 
según los años. A Río Blanco llega, en escaso número, a 
fines de Diciembre, y permanece hasta Abril; a fines de 
éste vuelve a la precordillera, después de haberse repro- 
ducido de nuevo allá. No lo he visto a mas de 1 600 m. de 
altura. 

76. — Chirihue común, chirihua, Sicalis arrensis ar- 
vensis (Kittlitz). — Residente en la precordillera y muy 
común; pero más escaso desde mediados de Mayo a fines 
de Julio, época en que una gran parte emigra hacia el 
centro; a fines de Julio regrasau algunas bandadas y el 
resto en Agosto. Sube en bandadas a los valles cordille- 
ranos, hasta poco más de L650 m. (Guardia Vieja) duran- 
te la primavera; su subida es irregular: no todos los años 
se encuentra en la montaña. 

77. — Chirihue cordillerano, PsendochloriG aureiven- 
tris (Philippi y Landbeck). — Principia a llegar en Octu- 
bre; a principio de este mes lo he colectado en Guardia 
Vieja, (L600 m.); después sube a 2.800 y más metros. Los 
últimos ejemplares vuelven ¿al norte? a fines de Abril o 



Barros V.— aves de Aconcagua 189 



eu los primeros días de Ma3'o. Su reproducoióu la efectúa 
a más 2.000 m. de altura. 

78. — Gorrión, Passer domesticus domesticus (Linueo). 
— Residente y sedentario. Se le halla eu la ciudad de Los 
Andes y caseríos cercanos. En Río Blanco he visto ejem- 
plares en distintas épocas; pero no se ha radicado allí. Es- 
ta ave europea fué traída a Los Andes, desde Mendoza, 
hace algunos años, por un francés, que no quiso pagar el 
impuesto de internación y abrió la jaula en la aduana, se- 
gún se me ha informado; pero, indudablemente, debe ha- 
ber llegado también de Santiago, donde fué introducido 
por don Alberto Cousiño, el año 1904. Su incremento se 
nota cada año más y se le encuentra ya en muchos puntos 
del país (5), que son otros tantos focos de dispersión. 

79. — Chincol, chincolito, BracJu/spiza capensis capen- 
sis (P. L. S. MüUer). — Residente. Abunda hasta unos 
2.200 m.; a mayor altura disminuye su número. Lo he 
hallado hasta a más de 3,300 m. (Lagunas de Castro). 

80. — Cometocino de Aldanate, chanchito, Fhnjgihis 
Gayi Aldmmteí (Gay ). — Residente; muy común en la cor- 
dillera. Durante el invierno baja y llega en cierto núme- 
ro a los valles precordilleranos, y avanza hacia el centro; 
probablemente emigra hacia el norte; pero un gran núme- 
ro queda entre LOOO y L700 in. Desde principios de pri- 
mavera sube \ se disemina desde unos L500 hasta más de 
3.000 m., para reproducirse; anida en las grietas de las 
rocas, en las laderas de las montañas. Desciende a media- 
dos de otoño. 

Con respecto a la denominación de esta ave, he con- 
sultado al Dr. Dabbene sobre la opinión que emití en 
«Aves del Aballe de Nilahue», en que la consideré como 
una subespecie de Phri/f/ihis Gayi (Eydoux y Gervais) 
(6). El ha tenido la amabilidad de contestarme que, tara 
bien piensa como yo, que las diferencias entre ambas for- 
mas «no son tan grandes como para ser separadas especí- 



(5) Carlos Oliver Sch.neider.— La Pi'opagacióu del gorrión 
en €li¡le, en los «Anales de Zoología Aplicada». Año VII (1920), pág. 
5. Santiago de Chile. 

((i) Rafael Barros V.— Aves del Yalle de Nilahiie. Tercera v úl- 
tima parte, en la ^Revista Chilena de Historia Natural», Año XXIV 
(1920), pág. 149. Santiago de Chile. 



190 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



ficaraente»; pero que, «si estas aves se eiicnentraii juntas 
en una misma re^ióu del territorio chileno, no pueden 
considerarse como formas o razas geográficas distintas)^, 
sino «como especies». Ahora bien, esto, precisamente es lo 
que no sucede con las aves en cuestión, las cuales habitan 
áreas bien distintas, y, por lo tanto, no son más que for- 
mas geográficas. La forma específica Ph Gayi Gayi habita 
el sur del país y la zona de la costa de las provincias cen- 
trales, donde ya es muy escasa (Curicó); en tanto que la 
subespecie Fh Gayi Aldunatei vive en la precordillera y 
en la zona cordillerana; desde Valparaíso al norte, avanza 
hasta la costa durante el invierno. 

81. — Cometocino de la Patagonia, Phrygilus xantlio- 
grammus (Gray). — En una excursión al Cajón de Castro, 
del 12 al 14 de Abril de este ano, lo encontré en peque- 
ños grupos, desde poco más arriba del Salto de los Piuque- 
nes (2.600 m.) hasta en las vegas de Castro (3.350 m). 
Obtuve siete ejemplares. Con frecuencia se mezclaba con 
Ph. unicolor. Esta especie no había sido señalada al N. de 
Santiago. 

82. — Yal, dial, golosa, rara negra, Phrygilus fruticeti 
(Kittliz). — Principia a llegar a la montaña desde la pre- 
cordillera baja, parte central y zona de la costa, donde pa- 
sa el invierno, en Agosto; se establece, dispersándose por 
los faldeos con arbustos y los valles altos, entre 1.700 y 
unos 2.200 m. que es la zona donde se reproduce. En 
Febrero empieza a bajar, y en Marzo a abandonar la cor- 
dillera; los últimos ejemplares desaparecen a mediados 
de Abril. 

83. — Diuca de la cordillera, pájaro plomo, Phrygilus 
unicolor (I)'Urbigny y Lafresnaye). — Vive solamente en 
la cordillera, desde unos 1.570 m. para arriba. A fines de 
Agosto comienza a llegar desde el norte; en Septiembre 
ya es común entre 1.600 y 1.800 m.; después remonta a 
mayores alturas y llega a más de 3,300 m. Desde Marzo 
inicia su emigración; y a fines de Abril o primeros días de 
Mayo se ha ido la mayor parte. No todos emigran, pues el 
4 de Junio del corriente año, encontré un grupo de 7 a 8 
ejemplares, en uno de los cerros inmediatos a la Estación 
de Piscicultura, a unos 1.800 m. sobre el mar. 

84. — Yal, platero, chililíu, pico amarillo, Phrygilus 



Barros ü —aves de Aconcagua 191 

alaudinus (Kittlitz). — Se le halla en la precorílillera y en 
la cordillera, donde no sube a más de 1.700 m. (casi nunca 
pasa de 1 650 m.), durante la primavera y verano. En 
otoño desciende y emigra hacia los cerros del centro y zo- 
na de la costa. He visto los líltimos ejemplares cerca de 
Salto del Soldado (1.280 m.) en Mayo. Parece que en los 
cerros de la precordillera quedan algunos durante el in- 
vierno. Cuando los pastos se presentan escasos en h cordi- 
llera, sube en pequeño número. Llega a Eío Blanco a fines 
de Octubre o en los primeros días de Noyiembre; mientras 
tanto en Los Andes se muestra desde Julio y es común en 
Septiembre. 

85. — Diuca, Diuca diuca (Molina). — Residente hasta 
una altura de poco más de 1.600 m. Por la hoya del Acon- 
cagua se encuentra comunmente hasta Guardia Vieja y 
por la del río Blanco hasta los potreros de cEl Saladillo x. 
Abundante en la precordillera, no es escasa tampoco en la 
región más alta. En primavera suelen subir raras parejas 
hasta más de 2.000 m. (Los Piuquenes y Los Leones), las 
que regresan antes del invierno. 

Familia ICTERÍDAE (Ictéridos) 

86. — 31irlo, tordo argentino, 2Iolothrus bonariensis 
bonariensis (Gmelin). — Escaso; residente en la precordille- 
ra; pero errante o nómade en un radio de varios kilóme- 
tros. Este pájaro de la Eepública Argentina, benéfico para 
la agricultura, está definitivamente aclimatado en Chile, 
y se le halla en diversos puntos del país: el finado natu- 
ralista don Carlos Eahmer lo señaló en Machalí y Baños 
de Cauquenes (7), el Prof. don Carlos S. Reed, en Lima- 
che (8); el Prof. don Uldaricio Prado me comunicó, en 
1916, haberlo visto, en gran número, enXalagante; por fin, 
yo lo he hallado en Los Andes en invierno, primavera y 
verano, en Rauco y en la costa de Curicó, (Cutemo y Ni- 



(7) Carlos F. Eahmer.— Oruitología Chilena.— Coutribiicioues. 
— I. Observaciones sobre el Molothriis bonariensis, Gni., en el «Bo- 
letín del Museo Xacional de Chile». Tomo IV, págs. 207-209. Santiago 
de Chile 1912. 

(8) Carlos S. Reku. — Datos para la biología del Molothrns bona- 
riensis, en la «Revista Chilena de Historia Xatural». Año XVII, 
(1913), págs. 172-179. Santiago de Chile. 



192 REVISTA CHILENA DK HI.STOUIA NATURAL 

lahue). De este último punto tengo im macho joven que 
empieza a mudar, colectado en Marzo del corriente año. 
Se rae ha preguntado si esta ave atraviesa la cordillera: no 
creo que lo haga, y en la zona que estudio, nunca lo he vis- 
to a más de 1.000 m. de altura. Creo, como mi distinguido 
amigo el Prof. Reed, que se ha propagado en el país por 
ejemplares escapados de jaulas, o quizá puestos expresa- 
mente en libertad por algún amante de las aves. Esta se 
vendía mucho en Santiago, como ave de jaula, entre los 
años 1906 y 1914, según mis recuerdos, y se le importa- 
ba de la Argentina. 

87. — Tile, trile, Agelaius thilins thilius (MoViur). — Ee- 
sideute; errante en un radio de algunos kilómetros en la 
región; no sube a más de 900 m. 

88. — Loica, lloica, Trupialis militaris (Linneo). — Ee- 
sidente. Se le halla hasta a más de 2.300 m. (Vega Eedou- 
da). He visto grandes bandadas en «El Saladillo;, cerca 
de la Estación de Piscicultura, a más de 1,600 m. De toda 
la familia, ésta es la especie más común, sobre todo en 
primavera y verano. En Eío Blanco se muestra con fre- 
cuencia todo el año. 

89. — Tordo, Curcpus curceus (Molina). — Eesideute; pero 
nómade en un radio algo extenso. En la cordillera suele 
hallársele hasta a más de 1.700 m., en grupos o pequeñas 
bandadas. Se le ve con frecuencia hasta unos 1.600 m. 



Dabbene.— PRiocELLA antárctica (stephens) 193 



N0Tít5 50BBt EL ?ETRtL PLfiTE^DO 
PrioccHa antárctica (Stcphcnj) 

POR KL 

Dr. Roberto DABBENE 

Jefe do la Cección de Z elogia del Museo Nacional de Historia Natural ce Buenos Aires 



Esto lindo petrel representa una de las formas más 
características del orden tan vastamente distribuido de los 
Tubi nares, así llamados por la disposición particular de 
las aberturas nasales, las cuales están situadas en las ex- 
tremidades de tubos. 

Es la única especie que se conoce del género Friocella 
incluido por los ornitólogos en la familia de los Fii^ffinidae, 
la cual recientemente Mathews (1) ha denominado Proce- 
Uarüdae, mientras que a la familia de este último nombre 
ha llamado Hijdrohaüdae. 

El género Priocella generalmente colocado cerca de 
Thalassoica, parece muy relacionado a Fidniarns, según el 
citado autor, especialmente por la coloración del plumaje, 
pero difiere de aquel por ciertos caracteres y sobre todo 
por el pico mucho más delgado. 

Salvin (2) y Godman (8) distinguen el género Prio- 
cella por el conjunto de los caracteres siguientes: Tarsos 
distintamente comprimidos y con el margen anterior afila- 
do, pico delgado, tubos nasales altos y comparativamente 
largos, aberturas nasales unidas externamente formando 
una simple abertura situada sobre la parte superior del 
caballete y dirigida hacia adelante, cola compuesta de 14 
rectrices. La coloración general es de un gris azulado cla- 



(1) Birds Australia, rol. II, pt. l.^ p. 45, 1912. 

(2) Caf. Birds Brit. Mus., vol. XXV, p. 368, 1896. 

(3) Monograph of the Petrels, p. XXXIX, 1907-1910. 

REV. CH. HIST. NAT. (1921) ("í 



194 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



ro 011 el dorso, costados y cola, algo más obscuro sobre las 
tectricas del ala; la cabeza, cuello, pecho y vientre son 
blancos, las reraiges primarias negruzcas. 

kSu área de distribución es muy vasta \ comprende todos 
los mares del hemisferio austral, generalmente al sur del 
30° paralelo; pero en el Océano Pacíñco remonta a lo largo 
de la costa del continente americano hasta muy al norte 
de la línea del ecuador. 

Godmau la señala de Mazatlan en México y Eidgway 
cita como el punto más boreal alcanzado por esta especie 
el Río Columbia en el Estado de Oregón. En el Atlántico 
no ha sido señalada más al norte de Santa Helena (Sclater). 

Sin embargo en donde suele encontrarse con más fre- 
cuencia es en los mares de la parte más austral del hemis- 
ferio sur y especialmente en la zona inmediatamente más 
al norte del círculo polar antartico. 

Según las memorias publicadas por Eeicheuow (4) los 
puntos más australes en los cuales ha sido encontrada esta 
especie son los siguientes: Isla Joinville (en Diciembre); 
Tierra de Luis Felipe (en Diciembre. — Anderson)] margen 
del Pack-Ice al sur de los 64'^14' lat. S. y 55" loug. E., en 
la Tierra del Emperador Guillermo II ( VanJu'iffenJ; mar 
de Ross (Wilson); Pack Ice al sur de los 63°, 3' lat. S. y 
161°,42' long. E (en Diciembre y Febrero. — Hanson)] 6(3" 
lat. S (en Febrero.— Fo/y. ChaUenger)\ 70o,40' lat. S y 87'^ 
loug. W (en Marzo. — Exped. anfarct. beJga)\ archipiélago 
de Palmorston (en Febrero. — Exped. antard. francesa); 
mar de Weddell a los 7r,22' lat. S (en U^yao.— Exped. 
antarct. escocesa). 

Los naturalistas del «Southern Crossv la encontraron 
también en la Tierra de Victoria y en ñn Wilson de la 
expedición antárctica inglesa observó el petrel plateado en 
Adelie Land, en South Victoria Land en el mar de Ross 
más allá de los 71° lat. S (5). Este último punto señala el 
record hasta hoy conocido del área de dispersión hacia el 
sur por esta especie. 

A pesar de haberse encontrado con cierta frecuencia 
esta ave al sur del círculo polar, no parece sin embargo 



(4) Beuf.sche Siidpol. E.vp., IX, Zool., 1, p. 55;?. 

(5) Scoff, Voy. Di'scoveri/, t. II, pp. 481. 



-'■m^ 




196 HHVl.STA CHILENA DE iUSTOIllA XATIJRAI. 

ñecuentar habitual mente los iiielos del Continente An- 
tárctico. Como se puede ver por los datos arriba indicados, 
esta especie ha sido señalada en las latitudes más austra- 
les, solamente desde Diciembre a Marzo es decir en los 
meses de verano por el Hemisferio austral. En invierno 
se retira más al norte buscando el mar libre y los puntos 
más boreales señalados por el petrel plateado han sido 
siempre durante los meses de esta estación para el hemis- 
ferio austral. Por esta razón Wilson es de opinión que es 
una ave migratoria. 

Como verdadero habitat de la Friocella artarctica se 
debe entonces indicar las regiones subantárcticas. El pe- 
trel plateade debe también ser considerado como una es- 
pecie de la avifanna chilena y argentina, pues durante 
una parte del ano esta ave suele frecuentar las costas de 
Chile, los parajes del Cabo de Hornos y la costa pata- 
gónica. 

Darwin (6) la consiguió en la bahía de San Mathias; 
Giglíoli la observó durante el viaje de la «Magenta» en 
el Callao en el mes de Agosto y la vio siguiendo el buque 
a lo largo de la costa de Chile hasta el cabo Tres Montes 
en Patagonia. Wilson también la señaló eii el mes de Julio 
en los parajes del cabo de Hornos; y los miembros de la 
Misión francesa en el viaje de «La Romanche), recogieron 
varios ejemplares en Ushuaia, canal de la Beagle, Bahía 
Orange y Bahía Buen Suceso. 

Dice el señor Carlos Eeed (7) que en el año 1905 ha 
sido encontrada esta ave en Chile a grandes distancias de 
las costas en diferentes puntos del país y por diversas per 
sonas en una misma época. Don Federico Videla la encon- 
tró en los alrededores de la Estación de los Lirios, don 
Melitón Echeverría recogió varios ejemplares en su fundo 
en el departamento de Lautaro; un señor de San Felipe la 
]-ecogió en dicha ciudad y el mismo señor Reed la encon- 
tró en el cerro del Caracol de Concepción. Todos esos 
ejemplares fueron recogidos en el suelo unos agonizantes 
y otros muertos. Se explica esos hallazgos por la circuns- 
tancia de haber habido en aquellos días un fuerte tempo- 



(6) Voji. Beofile, ZooL, Birds, p. 140; 1841. 

(7) Z«.s ares chilenas, Concepción, p. 166; 1907. 



Oabbene. — iMiiocicLLA antárctica (stephens) 197 



ral en las costas de Chile. Muchos de esos petreles se iu- 
tornaron en tierra y volaron hasta que extenuados por la 
falta de alimente se; han caido al suelo para no levantar- 
se más. 

Jja explicación parece ser la más aceptable si tenemos 
en cuenta que el vuelo de este petrel es más elevado que 
los de otras aves marinas y por consiguiente con más faci- 
lidad se han podido internar en el continente. 

Los ejemplares a que se refiere el señor Eeed han in- 
gresado en las colecciones del Museo de Valparaíso. 

Si la distribución de Priocella antartica es hoy 
bastante conocida, muy poco en cambio se sabe sobre sus 
costumbres y nada respecto al modo de nidificación, los 
huevos, la cría y el plumaje del joven. Muy inciertos son 
asimismo los datos sobre los lugares de reproducción. 

Darwin ( 8 ) dice le habían referido que estas 
aves llegaban en Septiembre a la Georgia del sur para la 
reproducción. Reichenow cita a Kerguelen y Anderson (9) 
indica el cabo Roquemaurel sobre la costa oeste de la tie- 
rra de Luis Felipe como uno de los lugares de nidificación, 
pues en el mes de Diciembre ha sido visto el petrel pla- 
teado en gran número por aquellos parajes. 

Eagle Clark (10) de la Expedición antartica escocesa 
dice también sin afirmarlo definitivamente que Prioce- 
lla antartica hace sus nidos en las altas y abruptas barran- 
cas que existen sobre el lado norte de la costa de la isla 
Laurie en las Oreadas del sur. 

En fin Wilson(ll) recuerda que en el mes de Febrero 
vio a muchas de estas aves en la isla Balleny cerca de los 
7° lat. S. y cree también que ese es uno de los lugares de 
reproducción. 

Respecto al cambio del nombre específico, Mathews 
(12) dice que a pesar de haber los ornitólogos reconocido 
que la descripción dada por Stephens se refiere al petrel 
plateado, el nombre de Fidniarus autarcticus había sido re- 
chazado con motivo de la prioridad de Procellaria antar- 



(8) Soc. cit. p. 140. 

(9) W¡ss. Enjeu. Schnrd. Sihljwl. Exp., V, Sief. 2, p. 43; 1905. 
(U)) Ibis, 1907, p. :]35. 

(11) Nut.untarct. Expcd., Vol. II. Zool. aves, p. 85; 1907. 
(12| Birds Anstralia, vol- II, pt. 2, p- 127; 1912. 



19B REVISTA CHILKNA DE HISTORIA NATUllAL 

tica (le Gincliii. Pero como estas dos especies iio son cou- 
genericas sepueden usar los dos nombres espeeíñcos, tanto 
más que Stepheus cuando propuso su Fidmarm cmiarcü- 
cus conocia perfeotamente la especie de Gmelin la cual él 
colocó en su nuevo género Daption. 

A continuación doy la sinonimia y las citaciones las 
más completas que he podido reunir sobre PrioceUa antá- 
rctica. 

GEN US nilOCELLA 



Friocfílla Hombron et Jacquinot, Comptes Eendus 
Sci. París, vol. XYIir, 1844, p. 357. 
Tipo: P. antárctica (Stephens). 



Priocella antárctica (stepiip^ns) 

(Petrel gris j>l¡itoado.) 



Fiilmarus antarticas Stephens in Shaw'.s Gen. Zool., 
vol. XIII, p. 23G (1826: Cape seas). 

Fiilmarus antárcticas (nec ProceJIaria antárctica Graelín) 
Stephens in Shaw's Gen. Zool., vol. XIII, p. 236 
(182G). 

Froccllaria tennirostris (nec Temminck) Audubon, Orn. 
liiog., vol. V, p. 333 (1839)— Id., Birds Am. 8 va ed., 
VII, p. 210(1844)— Cassin, U. S. Expl. Exp., VIII, 
p. 409 (1858)— Lawrence, Birds X. Am., p. 826 
(1860) — C. BuPvMEíster, An. Mus. Público Buenos 
Aires, III, pt. X, p. 248 (1888: Costa Patagonia). 

ProcellarUi (jlacialoides A. Smiht, 111. Zool. South África, 
Aves, pl. 51 (1840: Cape Seas) — Gould, Vov.« Bea- 
gle>, Birds, p. 140(1841: Bahía de San Mathías.— 6^ 
■ Da?7rm)— Gkay, List. B. Brit. Mus., Part. III, p. 
162 (1844: Estrecho de Magallanes)— Id., Gen. -B., 
III, p. 648 (1844)— TscHur)T,~Fauna Peruan., Aves, 
pp, 54, 308(1844-46)— GouLu, Birds Austr., vol. III, 



Oabbene.— PioocELLA antárctica (stkphens) 199 

pl. 48 (1848)— Peale, U. S. Expl. Exp. VIII, p. 
338 (1848)— Reichembach, Av. Svst. Nat, Xatato- 
res, pl. 21, fio-. 789 (1850)— HAiiTLAun, Naiim. p. 
222 (1853: Chile)— Guay, Ibis, 18G2, p. 24G.— Hut- 
TON. Ibis, 1865, p. 287; 1867 p. 187.— Layard, Birds 
South Afr., p. 361 ( 1867)— Philippt, An. Uuiv Chile, 
t.31,p. 326(1968)— Pelzeln, Reise '<Novara», Zool., 
I, Vog., p. 146 (1869: Chile y Estrechos de Magalla- 
nes)— Hutton, Cat. Pirds^S^ew Zeal., p. 45 (1871)— 
Melltss, Ibis, 1870, p. 105. — Bullek, Birds New 
Zeal, p. 301 (1873) — Alph. Milne Edwauds, Faune 
des legiones austr. ch. v., p. 5 et pl. XV" (mapa). 

PrioceUa qarnoüi Ho.aibkon et Jacquinot, Coraptes Rn- 
dus Sci., París, vol. XVIII, p. 357 (1844: Cape Seas). 

ProceUaria garnoti gray, Gen Birds, yoI. III, p. 648 
(1844). 

Pñocella qarnotti Jacquinot et Pucheran:, Voy. Pole Sud, 
Zool, vol. III, p. 148 (18531 

Thalassoica f/lacialoides Reichenbach, Handb. Loiigipe- 
nnes,p. XIII, fig. 778 (1853) — Bonaparte, Comptes, 
Rendus, XLII, p. 768 (1856)— Id., Consp. Gen. Av. 
vol. II, p. 191(1857)— GouLD, Handl. Birds Austr., 
vol. 11, p. 467 (1865)— Coues, Proc. Acad. Xat. Sci. 
Philad., 1866, p. 30.— Sclater, Proe. Zool. Soc. 
Lond., 1867, p. 376 (Chile). 

Thalassoica polaris Bonaparte, Comptes Rendus, XLII, 
p. 768 (1856)— Id., Consp. Gen. Av., vol. II, p. 192 
(1857). 

Thalassoica tenuirostris Bonaparte, Comptes Rendus, 
XLII, p. 768 (1856)— Id., Consp. Gen- Av., vol. II, 
p. 192 (1857)— Sharpe, Phil. Trans. Roy. Soc, vol. 
168, p. 123 (1879) 

Fvocellaria smithi Schlegel, Mus. Pays Bas., Procell., p. 
22 (1863: Cabo de Hornos y costa de Chile). — FiNtiCii, 
Journ. f. Orniith., 1870, p. 373. 

Fulmarus glacialoides Sclater et Salvin, Ibis, 1868, p. 
189.— Gray, Hand-List Birds, III, p. 105 (1871)— 
CuNNiNGHAN, Xat. Hist. Str. Magell, p. 223 (1871) 
ViNCiGUERRA, Boíl. Soc. Geogr. Ital. (2), IX, p. 799 
(1884)— Lucas, Auk, IX, p. 4 (1887: Cabo de Hor- 
nos).— A. O. U. Check-List N. Am. Birds, p. 100 



200 REVISTA CHLENA DE IIISTOlilA NATURAL 

(1886)— EiDGWAY, Man. N. Am. Birds, p. 58 (1887). 
Thalassoeca glacialoldes Gigliolt, Fauna Vert. Océano, 
p. 47 (1870)— Id., Viaggio «Magenta: (índice) (1870) 
— ScLATEK et Salvin, Nomencl. Av. Neotr., p. 149 
(1873) — KEED, Ibis, 1874, p. 82 (Isla Masafueva, Juan 
Fernández). — Salvin, Proc. Zool. Soc.Lond., 1878, 
p. 73G; — Id., Voy. «Challenger;, Zool., pt. VIII, 
Procell., p. 142 (188Í)— Id., Cat. Strickl. Coll.,p. 630 
(1882)— Id., Proc. Zool. Soc. Lond., 1883, p. 431 
(Chile; Coquimbo y Yalnaraíso. — Markliam) — Mose- 
LEY,NotesNat. «Challanger»,p. 134,253(1879)— Tac- 
ZANO^vsKi, Orn. Pérou, III, p. 464 (1886) — Bullek, 
Birds New Zeal., 2 nd. ed., vol. II, p. 228 (1888)— 
Id., Trans. New Zeal. Inst. XXV, pp. 62, 80 (1893)— 
James, New List Chil. B., p. 13 (1892) — Scl.\tek, 
Ibis, 1894, p. 498.— Eekd, Aü. Univ. Chile, t. 93, p. 
212(1896)Saundeks, Antarctic Manual, p. 230(1901) 
TuRQUKT, Le «Francais» an Pole Sud, p. 430 (1906) 
— C. Peed, Las aves chilenas, p. 116 (1907: Chile) — 
Id., Eev. Chilena de Hist. Nat., p. 58 (1908: Chile: 
Estación de los Lirios; Lautaro; San Felipe, Cerro del 
Caracol, Concepción). 
Fnlmarus teMiiirostris Cüues, Kev N. Am. Birds, p. 328 

(1872). ' 
Pnoce//a¿m?<¿rosíns EiDGWAY, Proc. U. S. Nat. Mus., III, 
p. 209 (1880)— Coues, Check-List N. Am. Birds, p. 
125 (1882)— Id.,Key N. Am. Birds, ed. 2.», p. 778 
(1884)— Stejnegek, Auk, 5, p. 233 (1884). 
Thalassoeca tenuirostris Shakfe, Trans. « Venus ;> Exped. 
Birds ot'Kerguelen, p. 23. — Id. Proc. Zool. Soc. Lond., 
p.ll (Valparaíso) — Sh arpe, ed La yaiid's Birds South 
África, p. 767 (1884)— Qustalet, Miss, Cap. Horn, 
Oiseaux, pp. 162, 332(1891: Tierra del Fuego, Bahia 
(3range, Bahía Buen Suceso, Ushuaía, Canal de la 
Beagle). — Holmbekg, Fauna arg., aves, in Seg. Cen- 
so Eep. Arg., p. 558 (1898). 
Priocella qlacialoides Baird, Brewer et Eidgway, Wa- 
ter-Birds N. Am., II, p. 373 (1884).— Sala^in, Cat. 
Birds Brit. Mus., XXV, p. 393 (1896) [South Atlant. 
Ocean, lat. 40°43' S., long. 58°,04' W. Aug.—H. 
Dur/ord, iil Mus. Brit.; Estrecho de Magallanes. — 



Dabbene.— PRioCKLLA antárctica (stei'hens) 201 

Almirantazgo; in colecc. Mus. Brit.; Valparaíso. — 
//. BerMey Jamen, A H. Miirk]iarn{Ju\.), J. Young, 
Dr. Gopphiger (Aiig); Cap. Breit, in Mus. Brit.; Co- 
quimbo. — A. II, Marlxltam]. — Schalow, Fanna cbi- 
lensis, iu Zool. Johrb., IV, p. 654 (1898: Cavan- 
cha, Chile, en Julio). — Shakpe, Hand-List ef Birds, 
I, p. 125 (1899).— Salvadori, Ann. Mus. Cívico 
Genova (2), XX, p. 628 (1899; en mar al norte de 
Río Gallego, Patagonia). — Mabtens, Hamb. Magalh. 
Sammelr., Vog., p. 19 (1900: Cabo de Hornos).— 
Campbell, Xests and Eggs Austr. Birds, p. 897 
(1901).— Va^hoeffen, Journ. f. Ornith., 1901, 
pajs. 310,311, 312. — Shakpe, Rep. «Southern Cross», 
p. 245 (1902).— Dabbene, An. Mus. Xac. Buenos 
Aires, ser. 3 t. I, p. 385 (1902).— Salvin et God- 
MAN, Biol. Centr.— Araer., Aves, III, p. 436 (1904). 
— ScOTT, Vay. Discovery, II, p. 481 (1905). — 
BuLLEPv, Suppl. Birds New Zel., p. 108 (1905).— 
Andekson, Wiss. Ergebn. Schwed. Südpol. Exp., 
V Lief. 2, p, 43 (1905). — Vanhoeffen, Journ. f. 
Ornith., 1905, p. 507. — Hall, Key Birds Austr., 
p. 93 (1906).— E. Clakke, Ibis, 1906, p. 170.— 
LoNNBEKG, Fauna South Georgia, p. 83 (1906). — 
E. ClaPvKE, Ibis, 1907, p. 335.— Reichenow, Deut- 
sche Südpol. Exp., Zool., pp. 480, 552 (1907).— 
WiLsoN, Nation. Antarctic Exped., Zool. III, Aves, 
p. 84 (1907).— Menegaux, Exp. Autarct. Franc, 
p. 54 (1907). — Mathea^s, Handb. Birds Austr., p. 
17 (1908).— GoDMAN, Monogr. Petrels, p. 165(1908). 
— LiTTLER, Handb. Birds Tasm., p. 171 (1910).— 
W. E. D. ScoTT et R. B. Shaepe, Princ. Exp. Pa- 
tagonia, II, pt. 2, Ornith., p. 139 (1910).— Dabbene, 
Ornith. arg., I, in An. Mus. Nac. Buenos Aires, 
ser. 3.0, t. XI, p. 203, N.o 92 (1910).— A. O. U. 
Check-List N. Am. Birds, 3.^ ed., p. 51 (1910).— 
PaefslePv, Ornith. Monatsb., 1910, p. 116 (Costa 
oeste de Sudamérica a los 43°, 5 lat. S. [Junio]); p. 
117, lat. S. 45°,5'; p. 118, Estrecho de Magallanes. 
—Id., ibid., 1911, p. 128.— Mathews, Xovit. Zoolog., 
XVIII, p. 202 (1911).— Bkabourne et Chubb, The 
Birds of South America, vol. I, 30 (1912). 



202 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

Thalassoeca glacialina Heine, Nomencl. Mus. Heiii., p 362, 

(1890)." 
Ihalüssidea qlacUdoides C'arcajal, La Patagonia, pt. II, 

p. 277 (1900). 
Tlmlassidea (Priocdla) (/lacialoides Saunders. Antarct. 

Manual, 236 (1901)'. 
Priocella antárctica Mathews, Birds Australia, vol. II, 

pt. 2, p. 126 (1912).— Mathews et Iredal, Ibis, Abril 

1913, p. 230. 



Reed.— AVES de caza de Mendoza 20;í 



LÍ55 ^Vt$ DE CfiZ^ 
De la provincia de Mendoza 

roR EL 

Prof. Carlos Samuel REED 

Director del Museo de MendDza (Rep. Arg.) 



Accediendo a la amable invitación del distinguido co- 
lega profesor don Carlos E. Porter, de colaborar en el vo- 
lumen de las «Bodas de Plata» de su importantísima Re- 
vista Chilena de Historia Xatural, he querido dedicar a 
es9 fin las notas que he reunido, durante 12 años, refe- 
rente a las aves de caza de la provincia de Mendoza. 

Estimo, que, aún cuando las noticias que consigno en 
el presente artículo son de carácter aplicado más que sis- 
temático, han de tener algún interés como una simple 
contribuciÓLi al mejor conocimiento de las riquezas natura- 
les de la provincia de Mendoza. 

La avifauna mendocina es relativamente rica en aves 
de caza, y la mayoría de ellas pertenecen también a la 
fauna de Cliile; estas especies aparecen en esta enumera- 
ción marcadas con un asterisco. 

IN^o obstante que para los verdaderos cazadores, para 
aquellos que toman la caza como un ejercicio saludable y 
entretenido, varias de las aves que incluyo en estas notas, 
no son verdaderamente aves de caza, he creído un deber 
incluirlas aquí porque son cazadas muy frecuentemente 
por la mayoría de las personas que salen de caza los días 
festivos, y, de un modo preferente, por los que se buscan 
medios de vida en la venta de los productos de la caza. 

La nomenclatura que empleo en la lista es la que del 
Dr. Roberto I)al)bene en su catálouo de aves arí^eiitiHas 



204 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



(1), pero reconozco que, según el estado actual de los co- 
nocimientos ornitológicos, debería de emplear, para varias 
especies, otros nombres. 

Las ilustraciones son tomadas de ejemplares existen- 
tes en la colección del Museo Educacional de la provincia 
de Mendoza. 

Rheifokmes 



* 1) Bhea americana L. 

Cat. Birds Brit. Mus., XXYII, p. 578 

N. Y.: Xandú, choique. 

Común en los campos incultos de la llanura. Se le ca- 
za preferentemente con armas de fuego aún cuando tara 
bien se hace con boleadoras. 

Su carne es muy estimada por algunas personas y sus 
plumas y huesos son artículos de comercio. 

* 2) Helia Banñni Gould 

Cat. Birds Brit. Mus., XXVII, p. 582 

X. V.; Xandú petizo. 

Xo es raro entre los 2000 y 3200 metros de altitud 
en la cordillera. Estimada comercialmeute como R. ame- 
ricana. 

Tin .\ MI FORMES 

3) Nothoprocta cinerascens Burm. 
Cat. B. B. Mus., XXYII, p. 552 

X. Y. Perdiz huertera. Perdiz montaraz. 
Esta perdiz se encuentra principalmente en los de- 
partamentos del este, habita de preferencia en los terrenos 
secos con arbustos espinosos. Empieza hi postura de hue- 
vos en Setiembre 

4) XotJioprocta Fentlandi Gray 
Cat. B, B. Mus., XXYII p. 5o5. 

X. Y. Perdiz gritona de las quebradas. 

Se encuentra sólo en las quebradas de la precordille- 



(1) Dabbeiie, Roberto.: Catálogo Sistemático y dascriptivo de las 
aves argentinas, tomo I. in An. Mus. ]Vac. Buenos Aires: Tomo XXVIil 
(ser. 3.% T. XI), p. 1 a 513. 



REV. CH. HIST. NAT., Año XVV (192i) 



Lam. X 





Xotopvocta cinerasceiií 



206 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

ra; su caza es sumamente difícil. He encontrado un nido 
con huevos en el mes de Febrero (2). 

5) Notliura maculosa Tomm. 
Cat. B. B. Mus. XXA^IL, p. 559. 
X. V.: Perdiz chica 

Muy común en toda la llanura. Se encuentra princi- 
palmente en los potreros alfalfados. Anida desde Agosto 
hasta Febrero. 

6) CalopezuH clegans. Orb. ot. Geoffr. 
Cat. B. B. Mus. XXYII, p. 56(3. 

N. Y.: Martineta, perdiz copetona. 

Esta martineta es la de mayor tamaño entre las per- 
dices de Mendoza. Muy común en las llanuras incultas y 
también en los primeros cerros de la precordillera (Cañota, 
etc.). Xidifica desde Septiembre hasta Febrero. La carne 
de las cuatro especies de perdices mencionadas más arriba, 
es de color blanca y de muy buena calidad, aunque al- 
go seca. 

El régimen de alimentación es muy semejante en las 
cuatro especies y consiste en insectos, otros invertebrados, 
semillas y verduras. De los exámenes que he hecho ha re- 
sultado un mayor porcentaje para las semillas de plantas 
invasoras en los cultivos y plantas silvestres sin aplicación 
agrícola. 

Galliformes 



* 7) LopJiorti/.r californicus. 

Cat. B. B. Mus., XXII p. 

N. y.: Codorniz. 

En Abril de 1920 llevé a Mendoza, desde Valparaíso, 
25 pares vivos de esta codorniz y fueron soltados poco des- 
pués en los alrededores de Mendoza. Algunos pares fue- 
ron dejados en libertad en La Cienaguita, en la propiedad 
del señor Eicardo Baez, que entonces era Gobernador de 
la Provincia. En Enero de 1921 me informó don Gerónimo 
Da Forno, que unos cazadores habían dado muerte a un 



(2) Reed, Carlos Samuel.: Breves noticias acerca de algunos nidos 
y huevos de aves de la precordillera de Mendoza, en «El Hornero», To- 
mo I páginas 267-273. 



REV. CH. HIST. NAT., Año XXV (1921) 



Lám. XI 




Columba maculosa 



208 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

ejemplar en las cercanías de La Higuerita. No pude ave- 
riguar si se trataba de un adulto o ejemplar joven. 
La incluyo en esta lista provisoriamente. 

CoLUMBlFOiniES 

8) Columba macul osa Temm. 

Cat. B. 13. Mus. XXI, p. 243. 

X. V. Torcaza. 

Muy común, durante el invierno, en los campos cul- 
tivados de la provincia. Xo he podido constatar si nidifica 
en Mendoza, 

* 9) Zenaida auriculata. Des Murs 

Cat B. B. Mus. XXI, p. 384 
X. y.: Palomita pnntana. 

Muy común en toda la llanura de la provincia. Nidi- 
fica desde Septiembre hasta Marzo. 

* 10) Columhula picui Temm. 

Cat. B: B. Mus., XXI p. 468. 

N. V.: Palomita. 

Llega hasta los jardines de las plazas de Mendoza. 

* 11) MetyiopeUamelanoptera Mol. 

Cat. B. B. Mus., XXI. p. 427. 

N. Y.: Palomita de la sierra. 

Habita desde 1200 a 3400 m. de elevación en la cor- 
dillera. 

Durante los días de grandes nevazones en la cordille- 
ra, llega hasta la llanura. Nidifica sólo en la cordillera. 
Xoviembre a Febrero. 

EaLLIF0K3IES 

"^ 12) Limnopnrdalus n/tirliipichus Yieill. 
Cat. B. B. Lus. XXIII,' p. 31. 
N. V.: Gallareta de pico largo. 

* 13) Fúlica armillata Yieill. 

Cat. B. B. Mus. XXIII, p. 218. 

* 14) Fúlica leucoptera Yieill. 

Cat. B. B. Mus. XXIII, p. 224. 

* 15) Fúlica rufijrons Phil. et Landb. 



REV. CH. HIST. NAT., Año XXV (1921) 



Lám. XII 




210 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

Cat. B, B. Mus. XXIII, p. 220. 

Las tres especies de Fidica son denominadas vulgar- 
mente Gallaretas y son frecuentes en las lagunas y pajo- 
nales de la llanura. La carne de estas aves es de mala 
calidad como alimento, debido a su sabor. Xidifican desde 
Agosto hasta Febrero. 



■-O' 



PoDICIPEDIFOiniES 

* 16) Podiceps americanus Garn. 

Cat. B. B. Mus., XXYI, p. 524 

X. V.: Maca 

Frecuente en los pajonales y lagunas de la llanura. 
Carne de calidad muy ordinaria. Xidifica desde Septiem- 
bre hasta Febrero. 

Char.adpjifürmes 

* 17) Attaqis Gai/i Less. 

Cat. B. B. Mus., XXIV, p. 716 

X. V.: Perdiz de la sierra. 

Muy común en la cordillera desde los 2500 m. a has- 
ta más allá de los 4000 m. Su carne es dura y de mal 
sabor. 

* 18) Tlünocorijs rumiciroriis Esch. 

Cat. B. B Mus., ^^lY, p. 719 

X. Y.: Corra lito. 

Las dos especies de Thinocori/s habitan en las llanuras 
de la precordillera mendocina. Durante el invierno llegan 
muy abajo. Tienen carne de sabor agradable. Se alimentan 
preferentemente con verduras. 

* 20) OreophiIi(s ruficolUs AVagl 

Cat. B. B. Mus., XXIV, p. 123 

G. V.: Pachurrón 

Muy común en las pampas entre Tunuyau y San Ra- 
fael. La carne es de calidad fina. 
21) BeJenopteriis caijennensis Gm. 

Cat. B. B. Mus., XXIV, p. 163 

X. V.: Tero-Tero 



Reed.— AVES de caza ue mexdoza 211 

Común eu los potreros de la llanura. Anida desde fi- 
nes de Agosto hasta Marzo. Carne dura y de mal sabor. 

* 22) Zonihyx modestus Licht. 

Cat. B. B. Mus., XXYI, p. 238 

* 23 AegiaVüis coUaris Yieill. 

Cát. V. B- Mus., XXIY, p. 288 

N. V.: Chorlito. Estas dos aves tienen la misma deno- 
minación vulgar. Habitan en las riberas y eu los potreros 
pantanosos. Carne de buena calidad. 

* 24) Hhnantopus melanurus Yieill. 

Cat. B. B. Mus., XXIY, p. 316 

N. Y.: Tero real. Frecuente en las represas de aguas 
en los potreros. Ave de carne muy estimada. 

* 25) Totanus melanuleucus Gm. 

Cat. B. B. Mus., XXIY, p. 426 

* 26) Tota?ius Üavipes Gra. 

Cat. B. B. Mus., XXIY, p. 431 

N. Y.: Chorlitos; Batitú chico. 

Se encuentra junto con el toro red. 
27) Bartramia longicauda Bechst. 

Cat. B. B. Mus.' XXIY. p. 509 

K Y.: Batitú. 

Ave de paso en Mendoza, en otoño va al norte y en 
primavera al sur. 

Su carne es muy estimada. Se encuentra de tránsito 
en los pajonales. 

* 28) GaUinago paraguaue Yieill. 

Cat. B. B. Mus.; XXIY, p. 650 

N. Y.: Becacina 

Frecuente en los pajonales de la provincia. Es una de 
las aves de caza más estimada por la buena calidad de su 
carne. 

* 29) Bostratiila semicoUaris Yieill. 

Cat. B. B. Mus,, XXIY, p. 690. 

X. Y.: Porotera, becacina chica, pintada. 

Habita con GaUinago paraguai(C. 

Akdeiformes 

30) Nycticora.r ia.rzugiiira Yieill 
Cat. B. B. Mus.,'XXYI, p. 155 



212 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

N. V.: Garza bruja. 

Se encuentra eu las riberas y pajonales. Carne de 
muy mala calidad. 

* 31) Euxenura maguari Gm. 

Cat. B. B Mus., XXVI, p. 297 

N. V.: Cigüeña. 

Ocasionalmente atraviesa la provincia alguna banda- 
da de esta cigüeña y entonces son muy perseguidas por 
los cazadores. Carne de mala calidad. 

* 32) Flegadis guaranna Lim. 

Cat.B. B. Mus., XXVI, p. 34 
N. V.: Cuervo de cañada. 

Común en la laguna de Guanacache. Carne de mala 
calidad. Las alas se emplean para adornos de sombreros. 

* 33) Theristicus candatus Bodd. 

Cat. B. B. Mus., XXVI, p. 23 

X. V.: Bandurria de cañada. 

Se encuentra en los campos de San Eafael. 

Anskkiformes 



* 



34) Cyqmis meJa}iocoryplnis Mol. 

Cat. B. B. Mus., XXVII, p. 39 

X. V.: Cisne de cuello negro 

Común en las lagunas tle Guanacache y eu las de San 
Rafael. 

Carne de mala calidad. Se aprovecha la piel con las 
plúmulas. 

* 35) Coscoroba coscoroba Mol. 

Cat. B. B. Mus., XXVII, p. 42 
N. V.' Satatal, cisne blanco. 

Xo tan frecuente como C. melanoryplms, habita los 
mismos parajes y tiene iguales aplicaciones. 

* 36) Chlol'pliaqa melanoptera Eytou 

Cat. B. B.^ Mus., XXVII, p. 129 
X. V.: Gancillo 

En ios potreros regados del departamento de Tunu- 
yan y en la cordillera. 

Carne de muy mala calidad, aceitosa. 

* 37) Dendrociiqna fulva Gm. 

Cat. B. B. Mus., XXVIL p. 149 



REV. CH. HIST. NAT., Año XXV (1921) 



Lám. XIII 




214 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



N. y.: Pato de ciénaga 

Raro. Eu el Museo de Mendoza hay dos ejemplares 
cazados en la laguna de Guanaeache. 

* 38) Anas cristatas Gm. 

Cat. B. B. Mus., XXVII, p. 216 

Solo he visto un ejemplar, cazado en Puente del Inca. 

* 39) Mareca sibilatrix Poeppig 

Cat. B. B. Mus., XYVII, 237 
N. V.: Pato real 

* 40) Nettium jlovirostre Vieill. 

Cat. B. B. Mus., XXVII, p. 261 
*41) JJafila spinicauda Vieill. 

Cat B. B. Mus., XXVII, p. 279 
G. V.: Pato veliche 

* 42) Poeciloneüa bahamensis Linn. 

Cat. B. B. Mus., XXVII, 282 

* 43) Querquedula versicoXor Vieill 

Cat. B. B. Mus., XXVII, p. 291 
N. V.: Patito de ciénaga. 

* 44) Querquedula cyanoptera Vieill. 

Cat. B. B. Mus , XXVII, p. 291 
X. V.: Pato colorado 

* 45) Spa,tulaplatalea\\e\\\. 

Caf B. B. Mus., XXVII, p. 316 
N. V.: Pato pico de cuchara. 

* 46) Heteroneta atricapiUa Merren 

Cat. B. B. Mus., XXVII, p. 335 
X. V.: Patito de ciénaga 

* 47) Metopiana jJeposaca Vieill 

Cat. B. B. Mus., XXVII, p. 332 

Los patos silvestres enumerados desde el X.° 39 al 46 
son muy comunes en las lagunas de Guanaeache y tam- 
bién suelen encontrarse en los pajonales y riberas de las 
llanuras. La especie Dafila spinicauda es, sin duda alguna, 
la más frecuente en toda la provincia. En invierno todos 
estos patos tienen carne de muy agradable sabor. Anidan 
desde fines de Agosto hasta Febrero. 

* 48) Erisniatura vittata Phil. 

Cat. B. B. Mus., XXVII, p. 450 

X. V.: Pato bola 

Raro. Ha sido cazado en Guanaeache. 



REV. CH. H'ST. NAT., Año XXV (1921) 



Lám, XIV 














Speotito cunicularia 



216 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

* 49} Merqanetta armata (jroudld 

Cat. Í3. B. Mus., XXVII, p. 458 
X. V.: Patito de río 

En el Río Mendoza, eutre Potrerillos y Puente del 
Inca. 

pHOENICOPTERlFOiniKS 

* 50) Fhoenicopteriis chüpnsis Mol. 

Cat. B. B. Mus., XXVII, p. 21 
X. V.: Chofla, Famenco, Penitente 
Común en Guanaoache. Carne de mala calidad; es ca- 
zado para aprovecharlas plumas. 

Palamedetformes 

51) Chauna cristata Swains. 
Cat. B. B. Mus., XYVII, p. G 
X. V.: Chajá. 

Frecuente en los potreros en los departamentos del 
este. Carne de mala calidad. 

Pelecanifokmes 

51) PJialacr acorar vigua Vieill 

Cat. B. B. Mus.,' XXVI, p. 378 
N. V.: Pato pescador, viguá. 

Frecuente en las lagunas y ríos de Mendoza. Carne 
dura y de sabor desagradable. 

Stkigifokmes 

53) Speotyto cunicnlaria (/raUaria Temm. 

Cat. B. P. Mus., II p. 142 

X. V.: Lechucito de las viscacheras 

En diversas oportunidades he podido constatar la 
presencia de este lechuzo entre las aves traídas a la ciudad 
por algunos cazadores. Su caza debería de ser estrictamen- 



REV. CH. HIST. NAT., Ano XXV (1921) 



Lám. XV 




218 KEVISTA CHILENA UE HISTORIA NATUUAL 

te prohibida en atención de ser verdaderamente útil a la 
agricultura. Carne de pésima calidad. Habita en la llanura 
de toda la provincia 

PslTTACIFOKMKS 

54) Cyanolíseus pataqonus Vieill 

Cat. V>. B. Mus.; XX, j). 205 

N. V.: Loro barranquero 

C'Omnn en los maizales del este. 
*? 55) Bolbohyrichifs Orbirpii/í ]3p. 

Cat. C. B. Mus. XX, p. 236 

N. V.: Catita de la sierra. 

Muy corai'm en los cerros de la precordillera. Anida 
en colonias dentro de cuevas. Carne de regular calidad. 

PlCIFOKMES 

56) Colaptes agrícola Mahl. 

Cot. B. B. Mus., XXVm, p. 25 

N. V.: Carpintero 

Ave muy útil a la arboricultura. Se le caza frecuen- 
temente. Común en las alamedas y matorrales de la llanu- 
ra. Carne dura y de sabor desagradable. 

P.ASKKIFOKMES 

57) Piíanr/us sulphuratus subesp-boUviamis Lfr. 
Cat. Í3. B. Mus., XIV: p. 177 

X. V.: Pito Juan 
Común en la llanura 

58) PJútotoya rutila Vieill. 

Cat. B. B. Mus., XVI, p. 407 

N. V.: Quejón. Ave dañina en los almacigos. 

Común en la llanura. 

59) Planesticus fuscater subesp. amoena Hellmayr. 
Cat. B. B. Mus., V, p. 243 

Tí. V.: Mirlo 

Común en la precordillera y raro en la llanura. Carne 
muy fina. 



REV. CH. HIST. NAT„ Ano XXV (1921) 



Lám. XVI 




220 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

60) Mimufi vatar/onicus Lafr. et Orb. 
Cat. B. B. Mus., YI, p, 342 

N. y.: Calandria. 

Común en la llanura y en la precordillera; carne or- 
dinaria. 

61) Saltator aurantiirostis Yieill. 
Cat. B. B. Mus-, XI, p. 292 
N. V. Juan chiviro. 

Común en la llanura y precordillera; carne parecida 
a la de calandria. 

62) Spinus ictericus ictericus Licht. 
Cat. B. B. Mas., XII, p. 217 

* 63) Sicalis arvensis arveusis Kittl. 

Cat. B. B, Mus., XII, p. 382 
M. Y.: Chirigue 

* 64) Paser domesticus Linn. 

Cat. B. B. Mus. XII, p. 307 
N. Y.: Gorrión 

Ave europea introducida a la República Ars^entina y 
extensamente propagada. 

* 65) Brachispisa capensis capensis P. L. S. Müll. 

Cat. B. B. Mus., XII, p. 610 

X. Y.: Chingólo 
66) FJit/gilus Aldunatei caníceps Burm. 

Cat. B. B. Mus., XII, p. 784 

X. Y.- Chingólo de la sierra. 

Las especies X.^ 62 al 66 de la presente lista las he 
identificado entre las avecitas, cazadas en Mendoza, que 
se venden para el consumo en la plaza de abastos de la 
ciudad. 

* 67) Molothrus bonariensis bonáriensis (Im. 

Cat. B. B. Mus., XI, 335 

G. Y.: Renegrido 

Común en toda la llanura. Carne de calidad ordinaria. 

* 68) Trupialis milifaris Linn. 

Cat. B. B. Mus , XI, p. 356 

X. Y.: Pecho colorado 

Común en toda la llanura. Carne dura y de mal sabor. 

Museo dk Mendoza, 15 de Abril de 1921 



Lahille. - coKELLA eimyota ex arua 221 



PRE5£NCi;t U CORELL/t EUinYOT/t TR^U5T., EN ^RiC^i 



POR EL 

Dr. Fernando LAHILLE 



En Junio de 1912 el Dr. Carlos E. Porter recogió en 
la bahía de Arica un pequeño tunicado de 7 mra. de largo 
por 4 ram. de ancho y me lo confió recién para su exa- 
men. 

Es un representante joven del género Corella Han- 
cock 1870, cuya colocación sistemática es la siguiente: 
Clase: Uruchordia. Orden: Eutremata; sub-orden: Phlebo- 
branchiata. Serie: Ascidiadas. Familia: Corellidae. 

Los caracteres exteriores del ejemplar de Arica son 
los siguientes: 

El contorno general de cuerpo es oval alargado, la 
región anterior es más angosta que la posterior. 

El cuerpo es comprimido lateralmente, y su base está 
adherida a unos fragmentos de algas calcáreas, briozoos y 
tubos de serpulas. Los orificios branquial y cloacal son 
sésiles y se observan con dificultad. El primero es termi- 
nal, el segundo está situado más cerca de la base del cuer- 
po que de la extremidad anterior, y no se encuentra pre-' 
cisamente sobre el borde dorsal del tunicado pero más 
bien del lado izquierdo. La superficie presenta pequeñas 
elevaciones irregulares, y su color en la región anterior 
es de herrumbre. 

La túnica es semi-cartilaginosa poco espesa y casi 
transparente. Xo se observan vasos sanguíneos en su 
interior. 

Su estructura microscópica es homogénea. Hay nu- 
merosas células vesiculares inclusas en la sustancia carti- 
laginosa fundamental. La superficie de la túnica ofrece 
unas papilas muy cortas, simples o a veces bi o trifurca- 
das. Representan sin duda el origen de las prolongado- 



222 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

nes que sirven para producir la adherencia de la túnica a 
los cuerpos extraños. 

La pared del cuerpo (Manto) es muy delgada, sobre 
todo del lado derecho. 

En el lado izquierdo sus fibras musculares son más 
numerosas y más desarrolladas. No se nota sin embargo 
ninguna faja muscular semejante a la que se vé en otros 
Ascidiados, en Corella japónica por ejemplo. 

La musculatura del sifón branquial (Esfínter) es mu- 
cho más fuerte que la del sifón cloacal. En este las fibras 
circulares y las longitudinales son muy espaciadas. 

Los lóbulos del sifón branquial no son visibles, los 
del sifón cloacal son en número de 6. 

La corona tentacular consta de unos 45 tentáculos 
filiformes y bastante largos. Son de varios tamaños. 

El pabellón vibrátil — visto de frente — ofrece el as- 
pecto de una herradura. 

La branquia preséntasenos longitudinales pero éstos 
carecen de papilas. Los tremas de la branquia son muy 
irregulares y en la lámina que acompaña esta breve nota 
he representado uno de ellos. 

El rafe dorsal de la branquia está constituido por pa- 
pilas triangulares no muy largas. 

Las visceras están situadas como en todas las especies 
de Corella. sobre el lado derecho de la branquia. El estó- 
mago es globuloso y presenta de siete a ocho surcos glan- 
dulares. 

Es a la altura del píloro que corresponde el sifón 
cloacal. En Corella japónica el sifón es más anterior y se 
encuentra al nivel de la curva del intestino. 

El ejemplar de Arica era tan joven que las gonadas 
masculinas y femeninas se notan apenas, sobre la pared 
de la primera región del instestino. 

El género Corella se encuentra representado actual- 
mente por unas nueve especies. 

Estas son de tamaño más bien pequeño, si se hace 
abstracción de la especie descrita por Sluiter con el nom- 
bre de Corella antárctica Slt. 1905. Esta alcanza a tener 
13 cmts. de largo por 7 cmts. de ancho y fué recogida por 
la expedición antartica del doctor Charcot en la isla 
Booth-Waudel, en fondos de 40 metros. 



REV. CH. HIST. NAT.. Ano XXV (1921) 



Lám. XVII 






JJ 1. ■■ "'yg^"^ . 







I 

5/ 



1. Corella cmmjota TKAUST.-Aspecto exterior.— Aumento: 4 veces. 
1. irapneiito de la base de la túnica, mostrando las células vacuolares 
y las papilas periféricas.— Aumento: 26B veces. 

3. Fracrniento de la pared del cuerpo. Disposición 'de la musculatura 

Aumento: 80,5 veces. 

4. Animal extraído de la túnica y visto por el lado izquierdo.— 

Aumento: 8..o veces, 
o. Trema espiralado. St. seno transverso. SI. seno lonsitudinal. Las 
células cilindricas no han sido representadas.— Aumento: 260 
veces. 



224 REVISTA OHILKNA Df: HISTORIA NATURAL 

Reñtíi'o el tunicado objeto de la presente nota a Core- 
lla emnijota, encontrado (>n ^1 mar de las Antillas y descri- 
ta en 1881 por Traustedt (Vestindiske Ascidiae simplices. 
Vidensk. Meddel. ISaturli. Foren. Ivjobenbavn.). 

Herdman al describir C. japónica (Ivobé, Yokobama, 
Hong-Kong.) hace notar que es una especie parecida a 
C. emnyota. Difiere de ésta por la situación más anterior 
del orificio cloacal, situado en el tercio anterior en C. ja- 
pónica y en la mitad del largo en C eumyota. La muscula- 
tura es muy fuertemente desarrollada en la región dorsal 
del lado izquierdo en C. Japónica entretanto en C. eumyo- 
ta no hay una desproporción tan grande entre los múscu- 
los de ambos lados del cuerpo. En fin, en C. eumyota la 
disposición de los tremas es irregular, y los tentáculos son 
de dos dimensiones en vez de ser todos casi iguales. 

C. eumyota es posiblemente una forma de las regio- 
nes tropicales del Atlántico y no estoy lejos de pensar que 
transportada desde las Antillas, fijada sobre el casco de 
un buque, ha desovado en varias partes y que las larvas 
puestas o nacidas en Arica han encontrado allí condicio- 
nes favorables para su desarrollo. 

Este modo de dispersión de los animales marinos se- 
dentarios es mucho más común de lo que se cree en ge- 
neral. 

C. eumyota tiene caracteres comunes con la especie 
de las regiones árticas; C. borealis Traust. y con la de las 
regiones antarticas: C. antárctica Slt. del Atlántico. 

En estas tres especies el orificio cloacal se encuentra 
pues alejado del orificio branquial. La extremidad ante- 
rior del cuerpo es angosta y la corona tentacular presenta 
sólo unos 50 tentáculos de tamaño distinto. 



Scala.— ESTUDIOS histológicos en la floka chilena i^' 



Contribución al estudio histológico de la flora chilena 

POR 

Augusto C. 5CALiA 

Profesor de Botánica de las Universidades de Buenos Aires y La Plata 



V.— Crypíocarya Feumus Nees. 
XüMBKE VULGAR: Feumo. 

Al describir, en mi coutribiicióii N." III (*) los carac- 
teres histológicos del ('Baldo», cuyo nombre técnico es 
'íPeumus Boldo», dije que se había confundido al Peumo» 
con el ''Baldo A, pero que en realidad no se trataba de la 
misma planta, sino de una Laurácea conocida botánica- 
mente con el nombre de Cruptacarija Peumus . 

Me propuse pues hacer su estudio histológico para de- 
jar establecido sus caracteres y he aprovechado para ello 
la circunstancia de celebrarse las bodas de plata de esta 
tradicional sEevista, adhiriéndome al feliz aconteci- 
miento, con esta modesta contribución, ofreciéndola a su 
fundador, Dr. Pórter, como un homenaje merecido a su 
constante labor y sacrificios en beneficio del pregreso 
de las ciencias naturales. 



La planta que me ocupa fué descripta por Xees von 
Esenbeck en Syst Laur, p 222 y figura también en la 
obra de Gay, tomo V, p. 300-301, donde también figuran 
sus sinónimas Laurus Peumo Domb. — Lam., Encyclop. — 
Bertera. Mere, chil., p. 686. — L. Peumus Hook., Bot. of 
Beechey voy. — Peumus rubra, alba y mammosa Molina. 

(*) Ver iEevista Chilena de Historia yatnralt. Afio XXill. ís'iiin. 3 
Junio 30 de 1919. pág. 33-39. 

REV. CH. UIST. >AT. '1921) 'I5l 



226 



REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



Figura también su la obra 'i Fiantes medicinales dii 
Chili, de Murillo p. 191-192 donde se transcribe la opinión 
de Rosales respecto a sus aplicaciones, propiedades y usos: 
«Z« corteja // las hojas de este árbol, aplicadas en lavajes 
sirven como medicamento para las enfermedades del hígado 
y este remedio es tan eficaz que, no bien absorbido, los en- 
fermos sienten disminuir sus dolores. Los que sufren de 
dolores reumáticos toman baños con la decocción de la cor- 
teza y sienten venir la curación poco a pocoy>. Agrega Mu- 
rillo que el fruto es comestible, la 
corteza es tañante y se la usa en 
ausencia de «-Lingue» {Persea Lin- 
gue) que es otra Laurácea de la 
ñora chilena. Las hojas son aro- 
máticas y el leño, que es muy du- 
ro, se le usa mucho en la industria 
por ser incorruptible en el agua. 
A pesar de todas estas propiedades 
no se halla incripto en ninguna 
farmacopea, ni aún en la chilena. 
Se halla en la ñora argentina cul- 
tivada en parques y jardines. 




Flg'. 27, — Limbo foliar 
visto por transparencia 



Descripción histológica de la hoja 



Frotando ligei'amente las hojas del '¡-Peumoy^ entre 
los dedos, se nota un perfume agradable algo amentado, 
poco persistente. Se debe a la presencia en el mesófilo de 
una gran cantidad de glándulas secretoras de esencia que 
pueden observarse por transparencia, como puntos pelúci- 
dos claros, tal podrá notarse en el esquema 1 (fig. 27). 

Ejridermis superior vista en superficie (Esquema N." 2, 
ñg. 28 del pte. volumen de la Revista). 

Las hojas del "Peumo», como por otra parte las de la 
inmensa mayoría de las Lauráceas, no tienen vestiduras 
es decir son completamente lisas y glabras (desprovista 
de pelos u otros apéndices). Separadas ambas epidermis 
por destrucción de los tejidos mesofilares gracias a la me- 
ceración de Schultze, lavadas y convenientemente diafa- 
nizadas, pueden observarse los caracteres.de las células 
epidérmicas en superficie. . . - 



Scala. — ESTUDIOS iiistoh'míicos en la flora chilena 227 

La epidermis superior (fig. 28) está formada por cé- 
lulas epidérmicas comunes, de coutornos poligonales irre- 
fjjulares, con ángulos ligeramente redondeados, a veces 
obtusos Y agudos. La superficie de la membrana limitante 
externa de cada célula se halla recorrida por numerosas 
estrías cuticulares delgadas orientadas paralelamente en- 




Fig. 28. — Epidermis superior 

tre sí y perpendiculares u oblicuas con las de las células 
próximas. Xo existen estomas, protuberancias, papilas ni 
apéndices de ningún género, así como tampoco revesti- 
miento ceroso, que en cambio abunda en la epidermis 
inferior, dando el color glauco que caracteriza a esta úl- 
tima. 



Epidermis inferior vista en superficie (Esquema N.^ 
3, fig. 29). 

Células epidérmicas de contorno general poligonal 
irregular, sin estrías cuticulares. Estomas poco abundantes, 
elípticos, ustiolo estrecho elíptico. Cada célula estomática 
va acompañada por una célula anexa, A, paralela a la 
línea usteolar, disposición característica en todas las 
Lauráceas. En general, existen también dos células pola- 
res epidérmicas perpendiculares a la línea usteolar. No 
existen apéndices epidérmicos de ninguna naturaleza. 



-228 



REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 




Fig". 20. — Epidermis inferior 



Limdo JoUar (Esquema N." 4, fíg. oO). 

Tresenta éste una estructura típica, caracterizada 
principalmente por la presencia de las glándulas secreto- 
ras internas (Gl.) y de las columnas esclerosas (C). 

Observado el limbo en corte transversal muestra una 
epidermis superior formada por células de contorno gene- 
ral rectangular con membrana externa cutiuizada E. s.) 
Inmediatamente por debajo se nota una segunda capa de 
células Hp. que forman un hipoderma cuyas células algo 
mayores que las epidérmicas alternan con ellas y se hallan 
en contacto inmediato con las células del tejido clorofílico 
de empalizada (Cl). Esta es de tipo normal, en dos hileras 
limitadas por debajo con una tercera hilera de células clo- 
rofílicas algo más anchas pero más cortas que aquellas. 
En el tejido de empalizada se notan numerosas glándulas 
secretoras de contorno circular en el corte (esféricas con- 
sideradas en volumen) así como también se nota su pre- 
sencia en el tejido lagunoso (La). 

Debo agreo-ar, rectificando la afirmación de Pax he- 
cha en Pfianzenfamilien, Tomo III, parte II, página 107, 
que las glándulas se hallan implantadas también en el 
tejido de empalizada, como puede verse en el dibujo, y no 
solamente en el lagunoso. La epidermis inferior (E. i.) es 



Scala. — ESTUDIOS histológicos en la floua chilena 2á9 

simple, formada por células cuadradas y rectaugulares, de 
membraua externa cutiuizada, en ella se implantan los 
estomas. Por encima de ellas se nota una segunda capa 
de células esclerosadas (E. x.) en la zona de contacto con 
las células epidérmicas, espesamiento que se propaga a 
las membranas laterales, dando el aspecto de herraduras 
a tales células. 

Las columnas esclerosas (C) son muy características, 
su base superior sirve de apoyo a la epidermis correspon- 
diente y así también la inferior; se propagan sus elemen- 




Fig". 30. — Limbo foliar, corte transversal 



tos a través de todo el raesófilo limbar. En la porción 
más o menos central de estas columnas se hallan implan- 
tados los elementos libero-leñosos de nervaduras de ter- 
cero o cuarto orden y en realidad estas columnas son ori- 
ginadas por la propagación del tejido de sostén a ambos 
lados de todas las nervaduras, constituyendo así tabiques 
esclerosos, que subdividen a todo el limbo foliar en una 
serie de compartimentos, en los cuales se alojan los ele- 
mentos celulares que forman el mesófilo. 

Nervadura central (Esquema 5, fig. 3 1 y lámina XVIII). 

La inspección del esquema 5 (fig. 31] permite formar 
idea aproximada de la constitución de la nervadura central. 
En negro se representan las epidermis superior e inferior, 
la hipodermis, el anillo de fibras que rodea al haz libero- 
leñoso y las columnas esclerosas que atraviesan el limbo. 
El rayado perpendicular en contacto con la epidermis 



230 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

superior representa el tejido de empalizada que coino se 
ve se interrumpe a ambos lados de la nervadura central; 
las zonas blancas laterales son de tejido lagunoso, la zona 
blanca inferior es la región cortical inferior de la nerva- 
dura central, cuyas células son coleuquimatizadas. 




Fig. 31, — Xervadiira central, esquema 

El arco en media luna punteado es el liber y la zona 
de líneas radiantes que abraza el liber corresponde a la 
porción leñosa del haz liberoleñoso. 

Por último los círculos indican glándulas secretoras 
internas, que como se ve en el esquema se hallan alojadas 
en el mesófilo lirabar y puedo agregar que son muy esca- 
sas y nulas en la zona cortical inferior de la nervadura 
central. 

La lámina XVIII permite observar en detalle todos 
los elementos y agrupaciones que se constituyen en la 
hoja de Peumo. 

Sus caracteres son netamente correspondientes a las 
Lauráceas, de manera que el ■rPenmo'» confundido con el 
i-Peumus Boldo» sólo tiene una relación de parentesco 
pues pertenecen a dos familias aliadas, Lauráceas la pri- 
mera, Mouimiáceas la segunda. 

Contenidos celulares. Además del aceite esencial con- 
tenido en las glándulas secretoras, el agua de iodo revela 
la presencia de numerosos granos de almidón muy nume- 
rosos y alojados en todos los elementos de la nervadura 
central, tanto en las fibras leñosas del haz leñoso (no en 
los vasosj como en el haz fibroso que rodea la nervadura. 
Lo mismo ocurre en el hipoderma y en las células de las 
columnas esclerosas. 



REV. CH. HIST. NAT., Año XXV (1921) 



Lám. XVIII 




232 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



El ioduro de potasio iodurado determina la forma- 
ción de un precipitado amarillo-anaranjado en las células 
del liber que se hallan directamente en contacto con la 
periferia exterior del haz leñoso, y así también se nota el 
mismo precipitado en las células del tejido clorofílico de 
empalizada. 

Estimo que se trata de un principio activo, cristaliza- 
ble, que formándose en las céluks clorofílicas emigre a 
través de las membranas de las células raesofilares a las 
células liberianas de donde pasaría a las fibras leñosas 
para acumularse allí definitivamente. 

Habiendo recordado al comienzo de este estudio, la 
aplicación popular que al Peumo atribuye Rosales, como 
remedio para las enfermedades del hígado y que este me- 
dicamento <es tan eficaz que no bien absorbido los enfermos 
sienten disminuir sus dolores^^, no es arriesgado anticipar 
que al principio activo revelado por los reactivos, micro- 
químicamente, debe atribuirse esta acción benéfica, y sería 
de desear que tal principio del Peumo fuera estudiado con 
todo interés y cuidado por los químicos, tratando de ais- 
larlo en cantidad suficiente, como para emprender estu- 
dios detenidos sobre su acción fisiológica y terapéutica, ya 
conocida popularmente. 

Buenos Aires, Julio 7 de 1921. 



Fuentes.— LOS notoscordios chilenos 233 



NOT/t SOBRE L05 NOT05CORDI05 CHILENOS 

POR 

Francisco FUENTES H. 

Botánico del Museo Nacional iChile 



Géiieio N0TH08C0RI)LIi>I {*) 

Este género de las Liliáceas fué establecido por Car- 
los S. Kuntii en 1843 en su obra Euunieratio Plantarum, 
tomo TV, pág. 457. 

Comprende yerbas bulbosas que en Chile se llaman 
vulgarmente cebolletas y huilles. Sus hojas son lineares 
y envuelven la base del escapo o tallo floral, que termina 
de ordinario en una umbela con una espata de dos brác- 
teas. 

Las hojuelas del perigonio subiguales y soldadas por 
su base hasta cierta altura que no alcanza a la mitad de 
su longitud. 

Los 6 estambres más cortos que los tépalos, con fila- 
mentó ensanchado en la base y anteras dorsifijas. Estilo 
erecto persistente, más o menos prolongado, con estigma 
papiloso, entero, redondeado o conoideo; ovario frilocular 
con o a 12 óvulos en cada celdilla. 

Se han descrito unas 25 especies con diferentes varie- 
dades, distribuidas principalmente por el continente ame- 
ricano, islas del Atlántico y contornos del Mediterráneo. 

La clasiñcación de estas plantas ofrece algunas difl- 
cultades; aun la distinción de los géneros Nothoscordum 
y Allium no ha sido seguida por varios autores, como Ee- 
gel ^ Grisebach, O. Ivuntze, etc. Para Engler - los Nothos- 



* Jíombre que e;; griego significa ajo degenerado. 
1. E.Reqel, AUionunadhiic cognitoinniMonogiaplüa; iu ActaHoit. 
Petrop., 111(2875). 

2. Eiufler-Prautl. ^ a.i'úv\ic\ie Planzenfamilien. II. 5, 57. 



234 REVISTA CHILKNA DE HISTORIA NATI' RAL 



cordum no deben tener olor aliáceo, carácter poco constan- 
te como los demás en diversas especies. Con razón Beau- 
verd ^ reserva para sus nuevas especies del Uruguay la 
dualidad de ambos géneros. 

Sin desconocer las relaciones múltiples que existen 
entre estos grupos, conviene aprovechar la homogeneidad 
morfológica y fitogeográfica que se nota en los notoscor- 
dios para considerarlos en un género separado. Por lo de- 
más, se hace difícil el control de las especies de Allium 
a causa de su número ya tan crecido: 270, según Dalla To- 
rre. ' 

C. Gay '' indica para Chile las siguientes especies de 
Xotboscordum: N. striateUium Ivuth., N. strictum Gay y 
N. flaresce^is Ivnth. 

En 1S9G el Dr. Philippi describió entre sus «Plantas 
Nuevas C'hilenas» en los anales de la Universidad de Chi- 
le, Tomo XCIII, pág. 267-G8, tres especies nuevas: N. ver- 
nuní, N. hrevlspidmu, y N. n¡dulans\ estas especies, sobre 
todo la primera y la tercera merecen algunas observacio- 
nes críticas. 

A fin de contribuir al estudio de las monocotiledó- 
neas chilenas y para facilitar la determinación de nuestros 
Notoscordios, vamos a practicar una revisión de las mues- 
tras que se conservan en el herbario del Museo Nacional 
de Santiago (Chile;, y que fueron etiquetadas por Berte- 
ro, Gay, Philippi y Reiche. En esta labor indicaremos pri- 
mero el nombre apuntado en la etiqueta y luego la deter- 
minación que obtenemos, según el estudio délos originales 
y de las monografías más modernas. 

Especies de Notlwscordum del herbario nacional chile- 
leno (incl. herb. Phil. p. et f.) 

1 NotJioscordum striateUkmi Kuth 1. c. pág, 458. 

Es la especie más extendida en el país y más polimor- 
fa. Un abundante material colectado en diferentes zonas 
entre Coquimbo y Calbuco y desde la costa hasta la cor- 



3. G. Beainerd, ííouvelles espéces uriíguayennes du Genra ITothos- 
corduin Kiiiit; in Bull de THerb. Boissier, 2'me ser. Toni. YITI (1908) 
]S^." 12, Gentíve. 

4. Dalla Tone et Anns. Genera Síphonogamaruni. Leipzig (19091 

5. C. Gay, Hist. fís. y Pol. de Chile, Bot.Tomo YI. pág. 112-55 (1853) 



Fuentes. — los notosooudios chilrnos á35 

(lillera andina, nos ha permitido controlar esta especie con 
sus variedades y formas. 

La planta fresca nos presenta el aspecto estriado, tan 
visible en el escapo disecado. La altura varía de U) a (JO 
cm. a que alcanzan los ejemplares de la zona austral, en 
terrenos pantanosos. En general el color de las ñores es 
blanco o amarillo flavo, cou el nervio medio de los tépalos 
rojizo, verdoso o pardusco. Su bulbo blanco, globoso o lige- 
ramente aovado, muestra a veces pequeñas proliferaciones 
en torno del disco, según muestras frescas cogidas en San 
Antonio y Cartagena por el señor M. E. Espinosa. 

Observamos que la umbela presenta a veces 2. 8... 7 o 
aún más flores, con los pedúnculos subiguales, flexibles y 
aplastados por la disecación. En las muestras con umbela 
fauciflora y que prevalecen en la costa austral, los tépalos 
aparecen unidos en la base hasta I de su longitud, forman- 
do un tubo carapanulado como el N. andícola Knth., que 
se cita también con patria chilena; pero difieren de esta 
última especie, de la cual no tenemos comprobantes, por el 
ancho y largo de la lámina, coincidiendo en los caracteres 
florales más bien con el N. bivalve (L) Britt. '' que tampo- 
co hemos visto. 

La proporción entre el largo de las hojas y el escapo, 
así como el ancho de la lámina y su consistencia, varían 
también en alto grado; lo que indujo a Kunth a crear la 
especie que sigue y a Philippi su N. vernum. 

Unas muestras que colecté en Tinguiririca (II de 
1897) y Angol (XI de 1899) presentan respectivamente 
hojas angostas (Ij mra.) con la longitud del escapo, y los 
pedicelos de las ílores desiguales y filiformes en la an- 
tesis. 

Los caracteres más constantes de esta especie son: 
vaina estrecha y prolongada varios centímetros sobre el 
bulbo y truncada en el arranque de la lámina; bulbo + 
globoso, color blanco; los estambres alcanzan ala mitad o f 
de la longitud de los tépalos; ovario oblongo; y las hojas 
con los escapos marcadamente estriados, hasta surcados 
por la disecación. 



0. Tres mue.stras dudosas de Acúleo y San Vicente quedan en es- 
tudio para resolver si son de N. bivalve (L) Britton que so extiende de 
norte a Sud América, o son de oira especie. 



•2'Átí lUíVlSTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



Según lo ha indicado Beauverd, 1. c, esta especie de- 
be imirse a la siguiente bajo N. gramineum (Sims) Beauv. 
por haber sido descrita primero en 1823 con el nombre de 
Ornithogalum gramineum Sims, Bot. Mag. t. 2419. Al 
efecto hemos visto en una obra de Linneo^ que tal especie 
figura como chilena en 1825. Hoy aparece extendida por 
casi todo Sud-América hasta Méjico. 

2. N. flavescensl\.ui\i. 1. c. pág. 459. 

Las muestras que examinamos fueron tomadas en la 
mina Lilen (Catemu) en 1860. 

Por sus hojas angostolineares; más largas que el esca- 
po; el perigonio flavo, menor y más campanulado que en 
el N. striatellum Ivnth, y la vaina con su punta atenuada, 
se puede conservar esta denominación como subespecie o 
al menos como una buer.a variedad del anterior. 

o. A^ strictum Gay, 1. c. pág. 114. 

Disponemos de dos ejemplares con la umbela muy 
deteriorada; tienen etiqueta escrita por Ga)- bajo Allium 
y fueron colectadas en la prov. de Coquimbo, Los Patos, 
í de 1837, a 3380 ra. 

Regel, 1. c. pág. 216-17 menciona esta especie junto 
con el IÑ. Flúlippianum Koch et Bouché, como sinónimos 
de su Allium. striation Jacq. ^ 

Según la descripción que dio Gay su especie quedaría 
entre el N. striafum Knth. y N. flavescens Ivnth., por la 
umbela 8-12 flores, espata con valvas ovales acumina- 
das y el ovario oblongo elíptico. Y en el Index Keweusis 
figuran esta^ tres especies con el nombre común de N. 
striütum Ivnth. Pero por otra parte la descripción de Gay 
y las muestras deterioradas que tenemos se encuadran 
mucho mejor con el N. Sellowiamim Ivnth., sobre todo por 
el escapo y pedunculillos tiesos, cilindricos y rollizos; los 
últimos 3 veces mayores que las valvas de la espata; um- 
bela de 5 a 6 flores, y el ovario subacorazonado globoso. 

Por este motivo no aceptaremos la especie creada por 



7. C. LiiDKei. System. Vejet. eil. IH, ciir. C. Spreng.. Yol. II (1825) 
páe. 30. 

8. Regel incluye eji imalarga sinomiiiia el N. >triafellnni Knth.. 
H. fiavescens Knih.., N. snbbiflonim Walp. o A. subbiflorum Colla, y 
otros que figuran bajo N. bivalve (L) Britton. 



Fuentes.— LOS notoscokdios chilenos 287 



(jay mientras no observemos mejores comprobantes, es 
decir un material adecuado de la misma región. 

4 Notlioscordiim nidulans Phil, 1. c. pág. 268. 

Es la maleza que en Chile se llama vulgarmente «lá- 
grima» y que se ha naturalizado ya en muchos países del 
globo. 

Pero esta especie de Philippi se ajusta perfectamente 
a la descripción del Alliurn fragrans Vent. o N. fragrana 
Knth., 1. c. pág. 461 y que en los últimos anos ha figurado 
bajo N. inodorum (Ait.) Aschers et Graeb., en razón de 
haberla descrito primero Aitón (Hort. Kow) por el ano 
1789 con el nombre de Allium inodorum. 

En los ejemplares frescos de esta planta polimorfa y 
casi cosmopolita hemos notado \^ forma típwa, con el ova- 
rio maduro obovado, cortamente estipitado y las anteras 
derechas a manera de capuchón. Phillippi da importancia 
al ancho de 10 mm. déla lámina para fundar su especie; pero 
éste y otros caracteres vegetativos varían mucho, mien- 
tras que los caracteres florales aparecen más constantes. 
T/a planta es frecuente en las viñas, huertos y jardines, a 
veces junto con un Allium de hojas cilindroídeas que tam- 
biéu se ha naturalizado en nuestro país. 

5 N. Poeppir/ii Knth. En Pl. pág. 456. 

Dos muestras que analizamos fueron colectadas en la 
cordilleras altas de Santiago en 1861 (y 1899-Eeiche) y 
observamos que ellas coinciden con la descripción de Poep- 
pig, reproducida por Knth. y Regel como una especie du- 
dosa y talvez con razón por cuanto dicha descripción es 
incompleta y ambigua. 

Los ejemplares que tenemos a la vista carecen del 
bulbo; y por su escapo delgado, cilindrico, erecto; hojas 
augostolineares; umbela fastigiada, con pedúnculos nota- 
blemente desiguales, deben referirse a una especie próxi- 
Mia al N. Selloivianum; pero no al N. andícola Knth. que 
se cita como del Perú, Argentina y Chile y del cual no te- 
nemos ningún ejemplar determinado en el herbario del 
Museo chileno. Este último notoscordio que no hemos vis- 
to, según la descripción de Knth. (Enum. Pl. IV. pág. 
463. tiene las hojas doble o triple más largas que el es- 
capo; umbela 4 flora con los pedúnculos de cuatro líneas 
de largo, más cortos que las valvas de la espala, ovario 



238 REVISTA CHILENA DE HISTORIA XATUKAL 

oblongo Y los tépalos formando tubo campanulado por su 
unión basilar hasta la tercera parte de su altura. Xuestros 
ejemplares tienen el ovario obcordado globoso, los tépalos 
poco unidos en la base como en el género Allium v la um- 
bela pluriñora con :J3 12 flores. 

La proporción entre el largo de los tépalos y estam- 
bres no aparece aquí muy clara porque con la madurez 
avanzada de la flor, se reduce el extremo superior del pe- 
rigouio. 

Tomando en cuenta la prioridad del nombre debe ci- 
tarse esta especie Nothoscordum and'miim (Poepp) Knth, 
1823; y a pesar de prestarse este nombre para una confu- 
sión con el N. andícola Knth., aceptaremos siempre esta 
especie mientras se acumula un material más completo que 
permita hacer otras modificaciones. 

6 Xothoscordum venium Phil. 1. c. pág. 267. 

])isponemos de 6 ejemplares coleccionados por don 
Federico Philippi en Concón el 12 de Octubre de 1884. 

Según su descripción difiere esta especie del X. stria- 
frlliim por el escaso número de flores (2-4) en la umbela y 
el tamaño mayor de las flores; pero la envainadura prolon- 
gada del escapo, con el extremo de la vaina más atenuado 
que truncado; el color blanco amarillento del perigonio y 
su bulbo blanco escarioso. ligeramente alargado, permiten 
considerar tal especie a lo sumo como una forma del X. 
f/ramineum. De este último tenemos muestras cogidas en 
Valparaíso, San Vicente y Acúleo que presentan umbelas 
con tres flores, más grandes aún que las del N. rernum 
Phil. 

7. Xothoscordum hrevisimthum Phil. 1. c. pág. 268. 

Examinamos tres ejemplares con el escapo de 15 cm. 
de alto; umbela provista de 3-4 flores rosuladas con los 
pedúnculos desiguales; el ovario inmaduro en las muestras 
originales cogidas por Z. Vergara, en Enero de 1888, en 
Las Moilacas (cord. delllapel). Philippi distingue su espe- 
cie por las valvas de la espata muy cortas, la umbela pau- 
ciflora y el bulbo con membranas de color gris. 

Si la coloración del bulbo es constante basta esta para 
distinguirlo de los demás notoscordios chilenos. Y en 
verdad estos bulbos no son grises sino con las túnicas de 
un color rojo sanguíneo muy notable, unos ejemplares que 



Fuentes. — los notoscordios chilenos 239 

colectó el Dr. Eeiche en Enero de 1906 en la misma cor- 
dillera y qne fueron determinados bajo este nombre no pre- 
sentan bulbo; pero la base de los eseapos _y restos de hojas 
tienen el color rojo obscuro o pardo violáceo de las mues- 
tras originales. Además estos originales del Dr. Reiche 
tienen escapos y pedúnculos rígidos, hojas de 1 mm. de 
ancho, ovario oblongo con los tres surcos apicales que pre- 
ceden a la dehiscencia de la cápsula subcordada globosa; 
las umbelas son aquí multifloras (6 a 12). 

Por todos estos caracteres y las fibras capilares que 
se desprenden del bulbo de los originales, me inclino a 
creer que esta especie de Philippi debe acercarse mucho 
al N. Sellowianum Knth., en cuya diagnosis aparecen las 
valvas el triple más cortas que los pedúnculos urabelares, 
pero el bulbo con las túnicas blancas. 

Las muestras que hemos pedido al Perú y Argentina 
nos permitirán cerciorarnos si en verdad el i\\ strictum 
Ga)^ y el N. brerispatlium Ph. no son sino variedades o 
formas del N. Selloiriannm Ivntli.,del cual el herbario chi- 
leno no conserva ningún ejemplar así determinado. Esto 
mismo sucede con el A', andícola Knth. y N. subb'iflorum 
Walp., (9) o Allium subbiflorum C^olla que se citan en 
obras botánicas como especies de Chile. 

En resumen el herbario nacional chileno conserva 
como buenas especies y variedades de Notoscordios lasque 
vamos a señalar en seguida con su correspondiente 

CLAVE 

NüTHOSCORDUM. SeCCIÓN IlMBELLlFLeniA-VAGlNATA 

Beauvekd. 

Especies con tíores umbeladas y los escapos envaina- 
dos en la base, formando sobre el bulbo un cuello más o 
menos prolongado. 

1. Bulbo subgloboso como de 1 cm.; escapos 
flexibles de 6-40 cm.. larga y estrecha- 
mente envainados, estriado surcados por 
la disecación; lámina de 1-n mm. de an- 



(9) a. Walpeis, Anual. Bot. Syst. Tom. 111 pág. 636. 



240 UEVISTA CHILENA DK HISTORIA NATUIIAL 

cho; umbela con 2-12 flores blanquecinas 

o amarillo flavas A\ Gramineum (Sims) lieauv. 

a. Escapos de 10 om. de largo, con um- 
belas paucifloras (2-5); hojas del largo del 
escapo y de Ih rnm. de ancho; flores blan- 
co-amarillentas de 12 mm. de lar- 
go var. vernum Phil. 

h. Escapos de 15-25 cm.; hojas angostísi- 
mo-lineares (1 ram.) y + ^^^ largo del es- 
capo; umbelas de unas 6 flores de color 
flavo y de 5-10 rara, de largo... var. flavescens Ivnth. 

2. Bulbo con fibras capilares; los escapos muy 

rígidos, no largamente envainados, de 
12-20 cm. de largo; hojas de 2-4 ram. de 
ancho; umbela con 2-12 flores sobre pe- 
dúnculos desiguales, rollizos y tiesos, té- 
palos + libres en la base; ovario oblon- 
go N. Selloivianiuu Ivnth. 

a. Bulbo rojizo; escapos de 10-15 cm.; lá- 
mina de H ram. de ancho; umbela pauci- 
flora(2-5), con laespata corta, de+ 1 cm. 
de largo var. hrevispathum Phil. 

3. Escapos de 20-30 era., cilindricos o aplas- 

tados por la disecación; las hojas gruesas 
de 1-2 ram. deancho; bulbo sulígloboso de 
+ 1 cm.; umbela fastigiada, de 4-10 flores 
con pedúnculos filiformes erectos nota- 
blemente desiguales en la antesis; tépalos 
con el ápice enroscado; cápsula globosa o 
ligeramente achatada de \ era. de 
alto N. andinum (Poepp.) Ivnth . 

4. Bulbo con frecuencia prolífero; escapos 

flexibles, de 20-60 era.; hojas hasta de 12 
rara, de ancho; perigonio aroraático, con 
los tépalos blancos de un rosado purpuri- 
no en el dorso, soldados en el \ inferior 
de la base; ovario obcordado verdoso, 
ruredal muv variable — N. inodorum (Ait.) Aschers. 

[et Graebn. (10). 

(10) L. Haiiman escribe en su Catal. des Phaiiér. de rArgeiit. B- 
Aires (1917), X iuodornni (Ait.) Xiclaols, según la obra de Thellung- 
Montpellier, que no hemos visto. 



Santa Cruz. — plantas medicinales 241 



Plantas medicínales de la re|¡ón de Concepción 

POK EL 

Dr. Alcibíades SANTA CRUZ 

Director del Museo y Profesor de Botánica en la Escuela de Farmacia 
de la Universidad de Concepción 



Cada día se hace más sensible la falta de estudios so- 
bre nuestras plantas nacionales que puedan precisar sus 
cualidades medicamentosas y, en lo posible, su exacta com- 
posición. Vegetales cuyo valor terapéutico es imposible 
negar siguen siendo usados tan empíricamente como en 
tiempo de Colocólo; otros cuyas propiedades venenosas es- 
tán fuera de duda andan por ahí de jardín en jardín, ma- 
nejadas como la más inocente florecilla. Nada diremos me- 
jor de las cantidades de plantas secas que van a Europa y 
Estados Unidos para volver convertidas en extractos, ja- 
rabes o pildoras que nuestros médicos recetan tal vez co- 
mo novedad. Cierto es también que si hubieran indicado 
al enfermo el uso del vegetal al natural, habrían perdido 
seguramente un cliente 

El conocimiento de nuestros vegetales ha quedado 
casi absolutamente en manos de los curanderos, los meteos 
y alguno que otro observador instruido. Los misioneros 
entre los indios han aportado gran número de datos por 
desgracia más útiles al folklore que a la ciencia médica. 

Evidentemente son los indios los herboristas hasta la 
fecha: los remedios que suelen vender los meteos yerbateros 
siguen siendo los mismos que usaron los indígenas, atraí- 
dos las más veces por el aspecto extraño de alguna planta, 
por su olor o su coloración no común. Bueno será recordar 
que el ruibarbo entró a ¡a medicina porque los antiguos 
colegas europeos de nuestras meicas encontraron una ex- 
traña semejanza entre el color de la raíz de ruibarbo y el 
¡ligado. Nihil novum sub solé. 

REV. CH, HIST. NAT. (1921). (16) 



242 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

Yamos a hacer una ligera resena de las plantas más 
comunmente usadas. Algunas, cuyas propiedades han sido 
comprobadas por la experimentación del profesional, van 
marcadas con un asterisco. 

No haremos mención especial de los liqúenes: todos 
ellos son usados en la medicina popular con el nombre ge- 
neral de calchacura (pelo o barba de piedra en araucano)" 

Filicíneas. La dorad illa-NotcJilaoia hypoleuca usada 
como diurética y depurativa. 

Adiantmn e.iisum y (jlandidif/erum, cuyas frondas y 
rizoma tienen igual destino, Humados culantrdlo de poso 
o helécho de pozo. 

C'ube aquí consignar que el vocablo hecho es ya vul- 
gar y se aplica a muchas plantas de hoja unamente divi- 
dida como pasa con los Asparragus plumosus, Sprengeri 
etc., llamados helecdio espárrago. 

Polypodium trilobum. — Yerba del lagarto, peña rilcun, 
muy común en los árboles viejos y usada contra reumatis- 
mos y sífilis como depurativa. 

Alsophila priiinata. — Quilquil. Usada en infusión co- 
mo hemostático y recomendado como tal por el Dr. Murillo. 

Equisetáceas. — Equisetum hogotense — Yerba del pla- 
tero. Cola de caballo. Limpia plata. — Común a todo lo lar- 
go del país, forma con la sanguinaria (Poligonum) la base 
pseudoterapéutica interna del Sistema Kneip. Si fueran 
efectivas la mitad de las cualidades que esos distinguidos 
varones atribuyen a estas dos yerbas, no se necesitaría de 
ningún otro medicamento. Tal vez habrá que estudiar en 
la limpia-plata la proporción de sílice, cuya acción sobre 
la arterio esclorosis preocupa vivamente a los clínicos. 

Gnetaecas. — Ephedra andina. Pingo-pingo. Usada 
con algún éxito en las cistitis como balsámico. 

Gi'aniineas. — Bromus stamineus y B. lanco^=Lanco. 
Han pasado a la medicina popular por ser la medicina de 
los perros Es, parece, diurética y tal vez purgante. 

*Pasi)alum vaginatum. — La cliépica tan conocida y 
usada como diurética. 

Aniarilidáceíis. — '^Alstroenieria ligtu. — El liuto, cuya 
fécula de las raíces carnosas es el chuño de liuto tan em- 
pleado en la alimentación de niños y enfermos. 

Iridáceas. — '■■pJbertia caerulescens. — Trique, llamado 



Santa Cruz.— planta-s medicinales 243 



en Valdivia Calle-calle. Purgante hasta casi drástico, y 
buen diurético, constituye nn buen hidragogo, justamente 
empleado en los estados pictóricos y manifestaciones con- 
gestivas de los cardíacos. 

Urticáceas. — Urtica dioica. — Ortiga caballuna y TI. 
urens. Ortiga negra o de pavo (Este último nombre porque 
se alimenta a los pavipollos durante el primer raes con una 
pasta de ortiga, malva y trigo machacado llamado frango- 
llo). Las propiedades rubefacientes enérgicas de los pelos 
urticantes de estas plantas son usadas en las parálisis fa- 
ciales, reumatismo etc. Antes eran usadas en la clientela 
médica y hospitales. 

Pi'oteáceas — '-'Lomatia obliqua. Badal. — Buen ex- 
pectorante, que alivia la dispnea y sensación de ahogo, es 
justamente empleado en las afecciones pulmonares y el 
asma. Merece un lugar en terapéutica. 

Guevina avellana. — Avellano.— A. más de sus frutos 
comestibles muy apetecidos por la gente del sur tostados 
simplemente, o hechos harina o mezclados con miel de uva 
formando una pasta llamada mildo, la corteza del árbol y 
del fruto es usada contra las diarreas por el mucho tanino 
que contiene. 

Santaláceas. — Quinchamaliun majiis o chilense y Q. 
gracile — Quincha7nali.—JJ saáo contra las equimosis y ma- 
gulladuras, tal vez sin más razón que el color sanguíneo de 
sus inflorescencias. 

Myoschilos oblonga. Orocoipu o Corocoipo. — Las hojas 
son consideradas laxantes y su raíz emenagoga. 

Poligonáceas. — Uiimex crispas. — Romaza. — Sus hojas 
que, Gómense crudas en ensalada, son también usadas para 
cubrir heridas, contusiones, etc. 

FoUgonum aviculare. — Sanguinaria. — Astringente co- 
mo todas las plantas que contienen ácido oxálico en fuerte 
cantidad. Es muy alabada por el vulgo como depurativo 
«para componer la sangre»y con tal objeto la recetan las 
meicas y por analogía de conocimientos, los kneippistas. 

Quenopodiáceas. — Clienopodium quinoa. — La quinoa 
o quingua, aún usada como alimento a pesar del feo aspecto 
que presenta la sopa de sus semillas, por que los embrio- 
nes enroscados parecen gusanillos. Es el mismo frutito con 



244 KEVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

que se prepara la aloja, bebida agridulce muy agradable y 
(^ue las fóbricas de malas bebidas gaseosas han desterrado. 

'^Ambrina mult{fida. Paico. — El aceite esencial de sus 
hojas y semillas es un buen carminativo y tiene justa apli- 
cación en las dispepsias con desarrollo de gases. 

Aizoáceas. — Messemhryantliemum clúlense. — Doca - 
Con frutitos comestibles; pero laxantes y aún purgantes. 

Mag'iioliúcejis. *Drimi/s Winteri. — El Canelo. (Voighe 
de los araucanos) árbol sagrado de nuestros machis (médi- 
cos-sacerdotes indios) — Ha sido bien estudiado y es usado 
con razón contra los reumatismos y al interior como esti- 
mulante y principalmente en las enfermedades de la boca: 
estomatitis etc. Su acción depende del salicilato de metilo 
que contiene. 

Ranunculáceas. — Anemone decapetala. — Centella.— 
Usada exteriorraente como rubefaciente y cáustica. Es 
venenosa. 

Psicrophylla andícola. Mellico. — Muy apreciada por 
los araucanos que la consideran afrodisíaco. Posiblemente 
es un estimulante digestivo. 

Berberidáceas.r — Berberís Darivíni. — Michay. — Apli- 
cada coaio febrífuga, tónica y diurética en las cistitis. La 
raíz es astringente 

B. bux}folia= Calafate en Chiloé y Punta Arenas. — 
Tiene las mismas propiedades. Sus frutos son comestibles. 

Todos los berberís de Chile quedan acusados de ser 
los hospedadores de las basidiosfioras del Fuccinia grami- 
nis que infesta nuestros trigos, y para todos ellos se pide 
aquí la pena de muerte. 

Mouimiáceas. — Boldoa fragrans. — Boldo. — Enérgi- 
co específico de las enfermedades del hígado, sobre todo 
esos infartos crónicos que el clima irregular produce tan 
frecuentemente en Chile. Es intolerable que nuestros labo- 
ratorios químicos y farmacéuticos permitan todavía que el 
boldo salga en forma de materia prima y vuelva del ex- 
tranjero convertido en elixires y jarabes medicinales. 

Laiirelia aromática. — Laurel de Chile o treigiie. — No 
sólo sé aprovecha su buena madera sino sus hojas y flores 
machacadas en forma de compresas contra la cefalalgia y 
la infusión de sus hojas en baños contra el reumatismo. 



Santa Cruz.— plantas medicinales 245 

Papaverácees. — Fumaria media. — La fumaria consi- 
derada como un gran depurativo. 

Cruciferas. — Capsella bursa pastoris. — La universal 
bolsita de pastor, usada para curar heridas. 

Lepidiumbipinnatifidum. — Mastuerzo. — Diurética, tai- 
vez por la cantidad de agua que se introduce en el orga- 
nismo. 

Cardamine nasturtioides . — Berro de Chile. — Conside- 
rado por la gente como muy medicinal para congestiones 
y entorpecimientos del hígado. Entra en la composición 
del jarabe de rábano yodado. 

Saxifragaceas. — EscaUonia pulverulenta. — 3Iardoño 
y E. rubra, son, como todas las de su género, ligeros balsá- 
micos. 

Hi/dranr/ea scandens. — Pehueldun. — Su corteza astrin- 
gente es usada en hemorragias y diarreas. 

Cunoniáceas. — Weinmannia trichosperma. — Tineo o 
teniu. — LTsado para curar heridas. 

Rosáceas. — Quilla ja saponaria. — El quillay, que sigue 
siendo para los europeos el leño de Panamá. — Espléndido 
expectorante bien conocido. 

Fragaria chilensis. — La frutilla indígena. — Atempe- 
rante, diurética. La infusión de los cálices secos se usa 
contra las indigestiones y gastralgias. 

Acaena argéntea y A. xinnatifida. — Amor seco — Son 
usados como diuréticas, vyínerarias y como tisana para 
los sifilíticos. 

Potentilla anserina. — Plateada. — Astringente usado 
en diarreas y afecciones semejantes. 

Geum chilense. — Yerba del claro. — Muy apreciada por 
los campesinos como aperitiva, emenagoga y al exterior 
en aplicaciones para los dolores de muelas. 

Margyricarpus setosus. — Sabinilla. — Considerada co- 
mo muy diurética. 

Kageneckia oblonga.— BoUen (En algunas partes lo 
llaman guayo). Apreciado como febrífugo. 

Leguminosas.— Pai)¿7?owrtceas. — Psoralea glandulosa. 
— Culén. — Estomático, estimulante de las funciones diges- 
tivas, diurético, refrescante. Sustituyó al té durante algún 
tiempo en la colonia, y aún fué materia de exportación. Es 
base para algunas bebidas refrescantes (aloja, etc.) y vale 



246 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

la pena citar entre ellas la leche de cnlén, que se obtiene 
agitando dentro de un jarro con agua un manojo de ramos 
de culén: la esencia contenida en las hojas se emulsiona 
y produce una bebida de inestimable valor. 

Sophora tetraptera {Edwardsia macnahiana). — Pelú o 
Edivardsia ^;?7o. — El extracto obtenido por cocimiento 
prolongado de los ramos se usa como la resina de gua- 
yaco contra la sífilis. 

Geraniáceas. — Geranium corecore. — Corecore o coricó. 
— Se usa por el tanino que contiene la raíz. Muy recomen- 
dado en las neuralgias dentarias y periodontitis. 

Oxalidáceas. — Oxalis rosea. — Cnye colorado. — O.ralis 
articidata. — Cuije blanco. — Se venden en el Mercado en 
forma de tortas hechas con la planta seca y aprensada, para 
preparar bebidas refrescantes, para depurar la sangre y 
contra la fiebre. Como todas las plantas que contienen 
ácido oxálico, son muy astringentes y de ahí su aplicación 
contra diarreas y hemorragias. 

Liliáceas. — Linum aqiiüinum. — Naneo (en araucano 
Águila). — Muy usado y con buen resultado en las dispep- 
sias dolorosas, enteralgias, etc. Es de uso corriente y se 
encuentra en las oficinas de farmacia. 

Rutáceas. — Ruta bracteosa. — Ruda. — ^Auuque euro- 
pea, se ha hecho muy silvestre en Chile, donde es usada 
como emenagogay para producir la contracción de la matriz 
y el aborto. 

Rutáceas-Xantoxileas. — Pitavia punctata. — F'dao o 
canelillo. — Hermoso arbustito de Concepción, usado como 
antihelmíntico, parece que con buen resultado. 

Poligaláceas. — Mo7iimi a linear ¡folia y 31. angustifolia. 
Quelenquelen. — Gran remedio de los herboristas para las 
afecciones del tractus intestinal: es considerada digestiva, 
astringente en las diarreas, antigastrágica y preventiva 
de los abcesos hepáticos. 

Poli/f/ala stricta P. gnivides. — Llamadas también que- 
lenquelen y usadas como las anteriores. 

Euforbiáceas. — ChiropetaJmn lanceolatum. — T entosi- 
lla. — ^Recibe su nombre vulgar de sus buenas propiedades 
carminativas. 

Eupliorbia Peplus. — Lechugilla. — Maleza universal, 
con laspropiedades drásticas y ligeramente cáusticas de todas 



Santa Cruz — i'lantas medicinales 247 

las plantas de su género. Se ha preconizado últimamente 
contra el asma. 

Euphorbia joortnlacoides . — FicJwa. — Drástica hasta ser 
venenosa, lo mismo que la E. depressa. — Pichof/f/iUa y las 
especies propias de la región E. rema y E. araucana. 

Coriariáceas. — Coriaria ruscifoUa. — Ceii o deii. — 
Planta venenosa, usada para teñir de negro j para matar 
ratas, necesita ser estudiada con detenimiento. 

Anacardiáceas. — Litrea cáustica. — Liire, de efectos 
mucho más enérgicos que la Thapsia de África. 

Da rana dcpendens. — Huingan — Cuya resina entra en 
primer lugar en la composición de los emplastos o rumas 
con que los aliñadores fajan los miembros para componer 
las fracturas óseas. El resultado del tratamiento suele ser 
la gangrena. 

Celástraceas. — Maitenus boaria. — Maiten. Usado como 
febrífugo. En los aparatos de destilación muy primitivos 
que se encontraba antes en los campos, se usaba una 
gruesa cama de hojas de maitén para impedir la acción 
directa del fuego sobre el orujo. Es lástima que no se dé 
más importancia a la semilla de este hermoso árbol, que 
contiene un buen aceite. 

Ramnáceas: — CoUetia spinosa — Yaquil. En otras par- 
tes, Crucero. Arbusto espinudo, sin hojas. La infusión de 
sus tallos machacados es considerada un buen purgante. 

Eleocai'páceas. ^'Aristotelia maqiii. Maqui (en Chiloé 
QueldónJ. Por el enotaniuo que contienen sus frutitos es 
un buen astringente. Se usa mucho en las diarreas en for- 
ma de Café de maqui: los frutos secos y molidos se ponen 
en infusión como el café, y se usa la infusión caliente. Más 
que en medicina, el maqui es empleado en la industria 
para dar color al vino (por ser un colorante inofensivo) en 
la confítería, etc. 

31alváceas. Muchos vegetales de esta familia son 
cosmopolitas y aunque silvestres en Concepción, no pode- 
mos considerarlos como propios de ella. De éstos citaremos: 

'^'Malva nicaensis y M. parriff ora. JAamaáas aomo todas 
las especies malra. El mucílago que producen con facili- 
dad les da propiedades emolientes, suavizantes y pectora- 
les. La infusión de malva fraiz) es de uso corriente en 
gargarismos, tisanas, pociones; lavados, etc. 



248 REVISTA CHILENA ÜE HISTORIA NATURAL 

'^Modiola Caroliniana — Pila-pUa. Con iguales cuali- 
dades. 

Abutilón vitifoUum — Huella. Arbusto muy hermoso 
cuya corteza y liber son muy usados contra reumatismos y 
gastralgias, en estas últimas con efectivo resultado 

Violariáceas. — Jonidium parviflorum. — Maiiencillo. 
— Arbusto de los alrededores de Concepción, de efectos 
muy semejantes a la ipecacuana, con cuya raíz tiene mu- 
cha semejanza la de esta planta. 

Viola maculata. — Fillunden. Violeta amarilla, por el 
color de sus flores. Usada como pectoral y digestiva, tal 
vez lo último por la acción del agua caliente con que se 
toma. 

Mirtáceas. Eugenia apiculata. — Arrayán. Usado co- 
mo astringente aromático y para lavar heridas. 

Eiic/enia mirfifolia. Chequen. En infusión como ex- 
pectorante. 

Enoteráceas. Oenothera Berteri y Oe. mntica. — JJon 
diego de la noche en las provincias centrales. San Juan en 
esta región, Metrun en Araucanía. Considerada como un 
buen vulnerario; la gente lava las heridas con el cocimien- 
to de la planta y cura las heridas superficiales con las ho- 
jas aplicadas directamente. 

Onotliera acaulis. — Rodalán. Considerado como el 
anterior. 

*Fuchsia macrostemua. Cliilco. El cocimiento de sus 
ramos con hojas y flores es usado como balsámico en las 
cistitis y uretritis, con buen resultado. Sus frutos, que los 
chilotes llaman Cuchigordos son comestibles; pero laxantes. 

Halorrag-idaceas. *Gunnera scahra. Pangue. Tan usa- 
do como astringente en otras partes del país, cede aquí to- 
das sus cualidades para quedarse como planta comestible: 
sus peciolos, llamados nalcas, son apetecidos con verdade- 
ra avidez por las gentes. Con nalcas, digüeñes (Cyttaria 
Berteri, hongo parásito de las ramillas del roble Nothofa- 
gus obliqua) y hojas de cilantro (Coriandrum satiovum) se 
confecciona una ensalada que los habitantes de Xuble, 
Concepción, Blo Bio, Malleco y Cautin consideran una de- 
licia, y que no hay paladar no regional que pueda soportar. 
Un bocado esquisito consideran al bohordo que crece en- 
tre la arena y llaman rahuay. 



Santa Cruz.— plantas medicinales 249 

Umbelíferas. Sin preocuparnos de las especies euro- 
peas que se han hecho silvestres en Chile, no dejaremos 
(le notar entre ellas a la ciciita-Conium maculatiim y el hi- 
nojo — Fopniculum vulgare, cuyas conocidas propiedades 
medicinales son aprovechadas corrientemente. 

Erynchium rostratum. Pequeña umbelífera con flores 
azules y aspecto de compuesta, que con el nombre vulgar 
de caucha es considerada como un remedio contra \^ picada 
de araña, es decir la mordedura de Latrodectus formida- 
bilis. Los indios viajan con su paquetito de caucha reduci- 
da a polvo para el caso de ser picados. 

Apium chilense. Apio del campo. Usado como carmi- 
nativo y emenagogo. 

Ligusticum panul. — Panul común a todo el país y 
usado en todas partes como un específico de los corizas, 
resfriados, dolores de muelas, etc. 

Loganiáceas. — Ikidleia globosa. — Pañil. Común en 
todo el centro del país. Lo llaman en otras partes mafico 
por su semejanza con el matico del Perú (Artanthe elon- 
gata-Piperácea) y la usan como vulnerario para cuyo fin 
es excelente, y en las enfermedades catarrales déla uretra. 

Gencianáceas. — Eri/thoraea chilense. — Cachanlagua 
(Cachan lahuen). Conocida en todo el país y usada como fe- 
brífugo. Merecería un mayor estudio hasta fijar bien su 
])rincipio activo. 

Apocináceas. — Echites cMlensis. — Quilmag. Uno de 
los muchos voquis (lianas, enredaderas, bejucos) del país. 
El polvo de sus semillas es un estornutatorio poderoso, 
como la veratina, por lo que es muy usado «para descar- 
gar la cabeza. 

Convolvuláceas. — Covolnvulus arvensis. — Corregüe- 
la o correvuela. Yerba universal cuya reciña es tan buen 
drástico e hidrogogo como la escamonea. Se aprovecha 
esta cualidad para usarla en la gota y reumatismos. 

Calystegia rosea. — Carrizillo. Muy semejante a la an- 
terior; pero con flores más grandes de hermoso color rosa- 
do suave. 

Verbenáceas. Verbena erinoides. Sandia-lahuen. — 
Esta verbena, muy conocida en todo el país, es usada co- 
mo emenagoga y diurética, apesar de que su nombre de 



250 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

yerha del bubón parece indicar otras propiedades muy di- 
ferentes. 

Verbena littoralis. A esta yerba de las orillas de 
nuestros arroyos y riachuelos correspondería mejor el 
nombre anterior, por que es usada con éxito como resolu- 
tiva en tumefacciones contusiones, en las hemorroides y 
en los orzuelos. 

Labiadas. No tiene esta familia representantes ge- 
nuinameute chilenos que tengan alguna propiedad medici- 
nal; pero gran parte de sus géneros son ahora silvestres 
en Chile. El jjo/eo {Mentha puíer/him) como digestivo y pa- 
ra el mal de orina (cistitis y uretritis), el romero, las de- 
más mentas, el orégano, etc. son de cousiderar como autóc- 
tonas. Mencionaremos sin embargo el Marrubium vulgare, 
torongil cuyano o ¡jerba rosilla que, después de un largo 
receso, ha recuperado sus fueros de planta medicinal. Usa- 
da en el país como vulnerario y para lavarse la cabeza, ha 
reconquistado su situación de un buen remedio de las 
afecciones bronquiales y las dispepsias dolorosas. 

Solanáceas. Numerosas son las especies de esta fa- 
milia que gozan de propiedades medicinales efectivas o 
atribuidas. Es verdaderamente imperdonable que no haya 
estudios terminados sobre algunas solanáceas que como el 
Natri tienen un valor terapéutico efectivo y efícaz y que 
seguimos usando empíricamente porque, después de una 
controversia que degeneró en tragicomedia entre un pro- 
fesor de farmacia y un ilustradísimo farmacéutico, nadie 
ha tratado de aislar el principio activo, alcaloide o glucó- 
sido, dosificarlo y darle su justo lugar en la materia médica. 

*Fabiana imbricatay í . biflora. — Pichi. Bien conocido 
y estudiado, este subarbusto que merecería un lugar en 
los jardines por su semejanza con los brezos (Erica) es un 
excelente diurético: aumenta la producción de orina y dis 
rainuye el ardor y dolor de la uretra y cuello de la vejiga" 
Es materia de exportación: grandes cantidades de la plan- 
ta seca van por Talcahuano a Estados Unidos de Norte 
America y una pequeña parte vuelve en forma de extracto 
.o de específicos. 

Cdpsicum annum y C longum — .Ají. Sumamente es- 
parcido en el país, base de comercio por su uso casi impres- 
cindible en la cocina de la gente trabajadora, no es usado 



Santa Cruz.— plantas medicinales 251 

on medicina, a pesar de que nuis de un médico receta Cap- 
sicina y Captol y extracto capsicium, 

*Solanum Gayanum. Natr'i. Eenovamos nuestra protes- 
ta por permanecer hasta ahora este excelente febrífugo sin 
un estudio químico concienzudo. 

Solamun nigrun. La yerha mora de otras partes lla- 
mada aquí Llague y usado no sólo como febrífugo, sino y 
con éxito en las inflamaciones de la faringe y amígdalas. 
Yestia lycioide. Huévil. Usado como el natri. Uno )' otro 
en estas provincias y las dos y otras especies en el centro 
y centro-norte del país son empleados con franco éxito en 
las fiebres y especialmente en las tifoideas. 

Cestruin palqui. Palqiii. Subarbusto tan conocido que 
es origen del proverbio «más conocido que el palqui» 

Es un buen sudorífico. 

Escrofiilariáceas. Verbascmn. Thapsiis. Yerha del pa- 
ño. Se ha hecho silvestre en el país, donde lo usan como 
emoliente en forma de cocimiento de la raíz y cubren he- 
ridas con las hojas frescas de la planta. 

Escallonia pulverulenta. Mardoño. Escalonia revo- 
luta y E. macranta. Lnc, llnn o siete camisas, son muy 
usadas para lavar heridas con su cocimiento. Tal vez valen 
más como plantas para un parque inglés. 

Rubiáceas. Xertera depressa. Comida de culebras. 
Queliguen chucaon en araucano, hermosa yerbecita de '^ho- 
jitas orbiculares de un color verde brillante; forma céspe- 
des densos en los terrenos húmedos o a la orillíi de las 
pequeñas corrientes de agua. Por su aspecto, realzado por 
los frutitos rojos que parecen salpicarla, ha merecido un 
lugar en los jardines 3^ conservatorios. Con la planta ma- 
chacada se fabrica un ungüento vulnerario muy apreciado. 

Campanuláceas. Walüenhergia. linarvides. Uño per- 
quen. Casi no falta en las recetas de las melcas y curan- 
deros. Sus virtudes carminativas, bastante hipotéticas, son 
muy celebradas. 

Compuestas. No guarda relación el pequeño número 
de especies empleadas en la medicina popular o científica 
con el gran número de plantas europeas que con igual 
destino estudiamos. Apenas si podemos mencionar como 
plantas de la región, muchas de ellas lo son de todo el 
país, las siguientes: 



252 REVISTA CHILENA DE HI.STOUIA NATURAL 



Leptocarplia rivularis. Palo negro. Arbusto que no 
haría mal efecto en grupos en un parque, por sus flores de 
un hermoso amarillo. La gente la usa como sedante eri las 
gastralgias, dispepsias y afecciones semejantes. 

Madia sativa. Melosa, Madi. Cultivada por los indí- 
genas para aprovechar sus semillas aceitosas, ha quedado 
reducida al papel de molesta maleza. Hemos podido com- 
probar la acción eficaz de la infusión de sus raices en las 
dispepsias dolorosas. 

I3accharis rosmarinifolia. liomerillo. Plomero de la tie- 
rra. Usan en emplastos la resina que se acumula a causa 
de la'^picadura de un insecto. 

Baccharis pingraea. Vautro. Sus cenizas contienen 
sales de potasa y soda, y son usadas con buen resultado, 
según dicen, en baños calientes contra el reumatismo. 

Sonchus oleraceus y S. asper. Silgue. Son la cerraja 
europea, porque la yerba es universal y aquí como allá 
considerados como antibiliosos. 

Podanthus ( Euxenia) mitiqui. — Mitriu. Arbusto consi- 
derado como medicinal en alto grado por los indios y des- 
pués por los chilenos. El cocimiento de la planta es con- 
siderado como un remedio eficaz contra la gonorrea. 

Podanthus grata. Muy semejante, debe tener iguales 
propiedades, si ellas existen. 

Gnapliallium viravira. Viravira, yerba de la vida. Tal 
vez el extraño aspecto de la plantita, muy vellosa, y su 
olor agradable le han dado lugar en la medicina popular 
como expectorante y sudorífica, buena en los refriados y 
catarros. 



Hicken. — HIME.NOFILÁCEA.S ARGENTINO-CHILENAS 253 



Las Himcnofiláccas argentino - chilenas 
y los "continentes pacíficos" 

POR EL 

Dr. Cristóbal H. HICKEN 

Profesor de Botánica de la Universidad de Buenos Aires. 



Para comprender mejor el (erigen y viuculacioDes de 
la familia de las himenofiláceas en la Argentina y en Chile 
rae parece conveniente hacer una breve resena de la 
dispersión que tiene sobre el globo. 

Ante todo llama la^atención que esta familia de he- 
lechos tan delicados, y que exige condiciones muy espe- 
ciales para poder prosperar, tenga varias especies distri- 
buidas en regiones y aun en continentes que se hallan 
muy separados unos de otros. Su predominio en los tró- 
picos donde busca los bosques húmedos y sombreados, 
nos revela que se trata de plantas cuyo origen hay que 
buscarlo en la zona ecuatorial, desde donde irradiaron 
hacia lugares menos cálidos, llegando hasta parajes tem- 
plados y aun fríos, pero sin perder el carácter de plan- 
tas de bosques umbrosos y húmedos. 

La dispersión se hizo de preferencia sobre el hemis- 
ferio austral, pues escasean en Europa, Asia media y 
boreal, EE. UU., Canadá, etc., es decir en toda la región 
que he designado en otras partes con el nombre de Faja 
boreal. 

Las especies europeas y que son las mismas que se 
extienden en general por toda la mencionada Faja, tie- 
nen distribución vastísima y son casi cosmopolitas como 
el Hijme}wphylliim timbridf/ense y H. peltatuní, de modo 
que en rigor no son exclusivas ni características a la Eu- 
ropa. Podemos pues asegurar que la Faja Boreal, carece de 
himenofiláceas y que éstas sólo son propias de las fajas 



254 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

tropical ij austral. Es únicamente en estas tierras donde 
podeaiüs hallar los 5 géneros de la familia: 

Loxoma con 1 especie en N. Zelandia. 

Loxoraopsis » 2 > en Costa Rica y Ecuador. 

Serpyllopsis » 1 >v en AraéricaMagallánica. 

Trichomanes » 230 » en ambos hemisferios. 

Hymeuophyllum » 250 » en arabos hemisferios 

también. 

En América podemos reconocer con facilidad tres 
grandes núcleos donde su densidad de población es máxi- 
ma; éstos son: el núcleo caribeano, el ecuatoriano y el ^a- 
tagómco, de los que aparece este último con cierta inde- 
pendencia y con un número relativamente alto de ende- 
mismos que no presentan los otros dos. Esto quizá no me- 
reciera mayor atención, teniendo en cuenta el aislamiento 
en que se halla con respecto a los trópicos húmedos del 
Ecuador, Bolivia y Brasil, aislamiento debido a la inter- 
posición de la Cordillera, del desierto de Atacama y de las 
Pampas arr/entinas. Xo obstante que estas barreras apa- 
recen como formidables para ser franqueadas por plantas 
lau delicadas, hay algunas de Chile y Argentina que 
también se encuentran en los otros centros. Tal ocurre 
con H. caudiculatum, de los bosques australes patagóni- 
cos y que vive también en el Perú y Brasil; H. ciliatum 
ha sido indicado para el Brasil austral, Antillas y México; 
H. uniforme en el Perú y Ecuador. Pero si tenemos en 
cuenta que el H. uniforme es dudoso para Chile, como 
también el ciliatum, pues sólo existe la cita de Hookek 
(HooK., Bak. Synops. Filie. 63) que lo da para este país, 
nos quedaríamos con una sola especie {H. caudiculatum) 
como extrapatagónica, lo que viene a confirmar más el 
aislamiento de que se había hablado. 

Pero si hallamos de fácil explicación la carencia en 
Argentina y Chile de especies del Ecuador y Caribe, ¿có- 
mo interpretar la comunidad de formas con lugares más 
apartados aun y separados por barreras que parecían de 
mayor eficacia que las citadas? América magallánica tie- 
ne común con otros países, las siguientes especies: 



Hicken.— HIMEXOFILÁCEAS ARGENTINO-CHILENAS 255 

H. dilatatum Chile; Brasil; N. Zelandia, Polinesia, 

Java. 

H. hirsutiun ['^) » í- Antillas; Mascarenas. 

H. peltatinn » » » N. Zel; Tasman; 

Europa. 

//. polyantlies > » Ecuador; Archipiélago ma- 

layo; Indias. 

H. rarum (?) » » N. Zel.; Tasín.; África aus- 

tral; Europa. 

H. tiinhridgense » » Fue<í'a; Ecuador; Venezue- 

la; N. Zel.; Tasín an; Áfri- 
ca, Europa. 

Trichom. piixidiferum Chile; Ecuador; Perú; México; In- 
dia, Australia; África. 

Trich. sibtliorpioides Bory, citado como de las Malvi- 
nas y Tierra del Fuego, ha sido confundido con el Trich. 
Jalklandicum, de modo que no se debe considerar como 
aus tro-a m ericano . 

Si notamos que las especies de Madagascar, Islas 
l^orbón, Mauritius, y Seichelles son muy afines con las 
Antillanas, aumentaría la dificultad para buscar explica- 
ción lógica y sencilla, dado que no se ve cerno podían 
las semillas y esporos franquear el Atlántico y ¿aso de 
hacerlo, surgiría otra dificultad mayor, cual es la de ex- 
plicar la falta de semejanza entre la flora (y fauna!) del 
África occidental y de las costas del Brasil. No podemos 
admitir una migración desde el Madagascar e islas inme- 
diatas, cruzando oblicuamente desde el S. E. hacia el 
NW., sin hacer escalas en el África continental, ni en el 
Brasil atlántico, para llegar a poblar recién los bosques 
de Venezuela, Antillas, América Central y México. 

En ujÍs estudios estadísticos, que me han servido de 
base para demostrar la existencia mesozoica de tres gran- 
des continentes pacíficos, tengo anotados sólo 1,2 °o de gé- 
neros vasculares comunes entre ambas costas atlánticas 
contra 10,5 °o que hay sobre las del Pacífico, con lo que se 
demuestra que el Atlántico, a pesar de su menor anchu- 



256 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

ra, fué un obstáculo mucho más eficaz que el Pacífico (1). 
Las analogías entre la flora (y fauna) de Madagascar, etc., 
y la región caribeana, es sorprendente y tanto más nota- 
ble y evidente cuanto más hacia el W nos dirijamos. 

1) Analizando los porcentajes se tiene: 

Criptógaraas vasculares 1,2% sobre el Atlántico contra 10.5% sobre 

el Pacífico. 
Gínmosperuias 0.5% sobre el Atlántico contra 11% sobre el Pacífico. 
Monocotiledóneas 13,4% sobre el Atlántico contra 36.5% sobre el 

Pacífico. 
Apétalas l.'z% sobre el Atlántico contra 18% sobre el Pacífico. 
Monoclamídeas 2.3% sobre el Atláncico contra 7% sobre el Pacífico. 
Dialipétalas 1.5% sobre el Atlántico conti-a 10.6% sobre el Pacífico. 
Simpétalas 1,2% sobre el Atlántico contra 7,8% sobre el Pacífico. 

lo que da un promedio de 8.5 géneros transpacíficos por cada géne- 
ro transatlántico. Esto no quiere decir que la facilidad a través del 
Pacífico haya sido 8,5 veces mayor, pues esa conclusión sólo la po- 
dríamos sacar si el ancho fuera igual. Admitiendo que el Gran 
Océano sea 3 veces más ancho (en algunos puntos llega a ser 5 ve- 
ces|, la dificultad para cruzarlo no sería 3-ple. pues no crece ésta 
proporcionalmente a la distancia sino en progresión exponencial qiu- 
podía representarse por la fórmula D=n.''e en que D indica el gra- 
ílo de dificultad, ?i el niimero de semillas que debe suministrar una 
planta para tener la probabilidad de asegurar la germinación y vida 
de 1 sóle; a la distancia relacionada a la unidad de comparación y 
e el coeficiente de frecuencia. 

Así p. ej. en nuestro caso tendríamos: 

a=3 (3 veces el ancho del Atlántico) 

e=8,5 

D=n.^8.5 El valor;/ se debe deter- 

minar experimentalmente o por obser- 
vación. Suponiendo que de cada 2 semillas germinara 1 sola ya ten- 
dríamos que 

D=2^X 8-5=64. lo que nos diría que el Pacífico ofrecería 64 
veces mayor dificultad que el Atlántico para ser atravesada por una 
planta cuyo coeficiente fuera 2. Pero es que ocurre lo contrario, es 
el Atlántico el que a pesar de su menor ancho ofrece mayor difi- 
cultad. Este resultado paradógico sólo puede ser evitado admitiendo 
la persistencia del Atlántico como barrera eficaz desde el Triásico 
por lo menos, hasta la fecha y la formación del Pacífico a principios 
del Terciario. En resumen, el Atlántico existió desde épocas paleozoicas, 
mientras el Pacífico es muy joven y se originó por la sepultura de 
masas continentales que según mi modo de ver fueron tres. 

La Calijápia (1) que unió la California con el Japón (clima 
templado); la Caribindia (2) entre las tierras actuales del mar Cari- 
be e Indias v la Masjezelia (3) entre la región Magallánica t ^vt.- 



(1) Contracción de California y Japoiiia. 

(2) Contracción de Caribe e ludias. 

(3) Contracción de Magallanes y Nueva Zelandia. 



Hicken.— HIMENOFILÁCEAS ARGENTINO-CHILENAS 257 



VA Zelandia. Estos continentes existían en general durante todo el 
mesozoico y se prolongaron algnnas hasta mitad del Terciario, comen- 
zando a hundirse por el sur. De este modo aparece como de más re- 
ciente inmersión la Calijdpia, del que quedan aún fragmentos oceáni- 
cos (islas Hawai, cordón de las islas Kuriles. Aleutianas, península 
de Alaska y Kamtschatka). Déla Ciiribiiidia queda todo el archipié- 
lago Indo-Malayo, Filipinas, Samoa, etc.. Centro América. Costas de 
Colombia, Venezuela, Antillas, mientras la Magezelia Senos exterio- 
riza con las islas de Juan Fernández, Pascua sin excluir por supues- 
to a las islas neozelandesas y la Patagonia Andina desde Valdivia 
hasta Cabo de Hornos. 

Greofisicamente queda la actividad volcánica en todo el contorno 
del Pacífico con una intensidad mayor en el hemiferio boreal, lo que 
está en relación con el más reciente hundimiento de toda esa parte. 

Aceptando esta distribución continental, la geografía botánica 
actual no ofrece dificultad alguna para explicar los interesantes y 
curiosos agregamientos florísticos. Xotofagns. Araucaria, frj-iseliiiia, 
Eticrijphia. EmboiUrium, Lomatia, Guiiiicra, Colobaiif/iiis. Liiznriafia. 
Fitzroga Libocedrus. Dacri/diimi, Xertera, Dri/i>iis. Aristofelia, etc., etc., 
en Patagonia y Nueva Zelandia: Magnolia. Laiu-ns. Monis, Humnius, 
Nehimbo. Xuphar, Liriodendron, Trolliiis, Jeffersonia. etc. etc., entre 
IXorte América y el Japón. 

Las tribus de las palmeras, aráceas y musáceas de las Indias 
tienen más afinidad con las tribus americanas que con las africanas. 
Abics, Fius, Tftiiga, Be fu /a. Qiierciis, Fagiis. Casfanea. etc. en Xorte 
América y Asia; Torreija (California y Japón): Gnetnm (Amér. Trop. 
y Archipiélago Malayo): Tueca, Dioscorea, Datisca. Rhizophora, Ter- 
minalia. Piper. y se podía seguir citando centenares de ejemplos. Pe- 
ro hay más aún; esto mismo es aplicable a las formas y también a 
las razas humanas y así tenemos para citar unos pocos ejemplos to- 
mados al azar: 

Camélidos en América pacífica e Indias 

Tapirus en Bolivia e Indias 

Mirmecofágidos. América del Sur y Asia austral [Caribindia] 

Cérvidos {Alces y reno en X. América y Asia) 

Ursns, bisonte, siiideos (X. América y Asia) 
las aves rali fes en América austral y Australia (África, Páridae, Si- 
tidae, Corvus, Ainpelis gárrula, etc., etc., marcan la Faja borccl. Mu- 
chos grupos y géneros viven en toda esa Faja, otros son franspa- 
cificos\ pero ninguno es exclusivamente común al África y Sud- Amé- 
rica. 

Crocodílidos (América del Sur e Indias). 

Entre los Ov/.s/í/íro.s transpacíficos está J//?«íV/« gregaria, Rhyncho- 
cinefes fjfpus, Fseudosquilla sfijlifera. Cgclograpsus punctafus, Blepha- 
ripoda occidenfalis, Plagusia cJiabrus. Hgale hirtipalma. etc. (1) 

Las mismas razas humanas discrepan enormemente si se compa- 
ran las costas atlánticas entre sí; pero ocurre lo contrario si busca- 
mos las del Pacífico: pues es sabido que la raza americana es tan 
afin a la mongólica que la Etnografía actual considera a aquella co- 
mo mera rama derivada do ésta, no faltando quien la haya hecho 
inmigrar a las Américas desde el Asia por el estrecho de Behring. 
La misma civilización de Tiahuanaco. que se considera sin vincula- 
ción inmediata con las americanas, tiene ciertos puntos de contacto 



(1) Debo a mi amigo el Prof. C. E. Porter (Chile) estos ejemplos. 

REV. CH. DE HISr. XAT. '921) C' 



2r)8 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



con la curiosa de Isla de Pascua, que hasta ahora aparece comple- 
tamente sin analogía con las más próximas del archipiélago Poli- 
nésico. 

Pero no quiero decir con todo esto que floras, faunas y razas 
humanas provengan de las asiáticas o vice-versa. Tal intei'cambio 
nuestro debió existir indudablemente para muchas especies, las que 
han quedado constituyendo hoy en gran parte las llamadas cosmopo- 
litas u otras que sin serlo, tienen vastísima distribución. Todas es- 
tas, según mi modo de ver, no representan sino relicta de especies 
que pudieron en otrora recorrer todo el globo, merced a estos tres 
continentes pacíficos, conservando por sus cualidades inherentes a 
la constitución específica, a su idiosincrasia diría, una fuerza inter- 
na suficiente para resistir a toda variación ulterior. Pero al lado de 
estas especies, existen otras que no han podido recorrer, poblar o 
afianzarse en todos los lugares sin experimentar variaciones, cam- 
bios, mutaciones o evoluciones que las llevaron hasta transformarlas 
en especies diversas y aún hasta constituir géneros distintos. Admi- 
to como más lógico y sencillo el origen de estas formas en los tres 
continentes pacíficos, desde donde irradiaron hacia oriente y occi- 
dente, de modo que sólo un ínfimo número de especies americanas 
pasaron al Asia o vice-versa. Las especies derivan pues de un tron- 
co común de origen pacífico, en general ya extinguido, pero no son 
descendientes inmediatos las asiáticas de las americanas o recíproca- 
mente. La misma raza americana no la concibo como derivada o des- 
cendiente de la mongólica, sino que ambas proceden de otras ya 
extinguidas que residieron en la Caribindia, emigrando una parte ha- 
cia Centi'O América y otra hacia las Indias actuales, mientras una 
rama inferior se dirigía hacia la Magezclia para después terminaren 
la región magallánica por un lado y en jVueva Zelandia, Tasmania. 
etc.. por otro. Así se puede explicar también que en las Indias apa- 
rezca el género humano con una cultura muy adelantada, sin haber 
sido hallados restos de otras civilizaciones más antiguas y más ru- 
dimentarias de las que jiudieran provenir. 

Llegaron a las Indias trayendo siglos y siglos de cultura y ex- 
periencia y por el Archipiélago actual se multiplicaron, pasando al- 
gunas ramas ala Polinesia, y otras ala Australia. Las que se esta- 
blecieron en las Indias, fueron las que más tarde suministraron los 
elementos para poblar el África. Europa y Mongolia. por lo menos en 
gran parte. 

Las especies y géneros más antiguos se hallan en general en los 
restos actuales de la Magezelia, le siguen los de la Caribiiidia, pai-a 
presentarse como más modernos y evolucionados en la Calijapia. Esto 
se explica admitiendo un origen austral de las especies o por lo 
menos para sus formas fundamentales, las que emigraron en direc- 
ción meridiana hacia el X., a medida que se hundían los continentes 
por el sur. Durante estas migraciones hacia el norte, evolucionaban 
en sentido prog-resivo con cierta rapidez, mientras que los desplaza- 
mientos que tenían lugar en sentidos de los paralelos, producían de 
.preferencia variaciones de adaptación de acuerdo con las nuevas mo- 
dalidades del medio. 



Hicken. — HIJIENOFILÁCEAS ARGENTINO-CHILENAS 259 



Estas ideas que he creído conveniente esbozar aquí 
y que se hallan más detalladas en mi trabajo, aún inédito, 
presentado a la Academia de la Facultad de Ciencias 
Exactas, Físicas y Xaturales en el año 1918, las he visto 
confirmadas con el estudio fito-estadístico y fitogeográfico 
de todas las familias vasculares y aparece por lo tanto con 
esta de las Himenofiláceas, si bien es cierto que no con la 
evidencia y claridad con que surge en otras familias o to- 
mando a todas estas en conjunto. En efecto: 

Loxoma y Lo.romoims, son géneros de aspecto y es- 
tructura arcaicos, son relicta de un género ancestral pa- 
cifico de dispersión muy localizada. SerpyUopsis con una 
sola especie magalláuica, también es de fisonomía arcaica 
y los tres exclusivamente limitados al Pacífico. Esta re- 
ducida dispersión actual se explica porque sólo abarcaba 
los dos continentes de la Magezelia {Serpijllopsis y Lo- 
xoma) y Caeibinuia [Loxomopsis) durante el mesozoico, 
perdiéndose todas las otras especies o formas afines que 
poblaban la zona intermediaria al hundirse estas tierras. 
Más felices fueron Tricliomanes e Hi/menophi/Uum, que ya 
durante el mesozoico eran numerosas y ocupaban los bos- 
ques cálidos y húmedos que había en esos continentes. 

Los restos fósiles hallados en Valdivia y Neuquén 
nos demuestran con sus abundantes palmeras, pimientos, 
laureles, cicas, rubiáceas y apoeináceas, toda una flora 
tropical o por lo menos subtropical acentuada y en íntima 
vinculación con la neozelandesa. 

Estos bosques se extendieron en arco hasta Kío 
Grande do Sul, llevando hasta allá al géuero Araucaria, 
Gaultheria, Brumis, y aún especies como la ErytJiraea 
chilensis, que de este modo vivían sin solución de continui- 
dad desde Tasmania hasta el Brasil austral, mientras apa- 
recen hoy con uua dislocación desconcertante para el que 
hace geografía botánica. 

Las especies transpacíficas son unas 16 contra sólo 2 
transatlánticas (!). Si el Pacífico tuviera el mismo ancho 
que el Atlántico, esto ya supondría una facilidad 8 ve- 
ces mayor, lo que siempre sería incomprensible; pero es 
que las cosas ocurren al revés, el Pacífico es término me- 
dio 3 veces nuis ancho y en el hemisferio austral, que es 
el que más nos interesa para la familia que nos ocupa, al- 



260 REVISTA <;hilkna de histohia natural 



cauza im promedio de 4 a 5 veces; todo esto supone pues 
que la facilidad para cruzar ese espacio debió ser 24 ve- 
ces mayor (como míuimum (!) y en e! supuesto de crecer 
las dificultades eu razón directa de la distancia) para ir 
del Asia a América que uo del África al Brasil. 

El Trichomanes montaniim Hook. es del Natal y de 
América tropical (México Antillas, Perú) y aunque tam- 
bién del Brasil, no se halla sobre la costa atlántica, sino 
hacia la parte venezolana y cordillerana. Mucho más fre- 
cuente se la halla en toda la región caribeana y más aún 
en México. Lejos pues de ser un argumento para apoyar 
la unión afro-brasilera, aparece como negándola. 

La dispersión corresponde muy bien a la analogía 
ríorística indicada entre Madagascar y el Caribe y se ex- 
plica sin dificultad por la Caiíibindia. 

Hipnen. MrsuUim (l) sm. es la otra especie transatlán- 
tica que vive en las islas Mascarenas, no en el África con- 
tinental, y además en las Antillas, Guayauas y Brasil. Se 
halla pues en el mismo caso anterior; pero, si es más difícil 
explicar su migración a través del Atlántico, más fácil re- 
sulta con mi hipótesis explicar su presencia antillana, ya 
que el camino par la Oakibindia resultaría mucho menor 
que no a través del Atlántico. Esta idea queda mejor co- 
rroborada aun considerando otras especies, que marcan 
como con jalones a dicho continente, hoy sumergido en 
gran parte. Tales especies son las que además de aparecer 
como transpacíjjcas, se hallan en las Indias, Ceylán, islas 
Seychelles, Borbón y Madagascar. Lo que ocurre con las 
especies que son comunes a ambos continentes, ocurre 
también con las afines; o mejor y más lógico: «las afinida- 
des entre especies de ambos continentes no tienen expli- 
cación sencilla sino admitiendo la existencia de los conti- 
nentes pacíficos». Así por ejemplo: Hym. Undsacoides 
Bak., un endemismo de Madagascar, no tiene más afini- 
dad o parentesco que con el Hym. asplenioides SAV., que es 
otro endemismo, pero de las Antillas (!). 

Chkist, en su espléndido trabajo sobre la distribu- 
ción de los heléchos (1), se asombra de la dispersión rara, 
que tienen los géneros aicaicos Loxsoma y Loxomopsis, pero 



(1) H. Ckist, Die Fanikiauter tk-r Erde. 



REV. CH. HIST. NAT., Ano XXV (1921) 



Lám. XIX 




262 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

con el continente caribíndico, este asombro deja de tener ra- 
zón de ser, para transformarse en un hecho de fácil expli- 
cación y por ser arcaicas nos dan un argumento para ubicar 
el origen de las Himenojiláceas en el sector pacífico. 

La circunstancia de ser raras las especies en la Faja 
boreal, nos da otro argumento para suponer que el con- 
tinente Calijápico se hallaba separado muy eficazmente del 
carihíndico. 

Los tres núcleos de himenofiláceas indicados al prin- 
cipio de este trabajo, se explican pues como lugares meso- 
zoicos, vinculados a los continentes hundidos y que han sido 
poblados merced a esas tierras y no por intercambio mu- 
tuo actual o posterciario. Las especies argentino-chilenas 
constituyen un centro propio independiente desde el me- 
sozoico de los otros núcleos peruano o mejicano y desde 
principios del terciario no se introdujo una sola especie 
que pudiera haber enriquecido a esta familia. 

El croquis que se adjunta da una idea de las masas 
continentales mesozoicas, basadas en consideraciones pu- 
ramente de fitoestadística y fitogeográfica, que permiten 
explicar la distribución actual de todas las familias, géne- 
ros y especies, sin excepción alguna y también, como se 
dijo más arriba y lo repito otra vez, la dispersión de las 
familias, géneros y especies animales, incluso la distri- 
bución del género humano con sus razas, culturas, idio 
mas, leyendas y mitos. 

Buenos x\.ires, Mayo 25 de 1921. 



Spegazzini. — uhedinal^s berbekidícolas 263 



BREVE NOTA SOBRE 

UREDINítUS BHRBtRIDÍCOLfiS SUDfiMtRIC^íNííS 

POR EL 

Dr. Carlos 6P E6 AZZIN I 

I^La Plata. Kep. Argentina; 



En el año 1918 el Dr. don Carlos E. Porter tnvo la 
amabilidad de remitirme algunas hojas de un Berberís afec- 
tadas por micromicetas; estudiado ese material saqué las 
conclusiones siguientes: 

a) el huésped era una forma juvenil aberrante de 
Berberís Darivíni Hk. (=B. polvmorpha Ph., B. Moreno- 
nis OK.). 

b) el micromiceta invasor pertenecía a las Üredina- 
les y parecía hallarse descrito con el nombre de Fuccinia 
Meyeri-AJberti P. Magnus. 

c) Este parásito a su vez estaba en gran parte des- 
truido por la Darlnca australis Speg. 

Xo se por que causa el cartucho que guardaba esos 
ejemplares se extravió por lo cual no figura en mis Hon- 
gos chilenos; recién, en una revisión de algunos paquetes 
de mi herbario, volví a encontrarlos y acordando las difi- 
cultades halladas y las dudas respecto de su determinación 
certera, me vino el deseo de ratificarla efectuando una re- 
visión general del abundante material de Uredinales ber- 
beridícolas sudamericanas que existe en mi colección mi- 
cológica. 

Efectué pues dichos estudios y pareciéndome de al- 
gún interés las conclusiones a que llegaba según mi crite- 
rio y especialmente por ser estas antagónicas con los di- 
ferentes autores (Magnus, Uietel, jS'eger, Sydow, etc.) que 
se ocuparon del mismo tópico, he resuelto dar a la luz es- 
tas breves notas. 



264 líEVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

Empezaré pues cou una recensión cronológica de to- 
das las Urediuales berberidícolas sudamericanas que co- 
nozco según el material bibliográfico a mi disposición. 

1747. Aecidium herberidis Gml. — Montagne, in Gray, Flo- 
ra Chilena, vol. YIII, pg. 39 — Spegazzini, Fun- 
gí patagónici n. 97 — id., Fungi fuegiani n. 144 
— Sacc, Syll. fng. vi. YII, pg. 622. 

1846. Uredo berberidis Lev. — Aun. Sen. Nat., Bot. vol. 

V, pg. 268. — EpitJiea berberidis Mntgn., Gay, 
Fl. Chil., VI. YIII, pg. 41. — Uredo (caeonia) 
berberidis fíariot, Bull. Soc. myc. d. France 
1891, pg. 148. — Aecidium LeveiUeanum P.Mgn., 
Ber. Deut. Bot. Geschls. 1892, pg. 823. 

1847. Aecidium mafjellanicum Brk., Hk. f.. Flor, antárctica, 

vi. II, pg." 450, tb. 163, fg. 2.— Sacc, Syll. fng, 
YII, pg. 778. — Diet. & Ngr., Eugler's bot. 
Jahrb., vi. 22, pg. 256. sub Aec. magellw.eni- 
ciim (sic!). 

1852. Puccinia berberidis ]Mntgn. in Gay, Flora C'hil. vi. 
YIII, pg. 44. — Spegazzini, Fungi arg. pug. lY, 
n. 59.— Sacc, Syll. fng. vi. YII,^pg. 691. 

1887. Puccinia antárctica Speg., Fungi fueg. n. 132. — 
Sacc, Syll. fng. vi. YII, pg. 691. 

1887. Uredo antárctica Speg. (non Brk.), Fungi fueg. n. 
141.— Sacc, Syll. fng. vi. YII, pg. 840. 

1887. L redo aecidiiformis Speg., Fung. fueg. n. 143. — 
Sacc, Syll. Fng. vi. VII, pg. 839. 

1892. Uropyxis Xaiimanniana P. Mgn., Bericht Deut. bo- 
tan. Geschls., vi. XI, pg. 320, tb., XIX, fg. 
8-12.— Sacc, Syll. fng., vi. XI, pg. "¿Ob.— Puc- 
cinia Naumanniaíia Xeger, Ann. Univ. de Chile, 
vi. XCIII (1896), pg. 787. 

1892. Puccinia Meijeri-Alberti P. Mgn., Ber. Deut. bot. 
Geschls., vi. XI, pg. 322, tb. XIX, fg. 24 37.— 
Sacc, Syll. fng. vi. XI, pg. 185. 

1892. Uredo Stolpiana P. Mgn., Ber. Deut. bot. Geschls. 
vi. XI, pg. 325. 

1897. Aecidium Jacobsthali-Henrici P. Mgn., Ber. deut. 
bot. Geschls. vi. lY, pg. 275, tb. X, fg. 1-8.— 
Sacc, Syll. fng vi. XIY, pg. 370.^ — Bommer et 



Spegazzini. — ukedixales bekberidícolas 265 

Rousseau, Yoyag. de la Bélgica, Bot., Cbamp. 

(1905), pg. 8,'tb. y, fg. 32-34. 
1899. Puccinia Stolpiana (Mgu.) Diet. & Ngr., Eugler's 

Jabrb., vi. XXYII, pg. 274. — Sacc, S}'!!. fug. 

vi. XIY, pg. 274. 
1899. Pucc'mia Barri Aranae Diet. & Xgr, Engler's Jabrb. 

vi. XXYII, pg. 18.— Sacc, Syll. fng. vi. XYI. 

pg. 275. 
1899. Aecidinm aridum Diet. & Xgr., Engler's Jabrb. vi. 

XXYII, pg. 13.— Sacc, Syll. fng. vi. XYI, pg. 

327. 
1899. Aecidium tubiforme Diet. & Xgr., Engler's Jabrb. 

vi. XXYI, pg. 13.— Sacc, Syll. fng., vi. XYI, 

pg. 327. 
1902. Aecidium berberidis-ruscifoliae P. Hung, Hdv. 1902, 

pg. 62.— Sacc, Syll." fng. vi. XYII, pg. 432. 

Como primera crítica al cuadro que antecede diré 
que: 

I. Aecidium berheridis Gml. no existe, o a lo menos no se 

ba probado experimentalmente su existencia en 
Sudamérica; las citas de los varios autores las 
considero todas equivocadas, habiéndolo confun- 
dido con otra especie. 

II. Aecidium magellaiiicum ürk. (no Aec raagelbaenicum 

como escriben algunos autores que o no han vis- 
to la Flora antárctica o quisieron por ignorancia 
corregir la plana a Berkeley) es especie exclusi- 
vamente sudamericana y no debe confundirse ni 
asimilarse a esa forma gerontogea del Berberís 
vulgaris que constituye el estado ecidiospórico 
de la Puccinia arrhenatheri. 

III. Dada la imposibilidad, por el momento, de verificar 

experimentalmente las relaciones metagenéticas 
entre todas las formas citadas, deberemos en la 
interpretación sinonímica guiarnos exclusivamen- 
te por los caracteres morfológicos. 

Iniciaremos esta exposición con el género Puccinia 
que haremos preceder por un cuadro descriptivo compara- 
tivo de las correspondientes especies. 



•266 



REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



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Spegazzini. — ureuinales bkrberidícola.s 267 



En mi herbario uo hallo representadas más quedos es- 
pecies, de cada una de las cuales daré una nueva y amplia 
descripción, que puedan servir de base a las deducciones 
sucesivas. 

Puccinia antárctica speg. — (Lám. XX, Fig. 1). 

Folia infecta fere normalia, non hullosa, vix ad epi- 
phyllura, sed non semper, maculis pallidis indeterminatis 
uotata; sori hypophylli quandoque fere solitarii, quando- 
que numerosi relaxati v. conferti, innato-erumpentes pul- 
vinulati subleuticulares, primo compactiusculi (O, 2 - 0,5 
mm. diam.) dein subpulverulenti, atro-fuliginei; teleuto- 
sporae dense fasciculatae ellipsoideae (35-55 n-Xló 30 [x) 
rarius leniter súbela vulatae v. obovatae, utrinque rotun- 
datae v. deorsum vix subcuneatae, episporio ubique 
aequaliter tenuiusculo ( 1-2 [i crss. ), in sicco obsole- 
te papilluloso, in vivo v. fervefacto laevissimo vestitae, 
{túnica externa achroa omnhio destitutae), satúrate fulvo- 
castaneae, medio 1-septatae non v. vix subconstrictae, 
pedicello elougato (50-125 ^i X 14-20 ¡.i) hyalino rectiu- 
sculo, ápice abrupte collariato-constricto(6-7 ^i crss.), cete- 
rum innato ubique laevi suffultae; pori germinales solitarii 
in quaque cellula parum a septo remoti. 

Esta especie es pura y exclusivamente habitadora del 
Berheris microphylla Frst., y nada tiene que ver con la 
Puccinia berberidis Mntgn. siendo del todo equivocadas 
las dudas que manifesté en otros tiempos (cnft Fng. fueg. 
n. 152). 

Comparando mis ejemplares con la descripción de la 
Uropyxis Maumanniana P. Mgu. no me es posible hallar 
diferencias suñcientes y rae he quedado convencido que 
se trata de un simple sinónimo; no me explico tampoco 
})orqué Magnus haya incluido su especie en el género 
Uropyxis, desde que las teleutosporas carecen siempre y 
en absoluto de toda envoltura externa mucosa e incolora; 
esto nos da la razón porque Xeger la ha conservado en el gé- 
nero Puccinia. 

Habiendo tenido la fortuna de examinar una infini- 
dad de ejemplares de la Puccinia antárctica, he podido 



268 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



notar una cierta elasticidad en los caracteres se»ún la 
ubicación de las hojas sobre las ramas, según su edad etc., 
así que tengo fundadas sospechas que la Puccinia Stolpia- 
na (Mgn.) Diet. & Xgr. sea también un sinónimo. Así es 
tas tres, a lo menos, especies que crian todas sobre Ber- 
berís raicrophylla Frst. (B. biixifolia Lam., B. dulcís Sweet. ) 
no representan que una sola, y es razonable, pues cuesta 
admitir que una sola planta y en una área geográfica tan 
reducida pueda sustentar tres diferentes especies de pará- 
sitos muy afines. 

Puccinia berberidis Mntgn. 

Folia infecta fere imrautata, maculis nullís v. vixpal- 
lescentibus indeterminatis; sori saapius hypophylli, soli- 
tarii V. hinc inde gregarií, innato-erurapentes pulvinatuli, 
sublenticulares, compactiusculi, cinereo-ochracei v. ave- 
Uanei (0.2-1 mra diám.); teleutosporae dense fascicu- 
latae e cylindraceo subfusoideae (60-85 [i X 12-18 \i) 
utrimque leniter attenuatae, ápice obtusae acutatae v. api- 
culatae, episporio tenui (1-1,5 [i crss.) ápice tantum plus 
minusve incrassato, ubique et semper laevissimo vestítae, 
pallideochraceae, medio uniseptatae, non v. víx constríctae, 
pedicello plus minusve elongato (100-400 \.l Ing.) a basi 
5-7 |.i crss.) sursum sensira subclavulato-iucrassato (10-14 
¡.i crss ), sub spora saepiusabruptiuscule cuneato-constricto 
V. subcollariato (6 9 ¡^i crss. ) hyalino rectiusculo laevi suf- 
fultae; porí germinales solitarii in quaque cellula, uno 
subapicali, in cellula supera altero in cellula infera ad 
septum. Sori saepe in eodem folio Aecidio concomitati. 

La descripción que nos da Montagne de esta especie, 
tanto en la Flora chilena como en su Sylloge gen. spec. 
plant. crypt. (pg. 514 n. 1158) deja mucho que desear en 
cuanto a claridad pues se limita a decir que tiene mucha 
semejanza con la Puccinia malvacearum. de la cual se apar- 
taría por las teleutosporas más angostas; no tengo cons- 
tancia que algún autor haya revisado posteriormente los 
ejemplares típicos, así que la determinación se funda sobre 
simples suposiciones más o menos probables. El diagnós- 
tico latino que he dado más arriba es por lo tanto el mismo 



Spegazzini.— UKEDiNALES berbeuidícolas 269 

que he dado hace muchos años en el TV pugilo de mis 
Fungi argeutini pero algo perfeccionado y responde a la 
forma que yo considero como típica. 

Esta especie se halla distribuida sobre una área geo- 
gráfica mucho mayor; pues desde el Cabo de Hornos llega 
al Norte hasta el paralelo 30, y afecta más de una media 
docena de especies de Berberís. Habiendo revistado una 
larga serie de ejemplares creo que entre las diferentes for- 
mas de variación, se pueden fijar a lo menos tres yarieda- 
des, cuyos caracteres distintivos serían los siguientes: 

a) Typlca: Teleutosporae omnes fértiles isomorphae, 
diámetro longitudinis quintum non superante, ápice obtu- 
sae acutatae v. nasutae, uredosporis et paraphysibus om- 
uino destitutae; adsunt forma macropoda pedicello 200-400 
u. mentiente, et forma brachypoda pedicello 200 ¡.i nun- 
quam superans. — Fg. 2. 

He hallado la variedad typica-macropoda sobre Ber- 
berís microphylla de Usuvaia (T. del Fuego), de jSTahuel- 
huapi y Carrenleofú (Patag.), sobre B. cuneata [de Sta. 
Cruz (Patag.) y sobre B. spinulosa de los alrededores de 
Córdoba (Rep. Arg.). Ocurre por el contrario la variedad 
typica-brachypoda sobre Berberís ruscifolia de la Sierra 
de Córdoba (Rep. Arg.) y sobre un tipo enano de Berberís 
cuneata de Rio Chico (Patag.) 

h) Farapliysigera: Teleutosporae biformes, centrales 
fértiles normales, marginales steriles v. paraphyses, capi- 
tulo angustiore yacuo pedicelloque tenuiore valide incur- 
vo; nredosporae plañe et semper deficiunt. An Puccinia 
Meyeri-Alberti P. Mgn. ? — Fg. 3. 

Encontré esta variedad sólo dos veces; una vez sobre 
las hojas que me envió el Dr. Porter de Chile, como ma- 
nifesté en los primeros renglones de esta noticia; la segun- 
da vez sobre hojas de Berberís heterophylla de los alre- 
dedores del Lago Nahuelhuapi (Patag.) 

c) Heterosperma: Pulvinulorum ceutrum mesospori- 
cum, pars intermedia teleutosporicafertilis, pars raarginalis 
autem sterilis paraphysigera; mesosporae parum numero- 
sae obovatae majusculae (40-50 \i >< 20 \i) episporio mo- 
dice incrassato (2-3 ^i crss.) dense grosseque verrucoso 
indutae, pedicello breviore (3()-40 ^i X 5-7 \^) laevi ful- 
tae; teleu tosporae, fere normales sed saepius parum eras- 



27ll REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



siores (50-60 ^i X 18-22 ¡.i); paraphyses ut iu varietate 
praecedente. — Fg. 4. 

Variedad que sólo he podido descubrir sobre hojas 
de Berberis Dar^Yini. Hay que tener cuidado de no con- 
fundir esta variedad con las dos anteriores cuando van 
acompañadas por el ecidio, el cual se reconocerá por sus 
células peridiales cuspidadas de túnica sumamente gruesa 
y por las ecidiosporas que siempre carecen de pedicelo. 

Las TJredinales berberidícolas publicadas como per- 
tenecientes al género Uredo son: 



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Uredo berberidis Lev. 
Uredo ? aecidiiformis Speg. 
Uredo antárctica Speg. (non Brk.) 
Uredo Stolpiana P. Mgn. 



De las cuatro especies nombradas, las dos primeras 
no pertenecen a este género y las trataré entre los Ecidios. 

La Uredo antárctica Speg. es una verdadera Uredo 
y se halla bien descrita in 1. c; fácilmente no es sino el 
estado uredospórico de la Puccinia berberidis Mntgn., con 
la cual la he hallado asociada, aunque formando soros dis- 
tintos, siempre sobre las hojitas de plantitas muy jóvenes, 
que aún conservaban los cotiledones, de Berberis micro- 
phylla de los alrededores de Usuvaia ( T. del Fuego}. 

La Uredo Stolpiana Mgn. no la conozco y careciendo 
de ejemplares de comparación, no quiero abrir juicio sobre 
ella; parece diferenciarse de la anterior por su episporio 
algo más espeso. 

Pasamos ahora a tratar las uredinales clasificadas co- 
mo Aecidium, y que son las que siguen: 

Aecidiiini Léveilleianum P. Mgn. 
Aecidium niagellanicum Bkk. 
Aecidium Jakobsthali-Henrici P. Mgx. 
Aecidium aridum Diet. & Xgk. 
Aecidium tubiforme Diet. & Xgk. 
Aecidium berberidis ruscifoliae P. Hnng. 



REV. CH. HIST. NAT., Año XXV (1921) 



Lam. XX 




272 REVISTA CHILKNA DE HISTORIA NATURAL 

Deberíamos agregnr además la forma aecidiospórica 
de la Puecinia berberidis Mntgu. dada como Aecidium ber- 
beridis Gml. por Montagne, y la que se describe como 
acompañando a la Pucoiuia Me^^eri-Alberti por Magmis. 

De las 6 especies que acabo de catalogar, todas han 
sido tan mal e insuficientemente descritas, que su iden- 
tificación resulta poco menos que imposible, menos para 
¡as dos primeras. 

Vamos ahora a tratar del Aecidium Leveilleianmn 
Mgn. y exponer nuestro criterio al respecto. La primera 
descripción de este honguillo es la de Leveillé en 184() 
bajo el nombre de Uredo berberidis; en 1852 Montagne 
en la Flora Chilensis del Gay transcribe, modificándola 
algo, la descripción de Léveiller y pasa, seguramente sin 
haber revisado el tipo, el micromiceta a otro género, lla- 
mándolo Epithea berberidis; en 1891 Hariot, vuelve a 
estudiar el tipo Léveilleano, así a lo menos lo supongo, 
y edita una nueva descripción más amplia y mejor conser- 
vándole el nombre primitivo de Uredo (caeoma) berberidis 
Lev. y admitiendo que la Uredo ? aecidiiformis Speg. sea 
un sinónimo de la misma: al mismo tiempo cree que vaya 
acompañada de su estado microspórico, que me parece po- 
co probable, y que sospecho sea tan sólo una Tuberculina 
que con frecuencia he visto atacar esta uredinea; por fin 
en 1892 P. Magnus (no sé si habrá reestudiado el tipo Lé- 
veilleio-Hariotiano) afirma categóricamente que se trata de 
un Aecidium y para evitar homonimia lo denomina Aec. 
Léveilleanum. Como sinónimos deben acompañarse el 
Aecidium berberidis ruscifolice Hnng., el Aecidium Berbe- 
ridis Mntgn., y la forma ecidiospórica de la Puecinia me- 
yeri-Alberti Mgn. 

En toda esta enredada madeja ningún autor expone 
el carácter específico de la dichosa especie; yo considero 
como carácter fundamental la frase de Leveillé «sporan- 
giis clavatis», que corresponde en Hariot a «sporis alus et 
periphaericis fusiformibus utrinque acutatis» y por fin lo 
que dice Magnus «pseudoperidiis cellulis elongato-obcla- 
vatis sursum longe cuspidatis: aecidiosporis minute verru- 
culosis» etc.; según mi opinión se trata de una sola especie 
caracterizada por las células peridiales más o menos cla- 
vadas o cuspidadas y aecidiosporas papillosas. 



Spegazzini. — UKioiMXALü.s UKnuiiJKiDit'OLA.s 273 



Tengo la firme convicción de que ésta es la forma 
ecidiospórica de la Piicciuia berbcridis Mntgu. 

Vamos pues a tratar de la segunda especie el Aeci- 
diiim magellanicum ]3rk. 

Algunos autores quisieron modificar la plaua a 13er- 
keley y cambiaron el nombre específico de magellanicum 
en magelhacnicum, pero incurrieron en un error, pues el 
apellido del célebre navegante portugués es Magalhaes 
y no Magelhaes. 

Esta preciosa especie tan fácil de reconocer ha tenido 
dos desgracias desde su nacimiento, desgracias que fueron 
causa de su polyuomia hasta cierto punto excusable. La 
primer desgracia se refiere a la descripción incompleta y 
sobre todo a las pésimas figuras publicadas. La segunda 
fué la determinación equivocada del huésped del ejem- 
plar del Capitán King, indicado (Cnft Flora antárc- 
tica 1. c.) con el nombre de Berberís ilicifolia, mientras 
cria sólo y exclusivamente sobre Berberís microphylla; 
este error es debido a las deformaciones teratológicas que 
sufren las ramas y hojas infectadas volviéndolas casi irre- 
conocibles (Cnft Éugler's Jahrb. vi. XXn.(189(;) pg. 356). 

P. Maguus volvió a describir esta especie con el nom- 
bre de Aecidium Jakobsthali-Henrici y más tarde bajo 
este sinónimo fué figurado por Bommer et Eousseau, en 
el Yoyage de la Bélgica, de un modo no del todo satisfac- 
torio aunque mucho mejor que por Berkeley. Xo tengo 
constancia probatoria experimental pero estoy casi seguro 
que es el estado ecidiospórico de la Puccinia antárctica. 

Del Aecidium aridum Diet. & Ngr. no puedo hablar, 
como tampoco del Aecidium tubiforme Diet. & Ngr. pues 
las descripciones son insuficientes y en mi herbario no 
hallo ninguna forma que coincida con mayor o menor cer- 
titud con ellos. 

Pasaré entonces a mencionar las formas ecidiales que 
figuran en mi herbario y que alcanzan al número de 9, y 
de las cuales daré una corta descripción; las dividiré ante 
todo en dos grupos bien definidos: 

a) Células peridiales, todas o en parte, ovaladas, lan- 
ceoladas o clavadas, superiormente terminadas en pezón o 
en cuerno más o menos agudo, todas de envoltura muy 
espesa, a veces de capas concéntricas, lisas o levemente pa- 



líEV. CU. Ilisr. NAI'. 



274 UEVISTA CHILKNA DE lil.STOKlA NATURAL 

pilosas; ecidiosporas fuerte y densamente papilosas. Se- 
gún mi parecer son todas formas respondientes a la Piicci- 
nia berberidis Mntgn. y sus variedades. 

b) Células peridiales todas siempre y solamente poli- 
gonales, faltando siempre de todo rastro de protuberancia 
o pezón, por entero recubiertas de muy marcadas y tupidas 
papilas, con envoltura moderadamente espesa; ecidiosporas 
constantemente lisas con perisporio más bien delgado. Al- 
gunas de estas formas son con seguridad referibles a la 
Puccinia antárctica Speg., pero de otras no tengo opinión 
asentada al respecto. 

Aquí pues van las descripciones de todas las 9 for- 
mas de las cuales las cinco primeras pertenecen al primer 
grupo y las cuatro últimas al segundo. 

Formas del primer gi'upo 

1. Hojas inalteradas; manchas anfígcuas redondas de- 
terminadas i)equeñas (1-2 mm diám.) rojizas no tumefac- 
tas, llevando al liipofillo grupos de 5 a 25 peridios densa- 
mente apretados en pulvínulo semileuticular; peridios muy 
regulares poco o nada salientes; células peridiales inferio- 
res ovaladas (40 \i >< 32 n) mucronadas, superiores lan- 
ceoladas (40G0 [i , ' 28-30 i^i) con cúspide poco diferen- 
ciada, túnica espesa (7-10 ^i esp.) salpicada de papilas muy 
finas y poco densas en la parte basal, ofreciendo una es- 
tructura concéntrica más o menos bien visible; ecidiosporas 
globoso-poligouales (20-26 |^ X 20-24 [O con episporio 
moderadamente eugrosado (2-3 \i esp.), casi lisas o fina- 
mente papilosas. Tal vez sea el Aecidium berberidis-ru- 
scifoliae P. linug. 

Sobre liojas de Berberís ruscifolia en la Sierra Ven- 
tana, Prov. do ]3uenos Aires. — Fg. 7. 

2. Hojas inalteradas o casi; mancbas anfígenas algo 
irregulares pequeñas (1-4 mm diám.) determinadas rojizas, 
ligeramente tumefactas, llevando al hipofillo. rara vez al 
epifillo, numerosos peridios densamente apretados en for- 
ma de costra; peridios muy irregulares entresoldados y 
refundidos, muy poco o nada salientes; células peridiales 
elípticas u ovaladas (30 45 ¡i >< 28-35 \i) con cúspide 
corta poco desarrollada pero aguda, de túnica muy espesa 



Spegazzini.— I KiaMNALKs juouiuckiuícoi.as 



(6-8 ^l esp.) lisa y formada por capas concéntricas como 
granos de almidón; ecidiosporas subglobosas n ovaladas 
(28-35 }i >.; 20-29 [i] con episporio bastante grueso (o-4 ¡i 
esp.) revestido de numerosas y bien marcadas papilas. Creo 
que sea típicamente la Uredo berberidis Lev. y por lo 
tanto el Aecidium Léveilleianum Mgn. Sobre hojas de 
Berberis lieterophylla y B. Grevilleana en los alrededores 
deCaclieuta (Mendoza) y del Lago Naliuel-huapi (Patag). 
Generalmente se halla invadido por una lubercuUna de 
conidios globosos (-410 II diám.) lisos ligeramente ocráceos. 
-Fg.5. 

3. Hojas inalteradas." manchas anfígenas regulares 
pequeñas (1-3 mm diám.) determinadas rojizas o pardas, 
no tumefactas, con el hipofiUo cubierto por grupos de 3 a 
10 peridios muy apretados formando pulvínulo casi somi- 
esférico; peridios bastante regulares muy poco salientes; 
células peridiales inferiores ovaladas o elípticas, las supe- 
riores lanceoladas (85-50 ¡i v; 20-25 ¡i) más o menos 
abrupta y agudamente cuspidadas. de túnica muy espesa 
(7-10 n), ásperas en la base, superiormente lisas; ecidios- 
poras más o menos globosas (25-35 \i diám.) con episporio 
moderadamente engrosado (2-3 \i esp.) revestidas de abun- 
dantes papilas bien desarrolladas. 

Sobre hojas de Berberis microphylla, en las cerca- 
nías del Lago Blanco (Patag.) y de Berberis Darwini a lo 
largo del Carren-leofú (Patag.) — Fig. 8. (Lám. XXI). 

4) Hojas poco o nada alteradas; manchas anfígenas, 
bastante regulares pequeñas (1-2 mm diám.) determi- 
nadas rojizas, no tumefactas, soportando al hipofíllo [de 3 
a 10 peridios fuertemente apretados, formando pulvínulo 
saliente semiesférico; peridios muy regulares no sobresa- 
liendo del conjunto; células peridiales ovaladas (25-30 [» 
<20-22 i^i) en la base a veces redondeadas, a veces 
agudas, en la parte superior siempre prolongadas de una 
manera brusca en cúspide o verdadero cuerno, recto o en- 
corvado agudo liso tan largo como ella (23-30 mmra >< 
7-10 mmm), con túnica bastante espesa (5-7 mmra esp.) 
que ofrece tan sólo unas pocas arrugas radiales en la parte 
basilar; ecidiosporas globosas u ovaladas (24-28 mmm ;< 
22-24 mmm) con episporio algo espeso (3-5 mmm esp.) cu- 
bierto de numerosas papilas bien marcadas. 



276 REVISTA CHILENA DE HlSTOllIA NATURAL 

Sobre hojas anormales juveniles de Berberís Dar- 
wini (B. polyraorpha Ph. o B. Morenonis OIv.) en Chile. 
-Fig. 9. 

5) Hojas sin alteraciones; manchas anfígeuas, bastan- 
te regulares mediocres (2-5 mm diám.) al principio ro- 
jizas algo tumefactas, después secas y pardas, por último 
caducas dejando el limbo agujereado, recubiertas al hipo- 
filio en su mayor parte por numerosos peridios muy apre- 
tados y nada salientes; peridios periféricos a menudo refun- 
didos e irregulares, los centrales regulares; células peri- 
diales lanceoladas o claviformes(50-80mram ,15-25mmm), 
inferiormente redondeadas o casi truncadas, superiormente 
cuneiformes prolongadas en cúspide [sporangüs davatis, 
pedicuUs de Léveiller) larga pero no muy aguda lisa, 
con túnica más o menos espesa (2 5 mmm esp.) particular- 
mente en la base donde suele ofrecer algunas papilas y 
arrugas radiales; ecidiosporas subglobosas (25-28 mmm >< 
18 20 mmm) con episporio poco espeso (1,5-2,5 mmm esp.) 
densa y finamente papiloso (Aeeidium Léveilleiauum J\Ign., 
Aecidium magellanicum Speg. (non Brk ) pro parte). 
Se desarrolla sobre las liojas adultas del Berberís ilicifolia 
en Staaten Island y en Port Famiue. — Fig. (J. 

Formas del segundo gnipo 

6) Hojas sin alteraciones; manchas anfígenas redon- 
deadas pequeñas (2-3 mm diám.) determinadas pardo- 
rojizas, poco o nada tumefactas, llevando al hipofiUo gru- 
pos de lo a 25 peridios muy apretados cortos o apenas 
salientes; peridios regulares semiglobosos; células pendía- 
les 5-6-gouas (25 35 mmm 22-28 mmm) con túnica algo 
espesa (2-5 mmm esp.) particularmente en la base y todas 
densa y fuertemente ásperas; ecidiosporas globoso poligo- 
nales (20-25 mmm diám.) con episporio muy moderada- 
mente grueso (1-2 mmm esp.) del todo liso. 

Hállase sobre las hojas adultas de Berberís spínulosa 
en los alrededores de Córdoba, Rep. Agentina. — Fig. 11. 

7) Hojas ligeramente alteradas, torcidas o abolladas; 
manchas poco aparentes parduzcas pequeñas (0,5-1,5 mm 
diám.) irregulares o casi indeterminadas, no tumefactas, 



REV. CH. HIST. NAT.. Año XXV (1921) 



Lám. XXI 




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13 



UEVISTA CHILENA Dli lUSTOlUA NATURAL 



llevaDdo en el hipofillo algimos peridios distribuidos cir- 
cularmente al margen; peridios separados o más o menos 
acercados y regulares, apenas salientes del substrato; célu- 
las peridiales elíptico-poligonales (25-40mmm;< 25 30mmm) 
con túnica no muy espesa (1-1,5 mmm)era densa y fuerte- 
mente áspero-papilosas; ecidiosporas globoso-poligonales 
(20-55mmm diám.lcon episporio delgado absolutamente liso. 
(Aecidiura berberidis Auct. plur. non Gml.) Coleccionado 
sobro hojas adultas de Berberís cuneata en la boca del 
Eío Santa Cruz, Patagonia. — Fig. 13. 

8) Hojas, manchasjy agrupaciones peridiales como 
en la forma anterior; peridios pocos pero muy salientes 
derechos cilindricos tubiformes (350-700 mmm , ;120-150 
mmm) de boquita circular denticulada o casi entera; cé- 
lulas peridiales poligonales (35-45 mmm > ' 20-25 mmm) 
groseramente papilosas, con túnica moderadamente en- 
grosada (3-3,5 mmm. esp.j; ecidiosporas globoso-poligonales 
(22-25 mmm diára.lcon episporio lisoydelgadoíl-l, 5 mmm 
esp.). Sería acaso el Aecidium tubiforme Diet. & ^g'i"'^ 
Yo lo considero como una simple forma macroperidial del 
anterior. 

Descubierto sobre las hojas adultas de Berberís cu- 
neata, en la Isla Pavón del Río Santa Cruz. — Fig. 12. 

9) Hojas muy modificadas, arramilletadas en escoba 
de bruja, con peciolos anormalmente muy alargados, con 
limbos hipertrofiados más o menos ensanchados o alarga- 
dos a veces irregularmente hendidos y hasta espinosos, 
más o menos acartuchados tumefactos, de color morado o 
purpurino; peridios muy numerosos y acercados cubriendo 
todo el hipofillo (a veces hasta parte del epifillo) y de los 
peciolos, naranjados, muy salientes cilindricos y tubifor- 
mes (400-1000 mmm >< 150-200 mmm) de boquita redonda 
entera o dentellada; células peridiales 5-G-gonales (25-35 
mmm >< 20-25 mmm), grosera y densamente papilosas, 
con túnica moderadamente gruesa (3-5 mmm esp. i ecidios- 
poras globoso-poligonales (20-22 mmm ; 18-20 ramm) 
con episporio asaz delgado (1-2 mmm esp.). Este es el 
verdadero Aecidium magellanicum Brk. (=:Aec. Jakobst- 
hali-Henrici P. Mgn.). 

Especie peculiar y exclusiva del Berberis microphylla, 
apareciendo el Eoidio en las partes jóvenes inferiores du- 



Spegazzini — i ui:ihnai.i;.s hkuhkkidícíila.s 27!) 



raute la primavera, raieutras en las partes superiores 
adultas y casi sin modificación suele aparecer durante el 
verano y otoño la Puccinia antárctica. Es común en la 
Isla de los Estados, en toda la Tierra del Fuego y parte 
cordillerana de la Patagonia austral; mis ejemplares son 
originarios de Staaten Island, de Usuvaia, de Gregory 
range, del Lago Argentino y del Lago Yiedma. — Fig. 10. 
De todo lo que acabo de exponer, me he convencido 
que las IG formas enunciadas en el cuadro cronológico 
inicial de esta nota, deben ser reducidas a dos solas espe- 
cies según la sinonimia siguiente: 

A. Puccinia niagellanica (Brk.) Speg. — Estado teleu- 

tospórico. 

Sin. Puccinia antárctica Speg. ■ 

Uropyxis Naumanniana Mgn. 
Puccinia Xaumanniana Neger. 
Puccinia Stolpiana (Mgn.) Diet. & Ngr. 
¿Uredo Stolpiana Mgn. — Estado uredospórico? 
Aecidium magellanicum Prk. — Estado ecidios- 

pórico. 
Aecidium Jakobstliali-Henrici P. ^tgn. 

B. Puccinia berberidis Mntgn. — Estado teleutospórico. 

Sin. Puccinia Meyeri-Alberti Mgn. (Forma paraphy- 

sígera). 
¿Uredo antárctica Speg. — Estado uredospóricoV 
Aecidium Léveilleianum Mgn. — Estado ecidios- 

pórico. 
Uredo berberidis Lev. 
Uredo berberidis Hariot. 
Epithea berberidis Mntgn. 
Uredo? aeoidiiformis Speg. 

et nunc tantum satis. 



280 REVISTA CHILKNA DIO HlSTuUIA NATL'RAI. 



L/í R^DIO^CTIVID^D D£ L/i$ R0C/i5 



Edmundo LARENA5 

Profesor de la Universidad de Concepción 



Cuando se hace el estudio microscópico do las rocas 
por medio de preparaciones en láminas finas y transpa- 
rentes, llama luego la atención la presencia más o menos 
frecuente do los iialos pleocroicos. 

Consisten éstos en nnos anillos más o menos oscuros 
que aparecen alrededor de inclusiones minerales, o sea 
de algunas de esas partículas de ciertos cuerpos que se 
presentan como incrustadas en el campo de otros. El halo 
es a veces doble, con un segundo círculo concéntrico lo 
primero. Dan tonos diversos a la luz polarizada, cuanda 
se la hace girar: de ahí la denominación de halos pleo- 
croicos. 

Los más comunes son los formados en láminas de 
biotita, alrededor de inclusiones de zirconio. Vense 
también bordeando inclusiones de allanita y de apatita. 
Estas últimas son frecuentes en granitos y dioritas de 
Chile. 

Más raros son los halos producidos en inclusiones de 
casiterita, rutilo, topacio, etc. 

El cuerpo que suministra el campo donde aparecen, 
y que se tiñe con el halo, es generalmente la biotita, pero 
suelen encontrarse también en la andalucita, la augita, 
la turmalina, etc. 

Acerca dtd origen de estos fenómenos, diversas opi- 
niones han sido emitidas por los mineralogistas. 

Por haberse observado que desaparecían con un ca- 
lentamiento fuerte del mineral, algunos profesores, entre 
ellos Rosenbusch y Michel Levy, los habían considerado 
producidos por la presencia de una materia orgánica. 
( )tros los creyeron obra de ciertos óxidos de hierro. 



Larenas.— LA UADioAOTivinAD de las uocas 281 



Hoy parece fuera de duda, que son fenómenos de ra- 
dioactividad. Son la impresión efectuada en la naturaleza 
sobre láminas de ciertos minerales, de la misma manera 
que los cuerpos radioactivos en general impresionan las 
placas fotográficas. 

Desde luego la presencia de los halos está asociada 
invariablemente a la de cuerpos como el zirconio, la apa- 
tita y la allanita que según Strutt y Joly son fuertemente 
radioactivos, y se presentan más raramente en los otros 
minerales que lo son menos. 

Por otra parte, la forma perfectamente circular, que 
es la más común en la coloración del halo, cuando la in- 
clusión no es muy alargada en un sentido, y tíuito en la 
dirección del clivaje de lo lámina do biotita como en el 
opuesto, excluye la idea de una sustancia mineral adheri- 
da, que se presentaría más extendida en el sentido del 
clivaje. Agregúese a esto que el profesor Joly lia ¡)rodu- 
cido artificialmente la coloración de los halos en la biotita 
y la casiterita, por medio de la influencia de puntos de 
Radium. 

Por último, el ancho de los círculos de los halos en 
micrones, o milésimas de milímetro, corresponde con 
exactitud a las cifras que da la observación experimental 
para el «recorridos de los rayos «alfa; de las emanaciones 
radioactivas, ya en el aire, ya en otro medio de más den- 
sidad. 

Se sabe que este recorrido marca el límite hasta el 
cual se manifiestan las propiedades de ciertos rayos, ya 
como ionización, ya provocando la fluorescencia, etc. 

Los halos producidos en la biotita miden 33 micro- 
nes si se deben al Radium C , y 4U si vienen de la acción 
del Thorium C'. Estas cifras corresponden a los recorridos 
en el aire, en proporción a la densidad de la biotita, pues 
son 6,! 14 centímetros y 8,60 respectivamente. (1) 



(1) Ampliando este punto, damo.s las siguientes cifras, tomadas do 
varios autores. 

Serie del Uranio: Serie del Thoiio: 

Radinm C 0.033 Thorio C. 2 OMO 

Rad. Emanación 0.0197 Tho-Eraanación 7.023 

lonium 0.014 Radio Thorinni 0.019 

TJranium 0.011 Thorio 0.013 



REV. CH. HIST. NAT.. Año XXV (1921) 


Lám. XXII 










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Larenas.— i.A ijadioactin idau de las koua.s 283 



Podemos pues, convenir en que los halos pleocroi- 
cos son fenómenos de radioactividad y el detalle de los 
recorridos demuestra que se deben a la acción de los 
rayos «alfa». 

Las investigaciones experimentales del mismo profe- 
sor Joly nos van a permitir presentar uno de aquellos 
fenómenos en que la teoría científica aparece comprobada 
de una manera sorprendente. 

En un artículo publicado por aquel físico el año 1913 
(2) con posterioridad a su célebre obra Uadioactivit¡i and 
Gf'ol(X/i/, y en el que explaya más sus estudios anteriores, 
da al lector, entre otras ilustraciones, una que representa 
un halo idéntico a los que aparecen en ciertas vetas in- 
crustadas en la biotita, halo formado por él artificialmente 
por medio de la Emanación del Kadium en un tubo capi- 
lar de vidro. 

Es el que reproducimos en la parte superior de la 
lámina adjunta. La parte obscura terminada en punta es 
la abertura capilar; el halo, la sombra que la rodea. 

Pues bien, disponemos de un ejemplar de halo natu- 
ral. Es el que reproducimos en la parte inferior de la 
misma lámina con las proporciones del artificial, obtenien- 
do así que ambos presenten un aspecto enteramente aná- 
logo. La parte blanca de esta segunda figura es el campo 
de la lámina de biotita en que está la inclusión. Esta es 
un cristal de color blanco en su parte superior y negro 
en la inferior, que por su forma de cristalización y su 
aspecto segmentado, creemos es zirconio. El halo sombrío 
que lo rodea es el característico de estos fenómenos. Ope- 
rando al microscopio con la preparación en que se en- 
cuentra, da tonos pleocroicos con el giro de la platina. 
Presenta este halo la misma apariencia del artificial, y en 
cuanto a sus dimensiones, las hemos medido cuidadosa- 
mente y corresponden con exactitud a la del recorrido del 
rayo «alfa» de la Emanación de Radium. 

La medida nos ha dado la cifra 19 a 20 raicrones, y 
el cuadro respectivo consulta la de 19.7 micrones. (Las 
dimensiones del grabado están aumentadas 050 veces). 

Podemos pues, establecer que la figura del halo na- 



(2| Scientifio Aiueiioan Snppleinent. 



284 REVISTA CHILENA DE HISTOIIIA NATtiRAL, 



tural es producida por los rayos «alfa:; de ¡a Emanación 
de Radium, la misma con que está teñido el tubo capilar 
en que se formó el halo artificial. 

Y repitiendo la frase del sabio profesor, diremos 
que el halo artificial de hoy había ya sido formado por 
la naturaleza en el seno rocoso de una cordillera primiti- 
va, hace millones de anos. 



Aparte de la enseñanza que suministra el fenómeno 
de los halos, la ciencia ha comprobado experimentalmente 
la existencia del Radium o de los derivados de las series 
radioactivas, en todas las rocas y aun en todos los mate- 
riales de la corteza terrestre, incluso las aguas de los 
océanos y de los ríos y en la misma atmósfera. 

La radioactividad especial de las rocas, descubierta 
desde el año 1903 por Elster y Geitel y sobre la cual en- 
traremos a dar algunas cifras, ha sido estudiada después 
extensamente, por los profesores Rutherdorff, Strutt, 
Soddy, Joly, Eve, Werner, etc. Ha llegado a medirse y 
darse en fracciones de gramo la cantidad de Radium que 
existe en una roca determinada. 

Los siguientes cuadros son tomados del libro de Joly, 
citado antes. La cifra entera, seguida de fracciones, co- 
rresponde a billonésimos de gramo de Radium por gramo 
de mineral o roca común. 

Bocas Ígneas antiguas: 

Radioactividad 

Granito de Islandia 5.4 

» de Escocia 3.2 

Sienita de Alemania 6.8 

Micasquita de Escocia 5.3 

Gneis de Escocia 3.8 

Hornoblenda esquita 8 

Bocas Ígneas modernas: 

Lava del Kilahuea .-. 6.2 

Traquita, Campos Flégreos 10.6 



Larenas. — la kadkjactiviüad dk las ruca.s 'J85 

Obsidiauíi de Asuuciún' 2.5 

Lava del Vesuvio (1855) 19.2 

]3oraba, Martiuica 2 

Pómez, Ivrakatoa 6.9 

Mocas sedimentarias (Escocia); 

Esquita carbonífera: 6.7: Arenisca id. 2.9: Esquita 
arcillosa: 3.6: Arkosa: 4.3. 

Bocas de los túneles, asociadas a altas temperaturas. 

Eocas del Siraplou: Esquitas y Gneis: 7.6 a 9.1. Sedi- 
mentarias del Trias y Jura: 6.9. 

Rocas del San Gotardo: Esquitas y Gneis: 5.1. Sedi- 
mentarias mesozoicas: 4.2. 

Los cuadros precedentes no arrojan cifras uniformes. 
Las observaciones de Strutt las dan algo más bajas para 
las mismas especies do rocas. Joly establece como conclu- 
sión las medidas medias siguientes: 

Rocas graníticas. 5.5. Rocas sedimentarias: 4. o. 

Mencionaremos, por fín, los depósitos abisales que lian 
sido examinados por Joly sobre muestras recogidas en las 
memorables expediciones del «Challenger), y el Albatros», 
algunas de las cuales dan muy altas cantidades de Radium. 

Barro Azul: 3. Aglomerados de Globigeriua: 7.8. 
Barro calcáreo. 23. Arcilla Roja: 13 a 15. Aglomerados de 
Radiolarios: 22 a 50. Nodulos de Manganeso: 21 a 24. 

Rocas chilenas 

No tenemos noticia de investigaciones sobre la radio- 
acti'^idad de las rocas de Chile, por lo cual a los datos an- 
teriores sólo agregaremos los resultados de experiencias 
nuestras sobre esta materia. 

Hemos investigado la proporcionalidad de los valores 
radioactivos en un buen número de rocas escogidas entre 
las más características de grupos o entre otras a que he- 
mos atribuido alguna importancia especial. Usamos el pro- 
cedimiento ordinario de medir eu segundos de tiempo la 
duración de la descarga de un electroscopio electrizado 
bajo la influencia de la materia radioactiva. Damos el re- 
sultado sobre 15 rocas chilenas y 2 de Alemania. 

Aunque e^te procedimiento, del electroscopio, sólo 
acusa la actividad relativa de una roca respecto de las de- 
más, puede hacerse una escala de relatividades que mani- 



286 REVISTA CHILENA l)K lUSTOKlA NATLKAL 



fíeste a la vez los valores en poso, si se toma como base una 
magnitud conocida. 

Hemos construido esa escala, y elegido como base o 
cifra conocida la de f).;?, que, como ya lo hemos visto, es el 
término medio de la radioactividad del granito dada por 
Joly en billonésimas de gramo de Radium por gramo de 
roca. A esta cifra la hacemos representar la magnitud en 
tiempo de descarga del electrocospio correspondiente al 
granito de Turiugia; y formamos las demás cifras de ra- 
dioactividad de las otras rocas en razón inversa, esto es, 
colocando más arriba las más bajas que 5.5 en la lista de 
los tiempos, y más abajo las más altas, proporcionalmente. 
De esta manera, cada cifra que indica la radioactividad da 
a la vez que una cantidad relativa, una cantidad de mate- 
ria radioactiva en billonésimas de gramo. 

Hay, si, que tener presente que la base tomada 5.5 
puede ser la radioactividad exacta del ejemplar granito 
de Turingia y puede no serlo. En este último caso, la in- 
dicación de cada cifra, ñja en cuanto es relativa, es apro- 
ximada en cuanto da medida absoluta; pero esto basta por 
ahora tratándose de nociones generales y bases de es- 
tudio (3). 

Rocas Radioactividad 

Recade Freiriiui con uiuclia apatita 12 

Id. porfírica dol caliche de TaUal 8 

Gneis biotitico de Valparaíso .. 7 

Pórfido metaiuórfico de lo.s Baños do Colina (5.5 

Esquita antigua del Agua del Obispo (Concepción)... (5.5 

(iranito de Palco (Concepciónl b 

(Ineis ácido de Valparaíso (j 

Pórfido claro dol San Cristóbal (Santiago) 5.5 

(iranito de Turingia (Alemania) 5.5 

(ineis do Turingia (Alemania) 5.5 

(iranititade Chiguayante (Concejición) 5..5 

Riolita de Atacama 5 

Esquita carbonífera do Gomero (Concepción) 4.5 

Toba volcánica. Cordillera de Chillan 4 

Lava, Cordillera de Tolhuaca 4 

Andesita de Quilacoya. Concejición 2 

Arkosa de tiomero, Concepción 2 

(3) Advertimos también que. en general, los datos de este cuadro 
no han podico resultar completamente exactos. ])or la poca presición de 
los aparatos usados en las experiencias; pero se ha obtenido la mayor 
aproximación haciendo repetidas comprobaciones y tomando los térmi- 
nos medios. Se han despreciado, además, las fracciones pequeñas para 
mavor sencillez. 



Larenas.— LA radioactividao J/ü las koca.s '2H~ 

VA examen de estos valores manifiesta que concuer- 
(lan en general con los principios ya establecidos sobre la 
influencia de la edad geolói^ica de las rocas, composici(')n 
química y metamorfismo en sus valores radioactivos. Nó- 
tanse además ciertas cifras que incitan a investigaciones 
interesantes. Sin embargo, nosotros no liemos podido ir 
más lejos. 

Pero ojalá que la ])resente publicación logre llamar 
la atención de los profesores y estudiantes a cuyas manos 
llegue, en el sentido de que alguien prosiga las investi- 
gaciones en el capítulo de la radioactividad de las rocas, 
sin perjuicio del estudio general de esta nueva sección de 
las ciencias físicas que encierra, sin salir de sus relacio- 
nes con el medio en que vivimos, problemas de trascen- 
dental importancia; desde los puntos teóricos relacionados 
con la geología, como el calor local terrestre, el dinamo 
metaforfismo, etc., hasta los sorprendentes soluciones que 
hoy se formulan del antiguo problemas de la edad de la 
tierra y duración de sus eras y de sus períodos, por medió 
de la determinación de los cuerpos radioactivos contenidos 
en una roca, y la proporción, ya fácil de establecer, en 
que, en tiempos determinados, se producen las desagrega- 
ciones atómicas y aparecen los nuevos cuerpos de las series, 
(4); y pasando al terreno práctico, — desde la investigación 
de la radioactividad de parajes y fuentes termales, y busca 
de minerales con uranio o thorio, y de oquedades produc- 
toras de helio de emanación, hasta el estudio de las ener- 
gías radioactivas, ya caloríficas, ya eléctricas, ya mecáni- 
cas, que obran sobre la biología vegetal, desarrollo de las 
plantas y germinación de los frutos. 



|4) Eli la página 205 dol libro do Joly, Iiudioitliiihf (tu ti (Ivoloijii. 
piiudo verso ol procedimiento nmnórico que da la edad de la Fvrquxouitu 
(iiiohaio de ytrio, cerio, lantano y uranio). Según líanisay y Travor.'^ 
contieno esto niineial 1.81 centimeti'os cril)¡cü de helio por gramo y 
como 7 por ciento d(> uranio. De aquí se obtiene la cantidadde Radium. 
Se tonuí enseguida la evolución anual ib; helio calculada sobre la can- 
tidad de Radium existente y sobre la base de una proporcionalidad ya 
oljtenida. Resulta que es O.OOO.ÜOU.T") en centímetros cúbicos. Dividiendo 
1.81 ])or este número, so obtiene el de 241 millones y fracción, edad 
en años del mineral. 



288 REVISTA CHILENA DIO HlíSTOUIA NATURAL, 

Por último, creemos del caso hacer recuerdo al lector 
de dos folletos y uu libro que han visto la luz pública y 
en que se trata de puntos relacionados con las materias 
de este artículo y relativos a Chile. 

1. Jkidioacfiridad de ¡as Fuentes Salutíferas de Chile, 
por el doctor don Estanislao Fraga, 191o: Estudio 
científico muy interesante de las influencias medicinales 
de las aguas minerales y determinación cuantitativa de 
su Radioactividad. 

2. Existencia del Radium en las Termas de Fanimá- 
rida, por el doctor don Alejandiío Ayala, 11)19. Tra- 
bajo en que se hace ver la existencia de energía radio- 
activa por las impresiones dejadas por objetos colocados 
sobre phicas fotográficas bajo la influencia del barro ter- 
mal, y conclusión de que se trata del cuerpo Radium. Trae 
al final uu cuadro de radioactividades de fuentes termales 
europeas. 

8. La Fatagonia. Obra científica muy notable de Via- 
jes y Estudios, por esta región, editada por la Sociedad 
Científica Alemana de Buenos iVires, 1917. Contiene in- 
dicaciones sobre Radioactividad en sitios y vertientes ter- 
males délos macisos volcánicos del «Calbuco>, del «Osor- 
no» y de la región del lago -Todos LosSantos». Establece 
en general la presencia de radiaciones activas en rocas 
antiguas y su ausencia en las modernas. 

Concepción, 1G de Julio de 1921. 



^^^^ 



Thériot.— FLOiíE buyologiqie vu cnin 2^9 

CONTRIBUTION ü Lfi FLORE BRYOLOGlQUt DU CHILI 

VAU 

I. TH É R 1 O T 

(4.a a'ticle) (*; 



Mes dévoués correspoudaiits chilieiis, MM. N. Costes 
etJ. A. Campo, ayant continué a m'adressor leurs rócoUes, 
j'ai le plaisir de publier ci-dessous une suite a raes pre- 
mieres études sur la flore du Chili. M. N. Costes m'a 
trouvó de uouveaux collaborateurs, MM. F. Jaffuel et C. 
Deltor , dont les recberches ont été fructueuses. J'adresse 
a tous, et aussi a M. le Docteur C. E. Porter qui ouvre si 
largeraent et si géncreuseraent les pages de son impor- 
tante Revue a nos études, Texpression de ma gratitude. 

Fleurldnim Macrotliecinm Dus. in Arkiv for botauik. 
Bd. 4, uo 1 p. 2, 1. 1, fig. 167 (1904). 

Angol, sur la terre, c. fr. (Campo u° 10). 

Hab. Cliili austral. 

Flenridium Robinsonii (Mont). Mitt. M. austr. íira., p. 
26 (1869); Dusen, loe. cit. p. 1, 1. 1, fig. 8-11; Pbascum Eo- 
binsonii Montt. iu Ann. se. nat. IV, 2° ser ., p. 96. 

Los Perales de Marga-Marga, sur la terre, c. fr. (Cos- 
tes, sept. 1918) 

Hab. Chili, I. Juan Fernandez, Brésil. 
Pleuridium (Eupleui'idium) Costcsii Thék, sp. nov. (Pl. 
XXIII, fig. 1 a k). 

Autoicum. Flores raasculi axillares, antheridia mag- 
na, pauca, paraphysis pauca, folia perigonialia enervia. Fo- 
lia (írecta, ápice patula, intergerrima. Capsula et sporae ut 
in P. subulato, 

Différe de P. alternifoUiim (l)icks). Brid., dont il a 
l'inflorescence, par ses feuilles deux fois plus largos, a acu- 



f) Yoir: Reí: Cli. Hisf. Nat. 1915. 1911. 1918. 

REV. CH. HIST. XAT. lítil). (19) 



290 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

men moius long ot moins fin, tres eutiércs et par sa iieivu- 
re plus minee. 

Los Perales de Marga-Marga, sur la torre (C'ostes n" 
112 pp). 

0I3S. Les espéces chiliennes, P. macrothecmm Dus. 
P. liobinsonii (Moutt)., ne peuvent étre coufondues avec 
autre espéce: elles appartiennent, en effet, a une autre 
section, Sclerastomum, quise caractérise par les feuilles 
appliquées sur la tige.. J'en donne d'ailleurs ci-dessous 
la clef aualytique: 

1. Feuilles étroitement appliquées sur la tige, génc- 
raleraent ovales (sous-geure Sclerastomum) 2 

Toutes les feuilles a pointe plus ou mois étalée 

(s. g Eupleuridiura) P. Cosfesii 

2. Feuilles inf. et moyennes obtuses, vivemeut deu- 
tées, les supérieures a acumen court P. macrothecmm 

FU. inf. et moy. aigues, faiblement deutées, les sup. 
assez longuement acurainées P. Bohinsonü 

Ditrichum flexifolium (Hook.) Hpe; Leptotrichum 
aífine. C. M. 

I. Chiloe environs d Acud, sur la torre argiléuse 
c.fr. (Campo X.°s 2, 3, 9; Ci. Deltor, n.° E). 

Obs. D'aprés M. H. X. Dixon «Studies in the bryo- 
logy of í^ew Zeland, part. II, p. 45 (1914);>, Leptotrichum 
affine C. M. doit etre consideré comme synouyme de Di- 
craniim JíexiJoHum llook. Musci exot. 114 (1820). 

Ceratodon crassinervis Lor. 

Angol, c. fr. (Campo n.^ 8 pp). 

Blindia magellanica Schi^. e. C. M. in Bot. Zeit., 1862, 
p. 328; H. N. Dixou, Nav Zeland Instituto, BuU. u^ 3, 
1914, p. 60, t. VI, fig. 14. 

Eio Quino, sur la terre humide, c. fr. (Campo n° 10). 

Hab. Terres magallaniques, Patagouio, Tasmauie, 
Nouvelle Zélande. 

Obs. C'est, je crois, la premiére fois que cetto espéce 
est trouvée au Chili. Elle n'est pas ideutiquc toutefois 
aux formes queje posséde de la región magellanique; ce- 
Iles-ci ont les feuilles plus étroites, fortement convolutécs, 
et termieées par une subule plus fine, tandis que la plante 
du Eio Quino a des feuilles plus largos, a bords plans 



Thériot. — FLORE bryologique du chili 291 

(sauf dans la subiilc), tout a fait conformes, sous ce rap- 
port, a la figure donnée par Dixou (loe. cit.) pon le B. 
Magellanica do Nouvelle-Zélande. 

Aongstroemia Gayana (Moiit), O. M. Sjn. I, p. 427; 
Mitt. M. austr. am. P. 27; Dicraiiura Gayanura Mout. in. 
Aun. se. iiat. 1845, IV, 3^ ser. p. 112, et iu Ga}^ Hist. 
Chili, Crypt. t. 2., fig. 3 (1850^, Syll. p. 45 (1856). 

Aiigol, sur la terre, terrains maréeageux, e. fr. (Cam- 
po n*^ 14 pp); Los Perales, lac Moeris, stérile (Costes, 
janv. 1318). 

Hab. Chili austral. 

Ohs. Le Chili posséde deux autres especes de ce 
genre: A. vulcanka (Hook.) et A. elegans (Dub.) 

Dicranoloma imponens (Mont.); Dicranum impouens 
Mont. in Ann. se. nat. 1841, p. 241 et Syll. p. 44; Mitt. 
M. austr. ara. p. 65. 

I. Chiloe (R. Espinosa, ann. 1913). stérile, en mélau- 
ge aven RJiacomiirhim lanuginosum. 

Hab. Chili, Patagonie, Terre-deFeu, Torres magella- 
niques. 

Fissidens stibaloma I)us. Arkiv. for bot., I3d 6, n^ 8, 
p. 2, t. I, fig. 9-11 (1906). 

Los Perales, Quebrada «Los Loros , c. fr. (Costes 
ann. 1916). 

Hab. Chili. 

Fissidens chilensis Dus. loo. cit. p. I, t. L, fig. 1-8. 

Grotte de Tanumé (Prov. Colchagua), sur les parois 
calcaires, stériles, (Ch. et Emm. Aspillaga). 

Hab. Chili (lac Todos los Santos). 

Fissidens Brotherianus Par. nom. mut. Ind. bryol. ed. 
II, p. 195; F. Brothéri Dus., loe. cit., p. 3, t. 3, fig. 1-7 
(neo Piivis). 

Los Perales (Costes n'^ 80 pp., 113, 150; collines de 
de Playa Ancha, prés Valparaíso (P. Jaffuel n» 76 pp.) 
c. fr. 

Var. longisetus Thér. Var nov. 

Pedicellis elongatis, inaequalis, usqne ad 16 nim, 



longis. 



Los Perales (Costes n° 141). 



202 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

Fissidens (Bi-yoidiuní) Costesii Théu. sp: iiov. 

(Pl. XXIll fig. 2 a O) 

Diocus? Gracilis; caiilis brevis, 2-3 mm. altus, erectus. 
Folia subaeqaalia, 6-8 jnga, late oblonga, apiciilata, lim- 
bata, limbo e celliila 2-seriatis composito, e basi et ápice 
evanescente, lamina vera 2/3 folii producta, lamina dorsa- 
lis basi attenuata, O, 8 0,9 mm. longa, 0,35 0,40 lata, cos- 
ta ante apicem evanido, e basi 30 u, cellulis hexagonis, 
chlorophvUosis. laedibus, parietibus, tenuibus, diam. 8, 
Flores ferainei terminales. Caetera desunt. 

Los Perales, sur la terre, en sociétc a veo Tortilla 
Kunzeana (C. M.), stérile (Costes n'' 86 pp,). 

Obs. Xotre espéce se distingue des cspéces citées ci- 
dessus par la forme des feuilles. Je ne saurais cependant 
afñmer qu'elle est absolument nouvelle, car il existe beau- 
coup d'espéces du raéme groupe dans les régiuns voisines. 
notamment en Argentine; mais je ne connais aucune de 
celles ci et je nai pu me les procurer. 

La section Brjjoidium, uno des plus importantes du 
geure Fissidens, n'est représentce au Cliili que par les es- 
péces ci dessus énumórées; c"est peu si l'on considere que 
le nombre des espéces signalées en Amérique dépasse au- 
jourd'hui 70. 

Fissidens rigiduJus Hook. f. ct AVils. Fl. of N. Zeal. 
p. 61, t. 83, f. 3 (1855); Mitt. M. anstr. Am. p. 602. 

Óordillére de «£1 Abanico , prés de Santiago, a plus 
de 1600 m., au milieu des glaces, stérile (Costes, ann; 
1916); Eío Quino, sur la torce húmido, st. (Campo n" 
2 et 5). 

Hab. Cete espéce a une tres grande aire do dispersión 
dans rhémisphére austral; Australie, Xouvelle-Zélaudo, 
Tasmanie, Andes de Xouvelle-Granade, de TEcuateur, du 
Chili, Patagonie. 

Fissidens scalaris Mitt. loe. cit. p. 596. 

Angol, parois des fosscs. c. fr. (Campo n^ 6. aun 
1917); Río Quino, o. fr. (Campo n'^ 8, ann, 1918). 

Hab. Equateur, Chili. 

Obs. Cete jolie mousse de la sectiuu Hrtevocaulon, a 
eté identifiée par mon ami 11. X. Dixon, avcc un spoci- 
men du rauséc de Iview, nommé par W. Mitten. 



Thériot.— flOije bryologique du chili '293 

Líi planto d'Angol différe toutefois du type par ses 
tiges stériles deux fois plus courtos et ne poitaut par sui- 
te que 8-10 paires de feuilles (au lieu de 8-20 paires). loi 
la capsule est géiiéralemeiit droite et non pencbce comme 
le dit la descriptiou, inais M. Dixon a constaté que, sout 
ce rapport, les écliautillons du nuisée de Kew ne différens 
pas de ceux d'Angol. 

Fissidens maschalautJms Mont. 

Hío Quino, sur la (erre liumide, c. fr. (Campo n*^ 1, 
aun. 1917) 

Astomum cliUense Will. iu Bull. of tlie Torrey bot. 
club, 1915, p. 393, t. 21, fig. 7-15. 

Los Perales, sur la terre, c. fr, (Costes, anu, 1915). 

Obs. Gráce a l'obligeauce de Mrs. E. G. Britton, j'ai 

pu comparer ma plante au type de M. R. S. Williams, ré- 

colté a La Serena (Cliili), en 1914, par le Dr. J. N. Rose. 

A. chilense est le seul représentant conuu au Chili 
du genre Astomum. 

Gymnostomum calcareum Bryol. germ. 

Grotte de Tanumé dissérainó parmi d'austres mousses 
et des hépatiques qui tapisseut les parois calcaires de 1 
grotte; stérile (Ch. et E. Aspillaga, anu 1916). 

Hab. Le G. calcareum est une des mousses les plus 
répaudues. Assez commuu en Europe, il existe aussi dans 
le Nord de l'Afrique, dans l'Almérique du Nord, un peu 
partout en Asie; on le retrouve en Australie, Nouvelle-Zé- 
lande, Tasmanie, dans I'Equateur et au Chili. 

Barbilla fusca C. M. forma. 

Los Perales de Marg-Marga, c. fr. (Costes n° 77 pp. 
et 1G2). 

Obs. Ces plantes difíerent de celles de Patogouie oc- 
cidentale distribuyes par Dusenence que le tissu basilai- 
re de la feuille est formé, du cote de la uervure, par un 
plus graud nombre de cellules rectaugulaires allongées. 

Barbilla fusco-v'iridis Broth. mss. 

Angol, c. fr. (Campo n^ 8 pp.); Río Quino (Campo 
uo 28). 

Obs. Cette cspéce restée inédito a été trouvée par F. 
Dusen dans le Chili austral, a Peumo, et distribuée sous 
le n" 257. Elle me semble fort voisine de la precedente. 
J'ai noté les diférences que voici: «iTouffes d'un vert plus 



294 -REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



foucé, feuilles a acumen plus court et plus large. tissu basi- 
lairo plus serré; feíiillis périchétiales plus briéverneut acu- 
niinées». Est-ce suffisaiit pour legitimer l'espece? 

Barbilla depressa SuU. (c. fr. Thóriot, note sur une 
mousse du Chili, Barbula flagellaris, in Bull. Soc. Ilavrai- 
se d'études diverses, 1917). 

Cretcs des raouts de Los Piedras (Marga-Marga), c. 
fr. (F. Jaffuel, aun. 1917). 

Obs. J'ai établi dans la note ci-dessus rappelée que 
tout ce que les auteurs ont appeló Barbilla Jíat/dlaris doit 
etre rapporté au B. depressa Sull. 

Barbula (Helicodon) Costosii Thér sp. nov. (Pl. 
XXIV fig. 1 a-1). 

Dioca. Caespites sat densi, virido-lutescentes. Caulih 
erectus, simplex, brevis, 510 mm. altus, Folia sicea cris- 
pata, madida erecto-patula, oblonga, integra, immargiuata, 
revoluta, inferiora parva, acuta, caetera sensini majora, 
obtusa, brcviter mucronata, costa breviter excurrente, e 
basi 120 ^i, cellulis iuferioribus laxi, teneris, hyaliuis, lae- 
vibus, elongate rectaugulis, mai-gines versus miuoribus, 
quadi'atis, chorophyllosis, caeteris quadratis, tcnuiter pa- 
pillosis, opacis. Folia perichactialia mnjora, louge acumi- 
uata, minus revoluta vel marginibus planis (intima). Cap- 
sula iu pedicello rubello, gracili, 12 20 mm. longo, erecta, 
anguste cylindrica, interdura arcuata, 2,2-2,4 mm. ionga, 
opérenlo longirostro. Peristomiura 2 mm. altum crunibus 
2-3-tortis, membrana brevis, 60 [i, annulus latus e triplici 
serie cellularum compositus, columella longe exserta. Spo- 
rae laeves, G-8 (i crassae. Calyptra dimidiam partera cap- 
sula obtegens. 

Los Pe^rales de Marga- Marga, sur la terre (Costes 
u° 119). 

Tres proclie de B: depressa^iúi., notre espéce en dif- 
fére par sa taille plus grele, ses tiges courtes, lácheraent 
feuillées, simples ou peu rameuses, ses feuilles non pilifé- 
res, mais brievement mucrouées, tres inégales, de plus en 
plus grandes de la base au soraet de la tige, dressées et 
non étalées a l'huraidité, les celludes plus petites, la ner- 
vure tres déprimée et non arrondie. 

Jene counais pas les B. mendozensis Mitt. et B.fusci- 
nervis Mitt. du C^hili; mais la preraiére a des feuilles péri- 



Thériot.— FLORE bryologique du chili 295 

chétiales aacnmen large, obtus, et laseconde est comparée 
par l'auteur au B. Horrischueliana qui est fort e loigué de 
B. Cosfesü, Jo me crois done en droit de penser qne cette 
plante de Marga-Marga ne peut étre rapportér a Tune ni 
a l'autre des especes de Mitteu. 

Calyptopogon í?iA?¿o¿ífes(Schwacgr). Mitt. in Proced. of 
tlie Liun. Soc, 1879, p. 33; Barbilla innioides Scliwaegr. 
Suppl. IV, p. 310 1842. 

Cretes des Monts de «Las Piedras» Marga-Marga, 
sur Técorce des vienx arbres; stérile (F. Jaffuel). 

Hab. Equateur, Chili, Xouvelle-Zélande, Tasmanie. 

Pseudooossidium ¡Jociimeuyon Dus. Thér romb. nov.; 
Barbula pachvnera Dus., Beitrage Z. bryol, der Magellans- 
landeretc, < p. 13, t. 5, fig. 5-8 (1906). 

(Pl. XXIII, fig. 3, a-e). 

Los Perales de Marga-Marga, sur la terre, c. fr. (Cos- 
tes u. 159, sept. 191(1). 

Obs. Cette niousse n'était connue jusqn'ici qu"á létat 
stérile. L'etnde du fruit ra'a permis de inetre l'espece de 
Dusen a sa vraie [¡lace. Deja M. J. Cardot avait fait pres- 
sentir (Cf. Revista Ciiil. de Hist. Nat., 1917, p. 9) qu'elle 
appartenait plutut a la tribu des Pottiéés qn'á celle des tri- 
cJtostomées, at que peut-etre elle représenrait le type d'un 
genre nouvean. II avait devine juste. Ce genre nouveau 
[Fseiido cross'idium) aété creé en en 1915 par M. E. S. Wi- 
llains (iu Contrib. from the New- York bot, gard., n. 180, 
p. 396) pour d'autres especes, J'y rattache le Barbula pa- 
chyneura. 

II est voisin de Pseiídocrossidium cJiilenseWiW. et s'en 
distingue facilemeut par son port plus robuste, ses feuilles 
deux fois plus grandes, sa capsule plus longue, les papillas 
des feuilles plus denses et plus élevées, etc. 

II convient de remarquer que la papillosité des cellu- 
les varié suivant les régions de la feuille: ees papillessont 
parfois aussi élevées que le diaraétre des cellules. 

Je décris ci-dessous la fructiñcation: 

Dioicum? flores raasculi haud vidi. Folia pericbaetia- 
lia caulinis valde distincta, erecta, obtusa, externa minora, 
caetera, sensim majora, medio 2,5 ram. longa, 1,3 lata, 
intima convuluta, longe vaginantia, rete pellucido vel pa- 
rum chlorophylloso. haud papuloso, ñervo sub apicem 



296 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

evaDÍilo. Seta usque 20 muí. alta, gracilis, rubolla; capsu- 
la uuguste cyliudrica, anuulus dúplex, persisteus; peris- 
tomum 1-2 mm, oltum; cruribus pluribus coutortis, mem- 
brana liasilari brevi. 30(.i alta, sporae lacves, 9-12 crassae, 
calyptra baud observavi. Opórculum conicum, 1 ram. lon- 
gum. 

Tortilla atrovirens (S^Y.) Liudb. de Tortul, p. 236 
(1864); Barbula atrovireus Schp. Syn II éd, p. 194 (1876), 
var. brevi/olia Thér. Var. noi\ 

Folia brevioia, 11,2 mm. louga. 0,5 0,6 mm, lata, 
Peristomii deutes pallidi. 

Playa Ancha (Valparaíso), sur la terre, c. fr. (Amb. 
Buriel; 1915, h. Costes, u. 78 et 81). 

Hab. Espéce a aire géographiquc tres éteudue: Eu- 
rope, Asie, Afrique septentrionale et australe, Equateur, 
Nouvelle/ólande et Tasmania. 

Tortula muraUs (L.) Hedw. Fuud. 11, p. 92 (1782); 
Borbula rauralis Tim.; Bryol. eur. fase. 12-15, Mou. p. 35, 
t 159 (1842). 

Los Perales, c. fr. (Costes, n 84 pp.) 

Hab. Toute la terre; c'est proboblemeut la mousse la 
plus répandue. 

Var. aestiva Brid. 

I. Chiloe, raurs de la cathédrale d'Aucud, c. fr. (C. 
Deltor). 

Hab. Eépandue en Europe; sigualée aussi au Cau- 
case. 

Obs. La plante de Chiloé se distingue du type par 
son infloresceuce probablement dioique, par ses feuilles 
planes, a raarge moins fortement révolutée, non enroulée, 
á poil coiirt, jaunatre, a cellules plus grandes, tres char- 
gées de papilles. 

Certains auteurs ont attribué á la var. aestiva Brid. le 
rang d'espéce. 

Tortula Kunzeana (C. M.) Mitt. M. austro-am. p. 169 
(1869); Barbula Kunzeana C. M. in Linn. 1843, p. 586 et 
!Syu. I, p. 630 (1849). 

Los Perales, c. fr. (Costes n*^ 86 pp.); I. Chiloe, sur la 
terre argileuse, c. fr. (Campo u^ 14). 

Hab. Cliili austral. 

Tortula siibglacialis Thér. 



Thériot.— FLORE bryologique du chili 297 



Cordillére de «El Abanico», alt. 1600 m., c. fr. (Cos- 
tes, 24 juin 1916). 

Tortilla pseudo-robitsta Dus. in Beitr. Z. biyol. der 
Magellauslaiider, etc., 4, p 19, t. 7, fig. 7-11 (19Ó6). 

Aiituco (Portel-, ii'^ 10). 

Ilab. Patngoiiie, Chili. 

Obs. C'est la plíuite quej'ai iiommée, par erreur, T. 
2)rostya(a Mont., in Rev. Cliil. Hist. nat. 1915, p. 30. 

Tortilla papillosa Wils. mss.; Spr. in Hook. Lond. 
Jonrn. IV, p. 193 (1845); Barbula papillosa C. M. Syn. I, 
p. 598 (1849). 

Var. chilensis Thcr. nov. var. (Pl. XXY fig. 2 a-li). 

Celte plante a tant de points comrniius avec l'espece 
curopóenne dans les parties essentielles que je n'ai pas- 
eru dcvoir Ten sóparer. Eíle en difiere par les caracteres 
suivaiits: 

('aulis elatior, folia longiora et angiistoria, niinus 
spatulata, pilis longioribiis et cellulis basilaribus laxiori- 
bus, 45-60 [i Ion gis, 20 ja latis. ^ v 

Chotes des monts de «Las Piedras» (Marga-Marga), 
sur récorce des vieux quillayes, stérile. (Jaffuel, aun. 
1917). 

Hab. Le type, commuu en Europe, existe aussi dans 
TAmérique septentrionale, dans l'Equateur, dans le Paci- 
fique; en Australie, Nouvelle-Zélande et Tasmanie. 

Tortulíi atrata Thkm, sp. nov. (Pl. XXV, 1 a-j). 

Cett espéce nouvelle est certaineruent voisine de 2\ 
papillosa Wils.; comme chez celle-ci, les feuilles sont char- 
lees sur la nervure de bulbilles pluri cellulaires, général- 
ment globuleux. Elle s'en distingue par les caracteres 
suivants: 

Dioica? (fl. mase, haud observavi). Folia oblonga, 
haud spatulata, panduriformia, minus concava, e basi au- 
gusta revoluta, costa latiere, rete obscuro, cellulis minori- 
bus, diam. 12 ji, papillosis utriuque paginis. Folia peri- 
chaetialia atteiiuata, acuta, denticulata, intima duplo bre- 
viora. 

(Mes échantillons sont fértiles, m.ais les capsules sont 
trop jeunes pour en permettre l'examen). 

Los Perales de Marga-Marga (en société avec Ortlio- 
frichiim rupestre), c. fr. juin (Costes, n*^ 102 pp.). 



298 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

Toi'tulíi Costosii Thér, sp. nov. (Pl. XXIV fig. 2'^'^) 

Dioica? Corticola. Caespites sat densi, nigrescentes. 
Caulis brevis, erectus, ramosus, 3-5 mra. altus. Folia sicca 
parum coutorta, oblonga, plana, rnargiuata, marginibuH 
planis, ápice rotiindato-miicronata, 2,2 mra. longa, 0,7 
mm. lata, costa in mucrouem excurrente, dorso laevi, e 
basi 60 u, e medio 90 [i, cellulis inferioribus laxis, hyalinis, 
breviter rectangularibiis, margines versus quadratis, chlo- 
rophyllosis, sequentibus quadratis, papillosis, opacis, 
diara. 8-9 \.i, marginalibus e cellulis 6-8 ser. epapillosis, 
dilatatis, parietibus valde incrassatis. Capsula in pedicello 
rubello, 5 mm. longo, 0,25 mm. crasso, erecta peí parum 
incliuata, anguste cylindrica, 3 mm. longa (operculata), 
operculo 1 mm. longo. Annuhis simplex. Peristomiura 0,8 
ram. altum; tubo c. 1/4 longitudinis peristoraii eequante 
(0.2 -rara, alto), crucibus 1-2-tortis; spora^ heves, 12 ¡.i 
crassge. 

Los Perales de Marga-Marga, troncs d'arbres (Costes 
n° 121, ann. 1916); crétes des mouts de «Las Piedras» 
(Marga-Marga), sur Pecoree des vieux quillayes (Jaffuel, 
ann. 1917). 

Le T. Costesii appartient au groupe du T. Icevipila, 
Comrae chez cette derniére espéce, on trouve á l'aisselle 
des feuilles comales des corpúsculos foliacés papilleux. II 
est essentielleraent caractérisé par la marge foliaire tres 
large, tres apparente, composée de 6 8 series de cellu- 
les peu ou point papilleuses et diláteos dans le sens de 
l'épaisseur. 

II ressemble étonnarament au T. Icev'mervis Broth., 
méme taille, méme forme et mémesdimensious des feuilles, 
mérae tissii; mais T. Icevinervis na pas les feuilles mar- 
ginées. 

Le T. socialis Dus. du mOme groupe en est bien dis- 
tinct par ses feuilles plus longues, nettement, quoique 
étroitement, révolutées des deux cotes et dépourvues de 
marge. 

Tortula Jlagellaris. (Schp.) Thér. Comb. Xov. (Cf. 
Thériot. Xote sur une mousse du Chili, Barbula flagella- 
ris Schp., 1917); T. flaccida Broth. 

Plante assez répandue au Chili, et particuliérement 
ahondante a Los Perales. 



Thériot. — FLORE bryologique du chili 299 

TortuJa campestris Dus. iu Beitr. Z. bryol. dcr Ma- 
gellaiislünder, etc., 4, p. 25, t. 10, fig. 1-6 (1906). 

Cordillére de «El Abanico», prés de Santiago, alt. 
1600 m., vieux troncs d'arbres, c. fr. (Costes, 25 juiu 
1916). 

Espéce nouvelle pour le Cbili. 

Ilab. Patagonie, Terre-de Feíi. 

Br.acliystek'um Deltori Thér., sp. nov. (PI. XXV 
fig3, a-j). 

Autoicum, robustum. Caespites nigrescentes. Caulis 
erectus, lainosns, dense foliosus, interiore denudatns. Fo- 
lia sicca crispata, madida erecto patula, iutegerrima, e basi 
late ovata, in cnspidem longara angustam contracta, con- 
cava, e basi plicata, in parte inferiere revolnta, in acnmi- 
ne valde canalicnlata, costa percurrente, rete obscuro e 
cellulis 2 3 stratosis, marginalibus iucrassatis c cellulis 
3 4 stratosis, cellulis basilaribus byaliuis rectangularibus, 
coeteris quadrato-rotundatis, parietibus incrassatis, laevi- 
bus, diam. 10 [i. Capsula in pedicello flexuoso, sicca saepe 
arcuato, 2-3 aggregatis, 3-4 nim. longo, oblonga, opercu- 
lura conico-rostratum 2/3 capsulara aequante. Peristo- 
mium dentis profunde fissis, calyptra laevis. Caetera 
desiderantur. 

Conceptiou, sur les rochers (?) (Deltor, aun. 1918). 

Rappelle assez bien B. suhaffine C. M. mss. du Bré- 
sil; mais celui-ci a les feuilles netteraent etalées-squar- 
reuses á l'humidité, peu plissées a la base, et plus forte- 
ment révolutées-enroulées aux bords. 

B. ferandezianum (Mitt), de Tile Juan Fernández, 
que je ne connais pas, est peut-etre voisin de B. Beliori, 
mais a cause de ses pédicelles qui mesurent «3 liu». (plus 
de 6 rara.), il ne peut Otre confondu avec lui. 

Grimmia consohrina. Kze. 

Cordillére de «El Abanico >/, extremité de la quebra- 
da, sur une roche couverte de neige pendant plusieurs 
mois, stérile (Costes N.° 54). 

Obs. Ditíére du t37pe par ses touffes de couleur plus 
foucée, le tissu foliaire plus opaque. Je pense que ees 
variations sont dues au milieu. 



300 KEVISTA CHILENA DE HISTORIA NATUIJAL 

Rhacomitrium lanuginosum. (Ehih., Hedw.) Brid. 

I. Chiloé, au pied des Fitzioya patiigonica; stérile 
(R. Espinosa, janv. 1913). 

Hab. Espéce comraune en Eiirope et qu'on rencoutre 
sur différents points en Asie, en Afriqne, dansl'Amériqíie 
septentrionale, dans l'Araérique raéridionale et aussi dans 
le Paeiñque (Australie). 

Diplostichum Poeppigii (C. M.) Oard. comb. nov. 

Angol et Eio Quino (Campo N.° 2 et 25), stérile. 

Hab. Cliili, Patagonie. 

Amphidiuní cyatMcarpiim (Mont.) Jaeg. 
Los Perales, c. fr. (Costes N.» lOU pp.). 

Zygodon Jaffueli Théií. sp. nov. (PI. XXVII, fig. 
1 a-i). 

Dioicus, gracilis. C-aespites parum densi, intense 
viridi. Caulis parum tomentosus, laxe foliosus, 3-G rara, 
altus, iu axillis foliorura propagula gerens, ramis nume- 
rosis, brevibus, arcuatis. Folia inaequalia, sicca erecta, 
parum torta, e basi contracta, concava, iu acumine carina- 
ta, raarginibus planis integerrirais, ápice variabilis, inte- 
gris vel dentatis, 1 rara, longa, 0,2 mm. lata, costa sub 
apicera evanescente, dorso papilloso, reto obscuro, cellulis 
quadratis vel rotundato liexagonis, dense papillosis, pa- 
rietibus incrassatis, diara. 10 12 \i, inferioribus linearibus 
vel rectangularibus, laevibus, hyalinis vel parum chlopliy- 
llosis. Flores feminei axillaris, uumorosis. Pedicellus 
erectus, 5 rara, altus, capsula generi, peristomü dentes 8 
bigeminatis, ciliis angustis 8 aequilongis. Sporae tenuiter 
papillosae, 12-18 ^i erassae. 

Los Perales de Marga-Marga, sur troncs de Bellota, c. 
fr, (Costes, anu. 1915 et 191G); monts de Las Piedras 
(Jaffuel, anu. 1917). 

Notre espéce appartient au groupe des Z. Jasciculatiis 
Mitt., Z. ochraceus C. M., Z. pijgmaem C. M. 

Z. /rt.S'C?c«írt^?íS de TEquateur s'en distingue par ses 
raraeaux dressés, non arques, son pédicelle plus (long 8 
rara.). Z. pi/(/maeus de l'Argentine par ses feuilles dressées 
et étalées á l'humidité. Quant au Z. ochraceus de l'Argen- 



Thériot.— FLORE bryologique du chili 301 



tine düiit la description indique l'rtroite párente avec uo- 
tre plante, sa ueivure foliaire est excurrente. 

Obs. Le gonre Zijgodon comprend plus de 100 es- 
pécos décrites; c'est en Amérique qu'il est le plus large- 
ment representé: on y compte en effet an moins 64 especes 
dont 61 endémiques. Au Chili, ou ne sígnale jusqu'ici 
que 8 especes: Z. intermed'ms Br. eur., Z. papiUosus Mont., 
Z. uncinatus Mitt., Z. denticuJatus l'ayl., Z. Krausei Lor., 
Z. corralensis Lor., Z. Menziesii Schw., Z. Jaffueli Thér. 

PeiitastichellaJaffiíeli Thék, sp. iiov. (Pl. XXVII 

fig. 2 a-h). 

Créte des Monts de «Las Piedras) (Marga-Marga), 
sur Tccorce des vieux quillayes (Jaffuel, févr. 1917), 
stórile. 

Tres proche de F. pentasticha QJloni). S'eu distingue 
par les caracteres suivants: 

Folia longe aeumiuata, rete minus obscuro, cellulis 
majoribus (8 lO^i), parietibus minus incrassatis. 

C'es caracteres ne sont pas tres importants, mais il 
faut y ajouter que les fenilles á sec n'accusent pas comrae 
chez l'espéce voisine leur disposition pentastique, si bien 
qu'a l'tril nu, les deiix plantes ne peuvcnt etre coufon- 
dues. Les écliantillons que j'ai re^us sont malheureuse- 
luen stériles; peutetre la fructification ajoutcra-t-elle 
d'autres différences á celles que j'ai recounues. 

Les P. áurea Dus. dePatagonie et F. rohustula Broth. 
du Chili, s'óloignent devantage de notre espece, le second 
par son port tres especial, le premier par ses feuilles 
dressées ótalées a l'huraidité et la couleur jauuatre de ses 
touffes. 

Orthotrichum rupestre Sclileich.; Br. eur fase. 2 3 
(vol. Ill), Mon. p. 19, t. 219 (1837). 

Quebrada «Ramón , (Costes n^ 99 et 102 pp.) 

Hab. Espece assez répandue en Europe; connue aussi 
en Asie, en Afrique. dans 1' Amérique septeutrionale et en 
Patagonie. Elle est nouvelle pour le Chili. 

Obs. Mes échautillons offrent quelques différences 
avec le type; la capsule est ovale ou subglobuleuse, pas- 
sant brusquement au pédicelle, le péristome est dépourvu 
de cils, la coiffe porte des poils rares. Etaut donnée la 



302 REVISTA CHILENA DB HISTORIA NATURAL 

variabilité de 1' O. rupestre, ees caracteres ne m'ont pas 
paru suffisants pour en séparer la plante du Chili. 

Orthoti'ichnm (GAninoporiis) bicolor Thér, sp. nov. 
(Pl. XXVIfig. laj).; 

Autoicnm. Caespites panim coinpacti, inferné nigres- 
centes superno laete-virides. Caulis erectus, ramosus, 6-10 
mm. altus. Folia sicca laxe appressa, luadida erccto-patula, 
oblougo-lanceolata, longe aeurainata, acuta, cóncava, raar- 
ginibus revolutis, integris vel apicem versus sinuosis, costa 
sub apicem evanido, raarginem versus subquadratis, cellu- 
lis inferioribus linearibus laevibus, sublyalinis, chloro- 
phyllosis, caeteris quadrato-rotundatis, chlorophyllosis, 
minute papillosis, parietibus incrassatis. Pedicellus graci- 
lis. flexuosus, pallidis, 3 ram. altus. Capsula exserta, pa- 
luda, laevis, oblongo-cylindrica, storaatibus eraersis, fasci- 
is indistinctis. Peristomium dúplex, externum dentibus 
8-bigeminatis, papillosis, internum ciliis 8-latis, pallide, 
tenuiter papillosis, aequilongis. Sporae papillosae, 18-20 fx, 
crassae. C'alyptra pilosa. 

Sa capsule parfaiteraent lisse, dout le péricarpe pré- 
sente nn tissu uniforme sans bandes colorees, distingue 
notre espece des O. pariatum Mitt de Bolivis, O. crenato- 
erosum C. M. de la Terre-de-Feu, O. Lorentzi O. M. de 
l'Argentine, O. eJegantulum Schp. de Patagonie, prés des 
quelles elle se place et qui ont toutes une capsule plus ou 
moins sillonnée a sec aprés la sporose. 

Cretes des monts de «Las Piedras > (Marga-Marga), 
sur Técorce des vieux quillayes (Jaífuel, févr. 1917). 

Ortliotriclium (Calyptoporus) assimile C. M. Syn. I, 
p. 704(1849), Mitt. M. austr. am. p. 185 (1869). (Pl. 
XXYI, fig. 2 a-j). 

Cretes des monts de Las Piedras (Marga Marga), sur 
les écorces, c. fr. (Jaffuel, févr. 1917). 

Je ne counais pas 1' O. assimile C. M. et la descrip- 
tion de cette espéce est si courte, si incúmplete, que je 
n'y rapporte qu'avec doute les échantillous de Las Pie- 
dras. C'est pourquoi je donne les dessins de cette plante. 

Macromitrium paraplujsatum Mitt. M. austr. am. p. 
198 (1869). 



Thériot.— FLORE bryologique üu chili 303 

Var. chilense Thér. nov. var. 

Différe du type de Quito (Spniee n" 107) par les ca- 
racteres suivants: 

Tiges plus deusément rameuses, ranieauxplus courts. 
feuilles k uervure plus étroite, cellules inoins forteraent 
mamilleuses, pédicelle plus court (2á 4 rara.), coiífe moins 
denséineut poiluo, capsule muuie á l'orifice d'une courte 
membrane blanchátre, papilleuse. 

Hab. Le type est indiqué dans l'Equateur et a Tile 
Chiloé. 

Macronútrium x>ertriste O. M. in Hedw, 1898, p. 149. 

I. Chiloé, enviroiis d'Ancud, sur écorces d'arbris- 
seaux; stérile (Campo, janv. 1918). 

Hab. Chili. 

Obs. Je De suis pas tres sur de cette déterraination. 
Je ne counais pas le type; mais la description convient 
assez bien a la plante d'Ancud. 

Elle ne peut otre rapportée d'ailleurs aux autres es- 
péces de la section Gcmiostoma, gr. D. (Brotherus), M. te- 
nax C. M., 31. Harioti Besch., M. Saddleanum Besch., M. 
bifasciculatwn C. M., a cause de sa taille grele, de ses 
raraeaux courts, hicheraerit feuilles. M. longirostre {Yíoók) 
en est aussi fort difterent par ses feuilles plus grandes, 
par le tissu composé dans le haut de cellules plus petites 
et a la base de cellules en majorité carrees, a parois tres 
poreuses, peu épaissies. 

Fuñaría (Euenthostodon) Costesii Thék., sp. nov. 
(Pl. XXVII, fig. S'^-^'). 

Caulis gracilis, simplex, 2 3 mm. altus, inferiere sub- 
denudatus. Folia remota, comalia rosulata, oblongospatu- 
lata, acuta vel apiculata, immarginata, e medio obtuso 
dentata, marginibus planis, basin versus interdum subre- 
volutis, costa teuui ante apicem evanido, e basi 30 fi, rete 
laxissimo, cellulis parce chlorophyllosis, elongáte hexago- 
nis, 60-80 \i longis, 30-85 ¡j, latis, basilaribus rectangulari- 
bus, ómnibus parietibus tenuibus. Pedicellus flexuosus, 
gracilis, 5 mm. altus; capsula sicca suberecta, madida 
horizontalis, pyriformis, longicoUa, opérenlo plano; peris- 
tomium simplex, dentibus brevibus inaequalibus. Sporae 
verrucosae, 21-24 ^i crassae. Caetera ignota. 



304 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

Espéce tres proche de F. curviseta Milde d'Europe; 
elle s'en distiugiie par son pédicelle plus loiig, sa capsule 
pourvue d'un péristome externe, moins pendante, presque 
drcssée á sec. 

Los Perales, Quebrada «Los Canelos», sur les talus 
et aux bords des chemins, (Costes N.^ L52); Playa Ancha, 
(Arabroise-Breuils). 

Funaria hijgrometrica (L.) Sibth. 

f. hulhiWfera. 

Angol, sur la terre humide, c. fr., (Campo, sept. 1917, 
N.o 16). 

Obs. Ces échantillons offront a l'aisselle des feuilles 
des bulbilles. Le fait, assez fréquent chez certaines espé- 
ces, ost plutut rare, je crois, chez F. hijgrometrica. 

Costesta spongiosa Thér. 

Je sígnale une nouvelle localitó de cette curieuse po- 
tito plante: collines de Playa Ancha (Valparaíso), leg. 
Jafí'uel, juillet 1915. 

Obs. M. N. Costes ra'ayant en voy ó des échantillons 
plus abondants récoltés a Marga-Marga, j'ai pu faire de la 
capsule un meilleur examen. J ai noté ce qui suit: 

Le sac sporifére est beaucoup plus petit que Tenve- 
loppe capsulaire a laquelle il est rattaché par de minees 
cloisons; une columelle épaisse atteint á peu prés le som- 
met du sac sporifére. 

Cette structure rappellc celle du genre Voitia; mais 
si par la notre genre s'en rapproche, il s'en éloigne par 
d'autres caracteres importants: capsule dehiscente, opér- 
enle plan. 

II n'en est pas moins vrai qu'en raison déla structure 
de sa capsule, le g. Costesia oscille entre la famillo des 
Splachnacées et celle des Funariacées. 

M. Brotherus, á qui j'ai demandé le Pottia macrocar- 
pa Schp. pour le comparer au Costesia spongiosa, m'écrit 
(13. 4. 1917): xje ne posséde pas le Pottiá macrocarpa, 
mais il est tres probable qu'il appartient a votre Costesia 
dont les stomates indiquent une affinité avec le genre 
Physcomitrimn » . 



REV. CH. HIST. NAT., Año XXV (1921) 



Lám. XXIII 




.20, 



REV. CH. HIST. NAT., Año XXV (192 



Lám. XXIV 




REV. CH. HIST. NAT.. Año XXV (1921) 



Lám. XXV 




REV. CH. HIST. NAT., Año XXV (1921) 



Lám. XXVI 







i^EV. CH. HIST. NAT,, Ario XXV (1921) 



Lám. XXVII 




^^ ■,,. 



310 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



EXPLICATIOX DES PLANCHES 

Planche XXIII 

\.~Pleiiridiuiii Costesii Thér. 

a) plante entiere )< 15. 

b, c. d) fenilles caulinaires x 22. 

e) feuille cómale x 22. 

g) somniet dune feuille caulinaire x 120. 

h) cellules moyennes x 170. 

/) tissii basilaire de la feuille x 170. 

k) coiffe X 15. 

2. — Fissidens Costesii Thér. 
a j plante entiere X 15. 

b) feuille x 40. 

c) sommet d'une feuille x 260. 

d) bord de la lame vraie x 260. 

e) partie inférieure de la lame dorsale x 260. 

3. — Pseudocrossidiuui pacliifiieuron (Dus.) Thér. 

a) feuille périchétiale externe x 22. 

b) do intime x 22. 

c) capsule humide x 15. 

d) capsule seche x 15. 

e) anneau x 260. 

Planche XXIV 

1. — Barbilla Costesii Thér. 

«, a) feuilles caulinaires x 22. 

b) acumen d'une feuille X 120. 

c) cellules moyennes x 260. 

d) tissu basilaire x 170. 

e, e) coupes transversales d'une feuille x -lO. 

f) coupe de la nervure x 260. 
g, h) feuilles périchétiales x 22. 

i) capsule séche avec coiffe x 15. 
j) capsule humide x 15. 
k) péristome x 40. 
1) fragment du péristome et anneau x 120. 

'ii.— Tortilla Costesii Thér. 

a) feuille caulinaire x 22. 

b) acumen d'une feuille x 120. 

c) coupe transversale d'une feuille X 40. 
d\ bord de la méme X 260. 

c\ cellules marginales et moyennes X 260. 
/') tissu basilaire x 120. 

g) corpuscule foliacé x 40. 



Thériot.— CONTRIBUTION A LA FLOKE 



:}ii 



//| le ni orne X lt20. 
/) capsule X 15. 
j) péristouie x 40. 
/.) alinean x 120. 



Plancho XXV 



1. — Tortilla (ifrata Tliér. 
(i, a) feuilles X 15. 

b) sommet d'nne fenille X 40. 

c) soniniet d'nne feuille vue de dos x 120. 

d) celliiles marginales et moyennes X 26(3. 

e) tissu basilaire d'nne feuille X 120. 

/') f, coiipes transversales d'une feuille x 40 

//) cellules supérieures, coupe transversale x 260 

//) cellules moyennes. do x 260 

/) foupe de la nervui-e dans le haut de la feuille x 120. 

j) corpúsculos foliares X 120 



Tortilla papillosa Wils. var. clüiciisis Tliér. 

a, a) feuilles x 22. 

b) sommet d'une feuille vue de dos X 120. 

d) cellules moyennes x 260. 

e) tissu basilaire x 170. 

/) coupe transversale d'une feuille x 40. 
g) cellules moyennes, coupe transversale x 
h) corpuscules foliaires x 170. 



260. 



'¿.— B/rtc¡ii/ste¡niiii Deltori Tliér. 

a) feuille X 15. 

b) cellules supérieures x 260. 
(') cellules moyennes X 260. 
d) tissu basilaire x 120. 

c) coupe transversale d'une feuille a la base X 40. 
coupe transversale d'une fenille dans I acumen x 40. 
bord de cette coupe x 260. 
capsule X 15. 
vaginnle x 15. 
fragment du péristome X 120 



Planclie XXVI 



1. — OrthotricJiíiin bicolor Thér. 

a) feuille X 22. 

b) sommet d'une feuille X 120. 
r) cellules supérieures X 260. 

d) cellules inférieures marginales X 260. 
(') cell. inf. prés de la nervure X 260. 
/) coupe transversale d'une feuille X 120. 
fl) fragment de la méme X 260. 
h) capsule humide x 15. 
/) stomate de la paroi capsiilaire X 120. 
j) péristome, fragment X 120. 



312 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



2. — Ortholvichnm assimile C. M. 
a) a, feuilles x 22. 
h) somniet d'une feuille X 120. 
r) celliiles supéi-ieures x 260. 
(l\ cellules inférieures X 260. 
/) fragmeni de la meine x 260. 
g\ capsule huniide x 15. 
Á) tissu de la paroi capsiilaire x 120. 
/) stomate x 260. 
./I péristome, fragment x 120. 

Planche XXVII 

1, — Zijgodoii Jaffiíeli Thér. 
rt, «, a) feuilles x 40. 
/>, b) sommets de feuilles x 120. 
c\ do X 260. 

d\ cellules marginales et moyennes x 260. 
,"| cellules basilaires x 260. 
/) coupe transversale d'une feuille x 120. 
g) corpuscule foliaire x 2(j0. 
h) péristome, fragment x 120. 
/') tissu de la paroi capsulaire X 120. 

2.—PeHtasticJiella Jaffiíeli Thér. 

a) feuille x 22. 

b) sommet d'une feuille x 260. 

c\ cellules marginales supérieures x 260. 

d) cellules movennes x 260. 

e) cellules basilaires X 260. 

/, f) coupes d'une feuille x 40. 

g) fragment d'une coupe de la feuille x 260. 

li\ section transversale d'une tige X 40. 

3. — Fiinaria Costes^^i Thér. 

a) plante entiere, grandeur naturelle, humide. 

b) do do. , séehe. 
<•, c. c) feuilles x 15. 

d) sommet d'une feuille x 120. 

f) cellules marginales et movennes x 120. 

/) cellules basilaires prés de la nervure X 120. 

g) capsule x 15. 

li) péristome x 120. 



Puga B.— EL CHUÑO de ligtu 313 



EL CHUÑO DI LIGTU 

POR KL 

Dr. Federico PU6A BORNE 

Ex-profesor de Higiene y Medicina Legal en la Rscuela de Medicina da Santiago. Presi 
dente ce la Société Scientifique du Chili. 



Vuelvo de nuevo a llamar la atención de los hombres 
de ciencia y de los industriales, de los médicos 3' los far- 
macéuticos sobre un producto natural del suelo de Chile, 
alimenticio y medicamentoso que debiera ser conocido 
universalmente y que debiera ser aprovechado en mucha 
mayor proporción de lo que lo es actualmente. 

La fécula de Ligtu fué materia de una comunicación 
del infrascrito hecha en 1892 a la Société Scientiiíque du 
ChiJi y que más adelante reproduzco integramente. Daré 
a conocer así mismo enseguida todas las noticias que sobre 
este producto he encontrado. 

A fin de abreviar, evitando repeticiones, comenzaré 
por copiar la relación de mi propia comunicación: 

Puga Borne (Federico). — Sobre Alstroemeria ¡igtu. 

En liis Adeíi de la Société Scientifique du ChiJi, tomo 
II (1892) p. LYI. 

«El doctor Puga Borne, a propósito de una carta del 
señor Laumonier, de Yernoil, leída en la última sesión y 
en que manifiesta el deseo de obtener semillas, raíces no- 
ticias de las especies chilenas de la familia de las Amari- 
llidece llama la atención sobre una de las mismas especies 
que desea el señor Laumonier, y de la cual seguramente 
no se conoce enFrancia la utilización que reciberi en Chile. 
Es la Alstroemeria lir/tii, yerba de cuyas raíces gruesas y 
fasciculadas se extrae en el sur de Chile una fécula muy 
preciada, el chuño, el chuño de ligtu, chuño de Concepción. 
Es éste un polvo finísimo, de color perfectamente blanco, 
que al comprimirlo produce un crujido característico, y 



314 KEVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

(|ue, colocado bajo el microscopio, como él lo ha hecho 
notar por primera vez, presenta también un aspecto per- 
fectamente característico, qne permite distinguirlo fácil y 
seguramente de cualquier otra fécula con que se le adul- 
tere: se presenta en pequeños granos, de tam.auo casi 
idéndico entre sí, de forma un poco aovada y muv bri- 
llantes. 

«Para usarlo se deslíe en una pequeiía cantidad de 
agua fría, se endulza con azúcar, tostada generalmente, y 
en seguida se agrega agua caliente poco a poco y agitando 
sin cesar. Esta fécula es preferida y con razón, en Chile, 
a todas las otras del comercio: es el lujo de los enfermos y 
de los niños. Tiene la gran ventaja de dar con el agua 
hirviente una jalea traslúcida, privada en absoluto de olor 
y provista de un sabor suave y agradable. 

«Esta planta crece en los terrenos sueltos, arena y 
trumao, sobre todo en la vecindad de la costa. 

< El orador no duda de que habría una gran conve- 
niencia en ensayar el cultivo de esta planta en condicio- 
nes que permitan aprovecharla con abundancia ¡ior la me- 
dicina y la alimentación ordinaria.» 

Para extraerla trituran los tubérculos 3^ los lavan con 
agua tibia a fin de privarles de un principio amargoso; los 
dejan en contacto con una gran masa de agua fría y final- 
mente los pasan por un cedazo o un colador que separa 
los granos de fécula. 

Debo insistir en que el principal mérito de esta 
fécula es su extremada facilidad de digestión. La prepara- 
ción que acabo de describir parece que no ocupa el estó- 
mago ni un momento y que es absorvida también instan- 
táneamente por las paredes intestinales. Parece, en efecto, 
que la cocción convierte esta fécula en un producto que 
no necesita para ser absorvido modificación alguna por 
los fermentos y los líquidos digestivos. 

Los mucílagos producidos por las féculas como el 
«salep» parecen ser debidos a la transformación de la ma- 
teria amilácea en una variedad de dextrina, capaz de hin- 
charse en el agua (Schmith). 

También reciben el nombre de jaleas vegetales las 
que se fabrican con sustancias que tienen por base el al- 



Puga B. — EL CHUÑO dk lkíti: 



315 



midón, o la pectina o la jelosa, después de hervidas y en- 
dulzadas con azúcar. 

El profesor Augusto C. Scala, de la Universidad de 
La Plata, me ha proporcionado, por intermedio de nuestro 
común amigo el profesor Porter, la siguiente diagnosis 
microscópica del almidón de liuto, acompañado de un di- 
bujo. 

«Granos de alraidón compuestos. Soldarlos en ¿ii-upos de 3 a 16 
irranos simples de contornos redondeados, resultando formas bizarras 
vaaiadísimas. 

Hilios poco visibles o nulos, más marcados en los granos ovoideos 
o esféricos. 

Polarización confusa, mauifestándose la cruz de polarización espe- 
cialmente en los granos esféricos. 

Reacción del agua de Yodo positiva azul-violeta obscuro. 

Tamaños variables: 

50 mmm por 87 mmm 
35 .. .. 25 .. 
32 .. „ 17 .. 
29 „ .. 23 .. 
' 45 .. ., 8 .. 

El almidón se halla además acompañado con cristales aciculares 
de Oxalato calcico». 




Vig. 32. — Gramos de almidón de liuto. (Dibujado a 
la aámara clara por el Prof. A. C. Scala. de 
La Plata). 



3l() REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATl'RAL 

Mientras estaba yo eu Francia, el chuño de ligtu na- 
turalmente no faltaba nunca en mi casa. 

Tuve conocimiento de que existía en Xanterre un 
gran establecimiento dedicado a la fabricación de produits 
de rér/ime, es decir productos alimenticios destinados a 
las personas sometidas a régimen. Esta es la casa Heude- 
bert. La variedad de sus artículos alimenticios, la base ri- 
gorosamente científica con que son elaborados le ha pro- 
porcionado una gran reputación en todo el mundo. 

Me trasladé al establecimiento llevando muestras de 
nuestra preciosa fécula indígena e hice entrega de ella con 
un memorándum explicativo. J)eseaba que sometida al 
estudio necesario, aquella gran empresa la adoptara y así 
pudiera o establecerse la exportación del producto desde 
nuestro país o implantarse el cultivo de la planta eu Europa. 

Pocos días después recibí una carta en que se me 
avisaba que el químico en jefe de la fábrica estaba en el 
frente inspeccionando las farmacias del ejército y que solo 
a su regreso podría ocuparse de las muestras de chuno. 
Y no he sabido más. 

La comprobación hecha por el Prof. Scala de cristales 
de oxalato de cal que acompañan la fécula del Ligtu me- 
rece provocar de parte de nuestros químicos análisis cuan- 
titativos de este elemento tan curioso que existe en varias 
sustancias alimenticias: el tomate, la romaza, el vinagrillo, 
etc. que se usa eu pequeñísimas dosis en ciertos medica- 
mentos como el oxalato de fierro y oxalato de cerio y que 
no obstante es en alta dosis un tóxico violento. El ácido 
oxálico es también producto anormal de la desintegración 
orgánica eu el hombre y puede ser el elemento constitu- 
tivo de las arenas y cálculos renales y vesicales. 

Hecha esta salvedad nosotros insistimos en la gran 
importancia de los caracteres siguientes de la fécula que 
nos ocupa: 

\.^ La ventaja de cocerse perfectamente y de formar 
un mucílago bien trasparente con solo la agregación del 
agua hirviente sin necesidad de que se le ponga al fuego- 

2.'' El sabor agradable, delicioso de este mucílago 
que no tiene comparación con el que proporciona ninguna 
otra fécula y 

3.° Finalmente la digestibilidad extrema de este ali- 



REV. CH. HIST. NAT.. Año XXV (1921) 



Lám. XXVIII 




Alstroemeria lisitii 
Planta entera, reducida de tamaño 



318 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

mentó que puede ser aprovechado por estómagos incapaces 
de digerir cualquier otra sustancia. 

Reproduzco a continuación todas las noticias que he 
encontrado publicadas sobre la planta y el producto do 
que estamos tratando: 

Philippi (Rodulfo Amando). Elementos de Botá- 
nica paya el uso de estudiantes de Medicina y Farmacia en 
Chile.— ISGd.—Paff. 411, dice: 

Alstroemetria L. -Tallo derecho; perigonio en forma 
de embudo, algo irregular, las hojuelas petalinas más an- 
gostas más pintadas. Género particular a C-hile y al Perú, 
con muchas especies que es difícil distinguir. \) A. peregrina 
L., con el perigonio color de rosa, sus hojuelas trasaova- 
das, de las Provincias de Valparaíso, Aconcagua; se culti- 
va desde muchísimo tiempo en Europa. 2) A. ligtu L., el 
liuto; ñores umbeladas, de color de rosa, con las hojuelas 
del perigonio oblongas lanceoladas; de las Provincias Cen- 
trales y sobre todo de Concepción. De sus tubérculos se 
prepara el chuño de Concepción. 

Reichp: (Carlos). — Los productos vegetales indígenas 
de Chile. — En el Boletín de la Sociedad de Fomento Fa- 
bril, año XVIII N.o 8 Agosto de 1901. 

De raíces feculentas se citan solamente las de Alstroe- 
meria ligtu Linné las que proporcionan el Liuto. Dichas 
raíces son fasciculadas, gruesas, cilindricas, atenuadas en 
ambos extremos; la epidermis amarillenta y el interior 
blanco y lleno de fécula. Los granitos de ella son de tama- 
ño desigual y se parecen en eso a una cantidad de papas 
en miniatura, entre las que también hay grandes y peque- 
ñas, también respecto a su forma irregularmente elíptica o 
globosa se les asemejan; el máximum de su largo fué 
69,3 micromilí metros, el mínimum 19,25 micromilímetros. 
Sus capas concéntricas son poco marcadas; del centro or- 
gánico de muchos granos por la desecación se desprenden 
hendiduras a manera de estrellas irregulares cuyos rayos 
no alcanzan a la periferia. Los granos más grandes son 
elípticos, los chicos y muy chicos son orbiculares. El Liuto 
se halla en la zona litoral de las provincias centrales. 

Gay. — Historia Física y Política de Chile: Botánica, 
tomo 6 pág. 82. 



Puga B.— EL CHINO de ligtu 319 



Las Alstroemerias conocidas en el país con el nombro 
de Peregrinas, son plantas muy hermosas y bastante co- 
munes en todas las regiones de Chile al Sur, al Norte y 
aún en lo más alto de las cordilleras. Desde 1823 se culti- 
van numerosas especies en los jardines de Europa y las 
variedades se van multiplicando de tal modo que de aquí 
a pocos anos muy difícil será averiguar la ascendencia le- 
gítima de cada una. Ya se sabe cuan incierta es la deter- 
minación de muchas especies por haber sido creadas v 
descritas con individuos cultivados o en muy mal estado 
de conservación, así es que sólo con plantas vivas y cogi- 
das en su localidad se puede desembrollar este enredo, lo 
que pide hace tiempo la ciencia y lo que encargamos con 
instancia a los botánicos chilenos. 

A Isfroemeria ligtu. 

A. caule glabro, erecto; Jolihus lanceolato Unealilms, 
striatis spiraliter contortis: florihus purpureo ruhris, um 
hellatis; petalis sub coíiformibus. 

A. Ligtu Linn. Eocon Kunth. A. Ligtu Euiz y Pa- 
vón. Hemerocallis etc. Ligtu Feuillée. A. Feuillaeana 
Meyer in Reliq. Haenk. 

Planta enteramente glabra, verde o muy poco glauca. 
Raíz fasciculada, filiforme con tubérculos oblongo cilin- 
dricos, hialinos, muy tiernos subdulces al gusto. El tallo 
es recto y sencillo, cilindrico, de un pié de alto y talvez 
más, verde en la parte superior; la inferior es blanquisca, 
va disminuyendo de grosor y es desprovista de hojas. 
Estas son sésiles, lineales lanceoladas, subagudas, contor- 
neadas en espiral, estriadas, de dos pulgadas más o menos 
de largo y ti'es líneas de ancho, de un verde gai, las infe- 
riores más cortas que las del medio y por lo común esca- 
riosas en la base, umbela de dos a diez rayos; uni o rara 
vez bi floras acompañadas de un involucro con las hojue- 
las conformes a las hojas, algo más angostas, ya del largo, 
ya más cortas que el pedúnculo, no alcanzando a veces 
las bracteas. Las flores de pulgada y media de largo y 
de un rojo purpúreo, tienen sus divisiones cuneiformes 
lanceoladas acuminadas, con las tres inferiores más angos- 
tas, de las cuales las dos superiores están jaspeadas de 
varias manchas a modo de puntos. Cápsula hexágona, pá- 



320 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

lida, del grueso de iiua pequeña avellana y semillas glo- 
bosas amarillentas. 

Esta parece ser la planta que dá el verdadero chuño, 
fécula que se estrae de los tubérculos de las raíces y del 
mismo modo como se saca la fécula de las papas. En Chile 
se usa con frecuencia sobretodo para los enfermos y para 
las personas de estomago delicado. Se cria principalmente 
en las provincias de Cauquenes y Concepción». 

La obra de Gay describe 15 especies de Alstroemeria. 

Por ñn,el Dk. Adolfo Mukillo en su obra (^Plantes 
Medicinales du Chili», 1889, en la pág. 215, después de dar 
una breve descripción de la planta, dice: < Crece principal- 
mente en las provincias de Concepción y Maule, y algunos 
le dan el nombre de Amacai. 

Se extrae de sus raíces un fécula muy apreciada, que 
se vende mucho y que seconocecon el nombre de <.Chuuo 
de Concepción». 

La extracción se efectúa en la misma forma que para 
la fécula de la patata. 

Examinada al microscopio difiere esta fécula en su 
forma, de la de la patata. Se la considera más alimenticia, 
y es una de las sustancias más preciosas que poseemos 
para suministrarlas a los convalecientes y a los que sufren 
inflamaciones del tubo digestivo. 

Como las otras féculas, se le emplea con éxito en las 
erisipelas simples, en los eritemas e irritaciones cutáneas». 



Espinosa B.— subkh el oknkuo fumes 321 

SOBRE m ESPECIES CHILENAS DEL GÉNERO F0ME5 

IMtU EL 

Prof. narcial R. ESPINOSA BUSTOS 

Encargado de la Sección Criptogámica del Museo Nacional de Historia Natural i^Chile) 



Eu el presente trabajo, dedicado como uü homenaje 
a las bodas de plata» de la Revista Chilena de Historia 
Xatural, se estudiau tres especies de hongos, dos de las 
cuales {Fomes appJanatus f. leucophaeus y Fumes senex) 
fueron identificadas por Mr. C. G. Lloyd, de Cincin- 
nati, O. 

Para los dibujos, que ilustran este estudio, nos 
hemos ayudado con la cámara clara. Los colores que se 
mencionan en las descripciones se refieren a la Cromo- 
taxia de Saccardo. Alüfiinas fotosrrafías oris-inales contri- 

O O O 

buyen a facilitar el conocimiento de estos hongos. 

Creemos de interés, para los estudiosos de este país, 
dar los caracteres que se asignan al género y al fin del 
trabajo indicar las medidas contra el parasitismo de sus 
especies, su colocación sistemática y los demás represen- 
tantes que son citados de Chile. 

FOMES (1) (FlilES) GiLLET. 
Chami). Fr. (1874). Frk'.s. Xov. Syiiib. Myc. (1851). 

Poliporáceas perennes, parásitas o saprofitas sobre 
troncos, con sombrero o himenóforo comunmente provisto 
de una corteza rígida, por lo general sésil, duro y leñoso, 
el cual forma una estrata de tubos cada año, cuyas líneas 
de separación se pueden ver en sección; en la parte supe- 



(1) Xombre latino do la yesca. 

1{E\. i:ll. IIIST. NAT. IÍI21). (21) 



822 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

i'ior del sombrero se manifiesta el contorno de esas capas 
anuales de crecimiento por porciones concéntricas, más o 
menos salientes; carne o contexto yescoso, suberoso o le- 
ñoso y de varios colores, los poros o bocas de los tubos 
himeniales son circulares o angulares y las esporas pueden 
ser hialinas o coloreadas. 

Foiiies applanatiis (Pers). Gill. f. leucophaeus (2) 

(Mont) C. Ít. Lloyd, Synopsis of the Genus Fomes p. 
254 (1915). 

Sinónimos: Foluporus leucophaeus Mont. en Syll. gen. 
spec. Gryptog. p. 157 (1S5G). Fomes leucophaeus (Mont.) 
Gooke, en Grevillea XIV p. 18 (1885). Sacc, en Syll. Fuug. 
VI p. 173. Ganoderma leucophaeum (Mont.) Pat., en 13ull. 
Soc. Myc. France p. 73 (1889). Scindalma leucophaeum 
(Mont.)' O. K., enEevis. Gen. Pl. Pars III, p. 518 (1893). 

Además, según Mr. Lloyd, hay que agregar los si- 
guientes: 

Fomes inoassat US (]5erk.) Oooke, F'omes Stevenü Lé- 
veillé, Fomes concentr'icus (Cooke) y Folt/porus megaloma 
Léveillé. 

Nombres vulgares: libro del monte,' hipecoy, oreja de 
palo. 

Este eumicete ceniciento es de sombrero semiorbicu- 
lar, aplanado o unguliforme, también puede presen- 
tar la forma de lengua o de riñon; solitario o grega- 
rio, a veces imbricado, muy duro, sésil, pegado por una 
ancha base a los troncos, en raros casos se presenta angos- 
to hacia su prendimiento, puede alcanzar 75 era. de ancho, 
42 cm. de longitud y 20 cm. de espesor en su base. Hay 
individuos que se muestran casi orbiculares y muchas ve- 
ces parecidos a una torta. 

La superficie superior, llamada también costra o cor- 
teza, es más frecuentemente convexa, a veces plana, sin 
brillo, muy dura, quebradiza, se agrieta desde muy joven, 
puede alcanzar 6 m. m. de espesor, es de consistencia 
leñoso córnen, por el roce se pone brillante; si se corta, 
el corte posee brillo, en la quebradura se pueden ver 



('2) IS^onibre lat¡no=leiicofeo o ceniciento, derivado de la palabra 
griega loukóphaios; de leukós. blanco j de phaiós, oscuro, fusco. 



REV. CH. HIST. NAT.. Año XXV (1921) 



Lám. XXVIII 





c/, Foines applanatus f. leucopliaoiis, '/i. Juan Fernández. 

E. Keetl, coll. 
h. Superficie inferior de F, applanatus f. leucophaeus, '/s- 
c. Vista de borde de a. '/i. 



(Estas lomo todas las demás li-jurasciue ilustran este artículo son ori- 
ginales . 



324 REVISTA CHILENA DE HISTOllIA NATURAL 

zonas negruzcas; tuberculoso-nodulosa, principalmente 
en la base, en seguida vienen crestas y surcos concéntri- 
cos, a veces rau}^ pronunciados, otras veces muy poco mar- 
cados; las crestas corresponden a las capas de tubos. La 
coloración de esta superñcie puede ser blanca, cenicienta 
o acanelada; o cenicienta y acanelada a la vez; o bien es 
acaneladanegruzca o de un color de tierra sombra (umbri- 
no) con tinte negruzco y con porciones acaneladas; algu- 
nos individuos presentan angostas fajas negruzcas circula- 
res. El color acanelado es debido a los conidios que aparecen 
ahí en gran abundancia, propiedad que también la presen- 
ta el tipo. 

La superficie inferior, en la cual se abren las bocas 
de los tubos himeniales, puede ser plana o cóncava, mu- 
chas veces, hacia la base, es ligeramente convexa y hacia 
el borde inñejo, cóncava; puede también descender y for- 
mar umbo o eminencia junto al sostén; primero es blanca, 
después toma un tinte de cuero claro (isabolino) y por fin 
castaño-café; si se raya, cuando está blanca, aparece inme- 
diara amenté este último color que es el de los tubos y esa 
propiedad se aprovecha por los excursionistas para escri- 
bir o dibujar en ella y de ahí deriva el nombre de libro del 
monte con que se conoce este hongo en Llanquihue y en 
Chiloé; lupecoy es también para él, un nombre vulgar 
chitóte. 

Los tubos pueden alcanzar hasta 3 cm. de largo, pre- 
sentan color castaño café o bien bayo-castaño; blanqueci- 
nos en su superficie himenial, llenos comunmente de un 
micelio de aspecto de algodón, cuyas hitas, ramificadas, 
miden 1-2 micrones de diámetro; bocas circulares, de 
200-250 micrones de diámetro, 3-4 en 1 m. m., estando 
bien abiertas. 

Hifas de las paredes de los tubos de 3-4 micrones de 
diámetro. Los tubos no alcanzan al borde del sombrero, que- 
dando ahí una angosta zona sin ellos. El borde puede ser 
agudo u obtuso, delgado o grueso, en este último caso lle- 
va surcos y crestas circulares, superpuestas; crestas que 
corresponden al contorno de estratas de tubos que han 
alcanzado una misma longitud; el espesor que así puede 
alcanzar el borde llega, en algunos casos observados, has 
ta 8 cm. 



REV. CH. HIST. NAT.. Año XXV (1921) 



Lám. XXIX 





a. Fomes applanatus f. leucopliaeus. '3. Juan Fernández. E. Eeed. coll. 
h, 1(1. '/s. perfil. 
r. Perfil de r/, ' \. 

fL Fomes applanatus f. leucopliaeus. '/i- J»:»" Fernández. E. Sclireiher. 
A la izquierda se ve la masa blanca interior. 



326 líEVISTA CHILKXA DE lIISTOltlA NATURAL 

Carne o contexto suberoso-yescoso, bayo o bayo-cas- 
taño, sus hifas miden 4-7 micrones de diámetro. Entre las 
estratas de tubos se encuentra, a veces, una capa delgada 
de carne. 

Los conidios son obovados, acanelados, finamente ve- 
rrugosos, miden 10-12X 6-8 micrones y el episporio hialino 
se puede truncar por hundimiento de su base. Las esporas 
que se producen en los tubos son iguales a los conidios; bajo 
el microscopio se ven de un tinte ocráceo con una gran 
gota en su interior. 

El interior del sombrero se transforma, con el tiem- 
po, en una masa blanca yescosa, formada por un micelio 
cuyas hifas miden 1-2 micrones de diámetro y muy igual al 
micelio que dá origen al sombrero; ese micelio se estiende 
desde la base por la carne, a medida que va creciendo el 
sombrero y desciende hacia los tubos donde forma las ma- 
sas cilindricas de aspecto de finas médulas de saúco que 
llenan total o parcialmente dichos tubos; ese micelio actúa 
descolorando primero las liifas de la carne y de las pare- 
des de los tubos y después las absorve. Unas veces la car- 
ne y los tubos blanquean al mismo tiempo; otras la carne 
queda atrasada; otras veces partes de la carne y del borde 
están albos mientras que otras porciones intermedias están 
en transformación. Esta enfermedad afecta no sólo a los 
individuos viejos, sino también a los jóvenes. 

Ese cambio de color ha sido'' indicado ya en otras es- 
pecies por varios observadores. En Saccardo, Syll. Fuug. 
VI (1888), se dice que los tubos viejos de Fomes igniarius 
están rellenos de blanco, y lo mismo se lee en Handbook 
of Australian Fuugi, por M. O. C^ooke, p. 131 (1892). Mr. 
L. O. Overholtz en «The Polyporaceae of Ohio» Annals 
of the Missouri Botanical Gardeu, 1914, Vol. I, N.» 1, 
p. 135, indica la existencia de ese micelio blanquecino 
que llena e incrusta los tubos más viejos, blanqueándolos, 
en Fomes Eberhartii, en F. igniarius y en F. nigricans, 
siendo esto principalmente notable en las dos últimas es- 
pecies y parece ser, dice, un carácter distintivo. Mr. 
C C. Lloyd. en su Synopsis ya citada, p. 285, dice, a pro- 
pósito del Fomes scansilis que tal especie se basó en una 
enfermedad del Fomes applanatus f. australis cuando el 
contexto se ha puesto blanco y que tal condición no es 



REV. CH. HIST. NAT., Año XXV ((921) 



Lám. XXX 




a, Foines applaiuitus f. leucopliaoiis, '/s- 

b. 1(1. '/:.. Museo jN^acional de Hist. Nat. 
r. Id. V... Conoepeión. 

d, Id. '/.-,. Laguna de la División. 

(\ Id. ' 9. Puerto Montt. Prof. Dr. Edo. Moore, 



leg. 



328 IJEVISTA CHILENA DE IILSTOKIA XATIUAI, 

rara eu formas americanas y europeas de Fomes appla- 
iiatus; dice también, que no conoce la causa de ese fenó- 
meno, pero que cree que es un estado patológico. El I)r. 
C Speggazini en su .Tercera Contribución a la Micologia 
Chilena», publicada eu la «Eev. Cliil.de Ilist. Xat.x 1918, 
X.o 1, dice, en la p. o8 de dicha Revista, que encontró 
una transformación candida do la substancia interna en 
ejemplares de Gauoderma australe (Fr)., producida por la 
invasión de un micelio y que el Polyporus enteroleucus 
Fr. es Ganoderraa australe con su substancia interna 
transformada y substituida por dicho micelio. 

Luego, pues, según lo anterior, también se puede 
pensar que el Polyporus enteroleucus Fr. podría ser el 
Fomes applanatus f. leucophaeus. 

La propiedad lacada de la costra, que se lee en la 
descripción de Sacc. Syll. Fung. YI, no se ha observado 
en ninguno de los ejemplares a nuestra disposición; tam- 
poco la presenta un ejemplar del Japón, obsequiado por 
el Frof. Dr. A. Yasuda de Sendai, ni tampoco la indican 
Hard, Overholtz, ni Lloyd en sus descripciones, por lo 
que creo que tal carácter no es constante. 

Es horadado por coleópteros; los orificios externos de 
algunas de las galerías miden 2-2,5 mm. de diámetro. 

Habitación. Común en los troncos vivos o muertos 
de diferentes árboles forestales del país o extranjeros y 
en árboles frutales. 

DiSTEiBUCiúN GEOGFvAFiCA. Cosmopolita y más co- 
mún que el tipo en diferentes partes de la tierra. 

Ejemplares coleccionados en el Museo Xacional de 
Historia Xatiiral de Santiago (Chile). Islas de Juan Fer- 
nández (1), 1872, E. Reed, 2 ejemplares etiquetados como 
Polyporus senex Nees et Mont. — Islas de Juan Fernán- 
dez^ 1894, E. Schreiber, 1 ejemplar, etiquetado como Po 
lyporus sp. — -Valdivia, 1 ejemplar, sin fecha y sin colector, 
etiquetado como Polyporus senex Xees et Mont. — Puerto 
■Montt, 1898, 1 ejemplar, el mayor de la colección, ob- 



(1) De la isla Mas a Tierra que fué la visitada por ^Ii-. Eoed en 
aquel año. 



REV. CH. HIST. NAT., Año XXV (1921) 



Lám. XXXI 





a, Fomes applanatus f. leucoi)haeus, 7- 

b. Id. 72. 

(\ 1(1. 74. Punta Leopardo (Taitao). 



33o REVISTA CtlILENA DE HISTOltlA NATURAL 

sequiado por el Director del Museo, Dr. E. Moore, en 
Diciembre de 1921. — Concepción, 1 ejemplar, 1908, M. E. 
Espinosa. — Laguna de Huillinco (Chiloé), 1 ejemplar,* 1- 
1913, sobre un tronco muerto de Laurelia serrata, M. 
K. Espinosa. — La Punta (Santiago), 1 ejemplar, X-1914, 
sobre troncos vivos de Persea tingue, Alfredo Amená- 
bar. — Quinta Xormal (Santiago), un ejemplar, 1914, so 
bre Cornus mas, M. R. Espinosa. — Penaflor de Santiago, 
1 ejemplar, XL1914, en partes muertas de troncos de 
Populus nigra var. pyramidalis, M. R. Espinosa. — Boca 
Río Puelo y Laguna de la División, varios ejemplares, 
L191G, M. R. Espinosa. — Punta Leopardo (Península de 
Taitao), 3 ejemplares, 11-1917, sobre Notliofagus nitida y 
otros árboles , M. R. Espinosa. — Quinta Xormal (Santia- 
go), 1 ejemplar, YI-1917, sobre Acor negundo, M. R. 
Espinosa. — Santiago, 1 ejemplar. 1917, sobre Prunus 
pérsica, M. Loyola. — Villa Alegre de Loncomilla, 1 ejem- 
plar, X-1918, sobre troncos muertos de Salix babylonica, 
M. R. Espinosa. — Quinta Xormal (Santiago), 1 ejemplar 
en desarrollo, X-1921, sobre un tronco vivo de Robinia 
pseudoacacia. M. R. Espinosa — Maipú (Santiago), 1 ejem- 
plar, 27-XL1921. sobre tronco muerto de Populus nigra 
var. pyramidalis, Jorge Pérez C. — Quinta Xormal (San- 
tiago), 1 ejemplar en desarrollo sobre el tronco muerto y 
en pié de una encina (Quercus sp.) 1-16 de 1922, M. R. 
Espinosa. 

Especie excelente para el estudio en los colegios del 
país y que no se ha tratado en niuguno de los textos que 
circulan entre los estudiantes. 

Observación. En la «Synopsis>; de ]\Ir. Lloyd, este 
hongo queda colocado en la 7.-^ División general del gen. 
Fomes, Ganodernus, por el carácter de la espora cuyo 
episporio hialino puede hundirse en la base, apareciendo 
truncada, por el color del contexto y por los tubos despro- 
vistos de setas (cistidios). 

Fomes riniosus (1) (^Berk.) Cooke, enGrevillea XIV 
p. 18 (1885) y en Sacc. Syll. Fung. VI p. 181. 

Sinónimos. Polyporus r'imosus Berk., en Hooker'sLond. 



(1) Rimosns. nombre latiiio=^agi-¡etailo: derivado de r¡ma=grieta 



REV. CH. HIST. NAT., Año XXV (1921) 



Lám XXXII 




a. Fomes applanatus f. leucophaeiis, '3, desprovisto de una parto de 

su costra para mostrar la transformación blanca interior. 

b. Id. \2. Sección para mostrar la invasión del micelio Ijlanco. 
r, Id. \/2, sobre un tronco caído y podrido. 



332 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

Journ. Bot. IV, p. 54 (1845). Scindalma rimosus (Berk) 
O. K., en Kev. Gen. Pl. Pars III, p 519 (1893). Fi/ropo- 
¡¡iporns rohiniae Murril, en líull. Torr. Bot. C'liib XXX. 
p. 114 (1903). 

Xombre vulgar: oreja de palo. 

El sombrero uugnliforme de esto fonies ngrietado 
de 20 - 27 cm. de ancho por 14 - 19 cm. de largo y por 14 
era. de espesor, es duro y leñoso, prendido a los troncos 
por una ancha base, con su superficie marcadamente agrie- 
tada y áspera y que con la edad puede desprenderse en 
gruesas placas de 1 cm. de espesor y quebradizas; la que- 
bradura de las placas es de color isabeliuo. Xo hay corteza 
distinta. Esa superficie superior, que es suavemente con- 
vexa, presenta, en su mayor parte, desde el borde, una 
coloración de ladrillo debido a una espesa capa de conidios 
que en conjunto presentan ese color, los cuntes son globo- 
sos, de 4-5 micrones, con una gota en su interior y bajo 
el microscopio se ven de color ocráceo-testáceo. Las porcio- 
nes mas viejas toman un tinte castaño y por fin negruzco; 
por el roce se pone brillante. Surcos y crestas concéntricas 
se diseñan mejor en las partes más nuevas. 

La superficie inferior es convexa o plana, de una co- 
loración de raíz seca y molida de ruibarbo, cuando se mira 
oblicuamente y más oscura si se mira perpendicularmente, 
aterciopelada al tacto. Tubos hasta de un cm. de largo con 
bocas circulares de 150-180 micrones de diámetro y corres- 
pondiendo 4-5 a 1 ra. m. 

El interior es leñoso, de color ocráceo-mohoso (tierra 
siena cruda), la mayor parte está formada por las estratas 
de tubos que se diseñan poco, pero al exterior se ven bien 
las crestas que forman; la carne es escasa y sus hifas de 
4-5 micrones se ven amarillas bajo el microscopio. Las 
hifas de las paredes de los tubos miden 3-4 micrones y 
también se ven amarillas al microscopio. Esporas de los 
tubos iguales a los conidios. 

El borde mide 2-3 cm. de espesor en los ejemplares 
observados y con surcos y crestas circulares, estas últimas 
corresponden al contorno de estratas de tubos. 

Es taladrado por un insecto, los orificios exteriores de 
las galerías miden 1,5-2 m. m. de diámetro. 

El micelio con hifas de 2-3 micrones de diámetro. 



REV. CH. HIST. NAT., Año XXV (1921) 



Lam. XXXIII 





a. Fonies riraosus, ^¡r. Perfil tle r. 
h. Id. \t. perfil. 

r. Id. ','.. 



334 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

Esta especie es nueva para la üora criptogámica chi- 
leua y parece no ser común. En Estados Unidos de N. A. 
crece imicamente sobro troncos vivos de Eobiiiia pseu- 
doacacia. 

Habitación. Sobre troncos en descomposición, en 
Marga Marga (Los Perales), departamento de Casablanca. 
Dos ejemplares fueron coleccionados por el Rev. P. Xatha- 
niel Costes (Profesor del Colegio de los SS. CC), en Se- 
tiembre de 191G y obsequiados a la Sección Criptogámica 
del Museo Nacional de Historia Natnral. 

DisTKiBUCióN GEOGRÁFICA. Australia, Estados Uni- 
dos de N. A., Chile, África del Sur, Madagascar, Samoa, 
Nueva Caledonia, Ceilán, Guayaua inglesa, Jamaica, Mau- 
ricio, India y Nueva Guinea. 

Fomes senex (1) (Nkks et Mont.j Cuuke, en ('revi- 
llea XIV y en Sacc. Syll. Fung. Yl p. 164. 

Sinónimos. Foh/porus senex. Nees et Moutagne, en 
Anuales des Se. Nat. 2. s. V p. 70 (1836) y en Ctay, Hist. 
Fis. y Pol. de Chile, Botánica, tomo YII p. 359 (1850), 
]3erk, en Hook. Journ, p. 198 (1856). Scindalma senex. 
(Nees et Mout ) O. K.. en Rev. Gen. Pl. Pars III. p. 519 
(1893). 

Según Mr. C. G. Lloyd son también sinónimos los si- 
guientes: Fomes siihextensus Murril, de Filipinas y Folijs- 
tictus Hasskarlii Lcveilló, de Java. 

Nombre vulgar: oreja de palo. 

El sombrero del fomes viejo pnede alcanzar 31 cm. 
de ancho, 44 cm. de largo y 12 cm. do espesor en la base, 
es aplanado o convexo-unguliforme, solitario o agrupado, 
sésil, semiorbicnlar u orbicular o bien obovado-flabelifor- 
me, suberoso, duro, las porciones delgadas muy quebradi- 
zas, sin corteza distinta; de color castaño o castaño-aca- 
nelado o mohoso, con porciones negruzca, con crestas o 
arrugas concéntricas tuberculosas, que se reñejan poco a 
poco y casi se imbrican por eso hacia atrás; se adelgaza 
hacia el borde qne es agudo, ondulado y a veces un poco 
inflejo. La superficie inferior es aterciopelada al tacto, 
sobre todo en las partes más nuevas; es cóncava o en la 



(1) Senex. palabra latina - viejo. 



REV. CH. HIST. NAT.. Año XXV (1921) 



Lám. XXXIV 





a, Fonies senex. '/... Eío Piielo Chico. 

h. Sección de c, ',4. 

r. Fomes senex, ',4. Eío Pucica. 



336 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

parte central es plana y hacia el bordo presenta porciones 
radiales convexas que alternan con cóncavas, las que co- 
rresponden a porciones radiales cóncavas y convexas de 
la superficie superior; a veces la superficie inferior es con- 
vexa en parte, en ejemplares delgados, por hundimiento 
longitudinal del sombrero, el cual toma eutónces un as- 




Fií;'. 3o. — Fomes seiicx (convuxu). vista df iJcrlil. Y4. 

pecto de teja; el color de dicha superficie es mohoso-íuli- 
ginoso mirada perpendicularmente y si se mira oblicua- 
mente se vé de un color isabelino-ocráceo; tubérculos y 
conos se presentan a menudo en ella debido a ramitas que 
el hongo ha aprisionado en su desarrollo; las bocas de los 
tubos himeniales son circulares y de 100 micrones de diá- 
metro, correspondiendo 5-6 a un mm. 

El interior del sombrero es de color ocráceo-mohoso 
(color tierra siena cruda) como el F. rimosus; la carne ahí, 
es escasa, suberosa y sus hifas se ven amarillas bajo el 
microscopio y miden 2-3 micrones de diámetro. Los tubos 
forman la mayor parte de la masa interna, miden 1-3 mm. 
de largo y están dispuestos en estratas más o menos visi- 
bles, éstas se diseñan muy bien al exterior; las hifas de 
las paredes tubulares miden 2-3 micrones de diámetro, 
bajo el microscopio se ven amarillas o de un tinte amari- 
llo-ocráceo, los cistidios o setas del himenio son cónicas a 
veces con el vértice ligeramente encorvado, de paredes 
gruesas, mohosas y se proyectan 12-26 micrones hacia el 
lumen tubular, alcanzan una longitud total de 28-36 mi- 
crones y un ancho en su base de 7-8 micrones. 

Las esporas son escasas, globosas, de 4-5 micrones de 
diámetro, con una gota y de coloración igual a las del F. 
rimosus. 



REV. CH. HIST. NAT.. Ano XXV (1921) 



Lám. XXXV 




a. Esporas de E'oines applanatus f. leucophaeus x 1225. 

b. Id. de Fomes rimosns x 1225. 

r, Sección de los tubos de Fomes senux + 87. 
f/, Cistidios aislados, de id. x 437. 



22 



338 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

Muchas veces los tubos están llenos de un micelio 
blanquizco o amarillo mohoso, sus hifas miden 2 3 mícro- 
nes de diámetro. 

Es taladrado por un insecto; las bocas de las galenas 
miden 1,5-2 mm. como en el anterior. 

Este eumicete, hasta 1916, no existía en la colección 
del Museo Nacional de Historia Natural. Fué colecciona- 
do, por primera vez, en la Isla de Mas a Tierra del grupo 
de Juan Fernández, en 1830, por el médico y botanista 




Fig'. 34. — Fomes senex, vista superior (aplanado) '/* 



italiano Carlos I. Bertero quién lo envió a Europa, donde 
fué descrito como Polyporus senex por los botánicos C. G. 
Nees D'Esenbeck y C. Montagne, descripción que se pu- 
blicó en los Anuales des Sciences Naturelles, 2. serie, 
V, p. 70 (1836), como apéndice al «Prodromus Florae 
Fernandesianae» ya publicado antes en los mismos Anua- 
les. No tengo noticias que después de Bertero haya sido 
encontrado nuevamente en dicho archipiélago. En el suelo 
continental de la República no había sido hallado. 

Habitación. — En el hueco de un tronco vivo de una 
mirtácea en los bosques del Río Puelo Chico, cordillera de 
Llanquihue y eu un tronco vivo de mañiu (Saxegothea 
conspicua) a orillas del Río Pueica, afluente del Puelo 
Chico. De cuatro ejemplares coleccionados, por el autor, 
en aquellas localidades, en Enero de 1916, una fué enviu- 



Espinosa B.— íjübük el género fomes 



339 



da a Mr. Lloyd para su determinación y los restantes es- 
tán incorporados en la colección micológica del Museo 
Nacional de Historia Natural. 

Pequeños individuos en desarrollo encontramos sobre 
troncos muertos en la Península de Taitao, en Enero de 
1917. Tres ejemplares aplanados fueron obsequiados a la 
sección de Criptogamia, a cargo del autor en el Museo 
antes nombrado, por el Eev. P. Flaminio Ruiz, (Profesor 
del Colegio San Pedro Nolasco) coleccionados por él en 
la isla Helvecia, frente a Calbuco, el 15 de Enero del 




Fig". 35. — Fomes senex (aplanado), vista -siiperioj- 
V4 (original). 



presente ano; crecían sobre troncos vivos de temu (Ble- 
pharocalyx divaricatus); se acompaña una fotografía del 
mayor y más hermoso de ellos (fig. 35). 

Distribución geográfica. — Chile, Brasil, Hawai; 
Samoa, Filipinas, Ceilán, India, Java, Mauricio, Madagas- 
car, África del Sur, Malaca, Guayanas y Venezuela. 

(OBSERVACIÓN. — En la Synopsis de Mr. Lloyd este 
eumicete y el anterior quedan incluidos en la 6.'^ división 
general, Fiiscus, por el contexto que es de un color de 



340 REVISTA CHILENA DE HISTOHIA NATIKAL 

algim matiz del pardo y por las esporas que no son trun- 
cadas; en la sección 71 el primero por na poseer setas 
(cistidios) y las esporas son de color; en la sección 72 el 
segundo porque los tubos llevan setas himeniales y las 
esporas son igualmente coloreadas. 

Posición sistemática del género Fomes. — Es la si- 
guiente, según A. Eñgler: División Euraicetes, clase Basi- 
diomicetes, sub-clase Eubasidios, orden Autobasidiomice- 
tes, sub-órden Himenomicetineas, familia Poliporáceas, 
subfamilia Poliporeas. 

Otras especies que se citan como chilenas. — Otras 
especies de este género que se mencionan de Chile y que 
no he tenido la suerte de encontrar ni de recibir y que no 
existen en la colección del Museo Nacional de Historia 
Natural son las que indicamos a continuación. 

Fomes chilensis. Fr. en Sacc. Syll. Fung. YI, p. 176, 
encontrada por Hochstetter. 

Fomes FlúUppii. Presad, et P. Henniugs, en Sacc. 
Syll. Fung. IX, p. 180, encontrada por Th. Philippi en 
Mergui (1846). 

Fomes rhabarbarinus. Berk., en Eev. Chil. Hist. Nat. 
1917, p. 123, encontrada en «Los Perales» de Marga 
Marga por ti Eev. Nathaniel Costes e identificada por el 
Dr. C. Spegazzini. 

FolyporHS igniarius. (L.)Tr., en Ann. des Se. Nat. 2. 
s. TV, (1835) p. 99 y en Gay Hist. Fis. y Pol, de Chile, 
Botánica, tomo YII, p. 359 (1850), encontrada por Bertero 
en Juan Fernández y determinada por Montagne. En Gay 
se dice que no es escasa en Chile. 

PohjpovHS australis. Fr.,en Ann. des Se. Nat. 2. s. IV, 
(1835) p. 99 y en Gay Hist. Fis. y Pol. de Ch., Bot. t. 7 
p. 358, encontrada por Bertero en Juan Fernández e iden- 
tificada por Montagne y según Gay se halla también en las 
provincias las más meridionales de la Eepública; en el 
Boletín de la Academia Nacional de Ciencias de Córdoba, 
tomo XI, p. 19, (1887), la nombra el Dr. C. Spegazzini de 
cerca de Punta Arenas, en su trabajo «Fungi Patagonici», 
y P. Hariot, en Mission scientifique du Cap Horn, tome 
V, Botanique, p. 183 (1889), la nombra de la región ma- 



Espinosa B.— sobre el género fomes 3-11 



gallánica; Patouillard, en Bull. Soc. Myc. France, tome Y, 
p. 71 (1889), la indica de la Tierra del Fuego como Ga- 
noderna australe. 

En Eev. Chil. Hist. ]S"at. (1917) N.o 3, p. 123, la cita 
igualmente Spegazzini con el nombre de Ganoderma aus- 
trale, hallada en Marga Marga y en Rev. Chil. Hist. Nat. 
(1918) N.° 1, p. 38, el mismo autor la cita de Victoria y 
en Fungi C'hilenses (1910) p. 8, dice haberla encontrado 
en el cerro Caracol de Concepción. Con este mismo nom- 
bre la cita P. A. Saccardo en Flora Itálica Cryptogama 
Pars I: Fungi. Hymeniales, p. 1012 (191G). Conviene re- 
cordar aquí la opinión de Mr. Lloyd respecto del Fomes 
australis; dice, en su Synopsis, que tal nombre es conve- 
niente para las formas tropicales de Fomes applanatus con 
contexto delgado y tubos largos. 

Ganoderma applanatum. (Pers.) Pat., en Bull. Soc. 
Myc. France, tome V, p. G7 (1889). Patouillard la indica 
de Juan Fernández y dice que varios espécimens conside- 
rados como Ganoderma australe, por los autores, deben 
ser referidos a ésta. 

Medidas contra el ataque de estos hongos. — El 

micelio de ellos puede desarrollarse en cualquier lesión 
de la planta y hasta en las grietas de la cascara y de ahí 
se ramifica y estiende por los tejidos interiores desorgani- 
zándolos y después produce al exterior el himenóforo; las 
lesiones pueden ser producidas por animales (mamíferos, 
aves, insectos), por el roce de una planta con otra o por 
rupturas de las ramas por el viento. 

Las medidas que se aconsejan cuando hay peligro del 
parasitismo de estos seres en árboles frutales u ornamen- 
tales, consisten en alquitranar las heridas que en ellos se 
observen, si se percibe el nacimiento del sombrero hay 
que destruir toda la parte enferma y alquitranar. En los 
árboles forestales se debe cortar el árbol enfermo para 
aprovechar la madera antes de que el mal se estienda y 
evitar también así la formación de sombreros; los árboles 
secos, en pié o caídos, que tengan desarrollado los hime- 
uóforos hay que quemarlos para impedir la diseminación 
de las esporas por el viento o por insectos, evitando asi la 
infección de otras escencias. 



342 REVISTA CHILENA DE HISTOHIA NATURA 1, 



Biblioffrafía 



»' 



Anuales de Se. Nat. 2." s. IV, París 1835- 

Anuales de Se. Nat. 2." s. Y, París 1836. 

Aúnales de Se. Nat. 'ó." s. V, París 1846. 

C. Gay. «Historia Física y Política de Chile», Botá- 
nica, tomo VII, París 1850. 

P. A. Saccardo. Sylloge Fungorum VI y IX Patavíi. 

G. Winter. Die Pilze Deutsch. Oesterr. und d. 
Schweiz. Leipzig 1884, en Rabenhorst's Kryptogamen 
Flora, I Band, 1 Abtlil. 

C. Spefiazzini. Fungí Patagonici, en Boletín de la 
Academia Nacional de Ciencias de C'órdoba, tomo XI, 
1887. 

Bidletin déla Societé Myeolofjique de Franee. V, 1889. 

P. Hariot. Mission scientifiqíie du Cap Horn, tome 
V, Botanique. París 1889. 

M. C. Cooke. Handbook of Australian Fungí. Lon- 
don 1892. 

O. Kiiutse. Eevisio Generum Plautarum, Pars III, 
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lien I Theil, I Abteilung, Leipzig 1900. 

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Bihang Till. Iv. Svenska Vet.-Akad. Handlingar. Band 
26. Afd. III. N.o 16. Stockholm 1901. 

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und Ostafrika. Stuttgart 1908. 

M. E. Hard. Mushrooms Edible and Otlierwise. 
Columbas, Ohio 1908. 

W. S. Moffatt. The Hymenomycetes of the Chica- 
go Kegion. Chicago 1909. 

Belacroix et Maublane. Maladies parasitaires des 
plantes cultivées. París 1909. 

A. Engler. Syllabus der Pflanzenfamilien. Leipzig 
1909. 

C. Spefiazzini. Contribuciones a la Mícologia Chilena, 
Revista Chilena de Historia Ndt uval . Santiago 1917 y 1918. 



Espinosa B.— sobre el (¡enero fomes 34B 



C Spegazzini. Fungí Chileuses. Buenos Aires 1910. 

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London 1910. 

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Mo. Bot. (lard. Vol. I, N." 1, 1914. 

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della Provincia di Padova, en Atti della Academia Scieu- 
tifica Yeneto-Trentiuo -Istriana, Terza Serie, Volume VI 
(1913). Padora 1914. 

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cinnati, Ohio. 1915. 

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B. Lázaro e Ibiza. Los poliporáceos de la flora espa- 
ñola. Madrid 1917. 

T. F. CMp¿j. A List of the Fungi of the Malay 
Península. Singapore 1921. 



344 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATUIíAL 



¿5E SEGUIR/í CONSUMIENDO 5/5LITRE? 

POR EL 

Ingeniero-Agrónomo Francisco RODAS HUNEEUS 

Director General de los Servicios Agrícolas 



Muy discutido es el porvenir del salitre chileno en 
los mercados extranjeros. Se anuncia por los más pesimis- 
tas que la producción de sulfato de amonio y la produc- 
ción de abonos azoados artificiales, especialmente en Ale- 
mania, que durante los anos de la guerra ha logrado per- 
feccionar los procedimientos industriales de fabricación 
de estos abonos, abaratando su precio en tal forma, que 
desplazará definitivamente el salitre de estos mercados. 

Sin duda alguna que mucho hay de verdad en todo 
esto. La producción de abonos azoados artificiales ha al- 
canzado un enorme desarrollo y los países como Alemania 
que luchan por reconstituir su independencia económica 
hacen prodigios por no internar nada que no puedan ellos 
producir y han cerrado las puertas a nuestro salitre. 

Estados Unidos lucha también por no dejar consu- 
mir nada que no produzcan y cada país pretende hoy im- 
plantar igual política. 

Nada sería más lógico ni más sensato que los países 
quisieran abastecerse a sí mismos, pero, desgraciadamente, 
para ellos es cuestión de vida producir sus alimentos más 
baratos y en mayor cantidad y las tierras de Alemania 
sometidas a un cultivo intensivo desde hace siglos, re- 
quieren abonos para producir y requieren abonos en can- 
tidad superior a los que hasta ahora ellos producen. Las 
estadísticas acusan que sólo se consume en el mundo el 
15X de los abonos que los terrenos requieren y que que- 
da por consiguiente un 80/0 que es necesario emplear de 
fertilizantes para producir más abundante y barato. 

Alemania no tiene hoy, sin abonos, producción sufi- 
ciente para satisfacer sus necesidades y será preferible 



Rojas H.— ¿SE SEíiuiiíÁ consumiendo salitre? 345 



que compre salitre a que tenga que comprar granos que 
no produce por falta de nuestro abono. 

El consumo del salitre en el mundo, restringido hoy 
por tantas causales económicas, por el alza de precios du- 
rante dos años, recuperará su mercado, su precio bajará 
en forma de que pueda competir con los abonos artificia- 
les y ninguno de estos abonos reemplazará sus principales 
características de fácil manejo, de fácil envase, de fácil re- 
parto o distribución en el suelo, de asimilación inmediata 
que lo hacen utilizable en el momento oportuno como tó- 
nico o como abono; de obrar instantáneamente vigorizan- 
do la vegetación cuando las plantas han sufrido, cuando 
están amarillentas o cloróticas por cualesquier circunstan- 
cia, a causa de sequedad o exceso de humedad, por falta 
de ázoe en el suelo, cuando han sufrido por las enferme- 
dades o accidentes climatéricos, cuando han germinado 
mal, etc., siempre en todos estos casos el salitre es el abo- 
no más eficaz y activo. 

Los árboles frutales, las legumbres, las praderas de 
gramíneas, mejoran considerablemente, se vigorizan y 
aumentan sus rendimientos; el uso del salitre en estos 
cultivos es irreemplazable. 

Mucho tenemos que hacer para aminorar el costo de 
nuestro abono; nos queda aún el recurso de disminuir o 
proporcionar los derechos de exportación, y aunque no sea 
una industria de SOX o más de utilidades sino de intere- 
ses moderados, dadas sus cualidades y su producción na- 
tural, tendrá que consumirse en el mundo por muchos 
años. 



346 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



R0C/Í5 DEL SíiN CRlSTOBfiLH 



Or. Federico REICHERT 

(Fac. de Agronomía de la Universidad de B. Airas). 



«Señor Piof. Dr. Carlos E. Porter 

Santiago. 
Estimado profesor y amigo: 

A mediados del año pasado, recibí del Dr. Cristóbal 
M. Hickeü, 3 muestras de rocas procedentes del cerro San 
Cristóbal, próximo a Santiago, las que han sido analiza- 
das por mí en el Laboratorio Químico de Investigaciones 
agropecuarias de la Facultad de Agronomía y Veterinaria 
de la Universidad de Buenos Aires. 

Como he juzgado que los resultados de mis investi- 
gaciones podrían tener cierto interés para los que se de- 
dican a los estudios petrográficos, me peraiito remitirlos a 
Ud. para que, si lo cree conveniente, los publique en la 
Revista de la que Ud. es su fundador y director. 

Las muestras numeradas se hallan depositadas en la 
colección particular del Dr. Hicken y llevan los números 
I, II, III; habiendo sido analizados sólo los números 
I y III, pues el II resultó, en mi opinión, idéntico en su 
aspecto y origen de formación al número III. 



(*) Por las transformaciones qne experimenta el cerro de San Cris- 
tóbal de esta capital, como porqne, había solicitado del Dr. Reichert, 
cuando pasó por Chile, dado el interés creciente que va teniendo el 
mencionado cerro, nn estudio de las muestras de rocas tomadas por 
nuestro común amigo el Dr. don Cristóbal M. Hicken. El Dr. Reichert 
nos prometió hacerlo y la carta con los datos que acabamos de reci- 
bir la reproducimos, no dudando que cfintribuirá al interés del pre- 
sente tomo de la Reiista. — ^Vota dk la Tíedacción. 



. Reichert.—RocAS drl san Cristóbal 347 

Partiendo del análisis global he seguido para la cla- 
sificación de estas rocas el sistema adoptado por la Geolo- 
gical Siirvey, que no es sino el de Cross, Iddings, Piks- 
SON y Washington y que he comentado y aplicado en 
mi trabajo titulado «Investigaciones Geoquímicas.» 

(Anal. Soc. Cient. Argent., tomo 81 (1916) 5 y si- 
guientes). 

MUESTRA NÚMERO III 



SiO^ 


72,83X 


A\uy 


16,31 » 


Fe^O^ 


0,45 » 


Fe 


3,23 > 


Ca 


1,31 » 


Na"^ 


2,50 » 


K^ 


2,00 » 


H^^ 


1,22 » 



99,85 X 

Como la muestra corresponde al tipo de rocas que 
contienen silicatos de hierro-alumina, es decir, que no se 
trata de un compuesto químico definido, no rae permite 
un cálculo químico, me limito tan solo a consignar los da- 
tos numéricos anteriores. 

MUESTRA NÚMERO I 



Si ()^ 


63,40X 


Al"^ 0^ 


16,52 » 


Fe^ 03 


3,80 ^■ 


Fe 


2,20 » 


Ca 


3,90 » 


Na^-0 


5,16 » 


K^ 


2,50 » 


H^ 


1,30 » 


Ti 0* 


0,60 » 


p2 05 


0,30 » 



99,73X 



348 



REVISTA CHILENA ÜE HISTORIA NATURAL 



Esta muestra, a la simple inspeción macroscópica, 
cae dentro del grupo de las que permiten un cálculo quí- 
mico y, de acuerdo con los procedimientos indicados, he 
establecido el cuadro que sigue: 





% 


'o 

s 

o U 

s 

p 


a 

1-^ 


S 

s 

Mi 

s 


a: 


o 

o 


rt 

3 

< 


o 
< 


sí 

*S 

o 

"o 


o 

3 
ü 


c 
>o 

"3 

ce 

o 

íi, 
S 
o 
ü 


Si 0- 63.40 


1.056 
0,162 
0,023 
0,030 
0.069 
0.083 
0.026 
0,072 
0.007 
0,002 








156 
26 


498 
83 


106 
53 


9 


287 


1056 


Al'O» 16.ñ2 








162 


Fe'O' 


3,80 
2.20 
3,90 
5.16 
2,50 
1.30 
0,60 
0,35 

99.73 


7 


23 
23 








23 


FeO 














30 


CaO 


7 






53 


9 




69 


Jía'O 








83 


83 


K*0 








26 








26 


H»0 
















72 


TiO' 


7 
















7 


Pi 0^ 




2 












2 





















Del cuadro anterior se deduce que la muestra con- 
tiene probablemente los siguientes elementos minera- 



lógicos: 



Cuarzo 287,60 

Ortosa... 26,556 

Albita 83,524 = 43,49 

Anortita 53,278 

limonita 7,152 

Magnetita 23,232 

Apatita 2,310 

Wollastonita.... 

Agua 72,18 



17,22. 
14,45 



14,77 » 
0,96 » 
5,33 » 
0,72 » 
1,04 » 
1,29 » 



99,27% 



Reichert.— ROCAS del san Cristóbal 349 

Esta muestra corresponde a una Andesita y se parece 
mucho al Xúm. 11 de mi trabajo citado (pág. 36) que per- 
tenece a las rocas que afloran en el macizo del Nevado del 
Plomo, al Sud del Juncal, en la Alta Cordillera de Men- 
doza. 

La muestra III, en cambio, se acerca a la roca córnea 
del Valle del Tupungato; cerca de la desembocadura del 
Eío Bueno (Rep. Arg.), correspondiendo al Xúm. 29 
(1. c. p. 57). 

Es digno de notarse, pues, que estas rocas argentinas 
aparecen otra vez en el Cerro de San Cristóbal, conñr- 
mándose así lo que digo en mi trabajo citado (pág. 4) al 
señalar que estas rocas (del cerro de Plomo) «no son de 
presencia esporádica, sino que se encuentran en muchos 
lugares de las Cordilleras hasta Patagonia . Este análisis, 
comprueba, pues, que también aparecen al W del macizo 
andino. 

Federico Reichert». 



350 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATPRAL 



Plantan faneró|ama$ del Valle De Mar|a-Mar|a 



PP. Félix JAFFUEL y Anastasio PiRÍON, 55. CC. 



BREVE NOTICIA PRELIMINAR 



El Valle de Marga-Marga está situado al sureste de 
Quilpué; lleva dirección de sureste a noreste. Por ambos 
costados lo limita un doble cordón de cerros; poco altos al 
principio, se elevan a medida que se va avanzando hacia 
el sureste; por este lado hay puntos en que alcanzan a 
una altura mayor de 1,000 mts. 

La altura media de fondo del valle, por el que corre 
un estero en tuda su longitud, es de 180 a 200 mts. 

El valle mismo mide 25 kilómetros de largo por 
unos 12 en la parte más ancha. La parte cultivable re- 
presenta la mínima parte de esta extensión. 

Es asiento de una municipalidad; posee una capilla 
con vice-párroco dependiente de Casablanca en cuyo te- 
rritorio político y judicial se encuentra; hay subdelegado, 
oficina de registro civil, cementerio, retén de policía, 
dos escuelas primarias, servicio diario de correos, camino 
carretero por el que trafican numerosos automóviles; ca- 
minos igualmente carreteros permiten las comunicaciones 
con el fundo Las Palmas, con Casablanca por el Orozco y 
con el valle de Colliguay. 

La propiedad está dividida actualmente en nueve 
fundos; el carbón, la leña de eucalypto, las siembras y la 
vina en particular constituyen la fuente principal de en- 
tradas. 

El suelo, aunque totalmente desprovisto de sustancias 
calcáreas se prestaría para toda clase de cultivos, pero es- 
casea el agua desde principios de Diciembre, lo que ami- 
nora mucho el valor agrícola de las propiedades. 



Daffuel & Pirion. — FANERÓGAMAS de MAKC4A-MAKGA ¿OÍ 

Las serranías, por lo general de pendiente muy pro- 
nunciada y cubiertas de una tupida vegetación de arbus- 
tos, son poco pastosas y del todo inadecuadas para sem- 
brados. 

En los días calurosos la temperatura varía entre 25 
y 30*^; pocas veces pasa de SO''. 

El temperamento es seco en verano, pero no escasean 
los días nublados. 

En invierno soplan fuertes vientos tanto del norte 
como del sur. Una o dos veces cada invierno las serranías 
del sureste aparecen cubiertas de nieve durante un par 
de días. 

El término medio de la lluvia anual es de 50 cms. 
Las heladas son frecuentes y en primavera es indispensa- 
ble producir en las vinas grandes desprendimientos de 
humo para protegerlas en las primeras horas de la ma- 
ñana. 

El valle de Marga-Marga fué conocido de los prime- 
ros conquistadores españoles. El propio Pedro de Valdi- 
via, que lo visitó, encontró a los indígenas dedicados a 
lavar las arenas de los esteros y arroyos. Sabido es que el 
tributo en oro que anualaiente se mandaba al Inca del 
Perú provenía en gran parte de los lavaderos de Marga- 
Marga. Desde los primeros días de la conquista los espa- 
ñoles trataron de dar la mayor actividad a la explotación 
de estos lavaderos. Un instante abandonados a consecuen- 
cia de la sublevación de los indios de Concón, los traba- 
jos llegaron a hacerse en gran escala, a la par que eran 
de un resultado altamente remunerativo. Las crónicas co- 
loniales señalan en repetidas ocasiones la triste condición 
de los indios empleados en estas faenas y en que tanto 
las mujeres como los hombres tenían que trabajar con el 
agua híista la cintura durante los meses de invierno, es 
decir durante la época en que hay abundancia de aguas. 
Hoy día los lavaderos están totalmente abandonados, pero 
existen en varios puntos restos de antiguos canales, y en 
muchas partes hay señales de tierras removidas y gran- 
des montones de piedras apireadas. 

La palabra Marga-Marga es la reduplicación de la 
voz indígina maighen, mujeres. Esta reduplicación es fre- 



352 KEV1.STA CHILENA DE HISTOKIA NATURAL 

cuente en el idioma de los aborígenes: Llai-llai, Lliu-lliu, 
Tiltil, Concón. 

En el caso actual parece indicar que en otros tiem- 
pos hubo en la población del valle un excedente conside- 
rable de mujeres; de todos modos malgheu-malghen sig- 
nifica muchas mujeres. 

En su obra «Los Aborígenes de Chile» el señor 
J. T. Medina, siguiendo a antiguos cronistas, asegura que 
los indios en uno de sus tan frecuentes levantamientos 
contra los españoles construyeron en Marga-Marga un 
fortín o reducto cuyos restos quedan aún. Personalmente 
hemos practicado excursiones en busca del señalado for- 
tín, pero sin resultado alguno; hemos interrogado a los 
hacendados, vaqueros y ancianos muy conocedores del 
valle, y todos nos han confirmado en la creencia de que 
si existió algún reducto, éste debió consistir en una sim- 
ple estacada, pues no se halla en ninguna parte el menor 
amontonamiento de piedras que pueda indicar que allí ha 
habido un antiguo fortín. 

En repetidas ocasiones hemos indagado la existencia 
de alcuvinas, pero no hemos sido más afortunados. Hace 
algún tiempo era frecuente hallar piedras horadadas, pero 
ya escasean. 

Durante algunos años el Dr. don Francisco Fonk 
tuvo su residencia en Quilpué. Conociendo su afición por 
toda clase de antigüedades indígenas, los campesinos del 
valle le llevaban todo lo que encontraban, piedras hora- 
dadas, ñechas, hachas, etc., y en cambio él los atendía gra- 
tuitamente en las consultas que le hacían. 

ís'ada diremos aquí de la fauna del valle, porque nos 
proponemos publicar más tarde un trabajo aparte para 
dar a conocer no sólo los mamíferos y demás vertebrados 
que hemos hallado en él, sino también los invertebrados 
que hemos logrado recolectar. De este modo pensamos 
presentar una lista lo más completa posible de los anima- 
les y plantas de Marga-Marga. 



A la lista de plantas fanerógramas creemos que bien 
podría agregarse una docena más de especies. 



REV. CH. HIST. NAT.. /fio XXV (1921) 



Lám. XXXVI 




KEV. CH. DE HIST. NAr. •1921) 



i23; 



;-55i UKVISTA ( lilLKNA ÚK HIíSTOKlA KATLKAL 



El incendio que en Enero de 1920 destruyó nuestro 
Colegio de Santiago hizo desaparecer todo el material de 
estudio recolectado durante varios años. Todavía no he- 
mos logrado rehacer las colecciones; de aquí la imposibili- 
dad de determinar ciertas especies, de cuya existencia en 
el valle estamos ciertos, pero cuya muestra no tenemos 
en nuestro herbario. 

Hubiéramos deseado conseguirnos nuevamente estos 
ejemplares antes de publicar la presente lista, pero, ante 
el deseo tan bondadosamente expresado del distinguido 
amigo Prof. Carlos E. Pórter, hemos tenido que entregar- 
le desde luego los originales de este trabajo, manifestán- 
dole así que sabemos apreciar debidamente lo que signi- 
fica fundar una Eevista de la índole de la presente y pu- 
blicarla durante un cuarto de siglo. Aparte de los servi- 
cios reales y muy efectivos que ha prestado a las ciencias 
naturales, la Ek vista Chilena de Historia Xatukal 
ha dado a conocer el nombre de Chile a todos los centros 
científicos del mundo y de esta manera ha prestado al 
país un servicio señalado y muy digno de alabarse. Bien 
por la actividad y la constancia del Prof. Porter. 






En nuestras referencias bibliográficas sólo citaremos: 
«La Historia Física y Política de Chile , de Claudio Gay, 
y los < Estudios Críticos a la Flora de Chile», del reputado 
botánico Dr. Carlos Eeiche. 

Para las Juncáceas nos referiremos a la Monografía 
de esta familia publicada por el señor Francisco Fuen- 
tes M. 



Jaffuel & Pirion.— FANKKtxiAMA.s de maikía-makua 355 



FAÍÍER0GA3IAS 
I. Angíospernias 

.1. Dicotiledóneas 

1. Familia Ranunculáceas 

Anemone decapetala L. — Gay I, pág. 23; Reiche, I 
pág. 7. «Centella). Sus pótalos muy caedizos pueden te- 
ner varios colores, aún en la misma planta: blancos, celes- 
tes, purpúreos, etc.; florece en Julio, Agosto, Septiembre. 
Crece en las colinas pastosas. 

Ranimculus ohtusatus Pocpp. — Gay I pág. 37; Reiche 
I pág. 15. Florece desde Agosto. Es frecuente en los sitios 
húmedos del potrero de las Lagunas (Launas) del fundo 
Las Piedras. Es muy polimorfo. 

Banunculus muricatus Ti. — Gay I pág. 46; Reiche I 
pág. 2L «Centella . Se halla en todos los lugares algo 
pantanosos y florece gran parte del ano. Los animales lo 
comen, pero no es muy de su agrado. 

llanunculns sp. — Especie pequeña; rastrera, hallada 
en la quebrada de los Canelos (Perales). 

2. Familia Magnoliáceas 

Drimys Winieri Forst. — Gay I pág. 63; Reiche I pág. 
26. Su nombre vulgar es «Canelo»; no le hemos oído dar 
nunca el nombre de voighe», que tiene en otras partes. 
Crece en abundancia en los sitios algo vegosos de las que- 
bradas. Su madera se conserva mucho tiempo, pero es muy 
quebradiza. 

3. Familia Anonáceas 

Anona cherimolia Mili. — Gay L pág. 6G. «Chirimo- 
ya». Es planta cultivada y sólo se da en sitios muy abri- 
iíados. 



356 KlíVJ.STA CIIILKNA UK llISTOIMA NATUKAl. 



4. Familia Lakdizabalaceas 

Lardizahala bíter nata Dec. — Gay I pág. 69; Eeiclic I 
pág. 28. «Coguilera>;, -Voqui . Es una hermosa enreda- 
dera de hojas lustrosas; sus frutos maduran en Febrero. 
Son comestibles, y de un sabor dulce y agradable. Se les 
da el nombre de «Cóguil;. Es muy común. 

5. Familia BERiiERiDÁCf:AS 

Berberís actinacantlia Martius. — Gay I pág. 87. Rei- 
che I pág. 41. íCalafatex y '<Michayx. Se halla en los ce- 
rros y es siempre un arbustito insignificante. 

6. Familia Papaveráceas 

Esclisclioltzia calif árnica Gham. — Reiche 1 pág. 44. 
«Dedal de oro> . Ya es común en los terrenos sueltos y 
asoleados. 

Argemone mexicana L. — Gay I pág. 99; Reiche I pág. 
44. «Cardo blanco». Se hallan todas las variedades: blan- 
ca, amarilla, etc. 

Papaver somniferum L. — Gay I pág. 96; Reiche I 
pág. 45. «Amapola», «Adormidera». Suele encontrarse 
como maleza cerca de las casas de los inquilinos. 

Fumaria media Loisl. — Gay I hág. 104; Reiche I 
pág. 45. «Hierba de la lagartija». Crece en abundancia a 
lo largo de las cercas. Sus infusiones son empleadas con 
ventaja en las congestiones del hígado. Florece de Agos- 
to a Octubre. 

7. Familia Cruciferas 

Mennonvillea ^tinjóUaThchev et M- Gay I pág. 184; 
Reiche I pág. 53. Se halla en lo alto de la cuesta de los 
Arrayanes (Las Piedras). 

Lepidium bipinnatijidum Des v.— Gay I pág. 165; Rei- 
che I pág. 65. Crece a lo largo de los caminos; florece des- 



Daffuel & Pirion.— FANERÓGAMAS 1)R iMARGA-MAKOA 357 



de Agosto. Fácilmente puede confundirse con la especie 
siguiente: 

Coronopns 'pinnatifidus (J). C.) Gaertn. — Gay I pág. 
174 (Scnebiera pinnatifida ]). Cí.); Eeiche I pág. G7. Cre- 
ce en los mismos sitios que la anterior. Es fétida. 

Sisi/mbiinni qfficinalc Scop. — Gay I pág. 121; Eeiche 
I pág. 72. «Mostacilla». Prefiere los terrenos cultivados. 

Brassica rapa L. Gay I pág. ]38(B. campestris L.); 
Eeiche I pág. 83. «Yuyo». Es maleza común en todas par- 
tes. 

Brassica napns L. — «íí'aho» es planta cultivada que 
no pocas veces se encuentra en estado silvestre. 

Brassica oleraceiis L. — Eepollo», «C^ol», Las dife- 
rentes clases son todas cultivadas. 

Baphanus silvestris L., melius, sativus L. — Eeiche I 
pág. 84 et IV pág. 460. < Rábano ;. (-omún como maleza en 
los campos cultivados. Tiene flor morada y a veces blanca. 

Nasturtium officinale E. Br. — Gay I pág. 117; Eeiche 
I pág. 87. «Berro». Es común en el valle. Florece en Oc- 
tubre. 

Cardamine nasfurtiuides Bert.--Gay I pág. 113; Eei- 
che I pág. 99. «Berro». Es más común que la especie ante- 
rior, y visiblemente más pequeña; florece desde Septiem- 
bre. 

Cardamine tuberosa D. 0. — Gay I pág. III; Eeiche I 
pág. 97. Se halla en los cerros en los sitios frescos y florece 
en Septiembre. 

CapseUa hursa pastoris (L) Mnch. — Gay I pág. 173; 
Eeiche I pág. 110. «Bolsita», «Mastuerzo . Plantita co- 
mún en todas partes. 

Bescurainia canescens (Nult) Prtl. — Gay I pág. 128 
(Sisymbrium canescens Xutal); Eeiche I pág. 120. Es esca- 
sa en el valle; ha sido hallada en los quillayes cerca de la 
poza de Cirilo. Florece en Septiembre. 

8. Familia FlacouktiAceas (Bixáceas) 

Azara GiUiesii Hook et Arn. — Gay I pág. 193; Eei- 
che I pág. 131. «Lilén», «Nogalillo». Esta especie se en- 
cuentra en la extremidad de la quebrada del Carrizo (Las 
Piedras) en el límite con el Pano'ui. 



íJÓlS revista chilena uk historia natural 

A^ara intefjri/olia R. et Pav.~Gay I pág. 199; Rei- 
che I pág. 132. «Liléii». Es común en los cerros secos. 

Asara dentata R. et Pav. — Gay I pág. 198, Reiche 
I pág. 132. «Corcolén». Es común en el plano y se distin- 
gue fácilmente de las demás especies por su color blan- 
quecino. 

Azara serrata R. et Pav. — Gay I pág. 197; Reiche T 
pág. 133. «Lilén». Es muy parecida a la especie siguiente, 
pero se distingue por sus inflorescencias alargadas; florece 
en Septiembre. 

Azara celastrina Don. — Gay I pág. 195; Reiche I 
pág. 134. «Lilén>>. Es el lilén más común en el valle; flo- 
rece en Enero. 

9. Familia Violáceas 

Viola Portalesia Gay. — Gay I pág. 432; Reiche T 
pág. 147. (.Violeta de cerro». Es común en todos los ce- 
rros desde principios de Septiembre. 

Viola Sj). — Fué hallada una sola vez en la parte baja 
del potrero del «bolsico» en las Piedras. Florece en Enero. 

10. Familia Poligaláceas 

Monnlna lineari/olia R. et Pav. — Gay I pág. 240; 
Reiche I pág. 164. Se halla en los cerros áridos y florece 
desde Septiembre hasta Febrero. 

PolyífaJa stricta. — Gay I pág. 23G; Reiche I pág. 166. 
Es pequeña y con la corola rosada. 

Polygala thesioides Willd. — Gay I pág. 237; Reiche 
I pág. 167. «Quelen-Queleu». Flores azulejas. Crece en los 
cerros altos del Fullero. 

11. Familia Cariofiláceas 

Silene fjallka L. — Gay I pág. 258; Reiche I pág. 175. 
Florece especialmente en Septiembre y noviembre, pero 
todavía en Enero está con flores. 

Stellaria media Sm. — Gay I pág. 263; Reiche I pág. 
180. Muy común en los sitios sombreados. 



Daffuel & PiriOn. — FANERÓGAMAS de AfAUCA-MAUíiA HíÁÍ 



Sfellaria cuspidata Willd. — Gay I pág. 2G4; Eeiclie I 
psíg. 180. «Quilloy». Su flor blanca se destaca fácilmente 
en medio de las demás malezas de los matorrales. 

Cerast'mm cardiopetalum Naud. — (lay I pág. 274; Eei- 
clie I pág. 182. Maleza, no muy común. 

Cerastium ridf/afiim L. — Gay I pág. 278; Reiche I 
pág. 183. Es mucho más frecuente que la anterior; sus 
pedúnculos, después de la polinización no se inclinan ha- 
cia abajo como en la precedente. 

Cerastium arvense L. — Gay I pág. 275; Eeiche I pág. 
184. ^< Oreja de ratón». 

Sagina apétala L. — Gay I pág. 282; Eeiche I pág. 
186. Esta plantita es muy común en Septiembre; mide 
menos de 10 cm. de largo. 

Alsine minuta (Naud) Eohrb. — Gay I pág. 267 (Are- 
naria minuta Naud); Eeiche I pág. 190. Es aún más pe- 
queña que la especie anterior, pues no excede comunmen- 
te de 3 a 4 cm. 

Tissa aprica (Spergalaria aprica). Phil. — Eeiche I 
pág. 201. 

Tissa media L.— Gay I pág. 267; Eeiche I "pág 201. 
(=Arenaria media L.) Posiblemente existan más especies 
de este género. 

Folycarpum tetrapliyltum Jj. — Gay I pág. 526. Eeiche 
I pág. 205. Ño es escasa. 

Microphyes lanuginosus Phil. — Eeiche I pág. 205. 
Es una plantita blanquecina y lanuda de 2 ó o cm. que se 
encuentra en abundancia en los terrenos secos y duros en 
Septiembre. 

CorrigioJa squamosa Hook etArm. — Gay II pág. 518; 
Eeiche I pág. 208. En los cerros secos y asoleados, y aún 
en medio de los guijarros del estero. 

Paronychia chilensis I). C. — Gay II pág. 521; Eeiche 
I pág. 209. «Dicha . Es frecuente en los cerros. 

AcantJionychia ramossisima Hook et Arn. — Gay II pág. 
523 [Pentaccena ramosissima D C); Eeiche I pág. 211. «Di- 
cha». Abunda en los terrenos secos, arenosos y endure- 
cidos. 



3()0 KIüVl.STA CIIILIONA DK III.STOIIIA NATIKAL 



12. Familia Malváceas 

Abutilón cpratocarpiim Hook. — Gay I púg. o81; Rei- 
che I pág. 218. Hojas cenicientas y felpudas; las ñores son 
grandes y vistosas. 

Spharalcea obtusiJoUa Don. — Gay I pág. 291; Reiehe 
I pág. 221. — Sin ser escasa, no es común. Se halla en lus 
cerros asoleados, 

Modiola caroliniana (L.) Don.— Gay I pág. 306; 
Eeiche I pág. 223. «Pila-pila». Es maleza muy común y 
molesta. La var. mult'ifida Mnch. es más rara que el 
tipo. 

Malva niraoisis All. — Gay I pág. 297; Eeiche I pág. 
227. '<Malva>\ Planta muy común en las tierras sueltas, 
y en los caminos. 

Anodn hasfaia Car, — Gay I pág. 314; Reiche I pág. 
239. Crece como maleza en los huertos. 

Crisfaria sp?. — Se encuentra en el Bolsico. Es muy 
escasa en otras partes. 

13. Familia Eleocaupáceas 

Crino dendrum patagua Mol.— Gay I pág. 338; 
Reiche I pág. 266. — < Patagua». Es muy común a orillas 
de los esteros. Su madera da carbón de muy inferior cali- 
dad. 

Aristotdia wíaí/¿í/ L'fíérit. Gay I pág. 336; Reiche 
I pág. 267. «Maqui». Sus bayas son comestibles y en al- 
gunas partes son utilizadas para darle color al vino. En el 
valle no le hemos visto nunca dar esta aplicación, pues los 
vinos son de por sí ya muy tenidos debido a la naturale- 
za seca de los terrenos. 

14. Familia Vitáceas 

(Jhsus striata R. et Pav.— Gay I pág. 376; Reiche I 
pág. 277. < Parrilla»; «zarzaparrilla». Es muy común en 
las quebradas y sitios algo vegosos. Sus propiedades de- 



.Daffucl & Pirion.— i'ANEiíOGAMAs i)K mak(ía-mai:(;a Hüi 



purativns la hacen emplear para purificar la sangre: se 
usa el tallo leñoso en infusiones. 

Vitis vinífera L. — La «vid» es cultivada en el valle 
desde los primeros tiempos de la Colonia. Son frecuentes 
las parras cimarronas que crecen en estado silvestre, sea 
en quebradas, sea cerca de vertientes. 

15. Familia Gkraniáceas 

Geranium Bohertiamim L. — Gay I pág. 38G; Reiche I 
pág. 280. «Alfilerillo». Común en Septiembre. 

Geranium core-rore Steudel. — Reiche I pág. 284. 
'< Core-core » . 

Geramum bnti^rianíim Colla. — Gay I pág. 383; 
Reiche I pág. 285. "Alfilerillo». Es la especie más co- 
mún. 

Erodhim cirutaruim Lem. — Gay I pág. 388; Reiche 
I pág. 288. < Alfilerillo». Es de todas las gerianá(íeas la 
especie más común; muy pequeña en los terrenos secos y 
áridos, adquiere grandes proporciones en los terrenos 
sueltos y abonados. 

Erodium moschatum Willd.— Gay I pág. 389; Reiche 
I pág. 288. «Alfilerillo». Tiene fuerte olor a almizcle. 

Erodium sp. — 

Viviana rosea Ilook. — Gay I pág. 175; Reiche I pág. 

290. «Oreganillo». «Té de burro». Se halla sólo en los ce- 
rros de las Cardas a 1,500 m. en la parte que limita con 
el fundo «Las Piedras». 

Viviana crenata Hook.— Gay I p. 400; Reiche I pág. 

291. Se halla en abundancia en la margen derecha del 
estero del fullero (Las Piedrasj. 

16. Familia Tropeoláceas 

Tropceolum ciliatam R. et Pav. — ^Gay I pág. 418; 
Reiche I pág. 297. Es muy común. 

Tropceolum tricolor Lindl. — Gay I p. 411; Reiche I 
pág. 298. «Pajarito». Es una de las flores más ornamenta- 
les en la primavera. 



802 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

Tropaolum majus L. — < Espuela de galán:. Suele 
verse en la vecindad de las habitaciones. 

17. Familia OxalIdeas 

Oxalis laxa Hook et Arn. — Gay I pág. 447; Reiche I 
pág. 314. Es muy común. 

Oxalis micrantha Bert. — Gay I pág. 449. (O. alsinoi- 
des Walp.) Reiche pág. 316. Tan común como la ante- 
rior. 

Oxalis carnosa Mol. — Gay I pág. 440; Reiche I pág. 
321. Se halla en los sitios muy secos y muy expuestos al 
sol. 

Oxalis rosea Jacq. — Gay I pág. 456; Reiche I pág. 
323. «Vinagrillo». Con esta planta se hacen panes o tor- 
tillas. Recordamos haber encontrado una mata de esta 
especie con' las flores totalmente blancas. 

Oxalis articulata Sav.— Gay I pág. 452; Reiche. I 
pág. 339. «Vinagrillo». Esta especie aunque menos común 
que la anterior, le es preferida para la confección de pa- 
nes y tortillas. 

Oxalis lohata Sims. — Gay I pág. 427; Reiche I pág. 
338. «Flor de la perdiz». 

18. Familia Lináceas 

Limim chamissonis Schiede. Gay I pág. 462; Reiche 
I pág. 342. «Retamilla». 

Liniim usitatissimum L. — «Lino». No se cultiva en 
ninguna parte en el valle, pero con todo suele encontrar- 
se a veces ejemplares en los terrenos cultivados. 

19. Familia ZigofilAceas 

Porliera hygroméírica R. et Pav. — Gay I pág. 477; 
Reiche I pág. 346. «Guayacán». Es planta relativamente 
escasa en el valle; la parte donde hay más se halla en Las 
Piedras cerca de la parte plana del estero del fullero. 



Daffuel & Pirion.— i'ANiíiMUiAMA.s di; makca-.maiu; a 'Mvi 



20. Familia Rutaceas 

Huta bracteosa D. C. — Gay I pág. 489* Reiche I pág. 
350. «Ruduí. — Se encuentran matasen varias partes, pe- 
ro es especialmente abundante entre Los Coligues y Las 
Piedras. 

2L Familia Cel.\strAciías 

Mayfenns boaria Mol. — Gay 11 pág. 7; Reiche II 
pág. 2. «Maitén». Su madera es poco apreciada, pero da 
buen carbón. 

22. Familia Icacináceas 

Villaresia mucronata R. et Pav. — Gay II pág. 13 (May- 
tenus chilensis); Reiche II pág. 4. — «Naranjillo». Este ár- 
bol no tiene aplicación; su madera no es firme y su carbón 
liviano y sin fuerza. Don Ambrosio ( )'IIiggins pensó que 
sería posible sustituir el Mate (Ilex paraguaiensis) del 
Uruguay con el Naranjillo, pero los ensayos no dieron el 
resultado deseado por el ilustre gobernador, pues el Na- 
ranjillo carece del alcaloide que da su valor al mate. 

23. Familia Ramnáceas 

Betamilia epliedra Brongn.— Gay II pág. 25; Reiche 
II pág. 9. — «Retamilla». Es sin aplicación; no es tampoco 
muy común. 

Trevoa trinervis Miers. — Gay II pág. 24 (T. trinervia 
Hook); Reiche II pág. 10. <<Tebo>. 

Discaria serratijolia Miers. — Reiche II pág. 15 «Te- 
bo> o «Trevo». Muy parecida a la especie anterior con la 
que se confunde habitualmente. Esta tiene por fruto una 
cápsula y aquella una drupa. 

Colletia ferox Gilí, et Hook. — Gay I pág. 30; Reiche 
II pág. 20. «Cruceros, «Junco marino». 



3(34 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



Colletia sj)inosa Lam. — Gay II pág. 29; Eeiche II 
pág. 19. «Crucero y Junco marino» como el anterior del 
que se diferencia sólo por ser menos espinudo e intrincado, 
por lo que podrían confundirse en una sola especie. 

24. Familia Anacaiídtáceas 

Schimis molle li. — Eeiche II pág. 23. «Pimiento». Es- 
te árbol del norte de Chile crece en estado semi-silvestre 
en Marga-Marga. 

Schinus dependens Ortega. — Gay II pág. 42 (Duvaua 
dependeus JJ. C); Eeiche II pág. 23. ';Huingánj>. Este ar- 
busto es muy común y según los terrenos donde crece tie- 
ne las hojas más o menos anchas. 

Schinus montanus Engler. — -Eeiche II pág. 24. Este 
arbusto crece en el cerro de las Cardas. Participa del moUe 
y del litre, pero su savia no es cáustica. 

Schinus ¡(difolius Engíver. — Gay II p. 45 (Litrea mo- 
lle); Eeiche II pág. 25. «Molle». Es muy común en Marga- 
Marga donde ha dado su nombre a uno de los fundos «Los 
MoUes». 

JJthnca cáustica Miers. — Gay II pág. 44. (Litrea ve- 
nenosa); Eeiche II pág. 26 «Litrea. Abunda en el valle; da 
excelente carbón y su madera muy dura y resistente pro- 
porciona camas de ruedas muy estimadas. Su savia causa 
en la cutis de ciertas personas erupciones pustulosas acom- 
pañadas de comezones más o menos agudas. 

25. Familia LKciinnNosA.s 

Acacia cavenia Mol. — Gay II pág.. 255; Eeiche II 
pág. 28. «Espino». Es muy común en el valle. Con fre- 
cuencia se notan en sus ramas excrecencias y proliferacio- 
nes muy espesas producidas por un hongo «Eaveuelia ílie- 
ronymi» Speg. — Acompaña a éste, otro hongo en forma de 
tubitos blanquecinos «Aecidium Hieronymi» Speg. 

Sabido es que el espino da el carbón más apreciado. 

Gassia süpulacea Ait. — Gay II pág. 241; Eeiche II 
pág. 35 «Alcaparra». — Existen unas pocas matas en el 
lecho del estero del Fullero. 



Daffuel & Pirion. -FANKKÓGAMAt) de maikía-maiuía 365 

Suplwra macrocarpa Sm. — Gay II pág. 215 (Echvard- 
sia chileusis Miers); Eeiche II pág. 52. — ;Mayo>;. Es muy 
común, y sin utilidad alguna. 

Lupinus microcarpiis ^\ms. — Gay II pág. 84; Reiche 
II pág. 57. — Alberjillax. Se halla en los cerros desde 
fines de Septiembre. 

J\redicaf/o liipidina L. — Gay II pág. 59, Reiche II pág. 
()1. Su legumbre tiene una sola vuelta, y las estípulas casi 
enteras. 

Medicaqo or/>/r«/rtr¿s All. ^Reiche II pág. 61. ;Hual- 
puta»; legumbre con 5 o 6 vueltas recorridas por venas 
engrosadas en los bordes; estípulas pestañosas. 

Medicofio tuberculata Willd. — Reiche II pág. 61 
«Hualputa»; legumbre con 3 a 5 vueltas apretadas con los 
bordes provistos de pequeños tubérculos; estípulas pesta- 
ñosas. 

Medicado níutima Lam.— Gay II pág. 6o; Reiche II 
pág. 62. 

Planta velluda; legumbre globosa de 3 a 5 vueltas con 
los bordes provistos de dos filas de dientes largos; estípu- 
las grandes, enteras o dentadas. 

Med'icarjo macidata Willd. Gay II pág. 61; Reiche II 
pág. 62. c'Hualputa '. Esta especie es notable por tener eu 
el medio de las hojuelas una mancha blanquecina o more- 
na; legumbre con 3 a 5 vueltas y con dos filas de púas di- 
vergentes en los bordes; estípulas pestañosas. 

Medicar/o dentkulata Willd. — Gay II pág. 62. Rei- 
che II pág. 63. La legumbre de 3 a 5 vueltas con dos filas 
de púas largas; cada púa parte en su base de dos puntos; 
estípulas pestañosas lanceoladas. 

Mediccujo sátira L. — Gay II pág. 60; Reiche II pág. 
63. Alfalfa:. Esta planta que da ano de los mejores fo- 
rrajes se cría en el valle, pero la sequía y la naturaleza 
misma de los terrenos no permiten cultivarla con gran 
éxito. 

Melilotus indica All. — Gay II pág. 65 (Melilotus par- 
vifiora Desf); Reiche II pág. 63 (Trébol. .— Es -planta 
muy común que fácilmente se distingue de los géneros 
vecinos por sus numerosas flores amarillas y pequeñas dis- 
puestas eu largas espigas. 

Trijolium megalantlmm Hook. — Gay II pág; 68; Rei- 



¡{(iP) HKVISTA CHILENA UE HISTOKIA NATL'líAL 



che II pág. G7. * Trébol . 8e encuentra especialmente en 
los cerros; sus flores son rojizas. Varía mucho en tamaño. 

Trifolium repens L. — Reiche II pág. 70. «Trébol >. 
Su flor es blanca y se halla en terrenos cultivados o cerca 
del agua. 

Iri/olium pratense L. — *Trébol europeo*. — Sólo se 
encuentra por casualidad. 

Hosackia subpñniuda Torr. — Gay II pág. 78 (Lotus 
subpinnatus Lag); Reiche II pág. 75. Es muy común en 
los cerros en Septiembre y Octubre. 

Fsoralea r/Iandnlosa L. — Gay II pág. 8G; Reiche II 
pág. 7(3. «Culénx. Abunda a orillas del estero. Es planta 
medicinal, pero no la hemos visto emplear por la gente 
del valle. El contacto de sus hojas produce en el cutis de 
ciertas personas erupciones pustulosas análogas a las que 
produce el litre. 

Astro f/alus canescens Hook et Arn. — Gay II pág. 105; 
Reiche II pág. 08. Se halla en los cerros de Las Piedras, 
cerca de Lliu-lliu. 

Adesmia arbórea Bert. — Gay II pág. 1ÍJ4; Reiche II 
pág. 120. xEspinillo ^, Palhuén?. Común en los cerros. 

Adesmia microplmllla Hook et Arn. — Gay II pág. 
196; Reiche II pág. 131. ''Palhuén>^ Xo tan común como 
la especie anterior. Tiene las hojas muy chicas. 

Adesmia plujlloide a Q\o& — Gay II pág. 18G; Reiche 
II pág. 139. Prefiere los lugares áridos y asoleados. El 
raquis es muy grande en comparación de las hojuelas que 
son muy chicas 

Adesmia leiocarpa, var. elata CUos. — Gay II pág. 160; 
Reiche II pág. 139. Las hojas están cubiertas de un vello 
blanco. 

Adesmia radiciJoUa Clos. — Gay II pág. 170; Reiche 
II pág. 147. En todos cerros; hojas amontonadas en la 
base. 

Adesmia la.ia Clos. — Gay II pág. 162; Reiche II pág. 
161. Tiene las hojuelas largas y delgadas. 

Adesmia sp. — Crece en el cerro de La Plata (Lliu- 
lliu); los vaqueros le dan el nombre de ;< Mascarilla». Por 
no tener el ejemplar en nuestro poder, no lo podemos de- 
terminar. 

Adesmia balsámica Bert. — Gay II pág. 180; Reiche 



Daffuel iV Pirion. -famí:k()(.a.ma.s de .maik.a-.maikía 3(57 

II pág. 167. Es escasa. Se lialla en la (juebrada del (!ar- 
pintero (Quillayes). 

Adesmia londonia Hook et Aru. — Gay II pág. 178; 
Keiche II pág. 167. Carece en Los Perales, eu el cerro si- 
tuado frente a la Ermita (Perales) y en el alto del Belloto. 

Adesmia resicaria Bert. — Gay II pág. 154; Reiche II 
pág. 175. Crece en medio de las hierbas de los cerros. 

Vicia nif/ricans Hook et Arn. — Gay II pág. 140; 
Reiche II pág. 184. Las hojas se vuelven negras con la 
disecación; ñores rosadas. 

Vicia vicina Clos. — Gay TI pág. 138; Reiche II 
pág. 180. Corola, blanco azulada. 

Vicia vicina, var. mucronata Clos. — Igualmente co- 
mún en los cerros en medio de los arbustos. 

Latlujvus debilis Clos. — Gay II pág. 142; Reiche II 
pág. 200. Crece en medio de las hierbas. 

LatJii/rus epetiolaris Clos. — Gay. II pág. 146; Reiche 
II pág. 202. Se halla en medio de los matorrales de los 
cerros. 

26. Familia RosAceas 

QuiUaja saponaria Mol. — Gay II pág. 274; Reiche II 
pág. 210. ¿Quillay». Este precioso árbol proporciona ex- 
celente carbón y su corteza es objeto de un activo comer- 
cio de exportación a causa del principio jabonoso que con- 
tiene. Estás cualidades mismas son causa de que se le 
corte en todas partes inconsideradamente. 

Kafjcneckia cratter/oides Don. — Gay II pág. 271; Rei- 
che II pág. 211. Bollen». Se encuentra en muchas par- 
tes, pero no abunda en ninguna. El género Ivageneckia 
fué creado por los señores Ruiz y Parón en honor de Fe 
(lerico de Ivageneck, embajador de Holanda en la Corte 
de Madrid. 

Bubas uhuifolius Schott fil. — Reiche II pág. 21.3. 
«Zarzamora . Esta planta que constituye una plaga eu 
algunas provincias de CJhile, no ha logrado multiplicarse 
mucho en Marga-Marga, donde además fructifica mal. 

Alchemilla arrensis Scop.^Gay II pág. 302 (Apha- 
nes arvensis L.);Reiche II pág. 217. Crece en medio de 
otras hierbas y tiene solo unos cinco centímetros de largo. 

Marfiyricarpus sefosus R. et Pav.— Gay II pág. 279; 



368 UKVISTA CHILENA DB lUSTOlllA NATUUAL 

Eeiche II pág. 218. «Sabinilla», «Yerba de la perlilla». 
Es plauta muy medicinal para purificar la sangre; es diu- 
rética. Crece en los cerros secos. Su nombre genérico 
significa /rííío en forma de perla] en efecto su fruto es una 
drupa pequeña, blanca y reluciente como perla. 

Acrena pinnat'ifida R. et Pav. — Gay II pág. 283; Rei- 
che II pág. 226. «Amores secos*, «Pimpinela», «Cadillo». 
Se encuentra en todos los cerros. 

Acama trífida P. et Pav. — Gay II pág. 292; Reiche 
II pág. 229. Lleva los mismos nombres que la especie an- 
terior y se halla en ios mismos parajes. 

Pertenecen a las Eosáceas las siguientes plantas de 
cultivo muy comunes en Marga-Marga. 

Frunus amijfidalus Stokes. — -Almendro». 

Prtinus jJéTSíca (L.) Lieb. — «Durazno», «Melocotón». 
.Este último se da muy bien; si bien está sujeto como en 
otras partes a las deformaciones que hace sufrir a sus ho- 
jas el hongo Exoascus deformans:. 

Pnoms arium L.— «Guindo». 

Frunus cerasus Lois. — ' CJerezo » . 

Frunus domestica [li). — « Ciruelo » . 

Frunus armenica L. — «Albaricoque», «damasco». 

Firus malas L. — <Manzanos. Es apestado por el pul- 
gón lanígero «Schizoneura lauigera». 

Firus communis L. — «Peral. Hay muchas varie- 
dades. 

Cjjdonia vulgaris Pers.— .< Membrillo». 

Ci/donia Japónica Pers. — -«Zarza ardiente». Es ar- 
busto de adorno. 

Eriobotr ya japónica Lindl. — < Níspero del Japón». 

Mespilus germánica L. — ;< Níspero europeo». 

CraUrgus oxyacantha. — «Mostellar». Esta especie se 
ha vuelto silvestre. 

27. Familia OnagrAceas 

Jussiea repetís L. — Gay II pág. 322; Reiche II pág. 
241. Se cría en el estero. 

Epilobium puberulum líook et Arn. — Gay II pág. 
347; Reiche II pág 245. 



Jaffuel & Pirion.— FANERÓGAMAS DE MARGA-MARUA 369 



Epilohium clúlense Hausskn. — Gay II pág. 348; Eei- 
che II pág. 249. 

Godetia Cavanillesii Spach. — Gay II pág 338; Eeiche 
II pág. 255. 

Godetia Gayana Spach. — Gay II pág. 340; Eeiche II 
p. 255. Las especies son muy parecidas. La primera tiene 
la flor de un rojo sangre de toro, y la segunda es morada 
azul. La última es mucho más común. 

Godetia dasycarpa Phil.— Eeiche II pág. 255. Igual a 
la anterior pero con las hojas más apretadas. 

Oenothera Berteriana Sp. — Gay II, pág. 336; Eeiche 
II pág. 260. Abunda en los terrenos arenosos y asoleados. 
Los trabajadores la suelen emplear para atar las gavillas. 
La hemos oído llamar «Don Diego /> y «San Diego». 

Lavauxia mutíca Sp. — Gay II pág. 336 (Oenothera 
rautica Gay); Eeiche II pág. 262. «Don Diego de la No- 
che» y «Yerba de la apostema». 

Chamissonia tenuijoUa Sp. — Gay II pág. 327 (Sphoe- 
rostigraa tenuifolium Sp.); Eeiche II pág. 263. Se halla en 
los sitios secos y arenosos. La especie Ch. dentada (DC) 
parece ser una variedad algo más vigorosa de la anterior. 

Fuclisia coccínea Ait. — Gay II pág. 350; Eeiche II 
pág. 267. «Fucsia», Chilco». — En el valle se encuentra en 
la quebrada del Carpintero, en el fundo los Quillayes. La 
especie F. rosea E. et Par. tan común en los alrededores 
de Valparaíso no se halla en el valle. 

28. Familia Halokrhajiüáceas 

Myriopliyllum verticiUatmn L.— Gay II pág. 357; 
Eeiche II pág. 270. «Yerba del sapo». Se halla en gran 
abundancia en uno de los estanques del bosque de Boloña 
(Los Perales). 

Gimnera ckilensis Lam. — Gay II pág. 363 (Gunnera 
scabra E. et Pav); Eeiche II pág. 272. «Pangue». Esta 
planta que en otras partes forma extensos pángales se 
halla aquí en reducido número y poco se aprecian sus nal- 
cas (pecíolos) que la gente de los campos apetecen tanto 
en otros puntos. 

líKV. CH. DE HIST. XAT. (1921) (24) 



370 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



29. Familia LitiíáciíAs 

Lijtlirum lujssopifolia L. — Ga}' II pág. 367; Eeiche II 
])ág. 275. «Romerillo». Frecuente en los sitios húmedos. 
Es anual. 

Li/thnim álbum H. B. Kth. — Gay II pág. 368; Eeiche 
II pág. 276. Es menos frecuente que la especie anterior. 
Es perenne; su tallo es leñoso eñ la base y sus hojas al- 
ternas. 

Li/fJintm aciwfoUa Sess Moq. — Eeiche II pág. 277. 
Muy parecido ai anterior, pero con las hojas opuestas, ex- 
cepto las superiores que son alternas. 

PJeurophora polijcmdra Hook. et Arn. — Gay II pág. 
371; Eeiche II pág. 278. En los terrenos muy secos. 



30. Familia Mirtáceas 

Lgni Mol'mcE Turcz. — Gay pág. 379; Eeiche II pág. 
282. «Murtillo» «Uñi». Ue esta mirtácea sólo existen unas 
pocas plantas en el portezuelo del Paso Hondo (Los Coli- 
gues) y en el cerro de las Cardas (Las Piedras). Un hongo 
parásito produce en sus ramas excrecencias, de las que 
nacen gran número de pequeñas ramitas. Sus hojas varían 
mucho en tamaño en una misma planta. 

Blepliarocaly.r Cruckhaiiksn (Berg) In dz. — Gay II pág. 
393; Eeiche II pág. 292. «Petra». Es muy frecuente a ori- 
llas del estero y en las quebradas donde algunos ejempla- 
res alcanzan grandes dimensiones en altura y en grosor. 

Myrceiigenia sfenophyUa Berg. — Gay II pág. 395 (Eu- 
genia steuophylla Hook et Arn); Eeiche II pág 297. Muy 
común a orillas del estero. 

Eugenia chequen Hook et Arn. — Gay II pág. 31 K); 
Eeiche II pág. 305. «Arrayán:). Es muy frecuente en el 
valle. 

Eucalyptus glohulus. — El eucalipto fué introducido en 
valle por el H.*^ Ángel Lucas el año 1869. Hoy existen 
numerosas plantaciones de varias especies. 



Daffuel & Pirion.— FANERÓGAMAS de marga-marga 371 



31. Familia Malesherbiáceas 

Malesherbia linearifolia Poir. — Gay II pág. 420, 
Reiche II pág. 317. Se cría en los sitios muy calurosos; 
abunda en especial a lo largo del camino de Las Piedras 
que sube al Belloto. 

32. Familia Portulacáceas 

Portulaca olerácea L. — Gay II pág. 473; Reiche II 
pág. 361. í. Verdolaga». Maleza muy común en los huer- 
tos, viñas, etc. 

Calandrinia grandiflora Lindl. — ^Gay II pág. 501; 
Reiche II pág. 339. «Pata de huanaco». Tiene grandes 
flores coloradas. Se hallan numerosos ejemplares a lo largo 
del camino de Las Piedras que sube al GoUiguay. 

Calandrinia arenaria L. — Gay II pág. 497; Reiche 
II pág. 345. Sin ser escasa esta especie no es muy común. 

Calandrinia compressa Schrad. — Gay II pág. 489; 
Reiche II pág. 346. Es seguramente la especie más común. 

Calandrinia axilliflora Barn. — Gay II pág. 486; Reiche 
II pág. 347. 

Calandrinia capitata Ilook et Aru. — Gay II pág 510 
(^C. áurea Barn.); Reiche II pág. 350. 

Calandrinia ramosissima Hook el Arn. — Gay II pág. 
509; Reiche II pág. 353. 

33. Familia Grasuláceas 

Crassula mínima (Miers). — Gay II pág. 529; Reiche 
II pág. 369. Es probable que existan varias especies de 
este género. 

34. Familia Cactáceas 

Cereus quisco Remy. — Gay III pág 19. «Qnisco». Es 
todavía común en algunas partes, especialmente en Las 



372 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

Piedras. Se halla eu la parte plana y eu los faldeos de los 
cerros, Su fruto es el guillave. 

Echlnocactiis sp. — Se halla en los sitios áridos y de 
preferencia altos. Sus flores soa coloradas. Su altura no 
excede de 20 a 30 centímetros. 



35. Familia Saxifragáceas 



Francüü sonchijolia Cay. — Gay III pág. 148; Reiche 
III pág 10 Llaupaiigue». Común cerca del cerro del Re- 
tamo, tanto en Los Perales como en Los Colihues. 

Tetilla liijdrocotijlifoUa D. C— Gay III pág. 149; 
Reiche III pág. 11 «Tetilla». Es planta de primavera. 
Crece en los sitios húmedos y pedregosos (*). 

EscaUonia imlveridenta Var. glabra Engler — Gay 
III pág. 56 (=Escallonia Berteriana 13. C); Reiche III pág. 
17. «Corontillo». — Este arbusto con sus hermosas flores 
blancas es muy común en los cerros. Florece en Diciem- 
bre-Enero. Creemos que se debería conservar el nombro 
de EscaUonia Berteriana como especie. 

EscaUonia rubra (R. et Pav.) Pers. — Gay III pág. 51; 
Reiche III \>é.^. 20 «Xipa». — Crece a orillas del estero, 
especialmente en el carrizo. 

EscaUonia iUinita Presl. — Gay III pág. 60; Reiche 
III pág. 23. «Barraco», «Xipa> . — Muy frecuente a orillas 
del estero. La gente le atribuye la propiedad de impedir 
la propagación de la peste. 

EscaUonia revoluta (R. et Pav.) Pers. — Gay III pág 
55; Reiche III pág. 25. «Lún». — Hay pocos ejemplares 
en el valle, pero existe gran cantidad en el llano de 
Llíu-Llíu. 

Bibes 2^iífictatum (R. et Pav.) — Gay III pág. 34; Rei- 
che III pág. 44. «Parrilla». — Común en todos los cerros. 
Sus frutos son comestibles. 



(*) Un estudio biolóírico de esta especie se ha publicado en esta 
misma Revista, año XIX (1915), pp. 22-29, por el señor Alejandro 

HORST. — X". DE LA EeDACCIÓX, 



Daffuel & Pirion. -fanerógamas de marga-marga 373 



36. Familia UxMbelíferas 

Hi/drocoti/Ie ranunculoides L. Gay III pág. 65; Eei- 
che III pág. 52. «Yerba de la Plata». — Crece en todos 
los esteros y sitios vegosos. Tiene las hojas lobuladas. 

Nydrocofi/le modesta Cham. — Gay III pág. 63; Eei- 
che III pág. 52. — Se diferencia de la anterior por sus ho- 
jas más enteras. 

Bowlesia dichotoma D. C. — Gay III pág. 72; Reiche III 
pág. 58. — Planta velluda cenicienta, con las flores rosa- 
das. Tallos erguidos. 

Bouiesia teñera Spr. — Gay III pág. 76; Reiche III 
pág. 59. — Planta tierna, apretada, arrastrada y fínaraente 
pubescente. 

Boivlesia tripartita Clos. — Gay III pág. 76; Reiche III 
pág. 60. — Tallos prismáticos, tendidos y algo ásperos. 

Azorella spinosa Pers. — Gay III pág. 92; Reiche III 
pág. 73. «Yerba santa». — Se halla sólo en los cerros más 
altos: cerro del Quillay, Llíu-Llíu, Las Cardas, etc. 

Mulinum spinosum Pers. — Gay III pág. 89; Reiche III 
pág. 79. «Yerba negra, Dichillo». — Se halla en los mis- 
mos sitios que la especie anterior. 

Asteriscium chilense Cham. et Schldl. — Gay III pág. 
100; Reiche III pág. 84. «Anisillo, Muchu». En todos los 
sitios asoleados. 

Sanicula liberta Cham. et Schldl. — ^Gay III pág. 109; 
Reiche III pág. 90. «Pata de león». — Tiene las hojas in- 
feriores quinqué-dentadas y la especie siguiente las tiene 
bipinadas. 

Sanicula graveolens D. C. — Gay III pág. 110; Rei- 
che III pág. 91. (Sanícula macrorrhiza Colla). — Florece 
en Septiembre. Tiene un olor muy fuerte y desagra- 
dable. 

Eryngiimi panicidatum Cav. et Pomb. — Gay III pág. 
115; Reiche III pág. 97. «Cardoncillo». — Crece en los si- 
tios muy asoleados. 

Osmorrkiza Beyterii D. C. — Gay III pág. 142; Rei- 
che III pág. 101. (Osmorrhiza chilensis Ilook et Arn. — 
Prefiere los sitios sombreados. 



374 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

Conium maculatum L. — Gay III pág. 144; Eeiche III 
pág. 102 «Cicuta». — Muy común. 

Torilis nodosa Gocrtn. — Gay III pág. 138; Eeiche III 
pág. 104. — No es todavía muy común en el valle. 

Fveniculum vulgare Mili. — Gay III pág. 128; Eei- 
che III pág. 105. «Hinojo». — Común cerca de las casas. 

Ammi visnaga Lam. — Gay III pág. 126; Eeiche III 
pág. 106. «Visnaga». — Maleza común en todas partes. 

Apium panul D. C. — Gay III pág. 131; Eeiche III 
pág. 111. «Panul». (Ligusticum panul D. C. — Es escaso. 

Apiítm laciniatum Dr.^ — Gay III pág. 123; Eeiche III 
pág. 114. — Plantita muy común eu todos los potreros en 
primavera. 

Crimtzia lineata Nut. — Gay III pág. 127; Eeiche III 
pág. 117. — Crece a veces a orillas del estero; es común en 
las vegas de Llíu-Llíu. 

Baucus pusillus Mich. — Gay III pág. 135; Eeiche III 
pág. 119. — Crece en los faldeos de todas las lomas. 

Daiicus Carota L. — «Zanahoria». — Con frecuencia 
crece en estado silvestre. 



37. Familia Caprifoliáceas 



Sanibucus australis Cham et Schldl. — Gay III pág. 
174; Reiche III pág. 126. «Saúco». — Existen varios pies 
cerca de habitaciones abandonadas. Sucede lo mismo con 
la especie siguiente. 

Lonicera caprifolium L. — «Madreselva». 



38. Familia Cornáceas 



Griselinki scandens (E. et Pav.) Taub. — Gay VIH pág. 
395; Eeiche III pág. 124. «Yelmo». Esta planta que tre- 
pa a lo largo de los troncos a la manera de la Yedra se 
halla sólo en Los Perales en la parte superior de la que- 
brada de los Leones. 



Daífuel & Pirion.— FA-\ER()CiAMAs dk .maríía-makoa 375 



39. Familia Rubiáceas 

Oldenlandia unijiora E. et Pav. — Gay III pág. 207; 
Eeiehe III pág. 128. Crece cerca de las vertientes y en 
muchas a(!equias. 

Galium cliamissonis Hook et Arn. — Gay III pág. 
181; Reiche III pág. 1-43. Crece en medio de arbustos a 
manera de enredadera tupida. Fruto globoso y provisto de 
pelos derechos. 

Galium suffruticosum Hook et Arn. — Gay III pág. 
179; Eeiehe III pág. 146. xEelbún;. Tiene los tallos casi 
cenicientos por estar cubiertos de pelos. Fruto seco pe- 
lado. 

Galium cliilense Endl. — Gay III pag. 180 (Eubia 
chileuse Mol.); Eeiehe III pág. 145. «Eelbúu». Es análo- 
ga a la especie anterior, pero sin pelos. 

Galium aparine Liun. — Gay III. pág. 190; Eeiehe 
III. pág. 148. Lengua de gato». Muy común en medio 
de arbustos. Su tallo es tierno y muy flexible. Fruto con 
pelos ganchudos. 

Galium sp. — Especie que mide unos pocos centíme 
tros pero en lo demás parecido a la anterior. 

Relbuniu7n hi/pocarpium Hemsl. — Gay III pág. 186: 
Eeiehe III, pág. 138. xEelbún». Su fruto es una drupa 
colorada. 

40. Familia Valekiaxáceas 

Flectritis samolijolia (D. C.) Hoeck. — Gay III pág. 
242 (^Betckea samolifolia D. C.); Eeiehe III pág. 153. 
Plantita primaveral con flores blancas. 

Valeriana papilla D. C. — Gay III pág. 221; Eeiehe 
III pág. 162. «Papilla». Con raíz gruesa; flores rosadas. 

Valeriana simplex Clos. — Gay III pág. 224; Eeiehe 
pág. 177. Tiene las flores blanquecinas. 

Valeriana magna Clos. — Gay III pág. 227; Eeiehe 
III pág. 174. Crece en las barrancas; muy tupida y muy 
ramifícada y con frecuencia en medio de matorrales. 



376 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

Valeriana glauca Pcepp. — Gay III pág. 234; Eeiche 
III páo^. 176. Sus hojas tienen el color del ajenjo, es decir, 
verde glauco. Crece en la cumbre del cerro de las C'ar- 
das. 

41. Familia Dipsáceas 

Dipsacus fullonum L. — Gay III pág. 244; Eeiche III 
pág. 187. «Carda». Se hallan ejemplares diseminados en 
todo el valle, pero sólo en la parte baja. 

Scahiosa atropurpúrea L. — «Viuda». Existen pies 
silvestres cerca de algunos jardines abandonados. 

42. Familia Loáseas 

Loasa triloha Bomb. — Gay II 450; Eeiche III 227. 
«Ortiga». Tiene flor blanca. Muy abundante en Septiem- 
bre. 

Loasa tricolor Ker. — Gay II pág. 448; Eeiche III 
pág. 229. Ortiga caballuna). Muy común a lo largo de 
ciertas cercas de los MoUes. Se halla también diseminada 
en otros puntos. 

Loasa lieteroplujlla Hook et Aru. — Gay II pág. 432; 
(=L. Barneoudü). Eeiche III pág. 228. Xos permitimos 
con cierta duda clasiñcar así una Loasa hallada en e) fon- 
do del Fullero y cerca del Paso Hondo. 

Scyphantlius elegans Don. — Gay II pág. 465; Eeiche 
III pág. 248. «Monjita». Bonita enredadera herbácea da 
flores amarillas. Común durante el verano. 

43. Familia Compuestas 

Eupatorium salvia Colla.- Gay III pág. 473; Eeiche 
III pág. 264. «Salvia macho>. Esta es frecuente a lo lar- 
go de los caminos y en los cerros; su flor es aromática y 
medicinal. Se emplea a manera de cataplasma para desha- 
cer las hinchazones producidas por golpes. 

Eupatorium gleclionopliiiUum Less. — Gay III pág. 



DaffUcl & PiriOn.— FANERÓGAMAS DE MARGA-MAUGA 377 

474; Eeiche III pág. 265. Es muy común y se distingue 
de la anterior por tener aquella las flores purpúreas y ésta 
blancas y más pequeñas las inflorescencias. 

Nardopliyllum revolutmn Hook et Arn. — Gay III pág. 
281; Eeiche III pág. 278. Crece en los cerros altos, v. gr. 
cerca del cerro de la Cruz. 

SoUdago microglossa D. C. — Gay lY pág. 39; Eeiche 
III pág. 281. Es escasa y crece cerca del estero. Es un 
hermosa compuesta de flores amarillas. 

Haplopappus canescens Philip. — Eeiche III pág. 288. 
En los cerros secos y áridos. 

Haplopappus multifoliiis Phil. — Eeiche III pág. 291. 
Crece en varias partes, pero siempre en sitios muy ári- 
dos. 

Haplopappus /olíosus D. C. — Gay IV pág. 41; Eeiche 
III pág. 299. «Cacho de Cabra». Como el anterior. Se 
halla en el Paso Hondo (Colihues). 

Haplopappus sp. — Los Haplopappus son muy nume- 
rosos y de muy difícil determinación. 

BeUis perennis 1j. — Eeiche III pág 333. «Margari- 
ta». Se ha propagado poco todavía en el valle. 

Áster haplopappus Eemy. — Gay IV pág. 19; Eeiche 
III pág. 339. 

Erigeron hirtellus D. C. — Gay IV pág. 30; Eeiche III 
pág. 370. 

Erigeron spicidosus Hook et Arn. — Gay IV pág. 29; 
Eeiche III pág. 371. 

Erigeron Berterianus D. C. — Gay IV pág. 22; Eeiche 
III pág. 352. 

Erigeron glahratus Hopp et Hornsch. — Gay IV pág. 
24 (E. Álpinus Eemy); Eeiche III pág. 357. 

Erigeron canadense L. — Gay IV pág. 76; (Conyza 
myriocephala Eemy); Eeiche III pág. 373 

Conyza cMlensis Spr. — Gay IV pág. 70; Eeiche III 
pág. 359. 

Conyza herteroana Phil. — Eeiche III pág. 366. 

Conyza vidgaris Phil. — Eeiche III pág. 373. 

Conyza sp. — Existen varias especies de Conyza como 
también otros Erigeron; pero ambos géneros, además de 
tener muchos puntos de semejanza, son de dificilísima cía- 



378 REVISTA CHILENA DE HISTOIUA NATURAL 

sificacióu y seguramente los autores admiten un excesivo 
número de especies. 

BaccJiaris pingrcea D. O. — Gay IV pág. 86; Reiche 
IV pág. 6. '<Chilca». A orillas del estero, junto con las 2 
especies siguientes. 

Baccharis glutinosa Pers. — Gay IV pág. 81; Reiche 
IV pág. 8. <-GhiIca». 

BaccJiaris marginalis D. C. — Gay IV pág. 80; Reiche 
IV pág. 10. «Chilca». 

BaccJiaris cmifertifolia Colla. — Gay IV pág. 85; Reiche 
IV pág. 9 «Chilquilla». Común en los cerros. 

BaccJiaris racemosa D. C. — Gay IV pág. 79; Reiche IV 
pág. 13. Las hojas de esta especie son muy variables en 
su forma. La var. typica Heer tiene las hojas muy aserra- 
das. La var. eupatorioides Heer las tiene enteras o poco 
aserradas. Ambas variedades son comunes. 

BaccJiaris sagitaUis D. C. — Gay IV pág. 101; Reiche 
IV pág 15. «Verbena de tres esquinas». Crece en los ma- 
torrales húmedos. Su tallo redondeado al principio se vuel- 
ve triangular en seguida. 

BaccJiaris rosmarinifolia Hook et Arn. — Gay IV; 
pág. 85; Reiche IV pág. 22. < Romero». Es muy común, 
sobre sus ramas es frecuente hallar agalla blanca y es- 
ponjosa de Perinoptera angustipennis. Ph. 

BaccJiaris intermedia I). C. Reiche IV pág. 23. «Ro- 
mero». Tiene las hojas más anchas que la anterior y es 
escasa. 

BaccJiaris macraeiHook et Arn. — Reiche IV pág. 30. 
Esta especie está representada en el valle por escasos 
ejemplares. Estos se hallan en Los Perales. 

Tessaria ahsintJiioides D. C. — Gay IV pág: 106; Rei- 
che IV pág. 34. «Brea», «Gredilla». Se halla a orillas del 
estero, en especial debajo del cementerio. De esta planta 
se sacaba brea en otros tiempos. 

Micropsis nana D. C. — Gay IV pág. 108; Reiche IV 
pág. 37. Se halla en los sitios áridos y duros. 

Filago gallica L. — Gay IV pág. 237; Reiche IV pág. 
37. Muy común en todos los cerros. 

Facelis apicidata Cass. — Gay III pág. 339; Reiche IV 
pág. 45. En los mismos sitios y juntamente con la aüte- 
rior. 



Daffuel & Pirion.— FANER()GA.MAS de marga-marga 379 

Anaphalis chilensis R. — ^Reicbe IV pág. 46. Es pare- 
cida a las especies siguientes. 

Gnaphalhim cheirantliijolium Lara. var. paniculatum 
colla. — Gay IV pág. 221; Reiche IV pág. 53. «Hierba de 
la diuca», nombre que se aplica igualmente a las especies 
siguientes. 

Gnaplialium cijmotoides Knzc. — Gay IV pág. 225; 
Reiche IV pág. 56. 

GnapliaUtim viravira Mol. Gay IV pág. 223; Reiche 
IV pág. 60. «Viravira». 

GnapJialium coqnimbense Pliil. — Reiche IV pág. 60. 

GnapJialium purpureum L. — -Gay IV pág. 231; Reiche 
IV pág. 71. 

GnaphaVmmstacliydifoliiim Lam. — Reiche IV pág. 72. 

Xanthium ^pinosum L. — Gay IV pág. 302; Reiche IV 
pág 81. «Clonqui >, común en los sitios arenosos y hú- 
medos. 

Xanthium oriéntale L. var. macrocarpum D. C. — Gay 
IV pág. 303; Reiche IV pág. 81. No es común; se halla a 
veces a orillas del estero. 

Podanthus mitiqui Lindl. — Gay IV pág. 297; Reiche 
IV pág. 83. «Mitriú». Es muy común. 

Flourensia tlmrifera (Mol.) D. C. — Gay IV pág. 288; 
Reiche IV pág. 92. «Maravilla». Muy común en los cerros 
áridos y expuestos al Tuerte. 

Bidens pilosa L. — Gay IV pág 292; Reiche IV p. 101. 
En los terrenos cultivados. 

Bidens chilensis J). G. — Gay IV pág. 292; Reiche IV 
pág. 103. Es una de las primeras plantas que florecen en 
la primavera tanto en los cerros como en el llano. 

Galinsoga parviflora Cav. — Gay IV pág. 267; Reiche 
IV pág. 104. Maleza de los terrenos cultivados. 

Madia sativa Mol. — Gay IV pág. 268; Reiche IV pág. 
105. «Melosa», Planta glutinosa muy común. 

Ma&ia chilensis (Nutt) R. — Gay IV pág. 270; Reiche 
IV pág. 105. «Melosa». Se difereneia de la especie ante- 
rior por sus aquenios tuberculados, siendo los de aquella 
lisos. De las semillas de ambas especies puede sacarse un 
aceite graso estimado. 

Bahía ambrosioides Lag. — Gay IV pág. 256; Reiche 
IV pág, 116, 



380 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

Ceplialophora aromática Schrad. — Gay IV pág. 264; 
Reiche IV pág. 120. '<Póquil». Muy común en todas partes. 

Blennosperma chilense Lass. — Gay IV pág. 299; Eei- 
e IV ])ág. 124. Es planta de primavera que crece en 
ios húmedos. 

Anthemis cotilla L. — Gay IV pág. 239; Eeiche IV pág. 

129. «Manzanilla», «Manzanillón». Muy común. 
Chri/santhemum parthenium Bernh. — Reiche IV pág. 

130. Es común al rededor de las casas. 

Cotilla coronopifolia L. — Reiche IV pág. 132' Se halla 
en los sitios cenagosos. 

Cotilla aiistralis Hook fil. — Reiche IV pág. 133. Es 
plantita ya muy común. 

Solí va nastiirtii folia D, C. — Reiche IV pág. 135. Es 
muy parecida a la siguiente. 

Soliva sessiUs R, y Pav. — Gay IV pág. 253; Reiche 
IV pág. 136. Abunda en los sitios secos y asoleados. 

Senecio hnaltata Bert. — Gay IV pág. 194; Reiche IV 
pág. 163. «Hnaltata». No es muy común en el valle. Con 
todo existe una quebrada conocida con el nombre de que- 
brada de la Hnaltata. 

Senecio adenotrichitis D. C. — Gay IV pág. 18S; Rei- 
che IV pág. 172. 

Senecio sinuatilobus D. G. — Gay IV pág. 187; Rei- 
che IV pág. 173. 

Senecio riitaceus Phil. — Reiche IV pág. 196. «Ruda». 
Muy común. 

Senecio denticidatiis D. C. — Gay IV pág. 168; Rei- 
che IV pág. 213. Arbolito de hojas grandes, tallo quebra- 
dizo, inflorecencia grande, ñores amarillas. 

Senecio vulgaris L. — Reiche IV pág. 227. Muy común 
alrededor de las casas. 

Cirsiiim lanceolatum ^Go-p. — Reiche IV pág. 281. «Car- 
do negro». No es común todavía. 

Cijnara cardiinciiliis L. — Gay IV pág. 317; Reiche IV 
pág. 281. «Cardo». Abunda en todas partes. 

Cijnara scolymus h. — «Alcachofa». Se cultiva en los 
huertos para comer sus receptáculos y la base de sus 
brácteas. 

Sihjbum marianum Gaertn. — Gay IV pág. 315; Rei- 



Daffuel & Pirion. — FANERÓGAMAS DE MAKGA-MAllGA B81 

che IV pág. 282. «Cardo santo», «Cardo blanco >. Es muy 
común. 

Centaurea melitensis L. — Ga}^ IV pág. 313; ReichelV 
pág. 284. «Cizaña». Es maleza muy común y que varía 
mucho en su forma según la fertilidad del terreno. 

Centaurea cMlensis Hook et Arn. — Gay IV pág. 309; 
Eeiche IV pág. 284. «Flor del minero». Es muy escasa 
en el valle. Se halla en el Paso Hondo. 

Flotowia excelsa I). C. — Reiche IV pág. 294. «Huilli- 
patagua». Es muy frecuente en las quebradas sombrías. 
Su madera no tiene utilidad, ni para carbón. 

Gochnatia rígida Don. — Gay III pág. 290; Reiche IV 
pág. 297. «Mira». Se halla en los cerros y fácilmente se 
confunde con la especie o variedad siguiente. 

Gochnatia Jascicularis Don. — Gay III pág. 290; Rei- 
che IV pág. 297. «Mira.» 

Proustia }njriJoUa Lag. — Gay III pág. 294; Reiche IV 
pág. 305. «Siete camisas». Es una enredadera muy común. 

Proustia ¡mngens Poepp.- — Gay III pág. 296; Reiche IV 
pág. 306. «Huañil». Común en todos los sitios áridos. 

Proustia baccharoides Don. — Gay III pág. 295; Rei 
che IV pág. 309. Esta especie tiene las hojas muy pare- 
cidas a las de Baccharis racemosa, y es posiblemente una 
mera variedad de la especie anterior. 

Mntisia snhulata R. et Pav.— Gay III pág. 270; Rei- 
che IV pág. 315. «Flor del minero». Sus corolas purpú- 
reas forman un bonito adorno en medio de los matorrales. 
Prefiere los sitios muy asoleados. 

Mutisia latiJoliaDou. — Gay III pág. 267; Reiche IV 
pág. 324. Sus corolas son amarillentas. Se halla preferen- 
temente a la sombra. 

Mutisia ¡inearifolia Cav.— Gay III pág. 275 (M. lini- 
folia Hook); Reiche VI pág. 316. Se halla en el cerro de 
Las Cardas. 

Cho'tanthera ciliata R. et Pav. — Gay III pág. 307; 
Reiche IV pág. 334. «Flor de la yesca». En los cerros 
áridos y muy asoleados. Se encuentra especialmente en 
Las Cardas. 

Cluetanthera linifolia Less.— Gay III pág. 304; Rei- 
che IV pág. 335. 



382 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

Chafanfhera tenella Less. — Gay IIÍ pág. 309; Eei- 
che l\ pág. 336. 

Clicdanthera debilis Meyen et Walp. — Gay III pág. 
310; Reiche IV pág. 342. Las Cha^tauthera son muy va- 
riables, según las localidades: 

Tt/lloma (¡lahratum D. C. — Gay III pág. 317; Rei- 
ehe IV pág. 346. Fácilmente se puede confundir con 
una Ohoetanthera. 

TriptiUon spinosum E. et Pav. Gay III pág. 354; 
Heiche IV pág. 393. «Siempreviva». Sus corolas conser- 
van mucho tiempo su color azul. Es muy común. 

TriptiUon cordifolium Lag. — Gay III pág. 357; Reiche 
IV pág. 396. Es menos común que la especie anterior. 

LeAiceria eriocliloena Remy. — Gay III pág. 384; 
Reiche IV pág. 408. Flores blanco amarillentas. 

Leuceria acantlioides JJon. — Ga}' III pág. 377; Reiche 
IV pág. 412. Corolas azules. 

Leuceria peduncularis Remy. — Gay III pág. 385; 
Reiche IV pág. 408. Flores rojas. 

Leuceria sp. — 

Moscharia pinnatifida R. et Pav. — Gay III pág. 429; 
Reiche IV pág. 459. «Flor del almizcle». 

Chicorium intyhus L. — Gay III pág. 432; Reiche V 
pág. 8. «Achicoria silvestre». Es muy común en los po- 
treros. 

Microseris pyfjmcea Don. — Gay III pág. 434; Reiche 
Y pág. 10. Plantita de primavera. 

HypocJweris tenuifolia Grisel. — Gay III pág. 438; 
Reiche Y pág. 21. 

Hypoclweris scorzoneroe F. Muell. — Gay III pág. 439; 
Reiche Y pág. 27. «Escorzonera». 

Hypoclioeris radícata L. — Reiche pág. 32. «Flor del 
chancho » ; 

HypocJweris glabra L. — Reiche pág. 33. 

Taraxacum officinale Wigg. — Reiche V pág. 37. En 
las localidades húmedas. 

Taraxacum Ucvigatum D. 0. — Gay III pág. 454, 
Reiche Y pág. 38. Se halla en los cerros. 

Sonclius asper Hill. — Gay III pág. 458; Reiche Y 
pág. 39. 



Daffuel Se. Pirion.— faxekóuama.s he mau(;a-mak(;a 888 



Sonchiis oleraceus L. — Gay III pág. 458; Eeiche V 
pág. 40. 

Lactuca scariola L. — Eeiche \ pág. 41. 

Lactuca sativa L. — Eeiche V pág. 42. Se cultiva eu 
muchas formas. 

Trafiopogon porrifoUus L. — Eeiche Y pág. 43. «El 
salsifí». Planta cultivada pero crece con frecueucia eu si- 
tios abandonados. 

Hieracium clrlense Less. — Gay III pág. 461; Eeiche 
y pág. 47. 

44. Familia CA:MPANrLÁCE.\s 

Wahhnbercjia linarioides D. C. — Gay lY pág. 340; 
Eeiche Y pág. 53. «Uño-perquéu». Eu los barrancos muy 
asoleados. 

Lobelia salicifolia Sweet. — Gay lY pág. 330 (Tupa sa- 
licifolia Don); Eeiche Y pág. 58. «Tupa»;' «Tabaco del 
diablo». Es muy común y florece durante muchos meses. 

Lobelia polypluiUa Hook et Arn. — Gay lY pág. 332; 
Eeiche Y pág. 60. Tiene las ñores más rojas y las hojas 
más cortas y apretadas que la anterior. Florece sólo en 
los tres últimos meses del año, y tal vez es una variedad 
del tipo. 

45. Familia Primuláceas 

A^iagalUs alterni folia Cav. — Gay lY pág. 371; Eeiche 
Y pág. 99. Común a orillas del estero. 

AnagaUís arvensis L. — Gay lY pág. 370; Eeiche Y 
pág. 100. La variedad con flores rosadas (A. phoenica 
scop). es más escasa que la que tiene flores azules (A. ca^-u- 
lea Lam.). Existe además una especie con flores poco me- 
nos que apétalas. 

46. Familia Sapütáceas 

Falta en el valle Lúcuma Yalparadisea Mol. que 
existe en valles vecinos. Lúcuma abarata H. B. Kth. se 
da eu buenas condiciones, pero se cultiva poco. 



384 REVISTA CHILENA DE HISTORIA XATIRAL 



47. Familia Oleáceas 

Está representada por las plantas de cultivo siguien- 
tes: Olea europea (olivo), Sijringa (lila), Fraxinus 
(fresno), Ligustrum, Jasminus. 

48. Familia Apocíneas 

Vinca major L. — «Pervinca» puede considerarse como 
planta silvestre, pues está perfectamente aclimatada. 

Xerium oleander L. — «Laurel-rosa», «Adelfa» es 
planta de cultivo. 

49. Familia AsclepiadIceas 

Diplolepis JIe7i¿iesü Schult. — Gay IV pág. 400; 
Eeiche V pág. 111. Es una enredadera. 

Cynanchum miicronatum Dcne. — Gay IV. pág. 392; 
Eeiche V pág. 115. Se halla en el Paso Hondo. 

Ticeedia obliqui/olia Malme — Gay IV pág. 398; Eei 
che V pág. 119. 

Arauja alhens Don. — «Jazmín de Tucumán». Es casi 
silvestre. 

50. Familia Jencianáceas 

Mícrocala quadrangidaris Grisel. — Gay IV pág. 404; 
Eeiche V pág. 121. Es plantita primaveral, de flor ama- 
rilla y de unos pocos centímetros de alto. 

Erfitliroea chdensis Pers. — Gay IV pág. 402; Eei- 
che V pág. 122. «Canchalagua;) o «Cachanlagua». Florece 
en los sitios secos; su flor es roja; la planta toda es amar- 
ga y se emplea como febrífugo o depurativo de la sangre. 

51. Familia BignoííiIceas 

Eccremocarpus scaber E. et Par. — Gay IV pág. 416; 
Eeiche, V pág. 146. — (Chupa-chupa». Es una bonita en- 



Daffuel & Pirion.— FANERÓGAMAS DE MARGA-MARGA 385 

redadera, de ñores rojas y vistosas; muy escasa en el 
valle. 

52. Familia Polemoniáceas 



CoUomia (jracilisDougl. — Gay lY pág. 422; Reiche V 
pág. 149. Tiene las flores coloradas y no es muy común. 

Gilia pusila Benth. — Gay IV pág. 426; Eeiche V 
pág. 152. Es plantita de flor blanca. 

Gilia raldiriensis Grisel. — Reiche Y pág. 153. Tiene 
las flores azul-moradas; es muy común en primavera. 



53. Familia Hidrofiláceas 



Phacelia circinata Jacq. — Gay lY pág. 451; Reiche Y 
pág. 160. Común en los cerros. 



54. Familia Convolvuláceas 

Cuscuta chilensis Ker. — Gay lY pág. 446; Reiche A^ 
pág. 168. í; Cabello de ángel». 

Cuscuta micrantha C^hois. — Gay lY pág. 446; Reiche 
Y pág. 171. «Cabello de ángel». Tiene las flores blancas 
o cremas, y la especie anterior las tiene rojizas y mucho 
mayores. 

Dichondra repens Forst. — Gay lY pág. 444; Reiche Y 
pág. 172. Crece arrastrada al suelo. 

Convolvulus arvensis L. — Gay I Y pág. 4r»6; Reiche Y 
pág. 176. «Correjuela». Maleza fastidiosa. 

Convolvulus dissectus Cav. — Gay lY pág. 438; Rei- 
che Y pág. 178. Crece en los cerros y tiene la corola rosada. 

Ipomoea learis. — '^Suspiro», es planta cultivada que 
va se halla silvestre en varias partes. 

UEV. CH. DE HIST. XAT. 1921 j (25) 



386 KEVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



55. Familia Bokkagináceas 

Pedocarija laterifolia D. C. — Gay I Ypág. 480; Rei- 
che y pág. 205. Plaiitita muy frecuente en primavera 
en todos los sitios asoleados. 

Allocarya procumbens Greeue. — Gay lA^ pág. 470; 
Reiche V pág. 212. 

Plagiohotrys tinctorius (R. et Pav.) Gray. — Gay IV 
pág. 469; Reiche Y pág. 216. Es muy común. Al ser 
comprimido entre hojas de papel, éste toma un color 
inorado. 

Flagiohotrys rnfescens Fisch. — Gay IV pág. 465; Rei- 
che V pág. 216. Algo menos frecuente que la especie 
anterior. 

Cryptaniha linearis (D. C.) Greene. — Gay IV pág. 
469; Reiche V pág. 219. 

AmsincJda angusti/olia Lehm. — Gay IV pág. 473; 
Reiche V pág. 238. «Ortiguilla». Es muy frecuente. Tie- 
ne las flores amarillas. 

Borrago officinalis L. — «Borraja», es semi-silvestre. 

56. Familia Labiadas 

Teucrium bicolor Sm. — Gay IV pág. 512; Reiche V 
pág. 243. Es común a orillas de los barrancos. 

FiOsmariuHS offic'uialis L. — Romero europeo», se cul- 
tiva en los jardines. 

Marriib'mm vulgare L. — Gay W pág. 508; Reiche V 
pág. 247. «Toronjil cuyano. Se halla en todas partes, tanto 
en el plano como en los cerros. 

Stachys Macraeí Benth. Gay IV pág. 504; Reiche V 
pág. 253. En sitios muy expuestos al sol. 

- Stachys grandídentada Liudl. — Gay IV pág. 503; 
Reiche V pág. 257. Es menos común que la anterior. 

Stachys truncata Kuze. — Gay IV pág. 499; Reiche V 
pág. 251. Es plantita anual. 



Oaffuel & Pirion. — fanerógamas de marga-marga 387 

Lamium amplexicaide L. Eeiche V pág. 2G0. Es 
plantita iutroducida, va muy común eu todo el valle. 

Safiorjia GiUiesii (Grah.) Briq. — Gay IV pág. 494; 
Reiche \ pág. 265. «Tomillo», «Oreganillo». Abunda en 
todos los cerros. 

Meliasa oflicinalislj. — Eeiche V pág. 267. «Toronjil». 
Se ha vuelto silvestre en varias partes. Abunda en espe- 
cial eu los Colihues. 

Origanum majorana L.— «Orégano». Es siempre plan- 
ta de cultivo, 

Mentha Pulegiuru L. — Gay 1\ pág. 486; Eeiche Y 
pág. 270. «Poleo». Maleza que no logra desarrollarse en el 
valle como lo hace eu otras partes por la naturaleza seca 
del terreno. 

Menta citrata Ehrh. — Gay IV pág. 485; Eeiche V 
pág. 271. «Yerba buena», «Menta». Común 

Ocimum basilicnm L. — «Albahaca» se cultiva en los 
jardines y a veces suele verse serai-silvestre cerca de las 
habitaciones. 



57. Familia Verbenáceas 



Verbena Uforalis H. B. Kth. — Gay V pág. 21; Eeiche 

Y pág. 283. Muy común. 

Verbena lúspida E. et Par. — Gay V pág. 22; Eeiche 

V pág. 284. Se diferencia de la especie anterior por tener 
aquella el tallo liso y ésta áspero. 

Verbena erinoides Lara. — Gay V pág. 10; Eeiche Y 
pág. 294. «Sandía-lahuen», «Yerba del incordio». Forma 
hermosos manchones en los cerros. 

Rliaplútliamnus ci/anicarpus Miers. — Gay Y pág. 34; 
Reiche Y pág. 306. «Arrayán macho». Común eu las que- 
bradas de Los Perales. 

Lippia nodiñora Mchx. — Gay Y p. 31; Eeiche V p. 
302. Plantita rastrera cofnúu eu el valle. 



388 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



58. Familia Acantáceas 

Stenandrium dulce Nees. — Gay Y pág. 37; Eeicho 

V pág. 308. Plantita de flores rosadas y de rizoma grue- 
so. Se halla en la quebrada de los Maquis (Perales) cerca 
del portezuelo que baja a Los Colihues. 

Acanthus mollis L. — Es plauta de adorno que se ve 
cerca de casas abandonadas. 

5y. Familia Solanáceas 

L'icimn clúlense Bert. — Gay ^ pág. 92; Eeiche V 
pág. 313. «Coralillo». Es escaso. Se halla en Las Piedras 
en el potrero de la Codicia cerca del estero. 

Solanum tomatillo Remy. — Gay Y pág. 64 (Withe- 
ringia tomatillo); Eeiche Y pág. 326. <■- Tomatillo», «Na- 
tri». 

Solanum crispum E. et Pav. — Gay Y pág. G6 (^^jo 
Witheringia); Eeiche Y pág. 327. '<]N^atri». Es considera- 
do como muy febrífugo y por esta razón es cultivado en 
algunos jardines. 

Solanum congestiflorum Dun. — Gay Y pág. 65; Eei- 
che Y pág. 328. «Natri». Es planta trepadora. 

Solanum n'ujrum L. — Gay Y pág. 79; Eeiche Y pág. 
344. «Hierba mora». Es anua!; crece en los terrenos cul- 
tivados. 

Solanum furcátum Dun. — Gay Y pág. 67; Eeiche Y 
pág. 348. 

Solanum maglia Schlecht. — Gay Y pág. 76; Eeiche 

Y pág. 351. «Papa cimarrona». Tiene ñor blanca. Es 
muy escaso y crece desde Abril-Mayo. 

Datura stramonimn L. — Gay Y pág. 59; Eeiche Y 
pág. 37L «Chamico». Muy común en los terrenos cultiva- 
dos. Sus hoja.s son empleados por los asmáticos a ma- 
nera de tabaco. 

Datura arborealj. — «Floripondio». Se halla cerca de 
muchas habitaciones, pero sus frutos no maduran casi 
nunca. 



Daffuel & Pirion. — FANERÓGAMAS 1)R MARGA-MAKGA 389 

Cestrum palqui L'Hérit. — Gay Y pág. 95; Eeiche V 
pág. 372. «Palqui». 

Cestrum elegans Schl. o Habrothamnus elegans Sch. 
— Es un arbusto de flores coloradas muy vistosas y por 
esto se cultiva en los jardines. Es de Méjico. 

Fahiana ¡mhricata R. et Pav. — Gay Y pág. 41; Eei- 
che Y pág. 374. «Pichi». «Romero pichi». Se halla sólo 
en los más altos cerros: Carpintero, cerro del Quillay; ce- 
rro de la Plata (Lliú-Uiú), (íardas, etc. 

Nicotiana glauca Grah. — Eeiche Y pág. 381. «Palqui 
extranjero». «Palqui cuyauo». Es una planta introducida 
hacen pocos anos, pero muy común cerca de Yalparaíso. 
En Marga-marga es todavía muy escasa. 

iSicotiana acuminata Grah. — Gay Y pág. 53; Eeiche 
Y pág. 387 

Nicotiana tabacum L. — «El tabaco» se cultiva cerca 
de las casas y a veces hay plantas que se vuelven semi- 
silvestrcs. 

Salpiglossis sinuata E. et Pav. — Gay Y pág. 128; Eei- 
che Y pág. 397. Se halla diseminada en todo el valle, pero 
no es común en ninguna parte. 

Schizanthus pinnatus E. et Pav. — Gay Y pág. 151; 
Eeiche Y pág. 401. ^^Pajarito». Es flor muy bonita; es 
común. 

Ph y salís peruviana h. (pubescens) L. — «Capulí». Se 
halla en varias partes silvestre. 



60. Familia Esckofulariáceas 



Verbascmn thapsiforme Schr. — Eeiche Yl pág. 4. 
«Yerba del paño». Sus hojas son felpudas y cenicientas. 
Es todavía escasa. 

Verbascum rirgatum Stokes. — Eeiche Yl pág. 4. 
«Don Diego»; «San Diego». Es muy común. Los segadores 
suelen emplearlas para atar las gavillas. 

Alonsoa incisi/olia E. et Pav. — Gay Y pág. IIG; Eei- 
che Yl pág. 5. «Flor del soldado». Su flor colorada es her- 
mosa y llamativa. 



390 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

Calceolaria nudicaulis Benth. — Gay V pág. 180; Rei- 
che VI pág. 19. Muy frecuente en las colinas en primave- 
ra; corola amarilla pálida. 

Calceolaria corymbosa R. et Pav. — Gay Y pág. 179; 
Reiche VI pág. 19. Corola amarilla. 

Calceolaria glandulosa Pcepp. — Gay V pág. 170; Rei- 
cbe VI pág. 39. Corola amarilla no fétida; planta glandu- 
losa. 

Calceolaria í/luii?iosa Meigen. — Reiche VI pág. 40. 
Corola amarilla fétida; muy glandulosa. 

Calceolaria sp. — Hallada en el Fullero en el lecho 
del estero, en Septiembre. 

Calceolaria tliyrsijiora Grah. — Gay V pág. 162; Rei- 
che VI pág. 46. Arbustito con las hojas pequeñas y apre- 
tadas. En todos los bordes de barrancos. 

Calceolaria polif olía Hook -^Gay V pág. 163; Reiche 
VI pág. 36. Arbustito con las ramas y las hojas blanco- 
tomentosas. Común en sitios áridos. 

Calceolaria integrij^olia Murr. — Gay V pág. 165; 
Reiche VI pág. 48. Arbustito de hojas anchas y verdes. 
Común a orillas de los caminos. En todas las Calceolaria 
llevan el nombre de «Capachitox. 

Linaria canadensis Dura. — Gay V pág. 150; Reiche 
VI pág. 57. Plantita herbácea de flores azules. 

Mimidiis luteus L. — Gay V pág. 140; Reiche VI pág. 
60. «Placa». Es muy hermosa. Se halla a veces a orillas 
del estero central, pero ordinariamente sólo se ve en el 
Fullero, Carrizo, etc. 

Mimidiis parvifloriis Lindl. — Gay V pág. 141 ; Reiche 
VI pág. 61. Muy común a orillas de todos los esteros. 

Stemodia chilensis Benth. — Gay V pág. 138; Reiche 
VI pág. 67. Común en los sitios húmedos. La gente del 
campo la toma en infusión en las indigestiones. 

Verónica arvensis L. — Reiche VI pág. 74. Introducida 
como maleza en los jardines hace poco tiempo. 

Verónica Tournifortüi Gmel. — Reiche VI pág. 75. 
Ya muy común entre las malezas en los terrenos cul- 
tivados. 

Verónica anagallis L. — Reiche VI pág. 75. Suma- 
mente común en todos los esteros y sitios pantanosos. 



Daffuel & Pirion. — FANERÓGAMAS DE MAIJGA-MARGA 391 

Digitalis purpurea L. — ^Reiche VI pág. 84. «Digital». 
Se ve en algunos jardines, pero no se ba hecho silves- 
tre todavía. 

61. Familia Logantáceas 



Buddleia globosa Lara. — Gay V pág. 120; Reiche Yl 
pág. 97. <<Matico», xPañil». Es muy escasa. Existe una 
mata en el barranco cerca de Los Perales. 



62. Familia Plumbagináceas 



Armería chilensis Bois. — Gay V pág. 191; Reiche VI 
[)ág. 103. Se halla en los cerros altos. 



63. Familia Plantagináceas 

Flantago niajor L. — Gay V pág. 200; Reiche VI pág. 
109. «Llantén». Gomún en los sitios húmedos. 

Plantago lanceolata L.— Reiche VI pág. 112. «Llan- 
tén». Muy común. 

Plantago virginicaL. — Gay Y pág. 198: Reiche VI 
pág. 116. 

Plafitago coriácea Chara. — Gay V pág, 200; Reiche 
VI pág. 121. 

Plantago túmida Liik.— Gay V pág. 199; Reiche VI 
pág. 122. 

Plantago deserticola? 

64. Familia Nictagináceas 

Mirahüis jalapa L.— Reiche Y\ pág. 127. Esta plan- 
ta es cultivada, [¡ero en algunas partes se ha convertido 
en maleza. 

Boerhavia discolor H. B. Kth.—Gay V pág. 211; 
Reiche VI pág. 132. 



392 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



65. Familia Amakantáceas 

Amarantus hi/bridus L. — Gay V pág. 216; Reiche 
yi pág. 134. «Penacho». 

Amarantus tristis L. — Gay V pág. 217; Reiche Yl 
pág. 135. Muy común. 

Amarantus hl'itmn L. — Gay V pág. 218; Reiche Yl 
pág. 135. «Bledillo». Malezas como las anteriores que se 
halla en todas partes. 

Amarantus d^jiexus L. — Gay Y pág. 220; Reiche Yl 
pág. 136. Más común aún que las especies que proce- 
den. 

Amarantus panicidatus L. — «Cresta de gallo». Es 
planta de cultivo que se ha vuelto silvestre. Es común. 

66. Familia Fitolacáceas 

Ercilla spicata Moq. — ^Gay Y pag. 262 (E. volubilis 
yuss); Reiche Yl pág. 143. «Coralillo». Es una enredade- 
ra de hojas verdes coriáceas; sus frutos arracimados toman 
un hermoso color rojo en la madurez. 

67. Familia Quenopodiáceas 

Chenopodium muUifidum L.^ — -Gay Y pág. 236; Rei- 
che Yl pág. 150 «Paico». Tiene las hojas muy subdivi- 
didas. 

Chenopodium ambrosioides L. — Gay Y pág. 236; Rei- 
che Yl pág. 150 «Paico». Tiene las hojas menos subdivi- 
didas que la anterior. 

Chenopodium chilense Schrad. — Gay Y pág. 235; Rei- 
che Yl pág. 152. «Paico». Toda la planta es peluda. Estas 
tres especies son muy polimorfas y muy poco diferencia- 
das por lo que bien podrían considerarse como una sola 
especie. De todas se extrae un alcaloide muy apreciado en 
medicina. Todas tienen un olor muy fuerte. 



Daffuel *Sr Pirion.— fanerógamas de marga-mahoa 393 

Chenopodkim álbum L. — Gay Y pág. 232; Eeiche VI 
pág. 152. Se halla en todas partes. 

Chenopodmm múrale L. — Gay V pág. 231; Eeiche YI 
pág. 156. Tan común como la anterior. 

Beta vulf/aris Moq. «Betarraga» y Spinacia olerácea 
L. «Espinaca» son plantas de cultivo que pertenecen a es- 
ta familia. 



68. Familia Poligonáceas 

Pohjgonum persicaria L. — Gay Y pag. 266 «Duraz- 
nillo». Se cría a orillas del estero, y su tallo es rojizo. 

Polygonum aviculare L. — Gay Y pág. 268. se cría en 
todas partes; es sumamente común. 

Mulhenbeckia sagitti/olia Meisner. — Gay Y pág. 274 
«Quilo» Es arbusto ramoso muy fastidioso en los potreros. 

Mulilenbecl'ia sp. — Esta especie crece en el interior 
de las quebradas y trepa como enredadera hasta la pun- 
ta de los árboles: lingues, pataguas. etc. 

Bmnex crispus h. — Gay Y Pág. 277. «Eomasa». 

Emneipulcher L.— Gay Y pág. 277 (=:R. sanguineus 
L.?) «Eomasa». Ambas especies son muy comunes en los 
potreros. La primera tiene las flores apretadas y la segun- 
da las tiene en panoja. 

CJioriza^ithe paniculata Benth.— Gay Y pág. 285. Co- 
mún en los cerros y sitios áridos. 

Lastarriaea cMlensis Eemy. Crece en sitios secos y 
muy asoleados. 



69 Familia Laukáceah 

Persea linc/ue Xees.— Gay Y pág. 295 «Lingue». En 
todos los sitios húmedos. La gente dice que las ovejas se 
mueren si comen su fruto. 

Persea gratissima. — «Palto». Ha sido introducida en 
el valle hace unos treinta anos. Su fruto madura muy 
bien. Los injertos que se han hecho del palto sobre lin- 
gue no han dado resultado hasta ahora. 



394 KRVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



Bellota Miersü Nees. — Gay V pág. 298. «Bellota». 
Es el mayor de los árboles naturales de Marga-Marga. Sus 
frutos abundantes son muy apetecidos por los animales va- 
cunos. Sería fácil extraer de ellos buena cantidad de alco- 
hol, como se hace en Europa con la bellota de la encina y 
con la castaña. El belloto se halla únicamente en Chile en 
las provincias de Aconcagua, Valparaíso, Santiago y O'Hi- 
STí'ins. 

Cniptocarya peumus ISTees. — Gay V pág. 300. «Peu 
mo» Es muy común en el valle. Parece que existe una 
sola especie, aunque ateniéndose a la forma y color del 
fruto habría que establecer tres especitís; rubra (roja), al- 
ba (blanca), mammom (apezonada). 

Laiiriis nobilis L. — «Laurel». Es planta de cultivo, 
algo silvestre en algunas partes. 

70. Familia Proteáceas 



Lomatia obliqua E. Brown. — Gay Y pág. 308. '<Ea- 
dal» Existen unas pocas matas on el Paso Hondo y en el 
Cerro de las Cardas. 



71. Familia Santaláceas 

Quincliamalium majus Brongn. — Gay V pág. 319. 
«Quinchamalí». Se halla en casi todos los cerros, pero di- 
seminado. La gente lo emplea para las enfermedades del 
hígado. 

Myoscliilos oblongum Ruiz et Pav. — Gay V pag. 327. 
«Codocoipo». Arbusto que se halla eñ todos los cerros. 
pero no en gran cantidad. 

72. Familia AKiST0Lnc2UiÁCEAS 



Aristolochia cMlensis Miers. — Gay V pág. 329. «Ore- 
ja de zorra». Planta fétida muy notable por tener la 
ñor en forma de cachimba. 



Daffuei & Pirion. ■ fa.nkkógamas de marga-mahga 395 



73. Familia Euforbiáceas 

Euphorbia latJiíjyis L. — Gay Y pág. 334. «Contrara- 
yo» Es escaso; suele encontrársela a orillas del estero de- 
bajo del cementerio. Su tallo es elevado y ceniciento. 

Euphorbia chilensis. — Gay V pág. 335 «Pichoa» Se 
halla en los cerros y también en las partes arenosas cerca 
del estero. Su tallo y sus hojas son rojizas. 

Euphorbia Erifielmanni. — Gay V pág. 336 (^=^E. 
depressa et E. hypericifolia): «Pichoa». Es muy común 
en todos los sitios cultivadüs y muy asoleados. Se usa su 
látex como purgante. 

Eupliorbia peplus L. — -^^ Pichoa» Es muy verde y ex- 
tremadamente comúu. 

Adenopeltis coUiguaya Piert. — Gay V pág. 338. «Co- 
lliguay de vega». Prefíeré las quebradas. 

CoUiguaya adori/era Mol. — Gay V pág. 340 «Coli- 
guay». Muy común en todos los cerros. 

lucinus communis L. — Gay Y pág. 343. «Higue- 
rilla». Se ha vuelto totalmente silvestre en muchas 
partes. 

ChiropttaJum lanceolafum Juss. — Gay Y pág. 344 
crece en el Paso Hondo y otros [)untos elevados a la 
sombra de las rocas, 

Oifxtoxicum punctaluní R. et Pav. — Gay Y pág. 348 
«Olivillo» Este árbol del sur de Chile está representado 
en el valle por unos pocos ejemplares en la quebrada de 
Los Loros y al pie de la Ermita (Perales). 

Arellanita Bustillosl Phil.— Hasta ahora esta planta 
ha sido hallada únicamente cerca de Acúleo y en Marga- 
Marga en la loma que separa la quebrada del Ingenio de 
la de los Leones (Perales). 

74. Familia Monomiáceas 

Boldoa fragrans Pav. — Gay Y pág. 353 «Boldo». Es- 
te árbol muy común en el valle es propio de Chile. De 
sus hojas se extrae un alcaloide empleado en las afeccio- 
nes al hígado. Su fruto aromático es comestible. 



396 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



75. Familia Urticáceas 



Urtica mageUamca Poir. — (j'dy V pág. 358. «Ortiga» 
Es la especie grande. 

Urtica uresis L. — Gay Y pág. 357. «Ortiga chica». 
Es más pequeña que la anterior y más común. 

Parietaria debilis L. — Crece a la sombra de las ro- 
cas (Lliu-lliu) 



76. Familia Gannabináceas 



Cannahis sativa L. — Gay Y pág. 368. «Cáñamo». 
C'On frecuencia se encuentran pies que crecen en estado 
silvestre. 



77. Familia Moeáceas 

Ficus carica L. — Gay Y. pág. 374. «Higuera». Se 
cultivan varias especies y todas dan muy buen resultado. 

78. Familia Yuglandáceas 

Yuglans regia L. — Gay Y pág. 381. «Nogal». Se da 
muy bien. 

79. Familia Salicáceas 

Salix humboldtiamis Willd. — Gay Y pág. 384. «Sau- 
ce del país». Se halla a orillas del estero. 

Salix babi/lónica L. — «Sauce llorón». Es común. 
'Salix viminalis L. — ^;< Sauce mimbre». En algunas 
partes medio vegosas este arbusto se da muy bien y se 
emplea para hacer los canastos usados en las vendimias. 



Jaffuel & PiriOn. — FANEKÓGAMAS DE MARGA-MARGA 397 

Populus puramidalis L. — Gay Y pág 385. «Álamo» 
La naturaleza seca del terreno es causa de que no se ha- 
ya multiplicado tanto como en otras partes. 

80. Familia Cupulíferas 

NotJiofa(jius obUquaMivhel. — GayVpá^. 388. «Eoble». 
Existía hace anos en los cerros de los Colihues, pero los 
incendios volontarios u ocasionales que se repiten con 
demasiada frecuencia en el valle lo han hecho desapare- 
cer por completo. Para encontrarlo hay que salir del valle 
y llegar hasta el cerro de la Chapa o a la quebrada dtí 
Lo Oculto (Llíu-Llíu) 

Castanea rulgaris Lam. — Gay V pág. 395. «Casta- 
ño». Se da muy bien. 

Quercus robur L. — Gay V pág. 397 (Q. racemosa). 
«Encina». Existen de esta especie y de otras especies pa- 
recidas numerosos ejemplares. 

Coi'ijJus avellana L. — Gay V pág. 398. «Avellano 
de Europa». Los pocos ejemplares que hay fructifican 
perfectamente. 

B 3I0N0C0TILEDÓNEAS 

8L Familia Tifáceas 



Ti/pha angustifolia L. — Gay VI pág. 159. «Totora» 
Xo es común por no haber grandes extensiones panta- 
nosas. 

28. Familia Potamogetonáceas 

Potamogetón natans L. — Gay V pág. 433. Se halla 
dentro de las aguas del estero y arroyos. 

Zannichellia palustris L. — Gay V pág. 434. Hasta 
ahora no hemos descubierto esta planta en el valle, pero 
debemos confesar que tampoco no la hemos buscado 
ex-profeso, y sabido es que fácilmente se confunde con la 
especie anterior. La primera tiene las flores en espiga y 
la segunda las tiene axilares. 



398 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



83. Familia Palmas 

Juboea spectabilis H. B. et Kth. — Gay VI pág. 157. 
«Palma». Existen alrededor de unas doscientas palmas 
en todo el valle, correspondiendo más de la mitad a Los 
Perales. iS^o se extrae miel. — Existen en los jardines va- 
rias especies de palmas exóticas. 

84. Familia Akáceas 

ZantedescJúa aetliiopica. «La Cala». Es planta afri- 
cana muy comúa alrededor de las casas. 

85. Familia Lemnáceas 

Lemna mmor L. — -Gay Y pág. 43 L '< Lenteja de 
agua». Plautita sin tallo y con hojitas en forma de lente- 
ja que flota sobre las aguas tranquilas, pero preferente- 
mente no estancadas. 

86. Familia Cannáceas 

Canna indica Aitón. — Gay YI pág. 6. «Achira». Es 
planta de adorno bastante común. 

87. Familia Bkomeliáceas 

Puya clúlensis Mol. — Gay YI pág. 11. (=Puya co- 
arctata E. et Pav.) «Chagual» «-Cardón». Tiene las flores 
amarillas. Es muy común en todos los cerros. En el inte- 
rior de su tronco se cría la larva de Castnia eudesmia. 

Puya ccarulea Miers. — Gay YI pág. 13. «Chagual» 
«Cardón». Se diferencia de la anterior por sus flores azu- 
les y el color más verde de las hojas. Es algo menos común 
que la anterior. 

Puya pankulata. — Se halla en el Paso Hondo, cerro 
de la Plata, las Cardas. 



Daffuel«S: Pirion. — fanerógamas de mkga-makga 399 

Tillandsia usneoides L. — Gay YI pág. 14. «Barbón» 
Es muy común en los cerros, donde crece sobre los 
árboles. 

Rhodostaclujs Httoralis. — Gay VI pág. 8. (=Brome- 
lia). Es común en el interior de muchas quebrabas donde 
crece en medio de las rocas que forman el lecho del este- 
ro. Su flor es hermosísima. Ño hemos visto comer nunca 
su fruto, ni le hemos oído dar el nombre de chupón que 
tiene en otras partes. 

88. Familia Liliáceas 

Scilla chloroleuca Kunth. — Gay YI pág. 107. «Cebo- 
lleta^--. Muy común en todos los cerros en primavera. 

Allium roseum L.- Gay YI pág. 111. «Lágrima de 
la Yirgen». Maleza común en los jardines. — Yarias clases 
de Allium, se cultivan en los huertos: Allium sativura L. 
ajo; Allium cepa L. cebolla; A. porrum L. puerro; A. fis- 
tulosum L. cebolleta; A. ascalonicum L., chalota, etc. 

Triteleia Berterí Kunth. — Gay YI pág. 116. — Flore- 
ce en el valle desde Julio-Agosto. 

Triteleia Gaudichaudiana Kunth. — Gay YI pág. 116. 
— Florece en Septiembre. 

Lilium candidum L..^ — ^«La azucena» . Se cultiva en 
los jardines. 

Leucocoryne aUiacea Lindl. — Gay YI pág 123. «Hui- 
lli». Se halla en muchas partes, pero abunda en los potre- 
ros de las Launas (Piedras). Su flor huele a vainilla; en 
cambio su bulbo tiene un olor fuerte a ajo. 

Leucocoryne ixioides lÁndil. — Gay YI pág. 121. «Hui- 
lli». Esta especie crece en los cerros. Su bulbo no tiene 
olor a ajo. 

Conanthera bifolia E. et Pav. — Gay YI pág. 130. Co- 
mún en los cerros áridos. 

Tricliopetalum stellatum Lindl. — Gay YI pág. 128. — 
Hermosa flor muy común en todos los cerros en Septiem- 
bre. 

Cumingia campanulata Don. — Gay YI pág. 131. Xo 
es escasa. 

Pasithea caridea Don. — Gay YI pág. 133. «Pajarito» 
«Azulillo» Es planta con flor azul vistosa y común. 



400 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

Miersia chilensis Liodl. — Gay YI pág. 100. Florece 
en Agosto-Septiembre. 

GilUesia graminea Lindl. — Gay YI pág. 194. Es más 
común que la anterior. 

Asparragus officinalis L. — «Espárrago». Suelen ha- 
llarse con frecuencia plantas vueltas totalmente silvestres. 

Lapageria rosea R et Pav. — Gay YI pág. 46. «Copi 
hue». Esta planta tan justamente apreciada por la hermo- 
sura de sus flores se halla en Marga-Marga en estado com- 
pletamente silvestre, circunstancia muy digna de señalar- 
se como lo hicieron notar hace aíjos en la <Ee vista C'hilena 
de Hist. Natural) los señores Alberto Edwards y Dr. Car- 
los E. Pórter. — Conocemos cuatro puntos muy distantes 
entre sí y situados a diferentes alturas donde se hallan 
vigorosos ejemplares de la hermosa enredadera. Todas las 
flores son coloradas. 



89 Familia A^jaiulidáceas 

Hippeastrum ¡gneum (Lindl). — Gay YI p. 77 (Phyce- 
llíi Ígnea Lindl). «Amancaix, «Azucena». Bonita flor que 
aparece en Agosto y Septiembre. 

Alstroenieria ligtulj. — -Gay YI pág. 84. « Liuto > . Parece 
que esta especie es muy variable según las latitudes. En 
Marga-Marga da una flor grande amarilla. Es posible que 
esta especie sea la que Gay describe con el nombre de 
A. aurantiaca. 

Alstroemeria pulchra Sims. — Gay YI pág. 85. << Azuce- 
na». Su corola es multicolora dominando el rosado-morado. 
Es tan común como la especie anterior. 

Alstroemeria revoluta E. et Pav. — Gay YI pág. 83. 

Bomaria salsilla Herb. — Gay YI pág. 96. Crece en 
sitios sombreados y es voluble. 

Habrantlius phycelloides Herb. — Gay YI pág. 69. Crece 
en Febrero, en terrenos secos. Flor roja, casi rosada. 

Agave americana. — Puede considerarse como siU 
vestre. 



Daffuel & PiriOn.— FANERÓGAMAS DE MAR(iA-MARGA 401 



90 Familia Dioscüráceas 

Dioscorea sjj. — La determinaciüii de las especies es 
tan difícil que con la literatura actual la consideramos 
poco menos que imposible. Las hojas en la misma planta 
varían de una manera sorprendente. Creemos que pasan de 
media docena las especies existentes en el valle. 

91 Familia Iridáceas 



Sisijrinckium striatum^m. — GayVIp. 20. '<AjalilIo» 
Las flores son grandes y amarillas. 

Sisyrincliium ptáuaculatum Hooker.- — Gay YI pág. 
26. s Eespecie muy común en todos los cerros, en especial 
cerca de los árboles; su ñor es amarilla. 

Sisi/rinchiiim chilense Roo'ker. — ^Gay YI pág. 23. «Ñu- 
ño». Es muy común en todos los cerros. Comiéndolo cuan- 
do princi'iia a brotar los caballos se anuuan, es decir su- 
fren transtornos nerviosos que los hacen caer al suelo, y a 
veces se mueren. El remedio empleado para curarlos con- 
siste en hacerlos correr y hacerlos sudar mucho. 

Sisi/rinchinm íjraminifoliu ni Lindl. — Gay YI pág. 2L 
Especie muy parecida a la anterior. Tiñe demorado el papel 
en que se le deseca. 

Sisi/rinchiumJunceumMeyeY. Gay YI pág. 24. Pare- 
cida a las dos especies que preceden, pero con el tallo bien 
cilindrico, siendo éste algo aplastado en aquellas. 

Libertia cceridescens Knth. — Gay YI pág. 33 Se ha- 
lla en el fondo de las quebradas a orillas de los arroyue- 
los. Es muy abundante en esperito que baja de los Arra- 
nes al estero de Carrizo. 

Tecoplúlea riokeffora Bert. — Gay YI pág. 37. Plauti- 
ta con flores blancas y azules muy común en Septiembre. 

Iris germánica L. et Iris florentina L. — (iray YI pág. 
18. «Lirio». Esta planta es ya silvestre en varias partes. 

uva CH. DE HIST. NAT. 1921) (2G) 



402 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



92. Familia Juncáceas 

J uncus procer US Meyer.— Gay VI pág 140; Fuentes, 
Juncáceas pág. 21. 

Juncus dombeiianus I. Gay. — Gay YI pág. 142; 
Fuentes 1. c. pág. 26. 

Juncus cijperoides Laharpe. — -Gay TI pág. 143; Fuen- 
tes 1. c. pág. 28. 

Juncus capillaceus Lam. — Gay TI pág. 147; Fuentes 
1. c. pág. 18. 

Juncus bufonius L. — Gay VI pág. 148; Fuentes 1. c. 
pág. 17. 

Luzula clñlensis Nees, forma vivípara. — Fuentes pág. 11. 

Luzula campestris, var. tristachya Buch. — Fuentes; 
pág. 13. 

93. Familia Cipekáceas 



Scirpus setaceus E. Br. (=Isolepis setacea). 

Scirpus asper Presl. — Gay VI pág. 179. 

Unc'mia plileoicles Pers. — Gay VI pág. 225. «Quio- 
quin >) . 

Malacoclwete riparia ISTees. — Gay VI pág. 176. 

Heleocharis pacliijcarpa Desv. — Gay VI pág. 175. 

Hele ochar is pal ustris B.. Br. — Gay VI pág. 171. So 
halla en las vegas de Lliu-lliu. 

Heleocharis maculosa Br. — Gay VI pag. 172. 

Carex excelsa Poepp.- Gay VI pág. 218. — Muy común. 

Carex actitata Desv. — Gay VI pág. 217. 

Cyperus regetus Wild. — Gay VI pág. 167. '<Corta- 
dera». 

94. Familia Orquídeas 

Spirantlies diurética Lindl. — Gay V pág. 475; Reiche, 
Orquídeas chilenas. Florece en Enero y Febrero. Crece en 
los cerros. 



Daffuel iV' Pirion.— FANERÓGAMAS de marga-marga 403 

Asarca sinuata Lindl. — Gay Y pág. 468. Eeiche 1. c. 
pág. 14. — Florece en Septiembre. Los tépalos son blancos 
y el labelo anaranjado con papilas verde-oscuras. El géne- 
ro Asarca se diferencia del g. Clilora?a, por tener éste dos 
nectarios y uno aquel. 

Chloroca aiirantiaca Liudl. — Gay V pág. 451; Eeiche 
1. c. «Azucena del campo». Es común en Septiembre. Sus 
tépalos son amarillos. 

CJiIora-a a/finis Lindl. — Gay Y pág. 450; Reiche 1. c. 
Crece en Enero en los cerros elevados, sus tépalos son 
blancos; el labelo es trilobado, blanco, con puntitos negro- 
verdosos en la parte inferior. Tiene olor a vainilla. No es 
escaso. 

Chlorcea sp. — Florece en Septiembre en el cerro del 
Retamo, hacia el Moscoso. Sus tépalos son amarillo-blan- 
quecinos. Es muy escasa. 

Bipinnula sp. — ^Posiblemente sea B.Mystacina Lindl. 
— Gay Y p. 462; Reiche 1. c. pág. 9. Crece por Juli-Agos- 
to. No la hemos hallado nunca en estado de posible deter- 
minación. El género Bipiuuula se distingue por las dos hi- 
leras de apéndices cilindricos que poseen sus sépalos late- 
rales 

95. Familia Gramíneas 

Chusquea comingü N. E. — -Gay YI pág. 448. «Coli- 
hue». Esta gramínea leñosa es muy común en el valle. La 
planta florece y da semilla una sola vez, pues seca ense- 
guida. La casi totalidad de los colihues florecieron y seca- 
ron en 1898. 

Cliusquea quila Ivwwth.. — Gay YI pág. 447. «Quila». 
Existen unas pocas matas. 

Stipa bicolor Cav. — Gay YI pá^-. 288 (S. manicata 
Desy.) 

Festuca murolis Ivunth. — Gay YI pág. 426. 

Festuca bromoides L. 

Mélica arcjeniocí Desv. — Gay YI pág. 374. 

Mélica laxiflora Cav. — Gay YI pág. 375. 

Mélica riolaccea Cav. — Gay YI pág. 378. 

Bistichlis prostrata Kunth? — Gay YI pág. 398. 



404 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

NasseUa pnngens Dsv. — Gay VI pág. 268 

NasseUa clúlensis Triu. — Gay VI pág. 267. 

Po(( sp. 

BromuH billosus Foivsk^B. B. Trinü Desv? — Gay 
VI pág. 441. 

Briza minor L.=Chas colytrum? 

Briza Berteroana Steñd. 

Bhomhoelytrun sp. 

Avena hirsuta Roth. — Gay VI pág. 358. Muy común 
en los cerros «Tiatin ». 

Avena sátira L. — Gay A"I pág. 359. «Avena». Poco 
se cultiva. 

Nutholcus ¡anatas L. (Nash). 

Sijntlierisma sanguinalts (L) Dulac). 

Lolium temulentum'L. — Gay VI pág. 455. «Vallico». 

Lolium nudtiHoriim Poir? — Gay VI pág. 455. «Va- 
llicax. 

Phalaris microstachi/a D. C. — Gay VI pág. 255. 

Andropogons argenteus D. C. — Gay VI pág. 237. 
«Coirón». C^omúu en algunos cerros, especialmente al pie 
del Retamo (Colihues). 

PoUjpogon crinitus Triu.— Gay VI pág. 297. 

Eragrostis virescens Presl. — Gay VI pág. 400 

CJuetochloa genicidaia (Lam) Milly (=Setaria geni- 
culata Roem. ?)— Gay VI pág. 248. 

Bactglis glomerata L. 

Dadylis coespitosa Forst. — Gay pág. 402. 

Phragmites comnmnisli. — Gay VI pág. 331. «Carri- 
zo » •. 

Paspalum raginatnm Sw. — Gay VI pág. 239. «Cbé- 
pica». Maleza muy común. 

Paspalum sp. 

Arando dona.r L. — «Caña/;. Común. 

íignerium argenteiim Nees. — Gay VI pág. 328. «Ca- 
rrizo». Escaso. 

Triticum rulyare L. — Gay VI pág. 452. «Trigo». Se 
da en buenas condiciones, aunque a veces se apolilla. 

Hordeum murimun L. — Gay VI pág. 457. i-Cola de 
ratón». Maleza común., 

Hordeum migare L. — Gay VI pág- 457. «Cebada». 
Es el cereal más cultivado. 



Daffuel & Pirion.— FANERÓGAMAS 1)K MARGA-MARGA 405 

Zeamaysij. — Gay VI pág. 469. «Maíz». Se da muy 
bieu. 

ll Gimnospernias 

96. Familia Coníferas 

Esta familia no tiene ningún representante que crez- 
ca naturalmente en el valle. Como plantas introducidas que 
tienen muy buen desarrollo, puedencitarse varias especies 
de los géneros: Fimis, Cupresus, Araucaria, Cedras, Ca- 
stiarina, etc. 

97. Familia Gnetáceas 

Spltedra aíidina Pa^pp. — Gay Y pág. 400. «Pingo- 
pingo». Crece maso menos en todas partes, tanto en el va- 
lle como en la cumbre de los cerros. 



406 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



ESTADO fiCTUíiL DE ÍH CUEV^ DEL MYLODON 

(Ultima Esperanza -Patagonia austral) 

POR 

Martín 6U6INDE, 

Jefe de sección en el Meseo de Etnología y Antropología. 



Puédese llamar con cierta verdad a la Paleontología, 
ciencia tirana de los estudiosos que le consagran su aten- 
ción y trabajo solícito. Es condición humana y natural 
aspiración, poder hacer, ayudado del discurso y de la ima- 
ginación, síntesis brillantes, cuadros acabados, seres de 
lógica existencia, con el acervo de datos, observaciones y 
experiencias que poco a poco se ha ido formando, median- 
te una paciente y continuada actividad intelectual. 

Así el paleontólogo se consideraría geneTosamente 
pagado de todos sus trabajos y prolijas investigaciones, si 
pudiera ofrecer a la admiración de sus semejantes, orde- 
nando el caudal de pruebas adquiridas durante mucho 
tiempo, ayudándose del natural discurso \ supliendo a 
veces con la imaginación la carencia absoluta de docu- 
mentos, si pudiera ofrecer, repito, la reconstrucción real 
y exacta, vivida y colorida, del ambiente primitivo y de 
las primeras actividades vitales sobre la superficie de la 
tierra. 

Pero cuídese el investigador paleontólogo de no ser- 
virse del raciocinio, sino con mucho tiento y cautela; 
guárdese de conceder la más leve intromisión en sus es- 
tudios a la imaginación, forjadora de quimeras: porque 
aquí empieza la tiranía de la ciencia paleontológica que 
repudia inexorable síntesis apresuradas e incompletas; 
que sólo admite documentos y más documentos; y conde- 
na al fracaso y al descrédito vergonzoso a quienes, olvi- 
dados de ésto, se confían prudentemente a los aciertos 



Gusinde.— LA cueva del mylodon 407 



del discurso, o a los relumbres de la jecuuda imagina- 
cióu. 

De suerte que el método del estudioso eu este orden 
de iuvestigación ha de consistir en acumular paciente- 
mente cuantos despojos y vestigios de la vida extinguida 
yacen derramados por nuestro planeta, estudiarlos con es- 
crupulosa diligencia; y no dar entrada al desaliento, si los 
resultados parecen menguados, conñando eu que nuevos 
trabajos han de venir a perfeccionar los suyos, y en que 
quizá esté reservado al porvenir el don de alguna luz ma- 
ravillosa que disipe las densas sombras, que actualmente 
obscurecen el horizonte de esta y de otras ciencias. ?^ 

Y en orden a esta acumulación de documentos^para 
la ciencia de la prehistoria, ha sido acontecimiento de im- 
portancia transcendental y sin duda el más notable de los 
ocurridos en Sud América, durante los tres últimos dece- 
nios, el descubrimiento de la llamada cueva del Mylo- 
don (1); pues, no obstante los excelentes resultados lo- 
grados por las investigaciones paleontológicas, practicadas 
en la Patagonia argentina, descubriéronse en dicha cueva 
los restos de un Edentado, hasta entonces absolutamente 
desconocido. Acreciéntase todavía más el valor de este ha- 
llazgo, si- se tiene en cuenta que, hasta el día, ha sido 
imposible dar con restos de otros ejemplares de la misma 
especie, ni cerca, ni lejos de la ya célebre cueva del 
Mylodón. 



Chorno en muchos otros casos, por ironías de la suerte, o 



(1| En ocasión anterior (Conip.: <íFublicacioiics del Museo de Etnolo- 
í]í(i y Ant)-o¡)o¡o(jiai>: Tomo II, p. i(il; Santiago 1920) hemos llamado la 
atención sobre la conveniencia de no confundir el nombre de esta cue- 
va con el de otra cercana a ella; pues, a la que es objeto de nuestros 
apuntes corresponde propiamente el nombre de cueva del Mijlodón a 
causa de que los restos óseos en ella encontrados se creyeron al principio 
pertenecientes a una especie del genero Mylodon. A pocos kilómetros de 
(ísta encuéntrase otra caverna, la llamada cueva de Eberliai-d. descubierta 
también por el mismo capitán alemán que primero dio con la cueva 
del 3Iylodón. La de Eberliard es notablemente más chica, completa- 
mente obscura y muy iiúmeda: pero llena de grandes y hermosas esta- 
lactitas. Como es de suponer, el suelo está formado por una masa de 
sales calcáreas muy compacta, y por su gran humedad no pueden lia- 
berse conservado restos orgánicos si por casualidad ha fenecido all 
un animal cualquiera. 



408 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

para llamar a los sabios a la modestia, si acaso alguna vez 
se sienten engreídos, la aparición de las preciosas reli- 
quias no fué debida a las pesquisas y diligencias de los 
hombres de ciencia, sino a la simple casualidad. 

En el mes de Enero de 1895, en ocasión de hallarse 
haciendo una inspección de los campos, por los alrededo- 
res del Canal de Ultima Esperanza, los señores Eberhard 
y von Heinz, estancieros, el comandante don José Mar- 
tín, el ingeniero don Luis A. Alvarez, etc., llegaron a la 
gran caverna, situada a unos seis kms. al Nordeste del 
punto, hoy llamado, Puerto Consuelo. Actualmente diví- 
sase perfectamente, desde Puerto Consuelo, y desde el ca- 
mino que pone en comunicación Puerto Natales con la 
estancia formada al pie del Cerro Payne, la entrada de la 
caverna, y es muy fácil el acceso a ella; más no así al 
tiempo de su descubrimiento, por haber estado el terreno 
cubierto de bosques tupidísimos que lo hacían casi impe- 
netrable al viajero, y, por el cual sólo se aventuraban los 
hombres, urgidos por las razones de gravedad. Los habi- 
tantes de la región han dado al cerro, en cuyo interior se 
extiende la caverna, el nombre de «monte de la cueva» o 
«Hohlenberg> . 

Este cerro tiene una altura aproximada de 600 m., y 
todavía corona su cumbre un bosque de robles (Nothofagus 
betuloides). La cueva se abre en la falda Sur, a unos 160 
m. sobre el nivel del mar; las dimensiones de la boca, o 
entrada, son 50 m. de anchura por 30 de alto; y su pro- 
fundidad o fondo es de 190 ni. El techo, a partir de la bo- 
ca, elévase un poco hacia el interior, pero vuelve a decli- 
nar gradualmente, hasta formar vértice con el suelo. En 
lo interior, las paredes están revestidas de una capa de 
compuestos calcáreos, y estalactitas cortas y delgadas pen- 
den de la bóveda. 

Entre los que con fines científicos visitaron este lugar 
debe mencionarse primeramente a Hauthal, que empezó 
sus estudios sobre el terreno en Abril de 1899, y a quien 
debemos los datos completos acerca de la topografía de la 
cueva, tal como se hallaba en aquella época (2). En el ex- 

(2) Véase la detallada descripción de la cueva, presentada desde 
el punto de vista geológico, en Haufhal: Reseña de los hallazgos en 
las cavernas de Última Esperanza; tEeiisfa del Museo de La Plata*. 
Tomo IX. págs. 409-420. 



REV. CH. HlST. NAT., Año XXV (1921) 



Lám XXXVII 




^á^s. 



Cueva del Mylodón en Ultima Esperanza 




410 UEVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



terior, ante la entrada, existía ima lomita larga, formada 
por piedras y rodados de conglomerado, caídos del cerro 
por la acción demoledora de las lluvias frecuentes y vien- 
tos huracanados. En el interior, abiertas en el muro del 
lado derecho, hay algunas otras cuevas, tan pequeñas que 
para introducirse un hombre es menester que se arrastre 
por el suelo. A unos 40 m., adentro de la boca, pero más 
hacia el lado derecho, había una lomita, de unos 15 m. 
de altura, formada tambiéu por trozos de roca y rodados 
de conglomerado, desprendidas del techo; y más al inte- 
rior, a unos 50 m. de la lomita acabada de señalar, se le- 
vanta otra tercera acumulación de escombros, a manera de 
terraplén, extendida de lado a lado de la cueva, y divi- 
diéndola en dos mitades. El suelo era plano en toda su 
extensión; estaba cubierto de una capa de polvo fino, for- 
mado en su mayor parte por compuestos calcáreos, y dise- 
minados con bastante abundancia piedras de diversos ta- 
maños. 

En el espacio comprendido entre la lomita y el terra- 
plén, más ladeado al muro de la derecha, descubrióse, ba- 
jo la delgada capa de polvo, otra de estiércol muy seco y 
compacto, cuyo espesor se calculó en 1,50 m., y en la 
cual, un poco más al interior de la cueva, observáronse 
cenizas que debieron de haberse quemado en épocas muy 
lejanas. Pues bien; el año 1895, los caballeros arriba nom- 
brados hallaron en esta misma capa de estiércol el pedazo 
de cuero del Gri/pütherium doniestícimí Roth, y conside- 
rándolo objeto raro por el singular aspecto de aquella 
reliquia, lleváronsela consigo a la estancia Eberhard, 
donde, satisfecha la curiosidad y no dándole importancia, 
la arrinconaron. 

Más tarde la vio el Dr. Francisco Moreno] se la ob- 
sequiaron los poseedores, y fué llevado por él a Londres 
De esta manera salió para el extranjero un documento de 
alto valor científico que debiera hoy enriquecer nuestro 
Museo Nacional. 

El Dr. Otto Nordenskjoeld practicó excavaciones en 
el mes de Abril de 1899, y tuvo la fortuna de hallar tam- 
bién otro trozo de cuero y mandíbulas, dientes, etc., restos 
todos pertenecientes a ejemplares de la misma especie 



Gusinde.— LA cueva del mylodon 411 

animal (3). Muy poco después, y también sobre el terre- 
no, dio comienzo a sus investigaciones el célebre geólogo 
Hautbal, con resultados muy satisfactorios; los materiales 
recogidos por él fueron sometidos a minucioso estudio 
encomendado a especialistas de fama; y fruto de su labor 
fueron las primeras noticias cientíñcas y fidedignas que en 
breve fueron dadas a la publicidad. 

Estas publicaciones, dando a conocer la grande im- 
portancia del baliazgo, conmovieron al mundo cientítíco y 
le incitaron a llevar adelante los estudios sobre este par- 
ticular y a continuar las excavaciones y observaciones 
recién comenzadas en aquella apartada región. De año en 
año fué aumentando el número de personas que visitaban 
ia cueva; v a medida que se acrecentaba el acopio de ma 
teriales allí recogidos, que eran transportados a diversos 
museos europeos, y sometidos a concienzudos estudios, 
fué revelándose el misterio que envolvía los restos del 
famoso animal, pudieron los especialistas determinar sus 
caracteres específicos, y, finalmente, señalar una nueva 
especie con el nombre de Grj/potJter'nim domesficum Both. 
Merece consignarse, como argumento del entusiasmo y 
credulidad de los aficionados a estos estudios, una anéc- 
dota cómica provocada por las relaciones erróneas acerca 
de nuestro Edentado, dadas por Flor. Ameghino. Funda- 
dos en informaciones de este naturalista, llegaron a creer 
algunos en Inglaterra que no sólo se descubrieron restos 
de un Edentado desconocido, sino que los individuos de 
esta especie vagaban todavía por los bosques helados de 
la Patagonia austral; decidieron, pues, apoderarse de algún 
ejemplar del admirado animal, para trasladarlo a Europa; 
y al efecto, organizaron una expedición bajo la dirección 
de H. Hesketh Prichard. Ocioso es añadir que esta aven- 
tura fracasó completamente (4). 

Mas, así como hubo personas que, en alas de un ge- 



(3) A la pluma de Einar Loennhcrg se debe el examen y la des- 
cripción de los restos que fueron llevados a Estoeolmo. (Véase: O. Xor- 
denskjoeld: Sre/is/,-(t Expeditionen till Magellanslaiideiiia: Bd. II. Ss. 
149-1701. 

(4| Amplios detalles de esta expedición liállanse en la obra edi- 
tada por el mismo jefe de ella Comp.: H. Ilesketh Prichard: Trough flie 
Hcart of Patuqonia: London 1911. 



412 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

neroso entusiasmo por el adelanto de las ciencias e impul- 
sadas por noble curiosidad, estaban dispuestas a embar- 
carse en una inconsiderada aventura que demandaba 
grandes gastos y no pequeños sacrificios, tampoco faltaron, 
desgraciadamente, sujetos que estimulados por la anri 
sacra f ames, que dijo el poeta, quisieron convertir el recin- 
to de la cueva del Mylodón, ya consagrado a la ciencia, en 
covacha de especuladores donde satisfacieran su sórdida 
codicia. En efecto, alternativamente con los estudiosos que 
llegaban a practicar investigaciones, penetraron también, 
a manera de vándalos, centenares de aventureros, grose- 
ros e ignorantes, que por buscar, con fines de lucro, los 
tesoros prehistóricos allí existentes, removiéronlo y pulve- 
rizáronlo todo, malogrando así este rico venero que con 
tan fuerte atractivo llamaba a los amantes de la ciencia. 
¡Una lección más para las autoridades que deben declarar 
de propiedad fiscal y coto vedado para los profanos, estos 
lugares que la ciencia reclama de su jurisdicción e.x;clusiva! 

Cuando en el mes de Febrero de 1920 visité la cueva 
del Mylodón, no era la misma que yo me imaginaba por 
la lectura de ' la descripción hecha por Hauthal: doquiera 
veíanse fuertes señales de la piqueta y de la dinamita des- 
tructoras; la lomita formada en el interior estaba deshecha 
en gran parte; igualmente removidas y desmoronadas las 
capas de estratificación del largo terraplén que compartía 
en dos el recinto de la caverna; y profundamente aguje- 
reado el suelo en toda su extensión, a fuerza de explosi- 
vos, excepto en el espacio correspondiente a la capa de 
estiércol, no porque dejaran de intentar su destrucción, 
sino por la gran dificultad que tuvieron para llevarla a 
cabo, pues, estando muy seco este material, al ser atacado, 
desprendíase de él gran polvareda que irritaba las muco- 
sas y ofendía gravemente la vista. 

Tal como ha quedado la cueva después de los ávidos 
registros de los mercaderes, ocurre preguntar si sería útil 
para la ciencia, y compensarla de los grandes sacrificios 
que habría de acarrear, la iniciación de una excavación 
sistemática y empleando para ello todos los medios que la 
ciencia moderna tiene a su alcance. Xuestra opinión, fran- 
camente manifestada, es que los resultados de la excava- 
ción no habrían de ser proporcionados, ni con mucho, a 



6usinde.— LA cueva del mylodon 413 

los sacrificios por ella requeridos. No dudamos que la 
gruesa capa de estiércol ha de eucerrar todavía uuraero- 
sos restos de importancia científica, de origen animal los 
unos y obra los otros de la industria de antiquísimos pobla- 
dores; pero en todo caso, es casi seguro que los supuestos 
y probables restos no ofrecerán caracteres muy diferentes 
y nuevos con respecto a los que ya poseemos. Cuando 
mucho podrían obtenerse otras porciones óseas que permi 
tieran la reconstrucción completa del famoso Edentado, 
aunque hoy día sería muy difícil, por no decir imposible, 
la reunión de estos despojos, por hallarse repartidos por 
los museos de distintos países. A pesar de que tan men- 
guado resultado sería el desiderátum de los paleontólogos, 
con todo no compensaría de los enormes gastos que impor- 
taría la ejecución de tan difícil empresa y en región tan 
apartada. 

Estimamos ser preferible la iniciación de investiga- 
ciones metódicas en las otras cuevas que abundan en la 
región de Ultima Esperanza: estas serían menos costosas 
y podrían talvez derramar mucha luz sobre el hombrí; 
prehistórico y sobre la fauna, extinguida ya, característica 
de las regiones más australes del continente americano. 



Bibliografía 



El año 1902, el conocido Dr. Roberto Leliniann-Nifs- 
clie ha publicado ya una bibliografía completa sobre el 
presente tema (Oomp.: «Anales del Museo de la Plata>;; 
tomo XI, págs. 65-67); y sólo algunas publicaciones refe- 
rentes a la cueva del Mylodon y a los objetos descubiertos 
en ella salieron en los últimos anos. A pesar de que puedo 
agregar a la bibliografía del nom.brado autor solamente 
unos pocos títulos, me permito reproducir aquí esta misma 
lista con el fin de facilitar la orientación al quien se inte- 
resa por este tema. 



Ameglúno^ Florentino: Premiére notice sur le Neomylodou 
Listai, un reprósentant vivant des anciens 
Edentés Gravigrades fossiles de l'Argentiue, 8 
pp. en 8; La Plata, 2 aoút 1898. 



414 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



Id. An existing Ground-Sloth in Patagonia. «Xatu- 
ral ScieDce»; Yol. XIII, N.« 81, p. 324-326; 
London, November LS98. 

Id. El Neomylodon Listai, un sobreviviente actual 
de los Megaterios de la autigua Pampa. «La 
Pirámide); Tomo I, págs. 51-54, 82-84; La Pla- 
ta, 15 de Junio y 1.*^ de Julio de 1899. 

/(/. Xeomylodou Listai. «Sinopsis geológico-paleou- 
tológica, [en: «Segundo Censo Xacioual de la 
Eepública Argentina; Tomo I, págs. 111-255, 
con 105 figuras; en folio; Buenos Aires 1899]. 
Suplemento (Adiciones y correcciones)»; La Pla- 
ta, Julio de 1899. p. 8. ' 

Id. El mamífei'o misterioso de la Patagonia (Xeomy- 
lodou Listai). Un sobreviviente actual de los Me- 
gaterios de la antigua Pampa; La Plata 1899, 
15 pp. en 8.*^ 

Id. [Further notes on Xeomylodou Listai]. «Pro- 
ceedings of the Zoological Society of London >; 
Xoveníber 1899. 

Id. Das Xeomvlodon Listai. «Mutter Erde»; Jabrg. 
II, X.°27, Ss.[2-5. (1900?) 

Id. Grypotberinm, ñora de geure á effacer. «Comu- 
nicaciones del Museo Xacional de Buenos Aires»; 
Tomo I, X.o 7, págs. 257-260; Buenos Aires. 9 
de Octubre de 1900. 
Barrett Hamilton: A Portuguese parallel to Xeomylodon 
Listai. «Xatural Science»; Yol. XY, X.° 94, 
p. 462; London 1899. 
Cordovez {Marcial). Los restos del Mylodon. «Actes de la 
Soc. Scient. du Cbili», tomo XII (1902), pp. 
285 y siguientes. (*) 
Gallardo A.: [Resumen sobre el animal misterioso de la 
Patagonia basándose sobre la literatura que se 
publicó al respecto basta Octubre 1899 inclusi- 
ve]. «Anales de la Sociedad Científica Argenti- 
na»; Tomo 48, entrega 5, págs. 340-346; Buenos 
Aires, Xoviembre 1899. 



I*) Debo al Prof. Carlo.s E. Porter. autor de una obra inédita 
(Bibliografía Chilena de Ciencias Xatiwales). la agregación de este tra- 
bajo a la presente lista, que me era desconocido. 



6usinde. — la cueva oel mylodox 415 

Gaudry, Albert: Sur le Xeomvlodoii. «Comptes reiidus 
des séances de TAcadémie des Scieuces»; tome 
129, Xr. 13, p. 491-492; París, 25 Septerabre 
1899. 

Id. Sur le Xeomylodon de Patagonie «Bulletiu de 
la Société Géologique de Fraucex; p. 496; París 
1899. 

Id. Pésuraé d'uu travail de M. Erland Xordenskjold. 
«Comptes rendus des séances de TAcadémíe des 
Scieuces»; tome 129; París, 26 Décerabre 1899. 

Id. Sur une nouvelle découverte de peau fossíle a 
la cueva Eberhardt. «Bulletín de la Société 
Géologique de France»; p. 808; París 1900. 

Giisinde, Martin: Segundo viaje a la Tierra del Fuego; 
«Publicaciones del Museo de Etnología y An- 
tropología?: tomo II, págs. 159-161; Santiago 
1920, 

Hauthal, B.: El mamífero misterioso de la Patagonia 
«Grypotherium doraesticum»: Reseña de los ha- 
llazgos en las cavernas de Ultima Esperanza. 
«Revista del Museo de La Plata ; Tomo IX, 
págs. 409-420; La Plata 1899. 

Id. Erforschuug der Grypotheríum-Hohle bei Ul- 
tima Esperanza. Ein Blíck ín die prühistoríschen 
Zeíten Süd-Patagoniens. «Globus ; Bd. 76, X.*^ 
19, Ss. 297-303; Braunschweig, 11. Xoveraber 
1899. 

Id. Quelques rectíficacions relatives au Grypothe- 
ríum de la caverne Eberhardt. «Comunicaciones 
del Museo Xacional de Buenos Aires». Tomo I, 
X.o 7, págs. 241-252; Buenos Aires, 9 de Octu- 
bre 1900^ 

Id. Die Haustiereigenschaft des Grypotherium do- 
mesticum Roth, die Glacialverhaltnisse bei Ul- 
tima Esperanza uud die Berechtigung des Xa- 
mens Grvpotherium domesticum. «Globus»: Bd. 
78, X o 21/22, Ss. 333-338, 357-360; Braunsch- 
weig, Dezeraber 1900. 

Id. Die Hohlenfunde von Ultima Esperanza im 
südwestlichen Patasouien. «Zeitschrift der 



416 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



Deiitschen geologischen Gesellschaft»; Jahrg. 
1901, Ss. 570-581. 
Hdiithal, 11.: D'ie Bedeutiiiig der Funde iu der Gjypothe- 
riumhohle bei Ultima Esperanza (Südwestpata- 
gonien) in autropologisclier Beziehung. ^Zeit- 
schrift f. Ethuologie^; Bd. 36, S. 119-134; 
Berliu 1904. 
Hesketh Prichard: Through the Heart of Patagonia; Lon- 

dou, JuIy 28, 1911. 
Lelimann-Nitsche, Roberto: El mamífero misterioso de la 
Patagonia: '<CTrypotheriura domesticum : Coexis- 
tencia del hombre con un gran desdentado y un 
equino en las cavernas patagónicas. «Revista del 
Museo de La Plata»; Tomo IX, págs. 455-472; 
La Plata 1899. 

Id. Die Gleichzeitigkeit der südpatagonischen 
Hohlenbewohner mit dera Grypotherium uud 
andern ausgestorbenen Tieren der argeuti- 
nischen Hohlenfauua. «Arcbiv für Anthropolo- 
gie ; Bd. XXVII, Ss. 583-597; Braunscbweig 
1902. 

Id. Zur Yorgeschicbte der Entdeckung von Grypo- 
therium bei Ultima Esperanza. cXaturwissen- 
schaftliche Wocheuschrift> ; Bd. XV, Ss. 385- 
391, 409-414, 426-428; Jena 1901. Sep. eu: 
'<Xaturwissenschaftliche Abhandlungen»; Heft 
29. Berlin 1901. 

Id. Présentatiou d'une collectión de restes de Gry- 
potherium Dar^Yiuii (var. domesticum ). '< Congres 
internatioual d'anthropologie et archéologie 
préhistoriques». Compte rendue de la douzieme 
sessiou á Paris, 1900. 

Id. Der Mensch und das Grypotherium in Süd- 
Patagonien. <A'^erhaudlungen der Gesellschaft 
Deutscher Xaturforscher und Aerztex; 72 
Versammlung zu Aachen; II. Teil, Ss. 129-131; 
Aachen, 16.— 22 September 1900. 

Id. Demonstratiou einer typischeu Collectión der 
Peste von Grypotherium Dar^vinii var. domesti- 
cum aus der Eberhardthohle bei Ultima Espe- 
ranza. «Correspondenz-Blatt der Deutschen 



Gusinde.— LA cueva del mylodón 417 



Gesellschaft für Anthropologie, Ethnologie iind 
Urgeschichte>;; Jahrg. XXXI, S. 115; Braun- 
schweig, 1900. 
Id. La pretendida existencia actual del Grypothe- 
rium. Supersticiones araucanas referentes a la 
lutra y al tigre. «Kevista del Museo de La Pla- 
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dos en la caverna Eberhardt en Ultima Espe- 
ranza. «Revista del Museo de La Plata»; Tomo 
XI, págs. 55 70; La Plata 1902. 
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Aiken (Patagonia austrial). «Revista del Museo 
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Lehmann-Nitsche: Anthropologisclies aus der Eberhards- 
hohle. (Ultima Esperanza). «Globus»; Bd. 83, 
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Lónnbe?'g, Einar: On sorae remains of «Neomylodou 
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Expedition to Tierra del Fuego 1896. «Svenska 
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Societv of London», p. 144-148; London, Fe- 
bruary 21, 1899. 
Id. Note on the discovery of Miolania and of Glos- 
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REV. CH. DE HIST. NAT. (19211 (27) 



418 HHVISTA CHILENA DK HISTORIA NATfRAL 

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420 REVISTA (JHILKNA 1>E HISTOKJA NATURAL 



HATERIALE S 



íñUHíi C^íRClNOLóGlCfi DE CttILt 



Prof. Dr. Carlos E. PORTER 

Catedrático de Histología Normal y de Anatomia comparada y Zoografia de Invertebrados en 
la Escuela de Altos Estudios del Museo Nacional 



XV'.— Familia CALAPPIDAE 

La sinopsis que ahora damos, cotí la concisión acos- 
tumbrada en nuestros «Materiales», se refiere a una de las 
cuatro familias en que se dividen los braquiurosoxístomos. 

IjOS Cakqji dos son crustáceos de carapacho oval o sub- 
orbicular, superiormente combado y de bordes delgados, 
crenulados o dentados. Antenas cortas y anténulas en ge- 
neral dobladas oblicuamente. El primer par de patas tie- 
ne el carpo tan dilatado que cubre gran parte de la cara 
ventral del cuerpo. Branquias en número de 9 a cada lado. 
Los canales branquiales aferentes se abren en frente de 
la base de los quelípedos. Vergas ubicadas en la base del 
5.^ par de pereyópodos. Abdomen de los machos adultos 
con 5 segmentos y el délas hembras adultas y machos jó- 
venes con 7. 

A estos caracteres que bastan para distinguir los 
Calápidos de las otras tres familias de Oxystomatsi, se agre- 
gan otros que no tienen cabida en un sencillo artículo co- 
mo el presente. 

Se dividen los crutáceos de que estamos tratando en 
dos suh-familias (*), ambas representadas en la costa chi- 
lena. 

(*| Para alj^unos autores tienen el valor Aa familias: no paiticipa- 
mos. como se ha visto do tal criterio. 



REV. CH. HiST. NAT., Año XXV (1921) 



Lám. XXXVIII 



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422 ■■ REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

Las breves líneas que sobre nuestras especies vamos 
a dar enseguida, adicionadas de las figuras que se acom- 
pañan a esta sinopsis, creemos bastarán aun a las personas 
menos familiarizadas con estos estudios para determinar- 
las o reconocerlas en el acto. 

Snb-fam.: Galappinae 

Con el merus de los maxilípedos externos no alarga- 
do y nunca ocultando el flagelo en el reposo. 

La súb-fam. está representada en Chile por el; 

GÉN.PLATY31ERA Milne-Edws 

Este género fué creado por H. Milne-Edwards en 
1837 en su célebre obra sobre la :Histoire Xaturelle des 
Crustacés», tomo II, pág. 107. 

Son animales de carapacho ancho y elíptico cuyos bor- 
des ántero y póstero laterales se unen en un ángulo pro- 
longado en una fuerte espina, lo que muy bien se ve en 
nuestra lámina XXXVIII. Las patas ambulatorias I-III 
comprimidas y largas; las lY cortas. En los cuatro pares 
los tarsos son largos y estiliformes. 

Tenemos representado este género, hasta hoy mono- 
típico, por la sigte. especie: 

Platymera Gaudichaudi M. Edws., 

cuya literatura se indica a continuación: 

1837. MiLNE Edwakds, Hist. Xat. Crust., vol. 2, p. 108. 
1843. Edavs & Lucas, in D'Orbigny, Voy. Amér. Mérid., 

Crust., p. 28, lám. 13. fig. 1. 
1839. XicoLET, in Gav, Hist. Fis. y Pol. Chile, Zool. 3, 

p. 172. 
1892. ORTMANN,inZool.Jahrb.Suppl. Bd. 6,Syst., p. 563. 
1902. Lenz, Crust. der Sam. Píate, in Zool. Jahrb. Suppl. 

Bd. 5, p. 750. 



Porten.— FAUNA carcinülógica de chile 423 

1906. PoRTER, Grust. de los Yilos, en Rev. Ch. Hisl. 

Xat., año X, p. 132. 
1910. Rathbun, in Pioc. U. S. Xat. Mus. (Wash.), vol. 
38, p. 593. 
El ejemplar que representamos de esta esta especie te- 
nía un (inclio (le 129 ram. incluyendo las espinas; perte- 
neció a nuestra gran colección privada de C'nistáceos, ce- 
dida al Museo de Valparaíso. Su color en vida era anaran- 
jado. 

Muy común en las costas ele Chile según Edw. & Lu- 
cas (en D'Orbiguy ), sin embargo el Museo de Valparaíso 
sólo tuvo dos ejemplares, de uno de los cuales proviene 
la fotografía que aquí se da, y el Museo Nacional no ha 
poseído nunca sino el ejemplar seco, descolorido (blaco-su- 
cio) que se ve en una de las vitrinas. Este individuo tiene 
90 mm. de ancho, incluyendo las espinas. 

Distribución (jpográfica. — Cuando se describió la espe- 
cie de que tratamos y se dedicó a Gaudichaud (quien en- 
vió al Museo de Paris el primer ejemplar que sirvió tam- 
bién para establecerla) sólo se la conocía de Chile. La lite- 
ratura muy rica que poseemos en nuestra biblioteca parti- 
cular sobre Crustáceos podoftalmos, nos permite hoy afír- 
mar que Fl<ity})¡er(( Gaudichaud} existo a lo largo de la 
costa de América en el Pacífico desde CalifQrnia hasta Chi- 
le. El ejemplar más austral que conocemos es el de Talca- 
huano que representamos en la lámina. 

Suh-fam:. Matutimae 

Tienen el merus de los maxilípedos externos alarga- 
do y agudo y ocultando el palpo durante el reposo. 

Un solo género representa también en Chile esta sub- 
familia y es el 

Gen. HEPATUS Latr. (1806) 

Hepatus Latreille, Milne-Edwards, etc. 

El carapacho ancho y muy combado carece de las es- 
pinas que lleva el género anterior. 

He aquí la especie que conocemos del país y que pa- 
rece bastante común. 



424 KEV^lSTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



Hepatus cliiliensis M. Edv s. 

1837. Hpjyafits chiIiensisMih^E-¥An\ AiiDS, Hist.Xat. Crust. 

11, p. 117. 
1843. Hepatus chilensis Edw. & Lúeas in D'Orbig. Yoy 

(ians rxVraérique Méridionale, tome \1, Crust. 

p. 28, pl. XIY, fig. 1. 
1849. Hepatus chilensis Nic. iu Gay Hist. Fis. y Polit. 

Chile, Zool. III, p. 174. 
1852. Hepatus chilensis Dana, U. S. Explor. Exped., vol. 

I, p. 395, lám. 25, fig. 3. 
1858. Hepatus chilensis Kiuahau, Jourii. Dublin Royal 

Soc, vol. I, pag. 345. 
1865. Hepatus chilensis Heller, Novara Exped., Crust. 

p. 70. 
1881. Hepatus chilensis Mikks, Proc. Zool Soc. Londou, 

p. 71. 
1892. Hejjatus chilensisOKTM Á^^ , Zool. Jahrb, vol. 6, Syst., 

p. 570. 
1902. Hepatus chilensis Lenz, Zool. Jahrb. Supl, Band. 5, 

p. 752. 
1910. Hepatus chilensis Rathbun, Proc. U. S. IS'at. Mus., 

vol. 38, p. 551, pl. 37, fig. 1. 
Es especie de buen tamaño en su familia. Los cinco 
ejemplares que he tenido en mi colección medían respecti- 
vamente en su carapacho un ancho de 68, 71, 78, 83 y 86 
milímetros. 

Su cefalotorax oval tiene la frente y margen posterior 
angostos, los márgenes ánterolaterales crenulados; las ór- 
bitas reducidas, ocupadas totalmente por los ojos. 

Elcolor del carapacho es dorsalmente amarillo sucio 
con dibujos rojizos o color vinoso en los dos ejemplares 
vivos que he tomado yo mismo en la bahía de Valparaíso. 
de donde procedieron también los ejemplares que sirvie- 
ron a Milne-Edwards para la descripción no muy exacta 
que da, en loe. cit. 

Después se ha encontrado en otras partes de Chile 
(hacia el sur de Valparaíso) y hacia el norte hasta el Perú 
y Ecuador. 



Porter.— FAUNA cakcinológica de chile 



425 



El Dr. Bürger ha visto viviendo sobre esta especie 
en nuestra costa al Autozoario Antlwloba reticulata (*). 

Eecordaré que entre los crustáceos fósiles de la zona 
del Canal de Panamá estudiados por la notable carcinolo- 
líista Miss Mary J. Eathbun, está representado también el 
Hepatus chiliensis entre muchas otras especies i^'^). 




Fig. tiQ. — Hcpafiis c/ii/iei/sis M. Edws. (Orig.) 



Para terminar esta breve nota diré que nunca he vis- 
to la otra especie de Hepatus mencionada como de Chile 
y de otros puntos de la costa sud-araericana en el Pacífico. 

Santiago de Chile, Marzo de 1921. 



(*) Véase: Burgek, Prof. Dr. Otto. «Uber dasZusammenleben von 
Antholba reticulata und Hepatus chilensis M. E.j>. enBío/offisdien Cen- 
tralblatt. Band XXIII. X"." 20 (Oct. 1903) pp. 677-678. 

(•^*) «Decapod Crustácea froni Panamá Región», en Contrib. to 
the Greology & Paleontology of the Canal Zone. etc.. in Biül. U. S. 
Xaf. JIiiscii/i/. X." 103. pag. 155. pl. 66, fig. 4. 



426 KKVJ.STA CHILENA DK HISTORIA NATURAL 

Observaciones sobre U 
Biología de la ?olyth¡sana ¿dmonOsi, Buti. [-) 

POR EL 

Dr. üicente IZQUIERDO 5. 



Este lepidoptero es una de las más lindas SaUírnidae 
de Chile. El macho se hace notar por sus hermosos colo- 
res rojo iuterso y sus bellos ocellos en ambas alas, sieudo 
las anteriores de un color moreno verdoso oscuro. 

Sus antenas son fuertemente pectinadas y provistas 
de riquísimas terminaciones nerviosas (nervio olfactorio). 
En sus costumbres el macho es diurno y vuela buscando 
su compañííra únicamente por la mañana, de las 9 a las 
12deldia, nunca más tarde. La hembra es mucho más 
grande, de colores menos vivos y antenas muy débilmente 
pectinadas. En sus costumbres es la inversa del macho, 
no vuela nunca de día, sino de noche; llega a las lámparas 
donde es fácil cogerla. Es de movimientos muy lentos y 
en el día permanece inmóvil, esperando con gran pacien- 
cia ser visitada por algún macho. 

A este respecto nuestra especie se diferencia de la 
Europea (Saturnia Pyri) cuyo macho es nocturno y la 
hembra diurna. 

La oruga de esta mariposa es grande, gruesa, de co- 
lor ceniciento, gris, cubierta de largos pelos reunidos en 
forma de pinceles. Vive sobre el raaitén y no es raro en- 
contrarla sobre las rosas en los jardines de campo. Nace 
en primavera y teje un gran capullo con seda blanquizca, 
y de paredes muy poco densas. La crisálida es de tamaño 
va.riable según el sexo y de color hoja seca. El i mago 
aparece durante los meses de Marzo y Abril. 



(*) Fraus. Eiit. Sor. Loudon, p. 19; 18S2. 



REV. CH. HIST. NAT.. Año XXV (1921) 



lám. XXXIX 




Polythysana edmoiídsi 

a= ¿ -^ b = huevos; c = $ 

(ficuras originales) 



4'28 KKVISTA CHILENA I>E HISTORIA XATl'UAL 

Los huevos son grandes, de 3 milímetros de largo y 
de 2 de ancho, elípticos y ligeramente aplastados; tanto 
la cara superior como la interior están ocupadas por una 
extensa mancha de color madera, cuyos bordes son más 
oscuros. Entre ambas manchas queda una faja de color 
blanco ocupando los bordes del huevo. Además se observa 
en uno de los polos una muy pequeña mancha redonda 
del mismo color madera. Las paredes son coriáceas y muy 
resistentes. 

En esta especie, como en la mayoría de los insectos 
los machos son más numerosos que las hembras, cuando 
una de éstas está axequible afluyen a cortejarla numero- 
sos pretendientes, como se verá más adelante. 

En los insectos la conservación de la especie está ase- 
gurada de ordinario de una manera en extremo eficaz. Las 
hembras poseen a veces facultades verdaderamente mara- 
villosas y de naturaleza casi siempre desconocida para 
atraer a los machos; seguramente se trata de fenómenos 
quimotáxicos. Los machos por otro lado poseen en sus 
antenas órganos delicadísimos donde terminan los nervios 
olfactorios, de tal manera que pueden percibir a grandes 
distancias, efluvios o emanaciones olorosas, que el hom- 
bre no es capaz de percibir. 

Los naturalistas europeos, como Fabre, Picraff, y 
otros han hecho a este respecto experiencias muy intere- 
santes, y que dan a la cuestión gran interés. 

Nosotros hemos podido realizar experiencias análo- 
gas, las que deseamos dar a conocer en estas líneas. 

Aquí en Chile, con seguridad, no existe un insecto 
más a propósito que éste para estudios de esta naturaleza. 
Condición indispensable es poseer una hembra ^irgen. 
recién salida de su capullo; las que se pueden coger de no- 
che en las lámparas, no sirven absolutamente, pues siem- 
j)re han perdido ya el mágico poder de atraer a los ma- 
chos; estos las desprecian, aunque estén en perfecto es- 
tado. 

Nuestras experiencias han sido hechas en el centro 
de un parque, no lejos de la estación de Xos. En este 
local no son raras las hembras, vienen de cuando en cuan- 
do a las lámparas y penetran en las habitaciones; en cam- 
bio los machos, que vuelan sólo de día, rarísima vez se les 



Izquierdo.— biología de la polythisana kdmnd.si 429 

puede ver, volando muy alto sobre los grandes árboles, 
siendo poco menos que imposible cogerlos. Anos hay en 
que no es posible ver uno sólo. 

Durante el raes de Marzo de 1919 arreglando un 
bosquecillo de maitenes encontramos un gran capullo de 
nuestra mariposa con una hermosa crisálida, adherido a 
una rama de hinojo. Fué colocado cuidadosamente en una 
caja de tela de alambre. 

El 1." de Abril nació una hermosa hembra con sus 
alas intactas y perfectamfmte coloreadas. 

Al día sio-uiente, con gran cuidado, la colocamos, a 
las 10 A. M. bajo una campana de tela de alambre, en el 
centro de un prado del parque, el cual está rodeado de 
grandes árboles, de 10 a 12 metros de altura, lugar donde 
no se veía ningún macho. 

Antes de 5 minutos se vio aparecer por encima de 
los árboles, mas o menos a 20 metros de distancia, un 
macho que con muy rápido vuelo empezó a describir cír- 
culos alrededor de la campana, hasta que llegó a pararse 
sobre ella, fué capturado. En seguida a intervalos varia- 
bles, fueron llegando del mismo modo, de ocho a diez, 
alegres pretendientes. Seis de estos fueron capturados, y 
el último introducido en la campana, no desdeñó unirse a 
la dama. 

El día 3 de Abril se repitió la misma expeiieocia, 
entre las 10 y las 12 del día acudieron sólo dos preten- 
dientes, los que se mostraron bastantes indiferentes, uno 
fué capturado e introducido bajo la campana, se unió tam- 
bién a la hembra. 

El día 4 de Abril repetimos la experiencia a las 10 
A. M. fué colocada $ en el centro del mismo prado, acu- 
dieron 8 a 10 machos, pero al llegar a la campana se mos- 
traban mucho menos entusiastas, que los anteriores, se 
capturaron 3 ejemplares. Al día siguiente no se presentó 
ninguno. 

En el verano del año 20 nos preparábamos para re- 
petir la experiencia, pero se frustraron nuestros deseos, 
fue imposible encontrar ningún capullo, apesar de haber- 
los buscado con gran empeño. En cambio pudimos captu- 
rar de noche 3 hembras en diferentes días, todas ellas 
fueron colocadas en el mismo lugar y en la misma campa- 



430 REVISTA C'HILEXA l)K HISTORIA NATURAL 



na, sin que acudiera ningún visitante, es verdad que todas 
estaban algo deterioradas y seguramente habrían sido ya 
fecundadas. 

En Marzo de 1921 se capturaron de noche dos hem- 
bras, las que fueron colocadas en las mismas condiciones 
que la anterior sin que acudiera ningún visitante; eran 
hembras que habían ya perdido su poder de atracción. 

Habíamos ya perdido la esperanza de repetir la sin- 
gular experiencia del año 1919 cuando a fines de Enero, 
podando un matorral de bambú dimos con un capullo de 
hembra adherido a nua de las ramas. 

Guardado cuidadosamente nos dio a luz, el 20 de 
Abril, una hermosa hembra. El día 21 fué colocada en el 
mismo lugar del parque a las 10 de la mañana. A los po- 
cos minutos empezaron a llegar los visitantes, más o me- 
nos en número de 8, se capturaron 4. 

El día 22 se repitió la experiencia en diferentes luga- 
res del parque, con el mismo éxito, acudieron 5 o 6, se 
capturó uno. 

El día antes, en la tarde, colocamos la 2 sobre nna 
pequeña rama de pino y la dejamos hasta el día siguiente, 
habiendo permanecido inmóvil sobre ella. Dejamos la ma- 
riposa en la casa y llevamos al parque sólo la rama de 
pino bajo la tela, no tardaron en acudir dos machos a pa- 
rarse sobre la campana como si se hubiera encontrado en 
ella la hembra. Luego la rama de pino emitía algo que los 
S $ podían percibir. 

El día 23 fué colocada nuevamente la 9 en diferentes 
prados del parque; sólo se presentó un visitante, el cual 
fué tan entusiasta y vigoroso que se introdujo por debajo 
del borde de la campana, que estaba ligeramente levantado 
y se unió a la dama, la que al día siguiente puso nnmero- 
sos huevos los que serán guardados hasta la próxima pri- 
mavera. 

Al observar estos curiosos hechos de la biología de 
este insecto, nos preguntamos como es posible que los 
machos puedan tan rápi<iamente, a tan grandes distancias, 
tener noticia de la presencia de la hembra en un lugar 
determinado? Los naturalistas europeos, como Fabre y 
otros, no han podido dar una explicación satisfactoria. Só- 



Izquierdo.— BIOLOGÍA de la polythisana edmoxdsi 4o1 

lo dos orgauos de los sentidos pueden intervenir nquí, la 
vista o el olfato; el primero puede ser fácilmente elimina- 
do, basta cubrir la campana con cualquier tela opaca, los 
visitantes llegan como cuando estaba descubierta. Por 
otra parte, la manera como los machos vuelan, desde que 
aparecen por encima de los árboles, confirma esto mismo, 
pues nunca se dirijen directamente hacia la hembra corao 
(íuando se ve un objeto. Por el contrario desde que apare- 
cen a 20 o más metros de distancia, el vuelo, que es rápido, 
os muy irregular; ya en zig zag, ya en forma de grandes 
círculos, que se van estrechando poco a poco hasta llegar a 
la campana y pararse sobre ella; esto hace impresión como 
si el insecto percibiera algo que no ve pero que siente. 

Estamos convencidos de que se trata del órgano del 
olfato, que en los machos reside en las antenas, que en es- 
ta especie son en extremo pectinadas y provistas de innu- 
merables terminaciones nerviosas. Es un hecho muy co. 
nocido que extirpando las antenas el animal queda priva- 
do del olfato. 

Ahora bien, aceptado el hecho de que puede ser el 
órgano del olfato el que interviene en este fenómeno tan 
singular, se trata de saber que cuerpo oloroso puede ser. 
Aquí todas las hipótesis han fracasado. Para el olfato del 
hombre el insecto no emite ningún olor. Pero es el hecho 
que pocos minutos después que so ha colocado una hem- 
bra vii'gen, en cualquier lugar, la atmósfera tiene que 
impi'egnarse de algún efiuvio, hasta muchos metros de 
distancia, que es instantáneamente percibido por los ma- 
chos, mediante las terminaciones nerviosas de sus antenas; 
esto es probablemente un tropismo químico, producido 
por partículas olorosas, capaces de adherirse a cuerpos ex- 
traños. 

Estos eñuvios olorosos, emitidos en todas direccio- 
nes, cuya naturaleza no conocemos, pueden atravesar a 
veces cuerpos sólidos, hay Ichueuinones machos que pue- 
den percibir la presencia de una hembra a través de la 
madera. Fabre h:i supuesto que las hembras emiten ondas 
etéreas transmisil)les en todos sentidos. 

De que jtarte del cuerpo del animal pueden partir 
estas emanaciones, he aquí otro problema aun insoluble. 



432 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

Mayer y Soule (190G) han pretendido demostrar que las 
escamas de las alas de Callosoraia tienen poder de atrac- 
ción. 

Sería de interés tratar de averiguar, en futuras expe- 
riencias, que partes del cuerpo son las que atraen al otro 
sexo, si las alas, el tórax, el abdomen o si las escamas, co- 
mo pretenden algunos. Fuera do duda está que el contac- 
to del cuerpo de la hembra transmite a un cuerpo extraño 
esta singular propiedad. 



Bréthee.— xouvELLE kspkce d'iimde dv uhili 483 



Description b' un nouvcau ^enrc et une nouvdlc c$pécc D' Ipidcc 

du Chili 



Dr. Dean BRÉTHE5 

Entomologisle au Muséum National (B. Aires) 



Mr. le ür. Carlos E. Porter m'a envoyé pour son 
étude un Ipidae qu' il recueillit en Février 1921, sur 
le Roble {Xothophdf/us obJiqíia), dans la province de Cau- 
tín et qui va faire V objet de cette note. 

Des le premier examen, 1' organisation de 1 antenne, 
coraposée de 14 articles, m'a appelé l'attention d'une ma- 
niere particuliére: aucun Ipidie, a ma connaissance, n'at- 
teignant ce nombre d'articles. Ou sait d'ailleurs que les 
anteunes sont dun grand secours pour se reconnaitre dans 
cette faraille si intéressaníe, mais composée daniraaux en 
general d'une taille au dessous de la moyenne, et souvent 
si monotones dans Xewr facies. 

Les tibias antérieurs sans niucron terminal, la face 
dorsale antérieure du pronotum lisse, celui-ci plus large 
que long, la tete plus ou moins exposée et Tarticle tarsal 
antérieur 3*^ bilobé placent cet insecte parmi les H'ihsmini, 
dans le sens de Blandford (in Biol. Cent. - Ame r), m'obli- 
geant a creer un genre voisiu de Hilustes, et que j'appel- 
lerai: Sinophloeus, d'accord avec la diagnose suivante: 

Robustus, cylindriciis, sparce pilosus, capife a superne 
viso paidum vlsibili, oculis subqrosse f/ranulatis, oblonc/is, 
nntennis funículo 1 articuhdo, clara 6 arficulafa, compressa. 
thorace transverse, antice Jiaud fransrerse rugoso, eli/fris de- 
clivítate simpüci, coxis anticis conür/uis, r/lobosis, mediis 
paulum separafis, posfiris a mediis remotis, seí/mento 1° ab- 
dominix auficp ¡n nirdio aculo. ci4in'ii^ rnajorc. fibiis anticis 
extus pauhun .yi/uulosis, articulo 5" tarsoruní bilobafo. 

KEv. r.H. HIST. -¿T. 19:;i) 28 



"434 REVISTA CHILENA UE HISTORIA NATURAL 

Typus: 

Sinophloeus Porteri Bkéthes, n. sp. 

Nifjer, elytris obscure ferrugineis, ima basí nírjris. 
Long.\ 3 mm. 

La tete est tres fiíiement ponctuée, presque lisse, 
avec une forte impression médiane aiitérieure qui se relé- 
ve en une quille aigue longitudinale sur la raoitió auté- 
rieure avec poils dores assez épais, des poils épars blanchá- 
tres sur toute sa surface. Les yeux sont transverses, sub- 
aigus vers le has, les facettes presque grandes. Les aii- 
tennes out 14 articles; le soape aussi long que la massuc, 
claviforrae, le funicule avec sept articles, le premier sphé- 
riquc, assez gros, les 2-7 progressiveraent plus larges, les 
derniers bien transverses, la rnassue com primee, ovale, 
la séparatiou des articles peu distincte, les quatre pre- 
raiers avec une oouronne de poils, le cinquiéme avec cette 
couroune moins apparente. 




Fig. 37 — Sinophloens Porteri. Antenne et tarse antérieur. 

Le thorax est transverte, k\s bords latéraux presque 
paralléles, le bord antérieur un peu plus étroit que le 
postérieur, sa surface est ponctuée, a espaces lisses, le 
bord antérieur [avec stries transverses visibles au microá- 
cope; des poils¿blanchátres sur sa surface et avec poils 
noirs plus longs sur la déclivité antérieure. Les élytres 
sont paralléles, une fois et demie plus longues que larges 
ensemble, le tiers postérieur cu déclivité, mais sana tu- 
bercules, ni enfoncement, etc. d'aucune cíasse. Liles 
ponctués-striés, mais ce strié disparait sous le nouibre de 
crétes courtes et transverses qui font paraitre les élytres 



Bréfhes.— NouvBLLE l'esi'éob d'ípidab du chili 43a 

rápeuses. Les stries sutúrale et latérale (celle-ci bifurquée 
vers l'avaut des le railieu) seules bien marquées. Des 
poils épars blanchátres sur les élytres. Le dessous du 
corps avec une pubesceuce grise et tres courte. Le mésos- 
teruum avee une fine ligne médiane imprimée a la moitic 
postérieure; les sutures abdominales droites. 

J'étais incliné á prendre cet animal pour 1" Hijlesinus 
bicolor Phil. mais cet auteur ne parle pas des crétes cour- 
tes et. transversos dont les élytres sont couvertes; de plus en 
disant: «Das Hallschild is nicht viel liinger ais breit». il 
fait supposer que le prothorax paraitrait plutót plus loug 
que largé, tandis que dans l'aniínal que j'étudie la lar- 
geur est plus forte que la longueur (conime 5:4). Je ne vois 
pas la «flache Vertiefungx sur la déclivité des élytres, etc. 

Comparé avee le H. livmUis Bl. , celni-ci est bien 
plus petit; le Hi¡. pilula Er. est ?aspero-granulato>^ au 
prothorax, ce qui n'a pas lieu dans le Sinophloeus Porten. 

Je me fais un plaisir de dédier Tespéce á Mr. Carlos 
E. Porter qui, (;ommH je lait dit au comraencement, dé- 
couvrit cet insecto dans la proviuce de Cautiu, en Février 
192L 



436 IiEVl«TA CHILENA DE H18TOKIA NATURAL 



Breve reseña acerca de la contribución de los zoóio|05 italianos 
al conocimiento de la fauna de (¡hile (") 

Por el 
Prof. Dr. Carlos E. PORTER 

Catedrático de Zoología general y Entomología del Instituto Agronómico de Chile. 



Invitado por el Directorio de la Sociedad ('ieutífica 
de C'hile para decir en la pte. sesión especial algunas pa- 
labras acerca de la contribución de ¡os sabios italianos al 
progreso cíe la Historia Natural de nuestro país, deberé 
expresar desde luego que ella es muy digna de ser toma- 
da en cuenta en la historia científica de Chile. Se refiere 
ese labor italiana al estudio de la Botánica, de la Zoología 
económica y de la Zoología sistemática . De las dos prime- 
ras habré de ocuparme en otra ocasión; pues por nliora 
sólo la {)arte que se refiere a la Zoología sisteinálicíi es 
la única que tengo totalmente terminada en originales de 
una obra histórica y bibliográfica que desdt; hace más de 
veinte años vengo preparando y que se titula Fieseña his- 
tórica y biblioífrájica chilena razonada de ('inicias Natura- 
les que comprenderá, una \e/ publicada, 14 tomos en (S.^, 
con retratos ( 1 ). 

Tarea facilísima ha sido, pues, ])ai:i mi el entresacar 
y resumir de mi citada (Una inédita, los datos que vienen 
a continuación y cpie se refieren, por ahora, comft ya lo 
he dicho, únicamente a la Zoolof/ia xistrniáfica o deso'iptiiri. 



(*| Ti-iibaju Ifidu en 8t_8Íóii ^fiioral Uc feclia 17 dt' Octubi<' de 1í)21, 
t'ii celebiacióii ilel Vi ceiittnai'io áv la imitTte del Dante. 

|l) A soli<dtiid de algunos iiitere.sado.s. he adelantado, en la J?e- 
risfa Clnlciía de Historia Natural, a fiartir de lílOU, la pnblicación de 
algunos capítulos como ser los relativos a los Mamíferos, Aves. Rep- 
tiles. Batracios. Protozoos y Verme < y. además, listas de sus obras he 
dado t'ii las 2") b¡f)iri-al'ías originales que ya he |)id)licado de mi (lale- 
ria de Xtitura/istas rhileiios insertas en la mencionada Revista. 



Poríer.— zo(')LuG()S italianos y fauna chilena 



43/ 



Pero veamos autes algunas breves notas históricas: 

1.° La primera obra descriptiva, de coDJunto sob'-e 
la Zoología chilena, escrita por el primer naturalista chi- 
leno, el abate don Jiañ Ignacio Molina, se publicó en 
la ciudad italiana de Bolo^íiia en 1782 con el título de 
Saggio suUa atoria naturale del (hili, y que mereció ser 
traducida a varios idiomas. 

2.'^ Fué un sabio italiano, el Marqués de Simnola 
quien, debido a su «ran versación en Himfróptn'os y He- 




Dr. Filippo Silvestri. 



mipteros, mereció de Claudio Gay, el célebre autor de la 
< Historia Física y Política de Chile :\ el encargo de des- 
cribir los insectos de esos órdenes (1852). 

3. o Durante los años 1865-1868 hizo un viaje cientí- 
fíco al rededor del mundo la fragata italiana (x Magenta 
en la que venía el distinguido naturalista y coleccionista 
Enrico Giglioli. Las colecciaues de crustáceos de este 
viaje fueron confiadas al eminente carcinólogo y estomó- 
logo 1)k. Adulfo Targioni-Tozzktti, las que se hallan 



438 Rl'JVlSTA CHILENA DE íilSTOUIA XATl.'KAL 

publicadas en un magnífico volumen de 250 págs. en 4.°, 
ilustrado con 13 láms. y editado en Florencia en 1877. 

También exploró la corbeta italiana Vittor Pisani (en 
1883) los mares australes, reuniéndose algunas colecciones 
que fueron estndiadas en Italia. 

4." 'Nuestro sabio naturalissa don Federico Philippi 
fallecido en 1910. nació en Dicbre. de 183S en la ciudad 
de Ñapóles. 

5.^ El año de 1898 hizo una rápida pero fructífera 
gira en el territorio de Chile, el notable especialista de 
Miriópodus doctor Filippo Silvk.stki. dando a conocer 
poco después en revistas italianas y en nuestra «Rev. 
Ch. de Hist. Nat.:^ gran número de géneros y especies 
nuevos de dichos artrópodos, de los que nadie se había 
ocupado desde la publicación de la obra de Gay. 

6.*^ Entre los años de 1894 a 19Í0 varios especia- 
listas italianos contribuyeron por mucho principalmente 
al estudio de nuestros Vernes, Insectos, Arácnidos y Mi 
riópodos. 



Daremos ahora una lista de los estudios publicados 
en Chile por especialistas italianos: (2). 

I. — Vermes 

Sobre estos Metazoos i'ecordaremos los siguientes tra- 
bajos sistemáticos: - 

1895. El Dk. Lohknzo CA:\rp:KAN(), profesor déla Univer- 
sidad de Turíu, publica la descripción de una nueva 
«culebra de pelo», de C-hile, bajo el nombre de Gor- 
dins Latastei. 

Su estudio publicado en las págs. 8 y 9 del tom^o 
Y de las «Actes déla Soc. Se. du Chili», se titula. 
Description d' une nouvelle espéce de Gordiiis du Chili: 



(2) ]S'o meiieioiuimos aquí Io.s miraerosos trabajos s . fauna chilena 
disperso-s en varias obras de viaje y multitud de Revistas extranjeras. 
La premura del tiempo nos lo impide. 



Porten. —zoÓLoiíos italianos y kaina chilena 489 



1896. El Dr. Daniele Eü.sa, de Roma estudia uua lom- 
briz de tierra (enviada por el J)i'. Fernando Latastej 
en un artículo intitulado La Allobofora rallif/inosa. 
i:Actes. de la Soc. Scieut. du Chili», pág. 102 del 
tomo YT. 



II. — Insectos 



Los trabajos sobre hisectos publicados por especialis- 
tas italianos en este país, que tenemos catalogados son los 
8 siguientes: 

A) En los años, tomos y págs. que se indican de las 
Adc!^ de la Sociéfé Scicnfifiqtíe du Chili, pueden consultarse 
los siguientes: 

1894. El Dii. C'arlo Emeky. profesor de la Universidad de 
Bologuo inicia el estudio de las hormigas en el ar- 
tículo': Xofes sur les Fourmis du Chili, tomo IT, pp. 
213 y sigtes. 
Describe aquí dos especies nuevas: Bradiymirmex 
Giardi ij B. Icevis. 

1894. El Proí. Jean Gkibodo describe 7 especies nuevas 
de Himenópteros en el tomo lY, págs. 199-212, bajo 
el título de Materiaa.r pour servir a la jaune Ento- 
rnologique du Chili. 

1895. El Dr. Garlo Emery inserta una: Deuxiéme note sur 
les fourmis du Chili, en el tomo Y, pp. 10-18. 

Se da en este trabajo la descripción de 5 especies 
nuevas y la de una nueva variedad (^3). 

B) En la Bevista Chilena de Historia Aatural han in- 
sertado ios especialistas italianos las siguientes interesan- 
tes notas sobre Insectos: 



(3) En niio.'ítra ubra. en gi-an parto aun inédita s¡. Éibliografía. ya 
cititda; damoís detalles .s/. cada vohimen. folleto y artíonlo, anotando la 
lista de las especies, lo que en esto caso no ha, lugar. 



440 - REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATIRAL 

1902. Dr. FiLippo SiLVESTiu. Vn génf^ro y tres especies 
nueras de Tisanuros chilenos. En año TI. pp. 23-8-240. 
Se trata del material colectado en Teinuco. San 
A Ícente y Talca. 

1910. El I)k. A[.\Ki() lÍKZZi. d(^ Tvonia, pnhlica en el año 
XI Y, pp. 24 y 136-138 dos notas: 

Nuevo Enipididú Sud-amei iccnio (líaploniera Sch- 
rotkyi), del Paraguay. 

Veher eine neue Gatmiii ron dipieroi uus Cl'iH ( l^ip 
süinyia spinifera, n. gen & n. sp.) 

1916. El Dii. Eugenio Giacomklli da una SiNoj)sisde los 
Lepidóideros chilenos del Género Tatochila Butl., en 
el año XX, pp. 41-57. Este estudio está ilustrado 
con 3 láins. en colores. 

1921. El mismo I)ii. Giacümelli contril)uye al volumen 
de gala que celebra las < Bodas de plata» de nues- 
tra Revista (año XXV) con nn trabajo titulado So- 
bre el Género Dnjocanipa Harris, que se inserta 
en las pp. 79 82; con 1 lámina. 



TU. — Crustáceos 

Fuera de la obra del Dr. Targioni-Tozzetti, mencio- 
nada al comienzo, pero que como algunos otros estudios s/. 
asuntos chilenos fueron publicados en el extranjero — y 
que no entran por consiguiente en nuestro plan — , en los 
últimos años el Dr. Guiseppe Xobip>i, carcinólogo nota- 
ble, publicó un artículo intitulado: 

1902. Decapodi racolii dal JJr. F. Silveslri nell Chile, en 
en nuestra <Ee vista Chilena de Historia Natural», 
año TI (1902) pp. 233-238. 

Entre los crustáceos de esta lista se describe la es- 
pecie nueva Firmotheres silvesUii. 



Porfer.— ZOÓLOGOS italianos y fauna chilena 441 



IV. — Arácnidos 

(ion tres trabgjos figuran los sabios italianos en la 
literatura chilena aracnológica. Los anotamos por orden 
cronológico: 

1900, Alfkedo BoRKLLi. I)¡ alnmi Scorpione dd Chile. 
Así se titula el primer trabajo publicado en nuestro 
país sobre 5 Alacranes; . 

Puede consultarse en nuestra «Eevista Chilena de 
Historia Katuralx, año lY, pp. 61-66. 

1902. V RiBAGA inserta en la ya citada «Eevista Chilena 
(le Historia Natural», ano TI, pp. 241-242 la nota: 

Hidráncmdos cvJectados en ChUe por el I)r. i*. 
S'dvestri 

Se describen aquí 2 especies y una variedad 
nuevas. 

1903. A. Behlese y G. Leoxaiídi. Descripción de nuevos 
Acáridos descubiertos en Chile por el Dr . F. Silvestri. 
Inserta igualmente en la «Eevista Chilena de His- 
toria Xatural», año VII, pp. 108-110. 



Pero en ninguna clase del Eeino animal han dado 
desde los tiempos de (jay una mayor contribución los zoó- 
logos italianos en material de zoología sistemática chilena 
(trabajos publicados en el país de que solamente trata- 
mos) que en el estudio de los: 

V— Miriópodos (4) 

En apoyo de esto bástenos recordar que dicha clase 
de animales (vulgarmente ciempiés, milpiés), tan interesan- 
te y hasta hace pocos años (1897) tan injustamente olvi- 



(4) Véase nuestra obrita Introducción al estudio de los Miriópodos 
de Chile.- 61 págs.: con 19 fiíjs. v 2 láms. en colores. Santiago de 
Chile. 1709. 



442 KEVI.STA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



dada, está representada en la obra de don Claudio Gav 
(tomo IV, 1849) por sólo 2 géneros con 12 especies. 

Los trabajos do varios especialistas y principalmente 
del Dr SiLVKSTJii (italiano), publicados .unos en Berlín, 
otros en Italia y atros (tres) en (-hile, nos permiten hoy 
conocer 35 géneros con 64 especies. 

Los tres estudios del Dr. Silvestri publicados en Chi- 
le, lo' fueron en nuestia' Revista Chilena de Historia 
Natural) , se titulan como sigue y van insertos en los años 
y págs. que se expresa: 

1899 Contribución al estudio de los Quilópodos chilenos, 
año III, pp. 141-152. 

1905. Kuovi Diplopodi del Chile, año IX, pp. 225-236. 

1909. Nuovo genere de Henico2ñdae,?iuoXIll, pp. 221-212. 

VI. — Vertebrados 

Por fin, en el tomo XXV (1921), en prensa, de nues- 
tra «Revista Chilena de Historia Natural», el distinguido 
ornitólogo del Museo Nacional de Buenos Aires (Rep. Ar- 
gentina) Dk. Roberto Dabbene figura con un acabado 
estudio, ilustrado con una magnífica lámina y que se 
titula: 

1921. Notas sobre el petrel j^l atea do {^Priocella antárctica 
Stephen), año XXV, pp. 193-202. 



Esta rápida ojeada al campo de la literatura zoológi- 
ca chilena, nos señala ii los especialistas italianos publi- 
cando en nuestro país 18 valiosos trabajos de Zoología 
sistemática. 

Han contribuido, pues, brillantemente al con-óciraien- 
to'.de la naturaleza de nuestro país, muchos y eminentes 
hijos de la patria del Dante. 

Santiago de Chile, 17 de Octubre de 4921. 



Navas.— ALGUNOS insectos de chile 443 



;iLGUN05 IN5ECT05 DE CHILE 



Longinos NAUA5, 5. J: 

Profesor del Colegio del Salvador, Zar^ifoza 'España) 



Me es grato colaborar, siquiera en reducida escala, a 
las plausibles iniciativas del Prof. don Carlos E. Porter, 
dando cuenta en su Pevista Chilkna de Historia jS'a- 
TUiíAL del último envío que lie recibido de parte del ami- 
go de ambos, don Eenato Marlin. Son las siguientes espe- 
cies, distribuidas por órdenes y familias. 

Neurópteros 

1. Leiiioleimis necator Nav. (Mirmeleónidos). Val- 
paraíso, 25 de Diciembre de 191 1 — 23 de Enero de 1922. 

2. Chrysopa jaffuelin.a jSTav (Crisópidos) 27 de 
Noviembre de 1921 — 29 de Enero de 1922. Numerosos 
ejemplares. 

3. Hemerobius Hag-eni Nav. (Hemeróbidos). Valpa- 
raíso, 1.0 de Febrero de 1922. 

4. Semidalis Kolbei Enderl. (Coniopterígidos). 
Valparaíso, 12 de Octubre de 1921 — 31 de Enero de 
1922. 

EFEMERÓPTEROS 

5. Pseudocloeon albinerve, sp. iiov. (Bétidos). 
Caput oculis in sicco t'usco-rufis, vértice fusco; anteu- 

nis articulo basali fusco, ceteris albidis.. , - ( 

Thorax inferné fulvus, fusco varius; superne fuscuSi 
marginibus ^egmeutorum, flavidis. 



444 



REVISTA CHILENA DE HISTOIUA NATURAL 



Abdomen superDe ferrugineum, marginibus poste- 
rioribus segmentorum late fuscis, inferné fulvo-ferrugi- 
neum; urodiis albis, articulationibus leviter ferrugineo 
annulatis. 

Pedes fulvo-pallidi, tibiis pallidioribus, albidis. 

Ala? vitreí«, roticulatione albida; in regione stigma- 
tica 6-7 venulis, una vel altera irregulari vel connexa; 
venis intercalaribus marginalibus binis in toto margine 
extern^, singulis ad anguliim posteriorem. 

Long. corp. 4.2 mra. 
— al. 4.1 » 

Patria. Cliile: Valparaíso, 5 de Xoviembre y 6 de 
Diciembre de 1921, leg. Martin (Coll. m.) 

SOCÓPTEIiOS 

6. Ainphigeroiitia Martini Nay. (Sócidos). Valpaiaí- 
so, 28 de Septiembre de 1921. 

7. Cíecilius iinibratus ís"av. (Ceeílidos). Valparaíso, 
28 de Septiembre de 1921. 




Fig'. 39— Ala de Cppi-íIus altas. 



8. Cíi^cilius altus, sp. iiov. 

Caput fulvnm, vértice punctis fuscis nótate; fronte 
fornicata, fere 7 slriis fuscis utrimqiie, in angulum an- 
trorsum confluentibus; palpis articulo primo cylindrico, 
paludo, sequeutibus simul sumptio longitudine subíí'quali 



Nauás.— ALiiUxo.s insectos de chilk 445 



secundo et tertio fuscescentibiis, tertio lougiore secumdo, 
claviforrui, seu apicem versas leviter dilátate, ápice obtu- 
so; aiitenuis pallidis, ad articulorum apicem fuscescen- 
tibus. Thorax superue fuscas, uitens ad Sulcos pallidus. 

Abdomen flavum, superne puncto medio et stria la- 
terali fuscis ad pleraque segmenta. 

Pedes pallidi; tibiis longis, pilis punctis fuscis inser- 
tis; tarsis articulo primo paulo longiore secunde. 

Xhv penitus hyalina\ reticulatione fulvo — fusca, 
tenui. 

Ala anterior stigmate elongato, flavogriseo tincto; 
furca apioali subasquali suo pedúnculo; aveola postica alta; 
multo proquiuquiore procubito quan margini posteriori. 

Ala posterior fusca apicali ramo anteriore obliquo 
versus apicem, posteriore subduplo longiore. 
Long. corp. 2 '8 mm. 

— al. aut. 4'8 -> 

— — post. 3' 7 >; 

Patria, Chile: Valparaíso. 23 de Noviembre de 1921, 
Cerro; 15 de Diciembre de 1921, Martin leg. (Col. m.i 

TKICÓPTEROS 

9. Ti'iplectides monótona, Nav. (Leptocéridos). — ■ 
Valparaíso, 18 de Octubre de 1921, «a la luraiére», 
Martin. 



Z.AKAGOZA, 2 de Abril de 1922. 



446 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



50BRE^LGUNO5 SIRFIDOS DE CHILE 

POR EL 

Prof. Dr. Carlos E. P O R T F. R 

Catedrático de Zoología gerteral y Entomología del Instituto Agronómico de Chile. 



La lista que viene a eontinjiación se refiere a los díp- 
teros de la familia Si/rphidae colectados hace poco por no- 
sotros, y por los corresponsales que aquí se mencionau, en 
diversas localidades del país y que nos han sido enviados 
para su determinación' (Wolffson, Campo, S.tuardo, Tho- 
mas. Espinosa, etc.). Los noaihres genéricos de algunas de 
las especies aparecen, de acuerdo con los estudios más re- 
cientes, distintos de los de la obra de Gay y del «Cat. de 
los Dípteros de C'hile», por el señor E. C. Reed (1888). 

Esta lista aumenta el área de varias de las especies, 
como podrán verlo quienes' posean la literatura de la men- 
cionada familia. 

Las señaladas con un asterisco han sido colectadas 
por el señor Carlos Stuardo, en La Serena (Provincia de 
Coquimbo) en las flores de la ArhiolocMa chiJensis. 

* Melanostoma fenestratum (Macq.) Schin. — Gay di6e 
que se halla en las cercanías de Santiago. Quilpué (Wolff- 
sou), La Ligua (Porter), La Serena (Stuardo leg). 

* Melanostoma mellinum (L.) Schin. La Serena (Stuar- 
do leg). 

Sijrpluis simiJis Macq. Nosotros lo hemos tomado en 
las provincias de Santiago y Cautín. Gay lo encontró en 
Santa Rosa de los Andes. Parece ser una especie muy 
común. 

* Syrplms Macquarti Bl. — Este díptero habita gran 
parte de Chile. Lo hemos tomado también en Río Blanco 
(cordillera de la provincia de Aconcagua). 

En algunos años se ha presentado muy abundante en 
la provincia de Valparaíso. 

* Catahomba pyrastri (L.) O. S. — Esta especie común 



Porter. — algunos sírfiuos de chile d47 

a varios países de Europa, Egipto, Estados Unidos de N. 
A., Canarias y Mendoza (según F. Lynch A., Aldrich, 
Brefhes), se encuentra en Chile (Macquart), Lampa (Por- 
ter), La Serena (Stnardo leg). 

* AUofirapta hortensis (Ph.) F. Lynch A. Descripto 
(le Valdivia y Santiago por el doctor Phillippi como Syr- 
phns hortensis en 1865. En 1912 tomamos ejemplares en 
Ih Ligua. Llega también hasta La Serena (Provincia de 
C^oqniínbo) scgúíi el ejemplar enviado por el señor Stnardo. 

'"'' Baccha melanorlúna Ph. Quilpué (Porter), Lu Se- 
rena (Stuardo leg). 

'■' Temnocera scutdJata (Macq.) Schin. — Gay dice: 
«Coquimbo, Santa Rosa, eto. Nosotros lo hemos tomado 
desde (-opiapo hasta Concepción. En Valparaíso después de 
las lluvias, en el nies de Setiembre, lo vimos en cantidad 
sobra flores de Sinantéreas. 

ErisUd'is tenax (L.). Esta especie debe estar en Chile 
muchos años, pues desde hace tiempo lo hemos tomado en 
varias provincias del centro y sur, principalmente en Val- 
paraíso y Santiago. Xi en la obra de Gay ni en el citado ca- 
tálogo del señor E. C. Reed se alcanza a hacer mención de 
la especie. El señor Rafael Barros V., nos lo ha remitido 
desde Los Andes. El doctor Bréthes lo notó en la Repú- 
blica Argentina desde 1895, según se lee en los An. Mus. 
Nac. (B- Aires). 

* Eristalis distim/uendus Wied. — Especie muy común 
en Cloquirabo según Gay. El Salto (Porter), La Serena 
(Stuardo), Cartagena /Espinosa). 

* Eristalis qifadraticornis M.acq. Según el último 
autor se halla también en Coquimbo; pero, como varias 
otras especies del norte, se encuentra también en las pro- 
vincias centrales y australes. 

''■' Tropidia ftavimana Ph. Recibido de La Serena 
(Stnardo), Los Vilos (Thomas). 

* Helophilus clülensis Wlk. — La Serena (Stuardo), 
Cíartagena (M. R. Espinosa B.) — Se encuentra también en 
Tierra del Fuego, etc. 

StiWusoma cyanea Ph. Hemos tomado este Sírfido en 
los alrededores de Te muco. El señor J. x\. Campo nos lo 
ha enviado desde Victoria 

Santiago, Dicbre. de 1921. 



448 KEVl.STA CHILENA DE UISTOIMA NATURAL 



LOS CICINDELID/iE D£L tCU/kDOR n 



Prof. Francisco CAMPOS R. 

Cat&drátifco de Ciencias Naturales en el Colegio Nacional Vicente Rocafuerte (GuayaquiTi 



I 

La familia de los Cicindelidae preside generalmen- 
te en colocación sistemátida a los Coleópteros, abriendo 
la serie de los Adephaga. Para algunos autores constituye 
una subfamilia de los Carabidae por sus estrechas ana- 
logías orgánicas y biológicas con este grupo, si bien el 
sentir de la mayoría de los tratadistas se inclina o consi- 
derarla como familia distinta. 

Sontos Cicinddidae insectos de mediano tamaño por lo 
común, existiendo algunos géneros gigantes como el Am- 
hlycheila y Manticora. De forma esbelta y esencialmente 
aptos para la carrera disponen también de fácil y rápido 
vuelo; por lo cual íiguran entre los los más ágiles Coleópte- 
ros Sus colores, a veces uniformes y obcuros, son mas 
comunmente vivos y variados; a menudo metálicos, y 
adornados usualmeute de dibujos blanquizcos y majichas del 
mas bello efecto. Ciertas especies por su espléndida colo- 
ración pueden rivalizar con los mas brillantes Biipresfidae 
o Staphynidae 

J3e costumbre predáceas, los Cicindelidae habitan de 
preferencia las regiones cálidas, abundando en los terre- 
nos arenosos, vecindades marítimas, orillas de los ríos o 
claros de los parajes montuosos, existiendo también for- 
mas selváticas y arborícolas. Muchas especies son helió- 
filas, ejerciendo sus instintos carniceros a plena luz; al 
paso que otras llevan costumbres crepusculares o noctur 

(*) Hemos retardailo la puVjlicación (1m este trabajo pon la espe- 
ranza de jxibliear una lámina solicitada al autor, la que hasta este 
momento no nos ha llej^ado. 



Campos R. — cicindelidab del ecuador 449 

lias y eu este caso permaueceü durante el dia ocultas 
bajo las piedras, cortezas u hojas de los árboles. Algunas 
poseen aparato estridulante y no pocas exhalan olor a 
rosas (carácter de las formas arenícolas). Especies, hay, 
que no hacen uso de las alas o rara vez emprenden vuelo, 
existiendo también tipos ápteros. Varias especies tropica- 
les suelen acudir nocturnamente, en gran número, atraídas 
por la luz. 

Las larvas de los (Jicindelidae presentan aspectos 
cotrapuestos a la esbeltez que distingue a las formas adul- 
tas: de forma nada estética, viven hipógeamente en gale- 
rías verticales y se muestran animadas de las mismas in- 
clinaciones rapáceas del adulto, confirmando así la expre- 
sión de Linnaeus '^ Oicindelidae tigrides ex msectis» {\osCi- 
rindelidae son los tigres de los insectos). En cuanto a sus 
relaciones con el hombre, son insectos útiles por cuanto 
destruyen muchas especies fitófagas. 



II 

C'akacíteres: — Aspecto esbelto en general. Cabeza nor- 
malmente mas ancha que el prot6rax\ antenas largas de 11 
artejos, insertas en la frente encima de la base de la mandí- 
bulas] ojos grandes, prominentes; mandíbulas fuertes, largas, 
curvas, de vértice agudo, pluridentadas en su borde inter- 
no; maxilas pelosas, casi siempre terminadas por un gandío 
articulado y móvil; labio inferior muy reducido; palpos la- 
biales con frecuencia mas gruesos que los maxilares, 4-arti- 
culados, con el artejo basilar prolongado y libre. Abdomen 
de 7 segmentos en los $ ^ (los tres primeros unidos eiitrc; 
sí) y 6 en las 9 ? (excepción hecha del género Ambly 
cJieila); patas cursoras, de tarsos pentadáctilos; coxas meta- 
torácicas dilatadas y movibles. Dimorfismo sexual censado 
en los $ $ por poseer los tres primeros artejos de los tarsos 
protorácicos ensanchados y pelosos inferiormente' Las lar- 
vas presentan sobre el 5.'^ segmento abdominal un tubérculo 
provisto de dos ganchos. 

UliV. CH. DE HIST. XAT. (1921) (29) 



450 REVl.STA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



III 

Como contribiicióii al estudio de los Cicindelidae 
ecuatorianos presento la siguiente lista que contiene 25 
formas regionales (incluidas las especies, sub-especies y 
variedades), algunas de las cuales figuran en mi colección, 
siendo otras transcritas de las publicaciones que oportu- 
samente se indican: 

Gen. CHILOXIA 

1. — C. longipeniiis Horn. 

Esta especie se encuentra citada como del Ecua- 
dor el trabajo del señor H. "Rolle Verzeichnis E.rotis- 
clier Coleopteren des NaturJústorisclien Instituís Kos 
mas, 1889, p. 3. 

Gen. OXYCHILA 

2. — O. gracilliiiia Bat. — Ecuador. 

Véase la publicación de H. Rolle Verzelch. Exo- 

tisch. Coleopt. &'^ 1889, p. 3. 
3. — O. nigroíiena Bat.— Ecuador. 

Cat. Eolle, 1889, p. c. 
4. — O. nigi'oaena Bat. var. varlpes Bat. — Ecuador. 

Cat. Rolle, 1889, [.. 3. 

Gen. PSEUDOXYCHEILA 

5. — P. ceratoiiia Chaud.- — Ecuador. 

Cat. Rolle, 1889. p. 8. 
G. — P. bipiistulata Latk 

Mi colección eiicieri'a numerosos ejemplares pro- 
cedentes de Bal/apambí». 

Wbvtnper cita esta es[)ecie capturada en Xane- 
.gal, en su obia Trart^ls amonqst the Gtrcd Andes of 
the EQii/ifo)\ Supjdemeniüvii Appendi.t 1891, p. 7. 
7. — Paiig-iistata Ciial'I). — Ba I /,a pamba. Macas (Colección 
F. C. R.)— Milliiialli, AVhyínper (Op. cit.) p. 7. 



Campos R.— CICINDELIDAE DEL ECTADOR 451 

(Ikn. TETRACHA 

8. — T. cliiliensis Cast. — rTuayaquil, Diiráii, Posorja, El 
Morro, Playas del Morro, naranjal, C'haiidiiy, Esme- 
raldas (Colección F. C. E.) 

Habita toda la legióu litoral del Eciiardor, sien- 
do la especie más común del género Tetracha. Abun- 
da durante la estación lluviosa en los lugares areno- 
sos, en las grietas o excavaciones del terreno, debajo 
de las piedras &'^ Acude con frecuencia a la luz arti- 
ficial y exhala un oloi- a rozas de persistencia fugaz. 

9. — T. suturaiis Horn. — Guayaquil, Posorja, El Morro, 
Playas del Morro, C'hauduy (Colección F. C. R.) 
10. — T. Caiiiposi HoKN. — Posorja, El Morro, Playas del 
Morro, Clianduy, Chacras (Colección F. C. R.) 

Parajes arenosos. Suele encontrarse esta especie 
en compañía de la T. sutnraüs. 

Gen. METRIOCHEILA 

11. — M. nig-ricollis Rch. — Ecuador. 
Cat. Rolle, 1889, p. 3. 

(ten. OXYGOXIA 

12. — O. cai'issiiim Bat. — Ecuador. 

Cat. Rolle, 1889, p. 8. 
13. — O. floridula Bat. — Ecuador. 

Cat. Rolle, 1889, p. 3. 
14. — O. glorióla Bat. — Ecuador. 

Cat. Rolle, 1889, p. 3. 
15. — O. iiioronensis Bat. — Ecuador. 

Cat. Rolle, 1889, p. 3. 

Gen. CPCIXDELA 

16. — C. unicolor Horn. — Ecuador. 
Cat. Rolle, 1889, p. 5. 

17. — C. argeiitata Fabr., subsp. innbro-_gn)U)iaí(i Horn. 
— Guayaquil, Duran, San Rafael, Posorja, El Morro, 
Playas del Morro, Babalioyo (Colección F. C. R.) 



452 RKVISTA CHILENA l>E HISTORIA XATllíAL 

En el monte, haciendo uso de una luz de aceti- 
leno colocada delante de una sábana blanca he logra- 
do atraer centenares de ejemplares. 
1<S. — C arg'entata Faijií., si;bsp. ((moeimla C'haud. — Bal- 
zaparaba. 

Anotada en TJpuische Entomolof/ischt Zpifsc/irit'f, 
1906, HcftI. p. 88. 
19. — C. ai'geiitata Faiíií., subsp. ui^hulosa Bat. — Balza- 
pamba. 

Véase Deutsche Entomol ZeifscJir., 1906, Heft I. 
p. 90. 
20. — C luaci'ociiema Chaui). — Posorja, Playas del Morro 
(C'oleccion F. C. R.) 

Eiberiis arenosas del mar, corriendo ágilmente 
o volando a cortas distancias. 
21. — C. tortuosa Dkj. — f-Tuayaquil, Duran, San Eafael. 
Posorja, Phiyas del Morro (Colección F. C'. R.j 

Citaré además aquí una especie de Cicindela de 
costumbres nocturnas capturada en el archipiélago 
de Galápagos por el señor F. X. Williams. 

Transcribo este dato «le la Revista Kiitoniolo^^'ical 
News, Yol. XVIIL X." 6. Juue 1907, p. 260. 

O E>^ . ODOXTOCH El LA 

22. — O. chíi'iqíiina B.at., var. — Ecuador. 

Cat. Rolle, 1889, p. b. 
23. — O. J(U'<lani Hok.n. — Ecuador. 

Cat. Rolle, 1889, p. ó. 
24. — O. vei'Miiculata Bat. — Ecuador. 

Cat. Rolle, 1889, p. 5. 

(^i:n. CTEXOSTOMA 

25. — C. ibidiou I)()HR>'? — Xaranj apata. Que vedo (Colee 
ción F. C. R.) 

GuAYAgriL (Ecuador), Diciembre de 1921. 



Bréthes.— occiNKLLiDES dv chili 453 



C^T^LOGUE 5YN0NYMIQUH DES Q0CCINELLIDE5 DU CHILl 

I'AK LE 

Dr. Dean BRETHE5 

Entomologiste au Musée National de B. -Aires R. A.| 

II y a deja quelques aiiiiées, Mr. le Dr. Carlos E. 
Porter ra'avait invité a participer a la réalisation de son 
grand travail Fauna de Chile qui serait la mise au jour 
de la grande oeuvre de Glande Gay, apparue dans le mi- 
lieu du siécle dernier, avec les additions et remaniements 
que cornportent les connaissances en histoire naturelle 
chaqué jour plus completes. 

Mais ees grands travaux demandent des dépenses 
parfois lourdes, et les temps par lesquels nous passons 
n'out pas encoré pertnis a Mr. le Dr. Porter de mener a 
bonne fin le plan qu'il avait congu. Espérons que des jours 
raeillours lui permettront de diré enfin: «J'ai réalisé mon 
grand cruvre». (*) 

La famille des Cocciuellides m 'avait été coufiée. 
Ayant eu presque toiis les represéntants de cette famille 
du (íbili sous mes yeux, il m'a été donué de remarquer que 
Mulsaut en 1851, décrivit bon nombre de ees intéressants 
animaux et qu'a son tour, Ph. Germain, en 1854, n'ayant 
pas connaissance du travail du naturaliste de Lyon, redé- 
crivit ees raémes animaux, d'oü il s'ensuit que les catalo- 
gues portent une quarantaiue de Coccinelliens du Chili, 
tandis que leur nombre doit eu étre réduit a peu prés a la 
moitié. 

En attendant done que la monographie que j'ai pré- 
parée pour étre publiée dans la Fauna de Chile puisse 
apparaitre, avec deux planches en couleurs, je vais donuer 
le catalogue synonymique des espéces que j'ai pu étudier, 



(*) El director de la «Fauna de Chile», tiene ya en sii poder los 
orisinales de varios crupos de animales enviados por algunos de los 
colaboradores de la obra. — ]V. de la Redacción. 



454 REVISTA CHILENA DE HI.STOHIA NATIRAL 

laissaat pour plus tard oelles sur lesquelles je ue puis 
ouvrir opiíñou, ue les ayaiit pas vue^, ou iie les ayaut 
pu reconuaitre. 

Coccinellidae 

Tribu I. — Hypod.a:mini 

1. — Eriopis couuexa ((Termar) Muís. 
2. — Eriopis counexa, var. Esehscholtzi Muís. 
3. — P]riopis coDuexa, var. Porteri Bréthes. 
4. — Eriopis opposita (Guér.) Muis. 

"? ^=CoccineUa j^ernandeziaua Pli Germ. (1854) 
5. — Megilla 44'asciata, var. 18-pustulata Muís. (1851) 

Tribu II. CuCCINELLTNI 

6.— Adalia augulifera Muís. (1851) 

=^CoccineUa oniata Ph. Germ. (1854) 
7. — Adalia deficieus Muís. (1851) 

=CoccineUa varians Germ. (1854) 
8. — Adalia Gemmingeri Muís. (1851) 

Sigualée comme d'origiue iucounue, j"ai bien recou- 
nu cette espéce qui différe peu de la precedente, et dout 
elle sera peut étre considérée con rae une variété. 
9. — Coccinella fulvipennis Muís. (1851) 
=CoccineUa rejiexa Ph. Germ. (1854) 
10. — Cocciuella eryugii Muís. (1851) 

=:CoccmeUa ¡nterrupta Ph. Germ. (2854) 
11. — Psyllobora picta (Ph. Germ.) Bréthes 
^=Cocc¡neUa pida Ph. Germ. (1854) 
" Psi/Uobora femoralis Muís. (1860) 
:=Hnlt/cia fenioralis (err. typ.) F. Phil. (1887) 

Tribu III. — HYrEKASPiDiNi 

12. — Hyperaspis sphaeridioides Muís- (1851) 

rz:r.CoccineUa cruciata Ph. Germ. (1854) 
13. — Hyperaspis Germaini Crotch (1874) 
14.^— Hyperaspis funesta (Ph. Germ.) Bréthes 

—-Coccinella funesta Ph. Germ. (1854) 

= Hyperaspis chilensis Croich {ISl 4) 



Bréthes.— coccixELLiDBs du chíli 455 



Tribu IV. — Cranofokini 

Les Orijssomus queje coimais du Chili m'obligeut a 
creer pour eux un nouveau genre dout la diaguose suivan- 
te, avec les dessins qui raccompagnent, justifiera son ac- 
ceptation, j'espére. 

Ci'anoryssus Bréthes, n. gen. — ínter Oryssomura et 
Crauophorura collocatur. Ah Orissomo diffhi: anttnnis [fig. 
40, a) clava triarüculata: articulo ultimo palpis ma.iillaribus 
securiformi [fig. 40, h) ápice truncato: abdomine segmentisó, 
primo mctjore. ceteris subaequalibus. — A C'ranophoro dif- 
fert: epipleuris elytrorum pkniis, liorizontalibus, haud deor- 
sum versus reclincdis, sine impressione: lamina abdominali 
paidum ultra 213 segmenti attingente: unguibus {fiq. 40, c) 
itifra denticuiatis [reí bifidis). 




Fig. 40. — Ci-iinorvssus variegatus (Pliil.) Bréthes 

Typus: Cranoryssns variegatus (Phil.) Bréthes 
15. — Cranoryssus variegatus (Phil.) Bréthes 
=Clgpeaster variegatus Phil. (1864) 
= Orgssomu.s chilensis Crotch (1874) 
= Orgssomus Fairmairii Crotch (1874) 
=Oryssoniiis variiis Crotch (1874) 
?=Orgssomus variegatus Ph. Germ. (1892) 
16. — Cranoryssus Germaini (Crotch) Bréthes 

^Oryssomus Germaini Crotch (1874) 
17. — Cranoryssus flavoraarginatus (Crotch) Bréthes 
=^Oryssomus fiavomarginatus Crotch (1874) 



456 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



Tribu Y. — ScYMNiNi 

18. — Xeorhizobiiis sanguinolentus (Ph. Germ.) Bréthes 

= CocciiieUa satif/uinolenta Ph. Germ. (1854) 

=Neorhüobii(s chüensís C'rotch (1874) 
19.^ — Scymnus (Parasidis) macula (Ph. Germ.) Bréthes 

=:Coccindla macula Ph. Germ. (1854) 

=Sci/ninHS {Parasidis) macula Bréthes, Eev. Chil. 
Hist. Nat., XIX (1915), p. 87. 
20.— Scymnus ÍPullus) vittatus (Phil.) G. H. 

=Coccinella ritfata Phil. (1864) 

=Sci/ni7ius rittaiiis G. H. (1876) 
21. — Scymnus (Pullus) bicolor (Ph. Germ.) Bréthes 

= Coccinella bicolor Ph. Germ. (1854) 



II reste encoré quelques espéces sur lesquelles je ne 
puis ouvrir opinión, commej'ai deja dit, ne les ayant pas 
vues en nature; le zéle des naturalistes chiliens comblera 
sans doute cette lacune. Ce petit aperen des modifications 
parfois assez importantes sur le fauna du Chili laisse en- 
trevoir combien serait nécessaire une revisión complete 
dans la «Fauma de Chile». 



Bréthes. — trois roLÉopTÉREs chiliexs 457 

SUR TROIS C0LEO?TtRH5 CHILIEN5 

PAK LE 

Dr. Dean BRÉTHES 

Entomologiste au Museum National (B Aires) 



Par rintermediaire de ]\[r. le Dr. Carlos E. Porter 
j'ai recude Mrs. HéctorE. Pinochet C. et Marcial E. Es- 
pinosa B. les trois coléoptéres qui vont faire Tobjet de 
cette note: le premier est un Elateridae, le second un 
Anobiidae et le dernier un C'ioidae. 

Cardiorhimis graniilosus Sol. 

Un insecte re(^^u de Mr. Pinochet m'oblige a revenir 
sur la synouymie que Ton avait établie sur cette espéce. 

Dans sa grande et inagniñque monographie des Ela- 
térides, Candéze place cet insecte córame synonyme de 
Ludius decovHS ÍTerm., et les auteurs postérieurs ont 
accepté cette maniere de voir. Or l'insecte en question est 
bien un Cardiorlúnus par son labre síllonné longitndina- 
leraent qui suffit «pour caractériser ce groupe á Texclu- 
« sioQ de tous les autres, et en faire Tun des plus natu- 
X reís de la faraille» (Candéze, Mon. Elat.. IV. p. 247). 

De plus, cet insecte n"a pas «aufrechten schwarzen 
Híirchen», sinon que les poils sont tous grisátres au 
thorax et aux élytres. Bien que Solier ne dise rien au 
sujet de ees poils, le reste de la description luí convient 
complétement, raison pour laquelle je crois que le Car- 
diorhiniis granidosus Sol. doit étre éloigné de la synony- 
raie de Lndins decorus Gerra. et etre considere comme 
une bonne espéce. II parait voisin du Cardiorlúnus bona- 
riensis Cand. 

Cette observation me parait d'autant plus intéressante 
que Bartlett-Calvert, dans sa «Monografía de los Elatéri- 



458 KKVISTA CHILKNA IJK HISTORIA NATIKAL 

dos de Chile V (in Anal. Univ. de Chile, tome XCYIII, 
1897, p. 858) continué ii le placer córame syuonyme de 
LucHus decorus Germ., n'ayaut sans doute pas eu l'espéce 
a sa disposition. Egalement, Fleutiaux n'aura pas connu 
cet animal. 

NOTIOTHECA Bréthes, ii. gen. 

Corps court, ovale, comme Dorcatoma, avec une fine 
pubescence qui tombe assez facilement. Mandibules bideñ- 
tées h Textréraitó. Les yeux lógérement entamés en avant 
par le canthus sus-antenuaire. Languette óv^asée en avant 
et velue. Palpes labiaux de trois articles, le deruier sécu- 
i'ifoTrae, les maxillaires de quatre, le dernier égaleraent 




Fig. 41. — Antenjie de Xotiotheca bimaeiilata (Phil.) Bkéthe.s (Orig.) 

securiforme. Clypéus plat, carro, tronqué en avant, ses 
angles arrondis. Antennes de 11 articles: le premier gé- 
niculé, le second presque aussi loug que le funicule, 
développé au cote interne, le premier article du funicule 
plus loug que large, les suivants transversos, la massue 
hiche, le premier article grand, triangulaire. le deuxiéme 
long triangulaire, bien plus étroit que l'antérieur, le der 
uier siibcylindrique. Prothorax subconique, transverso, sa 
base en are de cercle, s'appliquant contre les ólytres. 
Ecusson petit, subcarró. Elytres convexos, obloug-ovales. 
Tangió humeral assez pvononcó, avec deux stries voisines 
et paralloles au bord lateral. Pattes mediocres, peu robus- 
tes, les tarsos courts, leurs articles subégaux. Hanches 
antérieures transversos, non contiguos au milieu, lour 
moitic interne se relevant des cavitós cotyloides, le pros- 
ternum un peu bifido au bord postérieur. Le mésosternum 
invisible; seul son bo'-d postérieur visible en une eróte 
aussitot suivie de la suture avec le métasteruum. Celui-ci 
imprimé au milieu longitudinalement, avancé en avant 



Bréthes.— Tuois coléoptkres chilikns 459 



entre les hnuchés inédianes et tronqué. Une crOte qni 
limite postérieurement les hanches intermédiaires et pos- 
térieures. Le premier segmeut de labdoraen avancé entre 
los hanches postérieures étant ainsi aussi long que le 
quatriéme segment, mais vers les cotes il est aussi long 
que les segments 2 et 3. 

Les caracteres ci-dessus placent l'insecte que j'étudie 
dans la tribu des Dorcatonüni, particuliéreraent la tete 
recue dans le prothorax et touchant le métasternum, les 
quatre pattes postérieures regues dans les excavations 
appropriées. 

Encoré un nouveau genre curieux dont le Chili uous 
donne plusieurs exemples: Pacliotelus Sol., Cerorosmus 
Geram., Trachelus Sol., Santiaqonus Pie, Ascntofheca 
Lesne. 

L'insecte qui ra'oblige a creer ce nouveau genre fut 
connu de Philippi qui le classifia dans les Stett. Ént. Zeit. 
XXY. 18G4, p. 281, sous le nom de Dorcatoma biwaciila- 
la. II a en effet toute lapparcnce des Dorcatoma par son 
corps globuleux, un peu plus long que large aiix épaules; 
raais ce qui ra'a appelé Tattention des le premier momeut 
est le nombre des segments de fabdomen: dans tous les 
Anohiidae on compte toujours cinq segments; de raéme 
dans la famille \o\úneAe^ Ptíníidae: sexú le genre Gihh'mm 
a quatre segments abdomiuaux. Or l'insecte que Philippi 
a nommé Dorcatoma bimaculata ne posséde que quatre 
segments a l'abdomen; j'ai plusieurs exemplaires qui sout 
tous semblables sous ce rapport. J'ai cru qu'une organisa- 
tion si singuliére dans toute la famille autorisait, ou plu- 
tót exigeait, la création d'une nouvelle coupe générique, 
en plus dautres caracteres qui sont également impor- 
tants. 

De plus je crois que le Dorcatoma nlgra du méme 
auteur est compléteraent synonyme du bimaculata en dif- 
férant seulement par le manque de la tache rouge a la 
base des élytres. 

Je ue connais pas le Dorcatoma rubra Phil., au sujet 
duquel je ne puis rien diré. Pour le m.oment nous avons: 



460 



REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



Xotiotheca biiiiaculata (Phtl.) Bhéthes. 

^Dorcatouia bimaculata Phil. Stett. Eiit. Zeit. XXV, 
1S(U, p. 281.-G. &H., Col. Cat. V, 1869, p. 17.— F. 
Phil. Anal Univ. Chile, 1887, p. 719.— M. Pie. Coleopt. 
Cat. (W. Junk), pt. 48, 1912, p. 73. 

Dorcatoma w(/r« Pliil. 1. c, p. 282. — G. & H., 1. c, 
p. 17.— F. Phil. l'. c— M. Pie, 1. c. p. 74. 

Mr. le Dr. Carlos E. Porter m'avait remis, il y a 
quelque temps, un petit nombre (Vexemplaires de cette 
espéce qii'il avait recneillis a Santiago; a son tour, Mr. 
Espinosa m'envoie quatre exemplaires de Taitao, sur 
Fomes et Polijsticlus, par riutern. édiaire de Mr. Porter. 

Gis Espiíiosai Br£THE8, n. sp. — Nigro piceas, anten- 
nis ppdibiisque obscure /erruf/ineis. Long.: l\-ll mm. 

La tiHe est lisse avec quelques points épars et deux 
comes bien visibles chez le mále, bien moins prononcées 




Fifí. á2.— C'is JEspinosai Bréthes //. sp.: 
f/, Insecte entierx20; b. antenne; c. ]al)iiini: 
(¡. iníichoire et palije maxillaire. 



chez la feraelle. Les yeux sont saillauts, fortement granu- 
les. Les antenues ont leurs deux premiers articles globu- 
leux, le 2." un peu moins gros, le 3.^ étroit, allongé, le 
4.e un peu plus court et a peine élargi vers l'extrérnité, les 
5-7 raoniliformes, les 8-10 formant massue, le dernier plus 
grand et poiutu. La languette est petite, membraneuse, 
sans paraglosses, avec 4 poils a rextréinité. Les maxilles 
ont leurs lobes avec cils spiuiformes, les palpes." le premier 



Bréthes. — tkois coléoptkres ciiiliexs 4()l 



petit, cyliudvitiue, le 2.^ obcouique, le o.e plus gros, le 
dernier ovalaire, graiid. Le pronotnra est a peu prés aussi 
loug que large, le bord antórieur assez avancé sur la tete. 
le postérieur en are, leslatéraux tres peu convergents vers 
l'avant; il est lisse, grossiérement et uniformément pouc- 
tué. Les él3^tres font suite au thorax; ils sont deux fois 
plus longs que larges, en demi-cercle en arriére; leur sur- 
face est lisse, av^ecponctuation a peu pres en ligues droites 
et avec des poils courts blanchatres ainsi que le prouotum. 
Les pattes sont égales entre elles: les féraurs ovalaires, 
aplatis, les tibias grossissant peu a peu vers l'extrémité, 
sans (lenticulations au bord externe; quant aux tarses(j"ai 
fait plusieurs préparations microscopiques), ils paraissent 
etre de quatre articles aux quatre antérieurs et de trois 
articles aux deux postérieurs; excepté le dernier article 
ils ont de longs cils sur leur face inférieure. 

La larve qui m'est parvenue en deux exemplaires me 
perait de la forme ordinaire a ce groupe d'insectes; j'espé- 
re que de nouveaux envois me permettront de m'étendre 
davantage a ce sujet. 

Mr. Marcial Espinosa B., a recneilli plusieurs exem- 
plaires (dans des Fomes applanatus f. lenco phaeiis procédant 
de Taitao et Rio Puelo chico, en Décembre 1921), me 
faisant un plaisir de lui dédier l'espéce. 






46'2 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

Revisión de las especies chilenas del |énero Brenthis, Hübner 

POR 

Carlos 51LUA FIGUEROA 

Jefe de la Sección Entomológica dei Museo Nacional Chile) 



Antes de empezar el presente estudio sobre los Bren- 
this chilenos, que escribo para el tomo de las bodas de pla- 
ta de la Revista Chilena de Historia Xatural», séame 
permitido felicitar muy calurosamente a su Director y 
Fundador, mi distinguido amigo y colega, el señor Prof. 
don Carlos E. Porter. que con su energía incomparable y 
su dedicación absoluta a los estudios histórico-naturales, ha 
conseguido mantener la publicación de su mundialmente 
conocida Eevista por el largo espacio de 25 años. Sólo 
puede apreciarse el valor de la empresa realizada por el 
distinguido naturalista chileno, si se toma en cuenta la 
apatía manifiesta que existe por esta clase de publicacio- 
nes en paises jóvenes y, naturalmente, poco poblados co- 
mo el nuestro, donde no se ha difundido el «usto ñor tales 
materias, y donde amateurs y coleccionistas son, por des- 
gracia, demasiado escasos. 

He elegido como tema de esta comunicación a las bo- 
das de plata de la «Revista Chilena de Historia Xatural», 
una revisión de las mariposas chilenas del género Bren- 
this, porque rae ha parecido conveniente publicar un tra- 
bajo de conjunto, que haga ver claro cual ha de ser el 
nombre exacto que corresponde a las distintas especies, 
ya que varios autores han caido en error 3^ aumentado 
involuntariamente la sinonimia de este interesante grupo. 

Xo hubiéramos intentado acometer este estudio sin el 
auxilio de los importantísimos trabajos del eminente natu- 
ralista D. Carlos Berg, que ya en 1882 puso en claro la 
nomenclatura de dos de las especies chilenas: Brentis dex-. 
amene Boisd. y Breutlús ciftlieris (Dru) Doubl. 



Silva F. — KL (íéxero brenthis 463 

Eu efecto, en su Fárrago Lepidopterológica. — Contri- 
ciones al estudio de ¡a Fauna Argentina // países limitro- 
yes=publica(lo en el Tomo XIII (1882) de los Anales de 
la Sociedad Cieutíñca Argentina, }', posteriormete, en 
Comunicaciones al Museo yacional de Buenos Aires, Tomo 
I, N." 4 (1899), deja perfectamente establecido los nombres 
para las dos especies de Ninfálidos ya citadas. 

Además, el hecho de poder comparar entre si nume- 
rosos ejemplares de cada especie en la valiosa colección 
del Museo Nacional, me ha permitido formarme nu con- 
cepto bastante acabado eu lo que concierne a las pequeñas 
variaciones de tamaño, colorido, forma y disposición de las 
manchas, etc., que presentan los distintos individuos. 

Comenzaremos por: 

1. Brenthis dexaniene (Boisd.) Berg. 
1852. Argiinnis cytheris Blanchard en (iay. Historia de 

Chile, Tomo Vil pg-. 23. 
1854. Argynnis ¡athonioides, Blanchard en Cray, Historia 

de Chile, Atlas, lam. 2, fig 1-2. 
1856. Ar(/i/nnis dexamene, Boisduval en Aun. Soc. Ent. 

Eran. YII pg. 157. 
1877. Arggnnis cytheris, Beed en Anales Univ. Chile, 
Tomo XLIX p. 675. 

1881. Brenthis lathouioides, Butler en Trans. Ent. Soc. 

London. Barte lY pg. 466. 

1882. Arc/i/nnis de:iame)ie,}ieYg en Anales 8oc. Cieut. Ar"- , 

Tomo XIII, pg. 166. 
1886. Argynnis lathonioides, W. Bartlett-Calvert, en Ana- 
les Univ. Chile, Tomo LXIX, pg. 315. 
1899. Argynnis Dar u'ini, Staudinger. eu Hamburger Ma- 

galhansische Sammelreise, Lep. pg. 32. 
1899. Brenthis dexamene, Berg eu Comunic. Mus. Xac. 

Buenos Aires. Tomo I^ X.° 4, pag. 113. 
1903, Argynnis lathonioides, H. J. El ves en Trans. Ent. 
Soc. London; Bart III pg; 286. 
Esta es, sin duda, la especie cuya sinonimia resulta 
más complicada, ya que el propio Blanchard comienza por 
describirla como la Argynnis cytheris (Dru.) Doubl eu el 
tomo YII, pg. 23 de la obra de Gay, al mismo tiempo que 
la dibujaba en el Atlas (lam. 2, fig. 1-2) bajo el nombre 
de Argynms lathonioides Bl. Naturalmente, el error inicial 



4Ü4 K?:VISTA CHILENA DE HISTORIA XATIKAL 

en que incurrió Blanchard llevó la confusión a los entomó- 
lof;os que vinieron más tarde. Corresponde la gloria de ha- 
ber desenredado tan intrincada madeja al distinguido 
sabio, don Carlos Berg, Director del Museo de Buenos 
Aires, que estudió la mariposa en las colecciones argen- 
tinas y chilenas y, a mayor abundancia, comparó perso- 
nalmente los ejemplares que llevó a Europa con el tipo 
mismo que sirvió a Boisduval para la descripción de su 
especie, tipo que poseen en Eennes los señores Oberfhur, 
en cuyas manos está ahora la colección de Boisduval. 

El l)r. Berg propuso ya en 1882, para evitar nuevas 
confusiones, adoptar para e?ta especie el nombre de de.ra- 
mene, dado por Boisduval a la mariposa en 1859, en vista 
que no se pudo mantener el de lafhonioides Blanchard, 
por ser una mezcla de dos especies diferentes (A. ci/therís 
en el texto y A. ¡atlionioides en las figuras 1 y 2 del 
Atlas). 

Daremos ahora una descripción más o menos cuida- 
dosa de esta especie, ya que la descripción de Boisduval 
es demasiado somera. 

Las alas presentan, por encima, un color leonado páli- 
do, homogéneo. Las anteriores llevan en la base un anillo 
reniforme de color negro; viene en seguida una taja irre- 
gular del mismo color que, partiendo de la vena subcostal 
concluye en la vena subraediana. Sigue después una man- 
cha negra sobre las venas disco-celulares, y una segunda 
faja irregular que atraviesa el disco, desde la costa a la 
vena submediana. Otra mancha negra se extiende desde 
la costa hasta la 1.^ radial. Hacia el margen se notan 6 
puntos negros, más o menos circulares, de los cuales el 1 "^ 
y el 3.° son, generalmente, más pequeños que los restan- 
tes. Viene después una segunda fila constituida por 7 
puntos negruzcos, ligeramente aflechados los 3 primeros; 
y, por ñn, una tercera fila de manchas negras en el mar- 
gen mismo del ala, sobre las venas. 

Las alas posteriores llevan en la base dos o tres pe- 
queños puntos negros dentro de la célula; sigue una del- 
gada faja irregular en zig-zag, que comienza en la costa y 
termina en la vena anal. Hacia el margen se nota, como 
en las alas anteriores, las tres filas de puntos negruzcos 



SÍIV7a F. — EL (lÉXERO BREXTHIS 



465 



que ya conocemos, con las mismas características en la 
forma, número y disposición. 

La página inferior 
de las alas anteriores es 
de un leonado pálido, 
amarillento. Las man- 
chas de la cara superior 
se transparentan en esta 
cara, pero no en el ápice, 
donde las reemplaza una 
corta faja blanquizca, 
limitada por dos bandas 
oscuras. Existe también 
un pequeño punto ama- 
rillento anillado de ne- 
gro. 

La página inferior 
de las alas posteriores 
es de color canela algo 
violado, irregularmente 
pintada por fajas amari- 
llo blanquizcas. C-inco 
puntos amarillentos, 
anillados de negro, dis- 
puestos en fila arqueada en la parte externa del disco. 

La ? no difiere del S . 
Expansión de las alas: 32 a 34 ram. 




Fig. 43. Breiithis áexameiie, Boisd.: a, 
lado superior; i, lado inferior 



Habitat: 



Atacama a Magallanes. 



La descripción que acabamos de dar corresponde a 
un ejemplar normal de B. dexamene, pero hay algunos 
que ofrecen pequeñas diferencias. Así, por ejemplo, los 
puntos negros que en las alas anteriores forman la primera 
línea, son a veces, bastante grandes, casi el doble de los 
de otros ejemplares; el tercer punto de esta misma fila 
suele faltar, y en la fila de cinco puntos amarillentos ani- 
llados de negro, que hemos indicado para la cara inferior 
de las alas posteriores, suelen borrarse los de los extremos 
y quedar sólo los 3 del medio. 



KEV. CH. HIST. NAT. '1921) 



30 



466 



REVISTA CHILENA DE lU.STORIA NATURAL 



Xota; Tal como lo dice el señor E. C. Keed, en la 
coleccióu del Museo Nacional existen dos ejemplares de 
esta especie que llevan escrito: Argymiis Eider pe Pliil. 
p. 1240-Magallanes; y el otro, Argynnis montana Ph. p. 
650. Cordill. Pauls. " 

2. Bi'enthis cytheris (I)kury) Butler 

1773. Papilío c¡)theris,Y>v\\Yy IW.Yi^ot.ln^. II pl. 4, pg 3-4 
1832. Arqynnis sujci, Hübner en Zutr. Ext. Schraet. IV 

pg. 21, fig. 677-678. 
1837. MeUtoea cytlieris, Westwood en Drury, III Ext. 

Entera. II, p, 9, tab. 4, fig. 3-4 ( $ ). ^ 
1848. Arqynnis ci/theris, Doubledav en den. Diurn. Lep. 

I, p. 176 
1852. Arqijnnis amia, Blauchard en Gay, Hist. de Chile, 

Tomo VII, p. 23 ( $ ). 
1852. Argynnis latJionioides. Blanchard en Gay, Hist. de 

Chile Tomo VII pg. 22 ( 9 )• 
1877' Argynnis auna, ( i) \ Argynnis lathonioides ($), 

Eeed en Anales Univ. Chile, Tomo XLIX, pg. 

673, lám. 1, fig. 6. 
1877. Argynnis montana, Eeed en Anales Univ. Chile, 

'lám. 1, pg. 8 (9). 




[ Fig-. 44. — Bi-enthis cytheris (Dru) Doulil. 2 ; «.cara .superior; í. cara 

inferior). 

1881. Brentlús cytheris, Butler en Traus. Ent. Soc. Lon- 

don, parte IV pg. 465. 

1882. Argynnis ci/tJieris, Berg, en An. Soc. Cient. Arg. 

Tomo Xill pg. 164. 



Silva F. — EL GÉNERO BRENTHIS 



467 



1886. Brenthis cytheris, Calvert en Anales Univ. de Chile. 

Tomo LXIX, pg. 315. 
1886. Brenthis montana, Calvert en Anales Univ. de Chile, 

Tomo LXIX, pg. 315. 
1889. Arffi/nnis cytheris, H. J. Elwes en Trans. Ent. Soc. 

Londou, pg. 543. 
1899. Argynnis cytheris, Staudinger, en Lep. Hamb. Ma- 

galh. Sammel. pg 28 
1899. Brenthis cytheris Berg, en Com. Mus. Nao. Bue- 
nos Aires, Tomo I, n^ 4 pg. 111. 
1891. Arqynnis anna. Mabille en Mission Scient du Cap 

Honr., Lep. pg. 4 
1891. Argynnis cytheris, Mabille en Mission Scient. du 

Cap. Horn., Lep. pg. 5. 
1903. Arqynnis cytheris, A J. Elwes, en Trans. Ent. Soc. 

London. Part III pg. 286. 
Ya se ha dicho que Blanchard tomó como nuevas tan- 
to al $ como a la ? de esta especie, y clasificó al primero 
como Argynnis anua y a la segunda como Argynnis la- 
thonioides. 




Fig. ^o.— Brenthis cj/fJie/'ís (Drii) 
DOUBL. ¿ 



El primero en de- 
nunciar el error de Blan- 
chard fué el distinguido 
entomólogo Mr. E. C. 
Reed, quien presentía 
la verdad de lo que ha- 
bla pasado al escribir en 
su «Monografía de las 
xMariposas chilenas» lo 
siguiente: «Blanchard 
en la obra de Cay, ha 
descrito los dos sexos 
como especies distintas, 
sin embargo, creo que 
tenso razón de conside- 
rarlas como una sola, 
porque todos los ejem- 
plares que se conforman 
con la descripción de A. 
anna son machos y to- 



468 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



dos los que se coEformau con los de ^4. lathonioides son 
hembras». 

M. P. Mabille, al escribir, catorce anos después que 
Reed, en Missión Sciéntifique du Cap Horn sobre los 
ejemplares del género Argynnis encontrados en la expe- 
dición, dice textualmente, al tratar el Argynnis anna: 
Le mrde seul est connu et se prend toujours en compag- 
nie de la cytheris; aussi nous croyons que, par la suite, il 
faudra reunir ees deux espéces, car toutes les cytheris que 
j'ai vues sont des feraelles». 

Daremos ahora una descripción del macho y de la 
hembra de esta especie. 

$ . Las alas anteriores y posteriores presentan, por 
encima, un color leonado vivo, uniforme. 

£n la base de las alas anteriores se presenta un ani- 
llo reniforme y luego 3 líneas transversales, irregulares 
e interrumpidas, que cruzan el medio del ala. Hacia el 
margen externo se marcan dos ñlas de puntos, situados 
entre las venas. El borde mismo del ala está recorrido por 
una faja negra. Las alas posteriores muestran varios pun- 
tos irregularmente dispuestos en la base y disco del ala, y 
las mismas dos filas que llevan las anteriores hacia el 
margen. Una línea negra anteciliar, recorre el borde. La 
página inferior de las alas anteriores es de color leonado 
más pálido que el de la página superior, con la zona apical 
de color rosado purpúreo y una línea blanca que parte 
oblicuamente de la costa hasta la 1'^^ radial. La página in- 
ferior de las alas posteriores es de color rosado-purpúreo, 
con una corta línea blanca y transversal en la costa y una 
angosta faja amarillenta longitudinal entre la 2.'^ y la 3.* 
radial. 

$ . Las alas anteriores y posteriores son de color leo- 
nado, más pálido que en el ^ , y muestran los mismos pun- 
tos y líneas negras ya descritos para aquel, pero la línea 
negra anteciliar es más marcada. 

La página inferior de las alas anteriores tiene el api- 
ce ligeramente parduzco, con la línea oblicua blanca y con 
los dos primeros puntos de la L'^ fila marginal con el cen- 
tro amarillo. La página inferior de las alas posteriores es 
pardo violada, más oscura en el disco. Muestra una línea 
blanca u oblicua que parte de la costa y otra faja Jongitu- 



Silva F.— KL GK.NERO BKKNTIIIS 



4GÜ 



dinal del mismo tono eutro la 2.'^ y la 3/"^ radial. Además, 
existen una hilera de manchas amarillentas liacia la base 
y otra hacia el margen externo. Los puntos negros que 
ibrman la primera ñla submarginal en la página superior, 
se transparentan bastante bien en este lado, y muestran 
el centro de color amarillento. 

Expansión alar: 30 a 45 mm. 
Habitat. Atacama a Magallanes. 

í{. Brenthis modesta (13l.) Bltlkk 
1852. Argt/nnis modesta, Blanchard en Gay, Historia de 

Chile, Tomo VII, pg. 24; Atlas, him. 2, íig. 3-4. 
1877. Argi/nnis modesta. Reed en Anales üniv. Chile, 

Tomo XLIX, pg. 676. 
1882. Brentlris modesta, Biitler en Trans. Entom. Soc. 

London, Part. IV, pg. 466. 
1886. Brenthis modesta, Cíalvert en Anales Univ. Chile, 

TomoLXIX, pg. 315 
1903. Arfiii^mis modesta, H. J. Elves en Trans. Ent. Soc. 

London, Part. IH, pg. 287. 
Despii(''s de la des- 
cripción dada por Blan- 
chard en la obra de Gay 
(loe. cit. pg. 24) existe 
una descripción bastan- 
te buena, aunque incom- 
pleta, dada por Reed 
en su trabajo arriba 
mencionado (loe. cit. fig. 
675), a causa de que 
este último autor sólo 
tuvo a la mano los ejem- 
plares en regular estado 
de conservación que, se- 
gún dice, S(> hallaban 
en aquel entonces en la 
colección del Museo Na- 
cional. Al presente, exis- 
ten en dicha colección 10 
ejemplares en perfecto 

estado, en los cuales ¥\</. Hl—Bre/if/iis inodrs/i/ B/.-. >/. \:n\u 

pueden npr(>c'iarse las 




4G. — Breufliis iiiodcsfd BL: a. 
sii])erior; b lado iiifcMior. 



470 REVISTA CHILENA DE IIlSTOlíIA NATURAL 

variacioues de tamaño de los distintos individuos así como 
las ligeras vanantes que ofrecen las manchas negras de 
las alas. Foresta circunstancia podemos hacer una descrip- 
ción bastante aproximada de la especie. 

El tono general de las alas es, por encima, de color 
leonado amarillento, un poco destenido si se le compara 
con el de las otras Brenthis chilenas. Las alas anteriores 
presentan en la cara superior las mismas manclias y líneas 
interrumpidas que las otras especies ya descritas. Hay 
que notar, sin embargo, que las manchas que forman la 
primera fila de puntos son mucho más pequeñas que las 
que constituyen la segunda fila. Además, existe, como en 
B. dexamene, una serie de manchas raargiuales sobre las 
venas, y una fina línea auteciliar. Las franjas son blan- 
quizcas, pero ahumadas frente a cada mancha marginal. 

Las alas posterioies muestran una hilera de puntos 
en el disco y dos filas de manchas hacia el margen, siendo 
los puntos de la fila interna mucho más chicos que los de 
la fila externa. La línea auteciliar es bien marcada y, co- 
mo en las alas anteriores, existe una mancha marginal 
sobre el extremo de cada vena. 

Las alas anteriores tienen la página inferior de color 
leonado amarillento, bastante débil en la base y en el dis- 
co, y de color gris-verdoso en el ápice. Las manclias de hi 
costa así como los puntos de la región marginal, se trans- 
parentan con toda nitidez en esta cara del ala. 

Las alas posteriores son, por debajo, de color gris 
verdoso uniforme, y muestran claramente las líneas y los 
puntos de la cara superior. 

Expansión alar: 26 a 31 mm. 

Habitat: Coquimbo a Llanquihue, principalmente en 
la alta cordillera. 

Santiago, 27 de ííoviembre de 192L 



Haldonado. — aprovechamiento de recursos naturales 471 



El aprovechamiento Oe los recursos naturales Oel Continente 

$uD-ítmer¡cano 



Ernesto ñALDONADO 

Ing. -Agrónomo; Jefe del Servicio de Bosques, Fesca y Caza. 



Motivo de especial preocupación debe ser para los 
hombres pensadores y estudiosos nacidos en este Conti- 
nente, el estudio de las diversas materias que tienen rela- 
ción directa o indirecta con el juicioso uso de las diversas 
riquezas que la mano pródiga de la naturaleza ha deposi- 
tado en el Continente Sud-Americano. 

Los antiguos países de Europa, mediante legislacio- 
nes que se han ido perfeccionando con el transcurso de los 
años, y corrigiéndose por la experiencia, han llegado a 
establecer a firme cuanto tiene relación con la conserva- 
ción y con el correcto uso de las riquezas de aquel Conti- 
nente; mediante esas medidas de previsión, se ha llegado 
a impedir casi por completo el derroche de los recursos 
naturales en forma tal, que en la actualidad es casi impo- 
sible su agotamiento. 

En Sud- América, los jóvenes países pictóricos de 
fuerzas y de riquezas nativas consideradas como inextin- 
guibles, han educado a sus hombres en la escuela del de- 
rroche y despilfarro y sus legislador(íS y estadistas no han 
recapacitado lo suficiente sobre la gravedad que encarna 
el problema del porvenir, si se llega al agotamiento a pla- 
zo más o menos corto de los recursos finitos con que en la 
actualidad se cuenta. 

El Continente de los grandes ríos, de las altas y ne- 
vadas cordilleras y de las impenetrables selvas, se puede 
llegar a transformar rápidamente en un páramo desierto 
si sus hijos, cualquiera que sea el pabellón que los cobija, 
no se preocupan de evitar el agotamiento de sus riquezas 
nativas que a diario destruye la inexperiencia y la desen- 
frenada codicia de hombres venidos de todos los ámbitos 



472 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

de la tierra en busca de riquezas que apropiarse y a quie- 
7ies no les importa los daños que a la larga pueden aca- 
rrear los métodos de aprovechamiento por ellos empleados. 

Los gravísimos problemas que están vinculados a la 
conservación de los recursos naturales de este Continente, 
no se encauzan dentro de los límites territoriales de los 
distintos países, muchos de ellos influyen en la riqueza 
futura de dos, tres o más naciones y no son pocos los que 
afectan directamente a toda la vida Continental. 

Nos peleamos a veces una pulgada más de suelo y un 
litro más o menos de agua y en cambio con un despren- 
dimiento y una falta de previsión digna de mejor causa, 
botamos anualmente mediante el mecanismo nunca corre- 
gido de nuestros torrentes, millones de toneladas de suelos 
que van a parar al mar y desperdiciamos de la misma ma- 
nera, millones de metros cúbicos de agua que en lugar de 
fertilizar sedientos terrenos que la agricultura podría 
aprovechar, van a incrementar los océanos. Discutimos 
acaloradamente la propiedad de un árbol más o menos, 
pero no tenemos ningún inconveniente en quemar leguas 
de leguas de selvas que la naturaleza ha demorado cientos 
de anos en formar y que representan billones de pesos, a 
la riqueza pública. Encontramos onerosos los medios de 
transportes, pero desperdiciamos la fuerza potencial de la 
multitud de corrientes de aguas que se despena desde las 
altas cumbres de la cordillera, sin dar utilidad de ningún 
género al hombre. 

Este bosquejo hecho a grandes pinceladas, hace pen- 
sar en que el bienestar público continental exige y con 
apremio, que se aunen las fuerzas de los hombres pensa- 
dores de todos los países, para que discutan y fijen nor- 
mas generales que reglen el conveniente uso de los recur- 
sos naturales y exige además, que en cada nación se estu- 
dien estos mismos problemas de conformidad con las ri- 
quezas que cada cual tenga en su respectivo territorio. 

Se impone como una necesidad premiosa el abando- 
nar desde luego la política que se ha seguido hasta la fe- 
cha de disponer sin restricción alguna, de los recursos 
naturales para beneficiar sólo el presente, permitiendo el 
monopolio de esos recursos en ciertas y determinadas ma- 



Maldonado. — ai'Uovechamiento de recursos naturales 473 

nos, sin hacer las reservas que la más elemental previsión 
aconsejaría de establecer. 

Ya es tiempo de que las Eepúblicas Sud-Araericanas, 
muchas de las cuales tienen ya más de cien años de vida 
independiente, piensen de una manera seria en hacer el 
inventario juicioso de sus riquezas nativas y que mediten 
además sus estadistas en la obligación y el deber que tie- 
nen de conservar indefinidamente si es posible la existen- 
(;ia de esos recursos que han permitido el desenvolvimien- 
to y el progreso de cada una de ellas. 

Aguas, tierras, bosques, carbones, salitres, petróleo, 
minas, animales son los temas matrices que deben servir 
de base a estos estudios para que, mediante una política 
bien orientada, todas estas fuentes de riquezas puedan ser 
utilizadas por la irrigación, por la obtención de fuerzas 
hidráulicas, por los trabajos de corrección de torrentes, 
por las vías de comunicación, por los cultivos agrícolas, 
por la colonización y en fin, por todas las industrias que 
necesitan metodizar el aprovechamiento de las materias 
primas para asegurar su vida y su desenvolvimiento. 

La prosperidad industrial y agrícolas, depende en 
primer término del correcto uso que se haga de estas ri- 
quezas, y es necesario que se comprenda de una vez por 
todas que si no sabemos conservar y usar nuestros recur- 
sos naturales, no podremos por ningún motivo conservar 
una base material adecuada para nuestra civilización ac- 
tual y no podrán por lo tanto perseverar en el futuro las 
instituciones de que con tanto y tan justo patriotismo nos 
enorgullecemos. 

El volumen especial de la «Ee vista Chilena de His- 
toria Natural» que con tanto acierto dirige el laboríos») 
hombre de ciencias, Carlos Porter, va a circular segura- 
mente en manos de los hombres más doctos de este Con- 
tinente, y hemos creído por esto oportuno pedirle al Prof. 
Porter un pequeño espacio para lanzar estas ideas con 
motivo de cumplir la Revista sus 25 anos de floreciente 
existencia. 

Santiago, Diciembre de 1921. 



474 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



ALGUNOS R£5ULTÍD05 BOT/iNlCOS 

obtenidos durante la campaña de la comisión sueca en ios 

territorios australes de Chile y fir|entina, en los 

años 1908-1909 (1). 

POR EL 

Dr. Carlos 5K0TT5BER6 

Profes.r de Botánica de la Universidad de Upsala (Suecia) 



Acabo de publicar, eu los «Kuugl. Sv. Vetenskap- 
sakademiens Haüdlingar» la quinta eutiega de los /.Re- 
sultados botánicos» obtenidos eu mis viajes por Sudaméri- 
ca durante los años 1907-09. La parte primera comprende 
la descripción de un nuevo mapa titogeográfico de la re- 
gión al sur del paralelo 41"^ S., la segunda el catálogo de 
las Hepáticas (por F. Stephani, las demás por el autor), la 
tercera la Botánica de las Islas Malvinas (en inglés, las 
otras en alemán), la cuarta un estudio sobre las Islas de 
Juan Fernandez y la quinta, de la cual esta memoria es 
un resumen, la Geografía botánica y el catálogo de las es- 
pedes de plantas rasculares de la región, tratada en el 
mapa de la entrega N.'^ J. Toda la publicación (otras par- 
tes que van a seguir luego; VI; Los Liqúenes, por A. 
Zahlbruckner; VII, Los Musgos por J. Cardot) se encuen- 
tra en el Museo INÍacional de Santiago; pero son pocos los 
interesados que allí pueden consultarla y que entiendan 

(]) La conisióii, que fuera del jefe el Dr. C. Skotsberg, consistía de 
los geólogos señores Halle y Zneiisel, recorría la parte central de Tie- 
rra del Fuego. Otway y Skyring, los canales de la Patagonia occiden- 
tal, los alrededores del Golfo de Corcovado (costa de continente, Chi- 
loé, Hiiafo), regresando a caballo desde el Lago de ^íahuelhuajji hasta 
Punta Arenas, siguiendo la falda oriental de la cordillera y visitan- 
do los grandes lagos de la Patagonia. Fué eficazmente asistido por 
el gobierno y especialmente por el Directorio General de la Armada, 
el cual les suministró medios de trasporte en todas las excursiones 
en el sur. 



REV. CH. HIST. NAT., Año XXV |192i) 



Lám. XL. 




Rosques 
siempre 
verdes. 



Bosques con 
hojas caiUi- 
cas. 



ICslopas. 



47G REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

bien los idiomas extranjeros. Por eso lo he juzgado con- 
veniente dar en esta conocida e importante «Revista Cíhi- 
lena de Historia Natnral» un resumen de las partes 1 y V 
que son las que más interesan a los colegas de Chile. 

I. Las faldas occidentales de la cordillera y las 

ISLAS DESDE ChILOÉ HASTA OaUO DE HoKNOS 

Es la parte lluviosa con un clima insular sin estacio- 
nes muy marcadas, con excepción de la región alpina de 
las montañas. Característico para el suelo es la formación 
(\e una turba, que en las montañas y en toda la parte sur 
alcanza un espesor muy considerable. 

Esta zona se divide en dos, una boreal, la continua- 
ción de la zoua valdiviana y otra austral, la zona magallá- 
nica o subautártica. 

El nombre «antártica> , antes muy en uso para Tierra 
del Fuego y aun para la zona de los canales, etc., se debe, 
según mi juicio, reservar para las tierras al sur del para- 
lelo 60" S. El límite entre la zona valdiviana y la maga- 
llánica lo forma el Golfo de Peñas. Entre 47*^ y 49° desa- 
parecen muchas de las especies características del monte 
de Valdivia y Llanquihue: Hymenophyllun caudiculatum 
y cruentum, Lophosoria glauca (Aisopliila), Hy[)olepis 
Poeppigiana, Lycopodium paniculatum, las C-liusquea, 
Enargea polyphylla, Notliofagus ])ombeyi y nitida, Ber- 
beris Darwinii, Ilydrangea integerrima, Escallonia ma- 
crantlia. Azara lanceolata, Myrtus luma, Crriselinia race- 
mosa, Pernettya vernalis, Cynanchum lancifolium, Aste- 
ranthera ovata; el límite convencional se puede fijar en el 
paralelo 48". 

Hay que esperar que mis colegas chilenos seguirán 
haciendo observaciones detalladas sobre la extensión ha- 
cia el sur de elementos valdivianos. Otra cuestión que de- 
be estudiarse más es la distribución exacta de los Notho- 
fagus; se ignora donde N. nitida empieza a formar el 
grueso del monte de la región baja. 

Es característico para la zona magallánica que ahí el 
árbol más importante de los montes litorales es el Notho- 
fagus betuloides, el cual sigue así hasta el Cabo de Hor- 
nos. Además, la gran masa de las plantas en forma de co- 



5kottsberg.— ALGUNOS resultados botánicos 477 



gines duros, dando origen a una turba espesa y firme, y 
otras hierbas, consideradas antes como tipos de la vege- 
tación «antartica», empiezan a cubrir terrenos extensos, 
especialmente donde falta abrigo contra el viento. Buenos 
ejemplos nos dan Acaena pumila, Astelia pumila, Bolax 
Bovei, Caltha appendiculata, Carpha schoenoides, Dona- 
tia fascicularis, Drosera uniflora, Gairaardia australis, 
Gaultheria serpyllifolia, Marsippospermum grandiflorum, 
Myrteola nuramularia, Nanodea muscosa, Oreobolus ob- 
tusangulus, Oxalis magellanica, Phyllacne uliginosa, Pin- 
guicula antartica, Rostkovia magellanica, Tapeinia maga- 
llanica, Tetroncium magellanica, Tribeles australis — es 
verdad que no pocas de estas han sido reportadas muy al 
norte de 48°; pero allí juegan un papel distinto, formando, 
por ejemplo en la Cordillera Pelada y en la «Campana» de 
Chiloé, las conocidas y aisladas «colonias» de plantas su- 
bantárticas. 

La zona magallánica es muy monótona. Los tipos 
valdivianos que van más al sur son: Podocarpus nubige- 
na, Lomatia ferrugiuea y Campsidium valdivianum (hasta 
51° S), Mitrarla coccinea y Weinmannia trichosperma 
(hasta 49° 30' S.). El Estrecho de Magallanes no forma en 
ninguna parte un límite fitogeográfico. 

Sobre la biología vegetal se citarán algunas observa- 
ciones para caracterizar las dos zonas, limitándonos a los 
árboles y arbustos. En la zona boreal, el sueño producido 
por el invierno es de muy corta perduración en los órga- 
nos vegetativos. Nuevas innovaciones a menudo brotan en 
el otoño, y la primavera se hace notar ya en el mes de 
Agosto. En pleno invierno se observan en la misma espe- 
cie varios estados de desarrollo, uno al lado del otro. Casi 
todas las especies son siempre verdes. Excepciones nota- 
bles forman Euchsia magellanica, Ribes magellanicum y 
Sophora tetraptera; pero cuando, en los meses de Junio y 
Julio, van cayendo las hojas, los botones nuevos se desa- 
rrollan al mismo tiempo. 

El periodismo más pronunciado corresponde a Notho- 
fagus antartica, que está completamente desnuda durante 
todo el invierno. 

Pero, en la zona lluviosa, este árbol no tiene mucha 



478 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

importancia fuera de la región alpina, donde ya el clima 
es menos insular. 

Entre los siempreverdes he constatado un descanso 
invernal mas marcado en las coniferas, los Nothofagus, 
Embotlirium, Lomatia, Laurelia, Caldcluvia, Weinmannia, 
Maytenus magellanica, Aristotelia, Crinodondron, Myrceu- 
genia, Ehapliithamnus y Flotowia, arbustos como Abuti- 
lón, Pseudopanax, valdiviensis, Desfontainea, las Per- 
netfya y Gaulteria, Berberís Darwinii, la mayor parte 
de las lianas y enredaderas. 

Conforme a la clemencia del invierno hay pocas que 
tienen buena protección para los botones. 

Se pueden citar Saxegothea, Podocarpus, Xothofagus, 
Maytenus magallánica, Flotowia, y entre los arbustos 
Pernettya, Gaultheria, Berberís, Prionotes y otras, todas 
estas muestras escamas» secas y duras. Otras tienen es- 
tipulas protectoras: Eucryphia, Weinmania, Caldcluvia, 
Enbothrium tiene hojas reducidas, semejantes casi a es- 
camas; Corlarla muestra primero hojas algo reducidas y 
de otra forma que las demás, que están bien protegidas 
por ellas. 

El segundo grupo lo forman las especies, que tienen 
botones nudos. Muchos de ellos se protegen por un vello 
aterciopelado, mientras las hojas, cuando han crecido, son 
peladas o poco peludas. Muy buenos ejemplos ofrecen 
Lomatia, Guevina, Sophoras, Laurelia, Aextoxcum, Cri- 
nodendrou, Rhaphithamnus, Asteranthera, Hydrangea y 
otros. Varias especies tienen hojas jóvenes de tal resisten- 
cia, que aún carecen del vello: Drimys, Ovidia, Tepualia, 
Myrteola, Griselinia, Desfontainea, Libocedrus, Fitzroya, 
Dacrydium, etc. Pero entonces es muy común que las pri- 
meras hojas de una inovación no se desarrollan bien, sino 
quedan reducidas de tamaño. 

La mayor parte tiene hojas del tipo xerófilo, a pesar 
de la enorme cantidad de lluvia. El suelo es siempre hú- 
medo. Pero — con con la baja temperatura del suelo, la 
humedad constante y el exceso de material, la descompo- 
sición es incompleta, se forma turba acida, conocida ya 
"desde mucho tiempo por su influencia sobre las raíces, que 
muchas veces tienen que tropezar con dificultades para 
reemplazar el agua gastada. Además, frecuentemente nos 



Skotísberg. — algunos resultados botánicos 479 



encontraraos con una combinación climatérica desfavora- 
ble; cielo claro, aire relativamente seco y nn viento muy 
fuerte. Así se puede explicar, en manera general y algo 
superficial, la morfología y anatomía de las hojas en esa 
región. Seguramente que faltan todavía los experimentos 
fisiológicos necesarios para comprobar la teoría, pero ¿don- 
de hay, en Chile, el laboratorio para hacerlos? 

Generalmente, el ¡Deriodismo es más pronunciado en 
la región fioral. Al mismo tiempo, no es del todo raro 
que la duración de la época floral es bastante larga, hasta 
que hay especies que desarrollan sus flores en el invierno, 
como p. e. Drimys, Sophora, Aetoxicum, Myrcengnia 
apiculata, Ugni Philippii, Berberís Darwinii, C-oriaria, 
Pseudopanax, Pernettya vernalis, (Triselinia raceraosa y 
C'ampsidium. 

Sigamos ahora con la zona magallánica. General- 
mente se puede decir que el periodismo es más marcado. 
A las especies que pierden sus hojas antes de que se de- 
sarrllen completamente las nueyas hay que agregar la 
importante Escallonia serrata. También aquí en el sur 
puede ocurrir que nuevos botones se abren en el Otoño; 
eso lo he constatado en varias especies. De los tipos de 
botones mencionados arriba parece faltar casi por com- 
pleto el con las hojas jóvenes densamente peludas. El in- 
vierno magallánico es pobre en flores. Merecen citarse dos 
especies, que sirven para adorno invernal: Campsidium y 
Philesia; otras siguen ocasionalmente hasta Mayo y Junio, 
mientras Berberís ilicifolia tiene la costumbre de hacer 
brotar sus primeras flores en pleno invierno. 

Las formaciones vegetales 

1. — La zona valdiyiana. 

El tipo dominante del monte virgen es caracterizado 
por su riqueza en diferentes clases de árboles. Entre los 
de altura considerable (más de 20 m) se hacen notar Euc- 
ryphia, los Xothofagus, Laurelia serrata, Dryrais, Aexto- 
xicum, Nyrceugenia plauipes, Myrtus luma, Fitzuya pa- 
tagónica, Libocedrus tetragona (ambas pertenecen a tipos 
especiales de monte), Saxegothea conspicua y Podocarpus 



480 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

nubigeiía. Generalmente forman parte de la estepa más 
baja: Guevina avellana, Lomatiaferruginea y obliqna, Em- 
bothrium coccineum, Weinmannia, Oaldcluvia, Maytenus 
magellanica, Sopliora tetraptera, Myrceugenia apiculata, 
Tepualia,notowia,KhaphitliamnusyEscalloniamacrantha. 

Después vienen los arboles en miniatura, de unos 
cuantos metros de altura, como Azara laneeolata, Aristo- 
telia, Crinodendron hookerianum, Abutilón vitifolium, 
Budleia globosa, Solanum Gayanum, Senecio cymosus, 
Pernettya vernalis, Ugni Molinae y otras. Casi una tran- 
sición a las lianas forma Pseudopanax, la cual con sus ra- 
mas abrasa a otros arboles, apretándose muy firmemente. 
Entre los arbustos característicos figuran Pernettya mu- 
cronata y Gaultheria myrtelloides, Berberís Darwinii, 
Desfontainea, Ovidia pillopillo, Fuchsia, Pibes, Baccharis 
y Coriaria; de suma importancia son las Chusquea. Arbus- 
titos enredaderas son Prionotes myrsiuites. Philesia, La- 
zariaga y Enargea. 

Las lianas aparecen en grandes masas. 

Los principales son Griselinia racemosa y buxifolia, 
Asteranthera ovata, Mitrarla coccínea, Hydraugea, Camp- 
sidium, Elytropus. 

El nÚDiero de parásitas es, fuera de los hongos, muy 
pequeño, algunas especies de Myzodendron y Prygilan- 
thus tetrandrus, pero los epífitas cuentan con centenares 
de especies; sólo dos, sin embargo, son fanerógamas, Fas- 
cicularia y Sarmienta, no siendo ninguna de ellas epífita 
obligatoria. 

Famoso es el monte por su riqueza en criptógamas. 
Heléchos elegantísimos del género Hymenopbyllum; ar- 
bóreos como Blechnum magellanicum, cuyo tronco alcan- 
za 2 metros, o la Lophosoria con sus hojas gigantescas, los 
frecuentes Adiantum chilense y Aspleuium magellanicum 
los epifíticos como Asplenium trilobum, Polypodium trilo- 
bum y P. Billardieri. Ninguna otra parte del mundo pare- 
ce más rico en especies de musgos y hepáticas. Cerca de 
la embocadura del Pío Aysen recojimos, por ejemplo, en 
una hora 44 especies distintas. Muy notables son los mus- 
gos «arbóreos:!' Hypopterygium, Porothamnium y Den- 
droligotrichum o las especies colgantes de las ramas, Wey- 
monthia, Plagiochila dura, fasciata, filipéndula, etc. 



Bkottsberg.— ALGUNOS resultados botánicos 481 

Ciert'ris liepáticas tieuen una hermosura indisputable 
y dau uua vaiiacióu notable de colores a la alfombra de 
los troncos caidos: Lepidolaena, Schisma, 'rrichocolea, 
Schistochila, Aneui-a, etc 

Los liqúenes son representados por una multitud de 
especies de Stictáceas. y por la muy conocida Cora pa- 
vonia. 

Este tipo de monte se puede subdividir: en suelo po- 
roso una asociación de Eucryphia-Myrceugenia, en suelo 
más arenoso la asociación de Aextoxicum, en suelo menos 
poroso, más húmedo la asociación Nothofagus Dombeyi — 
Myrceugeuia — Laurelia, etc., etc. Hacia el sur (en las islas 
Chonos, Perrins. Tres Montes, Canal Baker, etc.), encon- 
tramos la asociación más pura de Nothofagus nítida. 

El Monte pantanoso cerca de los ríos, inundados en 
el invierno y la primavera, es caracterizado por Liboce- 
dros tetragona y Tepualia; entre los musgos se nota el gé- 
nero Sphagnum. 

El Monte turbio de las costas, espuestas al viento, se 
desarrolla más al sur; árboles característicos son Libocedros 
y Podocarpus; entre las hiei'bas figura en primer lugar 
Marsipposperinum graudiflorum; entre las criptógamas. 
Sphagnum médium y Lepicolea ocbrolenca. 

Las riberas de los ríos, los islotes, etc., están cubiertas 
por prados de gramíneas, especies de Carex (p. e. C. acu- 
tata). Juucus, Baccharis sagittalis, etc.; en suelo más seco, 
arenoso se hallan muchas veces viajeros de las pampas 
patagónicas, traídos por la corriente. La orilla del monte 
cerrado muestra asociaciones de Gunnera chilensis («pan- 
gales») o chusquea («quilantos»). 

Hacia el mar encontramos, antes de llegar al monte 
cerrado, una asociación bastante variada de arbustos, que 
buscan la luz; entre los más comunes notamos Escallouia 
macrantha. Berberís Darwinii, Chusquea quila, Rhaphi- 
thamnus, Fuchsia, Desfontainea, ügni, Pernettya, etc. X\ 
pié del barranco, donde es más húmedo el suelo, se eii- 
('uentra la asociación de Greigia sphacelata, muchas veces 
en combinación con Juncus prccerus. 

En las zonas exteriores, cerca del agua, la vegeta- 
ción varía mucho con el suelo y la exposición. Especies 
comunes en los barrancos son Eringium paniculatum, 

HEV. CH. IIIST. >AT. '19ÍI) (31) 



482 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATLKAL 

Samolus reprens, Plaiitago truncara. Carex fuscula, Li- 
bertia elegaus, Uncinia erinacen y phleoides, Guunerachi- 
lensis, C'olobaiithus sp., Crassula raoschata, Cotula coroiio- 
pifolia, Asplenium obtusatum, Adiantum chilense, Blech- 
num aiiriciilatum y asperum. etc., etc. La arena seca es 
caracterizada por algunas gramíneas, especialmente I)is- 
tichlis thalassica y formas enanas de Pernetfya; dentro 
(le las mareas alcanza Salicornia peruviana, y sobre arci- 
lla salobre he encontrado una asociación casi pura de Lep- 
tocarpus chileusis. 

En las reglones de las montañas todavía falta mucho 
para completar el cuadro. En la porte norte, el monte 
valdiviano alcanza, sin sufrir grandes cambios, la altura de 
500 600 metros sobre el nivel del mar; después empobre- 
ce, y í^olhofagus Dombeyi domina sobre los demás árbo- 
les. Se hacen notar los bosques pantanosos (Sphagnum!) 
de Fitzroya (alerzales), Libocedrus, Tepualia. etc. Desapa- 
recen las lianas. En la altura de 1000-1200 metros apa- 
recen grupos mas o menos extensos de árboles con hojas 
caducas: Xothofagus antartica y, mas al interior, N. pu- 
milio. Pantanos con plantas subantárticas alternan con 
lugares rocosos, adornados de especies típicamente andi- 
nas. 

Hacia el sur, el límite del monte cerrado siempre- 
verde va bajando. En la isla San Pedro (Ohiloé/' observa- 
mos ya con la altura de 150-200 un cambio de aspecto; el 
monte se vuelve menos cerrado, con más arbustos como 
Desfontainea y Tepualia; Philesia ya es común, y entre 
los árboles principia á fígurar Libocedrus tetragona. El 
suelo se hace mas pantanoso, tiene un aspecto netamente 
magalláuico con enormes cantidades de Sphagnum, Lepi- 
colea ochroleuca, Lepidolacna magellanica. Dicranum ro- 
bustum; liqúenes como C'ladonia spp., Stereocaulon ra- 
raulosum, Sphaerophorus, etc., se mezclan con los musgos; 
sueltas especies subsotárticas como Orsobohis, Gaultheria 
serpyllifolia, Prionotes, prosperan. Así sigúela vegetación, 
que no es otra cosa que el monte ¡jantanoso de la zona 
magellanica, desarrollada aquí, como debe de serlo, en 
más altura, hasta 400-f)00 metros; mas arriba no se ha 
explorado bien todavía. 



Skottsberg.— ALGUNOS resultados botánicos 483 



2. La zona magallánica. 

El monte virgen, siempreverde, en forma cerrada, 
ocupa en la realidad un terreno bastante limitado. Su lí- 
mite superior lo alcanza con pocos cientos de metros. Pe- 
ro tampoco todo terreno debajo de esta línea es boscoso; 
se divisan en todas partes manchas de color moreno roji 
zo, los grandes pantanos de turbas. Según mi pa- 
recer, es el viento que decide sobre la extensión del mon- 
te. Eldaorijena un «límite marítimo» de bosque, fuera del 
cual dominan las formaciones vegetales desprovistas de 
vegetación verdaderamente arbórea. Es monte cerrado, 
necesita abrigo; rodea los puertos y ensenadas, llena los 
valles y quebradas, se aprovecha de cada meseta en los 
barrancos, luego cuando encuentra un lugar algo abriga- 
do; todo lo demás lo cubren campos pantanosos. El árbol 
que mas resiste al viento es Libocedrus. 

En los campos de turba, el género Sphagnum es de 
relativamente poca importancia, siendo reemplazado por 
ciertas Hepáticas, (en primera línea Lepicolea ochroleuca), 
cuya biología es de mucho interés. Más afuera, donde so- 
plan vientos casi constantes, los Sphagnum ceden todo el 
terreno a plantas fanerógamas que forman cojines durísi- 
mos, más o menos planos y de gran extensión. 

En el monte magallánico árboles altos no se encuen- 
tran sino raras veces. Domina en todo sentido Nothofagus 
betuloides, generalmente bastante bajo (10 — 12 m.). Los 
ejemplares más bonitos se hallan en la zona limítrofe con 
los montes de roble. Los demás árboles son Drimys, May- 
tenus magellanica, Embothrium, Tepualia y Pseudopanax 
laetevirens. Hay solo una conifera arbórea, el Libocedrus 
tetragona. C-omo ya dije arriba, algunas especies valdivia- 
nas han penetrado la parte norte de la zona magallánica, 
siendo la más importante Podocarpus nubígena. 

Los arbustos más importantes son: Berberís ilicifolia 
y microphylla, Chiliotrichum diffusum, Fuchsia, Pernettya 
mucronata, Desfontainea, Escallonia serrata. Pibes mage- 
Uanicum, y, en costas expuestas, Verónica elliptica. 

LTn rasgo de importancia para el aspecto del bosque 
es la ausencia completa de Chusqueas. Lianas existen sólo 



484 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



en la parte norte de esta zona, alcanzando Campsidium 
más al sur (hasta 51°). La parte sur de la Paíagonia occi- 
dental y la Tierra del Fuego sólo posee dos enredaderas, 
Philesia 3^ Prionotes. 

Fanerógamas epifíticas no existen; los heléchos son 
poco variados; sobre los árboles encontramos Asplenium 
magellanicum, Polypodium Billardieri, Hymenopbyllum 
secundum y tortuosum, Serpyllopsis caespitosa. De las es- 
pecies más notables que habitan el suelo sólo menciona- 
mos Blechnum magellanicum (arbóreo) y Gleiclienia qua- 
dripartita. 

Arbustos enanos son muy comunes en todos los te- 
rrenos abiertos, en primer lugar Empetrum rubrum, Gaul- 
theria serpyllifolia y Myrteold nummularia. 

Lo que dije arriba sobre la riqueza enorme en mus- 
gos y hepáticas puede aplicarse también a esta zona, que 
probablemente muestra tantas especies como aquella. Los 
liqúenes característicos pertenecen, fuera al género Stícta, 
a Cladonia, Stereocaulon, Spharopherus, Usnea, Thara- 
nolia, etc. 

El tipo dominante de monte cerrado se puede clasifi- 
car como una asociación jSTothoftigus betuloides-Prionotes- 
Philesia. 

El monte con suelo de turba es abierto; puede tener 
varias clases de los árboles del bosque en ejemplares chi- 
cos y aislados; además siempre está habitado por Liboce- 
drus. Hay una serie de transiciones entre el bosque y la 
verdadera asociación de Spl)artagun con árboles aislados. 

El suelo tiene una alfombra densa fie turba, formada 
por musgos, hepáticas y fanerógamas cespitosas. Unajun 
cacia, Marsipposparnium. es una de las hierbas más carac- 
terísticas; asociado al Sphagnuní crece el arbusto Dacry- 
diurn Fonckii. 

La Asociación áe fanerógamas en cojines duros. — Ha- 
bita las costas rocosas abiertas hasta más afuera, expues- 
tas a toda la fuei'za de los temporales; en las partes bos- 
cosas, la misma usociación cubre las cumbres de lomas y 
colinas. Tiene muchas especies en común con el monte 
pantanoso, pero los Sphagnum no tienen importancia. Los 
arbustitos característicos son Empetium rubrum. Pernet- 
tya pumila, Gaultheria serpyllifolia, Myrteola nummu- 



5 kotfsberg.— ALGUNOS resultados botánicos 485 

laria. Pero las plantas que ponen su estampa en esta aso- 
ciación son tales como las Abrotauella, Astelia, Bolax 
Bovei, Azorella caespitosa, Caltha appendiculata y dio- 
uaefolia, Donatia, Gaimardia, Oreobolus, Phyilacne, Ta- 
peinia, todas formando alfombras duras densísimas. 

Otras hierbas son Áster Vahlii, Schoonus antarcticns, 
Gunnera lobata, Perezia magellauica, Senecio trifurca- 
tus, etc. 

Las orillas de los ríos hospedan pocas especies pecu- 
liares fuera de criptógamas; es digno de ser mencionado 
Senecio cuneatus. 

El agua dulce es muy pobre en vegetación macros- 
cópica: Callitriche, Grantzia lineata, Isoetes Savatieri y 
Myriophyllum elatinoides. 

La orilla del mar. Generalmente el bosque se extien- 
de hasta la alta marea. En las de la playa habitan: Ve- 
rónica ellíptica, Festuca arenaria, Azorella caespitosa, 
Colobsuthus subulatus, Cotula scariosa, Crassula moscha- 
ta, Apium australe, Armeria elongata, Scirpus cernuns, 
Ranunculus biternatus y manchas de musgos y hepáticas 
de gran variación, siendo los tipos Blindia, Breutelia, Ma- 
cromitrium, Dicranum, Ditrichum, Orthotrichum y Eha- 
comitrium, además Aneura, Jamesoniella, Lophocolea y 
Plagiochila casi siempre representados. Las playas de gui- 
jarros y arena están cubiertas de prados, donde dominan 
gramíneas y hierbas altas como Poa fuegiana y alopecu- 
rus, Aira Kingii, Festuca arenaria y purpurasceus, Carex 
Darwinii Agropyrum magellanicum, Valeriana lapathi- 
folia, Senecio Smithii, etc., formando una faja angosta; 
más afuera avanzan otras especies, p. e. Áster Vahlii, Co- 
tula scariosa, Colobanthus crassifolius, Plantago barbata, 
Ranunculus biternatus, etc. La faja más cerca de agua, 
en parte entre las mareas, forman asociaciones de liqúenes 
en forma de crusta como Xanthoria y Verrucaria. 

Una asociación dé muy distinto aspecto encontramos 
en los islotes externos, frecuentados por pájaros marinos. 
Es la Poa flabellata siempre mejor desarrollado en la pla- 
ya de guijarros y allí asociada con la gigantesca Carex 
trífida; esta vegetación sólo se conoce de las partes más 
australes. 

Las regiones de las montañas. — La región boscosa 



486 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

siempre verde alcanza, en los canales de la Patagonia, la 
altura de 400 a 600 m., en la parte suroeste de la Tierra 
del Fuego sólo 200 a 300 m. Después sigue una angosta 
faja de Nothofagus antárctica y luego el suelo turbio, don- 
de se repiten las asociaciones de pantanos ya descritas. 
En una altura de 600 a 700 metros, en el sur, ya nos en- 
contramos con roca desnuda y casi sin vegetación, hielo 
y nieve persistente. 

Muchos de los ventisqueros bajan hasta la orilla del 
luar. Se hizo un estudio detallado sobre la vegetación cer- 
ca del hielo. Ofrece un interés especial, permitiéndonos 
adivinar con alguna certeza el estado durante la época 
glacial o, por lo menos, qué plantas que han servido como 
conquistadores del nuevo terreno descubierto en cuanto 
se retiraron las grandes masas de hielo. 

Para detalles tengo que referir a la obra original. 
Solo sean citados los nombres de los ventisqueros visita- 
dos: Cerro Tronador, el ventisquero donde nace el Eío 
Puello; Seno Peel, V. Bordes; Seno Skyring, Estero de 
los Ventisqueros, el Fondo; Canal Gajardo, Y. Inga; Ca- 
nal de Beagle, Y. Darwin; Lago San Martín, Y. Schoen- 
raeyr. La exploración de la vegetación dio como resultado 
general, que ella tiene, alrededor del hielo, aunque sea en 
el nivel del mar, un carácter netamente subalpino. 

II. L08 VALLES TKANSAND1N(»S CON LA TRANSICIÓN 

ENTRE EL BOSQUE SIEMPRE VERDE Y EL ROSQUE 

DE ÁRBOLES CON HOJAS CADUCAS. 

El clima oceánico de la costa del Pacífico penetra los 
valles transandinos, llevando consigo la vegetación corres- 
pondiente. Como bien se sabe, hay en la falda oriental de 
la cordillera un clima continental, con una vegetación 
muy distinta. Los dos tipos se mezclan en los valles tran- 
sandinos y se producen muchas asociaciones de plantas, 
que, sólo bajo estas circunstancias escepcionales se en- 
cuentran juntas. Fueron explorados los siguientes siste- 
mas de valles: 

Perella — Laguna Fria — Lago Xahuelhuapi (ningún 
valle trasandino, pero un boquete bajo): Monte siempre- 



Skottsberg. — algunos re.sultados botánicds 487 



verde valdiviano — Libocednis chileiisis — Xothofagus an- 
tárctica y pumilio. 

Valle IG de Octubre: ^Sotliofagus Doriibeyi — Liboce- 
dnis — y. antárctica. 

Talle del Aiseii: X. Dombeyi — X. pumilio — X. An- 
tárctica. 

Lago San Martín: X. betuloides — X. pumilio. 

Ultima Esperanza: X. betuloides, Libocedrus tetrago- 
ua — X. pumilio — X. antárctica. 

Skiring; N. betuloides — X. pumilio — X. antárctica. 

Estrecho de Magallanes: ídem. 

Valle Azopardo: ídem. 

III. Las faldas orientales de la C'ükdillera, espe- 
cialmente LA zona de los grandes LAGOS ANDINOS 

Las condiciones climatéricas son mny distintas de las 
que caracterizan la zona occidental. Los vientos descargan 
su humedad antes de llegar a la Pampa de la Patagonia, 
las variaciones de temperatura se bailen mucho más pro- 
nunciadas; tenemos como naturalmente se ha de esperar, un 
clima continental con estaciones muy marcadas e invier- 
nos fríos y con nieve mientras los veranos son calurosos- y 
secos. Podemos distinguir entre dos zonas longitudinales, 
que se pueden seguir a lo largo de toda la cordillera; una 
interior, dotada con lluvias suficientes para mantener un 
bosque de robles, es la zona de los lagos; y otra, exterior, 
que se pierde sin límites en la pampa patagónica, donde 
el clima es demasiado seco para los árboles que están a 
disposición y donde sólo hay fajas angostas de ñire en las 
riberas de los arroyos; esta zona es caracterizada por es- 
tepas y manchas de desierto. Cuando la precipitación baja 
hasta 400-500 mm. anuales se disuelve el monte, y con 
menos de 250 se produce el semi-desierto. 

P]n la formación del suelo hay también diferencias 
notables entre una y otra zona. 

Las faldas de la cordillera y los alrededores de los 
lagos tienen capas extensas de morenas, testigos de la 
época glacial, y con la vegetación boscosa y los prados ce- 
rrados se ha formado una tierra bastante fértil. La pampa 
es cubierta por arena y guijarros, siendo las capas areno- 



488 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

sas más profundas eu los valles, doude también algunas 
veces observan arcilla y fango, depositado en lagos repre- 
sados durante la época glacial. Estos son los valles más 
fértiles, como p. e. 16 de Octubre. El suelo de la pampa, 
fuera de las quebradas, es mu}^ seco y la vegetación siem- 
pre bastante abierta. En la parte de la pampa de que aquí 
se trata, c. d. la que está situada inmediatamente al este 
de los grandes lagos, son escasas las lagunas sin desagüe 
y con agua salobre; sólo ejercen una influencia muy local 
sobre la flora. 

Como se sabe, la cordillera cambia su dirección en el 
sur, corriendo eu la Tierra del Fuego de O. a E. Allá, en 
la isla grande, pierde su importancia como límite climaté- 
rico; el monte siempre verde cubre los dos lados hasta el 
valle Azopardo, donde las tres especies fueguinas de No- 
thofagus crecen juntas; después va desapareciendo la es- 
pecie siempreverde, X. betuloides, y el roble forma el 
grueso del monte a ambos lados hasta que, más al este, eu 
el lado norte lo reemplaza grupos de ñire, prados y este- 
pas, mientras, en la falda sur, gracias a la proximidad del 
Océano, reaparece el clima lluvioso y los bosques siera- 
preverdes, los cuales tienen su estación más oriental en 
la Isla de los Estados. 

Es natural que, tanto el monte de roble o ñire como 
la vegetación pampina sean caracterizados por un perio- 
dismo muy marcado en todos sus fenómenos. Reina un 
descanso casi completo eu el invierno. 

Formaciones vegetales 

1. L.\ ZONA BOSCOSA 

Es una cinta bastante angosta, que corre en las fal- 
das de la Cordillera desde la latitud 38°, nuís o menos, 
hasta el canal de Beagle. El tipo principal forma ííothofa- 
gus pumilio, y probablemente no hay en el mundo un 
monte tan monótono, que sin sufrir cambios notables se 
extiende sobre diecisiete grados de latitud. En la parte 
norte crece entre 800 y 1,600 m. sobre el nivel del mar, 
baja poco a poco en cuanto avanza hacia el sur para al fin 



Skottsberg. — algunos resultados botánicos 489 

en Tierra del Fuego cubrir las montanas desde el mar has- 
ta unos 600 metros. 

El árbol que domina casi eu absoluto es Notliofagus 
pumilio, que en la latitud del Estrecho alcanza grandes 
<limensiones. Lo acompañan varios arbustos como C^hilio- 
trichum diffusum, Berberís microphylla, Pernettya mu- 
cronata, Myoscilos oblongus, Ribes cucuUatum, Escalloniá 
Fonckii, etc. 

Lianas y enredaderas son escasas y faltan por comple- 
to en la parte sur; más al norte hay p. e. Mutisia retusa. 

Fanerógamas epifíticas faltan; también son escasos 
los Heléchos que crecen sobre árboles, las especies de Hy- 
menophyllum son muy pocas (más común lí. secundum). 

De los parásitos tenemos que citar los Myzodendron; 
M. punctulatum muchas veces se halla en tanta abundan- 
cia que agrega un tono amarillo al follaje del roble. Deba- 
jo de los árboles hay mucho más luz que en el bosque 
siempre verde, y la flora de hierba es más rica. Especies 
características son: Osmorhiza chilensis, Luzula chilensis, 
Viola maculata, Arabis magellanica, Asarca lútea. Hie- 
rochloa magellanica, Macrachaeuium gracile, Poa fuegia- 
na Cardamine geraniifolia, Erigeron Philippii, Codonor- 
chis Lessonii, Eanunculus minutiflorus, Galium fuegia- 
num, Hyporhoeris tenerifolia, Arachnites uniflora, Sene- 
cio spp, Cystopteris fragilis, Polystichum aculeatura, etc., 
etc. La flora criptogámica es otra que en la falda oeste, 
menos rica en especies, con muchos más musgos en propo- 
sición de las Hepáticas; citemos Dicranomeisia, Lepyro- 
don lagurus, Acrocladium auriculatum, Bartramia Moss 
manuiana, Lepidozia chordulifera, Leioscyphus chiloscy- 
phoides; de liqúenes Cladomia, Parmelia, Stereocaulon, 
Sticta, Usnea, etc. 

Arriba hemos visto, que otra especie de Nothofagus 
con hojas no persistentes (N . antartica) crece en la región 
subalpina de las faldas occidentales. El mismo árbol tam- 
bién se halla en el lado oriental, formando grupos más o 
menos extensos en suelo húmedo o siguiendo los ríos, 
acompañado por varios arbustos, hacia la pampa. En la 
Patagonia austral y la Tierra del Fuego, forma una zona 
bastante bien definida, al este de los robles. 

Además, la Patagonia andina posee una tercera clase 



490 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



de monte. Hasta el paralelo 44°, en la parte (^entral de las 
depresiones transandinas, crece Libocedrus ehileusis, for- 
mando bosqnes vírgenes puros. Es un árbol grueso, derecho 
y hermoso; lo acompañan varios arbustos valdivianos 3- 
andinos, es rico también en criptógamas, aunque no tenga 
comparación con el monte valdiviano. En su carácter bio- 
lógico se acerca más al bosque de roble andino (N. pumi- 
lio). 

En la zona andina boscosa, el suelo pedregoso sostie- 
ne una vegetación de árboles más aislados, con manchas 
grandes de matorrales o estepas; los arbustos se hallan con 
bastante frecuencia. Tiene esta vegetación un aspecto pa- 
recido a la de Chile central, no obstante que tiene una flo 
ra muy distinta, pero hay unas pocas especies que habi- 
tan ambos lugares. En la parte más austral de nuestra 
zona, en Skyring y Otway,enel canal de Beagle, etc., hay 
costas, donde por el motivo del viento fuerte y constante, 
retrocede el bosque, dando lugar a la curiosa asociación de 
Bolax gummifera; la he citado aquí porque tiene tanta se- 
mejanza con la vegetación en las Islas Malvinas. 

La vegetación en las orillas de las lagunas y de los 
ríos en la zona boscosa, se compone de arbustos y hierbas 
del monte, agregándose a éstas muchas plantas de la pam- 
pa. Algunas veces se han encontrado plantas netamente 
alpinas, cuyas semillas han sido trasportadas por el 
agua. 

La vegetación de las lagunas y de sus pantanos, mues- 
tra muy claramente fajas concéntricas. Por ejemplo, en el 
agua: Ócirpus pauciflorus, Batrachium, Hippuris vulgaris, 
Myriopiyllum elatinoides, Potamogetón strictus, Eanuneu- 
lus hydrophilus; después una asociación de Carex, como 
C. Anderssonii, C. atropicta, C. fuscula; fuera de éstas una 
vegetación de gramíneas, como Agrostis magellanica, 
Alopecurus antarcticus, Phleum alpinum, Rauunculus 
peduncularis, Geum magellanicum, especies de Acaena y 
muchas otras. Hasta la playa del mar avanzan muchos de 
los arbustos y hierbas del bosque. Algunas especies más 
estrictamente marítimas son: Apium australis, los Atropis, 
Agropyrum, Hordeum comosum. Senecio leucomallus, 
Culciteum magellanicum, S. caudicaus; Troximum pumi- 
lum, Azorella tílamentosa y trifurcata, Cotula scariosa, 



Skottsberg.— ALGUNOS resultados botánicos 491 

Colobanthus crassifolius, Rumex raagellauiciis, Armería 
elongata var.. Plautago marítima. 

La región alpina, de la Cordillera alta, separada de 
la pampa por nua faja cerrada de bosques, ha sido poco 
estudiada. Lo que abajo puedo decir se refiere a la parte 
sur del territorio. La asociación característica es un mato- 
rral bajo pedregoso cou Empetrum rubrum, Peruetteya 
pumila, Acaena antárctica, Gunnera magellanica, Agore- 
lla lycopodioides, Bolax gummifera, Drapetes muscosus, 
Lagenophora nndicaulis, Lycopodium magellanicura, Eu- 
bus gevides, Viola tridentata, Saxifraga magellanica, Len- 
cería lanata, Trisetnm snbspicatum, Phleum alpinum, Nas- 
sau via Lagascae y pygmaea, Marsippospernum graudiflo- 
rara, etc., etc.; los arroyos están bordados por musgos, 
donde crecen Nanodea muscosa, Perezia magellanica. Ou- 
risia ruelloides, Senecio martinensis y trifurcatus, etc. 

La parte central de la Tierra del Fuego es mejor co- 
nocida; la región alpina es bastante rica en especies, que 
no se encuentran más al norte. Para detalles tengo que 
referirme al texto original como a mis trabajos anteriores, 
(atados en la bibliografía de la obra mencionada. La flora 
criptogómica es muy rica en especies, hasta que hay algu- 
nos géneros endémicos. 

IL La zona de la pampa. 

Esta zona está caracterizada por la falta de árboles 
(fuera de las orillas de arroyos), por su riqueza en arbus- 
tos, en plantas cespitosas, gramíneas y hierbas. General- 
mente no hay vegetación cerrada, sino el suelo nudo are- 
noso queda visible entre las matas. Todo su aspecto es 
xerófilo; hojas duras y angostas, barnizadas o densamente 
lanudas, arbustos espinudos, algunos con hojas primarias 
rau}^ reducidas. Tampoco faltan plantas carnosas, como las 
Cactáceas; todas son especies chicas. El tipo con órganos 
subterráneos de reserva es bien representado. ííatural- 
mente, hay muchas especies anuales. Pongamos atención 
especial a las plantas en forma de cojines duros con hojas 
muy chicas, numerosísimas y fuertemente apretadas, que 
por su biología son tan interesantes. Parece imposible 
comprender que este tipo sea igualmente característico 



492 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

para la vegetación de la parte lluviosa del occidente; pero 
en realidad se trata de dos tipos biológicos, €uya morfolo- 
gía es casi igual, pero que tienen una fisiología muy dis- 
tinta uno de otro. Hemos discutido este problema en el 
texto original, donde encontrará el lector también un ca- 
tálogo de todas las especies pertenecientes a nuestra re- 
gión. La flora criptogámica es muy poco desarrollada. 

Las fok3iacion'es vegetales. 

La estepa, con gramíneas xeróñlas, es la formación 
que domina. Según el terreno y la latitud, tiene una com- 
posición distinta. 

Asociaciones de Muliuium spinosum, de Festuca graci- 
llima, de Poa bonariensis, de Poa argentina, etc. Algunas 
especies comunes, fuera de las ya citadas, son: arbustos 
como Berberís empetrifolia y cuneata, Baccharis magella- 
nica. Discaria discolor, Adesmia borouioides, Anarthro- 
phillum desiderátum, Senecio albicaulis, Verbena pp., yer- 
bas como Acaena multifida y pinatifida, Luzula chilensis, 
Erigeron Philippii, Melandrium chilense. Anemone multi- 
fida, Calceolaria lauceolata, Draba magellanica, Sisyrin- 
chium junceun y striatum, Armeria elongata var. chilensis, 
Geranium sessiliflorum, Leuceria multifida, Oxalis adeno- 
phylla, Loasa argentina, Oenothera mollissima, Stipa 
chrvsophillo, Bromus setifolius, Hypochoeris lanata, Nas- 
sau vía abbreviata, Scubellaria uummularialfolia. Vicia sp., 
Viola microphyllos, Azorella monantha, Valeriana carno- 
sa, Colloraia biflora, Gilia eservicosis, Satureia Darwinii. 
.Irjona tuberosa, Astragalus spp., Sanícula graveolens, 
Thlaspi magellanicum, Ohloraea spp., Asarca spp., etc., etc. 

Cerca de los grandes lagos se nota la riqueza en ar- 
bustos altos, de 2-3 ra. de altura; Berberís cuneata. Ly- 
cium pulverulentura, Schinus dependeus, Colliguaya in- 
tegerrima, Escallonía rubra. Xardophyllum darwinii, 
Berberís ligustrina y trideus. Anarthrophyllum rigidum, 
•Adesmia canescens y camrestris, etc. 

Las partes mas secas tienen carácter de semí desierto; 
especies notables son; Grabowskya Spegazziuii, Ephedra 
andina, Xassauvia glomerulosa y patagónica, Mulinum 



Skottsberg. — algunos resultados botánicos 493 

lycopodiopsis, A caería confertissiraa, Brachyclados caes- 
pitosus, Echinocactus Coxii, Opuntia austnilis, etc. 

Las orillas de lagunas // rios tienen el aspecto de 
prados, con gramíneas mesófilas y árboles sueltos. Aquí 
nos encontramos otra vez con plantas del monte andino. 

La vegetación acuática concuerda en sus rasgos prin- 
cipales, con la ya descrita. Hay que agregar Scirpus ripa- 
rius, quo es común en los desagües de algunos lagos, co- 
mo L. Buenos Aires, L. Pueyrredon, L. San Martín, etc. 
como también Juncus balticus var mexicanus. 

La reífión alpina. Por falta de una región boscosa, no 
se puede trazar una línea fija para regiones subalpinas n 
alpinas. Podemos hablar de una estepa subalpina, que es poco 
diferente en carácer general; solo en las alturas más gran- 
des se pueden distinguir asociaciones estrictamente alpi- 
nas, cuya flora tiene mucha afinidad con la de las Cordille- 
ras altas de Chile central. Se desarrolla, en la parte boreal 
de la Patagonia, en la altura de 1500-1600 m; más al sur, 
encontramos las mismas especies en una altura menos 
considerable, lo que no nos debe causar sorpresa. Citamos 
las siguientes especies o géneros: Adesmia parvifolia y sa- 
licorniordes, Astragalus, Azorella, Discaria nana; Ceras- 
tium nervosum, Epilobium nivale Hexaptera cuneata, Ga- 
mocarpha, Moschopsis. Nassauvia, Pantago sempervivoídes, 
Viola sect. rosulata, Barneoudia, Brayopsis, Calandrinia, 
Carex incurva. Calceolaria uniflora, Hamadryas, Leuceria, 
Perezia, Senecio Tristagma, Symphyostemon. Marsippos- 
permuin Philippii y Reichei, Acaena antárctica, Onuris, 
Valeriana macrorhiza, Benthamiella, Saccardophytum, 
Colobranthus lycopodioides, Pycnophyllopsis, Xerodraba. 



La mitad de la obra, de la cual hemos dada un resu- 
men corto, la forma un catálogo de las plantas vasculares, 
recogidas por el autor durante el viaje. Para cada especie 
se indica la naturaleza del lugar donde, crece, las locali- 
dades exactas donde la ha encontrado el autor, y su dis- 
tribución geográfica. La colección del autor comprende 
840 especies y variedades; 52 especies fueron descritas, 
por varios especialistas, como nuevas. Se establecieron 



494 REVISTA CHILENA DE HI.STOIUA NATURAL 

dos géneros uuevos: P3^cnopliyllopsis (Caryophyllaceae) y 
Xerodraba ((.'ruciferae). 

Todas las novedades son de la Patagonia andina ó 
de la Tierra del Fuego. 

Al final, el autor lia discutido la posición fitogeográ- 
fica de las floras tratadas, donde, entre otras cosas, de- 
muestra la íntima relación entre la ñora patagónica andi- 
na, que se extiende hasta Fuegía central, con la de los 
Andes de Chile central. 

Después de una descripción de la historia de la flora 
desde la época glacial, es cuanto se puede hacer con los 
pocos datos accesibles ahora. 



Porter. — lox<íicoknios chilenos 495 

N0T«5 BREVES SOBRE LONGIC0RNI05 CHILENOS 

rOK EL 

Prof. Dr. Carlos E. PORTER 

Catedrático de Zoología general y Entomologia Aplicada del Instituto Agronómico de Chile 



Si se exceptúan algnuas breves notas entomológicas 
nuestras (en que enumeramos algunos Longicornios reco- 
lectados por nosotros y algunos amigos) }' la descripción 
dada por el Dr. Bréthes de una nueva especie de la tri- 
bu Traniini (1), solo los reputados naturalistas PniLirri y 
Germain han publicado en nuestro país estudios referen- 
tes a los mencionados coleópteros después de la aparición 
de la obra de Gay. 

Todo lo que se ha hecho en esta materia, fuera de lo 
ya mencionado, se encuentra disperso en numerosos tra- 
bajos publicados en Inglaterra, Bélgica, Francia, Suecia 
y Alemania. 

En nuestro deseo de contribuir, aunque sea modesta- 
mente, al conocimiento de estos interesantes insectos y a 
la mayor divulgación del estudio, entre profesores y colec- 
cionistas de este país, de uno de los grupos de Artrópodos 
a que desde hace más de veinte años nos dedicamos (ha- 
biendo reunido abundantes colecciones y literatura y he- 
cho algunas observaciones biológicas y anatómicas), comen- 
zamos la publicación, en nuestra Eevista. de notas que. 
apesar de brevísimas, no dudamos habrán de interesar a 
los aficionados a la Entomología. 

Estas notas comprenderán los más variados temas 
relativos a nuestros Longicornios: distribución geográfica; 
observaciones anatómicas, histológicas y biológicas; nomen- 
clatura puesta al día; revisión de alguuos géneros; el ro- 



(1| Description tVim iiouveaii coléoptÍMO tlii Cliili en «Rev. Ch. 
Hist. Xat.s año XX (191(j|. pp. 7."j-78. fig. 7 a. b. 



4!M3 



siiltado del examen de algunas colecciones del país en que 
hay Longicornios; diagnosis preliminar de las especies 
descubiertas por nosotros y de las que nos confíen nues- 
tros amigos y corresponsales, etc., etc. 

Y al insertar nuestras notas no hacemos sino adelan- 
tar algunos hechos, mientras nos es posible publicar tres 
obras nuestras, de gran aliento, que requieren grandes de- 
sembolsos y que no deseamos dar a luz sino profusa y be- 
llamente ilustradas: Catálogo razonado // Atlas de los Lon- 
flicornios de. Chile, Monografía de los Longicornios chilenos, 
Los insectos de los bosques del pais (*). 

1. — Especies cogidas en la provincia de Cautin — 

En la rápida excursión que efectuamos en Febrero del pre- 
sente ano a la provincia de Cautín, tomamos las siguien- 
tes especies, para varias de las cuales queda aumentada el 
área. También aparecen con los nombres que aceptamos de 
acuerdo con las autoridades en el estudio de la gran fami- 
lia de los Longicornios: 

Strongglaspis fChiasnietes] Limae GuÉR. — Lo tengo de 
varias partes del país. Se encuentra también en t,l Perú 
y, según el Prof. F. Campos P. existe igualmente en el 
Ecuador (2). 

Grammicosum Jiavojasciatum El. — De esta especie 
que fué dada a conocer en 1843 en el Yiage de D'Orbigny, 
poseemos varios ejemplares de distinta tallayconlas man- 
chas amarillas más o menos marcadas; el color general del 
insecto es en unos ejemplares muy obscuro, siendo bastan- 
te claro en otros. Mis ejemplares son de Chillan, Osoruo 
y Victoria, a los que se agrega un ejemplar de Temuco. 

En el examen que he hecho de la colección de insec- 
tos del Colegio San Pedro Nolasco, para tomar notas de 
localidades para los Longicornios, Hemípteros y Sírfidos, 



(*) Para completar nuestro.^ datos y reunir otro.s nuevos para este 
estudio especial de los insectos que atacan nuestros árboles forestales, y 
que nadie ha emprendido hasta hoy en el país, nos ha ofrecido toda 
clase de facilidades el ilustrado profesor señor Ernesto Maldonado. 
.Tefe del Servicio Bosques, Pesca y Caza. 

(2) Para ésta y otras especies de la presente lista se dan ya algunas 
noticias en uno de nuestros artículos anteriormente insertos en esta 
misma Bevista, año XXIV (1920), pp. 155-157. 



Porter.— LONGicoRNios chilenos 497 

he visto que el Hno. Flaminio Ruíz tiene ejemplares de 
Santiago, Pitrufquén, Lonquimay y Calbuco. 

Ebiiria quadrinotata Latk. — 1 ejemplar. No es muy 
abundante en este país. 

Hemos recibido buenos ejemplares del Perú y Ecua- 
dor, donde parece la especie es bastante común. 

Compsa flavonitida Faikm. y Germain. — Aunque no 
es abundante en individuos se presenta en una buena ex- 
tensión del país. La tenemos ya de la Provincia de Acon- 
cagua (Thomas) y Angol (Porter). 

Cali/don submetallicum Bl. — Es también especie que 
habita gran parte del país, como lo hemos expresado en 
otros artículos. 

Hoplonotus spinifer Bl. — No es insecto abundante y 
son raras las colecciones que lo poseen. El Prof. Fed. 
Philippi lo indica de Coquimbo y Valdivia. 

Yo lo poseía antes de Chillan. Ahora agrego un ejem- 
plar de Te rauco. 

Colobiira alboplafjiata Bl. — Es raro en las colecciones 
de coleópteros que hemos visto. Poseo hoy cuatro ejemiíla- 
res (Valdivia, Osorno, Temuco). 

Emplijtoecia suturella Bl. — ^En la obra de don 
Claudio Gay, aparece con el nombre de Agapaiitia 
suturella. Don Fed. Philippi lo menciona como encontrado 
en Illapel, Valparaíso y Concepción. Lo he tomado yo mis- 
rao en El Salto. Don A. Honorato me lo ha enviado desde 
Valdivia. Abarca, pues, una buena extensión del territo- 
rio y casi no falta en las colecciones. 

Hebestola Immeralis Bl. — Es otra especie muy abun- 
dante en el país que abarca buena extensión. Los nurae- 
rosos ejemplares de mi colección son principalmente de 
Corral. Quilpué y Quillota. 



2. -Un insecto que ataca a la Araucaria. — Cuando 
don Claudio Gay y algunos otros autores han descripto 
insectos de este país es rarísimo ver indicadas las plantas 
sobre las cuales viven y no en todos los casos se señala 
siquiera la localidad en que se encuentran. 

REV. CH. HIST. ^AT. (19ál) (32) 



498 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

Es de importancia que. siempre que sea posible, 
lio descuiden, los que colecten insectos y los autores, 
el consignar esos datos. 

En la Escuela Agrícola de Chillan se encontró pri- 
meramente por el Ingeniero-Agrónomo señor Abdón Be- 
soaín, un insecto que había secado una hermosa avenida 
de estos árboles. Senos envió ejemplares que determinamos 
como Compsa lívida. 

Con motivo de haber recibido poco después ramas se- 
cas de Araucaria desde la provincia de Cautín (enviadas 
por el Ingeniero Agrónomo señor don Eamón Elzo Ba- 
quedano) que contenían ninfas de un coleóptero que desa- 
rrollé en mi Laboratorio y que resultó ser también Comi- 
sa lirida, puede ya saberse que dicho Longicornio, 
descripto por don Filiberto Gerraain en 1891, es uno de 
los peligros de nuestro «pehuén», por lo menos en dos 
provincias del país. Damos, pues, nosotros la primera no- 
ticia de la mencionada plaga desde estas páginas para co- 
nocimiento de los interesados. 



3. — Especie nueva para Chile. — Examinados los Lon- 
gicornios de la colección entomológica, ya muy valiosa, 
del Colegio San Pedro ís^olasco, me llamó en el acto la 
atención un coleóptero etiquetado por el profesor de Cien- 
cias Xaturales y director del Museo del mencionado Cole- 
gio, Hno. Flaminio Euiz, como < colectado en la provincia 
de Bío-Bío; . 

Mi colección de Longicornios, que es muy rica, no lo 
poseía ni yo lo había visto antes en ninguna otra colección, 
ni recordaba haber leído su descripción entre las especies 
descriptas del país que aún nos faltan. 

Del estudio que hice del interesante insecto, se des- 
prende que es la Coremia Bruclú, descripta por Mk. E. 
GouNELLE en el Bidl. Soc. Ent. Fr. en 1905, págs. 227 
228 y encontrado ya en varias provincias de la República 
Argentina. 

Queda, pues, incorporado a la fauna chilena el citado 
Longicornio, hasta ahora común sólo a la República Ar- 
gentina y Chile. 



Porter. — longicornios chilenos 



499 



4. — Las tráqueas del Ancistrotiis Cumingi, Hope. — 

Hace varios anos que, interesado el que esto escribe en 
buscar algunas particularidades en la anatomía e histolo- 
gía de algunas especies notables de artrópodos de nuestro 




Fig'. 47. — Aucistrofns (Acanthiiiodei-a) Ciuningi Hope, 9 
Insecto en que, por primera vez, encontramos los pelos 
traqueales en los Longicornlos. Tam. nat. (Orig.) 

país dio, al estudiar las tráqueas de nuestro gigantesco 
longicornio, con un detalle que nos llamó bástantela aten- 
ción. 

Acabábamos de demostrar la existencia, en los Longi- 
cornios, de jielos quitinosos, numerosos, pequeños y ligera- 
mente encorvados en el interior de los tubos respiratorios 
del insecto, implantados en los tcenidia, j que sólo 
desaparecen en las más finas ramificaciones. Los vimos 
primeramente en la hembra y después en el macho. 



500 



REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



Las tráqueas en la larva del Ancistrotus no poseen los 
procesos quitinosos en referencia. No he tenido oportuni- 
dad de buscarlos en la ninfa. 

De este hecho tuvimos oportunidad de dar una noti- 
cia preliminar en la sesión del 3 de Enero de 1909 de la 
Sección de Ciencias Naturales y Antropológicas del lY 
Congreso Científico (1.^ Pau-Araericano), reunido en San- 
tiago de Chile (3). También comunicamos nuestro descu- 
brimiento a muchos profesores de Anatomía comparada de 
Europa y Estados Unidos de N. América, acompañando a 
algunos de ellos preparaciones microscópicas. 



_ .^ürnwa-'in ^- . 




Fig. 48. — Trocito extenáido de tráquea de Ancistrotus, visto 
por su cara interna. Gran aumento. (Fig. semiesquemá- 
tica): a) taenidia en que estíín implantados los pelos; 
b) entrada de una ramificación traqueal. 



Entre los primeros que nos alentaron a publicar la ob- 
servación, mencionaremos al Dr. O. Duboscq (de la Fac. de 
Ciencias de Montpellier), a los Drs. Edmond Perrier y 
Eaphael Blanchard (de París), Emile Yung (de Ginebra) 
y Mal col m Burr (de Londres). 

En la idea de que la presencia de esos pelos pudiera 
ser, no un hecho particular al Ancistrotus, sino común a 
muchas otras especies de la gran familia de los Longicor- 
nios, se nos ocurrió buscar dichos apéndices en otras espe- 
cies, aprovechando ejemplares en mal estado. 



(3) Véase Eev. Ch. Hist. Nat., año XIII (1909), p. 388. 



Porter.— LONGicoRNios chilenos 501 

No tardamos en encontrarlos sucesivaraete en las si- 
guientes especies: 

Erg ates f abe )\ L., de Europa. 

Strongiilaspis(CMasmetes)Limae Guér., de Chile, Perú, 
Ecuador; 

Stenaspis rerticalis Serv. (ejemplar $ de México). 

Trachi/deres morio (una ? procedente de Misiones, 
Kep. Argent.); 

Calocomiis Desmaresti Guék. (ejemplar ¿ de la Ee- 
pública Argentina); 

MicroplopliorusmagellanecusBi.. (1 $ deLlanquihue, 
Chile; 

Holopterus chilensis Bl. (1 ? de Osorno, Chile). 

Desmocerus palliatus Forst (1 s de Nueva York). 

Prionus laticollis Drury (1 9 de Estados Unidos 
N.A.). 

El tamaño, proporciones de largo a grueso, la canti- 
dad de estos pelos, etc., varían de una especie a otra, como 
se comprende. 

El año entrante examinaremos el aparato traqueal de 
numerosos Longicornios más. 

Nosei-ía raro lleguemos a comprobar que la existencia 
de 2)eIos qiiitinosos es un detalle histológico común a toda 
la familia. 

Nos es altamente honroso dejar aquí constancia deque 
el eminente Dr. Ch. Houlbert, al ocuparse del aparato res- 
piratorio de los insectos, en el tomo I (pág. 84) de la sec- 
ción Coleópteros de la BihUothéqm de Zoologie (1921), que 
dirige, menciona nuestras observaciones al respecto. 

Damos al sabio catedrático de la Universidad de 
Rennes nuestros sinceros agradecimientos por haber 
querido divulgar, en tan notable Enciclopedia, una obser- 
vación de un modesto naturalista chileno, estimulándonos 
así para perseverar en nuestras investigaciones sobre la 
anatomía de los artrópodos de nuestro país. 

Por falta de espacio, retiramos un crecido número 
de notas sobre nuestros Longicornios, las que se insertarán 
en próximos números. 

Santiago de Chile, Novbre. de 1921. 



502 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



/?LGUN«5 CONSIDERACIONES SOBRE EL ?E$0 
Y VOLUMEN DEL BAZO EN NUESTRA RAZA 

POR EL 

Dr. 6ustaü0 DIRON L. 

Profesor extraordinario de Anatomía Topográfica en la Facultad de Medicina 



Desde que comencé mis estudios de Anatomía en la 
Escuela de Medicina oí decir que el bazo entre nosotros 
tenía un menor volumen y naturalmente un menor peso. 

Mientras fui ayudante del Profesor Aguirre Luco 
examiné muchos bazos y pude convencerme de esto; pero 
sin haber determinado de una manera precisa el término 
medio de su peso y volumen. 

Es lo que ahora he hecho. 

Para conseguirlo me he servido de datos obtenidos 
en el Instituto de Anatomía Patológica, en la Morgue y 
el Instituto de Anatomía Normal. 

En el primero revisé mil trescientos protocolos de 
autopsias y anoté las observaciones que se referían al ba- 
zo; estas observaciones las dividí en varios grupos, según 
la edad y sexo del individuo y según si el bazo presenta- 
ba o nó lesión, indicado esto por el diagnóstico del Profe- 
sor que firma el protocolo. 

De este raodo obtuve el peso medio del bazo sano, el 
cual resultó de acuerdo Ion aquella aseveración. 

De la Morgue obtuve más de sesenta bazos normales 
de individuos sanos muertos por causas traumáticas y el 
término medio que obtuve es igual al que arrojó el estu- 
dio de los bazos estimados normales en el Instituto de 
Anatomía Patológica. 

Comprobado su menor peso, fácilmente se desprende 
que su volumen es también menor. 



Diron.— PESO y volumen del bazo 503 

Los autores están de acuerdo en decir que es el bazo 
el órgano que más se presta a variaciones en cuanto a pe- 
so y volumen. 

Algunos citan casos de bazos que pesan 20 y 10 gra- 
mos y otros 500 gramos y aún 1 y 2 kilos. Pero segura- 
mente no se trataba en tales casos de bazos normales. 

A\ indicar el peso los distintos anatomistas están, 
puede decirse, de acuerdo. 

Y así, SArPEY da como peso medio 225 gramos. 

Testut indica 180 a 200 gramos 
Héosle da 230 gramos 
FusARi 180 a 200 gramos. 
TiLLAUX anota 200 
Fort indica 195 gramos 



Raubek da 150 a 200 gramos 
HoLLSTEiN 200 a 250 



O' 



Otros autores indican, con pequeñas diferencias, es- 
tas mismas cifras. 

Del estudio que yo hice referente al bazo en los pro- 
tocolos de autopsias del Instituto de Anatomía Patológica, 
deduje, como término medio de su peso, los siguientes da- 
tos correspondientes a bazos estimados normales y perte- 
necientes a individuos del sexo masculino. 

Los dividí en grupos, según la edad de éstos. 

Edad de 21 a 30 años años: término medio del peso 
del bazo, 9S gramos. 

De 31 a 40 años: t. medio del peso del bazo 89 (primos 

De 41 a 50 » » » ^> (S2 » 

De 51 a 60 » » » » . 8^ » 

De 61 a 70 » » » » 74 » 

De 71 a 80 » . » » » 61 » 

Se ve, pues, que el término medio del peso del bazo 
corresponde a la mitad o menos aún, de la cifra indicada 
por los auatomistas europeos. 

Comprobé la exactitud de estos datos pesando bazos 
sanos obtenidos en la Morgue, de hombres muertos por 



504 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

causas accidentales* Y obtuve para la edad de 21 a 30 
años un peso medio de 99 gramos. Y entre 31 y 40 anos 
un peso de 90 f/ramos\ es decir, estas dos cifras tienen una 
diferencia sólo de 1 con las anteriores. 

Comparando el peso del bazo de uno y otro sexo, ob- 
servé que la diferencia es muy insignificante y si se com- 
para en relación con la talla del individuo, es nula. 

En cuanto a la edad, pasado los 20 aí5os, el bazo ad- 
quiere su mayor peso y se mantiene así hasta los 40 años; 
de los 40 a GO se nota una ligera disminución que es ma- 
yor después de los 60 años. 

La variabilidad del peso es grande; no es raro encon- 
trar bazos sanos que pesan 50 y 60 gramos y también de 
170 y 180 gramos. 

Por lo que al volumen se refiere, los autores indican 
cifras más o menos idénticas; según ellos, el bazo, el largo 
varía de 11 a 13 centímetros; el ancho de 7 a 8 cents., y el 
espesor de 3 a 4 cents. 

De las numerosas mediciones que he efectuado, de- 
duzco como normales las siguientes: larf/o 9\ cents.: ancho 
6\ cents., y espesor 3 cents. Naturalmente, las variaciones 
son múltiples. 

Me parece interesante, al referirse al volumen de un 
órgano, dejar consignada la talla del individuo. Entre no- 
sotros, el término medio de ella es de 1.65 metros. Co- 
rresponde este dato a 600 mediciones hechas en un reji- 
miento de la capital. 

Temas de trabajos posteriores será el relativo a la 
anatomía descriptiva y topográfica del bazo y posible cau- 
sa de su menor volumen. 

He escrito estas ligeras observaciones a pedido de mi 
querido y sabio amigo el Profesor Carlos E. Porter, quien 
las honrará publicándolas en su hermosa Ee vista. 

Santiago de Chile, Diciembre de 1921. 



Porter — nuevo hemíptero chileno 505 

DESCRIPCIÓN U m NUEVO HEMiPTERO CHILENO 

POR EL 

Prof. Dr. Carlos E. PORTER 

Catedrático del Instituto Agronómico y de la Escuela Nacional de Medicina Veterinaria 



A causa de haberse ya sobrepasado el número de 
pliegos contratados con los impresores para el presente 
volumen, he debido dejar sobrantes varios trabajitos míos, 
entre otros, uno referente al estudio de los Hemípteros 
recolectados en Febrero del presente ano en la provincia 
de Cautín. (*) 

Sin embargo, me adelantaré a describir, desde luego 
la siguiente especie de la familia Beduvidae que debía 
incluirse en ese artículo, y que designaré: 

Liitevopsis chilensis Poktek, n. sp. 

La cabeza, el tórax y el abdomen son pardinegros. la parte supe- 
rior de la cabeza y del tórax de un gris testáceo con pubescencia pla- 
teada; las patas, las antenas y asimismo el rostro anillados de pardo y 
blanco; los hemélirros de un pardo claro y con una reticulación blan- 
ca. Delante de los ojos una línea plateada; en las pleuras del protorax 
y del mesotorax hay dos líneas rectas de escamitas también plateadas. 
Long. 4,5 mm. 

Muy delgado, alarg^ado y opaco. La cabeza más larga que ancha, 
un poco más angosta que la base del pronoto, del ancho de su extremi- 
dad anterior, con una incisión transversa superior en frente del medio 
de los ojos. Las antenas son algo mas largas que el cuerpo, con sus ani- 
llos blancos y pardos más o menos iguales, siendo el i'iltimo artejo par- 
do. Proiioto trapezoidal, algo alargado, con una impresión mediana lon- 



(*) El Director de esta Revista posterga siejnpre y con placer, 
muchos de sus artículos para dar cabida, de preferencia, a los trabajos 
de los señores colaboradores. 



506 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

f>;itudinal. Hemélitros alcanzando la extieniidad del abdomen; tienen 
unas tres series longitudinales de manchas pardas separadas por una 
reticulación blanca; en la membrana las manchas son mayores y sin 
orden. El abdomen se ensancha paulatina y progresivamente hasta cer- 
ca de la extremidad donde termina en punta. Las coxas anteriores son 
tan largas como el protorax, blancas, con dos anillos incompletos par- 
dos; los fémures son más largos que las coxas. algo más largos que la 
tibia y tarso reunidos; son pardos con unos cinco anillos blancos bas- 
tante angostos y sus espinas son cortas. Faltan las patas intermedias, 
menos la coxa que es blanca. Las patas posteriores son blancas con po- 
cos anillos pardos. 

Un ejemplar ^ , encontrado en la provincia de Cautín, Febrero 
1921. por C. E. Porter (Col. m.). 

El género Luteropsis que, como acaba de verse, tieue 
ya el primer representante en la fauna hemipterológica 
de Chile con la especie que acabamos de describir, fué 
establecido por Champion en 1898 en Biol. Centr. 
Amer. II, p. 165, para las especies de México y Panamá 
llamadas respectivamente L. longimaniis Champ. y L. or- 
nata Champ. 

Mas recientemente, en 1906, el señor E. Bergroth 
ha descripto una otra especie descubierta en la isla de 
Borneo, en Xo^Werli. Zool.-Bot. Gesellschoft (Wien) y que 
lleva el nombre de L. muscícapa. 

De manera que nuestra especie es la cuarta del gé- 
nero y la primera de la América meridional. 

Santiago de Chile, Diciembre 1.° de 1921. 



Campo N.— BRiOLOGíA de mariluán 507 



FEQUEÑO CATALOGO BRIOLOGICO D£ M^RILUAN 

POR 

Dosé A. CAHPO N. 

Profesor de Ciencias Biolóeicas e Higiene de la Escuela Xormal de Victoria 



Las especies que se indican, son el resultado de dife- 
rentes recolecciones destinadas a la comprensión más per- 
fecta de la hriología chilena. 

Es indudable, que si no hubiese sido por el infatiga- 
ble Dr. Carlos E. Pórter, que ha infundido amor por estos 
estudios en numerosos de sus compatriotas esta parte de 
la Criptogamia no habría adquirido tan gran desarrollo (*), 
pues se puede decir, que lo descripto por Gay ha sido enor- 
memente aumentado, de tal modo, que dicha materia está 
ya casi agotada para algunas provincias. 

Este progreso se debe a briologistas de fama, como los 
señores Thériot y Brotherus que desde largos anos se 
han dedicado a los musgos chilenos. 

Los corresponsales y colaboradores de estos sabios 
pueden estar satisfechos de los resultados obtenidos en 
estos últimos años. 

El pequeño catálogo qué hoy publicamos, se refiere 
únicamente al departamento de Mariluán, dejando para 
otra vez, especies obtenidas en otras localidades y que 
forman mis colecciones briológicas. 

Doy el presente trabajo para el mejor conocimiento fito- 
geográfico y para que la porción reducida de los que se 
dedican a estas cosas, vea cuantas sorpresas pueden depa- 



(*) También interesó desde hace años a ranchos en hi recolección de 
hongos poniéndolos en relación con el sabio micólogo Dr. Spegazzini. 
Los lectores de la Revista han podido ver trimbién el gran ni'iniero de 
novedades que el sabio italiano ha descrito de nuestra flora en esta 
misma Revista. 



508 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATITRAL 

rarles otras localidades, que sin duda, ocultan muchas no- 
vedades científicas de alto interés. 

1. Arclúdium julaceum G.M. Nueva para Chile. En el sue- 

lo, en pequeñas porciones. Muy escasa. 

2. AtereopJii/Uf(m Krausei Lor. Broth. Sobre troncos muer- 

tos y formando césped, 
o. Anomobr y iim filiforme Dictr. Muy escaso. En pequeñas 
porciones. En árboles. 

4. Aongstroemia ga//anum Mout. Escaso. En el suelo y a 

la sombra de árboles. 

5. BarbuJa depressa Sull. var. denticidata (Dus.) Thér. So- 

bre corteza de árboles muertos y sobre Nothofagus po- 
cera. 
G. Barbula depressa Sull. Sobre corteza de árboles. 

7. Barbula fusca C. Müll. Muy común. 

8. Brijum candicans Tayl- Sobre corteza de árboles. 

9. Blindia magellanica Schp. Nueva para Chile. En terre- 

nos húmedos y en mezcla con hepáticas. 

10. Bartramia leptopliüla Card. Sobre tieraa arcillosa. 

1\. Bryum gracilitorquescens CM. Sobre troncos quemados 

de árboles del género Mothofagas. 
12. Bryum Lechleri C.M. forma luxurians. Sobre árboles 

caídos y en estado de descomposición, 
lo. Bryum 2}ertenesum Thér. Sobre rocas. 

14. Bryum Campoanus Thér. En el suelo. Escasa. 

15. Bryum subclaratum Thér. En pequeñas porciones 
sobre piedras. 

16. Bryumlaevígatum Hedu. Sobre troncos. En pequeñas 
masas. 

17. Bri/um argentewn Sr. En el suelo. En caminos y ca- 
lles. 

18. Bartramia ithyla Hall. Brid. En pequeñas porciones. 

Muy escasa. En concavidades de árboles quemados. 
1^. Breuteliachrysnra Q'M.^ohvQ kYho\e^. En comunidad 
con otras especies. 

20. Bartramia aristafa Schimp. En el suelo. 

21. Bartramia ambigua Mont. Sobre troncos cubiertos de 
tierra. 

22. Barbula fusco-viridis Broth. Sobre rocas. 

2o. Ceratodon crassinervis Lor. Sobre troncos caídos y en 
estado de putrefacción. 



Campo N. — briología de mauiluán 509 



24. Cer atodon piirpiireus 1j. Brid. var.fmtigiatus. Warmst. 
En el suelo. Común. 

25. Campylopus Campoanus Thér En el suelo, en peque- 
ñas porciones y asociado con Cer atodon ptirpiireus. 

26. CampyJopus corbonicidus Ther. En troncos de árboles. 

27. Ccimpylopus .rantophyllus Mont. Sobre árboles en 
putrefacción y asociado con hepáticas. 

28. Campylopus introflexus Hedw-Mitt. Sobre cortezas en 
descomposición' 

29. Catagoniopsis Berteroana (Montt.) Brotherus. En 
troncos en descomposición y asociado a otros musgos. 

30. Diplostichmm poeppegii CM. Sobre el suelo. Escaso. 

31. Dendroligotriclmm dendroides (Brid), Broth. Sobre 
árboles. Muy común. 

32. Dicranoloma Billardíeri Schw. En el suelo. Bajo bos- 
que. 

33. Dicranoloma capillifolium Broth. Sobre cortezas semi 
putrefactas. 

MDicranoiveisia tenella Dusi. En suelo húmedo bajo 
árboles. 

35. Eriodon conostomus Mont. En el suelo. 

36. Eurhynchium confíisum Thér. En el suelo, en mezcla 
con hepáticas. 

37. Fissidens mascholantJms Mont. En el suelo, bajo árbo- 
les. 

38. Fissidens mascJiolantlins var. minor Dus. Bajo árboles. 

39. Fissidens scalaris Mitt. Sobre corteza de árboles. Es- 
caso. 

40. ííssidens rigidilus Hed. Sobre tierra húmeda en mez- 
cla con hepáticas. 

41. Fiinaria higrométrica (L.) Sibsh. En el suelo formando 
masas. 

42. Funaria higrométrica form. bulbiUí/era. En el suelo. 

43. Grimmia consobrina Kunz. Muy escasa. En asociación 
con murgos y hepáticas. 

44. Hipopterygiiim Thonini (Schwagr.) En pequeñas masas 
sobre corteza y troncos de árboles. 

45. Lepyrodon tor mentosus [Kook.) Müll. En el suelo y bajo 
sombra de árboles. 

46. Leptostomun splachnoides Hook. En el suelo. 



510 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

47. Pentastichella pentasticJia Mont. En trocos de árboles. 
Bajo bosque. 

48. Pseiidolaskea filum C. MüU. En corteza de árboles. 

49. Ptychomnium pti/chocarpon Schwgr. En árboles y en 
pequeñas porciones. 

50. Forotliamnium Valdiviae Müll. En pequeñas porciones 
en los troncos de árboles. 

o\. Forotliamninm pandiiraefolimn Müll. Bajo árboles de 
bosque. 

52. Pleiiirídkim macrothechun Durt. En pequeñas porcio 
nes en terrenos arcillosos. 

53. Pof/onatuní oligodns Kunz. En el suelo. 

54. Pseudolaskea fuegina CM. En mezcla con otros musgos 
y hepáticas. 

55. lihizogonium mnioides Hook. En árboles del gen. No- 
tlufagas. 

56. Bif/odium nano-fascicuml(dum Müll. En pcíqueñas por- 
ciones en la corteza de Notlofagus prócera y obliqua. 

57. Piigod'mm arborescens Müll. Sobre troncos quemados y 
cortezas de árboles. 

58. Phi/nchostegieUa acantliopliglla Mont. En cortezas de 
árboles. 

59. Stereophyllum seminerva Kunz. Mitt. Sobre el suelo y 
troncos de árboles en mezcla con otros musgos. 

60. Stere.odon Campomius Thér. Sobre corteza y troncos 
en descomposición. 

61. Tortida obscuriretisThér. Muy escasa. En el suelo. 



Victoria (Mariluán), Dicbre. 1921. 



WolffSOhn. — CRÁNEOS DE MAMÍFEROS CHILENOS 511 

WT/íLOGO DE CRítNtOS DE M/íMIFEROS DE CHILE 
colectados entre I05 años 1896 y 1918 

POR 

Dohn A. WOLFFSOHN, C. M. Z. 5. 



Faeron obsequiados al «British Museum (Xatural 
History) de Londres en su mayor parte, los ejemplares 
colectados. Los demás se distribuyeron entre el Museo de 
Valparaíso antes de su destrucción por el terremoto de 16 
Agosto de 1906, el mismo en formación después de esa 
fecha, el Nacional y el de Zoología Aplicada en Santiago, 
el del Seminario de San Rafael en Valparaíso, el Regional 
de Mendoza (República Argentina), el «Museum of Com- 
parative Zoology>^ de Cambridge (Estados Unidos) y otros 
museos extranjeros, como los de París y Basilea; además 
de algunos particulares: Dr. don Ángel Cabrera Latorre 
en Madrid, el Rev. don Javier Guzmán G. H. y el Rev. 
P. Cornelio de Tafalla de Santiago, Mr. D. S. Bullock de 
Temuco, don Federico Videla de Nos y don Carlos F. 
Rahmer de Rancagua, estos dos últimos fallecidos y otros. 

Para facilitar la consulta de los pocos ejemplares que 
han quedado en el país, se indican como sigue los estable- 
cimientos que poseen ejemplares de cráneos que figuran en 
esta lista: 

S. V. — Seminario de San Rafael — Avenida de las Delicias, 

Valparaíso. 
M. V. — Museo de Valparaíso en formación. — Playa Ancha, 

Valparaíso. 
M. N. — Museo Nacional. — Quinta Normal, Santiago, 
Z. A. — Museo de Zoología aplicada. — Ciuinta Normal, 

Santiago. 



512 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

Con el objeto de evitar muchas repeticiones, las loca- 
lidades sólo se indican para las especies raras o nuevas. Las 
demás se cazaron en los alrededores de Valparaíso, Viña 
del Mar, Reñaca, Concón, Quilpué, Limadle, Quillota, 
Santiago, Puente Alto, San Felipe, Los Andes, Papudo, 
etc., con un total de 1738 ejemplares, pertenecientes a 50 
diferentes géneros. 

Familia: Didelphyidae 

Género: Marmosa (Gray. 1821). 

Especie: M. elegans (Waterhouse 1839). 

Nombre vulgar: Comadreja. 

Nombre araucano: Yaka. 
fórmula dentaria: i | c } pm. f m |. 
ejemplares cazados: machos 115, hembras 97. 

Observaciones: S. V. 

Género: Dromiciops (Thomas 1894). 

Especie: IJ. australis (Philippi 1893). 

Nombre vulgar: Monito del monte. 

Nombre araucano: Kongoi Kongoi, wenukiki. 

Nguuma, nerúfilu. 
fórmula dentaria: i f c j pm | m |. 
ejemplares cazados: machos 1. 

Observaciones: S. V.— -El ejemplar procede de Val- 
divia. Sin D. gliroides, Thomas. 

Familia: Dasypodidae 

Género: Zaedyus (Ameghino, 1889). 

Especie: Z. núnutus (Desmarest, 1820). 

Nombre vulgar: quirquincho, 
fórmula dentaria: i ^ c -[¡ pm | m |. 
ejemplares cazados; machos, 1, hembra 1. 

Observaciones: de Río Colorado (Los Andes) y de 
"San Fabián de Alico (San Carlos). Es dudoso si los ejem- 
plares vinieron del lado argentino de la Cordillera de Los 
Andes. 



Wolffsohn. — ("KÁN'ROS DE MAMÍFEROS CHILENOS 513 



Familia: Camelidae 

(Sub-familia: Tylopoda) 
Género: Lama (Cuvier, 1800) 

Especie: L. /Mía??aci(S (Molina, 1782) 

Xombre vulgar: guanaco 

Nombre araucano: Inan 
fórmula dentaria: i '¡ c } pm í m | 
ejemplares cazados: macho 1 

Observaciones: de Punta Delgada, Magallanes. 

Familia: Cervidae 

Género: H ippocamelus (Molina 1782) 

Especie: H. hisulcus (Molina 1782) 

Xombre vulgar: huemul 
fórmula dentaria: i | c j pcu tí m | 
ejemplares cazados: macho 1 

Observaciones: S. V. — de Eio Aysen 

Género: Pudú (Molina 1782) 

Especie: F. pudo (Molina 1782) 

Nombre vulgar: venadito 

Nombre araucano: pudú 
fórmula dentaria: i |c j pm f m 4 
ejemplares cazados: machos 2, hembra 1 

Observaciones; S. V. de Concepción y de Constitu- 
ción. 

Familia: Felidae 

Género: Felis (Liunaeus, 1758) 

Especie: F. concolor puma (Molina 1782) 
Nombre vulgar: León, puma 

REV. CH. Hisr. >AT. (1921) (33) 



514 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

Nombre araucano: paiii, trapial 
fórmula dentaria: i | c j pm # m j 
ejemplares cazados; macho 1, hembras 2 

Observaciones; S. V. de Chilicauquen, El Melón, Eío 
Aysen. 

Especie: F. colocólo (Molina 1782) 

Nombre vulgar: gato montos 

Nombre araucano: Ivudmu 
fórmula dentaria: i | c { pm | m | 
ejemplares cazados: machos 5, hembras 6. 

Observaciones: S. V. 

Especie: F. guigna (Molina 1782). 
Nombre vulgar: huiña. 
Nombre araucano: Ivodkod. 
ejemplares cazados: machos 2, hembra 1 

Observaciones: de Rio Bueno y Temuco. 

Familia: Caiiidae 

Género: Pseudcdopex (Burmeister, 1856) 

Especie: P. /?/co¿í/es (Philippi, 1896) 

Nombre vulgar: zorro del monte 
fórmula dentaria: i | c y pm \ m ^ 
ejemplares cazados: macho 1, liembra 1 

Observaciones: de Bahía Felipe, Tierra del Fuego. 

Especie: P. adpaeus (Molina, 1782) 

Nombre vulgar: culpeo 

Nombre araucano: Kulpeu 
fórmula dentaria: i | c i })in | m | 
ejemplares cazados: machos 50, hembras 38 

Observaciones: S. V., M. N.; para el nombre genérico. 

véaseThomasen Ann.& Mag.Nat. Hist. 1914, Marzo. 

Especie: P. doniegcoanns (Philippi, 1900) 

Nombre vulgar: chilla 

Nombre araucano; nerü, ngürü 
formula dentaria: i | c jpm | m | 
ejemplares cazados: machos 45, hembras 51 



Wolffsohn.— CRÁNEOS de mamíferos chilenos 515 



Observaciones: S. V; el nombre de la especie es pro- 
visorio; recién podrá establecerse definitivamente, si se 
autoriza a un especialista el examinar las especies nombra- 
das por R. A. Philippi en Arch. f. Nat. Gesch., 1905 pp. 
155-160. 

Especie: P. griseus (Gray, 1837) 

í^ombre vulgar: chilla de la Patagonia 
fórmula dentaria: i | c } pm i m | 
ejemplares cazados: machos 11, hembras 9 

Observaciones: S. Y.; de Punta delgada, Magallanes 

Familia: Miistelidae 

(Sub-familia: Mustelinae) 
Género: Grison (Oken, 1816) 

Especie: G. fura.i: nielínus {Thomas, 1912) 

Nombre vulgar: quique, hurón 

Nombre araucano: Kiki 
fórmula dentaria: i |, c j, pm |, m í 
ejemplares cazados: machos 15, hembras 9 

Observaciones: S. V., M. V. 

Especie: G. (Grisonella) cuja (Thoraas, 1912) 

Nombre vulgar: quique 

Nombre araucano: Kuya 
fórmula dentaria: i 4, c j, pm |, m ^ 
ejemplares cazados: machos 2, hembra 1 

Observaciones: de Temuco. Para el Sub-género véase 

Thomas, en Ann. & Mag. Nat. Hist. 1912, Julio 

Género: Lyncodon (Gervais, 1845) 

Especie: L. patagonicus (Gervais, 1845) 

fórmula dentaria: i I, c j, pm j, ™ f 

ejemplares cazados: machos 2 

Observaciones; 8. V. De Puerto Prat, Ultima Espe- 
ranza. 

Género: Conepatus (Gray, 1837) 

Especie: C- chinga (Molina, 1782) 



516 REVISTA CHILENA UE HISTOIUA NATURAL 



XoQibre vulgar: chingue 

Xombre araucauo: chiñqe, shañi 
fórmula dentaria: i 4, c |, pm |, m ^ 
ejemplares cazados: machos 3 hembras 2 

Observaciones: S. V. 

Especie: C humboldü (Gray, 1837) 
fórmula dentaria: i f , c j, pm |, m t^ 
ejemplares cazados: machos 2, hembra 1 

Observaciones: de Cerro Castillo, ultima Esperanza 

Y de Punta Delgada, Magallanes 

(Sub-familia: Lutrinae) 
Género: Lutra (Brisson, 1762) 

Especie: L. felina (Molina, 1782) 

Xombre vulgar: chungungo, chinchímen, gato de mar. 
fórmula dentaria; i fí, c j, pm i.m I 
ejemplares cazados: machos 12, hembras 11. 

Observaciones: S. V. 

Especie: L. hnidobria (Molina, 1782). 

Xombre vulgar: nutria, huillin. 

Xombre araucano: williu. 
fórmula dentaria: i |, c j pm -|, ra 1. 
ejemplares cazados: macho 1, hembra 1. 

Observaciones: de Temuco. Sin. L. provocax Thomas 

en Aun. &Mag. Xat. Hist. 1908,Mayo. 

Familia: Otariidae 

Género: Ütar'ut (Péron. 1816). 

Especie: O. jiibata (Forster, 1775). 
Xombre vulgar: Lobo de un pelo, 
fórmula dentaria, i |, c j, pm \, m |. 
Observaciones: S. V. 

Género: Ayctocf^phdhis (Cuvier, 1824) 

Especie: .4. a ustralis {/Ámmermann, 1782). 

Xombre vulgar: Lobo de dos pelos, 
fórmula dentaria, i |, c j, pm |. m f . 
ejemplares cazados: machos 6, hembras 3. 



Wolffsohn.— CRÁNEOS de mamíferos chilenos 517 

Observaciones: S. Y. De la isla Diego Ramirez, Cabo 
de Hornos. 

Familia: Phocidae 

Género: Macrorhinus (Guvier, 1824). 

Especie: M. leoninus (Linnaeus, 1758). 
fórmula dentaria: i f , c i, pm |, m \. 
ejemplares cazados: machos 2, hembra 1. 

Observaciones: S. V. 

Familia: Muridae 

Género: Oryzoniys (Baird, 1857). 

Especie: O. lonf/icaudatus (Bennett, 1831). 

Nombre vulgar: lauchita de los espinos. 

Nombre araucano: laí'cha. 
fórmula dentaria: i \. c ¡], pm ¡¡, m |!. 
ejemplares cazados: machos o3, hembras 38. 

Observaciones: S. V. 

Género: Beithrodon {Waterliouse,1837). 

Especie: R. ciiniculoides flammmum * (Waterhouse 

1837). 
fórmula dentaria: i j, c ¡|, pm |¡, m 'i. 
ejemplares cazados: machos 7, hembras 6. 

Observaciones: S. V. de tierra del Fuego. '■' Para la 
sub-especie. Thomas, 1912. 

Género: Phyllotis (Waterhouse, 1837). 

Especie: P. Bariríni (Waterhouse, 1837). 
fórmula dentaria: i y c {[pm ¡j m I 
ejemplares cazados: machos 42, hembras 45. 

Observaciones: S. V.; M. V. ; M. N. 

Especie: F. daririni raccarum (Thomas 1912). 
fórmula dentaria: i y c || pm || m #. 
ejemplares cazados: machos 1. 

Observaciones: de Alicahue (San Felipe). 



518 



REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



Género: Akodon (Meyeu 1833). 

Especie: A lo7igipilis (Waterhouse 1(S37). 
fórmula dentaria: i | c {] pm ^ m |. 
ejemplares cazados: machop 100, hembras 72. 

Observaciones: S. V. 




Fig. 49. Orvzomys lonüicaudatus X 3 *^2 (Okig.) 



Especie: A. olivaceus (Waterhouse, 1838). 



c ^ pm ¡[ m |. 



fórmula dentaria: i 

ejemplares cazados: machos 58, hembras 49. 

Observaciones: S. Y.; M. Y. 



Wolffsohn.— CHÁÑEOS de mamíferos chilenos o19 

Especie: A. xantliorhinus (Waterhouse, 1837). 
fórmula dentaria; i } ^ 7I pm {) in 4. 
ejemplares cazados: machos 2, hembras 3. 

Observaciones: S. Y. — de Río McClelland, Tierra del 
Fuego y de Puerto Prat, Ultima Esperanza. 

Especie: A. Jranci (Thomas 1908). 
fórmula dentaria: i y c ¡¡ pm {| m f . 
ejemplares cazados: machos 1. 

Observaciones: de Santa María, Tierra del Fuego. 

Especie: A. (CJielemys) megalonyx (Waterhouse 1837 

1844. 
fórmula dentaria: i j c {¡ pm {| ra 'i. 
ejemplares cazados: machos 3, hembras 2. 

Observaciones: de Valparaíso, Quilpué. Para el sub- 
oénero, véase Thomas, en Aun. & Mag. Xat. Hist. 
1903, Agosto. 

Familia: Octodontidae 

Género: Ctenomijs (de Blainville, 1826). 

Especie.- C.fiieginus (Philippi 18(30). 

Xombre vulgar: cururo, cuiruro 
fórmula dentaria: i 1/1 c 0/0 pm 1/1 m 3/3. 
ejemplares cazados: machos 2. 

Observaciones: S. Y. — de Río McClelland, Tierra del 

Fuego. 

Género: Aconaemijs {A^meghAwo, 1891). 

Especie: A. porteri. (Thomas, 1917). 
fórmula dentaria.' i 1/1 c 0/0 pm 1/1 m 3/3. (*) 
ejemplares cazados: sexo V 1. 

Observaciones: de Osorno (obsequiado por el Prof. 
Dr. Carlos E. Porter). 



(*( Por haber.se agiotado los signos corrientes para la fórmula den- 
taria, van a ponerse desde aquí hasta el final en esta forma. 



520 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



Género: Spalacopns ( Wagler, 1832). 

Especie: *S'. cyaneus (Molina, 1782). 

Nombre vulgar: cururo. 
fórmula dentaria: i 1/1 c 0/0 pm 1/1 m 3/3. 
ejemplares cazados: machos 112, hembras 103. 

Observaciones: S. V. 

Género: Octodon (Bennett 1832). 
Especie: O. degus (Molina, 1782). 

Nombre vulgar: ratón de tapias, bori. 

Nombre araucano: dewíi. 
fórmula dentaria: i 1/1 c 0/0 pm 1/1 m 3/3. 
ejemplares cazados: machos 123, hembras 102. 

Observaciones: S. Y., M. V. 

Especie: O. bridgesi (Waterhouse 1844). 
fórmula dentaria: i 1/1 c 0/0 pm 1/1 m 3/3. 
ejemplares cazados: machos 7, hembras 9. 

Observaciones: S. V. 

Género: Abrocoma (Waterhouse, 1837). 

Especie: A. bennettí (Waterhouse, 1837). 
fórmula dentaria: i 1/1 c 0/0 pm 1/1 m 3/3. 
ejemplares cazados: machos 27, hembras 35. 

Observaciones: S. V. 

Especie: A. murrayi (Wolffsohn, 1916). 

Nombre vulgar: ratón chinchilla, 
fórmula dentaria: i 1/1 c 0/0 pm 1/1 m 3/3. 
ejemplares cazados: machos 4, hembras 3. 

Observaciones: de Vallenar, obsequiados por Sir John 

Murray— Z. A. 

Género: Myocastor (Kerr, 1792). 

Especie: M. coy pus (Molina 1782). 

Nombre vulgar: coipo. 

Nombre araucano: koipu. 
fórmula dentaria: i 1/1 c 0/0 pm 1/1 m 3/3. 
ejemplares cazados: machos 25, hembras 21. 

Observaciones: S. V., M Y. 



REV. CH. HIST. NAT.. AñoXXV|l92l| 



Lám. XLI 




522 REVlrSTA CHILENA UE HISTORIA NATURAL 



Familia: Ciiinchillidae 

Género: Chinchilla (Viennatt, 1829). 

Especie: C, laniffera (Molina 1782). 

Xombre vulgar: chinchilla, 
fórmula dentaria: i 1/1 o 0/0 pm 1/1 m 3/8. 
ejemplares cazados: machos|12, hembras 11. 

Observaciones: Z. A., S. Y. — de Vallenar, 

Género: Laf/idinvi (Meyen, 1833). 

Especie: L. viscaccia (Molina, 17^2). 

Xombre vulgar: vizcacha. 

Nombre araucano: TruAvi, mará, 
fórmula dentaria; i 1/1 c 0/0 pm 1/1 m 3/3. 
ejemplares cazados: machos 10, hembras 9. 

Observaciones: véase Bulletin de la Soc. Zool. de 

Franco T. XXXIX, X. 6225 julio pág. 247-249. 

Especie: L. wolffsohni (Thomas 1907). 
fórmula dentaria: i 1/1 c 0/0 pm 1/1 m 3/3. 
ejemplares cazados: machos 2, hembra 1. 

Observaciones: de Cerro Palique, Ultima Esperanza. 

Familia: Vespertiniolidae 

Género." Histiotus (Gervais, 1855). 

Especie: H. montanus (Philippi, 1861). 

Xombre vulgar: murciélago orejón. 

Nombre araucano; pinüike. 
fórmula dentaria: i 2/3 c 1/1 pm 1/2 m 3/3. 
ejemplares cazados: machos 6, hembras 7. 

Observaciones: S. V. 

Especie; H. magellamcus (Philippi 1866) 
fórmula dentaria; i 2/3 c 1/1 pm l/2 m 3/3 
ejemplares cazados: macho 1 

Observaciones; de Puerto Prat, Ultima Esperanza 



WolffSOhn. — CRÁNEOS l)K MAMÍFEROS CHILENOS 523 



Género: Lasinrus (Gray 1831) 

Especie: L. horealis ó/ossei^/Z/ei (Lesson y Garnet 1<S26) 
i*íombre vulgar: murciélago colorado 

fórmula dentaria: i 1/3 c 1/1 pm 2/2 m 3/3 

ejemplares cazados: machos 15, hembras 11 

Observaciones: S. V. Por el cambio del nombre 
genérico de Xycteris a Lasiurus, véase Bulletin 
de la Soc. Zool. de Trance T. XXXIX X.' 6225, 
Julio, Pag. 247-249 

Especie: L. cineteus villosissimus (Geoffroy 1806) 
formula dentaria: i 1/3 c 1/1 pm 2/2 m 3/3 
ejemplares cazados: machos 4, hem.bras 3 

Observaciones: S. Y. 

Género: Myotis (Kaup 1829) 

Especie: M. chiloensis ("Waterhouse 1838) 
fórmula dentaria: i 2/3 c 1/1 nm 3/3 m 3/3 
ejemplares cazados: machos 6, hembras 5 

Observaciones: S. V. 

Familia: Emballoiiuridae 

Género: Tadarida (Rafinesque 1814) 

Especie: T. braüsiliensis (Geoffroy 1812) 
fórmula dentaria: i 1/3 c 1/1 pm 2/2 m 3/3 
ejemplares cazados: machos 32, hembras 25 

Observaciones: S. V. 

Familia: Phyllostomatidae 

Oénero: Desmodus (Wied 1824) 

Especie: D. rotundtis (Geoñroy 1810) 

Nombre vulgar: vampiro, piuchén 
fórmula dentaria: i 1/2 c 1/1 pm 2/3 m 0/0 
ejemplares cazados: machos 5, hembras 17 

Observaciones: de Curaumilla y Papudo 



524 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

Cou las siguientes especies, no colectadas por él que 
suscribe, se completa la lista de las chilenas conocidas, 
omitiendo las publicadas por error de varios autores y 
otras, cuya clasificación resulta imposible por falta de 
observación correcta de sus autores y por mala conserva- 
ción de los ejemplares tipos, como se ha dejado constan- 
cia en otras publicaciones. 



Familia: Camelidae 



Género: Lama (Cuvier 1800) 

Especie: L. viciigna (Molina 1782) 
fórmula dentaria: i 1/3 c 1/1 pm 2/2 m 3/3 

Familia: Balaeiiopteridae) las especies que visitan las 
Familia: Balaenidae » costas de Chile; falta lite- 

Familia: Delphinidae ] ratura moderna alrespecto. 



Familia: Canidae 

Género: Pseudalopex (Burmeister 1854) 

Especie: P. culpaeus mageUanicus (Gray 1837) 
fórmula dentaria: i 3/3 c 1/1 pm 4/4 m 2/2 

Especie: P. fulvipes (Martin 1837) 
fórmula dentaria: i 3/3 c 1/1 pm 4/4 m 2/2 

Familia: Phocidae 

Género: Or/morMmis (Peters 1875) 

Especie: O. leptony.r (Gray 1836) 
fórmula dentaria: i 2/2 c 1/1 pm 4/4 m 1/1 

Género: Lept un ij chotes (Gilí 1872) 

Especie: L.iveddelU (Lesson 1826) 



Wolffsohn.— CRÁNEOS de mamíferos chilenos 525 



Familia: Mui'idae 

Género: Ort/zomys (Baird 1857) 

Espcie: O. coppinqerí (Thomas 1881) 
fórmula dentaria: i 1/1 c 0/0 pm 0/0 m 3/3 

(Touero: Oxymyderus (Waterhouse 1837) 

Especie: O. delfini (Cabrera Latorre 1905) 
fórmula dentaria: i 1/1 c pm 0/0 m 3/3 

Especie: O. lanosus (Thomas 1897) 
fórmula dentaria: i 1/1 c 0/0 pm 0/0 m 3/3 

Género; Akodon (Meyen 1833) 

Especie: A. andinus (Pbilippi 1858) 
fórmula dentaria: i 1/1 c 0/0 pm 0/0 m 3/3 

Especie: A. (Chelemi/s) raldirianus (Philippi 1858) 
fórmula dentaria: i 1/1 c 0/0 pm 0/0 m 3/3 

Familia: Octodontidae 

Género: Ctenomys (de Blainville 1826) 

Especie: C. fulvus (Philippi 1860) 
fórmula dentaria: i 1/1 c 0/0 pm 1/1 m 3/3 

Especie: C. atftcamensis (Philippi 1860) 
fórmula dentaria; i 1/1 c 0/0 pm 1/1 m 3/3 

^Especie: O. paUidus (Philippi 1896) 
/Especie: C. j>prwü; (Philippi 1896) 

fórmula dentaria; i 1/1 c 0/0 pm 1/1 m 3/3 

Observaciones: el colector de las tipos en Atacama, 
Señor Carlos F. Eahmer opina que la primera de estas 
especies es la hembra, y la segunda el macho de una mis- 
ma especie, a pesar de haberles dado Philippi dos nombres 
específicos. 



526 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



Especie: C. robustus (Philippi 1896) 

Especie: C. ckilensis (Phlippi 1896) 
fórmula dentra-ia; la misma. 

Observaciones: creemos que todas estas especies de 
ctenomys de Atacama necesitan mejor estudio para poder 
aceptar defínitivaraente su clasificación. 

Especie: C. magellanicm (Bennett 1835) 
fórmula dentaria; i 1/1 c 0/0 pm 1/1 m 3/3 



Familia: Chincliillidae 



Género: Lagidiam (Meyen 1833) 

Especie: L. cuvierí (Bennett 1835) 
formula dentaria; i 1/1 c 0/0 pm 1/1 ra 3/3 

Género: Aconaemys (Ameghino 1891) 

Especie: A. fuscas (Waterhouse 1837) 
fórmula dentaria; i 1/1 c 0/0 pm 1/1 m 3/3 



Familia: Vespertilionidae 



Género: Histiotiis (Gervais 1855) 

Especie: H. macrotus (Poeppig) 
fórmula dentaria: i 2/3 c l/l pm 1/2 m 3/3 

Género; Mijotis (Kaup 1829) 

Especie; M. atacamensis (FhiW^Y'i 1896) 
fórmula dantaria; i 2/3 c 1/1 pm 3/3 m 3/3 



Terminamos la lista con algunas observaciones sobre 
las especies omitidas, por falta de datos fidedignos: 



WolffsOhn. — CliÁNEOS DE MAMiFEKCtS CHILEXOS 527 



Familia: Balaenopteridae 



Género: Rhachumedes 
Especie: R. glaiicus 



Familia: Balaenidae 



Género: Balaena 
Especie: B. anstralis 
Género: Globicephalus 
Especie: G. globiceps 

Familia: Delphinidae 

Género: Delphhms 

Especies: I), peronii 

I), supercüiosus 
D. coeruleo-allms 
B. amplúh'iteus 

Género: Phucaena 

Especies: P. albiventris 
F. pMlippii 
P. poseidonia 
P. d'orbignyi 
P. Innata 
P. criidgera 
P. obfusata 
P. fítztroyi 

Observaciones: Estas tres familias necesitan revisión, 



528 KEVl.STA CHILENA DE HlSTlHílA NATURAL 



Familia: Canidae 



Gr enero: Pseudalopex 

Errores: Especie: P. ambliiodon (Pbilippi 1903) 
sabemos que es sinónimo de P. r^/^jc/pws porque el que esto 
escribe capturó el ejemplar y ba publicado el error que 
sufrió Pbilippi al nombrarlo como especie nueva, en Actes 
Soc. Scient. Chili, p. 1918. 

Especies: P. manlUnicus 

tricliodadylus 

albifjula 

torqmdus 
con mucba probabilidad son todas sinónimos de P doniei/- 
coanns, capturados en las [)rovincias centrales de Gbile. 
Este último nombre es el primero en la lista de los que 
dio Pbilippi a nuestra < chilla» de las provincias centrales, 
y a pesar de haberlo dado a un ejemplar a causa del arestin 
quecreyó una especie nueva por la condición anormal de su 
pelaje que el nombre tiene que aceptarse mientras no apa- 
rezca alguna razón válida para cancelarlo. 



Familia: i^lni'iílae 



Sin un nuevo examen detenido, será imposible pro- 
nunciarse sobre la correcta nomenclatura de las siguien- 
tes especies nombradas por el Dr. R. A. Pbilippi y es casi 
seguro que nunca podrán determinarse, por faltar muchos 
de los tipos. 

Como por dicha razón resulta imposible distribuir las 
especies en los géneros a que realmente corresponden, 
tenemos que contentarnos con enumerarlas, sin indicar el 
género, que naturalmente es imposible que sea «Mus», 
con el que las designó el autor.' 



Wolffsohn.— CRÁNEOS de jiamífeuos chilenos 



5-29 



capito 

tarsalis 

megalotís 

psilurus 

pusülus 

ex íg II US 

foncki 

porcinus 

chonoticus 

commutatus 

simpsoiii 

inelanizon 

melanotis 

macronychos 

infans 

xanthopiís 

atratiis 

mochae- 

melanonotus 

agilis 

subriifus 

pencoanus 



a}'aucanus 

pernix 

leptodactyl us 

nemoralis 

melampiis 

saltuum 

glaphyrus 

longibarbus 

coquimbensis 

boedeckeri 

peteroanus 

osornimis 

microtis 

dolychonyx 

cinnamomea 

gliríniís 

lanatus 

puerulus 

das y pus 

cauquenensis 

melaenus 



Las demás especíesele «Murideos- de Philippi, fueron 
analizados en '<]3oletin del Museo Xacional, de Chile, 
Tomo II. X.- 1, 1910 Páj. 82-102. 

Papudo, 15 de Septiembre de 1918. 



RF.V. CU. HIST. XAT. lOál) 



'34) 



530 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATIRAL 



REFOBL/íCIÓN FORESTAL DE ATACAMíi 

Conservación Oe la mejor parte Oe la Flora y Oe la Fauna 
aborigen como fuente Oe riqueza privaDa y pública. 

FOK 

Horacio ECHE6ÓYEN 

Miembro de la Soc. Se ciu Chili 



Cuando Almagro, y después Valdivia, penetraron al 
territorio chileno por Atacama, encontraron un tupido y 
prolongado bosque desde <<San Francisco de la Selvax, hoy 
Copiapó, hasta donde la potencia de sus lanzas y el filo de 
sus espadas les permitieron penetrar. 

Y en ese bosque tupido se guarecían enormes mana- 
das de '^ovejas de la tierra — guanacos y vicuñas — y no 
pocas bestias de carga porque la mantención de los ejér- 
citos del Inca que reemplazaban periódicamente las guar- 
niciones del interior en su paso al sur, estaba a cargo de 
los indios Atácamenos a C|uienes exigía un tributo enorme 
de maíz, poroto perenne (pallar), quinoa y charqni de 
guanaco y de vicuña, con más las pieles de estos simpáti- 
cos mamíferos y su lana tejida. Entraba además, como 
regalo a los príncipes de Casta Real, los célebres «Orejo- 
nes;;, las pieles de chinchilla — pequeño roedor entonces 
abundantísimo en la región comprendida entre Chañaral 
T el Liraarí. de donde no se ha apartado jamás — y su lana 
tejida por procedimientos cuya técnica se ha perdido. 

De la copiosa Flora aborigen, de sus bosques milena- 
rios, se conservan algunos retoños de árboles y arbustos 
productores de maderas de tan excepcional valor que pre- 
cisa, aún a costa de los mayores sacrificios, conservarlos y 
multiplicarlos. 

Colocaría entre las especies forestales, a modo de no- 



Echegóyen.— REPOBLACIÓN" forestal de atacama 531 

tus breves para ocupar poco espacio en la «Revista , las que 
considero necesario reproducir en cantidades superiores a 
todas las exóticas con excepción del Eucaliptus en sus va- 
riedades glóbulus, gigantea, longifolia y otra cuyo rápido 
desarrollo y sólida madera se han impuesto a la crítica 
más ingrata, anotadas por orden alñibético de sus noaibres 
vulgares. Entre los árboles el 

Algarrobo {Prosopissiliquastron D. C) [Ctr<(toma clii- 
knsis Mol.) árbol de más de 8 metros de altura, de amplio 
tallo, madera dura y hermosa, pesada, de fibra unida y tan 
resistente a los elementos destructores del tiempo que 
pueden encontrarse hoy tablones con más de 300 años de 
vida. Los aborígenes usaban la vaina de su semilla como 
alimento y como remedio contra la bronquitis. Produce 
tinta y de su corteza extrajo el Dr. Domínguez, de la Univer- 
sidad de Buenos Aires, durante la guerra, un colorante 
para sedas, lanas y algodones, que reemplaza felizmente a 
las anilinas de determinados colores. La madera casi inco- 
rruptible y de hermosa presencia unida a la amplitud dp 
su talle y a los subproductos de su vaina semilleras, le ha- 
cen considerar uno de los árboles valiosos de la Flora abo- 
rígen^Su reproducción es sencilla y su resistencia a la 
sequía hace fácil la multiplicación. Con las espinas de sus 
ramas tejieron nuestras bisabuelas las medias del ajuar 
de nuestros abuelos usando hilo de los algodoneros que 
hizo sembrar en abundancia don Ambrosio O'Higgins. 
Hasta hace pocos anos se veía un ejemplar en El Maiten, 
fundo de Vallenar (Liformación de un vecino). 

Bollen (Kaf/niecliaobkmr/a) árbol de hasta 15 metros 
de altura con troncos de un metro o poco más de diámetro, 
con follaje tupido, de hojas verde obscuro. Este hermoso 
árbol aborigen ha casi desaparecido del territorio seten- 
trional. Su clasificación se debe al sabio botánico don Gar- 
los Eeiche y su conservación queda confiada a las Socie- 
dades que comienzan a ocuparse de la repoblación forestal 
del norte. Quedan pocos ejemplares en el Bosque de Fray 
Jorge, Altos de Talinai, Ovalle. 

Canelo {Dri/mis chilensis I). C.) Aún cuando el cane- 
lo es un árbol que se encuentra en todas las provincias de 
Chile, lo coloco aquí porque el del norte, aparte de ofrecer 
una madera de ebanistería muy hermosa y fragante, que 



532 REA TA CHILENA DE HlSTOlüA NATURAL 



la hace refractaria a los aoeutes destructores del tiempo, 
la escasez de humedad o la homogeneidad de la luz solar y 
de los días de temperatura coustante, le dan fibra más uni- 
da y colores más acentuados. 

Carbón. {Cordia decandra, Hook et Akn.) Colocado 
entre los arbustos, sin mayor estudio, por no encontrarse 
ejemplares con todo su desarrollo, tiene las siguientes 
cualidades que lo colocan, a mi entender, entre las espe- 
cies forestales que con mayor esmero deben conservarse y 
reproducirse: madera solidísima, de hermoso color blanco, 
libra muy bien alineada, homogénea, de tanto o más du- 
ración que el algarrobo; produce un carbón superior al de 
espino y talhuen. Crecimiento lento en libertad, más rá- 
pido y regular en bosques abrigados. Este árbol y el gua- 
yaco y guayacan fueron los que más se buscaron cuando 
se fundía cobre en hornos parecidos a los de calcinar la 
cal. 

3Iaiteii- {Maitenus boaria Mol.) Árbol hermoso, de 
madera dura; sns hojas son febrífugas, purgantes; la semi- 
lla produce un aceite que conviene reconocer. 

MoUe (Litrea Molle, Gay). Árbol parecido al ante- 
rior, con mucha ramazón, de hojas muy fragantes; tamaño 
de 5 a 6 metros de alto por otro tanto de circunsferencia. 
8e utiliza su madera, la corteza y la resina. 

Olivillo (Karjeneckia miguüi^oUa Don.). Árbol o 
arbusto de hojas de hermoso color verde pálido en el an- 
verso, casi blanco en el reverso. Madera dura y hasta du- 
rísima, leña de primer orden especialmente para hornos y 
estufas; útil en ebanistería de lujo. 

Sauce cimarrón [Salli- Humboltiana). Philippi dice 
que Chile Colonial sólo conoció esta especie; creo sin em- 
bargo, y dando entero crédito a la opinión de nuestro 
eminente sabio, que estudios posteriores clasifiquen una 
especie más originaria de Chile. Existen aún casas edifi- 
cadas en 1789 y 1790 con sauce de Huasco Bajo, que en 
esos años formaba un bosque de no escasa superficie. La 
crece del río Huasco de 1895 dejó en descubierto una 
gran cantidad de troncos de Sauces casi petrificados y en- 
terrados en hís arenas de la playa eji siglos anteriores a 
la conquista. 



Echegóyen. — repoblación forestal dk tacama 538 



Aunque esa tronquería se convirtió en cari n para 
pilones, quedan aún dos o tres troncos que esperan al in- 
vestigador a fin de establecer el estado civil de este abo- 
rigen huasquiuo. 

Ese sauce, aún no clasificado, se parece en su creci- 
miento al álamo común, con un tronco nudoso de alta ele- 
vación, ramas que crecen siempre hacia arriba, con hojas 
largas de un verde obscuro. 

Se completaría la repoblación forestal aborigen con 
los siguientes arbustos, cuyo crecimiento en algunos es 10 
a 15 metros, les hace presentar buena fisonomía al bosque 
de Algarrobos, Carbones v Olivillos. 

Alcaparra {Cassiíf alcaparra Ph.) Arbusto alto, 
con semejanza al Acacio si se le mira de lejos, con flor 
amarillo intenso, que da semillas en vainas, de grano ne- 
gro redondo. La madera es dura, pesada, excelente para 
construcciones y ebanistería y muy buscada para carbón. 
La semilla y la raíz producen tinta que se fija usando 
como mordiente el hierro o la baya de la algarrobilla. Las 
hojas y la raspadura en infusión calman la tos. 

Algarrobilla {Balsa mocarpon brerifoUun). Como uti- 
lidad en el sentido de contribución a la riqueza pública 
y privada, la Algarrobilla merece capítulo aparte que al- 
guna vez habremos de escribir. '^s un arbusto que sólo se 
reproduce en clima y suelo especialísimo el que está com- 
prendido entre Copiapó y Limarí. Y cosa curiosa, la Chin- 
(•hilla chilena, la de piel inestimable hoy casi agotada, no 
.se reproduce sino donde crece la Algarrobilla. 

Produce una baya, que verde o seca contiene óO'^/o 
de tauino facilísimo de concentrar. De ahí que se la bus- 
que con tanto empeño, que no se deja nada para el alimento 
(le ia Chinchilla, y estas mueren por falta de nutrición. 

Cuando no llueve en invierno el arbusto se debilita 
y va de año en año produciendo menos retoños y de con- 
siguiente menos flores y menos semillas. Después de 5 o 6 
años de extremada sequedad cesa la producción de semi- 
llas en cantidad que incite el interés del pobre, que es el 
cosechador libre, o contra derecho de puerta a los dueños 
de las Estancias en que se produce. 



534 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

He publicado al^<?uDa vez el dato estadístico de la pro- 
ducción de Algarrobilla desde el año 1844 hasta 1915(1). 
Eecordaré solamente aquí que eu el decenio 1900 a 1910, 
tuvo alteraciones tan notables como la de 1,311,190 kgrs. 
en 1900, 98,450 en 1902, 4,280,740 en 1903, 3,044,100 
en 1904; 6,234,850 con valor de $ 1,088,296 en imó 
para caer a 146,000 kgs. con valor de $ 31,280 en 1907. 
Y así de seguida, hasta llegar a 900 kgs. y 261 pesos 
eu 1911 y nada en 1912 y 1913. 

Los gobiernos de diversos países con dependencias 
de grandes colonias serai-tropicales en Asia y en África, 
han pretendido aclimatar la algarrobilla como base de 
una doble industria del tanino y del cuero de la Chin- 
chilla, sin resultado alguno. En Chile se han hecho una 
o dos experiencias de multiplicación artificial del arbusto, 
sin resultados prácticos, a mi juicio, porque se hicieron en 
clima y suelo diversos del que el arbusto necesita para su 
libre vegetación. Es de crecimiento lentísimo. 

Churque. — Arbusto muy abundante en Atacama que 
tiene las siguientes características útiles a la industria: 
Produce su savia una tinta color concho de vino u orujo 
seco, tan inalterable que los pescadores tiñen con ella el 
cáñamo de sus redes y anzuelos sin que el agua salada y 
el sol quemante sean capaces de debilitar su color y da a 
la fibra mayor duración; calma los dolores violentos de 
muelas, con la particularidad de que si permanece algu- 
nas horas en la carie destruye esta y la muela. — Tiñe de 
amarillo intenso el acero. — Sus ramas secas^ — no tiene 
tronco — son de duración indefinida, pues no la ataca la 
polilla y por su estructura y duración se usan para relle- 
nar tabiques frontales o intermedios. — Las casas que te- 
nían este revestimiento no han tenido alteración con los 
temblores. 

Colliguay. — Arbusto de presencia muy elegante por 
su esbeltez y el color verde claro de sus hojas. Su savia 
es acre y cáustica y su leña al quemarse embalsama la 
atmósfera con su aroma sutil muy agradable. 

(1) «Actes de la Société Scieiitifique dii Chili». lie Serie. 25e 
Auné, Tome XXV. «Xecesidad de conservar algunas especies i'itiles 
de la fauna v flora de Atacama». 



Echegóyen. — repoblación fohkstal de ataoama 535 

Giiayacan deChile: — [Forlierd h//gro¡Hetrica R. et P.). 
— El leño es muy duro, su ñbra fíiia muy apretada eu ha- 
ces rectilíneos verticales, con color limón o naranja con 
pequeñas manchas verde aceituna. En sus usos industria- 
les pareíddo al exótico, excelente para todo trabajo en que 
se necesite madera que no se altere con el calor ni con la 
humedad, y sea de dureza férrea. — Laminada es de bella 
presentación. En la medicina rústica ñgura como antídoto 
para enfermedades reumáticas (eu baños) y para los sifilí- 
ticos. Sus álcalis comienzan a figurar en algunas prepara- 
ciones farmacéuticas nacionales y extranjeras. 

Guayaco. — Los troncos de Guayaco fueron usados 
de preferencia en los hornos primitivos de fundición de 
cobre. Hasta el día se le prefiere a muchas otras leñas 
para este efecto y en la medicina casera en diversas afee 
ciones derivadas de las que he nombrado. El Guayaco 
produce tantas calorías como el Guayacan y deja un car- 
bón no inferior a los buenos conocidos. 

Paciil (Krameria cistoidea fíooK.). — El extracto dé 
su raíz es uno de los astringentes más enérgicos que se 
usan; reemplaza a la ratania. — Se le emplea en tinturas, 
contra toda hemorragia aún internas, y en la preparación 
de dentífricos. — Todavía se utiliza su semilla muy busca- 
da por los roedores; tostada y chancada o groseramente 
molida, sirve para preparar una bebida de sabor semejan- 
te al caté. 

Romero silvestre. — {Bosmarinus chileusis). — Esta de- 
signación botánica la doy con temor porque algún botáni- 
co la ha aplicado al Romerillo del campo (R. officiualis). 
Este hermoso arbusto crece en Atacama a orillas de los 
esteros hasta 8 y 9 metros de altura, produce abundante 
ramaje de madera liviana, aromática, resinosa; sus hojas 
y la raspadura de sus ramas son usadas como antifébrigo y 
especialmente para baños en afecciones reumáticas; la ra- 
ma atacada por el Quintrid sirve en infusión en los ataques 
de gota serena y epilepsia. 

Salvia. — Planta excesivamente fragante, aun seca, 
crece un metro o poco más; de escaso ramaje, pero de tan- 
ta fragancia que debería ser nuestro perfume nacional por 
ser su aroma varonil y no fatigar el olfato. — Mukillo 



536 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

describe iiua Salvia Blanca [Spliacele Lindlf'i/i) usada en 
la medicina casera en las neuralgias y en el pasmo y Phi- 
LiPPi habla de «: una bastante bonita que descubrí cerca 
de Papóse [Salvia tubijiora Sm.) y otra del mismo lugar 
(Salvia paposana. Ph. ): agregando que, fuera de éstas 
no se cría ninguna otra en Chile. 

C'On estas pocas variedades que se propagaran en 
abundancia jenerosa, -intercalaudo en las alturas y luga- 
res bien elegidos manchas extensas de Eucaliptus glohii- 
líis, E. gigantea u otra de las especies ya aclimatadas en 
Atacama, cupresus, pinos o arom,os destinados a detener 
o a desviar las corrientes demasiado violentas o secantes 
de las brisas permanentes de mar a cordillera y de cordi- 
llera al mar y a evitar los incendios de pasto seco, se po- 
dría obtener con un costo insignifícante durante los pri- 
meros seis años — que en adelante la explotación del pro- 
])io bosque permitiría seguir la repoblación con sus pro- 
'luctos — el emboscamiento del territorio en forma agronó- 
mica que corresponda a un propósito industrial-económico. 

Si conjuntamente se repartiera en los meses de Ma- 
yo a Julio, en abundancia, semilla de Malvilla, Alfalfilla 
y Lentejilla en los llanos y lomajes, aumentaría el forraje 
silvestre en forma apreciable. 

Conjuntamente con esta obra de costo muy moderado, 
deberían las estaciones agronómicas experimentales de 
Las Tablas, Yallenar y Serena, cultivar intensamente los 
tres forrajes nombrados y los que tengan caracteres aná- 
logos de permanencia y resistencia a la sequía a fin de 
darles mayor frondosidad o macolla a la mata con raíces 
más profundas, lo que las iría cada año haciendo más re- 
sistentes a la sequía. 

La aclimatación fácil del Atriplex semibaccata forraje 
de secano cuya semilla ha tomado carta de ciudadanía con 
su venta en Santiago al lado de la «Alfalfa del Huasco> 
después de haberse probado como el alimento ideal de ca- 
bras y ovejas en los extensos lomajes del norte en donde 
no se ha aplicado ninguno de los procedimientos asombro- 
sos del Dry Farming americano, es un rayo luminoso en 
el porvenir de la Agronomía atacameua. 



Echegóyen.— REi'OBLAUíóx forestal dk atacama 587 

Justo es rendir aquí homenaje respetuoso v agrade- 
cido al Agrónomo Regional, don Augusto Opazo a cuya 
tenacidad en la experimentación y claridad de visión para 
el porvenir se debe la aclimatación de tan valioso forraje 

Esta lección experimental debiera animar al Gobier- 
no y particulares en el estudio permanente del mejora- 
miento de los forrajes aborígenes de secano, probablemen- 
te más seguro en su multipli(íación y arraigamiento en 
las costumbres campesinas y en el paladar de nuestros ma- 
míferos terrestres que las importaciones del extranjero 
que, en su mayor parte, degeneran. — El atriplex ha en- 
contrado en Chile a varios de sus congéneres; el suelo, el 
clima, las corrientes diarias de las brumas oceánicas le 
han hecho sentirse en cusa propia. 

Imagínense los extensos campos, serranías y cordi- 
lleras de Atacama, 79,000 Klms. cuadrados cubiertos de 
bosques y sus llanadas y costa tan extensas rebosante de 
Malvilla, AlfalfiUa, Arvejilla y Atriplex, etc., y a Co- 
quimbo 35,000 Ivlms. cuadrados, con sus extensos campos 
de Serena, Elqui, Coquimbo, Ovalle, Combarbalá e 111a- 
pel azules con el ramaje de sus bosques ubicados en las 
partes altas y en los extensos lomajes y llanadas tapadas 
con el Atriplex y la Malvilla y se tendrá asegurada para 
siempre la multiplicación de las variedades más útiles de 
su fauna aborigen con un aumento fabuloso de riqueza 
para el país. 

La Chinchilla, que ya es artículo de lujo, volverá a 
multiplicarse en libertad hasta proporcionar las 18,265 
docenas de 1905, con valor de $ 1,461,200, precio que 
subió en 1910, por escasez del artículo a $ 1,151,986 pa- 
ra sólo 4,635 docenas. 

Y con la Chinchilla se desarrollarían y multiplicarían 
en libertad las «ovejas de la tierra», el Guanaco y la Vi- 
cuña y con poquísimo trabajo de atracción, la Alpaca, el 
F^Venado y el Huemul, para evitarnos largar parejas de 
cervídeos extranjeros, salvo el caso de que sus carnes y 
sus pieles valgan más que las de nuestros camélidos. 

f^Cuánto importaría el desarrollo ordenado de esta vi- 
sión paradisíaca? — Dos millones si se le quiere realizar en 
diez años, í? 500,000 si se espera hasta veinte. 



538 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



Los detalles de orgauización de este vasto plau y de 
su implantación eu el terreno quedan reservados para un 
número posterior de la «Revista Ohilena de Historia Xa- 
tural; , obra que honra a C!hile, porque «Tacias a la tena- 
cidad inconmovible del sabio profesor Porter, la ciencia 
chilena va siendo conocida y apreciada en el extranjero. 

Muy grato me es al terminar, rendir un testimonio 
de verdad ala obra de este modesto naturalista, continuador 
en parte de la obra de Gay, de Gekmain, de Schnetdek y 
de Philippi y de otros sabios chilenos como J. Ign. Moli- 
na, Fed. Delfín, Dv. Puga Borne y otros cuyos nombres 
exclarecidos escapan a mi memoria, homenaje de admira- 
ción a su propaganda incansable en honor de Chile, la 
bondad de su suelo sin animales venenosos y rico eu las 
manifestaciones más espléndidas de su tierra feraz abona- 
da diariamente con los detritus de sus cerros minerali- 
zados. 

Santiago, Marzo de 1921. 



Guevara.— EL wecke araucano 539 



(Etnografía zoológica) 



Tomás GUEVARA 

Rector del Liceo J V Lastarri; 



Antes que los conquistadores españoles arribasen al 
territorio chileno, los aborígenes ya poseían en escaso nú- 
mero animales domésticos, entre los que deben mencio- 
narse en primer término el perro y el icecl-e (1). Por acci- 
dente y no por sistema alimenticio, domesticaban también 
algunas aves y animales menores, como la (riña o gato 
montes (Felis pajero o tigrina) (2). 

¿Para qué se daban el trabajo difícil de reproducir y 
domesticar animales pequeños cuando la caza se los pro- 
porcionaba de sobra? 

El /recJce fué el llama peruano que los incas introdu- 
jeron a Chile (Auchenia llama). Llamáronlo cMHireque o 
carnero de la tierra los conquistadores peninsulares y los 
cronistas. Los indios del sur lo dominaron simplemente 
(Cfclie. 

No cabe duda que del centro del territorio pasó al 
sur del Bío-Bío y se extendió hasta el golfo de Reloncaví. 
Los araucanos mantenían en tiempo de paz un activo in- 
tercambio de especies con los aborígenes del norte, más cer- 
canos a sus tribus: aquellos aportaban fieles, armas y frutos 
silvestres, particularmente el piñón (Araucaria irabricata). 
No es aventurado tampoco suponer que muchos ejempla- 
res de este cuadrúpedo hubiesen sido tomados en los ma- 



(1| PniLiPPi estudia eii los Anales de la Viiirvrsidad (\(i 1S8<J el te- 
ma del perro indígena. 

(2) Tradiciones recogidas por el que firma entre los araucanos. 



540 KEVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

Iones o asaltos armados de los araucanos u obtenidos como 
rescate de guerra o contratos matrimoniales. Esta intro- 
ducción del trech-e a las regiones araucanas debió efectuar- 
se principalmente por la costa, a juzgar por los informes his- 
tóricos y los de la tradición, los cuales atestiguan que por 
ahí hubo mayor comunicación antes y después de la con- 
quista. 

El hecho bien comprobado en la historia es que este 
animal, adquirido en estado de domesticidad, se adaptó 
perfectamente al medio climatérico del sur y se reprodujo 
en las comarcas de llanos y lomajes con relativa abundan- 
cia. Por eso los invasores castellanos lo hallaron esparci- 
do en casi todas las zonas, en las de cerrilladas más que 
en las boscosas. 

La introducción de este animal produjo un progreso 
notable en los hábitos araucanos. A la vestimenta de pie- 
les, cortezas y juncos substituyó, entre los caciques y ricos, 
la de lana. Adquirió, además, valor monetario y religioso, 
pues las transacciones matrimoniales y de otro orden se 
hacían con el trecke. Las ceremonias de carácter misterioso 
y mágico para pedir un beneficio a las fuerzas ocultas y 
poderosas o para mejorar a los enfermos, se verificaban 
con el sacrificio de este animal. Otro tanto sucedía en los 
j)arlamentos, fuesen para abrir las hostilidades o celebrarla 
paz. 

Esto explica el esmero con que se le cuidaba: se cons- 
truían corrales y galpones para guardarlos en la noche, 
segúü la estación o la amenaza de lluvia, asaltos y ro- 
bos (3). 

Algunos historiadores y cronistas confundieron el 
icecke con el huanaco de los peruanos y luán de los arauca- 
nos, entre ellos don Dieo'o Barros Arana. Hasta llegaron 
a afirmar que servía de animal de carga y para el arado. 

i^unca pudo servir para faenas agrícolas; porque du- 
rante la conquista y con posterioridad a esta época, los 
indígenas se valían de las piedras agujereadas metidas en 
palo para sus siembras. La evolución del arado se efectuó 
pu un largo período de más de dos siglos. 



(3) Xotioiiis recogidas por el autor entre los indios viejos en 1894. 



Guevara.— EL wecke akalxaxo 541 



La aclaración de que el ivecke no procede del huanaco 
sino del llama, ha llegado ya a un término definitivo. A 
este propósito, el lingüista alemán don Eodolfo Lenz reu- 
nió en su libro Diccionario Etimológico de las voces chilenas 
derivadas de lenf/uas indifjenas americanas los datos que 
consignan los cronistas, y los comenta luminosamente para 
llegar a la conclusión de que el animal benefactor de los 
araucanos antiguos descendía del llama peruano. 

Sólo para afirmar este acertó, anotaremos en este 
artículo algunas tradiciones que hemos recogido entre los 
mismos indios. 

Vivía en el último tercio del siglo pasado en el lugar 
de Huequen, un poco al Este de Angol, un indio que 
andaba muy próximo a los cien años, llamado León {Farif/i 
en araucano). A pesar de tanta edad, conservaba fresca su 
inteligencia y su memoria, por lo que era como una esvc- 
cie de historia viviente para los demás indígenas. 

Como en el nombre de la comarca entraba la palabra 
irecl-e, le preguntamos en una de nuestras frecuentes visitas, 
en 1898, si había oído decir algo a sus antepasados, caci- 
ques de legendaria estirpe, de estos animales. Sin vacilar 
rae contestó que su padre y su abuelo contaban que los 
iveckes fueron abundantes en sus reducciones. Agregó que 
constituían la principal riqueza de sus mayores y que don- 
de estaba asentado el caserío de Huequen, existió un gran 
corral de ireckes. Interrogado si les oyó que fuesen hijos de 
huanacos, afirmó que contaban haber llegado criados del 
norte a estos lugares. «En estos llanos y lomas crecían 
muy bien. Xo eran hijos de huanacos, pues tenían color 
distinto y cuerpo más grande; . 

La mujer del cacique Llenan, residente a algunos ki- 
lómetros al Noroeste de Temuco, muy anciana, nos infor- 
maba que nunca oyó hablar a sus ascendientes de haber 
poseído estos animales. ¿Para qué, agregó, si hasta por 
aquí bajaban los luaii (huanacos) de la cordillera? La re- 
ducción estaba rodeada de bosques. 

En las reducciones de Bajo Imperial, de llanos y lo- 
majes, quedan sobrevivencias del trecke en el lenguaje de 
las machi (curanderas], en la flora y en la toponimia (4). 



(4) Seei'in nuestras avoriíjiiiicioiies. 



542 REVISTA CHILENA L)E HISTOKIA NATURAL 

Presentárourae uu día en la ciudad de Osorno un in- 
dio de edad bastante avanzada. Entre las anotaciones que 
hacíamos entró la del ivecl-e. Xos relató que por referencias 
de su madre supo que los viejos contaban que sus mayo- 
res tuvieron muchos, siendo ricos y pocos los caciques 
pobres, pacían en las campiñas de lomas y se cuidaban 
como ahora el ganado lanar. Preguntado si serían proce- 
dentes del huanaco, nos respondió estas textuales pala- 
bras: ¿Quién dice esa lesera? Si hubieran sido huanacos 
sus padres, los rebaños habrían crecido mucho con la mez- 
cla». Quiso decir con el cruce continuado de iveclie con 
huanaco. 

Como fué el animal de mayor talla que conocieron 
los araucanos llamaron al caballo de los conquistadores 
irecke irinla. 

El icecke araucano se extinguió a fin^s del siglo XYIII, 
copado por el carnero de Castilla. Así se explica que aún 
en el siguiente no se hubieran borrado las tradiciones acer- 
ca de este animal. 



Moore. — INSTiTüTO DE INVESTIGACIOXKS 54B 

INSTITUTO DE I N V £ $ T I G ^ C I O N H 5 

POK EL 

Dr. Eduardo nOORE 

Director del Musco Nacional 



Santiago. Enero 1.' de 19-22. 
Señor Don 



Carlos E. Porter. 



Cindad. 



Mi estimado amigo: 

Tengo el mayor agrado en colaborar en sn importante Revista 
dándole las ideas mismas que expreso en la nota que, con motivo de 
la 3Iemoria anual, elevé al Ministerio de Instrucción Pública solici- 
tando del Supremo Gobierno la creación de un Instituto de Investi- 
gaciones. Ud. sabe que los diversos repartimientos en los que se trata 
de ciencias, son aV)sorbidos exclusivamente por la enseñanza o son 
destinados a sei-vir al público; por consiguiente ninguno de ellos podría 
disponer de tiempo para dedicarse a la resolución de problemas de 
ciencia pura, cosa necesaria en todos los países. La América latina 
no tiene ninguna estación o laboratorio marítimo, y el que fundamos 
en San Antonio el año 1912 — desaparecida por economías mal enten- 
didas — dejó gran cantidad de ejemplares que están expuestos en el 
Museo Nacional, y de los que Ud. mismo aprovechó en la Sección 
de Invertebrados que le he confiado ese establecimiento. 

En México y en el Brasil hay algunos establecimientos que se 
dedican puramente a la ciencia, sea en Botánica o en Microbiología, y 
en Argentina y Brasil Jardines Zoológicos y Botánicos, que nosotros 
ya no poseemos. Todos los repartimientos que hubo, y los que nos fal- 
tan, pueden coTidensarse en un sólo Instituto de Investigaciones. De 
él obtendría Ud.. nosotros, los dtíuiás Profesores de la Escuela de Al- 
tos Estudios, y recibiríamos materiales frescos j en abundante cantidad 
para nuestras clases. Así mismo aprovecharía la Escuela de Medicina. 
los Liceos, Instituto Pedagógico, y el Instituto de Higiene. 

Debo recordarle que ya en 1903. Odón de Buen, Jefe de Sec- 
ción del Museo de Madrid, y fundador de la Estación Zoológica Ma- 
rítima de las Islas Baleares, le escribía a Ud. sobre la necesidad da 
establecer en Valparaíso un Laboratorio Marítimo que diera a cono- 
cer a la ciencia las riquezas del Océano Pacífico. Entonces ese sabio 
sólo era un Doctor en Ciencias, hoy Director del Instituto Oceanógra- 
fico y de la Estación Zoológica ya citada. Igual esperanza abriga el 
que suscribe: fundar bajo lá dirección del Museo Nacional el Instituto 
de Investigariones, y ser Ud. y los demás jefes de Sección del Museo 
NacioiHil los Directores de las distintas secciones que allí se abrirían. 
Seguro del éxito de este volumen extraordinario de su Revista, me 
aTiticipo a felicitarlo por los resultados que ya conozco, y por el gran 
bien que hace a la República al difundir las ciencias. 
Lo saluda afectuosamente su S. S. y amigo, 

Dr. Eduardo Moore. 



544 rf:vista chilena de histokia xatukal 



Santiago, Enero l.*^ de 1922. 

Señor Ministro de Instrucción Pública: 

Tengo el honor de someter a la consideración del Su- 
premo Gobierno la creación de nn Instituto de Investiga- 
ciones dependiente del Museo Xacional que llenaría los 
fines siguientes: 

1.° Como Estación Zoológica Marítima destinada al 
estudio de los seres que habitan en el mar, con sus méto- 
dos de vida, su alimentación, sus enfermedades etc. etc. 
Éstos laboratorios existen en todos los países cultos (ex- 
ceptuando la América Latina); por el momento puedo re- 
cordar que la ciudad de París posee un Laboratorio Bioló 
gico para la Universidad de París, otro para el Museo de 
Historia Xatural, otro de la Escuela de Altos Estudios uno 
para el Colegio de Francia y dos de la Sorbona; los tienen 
las Universidades de Lille, la de Caen, Lyon, Tolosa, Mar- 
sella, Montpellier, para no hablar sino de Francia, situados 
en las costas del Atlántico o del Mediterráneo, bajo la di- 
rección de los directores de Museos o Profesores de Fisio- 
logía. 

La Estación Zoológica serviría para suministrar ma- 
teriales vivos, o frescos, destinado a renovar los ejemplares 
del Museo Nacional e incrementar los existentes para for- 
mar Gabinetes a todos los Liceos de laPepúblioa v al Insti- 
tuto Pedagógico, para propor(-i()n:ir elementos a las clases 
de Embriología, Histología, Fisiología, Patología Experi- 
mental y Anatomía Patológica de la Escuela de Medicina 
o de otro establecimiento científico, para obtener ejempla 
res de canje con los Museos de otros países, para estudiar 
la Piscicultura, desde las regiones del mar en que se en- 
cuentra la alimentación de los peces — plankton — la mejor 
manera de hacer y fomentar la pesca y la época en que se 
haga y los consejos necesarios para abaratar la producción, 
. hasta piscicultura artificial (acuarios), la piscicultura na- 
tural en Estuarios, Lagunas, Esteros y la piscifactura o 
siembra de huevos, y por fin las enfermedades de los peces 
comestibles. La Estación Zoológica cuidaría otros anima- 



Moore. — instituto de investigaciones 5-45 

les vivos para la vivisección y para la experiraentacióu en 
las citadas cátedras de Medicina y en otras similares que 
debe existir, en el Instituto Pedagógico, Escuelas Agrícolas, 
Instituto de Higiene, etc. etc., qne requieren muchos ani- 
males para experimentar y sólo se hecha mano, hoy día, 
de cuyes, conejos y ranas. Abarcaría la Thalassicnltura 
(cultura marina), que comprende la Ostricultura (ostras) 
industria que puede dar alimentación barata si extende- 
mos la ostra hasta Arica, sea con la ostra chilena, o con 
especies introducidas del Mediterráneo, o del golfo de 
México. Sabemos que en Francia después de haberse ago- 
tado, un Profesor de la Universidad de París propagó las 
ostras hasta conseguir la enorme producción actual, y se 
ha ensayado llevarla a climas templados como CVh'cega y 
y subtropicales como Argelia. 

En Coquimbo hubo en épocas anteriores grandes can- 
tidades de ostras, enormes como las del Golfo en México, 
cuyos fósiles modernos lo prueban, y su extinción ha sido 
deÍ3Ído a cambio de clima, o a agotamiento por el hombre 
precolombino que comía hasta formar cerros de conchales. 
Podría traerse alguna de las especies del Mediterráneo, o 
del Golfo de México y sembrarlas hasta las costas del 
Perú. Comprende la myticultura (choros) gran alimento 
ya casi agotado en sus grandes centros (Isla Santa María, 
Quiriquina, Cáhuil) y que podrían criarse en la Estación, 
y repartirse a toda la costa de condiciones adecuadas.. I*]l 
choro de agua dulce, tan alimenticio, apenas llega. hasta el 
río Tiuguiririca, y está amenazado con extinguirse. La 
Homaricultura (langostas) es la rama de la cultura marina 
que estudia este alimento, (hoy sólo para las clases acomo- 
dadas) que se cría en Juan Fernández, merece protección, 
vigilancia y propagación a regiones insulares similares 
como San Ambrosio y San Félix; pero la langosta de cli- 
mas fríos, la de Europa, la de Terranova debería sembrarse 
en los innumerables canales de las Guaitecas, Chonos y 
Magallanes. En Terranova suelen extraerse hasta 40,000 
huevos de una hembra de langosta. 

2.*^ Como Estación Zoológica General (llamada tam- 
bién Jardín Zoológico o Museo Vivo) para estudiar los 
animales nacionales, incrementando la producción de los 
útiles que están por extinguirse, o señalando el modo de 

KEV. CH. IIIST. NAT. (19ál) (35) 



546 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

evitar la destrucción de la vizcacha, la chinchilla, las nu- 
trias, vicuñas, guanacos, huemules, venados, lobos mari- 
nos y ballenas, criando nuevas especies exóticas para el 
transporte en el desierto: llamas, camellos dromedarios y 
aclimatando para la lana, la vicuña y la alpaca, etc. Se es- 
tudiarían las enfermedades de los caballos, de los vacunos 
y de los ovejunos, sobre todo en los segundos en que hace 
extragos la tuberculosis, carbunculosis y una afección de 
la sangre que es invadida por un tripanosoma, indetermi- 
nado, en Chile; y por fin muchas otras enfermedades y en 
los caballos y ovejunos, algunas conocidas y otras descono- 
cidas. Pero aún aquellas enfermedades de los animales 
domésticos cuyo microbio se conoce, habría que estudiar 
la etiología en el terreno mismo, en el suelo, en las hier- 
bas, en las aguas y en los insectos vectores. Se dirá que 
estos asuntos deben ser estudiados por agrónomos o vete- 
rinarios. Comprendemos que existan algunos de estos 
profesionales capaces de hacer estas investigaciones, pero 
en sus ocupaciones oficiales o privadas, no pueden dedi- 
carse a las ciencias puras, por que sus empleos los obliga 
a llenar una misión determinada. Igual cosa acontece con 
los médicos: el Profesor de Histología no tiene tiempo, ni 
elementos para entregarse a la investigación pura, porque 
su enorme tarea de enseñar esta ciencia, que es la base 
fundamental de la medicina, a los numerosos alumnos de los 
dos primeros semestres de estudios médicos lo absorben por 
completo. El Instituto de Investigaciones le suministraría 
a los alumnos valioso material vivo y variado para permi- 
tir que cada uno hiciera sus preparaciones microscópicas y 
conservara una colección completa de tejidos humanos y 
de Histología comparada, y todo esto, sin perjuicio que 
podrían en el propio Instituto hacer sus investigaciones 
para sus Memorias como para entregarse al estudio puro. 
Lo mismo diríamos de la Fisiología, de la Patología Expe- 
rimental, etc., y además debemos estudiar estas ciencias en 
los animales: Histología, Fisiología y Patología comparadas 
cosas desconocidas hoy en Chile. 

3.^ Como estación de Entomología destinada a es- 
tudiar los insectos vivos, especialmente a propagar aque- 
llos útiles, que sirven para destruir insectos perjudiciales, 
y aquellos cuyas larvas sirven para la alimentación de 



Moore.— INSTITUTO de investigaciones 547 

aves y ele peces; estudiar los insectos dañinos; y aún 
cuando el nombre es Entomología (Ciencia de los Insec- 
tos) sin embargo esta Estación estudiaría todos los pará- 
sitos perjudiciales al hombre y a los animales, y procu- 
raría ejemplares a los Museos Nacionales, y por canje a 
los extranjeros. 

4.° Como una Sección Botánica con dos grandes 
ramas: la una sería un Jardin Botánico especialmente de 
plantas nacionales, dándole mucha importancia al estudio 
y la propagación de plantas medicinales, que hoy se 
traen del extranjero, ejemplo las que producen el opio, 
la atropina, emetina, etc., etc. El Jardín Botánico servi- 
ría para adaptar plantas extranjeras útiles, hacer el análi- 
sis químico de las nacionales, estudiar las propiedades 
fisiológicas de las mismas aplicándoselas a animales, per- 
mitiendo así llegar a introducirlas en la Medicina. Ee- 
cordemos un establecimiento de esta clase en la ciudad 
de México que clasifica las plantas del país, extrae los 
principios químicos y experimenta con los extractos de 
plantas en los animales. 

Como detalle ilustrativo señalemos la ventaja para 
la Profilaxis y para el comercio introduciendo la planta 
que produce los polvos de Persia, llamados piretro vul- 
garmente (Pyrethrum ), que es la base eficaz, es el remedio 
más activo para concluir con los insectos, y que mezcla- 
dos estos polvos, con alcohol metílico, matan hasta las 
ratas, cuando se enciende esa mezcla en piezas cerradas. 
Provienen los polvos de 3 especies cuyos nombres son: 
Chrysanthemum roseum, Chry. cinerariaefolium y Chry. 
marshalli. 

Los polvos, son las ñores desecadas a la sombra de 
esas tres especies, y reducidas a polvos después de cose- 
char las cabezuelas, o flores compuestas, cosecha hecha a 
mano o a máquina. Esta planta crece en lugares abriga- 
dos, mejor calientes, en buena tierra suelta y drenada. 
Se siembra en el campo, o en almacigos y después se 
replanta en surcos espaciándola de 20 a 30 centímetros, 
y separando un metro entre surco y surco. Es planta pe- 
renne, da semillas al 2° año de inflorescencia. En Chile 
los polvos de Persia son falsificados y piden de 25 a 30 
pesos el kilo, siendo que en los Estados Unidos costaba 



548 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATI'RAL 



en el comercio 20 centavos la libra de tiores abierta^ y 
30 de las flores cerradas. C'ompárese: $ 3.50 de moneda 
chilena cuesta el kilo de la mejor calidad en los 
E.E. U.U., y entre nosotros $ 30 y no de buena calidad. 

Las plantas crecen bien en Dalmacia, Italia, Fran- 
cia, Algeria, California, y el que suscribe los ha eusayado 
en Querelema (norte de Vichuquén) donde crecen admi- 
rablemente. La planta vieja, dividida, sirve también para 
la replantación, y vive muchos años si se la cultiva, riega 
y se le abona. Se siembran en toda la primavera y se le 
cosecha en Enero hasta Abril. Producen mil kilos más o 
menos por cuadra, y vendidos los polvos a 5 pesos el kilo 
produciría 5 mil pesos por cuadra. Podríamos citar mu- 
chísimos otros ejemplos de plantas útiles que podrían 
cultivarse en el país. 

La otra rama de la Sección Botánica sería el estudio 
de las plantas criptógamas (algas marinas y de agua 
dulce, callampas, heléchos, liqúenes, etc.,, tanto las útiles 
a la alimentación e industria, como las que sirven de 
alimentación a los animales marinos. El mar tiene sus 
verdaderos potreros con sus plantas y animales ñjos en 
el litoral que sirven a la alimentación de mamíferos ma- 
rinos y de peces; pero además existen potreros flotantes 
llamados planktón, a media sumersión que son regiones 
llenas de plantas y de, pequeños animales, que es menes- 
ter estudiar en cada país y que son el alimento principal 
y el primitivo que sirve a los peces y demás animales. 
Esta sección recolectaría toda clase de plantas para surtir 
al'Museo Nacional, para intercambiar con los demás Mu- 
seos, y para suministrar la cantidad colosal de ejemplares 
botánicos que necesitan no solo las clases de botánica de 
las Escuelas de Medicina, Farmacia, Instituto Pedagó- 
gico, Instituto Nacional, Liceo de Aplicación y todos los 
Liceos de la República si nó también laS' Escuelas Supe- 
riores Nacionales y todo establecimiento público o priva- 
do que lo necesite para la enseñanza. Porque no basta 
que refórmenlos Herbarios que se le exige a cada alumno 
en las clases de Botánica, no bastan los ejemplares que 
se deterioran en las demostraciones prácticas que se hacen 
en las clases, sino que principalmente se necesitan ejem- 
plares para la formación de Herbarios jefes o modelos en 



Moore.— INSTITUTO de investigaciones 549 



cada establecimiento. Esta Sección continuará la revisión 
de la Flora nacional para publicar la Historia Natural de 
Chile. 

5.° Como Sección de Investigaciones microscópicas con 
sus subsecciones de bacteriología de las plantas para seguir 
el desarrollo de las enfermedades microscópicas que existen 
sobre las gramíneas: polvillo rojo, polvillo negro y cien otros 
sobre los microbios de las vinas, sobre los que destruyen 
las arboledas, con el propósito de estudiar la biología 
de estos seres perjudiciales, cuya primera vida suele estar 
radicada en otras plantas distintas; Bacteriología animal 
para estudiar la serie de microbios (bacterias, piroplas- 
mas) que viven en las aves, zorzales, tencas, diucas, 
tórtolas, etc., en la sangre y que son transmitidas por zancu- 
dos u otros insectos y que conviene estudiar a fondo 
porque esos insectos vectores pueden transmitir enferme- 
dades terribles al hombre: ya sabemos que el piojo trans- 
mite el tifus exantemático, el chinche la fiebre recurrente, 
la mosca la tuberculosis y el tifus, la garrapata la heme- 
turia (meada de sangre) y el mal de caderas, y se teme 
que la barata que transmite el cáncer de las ratas, pueda 
hacer algún otro daño al hombre, y se insinúa la idea que 
un díptero que en Chile vive hasta en la Península de 
Taitao sea el vector del microbio del cáncer. Xo olvide- 
mos que la fiebre amarilla, la Terciana (Malaria) la peste 
bubónica, la verruga Peruana, la enfermedad del sueíio 
tienen microbios que son transmitidos por insectos, sin 
contar las que atacan a los animales domésticos. Se nos 
hará la objeción que estas cosas pueden estudiarse en las 
clases de la Facultad de Medicina: esto es imposible, los 
profesores no podemos dedicarnos a investigación cientí- 
fica pura, mientras estemos destinados a enseñar para 
producir profesionales eficientes y a curar enfermos de 
los Hospitales, no habría ni tiempo ni elementos para 
investigar. La ciencia pura se avanza con personal que 
no tenga ninguna obligación para con el público. El Ins- 
tituto de Higiene tiene secciones de Bacteriología y Se- 
roterapia, no podría entregarse a la investigación cien- 
tífica porque sus secciones están destinadas a .producir las 
vacunas, suero y a establecer el diagnóstico de las enfer- 
medades infecciosas. El Instituto Pasteur no tiene sino 



o50 kÉVlStA CtílLÜÑA DÉ tílSTOUlA NATllkAL 

la sección de hidrofobia destinada al público; las demás 
secciones son para investigación pura. La Universidad de 
París aparte de las facuUades de que se compone y de la 
nueva que ha fundado sobre «Educación Técnica», posee 
la Sorbona, el Colegio de Francia, la Escuela de Altos 
Estudios, y hasta la Municipalidad de París posee esta- 
blecimientos científicos. Y si esto no fuera suficiente el 
Estado mismo tiene en el Mar del Norte una Escuela 
Aquícola. 

6.° Como Sección Geológica, destinada a estudiar la 
geología del país, el subsuelo en busca de petróleo, agua 
surgente artesiana, o seraisurgente usando sondas poten- 
tes, la configuración del suelo, recolectar rocas y mine- 
rales para ejemplares al Museo Nacional, y a todos los 
establecimientos de enseñanza y a los Museos Extrajeres 
que devolvieran en canje. Serviría también para estudiar 
una carta geológica del suelo y del subsuelo chileno. 

Prepararía un Museo también típico normal en el 
propio Instituto de Investigaciones, coSa que también 
harían todas las otras secciones porque el Instituto de 
investigaciones tiene que ser un Museo completo, con los 
ejemplares clasificados y destinado al estudio. 

7.°^Como Sección de los Fósiles (Paleontología) que 
llenaría las indicaciones señaladas en las otras secciones. 

8.^ — Como Sección de la Prehistoria (Antropología y 
Etnología) que en Chile es riquísima, y que solo ahora 
empieza a dársele gran desarrollo, pues anteriormente se 
ocupaban los sabios solamente de huacos y de momias. 

El Instituto de Investigaciones se ocuparía pues de 
todo estudio científico, con el objeto de hacer avanzar la 
ciencia, y prepararía la Historia Natural de Chile, olvida- 
da desde la gran publicación de Claudio Gay, (e iniciada 
en la parte Botánica por el señor Reiche en su Flora). — 
No puede pues llamarse Estación Zoológica Marítima, 
pues abarca la investigación pura en las ciencias natura- 
les todas. 

En un principio pensamos establecer el laboratorio 
marítimo en San Vicente, entre la desembocadura del Eío 
Bío-Bío, y Talcahuano; después se creó la estación en San 
Antonio; pero hoy con mejor réflección hemos pensado 



nOOré.— INSTITUTO DE INVESTIGACIONES 551 

que el Instituto de luvestigaciones deberá residir en una 
región que reúna las siguientes ventajas; 

Primero: Estar equidistante de los extremos de la 
República para recibir o remitir los ejemplares que se co- 
leccionaren. 

Segundo: Tener río o estuario a la desembocadura 
del mar, caleta marina, regiones de cultivo, islas etc. 

Tercero: Estar en comunicación con el ferrocarril y 
ser puerto de mar, y ojalá lugar de construcción de lau- 
chas, veleros, etc. 

Todas estas condiciones las reúne únicamente el 
puerto de Constitución. Existe en ese puerto una isla en 
el río a vista del mar (que podría expropiarse) con un bra- 
zo de río remanso, y un gran brazo estuario; Es un puer- 
to fluvial y se gestiona hacerlo puerto marítimo. Posee un 
cerro entre río y mar de propiedad del Estado, con terre- 
nos y bosques vecinos. Al norte del río existe la más gran- 
de duna del país, larga de 4G kilómetros con 5 de ancho 
— susceptible de ser repoblada de bosques magníficos. 
Constitución está unida por ferrocarril con la red central, 
y tarde o temprano será servido además por la prolonga- 
ción del ferrocarril de Hualaué, por Lincantén, Putú, 
uniendo Curicó con Constitución, que tiene comunicación 
marítima con A^alparaíso, posee 8 astilleros para construc- 
ciones de embarcaciones menores y medianas. 

Me permito recordar al señor Ministro la Historia de 
la creación de la Estación Zoológica Marítima de San An- 
tonio. El 7 de Abril de 1910, al hacerme cargo de la Di- 
rección del Museo Nacional, en reemplazo del sabio Dn. 
Federico Philippi, perdido tan prematuramente para las 
ciencias, impuse al Supremo Gobierno de la necesidad de 
fundar la Estación Zoológica Marítima, que el jefe de 
Sección de Zoología — don Bernardino Quijada — me seña- 
laba como de gran interés para aumentar las colecciones 
del Museo, para estudiar las costumbres de los seres 
vivos, para suministrar materiales de investigación a la 
Escuela de Medicina y al Instituto Pedagógico, como tam- 
bién para reemplazar nuestros ejemplares deteriorados 
por el tiempo, enviar colecciones a los establecimientos 
de enseñanza, y fundarles Museos y mantener el canje 
con los Museos extranjeros, estudiar la Piscicultura y 



552 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAl, 



extendernos a las plantas marinas, a las rocas del litoral, 
en una palabra a recolectar todo lo qne interesara al Mu- 
seo Nacional. 

En la Memoria de 1910, inserta en el Boletín, de ese 
año, el que suscribe decía a su Señoría: 

€ Estación de Zoología Marítima. — Se impone la crea- 
ción de una estación marítima destinada a recolectar 
animales de mar con acuarios especiales. Esto serviría: 

«1.0 — Para aumentar las colecciones del Museo Na- 
cional y de los Museos de Enseñanza; 

'í2P — Estudiar la Piscicultura; 

«3.°^Estudiar la Biología de la Fauna Marítima, y 



«4.'' — Un Museo Oceonográfico. 



«El gobierno posee terrenos en el puerto de San An- 
tonio, y por nota he pedido a US. se sirva recabar del 
Ministerio de Industria, mil metros de tierra a orillas 
del mar para instalar esta estación. 

«Con este objeto he solicitado en los próximos pre- 
supuestos y por una sola vez, la cantidad de $ 20,000 
y como gastos fijos $ 5,400 que servirían para sueldo 
de un Conservador y de un Pescador de la estación. El 
Ministerio posee un barco, el «Alejandro Selkirk», cuyo 
paradero es San Antonio, y durante las épocas que está 
eu esas costas, así como cuando viaja a Juan Fernández, 
puede ocuparse en pescar y mariscar para la estación 
zoológica. 

«Para completar el estudio de la Zoología creo con- 
veniente hacer presente a US. que de esta sección po- 
dría depender el Jardín Zoológico, el cual suministra 
los animales que se mueren. Bajo la dependencia de la 
Sección de Zoología podría formarse un jardín Zoológi- 
co de animales chilenos para el estudio de ellos y de 
animales extranjeros, lo que secundaría en bien de la 
instrucción y del entretenimiento público. Muy poco 
tiempo después desapareció el Jardín Zoológico. 

«El señor jefe de zoología, Don Bernardino Quijada 
me decía eu su memoria: 

«El jefe de la Sección Zoológica del Museo Nacional 
de Santiago, después de los estudios que ha hecho en 
los Museos de Historia Natural y otros establecimien- 
tos científicos de Europa, quiere insistir en las Estacio- 



Moore.-^iNSTiTUTu de investigaciones 553 



nes Zoológicas Marítimas con el objeto de dejar constan- 
cia escrita y pública de la conveniencia, utilidad y ne- 
cesidad que hay de fundar, en una región de la costa 
pacífica de la América del Sur, un establecimiento de 
esta clase que, por su situación geográfica, instalación y 
servicios, responda a todas las exigencias de la ciencia 
moderna y sea un poderoso auxiliar de trabajo del Mu- 
seo Nacional Chileno. ; 

«Sabido es que, penetrados de los grandes servicios 
que las ciencias naturales prestan a la instrucción gene- 
ral y a la industria de la pesca, así como también a la 
Medicina, a la Economía Doméstica y Agrícola, la ma- 
yoría de los Estados Europeos y Norte Americanos, han 
fundado laboratorios especiales en distintos puntos de 
su litoral. 

«A este impulso científico de los países más progre- 
sistas no ha sido ajena la Australia que desde hace 
muchos años, tiene esta clase de servicios y favorece 
particularmente un Laboratorio de Zoología Marina en 
Sidney. Por último, el Japón ha fundado recientemente 
varios centros de estudios biológicos. 

«Toca pues, a Sud América entrar ahora en este mo- 
vimiento de útiles innovaciones y a Chile corresponde 
iniciarlo cou firmeza para abrir un nuevo horizonte de 
cultura, creando y sosteniendo un Laboratorio Biológi- 
co Marítimo. 

«Fácil y rápidamente se resolvería el problema de 
esta nueva creación, si a ejemplo de Estados Uni.ios de 
Norte América se estableciera el Laboratorio como una 
dependencia del Museo Nacional; pues disponiendo, 
como dispone, de los principales medios directos y acce- 
sorios para trabajar al borde mismo del mar, esto es, 
aparatos de pesca y de investigación, libros reactivos, 
etc., el gasto se reduciría al arriendo o construcción de 
un edificio con todo el confort científico necesario. 

«La instalación podría hacerse en una región maríti- 
ma de nuestra prolongada costa, a donde pudiera llegar- 
se en corto tiempo y que, por estar a la orilla de un río 
y vecina a una laguna litoral, ofreciera al zoólogo y al 
botánico la fauna y fiora más variada, pues tales me- 
dios biológicos salobres, por la propiedad química de 



554 REVISTA CtílLBNA DE HISTORIA NATURAL 

SUS aguas, son capaces de dar asilo a determinadas for- 
mas adultas y larvarias, bien distintas de las especies 
pelágicas, litorales y avísales. 

«Keuniendo estas condiciones, San Vicente de Talca- 
huano parece creado expresamente para suministrar al 
zoólogo todos los materiales de estudio acumulados tan- 
to en alta mar y las rocas, como en la arena de las 
playas y los fondos submarinos y en las pozas formadas 
en las bajas mareas. Y bastaría esta consideración para 
elegir la bahía de San Vicente como asiento de una 
estación zoológica, si no se quisiera tomar en cuenta la 
importancia del puerto de Talcahuano (a donde en cinco 
minutos se llega en carro), los recursos que en esta ciu- 
dad se encuentran, el interés del pueblo que quería te 
ner un Centro Científico nuevo, contribuyendo a su- 
prosperidad y, sobre todo, si no se pensara en el apoyo 
eficaz de la Armada Nacional para conseguir de ella 
una pequeña lancha a vapor con aparatos de pesca, in- 
dispensable, y la presencia continua en la bahía de un 
viejo pontón destinado a mantener viveros, cuyas expe- 
riencias muy bien podrían aprovechar las industrias pes- 
queras de nuestro país. Lo que no obstaría para que 
desde luego se procediera a establecer en tierra firme, 
en el mismo local del Laboratorio, un acuario para el 
público concurrente, que, interesado en el estudio de los 
animales marinos, pudiera conocer, de un golpe de vis- 
ta, su estructura, seguir sus faces de desarrollo y com- 
parar los diversos modos que tienen de reproducirse. 

«En todo caso, suponiendo que no fuera posible adop- 
tar y seguir desde uu principio el plan de organización 
de las Estaciones Zoológicas europeas y norte america- 
nas, que abarcan las mismas secciones con sus respecti- 
vos elementos de trabajo (Acuario, Museo de Pesca y 
Oceanografía, Museo Zoológico y Biblioteca. Laborato- 
rio principal de manipulaciones elementales y Labora- 
torios particulares para investigación) el naciente Labo- 
ratorio Biológico del Pacífico del Sur tendría, como toda 
cosa destinada a durar, el comienzo más modesto que 
cabe pensar. 

«Un gran salón de trabajo con un pequeño taller para 
reparaciones y embalaje de ejemplares frescos y con 



Moore.— iNSTitutu de l\ vestí» ;acioxes 



utensilios reactivos para la recolección y ensayo de pre- 
paraciones de animales marinos, aplicando los métodos 
usados en la «Estación Zoológica de Xápoles;) para con- 
servarlos con las dimensiones, la forma y el aspecto que 
presentan vivos. 

«Un salón con estantería ordinaria para las coleccio- 
nes en formación, con mesas de trabajo escolar para la di- 
sección de animales que el pescador llevaría en abundan- 
cia a solicitud del profesor que visitará la Estación con 
sus discípulos, para guiarlos en las prácticas y manipula- 
ciones de Zoología. 

«Dos o tres laboratorios de investigación para los jó- 
venes del Instituto Pedagógico y de la Escuela de Medi- 
cina que se inicien en el estudio de alguna especialidad y 
para los biólogos nacionales y extranjeros que en cual- 
quier tiempo necesitan material acumulado de organismos 
frescos y quieren trabajar aisladamente, sin que ninguna 
preocupación exterior los perturbe en sus libres investi- 
gaciones. 

«Una pequeña pieza, en fin, que sirviera de Biblio- 
teca, compuesta ésta de memorias científicas originales y 
obras ilustradas de Zoología y Botánica sistemáticas, para 
ayudarse en el trabajo de determinación de las especies 
marinas, fluviátiles y lacustres. 

«He aquí cuales serían los preliminares que presen- 
taría el «Laboratorio Biológico provisorio de Chile», cuya 
insuficiencia primaria desaparecería en un tiempo mayor 
o menor, con la ejecución de los mejores materiales de 
todo orden consultados en el plan de reformas sucesivas». 

«Al final va agregado un croquis que indica la ma- 
nera como nos imaginamos distribuir las habitaciones 
provisorias y definitivas. 

«Eespecto al servicio del Laboratorio, se haría, mien- 
tras saliera de su período de formación, por dos personas 
solamente, a saber: 

1) «Un Pescador que por haber explorado mucho tiempo 
la región marítima la conociera a palmo (y el que estaría de 
un modo permanente en la Estación para cuidar los obje- 
tos, atendiendo en todo tiempo al servicio de animales vivos 
destinados al Museo, Escuela de Medicina, Institutos Pe- 
dagógico y nacional, Internado y Liceos), y 



OÓtí REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

2) «Un empleado del Museo Xaoioual que, eu la capi- 
tal unas veces y en la costa otras, tendría a su cargo todo 
lo que se relaciona con la preparación de animales maríti- 
mos por la vía húmeda íAnestesia, Fijación y Conserva- 
ción), acompañando a los profesores y alumnos que al La- 
boratorio se dirigieran durante el año escolar, para veri- 
ñcar experimentalmente los hechos explicados y conocidos 
teóricamente en clase. 

«Si estas observaciones, apenas bosquejadas, fueran 
debidamente atendidas por las personas amantes de la cien- 
cia y una vez reconocidas las bondades del proyecto, se 
dejara sentir la fecunda acción oficial, para realizarlo en 
toda su amplitud, quedaría plenamente satisfecha la aspi- 
ración del autor. 

«Santiago, Abril 1910. 

Bern.\rt)iní) Quijada B.» 



Se solicitó el mismo año 3,000 pesos para un conser- 
vador de. la Estación Zoológica Marítima de San Antonio, 
y 2,400 para un pescador, y 20,000 pesos de una sola vez 
para la Estación de San Antonio. El gobierno cedió 1,000 
metros cuadrados de tierra a orillas del mar en la desem- 
bocadura del Estero de Llo-Lleo, y el señor García Huido- 
bro obsequió un terreno anexo a ambas orillas del estero 
entre el puente ferrocarrilero y la playa. En la memoria 
de 1911, el que suscribe indicaba a SS. 

«La sección de Zoología Marítima y Museo de Ocea- 
nografía será instalado en el presente año y será la prime- 
ra Estación en el Pacífico americano del Sur. Se ha elegido 
el puerto de San Antonio para que funcione, por estar 
cerca de los dos grandes centros poblados: Santiago y Val- 
paraíso, y sobre todo porque dispone de los elementos del 
Museo nacional, de quien depende, permitiendo enrique- 
cer a éste con los ejemplares duplicados. Esta Estación 
servirá para el estudio científico e industrial de los peces 
y otros animales marítimos y plantas marinas, y sum.istra- 
rá elementos de investigación para los alumnos del Insti- 
tuto Pedagógico y para la Escuela de Medicina. 



REV. CH. HIST. NAT., Año XXV (1921) 



Lám. XLII 







fcrifii'ii'.ii.i'i jaat 



»• osooo 



San Antonio: En Llolleo se ubicó la Estación Zoolóirica Marítima. 



558 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

üLa Dirección de Obras Públicas, por pedido de ese 
Ministerio, ha cedido el terreno comprendido entre el es- 
tero de Llolleo y las obras del futuro puerto de San An- 
tonio para la instalación de la sección Zoológica Marítima 
Y Museo de Oceanografía; y también ha enviado un arqui- 
tecto que pronto entregará los planos de la construcción 
de la Estación. El presupuesto actual consulta la cantidad 
de veinte rail pesos con este objeto: permitirá construir 
Acuarios, Museo y Laboratorios de Biología. 

«Solicito para el próximo presupuesto la cantidad de 
veinte rail pesos por una sola vez, para dedicarlos a la 
construcción de la casa para el Conservador y el Pescador. 

«La Estación está deslindando con el ferrocarril entre 
las estaciones de Llo-Lleo y San Antonio, en un sitio muy 
adecuado que dispone del raar y del estero de Llo-Lleo, es 
decir, de aguas dulces y saladas. 

«En el Presupuesto para 1922: 

«ítem 2505 Conservador de la Estación Zoológica Ma- 
rítima y del Museo Oceanógrafico en el puerto de San 
Antonio $ 3,000. 

«ítem 2506 Pescador, 2,400. 

«Itera 251 8. Para adquisiciones, guardianes, viajes, im- 
presiones, estantería, fomento de la Biblioteca, reparacio- 
nes del edificio, foraento de la Estación Zoológica Maríti- 
ma y demás gastos generales $ 30,000. (Aumenta en 5,000 
pesos porque hay que atender al fomento de la Estación 
Zoológica). 

«ítem 2519. Para construir la casa del Conservador 
y del Pescador de la Estación Zoológica Marítima en el 
Puerto de San Antonio. Por una sola vez 20,000 pesos. 
(Es indispensable que el Conservador y Pescador vivan en 
el mismo establecimiento a fin de que puedan atender con 
puntualidad la Estación Zoológica). En el Boletín del Mu- 
seo Xacional de 1911 se lee desde la pág. 276 hasta la 
288. 

« La Estación Zoológica Marítima // Museo Oceanógra- 
fico de San Antonio. — Completamos en este punto la infor- 
mación sobre nuestra Estación Zoológica Marítima y Mu- 
seo Oceanógrafico, cuyos laboratorios de prácticas y ma- 
nipulaciones de Zoología y Botánica, muy luego estarán a 
disposición tanto de los jóvenes de la Escuela de Medicina 



Moore. — instituto de investigaciones 559 

y del Instituto Pedagógico que se inicien en el estudio de 
alguna especialidad, como de los biólogos nacionales y ex- 
tranjeros que en cualquier tiempo necesiten material de 
organismos frescos y quieran trabajar aisladamente al bor- 
de mismo del mar, sin que ninguna preocupación exterior 
los perturben en sus libres investigaciones. 

«Como los 1,089 m.- de tierra cedidos por la Dirección 
de Obras Públicas para instalar la Estación Zoológica en 
el Puerto de San Antonio, constituían una superficie de- 
masiado reducida para sacar las grandes redes y hacer los 
ensanches necesarios en el edificio futuro, la Superioridad 
del Museo Xacional solicitó y obtuvo del Supremo Gobier- 
no la cesión de la faja de tierra arenosa que separaba nues- 
tro terreno del estero de Llo-Lleo y del mar. 

Por otra parte, el señor don Vicente García Huido- 
bro ha puesto generosamente a disposición del Museo ís'a- 
cional un terreno de su propiedad, situado frente a nues- 
tro laboratorio y al sur del estero del Sauce, siguiéndolo 
hasta el mar. 

Con esto, nuestra Estación Zoológica va a quedar 
rodeada de un conjunto ideal de condiciones físicas: fren- 
te a una playa pintoresca — donde se construirá un peque- 
ño muelle de embarque y desembarque^cerca de campos 
arables y a un paso de la «l^oca del Eío Maipo, cuya de- 
sembocadura no modifica sensiblemente la composición 
química del agua del mar y se presta muy bien para rea- 
lizar experiencias de piscicultura y estudiar la adaptación 
de los seres a la vida de las aguas salobres y dulces. 

«En una de las páginas anteriores va agregado un 
mapa que da a conocer el litoral comprendido entre el 
puerto de San Antonio y la «Boca» del Eío Maipo, y el 
croquis adjunto (Fig. 2) muestra el punto elegido en Llo- 
Lleo para la instalación de nuestra Estación de Zoología 
Marítima y Museo de Pesca y Oceanografía. 

«La extensión de terreno donada al Museo Xacional 
por el señor don Vicente García Huidobro, para estable- 
cer dependencias de la Estación Zoológica, está indicada 
en el plano de una población futura, llamada población 
María. 

«En cuanto a la construcción del edificio del Labora- 
torio Marítimo, hay que decir que ya tiene calculado el 



560 REVISTA CHILENA UE HISTORIA NATURAL 



costo aproximado de la instalación definitiva en GO mil 
pesos, y pronto se presentará el plano y el presnpnesto 
completo que se necesita para la fundación y el sosteni- 
miento de este nuevo centro científico chileno. 

C'orao puede verse en el plano de las instalaciones 
futuras — hecho por el señor ingeniero don Domingo liae- 
7A\ — -casi todo el piso inferior del Edificio de la Estación 
Zoológica, estará ocupado por la sección más interesante 
y de mayor importancia que va a tener el único centro 
oficial sud-americano de esta clase, o sea el Acuarium, 
constituido por una pileta central y ocho piscinas latera- 
les, de dos metros cúbicos de capacidad cada una. 

«Todas estas piscinas, lo mismo que la pileta, serán 
alimentadas directamente por una bomba que, movida a 
vapor — o a viento si se quiere evitar el gasto de uu ma- 
quinista — extraerá el agua del mar». 

«La pileta central se destinará a recibir todos los ani- 
males recién recogidos y en ella se conservarán con cir- 
culación constante de agua fresca de mar los ejemplares 
que es preciso hacerlos estenderse en el momento en que 
(leben ser sorprendidos en sus formas y actitudes natura- 
les por los distintos reactivos fijadores para darles su ver- 
dadera apariencia; pues sucede a menudo que molestados 
por los aparatos de pesca al ser tomados, se contraen o se 
ocultan, muriendo en estado de contracción completa. 

«En las piscinas laterales se colocarán las formas 
principales que se quieran conservar vivas para la obser- 
vación y estudio de la vida y reproducción de los distin- 
tos tipos del reino animal, destinándose unas a los Molus- 
cos, a los Equinodermus y a los -Artrópodos (Crustáceos), 
otras a los Gusanos y a los Celenterados, y las restantes 
a los Protevertebrados (Tunicados) y a los Vertebrados 
(Peces). 

«Él piso superior-representado al lado del dibujo de 

los bajos del edificio — constituirá la habitación del C^on- 

servador de la Estación y el estanque o depósito de agua 

de mar que se necesita para establecer una renovación 

• continua del agua de la pileta y de las piscinas. 

«La inspección de los dibujos que aparecen en el cur- 
so de esta sección, nos dispensa de entraren más detalles 
sobre la distribución de los servicios o trabajos que es 



nOOrC. — INSTITUTO DE INVKSTKiACIONES 561 

preciso realizar para cumplir con los fines de la naciente 
Estación de Biología Marina; como son: 

«1.° La recolección de los animales y plantas de mar 
para aumentar las colecciones del Museo Nacional y de 
los oabinetes de Ciencias Naturales de los Institutos de 
la Eepiíblica; 

«2.° La instalación de un Museo Marítimo local; 
«3.° La conservación en acuario de las especies ani- 
males y vegetales vivos, para el estudio déla biología y 
embriología de nuestra fauna y flora marinas; 

<4.° La publicación de las descripciones de los obje- 
tos nuevos para la ciencia en el Boletín del Museo Na- 
cional » ; 

«5.^ La facilitación de los medios directos y acceso- 
rios de estudio a los biólogos que se dirijan a la Estación 
Zoológica para hacer investigaciones científicas»; 

;6.*^ La disección de los ejemplares frescos para ini- 
ciar a los estudiantes en las prácticas y manipulaciones 
de Zoología Macroscópica; 

'<7.° La aplicación de los métodos usados en las Es- 
taciones de Biología Marina para la anestesia, la fijación 
y la conservación de los organismos acuáticos; 

«8. o Las conferencias para la instrucción del públi- 
co en general y de la juventud educada especialmente; 
'<d.° El envío de ejemplares vivos pedidos para el es- 
tudio de las ciencias biológicas en los centros científicos 
de la capital; 

«10. El estudio de los métodos de pesca conocidos y 
nuevos para tomar organismos pelágicos, litorales y abi- 
sales; 

«IL La realización de experiencias de piscicultura 
y «la aplicación de los estudios científicos al desarrollo 
de las industrias marítimas en general», y 

;<12. La práctica de estudios especiales de Oceano- 
grafía y Meteorología». 

Terminaremos esta información reproduciendo los 
documentos que se relacionan con la instalación de este 
anexo del Museo Nacional: 

«N.° 628. — Campamento de «La Placilla», San An- 
tonio (Puerto Viejo), 19 de Octubre de 1910. Señor lus- 



REV. OH. llISTi >AT. i|931) '36) 



562 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

pector General de Ferrocarriles de la Dirección de Obras 
Públicas. Santiago. 

«En conformidad a su providencia número 2106, de 
fecha 5 del presente mes, remito adjunto a usted un pla- 
no del puerto de San xVutonio que indica una superficie 
cuadrada de 31 m 63 X 31 m. 63 igual 1,000 m. 2. en el 
punto A. situado entre el estero de Llo-Lleo y el kilómetro 
109,600, donde puede instalarse la Estación Zoológica 
Marítima. 

«Devuelvo adjunto a usted el expediente relativo a 
este asunto. 

«Dios guarde a usted. — F. L.\ry> . 

«Dirección General de Obi'as Pi'iblica.s. — X." 492. — Santiaijo, 25 
de IS^oviembre de 1910. — Señor Ministro: 

«El Ine;eniero Jefe del Ferrocarril en construcción de Melipilla a 
San Antonio en nota número 647 del presente, dice a esta Dirección 
Greneral lo siguiente»: 

«Como complemento a mi 7iota número 645. de fecha de aveí-. co- 
munico a usted que el terreno destinado para la Estación Zoológica 
Marítima ha sido estacado v se encuentra listo para la jiersona que 
indicará el Señor Director del Museo Xacional. 

«Lo que tengo el honor de trascribir a US. para su conocimiento 
y fines consiguientes. — Dios guarde a US. — Enrique Doll B. 

«Xúm. 5,450. — Santiago, 28 de Noviembre de 1910. 
— Pase, para sa conocimiento, al Director del Museo Xa- 
cional. 

«Anótese. — Por el Ministro, Moisés Vargas-^'. 

«Xúm. 1487.— Santiago, 10 de Xoviembre de 1910.— El Ministe- 
rio de Industria y Obras Públicas por decreto número 2287. de 3 del 
presente ha ordenado a la Dirección de 01)ras Públicas poner a dis- 
posición de este Ministerio una extensión de terreno de mil metros 
cuadrados entre la Estación de Llolleo y el kilómetro 109.600 del 
ferrocarril a San Antonio para la instalación de una Estación de 
Zoología Marítima. 

Lo que comunico a usted a fin de que proceda a recibirse de 
dicho terreno. 

«Dios guarde a usted. — Carlos Bahnaceda S. Al Director del 
Museo Xacional. — Anótese. — Por el Ministro. Moisrs Vargas^. 



«Santiago. l(j de Mavo de 1911. — Señor In.spector General de 
Arquitectura: 

El terreno destinado para construir el Museo Oceanógrafico y 
Estación Zoológica Marítima de San Antonio, es un cuadrado que 



Hoore.— INSTITUTO de investigaciones 568 



mide 33 metros por lado, terreno insuficiente para instalar dicho edi- 
ficio y los servicios necesarios para que éste cumpla con las nece- 
sidades a que está destinado. 

Al Snr de dicho terreno hay un espacio, comprendido entre el 
estero Llolleo y el mar, que será necesario anexar para efectuar en 
él plantaciones, para evitar las dunas, tan abundantes en esas regio- 
nes^ cañerías y bombas para llevar el agua del estero al Museo, y 
los viveros que deberán estar en el mismo estero. 

Por el Poniente, hay un espacio de terreno de 80 metros, más o 
menos, que es de necesidad también anexar, para dar salida del 
Museo al Mar, como ser las cañerías de agua que será necesario 
llevar a una gran piscina que estará en el centro del edificio, ejecu- 
tar los caminos de acceso para el servicio de pescadería y casa para 
el pescador. 

En vista de las razones aducidas, ruego a usted, si lo tiene a bien, 
recabar de quien corresponda, se concedan los terrenos antes indi- 
cados. 

Es cuanto puedo informar a usted sobre el particular. 

Saluda a usted. — D. Baeza E. — Al señor Inspector General de Ar- 
quitectura». 



«Santiago, 19 de Mayo de 1911. — Señor Ministro: Tengo el honor 
de reiterar de S. S. solicite del Ministerio de Obras Públicas la entre- 
ga del terreno fiscal situado al Sur de la concesión que se ha hecho a 
la Estación Zoológica Marítima. T)e los estudios hechos por el jefe de 
la Sección de Zoología, por el Conservador de la Estación Marítima 
y })or el Arquitecto enviado por la Dirección de Obras Públicas en- 
cargado de ejecutar en el terreno el plano de los edificios de la Esta- 
ción Zoológica, resulta que es urgente ceder a dicha Estación la faja 
de terreno que sigue al Sur hasta el estero de Llolleo y al Poniente 
hasta el mar y que suman 1,700 m^., más o menos, de terreno que es 
todo arenoso, mucho de él invadido por la alta marea y el cual ser- 
viría para la ubicación del futuro desarrollo de la Estación, para ex- 
tender redes para la colocación de bombas y cañerías destinadas a 
la extracción de agua de mar y agua dulce, etc. 

Dios guarde a US. — Doctor Eduardo JJoore. — Al señor Ministro 
de Instrucción Pública». 



«:N^úm. 2436.— Santiago, 23 de Mayo de 1911.— Pase al Ministerio 
de Industria y Obras Públicas. 

Anótese. — Por el Ministro, Moisés Vargas. 
Anótese. — Por el Ministro. E. Altamirauo G». 



«Xúm. 1871. — Santiago. Mayo 31 de 1911. — Informe el ingeniero 
Jefe del Ferrocarril de Melipilla a San Antonio. 

Anótese. — Por el Inspector General. A/herío Decoiiihe». 



564 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



«í^úra. 2684. — Santiaero, ]N[ayo 31 de 1911. — Señor Ministro: Tenco 
el honor de informar a US. acerca de la providencia de ese Ministe- 
rio, núm. 2252, de fecha 29 de Mayo próximo pasado, recaída en una 
solicitud del Director del Museo en la que pide se le cedan unos te- 
rrenos en el puerto de San Antonio con el fin de instalar en ellos la 
Estación Zoológica Marítima. 

Por oficio núm. 2443, de fecha 27 de ]\[ayo último, esta oficina 
tenía el honor de informar a usted una solicitud idéntica a la actual. 
En dicho informe transcribía lo informado al respecto por el ingenie- 
ro .Jefe del ferrocarril de Melipilla a San Antonio en el sentido de no 
haber inconveniente en ceder los terrenos solicitados. 

Por tanto, esta Oficina tiene el honor de comunicar a US. que no 
hay inconveniente en ceder al Director del Museo los terrenos que 
solicita para la instalación de la Estación Zoológica Marítima. 

Dios guarde a US. — A. Jiménez Señor Ministro de Industria y 

Obras Públicas». 



«^úm. 2577. — Santiago, 17 de Junio de 1911. — Pase al Ministerio 
de Instrucción Pública. 

Anótese. — Por el Ministro. E. A/faii/ii-aiio (i. 



«Xúra. 30(35. — Santiago, 20 de Junio de 1911. — Póngase el informe 
que precede en conocimiento del Director del Museo Jíacional. — Por 
el Ministro, Vargas. 



Acta <le entreg-a del sitio ubicado en los terrenos ttscales y destinados 
por el Ministerio de lustriiccióu Pública para 3Iiiseo Zoológ-ico 
Marítimo. 

«El señor don Bernardino Quijada, debidamente autorizado por el 
Director del Museo ^Vacional, como jefe de la Sección de Zoología, 
declara haber recibido de la Inspección Técnica del Ferrocarril de 
Melipilla a San Antonio, el sitio destinado a Museo de Zoología Mari, 
tima, ubicado en terreno fiscal entre el puente del ferrocarril sobre el 
estero de Llolleo (lO.S) y el mar. 

Dicho sitio tiene 33 metros por lado o sea una superficie de un mil 
ochenta y nueve metros cimdrados (1,089 má). 

Para constancia en el archivo de la Inspección técnica arriba ÍJi- 
dicada firma la presente acta el señor Quijada en San Antonio, a 4 de 
Febrero de 1911.-^. (Jiiijada B. 



Moore.— INSTITUTO de invkstkíacioxes 505 



Para dar una prueba de ¡a necesidad sentida en el 
extranjero, de un laboratorio en Chile que investigara la 
vida marina nos basta reproducir lo que el Doctor Odón 
de Buen, escribió al Sr. Dn. Carlos Porter en 1903: 

«Y he de hacerle una recomendación: que ponga sus 
energías en el propósito de establecer allí un Laboratorio 
de Zoología marina, una Estación Biológica costera dedi- 
cada al estudio de los seres de ese gran Océano x. 

«Es el mar seno fecundo de la vida; la mayor parte 
de los seres y los menos conocidos, habitan sus aguas. Hay 
campo para obtener gloria propia y provecho científico 
general. Sobre todo, interesa mucho a cada región costera 
el estudio del plaukton, punto de partida, eslabón prime- 
ro, de la gran cadena que enlaza por la alimentación a 
todos los seres marinos y gran parte de los terrestres». 

« Un laboratorio biológico en la costa de Valparaíso 
sería un centro científico de interés universal; su funda- 
ción merecería el aplauso de todos los biólogos del Mun- 
do. El Estado de C'liile prestaría inmenso servicio a la 
ciencia y cimentaría su fama de culto, dotando espléndi- 
damente un Laboratorio de esta índole». 

v^ Sueño de rosa, pero sueño realizable, es el hacer 
continuas investigaciones costeras bajo la dirección del 
Laboratorio, con el concurso de la Marina Nacional, en 
que tantos hombres de reconocida pericia y de gran cul- 
tura hay a todo lo largo de Chile, en las costas laberínticas 
entre C'hiloé, el Continente y el Archipiélago de Chonos, 
y, más. abajo, hasta la Tierra del Fuego». 

Hoy De Buen ha realizado lo que deseaba de noso- 
tros para la ciencia: no solo es Director del Instituto 
Oceanógrafico de Madrid, sino que él es Director y funda- 
dor de la Estación Zoológica Marítima de Palma en las 
Islas Baleares, en el mar Mediterráneo, en el que Francia, 
Argelia, Italia, Austria tienen una serie de estaciones 
biológicas marítimas. 

No olvidemos que ni en México, ni en Centro, ni Sud- 
América existe estación Zoológica Marítima. ¡Como si la 
América Latina no fuera para la ciencia! En Japón, en 
Columbia Británica y en Estados Unidos (California) exis- 
ten 5 Estaciones, y en Australia una. 



566 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

Eu 1912 se fundó la Estación Zoológica Marítima de 
San Antonio, por nuestra insinuación, la que vivió mo- 
destamente con un Conservador y un Marinero, pero tra- 
bajó tan activamente que pudo suministrarle al Museo 
Xacional numerosos ejemplares de renovación y mucho 
material nuevo. Tenemos todavía un espléndido sitio cedi- 
do por el Estado en la desembocadura de LloUeo, entre 
el mar, y el puente del Ferrocarril, comprendiendo el es- 
tero en su interior; y agregado a un sitio cedido genero- 
samente por don Vicente García HuiJobro. La Dirección 
de Obras Públicas confeccionó un plano y presupuesto 
para construir la lístacióu. 

Pero éste duró solamente un ano; el espíritu de eco- 
mía a que se sujetó el Estado, no dio más vida que un 
año a este ensayo de Estación Zoológica Marítima. 

El Instituto de Investigaciones de Chile, que ten- 
dría su establecimiento central en Constitución, podría 
ocupar la isla situada en la desembocadura del río Maule, 
situada entre dos brazos del río, la cual aunque muy de- 
teriorada en la actualidad, si el Gobierno llegara a expro- 
piarla, puede hacer una hermosa defensa en el vértice 
oriental — por donde el río se divide en dos ramas — con 
una fila de pilotis de roble del Maule y con plantaciones 
de cipréses y sauces por todo el litoral de la isla. El go- 
bierno que es propietario del Cerro Mutrura, en la Poza 
cerca de la barra del mismo río, que domina la Caleta del 
mar, río y barra serviría para el mismo fin, y sería un 
anexo del Instituto. 

En la isla se construiría la Estación Zoológica Marí- 
tima, edificio que comprendería los acuarios, gabinetes de 
Microscropía, de Disección, de Fisiología, de Bacteriología 
de Fisiología Botánica, de Taxidermia, de Anestesin, de 
Fotografía. Además salas de recolección y conservación 
de ejemplares de Zoología, Botánica, Entomología, Inver- 
tebrados, Paleontología, Jeología y Mineralogía, Antro- 
pología y Etnología, Museo de Caza y de Pesca. 

Constitución tendría un Museo vivo o Jardín Zooló- 
gico en el cerro Mutrum y en los planos alrededores para 
estudiar todos los animales salvajes y domésticos que hay 
en el país, desde sus funciones hasta sus enfermedades, 



REV. CH. HIST. NAT., Año XXV (1921) 



Lám. XLIII 





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Cáhuil, en la laguna de ese nombre, lugar adecuado para una Estación Zoológic a 
Marítima o un Instituto de Investigaciones. 



568 REVISTA CHILENA UE HISTORIA XATIRAL 



SU tratamiento la experimentación en ella, y la Pesci- 
cnltnra. 

En el resto de la República habrían sucursales para 
recolectar bajo las ordenes délos Gobernadores Marítimos, }' 
sirviendo de Conservador, el profesor de Ciencias del Liceo 
mas próximo, y con un marinero recolector. Se establece- 
rían en Arica, Iquique, Antoñigasta, Caldera, Coquimbo, 
A^alparaíso, San Antonio, Cáhuil, Llico, Talcahuano, Isla 
de Santa María, Isla de la Mocha, Puerto Saavedra, Co- 
rral, Ancud, Calbuco, Puerto Montt, Melinka, Puerto Xa- 
tales, Punta Arenas y Puerto Porvenir. 

El gasto de estas sucursales no sería sino de un ma- 
rinero, y los objetos recolectados enviados a Constitución 
para su estudio y distribución. 

Una ley de la Eepública establecería que no puede 
salir de Chile ningún objeto chileno sin autorización del 
Instituto, así aprovecharíamos los animales, plantas, espe- 
cies minerales, momias, etc., que abundan en el país y 
que hoy son objetos de especulación, sin que en el país 
quede ni el estudio de esos elementos. El canje y la per- 
misión serían objeto de una entrada para sostenimiento 
del propio establecimiento. 

El Instituto de Investigaciones de Chile dependería 
del Museo Xacional. como tantos otros Museos y Univer- 
sidades del mundo poseen estaciones biológicas lejos de 
ellos. 

La Dirección estaría en manos del Director del Mu- 
seo Xacional, y los diversos jefes de Sección actuales, 
serían los directores de los diversos repartimientos, te- 
niendo bajo sus órdenes el personal de investigaciones en 
sus ramos respectivos. Las nuevas Secciones que se crea- 
ran como investigaciones de Medicina, de Agricultura 
etc., dependerían del Director. 

El Instituto sería la base material para la creación de 
la profesión de doctores en ciencias, que se adquiriría en 
una Escuela de Altos Estudios, oficial, enseñada por los 
])ropios empleados de la Estación y del Museo, dando así 
situación legal, a la Escuela de Altos Estudios que man- 
tienen privadamente en la actualidad, el Director y los 
Jefes de Sección del Museo Nacional, la que con todo éxito 
funciona. 



REV. CH. HIST. NAT., Año XXV (|92I) 



Lám. XLIV 



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Construcción a h\ desembocadura del Maule eleo:ido para ubicación 
del Instituto de Investi<¡raciones. 



570 KKVISTA CHILENA DK HINTOKIA NATURAL 

Pero couio nada nacional vale sino enfocamos un le- 
riector (le luz extranjera, vamos a señalar los diversos 
países en los que las autoridades, sea el Fisco, sea las 
Universidades o las municipalidades han hecho para estu- 
diar los animales, cultivarlos, domesticarlos, aumentarlos, 
enseñar como pescarlo, o darlos al consumo de un modo 
industrial, ensenar los alimentos que les sirveu, analizar 
las enfermedades de estos animales útiles, etc. 

Desde luego la Universidad de Lyon, la segunda 
ciudad de Francia, ciudad situada más lejos del mar que 
cualesquier población chileua, tiene en Tamariz-sur-raer, 
en la Bahía de Tolón una estación de Thalasicultura (cul- 
tura marina) para propor<úonar a la C^átedra de Fisiología 
general y comparada, de Lyon, los elementos de experi- 
mentación sin las cuales no existiría la enseñanza de la 
más importante de las Cátedras de los conocimientos hu- 
manos. Tengamos presente además que hay en Lyon 
(como en París y en Marsella, etc., etc.), una Facultad de 
Ciencias que aquí todavía se las estima como una ultra- 
creación, como se considera el griego, el cálculo Diferen- 
cial e Integral. — El Profesor Eafael Dubois de Fisiología 
General comparada de la Fac. de Ciencias de Lyon, es el 
Director y fundador de la Estación Zoológica Marítima 
en Tamariz-sur-mer. En Tolón, desde el tiempo de los fe- 
nicios existió un criadero para cultivarlos moluscos de la 
púrpura. 

Aquí no se piensa aún en una Facultad de Ciencias. 
En Francia se ha ido aún más allá: hay Escuela de Altos 
Estudios, Sorbona, Colegio de Francia, Universidad y 
ahora se está en camino de ir a la 5.'^^ Facultad: la de 
Ciencias Técnicas. En el Museo Nacional como ya he te- 
nido el honor de comunicar al señor Ministro, hemos 
creado una Escuela de Altos Estudios para dar certifica- 
dos, equivalente a Doctor en Ciencias, en común con lo- 
dos los jefes de Sección, entre quienes nos hemos distri- 
buido las asignaturas. 

La Thalassicultura, está mu}^ desarrollada en Holan- 
da, Noruega, Escocia, Estados Unidos, Terranova. 

El frío, la salazón, la humadura, y la antisepsia por 
el calor que pasteurizan, sirven hoy para el transporte y 
la conserva de alimentos por largo tiempo; pero esto lo 



MoOrC— 1NST1TI"T(1 DK ISVE.STIGACIOXE.S 571 

enseña y lo dirigen quienes dominan la ciencias Biológi- 
cas. Siu ella se concluirían en los países civilizados los 
peces, moluscos y crustáceos que se usan en la alimenta- 
ción, por la exageración en tomarlos y no aumentarlos. — 
Allá por los anos de 1830 a 1860 ya no existían ostras en 
Francia; fué necesario que el Profesor Coste del Colegio de 
Francia, emprendiese memorables y fecundas investiga- 
ciones sobre ostreicultura, para que xYa no se cuenten 
los millones que, desde hace medio siglo, la ostreicultura, 
fundada por 'el embriologista francés ha proporcionado a 
nuestro país. — Como siempre, en nuestra bella Francia, 
los ataques malévolos, las críticas de los incapaces y de 
los impotentes no le faltaron, pero tuvo la buena fortuna 
de ser sostenido Coste por una Administración inteligen- 
te y previsora, y sus pacientes esfuerzos, su perse^eran- 
cia valiente coronaron sus esfuerzos de un éxito grandioso 
(Dubois)». 

Ya los romanos cultivaban las ostras y las anguilas, 
y los moluscos cuya concha producen la púrpura, magní- 
fica coloración, de los mantos imperiales hoy casi extin- 
guida. 

La Piscicultura natural, es la que se dedica a hacer 
entrar, por medios apropiados, en grandes espacios cerra- 
dos, peces jóvenes que pueden desarrollarse y llegar a la 
talla de venta por la sola alimentación que les ha suminis- 
trado la naturaleza — En seguida la pesca las entrega pron- 
to al comercio y las hace conservar para venderlas des- 
pués. — Esto lo enseña un Instituto de Investigaciones, y 
no el comerciante desconocedor de las ventajas que sólo 
la ciencia ha escudriñado. 

El laberinto de lagunas de la desembocadura del Po 
sirven a este ñn desde siglos. Igual sucede en el estanque 
natural Bizuglia en Córcega donde en una sola noche se 
pescó 75 mil kilos de pescado, y en Terranova se ha con- 
seguido hasta apacentar ballenas. 

Estas ventajas podrían obtenerse aquí, en el ]\[aule, 
en Constitución, }' en el río Mataquito, en las lagunas de 
Vichuquén (Llico), Bolleruca, Bucalemu y Cáhuil. 

La Piscicultura natural, captura lo? ejemplares jóve- 
nes, los guarda en piscinas, acuarios,. en donde los do- 
mestica como a los pollos dándoles alimentación artificial. 



HEVISTA CHlLliNA 1>E HISTORIA NATI-RAL 



Sirve esto también para tratar eu agua dulce ciertos seres 
vivos de agua salada que se adoptan al nuevo medio. 

Podríamos continuar con la propagación del salmón, 
introducir el atún europeo, el arenque europeo y los estu- 
riones que producen caviar; la variedad de climas maríti- 
mos desde el mar frío por la corriente deHumboldt, hasta 
el tropical del norte dejarían crecer y propagarse los peces 
útiles. 

La piscifactura marina, la de agua dulce, que ha dado 
grandes resultados, para el cultivo y aumento de la tru- 
cha, en Francia, consiste en criar huevos de pescado, de- 
sarrollándolos y sembrarlos en mares o en ríos. Se ha 
criado la Homaricultura (cultivo de las langostas) por me- 
dio de incubadoras Xielsen, Director del laboratorio de 
Dildo, aparatos que cuestan 15 francos cada uno, de un 
metro 25 de largo, dispuestos a que el agua de mar entre 
y salga con facilidad por el movimiento de las olas del 
mar, alrededor de los huevos fecundados recogidos de las 
hembras de langostas que se pescan para el consumo, y 
que cada una lleva en su cola de 10 a 40 rail huevos. 
Hay en las costas de Terranova cerca de 3 mil incubado- 
ras que dan más de un millón de larvas de langostas des- 
tinadas a repoblar, y que criadas en acuarios se matarían 
las unas con las otras. Esta especie serviría para poblar 
todos los canales de Magallanes, Tierra del Fuego y las 
islas del Sur. 

En Concarneau, laboratorio dependiente del Colegio 
de Francia, se han ocupado de la Rhombicultura — criade- 
ro artiñcial de pescados planos — por medio del aparato de 
Brown de PIymouth. 

Sepamos que las luchas difíciles han existido en Fran- 
cia, (para evitarlas aquí); cuando se ha tratado He introdu- 
cir la ciencia en bien del comercio, de la medicina, de la 
agricultura. El citado Prof. Dubois dijo en una conferen- 
cia pública el 9 de Abril de 191G tenida en París 

no hemos podido continuar nuestros trabajos, en Taraa- 
riz-sur-mer, por falta de personal competente es decir con- 
yenientemente retribuido ¿ . 

«He luchado eu vano — durante largos años, contra un 
mal espíritu y contra un vicio de organización de nuestra 
enseñanza llamada superior, que son de lo más perjudi- 



Moore. — instituto ue ixve.stigacione.s 573 

cíales a los intereses morales, científicos y económicos del 
país. Es triste declararlo públicamente que el francés — 
en tiempo ordinario no tiene a nadie de más cruel, ni de 
más peligroso enemigo que el mismo — verdad que hay 
que gritarlo fuerte. 

«La autofagia, el egoísmo, el particularismo estrecho 
la baja celosía, la envidia, la incuria, la inferioridad técnica 
y otras, la pusilanimidad, y con ella la marea ascendente de 
la mediocridad colectiva amenazan a todas las cabezas que 
surgen: se las corta» (Profesor Dubois). 

Entre nosotros se podría criar una cantidad enorme 
de viveros de animales útiles (congrios, lenguados, corbi- 
nas, etc., etc., así como de tortugas y esponjas). 

Se ha llegado en ostreicultura a enverdecer la ostra. 
Pero todo esto por sabios, por fisiólogos. Y con ellos se 
prueba que las ostras y mariscos muertos o descompuestos, 
dan dos clases de enfermedades, la conchilioenteritis que 
es nna colitis específica, no solo de moluscos muertos sino 
de algunos vivos; lo que hemos comprobado en gente del 
Museo y compañeros de ellos, en el estuario de Eeloucaví 
y en la Península de taitao, al comer choros crudos o en 
cantidad; la otra, es la incubación del microbio de la fiebre 
tifoidea en un intestino indisgestado con productos de 
ostras averiadas pero no se ha comprobado que ellas mis- 
mas lleven gérmenes, cuando están vivas. En estanques 
artificiales con aguas infectadas de alcantarillados pueden 
enfermarse por materias de putrefacción en el agua, o por 
tomainas que se derivan sea de parásitos — como las espon- 
jas (cliones) perforantes — de ostras, o sea del mal estado 
de conservación de las conchas mismas. 

La Hidrobiología tiene base científica únicamente, y 
de ella nace la Thalassicnltura que sin esa base no sirve. 
Pero ella puede j)reparar en la práctica a todos los pesca- 
dores, a todos los marineros y los que pretenden ocupar 
puertos marinos mercantes o de guerra. 

En Italia la Estación Zoológica Marítima de Ñápeles 
fundada por los alemanes, costó sólo al Kaiser 100,000 mar- 
cos de su peculio para ayudar a su construcción y posee 200 
mil francos de presupuesto anual. 

Hay estaciones en Alemania, Inglaterra, Bélgica, 
llusia, Noruega, Suecia, Dinamarca, Austria. En Erancia 



574 



REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 



existeu doce laboratorios marítimos y iiuo en Argelia. El 
laboratorio Marítimo de Concarneau depende del Colegio 
de Francia. El de Beaulieii es para la Escuela de Altos 
Estudios. El de Bauyuls en el Mediterráneo depende del 
Profesor Pruvot de la Sorboua, Universidad que dispone 
también del de Wimereux. El de C'ette depende de la 
Universidad de Montpellier, fundada por Savatier. El de 



-3/, 



Cette. 




La'^Ution Zoologiquc 



Fig:. 50. La Estación zoológica de Cette. 



Marsella, fundado por el sabio Marión. El de Yillafranca, 
fué fundado por la «Escuela de Altos Estudios», está 
patrocinado por rusos pudientes. El Museo de Historia 
Xatural, tiene el suyo en Saint Waast la Hougue. La 
Universidad de París tiene la Estación de Eoscoff (Fiáis 
terre). El de Tamariz-sur-mer, que es el laboratorio maríti- 
mo de biología de la cíase de Fisiología general comparada 
de la Universidad de Lyon, está bajo la dirección del pro- 
pio Profesor Dubois. Las Universidades de Lille tienen 
dos laboratorios marítimos. 

En Sfax (Tunes) el laboratorio ha dilucidado, bajo el 
control del Profesor Dubois el problema de la «luz viva» 
de los animales y plantas que ha producido in litro, luz 
debido a las proteínas, la luciferasa y la luciferina, descu- 



Moore. — INSTITUTO DE INVESTIGACIONES 



brió la púrpura animal, originada por la purpiirasa que 
extrajo, y reconoció las especies de cuyas conchas, los 
romanos extraían ese precioso tinte púrpura. 

Dubois ha descubierto el mecanismo de las sensacio- 
nes en general, una teoría nueva de la visión: el resultado 
de la luz sobre los seres, el estudio del pigmento, ha con- 
seguido tener perlas reproduciendo la Margarifera v^ulga- 
ris (de Ceylan) y perlitas de las ostras perleras; perlas 
japonesas por medio de botones nacarados fijados en la 
concha de una Haliotide, los que han sido sobrepasados 
por las perlas americanas, de Jhon Salomón; Dubois ha 
podido propagar las esponjas en Tunes, como decir Meji- 
llones, Iquique; ha conseguido descubrir que las conchas 
de Bious y de Cabalaus, suministran la púrpura de los 
antiguos, reservada a teñir los vestidos de los emperado- 
res; los fenicios establecieron en Tolón un criadero artifi- 
cial de estos moluscos tinctorios. 

El Estado francés posee la Estación Aqüicola de 
Bolonia y la Escuela Superior de Ciencias de Alger posee 
otra en dicha ciudad. 

Se pueden en Chile criar tortugas, cuya carne y cuyas 
conchas son-objeto de comercio activo, y peces, lobos, espon- 
jas, moluscos, crustáceos, choros de mar y río, lo mismo 
que peces, anguilas, de mar y de ríos, de especies exóticas. 

Hay Edtación de Piscicultura y de Hidrobiología 
de la Universidad de Tolosa. Además existen muchas socie- 
dades científicas privadas que disponen de laboratorio o 
Estaciones Marítimas. 

El señor Amidie Odin tiene su laboratorio privado en 
Sables d'Olonne en la Yendée. 

Alemania poseía en Heligoland, en Kiel, en Eostock 
y en Rovigno Adriático. 

Inglaterra en Plimouth, Port Erin (isla de Man), Piel, 
Cullercoats, Alberdeen, Saint Andrews, Millport, Dublin, 
Galliway, Banyor, Islas Bermudas(en relación con la Uni- 
versidad de Havard; Canadá (enGaspé)y Yaucouver (Port 
Eeufrew, de la Universidad de Minesota). 

Había en Ñapóles y en Cagliari (Cerdeña) de la Uni- 
versidad de Cagliari, en Holanda, Japón, Monaco: 4 en 
Noruega, la una en la Universidad de Cristianía, la otra 
del Museo de J^ergen, otra municipal y la cuarta privada; 



57f) UKVIíSTA CHILKNA DE HISTORIA NATURAL 

3 en Eusia, 2 eu Suecia, de la que una es de la Academia 
de Ciencias. 

España. — El Museo de Historia Natural de Madrid, 
cuyo Director es el Profesor Odon-de-Buen, quien es a su 
vez el fundador y Director del Laboratorio Marino de 
Porto Pí, eu Palma (Mayorca, islas Baleares); hay otro 
privado en Santander. 

Estados Unidos tiene en el Pacífico 4; tres en el terri- 
torio del Estado de California; New Montery de la Uni- 
versidad de California, Pacífico Grove de la Universidad 
de Leland Str^JÍord Júnior y la tercera en San Diego de 
una Sociedad biológica; la cuarta está en Vancouver, y 
pertenece a la Universidad de Minesota. Contando la esta- 
ción que tiene la Universidad de Tokio en Misaki, pode- 
mos decir que existen cinco estaciones biológicas en el 
Pacífico muy al Norte, ninguna en el Pacífico Norte, al 
Sur de California, y menos ni en Centro ni en Sud Amé- 
rica. Este último continente no posee ninguna estación. 

Hay más en los Estados Unidos. La Universidad de 
Havard tiene, en la isla de Bermudas; y otra la de Washing- 
ton, tiene en Friday Harbour. 

El Estado tiene su oficina de Pesca, dos laboratorios: 
uno en Beaufort, el otro en Woods Hall. El Estado de 
Luisiana tiene la Estación Biológica del golfo, en Came- 
ron. El Instituto de Artes y Ciencias de Brooklin, el Cole- 
gio Inft., la Institución Carnegie, y una corporación priva- 
da, tienen cada uno su Estación biológica. 

Australia posee un Laboratorio Marítimo en Sidney. 

La Entomología agraria, serviría además para estu- 
diar vivos las cochinillas, pulgones, abejas; las principales 
estaciones entomologías son: lo. Agraria en Florencia, que 
tiene Museo de Invertebrados, aracnidas, etc., y estudia 
también parásitos. El Instituto de Investigación prestaría 
gran ayuda a la Medicina y a la Veterinaria estudiando 
los parásitos. 

2o. Estación Entomología de la Facultad de Ciencias 
de Reúnes (Francia). 

3o. Las de lasüniversidades Americanas, que varias tie- 
nen servicio entomológico completo: laboratorios, para estu- 
diar los insectos que perjudican al hombre y a los animales. 

La Sección de Entomología que dirige el sabio Ho- 



Hoore. — instituto de investigaciones 



ward, pertenece al servicio sanitario marino, federal, de 
los Estados Unidos y la Universidad de Washington posee 
otra independiente. 

4o. En Italia, Portici, Milán, Tnrín, Florencia, Hun- 
gría tiene nna (Buda Pest). 

5o. La Universidad de Amsterdan, San Petersburgo, 
París, Moutpellier, Ponen, tiene secciones entomologías. 

Los Profesores Universitarios, o Directores de Museos 
son los Directores; aunque la Estación esté muy lejos. 

Estas estaciones pueden estudiar el Aire: meteoro- 
gía, composición bacteriológica del aire — variaciones 
químicas. — El agua: temperatura, composición. 

El mar corrientes. — La costa: geología, fauna y 
flora. — Alteraciones de nivel. — Plantas fijas — Animales — 
Bancos — Dunas, — defensas, prevención — ^Avances e inun- 
daciones de ríos — Plantas flotantes — Animales fijos — 
Animales flotantes. 

Para apreciar la importancia del Instituto de Inves- 
tigaciones es necesario detenernos a los beneficios que 
reportaría, entre otras ciencias, a la Medicina. Tomemos 
por ejemplo los problemas que se relacionan con la sífilis. 
Esta terrible enfermedad, llamada la plaga roja, tiene 
una multitud de problemas previos que dilucidar urgen- 
temente; en la liltima Conferencia de Washington sobre 
enfermedades venéreas — tenida en Diciembre del año 
pasado — se presentaron sesenta problemas que deben 
contestarse en tres años más. Y nosotros podemos agre- 
gar un doble número de interrogaciones en el carácter de 
investigaciones microscópicas. Estas no pueden llevarse 
a cabo en el Instituto de Higiene, el cual fué fundado 
para servir los intereses públicos, sea produciendo sueros, 
vacunas, curando hidrófobos, o contestando las preguntas 
médicas relacionadas con las enfermedades infecciosas, y 
no podría distraer tan altas funciones para dedicarse a las 
ciencias puras. Es de admirar que algunos empleados, 
llevados de un alto espíritu científico, puedan robar horas 
de trabajo a sus múltiples obligaciones, para dedicarse a 
las ciencias. Lo mismo podemos decir de los profesores 
de la Facultad de Medicina. Quiero concretarme a la 
Clínica en que soy profesor de enfermedades genito- 
urinarias: desearía resolver pero en el carácter de irapos- 

REV. f:ll. HIST. NAT. (I9'2I) (37) 



578 REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL 

tergable lo siguiente: con cuanta cantidad de soluciones 
mercuriales mueren los Espiroquetos (microbio causante 
de la sífilis) in vitro y en el organismo, la cantidad de sal- 
varsan que los mata, experimentar en monos, ver si el 
suero del chimpancé sitilizado no sería la mejor manera 
de curar la síñlis, buscar medios de cultivo para mantener 
vivos los espíroquetes en matraces, con caldos especiales 
a fin de estudiar su biología, las proteínas que producen 
para llegar a conseguir la vacunación preventiva, como 
lo hacemos en la viruela; estudiar la vitalidad de estos 
microbios en la sangre del recien nacido que ha heredado 
el flajelo, en los de sífilis cerebral, en los que recién la 
han adquirido; estudiar comparativamente la acción de 
otros metales pesados; que aparte del mercurio, actúen en 
el microbio vivo colocado debajo del microscopio, actúen 
sobre el mono sifilizado, para pasar a la experimentación 
en el hombre; investigar si otros sueros— aparte del de 
sifilíticos — influyen en la curación de la enfermedad; si 
otras substancias bactericidas servirían al tratamiento de 
la plaga roja; si por pasajes sucesivos del microbio de 
sífilis a otros animales; monos, conejos, se podría llegar a 
cultivarlo en un animal nacional a fin de proporcionarnos 
sueros curativos y quizás preventivos; no se ha experi- 
mentado sobre animales marinos; ni sobre los numerosos 
animales domésticos que sirven al hombre, como la llama, 
vicuña, guanaco, etc., etc., de los que se habla que son 
susceptibles de adquirir enfermedades trasmitidas por el 
hombre; estudiar todos los microbios, que como los piro- 
plasmas, tripanozoma pueden tener una biología parecida 
a la de los espiroquetos, a fin de acercarnos a la biología 
primitiva de estos, es decir cuando eran habitantes en el 
suelo, o en las plantas. Cien problemas más se nos pueden 
presentar sobre el microbio de la sífilis, de la gonorrea, 
de la tuberculosis y de las enfermedades eruptivas, y 
entre las contagiosas graves el cáncer, la plaga negra que 
avanza día a día, sin detenerse, que solo se pueden estu- 
diar en un Instituto de Investigaciones puras, y que en 
forma alguna se podrían hacer estudios en nuestras CUí- 
nicas, en las que ni el tiempo, ni los elementos pueden 
permitir dedicarse a fondo a avanzar la ciencia, toda vez 
que ellas han sido creadas para formar médicos y curar 
enfermos». 



Ruiz P.— EL SPHEX OYANIVENTKIS EN CHIL^ 579 



OBSERV^iClóNES SOBRE Iñ 
existencia del 5phex cyaniventris 5pin., en Chile 

POR 

Fr. Fia minio RUiZ P. 

Profesor de Ciencias Naturales del Colegio "San Pedro Nolasco". 



Al ser invitado por nuestro querido amigo y maestro 
el Dr. Carlos E. Porter para colaborar en el volumen es- 
pecial de su importante Berista Chilena de Historia Natu- 
ral, he querido dedicar a ese fin las observaciones que he 
hecho sobre si existía o no en Chile el Sphex cyaventrif^ 
SriN.,y para establecer su distribución geográfica en el país. 

Sphex cyaiiiventris Spin. 

Pelopaeus ci/aniventris Guér. Coq., Ins. p. 263 (1830). 
Atl. Ins. pl. 8, f. 15. 

Sphex cijaniventris Spin. en Gay, Hist. Fis. y Polit. 
Chile, ZooL, p. 400. (1851). 

Sphex cyanipentiis Spiis.,1. c. Atlas zooL, lám.4., f. 5. 

Priononi/x c(/aniventris Savss., Novara. Hym. p. 43. 
(1868). 

Lo que más me ha movido a escribir las presentes lí- 
neas sobre este interesante insecto, ha sido el ver la di- 
versidad de opiniones que sobre él han dado los sabios 
más respetables. 

Así vemos que M. Guérin lo describe bajo el nom- 
bre de Pelopaeus cyaniventris, según su diagnosis que 
copio a continuación; 

Xif/er, capife thoraceque villosi, abdomen glabro, nitro- 
cyaneo nitido, alis brunneis ápice oscurioribus, cyaiieo-mi- 
cantibiis. 

Long. 30 mm. — Enver. 43 mm. 

De Sau.ssure lo coloca en el género Priononi/x. 

El seíjor Claudio Gay y el Marqués de Spinola fue- 
ron los primeros que colocaron e