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Boutví 
JUL 9- - 1908 




f^ar&arli CoUege librar^. 

FROM THE 

SALES FUND. 



EsUblished under the will of Frangís Salks, Instructor 

in Harvard College, 1816-1854. This will requires 

the income tobe expended for books " in the 

Spanish language or for books ti. 

lustrative of Spanish history 

and literature.** 



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REVISTA 



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ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 



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REVISTA 

DE 

ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

ÓRGANO OFICIAL DEL CUERPO FACULTATIVO DEL RAMO 
(se publica una v£^ mes) 

TERCERA ÉPOCA 

AÑO X 
Julio A Dicirmbre de 1906 




\!^ 



MADRID 

TIP. DE LA REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

Propiedad de D. José Manuel de la Cuesta, 
Infantas, núm. 42 bajo. 
1906 



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CONSEJO DE LA REVISTA 

JUNTA INSPECTORA. Presidente: Jefe superior del Cuerpo, D. Mar- 
celino Menéndeí^ y Pelayo, — Vicepresidente: D. Vicente Vignau y Ballester.— 
Vocales: D. José Ortega y García.— D. Manuel Flores Calderón.— D. Mariano Ca- 
talina y Cobo.— D.Rodrigo Amador de los Ríos.— D. Eduardo de Hinojosa y Nave- 
ros. — D. Juan Catalina García y López. — D. Ricardo de Hinojosa y Naveros. — 
D. Augusto Fernández Victorio. 

RE DACCION. Presidente: D. Marcelino Menéní/e)^/ Pe/ayo.— Vicepresi- 
dente: D. Vicente Vignau y Ballester. — Redactor jefe: D. Juan Menéndez Pidal. — 
Vocales: D. Ramón MenéndezPidal.—D. Antonio Paz y Melia.—D. José Ramón 
Mélida y Alinari.— D. Alvaro Gil Albacete.— D. Ricardo Torres Valle.— D. Narciso 
Sentenach y Cabanas.— D. Ricardo de Hinojosa y Naveros.— D. Manuel M aga- 
llón y Cabrera. — Secretario: Don Frantisco Navarro Saniín. 

eOLABOI^ADORES 

Ssp«ftol#s. 

Aguilar y Cano (A.). — Aguiló (Ángel). — Aguirre (Ricardo de).— Alonso Getino 
(Fr. Luis G.).— Altamira (Rafael).— A Ivarez Ósorio (Francisco).— Amador de los 
Ríos (Rodrigo).— Andrés y Alonso (Rafael).— Arco Molinero (Ángel del).— Arderíu y 
Valls (Enrique).— Aviles (Ángel).— Barcia Pavón (Ángel).— Bayo (Ciro).— Blázquez 
(Antonio).— Bonilla y San Martin (Adolfo).— Borbón (Serma. Sra. Infanta D.* Paz 
de). — Bullón jr Fernández (Eloy).— Calleja (Jo?é Demetrio).— Castaños y Montijano 
(Manuel).— Codera (Francisco).— Cotarelo (Emilio).— Chabás (Roque).— Diez y 
Lozano (Baldomero). — Domínguez Berrueta (M.).— Elias de Molíns (Antonio).— 
Escandón (Ramón).— Fernández Duro (Cesáreo).— Fernández Mourillo (Manuel).— 
Fernández de Velasco (Fernando).— Ferrá (Bartolomé).— Flores Calderón (Ma- 
nuel).— García (Juan Catalina).— García Pérez (Juan Pío).— García de Quevedo 
(Eloy). — Gestoso y Pérez (José). — Gil Albacete f Alvaro).— Gómez del Campillo 
(Francisco). — Gómez del Campillo (Pedro).— Gómez-Moreno y Martínez (Ma- 
nuel).— González Agejas (Lorenzo).— González Hurtebise (Eduardo).— González 
Simancas (Manuel).— Gonzalvo y París (Luis).— Goyri de Menéndez Pidal (D.* Ma- 
ría).— Gutiérrez del Caño (Marcelino).— Hergueta (Narciso).— Herrera (Adolfo). — 
Herrera (P. Ignacio).— Hinojosa (Eduardo de).— Hinojosa (Ricardo).— Jiménez Soler 
(Andrés).— Juderías (Julián ).—Lampérez y Romea (Vicente). — Laurencín (Marqués 
de). — Liñán y Eguizával (José de).— Liñan y Heredia (Narciso José de).— L labres 
(Gabriel). — Llorens y Asensio (Vicente). — Magallón (Manuel).— Marco Hidalgo 
(José). — Martínez (Juan). — Melgares y Marín (Julip). — Mélida (José Ramón). — Men- 
digutía (Tomás). — Menéndez y Pelayo (Marcelino).— Menéndez Pidal (Juan).— Me- 
néndez Pidal (Ramón). — Meneu (Pascual).— Mir (Miguel). — Mora (Manuel).— Na- 
varro Santfn (Francisco). — Navas (Conde de las). — Olavide (Ignacio^ — Paz y Es- 
peso (Julián). — Paz y Melia (Antonio). — Pedraja Fernández (Eduardo de la). 
Pérez de Guzmán (Juan).— Pérez Pastor (Cristóbal).— Pérez Rubín (Luis).— Pérez 
Villamil (Manuel).— Picatoste (Valentín).— Quintero (Pelayo).— Ramírez de Are- 
llano (Rafael). — Ramírez de Villa-Urruiia (Wenceslao).— Robles y Rodríguez (Ra- 
món). — Rodríguez de Berlanga (Manuel).— Rodríguez Mourelo (José).— Rodríguez 
Villa (Antonio).— Rosa y López (Simón de la).— Ruano y Prieto (Fernando).— 
Rújula y del Escobal (José de).— Salva (Anselmo).— San Pelayo (Julián).— Sanperc 
y Miauel (Salvador).— Santamaría (Lorenzo).— Sanz Arizmendi (Claudio.)— Sen- 
tenach (Narciso). — Serrano (Luciano). — Serrano y Morales (José Enrique).— Se- 
rrano y Sanz (Manuel).- Soraluce (Pedro).— Suárez Bravo (Francisco). — Tenorio 
(Nicolás). — Torres Lanzas (Pedro). — Torres Valle (Ricardo). — Tramoyeres 
(Luis).— Ureña y Smcnjaud (Rafael).— Valencina (Fr. Diego de).— Velasco y 
Apuirre (Miguel).— Velázquez Bosco (Ricardo). — Vignau y Ballester (Vicente).— 
Villaamil y Castro (José).— Vives (Antonio). 

Extranjeros. 
Bienkowski (P.), Profesor de la Universidad de Cracovia.— Bonsor (M. J.), Ar- 

? neólogo. — Calmette (J.), de la Escuela Francesa de Roma. — Cazac (H. P.), 
rofesor del Liceo de Bayona.— Daumet (G.), de los Archivos Nacionales de Fran- 
cia. — Desdevises du Dézert (G.), Profesor de la Universidad de Clermont-Ferrand.— 



■1 



Engel (A.), Arqueólogo.— Farinelli( A.), Profesor de la Universidad delnsbrack.— 
Fitz-Gerald (J. D.).--Friedel (M.), de la Universidad de Liverpool.— Garófalo (F. P.), 
Profesor de la Universidad de Calania (Sicilia).— Gráfenberg (S.) — Graillot (Henri), 
Profesor del Liceo de Tolosa de Francia. — Haebler (Conrado), Bibliotecario de ia 
Real de Dresde.— HomoUe (Th.), Director de la Escuela Francesa de Atenas.— 
Leite de Vasconcellos (J.), Director del Museo Etnológico de Lisboa. — Melé (E.^, 
de la Biblioteca Nacional de Ñapóles.— Morel-Faiio (A.), Profesor de la Escuela ae 
Estudios superiores de París. — Paris (P.), Catedrático de la Universidad de Bur- 
deos.— Ulloa (Luis). 

Catálogos publicados por la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos. 
Biblioteca Nacional \,—Caídlago de las piezas de teatro que se conservan en el 
Departamento de Manuscritos de la Biblioteca Nacional, por D. Antonio Paz y 
Melia, Jefe de dicho Departamento. — Madrid, 1899.— 8.* doble, 717 páginas.— 10 
pesetas.— Ocho pesetas á los suscriptores de la Revista. Punto de venta, en la Ad- 
ministración de la misma. — ¡1. Catalogo de las causas contra la fe seguidas ante el 
Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición de Toledo y de las informaciones ge- 
nealógicas de lüs pretendientes á oficios del mismo. Con un Apéndice de los demás 
Tribunales de España, Italia y América. — Madrid, 1908, 8.* d., viii-669 págs. — III. 
índice de pruebas de los Caballeros de la Real y distinguida orden española de 
Carlos III, desde su institución hasta el año 1847.— Madrid, ^904, 8.* d., 191 págs. — 
4 pesetas. 

BIBLIOTECA DE LA REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS, 
lí. Instrucciones para la redacción de los Catálogos en las Bibliotecas públicas del 
Estado, dictadas por la Junta facultativa de Archivos, Bibliotecas y Museos. — 
Madrid. Tipografía de la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, 1902.— 8.*, 
1 52 páginas y 180 modelos.— 6 pesetas. 

PUNTOS DE SUSCRIPCIÓN 

En Madrid: en la Administración de la Revista, Paseo de Recoletos, 20; y en 
en las librerías deMurillo, Alcalá, 7; Súarez, Preciados, 48; Guttenberg, Plaza de 
Santa Ana, i3; Fé, Carrera de San Jerónimo, 2; Capdeville, Plaza de Santa Ana, 9; 
Romo y Füssel, Alcalá, 5; Sánchez, Carretas, 21; San Martín, Puerta del Sol, 6, y 
viuda de Rico, Travesía del Arenal, i. — En Paris: en la librería de H. Welter, Rué 
Bcrnard-Palissy, 4. 

PRECIOS DE SUSCRIPCIÓN.— En esta Administración: para España, 15 pe- 
setas al año; para el extranjero, 20 francos al año. Número suelto, 1,50 pe- 
setas. 

La suscripción y pago de la Revista será anual, empezando en Enero y ter- 
minando en Diciembre. 

Primera y segunda serie (primera y segunda época), tomos I á IX; agotados.— 
Tercera serie (tercera época), tomos I, 11, ill, IV, V, VI y VII, 90 pesetas; sueltos, 
á 1 5 pías. tomo. — Boletín de Archivos, Bibliotecas y Museos, un tomo, 7,5o ptas. 

MODO DE HACER EL PAGO 
Fm metálico ó por medio de libranza del Giro mutuo, á nombre del 
Sr. Administrador de la Revista de Akchivos, Bibliotecas y Musios, 
Paseo de Recoletos, núm. 20. 

ADVERTENCIAS 

La correspondencia literaria (envío de originales, de documentos, de noticias, 
de obras, de papeletas bibliográficas, cambio, pruebas de imprenta, etc., se dirigirá 
al Secretario de la Redacción de la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, 
Paseo de Recoletos, 20.— La correspondencia administrativa (suscripciones, anun- 
cios, reclamaciones, etc.) al Administrador de la Revista de Archivos, Bibliote- 
cas Y Museos, Paseo de Recoletos, 20. 

Rogamos á los autores, editores y libreros que nos remitan ísls papeletas biblio" 
gráficas exactas de sus obras, si quieren que se inserten gratuitamente en la sec- 
ción de Bibliografía.— Se hará nota bibliográfica de todo libro de materia lite- 
raria, histórica ó artística, siempre que lo requiera la importancia de ia obra y se 
envíe á la Revista un ejemplar.— La Bedacoión deja á los autores la respon- 
sabilidad de las opiniones que emitan en sus escritos. 




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//>^REVISTA '"'^"'■'^ 



ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

ÓRGANO OFICIAL DEI, CUERPO FACULTATIVO DEL RAMO 



(se publica una \fiZ AL MES) 



TERCERA ÉPOCA 

AÑO X 



Julio-Agosto de 1906 



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MADRID 

Tir. DE LA REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

Propiedad de D. José Manuel de la Cuesta, 
Infantas^ nú m. 43 bajo. 
1906 



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XI. 


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XII.- 


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XIII. 


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XIV.- 



I. — España en el Congreso de Viena, según la correspondencia oficial 
de D, Pedro Gómeíi Labrador, Marqués de Labrador, por W. R. de 

Villa-Urrutia. I 

El Consejo de Castilla y la censura de libros en el siglo XVIII, 

por Manuel Serrano y Sanz 28 

Notas sobre un incunable español desconocido, existente en la Bi^ 
blioteca de la Real Universidad de Upsala, por Isak Collijn. . . 47 
Cartas del Beato Diego José de €ádi\: Introducción y biografía del 
R. P. Fr, Francisco Gon^ále^, Prior que fué del Convenio de Do- 

m/;zzco5 í/e Éc/y (2, por Fp. Diego DE Vale NCíN A Sj 

Breve noticia del Archivo que fué del Duque de Osuna, por Fran- 
cisco Alvarez-Ossorio 79 

■Grafitos antiguos del castillo de Alcalá de Guadaira, por Claudio 

Sanz Arizmendi . . . loi 

El itinerario de Don Hernando Colón y su vocabulario topográfico 

de España, por Simón de la Rosa y López ......... 106 

Apuntes para el estudio de las instituciones jurídicas de la iglesia 
de España desde el siglo VIH al XI (conclusión); por Francisco 

GÓMEZ DEL Campillo ^. ..... 119 

IX.— Notas Bibi iográficas: S> Sampere y Miquel: Fin de la Nación ca- 
talana (A. G. S.). — F. A^nar y Navarro: Colección de documentos 
para el estudio de Ja Historia de Aragón. Tomo II, Forum Turolii 
(M. S. y S.).— A. Cauchieei R. Maere: Recueil des instructions ge- 
nérales aux Nonces de Flandre (M. S. y S.).— E. Cotarelo y Mor i: 
Francisco de Lugo y Dávila. Teatro popular.— Gonzalo de Céspedes 
y Meneses. Histerias peregrinas y ejemplares (L. H.). — E. Cotarelo 
y Mor i: La niña de los embustes: Teresa de Manzanares (L. H.). . 187 

— Variedades: Alemania. Egipto. España: Madrid, Valencia. Fran- 
cia. Grecia. Italia, por R. de A(íuirre..^ ... J44 

— Crónica de Archivos, Bibliotecas y Museos: Museo de reproduc- 
ciones artísticas. . . ; 160 

—Bibliografía: Libros españoles, por A. Gil Albacete. — Libros 
extranjeros, por R. de Aguirre. — Revistas españolas, por R. de 
Aguir^re. — Revistas extranjeras, por L. Santamaría i63 

—Sección OFICIAL Y DE NOTICIAS 172 

—LÁMINAS intercaladas: Un incunable español desconocido: I. La entrada 
en Jerusalén. — Muestra de los dos tipos de letra. — La inicial C grabada en 
madera.— II. Cristo y los fariseos.— III. Parábola de la viga y la mota. — 
IV. La tentación. — V. La ascensión. — VI. Facsímil de la escritura del 
Beato Diego José de Cádiz. — VII. Grafitos antiguos del Castillo de Alcalá 
de Guadaira. 

XV. — LÁMINAS sueltas: I. Retrato dt D. Pedro Gómez Labrador, Marqués de 
Labrador, original de D. Vicente López.— II. Retrato del Beato Diego José 
de Cádiz. 

Pliegos 19 y 20 del Catálogo de los manuscritos que pertenecieron á D, Pascual de 
Gayangos, por Pedro Roca. 

Pliegos 7 y 8 del Catálogo L Diversos de Castilla, por D. Julián Paz, Jefe del Ar- 
chivo de Simancas. 



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RFV. DE APCH., BIBL. Y Ml'SKOS 



TOMO XV. — I.AM. I 




DiJN l'EDKO üüMEZ LABKAUUH, MAR^I l'S Di: LABKADUK 



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REVISTA 



DE 



ARCHIVOS, BroUOTECAS* Y MUSEOS 



Año X. — Julio-Agosto de 1906. — Núms. 7 y 8. 



ESPAÑA EN EL CONGRESO DE VIENA 

SEGÚN LA CORRESPONDENCIA OFICIAL * 
DE D. PEDRO GÓMEZ LABRADOR, MARQUÉS DE LABRADOR 



MUCHOS son los libros que corren, ó mejor dicho, duermen impresos 
sobre el Congreso de Viena; escritos los unos por los contempo- 
ráneosde aquella ilustre Asamblea diplomática, de cuyos acuerdos 
apenas queda hoy rastro en el mapa de Europa, y publicados los otros en 
nuestros días, ya para dar á conocer las archivadas correspondencias y 
memorias de los protagonistas, ya para poner á éstos más á nuestro alcan- 
ce, despojados de su aureola y con todas las debilidades propias del hu- 
mano linaje, ya para recordar, especialmente á los vieneses, las incompara- 
bles fiestas que, como bordado de riquísimas flores, cubrieron la trama 
política del Congreso durante los varios meses en que la imperial ciudad 
se vio elevada al rango de capital de la Europa. 

En todos estos libros apenas hallamos mención del Plenipotenciario 
español D. Pedro Gómez Labrador. Su retrato figura entre los claros va- 
roñes que dibujó Isabey, engalanados con lujosos uniformes y preciadas 
cruces, departiendo amistosamente, en el palacio de la Cancillería impe- 
rial, sobre los arduos negocios sometidos al Congreso. Su nombre lo cita 
Talleyrand con olímpico desdén en algunas de sus cartas; pero no fo ha- 
llamos al pie de los Tratados de 181 5, que se negó á firmar en Viena, 
y que años después suscribió en París el Conde de Fernán-Núñez, Ape- 
nas lo menciona en su Crónica mundana el Conde de la Carde ^ que nos 

I Féteset soupenirs du Congrés de Vienne. Tableaux des Salons. Scéncs anecdoliqu^s et 
portraits, 1814-1813. París, 1843, 2 vols. in 8." 

3* ÉPOCA.— Toao XV I 



2 KKVISTA Dt ARCHIVOS, BIBLIÜIKCAS Y MUSEOS 

habla del Encargado de Negocios de España D. Camilo Gutiérrez de los 
Ríos. Pero cuantos españoles han escrito, harto someramente, sobre el 
Congreso de Viena, culpan á Labrador del secundario y deslucido papel 
que en él hizo nuestra* diplomacia y del escaso fruto que nuestros triun- 
fos militares nos valieron, atribuyendo la responsabilidad del fracaso á la 
manifiesta incapacidad de nuestro Plenipotenciario, á quien han clavado 
en la picota de la historia con la nota de inepto. ¿Merece Labrador este 
ejemplar castigo; ó ha sido víctima, como tantos otros, de un error histó- 
rico que lo ha condenado á perpetua ignominia? 

Más de una vez nos habíamos hecho esta pregunta; pero para darla 
cumplida respuesta y resolver en justicia era preciso oir, en primer tér- 
mino, al propio Labrador; no lo que él ha querido contarnos en sus apun- 
tes autobiográficos ', que escribió poco antes de su muerte, cargado ya de 
años y achaques y algo descabalado de memoria y de juicio, sino lo que 
nos dicen sus cartas oficiales y las instrucciones de sus jefes y todos los 
papeles archivados en el Ministerio de Estado, que se refieren á las nego- 
ciaciones del famoso Congreso. Y para esto se necesitaban ocios mayores 
que aquellos de que puede disponer un diplomático en activo servicio, 
aun en tiempos como los presentes, harto liberales en punto á comisiones 
y licencias. 

A la bondadosa amistad de antiguos jefes míos, que han lleudo á serlo 
del Gobierno, y á quienes doy aquí público testimonio de mi agradeci- 
miento, he debido no pocos meses de forzado reposo en mi carrera, que 
he podido dedicar á este estudio, el cual, aunque parezca á muchos de es- 
caso interés, y lo sea ciertamente como obra mía, debe merecer alguna 
indulgencia por el laudable propósito que revela de buscar la vervad y de 
contribuir, siquiera con un grano de arena, á la historia harto ignorada y 
somera de la diplomacia española. Si para emprender este trabajo me ha 
faltado la debida preparación, no m^ ha estorbado, en cambio, ningún 
prejuicio. Ni me he propuesto rehabilitar á Labrador, reintegrándole en la 
carrera con los honores de perfecto Embajador, ni he querido borrarle de 
ella sin formación de expediente. 

Con gran imparcialidad y no menor paciencia he leído el que obra en 
el Ministerio de Estado sobre el Congreso de Viena, y consta de siete 



I Mélanges sur la vie privée et publique du Marquis de Labrador^ ccriis par lui-mcmc ct 
reofermaat une revue de la politíque de l'Europe depuís ijQSjusqu, au mois d'Octobrc 1849 ce 
des révél.itions irés importantes sur le Congrés de Vieone. París, 1840. 



1 



ESPAÑA EN KL CONGRESO DE VIENA 



abultadísimos legajos. En él figuran todos los papeles que, en el prólogo de 
su autobiografía, dice Labrador había juntado con el propósito de escribir 
la historia del Congreso de Viena, los cuales quedaron en Roma en i83i, 
y durante su ausencia, el Secretario Encargado de Negocios envió de ellos 
una lista al Ministerio de Estado, y éste dispuso que se remitieran á dicho 
Centro. Los reclamó, años después, por conducto del Embajador de S. IVl. 
en Parrs, al cual se dijo, en Real orden de i." de Marzo de i85o, que era 
de todo punto inexacto lo que Labrador estampaba respecto á estos pape- 
les en el prólogo de su folleto, puesto que en despacho de 3o de Abril 
de i83i, siendo Embajador en Roma, había manifestado el propio Labra- 
dor que, por no saber á quién entregarlos, los había conservado en su po- 
der; que los dejaba en el Archivo de la Embajada, y enviaba un inventa- 
rio á fin de que se pudieran dar las órdenes para el ulterior destino de 
ellos; en consecuencia de lo cual, se dispuso, en i8 de Mayo de i83i, su 
remisión á la Primera Secretaría, no siendo posible acceder á su devolu- 
dóo^ porque, según el informe del Archivo, eran «documentos referentes 
á las mismas negociaciones, y papeles de semejante naturaleza no son, ni 
pueden ser, de propiedad particular. « Y, en efecto: éstos no son más que 
los despachos del mismo Labrador, en borrador y en copia, y las Reales 
órdenes originales que le fueron dirigidas, documentos todos ellos ofi- 
ciales. 

De su lectura se desprende que no era Labrador más que una dorada 
medianía; uno de tantos diplomáticos del montón de la carrera, que en 
tiempos normales y en circunstancias ordinarias llenan su misión cumpli- 
damente y aun logran pasar á la posteridad con fama de discretos, que 
entre sus coetáneos no gozaron. Había sido con él la fortuna más pródiga 
que la naturaleza, y como tenía los favores de aquélla por justificada re- 
compensa de sns naturales dones, de tal suerte había recrecido su ingénita 
vanidad, que se consideraba en su oficio muy superior á cuantos con él 
trataban y hallábase siempre dispuesto á dar, pero no á recibir consejo. Si 
no reconocía límites su vanidad, teníalos, en cambio, muy estrechos su en- 
tendimiento. Faltaba extensión y penetración á su mirada: no abarcaba, 
desde luego, un negocio en su conjunto y sus detalles, ni acertaba á dar 
¿las cosas sus verdaderas proporciones; fijábase en las pequeneces abul- 
tándolas, y éstas le ocultaban los puntos principales de la cuestión. Care- 
jcía, además, de la viveza de ingenio, que á veces acompaña y á veces su- 
ple al entendimiento, por loque, despreciando la negociación verbal, alma 



4 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSCOS 

de la diplomacia, reducíalo todo, á manera de pleito, á escritos en que se 
revelaba el leguleyo. Jactábase de discurrir y aun de escribir con cristiana 
libertad, reñida con los usuales artificios del lenguaje diplomático, y no 
era, sin embargo, ni firme, ni franco, ni sencillo. Habíale, por último, to- 
cado en suerte una parte no pequeña de la nativa soberbia, patrimonio de 
la raza, y como tenía menos crianza de laque el oficio requería, resultaba 
altivo y duro en su trato, y, por consiguiente, insoportable, habiendo su 
sequedad genial dado lugar á quejas de Cortes e.xtranjeras y á amones- 
taciones de la nuestra >. 

jCómo se explica que con estas condiciones, que le hacían tan poco á 
propósito para la carrera diplomática, hubiera llegado, no sólo á represen- 
tar á España en el Congreso de Viena, lo que pudo ser mero capricho de 
la suerte, sino á desempeñar después tranquilamente, durante muchos 
años, otras importantes Embajadas? Hay que reconocer, en primer tér- 
mino, aunque nos duela el confesarlo, que no era Labrador una excepción 
entre los Embajadores que produjo en España la escuela de la desgracia, y 
que florecieron en la primera mitad del siglo pasado. Todos debían sus 
puestos á la intriga, y si no servían los más para negociar tratados, nadie 
les aventajaba en negociar ascensos y sobresueldos, bandas y toisones; 
eran, por decirlo así. Embajadores domésticos, que sólo ejercitaban sus 
aptitudes diplomáticas en la propia Corte y no en las extrañas, cerca de 
las cuales estaban acreditados. Y en punto á intrigas y tramoyas cortesa- 
nas podía pasar Labrador por un Maquiavelo mal traducido al castellano. 
Había conocido al Rey muy de cerca, por lo que procuraba mantenerse 
siempre á respetuosa distancia de la real persona, cultivando al propio 
tiempo la amistad de cuantos formaban parte de la camarilla. Poseía, ade- 
más, como ninguno, el artefde hacer valer, realzándolos, sus méritos y ser- 
vicios, y como entre nosotros se presta una distraída atención á las cues- 
tiones internacionales, que Labrador había tratado mano á mano con los 



I Dice Pizarro en sus Memorias (tomo II, pág. 121): ^De más de una Corte vinieron indica» 
cioncsdeque su sequedad fgenial contribuía al entorpecimiento de los negocios, y aun Lord 
Wellington me hizo decir lo mismo.» 

Y en un despacho dirigido por Labrador á Pizarro, en 17 de Diciembre de 1816, recayó la 
(iguiente resolución: «La advertencia que se hizo al Sr. Labrador, y que se le repite, se funda 
en que S. M. mismo, que es nuestro dignísimo modelo, quiere imprimir en sus relaciones polí- 
ticas el mismo aire de afabilidad y dulzura que unto brillan en el carácter de S. M. y que tanto 
contribuyen al éxito de los negocios ¿diplomáticos. Por esto fué preciso hacérsela para que el 
lenguaje de S. M. y de todos sus|Ministros(8ea uno y. guarde conformidad, falta por la que 00 
pocas veces se complican los negocies, y como hasta aquí no se había dado á este punto la ma- 
yor atención, me pareció advertírselo, para que obrase de acuerdo.» 



ESPAÑA EN KL CONGRESO DE VIENA ^ 

más poderosos Monarcas y Ministros, y en las que se decía peritísimo, 
teníanlo las gentes por tal, y corroboraba esta opinión el Gobierno pre- 
miando, coa la Gran Cruz de Carlos III, el fracaso de Viena. De este fra- j 
caso no fué, sin embargo, Labrador el único culpable. ¿ 

Hay derecho á exigir de un Embajador que interprete fielmente sus g 

instrucciones y las cumpla con habilidad y acierto, y cuando este Emba- -í. 

jador, como sucedía á Talleyrand y á los demás Plenipotenciarios de las i 

grandes Potencias en el Congreso de Viena, es, no sólo el representante del 
Gobierno, sino el Gobierno mismo, es decir: la cabeza que piensa y el 
brazo que ejecuta, nada de extraño tiene lo que al Duque de Broglie ha ■ 

merecido tanto elogio, atribuyendo á Talleyrand el haber ensanchado y 
engrandecido la misión del Embajador, haciéndole arbitro y no instru- 
mento de la política del Gobierno. Pero Labrador no se encontraba en »^ 
igual caso. Podía, es cierto, porque la latitud de sus instrucciones se lo ^ 
permitía, obrar con algún desembarazo y aun imprimir determinado ^^ 
rumbo á sus gestiones para conseguir lo único que la Corte de Madrid per- -^ 
seguía con empeño, ó sea la restitución de los Estados de Italia á los des- 
poseídos Príncipes de la Casa de España; mas precisamente la falta de ^ 
orientación de nuestra política exterior, claramente revelada en la vague- 
dad de las instrucciones, dejaba á Labrador á obscuras y le obligaba á 
buscar á tientas su camino. Si no lo encontró, no fué la culpa exclusiva- 
mente suya, y la responsabilidad de ella alcanza, en primer término, á los > 
Ministros, que todo lo fiaron al tino, conocimientos y particular celo del 
Embajador. 

Movería á risa, si no se tratara del buen nombre de España y de inte- :' 

reses tan altos y negocios tan serios como los que tuvieron en sus manos 
aquellos Ministros de Estado, la falta de criterio, el desconcierto, la infor- 
malidad que presidió á la dirección de estos asuntos, y de la que, por des- 
gracia, hay numerosos ejemplos en la historia de nuestra diplomacia. 
Cuatido la Regencia envió primero á Pizarro y después á 'Fernán-Núñez 
para el ajuste de la paz general, y propuso al Embajador inglés en Madrid 
ia celebración de un Tratado de alianza por el que se comprometería Es- 
paña á no renovar en ningún caso el Pacto de familia, obraba aquel Go- 
bierno movido del temor de que los aliados se entendieran con Napoleón 
y del deseo de continuar la guerra. Restituidos á su Patria Luis XVIII y 
Fernando Vil, creyó éste ocioso el tal Tratado, y si lo firmó, cediendo á 
exigencias de Inglaterra, no fué su ánimo que sirviera de base á la política 



6 REVISTA DE ARCHIVOS, BIULIOTKCAS Y MUSEOS 

de la Monarquía restaurada, la cual buscó más bien la amistad de Rusia, 
ya por la personal influencia del Ministro del Zar en Madrid, Tatistscheff; 
ya porque se creyera, como decía Pizarro, que el Emperador Alejandro 
era el mejor abogado de causas justas perdidas; ya, en fin, por el proyecto, 
que acarició el Monarca español, de unirse en matrimonio con una Gran 
Duquesa rusa K Pero, ni aun en esta amistad se fijó y perseveró el Go« 
bierno español, sino que, al mismo tiempo, por un articulo secreto del Tra- 
tado de paz con Francia, obtuvimos que ésta apoyase con sus buenos ofi- 
cios en el Congreso de Viena nuestras reclamaciones respecto á los Esta- 
dos de Italia, y hasta hubo intento de renovar, siquiera en la parte hono- 
rífica, el Pacto de familia, porque, al fin y al cabo, no podía menos de ha- 
ber entre los dos Soberanos restaurados, unidos por los vínculos de la 
sangre, cierta comunidad de simpatías é intereses, que había de reflejarse 
en sus relaciones políticas. Así, pues, alternativa y aun simultáneamente 
solicitó el Gabinete de Madrid la amistad y el apoyo de Inglaterra, de Ru- 
sia, de Francia y hasta de Prusia (sólo al Austria consideró como enemiga 
por su política en Italia), sin decidirse por ninguna ante el temor de dis- 
gustar á las demás, y este temor fué entonces, como lo ha sido también en 
muchas otras ocasiones, causa principal de que dejáramos á todas igual- 
mente disgustadas y de que ninguna se atreviera á socorrernos en la me- 
dida que lo necesitábamos. Nuestra amiga y natural aliada la Inglaterra, 
que tan poderosamente había contribuido á arrojar de la Península á los 
franceses, y que tan dispuesta se hallaba á ayudarnos en las negociaciones 
diplomáticas del Congreso de Viena, no gozó, quizás por lo que de liberal 
tenía su Gobierno, de las simpatías de Fernando VII y de sus consejeros, 
y si no se renovó el Pacto de familia, ni se concertó una alianza con Ru- 
sia, fué porque lo estorbaron nuestras vacilaciones y la poca confianza que 
en el cumplimiento de nuestros compromisos internacionales llegamos á 
inspirar. Es de esperar que el desfavorable, pero merecido, juicio que de 
nosotros formaron los extraños, pertenezca ya definitivamente á la histo- 
ria, y que ésta nos enseñe á no reincidir en errores que, como los cometi- 
dos por nuestra diplomacia durante el Congreso de Viena y de que va á 
darnos fehaciente testimonio la correspondencia de D. Pedro Gómez La- 
brador, redundan en desprestigio de la Nación y en menoscabo de sus de- 
rechos é intereses. 

I Sobre este proyecto matrimonial ha publicado un interesante trabajo el erudito histo- 
riador Sr. Bccker. 




tSPANA KN EL CONííRESO DE VIENA 



En el verano de 1814 aprestábase la imperial ciudaJ de Viena á recibir ^ 

con cordial agasajo y nunca visto atuendo á los más sesudos y famosos j 

diplomáticos del mundo, que iban all/á juntarse para rehacer á su antojo, /< 

iras hondas meditaciones y prolijos debates, el mapa de Europa, algún tanto I 

deshgurado y maltrecho por los tajos y reveses de un soldado de fortuna. J 

Grande y legítima era la satisfacción de los vieneses. Ellos sabían, por- v 

que lo decían verídicas historias, que su ciudad natal había sido, allá en 
ci siglo xvií, baluarte de la cristiandad en Europa y había resistido heroica 
y victoriosamente el asedio y embate de los turcos. Y aunque de esto ha- 
cía mucho tiempo, seguían considerándose inexpugnables é invencibles, / 
cuando un suceso tan imprevisto como doloroso vino á poner término í ^ 
sus patrióticas ilusiones. Un día, al pie de la torre de San Esteban, que se ^j 
yergue secular y altiva en medio de la ciudad, desfilaron, con batientes ^ 
tambores y tricolores banderas desplegadas, unos soldados advenedizos j 
que se enseñorearon de la capital á nombre de un Emperador de nuevo í 
cuño, que nada tenía de común con la augusta, sacra y cesárea majestad 
de los Habsburgos, que á los austríacos venían durante largos siglos go- 
bernando. 

Y aquel obscuro aventurero, oriundo de Córcega, en quien parecía ha- i 

ber encarnado el genio de la guerra, descansó sendas veces sobre sus lau- ¿ 

relés de Austerlicz y de Wagram en el palacio de Schónbrunn, sin respeto 
para la memoria de la gran María Teresa, á la que infirió aún mayor agra- 
vio exigiendo^ á guisa de barnaje, la mano de una Archiduquesa, hija del 
propio Emperador Francisco I, para que compartiera con el usurpador el 
trono en que acababa de sentarse la infortunada María Antonieta. Los 
vieneses, que habían visto atónitos todas estas cosas y habían tenido que 
someterse á todas estas humillaciones, saboreaban ahora el placer de los 
dioses. Napoleón, vencido por la Europa, se veía reducido á una irrisoria 
soberanía en Ja isla de Elba; el Emperador de Austria, con sus aliados los 
soberanos de Rusia y Prusia, había entrado en París al frente de los ejér- 
citos triunfadores; Luis XVIII ocupaba ya el restaurado trono de sus ma- 
yores, y todos los Monarcas desposeídos ó vencidos por Bonaparte se re- 
gocijaban de la caída de aquel colega extraño, á cuya soberanía le faltaba, 
para su legitimación, la sanción del tiempo que, juntamente con la del éxito, 



8 REVISTA DK ARCHIVOS, BIBLIOTECAS V MUSJÍOS 

reemplaza muchas veces con ventaja el indiscutible título del derecho he- 
reditario. En este universal regocijo de Reyes y de pueblos cabía parte 
muy principal á la ciudad de Viena, designada para albergar al Congre- 
so, cuyos acuerdos, á semejanza de los de Westfalia, habían de formar 
época en la historia de la diplomacia europea. De aquí la grande y legí- 
tima satisfacción de los vieneses cuando, en el verano de 1814, se apresta- 
ban á recibir con cordial agasajo y nunca visto atuendo á los más sesudos 
y famosos diplomáticos del mundo. 

Entre estos varones ilustres, mandatarios y arbitros de Europa, cuyos 
nombres conserva la historia y cuya imagen ha transmitido á la posteridad 
con suprema elegancia el lápiz de Isabey % figuró como representante de 
España D. Pedro Gómez Labrador 2. 

Presidió á su elección, á la usanza española, el deseo de premiar ser- 
vicios políticos, más que nacionales domésticos, sin tener para nada en 
cuenta las condiciones personales del sujeto ni la relación que debieran 
guardar con la misión que se le confiaba, porque eso de la especial aptitud 
y preparación para determinados cargos, que en otras partes se busca y 
aun se encuentra, anda entre nosotros reñido con nuestra manera de go- 
bernar y de administrar la cosa pública. No hay país donde reine con ma- 
yor imperio que en España el principio esencialmente democrático de la 
igualdad ante el destino, ni donde el nepotismo haya echado más hondas 
raices, favorecido por las propicias condiciones de la raza. Todo español, 
por el hecho de serlo, posee una aptitud constitucional, antes ingénita que 
escrita, para el desempeño de cualquier cargo público, sobre todo diplo- 



1 Cuenta el Conde de In Carde en su libro Fiestas y recuerdos del Congreso de Viena que, 
lamentándose un día Isabey en casa de Talleyrand, en París de las consecuencia* de una Res- 
tauración que par» él había sido una ruina, puesto que Ic había quitado lo^ destinos que á Na- 
poleón debía; fijóse el Príncipe en el cuadro de Terburg, de la paz de Munster. y señalándoselo al 
artista le dijo: «Va á abrirse un Congreso en Viena; vaya usied allí.* Asi lo hizo, y no tuvo por 
qué arrepentirse, pues retrató á casi todos los soberanos y personajes que se reunieron en Viena, 
que no fueron pocos, y su dibujo, que representa una sesión de los Plenipotenciarios del Con- 
greso, mereció unánimes elogios. Grabó esta preciosa estampa John Godefroy, y su costo, de 
40.000 francos, lo cubrieron los ocho Gobiernos firmantes, á razón de 5.ooo fancos cada uno, por 
10 ejemplares antes de la letra y 20 con letra. El precio anunciado en el prospecto era de 240 y 120 
francos respectivamente el ejempLir, suscrito de antemano, *y el doble para los que después se 
pusieran á la venta. 

2 El retrato de Labrador que acompaña á este trabajo, y cuya reproducción debemos a la 
amabilidad de su actual poseedor el Excmo. Sr. D. Aureliano de Remete, es obra admirable 
de D. Vicente López y fué pintado en Madrid en 1831 ó 1832 durante un viaje que Labrador, á 
la sazón Embajador en Roma, hizo á la corte en uso de licencia, á poco de haber contraído m i- 
trimonio. 

En la Biblioteca Nacional hay otro retrato de Labrndor, grabado por F. Lefman, busto per- 
dido, sin letra, que corresponde á la misma época. 



I SHANA EX Kl. CON(]Rfc:SO DE VIENA () 

mátíco, y basta que un Soberano bondadoso ó un Ministro pariente ó 
amigo le saque Jei anónimo montón, para que surja, como Minerva de la 
cabeza de Júpiter, el embajador ó el estadista que vivía, quizás en bien de 
la Patria, latente y desconocido. 

¿*Quién era y qué servicios había prestado Labrador? D. Pedro Gómez, 
que así se firmaba en los primeros años de su carrera y así se le llama 
en los primeros nombramientos que figuran en su expediente personal, 
nació en Valencia de Alcántara, siendo sus padres D. Diego Gómez Pati- 
no, Regidor perpetuo de aquella villa, y D.** Catalina Havela Alvarado, y 
sus abuelos paternos D. Bartolomé Gómez Labrador y D.* María Josefa 
Patino. A los doce años de edad fué á Salamanca, donde permaneció más 
de ocho, estudiando Matemáticas con D. Justo García; Derecho natural y 
de gentes con el que después fué Ministro de Gracia y Justicia de Car- 
los IV y Marqués de Caballero, y poesía, á la que siempre tuvo gran afi- 
ción, con Meléndcz Valdés. Compuso en sus mocedades un poema, cuyos 
versos no le parecían peores que otros que sirvieron á sus autores para 
llegar d Embajadores y Ministros de Estado, y cita en su autobiografía, 
para probar la quimera de la fraternidad universal, los cuatro versos si- 
guientes, que son los únicos que de él se conservan, y bastan para que no 
sintamos la pérdida de los demás: 

«El indio llora de amargura lleno 
Si una hormif»a písó mientras pasea, 
Y el caribe vara/, frío y sereno. 
Humana carne en asador voltea.» 

«]C6mo han de ser, pues, hermanos— añade— el indio y el caribe!» 
En 17 de Agosto de 1792 fué nombrado Oficial octavo de la Primera 
Secretaria de Estado, y el i3 de Noviembre del siguiente año se le conce- 
dió plaza supernumeraria de Oidor en la Audiencia de Sevilla, «para cuyo 
desempeño era absolutamente incapaz, y á cuyas tareas tenía el odio mayor 
que puede imaginarse, teniendo, además, una rija en el ojo derecho, de la 
que no podía curarse en Sevilla por no haber cirujano ocuHsta», según 
manifiesta en instancia de 27 de Diciembre, solicitando su exoneración y 
los honores de intendente con opción á la primera vacante, que le fueron 
nejíados. 

El 29 de Agosto de 1798 empezó su carrera diplomática como Encar- 
gado de Negocios en Florencia, habiéndole desde allí enviado Carlos IV 
cerca de Pío VI, para que acompañara en su destierro y peregrinación á 



10 REVIbTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

aquel Pontífice, que en una bula le llamó «Ángel enviado del cielo para 
su socorro». A la muerte de Pío VI fué acreditado como iMinistro pleni- 
potenciario en Roma cerca de Pío VII, y aunque se le designó en 5 de Di- 
ciembre de i8oi para Secretario de la Embajada de S. M. encargada de 
ajustar las paces en Amiens, juntamente con D. Loreozo Terán, Ministro 
residente en Genova, y D. Pascual Vallejo, Intendente de Ciudad Real, no 
llegó á desempeñar este cargo porque, nombrado Embajador extraordina- 
rio en reemplazo del Conde de Campo Alange D. José Nicolás de Azara, 
que lo era á la sazón en París, llevó como Secretario al de la Embajada en 
Francia D. Juan del Castillo y Carroz. De Roma volvió Labrador á Flo- 
rencia, cerca de la nueva Corte de Etruria, acompañando á S. M. la In- 
fanta D.* María Luisa y á su hijo, primero á Milán, donde lo recibió Na- 
poleón, y después á Aranjuez. Predestinado al acompañamiento de Reyes, 
hizo con Fernando VII el viaje á Bayona en unión del Mayordomo Mayor 
Duque de San Carlos; del Ministro de Estado D. Pedro Cevallos; del Du- 
que del Infantado, de Escóiquiz y del Marqués de Múzquiz; y cuando se 
trató de designar un Plenipotenciario que se entendiera con el Ministro de 
Relaciones exteriores Champagny, fué elegido Labrador precisamente por 
los términos despectivos en que respecto de él se había expresado Napo- 
león. Claro está que no se entendieron, cobrando Labrador fama, según 
él mismo cuenta, de Ser el más feroz de todos los españoles. Trasladóse 
de Bayona á Florencia, donde se le comunicó la orden, que se negó á cum- 
plir, de prestar juramento al Rey José, por lo que fué encarcelado con el 
Secretario de la Legación, Argumosa, y enviado á Dijon y de allí á Nimes; 
logrando, al fin, escaparse y llegar á Cádiz, tras varias aventuras terrestres 
y marítimas, cuando los franceses levantaron el sitio. 

Las diferentes misiones que había Labrador desempeñado en Italia y 
el cautiverio que acababa de padecer en Francia le acreditaban de diplo- 
mático celoso y buen patriota, títulos ambos que tuvo presente la Regen- 
cia al confiarle, en reemplazo del Marqués de Casa Irujo, la cartera de 
Estado, que desempeñó desde el 27 de Septiembre de 1812 hasta el 11 de 
Julio del siguiente año. Tocóle á Labrador, durante su Ministerio, entre- 
gar al Nuncio Gravina sus pasaportes, extrañándole del Reino y ocupán- 
dole sus temporalidades, por haber protestado en forma irrespetuosa con- 
tra el Decreto que abolía la Inquisición en España, y esta muestra de ga- 
llarda energía, tan conforme á las tradiciones españolas y al espíritu libe- 
ral que importaron de Francia las Cortes de Cádiz, mientras á sangre y 




ESPAÑA EN EL CONGRESO DE VIENA 1 I 

fu€go combatían á franceses y afrancesados, dio al nombre de Labrador 
mayor realce y pública notoriedad. Pero, lejos de prestar oído alas sirenas 
de la libertad que cantaban su elogio y le tentaban á perseverar en la de- 
fensa de la Constitución que había jurado y de la que se había mostrado 
entusiasta partidario, se acogió oportunamente Labrador al bando absolu- 
üsia, bien por mera y espontánea inclinación de su espíritu, bien por ha- 
ber pensado madura y cuerdamente que el Rey constitucional soñado por 
los legisladores de Cádiz no encarnaba en el deseado D. Fernando Vil, el 
cual, por su carácter, su educación y sus instintos, y hasta por los amigos 
con quienes se solazaba y que alternativamente le servían de consejeros y 
rufianes, no había de amoldarse á las exigencias del nuevo régimen ni ha- 
bía de consentir trabas en el ejercicio de la heredada realeza. 

Luego que se vio en España el deseado Rey, entre populares aclama- 
ciones, lisonjas cortesanas, entusiasmos casamenteros de las Cortes S 
bendiciones del clero y alardes militares de marcado sabor pretoriano, 
germen de los pronunciamientos que habían de constituir la historia de la 
Monarquía española durante la mayor parte del pasado siglo, apresuróse á 
hacer sentir á sus fieles pero ingenuos vasallos todo el peso de la autori- 
dad de que había sido por Dios investido para gobernar el Reino, con 
arreglo á su conciencia, por demás holgada. Y así como en los campos de 
Villalar tuvieron, con la rota de los Comuneros, sangriento y trágico fin 
las libertades castellanas, así también en el campo de Puzol, al imponer 
Fernando Vil el besamanos al Presidente de la Regencia, Cardenal y Ar* 
zobispo de Toledo D. Luis de Borbón, acabó de un modo visible, pero in* 
cruento y cómico, con aquella Constitución del año xii, sazonado fruto de 
las Cortes de Cádiz, que fué compendio y lábaro del naciente liberalismo- 
Entre los españoles que rodearon al Monarca en Valencia, dispuestos 
á prestarle consejo y ayuda para el restablecimiento del poder absoluto en 
su prístina pureza, se señaló, desde luego, por su celo D. Pedro Gómez 
Labrador, á quien, en unión de D. Juan Pérez Villamil, encomendó el 
Rey la redacción del manifiesto y decreto de 4 de Mayo de 18 14, para dar 
forma y sanción jurídica, si así puede decirse, al acto de Puzol; declarando 

I Lüs Diputüdo^ i Corie« cedieron sus dietaf correspondientes al día que se supiera que el 
Rey eii*b:i en camino para la capital, p.ira doic de una doncella madrileña que se casara con el 
franadero soltcrn mj;; antiguo del ejército español, buscando sin duda con este cruzamiento 
avcnujar la talla de los naturales de la villa y corte; y otro día de dietas para dote de U pri- 
mera íadía que casara con un español europeo, en el primer lugar de los disidentes, que ditr^i 
ala nacj^ja, coa moLivo de la venida de Fernando VII, el consuelo de volver á su seno. 



J 



12 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

nulos la Constitución y los decretos emanados de las Cortes, como si no 
hubiesen pasado jamás tales actés y se quitasen de en medio del tiempo. 
Nombrado Labrador Consejero de Estado en premio de este servicio, que 
hizo olvidar los anteriormente prestados á la Regencia y á las Cortes en 
el desempeño del Ministerio de Estado, obtuvo bien pronto mayor recom- 
pensa y empleo más adecuado á sus aficiones, si no á sus aptitudes, con 
la designación que de él hizo S. M., el 26 de Mayo, para representar á Es- 
paña, como Plenipotenciario y con título y rango de Embajador, en el 
Congreso de Viena. Muy lisonjeado y satisfecho con esta misión diplo- 
mática y lleno de esperanzas, que tenían por base una excesiva confianza 
en su propio valer y la errónea creencia de que nuestras recientes victo- 
rias con los ingleses compartidas en los campos de batalla de la Península, 
nos habían granjeado la admiractón y el resp€;to de las grandes Potencias, 
emprendió Labrador, á principios de Junio, su viaje á París y Viena, 
donde, en lugar de los soñados laureles, le aguardaban decepciones, dis- 
gustos y desaires, además del desamparo en que suele dejar el Gobierno 
á los negociadores españoles. 

II 

En la guerra que sostuvieron los españoles contra el Atila corso die- 
ron la medida de su patriotismo, de su menosprecio de la vida y bienes 
terrenos, de su valor y tesón en la pelea y del amor á su Rey, en el que 
encarnaban, con los recuerdos del antaño glorioso y legendario, esperanzas 
quiméricas de bienandanzas y grandezas. Juntamente con estas cosas de 
que dieron los españoles tan gallarda muestra en la guerra de la Indepen- 
dencia, brotó por todas partes y se hizo más sensible el espíritu de indis- 
ciplina, efecto de la nativa soberbia, que, unas veces latente y otras mani- 
fiesto, ha existido en todo tiempo y se ha extendido á todas las manifes- 
taciones de la vida, siendo, por decirlo así, la característica de nuestra 
raza y el leitmotiv de nuestra historia. 

Otro rasgo distintivo del alma española, que la asemejaría á su divino 
Creador, si pudiera ser cierta la vulgar creencia de que Dios sólo sabe de- 
cir máSj es la falta de ponderación y de medida, la exageración en todo, en 
el amor como en el odio, en el premio como en el castigo, en el homenaje 
como en el vilipendio, en la exaltación como en la caída. De aquí que 
haya germinado y se cultive sin esfuerzo en nuestro suelo la más extre- 




ESPAÑA EN EL CONGHESO DE VIENA I \ 

mada intolerancia en todas las esferas, y de aquí también que el patrio- 
tismo revista entre nosotros carácter agudo y patológico, y sea algo para 
uso exclusivo de semidioses y superhombres, que encarna en héroes de 
tragedia griega ó de drama de Echegaray y no en personajes de comedia 
humana, hechos á nuestra medida y semejanza; por lo cual hemos care- 
cido y seguimos careciendo de ese espíritu patriótico, que es el pan coti- 
diano con que se nutren las naciones grandes y fuertes. 

Y así sucedió, que cuando hubimos echado de la Península á los fran- 
ceses, con la ayuda de Dios y la de los picaros herejes que mandaba 
Wellington, y cuando, restituido á su patria, para desdicha de ésta, el 
deseado Rey que no se merecían aquellos españoles constitucionalmente 
justos y benéficos del año xii, se restableció en España el régimen abso- 
luto en toda su integridad y su pureza, lejos de haber sacado algún partido 
de nuestros sacrificios y de nuestras victorias y de haber aprovechado las 
simpatías que el triunfo de la legitimidad y del absolutismo debían inspi- 
rar á los Monarcas del Norte, que con el de la Gran Bretaña formaron la 
Cuádruple Alianza y dispusieron á su antojo de los destinos de Europa, 
fuimos tratados, no como vencedores, sino como vencidos, y tuvimos que 
pasar por humillaciones y despojos no menores que los que nos impuso 
Bonaparte en el apogeo de su fortuna. 

Verdad es que al fragor del combate y d la embriaguez del triunfo su- 
cedió el abatimiento consiguiente al desmedido esfuerzo y el desconsuelo 
que producen los daños de la guerra cuando no hay recursos con que 
acudir á su remedio. No teníamos barcos, porque nuestra Marina había ya 
perecido gloriosa, pero estérilmente, en Trafalgar. El Ejército aguerrido, 
pero mal equipado y peor artillado, padecía plétora de héroes y anemia de 
soldados. Derruidas las plazas fronterizas é indefensas las costas, ofrecía- 
mos al invasor tentadora y fácil presa. Las arcas reales estaban, como 
siempre, exhaustas. En la administración reinaban el descontento y el 
abandono. Las Cortes se habían cerrado á mano armada y el poder Real 
sustituyéndose al judicial, imponía con escándalo de Europa arbitrarias 
penas á supuestos reos, cuya culpabilidad no resultaba probada en el suma- 
rio. Llenaban las antesalas de Palacio los cortesanos, grandes y chicos, 
con más ó menos ejercicio y servidumbre, y con ellos un tropel de preten- 
dientes ansiosos de medrar, que fiaban á la lisonja el logro de sus aspira- 
ciones. Y, bien fuera porque en la provisión de los altos cargos prevaleció 
más el capricho que el acierto, bien porque se hubiese extremado la po- 



14 REVISTA DE ARCHIVOS, BIULSOTECAS V MUSEOS 

breza de administradores y gobernantes que siempre sufrió España, ello 
es que en los momentos en que más necesitados nos hallábamos de un es- 
tadista para la dirección de las relaciones exteriores y de un diplomático 
para que nos representara en el Congreso de Viena, tuvimos al frente de 
la Primera Secretaría de Estado, en menos de tres años, tres Ministros, 
dos de ellos de la notoria incapacidad del Duque de San Carlos y de D. Pe- 
dro Cevallos S y como Embajador, para a justar las paces en París y en 
Viena, á un negociador de tan escasa habilidad y fortuna como D. Pedro 
Gómez Labrador. 

El error más grave en que incurrieron aquellos gobernantes fué el de 
haber ido á Viena sin orientación ninguna y sin alianzas ó inteligencias 
previas con aquellas Potencias, de cuyo concurso habíamos menester aun 
para ser admitidos á hacer valer bajo un pie de igualdad nuestros dere- 
chos. Y en este error, por sus consecuencias funestísimo, reincidieron 
después en análogos casos nuestros Ministros de Estado que, atormenta- 
dos quizás por el atávico efecto de los Pactos de familia, pusieron todo su 
empeño y todo su orgullo en no estrechar amistades con ninguna deter- 
minada Potencia, porque, «habiendo de mendigar el socorro de todos, no 
debemos tratar de disgustar á ninguno» '. Y claro está que, reducidos á 
nuestros propios recursos y al triste papel de hidalgos pordioseros, nos 
hemos visto más veces desairados que socorridos por las grandes Poten- 
cias cuando á ellas hemos tenido que acudir apremiados por la necesidad. 

Pero se dirá, con apariencia de razón, que fuimos.á Viena aliados á In- 
glaterra, como lo prueba el Tratado de paz, amistad y alianza ajustado y 
firmado en Madrid á 5 de Julio de 1814, por cuyo artículo secreto «Su Ma- 
jestad Católica se obliga á no contraer con la Francia ninguna obligación 
ó Tratado de la naturaleza del conocido con el nombre de pacto de fami- 
lia, ni otra alguna que coarte su independencia ó perjudique los intereses 
de Su Majestad Británica y se oponga á la estrecha alianza que se estipula 
por el presente Tratado.» 

Esta es la letra del Tratado: veamos ahora cuál fué su objeto, según 
[K^ sus propios negociadores, como después veremos la escasa influencia que 

tuvo en las gestiones de nuestra diplomacia en Viena. 



1 El tercero fué D. José Pizarro, único diplomático de aquella época coa condiciones de tal; 
pero fallo de las necesarias para ser Ministro de Estado con Fernando VII, por lo que se vi6 
obligado á dejar el Ministerio y no volvió i desempeñar ningún cargo público. 

2 Despacho de Labrador á Cevallos de 17 Enero de i8i5. 



ÍA; 




KSPAÑA IN tL CO.NGREüO DE VlHNA I 5 ! 

En 21 de Marzo de 1814 propuso la Regencia al Embajador inglés 
Henry Wellesley, hermano del Duque de Ciudad Rodrigo, la celebración -i 

de un tratado de alianza, ofreciéndose á no renovar el pacto de familia en J 

el caso de que se restableciera en Francia la dinastía de Borbón, y á no ^ 

celebrar otros pactos que aquellos regulares de buena alianza. El objeto '; 

era el de continuar la guerra contra Napoleón, sin ajustar con él las paces ;^ 

á que parecían inclinarse los negociadores de Chátillon. «Es muy cierto— ':■ 

dtci^ nuestro Ministro de Estado al Embajador británico— que sin la co- 
operación de las naciones aliadas del Norte debe de ser muy aventurada 
una lucha con Napoleón; pero también lo es que la Gran Bretaña puede di- 
rigir las relaciones diplomáticas de un modo suficiente á desvanecer toda 
transacción de paz con Napoleón, ó á lo menos para demorarla, y aunque 
no se consiguiere más que esto último, sería lo suficiente para dar lugar a ] 

que el Duque de Ciudad Rodrigo pudiese completar el plan que podría 
proponérsele, reducido á verificar, en la mayor totalidad posible, la adhe- ! 

sión de los departamentos meridionales de la Francia á la causa de los ; 

Borbones; y es seguro que tal cuerpo podría tomar esta adhesión, que 
basuran los esfuerzos reunidos de la Gran Bretaña y de la España para 
hacer frente al tirano y arrancarle la corona que ha usurpado. S. A. me ha 
autorizado para decir á V. E. que está pronta á hacer un tratado en que del 
modo más positivo se estipule que la España, aun cuando los Borbones 
ocupen el trono de Francia, no restablecerá con ellos las relaciones que se 
llamaban de pacto de familia, ni más que aquellas sencillas y naturales de , 

amistad, armonía y buena correspondencia que es de tener entre dos na- 
ciones que se llaman amigas y no aliadas.» 

De esta nota se dio traslado á nuestro Embajador en Londres el Conde 
de Fernán Núñez, encargándole se apersonase con Lord Liverpool para 
conocer la resolución del Gobierno británico. El 12 de Abril contestó el 
Embajador que recibió la Real orden el mismo día en que se supo la en- 
trada d¿ los aliados en París, por la cual no pudo ver á Liverpool, pare- 
ciéndole además ya inútil el asunto que la motivaba; pero que cuando viera 
al Ministro le diría cuáles habían sido nuestras intenciones. El 19 de Abril 
da cuenta de su entrevista con Lord Liverpool, cuya respuesta fué «que 
ya había contestado por el correo pasado á D. Henrique (Wellesley) y que 
las ocurrencias que habían sobrevenido hacían ya inútil este paso y, por 
consiguiente, no se debía de hablar de él». No sorprendió á Fernán Núfiez 
la respuesta, porque Liverpool había estado á la cabeza del partido que 



I 



lO HEVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

pretendía se debía firmar la paz con Bonaparte y conservarle en el trono de 
Francia. Por último, el 29 de Abril dice nuestro Embajador que, á pesar de 
la respuesta de Lord Liverpool, sabe positivamente que la que se mandó 
dar al Embajador inglés en Madrid fué que se admitía la proposición del 
Gobierno español y que se le enviarían á Wellesley poderes para firmar el 
Tratado. 

De esta correspondencia se desprende que, tanto los españoles como los 
ingleses, juzgaban ya inútil, por falta de objeto, el tratado de alianza pro- 
puesto por la Regencia, si bien al Gabinete de St. James le pareció que 
siempre resultaría ventajoso para los intereses británicos que se compro- 
metiera España á no renovar los pactos de familia con Francia, no con- 
trayendo, por su parte, Inglaterra ningún compromiso especial. Así es 
que el i.*' de Junio avisó Wellesley que había ya recibido la plenipotencia 
para ajuslar y firmar el Tratado, y como no obtuviera respuesta, se quejó 
de ello en nota oficial diez días después. Sentían cierta repugnancia Fer- 
nando Vil y su Ministro el Duque de San Carlos á firmar un pacto que 
era obra de la Regencia y carecía ya de objeto; pero no se atrevían á dis- 
gustar á un aliado poderoso á quien tanto debíamos y de quien tanto ha- 
bíamos todavía de necesitar, y sin procurar obtener ventaja alguna para Es- 
paña á cambio de la valiosa concesión que hacíamos, firmóse en 5 de Julio 
el Tratado de alianza, que no respondió á ninguna determinada orientación 
política, ni hubo de producir, dado lo limitado de su alcance, ningún efecto 
inmediato y provechoso en el desarrollo de nuestra acción diplomática en 
París y en Viena. 

Las cuatro Cortes que se aliaron por el Tratado de Chaumont de i.® de 
Marzo de 18 14, se concertaron, no sólo para hacer la guerra hasta acabar 
con la dominación napoleónica, sino para hacer la paz con arreglo á deter- 
minadas bases secretas que habían de asegurar el equilibrio y la tranqui- 
lidad de Europa. Y, una vez cumplida con el Tratado de Fontainebleau, de 
II de Abril, que puso término al reinado de .Napoleón en Francia, la pri- 
mera parte del programa de Chaumont, y ajustadas las paces con 
Luis XVIII por el tratado de París de 3o de Mayo, al que prestaron desde 
luego &u adhesión Portugal y Suecia, y en el que se consignaron ya pú- 
blica y explícitamente las antes reservadas bases del arreglo europeo, se 
convino, por el artículo 32, que en el término de dos meses todas las Po- 
tencias que hubiesen tomado parte en la guerra enviarían Plenipotenciarios 
á Viena para proceder, en un Congreso general, á los arreglos que debían 




ESPAÑA EN EL CONGRESO DE VIENA 17 

completar el Tratado. Pero un artículo secreto, el i.® del mencionado Tra- 
tado de París, reservaba á las Potencias aliadas la iniciativa de las discu- 
siones del Congreso, en virtud del derecho que tenían de establecer como 
bases de discusión los arreglos entre ellas convenidos; es decir: que el re- 
parto de los territorios disponibles en virtud de la guerra y del tratado de 
París quedaba al arbitrio de ¡os aliados, nombre con que siguieron toda- 
vía designándose en Viena los firmantes del pacto de Chaumont. 

Podía el Gabinete de Madrid, por su deficiente información diplomá- 
tica, ignorar este artículo que reducía al mismo secundario y deslucido 
papel á los Plenipotenciarios de Francia y de España, representante el pri- 
mero de la Nación vencida, cuyos despojos iban á repartirse, y represen- 
tando el segundo á una Nación que tenia legítimos títulos para atribuirse 
parte principal y gloriosa en la victoria; pero lo que no hubiera debido 
ignorar, porque para saberlo no se necesitaban despachos de Embajadores, 
ni extraordinarias luces, ni más perspicacia diplomática que la que hay 
derecho á exigir al Ministro de Estado menos genial y de más adocenado 
talento, era que la comunidad de aspiraciones y de intereses que unió á 
las cuatro Cortes en estrecha alianza mientras se trató de combatir á Na- 
poleón y de establecer principios generales para el mantenimiento del equi- 
librio europeo, no había de subsistir cuando llegara el caso de aplicar estos 
principios al reparto del botín. El Emperador Alejandro reclamaba todo 
el ducado de Varsoyia. La Prusia pedía nada menos que el Reino de Sa- 
jonia para llevar sus fronteras hasta el Austria. Esta tenía puestas sus mi- 
ras en Italia; pero no podía consentir que la cercasen tan poderosos veci- 
nos. Inglaterra, que había enriquecido su Imperio colonial en América y 
en África, y se había apoderado de Malta, no tenía en el Continente euro- 
peo más interés directo que el representado por el Reino de Hannover, y 
favorecía el engrandecimiento de Prusia, oponiéndose al de Rusia. Y aun- 
que el robusto apetito de las grandes Potencias había de satisfacerse, como 
siempre, á costa de los débiles, que no tenían voz en el capítulo, cada una 
de aquéllas pretendía adjudicarse una parte leonina y protestaba airada 
contra las que abrigaban análogas pretensiones. Mucho antes de que el 
Congreso se reuniera en Viena, y cuando estaban en París los Secretarios 
de Estado de los Soberanos aliados, empezó entre ellos la discordia con 
motivo da la cuestión polaca, en que de una parte estaban Rusia y Prusia 
y de la otra Austria é Inglaterra, y tan hondas fueron las diferencias en la 
manera de pensar y tan vivos los términos en que se expresaron, que 

3.» ¿POCA.— TOMO XV. 2 



l8 kEVUTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

llegó á temerse que el Congreso no se reuniría y que los pacificadores 
vendrían á las manos para que la suerte de las armas dirimiera la con- 
tienda y la espada del vencedor cortara el nudo que los más afamados di- 
plomáticos no acertaban á desatar. Así lo creyó D. Pedro Gómez Labra- 
dor y lo comunicó desde París al Duque de San Carlos en despacho de 
10 de Julio de 1814, encareciendo, en los siguientes términos, la necesidad 
de conocer el pensamiento del Gobierno: «Entre tantos intereses opuestos 
y guerra política de Gabinetes convendría que V. E. me dijese cuáles son 
las miras y los deseos de S. M., pues no siempre podré engañar con bue- 
nas palabras á los unos y á los otros. Tampoco muchas veces es posible 
mantenerse en tan estrecha neutralidad que no se desagrade á los parti- 
dos contrarios, y para más probabilidad de acierto me parece indispensa- 
ble que S. M. decida á qué parte podré inclinarme cuando sea indispensa- 
ble declararme por alguna.» A lo que, en 26 de Julio, se le contestó: «Su 
Majestad se decidirá en favor de lo que pueda ser más conducente para los 
intereses de su Monarquía.» 

Esta respuesta, que no debió dejar satisfecha la legítima curiosidad del 
Embajador, ni pudo servirle de norma de conducta, basta para pintar y 
para desacreditar á aquel ilustre procer, tan corto de vista como de alcan- 
ces ', en quien la amistad del Rey descubrió dotes de hombre de Estado 
que sus contemporáneos ignoraron y que siguen para la posteridad igual- 
mente ocultas. Con razón, aunque con excesiva libertad, pudo Labrador, 
al dar la enhorabuena á D. Pedro Cevallos por su nombramiento para el 
Ministerio de Estado, decirle, en despacho de 17 de Diciembre de 18 14: 
«Si V. E. hubiese sido nombrado algunos meses antes, probablemente no 
habría recibido la Monarquía las graves y casi insanables heridas que aca- 
barán con ella, como han acabado ya con su ¿rédito en los países extranje- 
ros. V. E. no habría aconsejado al Rey nuestro señor la renovación de todas 
las monstruosidades del anterior reinado, reforzadas con dos nuevas, que 
son el excesivo favor de los palaciegos y de los Grandes. V. E. dirá, sin 
duda, á S. M. que para ser Mayordomo mayor. Caballerizo, Sumiller, 
Gentilhombre, ó desempeñar cualquiera otro empleo de material servi- 
dumbre á la real persona no se necesita de más que de honradez y pun- 
tualidad, y que, por consiguiente, en aquellos destinos no se contraen los 

I Dimitió S.nn Carlof ;jor su mucha cortedad de vista la primera Secrciaría de Estado en i5 
de Noviembre de 1814. En 6 de Octubre de iSiSfué nombrado Embajador en Vi ena, reiterándosele 
la orden que se dio en 1802 al Príncipe de Castelfranco, de que se abstuviera de besar la mano 
de la E-npcratriz. porque los Embsjadores Imperiales no hacían este acto de obsequio á la Reina 




KSPANA KN EL CONGRESO DK VIENA 19 

verdaderos méritos, los méritos dignos de recompensa, cuales son los que 
se adquieren en los empleos en que se sirve al Rey y al Estado y para 
cuyo desempeño se requieren talento, instrucción, tino, expariencia y va- 
lor ó firmeza de ánimo. En cuanto á los Grandes, nada desalienta más que 
el darles exclusivamente las Presidencias de los (Consejos, las Embajadas, 
los Toisones y las Grandes Cruces, tanto más que no se limita á las pocas 
Casas que por su antigüedad y por su opulencia inspiran respeto, sino que 
se extiende á una muchedumbre que debieron su elevación en el siglo pa- 
sado y en el actual, no á señalados servicios militares ó políticos, sino al 
favor procurado tal vez por medios poco dignos. No extrañe V. E. que me 
haya extendido á tratar de lo que parece ajeno de una carta de enhora- 
buena y no propio de mi profesión. Nadie me gana en amor y respeto 
á S. M.; me he sacrificado por su servicio y el de la Patria, y no me es 
posible guardar el silencio cuando veo que, teniendo S. M. tan excelentes 
prendas, tanto deseo del acierto y tanta rectitud de ánimo, en lugar de ha- 
berle inspirado los que tenían su confianza, las ideas propias para refor- 
mar los antiguos abusos, han introducido á la sombra de su autoridad 
otros nuevos.» >| 

No quiere esto decir que si el Duque de San Carlos fué un Ministro de ^ 

JEstado notoriamente incapaz, resplandecieran en su sucesor las dotes de 
que aquél carecía y hubiera de acompañarle mayor fortuna en el desem- 
peño de su cargo. A pesar de las lisonjeras y exquisitas alabanzas con que 
se ensalzaban los méritos y servicios de D. Pedro Cevallos en el Real de- 
creto que le concedió el privilegio de añadir á lo-, blasones de su escudo 
de armas el lema ó mote Pontijice ac Rege ceque defensis, no pasó aquel 
Primer Ministro de ser un funcionario adocenado y rutinario, sin ideasni 
iniciativas, de cuyas manos salieron peor librados los intereses de la na- 
ción que los del Papa y los del Roy, si no mintió el lema de su escudo. ' 

Cevallos, como San Carlos, Labrador, Bardaxí, Vargas Laguna y 
tantos otros que debieron principalmente su encumbramiento á la saña con 
que combatieron á Godoy, después de haber sido muchos de ellos hechu- 
ras de aquel valido, «nunca fueron — como dice el Sr. Pérez de Guzmán 
en su interesante estudio sobre Machado »— más que nulidades conde- 
coradas, de esas que, á fuerza de obtener con sus intrigas la vinculación 
perpetua de todas las gracias inmerecidas, acaban por persuadirse á sí 

I Recuerdos diplomáticos de España: La misión de Michado á Vient (!8i2-i8»4). 



20 REVliTA Di: ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOb 

mismos, y casi por persuadir á la opinión, de que son grandes notabilida- 
des, hombres extraordinarios, casi genios.» 

Pero como el árbol por sus frutos se conoce, de aquellos cerebros, en 
los que la ambición corría parejas con la envidia y no abarcaba mayor ho- 
rizonte que el del propio medro, no brotó nada grande ni patriótico; todo 
fué mezquino y ruin, como las pasiones é intereses del estrecho círculo en 
que el Rey y sus consejeros se movían. Al Rey no le preocupaban, en 
punto á negocios de Estado, más que su propia boda, el temor de que 
Carlos IV reivindicara la abdicada corona y el deseo deque recobraran las 
que en Italia habían perdido. su tío el Rey Fernando IV de las Dos Sicilias 
y su hermana la Infanta Doña María Luisa, Reina de Etruria. Esto y la 
persecución, dentro y fuera del Reino, de los españoles que habían servido 
al intruso José ó que aún conservaban añoranzas constitucionales, alimen- 
taban la actividad intelectual del iMonarca y de sus Ministros. No había 
que pedirles orientación ninguna política, ni plan premeditado respecto á 
las cuestiones exteriores. Viviendo, como viven generalmente los españo- 
les en España, lejos del movimiento político europeo y fuera de toda reali- 
dad, creían, tanto San Carlos como Labrador, que habíamos de hacer en 
el Congreso de Viena el mismo papel que las Potencias aliadas, y que éstas 
habían de tratarnos, no sólo como iguales, sino aun con cierta admiración 
y respeto por nuestras recientes hazañas, evocadoras de otras no menos 
gloriosas, aunque más remotas. Y creían también que no necesitábamos li- 
gar nuestra suerte á la de ninguna otra nación, puesto que todas se dispu- 
taban nuestra amistad y alianza, y no sería difícil obtener su apoyo cuando, 
llegado el caso de necesitarlo, lo reclamáramos para sacar adelante nues- 
tras legítimas demandas. La Inglaterra se hallaba dispuesta á seguir pro- 
tci^iéndonos y á hacer efectivo el tratado de alianza que había firmado y 
que nosotros considerábamos sin objeto; el Austria nos brindaba frater- 
nal amistad por conducto de Machado, nuestro agente secreto en Viena; 
Tatistscheff, nombrado Ministro del Zar en Madrid, procuraba ganarnos 
en favor de Rusia, y D. José Pizarro, nuestro Representante en Berlín, se 
vanagloriaba de la estrechez que había creado con Prusia; mientras la 
Francia con su nuevo Rey y su antiguo Ministro de Negocios extranjeros, 
intentaba renovar, si no en la forma, de hecho, el pacto de familia. Todo 
esto contribuía á que nuestra diplomacia, más ingenua que experta, se 
considerarafen cierto modo arbitra de Europa, puesto que con tanto em- 
peño se solicitaban nuestro voto y nuestra alianza, y como no teníamos- 




ESPAÑA EN EL CONGRESO DE VIENA 21 ^ 



^ 



yí 



cabal idoa de nuestros intereses, confundiendo los puramente familiares ó ^ 

dinásticos con los nacionales y no nos habíamos tampoco formado exacto '^ 

juído de bíí intereses ajenos que inspiraban la conducta de las grandes \ 

Potencias, navegábamos, sin brújula ni rumbo, entre desconocidos esco- --j 

líos, estimando contrario á nuestra dignidad el ir á remolque de otros, -i 

para dolemos luego de que no nDs hicieran caso cuando pedíamos soco- í 

rro. \graraba también nuestra situación diplomática la frecuente mu- 1 

danza de gobernantes y negociadores, tan usual en España y tan contraria ^ 

al éxito de estos asuntos. ; 

El primar Plenipotenciario español nombrado por la Regencia el i8 de 
Agosto de i8i3 para tratar d^ la paz general en el Congreso que se reunió * 

en Praga, fué D, Josa García de León y Pizarro, Ministro plenipotencia- 
rio destinado á Berlín, á quien debía acompañar en calidad de Secretario ^ J 
D. Justo Machado» que, como negociador secreto, se hallaba en comisión 
en Víena; psro seis días antes de que se hicieran estos nombramientos se * 
había Jisuelto el Congreso y había retirado el Austria su mediación, ad- 
hiríéndostí á la coalición europea contra Bonaparte. Pasó, sin embargo, 
Pizarro i Berlín y desde allí al Cuartel general, donde tuvo ocasión de 
reanudar antiguas amistades, como la de Metternich, y de estrechar otras 
para los intereses de España no menos valiosas, que no fueron aprovecha- 
das, parque el Gobierno dejó sin efecto la misión de Pizarro cuando de 
ella s¿ hubiera podido sacar algún fruto. Llamó Pizarro á Machado y lo 
presentó en Basílea á«la Corte Imperial como Encargado de Negocios, que- ^ 
dando desde entonces éste agregado al Cuartel general, con el que entra- : 
ron ambos en París el lo de Abril de 1814. A poco déla llegada á esta ca" 
pital se trató de un armisticio general para preparar la paz, yj desventa- 1 
josamente prevenida por el tratado de Fontainebleau con Bonaparte, y 
Pizarro firmó, invitado por los aliados, este armisticio en 23 de Abril, á 
pesar de estar ya nombrado, en 21 de Enero, Plenipotenciario para el 
Congreso de Chátillon el Conde de Fernán Múñez, Embajador en Lon- 
dres, que al dar las gracias por su nombramiento, que le había dejado ab- 
sorto \ manifestaba que las instrucciones que se le habían comunicado 
nada le dejaban que desear, y con la asistencia del Secretario nombrado, 
D_ Evaristo Pérez de Castro 2, creía que podría cumplir exactamente la 

1 Despicho de 9 de Febrero de i8i<. Según Pizarro. Fernán Núñc/ puso grao empeño en 
obif ner <;sic nambramicnTo, habiendo enviado con este objeto á Madrid á su hermano Luis.' 

2 Kn a £ie Mayu ft< dirí á Pérez de Castro orden de ir á su destino. 



2a REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

voluntad de S. A. Este nombramiento, «que excluía contra todas las razo- 
nes de interés público, de justicia y aun de rutina, á un antiguo y bene- 
mérito empleado» % no impidió que Pizarro, obrando con actividad y 
patriotismo, y desentendiéndose de su impotencia, lograra ser el único Ple- 
nipotenciario español que estuvo en Ghátillon durante las conferencias, 
aunque sin asistirá ellas, pues el CDnde d3 Fernán Núnez aguardaba et» 
Londres á que el Ministerio inglés le avisase el momento oportuno de ve- 
nir al Continente. 

A principios de Mayo, y por indicación de Castlereagh, trasladóse Fer- 
nán Núñez á París, donde empezó por encargarse de los papeles de la 
Embajada, que estaban en poder del Conde de Campo Alange; haciéndolo 
en la forma siguiente. Al dejar Campo Alange la casa que ocupaba, pro- 
piedad del Duque de Castries, encerró los papeles en un cuarto, en cuya 
puerta puso sus sellos juntamente con lo:> del dueño de la fínca, y al día 
siguiente, á presencia de éste, quitó Fernán Núñez los sellos de la Emba- 
jada de José, poniendo los suyos. En las primeras conferencias que tuvo 
con el Príncipe de Bene vento, Plenipotenciario en el Congreso, el Conde 
de Laforest, Ministro de Negocios extranjeros y Lord Castlereagh, y aun 
con Sus Altezas los Duques de Artois y de Berri, de que dio cuenta al 
Gobierno en despacho reservado de ii de Mayo, se le dijo que en las con- 
ferencias con los cuatro Plenipotenciarios de las Potencias aliadas sólo se 
trataba de firmar la paz con Francia, dejando para el Congreso los puntos 
que interesaban á todas, como los de Parma, Ñapóles, etc.; pero él hacía 
todo lo posible por que se le diera entrada en dichas conferencias, por 
creer que así lo exigía nuestro propio decoro y no aguardar á que nos 
presentasen el proyecto como ofrecían. Pedía, por último, instrucciones 
en vista del cambio de situación; exponía que la suya era muy crítica, y 
suplicaba que de ella se le sacase cuanto antes. 

Pocos días después ^ laméntase Fernán Núñez de no haber podido con- 
seguir que se le admita á las juntas que tienen entre sí diariamente los 
Pleni|>otenciarios de Austria, Rusia, Inglaterra y Prusia, ni haber sacado 
otra respuesta sino que estas juntas tenían por objeto fijar los límites de 
Francia, y que, siendo los nuestros indisputables, se había convenido en 
no aumentar el número de vocales para evitar dilaciones. 



1 Memorias de Pizarro, lomo i, pág. 355. 

2 Despacho reservado núm. 8, d« 17 de Mayo. 



E:»PA^A LN Kl. CONGRESO DIC VIENA 



23 



A fücríij d^ pciir, obtuvo Kernin Núñíz de Lord Castlcreagh el po- -; 

der nombrar un sujeto que, en unión dei Conde Munster, nombrado por i 

Inglaterra^ nos representara en una de las secciones en que se dividían las g 

juntas, encargada de señalar los límites generales y las reclamaciones de i 

intereses; habiendo designado á este efecto al Mariscal de Campo Conde ; 

de Casa Flores, que desde el día 19 asistió á ella. Ese día se trató precisa- ^ 

mente de un proyectado artículo presentado por Laforest sobre las canti- 
dades que debíala España á la Francia por suministros á la escuadra 
en Prest, negocia en el que estaba directamente interesado Talleyrand, 
según dice Labrador en uno de sus despachos. El Comisario prusiano 
Barón Humboldt exigió entonces compensaciones, y como alegara La- 
torest la imposibilidad en que se hallaba Luis XVIII de satisfacerlas, 
prefiriendo renunciar á la Corona, se dio por nulo el artículo, en vista 
de lo cual se suspendió, dice Fernán Núñez, entablar la demanda de los 
?o.ooo millones que sus instrucciones prescribían y se evitó, pode- 
mos añadir, el ridículo trance en que nos hubiera la tal demanda colo- 
cado* 

Intentó también Fernán Núñez, en cumplimiento de sus instrucciones, 
que se insertara en el Tratado algún artículo público ó privado respecto á 
k devolución de los manuscritos, alhajas, cuadros y objetos de arte que 
los franceses se habían llevado de los palacios, iglesias y museos españo- 
les; pero perdió ¡a esperanza de lograrlo por la actitud de los aliados, que 
no quisieron hacer objeto de una estipulación formal, ofensiva para el 
amor propio de los franceses, lo que debía ser tratado directamente de 
Gobierno á Gobierno. 

Supo, por último, nuestro Embajador, que Lord Castlereagh había 
exigido y obtenido de Francia que continuase siendo española la parte de 
la isla de Santo Domingo que antes lo había sido; pero respecto á la Lui- 
siana, manifestóle el Ministro británico que era punto imposible de lograr, 
pues ni tenía el actual Gobierno francés el dinero en que la había cedido 
Bonapartc, ni podía disponer de la Toscana, ni de Parma, y que si todas 
las Potencias se pusieran en el pie de hacer reclamaciones en grande por los 
perjuicios que les había causado la falta de cumplimiento de los Tratados 
por Napoleón celebrados, se haría imposible la existencia de la Fran- 
cia, con la cual deseaban los aliados hacer la paz cuanto antes, dejándola 
gran Potencia en el mundo, pero con un equilibrio correspondiente alas 
demás. 



1 



I 



24 HE VIST A DK AHnrvOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

No sin razón hallábase algo inquieto Fernán Núñez por la falta dj no- 
ticias de España, puesto que sus poderes emanaban de la Regencia y no 
habían sido confirmados por el Rey, á quien suponía ya en IVÍadrid, y cu- 
yos días se disponía á celebrar con una comida á la que había invitado á 
todos los Ministros, Embajadores, Generales en Jefe y principales perso- 
najes de las diferentes Cortes que se hallaban en París, así como al Prín- 
cipe de Benevento y al Conde de Laforest. «No debo ocultar á V. E. —de- 
cía en despacho de 22 de Mayo — que, siendo tan contradictorias lis noti- 
cias que aquí llegan de España, está la opinión general con el mayor^ 
interés sobre la llegada del Rey á Madrid, añadiéndose á esto que, comD 
ni el Sr. Pizarro ni yo nada sabemos, nos hallamos, no sólo en un com- 
promiso para desvanecer cuanto sea falso, sino también me encuentro yo 
sin nervio en mis relaciones y reclamaciones diplomáticas, no sabiendo si 
la variación que ha sufrido la Francia en su mudanza de Jefe puede cau- 
sarla también en la conducta que yo he de guardar.» 

Con este oficio cruzóse el de San Carlos, de 16 de Mayo, comunicán- 
dole á Fernán Núñez era la voluntad de S. M. que no saliera de Londres, 
por haber dispuesto el Rey que asistiera otra persona como Plenipoten- 
ciario al Congreso. Dolióse en extremo el Conde de que sus sacrificios, 
sus servicios y su conducta no hubieran sido acreedores á la confianza 
de S. M. para la honrosa misión que en su Real nombre le había sido 
confiada; pero, acatando lo mandado, dio de ello conocimiento á Lord 
Castlcrcagh y solicitó el pasaporte para restituirse á Londres. Hízole pre- 
sente Castlereagh la conveniencia de que suspendiera por unos días su 
viaje para firmar la paz con Francia, puesto que el Gobierno español pa- 
recía ignorar que Fernán Núñez se hallaba en París, y el nuevo Plenipo- 
tenciario no podría llegar antes de que los Soberanos aliados y sus Minis- 
tros hubiesen abandonado esta capital, y como Fernán Núñez insistiera en 
la necesidad de cumplir las órdenes recibidas, le contestó Castlereagh que 
él asumía la responsabilidad del retraso del viaje para que firmase el Tra- 
tado, y que así se lo haría saber al Gobierno español por conducto del 
Embajador inglés acreditado en Madrid. 

No sabía Fernán Núñez qué partido tomar. Creía haber hecho todo 
lo posible por obedecer las órdenes de S. M., y no dejándoselas cumplir le 
habían puesto en la dura precisión de faltar á ellas ó de incomodar á to- 
das las Potencias aliadas. Pidió de nuevo con toda urgencia instrucciones 
á San Carlos por medio de un correo de gabinete, que despachó el 28 de 




K^PANA EN El. GONG U ESO DE Vil NA 



i 

Mayo a Irún, y aquel mismo díaj inspirado por D. Justo Machado ', que | 

fué en esta ocasión su ninfa Egeria y su ángel tutelar, dirigió otra nota á 'J 

Lord Castlereagh manifestándole que no podía firmar el Tratado sin ór- -1 

denes de su Gobierno, que esperaba recibir en breve. Encarecióle Lord i 

Castlereagh en su respuesta las ventajas de firmar el Tratado sub spe rati, ^^ 

y to propio hicieron Talleyrand y los Ministros de los demás Soberanos ^í 

aliados; pero la desairada situación en que había dejado á Fernán Núñez 
la Rea! orden de i6 de Mayo, poniendo término á su misión, y la no me- J 

nos crítica en que lé colocaban el silencio y desamparo del Gobierno no ? 

contestando los despachos que, por cartas particulares sabía el Embajador 
habían llegado á su destino, le hizo negarse á firmar, ni siquiera sub spe 
rati, porque estimaba demasiado su opinión y su propio honor para po- j 

nerse en el caso de que S. M. no se sirviese ratificar el tratado que hubiese »; 

él firmado. 

El dia de San Fernando, y á altas horas de la noche, después del ban- ; 

quete con que celebró Fernán Núñez la fiesta de su Rey, y por el que ni í 

aun las gracias le dieron S. M. ni su Gobierno, firmaron la paz con Francia ; 

los Plenipotenciarios de Inglaterra, Austria, Rusia y Prusia, quedando 
convenido con el Príncip? de B^nevento que los de Portugal, Suecia y 
España firmarían otro día; pero con la misma fecha, por la falta de tiempo 
para sacar más copias del Tratado. El 7 de Junio firmaron los Plenipoten- 
ciarios portugués y sueco, y Fernán Núñez, por consejo también de Ma- . 
chado '\ envió una nota á Talleyrand diciéndole que no podía firmar di- ; 
cho pacto por no haber tenido en su elaboración la parte directa que como 
Pienipoienciario le correspondía y por no haber recibido respuesta á las 
notas que le había dirigido sobre asunto de la mayor importancia (la in- 
serción en el Tratado de una cláusula secreta que reconociera los dere- 

I En despacho cifrado de 31 de Mayo decía Machado á San Carlos: «Habiéndome pedido el 
Cunde Je F-^máo Núñez mi parecer, le he manifestado que, en mi corto entender, ni el decoro 
ni los inicrcses de nuestro Soberano permiten de ningún modo que firme uo tratado eo que no 
fía i^nitt«> p,T;rtc. hasta recibir nuevas órdenes i instrucciones de V. E., mucho más cuando en este 
tfatiJo no *ií.' ha querido insertar un articulo secreto relativo .'«los indisputables derechos de 
S. M. V Jé Su Real familia ¿ ápoles, Kiruria y Parma, sobre cuvo particular ha pasado el señor 
ConJf. Á persuasión mía, una Nota al Príncipe de Benevenio. Es superíluo manifestar á V. E. 
CTjin oectfsario y urgente es que para el Connreso general de Viena se encargue de tan ardua 
empre^ > un i persona dotada de todas las cualidades necesarias para desempeñarla dignamente.» 

y «^Reputando muy conveniente á los intereses del Rey nuestro Señor y al decoro de su 
troncí el que el Conde de Fernán Núñez no pase á firmar una paz que no ha tratado, sin recibir 
antef U^ órdenes y autorización de V. E. que, en mi corto entender, son indispensables para 
proceder leííitimamente en asjnlo tan grave y trascendental, he persuadido á S. E. á dar al 
Pnricipe de Benevcnto la respuesta de que incluyo a V. E. copia.^ Despacho rcserv ado de Ma- 
chado i San Carlos de 7 de Junio de 1814. 



2b REVISTA DE ARCHIVOS, BlllLIOTECAS Y MUSEOS 

ches de la Corona y Familia Real de España al Reino de Ñapóles, al de 
Etruria y á los ducados de Parma, Plasencia y Guastalla), debiendo aguar- 
dar las órdenes de su Gobierno. Y al comunicárselo al Duque de San Car- 
los, decíale Fernán Núñez: «Podrá V. E. calcular fácilmente si mi posición 
es agradable, añadiendo el sentimiento natural que me debe causar el adver- 
tir la poca parte que toma V. E. en la situación de un fiel servidor del Rey, 
cuando ni siquiera para el mejor acierto de mis resoluciones he podido aún 
lograr el tener una simple contestación. En esto no sólo padezco yo (que 
sería lo de menos), sino los intereses del Rey, la opinión general y el de- 
coro de la nación.» 

A los despachos en que Fernán Núñez pedía instrucciones se le con- 
testó en 6 de Junio comunicándole la siguiente resolución: oS. M. se 
halla muy satisfecho de la conducta observada por V. E. en este parti- 
cular, y en atención á que la llegada de D. Pedro Labrador á esa Corte 
debe desvanecer y hacer cesar todas las dificultades que pudieran pre- 
sentarse para la conclusión del Tratado de paz próximo á firmarse en- 
tre las Potencias aliadas y la Francia, quiere el Rey que regrese V. E. 
á Londres, á servir su Embajada en aquella Corte, en donde no duda 
S. M. que continuará desempeñándola con el celo y acierto que hasta 
aquí.» 

Y así sucedió que en París se juntaron los tres Plenipotenciarios suce- 
sivamente nombrados para representar á España en la negociación de la 
paz general: Pizarro, Fernán Núñez y Labrador, de los cuales era el pri- 
mero ciertamente el más idóneo y el último el menos capacitado para el des- 
empeño de tan importante misión. . Pinta el carácter de los tres la ma- 
nera que tuvieron de tratar á los afrancesados. Fernán Núñez los recibía 
privadamente, pero no en público, disculpándose con ellos á costa del 
Gobierno, sistema que ha tenido . siempre en España el mejor éxito, y 
con el cual se queda bien con todo el mundo. Labrador, al revés, afectó 
una dureza brutal, y en su portería fijó un cartel insultante rechazando 
á todo afrancesado. Pizarro recibía francamente á todo el mundo, fun- 
dado en que, como funcionario español, debía oir á cuantos á él acu- 
dieran. 

La situación de los dos Embajadores extraordinarios en París hubiera 
podido fácilmente acabar en ruidosa pendencia, dadas, sobre todo, la ex- 
cesiva soberbia y escasa crianza de Labrador, si Fernán Núñez, que sabía 
pedir consejo y era dócil para seguirlo, no hubiese escuchado el de Piza- 




1 



ESPAÑA EN EL CONGRESO DE VIENA 1J 

rro y entregado sin diñcultad los negocios á su sucesor. Y aunque, á fuer* 
de leal vasallo, sólo atribuyó el Conde su desgracia á la parte que en ella 
había tenido San Carlos, dolióle mucho, y asaz mohíno se restituyó á Lon- 
dres, recordando el virgiliano Sic pos non vobis^ que á tantos diplomáti- 
cos pudiera servir de lema. 

W. R. DE Villa-Urrutia. 
(Continuará,) 



EL CONSEJO DE CASTILLA 

Y LA CENSURA DE LIBROS EN EL SIGLO XVIII 



I. Generalidades. — lí. Literatura.— III. Historia. — ÍV. Religión. — V. Filosofía. 
VI. Derecho. — Vil. Ciencias. 



I 

Entre el cúmulo de documentos que la febril actividad del Sr. Vígnau 
ha logrado reunir en el Archivo Histórico Nacional, se hallan centenares 
de expedientes que, con encerrar muchísimas noticias referentes á nues- 
tra historia literaria del siglo xviii, y aun ser indispensables para escri- 
birla, casi ningún erudito los ha examinado ». Hablo de los papeles del 
Consejo de Castilla tocantes á la impresión de libros, y juzgo inútil en- 
carecer su importancia, pues fácilmente se comprende la mucha luz que 
pueden derramar en la evolución intelectual de Rspaña. Por ellos vemos 
el criterio oficial ó semioficial que había en punto á Filosofía, Historia y 
Literatura, y aun podemos deducir más elevadas consecuencias, á saber: 
si el régimen de intervención del Estado en las ideas es ó no mejor que 
el de la libertad científica. Pero como las generalizaciones han de brotar 
de los hechos, y, á ser posible, sin esfuerzo alguno y como espontánea- 
mente, me guardaré de hacerlas, procurando sacar de dichos papeles las 
noticias más interesantes, que podrán servir para que otro más docto que 
yó escriba algún día la historia de la crítica en España. Advierto, además, 

I Sólo sé que los haya utilizado el Sr. Pérez de Guzmán en su notable Bosquejo histórico 
documental de la ^Gaceta de AfarfrW».— Madrid, 1902. 



1 



EL CONSEJO DE CASTILLA 29 

que siendo enemigo de repetir lo que otros han publicado, me guardaré 
de exponer aquellas doctrinas y polémicas literarias del siglo xviii que 
ptjeden verse en la Historia de las ideas estéticas en España, por D. Mar- 
celino Menéndez y Pelayo K Sería una profanación decir en malas palabras 
lo que con tan mágico estilo y con tan prodigiosa cultura puede sabo- 
rearse en dicha obra, clásica y fundamental como todas las de su autor. 

El entusiasmo que produjo la imprenta en sus primeros años motivó 
el Ordenamiento de 28 de Mayo de 1480, una de cuyas leyes ^, inspirada, 
según dice un moderno historiador, en «la ilustración universal» 3, favo- 
recía la impresión de libros publicados fuera del reino. Mas pronto vino 
la reacción del espíritu conservador nacional, y por ende, múltiples limi- 
laciones á la imprenta: Real licencia, permiso de las Audiencias y Prela- 
dos. Carlos V derogó en i554 el Ordenamiento de los Reyes Católicos y 
añadió nuevas trabas, inclusa la visita de librerías y de bibliotecas par- 
ticulares; Felipe II, inspirado en las doctrinas económicas de su tiempo, 
prescribió la tasa de los libros por la pragmática de 1398, conminando d 
los transgresores con una multa de 10.000 maravedís. Llegaron á mirarse 
con prevención los libros nuevos, y Felipe IV, por una Real cédula dada 
á i3 de Julio de 1627, aconsejaba que se excusara la publicación de los que 
no fuesen necesarios ó convenientes, pues ya había muchos de ellos. En 
la segunda mitad del siglo xvni las corrientes liberales que empezaban á 
llegar de Francia favorecieron la publicación y venta de libros. Lo pri- 
mero que se suprimió fué la tasa, contraria á los principios individualis- 
tas que en asuntos económicos profesaban ya algunos escritores españoles; 
sin embargo, la abolición no fué completa, ya que en la Real cédula dada 
á 14 de Noviembre de 1762, cuyo texto copiamos, se exceptúan los libros 
de usu más necesario: 

ítSíendo las Letras uno de los mejores adornos de un Estado, todos los 
Gobiernos han procurado favorecer y premiar á los que las profesan, fa-^ 
cuitando al mismo tiempo el que su luz se difunda y comunique por los 
medios posibles á toda suerte de personas, para cuyo fin es lo más condu- 
cente la impresión y publicación de los libros, pues sin esto serían inúti- 
les todos los estudios y fatigas de los que los componen. Y deseando el Rey, 
con el celo con que siempre atiende al bien de sus vasallos, que en sus do- 

I Tomo III, voN. I y 11. 

3 Eí 5a 96 y formó luego la ley i.^ til. xv, lib viii de la Novísima Recopilación. 

3 Et poder civil en España, por D. Manuel Danvila, tomo i, pág. 489. 



3o REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

minios se promueva y extienda más y más el beneficio de las ciencias, ha 
reparado con muchísimo juicio que la tasa que por ley del Reino se pone 
arlos libros para venderlos, es sumamente perjudicial, pues desesperanza- 
dos muchos de sus autores de conseguir por su impresión una honesta ga- 
nancia, se retraen del intento de publicarlos, como también los libreros 
^e hacerlos imprimir, viendo que por premio de su trabajo sólo van á con- 
seguir un conocido menoscabo de sus intereses, no correspondiendo, las 
más veces, la suma de la tasa á los gastos de la impresión. Por lo que ha 
resuelto S. M. abolir dicha tasa, y que en adelante se vendan los libros 
con plena libertad al precio que los autores y libreros quieran ponerles, 
pues siendo la libertad en todo comercio madre de la abundancia, lo será 
también en este de los libros; y no es justo que no habiendo tasa alguna 
para los extranjeros hayan de ser solos los españoles los agraviados por 
sus propias leyes. 

»Pero, considerando al mismo tiempo que esta propia libertad podrá 
traer graves perjuicios al público en aquellos libros que son de un uso in- 
dispensable para la instrucción y educación del pueblo, valiéndose los li- 
breros de la necesidad de comprarlos para hacer más gravosa su avaricia 
al público, ha resuelto S. M. que esta especie de libros que son de primera 
necesidad estén sujetos á la tasa del Consejo como hasta aquí. Y para po- 
-der proceder en este punto con acierto, quiere S. M. que V. S. I. me in- 
forme de qué libros son los precisamente necesarios al público, y sin los 
que no se puede pasar, para poder establecer la regla que llevo expuesta. 
Lo quo prevengo á V. S. I. de orden de S. M. para su cumplimiento. Dios 
guarde á V. S. I. muchos años. San Lorenzo el Real, á 14 de Noviembre 
de 1762.» 

Como complemento de esta resolución se determinó, á 22 de Marzo 
de 1763, qué libros eran de primera necesidad, y sujetos, por consiguiente, 
á la lasa; fueron los siguientes: el Catón cristiano, el Espejo de cristal 
fino, los Devocionarios del Santo Rosario, los Via crucis, las Cartillas de 
Valladolid, los Catecismos de los PP. Astete y Ripalda, los Preparatorios 
para la confesión y comunión, las Novenas y otras devociones semejantes. 

Imbuido en las doctrinas económicas de la escuela individualista que 
luego expuso Jovellanos en su informe de la lev Agraria aplicándolas á la 
propiedad inmueble, propuso D. José Antonio de Yarza, en un informe 
acerca de la anterior disposición, que la libertad de tasa fuese completa, 
sin las excepciones hechas, pues tratándore de libros tan fáciles de reim- 



r 



EL CONSEJO DE CASTILLA 3l 

primir, «el que los costeare procurará la moderación en su precio para que 
otros impresores no le hagan baja». 

Uno de los derechos más indiscutibles de quien publica un libro debe 
ser elegir aquel papel que le acomode por su buena calidad ó su economía, 
y aun parece conveniente que ciertos libros se impriman en papel detes- 
table para que el tiempo los aniquile muy pronto; sin embargo de esto, el 
Consejo de Castilla intervenía en la selección de papel, y, por tanto, dio, á 
23 de Mayo de 1770, una resolución en que decía: «Ha acordado el Con- 
sejo, por punto general, que las obras que salgan al público con su licen- 
cia, se reconozca el papel de toda la impresión por V. S. I. [D. Miguel 
María de Nava] como juez de imprentas, ó persona que de su orden lo eje- 
cute, á fin de asegurarse de la buena calidad.» 

Dado el criterio socialista y restrictivo que había acerca de la imprenta, 
nada más natural que la intervención del Consejo de Castilla y de los regio- 
nales, sin cuya licencia nada se publicaba, y en cuyo archivo debían quedar 
los manuscritos originales, una vez cotejados con el impreso; siendo lamen- 
table que colección tan rica de manuscritos, donde figurarían los de nuestras 
obras más clásicas, haya desaparecido casi en absoluto, pues sólo se con- 
servan en el Archivo Histórico Nacional, unidos á sus expedientes, algunos 
del siglo xviii; los demás fueron vendidos ó quemados como papel inútil ^ 
Y siendo los graves Consejeros de Castilla legos casi siempre para juz- 
gar de los libros, pues su censura no debía limitarse á la ortodoxia, más 
también al mérito intrínseco y á los errores meramente científicos, solían 
delegar en personas competentes: filósofos, literatos ó historiadores; tam- 
bién en Corporaciones sabias, como las Academias Española y de la His- 
toria, y en ocasiones gozaron una especie de exclusiva los párrocos de 
Madrid, quienes, ayunos generalmente de Bellas Letras, como criados con 
la nada láctea savia de Concina, de Ligorio ó de Petavio, subdelegaban en 
tales casos, máxime tratándose de novelas ó de poesía, en algún docto pro- 
fesor de los Esludios de San Isidro. Esto hizo que en la censura del Con- 
sejo de Castilla no hubiese, y mal podía haberlo, criterio especial y domi- 
nante, siendo un mero reflejo de las ideas profesadas en aquella época, si 
bien con la tendencia conservadora y el espíritu rezagado que parecen ser 
]a norma del Estado y de otras instituciones seculares. 

I A veces quedabaa ios originales en el Archivo de la Inquisición, } de esta procedencia 
<hay varios en la Biblioteca Nacional: tales son el Catecismo de Fr. Bartolomé Carranz.i y la 
Jlistoria de Curios V por Sandoval. 



1 



bl KEVI^TA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MISEOS 

II 

Nada más contrario á nuestras ideas que impedir la publicación de 
versos mediocres ó de ningún mérito, ya que éstos no suelen influir en el 
gusto general, dada la escasez que tienen de lectores; que la crítica libre 
los hiere de muerte apenas han nacido, y que, arrinconados en las biblio- 
tecas, son los libros raros y curiosos del porvenir, como hoy lo son aque- 
llos detestables poemas de Vasco Díaz Tanco; sin embargo, en el siglo xviii, 
donde apenas si las musas castellanas lograron una centella de verdadera 
poesía, se vedaron imprimir algunos libros de versos juzgados de poco ó 
de ningún valor; la Academia Española se mostraba intransigente como 
nadie: en el Métrico bosquejo en que se demuestra la gran función de pa- 
rejas ejecutada en Aranjue^, por D. José de la Ballina, censuró esu estilo 
bajísimo, redundante sobre manera, sin propiedad en las voces, ni clari- 
dad en las expresiones, lleno de repeticiones y lalto de medida en muchos 
versos; sobre todo, no es capaz de corrección sin formarle de nuevo. ¿Qué 
juicio harán los extranjeros, entre quienes no se puede dudar que se divul- 
gue?» En el Juicio de Apolo ó examen poético de las obras de D, Juan 
Pedro Maruján (1769) notó el censor D. Diego Rejón de Silva, olvidando 
que él era autor del más soporífero poema que se haya escrito, que aquel 
era «un romance que carece de fuerza ó entusiasmo poético, sin estilo, 
frase ó concepto que lo haga recomendable; sin gracia ni chiste, faltándole 
hasta el ti i vial del equívoco, tan obvio en nuestro lenguaje, y, en fin, es 
un romance tal que juzgo mejor el del Testamento del Sr. D, Juan de 
Austria, y cualquiera de Jas Partes de Francisco Esteban». 

En Los siete Sahnos penitenciales, traducidos del latín por D. Luis de 
Morales, se reparó en que «la poesía es bajísima; no tiene la nobleza, dig- 
nidad, fuerza ni moción que requiere asunto tan sublime. La dedicatoria 
á María Santísima, que consta de quince octavas, merece la más severa 
censura teológica; en la primera la llama poetisa prodigiosa; en las tres 
que siguen busca en la fábula comparaciones indignas de esta Señora. 
Llama implacable al furor de Dios, y ya se ve si esto puede convenir con 
su infinita misericordia». 

En cambio la Academia Española agotó el diccionario de la hipérbole 
cuando juzgó una obra tan mediana como la Continuación del Teatro de 
Marte español, en doce romances, por D. José Pablo Muñoz: «Estos ro- 



1 

i 

'4 



EL CONSEJO DE CASTILLA 33 

manees — dijo — , quizá los mejores que han salido á luz en nuestro siglo, son 
tan nobles y puros en la dicción, tan fluidos y sublimes en el estilo, tan --'k, 

abundantes de adjetivos propísimos, de frases poéticas y de imágenes ver- ' ^ 

daderas, que dan muy claras muestras del talento poético de su autor;. !^ 

sobre todo es de admirar no encontrarse en ellos ripio ni redundancia.» .'■. 

En las Poesías de D. Antonio Pérez de Soto no halló el censor cosa al- y 

guna opuesta al dogma ni á las regalías, pero si «palabras distribuidas en 
renglones de cierta medida, los mascón asonantes y unos pocos con con- 
sonantes; no veo otro artiñcio ni descubro doctrina, invención, pensa- 
mientos, ideas, imágenes, ni calidad alguna que las haga dignas de aquel 
nombre; por lo común se observan las reglas de la decencia; sin embargo 
en el romance que empieza 

Supuesto, Lucrecia airada, 

hay expresiones y alusiones poco honestas». 

En el brevísimo juicio que D. Nicolás Fernández Moratín hizo de las 
detestables poesías del cura de Fruime hay un fondo de benévola ironía que 
fué luego, en Inarco Celenio, estruendosa carcajada: . 

«He reconocido el primer tomo de las obras en prosa y verso del cura 
de Fruime. Ya tenía yo alguna noticia de este cura^ y había visto varías 
obras suyas que así manuscriptas como impresas han corrido con aplauso y 
gustado generalmente por su gracia y naturalidad. Tales son las que se 
comprenden en este primer tomo, todas sueltas y á asuntos diferentes, y 
muchas defendiendo á Galicia de las zumbas de otras provincias, con cuyo 
motivo el autor retorna también las suyas, pero sin agraviar á nadie y 
con el decoro que es propio de esta clase de escritos.» 

El predominio intelectual de Francia en el siglo xviii, favorecido en 
España por el advenimiento de la dinastía borbónica y por la decadencia 
de nuestra cultura, produjo como un cambio de conciencia nacional, que 
se manifestó especialmente en la literatura; el teatro de los siglos xvi y xvii, 
tan lleno de sublimes creaciones y tan original como pudo serlo el de Gre- 
cia, haé mirado con desdén y reemplazado por otro que se ajustaba á los 
modelos franceses, inspirados en los convencionales preceptos de la escuela 
neoclásica, dándose el caso de ser impugnada la tradición española por 
los literatos de más nombradla, como los Moratines y los Iriartes, y defen- 
dida con entusiasmo por escritores obscuros ó ínfimos, cuales eran Nieto y 
Molina, Maruján, Erauso y Zavaleta, Romea y Tapia, y el^m¿/ico Nipho.. 

3.» fiPOCA.— TOMO XT 3 



34 REVISTA DK ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

En clisi todas las censuras de obras dramáticas presentadas'al Consejo 
salen á relucir aquellas pedantescas reglas del arte de que hace ostenta- 
ción D. Pedro en El Café, personaje grave en la intención de Moratín, 
pero grotesco ya para nosotros. 

En Hacer que hacemos, comedia de D. Tirso Ymareta (1770) aplaudía 
D. Nicolás Fernández de Moratín el que observara las unidades, que «no 
son — decía — imaginarias ni imposibles, sino muy conducentes para el 
acierto, y que sólo el descuido ó la ignorancia apoyará lo contrario». 

La Academia Española solía mostrarse celosa en esto de que no se me- 
nospreciaran las unidades, y, por tanto, reprobó la tragedia Eumenes, de 
D, GabrielGarcía Caballero: «¿Qué utilidad y qué instrucción puede produ- 
cir una obra que ni guarda las reglas, ni está formada por un plan exacto? 
Es cierto que el autor de esta obra tiene facilidad y naturaleza para hacer 
versos, y muchos son bastante regulares; pero no sabe sostenerse en el es- 
tilo heroico y sublime.» 

También la Academia Española era partidaria del arte docente y mo- 
ralizador, y así alabó la tragedia Numancia destruida, de D. Ignacio Ló- 
pez de Ayala (1772), teniendoen cuenta «que el dragma (sic) trágicoesuno 
de los poemas difíciles y más á propósito para morigerar y mover los áni- 
mos con ejemplos ilustres; que en España es raro el uso de estas piezas 
instructivas, y que la tragedia que ha compuesto D. Ignacio López Ayala 
es un buen modelo para la imitación^^. 

Los mismos principios se exigían en la preceptiva literaria: era un 
pecado abominable enaltecer aquellas obras dramáticas de Lope ó de Cal- 
derón que no realizaban las unidades, y forzoso dejar para la Historia los 
asuntos cuyo desenvolvimiento pedía largo tiempo; así opinaba D. Ig- 
nacio López, de Ayala al censurar el Teatro español, arreglado por don 
Marcos Máznelas: «La obra es más bien un compendio de Poética que una 
colección de buenas máximas, dirigidas á arreglar el Teatro, como parece 
ofrece el título. Por una parte admite las reglas generalmente adoptadas, 
y por otra, no sólo confiesa que Lope y Calderón no se conformaron á 
ellas, sino que esta falta fué en ellos gala y realce que añadieron sobre las 
reglas establecidas y observadas por los mejores ingenios antiguos y mo- 
dernos. Saca el autor por absurdo, ¿cómo observando las leyes dramáticas 
se podría reducir á una tragedia la muerte de los siete Infantes de Lara, 
el castigo de Ruy Velá^que^ y la conversión de Mudarra á nuestra Santa 
Ley? Este modo de pensar se opone esencialmente á los principios de la 




EL CONSEJO DE CASTILLA 



3S 



Poética.Esta prescribe se escojan acciones proporciooadasal tiempo y lugar 
de la representación. La serie de largos sucesos y los lances que ocurren 
en muchos años se deben aprender en la Historia.» 

Menos intolerante que los Moratines fué D. Tomás de Iriarte en su cen- 
sura del Teatro español conforme á los preceptos más rigorosos del arte 
dramático^ por D. Pascual Rodríguez de Arellano (1789), si bien considera 
como ideal de la poesía dramática la realiza ion de las clásicas unidades: 
«Aunque el sistema de este reformador de comedias nuestras no es e\ más 
rigurosamente ajustado á las verdaderas reglas y delicadezas del arte dra- 
mático, el pensamiento es loable, la obra muy necesaria, y con lo que co- 
rrige D. Pascual Rodríguez se mejora desde luego gran parte de las cua- 
tro comedias que ha presentado, pudiendo servir este ejemplo para que 
otros se animen á la corrección de muchos dramas que igualmente la me- 
recen; y ya que no tengamos un Teatro exactamente arreglado, por ser 
muy difícil, y á veces imposible, reducir á los preceptos que dictan la ra- 
zón y el arte, comedias que se compusieren sin atención á ellos, logremos, 
á lo menos, ver desterradas las monstruosidades que todavía desacre- 
ditan la cultura de nuestra nación en este importante ramo de instruc- 
ción.» 

Otra condición que había de llenar la obra dramática, á más de las con- 
sabidas unidades, er¿i un espíritu de sumisión completa á las autoridades, 
especialmente á la del Monarca; por esto alabó D. Tomás de Iriarte en 
Doña María Pacheco, tragedia de D. Gil Cano y Moya, seudónimo de 
D. Ignacio García Malo (1787), que, si bien toda la obra se fundaba «en una 
rebelión de la ciudad de Toledo en tiempo de las Comunidades de Casti- 
lla, el autor ha procurado inspirar horror á la rebeldía y dejar castigada 
la traición, sin lo cual habría inconveniente en exponer al público unos 
ejemplos de semejante naturaleza)^. 

Mal visto D. Ramón de la Cruz por la crítica oficial, aunque fué el au- 
tor dramático de genio más profundamente nacional que hubo en su 
tiempo, y en cuyas obras se ve retratado con fidelidad el pueblo español 
del siglo XVIII, hubo de sufrir algunas contradicciones al publicar sus en- 
tremeses y comedias; en Los Zagales del Genil repararon los censores 
D. Tomás Antonio Sánchez y D. José Antonio Porcel en nimiedades como 
éstas: «Solamente decimos que no es prueba ab impossibili, como pretende 
A autor, la expresión de por Agosto 

Ver nevados esos cerros. 



:l 



36 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

pues siendo la escena en los valles del Genil, inmediatos á Granada, que 
son contiguos á Sierra Nevada, ó son de la misma sierra, es muy frecuente 
ver nevados sus cerros por Agosto. En otra parte dice: Nadie cura las pa- 
siones; esta proposición no es verdadera; debiera decir que, una vez arrai- 
gadas, es difícil curarlas.» 

El buen criterio de Jovellanos hizo que pusiese algunos reparos á la 
publicación de la tragedia de Voltaire Alcira ó ¡os americanoSy traducida 
por D, Bernardo María de la Calzada (1784), por ser una obra inspirada 
. en el odio á la España del siglo xvi, cuyas grandezas mal podía conocer el 
solitario de Ferney: «Esta tragedia — decía Jovellanos — , escrita original- 
mente por Mr. Voltaire en el año de lySG, es toda de su invención, según 
confiesa su mismo autor, y, sin embargo, corre con grande aplauso en 
Francia, tanto por el mérito esencial que tiene en calidad de drama, como 
p)orque lisonjea la opinión que han formado los extranjeros de los conquis- 
tadores del Nuevo Mundo. La Humanidad reprobará siempre la conducta 
de algunos de ellos, que deslucieron con su crueldad el esplendor de sus 
hazañas; pero esta crueldad se supone tan general en la tragedia, se realza 
con tanta afectación y se pinta con colores tan negros y^ terribles, que no 
puede dejar de ofender aun á los españoles más imparciales y menos aman- 
tes de la gloria de su país. Si este reparo y los anatemas fulminados por el 
Santo Oficio contra todas las obras del mismo autor no sirvieren de es- 
torbo á la publicación de la presente tragedia (lo que dejo al supremo ar- 
bitrio del Consejo), no hallo en lo demás cosa que pueda impedirla.» 

Los Autos, género poético ya muy gastado y que iba resultando litera- 
tura demasiado inocente y empalagosa, no hicieron los encantos del Con- 
sejo, que rechazó dos de ellos al Nacimiento de Nuestro Señor, compues- 
tos por D. Alonso de Pedrajas(i769), porque, según la Academia Española, 
maestra infalible en asuntos literarios, no se distinguían por la «inven- 
ción, acción, caracteres, proposición, decoro, ni aun aquellos rasgos de 
imaginación que, aunque desarreglados, suelen ser indicios del genio poé* 
tico ó de alguna instrucción; no hay más en los tales poemas que ideas 
despropositadas, ocurrencias rústicas, digresiones importunas, expresio- 
nes indecentes». 

Increíble parece que escritores de tanto ingenio y de tan buen gusto 
como fueron los Moratines se mostrasen ramplones con demasía en los in- 
formes que les encargaba el Consejo, procurando salir del paso con las 
menos palabras posibles, sin hacer nunca un análisis detenido de los 11* 




*^^ 






EL CONSEJO DE CASTILLA Sj ^ 

bros; casi siempre se limitaban á decir s¡, á su juicio, merecía/ 6 no ser '^ 

publicada la obra de que se trataba. La Colección de poesías castellanas \ 

anteriores al siglo xv, de D. Tomás Sánchez, fué juzgada por D. Nicolás .^ 

Fernández de Moratm en términos que indican estar ciego para todo lo ,| 

que no fuese aquella literatura convencional y marmórea á que él se de- .4 

dícaba, y, sobre todo, para juzgar nuestros poemas de la Edad Media, tan 
llenos de soberanas bellezas: «La Colección de poesías antiguas — decía 
Moraifn— que V, A. remite á mi censura es muy digna de imprimirse por 
su antigüedad y utilidad notoria. ¡Ojalá el laborioso corrector hubiera 
hallado originaies más correctos, ó hubiera empleado su innegable habi- 
lidad tmn en interpretar que en copiar tan exactamente! Pero, de cualquier 
modo, es aprecíable L^sta obra, como lo es por sus circunstancias una esta- 
tua gótica ó etrusca, aunque mutilada é imperfecta.» 

Donde parece que. á juicio de Moratín, lo que debió hacer Sánchez no % 

es copiar ad pedan litter<e el poema del Cid, sino traducirlo en caste- '^ 

llano moderno y en altisonantes octavas reales dignas de figurar en Las a 

naves de Cortés ó en La inocencia perdida. 

Más conciencia literaria y mejor gusto mostró D. José Miguel de Flo- 
res cuando censuró^ en 1789, el tomo IV de dicha Colección, que contiene 
las poesías del Arcipreste de Hita, y cuyas excelencias reconoce Flores, 
dando á entender que Juan Ruiz fué el ingenio más grande de Castilla en 
la Edad Medía: uLas poesías —dice— del Arcipreste, tienen toda la reco- 
mendación que permiten el siglo y la materia en que fueron escritas, y sí 
cabe alguna preferencia en su mérito respecto de las que se han publicado , 

hasta ahora, también acreedoras á ella, pues pudiendo servir igualmente 
que las otras al estudio de los orígenes de nuestra lengua y poesía vulgar, 
pueden, además, ser muy provechosas para el de los usos y costumbres de 
la Edad Media,)* Oponíase Flores, y con razón, á que Sánchez mutilase 
algunos pasajes del Arcipreste que, por demasiado lozanos y pecaminosos, 
podrían escandalizar á los timoratos: 

«Quisiera yo, y \mz^o que querría también la Academia, que la obra 
no saliese tan escardada como se propone el señor copilador. Este señor, 
sin duda por consideración á su estado y por su particular modestia, ha 
creído necesario suprimir un gran número de coplas que, ciertamente, no 
son muy limpias; pero que en mi dictamen pueden correr sin inconve- 
niente. Y para que en materia tan delicada no se me tache de ligero, diré 
que le fundo en las siguientes razones:==i.* Que recayendo la obra del 



38 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

Arcipreste, por la mayor parte sobre materias de amor, y tratándose éstas 
en aquel tono libre y sazonado á que naturalmente inclina la poesía satí- 
rica y jocosa, si hubiese de sujetarse su censura á los rigidísimos princi^ 
pios de la modestia no bastaría suprimir las coplas que condena el señor 
copilador, sino que sería preciso hacer lo mismo con todas ó casi todas las 
que pertenecen á la sujeta materia.=2.* Que corriendo libremente, no sólo 
entre literatos, sino aun en las escuelas, los autores latinos y griegos que 
tratan las mismas materias de un modo harto más licencioso, y hallándose 
autorizado su uso por el mismo Santo Tribunal, en consideración á la 
excelencia de su estilo y á lo que pueden contribuir á mejorar el estudio de 
las Humanidades, creo que deberá correr igualmente, y aun con mayor 
razón el Arcipreste, cuya lectura, no sólo será provechosa al estudio de 
nuestra propia lengua, sino también al de nuestra historia civil, á la que 
lan particularmente pertenecen las costumbres, usos, estilos y ritos de los 
siglos pasados.=3.* Porque no se puede temer que esta obra ande en ma- 
nos de mo^os, de mujeres^ ni de personas rudas é incautas, porque la obs- 
curidad, sencillez y desaliño de su estilo y sus chistes, y el modo mismo de 
pintar y defínír los objetos, no se acomoda ya al gusto ni á las ideas de 
nuestra época, pudiéndose asegurar sin miedo que no habrá persona de las 
ya indicadas, no sólo que tenga bastante constancia para leer todo este libro, 
mas á quien no se caiga de la mano antes de leer 8 ó lo coplas.==4.* Que 
aún será poco leída esta obra de las gentes de letras; pues entre ellos los 
que se llaman sabios desdeñan por lo común, no sé si bien ó mal, seme- 
jante lectura, y de los puramente literatos sólo sabrán apreciarla aquellos 
pocos favorecidos de Apolo que, conociendo todo el valor de la habla cas- 
tellana, se afanan por recoger las preciosas riquezas que tiene cerradas en 
sus arcones viejos, para sacarlas á luz, enriquecerla y presentarla llena de 
gala y majestad á sus necios despreciadores.=Por tanto, no sólo soy de 
dictamen que se imprima como lo solicita el Sr. Sánchez, sino también 
que se le autorice para que la obra se publique entera, igual que está en 
el presente manuscrito.» 

Don Juan de Aravaca reprobó el Compendio de la vida de San Antonio 
Abad, en verso, por D. Manuel Coronado y Gabaldón (1770), porque «su es- 
tilo es tan bajo y su versificación tan mala, que no corresponde á la seriedad 
del asunto, antes serviría su lección de ridiculizar las acciones del Santo». 

Harta razón llevaba don Juan de Aravaca; dicho papel es de lomas in- 
sulso que se ha escrito; véanse en prueba de ello los primeros versos: 



EL CONSEJO DE CASTILLA Sg 

A U superior Tebaida 
Sus pasos enderezó, 
Pero robusto salió 
De tan misera morada. 
Lucifer una zancada 
En el camino dispuso. 
Pues una fuente le puso 
De plata resplandeciente. 



r 

I El roto de Elena, poema de Coluto Tebano, traducido al latín y al 

castellano por el P. Felipe Scío con tanta desdicha como su famosa Biblia, 
motivó una censura notable que sospecho sea de D. Juan de Iriarle; al pa- 
recer del criiico, la versión del P. Scío era la misma de Perdrier, enmen- 
dada en algunos pasajes, incuniendo, sin embargo, en yerros bibliográfi- 
cos, como atribuir á Juan Sanra vio la edición latina de Basílea, 1 555, siendo 
en realidad de Perdrier, y las anotaciones de Bertrando. Pondera luego la 
diiiculiad de traducir el poema á causa de los mil errores deslizados en los 
manuscrito*^, y enumera los defectos de que adolece el trabajo del escola- 
piOt que eran: suprimir la palabra nujt^/fVs en el argumento, que debía de-* 
cir: Deorum Congressum in Peleiet Thetidis nupiiis; traducir carmen in 
Apulia reperium, por fami liare et cognitum; Bessarion Ntceas Car dina- 
lis^ por Bessarion Niceensis ó Niccenus Cardinalis; motuSy por initium; 
vos spectabis cúrrente^ Idcei verticem super eminéntem Phalacrce, por ve- 
nientes ad verticem Idw Phalacrce; sagittijeri, por sagittarii; talia adsi- 
deníi allocutus e&i Mercurio^ por taliter adsidentem allocutus esi Mercu- 
riwn; Venus vitía soluta, por soluta calyptra; sic persecuta Venus alloque- 
batur^ por persequens ó inseguens; Sv-ca por Iv6a. El crítico demuestra en 
su informe una prodíj^iosa erudición en punto á literatura griega. 

Las historias y críticas literarias en verso, género poco acomodado á 
la poesía, cuyos modelos son el Canto de Calíope y el Viaje al Parnaso de 
Cervantes, y el Laurel de Apolo, de Lope de Vega, tuvo imitadores en el 
siglo xviTi; D, Francisco Gregorio de Salas, compuso (1772) un Panteón 
del mérito extremeño en varias composiciones poéticas, juzgado severa- 
mente por el censor oficial, quien deseaba que el Panteón fuese una espe- 
cie de Aganipe de los cisnes aragoneses en punto á crítica biográfica, ya 
que nu de languidez y frío prosaísmo; «convendría— dice — que los sujetos 
que en el manuscrito se elogian, se distribuyan por clases, guardando en 
cada una et orden cronológico, y que no se incluya en ninguna de ellas 
persona de quíen no se haga constar por autor fidedigno que fué de Ex- 
tremadura, y que se distinguió en la materia en que se elogia». 



I» 



40 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

En punto á sátiras y vejámenes personales era forzoso que hubiera ta- 
mices muy diversos, como quiera que siempre en estas cosas pudo más el 
favor que la severa justicia; mientras se consentía la publicación de libelo 
tan insultante y grosero como el Asno erudito,p\xñaA que llevó toda su vida 
clavado en el corazón D. Tomás delriarte, se reparaba en otros opúsculos 
de autores menos temidos que Forner y escritos con menos saña; en 
El enemigo de Madrid, por D. Anastasio Silveira (1772), se notó que este 
papel era «una sátira llena de inverosimilitudes y comparaciones impro- 
pias, y lo que peor es, mezclar en sus sátiras al abate Guevara, no para 
criticar sus escritos, que hasta ahora no conoce el público, sino con el fin 
de dar una idea muy ridicula de su persona.» 

En cambio cuando se trató de publicar El Asno erudito, por D. Pablo 
Segarra, con ser tan conocido el blanco donde tiraba Forner, manifestó el 
censor D. Manuel de Val buena que no hallaba cosa opuesta c(á las santas 
máximas de nuestra sagrada religión; moteja con gracia y urbanidad, ei 
muy buenos versos, la arrogancia de algunos que, metiéndose á eruditos con 
cuatro retazos que han leído en libros modernos de buen gusto, y sin ha- 
cer estudio ni profesión de ciencia alguna, sino con menosprecio de ellas, 
pretenden ser los únicos sabios y maestros en las materias más graves.» 

Casi muerta en el siglo xviii nuestra Novela, que tan original y exube- 
rante vida logró en los dos anteriores, no fueron muchas las presentadas 
al (Consejo. Las últimas supervivencias del género caballeresco parecían 
demasiado zafias y merecían juicios severísimos, como también las nove- 
las piadosas, que á veces se confundían con las vidas de Santos, pues nada 
más fácil que pasar de unas á otras, dado el criterio que inspiraba á los 
hagiógratos. Los milagros absurdos indignaban á los censores; unas veces 
por espíritu volteriano y crítico; otras, por un exceso de fe que temía ver 
la parodia en el más hiperbólico elogio; por esto no se reparaba solamente 
en los milagros que, como hechos históricos y á fin de aumentar la piedad, 
se referían en Vidas de Santos ó en crónicas locales, más en los que forma- 
ban episodios de novelas religiosas ó en las últimas manifestaciones de los 
libros de caballerías, no tan destruidos por Cervantes que no se leyesen to- 
davía en el siglo xviii en textos más reducidos y más bárbaros que los del 
siglo XVI * y que eran como el tránsito de la novela al romance de ciegos 

I Antonio Sanz, impresor y librero, tenia la Historia del Marqués de Mantua^ la Historia 
de Bernardo del Carpió, la del noble caballero Fernán Gonj^dleí^, la de Blanca Flor, La linda 
Magalona y otras. Fué denunciado en Marzo de lySy por imprimir estos libros. 



n 




EL CONSEJO DE CASTILLA 4I 

que aun hoy deleita al vulgo. Todo lo caballeresco era visto con malos ojos 
€n el Consejo, aunque se tratara de cosas tan españolas como la leyenda 
de los Infantes de Lara. En la Vida del bienaventurado San Amaro, se 
censuró que «El fondo de esta novela es una curiosidad de saber dónde es- 
taba el Paraíso terrenal. La cuestión del sitio en que estuvo el Paraíso te- 
rrenal es una Je las más intrincadas de la Sagrada Escritura... No obstante, 
con la revelación de una beata llamada Baralides, como con un hilo de oro, 
se desenreda este laberinto... En el número 6 tiene una visión de Nuestra 
Señora, y esta visión se reduce á avisarle á que llene unos pellejos de aire; 
¡cosa bien extranaf En el número 8 pone una batalla de leones y otras bes- 
tias* que anualmente se daba el día de San Juan; ¿por qué no el día des- 
pués ó ta víspera? en que había grande mortandad de una y otra parte y 
hedía tanto toda la tierra, que nadie podía morar en ella. En el número 9 
pone una batalla de cinco leones que venían 'á besarle las manos y los pies 
y á que les echase la bendición. ^^ 

Otro tanto se dijo de La espantosa y maravillosa vida de Roberto el 
Diablo, llamado después Hombre de Dios, «Esta vida es una cadena de 
bárbaras inhumanidades, de visiones y revelaciones Un ángel se apa- 
rece en sueños á un ermitaño y le dice que le señala en penitencia que no 
ha de comer sino lo que quite á los perros; ¡cosa extravagante! En la pág. 22 

pleitea un hueso con un lebrel Me parece indecoroso á un ángel ser 

mozo de caballos de este beato.» 

También mereció la reprobación, aunque era menos absurda, la i/ís- 
toria de los muy nobles y valientes caballeros Oliveros de Castilla y Artús 
de Aígarbe, «En el capítulo i.° le hace hijo de oraciones á Oliveros, á imi- 
tación de la vida de los Santos En el capítulo 11 la superstición de la 

redoma, á propósito para enseñar otra. En el capítulo i5 un rarísimo mi- 
lagro. Los capítulos 35, Sfi, Sy, 38, los amores de Helena y Oliveros, con 
su aparición y milagrillo.* 

De la Historia del noble caballero el Conde Fernán Gon¡{áleí{ se decía: 
íí^Qué enseñanza se ha de sacar de este embrollo? ¿Qué utilidad de un 
caos de bárbaro lenguaje? Enseña en el capítulo 4.® un desafío; en la vida 
de los siete Infantes de Lara varias pendencias y un agüero sobre el vuelo 

de las aves. Adolece de visiones y milagros En el capítulo 12 un caso 

feo de un Arcipreste, y su muerte violenta. Otro milagro en el capítulo 22; 
milagros, visiones y revelaciones sin fundamento sólido desacreditan la 
religión.» 



I 



42 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

Por SÍ en España no teníamos bastantes libros malos, se descolgaban 
los traductores de oficio propinándonos la bazofia literaria de otros países, 
por lo que obró cuerdamente el Consejo al reprobar la novela de Cleonte 
y Ramirüy traducida del italiano por D. Juan Francisco Morales (1773), 
pues, además át pecar contra las reglas del arte, era un conjunto de inve- 
rosimilitudes propias de los más desatinados libros de caballerías; su ar- 
gumento era la conquista de Granada, que atribuía á un Rey, llamado 
Alonso, quien cedía aquella ciudad á Cleonte, casándolo con Ramira; ha- 
bía, además, en la novela, según observó el honestísimo censor del Con- 
sejo, «pinturas muy vivas, ya de mujeres hermosas, ya de las pasiones de 
varios amantes, muy propias para excitar ideas lascivas en los más castoso. 

Don Diego de Torres Villarroel, uno de los escritores más ingeniosos 
que hubo en su tiempo, pero también uno de los personajes más estrafala- 
rios que se han conocido, alternaba sus fantasías de alquimista y sus ex- 
plicaciones de matemáticas con la publicación de libros, unos chispeantes 
de gracia, y otros que sólo tenían por objeto vivir á expensas de la nece- 
dad del vulgo. De los segundos eran sus Piscatores, almanaques » llenos 
de pronósticos, no ya de nieves, lluvias y restantes fenómenos meteoroló- 
gicos, sino de mil sucesos prósperos y adversos que debían ocurrir en el 
año, cuidándose muy bien de anunciarlos en términos anfibológicos y 
dignos de la Pitonisa de Delfos. A estas inocentes farsas para ganarse la 
mantenencta daba mucho crédito la plebe, y Torres y Villar roel, según é\ 
mismo refiere en su autobiografía, era tenido en concepto de hombre ex- 
traordinario y casi inspirado por buenos ó malos genios. En el año 1766, 
Torres y su sobrino D. Isidoro Ortiz, habían acertado á escribir en el 
correspondiente Piscator las siguientes palabras: 

«La situación general del orbe político se registra con raras revolucio- 
nes que sorprenden los ánimos de muchos. Un Magistrado que con sus 

I Almanak universal^ y pronostico diario de quartos de Luna, para el Año del Señor 
de ¡743, Con el j'uícíq, y buena cosecha de frutos, enigmas, absoluciones^ ordenes^ Fiestas, Vi- 
gilias, Témporas y Ayunos, Letanías, Velaciones, y quando se saca Anima, Su autor Don 
Diego de Torres Villarroel, Cathedratico en el Gremio, y Claustro de la Universidad de Sa- 
lamanca. Año 1743— -Eq Pamplona: Por Joseph Anchuela. 

También publicaba Almanaques por entonces D. Gonzalo Antonio Serrano, «gran astrólogo 
andaluz y médico en Córdoba». Los he visto de los años 1744, 1760, 1761, 1762 y 1764. 

De D. Isidoro Ortiz, sobrino de Torres Villarrocl, he visto la Embajada délos astros, sueño 
astronómico. Pronostico diario de Quartos de luna, con los sucessos Elementares, y Políticos de 
la Europa, para el año de 1767. Por el Pequeño Piscator de Salamanca, el Doct. D, Isidoro 
OrtiJii Gallardo de Villarroél. Dedicado a el Excelentissimo Señor Don Pedro Alcántara Lope^ 
deZuñiga, Conde de Miranda, Duque de Peñaranda, &c. En Madrid. Por Andrés Ramírez, año 
de 1766.— 62 págs. en 8.* 



f 



EL CX)NS£JO DE CASTILLA ^i 

astucias ascendió á lo alto del valimiento, se estrella desvanecido, en des- 
precio de aquellos que le incensaban. Prepáranse embarcaciones que ten- 
drán venturosos pasajes. Un Ministro es depuesto por no haber imitado en 
la justicia al significado del enigma. 

^Ciertos genios turbulentos trastornan una Corte; pero algunos son 
condenados á muerte. 

i&Un personaje bien visto de la plebe no se rehusa de entrar en un ne- 
gocio por el bien del público; pero le cuesta entrar en el significado del 
enigma.» 

Poco después de publicado esto se alzaba el pueblo madrileño contra 
Esquilache en el célebre motín ocasionado por la prohibición de capas lar- 
gas y sombreros redondos, y el vulgo, supersticioso como siempre, vio 
cumplida la profecía de Torres; los ciegos se desgafíitaron anunciando 
El gran Piscator de Salamanca, que se lo arrebataban de las manos, y 
en pocos áhs el librero Bartolomé de Ulloa, quien por cien doblones ha- 
bía adquirido la propiedad del libro, vendió toda la edición y acelera- 
damente imprimió la segunda. 

Luego que se restableció el orden en la capital, D. Pedro Rodríguez 
Campomanes, Fiscal del Consejo de Castilla, quien, como Floridablanca, 
opinaba que no hay cosa peor que el fanatismo, emprendió una tenaz 
campana contra los Piscatores, exigiendo responsabilidades á Torres y á 
Ortiz; éstos disculparon sus anuncios con las exigencias de la pobreza, ya 
que el primero contaba nada menos que quince sobrinas, huérfanas unas 
y todas desvalidas, y seis sobrinos, cuya numerosa familia mantenía con 
los Piscatores, de los que tenía preparada gran cantidad para los años su- 
cesivos, y añadía el buen Torres en un escrito dirigido á Campomanes: 

*í Yo, que no tenfio otro adbitrio para mantenerme, pues la Universidad 
y la Cáthedra^ después de trece años de asistencia y de haver gastado ocho- 
mili reales en graduarme, me vale sólo setezientos reales anualmente, he 
impreso mis almanakes huyendo siempre de parecer astrólogo, y así solo 
he tirado a llenar los huecos de las lunas con algunas coplillas que divier- 
tan é instruyan; con todo, si a V. S., le pareziere, en la pág. 5i se pueden 
cubrir con papel y engrudo los dos renglones que van textados, haziendo 
lo mismo en lo textado en la pág. Sy y en las demás partes que V. S. gus- 
tare; pero desde luego afirmo a V. S. que en mi Piscator no hay cláusula 
puesta con fin particular alguno, y que en uno y en otro estoy pronto á 
hazer quanto V. S. me mandare.» 



44 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

Pero, sin hacer caso de tan humillantes explicaciones, el Fiscal, muy 
penetrado de sus altos deberes y en tono enfático, dio al Consejo de Cas- 
tilla en el asunto de los Piscaiores un parecer que copiamos al pie de la 
letra: «Don Pedro Rodriguez Campomanes, Fiscal del Consejo, dice: que 
con motibo de cierto Pronóstico impreso a nombre de Bartholomé de 
Ulloa, librero, que está detenido de orden del Consejo, hizo presente lo 
perjudicial que era permitir en estas obras sucesos poh'ticos en forma de 
adivinanzas, porque á pesar de con quantos correctivos, zumbas y burlas 
se quieren ridiculizar estas mismas adivinanzas, el pueblo incauto recu- 
rre a ellas y tal vez se autorizan delitos enormes como el tumulto de Ma- 
drid, imprimiendo en el vulgo hallarse anunciado en el Pronóstico de 
Don Diego de Torres, con la avilantez de averio reimpreso y vendido di- 
cho Bartholomé de Ulloa, librero, contemporáneamente a disiparse el mo- 
tín, haciéndolo pregonar por los ciegos a la vista de todo el público, no 
siendo creíble tubiese licencia para su reimpresión, ni que se abusase de 
ella en tiempos tan críticos. 

))En los dos Piscatores intitulados La tia y la sobrina y la Embajada 
de los astroSj compuestos por Don Diego de Torres Villarroel y por don 
Isidoro Ortiz Gallardo, su sobrino, para el año próximo de 1767, observó 
el Fiscal, luego que se le entregaron, diferentes sucesos políticos que pue- 
den tener siniestra interpretación; y aviendo llamado al expresado Don 
Isidoro Ortiz para hacerle cargo de la inutilidad de semejantes especies a 
la publica instrucción, el daño que al Gobierno trae el abuso que de ellas 
se hace con el vulgo ignorante y la improporcion que dá al estudio de las 
mathemáticas para acertar con los sucesos futuros, cuyos momentos están 
reservados al conocimiento del Todopoderoso, y ser por lo mismo repre- 
hensible en lo político, moral y cristiano, se tolere semejante abuso, pro- 
curó disculparse con la practica hasta aquí permitida y con las protesta- 
ciones insertas en los mismos papeles... Incumbiendo al magistrado poli- 
tico desterrar la ignorancia, la superticion y todo pretexto que pueda faci- 
litar el menor embarazo a la pública tranquilidad, ó de facilitar medios 
para abusar del vulgo, procede se establezca la regla pedida por el Fiscal, 
y en que ahora insiste de nuevo, para que en los kalendarios nada se toque 
de Gobierno ni de sucesos políticos, y se borren de los dos que acompañan 
todo lo perteneciente a estos asuntos que va rayado, poniéndose en el pró- 
logo la carta escrita al Fiscal por dicho Don Diego Ortiz y la providencia 
que el Consejo acordare Madrid y Noviembre, 19 de 1766.» 



EL CONSEJO DE CASTILLA 46 

Viendo Torres que la cosa se iba poniendo seria, cantó la más ridicula 
palinodia, en el fondo de la cual hay una mal disimulada ironía: 

«Mira, bobarrón; los reyes que hasta ahora te he puesto en mis alma- 
nakes no son, como has creído los dioses de la tierra, a cuya soberanía 
obedecen los mares, los reinos y provincias; que en sus solios nunca me 
he introducido más que para adorarlos y confesar una agradecida escla- 
vitud a su grandeza. Los reyes de quien te he hablado son los de naipes, 
los reyes de gallos y los reyes de armas que salen en las gradas de la Uni- 
versidad de Salamanca, que son unos bribones que van mal metidos en un 
sayo de alquiler, siendo la befa y la carcajada del concurso y el paradero 
de las pelladas, los perros podridos, los trapajazos que les tiran los truha- 
nes y zagalones, que hacen estafermos de sus chocarrerías a quantos se les 
ponen por delante.» 

Con esto se tranquilizó el buen Rodríguez Campomanes, y los faméli- 
cos Torres y Ortiz pudieron continuar cambiando sus inocentes embus- 
tes por unos cuantos doblones con que remediar su pobreza. 

Bastaba que al censor le pareciese un libro baladí ó malo, para que éste 
fuera condenado al limbo de lo inédito. Del Testamento politico del filó-- 
sofo Marcelo, por D. Ramón Estrada Pariente (1774), se dijo que no con- 
tenía instrucción que pudiera ser útil al público, no valiendo sino para 
4Edar materia en algunas de sus partes á un saínete de comedia, más que á 
la sería reforma de las costumbres. Y no permitiendo nuestras leyes se im- 
priman cosas inútiles y que puedan ocasionar algún perjuicio, parece á la 
Academia que por ambos motivos no merece este papel la licencia que se 
solicita?». 

Los desengaños de un casado y extremos de la mujer, por D. Pablo 
Ramírez (1774), fueron reputados indignos de andar en letras de molde por 
el censor D. Miguel Cervera López, quien discurría así: «Este autor de- 
ñende á las mujeres, pero no conoce su carácter, y nos deja este punto de 
la F¡los4:)fía tan oscuro y aún más que estaba, con su mal estilo. Y no ha- 
llando utilidad en este escripto, me parece no se debe imprimir.» 

Malo sería el opúsculo intitulado Respuesta del organista de Móstoles 
d la carta de su amigo el sacristán de Berlinches (1786), pero fué peor la 
crítica de D. Antonio de Capmany cuando lo condenó porque en él se ha- 
blaba mal de Francia: c(Del contenido de este papel, muy semejante á los 
muchos que en estos días tienen fastidiado el público con impertinentes y 
superficiales apologías literarias, he visto que su autor se esfuerza en vin- 



K 



46 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

►dicar la reputación de nuestros poetas dramáticos contra los autores fran- 
ceses, mayormente los cómicos. Aunque siempre son laudables el pensa- 
miento y las intenciones patrióticas del autor, y esta parte de la discusión 
literaria no la desempeña desgraciadamente, no es tolerable en buena po- 
lítica, ni en buena crianza, que se vilipendie á los escritores de otra nación, 
y mucho menos que se insulte con palabras de mofa y menosprecio al nom- 
bre y cuerpo de la misma nación. Así, es preciso borrar de este papel, para 
que pueda correr con licencia y decencia, las expresiones de burla, de 
provocación y aun de sedición que he notado contra la Francia, y son las 
siguientes: pero lo han hecho los sabios franceses y es necesario aplaudirlo; 
jviva la Francia!; otra: aunque andemos a más puta es ella; otra: si sehu- 
biese de tratar esto á garrotazos, iranseat; pero en Aragón y Cataluña 
hallaran buenos garrotes.^ 

El criticón aldeano, de D. Eugenio del Riego (1787), fué rechazada 
como obra dañina, pues afirmaba que cdos nobles son unos jumentillos 
cargados con el ídolo de la nobleza)^; también parecía nada apreciable un 
soneto burlesco que empezaba así: 

,iQuid ad nos que el mundo vaya arriba? 
iQuid aa nos que el mundo vaya abajo? 

De El Duende sevillano, crítica jocosa de los trajes, usos y modas re- 
prensibles en toda clase de personas y profesiones, por el Abate Palmini 
seudónimo de D. Manuel Martín (1770), se contentó el censor con decir: 
-«ha parecido que este es un papel que sólo puede servir para una vana di- 
versión y entretenimiento.» 

Manuel Serrano y Sanz. 

(Continuará.) 




NOTAS 



SOBRIA UN INCUNABLE ESPAÑOL DESCONOCIDO, EXISTENTE 
EN LA BIBLIOTECA DE LA REAL UNIVERSIDAD DE UPSALA 



Los incunables españoles y portugueses que se encuentran en las bi- 
bliotecas suecas pueden f¿¡c¡lmente contarse. La Biblioteca Real de 
Stockolmo sólo posee uno: Phocas, De principalibus orationis par- 
íibm, impreso en Barcelona en 1488 por Pedro Posa, libro cuya pri- 
mera página ha sido reproducida por Konrado Haebler en su Ttpogra- 
Jia ibérica del siglo XV ( igot ), núm. 3o. La Biblioteca de la Universidad 
de Upsala, cuya colección de incunables es mucho más rica, posee, sin 
contar el iní:ünable objeto del presente estudio, otros tres, hebraicos, bas- 
tante raros, dos de ellos impresos en Lisboa por el Rabbi EtiEZhRr M>- 
uellae in commentaria super legem « de Moses Nachmanídes (Julio, 1489), 
y Proverbia Salomonis cum commentartis 4^qab we naqi'>^ ^ (c. 1492); el 
tercero: Prophetae priores: Josué, judices cum chald. Jonatkanis para- 
phrasi ac comment. Rabbi Dauid Kimchi et Rabbi Levi Gersonides 3 fué 
impreso en Leiría por Abraham ben Samuel Dortas en 1494. Las de- 
más bibliotecas públicas de Suecia no poseen incunables ibéricos. 

Es, pues, para mi una verdadera satisfacción poder anunciar el hallazgo 
de un incunable en lengua casteUana, perteneciente á la Biblioteca de Up- 
sala, que debe ser de gran valor, no sólo desde el punto de vista tipográ- 
fico, sino también desde el literario. Como después de haber examinado 

1 Hain, i 1670. Proctor, 9833. 

2 Hain, 13427. De-Rossi, pág. 143. 

3 Haih, 13409. De-Ro«si, pág. 104. 



48 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

cuantas fuentes bibliográficas me han sido accesibles, he podido deducir 
que el ejemplar es único, y como se halla completo, á excepción de un solo 
folio, me atrevo á aventurar que se trata de un libro de verdadera impor- 
tancia. 

El incunable que nos ocupa es una colección de homilías, especie de 
Plenarium, ó más bien de Postilla, titulado del siguiente modo: Evange- 
lios e epístolas con sus exposiciones en romance, é impreso en Salamanca 
en 1493. Como en todos los libros que salieron de la «segunda imprenta 
de Salamanca», el nombre del tipógrafo no se encuentra en ninguna parte; 
por consiguiente, este incunable no contribuirá en modo alguno á esclare- 
cer el problema, aún sin resolver, de quiénes fueran el tipógrafo ó los ti- 
pógrafos que, á partir del año 1490, se dedicaron al noble arte de imprimir 
en la ciudad de Salamanca, y en cuyas prensas se grabaron los cincuenta 
volúmenes — poco más ó menos — - que enumera Haebler en su obra The 
early printers of Spainand Portugal ^ (1897), págs. 102 y siguientes. Sin 
embargo, por los grabados en madera que se encuentran en la primera 
parte, asi como por algunos otros rasgos tipográficos, considero que nues- 
tro libro presenta también un interés especial para la historia de la im- 
prenta en «da muy noble e leal ciudad de Salamanca». 

El docto alemán, de quien acabo de mencionar los principales trabajos 
sobre la imprenta española y portuguesa en el siglo xv, ha discernido dos 
períodos en la historia tipográfica de Salamanca durante dicha época. El 
primero corre de 1480 á 1488, y se distingue por impresiones asaz modes- 
tas, unidas en su mayor parte al nombre del ilustre gramático Aelius An- 
TONius Nebrissensis. El segundo período, que se inicia en 1490, es notable 
por su mayor actividad, casi comercial, así como por la gran cantidad de 
obras que salieron de las prensas, algunas veces en tipos romanos, por lo 
general en caracteres góticos. De estos últimos se usaban tres alfabetos 
diferentes á partir de 1496, y dos de ellos se encuentran en nuestro libro. 
Es, pues, seguro que pertenece al período llamado por Haebler segunda 
•imprenta de Salamanca. En 1496 se instaló en dicha ciudad un nuevo es- 
tablecimiento tipográfico dirigido por el alemán Leonard Hutz, en unión 
del religioso Fray Lope Sanz, de Navarra. Hutz procedía de Valencia, 
donde había ejercitado su arte en compañía de otro alemán, Peter Hagen- 
BACH. Se conocen muy pocas obras que lleven los nombres de Hutz y Sanz^ 
y todas las conocidas fueron impresas con caracteres lioneses. 

I Illustr. monographs by the Bibliograph. Society^ London, oúm. iv. 




'^ 



NOTAS 49 

Nuestro incunable es un pequeño infolio de i38 hojas, divididas en 
17 capillas. Las 16 primeras, signadas a-q^ constan de ocho hojas cada 
una, y la última, que lleva la signatura r, de 10. La numeración corre del 
folio I al folio i32 (fol. I á fol. cxxxij), habiendo, además, al final seis fo- 
lios sin numerar que contienen la tabla y algunas advertencias. El texta 
está repartido en dos columnas, de 48 líneas cada una. La filigrana del pa- 
pel es una mano, sobre cuyo dedo medio se posa una estrella. Los carac- 
teres empleados en el libro son, como ya dijimos, los góticos ordinarios 
de dos cuerpos; y han sido reproducidos por Haebler en la antedicha Ti- 
pografía ibérica^ facsímil núm. 1 15. No ofrecen nada de particular, siendo 
probablemente tallados sobre tipos alemanes. No obstante, en el más pe- 
queño de los dos alfabetos, que es el usado en el texto, hay que notar un 
rasgo característico para la r inicial ó doble, que se asemeja en cierta 
modo á las dos ^ cortadas, y una tercera forma de 5— á más de la s or- 
dinaria y de la /larga — , empleada al final de la palabra — que tiene la 
forma de la cifra 5 — . De letras iniciales sólo se encuentra una C (fol. 3 a)r 
grabada en madera, con adornos de flores sobre fondo negro ; su tamaño 
es el siguiente: 53 X 49 mm: En el lado derecho, hacia el centro, se nota 
una pequeña H blanca (quizás la firma del grabador). La existencia de esta 
inicial sobre madera es tanto más notable cuanto que, según Haebler, na 
se encuentran tales letras en las impresiones salmantinas antes del año 1497. 
salvo una sola excepción, sea una 5 compuesta por dos peces, que figura 
en un incunable del año 1493. A partir de 1497, '^^ iniciales floridas son 
bastante más numerosas, sin ser frecuentes. Lo corriente es dejar en 
blanco el espacio á ellas reservado, marcándolo con una letrita, destinada 
á ser rubricada, como ocurre en nuestra Postilla^ salvo en el caso de la 
susodicha C, grabada en madera. En otros incunables, también impresos 
en Salamanca, se empleaba algunas veces una especie de letra lombarda 
negra y poco elegante. 

Lo que, desde el punto de vista tipográfico, hace nuestro incunable más 
interesante es la serie de grabados en madera que ilustran su primera 
mitad. Estas ilustraciones no tienen ningún valor artístico, son en ex- 
tremo ingenuas y sencillas y su dibujo es rudo y falso; pero teniendo en 
cuenta la extremada rareza de libros ilustrados, impresos en Salamanca 
en el siglo xv, me parece importante para la historia déla imprenta en di- 
cha ciudad. En los 68 primeros folios de nuestro volumen pueden verse 
hasta 57 grabados en madera, de los cuales 46 son diferentes, habienda 

3* ÍFOC4.--TOMO XT 4 



•^ 



B: 



m 



y. 






50 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

sido los Otros repetidos una ó más veces. Representan escenas de la vida 
del Salvador y sirven de comentario gráfico á las glosas sobre los Evan- 
gelios de los domingos, primera sección de la Postilla, Su tamaño es 
^^ aproximadamente de 67 X 52 mm., sin contar las orlas esquemáticas, que, 

|V encontrándose en la mayor parte colocadas á derecha é izquierda de la 

composición, faltan en algunas. Sólo la última (fol. 68 vto.), que repre- 
senta la Anunciación de la Virgen, es algo más grande: 80 X 67 mm. Re- 
^^; producimos á continuación algunos de estos grabados para dar idea de su 

aspecto rudimentario y á fin de que algún lector inteligente en estas cues- 
tiones les atribuya el lugar que les corresponda en el desarrollo del arte 
gráfico español. 

]t^^ La portada del incunable de que tratamos, toda grabada en madera, 

I ocupa tres líneas (i 55 X 88 mm.,) del recto del primer folio y dice «Euan- 

gelios i epif- I tolas con fus expo | ficiones en romace. | »; el vuelto perma- 
nece en blanco y el segundo folio falta por desgracia. Según la tabla, debía 
contener «el prólogo del doctor Gon9alo García de Santa María al señor 
justicia de Aragón». Este Gonzalo García parece ser, como lo demostraré 
más adelante, el traductor de esta edición de las Glosas sobre los evange^ 
I ' lios y epístolas, siendo posible que el prólogo perdido nos hubiese dado, 

ií primero, alguna noticia sobre el original latino y la fecha de la traducción, 

dato de escasa importancia, pues que espero poderlo fijar de otra manera, 
y después— lo que hubiera sido mucho más interesante— algún detalle con- 
cerniente, bien al editor ó á la persona que costease la edición. Por docu- 
mentos semejantes, Haebler ha podido designar como editores salmanti- 
nos hacia las postrimerías del siglo xv un Antonio de Barreda, un Fran- 
cisco GoRRicio y un Juan de Porras. 

En el tercer folio, que lleva el número iij. y la signatura a- iV;, co- 
mienza el texto de la Postilla con tres líneas que llenan todo el ancho de 
la carta y dicen » : «Comienca la glosa sobre los euangelios E epístolas 
del apóstol. E pri | meramente sobre los dominicales según el senso al pie 
de la letra acerca | délas concordancias de los euangelistas.» Después, el 
texto se divide en dos columnas: «Sigúese el euangelio de la primera] do- 
minica del aduenimiento del | señor el qual es tan bien del do- | mingo de 
ramos,» ^y debajo de esta rúbrica, impresa con los tipos del más grande de 
^ los dos alfabetos, hallamos el primero de los grabados en madera que re- 

h^ I Conviene advertir que para mayor claridad omito las abreviaturas, poco comunes, con- 

B^. tenidas en el texto original. 

i 



í 



NOTAS 



5i 



presenta la entrada de 
Cristo en Jerusalem. Si- 
guen, á continuación, las 
primeras palabras del tex- 
to latino del evangelio de 
a Dominica in palmis: 
«C (aquí la sola inicial 
grabada en madera antes 
mencionada) Um apro- 
pin I quasset jesús | etc.)> 
y después todo el texto 
castellano: «Como se | 
Quiesse alie- | gado Jesu 
a ¡ Jherusalem: e | veni- 
do a bet | phage cabe | el 
monte oli- | uete Embio | 
etc.5> A la terminación del 
texto sagrado sigue la glo- 
sa, que constituye, por 
decirlo así, la parte subs- 
tancial de la Postilla, Por 
lo que ocurre con el pri- 
mer evangelio, se puede 
formar una idea de la dis- 
tribución de todo el volu- 
men: primero, el comien- 
zo del evangelio ó de la 
epístola en latín, seguido 
del texto íntegro en espa- 
ñol y después, una ó más 
exposiciones ó glosas. La 
obra se divide en dos par- 
tes principales, una los 
evangelios y otra las epís- 
tolas con sus correspon- 
dientes glosas. Cada una 
de estas partes se subdi- 



upominioí 'ocl a'oueníntteto 61 
(cñoixl qual ce tan bien vel vo 
mingo 'DC ramos. 




rr^tnatRopf 
qiii(l4»|efti9 

aa9o3íenia 
^benMíit 
veníDoabet 
pbflge cabe 
d monte olú 
ttetei£inbio 
ooeoífcipu' 
lo0Oí5ienoo 
led.T9aIcafhlIoqodd!abeIáte:tlue$ofalla« 
refdd afila ataoat el pollino códia .oefatao la 

La entrada en Jerusalem.— Muestra de los dos tipos 
de letra.— La inicial O grabada en madera. 




I 



52 



REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 



vide en dos secciones, según contenga los evangelios y epístolas de las do- 
minicas y festividades ó bien los propios del ofício de los santos. Los evan- 
gelios de las dominicas terminan, folio 64 vto., 1. 45.* «Fenecen las glosas 
de los euan- | gelios de los domingos por el cer- | co del año», dando 
principio el ofício de los santos en la página siguiente con la frase ((Co- 
mienzan las glosas de los euan- | gelios de los santos. E primera- | mente 
de san andres apóstol,)^ terminando página 83 r. x, 1. 17, con las siguientes 
palabras: «Aqui fenecen los euangelios con | sus exposiciones.» Haré notar 
que sólo la primera sección de evangelios, es decir, la concerniente á las 

festividades que conme- 
moran la vida del Reden- 
tor, ha sido ilustrada. El 
principio de la segunda 
parte de la obra, que con- 
tiene las glosas sobre las 
epístolas de los domin- 
gos, se encuentra en la 
pág. 85 r. B, 1. 1 5, donde 
dice: «Comienzan las 
epistolas del tiem- | po. e 
santos e primeramente 
del do- I mingo primero 
en el aduiento», y la sec- 
ción dedicada al ofício de 
los santos Jen la pág. i25 
recto B, línea 18: «Co- 
mienza el común de las episto- | las de los sanctos E primera mente de 
los apo I stoles.» 

El texto termina pág. i32 vto. B, 1. 17, con estas palabras: « por 

quanto murie- | ron en estado de gracia. )► Sigue el colofón: «Fenecen los 
euangelios e epistolas siqui- | er leciones de los domingos e fíestas solen- 
nes I de todo el año, e de los sanctos apostóles e euan- | gelistas, mártires, 
confessores, virgenes e fina- | dos. e la glosa o apostilla sobre ellos: laqual 
o I bra se fizo a fín que los que la lengua latina igno | ran, no sean priua- 
dos de tan excellente e mará | uillosa doctrina, qual fue la de christo 
nuestro re | demptor escripta en los euangelios. e por que ca- | da vno re- 
traydo en su casa, despenda el tiempo | ante en leer tan altos misterios. 




Cristo y los Fariseos. 



ROTAS 



53 



que en otros li | bros de poca fruto. E fue la suso dicha obra em | pren- 
tada en la muy noble e leal ciudad de Sa | lamanca En el año de mil. cccc 
xciíj. años. III In ómnibus operibus tuis | memorare nouissima tua et | in 
eiernum non pecabis.» 

El índice ó 4<tabla del presente libro» se halla inserto en los seis últimos 
folios del volumen que quedan sin numerar y á los que corresponderían 
los números i33-i38, advirtiendo que el último permanece en blanco. 
Terminada la tabla en el folio \'i^ r. x, en la segunda columna de la 
misma página con el título «De la indicien», se encuentran indicaciones 
cronológicas para la fíja- 
ción de las festividades 
movibles y al fol. iij vto. 
nos indica al inquisidor 
maestro Pedro Arbués de 
EptLA como encargado de 
examinar y colacionar la 
traducción de la obra. 
Creo oportuno citar tan 
interesante trozo impreso 
al mismo tiempo en latín 
y castellano, prefiriendo, 
como es natural, el texto 
escrito enes te último idio- 
ma: «Por que en lo que 
toca en alguna manera a 
la fee, deue cada qual de- 

n^andar consejo a los que mas saben: e a aquellos en demás que son doc- 
tores e maestros en la sancta theolbgia, e por auctoridad apostólica tienen 
cargo de la inquisición de la herética prauedad: por tanto la presente obra 
de latín en lengua de españa trasladada: ha sido reuista e con diligencia 
examinada dende el primer renglón fasta el postrero por el reuerendo pa- 
dre e en la sagrada theologia excellente maestro, maestre pedro Arbués de 
Epila: el qual dado a el cargo por sus compañeros, vio e leyó el presente 
libro, e porque por relación suya consta la presente obra ser catholica e fiel 
e verdaderamente e bien trasladada, e no apartar se en cosa alguna de la 
senda de la sancta madre yglesia: por ende el dicho maestre Pedro arbues 
por todos los suso dichos e de consentimiento dellos, da su auctoridad ala 




Pirabola de la viga y la mota. 



54 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

obra presente, para que pueda todo hombre sin duda alguna leerla e tener 
consigo.)^ 

El volumen termina con la enumeración de los autores citados en el 
texto: «Los doctores allegados en la pre | senté obra son los siguientes.» 
Suman en total 39. 

Tan curioso incunable, catalogado en la Biblioteca de Upsala bajo la 
signatura 3i:278,tiene una encuademación en becerro estampado que data 
de principios del siglo xvi. En la primera página se encuentra la inscrip- 
ción manuscrita: Sum Arthuri Darco, escritura del siglo xvii. No me ha 
sido dado hallar ningún dato relativo á dicho nombre. 

Hain ha citado en su 
Repertorium bibliogra- 
phicum, núm. 6.644, ^^^i 
obra titulada 4cEpistolae 
et evangelia per annurriy 
hispanice : Epistolas y 
Evangelios traducidos 
por Gonzalo de S . María)^, 
que dice haber sido im- 
presa en 1479, en caracte- 
res góticos. Es muy pro- 
bable que hiciese alusión 
al libro que nos ocupa, 
aunque sin haberlo visto 
y refiriéndose á un ejem- 
plar incompleto. En efec- 
to: en el pasaje sobre la 
Indicción, el autor de las Glosas, para explicar este sistema cronológico, 
dice en la línea 84: «Enxemplo, somos de | presente en abril de mili. cccc. 
Ixxix. años, ayun | tando a estos dos. fazen suma de mili. cccc. lxxxi>> etc.: 
y partiendo de este supuesto, se ha creído quizás que 1479 era la fecha de 
la impresión, por haberse desconocido, sin duda alguna, el folio que conte- 
nía el colofón, con la fecha exacta. Nosotros podemos deducir de semejante 
dicho la convicción, mucho más importante para nuestro asunto, de que|la 
obra debió ser terminada antes del mes de Abril de 1479. El prólogo per- 
dido, suscrito por el doctor Gonzalo García de Santa María, permite supo- 
ner que éste fuera el propio traductor de los textos sagrados, opinión con. 




La tentación. 




NOTAS 



55 



Brmada por Hain al tratar de un libro (señalado con el núm. 6.645) que no 
es más que otra edición de las mismas 4f.Epistolas et Evangelios, traduci- 
dos en lengua portugueza (?)». Según la descripción dada por Hain, el co- 
lofón de esta edición dice, entre otras cosas, lo siguiente: «La qual obra fué 
acabada de trasladar por Micer Gonzalo de .S. María, Jurista, ciudadano 
de Zaragoza a 24 de Diziembre del anyo 1484.» Si esta fecha es verdadera, 
el ejemplo dado en la Indicción, debe, sin duda alguna, referirse al origi- 
nal latino y no ala traducción. Esta edición, citada también por Gallardo 
en su Ensayo de una Biblio- 
leca española de libros raros 
y curiosoSy J. 3, número 
2,3 12, y por Haebler en The 
early prínters ofSpain and 
Portugal, pág. 112, fué im- 
presa por Paul Hurus en 
Zaragoza el 20 de | febr. 
de ¡ 1485, Haebler, al hablar 
de este libro en la Tipogra- 
Jia ibérica^ página 41, cree 
ver en la fecha 1485 una fal- 
la de impresión, debiendo 
ser 1495, ya que Hurus no 
comenzó á imprimir en la 
capital aragonesa antes del 
año 1 49 1. El solo ejemplar 
conocido de dicha obra, exis- 
tía en 1729 en la Biblioteca 
de la Universidad de Coimbra, y, según este mismo autor, se ha debido 
perder sin que se haya logrado encontrar hasta la fecha el menor rastro de 
su paradero. Hubiera sido, sin duda alguna, de gran interés, poder com- 
parar el ¡texto de ambas ediciones, confrontando su tipografía, y, sobre 
todo* los grabados, caso de que éstos^ exornaran el volumen impreso en 
Zaragoza. Hurus alcanzó justo renombre por sus libros ilustrados, y sería 
posible que los grabados en madera de nuestra Postilla procediesen de su 
imprenta. 

Otra traducción de los Evangelios en español fué hecha por el domi- 
nico fray Juan López, é impresa en Z a m o r a el 22 de Mayo de 1490, por 




La Ascensión. 



56 REVISTA DE AJRCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

Antonio de Centenera. El solo ejemplar conocido, citado por Hain, 6.646; 
Gallardo, 2. 117, y Haebler: Early printers, pág. 106, se conserva pn ia 
Biblioteca Real de Madrid. 

Y, dicho esto, sólo me resta añadir que, en el muy interesante estudio 
publicado por Haebler acerca del librero alemán, establecido en Valencia, 
Juan Rix de Chur, en esta misma Revista (Noviembre-Diciembre, igoS y 
Enero, 1906), se menciona una edición hasta ahora desconocida de las 
Epístolas y Evangelios en castellano. Según dicho erudito, en los inven- 
tarios de los libros poseídos por Rix en la época de su muerte, acaecida 
en 1490, se consigna un ejemplar de una impresión de ^dos Evangelios en 
lengua del país». Se comprende que el incunable objeto de nuestro estudio 
no tiene nada que ver con dicha edición, ya que fué impreso en 1493, es 
decir: algunos años después del fallecimiento de Rix. 

En vista de cuanto antecede, parece resultar de mis investigaciones 
que la edición de los Evangelios e epístolas con sus exposiciones en ro- 
manee, en parte ilustrada con grababos en madera, impresa en Salamanca 
en 1493, fué traducida por Gonzalo García de Santa María, doctor en De- 
recho y ciudadano de Zaragoza, conocido también por haber hecho varias 
traducciones del latín al castellano y por haber escrito una historia de 
Aragón; que de su revisión se encargó el gran Inquisidor, después cano- 
nizado, maestro Fr. Pedro Arbués de Epila, y que el ejemplar que posee 
la Biblioteca de la Real Universidad de Upsala debe ser considerado 
como el único conocido de dicha edición y quizás de la obra, ya que de los 
dos libros indicados por Hain, el núm. 6.644 sigue siendo ignorado, sin 
que se haya podido hallar rastro alguno del núm. 6.645, que, al parecer, 
debió existir en Coimbra. 

Isai: Collijn. 



' 



'J 



REV. üt, ARCH., BIBL. T MUSEOS 



TOMO XV. — lXm. II 




BEATO DIEGO JOSÉ DE CÁDIZ 



Cartas del Beato Diego losé de Cádiz. 

INTRODUCCIÓN Y BIOGRAFÍA 
DEL R. P. FR. FRANCISCO GONZÁLEZ 

PRIOR QUE FUÉ DEL CONVENTO DE DOMINICOS DE ECIJA 



ínteres de estas CARTAS 

TENIENDO por lema aquellas palabras que Jesucristo dijo á los Após- 
toles después de haber dado de comer en el desierto á más de 
cinco mil personas: Colligite quce superaverunt fragmenta nepe- 
reant \ recoged los fragmentos que sobraron para que no se] pierdan, em- 
prendí la ardua tarea de buscar con prolijidad y ahinco los autógrafos de 
Fr. Diego ¡José de Cádiz, para que no pereciesen con la injuria de los 
tiempos ó en manos de personas poco amantes de las glorias patrias. 
Abunda, por desdicha, este linaje de sujetos. 

A fe que no me dejará mentir el elegante escritor D. Francisco Rodrí- 
guez Marín, que ha sabido dar cima y remate á sus admirables produccio- 
nes críticas y literarias, c<á fuerza de penosas investigaciones, practicadas 
más que en las Bibliotecas (que ha mucho tiempo que dieron de sí cuanto 
tenían ), en los archivos particulares y públicos, abastadísimos alma- 
cenes de recónditas noticias que va destruyendo á más andar, no tanto 
el inevitable rigor del tiempo como la criminal incuria de los hombres. 

Entre el polvo y la polilla de esos archivos duerme tranquilo sueño, 
semejante al de la muerte, una gran parte de nuestra historia, única cosa 
que nos ha quedado de la fenecida grandeza nacional» 2. 

1 San Juan, cap. vi, v. 12. 

2 El Loaysa del Celoso Extremeño. Estudio histórico-literario. Impreso en Sevilla en 1901, 
página 30. 



58 



REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 



Creí, pues, y no me equivoqué, que algún provecho podría sacar de 
mis investigaciones en bien de la Iglesia y de la historia, y si lograba aña- 
dir algún nuevo rayo de gloria á la esplendente corona del gran tauma- 
turgo del siglo XVIII, Fr. Diego de Cádiz, mejor que mejor. 

Hoy, gracias á Dios, puedo afirmar que no he tenido mala ventura en 
mi empresa, porque tras larga tarea y fatigosos viajes, amén de no pocas 
horas gastadas en revolver papeles viejos, carcomidos por la polilla, y en 
sacudir el polvo á multitud de legajos, he logrado hallar la mayor parte 
de los escritos de Fr. Diego de Cádiz y tengo la complacencia de publicar 
una colección de cartas del célebre capuchino, dirigidas á su amigo y con- 
fidente Fr. Francisco González, del Orden de Santo Domingo. 

Tales cartas estaban relegadas al olvido; nadie hasta ahora las conocía, 
ni los biógrafos de Fr. Diego se ocupan para nada de ellas. Y no es que 
carezcan de interés, pues tienen tanto y acaso más que las otras conocidas 
y publicadas; además de lo cual, sin ellas, no se puede esbozar fielmente el 
retrato psicológico del admirable capuchino, ni se tiene idea exacta de su 
carácter de santo franco, evangélicamente alegre y expansivo. Y aun en 
algunas de las dichas cartas hay tales ocurrencias y tal donaire, que re- 
* cuerdan las de la mística doctora del Carmelo Santa Teresa de Jesús. 

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¡Lástima grande que hayamos estado tanto tiempo privados de lectura tan 
edificante y al par tan amenal 



POR QUE SE COMUNICO EL BEATO DIEGO CON EL PADRE GONZÁLEZ 

En el epistolario que ha poco publiqué, intitulado Cartas de conciencia 
que el Beato Diego José de CádiK. dirigió a su director espiritual Don 
Juan José Alcover é Higeras, dije (y el menos avisado lo notará al leerlas) 
que la dureza y acritud con que este señor trataba á su dirigido, produjo 
en su ánimo tales angustias, que le coartó para tener con él trato íntima 
y familiar, reduciéndose sólo á lo oficial, digámoslo así, en vista de tanta 
dureza y tanto desabrimiento. 

Y Fr. Diego de Cádiz, que fué hombre de varoniles arranques, de firme 
carácter y dotes peregrinas; que fué luz, guía y maestro para otros, era 
para sus cosas tímido é irresoluto como un niño; no se fiaba de sí en la 
tocante á su propio espíritu. Bien se echa de ver en sus prolijas y acentua- 
das lamentaciones, en los duros calificativos que se da y en ios rasgos her- 



[ 



INTRODUCCIÓN Y BIOGRAFÍA DEL R. P. FR. FRANCISCO GONZÁLEZ DQ 

mosísimos de humildad que, al descuido unas veces, y otras pretendiendo 
lo contrario, vemos en sus cartas, tanto más impregnadas del candor de 
su espíritu cuanto más familiares y menos atildadas. 

Pero eran muy serios los asuntos que traía entre manos, graves las 
consultas que le hacían; veíase cercado de enemigos por dentro y por fue- 
ra, tenía que obrar y quería acertar y^hacerlo todo, absolutamente todo, 
según el querer de Dios. Por eso 'necesitaba el trato de un hombre de es- 
peciales cualidades para exponerle sus cuitas, enseñarle su corazón, tal 
cual era, y descansar de cuando en cuando en brazos del amigo fiel; y 
como todo esto lo buscó, mas no lo encontró, en el P. Alcover, puso los 
ojos en el buenísimo P. Francisco de Asís González, no el mínimo que 
fué su primer director y que murió á principios de 1784, porque, á vivir 
éste, es seguro que á ninguno más hubiera buscado, sino en ese otro do- 
minico honra y prez de la ilustre ciudad de Ecija. 

Con él tuvo larga correspondencia y estrechísima amistad, y de él va- 
mos á dar algunas noticias, pues harto lo merece, y por las cuales se echará 
de ver con qué clase de personas trataba íntimamente el gran Apóstol del 
siglo xviii, y cómo los santos buscaban á los santos para solazarse en el 
Señor y abrazarse en amor divino. 



EL PADRE GONZÁLEZ, DOMINICO: CONCEPTO ELEVADO QUE DE EL TENÍAN 

Este gran siervo de Dios, timbre glorioso de la Orden de Predicado- 
res, nació en Ecija el 6 de Diciembre de 1743, y cuando apenas frisaba con 
los quince años, vistió el hábito de dominico en el Convento que los Padres 
tenían en dicha ciudad, y que había de ser, andando el tiempo, testigo de 
sus raras prendas y virtudes. 

Una vez consagrado á Dios, se aplicó con ardor al estudio de la ora- 
ción y de las humanas letras, haciendo tales progresos en la una y en las 
otras, que adquirió pronto fama de aventajado maestro; tanto, que no bien 
hubo terminado la carrera le hicieron lector de Filosofía, cargo en el cual 
permaneció lo restante de su vida con general aplauso y notable aprove- 
chamiento de sus discípulos. 

Al sólido saber supo unir la incontrastable virtud, y si ahondó en el 
estudio de las letras y llegó á cobrar fama de sabio, subió tan alto en el 
escarpado monte de la perfección evangélica, que causó grande admiración 



6o REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

á los observantísimos religiosos y á varones insignes por su piedad y vida 
penitente que lo trataron y conocieron. 

En las cartas que el Beato le dirigió puede verse el concepto elevadí- 
simo y el mérito extraordinario que hacía de él y hasta de algunos de sus 
dirigidos, como de Armesto, devotísimo y honesto carpintero; de Magda- 
lena, humilde doncella que supo unir con estrecho lazo la vida reposada 
de Marta con la hacendosa de Marta; la Hermana María Antonia de Jesús 
Tirado, terciaria dominica y franciscana de Jerez de la Frontera, alma 
purísima de íntima unión con Dios, de subidísimos vuelos, regalada como 
pocas con dulces carismas, que conversaba con el ángel de su guarda con 
asombrosa familiaridad, recibiendo de él auxilios y luces, amonestaciones, 
consejos saludables y revelaciones que pasman y dejan atónito al más 
experto en mística Teología, y, en fin, sin mencionar al V. P. Ruiz, de 
quien he de ocuparme más largamente en las notas de las cartas, contaré 
entre sus admiradores al Apóstol gaditano Fr. Diego José de Cádiz; mejor 
dicho, dejemos que él nos cuente algo. 

En una carta al P. Alcover fechada en Ronda el 17 de Mayo de 1794, j 
que ha poco publiqué en la colección de que arriba hice mérito, dice: «Me 
avisan de Ecija de estarse ya concluyendo la impresión de la primera parte 
de El Soldado Católico; pero un religioso de nuestro Padre Santo Do- 
mingo que corre con ella, hombre doctísimo, el oráculo de aquel pueblo y 
á quien debo mucha caridad, es de parecer que esta obrilla, antes de publi- 
carse, convendría presentarla á las personas Reales.» 

Sin temor de atormentar á su modestia le manifiesta de una manera 
clara, precisa y sorprendente su sentir, obligándole á que mirase por su 
salud sin vacilaciones ni excusas, y da para ello razones tan valiosas, que 
más parecen recibidas del cielo que hijas de la mente humana. Veamos 
cómo se expresa en la carta que le dirige el 11 de Marzo de 1800, esto es: 
un año antes de morir. 

«Amadísimo hermano de mi alma: no es decible el consuelo que ésta 
ha recibido con la noticia que me das de tu conocida mejoría. Dios sea 

bendito y se digne continuarnos este beneficio y pues está visto que con 

pocos días de campo en esa hacienda se adelanta mucho para tu necesario 
recobro, no rehuses tanto el valerte de ese medio con la frecuencia que se- 
gún tus padeceres y el derecho que tenemos á la vida y conservación los 
que la miramos como nuestra más que tuya. ¿Quieres enloquecer? Pues 
enloquece muy en buena hora, sabiendo que Dios nuestro Señor te ama 



INTRODUCCIÓN Y BIOGRAFÍA DEL R. P. FR. FRANCISCO GONZÁLEZ 6l 

tamquam pupillam oculi sui. Sí, sí, sí y mucho más, porque te quiere- 
para sí y para que por ti lo quieran otros. Juravit Dominus et non posni- 
tebit eum.^ 

Frases encomiásticas que ponen de relieve el subido mérito de aquella 
alma de elevado temple, tan descuidada para darse reposo como viril para 
mortificarse y esconder sus propios méritos. 

Vaya otra prueba de excepcional interés. Por fortuna ha llegado á mis 
manos una Carta ' edificante, escrita y firmada por Fr. Francisco Ange- 
lina, Lector habitual de Teología y Prior del Convento de Dominicos de 
Ecija, notificando la muerte del P. González, y allí habla de la injusta sen- 
tencia de muerte que dieron contra él cuando el tristemente célebre Maris- 
cal Soult dominaba en esta hermosa región andaluza. El P. González fué 
conducido á la horca por los franceses. No he podido dar con las piezas 
del proceso, á pesar de haberlo buscado con decisión y ahinco, pero tengo 
el testimonio que tomo de una carta suya dirigida al P. Francisco Haro 
del Rosario, franciscano, paisano suyo, varón de bonísimas cualidades, 
muerto en Jerez de la Frontera el 14 de Agosto de 1828, autor en sus úl- 
timos años de la Vida ^ de la Hermana Antonia de Jesús Tirado. Dicha 
carta^ inserta al principio de la mencionada Vida, está fechada en Ecija 
el 16 de Junio de 1817, y entre otras cosas dice, justificándose de no haber 
podido escribir la Vida de la Hermana Antonia: «Este trabajo, hermano 

mío, pensé tomarlo yo No pude poner mano á él 3 por la invasión de 

los franceses, que me obligaron á andar prófugo y errante por Montañas 
y Sierras y me pusieron al pie de la horca y quedándome ya solas dos 
horas de vida para la ejecución, por el crimen de traidor al Gobierno fran- 
cés, como si yo le hubiera ofrecido algo. Nada le ofrecí, pues jamás juré 
otro Rey que el mío natural, Fernando Séptimo. El Señor, que tiene en 
sus manos el corazón de los hombres, mudó el del General Boubier y el 
de todo el Consejo de Guerra, que me absolvió á los quince días de prisión,- 
confirmándolo el Duque de Dalmacia, como V. sabe.)> 

Y no sólo lo absolvió, sino que formó tal concepto de sus raras pren- 
das, que mereció grandísima consideración al mencionado Duque, y fué 



I Inédita, y es mucha lástima que no se publique por las noticias interesantes que contiene. 
Está fechada en Ecija el 28 de Julio de 1820. 

3 Manuscrito que consta de un volumen de 5i capítulos y 1006 páginas foliadas y algunas- 
^ia foLiaf . Hs trabajo curiosísimo y digno de darse á luz por más de un concepto. 

3 Va con todas las asperezas del original. 



62 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

paño de lágrimas de cuantos desdichados eran villanamente perseguidos 
por los afrancesados y franceses. 

Se confirma lo dicho con el siguiente testimonio, tomado de la Carta 
edificante ya citada, página 26, dice asf: 4cLa más negra y atroz calumnia 
hizo sufrir al P. Maestro González los tormentos más terribles: acusado 
ante el Gobernador de esta Ciudad, fué llevado á un tribunal formado de 
los jefes principales; á su llegada vio en los semblantes de sus jueces el 
furor que la malicia había provocado por medio de una impostura tan per- 
versa como mal fraguada; sus miradas amenazadoras anunciaban al su- 
puesto reo el estado desesperado de su causa, y en medio de su congoja 
vio prepararse ya los verdugos que debían consumar el sacrificio, y no 
dudó que era llegada la hora de su muerte)^. 

»Aún habían quedado algunos restos de humanidad en el corazón de 
uno de los que formaban el juzgado, y compadecido éste al observar la 
situación dolorosa en que se veía aquel anciano respetable, le habló con 
particular dulzura, le anima ofreciéndole su amparo: respiró un poco el 
acusado con este auxilio, y rompiendo el silencio que, aterrado, había ob- 
servado hasta allí, satisfizo plenamente á los cargos que le habían hecho, 
y todos quedaron convencidos de su inocencia. Continuó detenido por es- 
pacio de diez y siete días, no tanto por castigo cuanto por finalizar la cau- 
sa, que había sido elevada con precipitación al Mariscal Soult, que se ha- 
llaba en Sevilla, y cimentar su defensa para ponerle á cubierto de los ul- 
teriores tiros que la maledicencia pudiera dirigir contra su virtud». 

»Este acontecimiento afiigió extraordinariamente á su corazón, más 
por ver la degradación de algunos españoles, que por lo que padeció su 
cuerpo; en él se demostró que Dios, que sabe sacar luz de las tinieblas, 
hizo que del odio de sus enemigos resultara para el difunto el honor más 
distinguidoT, pues desde entonces fué tratado con el respeto más profundo 
y atendido con la más alta consideración, y los ecijanos vieron que si al- 
guno era acusado tenía la defensa más poderosa si lograba que el P. Gon- 
zález le recomendara». 

»Pocas veces fué desatendida alguna solicitud suya, y aprovechándose 
de este favor en beneficio de sus queridos pobres, pidió los despojos de to- 
das las reses que daban el surtido de carne á las tropas; al punto se le con- 
cedió por un decreto formal.» 

Pudiera aducir otras pruebas, pero con lo dicho basta, y quizá sobra, 
para demostrar lo que me propuse. 



INTRODUCCIÓN Y BIOGRAFÍA DEL R. P. FR. FRANCISCO GONZÁLEZ 63 



TRABAJOS APOSTÓLICOS 



■ Como el Apóstol San Pablo, decía el P. González. ¿Quién « se es- 

■ candaliza y yo no me abraso? ¿Quién se enferma y yo no me enfermo? Y 
I con el mismo Apóstol, se hacía todo para todos, para ganarlos á todos. 

Fué Lector, y derramó sobre sus discípulos rico caudal de ciencias. 
Prior del Convento de Ecija, y fué dechado de aquella Comunidad; con- 
fesoFj y enseñó, ayudó y dirigió á multitud de almas, y escuchó con pacien- 
cia admirable y caridad acendrada á los pecadores que iban á buscarle, 
oirle y consultarle como á oráculo. 

«Bien claro se demostró este espíritu, dice la Carta ya citada ^, cuando, 
al instalarse la Junta municipal en ausencia de nuestro Soberano, fué nom- 
brado vocal el P. González, poniendo en sus manos la dirección de todos 
los negocios y la vindicación de su honor, en el mejor desempeño de sus 
delicados funciones)^ 3. Fué Definidor, y en todos los Conventos de su 
Provincia, inclusos los de monjas sujetos á su jurisdicción, penetró sua- 
vemente el espíritu de regular observancia y de santa concordia. 

A su celo se debe el precioso tabernáculo que por mucho tiempo tuvo 
su Iglesia de Ecija; él reparó el altar mayor primero, y después todo el 
templo. El construyó el artístico retablo y cueva de Santa María Magda- 
lena y mandó tallar la hermosa efigie que aún existe allí en buen estado 
de conservación, á pesar de las vicisitudes de los tiempos. 

En la epidemia de los primeros años del siglo xix brilló por su caridad 
como astro de primera magnitud, y se hizo acreedor de todo aplauso y loa. 
Copiaré, en confirmación de esto, otro párrafo de la sobredicha Carta 
edificante, interesantísima toda ella: «La espada 4 terrible de la necesi- 
dad hubiera acabado con millares de infelices en los años 4 y 5, ii y 12 si 
la inmensa caridad y celo infatigable del P. González no hubiera propor- 
cionado oportunos y abundantes socorros: en la primera época hallaron su 
alimento en nuestros claustros por algunos meses, tantos, que por un 
cálculo de aproximación ascendían diariamente á más de cuatro mil per- 



1 i* Cor., cap. XI, v. 27. 

2 Página 14. 

5 D. Juan María Caray y Conde en la Historia que publicó de Ecija en el año i85i dice 
también en una nota correspondiente á la pág. 277, que el P. Francisco González fué miembro de 
la Junta indicada. 

4 Va copiada al pie de la letra. 



■ .-w-^ 



64 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

sonas: siendo de más duración, y de mayor concurrencia la segunda, en 
la plazuela llamada de Santa Florentina. 

»A1 observar estos resultados estupendos, ¿quién no admirará los pro- 
digios del activo celo é ingeniosa caridad de nuestro defunto? Es lo cierto, 
que en socorro de la humanidad, gastó ' más de medio millón de reales 
de limosna que ó buscaba ó le ofrecían los piadosos con el mayor placer, 
por estar convencidos del santo y laudabilísimo uso que de ellas siempre 
hacían 

Donde más desplegó su celo fué en la consoladora y difícil tarea de la 
dirección de las almas. Supo como muy pocos sacarlas del profundo cieno 
del pecado y subirlas á las serenas regiones de la santidad. «Basta, dice el 
autor de la Carta * tantas veces citada, expresar los nombres de dos diri- 
gidos que estuvieron pendientes de sus labios y confesaron cuánto debían 
á su sabiduría, prudencia, consejos y caridad: la correspondencia del 
V. P. Fr. Diego José de Cádiz y de la H.* Antonia de Jesús Tirado, del 
Beaterio de Jerez déla Frontera, no nos permite dudar que fué de losdos^ 
piloto, luz, maestro y padre; y que vivieron sumisos á su voz, que nada 
obraban sin su aprobación y dictamen.» 

Bien se puede decir del P. González lo que de Jeremías dijo el Espíritu 
Santo en el segundo libro de los Macabeos: He ahi un amante del pueblo 
y de sus hermanos 3. 

su AMISTAD CON EL BEATO DIEGO 

Trató íntimamente al celebérrimo Apóstol de Andalucía y fué testigo 
presencial de sus portentosos frutos en el pulpito conseguidos en Ecija, 
Carmona y otros muchos pueblos de la Península. Llevado por la fama de 
su santidad y sabiduría, empezó á consultarle, no siendo el Bto. Diego aún 
de mucha edad, como lo demuestran las primeras cartas de este epistola- 
rio. Tengo á la vista unas doscientas del P. González, las más de ellas 
dirigidas á la gran sierva de Dios Hermana María Antonia de Jesús Tirado, 
que demuestran palpablemente la intimidad y profundo respeto con que 
le trataba y el caso que hacía de todas sus cosas; voy á citar unas cuantas 
frases, sin gran estudio, que lo comprueban. Tantas son las que me vienen 

1 Gastó, Esta palabra no está en el original. 

2 Página 18. 

3 Mach., cap. xv, v. 14. 




n 



INTRODUCCIÓN Y BIOGRAFÍA DEL R. P. FR. FRANCISCO GONZÁLEZ 65 

á manos »: «Mi amado hermano y P. Cádiz que ya está convalecido me ha 

confundido ¡Bendito el que lo crió tan humilde!» Y al final de la carta, 

que es bastante extensa y está sin foliar, dice: «Nuestro P. Cádiz está muy 
fatigado con el dolor de muelas, me encarga le mande pida á Dios eficaz- 
mente por esta necesidad porque cree va á salir de todas: se lo mando es- 
trictamente, y lo harás, que este bendito Padre hace mucha falta y para su 

tarea hace falla la dentadura » Con fecha 8 de Mayo de 1798, le dice: 

«Me alegro que fuera tan eficaz el evangelio que te dijo mi hermano y Pa- 
dre Cádiz; no me admiro, lo que sí admiro es el que por su medio no se 
atropellen los prodigios.» c<No olvides el pedir mucho al Señor por la im- 
portante vida de nuestro P. Cádiz; es sin medida lo que trabaja.» Carta de 
12 de Oaubre de 1798. 

Me haría interminable si hubiera de apuntar cuantas veces lo reco- 
mienda, alaba y bendice en su correspondencia; diré algo más al final del 
Epistolario, incluyendo una carta donde se duele amargamente de haber 
perdido á un tan buen hermano y se goza de verlo triunfante en el cielo. 
Bien puede decirse, sin temor de equivocarse, que aquellas dos grandes 
almas se estrechaban y unían en Dios por la dulce ley de la caridad con 
trama invisible de seda y oro, como ligadas estuvieron las de David y Jo- 
natas, muerto en los Montes de Gelboé, las de Santo Domingo y San 
Francisco mi Seráfico Padre, San Felipe Neri y San Félix de Cantalicio. 

su PRECIOSA MUERTE 

Grandísima devoción tenía el P. González á Santa María Magdalena, y 
ya he dicho algo de lo mucho que en su obsequio hizo. A instancia suya^ 
compuso el Bto. Diego una novena de la santa penitente, que corre impre- 
sa, y todos los años hacíale solemnes cultos en su honra, predicando con 
ardor de Apóstol, demostrando erudición y hablando como un ángel, aun- 
que sin habilidades retóricas, porque el P. González (la verdad ocupe 
su lugar) era un sabio y un alma toda de Dios, mas carecía de bizarras 
dotes oratorias. 

Con todo, atraídos por la fama de santidad y sabiduría, conocíale re- 
ligioso recogimiento y aun con entusiasmo, crecidísimo número de fieles. 

I Dichas cartas, en unión de otros preciosos autógrafos, forman un abultado volumen sin 
foliar y lleva el número 7, de las que conservan las Terciarias dominicas de Jerez de la Fron- 
lera, hijas de la Sierva de Dios Sor María Antonia de Jesús, á quienes viviré siempre reconocido 
por la amabilidad con que me franquearon los documentos 'interesantes del archivo de su 
Convento. 

3.* ÉPOCA.— TOMO XV. 5 



66 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

El Último año de su vida con admiración de todos hizo ios preparativos 
de la Novena y buscó predicador, diciendo que aquel año no podría pre- 
dicar él, y á cuantas preguntas le hicieron para averiguar la causa, á otras 
tantas respondió sonriente: No, este año no predicaré. ¡Tan convencido 
y cierto estaba de su próxima muerte! 

En efecto: rodeado de sus hermanos expiró dulce y tranquilamente en 
su Convento de Ecija el 22 de Julio, día de santa María Magdalena, á la 
hora misma que las campanas repicaban para la Novena de su santa pre- 
dilecta, el año 1820. 

No he podido hallar el lugar de su sepultura, y acaso sea ya trabajo in- 
fructuoso buscarlo; mas, si sus venerandos restos esperan ocultos la re- 
surrección de la carne, la fama de sus célicas virtudes viven todavía entre 
los buenos, flotando su perfume purísimo sobre la corrompida atmósfera 
que respiramos. 

Ninguna obra suya conozco impresa, y sospecho que no la hay. A mis 
manos no ha llegado más que un crecidísimo número de cartas dirigidas, 
las más de ellas, á la gran sierva de Dios Sor Antonia de Jesús Tirado, que, 
impresas, serían el mejor elogio del P. González, porque lo acreditan de 
aventajado maestro espiritual y de versadísimo en divinas y humanas letras. 

Dichas I cartas son un abastadísimo arsenal de datos curiosos que no 
dicen poco con la Historia de aquel tiempo. ¡Lástima grande que tan olvi- 
dadas estén! 

Bien merece el P. González que se dediquen á su memoria muchas y 

muy brillantes páginas, y con mil amores me detendría yo en celebrarlo 

si esto no fuera incompatible con la índole del presente trabajo, de suyo 

reducido. Gustosísimo he puesto la primera piedra de lo que pudiéramos 

llamar pedestal de su gloria, rindiéndole así (bien que no á la medida de 

mis deseos) el tributo de gratitud y justicia que mi Orden le debe, por lo 

mucho que amó y auxilió al Bto. Diego. Es de esperar que alguien tome 

carta en este asunto dando á conocer todas las del meritísimo Padre. Yo, 

aquí, hago punto y termino, porque otras noticias suyas que me será dado 

apuntar, las daré á conocer en las notas de las cartas que han sido ocasión 

de este esbocillo biográfico. 

Fr. Diego de Valencina. 



I La mayor parte se conservan en el Beaterío de las Terciarias Dominicas de Jerez de la 
Frontera: otras, muv pocas, obran en mi poder. 




CARTAS DEL BEATO DIEGO JOSÉ DE CÁDIZ gy 

CARTA DEL BEATO DIEGO JOSÉ DE CÁDIZ ' 



'■..'■1 
.^3 



J. M. y J. 

Amado y venerado hermano mío en el Señor: Este nos dé su gracia 
para que le sirvamos. 

Veo el * de usted y la respuesta que da á esa señora, y de la cruz á la 
fecha me conformo con todo; añadiendo que no daría otra satisfacción ó | 

resolución á la carta de dicha señora que la de remitirla á su director, por- 
<}ue, de lo contrario, sería darle fomento á sus inquietudes interiores, que 
puede y debe sacudir, sujetándose al que la gobierna. 

Si á usted le parece, puede enviar ésta á la señora que consulta, y de- 
cir á su señoría le sirva de respuesta á lo que en su carta me expone, pues 
me es imposible responderle separadamente. Que se sujete al director y 
omita consultar con otro sus interiores tentaciones ó fatigas, ni pensar en 
ello por el daño que puede resultarle, y á que, sin duda, se expone, reno- 
vando las especies y tentaciones en la misma acción de consultarlo. 

Mis tareas no me permiten más. Pido á usted no olvide nuestra con- 
trata, ni mis gravísimas necesidades para pedir á Dios nuestro Señor por 
su remedio; yo le ruego me guarde á usted muchos años en su santo amor >;'! 

y gracia. 

De éste de Capuchinos á 20 de Noviembre de 1778.—B. L. M. de usted 
su afectísimo hermano y humilde siervo en el Señor, Fr. Diego José de 
Cádi^.—tAi R. P. Lector Fr. Francisco González, muy señor mío. 

CARTAS AL BEATO DIEGO JOSÉ DE CÁDIZ 3 

J. M. y J. 

Ai. R. P. Fr. Diego José de Cádiz. 
Amadísimo hermano mío y venerado Padre en el Señor: Yo no sé lo 
que ha sido más en mí, después de haber leído la consulta, si la confusión 

1 Esta es la primera carta que encontramos dirigida por el Beato Diego al P. Gonxiiez. 
Como se ve empezaba entonces el celebérrimo Misionero á darse á conocer en el mundo como 

i hombre enviado de Dios y ya le consultaban asuntos espinosos. Que la doctrina'expuesia en esta 

I carta es luminosa y excelente, ella de por si lo prueba. La amistad que por entonces reinaba 

I entre los dos amigos era estrecha, pero algo respetuosa. Más tarde se unieron y enlazaron hasta 

I hablarse con gran familiaridad y tratarse como hermanos cariñosos. 

2 Parece que debe ser la, 

3 Lacaruquei continuación insertamos es del P. González y responde i otra del Beato 
I que no he podido encontrar. Merece publicarse por más de un concepto, y allá ra para que U 

saboreen nuestros lectores, corregida la ortografía. 



08 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

Ó el gozo; aquélla me la causa el conocimiento que tengo de mí mismo, el 
que me fuerza á decir: et Saúl inter Prophetas? ¿Yo, hermano mío, nu- 
merado entre los que saben y están adornados de ciencia y prudencia? 
¡qué horror me causa el leerlo!.... y, más, siendo cierto, y muy cierto (lo 
que digo para desengañar á usted), que nada sé; me aturde el engaño de 
las gentes en este punto, y ya poco me falta para decir á voces que viven 
engañados, que en mí no hay más que apariencia, y que soy un bachi- 
ller ^ y no más; no sigo porque no puedo explicar lo que siento en mi in- 
terior. El gozo lo tengo, ya por haber leído la respuesta de usted y ya por- 
que veo aprueba lo que me parece que es de Dios; el que usted lo apruebe 
y las contradicciones de la carne y de lá sangre me aseguran el que es de 
la divina voluntad. 

No sé por quién ni por qué mano han recurrido al Rey nuestro señor 
haciéndole una representación, suplicándole anule ó no permita la tal fun- 
dación, porque es injusta, impía y falta de caridad; porque la hace una 
mujer ilusa y seducida de un fraile; piden en ella que conviene que salga 
de aquí, y que á los caudales de la señora se le ponga interventor, porque 
es incapaz de manejarlos, y, últimamente, representan que las consultas 
nada valen, porque son hechas á contemplación del religioso y por teólo- 
gos de su facción. 

Ya ve usted los grados de esta maldad; la ofensa que se hace á nuestro 
Dios, el agravio á los prójimos y el impedimento que ponen á esta buena 
obra. Dios les alumbre para que lo conozcan. El P. Ojeda está fatigado, y 
al mismo tiempo gustoso de padecer por el Señor y por su causa; yo le 
aliento cuanto puedo, ofreciéndole estoy con él, y con las señoras, aunque 
haya que sufrir destierro, hambre, etc.; si me excedo corríjame usted, que 
yo no quiero continuar este punto por no cansarlo, y lo digo para que lo 
encomiende á Dios. 

El dicho Padre me ha suplicado remita á usted esos papeles para que 
se queden allá, lo que hago con mucho gusto, asegurándole irá la copia de 
su consulta luego que se saque. 

Doña María de la Soledad Cárdenas y su familia, y toda la de D. Juan 
de Dios Sayas desean la salud de usted y se encomiendan á sus oraciones 
y sacrificios. 



I £s bachiller el que ha recibido el primer ^rado de facultad mayor. Se entiende además- 
por bachiller el hombre charlatán, y en este sentido lo dice ti P. González. 



CARTAS DEL BEATO DIEGO JOSÉ DE CÁDIZ 69 

Yo siento en el corazón vuelva el dolor; pediré á Nuestro Señor alivie 
á usted y le dé fuerzas para sufrir; ello, á la verdad, todo es nada si con la 
afliccióii viene, como siempre viene, la ayuda del Señor, que se complace 
como Padre en nuestras aflicciones cuando las llevamos por su amor. Dios 
Nuestro Señor le dé á usted salud, tanta como yo quiero y le pido, para 
que muchos años le sirva. Yo no tengo nada de particular, sino que me 
quejo más de lo preciso. Pida usted á Dios por mi, que yo lo hago y deseo 
le guarde el Señor á usted en su amistad y gracia hasta el fin. 

Hermano de usted, que de veras le ama en J. C— Fr. Francisco Gon- 
^aie^, — Edja, 7 de Abril de 1789. 



P. D,— Yo no quiero respuesta, que es imprudencia aumentar trabajo al | 

que no puede; pero por cualquiera mano, ó por un papelillo y no más, , 1 

quiero sólo saber si han llegado estos papeles. Las señoras de la fundación | 

no escriben por no cansarlo, le dan á usted muchas gracias y se encomien- 
dan á sus oraciones. Por instantes voy sabiendo más, y cosas más funes- I 
tas, en lo respectivo á hacer tiro á la fundación y al que piensan que la ha 
movido. Dios les dé su gracia paraque conozcan lo que hacen. 



I 



J. M. y J. 
Ronda ^ ig de Junio de lySg. 

M. R. P. Fr. Francisco González. 

Amadísimo y venerado hermano mío en el Señor, de mi mayor esti- | 

mación: Con la debida, recibo la muy apreciable de usted del 12 del co- 

I Desde 1773, en que por vez primera fué á Ronda el sabio Misionero, hasta 1801, una buena 
parle del aña Lu pasaba en dicha ciudad, competentemente autori¿ado, hospedándose en la casa 
que Kabitaban los Sres. D. Manuel Moreno y Tabares y su consorte D.* Teresa de Rivera y Pi- 

j.*» [,)i Cflsa en cuestión, testigo mudo de los heroicos actos de Fray Diego de Cádiz, es hoy 
propiedóid de Ja noble y virtuosa dama D.* Dolores Avilés-Casco, adquiriéndola durante su 
mairimonio coa D. Rafael Raumel en i856 de la testamentaría de D." Joaquina Dorta, viuda de 
D. Juan de Lara López de Pedraja. 

3.^ Dicho Sr. D. Juan la compró en 22 de Junio de 1830 á D. Nicolás Aparicio, hijo de Anto- 
nio Aparicio. \ 

3** A éste se la vendió D. Klías Moreno, vecino de la villa de Baena, como apoderado de 
D* Manuel Moreno de Mendoza, su padre, que vivía en Puerto Cabello de América, el 13 de No- 
viembre lie íflí3. 

4.^ Don Manuel Moreno la hubo por donación que le hizo su padre, D. Joaquín Moreno, 
eñ t4 de Scptiurabre de 1791. 

5," Dfcho señor la adquirió por compra á su sobrino D. Manuel Bonifacio Moreno y Taba- 



70 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

rriente, con las advertencias ó reparos que le halla al sermón que tratan 
de imprimir '. 

Siento, hermano mío, tenga tan poca confianza con quien por la mucha 
que hace de usted prefirió su dictamen al de todos, buscando en él la se- 
guridad de mis aciertos, como objeto necesario de cuanto hago. No son 
sus reparos tan despreciables como usted dice; son justísimos y de bas- 
tante entidad, tanto, que si saliese este papel sin haberlo corregido, 
tendría estos culpables defectos sobre los muchos de que ciertamente 
abunda. 

Diré á usted sobre cada uno lo que tengo ya practicado, y, si no fuere 
suficiente, lo dispondré como me diga, y espero de su caridad y buena co- 
rrespondencia 2. 

El primero es sobre aquella cláusula de la bestia' que vio Daniel, de 
quien digo que, en efecto, devoró los tres imperios de persas, medos y 
babilonios. Confieso que sin reflexión lo puse así, porque no atendí á la 
equivocación que en esto padecí por no leer enteramente las exposiciones 
que allí cito. Estas, cuando dicen haberse unido los tres imperios dichos, 
hablan únicamente de Ciro, su conquistador, con la autoridad de San Je- 



res, según escritura otorgada ef 13 de Octubre de 1761 aptc el Escribano público D. Cristóbal 
Joaquín Galiano. 

6.^ El mencionado D. Manuel Bonifacio Moreno Tabares la heredó de su madre D* Agus- 
tina Tabares, en conformidad con lo dispuesto en su testamento, otorgado ante D. Jerónimo 
Zenteno en 25 de Diciembre de 1769. 

Nota tomada de las escrituras que posee D." Dolores Avilés-Casco, viuda de Raumel, última 
poseedora de la casa. 

1 Alude al sermón de acción de gracias predicado en Ronda el 28 de Diciembre de 17S3 por 
haber nacido los Príncipes gemelos Carlos y Felipe de Borbón, hijos de Carlos III, y por haberse 
firmado con este motivo la paz con Inglaterra. Ni fué uno solo, sino dos los que predicó en 
Ronda por tan fausto acontecimiento, el primero el 28 de Diciembre de 1783 y el segundo el 11 de 
£nero de 1784. Los croquis de uno y otro los conservo, siendo de notar que ninguno lleva el 
tema del que corre impreso. 

Este es de una erudición pasmosa. 

2 Vemos cuánto hincapié hace el Beato Diego sobre la inteligencia de estos pasajes y cómo 
el sabio P. González para mientes en ellos. A primera vista parece cosa baladí para tanto em- 
peño; pero no, que aquello era de mucha monta en aquel tiempo. La censura andaba harto 
solícita, y aun á veces pidiendo gollerías, como puede verse en la carta de 2 de Diciembre de 1800 
de este Epistolario. Ya experimentó el fervoroso Misionero las amarguras del destierro en 1784 
por haber predicado un sermón con bríos y valentía el Viernes Santo, del año indicado, en la 
Catedral de Sevilla (el croquis lo conservo en el Cuaderno 4.^ 4e /¿íea« panegíricos, núm. 36) 
Caro le costó el uso de las cédulas con que tantos milagros obró, bien que á su impugnación 
debemos la luminosa y valiente apología que de ellas hizo (manuscrito que guardo) y el informe 
favorable que dieron cuatro teólogos del Sacro Monte de Granada, de muy reconocida compe- 
tencia (está en mi poder) y que lleva la fírma de Manuel de Cuesta. Con esto quedaron pulveri- 
zadas las objeciones y rebatida la delación del gallego D. Manuel Grego, que fué quien impugnó 
con calor el uso de las cédulas. No es, pues, de extrañar que se fuera con pie de plomo en inter- 
pretar los pasajes de la Sagrada Escritura. 




CARTAS DEL BEATO DIEGO JOSÉ DE CÁDIZ Jl 

rónimo: Tres or diñes escarum seu prcedarum erant in ore ejuSy et inter 
dcntes ejus, ut Caldeus LXX et Vatablus vertunt, nempe, tria imperia 
Babiloniorum,\Mediumet Persicum quce Cirus suis armis acquisivit et in 
unam monarchiam compegit, inquit Hieronimus. Falta Lirino y Alápide. 

Instruido ya con la prevención que usted me hace, he corregido la no- 
tada proposición y la pongo así: En efecto, devoró y redujo á solo uno 
ios tres imperios de persas, m^dos y babilonios el famoso Ciro, figu- 
rado de algún modo en aquella fatal bestia. Usted me dirá si queda 
bastantemente corregida la citada defectuosa expresión. 

El segundo justísimo reparo es cuando, tratando de la felicidad de 
nuestra vocación á la fe y desgracia de los gentiles, digo: que nosotros te- 
nemos lo que ellos jamás conseguirán. Dije mal en el modo de escribirlo, 
porque mi mente fué poner modificada esta cláusula con un tal veí^, que 
quita todo reparo, á mi parecer; y así, este yerro de la pluma lo corrijo 
así; nosotros tenemos lo que ellos tal ve\ jamás conseguirán. 

En lo de la reprobación negativa de las naciones, respecto de los he- 
breos, queda ya enmendado, añadiéndole esa palabra, que para clara ex- 
plicación le faltaba. 

El tercero es el de poner á Jansenio entre los herejes, y esto también 
fué equivocación, pues en lugar de poner Quesnelios, por Pascual Que- 
snel, puse Jansenio, lo que ya queda enmendado, puesto que el dicho 
acabó mal, y en la obstinada oposición y resistencia á la censura que dio la 
santa Iglesia ó Sede Apostólica á sus errores ^ 

El cuarto es de la cierta perdición de Salomón , Helí, Oza, Ananías y 
SaHra. Mas esto no lo afirmo en el sermón, sino digo que su final perseve- 
rancia nos es incierta, fundado en la diversidad de dictámenes con que se 
explican ó hallamos en los santos Padres ó expositores. 



í Cornelio Jansenio, Obispo de Ipre, fué un hipócrita redomado de peor calaña, si se 
quiere, que el infeliz Quesnel. 

Con su tristemente célebre libro Augustinus hizo un daño incalculable á la Iglesia de Fran- 
cia, daño que aún perdura, y cuyos funestos resultados deploran hoy los buenos católicos con 
lA malhadada separación de la Iglesia y el Estado, llevada á cabo en los momentos que esto 
escribo. 

£1 Papa Inocencio X condenó cinco proposiciones del Augustinus por una Bula que empieza: 
Cum occasione, fechada el 31 de Mayo de 1653. 

El pérfido se negó mientras vivió á publicar su libro; pero propagaba secretamente su doc- 
trina, y mientras que en el prólogo de su obra protesta amor, sumisión y -respeto ala santa 
Sede, escribe al fogoso Saint-Giran, antagonista de Richeliu: «No me atrevo á decir i nadie 
absolutamente lo que pienso por miedo de que en Roma me jueguen la mala partida que i otros, 
antes que todas las cosas estén sazonadas.» Fué Obispo diez y ocho meses, y murió el 6 de Mayo 
de 1638. 



72 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

El quinto y último es donde, tratando del arcano de la oculta predesti- 
nación, se decía que, algunos menos piadosos atribuyen neciamente á ella 
toda la casualidad de nuestros buenos ó malos actos; este fué yerro de la 
pluma, porque quise decir y digo toda la casualidad, etc., y así queda en- 
mendado. 

Repito, hermano mío, que, si aun así tienen algún reparo estos puntos, 
los enmendaré como usted me diga. Hágalo usted por Dios y por el amor 
que me debe, pues creo que nos hablamos y comunicamos de corazón á 
corazón y con toda su verdad. Yo le envié ese papel para que, como pro- 
pio suyo y como interesado igualmente que yo en el bien de nuestros pró- 
jimos, lo censurase, tildase y corrigiese con el mayor rigor, hecho cargo 
de mi notoria ignorancia, y de que cuando escribía el borrador no lo re- 
pasaba por la prisa de despacharlo, ni tenía presente los trozos que iba re- 
mitiendo, y así podía haber en él repeticiones y otros yerros. 

Infinito he celebrado lograse usted la proporción de tratar al reverendo 
P. Maestro Ruiz, y que de resultas quedase bajo de su dirección, porque 
es de los pocos hombres grandísimos que se ven en nuestro siglo. Estos 
días he sabido que, predicando el padre en Jerez, se quedó extático, y lo 
vieron todos elevarse por los aires en el pulpito. Dios le conceda la perse- 
verancia necesaria y á nosotros igual dicha, después de su imitación ». 

I El M. R. P. Maestro Fr. Andrés Ruiz de Santo Domingo nació en Utrera clyadt Notícmi- 
bre de 1719, siendo bautizado el 8 de Diciembre próximo. No pudiendo ser religioso franciscano 
en Sevilla, que eran sus sueños dorados, se dirigió á Jerez, tomando el hábito de dominico en 
aquel Real Convento el 30 de Diciembre de 1735, emitiendo sus votos solemnes con júbilo sin- 
gular de su alma el 31 de Diciembre de 1736. 

Fué hombre culto, estudioso, de muy peregrino ingenio y de los más salientes en santidad 
de aquella época. Intimó con el célebre P. Kr. Francisco Javier González, y como este insigae 
Mínimo, tuvo el apreciable don de discernimiento de espíritus. Trató intimamente al Beato Diego 
de Cádiz y dirigió varios afios á la extática Hermana Antonia de Jesús Tirado. Copservó hasta 
la muerte la virginidad y tuvo la dicha incomparable de no perder la gracia del bautismo. Sus 
votos los observó con exactitud, siendo dechado de perfección y religioso perfecto. Tuvo el clon 
de lágrimas, y cuando predicaba lloraba con tal ternura y triste acento, que el auditorio pro- 
rrumpía en amargo llanto. 

Su devoción á la Santísima Virgen fué tal, que bien puede contarse entre los Anselmos, 
Bernardos, Buenaventuras y Alfonsos de Ligorio. Es indecible el fervor con que rezaba el santo 
Rosario y cuánto propagó esta devoción. 

Murió en gran olor de santidad el día 2 de Enero de 1797 entre las ocho y nueve de la noche. 

La Oración fúnebre la predicó el Beato Diego, cediendo á ruegos muy encarecidos de la ciu- 
dad de Jerez, la mañana del i5 de Febrero de aquel año, y corre impresa en el tomo iv de sus 
Obras, edición de Madrid. 1799. Es un cumplido elogio de aquel gran siervo de Dios, cuyo Pro- 
ceso de Beatificación y Canonización se dice están promoviendo y, ¡ojalá sea un hecho! 

Muchos, curiosos é interesantes datos sobre el P. Ruiz hay en las cartas autógrafas de la 
Hermana Antonia de Jesús Tirado, que conservan sus hijas en el Beaterío de Jerez y que yo he 
tenido ocasión de ver. En este Epistolario y en las cartas del P. González á la citada Hermana 
Antonia, coleccionadas en el tomo 7.^, propiedad también del Beaterío de Jerez, hay no pocos. 

Los restos de este Venerable están sepultados en la sacristía del Real Convento de Domi- 
nicos de Jerez de la Frontera. 



CARTAS DEL BEATO DIEGO JOSÉ DE CÁDIZ '^Z 

No puedo más, hermano mío, porque estoy ocupadísimo, ni quiero 
cansar más á usted con mis simplezas. Ya sabe soy suyo de corazón; mán- 
deme lo que guste, y creyendo es gravísima mi necesidad, encomiéndeme 
eficazmente á Nuestro Señor, á quien ruego me guarde su vida muchos 
años en su santo amor y gracia. — B. L. M. de usted su afectísimo herma- 
no, capellán y siervo en Nuestro Señor Jesucristo, Fr. Diego José de 
Cddi^. 



J. M. y J. I 

Ronda i5 de Septiembre del 8g, 

Amadísimo hermano mío en el Señor de mi mayor veneración: Con- 
siguiente á lo que usted en su muy apreciada del 7 del corriente me pre- 
viene, respondo á la señora su recomendada á la que antes no había res- ) 
pondido, así por mis cuidados y continuas tareas de precisión, como por- | 
que en tales asuntos no puedo más que conformarme con el dictamen de | 
los que hablan con el conocimiento que á mí, por la distancia y la igno- 
rancia me falta: y porque mis Prelados me tienen rigurosamente encar- i 
gado me excuse á lo que no sea muy preciso '. I 

A nuestro buen hermano y amigo el P. Lector Ojeda, que ya en este ( 

correo escribo á Madrid. No lo hago igualmente al padre, porque no al- 
canza el tiempo para tanto correo y por no molestarlo. I 

Mis expresiones, etc. Soy todo de usted, hermano mío, para cuanto 1 

pueda servirle. Me encomiendo á sus oraciones y ruego á Nuestro Señor 1 

me guarde su vida muchos años en su santo amor y gracia.— B. L. M. de 
usted su afectísimo hermano y siervo en Nuestro Señor Jesucristo, Fray 
Diego José de Cádi¡{, 



] Así coacluye el Beato el enojoso asunto del pleito á que se refíere, que debió ser de una 
capellanía. 

A la visi-t tengo una carta del presbítero D. Juan José de Salcedo, canónico y confidente del 
íntoacei Arzobispo de Sevilla, fechada en la indicada capital el ii de Julio de 1797; otra en el 
rai^mo pliego de D. Francisco de Rivera, jurisconsulto de mucha nombradla por aquella época, 
y hermano^ á lo que parece, de D.* Teresa Rivera, en cuya casa se hospedaba en Ronda Fr. Diego 
de Cádijtj y ambos á dos afirman que en justicia no pueden apoyar la recomendación que hace 
út\ asu£)to» por tener la parte contraria pleno derecho. £1 Beato escribió también en el mismo 
pliego dirifiiífníiose á D. Francisco Rivera, resultando tres cartas en una, digámoslo asi, y á esta 
cuincídeocia £e deben estas noticias que algún interés tienen. 

Al presente obran en mi poder cerca de mil cartas del Beato Diego, con no pocas de otros 
sujetos del siglo xviii, que iremos dando á conocer á medida que lo vaya pidiendo el hilo de la 
hHioria. 



74 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 




FACSÍMIL DE LA ESCRITURA DEL BEATO DIEGO JOSÉ DE CÁDIZ 



CARTAS DEL BEATO DIEGO JOSÉ DE CÁDIZ yb- 

J. M. J. 

Ronda 27 de Abril de ¡790, 

Amadísimo hermano mío P. Francisco González de mi mayor venera- 
ción: Con la debida recibí la muy apreciable de usted de 6 del corriente, á 
que por los cuidados ocurridos en mi viaje, y lo que se ha ofrecido, no he 
podido contestarle. Ahora lo hago para darle las debidas gracias por la 
eñcacía con que ha procurado el buen éxito del asunto que le encargué, 
que, sin duda, ha servido de mucho ó ha dado el todo para lo que se ha 
adelantado. Dios se lo premie á usted. 

El medio de escribir á la señora de Madrid me lo han suplicado los 
señores de Málaga; pero me he excusado porque no tengo conocimiento 
alguno, ni aun noticia » y porque ya estoy escarmentado de semejantes em- 
peños ó cartas. 

No sé io que harán; lo cierto es que, según entiendo, no conviene en 
manera alguna se use del otro medio arbitrado por el Sr. Marqués, por los 
graves males que de él resultarían. 

En el otro particular que usted me propone sobre el culto que procura 
-se le dé á Nuestro Señor Sacramentado en su depósito reservado el triduo 
de la Semana Santa, digo sencillamente que no he tenido proporción de 
ver los autores rubriquistas, ni al Ritual Romano; procuraré verlo y de- 
cirle con segundad mí sentir. Entretanto le aseguro que, á no tener rúbri- 
cas ó decreto claro y expreso prohibitivo, los que lo repugnan, parece que 
suena mal esa contradicción, porque el Santísimo Sacramento es digno de 
nuestros cultos^ públicos y absolutos en todo tiempo, dondequiera que se 
halle, mientras que con ellos no lo expusiésemos á la irrisión ó al despre- 
cio de sus enemigos los herejes. 

Sobre esta infalible verdad no puede haber disputa entre católicos, y 
fundado en ella, no encuentro haya el más leve inconveniente en lo que 
usted hace; y, á suficiente partium enumeratione, puede formarse un ar- 
gumento insoluble. Las luces ó su multitud no son impropias, y aun es 
práctica entre nosotros los capuchinos, y en muchas iglesias, que ardan 
cuantas nuestra pobreza nos permiten. El adorno de la pieza no lo es; y 
lo veo en uso en varias partes. El rezar, orar, leer y hacer otros devotos^ 
ejercicios, predicar, etc., mucho menos; luego se puede. Se confirma con 
la reflexión de que todo eso se puede hacer, y efectivamente se hace, coa 



i 



76 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

las imágenes que sirven esos días en las procesiones, aun en la presencia 
y lado del Monumento, sin que lo prohiban los que pueden y deben en- 
tender en estas cosas. 

Yo no alcanzo á entender por qué no pueda predicarse, rezarse, con- 
gregarse los devotos á la presencia de Su Majestad en aquel sitio reserva- 
do, cuando se puede hacer esto en cualquiera sitio decente en que no está 
Nuestro Señor Sacramentado. Asígnese la disparidad ó inconveniente en- 
tre aquello y esto, y se verá que si esto último es bueno, santo y laudable, 
mucho más lo será á presencia del mismo Dios, en el divinísimo Sacra- 
mento, aunque se halle en su depósito oculto. Esto discurro se llama así 
con respecto ó relación al público Monumento, no á su veneración y á su 
culto. 

Prueba de ello que en muchas iglesias parroquiales no se quita á Su 
Majestad de su altar ó sagrario común, y allí se conserva expuesto á la pú- 
blica veneración conjo en el Monumento; lo que, si fuese culpa, no se haría 
ó no se permitiera tan universalmente como lo vemos ^ 

Esto sólo es suficiente para que usted conozca mi modo de opinar en 
el asunto, en el que deseo como usted lo más acertado. Me repito á la obe- 
diencia de usted con buena voluntad; me encomiendo á sus oraciones y 
ruego á Nuestro Señor guarde su vida muchos años en su santo amor y 
gracia. 

B. L. M. de usted su afectísimo hermano y siervo de Nuestro Señor 
Jesucristo, Fr. Diego José de Cádii(. 
»-. • 

f P. D. — Me ocurre que, aun cuando usted no hubiese adelantado más 

que reformar el abandono en que Su Majestad estaba, debe creer que ha 
hecho mucho y que ha usado de la prudencia que propone nuestro vene- 
rable sutil Maestro, que dice: Via deveniendi ad médium, est declinarle ad 
extremum. 



I El Beato Diego apoya su doctrina en las razones que vemos, y que entonces podían se- 
guirse licitamente. La Iglesia ha legislado desde entonces acá sobre este y otros muchos puntos 
de liturgia, no dejando lugar á dudas. El 12 de Julio de 1901 (Colimen, io\ declaró la Sagrada 
■ , Congregación de Ritos: Tolerari non potest altare majus Ecclesiae Sepulcri altare esse; necnon 

' in ipso altari Sepulcri ostensoria, cálices et citoria ornati causa exponere. Este Decreto se re- 

fiere a los monumentos del Jueves v Viernes santo. 




CARTAS DEL BEATO DIEGO JOSÉ DE CÁDIZ 77 

J. M. y J. 

Casares 17 de Mayo del 90. 

Mi R. P. Lector Fr. Francisco González. 

Amadísimo hermano mío de mi mayor veneración: Con la debida 
recibo la muy apreciable de usted de 8 del corriente con la inclusa que le 
acompañaba y á que satisfago en la adjunta. 

Agradezco á usted infinito la eficacia con que ha tomado el consabida 
asunto del señor Marqués, y me parece no es necesario se moleste usted 
en buscarlo, porque juzgo no nos urge tanto la especie que se trata, y que 
sólo cuando nos piden ó buscan nuestro dictamen debemos no malograr 
la ocasión. Yo quisiera tener muchas veces el espíritu de usted y no ser 
tan vainazas como soy. Dejemos obrar á los señores y estemos á la vista 
para templar, pacificar y hacer ver la obligación de cada uno cuando sea 
tiempo oportuno. 

En el particular del depósito del triduo de Semana Santa me he encon- 
trado la rúbrica comentada ó explicada por Merati Additor de Gavanto, 
en que se previene que el Santísimo Sacramento se lleve á lugar compe- 
tente con luces^ y éstas queden allí ardiendo; en que parece da á entender 
pueden ser muchas, y en el hecho de no prevenir haya de estar Su Ma- 
jestad escondido y sin aparato decente, es visto que lo permite ó que na 
reprueba la majestad del culto. El P. Guillermo Durando (cuya célebre 
obra de los Ritos y Oficios eclesiásticos me he hallado en esta librería, en 
un tomo viejísimo sin forro, principio ni fin en el lib. VI, cap. XV, nú- 
mero 9, trata de esta materia y nada dice ni en pro ni en contra. Pera 
nuestro Ceremonial Romano Capuchino de esta provincia, en el lib. III^ 
capitulo VIII, núm. 583, folio 216, dice: «También prevendrá el sacristán 
un altar con la mayor decencia en sitio decente y apartado de iglesia, 
donde con luces ó lámparas se ha de colocar el Pixis con las formas que se 
han de reservar para los enfermos)^, y así lo practicamos en medio de 
nuestra pobreza. Creo es esto suficiente para nuestro intento. 

Mucho he sentido la muerte del Sr. D. Juan de Dios, que en paz 
descanse, y suplico á usted que si fuere á ver á esas mis señoras, les haga 
una expresión en mi nombre, singularmente á mi señora la viuda, asegu- 
rándola la acompaño en su sentimiento y que pido á Dios por el eterna 
descanso del difunto y el consuelo de su hermana, hijos y familia» 



78 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

No puedo más, hermano mío; soy de corazón de usted para cuanto 
guste ocuparme, me encomiendo en sus oraciones y ruego á Nuestro Se- 
üor guarde su vida muchos años en su santo amor y gracia. 

B. S. M. de usted su afectísimo hermano, capellán y siervo en Nuestro 
Señor Jesucristo. — Fr. Diego José de Cddi^. 

(Se continuará). 




BREVE NOTICIA 

DEL ARCHIVO QUE FUÉ DEL DUQUE DE OSUNA 



Este Archivo es, sin duda, importantísimo, pues en él se han reunido los 
papeles correspondientes á siete de las Casas que más han figurado 
' en la Historia de España. Para no dudar un momento de semejante 
aíirmación, bastará citar los apellidos de Girón, Pimentel, Zúñiga, Ponce de 
León, Borja, Enríquez, Silva y Mendoza, que corresponden á los grandes 
Ducados de Osuna, Benavente, Béjar, Arcos, Gandía, Medina de Rioseco 
é Infamado, con todos los demás títulos á ellos anejos. 

Me propongo en este trabajo dar, en breve espacio, una idea de lo que 
es dicho Archivo, tarea ardua y difícil, por el cúmulo de papeles de inte- 
rés que encierra. Sin embargo, trataré de hacerlo, mencionando muy á la 
ligera aquellos que puedan contribuir á que se forme juicio. 

Unos 12.000 legajos componen el Archivo de Osuna, y, si bien muchos 
de ellos sólo contienen papeles administrativos, bastantes conservan do- 
cumentación de interés histórico, artístico y paleográfico, como lo de- 
muestra el que, en unión de D. Augusto Fernández Aviles, ilustrado indi- 
viduo del Cuerpo, hayamos redactado para el índice 16.345 papeletas, de 
las que, 9. 885 corresponden á documentos que merecen ser detallados, 
por tener algún valor. Sólo de éstos, con carácter real, hay unos 3.700, de 
los que, 65, son privilegios rodados; 478, privilegios en pergamino; 1.272, 
privilegios, provisiones y cédulas en papel, y i.8o3, cartas reales. Los pri- 
vilegios rodados están expedidos por los Monarcas Alfonso VII (i 145), 
Fernando II (1162 y 1168), Alfonso IX de León (1198 y I2i5), D.* Be- 
renguela (i2i5), Alfonso X el Sabio (1254- 1263 y 1268), Sancho IV (i285 
y 1286), Alfonso XI (i332 y i334), Pedro I (i35i v i36i), Enri- 



8o REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

que II (1370 á 1 373), Juan I (1378 á 1387), Enrique III (1392 á 1402), 
Juan II (1410 á 1449), Enrique IV (1457) y Reyes Católicos (1478 á 1484). 

En los privilegios en pergamino figuran las siguientes personas reales: 
Ramiro (943), Sancho (1182), Alfonso VIH (1214), Alfonso X el Sabio 
(1262 á 1278), Sancho IX (i285 á 1288), Fernando IV (i3o2), Alfonso XI 
i3i5 á 1349), D."* Beatriz (i3i6), Infante Juan, hijo de Alfonso XI (i320). 
Infante Tello (i339), Pedro I (i35o á i354), Enrique II (1369 á i375), In- 
fante Juan (I) (1377 y 1378), JuanI(iJ79á 1389), Infante Fernando, hijo de 
Juan I (1395), D.* Beatriz, mujer de Juan I (1397), Enrique III (1391 á 1403), 
Juan II (1408 á 1454), Príncipe Enrique (IV) (1445 á 1448), Enrique IV 
(1454 a 1471), Reyes Católicos (1475 á i5o2), Isabel la Católica (1480), 
Fernando el Católico (1469 á i5i4), Felipe I y D.* Juana (i5o8), D.*" Juana 
(i5o8 á i5i5), D.* Juana con Carlos I y con Fernando el Católico (i5o5 á 
1 5 19), Carlos I (i520 á i555), Isabel, mujer de Carlos I (i532), Principe 
Felipe (II) (i547 á i553), Felipe II (i557 á i595), Felipe III (1598 á 1619), 
Felipe IV (1621 á 1662), Carlos II (1668 á 1696), Felipe V (1704 á 174^), 
Jaime I de Aragón (i238), Jaime II de Aragón (i3oi á i32i), Alfonso IV 
de Aragón (i329 y i335), Pedro IV de Aragón (i338 á i386), Infante Juan 
(I) (i368), Juan I de Aragón (i389 á i393), D.* Violante, mujer de Juan I 
(1394), D. Martín de Aragón (1403 á 1409), Fernando I de Aragón (1412 á 
1414), Infante Alfonso (V) (141 3), Alfonso V de Aragón (1416 á 1467), Doña 
María de Aragón, mujer de Alfonso V (1444 y 1445), Infante D. Enrique de 
Aragón (1439), Juan I de Navarra II de Aragón (1430 a 1472), Príncipe Fer- 
nando (1472), Infante D. Enrique de Aragón (1480), Fernando I de Portugal 
(1374 y 1375), Juan I de Portugal (1384 á 1390), Alfonso V de Portugal 
(1449 y H^O» Manuel de Portugal (i52i) y Sebastián de Portugal (i566 y 
1570). 

En cuanto á las 1.272 cédulas en papel, se puede asegurar que las hay 
de casi todos los Monarcas, desde Alfonso XI (1347) á Isabel II (1862), 
siendo muchas de ellas interesantes, no sólo por el asunto, sino además 
por el autógrafo, en cuyo caso se hallan las 21 que hay del Príncipe Al- 
fonso, hermano de Enrique IV (1445 á 1467), y dos de D. Juan de Austria 
(1570). 

Si de importancia son las cédulas que comprende el anterior grupo, por 
lo menos, tanto como ellas son las i.8o3 cartas reales particulares que 
existen en los legajos del Archivo. Las hay de Alfonso V de Aragóa 
(1425), Juan I de Navarra (i43o), Alfonso V de Portugal (1450 y i45i). 



BREVE NOTICIA DEL ARCHIVO QUE FUÉ DEL DUQUE DE OSUNA 8 1 

Juan lí de Castilla (1450), Infante D. Fernando de Portugal (1450), Enri-^ 
que (V (1460), Príncipe Alfonso (1465), Reyes Católicos (1482 a 1495), Fer-^ 
nando el Católico (1475 á i3i5), D.* Juana (i5i6), Carlos I (i5o6 á i556)^ 
Isabel, mujer de Carlos I (1529 y i538), Infante Enrique de Aragón (i 5 iS)^ 
Infanta Guíomar, mujer de Enrique de Aragón (i5i5), Papa Adriano VI 
í i322), Felipe II como Príncipe y como Rey (1546 á 1597), Princesa de Por- 
tugal (i 555 á 1 558), Fernando de Bohemia y Hungría (1549), Archiduque 
Maximiliano (i 55o á i558), Maximiliano Emperador (i563 y 1564), Fe- 
lipe in (1598 á 1620), Segismundo de Polonia (1617), Felipe IV (1622 a 
iii62), Juan de Austria (1662 y i665), Mariana de Austria (i665 á 1701), 
Carlos II de Inglaterra (1675), Carlos II (1675 á 1696), Emperador Leo- 
poldo de Austria (1697), Mariana de Neoburg (1700), Luis XIV de Francia 
< 1700 á 1707), Delfín Luis (1707), Felipe V (1701 á 1740), María Luisa de 
Saboya (1706), Luis I (1724), Amadeo de Cerdeña(i72i y 1722), Felipe de 
Orleáns (1721 y 1722), Juan V de Portugal (1726), Víctor Amadeo de Italia 
(1730), Carlos Manuel de Cerdeña (1740 y 1759), Fernando VI (1746 a 
1754K Carlos III (1766 á 1788), Víctor Amadeo de Cerdeña (1775 y 1778),, 
Carlos IV (1791 á 1806), Fernando VII y Cristina (1808 á 1834) y María 
Teresa de Cerdeña (1827 y i83i). 

Las Bulas que se conservan son 227, que se ocupan de multitud de 
asuntos » desde la aprobación de permuta de bienes entre las Ordenes mi- 
litares hasta la dispensa de matrimonios. Los Pontífices que las expidie- 
ron fueron los siguientes: Clemente VII (i38i), Benedicto XIII (141 1 
¿ 1417), Martino V (1419 á 1433), Eugenio IV (1431 á 1440), Nicolás V 
(1447 a 1451), Calixto III (1455 y 1456), Pío II (1459 y 1462), Sixto IV 
(1473 á 1484)^ Inocencio VIII (1484 á 1490), Sixto VI (1492), Alejan- 
dro V\ (1494 á j5o3), Julio II (i5o3 á i5ii), León X (i5i2 á i520), Adria- 
no VI (i522), Clemente VII (i523 á i532), Paulo III (i535 á 1549), Ju- 
lio III (1549 á [554), Paulo IV (i556), Pío IV (1564 y i565), Paulo V (1606 
y t6ii), Urbano VIII (i632 á 1641), Gregorio XV (1621), Inocencio X 
(1644 y 1648), Alejandro VII (1664), Clemente X (1676), Inocencio XI 
(1687), Clemente XI (1716), Inocencio XIII (1721) y Clemente XII (1732). 

Existen en la colección i3i Breves, que aparecen suscritos por los Pon- 
tífices Eugenio IV, Nicolás V, Inocencio VIII, Julio II, León X, Adria- 
no VI, Clemente VII, Paulo III, Julio III, Paulo IV, Pío IV y V, Grego- 
rio XIII, Sixto V, Clemente VIII, Paulo V, Gregorio XV, Urbano VIII, 
Inocencio X, Alejandro VII, Clemente IX y X, Inocencio XI y XII,. 

3.'' ÉroíTA^TOMn tV 6 



82 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

Clemente XI, Inocencio XIII, Clemente XII, Benedicto XIV, Cle- 
mente XIII y XIV, Pío VI y, por último, hay dos cartas con autógrafo de 
Adriano VI (i522). 

Con sólo la exposición de los nombres incluidos en las anteriores rela- 
ciones se puede juzgar de la importancia del Archivo, por lo que, para no 
hacer interminable este trabajo, suprimiremos la que deberíamos hacer de 
personas que intervinieron en documentos civiles, pues será suficiente 
decir que los hay con autorización y autógrafos de casi todos los persona- 
jes que florecieron en los siglos xv al xix, como podrá observarse exami- 
nando el índice formado. 

Dejo á un lado el describir los privilegios reales , tanto en pergamino 
como en papel, pues, conocida su índole, no es necesario añadir más: son 
casi todos mercedes hechas por los Reyes á los señores de la Casa en 
premio de servicios prestados, en la paz y en la guerra, y que ofrecen in- 
terés, no sólo para la Historia general, por las noticias que aportan, sino 
también para las historias locales, siendo, como son, en su mayor parte, 
mercedes de villas y lugares. Sí me fijaré en los que presentan alguna ilu- 
minación, ya en orlas, ya en portadas, ya en signos. En este caso se hallan 
los citados privilegios rodados, pues llevan el signo iluminado, siendo en- 
tre éstos notable, por llevar primorosa orla iluminada, un privilegio de los 
Reyes Católicos (1484) por el que hicieron merced del traje que llevasen 
puesto el día de la Virgen de Septiembre á los Duques de Arcos, en con- 
memoración de la derrota que sufrieron los árabes al querer entrar en 
Utrera. 

Además de este documento, con miniaturas hay otros 22 entre privile- 
gios, ejecutorias y escrituras de bastante valor artístico (Juan II á Felipe II, 
1437 a 1 585). 

Acerca de la antigüedad diré que hay documentos de los siglos x al xix, 
siendo el más antiguo una escritura de donación del año 943 otorgada por 
el Conde Assur Fernández y su mujer Gontrueda en favor de San Pedro 
de Cárdena, donación que confirmó el Rey Ramiro, y de la que hay dos 
ejemplares en pergamino, conservando uno de ellos sello de cera pen- 
diente. 

Si interesante resulta este archivo por los autógrafos, por las miniatu- 
ras y por la antigüedad de algunos de sus documentos, no lo es menos por 
otro de los caracteres diplomáticos. Me refiero á los sellos, ya pendientes 
de cera ó plomo, ya adheridos de placa, en sus tres divisiones de reales, 



)m 



BREVE NOTiaA DEL ARCHIVO QUE FUE DEL DUQUE DE OSUNA 



83 



eclesiásticos y civiles. Son dignos de especial mención: el de cera que pende 
del documento del año 943 (en muy mal estado) antes descrito, los de 
plomo de Alfonso X el Sabio, Sancho IV, Alfonso XI, Pedro I el Cruel, 
Enrique II, Juan I, Infante Fernando, Enrique III, Juan II, Enrique IV, 
Reyes Católicos, Fernando el Católico, Doña Juana, Carlos I, Felipe II 
y m, Fernando I de Portugal y Alfonso V de Portugal, y especialmente, 
por ser rarísima y única en nuestros Archivos nacionales, una bula áurea 
pendiente del título de Marqués de Terranova, que despachó Felipe III en 
favor del Duque del Infantado (i6ig). Asimismo se conservan las bulas de 
casi todos los Papas indicados con anterioridad. 

Hecha indicación, aunque sumarísima, de los documentos de valor ar- 
tístico y paleográfíco, pasaré á tratar de los asuntos de algunos y á enu- 
merar varios de los muchos que tienen interés histórico. Son interesantes 
los que se refieren á las Ordenes militares españolas, en los que intervie- 
nen los Maestres Pedro Girón, Alonso de Aragón, Garci Fernández, Mar- 
qués de Villena, Gutierre de Sotomayor y otros, de las de Calatrava, San- 
tiago y Alcántara. Igual interés ofrecen los que tratan de la lucha de 
Castilla con Aragón y Navarra en tiempo de Juan II; de la de Enrique IV 
con su hermano Alfonso, proclamado Rey; de la de las germanías y co- 
munidades; de la renuncia de Carlos I en su hijo Felipe II; de la sucesión 
de éste en Portugal; de la expulsión de los moriscos; de las guerras que 
sostuvieron durante los siglos xvi y xvii en Flandes, Italia, Portugal, Ca- 
taluña y con los turcos; de la rebelión de Ñapóles y de la guerra de suce- 
sión entre el Archiduque Carlos y Felipe V. 

Como comprobación de lo dicho me permito hacer á continuación una 
lista de algunos de los documentos que tratan de las materias expuestas: 

Escrituras de trueque de bienes de la Orden de Calatrava (1460 á 1464). 

Informaciones sobre las tropelías cometidas por D. Pedro Girón en el 
campo de Calatrava y en Torrijos (1470, 1471 y 1481). 

Provisiones, poderes y testamento de D. Pedro Girón (1452 á 1466). 

Confirmaciones de privilegios á los vecinos de Morón por la Orden de 
Alcántara (1458). 

Escrituras de, renuncia hechs^ por D. Alonso de Aragón del Maestrazgo 
de Calatrava (i455). 

Escritura de compromiso entre la Orden de Alcántara y Sevilla, sobre 
términos de varias villas (i3o5). 

Testamento del Maestre Garci Fernández (1387). 



♦^ 



84 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS T MUSEOS 

Escritura de venta de varios lugares, otorgada por el Marqués de Vi- 
llena en favor de Alonso Téllez Girón (1465). 

Mercedes reales hechas á D. Alvaro de Luna (1420 á 1426). 

Documentos varios con autógrafos de D. Alvaro de Luna (1434 a 1450). 

Cédula de Juan II, en la que autoriza á D. Alvaro de Luna para que 
anulase las alianzas que hubiese hecho con el Rey de Navarra y los Condes 
I de Haro y de Castro (1439). 

i¡ Cédula de legitimación de una hija de D. Alvaro de Luna (1436). 

I Escritura de fundación del mayorazgo de Luna (1440). 

Testimonio de la protesta de D. Alvaro de Luna á la sentencia que 
dictó la Reina D.* María, mujer de Juan II, sobre los escándalos que su- 
fría el reino (1442). 

Cédula de Juan II para que las villas tomadas por el Infante D. Enri* 
que y cedidas al Condestable tuvieran á éste por señor de ellas (1442). 

Testamento de D. Alvaro de Luna (1445). 

Alianza entre D. Alvaro y el Conde de Plasencia (1446). 

Tres cédulas de la Reina María para que D. Juan Luna pudiese visitar 
á su padre D. Alvaro en la prisión (1442). 

Poder de D. Alvaro á Antezano para que presentase al Conde Bena- 
vente las cédulas que autorizaban á su hijo le visitase en la prisión (1442). 

Traslado autorizado en 1453 de la carta que escribió Juan II á las ciu- 
dades del reino cuando prendió é hizo justicia de D. Alvaro (1453). 

Proceso original contra D.* Juana Pimentel (mujer del Condestable 
D. Alvaro), D. Juan de Luna y D.* María de Luna, sobre propiedad de 
Magaña, en el que hay noticias interesantísimas para la historia de D. Al- 
varo (XV). 

Mercedes que Juan II hizo á Iñigo López de Mendoza y á Juan de 
Luna, por haber peleado contra Juan I de Navarra en la batalla de Olmeda 
(1445). 

Cédula de Alfonso V de Portugal, para que el Conde de Bena vente pu- 
diese volver al reino, de donde fué echado por malos juicios que se for- 
maron (1449). 

Cédulas de perdón, concedido por Juan II y el Príncipe Enrique á Juan 
de Luna (1453). 

Merced de varias villas hecha por Juan II á Juan de Luna y á su ma- 
dre Juana Pimentel, con la condición de que le entregasen los tesoros que 
tenía el Condestable en Escalona (14^3). 



BREVE NOTICIA DEL ARCHIVO QUE FUÉ DEL DUQUE DE OSUNA H5 

Salvo-conducto firmado por el Marqués de Villena en favor de Juan 
de Luna, D.* Juana Pimentel y sus partidarios, que se mantuvieron en re- 
belión contra el Monarca en el castillo de Montalbán (1462). 

Traslado de 1438 de una cédula de Enrique II, por la que concedió U- 
cencia áD. Alfón, hijo del Infante D. Pedro de Aragón, para que pudiese 
vender á D. Gómez García de Albornoz los lugares de Alcocer, Salmerón 
y Valdeolivas, y con su precio pagar el rescate de aquél , que fué preso en 
la batalla de Nájera (iSyi). 

Cédula de Juan I, por la que perdonó á los que tomaron parte en los 
motines de Valencia (iSSg). 

Testimonio de 1407 del testamento de Enrique III (1406). 

Testimonios originales del juramento de fidelidad prestado por U 
Reina Catalina y el Infante D. Fernando, y de los requerimientos sobre 
ejecución de la precedente última voluntad (1407). 

Cédula de Juan II, por la que volvió su amistad al Conde de Bena> eme 
en atención á que éste dejó de favorecer al de Navarra (1445). 

Treguas que ajustó, en nombre de Juan II, Iñigo López de Mendoza 
con Mohamet de Granada (1439). 

Cédulas de Juan H sobre servicio de maravedís para los gastos de la 
guerra con Navarra (1447). 

Requerimiento para pago de la gente que fuera á levantar el cerco de 
Logroño (1447.) 

Cédula de Juan II en la que da cuenta de la sublevación de Toledo, á 
cuyo frente estaba Pedro Sarmiento, quien, como todos los que tomaron 
parte en ella, fueron excomulgados (1450). 

' Sentencia pronunciada por el Marqués de Santillana y por el Con- 
de de Plasencia, autorizados para resolver los negocios de la gue- 
rra, con el objeto de que se suspendieran las hostilidades en todo el 
reino, desde la fecha de la sentencia hasta Febrero del siguiente año 
<i465). 

Confederaciones de los nobles para respetar la anterior sentencia, en 
una délas cuales hay autógrafo de D. Beltrán de la Cueva (1465 y 1456). 
Hay además otras, hechas con distintos motivos, en las que figuran los 
personajes más importantes de los siglos xv y xvi, como podrá observarse 
en las que celebraron: la Reina María de Castilla, mujer de Juan 11, 
Juan I de Navarra y el Conde de Benavente para servir al Rey (1440 1; 
Enrique IV con D. Pedro Girón (1457), y el Cardenal de España, el Con- 



% 



86 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

destable, el Almirante de Castilla y el Conde de Benavente para seguir y 
tener por Reina á D.* Isabel (1474). 

Cédulas y cartas de Alfonso, hermano de Enrique IV, muchas de ellas 
haciendo mercedes á los señores de la Casa, para atraérselos á su par- 
p: tido (1465 á 1467). 

Documentos suscritos por el Maestre de Alcántara Gómez Solís, que 
se refieren á la toma de Coria y que rectifican la fecha dada por algunos 
autores (1467). 

j Cédulas de los Reyes Católicos despojando de bienes al Conde de Pla- 

^' sencia por haber favorecido al de Portugal con motivo de la sucesión á 

Enrique IV (1476). 

Condonación hecha por el Obispo de Segovia, en favor del Conde de 
Drena y demás herederos del Maestre D, Pedro Girón, del trigo de que 
se apoderó cuando la lucha entre Enrique IV y Alfonso (1480). 

Testamento de Pedro Pimentel, señor de Tábara, con motivo de ir á 
la guerra contra los moros y en socorro de Alhama (1482). 
>¿¿ Copia simple, del siglo xvi, de la concordia entre los Reyes Católicos 

y el de Granada sobre entrega de este Reino (1491). 

Fundación* de la Colegial de Santos Justo y Pastor de Alcalá, con 
autógrafos de los Cardenales González de Mendoza y Jiménez de Cisne-^ 
ros (1498). 

Declaración del Duque del Infantado, en la que dio por nula la escri- 
tura de obligación y compromiso de servir al Rey Católico, en perjuicio 
de Ja sucesión del Príncipe Carlos y de su madre Doña Juana (i5o7). 

Pleito homenaje que prestó el Conde de Belalcázar al Príncipe Carlos, 
en el que están insertas las capitulaciones entre D. Fernando y el Prín- 
cipe (i 5 17). 

Carta de Carlos I al Marqués de Denia dándole instrucciones para el 
caso en que la Reina D.* Juana tuviera que salir de Tordesillas, por el 
estado sanitario de dicha villa, y le dice que si quisiera llevar el cadáver 
de su marido Felipe I, saquen únicamente el féretro (i5i8). 

Autos originales y otros papeles que tratan de la lucha de las Comuni- 
dades y ger manías (i520 á i522). 

Carta de Carlos I al Duque del Infantado, en la que le participa la vic- 
toria obtenida en Italia contra los franceses (i523). 

Papeles referentes al casamiento de San Francisco de Borja, entre los 
que hay algunos con su autógrafo (i534). 



ÍV 




BREVE NOTICIA DEL ARCHIVO QUE FUÉ DEL DUQUE DE OSUNA 87 

Instruciones dadas por Carlos I al Marqués de Lombay (San Fran- S 

cisco) para el Gobierno de Cataluña (iSSg). ^ I 

Testamento y codicilos de San Francisco de Borja, con autógrafos de *; 

éste (1547 y i55o). [ 

Cartas de Carlos I y de Felipe II dando cuenta déla renuncia de la Co- 'í^ 

roña que éste hizo en aquél (i537). 

Relación de lo sucedido después que se tomó San Quintín hasta el 8 de 
Octubre (manuscrita, 2 hs., foL, i557). 

Peticiones y otros papeles que se refieren á la pretensión que tuvo ¿ 

Toledo de que no constasen en ejecutoria ciertos particulares en los que ' 

aparecían los delitos que cometió dicha ciudad contra su Rey y otras per- ^ 

senas (i 568). 

Papeles que se refieren á la guerra de los moriscos de Granada y Serra- "¡ 

nía de Ronda, sobre cuyos particulares tratan varias cédulas y cartas de 
Felipe II, entre ellas una dirigida á Ruy Gómez de Silva, en la que le dice J 

marcha á Córdoba para dar órdenes con el objeto de obtener la pacifica- }. 

ción de aquéllos, asunto que tenía encomendado á D. Juan de Austria. '^ 

Acerca del mismo asunto hay i5 cartas del Cardenal Sigüenza (iSóq \ 

á 1572). . 5 

Ocho cartas del Duque de Osuna D. Pedro Girón, Embajador extraor- • 

dinario en Portugal, dirigidas á Felipe II, cifradas en gran parte y con no- ^ 

tas marginales é instrucciones autógrafas de éste, acerca de su sucesión en t| 

dicho Reino (1579 y i58o). •' 

Testamento del Duque de Osuna D. Pedro Girón (iSgo). ■ 

Autógrafos del Duque de Osuna D. Pedro Girón, en títulos y provi- 
siones (1600 á 1609). : 

Testimonios de informaciones y de otros documentos, por los que se 
pueden obtener noticias de las guerras con Inglaterra y Portugal (1602 
á i6o5). 

Capitulaciones para la paz entre Inglaterra y España, publicadas 
en 1661 (1604 y i63o). 

Carta é instrucciones de Felipe III al Duque de Béjar sobre la expul- 
sión de los moriscos (1609). 

Papeles referentes á los servicios prestados á los Reyes por los Duques 
de Béjar en las invasiones de los portugueses (1616). 

Relación del proceso instruido por tumulto en Cerdeña siendo Virrey 
el Duque de Osuna (manuscrito incompleto, 2 vols., 4.®, 1619). 



1 



^8 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

Advertencias importantes acerca del buen gobierno y administración 
<de las Indias, así en lo espiritual como en lo temporal (1621). 

Mil ciento cincuenta y ocho cartas de Felipe IV, la mayor parte cifra- 
das, y casi todas dirigidas á sus Embajadores, Duque de Pastrana y del 
infantado, Conde de Siruela, Cardenal Albornoz, Conde de Oñate y An- 
tonio Briceño Ronquillo, sobre los sucesos políticos de la época (1622 
-á 1657). 

Relación de lo sucedido en Nueva España desde 16 de Marzo, en que 
salió la flota para España, hasta el mes de Enero de i63i (1629 y i63i, 
manuscrita). 

Cartas y despachos de Felipe IV y del Duque de Béjar sobre alista- 
miento de soldados y otros pormenores, con motivo del acompañamiento 
que debía llevar á Flandes el Cardenal Infante (i633 y 1634). 

Carta de Felipe IV al Rey de Francia sobre la paz entre grisones y val- 
tolinos (1634). 

Títulos originales, instrucciones y papeles tocantes al virreinato de Ña- 
póles concedidos por Felipe IV al Duque de Arco entre los que se hallan 
los de la sublevación de Masaniello (1645 á 1667). 

Cartas que se refieren á la guerra de Hungría con los turcos, y espe- 
cialmente al asalto de Buda, donde murió el Duque de Béjar D. Manuel 
deZúñiga(i68i á 1687). 

Cartas varias que tratan de la guerra de sucesión (1701 á 1711). 

Relación de las victorias obtenidas contra los turcos (manuscrita, 
«755). . 

Observaciones políticas sobre el estado presente de los negocios gene- 
rales de Europa (manuscrito, 1757 á 1760). 

Cincuenta y tres volúmenes encuadernados en pergamino que contie- 
nen diferentes impresos, algunos muy curiosos (xvii y xviii). 

Colección de cédulas, pragmáticas y otros papeles impresos, entre los 
que pueden seleccionarse varios de bastante interés (1718 á i8o5). 

No cansaré la atención del lector especificando la serie de protocolos, 
autos de asuntos civiles y criminales, cuya jurisdicción competía á los Du- 
ques del Infantado; escrituras en pergamino de los siglos xiv y xv; parti- 
das de nacimiento y defunción; capitulaciones matrimoniales y testamen- 
tos; otro de los núcleos de este Archivo y verdadero arsenal de noticias 
genealógicas, existiendo sobre la materia manuscritos originales de Pelli- 

f cer, Salazar, Ramos, Gutiérrez Coronel y Ascargorta. 

?- 

I 
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BREVE NOTICIA DEL ARCHIVO QUE FUÉ DEL uUQUE DE OSUNA 89 

Dada esta incompletísima relación de varios de los asuntos y documen- 
tos que forman el Archivo de Osuna, no dejaré de hacerlo de una de 
las partes más interesantes de que se compone. Tal es, en nuestro sentir, 
la correspondencia que sostuvieron los Duques durante los siglos xv al xix, 
de la que, entre otras, pueden citarse las siguientes cartas y minutas: 

Veinticinco cartas y minutas del Almirante de Aragón D. Francisco 
de Mendoza, dando cuenta de las tomas de Calais y de Ardres, de los ser- 
vicios que prestó á la Monarquía y de los negocios de Flandes (iSgGá 
1 61 7). 

Tres cartas informes del Duque de Francavila sobre cuestiones de Ha- 
cienda tratadas en Consejo (1614). 

Cuarenta y un papeles manuscritos que se .refieren á los asuntos del 
Montferrato. Son minutas y copias de pareceres y otros documentos que 
suscribieron el Marqués de la Hinojosa, Felipe III, Duque de Mantua, 
Conde de Benavente, Marqués Juan Gonzaga, Duque de Feria, Juan Vi- 
vas, Duque del Infantado, Inquisidor general, Marqués de la Laguna, 
Agustín Megía, Príncipe Filiberto, Marqués de Bedmar y el Embajador 
Mangiano (i6i5 á 1620). 

Once papeles manuscritos referentes á la guerra y negocios de la Val- 
telina. Son minutas y copias de documentos que suscribieron el Consejo 
de Estado, el Secretario de la Embajada, la Infanta Isabel, el Nuncio de 
Su Santidad y Baltasar Zúñiga (1621 y 1622). 

Consulta sobre lo que el Emperador y el Conde de Oñate han escrito 
acerca de las cosas del Estado de Pomblín (copia de la época, 162 1). 

Carta del Conde de Franquemburg sobre envío de un regalo del Em- 
perador al Rey de España (162 1). 

Carta del Conde de Oñate al Rey sobre lo de la Valtelina. En ella ha- 
bla de la enfeudación de dicho valle, juntándolo con el Tirol ó con Milán 
(Vicna, 1 62 i). 

Nueve papeles manuscritos que se refieren á la guerra de Saboya con 
Genova; hay relaciones, minutas y copias de cartas. Tres están firmadas 
por Eugenio de Chaves y por José Lanza (i625). 

Carta del Duque de Arischot, Príncipe de Aremberg, con noticias de 
la salida de los franceses de Lérida y de la rendición de los catalanes 
(1644). 

Cincuenta y seis cartas y minutas del Cardenal Albornoz, Embajador 
en Roma, á Felipe IV, Conde de Oñate y Marqués de los Balbases, sobre 



gO REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

los sucesos de la época, con particularidad de la rebelión de Ñapóles, Ca- 
taluña y Portugal (1645 á 1648). 

Cuatro cartas de los Príncipes de Esquiladle, de carácter particular 
(1645 á 1702). 

Carta del Duque de Tursis, Carlos Doria Carretto, en la que dice que 
Francia envía tropas á Cataluña, y que por Italia parece que no cargan 
(1645). 

Treinta y cuatro papeles manuscritos relacionados con la paz de Muns- 
ter. Son copias enviadas al Conde de Oñate, y entre ellas están las de las 
proposiciones y respuestas entre franceses, imperiales y españoles; las del 
Tratado de neutralidad entre Francia, Suecia y el Duque de Baviera; la 
del modelo del Tratado de paz entre España y Francia y la de otros pape- 
les interesantes para este período histórico (1646 y 1647). 

Maniñesto del Duque deBraganza (manuscrito, 14 hoj. fol., italiano, 1647). 

Sesenta y cuatro cartas del Conde de Oñate, algunas cifradas, dirigidas 
al Cardenal Albornoz sobre sucesos de Ñapóles, Milán, guerra con Fran- 
cia y asuntos pendientes con Su Santidad (1648). 

Dos cartas cifradas del Conde de Oñate al Cardenal Albornoz sobre 
los sucesos de la revolución de Ñapóles. Tratan especialmente de las des- 
avenencias entre el Duque de Guisa, Jenaro Anesso y Vicente Andrea, y 
de lo pactado entre éstos y D. Juan de Austria, de cuyos capítulos envía 
copia, así de las proposiciones como de la contestación que dio el de Aus- 
tria (1648). 

Ocho cartas del Marqués de los Ralbases al Cardenal Albornoz y al 
Duque del Infantado. En alguna habla de la situación de los franceses en 
Cremona, y de que en París se iban enconando las diferencias que había 
(1648 á i65o). 

Doce cartas del Consejero Brun al Cardenal Albornoz y al Duque del 
Infantado. Les participa lo que hizo en favor de la paz, á pesar de la ruda 
oposición del Príncipe de Orange, el conñicto en que se vieron los Países 
Bajos por culpa de las tropas de Lorena y las contiendas entre Francia y 
España (1649 y i65i). 

Sesenta y seis cartas y minutas del Duque del Infantado al Conde de 
Peñaranda, al Consejero Brun, á Navarro Burena, al Marqués de los Bal- 
bases y á Alonso de Cárdenas, sobre sucesos de la época. Hay varios^ pa~ 
peles de las Secretarías de la Embajada de Roma y del Virreino de Sicilia, 
cargos que ocupó el mencionado Duque (1649 á 1654). 




BREVE NOTICIA DEL ARCHIVO QUE FUÉ DEL DUQUE DE OSUNA QJ 

Diez y siete cartas del Conde de Peñaranda al Cardenal Albornoz y al 
Duque del Infantado. En ellas trata de la intervención del Embajador de 
Venecia en París, Contarini, hechura del Cardenal Mazarino, en los asun- 
tos de la paz, de la guerra de Cataluña, délas contiendas en Flandes y del 
atentado de que fué objeto el Príncipe de Conde (1649 y i65o). 

Papel manuscrito, sin autorizar, que trata del modo de intentar la em- 
presa de Monaco para su ocupación (i65o). 

Cuarenta y cuatro cartas del Conde de Oropesa: en alguna habla de 
los temores que tenían de que fuese atacada Tarragona (i65o á lyoS). 

Carta autógrafa del Conde del Mazarino al Comendador Jerónimo 
Branciforti, sobre asuntos particulares (i65o). 

Ocho cartas del Marqués de Carretto y de Grana al Duque del Inían- 
tado, sobre provisión de vacantes del Gobierno de Italia y sucesión de Ca- 
pelo (i 65o). 

Dos cartas cifradas del Marqués de la Fuente al Duque del Infamado, 
sobre provisión de capelos y otros asuntos políticos- (i 65o). 

Carta en parte cifrada de Melchor Centelles de Borja al Duque det In- 
fantado, que trata del uso de nueva cifra, de lo sucedido con los portu- 
gueses en Roma y de lo pactado sobre entrega de Portolongon (i65o). 

Dos cartas del Duque de Alburquerque al del Infantado, en las que le 
recomienda al Condestable y al Cardenal Colona, y da cuenta de las vic- 
torias obtenidas en Villafranca de Panadés y Momblanch contra los Ge- 
nerales franceses Marsi, Marqués de la Fara, Lone y otros (i65o). ^ 

Treinta y ocho cartas de Alonso de Cárdenas, Embajador en Londres, 
en su mayor parte cifradas y dirigidas al Duque del Infantado, dándole 
cuenta de sucesos de la época, refiriéndose especialmente á Inglaterra ( u>5o i, 

á i653). 

Carta cifrada del Marqués de Caracena á Antonio Ronquillo, sobre 
organización de la caballería que debió ir á Milán (Milán, i65i). 

Carta del Marqués de Altamira excusándose de contribuir al empréstito A 

que pidió D. Juan de Austria para su salida de Palermo (Palermo, i65 m. 

Diez y seis cartas cifradas de Agustín Navarro Burena al Duque del 
Infantado, sobre asuntos históricos é interesantes, que se refieren á nues- 
tras contiendas con Francia en Flandes (Bruselas, i65i). 

Seis cartas del Archiduque Leopoldo Luis, una á Su Santidad y las J 

demás al Duque del Infantado, sobre provisiones del Canonicato de C;im- 
bray y de otras iglesias de Flandes (Bruselas, i65i). 



92 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

Veintitrés cartas, muchas cifradas, de Luis Méndez de Haro, dirigidas 
al Duque del Infantado, dándole cuenta de los sucesos políticos de la 
época, y especialmente del estado de cosas en Cataluña (Madrid, i652 y 
2653). 

Nueve cartas autógrafas del Conde de Lemos al Duque de Gandía» En 
alguna da noticias de la Corte (i652 y 1664). 

Trece cartas del Conde de Oñate y de Villamediana al Duque del In- 
fantado, que tratan: de la guerra de Cataluña, de las paces entre Su San- 
tidad y el Cardenal Barberino, de lo sucedido en Trápana entre dos baje- 
les, uno inglés y otro holandés, del nombramiento del Conde de Castillo 
para Ñapóles y de otros sucesos de la época (Ñapóles, i653). 

Tres cartas de Pedro González de Mendoza al Duque del Infantado. 
En una refiere la visita que hizo al Rey de Francia, que éste renunciaba 
á proseguir la guerra, que había ajustado paces con Inglaterra, y da algu- 
nas otras noticias, á cual más interesantes, respecto á las guerras que ha- 
bía por entonces y á las cosas de la Corte (Madrid y Angulema, 1654). 

Carta de Diego Gómez de Sandobal al Duque del Infantado, sobre 
nombramiento de procuradores á Cortes por Guadalajara. Dice que los 
ingleses trataban de molestarnos en Indias y que estaba sitiada Oran (Ma- 
drid, i655). 

Tres cartas de Pedro Enríquez de Mendoza. En ellas habla de la pér- 
dida de los galeones que con tesoros venían de Nueva España, apresados 
por los ingleses; da la noticia de que Cronwel se coronará Rey de Inglate- 
rra, y hace ver la conveniencia de la guerra con Argel (Sevilla, i656). 

Carta del Duque de Osuna al del Infantado, en la que le dice se alegra 
de su llegada á España, y habla de la conducta que seguían los franceses 
en el asunto de la paz universal (Palermo, i656). 

Dos cartas del Conde de Molina al Duque de Pastrana con noticias de 
la jornada regia, y la de que, según las cartas de Flandes, el Rey de In- 
glaterra socorrería á Portugal con 2.000 caballos y 4.000 infantes (1662). 

Carta de José Taleno al Duque de Gandía, enterándole de las intrigas 
y maquinaciones puestas en juego en pro y en contra de D. Francisco de 
Borja para la provisión de una canongía. Cita á varios Cardenales, y en 
una nota final habla de las guerras de Francia con Módena, y de Alema- 
nia y Hungría con Turquía (Roma, i663). 

Treinta y tres cartas del Marqués de Astorga, sobre asuntos de la Corte 
<i665á 1668). 



■^^W} 



BREVE NOTICIA DEL ARCHIVO QUE FUE DEL DUQUE DE OSUNA g3 

Carta de Joaquín Cabeza y Salas á Luis Jerónimo Monroig. Da las no- 
ticias siguientes; toma de Tournay en Flandes por los franceses, con la 
cual eran siete las plazas de que nos habían desposeído; detei^ión del 
Embajador francés para ajustar las paces, bajo condición de conservar 
aquellas plazas; intervención de Su Santidad, quien escribió al Rey ame- 
nazándole con su enemiga si no ajustaba las paces con España, y que se 
estaban ajustando éstas con Portugal (1667). 

Treinta y cinco cartas del Marqués de Leganés. En algunas da noti- 
cias de interés, como la de la victoria que obtuvo la Armada holandesa 
contra la inglesa y francesa (1667 á 1704). 

Cincuenta y ocho cartas del Marqués de Leganés con noticias de la 
guerra de Cataluña y algunas de la de Flandes (1673 á 1675). 

Treinta y cuatro cartas de Rodrigo Fernández Zorrilla al Duque de- 
Gandía. Hay noticias curiosas sobre la Corte, muerte del Rey de Inglate- 
rra, toma de Buda, movimiento de la Escuadra, jura del hijo del Empe- 
dor, como Rey de Hungría, muerte repentina de la Reina, etc. (1669 á 1690). 

Ciento cincuenta y siete cartas del Marqués de Camarasa, con noticias 
de la época (1674 á 1702). 

Diez y seis cartas del Príncipe de Cariati, Duque de Castrobinle, al de 
Gandía, sobre asuntos particulares (1676 á 1703). 

Doscientas noventa y una cartas del Marqués de Villafranca, en las que 
habla de asuntos particulares y de sucesos de la Corte (1676 á 1705). 

Treinta y ocho cartas del Conde de la Corzana, en las que habla del 
abandono en que está Gibraltar y de la guerra del Rosellón (1676 á 1702). 

Carta de Alonso de ¡garza con las noticias de la toma del castillo de 
Eliu, del bloqueo de Amberes por los franceses y de la imposibilidad en 
que se hallaba el de Monterrey de prestar ayuda á Puigcerdá por estar á la 
vista de Barcelona la flota francesa (1678). 

Siete cartas del Conde de Priego. En una dice que había llegado el 
Conde de Montijo con la noticia de estar firmada en el Congreso de Utrech 
la paz con Inglaterra y Saboya, y que no se había hecho demostración pú- 
blica por esperarse al de Pinto con el aviso de haberse firmado también 
las paces con holandeses y portugueses (1678 á 1723). 

Ochenta y dos cartas del Conde de Cifuentes. Se ofrece en una como 
Gobernador de Oran, y en las restantes da alguna noticia (1680 á 1688). 

Carta del Duque Conde de Aramayona, Príncipe de Esquilache, en la- 
que participa el proyectado casamiento de su hijo Francisco (1681). 



94 , REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS H MUSEOS 

Dos cartas de Félix Pardo de la Casta sobre el movimiento de tropas 
en el Piamonte y en el Delfinado, y situación del Duque de Mantua en 
Venecia, para cuyo generalato fué nombrado el Príncipe de Parma (1681 
y 1682). 

Treinta y seis cartas del Conde de Aguilar sobre sucesos de la época 
(1681 á 1689). 

Treinta cartas del Marqués de Castel Rodrigo con noticias interesan- 
tes (1681 á 1702). 

Diez y nueve cartas del Marqués de Grana con noticias de nuestras 
guerras en Flandes (1682 á i685). 

Ochenta cartas de los Marqueses de Albaida. Casi todas son sobre 
^ - asuntos particulares, dando cuenta en algunas del sitio de Campredón y de 

las victorias obtenidas contra los turcos (1682 á 1725). 

Doscientas treinta y dos cartas de los Condes de Fernán Nilñez. En 
varias dan noticias de nuestra Armada y de la inglesa y francesa (i683 
á 1789). 

Ocho cartas de Carlos Enrique de Lorena sobre asuntos particulares. 
(i683á 1702). 

Copias y borradores de informes, votos y cartas sobre la situación y 
conservación de Flandes. Casi todos se refieren á la pretensión del Rey de 
Inglaterra para que se concediese el Gobierno de Flandes al Duque de 
Baviera. Entre estos documentos están el voto del Duque del infantado y 
cartas sobre el estado de cosas en Flandes, suscritas por Francisco Scho- 
nemberg y Nicolás Scorcia (i683 á 1691). 

Tres cartas de Alonso de Ulloa y Rivadeneira al Duque de Béjar sobre 
el recibimiento que les hizo el Emperador, pruebas de cañones de su in- 
vención y sitio de Nahais, plaza que tenían los turcos (Viena, 1684 y i685). 

Siete cartas del Duque de Híjar con noticias de la Corte, protesta de la 
conducta de Francia, que toleraban por conservar la tregua; muerte del 
Duque de Béjar, y heridas del Marqués de Valero en el asalto de Buda 
{1684 a 1688). 

Ciento veintiocho cartas de Felipe de la Guerra al Duque del Infantado 
y al de Béjar. Son interesantísimas por las relaciones que tienen de sucesos 
históricos de la época, casi todos referentes á Inglaterra (Londres, 1684 
á 1697). 

Diarios de lo sucedido en Inglaterra, especialmente en lo que se refiere 
á las contiendas entre el partido catóHco y el protestante, y levantamiento 



p: 



BREVE NOTICIA DEL ARCHIVO QUE FUÉ ÜEL DUQUE DE OSUNA 93 

del Duque de Monmouth y del Conde de Argüe. Manuscritos de Felipe 
de la Guerra (Londres, 28 de Mayo á 12 de Julio de i685). 

Tres cartas de Pedro Ronquillo al Duque de Béjar, en las que dice que 
se coronó Rey de Inglaterra el Príncipe Guillermo de Orange, que es per- 
seguido el Duque de Monmouth, que la rebelión está sofocada y que el 
Conde de Argile fué preso y sentenciado. También da otras noticias de las 
rebeliones ocurridas en Inglaterra con motivo del despojo de la Corona 
de que fué objeto el Rey Jacobo por el Príncipe de Orange (Londres, 168S), 

Doce cartas de Luis Zúñiga y de la Cerda al Duque de Béjar. Incíden- 
talmente habla de la prisión de Thekely y de otros sucesos de la guerra 
contra los turcos en Hungría (i685 y 1686). 

Veintitrés cartas de Nicolás Oliver y Fullana al Duque de Béjar, en las 
que le participa los sucesos más interesantes ocurridos en Flandes, Ingla- 
terra, Alemania y Francia (i685 y 1686). 

Doce cartas del Duque de Veragua sobre fortificación de Oran y que 
conoce el destierro de Medinaceli (i685 á 1701). 

Ciento treinta y tres cartas del Marqués de Bedmar. Interesantísimas, por 
tratar en ellas de política general europea (Bruselas, Londres, i685 á ijo3). 

Cincuenta y ocho cartas de Gaspar del Vaus. En ellas habla de la huida 
del Rey de Inglaterra, Jacobo, y de otros sucesos relacionados con este ¡ 

particular y con las guerras en Flandes y en Hungría (i685 á 1693). 

Cincuenta y seis cartas de Lorenzo del Mármol que tratan principal- 
mente de muchas campañas en Flandes (i685 á iGgS). 

Cincuenta y seis cartas de Juan Francisco Manrique y Arana con noti- 
cias como las siguientes: prisión de Tecly por los turcos; lucha entre el 
Rey Jacobo, destronado por el Príncipe de Orange; toma de Namur; b¿ua- 
11a de Escarbec, dirigida por el Rey Guillermo, y otros sucesos tan inte- 
resantes como los indicados (i685 á 1693). 

Veinte cartas de Juan B. D'Huby al Duque de Béjar sobre la guerra 
de Flandes (Amberes y Malinas, i685 y 1686). 

Veinticuatro cartas de Antonio de Lima, en las que da noticias histó- 
ricas (1686 á 1697). 

Diez y ocho cartas del Príncipe de Ligne con las noticias de la prisión 
del Conde de Argile, de la derrota de Monmouth y de la toma de Neu- 
heusel (i685, 1686 y 1692). 

Nueve cartas de Carlos Enrique de Lorena sobre la muerte del Mar- 
qués de Grana y otros sucesos particulares (i685 á 1693). 

- i 



96 REVISTA DE ARHIVOS, BiBLIOTEAS Y MUSEOS 

Cinco cartas de Esteban de Negry, en las que habla del sitio y toma 
de Neuheusel, de la derrota del Duque de Monmouth, de la ejecución del 
Conde de Argüe, del sitio de Esperies y de la prisión de Teckeiy (i685). 

Seis cartas del Conde de Clairmont sobre el estado de los asuntos en 
Flandes(i685). 

Arenga de Jacobo II en el Parlamento inglés. Una hoja manuscrita sin 
autorizar y traducida al castellano. Dos ejemplares (Londres, 29 de Mayo 
de i685). 

Declaración prestada por el Conde de Argile (Una hoja manuscrita, 
sin autorizar y traducida al castellano. Dos ejemplares. Edimburgo, i685), 
t . Ochenta cartas de Valero Fernández Heredia, Rodrigo Gómez, Barón 

Ir de Preu, Antonio de la Peña y Zúñiga, Duque de Arischot, Marqués del 

r Pico de Velasco, Dionisio Ros y Carlos Ridolfi, acerca de nuestras luchas 

en Flandes, de la guerra contra los turcos en Hungría y de la revolución 
de Inglaterra (i685 y 1686). 

Veintinueve cartas del Conde de Guara, en las que habla del sitio de 
Orán(i685á 1688). 

Cincuenta y siete cartas del Marqués de Gastañaga, Gobernador de 
Flandes, con noticias acerca de este país (i685 á 1692). 

Treinta y tres cartas de Fernando Arias de Saavedra sobre la situa- 
ción de Flandes, guerra con los turcos y sitio de Oran (i685 á 1690). 

«Traducción de un papel que salió impreso en inglés en 10 de Marza 
de 1686, tocante á la que pasó en la enfermedad y muerte de Carlos II de 

Inglaterra, el cual, aunque impreso, no se vendía públicamente , y los 

nombres propios de los sacerdotes y señores, no se expresan en inglés 
más que con las primeras letras, pero por ser tan conocidos se ponen aquí 
por lo claro » (Manuscrito dos hojas, fol., 1686). 

Doscientas treinta y seis cartas del Duque de Fernandina sobre asuntos 
particulares (1686 á 1728). 

Cincuenta y siete cartas del Marqués de Bourgomaine acerca de la gue- 
rra con los turcos, y de la invasión del Delfinado por los ingleses (Viena^ 
1686 á 1693). 

Ciento cincuenta y cuatro cartas del Conde de Galve, Virrey de Méji- 
co, sobre el Gobierno de este Virreino. Son interesantísimas por las noti- 
cias que dan y por las copias que hay de consultas, instrucciones para la 
Armada, sucesos de China y Filipinas y antecedentes del tumulto de los 
indios por la prohibición de la bebida pulche (1688 á 1694). 




BREVE NOTICIA DEL AHCHIVO QUE FUE DEL DUQUE DE OSUNA 9/ 

Ocho relaciones de sucesos de la Revolución de Inglaterra. Remitidas 
por Felipe de la Guerra (Londres, 1689 y 1690. Manuscritos). 

Diez y nueve cartas del Conde de Aguilar con noticias acerca de la 
creciente influencia del Príncipe de Orange y su declaración en favor de 
los católicos, de la guerra entre holandeses y franceses, de la antipatía que 
existía entre éstos y los ingleses y del sitio de Larache (1689 Y '^0* 

Cuatro cartas del Príncipe Conde de Mansfeld sobre asuntos particula- 
res (1690 a 1693). 

Cincuenta y dos cartas del Duque de Holstein acerca de las campañas 
en Flandes (1690 á 1693). 

Veintinueve cartas del Conde de Egmont con noticias interesantes de 
la guerra ele Flandes (1691 á 1693). 

Carta de Carlos de Sigüenza y Góngora, Cosmógrafo y Catedrático de 
Matemáticas en la Academia Mejicana, escrita á Antonio Pez, y en la que 
le da noticia de lo sucedido en Méjico la noche del 28 de Junio de 1692 (es 
una copia sin autorizar. Manuscrito, 46 hojas). 

Carta del Duque de Neoburg al del Infantado sobre asunto particular 
(1692). 

Nueve cartas del Duque de Baviera sobre las campañas de Flandes 
(1692 y 1693). 

Cinco cartas del Marqués de Canales, Embajador en Londres, con no- 
ticias de las derrotas experimentadas por las tropas aliadas en Holanda 
(Londres, 1692 y 1693). 

Tres cartas del Vizconde de Vooght, en las que dice que el Rey de In- 
glaterra influye con el Parlamento para que se declare la guerra á Francia, 
y que el Emperador pretende el Estado de Milán como feudo del Imperio- 
(Bruselas, 1699 y 1701). 

Doscientas noventa cartas sobre la mayor parte de los asuntos histó- 
ricos comprendidos en los años 1686 á 1700, y especialmente de las cam- 
pañas de Flandes y Cataluña, guerra en Hungría contra los turcos, y en 
nuestras posesiones de África con los moros. Están suscritas por los si- 
guientes individuos: José Francisco Marín, Marqueses de Valero, Marqués 
de Albaida, Marqués de Alconcher, Conde de Santisteban, Conde de 
Tserclaes y Tilly, Conde del Cassal, Juan Martínez de Larraga, Andrés 
Juan Clareti, Miguel Gisbert, Conde de las Torres, Domingo Piñatelo, 
Ignacio de Contreras, Juan Martín Ibáñez, Rodrigo de Gal vez y Carrillo,- 
Diego de Cobarrubias, Francisco del Castillo Fajardo, Alonso Pérez de 

3.* ÉPOCA.— TOMO XV. 7 



98 REVISTA DE ilRCHIVOS, BIBLIOTEAS Y MUSEOS 

Espinosa, Duque de Havre, Juan B. Heubens, Martín Leonardo Voeller, 
Juan de Mendoza, Francisco Antonio Navarro, Príncipe de Berghs, Barón 
de Belmonte, Marqués de CogoUudo, Francisco Bernaldo de Quirós, Du- 
que de Tursis, Conde de Valdeláguila, Marqués de Villanueva, Femando 
González Valdés, Luis del Hoyo y Moeda, Antonio Pontón, P. Juan An- 
tonio Molina, Gonzalo Caballero Villamediana, Domingo Canal, Alonso 
Marín de Páramo, Francisco de Plaza, Diego de Peredo, Mateo Delaya, 
Francisco Pascale, Conde de Lemos, Marqués de Villadarias, Marqués de 
Taracena y otros muchos que, como la casi totalidad de los citados, inter- 
vinieron personalmente en los sucesos que relatan, cualidad que hace sea 
de inestimable valor la correspondencia que hemos mencionado pertene- 
ciente al siglo xvu. 

Ochenta y siete relaciones manuscritas acerca de los sucesos más^ cul- 
minantes de los siglos XVII y xviii. Entre ellas hay algunos que se refieren 
á la derrota de los rebeldes ingleses capitaneados por Monmouth, al sitio 
de Buda y al de Namur (i685, 1686, 1887 y 1692). Y 

Cincuenta relaciones impresas, descriptivas de asuntos históricos acae- 
cidos en el siglo xvii. La más antigua es de 1610. 

No desmerecen de las anteriores cartas las de los siglos xviii y xix, 
siendo, por el contrario, muy apreciables, no sólo por las personas que las 
firman, sino también por los asuntos sobre que versan. Hay correspon- 
dencia suscrita por el Conde de Abarca (1701), Conde de Aranda (1773 
á 1792), Duque de Aveyro (i733 y 1734), José Nicolás de Azara (1789 y 
1790), Príncipe de Barbanzón (1701 á I7i3), Marqués de Bay (1707 a 1714), 
Carlos Coloma (1701 á 1701), Francisco Antonio Calomarde( 1820), Gene- 
ral Castaños (1820 á i852), José Cavanilles (1808 á i8i3), Ramón de la 
Cruz, del que hay una Loa autógrafa (1778 á I793), Duque deCrillón (1786 
á 1793), Juan Martín El Empecinado (1808 á i5), Fr. Benito Feijóo (i733), 
Nicolás y Leandro Fernández Moratín (1801 á 1804), Conde de Florida- 
blanca (1779 á 1789), Martín de Garay (1809), Marqués de Grimaldo (1725 
á 1767), Duque del Infantado (1808 á 18 12), Tomás Iriarte (1786 á 1789), 
José de Irigoyen (1794 y 1797), Gaspar de Jovellanos (1801), Miguel Lacy 
(i8u y 1814), Francisco de Longa (i8i5), Melchor de Macanaz (i733), 
Conde de Malcony (1707 á 1733), Príncipe de Masserano (1770), Gregorio 
Mayáns y Ciscar (1723), Conde de Merode (1707), Francisco de Montes 
(1808 y 1809), Joaquín de Oquendo (1783 á 1789), 0-Reilly (1775 á 1786), 
Princesa de los Ursinos (1705), Manuel Ozcariz (1794 y 1797), Jaime Pa- 



r 



BREVE NOTICIA DEL ARCHIVO QUE FUÉ DEL DUQUE DE OSUNA 99 

lafox (1707), General Palafox (1844), Príncipe de la Paz (lygS á 1797), 
Felipe Sáinz de Varanda (1808 á 1814), Enrique Schuellenbuhel (1809), 
Marqués de Squilache (1762 á 1772), Pedro Ronquillo (1702), José Toribio 
Ruiz (1794 á 1796) y Conde de Valdeparaíso (1771 á 1773). 

Lo más sobresaliente de esta sección es la historia, con todos sus de- 
talles, de la campaña de 1794 contra los franceses, historia que se puede 
reconstruir con la lectura de las cartas, oficios y partes de Butler, Juan 
Manuel de Cagigal, Marqués de la Cañada, Marqués de Cañada Ibáñez, 
Ventura Caro, Marqués de Casa Cagigal, Conde de Colomera, Príncipe 
de Castelfranco, Ventura Escalante, Domingo Fernández Cueto, Fr. An- 
tonio Filangieri, Barón de Friest, Juan Gil, Francisco de Horcasitas, Ma- 
nuel Lapeña, Carlos Masdeu, Gonzalo 0-Farril, Duque de Osuna, Teo- 
doro Reding, Marqués de San Simón y José de Urrutia. 

Al lado de todos estos papeles, á cual más interesantes, hay muchos 
con autógrafos de artistas notabilísimos que se distinguieron, respectiva- 
tivamente, en la arquitectura, escultura, pintura, grabado, música, teatro, 
canto y baile, y que á continuación cito: 

Juan Adán (1793 a 1797), Marcos Hiráldez de Acosta (i863), Isidoro 
Brun (i85i á 1862), Antonio Boltri (i8qi), Benedetto Boschetti (1816 á 1827), 
Domingo Botti (1789 á 1791), Valentín Carderera (1844 á i855), Manuel Sal- 
vador Carmona (1793), Adela Cesari (i833), Lorenza Núñez Correa (1819 
y i83o), Churriguera (1723), Manuel García (1807 a 1818), Miguel Godro 
( 1 742 á 1 743), Francisco Gómez ( 1 8 1 1 ) , Francisco de Goy a ( 1 787 á 1 799), Ma- 
teo Guil (1790), Joaquín de Inza (1758 y 1784), Mariano de Ledesma (i8i5), 
Luigi Mariscalchi(i8o7), Pedro deMena (1688), Severio Mercadante (i83i), 
Achille Monroy (i 800), Teresa Monticini (1797 á 1801), Luis Moreau (1800), 
José Morel (i825), Pietro Muschietti (1788 á 1790), Teresa Oltrabelli (1800 
y 1806), Jaime Panati (1785), Luis Renoy (1612), Melchor Ronci (1797), 
Vicente Roseli (1785), Ana Mata (1785), Domenico Rossi (1792)^ Fran- 
cisco Sabatini (1790), María Cecilia Sabatini (1794), Sicard (1800), Juan 
Spatizierer (1793), Tibault (1818 y 1819), Luisa Todi (1793 á i8o3), Van- 
Halen (1847 Y ^848) y otros, y los toreros José Cándido (1798), José Del- 
gado (a) Pepe-Hillo (1798), Pedro Romero (1798) y José Romero (1798). 
No falta más que indicar que la correspondencia con dignidades de la 
Iglesia es abundante, existiendo cartas de Cardenales, Arzobispos, Obis- 
pos, Generales de Ordenes religiosas y de varios Padres Jesuítas. Haremos 
relación únicamente de la de los Cardenales Colona (i63o á i65o), Barbe- 



lúO 



REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 






' riño (i633), Borja (lóSg á 1645), Sandoval (1641 á 1662), Tribultio (1648 
á i65o), Altíeri (i65o), Brancaccio (i65o), Cenci (i65o), Costaguti (lóSo), 
Donghi (i65o), Mediéis (i65o), Odescalco (i65o), Sabrieili (i65o), Sforza 
(i65o), Aragón (i65o á 1676), Savelli (i65o á i685), Rapaccioli (i656), Ros- 
pigiiosi (1662), Sacchet (1662), Raggi (1664), Portocarrero (1670 a 1701), 
Cantolmo(i700), Paulucci (1700), Otthoboni(i700), Gabrielii (1700), Pau- 
lucci (1700), Barbarigo (1700 y 1701), Morigia (1700 a 1703), Aviaioli (1700 
y 1703), Durazzo (1700 y 1703), Impenat (1700 y 1703), Sachetti (1700 
y 1703), Sacripante (1700 á I7i5), Alberoni (1701), Camelino Í1701), 
Cenci (1701), Cornaro (1701), Orsini (1701), Veruce (1701), Mariscott(i70i 
á 1703), Colloredo (1702), Paulini (i7o3), Sperelli (i7o3), Tanari (i7o3). 
Arias (1714), Zoudadari (1716 á 1734), Astorga (1728 á i733), Belluga (1728 
á 1731), Cienfuegos (i733), Motta (1733), Aldobrandini (1730 á i733), Car- 
denal Borbón (1776), Sentmanat (1794) y Scala (1801). 

Termino, no sin antes hacer una advertencia. No creo que este trabajo 
de compilación sea suficiente para que se llegue á comprender el interés 
que tiene el Archivo que fué de los Duques de Osuna; pero, aun cuando 
así fuera, faltan el conocimiento del documento, el estudio minucioso, el 
examen personal, que son, sin duda, los elementos que pueden llevar al 
¿Snimo el convencimiento de la suma importancia del expresado tesoro 
histórico. 

Madrid, 10 de Julio de 1898. 

Francisco Alvarez-Ossorio. 



4r 







GRAFITOS ANTIGUOS DEL CASTILLO DE ALCALÁ DE GÜADAIRA 



AL recorrer muchas veces el recinto del Castillo de Alcalá de Gua- 
daira y analizar hasta el más pequeño detalle de tan interesante 
fortaleza^ hemos logrado encontrar en uno de sus muros verda- 
deros grafitos, que consideramos auténticos. 

Muy explicable es que de tantos como han visitado y aun descrito el 
castillo no haya alguno que los mencione: acaso ni los vieran. Se hallan 
en un muro interior, agrupados en un sitio, y entrelazadas de tal manera 
sus líneas, que, únicamente cuando la mirada consigue sorprender uno de 
ellos, es cuando surge otro y otro como por encanto. 

Su interés es extraordinario; los grafitos, ora sean sátiras ó caricaturas; 
ya la vida íntima, como en Pompeya; bien efecto del sentimiento religioso 
del creyente, como en las Catacumbas, son manifestaciones espontáneas de 
la vida de los pueblos que, por medio tan deleznable como el trazo inciso 
ó pintado, imprimen en sus monumentos algo personal, característico, que 
atrae é interesa á la fx)steridad. 

Hubiésemos querido reproducirlos fotográficamente; pero estamos se- 
guros que el cliché no hubiera dado el resultado apetecido, cuando la vista 
misma sigue con dificultad el trazo muy de cerca. 

Intentamos luego reproducirlos mediante un dibujo amanera de calco, 
rellenando las líneas de cisco y poniendo encima un papel y frotándolo; y 
así, fijando después el lápiz la huella del carboncillo, obtuvimos exacta- 
mente el dibujo en su tamaño, pero invertido y sin detalles, por lo cual 
hemos preferido la reproducción al lápiz del grafito mismo, previamente 
rellenas con carbón sus líneas, para hacerlas más perceptibles. 



102 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

Hora es ya que digamos dónde están y en qué consisten: 

En la cara interna del antemuro almenado que va hacia la torre B. se 
encuentran sobre el revestimiento los grafitos en el espacio que media 
desde una pequeña puerta hasta donde el muro se corta. La circunstancia 
de estar reducidos á un solo muro, puede explicarse por la razón de que el 
opuesto, que formaba el corredor, no tiene revestimiento, mientras que 
éste ofrecía una superficie tersa, á propósito para grabar en ella con ins- 
trumento punzante. Ocupan los grafitos, incisos todos, una extensión de 
seis á ocho metros por una altura muy variable, que alcanza hasta dos 
metros. Están muy deteriorados^ al punto que en la mayoría es difícil com- 
prender lo que representan; pero, fijando la atención en los que se hallan 
íntegros, observamos en ellos la representación de animales y cosas, he- 
chas siempre mediante líneas incisas, que tienen de tres á cuatro milíme- 
tros de profundidad, rayando algunas, no sólo el revestimiento, sino aun el 
mampuesto que forma el muro. ¿Son caricaturas las que figuran anímales? 
En unos podemos afirmar que no, otra hay que parece serlo. La que su- 
ponemos grotesca es una cabeza de perro, de largas orejas, de hocicó 
romo, con los dientes de la mandíbula inferior visibles, y aun en la figura 
se inician las líneas del cuerpo (véase fig. I). Suponemos que sea carica- 
tura porque, aparte de la expresión algo singular, hay muy próximo á la 
cabeza, é inclinado en dirección áella, un letrero; lo que dice ha resistido 
cuantos esfuerzos hemos hecho para conocerlo. Con un lente de aumento 
se ven algo como las letras DM R, que tienen escasamente dos centí- 
metros. En la parte superior del muro hay además otros trazos que pa- 
recen ser de letras. 

Otra representación mejor hecha y más completa es la de un conejo: 
la cabeza adornada de las típicas orejas; las patas y el jopito marcan el 
perfil entero del animal que, por cierto, t:orta con sus líneas la cabeza de un 
pez de gran tamaño, que fué, sin duda, obra anterior (véase fig. II). 

Entre las represen tacianes de animales, las más perfectas son induda- 
blemente las de peces: hay dos completas, pertenecientes á la misma espe- 
cie, que sólo se diferencian en el tamaño. De éstos reproducimos el pequeño 
por no estar cruzado por ninguna otra figura, mientras que en el grande 
hay una gran contusión de líneas, por tener sobre su cabeza, como hemos 
dicho, parte del conejo. 

La línea en esta figura dibuja la curva del pez; señala el ojo un poco 
inclinado; indica la boca y las aletas, tanto del lomo como de la panza, y 



GRAFITOS ANTIGUOS DEL CASTILLO DE ALCALÁ DE GUADAIHA lo3 




fij, J »tincn«i«Tto O'loKO'n. 




f,- jy 0irvienai*n«t o'SS* o' Jo 




2>imen«»o»«cj .o'ífj* o//. 



I04 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

«s muy curioso notar cómo vaciló el artista en la cola, que trazó dos ve- 
ces buscando la verdad de la línea (véase fig. III). Su forma es la de un 
barbo, peces de río que el P. Flores afirma que abundan en el Guadaira. 

Estas representaciones de peces no son aisladas, en mi sentir; son com- 
plemento de las naves grabadas allí también. 

El más pequeño está á la derecha y algo distante de las naves; el grande 
debajo de ellas; completan el paisaje, indicando el carácter del conjunto, 
con la expresión del medio ambiente en que tenía lugar; también lo co- 
rroboran otras líneas curvas que pueden representar las olas ó fragmen- 
tos de otros peces situados en la parte inferior. 

Pero lo que más atrae la atención en este muro, que no vacilamos en 
llamar el más interesante del castillo, son tres naves que se destacan muy 
claramente casi en la misma línea, como si hubiesen querido dar en pers- 
pectiva la vista de una escuadra. Su forma en nada semeja la de nuestros 
tiempos. Están movidas á vela y remo; la popa, en dos de ellas, forma 
una elevada curva, cuyo piso está á mucha altura sobre el de la cubierta. 
En una se ve hasta el ancla que de ella pende: eL estandarte ondea en su 
palo mayor, y en la otra los diez remos que asoman al nivel de la cubierta 
impulsan la nave. Dos escalas, de las que se ve una, sujetas al palo mayor, 
permiten subir á él. Las líneas del casco en todas indican la construcción 
de madera; las velas están replegadas en unas é hinchadas por el viento 
en otra. La más pequeña difiere algo en la forma, como puede verse en el 
dibujo. 

A más de estas tres, se distinguen, algo distantes, los palos y la parte 
superior de las velas de otra, cuya desaparición es muy sensible, pues era 
de mayor tamaño, y en ella se hubieran apreciado detalles que segura- 
mente en las otras, por su pequenez, fueron suprimidos. Los restantes 
grafitos sólo presentan indicios muy escasos, que no permiten apreciar lo 
que representaban. 

¿Son antiguos estos grafitos? ¿No pudieran ser obra moderna? 

Prescindiendo del perro y la liebre que, como veremos después, por 
un fundamento analógico, deben ser antiguos también, y fijándonos en las 
naves, ¿fuera verosímil que los muchachos ó gente indocta del pueblo, á 
costa de infinito tiempo y paciencia, hayan grabado dibujos representati- 
vos de naves de tipos diferentes y antiguos que ni conocen? 

¿Pueden atribuirse á algún erudito que, con trabajo paciente, intentó dar 
una broma á los modernos investigadores? Tanto una como otra suposi- 




GRAFITOS ANTIGUOS DEL CASTILLO DE ALCALÁ DE GUADAIRA 



io5 



ción nos parecen igualmente absurdas: por imposible la primera, y por 
pueril la segunda. Por el contrario, sabemos que el castillo sirvió de pri- 
sión á varios personajes, entre ellos al tercer Duque de Osuna, D. Pedro 
de Girón, de quien indica Flórez 4íde él ó de su tiempo me parecen ser 
unos renglones en la pared interior de la torre que da paso de lapia^a 
de la Sima d la de los Silos», Luego si en tiempo de este autor había ya 
grafitos, aunque sólo fueran inscripciones, ¿no es lógico pensar que otros 
prisioneros, ó los simples guardias, distrajeran sus ocios grabando los mu- 
ros con representaciones, ya caricaturescas, ya históricas? Asf lo creemos, 
y de su antigüedad nos confirma su número, el tono obscuro qué cubre el 
rayado y la superficie, obra sólo del tiempo, y que tan difícil hace su re- 
producción por medio de la fotografía, y, sobre todo, ese sabor sui géne- 
ris que convence en el monumento mismo, y que es tan fácil de sentir 
como difícil de expresar. 

A nosotros nos seduce la ¡dea, acaso equivocada aunque atractiva, de 
que estas representaciones envuelven un pensamiento histórico. 

Dos sucesos que impresionaron fuertemente la imaginación fueron el 
descubrimiento de América (comencemos por el más reciente), y el otro, 
la toma de Sevilla. En tiempos del primero, el castillo estaba habitado; 
era su Alcaide D. Diego López de Haro, nombrado en 1478, y algún ma- 
rino pudo grabar aquellas naves al intento de explicar el gran aconteci- 
miento, distrayendo en más de una jornada con sus relatos á la guarnición 
del castillo. Pero, de ser así, ¿cómo no indicar siquiera con una línea la 
tierra descubierta por el insigne genovés? Pudiera objetarse que ha sido 
destruida esa línea, y no sería inverosímil creerlo; pero hay una objeción 
más seria para dudar de esta interpretación. El número » de naves no con- 
viene con el que en su primer viaje llevó Colón. 

Mejor pudieron representar el rasgo heroico del primer Almirante de 
Castilla: la ruptura del puente de barcas; hecho decisivo en la conquista 
de Sevilla. Tal es nuestra opinión, á la cual no pretendemos dar un valor 
absoluto; sólo afirmamos que, como antiguos, son estos grafitos altamente 
interesantes y dignos de que la Comisión de Monumentos fije en ellos su 
atención, disponiendo los medios para evitar su ruina. 

Dr. Claudio Sanz Arizmendí, 



En los grafitos hay cuatro por lo menos. 



EL ITINERARIO DE DON HERNANDO COLON 

Y SU VOCABULARIO TOPOGRÁFICO DE ESPAÑA 



ENTRE los famosos códices de ia Colombina, Biblioteca, como es sabido, 
del Cabildo eclesiástico de Sevilla, los que gozan de más prestigio 
en el mundo científico son, naturalmente (descontando los autógra- 
fos de D. Cristóbal, el descubridor del Nuevo Mundo), (los de su hijo don 
Hernando, el fundador de la citada Biblioteca. 

El valor histórico y bibliográfico de estos últimos es muy subido de 
punto, tanto por tasarlos muy alto las personas peritas en la materia, como 
por hallarse ea ellos consignada en no pequeña parte la historia de la vida 
intelectual del amanuense; circunstancia esta última que debe utilizarse, 
hoy más que nunca, para aquilatar los méritos de D. Hernando y prego- 
narlos á los cuatro vientos, dando preferencia, entre los demás, á los au- 
tobiográficos, que seguramente pesan más en el ánimo de las personas im- 
parciales que los datos obtenidos por investigación indirecta. 

Entre ellos descuella, como ninguno, el Itinerario de D. Hernando Co- 
lón; no porque su valor material supere al de los otros, que en este con- 
cepto hay varios que le aventajan, sino porque en sus fragmentos ó cua- 
dernos, que ha perdonado la acción devastadora del tiempo, revélase el 
autor en toda la excelsítud de su alma, acometiendo personalmente y con 
la ayuda de algunos emisarios ó colaboradores la gigantesca empresa, hasta 
entonces no intentada por otros, de recorrer pueblo por pueblo los de los 
reinos antiguos de España, é ir acumulando materiales para componer en 
su día el Vocabulario topográfico (manuscrito también conservado en 
la Colombina) y el Plano geográfico de la Península, obra, esta última, 



r 



'i 



■i 

EL ITINERARIO DE DON HERNANDO COLON IO7 

que probablemente no llegó á realizar, porque se proponía trazarla des- 
pués de terminado el Vocabulario, como él mismo advierte en sus instruc- ^ 
ciones, y este manuscrito lo dejó en bosquejo nada más, con alguna que 
otra descripción suelta y aislada entre multitud de hojas blancas compo- 
nentes del volumen, según hemos de ver muy pronto. 1 

Vuelto de Roma D. Hernando, en donde estuvo, con cortos intervalos, j 

cinco años, educándose con los maestros Castro, Sebastián, Pedro de Sa- ,'¡ 

lamanca y otros no menos doctos varones, en el Monasterio de observan- 
cia de San Francisco ó de Españoles, aparece por Octubre de i5i6 resi- ' 
diendo en Alicante, por Junio del año siguiente en Alcalá de Henares y 
Madrid, y algún tiempo después en Valladolid, ya ocupada en los prelimi- 
nares de su proyecto y provisto de no pocas notas de viajes, recogidas en i 
sus anteriores expediciones por España; toda vez que gestiona á corttinua- '\ 
ción, junto al Emperador, la adquisición de cartas y reales cédulas para ,^ 
dirigirse á los alcaldes, justicias y demás autoridades locales del reino, re- 
corriendo luego toda clase de pueblos, así de realengo como de abadenga, i 
de señorío y de behetría. 

La autorización real le era, no solamente útil, sino también indispensa- 
ble, tanto por la índole especial de los trabajos, cuanto porque cierlos da- 
tos, como los respectivos á la estadística de vecinos, á las distancias ofi- 
cialmente marcadas entre las poblaciones, á la clase de jurisdicción impe- 
rante en cada una y otros muchos, sólo podía obtenerlos de los juecei 
locales ó de las comunidades y concejos; no obstante haber acogido después 
los informes de toda especie, así oficíales como privados, y haberlos inser- 
tado á continuación unos de los otros en el Vocabulario, á pesar de haber 
entre ellos notorias variantes y discrepancias. 

Provistos de cartas reales y con delegación de D. Hernando, partieron 
sus emisarios á los respectivos territorios, mientras él por su parte aco- 
piaba notas de los lugares que visitaba y extendía de su propia letra resú- 
menes descriptivos, que son por cierto las relaciones que se leen en las 
primeros cuadernos, á cuyo frente dejó, como encabezamiento, escritas 
las siguientes palabras: lunes ITI de agosto de i5 17 comenge el ytine- 
rario. 

A estos trabajos y expediciones de carácter personal debió aludir en una 
larga apostilla marginal colocada en las Tragedias de Séneca, valioso im- 
preso colombino, también conservado en la Biblioteca del Cabildo ecle- 
siástico sevillano, y muy conocido en el mundo científico por cierta nota. 



, ^. .>v ».i$*^ JrSCAS Y MUSEOS 

^>^^.-! .iiieii&> iei Nuevo Mundo por su glo- 

^ a :í >;^uiettte: «sábado seis de marzo de i3i8 

.. .<42sir Las nocas del en el yndíce en valladolid 

. .¿> . w »p*iKtünas V caminos no lo pude acabar hasta 

c 4< > ^'ío ¿A Bruselas de flandes, en el qual tiempo 

.» .:<vic eí numero ibbg en adelante aun no están pa- 

. v^ vxvíue ^tjcdó en espafia.» 

x^. c»i í* í\«tiso plan *lc su obra y en la época en que lo con- 

^xc».c\ ^ iu superior cultura, su espíritu amplio y emprendedor. 

^ ^ , o .xia* ul como lo dejó declarado en las instrucciones de 

►^,N ^Ni^o daremos cuenta, en reunir todas las relaciones topográfi- 

^^ x-er extendidas en diversos cuadernos, inscribir en pliego aparte, 

■ii>a cara nada más, los nombres de los pueblos relacionados que tu- 

'"esen por inicial la misma letra, cortar los pliegos en tiras ó papeletas por 

/lebaío de cada nombre, disponer estos últimos por orden rigurosamente 

alfabético atendiendo á las cinco primeras letras de cada uno, ó i más en 

caso necesario y, después de ordenados alfabéticamente, copiarlos en un 

libro. 

A estas operaciones seguiría la de colocar, siempre por el mismo or- 
den, el nombre de cada pueblo, solo y aislado, al frente y en la parte su- 
perior de su hoja respectiva en otro libro mayor, y debajo de cada nom- 
bre trazar dos columnas, la de la izquierda para contener en primer 
término los datos respectivos al casco de población y número de vecinos, 
después los de la correspondiente jurisdicción real ó señorial á que estu- 
viesen sometidos, indicación de si el territorio era ó no dependiente de 
otro, ó de algún orden militar, de arzobispado, obispado, monasterio, 
ducado, marquesado, condado ó de otra clase de señorío particular; de los 
accidentes del terreno, con expresión de si estaba situado en alto ó en 
llano, á orillas de un rio ó en la costa del mar, y de cualquiera otra cir- 
cunstancia digna de mencionarse, como la existencia de fortalezas ó mu- 
rallas, de monasterio, iglesia ó caserío principal, de imágenes ó santua- 
rios más venerados; lodo lo cual resulta con frecuencia relacionado en esa 
columna izquierda del Vocabulario y en los cuadernos del Itinerario que 
le sirvieron de fuente para su obra. 

En la columna de la derecha y, cuando fuese necesario por la afluen- 
cia de datos, en hojas adicionales, haríanse constar las distancias de pue- 



r 



EL ITINERARIO DE DON HERNANDO COLON lOQ' 

blo á pueblo, debiendo ser las indicaciones más numerosas y circunstan- 
ciadas en esta columna que en la anterior, por constituir su contenido el 
objeto más útil y más práctico del libro. 

Evitaba al efecto repeticiones inútiles, no expresando las mismas dis- 
tancias más que una sola vez, al describir el pueblo que aparecía antes en 
el Vocabulario según el orden alfabético establecido, y omitiéndolas al 
ocurrir el otro pueblo á que aquellas distancias se referían. Procuraba 
revestir de toda la autoridad posible las descripciones del libro grande, na 
dando la preferencia á alguna relación determinada de los cuadernos, sino 
aceptándolas todas igualmente; para lo cual colocaba en extracto, á con- 
tinuación unas de las otras, las referentes á un mismo pueblo, á fin de que 
el lector siguiese la resultante de todos los informes ó el informe más jus- 
tificado por la insistente repetición de otros análogos, pues es de advertir 
que una misma población aparece visitada y descrita más de una vez ó por 
el mismo D. Hernando ó por sus amanuenses, ó fX)r todos juntamente, en 
épocas distintas. 

Tal es el plan ideado por el insigne bibliógrafo para redactar de su 
puño y letra el abultado códice en folio que, para distinguirlo del itine- 
rario, hemos bautizado con el nombre de Vocabulario topográfico de 
España. 

Son tan interesantes para la historia de ambos códices esas instruccio- 
nes de D. Hernando (que el encuadernador ha colocado erróneamente en 
el lugar del folio vigésimo del Itinerario, y fueron evidentemente escritas- 
para servir de preliminar al libro), que vamos á copiarlas al pie de la le- 
tra, á pesar de haberlas insertado Gallardo en su Ensayo de una Biblio^ 
teca Española, tomo II, por las adulteraciones que éste se permitió intro- 
ducir en el texto. Fielmente trasladadas son como sigue: 

«Todos los nombres propios se han de sacar en un papel, poniendo los 
que comiencen en a en un pliego y los que comienzan asimesmo en otra 
letra en otro, el qual no se ha de escrevir salvo por la una haz y después 
todos los nombres que comienzan por una letra se cortaran y se dívidiraa 
o pornan por orden alfabético como un vocabulario hasta la quinta letra 
y aun mas adelante, y luego se escre viran en un libro por manera que de 
un vocablo á otro haya dos dedos de blanco para que como se oviere es- 
crito masquadernos desta escritura en que avrá nombres nuevos se podra 
poner en aquel blanco que quedó en el lugar que la orden alfabética lo re- 
quiere; después que desta manera aya escrito tantos lugares y nombres 




tío 



REVISTA DC .^aCSn^OS. BIBLIOTECAS Y MUSEOS 



1 



propios que no se crea avor mas en españa por aquella orden en un libro 
se trasladará, no poniendo en cada hoja mas de un nombre y de que asj 
estén tra^adados entonces todo lo que está en estos quadernos se escrevirá 
en aquel Übro. ponvecKÍo lo que toca a avila en avila y lo que toca a qual- 
quier otro ^ug^ar en su nombre propio y no todo a rreo, mas a vna parte 
de la lioia lo «^e d'ze del casco del lugar y en otra parte el cuyo es y en 
Oirá .os lugares que tiene y en otra lo que ay hasta cada lugar y cada cosa 
desto con numero de alguarismo se a de notar ally sy esta dicho vna vez 
o dos o mas en estos quadernos, porque quantas mas veces estoviere dicho 
tanto mas cierto será y será tenido por mas verdadero que lo que pocas 
veses estoviere dicho, es a saber, sy de avila a segovia dycen diez partes 
destos quadernos que ay onze leguas y en dos partes dize que ay diez, an- 
tes creeremos que ay onze, pues que diez lo dixeron y aquello porná por 
cierto V asy en todo lo demás y nota que podría ser que después de divi- 
dido el libro en que esto se escrive por los nombres de los lugares, se ofre- 
cerían otros lugares nuevos y no avria hojas en que lo esponer y por tanto 
al ñn de la hoja delante de la cual el tal lugar aviase de poner pornás el 
nombre del tal lugar con un número que te señale en el fin del libro adonde 
lo pornás, porque al fin an de quedar algunas hojas blancas para los tales 
lugares que asy se ofrecieren.» 

«Y nota que puesto el primer abecedario do quedan los dos dedos de 
blanco entre nombre y nombre puede el ombre a quantos topare pregun- 
tar por nombres de lugares y los que alli no estuviesen ponellos.» 

«ítem lo que ay de vn lugar á otro y los lugares que ay en medio y la 
calidad de la tierra que es, no a de poner sino en el lugar que precediese 
en la ordt:n del alfabeto, es a saber, cuando quisiéremos saber lo que ay 
de Sevilla a granada, buscarse a y ponerse a en granada, porque esta pri- 
mero en orden del abe.» 

«Para el hazer las tablas serán quadradas y díuisas por grados de lon- 
gitud y latitud y cada grado en millas, cuyas lineas cruzarán toda la tabla 
como en un tablero de ajedrez, porque fácilmente del original do se pin* 
tare al principio, se pueda sacar en los otros.» 

Una vez conocidas las instrucciones de D. Hernando, intentaremos, en 
lo posible, hacer la descripción de ambos códices, por más que nuestras 
fuerzas sean muy deficientes para poder emprender con éxito tan delicada 
labor. Es verdad que D. Bartolomé Gallardo, autoridad indiscutible en la 
materia, describió el Itinerario, explicando en unas cuantas lineas lo que 



EL ITINERARIO DE DON HERNANDO COLÓN III ¿ 

'i 

nadie acertaría á expresar en muchas más; pero no quiso tomarse el tra- | 

bajo de contar las hojas del manuscrito y las calculó por aproximación en | 

más de goo, siendo así que no llegan á ese número, ni con mucho. Tam- i 

poco quiso dedicarle la prolija investigación que la importancia del códice J 

requería. ^ 

Otro bibliófilo, relativamente moderno, el norteamericano Mr. Har- ¿ 

risse, describió ambos manuscritos en el libro titulado D, Fernando Colón |» 

Historiador de su Padre, y aún llegó á descubrir en parte la íntima reía- ^:: 

ción existente entre ellos, cuando dice: «el tomo IV de Varia eruditce an- ¿ 

notationes es un proyecto de Diccionario geográfico de España y aun qui- 
zá principio de una copia en limpio, por orden alfabético, de otra obra r; 
en 4.®, que es Descripción itineraria de todas las ciudades y lugares que -^ 
anduvo personalmente (D. Hernando) talve\ por toda Europa. Este volu- 
men abraza sólo España y es un bosquejo escrito por el secretario de don :^' 
Fernando » >i 

Las Varice eruditas annotationes citadas por Mr. Harrisse forman una d 

colección de papeles varios conservada en la Colombina, cuyo tomo III, 
y no el IV, lo constituye el trabajo de D. Hernando, titulado por nos- ■: 

otros Vocabulario topográfico de España. 

Por mucho que estimemos la autoridad del escritor norteamericano y 
su justificada fama en asuntos de Bibliografía, nos consideramos en el de- J; 

ber de oponer á sus palabras las siguientes rectificaciones: i.*, el Diccio- 
nario geográfico de España, como él lo llama, ó topográfico, como nos- 
otros lo llamamos, no es una copia en limpio dtl Itinerario, sino obra 
enteramente distinta, aunque fabricada con materiales tomados de este 
último; 2.*, los primeros cuadernos del mismo son de puño y letra de Don 
Hernando, y 3.*, lejos de ser la escritura de todo el libro obra exclusiva 
del secretario de aquel personaje ilustre, distingüese en su contenido, á 
más de la de D. Hernando, letra de dos distintos amanuenses , cuando 
menos. 

Previos estos antecedentes, procederemos á describir ambos códices 



1 

Es el Itinerario de Don Hernando Colón un volumen abultado y muy 
incompleto, compuesto actualmente de 678 folios sin numerar; su tamaño, 
el llamado cuarto español; sus dimensiones, 2i5 X i55 milímetros; dividido 

■ s 

I 



1 



1 12 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

en cuadernos de 24 hojas generalmente^ ó sean seis pliegos doblados é in- 
cluidos unos en otros. 

El papel es grueso y obscuro, de hilo, con la marca antigua de mano y 
estrella en formas y tamaños distintos, algunos pliegos con p gótica coro- 
nada por la cruz, ó con una flor de lis coronada del mismo modo, ó con 
una especie de círculo atravesado por varias curvas. Su encuademación 
es moderna, imitación de la pasta antigua. 

No es fácil averiguar el número de folios de que constó el manuscrito 
completo; mas no parece difícil inferir, siquiera sea con aproximación, 
cuántos le falún, á juzgar por las lagunas intermedias. Esto no quiere 
decir que haya datos bastantes para proceder á la investigación de la to* 
talidad de folios; para ello seria preciso que todas las lagunas fuesen inter- 
medias, y el manuscrito, desgraciadamente, carece de fin. 

Su encabezamiento, según ya sabemos, son estas palabras, escritas por 
D. Hernando: «lunes iii de agosto de iSiy comente el ytinerario.)^ Su con- 
tenido, para la más fácil comprensión de los que lo examinen, puede con- 
siderarse dividido en tres partes: la i.*, hasta el folio 62; la 2.*, hasta el 170, 
y la 3.*, hasta el 678, todos inclusive. 

Los 62 folios de la primera parte, como dijimos, son autógrafos de don 
Hernando y contienen 253 relaciones topográficas, no consecutivas, sino 
interrumpidas por una laguna de 25i. 

Con efecto: en los ocho primeros folios, los cuales son blancos por el 
dorso, están las relaciones señaladas con los números i á 24; y en los 54 
siguientes» de los cuales 27 se hallan escritps por ambas caras, uno es todo 
blanco, otro contiene las instrucciones de D. Hernando y los 23 restantes 
llevan en blanco el reverso; se ven correlativas las relaciones señaladas 
con los números 276 á 5o6 ». Así se explica por qué en los ocho folios pri- 
meros la proporción entre las relaciones y las hojas consiste en 3 : i; y 
respecto á los 34 restantes en 4,27 : i. 

Si es lícito en esta clase de estudios emplear fórmulas matemáticas, la 
razón 4,27 : i aplicada á las 23i relaciones topográficas que faltan, ó sean 
desde la 25 á la 275, nos dará un número aproximado de 58 folios desapa- 
recidos de este lugar del códice, los cuales, sumados á los 62 que se conser- 
van, arrojan un total de 120, todos escritos por D. Hernando, equivalen- 
tes á cinco cuadernos de 24 hojas para la primera parte completa del libro. 

I Por error de encuademación las relaciones con los números 416 á 5o6 aparecen colocada» 
antes que las señaladas con los de 276 a 415. 



EL ITINERARIO DE DON HERNANDO COLÓN I lí 

Por cierto que son no pocos los cuadernos componentes de las tres 
partes, igualmente formados con 24 hojas. De los señalados con los nú- 
meros 9,16, 25, 3o, 3i, 32, 33, 34, 35, 37, 38, 39, 41 y 46, todos los cuales 
llevan alfrente de sus primeras hojas respectivas su cifra corespondiente 
dentro de un cuadrilátero; los cinco que hay desde el 25 al 29 inclusive,, 
constan en conjunto de 120 hojas, á razón de 24 cada uno; y los siguientes 
3o, 3i, 33, 37 y 39 también constan de 24. ¿No habrá razón, pues, 
para aplicar la misma regla á los cuadernos perdidos, cuando la propor- 
ción antes expresada así lo confirma? 

Las descripciones redactadas por D. Hernando, las cuales se distinguen 
de las demás por su concisión y laconismo, por ser referentes á casi todas 
las regiones de la Península y por haberse hecho sin orden de continuidad, 
dan lugar á muchas conjeturas sobre la época, motivos y ocasión en que 
se formaron. 

Se le ve, por ejemplo, fijándonos sólo en los ocho folios primeros, des- 
cribir Zaragoza y varios pueblos de Huesca, bajar luego á Madrid y trasla- 
darse á Alcalá de Henares, ascender por la provincia de Guadalajara hasta 
llegar otra vez á Zaragoza, de pronto aparecer en Toledo, internarse des- 
pués en Castilla la Vieja, reaparecer visitando Cataluña y varias poblacio- 
nes de la costa del Mediterráneo, de donde pasa otra vez á los pueblos 
circunvecinos de Madrid, haciéndolo constar todo en brevísimas notas de 
iouristay como se diría hoy, y no en descripciones á propósito para formar 
unVocabulario topográfico de España. Esto induce á tomar esas notas por 
apuntes, nada más, de las impresiones de D. Hernando, recogidas en los pri- 
meros años de su juventud, antes que pensara en la formación áelVocabula- 
rio, y á creer que, después de su proyecto, se propuso utilizar y ampliar sus 
notas, copiándolas en cuadernos y enviando emisarios para recorrer los lu- 
gares por él antes visitados, sin perjuicio de cooperar con ellos en los viajes ^ 

Don Hernando no pudo materialmente inspeccionar todas las pobla- 
ciones que describe en sus cuadernos, desde que regresó de Roma, en donde 
todavía permanecía el 4 de Abril de i5i6, hasta el 3 de Agosto de i5i7, 
fecha en que empezó á escribir el Itinerario, ni tampoco desde 2ste día hasta 
el 22 de Mayo de i520, en que se embarcó con el Emperador en dirección 
á los Países Bajos. 

Los lugares de España que visitara desde que regresó de Roma hasta 
su partida para Alemania, según las notas manuscritas conservadas en la 
Colombina son los siguientes: 

3.a ÉPOCA.— TOMO XV. 8 



1 14 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

I.® Alicante: desde i5 á 20 de Octubre de i5i6. 

4cEgo don Ferdinandus Colon legi hunc librum in alicante anno. i5¡6. a quin- 
décimo die mensis octobris usque ad decimum octavum eiusdem. Necnon in ciuitate 
hispalensi iterum eumperlegi annotationesque in marginibus apposuiadie. 28, sep- 
tembris usque ad quiniam octobris insequentis anni. i5ig.T^ (Romanas Historix 
Compendium per Pomponíum Laeivm.— Venecia i5oo.) 

«E^o don Ferdinandus Colon legi hunc librum in alicante, anno i5i6, diebus 
uero. jg, et, 20. mensis octobris* (Opereta la quale si chiama palma uirtutum. 
Venecia 1481.) 

2.® Alcalá de Henares: durante el año iSiy (sin expresarse mes ni 
días.) 

€Diomelo el mismo autor (Nebríja) en alcalá de henares año i5ij* Aliaco, 
tomo 1, pág. 63, nota.) 

3.^ Madrid: el 16 de Junio del mismo año. 

mEste tratado me envió maestro pedro de salamanca de rroma a los 2g de Mayo 
de i 5 17 y rrecebilo en madrid a 16 de Junio del dicho añoi^ (In Novum corrigendi 
Kalendarium, s. 1. n. a.) 

4.® Valladolid: el 6 de Marzo de i5i8, según la nota anterior de las 
Tragedias de Séneca, 

3.® Segovia: el 6 de Septiembre del mismo año. 

^Die luna: septembris sexta. i5i8. in ciuitate secuuiensi hora. 8. ante meridiem 
incipi hunc* 

6.® Sevilla: desde el 9 de Marzo de iSig al mes de Enero de i520. 

Consérvanse catorce noias en otros tantos libros, escritas durante este tiempo, 
en que consta haber residido en Sevilla, donde leía y estudiaba, hasta que empren- 
dió el viaje á los Países Bajos. 

|v El escritor Henry Harrisse, en su Historia titulada Cristhophe Colon 

i son origine etc., intentó averiguar la vida de D. Hernando por medio de 

r estas notas autógrafas que se leen en las márgenes de sus libros; y al lle- 

gar al año i5ig, pierde de vista á su biografiado, suponiéndolo residente 
en Barcelona; pero no hay que confiar en los informes de dicho escritor, 
en cuanto á esta investigación especial se refieren, por haber incurrido en 
los siguientes defectos: i.®, en el error de creer que D. Hernando había 
comprado siempre los libros personalmente y nunca por medio de emisa- 
rios ó terceras personas; 2.*, en tomar como número dos el tres por aquél 



1 




1 



EL ITINERARIO DE DON HERNANDO COLÓN II 3 

redactado con un rasgo especial en la parte inferior y con una forma par- 
ticular. 

En virtud de ambos errores, Mr. Harrisse ha supuesto á D. Hernando 
presente cada vez que se hacía una adquisición de libros para su Biblio- 
teca dentro ó fuera de España, dando con esto lugar al milagro de biloca- 
ción y aun de trilocación de su persona más de una vez, como puede verse 
fácilmente consultando los catálogos y sus notas de adquisición; y además 
ha adelantado diez años los acontecimientos, que no es poco adelantar tra- 
tándose de la vida del hombre. Asi, por ejemplo, le hace emprender en i520 
per las ciudades y pueblos de Italia un viaje que no tuvo lugar hasta i33o, 
con otras equivocaciones por el estilo. 

De las catorce notas escritas por D. Hernando en sus libros impresos, 
mientras estuvo en Sevilla el año iSig, basta leer las dos siguientes para 
averiguar con aproximación las fechas de su llegada y partida: 

mMartii. 9. anni i5ig in die cinerum me prandente inceptusfuit legi hic liber 
Jinisque illi impositusfuit. 10, Augusíi seqiientis.T^ (Sermones quadragesimales á 
Roperio de Liceo. Argentinae 1497. j 

4iln ciuitate hispalensi per quendam famulum meum quintadecima decembris. 
1 5ig. fuít inceptum legi hoc uolumen me prandente ac cenante, cuius tres primi 
libri finiti fuere in uaíentina ciuitate in fine mensis ianuari. i 5 20. quartus uero 
fuit inceptus bruselis inflandrta. 26. iunii eiusdem. i520. ac in eodem oppidofuit 
totum praefatum uolumen lo.a iulii sequentis finitum.T^ (Petrus de Alliaco.) 

Confrontadas ambas expediciones, la que se deduce de los primeros 
cuadernos del Itinerario y esta otra que se indica en las notas marginales 
de sus libros impresos, se ve que no hay conformidad en el orden descrip- 
tivo de ambas narraciones; y esto debe atribuirse, á nuestro juicio, á que 
las poblaciones relacionadas en la primera narración se visitaron por don 
Hernando antes de i5i6. 

En 3 de Agosto de ibiy comenzó éste el Itinerario, y se valió para es- 
cribirlo de sus apuntes de viaje, tomados en sus excursiones anteriores por 
los reinos de España; completando la obra con los datos aportados por 
los cuadernos de sus emisarios y con los suyos propios recogidos después 
de aquella fecha. 

Para terminar esta parte primera del manuscrito diremos que las re- 
laciones topográficas de poblaciones no sujetas á jurisdicción de otras, van, 
por la parte lateral izquierda, abrazadas cada una por una llave ó cor- 
chete, en cuyo centro se halla su número respectivo en cifras romanas; y 



I 1 6 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

que el folio 47 recto está ocupado por cuatro series de nombres de pue- 
blos puestos en forma de columnas. Pasemos ya á la segunda parte. 



II 

Se halla ésta caracterizada por las frecuentes lagunas que inte- 
rrumpen el texto y por no contener letra de D. Hernando, sino de 
dos distintos amanuenses suyos, cuando menos. 

Consta de 108 folios, ó sean desde el 63 al 170, y está distribuida 
en cinco fragmentos: el primero, hasta el folio 70 y con las relaciones 
5i3 á 558; el segundo, hasta el 97 y relaciones 757 á 91 1; el tercero, 
hasta el 121, y de éstas, 1.971 á 2. 11 5; el cuarto, hasta el 143, y de 
ellas, 2.25o á 2.378; el quinto y último, hasta el 170 con las relacio- 
nes 2.385 á 2.547. El total de descripciones ó relaciones topográficas 
conservadas en esta segunda parte no llega más que á 638. 

De las cinco lagunas que interrumpen el texto, en la primera se 
echan de menos las relaciones 5o7 á 5i2; en la segunda, desde la 559 
á la 756; en la tercera, desde la 912 á la 1.970; en la cuarta, desde 
la 2. 116 á la 2.249, y ^^ '^ quinta, desde la 2.379 ^ 1^ 2.384, todas in- 
clusive; resultando, por tanto, ser las relaciones perdidas 1.403 y el 
total de las conservadas y perdidas, en esta segunda parte, 2.041. 

La proporción numérica entre las relaciones y folios conservados 
viene á ser aproximadamente, por término medio, 5,89 : i, mediante 
la cual pudieran calcularse, con mayor ó menor probabilidad de 
acierto, los folios que ocuparon esas cinco lagunas. 

En la primera debió haber uno solo; en la segunda, 33; en la ter- 
cera, 180; en la cuarta, 23 y en la quinta, uno solo. Aceptado este me- 
dio de computar, pudiera restablecerse la foliación primitiva y asig- 
narse á cada folio de los conservados el número que les correspon- 
dió en lo antiguo. 

Son estos últimos, como ya sabemos, 108; á los cuales, agre- 
gando los 238 de las cinco lagunas, Resultarán 346 para esta parte 
del manuscrito, ó sean 14 cuadernos de 24 y otras 10 hojas más. 

En estos cuadernos se observa: primero, que solamente está en 
blanco el folio 143 por el reverso; segundo, ha desaparecido por 




EL ITINERARIO DE DON HERNANDO COLÓN II7 

rotura la mitad inferior del 70; tercero, los folios 99, io3, 106 vuel- 
tos, 107 recto, ii3 vuelto y parte del frente del 114 contienen series 
de nombres de pueblos dispuestos en forma de columnas; cuarto, al 
frente de los folios 71 y 98 se ven, respectivamente colocados dentro 
de un cuadrilátero, los números 9 y 16 indicando principios de cua- 
dernos; quinto, desde el folio 122 al 272, este último correspon- 
diente ya á la tercera parte, corre una numeración especial romana, 
que está indicando las páginas, no los folios, y defectuosa por el y^¡^ 

principio, pues empieza con el número 3, á causa de haber des- '}$ 

aparecido la hoja anterior á este número, la cual debió contener las "'Jú 

páginas primera y segunda. ^ 

Hemos dicho que los amanuenses fueron dos, cuando menos. 
Uno es el que extendió las relaciones 5i3 á 558 inclusive, y se dis- 
tingue por tener letra más pequeña, esmerada y clara, con trazos y 
caídos largos y gruesos; el otro escribe letra mayor, al correr de la 
pluma, sin cuidarse de la regularidad, liga y abrevia arbitrariamente, '^ 

haciéndose á veces incomprensible, con trazos y gruesos menos pro- 
nunciados, y es autor, al parecer, de las demás relaciones de esta 
parte del manuscrito. 

El último acostumbraba también á hacer constar entre las mis- 
mas el día, y á veces el mes y año en que pasaba de una á otra po- 
blación. Así lo hizo en la relación 757, escribiendo esta nota: lunes 
16 de Agosto partí de Val de Majano, etc., y en la relación 2.377, 
junto á la cual se lee: sali a 14 dias del mes de nouiembre de mil é 
quinientos e die^ y ocho. Vine a 21 dias andados del mes de henero | 

de i5ig. 

Anotaba además las cantidades en metálico que recibía del cama- 
rero de D. Hernando para costas de viaje. Bajo la relación 2.378 dejó »~ 

este ap unte: llevé de comysion para gastar 400 ducados e Lxxvi ms — 
De vtra md. dos ducados a tres dias que debia. Recibi del camarero 
de su señoria qualro cientos dos ducados que son los susodichos. 

Es lástima que con la pérdida de tantos folios hayan desapare- 
cido multitud de datos y antecedentes respectivos á la manera de 
llevarse á efecto las operaciones del itinerario. Sabemos por los que 



4 






"n 



I08 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

igualmente suya, alusiva al descubrimiento del Nuevo Mundo por su glo- 
rioso padre D. Cristóbal. 

Dícese en aquella apostilla lo siguiente: «sábado seis de marzo de i5i8 
comenge á leer este libro y a pasar las notas del en el yndice en valladolid 
y distraydo por muchas ocupaciones y caminos no lo pude acabar hasta 
el domingo ocho de Julio de i320 en Bruselas de flandes, en el qual tiempo 
las anotaciones que ay desde el numero iSSg en adelante aun no están pa- 
sadas en el índice porque quedó en españa> 

Basta fíjarse en el extenso plan de su obra y en la época en que lo con* 
cibe, para descubrir su superior cultura, su espíritu amplio y emprendedor. 

Consistía el plan, tal como lo dejó declarado en las instrucciones de 
que más abajo daremos cuenta, en reunir todas las relaciones topografía 
casy una vez extendidas en diversos cuadernos, inscribir en pliego aparte, 
por una cara nada más, los nombres de los pueblos relacionados que tu- 
viesen por inicial la misma letra, cortar los pliegos en tiras ó papeletas por 
debajo de cada nombre, disponer estos últimos por orden rigurosamente 
alfabético atendiendo á las cinco primeras letras de cada uno, ó á más en 
caso necesario y, después de ordenados alfabéticamente, copiarlos en un 
libro. 

A estas operaciones seguiría la de colocar, siempre por el mismo or- 
den, el nombre de cada pueblo, solo y aislado, al frente y en la parte su- 
perior de su hoja respectiva en otro libro mayor, y debajo de cada nom- 
íbre trazar dos columnas, la de la izquierda para contener en primer 
término los datos respectivos al casco de población y número de vecinos, 
después los de la correspondiente jurisdicción real ó señorial á que estu- 
viesen sometidos, indicación de si el territorio era ó no dependiente de 
otro, ó de algún orden militar, de arzobispado, obispado, monasterio, 
ducado, marquesado, condado ó de otra clase de señorío particular; de los 
accidentes del terreno, con expresión de si estaba situado en alto ó en 
llano, a orillas de un rio ó en la costa del mar, y de cualquiera otra cir- 
cunstancia digna de mencionarse, como la existencia de fortalezas ó mu- 
rallas, de monasterio, iglesia ó caserío principal, de imágenes ó santua- 
rios más venerados; lodo lo cual resulta con frecuencia relacionado en esa 
•columna izquierda del Vocabulario y en los cuadernos del Itinerario que 
le sirvieron de fuente para su obra. 

En la columna de la derecha y, cuando fuese necesario por la afluen- 
cia de datos, en hojas adicionales, haríanse constar las distancias de pue- 




EL ITINERARIO DE DON HERNANDO COLÓN IO9 

blo á pueblo, debiendo ser las indicaciones más numerosas y circunstan- 
ciadas en esta columna que en la anterior, por constituir su contenido el 
objeto más útil y más práctico del libro. 

Evitaba al efecto repeticiones inútiles, no expresando las mismas dis- 
tancias más que una sola vez, al describir el pueblo que aparecía ames en^ 
el Vocabulario según el orden alfabético establecido, y omitiéndolas al 
ocurrir el otro pueblo á que aquellas distancias se referían. Procuraba 
revestir de toda la autoridad posible las descripciones del libro grande, no^ 
dando la preferencia á alguna relación determinada de los cuadernos, sino 
aceptándolas todas igualmente; para lo cual colocaba en extracto, á con- 
tinuación unas de las otras, las referentes á un mismo pueblo, á fin de que 
el lector siguiese la resultante de todos los informes ó el informe más jus- 
tificado por la insistente repetición de otros análogos, pues es de advertir 
que una misma población aparece visitada y descrita más de una vez ó por 
el mismo D. Hernando ó por sus amanuenses, ó por todos juntamente, en 
épocas distintas. 

Tal es el plan ideado por el insigne bibliógrafo para redactar de su 
puño y letra el abultado códice en folio que, para distinguirlo del itine- 
rario, hemos bautizado con el nombre de Vocabulario topográfico de 
España. 

Son tan interesantes para la historia de ambos códices esas instruccio- 
nes de D. Hernando (que el encuadernador ha colocado erróneamente en 
el lugar del folio vigésimo del Itinerario, y fueron evidentemente escriías^ 
para servir de preliminar al libro), que vamos á copiarlas al pie de la le- 
tra, á pesar de haberlas insertado Gallardo en su Ensayo de una Biblio- 
teca Española, tomo II, por las adulteraciones que éste se permitió intro- 
ducir en el texto. Fielmente trasladadas son como sigue: 

«Todos los nombres propios se han de sacar en un papel, poniendo los 
que comiencen en a en un pliego y los que comienzan asimesmo en otra 
letra en otro, el qual no se ha de escrevir salvo por la una haz y después 
todos los nombres que comienzan por una letra se cortaran y se dividirán 
o pornan por orden alfabético como un vocabulario hasta la quinta letra 
y aun mas adelante, y luego se escreviran en un libro por manera que de 
un vocablo á otro haya dos dedos de blanco para que como se oviere es- 
crito mas quadernos desta escritura en que avrá nombres nuevos se podra 
poner en aquel blanco que quedó en el lugar que la orden alfabética lo re- 
quiere; después que desta manera aya escrito tantos lugares y nombres 



-^ 



I08 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

Igualmente suya, alusiva al descubrimiento del Nuevo Mundo por su glo- 
rioso padre D. Cristóbal. 

Dícese en aquella apostilla lo siguiente: «sábado seis de marzo de i5i8 
^omenfe á leer este libro y a pasar las notas del en el yndice en valladolid 
y distraydo por muchas ocupaciones y caminos no lo pude acabar hasta 
el domingo ocho de Julio de i320 en Bruselas de flandes, en el qual tiempo 
las anotaciones que ay desde el numero iSSq en adelante aun no están pa- 
sadas en el Índice porque quedó en españa.» 

Basta fíjarse en el extenso plan de su obra y en la época en que lo con- 
-cibe, para descubrir su superior cultura, su espíritu amplio y emprendedor. 

Consistía el plan, tal como lo dejó declarado en las instrucciones de 
que más abajo daremos cuenta, en reunir todas las relaciones topografía 
casy una vez extendidas en diversos cuadernos, inscribir en pliego aparte, 
por una cara nada más, los nombres de los pueblos relacionados que tu- 
viesen por inicial la misma letra, cortar los pliegos en tiras ó papeletas por 
debajo de cada nombre, disponer estos últimos por orden rigurosamente 
alfabético atendiendo á las cinco primeras letras de cada uno, ó á más en 
caso necesario y, después de ordenados alfabéticamente, copiarlos en un 
libro. 

A estas operaciones seguiría la de colocar, siempre por el mismo or- 
den, el nombre de cada pueblo, solo y aislado, al frente y en la parte su- 
perior de su hoja respectiva en otro libro mayor, y debajo de cada nom- 
bre trazar dos columnas, la de la izquierda para contener en primer 
término los datos respectivos al casco de población y número de vecinos, 
después los de la correspondiente jurisdicción real ó señorial á que estu- 
viesen sometidos, indicación de si el territorio era ó no dependiente de 
otro, ó de algún orden militar, de arzobispado, obispado, monasterio, 
ducado, marquesado, condado ó de otra clase de señorío particular; de los 
accidentes del terreno, con expresión de si estaba situado en alto 6 en 
llano, a orillas de un rio ó en la costa del mar, y de cualquiera otra cir- 
cunstancia digna de mencionarse, como la existencia de fortalezas ó mu- 
rallas, de monasterio, iglesia ó caserío principal, de imágenes ó santua- 
rios más venerados; todo lo cual resulta con frecuencia relacionado en esa 
•columna izquierda del Vocabulario y en los cuadernos del Itinerario que 
le sirvieron de fuente para su obra. 

En la columna de la derecha y, cuando fuese necesario por la afluen- 
>cia de datos, en hojas adicionales, haríanse constar las distancias de pue- 



EL ITINERARIO DE DON HERNANDO COLÓN lOQ' 

blo á pueblo, debiendo ser las indicaciones más numerosas y circunstan- 
ciadas en esta columna que en la anterior, por constituir su contenido el 
objeto más útil y más práctico del libro. 

Evitaba al efecto repeticiones inútiles, no expresando las mismas dis- 
tancias más que una sola vez, al describir el pueblo que aparecía antes en 
el Vocabulario según el orden alfabético establecido, y omitiéndolas al 
ocurrir el otro pueblo á que aquellas distancias se referían. Procuraba 
revestir de toda la autoridad posible las descripciones del libro grande, na 
dando la preferencia á alguna relación determinada de los cuadernos, sino 
aceptándolas todas igualmente; para lo cual colocaba en extracto, á con- 
tinuación unas de las otras, las referentes á un mismo pueblo, á fin de que 
el lector siguiese la resultante de todos los informes ó el informe más jus- 
tificado por la insistente repetición de otros análogos, pues es de advertir 
que una misma población aparece visitada y descrita más de una vez ó por 
el mismo D. Hernando ó por sus amanuenses, ó por todos juntamente, en 
épocas distintas. 

Tal es el plan ideado por el insigne bibliógrafo para redactar de su 
puño y letra el abultado códice en folio que, para distinguirlo del itine- 
rario, hemos bautizado con el nombre de Vocabulario topográfico de 
Esparta. 

Son tan interesantes para la historia de ambos códices esas instruccio- 
nes de D. Hernando (que el encuadernador ha colocado erróneamente en 
el lugar del folio vigésimo del Itinerario, y fueron evidentemente escritas- 
para servir de preliminar al libro), que vamos á copiarlas al pie de la le- 
tra, á pesar de haberlas insertado Gallardo en su Ensayo de una Biblio^ 
teca Española, tomo II, por las adulteraciones que éste se permitió intro- 
ducir en el texto. Fielmente trasladadas son como sigue: 

«Todos los nombres propios se han de sacar en un papel, poniendo los 
que comiencen en a en un pliego y los que comienzan asimesmo en otra 
letra en otro, el qual no se ha de escrevir salvo por la una haz y despue» 
todos los nombres que comienzan por una letra se cortaran y se dividiraa 
o pornan por orden alfabético como un vocabulario hasta la quinta letra 
y aun mas adelante, y luego se escreviran en un libro por manera que de 
un vocablo á otro haya dos dedos de blanco para que como se oviere es- 
crito mas quadernos desta escritura en que avrá nombres nuevos se podra 
poner en aquel blanco que quedó en el lugar que la orden alfabética lo re- 
quiere; después que desta manera aya escrito tantos lugares y nombres 



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I08 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

Igualmente suya, alusiva al descubrimiento del Nuevo Mundo por su glo- 
rioso padre D. Cristóbal. 

Di'cese en aquella apostilla lo siguiente: «sábado seis de marzo de i5i8 
>comen9e á leer este libro y a pasar las notas del en el yndice en valladolid 
y distraydo por muchas ocupaciones y caminos no lo pude acabar hasta 
el domingo ocho de Julio de i520 en Bruselas de flandes, en el qual tiempo 
las anotaciones que ay desde el numero i55g en adelante aun no están pa- 
sadas en el Índice porque quedó en españa.» 

Basta fijarse en el extenso plan de su obra y en la época en que lo con- 
cibe, para descubrir su superior cultura, su espíritu amplio y emprendedor. 

Consistía el plan, tal como lo dejó declarado en las instrucciones de 
que más abajo daremos cuenta, en reunir todas las relaciones topográfi- 
cas, una vez extendidas en diversos cuadernos, inscribir en pliego aparte, 
por una cara nada más, los nombres de los pueblos relacionados que tu- 
viesen por inicial la misma letra, cortar los pliegos en tiras ó papeletas por 
debajo de cada nombre, disponer estos últimos por orden rigurosamente 
alfabético atendiendo á las cinco primeras letras de cada uno, ó á más en 
caso necesario y, después de ordenados alfabéticamente, copiarlos en un 
libro. 

A estas operaciones seguiría la de colocar, siempre por el mismo or- 
den, el nombre de cada pueblo, solo y aislado, al frente y en la parte su- 
perior de su hoja respectiva en otro libro mayor, y debajo de cada nom- 
tbre trazar dos columnas, la de la izquierda para contener en primer 
término los datos respectivos al casco de población y número de vecinos, 
después los de la correspondiente jurisdicción real ó señorial á que estu- 
viesen sometidos, indicación de si el territorio era ó no dependiente de 
otro, ó de algún orden militar, de arzobispado, obispado, monasterio, 
ducado, marquesado, condado ó de otra clase de señorío particular; de los 
accidentes del terreno, con expresión de si estaba situado en alto ó en 
llano^ a orillas de un rio ó en la costa del mar, y de cualquiera otra cir- 
cunstancia digna de mencionarse, como la existencia de fortalezas ó mu- 
rallas, de monasterio, iglesia ó caserío principal, de imágenes ó santua- 
rios más venerados; lodo lo cual resulta con frecuencia relacionado en esa 
columna izquierda del Vocabulario y en los cuadernos del Itinerario que 
le sirvieron de fuente para su obra. 

En la columna de la derecha y, cuando fuese necesario por la afluen- 
cia de datos, en hojas adicionales, haríanse constar las distancias de pue- 




EL ITINERARIO DE DON HERNANDO COLÓN lOQ- 

blo á pueblo, debiendo ser las indicaciones más numerosas y circunstan- 
ciadas en esta columna que en la anterior, por constituir su contenido el 
objeto más útil y más práctico del libro. 

Evitaba al efecto repeticiones inútiles, no expresando las mismas dis- 
tancias más que una sola vez, al describir el pueblo que aparecía antes en 
el Vocabulario según el orden alfabético establecido, y omitiéndolas al 
ocurrir el otro pueblo á que aquellas distancias se referían. Procuraba 
revestir de toda la autoridad posible las descripciones del libro grande, no^ 
dando la preferencia á alguna relación determinada de los cuadernos, sino 
aceptándolas todas igualmente; para lo cual colocaba en extracto, á con- 
tinuación unas de las otras, las referentes á un mismo pueblo, á fin de que 
el lector siguiese la resultante de todos los informes ó el informe más jus- 
tificado por la insistente repetición de otros análogos, pues es de advertir 
que una misma población aparece visitada y descrita más de una vez ó por 
el mismo D. Hernando ó por sus amanuenses, ó por todos juntamente, en 
épocas distintas. 

Tal es el plan ideado por el insigne bibliógrafo para redactar de su 
puño y letra el abultado códice en folio que, para distinguirlo del Itine- 
rario, hemos bautizado con el nombre de Vocabulario topográfico de 
España. 

Son tan interesantes para la historia de ambos códices esas instruccio- 
nes de D. Hernando (que el encuadernador ha colocado erróneamente en 
el lugar del folio vigésimo del Itinerario, y fueron evidentemente escritas- 
para servir de preliminar al libro), que vamos á copiarlas al pie de la le- 
tra, á pesar de haberlas insertado Gallardo en su Ensayo de una Biblio^- 
teca Española, tomo II, por las adulteraciones que éste se permitió intro- 
ducir en el texto. Fielmente trasladadas son como sigue: 

«Todos los nombres propios se han de sacar en un papel, poniendo los 
que comiencen en a en un pliego y los que comienzan asimesmo en otra 
letra en otro, el qual no se ha de escrevir salvo por la una haz y después 
todos los nombres que comienzan por una letra se cortaran y se dividiraa 
o pornan por orden alfabético como un vocabulario hasta la quinta letra 
y aun mas adelante, y luego se escreviran en un libro por manera que de 
un vocablo á otro haya dos dedos de blanco para que como se oviere es- 
crito mas quadernos desta escritura en que avrá nombres nuevos se podra 
poner en aquel blanco que quedó en el lugar que la orden alfabética lo re- 
quiere; después que desta manera aya escrito tantos lugares y nombres- 



124 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

-seculares estas corporaciones ó colegios de clérigos? Y en el primer caso, 
^cual era la regla, canónica se llamó después, que ordenaba sus actos? 

No es fácil dar cumplida respuesta á estos problemas, especialmente 
refiriéndonos á los primeros tiempos de este período, y es difícil llegar á 
una conclusión general aplicable á todas y cada una de las Iglesias. Es 
preciso proceder con un análisis minucioso, Iglesia por Iglesia, allí donde 
hay datos apreciables, y partir en esta investigación de lo practicado antes 
del -^trastorno causado por. la invasión, siempre tratando con la debida 
separación las Iglesias sometidas al yugo mahometano y las de los dife- 
rentes Reinos cristianos. 

No son muchas ni minuciosa^ las noticias que se tienen acerca de la 
vida común de los clérigos con su Obispo en la época goda; pero se sabe, 
por los Cánones de algún Concilio, especialmente el IV Toledano, y al- 
gunos datos suministrados por San Isidoro Hispalense, que hacían vida 
común con el Obispo los presbíteros y diáconos civitatenses en el llamado 
•Cónclave episcopal <; en comunidad se servia la comida, y durante ella 
se daba lectura á los libros sagrados ^; la habitación y dormitorios serian 
también comunes, pues las celdas eran propias de los enfermos y ancianos, 
y el vestido como el alimento corría á cargo del Ecónomo 3. Pero esta 
vida en común no excluía la propiedad individual en los clérigos que vi- 
vían en el Cónclave episcopal, pues, deducidos los gastos ocasionados en la 
comunidad, el sobrante del tercio de las rentas y de las ofrendas se repar- 
tía y constituía el patrimonio particular de cada clérigo, según claramente 
lo atestigua el Concilio de Mérida de 666 4. 

Tal era el régimen de vida clerical en las Iglesias catedrales de la Pe- 
nínsula durante la dominación goda, y en tal estado ocurrió la invasión 
árabe 5. 

No pocos trastornos causaría ésta en la normalidad de la vida común 
en las Iglesias que sufrieron el yugo mahometano, como de seguro ocurrió 

1 presbyteres atque lepitae quos forte infirmitas aut aetatis gravitas in conclave Epi- 
scopio manere non síntf, ut et ídem in cellulis suis textes vitas habeant . Cinon XXIII del Conci- 
lio IV Toledano. 

2 In omni sacerdotali convivio lectio scripturarum divinarum misceatur. Canon VII del 
Concilio III de Toledo. 

3 Ad Aeconomum pertinet dispensatio vestimenti et victus domesticorum clericorum. 

San Isidoro, cpíst. Leudefredo, par. V, ed. de Lorenzana. 

4 Ut episcopus eum quem vidsrit de Clericis suis ad bonum professum tendere, honorandi 
et munijicandi de rebus Ecclesiae habeat licentiam. Canon XIII. De pecunia quae in Ecclesia Dei 

offerlur fideliter coUigenda etfideliter dividenda alteram (partem) presbyteri et diacones 

Anibi deservientes consequantur et inter se est dignitas et proposterit dividant. Canon XIV. 

5 Pérez Pujol: ob, cíí., lomo III, parte especial, lib. I, cap. III, pág. 136. 



W"^^ 



APUNTES 125 

con todos los órdenes de la vida, mas es verosímil que, pasados los pri- 
meros momentos y regularizada la vida de los cristianos, continuara el 
presbiterio urbano en el mismo género de vida, sobre todo en la primera, 
época, hasta que los rigores de la persecución lo hicieran imposible. Y que 
no es una temeridad afírmar la subsistencia de la vida común en las Igle- 
sias enclavadas en el Califato cordobés, lo prueban, entre otras cosas, la 
existencia normal de Monasterios de ambos sexos en la misma ciudad de 
Córdoba, y la continuación de los colegios clericales ó Seminarios en las- 
Basílicas —testigos los famosísimos estudios en las de San Zoil y San 
Acisclo » — , no siendo probable, por otra parte, que una Iglesia como la 
mozárabe, tan celosa en el cumplimiento de la disciplina goda, que tan 
bien guardó las tradiciones y que conservó como sagrado depósito en me- 
dio de los esplendores del poderío islamita la cultura de la época anterior, . 
se olvidara y dejara en desuso lo preceptuado en los cánones toledanos 
acerca de la vida común de los clérigos civitatenses con sus Obispos. Y 
sería tanto más de notar esta omisión, cuanto que en todos los asuntos 
tratados por San Eulogio, Alvaro y Samson, relativos á las prácticas le- 
gislativas, muestran claramente que ninguna innovación se verificó en la 
disciplina, que se guardaba y cumpha en cuanto lo permitía la turbación^ 
de los tiempos. De modo es que puede decirse sin error que se conservaría 
la vida común en las Catedrales de la Bética, y que la regla de esta vida 
fué, sin duda, la mandada observar por los Concilios III y IV de Toledo, 
y de la que da cuenta en los textos antes transcritos San Isidoro Hispa- 
lense 2. 

Restaurada en Asturias la disciplina gótica, es seguro también que una 
vez libres los cristianos de posibles incursiones de los árabes se restable- 
cería asimismo la vida común en las Catedrales que se iban fundando. De 
León se tienen datos seguros acerca de este particular. Demuestran la re- 
gularidad de esta Iglesia, entre otros instrumentos, la donación de Or- 
doño III, 964, al Obispo Gonzalo et monachis S, Marios legionensem Eccle- 
siam 3; la de Bermudo II, 984, al Obispo Savarigo cceterisque monachit 

1 ... .sancti ac Beatissimi Zoyli aede deseryiens^ et in eiusdem coUegio clericorum pitam 

deducens Alvaro, Vita pelpassio Beatissimi Uartyris Eulogii, cap. I, núm. 2 Prefectus^ 

presbyter Cordubae et sub pedagogis BasilUae sancti ActscU San Eulogio, Memoríalis 

Sanctarum^ lib. II, cap. I, núm. i, y lib. III, cap. VIII, núm. 1. 

2 Esp. Sagr , tomos V, cap. V; X, cap. Vil, y XII, págs. 332 y siguientes. 

3 ad pobis Pontificem domno Gundisalpo Episcopo pro pictum atque pestimentum 

Monachorum ad ipsam Ecclesiam pestram Deo serpientium 5i quis pero adpeniens habitare 

et eligere in vita sancta peí monasticha polens poluerit pita peí ditioni et regimine pestro , . 

Esp. Sagr., lomo XXXIV, ap. XVI, pág. 457. 



126 REVISTA DE ARCHIVOS, aiÜLlOTECAS Y MUSEOS 

ibidem Deum collentibus '; otra del mismo Rey á la misma Iglesia 
^n 985 ^, y otra en 991 3. Es de observar que en estos instrumentos la 
voz monachis es sinónima de canonicis. Esto que ocurría en la Catedral de 
León sería, sin duda, de general observancia en las demás Iglesias, y asi 
viene á demostrarlo lo preceptuado en el Concilio Compostelano celebrado 
hacia el año io56 •♦, en el que se determinan las obligaciones de los Canó- 
nigos por lo que se refiere á la vida común ^. Los Canónigos de León se 
distinguían en que, no sólo no poseían individualmente cosa alguna, sino 
que hasta las dignidades y prebendas eran amovibles á voluntad del Pre- 
lado, quia omnes Persona: prcsdictce Sedis dignitates suas et honores 

nonjirmiter, negué secundam canonicam institutionem possidebant, sed se- 

<undum Pontificis libitum según se lee en un instrumento del año 1120, 

por el cual el Obispo D. Diego, con el consejo de sus comprovinciales y 
autoridad apostólica, los hizo inamovibles ^. 

En cuanto á qué regla ó canónica rigiera á los Canónigos de las Iglesias 
de Asturias, Galicia y León durante este período, desde luego puede afir- 
marse no fué la agustiniana, pues ningún vestigio hay de ella en las es- 
crituras de la época 7; no parece probable fuera la mandada observar por 
el Concilio de Aquisgrán de 816, pues las Iglesias de esta parte de España, 
á diferencia de las de Cataluña, no' mantuvieron con el Imperio franco 
íntimas relaciones, no siendo, como no fueron, muy cordiales las que me- 

1 Ego Veremundus Rex Domino pater Savarigus Episcopus cumomnium monachorum 

ibi vitam degentes , Esp. Sagr., tomo XXXIV, ap. XXVII. 

2 Esp. Sagr., tomo XXXIV, ap. XXIV. 

3 Ego Veremundus Rex,,.. Domino Savarigo Episcopo cum omnium canonicorum ibi vitam 
degentes , Esp. Sagr.^ tomo XXXIV, ap. ^XV. 

4 Esp, Sagr., tomo XIX; apén. último; Aguirre, tomo IV; Tejada y Ramiro, ob. cíí., 
tomo III. 

5 Ut per litas Sedes Episcopales juxta sacros Cánones canónica agere Studeant; ita ut 
ipsi Episcopi dúos vel tres Praepositos electos habeant cum consensu caeterorum clericorum^ 
^ui curam diae cesium degoniorum procúrente et necesaria monachorum'adimpleant. Omni 
autem tempore unam omnes horam intra Ecclesiam simul celébrente unum refectorium^ unum 
dormitorium et dum in propinquo fuerint^ ómnibus canonicis cum Episcopis habeant^ ut absque 
uno de his tribus numquam desit monachis, Et in his ómnibus silentium observent, nec non ad 
mensam lectiones sanctas semper audiant. Vestimenta Episcoporum atque clericorum usque ad 

talos induantur sacrificio ipsi Episcopi et omnes Presbyteri omni die offerant Deo, praeter 

languorem et debilitatem corporis Psalmos qui potuerit plus recitare recitet Canon I del 

citado Concilio de Compostela. * 

6 Didacus tegionensis Episcopus auctoritate Apostólica fultus^ et comprovincialium Epi- 
scoporum habito consilio, dignitates et praebendas^ quae ad nutum Episcopi amopiles erant 
proprias et inmóviles esse decerint perinstrumentum anni riso, Esp. 5agr., tomo XXXV, apén- 
dice IV, pig. 417. 

7 En Tuy se estableció la canónica agustiniana, en 1138, por cl Obispo D. Pelayo, et ipsi 

•canoniei in ordine S. Augustini perseverent dice la escritura. Esp. Sagr,^ tomo XXII, apén- 
dice VI. 



'"m 



APUNTES 



12: 



diaron entre ambos Estados; de modo que las reglas de esta vida común 
hay que buscarlas en las tradiciones góticas primero, y luego en los expre- 
sos y minuciosos preceptos del indicado Concilio de Compostela de io56. 

No todas las Iglesias de estos Reinos tuvieron en esta época las mismas 
dignidades y oficios. Por las inscripciones de las escrituras conservadas 
sabemos el nombre y número de los existentes en algunas. Las más comu- 
nes eran las de Deán, Abad, Arcipreste, Arcediano, Tesorero, Prior, Sa- 
crista, Precentor, etc., de los cuales unos designaban dignidades con juris- 
dicción como las de Arcipreste y Arcediano; otras procedían de la vida 
común, como Abad, Prior, Prepósito; y otras de ias obligaciones que tenían 
los Canónigos respecto de los objetos del culto, como los de Sacrista ^ 

En las iglesias catedrales de Cataluña ^ predominó la canónica aquis- 
granense, en unas desde su restauración, en otras al dotar nuevamente los 
Capítulos y reformar su vida algunos Obispos celosos. A propósito de la 
canónica de Vich sostuvo el P. Flórez que en los comienzos fue regular y 
después agustiníana 3; mas Villanueva probó cumplidamente que en sus 
comienzos fué secular, así lo acredita la petición hecha al Obispo Wada- 
miro en gSy por los Canónigos de Vich para el restablecimiento y restau- 
ración de la canónica 4, y en cuanto á la calidad de ésia, de los términos 



1 En el testameoto de Alfonso III firman, después de los Obispos, Gundesalvus Decanus, 
Rodttlfas, Abbas Oventensi, Flacinus Prímiclerus. Eap. Sagr., tumo XXXVII, ap. X. En el 
testamento de Odoacro, Obispo de Lugo (740-786), firman Nonellus, Archidiaconus. Esp, Sagr.^ 
tomo XL, ap. XII. En la confirmación del testamento de Alfonso III, hecha por Fruela, su hijo 
firma David Praesbyter, Thesaurariui. Kn León la primera dignidad era la del Abad, y existía 
en ella, por especial privilegio de los Reyes, la dignidad de Mayoríoo ó Merino, cuyo oficio era 
tener el Fuero Juzgo y el del reino para dar sentencia en las causas públicas con el de la ciudad. 
Se lee la firma del Merino en una escritura de 1020. por la que D." Urraca confirma los Fueros de 
León, Martinus Ordoniz, Mayorinus Sánete Mariae, dice la suscripción. Esp. Sagr , tomo XXXV, 
«p. II, y tomo XXXVI, trat. 72, cap. V, págs. iqS y siguientes. 

2 El P. Fr. José Marti, Canónigo prcmostratense del Monasterio de Bellpuig de las Abe- 
llanas, escribió un libro Canónica catalana antigua^ un vol. en fol., manuscrito que vio Villa- 
nueva en dicho Monasterio— Véase la obra ya citada de este último, tomo XII, pág.99— que tam- 
bién describe Torres Amat en su Diccionario critico de los escritores catalanes» pág. 390, y que 
ha debido perderse como tantos oíros en alguna de las mil vicisitudes por que pasaron los libros 
de los Monasterios. En el Convento de RK. PP. Franciscanos de Balaguer, antes de PP. Pre- 
dicadores, á cuya Biblioteca fueron á parar no pocos libros de las Abeilanas, no ha parecido, y 
el libro debía ser interesante, dad:i la fama científica de su autor y el contenido que describe 
Torres Amat. Se dividía esta obra en tres libros : el primero se ocupaba de la introducción de 
la vida canónica en cada una de las Iglesias Catedrales antes de la invasión de los moros, de su 
restauración después, y de su secularización; el segundo de las Colegiatas y el tercero era un 
estado de cada una. 

3 Esp. Sagr., tomo XXVIII. 

4 Restauratio et dotatio canónicas Ausonensis Ecclesiae á Domino Wadamiro illius Sedis 
Episcopo faeta anno DCCCCLVII. Villanueva, ob. ctt., tomo VI, ap. IV. Tiene además de 
particular la canónica Ausonense, y es otra prueba de que fué Aquisgranense, la existencia en 
ella de Canónigos cum proprio et sine proprio^ esto es, seculares y regulares, que era justamente 
uno de los caracteres distintivos de la tantas veces citada canónica aquisgranense. 



128 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

de la escritura se desprende que fué aquisgranense, ut regulariter exinde 
vtpatis, et secumdum instituía sanctorum patrum. El Abate Masdeu ', en 
su empeño de desconocer las relaciones de las Iglesias catalanas con las 
vecinas del Imperio franco, niega también que esta canónica fuera aquis- 
granense, mas no lo prueba, y se deduce precisamente lo contrario, por 
la incontestable intimidad entre unas y otras Iglesias, la preponderancia 
que en el Imperio franco y en esta época alcanzó la citada canónica y un 
testimonio documental indudable, el testamento de un Canónigo de esta 
iglesia llamado Ermeniero Quintilis, 1064, en el que hace donación de un 
gran número de libros á su Capítulo, entre otros, la Vita canónica aquis- 
gránense, para que sus individuos tuvieran presente el texto que los regia 2. 
Lo propio puede decirse de los Capítulos de Urgel 3, Gerona 4 y Barce- 
lona 5, los tres aquisgranenses, y este último regido quizás en los prime- 
ros tiempos por los Cánones del IV Concilio Toledano. 

Tampoco en las Iglesias catalanas hubo igual número de Canónigos, ni 
siquiera de dignidades, pues muchas veces dependía esto de lo bien ó mal 
dotados que estaban los Capítulos. En Vich las únicas dignidades eran 
Arcediano, Capiscol y Sacrista ^, pues aunque se conoció la Prepositura, 
no era considerada como dignidad por no tener otra obligación que la co- 
lección y distribución de los frutos. En Urgel hubo varios Arcedianos por 
lo dilatado de las diócesis, cuyos títulos antiguos eran de Aristot, Cerch, 
ArSy Htr y Prats. Había además Prior 7. En Gerona hubo Abad, Prior, 
Prepósito, cuatro Arcedianos, el Mayor ó Gerundense, el de Besalú, Em- 
purias. y el de Peralada, correspondientes á los cuatro Condados de que se 
componía la diócesis, Sacrista Mayor, Precentor y Abad de San Félix *. 

1 Ob, cit.y tomo XIII, págs. 56 y siguientes. 

2 VillanucTa: ob. cit., tomo VI, carta XLVI. 

3 Son constantes los testamentos de los Canónigos de Urgel en el siglo xi en los que dis- 
ponían libremente de sus bienes, lo cual es incompatible con la regla agustiniana. Véase Villa- 
nueva: o5. cit., tomos VIII, carta LXXVII, y IX. 

4 La canónica de Gerona data del año 882 en que la dotó el Obispo Teotario. Fué aquis- 
granense, como lo prueban, entre otros, los testamentos de Ponce, Levita y Caput Scholae 
en 1064, y de Guillermo Guifredo, io65. Villanueva: ob. cit., tomo XII, ap. XXIV y XXIX. 

5 Fué ordenada la canónica de Barcelona por el Obispo Frodoino, 878, y restaurada por 
Accio en 1009. Vivían los Canónigos en común, con bienes comunes; pero sin excluir la propie- 
dad individual, y no tenían ni profesión ni votos monásticos. Había en el siglo xi cuarenta 
Canónigos, y de entre ellos se elegían l.s que habían de desempeñar los oficios. Se conocían 
además los Canónigos llamados legos y eran los que dejaban alguna heredad n la canónica, por 
lo que se hacían acreedores á la percepción de las prebendas y sufragios de la Iglesia. Villanue- 
va: od.cíí., tomo XVII. 

6 Villanueva: ob. ctt., tomo VI, pág. 32 y siguientes. 

7 Villanueva: ob. c/f., tomo VIII, carta LXXVII. 

8 Villanueva: ob. cit., tomo XIII, carta XCII. 




V ::vv'-\ 



APUNTES 



129 



Y, por último, también en las diócesis de la Monarquía aragonesa se 
conoció la vida común; pero fué la regular agustiniana. En Huesca es pro- 
bable que introdujeran la vida común los Canónigos que llevó el Obispo 
D. Pedro cuando se trasladó la Sede de Jaca á esa ciudad '. La primera 
mención de las canonjías de Jaca es una donación de D. Ramiro á dicha 
iglesia en io63; no fué regular hasta 1076-1086, en que el Obispo D. Gar- 
cía introdujo la regla de San Agustín, Statuit igitur prout Sancti Ro- 

mani Pontífices et Beatus Augustinus cceterisque Sancti Patres insti- 

tuere in Jacensi Ecclesia congregare clericos communere vitam an- 
eantes etnullius proprii participatio injruenies sed et omnia in communi 

habentes secundum regulam Sancti Patris nostri Augustini *. Y en 

Roda el Obispo Raimundo Dalmacio, 1078-1094, instituyó en su iglesia 
Catedral la vida canónica agustiniana 3. En Huesca se conocieron las dig- 
nidades de Prior, Prepósito, Enfermero, Limosnero, Preboste y Arce- 
diano de Cámara; análogas serían las de Jaca, y en Roda hubo Prior, cua- 
tro Arcedianos, de Ribagorza, Terrantona, Benasque y Pallas, Prepósito,. 
Sacristán y Limosnero. 

En Navarra, el año 1086, al restaurar el Obispo D. Pedro la Catedral 
de Pamplona, estableció la canónica 4 agustiniana con seis oficios: Príor^ 
Arcediano de mensa ó tabla, Arcediano de Cámara, Enfermero y Hospi- 
talero, y seis dignidades llamadas Arcedianos de Valdonsella, Valde-Ay- 
bar, Santa Gemma, Usun, Eguiarte y Veíate 5. 

Sucesor el Cabildo Catedral del antiguo Presbiterio — corporación 
formada por los Clérigos y Diáconos de la Ciudad Episcopal, cuya cabeza 
era el Obispo — , asumió las facultades y derechos que en lo antiguo ejer- 
ciera aquél, y así lo vemos intervenir en esta época en la elección de Obis- 
pos, en unas diócesis solo, en otras en unión de representantes del clero 
rural; en la administración de los negocios generales de la diócesis y ser 
además el Senado y Consejo de los Prelados cuando éstos tenían que re- 
solver negocios arduos ó de trascendencia. De manera que en este período 
reviste también el Capítulo Catedral los dos aspectos en que por la disci- 
plina vigente se le considera y de los que dimanan las obligaciones y facul- 



P. Huesca: ob. cit.^ tom > XI. 
P. Huesca: ob. cií., tomo XIH, cap. Xlll, ap. VII. 
; P. Huesca: ob. cit., lomo IX, ap. IX. 
Véase Fernáüdez Pérez: ob. cit., lomo I, págs. iSq y siguieuies. 
Sandoval, fol. 72. 

3.» ÉPOCA.— TOMO XV. 







l30 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

tades de los Canónigos, el referente al culto y el relativo al gobierno de la 
diócesis. 

Además de los Capítulos catedrales existieron en esta época otras Cor- 
poraciones de clérigos, organizadas de análoga manera, pero con Siferen- 
tes facultades: los Capítulos colegiales ó Colegiatas. El fervor religioso ca- 
racterístico de estos tiempos hizo que los nobles y magnates, á imitación 
de los Reyes, al reconquistar territorios á los mahometanos, fundaran igle- 
sias y las dotaran con cuantiosas rentas y numeroso clero y, á semejanza 
del Catedral, hizo vida común; pero sin que estas Corporaciones tuvieran 
intervención en el gobierno de la diócesis como los Capítulos catedrales. 

En esta época se conocen varias Colegiatas, algunas de gran impor- 
tancia. En Cataluña fueron famosas: Manresa, en un principio aquísgra- 
nense, más tarde, logS, agustiniana >; Solsona, lo mismo que la anterior ^; 
Tremp, presidida por un Prepósito ó Arcediano en vez de Abad. San Fé- 
lix de Gerona, Catedral durante la breve dominación musulmana, luego 
Concatedral y por último Colegiata 3, y, fínalmente, la más antigua y 
famosa de todas por su exención, la de San Pedro de Ager, fundada en 
io56 por el conquistador de la villa Arnaldo Mir de Tost, aquisgranense 
también 4. En Aragón la de Alquezar, fundada por D. Sancho, 1070 pro- 
bablemente 5. Y en Castilla, Valpuesta, primero Catedral y luego Arce- 
dianato de Burgos cuando la Sede de Valpuesta se refundió en esta últi- 
ma ^. 

Muy tempranamente se conoció el monacato en España, y nadie ig- 
nora la bienhechora influencia que ejerció en todos los órdenes de la vida 
durante la época goda. En la cultura, mediante las escuelas monásticas, 
plantel fecundísimo de varones ilustres en las ciencias y en las letras; en 



1 Introductio vitae canonicae S. Augustini in Ecclesia Manresensi anno MXCVIII. VilU- 
nuevt: ob. cit.^ tomo VII, ap. X, pág. 272. 

2 Conjirmatio vitae canonicae in Ecclesia Celsenensi anno MVCVIII, por Urbano II. Vi- 
Ilanueva: ob, ci/., tomo IX, ap. VII, pág. 222. 

3 Hay dos documentos: el uno de 882 y el otro de 893, dotación de la canónica Gerundense 
el primero, y un juzgado á favor dd Obispo Servus Dei el segundo, acerca de la posesión de la 
villa de Barcara de los que se colige que ambos cleros, el de la Catedral y el de San Félijt, se 
contaron por uno solo en todo el siglo ix, teniendo una misma mensa y viviendo la misma ca- 
nónica. Se separaron en el siglo x, según se deduce del testamento del Conde Seniofredo de 976; 
y en varios testamentos del siglo xi son ya frecuentes las mandas á la canónica de San Félix 
como distinta de la de Santa María. Villanueva: ob. ctí., tomos XIV, carta XCVII, y XII, 
carta XLÍI. Esp. Sagr., tomos XLIV y XLV. 

4 Charta dotationes Ecclesia Agerensis, anno MLVI. Villanueva: tomo IX, ap. XIV. 

5 P. Huesca: ob. cit., tomo VII. 

6 Esp. Sagr.^ tomo XXVI. 



n 




APUNTES 



j3i 



}as costumbres — aparte de algún que otro lunar, explicables por la ña- 
.queza de la naturaleza humana — , por la austeridad de la vida monacal 
y los frecuentes ejemplos de virtud que ofrecían á la consideración de sus 
coetáneos; en la misma agricultura, ya que, enclavados los cenobios ge- 
neralmente en parajes solitarios, y siendo una de las reglas de la vida mo- 
nacal el trabajo corporal, cultivaban la tierra con esmero á la par que 
daban culto á Dios, y, por último, hasta en la organización política de 
aquella sociedad influyó, y no poco, el monacato, neutrah'zando los Obis- 
pos monjes las tendencias levantiscas de los séniores godos, que penetra- 
ban en la iglesia con los Prelados salidos de la aristocracia germánica K 

¿Qué suerte cupo á las instituciones monásticas después del desastre 
del siglo VIII? ¿Hubo variantes en su régimen y gobierno? ¿Fué uniforme 
la disciplina monacal en todos los Estados españoles durante esta época? 

San Eulogio, de Córdoba, en su Memorial de ios Santos, Samson en 
su Apologético^ Paulo Alvaro en sus Epistolasy el Obispo Rabí-ben-Zaid 
en su Santoral, transmiten interesantes noticias acerca de la existencia de 
numerosos monasterios en la Bética, especialmente en Córdoba y sus cer- 
canías, donde nutridas comunidades de ambos sexos ^ vivían en la quie- 
tud de sus claustros, vistiendo los trajes propios de su estado 3 y someti- 
dos á la misma disciplina monacal vigente en la época anterior, en esto. 



1 £1 Sr. Pérez Pujol en sa citada obra, tomo III, cap. IV y en las págs. io6 y siguientes 
trae un acabado estudio acerca del monacato hispano-godo. Véase también la interesante mo- 
Bografia de D. Antonio de Siles, ya citada, para lo referente á Jas reglas monásticas en la Es- 
paña goda. 

2 caenobio Sancti Zoyli Armilattnte qui locus á Corduba in parte septentrionis 

triginta et ampiius milliaribus distant San Eulogio, Mem. Sanct.^ lib. II, cap. IV, núm. 2; 

quod in vico Cuteclara non tonge ab urbe in parte occidentali praeclaro ancillarum Dei...., 

San Eulogio, ob. cír, lib. III, cap. IV., núm. 2. Tune «tiam Leovigiidus monachus ex caenobio 

Sanctorum lusti et Pastoris, quod est in iníeriori montana Cordubenai qui á Corduba distat 

quinqué milliarios lustros San Eulogio, ob. cit., lib. II, cap. X, núm. 2. Deinde Christop/io- 

rus monachus qui post nostrum magisterium caenobium Sancti Martini quod est in mon- 
tana Cordubensi San Eulogio, ob. cif., lib. IT, cap. X Virgo quaedam peñerabais^ nomine 

Pomposa ex caenobio Sancti Salvatoris quod ad radicem Pinnae Mellarisae constitutum est... , 

San Eulogio, ob. cit., lib. II, cap. XI monachorum vitam optans. Tábanos pinculum petiit^ 

qui in partibus Aquilonis septenis ab urbe milliaribus distans. ...San Eulogio, o jr. ctf., lib. II 

cap. II Beatissimus Habentius virili jam aetate perfectus é cipibus Cordubensis monacho- 

rum pitam oblectans^ Sancti Christophori monasterium incoluit quod situm [est in^pectaculum 
urbis, in parte auslralt super crepidinem ulteriorem Baectis San Eulogio, ob. cit., lib. II, ca- 
pitulo IV, núm. 3. Acerca de este Monasterio véase la obra de Fernando Pérez de Corres, Lustre 
y Discurso al Monasterio de S. Cristoval (sio en tiempo de los moros; cuyos pestigios se des- 
cubrieron en la creciente del Guadalquipir de el año de 1636. Manuscrito que perteneció i don 
Aureliano Fernández Guerra. El cap. V lleva por titulo De gue habito y orden era este mo- 
nasterio. 

3 Las vírgenes del Señor vestían el velo de su estado, como se ve en Santa Áurea, de quien 
d'tct StíU Eulogio Sacrae depotionis insignitam stigmatae, Mem. Sanct.^ lib. III, cap. XVII. Y 
los religiosos usaban vestidos de lana. Paulo Alvaro: Epist. XIII, núm. 2. 



T' 



I 32 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

como en todo lo demás, ñel mente observada por la Iglesia mozárabe. 
Continuaron, pues, los monasterios llamados ^ú/7/fces ', lo propio que en 
tiempo de los godos; perseveraron las escuelas monásticas 2, donde se 
educaban cle'rigos y legos; y se hallaban sometidos cenobios y monjes á la 
jurisdicción episcopal, hasta el extremo de nombrar Abades los Prelados 
á quienes ni siquiera eran religiosos; tal fué el caso de Samson, que lo fué 
de un Monasterio de la sierra de Córdoba, sin que profesara jamás la vida 
monacal 3. Los rigores de la persecución sarracena, que dejaron sentir 
sus efectos en los cenobios — la mayor pane de los mártires cordobeses 
fueron monjes y religiosas — acabarían probablemente con los Monaste- 
rios mozárabes. 

Muy embrollada se presenta la historia del monacato en los Reinos 
cristianos de la Reconquista en los primeros tiempos, no siendo aceptables 
las tradiciones que suponen hubo Monasterios godos respetados por los in- 
vasores 4. La mayor parte de estas tradiciones, fundadas al parecer en 
testimonios escritos, fueron obra de la muy numerosa pléyade de falsifi- 
cadores de diplomas, especialmente en el siglo xvii, que, para dar solidez á 
sus asertos en pro de la antigüedad y preeminencias de tal ó cual Monas- 
terio, no vacilaban en fingir escrituras y forjar leyendas, que no pueden 
resistir un examen minucioso y concienzudo. 

Conocida la política de los árabes, y penetrándose de su conveniencia, 
norma de sus actos en las relaciones con los cristianos, quien estas cosas 
estudia ve claramente que, si razones muy atendibles movieron á los m'u- 
sulmanes á usar de moderación y tolerancia en los primeros tiempos de su 
dominación con los cristianos moradores de las comarcas distantes de los 
núcleos de resistencia contra el poder islamita — ya quedan apuntadas es- 
tas razones al comienzo de este estudio— , motivos no menos poderosos de- 
terminaron en los sarracenos conducta totalmente opuesta con los cristia- 
nos que habitaban los lugares fronterizos, pudiendo aplicarse á estos para- 
jes con exactitud las frases de D. Rodrigo Ximénez de Rada, al principio 



1 El Monasterio de San Salvador de Peñamelaria y el Tabanense eran dúplices. 

2 San Eulogio, Aíem. Sanct., lib. II, cap. XI, hablando de dos mártires educados eo la 
escuela de San Cipriano dice: unus ad ministerium Diaconii consecratus, alter in habitu sociati 
degebat simpliciter. Ocupándose del mártir San Cristóbal dice el propio San Eulogio: qui post 

nostrum magisteriumcaenobium Sancti Martin i lo rual prueba que continuaron en todos 

los Monasterios los estudios creados en la época anterior. 

3 Véase el Apologético del mismo Samson: Fué abad del Monasterio de Peñamelaria, 
Esp. Sagr.^ tomo XI, cap. III, núm. 7. 

4 Vicente de la Fuente: Historia eclesiástica de España, tomo III, cap. V. 




APUNTES l33 

de este trabajo citadas, porque realmente no quedaría en ellos iglesia ó 
monasterio que no fueran destruidos ó incendiados, privando de este modo 
á los cristianos de excelente base de sus operaciones militares, y de seguro 
refugio en sus frecuentes algaradas é incursiones por las comarcas domi- 
nadas por los musulmanes. Esto se acredita, entre otros casos, por la des- 
trucción del Monasterio de San Pedro de Cárdena, y el asesinato de sus 
monjes por Almanzor. Y las razones dichas explican la diferente conducta 
observada por los árabes con los cristianos según los lugares y las circuns- 
tancias. 

Pero si no es posible admitir la persistencia de monasterios góticos en 
los Reinos cristianos de la Reconquista, documentos indudables muestran 
que transcurrió poco tiempo desde la conquista de España por los árabes 
hasta la erección de otros nuevos, á lo cual contribuyó no poco la emigra- 
ción de los monjes mozárabes hacia las tierras ocupadas por los cristiano:; 
á causa de las persecuciones de los emires y califas cordobeses. Tal es el 
caso del Monasterio de Samos en Galicia, según puede leerse en el privi- 
legio otorgado á favor del dicho cenobio por la liberalidad de Ordeño II 
en el año 922 ^ 

Fuera tarea por demás enojosa, y aun ajena á la índole de este trabajo, 
la enumeración de los Monasterios existentes por esta época en los diver- 
sos Estados cristianos, y lo que realmente importa conocer es el hecho de 
su existencia, las reglas monásticas á que estuvieron sometidos y sws re- 
laciones de dependencia con los Obispos. 

El hecho de ser fundados algunos monasterios por monjes mozárabeí, 
la persistencia de los llamados dúplices, y el consignarse en algunas escri- 
turas de fundación ó dotación que se hallaban gobernados según las nor- 
mas de los Santos Padres, y no según la regla de San Benito ó de San 
Agustín, como en otros se observa, son datos que permiten afirmar sin 
violencia que la regla de San Fructuoso de Braga fué conocida todavía en 
esta época 2. 

1 Modo vero cognoscimus eo quondam Sacerdos nomine Argerigus Abbatt sorutr efus 
nomine Sarra, venerunt de Jinibus Spanie (sic) tempore dive memoriae proabií mei Domni 

Frollani qui concessit eis ipsum locum et construerunt monasterium, et fuerunt cenoí>ium 

multorum secundum normam Sanctorum Patrum Esp. Sagr., tomo XIV, ap. ll\. Véase ade- 
más el estudio del Sr. Díaz Jiménez: Inmigración moi^árabe en el Reino de León. El Síonasterh 
de Abellar ó de los Santos mártires Cosme y Damián^ en el Boletín de la Real Academia de ta 
Historia^ tomo XX, Madrid, 1892, págs. 123-150. 

2 Véase además el notable trabajo del P. Fita, S. J.: El Monasterio düplice di Piasca y U 
regla de San Fructuoso de Braga en el siglo X, publicado en el Boletin de la Reai Academia 
de la Historia^ tomo XXXIV, Madrid, 1899, págs. 448-462. 






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*ilí in -nr>ridsrer:c ^.' rui :'«;cr5 iiicíics i:r.i zaosrr-iTi t no j^nscriveíTa. 
■Vr»^ 'ncúst^rer.ty ii^-- ct^.vtfí ic San üjícr-nio. *a la iiccesis ie Vscor^a. 
W ',<{ 'U::ttuut ie 'a ^acr T.in ie irAiacx.n ie D.* E!-':n, Tifa ¿e BcrrnuA^ ' 
^/> . -i^S , « íc ^r;a tarr.-'cn us r.^ -lasta :;i;cei Rey D. Sancho ».*/**- 
r^if, ^il<v r">í3. ^-jfi cOTAerr. m.ent.^ f .'Oíiirítad, 5 á sección ie tcdos tos 
^^^vw^s 7 tíér .^''>*; iel \tav.o. -stacieció La r-forma ciuniacense. Y. por úl- 
^'tw^p, en Cata, ^ña >^ f jé tamt'én *! ie San Juaa Je las Abaiiesas \ hasta 
^i« €(\ t\ a^'^ .'0.-7 fueron t\c\.^¿as ias lionas, ^ue^lancio so{o Canóci^os 
a<:i«*^v?ranense^, 3 *e en : vio aJ*:;ctaroG la n»:la ie San .Vz-jstín 5. 

f^ pfW»ri.ieranc:3 q^e alcanzó !i regia benedictina hizo que la mavar 
pdrre ie lofi Monasterios !a aioptaran. erx-ntriniose muy pocas comu- 
nidades aí('JStínTana«i, En Cata! .na se notir. ías ie Santa >lar:'a de Estany. 
San Miguel ie Ceüés 7 Sanu Mará ie V-er *. Posteriormente, t mer- 
ced á la influencia que alcanzó en todo el Occiiente el famoso Monasterio 
de Cluny, % introiufo también en España la reforma clun i acense, como 
se ha ví^to en Oña y ocurrió en San Juan ie la Peña. 

Vigente en su totalidad, como está expuesto. la disciplina canónico- 
goda en toda ia Península durante esta época, continuaron los Monaste- 
rios sometidos á la jurisdicción del Obispo, según se lee en las actas de los 
Concilios de León ^ y Coyanza ^, y aun en algún documento real 7; pero 
la repetición ó recuerdo de estos preceptos indican ya la poca conformi- 
dad de los monjes á estar sometidos á ía jurisdicción episcopal y sus deseos 

1 ..,.xoncedimu$^dapimus et donamus Eccltsiae 9€*trat.... et ad sanctimonialium, mona- 

ehorum et/ratrum yeí qui regularem agenda vitam cotidianis diebus deserviré Esp. Sagr.^ 

tomo XVI, ap. XÍV. 

2 ob id ego Fredeturgis abbatissa et cuneta congregatio, tam sororum quam etiam 

canonicorum^ degentes in cenobio beatistimo Johanis Precursoris Domini Nostri Jesu christi, 
Vtllanueva: ob. c t., lomo VIII, ap. XII. 

3 Villanucva. ob. cit., tomo VIIL 

4 vnianucva: ob. cit,, tumos VII y XII Kn la parte de Caslilla y León, el Coccilio de Co- 
yanza, Caaon II, ordena que todos los Abades se gobiernen por la regla de San Benito, y lo 
mUmo Ifls Ab'idesas respecto de sus moajas y Monasterios. 

*> Oecrevimun etiam, ut nutíus contineat seu contendat Episcopis^ Abbates suarum Dioe- 
ctKMtfK, tive monachut^ Abbatisat, Sanctimoniales^ refugamus: sed omnes permaneani sub di~ 
tinne huí Epitcopi^ f^anon III. 

O (ft Áhbateeet Monachisuis obediant Episcopis,c5c\ epígrafe del Canon II del Concilio 
(1« (i(iyan/a que orden» queden sometidos en todo álos Obispos, los Abades y Abadesas con sus 
cungrcf^NcioncM y cenobios. 

7 HrgiM Oi'ddnii Itt mandatum ut monachi obediant Episcopo. Esp. Sagr.^ tomo XVI, 

«I». VIII, p¿M>4|t. 



X" 




APUNTES l35 

de eximirse de su autoridad, apareciendo en esta época las exenciones mo- 
násticas, primero en forma de singulares privilegios á favor de determi- 
nados cenobios, y más tarde como ley privilegiada que ordenara la juris- 
dicción de los Prelados regulares como exenta de la episcopal. 

No sólo aparecen exenciones monásticas en esta época, sino que tam- 
bién se eximen de la jurisdicción metropolitana algunos obisfigdos, y de la 
episcopal no pocos Cabildos colegiales, que darán lugar luego á inacaba- 
bles pleitos y litigios enojosos, algunos de los cuales han llegado hasta 
tiempos relativamente recientes. 

Las exenciones de diócesis fueron dos: León y Burgos. Respecto del 
origen cierto de la de León hay diversidad de opiniones. El Sr. Trujillo 
dice que fué exenta desde su erección; el P. Lobera añrma que lo fué ya 
en la época visigoda ^; el P. Flórez asegura que la mejor prueba de ser 
moderna esta exención consiste en estar incluida en la división de obispa- 
dos atribuida |á Wamba; el canónigo Espinos, que no halla documento 
auténtico que la acredite anterior al tiempo en que León fué corte de los 
Reyes asturianos; y, por último, el P. Risco afirma que es esta exención 
de origen antiguo, pero ignorado, y no falta quien lo hace remontar nada 
menos que al Concilio Eliberitano. De todas éstas, la opinión verdadera 
es la del P. Risco, pues realmente no hay documento por el que pueda de- 
terminarse exactamente el tiempo en que comenzó esta exención, y los 
hay que acreditan su antigüedad. Tal es la bula de Pascual II, de iio5, en 
la que confirma la exención de la iglesia de León á petición de su Obispo 

D. Pedro y su Cabildo: Tuas igitur et Ecclesice preces debita benigni- 

tate suscepimus ut libertatem jus antiquorum jam temporem diuturnitate 
possesum eidem Legionensi ^Ecclesice conservemus 2. La exención del obis- 
pado de Burgos tiene un origen cierto; fué otorgada por la Santidad de 
Urbano II en 1092 3. 

Entre las exenciones de las Iglesias colegiales la más antigua que se 
conoce es la de la iglesia de Ager. Fundada por el conquistador de la villa 
Arnaldo Mir de Tost en io56, y dotada por él ampHsimamente en 4 de 

Abril de 1067, solicitó del Papa su exención y la obtuvo de Nicolás II 

ut nullus episcopuSy vel aliquis suus nuntius aut qualibet alia persona, á 

1 El primero en su Historia de la Catedral de León, manuscrito, y el segundo en su libro, 
sobre las Grandes^as de la Iglesia y ciudad de León, citados por el P. Risco. Esp. Sagr. 
tomo XXXIV, cap. IX. 

2 £sp. 5a^r., tomo XXXIV, cap. IX. 

3 Esp. Sagr., tomo XXVI, ap, X. 



l^ 



1 36 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

clericís ibidem Deo serptentibus aliquod servitio aut redditum exigat. 



ir lit nulli episcopo liceat prce/atce ecclesice divinum officium prohibere aut 
de clericis ibidem con morantibus quemquam excomunicare aut sin officii 
perhabit aciones perturbare Concede además el Sumo Pontífice al fun- 
dador y á sus sucesores la facultad de instituir Abad á quien juzgasen á 
propósito para ello con el consentimiento del clero. Esta bula fué con- 
firmada por otra de Alejandro II en io63. 

Y, por último, en Aragón, diócesis de Huesca, hubo también una Co- 
legiata exenta, no sólo en lo eclesiástico, sino en lo civil también, la de 
Alquezar, por concesión del Rey D. Sancho, su fundador, ut Ecclesia 
Sancta Marie de Alke¡^ar sit libera et ingenua ab omni Jugo Regali et 
Episcopaii, 

Francisco Gómez del Campillo. 



> 




NOTAS BIBLIOGRÁFICAS 



Fin de la Nación catalana, por S. Sampeke y Miquel.— Barcelona» Tipo- 
grafía L'Aven^, 1906, fol. m. 

De obra verdaderamente fundamental en la historia de España puede caiifícarse 
esta de D. Salvador Sampere y Miquel, historiador de grandes alientos, y cuya dili- 
gencia no se limita al investigar á las fuentes nacionales, sino que acude á las ex- 
tranjeras, para, en lo posible, agotar la materia y presentar los hechos en lo que fué 
público y notorio y en su parte secreta y diplomática. 

Reñere en ella los sucesos ocurridos en Cataluña desde la paz de ütrech hasta 
la completa dominación del Principado por las armas de Felipe V, y sírvese para 
ello de las obras que tratan del mismo asunto, desde las contemporáneas de los he- 
chos narrados á las más modernas, y de documentos de Archivos de España, Fran- 
cia, Inglaterra y Austria, y todo ilustrado con verdadera profusión de mapas, autó- 
grafos, facsímiles de sellos y documentos, retratos, etc.; la investigación es com- 
pletísima, y asi lo acredita la copiosa lista de fuentes que encabeza el tomo, no 
puesta por mero alarde de erudición, sino por haber sido utilizadas todas y cada una. 

El asunto del libro es resbaladizo por lo que representa en la política de enton- 
ces, y aun en la de ahora, en Cataluña; pero el Sr. Sampere, aunque hombre de par- 
tido, ha sabido mantenerse dentro de una neutralidad muy discreta y resolver los 
puntos dudosos con un criterio sano é imparcial. 

Dos cuestiones aborda, en cuya discusión pocas veces ha dejado de intervenir el 
apasionamiento: la extensión del levantamiento si fué catalán ó puramente barce- 
lonés, y de cómo quedó el gobierno del Principado después de tomada Barcelona. 
Las dos las resuelve con acierto, merced á su conocimiento de los tiempos anterio- 
res al historiado. 

4kE\ régimen autonómico —- dice Sampere — había muerto á manos del forma- 
lismo y del extremado espíritu conservador y tradición alista», y tiene razón: el régi- 
men aquel se mantenía derecho por un milagro de equilibrio y estaba podrido por 
el caciquismo y el compadrazgo; fuera de Barcelona la rivalidad eterna entre los de 
la capital y los de provincias se había convertido en enemiga, porque sólo en Bar- 
celona usufructuaban el gobierno, del cual sólo conocían los abusos los no barce- 
loneses; dada esta situación, era imposible que el país pusiera sus vidas y sus ha- 
ciendas ai servicio de una idea puramente barcelonesa y para oponerse á la im- 



.. 4- ii nc; o r ^iüf«í ütsieniejr el país no respondió y 

. ^ . ; .> acís» ^ajmio ci Gobierno de Madrid locó á los 

»wt ->,- u> -nroxíjoiís MÍ primer Borbón apenas produjo re- 

.V ;tflu^&»^ ^A oiutaic. ixubo regimientos enteros formados por 

^•. V .^ csjfcSL> • C'javfec'.oncs, qae sirvieron á Felipe V contra la 

.. v: , X :^;irc^o 3a hubo partidarios déla rendición inmedia- 

..^ c *mjí a 91LI Je rrrech y de saberse que se habla dado á los im- 



.V ti««^ i» 



-N 



'iK::f«lo; hubo espíritus cuerdos que vieron que la rc- 

. . , >^ i. >^:& ^iit:xorar las condiciones en que se podría reconocer á Fe- 

. ^ -V . ^v > * v-> T^nsianos del gobierno absoluto, procuraron encauzar 

. N.. ,-:k. .-totM^.^. ?cr^ el elemento forista, más alborotador y más nume- 

^•^>s.^ * ^-i%L7t,r.:v ^a resistencia, á lo cual contribuyó en gran manera el 

^v. . . , vNaa 4<^ >.-> *¿:.:^:cas; era indudable que en Cauluña se sentía malestar, 

... t , ^w>^ >«. X. .' N^^ desde los tiempos de Felipe III al Gobierno de Madríd por 

^ .. Ia«,<v>^^ l^C(^^s;Jdos en mantener aquel régimen, y el malestar aumentó los 

V ^v 9i ^. r^reto de Nueva planta dejó subsistentes los fueros ó los abolió, 
X.V • .V ^ >:; v r^ 1 ¡o último; el gobierno autónomo desapareció: no murió, por- 
^..v X .-n:. J9Q« .r.aeno; lo que no desapareció ni murió fué la nación, si Cataluña 
. o V ,"v,v c djce el propio autor contradiciendo lo que dice el título de la obra; 
.■ .. c t ^^:;ar Felipe V á Cataluña su gobierno particular, un estado, un modo de 

v.x ^,> c.^ dd pueblo catalán no el pueblo; y es verdad: el caso de Cataluña 

^•v ^« ;jriO>de Aragón en tiempo del segundo de los Felipes; una oligarquía despó- 
V t^ -r.xYal é innominada, empeñada en mantener un estado de cosas sólo á ella 
iLX-.y^Ar.e y perjudicial al reino, se pone frente al Monarca, y el resto del reino, ó de- 
.*^>ie al Rey ó se muestra indiferente á la lucha entre el soberano y los oligaicas; 
t Tt^imen, más que autónomo oligárquico, con un privilegio para cada caso, puesto 
¿^ rífame del poder real, es vencido, y desaparece por viejo y caduco; y no por serlo, 
s no por el empeño de los autonomistas de no comprender que las instituciones 
han de seguir los tiempos, y que lo que en uno fué bueno puede no serlo en otro. 
Por lo que antecede puede comprenderse la intención deliberada ó no del autor 
al escribir su obra, la cual por eso mismo entra de lleno en aquella frase de Cice- 
rón: Historia magistra pitee . 

A. G. S. 



Colección de documentos para el estudio de la Historia de Ara- 
gón. Tomo ii: Forum Turolii. Transcripción y estudio preliminar de Fran- 
cisco AzNAR Y Navarro. — Zaragoza, Mariano Escar, tipógrafo, ioo5.— 8.% 
XLVí [- Soopágs. 

La Academia de la Historia, llamada por su misma institución á publicar nues- 
tros fueros y cartas pueblas de la Edad Media, sin cuyos elementos es imposible co- 
nocer á fondo los orígenes y la evolución del actual Derecho, que forzosamente ha 
de radicar más ó menos en lo pasado, dejó la empresa apenas comenzada, pues se 
limitó á publicar un Catálogo como base de dicho estudio. 

Afortunadamente no íaltan en España energías individuales que llenen, si bien 
con lentitud, las deficiencias de los organismos oficiales, y van publicándose algu- 
nos textos de nuestra legislación foral como base para un estudio general y compa- 




NOTAS BIBLIOGRÁFICAS I 39 

ralivo. Trabajo de los más notables que en este género de libros se han publicado- 
es el Forum Turolii, que, con estar impreso, y no una vez sola, en el siglo xvi, de- 
bía ser considerado como inédito, pues el texto contenido en las ediciones de Va- 
lencia de i53i y i563, es un rijacimento del original, acomodado á fines prácticos- 
más que jurídicos. 

Precede al Forum Turolii una Introducción eruditísima del Sr. Aznar Navarro, 
docto publicista, bien conocido de cuantos en España se dedican á investigaciones-^ 
históricas. 

El Sr. Aznar estudia en ella la formación del Fuero de Teruel, llegando á tres 
conclusiones afirmativas, que son: la primera, que el Códice de Teruel fué elabo- 
rado por los mismos vecinos de esta población y sancionado por Alfonso 11 en el 
año 1 176, cinco años después de haberla repoblado; y como salta á los ojos que un 
código tan completo y minucioso no pudo formarse con elementos consuetudina- 
rios de aquella localidad, opina que sirvieron como base los usados en Daroca, de 
donde procedían muchos vecinos de Teruel; la segunda conclusión es que el Fo' . 
rum Turolii no fué imitación ni copia del que entonces regía en Sepúlveda, y, por 
último, que dicho Fuero fué la matriz del otorgado á Cuenca por Alfonso VII 
en 1 177, vigente luego en varias ciudades de v'astilla. Claro está que el Fuero de Te- 
ruel, compuesto en la última época de la legislación íoral, próxima ya á la tenden- 
cia de unificación, debe ser de los menos originales en sus disposiciones », casi to- 
das las cuales se hallan en otros documentos análogos anteriores; un estudio com- 
parativo hubiese ilustrado mucho la genealogía de dichos Códigos y la evolución del 
Derecho municipal; mas el Sr. Aznar, según nos dice al principio de su trabajo, r&* 
serva esto para una obra más extensa en que estudiará la organización de los mu- 
nicipios aragoneses con el auxilio de numerosos documentos inéditos que ha re- 
cogido. 

Como casi todos nuestros Fueros medioevales, el de Teruel es importante para 
conocer las costumbres, las supersticiones y los extravíos de aquella época; vemos 
sancionados los juicios de Dios; con la prueba del hierro candente se justificaban 
las mujeres acusadas de adulterio (§ 378), la hechicera (facliciosa) y la alcahueta 
(mediatrix siue alcauota); se tomaban precauciones al calentar el hierro para eludir 
todo fraude ó maleficio, interviniendo nada menos que un ministro de la religión: 
«judex uero et sacerdos (quij ferrum calefe^erint nullum permitant-ad ignem acce- 
deré, ne forte aliquod malefícium faciat in hoc igne. Illa autem mulier que ferrum 
tollere debuerit, scrutetur primitus ne aliquod malefícium teneat; deinde manus 
suas sanet coram ómnibus, et tersis manibus tollat ferrum. Postquam uero ferrum 
detulerit, statim judex manum ipsius cohoperiat cum cera, et super ceram stupam 
ponatsuperius, siuelinum. Postea uero cum panno ligetur optime ut est forum. 
Quo facto, ducat eam judex in ^omum suam, et post tresdies illi manum inspiciat, 
et si manus combusta fuerit, ipsa mulier comburatur, uel penam hic indicatam sus- 
tineatquam meretur» 2. Otras disposiciones, comunes en los fueros de aquel tiempo, 
nos revelan faltas y delitos bárbaros y groseros: «De eo qui ad portam egeserit alie- 
nam. — De eoqui ossa vel cornua domum aüenam iactauerit, uel ante fores posue- 
rii.— De eo qui mulieri mamillas absciderit.— De eo qui feminam per capillos arri- 



1 En el Forum Turolii hay hasta intiuencias del Derecho romano, como en el § De eo qui 
ruinam alicuius rei timuerit, ó sea el interdicto de obra ruino^ta. 

2 §383 



14^ REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

•puerit.— De eo qui hominem caslraueril»; y el caso, que debió de ser frecuente, pues 
lo vemos citado en otros fueros, como el de Brihuega, «De eo qui palum per annum 
(corr. anum) miserit.» Reglaméntanse los torneos (astiludii) y los bohordos (6«- 
furdi), diversiones generalizadas en aquel tiempo. 

Desde todos los puntos de vista, el Fuero de Teruel es digno de estudio, v no du- 
damos que el texto publicado por el Sr. Aznar ayudará muchísimo á cuantos de- 
seen conocer la Historia interna de España en la Edad Media. 

M.S. yS. 



IRecuetl des InslructíonB uénérales» aux Nonces deFlandre (i5c)6- 
i63S), publié par Alfred Cauchie et Rene Maere.— Bruxelles, Hayes, imprimeur, 
1904.— 8.%XLiv f 283págs. 

Abiertos, si no todos, los principales Archivos del Vaticano para cuantos se de- 
dican á los estudios históricos, resolución que honra la memoria del sabio Pontí- 
fice León XIII, cuidan las principales naciones europeas de enviar allí personas doc- 
tas que exploten mina tan rica de documentos; siendo una vergüenza que España 
haga excepción no enviando á Roma uno ó varios catedráticos ó archiveros dedica- 
dos á estudiar aquellos papeles necesarios para el conocimiento de la Historia pa- 
tria. Muy de otro modo han procedido los belgas, y gracias á esto son varias las 
monografías que llevan publicadas con los documentos vaticanos. Entre ellas me- 
rece singular elogio el Recueil des Instructions genérales aux Nonces de Flandre 
(i 596-1635); comienza con una Introducción de los Sres. Cauchie y Maere, donde 
examinan el origen y caracteres de la Nunciatura de Bélgica, importantísima por ser 
esta nación en los siglos xvi y xvn una especie de Extremadura espiritual ó de pro- 
vincia imperial en las fronteras de la herejía, puesto avanzado de la Corte de Roma; 
también trazan la biografía de los Nuncios en Bruselas, como fueron Ottavio Mirto 
Frangipani; Guido Bentivoglio, más palaciego que eclesiástico, que escribió la His- 
toria de las guerras de Flandes; Ascanio Gesualdo; Lucio Morra; Lucio San Seve- 
rino; Guido del Bagno, que luego en Francia aconsejó á Luis XIII la campaña con- 
tra los hugonotes; Fabio de Lagonissa; Lelio Falconieri. Las instrucciones comuni- 
cadas á los Nuncios de Flandes se distinguen, como todos los documentos 
diplomáticos de la Sede Romana, por la concisión, la prudencia, el respeto hacia los 
gobernantes y el modo de tratar las cuestiones más difíciles, en las que solían darse 
á los Nuncios avisos de palabra cuando esto era posible. Su contenido era, general- 
mente, las relaciones de la Iglesia con el Estado; la manera de afíanzar el poder de 
la Corte Romana y de fomentar los intereses católicos en las naciones protestantes; 
la provisión de beneficios; la reforma de las costumbres, y otros asuntos parecidos. 
Asi en las instruciones dadas á Caraffa se lamenta la facilidad que había en Flan- 
des de publicar libros; en las de Bentivoglio, las eternas luchas entre los Obispos y 
los Cabildos; la libertad del culto católico en Holanda; la sucesión en el Estado de 
Cléves-Juliers; la cuestión át\placet, valladar del poder temporal contra la centrali- 
zación de la Corte Romana, y objeto de continuas discusiones; las discordias entre 
el clero secular y regular; <a situación de la Iglesia en Inglaterra y otras naciones pro- 
testantes; las gestiones que el Rey de España hizo por medio del P. Tosantos para 
que el Papa definiese el dogma de la Inmaculada Concepción, cuya gloria reservaba 
la Providencia á Pío IX; el sínodo de Dordrecht, llamado por el Papa conciliábulo; 



r 



NOTAS BIBLIOGRÁFICAS 141- 

los libros de Marco Amonio de Dominis; las relaciones de España con Francia y los- 
asuntos de la Valtellina y el Monferrato; el socorro de España á los católicos ale- 
manes en la guerra de los treinta años, y otros asuntos análogos. Este breve resu- 
men hace ver cuan importante es este libro para nuestra Historia y cuan ricos te- 
soros encierran los Archivos del Vaticano. Menos mal que los extranjeros irán pu- 
blicando aquello que debiamos hacer los españoles; después de todo, ^nos 
hallamos en disposición de estudiar lo que hay fuera de casa, cuando aún están casi 
vírgenes, ai menos por nuestra p^rte, los archivos nacionales? 

M. S. y S. 



Francisco de Lugo y OávHa. Teatro popular. (Novelas.) Con introducción 
y notas de D. Emilio Cotarelo y Morí, de la Real Academia Española. — Ma- 
drid, 1906.— xxxiv-342, págs.— 18 cm., 4.*' marquilla.— Gonzalo de Céspe- 
des y Meneses. Historias peregrinas y ejemplares. (Novelas.) Con noticias 
del autor y de la obra por D. Emilio Cotarelo y Morí, de la Real Academia^ 
Española.— Madrid, 1906. — XLV-430 págs. — 18 cm., 8.® marquilla. 

Son estos dos'volúmenes el primero y segundo de la «Colección selecta de An- 
tiguas Novelas Españolas» que ha comenzado á publicar la librería de la Viuda de 
Rico, y que se imprimen en casa de P. Apalategui. Como con razón dice el labo- 
rioso y conocido comentarista, dicha publicación «constituye un suceso tiempo ha 
muy deseado de los aficionados á nuestra literatura y amantes de su mayor y de- 
bido realce». Terminado el prólogo, que no deja de ser interesante, y en el que con- 
excelente acuerdo remite al curioso al magistral trabajo de nuestro Jefe, reprodú- 
. cese la portada del libro reimpreso, cuyo original lleva la fecha de 1622, siguen la 
Tasa, Aprobación y Suma de Privilegio, con los versos laudatorios al autor, según 
uso en los libros de la época, del que con tanto donaire se burla Cervantes, y que 
ñrman: Felipe Bernardo del Castillo, una mediana décima; Sebastián Francisco de 
Medrano, un hiperbólico romance; Juan Pérez de Montalbán, hijo del editor de 
de Lugo, otra décima bastante fácil; Francisco de Francia y Acosta, un mediano 
soneto, y Salas Barbadillo, una silva, como de circunstancias, algo pesada. La Dedi- 
catoria es al Duque de Maqueda, revoltoso personaje, algunas de cuyas andanzas 
nos cuenta el Sr. Cotarelo en^erudita nota; D. Dionisio de Lugo nos dice el por qué 
de imprimir las obras de su hermano, á la sazón en América, y éste, en su proemio, 
el intento con que escribe el libro: inducir al lector á desterrar el vicio y amar la 
virtud, procurando en «cuanto al adorno romper la lengua en varias frases». 

Ocho son las novelas, en las que el autor, como dice y prueba el Sr. Cotarelo, 
imita más ó menos á Cervantes; sus títulos: Escarmentar en cabeí^a ajena. Premiado 
el amor constante, De las dos hermanas, De la hermania, Cada uno hace como quien 
es, Del médico de Cádi\, Del andrógino, De la juventud. Supone el autor que tres 
amigos: Celio, Fabio y Montano, se reúnen durante la primavera en el jardín de 
Celio, «donde el arte emulaba á la naturaleza y la naturaleza al arte»; ailí propo- 
nen pasar las tardes refiriendo por turno cada uno una novela, y antes el huésped, 
á solicitud de los dos amigos, les explica lo que es fábula, quiénes sus inventores y 
el género de fábula á que la novela pertenece, fundándose en Aristóteles y Hora- 
cio, y demostrando el autor no escasa cultura y erudición. Cada novela comienza 
con la moraleja ó proposición que en ella se demuestra ó pretende demostrar. To- 
das son muy curiosas y entretenidas, y amena su lectura que, sin el menor can- 




I 3o REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

tades de los Canónigos, el referente al culto y el relativo al gobierno de la 
diócesis. 

Además de los Capítulos catedrales existieron en esta época otras Cor- 
poraciones de clérigos, organizadas de análoga manera, pero con (Siferen* 
tes facultades: los Capítulos colegiales ó Colegiatas. El fervor religioso ca- 
racterístico de estos tiempos hizo que los nobles y magnates, á imitación 
de los Reyes, al reconquistar territorios á los mahometanos, fundaran igle- 
sias y las dotaran con cuantiosas rentas y numeroso clero y, á semejanza 
del Catedral, hizo vida común; pero sin que estas Corporaciones tuvieran 
intervención en el gobierno de la diócesis como los Capítulos catedrales. 

En esta época se conocen varias Colegiatas, algunas de gran impor- 
tancia. En Cataluña fueron famosas: Manresa, en un principio aquisgra- 
nense, más tarde, 1098, agustiniana »; Solsona, lo mismo que la anterior 2; 
Tremp, presidida por un Prepósito ó Arcediano en vez de Abad. San Fé- 
lix de Gerona, Catedral durante la breve dominación musulmana, luego 
Concatedral y por último Colegiata 3, y, finalmente, la más antigua y 
famosa de todas por su exención, la de San Pedro de Ager, fundada en 
io56 por el conquistador de la villa Arnaldo Mir de Tost, aquisgranense 
también 4. En Aragón la de Alquezar, fundada por D. Sancho, 1070 pro- 
bablemente ^. Y en Castilla, Valpuesta, primero Catedral y luego Arce - 
dianato de Burgos cuando la Sede de Valpuesta se refundió en esta últi- 
ma ^. 

Muy tempranamente se conoció el monacato en España, y nadie ig- 
nora la bienhechora influencia que ejerció en todos los órdenes de la vida 
durante la época goda. En la cultura, mediante las escuelas monásticas, 
plantel fecundísimo de varones ilustres en las ciencias y en las letras; en 



1 Introductio yitae canonicae S. Augustini in Ecclesia Manresensi atino MXCVIII. Villa- 
nueva: ob. ctt., tomo VII, ap. X, pig. 272. 

2 Conjirmatio pitae canonicae in Ecclesia Celsonensi anno MVCVIII, por Urbano II. Vi- 
llanueva: ob. cit.^ tomo IX, ap. VII, pág. 222. 

3 Hay dos documentos: el uno de 882 y el otro de 893, dotación de la canónica Gerundease 
el primero, y un juzgado á favor dcJ Obispo Servus Dei el segundo, acerca de la posesión de la 
villa de Barcara de los que se colige que ambos cleros, el de la Catedral y el de San Félix, se 
contaron por uno solo en todo el siglo iz, teniendo una misma mensa y viviendo la misma ca- 
nónica. Se separaron en el siglo x, según se deduce del testamento del Conde Seniofredo de 976; 
y en varios testamentos del siglo xi son ya frecuentes las mandas á la canónica de San Félix 
como distinta de la de Santa María. Villanueva: ob. cit.^ tomos XIV, carta XCVII, y XII, 
carta XLÍI. Esp, Sagr., tomos XLIV y XLV. 

4 Charta dotationes Ecclesia Agerensis, anno MLVI. Villanueva: tomo IX, ap. XIV. 

5 P. Huesca: ob. cit.^ tomo VII. 

6 Esp. Sagr.^ tomo XXVI. 




APUNTES í3l 

las costumbres — aparte de algún que otro lunar, explicables por la fia- 
.queza de la naturaleza humana—, por la austeridad de la vida monacal 
y los frecuentes ejemplos de virtud que ofrecían á la consideración de sus 
coetáneos; en la misma agricultura, ya que, enclavados los cenobios ge- 
neralmente en parajes solitarios, y siendo una de las reglas de la vida mo- 
nacal el trabajo corporal, cultivaban la tierra con esmero á la par que 
daban culto á Dios, y, por último, hasta en la organización política de 
aquella sociedad intluyó, y no poco, el monacato, neutralizando los Obis- 
pos monjes las tendencias levantiscas de los séniores godos, que penetra- 
ban en la iglesia con los Prelados salidos de la aristocracia germánica ^ 

¿Qué suerte cupo á las instituciones monásticas después del desastre 
del siglo VIII? ¿Hubo variantes en su régimen y gobierno? ¿Fué uniforme 
la disciplina monacal en todos los Estados españoles durante esta época? 

San Eulogio, de Córdoba, en su Memorial de los Santos, Samson en 
su Apologético, Paulo Alvaro en sus Epistolasy el Obispo Rabí-ben-Zaid 
en su Santoral, transmiten interesantes noticias acerca de la existencia de 
numerosos monasterios en la Bética, especialmente en Córdoba y sus cer- 
canías, donde nutridas comunidades de ambos sexos 2 vivían en la quie- 
tud de sus claustros, vistiendo los trajes propios de su estado 3 y someti- 
dos á la misma disciplina monacal vigente en la época anterior, en esto, 

1 £1 Sr. Pérez Pujol en su citada obra, tomo III, cap. IV y en las págs. io6 ysiguicaie^ 
trae un acabado estudio acerca del monacato hispano-godo. Véase también la interesanie mo- 
ROgrafia de D. Antonio de Siles, ya citada, para lo referente á las reglas monásticas en la Es- 
paña goda. 

2 caenobio Sancti Zoyli Armilattnse qui iocus a Corduba in parte septentUanís 

trigintaet amplius milliaribus distant San Kulogio, A/em. 5anc^, lib. II, cap. IV, nú m. 2; 

quod in vico Cuteclara non longe ab urbe in parte occidentali praeclaro anciliarum Dri. . ., 

San Eulogio, ob. cit., lib. III, cap. IV., núm. 2. Tune etiam Leovigildus monachus ex caenokiu 

Sanctorum lusti et Pastoris^ quod est in interiori montana Cordubensi qui á Corduba distat 

quinqué milliarios lustros San Eulogio, ob. cit.^ lib. II, cap. X, núm. 2. Deinde ChristO'pho- 

rus monachus qui post nostrum magisterium caenobium Sancti Martini quod est in tnon* 

tana Cordubensi San Eulogio, ob. cit., lib. II, cap. X Virgo quaedam penerabilis, nomine 

Pomposa ex caenobio Sancti Salvatoris quod ad radicem Pinnae Mellarisae constitutum est,,, , 

San Eulogio, ob. ct7., lib. II, cap. XI monachorum vitam optans. Tábanos vinculum peíiit, 

qui in partibus Aquilonis septenis ab urbe milliaribus distans. ... San Eulogio, ob. cit.^ lib. TI 

cap. II Beatissimus Habentius virili jam aetate perfectus é ciyibus Cordubensis monacho- 
rum tfitam oblectans^ Sancti Christophori monasterium incoluit quod situm [est in\^pectacuium 
urbis, in parte auslralt super crepidinem ulteriorem Baectis San Eulogio, ob, cií., lib. 11^ ca- 
pitulo IV, núm. 3. Acerca de este Monasterio véase la obra de Fernando Pérez de Corres, Lu^tie 
y Discurso al Monasterio de 5. Cristoval (sio en tiempo de los moros; cuyos vestigios st des- 
cubrieron en la creciente del Guadalquivir de el año de 1626. Manuscrito que perteneció á don 
Aureliano Fernández Guerra. El cap. V lleva por titulo De ^ue habito y orden era este f^nf- 
nےSterio. 

3 Las vírgenes del Señor vestían el velo de su estado, como se ve en Santa Áurea, de quien 
dice San Eulogio 5acrae dTeyoíton» insignitam stigmatae, Mem. Sanct,^ lib. III, cap. XVtL V 
los religiosos usaban vestidos de lana. Paulo Alvaro: Epist. XIII, núm. 2. 



1 3o REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

tades de los Canónigos, el referente a! culto y el relativo al gobierno de la 
diócesis. 

Además de los Capítulos catedrales existieron en esta época otras Cor- 
poraciones de clérigos, organizadas de análoga manera, pero con Jiferen- 
tes facultades: los Capítulos colegiales ó Colegiatas. El fervor religioso ca- 
racterístico de estos tiempos hizo que los nobles y magnates, á imitación 
de los Reyes, al reconquistar territorios á los mahometanos, fundaran igle- 
sias y las dotaran con cuantiosas rentas y numeroso clero y, á semejanza 
del Catedral, hizo vida común; pero sin que estas Corporaciones tuvieran 
intervención en el gobierno de la diócesis como los Capítulos catedrales. 

En esta época se conocen varias Colegiatas, algunas de gran impor- 
tancia. En Cataluña fueron famosas: Manresa, en un principio aquisgra- 
nense, más tarde, logS, agustiniana >; Solsona, lo mismo que la anterior ^; 
Tremp, presidida por un Prepósito ó Ai^edianoen vez de Abad. San Fé- 
lix de Gerona, Catedral durante la breve dominación musulmana, luego 
Concatedral y por último Colegiata 3, y, fínalmente, la más antigua y 
famosa de todas por su exención, la de San Pedro de Ager, fundada en 
io56 por el conquistador de la villa Arnaldo Mir de Tost, aquisgranense 
también 4. En Aragón la de Alquezar, fundada por D. Sancho, 1070 pro- 
bablemente ^. Y en Castilla, Valpuesta, primero Catedral y luego Arce- 
dianato de Burgos cuando la Sede de Valpuesta se refundió en esta últi- 
ma 6. 

Muy tempranamente se conoció el monacato en España, y nadie ig- 
nora la bienhechora influencia que ejerció en todos los órdenes de la vida 
durante la época goda. En la cultura, mediante las escuelas monásticas, 
plantel fecundísimo de varones ilustres en las ciencias y en las letras; en 



1 Introductio vitae canonicae S. Augustini in Ecelesia Manresensi anno MXCVIII. Vüla- 
Dueva: ob. ctf., tomo VII, ap. X, pág. 272. 

2 Conjirmatio vitae canonicae in Ecelesia Celsonensi anno MVCVIII, por Urbano II. Vi- 
llanueva: ob, cit., tomo IX, ap. VII, pág. 222. 

3 Hay dos documentos: el uno de 882 7 el otro de 893, dotación de la canónica Gerundense 
el primero, y un juzgado á favor dcJ Obispo Servus Dei el segundo, acerca de la posesión de la 
villa de Barcara de los que se colige que ambos cleros, el de la Catedral y el de San Feliz, se 
contaron por uno solo en todo el siglo ix, teniendo una misma mensa y viviendo la misma ca- 
nónica. Se separaron en el siglo x, según se deduce del testamento del Conde Seniofredo de 976; 
y en varios testamentos del siglo xi son ya frecuentes las mandas á la canónica de San Félix 
como distinta de la de Santa María. Villanueva: ob. cit., tomos XIV, carta XCVII, y XII, 
carta XLÍI. Esp. Sagr., tomos XLIV y XLV. 

4 Charta dotationes Ecelesia Agerensis^ anno MLVL Villanueva: tomo IX, ap. XIV. 

5 P. Huesca: ob. cit.^ tomo VII. 

6 Esp. Sagr., tomo XXVI. 




APUNTES l3l 

las costumbres — aparte de algún que otro lunar, explicables por la fla- 
.queza de la naturaleza humana—, por la austeridad de la vida monacal 
y los frecuentes ejemplos de virtud que ofrecían á la consideración de sus 
coetáneos; en la misma agricultura, ya que, enclavados los cenobios ge- 
neralmente en parajes solitarios, y siendo una de las reglas de la vida mo- 
nacal el trabajo corporal, cultivaban la tierra con esmero á la par que 
daban culto á Dios, y, por último, hasta en la organización política de 
aquella sociedad influyó, y no poco, el monacato, neutralizando los Obis- 
pos monjes las tendencias levantiscas de los séniores godos, que penetra- 
ban en la iglesia con los Prelados salidos de la aristocracia germánica K 

^Qué suerte cupo á las instituciones monásticas después del desastre 
del siglo VIII? ¿Hubo variantes en su régimen y gobierno? ¿Fué uniforme 
la disciplina monacal en todos los Estados españoles durante esta época? 

San Eulogio, de Córdoba, en su Memorial de los Santos, Samson en 
su Apologético, Paulo Alvaro en sus Epistolasy el Obispo Rabí-ben-Zaid 
en su Santoral, transmiten interesantes noticias acerca de la existencia de 
numerosos monasterios en la Bélica, especialmente en Córdoba y sus cer- 
canías, donde nutridas comunidades de ambos sexos ^ vivían en la quie- 
tud de sus claustros, vistiendo los trajes propios de su estado 3 y someti- 
dos á la misma disciplina monacal vigente en la época anterior, en esto, 

1 EJ Sr. Pérez Pujol en su citada obra, tomo III, cap. IV y en las págs. io6 y siguientes 
trae on acabado estudio acerca del monacato híspano-godo. Véase también la interesante mo- 
nografía de D. Antonio de Siles, ya citada, para lo referente á las reglas monásticas en la Es- 
paña goda. 

2 caenobio Sancti Zoyli Armilatense qui locus á Corduba in parte septentrionis 

trigintaet amplius milliaribus distant San Eulogio, Mem. Sanct., lib. II, cap. IV, núm. r, 

quod in vico Cuteclara non longe ab urbe in parte occidentali praeclaro ancillarum Dei...,, 

San Eulogio, ob. ci^, lib. III, cap. IV., núm. 3. Tune etiam Leovigildus monachus excaenobio 

Sanctorum lusii et Pastoris, quod est in interiori montana Cordubensi qui á Corduba distat 

quinqué milliarios lustros San Eulogio, ob. cft., lib. II, cap. X, núm. 2. Deinde Christopho- 

rus monachus qui post nostrum magisterium caenobium Sancti Martini quod est in mon- 
tana Cordubensi San Eulogio, ob. cit., lib. II, cap. X Virgo quaedam venerabiliSy nomine 

Pomposa ex caenobio Sancti Salvatoris quod ad radicem Pinnae Meliarisae constitutum est... , 

San Eulogio, ob. ci^, lib. II, cap. XI monachorum vitam optans. Tábanos vinculum petiit^ 

qui in partibus Aquilonis septenis ab urbe milliaribus distans. ... San Eulogio, ob. cit., lib. II, 

cap. II Beatissimus Habentius virili jam aetate perftctus é cipibus Cordubensis monacho- 
rum vitam oblectans, Sancti Christophori monasterium incoluit quod situm [est in^spectaculum 
urbis, in parte auslrah super crepidinem ulteriorem Baectis San Eulogio, ob, cit., lib. II, ca- 
pitulo IV, núm. 3. Acerca de este Monasterio véase la obra de Fernando Pérez de Corres, Lustre 
y Discurso al Monasterio de 5. Cristo val (sio en tiempo de los moros; cuyos vestigios se des- 
cubrieron en la creciente del Guadalquivir de el año de 1626. Manuscrito que perteneció á don 
Aurelíano Fernández Guerra. El cap. V^ lleva por título De que habito y orden era este mo- 
nasterio. 

3 Las vírgenes del Señor vestían el velo de su estado, como se ve en Santa Áurea, de quien 
dice San Eulogio Sacrae devotionis insignitam stigmatae, Mem. Sanct,^ lib. III, cap. XVII. Y 
los religiosos usaban vestidos de lana. Paulo Alvaro: Epist. XIII, núm. 2. 



1 3o REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

tades de los Canónigos, el referente al culto y el relativo al gobierno de la 
diócesis. 

Además de los Capítulos catedrales existieron en esta época otras Cor- 
poraciones de clérigos, organizadas de análoga manera, pero con diferen- 
tes facultades: los Capítulos colegiales ó Colegiatas. El fervor religioso ca- 
racterístico de estos tiempos hizo que los nobles y magnates, á imitación 
de los Reyes, al reconquistar territorios á los mahometanos, fundaran igle- 
sias y las dotaran con cuantiosas rentas y numeroso clero y, á semejanza 
del Catedral, hizo vida común; pero sin que estas Corporaciones tuvieran 
intervención en el gobierno de la diócesis como los Capítulos catedrales. 

En esta época se conocen varias Colegiatas, algunas de gran impor- 
tancia. En Cataluña fueron famosas: Manresa, en un principio aquisgra- 
nense, más tarde, logS, agustiniana <; Solsona, lo mismo que la anterior ^\ 
Tremp, presidida por un Prepósito ó Arcediano en vez de Abad. San Fé- 
lix de Gerona, Catedral durante la breve dominación musulmana, luego 
Concatedral y por último Colegiata 3, y, finalmente, la más antigua y 
famosa de todas por su exención, la de San Pedro de Ager, fundada en 
io56 por el conquistador de la villa Arnaldo Mir de Tost, aquisgranense 
también 4. En Aragón la de Alquezar, fundada por D. Sancho, 1070 pro- 
bablemente 5. Y en Castilla, Valpuesta, primero Catedral y luego Arce- 
dianato de Burgos cuando la Sede de Valpuesta se refundió en esta últi- 
ma ^ 

Muy tempranamente se conoció el monacato en España, y nadie ig- 
nora la bienhechora influencia que ejerció en todos los órdenes de la vida 
durante la época goda. En la cultura, mediante las escuelas monásticas, 
plantel fecundísimo de varones ilustres en las ciencias y en las letras; en 



1 Introductio pitae canonicae S. Augustini in Ecclesia Manresensi anno MXCVIII. Villa- 
nueva: ob. ctí., lomo vil, ap. X, pág. 272. 

2 Confirmatio pitae canonicae in Ecclesia Celsonensi anno MVCVIII^ por (Trbano II. Vi- 
llanueva: ob. cit.^ tomo IX, ap. VII, pág. 222. 

3 Hay dos documentos: el uno de 882 y el otro de 893, dotación de la canónica Gerundeose 
el primero, y un juzgado á favor dcJ Obispo Scrvus Dei el segundo, acerca de la posesión de la 
villa de Barcara de los que se colige que ambos cleros, el de la Catedral y el de San Félix, se 
contaron por uno solo en todo el siglo ix, teniendo una misma mensa y viviendo la misma ca- 
nónica. Se separaron en el siglo x, según se deduce del testamento del Conde Seniofredo de 976; 
y en varios testamentos del siglo xi son ya frecuentes las mandas á la canónica de San Félix 
como distinU de la de Santa María. Villanueva: ob. cit.^ tomos XIV, carta XCVII, y XII, 
carta XLÍI. Esp. Sagr., lomos XLIV y XLV. 

4 Charta dotationes Ecclesia Agerensis^ anno MLVI. Villanueva: tomo IX, ap. XIV. 

5 P. Huesca: ob. cíf., tomo VII. 

6 Esp. Sagr.^ tomo XXVI. 




APUNTES j3i 

las costumbres— aparte de algún que otro lunar, explicables por la fla- 
.queza de la naturaleza humana—, por la austeridad de la vida monacal 
y los frecuentes ejemplos de virtud que ofrecían á la consideración de sus 
coetáneos; en la misma agricultura, ya que, enclavados los cenobios ge- 
neralmente en parajes solitarios, y siendo una de las reglas de la vida mo- 
nacal el trabajo corporal, cultivaban la tierra con esmero á la par que 
daban culto á Dios, y, por último, hasta en la organización política de 
aquella sociedad influyó^ y no poco, el monacato, neutralizando los Obis- 
pos monjes las tendencias levantiscas de los séniores godos, que penetra- 
ban en la iglesia con los Prelados salidos de la aristocracia germánica K 

^Qué suerte cupo á las instituciones monásticas después del desastre 
del siglo VIII? ¿Hubo variantes en su régimen y gobierno? ¿Fué uniforme 
la disciplina monacal en todos los Estados españoles durante esta época? 

San Eulogio, de Córdoba, en su Memorial de los Santos, Samson en 
su Apologético^ Paulo Alvaro en sus Epistolasy el Obispo Rabí-ben-Zaid 
en su Santoral, transmiten interesantes noticias acerca de la existencia de 
numerosos monasterios en la Bélica, especialmente en Córdoba y sus cer- 
canías, donde nutridas comunidades de ambos sexos ^ vivían en la quie- 
tud de sus claustros, vistiendo los trajes propios de su estado 3 y someti- 
dos á la misma disciplina monacal vigente en la época anterior, en esto, 

1 £1 Sr. Pérez Pujol en sa citada obra, tomo III, cap. IV y en las págs. io6 y siguientes 
trae un acabado estudio acerca del monacato hispano-godo. Véase también la interesante mo- 
BOgrafia de D. Antonio de Siles, ya citada, para lo referente á las reglas monásticas en la Es- 
paña goda. 

2 caenobio Sancti Zoyli Armilatense qui locus á Corduba in parte septentrionis 

iriginta et amplius milliaribus distant San Eulogio, Mem. Sanct.^ lib. II, cap. IV, núm. 2; 

quod in vico Cuteclara non longe ab urbe in parte accidentan praeclaro ancillarum Dei...., 

San Eulogio, ob. ct^, lib. III, cap. IV., núm. 2. Tune etiam Leovigildus monachus ex caenobio 

Sanctorum lusti et Pastoris, quod est in interiori montana Cordubensi qui á Corduba distat 

quinqué milliarios lustros San Eulogio, ob. ctt., lib. II, cap. X, núm. 3. Deinde ChristophO' 

rus monachus qui post nostrum magisterium caenobium Sancti Martini quod est in mon^ 

tana Cordubensi San Eulogio, ob. di., lib. 11, cap. X Virgo quaedam venerabiliSj nomine 

Pomposa ex caenobio Sancti Salvatoris quod ad radicem Pinnae Mellarisae constitutum est... , 

San Eulogio, ob. cit., lib. II, cap. XI monachorum yitam optans. Tábanos pinculum petiit, 

^ui in partibus Aquilonis septenis ab urbe milliaribus distans. ... San Eulogio, ob. cit., lib. II. 

cap. II Beatissimus Habentius virili j'am aetate perftctus é civibus Cordubensis monacho~ 

rum yitam oblectans, Sancti Christophori monasterium incoluit quod situm {est in^pectaculum 
urbis, in parte auslralt super crepidinem ulteriorem Baectis...^. San Eulogio, ob, cit., lib. 11, ca- 
pitulo IV, núm. 3. Acerca de este Monasterio véase la obra de Fernando Pérez de Corres, Lustre 
y Discurso al Monasterio de S. Cristo val (sic) en tiempo de los moros; cuyos vestigios se des- 
cubrieron en la creciente del Guadalquivir de el año de 1626. Manuscrito que perteneció á don 
Aureliano Fernández Guerra. El cap. V lleva por titulo De que habito y orden era este mo- 
nasterio. 

3 Las virgenes del Señor vestían el velo de su estado, como se ve en Santa Áurea, de quien 
dice San Eulogio Sacrae devotionis insignitam stigmatae, Mem. Sane/., lib. III, cap. XVII. Y 
los religiosos usaban vestidos de lana. Paulo Alvaro: Epist. XIII, núm. 2. 



148 HEVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

fícas con in ncación de su propietario, para allanar el estudio de nuestra historia 
general y particular de poblaciones y personajes. 3o. Convendría presentar estudios 
sobre los medios más apropiados para la instalación de museos eclesiásticos en to- 
das las diócesis y en todas las capitales de provincia, sobre promover la buena ins- 
talación de los archivos de toda clase y conseguir la formación y publicación de 
sus índices. 3i. Fórmulas para evitar la exportación ai extranjero de nuestras jo- 
yas artísticas y medios para formar colecciones de fotografías y dibujos para co- 
nocimiento de las que tenemos ó han de^japarecido.» 

Suscriben este Reglamento el comisionado de Valencia D. Roque Chabás; el 
Presidente de la Junta de Zaragoza D. Eduardo Ibarra y el Presidente accidental de 
la Junta de Cataluña D. Francisco Carreras y Candi. 

— Con la firma de D. José Rodríguez Carracido se ha publicado un folleto de 
16 páginas, en 8.® m., titulado Catálogo Internacional de Literatura Científica. 
Instrucciones, que antes vio la luz en el número de Diciembre de igoS de la Revista 
de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Madrid. Dada 
la importancia del asunto para la Bibliografía española, lo publicamos íntegro. 
Dice asi: 

CATALOGO INTERNACIONAL DE LITERATURA CIENTÍFICA 

Solicitada la Real Academia de Ciencias de Madrid para contribuir á la forma- 
ción del Catálogo Internacional de Literatura Científica, creyó cumplir una misión 
patriótica respondiendo afirmativamente á la solicitud: y animada por el deseo de 
que la labor científica do España sea conocida en todos los países civilizados^ con- 
trajo el compromiso de instalar la Oficina Nacional para la redacción de las pape- 
letas bibliográficas que han de ser enviadas á la Oficina Central, que se halla esta- 
blecida en Londres. Deseando que en la obra de nuestra Oficina haya el menor 
número posible de omisiones, se pide la colaboración de todas las colectividades 
científicas, y la de todas las personas interesadas en el buen éxito de nuestra con- 
tribución al mencionado Catálogo. Para facilitar á los colaboradores la redacción 
de las papeletas que tengan á bien enviar á la Academia (Valverde^ 26, Madrid) se 
dan las siguientes reglas, tomadas de las Instrucciones que transmite la Oficina Cen- 
tral á las Nacionales: 

Reülas. 

I.* En el Catálogo, no sólo se da noticia de los libros, sino también de los fo- 
lletos y de los artículos de revista y de periódico; pero todas estas publicaciones, 
para ser catalogadas, han de contener algo personal, ya como trabajo de investiga- 
ción ó de critica. 

2.' Sólo se dará noticia en el Catálogo de las publicaciones posteriores al r." de 
Enero de igoi. 

3.* Las materias objeto del Catálogo son las correspondientes á las ciencias 
matemáticas, físicas, químicas y naturales, conforme más adelante se detalla. 

4.' Las noticias bibliográficas serán redactadas en una de las cinco lenguas si- 
guientes: francés, inglés, alemán, italiano ó latín. 

5.* Para cada asunto catalogado se harán dos papeletas, una conespondientc 
ai título ó materia, y otra al nombre del autor. 



r 



VAPIEDADES I4Q 

6.* E\ Catálogo comprende las ciencias cuya lista va á continuación. Las letras 
del alfabeto colocadas á la izquierda i^e llaman letras j'c^istradoras, y sirven para 
expresar abreviadamente las ciencias á que se refieren: A, Matemáticas. B, Mecá- 
nica. C, Física. A Química. £", Astronomía. F, Meteorología (incluyendo en este 
grupo el Magnetismo terrestre). G, Mineralogía (con inclusión de la Petrografía y 
Ja Cristalografía). //, Geología. J, Geografía matemática y física. K, Paleontología. 
L, Biología general. A/, Botánica. N, Zoología. O, Anatomía humana (con inclu- 
sión de la Histología general y la Embriología). P, .Antropología física. Q, Fisiolo- 
gía (inclusas la Psicología experimental, la Farmacología y la Patología experimen- 
tal). R, Bacteriología. 

I. Catálogo por autores. 

7.* Cada papeleta llevará escrita con claridad en el ángulo superior de la iz- 
quierda la letra registradora, que indica la ciencia á que corresponde el asunto á que 
la papeleta se refiere, hijemplo: i4, para Matemáticas; B, para Mecánica; etc. 

8* Cuando se desee que el título de una Memoria* figure en dos ó más grupos 
del Catálogo por autores, se harán papeletas separadas para cada una de las cien- 
cias; cuyas papeletas, por lo tanto, sólo se diferenciarán unas de otras en la letra 
registradora. 

Q.' En este caso deberá indicarse el orden de importancia de los artículos, ó el 
deseo de que sean incluidos en determinado grupo del Catálogo, por números co- 
locados entre paréntesis, inmediatamente después, y en el mismo renglón que la 
letra registradora. La Oficina Central entenderá, en este caso, que el signo ( i) indica 
la clasificación que se cree más importante, el signo (2) una clasificación menos im- 
portante, y así sucesivamente; y publicará la papeleta señalada con el número (1), 
y además, las que le consienta el lugar de que disponga. 

10. El segundo dato que debe contener toda papeleta por autores es el nom- 
bre del autor. Debe escribirse primero el apellido, seguido del nombre (ó de otras 
indicaciones: como iniciales, etc.). Si el nombre no está expreso en el título origi- 
nal de la publicación de que se trate, ó se encuentra indicado tan sók) por iniciales 
ó abreviaturas, se escribirá, sin embargo, cuando sea conocido con toda exactitud: 
mas en este caso, lo que se añada á la abreviatura ó á las iniciales se pondrá entre 
corchetes: paréntesis en esta forma [ ]. Si no se conocen exactamente esos datos, 
las iniciales ó abreviaturas se copiarán exactamente, tal como figuren en la portada 
del libro. Nunca se escribirán más nombres que los habitualmente empleados por 
el autor, y en ningún caso se escribirán nombres que no sean conocidos con toda 
exactitud. La razón de que sea preferible escribir el nombre á poner simplemente la 
inicial es el que así se consigue que vayan juntos en el Catálogo todos los trabajos 
correspondientes á cada autor. Se comprende, por tanto, la importancia que tiene 
escribir los nombres con toda exactitud. 

11. Los apellidos deben escribirse subrayándolos con una línea ondulada, ó en 
caracteres un poco más gruesos que el resto de la papeleta. 

Ejemplo: Kchegaray, José. 

12. Si el autor es desconocido, el título de la obra no figurará más que en el 
Catálogo por materias; á no ser que la obra haya sido publicada por una Sociedad 
ó en honor de un sabio, en cuyo caso el nombre de la Sociedad ó del sabio en cues 
tión ocupará en la papeleta el lugar del nombre del autor. 



1 5o REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

1 3. Si el autor del trabajo es conocido con exactitud, aun cuando su nombre 
no figure en la portada del libro ó en el epígrafe del artículo de revista de que se 
trate, debe escribirse entre corchetes. 

14. Si el autor escribe bajo un pseudónimo, en la papeleta se pondrá su nom- 
bre real, si se conoce con exactitud. Este nombre se colocará entre corchetes, y se 

fr- hará una papeleta de referencia con el pseudónimo, seguido de la palabra «Véase» 

y del nombre verdadero del autor. 

1 5. Si son varios los autores, la papeleta se redactará escribiendo el primero de 
los nombres que figuren en el título del trabajo; pero se hará una papeleta de re- 
ferencia por cada uno de los demás autores, en las que se escribirá el nombre de 
cada autor seguido de la palabra «Véase» y del nombre del autor que en el libro 
aparezca primeramente mencionado. 

Ejemplo: López, José. Véase Fernández, Pedro. 

En estas papeletas nada más debe escribirse, á no ser la letra registradora, que 
indica la ciencia á que la obra ó trabajo corresponde. 
\^ 16. En las colecciones de memorias escritas por varios autores en colabora- 

ción, se hará una papeleta separada para cada autor, y en cada papeleta se escri- 
birá el título de la colección y, además, el título de la memoria de que se trate. 

17. El tercer elemento que entra en la redacción de toda papeleta es el título. 
Los títulos se deben copiar en la lengua original, en caracteres perfectamente legi- 
bles; mas cuando esta lengua no es ninguna de las cinco admitidas por la Confe- 

Írencia internacional, inglés, francés, alemán, italiano ó latín, el título se traducirá 
á una de esas cinco lenguas. En este caso, el título, en su lengua original, irá se- 
guido de su traducción á uno de aquellos cinco idiomas, encerrada entre corchetes. 

18. En cuanto á las papeletas destinadas al índice de autores, hay que distin- 
guir entre libros propiamente dichos y notas, memorias ó artículos publicados en 
revistas ó periódicos. Las papeletas deberán contener lo siguiente: 

A. Cuando se trate de libros, folletos ú opúsculos, publicados separadamente: 
a) La letra registradora (véanse reglas o.*, 7.*, 8.* y 9.'). t) El nombre del autor 
(véanse reglas 10, r i, 12, i3, 14, i5 y 16). c) El título (véase regla 1 7), ú^ La edición, 
si no es la primera. La palabra «edición» se escribirá con la abreviatura usual. 
Ejemplo: 2.* ed. e) El número de volúmenes, si hay más de uno, mencionados en 
la forma habitual. Ejemplo: (Vol. 1-12, part. i-3). Si la obra no está completa, se 
indicará el número de volúmenes ó de partes de volumen de que conste, f) El lu- 
gar de la publicación, copiado tal como figure en la portada, g) El año de la pu- 
blicación según esté en la portada. Si no está expreso en la portada, pero se sabe 
cuál es, se pondrá entre corchetes. Ejemplo: [igoSJ. Si no se conoce más que 
aproximadamente, siempre que la duda no pase de un año, se escribirá entre cor- 
chetes seguido de un interrogante. Ejemplo: [igo3?]. h) El número de páginas, el 
cual se indicará con las últimas cifras de cada serie de paginación, separadas por el 
signo +, y el todo entre paréntesis. Ejemplo: (XII + 144), para una obra en que 
la introducción tenga XII páginas y el resto 144. Las láminas, mapas, etc., se indi- 
carán en esta forma: «con lám.». Ejemplo: (XII -j- 144, con lám.). El número de 
láminas no debe ponerse sino cuando se halle expresamente indicado en la portada 
de la obra. Ejemplo: (XII -j- 144, con 5 lám.). i) El tamaño del libro, poniendo su 
longitud en centímetros. Ejemplo: (25 cm.). Cuando sea más ancho que largo, es 
decir, apaisado, la anchura se expresará también, separándola del número que in- 



VARIEDADES \bl 

dica el largo, con un signo de multiplicar. Ejemplo: (25 X 30) cm. k) El número 
ó los números registradores. 

B. Cuando se iraie de notas, artículos ó memorias contenidas en revistas ó 
periódicos: aj, b) y c) Lo mismo que para los libros, d) El título del periódico ó 
revista en que el trabajo se haya publicado, e) El número de la serie de la publi- 
cación, precedido de la abreviatura (Ser.), entre paréntesis. /^. El número del volu- 
men ó tomo del periódico ó revista, subrayado con una línea ondulada. Ejemplo: 
3, ó 1900; pero sin poner la palabra volumen, tomo, etc. g) El año de la publica- 
ción, tai como figure en la cubierta ó título del periódico. (Véase lo dicho para los 
libros.) Si los volúmenes del periódico ó revista están numerados por años, es decir, 
si cada lomo corresponde á un año, no es preciso poner el año de la publicación; 
pero si cuando la numeración por años sea distinta de la de los tomos, h) La pri- 
mera y la última página del artículo ó trabajo, unidas por un guión y encerradas 
entre paréntesis. Si hay láminas, se indicará como queda dicho, i) El número ó 
números registradores, entre corchetes. 

II. Catálogo pok materias. 

19. Sobre la papeleta destinada al Catálogo de materias, la letra registradora, 
\ escrita en el ángulo superior izquierdo^ irá seguida de la cifra registradora ó del 

símbolo, según las clasificaciones. Esta cifra indica la subdivisión de la ciencia en 
que la obra de que se trate debe ser colocada en el Catálogo. 

20. Cuando se desee que los títulos de un libro ó de una memoria sean, á la 
I vez, comprendidos en varios grupos del Catálogo por materias, se hará una pape- 
leta separada para cada grupo. (Véanse las reglas 8." y 9." que preceden.) 

21. Todas las papeletas que se refieran al mismo libro ó á la misma memoria 
1 deben remitirse juntas á la Academia, para que ésta lo haga, también á la vez, á la 
[ Oficina Central. 

\ 22. Las papeletas para el Catálogo por materias deben contener los siguientes 

) datos: a) La letra registradora. (Véase regla 7.*) b) El número registrador ó sim- 

'■ bolo. (Véase regla 18, letra A.) c) El nombre del autor. (Véase regla 18, letra b,) 

d) E\ titulo. En su lengua de origen, sí es una de las convenidas (inglés, francés, 
alemán, italiano ó latín). En los demás casos se pondrá solamente la traducción á 
\ una de estas cinco lenguas, seguido del nombre de la lengua origmal, entre parén- 

i tesis. Ejemplo: (español). En estos casos, por consiguiente, el título primitivo, en 

su lengua de origen, solamente constará en el índice de autores, e) Cuando en una 
memoria se describan nuevos compuestos químicos importantes, ó especies nuevas 
en Historia Natural, etc., no mencionadas en el epígrafe ó título del trabajo, deben 
I níieacionarse en la papeleta entre corchetes (véase la regia 23), ó bien dar á la Aca- 

demia indicaciones que la permitan enviar á la Oficina Central de Londres la lista 
de especies nuevas.// 1. Cuando se trate de libros: La edición. El número de volú- 
menes. El lugar y el año de la publicación. El número de páginas, con la indica- 
ción «con láminas», si es necesario. El tamaño. En cuanto al modo de redactar 
estos datos, véase regla 18, A, letras d) á i). II. Cuando se trate de artículos publi- 
cados en revistas ó periódicos: El título del periódico. El número de la serie. El 
número del volumen. El año del volumen. La primera y la última página de la 
memoria ó de la pane de memoria que se mencione en el título modificado, y aña- 
diendo: «con lám.» si las tiene. En cuanto á la forma en que deben consignarse 
estos datos, véase regla 18, fí, letras d) á h). 



ID2 



REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 



33. Cuando la Academia, en algún caso, estime conveniente, en las papeletas 
destinadas al Catálogo por materias, sin menoscabo de la claridad, abreviar algún 
epígrafe, lo hará ajustándose á las siguientes reglas, adoptadas por la Oñcina Cen- 
tral: a^ Si la modificación consiste en la omisión de una parte del título original, 
la parte que se omita se sustituirá con unos cuantos puntos suspensivos, b) Si la 
modificación consiste en añadir palabras que no figuren en el título primitivo, las 
palabras añadidas se colocarán entre corchetes, c) Si el epígrafe para el Catálogo 
«s distinto del original, se colocará todo él entre corchetes, d) Si al mismo tiempo 
se suprimen y añaden palabras, se emplearán ambas cosas combinadas: los puntos 
suspensivos y los corchetes. 

24. Cuando en una sola papeleta no quepa todo lo que se quiera escribir, se 
añadirá otra, pegándola ó atándola á la primera por su borde inferior. Todos 
«stos pormenores se perciben mejor exhibiendo modelos. A continuación se presen- 
tan cuatro, en que, por el nombre del autor y por la materia de que trata, se da 
noticia de un libro y de un artículo de revista: 

Modelo de papeleta áe un libro para el índice de autores. 



García de los Reyes, Mateo. Teoría gráfica de las 
Conmutatrices. [Théorie graphique des Commutatri- 
ces] Madrid 1902 (252) (22 cm.) 

[6060] 



O 



Modelo de papeleta del mismo libro para el índice por materias. 



C 6060 




García de los Reyes, Mateo. 


Théorie graphique 


des Commutatrices. (Español) 


Madrid 1902 (262) 


(22 cm.) 







j 




VARIEDADES 1 53 

Modelo de papeleta de un articulo de Revista para el indícele autores. 
















Ramón y 


Cajal, S. 


El aparato 


tubuliforme del 


epi- 


telio 


intestinal de los 


mamíferos 


[L'appareil tubuli* 


forme de l'epitelium intestinal des mammiféres] 


Ma- 


drid, 


Rev 


R. Ac. Cs. 


I 1904. 
107601 




(17-21.) 





Modelo de papeleta del mismo articulo de Revista para el indit:e 
por materias. 



O 0760 

Ramón y Cajal, S. L'appareil tubuliforme de Tepi- 
telium intestinal des mammiféres. (Español) Ma- 
drid, Rev. R. Ac. Cs. I 1904. (17-21.) 



O 



OBSERVACIONES PARTICULARES, REFERENTES Á VARIOS GRUPOS DE CLAS(FJC,\GrÓ?t 

B (Mecánica.) 

En Estática, Dinámica de fluidos, Elasticidad y Sonido, los trabajos de carácter 
más exacto ó matemático se señalarán con el signo (i.); las obras en que la obser- 
vación y la experiencia sean los puntos de vista principales, se marcarán con este 
otro signo (ii.), todo á continuación del número registrador. 

D (Química), H (Geología,) 

Para fijar los números registradores y los símbolos en estas dos cienctas. tarea 
que se reserva la Academia, véanse los cuadros y clasificaciones remilidos pt>r la 
Oficina Central. 



«V 



I 



i 



l54 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

J (Geografía física y matemática.) - 

En Geografía se emplea una clasífícación especial, con divisiones y subdivisio- 
nes, indicadas por letras del abecedario; clasifícación que se combina con las de la 
Geografía, la Geología, la Botánica, la Zoología, etc., etc. 



K (Paleontología.) 

El símbolo numérico en Paleontología se compondrá de dos guarismos: uno de 
dos cifras (número eslraligráfico) y otro de cuatro cifras, que ;representará la sub- 
división del reino animal ó vegetal á que pertenezca la forma fósil que se describa. 
Así, por ejemplo, una Memoria sobre Cefalópodos triásicos llevará por índice: 
K 55, 6700. Los números registradores para indicar, en Paleontología, subdi^isio- 
■m nes zoológicas son los mismos que se emplean en la clasifícación zoológica; y los 

\l¿ números indicadores de subdivisiones botánicas son idénticos á los empleados en 

la clasifícación de esta ciencia. Pueden añadirse, además, en esta como en otras 
ciencias, si es necesario, los símbolos alfabéticos de la clasifícación topográfíca. 
Ejemplo: una Memoria sobre los peces cretáceos de Turquía asiática llevará el si- 
guiente símbolo: K. 75, 6431 Jei. 

í- N (Zoología.) 



En Zoología se harán tres clases de papeletas, á saber: i.^, papeletas de título; 
2.^, papeletas por materia; 3.^, papeleus sistemáticas; redactadas conforme á las si- 
guientes reglas: 

i."^ Papeletas de título: Se redactarán conforme á las instrucciones que prece- 
den, dadas para el índice de autores, añadiendo al fínal, antes del número registra- 
dor, en una ó más palabras, la posición taxonómica del animal ó de los animales á 
cuyo estudio se refíera el trabajo de que se trate y la materia ó punto de vista desde 
el cual ese estudio se haya hecho. Nunca se pondrán dos títulos en una sola pape- 
leta, aun cuando se trate de dos Memorias de un mismo autor que se hayan publi- 
cado en la misma Revista. En estos casos se hará ima papeleta para cada una d» 
las Memorias. Siempre que una papeleta se refíera á formas fósiles, se pondrá la si- 
guiente indicación: t- Si el estudio se refíere á la vez á formas fósiles y á formas 
actuales, se indicarán así: '^t- 

2.* Papeletas por materia: Estas papeletas deberán llevar á la cabeza el índice 
referente á la materia en cuestión, seguido de la subdivisión que corresponda, indi- 
cada en el mismo idioma en que esté redactada dicha papeleta. Si ésta se refíere á 
alguna subdivisión nueva, que no se halle mencionada en la clasifícación adoptada 
por la Ofícina Central, se clasificará como si lo estuviese; y en estos casos, el Di- 
rector del Catálogo decidirá lo que debe hacerse. Materias distintas, con índices di- 
ferentes, no se escribirán nunca sobre una misma papeleta. En las papeletas por 
materia, bajo el punto de vista geográfico, se añadirá, además, al símbolo la indi- 
cación correspondiente de la clasifícación establecida en Geografía topográfíca; 
ejemplo: 0627 J dp. significará «distribución geográfica de los Poríferos en España 
y Por tuga h. 

3.* Papeletas taxonómicas ó sistemáticas: Mientras que en las papeletas de tí- 
tulo, la literatura zoológica se clasifica según los nombres de los autores, y en las 
papeletas por materias conforme á las categorías biológicas, en estas otras la base 
de clasificación son los animales á que el estudio se refiere. La papeleta sistemática 



r^' 



1 



VARIEDADES 1 55 í 



es, por lo tanto, distinta de la papeleta por materia. Las papeletas sistemáticas co- ^ 

menzarán, pues, por la indicación de la «rama» y de la «materia», seguida del 
«nombre» del animal á que la papeleta se refícra. En seguida, en una ó dos pala- 
bras, se pondrá el punto de vista bajo el cual se estudia el animal en cuestión 
(«Anatomía», «descripción», «n. sp.», etc.); después el nombre del autor, y, por úl- • 

timo, la referencia. La base de la clasificación sistemática es el género. Dos géneros ^ 

distintos no se pondrán nunca en la misma papeleta. Si se tratare de grupos más '\ 

extensos que el género, la indicación de la rama y de la categoría irá seguida del { 

nombre del grupo, en lugar del nombre del género, como se ha dicho antes. Para 
cada nuevo género se hará una papeleta distinta, en la que el nombre del nuevo 
género irá seguido de la indicación «n. gen.», después de una breve referencia al gé- 
nero ó géneros con los cuales se relacione, y de algunas indicaciones referentes á 
las especies que contiene. A estos datos se añadirá el nombre del autor y la refe- 
rencia. Las mismas reglas se observarán para los nuevos subgéneros, añadiendo la 
indicación «n. subgén.», á la que seguirá el nombre del género al cual el subgénero 
pertenezca. Las papeletas referentes á formas fósiles se marcarán, además, con el 
signo t, y las que se refieran á formas fósiles y recientes con el signo *t. Rara vez I 

ocurrirá esto último. El sistema que se seguirá para la clasificación de las pápele- ^ 

las sistemáticas será el mismo que se emplea en la sección sisienlática de la cono- ' 

cida obra Zoological Record ó en los Berichte publicados en WiegmanrCs /^ 

Archiv fur Naturgeschichte, Para facilitar el trabajo del director del Catálogo en 
esta sección, la persona que redacte papeletas deberá cuidar de poner al pie de cada 
papeleta sistemática el nombre del grupo de animales á que dicha papeleta corres- I 

ponda; tarea que podrá desempeñar con poco trabajo si el nombre de los grupos se , . 

encuentra, como casi siempre se encontrará, indicado en la obra que tendrá á la 
vista y á que corresponde la p ipeleta. Si en la obra no hay ninguna indicación de 
grupo (familia, subfamilia ó tribu), ó cuando el redactor no pueda,. por propios co- 
nocimientos, suplir esta falta de datos, deberá hacerlo constar así escribiendo al 
figal de la papeleta: «posición (colocación zoológica) no indicada». Los nombres 
de la mayor parte de los grupos se encuentran en las Instrucciones de la Oficina 
Central; pero facilitarán mucho la tarea del director del Catálogo las informacio- 
nes detalladas que se le den sobre la posición sistemática del animal estudiado. La 
Academia cuidará de trazar una línea roja cerca del borde de la izquierda en las 
papeletas de titulo, y una línea verde en las de materia, dejando en blanco las sis- 
temáticas ó taxonómicas. A continuación se ponen modelos de estas tres clases de 
papeletas zoológicas: 



1 56 



REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 



Hidalgo, J. G. — Distinción de dos nuevas especies de 
moluscos gastrópodos [Ricinula Lischkei Hidalgo.— 
Latiaxis FCieneri Hidalgo.] [Distinction de deux nou- 
velles espéces de moUusques gastropodes] Madrid, 
Rev. R. Ac. Cs. 1904 (73-73) [MoUusca, Gastro- 
poda [2207, 223 1.] 

o 



N. 2207. 








Distinction [Structure] de deux nouvelles espéces 
de mollusques gastropodes. (Español) (Ricinula 
Lischkei Hidalgo.— Latiaxis Kieneri Hidalgo.] 


Madrid, Rev. 


R. Ac. Cs. 



1904 (73-75.) 


Hidalgo, 



N. 2231. 

[Ricinula Lischkei Hidalgo ] (N sp.) 

Hidalgo, 
Madrid, Rev. R. Ac. Cs. 1904 (73-75) 

[Oastropoda.] 

o 



VARIEDADES 



i57 



N. 2231. 
[ Latiaxis Kieneri Hidalgo] (N sp.) 

Hidalgo, 
Madrid, Rev. R. Ac. Cs. 1904 (73-75.) 

[Otetropoda.] 

o 



Para más detalles referentes á estas y á las demás ciencias que el catálogio com- 
prende, véanse las instrucciones de la Oficina Central, á disposición de los Señores 
Académicos y sus colaboradores en la Secretaría de la Academia. 

J. R. Carracído. 

FRANCIA.™ El 22 de Abril último l^s Bibliotecarios se reunieron en el «Musée 
Social», bajo la presidencia del Sr. Deniker, Bibliotecario del Museo de Historia Na- 
tural, á fin de constituir una «Asociación de Bibliotecarios franceses». 

De ios estatutos establecidos en dicha reunión, tomamos los artículos si- 
guientes: 

«Art. I.** Entre los miembros adheridos á los presentes estatutos se ha for- 
mado, conforme á la ley del i .° de Julio del 1901 (art. 5.°), una Sociedad bajo el titulo 
de Asociación de Bibliotecarios franceses. Su domicilio social está en París, Plaza 
del Panteón. 

»Art. 2.' La Asociación de Bibliotecarios franceses tiene por objeto ocuparse 
en todos los asuntos de especial interés para las Bibliotecas y los Bibliotecarios. 

»Art. 3.** Pueden formar parte de esta Sociedad: i.", los individuos que han 
ejercido, ejercen ó pueden ejercer, según las leyes y reglamentos vigentes, la profe- 
sión de Bibliotecarios; 2.% las personas amantes de las Bibliotecas. 

»Art. 4.^ La cuota anual es de cinco francos. Serán considerados como socios 
fundadores los que paguen una cuota de 20 francos, por lo menos. 

»Art 3.** La Sociedad es administrada por un Consejo compuesto de 20 miem- 
bros elegidos por mayoría de votos.» 

Los miembros del Consejo elegidos en esta primera Junta se reunieron algu- 
nos días después para proceder á la elección de la Junta directiva de dicha Sociedad, 
que es la siguiente: Presidente, Sr. Deniker, Bibliotecario del Museo de Historia Na- 
tural. Vicepresidente, Sr. Michel, Conservador de la Biblioteca Municipal de Amicns. 
Secretario general, Sr. Sustrae, Sub-bibliotecario de la Biblioteca de Santa Genoveva. 
Vicesecretario, Sr. Gauíier, Sub-bibliotecario de la Facultad de Derecho de París. 
Tesorero, Sr. Poirée, Conservador-adjunto de la Biblioteca de Santa Genoveva. 

— El Museo del Louvre ha adquirido una gran tinaja y los fragmentos de la 
parte superior de otra, de estilo hispano-árabe, procedentes de las excavaciones he- 
chas en un sitio inmediato á Sevilla. La tinaja, en perfecta conservación, es de 
forma ovoidal, con dos grandes asas y ornamentada con follajes y arcadas. 



I 38 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

También nos interesan, entre las úllimas adquibiciones de dicho Museo, cuatro 
cuadros de la Escuela Española. Son éstos: una Virgen del siglo xv, procedente de 
Vitoria; una tabla de Luis Dalmau, cuyo asunto es la aparición de la Virgen á San 
Ildefonso; una cabeza de nuestra Escuela Sevillana, del siglo xvii, y un hermoso 
cuadro del Greco, que representa á San Fernando, con corona y cetro y vistiendo 
una armadura del siglo xvii, y á su izquierda un pajecillo con un yelmo. 

GRECIA. — El Dr. Bosanquet, Director de la Escuela inglesa de Arqueología en 
Atenas, da cuenta de las excavaciones por él emprendidas hace algunos meses en ios 
alrededores de Esparta, las cuales han dado por resultado el descubrimiento, á orillas 
del Eurolas, del célebre templo de Ariemis. Entre las ruinas se han hallado nume- 
rosas estatuítas, objetos preciosos de oro, plata y marfil, y otros muchos de diver- 
sas materias pertenecientes á la época clásica. 

ITALIA.— El arqueólogo Santiago Boni, que dirige las excavaciones del Foro de 
Roma, cree haber realizado el importante descubrimiento de la tumba de Trajano. 
El historiador Eulropio dice que la muerte del referido emperador ocurrió en Asia, 
el 1 1 de Agosto de 117, siendo trasladados sus restos á Roma y encerrados en una 
urna de oro, que fué colocada bajo una columna de 144 pies de altura, al lado de la 
basílica Ulpia. Esta afirmación ha sido recusada por la crítica moderna en vista de 
no haberse encontrado hasta ahora vestigios algunos por los que pudiera colegirse 
la existencia de una tumba en la columna Trajana. El Sr. Boni ha vuelto á exami- 
nar los restos de puerta que se abría á la izquierda del vestíbulo que sirve de en- 
trada al pedestal de la columna, y después de haber mandado picar una espesa capa 
de yeso, encontró un muro de ladrillo, que cierra el hueco de la puerta, lleno de 
exfoliaciones. Ocultos por los ladrillos se hallaban algunos vestigios de goznes de 
bronce. Las losas de mármol existentes en el umbral de la puerta aparecen muy 
desgastadas, demostrando ello que, durante muchos años, aquel lugar fué en ex- 
tremo visitado. Estos indicios llevan á suponer al arqueólogo italiano que son cier- 
tas las afirmaciones de Eutropio, y se propone continuar los trabajos de explora- 
ción en los cimientos de la columna Trajana, hasta dar con el nicho que contuvo 
la urna cineraria. 

— Su Santidad ha decidido entregar á la admiración de los visitantes de Roma 
los espléndidos frescos con que Bernardino de Betto Baggio decoró las habitaciones 
llamadas de Borgia en el Vaticano. Por desear PíoX habitar, no sólo el piso pri- 
mero del Vaticano, sino el segundo, donde se hallaban instaladas las oficinas de la 
Secretaría de Estado, fué preciso que el Cardenal Merry del Val eligiese otros de- 
partamentos, recayendo la designación en las cámaras de Borgia. La Prensa de va- 
rios países se lamentó de que en adelante iban á quedar inaccesibles para el público 
los frescos de Pinturicchio y, en vista de ello, el Papa ha dispuesto que la residen- 
cia del Secretario de Estado sea trasladada á otro lugar del palacio pontificio, á fin 
de que pueda permitirse la libre entrada á los departamentos Borgia. 

Además, ha mandadocomenzar grandes trabajos de restauración, recibidos con 
elogio por la Prensa italiana. Los salones del primer piso habían sido divididos, á 
principios del pasado siglo, en varios departamentos pequeños, destidados á modes- 
tos funcionarios. Han sido derribados los tabiques, pudiéndose ya admirar la her- 
mosura de aquellos salones que hicieron decorar espléndidamente Paulo V y Ur- 
bano VIII. Dominando la columnata de Bernini, y alumbrada por grandes venta- 
nales que dan á la plaza de San Pedro, existía una pequeña sala, al parecer sin 
mérito artístico. Bajo unos lapices de poca importancia han aparecido bellísimas 



VARIEDADES 



pinturas decorativas, obra de discípulos de Guido Reni y Carlos Dolci. Por último, 
teniendo en cuenta que las salas ocupadas actualmente por la Pinacoteca se en- 
cuentran en estado casi ruinoso, faltas de luz y son de acceso molesto, por encon- 
trarse en el tercer piso, ha dispuesto el Pontífice el traslado del Museo á una de las 
alas del palacio que bordea el patio del Belvedere, ó sea en la actual Floresia (in- 
vernadero), contigua á los Archivos y Biblioteca. La galería será embaldosada de 
mármol, se abrirán de nuevo todas las grandes ventanas y se instalarán caloríferos 
para el invierno. 

R. DE Aguirre. 



- •-T.^B^-^- 




CRÓNICA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 



\ 



Museo de reproducciones artísticas. — Conferencias, — Esle año las conferen- 
cias públicas y prácticas de vulgarizacióndeconocimientos celebradas en este Museo, 
no solamente estuvieron á cargo del Director del Establecimiento, sino también del 
Sr. Secretario. A todas ellas asistió numeroso público, que no bajó de setenta per- 
sonas y algunos días pasó de doscientas. 

VA Direqtor del Museo, D. José Ramón Mélida, continuó las conferencias mono- 
gráricas de obras maestras del arte griego; de las cuales dio el pasado curso una 
íicric de seis conferencias y ahora otra de igual número, cuyos temas y su desarrollo 
fueron como sigue: 

1,* La Venus del Esquilmo, — Comparación con las imágenes de Venus y ca- 
racteres particulares que de ellas la diferencian. — Diversidad de juicios que de la es- 
lüLua se han hecho.— No representa á la diosa del amor. — Estudio artístico: no es 
obrk alejandrina ni pasitélica. — Es copia hecha en la época alejandrina de una es- 
taiua votiva ó funeraria del siglo v antes de J. C; del tiempo de los precursores de 
Fidias. 

u.* La Démeter de Cnido, — El templo de Démeter, Cora y Plulón Epímacos, 
en Cnido (costa de Caria, en Asia Menor) y colocación en que aparecían sus imá- 
genes,— Examen de la estatua: sus rasgos matronales y poéticos.— La expresión en 
la escultura griega. — Comparación de la Démeter dolorosa de los griegos y la Vir- 
Í4en Jolorosadel arte cristiano.— Estilo de la estatua. — Es obra de mediados del si- 
glo IV, muy original, en la que se advierten las influencias de Scopas y de los 
áticos^ 

3.* La Victoria de Samotracia. — Hallazgo del monumento en la isla de Sa- 
moiracia. — Identificación del mismo por su imagen er. los letradragmas de Deme- 
trio Poliorcete. — Hecho histórico que conmemoraba el monumento. — Luchas po- 
Htic4s de los sucesores de Alejandro, especialmente de Antígono, regente del Asia 
Menor, y Ptolomeo,Rey de Egipto. — (Combate naval maUenido en el año 3o6 antes 
de J. C por la posesión de Chipre, y en el cual Demetrio, hijo de Antígono, dispersó 
la rtolade Ptolomeo, que era superior.— Los monumentos votivos en la antigüe- 
dad. ^Examen del de Samotracia. — La estatua de la Victoria es obra de autor anó- 
nim< I que debió figurar en la escuela de Scopas, pero que por su atrevimiento, por la 
perfecta unidad que consiguió entre el asunto y el lugar del emplazamiento, por el 
humanismo de su estilo y por su habilidad técnica, mostró originalidad y acierto 
grandes. 







CRÓNICA .DE ARCHIVOS l6l 

4.* ElNilo, — Hallazgo del grupo. —El rioNiloen la mitología egipcia. — Adap- 
tación simbólica al sistema alegórico greco- rom ano. — Detalles simbólicos que le 
caracterizan: los 16 codos de crecida de las aguas. — La cornucopia, el loto y el naci- 
miento de Horus.— La Esfinge.— La fauna del Niló.— Caracteres artísticos del gru- 
po.— Elementos analíticos y pintorescos del arte egipcio. — Parece ser obra alejan- 
drina, de artista griego del siglo iii, que supo mezclar el género con lo grandioso. 

5.* Grupo de Orestes y Electra. — Examen de la obra y valor que le da ]a firma 
de Menelao- — Diversas interpretaciones dadas al asunto. — Los personajes no son 
Orestes y Electra, ni Telémaco y Penélope, ni Teseo y su madre, ni pueden admi- 
tirse otras identificaciones mitológicas. — Indumentaria de las figuras. — El joven 
está heroizado y la mujer no.— El último adiós como asunto de la escultura anti- 
gua, y su representación en el presente grupo funerario. — Cuestión artística: noti- 
cia y juicio que merece la Escuela de Pasiteles. — Stéfanos y su discípulo Menelao. 
La obra de éste revela que era un artista que se inspiraba en el clasicismo ático, y 
que al seguir la corriente realista de su tiempo se inclinaba al estilo pintoresco de 
las tanagras. ^ 

6.* El Mausoleo de Halicarnaso. — Notici^i de las siete maravillas del Mundo. 
— Descubrimiento de las ruinas del Mausoleo de Halicarnaso.— El rey Mausolo y 
su política favorable al desarrollo del arte griego en Caria. — Reconstitución del 
monumento y de su decorado escultórico por las noticias de los escritores anti- 
guos. — Restos escultóricos que se conservan. — Los frisos, y especialmente el de la 
carrera de carros. — El carro que coronaba el monumento con las estatuas del rey. 
Mausolo y de su mujer Artemisa.— Examen de la estatua de Mausolo, que es un 
retrato idealizado. 

A esta conferencia siguió un resumen de las seis dedicadas á obras maestras del 
arte griego. 

7.* Figuras de Tanagra. — Caracteres generales de las figuras de barro. — El 
barro en las tumbas. — Su simbolismo.— Carácter talismánico de algunas figuras 
orientales. — Figuras griegas, etruscas y remanas. — Diversas opiniones sobre la re- 
presentación de las figuras y objeto á que se destinaban.— ídolos ó penates. — Ofren- 
das. — Tipos de género. — Juguetes. — Cómo ha tratado de razonarse la presencia de 
tales objetos en las tumbas griegas. — Noticia de Tanagra y de sus habitantes. — Las 
mujeres de Tanagra: su fama de elegantes y graciosas.— La fabricación de figuras de 
barro en Tanagra. — Examen de la técnica. — Asuntos. — Abundancia de los tipos 
femeniles y valor que tienen como representación de aquellas mujeres. — El arte en 
las figuras de Tanagra.— Su carácter pintoresco. — Libertad y maestría de la ejecu- 
ción. — Lugar que corresponde á esta manifestación artística en el proceso del arte 
antiguo. 

8.* El retrato de Inocencio X por Velá^que^, — Análisis de la vida del artista y 
de la evolución de su paleta. — En esta evolución el artista no hace más que afir- 
mar su personalidad sin que influyan en él otros artistas. — Rubens y Velázquez. 
— viajes de Velázquez á Italia. — Objeto del segundo viaje y obras que realiza en 
Ro.ma. — Examen del retrato del Papa. — Su realismo. — Es una armonía de rojos. 
— Su técnica.— La dedicatoria y la firma.— El estudio directo del natural existente 
en San Petersburgo. — Significación de la obra definitiva en la producción de Veláz- 
quez y en el arte moderno. 

El Secretario del Museo, í). Casto María del Rivero, dio una conferencia con 
arreglo al siguiente programa: 

3.» EVOCA.— TOMO XV. i 1 



102 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

La platería en la antigüedad clásica. — Su importancia. — Sus primeras manifes- 
taciones entre los griegos representadas por los hallazgos de Troya, Santorin y 
Mycenas.— Grandes centros de fabricación y noticia particular de los artistas de 
Samos. — La platería en ia época clásica. — La escultura criselefaniina.— Esplendor 
de las artes suntuarias en el periodo macedónico. — Los etruscos habilísimos orfe- 
breros. — Noticias acerca de la platería en Roma con anterioridad al siglo iii (antes 
de J. C.)— Importancia que adquiere esta manifestación artística en los dos últimos 
siglos de la República y bajo el Imperio.— La Patera de Rennes. — Técnica de ia 
platería. — Referencia á los usos y costumbres de los antiguos en lo concerniente á 
la mesai — El triclinium. — La vajilla. — Noticia de los tesoros de Bernay y de Hildes- 
heim y examen de sus piezas capitales. — El Plato de Otañes. — Su examen. — Su fe- 
cha y singularidades que presenta su arte.— El Disco ó Emblema de Teodosio. — Su 
descripción.— Interés Jiistóricoy artístico que ofrece. 



1 



BIBLIOGRAFÍA 



(La lengua es la base de clasificación de nuestra Bibliografía. En ésta se incluyen todos los 
libros de cualquier orden y los trabajos de revistas publicados por individuos de nuestro 
Cuerpo, lo cual puede servir para intentar una bibliografía de éste: los marcaremos con un *.— 
En la Bibliografía de Revistas, siempre que no se indique el año, se entenderá que es el co- 
rriente.) 



r; 



LIBROS ESPAÑOLES 



[I.*' Todos los de historia, en la acepción más 
amplia de la palabra, desde la política á la cien- 
tífica, y los de sus ciencias auxiliares, incluso 
la filología y la lingüistica, que se publiquen, 
editen, reimpriman y extracten en la España 
actual y sus posesiones, de autor español ó ex- 
tranjero, en cualquiera de las hablas españo- 
las, ó en ó fuera de España, de autor español, 
enlenguas sabias. 2.^ Las ediciones, reimpre- 
siones y antologías hechas en ó fuera de Espa- 
ña, de libros de cualquier materia escritos por 
autores ya muertos no contemporáneos, espa- 
ñoles ó extranjeros, en dichas hablas, ó por 
españoles en lenguas sabias, dentro de la ex- 
tensión de los antiguos dominios españoles. 
3.0 Las traducciones, arreglos, refundiciones 
é imitaciones publicadas en ó fuera de España 
3or autores vivos, españoles ó extranjeros, en 
as mismas hablas ó en lenguas sabias, de obras 
históricas y literarias debidas a españoles ya 
muertos. 4.** Los libros notables originales de 
amena literatura, dados á luz en o fuera de 
España por escritores contemporáneos, espa- 
ñoles ó no, en las hablas españolas, ó por escri- 
tores españoles contemporáneos en lenguas 
sabias. b.° Los de cualquier materia, siempre 
que se refieran a cosas de España, publicados 
en I > rcleridas hablas en aquellas naciones 
que no ia« usan, ó en las mismas hablas ó en 
lengua sardas en los pueblos que usan el cas- 
tellano. Y t) *' Las traducciones hechas por es- 
pañoles ó lx «ranjeros, á cualquiera de las ha- 
blas españc" ó por españoles á lenguas sa- 
bias, de libr ■ extranjeros históricos, ae cultu- 
ra general, y aun de amena literatura cuando 
son obras maestras.] 

Alonso Morcado (José). Prelados sevillanos 
ó Episcopologio de la Santa Iglesia Metropo- 
litana... de Sevilla.— Sevilla, tip. de Agapiío 
López, 1906.-4.^, i.o58 págs. [2466 

Alonso Palacín (Dr. Manuel). Nuevas in- 
Testigaciones htstórico-genealógicas referen- 
tes al M. R. P. Diego Láynez y üu distinguida 
familia de Almazán y de Matute.— Madrid, im- 



prenta de Gabriel L. del Horno. —4.°, viii-144 
piginas. [2466 

Bensasson (M. J.). Documentos históricos: 
Los israelitas españoles. España y sus hijos de 
Oriente.— Alicante, Sirvent y Sánchez, 19.15.— 
8.<» m., 224 págs., mapa y retrato. — 3 pese- 
tas. [2467 

Blasco (Eusebio). Obras completas. To- 
mo XX r.— Madrid, imp. de José Rueda, 1906.— 
8.«, 188 págs.— 3 ptas. I2468 

Ckuz (Ramón de la). Saínetes desconocidos. 
Primera serie. — Barcelona, imp. de Antonio 
Viladot, s. a., (1906).— 12.°, 191 págs.— i pta. 'Es 
el tomo IV de Oro piejo y oro nuevo.) I2469 

Curiosidades históricas. Tomo //.—Madrid, 
imp. de los Sucesores de Hernando, 1906.-12.% 
192 págs. (Es el tomo CLVI de Biblioteca Uni- 
versal.) [2470 

Dastrb (A). La Vida y la Muerte, versión es- 
pañola de José Gom^ále^ Liana.- Madrid, libr. 
Guttenberg de José Ruiz, 1906. — 8.° {18 x 12), 
335 págs. — 3,5o ptas. (Un vol. de la Biblioteca 
de Filosofía cieniijica.) (1471 

FiRMXRT. Goethe, versión española con au- 
torización del autor. — Madrid, imp. de «La 
Ultima Moda», 1904 (1906).— 8.'^, 239 págs.— 2 pe- 
setas [2472 

HÉRicouRT (Dr. J.).— Las Fronteras de la En- 
fermedad, enfermedades latentes y enfermeda- 
des atenuadas, versión española de José Mu ño^ 
Escame^. — Madrid, libr. Guttenberg de José 
Ruiz, 1906.— 8.0 (18 K 12), 273 págs. — 3,5o ptas, 
(Un vol. de la Biblioteca de Filosofía cienti- 
Jica.) [2473 

Iriarte (Carlos). Recuerdos de la guerra de 
África: Bajo la tienda, traducción de M. C. C, 
ilustraciones de G. L. Boulanger, A. Baudit 
Durand Brages, ü. Doré, E. Morín, Villevieile 



104 



REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOl EAS Y MUSEOS 



I 



Pasini y C. Iriarie. — Barcelona, Talleres de 
Artes Gráficas, s. a., (1906). — 8.» 244 págs.— 
Sptas. t2474 

Le Sage (M.). Historia de Gil Blas de Santi- 
llana, edición traducida al castellano por el 
P. /s/a» ilustrada con 231 dibujos originales de 
Manuel Picólo.— Madrid, imp. de Jaime Ratés 
Martín, s. a., (1906). -4•^ ^92 págs. -4 pese- 
tas. 1^75 

MiQUKL Y Planas (Ramón). Primer Ilibre 
d'exlibris dea Triado.— Barcelona, imp de 
Joseph Berras y Ferrán Mestres, 1906.— Folio, 
pról., 36 hojas sin foliar, con grabs. y un re- 
trato.— 16 ptas. I2476 

Novelas picarescas. El Lazarillo de Tormes 
(por Diego Hurtado de Mendoza) y Rinconete 
y Cortadillo (por Miguel de Cervantes Saave- 
dra) con un prólogo por J. Givanel Más.— Bar- 
celona, imp.«La Campana y La Esquella», s. a., 
(i9o6>.— 12.°, 208 págf . (Es el tomo 100 de la Co- 
lección diamante.) [^477 

PoNS FAbrkoües (Benito), Juan Oliver (Ma- 
nen) y Vicente Juan ^Ribas). Memorias bio- 
gráficas leídas en la fiesta cívica celebrada en 
el Consistorio municipal [de Palma de Ma- 
llorca] el 31 de Diciembre de 1905. — Palma, ti- 
pografía de F. Soler, 1906.-F0I., 63 págs. [2478 

Roda López (Cecilio de). La evolución de 
la música. Discurso leído en la Real Academia 
de Bellas Artes de San Fernando el día 27 de 
Mayo de 1906.— Madrid, imp. de Bernardo Ro- 
dríguez, 1906.— 8." m., 66 págs. (2479 

Várela t Escobar (Manuel). Bosquejo his- 
tórico de la ciudad de Ecija... Ultima edición. 
—Sevilla, imp. de Francisco de P. Díaz, 1906.— 
8.", 175 págs. é índice. (2480 

Vergara y Velasco (F. J). Memoria sobre 
la construcción de una nueva Carta geográ- 
fica de Colombia y de un Atlas completo de 
Geografía colombiana.— Bogotá, imp. Eléctri- 
ca, i9oe.— 8.°, 56 págs. [2481 

Villa-Real y Valdivia (Df. Francisco de 
Paula). Las leyendas en la Historia de la Edad 
Media española. Discurso leído en la... aper- 
tura del curso... do 1906 á 1906 en la Universi- 
dad literaria de Granada. — Granada, imp. de 
Indalecio Ventura López, 1905,-4.0 m., 85 pa- 
ginas. [2482 

VoLTAihE. La poesía épica y el gusto de los 
pueblos, traduccióni, prólogo y notas de E. Ba- 
rriobero y Hernán. — Madrid, Ginés Carrión, 
1906.— 8.° m., i52 págs., más una hoja de ín- 
dice. [2483 

Wester (Arvid M. T. E.). El combate de «El 
Caney», capítulo xvii de la obra La Campaña 
de Santiago en i8g8. Versión española de 
J. P. T. Lundblad, corregida y arreglada por 
D. Domingo Arráií^^ de Conderena. — Madrid, 
cst. tip. «El Trabajo», 1906.-4.°, 40 págs., más 
un plano. [2484 



Zabai.a de Lera (Pío). Las Universidades y 

los Colegios mayores en tiempo de Carlos III. 

Tesis doctoral.— Madrid, Jaime Ratés, 1906.— 

8.0 m., 39 págs. 12485 

A. Gil Albacete. 

LIBROS EXTRANJEROS 

(i.° Los tratados universales y generales por 
naciones y materias, de historia y sus ciencias 
auxiliares, de literatura y arte, de filología y 
lingüística, cic, que interesen á la erudición 
y á la cultura, publicados en ó fuera de Espa- 
ña por españoles ó extranjeros en hablas vul- 
gares no españolas, ó por extranjeros en len- 
guas sabias. 2.*' Los ac cualquier materia es- 
critos por españoles en ó fuera de España en 
dicha.<{ lengua*; vulgares. 3.° Los de cualquier 
materia, con tni que se refieran á cosas espa- 
ñolas, publicados por cxtranj«'ros en ó fuer 1 
de España en lenguas sabias ó en hablas vul- 
gares DO españolas.] 

Abartiagub (L. d*). Eléments analytiqucs et 
pratiques de grammaire espagnole.— Biarritz, 
Seitz, 1906.— 8.0, 16 páys.— I fr. [2486 

Agnelli (Giuseppe). La Biblioteca Comunale 
di Ferrara: il passato, il presente, 1' avvcnire. 
—Ferrara, G. Bresciani, 1906.— 4.®, 62 págs., con 
una tabla. (De la Gai^j^etta ferrar ese.) [2487 

Ambrosoli (Salomone) . Atlante numisma- 
tico (monete moderne).— Milano {M. Bellin- 
zaghil, 1906.— 16.«, xiv-428 págs. (Manuali Hoe- 
pli.) [2488 

Aüriault(j.). Les vrais forces. LaSainteté 
du ix^ au xiic siécle. IX. In Angustia tcmpo- 
rum. Saint Grégoire VII. Saint Anselme. Saint 
Bernard. Les Cfoisades.- Lyon. Vilte, igoó — 
16.0, 279 págs. [2489 

Barroux (Marius). V. Corveaux (Paul). 

Beaupré(J.). Note sur les enceintes á val- 
lum calciné.— Le Mans, Monnoyer, 1906.— 8.', 
12 págs. (Del Bulletin de la Société pr/histori- 
que de France.) [2490 

— Observalions concernant une forme par- 
ticuliére de tumulus signalée en 1882 par 
Mr. Chauvet.— Le Mans, Monnoyer, 1906.-8.**, 
7 págs (Del Bulletin de la Société préhistorique 
de France.) [2491 

B1BL10TECHINE gratuite, per i fanciulli delle 
scuole elementari soito V alto patronato di 
S. M. la Regina Elena; comitato céntrale in 
Ferrara: programma e statuto.— Ferrara, Bres- 
ciani succ, 1906.-8.°, 8 págs. I2492 

BiNNS (W. M.). Firts Century of English 
Porcelain.— London, Hurts. 1906.— 8.0^268 pá- 
ginas, coa grabs. 2493 

BoRGHESi(Petcr). Petrach and his influence 
on english litterature. — Bologna, Zanichelli, 
1906.-16.°, 137 págs.— 3 fr. (2494 

BossARD (P.). LArt décoratif et architectu- 
ral dans le pays de race celtique. — Vannes, 
Lafolye fréres, 1906.-8.°, 16 págs. (De la Repue 
de Bretagne.) [249^ 




bibliografía 



1 65 



Bkrasted íJ. H.). Hisiory of Egypl. From 
ihc Earüesi Times lo thc Persian Gonquest — 
London, Hodder, 1906.-8.°, 666 págs., con gra- 
bados.— 26 fr. (2496 

Brochet (J). La Corrcspondancc de saint 
Paulin de Nole el de Sulpice Sévóre.— París, 
Dumoulin, 1906.-8.°, 112 págs. [2497 

Bku.neti¿rb (Ferdinand). Les Epoques du 
chéátre franjáis (1636-1850). Conféreoces de 
1 Odéon. 6.' ¿rfifion.— Coulommicrs, Brodard, 
1906.— 16.0, 410 págs.— 3,5o fr. (2498 

BüONARBOTTi (Míchael Angelo). The son- 
neis, now for the fírsi lime translated in lo 
rhymed english by John Addington Simonds. 
— Venicc [Praio, fraielli Passerini], 1906.— 16.®, 
132 pags. I2499 

CABROL(Fernand). Diclionnaire dWrchéolo- 
gie chrétienne ct de liturgic, publié par le 
R. P. dom... avec le concours d'un grand nom- 
bre de collaboralcurs. IX. Antyphone dans la 
liiurgie grccque-archimandnia.— Paris, Re- 
Douard, 1906.-8.°, col. 2465 á 2752.-5 fr. la en- 
trega. [25oo 

Cai.mkttb (Joscph). Un jugement original 
de Wifred Le Velu pour l'abbaye dAmer (17 
avril 898).— Nogeni-le-Rotrou, Daupeley-Gou- 
verncur, 1906.-8.°, 12 págs. (De Ia Bibüothéque 
de rEcole des chartes.) (25oi 

. Camponovo (A.). Storia dell'. America del 
Sud.— Milano, Societá ed. Sonzogno, 1906.— 
16.°, 63 pásíS.— 15 cénls. (Biblioteca del popólo, 
núm.402. [2502 

Catalogue. English... of Booksfor 1905, 69th 
ycar of issue.— London, Publisher's Circular, 
igo6.— 8.°, 302 págs.— 7,5o fr. (2603 

Catalogub de i'exposition d'oeuvres dan 
du xviii^ siécle á la Bibiiqléque Nationale (Ml- 
niatures-Gouaches-Esiampes eo couleurs, fran- 
^aises el anglaises, 1750-1815. Médailles el Pier- 
res gravees (1700-1800). Biscuits de Sévres).— 
Mácon, Proiat fréres, 1906.-8.°, 207 págs., con 
grabs. [2504 

Catalogue des ouvrages de César.— París, 
Imp. nationale, 1906.— 8.°, á 2 cois., 48 cois. (Del 
tomo 25 del Catalogue general des livres im- 
primes de la Bibliotéque Nationale.) [25o5 

Cervetto (L. a.) Catalogo delle opere com- 
ponenii la raccolia colombiana esisiente nella 
«ÍTica biblioteca Berio di Genova.— Genova, 
fratelli Pagano, 1906.-8.°, 126 págs. (25c6 

Clavel (André). Le Pape Nicolás II. Son 
OBuvre disciplinairc (thése). —Lyon, Vi lie, 1906. 
—8.°, 99 págs. [2507 

(^.ORVEAUx (Paul). Hístorique de la biblio- 
ihcque de l'EcoIe de pharmacie de Paris, par 
le docieur.. suivi d'un analyse du premier re- 
gistre des Archives de l'Ecole de pharmacie, 
par M nrius Barroiix. —Besan^on, Jacquin, 1906. 
8.°, 16 págs., con I grab. (Del Btbliographe mo- 
¿*rne, 1905.) Í25o8 



CU.MONT (Franz). Les cuites d'Asie Mineure 
dáosle paganisme romain. — Angers, Burdin 
el C.e, 1906.-8.", 24 págs. (De la Revue de l'his- 
toire des religions. Annales du Musée Gui- 
met.) (2509 

DAHK.MBERG (Ch.), Saglio (Edm.) el Pottier 
(Edm.). Dictionnaire des antiquités grccques 
el romaines, daprés les tcxies el les monu- 
ments, conlenant l'explication des termes qui 
se rapporieni aux moeurs, aux instiiuiions, á 
la religión, aux arts, aux sciences, au costume, 
au mobilier, á la guerre, á la marine, aux mé- 
tiers, aux monnaies, poids ct mesures, etc., et 
en pénéral á la vie publique et privée des an- 
ciens Ouvrage rédigé par une société de écri- 
vains speciaux, d'archéologues et de profes- 
seurs sous la direction de MM... et..., avec le 
concours de M..., et orné de plus de 7.000 figu- 
res d'aprés laniique dessinées par P. Sellier. 
SS^fascicule (Paríes-Pwío v).— Corbeil, Cre- 
lé, 1906.-4.°, á 2 cois., pág. 337 á 496, con 184 
grabs.— 5 fr. la entrega. [aSio 

DAUMET(Georgcs). Les lestaments d'Alphon- 
sc X le Savanl, roi de Caslille.— Nogcni-le- 
Rotrou, Daupeley Gouverneur, igo6.— 8.°, 32 
págs. (De la Bibliothique de l'Ecole des char- 
tes.) l25n 
Dauzat (Alberi). Essai de méthodologie lin- 
guistique dans le domaine des langues et des 
patois romans.— Chartres, Garnier, 1906.-8.°, 
viii-295 págs. l25i2 
Debidour(A.). LEglise caiholique et V 
Etatsous la Troisiéme Republique (1870-1906). 
T. /.*'': 1870-1889. — Evreux, Hérissey. 1906.— 
8.°, xi-468 págs.— 7 fr. {Bibliothique de l'his- 
toire contemporaine,) l25i3 
Delattrb. Une sépulturc carthaginoise. Sar- 
cophague de marbre blanc peinl.— Paris, ¡mp. 
nationale, 1906. — 8.°, 12 págs., con grabs. (Del 
Bulletin archéologique,) l25i4 
Denikeb í J.). Le Catalogue internaiional de 
littérature scieniifique. — París, imp. natio- 
nale, 1906.-8.°, 12 págs. I25i5 
Dknis (Ernesl). La fondation de Tempire 
allemand Í1852-1871).— Evreux, Hérissey, 1906. 
— 8 °, viii-532 págs.— 10 fr. (2510 
Documbnts inédits relatifs á Madame Du- 
chesse de Berry, publiés par Henry Prior.— 
Milán, U. Allcgrelti, 1906.-8.°, 79 págs. con 
una tabla— Tirada de 25o ejemplares no pues- 
tos á la venta. (2517 
Dry (A.). Soldáis ambassadeurs sous le Di- 
rectoire. An IV.— An VIII. — Paris, PIon-Nou- 
rriiei C.*^, 1906. — 8.° men., 2 vols. — Contie- 
ne: I. Les Généraux et la Révolution. Tradi- 
tions et diplómales du Directoire. Le general 
Perignon el l'amiral Truguet á Madrid. .\u- 
bert Dubayel á Constantinople.- II. La .Mis- 
sioc de Clarke en Italie. Canclaux ci La- 



i66 



REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 



y. I 



combe Saint-Michel i Ntpies. BernaJotte á 
Vicone. (25x8 

EuDBL (Paul). Dictíonoaire des bijoux de V 
Afrique du Nord (Maroc, Algéric, Tunisie, 
Tripolitaine). ~ Chartres, Durand, 1906.— 8.°, 
35o págs. coa grabs. [2bi9 

Ferrari (Luigi). Gli incunaboli della r. bi- 
blioteca Universitaria di Pisa.— Firenze, stab. 
tip. Aldino, 1906.-4.°, 56 págs. (De la Biblio- 
filia.) [2520 

Flamano íJ. B.) el L, quiíre. Nouvelles re- 
cherches sur la Préhistoriquc dfns le Sahara. 
— Paris, imp. oationale, 1906.-8.°, 12 págs. (Del 
Bulletin de géographíe historíque et descrip- 
tiva) [2521 
Franki.in (Alfred). Des noros et des dates. 
Les rois el les gourernemcnts de la France de 
Hugue Capel á lannée 1906. 2/ édition en- 
liérement refonduc.— Lille, Danel, I9«j6.— 18.° 
jésus, xiv-160 págs. con cuadros. [2522 
Frantz (Henri). French potlery. — London, 
Newnes, 1906.-8.°, 188 págs. con láms.— 9,i5 
francos. [2523 
Gauthier (Pierre). Luini, biographie criti- 
que.— Corbcil, Crelé, (s. a.).— 8.° cuadrado, 127 
págs. con 24 reproducciones. — Papel vitela. 
{Les Grands Artistes.) [2524 
Giran (P ). Tonkin. Notice e«plicalive d' 
eihographic reli^ieuse, suivie d'un Af.er^u sur 
les croyances annamiles.— Marseille, Vin, 1906. 
—8.°, 5o págs. [Exposition coloniale de Mar- 
seiile.) [2525 
GÓMBZ-CARRiLLo(E.).L'ámejaponaise,par... 
Traduit de.l'espagnol, par Charles Barther.— 
Auxcrre, Lanier, 1906—18.° j'ésus, 25i págs.— 
3,5o fr. [2526 
GRAziANi(Pauh. Les Grandes Papes. Boni- 
face VIII et ie premier conflii entre la France 
el le Saint-Siége. — Saini-Amand, Bussiére, 
(s. a.).— 16.°, 64 págs. {Science et religión. Etw 
des pour le temps présent.) [2527 
GRiSKLLB(Eugéne). Bourdaloue. Hisioire crie 
tique de sa prédication, d'aprés les notes de 
ses auditeurs et les lemoignages contempo- 
rains. T. j.— Lille, Lefebvre-Ducrocq, 1906.— 
8.°, viii-488 págs.— 7,5o ir. [2528 
GüiRAUD (Jean) Quesiions d'hisioire et d'ar- 
chéologie.— Mesnil, Firmin-Didot el C.e, 1906. 
-16.°, 308 págs. [2529 
Hamt (E. T.). Matériaux pour servir a This- 
loire de larchéologie préhistoriquc— Angers, 
Burdin el C.<^, 1906.-8.°, 21 págs. (De la Revue 
archéologique.) [2530 
Harrison (Jane). Primitive Alhens as des- 
cribed by Thucydides.— Cambridge, Univer- 
sity Prinling, 1906—8.", 180 pags. con grabs.— 
i5 fr. [2531 
Jeffrets (Leiitia D.). Ancient Hebrew Ña- 
mes. Notes on their Signifícance and Historie 



Valué. - London. Nisbel, 1906.-8.°, 200 págs.— 
3,5o fr. [2532 

Kekulk von Stradonitz (Rh.). Handbücher 
dcr Kdnigl. Museen zu Berlin. XI. Die grie- 
chischt Skulpiur.— Berlin, Reimer, 1906.-8.°, 
iv-383 págs. con 1 55 grabs.— 6 fr. [2535 

Laño (Andrew). Bronze an iron in Homer.— 
Angers, Burdin et C.*, 1906. — 8 °, 20 págs. (De 
\^ Revue archéologique.) ' [2534 

Langlois. Le Musée de Chartres.— Chartres, 
Durand, (s. a.).— 8.° cuadrado, 74 págs. con 28 
grabs. y láms. [2535 

Lanolois (Ch. V.). Quesiions d'hisioire et 
d'enseignement. iVou ve//e s^rif.—E vreux, Hé- 
risscy, 1906—16.°, 11-327 págs.— 3,5o fr. [2536 

Laquiére. V. Flamand (J. B.). 

La Ronciére (Charles de). Hisioire de la 
Marine fran^aise. ///. LesGuerresd'Italie. Li- 
berté des mcrs. Paris, Plon-Nourrit el C.*^, 
1906.-8.°, 619 págs. con grabs.— 8 fr. [2537 

Lavisse (Ernesi). Hisioire de France depuis 
les origines jusq.:'á ia Révolulion, par... pu- 
bliée avec la collaboralion de MM. Bayet, 
Bloch, Carré, Coville, Klcioclausz, Langlois, 
Lemonnier, Luchaire, Mariéjol, Peiit-Dutail- 
Jis, Plisier, Rebellieau, Sagnac, Vidal de la 
Blachc. r. 7. Fase. 4. Louis XIV. La Fronde. 
Le Roí. Colberi (1643-1685), par E. Lamse.- 
Coulommiers, Broilard, 1906.-8.° cuadrad^, 
págs. 289 á 407.-1,50 fr. la entrega. [2538 

—La jeuncsse du grand Fréderic. 4.^ édition. 
Coulommiers, Brodard, 1906.-8.°, xiii-452 pá- 
gina«.— 7,5o fr. [2539 

Lecomte (M.). Pierre Camille Le Moine et 
son fíls, archivistes au xviiieAiécle.— Besan9onr 
Jacquin, 1906. —8.°, 73 pags. (Del Bibliographe 
moderne^ 1906.) [2540 

LiBRi. I... piú Iclti dal popólo italiano: pri- 
mi resuliaii della inchieslapromossa dalla So- 
cictá bibliografíca italiana. — Milano [M. Bel- 
linzaghi], 1906.-8.°, 37 págs. [2541 

LiNNiNG (Benjamín). Biblioihéqucset Ex-Li- 
vris d'amateurs belgcs aux xvii^, xviii^ el 
xix*' siécles.— Alen^on, Veuve Guyel et C. 
1906.-4.°, 11-169 págs. con 77 grabs., 3 repro- 
ducciones sobre los cobres originales y la re- 
producción en colores del más antiguo ex- 
libris flamenco.— 20 fr. [2542 

LowTHiAN Bell (Gerirude). Notes on a jour- 
ney ihrough Cilicia and Lycaonia.— Angers, 
Burdin el G e, 1906.-8.°, 29 págs. con grabs. 
(De la Revue archéologique.) [2543 

Maoan (F.). Summary Catalogue of Western 
mss. in ihe Bodleian Library al Oxford. V/, /. 
London, Frowde, 1906.-8.°, 189 págs. —9,20 
francos. [2544 

.Manfrin (P.). La dominazione romane neila 
Gran Brelagna. Vol. //.—Roma, tip. Unione 
cooperativa editrice, 1906. —405 págs. — 5 li- 
ras. [2545 



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Martbl (E. a.). Sur la grotie d'Altamira et 
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1906.— 8.^ 8 págs. con 3 grabs. (Del BuUetin de 
la Société p réhistorique de France.) [2647 

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pier.) (2548 

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du cours de grammaire comparéc au Collége 
de France, lúe le 11 févner 1906 — Charires, 
Durand, 1906. — 8.*> mcn. cuadrado, 31 pagi- 
nas. [2549 

Merlin (Alíred). L'Aventin dans laniiqui- 
té.— Macón, Protat frércs, 1906. — 8.®, 485 págs. 
con 2 ilustraciones y i plano —10 fr. {Bibliothé- 
que des Ecoles frangaises d'Athénes etde Rome. 
Fase. 97.) l255o 

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1906. —8.°, 34 págs. (De la Revue Archéologi- 
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Monceaux (P.). Enquéie sur Tcpigrapliie 
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1906.-8.°, 2 cuadernos. (De la Revue Archéolo- 
ffique.) [2552 

Morbl-Fatio (.\.)- Etudes sur l'Espagne. 
2.* serie, 2.* édition revue et corrigée. (Grands 
d Kspagne et pctits princes allemands au xviii^ 
siécle d'aprés la correspondance inédite du 
comte de Fernán Núñcz avec le prince Em- 
manuel de Salín ct la duchesse de Béjar.— 
Saint-Amand, Bussiére, 1906. — 8." men., xvi- 
431 pags. I2553 

.MoRTBT (Ch.). La Premiére Edition de Vir- 
gile impriméc á París (1470-1472). — Besan^on, 
Jacquio, 1906.— 8.", 11 pags. con láms. (Del Bi- 
bliographe moderne, 1906.) [2554 

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Sicgle and Hill, 1006.— «.<*, 72 pags. con grab». 
—2,40 fr. [2555 

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1903 á juiilet 1904. Extrait d'un rapport de 
mission de.. , lieutenant de vaisseau.— París, 
Chapelot et C.e, 15^.— 8.0, 72 págs. [2556 

NoBiLi-ViTKLLESCtii (F.). Della storia civile 
e política del Papato da Carlomagno al rinas- 
cimento. Vol. ///.— Roma-Torino, Casa ed. Na- 
zionale Roux e Viarengo, 1906.-8.°, 527 pags. 
—8 lir. {Biblioteca storica, núm. 123. [2557 

Oürsel(C.). A propos de la reorganísation 
des biliothcqucs .et des archives.- Bcsan^on, 



Jacquin, 1906.-8.°, 12 págs. (Del Bibliographe 
moderne, i9o5). [2558 

Paglinechi(Pío). Icastellaní di CasielS. An- 
gelo di Roma, con documenti inediti relativi 
alia storiit della Mole Adriana, tolti dall archi- 
vio segreto vaticano e da aliri archivi. Vol. I. 
Parte 1: 1 castellani milítari ( 1367-1464).— Roma, 
Polizzi e Valeniini, 1906. —8.°, 187 págs.— 5 li- 
ras. [2559 
París (Gastón). La Poésic du moyen age. Le- 
5ons ct Lectures. 2.^ serie: La littérature 
fran^aise au xii^ siécle; L'esprít normand ea 
Angleierrc; Les cantes orientaux dans la lit- 
térature fran^aise au moyen age, etc. j.*¿<íi- 
íion.— Coulommiers, Brodard, 1906.— 16.°, xv- 
270 pags.— 3,5o fr. (Bibliothéque variée.) [256o 
Pascal (Blaise).CEuvres completes de... T. 1, 
—Coulommiers, Brodard, 1906.— 16.°, 336 págs. 
— 1.25 fr. {Les principaux écrivains fran- 
jáis.) [256i 
Patrología Orientalis, publiée sous la di- 
rection de R. Graffin et F- Ñau. T. 3. Fascicu- 
le i,^^ Histoiresd'Ahoudemmeh etdeMarou- 
ta, metrópoli tains jacobites de Tagrit et de 
rOricni (viC ct vifC siécles), suivies du Traite 
d* Ahoudemmeh sur l'homme. Textes syriaques 
inédits, publiés, traduits ct annotés par F. 
iVau.— París, Firmín-Didot el ('*.*, (s. a.). — 
8.° m., 1:0 págs. [2562 
Pawlowski (Auguste). Les plus anciens hy- 
drographes franjáis (xvic siécle). Jéaa Fonie- 
neau dit .\lfonce,ses collaborateurs. La ^cicn- 
ce de l'hydrographíe ct de la cosmographie au 
milieu du xvic siécle. — París, ímp. nationale, 
1906.— 8.C, 19 págs. (Del BuUetin de Géographie 
historique et descriptive.) [2563 
Pelicelli (N.). Guida siorica, artística e mo- 
numentale della cíttá di Parma. — Parma, L. 
Battei, 1906.-16.**, xxv-293 págs.— 2 lír. [2564 
Perotti (Luigij. ¿ag^io di bibliografía cre- 
monese.— Crcmona, tip. Patronato deí ñgli del 
popólo, 1906.-8.°, 133 pags.— 3 lir. [2565 
Phillbmork (J. S.). Index Verborum Pro- 
periíanus. — London, Frowde, 1906. — 8.**, 240 
págs.-- 6fr. [2566 
PoTTiBR (Edm.). V. Darembcrg (Ch.). 
[Rabblais (Fran^ois)). CEuvres de Rabelais, 
avec une notice par Máxime Formont. — París, 
Lemerrc, 1906.— 16." m.,4 vols.— 5 fr. el lomo. 
(Petite bibliothéque littéraire.) [2567 
Rathbun (R.) and Meter (A. B.). Repon of 
the United States National Museum for year 
ending June 1903. An account of the buildíngs 
occupíed by the National Collectíbns; Studies 
of Museuras of New York City, Albany, and 
Chicago, with Notes on some European Instí- 
tutíons. — Washington, Printing of Govern- 
men', 1906. 8.°, 646 págs. con láms.— i2,5o fran- 
cos. [2568 
Rbinach (Salomón). Note sur une tete grec- 



.TU- ^-'vanp' 



■^ 



1 68 



REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 



que archaiquc. — Angers, Burdin, ci C.*, 1906. 
8.°, 3 págs. coD grabs. (De la Revue Archéoto- 
gique.) (2569 

Renaux (Camille). Humberil^*", dít aux Blan- 
ches Mains, tondateur de i'Etat de Savoie et le 
royaume de Bourgogne a son époque (1000- 
1048). — Carcassonne, Bonoafous-Thomas, 1906. 
8.^ 85 págs.— 2 fr. [2370 

RKuss(Rodolphei. Les Eglises protestantes 
d'Alsace peadant la Révolution (1789-1802). 
Esquisse historique. — Saint-Omer, Horaont, 
i9of>.— 16.», X-320 págs. [2571 

Ricci (Seymour dei. La chronologie des pre- 
miers patriarches d'Alexandrie.— Angers, Bur- 
din ct C.*-', 1906.— 8.<>, 12 págs. (De la Revue Ár- 
chéologique.) [2572 

RiNiBRí (Ilario). Napoleone e Fio VII (1804- 
1813): relazione storíche su documenii inediti 
deír Archivio vaticano. Vol. II.— Torino, 
Unione tipográfica editrice, 1906.— 8.°, ix -390 
págs. con tabla.— 6 lir. [2573 

Riviíre (Ernest M.). La Lettre du Christ 
tombée du ciel. Le Manuscrit2o8de Toulouse. 
— Besan^on, Jacquin, 1906.-8.°, 8 págs. (De la 
Revue des questions historiques.) [2674 

RoüSTAN (Marius). Les Philosophes et la So- 
ciété fran^aise au xviiic siécle. — Lyon. Rey, 
1906.— 8.0, 469 págs.— 6fr. (Afínales de l'Uni- 
versité de Lyon. Nouvelle serie. //. Droit, let- 
tres. Fase. 16. (2^75 

RouTBR. Histoire militaire et politique de 
l'Annam ct du Tonlcin depuis le 1799.— Limo- 
ges, Charles-Lavanzclle, (s. a.)— 8.°, 321 págs. 
con 18 mapas.— 4 fr. [2576 

Saglio (Edm.). V. Daremberg (Ch.). 

Saint-Paül ( Anthyme). Histoire Imonumen- 
lale de la France. 7.* ¿<íííion.— Coulommiers, 
Brodard, 1906.— 8.** na., 304 págs. con 167 grabs. 
— 2,6ofr. (Bibtiothéque des Ecoles et des Famil- 
ies.) (2577 

Salaoin (H.). L'Art musulmán.— Paris, imp. 
nationale, 1906.— 8.°, 19 págs. (Del Bulletin Ar- 
chéologique.) (2578 

ScHRBiBBR (W. L.). nic EntstchuDg und Ent- 
wicklung der Biblia Pauperum unter besonde- 
rer Berflckniltigung der uns erhaltenen Hand- 
schrifien. — Strassburg, Heitz, 1906.-4.^,45 
págs. con grabs. — 7.50 fr. [2579 

Stbin (Henri). La Place de la scíence dansles 
bibliothéques Iran^aises.- Bcsan^on, Jacquin, 
1906. (Del Bibliographe moderne^ igoS.) [258o 

Stronski (Stanislas). Le Troubadour Elias 
de Barjols. Jildition critique publiée, avec une 
introduction, des notes et un glossaire.— Tou- 
lousse, Privat, 1906.— 8.%liv-i6i págs.- 5 fr.(B¿- 
bliothéque meridionale. i.**"^ serie. T. :o. (258i 

Tr¿sal (J.). Les responsabilités de la Fran- 
ce dans le schisme anglican.— Besan^on, Jac- 
quin, 1906.-8.°, 32 págs. (De la Revue des ques- 
tions historiques.) [2582 



Vanki. Histoire de Pastrologie. — Saint- 
Amand, Bussiére, 1906.-8.°, 168 págs.— 5 fran- 
cos. [2583 

Zrller (Jules). Histoire résumée d'Italie 
depuis la chute de l'empire romain jusquá la 
fondation du royaume iialien, á la mort de 
Pie IX et de Vicior-Emmanuel II. 6.* édition. 
— Coulommiers, Brodard, iqg6.- i6.°, xxix-654 
págs. y 5 mapas en colores.— 5 fr. (Histoire 
universelle.) (2584 

R. de Aguirre. 

REVISTAS ESPAÑOLAS 

(1." Los sumarios íntegros de las revistas 
congéneres de la nuestra, consagradas exclu- 
sivamente al estudio de España y publica- 
das en cualquiera de las hablas españolas en ó 
fuera de España: los títulos de estas revistas 
van de letra cursiva. 2.** Todos los trabajos 
históricos y eruditos acerca de cualquier m.i- 
teria, según el amplísimo criterio expuesto, 
que figuren en los sumarios de las revistas no 
congéneres de la nuestra, escritas en dichas 
hablas en ó fuera de España.] 

La Alhambra. 1906. 30 Junio. ^Un médico 
granadino?, por el Bachiller 5o/o.— La madru- 
gada de San Juan, por Francisco de Paula Va- 
lladar.=i5 Julio. Cosas de España. Un mu- 
seo en una cuadra [el arqueológico de Grana- 
da], por Fabián Kírfa/.— El«Bañuelo>. y el baño 
de Chas, por Francisco de P. Valladar. 

Atenbo. 1906. Junio. Mariana de Neuburg, 
por Paz de Bordón.— Tirso de Molina (conclu- 
sión)^ por Blanca de los Rios de Lampéreí;.— 
Los estudios hispánicos en Francia. R. Foul- 
ché-Delbosc, por Adolfo Bonilla y San Mar" 
ffn.— El Archivo de Simancas, por J. Piernas 
/íarfarfo.— Grabados: Retratos de la reina doña 
Mariana de Neuburg y de R. Foulché-Delbosc. 

Boletin del Archivo Nacional. Habana. 1906. 
Mayo y Junio. Documentos para la Historia 
Nacional: Traslado de una importante comu- 
nicación reservada del Ministro español en 
Washington al Capitán general de Cuba. — 
Honores á «Pepe .\ntonioi».— índice de los pla- 
nos que existen en el Archivo Nacional (icon- 
ítnuactdn^. —Bibliografía. 

Boletin de la Real Sociedad Geográfica. 1906. 
Segundo trimestre. Reunión extraordinaria y 
sesión pública celebrada el día 20 de Marzo 
de 1906 en honra y memoria del Excmo. Sr. don 
José Gómez de Arteche: Discursos de los seño- 
res Tur, Gorostidi, Fernándej^ Duro y Concas. 
—Estudio ncerca de la Cartografía española 
en la Edad Media, acompañado de varios ma- 
pas, por Antonio Bláj^quej^. — Descripción y 
cosmografía de España (continuación), por 
don Fernando Colón (manuscrito de la Biblio- 
teca colombina). — Un Imperio cristiano en 
África al comenzar el siglo xiv y la identidad 
de L^ganda con el Imperio cristiano de Mag- 



BIBLIOGRAFÍA 



169 



dasor, por F. Romanet dit Cail laúd. —Liminis: 
Retrato del Excmo. Sr. D. José Gómez de Ar- 
techc— Las 10 láminas que ilustran el «Estu- 
dio acerca de la Cartografía española en la 
Edad Media». 

Boletín de la Sociedad Española de Excur- 
siones. 1906. Junfo-Julio. Alhambra de Gra- 
nada, por Antonio Garda Alix. — El palacio 
árabe de Ecija.— Estudio de la miniatura es- 
pañol» desde el siglo x al xix (continuación)^ 
por Claudio Boutelou v 5o/rftfi»i//a.— Códices 
de otras colecciones. — Portadas artísticas de 
monumentos españoles, por Enrique Serrano 
Faííg-aíí.— Bibliografía: (Un recibo de Vcláz- 
qaez. — Excavaciones en el cerro del Bú de 
Toledo], por Alfredo Serrano y Joper.—So- 
ticias artísticas.— Láminas sueltas: Ocho lámi- 
nas que se refieren á asuntos tratados en los 
trabajos sobre «Portadas artísticas españolas». 
Bolletí de la Societat Arqueológica Luliana. 
1905. .Vgost y Septembrc. Bronces antiguos ha- 
llados en Mallorca, por Bartolomé Ferrá.— 
Cartes de Llorens Fe, estjdiant de medicina a 
Valencia, a son pare el Dr. Alfonso Fe, metge 
de Mallorca. Anys 1635-37, per Estanislau Aguí- 
/d.— LEdició oriainal de les Obres de Ramón 
Lull. — Anales de Mallorca por D. José Des- 
bruU, 1800 á 1833, por J.iime L. Garau.— Obras 
de prolongación del Muelle desde Consigna 
(1809-1818).— Lámina CXXXIX: Bronces anti- 
guos hallados en Mallorca. 

La Ciudad db Dios. 1906. 5 Julio. Recuerdos 
hispano-portugueses de la isla de Malta {con- 
tinuación), ^or Knionxno M. Tonna-Barthet. 
= 20 Julio. Suplemento al Catálogo de es- 
critores agustinos españoles, portugueses y 
americanos (contíniíación), por Bonifacio del 
Afora/.— Revista de revistas: Sobre el origen 
del antipapa Cadalo, Obispo de Parma. = i.o 
Agosto. Un tratado de música del siglo zv 
{continuación)^ por Luis Villalba Muño^. 

España y América. 1906. i." Julio. Documen- 
tos indispensables para la verdadera historia 
de Filipinas {continuación), por Eduardo iVa- 
varro. = i5 Julio. Etimología y origen del 
castellano (continuación), por Julio Cejador. 
—Documentos indispensables para la verda- 
dera historia de Filipinas (continuación)^ por 
Eduardo Navarro. 

La España Moderna. 1906. Julio. Una excur- 
sión á las ruinas de Medina Az-Zahrá, por Ro- 
drigo Amador de los Rios.— Las últimas nego- 
ciaciones de matrimonios regios entre Ingla- 
terra y España en 1623 (continuación), por 
Juan P¿reí(^ de Gui^mán. — Diego Velázquez y 
.^u siglo, por Carlos Justi. - • Estado social que 
refleja el Owi/oíe, por Augusto Martines 01- 
medilla. 

La Ilustración Española y Americana. 1906. 
30 Junio. Grafologia real de España (coníinua- 



ctdn), por Juan Pérei{ de GM^má»!.— 8 Julio. 
La Reina Luisa de Prusia, por José Ibáñeji Ma- 
rín.— Un escritor olvidado [Fr. Juan de Pine- 
da], por Bernardino Martin Mingue^.— Gn- 
fologíareal de España (coníinuacidn), por Juan 
P¿re^ de Gu3i[mán.=ib Julio. Viajes de ve- 
rano. Excursiones desde Oviedo, por Enrique 
Serrano Fatigati.— Un escritor olvidado (con- 
tinuación), por ^trnaLTáino Martin Mingue^. 
=22 Julio. La Reina Luisa de Prusia y la uni- 
dad germánica, por José Ibáñei^ Marin.—'^o 
Julio. Títulos de comedias, por Felipe Péreti 
y Gon;^d/e^. = 8 Agosto. El embajador de 
España en Roma D. Antonio de Vargas Ma- 
chuca, primer Marqués de la Constancia, por 
Juan Péreí^^ de Gu\mán. 

La Lectura. iqo6. Julio. Goya, por Emilia 
Pardo fiarán.— Crónica: El centenario de la 
casa Brockhaus.— El valor de las obras de Rem- 
brandl.— ;Qué libros se leen en Italia?— La co- 
lección Kann.— Libros: El Arcipreste de Hita 
(Julián Juderías).— Los rufianes de Cervantes 
(A. B.).—L'islalisme et le cristianisme en Afri- 
que (J. Jiménez).— Napoleón en Italie. — La 
fondation de Vempire allemand (1852-71) 
(Binder). 

Materiales t Documentos de .Arte Espa- 
ñoL. 1906. Junio [Láminas:] Salamanca. Ruinas 
del claustro de la escuel» de Santa María de 
la Vega (siglo xiii).— Burgos. Casa Miranda. 
Portada que desde el patio da acceso á la esca- 
lera principal (siglo xvi). — Toledo: Catedral. 
Capilla de la Virgen antigua. Grupo del co- 
mendador Gutiérrez de Cárdenas ofreciendo 
su hijo á la Virgen (siglo xv). 

Nuestro Tiempo. 1906. 10 Junio. Revista 
bibliográfica: Cervantes y el derecho de gen- 
tes: la guerra en el <íQuijote» (Andrés Gon^á- 
lei^-Blanco. = 25 Junio. Organización de la 
Hacienda en la primera mitad del siglo xvi, 
por F. de Laiglesia. — La cultura superior de 
la España contemporánea (conclusión), por 
Rafael M. de Laftra. 

Razón y Fe. 1906. Julio. Examen de libros: 
Nueva Biblioteca de Autores Españoles: Ser- 
mones de Fr. Alonso de Cabrera (J. M. A.). 

Revista Contemporánea. 1906. ib Julio. Al- 
berto Magno {conclusión), por Edmundo Gon- 
üdle^-Blanco. — lluevo Mundo, por Enrique 
Prugent. 

Revista de Extremadura. 1906. Julio. Alco- 
nétar y Garrovillas (continuación), por Euge- 
nio Escobar Prieío.— Señorío de Monroy (con- 
tinuación), por Vicente Paredes. 

Resista te Menorca. 1906. Julio. Menorqui- 
nes ilustres (continuación), por Francisco Her- 
nández Saní^. 

Revista Nacional. Buenos Aires. 1906. Mayo. 
La conjuración de San Luis, por David Peña. 
—Bosquejo histórico de la Rioja, por M. Reyes. 



1 70 



REVISTA DE ARCHIVOS, LIííLIÍ) I tCAb V MLSLÜS 



— Guise, por »*#.— Antecedentes de la reac- 
ción española en Mendoza (continuación). 

Rkvista Técnica dk Infantería y Caballe- 
ría, igoó, i.° Julio. Cómo fueron á la.s guerras 
de Flandes, por J. F.—E\ estudio de la Histo- 
ria Militar. = 1 5 Julio. Cómo fueron a las 
guerras de Flandes: El Duque de Alba y don 
Juan de Austria (continuación), por J. F.= 
I."* A^íosto. Cómo fueron á las guerras de 
Flandes: El Cardenal Infante en 1654 (conti- 
nuación), por J. F.— El estudio de la Historia 
Militar. 

R. de Aguirre. 

REVISTAS EXTRANJERAS 

li.** Los sumarios íntegros de las revistas 
cont^éncres de la nuestra, portuguesas ó ex- 
tranjeras, en hablas no españolas ni portugue- 
sas consagradas exclusivamente al estudio de 
España, y dadas á luz en ó fuera de ésta: ios 
títulos de unas y otras revistas van de letra 
cursipa. 2." Los trabajos de cualquier materia 
tocantes á España, y los de carácter histórico 
y erudito interesantes para la cultura que 
figuren en los Sumarios de las demás revistas 
escritas en lenguas portuguesa y extranjeras, 
publíquense ó no en España. 3.0 Los trabajos 
que, estando en las condiciones reseñadas en 
este párrafo segundo, aparezcan en revistas 
publicadas por extranjeros en lenguas sabias.] 

ACADÉMIB DES InSCRIPTIONS BT BbLLES-LbT- 

TRES [de ParísJ. Comptes rendus. Mayo. M. Hen- 
rí Omont, Une édition inconnue des Chroni- 
ques de Gargantua.— Adrien Blanchbt, Villes 
de la Gaule romaine aux i^^ etivC siéclesde 
notre ere. 

O archeologo portugués. Enerp-Abril. Cinco 
lapides do deux Endovellico. — Medalhas de 
D. Miguel.— Esta^óes prehistóricas dos arre- 
dores de Selubal.— Memoria sobre o concelho 
de Sabugal.— As Fragas de Panoias.— Poesía e 
Numisma tica.— Vestigios romanos em Bragan- 
qsi.—O rcgulamento de 1392 da cidade de Evora 
e o seu archivo. — Acquisi^óes do Museu Ethno- 
logico Portugués.— Catalogo dos pergaminhos 
existentes no archivo da Insigne e Real Colle- 
giada de Guimaráes. — Onomástico medieval 
portugués.— Bibliographia. 

Archivio storico italiano. Fase, /.°Luigi 
Cuiappelli, a proposito della nostra paleo- 
grafica di Macerata.— Ferruccio Rizblli, Un 
poemctto latino inédito in lode di Alfonso 
d' Aragona. 

Archivo histórico portuguei^. Marzo-Junio. 
SousA Vitf.rbo, Poesías avulsas de Affon- 
so Ribeiro Pegado. — A. Braamcamp Freiré, 
Povoafáo de Entre Tejo e Guadiana no xvi 
seculo. — A. Braamcamp Freiré, D Joáo de 
Aboim.— Pedro .\. dAzevkdo, O livro de Dom 
Joáo de Portel.— Antonio Baiáu, A Inquisicáo 
em Portugal e no Brazil. Subsidios para a sua 
historia. — / . Braamcamp Freiré, Carias de 



quitadlo del Reí D. Manuel.— 8.* e 9.» folha«d» 
Crónica del Rei D. Joáo I da Fernáo Lope 3^, 

La Bibliofilia. Mayo-Junio. Leonardo 
Olschki. Lorenzo Da Ponte líbralo e bibliófilo. 
— G. Lesca, Postilie Foscoliane inedite a Ciño 
da Pistola, —G. Boffito, Saggio di bibliogra- 
fía aeronáutica italiana. Cenni storici e ris- 
tampa d' un rarissimo trattatello d* aeronáu- 
tica aniica. — E. Celani, Dediche, postule, di- 
chiarazioni di proprietá ecc. nei libri a stampa 
della R. Biblioteca Angélica di Roma. 

Lb bibliographemoderne. Enero-Abril. Ch. 
Mortbt, La premiére édition de Virgileim- 
primée á París (1470-1472).— Maurice Lbcomtb, 
Pierre-Camille. Le Moine ei son fils, archi- 
vistes au xviii* siécle.— Henri de Curzon, Bi- 
bliographie mozartine.— Troisiéme assembléc 
genérale de TAssociation des Archi vistes fran- 
jáis.— Em. DuvBRNOT, Le recrutement des ar- 
chi vistes départementaux. — J. A. Brutails, 
Traitement des tonds d'archives par le sulfure 
de carbone. 

Bulletin hispanique. Abril-Junio. A. Mes- 
quita de FiGUEiREDO, Ruines dantiques éta- 
blissements á salaisons sur le littoral sud du 
Portugal .— J. SaroYhandt, Un saint bordclais 
en Aragón.— A. Morel-Fatio, D. Bernardino 
de Mendoza. II. Les ceuvres.— C. Pérez Pas- 
tor, Nuevos datos acerca del histrionismo es- 
pañol en los siglos xvi y xvii.— A. Paz y Me- 
LiA, Cartapacio de diferentes versos á diversos 
asuntos, compuestos ó recogidos por Mateo 
Rosas de Oquendo.— H. M¿riméb, Un romance 
de Carlos Boyl.— G. Cirot, Recherchcs sur les 
Juifs espagnols et portugais á Bordeaux. I. 
Les vestiges de lespagnol et du portugais 
dans le parler actuei des Juifs bordelais. 

Le C0RRESP0NDANT. 10 Junio. Marccl Dieü- 
LAFOT, Les origines orientales du drame es- 
pagnol: L'amour, la jalousie, Thonneur, le 
point d'honneur. — Louis Gillet, Cent ans d' 
histoire en miniaiures. Lexposition du xviiie 
siécle á la BibliotéqueNationaie. 

Etuobs franciscaines. Junio. H. Thévbnin, 
L'art littéraire et 1 influcnce des livrcs. 

Journal des savants Junio. M. Crciset, La 
fatalité chez Sophocle.— J Deniker, Le cata- 
logue International de litléraiurc scieniifíque. 

Memorib storiche civadalesi. Año 2.*- Fas- 
cicole a.° Roberto Cessi, Un processo carrarc- 
se del 1389.— Adolfo Avetta, Di un esemplare 
postillato delTedizione cividalese del De /ho- 
nesta voluptate et valetudine^ di B. Platina. — 
Giuseppc Vale, Un uso litúrgico aquiieicse di- 
menticaio e i Vcsperi di Pasqua a Cividale. 

Rbvue archjíologiqub. Mayo-Junio. Ger- 
trude Lowihian Bbli„ Notes on a Journey 
Through Cilicia and Lycaonia.— Clermont- 
Ganneau, Les stratéges nabateens de Madeba* 
—Maurice Bbsnier, La collection Campana et 



r 



BIBLIOGRAFÍA 



171 



les musécs de provínce. -- P. Monceaux, Eti- 
quete sur i'épigraphie chrétieone d'Afrique. 

Revue des cours bt confékbnces. 3 Mayo. 
Alfred Croiskt, Démosthéne: la premiére Phi- 
lippique. —AufíMslin Gazibk, Fierre Corneille 
et le théatre fran^-ais. Au lendemain du Cid.= 
10 Mayo. Alfred Croiset, Démosthéne: Les 
Oiynthiennes. — Abel Lefranc, La vie et les 
ouvragcs de Moliere. L'éducation de Moliere: 
le coilégc de Clermont.=i4 Junio. Charles 
Sbignobos, Les Pays-Bas espagnols et les Pro- 
vinces-Unies. Jean de Witt et les Provinces- 
Unies jusqu'en 1660. 

Rbtue des dbux Mondes. i5 Junio. Emite 
OLLiviER,Larévoluiiond'£spagneíi868):Prim, 
Napoleón III, Bismarck. 

Retue des ¿tudes amciennbs. Abril-Junio. 
P. Masqubrat, Euripide et les enfants. — G. 
Bloch, Obserrations sur le Procés des Sci- 
pions. — C. JuLLiAN, Notes gallo-romaines: 
XXX.StmdonitzetLaTéne.Hallstatt.Grjeck- 
wyl. — G. DoTTiN, Le passage du Danube par 
les Galates.— C. Jcllian, A propos des Scor- 
disques.— Th. Rbinach, Timagéae, Joséphe et 
la Géographie de la Gauie.—C. Jullian, Py- 
théas ct les Vikings. 

Revüe de Gascocnl. Junio. V. Foix, L'Amé- 
rique découverte par les Basques. 

Revue des lanoues romanks. Marzo-Junio. 
F. Castets, Les quatre Fils Aymon.— A. Jean- 
ROY, Notes critiques sur la Passion de Semur. 



— G. Clavblibr, Les Poésies de Guillaume 
Ader. 

Revue de l'Orient chr¿tien. Núm. 2. E. 
Blochet, Les monnaies mongoles de la collec- 
tion Decourdcmanche. 

RiVISTA DI STORZA ANTICA. FOSC. 3-4. S. La 

SoRSA, Cenni biografici su Tito Azio Labieno. 
— F. Dalpane, Se Arnobio sia stato un Epicú- 
reo.— S. Grai.de, Corporazioni professionali 
in Sardegna nell' etá romana.— B. Ducati, Data 
ed origine del libro siriaco. -C. Cessz, Omero 
e Callimaco.— A. Amante, Di una nuova rap- 
presentanza dell' Iliupcrsis. — G. Cardinali» 
Ancora intorno alia terza guerra siriaca. — 
G Kazarow, Per la storia degli Etruschi.— 
A. Crespi, Le visioai nei poemi di Omero e 
Vergilio.— P. Frai^zó, Per laricostruzione dei 
libri perduti di Tito Livio. 

Romanía. Abril. A. Thomas, Le Laterculus 
de Polemius Silvíus et le vocabulaire zoolo- 
gique román.— C. Salvioni, La declinazione 
imparasillaba in -a ~ane nelle carte medievali 
d' Italia.— F. Lot, Vivien et Larchamp.— Ed. 
Philipon, Espagnol --anco; franjáis -ape. 

Zentralblatt für Bibliothekswesen , Junio. 
W. L. ScHRBiBER, Holzschnitt-und Inkunabcl- 
forschung. — O. Clemen, Bibliographica zur 
Reformaiionsgeschichte. — E. Wiedemann, 
Ueber Photographie von Handschriften und 
Drucksachen. 

Lorenzo Santamaría. 




SECCIÓN OFICIAL Y DE NOTICIAS 



W^^ 



m^í 



£1 personal de los Archivos militares, como 
«s sabido, pertenece al Cuerpo de Ofícinas mi- 
litares. Fué creado por Real decreto de 7 de 
Diciembre de i886,sirviendode base el antiguo 
^e Secciopes de Archivo y el de Escribientes 
militares. Ingresó en él el personal de los Ar- 
chivos del Ministerio de la Guerra y Consejo 
Supremo de Guerra y Marina, el del Consejo 
de Redenciones y el del Vicariato general Cas- 
trense y 56 Jefes y Oficiales para completar la 
plantilla. 

Anteriormente el Archivo del Ministerio de 
la Guerra formaba una clase político-militar 
constituida por un Archivero general, cuatro 
Oficiales y cuatro Escribientes que ascendían 
por antigüedad desde la última clase de Escri- 
biente basta la de Archivero, con arreglo al 
Real decreto de 20 de Abril de 1854. 

Según el Anuario mUitar de España del 
corriente año, consta el Cuerpo de Ofícinas mi- 
litares de 5 Archiveros primeros, 6 Archive- 
ros segundos, 23 Archiveros terceros, 73 Ofi- 
ciales primeros, 90 Oficiales segundos y i220fi- 
■ciales terceros, que forman un conjunto de 
319 individuos. Tiene uso de uniforme y asimi- 
lación de Coronel á Segundo Teniente, de con- 
formidad con la categoría. 

Depende el Cuerpo de la Subsecretaría del 
Ministerio del ramo, teniendo á su cargo el 
Archivo general militar, situado en el Alcázar 
de Segovia, el Archivo del Ministerio y el del 
-Consejo Supremo de Guerra y .Marina. Las 



plantillas de estos establecimientos son las que 
á continuación se expresan: Archivo general 
militar: i Archivero primero, i ídem segundo, 
I ídem tercero, 4 Oficiales primeros, 9 ídem 
segundos y 7 terceros; Archivo del Ministerio 
de la Guerra: 1 Archivero primero, i ídem se- 
gundo, I Oficial primero, 3 Oficiales segundos 
y 7 ídem terceros, y Archivo del Consejo Su- 
premo de Guerra y Marina: 1 Archivero pri- 
mero, I ídem tercero, i Oficial primero, y uno 
tercero. 



Por el Ministerio de la Gobernación se ha 
dictado la importante Real orden siguiente: 

«Vistas las reclamaciones formuladas por 
varios individuos del Cuerpo de Archiveros y 
Bibliotecarios denunciando el incumplimiento 
de la Real orden de 25 de Febrero de 1899 por 
parte de las Diputaciones y Ayuntamientos de 
capitales de provincias: 

Resultando que el art. 5.° de la ley de 30 de 
Junio de i894dispuso que los Archivos, Biblio- 
tecas y Museos de carácter provincial ó mu- 
nicipal que ofrecieran verdadera importancia 
á juicio del Ministerio de Fomento, después 
de oir á la Junta superior facultativa del ramo, 
serían servidos por personas que poseyeran el 
título académico de Archivero, Bibliotecario y 
Anticuario, ó fueran individuos delcorrespoa- 
diente Cuerpo facultativo, respetándose, no 
obstante, los derechos adquiridos por los fun- 



M., 




SECCIÓN OFICIAL Y DE NOTICIAS 



173 



cionarios que anteriormente los tuvieron á su 
cargo; 

Resultando, que el Real decreto de 10 de 
Enero de i8g6, en su art. 5.°, coraplementó el 
precepto de la mencionada ley, ordenando que 
los Ayuntamientos y Diputaciones no podrán 
nombrar en lo sucesivo para sus Archivos, Bi- 
bliotecas y Museos quienes no tuvieran las 
condicioneé establecidas; 

Resultando que por Real orden de este Mi- 
nisterio, fecha 25 de Febrero de 1899, se ratifi- 
ca de nuevo que en los Archivos de las Dipu- 
taciones y Ayuntamientos de capitales de pro- 
vincia no podrían continuar sirviendo más 
individuos que aquellos que poseyeran el títu- 
lo correspondiente ó justifícaren derechos ad- 
quiridos, siendo, en caso contrario, responsa- 
bles personalmente los Ordenadores de pagos 
de dichas Corporaciones, de los haberes que 
se acreditasen al personal que no reuniera es- 
tas precisas y legales condiciones, previnién- 
dose además que las Diputaciones y Ayunta- 
mientos de capitales de provincia que no tu- 
vieran en sus presupuestos cantidades consig- 
nadas para los mencionados cargos procedie- 
ran á incluirlas en los que entonces se confec- 
cionaban, en la cuantía compatible con las ne- 
cesidades y decoro del personal técnico de re- 
ferencia; 

Considerando que, con arreglo al art. i5o de 
la vigente ley Municipal, reformado por el- 
Real decreto de 30 de Noviembre de 1899, los 
Ayuntamientos comunicarán ai Gobernador el 
día i5 de Septiembre el presupuesto aprobado, 
al solo efecto de que corrija las extralimita- 
cienes legales, si las hubiere; 

Considerando que, el art. lao de la ley Pro- 
vincial, reformado por el mismo Real decreto, 
dispone que las Diputaciones provinciales re- 
dactarán, discutirán y aprobarán su presu- 
puesto ordinario dentro de los qunce prime- 
ros días del mes de Octubre, remitiéndose á este 
Ministerio el día 20 de dicho mes, para el solo 
efecto también de corregir, si las hubiere, las 
extralimitaciones legales; y 

Considerando que, á pesar del tiempo trans- 
currido desde que se dictó la Real orden de 25 
de Febrero de 1899, no ha tenido la misma su 



más debido y exacto cumplimiento; S. M. el 
Rey (Q. D. G.) se ha servido disponer; i.', qur 
se encarezca del reconocido celo de V. S. no 
preste aprobación al presupuesto del Ayunta- 
miento de esa capital si no se consigna canti- 
dad suficiente para el cargo de Archivero Bi- 
bliotecario del mismo; 2.<^, que por este Mi- 
nisterio se adopte igual proceder respecto á 
los presupuestos de las Diputaciones provin- 
ciales, y 3.°, que en el improrrogable plazo de 
diez días se comunique por V. S. á la Dirección 
general de Administración si la plaza de Ar- 
chivero Bibliotecario de la Diputación y Ayun- 
tamiento de esa capital esiá servida en pro^ 
piedad, con arreglo á la Real orden de 25 de 
Febrero de 1899, ó interinamente, teniendo 
para todo ello en cuenta el Real decreto de 10 
de Julio y la Real orden de 23 de Diciembre de 

Í903. 

De Real orden lo digo á V. S.para su cono- 
cimiento y efectos consiguientes. Dios guarde 
á V. S. muchos años. 

Madrid 19 de Julio de igoó.^Dávila.—A les 
Gobernadores de las provincias, excepto las 
Vascongadas y Navarra. {Gaceta del 25.) 



Han sido jubilados los Sres. D. Agustín de 
la Paz Bueso y D. Gabriel Ruiz Diosayuda, Je- 
fes de primero y segundo grado, respectiva- 
mente. 

A consecuencia de estas jubilaciones han aS' 
cendido: á Jefe de primer grado, D. Emilio Ruiz 
Cañábate; á Jefes de segundo grado, D. Ricardo 
Hino>osa y Naveros y D. Joaquín González y 
Fernández; á Jefes de tercer grado, D. Marce- 
lino Gesti y Leceta y D.Plácido Aguilóy Fus- 
ter; a Jefes de cuarto grado, D. Benjamín Fer- 
nández Aviles y García Alcalá y D. Vicente 
Larrañaga y Guridi; á Oficiales de primer gra- 
do, D. Ernesto Cabrer y Barrio y D. Francisco 
Suárez Bravo y Oialde; á Oficiales de segundo 
grado, D. Eduardo de la Rada y Méndez y don 
Joaquín Báguena y Lacárcel; y á Oficiales de 
tercer grado, D. Manuel Torres y Ternero y 
D. Antonio Rubio y Velasco. 



TC^-'l' 



>74 



REVISTA DE ARHIVOS, BIBLIOTEAS Y MUSEOS 



£1 i5 de Julio falleció el insigne orientalista 
D. Leopoldo Eguilaz y Yaoguas. Inició los es- 
tudios del sánscrito en España, publicando y 
traduciendo el episodio del Ramayana, «La 
muerte de Yachñadata», y el titulado «La elec- 
.^ón de esposo de Dranpady», del Mahabarata. 
En 1874 publicó su Estudio sobre el valor de 
las letras arábigas en el alfabeto castellano^ 
y en 1886 su conocido Glosario etimológico de 
las palabras españolas de origen oriental. 

Era catedrático jubilado de la Universidad 
.de Granada y Correspondiente de la Academia 
de la Historia.— D. E. P. 



El día 16 de Julio último falleció en Valla- 
.dolid D. Ramón Alvarez de la Braña y Espi- 
ñeira, Jefe de segundo grado jubilado. Había 
nacido en Noya, en 1837. Estudió en la Escuela 
de Diplomática, é ingresó en el Cuerpo en 1866 
y fué destinado á la Biblioteca de Mahón, la 
«ual organizó; trasladado á León, organizó 
también la Biblioteca y el Museo de San Mar- 
cos, siendo después Jefe de la Biblioteca de 
Valladolid. 

Publicó las siguientes obras: Guia del viaje- 
ro en Santiago. Siglas y abreviaturas lati- 
nas, con su significado, seguidas del Calenda- 
rio romano y de un Catálogo de las abreviatu- 
ras que se usan en los documentos pontificios. 
índices de manuscritos, incunables, libros ra- 
ros y curiosos de la Biblioteca provincial de 



León.^Roland y don Gutierre, noveliías his- 
tóricas.— /?e¿actdn del descubrimiento del rio 
Apure hasta su ingreso en el Orinoco por 
Fr. Alonso de Carvajal.— Apuntes para la 
historia del Puente del Castro; y otras varias. 

Era individuo de varias Academias y Socie- 
dades, y había sido agraciado con distintas 
condecoraciones. 

Descanse en paz nuestro antiguo é ilustrado 
compañero. 

De avanzada edad ha fallecido el restaura- 
dor de la Biblioteca Nacional D. Maximiliano 
Camarón, persona de especiales aptitudes para 
la restauración de códices y manuscritos — 
D. E. P. 




Ha fallecido el Catedrático de la Facultad 
de Filosofía y Letras de la Universidad Central 
D. Fernando Brieva y Salvatierra. Tradujo al 
castellano el Teatro completo de Bsquilo, que 
forma el tomo 32 de la Biblioteca clásica y pro- 
nunció notables discursos en la inauguración 
del curso académico de 190,1 á 1905 en la Uni- 
versidad de Madrid sobre la política en el rei- 
nado de Isabel la Católica, al celebrarse el cen- 
tenario de dicha Reina y en los centenarios 
del descubrimiento de América y de Fr. Luis 
de Granada. Se le deben muchos artículos his- 
tóricos dispersos en varias publicaciones y un 
estudio sobre La mujer española en la Histo- 
ria (Granada, 1904). R. I. P. 




ADVERTENCIA 



La Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos concederá cada año 
doce premios de cien pesetas á los autores de los trabajos originales que 
el Consejo de redacción determine. Se publicarán en la Revista los 
títulos de los estudios premiados y los nombres de sus autores, á quienes 
se abonará el premio después de publicado el trabajo, que es cuando ha de 
hacerse la calificación. 

A los autores de artículos originales admitidos y no premiados se les 
entregará gratuitamente, si lo solicitan al tiempo de remitirlos, una tirada 
especial de cincuenta ejemplares. 

El Consejo de redacción se reserva el derecho de no publicar los ar- 
tículos que, á su juicio, no correspondan á la índole de la Revista, ó no 
reúnan las condiciones que ésta exige. 

artículos premiados por la «revista de archivos, bibliotecas y museos- 

El Itinerario de D. Fernando Colón y las relaciones topográficas, 
por D. Antonio Blázquez. 

Los restos mortales del Rey D. Pedro de Castilla y sus vicisitudes, 
por D. Rodrigo Amador de los Ríos. 

Labor político- literaria del Conde- Duque de Olivares D. Gaspar de 
Guarnan, por D. Juan Pérez de Guzmán. 

Reparaciones sobre la vida é historia de Carlos IV y María Luisa, 
por D. Juan Pérez de Guzmán. 

Toledo en los siglos XII y XIII segíin los documentos mui^arábigos. 
I. La- Al-Medina, por D. Rodrigo Amador de los Ríos. 

Cómo se hacía un empréstito en el siglo XVI, por D. Julián Paz. 



r 



Reminiscejicias de Toledo, según los documentos mu^arábigos, por 
D. Rodrigo Amador de los Ríos. 

De la encuademación. Generalidades. Bibliograjia, por el Sr. Conde 
de las Navas. 

Monumentos de Jaén, por D. Rodrigo Amador de los Ríos. 

La fraternidad artificial en España, por D. Eduardo de Hinojosa. 

Monedas de oro castellanas, por D. Narciso Senienach. 

Avance para un estudio de las poetisas musulmanas en España, por 
D. Luis Gonzalvo. 

El Tesoro Ibérico de Jdvea, por D. José Ramón Mélida. 

Epigrafía arábigo-española: Piedras prismáticas tumulares de Al- 
mería, por D. Rodrigo Amador de los Ríos. 

D. Fernando de Sande y Lago, por D. José Rodríguez Mourelo. 

El dialecto leonés, por D. Ramón Menéndez Pidal. 

El tesoro de la Catedral de Toledo, por D. Manuel G. Simancas. 

La expedición á Granada de los Infantes D. Juan y D. Pedro en i3ig, 
por D. Andrés Jiménez Soler. 



1 



/ 



eOLABORADORES 

Sspaftoles. 

Aguilar y Cano (A.)— Aguiló (Ángel).— Aguirre (Ricardo de).— 41onso Getino 
'<Fr. Luis G.).—Altam¡ra (Rafael).— Alvarez de la Braña (Ramón).— AlvarezOsorio 
(Francisco).— Amador de los Ríos (Rodrigo).— Andrés y Alonso (Rafael). — Arco 
Molinero (A n^el del).— A rderíu y Valls (Enrique).- Asensio (José María).- Aviles 
Ángel).— Barcia Pavón (Ángel).— Bayo (Ciro).— Blázquezí Antonio).— Bonillay San 
M arlín( Adolfo).— Borbón (Serma. Sra. Infanta D.» Paz de).— Bullón de la Torre 
(Eloy). — Calleja (José Demetrio). — Castaños y Montijano (Manuel). — Codera 
(Francisco).— Cotarelo (Emilio).— Chabás (Roque).— Diez y Lozano (Baldome- 
ro). — Domínguez Berrueta (M.). — Elias de Molins (Antonio). — Escandón (Ra- 
món).— Fernández Duro (Cesáreo).— Fernández Mourillo (Manuel). — Fernández 
de Velasco (Fernando).— Ferrá (Bartolomé).— Flores Calderón (Manuel).— García 
(Juan Catalina).— García Pérez (Juan Pío).— García de Quevedo (Eloy).— Gestoso 
y Pérez (José). — Gil Albacete (Alvaro).— Gómez del Campillo (Francisco). — Gó- 
mez del Campillo (Pedro). — Gómez-Moreno y Martínez (Manuel).— González 
Agejas (Lorenzo). — González Hurtebise (Eduardo). — González Simancas (Ma- 
nuel). — Gonzalvo y París (Luis).— Goyri de Menéndez Pidal (D.* María).— Gu- 
tiérrez del Caño (Marcelino).— Hergueta (Narciso).— Herrera (Adolfo).— Herrera 
(P. Ignacio). — Hinojosa (Eduardo de).— Hinojosa (Ricardo). — Jiménez Soler (An- 
drés). — Juderías (Julián). — Lampérez y Romea (Vicente). — L^urencín (Marqués 
de). — Liñán y Eguizával (José de).— LÍñán y Hcredia (Narciso José de).— L labres 
(Gabriel). — Llorens y Asensio (Vicente). — Magallón (Manuel). — Marco Hidalgo 
(José).— Martínez (JuanV— Melgares y Marín (Julio).— Mélida (José Ramón).— Men- 
digutía (Tomás) — Menéndez y Pelayo (Marcelino). — Menéndez Pidal (Juan). — Me- 
néndez Pidal (Ramón). — Meneu (Pascual). — Mir (Miguel). — Mora (Manuel).— Na- 
varro Sanlín (Francisco). — Navas (Conde de las).— Olavide (Ignacio). — Paz v Es- 
peso (Julián). — Paz y Melia (Amonio). — Pedraja Fernández (Eduardo de la). 
Pérez de Guzmán (Juan).— Pérez Pastor (Cristóbal).— Pérez Rubín (Luis).— Pi- 
catoste (Valentín).— Quintero (Pelayo).— Ramírez de A reí laño (Rafael). — Robles 
y Rodríguez (Ramón). — Rodríguez de Berlanga (Manuel). — Rodríguez Mourelo 
(José). — Rodríguez Villa (Antonio). — Ruano y Prieto (Fernando). — Rúju la y 
del Escobal (José de). — Salva (Anselmo).— San Pelayo (Julián).— áampere y Mi- 
quel (Salvador). — Santamaría (Lorenzo). — Sentenach (Narciso).— Serrano (Lu- 
ciano.). — Serrano y Morales (José Enrique).— Serrano y Sanz (Manuel). — Soraluce 
(Pedro).— Suárez bravo (Francisca)i. — Tenorio (Nicolás). — Torres Lanzas (Pe- 
dro). — Torres Valle (Ricardo). — Tramoyeres (Luis). — Ureña y Smcnjaud (Ra- 
fael).— -Velasco y Aguirre (Miguen.— Velázquez Bosco (Ricardo). — Vignau y Ba- 
ilester (Vicente).— Villaamil y Castro (José).- Vives (Antonio). 

Extranjeros. 

Bienkowski (P.), Profesor de la Universidad de Cracovia.— Bonsor (M. J.), Ar- 
queólogo. — Calmette (M. J.), de la Escuela Francesa de Roma.— Cazac (H. P.), 
Profesor del Liceo de Bayona. — Daumet (M. G.), de los Archivos Nacionales de 
Francia. — Desdevises de Dezet: (G.), Profesor de la Universidad de Clermoni-Fe- 
rrand. — Engel (M. A.), Arqueólogo.— Far¡,nelli( A.), Profesor de la Universidad de 
insbruck.— Fitz-Gerald (M. J. D.— Friedel (M.), de la Universidad de Liverpool.— 
Garófalo (F. P.), Profesor de la Universidad de Catania (Sicilia).- Gráfenberg (S.)— 

-Graillot (Henri), Profesor del Liceo de Tolosa de Francia.— Haebler (Conrado), 
Bibliotecario de la Real de Dresde.— Homplle (M. Th.), Director de la Escuela 
Francesa de Atenas.— Leite de Vasconcellos (J.), Director del Museo Etnológico 
de Lisboa.— Melé (E.), de la Biblioteca Nacional de Ñapóles.— Morel-Fatio (M. A.), 
Profesor de la Escuela de Estudios superiores de París —Paris (M. P.), Catedrático 

-<le la Universidad de Burdeos.— Ulloa (Luis). ^ 



CONSEJO DE LA REVISTA . 

9 

JUNTA INSPECTORA. Presidente: Jefe superior del Cuerpo, D. Mar- 
celino Menénde\ y Pelayo. — Vicepresidente: D. Vicente Vignau y Ballester. — 
Vocales: D. José Ortega y García.— D. Manuel Flores Calderón.— D. Mariano Ca- 
talina -y Cobo. — D. Rodrigo Amador de los Ríos. — D. Eduardo de Hiño josa y Nave- 
ros. — D. Juan Catalina* García y López. — D. Ricardo de Hinojosa y Naveros. — 
D. Augusto Fernández Viclorio. 

REDACCIÓN. Presidente: D, Marcelino Menénde¡{ y Pelayo.— 'Wicepresi- 
dente: D. Vicente Vignau y Ballester. — Redactor jefe: D. Juan Menéndez Pidal. — 
Vocales: D. Ramón Menéndez Pidal. — D. Antonio Paz y Melia.— D. José Ramón 
Mélida y Aliñan.— D. Alvaro Gil Albacete.— D. Ricardo Torres Valle.— D. Narciso 
Sentenach y Cabanas.— D. Ricardo de Hinojosa y Naveros.— D. Manuel M aga- 
llón y Cabrera. — Secretario: Don Francisco Navarro Santín. 

PUNTOS DE SUSCRIPCIÓN 

En Madrid: en la Administración de la Revista, Paseo de Recoletos, 20; y en- 
en tas librerías de Murillo, Alcalá, 7; Súarez, Preciados, 48; Guttenberg, Plaza de 
Santa Ana, i3; Fé, Carrera de San Jerónimo, 2; Capdeville, Plaza de Santa Ana, 9; 
Romo y Füssel, Alcalá, 5; Sánchez, Carretas, 21; San Martín, Puerta del Sol, 6, y 
viuda de Rico, Travesía d«l Arenal, 1. — En Parts: en la librería de H. VVelter, Rué 
Bernard-Palissy, 4. 




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minando en Diciembre. 

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Tercera serie (tercera época), tomos I, II, III, IV, V, VI y VII, 90 pesetas; sueltos, 
á 1 5 ptas. tomo. — Boletín de Archivos, Bibliotecas y Museos, un tomo, 7,5o ptas. 

MODO DE HACER EL PAGO 

En metálico ó por medio de libranza del Giro mutuo, á nombre del 
Sr. Administrador de la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, 
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de obras, de papeletas bibliográficas^ cambio, pruebas de imprenta, etc., se dirigirá 
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cios, reclamaciones, etc.) al Administrador de la Revista de Archivos, Bibliote* 
CAS y Museos, Paseo de Recoletos, 20. 



Rogamos á los autores, editores y libreros que nos remitan Xas papeletas biblio^ 
gráficas exactas de sus obras, si quieren que se inserten gratuitamente en la sec- 
ción de Bibliografía.— Se hará nota bibliográfica de todo libro de materia lite- 
raria, histórica ó artística, siempre que lo requiera la importancia de la obra y se 
envíe á la Revista un ejemplar.— La Redacción deja á los autores la respon» 
sabilidad de las opiniones que emitan en sus escritos. 




REVISTA 



DE 



ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 



ÓRGANO OFICIAL DEL CUERPO FACULTATIVO DEL RAMO 



(se publica una vez al mes) 

TERCERA ÉPOCA 

ANO X 



Septiembre-Octubre de 1906 



1 



10 




MADRID 

Tir». DE LA REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

Propiedad de D. José Manuel de la Cuesta, 
Infantas, núm, ^2 bajo, 
1906 



:; ^ SUMARIO 

I. — España en el Congreso de Viena, según la correspondencia oficial 
de D, Pedro Góme\ Labrador, Marqués de Labrador (continuación), 

por W. R. DE VlLLA-lÍRftUTIA. . 1/7 

11.— De arte mahometano: Las murallas de Niebla, por Rodrigo' Amador 

DE LOS Ríos. 212 

'} \\\,— Leyendas del último Rey Godo: La penitencia (conclusión), por 

^ Ju-an Menéndez Pidal. 233 

. IV. — El Consejo de Castilla y la censura de libros en el siglo XV I¡! 

(continuación), por M. Serrano Y Sanz 243 

V. — El itinerario de Don Hernando Colón y su vocabulario topográfico 
\ de España (conclusión), por Simón de la Rosa y López. ... . 260 

Vi. — Don Francisco de Borja Pavón: Traducciones de poetas latinos 

(continuación), por Ángel M. Barcia 275 

Vil. — Epigrafía catalana de la Edad Media: Inscripciones sepulcrales de 
: los Condes de Barcelona, Reyes de. Aragón, Infantas, etc. (conii- 

I- nuaclón)^ por Antonio E LÍAS de MoLfNS 289 

VIIF. — Documentos: Cartas del Beato Diego José de Cádi\ 3oi 

IX. — Notas Bibliográficas: Cristóbal Pére\ Pastor: Bibliografía Madri- 
\' leña (M. S. y S.).— Pietro Taddei: L'Archivista (A. P. y M.).— Bi- 

biano Contreras: E I pah de la plata (M . S. y S.). — E n Joaquim Miret 
[-: y Sans: Sempre han lingut béch les oques (M. S. y S.).— Joseph 

' * Soler y Palet: Egara. Terrasa (M. S. y S.).— E. Monaci: Sludi ro- 

r manzi (B. M. M.) 3o7 

X. — Variedades: Alemania. Bélgica. España: Garray, León, Madrid, 

Os, Uclés (Cuenca). Francia 3i6 

XI.— BiBLiooRAFfA: Ltbros españoles, por A. Gil Albacete. — Libros 
extranjeros, pcrR. de Aguirre. — Revistas españolas, por R. de 

AGutttnE.—Revistas extranjeras, por L. Santamaría 323 

XII.— Sección ohcial y de noticias 33S 

XIII.^LÁMiNAS sueltas: HI. Niebla: Conjunto del recinto amurallado, por la 
parte del Mediodía. — IV. Niebla: La «Puerta del Socorro» en el recinto 
Norte.— V. Niebla: Puerta tapiada en el recinto Meridional y frontera á 
la «Del Buey».— VI. Niebla: Puerta del RSo. 

índice del tomo xiv. 

Pliegos 21 y 22 del Catálogo de los manuscritos que pertenecieron á D, Pascual de 

Gayangos, por Pedro Roca. 
Pliegos 12 y 1 3 del Catálogo de la librería del Cabildo toledano. 




REVISTA 



DE 



ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 



Año X. — Septiembre-Octubre de 1906. — Núms. 9 y 10. 



ESPAÑA EN EL CONGRESO DE VIENA 

SEGÚN LA CORRESPONDENCIA OFICIAL 
DE D. PEDRO GÓMEZ LABRADOR, MARQUÉS DE LABRADOR 



(Continuación) K 
III 

HEMOS dicho que España fué al Congreso de Viena sin ninguna orien- 
tación política ni premeditado plan sobre la dirección más con- 
veniente á nuestros intereses; pero no quiere esto decir que no 
se redactaran para uso del negociador español instrucciones que, si no 
pueden compararse, como documento diplomático, con las que se hizo dar 
Talleyrand, tienen cierto valor como documento histórico, porque nos dan 
á conocer cuáles eran las cuestiones que á los españoles preocupaban y 
cuál el criterio con que pretendían resolverlas. 

Las primeras instrucciones fueron las que el Ministro interino de Es- 
tado Luyando comunicó á Fernán Núñez en 21 de Enero de 18 14, las cua- 
les p$urecieron de perlas á nuestro Embajador, quien, con ayuda de ellas y 
la de un buen Secretario, como el Sr. Pérez de Castro, creyó que podría 
cumplir fielmente su misión. Estas «bases para la instrucción del negocia- 
dor español que en representación de S. M. deberá intervenir en el Con- 
greso preconizado para establecer la paz de la Europa» se presentaron á 

I Véase ei DÚmero anterior. 

3.» KPOCA.— TOMO XV 12 



jmk 



178 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

examen del Consejo de Estado, el cual, en 18 de Mayo, evacuó la consulta 
que se le pedía con toda la latitud propia de esta clase de documentos ofi- 
ciales en que las palabras abundan más que las ideas ^ De esta consulta 
debió tener conocimiento Labrador tan luego como fué nombrado Pleni- 
potenciario, puesto que, enterado de ella, se dirigió al Ministro de Estado, 
en oficio de 26 de Mayo, pidiendo instrucciones acerca de muchos puntos 
principales que habían quedado por decidir, y sobre los cuales deseaba 
conocer la voluntad del Rey. El 29 de Mayo dio el Duque de San Carlos 
cumplida respuesta al oficio de Labrador; pero la Consulta del Consejo de * 
Estado no le fué comunicada oficialmente hasta el i.® de Agosto en los 
siguientes términos: «Ha resuelto S. M. que no se atenga V. E. estricta- 
mente á lo que en la misma Consulta se previene, pues, como ya en el día 
han variado mucho las circunstancias y, por otra parte, deben formarse las 
pretensiones en el Congreso según las disposiciones que en el mismo se 
noten por parte de los demás Plenipotenciarios, deja S. M. al tino, cono- 
cimientos y particular celo de V. E. el separarse de lo que expresa la ci- 
tada Consulta en aquello que á V. E. le parezca conveniente.» 

Como de estas palabras claramente se desprende, las únicas verdaderas 
instrucciones que Labrador llevó á Viena fueron las que se le dieron so- 
bre algunos puntos concretos que, á su juicio, eran principales y habían 
quedado por decidir. No se le hizo indicación ninguna que pudiera ser- 
virle de guía respecto á determinada orientación política, autorizándosele, 
por el contrario, á obrar con toda libertad y á separarse, si lo creía opor- 
tuno, de cuanto expresaba la Consulta del Consejo de Estado. Todo lo 
que hallamos, pues, en ella respecto al futuro equilibrio europeo y al sis- 
tema de alianzas más conveniente para mantenerlo no puede considerarse 
sino como expresión del pensamiento de la Regencia y del Consejo y tiene, 
por su vaguedad, un carácter más especulativo que práctico; siendo difícil 
que á tales instrucciones, por el propio Gobierno desvirtuadas, pudiera 
ajustar su conducta el negociador español. Si á ello se añade que no era 
éste un Talleyrand; que no tenía ni la natural sagacidad, ni la dilatada 
experiencia, adquirida en el desempeño de los más altos cargos, que hacían 
del negociador francés una autoridad diplomática, y que carecía, sobre 
todo, de la maravillosa flexibilidad de espíritu y de conducta que había 

t Los señores del margen son los Consejeros D. Andrés García, el Marqués de Astorga, el 
Marqués de Castelar, D. Martin de Garay, el Conde de Vistaflorida, D. Francisco Xavier Cas- 
taños, D. Pedro Cevallos, el Marqués de Piedrablanca, D. Justo María Ibar Navarro, D. José 
Aycíaena, D. Antonio Ranz Romanillos, D. Francisco Requena y D. Esteban Varea. 




s 



■1 



ESPAÑA EN EL CONGRESO DE VIENA 1 79 

permitido al Obispo de Autún llegar á ser Ministro de Negocios Extran- 
jeros de Napoleón y de Luis XVIII, como había de ser después Embaja- .; 
dor de Luis Felipe, se comprenderá que la ardua empresa á Labrador en- 
comendada fuese superior á sus fuerzas y que su tino, conocimientos y 
particular celo no lograran suplir las deficiencias de las instrucciones mi- 
nisteriales; faltándole, como le faltó al Gobierno, el cabal conocimiento de 
lo que debía ser nuestra política exterior, y siendo esta falta causa princi- 
pal de desaciertos y torpezas. 

El espíritu que informa las instrucciones de Fernán Núñez es el del 
odio y temor á los franceses que, ya como aliados, ya como enemigos, 
habían sido causa de todos nuestros males. Después de declarar que Es- 
paña no tenía miras de conquista, reduciéndose todas sus aspiraciones á 
que fuera restituido y reconocido su legítimo Rey el Sr. D. Fernando VII 
y su Real familia; que, una vez roto el Pacto de familia y el ominoso Tra- 
tado de alianza hecho en San Ildefonso, la España contribuiría á sostener 
el equilibrio europeo; que, siendo los intereses de Inglaterra los mismos 
que los de España en cuanto á la disminución de! poder de la Francia, 
para mejor conseguirlo, uniría el Plenipotenciario español su voto y su in- 
flujo al del Plenipotenciario inglés y haría el mayor esfuerzo para que 
volviera la Francia á sus antiguos h'mites, anteriores á la Revolución; tra- 
tan las instrucciones del estado en que deben quedar todos los países que 
fueron usurpados por la Francia ó puestos bajo su indirecto dominio, y no 
pudiendo dársele al Plenipotenciario reglas fijas, se le recomienda tenga 
preséntelas siguientes bases: i.* Debe quedar de tal manera restablecido 
el equilibrio de la Europa, que nunca tenga que temer la España una 
nueva invasión de la Francia. 2.* Para el logro de este objeto debe ha- 
cerse de modo que el influjo y poder efectivo de las naciones naturalmente 
aliadas de la España contrapese el de las naciones que puedan tener ó ten- 
gan unidos sus intereses á los de la Francia. 3.* Las naciones que tienen 
un interés más inmediato á la integridad é independencia de la Monarquía 
española son, por el orden en que se escriben, Inglaterra, Portugal, 
Rusia, Prusia, Suecia, Holanda y Austria. 4.* De todo lo dicho resulta que 
es menester procurar que en la nueva división política de Europa influya 
nuestro Representante del modo conveniente á que se consiga el mayor 
poder posible en las naciones que estarán más prontas á prestárnoslo. 

No le pareció al Consejo de Estado muy acertada la clasificación hecha 
en estas bases de las naciones interesadas en el mantenimiento de la in- 



~^ 



l80 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

tegridad é independencia de nuestra Monarquía. Reputa natural la enemis- 
tad entre la España y la Francia, porque los vecinos, por los frecuentes 
motivos de colisión, son enemigos, y entre una y otra nación, además de 
la diversidad en el carácter, hay el choque de resentimientos por encon- 
tradas pretensiones. También son inextinguibles los motivos de discordia 
entre la Inglaterra y la Francia, y los intereses de aquella Potencia están 
en perfecta combinación con los nuestros. En cuanto al Austria, debe 
ocupar, no el último, sino uno de los primeros lugares y ser considerada 
como una aliada natural nuestra por la enemistad habitual, desde remo- 
tos tiempos, entre el Austria y la Francia. Los dominios de la Rusia están 
muy separados de la España: no se pueden hacer daño, que es uno de los 
requisitos de la alianza, pero falta el muy esencial de poderse auxiliar 
mutuamente, y la amistad política se desvanece cuando no se alimenta con 
servicios recíprocos. Ño obstante, como el influjo de esta Potencia ha ve- 
nido á ser grande y es aliada natural del Austria y de la Gran Bretaña, 
enemigas de Francia, puede colocarse entre las más interesadas en conser- 
var la España en todo su poder. El Portugal nos toca por relaciones de 
consanguinidad entre los dos Monarcas y por su alianza con el Austria y 
la Inglaterra; pero, como es vecino; como las relaciones de familia rara 
vez prevalecen contra los intereses nacionales; conio siempre vive receloso 
de nuestro superior poder y de que algún día el Gabinete español recuerde 
que el Portugal fué en otro tiempo provincia de España, tentación muy 
seductora contra la buena armonía de los Estados, se debe considerar su 
amistad como muy achacosa y su interés por la integridad de la España 
como dependiente de las circunstancias políticas; mas no por esto se 
puede poner en duda la ventaja recíproca de estas dos naciones en vivir 
con la mejor inteligencia. La Prusia y la Suecia son aliadas naturales de la 
Francia, y la Holanda, como Gobierno republicano, no trata sino de con- 
servarse neutral. 

Sentadas estas bases para instrucción del negociador, encargábasele se 
esforzara á conseguir que, por todas las naciones representadas en el Con- 
greso, se firmase un Tratado de alianza ofensiva y defensiva, en el que se 
estipularía por único objeto las fuerzas con que cada una debería concurrir 
para ir contra aquella Potencia que intentase violar ó no cumplir algo de lo 
que se hubiera concluido ó negociado en el Congreso: la Francia no sería 
admitida en este Tratado de alianza. Este encargo, así como el de obtener 
de las Potencias aliadas, no sólo el reconocimiento de la integridad de la 




ESPAÑA EN EL CONGRESO DE VIENA 



l8l 



Monarquía española, sino la promesa de defenderla contra todos sus ene- 
migos, asújexternos como domésticos, recuerdan los votos platónicos que 
suelen insertarse en el protocolo final de las Conferencias internacionales, 
teniendo las altas partes contratantes la seguridad de que no han de verlos 
cumplidos. 

En cuanto á encargos positivos, hacíase al negociador el de pedir que se 
devolvieran al Papa los Estados pontificios; al Rey Fernando IV, el Reino 
de Ñapóles, y al de España, la Luiáiana, cedida á Francia por el incum- 
plido Tratado de 1801 y por Francia vendida á los Estados Unidos; así 
como el de reclamar los derechos que tenía España á varios Estados de 
Europa en caso de variaciones que pudieran perjudicarlos. 

No se ajustaría en el Congreso ningún Tratado de Comercio, ni se 
consentiría estipulación ninguna que pudiera contradecir lo prevenido en 
las leyes y decretos, ya sobre afrancesados, ya sobre posesión de bienes 
mal adquiridos desde la entrada de los franceses en la Península. 

Debía pedirse la devolución de los manuscritos, libros, alhajas y pre- 
ciosidades artísticas de que ^e habían apoderado los franceses, y si éstos 
quisieren introducir alguna cláusula ó artículo referente á reclamación de 
cantidades que creyeran les debíamos, el Plenipotenciario las cancelaría 
todas, pidiendo, en compensación de daños y gastos causados por los ejér- 
citos franceses en la Península, la cantidad de So.ooo millones de reales. 
Pareció al Consejo de Estado difícil de obtener en metálico tan cuantiosa 
indemnización (dos veces y media más crecida que la que exigió Alemania 
á Francia en 1 870) y opinó que el Embajador debía facilitarla proponiendo 
que la parte que no pudiera satisfacerse en numerario se satisficiera en 
yeguas, reses vacunas y mulares. 

Tales fueron, en resumen, las bases presentadas al Consejo de Estado 
y sobre las cuales emitió su dictamen aquel alto Cuerpo consultivo. De 
nuevo se solicitó su opinión con motivo de los oficios del Ministro de Su 
Majestad cerca del Rey de Prusia en París, D. José Pizarro, que debían 
tenerse presente al formar las instrucciones para el negociador español en 
Viena. Según ellos, el Emperador de Austria deseaba que la Toscana 
fuera devuelta al Archiduque Fernando, su augusto hermano; teniendo la 
misma pretensión respecto á dicho Estado la Reina de Etruria, como ma- 
dre y tutora de su hijo. El Consejo fué de parecer que no había derecho 
para reclamar la Toscana en favor de la Infanta D.* María Luisa, y que 
todos los principios del derecho de gentes reclamaban la restitución de este 



Fr' 



s 



182 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

Estado al Archiduque Fernando, actual Gran Duque de Wurzburgo. En 
cuanto ai Ducado de Parma, que, según las noticias corrientes, se daba á 
la Archiduquesa María Luisa á título de compensación, debía volver al 
goce y posesión del sucesor del Duque difunto, y el negociador español 
debería apoyar los derechos de la Infanta Doña María Luisa como madre 
y tutora de su hijo el Príncipe D. Luis. 

Avisaba también Pizarro que no se hallaba el Emperador de Austria 
muy gustoso con que á Bonaparte se le asignase la isla de Elba para su fu- 
l ' tura residencia, á causa de su inmediación á la costa de Italia, y deseaba 

^ que se le dejara en situación de que no pudiera ser temible. Y á esto res- 

i pondía el Consejo: <cYa que no se pueda esperar la decapitación de Bona- 

parte ', siquiera por que no se acostumbren los pueblos á ver sin sorpresa 
; igualados los Soberanos con los delincuentes particulares, al menos deberá 

^ el negociador español solicitar que Napoleón sea privado de toda libertad 

?v y asegurado en términos que no pueda volver á conturbar la Europa. La 

t España tiene en esto el mayor interés. Los Estados Unidos son el recep- 

f táculo de todos los malvados, y puesto Napoleón en este punto no es fácil 

sujetar á cálculo el daño que puede hacernos capitaneando á los subleva- 
dos de las Américas.» 

En el temor de Bonaparte y en el deseo de reducirlo á la impotencia 
coincidía con el Emperador de Austria y con el Consejo de Estado D. Pe- 
dro Gómez Labrador, el cual, desde París, propuso un medio tan eficaz 
|: como sencillo para lograr aquel deseo. Correspondiendo al Rey de España, 

»^ en derecho, la propiedad de la isla de Elba, si las circunstancias lo permi- 

I tiesen, no habría causa más justa ni empresa más digna que el que Su 

^. Majestad enviase secretamente una expedición para apoderarse de aquella 

I isla y del monstruo que desde ella podía volver á ser el azote del mundo; 

I expedición muy fácil, pues, aunque Puerto Ferrajo era muy fuerte, ni po- 

día haber prevenciones ni tropas para resistir á tres ó cuatro mil españoles 
bajo el mando de alguno de tantos excelentes y denodados Oficiales que 
habían superado mayores dificultades ^. Las de carácter internacional que 
ofrecía la empresa hicieron que no mereciese la aprobación del Gobierno, 

I fiardaxí planteó durante su Ministerio, en 181 1, el proyecto de asesinar á Napoleón, dando 
el encargo i un oficial de guardias, btllo personaje que le había sido recomendado por parias 
personas de distinción^ el cual debía ir á Filadelfía, no »c sabe i qué, y de allí á Francia. 
Llevaba ya gastados varios miles en los Estados Unidos cuando entró Pizarro en el Ministerio 
y acabó con esta ridicula y costosa barbaridad. 

3 Despacho de 10 de Julio de 1814. 



ESPAÑA EN EL CONGRESO DE VIENA l83 

y al saberlo Labrador dio á entender que le habían sugerido este proyecto 
el Conde de Blacas, Ministro de la Casa Real y hombre de la confianza 
de S. M., y el Conde Pozzo di Borgo, Ministro de Rusia; el primero de 
los cuales le había dicho que sólo España, que no había tratado con Napo- 
león, podría hacer á la Europa el servicio de apoderarse de aquel malvado, 
y el segundo le había hablado en el mismo sentido de que correspondía á 
España el poner fín á la inquietud que agitaba á la Europa mientras estu- 
viese el tirano vivo y suelto '. 

Por lo demás, ya hemos dicho que las instrucciones del Consejo de Es- 
tado parecieron á Labrador deficientes y pidió aclaraciones, que le fueron 
dadas, sobre los siguientes puntos: 

I.® Restitución á Francia de los establecimientos de Cayena y la Gua- 
yana. Aunque los portugueses sean los más interesados en conservarlos, 
la restitución podría ser también funestísima á España por los auxilios que 
los negociantes y aventureros franceses darían á los revoltosos de las pro- 
vincias de Tierrafirme. 

2.^ Debe solicitarse de las Potencias aliadas que exijan de los Estados 
Unidos la devolución de la Luisiana, quedándoles la repetición contra la 
Francia por el precio que dieron. Y en el caso de que no fuese posible re- 
cobrar los Ducados de Parma, Plasencia y Guastala, pídase para la Casa 
de Parma la isla de Cerdeña, que fué de España, donde se habla español 
y cuyos habitantes tienen las mismas costumbres que las nuestras. 

3.** Respecto á Ñapóles debe reclamarse directamente su restitución á 
su legítimo Rey. 

4.® Si Francia pretendiese la renovación del Pacto de familia, podría 
tomarse un término medio, renovando sólo los artículos honoríficos y 
conservando la igualdad entre los Embajadores y Ministros de ambas 
Cortes. 

5.® Respecto á la restitución de secuestros, que se ponga delicada- 
mente alguna cláusula que indique que, á medida que se hagan las entre- 
gas en Francia, se entregará lo embargado en España. 

6.^ Las deudas recíprocas debían liquidarse ó compensarse en globo, 
y por lo que hace á los daños y perjuicios recibidos por parte de la Francia, 
quería S. M. que, en resarcimiento de ellas, se pidieran, no los So.oootni- 
llones de reales que Labrador califica de pretensión extravagante y de im- 






I Despacho de 13 de Agosto de 1814. 



■"1 



184 REVISTA DE ARCHiVOS, BIULIOTECAS Y MUSEOS 

posible logro, sino unas seis á ocho mil yeguas de buena raza y dos mil ca- 
ballos enteros, á fin de poder repartirlos. 

7.® Comercio con las provincias españolas de América. Debía eludirse 
el entrar en negociaciones comerciales. 

8.** Que se reclamen los papeles, pinturas y objetos de bellas artes é 
Historia natural que haya trasladado á Francia el Gobierno intruso; para 
lo cual se pedirán listas de lo que se llevaron los enemigos del Archivo de 
Simancas, del de Sevilla y de la Corona de Aragón, de los Palacios Reales, 
del Monasterio de El Escorial, catedrales é iglesias, como igualmente del 
Gabinete de Historia natural y de la Dirección de trabajos hidrográficos. 

g."^ Respecto á la recomendación que pudiera hacer el Gobierno fran- 
cés en favor de los que se refugiaron en Francia con José Bonaparte, aun- 
que S. M. se reserva tomar sobre estos sujetos la providencia que juzgue 
más oportuna, quiere que se trate de eludir semejante recomendación con 
buenas palabras, y sin que respecto á ella se contraiga obligación alguna, 
por tratarse de asuntos meramente de gobierno del Reino. Debe pedirse, 
desde luego, que no se les permita el uso en Francia de uniformes, títulos 
ni condecoraciones que les hubiesen sido por el Gobierno intruso conce- 
didos. 

Antes de que recayera esta resolución del Ministerio de Estado res- 
pecto á los puntos que consultaba Labrador, creyó éste de su deber llamar 
la atención del Duque de San Carlos, en oficio de 27 de Mayo, sobre lo 
que en París ocurría y había llegado á su noticia por cartas de persona ve- 
raz y que tenía proporciones de saber el estado de las negociaciones polí- 
ticas, que es de creer fuera Machado. Decían estas cartas que eran casi 
diarias las conferencias entre los Plenipotenciarios de las Potencias aliadas 
y el de Francia, y se hablaba de la próxima conclusión de la paz, sin que 
por parte del Rey nuestro Señor hubiese habido quien tomase parte en las 
negociaciones pues, aunque se hallaba en París el Conde de Fernán Núñez. 
ni' tenía poderes de S. M. ni había sido convidado á conferencia alguna, 
Aunque Labrador se disponía á apresurar su viaje á París, creía conve- 
niente que por el Ministerio de Estado se pasara una Nota al Embajador 
dejnglaierra comunicándole, en consecuencia de la alianza, el nombra- 
miento de Labrador para que lo pusiera en conocimiento del Plenipoten- 
ciario británico, «á fin de que se verifique que habiendo hecho la guerra 
de común acuerdo, y contribuido poderosamente al glorioso éxito de ella, 
se proceda con la misma uniformidad en las negociaciones >►. Debería lia- 




ESPAÑA EN EL CONGRESO DE VIENA 



l8!) 



marse después la atención del Embajador sobre las noticias contradictorias 
que corren respecto á lo que en París se está ya tratando, y decirle que 
«S. M. espera que el Plenipotenciario de S. M. Británica hará causa común 
y se opondrá á que, siendo uno de los frutas principales que la Europa debe 
sacar de sus esfuerzos el respeto de los derechos legítimos y el de las for- 
mas sancionadas por el derecho de gentes, no se quebranten, como suce- 
dería si se tratase de disponer de los Estados de Príncipes de la Casa de 
España, sin haber contado con los propietarios ni con S. M. como cabeza 
de su Real familia. Esta manera indirecta, pero eficaz, de hacer conocer á 
los aliados que se acabaron los tiempos en que la debilidad del Gobierno 
iba colocando la España en la clase de las Potencias subalternas producirá, 
si yo no me engaño, muy buen efecto». 

Conforme con la opinión de Labrador, pasó San Carlos en la propia 
fecha una Nota al Embajador inglés Wellesley, que contestó el i.** de Ju- 
nio, que aunque ignoraba las instrucciones que se habían dado á Fernán 
Núnez, siempre entendió que iba provisto de plenos poderes para asistir 
á un Congreso en que se tratara de la paz general. No se consideraba, por 
lo demás, autorizado á dar su opinión sobre la cuestión de los derechos de 
la Casa de España, aunque la Nota hubiese estado en este punto más ex- 
plícita; debiendo limitarse á dar de ella conocimiento á Lord Castlereagh. 

Y mientras esto sucedía en Madrid, Lord Castlereagh, y, después de 
su partida para Londres, Sir Charles Stuart, que quedó encargado de la 
Embajada inglesa en París hasta la llegada del Duque de Wellington, po- 
nían todo su empeño en que Fernán Núñez firmase las paces con Francia. 
Ya hemos visto que á ello se negó, aconsejado por Machado, aquel ilustre 
procer; veamos ahora cómo las firmó Labrador y mereció en recompensa 
de tan eminente servicio ser propuesto para la Gran Cruz de Carlos III, 
que S. M. no se dignó, sin embargo, concederle, aunque aprobó su con- 
áucta en los más lisonjeros términos. 



IV 



Comenzaba Junio cuando tomó Labrador el camino de Francia, pro- 
visto de sus instrucciones, que de ningún apuro habían de sacarle, y de 
sus plenos poderes en que se le daba el título de Embajador, aunque no 
llevara cartas reales que como tal le acreditaran ni cerca del Rey Cristianí- 



1 86 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

simo, para después de ajustadas las paces con Francia, ni cerca del Empera- 
\i;l dor de Austria, en la capital de cuyos Estados iba á juntarse el Congreso 

|v para la negociación de la paz general. En la noche del i6 llegó á París, donde 

í encontró á D. Justo Machado, nombrado Secretario de la Embajada, y á 

L D. Francisco Bustillo que, como Agregado, debía también formar parte de 

I' ella, y á su llegada supo las grandes instancias que se habían hecho al 

I Conde de Fernán Nuñez para que firmase el Tratado de paz de 3o de Mayo, 

!• no obstante que carecía de plenos poderes para hacerlo y que no había 

ti sido llamado á ninguna de las conferencias que le precedieron. «Por for- 

i tuna — escribía Labrador á San Carlos »— , las órdenes que V. E. le co- 

I municó libraron á nuestro Gabinete de la ignominia que el maquiavelismo 

i de los demás le había preparado. Todos contaban ya con haber colocado 

t- la España entre las Potencias de segundo orden, dejándola sin representa- 

t- ción propia. Tan general era esta especie de conjuración contra la España: 

I que cuando anuncié al Príncipe de Benevento mis plenos poderes para tra- 

^ tar y firmar la paz, me respondió que la paz entre la España y la Francia 

k estaba ya hecha, pues la habían tratado por nosotros nuestros aliados, y, 

^ por consecuencia, no faltaba que hacer más que firmarla yo, supuesto que 

I traía los plenos poderes.» 

[í Pero no sospechaba Talleyrand con quién tenia que habérselas, «cos- 

\ tándole mucha fatiga el psrsuadirse de que se había acabado la prepoten- 

r cia que había ejercido durante tantos años y que miraba como un efecto de 

sü talento ó de su astucia, cuando realmente la había debido al poder y 
arrogancia de los tiranos á quienes había servido y á la debilidad y humi- 
llación de los Gobiernos con que había tratado» 2. Y aunque «el Príncipe de 
Benevento no respondía jamás cuando no tenía razón y, acostumbrado á 
r obrar contra ella cuando su Gobierno era omnipotente, se cuidaba poco de 

que lo convencieran ó de contestar con alguna vulgaridad ó con alguna 
máxima general» 3, fueron tan fuertes las reflexiones que Labrador le hizo, 
que hubo de rendirse á ellas y de prestarse á hacer con S. M. C. un tra- 
tado directo; es decir: que firmaría Labrador en su Real nombre el Tratado 
r de 3o de Mayo,' que es, ni más ni menos, lo que iba á hacer el Conde de 

^ Fernán Núñez. «Con hacer un tratado directo, como lo habían hecho Ru- 

sia, Prusia y la Gran Bretaña, se lograba borrar la humillación á que pre- 



1 /Despacho núm. ii, de 26 de Junio de 1814. 

2 Despacho núm. 69, de 20 de Julio de 1814. 

3 Despacho oúm. 46, de 10 de Julio de 1814. 



ESPAÑA EN EL CONGRESO DE VIENA 187 I 

tendía reducirse la Monarquía española, haciendo firmar á su Plenipoten- c? 

ciario lo que habían tratado en nombre de España sus aliados, es decir, | 

haciendo que un Soberano que siempre ha dividido el primer rango con je 

el de Francia en Europa, hiciese el mismo papel que los pequeños Prínci- | 

pes condenados á ser satélites de los mayores planetas^ '. sj 

Vencida esta primera dificultad, que sólo existió en la imaginación de ij 

Labrador, y le hizo creer, creyéndolo igualmente el Duque de San Carlos, j 

que había librado y ganado una gran batalla diplomática, principió á tra- ^ 

mr acerca de los artículos adicionales. Dos eran los que había propuesto ^ 

Fernán Núñez ^: el uno relativo á la devolución de los manuscritos y ob- i 

jetos preciosos que se habían llevado los franceses, artículo, á juicio de los ] 

mismos aliados, inadmisible, tanto por humillante como por innecesario, -i 

y el otro no menos inaceptable, en que se estipulaba que las disposiciones i 
del Tratado no podrían causar en manera alguna perjuicio á los derechos 
de propiedad, sucesión ú otros que la España pudiera tener que reclamar, 
y cuya discusión reservaba para el Congreso general. El primer punto 
np ofreció dificultad, porque, acordada por Luis XVIII la restitución de 
los manuscritos y alhajas, no hubo necesidad de pedirla ni de estipularla 3. 

1 Despacho oúm. 3, de 21 de Junio de 1814. 

2 En el legajo núm. 2 del Congreso de Viena, y bajo una carpeta rotulada «Proyecto del 
Tratado de paz entre las Potencias aliadas y la Francia copiado en casa de Lord Castlereagh 
el 27 de Mayo del origlnil dado por éste», hay un papel de puño y letra de Fernán Núñez y al 
margen Propases par moi P. N. (rubricado), que contiene el texto, que vamos á copiar literal- 
mente, de los dos artículos adicionales secretos: 

I 

Les dispositions du présent Traite nc pourroni portcr préjudice en aucune maniere aux 
droíis de propricté, succession ou auiresque l'Espagne pcutavoir áréclamer ctdont elle reserve 
ladiscussion au futur Congrés general. 



La Cour de France s'engage á faire remettre aus Commissionnaires, qui seront nommés á 
cet tfítt par la Cour de Madrid, tous les actes, manuscrita, papiers d'archives, effets pr¿cieux,&.*^ 
Unt de la Couronne comme des particuliers, qui auront été enlevés d'Espagne peodant la guer- 
re, ainsi que les objets précieux et curieuz qui se trouvaicnt au Cabinet d'Histoire naturcl de 
Madrid et ceux des Maisons Royales á Aranjuez, el Pardo, St. Ildefonse et St. Laurent. 

Les présents articles additionnels et secrets auront la m£me forcé et valeur que t'ils 
¿taien insérés mot á mot au traite patent de ce jour. 

3 Con su despacho nám. 13, de 26 de Junio de 1814, remite Labrador copia de un papel del 
Marqués de Cilleruelo, como apoderado de S. M. y AA., respecto i la expoliación que sufrieron 
ios bienes y efectos de su dominio privado. Cuando Napoleón resolvió en Bayona la internación 
eo Francia de S. M. é Infantes, ordenó se formase una completa vajilla de plata, que existia en 
Palacio, para el servicio de S. M. y AA., disponiendo al mismo tiempo que dichos señores nom- 
brasen una persona de su confianza que pasase á Madrid revestida de los plenos poderes nece- 
sarios para que se entregase de dichas prendas. Recayó el nombramiento en Cilleruelo, quien 
recibió el 11 de Mayo de 1808 del Ministro de Relaciones exteriores Mr. de («hampagny, los co- 
rrespondientes pasaportes, con una carta para el Gran Duque de fierg, que á la sa¿ón se hallaba 



J 




1 88 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

En cuanto al levantamiento de los secuestros no quería el Plenipotencia- 
rio francés que se hablase sino de los hechos en consecuencia de la última 
guerra; pero, al fin, se extendió en términos generales el primer artículo 
adicional. El segundo se refería al comercio, que había de quedar en el 
pie en que estaba en 1792. 

Pretendió también Labrador, como lo había pretendido Fernán Núñez, 
que se dejaran á salvo en un artículo adicional secreto los derechos de la 
Casa Real de España á los Estados de Italia, de que había sido desposeída; 
pero, apenas empezó á hablar Labrador de Toscana, de Ñapóles y de Par- 
ma, le hizo observar Talleyrand que no era la Francia, sino nuestros alia- 
dos los que habían dispuesto de esos países. Mostróse, sin embargo, pro- 
picio á apoyarnos en nuestras reclamaciones, ofreciendo para ello los 
buenos oficios de la Francia, y después de discutidos ampliamente los tér- 
minos en que había de redactarse, se convino en el siguiente artículo adi- 
cional: «S. M. Cristianísima promete emplear sus buenos oficios siempre 
y en cualquier parte que fuera necesario, y especialmente en el próximo 
Congreso, tanto en favor de los Príncipes de la Casa de Borbón de la rama 
española que tengan posesiones en Italia, como para hacer que la España 
obtenga una indemnización por las pérdidas que pudieran resultar contra 
ella de la no ejecución del Tratado de Madrid de 21 de Marzo de i8oi> 1 

Arreglados estos puntos, nada parecía que debía oponerse á la firma 
del Tratado, cuando el Plenipotenciario francés propuso dos artículos adi- 
cionales, el uno para la admisión en España de los condenados á no entrar 
en ella, y el otro para la restitución de los bienes que se les habían con- 
fiscado. «La primera vez que el Príncipe de Bene vento me habló de este 
asunto — dice Labrador en su despacho de 26 de Junio — , respondiéndole 
yo que no podía dar oído á proposición alguna acerca de él, me replicó si 
quería yo que Luis X v IIl heredase tan buenos muebles; pero tomándolo 
en el mismo tono le repuse que, más natural era que el Rey de Francia 
heredase lo bueno y lo malo del que había sido Emperador de los france- 



de Lugar Teniente, y, no sólo tuvo lugar la entrega de 'a expresada vajilla, sino también la de 
todos los cuantiosos efectos, que así S. M. como los Infantes poseían en Madrid y sitios reales. 
Un año después, el i.^ de Mayo de 1809. se le comunicó á Cilleruelo un decreto del Rey intrusa 
que ponía á cargo de la Dirección de bienes secuestrados los p<!rtenecientes á S. M. y AA., man- 
dándole cesar en su encargo y trasladándole á la cíudadela de Pamplona y de allí á Francia, 
desde cuya época nada había vuelto á saber de los preciosos efectos que se le habían confiado. 

Esta vajilla con las armas antiguas de España, se la llevó José Bonaparte y la tenía en una 
casa de París, según dclación'de los mismos que la encajonaron y escondieron. Así se lo escribió 
Labrador á Cevallos en carta particular de 6 de Septiembre de 1816. 



ESPAÑA EN EL CONGRESO DE VIENA« iSq 

ses, que no que el Rey de España heredase los criados de un aventurero 
que intentó usurparle el trono.» 

El 5 de Julio fué presentado Labrador al Rey Luis XVIII; habiéndose 
retrasado esta audiencia por las dificultades que puso el Protocolo, que 
con indiscutible imperio rige en Francia en todo tiempo y sea cualquiera 
la forma de gobierno. Por una parte era Labrador, según sus plenos po- 
deres, Embajador extraordinario, y como tal debía ser recibido con todos 
los honores y ceremonias que la Revolución había suprimido y que la 
Monarquía restaurada se proponía restablecer; pero, por otra, no traía cre- 
denciales, ni siquiera una mera carta de su Soberano para S. M. Cristianí- 
sima, lo cual le colocaba en la categoría de extranjero ilustre, que fué la 
que al fin prevaleció después de muchas dudas. Estas, y los frecuentes 
ataques de gota de que el Rey padecía bastan á explicar una tardanza en 
laque no tuvo ni interés ni intervención el Príncipe de Talleyrand. 

En lo que sí tuvo el Príncipe gran empeño, y éste constituyó el princi- 
pal obstáculo para la conclusión del Tratado, fué en obtener el perdón de 
los afrancesados, lo cual tenía para Labrador sencilla explicación. «El 
Príncipe de Benevento no puede dejar de ser aquel mismo Talleyrand, 
que, valiéndose de la prepotencia del Directorio y de la mayor de su último 
amo Napoleón, ponía á contribución todo el continente d^ la Europa y en 
particular la España; el mismo que con Ouvrard, Hervás y Compañía, 
ganó tantos millones en el surtido de la escuadra dé Brest y en cuantos 
encargos se daban en París ó en cuantos proyectos formaba D. Manuel 
Godoy para su propio engrandecimiento ó para sostenerse en el mando. 
Un hombre tal no sería extraño que protegiese por inclinación á los Mi- 
nistros de José Bonaparte, aun cuando no hubiese tenido con algunos de 
ellos tantos motivos de amistad; pero concurriendo con la semejanza del 
carácter y de los vicios las antiguas conexiones y la memoria de las gran- 
des ganancias hechas de mancomún, necesariamente ha de mirar Talley- 
rand como intereses propios los de su confidente Hervás» '. Y no era úni- 
camente Talleyrand quien se interesaba en favor de los emigrados espa- 
ñoles. También protegía la misma mala causa Laforest, y entre los 
Ministros extranjeros no faltaba quien la apadrinase excitado por el Coro- 
nel La Harpe, ayo que fué del Emperador de Rusia, «que es uno de aque- 
llos metafísicos de gabinete que, confundiendo el amor de la humanidad ' 

I Despacho de Labrador núm. 46, de 10 de Julio de 1814. 



igO REVISTA DE ARCHIVOS, OlBLinTECAS Y MUSEOS 

con la impunidad de los más enormes delitos, hablan de filantropía y de 
olvido general cuando deberían hablar de justicia». La Harpe había dado 
muchos pasos en favor de Azanza, de quien fué amigo cuando éste era 
Secretario y Encargado de Negocios en Rusia. «Por fortuna — añade La- 
brador — la persona que más influye en el espíritu de S. M. Cristianí- 
sima ' es un antiguo amigo mío, y éste me ha asegurado que, lo único que 
desea esta Corte es que se disminuya el número de los refugiados por la 
molestia que dan con sus pretensiones, y al mismo tiempo me ha ofrecido 
que no dejaremos de hacer el Tratado por causa de personas tan odiosas.» 

De acuerdo con este amigo que tenía cerca de S. M. Cristianísima, y 
por cuyo medio hacía llegar á S. M. las razones que se oponían á que en el 
Tratado de paz se incluyera ningún artículo en favor de los apóstatas, 
pasó Labrador al Príncipe de Benevento una Nota participándole haber 
recibido órdenes del Rey de no admitir los artículos propuestos 2. Y como 
al propio tiempo había Labrador indicado que el mejor medio de obtener 
el perdón de las personas en cuyo favor el Gobierno francés se interesaba 
era el de recomendarlas á la clemencia del Monarca español, renunció 
Talieyrand á los artículos adicionales que había propuesto y defendido, y 
el mismo día en que firmó el Tratado, el 20 de Julio, envió con una Nota 
la lista de los españoles queS. M. Cristianísima recomendaba á la clemen- 
cia y bondad de S. M. Católica 3. 

Al remitir á Madrid el Tratado que acababa de firmar, no se detenía 
Labrador en hablar de las dificultades vencidas de que no hacía mención 
por atribuirse todo el mérito de haberlas superado. «No lo hubiera conse- 
guido—dice — sin mi antigua amistad con el Conde de Blacas d'Aulp, 
Ministro de la Casa Real de S. M. Cristianísima, que siguió siempre la 
suene de su Soberano y en quien S. M. tiene la mayor confianza. Por su 
medio han llegado á manos de S. M. Cristianísima mis observaciones y 
notas de que no daba cuenta al Príncipe de Benevento» 4. • 

Hubiera deseado Labrador que el Tratado se extendiese en castellano 
y en francés; pero se lo impidió el proponerlo el ejemplo de las demás 
grandes Potencias que, por abreviar, consintieron que los suyos se hicie- 
sen solamente en esta misma lengua; habiendo también ya muchos ejem- 



I A lude al Conde, después Duque, de Blacas d'Aulp, Ministro de la Casa Real. 

3 Despacho núm. 5o, de 12 de Julio de 1814. 

3 Despacho núm. 61, de »• de Julio de 1814. 

4 Despacho núm. 59, de 20 de Julio de 1814. 



ESPAÑA EN EL CONGRESO DE VIENA IQl ■ 

píos de hacerse los Tratados solamente en francés y publicarse con la tra- ^ 

ducción castellana. -^ 

Grande fué la satisfacción con que se recibió en el Ministerio de Estado Jj 

el Tratado concluido con Francia, del que no podrían menos de resultar 
las mayores ventajas para España, no siendo la menor el que se hubiera 
terminado con la dignidad correspondiente al rango que ocupaba la Mo- ;^ 

narquía española entre las demás de Europa. Todas estas ventajas se de- j' 

bían, á juicio del Ministerio, á la pericia, tmo y circunspección con que i' 

condujo este delicado asunto el Embajador extraordinario D. Pedro Gó- 
mez Labrador, que, por este nuevo importante servicio á S. M. y á la I 
Monarquía, se había hecho acreedor á recibir un testimonio público de la 
Real aprobación, que podría ser la Gran Cruz de Carlos III ó bien cual- 
quiera otra que fuera del agrado de S. M. Informado en estos favorables ] 
términos el despacho de Labrador y el Tratado que le era anexo, recayó 
en 28 de Julio la resolución siguiente, que en 2 de Agosto fué comunicada 
al Embajador: «S. M. está muy satisfecho del servicio importante que ha 
hecho Labrador en este Tratado y no duda S. M. los continuará haciendo.» 

En cuanto á los españoles, que en número de setenta fueron recomen- 
dados en la Nota del Príncipe de Bene vento á la clemencia de S. M. Ca- 
tólica, hubieron de esperarla en vano largo tiempo, y muchos murieron en 
el destierro, antes de que el Gobierno constitucional les abriera las puer- 
tas de la patria. Figuraban en la lista el Príncipe de Masserano, los Duques 
de Sotomayor, del Campo de Alange (antes Conde), de Mahón, de Santa 
Fe (Azanza), de Cotadilla (Conde de Negrete), los Marqueses de Casa 
Calvo, de Virués, de Benavente, de Bedmar, de Guardia Real, de San 
Adrián, de Bendaña, de Arneva, de Almenara (Hervás), los Condes de 
Casa Tilly, de Montarco, de Teba, de Guzmán, de Cabarrús, de Can- 
celada, de Montezuma, el Barón de Cheste, los Generales Navarro San- 
gran y O'Farril, el diplomático D. Leonardo Gómez de Terán y gran 
número de los que hoy llamaríamos intelectuales como D. Juan Meléndez 
Valdés, D. José Antonio Conde, D. Manuel Cambronero, D. Estanislao 
de Lugo, D. Bernardo de Iriarte, D. Vicente González Arnao y otros 
muchos, además de algunas señoras, como la Marquesa de Buscayolo, la 
Condesa de Berberana, D.* Catalina de Asenjo y la Sra. de Mazarredo y 
familia. Entre éstos tenía la Corte de Francia el mayor empeño por Mas- 
serano, Azanza, Campo Alange, Gómez de Terán y algún otro, y en su 
audiencia de despedida oyó Labrador de labios de Luis XVIII que S. M. 




192 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

desearía que su augusto sobrino usase de clemencia con ios que faltaron 
á sus obligaciones, á lo que respondió que el Rey, su amo, tenía el buen 
corazón de todos los Borbones y en ocasión oportuna usaría de benigni- 
dad con algunos que habían pecado solamente por débiles K Pero como 
todavía no hubiese usado de ella cuando terminó sus trabajos el Congreso 
de Viena, recibió orden el Duque de Dalberg de proponer de parte del 
Rey de Francia un artículo para suavizar la suerte de los portugueses y 
españoles que se encontraban aún en Francia, y algunos de los cuales se 
habían trasladado á Gante. Negóse Labrador á asistir á la reunión á que 
había sido por Dalberg invitado y le contestó en términos de extraordina- 
ria dureza, manifestándole que, si durante el Congreso hubiesen suscitado 
los Plenipotenciarios esta cuestión haciendo la más insignificante reco- 
mendación ó insinuación en favor de los partidarios de José Bonaparte, se 
hubiera opuesto á ella y hasta se hubiera marchado de Viena, en caso de 
insistencia, publicando la razón que tenía su Gobierno para no admitir la 
ingerencia de los extraños en asuntos que afectaban al ejercicio de la so- 
beranía 2. 

No eran sólo los españoles afrancesados los que dieron que hacer á 
I Labrador en París. Otros españoles igualmente emigrados,' pero de más 

alta alcurnia, se dirigieron desde Roma á su pariente el Rey Cristianísimo 
en demanda de un socorro pecuniario que remediase la necesidad en que 
se hallaban por el olvido y desamparo en que los tenía el Rey su hijo 
D. Fernando VIL Había llegado á París D. Felipe Viérgol, portador de la 
carta de Carlos IV para Luis XVIII, y por él supo Labrador que ya había 
hecho entrega de ella y que había sido el Rey padre socorrido con unas 
letras por valor de iSo.ooo francos. Gran contrariedad produjo al Emba- 
jador esta noticia, y aunque él carecía de fortuna hubiera buscado el dinero 
necesario para evitar este paso del Rey Carlos IV, si de él hubiese tenido 
oportuno conocimiento, Pero ya era tarde, y cuando de esto le habló Ta- 
lleyrand sólo pudo darle como explicación de lo ocurrido el que se hu- 
bieran perdido las cartas del Rey Fernando, de cuyo filial amor y respeto 
podía dar testimonio el propio Príncipe que les había ofrecido su hospita- 
lidad en Valen^ay. Según Viérgol, Godoy tenía en cautiverio á Carlos IV, 
que había cobrado verdadero odio al valido, y mientras aquél compraba 
casas de campo, los criados del Rey tenían que remendarle á éste los dos 

1 Despacho núm. 147, de 5 de Septiembre de 1814. 

2 Despacho Dúm. 392. Viena, 9 de Julio de i8i5. 




ESPAÑA EN EL CONGRESO DE VIENA 1 93 

..J 

Únicos vestidos que tenía. También tuvo Labrador noticia por Viérgol, y -^ 

de ella dio parte á la Corte en despacho reservado, de un proyecto for- i 

mado por D. Manuel Godoy de casar á su hija con el Infante D. Fran- ^ 

cisco de Paula, quien se había excusado manifestando su deseo de abra- .1 

zar la carrera eclesiástica, cosa que se consideraba muy próxima, y que Su - 

Santidad le daría el capelo '. 

Pero si cultivó Labrador con esmero la gacetilla diplomática, que en 
rigor correspondía á la jurisdicción de su colega de Roma Vargas Laguna, 
y atizó el odio que contra Godoy sentía su augusto amo, también trató 
en sus despachos los arduos problemas de la política internacional que á 
la sazón se ventilaban en París, subordinándolos al que se consideraba 
primordial para España de obtener la restitución de los Estados de Italia ; 

á los desposeídos Borbones de la rama española; haciendo cesar el escán- 
dalo de ver al sanguinario Murat usurpando el trono de Ñapóles, y al hijo 
del Atila corso apoderado de la herencia que la Casa de Farnesio trajo á 
la de Borbón. Y como los intereses de España estaban eri evidente contra- 
dicción con las intenciones que debían suponerse al Austria respecto de 
Italia, indicaba Labrador la conveniencia de que nuestros representantes 
en Inglaterra, Rusia y Prusia llamasen la atención de los Gobiernos cerca 
de los cuales estaban acreditados, sobre los males graves que esta actitud 
del Austria podía acarrear. Así lo hicieron sin apreciable resultado ^. 

Entre tanto, la conducta de Metternich, pues él era el alma de la po- 
lítica austríaca, preocupaba á Labrador y le parecía sumamente extraña,, 
pues á influjo de ella se atribuía la venida de la Archiduquesa María Luisa 
á los baños de Aix en Saboya, como si no hubiese en Alemania aguas 
minerales equivalentes, y también se aseguraba que á los prisioneros fran- 
ceses se les hacía pasar por Schónbrunn, y presentándoles al hijo de Na- 
poleón se procuraba inflamarlos en su favor. En fin, lo hecho en Italia 
probaba hasta la evidencia que el Austria mantenía su antiguo sistema de 
rivalidad contra la Casa de Borbón y la ambición desmedida que había sido 
siempre la pasión dominante de aquella Casa. Y como á esto se agregaba 
el desprecio que los militares rusos y prusianos hacían de los austríacos, 

1 Tres años después casó el Infante con la Princesa Luisa Carlota de las Dos Sicilias, cuya 
mano pidió Labrador siendo E ti bajador en Ñapóles. 

2 Despacho de Labrador núm. 4, de 21 de Junio de 1814, á consecuencia del cual se dirigie- 
ron en 22 de Julio cartas al Embajador en Londres y Ministros en Petersburgo y Berlín para que 
pasasen una Nota pidiendo el apoyo de los respectivos Soberanos para las pretensiones de Es- 
paña respecto á la devolución del Reino de Ñipóles y Estados de Parma. 

3.a ¿POCA.— TOMO XV. 1 ■^ 



194 



REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 



no sería extraño, según nuestro Embajador, que llegase á turbarse la tran- 
quilidad de Europa, cuando se creía asegurada con la caída del tirano ^ . 

Había además entre los aliados no pocos motivos de disgusto. Del viaje 
del Emperador Alejandro á Londres había resultado una gran animosidad 
entre las dos Cortes, por estar persuadido el Gabinete inglés de que 
S. M. I. había contribuido, á lo menos indirectamente, á que se malo- 
grase el matrimonio proyectado entre el Príncipe heredero de Orange y la 
hija del Príncipe Regente de la Gran Bretaña 2. Lord Castlereagh estaba 
.también personalmente quejoso del Emperador Alejandro por no haberle 
éste dispensado la acogida que esperaba. Este disgusto de Inglaterra y 
Rusia hacía más difícil la reunión de los ánimos en los principales artícu- 
los que habían de tratarse en el Congreso y más delicada la situación de 
los que, como nosotros, teníamos que apoyarnos sobre los buenos oficios 
de otras Potencias que por casualidades felices habían logrado mucho 
crédito, al mismo tiempo que gozábamos de muy poco 3. 

Quejábase también el Ministro inglés de que el de Rusia, en virtud de 
órdenes de su Gobierno, pretendiera no alternar sino con el de Austria y 
tener el paso sobre todos los demás. Recuerda Labrador que las Cortes 
de España y Francia pactaron con la Emperatriz Catalina que le darían el 
título de Emperatriz y lo continuarían dando á sus sucesores, bajo la pala- 
bra y promesa Real que S. M. empeñó de que no por esto se alteraría la 
etiqueta 4. Y habiendo consultado sobre la conducta que debía seguir, se 
le contestó que se había convenido en Londres por el Conde de Fernán 
Niiñez y el de Lieven que alternarían, lo cual le parecía á Labrador muy 
difícil de conseguir en París de su colega de Rusia. 

Por lo que hace á las relaciones entre España y Francia, tanto el Conde 
de Blacas como el Príncipe de Benevento insinuaron varias veces á La- 
brador la necesidad de estrechar los vínculos entre los dos Soberanos y 
restablecer el Pacto de familia 5, á lo que había contestado nuestro Pleni- 



r 



1 Despacho núm. 37, de 5 de Julio de 1814. 

2 Despacho núm. 48, de 10 de Julio de 1814. 

3 Despacho núm. 144, de 5 de Septiempre de 1814. 

4 Despacho núm. 8, de 26 de Junio de 18x4. 

5 Respecto al Pacto de familia, decía Cevallos á Labrador en Real orden de i.^ de Octubre 
de i8i5: «El Pacto de familia fué inspirado por la venganza, y sus efectos para la España fueron 
cuales se podían esperar de un hijo de tal madre. Para renovarle en las actuales circunstancias 
era preciso haber perdido el sentido común. £1 primer objeto de toda alianza debe ser la con- 
servación de la paZf haciendo ésta respetable por la fuerza combinada. Esto no se conseguiría 
confederándose con una Potencia que teme y debe temer el verse abrasada por el fuego de los 
partidos, pues la España en tal caso vendría á estar en guerra con alguno de ellos. Si esto no 



r" 



ESPAÑA EN EL CONGRESO DE VIENA igS 

potenciario con frases generales y dilatorias; habiendo hecho otro tanto 
con el Príncipe de Laval, Embajador designado para Madrid, que le pa- 
recía fácil de manejar por su ninguna experiencia y no tener, según decían, 
grandes talentos *. Cuando se despidió del Rey, manifestóle S. M. que 
daría al Príncipe de Benevento sus instrucciones para proceder en todo de 
acuerdo con España, y añadió que esperaba mucho del apoyo de Ingla- 
terra, con quien se entendía perfectamente, y que aunque había dificulta- 
des que vencer y contrariedad de intereses entre las principales Potencias, 
confiaba en la Providencia que todo se arreglaría ^. 

Esta inteligencia de la Francia con la que había sido y parecía ser su 
mayor enemiga se convirtió pocos meses después en una alianza de que 
formó también parte el Austria, desmintiendo los hechos cuanto en sus 
sabias especulaciones, respecto á las alianzas naturales, había expuesto el 
Consejo de Estado para instrucción del negociador español. Ni éste ni su 
Gobierno se percataron del significado y alcance de la nueva política fran- 
cesa, ni tuvieron la menor noticia ni sospecha del Tratado de alianza cuando 
se firmó en Viena el 3 de Enero de i8i5. Obligada Francia á optar por la 
amistad de Inglaterra ó la de Rusia, se decidió Talleyrand por la pri- 
mera; porque ahitos de gloria y hartos de guerras, no soñaban los fran- 
ceses sino con una paz duradera que les permitiera reponerse y reconsti- 
tuirse, aunque fuera dentro de los antiguos límites de la Monarquía, y como 
los ingleses pensaban de igual modo y se hallaban animados de los mis- 
mos pacíficos deseos, era natural que se entendieran y que esta inteligen- 
cia redundara en beneficio de la paz que ambos países anhelaban. La 
alianza rusa, en cambio, perseguía otros fines, que sólo por una nueva 
y empeñada guerra, de dudoso éxito, podrían alcanzarse. Francia hubiera 
quizás llevado su frontera hasta el Rhin, mientras Rusia hubiera exten- 
dido ilimitadamente las suyas en Asia y no poco en Europa, con constante 
peligro de la paz general. A esta paz europea sacrificó Talleyrand patrió- 

sucede, y la Francia continúa débil y encadenada por algunos años, seria el mayor de los deli- 
rios asociarse con una Potencia de que no se puede sacar apoyo en caso de necesitarse. Si la 
Francia, por un favor de la Providencia, ahoga los partidos, y reuniendo los ánimos se dedica i 
recuperar aquel poder i que está llamada por su riqueza natural, por su situación geográfica y 
por su población, en tal caso sus primeros designios serán renovar la guerra para engrandecerse 
y vengarte de su actual humillación. Y la España por su alianza se vería comprometida en gue- 
rras, resistidas por todas las razones que debe tener presente un Gobierno para no entrar en las 
que no estén autorizadas por algún principio de interés. Dejo aparte las consideraciones que se 
deducen del resentimiento de las Potencias enemigas naturales de la Francia.» 

1 Despacho núm. 93, de 5 de Agosto de 1814. 

2 Despacho núm. 147, de 5 de Septiembre de 1814. 



196 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

ticas ambiciones y posibles pero inseguros engrandecimientos, y por ella 
ncurrió en la implacable enemistad del Emperador Alejandro, que le 
obligó á dejar el Ministerio en la plenitud de su triunfo, después del Con- 
greso de Viena, y cuando mayores servicios hubiera podido prestar á 
su país. 

El Austria era la que, por razón de vecindad, más temía á los rusos, 
así como el que llegaran éstos á aliarse á los franceses, y tanto pudo en 
ella este temor, que habiendo aspirado al matrimonio de Fernando VII con 
una Archiduquesa, promovió después con todo empeño la idea del matri- 
monio de S. M. con la Gran Duquesa de Rusia, por evitar que se verifi- 
case el proyectado con el Duque de Berri. De la Gran Duquesa Ana, her- 
mana del Emperador Alejandro I, aseguraban los que habían residido en 
Petersburgo que reunía en un grado eminente las más apreciables pren- 
das morales con una hermosa presencia, una salud robusta y todas las 
gracias de la juventud ^ Y como estas noticias de Labrador coincidían con 
las que por otros conductos habían llegado al Rey, vínole á S. M. en gana 
llevar adelante las negociaciones que para casarlo, sin anuencia suya, había 
entablado la Regencia en Petersburgo y en las cuales hubo de intervenir 
también Labrador durante su misión en Viena 2. 

Terminó felizmente la de París con el canje de ratificaciones del Tra- 
tado de 20 de Julio 3 y el de los acostumbrados regalos, que consistieron: 
en una caja de oro con el retrato de Luis XVIII, de un valor de iS.ooo 
francos, para Labrador, y otra caja de igual precio, con el retrato de Fer- 
nando VII, para Talleyrand 4, recibiendo éste, además, 90.000 reales para 
el Ministerio de Negocios extranjeros y la misma suma Labrador para el 
Ministerio de Estado. Machado fué el peor librado, pues «no recibió ni aun 
la expresión que suele hacerse á los Secretarios, que en el Congreso de 
Amiens ascendió á iS.ooo francos por cada Corte, recibiendo el Secretario 
de la Embajada de España 45.000, y en cuanto al Plenipotenciario D. José 
Nicolás de Azara recibió una enorme suma, pues fué punto convenido en- 
tre él y sus compañeros que, en lugar del joyel acostumbrado, cada Pleni- 

1 Despacho núm. g, de 26 de Junio de 1814. 

2 Becker: Relaciones entre España y Rusia. Un proyecto matrimonial. 

3 Coa su despacho núm. 104, de 10 de Agosto, envió Labrador el acta del canje de ratifica» 
ciones que tuvo lugar la noche anterior. 

4 De "Real orden se encargó al Embajador una caja de 30.000 francos para el Plenipotenciario- 
francés; pero habiendo sabido Labrador que la caja que le estaba destinada no valía sino iS.ooo, 
hizolo asi presente á la Corte, la cual dispuso que se rebajara á la mitad el precio de la encar- 
gada caja. 




ESPAÑA EN EL CONGRESO DE VIENA 1 97 

potenciario debía recibir no sé si 60.000 pesetas ó más de cada una de las 
Cortes» K 

No podían faltar en la correspondencia de Labrador, como en la de 
todo Embajador español de aquella época, y aun de otras anteriores y pos- 
teriores, las obligadas quejas por el retraso en el envío de sus haberes, que 
más de una vez puso en apretada sitdación á nuestros representantes en el 
extranjero, y por la escasez del sueldo, que nada tenía de mezquino y que 
ya lo quisieran nuestros actuales Embajadores, cuyos sueldos, puramente 
nominales, están sujetos á toda clase de mermas. y descuentos. Obtuvo La- 
brador que, además del sueldo de Embajador, se le señalasen, como á 
Fernán Núfíez, 3. 000 duros mensuales de gratificación, manifestando que 
había tenido que tomar casa, y una de las más suntuosas de Viena, por 
un año, por negarse los propietarios á alquilarlas por meses ^. 

Como Talleyrand contaba salir para Viena el 10 de Septiembre, que- 
dando durante su ausencia encargado del Ministerio de Negocios extran- 
jeros el Conde de Jaucourt, su amigo, miembro que fué del Gobierno 
provisional, no muy libre de ideas revolucionarias en los tiempos anterio- 
res, pero que pasaba por convertido 3, dispuso también su viaje, sin más 
tardanza. Labrador, y antes de salir de París tuvo la satisfacción de en- 
viar á S. M. y á su augusto hermano el Infante Don Carlos la Orden del 
Saint-Esprit, que sólo tenían en España Carlos IV y el Infante Don Anto- 
nio; habiéndosela pedido en su audiencia de despedida á Luis XVIII, por 
indicación de Talleyrand, según lo declara ingenuamente 4. Estas mercedes, 
que los Príncipes no estiman menos que sus subditos, aunque con menor 
fatiga las alcancen, contribuyeron no poco á acrecentar la buena fama que 
ya gozaba D. Pedro Gómez Labrador por su acendrado amor al Rey y por 
su probada pericia en el difícil arte de negociar. 

I Despacho de Viena, de 22 de Junio de i8i5. No es esto, sin embargo, enteramente exacto. 
Ai dar cuenta Azara (Despacho de París, núm. 361, de 23 de Mayo de 1802) de ios regalos que se 
cambiaron con motivo de la paz de Amiens, dice que José Bonaparte y Schimmelpennincls;, Em- 
bajadores respectivamente de Francia y Holanda, pretirieron tener un regalo en dinero, y que 
In^^latcrra, siguiendo la costumbre de regalar brillantes, envió tres joyeles iguales, con el 
retrato de S. M. B., pero de mucho más valor que el que se acostumbra, para los Embajadores, y 
cajas guarnecidas ce brillantes con cifra y corona para los Secretarios. A Lord Cornwallis le 
entregó Azara una caja con el retrato de S. M. cercado de dos órdenes de solitarios. 

3 La casa que tomó Labrador en Viena para U Embajada extraordinaria era el Palacio 
Palffy sito en la Minoritten Platii nüm. 5o (hoy Schenkenstrasse) según vemos en el «Guide 
des étrangcrs a Vienne pendant le Congrés, contenant les noms des Souverains présents, ainsi 
que ceux des ministres et chargés d'affaires au mois d'Octubre 1814 avecl'indication des rúes et 
números des maisons qui ils hab¡teni>».~Vienne, 1814, in 8.^ 

3 Despacho núm. 149, de 5 de Septiembre de 1814. 

4 Despacho núm. 143, de 2 de Septiembre de 1814. 



'"^ 



198 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 



V 



Marca el Congreso en los anales de Viena el apogeo de su grandeza. 
Más de 100.000 forasteros invadieron la imperial ciudad para tomar parte, 
como actores ó como espectadores, en la comedia humana á que iba á ser- 
vir aquélla de teatro. Fué una de tantas representaciones á beneficio de 
las grandes Potencias, en que los protagonistas obran á impulsos de la más 
desatentada ambición, procurando con diplomáticas artes disfrazar, de 
nobles, propósitos que no lo son, para que el vulgo convidado al espec- 
táculo se regocije y aplauda, sin percatarse de lo que entre bastidores 
ocurre. Habia sido escándalo de Europa el revolucionario proceder de 
Bonaparte que, no contento con proclamarse Emperador, fué creando 
Reyes á su imagen y semejanza, aunque con él sólo tuvieran de común el 
parentesco, sin respeto alguno á los derechos de dinastías seculares, que 
se vieron desposeídas de sus tronos, y sin tener para nada en cuenta la 
voluntad de los pueblos, que cambiaban de dueño como siervos adscritos 
á la gleba. Hora era ya de poner término á proceder tan revolucionario y 
tan inicuo, y para eso sin duda se juntó el Congreso de Viena, que, seña- 
ladas ya á Francia, y aun á España, por fronteras aquellas que tuvieron 
con anterioridad á la Revolución francesa, se ocupó en el equitativo re- 
parto de los países que por ser conquistas francesas se consideraron sin 
dueño y á disposición del vencedor. Y aunque todas las naciones europeas 
podían, con razón, reclamar una parte de gloria en el vencimiento del 
coloso, porque fué obra á que contribuyeron todas, las unas cobraron su 
parte en feraces y pobladas tierras, y las otras, como sucedió á España, 
hubieron de contentarse con inscribir la suya en las páginas de la Histo- 
ria para que perdurara en la memoria de las generaciones venideras. Más 
adelante veremos cómo se realizó el reparto del botín y cómo en nombre 
de la legitimidad, contagiadas por el mal ejemplo, pusieron en práctica 
las grandes Potencias el mismo procedimiento revolucionario que había 
sido, en manos de Napoleón, escándalo de Europa; lo cual prueba que la 
ambición, ya tenga por objeto el propio lucro, ya el engrandecimiento de 
la patria, es pasión que los humanos sienten y manifiestan de igual modo, 
y al fin y al cabo, en la lucha por la existencia, trátese de individuos ó de 
pueblos, tienen siempre derecho á mayor tajada los más fuertes. 




ESPAÑA EN EL CONGRESO DE VIENA 199 

Entre los protagonistas del Congreso correspondió el primer lugar á 
los Soberanos que, no sólo dieron con su presencia mayor realce á las 
fiestas, sino que también tomaron parte principal, y aun algunos, como el 
de Rusia, decisiva en los asuntos políticos, objeto de las deliberaciones de 
los Gabinetes europeos. La Corte de Viena, para cuya averiada hacienda 
debía ser carga pesadísima aquel aluvión de testas coronadas, no reparó 
en gastos para dejar complacidos á sus augustos huéspedes. Alojáronse en 
la Burg dos Emperadores y dos Emperatrices, cuatro Reyes, una Reina, 
dos Príncipes herederos, dos Grandes Duquesas y tres Príncipes. Sólo la 
mesa imperial costaba So.ooo ñorínes, y en más de 200.000 calculábase el 
gasto diario de la Corte. Para impedir que el ocio engendrase el tedio y 
éste influyese desfavorablemente en la marcha de los negocios, habíase 
nombrado una Comisión de fiestas encargada de proporcionar cotidianos 
y honestos placeres á los que no habían ido á Viena para aburrirse augusta- 
mente en familia. Agotóse el repertorio de los banquetes, conciertos, bai- 
les de trajes y de máscara, loterías^ cuadros vivos, funciones de teatro, 
variados alardes hípicos y cinegéticos, paseos en trineo, revistas milita- 
res y hasta excursiones á los vecinos campos de batalla de Aspern, evi- 
tando los de Wagram; en una palabra: cuanto pudo inventarse para dis- 
traer el ánimo sin fatiga y para cansar el cuerpo con deleite. Fiestas hubo, 
como la gran redoute del 2 de Diciembre, que fué espectáculo único en 
su género por la magnificencia y riqueza de los trajes. Componíase el lo- 
cal de tres grandes salones, unidos por galerías y escaleras adornadas de 
tapices y plantas, y formaba un conjunto tan espacioso que podían circu- 
lar cómodamente 12.000 personas. Alumbrado por 6.000 bujías, servía el 
picadero imperial de salón de baile, donde, al compás de una orquesta de 
más de cien músicos, se arrobaban los vieneses bailando, como ellos saben 
bailarlos, esos walses que, nacidos á orillas del azul Danubio, se han 
enseñoreado de todas las orillas conocidas, desde las del Neva hasta las 
del Tajo, sin omitir las del exiguo Manzanares. 

A ejemplo de la Corte, esforzóse la sociedad de Viena en agasajar á los 
extranjeros, y fueron muchos los salones de la nobleza que les abrieron 
sus puertas y en los que pudieron disfrutar la afable hospitalidad de aque- 
llos grandes señores auténticos, que, unidos los más por lazos de la sangre, 
forman una familia aparte de la del común de los mortales. A estos salo- 
nes acudieron Reyes y Príncipes, cuya frecuente presencia en casas de 
simples particulares halló Talleyrand harto inconveniente, por parecerle 



200 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTBCAS Y MUSEOS 

que mermaba el prestigio propio de la realeza. También la aristocracia 
del dinero celebró, en honor del Congreso, fiestas suntuosísimas, en que 
no faltó nada de cuanto puede proporcionar tan precioso metal, á manos 
llenas derramado. Y, por último, los diplomáticos extranjeros, entre los 
que se distinguieron por su esplendidez rusos é ingleses, procuraron co- 
rresponder á los obsequios recibidos, y con sus banquetes y saraos dieron 
mucho que ganar y no poco que murmurar á los vieneses. 

Alimentaron asimismo la curiosidad y las conversaciones de los diaris- 
tas y ociosos que deambulaban en el Graben y calles adyacentes dos espec- 
táculos fúnebres con que no contaba la Comisión de festejos: las honras 
que el 21 de Enero hizo celebrar Talleyrand en la Catedral de Viena para 
conmemorar el aniversario de la ejecución de Luis XVI, y el entierro del 
Mariscal del Imperio, Príncipe de Ligne. 

Más de cien mil florines, que pagó el Emperador de Austria, costaron 
las honras de Luis XVI, ideadas por Talleyrand, en las que tomaron parte: 
como asistentes, todos los Soberanos con sus respectivas Cortes; como ofi- 
ciante, el octogenario Arzobispo de Viena, Hohenwart; como orador sa- 
grado, el cura de Santa Ana, Zaignelins, francés de origen, aunque hubo 
quien creyó ver en el sermón la mano del Obispo de Autun; como artistas 
decoradores del templo, el arquitecto Moreau y el pintor Isabey, y como 
ejecutores de la música, unos aSo coristas que, dirigidos por Salieri, maes- 
tro de la Capilla imperial, cantaron á voce<; solas una misa de réquiem 
compuesta por Neukomm, discípulo de Haydn. 

Tenían estas honras, según Talleyrand, un fin moral y político, que se 
alcanzó; siendo una ceremonia que, en recuerdo de una gran desgracia, 
debía ofrecer una gran enseñanza. Jaucourt, entusiasmado con la idea ge- 
nial del Príncipe, la llamó expiatoria, monárquica y europea. El Rey 
Luis XVIII mostróse altamente satisfecho. Únicamente el Emperador Ale- 
jandro se permitió recordar las palabras de César, citadas por Tácito, de 
que las desgracias domésticas deben cubrirse con un velo de tristeza. 

No pensaba el Príncipe de Ligne dar á los Reyes y á las gentes hastia- 
das de los placeres del Congreso el imprevisto espectáculo del entierro de 
un Feld-Mariscal, porque, aun siendo muchos sus años, que llegaban á 
ochenta, mayores eran sus ilusiones de sanar de la que fué su última en- 
fermedad. Pertenecía el Príncipe á una generación anterior á la Revolu- 
ción francesa, y conservaba todos los rasgos característicos de sus contem- 
poráneos: el ingenio, la galantería, la frivolidad, el menosprecio de la 



n 



ESPAÑA EN EL CONGRESO DE VIENA 



201 



vida. Era poeta fácil, pero de cortos vuelos, y prosista copioso, sobre todo 
en el género epistolar, que cultivaba provechosamente con las damas. Su 
conversación resultaba amenísima, porque en su larga vida había cono- 
cido á mucha gente y visto muchas cosas, que recordaba con fidelidad y 
refería con gracia, siendo él mismo el protagonista de sus cuentos. En- 
viado por la gran María Teresa á Versailles para llevar á Luis XV la no- 
ticia de la victoria de Maxen, alcanzó el reinado de Madame Dubarry y 
figuró entre los adoradores platónicos de María Antonieta, á la sazón Del- 
fina. Fué devotísimo de José II de Austria y de Federico II de Prusia y de 
la Emperatriz Catalina de Rusia. Frecuentó á Voltaire y á Rousseau, y á 
Madame Dudeffand y á Madame de Stáel y á las Princesas de Lamballe y 
de Polignac, y no hubo personaje de su tiempo á quien no tratara con ma- 
yor ó menor intimidad. Acompañó á Catalina de Rusia en su expedición 
á Crimea, y obtuvo, en recompensa de su ardimiento y de su celo, los fa- 
vores que la incasta Emperatriz, hasta en sus deslices grande, otorgaba 
con larga mano á cuantos acertaban á servirla á medida de su insaciable 
y veleidoso deseo. Habíanle mimado sin rubor la fortuna y las mujeres, y 
aunque ya aquélla le había retirado su protección, que es justo galardón 
de gente moza, y éstas nada tuvieran que esperar ni que temer de sus se- 
niles arrestos, no le faltaba su pequeña corte femenina, á la que entretenía 
con sus cuentos, y que contribuía inocentemente á fomentar las peligrosas 
ilusiones del octogenario galán. No hemos de citar las damas ilustres que 
en la lista de sus conquistas figuraron, y á cuyo recuerdo, como al de las 
batallas en que había ganado á punta de espada todos sus grados militares, 
se enardecía y remozaba el viejo Mariscal. Fué su desgracia el que no le 
bastaran los recuerdos, y una noche que esperó durante largo tiempo, al 
pie de las murallas, á cierta beldad griega, que no acudió á la cita, vino la 
muerte traidoramentc envuelta en un cierzo glacial que le penetró hasta 
los huesos, y dio con ellos, á los pocos días, en la sepultura. Con el Prín- 
cipe de Ligne desapareció una de las figuras más populares de Viena: ca- 
ballero de otros tiempos, que había servido á tres generaciones imperiales 
y en quien encarnaron la galantería y el ingenio del siglo xviii. Su en- 
tierro fué una imponente manifestación de duelo, no sólo por los honores 
militares debidos á su alta jerarquía, sino porque la universal simpatía 
hizo su muerte sentidísima. 

Lo que más satisfizo en Viena á los Soberanos extranjeros, por ser 
para ellos cosa completamente nueva, fué la libertad de que gozaron, y 



¿^ 



I 



202 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 



que les permitió sustraerse á la insoportable férula de la etiqueta palatina^ 
viviendo, según la frase del Príncipe de Ligne, como Reyes en vacaciones. 
Eso de pasear solos, á pie, por las estrechas calles de la ciudad murada, ó 
á caballo por la ancha avenida del Prater, sin que los molestara la policía 
con su solícita vigilancia, ó la muchedumbre con su indiscreta curiosidad^ 
les encantaba por lo insólito, y no menos les complacía frecuentar, como 
simples particulares, los salones vieneses. Talleyrand, para quien estas 
libertades regias constituían casi un delito de lesa majestad, no siendo 
^ tampoco el Emperador Alejandro monarca de su devoción, cuenta en una 

^ de sus cartas al Rey Luis XVIII que cuando la Cuaresma acabó con los 

I bailes y hubo que recurrir, para engañar al tedio que á todos consumía, á 

^ diferentes juegos inocentes, púsose de moda el de la lotería, á la que cada 

h cual contribuía con un regalo, teniendo, á su vez, derecho á un premio. 

K: Procurábase que la suerte, que presidía á la distribución de los lotes, lo 

^- hiciera á gusto, si no de todos, del mayor número, y muy especialmente 

^ de las personas Reales; pero alguna vez, como sucedió en casa de la Prin- 

cesa María Esterhazy, la travesura de María Metternich, la hija del Can- 
ciller, alteró la predispuesta insaculación, proporcionando una desazón al 
/ Emperador Alejandro, que empezó á encontrar que las tertulias de Viena 

► no eran de tan buen gusto como á su llegada le habían parecido. 

]" Verdad es que, por entonces, no era sólo la lotería la que negaba sus 

favores á Alejandro. Sus planes de engrandecimiento territorial y de pre- 
^ potencia política se habían visto frustrados por Talleyrand y Metternich, 

'\ con los que tuvo serios altercados, hasta el punto de que quiso batirse en 

^ duelo con el Canciller austríaco, según nos lo refiere éste en sus Memo- 

' rias. Vencido Napoleón, aspiraba Alejandro.á hacer sus veces en Europa. 

Creía que el natural encanto que poseía su persona, puesto al servicio del 
fin político que perseguía, había de bastarle para conquistar voluntades 
con la misma facilidad con que conquistaba pueblos la espada vencedora 
de Bonaparte. Y no fué así. Roto el encanto, no sólo hubo de renun- 
í ciar á sus ensueños de grandeza, sino que se sintió profundamente herido 

[. en su amor propio de Agamemnón eslavo. 

i? Como le acompañó á Viena la Emperatriz Isabel, prescindió, durante 

■ el Congreso, de los servicios del Montero mayor Nariskine, cuya bella 

( esposa María Antonia tenía aprisionado en amorosas redes el bondadoso 



• corazón del Zar, padre de lodos sus subditos y muy especialmente de 

aquellos que Nariskine llamaba cínicamenie los hijos de la Corona. 





ESPAÑA EN EL CONGRESO DE VIENA 2o3 

Estrecha amistad unió á Alejandro con el hijastro de Napoleón, Euge- 
nio de Beauharnais, á cuya casa iba á comer y con quien paseaba del brazo 
por las calles^ aun después de la evasión de Bonaparte de la isla de Elba, 
lo que produjo tal indignación en ciertas gentes, que hubieron de adver- 
tírselo al Zar para evitarle posibles desmanes. Tuvo el Emperador grande 
empeño en que se cumpliera el Tratado de Fontainebleau de ii de Abril, 
que era obra suya, y firmada ya el Acta final de Viena, pasaron los Pleni- 
potenciarios rusos, por orden de su Soberano, una Nota al Comendador 
Ruffo pidiendo que S. M. Siciliana diera en el Reino de Ñapóles un te- 
rritorio de 5o.ooo almas á Eugenio Beauharnais, lo que no pudo conse- 
guirse. 

No fué menor el afán de Alejandro de que se cumpliera el precitado 
Tratado de Fontaineblau en lo referente á la Emperatriz María Luisa, 
cuyos intereses tomó á su cuidado, en perjuicio de los de la Reina de 
Etruria, defendiéndolos con más calor que el propio padre de la Archidu- 
quesa, el Emperador Francisco, y con más éxito que el que obtuvo en su 
campaña en favor del Príncipe Eugenio. 

Era María Luisa, ante todo y sobre todo, Archiduquesa austríaca, y 
además vienesa, yquien ha residido, aun por poco tiempo, en Viena, com- 
prende que el apego á la ciudad natal sea allí más fuerte que en otras capi- 
tales, y que lejos de ella se sienta la nostalgia tan bien expresada por las 
saudades portuguesas. No podía amar á los franceses, que habían derra- 
mado recientemente en un cadalso la sangre inocente de María Anto- 
nieta, sangre como la suya de Habsburgo Lorena, ni podía sentir cariño 
ni admiración por Bonaparte, al que, desde niña, se había acostumbrado 
á aborrecer, como autor de cuantos males añigían al Austria. Su entendi- 
miento sencillo no alcanzaba á explicarse las alambicadas combinaciones 
de la política de Metternich,ysólo veía que, para aplacar la cólera divina y 
detener en su furor el brazo del enemigo de su pueblo, había sido ella la 
víctima escogida y sacrificada en nupcial holocausto. Y ella, que admiraba 
á Judit decapitando á Holofernes rendido al prematuro sueño, y aun á 
Dalila cortándole á Sansón, tras dulces coloquios, la opulenta cabellera, no 
se sentía, sin embargo, con vocación bastante para imitar á aquellas es- 
forzadas mujeres, á quienes el sexo no sirvió de estorbo, sino de aliciente, 
en su patriótica empresa. Resignóse, pues, al sacrificio obscuro y silen- 
cioso, también grato á los ojos de Dios, y cuando Napoleón vencido ence- 
rró su grandeza en la isla de Elba, restituyóse ella con su hijo á Viena, J 



m 



204 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

tranquila por haber cumplido todos sus deberes y dichosa por sentirse de 
nuevo Archiduquesa en las frondosas alamedas de Schónbrunn. Allí per- 
maneció durante el Congreso, alejada de las ñestas palatinas más por el 
bien parecer que por su gusto, pero interviniendo desde su retiro en los 
negocios que la tocaban de cerca, y cuyo gobierno, juntamente con el de 
su Casa y Estado, había puesto en manos del General Conde de Neipperg 
con el título de Caballero de honor de S. Af., aunque otro más íntimo y 
menos honroso le diera la malicia. Advertida por Neipperg del desposei- 
miento que la amenazaba, imploró á título de dama desvalida la protec- 
ción de Alejandro, que se jactaba de caballero y fiel cumplidor de su pala- 
bra, y tal maña se dio para meterse en el corazón y ganarse la voluntad 
del poderoso Monarca, que al Zar debió el reinar en Parma, donde vivió 
muchos años felices y tranquilos, casada ya con Neipperg, sin remembrar 
jamás los tiempos heroicos de la epopeya napoleónica, que estaba para ella 
escrita en griego. 

Alejandro en Viena y Luis XVilI en París fueron los dos Soberanos 
que con Metternich y Castlereagh decidieron, el negocio de Parma, único 
que, por razón de nuestra Infanta, preocupó á España en el Congreso. Los 
demás Reyes que á él asistieron tenían otros intereses y cuidados. El de 
Prusia, fiel Acates de Alejandro, desbarató con su lealtad todas las conju* 
ras, en que el Congreso fué fecundo, encaminadas á romper la alianza ruso- 
prusiana. Al ventripotente é imperioso Rey de Wurtemberg acompañábale 
su hijo el Príncipe heredero, cuyos amores con la Gran Duquesa Catalina 
de Rusia despertaban universales simpatías. El agudo ingenio del Rey de 
Dinamarca le hacia pasar por el gracioso de la compañía; pero no le va- 
lió para sacar ventaja alguna para su reino, por lo que, al despedirse de 
Alejandro, como éste le dijera que se llevaba todos los corazones, pudo 
responder con verdad y fina ironía: «Los corazones puede ser, pero no me 
llevo ni un alma.» Por último: el Rey de Baviera era la bondad misma, y 
aunque había servido como Coronel en el ejército francés, y después con 
los aliados contra Napoleón, no contaba con ningún enemigo. Hallábase 
en Viena en familia, con su augusta esposa y sus dos hijos, ya mozos, 
y el segundo arrogantísimo; lo cual no fué obstáculo para que figurara 
como protagonista en una aventura amorosa que refiere el Conde de la 
Garde. 

Claro es que entre la muchedumbre que había invadido á Viena no 
todos eran Príncipes, ni muchos siquiera caballeros. Los Soberanos traje- 



ESPAÑA EN EL CONGRESO DE VIENA 



205 



ron sus respectivas Cortes, con sus altos cargos palatinos, Grandes Cham- 
belanes y Mariscales, Caballerizos y Monteros mayores, Edecanes y Gen- 
tiles hombres. Camareras y Damas de honor, con la correspondiente ser- 
vidumbre subalterna. Los Ministros de Negocios extranjeros vinieron 
con todo el aparato correspondiente al argumento de la comedia diplo- 
mática que iba á representarse; es decir; con un numeroso y brillante 
personal de Secretarios y Agregados de Embajada, destinados los unos á 
sudar tinta redactando ó copiando Actas y Memorias, mientras los otros 
soportaban la pesada carga de los deberes sociales y mundanos placeres. 
Llenaban las calles y salones, haciendo resonar sables y espuelas, una 
multitud de Generales y Oficiales, sin otro objeto aparente que el de lucir 
sus flamantes uniformes y las relucientes cruces que proclamaban sus ha- 
zañas y el de cosechar nuevos laureles /ejercitando su bizarría con las da- 
mas, ya deslumbradas por los marciales arreos. Había también muchos 
hombres de negocios; banqueros, atraídos por el olor de los empréstitos 
que preceden y siguen á las guerras; jugadores que vivían del tapete ver- 
de, ayudando al azar para desplumar incautos, y usureros, judíos y cris- 
tianos, que, con mengua de su reputación, acorrían á los menesterosos. No 
era menor el número de los artistas extranjeros de todo género que ha- 
bían invadido la ciudad: pintores que, como Isabey, venían á disputar á 
los famosos miniaturistas vieneses lauros y florines; músicos y comedian- 
tes que, envidiosos de Taima, soñaban con el aplauso de un público Jj 
Reyes; cantantes y bailarines, traídos ó venidos de todas partes para re- 
forzar los elencos de las compañías imperiales, y una muchedumbre de 
artistas anónimos para quienes el arte no era más que el sudor con que 
amasaban el pan cotidiano. Pululaban por el Graben, á caza de noticias, 
los infatigables diaristas y gaceteros, precursores de nuestros grandes 
reporters. Y, en fin, había acudido á Viena mucha gente maleante, sin 
oficio ni beneficio, que iba en busca de la ganancia que á tales pescadores 
suelen ofrecer los ríos de turbias y revueltas aguas. 

Pero todo este pueblo advenedizo de cortesanos, diplomáticos, milita- 
res, banqueros, jugadores, usureros, pintores, músicos, cómicos, cantan- 
tes, bailarines, diaristas y vividores de todo género hubiéralo pasado muy 
mal, tan mal como Adán en la soledad del Paraíso cuando gozaba de la 
integridad de sus costillas, si no hubiera tenido para distraerse y sola- 
zarse una legión de hijas de Eva, esquivas las unas, benévolas las otras, 
bellísimas las más y seductoras todas á porfía. Diríase que los habitantes 



Hi 



J?06 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

de Viena, aun los más sesudos y absorbidos por las graves tareas del Con- 
greso, habían tomado por lema los versos de la Aminta: 

Perduto e tatto il tcmpo 
Che in amar non si sp^nde. 

El idilio del Príncipe de Wurtemberg y de la Gran Duquesa Catalina 
de Rusia sirvió de ejemplo á muchos que, con honestos fines, requirieron 
de amores á encopetadas Dulcineas. Otros buscaron alguna dama de san- 
gre ilustre y carne pecadora con quien compartir en misteriosas citas los 
paradisiacos goces terrenales. Muchos, de gustos más rastreros ó más ex- 
quisitos, que esto es discutible, prefirieron saborear, en toscos y humildes 
vasos, supuestas primicias amorosas. Pero los más, por afición ó por ne- 
cesidad, acudieron á las cortesanas, que húbolas siempre en Viena famo- 
sísimas, con gran poder y en número infinito, émulas y herederas de aque- 
llas cortesanas griegas que ennoblecieron un oficio antes vil y, aunque 
necesario, despreciable, trocándolo en arte á que rindió culto una raza 
privilegiada de pensadores y de estetas. 

Una de estas artistas, que nada tenía que aprender de Ovidio, ni que 
envidiar á Friné, de nombre Carolina y de desconocida aunque tal vez ilus- 
tre prosapia, blanca y rubia beldad, en cuyos azules ojos, llenos de espe- 
ranzas y promesas, se retrataba el cielo, hallábase un día en su casa de 
plática con el buen Rey Maximiliano de Baviera, cuando se presentó un 
alguacil con una orden del director de la policía, p^ra que compareciera 
á responder de cierto escándalo nocturno que, por ruidoso, había moles- 
tado á los vecinos. Hay que advertir que la policía paternal de Viena cas- 
tigaba á las personas del sexo y del oficio de la bella Carolina con unos 
cuantos azotes, aplicados con el rigor correspondiente á la gravedad de ia 
falta, pero con toda decencia, en una apartada estancia y por mano de 
una dueña encargada de tan cruel ministerio. Recibir Carolina la misiva, 
presentarse ante sus azules ojos la visión de la furia empuñando el instru- 
mento del suplicio, sentir sus blancas carnes profanadas por las policía- 
cas é inciviles caricias y arrojarse llorosa á los pies de Maximiliano para 
que la amparara en tan apretado lance, todo fué uno. El buen Rey, mo- 
vido á compasión, llamó al alguacil, y dándose á conocer, declaró que 
aquella dama pertenecía á su casa y servidumbre, y gozaba, por lo tanto, 
del privilegio de ser sólo por él juzgada; con lo que se retiró confuso el 
policía y la beldad de los azules ojos probó á su augusto protector, como 



r" 



ESPAÑA EN EL CONGRESO DE VIENA 2O7 

ella sab'a hacerlo, que no es siempre el agradecimiento una palabra vana. 
Y así se convirtió en perdurable afecto un pasajero capricho, y cuando, 
terminado el Congreso, se restituyó Maximiliano á su reino, dejó á la aban- 
donada favorita cubierta de joyas y con una viudedad de 12.000 florines, 
que durante varios años pagó puntualmente el banquero de S. M. Todo, 
sin embargo, acaba en este mundo, y llegó un día en que acabó la pensión 
de la frustrada Dubarry, la cual, al saberlo, cayó desmayada en brazos del 
banquero encargado de darle la noticia. Desde entonces la bella Carolina 
siguió cobrando sus alfileres de manos del banquero; pero ya no figuró su 
nombre entre las pensionistas que gravaban el presupuesto secreto del 
Monarca bávaro. 

Algo hemos de decir aquí de los Ministros de Estado que decidieron la 
cuestión de Parma. A Metternich túvolo Labrador por incapaz, ligero, 
poco delicado y mujeriego. Y de ligero también lo acusó Talleyrand, di- 
ciendo que no perdía ocasión de divertirse, y que las fiestas consumían la 
mayor parte de su tiempo; pero en esto se traslucía cierta envidia, porque 
no eran las fiestas, sino las damas que á ellas concurrían lasque le tenían 
al Canciller sorbido el seso. Es innegable que tuvo esta debilidad, la 
cual, como todas las humanas flaquezas, fué mayor con los años y menos 
disculpable; pero no cabe afirmar que ella influyera por modo decisivo y 
con olvido de sus deberes políticos en las resoluciones del hombre de Es- 
tado. Dio éste al César lo que era del César, y lo que era suyo lo distri- 
buyó generosamente entre sus amigas. Se necesitaba estar cegado por la 
pasión ó tener, como Labrador, una potencia visual de escasísimo al- 
cance, para no descubrir en Metternich prenda alguna de hombre supe- 
rior. Quien presidió el Congreso de Viena y gobernó durante cuarenta 
años el imperio, que llegó en sus manos al apogeo de su grandeza en los 
modernos tiempos, no pudo ser una dorada medianía ni un intrigante vul- 
gar encumbrado y protegido por la fortuna. Esta tiene, á veces, inexpli- 
cables caprichos; pero no otorga sus favores por tan largo plazo á quien 
no los merece. El éxito reiterado y perdurable es obra del acierto y título 
de legitimidad para el ejercicio del poder. Que se equivocó Metternich más 
de una vez como Ministro. ^A qué gobernante no le sucedió lo mismo? 
Que fué hombre de muchas flaquezas. ¿Quién entre los humanos no las 
tiene? Pero si no llegó Metternich á las alturas en que se cierne el genio, 
tuvo un claro y singular entendimiento y fué, en el arte de negociar, maes- 
tro eximio. 




208 REVISTA DE ARCHIVOS^ BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

No le iba en zaga Talleyrand, y aun en la viveza del ingenio y la pro- 
fundidad del pensamiento aventajaba el francés al austríaco. Enamorado 
de la alianza rusa, ha censurado Thiers, sin razón, la labor admirable de 
Talleyrand en el Congreso. Mostróse allí lo que siempre fué: gran nego- 
ciador, hombre de Estado, buen patriota; y aunque los españoles no ten- 
gamos que agradecerle sino el haberse opuesto abiertamente á los pla- 
nes de Napoleón respecto á España, por lo que incurrió en la desgracia 
del Emperador, según nos cuenta en sus Memorias, y el haber hospe- 
dado á Fernando VII en Valen^ay poniendo á su disposición la rica bi- 
blioteca de que no quiso el Rey servirse, no hemos de pecar, como Labra- 
dor, de injustos y ridículos negándole las dotes que hicieron de Talleyrand 
uno de los primeros diplomáticos del mundo. 

No puede decirse otro tanto de Lord Castlereagh. Hubieran podido 
ser los ingleses, según Gentz, los arbitros de la paz en el Congreso, como 
lo habían sido de la guerra contra Napoleón. A ellos se debía, en primer 
término^ la victoria, por el tesón con que habían resistido y peleado y por 
el eficaz auxilio pecuniario que habían prestado á los aliados. Pero no 
aprovecharon todas las ventajas de su situación por la falta de habilidad 
de los negociadores. Era Castlereagh en extremo orgulloso, inflexible y 
tenaz, sinceramente convencido de que al defender ios intereses británi- 
cos no hacía más que defender los eternos principios de la justicia y del 
derecho, y temeroso siempre de comprometer su characier en nefandas 
transacciones. Porque Castlereagh, á diferencia de los demás Plenipoten- 
ciarios, tenía que contar con el Parlamento, cuyo gárrulo vocear sonaba 
en sus oídos y le incitaba á buscar aquellos triunfos diplomáticos que, aun 
siendo vanos, halagan el amor propio nacional y mueven al aplauso. Ha- 
llábase el noble Lord afligido de incurable tedio, al que buscaba alivio en 
el ejercicio, alguna vez ridículo, del baile; pero el esplénico mal creció 
después en Londres, ayudado por el propicio clima, y tuvo que apelar 
Castlereagh á un remedio heroico: el suicidio. Wellington, que reemplazó 
á Castlereagh en Viena, tuvo en los salones extraordinario éxito; pero 
ninguno en el Congreso, cuya labor diplomática podía ya considerarse 
terminada. 

Cuanto á los rusos, el Emperador Alejandro dirigió por sí mismo las 
negociaciones, asesorado de un Consejo, al cual no era llamado el Minis- 
tro de Negocios extranjeros Nesselrode, y que se componía de un polaco, 
el Príncipe Adam Czartorinski; de un griego, el Conde Capo d'Istria, y 



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ESPAÑA EN EL CONGRESO DE VIENA 2O9 

de un prusiafio, el Barón de Stein. Alejandro se había fijado en Stein 
dmát ]8i2 para hacer de él el arbitro futuro de los destinos de Alemania, 
y desempeñó un importante papel en la organización de la Confederación 
germánica. Gran indignación causó á Labrador leer en la Gaceta de Ma- 
drid (que no hacia más que copiar sin discernimiento las francesas é in- 
glesas) que el Ministro que pasaba por oráculo del Congreso y tenía en él 
mayor influencia era el Barón de Stein, que tenía poderes de más de 3o 
Principes del Imperio, pero que, no teniéndolos de ninguna de las ocho 
Potencias^ ni había asistido á conferencia alguna del Congreso, ni había 
sido, ni sería consultado sino para el punto del arreglo interior de los Es- 
tados de que había recibido poderes. De aquí deducía Labrador que no ha- 
bía que hacer caso de los elogios desmedidos que se tributaban á determi- 
nados Plenipotenciarios, porque los gaceteros a})enas habían dicho acerca 
de los negocios que se trataban en el Congreso cosa alguna que fuera con- 
forme á la verdad, bien porque no tuvieran medios de saberla, ó bien por- 
que casi todos los Gabinetes se sirvieran de las Gacetas para hacer correr 
las noticias que les acomodaban '. 

Al llegar Labrador, acompañado de Machado y de Bustillo, hallábase 
en Viena, representando á España, como Encargado de Negocios, D. Ca- 
milo de los Rios, que había reemplazado á Pérez de Castro á los pocos 
días de haber éste tomado posesión de su destino, antes desempeñado por 
Machado. Hijo natural del Conde de Fernán Núñez y de una cantante ita- 
liana, y hermano de nuestro Embajador en Londres, habíase criado fuera 
de España y parecía un francés hasta en su manera de hablar el caste- 
llano. Tenía talento y viveza, mucho mundo y gran manejo con las mu- 
jeres, especialmente con las viejas de algún inñujo, que suelen ser más 
sensibles que las jóvenes á ciertas atenciones, y mucho más agradecidas. 
El caballero de los Ríos, que así se le llamaba, había sido Agregado en 
Viena en 1798, durante la Embajada del Conde de Campo Alange, y con- 
taba con muchos amigos en la alia sociedad. Veíasele en todos los salones 
y solía comer, cuando no estaba convidado, en la fonda de la Emperatriz 
de Austria, cuya mesa redonda venía á ser un club, donde se reunían, 
huyendo de la etiqueta de los banquetes oficiales, muchos ilustres é im- 
po rtantes personajes, generales, embajadores, altos funcionarios palatinos 
y aun Altezas Reales. No teniendo los mismos gustos y aficiones, ni igual 

I Despacho número 263, de 17 de Enero de i8i5. 
3. »í POCA.— TOMO XV. 14 



210 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

educación y manera de pensar, no se entendieron Ríos y Labrador, ni tu- 
vieron entre si más relaciones que las puramente oficiales é indispensa- 
bles. 

Porque no era Labrador hombre de mundo. Criado en Extremadura 
y formado en Salamanca, no estaba destinado á la exportación; pero su 
paisano el Príncipe de la Paz^ de quien después renegó, lo llevó i la Se- 
cretaría de Estado, y allí le brotaron las icáreas alas de la diplomacia. A 
pesar de su nativa soberbia, sentíase algún tanto cohibido en Viena, y si 
bien asistía á cuantas fiestas le invitaban, no se le veía como á Ríos, 
en muchos salones aristocráticos en que no bastaba el mero título oficial 
para ser admitido. Había á la sazón plétora de personajes, y el que carecía 
de valor propio tenía que resignarse al papel de comparsa. Procuraron, 
además, los Embajadores extranjeros corresponder con banquetes y saraos 
á los agasajos que de la Corte y de la sociedad vienesa recibían; pero La- 
brador, en este punto, ni siquiera respondió á lo que, según Castelar, ha- 
bía derecho á exigir de todo Embajador español: «un buen cigarro, una 
copa de Jerez y nada más.» Claro es que cuando el gran orador imponía á 
nuestros diplomáticos esta frugal hospitalidad no habíamos perdido toda- 
vía las Colonias que nos suministraban el tabaco. No dio, pues, mucho 
que hablar durante su estancia en Viena nuestro D. Pedro, ni alimentó 
con sus dichos y hechos la crónica mundana, ni figuró como protagonista 
en ninguna de las muchas aventuras amorosas con que se regalaba á pasto 
la pública maledicencia*. Aquella atmósfera saturada de eróticos efluvio, 
debió poner á dura prueba la austera virtud de Labrador, y si acaso 
cayó en la tentación y pagó su tributo á la alma diosa, á quien se rendía 
no menor culto en Viena que en Pafos ó en Citeres, hízolo seguramente 
sin ostentación ni escándalo, á sombra de tejado, en las modestas aras de 
las sacerdotisas ambulantes que á la caída de la tarde pululaban en el Gra- 
ben dispuestas siempre al sacrificio. 

Tales eran las figuras, para nosotros principales, del Congreso, y tal el 
ambiente de ocasionados y pecaminosos galanteos en que vivieron, y que 
hemos creído oportuno recordar antes de entrar en la materia principal 
de nuestra investigación. Este ambiente no influyó, sin embargo, como ya 
hemos insinuado al hablar de Metternich, en los negocios de Estado. No 
había entre las Soberanas ninguna María Teresa, ni ninguna Pompadour 
entre las favoritas. Y en cuanto á las ninfas del Graben, no se sentían con 
vocación ni alientos de Egerias. Todas aquellas damas, exóticas ó indige- 



r 



ESPAÑA EN EL CONGRESO DE VIENA 21 1 

ñas, linajudas ó plebeyas, honestas ó pecadoras, ilustres ó anónimas, para 
nada se cuidaron de los trabajos diplomáticos del Congreso. Otra fué su la- 
bor más primorosa y más amena, y aun quizás más provechosa y más fe- 
cunda, sin que se permitieran traspasar las lindes de lo que fué siempre 
campo de acción y natural esfera de la influencia femenina. 

W. R. DE Villa- Urrutia. 
(Se continuará.) 




DE ARTE MAHOMETANO 



LAS MURALLAS DE NIEBLA 
(notas de viaje) 



Con otros edificios de igual aspecto, que forman el Arrabal, hallábase la 
posada, en que me albergué^ en la linde del ancho camino que bordea por 
su parte septentrional á Niebla; y como una decoración de teatro, á mi 
frente, con la pátina que los años dan á todo lo antiguo, alzábanse formi* 
dables los altos muros resistentes del recinto fortificado que la población 
defendía. Á trechos, más ó menos regulares, y en cuanto la vista lo con- 
sentía desde el punto en que me encontraba colocado, cuadradas torres, 
ya carcomidas por la acción inclemente del tiempo, se destacaban aún 
enhiestas de las murallas, despojadas como éstas de las almenas que las 
coronaron, y dejando ver casi todas ellas el diáfano celaje á través de los 
recortes y boquetes informes que las perforan. 

Rústicos bardales de pedruscos sobrepuestos sin trabazón, por entre 
los cuales asomaba la vegetación salvaje, corren á lo largo del recinto y 
cierran la faja de terreno cultivado que, desde la descompuesta prominen- 
cia en la cual han sido convertidos los escarpes, se extiende hasta llegar al 
borde del camino, ocupando lo que fué primitivo foso de la plaza. 

De ésta sabía yo por el Edrisí que tuvo fuertes murallas »; por Rodrigo 
Caro, que en el siglo xvii perduraban «muros, alcafares y torres» *, y por 

1 Ducription de VAfrique et d'Espagne^ pág. 178 del texto tribigo; 2i5 de la traducción 
francesa de Dozy y De Goeje (edición de 1866). 

2 Chorographia del Convento ivridico de Sevilla^ líb. III, cap. LXXXIT, fol* 221. 



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LAS MURALLAS HE NIEBLA 21 3 

las noticias recogidas en el Diccionario de Madoz, que subsistía circunva- 
lada «de una antigua muralla con torreones, teniendo un castillo medio 
arruinado, en el que — conforme el autor memorado expresa — estaba el 
alcázar ó palacio de los reyes moros», el cual, «según sus vestigios, sería 
magnífico» ^ Sabía también que, «pobre de bienes naturales y rica sola- 
mente en nobles y tristes ruinas», Niebla, en otras edades «fuerte, rica, 
potente y orgullosa», «sentada en un solio de granito», aparecía aún «ve- 
lada por altas murallas, y defendida por sólidos torreones», habiendo 
hecho, en sus buenos tiempos, «temblar á toda la comarca» ^. 

Lo que yo no sabía, aquello de que no tenía conocimiento ni idea, era 
precisamente lo que con solemne ingenuidad y elocuencia incomparable 
estaba á mis ojos declarando expresiva aquella vetusta y ruinosa cerca to- 
rreada, cuyo bélico aparato me seducía y cuyo aspecto me transportaba á 
los días, ya tan remotos, en que Niebla fué corte de un reyezuelo maho- 
metano, y en que Alfonso X, no sin fatiga, lograba, en 1257, sojuzgarla. 

Lejos, muy lejos de mi ánimo, estaba la pretensión ridicula de descu- 
brir á Niebla, ya que mucho antes que yo habían reparado en el interés 
y el mérito histórico y arqueológico de las murallas de la hoy humilde 
villa diversos escritores, y entre ellos principalmente, el que fué docto an- 
ticuario de la Real Academia de la Historia D. Antonio Delgado, en el 
Bosquejo histórico de Niebla^ que guarda manuscrito aquella insigne Cor- 
poración en su Biblioteca. 

Esto, sin embargo, no impedía mi entusiasmo; pues si aún existen en 
España poblaciones que conservan sus murallas, una y otra vez afanosa- 
mente reparadas,— ni subsiste entero el cinturón por ellas formado en torno 
del antiguo caserío, ni aparece aquél con la fisonomía propia de los tiem- 
pos y de la cultura á que corresponde, circunstancias una y otra que con- 
currían en Niebla, y dan, á lo que entiendo, valor excesivo al recinto amu- 
rallado de esta villa, la cual, aun con ser pequeña y escaso el caserío, no 
por ello deja de ofrecerse en muy varios sentidos interesante. 

Porque, á juicio del respetable D. Antonio Delgado, citado arriba 
—quien, por ser natural además de la provincia de Huelva, tuvo motivos 
sin duda para saberlo,—- no está la actual población de Niebla formada por 
la descendencia ni de aquellos musulmanes que con Aben-Mahfoth se rin- 
dieron al insigne Monarca autor de las Partidas^ y allí permanecieron 

1 Tomo XII, pág/160. 

2 Don Manuel Climent: Crónica d^ la provincia de Huelva^ pág. 5$. 



214 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

como mudejares^ ni tampoco por la de las gentes que acompañaron en 1257 
á don Alfonso á la conquista de la villa y allí se establecieron y fueron he- 
redadas, 

«Mestiza ú oriunda djsl África», distingüese de la del resto de la pro- 
vincia, según dicen, en usos y costumbres, aun á pesar del ambiente igua- 
litario que en los tiempos presentes se respira. Esta particularidad origi- 
naria de los habitantes de Niebla es explicada conforme «se encuentra en 
los antiguos cronicones». La explicación no deja de ser curiosa, sí por 
aventura es rigurosamente exacta, cosa que no me atrevo 'á resolver en 
modo alguno, inspirándome, por experiencia, muy poca fe los «crotiico- 
nes». 

4<En los siglos XIV y xv — dice el Sr. Delgado con arreglo á ellos— los 
mareantes de Palos, Moguer y Huelva frecuentaban la navegación de la 
costa de Guinea, de donde extraían esclavos negros para los mercados 
de Andalucía, dando de ello el quinto para la Hacienda [Pública, y por 
sostener el monopolio de este lucrativo comercio, hubo contiendas con 
Portugal, bien porfiadas y por muchos años.» «Las naves que condu- 
cían esta odiosa mercadería aportaban casi siempre á los puertos inme- 
diatos á Niebla, donde se negociaban los esclavos, y comúnmente que- 
daban muchos en el país, y cuando llegaba el caso de ahorrarlos, moraban 
en aquellos mismos pueblos, donde la raza se mantiene y perpetúa casi sin 
mezcla; pero al cabo de tantos años — expresa ya por su cuenta el Sr. Del- 
gado — ha perdido su primitivo color y degenerado en trigueño, y sólo 
mostrando su origen en la forma de sus fisonomías y en algunos rasgos del 
ángulo facial de la raza etiópica» K 

Mucha verdad podrá ser todo ello; pero confieso ingenuamente que, ni 
en la fisonomía de las mozas de la posada, ni en la de algunas otras perso- 
nas que pasaron por mi lado, nada advertí de extraño ni de particular de- 
nunciador de una raza distinta de la nuestra. 

Cuando, horas después, penetré en la villa, sí parecióme advertir, prin- 
cipalmente en los hombres, no sé qué gravedad en el aire y en el conti- 
nente de sus personas, no frecuente en los andaluces; en las mujeres no 
me fué dado observar cosa alguna, pues las pocas que vi, asomadas á las 
puertas de sus viviendas, aun con tener la color trigueña, no parecía se 
diferenciaban del tipo general de la provincia, bien que ofrecían semejan- 
zas indecisas con el tipo gitano. 

I Bosquejo histórico de Niebla^ ms. de la R. Acad. de la Hist., fol. 84. 



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LAS MURALLAS DE NIEBLA 



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De cualquier modo que sea, lo que á mí más me interesaba era el re- 
cinto amurallado que tenía á la vista; y así, antes de proceder al estudio 
del mismo, quise cerciorarme de que, con efecto, no había sido roto desde 
los tiempos medios por la natural expansión y el crecimiento de la villa^ 
como hube de comprobarlo hasta donde pude en aquella primera explora- 
ción matinal y en las que verifiqué más tarde. 

Cegado el foso primitivo de lo que llamaban al-medina los musulma- 
nes, no se hace en realidad grandemente difícil reconocer por la carretera, 
cual llevo dicho, la línea que aquél seguía, aunque la interrumpen á tre- 
chos los edículos que, como excrescencias ó protuberancias, aparecen 
adheridos á los deformados baluartes, pues, á través de tales construccio- 
nes, bien humildes por cierto, perfectamente se señala el primer recinto 
fortificado ó escarpa. 

Tampoco resulta peligroso ni ocasionado el distinguir á simple vista, en 
la cintura de murallas, lo que fué obra de los maestros alarifes musulma- 
nes de lo que fué labor de tiempos posteriores, tanto por el aspecto como 
por la índole constructiva, que son bien desemejantes uno y otra. Reve- 
lando las vicisitudes déla historia de Niebla después de la Reconquista, las 
defensas más orientales del costado septentrional, puesto en comunicación 
con el olivífero Axarafe por medio del puente, de que ya hablaba el 
Edrisí, obra son indudable de la xv.* centuria. 

Fórmanlas cuadrados torreones, que figuraron como integrantes del 
señorial castillo de los Guzmanes, convertido por la tradición vulgar en 
«alcázar ó palacio de los reyes moros», como en Madoz se lee: cilindricos 
tambores y tendidas cortinas, cuya fisonomía es la peculiar de las cons- 
trucciones de esta índole en el indicado siglo. Labradas de sólido mam- 
puesto, con aparejo de sillares en las aristas de los cubos, las torres, des- 
mochadas, desprovistas ya de la almenada crestería que hubo de coronar- 
las, pero solemnes aún y señoriles, presentan, como los tambores, grandes 
grietas y boquetes irregulares abiertos en sus muros, siendo posible por 
esta causa apreciar la construcción en todos sus detalles. 

Sencillo y característico molduraje recorre á un tercio de su altura los 
cansados propugnáculos, y de los ángulos de éstos avanzan escalonadas 
ménsulas de piedra, las cuales hubieron de servir para soportar salientes 
matacanes en la zona superior y almenada, que ha desaparecido, y cuyos 
escombros hacinados no permiten el acceso á la plataforma. Como símbolo 
de descomposición, y á modo de penacho que hace oscilar el viento, por 



2l6 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

entre ellos crece victoriosa la inculta hierba posesionándose de todo, dando 
á aquellas ruinas venerables de la era medioeval apariencias por extremo 
pintorescas, y proclamando asi su triunfo perennal sobre las vanidades de 
la Historia. 

Pudo, movido por la necesidad y por el instinto de la legítima defensa, 
rendir á la Naturaleza el hombre tras lucha porfiada y fatigosa; hacerla al 
postre esclava suya; someterla dócil á sus designios un momento, para 

fabricar alcázares y propugnáculos Pudo creerse triunfador en la 

eterna contienda, y legar así, desvanecido y soberbio, memoria de su vida 
y de su triunfo á las generaciones; mas la Naturaleza es invencible, á des- 
pecho de todas las transformaciones á que se la someta, y de sí propia 
renace sin cesar con incontrastables bríos. Y si, sorprendida un punto, pa- 
rece doblegarse por la violencia al capricho y á la voluntad humanos, re- 
cobra siempre la perdida independencia al cabo, y rebelándose con impulso 
irresistible, sojuzga, señorea, humilla y borra constantemente las obras del 
hombre, aniquilándolas poderosa. 

Tal pensaba yo, contemplando el triste espectáculo de aquellas defor- 
madas reliquias, expresión elocuente de ¡deas, de necesidades y de tiempos 
que pasaron, y que, conservando todavía el sello de una edad y de una cul- 
tura próximas á desaparecer entonces, están en su abandono condenadas 
ellas mismas á experimentar igual suerte. Ya lo dijo el poeta: 

«¡Las torres que desprecio al aire fueron, 
á su gran pesadumbre se rinJieronl» 

Más modernas, menos sombrías y más acicaladas, pero no menos fuer- 
tes que las de Avila, son los muros de esta parte del recinto de Niebla; 
parecíanme, con todo, aquellas torres, inmóviles guerreros, fatigados y mal 
heridos, descansando de la sangrienta lucha al amparo de sus tarjas mal- 
trechas, cubiertos con los restos de recias armaduras y de cotas, cuyas 
aceradas mallas eran con varia entonación fingidas á mis ojos por el irre- { 

guiar y manchado mampuesto de que está labrado el baluarte. 

• Aparecen estas construcciones principales, que tal efecto me produ- 
cían, precedidas de otro primer y desahogado recinto exterior de igual 
naturaleza, por cima del cual destacaban aquéllas airosamente, y cuyos 
muros se hallan provistos de estrechas saeteras, perforados á trechos, 
á trechos derrumbados, y conservando alguna vez las almenas del para- 
peto, cuadradas, y bien distintas de las de otras fortalezas, insistiendo la 



LAS MURALLAS DE NIEBLA 



41: 



fábrica sobre la escarpa misma, cubierta hoy por vistoso tapiz de exube- 
rantes parietarias. 

Por su fisonomía, tanto como por su labra, despertó en mi ánimo inte- 
rés muy subido desde el primer momento el resto de las fortificaciones. 
Obra conocidamente de muslimes, y describiendo el perímetro de la que 
fué al-medina, con poco más de dos kilómetros de desarrollo, dilátanse las 
murallas en oscilante línea, la cual dibuja, en torno de la eminencia no 
grandemente pronunciada donde aquélla tiene asiento, un polígono irre- 
gular en su conjunto, visiblemente accidentado por la parte del Mediodía, 
por donde corre el Tinto, y de más regular proyección por el lado del 
Norte que mira al Arrabal, en que me hallaba. A la vista, la cerca en su 
totalidad afecta la figura de imperfecto elipsoide, cuyos extremos ó ejes 
longitudinales, bien que no con entera exactitud, señalan el Poniente y el 
Levante. 

Construida quizás sobre residuos de antiguas fortificaciones, si en al- 
gún modo quedó en los tiempos medios algo de la romana lllipula^ los 
derrumbamientos frecuentes han acumulado los escombros en forma de 
montículos al pie de la torreada cortina, dificultando é impidiendo así la 
comprobación de aquel supuesto, que sólo racionalmente puede aceptarse, 
pues no hallé, ó no distinguí á lo menos por ninguna parte, nada que me 
pareciera tener con los romanos relación ostensible y determinada. Tanto 
los cuadrados torreones que de la muralla destacan como las murallas mis- 
mas, semblante hacen de descansar sobre resistente fábrica de sillería, aun- 
que no es dado afirmarlo cual cosa cierta é incontrovertible, continuando 
por todo el circuito labrados unos y otras de fortísimo hormigón, por el 
tradicional procedimiento de tapiería. 

Porque, contrastando en el procedimiento constructivo con la parte 
examinada y que al siglo xv corresponde — la cual es de mampuesto, —el 
resto del recinto formidable de Niebla es de tierra; y aunque había tenido 
ocasión de advertir en torres y propugnáculos más ó menos aislados de^ 
diversas regiones españolas el empleo de este mismo procedimiento, jamás 
hasta entonces le hallé utilizado de aquella suerte. Delante, pues, del re- 
cinto fortificado y así construido de la que había sido en el siglo xin corte 
de Abén-Mahfoth, recordaba yo las despectivas frases y el desdén con que 
escritores antiguos y modernos habí.n hablado siempre de otra construc- 
ción militar, de grande importancia y singular renombre, en otra pobla- 
ción insigne, adquiridos una y otro después y á consecuencia de las obras 



1 



21 8 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

transformadoras en el edificio á que aludo emprendidas con anhelos de 
fastuosa grandeza por el César Carlos V, y principalmente proseguidas 
luego por su hijo Felipe 11. 

Me refiero al Alcdí^ar de la que fué en otros tiempos Ciudad de los 
Concilios, de la imperial Toledo, corte de los monarcas visigodos, y mu- 
cho más tarde de los régulos berberiscos que habían de entregarla al 
triunfador Alfonso VI. De aquel Alcáí^ar^ decía el sabio autor de las 
Partidas estar labrado «de paredes de tierra, asy como ;lo departen los 
que lo cuentan muy concysamente» » , dando con ello á entender se hallaba 
por el mismo sistema construido que el recinto de Niebla, enhiesto á mi 
presencia después de tantos siglos y de tantas vicisitudes como había ex- 
perimentado hasta llegar á nuestros días. 

Por no ser ya el de tapiería procedimiento reputado ante los construc- 
tores cristianos de solidez bastante para obras militares defensivas de las 
poblaciones, y haber sido reemplazado por el del mampuesto, menos cos- 
toso que el de cantería — también utilizado en este linaje de fábricas, — 
era, sin duda, por lo que en el siglo xiv aseguraba solemnemente el fa- 
moso Canciller Pero López de. Ayala en su Crónica del Rey Don Pedro, 
que Alfonso VI «mandó facer un Alcázar» en Toledo *, como si no lo hu- 
biera tenido la ciudad anteriormente, cuando consta todo lo contrario; y 
como no era tampoco comprensible para los escritores de la era del Rena- 
cimiento que edificio de tanta importancia fuera de tapias de tierra, dié- 
ronse á menospreciarle, concluyendo por afirmar, con el ejemplo y el tes- 
timonio para ellos autorizado del dicho Canciller, que no existió semejante 
Alcázar hasta que fué construido por Alfonso VI 3. 

Y allí, no había duda. Sólida, resistente, formidable, era la cerca de 
Niebla; más sólida que el señorial castillo de los Guzmanes, construido de 
mampuesto centurias después, y en mayor ruina que ella, lo cual demues- 
tra, con circunstancias que podría llamar agravantes y mencionaré luego, 
que el procedimiento constructivo del cual se sirvieron los alarifes musul- 
manes orillas del Tinto, como orillas del Tajo, era inmejorable, y que el 
Alcáí^ar primitivo de Toledo no fué cosa baladí ni de poca monta, sobre 



1 Estoria de Espanna, IV parte, fol. 55 (Ms. núm. 8.539 de la Bibl. Nac). 

2 Año 1351, cap. XVII, pág. 56 de la ed. de Llaguno. 

3 Esta es la opinión común, de la cual se apartó discretamente D. Sixto Ramón Parro en 
su Toledo en la mano. Los lectores que desearen mayor ilustración en este punto pueden ser- 
virse consultar la pág. 183 y siguientes de nuestra Toledo en los Monumentos Arquitectónicos 
de España, donde estudiamos el Alcázar. 




LAS MURALLAS DE NIEBLA 



2L9 



todo si se tiene en cuenta lo singularmente accidentada que fué la vida de 
esta última ciudad durante el período entero de la denominación muslí- 
mica. Era evidente, por tanto, que no tuvieron razón aquellos que menos- 
preciaron la fortaleza toledana porque estaba construida «de paredes de 
tierra)^, como dice el Rey Sabio. 

Si en la de la antigua Illipula los ángulos exteriores de los torreones y 
demás cuerpos salientes están reforzados por sillares, visibles son y se os- 
tentan como á gala las señales de los cajones dentro de los cuales fué la 
tierra, el hormigón, convenientemente apisonado, produciendo tales huellas 
al primer golpe de vista el efecto de ser la obra de enormes bloques labra- 
dos en rojiza piedra, sentados en perfectas hiladas, y cuyas llagas ó junturas 
aparecen indicadas todavía por blancas líneas de cal, que el transcurso de 
los años no ha ennegrecido ni borrado por completo en todo el circuito. 

No lejos de la principal entrada á la villa por el Arrabal, la muralla se 
ofrece en alguna extensión cortada á Oriente, por el punto en que tienen 
su comienzo las obras del castillo de los antiguos Condes de Niebla, el cual 
se ha supuesto «alcázar ó palacio de los reyes moros», como en otro lugar 
indico, bien que sin señal, vestigio ni rastro que compruebe y acredite 
haber sido aquel el emplazamiento de fábrica semejante, y de «magnífi- 
ca» reputada. Aun sin otros datos respecto de este particular que los tra- 
dicionales, confieso no hallé desprovista de verosimilitud en absoluto la 
hipótesis, haciéndome grande fuerza para ello, tanto el hecho de haber 
sido aquel el paraje elegido por los Condes para edificar su aristocrática 
morada en lugar de la que antes existía, y donde se aposentaron sus pre- 
decesores, como el de no encontrar en el interior de la villa ni vestigio de 
construcción de importancia asemejable, ni sitio más apropiado y conve- 
niente, dado el carácter eminentemente militar que tuvieron los alcázares 
mahometanos. 

A trechos, hacinábanse en la cortadura á que me refiero montones de 
escombros, formados por ya viejos desmoronamientos de las fortificacio- 
nes, y se hacían extensos corrales solitarios, y se levantaban casas de hu- 
mildísimo aspecto y bien tristes apariencias, las cuales casas, después de 
flanquear atrevidamente y como tumefacciones morbosas la entrada prin- 
cipal mencionada, apoyándose en los salientes de la fortificación, y ocu- 
pando el emplazamiento sin duda de la poterna que avanzaba para dar sa- 
lida por la puente levadiza sobre el foso, llegaban eslabonadas entre sí, y en 
mísera procesión pungente, á lo que subsiste del castillo de los Guzmanes. 



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220 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

Por la estrecha, torcida y empinada callejuela mal empedrada que en 
esta disposición y forma se abría delante de mí, dando acceso y poniendo 
en comunicación el Arrabal con la histórica villa, hube de aventurarme, 
movido por el afán de conocer de cerca el recinto amurallado. Compuesta 
de ediñcios harto humildes, desemboca dicha calleja á los pocos pasos en 
un recodo, y frente á ella se levanta erguido y majestuoso torreón cua- 
drado, que avanza sobre la cortina de la cerca. Preséntase de costado, y 
su aspecto hubo de cautivarme desde el primer momento, predisponiendo 
el ánimo para la contemplación de mayores maravillas. Llaman al torreón, 
que es practicable y una de las primitivas entradas, la principal, sin duda, 
de la villa. Puerta del Socorro, acaso por alguna tradición más ó menos 
histórica y de mí desconocida, ó por ser aquel apelativo la advocación de 
la imagen de la Virgen pintada en el borroso lienzo que, por piadosa cos- 
tumbre, se ostenta en el interior obscuro del torreón memorado, lo cual 
me parece muy probable. 

Gruesos sillares, calzados á veces y aun recompuestos con ladrillo, 
forman en toda la altura de la construcción la cadena de viva arista de la 
misma; el frente mayor que da al Norte y, por consiguiente, mira al Arra- 
bal, está labrado de hormigón, rojizo, como el de toda la cintura de mu- 
rallas, por la calidad ferruginosa del terreno; pero el costado oriental, 
donde la puerta se abre, hasta un tercio ó poco más de su altura, se halla 
construido de sillares, colocados con regularidad en hiladas que coinciden 
con las de la cadena y desigualmente dispuestos sobre la clave y las dove- 
las del ingreso, donde se mezclan y confunden con otras piedras los de 
diversas dimensiones. Desde este punto, el resto del torreón es de hormi- 
gón también, como el trozo de muralla que forma el recodo y prosigue 
hacia Levante, y lo son las agudas piramidales almenas que aún vistosa- 
mente coronan el baluarte. 

Aquel desorden constructivo bien evidente, y que por no ser procedi- 
miento de ningún pueblo, ni puede ser achacado al muslime ni ha de ser 
tampoco referido á impericia del alarife que dirigió la obra, parecióme re- 
velar, con otras indicaciones que he de hacer luego, una reconstrucción, 
de la cual pudo ser fruto la parte de hormigón apisonado que constituye 
el tercio superior del torreón por esta parte; pero si tal no hubo, pues no 
me fué dado comprobarlo, por lo menos es signo de que aquel ingreso 
experimentó quizás alguna reforma después de la reconquista de la villa 
en 1257. 



REV. DE ARCH., BIBL. Y MISEOS 



TOMO XV. — LAM. IV 







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^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^H. f , ^M 



NIEBLA. — LA «PUERTA DEL SOCORRO» EN EL RECINTO N. 



LAS MURALLAS DE NIEBLA 




De cualquier modo que se estime, lo que hay de cierto es la progenie 
muslímica de tal iábrica; y si ésta por aventura resulta contemporánea del 
resto de la cerca, — de modo expresivo depone respecto de la época en la 
cual, aproximadamente, fueron erigidas las fortificaciones musulmanas de 
Niebla que subsisten. En el plano común del paramento de la torre que, 
como llevo dicho, es de grandes sillares en su parte inferior, hácese un 
recuadro de plano más interno, y en él se abre y voltea gracioso arco de 
herradura, algún tanto apuntado y con hombros prominentes, el cual, fuera 
de aquella circunstancia, por su disposición, por sus dimensiones y por su 
aspecto, á mi memoria trajo la del arco interior y malamente tabicado de 
la Puerta Antigua de Bisagra en la egregia Toledo. Uno y otro de silla- 
res son construidos; uno y otro aparecen inscritos como en propio arra-- 
baá, en recuadro asemejable, y uno y otro acusan el mismo procedimiento 
constructivo, si bien, á mi juicio, ha de reputarse obra posterior, aunque 
no en largos años, la de la Puerta del Socorro en Niebla, que parece 
corresponder á las postrimerías del período almohade, y en su apunta- 
miento revela influencias reformadoras que no llegaron á la Toledo mu- 
sulmana, y habían de fructificar adelante en las orillas del Genil y del 
Darro. 

Por estar en uso y conservar su nivel primitivo el pavimento, resulta 
más gallardo este arco, así como umbién es su curva más elegante. De 
buena construcción, y con arte adovelado, adviértese que la dovela central, 
con la cual se cierra como clave la arcatura, excede en longitud á las res- 
tantes que giran en torno de ella, subiendo hasta el tercio superior y que- 
brantado del arrabaá que le encuadra. A este quebrantamiento aludía 
arriba, para sospechar por él alguna reconstrucción, si no es producto 
aquel desperfecto de violencias inevitables en la guerra. Conforme acon- 
tece con la portada interior mencionada de la Puerta Antigua de bisagra 
en Toledo, tampoco ostenta por aventura ésta exorno de ninguna especie^ 
ni hay indicios, cual ocurre también en aquélla, de que llevara sobre el 
arco tabla epigráfica declarativa de su nombre, del del sultán que dispuso 
la labra y de la fecha en que hubo de llevarse la construcción á cabo. Sólo 
es de notar que, siendo el hueco de la puerta estrecho para el tráfico y la 
vida de la villa ~ como lo es el de la otra famosa Puerta toledana — , ha 
sido violentamente ensanchado en su parte baja á fin de facilitar el trán- 
sito de los carros y demás vehículos que por allí hacen su entrada, y que 
la afición á la cal de Morón por parle de los habitantes de la antigua ////- 



222 REVISTA DE APCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

pula es tal como para haber enjalbegado con ella, no sólo gran porción de 
la arcada, sino el interior de la torre en que abre aquélla. 

Fué para mí indudable, pues, en conclusión, dados los caracteres ar- 
quitectónicos en la fábrica ostensibles, que hubo de ser construida á los 
fines del siglo xii de nuestra era, ó en los comienzos del xiii, y cuando las in- 
fluencias artísticas importadas por los almorávides y los almohades se ha- 
bían aclimatado en Al-Andálus y producido fruto entre los musulmanes 
españoles. Podría aparecer semejante afirmación, sin embargo, no del todo 
justificada, por lo que hace al total de las fortificaciones y defensas de la 
villa, si por acaso fuere la Puerta del Socorro el único ejemplar que de 
tal arte y de tales influencias en el recinto subsistiera; pero, á dicha, 
hallé aún tres puertas más, que son las únicas conocidas, y de las cuales 
hablaré adelante, y en ellas se reproducen los propios caracteres. Todas 
ellas de concierto, concurren, pórconsiguiente,á producir la demostración 
clara, precisa y concluyeme de que el actual recinto amurallado de Nie- 
bla, ni es el de la plaza fortificada (oppidum) que labraron los romanos, 
ni es tampoco el que hubieron de construir los Beni-Yahya en el siglo xi '* 
sino el erigido acaso cuando, arrojados de la Península en el siglo xiii los 
sectarios de Abd-el-Múmen, que habían aportillado y maltrecho los mu- 
ros de la fortaleza iilipulense al conquistar la plaza; cuando, intentada 
por los Beni-Merines de África la reducción de la España muslime, y 
cuando, entregada ésta al mayor desconcierto que tan favorable y propicio 
fué á las armas de Alfonso VIII y de Fernando III,— y á consecuencia del 
cual, de las ruinas del imperio almohade surgen nuevos estados indepen- 
dientes y propiamente españoles,— Niebla y su distrito con los Beni-Mah- 
foth sus soberanos, se reconocían vasallos del poderoso reino de Castilla. 

Encaladas, conforme se muestra gran parte del arco y el interior de la 
torre, todavía conserva aquella entrada las piedras gorroneras donde gira- 
ban los batientes; pero no hallé indicio de compuerta, así como tampoco 

I Aunque no es la Historia de la dominación de los árabes en España, escrita por nuestro 
D. José Antonio Conde, merecedora de entero crédito, ni en rigor absolutamente digna tam- 
poco del menosprecio con que algún escritor de nuestros días en totalidad la presenta, conviene 
recordar cómo aquel autor refiere que, triunfante el partido español contra los almorávides en 
Mértola, Ocsonoba, Silves y otros lugares del Aigarbe, determinaron sus caudillos «pasar con 
su gente el Guadiana, y fueron sobre Welba, y la cercaron, y sin mucha resistencia la entraron». 
«Pasaron de allí á Libia (Niebla) y la pusieron cerco, y la combatieron con muchas máquinas, y 
vino al campo en su ayuda nueva gente de Algarbc, y después de recios combates la entraron 
por inteligencia y favor de Ju<;ef ben Ahmed el Pedruchí, un Aleayde de los rebeldes y descon- 
tentos de aquel tiempo, que les entregó una de las torres que defendÍA por los Almorávides» 
(tomo II, pág. 277). Las fortifícaciones, tras de las cuales se resistió Niebla á los musulmanes es- 
pañoles, eran notoriamente las de Beni-Yahya. 




LAS MURALLAS DE NIEBLA 223 

del peine que debía defender el segunto recinto. Encalada también la bó- 
veda sobre la cual descansa el macizo de la construcción, no me fué dable 
decidir á simple vista si existían huellas de las correderas del peine, y si 
los materiales en la fábrica son piedra ó ladrillo, señalándose en el muro 
de la derecha dos arcos de sillería, ya deformados, en el último de los 
cuales aparece el lienzo con la imagen de la Virgen del Socorro, frente á 
la salida posterior del torreón para la villa. 

La natural expansión y el desarrollo y crecimiento de las poblaciones, 
sobre todo las de mayor categoría y aun importancia histórica, han hecho 
desaparecer los recintos amurallados que en tiempo de los musulmanes 
las cercaron y las defendieron, pero que las oprimían y sofocaban cuando 
ya no eran aquéllos útiles ni necesarios, y con ellos, ó por causas diferen- 
tes, han sido destruidas las antiguas torreadas puertas que abrían en las 
murallas. Ha venido á resultar de aquí forzosamente que no sea ya, ni 
mucho menos, grande el número de tales entradas, de indudable filiación 
muslímica, en las cuales sea lícito estudiar y conocer el plan seguido en 
ellas por sus constructores, si es que se conservaron en su integridad , y 
disposición originarias. 

Sometidas, principalmente en este último concepto, á las exigencias de 
la defensa,— como construcción militar y como miembros importantísimos 
en el recinto, debían todas ellas cumplir su fin con arreglo á un padrón, 
no modificado mientras no lo hicieron preciso las armas de combate; y 
este fin, con el de ofrecer la mayor resistencia posible al enemigo que ase- 
diase la plaza, hallábalo yo cumplido en la Puerta del Socorro, aunque no i^ 
se mostraran patentes ni el sitio de la compuerta ni el de las correderas 
del peine, el cual hubo de acrecentar en ellas los medios defensivos. 

Dentro del torreón — donde tampoco hallé al exterior señales ni de 
matacán, ni de mira ni de saetera — hacíanse dos diferentes y consecuti- 
vos recintos, de que me daban indicio claro los dos arcos deformados y de 
^ resistente sillería que se dibujaban interiormente en el muro de la dere- 

cha; entre ellos y el muro izquierdo del Mediodía debió correr el peine, de 
sólida construcción, chapeado de hierro y provisto de agudas y salientes 
púas, separando el primero del segundo recinto. En éste, la dirección de 
la entrada torcía en ángulo recto al Mediodía y formaba un recodo, que es 
el que desemboca en el interior de la plaza; de suerte que las condiciones 
defensivas de la puerta resultaban acrecentadas por aquel procedimiento, 
del cual sólo recordaba como similar el del torreón llamado Puerta de la % 



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224 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

Lty Ó Bib'Xariya, en el recinto amurallado de la Alhambra de Granada. 

No parece concurrir esta circunstancia en la Puerta antigua de bisa- 
gra en Toledo, aunque la juzgo originariamente anterior á la del Socorro 
en Niebla; pero debe ser para mucho tenido en cuenta que la famosa 
Puerta toledana ha experimentado grandes reformas desde la Reconquista. 
Sin embargo de las deformaciones de que ha sido objeto, conserva una 
salida al frente meridional, que forma ángulo, también recto, con la en- 
trada al Occidente, y bien puede ser residuo de la primitiva construcción 
mahometana, por más que no me resuelva á afirmarlo en absoluto. 

Iba en tales cosas pensando, cuando me hallé en el interior de la plaza, 
traspuesto ya el recodo que me había de aquella suerte preocupado. Hacia 
el lado de Poniente de la Puerta hallé, destruida ya en mucha parte y 
practicable apenas, la gradería de piedra y argamasa que daba acceso al 
adarbe ó banqueta de los baluartes, mostrándose desde el interior las 
murallas con no menos de seis metros de elevación, la cual sensiblemente 
varía con arreglo al desnivel producido en el terreno por los desmorona- 
mientos de las mismas y por los escombros de las construcciones adosa- 
das un tiempo á ellas, de suerte que el torreón de la Puerta del Socorro 
se^ofrece con mayor altura de la indicada. 

Faltos los muros ya de las almenas que guarnecieron las fortificaciones, 
así como del parapeto que hubo de resguardar por la parte interior el 
adarbe, hállanse coronados aquéllos por una hilada de anchos sillares, des* 
tinados, sin duda, á la preservación de la obra de tapiería. Bastante más 
de un metro, dos acaso, calculé tendrían de espesor; y repartido éste entre 
el cuerpo de almenas, el adarbe propiamente dicho y el parapeto, parece 
que, poco más ó menos, hubieron de corresponder o,5o metros al primero, 
1,20 al ándito del adarbe y quizás o,3o, por último, al ancho del parapeto. 
No podía, pues, causar extrañeza ni sorprender á nadie, supuestas y debi- 
damente apreciadas estas condiciones, que, cuando en la guerra de la 
Independencia fué Niebla estimada por los invasores «cabeza de la co- 
marca)>, por estar la humilde villa situada, como dice el Conde de To- 
reno, «en buen paraje para enseñoreara el distrito, se fortificase en ella 
el Mariscal Soult el año de 1810, 4<aprovechándose de sus antiguos repa- 
ros» ó defensas, cuya solidez era notoria. 

Claro es que las modernas armas de combate hicieron imprescindibles 
ciertas obras, con cuyo motivo fueron hallados en las murallas, según 
aquel historiador expresa, «bastantes restos de la dominación romana». 





LAS MURALLAS DE NIEBLA 223 

de que no tengo otra noticia, los cuales habría sido interesante cono- 
cer para la historia particular de la antigua IlHpula; pero, de todas mane- 
ras, lo que resulta evidente es que, á pesar del tiempo transcurrido, aque- 
llas murallas constituían sólida defensa, y tanto, que habiendo resuelto 
apoderarse de Niebla á la sazón nuestro General Blake, no logró conse- 
guirlo, ni triunfar de la resistencia que le opusieron, con estar construidas 
de tierra ». 

De mayor elevación que la cortina son todos los torreones, y dan acceso 
á ellos desde el terraplén cierto número de gradas que facilitan el paso á 
la plataforma de los mismos, que es cuadrada, como la planta de los to- 
rreones memorados. La del de la Puerta del Socorro conserva casi com- 
pletas las almenas, las cuales son de compacto y siempre rojizo hormigón, 
y de elegante forma puntiaguda, como las de los torreones que aún existen 
en lo que fué fortaleza de la Alhambra de Granada. Tales son la solidez 
de la argamasa de que están compuestas, y la cohesión de la misma, que, 
desprendidas de su primitivo asiento en el muro, yacen sobre los escom- 
bros en una pieza y sin que aparezcan por el golpe quebrantadas. 

Tuve así ocasión de advertirlo principalmente en las corralizas forma- 
das, según he dicho antes, en la cortadura de las fortificaciones, á la parte 
oriental de la referida Puerta del Socorro, trayendo á mi memoria el re- 
cuerdo de los trozos de canal, enteros, y de hormigón formados que, caídos 
desde uno de los dos acueductos romanos por los cuales se surtía de agua 
la antigua Augusta Emérita, en las orillas del Anas, permanecen en el 
suelo también sin quebranto, y como si, cuidadosamente, hubieran sido de 
propósito depositados en tierra. 

Convencíme bien pronto de que, á lo menos sin un guía y sin los me- 
dios adecuados, no era realizable el intento que abrigué de recorrer hacia 
Poniente por el adarbe la línea de murallas que circunda la villa. Grande 
habría sido mi satisfacción si, luego de restauradas las fuerzas convenien- 
temente, y cuando torné á mi tarea, hubiese hallado manera de conse- 
guirlo; pero, desmoronados en muchas partes los muros de la cerca al in- 

I Refiere el Conde de Toreno la expedición de Blake á Niebla, «villa á la derecha del Tinto, 
rodeada de un muro viejo y de un ca*;tillo, cuyas paredes, en especial las de la torre del Home- 
naje, son de un espesor desusado». Al trente de 600 suizos, mandaba allí el Coronel Fritzherds; y 
comenzado por las tropas españolas el ataque la noche del 30 de Junio, como no llevase consigo 
Blake artillería de sitio y las escalas, «aunque añadidas y empalmadas resultaron cortas», vióse 
obligado aquél á desistir de su propósito y á retirarse, por último, sin conseguir nada el 2 de 
Julio (Historia del lepantamiento, guerra y revolución de España, líb. xiv, pág. 329 de la edi- 
ción de Rivadeneyra). 

3.* ¿POCA— TOMO XV 1 5 



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226 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

terior, la comunicación se halla con frecuencia interrumpida, obstáculo, 
sin embargo, no invencible á contar con los recursos indispensables. De- 
sistí á la fuerza del propósito, como Blake había en 1810 desistido de ha- 
cerse dueño de la villa, y continué mis observaciones, por las cuales se 
fortaleció la persuasión en que estaba de que aquel recinto amurallado de- 
bía ser á todas luces merecedoi^de que en él se fijara la atención de los en- 
tendidos y el Estado tendiese sobre él su mano protectora para evitar en el 
porvenir la ruina, por ser el único que en tal estado subsiste, á lo que en- 
tiendo, de cuantos construyeron los muslimes para defensa de sus ciudades. 

Hasta el de 46 ll^a el número de los torreones que conté en todo el 
circuito. De planta rectangular son los que corresponden á los tiempos 
anteriores á la Reconquista, no faltando en los del castillo los cilindricos y 
los poligonales. Por lo que me fué lícito advertir, cuatro fueron las entra- 
das que tuvo el recinto de la plaza en los últimos días de la dominación 
islamita, y siendo todas obra conocida de este tiempo, parece conservan 
su denominación originaria las más de ellas. Orientadas perfectamente ha- 
cia Levante, flanqueadas por otras análogas defensas y practicadas en el 
interior de robustas torres cual la Puerta del Socorro — cuyo nombre, si 
es por aventura traducción del primitivo, pudo ser el de Bib-an-Nassri — , 
ábrense al exterior en el frente lateral de aquel lado en cada torreón, tor- 
ciendo luego su trayectoria en ángulo recto, para salir á la villa por el 
frente posterior del baluarte, disposición característica, notada ya al hablar 
de la primera Puerta que me salió desde el Arrabal al paso. 

La más occidental corresponde al lienzo de la fortificación que, con 
mayor irregularidad en su desarrollo, cae á la margen derecha del río 
Tinto, paraje en el cual se halla interrumpido y roto el muro. Por hundi- 
miento, sin duda, de la bóveda y de la plataforma aparece hoy cerrada con 
piedras y ladrillos, y su nombre es desconocido totalmente, encontrándose 
colocada frente á la moderna Puerta llamada del Buey, que mira por ex- 
cepción á Poniente, y que, perforando un resto del murallón, por maravilla 
en pie, carece de importancia y de carácter K 

I La tradición, que todo lo explica y todo lo razona, quiere que la Puerta del Buey sea 
una de las primitivas, y afirma recibió el apelativo porque, deseando Abén-Mahfóih encubrir á 
don Alfonso X y á los cristianos que en 1257 cercaban la villa, la escasez y miseria á que sus de- 
fensores habían llegado con la falta de mantenimientos, arrojó por allí un buey cebado en di- 
rección al real de don Alfonso. La especie es de tal condición que no hay para qué refutarla. 
Acaso el nombre, terriblemente adulterado, fuera el de la Puerta lodada, y el Buey, corrupción 
de al'Guadi, pronunciado al-Güed, en cuyo caso sería Bib-al^Güed ó Bib-al-Guadi, Puerta del 
rio, la denominación de esta entrada. 



REV. DE ARCH., BIBL. Y MUSEOS 



TOMO XV. — LAM. V 




NIEBLA. — PUERTA TAPIADA EN EL RECINTO MERIDIONAL Y FRONTERA Á LA «DEL BUEY)^ 



>. 



LAS MURALLAS DE NIEBLA 227 

Cosa distinta ocurre ciertamente con respecto á la primitiva Puerta 
inutilizada ó lodada, como la Antigua de Bisagra en Toledo, pues, si bien 
es verdad que en sus líneas generales no se diferencia de la del Socorro y 
de las otras dos sus compañeras, conserva en mejor estado algunos de sus 
miembros, y es en realidad la más interesante de las de Niebla. Levantado, 
el torreón, donde se abría, sobre varias hiladas de sillares, tiene reforza- 
dos los ángulos con iguaMinaje de construcción, regular y perfecta hasta 
cierta altura, siendo el frente meridional de hormigón compacto, como el 
resto de los muros, á partir de la última de las hiladas de sillares que, por 
aquella parte, hacen el oficio de basamento ó zócalo. 

Bien cortados, asentados con limpieza y de excelente construcción son 
los que, en trece consecutivas hiladas, forman el paramento en el costado 
oriental de la torre, el cual, por el perfecto estado de conservación en que 
se halla, semeja ser obra de menor antigüedad de la que tiene, y sorprende 
por semejante circunstancia, al recordar en cuál disposición aparece el pa- -^ 

ramento de sillares en los otros torreones donde abren las restantes puertas. 
Una zona de fábrica de ladrillo, de la anchura misma de las hiladas de can- 
tería, se levanta sobre ellas, arrancando de los sillares del ángulo exterior, 
en el cual, á partir de esta altura, es la piedra reemplazada por el ti^ÓTiy 
habiendo desaparecido la cadena de tal suerte, que queda descamado y al 
descubierto el hormigón del resto del propugnáculo en forma de frogón 
enhiesto, cuya cara meridional avanza sobre una ceja ó saledizo de poco 
vuelo hasta el cuerpo de almenas, que ya no existe. 

Descentrada, y fuera, por tanto, del eje longitudinal de este costado de 
Levante, para dejar así mayor espacio y hacer con él más sólido y más 
fuerte el macizo del torreón por su frente externo,— la puerta se avecina en 
tal disposición al lienzo de muralla, con el que, en ángulo entrante, hubo 
de trabar el cubo donde aquélla abría, á pesar de lo cual aparecía en toda 
su altura éste como desprendido. Severa y sobria, pero no falta de elegan- 
cia, está formada por gallardo arco ultrasemicircular ó de herradura, sin 
peralte alguno, labrado de sillería, perfectamente construido y adovelado, 
y de limpia y airosa curva. Las sencillas zapatas de perfil escodado sobre 
que apoyan los hombros del arco son de piedra blanca, y á partir de ellas, 
cortándolas, y en arista viva, trázase en el paramento general el rectangu- 
lar recuadro en que, á guisa de arrabaá, se halla inscrito y se desarrolla el 
arco, el cual, por consiguiente, desde las zapatas referidas, voltea en plano 
más interior que el del paramento de la torre. 



228 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

Hasta aquí, fuera del estado de conservación de la fábrica, de la inuti- 
lización de la Puerta, de lo desmochado del torreón y de la clásica pureza 
de la curvatura del arco, no hallé diferencia sensible entre éste y el torreón 
de la Puerta del Socorro, tantas veces citada, pues la construcción en 
ambos obedece á un mismo procedimiento y revela perfecto sincronismo; 
pero desde la zona de fábrica de ladrillo el sistema constructivo varía por 
mucho, lo cual suscitó en mi ánimo cierta confusión al pronto y no infun- 
dada extrañeza. 

De la zona mencionada arranca el que podría estimarse como segundo 
cuerpo en el edificio, templando, con efecto, la sobriedad del inferior, y 
espaciándose entre la cadena ó ángulo saliente y externo — reforzada de si- 
llería y de ti^ón — y el ángulo entrante é interno formado con la muralla, 
que está también construido de ladrillo. En aquel espacio, y á aquella al- 
tura, con gran sorpresa mía y no menor regocijo, alegran y dan animación 
al conjunto severo de la portada tres de los cuatro lindos arquillos orna- 
mentales y en relieve, de rojizo ladrillo, graciosos, elegantes y no íntegros, 
por desdicha, que se repartían la latitud del frente lateral y, con otros mo- 
tivos de decoración ya desaparecidos en el derrumbamiento del propug- 
náculo, debían dar aspecto de singular riqueza á éste, como proclamaba 
cierta especie de preeminencia para aquella entrada con relación á las res- 
tantes, en las que la construcción carece ostensiblemente de todo adorno. 

Según á simple vista me pareció, tiene poco más ó menos, cada uno 
de los sencillos recuadros en que los mencionados arcos decorativos se 
hallan inscritos, cerca de i,5o metros de altura por algo más de un metro 
de ancho; y con estas proporciones, en plano más interior que el de los 
recuadros ó compartimientos referidos, giran los arquillos, compuestos de 
siete pequeños lóbulos deteriorados, los cuales recuerdan más sus simila- 
res de la yesería de la Alhambra que los de la Giralda de Sevilla y la her- 
mosa torre del castillo en Aracena. Descansan las vistosas arcaturas, que 
producen el efecto de delicada obra de filigrana, sobre fingidos machones; 
y comprendidas en interiores arrabaés que las encuadran, fingen éstos 
por su parte rectangulares cintas, enlazadas por medio de un nudo al ló- 
bulo central de la clave. 

No pude apreciar en ninguno de los miembros de estos elegantes ar- 
quillos señal ni resto de esmalte, aunque no resulta inverosímil lo tuvie- 
ran; y completamente desprovisto de ornamentación el vano, por desgracia 
el estado de conservación en que han llegado hasta el presente aquellas 




LAS MURALLAS 1>E NIEBLA 229 

arcaturas deja mucho que desear, pues rota la del extremo izquierdo, ca- 
rece por esta causa de un trozo de la archivolta, arrastrado en el derrum- 
bamiento general del cuarto de los recuadros, apareciendo la del arquillo 
hoy central destruida, como lo está en parte la del extremo derecho, in- 
mediato á la muralla. Seguía después, en este cuerpo, una faja salediza y 
de mayor relieve que el resto de la fábrica, para continuar con otras labo- 
res acaso hasta la corona ó cuerpo de almenas; pero desde el indicado sitio 
la obra constructiva ha desaparecido, y sólo sobre el montículo informe, 
formado en su derrumbamiento por los escombros del hormigón, silvestre 
penacho de parásitas hierbas da al torreón apariencia romántica y vene- 
rable. 

Traían á mi memoria tales arquillos, que por primera vez hallaba en 
una construcción militar, el recuerdo de aquellos otros que, con formas 
variadas, decoran muchos de los monumentos mudejares de Toledo, y 
juntamente el de los que bordan maravillosamente, entre labores de igual 
progenie y factura, los muros exteriores de la sin par Giralda sevillana, 
y los de la torre, no por más modesta menos interesante y digna de pro- 
tección, del que fué castillo de Aracena, que he mencionado arriba. Co- 
nocidas eran para mí la superior maestría y la especial destreza con que 
primero los alarifes mahometanos y luego los mudejares, sus sucesores y 
herederos, supieron manejar el ladrillo, sometiéndole dócil en sus obras. 

Buena prueba me habían ofrecido de ello desde el finar de la x.* cen- 
turia, por lo que á los unos hace, así el friso de arquillos ornamentales 
en relieve, del cual queda resto en una de las fachadas de la antigua Mez- 
quita de Bib-al'Mardóm^ hoy Ermita del Cristo de la Lu!^, en Toledo, 
como, sobre todo, el inestimable tarjetón epigráfico, con ladrillos com- 
puesto, y descubierto por acaso en otra fachada de la propia Mezquita el 
año de 1899; y aunque no venía á las mientes ejemplo alguno en el período 
de decadencia de los reyes de Taifa, no era posible dudar de que la tra- 
dición en él se perpetuase, tanto más cuanto que aparece con brío inusitado 
en las construcciones del período almohade referidas, y al propio tiempo 
que, trascendiendo á los maestros alarifes mudejares de la que fué Ciudad 
de los Concilios, resplandecía la indicada tradición en multitud de obras por 
ellos erigidas, y generalmente religiosas, y se mostraba potente en la de- 
coración de algunos alminares subsistentes en Granada, y particularmente 
en otra especie de tarjetón epigráfico, también hecho de ladrillos, el cual, 
sobre el dintel de la cuadrada puerta, figuró en la fachada del A /-Maresfa/i 



23o . HE VISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

ú hospital mandado construir en la ciudad del Darro por la piedad del 
egregio Mohámmad V, y fué conocido por Casa de la Moneda, años hace 
destruida. 

Con estos antecedentes, la cuestión, en mi sentir, estaba en averiguar 
si los arquillos decorativos de esta Puerta de Niebla fueron obra de artí- 
fices musulmanes ó resultado de alguna restauración desconocida, ejecu- 
tada en aquélla después de los días de don Alfonso el Sabio, caso este úl- 
timo en el cual debían ser reputados fruto del estilo mudejar triunfante; v 
bien que en las comarcas andaluzas tiene éste carácter diferencial y mar- 
cado por los tiempos y las circunstancias en que hubo de nacer y manifes- 
tarse,— por su expresión, por su dibujo mismo y aun por la semejanza de 
su fisonomía con la de otros arquillos . ornamentales que aparecen en la 
yesería de la Alhambra granadina, no juzgué arriesgado diputarlos pro- 
ducto de artífices islamitas y contemporáneos del resto de la fábrica, si 
bien parecíari proclamar con su presencia, conforme arriba he insinuado, 
que aquella entrada pudo serlo de alguna de las dependencias del alcázar 
de Abén-Mahfoth, dada semejante singularidad decorativa. Pero tal ex- 
tremo era, y sigue siendo, de imposible comprobación por desventura. 

De construcción análoga, pero más irregular, es el torreón, desmochado 
asimismo, en que abre la Puerta denominada del Agua. Saliendo á 
Oriente, como todas, figura también en el lienzo meridional del recinto 
amurallado, para dar sobre la margen del río, dé lo que acaso pudo tomar 
nombre, si no es que hubo de recibirlo, como parece más probable, del 
acueducto que, desde las cercanías de Bonares, cruzando sobre el Tinto, 
penetraba en Niebla, no lejos de esta Puerta ^ Su congénere la de Sevilla 
que es la cuarta y última de las que abren en la cerca, se halla con iguales 
condiciones, colocada sin grande exactitud al NE.; es también de arco de 
herradura adovelado y construido de sillares, los cuales, por la parte que da 
á la villa, son de gran tamaño y acaso fueron utilizados por los construc- 
tores musulmanes de alguna ruina romana, á juzgar, no sólo por las di- 
mensiones, sino por las oquedades ó mortajas, bien ostensibles de las gra- 
pas de hierro con que consolidaban sus constructores los romanos. 

Entre la Puerta de Sevilla y la del Socorro, el recinto primitivo apa- 
rece cortado é interrumpido por los míseros despojos del que fué alcázar 
señorial de los Guzmanes; y dando por terminada aquí la tarea del día, que 
ya declinaba espléndido, guardé los papeles en que había tomado mis 

I Delgado: Bosquejo histórico de Niebla, ms. cit. de la R. Acad. de la Híst., fol 6o. 



BEV. DE ARCH., BIBL. Y MUSEOS 



TOMO XV. — LAM. VI 




NIEBLA. — PUERTA DEL RIO 



r 



LAS MURALLAS DE NIEBLA 



23l 



notas, y en busca de descanso marché á la posada, donde me aguardaban 
los míos. 

Satisfecho, muy satisfecho estaba con verdad de lo que había visto en 
Niebla. Eran aquel muro viejo de que hablaba el Conde de Toreno, aque- 
lla antigua muralla que decía Madoz, el único recinto amurallado que 
subsiste en España, de cuantos los muslimes construyeron para defensa de 
sus poblaciones^ el cual, por la insignificancia política de la humilde villa 
onubense, salvando las vicisitudes de los tiempos, había logrado llegar á los 
presentes en estado de integridad relativa, pero muy suficiente para que el 
arqueólogo pudiera formar juicio de lo que fueron las construcciones de 
esta naturaleza en aquellas edades, y el ingeniero militar reconocer los 
procedimientos defensivos de los musulmanes. 

Por estas causas, pues, si era muy de celebrar que por Real orden 
de 24 de Marzo de 1884 hubieran sido declaradas Monumento Nacional 
las murallas de Avila y las de Tarragona; si habían merecido igual distin- 
ción y honra, en Falencia, el Castillo-torre deMormojón desde 12 de Junio 
de 1866; en Toledo, las ruinas del Castillo de^San Servando, desde 26 de 
Agosto de 1874; en Zamora, y en la misma fecha, las Puertas de doña 
Urraca y de San Torcuato; en las Baleares, la Torre de los Pelaires, 
el 3 de Marzo de 1876; la Torre de los Llanes, en Oviedo, el 3 de No- 
viembre del propio año; en Medina del Campo, las ruinas del Castillo de 
la Mota, el 8 de Noviembre de 1904, y en esta misma provincia de Huelva, 
el 2 de Agosto de 1895, el Castillo de Cumbres Mayores,— no acertaba 
á comprender cómo pudo ser olvidado el recinto amurallado de Niebla, 
cuya importancia, en el doble concepto histórico y arqueológico, era 
y sigue siendo muy superior á la de muchos de los monumentos referi- 
dos, y que la Nación bajo su amparo tomaba para protegerlos y conser- 
varlos. 

No habrá tenido la antigua Illipula romana, la Elepla visigoda, la Libia 
de los muslimes, corte de algunos de sus régulos, delante de la cual, y 
combatiéndola con toda suerte de «engenios»^ permanecía Alfonso X por 
espacio de nueve meses consecutivos el año 1257, sin lograr rendirla, no 
habrá tenido, repito, valedor en las esferas oficiales nunca, cuando nadie 
se ha acordado de ella, ni mucho menos de aquel «buen muro» que la cir- 
cundaba, el cual, al decir de la Crónica del nieto insigne de doña Beren- 
guela, parecía, con las abuenas torres», ser relabrado todo de piedra», aun- 
que esto no es exacto. 



"-^ 



':rm 




232 REVISTA DE ARCHIVOS, BIÜLÍOTECAS Y MUSEOS 

Cuando, á mi regreso á Madrid, tuve la honra de exponer verbalmente 
en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando el resultado de mis 
observaciones y del estudio hecho respecto del recinto mahometano de 
Niebla — ejemplar único subsistente en España, y que por ello interesa en 
común á la nacional cultura,— me permití, como conclusión, solicitar el 
interés de aquella Corporación artística, á quien ha confiado la ley los mo- 
numentos de tal índole, para que fuese declarado Monumento Nacional el 
recinto amurallado de Niebla, y se procurara así para lo sucesivo su con- 
servación bajo la tutela del Estado. 

Por desgracia, mi voz en aquella ocasión fué como la vox clamantis in 
deserto. Pareció bien, f)or cortesía sin duda, cuanto expuse en defensa de 
las murallas de Niebla; pero no se tomó resolución alguna, y allá seguirán, 
abandonadas, derrumbándose y destruyéndose, hasta que, fatigadas de sí 
propias, ó á los golpes de la piqueta demoledora movida alguna vez por 
el interés de ensanchar los límites reducidos de la villa, caigan tristemente 
para borrar sus huellas en absoluto. 

Entonces, acaso, se levantarán clamores de protesta; pero ya no habrá 
remedio. 

Rodrigo Amador je los Ríos. 



H^«' ^ 



LEYENDAS DEL ULTIMO REY GODO 



III.— LA PENITENCIA * 
(Conclusión.) 

IV. — La tradición legendaria en Portugal. 

Con el secular arraigo que tenia en Portugal la leyenda del último 
Rey godo, adherida al sepulcro de Viseo, no ha de extrañarnos que la de 
la penitencia en que pasó el fin de su vida don Rodrigo fuese á locali- 
zarse allí desde el primer instante, como aconteció sin duda, hallando, 
además, ambiente propicio para su desarrollo y difusión. 

Interrogada sobre el terreno la tradición oral, acaso nos revelaría 
mucho de lo que vanamente hemos querido saber consultando á la tra- 
dición escrita; pero á ésta es preciso que ahora nos atengamos, y novan 
sus memorias más allá del siglo xv. 

Ya hemos hecho constar que en ese tiempo, y autorizada por cierta 
escritura de un monasterio de monjes de Coimbra ^ circulaba una versión 
de la leyenda, muy semejante según las trazas á la que extractó en su Cró» 
nica fray García de Euguí, si bien quizá con la diferencia de haberse con- 
vertido ya la cuba en el sepulcro ó en la cueva de que hablan Martínez de 
Medina y la Refundición de la Crónica en 1344, identificados por el 
vulgo con la sepultura de San Miguel do Fetal y con la cueva existente 
en el mismo paraje, designada aún en el siglo xvii como lugar en que 
vivió y murió don Rodrigo haciendo penitencia: 

« Véase el número Abril-Mayo de 1906, págs» 363 á 370. 
I Cfr., pág. 172 de esta Rrvísta, núms. 9 y 10 de 190?. 



234 REVISTA Dl¿ Af< CHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

«Era huá cova escura se escondeo, 

com huá cobra na alta cova escura, 

em Sao Miguel mui juato de Vizeo, 

e em vida se mcteo na sepultura: 

á mesma sepultura em que viveo, 

a Ermida, e a cova aínda dura 

com huá pedra furada onde se via 

por onde a cobra entra va, e sahia.» 
«Em tam estreito e húmido aposento 

tam tosco, paga el Rey a gram larguesa 

dos Pafos de colunnas cento e cento, 

de alta ostenta^am summa grandeza: 
' pálido, penitente, e macilento, 

< criado só no amor da may pobreza, 

na cova junto aos muros de Vizeu 

restituio a vida a quem Iha deu.» i 

En cuanto al sepulcro, desde el siglo xvi, se asignó al rey Rodrigo uno 
» que estaba en el interior de la vieja ermita de San Miguel do Fetal, ex- 
tramuros de Viseo, copiando sobre él la famosa inscripción recogida por 
Alfonso el Magno en sus anales: Hic requiescit Rudericus ultimus Rex 

GOTHORUM 2. 

Pero la pequeña iglesia de San Miguel fué renovada en el siglo xviii, 
á lo que parece por las fotografías de la fachada y del interior, que tuvo 
la bondad de proporcionarme el ilustre filólogo Sr. Leite de Vasconcellos; 
y el sepulcro actual, cuyo diseño puede verse en la lámina xiv, no es tam- 
poco el reseñado por Britto en la Monarchia Lusitana ^ ni su epitafio más 
que una paráfrasis del anterior dictada por un escéptico: Hicjacet, aut 

JACUIT, POSTREMUS IN ORDINE REGÜM GOTHORUM, UT NOBIS NUNTIA FAMA 
REFERT» 

La iglesia de San Miguel, según del texto de fray Bernardo de Britto 
se desprende, neníala orientación común á todas las románicas: al Oriente 
el ábside, al Ocaso la fachada principal y los brazos al Norte y al Sur. 
Era pequeña «e de fábrica mui antigás, particularmente la capilla ma- 
yor, con dos accesorias laterales, de planta rectangular y muy obscuras, 
pues no recibían luz más que por sendos ventanillos abiertos á la parte 
de Saliente. 

Contábase entonces que en la capilla ó celda situada al Sur había vivido 
y estaba enterrado, en una sepultura junto á la pared del lado de la 
Epístola, el Ermitaño por cuyo consejo se gobernó el Rey durante la 

I A destruigáo de Hespanha^ t Restauragao summaria da mesma, por Andrés da Sylva y 
Mascarenhas (Lisboa, 1671), lib. viii, estrfs. ii» y 113. 
2 Cfr., pág. 358 de esta Rbvista, núms. 4 y 5 de 1906. 



\ 



^ ■ Pff ' I 



LEYENDAS DEL ÚLTIMO REY GODO 235 



penitencia; y que éste acabó sus días en la celda del Norte, pagando en la 
estrechez del lugar la holgura de los palacios y las libertades con que 

ofendiera á su Criador. 5 

En el costado izquierdo de esta capilla hundíase en la pared un arco J 

ciego, cuyo neto llenaba cierta pintura mural, .«com sinaes de muita anti- ^j 

guidade», donde aparecían el Ermitaño y el Rey con la culebra de dos ^ 

cabezas. Copiado allí el epitafio célebre del cronicón de Alfonso III, servía J 

de explicación á la pintura y de epígrafe al sepulcro emplazado al pie, el ^ 
cual estaba sin cubierta y vacío, era llano, de una sola piedra, y escasa- 
mente podría contener un cadáver. Las gentes del país llegaban muy 
devotas á visitar este sepulcro atribuido al penitente Rey godo, creyendo 

que por mediación suya hacía el Señor algunos milagros en personas ] 

dolientes de «maleitas» y otras enfermedades análogas K ,^ 

Como se ve, las invenciones de Pedro de Corral, no sólo eran extrema- ^ 

damente populares en Viseo, sino que con la autoridad que había alcanzado "^ 

en todas partes la Coronica Sarra^yna, llegaron á penetrar en la ermita 1 

de San Miguel, posesionándose de ella. >j 

Britto, sin embargo, creía sólo en parte de esas invenciones, y rechazó * 

algunas como evidentes patrañas: «Las tentaciones y trabajos que el Rey /^ 

tuvo al fin de su vida no hay historiador auténtico, ni memoria, que lo ' 

certifique, más que unas relaciones, envueltas en algunos cuentos fabulosos, -¿^ 

de la Crónica antigua del rey don Rodrigo, donde, entre las verdades que ,;i 

toma del moro Rasis, hay muchas cosas notoriamente imposibles, como ^ > 

son la marcha del Rey guiado por una nube blanca hasta Viseo y la ,1 
penitencia en que allí acabó su vida, metiéndose vivo en la sepultura con 

una culebra viva que crió con tal propósito. ^ 

))La verdad de todo es (como cuentan nuestros historiadores) que el t 
Rey fué á parar á esta parte, y en la ermita de San Miguel, que vemos 

junto á Viseo, terminó sus días en gran penitencia, sin que nadie supiese ^ 

el modo en que la hizo» 2. : 

Pero al famoso historiador portugués no le bastaba, sin duda, menos- *: 

preciar aquellas fábulas inverosímiles que tan honda impresión hicieron ^ 

en el vulgo; quiso desacreditarlas de una vez inventando otra versión que ] 

no ofreciese dudas, y fingió haberla hallado en el archivo del monasterio - ^í 
de Alcobaza, á cuya Congregación él pertenecía. 

I 

i Monarchia Ltisitana. Segunda parte, lib. vii, cap. iii, fols. 274 y 275. ,| 

2 /«d., fol. 274^- *j 




236 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

La nueva versión era más histórica, digámoslo así; pero estaba urdida, 
según se verá después, con aquellos elementos de la Crónica del rey don 
Rodrigo que el historiador cisterciense juzgó verdades tomadas del moro 
Rasis, y desechando las «cosas notoriamente imposibles». 

Sin salir de la que era entonces jurisdicción del monasterio susodicho, 
en los Cotos de Alcobaza, no lejos de la villa de Pederneira, levántase en 
medio de arenales un monte aislado y pedregoso, el Monte de San Barto- 
lomé, donde había en tiempo de Britto una capilla dedicada á aquel Santo 
y á San Blas ^ En lo alto del cerro muestra la roca impresas como pisadas 
de hombre y otras de forma diferente; y el vulgo afirmaba que eran de 
San Bartolomé y del Demonio, vencido allí por el Santo defensor de «un 
devoto» que le había invocado en la fuerza de sus tribulaciones «. 

A unos mil pasos de distancia de ese monte, y á la vista de él, quiébrase 
de modo brusco el terreno con un tajo á plomo hasta el mar, causando 
sorpresa y pavor á quien llega allí sin sospechar la quebrada, cuya pro- 
fundidad es de 200 metros. Entre dos peñas enormes, que desde aquella 
altura avanzan con vuelo imponente sobre el Océano, hay en la roca una 
covezuela natural que, en el siglo xvi, formaba parte de otra ermita, donde 
era objeto de gran veneración cierta imagen de Nuestra Señora de Naza- 
reth, obra de vieja talla 3. En aquel paraje, casi al borde del precipicio, 
aparecían señaladas en la peña dos como herraduras de caballo ^, señales 
muy comunes en rocas de países diversos, que se dice estar marcadas con 
las huellas del caballo de Roldan, de Santiago ó de San Martín, y, según 
hipótesis de algunos arqueólogos, serían mojones ó linderos, de donde 
quizá se ha derivado la palabra marca en esa acepción, puesto que mar ó 
marc'h es voz gala que significa á la vez caballo y límite ^. 

Empeñado Britto en precisar las indicaciones geográficas inciertas de 
1.a Coronica Sarra^yna, pareciéronle el Monte de San Bartolomé y el 
otro lugar temeroso del tajo, con su ermita cada uno, éste, la vivienda del 
Ermitaño á que Rodrigo llegó cerca del mar, y aquél, la alta peña, no 
lejos de allí, en que estaba un oratorio, y donde sufrió las tentaciones el 
Rey penitente, á quien el historiador lusitano identificaba, desde luego, 

1 Monarchia Lusitana. Segunda parte, lib. vn, fols. 273** y 274^. 

2 /Wrf., fol. 274* c. 

3 Ibid. , f o Is. 274« *, 275^, 278^ y 279C. 

4 /«rf., fol. 276*. 

5 Cfr. Antigüedades prehistóricas y célticas de Galicia^ por don José Vi Ilaarail y Castro 
(Lugo, 1873), pág. 39. 



m*' 'i ' 



LEGENDAS DEL ÚLTIMO REY GODO 287 

en SU fantasía con el desconocido devoto de San Bartolomé, asunto de las 
consejas vulgares. 

Para localizar allí con éxito seguro la leyenda del Rey godo debía el j 

Monje de Alcobaza acreditar con documentos sus imaginaciones, y aseguró -J 

haber visto en el cartulario de su Monasterio ' cierta escritura con un v' 

relato de la Penitencia que apareció oculto, no en la sepultura de Viseo, -^ 

como el de Corral, sino en una arqueta de marfil, junto á Alcobaza; y era 
aún más digno de fe que el de Carestes, por ser obra del Monje con quien ^ 

Rodrigo vivió apartado en aquella soledad. ^ 

Una de tantas leyendas venatorias acerca del hallazgo de imágenes 
antiguas, y la aplicación á la de Nuestra Señora de Nazareth de hechos 
relativos á otras que fueron salvadas del furor mahometano en los días de 
la invasión bastaron á Britto para fraguar la supuesta escritura y el relato j 

contenido en ella. ;-; 

Trátase de una carta de donación otorgada en la era de MCCXX años \ 

(a. de C. 1182) por el muy noble caballero Fuas Roupinho al santuario J 

de Nuestra Señora de Nazareth, en reconocimiento de insignes favores v 

que el donante declara haber recibido de la Virgen. ; :í 

Solía don Fuas Roupinho salir de caza á menudo desde su residencia ^ 

del castillo de Porto de Mos, y llegando una vez hasta el mar, halló entre 
dos peñascos de la costa la cueva ya mencionada, y allí, medio oculta por i 

matas y espinos, una imagen de Nuestra Señora en pobre y ruinosa ca- ' 

pillita. \ 

Otro dia, de gran cerrazón de niebla, persiguiendo un venado el ca- ^ 

ballero á todo correr de su caballo, se vio de pronto en el cantil de la % 

costa que cae á plomo al mar, y se hubiese despeñado de seguro si en ' 

aquel instante supremo no le valiera Santa María, á la que invocó, re- 
cordando la imagen que estaba cerca de allí, entre pedruscos y zarzas; 
el caballo de don Fuas, como si fuese de piedra, quedó con las herra- ^ 

i duras hundidas en la roca al borde del precipicio. 

[ Para dar testimonio de su gratitud á la Virgen, dedicó Roupinho á 

I la imagen de la cueva una capilla decorosa; y al destruir los canteros el 

viejo altar, encontraron una arqueta de marfil, y en ella algunas reliquias \ 

\ de santos y un pergamino, donde constaba la procedencia de las reliquias \ 

y de la imagen, así como la razón de hallarse ocultas en aquel lugar, do- \ 



I Monarchia Lusitana, Segunda parte, lib. tu, fol. 277 ^' 



238 REVISJA DE ARCHIVOS, BIBLIOTKCAS Y MUSEOS 

cumento que don Fuas transcribe en su escritura de donación \ y en la 
cual funda Britto el relato siguiente: 

Salióse de la batalla el desventurado Rey, y caminó durante algunos 
días, hasta llegar no lejos de la ciudad de Mérida, al monasterio de Cau- 
liniana, donde entró buscando consuelo á sus amarguras. 

Habían huido ya del Monasterio bastantes monjes, llenos de pavor 
con la noticia del desastre; pero uno de los pocos que quedaban, varón de 
vida ejemplar y austero, vio al Rey desmayado en la iglesia y acudió á 
socorrerle; ese monje se llamaba Romano. Hízole Rodrigo confesión ge- 
neral de sus culpas y le descubrió quién era, declarándole además sus pro- 
pósitos de marchar, buscando mayor retiro donde hacer vida penitente. 
Romanóse compadeció extremadamente del Rey, no quiso dejarle ir solo 
en tan gran desconsuelo, y le propuso acompañarle para salvar del odio 
musulmán una imagen milagrosa de la Virgen, traída al Monasterio desde 
la ciudad de Nazareth por un monje griego que se llamaba Ciríaco, y 
ciertas reliquias de San Bartolomé, apóstol, y de San Blas, que asimis- 
mo tenían en veneración muy grande, dentro de un cofrecillo de marfil. 

Tomó el Rey en sus brazos la imagen de Nuestra Señora, el Monje las 
reliquias, y entráronse por tierra de Portugal con rumbo fijo hacia Ponien- 
te, buscando la costa. Después de veinte días de camino llegaron á los 
Cotos de Akobaza, al monte que más tarde se vino á llamar de San 
Bartolomé, donde encontraron una abandonada ermita, y en ella un cru- 
cifijo y un sepulcro sin epitafio. Rodrigo se abrazó al pie de la Cruz, ver- 
tiendo muchas lágrimas y proponiéndose permanecer en aquel lugar el 
resto de sus días. Después de estarse algunos el Monje con el Rey, dejó á 
éste las reliquias de los santos, y fuese con la imagen de Nuestra Señora á 
otro sitio poco distante de allí, en que hay unas peñas á gigantesca altura 
sobre el mar; en el peñedo halló una covezuela, donde puso la imagen 
que habían traído de Cauliniana, y con paredes de piedra seca le fabricó 
una especie de ermita. 

Al llegar aquí, añade Britto por su cuenta: oEstaba el lugar de la er- 
mita, y está hoy, á la vista del monte en que moraba el Rey; y aunque 
la memoria de donde voy sacando la esencia de este suceso no lo especi- 
fique, de creer es que se verían muchas veces y tendrían coloquios tan es- 
pirituales como la vida y santidad del lugar lo demandaba, mediando las 
grandes tentaciones del Demonio que el Rey padeció on el comienzo de su 

I Monarchia Lusitana. Segunda parte, lib. vii, fols. 277-278. 



pn 



ier-¡ V 



LEYENDAS DEL ÚLTIMO REY GODO 239 

penitencia, para lo que serían necesarios los avisos y consejos del Monje, 
y el socorro de sus oraciones, y la presencia de las reliquias de San Bar- 
tolomé, que milagrosamente le salvó muchas veces de varias ilusiones del 
Enemigo; y aun ahora se ven en lo alto de este monte impresas en un 
peñasco pisadas humanas y otras de figura diferente, que el vulgo, sin 
acertar en lo particular de la persona, afirma ser de San Bartolomé y del 
Demonio, que allí fué vencido y sus ilusiones deshechas por el Santo, soco- 
rriendo á un devoto que le invocó en la fuerza de sus tribulaciones, que 
debía ser el Rey, aunque la gente de ahora no lo alcance.» 

El Monje vivió en su retiro poco más de un año. Sabiendo cuándo ha- 
bía de ocurrir su muerte, anunciósela al Rey y le pidió que se acordase 
de encomendar su alma á la Divina Misericordia, que diese á su cuerpo 
sepultura y que, habiéndose de partir de aquel lugar, dejara la imagen y 
las reliquias del modo que él las pusiese antes de morir. Después entregó 
Romano á Dios el alma, y fuese á gozar el premio de sus austeridades K 

Basta la anterior reseña para ver el deliberado propósito que tuvo 
Britto de conciliar algunas veces su narración con la de la Coronica Sa- 
rra^yna, no sólo en lo tocante á las indicaciones topográficas de que ya 
hemos hablado, sino en otros detalles, por ejemplo: la confesión general del 
Rey con el Monje, en la que le descubre quién era, llenándole de compa- 
sión; la llegada de Rodrigo cerca de la mar á una ermita, donde encontró 
un crucifijo ante el que se puso á orar; la permanencia de los dos penitentes 
en lugares próximos; la predicción de la hora de su muerte que hace el 
monje Romano, y las tentaciones del Rey en su retiro. 

Antes de que en la Monarchia Lusitana apareciese la leyenda de don 
Fuas, Britto se apresuró á introducirla en su domicilio propio, cuidándose 
de hacer colocar en la renovada ermita de Nuestra Señora de Nazareth, 
cuya reedificación él había promovido hábilmente, una lápida con el resu- 
men de la supuesta carta de donación ^. 

AI poco tiempo, ya impresa la Monarchia^ Manuel de Brito Alam, 
nacido en Pederneira, y administrador del célebre santuario de Nazareth, 
divulgaba el fraude piadoso, escribiendo con amor local la historia de la 
Casa y las antigüedades de su imagen 3. 

I Monarchia Lusitana, Segunda parte, lib. tu, fols. 272 y siguientes. 

1 Ibid., fot. 279. 

3 Manuel de Brito Áláo es autor de dos libros: Antiguidades da Sagrada Imagem de nossa 
Senhora de Na^areth^ grande:^as do seu sitio^ casa, e jurisdigáo real, sita junto á Villa da 
Pféérneira (Lisboa, 1626), y Prodigiosas historias, e miraculosos sucessos acontecidos na Casa 
de Nossa Senhora de Naj^areth (Lisboa, 1637). 




240 RtVlSTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

Desde entonces hasta fínes del siglo xviii no hubo historiador que 
pusiese reparos á la autenticidad de aquella escritura atribuida á don Fuas 
Roupinho ni que dejase de traer á cuento la novela de Cauliniana tratando 
de la suerte del último Rey godo después de su derrota. La ficción anduvo» 
pues, muy valida entre los hombres de letras, y llegó á hacerse popular ^. 

El preclaro Britto, merecedor de alabanzas en tantos otros respectos, 
no tuvo escrúpulo de acreditar alguna vez documentos apócrifos como éste, 
fea mancha que cae en su nombre y merma su autoridad, si bien, en parte, 
le. disculpan sus pocos años al escribir la Monarchia Lusitana y el influjo 
de un siglo en que hubo verdadero contagio de falsificación, amparada por 
la credulidad más ingenua y candorosa. 

Un hombre de otra época en la que generalmente se profesaba más 
elevado concepto de la historiografía, el cisterciense fray Manuel de Figuei- 
redo, tomó á su cargo desacreditar aquella fábula, después de su estudio 
á la luz de una crítica severa, y estimulado únicamente por el amor á la 
verdad 2. 

Resulta de las investigaciones de Figueiredo que don Fuas Roupinho 
ya no vivía en la Era de 1220, cuando se le supone otorgando la escritura 
de donación, vista sólo por fr¿iy Bernardo de Britto y afianzada por su 
autoridad. Todos los escritores que mencionan ese documento ó relatan 
algo de lo que en él se contiene son posteriores al autor de la Monarchia 
Lusitana, 

Vaseo, para escribir su Crónica (continúo extractando;, habló muchas 
veces con el Cardenal Infante D. Enrique; siguió en la serie de los reyes 
godos el Códice del Monasterio de Alcobaza, que tuvo en su poder; con- 
ferenció con los monjes, y en la vida del rey Rodrigo ni una sola palabra 

1 Debo á mi excelente y bondadoso amigo don Teófílo Braga, ilustre historiador de la 
literatura portuguesa, la noticia de una relación en quadras del milagro de Nuestra Señora de 
Naznrtíth, impresa en el siglo xviii, con que se advierte hasta qué punto se divulgó la superchería 
de Britto. 

Una de las estampas devotas más populares en Portugal á principios del siglo xix repre- 
sentaba el supuesto milagro. Aparecía en ella el diabólico ciervo arrojándose al precipicio y 
mirando hacia atrás á ver si don Fuas le seguía; el caballo estaba encabritado, con las patas 
traseras en el borde del peñascal; el caballero había dejado caer su cuchillo de monte, y una 
invocación á la Virgen salía de su boca. La imagen de la Virgen estaba en el cielo entre nubes. 
Encima este letrero: N. S. de Sainarte, 

2 Vid. Dissertagáo historica-<ritica em que claramente se mostram fabulosos os /actos com 
que está enredada á Vida de Rodrigo Rei dos Godos: que este monarcha na batalha de Guadalete 
morreo: que sao apócrifas as peregrinagóes da Imagem milagrosa de N, Senhora venerada no 
termo da villa da Pederneira: que nao he verdadeira a Doagáo que muitos crém feí^ d mesma 
Senhora D Fuas Roupinho por Fr. Manoel de Figueredo (Lisboa, 1786). 

Segunda dissertagáo histórica e critica em que se mostra morreo na batalha de Guadalete 
Rodrigo rey dos godos por Fr. Manoel de Figueiredo (Lisboa, 1793). 




f"^ 




LEYENDAS DtL ULTIMO REY GODO 24! 

escribió que indique su paso por el término de Pederneira. Si de ello 
hubiese tradición, figurada ó escrita, en la iglesia de Nazareth ó en el Mo- 
nasterio de Alcobaza, la sabrían el devoto Cardenal Infante ó los monjes, 
y se la hubiesen participado á Vaseo, La imagen de Nuestra Señora de 
Nazareth empezó á venerarse en una ermita junto á Pederneira, en tiem- 
pos del Rey don Alfonso IV (i325-i356); y el Rey don Juan If (1481-1495) 
fué quien hubo de precipitarse con su caballo en el mar, á no ser soco- 
rrido por el Alcaide mayor de Alcobaza, ó más bien por la intercesión de 
la Virgen, cuyo valimiento imploró el Soberano. 

Así el docto cisterciense echó por tierra la impostura, dejando á su 
autor al descubierto y convencido de falsario, justa condena que confirmó 
poco después fray Joaquín de S. Agostinho en una muy interesante Me- 
moria sobre los códices y el Cartulario de Alcobaza >. 

Pero si la crítica expulsó de los dominios de la Historia las invenciones 
de Britto, hallaron éstas inmortal refugio en la Poesía. Empezó rimán- 
dolas un mediocre poeta portugués que cantó en rígidos versos A destruid 
gao de Hespanha, poema extravagante donde su autor, Andrés da Sylva 
Mascarenhas, hizo correr medio mundo al desventurado Rey godo hasta 
traerle al monasterio de Cauliniana, para tomar allí la narración de Britto < 

al pie de la letra, sin saber desviarse de la pauta un momento ^. 

1 Memoria sobre os Códices Manuscritos, e Cartorio do Real Mosteiro de Alcobaga, por 
Fr. Joaquim de S. Agostinho, apud Memorias de Utteratura portuguei^a publicadas pela Aca- 
demia Real das Sciencias de Lisboa como v (Lisboa, 1793). 

2 Para muestra de la servil fidelidad con que puso en Terso la narración de Britto, copia- 
mos algunas estrofas de A destnuiq&o de Hespanha: 



Achousse o pobre Rey em Cauliniana. 
mosteiro junto ao rio Guadiana. 

£ram os frades fúgidos do Mosteiro 
com réceos dos Barbaros malvados, 
de brufos esteve el Rey hum dia inteiro 
na Igreja chorando seus peccados: 
hum Monge veo alli por derradeiro 
a conhecer quem era, ouvindo os brados 
que o disfar^ado Rey aos ares dava: 
este monge, Romano se chamava. 

Perguntoulhe quem era, e donde vinha, 
por ver no pobre traje gram portento; 
el Rey Ihe respondeo como convinha 
sem declarar seu posto, ou seu intento; 
pediulhe confíssam, e o Monge asioha 
Iha concedeo e o San^o Sacramento. 
Era for^a que el Rey na confíssam 
Ihe declarasse o posto e a ten^am. 

Como entendes o bon Religioso 
que aquelle era seu Rey, que por estranhas 

3.* áPOCA— TOMO XV 1 6 



242 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

Se apoderó de ella con más alto y Ubre numen el poeta inglés Ro- 
berto Southey, que la sigue paso á paso en los comienzos de su célebre 
poema Roderick the last ofthe Goths. Los dos primeros cantos, Roderick 
and Romano y Roderick in solitude, son labor genial de un arte exquisito 
sobre la trama urdida en el telar de Alcobaza. 

Por último, nuestro gran Zorrilla, en El puñal del godo, hace inmor- 
tal la fábula de Britto que conoció, sin duda, no ya á través del poema de 
Southey, cuyo argumento funde en el crisol de su poderosa fantasía, sino 
además mediante otras lecturas atropelladas ó informes inseguros; por- 
que el poeta inglés no menciona á Pederneira, y Zorrilla, si bien descono- 
ciendo lugares y distancias por haber confundido narraciones diferentes, 
pone la acción de su cuadro dramático «en las soledades de Pederneira, 
monte de San Miguel, cerca de la ciudad de Viseo.» 

El nombre de Romano que da al monje pudo haberlo leído en Southey, 
que lo tomó de Britto; pero nunca inventarlo caprichosamente como en 
los Recuerdos del tiempo viejo dice al explicar la generación de los per- 
sonajes y del drama, puramente imaginativo también si hubiésemos de 
tomar por historia la amenísima leyenda de esos recuerdos: ^(ocurrióme 
un eremita, á quien bauticé con el nombre de Romano por no perder 
tiempo en buscarle otro.» 

Juan Menéndez Pidal. 



térras andava roto e lacrimoso, 
mil ays tirou das íntimas entranhas: 
lan^ousclhe aos pes, e com piedoso 
affecto o induziu, e varias roanhas, 
o quizessc tambem levar coosigo 
por socio DO desterro e no perigo. 

Estava na Santa Caza huma feTmosa 
Imagem que Cyriaco trouzera 
de Nazareth, da Fiiha, May e Esposa 
daquelle de quem de antes concebera, 
resplandecía a pulchra e bella Rosa 
por insignes milagresque fízcra; 
estavam assi tambem na Igrejaemfim 
mais Reliquias n'hum cofre de marfím. 

Toma Rodrigo a inclyta Imagem 
da Virgem Nazarena, e assi Romano 
as reliquias, e ambos em viagem 
por montes vam ao véspero Océano, etc., etc. 



r 



EL CONSEJO DE CASTILLA 

Y LA CENSURA DE LIBROS EN EL SIGLO XVIII 



(Continuación.) ^ 

PUERILES en extremo fueron las observaciones que D. Tomás Sánchez 
y D. José Antonio Porcel hicieron á la obra de D. Ramón de la 
Cruz intitulada Las labradoras de Murcia (1769), donde, confun- 
diendo una zarzuela con un tratado de Moral, notaron las siguientes pro- 
posiciones escandalosas, y varias frases ó palabras vulgares que ofendían 
los oídos de aquellos críticos: 

«En la escena primera del primer acto, tratando de la murmuración, 
dice Florentina: 

En diciendo uno las cosas 
del mismo modo que pasan, 
no hay escrúpulo ninguno. 

»Esto es de mala doctrina, pues no justifica la murmuración lo cierto 
del defecto; por lo que pueden reformarse, replicándola: 

Yo he oído decir que se engaña (¡Vaya un verso!) 
quien tal piensa, pues por ciertas 
que sean de otro las faltas 
no debo yo descubrirlas. 

))En la escena séptima del mismo acto se dice he maritimado por na- 
vegado, y el castellano no conoce la voz maritimar. 

)>La vltima escena del acto primero acaba con una tempestad terrible, 
con cuyo horror se asustan y alborotan los actores, y mientras todos se 
muestran compungidos, se vale Leandro de la confusión para solicitar á 
la Teresa y pedirla una maniguia. Y aunque no es inverosímil en un mozo 
que se supone tonto y atolondrado, pero es de mal exemplo, que se deve 

I Véase e! número anterior. 



244 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

excusar al Público. Deviera el Autor, pues le era fácil sin alterar la es- 
cena, valerse de esta situación para contener la liviandad dil mozuelo, y 
dar indirectamente en el Teatro vna lecdón importante, que confirmara 
aquel temor saludable que tiene todo cristiano en estos casos. 

»En la escena trece del acto segundo habla D. Narciso de que había 
muerto á un primo suyo, y de cómo se había purgado de este delito ante 
los jueces y con las partes contrarias, y dice: 

Y conociendo la fuerza 
de mi razón en matar, 
al que matarme desea 
prevenido y ventajoso. 

)>Esta es doctrina de los laxos moralistas y coincide con la trigésima 
proposición condenada por el Papa Inocencio Décimo. 

^Últimamente el estilo es del baxísimo Cómico, y aun por esto busca 
los actores entre la gente rústica, pero esto no habilita al autor para las 
expresiones, maldita sea tu cara; es vna cochina puerca; te harto de pa- 
tadaSy y otras de este jaez, que vsa, y no son dignas del Teatro y del au- 
ditorio, especialmente en la Corte, porque el decoro de las personas es 
vna de las primeras leyes del arte oratoria y cómica «.» 



III 

Pocos historiadores tuvimos en el siíjlo xvi, áureo peí iodo de la lengua 
castellana, tan ramplones, tan ayunos de crítica y de peor estilo que Bal- 
tasar Porreño, cura de Sacedón y de Coreóles, cuya medianísima Historia 
de D, Juan de Austria publicaron años pasados los bibliófilos españoles á 
título de mera curiosidad literaria, pues nada nuevo nos enseña del ven- 
cedor de Lepanto. Agregúese á los efectos mencionados un marcado espí- 
ritu de adulación, exagerado aún para aquellos tiempos, y veremos con 
cuánta razón trituró su libro Dichos y hechos de Felipe II D. José Miguel 
de Flores, á lo que contribuyó el odio que por entonces se iba profesando 
á Felipe II, de quien ya se trazaba un retrato que con leves modificaciones 

I Don Francisco Cerda y Rico dijo, y con razón, al examinar la zarzuela Buen marido^ de 
D. Antonio Malo y Vargas (1771), que era «una de las composiciones más desatinadas que habrán 
visto la luz pública, i manifiesta un hombre poco instruido en las reglas de la Poética, y lo peor 
es que atropella á cada paso las de la honestidad y decoro^». 

En el legajo 28 hay un juicio de Flores Canseco de la litada^ traducida por D. Ignacio García 
Malo, y en el legajo 9 otro de Ortega, acerca de las Obras sueltas de D. Juan de Iriarte. 



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EL CONSEJO DE CASTILLA 245 

fué luego para los liberales y los progresistas el modelo del tirano hipó- 
crita y sanguinario, hasta que los nuevos estudios han deshecho tan ab- 
surda leyenda, vindicando la memoria de este insigne monarca. 

La censura de Flores es de lo más sabroso que se leyó en el Consejo de 
Castilla, y por eso la copio casi integra; después de hablar con desdén de 
ios Dichos y hechos, «obra de la adulación de un cura de Sacedón y Cor- 
coles, que cita á cada paso á su tio, aparejador del mismo monarca»^ y de 
considerarla «escrita sin critica ni buena moral», expone así los mil erro- 
res y necedades que contenía: 

«En la pág. i.* sienta, que Felipe II, fué hijo único de Carlos V, y en 
rigor no es así, pues Carlos V tuvo otros hijos varones y hembras,— Ibíd. 
dice: que nos nació este Sol en Geminis, dando á entender el Cielo que nos 
nada la Pa^ y la Concordia, que tan vnidas estuvieron en su reynado.— 
Pero ¿cómo se pudo verificar semejante paz y concordia, quando no igno- 
raba el autor las guerras de Phelipe II con la Francia, la Inglaterra, los 
Turcos, los Moros de África, los Portugueses, el Papa Paulo IV y, sobre 
todo, con los Países Baxos rebeldes? Pág. 2.*: Refiere el parto de la Empe- 
ratriz D.^ Isabel su madre, amata candelas, y sus palabras en portugués: 
Non me f aléis tal miña mai, que yo morrerey, ma naon gritarei, por lo. 
que decía el Duque de Náxera que aquella señora no paría hombres, sino 
ángeies.—Cuento ridículo, ajeno de la gravedad de la historia, y de tan 
ilustres personajes.— I bíd. dice: que le pusieron por nombre Philipo (na- 
turalmente no sería sino Felipe) y que este nombre quiere decir, Os lam- 
padis ú Os manuum: esto es bo cade lámpara, ó boca de manos, ó como dice 
otra exposición, hueso de lámpara, ó manos de Aueso.— Qualquiera ve lo 
voluntario y sumamente ridículo de esta etimología, pues la palabra griega 
PhilippoSy parece quie^-e significar amante de caballos, ó aficionado á 
caballos.— Pág. 3 dice: Que Felipe Wfué en la prudencia vn Justiniano,— 
Y ¿qué prudencia fué la de Justiniano? Quizá confundió el autor la pru- 
dencia con la Jurisprudencia.— Pág. 3: añade de Felipe II que apenas se le 
conocían pasiones de hombre.— Pero ¿quién las tuvo á veces más exalta- 
das? — I bíd. Que tuvo gran mansedumbre con todos. Y ya notaremos más 
adelante quán manso fué S. M.— Pág. 4. dice: que no sabia Música, pero 
que tenía buen oído,— Elogio poco decente para tan gran Monarca.— Ibíd. 
dice: que alcanzó alto grado de Filosofía.— Pero se pudiera probar, que 
tenía tanta verdadera Filosofía como sabía de Música.— Pág. 7: Llama á 
Munich, corle de Babiera, Monachic— Pág. 8: Asegura que llovió trigo 



246 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

por espacio de dos horas, en distancia de dos leguas de largo, hasta vn 
palmo en alto, en i55o, para prodigio de la Jelicidad de este Principe. 
Credat Judaeus Apella.— Ibíd. dice que Felipe 11 desembarcó en Inglate- 
rra, en el puerto de Antona. Pero en Inglaterra no hay tal puerto, y el re- 
ferido Rey desembarcó en Southampton. — Pág. 9: Al Obispo de Utrech le 
llama Otrugue.— Ibíd.: Al Conde de Egmont, Agramo».— Ibíd.: al de 
Aremberg, Arremburque. — Pág. 10, y al de Megen, de Aleguen.— Pig. 11. 

Llama á la Reina María de Inglaterra, la Santa Reina Murió la Santa 

Reina. — Pero esta Princesa, notada de sanguinaria por los historiadores, no 
está en el catálogo de los Santos.— Pág. 13, dice: que el monarca mu- 
rió el dia de San Phelipe Mártir, padre de Santa Eugenia Virgen y Már- 
tir; de lo que hace misterio, por razón de que el Rey tenia aquel nombre, 
y vna hija suya el de Clara Eugenia. — Observación supersticiosa. — Ibíd.: 
Asimismo nota la circunstancia de que nació en el Pontificado de vn Cle- 
mente y murió en el de otro Clemente.—-Otra vana y ridicula observancia. 
— Pág. 1 5, dice: que cansado el Atlante Felipe II de sustentar el peso de 
la monarchia, tuvo Dios prevenido vn poderoso Alcides; y este Alcides, 
fué Felipe III. — Pág. 17, dice: que pronosticó el Cielo su muerte con tres 
eclipses, y la tierra quebrando como mal mercader, aleándose con los 
más necesarios mantenimientos, y rompió banca la salud del reyno con la 
peste. — Pág. 18, dice: que quando la muerte se careó con S. M. estaba me- 
drosa y desarmada.— Pág. 22: Pone la revelación de vn lego francisco 
de Alcalá, sobre que á los tres años salió el alma de Felipe II del Purga- 
torio, á las nueve de la noche, apareciendo en el Cielo dos nubes colora- 
das, vna al Oriente, y otra al Occidente, que se juntaron, y entonces en- 
traría su alma en la gloria. Añádase que tuvo información, sobre haberse 
visto en efecto, no sé qué nubes coloradas y resplandecientes en el Cielo, 
lo que sería tal vez efecto de alguna aurora boreal. — Ibíd. trae otras reve- 
laciones de otros frayles, sobre la salvación de la Princesa D.* Juana, 
hermana de Felipe II, y la de su padre el Emperador Carlos V, que había 
estado algunos años en el Purgatorio.— En el Capítulo 2.', pág. 28, cuenta 
entre las primeras virtudes del Monarcha, la gravedad, seriedad y me- 
sura, y alaba íMC no permitió, siendo niño, que el Cardenal de Tavera se 
pusiese el bonete estando en su Cámara, hasta que él se huviese puesto su 
capa y gorra,— ¡Gran virtud! — Ibíd.: Que en toda su vida no se le vio reir. 
Y esto más sería prueba de ferocidad, que de humanidad y virtud. — Ibíd.: 
que no mostraba inclinación á honrarse con sus Grandes. Y esto indica- 



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EL CONSEJO DE CASTILLA 247 

ría soberbia.— Pág. 29: Que quando le anunciaron la victoria de Lepanto, 
nohi^o mudanJ^a ni sentimiento más que si fuera de piedra. Yesto sería ser 
insensible. —Pág. 3i: Que sólo con mirar airado mató (como basilisco) á 
vn Presidente de Ordenes; y cen no sé qué palabras (como por ensalmo) 

á vn Virrey del Perú, y á otro gran Ministro suyo, y á otro, y á otro 

De cuya virtud libre Dios al género humano.— Pág. 33: Que no se comuni- 
caba fácilmentey ni hablaba á nadie por principal y poderoso que Juese, 

Y esto sería falta de afabilidad y de bondad.— Pág. 34, dice el autor: fiQué 
León ha habido en el Mundo tanfero¡{, como lo Jué S. M.? etc.: Y antes 
dejaba dicho que tuvo gran mansedumbre con todos.— Pág. 35: Que era 
tan severo, que temblaban todos en su presencia, aun los más validos; que 
se acobardaban los valientes, enmudecían los más doctos, y se perdían los 
más doctos predicadores.— Panegírico de vn tirano, y no de vn Padre de 
la Patria.— Pág. 40: Que era poco ajecto ápoetas y á hombres que no ves- 
tían cal^a justa. Y esto sería falta de imaginación, sensibilidad y buen 
gusto.— Pág. 41: Que llevándole vn a^pr que había vencido a vna águila 
en la pelea, lo mandó descabezar por que nadie atentase contra su cabera. 

Y esto sería crueldad.— Ibíd.: Que entrando en Bruselas, siendo Príncipe, 
al verle venir desde vna ventana, tuvo el Duque de Saxonia la atención de 
descubrirse la cabera, quitándose la gorra; pero que Felipe ni le corres- 
pondió, ni quiso mirarle, aunque le había conocido desde lejos: Y esto sería 
incivilidad. — En el Capítulo 3.® celebra el autor como efecto de la virtud de 
magnanimidad de Phelipe II, la prisión y muerte de su hijo el Príncipe don 
Carlos, porque comía fruta en exceso, y bebía agua de nieve en ayunas; y 
la invasión del Reyno de Portugal.— En el Capítulo 4.° de la clemencia, 
materia que debiera ser abundantísima, tratándose de vn rey christiano, 
que reynó más de cuarenta y dos afros, sólo se hace mención de haber per- 
donado la vida á vn matador quando era Príncipe de Asturias, i de haber 
desterrado y no degollado al hermano del Conde de Montalbán, porque lo 
encontraron con una dama; de no haber hecho mal á vn frayle, que ha- 
bía ocultado á este caballero; de haber conservado sus fueros á Portugal; 
de haber pagado á vn evanista que le había hecho vnos escaparates; de 
haber perdonado á vn extrangero que abominaba todos los reyes Pheli- 
pes; que dio limosna á vn peregrino maronita; que en el frío de vna ter- 
ciana abrigó á su hijo D. Carlos y estos son los grandes actos de cle- 
mencia de Felipe II.— En el Capítulo 5.^, de su humildad y devoción, sólo 
sobresalen sus poquedades y confianzas en el hermano Fr. Francisco del 



n 



248 KliVISTA DE ARCHIVOS /bibliotecas Y MUSEOS 

Niño Jesús, y en la correspondencia epistolar que mantuvo con otro lego 
Descalzo, Fr. Juan de Cabrera, y con otros legos de varias órdenes Reli- 
giosas.— En el Capítulo 6.° se pone en prueba de su fee la fábrica del Es- 
corial, el haber mandado que no se abriese nunca el mauseolo del cuerpo 
de Santiago, el haber besado la m^no á vn misacantano, el haber hecho la 
guerra á Flamencos, Franceses, Alemanes é Ingleses; el haber mandado 
quitar Ja gorra al Príncipe de Asturias, que ayudaba á rebestir á vn sacer- 
dote, y el haber pedido licencia al cura de Tarancón para herrar vn ca- 
vallo an día de fiesta — En el Capítulo 7.®, de su modestia, cuenta el autor 
por tal el haber sido Protector de la Liga de Francia, en tiempo de las 
guerras civiles; y pág. 117: La historieta de la diputación de los dos ca- 
thedráticos de Salamanca, cuento que se refiere de otros embiados á 
Papas y Reyes.— -En el Capitulo 8.®, pág. i3í. De la Prudencia: parece ri- 
dicula la noticia de que se preció siempre este Rey Prudente de tres co- 
sas, á saber: de no haber vsado greguescos, balones, ni calzones; ni de 
haberse puesto á muía, ni de haber baylado.— Pág. 142: Es igualmente ri- 
sible la especie de que, si los reynos se diesen por oposición como canoni- 
catos, leyendo todos los Reyes y sabios del mundo, Felipe íí se hubiera 
llevado la prebenda del Reyno, con ventaja grande.— Pág. 147: Es tam- 
bién indecente el cuento del otro eclesiástico, de cuya mucha pruden- 
cia decía el Rey que tenía noticias, por estar amancebado con una doña 
Prudencia, — Pág. 157: Hai otros cuentos de personas consultadas para 
Obispos, mui indecorosos. — Pág. i63: Parece demasiado fuerte y absoluta 
la proposición de que desde Salomón acá, no tuvo el mundo Rey tan sabio: 
en prueba de cuya sabiduría se dice, pág. i65, que leía los libros de Rey- 
mundo Lulio, aun en sus viajes. — En el Capítulo 10, de su Justicia, se trae 
en comprobación de ella la causa del Secretario Antonio Pérez, que los 
más tendrán por argumento en contra. Trae también la de la muerte del 
Príncipe D. Carlos, executaáa según el exemplar del Príncipe Carlos de 
Viana, cuyo proceso mandó Felipe II traducir del catalán.— En el Capí- 
tulo II, pág. 186, hablando de la armada y expedición famosa contra In- 
glaterra, se dice: que la disposición de los medios no fué menos prudente que 
la intención piadosa, Pero todos los historiadores sensatos convienen en 
que la desgracia de aquella expedición provino de la imprudencia con que 
se dispuso.— Capítulo 12, pág. 194: haciéndose mención de un rayo que 
cayó en el Escorial, año ¡577, se añade que aquel suceso lo había pronos- 
ticado Micón, vn judíciario catalán; y que el referido año era prodigioso 



EL CONSEJO DE CASTILLA 249 

por ser septenario, y encerrar once veces siete, y que se verificó la caída 
del rayo en Septienibre, que es mes séptimo y el día 21 de él, que son tres 
sietes, y día séptimo de la Luna, y quando había entrado el Sol en el sép- 
timo grado del signo de León.— Este análisis judiciario, es tiempo de que 
ya se suprima.— Capítulo i3, pág. 196: Es vna exageración que puede ha- 
cer reír la de que Alexandro no fué Magno, respecto á Felipe II.— Ibíd. 
dice: que la Reyna de Candía edificó el Mauseolo, Y debe decir Reyna de 
Caria. — Pág. 204: se habla de las fortificaciones que se hicieron en Mani- 
lias: Y debe decir en Malinas.— Pág. i53, dice: Que el templo del Esco- 
rial es primero en dignidad en el mundo. Pero ¿qué dirá á esto el de San 
Pedro de Roma, y sobre todo el de San Juan de Letrán, que tiene vna de- 
claración á su fabor de Sixto V, cuya inscripción se ve clavada en sus pa- 
redes?— Pág. 272: donde se refiere el cuento de cierto mercader de unicor- 
nios, se asegura que Phelipe II dejó vinculados á la Corona los unicornios 
que poseía, los quales valían más de vn millón. Pero se debe poner por 
nota, que ya nadie ignora al presente que el unicornio pasa por animal 
fabuloso, y que las muchas astas que con este nombre se muestran en los 
Gabinetes, pertenecen al Narhusal, especie de Ballena. Pág. 3o5, se dice 
que Holanda es vna pequeña provincia, vecina al mar de Brabante, que 
tiene al Mediodía África, al Oriente el Occeano, y por todas partes el mar 
Británico, y al Occidente Flandes. Qualquiera echa aquí de ver los des- 
barros de esta descripción; porque Holanda es la más considerable de las 
Siete Provincias vnidas. Confina por el Oriente con las de Gueldres y 
Utrecht; por el Poniente y Norte con el Mar Occeano, y por el Mediodía 
con los Estados de Brabante.» 

El renacimiento de los estudios históricos en el siglo xvni, debido á la 
paciente labor y sabia crítica de investigadores como los PP. Burriel y 
Flórez, que lograron casi desterrar las falsificaciones de los siglos xvi y x vii, 
dando á la Historia un carácter científico y positivo, se reñeja en algunos 
informes del Consejo, donde se veían mal aquellas fábulas de los orígenes 
de España, y aquellas citas continuas, sobre todo en las crónicas de villas 
y ciudades, de los cronicones de Hauberto, Luitprando y demás autores 
imaginarios. Un censor notaba en la Miscelánea de noticias curiosas, por 
D. Bernardo EspinaIt (1769) que, «habiéndose creado la Academia para 
limpiar nuestra Historia de fábulas, no era consiguiente se repitieran por 
su asenso muchos cuentos ó historietas que en otros tiempos se publica- 
ron, las cuales se hallan ya por los moJernos reprobadas; tales son la de 



25o REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

que hace mención en el día 3 de Enero, en que pone la memoria de At- 
lante ítalo, rey de España; la que coloca en el día 8 de Febrero la se- 
quía general, y la del primer poblador en el día 27 de Marzo cita el 

cronicón de Hauberto para un concilio de España ¿quién leerá con 

gusto, en el día i .° de Enero, la toma de Granada, cuando es evidente que 
á fines de Diciembre se hizo el privilegio último rodado que despacharon 
los Reyes Católicos, que llaman de las entregas?» 

En el Compendio de la Historia de España, del P. Duchesne, tradu- 
cido por el P. Isla, notó D. José Miguel de Flores proposiciones tan es- 
candalosas como decir que España se llamó Cunicularia por haber en ella 
muchos gazapos; que los soldados que llevó Francisco I á Flandes eran al- 
guaciles de ejecución, en cuya censura había, por parte de Flores, mani- 
fiesta adulación á los Borbones; afirmar que las alcabalas eran un impuesto 
onerosísimo; que D. Ramiro II de Aragón fué monje proteso y luego ca- 
sado con dispensa pontificia; que Sancho el Bravo quitó injustamente el 
trono á sus sobrinos; que el Rey D. Pedro fué el Nerón de Castilla; que 
D. Alvaro de Luna mereció ser degollado; que Fernando el Católico no 
guardaba lealtad en sus tratados. Más en lo cierto se hallaba Flores al con- 
denar algunas tabulas admitidas por el P. Isla, cuales eran las armas que 
suministró i D. Pelayo una matrona de Valderas, y el famoso tributo de 
las cien doncellas. 

El afán regionalista de atribuir la mayor antigüedad posible á las mo- 
narquías de la Edad Media, y que ha llenado de fábulas y documentos apó- 
crifos la historia de Cataluña y Aragón, se manitestó especialmente en los 
cronistas de Portugal por no contesar que en un tiempo fué su nación 
provincia de Castilla; las erróneas leyendas consignadas por Salazar de 
Mendoza en su Monarquía de España fueron combatidas por un erudito 
de cultura tan desordenada y tan varia, pero tan rica siempre, como fué el 
P. Sarmiento; juzgó dicho libro «fantástico, conforme á la jactancia por- 
tuguesa, pues jamás ha habido monarquía, ni aun rey de Portugal, hasta 
el año de 1 139, en que D. Alonso, hijo del Conde D. Enrique, Adelantado 
de Portugal, siendo vasallo deí Rey de León, se rebeló y se metió á ser rey 
de la noche á la mañana, á vuelta de unas ficciones populares que se ex- 
tendieron hasta las armas, que nunca usó. Antes de Recaredo no hubo 
monarca universal de España». También reprobó que el P. Brito imagi- 
nase una monarquía lusitana desde la creación del mundo; llama á la obra 
de Salazar ente de ra¡{ón; desecha la tan vieja como desacreditada leyenda 



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EL CONSEJO DE CASTILLA 25 1 

de que España íuese colonizada por Tubal después del Diluvio; llama im- 
postor y falsario á Juan Annio de Viterbo, quien enturbió con patrañas 
las fuentes históricas de la antigüedad; dice que los genealogistas no son 
idóneos para escribir la Historia, pues no les gusta acomodarse á la pura 
verdad y á pruebas justificativas de las filiaciones que inventan ó admiten. 

Una obra tan excéptica como la Historia crítica de España, del Pa- 
dre Masdeu, donde la piqueta desmorona hasta lo que más solidez tenía, 
fué aprobada sin dificultad en el Consejo (1787), si bien se le advirtió que 
omitiese <(Ias agrias expresiones de malignidad, odio, envidia, mala fe, con 
que zahiere á los célebres Monfaucon, Matfei, Muratori y otros sabios, á 
quienes trata de ignorantes y mal. intencionados cuando escribieron de 
antigüedades de España». 

El espíritu de crítica y de veracidad histórica que tan grandes alientos 
cobró en el siglo xviii, como reacción contra las falsificaciones de los si- 
glos XVI y XVII. se manifiesta en muchas censuras: en el libro de San Mi- 
guel deExcelsis, por Fr. Tomás de Burgui, se condenó el citar los croni- 
cones apócrifos y adherirse á las opiniones de la Madre Agreda en su Mís- 
tica ciudad de Dios; en las Memorías de la ciudad de Lucena, por D. Fer- 
nando José López de Cárdenas (1775), se mandó quitar la aparición de 
Santiago en Clavijo y los párrafos en que se hablaba mal de la Represen- 
tación del Duque de Arcos '; en el Tratado de Noble¡{a y compendio de 
sus fueros, por D. Juan Vicente Nieto Suárez y Fiallo (1777), la patraña 
heráldica de que Júpiter inventó los escudos de armas; en la Sucesión 
Real de España, por Fr. José Alvarez (1770), la portentosa navegación de 
D. Pelayo desde Toledo hasta Alcántara; la fundación de la Universidad 
de Toledo en el año 83o, invención del P. La Higuera, y la defensa de los 
seudo-histonadores Luitprando y Hauberto; en la Vida del Beato Fr. Je- 
rónimo de Cor león (1772), un prodigio ridículo: «es cosa de risa el ver 
cómo un Virrey de Sicilia, porque Fr. Jerónimo se había encargado de los 
dolores del parto de la Virreina, le mandó que lo pusieran en una blanda 
cama, y que los mismos cordiales y corroborantes que estaban preveni- 
dos para la Virreina, se los administrasen á Fr. Jerónimo.» 

En los Recuerdos históricos de D. Julián López Romero (1785) se es- 
candalizó el censor leyendo una frase tan impía como decir «que los 

I La Historia de la Iglesia de León^ del Obispo Trujillo, fué censurada con alguna dureza 
por D. Miguel José de Flores, quien reprobaba leer en una inscripción Legio VII gemina, en vez 
de Legio VII germánica. 



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<i\ 



252 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 



mahometanos cumplen con más exactitud el Alcorán que nosotros el Evan- 
gelio»; y añadió para consolarse: «Es cierto que el demonio contribuye 
con su influjo para que los mahometanos cumplan con rigor su falsa ley, y 
á nosotros nos tienta continuamente para que no cumplamos la nuestra.» 

Casi tan inofensiva era otra opinión que se censuró en la Historia del 
cautiverio y redención de la devotísima imagen de Jesús NaJiiareno, por 
Fr. José de Santa Mar/a, trinitario calzado, quien hallaba muy lógico 
que unas imágenes estuviesen cubiertas de polvo y de telarañas, como 
^^ aquel inutile lignum que describe Horacio, y otras colmadas de joyas, ex- 

votos y devociones, por su belleza ó por sus milagros. 

De las medianías intelectuales que hubo en el siglo xviii pocas tan agra- 
dables como Fr. Francisco Méndez, infatigable auxiliar del P. Flórez, al 
que proporcionaba muchos de los materiales con que levantó su monu- 
mento de la España Sagrada; á quien tributó siempre cariño y respeto 
grandes, y cuya biografía compuso, libro que fué censurado con nimiedad 
tan excesiva por D. José Miguel de Flores, que parecía clara la intención 
de molestar al agustino alcarreño; regatea al P. Flórez el tílulo dt patrono 
de las Letras crporque no en todos los doctos y buenos escritores se pue- 
den juntar fácilmente todas las partes y raras cualidades que contribuyen 
á dar un renombre de tanta monta»; se detiene en redundancias insigni- 
ficantes de estilo, como le destinó un religioso que sirviese de amanuense 
y le llevase la pluma, cuando bastaba una de las dos cosas; llamar á don 
Alfonso Clemente Aróstegui, mecenas del P. Flórez, por más que no apa- 
reciesen en la obra oficios de tai; reprueba el insertar en un apéndice va- 
rias poesías latinas y castellanas inéditas del P. Flórez: 

«En quanto á la corta colección ó miscelánea de poesías inéditas, así 
latinas como castellanas del M.® Flórez, tengo por indispensable exponer 
que será bueno se omita insertarla en este libro, como asimismo el La- 
berinto que hizo á S. Juan de la Cruz; porque dichas poesías están escri- 
tas con poco gusto y delicadeza de estilo y pensamientos. Y como por otra 
parte no tiene conexión el estudio de la Poesía con aquellos que fueron el 
principal objeto y continua ocupación de aquel sabio, no hay necesidad 
de publicar entre sus obras serias una que tiene mucho de pueril y no ha 
salido hecha con la mayor felicidad.» A continuación apunta los descui- 
dos que notó en la Vida del P. Flóresi, y son éstos: 

«En la relación de los viages se nota lo siguiente: Pág. 59: ctviages y 
•caminatas»; habiendo puesto viages, parece escusado añadir caminatas. 




r 



EL CONSEJO DE CASTILLA 253 

Pág. Sg: «por lo común iba á parar á la posada, aunque en el pueblo hu- 

»b¡ese convento de nuestra orden, pues aunque estuvo en algunos, fué en 

»rau¡ pocos, y esto más por fuerza que por voluntad.» No se duda que el ^>j 

M.® Flórez tendría razones para escusarse de ir á parar á los conventos | 

de su orden; pero ni suena bien que prefería ir á el mesón antes que á su 1 



convento, ni el que se omita esta noticia perjudicará á la exactitud de la 



1 



1 



relación en el asunto principal.— Wage de la Coruña. Pág. 6i: «entró en 3é 

»Peñaranda y viósu Colegiata.» La villa de Peñaranda de Bracamente } 

no tiene Colegiata; y sí sólo iglesia parroquial. — Viage de Valencia, Pá- 
gina 70: en el primer §, que comprende desde Madrid hasta Arganda, hay '¡ 
dos equivocaciones. Dice «se pasa por Vallecas y Vacia Madrid; el primera "] 
>cs mui buen lugar, y el segundo son unas pocas casas muy cerca de donde ¡ 

»entra el río Manzanares en el Henares A poca distancia se pasa en J 

abarca el río Henares y luego está la villa de Arganda.)> Es bien sabido /j 
que Manzanares no entra en el Henares, y sí en el Jarama, y que Hena- J| 
res no se pasa desde Vallecas á Arganda. Pág. 71 : c(Y en llegando al Gordo 1 
»oyó Misa.» Este lugar se llama Villagordo de CabrieL En la misma pá- j 
gina «siete iglesias» es siete aguas. En la misma pág., en lugar de anfitea- 
tro, que cita entre las antigüedadeN de Murviedro, debe ponerse teatro. 3 
En la misma pág. «el puente del río Mijares que dista dos leguas de Villa 1 
»Real.» Este puente no dista de Villa Real sino un quarto de legua escaso. j 
En la misma pág. c<y llegó á Benicase, que son dos casas solas á la orilla ^\ 
»del mar.» En Benicase hay más de dos casas á la orilla del mar y á más 1 
una torre; y á una corta distancia está la población principa!, que pasa . ü 
de 20 casas. Pág. jZ: «El Monjui, fortaleza inexpunable, según la iban po- \ 
»niendo^ desde donde se alcanza á ver Puertomahón.» No se ve Puerto- ] 
mahón desde Monjui; y aun Mallorca se duda que se pueda alcanzar á ver. 
— Viage de Bayona de Francia, Pág. 91 : «San Juan de Pie de Puerto es un '\ 
«lugar que llaman ciudad, pero de corto vecindario, pues se reduce á cien 
^fuegos.» Cien fuegos es galicismo por cien casas,— Viage de Granada, 
Pág. 1 15: «Hinojosos, cuia mitad es del obispado de Cuenca, y la otra mi- j 
»t«d del orden de S. Juan.» Los Hinojosos son dos distintos pueblos que ¿ 
los separa un arroyo que pasa por una calle: el uno pertenece al obispado j 
de Cuenca, y el otro al Priorato de Uclés, del Orden de Santiago, y no al | 
de San Juan. Pág. 117: La inscripción griega que pone en Cartagena, ca- \, 
He que sube á la iglesia mayor, que hace frente á la casa de D.* Gerónima ^ 
de Cárdenas, de mano del R.** P. M.*' Fr. Juan de Talamanco, del ordea - 



254 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

de la Merced, está mal copiada; pues debe restituirse, á mi entender, en 
este modo: 

Pro requie et salute Beatce Domince Citurce. 

Viage de Plasencia. Pág. 128: Tratando de la Colegiata de Escalona 
dice es patrona la Marquesa de Villena; y no pertenece este patronato á 
la Marquesa, sino al Marqués. Y el que traxo las quatro arcas de reli- 
quias, que existen en el archivo, fué D. Juan FernándeJi Pacheco, Emba- 
jador en la Corte dé Roma y después Virrey de Sicilia; lo que se podrá 
poner en el blanco que se halla en dicha página.— Viage de Cuenca. Pá- 
gina i33. Donde se dice: «el día 4 hizo medio día en una venta», se puede 
expresar: en la venta de Caére/as.— Corrigiendo, pues, el libro según 
estas advertencias, y purificando algunas voces ó expresiones que tienen 
poca propiedad, como, por exemplo, en la pág. 65: jarrear los tabiques. 
Pág. yS: donde para significar Oficial Militar usa de la voz soldado, se le 
podrá conceder al P. Méndez la Licencia que solicita.» 

Más importancia que los anteriores tenía otro reparo hecho por Flores, 
y era la conveniencia de haber hecho en la Vida del P, Flóre¡{ un índice 
sistemático de los documentos, concilios y escritores contenidos en la Es- 
paña Sagrada, para facilitar su estudio. 

Los censores eclesiásticos solían líiirar con odio, ó con desdén al me- 
nos, aquellos libros que no tenían por objeto enfervorizar las almas, sino 
recrearlas, finalidad que Schiller juzgaba de las más nobles; con igual me- 
nosprecio solían mirar las obras de mera erudición, y así nada tiene de 
extraño que el Obispo de Cuenca lograse con un informe suyo prohibir la 
impresión de la Historia de la fiesta de los locos, por Mr. Dutilliot, tradu- 
cida al castellano por D. Berenguer José Pérez Pastor; el sabio prelado 
conquense decía que «no puede traer utilidad alguna, espiritual ni 
temporal, semejante traducción, que tiene por objeto el hacer revivir la 
memoria de mil desenvolturas y socarrerías que se practicaron en algu- 
nas iglesias de Francia en siglos pasados, y que el celo de los Prelados y de 
los Parlamentos de aquella ilustrada nación hace más de un siglo abolió, 
desterró y sepultó; pues ¿qué utilidad puede traer la noticia de un oprobio 
que tué detestado en su país? Más vale sabiamente ignorar lo que no es 
conducente saber». Con esta sabia ignorancia del Obispo conquense, Ba- 
rrientos auténtico del siglo xviii, habría que condenar al fuego casi todos 
los libros de erudición, respetando nada más que el Flos sanctorum y otras 
obras semejantes, notables por su crítica histórica. 



r 



EL CONSEJO DE CASTILLA 255 

Una piedad meticulosa llegaba á lo increíble en eso de hallar doctrinas 
malsanas; en la Historia de la Casa de Brandenburgo, escrita por Fede- 
rico de Prusia, D. José Miguel de Flores condenó el decir cque Federico 
Guillermo murió con la mayor resignación de un cristiano, conservando 
una presencia de espíritu admirable hasta el último instante de la vida, y 
triunfando de la muerte como héroe». Flores juzga perniciosas estas pala- 
bras, porque «morir como cristiano es morir con te católica, arrepentido y 
resignado en Dios; esto en un protestante es imposible, á menos que nos 
dijera que había detestado sus errores». 

El espíritu de crítica y de investigación que produjo en el siglo xviii la 
renovación de nuestros estudios históricos . llegó también á la historia li- 
teraria y produjo una obra tan laudable como la de los PP. Rafael y 
Pedro Rodríguez Mohedano, si bien peca de extraordinaria difusión y de 
estudiar libros y escritores meramente científícos, por lo que resulta una 
historia de la cultura española, pasando los límites de su título y aun del 
asunto. Pocas obras fueron tan injustamente censuradas como ésta, de la 
que llegó á decir en su informe D. Juan de Aravaca que «no nos descubre 
documento ni noticia literaria que no se encuentre en la Bibliotecade don 
Nicolás Antonio, con la notable diferencia de hallarse en éste con elegante 
concisión cuanto hay digno de saberse de estos y otros autores en solas 
cuatro hojas y media, y ocupar las mismas materias todo el tomo quinto 
de la Historia literaria. Si se hace un prudente cálculo de la extensión que 
tendrá esta obra, según el método que sus autores han observado en este 
y en el antecedente tomo, no será exageración el computar para ella hasta 
doce siglos de tiempo, y el material de siete á ocho mil volúmenes, si han 
de completar hasta nuestros días las noticias de los literatos españoles. Pa- 
rece que la Historia literaria de España debiera ser un suplemento y adi- 
ción á la Biblioteca de D. Nicolás Antonio, reconocida por los sabios de 
todas las naciones por la más perfecta en su género; contentándose los que 
la van formando con tratar los puntos importantes que en aquélla se omi- 
tieran. Falta tanto que investigar en nuestra Historia literaria moderna, 
que en mi sentir deben los que la escriben contentarse con lo que ya está 
comúnmente recibido acerca de los escritores antiguos de quienes no pro- 
ducen algún tratado ó documento nuevamente descubierto que sea útil ai 
público y glorioso á la nación». 

Tan menguado concepto tenía el buen Aravaca de nuestros oríge- 
nes literarios, compendiados en una especie de libro sagrado, que para él 



256 HEVISTA DK ARCHIVOS, blttLliriECAS Y MUSKOS 

esto era la Bibliotheca vetus de Nicolás Antonio; y llega á censurar el que 
se estudiasen las Declamaciones y Suasorias de Marco Anneo Séneca, 
c<pues no se deben proponer á los jóvenes como modelos de elocuencia en 
competencia de Cicerón y de los otros buenos oradores antiguos y mo- 
dernos». 

A esta censura, ó mejor dicho vejamen, no podían menos de contestar 
los PP. Mohedano, y así lo hicieron en una réplica cortada por el pa- 
trón de la Historia literaria, pues ocupa nada menos que 72 hojas en fo- 
lio; en ella protestan de que Nicolás Antonio sea la última y definitiva pa- 
labra y á modo de sentencia firme, sin que tuese lícito ir más allá con nue- 
vos juicios ó investigaciones: ^Los sabios benedictinos de San Mauro no 
tienen ni han tenido por ociosa la Historia literaria de Francia después de 
las Bibliotecas de Sorel, Verdier de Vauprivás, La Croix de Maine, Le 
Long y Gouyet; después de muchas Bibliotecas é Historias literarias de to- 
dos los Estados de Italia, la Historia del Gimnasio Romano de Carafá; la 
Historia literaria de Venecia, de Foscarini; la de Aquileya, de Fontanini; 
los escritores milaneses, de Argelati; los Estudios de Milán, de Sassi; los 
Escritores de Ñapóles, de Toppi; los de Genova y Florencia, de Ugolino 
Verino, Soprani y Oldoini; los de Friuli, de Liruti; la Biblioteca de Sici- 
lia, de Mongitore». 

Protestan los Mohedanos de que estuviésemos hartos de npticias y jui- 
cios literarios cuando más de la mitad estaba por hacer: c(E! docto Padre 
Sarmiento, después de haber dejado unas Memorias de lapoesia española, 
no tiene aún por ociosa una Historia de la poesía y una Biblioteca de los 
poetas españoles, y dice que es muy poco todo lo que tenemos esparcido 
sobre esto en D. Nicolás Antonio y otros. Hace falta, en España, después 
de la Biblioteca de D. Nicolás Antonio, una Historia de los oradores espa- 
ñoles, otra de los médicos, otra de los filósofos, de los teólogos, etc.» 

Los PP. Mohedano tienen de la Historia literaria un concepto amplio, 
pues la extienden, y con razón, más allá de los libros, ya que también debe 
tratar c<de las personas sabias que no escribieron y se llaman eruditos agra- 
fos. Tiene por asunto, no solamente los sabios y sus obras, sino también 
las Academias, Escuelas públicas ó Universidades, Colegios, Sociedades 
literarias, Imprentas, Bibliotecas, Mecenas que los protegieron de los Zoi- 
los y Momos que los persiguieron é incomodaron. Por la regla del censor 
debían proscribirse todas las obras que no han escrito los eruditos de pri- 
mer orden, los inventores, y que sólo hubiera en la república de las le- 



n 



r 



EL CONSEJO DE CASTILLA 257 

tras magnates literarios, héroes^ y escritores de primera clase, como los 
llama Heumanno. Esta pretensión es quimérica, como si en un ejército se 
tuvieran por útiles solamente los jefes, ó en una república sólo hubiera 
senadores y patricios». 

Hacen resaltar los PP. Mohedano que todas las naciones, fuera de Es- 
paña, estudiaban con desvelo sus escritores antiguos, y que por nuestra 
desidia en esto nos motejaban de bárbaros >. 

El afán de ennoblecer á los santos atribuyéndoles milagros estupendos 
y raros, hizo que sus biógrafos, tan ayunos generalmente de sana crítica 
t:omo llenos de un necio pietismo, llenaran sus libros de prodigios que, 
más que la devoción, excitan la risa; los censores del Consejo condenaron 
á veces estas extravagancias; en la Medula histórica cisterciense de Fray 
Roberto Muñiz se condenó el que «toda la relación de semejantes vidas 
[de santos] se reduce á una cadena continuada de milagros, y la mayor 
parte de ellos ridiculizados en las circunstancias con que los refiere; como 
el de San Gerardo, que por la pendencia que tuvo con un lego de su con- 
vento que plantaba viñas, hizo que no fructificasen, hasta que después su 
hermano San Bernardo, con otro milagro, las obligó á que diesen fruto. 
El caballo de San Galgano, falto de espuelas, que echándose largo con 
mucha sorna, fué necesario que el arcángel San Miguel le mandase levan- 
tar. ¿Qué dirán los enemigos de la Iglesia, de la expedición de San Ber- 
toldo contra los de Livonia, en la forma que aquí se refiere, formando 
planes de operaciones militares, y comandando escuadrones para intro- 
ducir á fuerza de armas el santo Evangelio en la Livonia? ¿Es esto con- 
forme á el espíritu de la Iglesia, á las máximas evangélicas y á la recta 
razón? ¿Qué fruto han de sacar los religiosos y religiosas de leer una sarta 
de milagros arbitrarios y facticios, por la mayor parte increíbles en sus 
circunstancias y modo de referirlos? Su efecto servirá sólo para recalen- 
tar la cabeza de algunas pobres mujeres, ó de algunos monjes sencillos.» 

Más pueriles hallaba D. Manuel de Lardizabal otros milagros referidos 
en la Instrucción útilísima para confesar, de Fr. Manuel Jaén;itales son 
que el demonio, en forma de lechuza, chupaba el aceite de una lámpara,. 



I De Fr. Rafael Rodríguez Mohedano hay (legajo 9, núm. 45) una prudente censura del 
Diario de los literatos: «La tmpresa del Diario es útil para dar á conocer los buenos libros y 
reprimir la muchedumbre de los malos. Pero también hay una plaga de malos censores que son. 
igualmente perjudiciales al progreso de las letras; tienen por canon de los aciertos su gusto- 
particular.» Proponía Mohedano que los artículos del Diario no se publicasen en forma anónima, 

3. * ¿POCA.— TOMO XV. 1 7 




258 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

y convertido en ratón mordía la cuerda de otra para que se cayese; «seria 
de desear que este género de libros, al mismo tiempo que enseñan el ejer- 
cicio de las virtudes, enseñasen prácticamente á los lectores á ser racio- 
nales y á juzgar de todas las cosas con equidad, solidez y rectitud.» 

Pero todas estas enormidades resultaban sensateces junto á lo que se 
leía en la Vida de Fr, Sebastián de JezüSy religioso lego que fué de San 
Francisco y por Fr. Cristóbal Moreno: aquel santo varón solía llamar á 
los perros «que á una hora se juntaban todos en la plaza de Sevilla, espe- 
rando que les diera el alimento, y mandaba á los que tenían amo que se 
retirasen, y á los otros, después que habían comido, que volvieran por las 
calles que señalaba á cada uno, lo que ejecutaban puntualmente.» En 
otra ocasión faltaba en Sevilla pescado fresco: el taumaturgo lego con- 
vocó los peces del mar, tomó los que hacían falta y despidió afablemente 
á los demás. Prodigios que parecen inventados por un ingenio maleante 
de Sevilla, más que referidos en serio. 

Los disparates que se escribían en estas vidas de santos parecen increí- 
bles; en un Calendario español y almanaque de santos, por D. Ignacio de 
la Erbana (1772), atribuía á Magencio las siguientes máximas: «El oficio 
del buen príncipe es reparar las iglesias mal tratadas, edificar nuevos 
templos y honrar á los sacerdotes.» Añade Erbana que Santa Escolástica 
llegó á contar 14.000 monasterios de su Orden, y San Benito ¡millones! 

Aún decía cosas más peregrinas Fr. Francisco de los Arcos en su Ge- 
nealogía del Testamento viejo, desde Adán hasta Jesucristo: que Noé es- 
tuvo en Italia y luego en España á ver su nieto Tubal; que éste había he- 
cho asiento en Pamplona, donde dio leyes escritas y murió dejando i65.ooo 
nietos y biznietos; sólo faltó al buen Padre añadir que estos datos los ha- 
bía tomado de los archivos parroquiales de Navarra. 

Difícil es calcular si fueron mayores las ventajas ó los inconvenientes 
de traducir al castellano el Diccionario de Moreri, vasta compilación en- 
ciclopédica semejante á los de Montaner, de Littré, ó de Larousse, que en 
nuestros días son la Biblia pauperum, y fácil arsenal donde se encuen- 
tran materiales para en un momento dado escribir de omni re scibili; ver- 
dad es que tanto casi como las obras del P. Feijóo contribuyó el Diccio- 
nario de Moreri á ponernos en comunicación con el movimiento intelec- 
tual de fuera; pero en cambio aclimató numerosos errores y produjo no 
pocos de los eruditos llamados entonces á la violeta, frase que tiene para 
nosotros no sé qué sonsonete de anacronismo. Y, sin embargo, los censo- 




EL CONSEJO DE CASTILLA 



25g 



sores del Consejo sólo notaron en el Diccionario de Moreri pequeños erro- 
res ó cosas que no lo eran; v. gr,: que D. Juan de Austria fué hijo de Car- 
los V y de su hermana D.* María; que los Reyes de España, cuando se 
cansaban de sus concubinas, las solían recluir en conventos; que Juan Xf 
fué hijo de Sergio III y de una mujer impúdica; hablar con desprecio de 
Enrique IV de Castilla y del Pontífice Alejandro VI; llamar usurpador de 
Ñapóles á Fernando el Católico, y juzgar apócrifas las llamadas Consti- 
tuciones apostólicas, que realmente fueron compuestas en el siglo iii. 

M. Serrano y Sanz. 
(Continuará.) 



EL ITINERARIO DE DON HERNANDO COLON 

Y SU VOCABULARIO TOPOGRÁFICO DE ESPAÑA 



(Conclusión) '. 
líl 



Distingüese la tercera parte del códice por ser la menos mutilada 
y por la letra, que es incorrecta y muy irregular, parecida á la del 
segundo amanuense de la parte anterior, si no es que toda procede 
de la misma mano. 

Consta de 5o8 folios, des^e el 171 al 678, y se compone de tres 
fragmentos: el primero hasta el folio 63o, comprendiendo las rela- 
ciones 2.548 á 5.408; el segundo hasta el 65o, con las relaciones 5.565 
á 5.685; y el tercero hasta el 678, siendo las relaciones que com- 
prende^ desde la 6.3 10 á la 6.476. Suman^ pues, todas las conserva- 
das de estas últimas en la tercera parte, 3.149. 

De las dos lagunas existentes entre los tres fragmentos faltan, en 
la primera, las relaciones 5.409 á 5.564, y en la segunda, desde la 
5.686 á la 6.309. ^^^ no conservadas, pues, ascienden á 780, y el 
total de las conservadas y de las perdidas, á 3.929. 

Aplicando la proporción 6,11 : i que resulta por término medio 
entre las relaciones y folios, corresponden á la primera laguna 25 
hojas, y á la segunda, 1 13, ó sea en totalidad, i38. Si á éstas se su- 
man las 5o8 que sobreviven, tendremos que todos los folios de la 

I Véase el número anterior. 



r 



EL ITINERARIO DE DON HERNANDO COLÓN 26 1 

tercera parte, cuando estaba completa, debieron ser 646, equivalen- 
tes á cerca de 27 cuadernos de 24 hojas. 

Por medio de números encerrados en cuadriláteros se hallan in- 
ücados, en el frente de la primera hoja de cada cuaderno, los prin- 
cipios del 25, 3o, 3i, 32, 33, 34, 35, 37, 38, 39, 41 y 46 respectiva- 
mente, como podrá verse revisando los folios 273, 394, 418,441, !^ 
483, 5i3, 565, 589, 607, 63c y 65i. ^ 

La letra del amanuense más esmerado, el que redactó las rela- 
ciones 5i3 á 558 de la segunda parte, vuélvese á ver una vez sola en r 
la tercera, en la relación núm. 3.260. ; 

Los nombres, apellidos, notas y palabras sueltas, encontr$idas de ! 

vez en cuando entre las relaciones, fueron escritos, al parecer, para :; 

probar la pluma; y, sin embargo, no carecen de valor relativo para ;^ 

la investigación, porque sirven de norma al clasificar las letras de .^ 

texto, pudiéndose atribuir la de cada clase al escribiente que demos- ^^ 

tro poseer la misma al formar el nombre, el apellido ó la nota, sean | 

éstos verdaderos ó imaginarios. Omitiendo otros apuntes más insig- i 

niñeantes, como los del folio 75, en que se transcriben máximas mo- 3 

rales, ó se copia un modelo para escribir cartas ó se cita algún pa- «^j 

saje de Virgilio, pueden verse, al folio 299, las frases sueltas siguien* J 

tes: como yo Juan de Córdoba procurador universal como yo | 

Johan de Robles tescrtua ; al 482, una especie de fórmula de 1 

nombramiento de escribano y notario público, hecho á favor de un 
tal Carlos de Robles; y al 564, entre otras varias palabras, las si- .^ 

guientes: yo Francisco de Salamanca escriuano publico. Adviértese J 

que los nombres y apellidos no se atribuyen nunca á persona par-» ^ 

ticular, sino investida con función ó carácter público. á 

Con los principios de cuadernos á la vista podrá fácilmente con> \ 

probarse que el número de folios calculado para el manuscrito en 
estado completo se acerca bastante á la realidad. 

No siendo regla invariable, aunque si la más frecuente, que cada 
cuaderno conste de 24 folios, no será de extrañar alguna diferencia 
entre el resultado que se obtenga haciendo el cómputo sobre los 
cuadernos y el ya obtenido por medio de las proporciones. Después 



f;. 



262 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

de todo, esa diferencia es tan corta que no merece la pena de to- 
marla en consideración, tratándose de tan crecido número de folios. 
Por otra parte, ella podrá aumentar ó menguar, cuando se compara 
un cuaderno con otro ó con varios aisladamente; pero cuando se 

ÍT computan todos á la vez y luego se les aplica el término medio de la 

^ proporción, la diferencia es insignificante. 

ií Lo probaremos con ejemplos. El folio 71 actual, primero del cua- 

f . derno noveno, como lo indica el número 9 incluido en un cuadrilá- 

tero al frente de la primera hoja del mismo, debió llevar el número 
193 en la foliación primitiva, partiendo del supuesto de que todos 
los cuadernos constasen de 24 hojas, porque 8 por 24 dan 192 por 
producto; sin embargo, por el procedimiento de las proporciones an- 
teriormente empleado, le debió corresponder el número i63 de 
aquella foliación, notándose, por tanto, una diferencia de 3o hojas 

I entre los resultados de ambos procedimientos. 

Esta diferencia se va reduciendo después á doce, nueve, ocho, 
seis, cinco hojas y, cuando empieza el cuaderno 46, á cuatro sola- 
mente; porque el folio 65 1, primero de este último cuaderno, debió 
llevar el número 1.685 según el cálculo de las proporciones, y lleva- 
ría el 1. 68 1, según la regla de 24 hojas por cuaderno. 

Quedan por indicar algunas otras particularidades, y vamos 
á hacerlo antes de dar por terminado el examen Tde la tercera 
parte. 

Las hojas están escritas por ambas caras, excepto la 299, que 
sólo contiene tres líneas referentes á la descripción de Carmona, con 
algunos nombres y apellidos debajo; la 423 vuelta y 424 recta, que 
son blancas por completo, y la 564 vuelta que está ocupada con un 
nombre y un apellido nada más. 

Nombres de pueblos, formando series ó columnas verticales, lle- 
nan el reverso del folio 274 y las hojas enteras 276, 293, 294 |y 295; 
siendo de advertir, en cuanto á las tres primeramente citadas, que 
sus columnas van abrazadas por llaves ó corchetes señalados con las 
cifras arábigas 3.3x5 y 3.3i6, como si fueran parte de las relaciones 
topográficas; y que después vuelve la numeración romana en las re- 



r 



EL ITINERARIO DE DON HERNANDO COLÓN 



263 



laciones 3.3 17, 3.3 18 y 3.3 19, para seguir rigiendo en definitiva la 
arábiga hasta el final del libro. 

Aun á riesgo de aburrir la paciencia del lector, ofreciéndole la 
árida demostración de los estados numéricos, vamos á presentar en 
forma de cuadro sinóptico la estructura antigua y actual del códice, 
para que se aprecie bajo un solo golpe de vista su pasada y su pre- 
sente [importancia. Véase á continuación el cuadro: 

ITINERARIO DE DON HERNANDO COLÓN 



TEXTO 



RELACIONES 
TOPOGRÁFICAS 



FOLIACIÓN 
ACTUAL 



CUADERNOS 



Laguna i .* . . . 
Fragmento 2.°. 



Laguna a/ . . . 
Fragmento 3.*. 



PRIMERA PARTE 



Fragmento i.**. , 

Laguna 

Fragmento a.*. . 

Laguna i .* . . . 
Fragmento i.*. 
Laguna 2.^ . . . 
Fragmento 2.*. 

Laguna 3.* . . . 
Fragmento 3.'». 

Laguna 4.^ . . . 
Fragmento 4.^ 
Laguna 5.* . . . 
Fragmento 5.*. 



Fragmento 



I á 24 

25 á 275 

276 a 5o6 



I á8 








Qá62 





SEGUNDA PARTE 



507 a 5l2 
5i3á558 
559 á 756 
757 á 91 1 

912 a 1.970 
1.971 á 2.1 15 

2.1 16 á 2.249 
2.25o á 2.378 
2.379 á 2.384 
2.385 á 2.547 



2.548 á 5.408 



5.409 á 5.564 
5.565 á 5.685 

5.686 á 6.30Q 
6.3io á 6.476 



63 á7o 



71 ¿97 



98 a 121 



1 22 a 143 



El folio 71 principio del 
cuaderno 9 



El folio 98 principio del 
cuaderno 16 



144^170 
TERCERA PARTE 



171 á63o 



63iá65o 



65 I á 678 



Los folios 273, 394, 418, 
441, 459, 483, 5 1 3, 565, 
589 y 607 son, respecti- 
vamente, principios de los 
cuadernos 25, 3o, 3i, 32, 
33, 34, 35, 37, 38 y 39.. . 



El folio 63 1 principio del 
cuaderno 41 



El folio 65 1 principio del 
cuaderno 46 



FOLIACIÓN 
PRIMITIVA 



iá8 

9á66 

67 á 1 20 



121 

122 a 129 

i3oá 162 

i63ái89 
1904369 

370 a 393 
3944416 
4174438 
439 
440 ¿466 



467 á 926 
927 ¿95 1 

9524971 
9724 1.084 

i.o85 4 1. 112 












I 



264 



REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 



RESUMEN 



TEXTO 


RELACIONES 
TOPOGRÁFICAS 


FOLIOS 


10 fragmentos 


4.042 
2.434 


t 


8 laeunas 




Totales 


6.476 


1. 112 



IV 



Es el otro códice, llamado Vocabulario topográfico de España^ 
un grueso volumen en folio, de 3i5 x 2i5 milímetios, compuesto 
de 536 hojas, de las cuales 283 están escritas ó empezadas á escribir, 
y las otras 253 en blanco. La escritura se reduce en gran número de 
las hojas al nombre de un pueblo ó de un río solamente, en otras á 
un nombre seguido de ligeras indicaciones y en muy pocas se ex- 
tiende al dorso del papel, llegando alguna que otra vez á ocupar 
parte de la hoja siguiente. La encuademación es moderna y exacta- 
mente igual á la del Itinerario. 

La redacción del Vocabulario quedó en suspenso, apenas comen- 
zada la obra, quizás por haber sorprendido á D. Hernando en este 
estado su última enfermedad; y comprende solamente los pueblos 
cuyos nombres comienzan por las letras desde la D á la iV, ambas 
inclusive. Sin embargo: el códice ha debido contener las indicacio- 
nes respectivas á los otros pueblos, cuyos nombres tuviesen por ini- 
cial cada una de las demás letras, y ser, por tanto^ de dobles dimen- 
siones en tiempos antiguos. 

Carece de foliación escrita y el papel es de la misma clase y mar- 
cas que las del Itinerario. 

Lleva en la primera hoja, por el anverso, el siguiente título es- 
crito por D. Juan de Loaysa, antiguo bibliotecario de la Colombina: 
Ferdinandi Colon Varice sed minitussimOí (por minutissimae) anno- 
iationes quibus nomen Itinerarii imposuit: tomi 3. 




i 



EL ITINERARIO DE DON HERNANDO COLÓN 205 

Llama mucho la atención que cuantos escritores se han referido 
á este título, desde D. Rafael Tabares-hasta Mr. Harrisse, hayan co- 
piado eruditos en vez de minitussimcej que es lo que se lee en el ori- 
ginal. El titulo quiere decir en castellano Varias ligerisimas anota-- 
Otones de D. Hernando Colón. El adjetivo eruditas no aparece por 

ninguna parte. I 

Figura en la Biblioteca como tomo tercero, no de una misma -t 

obra, sino de una colección de papeles varios en folio, formada por ' \ 

el mismo D. Juan de Loaysa en el siglo xvii, de la cual constituyen -^ 

parte un proyecto de Vocabulario etimológico latino y dos tomos t 

descabalados de un Vocabulario enciclopédico, con citas ó llamadas \ 
á las fuentes de donde se ha sacado la explicación de cada palabra, 
siendo toda la colección de letra de D. Hernando. 

Resultan en la redacción del Vocabulario topográfico de España 

exactamente cumplidas las instrucciones dadas por éste en su /fme- | 

rario. A la cabeza de las hojas está escrito el nombre de un pueblo í 

ó de un río, y á la derecha los números de las relaciones de este úl- i 

timo libro, de donde han sido tomadas las indicaciones. Siguen éstas j 

debajo, dentro de dos columnas. En la de la izquierda constan orde- I 

nadamente el número de habitantes, la jurisdicción de que dependen, h. 

las fortalezas y murallas de la localidad, los accidentes del terre- 4 

no, etc., etc.; y en la de la derecha se anotan las distancias. Véase 1 

una de estas descripciones como muestra : J 

«Hita, villa. 4. 9. ccxi. i23i. 3666. 4858. 5 107 = (Columna ijf- í 

quierda:) Tiene D. v.» | 25o v.^ | 200 v.* | 463. = Es del duque del '^ 

infantazgo = Tiene buena fortaleza | en alto | muy fuerte | con una ] 
peña redonda =» Fortaleza tiene buena^^^Esta en un alto | en cuesta | 

en ladera de un cerro muy redondo y alto | en solana = La cerca . 1 
ciñe el castillo con la villa | la cerca abaxa casi hasta el pie del 
cerro | deste lugar se devisa mucha tierra | aunque es muy áspera 

de valle y cerro | dentro de la fortaleza se syembra mas de .20. ha- i 

negas de -pan. (Columna derecha y al dorso:) Xedraque ay tres le- I 

guas I dobladas | ay .2. leguas | vase por mira del rrio^== torre de | 

sopetran .3. leguas | grandes | de valle abajo | junto con la torre '1 



206 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS T MUSEOS 

se pasa vadiel | corre a la di. | = trixueque .i. legua | doblada | la 

mitad cuestaba ( tórtola .2. leguas y media | de cerro y valle | y 

campiña | == padilla una legua | valle arriba | y campiña | y viña i 
grandes | junto con bi. se baxa vna cuesta de 3 tiros de vallesta | de 
valle y llano « guadalaxara .4. leguas | vase por tórtola | a la diz- 
quierda queda la torre de sopetran a vn tiro de vallesta = Torrija .i. 
legua I vase por Rebollosa | .2. leguas etc.» Vienen á continua- 
ción las distancias á Rebollosa, Xedraque^ CogoUudo, Espinosa, 
Monhernando, Uzeda, Humanes, Briviega, Fuentes, Algerilla, Mu- 
duex, Turaguado, Cañizar, Valdearenas, Utunde^ Gaxanejos, Cirue- 
las, Torrientos, Alharilla, Zerezo, Copernal y Valdeancheta.» 

Véase ahora la descripción de un río: 

«Guadalquivir, río. 2647. 333 1. 4399. 4400. = Es brago de 
mar | vienen por el i5. leguas naos hasta Seuilla | Crece y mengua 
cada día con la marea | entre víllanueva del ca^ y entre lora lleva 
media legua de anchura | y a una legua de villanueva en los derrum- 
baderos ay unos cimientos de edificios antiguos.» 

Como se desprende de los ejemplos anteriores, están puestas, á 
continuación unas de las otras, y divididas por perpendiculares, las 
diversas indicaciones acerca de un mismo extremo, sacadas de las 
relaciones del ItinerariOy cuyos números se citan colocándolos á la 
derecha del nombre de cada pueblo. He aquí por qué en el Vocabu^ 
lorio se atribuyen á la villa de Hita 5oo, 25o, 200 y 463 vecinos y se 
la considera distante de Xedraque tres y dos leguas. 

De haber podido D. Hernando llevar hasta el fin su grande em- 
presa, la cual, por cierto, no era obra de una vida ni de un solo hom- 
bre, hubieran llegado hasta nosotros memorias interesantísimas de 
cosas y personas para la Historia y Geografía de España, pues, se- 
gún hemos manifestado antes de ahora, no se olvidaba de consignar 
en sus indicaciones las circunstancias más salientes que tenían rela- 
ción directa con la religión, el arte y la cultura de entonces ó eran 
curiosidades locales, dignas de transmitirse á la posteridad. 

En prueba de ello citaremos esta descripción: «Naharrole, 
i249.=Esta aqui la casa de la Reina que hizo el condestable viejo | 




EL ITINERARIO DE DON HERNANDO COLON 267 

pasase junto con esta casa un riachuelo | es bueno de truchas | de la 
Otra parte del rio ay un soto de conejos.» 

Véase esta otra descripción, también pertinente al caso: «Guada- 
lupe, lugar. 3229. 3235. 3890. 5653. | Tiene 5oo v.^ | 55o. =Es de 
los frayles de san geronimo=Esta metido en un valle | y pasa junto 
vn rio I entre unas sierras |. como en la ladera de una sierra | tienen 
alli un monesterio muy rico de nra -Señora y muchos (milagros que 
aze I tienen dentro de la casa de todos ofícios.» En la columna de la 
derecha se indican las distancias. 

Después de lo anteriormente copiado con referencia á alguno que 
otro pueblo, no hay para qué encarecer la importancia de estas 
descripciones, cuando se trata,|ó de localidades]que han desaparecido 
ó están en ruinas ó carecen de todo antecedente histórico ó los tienen 
confusos ó incompletos. 

Otro interés no menos real y efectivo ofrece este códice á la Bi- 
bliografía. En archivos y bibliotecas nacionales ó del extranjero debe 
haber sueltos no pocos de los cuadernos que [faltan en el Itinerario 
por causas hasta ahora desconocidas. Quizás la falta se deba, como 
opinan algunos, á aquella extraña orden del presidente del Real 
Consejo de Castilla, que se lee en la Colección de documentos inédi- 
tos para la Historia de España, tomo XVI, pág. 383, en la cual, por 
Real carta del Emperador, se hacía saber al corregidor de Córdoba 
desde Valladolid con fecha i3 de Junio de ¡523 lo siguiente: «Somos 
informados que Don Hernando Colon ha enviado por estos nuestros 
Reinos algunas personas con su poder e con ciertas cartas nuestras 
o sus traslados para que entiendan en hacer cierta discreción e cos- 
mografía de toda España, y porque como servicio cumple que no se 
entienda agora en lo susodicho, fue acordado por los del nuestro 
consejo e conmigo el Rey consultado que debíamos mandar dar esta 
nuestra carta para vos en la dicha razón, e nos tuvimoslo por bien. 
Porque vos mandamos que agora ni de aqui adelante no consintáis 
ni deis lugar que ningunas ni algunas personas usen de las dichas 
cartas e cédulas que sobre lo susodicho mandamos dar ni entiendan 
en hacer ni fagan la dicha discreción e cosmografía ni cosa alguna 



268 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

de ello, e les mandéis de nuestra parte e nos por esta nuestra carta 
les mandamos que luego sin dilación alguna e sin esperar para ello 
otra nuestra carta ni mandamiento, ni segunda ni tercera yusión, 
vos den e entreguen las dichas nuestras cartas o sus traslados e el 
poder que para ello tienen e lo que por virtud de ellas han hecho e 
lo enviar todo a los del nuestro Consejo porque asi cumple a nuestro 
servicio. E hacer pregonar publicamente esta nuestra carta en las 
plazas e mercados e otros lugares acostumbrados por que venga a 
noticia de todos, e fecho el dicho pr.egon si alguna o algunas perso- 
nas fueren o pasaren o tentaren ir o pasar contra lo en esta nuestra 
carta contenido, prendedles los cuerpos e presos a buen recabdo e a 
su costa los enviad a la cárcel real de nuestra Corte e los entregad a 
los nuestros Alcaldes de ella etc.)> 

No pocas hipótesis se han aventurado para explicar esa prohibi- 
ción que dejaba sin efecto reales cédulas y cartas otorgadas por el 
mismo Emperador, y declaraba contrario al servicio del mismo unas 
investigaciones topográficas de evidente utilidad para el Reino. 

Las palabras «y porque como servicio cumple que no se entienda 
agora en lo susodicho» revelan que la prohibición fué temporal; y 
como D. Hernando poseía al morir los cuadernos del Itinerario^ 
pues sin ellos á la vista no hubiera podido proceder á la confección 
del Vocabulario topográfico de España; y como, además, el hecho 
de haberse encontrado aquellos cuadernos entre sus libros asi lo 
confirma, es evidente que, cuando cesaron las causas de la prohibi- 
ción, quedó ésta levantada, y D. Hernando con amplias facultades 
para proseguir sus interrumpidas tareas. Esto se desprende de unas 
palabras suyas publicadas en el Documento núm. 3, que también 
se inserta en la misma Colección^ al tomo y página ya citados. Di- 
rigiéndose al Emperador le dice: «yo entendía en hacer la discreción 
y cosmographia de España, a que por el Presidente que era del Real 
Consejo de vuestra Majestad me fue puesto impedimento y agora 
continuando mi buen deseo etc..» 

A nuestro juicio, la causa de la prohibición fué la siguiente. Con 
motivo de la expedición de Magallanes y Juan Sebastián de Elcano 



r 



EL ITINERARIO DE DON HERNANDO COLÓN 269 

á las islas de los MalucoSy los portugueses habían reclamado contra 
la posesión de estas islas; y para mediar en el asunto acordóse 
nombrar una comisión de arbitros designada por castellanos y por- 
tugueses. El Consejo Real se fijó desde luego en la personalidad de 
D. Hernando Colón, teniendo en cuenta su notoria competencia en 
cuestiones de Cosmografía, para que presidiese á los arbitros caste- 
llanos, y dio, al efecto, la orden prohibitiva ya conocida, con el ca- 
rácter de temporal y transitoria, á fin de retraerlo de las atenciones 
de sus trabajos cosmográficos y obligarle á consagrar toda su acti- 
vidad al estudio de la cuestión empeñada con los portugueses. 

El nombramiento recayó en D. Hernando por decreto imperial 
de 19 de Febrero de 1524, y éste asistió á la Junta celebrada entre '^ 

Badajoz y Yelves, redactando después cuatro memorias sobre el 'I 

asunto en litigio, tres de las cuales ha dado á conocer D. Martín 1 

Fernández Navarrete en su Colección de viajes, tomo IV, y la última 
su sobrino D. Eustaquio en el citado tomo XVI de la Colección de -]j 

documentos inéditos para la Historia de España. - 

Cualquiera fuese el motivo de la prohibición, tenemos en el Vo- ) 

cabulario topográfico de España el medio más seguro de reconocer J, 

los fragmentos que faltan del Itinerario, dondequiera se encuen- '-'I 

tre alguno. Por el pronto, las dos partes del códice núm. 7.855, ' ^ 

existente en la Biblioteca Nacional de Madrid, la primera de 36 ho- | 

jas con 241 relaciones topográficas, desde la i .007 á la i .247, y la se- '1 

gunda de 27 hojas con i59 relaciones de la misma clase, desde el J 

número 6.477 al 6.635, evidentemente son dos fragmentos del Itine- í 

rario colombino; la primera parte perteneciente á la tercera laguna 
de la segunda parte de este manuscrito (véase el anterior cuadro de 
reconstitución del mismo), y la otra á la laguna final del libro. 

Asi se infiere, sin género alguno de duda, de un notable artículo 
publicado en esta Revista, números correspondientes á Febrero y 
Marzo de 1904, según el cual la relación topográfica de Hontidueña 
lleva en el códice de la Nacional de Madrid el número i.023, que es 
precisamente el mismo que asigna á dicha villa el Vocabulario al í 

describirla. Véase la descripción: «Hontidueña villa. i023=Tiene c 



270 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

vecinos=:Es de don alvaro de Luna=Tiene fortaleza | alta | =Esta 
en una ladera | esta rribera de duraton | el qual nace en el puerto de 
somosyerra | que es a 4 leguas de sepulveda.» Si á lo anterior se 
agrega que la última relación del Itinerario es la 6.476 y la primera 
de la segunda parte del códice de la Biblioteca Nacional es la 6.477, 
quedará plenamente probado que las dos partes de dicho códice son 
fragmentos del Itinerario colombino. 

Por no haberse hecho esta comprobación hasta época reciente, 
\ el autor del mencionado artículo, persona competentísima en la cien- 

cia geográfico-histórica, pareciéndole escritura del siglo xv, y por 
tanto, anterior al Itinerario^ la de la primera parte del códice de la 
Nacional, hubo de sospechar de D. Hernando Colón y de creer que 
)¿ se había valido de trabajos topográficos anteriores para darlos des- 

f pues por suyos. Afortunadamente aquellos dos fragmentos han re- 

i sultado ser partes integrantes del Itinerario empezado á escribir el 

t\ lunes III de agosto de i5ij, y, por tanto, D. Hernando queda, como 

^ antes, colocado en el alto pedestal de la fama, que es el que le co- 

F. rresponde por su talla y por su historia, como bibliógrafo, como cos- 

j mógrafo y como uno de los más ilustres promovedores de la cultura 

española en su siglo. 
' El Itinerario debió comprender muchos cuadernos más ísobre 

t los que componen la segunda parte del códice de la Biblioteca Na- 

[ cional de Madrid, como lo indica la llamada del Vocabulario al nú- 

í mero 9.967, con referencia á una población denominada Miñaya. 

% Es el número más alto entre todos los del manuscrito. 

I" Antes de terminar nuestro trabajo daremos á conocer los nom- 

f bres de los lugares mencionados ó descritos en el Vocabulario, res- 

¡í petando el orden de colocación en que están. Véanse á continuación: 

F Digueres. Doñorente, aldea, Lxxx... 

k, , Dollorenle. Donvidas. 

I Domingo García. Esquivias, lugar, 1.869, 18, 3, 3.6o5 

|; Don Benito, lugar, 780, 3.562 y 4.322. y 5.376. 

I Donero, 2.2o3 y 3.85o. Estavülo, lugar, 2o5, 5.723... 

ñ 

Doñimbla. Estediel, 2.266. 




EL ITINERARIO DE 

Estela, villa... 

Estepa, villa, 3.465, 3.466, lugar, 6.576 

Estepar es aldea, &.* 

Estepar. 

Esteras, aldea, 3i... 

Esterlique, 5.093. 

Esteuan vela, 2.39a. 

Estorninos, aldea, i3. 

Est remera, 4.768 y 4.696. 

Esiremos. 

Estudillo. 

Estulez, lugar, 5.972. 

Euna, cibdat, 5.442... 

Euora, 2.872 y 6.112... 

Ex.* de albarrazin, villa, 98. 

Ezla, 1.467. 

Palero, lugar, 6.419. 

Frejar (?) 6.289 y 6.290. 

Fanes, 6.664. 

Folera, lugar, 6.618. 

Escalonilla, 2.io3. 

Escalóte, rrio. 

E sean pey ros. 

Escañuela. 

Escarauajos. 

Escarauajosa. 

Escaracena, lugar, 3.347 y 3.363. 

Escariche, 4.746, 4.767 y 4.807. 

Escobar, 761. 

Escobar de polentos, 686, aldea 709. 

Escorchón. 

Escopete. 

Escuderos, aldea, 422. 

Escurial, aldea, 2.816 y 4.623. 

Esla Ryo. 

Eslares. 

Fonseca. 

Fontecha, lugar. 

Fontey, lugar, 6.472. 

F'ornos, 4.084. 



DON HERNANDO COLON 27 1 

Frades. 

Fraga, villa, 6.040, 6.042 y 6.039. 

Fraga, aldea, 432. 

Fragazelos, 2.274. 

Fraguas, lugar, 2.286. 

Franco, 3.899. 

Francolín, Ryo. 

Freas. 

Frechilla, villa, 348. 

Frescano, aldea, 92. 

Fresneda, 2.81 3. 

Frcsnimosselle. 

Frexedo. 

Frexenal, lugar, 2.870. 

Gostangana. 

Gostantin. 

Gomeznaharro. 

Grado, 2.392 y 3.899, lugar, 6.198. 

Grajal, 1.786. 

Grajeda, 3.898. 

Grajera, aldea, 1.034. 

Grananila. 

Granja, 2.941 y 3.378. 

Granja, 3.8o2. 

Granja, lugar, 6.463. 

Granjuela de la vid. 

Grañon, villa, 291. 

Grao, villa, 6.286. 

Grijo, lugar, 409. 

Grijota, villa, 6.491. 

Grinaldo, aldea, CLIIII'. 

Grimon, aldea, CCI. 

Grisalleria, villa, i.o3o. 

Guadahardales, Rio. 

Guadahortuna, 3.094. 

Guadalbacár, Rio, 4.410 y 6.634. 

Guadalbollon, 3.089, Rio, 4.486. 

Guadalbimar, Rio, 4.310 y 4.486. 

Guadalhorze, Rio. 

Guadalix. 



272 



REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 



Guadix^ Rio. 

Guadalmellaio, Rio, 3.496. 
Guadalmez, ryo, 4.519. 
Guadalquiuir, Ryo, 2.6^7, 3.33i, 4.399 

y .^.400. 
Guadalquiuirejo^ Río> 3.984. 
Guadalupe, uilla, CLXXXIX, 690 y 732, 

lugar, 3.229, 3.235, 3.890. 
Galapagares. 
Galera, Rio. 
Galera, 996. 

Galiana, CCXXVI, aldea, 2.281. 
Galindo. 

Galindos, lugar, 4.162 y 4. 166. 
Gali Sancho, 3.964. 
Galisteo, villa, CLII. 
Galizuela, 3.233 y 3.419. 
Gallegos dalmiron, lugar, 2.478. 
Gallegos de crespes, aldea, 72, 3.970, 

4.090 y 4.107. 
Gallegos de crespo. 
Gallegos de solmiron, 3.857, 3.991, 3.975, 

4.05 1, 4.043. 
Galleguillos, aldea, 476. 
Gallifa, lugar (ó caserío), 6.145. 
Gallinero, aldea, CXCIX y 2.816. 
Galloco9eado, aldea, 1.009 
Galves, lugar, 2.390 y 3.899. 
Gamadiz, 3.837. 

Gamonal, aldea, 1.095, 3.943 y 4.1 35. 
Gar9illan, 1.255, aldea, 1.289, 2*1^8 7 

3.898. 
Gar^uela, 222. 
Garda, aldea, 1.117. 
Gagayanta, 4.233. 
Garganta, 3.722. 

Garganta el villar, 4.003 y 4. 11 8. 
Garganta la olla, 245. 
Gargantilla, 4.274. 
Gargota el villar. 



.317, y 



Garnica, villa, 419. 

Ga..9a, 3.867 I. 

Garr...y., lugar. 

G...9ouilla, lugar, 2.794 y 2.799. 

Garr.uillas, lugar, XL. 

Garr.yuela, aldea, LXXXÍX, 4 

4.339. 
Gasea. 
Gasea, Rio. 
Gata, Rio. 

Gata, lugar, CL, 2.572 y 5.224. 
Gata. 
Guibar. 
Guijo. 
Guimara. 

<3uini:io, lugar, 5.700 y 5.716. 
Guipúzcoa. 
Guinzo. 

Guisando, Rio, 2.456. 
Guixico de galisteo, 2.625. 
Guniiel de 9an. 

Gumiel de mercado, villa, 3i6. 
Gurriol, 996. 
Gusin. 

Gutierre muñoz. 
Macaneas. 
Hachas. 
Hacmas. 
Hádragas. 
Hayllones. 
Halconera, 2.63o. 
Halia, lugar, CLXXXVIII, 4.263. 
Hontanares, 1.089, 2.346, 4.202, 4.207 

y 4.214. 
Hontanares, 4.061 y 4.066. 
Hontanguas. 



I Nos yernos obligados á suplir con pun to 
las letras de los nombres de algún que otro 
pueblo desaparecidas por la acción de la po- 
lilla. 




r^ 



EL ITINERARIO DE DON HERNANDO COLON 



275 



Hontar, 4.849. 

Hontenillas. 

Hontidueña, villa, i .oaS. 

Hontimentes. 

Hontíueros es lugar, 641, i.aói, 1.367, 

1.340, 1.32I, 1.991 y 3.886. 
Hontoya. 
Honlón. 
Hontoria, 3.841. 
HoQ loria, aldea, 1.008 y 1.706. 
Hontoua, aldea, CCX, 4.776 y 4.776. 
Honiuega. 

Hontiudo, aldea, 340. 
Horca de pechey. 
Horcajada, lugar, 74, 3.867, 4-o5i y 

4.044. 
Horcajo, 4.317. 

Horcajo, aldea, 1.108, a.o88y 2.27S. 
Horcajo de las torres. 
Horcajo de medianeros, aldea, 72 y 4.090. 
Horcajo de medina. 
Horcajuela. 
Horcajuelo. 
Horche. 
Hinojoso. 
Hinojosos, 996. 
Hinos. 
Hita, villa, CCXI, í.23i, 3.666, 4.868 y 

5.107. 
Hitero, lugar. 
Hito, 2.276. 

Hituelo, lugar, 669, 660 y 3.804. 
Hocejon. 
Ho^ezica. 
Ho9ecilla, Rio. 
Hojacastro, lugar, 206. 
Hoyales. 
Hoyo. 

Hoyo, 1.728, 1.744 y 3.719. 
Hoyos, lugar, 2.696. 

3.* ÉPOCA— TOMO XV 



Hoyos del collado, 2.477. 

Hoyos del espino, lugar, a.480. 

Hoyos de miguel muñoz, 4.199 y 4.1 18. 

Hoyuelos, 2.816. 

Holuera. 

Honcalada. 

Honrruuía, lugar, 496 y a.276. 

Hontaluilla. 

Hontaluillo. 

Librilia« 

Librixa, 2.891. 

Le^ieras. 

Liendo. 

Ligones. 

Linña, Ryo. 

Linñeta, Ryo. 

Linestra. 

Limpias. 

Lyo, lugar, CCXL. 

Liruela. 

Lisboa, cibdat, 6.660. 

Lisbona. 

L lamoso. 

Llano. 

Llamos, 4.066. 

L lata na, lugar, 6.620. 

Llende vacas, 2.323. 

Lobera, lugar, 374. 

Lobios, I gar, 6.260. 

Lobios, aldea, 389. 

Mingorria, lugar, 2.21 3 y 2.217. 

Miñaya, 9.967. 

Miño, Ryo, 370, 468 y 467. 

Mirabel, lugar, 2.623. 

Mirabueno, 4.942, lugar, 4.946 y 4.948. 

Miraelcampo, 2.276 y 6.280. 

Mira el Ryo, lugar, LX, 4.871, 4.880 y 

4.886. 
Miraglos, lugar, 496. 
Miralcampo, aldea, CCLX. 

18 



274 



REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 



I- 



Miranda, villa, 91. 

Miranda de Arga. 

Mirandilla, 2.838, a.8o8 y 3.80a. 

Mirons. 

Mirueña, aldea, 109, lugar, 2.102, 2.091, 

2.106 y 4.135. 
Mislata, 6.280. 
Moraleja, lugar, 2.677. 
Moraleja, aldea r.109. 
Moraleja, 3.696 y 3.690, despoblado. 
Moraleja de coca. 
Moraleja de la Reyna. 
Moraleja de las panaderas. 
Moraleja de matacabras. 
Moraleja de Santa Cruz. 
Morales, 77, aldea, 852 y 4.149. 
Morañuela. 
Moras. 
Morata, 1.828, 3.6o8, 3.614, 3.66o, lugar, 

3.641 y 3.647. 
Moratalaz. 
Najarilla, Rio 
Najara, villa. 
Naya, 3 964 y 3.974. 
Ñaua, aldea, 5oo, 768, 363 y 3.898. 
Nauacaros, 4.o3i. 
Nauacepeda, 2.461, lugar, 2.476 y 

4.216. 



Nauacepedílla. 

Nauaconcejo, 3.896. 

Ñaua de alúa, 1.272, lugar, 3o2, 2.079 >' 

2.03l. 

Ñaua de arénalo, i.3i6. 

Ñaua de coca, lugar, 1.616. 

Nauadejo, 4.003. 

Naharra, 3.993, 4.003 y 4.109. 

Naharre. 

Naharrillos, 3.992, 3.993, 4.003 y 4.1 1 1 . 

Naharrillos de ñuño pedro. 

Naharro. 

Naharrole, 1.249. 

Naharros. 

Na barros de castrillo. 

Nabarros del canoino. 

Naharros del castrillo. 

Naharros del camino. 

Naharros del castillo, 1-972, 1.976, 1.981, 

lugar, 1.998, 2.002, 2.099, 1986,2.992, 

1.996 y 4.135. 
Naharros del monte. 
Naharros del puerto, 2.412 2.409, 3.889, 

4.176 y 4.134. 
Naharros del Ryo. 
Naharros de matacabras. 
Naharros de Salamanca, lugar, 6.563. 
Naharros de Saldaña. 

Simón de la Rosa y López, 
Oficial de la Colombina. 




DON FRANCISCO DE BORJA PAVÓN 



TRADUCCIONES DE POETAS LATINOS ' 

(Continuación) 

AUNQUE posteriormente con la creación de nuestro Cuerpo la Biblio- 
teca estuvo á cargo del mismo y ya su acción en ella no fué tan 
directa, no dejó nunca de mirarla con particular amor, favo- 
reciendo y apoyando siempre que fué preciso á nuestro difunto compañero 
D. Julio Eguilaz que fué el destinado á ella, enriqueciéndola con donati- 
vos de libros y trabajando cuanto pudo por evitar la funesta traslación -del 
local en que estaba, que era muy á propósito para ella, á otro por muchos 
estilos inconveniente. 

En aquella ocasión escribió lo siguiente, que no creo llegara á publi- 
carse, y que, por ser como complemento del informe anterior, por conte- 
ner la historia de un establecimiento de nuestro Cuerpo y por manifestar 
bien el amor con que lo miraba y el interés que se tomaba por él, creo 
igualmente del caso publicar aquí: 

4cCtiatro palabras acerca de la Biblioteca provincial de Córdoba y su 
acordada traslación. 1878, — Se habla como de un punto acordado por 
la Excma. Diputación provincial de la mudanza de este establecimiento al 
sitio que tuvo antes en la parte más interior del edificio que aquella Cor- 
poración ocupa en la calle de Carreteras. No dudamos que el mejor deseo 
ha presidido á este acuerdo, celebrado desde luego, como oportuno por 



I Véase el número de Junio de 1906. 



276 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

los diarios de la capital, y sobre lo cual alguno añade que el ser punto 
más céntrico hace preferible el que se quiere devolver á tal destino. 

»Sin duda, quien esto escribe, respetando como respeta el ilustrado celo 
del centro administrativo de donde ha partido este proyecto, aunque no 
juzgue necesaria ni urgente tal mudanza, no tiene el designio de combatirla 
en absoluto, sino el de anotar algunos inconvenientes que la realización del 
pensamiento entraña. Reclama también la indulgencia del que lea estos ren- 
glones, si parece que oficiosamente se entromete á tratar un asunto acerca 
del cual nadie ha querido oir, no ya su dictamen, sino el de personas ó 
Cuerpos que pudieran ilustrarlo. Cuando más, puede alegar el autor de 
este escrito, para exponerlo, el interés y afecto con que hace muchos años 
mira el establecimiento de la Biblioteca; primero, como Vocal y Secreta- 
rio de la antigua Comisión de Monumentos, desde su creación, y después 
como habilitado para la adquisición de libros. La primera tuvo interven- 
ción en la Biblioteca provincial hasta darse á las Comisiones nueva forma 
y reglamentación y hasta ser refundidas. En la habilitación expresada fué 
encargado el que suscribe (por supuesto, sin deseo suyo ni pretensión pre- 
via) por el Sr. D. Manuel Ruiz Higuero, Gobernador que fué de esta pro- 
vincia, y de muy feliz recordación por su inteligencia y recto celo y por 
varios resultados provechosos de su gestión administrativa, que duró de 
tres á cuatro años. 

)»Séame, pues, permitido ocuparme algo en hablar de la Biblioteca, 
puesto que es un establecimiento que en largos períodos parece haber sido 
olvidado de todos, en medio de tanto amor al progreso científico y social 
como de continuo se proclama. Yo no sé que anteriormente se hayan pe- 
dido memorias del citado establecimiento al que lo regenta, ó que se hayan 
publicado al menos, como sucede en otras capitales, particularmente en 
Madrid y en Sevilla, sobre cuyas Bibliotecas, Nacional la primera y pro- 
vincial la segunda, se han publicado, con repetición, luminosas memorias 
y útilísimos informes. Sólo recuerda el que estas líneas extiende haber 
dado á veces uno que otro, como el que le fué pedido en Diciembre de i855 
por el Sr. López Alcaraz. 

»Con ser las Bibliotecas públicas institutos de tanta utilidad, que de- 
notan la verdadera cultura literaria y científica de los pueblos, no ha sido 
por demás favorecida esta ciudad en lo que á ellas respecta en. el siglo 
actual. A fines del anterior, los quince ó más conventos de religiosos que 
en ella se contaban, teniendo cada uno su librería^ abastecida principal- 




DON FRANCISCO DE BORJA PAVÓN 277 

mente de libros de ciencias eclesiásticas, prestaban un conjunto de tr<;inta i 

ó cuarenta mil volúmenes, suponiendo que en cada cual no hubiese sino i 

de dos á tres mil; siendo sabido que en algunos la cifra era mucho mayor. ^ 

Este tesoro de caudal científico, encerrado en sus propios archivos, no era j 

inaccesible al afán y aprovechamiento de los hombres estudiosos. Conta- j 

ban también con regulares si no muy buenas Bibliotecas, en proporción ^ 

con sus necesidades de entonces, los colegios de San Pelagio y de Nuestra / ^ 

Señora de la Asunción. Pero alcanzaba primordial importancia la Biblio- 'i 

teca episcopal, formada á mediados del siglo sobre la base de la de algu- 
nos Rdos. Obispos, con libros recogidos de las casas de los jesuítas al ve- 
rificarse su expulsión, y luego enriquecida por los venerables Prelados que ' ■ 
se sucedieron hasta el* segundo tercio del siglo presente. El celo del señor 
Ayestarán fué sobre manera plausible en esta parte; y á principios de este / 
siglo se construyó un local para Biblioteca pública, desahogado y capaz, . i 
en el palacio mismo episcopal, sencillo en su edificación, pero trazado por <;* 
la inteligencia de un arquitecto tan respetado como el célebre D. Ventura \ 
Rodríguez. ,i 
))Sobrevino la guerra de la Independencia á la primera década del si- ¡ ' 
glo XIX, y tras ella los primeros hervores de la Revolución política. Los *j 
conventos se cerraron y evacuaron; las expoliaciones, á que recientemente 
se dio otro nombre, de las casas monásticas, hechas con rapidez y desor- J 
denada confusión, fueron parte á que se perdieran y robaran muchos ^ 
libros, que años después no se recobraron, y dejaron mermadas las biblio- ] 
tecas conventuales hasta en los diez años de gobierno absoluto. Al sobre- 
venir la última exclaustración con circunstancias de radicalismo más re- 
volucionario, las librerías de los conventos fueron de nuevo dispersadas, 
y aunque se crearon comisiones artísticas para recoger los restos de libros 
y pinturas, y se trabajó por muchos individuos con laudable celo y acti- 
vidad, sus esfuerzos fueron, por lo común, impotentes. Tanta desgracia, 
flaqueza y desmaño debió de haber en los conatos y diligencias para reco- 
ger y conservar objetos de esta especie, que nadie parecía escrupuloso para 
adquirirlos á vil precio; y después de cuarenta años, los libros de estas 
casas religiosas han formado el principal fondo de surtido de las bibliote- 
tecas ambulantes de ropavejeros y de los puestos fijos de las plazuelas, en 
que alternan con hierro viejo, loza descabalada ó desechados trastos. Los 
residuos desdichados de las bibliotecas de los frailes de esta provincia ro- 
daron de aquí para allá, pudriéndose y desmancándose en frecuentes mu- 



278 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

dan^s y malos depósitos. Mucho tiempo estuvieron en cuartos bajos ó sa- 
lones del que fué convento de Jesús María, sin haber ni proporcionarse 
local cómodo y conveniente para su reunión y ordenamiento. 

»En la frecuente y numerosa sucesión de Gobernadores civiles fueron 
muy contados los que dieron muestra de ocuparse fructuosamente de este 
asunto. En tiempo del Sr. Cavestany se nombró Bibliotecario. Muchos 
años después, en el gobierno del Sr. Galbis, se concedió para establecerla 
el salón más interior y arrinconado en el piso alto del edificio ó palacio de 
,1a Diputación, en la calle de Carreteras, cerca de donde hoy se piensa res- 
tablecerla. Con posterioridad, durante el mando, más largo, del Sr. Ruiz 
Higuero, correspondiente al Gobierno de la Unión Liberal, su iniciativa 
y la cooperación de las Corporaciones administrativas de la provincia, 
realizaron mejoras trascendentales en la erección de establecimientos 
útiles ó en su más ventajosa organización. La Escuela de Bellas Artes, 
el Museo provincial, cuya instalación no había sido fija y había tenido 
asiento más ó menos provisional ó transitorio, á merced, según la varia 
apreciación de los diversos Gobernadores ^ La Sociedad económica y la 
Academia tuvieron albergue en el suprimido Hospital de la Caridad, en 
la plazuela del Potro, y se emplearon económicamente algunas sumas para 
adaptar este edificio á este vario destino, haciéndose un ingreso y una 

b modesta fachada exterior por la parte de la calle de San Francisco que 

i hace ángulo con la de Armas. 

[ ))No pareció entonces, sin duda, inoportuno el reunir bajo un mismo 

local institutos todos de índole semejante, en punto de la población 
apartado un tanto del tráfago y bullicio de los concurrentes, grande de 

p ordinario en el Centro de la Administración provincial durante la ope- 

^' ración frecuente y poriódica de las quintas, ó en circunstancias tumul- 

tuosas y no tan raras como conviniera al culto sosegado de las Letras 

^ y las Artes. No una sola vez en días revueltos de suprema crisis fué pre- 

ciso, para pasar á los salones interiores del edificio, atravesar por entre 

V grupos de pueblo armado en que tal vez aparecieron caras patibularias. 

I Dependientes hay en la casa que pueden recordar el tiroteo improvisado 

k alguna vez en el salón de juntas y sesiones, por incidencias tales, no im- 

I posibles de reiterarse en el giro constante de nuestras vicisitudes, paréce- 

í I Hubo uno que, enojado por tener que ver tantos retratos de frailes, tantas ascéticas imá- 

genes de Santos y tantas escenas religiosas, condenó ab irato á todos los cuadros á perentorio 
destierro del edificio, lo que hubieron de cumplir sobre la marcha, puede considerarse cómo, 
siendo sepultados, arrollados y maltrechos, en otro antro. 




r 



4 



I 



n 



DON FRANCISCO DE BORJA PAVÓN 279 

me preferible la situación de la Biblioteca en punto alejado de la acción 
administrativa y de gobierno, adonde no van en sus primeros ímpetus las 
turbas, ni suelen encender hogueras, ni trabar batallas, aunque por for- 
tuna se conceda que el momento actual no hace temer estas trágicas aven- 
turas. 

»No puede negarse que subsisten con estrechez en el actual edificio de la 
plaza del Potro los tres establecimientos de la Biblioteca, el Museo y la '^ 

Escuela de Bellas Artes. Los tres, en el espacio de los últimos años, han é 

recibido notable desenvolvimiento, que pide más extensión y desahogo. 'i 

»La Escuela de Bellas Artes tiene aumento gradualmente en el nú- i 

mero de matriculados, sino también en el de profesores y enseñanzas. El 
Museo cuenta con un sobrante de lienzos fuera del salón principal, que 
impone forzosas restricciones para adquirir otros; y el naciente arqueo- vj 

lógico guarda, agrupados en breve recinto, piedras, vasos y fragmentos de 
ornamentación que, á poder colocarse con más espacio^ presentarían su 
conjunto con mayor riqueza y brillantez. La parte del edificio habitación 
del Conserje y dependientes inferiores indispensables son también estre- 
chas y de poco decente aspecto; por eso años atrás se pensó, y acaso no 
hubiera sido inconveniente, haber tratado de aplicar para Museo el con- 
vento de Jesús Crucificado, si factible hubiese sido lograrlo para este des- 
tino. 

))Esta estrechura de la Escuela y Museo militan á primera vista en fa- 
vor de la expulsión de la Biblioteca de su local actual. Ella también por 
si sola ha recibido ampliación con el aumento de libros^ invirtiéndose en 
este gasto y en el de material al presente y años anteriores, excepto un 
período de mayor perturbación administrativa, la suma de i.ooo pesetas. 
Las cuentas de su inversión se pasan, según los trámites prevenidos por 
el Habilitado, previa la inspección del Sr. Director del Instituto, y por el J 

mismo, al Rectorado del Distrito universitario, y los libramientos men- 
suales expedidos por la Dirección central del Tesoro se remiten al Jefe | 
de la Administración de Hacienda pública de la provincia. -^ 

»No es ocioso hacer observar que las Bibliotecas de otras poblaciones ^ 

importantes y cabezas de provincia, como las de Sevilla y Cádiz, con- 
siderables por su importancia, no se hallan apegadas á centros ofici- 
nescos. 

^Mandado estimo, y no sé que este mandato se halle caducado, el que 
las Bibliotecas provinciales se agreguen á los Institutos de segunda ense- 



I 

I 



I 



280 REVISTA DE ARCHIVOS, BlfiUOTECAS T MUSEOS 

ñanza. Mas no resueltas las consultas ó reclamaciones que entiendo se 
han hecho por el Sr. Director del provincial de esta capital, el Sr. D. Vic- 
toriano Ribera, con este objeto, ello es que al practicarse la ampliación y 
obra de la fachada del mencionado Instituto, que se terminó en tiempos 
del Sr. Muntadas, no se ha destinado la parte considerable que reclamaba 
•de suyo el asiento de la Biblioteca provincial. Parece esta del local una 
<lificultad no pequeña para que la Biblioteca de la provincia sea trasladada 
á la del Instituto. La disposición legal que lo prevenía debió dictarse bajo 
la presunción harto razonada de que un profesorado docto, subsistente, 
interesado en la conservación y acrecentamiento de los libros, era de suyo 
el más llamado á utilizarlos y el más á propósito para su inspección, vigi- 
lancia y patrocinio. Fuera de él ó con él, la responsabilidad particular del 
Bibliotecario y sus dependientes está comprometida en esta custodia 6el, 
que es el todo para un establecimiento de esta índole. Y cuanto aleje las 
ocasiones y riesgos de comprometer más su severidad con sustracciones, 
peticiones y préstamos nada convenientes sn el estado de nuestras costum- 
bres, contribuirá al buen servicio. 

^Volviendo á nuestra Biblioteca, á poco de instalada ya con alguna 
regularidad, excedían de siete mil sus volúmenes, siendo su mayor y 
mejor parte la mínima que se salvó de los conventos de San Pablo y San 
Agustín. La primera era numerosísima y pública también, situada donde 
I hoy el salón de sesiones de la Diputación. En la de San Agustín había al- 

I gunas obras de erudición. Historia y Ciencias, que se distinguen en 

I -el conjunto del primitivo repertorio de teólogos, expositores y predica- 

[ bles. De las modernas obras, adquiridas posteriormente, algunas por la 

f Comisión de Monumentos y las más desde el tiempo del Sr. Ruiz Higuero, 

en Ciencias, Letras, Filosofía, Historia y otros ramos, ha resultado como 
un aumento de dos terceras partes de la primera cifra. Así pues, la estan- 
cia primitiva se encuentra casi toda ocupada, y siguiendo las adquisiciones 
en la misma proporción, el local será en verdad insuficiente, como lo va 
I siendo el de Sevilla con las remesas de libros duplicados remitidos á aquélla 

por el Gobierno central. Las de la Biblioteca cordobesa no son tan rápi- 
j das, bien que de vez en cuando se reciban, á más de los adquiridos por el 

^^ Habilitado, uno que otro libro enviado por los Ministerios, alguna fineza 

f: y donación y grupos considerables de varias obras como las remitidas por 

P ia ilustrada Diputación provincial en el año anterior de 1877, y la que 

proporcionó, con celo no menos plausible, seamos justos, la Diputación del 



i 




Pl"' "' 



DON FRANCISCO DE BORJA PAVÓN 28l 

período de la República, facilitando muchas obras de Economía y Admi- 
nistración pública, de reconocida estima. 

)»Hace muchos años que el probo y entendido Bibliotecario actual don 
Julio Eguilaz, respondiendo á los favorables antedentes de su carrera, em- 
prendió la formación del índice por papeletas, según el sistema Brunet, 
con el designio de conocer y ordenar bien lo que existe, y proceder des- 
pués, lo que será entonces facilísimo, á la formación de Catálogos por ma- 
terias, ó con otro fin, sobre los existentes y antes confeccionados. Este tra- 
bajo se halla adelantadísimo, si no concluido, á pesar de estar hecho todo 
¿1 por los esfuerzos individuales y exclusivos del Bibliotecario, exigiendo 
operaciones materiales, paciente prolijidad, exactitud especial, pericia bi- 
bliográfica, confrontación y repeticiones. Esta tarea no ha sido interrum- 
pida sino por las faltas de salud del Bibliotecario, ó por la de subsidios y 
medios materiales en algunos períodos. Convendría que este procedi- 
miento y sus resultados fuesen examinados é inquiridos para &vitar que 
algunos, mintiendo y aparentando inteligencia y celo, con benevolencia 
escasa, propendan á calificar con ligereza lo que se negaron á indagar sin 
conciencia ó con hostil prevención. 

»Y he aquí también cómo esta operación del índice ó extensión de pa- 
peletas es un punto que ha de tenerse muy presente al intentar toda mu- 
danza de localidad; pueden tal vez malograrse ó inutilizarse con una mu- 
danza en que es imprescindible hacerla en la estantería y en la colocación 
de los libros, las indicaciones importantes del sitio de cada obra. Sería, 
pues, preciso volver á una revisión y reproducción de papeletas, si no se 
quiere aplazar indefinidamente el trabajo y la posesión de un inventario 
minucioso y fiel, ó cuando menos, aunque las papeletas hechas sean utili- 
zadas, no se excusará el variar en ellas las indicaciones respectivas á la 
nueva colocación. 

»A pesar de todos los inconvenientes, si el local adonde la Biblioteca 
quiere llevarse ofreciese ventajas conocidas, aquéllos pudieran disimu- 
larse. Esta mudanza será un paso atrás más que una mejora, un retroceso 
y iio un adelanto. Pero veamos cuáles son las circunstancias del local. Es 
un salón bajo en que, para aumentar la extensión, se han corrido ó derri- 
bado algunos tabiques. Así y todo es angostísimo, y aún resultará más 
estrecho cuando se coloquen los estantes disponibles, que acaso por su 
fondo y altura no tienen buena colocación y cabida, y se hayan de poner 
entre ellos las mesas para lectores y servidores de la Bibl¡")teca. 



' 



282 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

»Con este motivo pudiera preguntarse: ¿Ha intervenido para esta obra 
el informe del Bibliotecario que diga los elementos utilizabíes del mate- 
rial existente, el número de los libros que hay que colocar y el espacio que 
se debe dejar prudentemente al aumento sucesivo? ¿Lo que está reco- 
mendado acerca de colocación de lectores y su separación de las salas de 
asistencia? 

>En edificios de destino particular los Arquitectos respetan las condi- 
ciones especiales que se exigen en cada construcción. Sería absurdo edifi- 
car un hospital sin atender á las prescripciones de la ciencia médica y par- 
ticularmente de la Higiene; el levantar una escuela sin consultar las miras 
y consejos de la experiencia pedagógica, y así en los demás ramos. Pues 
bien: hay razón para creer que hasta ahora se ha prescindido de tal consi- 
sideración en la proyectada mudanza de la Biblioteca. El nuevo local se 
halla en piso bajo entre dos grandes palios ó descampados, el uno de ellos 
con el terreno elevado sobre su pavimento, el cual, y sus muros inferiores, 
deben absorber la humedad del modo más pernicioso para el caudal de 
objetos que deben conservar en el invierno y recibir en el estío la fuerza 
abrasadora del sol por todas partes. 

>^Acaso no hay quien tampoco recuerde ó tenga presente que cuando á 
esa parte, aunque en alto, estuvo anteriormente esta Biblioteca pública, 
hubo que luchar con dos clases de concurrentes, de perseverante y de en- 
ojosa asistencia: las ratas y la polilla, que, por lo menos en el local actual, 
no descubren su presencia destructora. Si pues la estrechez y las malas 
condiciones no abonan á la nueva localidad con respecto á la que hoy 
existe, no merece hacerse en la innovación el gasto de los mil ó más duros 
á que puede ascender el costo de la mudanza y nueva habilitación. Gas- 
tando muy menor cantidad, con sólo rehacer tablas intermedias en la es- 
tantería actual, se dejaría espacio suficiente para colocación de nuevos es- 
tantes, según el acrecentamiento de libros en algunos años, y aun quizá 
para una pieza subalterna donde se pusiesen y guardasen muchas de las 
obras existentes, hoy menos estimadas y consultadas. Sin necesidad de este 
dispendio, también la Escuela de Bellas Artes puede tener algún desahogo. 
Y es verdad que, aun en caso de indispensable mudanza de alguno de los 
tres establecimientos que hoy existen en el edificio que fué Hospital de la 
Caridad, tal vez el menos transportable es la Biblioteca. 

»¿Y qué ventajas suponen que trae la mudanza? Una es de que estará 
en sitio más céntrico. No es excéntrico el Potro ni tan lejano de la calle 




DON FRANCISCO DE BORJA PAVÓN ^83 

de Carreteras, de la plaza, de la Ribera del Guadalquivir y otras vías entre 
la Catedral y San Pedro, parroquias de las más principales de la ciudad. 
Lo excéntrico es una consideración relativa para el que vive en determi- 
nado punto; y aun cuando asi no sea, aun los que moran, ó moramos, 
esas calles que la moda convencional desaira al presente, pueden tener 
derecho á la vecindad de institutos útiles, y, por lo menos, cuando ya po- 
seen esta ventaja, á no ser ligeramente privados de ella. Otra ventaja de 
la mudanza podrá suponerse en que los altos funcionarios tendrán más á 
mano libros para su consulta. Rara vez esta necesidad habrá de satisfa- 
cerse por este exclusivo modo, habiendo en las Secretarías particulares de 
las secciones administrativas libros de su especialidad, más bien que en la 
Biblioteca pública; y, aun no siendo esto exacto, facilísimo es el medio de 
obtenerlos de ella y con las formalidades de que no debe nunca prescin- 
dirse, y que es peligroso no se guarden estando en mayor proximidad Bi- 
blioteca y oficinas. 

»En cambio hay otros inconvenientes de la mudanza proyectada. La 
Biblioteca será nuevamente descansadero y refugio en muchos ratos de 
escribientes y de otros que, en su propia oficina y trabajos, sienten harta 
propensión al descanso y esparcimiento frecuente. Y, por último, rele- 
gada al interior de un establecimiento consagrado á ramos de gobierno y 
administración que, á muchos, y en ocasiones dadas, impone respetuoso 
alejamiento, carecerá la Biblioteca de la enseña exterior y llamativa en la 
vía pública que revela su existencia y convida inmediatamente á la fre- 
cuentación. En el sitio donde se halla sirve, y no poco, con mayor como- 
didad para los individuos de la Escuela que se alberga en el mismo edifi- 
cio: su contigüidad les ha servido de provecho. Tal vez su divorcio les sea 
fatal recíprocamente. 

»Otras y últimas consideraciones: El hecho, la operación misma de la 
mudanza tiene que ser larga, minuciosa, y si se embaraza por entorpeci- 
mientos impensados, la Biblioteca podrá quedarse en suspensión y vagar 
sin lugar propio, de prestado y en interinidad de residencia, como ya su- 
cedió á ella y al Museo por largos años, sin ganar mucho en estos perío- 
dos transitorios. Y si la traslación se precipita, son temibles otros per- 
juicios. 

»Hoy están al frente del pais personas muy rectas y muy ilustradas, y 
la situación es muy ordenada y bonancible. Mañana pudiéramos volver á 
tiempos de tormenta. Figurémonos, cuando ciertas gentes, de especial edu- 



—^ 



284 REVISTA DK ARCHIVOS, BIBLIOTECAS I MUSEOS 

cación é ideas, se apoderasen de las superiores posiciones, el peligro de 
presión de abusos inminentes que pueden correr estos establecimientos, 
tranquilos de suyo, que siempre ganan en tener situación independiente 
y lejana de la vida y contacto de gentes levantiscas poco inclinadas á res* 
petar ciertas cosas. La historia de lo que ha pasado da lecciones para el 
porvenir. 

»Estas desaliñadas reflexiones escrfbolas, no para alzar vanas y des- 
autorizadas protestas, que se creerían una hostilidad que estoy lejos de 
sentir respecto á quienes, antes bien, sólo guardo todas mis consideracio- 
nes y amistosos miramientos. Pero si lo que se intenta tuviese los pocos 
lisonjeros resultados que preveo, sentiría como un remordimiento de no 
haber manifestado mi opinión á propósito de un asunto que es de mi pri** 
mera predilección, y dolerme emonces de que en silencio presagié estéril- 
mente contrariedades para un establecimiento de servicio público y de 
local trascendencia, que ha de perder en lugar de ganar con la mudanza 
que se proyecta y prepara á impulso de muy contrario y excelente propó- 
sito. — Córdoba, 3i de Enero de 1878. — Francisco de Borja Pavón.» 

Esto fué, por de contado, vox clamantis in deserto. Ni se podía esperar 
otra cosa. La malhadada traslación se hizo; ¿á quién sino al pobre Eguilaz 
y al que escribía eso importaban en realidad los libros? ¿Ni cómo habian 
de triunfar el amor á éstos y la razón, cosas livianísimas cuando en el otro 
platillo de la balanza se pone una pelota de eso que llaman ahora la lucha 
por la yida? 

A mediados de 1876 fué nombrado Miembro correspondiente de la 
Academia Española, resultado final de una correspondencia con el Mar- 
qués de Valmar, que no será desagradable el leer. Es la siguiente: 

«Sr. D. Francisco de Borja Pavón.— -Madrid, 16 de Junio 1872.— Muy 
estimable señor mío: Nuestro común amigo el Sr. Ramírez y de las Casas 
Deza ha tenido la bondad de enviarme dos composiciones de Arriaza, que 
en balde habíamos buscado mi compañero Hartzembusch y yo en las bi- 
bliotecas públicas y particulares de Madrid. Me dice que usted le ha pro- 
porcionado los originales de donde sacó las copias. 

^Agradecería A usted tuviese á bien decirme si la edición donde se ha- 
llan ambas composiciones es del año 1820 ó del 1822, y si consta de un 
tomo ó de dos. Sé que está hecha en la Imprenta Real. 

^También ruego á usted me envíe una copia del soneto que posee de 
Arriaza contra la Marquesa de H. Mi objeto es publicarlo en el tercer 



r 



DON FRANCISCO DE BORJA PAVÓN 285 



"1 



tomo, que está en prensa, de mi colección de Líricos del siglo XVIII^ si í 
el tal soneto es publicable. Digo esto porque no conozco el soneto é ignoro 
si es inédito, y si pertenece ai género humorístico ó al género desvergon- 
zado. ^Se sabe quién era la Marquesa? Su buen juicio de usted me dará 

luz sobre todo esto. , * 

«¿Tiene usted alguna otra poesía inédita de Arriaza? i 

«Dispense usted que me haya tomado la libertad de molestarlo sin te- ; 

aer el gusto de conocerle. Los literatos de conciencia somos muy pesados. ; 

»Usted es un verdadero amigo de las letras y disculpará fácilmente á : 
su más atento y seguro servidor, q. b. s. m., Leopoldo Augusto de Cueto. 
—Cervantes, núm. 3, pral.» 

«Excmo. Sr. D. Leopoldo Augusto de Cueto. --Córdoba i8 de Junio 

de 1872.— Muy señor m/o y de mi más distinguido aprecio: Agradezco á .^ 

usted la honra que me dispensa con escribirme y dirigirme alguna pre- A 

gunta literaria. Hace muchos años que yo tengo en mucha estima el nom- ^f 

bre y producciones de usted, y la última que he visto, su Discurso en la ♦ J 

Academia de San Fernando, no pudiera dejar de acrecentarla. -1 

»La edición de las poesías de. Arriaza que contiene los versos de donde -ji 

procede la copia remitida á usted por D. Luis Ramírez de las Casas Deza ] 

es del año 1822, en un tomo en cuarto, imprenta Nacional. Con los versos | 

di á D. Luis copia de su Advertencia ó proemio. Sin duda la proscripción ¡ 

que pesó sobre muchos escritos del trienio consütucional, y los tales versos, ":i 

que serían un remordimiento y un cuidado para aquel poeta áulico y con- t 
cúrrente á la tertulia del Infante D. Carlos, debieron hacer que circulasen 

poco los ejemplares de esa edición. ¡ 

»Remito á usted copia del soneto con algunas líneas que expresan la >^ 

ocasión en que se hizo. Yo lo hube de copiar de algún periódico político ;; 
años atrás, y no sé si fué La España, de que fui suscriptor, ó algún otro; 
pero, como usted ve, no es del género desvergonzado, al que pertenecen al- 
gunos otros juguetes de la misma pluma ó que se le atribuyen. 

»Otra composición que tengo y no he visto en las colecciones es El Va- 
ticinio, Imprenta de Crapelet, París, i8o5, en cuartetos endecasílabos. 

^Cualquiera cosa que yo tuviese está á la disposición de usted. Ya an- ^^ 

tes di á Ramírez lo que poseía de Arjona, fuera de lo que en su tiempo re- ^ 

mití á la Revista de Sevilla. 1 

»Lo que no he podido encontrar es el Lanuda de nuestro insigne Du- \j 

que, impresa aquí cuando aún no lo era; pero sí he adquirido y conservo '1 



n 



286 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

el lienzo grande que pintó y tiene su firma, que representa á Sócrates y 
Alcíbiades. 

«Celebro esta ocasión de demostrar á usted mi respeto y amistosa adhe- 
sión, que por sí mismo le profeso y por sus lazos con el eminente procer 
de quien fui entusiasta apasionado, y me repito á sus órdenes atento se- 
guro servidor, q. s. m. b.» 

«Madrid, 20 de Junio 1872.— Sr. D. Francisco de Borja Pavón.— Mi 
muy estimable señor mío: Con mucho gusto y agradecimiento he recibido 
la bondadosa carta de usted del 18 de este mes, en la cual me envía la co- 
pia de un soneto festivo de Arriaza, que he mandado á la imprenta para 
que se publique entre las poesías de este hombre célebre. 

»Como deseo que mi colección sea tan completa cuanto pueda serlo, 
ruego á usted me envíe asimismo una copia de El Vaticinio^ si juzga que 
esta composición es efectivamente de Arriaza y si no le parece indigna de 
vivir en la posteridad. 

))Sin duda por olvido no me envió nuestro amigo el Sr. D. Luis la Ad- 
vertencia que puso Arriaza al frente de la edición de sus obras de 1822. 
Si no ve usted en esta Advertencia algún pensamiento que caracterice en 
alguna manera á Arriaza como hombre ó como poeta, no se tome la mo- 
lestia de enviármela. 

«Explica usted en su carta con sano discernimiento crítico la razón 
por la cual se han hecho tan raras las dos composiciones liberales de 
Arriaza. La frase de usted: serian para él un remordimiento y un cui- 
dado, es muy feliz. 

»Mi hermano-político Ángel no conservaba entre sus papeles ejemplar 
alguno de su tragedia Lanuda, obra de la mocedad que él tenía por mala. 

»Si no tiene usted el estudio que escribí sobre la índole del talento 
poético de mi hermano Ángel, tendría mucho gusto en enviárselo. 

«Dispense usted y mande á su atento y seguro servidor, q. b. s. m., 
L. A. de Cueto.» 

«Excmo. Sr. D. L. A. de Cueto.— Córdoba, 22 de Junio de 1876. -Muy 
señor mío y de mi distinguido aprecio: Nuevamente favorecido con su 
última carta del 20, le remito copia de la Advertencia y de El Vaticinio, 
comoquiera que su traslado es tan pequeña tarea, y que, aun con ser de 
escasa valía literariamente, al juicio de usted y no al mío deben someterse. 
El Vaticinio paréceme, en efecto, que no desmiente la peculiar manera 
del poeta en sus giros y pensamientos. 



W^" "^^ 



DON FRANCISCO DE BORJA PAVÓN 287 

»Con mucho placer acepté el discurso que usted tiene la bondad de 
ofrecerme sobre las obras del Sr. Duque, que á su tiempo leí en la Gaceta. 
Lástima es que no coleccione usted todos sus discursos académicos y obras 
literarias. 

»La amabilidad de usted me anima á hacerle una indicación. La úl- 
tima vez que pasó por aquí el Duque, ya muy aquejado de dolores, le ha- 
blé de una comedia antigua titulada La mujer penitente, sobre un asunto 
análogo al de D. Alvaro, y publicada bajo el pseudónimo de un Pedriqne 
del Monte. Mostró gana de verla; le leí alguna escena, que le agradó, y 
sobre mi ofrecimiento se la llevó en su equipaje para verla más á sus an- | 

chas. Está en un volumen 4.^, forrado en pergamino, con otros opúsculos j 

de poca importancia. Ahora bien: en el caso que exista y no la tuviese su | 

conservación para la familia, yo me alegraría de recabarla; pero única- 
mente en tal supuesto y si estuviese á la mano. 

3> Volviendo al punto de El Vaticinio^ pareció la primera vez impresa 
esta composición, en francés, en el periódico titulado Archivo literario de 
Europa, muy felizmente (tal vez por Manonque (?)) y después se dio á 
luz en su original, en corto número de ejemplares, acompañada de algu- 
nos otros versos que hacia algún tiempo conservaba el autor, quedando asi 
remediada la irregularidad de que aún no fuesen conocidos del suelo pa- 
trio Jrutos que ya habian merecido alguna estimación á extraños climas^) 
(esto se halla en nota al pie de los versos copiados, sin otro dato sobre su 
procedencia). Es un puñado de incienso al Príncipe de la Paz, de cuyo 
homenaje tampoco querría hacer mérito posteriormente el poeta corte- 
sano ante Fernando VII, á quien su mamá y Godoy habían dado tan ma- 
los ratos. Yo llegué á conocer á este escritor en sus últimos días, anciano 
y casi ciego, sentándose en un rincón del humilde café del Príncipe, donde 
por entonces brillaban en el esplendor de su genio y lozanía Vega, Es- 
pronceda y otros varios. 

» Disimule usted me permita estos recuerdos agradables en estos 
días acerbos y tristes, y que me ofrezca de nuevo con la mayor consí- g 

deración á sus órdenes atento s. s., q. b. s. m., Francisco de Borja Pa- 
vón.» 

«Madrid, 3o de Junio de 1876.— Sr. D. Francisco de Borja Pavón.— Mi « 

muy estimable amigo: Recordando los merecimientos literarios de usted y i 

las bondades relativas á las letras que me ha dispensando, rogué á mis i 

amigos Escosura y Tamayo que firmasen conmigo la propuesta para nom- 

i! 
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200 REVISTA DE ARCHIVOS^ BIBLIOTECAS Y MU5EOS 

brar á usted Académico Correspondiente de la Real Academiq Española. 
(Escosura firma el primero por ser el más antiguo de ios tres.) 

»Dije á la Academia, en honra de usted, cuanto me pareció adecuado 
al objeto, y este ilustre Cuerpo se ha complacido en nombrar á usted. 

)) Tengo en mi poder el diploma y demás papeles citados al final del 
oficio adjunto. Ruego á usted me indique la persona á quien he de entre- 
garlos para que lleguen á manos de usted. Acaso podría encargarse de ellos 
alguno de los Diputados ó Senadores cordobeses. 

«Felicito á usted y me repito suyo, atento y seguro servidor y amigo, 
q. b. s. m-, Leopoldo A. de Cueto.» 

cExcmo. Sr. D. Leopoldo A. de Cueto.— Córdoba, 2 de Julio de 1876. 
—Muy señor mío y de mi mayor consideración: Ayer he recibido la atenta 
finísima carta de usted acompañándome el oficio de la Real Academia Es- 
pañola en que se me nombra su Miembro correspondiente en esta ciudad. 
Honra tan inesperada y tan superior á mis esperanzas y merecimientos 
tiene aún para mí la nueva recomendación y autoridad de proceder de la 
suma bondad con que usted me favorece y de traer asociados á fineza de 
tanta estima los nombres esclarecidos de usted y de los Sres. Escosura y 
^j Tamayo, beneméritos los tres en tanto grado del culto de las letras y de 

la lengua patria. 

«Acepte usted, pues, para sí y tenga la bondad de hacer participar á 
esos señores y demás ilustres individuos de la sabia Academia, la expre- 
sión de mi más viva gratitud y de mi deseo de corresponder á favor tan 
^ elevado. Designaré, según usted me previene, la persona que haya de re- 

i coger el diploma y papeles anexos, quien se presentará á usted exhibién- 

j dolé mi especial misión; y no indicando desde hoy á los Diputados Conde 

I de Torres Cabrera ó Conde y Luque por si tardan mucho en venir por 

t acá. Llegados á mi poder esos documentos, irá oportunamente noticia de 

[ su recibo y testimonio de mi profundo reconocimiento á la Academia 

por el conducto por donde se me ha transmitido la gracia. 

»Hace tiempo, Sr. D. Leopoldo, que soy muy aficionado á las produc- 
ciones de su inteligencia, en que corren parejas la doctrina y el buen gusto; 
pero de hoy más la singular merced de que le soy deudor aumentará los 
motivos de mi adhesión afectuosísima, con que se ofrece á las órdenes de 
usted, respetuoso amigo y s. s., q. b. s. m., Francisco de Borja Pavón.» 

Ángel M. Barcia. 
(Se continuará.) 



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EPIGRAFÍA CATALANA DE LA EDAD MEDIA '1 

INSCRIPCIONES SEPULCRALES DE LOS CONDES DE BARCELONA. '] 

REYES DE ARAGÓN, REINAS, INFANTAS, ETC. Í 

(Continuación.) 5 

.n 

Don Jaime I. ^ 

?! 
14. Tabla con la inscripción ^ 

Anfio Domini MCCLXXVI, vigilia '; 

beatce Marice Magdalence, ilustrissimus 

ac virtuosissimus Jacobus, rex Aragonum, 

Majoricarum, Vaientice, cotnesque Barcitionce, 

et Urgelli, et Dominus \ío?itipessulani 

accepit habitum ordinis cisterciensis 

in villa Algeciro!, et obiit Valentice VI kal. 

augusti. Hic contj'a sarracenos semper prcevaluit 

et abstulit eis regna Majoricarumy Valentice 

et Murtice, et regnavit LXÍI annis, X me?isibus, 

et XXV diebus, et translatus est de civitate 

Valentice at monasierium populeti, ubi sepultas Juit, 

prcesentibus rege Petro, filio suo, ejus uxore 

Constantia, regina Aragonum, et Violante 

regina Castellce, filia regis Jacobi 

predictij et archiepiscopo Tarraconce, et multis 

episcopis, et abbatibus ac nobilibus viris 

hic cedificavit monasterium Benifa^aani, et 

fecit multa bona monasterio populeti 

ejus anima requiescat in pace. Amen» 

3.* ÉPOCA— TOMO XV '9 



n 



290 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

Don Jaime I falleció en Valencia el 27 de Julio de 1276, y, su cadáver 
fué depositado en la iglesia de dicha ciudad, hasta cumplirse sus reiterados 
deseos de que su cadáver fuese llevado al Monasterio de Poblet. 

En documento fechado en 1257 dijo el rey D. Jaime: 

«Reconociendo y reduciendo á la memoria, que de tiempo airas expusimos á 
fray Ramón, entonces abad de Poblet, y elegimos sepultura en el monasterio; 
ractifícando ios mismos deseos y elección de sepultura, y confírmandoio de ciencia 
cierta, para que se vea que deseamos que nuestro proposito tenga su devido efecto; 
otra vez con maduro juicio deseamos y elegimos nuestra sepultura en dicho mo- 
nasterio en mano de Fray Arnaldo, abad del mismo, concediendo á el y sus suce- 
sores y al convento del mismo monasterio licencia y libre potestad, para que en 
cualquier lugar de nuestros dominios, ó fuera de ellos, que nos sobreviniera la 
muerte, puedan tomar cuerpo, y llevarlo á dicho monasterio, y darle alli sepultura, 
aunque hubiese cualquiera contradicion, en caso que Nos (lo que no sucederá) orde- 
násemos en otra forma nuestra sepultura.» 

En el año 1278, el rey D. Pedro, deseando cumplir la voluntad de su 
padre D. Jaim« I, ordenó la traslación de sus restos al monasterio de 
Poblet. Concurrieron á este acto los reyes de Aragón, la reina de Castilla, 
D.* Violante, gran número de prelados, dignatarios y nobles. Las exequias 
fueron suntuosas, cual correspondían á tan gran Monarca y bienhechor del 
monasterio cisterciense. Entonces fueron colocados los restos del rey don 
Jaime en un sarcófago de madera, sobre el presbiterio y próximo al 
sepulcro de su abuelo D. Alfonso. Terminada la construcción de los 
sepulcros reales en tiempo del rey D. Pedro el Ceremonioso, los restos 
de D. Jaime fueron colocados en el que estaba más inmediato al presbiterio. 
Sobre su sepulcro había dos estatuas, una representando al Rey con vesti- 
duras reales y otra con cogulla. 

La inscripción transcrita, que databa del siglo xiv, estaba en una 
tabla próxima á la del rey D. Alfonso lí, en la primera columna del altar 
de San Benito. Equivocadamente algunos autores han afirmado que la 
inscripción se había colocado en el sepulcro del Monarca. 

Destruido en i835 el monasterio de Poblet, la momia del rey D. Jaime I 
fué salvada y trasladada en 1843 á Tarragona juntamente con seis cajones 
llenos de huesos que se encontraron en las ruinas de Poblet. El del Mo- 
narca fué trasladado en un cofre de nogal con molduras bronceadas y ce- 
rrado con tres llaves, que tenía en su interior otra caja de plomo con cris- 
tales, al través de los cuales se veía la momia real despojada de sus hábitos. 



M i l 



EPIGRAFÍA CATALANA DE LA EDAD xMEDIA 29I 

Por Real orden de 14 de Mayo de i853 se mandó que dichos restos se 
conservasen en Tarragona; pero con la precisa condición de que, en el 
término improrrogable de dos años, se construyese por dicha ciudad un 
monumento digno de tan precioso depósito, 4<y si pasa este plazo — añade 
la Real orden — sin haberlo verificado, se entiende que renuncia el de- 
recho que se le concede, trasladándose desde luego á Valencia». 

El Ayuntamiento de Tarragona, en sesión de 27 de Mayo de i853, 
aceptó las condiciones fijadas por el Gobierno, y se emplazó el sepulcro en 
el trascoro de la catedral. En 7 de Octubre de i856, con gran pompa veri- 
ficóse la traslación de los restos del rey D. Jaime I. 
En el centro de su sepulcro se lee: 

Everso impie anno MDCCCXXXV popvleti coenobio; 

Vio latís avgvtae domvs Aragoniae sepvlchris; 

corpvs Jacobi I expugnatoris dicti, 

praeclari Aragonvn regís e tvmvlo 

vbít et amplívs saecvlís adqvíeverat, efossvm, 

Tarraco píe servavít, 

tvendvmqve ín perpetvvm a temporís et homínvm incuria 

hoc monvmento aere provinciarvm 

Tarraconensis et Barcinonensis extructo 

benígne annuente Elisabeth ¡I 

ín sva ípsius basílica religiosa restitvit 

die VII oct. ann. MDCCCLVI. 

Doña Violante, mujer de Don Jaime í. 

1 5. Sepulcro con la inscripción 

Fuit traslata Dona Violante regina 
Aragonum. Anno MCCLXXV 

Pertenece al siglo xiii. Está junto al altar mayor, al lado del Evangelio 
de la iglesia del monasterio de Vallbona (provincia de Lérida). 

Doña Violante, hija del rey Andrés II de Hungría, fué la última mu- 
jer del rey D. Jaime I de Aragón. Según testimonio de los historiadores, 
era mujer prudente, caritativa y de singular belleza. Se fija su muerte en 
9 de Octubre de 125 1, aun cuando Zurita, lib. 3, cap. 2*3 de sus Anales, 
dice que en 12 de Octubre de aquel año otorgó testamento, y encontró 
memoria suya algunos años después. 




292 revista de archivos, bibliotecas y museos 

Doña ¿Sancha? 

16. Sepulcro con la inscripción 

Fuit translata Sancia regina castelle 

filia Violantis, regina Aragonum, Anno 

M.CCLXXV 

Pertenece al siglo xiii. Está junto al altar mayor de la iglesia del mo- 
nasterio de Vallbona (provincia de Lérida). 

En la obra manuscrita titulada Sepulcros reales de Poblet, lee 

«Doña Violante (antes Andrea) con la infanta Doña Leonor, hija de ambos 

(de Violante y Jaime I), difunta niña, yace en el monasterio de la iglesia de Santa 
María de Vallbona en un sepulcro alto al lado del Presbiterio.» 

Finestras, en el tomo ííí, pág. 26, de la Historia de Poblet^ dice que 
D.* Sancha fué en peregrinación á visitar los Santos Lugares de Jerusalem, 
donde se dedicó á servir á los pobres, y murió entre ellos, obrando con su 
virtud y ejemplos cosas admirables. Anteriormente dice que en Bellpuig 
estaba enterrada D.* Leonor, infanta, que murió antes de tomar estado. 

La única hija de D. Jaime I y de D.* Violante fué D.*^ Violante, que 
casó con D. Alfonso el Sabio >. 

Evidentemente el nombre de Sancha que figura en la lápida está 
equivocado. 

Pedro II, e/ Grande. 

17. Sepulcro con la inscripción, de la que sólo se lee: 

P : qvem ..tra gentes : et : regna : snbegit : 

..Jes : con cvncta : peregit : 

iles : qvisqve : fit : vnvs : 

iacet : hic: modo : imvs: 

X : sermone : fidelis : 

et : strenps : armis 

lis : ad : omnes : 

s : lavs : svperatur : 

dora... dvm ....tet : pnde : beatur : 

nen... com.. el : dvx : barchinonensis 

1 Doña Violante en 1300 fué á Roma, y la traslación de los restos se señtU en el año 1275 en 
la inscripción transcrita. 




1 



EPIGRAFÍA CATALANA DE LA EDAD MEDIA 298 

octe : novembris : 

entum : bis : et octvageno : 

qv sibi : tvtrix : virgo : Maria. 

Completa se ha publicado por varios autores: 

Petrus quem petra tegit gentes et regna subegit. 

Fortes confregitque, crepita cuneta peregit, 

Audax, jnagnanimus sibe mileSy quisque fit unus, 

Qui bello primus inheret jacet hic modo imtis, 

Constans proposito verax sermone fidelis, 

Rebus promisis fuit hic et strennus armis 

fortis justitia vivens cequalis ad omnes, 

sitis laudatur vi mentis laus superatur, 

Christus adoratur dum penitet unde beatur, 

Rex Aragonensis comes et dux Barchinonensis, 

Dejecit membris undena nocte novembris^ 

Anno mi I leño centum bis octuageno 
Quinto sistepia sibitutum Virgo Maria. 

El rey D. Pedro, en testamento otorgado en Portfangos en 7 de las calen- 
das de Enero del año 1 282, dejó un legado de 10.000 morabatinosal monas- 
terio de Santas Creus, para el bien de su alma y de sus mayores, eligiendo 
en él su sepultura K Murió el rey en Villafranca del Panadés, en i285 2, 
y, en cumplimiento de su voluntad, fué llevado su cadáver al citado mo- 
nasterio, y en i3oo colocado en el sepulcro definitivo, que tiene carácter 
monumental. 

La urna es de pórfido rojo de Alejandría, que, según tradición, trajo 
D. Pedro de Mallorca. Su forma es elíptica, es lisa y bruñida; en su 
frente hay esculpida una cabeza de león en alto relieve. Encima de esta 
cabeza se ven dos manos que sostienen dos armellas, figuradas en la 
misma piedra. La urna está cubierta por una losa de una pieza, de 
mármol ceniciento, la que sirve de base á un sarcófago octógono, con 16 
arquitos ojivales en torno, que forman otros tantos nichos ó peque- 
ñas ornacinas. En cada una de ellas colocóse una estatua representando 
un santo. Termina con una barandilla este segundo cuerpo. Cubre el 

1 Archivo de la Corona de Aragón. Pergamino N. 302. 

2 La lápida anteriormente transcrita fija la muerte del rey D. Pedro en 24 de NoTiembre 
de 1285. Capmany dice acaeció en 10 de Noviembre, si(;uiendo á Zurita y Déselo t. Muntaner dice 
murió en el día 11. 




294 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

sarcófago una tumba triangular y en el centro de su vértice se levanta 
una aguja gótica de crestería. 

Don B. Hernández Sanahuja reconoció el sepulcro del rey D. Pedro. 
Dice que encontró la momia integra, vestida de hábito monacal y su cara 
estaba cubierta con la muceta. Los hábitos estaban consumidos y conver- 
tidos en polvo. 

DofíA Constanza de Sicilia. 

1 8. urna sepulcral con la inscripción 

Anno Domini MCCCV^ idibus aprilis hoc est nona die 

obiit. litm. Domini Regina Constancia Monfredi filia 

et uxor serenissimi principis Domini Petri Regnantes tem 

pora Gallorum que iacet iusta altare S, Nicolai in 

parte sinistra cum abitu es sepulta anno D.MCCCI 

primo kaiendas julii 

Estaba en el convento de San Francisco de Barcelona. 
Comes transcribe esta leyenda, y añade: 

«Sus huesos, los de D.* Constanza, están en la parte del Evangelio, en ia quarta 
arca, con su rotulo, y á las espaldas esta pintada Sta. Francisca, Viuda Romana. 
Y en los años 1692 fue el cuerpo de esta Serma. Rey na trasladado de tierra fírme 
que estava, y puesto en esta urna ó caja, como los demás cuerpos que abaxo diré, 
siendo Mro. provincial el M. R. P. Frai Daniel 011er, P.or y Ex-Diffinidor, &. 

Como no existe esta lápida no puede precisarse si fué labrada al 
ocurrir el fallecimiento de D.^ Constanza ó cuando se construyó la urna se- 
pulcral á que hace referencia Comes. 

Doña Constanza, hija de Manfredo, rey de Sicilia, y de D.* Beatriz, 
hija de Amadeo III, conde de Saboya, casóse con el rey D. Pedro II en 
Montpeller el 13 de Julio de 1262. Falleció en Barcelona en el año i3o2 y 
no en i3o5, como se lee en la inscripción transcrita, pudiendo ser error 
de copia. En el necrológico del convento de San Francisco se leía: 

«Idibus Aprilis Anniversarius dies D. Constantis Regim et sororis nostrix 

CuiusNinims Per misericordiam Dei transiuit de hoc ergastulo, et in pace requíescat 
Pro anima eius dicat Missa.» 



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EPIGRAFÍA CATALANA Dt. LA EDAD MEDIA 296 

é 

Alfonso II. 

19. Urna sepulcral con la inscripción 

Anno Domini MCCXCIXV calendas julii obiit 

iltmvs Dominus Alfonsus Dei gratia rex Aragonun et 

sepultus escum abitu in ecclesia fratrum minorum Bar- 

chinon iuxta altare sancti Nicolai 

Estaba en el convento de San Francisco, de Barcelona. 
La inscripción fué copiada por Comes, y añade: 

«Este sepulcro ó huesos estarán ahora puestos en la parte de la Epístola, con 
su arca, y en sus espaldas esta pintado un quadro de San Pedro Regalado de la 
orden.» 

La fecha de la muerte del rey D. Alfonso II, la fija D. Próspero de 
Bofarull, en sus Condes vindicados, en i8 de Junio de 1291, y hay en ello 
contradicción con la lápida transcrita, que no existe. Creemos que es 
exacto lo indicado en ella, por cuanto en el necrológico del convento de 
Francisco se hacía constar: 

«Kalendas julii. Pro commcndatione anima famuli tui Alfonsi Regis et fratris ñTi 
qui de hoc seculo trasmea vit in coelum. Per misericordiam Dei requiescít anima 
ejus Missa.» 

La enfermedad postrera del rey D. Alfonso II sólo duró tres días, y 
conociendo su próximo fin, mandó llamar al guardián del convento de 
San Francisco, y pidió le vistiera con el hábito de esta Orden. 

Su hermano D. Jaime II obtuvo un breve de Bonifacio VIH para la " 

traslación de los restos de D. Alfonso á Santas Creus; pero el convento ' 

de Padres Franciscanos de Barcelona logró otro en 1287 suspendiendo lo 
acordado en el anterior. ^ 

Jaime II. 

1 
.j 

20. Lápida con la inscripción i 

Hornat : hac tumba : 'q : simplicitate : columba \ 

est immitatvs : rex : jacobvs hic tpmulatvs : i 

rex : aragonensis : corñs : et : dvx : barchinonesis^ i 

maiorise?isis : rex : nex : non -' cici¡ie?isis A 




296 nEVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

moribvs : et pita cosors : sva : bincha : munita : 

illpstri : nata : Karvlo : simvl : hic tvmulaía : 

nec fiiit : hic : seg7iis : in svbdendh : sibi : regnis : 

svbita : $vnt : itaq^ : sibi : mvrcia : sardiniaq 

ftoruit : hic : qvinq regnis : p : temps : vtriq : 

restitvit : gratis : tria : ivs : servans : dítatis : 

hic : hvmilis : corde : peccati ; mudvs : asOrd 

misericors : invndvs : animo : smone : facvdvs 

ivdicis : ivstvs armis bellóq : robvstus : 

letvs : non : mestvs : vvítv : mistisq modestvs 

dici : pacificas : mervit : quia : pacis : amicvs : 

regna : tenet : celi : dno : testante : fideli 

cvi : se : collegit : habitv : cist : preelegit 

cvi : q : cvcta : regit : parcat : qve mcivs : egit : 

defecit : menbris nocte : novembris : 

an7io : milleno : centum : ter : bis : qiioqve : deno : 

sepienoq : pia : sibi : sistat : vgo : maria : amen. 

El rey D. Jaime II murió en Barcelona el día 2 de Noviembre de 1327. 
Diósele sepultura en el convento de San Francisco de Barcelona, y después 
trasladados sus restos al monasterio de Santas Creus, y enterrado en su 
iglesia. Enfrente de su enterramiento, y en los pilares ó macizos que 
separan el presbiterio de las dos capillas laterales del crucero, está empo- 
trada la lápida cuya inscripción hemos transcrito. 

Fué publicada por Ripoll, Bofarull, Hernández y Creus; pero en todas 
las copias hay variantes. Hay quien añade la palabra dextera^ entre sistat 
y Virgo Maria, que no existe en la lápida. En ella consta que también fué ' 
enterrada en Santas Creus la reina D.^ Bliftica, su esposa, y hermana de 
San Luis, obispo de Tolosa. 

El panteón en el que se colocaron los restos del rey D. Jaime II, fué 
mandado construir por éste, á los dos años de haber muerto su esposa. 
En I .® de Septiembre de i3i2 dicho Monarca ordenó á Bertrán Ríquer, 
maestro mayor de las obras de su palacio, que construyese en el monas- 
terio de Santas Creus un sepulcro semejante al de su padre. En otra carta, 
fechada en Lérida á 26 de Octubre de i3i5, D. Jaime II decía al baile 
de Barcelona, Bernardo de Sangaliris, que mandara á Santas Creus el 
epitafio que había ordenado labrar para el sepulcro de su esposa D.* Blanca 



EPIGRAFÍA CATALANA DE LA EDAD MEDIA 297 

de Aragón, quedando obligado á abonarle los gastos que originara. Se 
ignora si se llevó á cabo este encargo. 

En i835 la legión francesa venida de Argel profanó las sepulturas 
reales de Santas Creus. Los restos de D.* Blanca fueron divididos en cua- 
tro partes y luego arrojados al pozo del palacio en el que había vivido con 
su esposo. Los extrajo fray Ignacio Carbó, ex monje de Poblet, y los puso 
en el panteón del rey D. Jaime I. 

Interpretación de la lápida: 

Honoratur hanc tumba qui simplicitate columbam 

est immitatus Rex Jacobus hic iiimulaíiís, 

rex aragonensis comes et dux Barcinonensis. 

Maioricensis Rex nec non ciciliensis: 

moribus et vita consors sua Blancha munita: 

illustri nata Carolo simul hic tiunulata. 

nec fuit, hic, segnis subdendis sibi regnis 

subdita sunt itaque sibi Murcia: Sardiniaque 

floruit hic quinqué Regnis per tempus utriumque 

restituit gratis tria jus servans dietatis. 

hic humilis peccati mundus a sorde 

misericors ?nundus animo sennone facundus 

judiéis justus armis )?elloque, robustus 

letus non mestus pul tu fnitisque modestus 

dici pacificus meruit quia pacis amicus 

regna tenet coeli Domino testante fideli 

cufu se collegit habitum cisieriensem preelegit 

cui que cuneta regit pareat que nescius egit 

dejecit tnenbris secunda nocte novembris 

anno milleno centum ter bis quoque deno 

septenoque pia sibi sistat Virgo Maria Amen. 

Doña Blanca de Ñapóles, esposa de Don Jaime II. 

21. Lápida con la inscripción 

In Christi nomine obiií Serenissima Domina Blanca 

Regina Aragomim Barchinone secunda idus Octobris 

anno Domini Millessimo t recent issimo décimo. Ei ele- 




••¿í 
J 



'i 




2y8 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

git sepelliri in Mojiaaterio Sanctarum Crucum Ordinis 

Cisíeriensis et legabit ipsi Monasterio castrum de Ole- 
gato et ordinavit quod sex monachi celebrarent missas 

quotidie in perpetuum pro anima sua et Domini 
et Parentum ejusdem Domines, Et Abbas et conventus 

dicti Monasterii de uoluntatelllustrissimi Domini Re- 
gis Aragonum viri sui et de assensu el licentia vene- 
rabilis Domini Abbjitis Cisterciensis et capitidi genera- 
lis ordinaverunt quod ^ex Monachi notent 
\ qiiolibet sept imana perpetuo 

^ qui celebrant tnissas prcedictas, ítem legavit dicto 

Monasterio mi I le libras Barchinonensis pro 
emendia redditibus per duodecim pitanciis con- 
ventui dicti Mofiasterii perpetuo faciendis. 
\ Et quod Abbas et conventus faciant anniver- 

r sarium quolibet mense: scilicet in Januario duode- 

i cimo die en Febroario décimo nono die, In Martii vigésimo 

t, cuarto die In Aprilis vigessimo primo die, In madio 

'i 

■ vigésimo die: In Junnio vigessimo tertio dia: In Julio vigesi- 

' mo octavo die. In Augusto vigessimo tertio die, In sep- 

L tembris vigésimo sexto die. In Octobri decima cuarto die. 

In Novembris vigésimo sexto die, In Decembris décimo 
nono die. Et est qualibet pitancia mille solida- 
r rum super castro di Pontons, Quincumque hanc 

scripturam legit^ dicat Paternóster pro anima sua, 

I Está esta lápida en la iglesia, frente á la escalera del dormitorio anti- 

[' guo del monasterio de Santas Creus. Es de mármol blanco. 

^ Según D. Buenaventura Hernández, en la urna de D. Jaime sólo exis- 

- ten los restos de la reina D.* Blanca de Anjou. 

Doña Blanca, hija de Carlos el Cojo, de Ñapóles. Sus bodas con el rey 
i Jaime II se celebraron en 29 de Octubre de 1295. Murió en Barcelona el 

; 14 de Octubre de 1310 y su cadáver fué conducido al monasterio de Santas 

Creus. 

El Sr. Hernández Sanahuja, en su monografía sobre Santas Creus, 

página 90, refiere el hallazgo de la corona gótica de D.* Blanca de Anjou^ 
i, cuyo actual paradero se ignora. 




EPIGRAFÍA CATALANA DE LA EDAD MEDIA 299 

Puesta anteriormente esta lápida ad longum, transcribírnosla con sus 
abreviaturas: 

In xps : note : obiit : serenissima : dña : blancha 

regince : aragon : barchñ : II : idvs : octb : a : d : mece 

X : et : eligit : sepelivi : in : monastio : scarpm : crvcv : or 

dJs : cistercieñ : eí : Igabit : ipt : mon : costrvm : dólegato 

et :ordiavit : q : vs : moachi : célbrt : missas : coti- 

die : ipp : m : pata : sva : et :d : ge : et : paretv : et. 

de : dñe : et : abbas : et : coveto : dci : món : 7 : vohtat : 

illtssimi : d : reg : arfig : viri : s : et : 1 : ass^sv : et : lies 

eia : veñaril : d : abbas • cist : eaptll : gnal : ordiave 

r-ptq : vi : mOachi : notet : qm : Ibl : septimania : pp^ : ce 

celebret : missas : 'p .* deas : iíem : legavit : dco ; mon : m : Ibr* 

barchn : pemsdis : redditib : p : XII .* pitaciis : cov? 

tpi : dci : món : ppo :faciendis :et ; qv : abbas : et : cóve 

tó : faciat : anivariv : ~q : libet : meses : ilicet : in 

janvario : XV : die : 7 • afr : XIX : die : 7 : mar : XXIIII : die . 

7 : aprili : XXI •' die : I : madi : XX: die : 7 : ivni : XXIIII : die : 7 : ivli 

XI III : die : 7: nOPSb : XXVI : dte : 7 : deceb : XIX : die et : 

e : ólibt : pitada : LXXX : sol : et : spnt : asignati : ad : 

hoc : reddit : in : sol : svp : castro : pontons : 

q : evqve : küc : scptvra : legit 

dicat : pat : M ''~p : aia : sva : 



Doña María de Chipre, esposa dé Dqn Jaime II. — ¿i322? 
22. Urna sepulcral con la inscripción 

Anno Domini M.CCC.XXi i. die II nopembris. Obiit 

III^ Domina Maria, filia Regis Hyerusalem. et Sipri. Dei 

Gratia Regina Aragonice et Hyerusalem, Uxor III^ Domini 

Regis Jacobi qui sepultusfuit in Ecelesia fratrum Minorum 
^archín. In medio Cori, eum Abitu eiusdem ordiniSy in sepul- 
cro marmóreo, et ibi mansit psque ad M.CCCCX et eum se- 
pulcro fuit traslata in altari Mayor i Capellam S. Es- 
tephani Protomartir, 



^ 



300 ' REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

Sus cenizas fueron colocadas en la caja que había en la epístola de la 
iglesia del convento de San Francisco de Barcelona. Copió esta lápida 
Comes, sin indicar á qué época perteneciera. 

Doña María fué tercera esposa del rey D. Jaime II. Era hija de Hugo III, 
rey de Chipre. Murió, según esta lápida, en el año 1822; pero esta fecha 
está equivocada, pues su muerte fué á mediados de Abril de iSig. Según 
dispuso en su testamento, otorgado en 2 del mismo mes y año, fué ente- 
rrada en la iglesia del convento de San Francisco de Barcelona. 

En aquella fecha el rey D. Jaime II contrajo matrimonio con D.^ Eli- 
senda de Moneada. 

En el Martirologio del convento de San Francisco se leía: 

«Die 2 Novembris: Pro Anima formule tux Maris Regina y Sororis Nostrix. 
Cuius Anniversarius dies est. Pro anima ipsius. Per misericordiam dei requiescat 
¡n pace dicatur Missa.» 

Don Fadrique, príncipe de Aragón, hijo de Don Jaime. — 1820. 
23. Urna con la inscripción: 

Anno Domini M.CCCXX. Pridie Calendas Angustí, in vi- 
timo mensis Julii obiit Fredericus filius prceclarissimi Domi- 
ni Alfonsi primogénita III^^ D. Jacobi Regis Ar agonice, et se- 
pul tus est in Ecclesia fratrum Minorum. In Capel la 5'« Eli- 
saber Barchinone. 

Sus cenizas, según Comes, tueron trasladadas y puestas en su arca, 
como están, al lado del Evangelio (pág. 66) de la iglesia del convento. 
En el Martirologio del convento de San Francisco se leía: 

«Pridie Kalendas Augusti, De hoc ssculo ad sponsum Dominum evolouit. Ani- 
ma famuli Frederici infanlis, et fri. nri. Cuius anima Per misericordiam Dei re- 
quiescat in pace, et pro sufrag. die Missa.» 

Antonio Elías de Molíns. 



r^ 



DOCUMENTOS 



Cartas del Beato Diego losé de Cádiz. 



(Continuación) ' -'^ 

J. M. J. I 

Ronda 3 de Agosto del go. . S 



J 



Mi R. P. Lector Fr. Francisco González. /] 

Amadísimo hermano mío, de mi mayor veneración: Con la debida re- i 

cibo la muy apreciable de usted de 27 del pasado, tan llena de instruccio- .| 

nes para mí, cuanto yo, si fuese capaz de aprovecharme de ellas, pudiera i 

apetecer. Usted no sabe hasta dónele llega la verdad con que lo amo y el ^ 
gusto que recibo con sus cartas. ¡Ojalá pudiese yo contribuir al consuelo 

de usted y ásu felicidad en el todo que apetezco! Por esto le escribí la pa- ^ 

sada que le incluí á sujeto que no conozco, y de cuyo nombre y apellido no 5 

me acuerdo, porque entonces lo supe de paso, y luego lo he olvidado ente- jj 

ramente. ú 

En orden á su contenido, insisto en persuadirle, en rogarle, y (por ^ 

obedecerle) en mandarle del modo que me corresponde y es posible, que '{ 

atienda por ahora al recobro de su quebrantada salud, valiéndose de los ^ 

medios posibles para ello. j 

He leído con reflexión cuanto usted me dice en estos particulares, y con ¡ 

la misma confianza que me habla le digo que yo no puedo aconsejarle, ni ;| 

menos aprobarle que deje sus empleos y se separe de los que su Religión le ^ 

tiene confiados, porque esto sería destruir yo lo que otros edifican y cor- í 

tar el árbol por el tronco para quitarle la rama enferma. La cátedra, ¡c 

maestría de novicios, capellanía de Nuestra Señora, son dados por Dios y, ¿ 

como tales, usted deberá continuar en ellos el tiempo que según la ley le ^ 

corresponde. Mas como estos empleos admiten vacaciones, quisiera yo que j 
durante las que restan de la cátedra este verano se dedicase á buscar al- 
gún descanso en sitio proporcionado y que más le acomodase, comisio- 
nando á otro las pláticas ael Santo Rosario, ó suspendiéndolas por este 
tiempo, si es posible en todo, ó en la mayor parte. 

I Véase el número de Julio y Agosto. 



302 REVISTA DE ARCHIVOS, ÜIBUOl ECAS 1 MUSEOS 

El confesonario es lo que más lastima la cabeza y la enferma, y éste 
me pareciera á mí que, avisándolo primero á las personas ó almas que tiene 
á su cargo, ó encargándolas á sujetos de su confianza, lo excusase hasta 
tanto Que refrescase el tiempo ó convaleciese plenamente de su padecer. 

De las consultas digo lo mismo, hablando con la debida proporción; esto 
es: que sólo alguna extraordinaria particular ó muy urgente admitiese ó 
despachase. Usted ve que es poco lo que pido, y que apenas hay persona ocu- 
pada en la carrera de letras y de estas santas tareas que deje de hacerlo 
así. En todo caso, quiero que si con m¡ súplica ó encargo no encuentra us- 
ted toda la quietud interior aue para su seguridad y la mía necesita, lo co- 
munique al Prelado ó á algún amigo verdadero como lo es nuestro her- 
mano el P. L. Ojeda, y se resuelva á procurar su salud, dedicando algún 
tiempo á ello, sin escasear los días que para ello sean convenientes. 

Ahibo la bondad de Dios y la protección de María Santísima Nuestra 
Señora en el prodigio del día i8. ¡Bendito sea su amor para con nosotros! 
Las tres opiniones que usted me apunta que se han formado sobre el caso 
las reduzco á una, no dudando que todas son verdaderas. Pero si Su Ma- 
jestad cuida de la conservación de la vida de usted, sea por lo que fuere, 
¿por qué hemos nosotros de abandonarla? Vamos á ayudarla, y caminare- 
mos con arreglo á su santísima voluntad '. 

Mucho se na estrechado el caso de esos señores consabidos: veremos sus 
resultas. Dios haga que sean en todo conforme ásu divino beneplácito. Yo 
también le escribo á usted largo, para que tenga esto más que sufrir y que 
perdonarme. Esta hago ánimo de remitirla por mano de un religioso nues- 
tro. Mande usted loque guste, segurísimo de que es suya mi voluntad. Con 
ella me repito á su disposición, me encomienao eficazmente en sus oracio- 
nes y ruego á Nuestro Señor me guarde su vida muchos años en su santo 
amor y gracia. 

B. L. M. de usted, su afectísimo hermano que más en Nuestro Señor 
Jesucristo lo ama, Fr, Diego José deCádi^. 

J. M. J. 
Ronda 3 de Septiembre del go. 

Mi R. P. Lector Fr. Francisco González. 

Amadísimo hermano mío de mi mayor veneración: Con la debida re- 
cibí la muy apreciable de usted de 28 del pasado, pero sin la otra que me 
decía me llegaría en el mismo correo, y que, efectivamente, llegó después. 
En vista de esta y de lo que usted me expone, soy de parecer que pronta- 
mente renuncie usted la Maestría de novicios, no sólo para que, libre de ese 
gravísimo peso, pueda usted atender al recobro de su casi arruinada salud 
y á las prolijas tareas de su cátedra, mas también para que, convaleciendo 
más pronto, se proporcione mejor á lo que Dios quiera disponer de usted 

I He buscado con grandísimo interés las cartas del P. González al Beato Diego, siendo mi 
ventura tan menguada que sólo media docena completas y unos retazos he podido encontrar. 
No hay duda que han desaparecido las más de ellas. De las que conservo, algunas las interca- 
laré en su debido lugar, otras sería fuera de tino porque no tienen hilación con lo contenido en 
las presentes cartas por faltar muchas, como el menos avisado puede ver. Esto hará que algunas 
cosas no se entiendan bien, como acontece precisamente en el asunto que da margen á esta nota. 
Colijo que se trata de un milagro obrado por la Santísima Virgen dando repentinamente la, 
salud al P. González, y éste lo reveló al Beato Diego. 



r 



DOCUMENTOS 3o3 

en adelante. Es muy creíble, ó por lo menos puede sin temeridad pensarse, 
que Su Majestad le ha privado de la salud para exonerarlo de esa carga, 
sin que á usted le quede el escrúpulo de que huye del trabajo ó de que re- 
husa someterse á la carga que quieren imponerle. Mejor que yo sabe y 
puede usted dar á esta verdad el peso que se merece. Sólo digo que en 
nuestras crónicas de Capuchinos se refiere la vida de un Venerable, in- 
signe misionero apostólico, predicador del Papa, y que habiendo enfer- 
mado de resulta de sus tareas, se retiró á convalecer de dictamen de los 
médicos, y aunque el Sumo Pontífice le instó una y dos veces para que 
fuese á predicar á Roma una Cuaresma, se excusó de hacerlo con el mo- 
tivo de que los facultativos no aseguraban su salud. Este solo ejemplar,' 
entre los muchos que usted sabrá, lo juzgo suficiente para que deponga 
toda ansiedad y se someta á lo que Dios, por medio desús males, le quiera 
dar á entender, ó intenta justificar su renuncia '. 

Sobre el novicio de cuyo notable defecto tiene vehementes sospechas, 
me parece muy bien lo qué usted piensa, y que si se averigua su flaqueza, 
haga que la Comunidad ó el Prelado lo remitan á su casa, porque si hace 
ahora eso es de temer que después no deje de continuarlo. 

No puedo más, hermano mío, y ahora reflexione de pronto que su cruz 
no la dio Nuestro Redentor á San Pedro ni á algunos de sus Apóstoles, y 
sí al Cirineo. Dejémonos en sus manos santísimas y acertaremos en todo. 
Me ofrezco de nuevo á la disposición de usted para cuanto pueda servirle. 
Me encomiendo en sus oraciones y ruego á Nuestro Señor guarde su vida 
muchos años en su santo amor y gracia. 

B. L. M. de usted su afectísimo hermano y capellán y siervo en Nues- 
tro Señor Jesucristo, Fr. Diego José de CádiK- 

J. M. y J. 
Ronda 20 de Septiembre de lygi 2. 

Mi R. P. Lector Fr. Francisco González. 

Amadísimo hermano mío de mi mayor veneración: Segunda vez me 
hallo instado de la Corte por sujeto condecorado, para que me empeñe en 
cortar el pleito pendiente entre mis Sras D.* Antonia Valderrama y su 
hija con D. N. Aguilar. En la primera me excusé porque me pareció de- 
bía hacerlo así, bien que dejando abierta la puerta para el caso en que so- 
licitase con sinceridad cristiana. Se me repite la instancia incluyéndome 
las adjuntas copias, que le confío, para que actuado de la respuesta de 
D. N. Aguilar vea lo que más conviene, y empeñe toda su autoridad y efí- 

1 Esto hay que enteaderlo con grandísima prudencia. Cosas se escribieron en los pasados 
siglos con más buena fe que sano criterio, que hoy acaso no resistan el riguroso examen de la 
crítica. Aquellos hechos ó cosas así relatadas sirvieron, sin duda alguna, de potente palanca á 
muchos espíritus para correr por el áspero camino de la perfección cristiana; hoy, en cambio, el 
provecho que se saca con leerlos es harto menguado. 

Que el Beato citó el hecho de las Crónicas con el mejor fin, no hay que dudar Io« y menos 
teniendo en cuenta las prendas excepcionales del P. González; pero, dadas las corrientes de 
emancipación que se respiran hoy, me ha parecido bien llamar la atención del indicado pasaje 
de las Crónicas, no sea que algunos desenvueltos amigos de su propio juicio lo tomen como arma 
de defensa tergiversando el genuino sentido del hecho citado. 

2 Es la primera carta que he podido hallar de este año. Ignoro el paradero de las otras que, 
indiscutiblemente, debió dirigirle el Beato Diego. 




304 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

cacia en componer este gravísimo negocio de modo que, pacificados los 
ánimos y desvanecida la tormenta, se consiga con la bonanza el principal 
intento que todos deseamos. Hágame usted, hermano mío, la caridad de 
hablar por mí á esas mis señoras y á nuestro venerado hermano el P. Jut- 
bilado, á quien también escribo para que se ponga fin á este expediente en 
el modo más prudente y suave, ya de dar su poder ó señalar personas en- 
teramente imparciales en ésa ó en Madrid, aunque sea, si lo juzgan con- 
veniente, algunos de los señores sus parientes que tienen allí D. Andrés 
de Valderrama ó D. Francisco de Paula Puertas ó al sujeto que escribe, 
que, aunque no le conozco, aparece en sus cartas hombre de bien, ú otros 
que gusten, todo á fin de que se corte este pleito, cuya prosecución ha de 
sernos á todos muy dolorosa por distintos motivos. 

Yo lo deseo eficazmente, lo pido y lo suplico por el amor de nuestro 
Redentor y de su Santísima Madre, muy seguro cíe que por parte de mis 
señoras y de nuestro amado hermano no hay mucho que vencer ni que 
trabajar. Esta confianza me alienta á cansar a usted, y espero en Dios que 
todo será como apetecemos. 

Deseo á usted cumplida salud y que se haya restablecido perfectamente 
de sus males. Yo sigo ahora bien de los míos, á Dios gracias, y siempre de 
corazón de usted para lo que pueda servirle, me repito á su disposición, 
me encomiendo en sus oraciones y ruego á Nuestro Señor guarde su vida 
muchos años en su santo amor y gracia. 

B. L. M. de usted su afectísimo hermano, capellán y siervo en Nuestro 
Señor Jesucristo, Fr. Diego José de Cádií^. 

P. D. — El sujeto que me interesa en este negocio le he respondido 
dándole algunas esperanzas. 



J. M. y J. 
Ronda 2 1 de Octubre del gi. 

Mi R. P. Lector Fr. Francisco González. 

Amadísimo hermano mío de mi mayor veneración: Con la debida re- 
cibo la muy apreciable de usted de 17 del corriente con la inclusa de Ma- 
drid á que en la adjunta correspondo. No dudo que mediando usted, y 
siendo tanta la bondad de nuestro hermano el R. P. Ojeda y de las seño- 
ras, harán de su parte cuanto sea dable para que el consabido pleito se 
concluya. Yo no sé si me excedo en las cartas que escribo al que me inte- 
resa en ésta, porque le hablo con algún ardor, bien que asegurándole que 
estoy ignorante de lo aue en el pleito se trata, porque ya no me acuerdo 
de lo poco que se me üijo en ésa el año pasado. Conviene que yo lo ignore 
para hablar con mayor libertad al que me empeña. Si conserva usted los 
papeles que le incluí en la mía, haga el favor de volvérmelo. 

Yo, amadísimo hermano mío, nada entiendo de cosas de espíritu ó de 
interior, porque soy hombre terreno y carnal entregado todo a cosas ex- 
teriores de papeles. Pero en orden á esa buen alma podrá hablarle con se- 
guridad de usted nuestro venerable P. Maestro Ruiz y juntamente Dios, 
que no se negará á darle á usted la luz que le pide, y también le deberá 
pedir la interesada. Suele haber algunas almas que en lo mismo que dicen 
dan á entender la respu^ta que ha de dárseles. 




DOCUMENTOS 



3o5 



No puedo más, herüíano mío, soy de corazón de usted para lo que 
pueda servirle; mande lo que guste y encomiéndeme á Nuestro Señor, á 
quien ruego guarde su vida muchos años en su santo amor y gracia. 

B. L. M. de usted su afectísimo hermano, capellán y siervo en Nuestro 
Señor Jesucristo, Fr, Diego José de Cádii{, 



J. M. y J. 
Ronda 25 de Noviembre del 91. 

Mi R. P. Lector Fr. Francisco González. 

Amadísimo hermano mío de mi mayor veneración: Repito á usted ésta, 
no poroue dudo haga falta en lo que me tiene asegurado sobre la termina- 
ción del pleito de Aguilar con esas buenas señoras, si porque en este co- 
rreo me dice de alia el que me ha interesado: «Se le escribe al abogado 
una carta que he visto, expresándole los capítulos sobre que se ha de ha- 
cer la composición, siendo todos irritantes, odiosos y denigrativos.» Por 
lo que nuevamente le suplico no descuide este negocio, y que para mejor 
hacerlo yo, pida y me envíe una copia de lo que las señoras piden, ó de las 
condiciones que por su parte se ponen. Yo salgo pasado mañana para Se- 
villa, Dios mediante, y allá puede usted enviarme este papel y responder 
lo que haya en esto, si puede y lo sabe. Siento en mi corazón el atraso de 
su salud, que le deseo muy cumplida. La prisa no me permite más que 
repetirme á su disposición con buena voluntad para lo que pueda servirle. 
Me encomiendo en sus oraciones y ruego á Nuestro Señor guarde su vida 
muchos años en su santo amor y gracia. 

B. L. M. su afectísimo hermano, capellán y siervo en Nuestro Señor 
Jesucristo, Fr. Diego José de Cádií^. 



i 



J. M. y J. 
Sevilla 10 de Diciembre del gi. 

Mi R. P. L. Fr. Francisco González. 

Amadísimo hermano mío de mi mayor veneración: Con la debida re- 
cibo la muy apreciable de usted de 28 del pasado con la copia de la escri- 
tura que debe hacerse por D. Lorenzo, la que he remitido al sujeto de 
Madrid previniéndole cuanto usted me dice de estar hecha allá, aceptada 
por él y admitida por estas señoras, las que le harán la gracia de perdo- 
narle de la deuda cuanto puedan y esperarle por el resto lo que necesite. 
Dios quiera que todo se acabe, para que salgamos bien de este negocio. 

Acabo de saber, hermano mío, el nuevo acometimiento que ha tenido 
usted de su accidente y el peligro en que se vio y se halla su vida. No me 
atrevo á decirle cosa alguna, porque yo me quiero mucho por lo mucho 
que miro y cuido de mi salud, comiendo carne y no ayunando en los 
tiempos en que me lo manda mi Santa Regla con precepto grave; no pre- 
dico sino raro sermón, y no confieso á una sola persona, etc. ¿Qué diré yo 
en el juicio de Dios, haciendo esto, sin tener cátedra ni los cuidados que á 
usted lo abruman? Yo veo á usted morir en un inmenso trabajo, sin dis- 
pensarse de cosa alguna, y me veo á mí sin él, dispensado de todo. ¡Pobre 

3.* ¿POCA— TOMO XV 20 



3o6 DOCUMENTOS 

de mil, ¡y luego quiere usted hacer conmigo confesión general! ¡Qué 
bueno iría el negocio si un hombre carnal, disipado, distraído y dema- 
siadamente cuidadoso de s{, hubiese de dar reglas al que desea gobernarse 
por sólo las del espíritul Dejémonos de eso, hermano mió, y haga usted en 
esto siquiera lo que aconseja á otros >. 

La prisa en que me tienen los asuntos que aquí ocurren no me per- 
miten más que suplicarle mire un poco por sf y ofrecerme con las ma- 
yores veras á su clisposición para que me mande lo que ^uste, seguro de 
mi buena voluntad, con que me encomiendo en sus oraciones, y ruego á 
Nuestro Señor guarde su vida muchos años en su santo amor y gracia. 

B. L. M. de usted su afectísimo hermano, capellán y siervo en Nuestro 
Señor Jesucristo, Fr, Diego José de CádÍK> 

I Maravilloso es este párrafo. ¡Qué estudio tan acabado para ocultar al santo y 'dejar ver 
escueto al hombre hace el celoso apóstol andaluzl Pero ¡con qué acento dice las cosas el bendito 
santo! Hay que sondear mucho para poder apreciar los quilates de su bien cimentada humildad. 
A la ligera apunto algo á continuación de lo mucho y bueno que hacia al escribir esta caru. Y 
conste que tomo los apuntes de sus propios cuadernos de sermones, que yo conservo, y que he 
de citar repetidas veces en el discurso de estas cartas. 

Salió de Ronda y, sin descansar, predicó el 3 de Diciembre en Morón de San Francisco Ja- 
vier. Apena» llega á Sevilla, predica el día 8 el panegírico de la Inmaculada en la Parroquia de 
San Gil. £1 12, en la profesión de Fr. Pascual de Sevilla, en la iglesia de nuestro Convento. El 1$^ 
nuevamente en San Gil de acción de gracias. El 16, por la mañana, en el palacio Arzobispal, á los 
ordenandos. El 23 de Diciembre, por la tarde, en los ejercicios que hacían al Señor del Gran Po« 
der en la parroquia de San Lorenzo. El 25, en el Convento de Santa Ana. en la profesión de Sor 
María de los Dolores Tour. El 27, en Capuchinos, en la profesión de un novicio y toma de hábito 
de otros. Esto sin contar sermones y pláticas cuyos croquis no apuntaba en los cuadernos. Al 
P. Alcover escribe el 17 de Diciembre entre otras cosas. «Yo sigo sin mayor novedad, á Dios gra- 
cias, aunque algunos ratos con el dolorcillo de estómago. De lo demás, el dador informará A usted 
de lo que ha ocurrido que predicar estos días.» 

Muy maltrecho por los agudos dolores de estómago y desvanecimientos de cabeza que 
sufría, regresó á Ronda sin tomar punto de reposo, maravillando la rapidez con que hizo el viaje, 
pues el 3 de Enero de 1792 escribe al P. Ensebio de Sevilla, que.'conocíabiensus achaques porque 
había sido testigo ocular en Sevilla como compañero de sus excursiones apostólicas: «Yo llegue 
aquí el 31 del pasado y el día siguiente tuve la noticia de la muerte de mi hermano Joaquín, que 
en paz descanse, y desde entonces han tomado algún aumento mis malecillos de estómago y 
cabeza.» Con todo vemos cómo se expresa en la carta. 




NOTAS BIBLIOGRÁFICAS 



Bibliografía Madrileña ó descripción de las obras impresas en Madrid, por 
el presbítero D. Cristóbal Pérez Pastor, Doctor en Ciencias. Obra premiada 
por la Biblioteca Nacional en el concurso público de iSgB é impresa á expensas 
del Estado. — Parte segunda(i6oi al 1620).— Madrid, Tip.de la Revista de Ar- 
chivos, Bibliotecas y Museos, MCMVI.--8.' d., 558 págs. 

Ocioso consideramos enaltecer los méritos del insigne cervantista D. Cristóbal 
Pérez Pastor, acaso el erudito que de muchos años á esta parte ha ilustrado con 
más datos positivos nuestra historia literaria, y el primero que con paciencia de 
benedictino y con el auxilio de su vastísima cultura adivinó y explotó el rico ar- 
senal de noticias que encierran los archivos de protocolos, antes casi olvidados. En 
la segunda parte de su Bibliografía madrileña, lejos de contentarse con una des- 
cripción árida bibliográfica, ha reunido un número considerable de documentos 
referentes á los autores y traductores de los libros, ó á personas relacionadas con 
aquéllos, resultando de este modo una obra que será preciso consultar para es- 
cribir la historia de la Literatura española en el último tercio del siglo xvi y el 
primero del xvu. 

Gracias á dichos documentos podemos conocer la vida económica de muchos 
escritores, editores é impresores de aquella época, pudiendo servir de consuelo á 
bastantes ingenios ó eruditos de nuestros días la consideración de que siglos atrás 
andaban ya divorciadas la riqueza y las letras, pues vemos el precio exiguo en que 
no pocos autores vendían sus escritos, y los apuros que pasaban otros para sacar 
sus libros del limbo de lo inédito. De tales documentos citaremos el contrato de 
Julio Junti para imprimir las Decadas de Antonio de Herrera, de las que se tiraron 
nada más que S60 cuerpos i; curiosos datos para la biografía del insigne diplo- 
mático y militar D. Bernardino de Mendoza, y un extracto de sus dos testamen- 
tos; notas manuscritas que lleva un ejemplar del Romancero general, impreso en 
Madrid, año 1604, que se conserva en la Biblioteca Nacional, donde un lector cu- 
rioso de comienzos del siglo xvn puso al margen los nombres de los autores de va- 
rías composiciones publicadas como inéditas, y por cierto que figuran entre ellas 
tres romances de D.* Catalina Zamudio, de María de Marchena y de la mujer del 

I En las págs. 222 á 227 de la Bibliografía Madrileña hay nota de muchos documentos bio- 
gráficos de Antonio de Herrera. 



3o8 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

Condestable Solanos, preteridos en mi Biblioteca deescritoras españolas; la escritura 
de cesión de las Tragedias de amor hecha á favor de Antonio Rodríguez por D. Juan 
de Arce Solorzano, quien recibió la pequeña suma de 200 reales y algunos libros 
de Derecho; aún cobraba menos D. Francisco Faria por su traducción del Robo de 
Proserpina, de Claudiano, pues se contentó con que le dieran duc lentos cuerpos del 
dicho libro; dignas de mención son las noticias tocantes al filantrópico Dr. Cristó- 
bal Pérez de Herrera, quien, con ser tan piadoso que solicitaba del Ayuntamiento 
madrileño que se pusiera en cada calle la imagen de un santo, y aun en los porta- 
les de las casas, no vaciló, como tampoco Pedro de Valencia, en condenar el exce- 
sivo número de religiosos que había en España i; el contrato de impresión del 
Tesoro de la lengua Castellana, de Sebastián de Covarrubias; notables informa- 
ciones que acerca de su prisión por los holandeses hizo el historiador de nuestras 
guerras en Flandes D. Diego Villalobos y Benavides; noticias del sabio estadista 
D. Baltasar Alamos d^ Barrientos, casado con D.* Ana Colón, descendiente de 
Cristóbal Colón, y autor de un célebre memorial á Felipe III que corrió á nombre 
de Antonio Pérez; la información de D. Gonzalo de Céspedes y Meneses para pa- 
sar á Indias; la cesión de su Español Gerardo y desengaños del amor lascipo, por 
460 reales, y su testamento; la Real Cédula que el arabizante Gurmendi recibió 
para estudiar los manuscritos que fueron del rey Cidán; el prolijo testamento de 
D. Bernardo de Sandoval y Rojas, Arzobispo de Toledo; datos biográficos del cro- 
nista Luis Cabrera de Córdoba, de Fr. Antonio Remesal y de Juan Pablo Bonet; 
aún más notables son los referentes á Quevedo y su familia. Además de esto lleva 
la Bibliografía Madrileña amplios extractos de libros tan peregrinos como los 
Bienes de el honesto trabajo, de Pedro de Guzmán; de la Pla^^a universal de todas 
ciencias y artes, de Cristóbal Suárez de Figueroa, y aun copia íntegra de algunos 
papeles, como la donosa censura que un anónimo hizo de ios Discursos para ío- 
dos los Evangelios de la Quaresma, de Fr. Cristóbal de Fonseca. Esta ligera noti- 
cia basta para conocer que el último libro del Sr. Pérez Pastor es, sin duda, la más 
curiosa Tipografía que hasta hoy se ha publicado, y digna de sinceros elogios, aun 
por quienes juzganjque son de poca utilidad las descripciones bibliográficas de li- 
bros que sólo tienen de común una circunstancia tan accidental como el lugar de 
impresión, pues la que acabamos de examinar es obra que deben consultar cuan- 
tos deseen conocer á fondo la historia literaria de España en su época más gloriosa. 

M. S. y S. 

\J Archivista. Manuale teorico-pratico, por Pietro Taddei, 1906.— 486 págs., 8.®, 
más 12 cuadros sinópticos.— A. M. (Milano U. Hoepli). 

Sin grandes alardes de erudición y con el sentido práctico que conviene á pu- 
blicaciones como las que han hecho tan estimada la colección de Manuales Hoepli^ 
el autor de éste consagra sólo 175 páginas á la parte histórica de ios Archivos, á los 

I Asi lo dice en un memorial dirigido á Felipe III: En ra^on de muchas cosas tocantes al 
bien, prosperidad, riquei^a y fertilidad destos Reynos^ impreso en Madrid, año i6xo; aconsejaba 
al Monarca (f«lio 23) que en mucho tiempo no se diese licencia para fundar nuevos monasterios; 
bien se echa de ver cuánto hemos ganado en piedad, pues hoy se demanda de los Gobiernos todo 
lo contrario. 



NOTAS BIBLIOGRÁFICAS SOQ 

particulares, eclesiásticos, de obras pias, notariales, generales y municipales de 
Italia, Archivos del Piamonte, y en el último capitulo da una ligera noticia de los 
del extranjero, como los de Londres y París, é indicaciones acerca de los de Ale* 
mania, Austria, Rusia y Bélgica. Inútil decir que de los de Kspaña no se hace 
mención alguna. 

La segunda parte, dividida en seis capítulos, trata de los Archiveros (historia, 
aptitudes, condiciones, consejos etc.); organización de los centros administrativos. 
Ministerios, administración local, archivos administrativos y de seguridad pública. 
Muy copiosas son las instrucciones, órdenes y circulares, clasifícaciones, modelos 
y registros de todo género relativos á los expedientes y documentos varios de estos 
Archivos. Dos hojas de Bibliografía y un índice alfabético de nombres y materias 
completan la obra, además de los la modelos con que termina y que se refieren á 
la clasificación de los documentos de las oficinas de seguridad pública. 

Echanse de menos algunos de estos modelos de clasificación adoptada en los 
principales Archivos históricos; pero la obra resulta de gran utilidad para el mo- 
derno archivero, y sería de desear que, tomándola por modelo, se emprendiese en 
España la publicación de un trabajo análogo en que se diese á conocer lo no poco 
que hay hecho en organizaciones de Archivos del Estado, municipales, administra- 
tivos, eclesiásticos y particulares, y se señalase lo mucho que aún necesita los cui- 
dados y desvelos de celosos archiveros. 

A. P. yM. 



E{ pai8 de la plata. Apuntes históricos del descubrimiento de la mina cSanta 
Cecilia», sita en Hiende! aencina, por Bibiano Contreras. — Guadalajara, estable- 
cimiento tipográfico «La Región», igoS.— 4.®, 1 18 págs., con un retrato del autor. 

Buena prueba de la facrlidad con que los hechos históricos de más importancia 
van rodeados de leyendas es lo acontecido en el descubrimiento de las minas de 
Hiendelaencina, dignas, en sus buenos tiempos, de competir en riqueza con las 
famosas de México ó de California; el mito envuelve los sncesos culminantes de la 
Historia como la niebla las cimas de altas montañas, y el pueblo, enemigo de la 
realidad árida y mezquina, solamente concibe los hechos trascendentales envuel- 
tos en la nubécula perfumada de la ficción. El hallazgo de la mina Sanu Cecilia 
fué admirable por la fe y la constancia de D. Pedro Esteban Górriz y la abnega- 
ción de sus seis primeros socios, pobres todos, excepto D. Antonio Orfila; Contre- 
ras era sacristán de Torremocha, y toda su fortuna apenas llegaba á i.ooo pe- 
setas en fincas rústicas; Pardo lo había sido en Bujarrabal y Las Inviernas; Cabre- 
rizo vivía de un humilde empleo en la cárcel de Valladolid y ante las afirmaciones 
de Górriz no vaciló en renunciar aquel destino y arriesgar todo su capital, que con- 
sistía en 5.000 reales. Y, sin embargo de todo esto, y viviendo aún los protagonistas 
verdaderos, se forjó la leyenda del italiano Fortuni ó Fortunato, modelo de abne- 
gación y desprendimiento, quien, hallándose preso en Valladolid y viendo la mise- 
ria en que yacía la familia de su compañero Górriz, le confía el secreto del futuro 
Potosí, y extinguida la condena desaparece de España sin que nadie tenga noticias 
de su paradero. En siglos de más fe que el xix se habría reputado á Fortunato un 
ángel, hermano de aquellos que hicieron en Oviedo la inimitable cruz de Al- 
fonso III. Propaló esta fícción, aunque no la inventó, pues años antes se hallaba 



3lO REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

difundida por toda la Alcarria, D. Francisco de Bartolomé en un articulo publi- 
cado en la Ilustración Española^ de 1878, y como tamaños errores contenía, ofen- 
sivos algunos á la buena memoria de D. Pedro Esteban de Górriz, tuvo que recti- 
ficarlos un hijo de éste. 

A escribir la verdadera historia de las minas de Hiendelaencina consagró sus 
ratos de ocio el reputado médico de Jadraque D. Bibiano Contreras, conocedor, 
como pocos, de los hechos, por ser hijo de D. Ignacio Contreras, uno de los pri- 
meros socios que tuvo Górriz y de los que más fuerza de voluntad mostraron. En 
ella aparece la verdad tal como fué, sin que resulte menos imeresinte; desmiéntese 
la intervención de Fortunato, quien, dadas las fechas de su proceso como vulgarí- 
simo falsificador de moneda, no pudo conocer ¿ Górriz ni tener con él relaciones 
de algún género; aclárase la personalidad de D. Pedro Esteban, de familia distin- 
guida, amigo del General Mina, liberal de ideas arraigadas y muy dado al estudio de 
la Mineralogía, que le sirvió en sus viajes por los pueblos cercanos al Alto Rey de 
la Majestad para notar las riquezas que se escondían bajo aquellos estériles pe- 
ñascos. La historia de la mina Santa Cecilia hasta su último periodo es modelo 
de exactitud, reuniendo la ventaja de llevar en apéndices los documentos principa- 
les justificativos, y de haberla aumentado D. Eduardo Contreras, hijo de D. Bi- 
biano, y quien ha dado á luz esta obra postuma, con algunos datos, como son los 
antecedentes históricos de Hiendelaencina, sacados de las Relaciones topográficas 
de la provincia de Guadalajara que está publicando D. Juan Catalina García. 

M. S. y S. 



8empre han tingut bóch les oques. Apuntacions per la historia de les 
costumes privades (Primera serie), per En Joaquim Miret y Sans. — Barcelona, 
a la Stampa den F. Badia, igo5.— 8.® m., 81 págs. 

El Sr. Miret y Sans, autor de aplaudidas monografías referentes é la historia de 
Cataluña, se propone demostrar en ésta una verdad tan evidente como es la supe- 
rioridad moral de nuestro siglo comparado con los de la Edad Media, que conside- 
ran los ciegos entusiastas del pasado como el ideal de fe cristiana y de santas cos- 
tumbres, por esa fascinación que ejercen en los hombres civilizados las sociedades 
primitivas, donde las energías individuales se mueven en un campo de acción que 
no se comprende en los pueblos cultos. La demostración es bien fácil tratándose 
de cualquiera nación europea ó región de España i; y, sin embargo, esta conside- 
ración no amengua el mérito del presente opúsculo, lleno de curiosos datos que, á 
manera de valientes pinceladas, retratan los vicios y los crímenes de la sociedad me- 
dioeval; la incredulidad, la irreligión y el odio al clero eran muy generales, com« 
en aquel Nerón de Metz, quien deseaba tener á sus órdenes en la milicia los oron- 
dos canónigos y abades de su tierra; el caciquismo político del siglo xiii fué más 
ignominioso que lo es ahora; la venalidad era cosa corriente: el mismo Pedro II se 
dejaba sobornar con dones, y otras veces los degradados pretendientes mostrauen li 
lurs muylers, e lurs Jiyles, e lurs párenles les pus beles quepodien trotar. E quant 

I Tratándose de España bastarían los Sermones de San Vicente Kerrer, ó el famoso libro 
Deplanctu Ecclesicg^ de Alvaro Pelagio. 



NOTAS BIBLIOGRÁFICAS 3 1 1 

sabien que el era hom defempnes, tolien I i son bo proposit e feyen lo mudar en go 
que els uolien. Y estas palabras no las escribía un enemigo de Pedro II, sino su 
propio hijo D. Jaime I. Los jueces vendían sus sentencias, y por más que se reformó ^ 

la organización de la magistratura, ningún resultado favorable se logró; los privi- ¿ 

legios locales, lejos de ser la salvaguardia del derecho, eran fuente de violencias y de 4^ 

injusticias; abusando del fuero de los veinte, Zaragoza arrasó el pueblo del Caste- 
llar; los monjes, obligados por su instituto á practicar los consejos evangélicos, se ] 
mostraban más duros con sus acreedores que los patricios de las Doce Tablas: el 
abad de Montserrat tuvo muchos meses, presas y atadas con cadenas, á la madre \^ 
y á la mujer de un infeliz deudor. • ^ 

Pues si habláramos de re libidinosa, )qué de cosas regocijadas, aunque no santas, ,y 

se podían escribir! l£n algunos países era costumbre que las doncellas mostrasen á , I 

los huéspedes su habitación; les ayudaban á desnudarse, y para que mejor pudiesen ;;* 

conciliar el sueño, les hacían un masaje, que los franceses llamaban taslonnement , 
En tiempo de Juan I de Aragón solían tener los ofíciales de palacio su correspon- ¿ 

diente paca en dehesa, y aun había quien se alojaba en la casa llana como pudiera i 

hacerlo en una honrada hospedería. Todo esto y más nos cuenta el Sr. Mircí y . ■ i 

Saos, añadiendo en corroboración algunos procesos motivados por vicios repug- 
nantes^ como son los de Frey Ramón de Empurias y su hermano Ponce, dignos de I 
haber nacido en la Pentápolis. Tal vez se haya excedido el Sr. Miret en la amplitud ^ 
con que extracta estos documentos, de los que bastaba noticia más somera para ^ 
demostrar la tesis en cuestión; y lo mismo decimos de los vulgarísimos adulterios i^ 
de una posadera y de la mujer de un Antonio Fúsier, tipos que lejos de ser pura- * 'oj 
mente medioevales, son hoy muy frecuentes; más interés ofrece La nova filia de j| 
Loí, ó sean los escándalos de D. Pedro de Urrea, arzobispo de Tarragona, aunque V^^ 
el asunto es no poco repulsivo. j| 

£1 Sr. Miret y Sans tiene propósito de continuar en otros folletos el mismo 
tema, y no dudamos que lo hará con la misma lucidez y erudición que en el pre- * 

senté, cuya lectura recomendamos, como los judíos el Cantar de los Cantares, á 
quienes hayan pasado de los cuarenta años y tengan la suficiente serenidad de alma 
para no alterarse demasiado leyendo las travesuras y las alegrías de nuestros ante- 
pasados. 

M. S. y S. 

;' 
Egara. Terrassa. Contribució á la historia antiga de Catalunya. Discursos lie* ^ 

gits á la Real Academia de Buenas Letras de Barcelona en la recepció pública 
de D. Joseph Soler y Palet el dia 17 de Juny de 1906. — Barcelona, impr. de la 
Casa provincial de Caritat, 1906. — 8.® d., 104 págs.— La contestación es de 
D. Francisco Carreras y Candi. 

El Sr. Soler y Palet, que sucedió en la Real Academia de Buenas Letras de Bar- 
celona al inolvidable químico y erudito D. José Ramón de Luanco, ha consagrado 
la mayor parte de su vida á la historia local de Tarrasa, acerca de la que lleva pu- r. 

blicados cuatro volúmenes, y en el presente Discurso ha condensado la mayor 
parte de sus investigaciones. Comienza notando que los castellani del Valles fueron 
de raza distinta que los castellanos de Valladolid ó de Madrid; nosotros opinamos 
igualmente que En J. Soler, y añadimos un argumento clarísimo: entre los caste^ 



3l2 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

llani del Llobregat, contemporáneos de Ptolomeo, y los que hoy pueblan ambas 
Castillas, mal pudo haber comunitat d* origen, siendo los últimos una raza formada 
por muy varios elementos étnicos, que no aparece hasta el siglo ix; y aunque es 
verosímil que la sangre goda no abundó solamente en los gotaiaunios, pues tam- 
bién llegó á predominar en los llamados campos góticos, entre el Pisuerga y el 
Duero, nadie pretenderá llamar á la tierra de Campos Nueva Gotlandia, ó cosa pa- 
recida. 

En J. Soler enumera luego los objetos prehistóricos hallados cerca de Tarrasa» 
y pasando ligeramente por los restos del arte romano y del medioeval, entra á ex- 
poner las endiabladas opiniones de algunos filólogos modernos, legítimos descen- 
dientes cíe aquellos alquimistas de las ideas, llamados escolásticos, quienes, cerrando 
los ojos ante la realidad y moviéndose en la esfera de lo abstracto, pretendían sa- 
car del plomo de sus cadenas de silogismos el oro purísimo y refulgente de la ver- 
dad. Escotista, y no discípulo de Juan Duns, sino del célebre Miguel, debió de ser 
quien con las leyes del rotacismo y las de su propio antojo, quiso demostrar que 
Eraya, Egara, Egosa, Gayesa, Egasa, Egora, Taraegosa y Tarrasa, no son más, 
que derivaciones del vocablo helénico gaya,6 sea la tierra, añadido luego el arábigo 
de tara, castillo. De donde se deduciría que la Egara de los antiguos debió de sig- 
niñcar en la intención de los griegos, algo así como la tierra por excelencia, el 
umbilicus mundi de los primitivos geógrafos. 

Continúa En J. Soler investigando el paraje donde estuvo Egara, afirmando 
erróneame.ite que la famosa Uación atribuida al rey Vamba fué inventada por el 
P. La Higuera; hartas falsificaciones históricas tiene á su cargo este jesuíta para que 
le queramos atribuir una más; la Itación de Vamba, aunque apócrifa á todas luces, 
existía ya á comienzos del siglo xii, pues aludió á ella el Cardenal Guido cuando 
autorizó la concordia de los obispos de Osma, Tarazona y Sigüenza acerca de los 
limites de sus diócesis, verificada en el año 1 136. Las falsificaciones históricas de la 
Edad Media, inclusas las de reliquias, no solían obedecer á fines teóricos, ni siquiera 
á piedad mal entendida, sino á móviles interesados, muy naturales en una sociedad 
menos idealista de lo que muchos piensan; cada pergamino apócrifo llevaba con- 
sigo la posesión de una aldea ó la percepción de tributos; asi que la Itación de 
Vamba se forjó por la conveniencia de evitar los pleitos que surgían por los lími- 
tes de las diócesis cuando la reconquista avanzó rápidamente desde el Duero al 
Tajo y desde el Gallego al Jalón, y fueron restablecidos los antiguos obispados (i). 

En J. Soler analiza las inscripciones romanas de Egara, especialmente la de los 
Granios, familia que, según parece, fué más numerosa que luego la de los Rojas; 
estudia las monedas autónomas atribuidas á Egara y la serie de obispos de esta 
ciudad, comenzando en Ireneo (año 45o), hasta Juan, que concurrió en ógB á un 
Concilio de Toledo. Al hablar de la invasión de los árabes, cita á Conde, no obstante 
la poca fe que merecen sus escritos, aunque hubiera sido mejor valerse de la no- 
table monografía del Sr. Saavedra y del conocido estudio del Sr. Codera acerca de 

I Don Vicente de la Fuente, en su Historia eclesiástica de España (Barcelona, i855), tomo I, 
págs. 223 y 224, dice que la itación fué inventada en el si^lo z por el moro Ratis; esto es in- 
exacto; la divisiói de obispados que hay en dicho historiador es ía atribuida al Emperador 
Constantino, y probablemente no la inventó Ahmed A.rrazi, sino sus traductores. El P. Mariana 
creyó auténticas ambas y les consagró los capítulos XV y XVII del libro VI de su Historia ge- 
neral de España. El P. Flórez consagró á la Itación un hermoso estudio en el tomo IV de la 
España Sagrada. 



NOTAS BIBLIOGRÁFICAS 3l3 

la conquista de Aragón y Cataluña por los musulmanes. También se aprovecha 
del Anónimo de Córdoba, á cuyo autor llama todavía San Isidoro el Pacense, sin 
embargo de haber probado, hace ya muchos años, el P. Tailhan, la falsedad de 

esta atribución. La parte más notable del Discurso de En Soler es la dedicada á re- ^ 

señar los documentos de la Edad Media en que se citan la iglesia de Santa María de 1 

Egara, la parroquia de San Pedro de Egara in termino Tarr alias, y la villa de Ta- • J 

rrasa, mencionada por vez primera en la capitular de Carlos el Calvo, del año 848 / 

ú 844, documento apócrifo sin género alguno de duda, y en cuya autenticidad cree J 

el Sr. Soler por juzgarlo el fundamento de la nacionalidad catalana, sin considerar \ ] 

que las naciones nunca se fundaron por la voluntad de los monarcas, ni por me- Í 

ros privilegios de Chancillería, sino por un conjunto de elementos geográficos, ét- "j 

nicos, filológicos, económicos é históricos que están por encima de la voluntad de 's 

los hombres, pues aunque la espontaneidad parece una ley del espíritu, las colee- ,1 

tividades se desarrollan y viven en medio de un conjunto de leyes casi tan incon- \ 

trastabies y encadenadas como las que presidieron á la formación de los mundos \ 

planetarios ó de los estratos geológicos. Una nación fundada en un Real privile- | 
gio es un edificio construido en el aire. 

No nos detendremos á combatir la autenticidad del famoso privilegio atribuido 
á Carlos el Calvo, de cuyo original todos hablan, pero nadie lo publica, pues en no 
pocos libros ha sido analizado y deshechos los yerros históricos que contiene. 

Más fidedignos son otros muchos documentos que En Soler menciona referentes "% 

al castillo de Tarrasa, que luego fué monasterio de Cartujos. Tal es, en breve re- ;i 

sumen, lo contenido en este Discurso, que no dudamos en considerarlo de gran k 

utilidad para quienes deseen conocer las vicisitudes de la antigua Egara y la his- j 
toria de Tarrasa. 

M. S. V S. 



Studi romanzí, editi á cura di E. Monaci. 

La Sociedad Filológica Romana púsose á publicar una «Miscellanea di lettera- 
tura del medio evo» con el propósito de llenarla de textos de poca extensión. Y 
como se encontrase con no pocos envíos no acomodados á la «Miscellanea», á solos 
textos dedicada, y no teniendo aquéllos sitio en el «Bulletino», destinado, y no á 
otra cosa, que á encerrar la historia interna de la sociedad y algunos apuntes to- 
cantes á los socios, tratóse de crear la publicación que hoy anunciamos para que 
se desenvuelva paralelamente á los «documenti di storia letteraria». 

Tres cuadernos hemos recibido, de hermosa impresión y papel muy bueno, su- 
mando cada uno más de ciento cincuenta páginas, en 4.* El texto es muy esco- 
gido, interesante y diestramente tratado. 

Se prueba en el primer cuaderno, y no ha lugar á duda, como al Bembo le per- 
tenecen «le postule sul Códice Provenzale K. de la Biblioteca Nacional de Paris». 

F. FR. 12473. Giulio Bertoné, autor del artículo, se las ha habido magistral- 
mente con la exploración interna del códice y los estudios publicados con anterio- 
ridad acerca del mismo. 

Sígnense unas notas etimológicas, no del todo desorientadas, notas que firma 
Silvio Pieri. Para el vocablo «brillo» podemos indicarle al Sr. Pieri que en caste- 



3 14 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

llano tenemos Burillo^ que es apellido; y por mi tierra. Falencia, se dice: Pareces 

una BURiLLA', de uno que se mueve mucho andando de aquí para allá: y damos es- 

\t tos apuntes porque nuestro autor dice: brillo ^=^ alguanto altéralo dal vino, idea 

I- que encierra movimiento, y que en mi tierra es idea más general, y no de sólo mo- 

l vimiento producido por el vino. 

\-' Otro término. Buco [Cuaderno I, pág. 36|. Suca, buco, apertura cavila: Y sí- 

\ ' guese: «Credo che non si deban no accomodare con questa voce italiana il prov. et 

r afranc. buc ventre, tronco (afranc. anche: amia, cat. buc, spgn. buque, port. buco, 

I scafo d' una nave Rispetto al it. buca, buco (il secondo é come il «diminutivos 

I del primo ) S' accertache, ad essi non ispetta alcuno de signifícati specifíci propi 

í alie voce galuche ed iberiche » 

I A propósito de esto copio tres textos de Cervantes: 

r €Saltaron algunos encima del buco.^^ 

i> / 4ísiérrese luego el buco » 

^aserraron el bajel haciendo un buco capa^ de ver lo que estaba dentro,* [Per- 
:. siles y Segismunda, lib. 2, C-2.] 

Tengo para mí que el sentido que da Cervantes en los textos aducidos, y en 
otros que omito, aclaran el punto en cuestión: y si me detengo en estas dicciones 
es porque se toca á palabras de nuestra lengua. 

Confíeso que tengo muy poca fe en las etimologías siempre que no veo las pa- 
labras acompañadas de testimonios cronológicamente ordenados y ñjos geográfica- 
mente. 

Me han escarmentado los etimologistas españoles, hoy molientes y corrientes á 
toda cama y corredera, que se despachan á su gusto sin fundamento científico y 
racional alguno. 

E 1 siguiente artículo está dedicado á «La Leggenda della nascita é della gioventú 
di Costantino Magno in una nuová redazíone». 

Interesan al erudito, no sólo el texto, latino, de la leyenda, sino también el estu- 
dio hecho por Amos Parducci. Y por cierto que el mismo texto latino prueba á las 
claras el tiempo en que se escribió. 

Ciérrase el primer cuaderno con una exposición «Sulla fortuna del* Aríosto in 
Francia»; bien expuesta, por Pietro Toldo: á la que sigue otro estudio referente á 
la palabra Garda, de V. Crescíní. 

El segundo cuaderno contiene trabajos de mucho interés literario: «La Reda- 
zione Velletrana del Cantare di Fiorio e Bianciñore». Merece ser leído el estudio de 
Raffaello Fornaciari, y tomarse en cuenta. 

Aldo Frac. Masséra discurre acerca de «I Sonetti di Ceceo Angíolieri, contenuti 
nel Códice Chigiano.» L. VIH. 3o5, desde el núm. 374 hasta el 493. Esta labor viene 
precedida de unas observaciones atinadas tocantes al Imperfecto histórico, en 
italiano. 

A continuación aparecen unas nuevas rimas provenzales, del manuscrito Cam- 
pori, códice escrito por orden de Piero Simón del Ñero da Jacques de Tarascón. 
En el mismo cuaderno se da á conocer la existencia de la leyenda de Barlaam^' 
Josafaten un códice de i3i i. 

Del tiempo en que el Dante compuso las dos primeras partes de la D/>í- 
na Comedia el Infierno y el Purgatorio y las teorías políticas contenidas en 
el dicho poema se trata en el tercer cuaderno. Preciosa disquisición de E. G. 
Parodi. 



NOTAS BIBLIOGRÁFICAS HJ 

Más adelante, Concetto Marches! nos habla de la primera traducción en vulgar 
Itilico, de la Farsalia de nuestro Lucano y de una nueva redacción de la misma 
en octavas. 

Una interesantísima nota para nuestra historia de España encontramos en las 
piginas i37-38-3g-4oy 41. Titúlase: «Un nuevo acceno alia rotta di Roncisvaliej» 

De tan sencillas indicaciones podrán nuestros lectores traslucir la importancia .■% 

de la revista Stuoi romanzi, que también en las últimas hojas de sus cuadernos 
viene llena de muy provechosas noticias. 

B. M. M. 












VARIEDADES 



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s 



í*. 



ALEMANIA.— A instancias del profesor Lessing, Director del Kunstgewerbemu- 
i seum de Berlín, se ha abierto el sepulcro de Carlomagno en Aquisgrán. Cubriendo 

f la gigante osamenta del Emperador halláronse lujosos paños bizantinos tejidos 

t , de colores, con figuras de elefantes, pájaros y liebres, de labor primorosa, que el ac- 

í tual Emperador de Alemania ha dispuesto sean llevados al Museo de Berlín. 

I BÉLGICA.— El conocido bibliógrafo Pablo Otlet, Secretario del Instituto ínter- 

t nacional de Bibliografía de Bruselas, ha hecho curiosos cálculos para formar una 

^ estadística de la producción literaria anual y calcular la producción literaria del 

i mundo. 

r Calcula Otlet que desde la invención de la imprenta hasta Enero de 1900 se pu- 

r blicaron ia.i63.ooo obras diferentes. Clasificadas por materias, nos dan la siguiente 

\. proporción: 

Derecho y Sociología, 35,4a por 100; Literatura, 20,46 por 100; Ciencias aplica- 
das, 12,18 por 100; Historia y Geografía, 1 1,44 por 100; Teología, 10 por 100; Mis- 
celánea y Bibliografía, 9 por 100; Filología, 4,08 por 100; Ciencias Naturales, 3,44 
I por i 00; Artes, 2,62 por 100, y Filosofía, i,36 por 100. 

i Eo cuanto á los países productores, los principales son Alemania y Austria, á 

los cuales siguen Francia, Italia, Inglaterra, Estados Unidos y Holanda, distin- 
guiéndose Inglaterra, por la novela; Alemania, por las obras de educación y teoló- 
\ gicas y libros para la juventud; Francia, por la historia, é Italia, en las publicacio- 

l* nes religiosas. 

Los libros publicados en el mundo se pueden repartir por cada millón de habi- 
tantes en esta proporción: 

Alemania, 364; Francia, 344; Suiza, 338; Bélgica, 337; Italia, 309; Suecia, 3oo; 
Noruega, 262; Inglaterra, lyS; Rusia, 85; Estados Unidos, 81; España, 66. 

En 1882 se calculó el tanto por ciento de periódicos, según el idioma en que se 
publicaban, y resultó Inglaterra, con el 48 por 100; Alemania, con el 23; Francia, 
con el I i; Kspaña, con el 6; Italia, con el 2, y el 10 restante para los demás idiomas. 
Los periódicos constituyen una tercera parte de la total producción literaria del 
mundo. El promedio de periódicos por millón de habitantes era, en 1898, el que 
sigue, sin contar más que los principales países: Estados Unidos, 5io; Suiza, 32o; 
Bélgica, 253; Holanda, 184; Alemania, 161; Francia, i56, y Gran Bretaña, 11 3. 



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VARIEDADES ilj 

Naturalmente, los datos aducidos son solamente aproximados; pero no por eso 
dejan de ser instructivos. 

ESPAÑA. — Garra/.— Nuestro inteligente compañero D. José Ramón Mélida 
refiere en el diario de Madrid El Correo las excavaciones que se están practicando 
en Numancia, de la siguiente manera: 

«Las excavaciones de Numancia, como todas, ofrecen doble interés arqueólos 
gico: de una parte las ruinas, esto es, los restos de los edificios, de las calles, de las , 

murallas; de otra parte los objetos varios, que son los restos de la vida pasada. \'^ 

Ruinas j objetos llevamos descubiertos en gran abundancia. No en tanta, sin em- ¿ 

bargo, que nos permita precisar el trazado de calles y casas. Aquí se nos ofrece un 
trozo empedrado, que nos parece muestra de vía pública; allá vemos perfilarse los i 

muros que se unen en ángulo recto ó agudo, denotando el singular trazado de las 
viviendas. Distinguimos, generalmente en la parte superior de las hondonadas que -1 

abrimos, ios sillares escuadrados de las construcciones romanas, y debajo, á veces i 

cruzando por entre tan ligeros cimientos, vemos los restos de muros celtibéricos, ^ 

formados de piedras informes ó grandes cantos rodados unidos con barro. Pero en ;« 

algunos trozos de lo descubierto la confusión de las construcciones arruinadas es ij 

tal, que apenas pueden distinguirse ni sus épocas ni su traza, y la misma confu- ^ | 

sión se advierte entre los objetos, cuyo estilo es más fácil de precisar. Dondequiera %j( 

que se excava hay una cosa que no deja de encontrarse á más ó menos profundi- '^ñ 

dad, y es la huella intensa y terrible iel incendio que destruyó la ciudad celtibé- J 

rica, y es la mejor comprobación histórica, éajo la capa de tierra vegetal, téngase -^ 

por cieno que dondequiera que se excave se hallan en abundancia carbones, cení- % 

zas, tierra quemada, piedras ennegrecidas por la llama, adobes que el fuego con- 
virtió en ladrillos y el hundimiento quebró y pulverizó; trozos de vigas carboniza- 
das, de roble y de pino, de los entramados y techumbres de las casas; huesos de 
animales, ciervos, bueyes, caballos, perros, que fueron víctimas en la catástrofe; 
cascos de vasijas rotas en el derrumbamiento y algunos objetos de hierro ó de 
bronce. En este levantar y levantar capas de tierra, que es como hojear el verda- 
dero libro de la Historia, causa viva impresión palpar esos restos de la ruina de la 
gloriosa Numancia y entresacar, al cabo de veintiún siglos, esos casquillos de va- 
sija y demás restos de la vida antigua, cuyo cuadro parece que surge y se anima 
ante nuestros ojos. Como fruto de nuestros trabajos, además de esta comproba- 
ción, puedo señalar la de tres civilizaciones que se sucedieron en el cerro. La pri- 
mera fué prehistórica, y sus testimonios son instrumentos tallados en pedernal y 
vasos de barro negro y tosco, hechos sin rueda y no cocidos al horno, por deseo- *| 

nocimiento de tales medios de la industria alfarera, que nacieron con la verdadera 
civilización. Esta, ó sea la segunda y característica de Numancia, está representada 
por abundantes restos, cuya importancia denota la de la ciudad. Entre los objetos, 
los más abundantes son piezas cerámicas: copas, platos, grandes vasijas esféricas 
en que debieron guardar aceite ó vino, y muchas de esas piezas, de barro rojizo, 
amarillento ó gris, están decoradas con adornos lineales, trazados con pintura ne- 
gra ó roja, de cuyos caracteres artísticos, punto importante del estudio de Numan- 
cia, pues revela influencias griegas, ya me ocuparé más adelante. Y, por último, la 
tercera civilización es la romana, cuyos restos son pobres, sin que fallen entre ellos 
algunos cascos de la cerámica roja y lustrosa, decorada con relieves, que se de- 
nomina Saguntina. Ayer salió un slilum, ó sea un punzón de hueso de los que 

los romanos usaban para escribir en las tabletas ele cera. Hasta un resto, unos ;f^ 

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VAHIEDADES Sig 

en vida la justicia debida á sus méritos, y á quien, después de muerto, tampoco se 
ha colocado en el lugar preeminente que le corresponde. Como intérprete de Goya 
no tuvo rival. La gracia con que manejaba la punta, el hábil empleo de las aguas- 
tintas y, sobre todo, su exquisita sensibilidad de artista, dan á sus pruebas toda la 
frescura, pastosidad y fineza que tiene el color de Goya. Obras maestras en este 
género son: el «Retrato del torero Martincho», el de «Moratín», y el «Retrato 
ecuestre de la Reina María Luisa». Los dos primeros figuraron en la Exposición 
con otras copias de Goya, Ribera, Rubens, Murillo, Velázquez, etc., dos aguafuer- 
tes originales y tres dibujos. Sobresalían, por su especial interés, «Santa Isabel cu- 
rando á los leprosos», de Murillo; «Susana en el baño», de Rubens, y el retrato de 
Munárriz, de Goya; bellas pruebas cuyos primeros estados revelaban la manera 
originalísima de preparar las planchas. 

— El ^Boletín Oficial del Obispado de Madrid- Alcalá, en su número de Sep- 
tiembre, ha publicado una circular del Prelado dando instrucciones al clero de la 
diócesis respecto á la enajenación de ornamentos, muebles y vasos sagrados, que 
ofrece interés para la Arqueología. De ella copiamos los siguientes párrafos: «Co- 
nocidos son, y nunca bastante lamentados, los casos de ventas de objetos inservi- 
bles, al parecer inútiles, y, como tales, arrumbados en los desvanes de las iglesias, 
por los cuales, sin embargo, al poco tiempo, y convenientemente restaurados, se , • 

han ofrecido grandes cantidades, que proporcionan pingües ganancias á los dedi- 
cados á esta clase de negocios. Cosa es muy de sentir, y que queremos evitar á todo 
trance, que cuenten estos especuladores, como factor principal para tales negocios, 
con la sencillez del clero, que de buena fe siempre, pero con un lamentable desco- 
nocimiento del valor y mérito de los objetos, no duda en entregárselos por una 
cantidad no siempre suficiente para adquirir con ella otros que sustituyan á los 
inservibles.» Recuerda que los sacerdotes, no solamente no están facultados para la 
enajenación de dichos objetos, sino que incurren en excomunión latee sententioe no t 

reservada si tal hacen, según previene la Constitución Apostólicas Sedis. Se pre- , 

cisa para tales ventas la licencia de la Santa Sede, estando, no obstante, los Obis- 
pos autorizados para consentir la venta de los objetos de poco valor, ó sea aque- 
llos cuyo precio no exceda de 5oo francos. Con el fin de dificultar en lo posible 
tales ventas, ordena á todos los párrocos y rectores de iglesias que envíen inventa- 
rio detallado de todos los objetos pertenecientes al culto y al servicio parroquial, ? 
incluyendo en el mismo aquellos objetos que están fuera de uso, aunque parezcan 
de escaso valor ó mérito. El plazo para el envío de los inventarios termina en i.^ de 
Noviembre. 

— El Archivo de Simancas titula el Sr. Piernas Hurtado un artículo publicado 
en el número de Junio de Ateneo, que viene á ser continuación de otro anterior 
sobre el Archivo de Indias, del cual dimos ya cuenta. Trata de la conveniencia del 
traslado de aquél á otra población más céntrica, no existiendo actualmente las ra- 
zones de seguridad y reserva que hicieron se estableciera en dicho punto en el \ 
siglo XV. Desecha el pensamiento de su traslación á Madrid agregándolo al Archivo * 
Histórico Nacional por falta de locales, estando lleno el Palacio de Bibliotecas y 
Museos, y los gastos y deterioros que se producirían. Las dificultades de local que- 
darían muy reducidas si se incorporara el .\rchivo de Alcalá de Henares, al decir 
del Sr. Piernas, aunque reconoce que allí rebosan los papeles y que los gastos é 
inconvenientes de la mudanza serían grandes, variando además la condición de 
Archivo administrativo que hoy tiene. Recordando una nota de Escudero en la 



320 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

Revista de Akchivos (año 1871) en la cual se comenta un ariículo de la Crónica 
Mercantil, de VaÜadolid, prefiere esta capital por la ventaja que ofrece la proximi- 
dad de ambos puntos^ instalando el Archivo en el Colegio de Santa Cruz. Cuestión 
verdaderamente importante y llena de dificultades es ésta, pero, contra lo manifes- 
tado en el articulo, la comodidad del público, la unificación de las series de Ksiado, 
Consejo y Cámara de Castilla, Sello de Castilla, etc., y aun el nombre mismo de 
Archivo Histórico Nacional que lleva el de Madrid exige que, caso de verificarse la 
traslación á algún lugar, sea en esta Corte donde se reúna el Archivo referido. Des- 
pués de haber visitado el Archivo de Simancas rectifica lo expuesto en su ante- 
rior artículo sobre la existencia en él de documentos relativos ¿ Indias de los 
siglos* XV, XVI y xvu, pues si no se enviaron en las primeras remesas hechas á Se- 
villa debieron enviarse posteriormente. fCn cambio advierte la existencia de muchos 
documentos de Indias, en su mayoría del siglo xviii, y algunos del xix. Dice que en 
los índices registró hasta 626 legajos de América, y que deben existir más en los 
2.o38 del Consejo de Hacienda, que só4o han sido ordenados por fechas y todavía 
no están clasificados por asuntos, no siendo todos interesantes, pero sí muchos de 
las Secretarias de Estado, Guerra y Hacienda. A nuestro modo de ver, los papeles 
de América á que se refiere forman parte de los diferentes Secretarías y tribunales 
que se ocupaban igualmente en asuntos de la Metrópoli y de las colonias, y no 
pueden desglosarse de sus seríes sin dejar éstas descabaladas. Creemos que sola- 
mente deben enviarse al Archivo de Indias los papeles que completen las series 
existentes en dicho Centro, ó se refieran de un modo exclusivo á las antiguas pose- 
siones ultramarinas. En tal concepto interesa enviar á Sevilla las Cartas de Indias, 
existentes en el Archivo Histórico Nacional y los papeles de la Escríbanla de Cá- 
mara del Consejo de Indias que, procedentes del Archivo del Tríbunal Supremo 
de Justicia, se custodian también en dicho Centro. El inventario provisional de estos 
últimos papeles aparece publicado con ligeros errores en el folleto de Bussemaker 
Versiag pan een voor looping onder^oek te Lissabon, Sevilla, Madrid, Escorial. 
Simancas en Brussel naar Archivalia belangrijk poor de Geschiedenis pan Neder- 
land of last der regeering ingesteld, en la siguiente torma: i.% Expedientes del 
Consejo, 63 legajos; 2.", de la Casa de Contratación y del Consulado de Cádiz, 54,- 
3.^, de las Islas Canarias, 3; 4-^ Virreinato de Nueva España: Expedientes de plei- 
tos, comisiones, residencias y yisitas de Méjico, 44; ídem id. de Veracruz, 10; ídem 
ídem de Yucatán, 10; ídem id. de Santo Domingo, 8; ídem id. de Habana, 3 19: 
ídem id. de Puerto Rico, 17; ídem id. de la Margarita, 12; ídem id. de Guatemala, 
18; ídem id. de Guadalajara, 19; ídem id. de Filipinas, 23; 5.^ Virreinato de Santa 
Fe: Expedientes de pleitos, comisiones, residencias y visitas de Santa Fe, 23; ídem 
ídem, de Cartagena, 8; ídem id. de Santa Marta, 2; ídem id. de Nueva Andalucía 
(Caracas), 71; ídem id. de Panamá, 12; ó.^ Virreinato de Lima: Expedientes de 
pleitos, comisiones, residencias y visius del Perú, 162; ídem id. de La Plata, 17; 
ídem id. de Buends Aires, 27; ídem id. de Chile, i5; ídem id. de Colón, 7; Varios, 
93; Junta de Azogues, 5. Total, i.o32. Comprenden el periodo de mediados del 
siglo xvín á principios del xix, siendo la continuación de la serie de la Escribanía 
del Consejo existente en el Archivo de Sevilla. Hay que añadir á los legajos en folio 
enumerados bastantes en 4.** de expedientes gubernativos. Tienen la mayoría de 
los legajos en folio sus índices en tomos perfectamente redactados, siendo un tra- 
bajo que honra á sus autores y que, como otros muchos índices de Archivos, 
demuestra el celo con que se trabajó en esta maiería durante el siglo xviii. -R. de A. 






VARIEDADES 321 

—En el número de Agoslo de Cultura Española se publica un resumen de tra- 
bajos de la Real Academia de Bellas Artes, realizados durante el según Jo trimestre 
de 190Ó. Extractamos de aquel resuman lo siguiente: La Sección de Arquitectura 
estudió una memoria del Académico Sr. García Alix, en la cual se denuncian los 
peligros que corre la Alhambra de Granada y se proponen las reparaciones que 
conviene realizar, y trató acerca de la construcción de un panteón ó sepulcro de 
los Reyes de Aragón en la Catedral de Tarragona, enfrente del sepulcro de 
D. Jaime I. La Sección de Música ocúpase en trazar un plan para realizar un in- 
ventario de los tesoros poco conocidos existentes en los Archivos musicales de Es- 
paña y de todo cuanto se refiere á la historia de la Música en España. El Sr. Se- 
rrano Fatigati continúa sus investigaciones acerca de la representación gráfica de 
los instrumentos musicales en códices y relieves. 

O5.— La Comisión de Monumentos de la provincia de Lérida, por medio de su 
Presidente nato el Gobernador civil, ha telegrafiado al Ministro de la Gobernación 
lo siguiente: «Madrid. — (Urgente.)— Al ministro Gobernación el Gobernador.— Co- 
misión Monumentos, personada en mi despacho, me denuncia el hecho de haber 
sido vendidos al extranjero sepulcros antiguos existentes pueblo Avellanes, en 
donde se hallaban enterrados Conde Armengol y su esposa, y me pide no salgan de 
esta provincia dichos monumentos históricos. Como se trata de una venta particu- 
lar, que los actuales poseedores del convento en donde se hallan dichos sepulcros 
han hecho al extranjero, no creo haya medio de evitar su salida de España; pero 
como el asunto ha producido honda excitación entre elementos de representación, 
que traían de oponerse á dicha venta, me permito consultar á V. E. el caso, espe- 
rando instrucciones sobre el particular. — M. del Rincón.y^ Dicho telegrama del día 
27 de Julio, mereció á las pocas horas la siguiente contestación del Ministro de la 
Gobernación: «Ministro Gobernación al Gobernador de Lérida. — Enterado su tele- ^ 

grama sobre venta sepulcros Conde Armengol y su esposa, entiendo que si aquella ,1 

ha sido realizada legalmenie por propietarios de los mismos, la autoridad guber- i 

nativa no tiene nada que hacer en esie asunto; en otro caso, habiendo dudas sobre ^ 

la legalidad de la venta, procedería dar cuenta á los Tribunales. Remito telegrama ^ 

de usted al Ministro de Instrucción. pública para que, si dichos sepulcros hubiesen '^ 

sido declarados monumentos nacionales, pueda comunicar las instrucciones opor- *f 

tunas.» El monasterio premonstratensede Nuestra Señora de Bellpuig de las Ave- 
llanes figura descrito en el Estudio médico-topográfico y estadístico del Municipio \ 
de Os, de D. Hermenegildo Cirera, que dice: «A cuatro kilómetros al Este de esta 'Y. 
población existe el antiguo moivasterio de canónigos Premonstratenses, denomi- ji 
nado de Nuestra Señora de Bellpuig de las Avellanes. Construido á expensas del 
Conde de Urgel, Armengol VII y su esposa Dúlcea, lo eligieron para Necrópolis .'^ 
propia, de la que hablan carecido hasta entonces los Condes de Urgel. El edificio es j, 
de grandes dimensiones, bastante bien conservada la parte que constituía el mo- 
nasterio, que ha servido de casa de veraneo durante muchos años á su anterior í 
dueño. el General de la Armada D. Manuel de la Pezuela, y ahora sirve para igual « 
objeto á su heredero el General de Artillería Manrique de Lara. No así su iglesia, 
que, restaurada por una Comunidad de Trapenses que cultivó durante seis años la 
propiedad aneja, vuelven sus bóvedas á amenazar ruina. Tiene las paredes y ábside 
de sillería estilo gótico sencillo, pero muy severo. A los lados del presbiterio hay 
los mausoleos de sus fundadores. El del Conde al lado de la Epístola, y el de su 
esposa Dúlcea en la parte del Evangelio, y encima de éste, en forma de gradería, ^.J 

3 » ¿POCA— TOMO »▼ ^' 



322 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTKCAS Y MUSEOS 

hay el del Conde Armengol, su hijo; y en una capilla lateral, el de don Alvaro, 
conde de Urgel. Tiene dos puertas: una que da al campo, de precioso estilo gótico, 
formada por arcos en degradación, sostenidos por cuatro haces de columnas, con 
sus capiteles cubiertos de escudos, entre hojas y tallos de delicado dibujo. La otra 
da al claustro» parte de la primiiiva fábrica, construida antes de iig5. Este tiene 
sus arcos á plena cimbra, sostenidos por columnas pareadas con capiteles rica- 
mente adornados con toda clase de molduras, propias de la época, tn esie mo- 
nasterio florecieron los célebres bibliófilos c historiadores D. Janne Caresmar, don 
Jaime Pascual y D. José Marti.» Poseía el monasterio una riquísima biblioteca, que 
en su mayor parte existe en la Biblioteca provincial de Lérida, aunque al<;uno de 
sus volúmenes haya ido á poder de paniculares. También perienecían á aquél la 
cruz gótica y la portada del cementerio de la misma capital. Los anticuarios no 
habían conseguido hasta el presente la adquisición de los sarcófagos, pero con 
motivo de la muerte del General Manrique de Lara, sus herederos vendieron la 
finca, y una brigada de trabajadores, guiados por los dueños de una casa de Madrid 
dedicada al comercio de objetos ai^tiguos, arrancaron dichos sarcófagos, ios emba- 
laron y se los llevaron. FA hecho ha causado gran indignación en la comarca. 

Uclés (Cuenca).^ Descubrimientos arqueólo g icos. — Comoá un kilómetro de dis- 
tancia, al saliente de la villa de Uclés, en la parte más alta de un cerro formado 
por rocas calizas, cavernosas en su mayor parte, ha sido hallado por D. Pelayo 
Quintero, en los primeros días de Septiembre, un nuevo yacimiento prehistórico 
que, sumado al ya conocido de la Gruta de Segobriga, pone de manifiesto la gran 
importancia que para los estudios prehistóricos de nuestra península tiene lodn esta 
faja de terreno cuaternario que atraviesa la provincia de Cuenca. Los trabajos efec- 
tuados han consistido en abrir algunas zanjas hasta dar con el primitivo suelo, á una 
p: ofundidad que varía entre dos y dos metros y medio, poniéndose al descubierto dos 
hornos cerámicos y numerosos fragmentos de vasijas primitivas de diversas for- 
mas y tamaños, análogas á las encontradas en la citada Gruta de Segobriga y en 
el sitio próximo conocido por el Haí^a del Arca. Han aparecido además, diversas 
armas de piedra pulimentada, sílex tallados, un trozo de piedra de moler y diver- 
sos fragmentos de rocas de formación distinta á las que existen en las proximida- 
des. Restos humanos, no se han encontrado, pero sí de varios mamíferos, sobre 
todo mandíbulas y algún hueso horadado, y entre todos ellos es muy interesante el 
hallazgo, á dos metros y medio de profundidad, juntó á uno de los hornos, de hue- 
sos de un gran ciervo, parte de ellos petrificados. Tanto por la situación del yaci- 
miento como por la calidad de los objetos, creemos se trata de un taller del período 
neolítico, en el cual quizás fabricaran sus armas y utensilios los trogloditas, mora- 
dores de las cercanas cavernas, conocidas en el país con los nombres de Cuevas del 
Tesoro, de la Parra, del Aire y de la Mora encantada, y que aún están sin explorar. 
FRANCIA.— Desde hace muchos años viene Inglaterra reclamando á Francia las 
sepulturas de los Reyes Plantagenet y sus restos mortales, que descansan en la Aba- 
día de Fontevrault. Los sarcófagos son cuatro, de gran mérito artístico, pertenecien- 
tes á Enrique II, Leonor de Guyena, Ricardo Corazón de León é Isabel de Angu- 
lema. Hasta ahora no se había accedido á tal deseo, pero el Gobierno francés que 
hoy rige ha acordado la entrega de los sepulcros, no sin que los pueblos del antiguo 
ducado de Anjou hayan intentado oponerse á su realización. La Prensa discute el de- 
recho con que Inglaterra reclama las cenizas y sarcófagos de Principes que, si reina- 
ron en Inglaterra, eran gentes dei Loira y quisieron ser enterrados en Fontevrault. 



bibliografía 



(La lengua es la base de clasificación de nuestra Bibliografía. En ¿sia se incluyen todos los 
libros de cualquier orden y los trabajos de revistas publicados por individuos de nuestro 
Cuerpo, lo cual puede servir para intentar una bibliografía de éste: los marcaremos con un *.— 
En la Bibliografía de Revistas^ siempre que no se indique el año, se entenderá que es el co- 
rriente.) 



I 



LIBROS ESPAÑOLES 



[i.* Todos los de historia, en la acepción más 
amplia de la palabra, desde la política á la cien- 
tífica, y los de sus ciencias auxiliares, incluso 
la filología y la lingOistica, que .«se publiquen, 
editen, reimpriman y extracten en la España 
actual y sus posesiones, de autor español ó ex- 
tranjero, en cualauiera de las hablas españo- 
las, ó en ó fuera cíe España, de autor español, 
en lenguas sabias. 2.® Las ediciones, reimpre- 
siones y antologías hechas en ó fuera de Espa- 
ña, de libros de cualquier materia escritos por 
autores ya muertos no contemporáneos, espa- 
ñoles ó extranjeros, en dichas hablas, ó por 
españoles en lenguas sabias, dentro de la ex- 
tensión de los antiguos dominios españoles. 
y Las traducciones, arreglos, refundiciones 
imitaciones publicadas en ó fuera de España ^ 
or autores vivos, españoles ó extranjeros, en ' 
:as mismas hablas ó en lenguas sabias, de obras 
históricas y literarias debidas á españoles ya 
muertos. 4.® Los libros notables origínales de 
amena literatura, dados á luz en o fuera de 
España por escritores contemporáneos, espa- 
ñoles ó no, en las hablas españolas, ó por escri- 
tores españoles contemporáneos en lenguas 
sabias. ^.^ Los de cualauier materia, siempre 
que se refieran a cosas ae España, publicados 
en las referidas hablas en aquellas naciones 
que no las usan, ó en las mismas hablas ó en 
lenguas sabias en los pueblos que usan el cas- 
tellano. Y 6 ° Las traducciones hechas por es- 
E anotes ó extranjeros, á cualquiera de las ha- 
las españolas, ó por españoles á lenguas sa- 
bias, de libros extranjeros históricos, ae cultu- 
ra general, y aun de amena literatura cuando 
ton obras maestras.] 



AcBVEDO (Eduardo). La enseñanza univer- 
sitaria en 1905.— Montevideo, imp. «El Siglo 
ilustrado», 1906. ~ 8.° d., 339 págs., más 2 ho- 
jas. [2585 

Ana ob la Concepción, Franciscana. Vida 
de Doña Elvira de Mendoza. Vida de Melicia 
Hernández. Carus. Sermón en las Caídas pú- 



blicas. — Madrid, imp. de la Viuda é Hija de 
Gómez Fuentenebro, 1906.— 4.**, xxiv-578 págs. 
— 15 ptas. [3586 

AprAiz (Julián). Juicio de La Tia Fingida. 
Copia de tres ediciones raras y edición crítica 
de esta novela, bibliografía r¿2onada de la 
misma y elenco de voces y frases que hay en 
ella al par que en otras obras de Cervantes.— 
Madrid, imp. de los Sucesores de Hernando.— 
8.^ d., 298 pags., más 2 hojas. , (2587 

Argamasilla db la Cbroa t Bayona (J.) No- 
biliario y armería general de Navarra. Cua- 
derno 5.*»— Madrid, est. tip. de Jaime Ratés, 
1906.— 4.^ 240 págs.— 5 ptas. (2588 

Brtbgón (Javier). La Conferencia de Alge- 
ciras. Diario de un testigo con notas de viajes 
á Gibraltar, Ceuta y Tánger.— Madrid, Hijos 
de J. A. García, 1906.-8.0, m. 416 págs. [2589 

Bibliotbca (Nueva» de Autores Españoles, 
bajo la dirección del Excmo. Sr. D. Marcelino 
Menéndez y Pelayo. Tomo IV. Comedias de 
Tirso de Molina. Tomo I. Colección ordenada 
é ilustrada por D. Emilio Cofare/o y Morí.— 
Madrid, imp. de la «Revista de Archivos», 
1906.-4.° m., LXZXIV-680 págs. [aSgo 

BiGOTTE (Félix E.). Colón y su descubrimien- 
to: El Nuevo Mundo ó la Gran Colombia.— Ca- 
racas, tip. J. M. Herrera, I9*5.— 3 vols.,8.od., 
224-xv, 258-vn; 303-7 págs. [2691 

BlAzqubz (Antonio). Estudio acerca de la 
Cartografía española en la Edad Media, acom- 
pañado de varios mapas.— Madrid, imp. de 
Eduardo Arias, 1906.-4.°, 57 págs. y lámi- 
nas. [2592 

Castro Alonso (Dr. D. Manuel de). La Mo- 
ralidad del Qut/cte.— Valladolid, tip. de José 
Manuel de la Cuesta, 1906.— 8.®, v-173 págs.-- 
4 ptas. (2593 



324 



REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 



Catálogo de U Exposición general de Be- 
llas Artes de 1906. (Edición oficial. )~Madrid, 
lip. y fotog. de la imp. Alemana, iy)6.— 8.*, 
144 págs. y 40 láms. [2594 

Centenario de> apresamiento del buque pi- 
rata «El Papa».— Palma de Mallorca, cst.tip. de 
Francisco Soler, 1906.-8.0 m., ibg págs., más 
4 hs. de música, más 2 hs. [2595 

Colección de escritores castellanos. Tomo 
130. Crónica de Enrique IV escrita en latín 
por Alonso de Palencia, traducción castellana 
por X. Pa^ y Melia. Tomo í//.— Madrid, lip. 
de la «Revista de .Archivos», 1906 (1Q06).— 8.", 
486 págs.-5 ptas. Í259Ó 

CoTARELO Y MoRi (Emilio^. Examen de una 
Conferencia acerca de Tirso de Molina.— Ma- 
drid, imp. de la «Revista de Archivos», 1906.— 
8.«, 20 págs. (2597 

Escribano sel Pino (Enrique). Tánger y sus 
alrededores.— Madrid, imp. del Ministerio de 
Marina, 1906. — 8.°, viii-133 págs.. con láms.— 
3 ptas. (2598 

EspRONCBDA (José de). Obras poéticas, pre- 
cedidas de la biografía del autor. — Imp. de la 
Casa editorial Maucci, 1906.-8.°, 365 págs.. con 
lám^.— 2ptas. (2690 

Fernández Guardia (Ricardo). Historia de 
Costa Rica. El descubrimiento y la conquista. 
— San José, imp. de Avelino Alsina, 1905.— 
8.0 m, 239 págs. (2600 

Fuentes (Julio). Batalla de Nórdlinger, 5-6 
de Septiembre de 1634. —Madrid, i mp. de Eduar- 
do .Arias. 1906.— 4.0, 36 págs. (2601 

GarciIs t Vera (Constantino). Guía ilustrada 
de Toledo publicada por Le Tournte.- Ma- 
drid, imp. de Antonio Marzo, 190C —4.", 45 pá- 
ginas, más grabs. y un plano.— 2 ptas. {2602 
Granada (Fr. Luis de). Obras de... edición crí- 
tica y completa, por Fr. Justo Cuervo. Tomo I. 
Guía de Pecadores. Tomo II. Libro de la ora- 
ción y meditación.— Madrid, imp. de la Viuda 
é Hija de Gómez Fuentenebro, 191J6.— 4.°, viii- 
523 págs. y una para el Colofón, y vii-639 pá- 
ginas. [2603 

Islas Canarias (Las). Antecedentes históri- 
cos y bases para la división de las islas en dos 
provincias independientes.— Madrid, imp. de 
los Sucesores de Hernando,. 1906. — 8° m , 68 
páginas. [2604 

Larra y Cerezo (Dr. D. Angeh. La Higiene 
de los convalecientes menesterosos en España 
durante los siglos xvi y xvii.— Madrid, Suce- 
sora de M. Minuesa de los Ríos.— 8.^, 16 pá- 
ginas. [2605 
Lkcra t García (Carlos). Relación histórica 
de los principales Comuneros segovianos.— 
Segovia, imp. del «Diario de Avisos», 1906.— 
4.0, 170 págs., más una hoja. [2606 
Lbtelier (Valentín). Ensayo de onomatolo- 
gía ó estudio de los nombres propios y heredi- 



tarios, prólogo de .Adolfo Posada. — Madrid, 
imp.de Fortanet, 1906.— 8. <», xxxi-191 págs.— 
(Es el tomo 37 de la Biblioteca de Derecho y de 
Ciencias socialef.) [3607 

Límites probables de la conquista árabe en 
la cordillera Pirenaica.— Madrid, cst. lip. de 
Fortanet, 1906.— 4.0, 14 págs. (260» 

Mkad (G. R. S.). Apolonio de Tyana (el filó- 
sofo reformador del primer siglo de J. C). Es- 
tudio crítico... Versión directa del inglés y 
prólogo de Rafael (Y^ano.— Barcelona, im- 
prenta Baseda, (s. a.).— 8.«, i55 págs, Í2609 

Mbn¿noez y Pela yo f Marcelino). Odas, epís- 
tolas y tragedias, con una introducción de don 
Juan Valera, 2.* erficWn.— Madrid, imp. de la 
Viuda é hijos de M. Tello, 1906.— 8.°, lxxxvii- 
328 págs. — 4 ptas. (Es el tomo V de la Colec- 
ción de escritores castellanos.) [2610 

Miret i Saks. El més antig text literari es- 
crit en cátala precedit per una colecció de do- 
cumcnts deis segles xi^, xii« i xiii«.— Barcelo- 
na, tip. «LAven9>, 1906.— 8.° m., 47 págs , más 
4 fototipias. (2611 

MoNLjHENTo á Numaucía (El), erigido sobre 
las ruinas de la ciudad celtíbera á expensas 
del Excmo. Sr. D. Ramón Benito Aceña.— .Ma- 
drid, est. tip. de Ambrosio Pérez y C.*, 1906.— 
8.«» m., 230 págs. y láms. [2612 

.MaRENO(Miguel)yVELÁZQUEZ (Baltasar Ma- 
teo). Novelas con introducción de D. Emilio 
Cotarelo y Afort.— Madrid, imp. Ibérica, 1906. 
— 8.*», xxv-338 págs. (Es el tomo IVde la Co- 
lección selecta de anticuas novelas españo- 
las.} (2613 

PÉREZ Jiménez (Dr. D. Nicolás). Historia del 
Estado de Capilla.— Cáceres, tip. de Jiménez, 
1936.-4.0, 57 págs. [2614 

PÉREZ Pastor (Cristóbal). Bibliografía ma- 
drileña ó descripción de las obras impresas en 
Madrid... farte segunda (1601 al 1620).— Ma- 
drid, tip. de la «Revista de Archivos, Biblio- 
tecas y Museos», 1906.— Fol., 558 págs. (26r5 

PiDAL Y MoN (Alejandro). La Magdalena — 
Madrid, lip. de la «Revista de Archivos», 1906. 
—16.0, i58 págs. y una lám.— 2 ptas. [26ié 

PizcuKTA (José). Elogio histórico de D. An- 
tonio José Cavanilles.— Madrid, imp. del Asilo 
de Huérfanos del S. C. de Jesús, 1906.— 8.« m., 
5i págs. y retrato. [2617 

PuYOL Y Alonso (J.). El Arcipreste de Hita, 
estudio crítico.-Madrid, imp. de la Sucesora 
de M. Minuesa de los Ríos, 1006.— 8.°, 364 págs. 
-5 pías. Ja6i8 

Rico (Martín). Recuerdos de mi vida.— Ma- 
drid, imp. Ibérica, s. a. (1906). -8.« m., 127 pá- 
ginas. I2619 

Rodríguez del Busto (A.). El sistema de 
gobierno dual de Argentina y su origen, pre- 
cedido por cuestiones de política iberoame- 
ricana. — Buenos .\ires. Compañía sudameri- 



bibliografía 



325 



cana de billetes de Banco, 1906.-4." m., 2o5 pá- 
ginas. [2620 

Rodríguez Villa (Amonio). Corresponden- 
cia de la Infanta Archiduquesa D.<^ Isabel Cla- 
ra Eugenia de Austria con el Duque de Lerma 
y otros personajes, publicada con notas é ilus- 
traciones y precedida de una Introducción.— 
Madrid, est. lip. de Forianet, 1906.— 8.0 d., 3^4 
páginas. [2621 

RoTGER Y C.vPLLONCH (Matco). Hístoria de 
Pollensa. Vol. ///.—Palma de Mallorca, tipo- 
litografía de .\meogual y Muntaner, 1906.— 
t.° m., 2o6^xxxvi págs.. más 2 hojas. [2622 

Sa.nz Balza (Elíseo). La Caballería en la gue- 
rra de África.— Madriil, imp. de la «Biblioteca 
ilustrada», 1906.-8.0,48 págs. (2623 

Serrano (Rdo. P. L.). Colección diplomáti- 
ca de San Salvador de El Moral.— Valladolid, 
lip. Cuesta, J906. — 4.0, 278 págs. ;Es el tomo I 
de Fuentes para la Historia de Castilla, por 
los PP. Benedictinos de Silos. [2624 

SiCARS Y Saltado (Narciso). D. Manuel Ta- 
mayo y Baus, estudio crítico-biográíico.— Bar- 
celona, tip. Católica, 1906.— 4.®, xii-427 págs. y 
retrato.— 3,5o ptas. I2625 

Soler t Palet (Joseph). Contribució á la 
Historia antiga de Catalunya, £gara,Terrassa. 
Discursos llegitts á la Real Academia de Bue- 
nas Letras de Barcelona el día 17 de Juny de 
1906.— Barcelona, imp. de la casa provincial de 
Caritat, 1936.— 8.® d.. 104 págs. [2626 

A. Gil Albacete. 



LIBROS EXTRANJEROS 

(i.o Los tratados universales y generales por 
naciones y materias, de historia y sus ciencias 
auxiliares, de literatura y arte, de filología y 
iiagfiística, etc., que interesen á la erudición 
á la cultura, publicados en ó fuera de Espa- 
a por españoles ó extranjeros en hablas vul- 
gares no españolas, ó por extranjeros en len- 
guas sabias. 2.** Los de cualquier materia es- 
critos por españoles en ó fuera de España en 
dichas lenguas vulgares. 3.® Los de cualquier 
materia, con tal que se refíeran á coRas espa- 
ñolas, publicados por extranjeros en ó fuera 
de España en lenguas «tablas ó en hablas vul- 
gares no españolas.) 



i 



Allbn (Clifford G.). LWncienne versión es- 
pagnole de Kalila et Digna. Texte des manus- 
crits de l'Escorial precede d'un avant-propos 
et suivi d'un glossaire CMé«e>.— .Macón, Protat 
fréres, 1906.-8.0, xix-232 págs. (2627 

.\UBRY (Pierre). La .Musique et les musiciens 
d'égiise en Normandie au xiii^ siécle, d'aprés 
le Journa/ ¿líes Visites pastorales^ d'Odon Ri- 
gaud.— Paris, Société fran^aise d'lmprimerie 
et de librairie, 1906.— 4.0, 59 págs. [2628 

Bassirux. Théorie des libertes galllcanes du 
Parlement de Paris au xviiie siécle, par le 
liculenant...— Bar-le-Duc, Contant-Laguerre, 



1906.-8.0, 25 págs. (De la NouvelVe Revue his- 
torique du droit frangais et étranger.) [2629 

Bauory (J.). Une ambassade au Maroc en 
1767. Documents inédits recueilUs et annotés. 
— Besangon, Jacquin, 1906.^8.0, 20 págs. (De la 
Revue des questions historiques.) [2630 

Bbrnard. Le Cheval dans les mosalques de 
TAfrique du Nord, par Mr. le lieutenant... — 
Paris, imp. nationale, 1906.— 8.", 31 págs. con 
32 láms. (Del Bulletin monumental.) (2631 

í}erthblot(M.). Archéologie et Histoire des 
scicnces. Avec publication nouvelle .du papr- 
rus grec chimique de Leyde et impression ori- 
gínale dú Líber de Septuaginta de Geber.— 
Paris, Gauthier-Villars, 1906. — 4.0, 382 págs., 
con grabs.— i2fr. [2632 

Bibliographie des Bénédictins de la Congré- 
gation de Erance, par des Peres de la mcme 
congrégation. Souvelle édition entiérement 
refondue, accompagnde des portraiis en bélio- 
gravurc de Dom Guéranger et Dom Pitra.— 
Rennes, Simón, 1906.— 8.", xxviii-rgo págt., i 
2 cois. (2633 

BoARi (Efraim). Lctteratura spagnuola.— Mi- 
lano, Societá editrice Sonzogno, 1906.-16.0,62 
págs. (Biblioteca del popólo^ n.o 406.) [2634 

BoissiER (Gastón). L*Académie fran^aise.— 
E vreux, Hérissey, (s. a.) — 8.o, 32 págs. (2635 

--La Religión romaine d'Auguste aux An- 
tonins. tf.* ¿rfífion. —Coulommiers, Brodard, 
1906.— 2 vols. en 16.0—3,50 fr. el vol. (Bibliothé- 
que variée.) (2636 

BoNNKFONS (André). Le Cuite de la raison 
pendant la Terreur.— Bcsan9on, Jacquin, 1906 
8.0, 24 págs. (De la Revue des questions histo- 
riques.) [2637 

BoucHAUD (Pierre de). Tableau de la sculp- 
turc italienne au xvic siécle. Jcan de Bologne 
(i524-i6o8). Fin de la Renaissance. — M&con, 
Protat fréres, 1906.— 16.0, 348 págs., con cuadro 
genealógico.— 3,5o fr. (Bibliothéque contempo- 
raine.) (2638 

Bouly de Lbsdain (L.). Les .A.rmoiries da- 
noises. • - Vannes, Lafolye fréres, 1906. — 16.0, 
31 págs. (Del Annuaire du Conseil héraldique 
de France.) Í2639 

BouRASS¿(J. J.). Les plus belles cathédrales 
deFrance.Editionrevucetcomplétée.— Tours, 
Mame, (s. a.).— 8.0 m., 368 págs. con grabs. (Bi- 
bliothéque desfamilles et des maisons d'idu- 
catión.) [2640 

BowDiTCH(C. P.).Mexican amd Central Ame- 
rican Antiquities, Calender Systems and His- 
lory. — London, Wesley, 1906.— 8.0, 682 págs., 
con 183 prabs.— 10 fr. [2641 

Bres (Giuseppe). Considerazione sul dialetto 
nizzardo. Suggerimenti per la sua riforma. 
Documenti inediti del xvi^ secólo.— Nice, Mal- 
vano, 1906.— 4.0, 62 págs. [2642 

Brou ( Mexandre). Les Jésuites de la légen- 



VARIEDADES 



ALEMANIA.— A instancias del profesor Lessing, Director del FCunstgewerbemu- 
seum de Berlín, se ha abierto el sepulcro de Carlomagno en Aquisgrán. Cubriendo 
la gigante osamenta del Emperador halláronse lujosos paños bizantinos tejidos 
de colores, con figuras de elefantes, pájaros j liebres, de labor primorosa, que el ac- 
tual Emperador de Alemania ha dispuesto sean llevados al Museo de Berlín. 

BÉLGICA.— El conocido bibliógrafo Pablo Otlet, Secretario del Instituto Inter- 
nacional de Bibliografía de Bruselas, ha hecho curiosos cálculos para formar una 
estadística de la producción literaria anual y calcular la producción literaria del 
mundo. 

Calcula Otlet que desde la invención de la imprenta hasta Enero de 1900 se pu- 
blicaron I a. 163.000 obras diferentes. Clasificadas por materias, nos dan la siguiente 
proporción: 

Derecho y Sociología, 35,42 por 100; Literatura, 30,46 por 100; Ciencias aplica- 
das, I a, 1 8 por 100; Historia y Geografía, 1 1,44 por 100; Teología, 10 por 100; Mis- 
celánea y Bibliografía, 9 por 100; Filología, 4,08 por 100; Ciencias Naturales, 3,44 
por 100; Artes, 2,63 por 100, y Filosofía, i,36 por 100. 

En cuanto á los países productores, los principales son Alemania y Austria, á 
los cuales siguen Francia, Italia, Inglaterra, Kstados Unidos y Holanda, distin- 
guiéndose Inglaterra, por la novela; Alemania, por las obras de educación y teoló- 
gicas y libros para la juventud; Francia, por la historia, é Italia, en las publicacio- 
nes religiosas. 

Los libros publicados en el mundo se pueden repartir por cada millón de habi- 
tantes en esta proporción: 

Alemania, 364; Francia, 344; Suiza, 338; Bélgica, 337; Italia, 309; Suecia, 3oo; 
Noruega, 263; Inglaterra, lyS; Rusia, 85; Estados Unidos, 81; España, 66. 

En 1883 se calculó el tanto por ciento de periódicos, según el idioma en que se 
publicaban, y resultó Inglaterra, con el 48 por 100; Alemania, con el 33; Francia, 
con el 11; t^spaña, con el 6; Italia, con el 3, y el 10 restante para los demás idiomas. 
Los periódicos constituyen una tercera parte de la total producción literaria del 
mundo. El promedio de periódicos por millón de habitantes era, en 1898, el que 
sigue, sin contar más que los principales países: Estados Unidos, 5io; Suiza, 33o; 
Bélgica, 353: Holanda, 184; Alemania, 161; Francia, i56, y Gran Bretaña, ii3. 



p 



VARIEDADES Siy 

Naturalmente, los datos aducidos son solamente aproximados; pero no por eso 
dejan de ser instructivos. 

ESPAÑA. — Garra/.— Nuestro inteligente compañero D. José Ramón Mélida 
refiere en el diario de Madrid El Correo las excavaciones que se están practicando 
en Numancia, de la siguiente manera: 

«Las excavaciones de Numancia, como todas, ofrecen doble interés arqueólo? 
gico: de una parte las ruinas, esto es, los restos de los edificios, de las calles, de las 
murallas; de otra parte los objetos varios, que son los restos de la vida pasada. 
Ruinas j objetos llevamos descubiertos en gran abundancia. No en tanta, sin em- 
bargo, que nos permita precisar el trazado de calles y casas. Aquí se nos ofrece un 
trozo empedrado, que nos parece muestra de vía pública; allá vemos perfilarse los 
muros que se unen en ángulo recto ó agudo, denotando el singular trazado de las 
viviendas. Distinguimos, generalmente en la parte superior de las hondonadas que 
abrimos, los sillares escuadrados de las construcciones romanas, y debajo, á veces 
cruzando por entre tan ligeros cimientos, vemos los restos de muros celtibéricos, 
formados de piedras informes ó grandes cantos rodados unidos con barro. Pero en 
algunos trozos de lo descubierto la confusión de las construcciones arruinadas es 
tal, que apenas pueden distinguirse ni sus épocas ni su traza, y la misma confu- 
sión se advierte entre los objetos, cuyo estilo es más fácil de precisar. Dondequiera 
que se excava hay una cosa que no deja de encontrarse á más ó menos profundi- 
dad, y es la huella intensa y terrible del incendio que destruyó la ciudad celtibé- 
rica, y es la mejor comprobación histórica, éajo la capa de tierra vegetal, téngase 
por cieno que dondequiera que se excave se hallan en abundancia carbones, ceni- 
zas, tierra quemada, piedras ennegrecidas por la llama, adobes que el fuego con- 
virtió en ladrillos y el hundimiento quebró y pulverizó; trozos de vigas carboniza- 
das, de roble y de pino, de los entramados y techumbres de las casas; huesos de 
animales, ciervos, bueyes, caballos, perros, que fueron víctimas en la catástrofe; 
cascos de vasijas rotas en el derrumbamiento y algunos objetos de hierro ó de 
bronce. En este levantar y levantar capas de tierra, que es como hojear el verda- 
dero libro de la Historia, causa viva impresión palpar esos restos de la ruina de la 
gloriosa Numancia y entresacar, al cabo de veintiún siglos, esos casquillos de va- 
sija y demás restos de la vida antigua, cuyo cuadro parece que surge y se anima 
ante nuestros ojos. Como fruto de nuestros trabajos, además de esta comproba- 
ción, puedo señalar la de tres civilizaciones que se sucedieron en el cerro. La pri- 
mera fué prehistórica, y sus testimonios son instrumentos tallados en pedernal y 
vasos de barro negro y tosco, hechos sin rueda y no cocidos al horno, por desco- 
nocimiento de tales medios de la industria alfarera, que nacieron con la verdadera 
civilización. Esta, ó sea la segunda y característica de Numancia, está representada 
por abundantes restos, cuya importancia denota la de la ciudad. Entre los objetos, 
los más abundantes son piezas cerámicas: copas, platos, grandes vasijas esféricas 
en que debieron guardar aceite ó vino, y muchas de esas piezas, de barro rojizo, ] 

amarillento ó gris, están decoradas con adornos lineales, trazados con pintura ne- ^|^ 

gra ó roja, de cuyos caracteres artísticos, punto importante del estudio de Numan- 
cia, pues revela influencias griegas, ya me ocuparé más adelante. Y, por último, la 
tercera civilización es la romana, cuyos restos son pobres, sin que falten entre ellos 
algunos cascos de la cerámica roja y lustrosa, decorada con relieves, que se de- , 

nomina Saguntina. Ayer salió un stilum, ó sea un punzón de hueso de los que [^ 

los romanos usaban para escribir en las tabletas ele cera. Masía un resto, unos ' '^" 



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VARIEDADES 



ALEMANIA.— A instancias del profesor Lessing, Director del Kunstgewerbemu- 
seum de Berlín, se ha abierto el sepulcro de Carlomagno en Aquisgrán. Cubriendo 
la gigante osamenta del Emperador halláronse lujosos paños bizantinos tejidos 
de colores, con figuras de elefantes, pájaros j liebres, de labor primorosa, que el ac- 
tual Emperador de Alemania ha dispuesto sean llevados al Museo de Berlín. 

BÉLGICA.— El conocido bibliógrafo Pablo Otlet, Secretario del Instituto Inter- 
nacional de Bibliografía de Bruselas, ha hecho curiosos cálculos para formar una 
estadística de la producción literaria anual y calcular la producción literaria del 
mundo. 

Calcula Otlet que desde la invención de la imprenta hasta Enero de 1900 se pu- 
blicaron ia.i63.ooo obras diferentes. Clasificadas por materias, nos dan la siguiente 
proporción: 

Derecho y Sociología, 35,42 por 100; Literatura, 30,46 por 100; Ciencias aplica- 
das, 12,18 por 100; Historia y Geografía, 1 1,44 por 100; Teología, 10 por 100; Mis- 
celánea y Bibliografía, 9 por 100; Filología, 4,08 por 100; Ciencias Naturales, 3,44 
por 100; Artes, 2,62 por 100, y Filosofía, i,36 por 100. 

En cuanto á los países productores, los principales son Alemania y Austria, á 
los cuales siguen Francia, Italia, Inglaterra, Estados Unidos y Holanda, distin- 
guiéndose Inglaterra, por la novela; Alemania, por las obras de educación y teoló* 
gicas y libros para la juventud; Francia, por la historia, é Italia, en las publicacio- 
nes religiosas. 

Los libros publicados en el mundo se pueden repartir por cada millón de habi- 
tantes en esta proporción: 

Alemania, 364; Francia, 344; Suiza, 338; Bélgica, 337; Italia, 309; Suecia, 3oo; 
Noruega, 262; Inglaterra, lyS; Rusia, 85; Estados Unidos, 81; España, 66. 

En 1882 se calculó el tanto por ciento de periódicos, según el idioma en que se 
publicaban, y resultó Inglaterra, con el 48 por 100; Alemania, con el 23; Francia, 
con el 11; Kspaña, con el 6; Italia, con el 2, y el 10 restante para los demás idiomas. 
Los periódicos constituyen una tercera parte de la total producción literaria del 
mundo. El promedio de periódicos por millón de habitantes era, en 1898, el que 
sigue, sin contar más que los principales países: Estados Unidos, 5 10; Suiza, 32o; 
Bélgica, 253; Holanda, 184; Alemania, 161; Francia, i56, y Gran Bretaña, ii3. 



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VARIEDADES Siy 

Naturalmente, ios datos aducidos son solamente aproximados; pero no por eso 
dejan de ser instructivos. 

ESPAÑA. — Garray.—Nuestro inteligente compañero D. José Ramón Mélida 
reñere en el diario de Madrid El Correo las excavaciones que se están practicando 
en Numancia, de la siguiente manera: 

«Las excavaciones de Numancia, como todas, ofrecen doble interés arqueólo? 
gico: de una parte las ruinas, esto es, los restos de los edificios, de las calles, de las 
murallas; de otra parte los objetos varios, que son los restos de la vida pasada. 
Ruinas y objetos llevamos descubiertos en gran abundancia. No en tanta^ sin em- 
bargo, que nos permita precisar el trazado de calles y casas. Aquí se nos ofrece un 
trozo empedrado, que nos parece muestra de vía pública; allá vemos perfilarse los 
muros que se unen en ángulo recto ó agudo, denotando el singular trazado de las 
viviendas. Distinguimos, generalmente en la parte superior de las hondonadas que 
abrimos, los sillares escuadrados de las construcciones romanas, y debajo, á veces 
cruzando por entre tan ligeros cimientos, vemos los restos de muros celtibéricos, 
formados de piedras informes ó grandes cantos rodados unidos con barro. Pero en 
algunos trozos de lo descubierto la confusión de las construcciones arruinadas es 
tal, que apenas pueden distinguirse ni sus épocas ni su traza, y la misma confu- 
sión se advierta entre los objetos, cuyo estilo es más fácil de precisar. Dondequiera 
que se excava hay una cosa que no deja de encontrarse á más ó menos profundi- 
dad, y es la huella intensa y terrible iel incendio que destruyó la ciudad celtibé- 
rica, y es la mejor comprobación histórica, éajo la capa de tierra vegetal, téngase 
por cieno que dondequiera que se excave se hallan en abundancia carbones, ceni- 
zas, tierra quemada, piedras ennegrecidas por la llama, adobes que el fuego con- 
virtió en ladrillos y el hundimiento quebró y pulverizó; trozos de vigas carboniza- 
das, de roble y de pino, de los entramados y techumbres de las casas; huesos de 
animales, ciervos, bueyes, caballos, perros, que fueron víctimas en la catástrofe; 
cascos de vasijas rotas en el derrumbamiento y algunos objetos de hierro ó de 
bronce. En este levantar y levantar capas de tierra, que es como hojear el verda- 
dero libro de la Historia, causa viva impresión palpar esos restos de la ruina de la 
gloriosa Numancia y entresacar, al cabo de veintiún siglos, esos casquillos de va- 
sija y demás restos de la vida antigua, cuyo cuadro parece que surge y se anima 
ante nuestros ojos. Como fruto de nuestros trabajos, además de esta comproba- 
ción, puedo señalar la de tres civilizaciones que se sucedieron en el cerro. La pri- 
mera fué prehistórica, y sus testimonios son instrumentos tallados en pedernal y 
vasos de barro negro y tosco, hechos sin rueda y no cocidos al horno, por desco- 
nocimiento de tales medios de la industria alfarera, que nacieron con la verdadera 
civilización. Esta, ó sea la segunda y característica de Numancia, está representada 
por abundantes restos, cuya importancia denota la de la ciudad. Entre los objetos, 
los más abundantes son piezas cerámicas: copas, platos, grandes vasijas esféricas 
en que debieron guardar aceite ó vino, y muchas de esas piezas, de barro rojizo, 
amarillento ó gris, están decoradas con adornos lineales, trazados con pintura ne- 
gra ó roja, de cuyos caracteres artísticos, punto importante del estudio de Numan- 
cia, pues revela influencias griegas, ya me ocuparé más adelante. Y, por último, la 
tercera civilización es la romana, cuyos restos son pobres, sin que falten entre ellos 
algunos cascos de la cerámica roja y lustrosa, decorada con relieves, que se de- 
nomina Saguntina. Ayer saüó un síiium, ó sea un punzón de hueso de los que 
los romanos usaban para escribir en las tabletas Se cera. Hasta un resto, unos 



VARIEDADES 



ALEMANIA.— A instancias del profesor Lessing, Director del Kunstgewerbemu- 
seum de Berlín, se ha abierto el sepulcro de Carlomagno en Aquisgrán. Cubriendo 
la gigante osamenta del Emperador halláronse lujosos paños bizantinos tejidos 
de colores, con figuras de elefantes, pájaros j liebres, de labor primorosa, que el ac- 
tual Emperador de Alemania ha dispuesto sean llevados al Museo de Berlín. 

BÉLGICA.— El conocido bibliógrafo Pablo Otlet, Secretario del Instituto Inter- 
nacional de Bibliografía de Bruselas, ha hecho curiosos cálculos para formar una 
estadística de la producción literaria anual y calcular la producción literaria del 
mundo. 

Calcula Otlet que desde la invención de la imprenta hasta Enero de 1900 se pu- 
blicaron ia.i63.ooo obras diferentes. Clasificadas por materias, nos dan la siguiente 
proporción: 

Derecho y Sociología, 36,42 por 100; Literatura, 30,46 por 100; Ciencias aplica- 
das, 13,18 por 100; Historia y Geografía, 1 1,44 por 100; Teología, 10 por 100; Mis- 
celánea y Bibliografía, 9 por 100; Filología, 4,08 por 100; Ciencias Naturales, 3,44 
por 100; Artes, 3,63 por 100, y Filosofía, i,36 por 100. 

En cuanto á los países productores, los principales son Alemania y Austria, á 
los cuales siguen Francia, Italia, Inglaterra, Estados Unidos y Holanda, distin- 
guiéndose Inglaterra, por la novela; Alemania, por las obras de educación y teoló- 
gicas y libros para la juventud; Francia, por la historia, é Italia, en las publicacio- 
nes religiosas. 

Los libros publicados en el mundo se pueden repartir por cada millón de habi- 
tantes en esta proporción: 

Alemania, 354; Francia, 344; Suiza, 338; Bélgica, 337; Italia, 309; Suecia, 3oo; 
Noruega, 263; Inglaterra, 176; Rusia, 85; Estados Unidos, 81; España, 66. 

En 1883 se calculó el tanto por ciento de periódicos, según el idioma en que se 
publicaban, y resultó Inglaterra, con el 48 por 100; Alemania, con el 33; Francia, 
con el 11; España, con el 6; Italia, con el 3, y el 10 restante para los demás idiomas. 
Los periódicos constituyen una tercera parte de la total producción literaria del 
mundo. El promedio de periódicos por millón de habitantes era, en 1898, el que 
sigue, sin contar más que los principales países: Estados Unidos» 5 10; Suiza, 33o; 
Bélgica, 353: Holanda, 184; Alemania, 161; Francia, i56, y Gran Bretaña, 11 3. 






VARIEDADES 3l7 

Naturalmente, los datos aducidos son solamente aproximados; pero no por eso 
dejan de ser instructivos. 

ESPAÑA. — Garray. —Nuestro inteligente compañero D. José Ramón Mélida 
refiere en el diario de Madrid El Correo las excavaciones que se están practicando 
en Numancia, de la siguiente manera: 

«Las excavaciones de Numancia, como todas, ofrecen doble interés arqueólos 
gico: de una parte las ruinas, esto es, los restos de los edificios, de las calles, de las 
murallas,' de otra parte los objetos varios, que son los restos de la vida pasada. 
Ruinas y objetos llevamos descubiertos en gran abundancia. No en tanta, sin em- 
bargo, que nos permita precisar el trazado de calles y casas. Aquí se nos ofrece un 
trozo empedrado, que nos parece muestra de vía pública; allá vemos perfilarse ios 
muros que se unen en ángulo recto ó agudo, denotando el singular trazado de las 
viviendas. Distinguimos, generalmente en la parte superior de las hondonadas que 
abrimos, los sillares escuadrados de las construcciones romanas, y debajo, á veces 
cruzando por entre tan ligeros cimientos, vemos los restos de muros celtibéricos, 
formados de piedras informes ó grandes cantos rodados unidos con barro. Pero en 
algunos trozos de lo descubierto la confusión de las construcciones arruinadas es 
tal, que apenas pueden distinguirse ni sus épocas ni su traza, y la misma confu- 
sión se advierte entre los objetos, cuyo estilo es más fácil de precisar. Dondequiera 
que se excava hay una cosa que no deja de encontrarse á más ó menos profundi- 
dad, y es la huella intensa y terrible iel incendio que destruyó la ciudad celtibé- . 
rica, y es la mejor comprobación histórica, éajo la capa de tierra vegetal, téngase 
por cieno que dondequiera que se excave se hallan en abundancia carbones, ceni- 
zas, tierra quemada, piedras ennegrecidas por la llama, adobes que el fuego con- 
1^ virtió en ladrillos y el hundimiento quebró y pulverizó; trozos de vigas carboniza- 
' das, de roble y de pino, de los entramados y techumbres de las casas; huesos de 
animales, ciervos, bueyes, caballos, perros, que fueron víctimas en la catástrofe; 
cascos de vasijas rotas en el derrumbamiento y algunos objetos de hierro ó de •:' 
bronce. En este levantar y levantar capas de tierra, que es como hojear el verda- 
dero libro de la Historia, causa viva impresión palpac esos restos de la ruina de la 
gloriosa Numancia y entresacar, al cabo de veintiún siglos, esos casquillos de va- 
sija y demás restos de la vida antigua, cuyo cuadro parece que surge y se anima 
ante nuestros ojos. Como fruto de nuestros trabajos, además de esta comproba- 
ción, puedo señalar la de tres civilizaciones que se sucedieron en el cerro. La pri- 
mera fué prehistórica, y sus testimonios son instrumentos tallados en pedernal y 
vasos de barro negro y tosco, hechos sin rueda y no cocidos al horno, por desco- 
nocimiento de tales medios de la industria alfarera, que nacieron con la verdadera 
civilización. Esta, ó sea la segunda y característica de Numancia, está representada 
por abundantes restos, cuya importancia denota la de la ciudad. Entre los objetos, 
los más abundantes son piezas cerámicas: copas, platos, grandes vasijas esféricas ^ 
en que debieron guardar aceite ó vino, y muchas de esas piezas, de barro rojizo, 
amarillento ó gris, están decoradas con adornos lineales, trazados con pintura ne- f- 
gra ó roja, de cuyos caracteres artísticos, punto importante del estudio deNuman- VÍ 
cia, pues revela influencias griegas, ya me ocuparé más adelante. Y, por último, la . % 
tercera civilización es la romana, cuyos restos son pobres, sin que falten entre ellos ¿1 
algunos cascos de la cerámica roja y lustrosa, decorada con relieves, que se de- ' -'á 
nomina Saguntina. Ayer salió un stilum, ó sea un punzón de hueso de los que -Á 
los romanos usaban para escribir en las tabletas cíe cera. Hasta un resto, unos '^ 

.^1 



332 



REVISTA DC ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 



Constan Un et Licinius?~M. Clermont-üah- 
NKAU, Note sur dcuz aUbastra israc lites archa?* 
quex découvertes á Suse.^Michel BrAal, D*oü 
▼icDt le mot latín corpus. 

Thb amkkican JOURNAL OF PHiLOLooT. Abril- 
Junio. David M. Robimsoh, Ancient Sinope.— 
Paul Havpt, Sorae germanic eiymologies.— 
T. Louis CoMPAKETTE, The rcorganization oí 
the municipal administration under the An- 
tonincs.— G. L. Uendrieson, Literary sources 
in Ciceros Brutus and the Technique ef ciía- 
tion in dialogue.— Basil L. Gilobrslbevs, No- 
tes on the evolution of oratio obliqua. 

Anthropos. Fase. ^.* Edm. Dunn, Religious 
rites and customs of the Iban or Dyak« of Sa- 
ra wak.— A. Caius, Au pays des castes: Castes 
des pays Dravidieas.— G. M. Stknz, Der fiauer 
in Schaniuag.— F. Franz Mayr, The Zulú Ka- 
firs of Natal.^Jos. Meibr, Berichtigungen zu 
Dr. Schnee's Mitteilungen flber die Sprache 
derMoánut(Admiralitacs-Inseln).— G. A. Mo- 
RiCB, The great Déné race.— Franz MCllbr 
Die Religiooen Togosio Kinzedarstellungen: 
Die Verehrung des h5chsten Wcscns (Bukú) 
in Atakpamc.— A. Bourlbt, Socialisme dans 
les huaphan (Laos, Indo-Chinei.— A. Houndbr, 
Die Verdienste der philippínischen Mónche 
uní die Wissenschaft.- Ankbrmann, Létat ac- 
luel de TEthnographie d'Afrique raéridiohale. 
— W. SciiMiDT, Die raodcrne Ethnologir. 

AnZEIGBR FUR SCHWEIZRRI8CHR AlTBRTUM- 

SKUNOK. Núm. I. J. Hbibrli, Die GrabhQgel von 
Unier-Lunkhofen, Kt. Aargau.— Th. Burck- 
HARDT-61BDBR.HANN, Zur Inschrift von Seegri- 
ben.— Hans Lehmann, Die Glasgemálde in den 
aarganíschen Kircben und Offcnthchen Gebüu- 
den. 

Archivio 0BL1.A R. SocibtA Romana di Sto- 
RiA Patria. Vol, XXIX. Fase. I-ll. C. di Bildt, 
Cristina di Svezia e Paolo Giordano II duca 
di Brocciano. — G. Tomassbtti, Deila Campa- 
gna Romana.— W. de Grunkisbn, Studj icono- 
grafíci in S. Maria Antiqua.— Gcorges Bour- 
GiN, Fonti per la storia dci Departamenti Ro- 
mán! negli Archivi Nazionali di Parigi. 

Archivio storico lombardo. Junio. Lconi- 
da Grazioli, La Cronaca di Goffredo da Bus- 
sero.— Luigi Rossi,Lega tra il duca di Milano, 
i Fiorentini e Cario VII re di Francia (21 feb- 
braio 1452).— Gaciano Capasso, LOfñcio della 
Sanita di Monza durante la peste degli anni 
1575-77. 

Archivio storico mbssinkse. Fase. I-II. V. 
SaccA, Michelangelo da Caravaggio pittore. 
Studi e ricerche. 

Archivio STORICO SARDO. Fase. /.° Romual- 
do LoDoo, Note illustrativc su un manoscritto 
epigra^co del secólo xviii.— Luigi Arkzio, La 
diplomazia sarda alia vigilia della terza co- 
alicione europea (iSo^- 



Archivo histórico portugués . Julio. Gutther- 
me J. C. Hbmriques, Buchanan na Inquisa^o 
— .\. Braamcamp Freiré, Cartas de quitará* 
del Rei D. Manuel.— la* folha da Crónica del 
Rsi D. Jodo I de Ferndo Lopeí^, 

Baustinb. Núms. 5.^-6.® Román Dubosbi, 
English-FranzSsisches aus einem Mt. des 16. 
Jahrhunderts. — Paula Kbllnbr, Die Theorie 
der Lyrik in ihrer englischen Terminologie.— 
León Kellnbr, Beitrige zur neuenglischea 
Lcxikographie. 

La Bibliofilia. Julio-Agosto. Prince d'Ess- 
LiNG, Les prcmiers urnements zylographiques 
dans les ti vres de Venite.— E. Celani, Dediche, 
postilie, dichiarazioni di proprieti eco. nei 
libri a stampa della R. Biblioteca Angélica di 
Roma.— E. Vajna de Pava, Di uo códice della 
Collez. del Comm. Leo S. Olschki contenente 
la Sfera del D«ti e altre opere italiane dei se- 
coli XIV c XV e di un códice Laureoziano con- 
tenente la Sfera di Ándalo di Negro. 

Bibliothéqut de l'Ecole des Chartes, Mayo- 
Agosto. P. GuiLHiERMoz, Note sur les poidt 
du moyen age.— Lug.JARRT^Instruciions secre- 
tes pour l'adoption de Louis I.^** d'Anjou par 
Jeanne de NaplesCjanvier 1380).— A. Boinkt. 
Un bibliophile du xve siécle: le grand b&tar4 
de Bourgogne.— Bibliographie. 

Bollbtimo DEI McsEO CÍVICO DI Bassano. 
Núm. 2. (jiuseppe Gkrola, I cronisti Bassanes, 
deír época napoleónica.— Giovaoni Chiuppani, 
Di alcuni pittori scoaosciuti (secoli xv-xvi).— 
Paolo M. TuA, Una collezione litologica di Gi 
B. Brocchi. 

Buüetin hispanique. Julio- Septiembre. P. 
París, .^ntiquités ibériques de Salobral (Alba- 
cete).— E. MáRtM¿E, Zamora (Noies de voya- 
ge au pays dea épopées).— A. Morbl-Fatio, 
Cervantes et les cardinaux Acquaviva et Co- 
lonna.— A. Paz t Melia, Sátira hecha por Ma- 
teo Rosas de Oquendo. — G. Cirot, Recherches 
sur les Juifs cspagnols et portugais i Bor- 
deaux. 

BuLLETIN de L'InSTITUT INTERNATIONAL DE 
BIHLIOGRAPHIB. IQOS. PRUl < )TLBT, LorgauiSB- 

tion rationoelle de rínfonnation et de la do- 
cumentation en matiéreéconomique.- Réper- 
toirc Bibliographique Universel. Statistique 
au i.*^ janvier iqoS.- Henri L'a Fontainr, Bi- 
bliographia Bibliographica. Répertoire annuel 
des travaux de. bibliographie, année 1906.— 
Catalogue International de la littérature scien- 
tifique. La Convention de juillet igo5.— J. De- 
poiN. DocumentatioQ en matiére sténographi* 
que. De la création d'un ofñce International 
de sténographie. — Rcproduction de manus- 
critf, de monnaíes et den sceauz.— Bibliogra- 
phie de la Littérature et de la Philologie roma- 
nes.— Paul Otlet L'état actuel de l'organisa- 
tion bibliographique Internationale. 



r 



bibliografía 



333 



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tugal.— Ricardo Severo, O Mercurio de Casal- 
Comba. — José Fortes, Necropolc lusitano-ro- 
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i.^ Julio. Emilia Pardo-Bazán, Le mouvement 
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kistoire de l'archéologie préhistorique.— Pier- 
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on the Inscription of Abercius.— S. Chabbrt, 
Histoire sommaire des études d'épigraphie 
grecque en Europe. — Emile Chanbl, Sur une 
plaque de ceinture d'un tumulus á Bélígnat 
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phie chrétienne d'Afrique. 

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PAiNG, La dériation de laxe du cbocur des 
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LoRBNZBN, Archéologie chrétienne en Dane- 
mark.— M. Gbrspach, La vie d un peintre ve- 
nitien au xvie siécle.— L. Sbrbat, Eglise No- 
tre-Dame-la-Grande i Valenciennes. 



Revue b¿n¿dictine. Julio. John Cuapman, 
Priscillian ihc author of the monarchian pro- 
lo¿!ues to the Vulgatc Gospcls.-Germain Mo- 
RTN, Studia Caesariana. Nouveile serie d'iné- 
dits tirée du manuscrit 3 d'Epinai. 

Repue des bibliothéques . Mayo -Junio. D. 
Serruts, Un nouveau lexte de VHistoria po- 
lítica 'const antinopoleos. --Louis Thuasnb, 
Fran^ois Villon et Jcan de Meun.— Bibliogra- 
phie.— Chronique des Bibliothéques. 

Repue d€S Bibliothéques et Archipes de Bel- 
gique. Mayo-Junio G. Caullrt, Le relieur au 
moDogranime I R.: Jean Ryckaert de Gand. 
— J. Van den Gheyn, Encoré les Statuls des 
Bogards de Zepperen.— J. Cuvklibr, Les Ar- 
chives autrichiennes.— J. Vann^rus, Le dépdt 
des Archives de l'Etat á Anvers. Accroisse- 
ments de l'année 1905.- E. Fairon, La Biblio- 
théque d'un chanoine liegeois en 1614. 

Rrvub des dbux Mondes, i.^ Julio, tlyppo- 
lyte BoussAC, La statuesonore de Memnoo. 

Revuk des ¿tuoes ancifnnks. Julio-Sep- 
tiembre. É. MiciiON, Bas-rcliefs votifs d'Asie 
Mineure.— G. Bloch, Observations sur le Pro- 
cos des ScipioDs: III. L'accusation contrc Lu- 
cius: IV. La juridiction. L'amende et 1 infa- 
mie.— R. Pichón, L'origioe du recueil des Pa- 
negyrici latini.—C. Jullian, Notes gallo-ro- 
maines: XXXI. Survivances géographiques.— 
G. Chaüvkt, Deux statueites gailo-romaines 
inédites.— C. Jullian, La chute du ciel sur les 
Gaulois.— C. Jullian, Stéics du pays caniabri- 
que.—J. A. Brutails, Auicl représcnlant un 
arbrc. 

Revub des étuobs juives. Julio. Eliézcr 
Lambert, Les changeurs et la monnaic en Pa- 
Icstinc du I**" au iii* siécle.— I. Goldzihbr. Mc- 
langcs judco-arabes.— S. Poznanski, Un com- 
men taire sur Job de la France septentrionale. 
— H. Stourdzé, Les deux commentaires d'Ibn 
Caspi sur les Provcrbes.— N. Nkttf.r, Les an- 
ciens cimeiiéres israéiites de Metz sitúes prés 
la Porte Chambiérc. — Richard Gotthkii , Les 
Archives juives de Florence. 

Revue de Gascognk. Julio-Agosto. C. Tau- 
ziN, Les debuts de la Guerre de cent Ans.— 
A. Clrrgeac, Les Abbaycs de Gascogne, du 
xiie siccle au grand Schisme d*Occident. 

Revue d'Histoirr ecclésiasttque. Julio. Jo- 
seph Mahé, Les anaihcmatismcs de saint Cyril- 
Ic dWIcxandrie el les cvéques orientaux du 
patriarch:it d'.\ntiochc.— Paul Fournier, Etu- 
de sur les Fausses Decrétales. III. La patrie 
des Fausses Decrétales. /.^'* partie. Les pro- 
vincesde .Mayence et de Reims. — R. Maerb, 
Les origines de la noaciature de Flandre. 
Etudesur la diplomatie pontifícale dans les 
Pays Bas á la fín du xvi^ siécle. 

Revue dbs langubs romanes. Julio-Agesto. 
J. Calmettb, La correspondance de la vílle de 



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SECCIÓN OFICIAL Y DE NOTICIAS 



El apresuramiento con que se imprimió el número anterior, para poner 
al corriente la publicación de esta Revista, nos impidió, dar cuenta de 
haber sido nombrado Subsecretario del Ministerio de Instrucción pública 
nuestro distinguido compañero el Excmo. Sr. D. José Joaquín Herrero, 
cuya adhesión incondicional a la política que el Sr. Canalejas representa 
y sus propios merecimientos le han llevado al puesto que ocupa. Tiene 
el Sr. Herrero condiciones de carácter y aptitudes é ilustración no comunes 
para que pueda dejar grato recuerdo del tiempo que desempeñe su alto 
cargo; al congratularnos de su nombramiento y enviarle nuestra sincera 
enhorabuena sentimos también legítima satisfacción por verá un individuo 
de nuestro Cuerpo desempeñando un cargo preeminente en la dirección 
de la enseñanza pública. 



Por Real orden del Ministerio de Gracia y 
Justicia de 6 de Septiembre se ha dispuesto 
que todos los subalternos de los Tribunales, 
colegiados ordinarios, escribientes y aspiran- 
tes de las Secretarias de gobierno, nombrados 
con carácter interino, que no lleven más de 
dos año«t de ejercicio en el cargo, acrediten, 
dentro del plazo de dos meses, tener nociones 
de catalogación y archivología para el manejo 
y conservación de procesos, aparte de otros 
conocimientos de índole jurídica. Dichos co- 
nocimientos los justificarán por medio de cer- 
tifícacióii expedida por los Jefes de los Archi- 
vos del Estado ó Profesores de Diplomática, en 
la parte que les compete,)', á falta de este do- 
cumento, mediante examen que sufran ante 
una Junta compuesta de tres funcionarios nom- 
brados por el Presidente del Tribunal respec- 
tivo, previo programa ó cuestionario aproba- 
do por éste. Al mismo examen se sujetarán 



también los individuos de nuevo ingreso. Los 
subalternos que no acrediten dicha circuns- 
tancia no podrán continuar en el desempeño 
de sus cargos. 

Esta Real orden tiende á suplir la necesidad 
que existe de tener los subalternos de los Tri- 
bunales de justicia conocimientos de Arc!u- 
vos, dado que hoy desempeñan la misión de 
los suprimidos Oficiales Archiveros de las Au- 
diencias. 



En el Proyecto de ley de organií^ación y 
atribuciones de los Jui^gados y Tribunales 
del fuero común en España se inserta el si- 
guiente artículo: 

«Artículo 44. Formarán parte de la dotación 
de cada Audiencia: un Secretario de gobierno, 
que también lo será de la Audiencia en pleno. 



336 



REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 



y un Archiyeror procedente del Cuerpo de Ar- 
chiveros^ Bibliotecarios y Anticuarios, que 
tendrá á su cargo, bajo las órdenes del Pre- 
sidente, la Biblioteca y el Archivo del Tribu- 
nal; los Secretarios de Justicia y Oficiales de 
Sala que sean necesarios para cada Sala, y un 
Secretario de visita, y los demás subalternos 
para el servicio de la Presidencia de las Salas 
de gobierno y de justicia, y el cuidado y aseo 
del edificio.» (Gaceta de i.^de Junio de 1006.) 



Han sido trasladados: D. Joaquín Casan, Jefe 
de la Biblioteca Universitaria de Valencia, al 
Archivo Histórico de dicho antiguo Reino; 
D. Marcelino Gutiérrez del Caño, Oficial pri- 
mero, á la Biblioteca Universitaria de Valen- 
cia, y D. Felipe Ortiz, á la Biblioteca de la Aca- 
demia de la Historia. 

Se ha acordado el cambio de destinos entre 
D. Luis Rubio y D. Aureliano del Castillo, que 
servían, respectivamente, en la Biblioteca Uni- 
versitaria y en el Archivo de Hacienda de Gra- 
nada. 



La Junta de Archivos, Bibliotecas y Museos 
ha propuesto que ingresen en la Biblioteca 
Nacional 1.700 volúmenes impresos existentes 
en la antigua Cartuja del Paular, y que proce- 
den de la Biblioteca que allí formó la orden 
cisterciense. 



Ha fallecido el P. Carlos Lasalde, de las Es- 
cuelas Pías. Tomó pane activa en los descu- 
brimientos arqueológicos del Cerro de los San- 
tos, resumidos en la Memoria sobre las «ofa- 
bles excavaciones hechas en el Cerro de los 
Santos, publicada por los PP. Escolapios de 
Yecla (Madrid, 1871). Entre los artículos debi- 
dos á su pluma se hallan: Estudios sobre el 
pueblo bAstitano (Semanario Murciano); Las 
antigüedades de Yecia, La Bastitania según 
los monumentos que de ella restan y La Bas- 
titania. Estudio sobre los antiguos pueblos 
bastitanos, bártulos, turdetanos, túrdulos y 
contéstanos (La Ciencia Cristiana). También 
escribió la Historia literaria y bibliográjica 
de las Escuelas Pias.—K. I, P. 



TIPOGRAFÍA DE LA REVISTA DE ARCH., IIBL. T MUS. 



eOLABOI^ADORES 



Españoles. 

Aguilar y Cano (A.)— Aguiló (Ángel).— Aguirre (Ricardo de).— Alonso Getino 
(Fr. LuisG.)« — A Itamira (Rafael). — Alvarez de la Braña (Ramón). — AivarezOsorío 
(Francisco).— Amador de los Ríos (Rodrigo).— Andrés y Alonso (Rafa^J).-- Arco 
Molinero (Ángel del).— Arderíu y Valls (Enrique).— Asensio (José María).— Aviles 
Ángel).— Barcia Pavón(Angel).— Bayo (Ciro).— Blázquezi Antonio).— BoniUay San 
Martin (Adolfo).— Borbón (Serma. Sra. Infanta D.* Paz de).— Bullón de la Torre 
(Eloy). — Calleja (José Demetrio). — Casuños y Montijano (Manuel). — Codera 
(Francisco).— Cotarelo (Emilio^.— Chabás (Roque).— Diez y Lozano (Baldome- 
ro).— Domínguez Berrueta (M.). — Elias de Molins (Antonio). — Escandón (Ra- 
.món).— Fernández Duro (Cesáreo).— Fernández Mourillo (Manuel).— Fernández 
de Velasco (Fjerñando).— Ferrá (Bartolomé).— Flores Calderón (Manuel).— García 
(Juan Catalina).— García Pérez (Juan Pío).— García de Quevedo (Eloy).— Gestoso 
y Pérez (José). — Gil Albacete (Alvaro).— Gómez del Campillo (Francisco).— Gó- 
mez del Campillo (Pedro). — Gómez-Moreno y Martínez (Manuel). — González 
Agejas (Lorenzo). — González Hurtebise (Eduardo). — González Simancas (Ma- 
nuel).— Gonzalvo y París (Luis).— Goyri de Menéndez Pida! (D.* María).— Gu- 
tiérrez del Caño (Marcelino).— Hergueta (Narciso).— Herrera (Adolfo).— Herrera 
(P. Ignacio).— Hinojosa (Eduardo de).— Hinojosa (Ricardo).— Jiménez Solet (An- 
drés). — Juderías (Julián).— Lampérez y Romea (Vicente).— Laurencín (Marqués 
de). — Liñán y Eguizával (José de).— Liñán y Hcredía (Narciso José de).— Llabrés 
(Gabriel). — Lloréns y Asensio (Vicente).— M agallón (Manuel).— Marco Hidalgo 
(José).— Martínez (Juan).— Melgares y Marín f Julio).— Mélida (José Ramón).— Men- 
digutía fTomás) — Menéndez y Pelayo (Marcelino).— Menéndez Pidal (Juan).— Me- 
néndez Pidal (Ramón). — Meneu (Pascual). — Mir (Miguel). — Mora (Manuel).— Na- 
varro Santin (Francisco).— Navas (Conde^de las). — Olavide (Ignacio). — Paz y Es- 
peso (Julián). — Pas y Melia (Antonio). — Pedraja Fernández (Eduardo de la). 
Pérez de Guzmán (Juan).— Pérez Pastor (Cristóbal).— Pérez Rubín (Luis).— Pi- 
catpste (Valentín).— Quintero (Pclayo).-^Ramírez de Arel laño (Rafael). — Robles 
y Bodríguez (Ramón). — Rodríguez de Berlanga (Manuel). — Rodríguez Mourelo 
(José). — Rodríguez Villa (Antonio). — Ruano y Prieto íFernando)> — Rújula y 
del Escobal (José de). -^ Salva (Anselmo). — San Pelayo (Julián).— Sampere y Mi- 
quel (Salvador). —Santamaría (Lorenzo). — Sentenach (Narciso). — Serrano (Lu- 
ciano.). — ^Serrano y Morales (José Enrique).— Serrano y Sanz (Manuel).— Soralucc 
(Pedro).— Suárez Bravo (Francisco), — Tenorio (Nicolás). — Torres Lanzas (Pe- 
dro).— Torres Valle (Ricardo).— Tramoy eres (Luis).- Ureña y Smcnjaud (Ra- 
fael).— Velasco y Aguirre (Miguel).— Velázquez Bosco (Ricardo).— Vignau y Ba- 
ilester (Vicente).— Villaamil y Castro (José).— Vives (Antonio). 



Sactraajeros. 



Bienkowski (P.), Profesor de la Universidad de Cracovia.— Bonsor (M. J.), Ar- 
queólogo.— Calmette (M. J.), de la Escuela Francesa de Roma.— Cazac (H. P.), 
Profesor del Liceo de Bayona.— Daumei (M. G.), de los Archivos Nacionales de 
Francia.— Desdevises de Dezcr (G.), Proftsor de la Universidad de Clermoi t-Fe- 
rrand.— Engel (M. A.), Arqueólogo.— Farinelli (A.), Profesor de la Universidad de 
ínsbruck.— Fitz-Gerald (M. J. D.— Friedeí (MA de la Universidad de Liverpool.— 
Garófalo (F. P.), Profesor de la Universidad de Catania (Sicilia).— Grfif en berg (S.)— 
Graillot (Henri), Profesor del Liceo de Tolosa de Francia.— Haebler (Conrado), 
Bibkiotecnío de la Real de Dresde.— Homolle (M. Th.), Director de la Escuela 
Francesa de Atenas.— Leiie de Vasconcellos (J.), Director del Museo Etnológico 
de Lisboa.— Melé (E.), de la Biblioteca Nacional de Ñapóles.— Morel-Fatio (M. A.), 
Profesor de la Escuela de Estudios superiores de París.— París (M. P.), Catedrático 
de la Universidad de Burdeos.— UUoa (Luis). 



f^r 




CONSEJO DE LA REVISTA 

JUNTA INSPECTORA. Presidente: Jefe superior del«Cuerpo, D. Mar- 
celino Aíenénde^ y Pe/a/o.— Vicepuesiwinte: D. Vicente Vignau y Baliester. — 
VocjiLEs: D. José Ortega y García.— D. Manuel Flores Calderón. — D. Mariano Ca- 
talina y Cobo.--D. Rolriso Amador de los Ríos.— D. Eduardo d^ Hinojosa y Nave- 
ros. — D. Juan Catalina García y López.— D. Ricardo de Hinojosa y Naveros. — 
D. Augusto Fernández Victorio, 

RC DACCION. Pí^bsidbnte: />. Marcelino híenénde^y Pe/ayo.— Vicepr^sj- 
dente: D. Vicente Visnau y Ballester. — Redactor jefe: D. Juan Menéndez Pidal. — 
Vocales: D. Ramón Menéndez Pidal.— D. Antonio Paz y Melia.— D. José Ramón 
Metida y Alinari.— D. Alvaro Gil Albacete.- D. Ricardo Torres Valle.— D. Narciso 
Sentenach y Cabanas. — D. Ricardo de Hinojosa y Naveros. — O. Manuel Magar 
llón y Cabrera. — ^Secretario: Don Francisco Navarro Santjn. 

PUNTOS DE SUSCRIPCIÓN 

En Madrid: en la A iministración de la Revista, Paseo de Recoletos, ao; y en 
en las librerías de Murilk), Alcalá, 7; Súarez, Preciados, 48; Guttenberg, Plaza de 
Santa Ana, i3; Fé, Carrera de San Jerónimo, 2; Capdeviile, Plaza de Santa Ana, o; 
Romo V Füssel, Alcalá, 5; Sánchez, Carretas, 21; San Martín, Puerta del Sol, 6, y 
viuda de Rico, Travesía del Arenal, i.— En Paris: en la librería de H. Welter, Rué 
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setas al año; para el extranjero, 29 fimnoos al año. Vámevo sueltoi Xp50 p** 
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minando en Diciembre. 

Primera y segunda serie (primera y segunda época), tomos I á IX; agotados. — 
Tercera serie (tercera época), tomos I, II, Hí, IV, V, VI y VII, 90 pesetas; sueltos, 
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MODO DE HACER EL PAGO 

En metálico ó p^r medio de libranza del Giro mutuo, á nombre del 
Sr. Administra lor de la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, 
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La correspondencia literaria (envío de originales, de documentos, de noticias, 
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cios, reclamaciones, etc.) al Administrador de la Revista de Archivos, Bibliote- 
cas r Museos, Paseo de Recoletos, ao. 



V 



Rogamos á los autores, editores y libreros que nos remitan las papeletas tiblio- 
gráficas exactas de sus obras, si quieren que se inserten gratuitamente en la sec- 
ción de Bibliografía. --Se hará nota bibliofi[ráfloa de todo libro de materia lite- 
raria, histórica ó artística, siempre que lo requiera la importancia de la obra y se 
envíe á la Revista un ejemplar.— La Redaoción deja á los autores la respon- 
sabilidad de las opiniones que emitan en sus escritos. 



REVISTA 

' . DE 

ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

ÓRGANO OFICIAL DEL CUERPO FACULTATIVO DEL RAMO 
(se pubiica una vez al mes) 

TERCERA ÉPOCA 

ANO X 

« 

Noviembre-Diciembre de 1 906 




MADRID 

Tir, DE LA REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

Propiedad de D. José Manuel de la Cuesta, 
Infamas, núm. 42 bajo, 
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SUMARIO 

I. — España en el Congreso de Viena, setfün la correspondencia oficial 
de D. Pedro Góme^ Labrador, Marqués de Labrador (continuación), 

por W. R. DE Villa-Urkutia 337 

IL^Romances que deben buscarse en la tradición oral, por María Goyri 

dkMz. PiDAL 374 

III.— £*/ Consejo de Castilla y la censura de libres en el siglo XVIIt . 

(continuación), por M. Serrano y Sanz 387 

IV. — Epigrafía catalana de la Edad Media: Insa-ipciouts sepulcraUs de 
los Condes d€ Barcelona, Reyes de Aragón, InJ'unlas, etc. (conti- 
nuación )> por Antonio Ki f as oe Mou'ns 403 

V^—Dos joyas tipográficas del siglo XV, por Riourdo Torres Vau^.. 4i3 
VI.— Lci miniatura en los documentos de carácter administrativo, herál' 

¿//co, ere, por A. P. y M 416 

W\\.— Epigrafía hispano - mahometana: Piedra prismática tumular de 

Niebla^ por Rodrigo Amadoh de i. os Ríos 44^ 

W\U,~- Adiciones al estudio sobre un incunable tspjñnl desconocido exis^' 
tente en la Biblioteca de la Real Universidad de Upsala, por Isax 

CoLLiJN 422 

IX.— Documentos: I. Cartas del Beato Diego José de.Cádi\ (continua- 
ción). — II. Retratos de 1), Juan Eugenio Hart^ienbusch, por Eugenio 
Hartzenbüsch. — III. Segundo discurso ale Pedro de Valencia acerca 
de los brujos y di sus malejicéos. -^ W ., Cartas aulógrajas del 

P, Francisco Rápago, S, J., por la copia. R. S. M 423 

X.— Notas Buhogháficas: Francesco Gnecchi: Appunti di Numis- 
mática Romana. In torno ai medaglioni. Le ire inoneie (L. H.). — 
Discuri,os leídos en ia Real Academia de Bellas Artes de San Fer- 
nando en ta recepción pública del Sr. D. Cecilio de Roda Lópej^ el 
día 27 de Mayo de 1906 (S. B.).— P. Fr. Ruperto María ^e Manresa: 
Vida de (San Francisco de Asís (S. B.).— D. Luis Pére^-Rubín y 
Corchado: Knsayo ariístico-arqueológico (R. T. V.).— Fr. Justo 
Cuervo: Obras de Fr. Luis de Granada (A. M. B.).— D. Joaquín //d- 
i^añasy La Rúa: Los Rufianes de Cervantes: Kl Rufián dichoso y 
el Rufián viudo (A. P. y M.).— Maurice Kuffcrath: Biblioteca de 
Filosofía y Sociología. Músicos y filósofos: Vagner, Nieische, Tols- 
loi (S. B.). — b. Pascual San\y Barrera: Monografía y restauración 
de la Catedral de la Seo de IJrgel (S. B.\— Jobn D. Fit\-Gerald: 
Vcrsification of ihe «Cuaderna via* as fouud in Berceo's «Vida de 
Santo Domingo de Silos» (A. P. y M.).— M. D, D.: Resumen gráfico 
de la historia del arte: Arquitectura, Escultura, Pintura (S. B.). — 
José García del Moral: Galería de escritores médicos montañeses 
(L. M.). — Luis del Arco: Guía artística y monumental de Tarra- 
gona y su Provincia (L. H.). . . . • 466 

XI. — Variedades: Las ruinas de Numancia. España: Madrid. Francia. 

. Italia. Suecia. Túnez 466 

XII.— Bibliografía: Libros españoles, por A. Gil Albacete. — Libros 
extranjeros, per R. de Aguirre. — Revistus españolas, por R. de 

Aguirrk. — Revistas extranjeras, por L. SAUTAtAA^nlA 477 

, XIII. — En honor de Menénde%, y Pelayo :....'.. 491 

Xrv.— Sección oficial y de noticias 493 

LÁMINAS sueltas: VIL Privilegio de venta de los Tercios Reales de San (jalindo 
al Marqués del Zeneic.— VIII. Don Pedro de Valencia.— IX. Estatua erigida 
en Villadiego al P. M. Fr. Enrique Flórez. * 
Pliego 33 del Catálogo de los manuscritos que pertenecieron á D. Pascual de Ga^ 

yangos, por Pedro Roca. 
Pliegos i y 2 del Catálogo de la colección de Dibujos originales de la Biblioteca 

Nacional, por Ángel M. de Barcia. 
Pliegos i y 2 del Catálogo de la librería del Cabildo toledano (Segunda parle. Im- 
presos). 



REVISTA 



DE 



ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 



Año X. — Noviembre y Diciembre de 1906. — Núms. 11 y 12. 



2 
I 

•:i 
SEGÚN LA CORRESPONDENCIA OFICIAL í 



ESPAÑA EN EL CONGRESO DE VIENA 

SEGÚN LA CORRESPONDENCIA OFICIAL 
DE D. PEDRO GÓMEZ LABRADOR, MARQUÉS DE LABRADOR 



(Continuación) '. 

% 

Vi í 



LA reconstrucción del orden social^ la regeneración del sistema político 
de Europa, la paz duradera sobre la base de una justa repartición de 
tuerzas, fueron las frases de que se valieron los Gabinetes europeos 
para tranquilizar á los pueblos y para dar al Congreso de Viena un aire de 
dignidad y de grandeza: su verdadero objeto fué el reparto entre los vence- 
dores de los despojos del vencido,^ Así lo dice clara y acertadamente Fe- 
derico de Gentz, quien, como Secretario de la ilustre Asamblea y hombre 
de toda la confianza de Metternich^ tuvo hartos motivos para saberlo % y 
en análogos términos escribía á San Carlos nuestro Embajador cuando 
empezó á enterarse del papel que le estaba reservado en el Congreso: «Las 
tres Potencias del Norte hicieron á la Europa en el Tratado de París mag- 
níficas promesas de equilibrio, restablecimiento de los principios del dere- 
cho de gentes, de un sistema, en fin, enteramente contrario al que la Fran- 
cia revolucionaria había introducido; pero ahora hallan que, si han de 
cumplir su palabra, no podrá la una aplicarse todo el Gran Ducado de Var- 

I Véase el número anterior. 

9 Memoria de 12 de Febrero de i8i5. 



3* BPOCA.—TOMO XV 



22 



338 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

sovia, usurpar la otra la Sajonia y la tercera saciar su ambición en Ita- 
lia. Es ya tarde para impedir que tenga lugar el Congreso, y tratan de 
hacer que sea una reunión de pura ceremonia que apruebe lo que en la 
obscuridad de sus conferencias particulares traten entre sí los Plenipoten- 
ciarios de las tres. Por fortuna, no tienen el talento necesario para llevar 
adelante su plan, y cada paso que dan es una nueva torpeza» '. Y en otros 
despachos decía: «Es tan seguro que la Rusia, la Prusia y el Austria tra- 
tan, no de dar la tranquilidad á la Europa, poniendo en práctica los prin- 
cipios anunciados en el Tratado de París, sino de engrandecerse, sin pa- 
rarse en la legitimidad de las adquisiciones, que apenas pueden disimular 
sus Plenipotenciarios su sentimiento por haberse comprometido en que 
haya un Congreso, y todas las dilaciones para abrirlo son efecto del deseo 
de ponerse de conformidad en la repartición y hablar después como de 
cosa ya ajustada, que es precisamente el método de Napoleón Bonaparte, 
cuya ambición y sistema han heredado los que se unieron para derri- 
barlo» *. «Todo lo anunciado en el Tratado de París y en nuestra decla- 
ración son meras frases con que entretener á los poco reflexivos. El Aus- 
tria, la Rusia, la Prusia, y á su imitación otras Potencias, miran la reunión 
de Plenipotenciarios en Viena como una ocasión de ponerse de acuerdo 
los más fuertes para dividir entre sí los países ocupados previamente por 
sus tropas, ó para despojar, si es necesario, á los Soberanos que tienen 
menos medios de resistencia; es decir, en suma: que la Europa sigue 
afligida de la misma dolencia que la ha atormentado desde la Revolución 
francesa. La ambición de la mayor parte de los Gabinetes y las torpezas 
de algunos Ministros hacen del supuesto Congreso de Viena un caos de 
pretensiones complicadas, y no hay esperanza de que tenga el feliz resul- 
tado de asegurar por mucho tiempo la tranquilidad general» 3. 

No nos proponemos referir por menudo las negociaciones á que dio 
lugar en Viena el reparto de los despojos napoleónicos, ni hemos de repro- 
ducir tampoco todas las reflexiones y lamentaciones que sugirió á nuestro 
Plenipotenciario. De la correspondencia de Labrador sólo hemos de tomar 
aquello que, refiriéndose á las negociaciones en que no estuvimos directa- 
mente interesados, ofrezca alguna novedad, y cuanto sirva para darnos á 
conocer la conducta de nuestro Embajador en los asuntos que fueron ob- 

1 Despacho núm. 204, de % de Noviembre de 1814. 

2 Despacho núm. 191, de 12 de Octubre de 1814. 

3 Despacho núm. 280, de 28 de Febrero de i8i.*>. 



ESPAf^A EN EL CONGRESO DE VIENA 



339 



jeto preferente, y casi pudiéramos decir exclusivo de su misión en Viena. 
Pero antes de penetrar, guiados por Labrador, en las honduras misterio- 
sas de nuestra desafortunada diplomacia, hemos de exponer en pocas pala- 
bras, y para la mejor inteligencia de los despachos y Reales órdenes que 
han de servir de base á nuestra historia, cuáles fueron las cuestiones prin- 
cipales sometidas á la deliberación de los aliados, cuál la actitud de los di- 
ferentes Gobiernos y cómo la inter/ención de un elemento, en un principio 
extraño y aun molesto, logró modiñcar acuerdos que parecían definitivos 
y romper, siquiera temporalmente, alianzas que se tenían por inquebran- 
tables, facilitando el pac(fíco arreglo de los más pavorosos problemas. 
Este elemento fué la vencida Francia, personificada en Talleyrand. 

La primera cuestión que, ya en París, apenas ajustadas las paces, puso 
en peligro las buenas relaciones entre los aliados, fué la de Polonia. Pres- 
cindiendo de lo convenido en 181 3 con la Prusia y el Austria, en los Tra- 
tados de Kalisch, Reichenbach y Toeplitz, respecto al reparto del Gran 
Ducado de Varsovia, pretendía el Emperador Alejandro erigirlo en Reino 
é incorporarlo como tal á su Imperio. No se trataba de reconstituir el an- 
tiguo Reino de Polonia bajo el cetro de un Gran Duque ruso, según el 
primitivo pensamiento del Emperador, sino de llevar los límites de Rusia 
más acá del Vístula, haciendo que el Imperio tenido por asiático se con- 
virtiera por medio de la Polonia en europeo. Este engrandecimiento deja- 
ba sin fronteras militares al Austria y á la Prusia y abría á los rusos 
tanto el camino de Viena como el de Berlín; pero, lejos de repugnarlo los 
prusianos, contaba Alejandro con el resuelto apoyo de Federico Guiller- 
mo, á quien habia prometido, á cambio de las provincias polacas, todo el 
Reino deSajonia y alguna otra compensación por la parte del Rhin. La 
amistad de los dos Soberanos, cimentada en los campos de batalla por co- 
munes reveses y victorias, constituía la base más firme de la alianza ruso- 
prusiana, que no lograron romper ni quebrantar, aunque lo intentaron 
Castlereagh, Metternich \ Talleyrand. Y tan estrecha como la amistad de 
ambos Soberanos era la relación entre las dos cuestiones en que habían 
puesto todo su empeño, hasta el punto de que la solución de la una pre- 
juzgaba desde luego la de la otra. El Austria, per su parte, no podía ver 
con buenos ojos este engrandecimiento de sus dos vecinos, á cuya merced 
iba á quedar Viena; pareciéndole insuficiente compensación los Estados de 
Italia, que eran la presa destinada al águila imperial. En cuanto á Ingla- 
terra, hallábase Lord Castlereagh en una situación sumamente difícil. Es- 



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340 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

taba resuelto á oponerse á que Rusia se extendiera aquende el Vístula y, 
sobre todo, á que llevara sus fronteras hasta el Ader; pero, al propio 
tiempo, fomentaba la ambición de Prusia para que pudiera ésta servir de 
contrapeso al Austria en Alemania y de dique á la Europa centra! contra 
las posibles invasiones de Francia por un lado y de Rusia por otro. Este 
propósito, que le había movido á unir bajo el cetro del Príncipe de Orange 
pueblos tan discordes como el belga y el holandés, le había hecho también 
consentir en la anexión del Reino de Sajonia á Prusia, sin percatarse de 
^ que con esta anexión favorecía los planes del Emperador Alejandro, y sin 

t cuidarse de los demás Reyes y Príncipes alemanes que á voz en grito pro- 

¥ , testaban contra tamaña iniquidad. Tal era la sit lación de los aliados 

\ cuando llegó á Viena Talleyrand con el encargo de evitar que la Polonia 

entera cayera en manos de Rusia y que adquiriese Prusia la Sajonia, por 
lo menos en su totalidad. Comprendiendo Talleyrand, como lo compren- 
't día también Metternich, que Castlereagh corría derechamente á un fraca- 

so, y que únicamente este fracaso podría hacerle renunciar á la idea á que 
se había aferrado con británico tesón, lejos de tratar de convencerlo, le 
dieron alas en su campaña contra Rusia, y mientras Castlereagh combatía 
el engrandecimiento de Rusia y favorecía el de Prusia, Talleyrand se opo- 
nía al sacrifício de Sajonia y se desinteresaba de la suerte de Polonia, no 
ocultándosele que sus esfuerzos, tan infructuosos en este punto como los 
de Castlereagh, habían, sin embargo, de servirle para separar á Inglate- 
rra de Prusia, al par que de Rusia, y para hacerla buscar el apoyo de Aus- 
tria y de Francia, á fín de resistir los ambiciosos planes de rusos y pru- 
sianos. Y así nació la alianza por Talleyrand concebida, y asi se fírmó 
el 3 de Enero de i8i5 el Tratado secreto, á que se adhirieron la Baviera, 
el Hanover y los Países Bajos, y del que no tuvo Labrador la menor noti- 
cia ni sospecha. Y tan bien guardado estuvo el secreto, que sólo llegó á 
conocerlo el Emperador Alejandro cuando, á punto de salir de Viena para 
ponerse al frente de sus ejércitos, trájole el Encargado de Negocios de Ru- 
sia en París, Butiakin, el ejemplar que Napoleón le enviaba para que pu- 
diera apreciar el Zar la lealtad de su aliado austriaco >. Mas si no se hi- 
cieron públicos los términos del Tratado, el acuerdo á que habían llegado 
ingleses, austriacos y franceses fué en las conferencias evidente y obligó á 

X Reinhardt escribía á Talleyrand desde Bruselas, el 28 de Marzo de i8i5, que sentía no ha- 
berse llevado los Tratados del 3 de Enero, que eran los únicos papeles de la Cancillería que po- 
dían traer consecuencias. 



ESPAÑA EN EL CONGRESO DE VIENA 841 

ceder, mal de su grado, á rusos y prusianos, quienes, después de un vergon- 
zoso regateo respecto al número de almas que habían de adjudicarse mu- 
tuamente, vinieron á un arreglo, dejando Rusia el Ducado de Posen en 
manos de Prusia, para que ésta se contentara con una tercera parte de la 
Sajonia. Así terminó aquella laboriosa negociación que estuvo á punto de 
perturbar la paz de Europa, apenas conseguida. : 

Cuando llegó á Viena Labrador, el 17 de Septiembre, encontró allí á ' 

los Plenipotenciarios de las Potencias aliadas, que aguardaban, según de- 
cían, i Talleyrand para dar principio á los trabajos del Congreso; ha- 
biendo convenido nuestro Embajador en la primera conferencia que cele- 
bró con Metternich el dia 19, en que los asuntos fuesen discutidos por las 
seis grandes Potencias, es decir, por los cuatro aliados con Francia y Es- ^ 

paña, y sometidos después á la aprobación del Congreso ^ Pero tres días 
después, la víspera de la llegada de Talleyrand, reuníanse Metternich, 
Nesselrode, Castlereagh, Hardenberg y Humboldt, y no ya verbalmente, ; 1 

como Talleyrand creía, sino en la forma solemne de un protocolo, por h 

ellos suscrito, declaraban que la disposición de las provincias conquista- "n 

das correspondía á las Potencias i cuyo esfuerzo se debía la conquista, y f | 

que sólo cuando hubiese recaído un perfecto acuerdo sobre la distribución ^ j 

territorial del Ducado de Varsovia, de la Alemania y de la Italia, entrarían ^ 

en conferencia con las otras dos Potencias, Francia y España. De este pro- *'Í 

tocólo logró Labrador ver y hacer ver á Talleyrand un ejemplar á media- ;^ 

dos de Mayo, y al participárselo á Cevallos, le decía: 4<Yo pienso no hacer ^ 

caso del casual descubrimiento de esta iniquidad, si en los asuntos de Ita- 
lia prescinden de su pacto secreto; pero si intentasen hacerse los dueños de 
la negociación y llamarnos á aprobar ó desaprobar lo que sus cuatro Po- 
tencias hubieren convenido, el conocimiento de su secreto y la amenaza 
de descubrirlo á la Europa serán en mis manos un arma que los forzará á 
lo que no alcanzan la razón y la justicia cuando se trata de Gabinetes co- ''fi 

r rompidos» *. 

Vana resultó, sin embargo, la amenaza de Labrador, puesto que el 
protocolo se hizo, á poco, público, sin el menor escándalo, protesta ni aun 
soVpresa por parte de la Europa, y sin que nuestro Embajador pudiera 
hacer uso ni sacar provecho de aquel arma terrible que una feliz casuali- 

1 Despacho núm. 167, de 23 de Septiembre de 1814. 

2 Despacho núm. 292, de 14 de Marzo de i8i5. La resolución, de letra de Cevallos, dice: 
Visto. Vello modo de hacer el contraste con la moral de Napoleón. 



w,?! 



342 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

dad había puesto en sus manos y con la que pensaba imponerse á los co- 
rrompidos Gabinetes de Londres y de Viena, de San Petersburgo y de 
Berlín. 

El 3o de Septiembre acudieron Talleyrand y Labrador á una reunión 
á que fueron invitados por Metternich en su nombre y en el de sus cole- 
gas de Rusia, Prusia é Inglaterra. En esta reunión, de laque hallamos en 
la correspondencia de Talleyrand con Luis XVIII un amenísimo relato, 
lució su ingenio el Plenipotenciario francés y su acritud el nuestro, y tras 
prolija discusión no se l]egó á ningún acuerdo, aunque se mostraron dis- 
puestos los aliados á admitir á sus juntas á los representantes de Portugal 
y de Suecia, como firmantes del Tratado de París '. 

Esto dio lugar á que al día siguiente dirigiese Talleyrand una Nota á 
los cinco Plenipotenciarios manifestándoles la conveniencia de que las 
ocho Potencias signatarias del Tratado de París formasen una Comisión 
directiva y organizadora del Congreso. Produjo esta Nota el peor efecto á 
los aliados, que hubieran deseado que el Príncipe de Talleyrand la reti- 
rase y dejase en su lugar un apunte ó memoria confidencial, y habiéndo- 
sele encargado á Labrador que le hiciera esta propuesta, quedó Talley- 
rand en que, si bien no podía retirar la Nota formalhiente, porque tanto 
él como Labrador la habían ya comunicado á sus respectivos Gobiernos, 
se la tuviese por un simple borrador, que no exigía contestación ^. Discu- 
tióse también en la sesión del 5 de Octubre un proyecto de Lord Castle- 
reagh para que se aplazase la reunión del Congreso hasta que pudiesen 
ser sometidos á su deliberación los puntos pendientes de arreglo por parte 
de los Gobiernos interesados. 

Después de dos días de descanso, motivado por las fiestas con que el 
Emperador de Austria procuraba entretener los ocios de sus augustos 
huéspedes, reuniéronse el 8 de Octubre los Plenipotenciarios de las ocho 
Potencias, acordando aplazar la apertura del Congreso hasta el i.** de No- 
viembre y publicar un Manifiesto, cuya redacción dio lugar á vivas dis- 
cusiones y á un tremendo alboroto por haber propuesto Talleyrand, se- 
cundado por Labrador, que se dijese que el Congreso se abriría conforme 
á los principios del derecho público, frase que desató la cólera de los pru- 
sianos y que, por superfina, rechazaron los demás. «Si fuera posible reco- 
ger cuanto dijeron y publicarlo— escribe Labrador — , la Europa se admi- 

1 Despacho núm. 178, de 3 de Octubre de 1814. 

2 Despacho núm. 183, de 7 de Octubre de 1814. 



ESPAÑA EN EL CONGRESO DE VIENA 3^3 

raría de que los Gabinetes de las principales Potencias se hallasen en ta- 
les manos, y los autores cómicos tendrían abundante materia para sus 
composiciones» '. 

La conducta de Labrador, que, á pesar del tono despectivo con que de 
Talleyrand nos habla en sus despachos, frecuentaba la casa y trato del 
francés en busca de noticias y consejos, y con él se mostraba siempre de 
acuerdo en las juntas de Plenipotenciarios, atrájole las censuras de sus co- 
legas del Norte, y aun el mismo Emperador Alejandro, al recibir de ma- 
nos de Labrador el Toisón de oro, le dijo que quería hablarle como sol- 
dado y no como político: que la Francia había sido la enemiga terrible de 
la España y de la Rusia y demás Potencias nuestras amigas, y así era me- 
nester que caminásemos de acuerdo con ellas y no nos allegásemos tanto 
á los franceses. Este lenguaje era el mismo que más de una vez había oído 
usar á los Plenipotenciarios ruso y prusiano, que querían se mantuviese, 
después de hecha la paz con la Francia, la misma disposición hostil que 
antes de firmarla 2. 

Mientras aparecíamos tan estrechamente unidos á los franceses en 
Viena, siguiendo Labrador en todo á Talleyrand, adoptando sus ideas y 
hasta repitiendo sus discursos 3, por lo que pudo Talleyrand decir con 
cierta ironía en sus Memorias que se honraba en haber hecho causa co- 
mún con Labrador en las deliberaciones del Congreso 4, surgió en París 
un incidente que estuvo á punto de producir una completa ruptura diplo- 
mática entre el Gabinete de Madrid y el de las TuUerias. Fracasado el 
intento de apoderarse de la plaza de Pamplona, refugióse en Francia Es- 
poz y Mina, y habiendo llegado, por un raro accidente, á noticia de nues- 
tro Encargado de Negocios el Conde de Casa Flórez, que el rebelde gue- 
rrillero se hallaba en una posada de París, acompañado de otros españo- 
les, sus probables cómplices, lo hizo prender junto con ellos, valiéndose 
de un Comisario de policía, sin contar con el Gobierno francés, aunque 
con protesta de hacerlo ^. Esta arbitraria detención, hija de un exceso de 
celo y de ignorancia de Casa Flórez, hirió profundamente á los franceses, 
y los que más irritados se mostraron fueron los Príncipes de la sangre, 
sobrinos del Rey, y especialmente el Duque de Berri, de suyo violento y 

1 Despacho núm. 184, de 11 de Octubre de 1814. 

2 Despacho aúm. 190, de 12 de Octubre de 1814. 

3 Thiers: Histoire du Consulat et de rEmpire, tomo xviii, pág. 461. 

4 Talleyrand: Mémoires, tomo 11. pág. 279. 

5 Noia de Cevallos á Jaucourt, de 2 de Noviembre de 1814. 



344 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

precipitado, los cuales, en el Consejo de Ministros por el Monarca presi- 
dido, hicieron que triunfase la pasión sobre la prudencia. A Mina, puesto 
en libertad, se le expulsó de Francia, y otro tanto se hizo con Casa Fló- 
rez, entregándole sus pasaportes, en vez de haber pedido, como propuso 
Jaucourt, que el Gabinete español retirase á su Encargado de Negocios K 
Grande fué la indignación de Fernando VII y de sus Ministros cuando 
llegó á sus oídos la expulsión de Casa Flórez, motivada por un acto que 
merecia, á juicio del Monarca español, plácemes y recompensas, y que se 
L ajustaba además á los principios del derecho de gentes, que en punto á 

^'- extradición de criminales venía rigiendo desde el tiempo de los Macabeos, 

fl según lo demostraba Cevallos con gran copia de textos latinos en una eru- 

dita Memoria que hizo gemir á Labrador cuando de ella le dio lectura 
Talleyrand *. Suspendió su viaje á París, que ya tenía dispuesto el Conde 
de Peralada, Embajador nombrado cerca de S. M. Cristianísima, y se en- 
tabló una embrollada negociación que duró varios meses y que terminó 
¡ gracias á la evasión de Napoleón de la isla de Elba, y no á entera satis- 

facción del Gobierno español, pues éste pretendía que fuera recibido Casa 
F FIórez por el Monarca francés en audiencia de despedida antes de que el 

nuevo Embajador presentase sus credenciales, y sólo consintió Luis XVIII 
I en recibir á Casa FIórez después de Peralada. 

! A las quejas de la Corte de Madrid por el proceder del Gobierno fran- 

' cés en el asunto Casa FIórez juntáronse otras por el insuficiente apoyo que 

los Plenipotenciarios franceses prestaban al nuestro en Viena, quejas que, 
transmitidas primero por el Encargado de Negocios en Madrid Conde 
d'Agoust 3 y después por el Embajador Príncipe de La val 4, pusieron en 
gran aprieto á Labrador cuando se las leyó Talleyrand, en presencia de 

1 Jaucourt: Correspondance avtc le Prince de Talleyrand pendant le Congrés de Vienne 
págini 48. 

2 Talleyrand: Correspondance avec Louis XVIII, pág. 222. 

3 «Le Ministre (Cevallos) s'est piaint du peu d'assistance que le Prince de Talleyrand 
prétait á Mr. de Labrador: i I m'a repété, méme [plusieurs fois, que la France n'avait pas encoré 
demandé le rétablissement de la Maison de Bourbon sur le trdne de Naples; que l'Espagne ne 
pouvait pas étre chargée teule de toute la résistance cnntre les protecteurs de Murat.» Carta del 
Conde d'Agoust, de 5 de Diciembre de 1814. 

4 «El Príncipe de Talleyraad me ha leído un despacho de ofício en el que le comunican de 
París, con fecha 4 del corriente, que V. [£. ha dicho al Principe de Laval, Embajador de S. M 
Cristianísima en esa Corte, que escribían á V. E. de Viena que los Plenipotenciarios franceses en 
el Congreso se mostraban indiferentes sobre la suerte de las ramas de la augusta familia de 
Borbón, desposeídas de sUs Estados de Italia, y, particularmente, sobre la restitución del reino 
de Ñapóles á su legítimo soberano. El despacho concluye diciendo que, si yo escribo de esta ma- 
nera, es claro que no estamos de acuerdo los Plenipotenciarios de S. M. Cristianísima y yo.» 
Despacho de Labrador núm. 27.% de 13 de Febrero de i8i5. 



r 



! 



¡deas y sobra de presunción; habló largamente, hablaron otros, y queda- 
mos, al fin, en que, en vez de formarse Comisiones, se formasen reuniones 

1 Real orden de 9 de Marzo de i8i5. 

2 Despacho QÚm. 2or, de i.° de Noviembre de 1814. 



ESPAÑA EN EL CONGRESO DE VIENA 345 

algunas personas, con la seguridad que debía darle el que no había en 
Viena quien no supiese con evidencia que, asi él como los demás Plenipo- 
tenciarios franceses, ocultaban poco su empeño de que todos los Borbones 
ocupasen sus tronos. cPuede V. E. considerar— -escribía Labrador— con 
cuánta sorpresa y mortificación oí leer el despacho en ^ue se dice que , 

á V. E. le escriben de Viena lo contrario.» A lo que contestó Cevallos: -'t 

«Es cierto que la indiferencia de los Plenipotenciarios franceses en los in- << 

tereses de las ramas de la Casa de Borbón en Italia ha corrido aquí muy -^i 

válida por diferentes caudales y muy autorizados; pero también lo es v 

que S. M. no ha dado crédito á semejante especie por estar en oposición \j 

con las noticias oficiales que V. E. tiene comunicadas. Bajo de este su* . 'J 

puesto, y para su satisfacción, puede V. E. asegurar al Príncipe de Ta- j 

lleyrand que sólo en este sentido y no en otro se ha podido hablar aquí de í 

tal noticia)^ K í 

Seguían entretanto en Viena las reuniones de los Plenipotenciarios sin i|| 

otro objeto que el de ganar tiempo para la reunión del Congreso, aunque, i¡ 

al parecer, se perdiera en nimias y baldías deliberaciones. Así sucedió en 
la sesrón del 3o de Octubre, en la que sólo se acordó publicar un aviso .;' 

relativo al examen de los plenos poderes, dejar para lo último las cuestio- >j 

nes de precedencia y confiar la presidencia del Congreso al Plenipoten- tV'i 

ciario austríaco, Príncipe de Metternich. A esta conferencia asistieron por {^ 

primera vez el representante de Suecia y los de Portugal, cuyo número 
pareció tanto más extraño, cuanto que Saldanha de Gama venía del Bra- i 

sil y Lobo, de Suecia, no teniendo otra pretensión que el oponerse á la abo- 
lición de ia trata de negros y pedir la restitución de Olivenza, que creían 
era el primer punto en que debía ocuparse el Congreso 2. 

El 2 de Noviembre se reunieron de nuevo, y el Príncipe de Metternich 
se empeñó en probar que el Congreso no podía dividirse en Comisiones, 
como proponíaTalleyrand, porque entonces los Plenipotenciarios no obra- lá 

rían por propio derecho, sino como delegados del Congreso, y éste deli- li- 

beraría sobre lo que le propusieran^ lo cual no podía admitirse, pues no ^^ 

era una asamblea deliberante. «No molestaré á V. E.— estribe Labrador— í 

con la fastidiosa relación de sus raciocinios, fundados todos en falta de ^^ 



1: 



i 



i 



346 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

de negociaciones^ que fué la frase ridicula que pareció al referido Príncipe 
más adaptada y menos expuesta á malas interpretaciones. Si en las rela- 
ciones que hasta ahora he remitido de nuestras conferencias hay tantas 
puerilidades y tan pocas cosas dignas de un Congreso es porque la ma- 
yor parte de los que lo componen, ó no son capaces de más, ó porque, de- 
fendiendo malas causas tienen, á falta de razones, que recurrir á disputas 
de palabras. Por mi parte me he propuesto guardar un profundo silencio 
mientras las necedades que se digan no perjudiquen á los derechos que 
estoy encargado de reclamar, y como hacen otro tanto los Plenipotencia- 
rios más cuerdos, son regularmente los más incapaces los que hacen más 
largos discursos» «. 

Aceptada en principio y en cuanto al procedimiento la autoridad de las 
ocho Potencias signatarias del Tratado de París, convínose al fin en que 
aquellas directa ó principalmente interesadas en las grandes cuestiones 
territoriales de las dos regiones en que podía considerarse dividida la Eu- 
ropa, formarían las Comisiones encargadas del estudio y solución de estos 
problemas. Asila Comisión del Norte, á la que tocaba decidir, no sólo la 
cuestión de Polonia y de Sajonia, sino las referentes á otros países, como 
el Hanover, los Países Bajos, la Dinamarca, la Suecia, se compuso de los 
Plenipotenciarios de las cuatro Potencias aliadas, y en ella se dio después 
'jirirada al de Francia. Los asuntos del ¡Vlediodía, ó sean los de Italia, in- 
ícresaban al Austria en primer término, y á España y Francia por las 
TL^clamaciones de estas dos últimas respecto á los Estados de Parma y al 
Reino de Ñapóles; por lo que formaron parte de la Comisión correspon- 
diente los Plenipotenciarios de estas tres Potencias, y además los de Ingla- 
terra y Rusia, á título de mediadores. Nombráronse también Comisiones 
para los asuntos de Suiza, para el de la libertad de la navegación fluvial y 
para el de la extinción del comercio de negros. 

Veamos ahora cuál fué la política en que se inspiró el Gabinete de 
.Madrid y cuál la conducta de su representante en Viena durante las lar- 
^:i^ y prolijas negociaciones que cristalizaron en el Acta final del famoso 
Congreso. 

Ya desde París había pedido Labrador instrucciones, que no se le die- 
ron, respecto á la actitud que debía observar en la cuestión polaca, y como 
éíiía había de ser la primera de que se trataría y la que ofrecería mayores 

■ Despacho núm. 204, de 3 de Noviembre de i8u. 



f 



ESPAÑA EN EL CONGRESO DE VIENA 847 

dificultades, aunque no fuese, en este punto, directo el interés de España, 
insistió de nuevo nuestro Plenipotenciario, apenas llegó á Viena, en la con- 
veniencia de que se le comunicara la voluntad del Rey ', y así lo hizo Ce- 
vallos en los siguientes términos: «Aunque nuestras relaciones con res- 
pecto á la Polonia y á su suerte no obliguen á que la España tome una 
parte activa ni eficaz, los deseos del Rey nuestro señor de estrechar su 
alianza con la Rusia y de que las dos naciones se apoyen recíprocamente 
en sus intereses mueven á S. M. á prevenirme que encargue á V. E. muy 
particolarmente que, no sólo no contradiga las pretensiones de la Rusia 
sobre este particular, sino que con la prudente precaución que exige la 
materia, para no dar celos á otras naciones ni llamar demasiado la aten- 
ción de sus representantes en el Congreso, coopere V. E. á ellas, con es- 
pecialidad si se trata de un modo significante de establecer como Rey de 
Polonia á un Gran Duque de Rusia. S. M. fía del talento de V. E., no me- 
nos que de su penetración y tino político, que sabrá conducirse en este 
delicado encargo de una manera tal, que haciéndose el lugar que desea 
S. M. con la Corte de Viena, no desobligue á las demás naciones, con par- 
ticularidad á la Francia y á la Inglaterra, con quienes debe la España, no 
sólo no chocar, mas también conservar la mejor armonía, guardando en 
su caso la consideración que á estes Potencias se las debe, y procediendo, 
en cuanto las circunstancias lo permitan, de acuerdo con ellas. Con este 
objeto no perderá V. E. de vista el influjo del Príncipe de Benevento so- 
bre lo que ya se halla V. E. prevenido de antemano. El pensamiento de 
S. M. de estrechar por vínculos de sangre con la Corte de Rusia, en cuyo 
misterio está V. E., empeña decididamente á interesarse en favor de esta 
augusta familia y á encargar igualmente á V. E. que, aprovechándose de 
las ocasiones que en el día se le podrán presentar, dé algún paso opor- 
tuno sobre este importantísimo y urgente asunto, en el que, por la falta 
de la correspondencia de Bardají, ignora S. M. lo que se haya adelantado y 
en qué estado se halla. V. E., cuya actividad tiene bien conocida S. M., cui- 
dará de proporcionar, con la reserva que le caracteriza, todos los medios 
de enterarse de lo que haya y de aclararlo, é informará á S. M. reserva- 
damente de cuantas noticias adquiera, pues las desea y le conviene saber- 
las lo más pronto posible. Si lo cree V. E. necesario, despachará un correo 
á Bardají para que le instruya de sus pasos, y, por último, nada omitirá 

I Despacho núm. 167, de 23 de Sepliembrc de 1814. 



' .P iJ» K. I 



348 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

para dar expedición á esta negociación y saber su estado, en el supuesto 
de que esta es la voluntad de S. M.» '. 

Antes de que le fuera ésta conocida á Labrador, escribía en 29 de Sep- 
tiembre, que de la cuestión de Polonia dependía el arreglo de los puntos 
principales, y que, por lo tocante á nosotros, sería de desear que la Rusia 
no adquiriese más y que la Sajonia se conservase independiente; pero que 
era difícil, que ni aun con el auxilio de la Francia pudiéramos inñuir po- 
derosamente en ambos particulares, y nuestro principal fin, si no se le or- 
denaba otra cosa, debía ser que lo que se conviniera entre los principales 
interesados no perjudicase á la restitución de Ñapóles al legítimo Sobe- 
rano, ni á la de Toscana, ó un perfecto equivalente, al Rey de Etruria 2. 

Y pocos días después, al manifestar la evidencia del proyecto de agre- 
gar la Rusia á su Imperio el Ducado de Varsovia y de apoderarse la Pru- 
sia de la Sajonia, al que no se opondría el Austria si le prometían algún 
territorio en Italia, encarecía la necesidad de conocer en este punto el 
pensamiento de S. M. c(El Plenipotenciario francés está resuelto á opo- 
nerse particularmente á la usurpación de la Sajonia, y yo me hallaré en 
una situación sumamente delicada, pues si reúno mis esfuerzos con los 
suyos, se arriesgará que la Rusia y Id Prusia abandonen la justa causa de 
las Casas de Sicilia y de Parma, y si me presto á la usurpación de la Sa- 
jonia, desmentiré con hechos los principios de la legitimidad y de la justi- 
cia que nos han hecho triunfar de los ejércitos y de las tramas del Atila 
corso. Se hace, por lo tanto, necesario que V. E. me diga cuál es la vo- 
luntad del Rey nuestro señor en cuanto al engrandecimiento de la Rusia 
en Polonia y de la Prusia en Sajonia, pues en punto de tal importancia, 
sin terminante resolución del Soberano, no es posible que un negociador 
acierte á desempeñar su comisión. Si el Plenipotenciario inglés obrase de 
concierto conmigo, con el de Francia y con el de Portugal, para sostener 
la razón y las reglas del derecho público, podríamos luchar con ventaja; 
pero, ó se muestra indeciso, ó se inclina al Austria. En cuanto al Pleni- 
potenciario sueco parece partidario de la Rusia» 3. 

A este despacho contestó Cevallos con ambigüedades y distingos que, 
no sólo atenuaban, sino que, en cierto modo, desvirtuaban las instruccio- 
nes que respecto á la alianza con Rusia se le habían comunicado en 9 de 

1 Real orden de 9 de Octubre de 1814. 

2 Despacho núoa. 176. 

3 Despacho núm. igr, de 12 de Octubre de 1814. 



ESPAÑA EN EL CONGRESO DE VIENA ^49 

Octubre, pues se le decía á Labrador en 3 de Noviembre: «S. M., que por 
una parte no quiere desmentir sus principios de rectitud, y que por otra, 
no debe desentenderse de los derechos de su Casa á Parma y Sicilia, ha 
creído que para conciliar estos dos importantes objetos, sin comprome- 
terse, es el único medio el de la conducta prudente y reservada que 
debe V. E. observar cuando haya de tratarse de agregar al Imperio ruso 
el Gran Ducado de Varsovia y áe indemnizar á la Prusia, de lo que en 
esto pierde, con la Sajonía. Ningún empeño conocido debe manifes- 
tar V. E. en este caso; pero, sin declararse, y huyendo siempre de formar 
partido hasta el punto que se pueda decorosamente conseguir, trabajará 
por evitar estas escandalosas adquisiciones que, tarde ó temprano, habrán 
de turbar la paz de la Europa y tal vez subyugarla. Está bien cooperar 
bajo de estas mismas bases á la contradicción indicada ya por parte de la 
Francia, y aun sería muy oportuno interesar sobre lo mismo á la Ingla- 
terra y á la Suecia, que no pueden menos de ir acordes en estas ideas; mas 
como quien tiene el principal interés en oponerse á ellas es la Casa de 
Austria, importará muy particularmente negociar con ésta para que no 
esté pasiva ni se contente con lo poco que puede adquirir de la Italia, que j 

nunca la será de gran provecho. En fin, repito á V. E. que cualesquiera ¡ 

que sean las circunstancias en que se halle, trabaje sin comprometerse, y ] 

siempre sin apartar la mira de mantener el equilibrio de la Europa y re- ^' 

sistir una preponderancia que sea funesta.» \tí 

No se dio por enterado ni satisfecho Labrador, y aunque era grande ^^ 

su vanidad y dolíale pedir consejo, mayor era su temor de incurrir en el J 

desagrado del Rey si, obligado á declararse, ya que en lo de trabajar ca- ^ 

bía el abstenerse, no acertaba á interpretar la voluntad del Soberano, que J 

de tan diversos modos y en tan am&iguos términos le había sido comunicada | 

por Cevallos. En un principio era evidente el deseo del Rey de estrechar, i| 

hasta por vínculos de sangre, la alianza con Rusia, cuyas pretensiones en ;;i 

el Congreso no habían de contradecirse. A esta alianza rusa nunca se mos- -| 

tro inclinado Labrador, bien porque él estuviese, aunque con rebeldías ^ 

verbales, sujeto al influjo de Talleyrand, bien porque la protección que el 
Zar dispensaba á la Emperatriz María Luisa fuese el escollo en que trope- . 
zaba la restitución de los Estados de Parma á la Reina de Etruria. Que- 
jábase, además. Labrador de que el Emperador Alejandro se rodease de 
Generales ó jóvenes edecanes sin idea alguna de política ni experien- 
cia de gobierno, siendo los que trataban los asuntos el Coronel suizo La 



i 



35o HEVISIA l)K ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSKOS 

Harpc y el alemán Nesselrode, que, de Secretario que era hacía poco, de 
la Embajada rusa en París, ascendió á Ministro de Negocios extranjeros, 
y no podía, por la cortedad de su talento, tener influencia sobre el ánimo 
de S. M. I. *. Las nuevas instrucciones de Cevallos dejaron perplejo á La- 
brador, porque indicaban un cambio completo de orientación política, 
que no estaba de acuerdo con la insistencia del Rey en el punto de la ne- 
gociación matrimonial que se le había encargado promoviera, tomándola 
enteramente á su cuidado 2. Verdad es que, aunque se le encargaba que co- 
operara á la contradicción indicada ya por parte de Francia, lo que prin- 
cipalmente se le recomendaba era que trabajase sin comprometerse y sin 
declararse. Esto último era lo que á Labrador preocupaba, ante el temor 
de verse solicitado por unos y por otros y obligado á manifestar pública- 
mente su parecer en el Congreso. Acudió, pues, de nuevo y repetidas veces 
á la Secretaría de Estado en demanda de instrucciones explícitas, y como 
temiese no recibirlas, por ser punto que interesaba poco á España, insistió 
en el íntimo enlace que este asunto podía tener con los de Italia, en que 
teníamos puestos el corazón y los ojos 3. 

La insistencia de Labrador produjo el apetecido efecto, y sugirió á 
Cevallos una idea genial y peregrina: la de obtener la devolución de la 
Luisiana, para lo cual debía empezar nuestro Plenipotenciario por pedir 
la restitución de la Toscana á la Reina de Etruria: «Al ceder en este punto 
en obsequio del Austria, se recabará la mediación de esta Potencia con 
la Inglaterra, á ñn de que ésta se obligue formalmente á no hacer la 
paz con ios americanos sin que precédala entrega de la Luisiana.' Y como 
el Plenipotenciario francés se ha empeñado en que V. E. se le agregue 
en la oposición al despojo del Rey de Sajonia, exigirá V. E. por precio 
de esta condescendencia su obligación formal de obtener de los Estados 
Unidos la devolución de la Luisiana, y cuando esto no pueda ó no quiera, 
que al menos se nos entreguen los quince millones de duros en que nu- 
lamente la vendió la Francia, y los navios y millones que, además, reci- 
bió Napoleón por la Toscana. Que la condescendencia con la Casa de 
Austria en e! punto de la Toscana debe servir para desviarla del bochpr- 
noso empeño de sostener á Murat con menoscabo de los derechos del Rey 



1 Despacho núm. 192, de 18 de Octubre de 1814. 

2 Real orden de 22 de Octubre de 1814. Véase Becker: Relaciones entre España y Rusia. Un 
proyecto matrimonial. 

3 Despachos números 218 y 223, de 18 de Noriembre y 6 de Diciembre de 1814. 




ESPAÑA EN EL CONGRESO DE VIENA 



35l 



de las Dos Sicilias, y que proteste contra todo acuerdo ofensivo á dichas 
derechos. En cuanto al engrandecimiento de los Estados de Parma, que 
lo procure sin daño de tercero, y mucho menos del Romano Pontífice. 
Que procure estrechar sus relaciones con el Austria, Rusia é Inglaterra, 
sin celos de la Francia, únicamente con la mira de que ésta nos respete 
viéndonos en estrecha armonía y buena inteligencia con las Potencias qUe 
pueden enfrenarla; pero que no pase de aquí, porque los deseos del Rev 
son de añanzar una duradera paz, medio indispensable para que esta de- 
solada Nación repare sus quebrantos '. 

La ¡dea de Cevallos era ingeniosa y sutil; pero para concebirla era 
preciso prescindir por completo de la realidad de las cosas. La restitución 
de la Toscana habíala ya pedido Labrador en Nota dirigida á Metternich 
el 22 de Noviembre, con el negativo resultado que más adelante veremos, 
y en cuanto á la Luisiana, baste ahora decir que con la Real orden de 26 
de Diciembre cruzóse un despacho de Labrador que se expresaba en los 
siguientes términos: «Cuando he hablado aquí del asunto, se me ha res- 
pondido que el Congreso no se ha juntado para reparar las necedades que 
hemos hecho fiándonos del Directorio y de Napoleón Bonaparte. Por lo 
tanto, miro como asunto perdido la reclamación de la Luisiana, y sola- 
mente de.^eo que nos sirva de escarmiento para no enajenar las provincias 
de la Monarquía, ni prodigar sus tesoros, por satisfacer la pueril vanidad 
de que todas las hijas de nuestros Reyes sean Reinas, que es lo que indujo 
á S. M. la Reina María Luisa al impolítico é injusto Tratado de cambio 
de Parma con Toscana, Tratado, para decirlo de paso, que no se hubiera 
hecho si no se hubiese establecido desde el favor de Godoy el funesio sis- 
tema de tomarse las más graves resoluciones sin contar con más parecer 
que el de un Secretario de Despacho)^ 2. 

Las nuevas instrucciones señalan también otro cambio de rumbo en 
nuestra política exterior, debido probablemente al incidente^Casa FIórez. 
Ya no se trata de apoyar, por rectitud, á Francia en su oposición al des- 
pojo del Rey de Sajonia, sino que se le exigen, como precio de esta con- 
descendencia, condiciones que antes del Congreso reputaba Castlerca^h 
de imposible cumplimiento, y para hacer que nos respete Francia han de 
estrecharse las relaciones con Austria, Rusia é Inglaterra. En grave 
aprieto hubiérase visto Labrador si hubiese tenido que tomar parte activa 

1 Real ordea de 26 de Diciembre de 1814. 

2 Despacho núm. 240, de 27 de Diciembre de 1814. 



L 



352 . REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

en las negociaciones y que ajustaren ellas su conducta á las instrucciones 
que de Madrid se le enviaban; mas, por fortuna suya, nada tuvo que hacer 
y nada hizo, según de sus propios despachos y de los ajenos se desprende, 
ni nadie le pidió su parecer y su voto, en la cuestión del reparto de los 
territorios que á las Potencias del Norte principalmente interesaban. 
Y cuando la disputa acerca de la Polonia y la Sajonia parecía ya próxima 
á arreglarse, sin intervención ninguna del buen Labrador, atribuyóse 
éste, según su costumbre y á medida de su vanidad, parte decisiva en el 
arreglo, y escribió á Cevallos: «La resistencia que hemos hecho el Pleni- 
potenciario francés y yo; el amago de una protesta que publicaríamos y 
que firmarían también la Baviera, el Wurtenberg y casi todos los Prín- 
cipes de Alemania, ha hecho lo que no había podido hacer la justicia ni 
la razón. La conservación de la Sajonia se deberá á los que tienen menos 
medios y menos razones que la Inglaterra y el Austria» '. 

La respuesta fué que suscribiera, respecto á la Sajonia, el acuerdo de 
los demás y sobreseyera en la oposición que se le previno á su total des- 
pojo 2. Pero como Labrador, por otras causas, no firmó el Acta final de 
Viena, pudo con verdad jactarse de no haber contribuido á la inicua re- 
partición de la Polonia y á la atroz usurpación de un tercio de la Sajo- 
nia 3, y con no menor razón vanagloriábase Cevallos de que, si no ha- 
bíamos sacado del Congreso lo que en nuestro favor reclamaba la jus- 
ticia, habíamos conservado al menos el decoro, y líbrádonos de la 
responsabilidad de haber cooperado á los despojos dictados por la ambi- 
ción 4. 



Vil 



No fueron los asuntos del Norte, sino los de Italia, los que preocupa- 
ron al Rey Fernando VII, á suá Ministros de Estado y al Plenipotenciario 
español en el Congreso de Viena. Solicitado el Monarca con empeño por 
su hermana la desposeída Infanta Doña María Luisa, Duquesa que había 
sido de Parma y Reina de Etruria, y por su tío .el Rey de lasJDos Sicilias, 

1 Despacho múm. 229 de 14 de Diciembre de 1814. 

2 Real orden de 9 de Enero de i8i5. 

3 Despacho múm. 376, de 10 de Junio de i8i5. 

4 Real orden de 28 de Juiio de i8i5. 



Ijp.-' ^- 



ESPAÑA EN EL CONGRESO DE VIENA 



353 



de cuyo Reino de Ñapóles seguía Murat apoderado, creyó que todos los 
esfuerzos de nuestra diplomacia no debían tener otro empleo ni otro fin 
que el de acorrer á sus augustos parientes, y hacia esta meta enderezó sus 
pasos Labrador. 

Aunque era grande la confianza que éste tenía en su habilidad diplo- 
mática y en la bondad de su causa, y no menor la que le prestaba la ayuda, 
con que creía contar, de Talleyrand, por el particular interés- del Rey 
Luis XVIII en el asunto de Ñapóles, no se le ocultaba que había de trope- 
zar con dificultades, sobre las que ya había llamado Castlereagh la aten- 
ción de Fernán Núñez en París. Habíale parecido en Madrid á Labrador 
cosa muy llana, y así lo consignaron, conforme á sus indicaciones, las ins- 
trucciones de 29 de Mayo de 1814, que se pidiera á las Potencias aliadas, y 
éstas la exigieran de los Estados Unidos, la devolución de la Luisiana; 
quedando al Gobierno americano la repetición contra Francia por el pre- 
cio en que había adquirido dicha provincia: que á tal punto llegaba la can- 
didez de nuestra diplomacia. Hizo presente Fernán Núñez á San Carlos, por 
encargo de Castlereagh, que era este asunto imposible de lograr, en el su- 
puesto de que á Francia acudiéramos en demanda de la restitución del 
precio que por la Luisiana habían recibido los franceses, porque niá Cas- 
tlereagh ni á ningún diplomático en su sano juicio podía ocurrírsele que 
pretendiéramos de las Potencias aliadas que interviniesen en asunto com- 
pletamente extraño al Congreso y exigiesen de un Gobierno, que no estaba 
tampoco en él representado, la restitución de una provincia incorporada 
de hecho y de derecho á la Confederación americana, y cuyo precio se 
hallaba, además, Francia, en la imposibilidad de devolver. Por el Tratado 
de San Ildefonso de i.® de Octubre de 1800, firmado por D. Mariano Luis 
de Urquijo y el General Berthier ', cuyas estipulaciones se recuerdan en el 
de Aranjuez de 21 de Marzo de 1801, ajustado por el Príncipe de la Paz 
con Luciano Bonaparte, retrocedió España la Luisiana y entregó á Francia 
seis navios de guerra, además de unos cuantos millones, á cambio de una 
amplia indemnización, que consistió en el Gran Ducado de Toscana, eri- 
gido en Reino de Etruria y cedido en el Tratado de Lunéville por el Em- 
perador de Austria al Infante Duque de Parma, el cual no quiso consentir 
en el engrandecimiento de sus Estados á costa de los de un pariente tan 
cercano, por lo que el tratado de Aranjuez estableció en ellos á su hijo. 



I Cantillo: Colección de Tratados. Véase la nou i este Tratado, pág. 693. 

3.» ¿POCA— T«MO XT 



23 



354 REVÍSTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

menor de edad. Después de siete años de precaria existencia, fué el Reino 
de Etruria cedido de nuevo por España á Francia por el artículo 9.^ del 
Tratado de Fontainebleau de 27 de Octubre de 1807, firmado por el Con- 
sejero de Estado D. Eugenio Izquierdo y el General de división Duroc. 
Este Tratado se cumplió en cyanto á la toma de posesión de la Toscana, 
que pasó á poder de Francia, sin protesta de la Reina de Etruria, quien, en 
su nombre y en el de su hijo menor de edad, hizo saber á sus subditos, por 
edicto de 10 de Diciembre de 1807, 4"^ cesaba su gobierno y que desligaba 
de su juramento de fidelidad á la nación toscana. Mas no sucedió lo propio 
respecto á la proyectada creación del Reino de la Lusitania septentrional 
(provincia entre Miño y Duero, con Porto por capital) para la Reina de 
Etruria y el Principado de los Algarbes (Alentejo y Algarbes) para el 
Príncipe de la Paz «, que quedó sin efecto, porque á poco invadieron 
los franceses la Península y dejó de reinar en España la Casa de 
Borbón. 

Tales eran los antecedentes diplomáticos de la cuestión y los términos 
del problema planteado. No podía pedirse á Luis XVIII que cumpliera el 
Tratado de Fontainebleau y pusiera á la Reina de Etruria en posesión de 
la Lusitania septentrional, ni cabía reponer las cosas en el ser y estado 
que tenían después del Tratado de Aranjuez, que fué por Francia y Es- 
• paña fielmente ejecutado. Reconquistada por los austriacos lá Toscana, 

^ reclamábala su antiguo Soberano el Gran Duque, con mejor derecho, re- 

f' conocido por nuestro Consejo de Estado, que la Infanta María Luisa. Los 

Estados de Parma, en poder también de los austriacos, se habían adjudi- 
cado, por el Tratado de 11 de Abril de 1814, á la Emperatriz Archidu- 
quesa María Luisa. En cuanto á la Luisiana, cedida por la Francia en 
1 5 millones de duros á los Estados Unidos, no había que pensar en 
arrancarla, ni á la fuerza, ni por persuasión, de las robustas garras del 
águila americana. La Francia no podía, pues, disponer ni de la Lusitania, 
ni de la Etruria, ni de Parma, ni de la Luisiana, ni aun siquiera de los 
1 5 millones de duros, que en las guerras napoleónicas se habían malgas- 
tado. No le cabía al Rey Luis XVIII parte ni responsabilidad en el incum- 

I Falla descaradamente á la verdad Godoy en sus Memorias (redactadas por el abate Si- 
cilia) al negar su proyecto de formarse, con el auxilio de Napoleón, uo trono en los Algarbes, 
siendo mediador en estos trat«s el Embajador de España en París, Izquierdo. «Ni Izquierdo—dice 
Godoy— recibió jamás encargo mío de pedir cosa alguna á Bonaparte, ni él de su propia idea se 
adelantó á pedirle nada en mi provecho.» Pero sobre esta afirmación están los documentas origi- 
nales que desmienten á Godoy, y, sobre todo, el Tratado de Fontainebleau, cuyas ratificaciones 
se canjearon en San Lorenzo el 8 de Noviembre de 1807. 



i 






k 



ESPAÑA EN EL CONGRESO DE VIENA 355 

plimiento del Tratado de Fontainebleau de 1807, ni este incumplimiento 
traía aparejada la invalidación de pactos anteriores que habían estado en 
vigor durante algunos años. Si tenía, por consiguiente, escasas probabili- 
dades de éxito cualquiera reclamación qué se formulara para recobrar de 
la Francia la Luisiana ó los millones en que había sido cedida, menos ha- ^1 

bían de prosperar cuantas gestiones se practicaran directa ó indirectamente 
cerca de los Estados Unidos para obtener la retrocesión de aquella pro- 
vincia. Verdad era esta tan clara como la meridiana luz, é iluminado por 
ella en Viena Labrador, que había hasta entonces vivido en las tinieblas 
<Je la Primera Secretaría, reconoció el error en que ésta estaba, aunque no 
el propio, y así se lo dijo á Ceballos en despacho oñcial antes citado '. No 
fué, sin embargo, perfecta la conversión de Labrador, y todavía se le ocu- 
rrió proponer á Lord Wellington, poco después de firmado el Tratado de 
Gante, que puso término á la guerra entre Inglaterra y los Estados Unidos, 
«que aunque por él se hallase obligada aquélla á restituir á éstos la Lui- 
siana, no lo hiciese, sino que retuviese en su poder esta provincia, en aten- 4I 
ción á la falta de buena fe con que la enajenó el Gobierno francés, á que 
con la misma mala fe la adquirieron los Estados Unidos y, en fin, á que 
la Casa de Parma no podía recobrar la Toscana, por cuya adquisición se 
cedió la Luisiana» ^. 

Ofreció Lord Wellington comunicar á su Gobierno esta proposición, 0^ 

y se encargó á Fernán Núñez que la apoyara en Londres; pero cuando trató u^ 

-éste de hacerlo, pudo cerciorarse de que el Duque de Ciudad Rodrigo ..^t 

no había hecho la menor comunicación á Lord Cástlereagh, el cual se 
desentendió enteramente de ello, porque habiendo faltado del todo la ex- 
pedición contra Nueva Orleáns, se habían llamado las tropas que allí se 
hallaban 3. 

En cuanto á la restitución de Ñapóles á su legítimo soberano el Rey de 
las Dos Sicilias, asunto era éste en el que, por odio á Murat, tenía aún ma- 
yor empeño Luis XVIII que Fernando VII, y hallándose á Talleyrand 
encomendado, poca fué la ayuda que le prestó nuestro Plenipotenciario. 
La dificultad que hubo que vencer dependía del Austria, aliada á Murat 
por los Tratados de 11 de Enero y 10 de Abril de 1814, y de Metternich, 
unido por los lazos más fuertes de un antiguo afecto á Carolina Bona- 

1 Despacho núm. 240, de 27 de Noviembre de 1814. 

2 Despacho núm. 293, de 14 de Marzo de i8i5. 

3 Despacho de Fernio Núñez, núm. 692, de 31 de Mayo de i8i5 



>'' 



j56 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

parte, la esposa de Murat ». Esta debilidad del Canciller, harto común y 
disculpable entre las humanas, y una de aquellas á que, por razón de ofi- 
cio, están más sujetos los más altos, no halló indulgencia en Labrador, 
sino antes bien aprovechó tan propicia ocasión para empuñar la palmeta 
que se complacía en esgrimir con más frecuencia que motivo. «Quien no 
conozca personalmente á Metternich —escribía nuestro Plenipotenciario- 
no podrá creer que haya un hombre público puesto al frente de un Minis- 
terio de tanta importancia y tan colmado de favores y distinciones por su 
Soberano, que sea tan poco delicado en su manera de pensar, que por 
antiguas conexiones proteja á un usurpador, cuñado de Napoleón Bona- 
parte, contra el legítimo Soberano, que tantos vínculos de parentesco tiene 
con el Emperador de Austria» 2. Pero Metternich, que conocía muy bien 
á Murat, sabía que éste cometería, más tarde ó más temprano, la irrepa- 
rable torpeza, y cuando así sucedió y pudo el Austria desligarse de los 
compromisos contraídos por el Tratado de 1 1 de Enero, firmó en 29 de 
Abril de i8i5 un convenio con el Rey de las Dos Sicilias, por el cual, con- 
quistado que fuera el Reino de Ñapóles, se obligaba á poner en posesión de 
él al legítimo Soberano. Por un artículo secreto de este Tratado, cedió 
S. M. Siciliana al Austria el Estado de los Presidios de Toscana, que per- 
tenecía á la Corona de España y que Carlos III dio en depósito á su hijo el 
Rey de Ñapóles; no siendo la primera vez que el Gobierno siciliano incu- 
rría en igual falta, pues por el Tratado que firmó con Francia en Floren- 
cia, el 28 de Marzo de 1801, hizo al entonces Primer Cónsul la misma ce- 
sión, sin contar con nuestro Ministerio. «Hablo de ambas infracciones 
—añadía Labrador— solamente en confirmación de lo poco que España 
puede nunca esperar de las Cortes de Italia, y de que sería una calamidad 
que se continuasen haciendo en favor de ellas los sacrificios que se han 
hecho en los anteriores reinados con la seguridad de ser pagados con in- 
gratitudes» 3. 

Y á esta que Labrador calificaba de calamidad, redújose, no sólo en 
Viena, sino en todas las Cortes de Europa durante los primeros años del 

1 Midame'de Remusat, hablando de la llegada de Metternick á París, en el Terano de 1806» 
dice en sus Memorias {tomo iir, pág. 48): «II était jeune, agréable. Ilobtint des succés auprésdes 
femmes. Un peu plus tard il parut s' attacher á Madame Murat et il lui a conservé un sentiment 
qul a soutenu longtemps son mari sur le tr6ne de Naples.» Y Jaucourt escribía i Talleyrand 
el 4 de Enero de i8i5: «M. de Metternich a des rapports d'intrigues de toute espéce avec la Reine 
de Naples; il agit de concert avec elle; cela est tres sur.» 

2 Despacho núm. 220, de 26 de Novieropre de 1814. 
3 Despacho núm. 348, de 6 de Mayo de i8i5. 



ESPAÑA EN EL CONGRESO DE VIENA SSj 

reinado de Fernando VII, la infructuosa labor de la diplomacia española, 
enderezada á satisfacer á la Reina de Etruria y á los criados toscanos que 
tenían aprisionada la débil voluntad de nuestra Infanta. 

En la primera entrevista que, á su llegada á Viena, tuvo Labrador con 
el Principe de Metternich, protestó éste de haber tenido parte en el señala- 
miento de Parma á la Archiduquesa María Luisa, y de que el Emperador 
tuviera empeño en conservar á su hija aquel Estado '. Dos días después 
era recibido en audiencia por S. M. I., quien, habiéndole de los asuntos ;¡ 

de Italia, le dijo que tenía atadas las manos por el tratado que las circuns- 
tancias le habían obligado á hacer con Murat; pero que no sostendría á 
éste si los que no tenían Tratados con él le arrojaban de un trono que no ' 

le pertenecía; que sus principios eran que se restituyera á cada uno lo que 
le pertenecía, y así si habían dado Parma á su hija, había sido sin su co- ' \ 

nocimiento y que procuraba que reinase el mejor orden en aquel país para 
que se conservase intacto para quien hubiese de tenerlo, según dispusiese it 

el Congreso. A lo que contestó nuestro Embajador, manifestando á S. M. la tj 

necesidad de dar á la Casa de Parma, no solamente lo que por herencia le ó| 

pertenecía, sino un equivalente de lo que perdía no conservando la Tos- c.'i 

cana, que había adquirido sin odiosidad, pues se hallaba por un Tratado en 
manos de la Francia cuando la España la adquirió de ella con inmensos 
sacrificios ^. 

Aceptado para la discusión de los asuntos'de Italia el orden geográfico, 
empezóse por Genova para acabar por Ñapóles. Por persona de su con- 
fianza supo Labrador que, viéndose los genoveses amenazados de su re- 
unión al Piamonte y aborreciendo á los piamonteses con el mayor furor, 
habían formado el plan de pedir un Soberano, el cual, según el Marqués 
de Brignole, sería el joven Rey de Etruria. «Se procurará— decía Labra- 
dor — ganar aquí alguno de los Plenipotenciarios de más influencia. Como 
Metternich tiene muchas deudas y se dice no es inaccesible á las tentacio- 
nes del interés, se trata de hacerle adoptar el proyecto, y se cuenta con 
medio millón de florines en el caso necesario, los cuales no se suministra- 
rán ni por el Rey de Etruria ni por la España. Según mi dictamen, Genova 
sería la indemnización única que la Casa de Parma pudiera tener: así no he 
dudado en admitir el proyecto; pero deseo saber la voluntadde S. M.» 3. 

1 Despacho núm. 167, de 23 de Septiembre de 1814. 

2 Despacho núm. 166, de 22 de Septiembre de 1814. 

3 Despacho en cifra núm. 169, de 23 de Septiembre de 1814. 



358 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

El proyecto mereció la aprobación de S. M., y por Real orden de 9 de 
Octubre, se le encargó que para llevarlo á cabo se valiera principalmente 
de la Rusia y demás Potencias del Norte, á quienes, como más indiferen- 
tes, sería más fácil interesar en el asunto. 

El Senado de Genova pidió su independencia con un Soberano, bien 
fuese el Archiduque Fernando, Gran Duque de Toscana; bien el Duque 
de Módena, ó bien un Príncipe de la augusta familia que con tanto acierto 
gobernó Parma y Toscana, y como los dos primeros no habían de cam- 
biar sus Estados por el de Genova, claro está que el candidato del Senado 
era el joven Rey de Etruria, el Infante Don Carlos Luis. Al comunicár- 
selo al Duque de San Carlos, añadía Labrador: «Desgraciadamente en el 
Tratado de París hay una promesa de aumentar el territorio del Piamonte 
por la parte del Estado de Genova, con la quimérica idea de hacer que el 
Rey de Cerdeña sea más poderoso para defender la entrada de Italia, y 
llamo quimérica esta idea, porque Soo.ooo subditos adquiridos por fuerza, 
lejos de aumentar el poder del Rey de Cerdeña, lo debilitarían, pues esta- 
rían siempre prontos á recibir á los franceses para libertarse del yugo 
odioso de los piamonteses, con quienes los genovescs han tenido siempre 
f- una rivalidad y una oposición insuperables. Es tan clara esta razón, que 

i' me lisonjearía de poderla hacer valer con mis compañeros en el Congreso, 

I si no hubiera de parte del Plenipotenciario inglés una repugnancia gran- 

I dísima á que se aumente la costa marítima sujeta á los Príncipes de la 

^ Casa de Borbón, y si el Austria no temiese tanto que tengan los franceses 

una puerta para Italia, en donde no ignora que se halla aborrecida» ^ 
¡¿ Y al dar cuenta de una conferencia que sobre los asuntos de Genova 

habían tenido los Plenipotenciarios con el representante de Genova Mar- 
qués de Brignole, y el de Cerdeña Marqués de Saint-Marsan, decía La- 
brador: «No dudo que el Príncipe de Metternich, el gran protector de 
Murat y de las injusticias de Italia, hará cuanto pueda por entorpecer el 
I trabajo acerca de los asuntos de aquel país; pero cuento con que las justas 

r reclamaciones, que de parte de nuestro Gobierno debo hacer, hallarán 

' apoyo en los demás Plenipotenciarios, si la Providencia no tiene decidido 

i que el Congreso de Viena sea el más injusto de cuantos ha habido, así 

como seguramente es la reunión de los hombres de Estado más incapaces 
que habrá jamás nombrado la Europa para asuntos de tal magnitud» ^, 



1 DcApacho núm. 199, de 28 de Octubre de 1814. 

2 Dcspncho núm. 2i5, de 14 de Noviembre de 1814. 



ESPAÑA EN EL CONGRESO DE VIENA SSg 

Ello es, que ni logró Labrador que entendieran de razones sus colegas, 
ni se dejó Metternich sobornar por el medio millón de florines que le es- 
taba destinado, y del que probablemente no llegó á tener noticia; arreglán- 
dose la cuestión de Genova, no á gusto de españoles y genoveses, pero si 
conforme á los deseos de los aliados, del Piamonte y aun del propio Rey 
Luis X VIII, es decir, incorporándose además de la ciudad de Genova todo 
el Genovesado á la Corona de Cerdeña y reconociéndose el derecho de su- 
ceder en ella á favor de la rama de Saboya Carignan. 

Habíase pensado que las Legaciones cedidas por el Papa Pío VI á Fran- 
cia por el Tratado de Tolentino, y consideradas, por consiguiente, como 
territorios disponibles, pudieran servir para indemnizar á la Reina de Etru- 
ria; pero la piedad del Rey Fernando VII y de su hija la Infanta D/ María 
Luisa no consintió en aceptar ningún establecimiento en tierras de la Santa 
Sede. Entretanto el Cardenal Consalvi, Secretario de Estado de Su Santi- 
dad, pedía, en una Nota dirigida á las Potencias, la restitución de las tres ] 
Legaciones, de Aviñón, del Condado Venasino y de Parma y Plasencia, f 
recordando que la Santa Sede nunca había cedido sus derechos sobre aque- > 
líos Ducados ni dado el título de ellos á sus poseedores. «Tales reclama- i 
Clones — decía Labrador — no privarán ciertamente á la Francia de Aviñón, 
ni á la Casa de Parma de sus Estados ; pero conviene tener presente esta ^ 
constante política de la Curia Romana de pretender más y más á medida '] 
que se tienen por ella miramientos; de suerte que los beneficios que recibe, 
lejos de ser un lazo que la una con el dispensador de ellos, es un título ' 
para aumentar sus peticiones» K 

El 22 de Noviembre, adelantándose á los deseos de su Gobierno, pasó i 

el Plenipotenciario español al austríaco una Nota reclamando la Toscana ^ 

á favor de la Reina, como Regente y tutora de su hijo. Sospechaba Labra- 
dor que ninguno de sus compañeros de comisión había de ayudarle, á juz- ^ 
gar por lo que les había oído. El Plenipotenciario francés se limitaba á • 
proponer que se volvieran á la Casa de Parma sus Estados hereditarios, * 
y á esto se inclinaban los que más nos favorecían, pues el Austria que- ] 
ría conservar los tres Ducados y dar su equivalente en las Legaciones. \ 
«Pienso— escribe Labrador — que no podrá aspirarse más que á ellos, ] 
pues habiéndose dispuesto del Genovesado, y repugnando el Rey, núes- | 
tro augusto Soberano, por religiosidad, las Legaciones ó parte de ellas, 

I Despacho Dúm. 206, de 3 de Noviembre de 1814. 



36o REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

como por el mismo principio las repugna la Reina de Toscana, no queda 
qué poder agregar á los Estados de Parma, Plasencia y Guastala. Á la ver- 
dad, S. M. la Reina de Toscana me ha escrito que pretenda el territorio de 
Luca, y para poder ponerlo en contacto con Parma, que solicite también 
Massa de Carrara; pero este último Estado es propiedad hereditaria de la 
Archiduquesa Beatriz, madre de la Emperatriz de Austria, que no querrá 
desprenderse de él en perjuicio suyo y de su hijo el Duque de Módena, y 
aun logrado, siempre Luca sería una mala adquisición, por estar enclavada 
en la Toscana. De cuantos negocios hay en el Congreso, ninguno es para 
mí más desagradable, por la suma dificultad de conseguir la restitución de 
los tres Ducados y la seguridad de no agradar á la Reina de Toscana, aun- 
que fuese posible conseguir más. Luego que S. M. salió del Convento de 
Roma en que la encerró el tirano corso, fueron á reunírsele su antigua 
r azafata la Pallici y el Gentilhombre Guicciardini, viudo de la Margarita 

Í^ Pallici, dama que fué de S. M., y que con su marido y su hermana domi- 

naba, por desgracia, su real ánimo. Las referidas personas y alguna otra 
de la misma clase fueron las que hicieron el Gobierno de S. M. menos 
I feliz en Toscana, y las que en España la indujeron á escribir á Murat las 

I. cartas sobre los asuntos de Aranjuez, que tanto daño hicieron al buen cré- 

l dito de S. M. misma. Ignorantes y poseídos del deseo de volver á dominar 

I en su país y del ansia de manejar caudales, aquellos sujetos han logrado 

i persuadir á la Reina que debe pretender la restitución de los tres Ducados 

; por herencia de su hijo y el Reino de Toscana por haber sido dado en dote 

f á S. M., y quede esta manera, cuando el joven Rey llegue á ser mayor de 

[ edad, lo que debe verificarse dentro de pocos años, S. M. gobernará sus 

I tres Ducados y la Reina la Toscana. En consecuencia de este desconcer- 

tado plan hicieron que la Reina diese á un banquero de París, llamado 
Mr. Goupy, plenos poderes, expresando en ellos que debía hacer ambas 
i pretensiones >► '. 

r Había llegado á Viena el tal Mr. Goupy á fines de Septiembre, y había 

desde luego acudido, en demanda de consejo y ayuda, á Labrador, que le 
dispensó la peor acogida. Ni se prestó á apoyar las gestiones del francés, 
ni se atrevió á desautorizarlas, y como no quiso ponerse con él de acuerdo, 
sino que lo dejó en libertad de dirigirse como quisiera al Congreso, hízose 
patente la doble y discorde representación de S. M. etrusca, lo cual quitó 

I Despacho núm. 224, de 6 de Diciembre. 



ESPAÑA EN EL CONGRESO D£ V(ENA 36 1 

fuerza á las reclamaciones de Goupy, sin dársela á las de Labrador. No 
conocemos los poderes é instrucciones que dio á su agente la Reina viuda; 
pero la correspondencia que medió en Viena entre éste y el Plenipotencia- 
rio de España en el Congreso basta para probar que incurrió Labrador en 
error, ó faltó á la verdad á sabiendas, al atribuir á Goupy el propósito de 
reclamar juntamente los Estados de Parma y la Toscana. Precisamente en 
carta de 3o de Noviembre, pocos días antes de que Labrador dijese esto á 
la Corte, escribíale Goupy que se le había ocurrido solicitar provisional- 
mente la restitución de los Estados de Parma, la cual vendría á consagrar 
la obligación de compensar definitivamente el valor de la Toscana; ha- 
biendo aprobado el Príncipe de Talleyrand la Nota que sometía á Labra- 
dor. La respuesta de éste, que literalmente transcribimos, retrata gráfica- 
mente á nuestro Embajador, con su desmedida altanería y escasa crianza: 
«Que sin duda me expliqué mal ó no me entendió; que yo no puedo com- 
plicar las pretensiones, ni debo pasar más notas, ni hacer otras reclama- 
ciones que la restitución de la Toscana; que no he tomado en la que pasé 
el título de Plenipotenciario de S. M. Toscana, porque con él no sería ad- 
mitido; que si Mr. Goupy piensa que lo que propone conviene á la Reina, 
puede hacerlo por sí, y que respetando la opinión del sujeto que dice, pre- 
fiero la mía de insistir en pedir la Toscana y ver lo que me ofrecen, si no 
se resuelven á dármela.» j'í 

Más de un mes tardó Metternich en dar respuesta á la Nota de Labra- ^ 

dor, é hízolo cuando ya la Toscana había sido restituida á su antiguo So- 
berano el Gran Duque, cuyo Ducado de Wurzburgo, cedido al Austria, 
fué después adjudicado á la Baviera, á cambio del Tirol. La Nota de Metter- 



A 



i 

nich hacía la historia diplomática de la Toscana desde que pasó á poder '':\ 

de la Francia por el Tratado de Lunéville hasta que la reconquistaron los m 

ejércitos austríacos, y sostenía que la Francia, á quien pertenecía dicho :J\ 

Estado por haberlo en favor de ella renunciado primero el Austria y des- ;;i 

pues la España, lo había cedido á las Potencias aliadas por el Tratado de ^ 

París de 3o de Mayo de 1814, y estando libre y disponible, en virtud de fjj 

esta cesión, parecía natural que fuera restituido á un Príncipe que lo poseía Jí 

legítima y tranquilamente antes de la revolución á que había puesto tér- M 

mino la última guerra, y que sirviera de indemnización al Gran Duque |^ 

por la cesión que había hecho de la soberanía de Wurzburgo '. jj 

I Nota de Metteroich i Labrador, de 29 de Diciembre de 1814. ''l;^ 



r 



302 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

Resuelta, pues, la cuestión de Toscana, como lo había sido la de Ge- 
nova, á satisfacción de todos los Plenipotenciarios, menos Labrador, no le 
quedó á éste más recurso que reclamar para la Infanta Reina de Etruria 
sus Estados patrimoniales de Parma, de que estaba en posesión, en fuerza 
del Tratado de ii de Abril, la. Archiduquesa María Luisa. Apenas supo 
ésta que se trataba de disponer de los tres Ducados, escribió é instó al 
Emperador Alejandro, que hizo punto de honor el sostenerla. «En tal 
aprieto —dice Labrador— habíamos formado un plan, que sería dar al In- 
fante Rey de Etruria los tres insinuados Ducados, la parte del de Mantua, 
que por estar á la derecha del Po no debe quedar al Austria, y, en fín, al- 
guno de los feudos imperiales de la Lunigiana. Y para acallar á la Archi- 
duquesa María Luisa, proponíamos darle el Estado de Luca, que, aunque 
no es grande, está muy poblado, tiene un terreno muy bien cultivado y 
^ goza de un excelente clima; pero hemos reflexionado que convendría más 

a no dejar mandar ni en el más pequeño rincón de Italia á un hijo del atroz 

[ Bonaparte, y hemos creído que sería mejor reunir el Estado de Luca á la 

r Toscana, cosa que el Austria ha deseado con suma ansia desde que era 

í Gran Duque el padre del actual Emperador, y dar á la misma Austria el 

F territorio de Ragusa, que, por estar al otro extremo de Italia, no puede ser 

: útil sino á ella, y en recompensa de Luca y Ragusa exigimos que el Aus- 

^' tria y la Toscana paguen un millón de francos anualmente á la Archidu- 

quesa. Este proyecto ha parecido muy bien á Lord Castlereagh y no lo 
desaprobará la Rusia si lo acepta el Austria. Hace ya días que se le pro- 
puso á Metternich, que no parece contrario á él; pero dijo que necesitaba 
tomar las órdenes del Emperador» K 

No cejaba, por su parte, en sus pretensiones la Reina viuda de Etruria, 
que escribía á Labrador para que, en caso de no restituirle á su hijo la 
Toscana, se le dieran los tres ducados de Parma, Plasencia y Guastala, 
' añadiendo la Spezia, el Lodesano, el Estado de Reggio, la Lunigiana y el 

í Estado de Luca. «Hago mención de las pretensiones de S. M. Toscana— de- 

cía Labrador al dar cuenta de ellas — porque temo que al mismo tiempo 
que será menester continuar los mayores esfuerzos para conseguir los tres 
Ducados y poco más, lejos de agradecer lo que se haga, se creerá S. M. mal 
servida, pues las personas que tiene á su lado y son meros criados sin 
instrucción, ni más mériio ni experiencia que el servicio material de Pala- 

I Despacho núm. 258, de 17 de Enero de x8i5. 






BSPAÑA EN EL CONGRESO DE VIBNA 363 

cío, dan por facilísima la concesión de todos aquellos territorios que les 

parecen bien en el mapa» ». . 

El 1 3 de Febrero daba Labrador noticia de un contraproyecto presen- ^ 

tado por Metternich, ofreciendo á la Reina de Etruria los tres Ducados de ^^ 

Parma, Plasencia y Guastala; pero conservando el Austria la ciudad de ']] 

Plasencia y la parte del Mantuano á la derecha del Po. 4<Pienso oponer á 'Y^ 

estas pretensiones— escribía— el texto del Tratado de París, é insistir por ''^\ 

que, además de conservar la ciudad de Plasencia, capital de uno de los tres j^Í 

Ducados, se añada á ellos el mencionado territorio del Mantuano á la de- >!; 

recha del Po, territorio que contiene una población de 54.000 almas. Si lo :j 

consigo habré logrado un triunfo, según el poco crédito que tenemos, no ;' 

porque en toda Europa no se conozca por experiencia que ninguna nación . ; 

es capaz de tan grandes esfuerzos en casos apurados, y especialmente f' 

cuando se trata de su honra, sino porque en los tiempos ordinarios no son 

las naciones las que obran, y así, en vez de darles influencia en lugar de su 

poder, se les da únicamente en proporción de la opinión que justa ó injus- \t^ 

tamente hay de su sistema de Gobierno. Desde luego hay ya dos difículta- '^ 

des vencidas, que son dos pasos adelantados: el primero, que no se trata í 

de indemnizar á la Casa de Parma dándola las Legaciones, ni tampoco se 1 

destina parte alguna de ellas á la Archiduquesa María Luisa, y así se con- ^í 

servan al Papa, punto en que la religiosidad del Rey nuestro señor se ha- |^ 

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lia tan empeñada. La segunda ventaja es que se da Luca á la Archidu- if 

quesa María Luisa, sin que haya de heredarla su hijo, y así no queda la •'= | 

descendencia del Atila francés ocupando ningún Estado» ^. :^ 

Poco duraron las esperanzas y alegrías de nuestro Embajador. Seis '^ 

días después avisaba, en despacho cifrado, que la Archiduquesa María ^i^ 
Luisa había escrito al Eniperador de Rusia implorando su protección, y 

que esto era efecto de la ligereza de Metternich, que en lugar de haber ido { 
á Schoenbrunn á persuadir á la Archiduquesa, dio el encargo al General 

Neiperg, empleado cerca de S. A. I. y hombre el menos á propósito, como ",, 

lo probó acalorando á la Archiduquesa y haciendo que buscara apoyo en - í 

un Soberano extranjero contra su mismo padre, que era el desairado en ^^ 
este asunto, pues fué el que dio el contraproyecto. «Sí el Austria quiere 
proceder contra lo que ella misma ha propuesto y conservar á la Archidu- 
quesa los tres Ducados renovaré— decía Labrador-^mi pretensión de que 

1 Despacho núm. 265, de 31 de Enero de i8i5. y^ 

2 Despacho núm. 273, de 13 de Febrero de i8i5. ^;¿ 



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364 REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

se restituya la Toscana al Sr. Infante Don Luis, y sin que así sea, no fir- 
maré ningún artículo del Congreso y expondré á la Europa entera que en 
vez de las magníficas promesas del Tratado de París, se confirman de 
jr- hecho las máximas de usurpación y los proyectos ambiciosos que se con- 

r^ denaban en Bonaparte. Deseo con ansia salir de este asunto de la Casa de 

¡í . Parma, el más desagradable para nosotros y en el cual nos echan conti- 

^. nuamente en cara el escandaloso Tratado de adquisición de la Toscana y 

f- el más vergonzoso todavía del cambio de la misma por una parte del Por- 

^ tugal, sin que nos sirva de disculpa el ser error del anterior reinado» ^ 

1. A este despacho siguió otro, también en cifra, en que Labrador parti- 

cipaba que el Emperador de Rusia, llevando en su compañía á Eugenio 
Beauharnais, había ido á almorzar con la Archiduquesa María Luisa en 
Schoenbrunn, y que desde aquel día los cortesanos de la Archiduquesa 
publicaban que ésta conservaría los tres Ducados, y que Beauharnais ob- 
tendría un Estado en Italia, donde no los había para sus legítimos dueños. 
Y aunque procuraba Labrador oponer á los esfuerzos de los malévolos la 
influencia de Lord Wellington y la de Talleyrand, preveía no pequeñas di- 
ficultades, no siendo la menor la debilidad de muchas personas con quie- 
nes había que tratar y la facilidad con que mudaban de parecer algunos 
de los Soberanos 2. 

Así las cosas, llegó á Viena el 7 de Mayo la noticia de la evasión de 
Napoleón de la isla de Elba, y como aquella noche hubo concurrencia en 
Palacio, pudo observar Labrador, y nos cuenta en los siguientes términos 
la impresión que esta noticia había hecho en el ánimo de los principales 
Soberanos allí reunidos: «El Rey de Prusia se mostraba muy irritado, y 
repitió varias veces que no se habría verificado lo sucedido si se hubiese 
hecho lo que él había repetidas veces propuesto. El Rey de Baviera mani- 
festaba inquietud, como si temiese que la presencia de Bonaparte en Fran- 
cia pudiese causar en ella algún trastorno que obligase á emprender una 
nueva guerra; pero su hijo primogénito se llegó á mí y me dijo que estaba 
contentísimo de la fuga de Napoleón, pues de esta manera no habría dis- 
culpa para acabar con él y con Murat, bien que éste, según su parecer, de- 
bería ser enviado á Madrid para expiar ahí el 2 de Mayo. Como S. A. R. es 
algo sordo, aunque procuró hablarme al oído, lo dijo en voz bastante alta 
para que lo oyesen algunos de los Ministros y otras personas inmediatas. 

1 Despacho cifrado núm. 278. de 19 de Febrero de i8i5, 

2 Despacho cifrado núm. 281, de 28 de Febrero de i8i5. 



ESPAÑA EN EL CONGRESO DE VIENA 365 

El Emperador Alejandro ha mirado el asunto como un lance de aventura 
que tiene más de ridicula que de seria, y llegándose al Príncipe de Talley- 
rand, á cuyo lado me hallaba, le dijo que estas eran las consecuencias de 
no pagar a Napoleón la suma prometida; pero el Ministro francés respon- 
dió con su imperturbable serenidad, que no conocía en Europa Soberano 
alguno que pagase en Febrero lo que debe ser pagado en Abril. No pude 
oir cómo se explicaba el Emperador de Austria; pero su Ministerio daba V 

al suceso mayor importancia de la que razonablemente debe dársele» '. 

Napoleón escribió el 1 1 de Marzo una carta á la Archiduquesa María 
Luisa, dándole parte de que los franceses le habían llamado, que tenía su 
vanguardia en Macón y se hallaría en París á últimos del mes, por lo cual 
se reunirían muy en breve, y concluía encargándole tuviese cuidado de su 
hijo ^; pero la desgraciada Archiduquesa se había mostrado sumamente 
afligida de la evasión y empresas de su marido, y había protestado á su 
augusto padre que en ningún caso se reuniría con él 3; y en cuanto al .;': 

hijo de Napoleón, se le había separado de su madre y traído del sitio de ^ a| 

Schoenbrunn al Palacio imperial de Viena, poniéndolo bajo la custodia de \'i 

personas seguras 4. ^^ j 

En una conferencia que en la noche del i3 celebraron los Plenipoten- i| 

ciados de las ocho Potencias, se convino en insertar en el Protocolo y en .jt 

publicar una Declaración acerca de la evasión de Bonaparte de la isla de ' \ii 

Elba, declarándolo fuera de la ley y entregándolo á la vindicta pública. . ;>| 

Aunque, según Labrador, el proyecto de aquel hombre tan inquieto como 
feroz no podía tener otro objeto que el de conducirlo prontamente al ca- 
dalso ^, había creído el Congreso que debía manifestar la manera de pen- 
sar de los grandes Soberanos, que no conquistaron á tanta costa la paz de 
Europa para permitir que volviera á ser perturbada ^. 

De esta Declaración del i3 de Marzo arrancó el Tratado que firmaron (J 

el día 25 las cuatro Potencias aliadas, renovando el de Chaumont, com- 
prometiéndose cada una de ellas á sostener un ejército de iSo.ooo hom- 



1 Despacho núm. 289 de 13 de Mayo 4e i8i5. 

2 Despacho núm. 299 de 25 de Mayo de i8i5. 

3 Despacho núm. 296 de 14 de Mayo de i8i5. 

4 Despacho núm. 300 de 25 de Mayo de i8i5. 

5 Wellington escribía á su hermano Enrique Wellesley, ei Embajador en Madrid: «Quisiera 
que hubieses estado aquí anoche y que hubieses yisto á Labrador en la conferencia con los Ple- 
nipotenciarios. Es un verdadero representante de la España, y me habías hecho de él un exce- 
lente retrato.» 

6 Despacho núm. 294, de 14 de Marzo de i8i5. 



I 



366 REVIbTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS 

bres, y teniendo las Altas Partes contratantes la libertad de acreditar res- 
lectivamente cerca de los Generales que mandasen sus ejércitos, oficia- 
les que podrían corresponder libremente con sus Gobiernos para infor- 
marlos de los sucesos militares. Estipularon también el invitar á todas las 
Potencias de Europa á acceder al Tratado, y en cuanto á Francia, seria 
especialmente invitada á adherirse y á manifestar el socorro con que po- 
dría acudir al objeto del convenio. A la Nota que dirigieron los Plenipo- 
tenciarios de las Potencias aliadas á Labrador, contestó éste con su acos- 
tumbrada acritud é intemperancia de lenguaje, y á vuelta de no pocas in- 
conveniencias en loor de nuestras hazañas y mengua de las ajenas durante 
la guerra contra Napoleón, se declaró autorizado á acceder sin demora al 
Tratado en nombre de su augusto Soberano, si se entendía que, en fuerza 
de esta accesión, la España sería considerada parte igualmente principal 
en la alianza que cada una de las cuatro Potencias que la habían nego- 
ciado y firmado, de manera que para los convenios que pudieran cele- 
brarse, ya para la ejecución ó complemento de dicho Tratado, ya páralos 
arreglos definitivos que se hicieran, una vez conseguido el objeto de la 
alianza, el Plenipotenciario español tomaría parte en todas las discusiones 
y conferencias sin ninguna reserva ni limitación '. 

Esta contestación mereció la aprobación de S. M., cuya política noble 
y generosa estaba bien marcada en su Manifiesto de guerra ^; pero no ha- 
biendo recibido Labrador respuesta alguna de los aliados, la pidió en Nota 
de i8 de Junio dirigida á Lord Clancarty, único de los Plenipotenciarios 
ingleses que quedaba en Viena, el cual contestó evasivamente, que la pon- 
dría en conocimiento de sus colegas tan pronto como llegara al Cuartel 
general 3. Aquel mismo día ganaba Wellington la batalla de Waterloo, y 
conseguido el objeto del Tratado de 25 de Marzo, nadie volvió á acordarse 
de nuestra demanda de accesión condicional, que, además de inoportuna, 
resultaba superflua ^. 

En cuanto á nuestra cooperación militar en esta campaña contra Napo- 
león, apenas se resolvió la salida del Duque de Wellington para el ejército 
de los Países