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Full text of "Revista de España: De Indias y del extrangero..."

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Ot/' 



aa"vy¡íQ"tíái 



ESPAÑA, DE INDIAS Y DEL EXTRANJERO. 



'JlfVy>%fu't^ Garvvajdjto* ^'^WW^^ 



.V 



REVISTA 






TOMO XIII. 



MADRID, 

IMPRENTA DK LA PUBLICIDAD, Á CARGO DE M. RIVADENBYRA » 

calle de ^esus del Vallen núm. 6. 

1848. 



ii'^r nrd Ccl] \>^ L ur r; 

• Transf jrr . rom 

jiarvard Law Library. 






•* . I -^ •%. - 



k LA SOCIEDAD ECO«OM!C AHATRIT«NIW, 

i. 

MBA OrTAft 1 LOt VUSIOC noñFBCTM BN 80 MDuíÜlU BE tt DB MABtO BE 1^7 , 



1 0t tepegiwi , üiit- 

Qaa laate exultans se cibat omnis homo 



Estado que presenta la indastria tipográfica ; causas cftié impiden sus 
fni0graos-eoi ^^eifaielo étitfs^permrínn^ f ivina ile»éoinMéi«Mesci» 

. fMtates, y mQdi96 que |HiDdi»a enpl^wte patfa <|ue«e i»oaga ^ mvel ^t 
los países mas adelantados. 



AcMTiimaA ia ilmivaoteii de mis lettores^ ti i 
on flMMi^td siquiera «a hacer mt taÉDupotlaaGMi AAííb^ 
frenU , <pie faory nadie desboubiée 7 á ips&fídwittibmmtámm 
itribnye Ih •difQi^k>tt de los mM Afiles ooiiociau^ilssv tt 
ü«5traimires{»eetiva de todas tediases y iamüiÉiciM 
mtUuL PeiH) soü al mteitte tieía^ fk^easlaa peisatuis .fafe 
4aB toda kt' mpoiüaiioia que iBiera€Mi tesoMielaoÉea j fm- 
ftoeios de este arto, ; aoü tnoelu las «^M^uag^^fomica- 
dáñente «que «en tal qoo eeínpiMa^ ja saalani^aÉal, 
ialiteíaítava qiiodaser?Ma«6tit f«e Biada.taiBa^qoealeaeflÉ. 

Pndient este «panto ser «retado lataáemie, «oaa qoe >sp 
Ole Éaemebto ^moy i^^sa^ nóertoo ipwipéii<»» fcastÉi* 
dieoosdedr, partt Imeer yer «el <riiigiáo>tos i|oa dteaoa— 



• BBVIStA BE ESFAf^A, DI IUDIAS T DBL BXTBAmSRO. 

cen las ventajas que proporcionan á las letras , á la civili- 
zación y á la industria general los progresos del arte tipo- 
gráfico , que de estos depende la conservación de monu- 
mentos históricos y literarios, la mas cómoda inteligencia 
de los célebres escritores, el efecto mas seguro y completo 
de las bellas producciones de oradores y poetas , y el fo- 
mento , desarrollo y prosperidad de variosramos de indus- 
tria auxiliares de la imprenta. El comercio de libros , que 
tan vasto ha llegado á ser en Europa, donde timegrandas 
emporios, se alimenta con productos de la imprenta. Las 
obras de la antigüedad griega y latina, asi como las que 
corresponden á las lenguas orientales , son hoy un patri- 
monio común para la imprenta de todas las naciones , en 
baque, mas ó menos, se hacen multiplicadas ediciones, ya 
en SQ texto original ya traducidas , de las obras mas acre- 
ditadas y célebres de toda Europa. En Francia se impri- 
men las de Fr. Bartolomé de las Casas y de Antonio Pe- 
res; en Inglaterra se hace una magnifica edición del Qui» 
Jote; y en Espafia se han hecho muchas , en su texto ori- 
ginal, del Telémaeo de Fenelon , y de Pablo y Virginia de 
Bemardino de Saint-Pierre. Por manera que en esta gran 
eoDcurrencia de un mismo género de productos, majorea 
úében ser los beneficios del pais que los presente mas aca- 
bados y perfectos, y que los expenda ¿ mas cómodo pre- 
cio. En este estado i serán indiferentes ó de escaao valor 
loaadelantosde la imprenta? ¿Sus productos no forman un 
famo especial, pero muy vasto, de comercio, que da pábulo 
y que fomenta muchos y muy varios ramos de industria f 
El comercio de libros puede adquirir en España un gran 
incremento, que se deberá siempre á circunstancias inda- 
pendientes de las vicisitudes políticas y económicas. Nues- 
tros antiguos dominios de América están poblados de p^- 
ioiias de nuestros miamos hábitos y costumbres, y que ha- 



HBMORIA SOBRB lA INDUSTRIA TIPOGRÁFICA. 7 

blan nuestra propia lengua : ápedar de los acontecimientos 
que los han separado de la metrópoli, la historia de su na- 
ción 68 la nuestra, y nuestros historiadores, escritores y 
poetas clásicos no pueden menos de interesarles. Para sa- 
tisfacer esta necesidad se han establecido en París y en 
Londres imprentas españolas, que se hacen cargo de reim-* 
primir inmediatamente toda obra demérito é importancia, 
apenas se publica en nuestro pais : de esta manera nos ar- 
rebatan un comercio que es nuestro» y que daría un impul- 
so extraordinario á nuestra industria tipográíica; impulso 
eficaz y poderoso, y que ni le ha dado ni puede darle el 
periodismo. Cuando nuestro comercio de libros, que hoy 
por la causa que hemos apuntado y por otras se halla re- 
ducido á un estado de bastante abatimiento, experimente 
alguna animación y fomento, no podrá menos de experi- 
mentar también la industria tipográfica un proporcionado 
impulso. Los ingleses han tenido buen cuidado de que se 
les trate en América como á Us naciones mas privilegia- 
das, á prevención de los tratados que pudieran hacer con 
la España. De la misma manera los tratados de comercio 
que sucesivamente se vayan celebrando con los nuevos es» 
tados americanos, deberán contener cuanto en esta parte 
exige de preferencia el comercio é industria española; de- 
biendo tenerse presente que los americanos preferirán 
nuestros libros en buenas ediciones, correctas» hechas en 
España, á los mismos impresos en París ó Londres. Toda- 
vía los extranjeros no han podido conseguir que los mi- 
sales, breviarios y libros de rezo, impresos en Madrid, ^ 
suplan con los contrahechos por su industria. Los de An- 
tuerpia ^ como llaman los clérigos, son preferidos á todos. 
Fácilmente se comprende cuan limitado seria el comer- 
<^io de libros antes de la invención de la imprenta. En Gre- 
cia las obras de Platón eran propagadas y vendidas por 



8 REVISVA D£ ESPAÑA , BE VOfLAS T VBL EXISHUOIRO. 

Hermodero ; y •en Rom» h» de Cicerón por Ático, fistos 
e9pecui«doFes se valían de arrtístas muy háfoiles. £1 mérilxi 
y perfección de la maiH» de obra, que se manifeslabmn ^i 
k>8 magnífica ejemplares de papel rico, distinguidos con 
al nrombre de maerocala^ ó en otros adornados con. ret»« 
tos y estampas , llegaban ¿ tal grado en tos pequeñas >edi^ 
eíones compactas de las obráis mas e&tensas, que Maretai 
decía : c Mi modesta biblioteca apenas puede contenesr á 
Tito-Livio; ¡velo todo entero en aquel peqoOTo volomenU 
Mientras mayores faesen el iujo y perfecdon de estas obras, 
menos habrían de estar al alcance de las fortunas moées-^ 
tas, menor seria el número de las bibliotecas particulares, 
menos ricas estafa, y mas reducidos sehallariañ el comeroio 
éelibros y la especulación de estds I ibreros^ Los precios ein 
embargo no eran tan subidos ooii»o pudiera -creerse. Aido 
Celio encontró en Brindis una multitud de autores griiegos 
á raíny bajo precio plurmií/S •mre pauoo ; un nuevo Ubro de 
epigramas de Marcial se vendía de seis á siete reales^ £sto 
se entiende sin que en nada serebajase la exactitud y limpie* 
sá de las copias» ni el esmero en la formación detal^slibcios, 
y sin que se desatendiesen todos aquellos accesorios pfo^ 
pios de estas obras; como son la división de materias, ia 
paginación y las tablas ó hwiices. Babia enormes compi^ 
laciones é inmensos repertorios, como los de Ateaeoy 
Plinio, el viejo; y se bacía un grande aprecio, y $e conside* 
raban como un prodigio del arte de la escritura, las obras 
de Homero en tma cascara de nuez, y algunas ©tras adsii* 
irables por su pequenez. 

No faltan quejas contra los anÍigDOscopisto,.attnque \as 
mas recaen sobre las obras tetinas, pues las griegas, coaie 
•mas difíciles de ser reproducidas , §e confiabaaa gseoenal- 
tnente a mejores manos. Tito^Livio, cuando coi^ultabaá 
Valeño J^nties, se manifeslabA algo reoehiso de k)s erso^ 



• MtWDIMA iSdttft& LAr iMiVSffRU IIVMmLfIO*. f 

r^áelo& copistas. QviaatíüegHiTteotsñefoiamuyeñcmm^^ 
la exaetitiid en U copk destt grm obta ¿ la actimfed; 
bonrades de sa Kbrero 3Vt/b»i, enloqueteftiarason sieate 
Drifab ep9 el misino á quien Marcíil impvla el crfinen da 
ctesfigarar sas Taraos» Gfcero», que se había 6(|iiivaeade 
citando á BúpoUsen lugar de Arigtófane»^ encarga é Ático 
que susütuja un nombre por otro, comoeu«feeto sekiao 
así. A)gun tiempo deapue» no fiké tan afortanado. Le ad^r-^ 
ttó Bnito que en su oración en fevor deLigario^habianoii»* 
brado, tomo interesándose en fkvor de su cliente, á tni 
hombre queyaen aqaeltiefnpo había muerto^ Escribe otit 
cartía á Ático rogándole qué sup9*kni68e este nombre « 
todos tos eíempiares : carta Inútil, pues en todos ellos ae 
cons^va «que! mismo nombre. Ba poaürie que un editar 
6 empresario como Ático , que se ([uefaba de Terse- obli^ 
gado á poner e» ven4lala segunda edickm de losJ^d^mi*- 
t$8 antes de haberse agotado la primera , tuTfese por co»-:- 
veniente evitarse la molestia de esl^ corrección , ó que M 
librero Doro descuidase hacerla. 

Lo que acabamos de decir prueba los estrechos límites 
á que naturalmente detna hallarse reducido entre los ro« 
manos el comercio de Kbros, y juntamente el esmero con 
que procuraban la exactitud y corrección e» las coptaa. 
Para conseguir esto se valían de revisores ó reoensores.lAPs 
quese ocupaban en la formación de libros, podrían «cte- 
ner capacidad ó estar (fistraídosr P^o »» roAode jMipíro 
6 de pergamino no merecía crédito, sino aparees» rerisliO, 
corregido y firmado po»r im gramático responsable. «Ia 
obra está pronta, dice Cicerón , hablando de uno de sus 
Kbros; se trabaja únicau^enle eal quitar las faUaa*^ En eHe 
trabajo se ocupaba una clase muy estimable de personas 
ÍAstruidas» Par eonsecifteflcia de esta costumbre el autor 
é& \m Nwíke^Aticm dtaoutoi inemidolasiraTTánla8 latiflM. 



tO RBVUTA DK ESPAÜA, M IimiAS Y BBL EXTRiJflIRO. 

Esta institución vuelve á aparecer en la edad media : al fin 
de cada comedia de Terencio se lee : Callioplmreeensui; 
y como Eginhard se llamaba Galiopio en aquella especie de 
academia, cuya iqstitucion se atribuye á GarIo*Magno, no 
es inverosímil que hubiese aquel revisado á Terencio. La 
costumbre de estas revisiones se halla también en España 
en el siglo xvi, pues de la corrección se cuidaba mucho en 
las primeras obras impresas que aparecieron, como una 
de las circunstancias mas principales que realzaba el mé- 
i:ito del nuevo invento. Es menester llegar á tiempos muy 
posteriores entre nosotros, y especialmente á los siglos xvn, 
zviii y aun x», para que se advierta poco esmero en la cor« 
reccion, y para ver que no se dé á esta toda la impértan- 
la que merece. Generalmente puede decirse que han sido 
infinitamente mayores las incorrecciones de los impre- 
sores modernos que las de los antiguos copistas , cuando 
parece que no debia de ser así, pues con solo corregir per- 
fectamente el molde, se halla corregida toda la edición. 
Las quejas contra aquellos han sido tales , que se les acu- 
J89í de haber desfigurado todas las producciones del espí- 
ritu humano. Esto ha llegado á tal punto en nuestros dias, 
sobre todo en nuestro pais, que hay personas curiosas que 
conservan noticia de las erratas mas célebres y memora- 
bles. 

Habiendo tenido su origen la imprenta en 1457 , en el 
«espacio que trascurrió desde este año al de iSOO, se difundió 
y propagó por las principales capitales de España, mas 
4IUC por ningún otro pais (1), habiéndose introducido en 

(i) En 1473 Francisco de Córdoba estableció imprenta en Valencia ; 
en i475i(¡colas Spindeler , en Barcelona ; en el mismo año Mateo Plan- 
4ras, en Zaragoza; en 1477 B. Segara y Antonio del Puerto, en Sevilla ; 
en 1479, en Segorbe ; en el mismo año, en Lérida, por Enrique Botel; en 
4481 Lope Sanz una en Salamanca ; en 1485 Mateo Vendreli otra en 6e- 
jTona ; en 148B Federico de Basilea, en Burgos; al afiosigaiente de 1486 



MMOBU 60BMB LA Ill»üSTIIIA T1M>6RÁF1GA. ti 

América (^ por los empatóles. Las primeras i mpresiones, de 
que hemos visto excelentes muestras, son notables por la 
baena estampación , por la calidad del papel y de la tinta : 
sobre esto baste decir que se conservan muy bien é incom- 
parablemente mejor que otras ediciones muy posteriores. 
Generalmente los volúmenes eran en folio, ó cuando menos 
encuarto. No se ponia el titulo del libro ¿ la cabesa de las 
páginas, ni estas se hallaban numerados, ni se conocía la 
división de párrafos, sino solo de capítulos, que por lar- 
gos que fuesen continuaban sin interrupción hasta el fin. 
Los caracteres eran de forma gótica , aunque mas tosca 
que la que después se»ha conocido con el mismo nombre : 
con esta se solia mezclar la bastardilla ó cursiva , en que 
se imitaba la manera da escribir de aquellos tiempos. Era 
muy molesto leer un libro , pues las palabras se hallaban 
tan juntas unas á otras, que esto causaba confusión , á no 
ser para aquellas personas muy acostumbradas á leer ma* 
nuscritos y aun impresos. Aumentaba todavía la dificultad 
y la confusión la ortografía , tan poco fija por aquel tiempo 

Joan Vázquez en Toledo ; en 1487 Eleazar de Alania fandó una en HIjar de 
Aragón; en SanCagat (CaUtima)se introdnjo en 1489; en Zamora en 1480; 
en Valbdolid en 1493, por Juan de Francour ; en Pamplona en 1486, por 
Amol Guillen ; en Granada en 1497, porMenard Gud; en Monserrat en 1489 
por Juan de Rossembach ; y en Jaén en 1S00. Es de observar que primero 
iiubo imprenta en Valencia que en Londres y en Ambéres. 

(2) Los españoles llevaron la imprenu á Méjico en 1560, aunque el 
primer libro conocido como impreso en la Nueva España, tiene fecha de 
1561. Esta discrepancia desaparecerá, si se considera qne los misioneros 
ni principio solo imprimieron canillas é algimos pliegos sueltos, en qne 
DO se necesitaba hacer mención de la imprenta. — En 1600 se fondo una 
imprenta en la ciudad de Santo Domingo (isla española), y pocos años des- 
pués otra en Santiago de Cuba. Parece que estas imprentas eran del 6o- 
biemo y estaban destinadas para los actos oficiales.— La primera prensa 
que se llevó al Perú foé en 1890, y el primer libro que alli aparece impre- 
so es del P. Fr. Pedro de Arriada. En Lima se introdujo en 1621. Es de 
suponer que los misioneros no imprimieron durante el primer medio si* 
■glo mas qne cartillas, catecismos y escritos semejantes. 



12 REVISffA J»£ «StáMA, AlS ««MAS Y tML gJCTimilWllO. 

en iaááA ks aaoÍQB«9., ^ue easi pniáía decii«e «íibilNñw^ 
kastael caso de «ser muy «mttun brifayr en una linea pala* 
bsaa escrhaa de «difarenfte üiode que en í^liaa. ▲> €9lm ae 
agrega» Ja8abieviaUiBaSt.4tte etaa tan-freaueiitaa, «que a(i»<* 
nas sé bailaba «ma paiabta entem ten una linea: -era iiaoe*- 
aario saber escBÍhir na libido para saber leerlo. Hneiuis per-* 
sonas Bo pudieran boy m aaii letiteiider nada tde .estos ü- 
bros impresos^ pues hasÉaseKsaeeGia'de letras majúsoiriasy 
de iodo signo orloígiráiioo. £1 «titulo del UsisfFO 7 taslelms Jai- 
oiafles deseada capátaio quedaban en blM»o pant que im 
éíbojasiftes lasdeUneasen éilfniBfBaseneon'heniieaosoolo^ 
res.: hasta en las márgenes babia figvm» de «antos, üoms 
oon ero y pisía, av-es y ^tros adoi'nos,.algctnes-de esquiaito 
*^sto, <|ue AiBettenteinente tenían rehicion con él oonte- 
nido de 'la página. JEetostomatosee usaban conummenteen 
obras destinadas á prbidpes y fwM;eBtados, pues .eran m^ 
fnamente cesto&os, y haibia otros 'de mtoior calidad pa«a 
las personas aorénos pudientes* Eia muy finacneote Jonnitflr 
«i membre del imporeaor, y leeando se ponia»*era al £n del 
libro 9 é iba comunmente acoinpañado con una jaculato* 
jna. La edición sobaooüstarde 300'^«inplares, ycttandb 
mas llegaba á 300. Las prensas eran toscas , embarazosas y 
,poco firmes» y se construían de madera. 

No siendo nuertro pvopésito trazar k ibístonia de «la im- 
prenta, nos bítsta lo Siclío para que se forme idea de los 
primeros pasos que dio el arte en Hiadrid , Barcelona j Va- 
iMida. Sitoesivamente se foénm iatrodudiendo aU^iaeio* 
nes y mejoras que hacían cada vez mas fácil la leiítara de 
los libros. Sin embargo , ya á mediados del s¡,glo xvju 
.MBique se aunase un eon«tdenible adelanto enJOMiohas de 
ias partes de una buena impresión , el mal gusto que -se 
JDtrodujo en las artes^ no podía menos de penetrar en la 
de la imprenta^ y de .manifiaetarse pcincipalneBAe en dns 



KtMemré s«mE'LA inmismiA iwMntriGMk 13 

portftdUs , Tleniís j sAestschs delesr mas «i^lravaganfes t«^ 
prichos , y sobre todo tsñ reean^gada» é& lectora , ffst to4# 
en eflasr es conñistony mal ^sfü. Bst&no podiflfRiénfM^de 
dbtnraar tambieír en los tipos y ert las eslampias qtie aeom-^ 
pañfbban á las obras* 

fie esta manera sí]guió entre nrosotros 1» itBprente, sf» 
qne se advirtiese un adefairto conocido haMa' el reinado- áltf 
Cirios IR» en que se fóndd ía ItnpreiVta Real , eslabfeeidlB^ 
no pt)r miras de hiero, sino como estableeimíento Tforara^ 
de imprenta , dirigido al fomento- y adefanfOsde este arte/ 
Er gobierno dióentdnces, ydespaes en elsiguíente reinado, 
tal importancia á la imprenta , que empleó considerables 
sumas en la buena impresión de excelentes obras , cuyas' 
impresiones por su costo no se hallaban ai' afeance de 
ningún impresor particnlar ; t^leser^n eMconespimtarumy 
de Cabauilles, los libros de arquitectura de Vitrubio, los 
de Paladio y otras obras qtre hacen honor á la tipograñ» 
española, y sobre todlfis, las obras de Cicerón, de cuya 
edición puede decirse que elevo en nuestro pais la tipo- 
grafía á un grado de perfección y de belleza, á que nin- 
guno de nuestros impresores ha llegado , inchrso el mis- 
mo Ibarra, por justa que sea su celebridad. En el reinado* 
del mismo Carlos III adquirid la Imprenta Real fundiciones 
de griego , hebreo y árabe de muy regular belleza. 

Habiendo citado á Ibarra , como era indispensable tra* 
tando de la imprenta espafiofa, no podemos menos de pa- 
garle el justo tributo de admiración que se debe á s^ me- 
moria» no solo por las bellísimas ediciones qve saKeroír 
de su oficina , con las que no admite comparación nada de 
lo que después sé ha hecho , sino por haber sido un exce- 
lente maestro del arte , cuyos discípulos fueron después los 
primeros y mas hábiles artistas de España. De esta escueta 
salió Sigüenza, autor de un tratado de tipografía, que se' 



14 REVISTA DK CSFARa^ M IHOUS Y DRU XXTiUWBaO. 

imprimió en 4811 , ya riurisimo, y que por desgracia nadie 
hasta ahora ha pensado en reimprimir. 

Estos nobles esfuerzos dedicados á la perfección de la 
imprenta , no podian tan pronto producir un resultada 
general « y por eso vemos que al mismo tiempo, y aua 
mucho después, aparecían á la luz pública impresiones de- 
testables : las comedías y otras obras literarias » que re- 
quieren conocimiento del arte y gusto en el impresor, se 
imprimían por aquel tiempo con la mayor incuria; los 
carteles de convocatoria para las funciones de iglesia, los 
de otras fiestas públicas, y los programas de conclusiones 
académicas, eran unamuestradeldesaliño'y extravagancia 
con que generalmente se imprimía por aquel tiempo. Asi 
era preciso que sucediera hallándose entre nosotros tan 
atrasadas lasarles industriales, y en especial las que pue- 
den decirse auxiliares de la imprenta : asi era preciso que 
también sucediera, cuando era muy poco lo que se impri- 
mía. ¿Qué fomento faabia de recibir este arte, cuando le 
faltaba trabajo? ¿Cuando muchas de nuestras mejores 
obras, cuando no pocas de nuestros escritores clásicos, y 
hasta los misales y breviarios , se imprimían fuera de Es- 
paña? 

Lo mas notable de las buenas ediciones de Ibarra y de 
la Imprenta Nacional , consiste en la delicadeza de gusto 
que en ellas se advierte. Forman un contraste bien singu- 
lar con muchas de las ediciones que los frajiceses llaman 
hoy ¡lustradas, ó con las de lujo que se hacen entre nos- 
otros, plagadas tanto unas como otras de adornos extra- 
vagantes, de tipos de mal gusto, y de esfuerzos empleados 
para buscar la novedad á costa del mismo gusto. Desde 
luego se advierte que allí se buscaba un tipo de belleza, 
regular, sencillo, elegante, y en que todo se refiriese á la 
claridad y á la mas cómoda y grata lectura. Los modelos 



MUIORU SOBRB LA INBUSTRlÁ TIPOGRÁFICA. 15 

qae entonces se proponía imitarla imprenta española eran 
las magnificas ediciones de Bodoni ; y en efecto no podrian 
haberse escogido otros mas acomodados» ni mas confor- 
mes á la naturaleza del arte y al objeto racional que se 
propone en t(klas sus obras. La imprenta no necesita bus- 
car adornos prestados en la pintura y en la exornación : 
su belleza es de otro género que el de las artes que se 
proponen aquella por objeto principal; y todo adorno y 
todo accesorio que solo sirva para distraer al lector, y para 
apartar su ánimo, digámoslo asi , del efecto que debepro-^ 
ducirle la lectura, cuyo efecto el artista tipógrafo debe 
hace^ mas eficaz y completo, merece ser considerado 
como inoportuno y de mal gustó. Asi como el escribir 
no es dibujar, tampoco el imprimir es pintar sobre el pa- 
pel. La belleza en la tipografía consiste en los oaractéres 
de regularidad, de uniformidad, y de la simetría mas sen-- 
cilla, perfecta y ordenada. 

Otra circunstancia , bien notable por cierto en las edi- 
ciones á que nos referimos , era la de que el papel , la tinta, 
las fundiciones y todo en ellas era de fabricación espa- 
ñola, y que un tirado, en que tanto esmero y delicadeza 
se advertían, se hiciese en las prensas antiguas de made- 
ra, que ya apenas se usan hoy en ninguna parte. 

Las imprentas de Barcelona y Valencia siguieron el im- 
pulso de la capital :1a primera, por el espíritu industrioso 
de sus naturales , y por los adelantamientos constantes que 
desde muchos años acá han hecho las artes y la industria 
en el principado de Cataluña ; y la segunda, por ser uno de 
los centros de instrucción pública y de cultura en España. 
Pudiéramos citar ediciones de mérito ejecutadas en es- 
tas dos capitales, y entre ellas muy especialmente una 
obra de Pellicer, que trata de medallas, y la de la Historia 
de España^ de Mariana, hecha en la segunda, y que taa- 
justo crédito ha merecido. (Se cantintiará.) 



f <> > » t i» ^t i»» í api)Bi»<»|» riJTi>1rtTir(f1tldnrtft<i1>»l < |ri <>i;<^^ 



MISGELAIVEAS. 



¡L^ s^ssaoisa ^t^s'ií^aQ 



TfiRCERA PARTE (t). 
CAPITULO PRIMERO. 

Serian las cuatro de la tarde de. un hermoso dia de ve- 
rano « cuando me apeé del carruaje á ia puerta de mi casa 
paterna. Salióme al encuentro la señora (^rvasiat J mien- 
tras trataba de evadir la calorosa presión de su mano ami- 
ga, presentóse mi madre con los brazos abiertos. 

Tan luego como la mas tierna de las madres se hubo 
convencido de que no me mataban de hambre, en aten- 
ción á que apenas habrían trascurrido dos horas después 
de mi comida en el colegio del doctor Hermán , condúyoma 
silenciosamente atravesando eljardiná una plazoleta bajo 
un emparrado , la cual hacia las veces de comedor cam- 
pestre. — Vas á encontrar á tu padre tan alegre, me dijo 
enjugándose una lágrima ; está con su hermano. 

Detúveme. ¡ Su hermano ! Jamás habia oido decir que 
mi padre tuviese un hermano; ¿lo creerá el lector? tan 
raras eran las veces que me hallaba presente cuando se 
dáscutian los asuntos de familia. 

(I) Téanse nuestros números de julio y agosto, primera y segunda 



MISCBLÁNBAS. 47 

— ¿Con sa hermano? pregunté yo : ¿tengo yo acaso un 
tio Caxton ademas del tio Joaquín ? 

— Sí, hijo mió, respondió mi madre, y añadió : solo 
que no ha seguido con tu padre las buenas relaciones que 
debieran eustir entre dos parientes tan cercanos ; ademas 
el capitán ha permanecido en el extranjero. Sin embargo, 
á Dios gracias , ya se han reconciliado. 

No tuvimos tiempo de hablar mas , pues ya dábamos 
, vista al emparrado ; la mesa estaba puesta, y acababan de 
servir los postres, que eran frutas y vino. Hé aquí los con- 
vidados que rodeaban la mesa : mi padre, el tio Joaquin, 
D. Bernardo, y el cuarto un personaje alto y delgado, 
con una levita abrochada hasta la barba , tieso , marcial, 
majestuoso, imponente y digno de figurar en «el libro de 
.caballería» de mi célebre antepasado. 

Apenas llegué , levantáronse todos; pero mi pobre pa- 
dre , pesado siempre en sus movimientos, fué el último 
que me estrechó en sus brazos : el tio Joaquín grabó en 
mis dedos el sello de su soilija ; D. Bernardo me oprima 
los hombros, admirándose de lo que habia crecido ; mi 
nuevo tio me dijo con mucha dignidad : «Sobrino, dame 
la mano... Yo soy el capitán Rolando de Caxton;» y el 
mismo pato , cojo aun , sacó su pico que tenia oculto bajo 
6u ala , y lo frotó suavemente contra mis piernas, que era 
5u saludo de costumbre : por último , mi padre , colocando 
sobre mi frente su pálida mano , y contemplándome por 
4i]guuos momentos con una calma inexplicable , pronunció 
estas palabras. «Cada día te pareces mas á tu madre, hijo 
mió ; ¡ Dios te bendiga ! » 

Apresúreme á ocupar una silla que se hallaba vacante 

entre mi padre y su hermano , y apenas me senté , cuando 

sentí en la cabeza un calor extraordinario ; la cara se me 

encendía , y se me hizo un nudo en la garganta : tal fué, la 

T. xm. 2 



AS ItEVlSTA D£ ESPACIA, l>£ 1!«DIAS Y 0EL EXTRANJERO. 

htipreftton xpke caaaó en «i -el ver la inustiRáa üeraBra de 
mi padre:... en aqueliti ocasión adquirí el seiitiHtíéiito^re- 
üexivo de mi nuevo estado. Ya no era un eflüuáianle que ya 
'á casa denus padres durante las vftoa(»on«s, pues atiora me 
hallaba' bajo el tedio domésttoo pura ser \jrio de li» miem- 
bros de ia faimlia : ya dcbia, perr Mtímo, «ensideniri»e 
como un hombre, coo el privilegio de ayudar, eonscilai*^ 
defender á aquellos seres queridos que me habían prodi- 
gado hasta entonces su solicitud y sus cariñosos euidaitofi. 
La sitaacion en que ahora me encontraba debía mírirta 
eo»o una crisis en la vida : la casa nos parece diferente : 
antes se le trataba á uno en ella como á un huésped, é- 
como un forastero amigo, obieto de atendones y de afeo- 
tuüsos iiftlngos» niño felh, querrdo y colmado de car idas 
por cuantos le ven. Pero volver uho á su casa para perma- 
necer en ella , después de terminados ya sus estudios -y su> 
vida de estudiante... de esto á la posición que ocupa un 
Ofmgo, ó un aaiuo en tiempo de ^vacaciones , hay una ¿is^ 
tsBoia inmensa. Desde este día la teolüa cuenta en su sreno 
con mi individuo mas, que tiene obligaciones *» que 'aten^- 
der y deberes que cumplir. Con participación á tes eon- 
fianzas doméslicas... ¡Ah! Sí: á este solo pensarntento- 
'hubiera ocultado el semblante con mis manos para lloras. 

Mi padre , á «pesar de su habitual distracción , solía tener 
un exquisito lacto para sondear los coraaones, y yo cpco 
ferdaderameate que leía entonces lo que en el mio< pas^Am^ 
oo» la misma facilidad que una página en griego. DesUiáé» 
«uavementc su brazo en tonto de micintura, y muamorB' 
á mi oido «chit.» Levantando luego k voz, exclamó.*. 

— -H<:rmano -Rolando, lo que Joa^in «cuba de decir^ 
no debe quedar sin réplica. 

— ¡ Agustín !.. respondió gravemente 'eli5apitatt: else&or 
doaquiíi, si puedo tomarme ia Kbertad de llamarle a«L.. 

— Como V. guste, contestó mi tio Joaquín. 



j»4o«Miial eonfianza* Iba á mtpottdor^ poes,4f«eeIie&flit^ 
ioa^ais h» lacado neünada. 

— iMay «1 c#Mlmio J dij» A. Benoaráo, dcfttéo caer 
unos polvos ^exk «na ^ompasidoB <¡iiMiikit ^^eparaiia cuí^ 
¿a d ncmn eole por ét mísmo, yoooqpiieito^iikiaáttawz 
y <1« zumo 4e Uno» ; ^moyalcM^rami £1 señor TéUttün 
€mfo émmio da cKnaliati^idad {i^áirénm «dém p»«Bte» 
«ts) a» iMdla Boiabkiaeiito deaacroUado, áncia^ 
. — 6tieeftiiM«ei|jchaBca,pf«ftigiikSctiíoiaai9^ 
crimen iiBperdaaaMe4»«el<iglo mi ^pM vivintts^ á qm- 
mt toisbKe cmio mí^MBÍ^» el capítaii Caxion^ 

— fie CaxÉOB... «éter toupiío, 

— HeCaiUiai». de in rnaa^^ta cafMdad váliAut y daT 
■naa ■Umtog'iaB^ea , ap héroe deacittidiflato de iiétfea» haya 
servido en el ejército veinte y tres años , y na ¿ufa «sean*- 
didk> -mm que á «apáftan coa «nedi» fineid o. £slo oaee del 
infane aislafifta de ia vttttabdad de laagiados» ifae fmmé 
pwekr ka» una lAoa keaores*. eooMi se Inda es üm^poi. 
dd kBpctfÍD^Aflfliaao... 

JfipafeakwitéAa eaibesa; pere el tía ¿aa^ahn praai^ 
pióáBÉasique aqiid paaniiaciaaeiaf aiwiw petafc» de «a 
piíanedilada i ntcnM a pci on. 

— Uhi jísteaM» si emú «e paada opan^ tai ftcil mana* 
^»eQa lu» débil esfuerKi» y «a pao»<de «muí* Sá senor^- 
f al ttepr «¡¡vi allialaafiaiikdié alg»iioaf«Helasoa«<>iia» 
la aMsa, ÍKideBd& sattw doi lijadas tqpieíiaé^ 
laa tiaikíes dei capital de Caxton^^ &i aenor^ w» 
e» as^0amr «qne aae alfeveiia á poaer id «férdéo tm^o «a 
pié briUaBAe. Sí laa etciatea mas pobrea, y ka rnaasMii»- 
cedore^ de recoinpaasa, ceflaa el eafáU» de Gaitaa^ mt 
daeidíeaefi.solaflEiaBle, Mflioiiilaa4fida, á umme y &r* 
«ar aiM9»uia»<KÍacH«i antHSfftstocvMca, pagaiido 



90 REVISTA DE ESPAÑA , DE INDIAS Y DEL EXTRANJERO. 

uno por trimestre una pequeña cantidad, reuniríamos un 
capital bastante para derribar á todos los que fueren in- 
dignos de los empleos que ocupan ; y todos los individuos 
de capacidad militar y de mérito, tendrían una probabili- 
dad justa y legítima de ascender en su carrera. 
> — ¡Ah! ahí se encierra un gran pensamiento, dijo don 
Bernardo ; ¿qué contestáis á eso, caballero capitán? 
- — Que de ninguna manera, contestó el capitán nmy 
formalmente. En las monarquías no tiene el honor mas 
que un origen, y lo que decís equivaldría á violar el pri- 
mer deb^r de un TniHtar , su respeto al soberano. 

— Al contrario, repuso D. Bernardo, deseando hacer 
un quolibet &obve \SL soberanía, sinónimo de monarquía, y 
el soberano estampado en una moneda : muy al contrarío, 
porque entonces se deberían siempre las promociones á 
los soberanos. 

. — El honor, prosiguió el capitán exaltándose, y sin ha- 
cer caso de semejante salida ; el honor es la recompensa 
del soldado. ¿ Qué me importa que me posterguen á un 
joven presuntuoso que ha comprado el despacho de co- 
ronel? No me comprará por eso mis heridas ni mis servi- 
dos, ni me comprará tampoco, sefiores, la medalla ga- 
nada con mi espada en Waterlóo. El es rico, y yo pobre : 
se titula coronel... porque ha pagado el despacho de tal : 
se halla satisfecho... muy bien. Yo en su lugar no lo esta- 
ría; yo preferiría como prefiero quedarme de capitán, y 
fundar mi dignidad no en mis títulos , sino en mis veinte 
y tres años de servicio. Si por ejemplo , una sociedad de 
chalanes me comprase el mando de una compañía... No 
quisiera faltar á la política, pero diría: ¡Vayan enhora- 
mala todos esos tunos... señor Joaquín ! 

Apoderósíe una especie díe estremecimiento del audí- 
toríoaloiral capitán, y hasta el mismo tío Joaquin me 



MISCELÁNEAS. .2{ 

pareció afectado al verle dirigir una mirada penelrante al 
severo oficial, sin pronunciar una palabra. Aquella pausa 
se parecia á la calma precursora de la tempestad : por úl- 
timo se encargó D. Bernardo de romper el silencio. 

— Hucbo me alegraría , dijo » de ver la medalla que ganó 
usted en Waterlóo... ¿ la lleva V. consigo ? 

— Esta prenda, D. Bernardo, no se separará de mi co- 
razón mientras viva. Conmigo bajará al sepulcro , y á la 
primera voz de mando, resucitaré con ella el dia de la 
Gran Revista. Al terminar estas palabras , desabrochóse el 
capitán (ranquilamente su levita, y desprendiendo de una 
dntita, que cosida al forro llevaba» la obra, mas espanto- 
samente mala que baya podido salir de manos de un pla- 
tero (con perdón sea dicho de mi tio de Caxton) para re- 
compensar el mérito á expensas del gusto , puso la me- 
dalla sobre la mesa ; apoderáronse de cítalos convida dos 
y pasó de mano en mano sin que nadie dijese una palabra* 

— Es cosa muy e&traña, dijo por fin mi padre, el que 
tales bagatelas puedan convertirse en objetos de tanto 
aprecio y valor. ¿No debe uno admirarse de que un hom- 
bre exponga su vida en un siglo , por lo que en el siglo 
venidero no le darian un botón ? Un griego tenia antigua- 
mente en gran estima algunas hojas de olivo entrelazadas 
en forma de corona, y colocadas sobre su cabeza... hoy 
se miraría esto como un adorno ridiculo : los indios de la 
América preferirían un adorno do cabelleras humanas , lo 
cual todos nosotros (excepto D. Bernardo acostumbrado á 
estas cosas) lo miraríamos como un tocado de muy mal 
gusto ; por último, mi hermano tiene en mas aprecio esa 
pieza de plata que podrá valer cinco sbeljnes, que Joar- 
quin sus minas de oro , ó que yo mismo la biblioteca del 
Museo Británico. Tiempo ha de llegar en que los hombres 
miren y tengan esa condecoración por tan frivola, coma 



SS REVISTA DE ESPAÑ^ ** Rf«M»Y DEL EXTRAMERO. 

«US €mmm de liofas-', ▼ un cinlinnMi áee^M UmA eofttodw 
ás los epftneos eiiemig^9. 

— Madt liay en eslo ée extraiÉcr, heraima, 4ife el etf»- 
tan. Elsta es una cosa muy sencAla par» Unáo h^mikre «|ve 
«eemprenife Eos principios del hoiver. 

— No digo lo contrario, dljo> mk paAre con diilmra^ : 
«radie me a(egfma deeir cómo piensae sobre «stannle- 
lia, fai etial citeo que i todos^npoe es pre<«90cttose. 

CAPITULO IL 

XMISGURSO B£ m 'EfO mHJLKUQ SQ»RS. £I> HOÜQR. 

— Sefiores , d^o el cafñtan respondiendo al MamamicHle 
*^pecto que se le acábate de dirigir; señores, Biios fñaob 
^l^erra; pero el botnlvre bivodee jimiines. 6bos fariao al henAie; 
pero el ilombre se rehizo á si mísmo^ 

— Por medio de la cleaeia , dijo mi paibe. 
— Per el de ta indttslna , dijo ei tío loaquiíi. 
— Por la eomücíon fisíea de sh cuerpo , Ma4ió D. Ber- 
^nardo. E) no hu^biera podido rehacerse, aun^oe ao M^ 
lase al principio en los bosques y desierto», si no kabiceie 
•tenido aleta» como ira pescado, ó si hubiese eamddo dé 
niedios ipmm hacerse entender, avnqoe feese hacievclo 
mm»ms come los moBoe. Las manos y Ja lengua : hé aqof, 
ead^aUero capí0an, fes inelninienios det progreso. 

— D. Bernardo, dijo mi pa4re meneando ki caheM^ 
cuairto acaba V. de decir respecto» á las manos, lo iiabia 
«dicho y» Anaxágol*»». 

— Y qué quiere V. que le diga , respondió el oiwiaiire»; 
para no iDcinrrir en semejanvtes repelócienes, serte preciso 
^qne uno no desplegase mnsea sus labios. Pero , per uttt- 
wm , Boestra superioridad no estría lanío en nnestia6 
mumm, cerno en el ármate que puedan tener nuestros 
ítfeAis pulgares^ 



— Allifio^dfrSe6laftav3^'niiiealrD salMo QuiltoTmoJ^siK 
«MMe,. faui' betái^tambmi í^ual obs»?afyon ^ refotsa «te 
iNRTO mipttdreí 

— j-Válgaiae Dtoe^ aenor Gastón ! dije D* BetnardOyiqpé 
«eeesidad tiene V. 4» $ftÍH»rio todé? 

— Todo* no;. pero es oosa^ muy? sabida q«e los dedos 
TKilgftfes3ttim»stnW'€^¿et(m'd» Javarí gftciofi á ¡a iateli:-- 
g^m. inéiKis profiínda , replicó mode$4amento mí padrs.. 

— Sabores, fifom^mé mi tío Rolaado» aaudando suiu- 
l^nimpídb discurso^ tasto «»€S()iiá]nai, como cuantos sa^*» 
l>ios y cirujanos estalen en el mundo, han sido j^vovistos de 
manos'T detSos; ¿ hay puaaalgtm motivo para, crtier que un 
esquimal haya s¡d<> roas \íti>i\ poF esto? Sfaioreá ^ no le* 
es á uno liidto reduoírse de esta manera á no ser roas que 
una leáqukta* Eeted por fecra ana mirada. £1 kombre , lo* 
pepito y se rebabe á sá mismo ; pero ¿.de qué modo? Por el 
primipiihdelhenor. Si» petmer <leseo es el de sobrepujar á. 
loa damas bombres^^u primer impulso el de distloguirso 
-entre sus semejantes. El cíelo coloca en su alma una bró^ 
jola secreta , una a^oja toeada en imao^ .fi:e le indica siem- 
pvoDB. objeto^ es déeír, ethcnor en lo que mira como 
lionroso el pueblo e» que vive« 

HaUánddse pues, el hombre expuesto á todos, los peli^ 
.gros por paute de las fieras y de seres tan salvi^^&cooio él 
mmm», eA valor se Gtmvierte paira él en la primera cuali-* 
<lsdi ifve: los iiombres debes» boaa^ar : por a&ta ras^ou el 
siivaje esvalienfte', por esto ambieiona el premio de su< 
\aior, y poresAotse eoiideeora con tas pieles de las fieras 
que b» domado*, y €(m> las- cabelleras d^a loa enemigos que. 
lia muerto. No >naie digai», seíiofies',.<|Ui8 aqu«)Uas pieles,, y. 
ai^el cuero eral^ierto de pelo,, no sont mas que u£:,a piel y 
Wi coero ; no , aenoires : aquellos so» los trofeos del ho-^ 
»0ff: ao Bie; digáis <|oe son. cosas ridiculas yr^pugnautes^ 



24 REVISTA DB ESPAÑA» BE INDIAS Y DEL EXTRANJERO. 

pues aquellas son las insignias de gloria que prueban que 
el salvaje se ha desprendido de su primer egoísmo brutal, 
y da un precio á la recompensa que los hombres no con- 
ceden nunca, sino á los hechos que protegen su seguridad 
ó mejoran su bienestar. Por consecuencia , señores, nues- 
tros salvajes han comprendido que no pueden vivir con 
seguridad entre si , mientras no se convengan en decirse 
mutuamente la verdad ; de lo cual nace que la verdad se 
convierta en principio de honor. Sin duda mi hermano 
Agustín también nos dirá que en los primitivos tiempos se 
atribuía á los héroes la cualidad de veraces. 

— En efecto, dijo mi padre, ese es uno de los mas be- 
llos atributos de Aquiies, según Homero. 

— De la verdad nace la necesidad de una forma de jus- 
ticia , y de leyes aun incultas. Reconocido el valor en el 
soldado , y la verdad en todos , el honor pasa como un de- 
pósito sagrado á manos de los ancianos que velan por la 
conservación de la justicia entre ellos. Hé aqui, señores, 
cómo nace la ley. 

— Pero los primeros legisladores fueron sacerdotes. 

— A ese punto iba á parar, señores. ¿De dónde nace el 
deseo del honor, sino de la necesidad en que el hombre 
se encuentra de perfeccionar sus facultades para la feliei" 
dad de los demás, aunque, sin dudar lo mas minimo sobre 
esta consecuencia, no busque el hombre sino su alaban-^ 
za? Pero el deseo del honor es inagotable , y el hombre 
naturalmente ambiciona llevar su recompensa mas allá de 
sepulcro. Luego aquel que haya muerto mas leones y mas 
enemigos, naturalmente se inclinará á creer y esperar que 
poseerá en el otro mundo mejores terrenos de caza, y que 
se le reservará un sitio de preferencia en los banquetes 
celestiales. La naturaleza en todas sus operaciones le su- 
giere la idea de un poder invisible ; y el principio del ho- 



MISCELÁNEAS. S& 

ñor, es decir, el deseo de alabanzas y de recompensas, le 
hace celoso de la aprobación que aquel poder pueda dar* 
le. De aquí nace la primera idea inculta de la religión ; y 
en el canto de muerte que aquel entona desde el pié de su 
suplicio, canta el salvaje himnos proféticos sobre las distin-* 
ciones que se le preparan en el otro mundo. La sociedad 
marcha ; se construyen chozas, y se echan los cimientos, 
de la propiedad ; aquel que mas posee tiene también ma& 
poder que los demás. El poder es honrado, y el hombre 
ambiciona el honor unido al poder que se funda en la po* 
sesión. De este modo se cultivan las tierras , asi se cons- 
truyen puentes sobre los ríos , asi trafica una tribu cou 
otra , y asi finalmente se funda el comercio y nace la dvi* 
lizacion. Señores , todo cuanto al parecer tiene menos re* 
lacion con el honor , al acercarnos á la época vulgar de la 
presente , trae su origen del honor , y no es otra cosa que 
un abuso de sus principios. Si los hombres de hoy soa 
todos comerciantes ó revendedores , si hasta los honores 
militares se compran, y si un tunp se abre camino basta 
llegar á la dignidad de par, no les mueve otro resorte que 
el del honor : ¡ ah ! ¡ el honor atribuido por la sociedad na- 
ciente á títulos exteriores y á privilegios de riquezas , en 
vez de concederlo como en otro tiempo al verdadero mé- 
rito , al valor , ¿ la justicia, á la verdad y al trabajo ! Por 
ejsto digo, señores, que el honor es la única base de toda 
progreso del entendimiento humano. 

— Has hablado como un Catón, querido hermano , dijo 
con admiración mi padre. Sin embargo, sin necesi- 
dad de remontarnos á los tiempos bárbaros , en los 
que se estimaban tanto las cosas que no tenian ningún 
valor en si mismas, ¿no es verdad (ya que tratamos aqui 
ahora de instruirnos), no es verdad que con esa monedad 
medalla de plata... 



911 REVISTA DE ESPAÍ^A, DE INDIAS^ T BEL EXTRANJERO. 

— !fe podria V. comprarse un par de botii»?'añffdR{ ellió 
Itmqtiiti. 

— ;N? adtfnirirse específico al^g^wrro, prosfgaié D, üfep- 
nvrdo , p»ni hacer desaparecer los acceso» del nmldifé 
yenmattsmo crne contrsqo V. eti los campamentos dtmail» 
Iti guerra de Portugal, sin contar con la extraeekxn de la 
Dala que t^ene V. en el hueso del cráneo , m con ese piértta 
de palo que tanto debe disminuir ios saludable» efecte» 
dé sus paseos habituales t 

— Señores, prosiguió con el misnaoaplonijo el cafpitiMí, w- 
nos remoTitamos á los tfcmpos de la barbarie , me remonto 
á ios verdaderos principios del honor. Si algún mérito tiene 
ésta pieza de plata, consiste precisamente en bo tener va- 
Ibr alguno. ¿En dónde estaría el servicio si pndiesead(fof- 
rír con ella mi pierna, ó cambiarla con una renta de cua- 
trorarl libras esterlinas? No , señores : en eso precís«mente' 
consiste su valor; en no poderla llevar sobre mi pecfeo, 
sin oír decir á mi paso : Aqnel viejo i^^^Hdo no están in- 
étil como k) parece, pues faéuno de los valientes que sal- 
varon á la Inglaterra y libertaron á la Europa. Pero no 
porque la oculte aquí (el lio Rolando besó su medalla , y 
aliándola á su cinta la colocó en.su sitio), y la preserve de 
todk mirada, será menos su valor, pties este se acrecienla 
al pensar que mi país no ha degradado los antiguos y ver-»- 
dadisíTos principios del honor, pagando al soldado que com- 
batió en su defensa, con la misma moneda de cfue V. 
seuor foaquin, se vale para pagar sus botas. No, señores, 
no; ya que el valor fué la primera virtud que el honor en- 
gendró, la primera de donde nffcen la seguridad y la ci- 
viHíacion de los pueblos, debemos procurar presen^arta 
alómenos y ponerla al abrigo de los insidiosos tiros deí 
metaf corruptor, manantial perenne de los vicios de la <A^ 
vilizacion. 



- AlHefwaqiiá b»o alio mí lio, Ihné »n t&so, y tevaii* 
i&sdoso, difo em tono solemnft estas palabras : < Señores, 
rt úkífDo iMTÍnidís : Por los n^ente» que molieron en 
érfiMMft lie su paés t . 

CAPITULO IIL 

— VafRos, hijo Olio , es preerso #fue tomé» e«l» tisana ; 
ka» contraido vn romadico, y acabas de estonnidar tres^ 
ittces seguidas. 

-^Si, aoMttM, pero lia sido {>or haber tomado un pohro 
de la caja del tío Rolando, para poder disfrutar de este 



— ;Abi ahora «pie me acuerdo, querido Sisty; ¿qué 
fB¿ lo qoe dijiste á tu papá que Imto le gosló? Gorqo se lo 
dijiste en latín, no pude comprender otra cosa sino qoe 
hdbtebas del CMgia y del Olimpa. 

— ^ Ah !... si... coiie^sff... sí; pnbferem olgmpicnm eelle^ 
§mejmM^ Esto quiere decir, querida tawmiy que eausti 
wam ivfdadefm satisfiíccion el tonmr un poho de la caja de 
UQ YaMenle. Querida madre , deje V. la tisana sobre la 
Kesat; doy á V« palahra de l€HDarla luego. Ante todas eosas., 
siéatese ¥...«» y cuésteatia V. cunto sepa do este fomoso 
capítau. Primo ; en primer lu|;ar, es mocho mas viejo que 
bbí pudre. 

— Sn duda, oeutestó mi madre : aparenta por lo me- 
nos Teinte unos mas, pero yo creo qoe en realidad no se 
que CHICO años : tu padre siempre parecerá 



— ¡Y podrá V. decirme por qué el tio Rolando an* 
le^ne á su apeüido la absurda partícula francesada, y 
p«r qué eorluroa sus relacienes? ;Es casado? ¿Treno 



EL ha^f en donde pasaba esta conversación era mi ga^ 



28 REVISTA DB ESPAÑA , DI INDIAS Y D£L BXTaANJKAO. 

binete, vestido de papel nuevo expresamente para mi re* • 
cepcion , el cual representaba un enverjado con flores y 
pájaros, todo tan fresco, tan natural, tan propio, con mis 
libros colocados con la mayor simetría en lindos estantes,, 
y una mesita con recado de escribir junto á la ventana. La 
hora seria la de las once de la noche : la luna bañaba al - 
jardin; la ventana se hallaba de par en par abierta, y la 
brisa nos traia el perfume de las flores : la madre y el hija 
eran los únicos personajes que figuraban en este escena, 

— Pero, querido hijo, ¿cuántas preguntas me haces ¿ 
la vez ? 

— No me conteste V. sino á una despiics de otra. £m* 
piece y. por el principio , como lo hace la señora Gerva- 
sia en sus cuentos de hadas. — Pues señor, una ves 
habia».. 

— Pues señor, una vez había, dijo mi madre dándome 
unbeso en la frente ; habia una vez, mi querido hijo, en la 
provincia de Cumberland , cierto eclesiástico que tenia dos 
hijos : siendo muy reducidas las obvenciones de su mi- 
nisterio , se vieron los dos niños precisados á abrirse por 
si mismos un camino en el mundo. Inmediata al presbite- 
rio , y en la cima de una montaña, se levantaba una antigua 
torre ruinosa, que se mantenía en pió, la cual, con una parte 
del pais vecino , habia pertenecido en otro tiempo á la fa- 
milia del eclesiástico ; pero todo fué vendido; todo fué 
poco á poco desapareciendo, ¿lo oyes, hijo mió? excepta 
el derecho de presentación al curato, que fué reservado 
para el último de los hijos , cuyo primogénito fué tu tio 
Rolando, y tu padre , el mas joven. Según yo creo , su pri- 
mera querella tuvo su origen en la causa mas absurda po- 
sible, como dice tu padre; pero Rolando, que era excesi- 
vamente susceptible en todas las cuestiones que se reíe^ 
rían á sus antepasados , leía y estudiaba continuamente el 



MISGBLANEAS. 29 

antiguo árbol genealógico , ó los libros de caballería , ó 
dragaba por entre las ruinas. Yo no puedo decir fijamente 
por qué nombre empezaba aquel árbol genealógico ; pero 
según parece, el rey Enrique II cedió ciertas tierras del 
Cumberlsnd á un tal Adam de Caxton, y desde aquella 
•época se trasmitiría el titulo regularmente de padres á hi- 
jos hasta Enrique Y. Entonces , )o que parece mas verosí- 
mil, á consecuencia de los disturbios de este reino , época 
de la guerra de las Dos Rosas, solicitó tu padre que se in- 
terrumpiese la filiación. No se halló mas que una ó dos 
veces el apellido de Caxton , y sin fechas seguras hasta el 
reinado de Enrique VII, excepto bajo el de Eduardo IV, 
en el cual fué introducido un Guillermo Caxton en una 
de sus actas testamentarias. En efecto , en la iglesia del 
pueblo se admira un bello monumento de bronce, erigido 
á un señor Guillermo de Caxton , muerto en la batalla de 
. Bosword , combatiendo bajo las banderas de aquel rey de 
infausta memoria, llamado Ricardo III. El célebre impresor 
Guillermo Caxton vivió también en aquella época: pues bien; 
hallándose tu padre en Londres en casa de una tía suya, se 
tomó el trabajo de compulsar los antiguos pergaminos del 
colegio de los heraldos de armas , y tuvo la mayor satis- 
•facoion.al adquirir la prueba de que descendía, no de 
aquel desgraciado Guillermo que murió defendiendo la 
peor de las causas, sino del grande impresor, descendiente 
de.una^rama de la misma familia, la cual extínguida, re- 
cayó el «dominio en Enrique VIH. Este fué el origen del 
rompimiento de tu tio Rolando con su hermano, y en 
verdad que tiemblo al pensar que aun puede suscitarse 
esta cuestión. 

- — En este caso, madre mía, debo decir que mi tio no 
iuvo razón; pero yo sospecho que alguna otra causa de 
Asgusto eústiria e^itre ellos. 



so REVISTA DE £SPAÑA,d£ UttlAfl T DEL EXTRANJERO. 

Mi madre por tocki respuesta l)i^ los ojos y se firelá smt' 
vameiite las manos , se^vn tettia de coslarnbre cmttid» se 
bailaba tiirbada. 

— Vamos á ver, querida madre , ¿en qué eoosistuí? le 
p^regonte yo ccm adeaaan carmoso. 

— ^^CreOy m^ respondió « sí , ereo ; es dedr^ me paiece 
que ambos aiaaban á una misma ióve». 

— ¿Coma es eso? ¿quiere V. decir que mi padre ha 
querido adecuad de V. á otra imijer? 

— Si, Sisly^ si ; y muy eiegaaiefíie, raspendUó mi mu^i 
y exiíaiaado ua süsfíiro después de mümomeslade süe»^ 
ciOt aiadíó : nuiíca me profesó. eariíM»» j lo cpie es mmm, 
basta tuvo la frimqueaa de eonlesármelo* 

— Y á posar de esto^ V..^. 

— Me ettséeoQ él; si^ ptosi^aíó raí Ottdve ievaoftUMle 
al cidokis ojos mas bellos 7 anuiporoe en queíaiBsaaaunte 
alguBo baja podido desear leer su destina. — Si » pei^fne 
ei oU'o afiíor era ub ««mt «a espermae. Sabia qne jo 
podriabaúorlefeli^^ fiaiMaq«ue acabaría: por aoiaiane^eoiMi 
en e&etd sucedió, bifo mío : la pad^ me ama. 

Al pi^ttuifteiflr mi madre estas peiafaraa aeraaaáránie 
sxis m^tUas, y me pareció su semblante lau \iírgiaei> Itti 
Uei>o dabcHsdad y (le belleza « tan joven aim , que, I&dqp» 
firanGaime»4e, para «o amar mi padre á sea«|antei;riliun^ 
era preciso* qm estui^iese áeioéa de la ««iie é» ttbm f 
poseído por JDusio, el dasMMO de les TeutoMe, ó par 
Nock , el dem^aio ttiarítoee de ki&cse«idiQaveia, de tas 
euales descieodeEi , ae^n la opinioo de les 8^et« lede» 
los diablios moderMis, ttielu»» ^1 vieie> üick y el Jfkmcmént 
los ingleses. 

Aoei*ftté su mano á mk& faibíos; pero se baUebadeiui* 
siado eoibargado mi ceiraeoii en a^^uellos mommtea, pam 
que pudiese pronunciar una patabni^ y cuando 
o hice dosviándome un tanto del asunto. 



m&CBLÁiíEAa. a 

— ¿X>iiego ftfudUa clvaltdad iadis{N3&o i Im. 4o& berma- 
Bos? ¿Y quiéa era In füvaracidaseuora? 

— Nunca IB6 lo ha diobo tu padre, ni jaroa^ se lo he 
fmguniado, r^e^pondió soncillaiaeiite mi madrd^ €in em* 
baxsome consta que en nada se me.parecia. Era uua se- 
Aom muy hAtmo^A^ muy eiejante y de una ilustre {•- 
mUia. 

— A pesar de tan relevantes cualidades , mi padre puede 
considerarse muy feliz en que no le atrapase... adelante; 
y ¿qué hizo el capitán? 

— iBiobreyiuo eniónaesia. muerte de tu abuelo, y4>oco 
lieiiipo después ia de uiuiiia materna muj rica y al mis- 
4010 tiflinpo ecoaómica.» 1^ cual dejÁ á cada iijio 4e sus .so- 
l>ri&as diez y sei6 mii libras. Tu tío adquirió c(m su parle 
ipor un precio enorme k aniigua torre y algunas tiaras 
¿ínmedMUis^ todo lo cual'se asegura que no le reditúa al 
atto.tresQietttas libras. Can el dinero restante nompcó un 
despacbo de oficial, y habiéndose separado los dos Iho- 
mancis» Jso ban ^vuelto á verse basta la ^sejoaua antetúco:^ exi 
que ifta.Uegado/iaesperadamentc Rolando. 

— 4 Y la. boda con. aquella señora de tan alXa alcurnia? 

— No se Yoaikió; pero se casó con aira, y ae quad¿ 

— iHokt ! ;C<»i qué finé tan ¡Bconseouente como ikmp^h 
«fbt>.! pfipo.sin baber un .pretexto, plausible» ¿eóoio {ludo 
jiesbacerse?... 

— LaiigfiMvo : ajioca^ bellido hablar sobre este asunta* 

— iTiene hijos? 

—Dos : un hJ|Ou.. ,pero de^paso te adviertoi que jd^o debes 
4Miartttarb> BURca. CiMinda le pregante yo si su familia era 
muy numerosa , tu tio me respoíndió naujf iaaánicamente.: 
iYaagotniía b^a y:un hijo^pera.^. — ;Ha muerta! exclamó 
4b padi» >con ana ¥oa may ataetunsa. — JBa muerto f aspt 
mi, hermano mío, y nunca pronunciarás su nombre. ¡Si 



Zi REVISTA DE ESPAÑA» DE INDIAS Y DEL EXTRANJERO. 

hubieras visto qué semblante tan iracundo puso tu tío!... 
Te aseguró que me llenó de terror. 

— Pero su hija.;, ¿por qué no la ha traído consigo? 

— Permanece en Francia. Ya nos ha hecho alguna indi- 
cación sobre que piensa ir por ella, y le hemos ofrecido 
tu padre y yo hacerles una visita á entrambos cuando se 
hallen en Cumberland. — ¡ Ay ! ¡ Dios mió ! ¡ Dan ya las 
doce ! ¡ La tisana está fría ! 

— Una pregunta mas , querida madre, una no mas. El 
libro de mi padre... ¿lo continúa? 

— ¡Oh! si, respondió mi madre cruzando las manos; 
ya te lo leerá como me lo leyó á mí... ¡ Tú le comprende- 
rás mejor ! ¡ Son tantos mis deseos de que se dé á conocer 
al público, paraquele admirecomole admiramos nosotros! 
}Ah! Si se hubiera casado con aquella elevada señora, al 
menos le hubiera inspirado mayor ambición , al paso que 
yo no puedo mas que hacerle feliz... pero nunca un hom- 
hre grande. 

— ¿Pero por último accedió á las instancias de V? 

— A mis instancias, respondió mi madre meneando la 
cabeza con dulzura, no; á las de tu tío Joaquín... que por 
iiltimo ha conseguido captarse su confianza. 

— ¡ Su confianza, querida madre ! ¡ Ah ! ruego á V. en- 
carecidamente que no se fíe mucho del tio Joaquín : el 
mejor dia vamos á amanecer asfi^^iados en una mina de car- 
bón de piedra, ó á saltar por los aires en una explosión 
H^on alguna gran compañía nacional para extraer la pólvora 
de las hojas del té. 

— ¡ Picarillo ! dijo mi madre sonriéndose ; y tomando 
luego la palmatoria, añadió con aire pensativo, mientras 
daba yo cuerda á mi reloj : 

— No, lo que no puede negarse es, que el tío Joaquín 
^cs hombre de mucho talento, y que posee muchos recur- 



HisesLÁeiEAs. 33 

s»s%.. ¡y si ooüsigaiéMinos... por ti, Skty... hncet* for- 
tana! 

— ^ ] Me asusta V. con lo que acaba de decir, madre mía! 
V. ae chancea, ¿ne ea verdad? 

— ¿Y si mi hermano fuese et único hombre capae de 
hacerle eminente en el mundo? 
. — £1 tío Maquin es el único hombre capas de hacer 
naufragar cuantos buques surcan el canal de la Mancha, 
repliqué yo bastante irrespetuosamente ; pero apenas pro- 
nuncié estas palabras , me arrepentí , y estrechando entíe 
UHS brasos á mi madre, procuré con mis besos borrar el 
disgusto que aquellas debieron causarle. 

, Quédeme solo en mi gabinete, y arrellanado en aque- 
lla cama en que ddoia disfrutar de un saeño tan dulce y 
tan profumlo... hubiera podido figurarme que me hallaba 
sobre un duro jergtm. Cansado de revolverme y dar vuel- 
tas 8 un lado y á otro sin conciliar el sueño , me levanté, 
envQlvíme en mi bata, encendí la luz y me recosté sobre 
la ventana. Acordóme entonces del episodio de la juven-^ 
tud de mi padre, que se me acababa de referir de una ma- 
nera tan incompleta, y le añadí algim colorido, llenando 
los lunares del cuadrp , que lo presentaban á mi fantasía 
oscuro, y consiguiendo por esU» medio hacer desapare** 
cer mis dudas y las conjeturas que habían surgido en mi 
ima^asK^ion. A pesar de mi poca experiencia, pude com*- 
prender , gracias tal vez á las secretas simpatías de mi ca-<- 
ráeter, cómo un espíritu ardiente y apasionado había po-^ 
dido caer en Ut calma del estudio, perdido ya el estimulo 
de una primeva pastcm. Entonces comprendí también^ 
cerno se atempera imio á los hábitos indolentes de un ma^* 
trknoaaóo feliz, aun sin sentir amor, con una compañera 
taa aoUcita y tam cariñosa , pero tan poco acostumbrada 
á-estínutlar uaa mteligen^ naturalmente contemplativii, 
T. xin. o 



34 , RKYISTA DE ESPAÑA, DE INDUS Y DEL EXTRANJERO. 

y cómo se había dormido años enteros en el tranquilo re- 
tiro de un solitario erudito. Finalmente pude comprender 
de qué manera, entrado ya en aquel periodo de la edad 
madura en el que todo hombre siente renacer sus instintos 
ambiciosos, mi padre, despojándose déla indiferencia que 
habia sucedido á una pasión reprimida, rendía yasallaje 
súbitamente, como en los mejores tiempos de su juven- 
tud, á la única verdadera dueña y señora del genio , ¡ la 
gloria ! 

¡Ah ! ¡con cuánta satisfacción me asocié al tierno y apa- 
cible triunfo de mi madre! ¡ Con qué placer me admiraba 
de Ja religiosa paciencia, con la cual habia ido insinuán- 
dose poco á poco eii el corazón de mi padre , cambiando 
su estimación en amor, y excitando en el hombre genero- 
so y reconocido á sus cuidados , aquel cariño que le habia 
rehusado el hombre sabio en su solitario retiro ! 

Vino luego á mi memoria el veterano oficial con su vista , 
de lince , con su ruinosa torre y sus tierras improductivas; 
presentóse á mi fantasía durante su orgullosa juventud y 
sus sueños de aventuras caballerescas, vagando por entre 
las ruinas ó estudiando su árbol genealógico. Pero ¿dónde 
estaba su hijo desgraciado?... ¿Qué crimen tan atroz ha- 
bía cometido? Este secreto me inspiraba un respeto pro- 
fundo. ¡Y aquella hija! ¡aquella hija tan querida, su teso- 
ro ! ¿Seria acaso hermosa , serian sus ojos azules como los 
de mi madre, ó tendría la nariz á la romana, y cejas ne- 
gras como el capitán Rolando ? Así se me pasaron horas 
enteras componiendo toda una historia : apagóse la luz; 
quedóse mi gabinete sin mas claridad que la que le pres- 
taban los dudosos rayos de la luna, y me quedé profunda- 
mente dormido. Hallábame viajando con el tío Joaquín, en 
un globo , y nos veíamos próximos á hundirnos en el mar 
Rojo , donde habíamos sido lanzados por una ráfaga dé 



MISGBLÁNEAS. 3S 

viento , cuando vino á salvarme del naufragio la voz da la 
señora Gervasia, que gritó : ¡Jesús! señorito! este niño 
no se ha acostado en toda la noche. 

CAPITULO IV. 

Apenas me hube vestido , me apresuré á bajar faltándome 
el tiempo para volver á ver mis sitios favoritos ; el jardi- 
nitoique yo mismo habia sembrado de distintas flores, la 
extensa alameda y el estanque. 

Al llegar al vestíbulo , me encontré al tio Rolando en 
una posición sumamente dificultosa. La criada, que natural- 
mente era repleta , y diré entre paréntesis , que causa ad-* 
miración el ver cómo se aumenta la corpulencia y volumen 
de una mujer, cuando está arrodillada en el suelo, y con 
la cabeza y el cuerpo inclinados hacia delante ; la criada, 
como iba diciendo , lavaba los ladrillos y no era segura- 
mente su cabeza la que daba frente al capitán. Este, que 
evidentemente meditaba una salida, hacia gestos midiendo 
con la vista el obstáculo-parapeto que se le oponia, y que 
no hacia el menor caso de sus palabras demandando per- 
miso. Pero ¡ ah ! la corpulenta fregatriz estaba sorda. De- 
túvome yo, movido por la curiosidad de ver el desenlace 
de aquella muda escena; y por dónde rompia el tio Ro- 
lando. 

Persuadido mi capitán de la inutilidad de sus avisos , se 
encogió haciéndose tan pequeño como le fué posible, y se 
deslizó hacia la izquierda de la muralla ; en aquel mismo 
momento, haciendo la criada un cuarto de conversión, 
echándose hacia la derecha, cerró completamente por 
medio de esta maniobra la estrecha salida , único medio 
de salvación con que contaba el prisionero. Mi tio perma- 
neció inmóbil , y á decir verdad , obró con la prudenciada 
vsk buen militar, pues no hubiera podido adelantar una 



9t REVISTA DE ESPAÑA^ DS INDf AS ¥ DEL EXTRANJERO. 

pulgada sin hallarse en contacto peraond con la geatíl 
matrona que bloqueaba sus raovitmentos. Qoitéae oii tío 
el sombrero , y se pasó la mano por la frente en una per- 
plejidad extrema. De repente, el cuerpo opuesto le corta 
toda salida por esta parte con un lijero movimiento de 
sus flancos. Mi tio, tocando procipitadamente retirada, se 
pi*6senta á la derecha del enemigo ; cesi al mismo tiempo, 
arrastrando la criada el cubo quo se opone ¿ sus maní- 
obras , lo coloca de manera que forma una imponentel 
barricada, lacualno tiene probabilidades de asaltarla pier- 
na de palo de mi tio. Eatónce^sl capitán levantó los ojos a 
cielo, y pude oír estas palabras que pronunció en medio 
de su impaciencia : — ¡ Que no llevara calzones! 

Felizmente en aquel mom^íito , alzando la fregatriz la 
cabeza, vio al capitán, y levantándose con prontitud, arri- 
mó á un lado el cubo , haciendo una reverencia con vivas 
muestras de temor. 
Mi tio Rolando llevó, su mano al sombrero. 
— Te pido mil veces perdón , muchacha, le dijo; y ha-, 
ciando un medio saludo, siguió adelante. 

— ^Es V. tan político como valiente, tio, le dije« enlazan- 
do mi brazo con el suyo. 

— Chit, me dije apretándome y agolpándosela la sangre 
á la cara , cállate ; asi debe obrar un caballero ; es preciso 
4tte sepas qu£ para nosotros cualquiera mi^er es una se- 
ftara eo& derecho á que se respete su sexo. 

Algún tiempo diespoes tuve ocasión de acordarme de 
^ste aforismo de mí tio, y sirvió para explicarme por qisé 
un hombre taa susceptible sobre el capitulo del orgullo- 
de su familia, no trató nwueade desaprobar el quesuker- 
mano ae bubiese casado coa una mujer de una genaalo^ 
iMs aorta como la de aii tierna madre. Si hubiera^perteiie*' 
«íéo asta á la familia de los Monlmoreaey , no se bttlMett 



fliaftítMiaéo mi tío mas atento y galante que lo «ataba con 
la kwiHiilée deseondiente de los Tibbets. Profesaba el iKmi 
capitán una doctrina que no he visto noiiea adoptada » 
defendida por otro hoeibre alguno tan vano, co>molo era 
mí tio , tratándose d« la antigüedad de su raza : encerrá- 
base aquella [en los silogismos sígiiievftes : I."" Q«e el na- ' 
cimiento no tiene en si valor alguno, sino cómo trasmi- 
sioTí de ciertas cualidades que deben perpetuarse en una 
iiiza de guerreros , á saber : la lealtad , el valor y el honor. 
9/ Que mientras que por la parte femenina tenemos nues- 
fras facultades intelectuales, por la masculina tenemos las 
morales : un boRÚ)re fíno j de talento tiene por lo general 
un hijo fino ; un hombre valiente y de pundonor tiene un 
Irijo^ valiente y pundonoroso ; por consiguiente todas las 
cualidades que deben perpetuarse por hi fuerza de la raza, 
son masculinas, como* que provienen^de solo el padre. Mi 
lio pretendía también que al paso que la aristocracia tiene 
ideas mas elevadas y caballerescas, el pueblo las tiene por 
lo general mas vivas é Inteligentes. En su consecuencia, 
para impedir el que los caballeros degenerasen en hom>* 
bres estúpidos, la unión con el púdolo era no solo nece- 
saria, sino hasta útil, con tal que ñiese siempre con la parte 
femenina. Por áltimo, declaraba mi tio, que al paso que el 
bombre esún animal grosero y sensual que necesita todla 
elase de asodaeíones pwra ennoblecerse y hacerse tms 
feíerte, es la mujer tan susceptible de todo le bello y g€^- 
indroso^ que basta con <fue sea una verdaderamiqer , para s^ 
digna eompaiíera de un rey. Rarezas y originales teorías, 
' sujetas sin duda á ser controvertidas por lo que concíenie. 
éla doctrina do la raza (si no por todo lo damas) ; pero al 
beebo es que mi tio Aolasido era un bomtee tan excén-' 

trica y tan lleno de contradiecitMaes como como..... 

lo somos todos siempre que nos aventuramos á pensaren 
nosotros mtamos. 



38 REVISTA DB ESPAÑA , DI UIMAS Y DEL EXTRANISRO. 

— Vamos á ver, mi señor sobrino , ¿¿ qué profesión ha 
sido V. destinado? me preguntó mi tío. Me temo que no 
ha de ser á la militar. 

— No se ha tratado aun de este asunto, querido tio. 

— Afortunadamente no se encuentran aun en nuestra 

lEamilia letrados, ni agentes de cambio, niind 

. Por esta suspensión conocí que el recuerdo de mi ilustre 
ascendiente , el impresor, habia venido repentinamente á 
la imaginación de mi tio , impidiéndole terminar la frase. 

Aguijoneado por un resto de terquedad estudiantil, re- 
pliquéle yo : —Pero, tio, ¿no existen acaso en todas las 
profesiones hombres de honor y de prendas recomen^ 
dables? 

— No cabe duda, sobrino; pero no en todas las profe* 
sienes es el honor el primer principio de acción. 

—Has puede serlo ; siendo hombre de honor el que la 
ejerza, para nada importa la profesión. Militares ha habido 
que fueron los mayores tunos del universo. 

El semblante de mi tio tomó un aspecto reflexivo, y sus 
negras cejas se contrajeron. 

— Tienes razón , muchacho : convengo en ello, respon- 
dió con bastante dulzura ; pero ¿crees tú acaso quecontem- 
piaría yo mi ruinosa torre , si supiese que el primero que 
la adquirió fué un tratante en arenques » como el primer 
ascendiente de la familia de los Polos, con la misma sa- 
.tisfaccion que la miro por saber que fué cedida á un ca- 
ballero (y á un caballero descendiente de un anglo-sajoa 
, del. tiempo de Alfredo), en pago de los servicios por él 
prestados en Aquetania y Gascuña á Enrique Plantagenet? 
¿Y te atreverás á sostener que hubiera yo sido el mismo 
Jiombre, sino hubiese asociado desde la infancia aquella 
. antígua torre al recuerdo de lo que fueron y debieron ser 
sus antiguos poseedores en su cualidad de caballeros? Yo 
mismo, señor sobrino, no hubiera sido considerado por 



MISCKLÁmSAS. 39 

V. como quien soy, si en el tronco de mi árbol genealó- 
gico hubiera V. encontrado el nombre de un tratante en 
arenques, aunque deba añadir yo» que un tratante en 
arenques pudo ser un hombre tan honrado como el anglo- 
sajón , á quien Dios haya. 

— Pues por esta misma razón , querido tio , supongo que 
V. cree que mi padre no hubiera sido el mismo hombre 
que es, á no haber hecho aquel notable descubrimiento 
en nuestra descendencia del ilustre Guillermo Caxton , el 
impresor. 

Mi tio dio un salto , como si hubiera oído silbar una 
bala ; y tan imprudente cabriola, en atención á los materia- 
les de que se componia su pierna, pudo haberle hecho 
caer en un sembrado de fresas , á no haberle yo cogido 
por el brazo. 

— ¡ Cómo se entiende ! ¡También tú , insolent^^ ! exclamó 
el capitán desasiéndose de mi mano , asi que hubo resta- 
blecido su equilibrio : ¿acaso has heredado también la in- 
fiíme manía que mi hermano se ha metido en la cabeza? 
¿También tú quieres sustituir al señor Guillermo de Gax- 
ion , que combatió y murió en Boswort , con el artesano 
que vendía folletos y letras góticas en el santuario de la 
Abadía de Westminster? 

— Señor tio, eso lo decidirán las pruebas. 

— No, señor; no hay pruebas que valgan : eso, como 
todas las nobles virtudes, depende de la fe. Los hombres 
del dia , continuó mi tio con marcadas señales de disgus- 
to , quieren sujetar á pruebas todas las verdades. 

— Este será sin duda un capricho muy singular, querido 
tio; pero los hombres lo quieren asi. Pero ¿cómo podre- 
mos decir que una cosa, sea verdad , mientras no esté 
probada? 

Figurábame yo haber cogido á mi tio como con un hilo 



40 REVISTA DE ESPAÑA, »S imUA Y DEL EXTRANJERO. 

eo mía cue^tíori tan meUfísioa, pero nuda de eso; ^M g6 

deslizó al través como una anguila. 

— Señor sobrino, nie dijo ; cuando se trata de imaver*» 
dad convenida 6 contestada, cuanto endefra ei corai(Mi 
de mas ardiente, y su alma de mas pureaa, es la creencia. 
\ Probar que uno tuvo un antepasado en el reinado de Ri- 
cardo, cuando tú mismo no podrías satisfacer á tin lógico 
de la escuela , si quisieras probarle que eres hijo de tu pa- 
dre ! Un hombre religioso no necesita didoulir sobre la re«- 
ligion , puesto que esta no es una ciencia mateoiáliea : la 
religión se sionte y no se prueba : hé aquí la razón , por- 
que en la religión de un hombre hay muchas eoaasque no 
&e bailan en el catecismo. ¡Pruebas! proaiguió im tío, 
irríl4ndose hasta la exaltación ; ia prueba $a llalla en un 
tuno de baja esfera, en uu ladrón vulgar, en un malvado 
jacobino : ia creeíicja está en un hombre leal , generoso, 
vahente y caballero. No; tú probará&cuantoqui/eras, pepo 
no me quitarás nunca una creencia que me he formado... 

— La criatura mejor y mas períécta que baya b^bifado 
alguna vez, violando el sentido común, dijomipadre^ que 
apareció de improviso y en la mejor ocasión, como^lOias 
de Horacio , Deu$ ex machina. ¿ Qué viene á ser e&o , ber*- 
mano, de que las pruebas nada influyen etn tus creencias? 

Gallóse ni tío, y con airado ademan dio coa el ba&ton 
en el suelo, clavando en la arena su oontera. 

— No quiere creei*» dije yo maliciosamente, en la exis*- 
tencia de nuestro ilustre antepasado el impresor. 

Oscurecióse eu aquel momento la frente tra»quila de 
mi padre. 

— Humano , le dijo orguUosamenteel capitán , eres muy 
dueño de tener tus ideas, pero debes andar al aieance de 
tu hijo, porque estas podrian manchar 

— j Cómo manchar ! replicó mi padre , y por pi^imera vez 



HI8C1LAIIBAS. 41 

n brillar en sus ojos un rayo de eólera; pero se contuvo y 
añadió : ¡ querido hermano ^ retira esa palabra! 

-— No, eaballétt), no la retiraré : ¡ atreverse i dadar de 
los archivos de la familia i 

— ¡ Ardiivos! ¡vale mas ana plancha de bronce en 

una iglesia del pueblo, que todos los volúmenes det cole- 
gio de los heraldos! 

7- ¡Renegar de nuestro anl^pasado, de un caballero 
BMierto en el campo de batalla 1 

— Por la mas infame de las causas que hayan podido 
defenderlos hondoires. 

— ¡ En defensa de su rey ! 

-^De un rey que asesinó á sus sobrinos. 

— ¡De un caballero! eon nuestra cimera sobre su casco... 

— 'Pnesto en una cabeza sin sesos, pues á haberlos- te- 
nido, jamas loe hubiera expuesto por un rey tan sangui- 
Burío. 

— ¡ Por un impresor perdido, que reducía snslibros'á 
dinero ! 

-^Dí mas bien por el sabio y glorioso Tmportador diel 
arte que derramó las luces sobre el mundo. ¡Prefertr por 
su antepasado al hombre, cuya memoria nnmía invocan 
los sabtos y eruditos sin el respeto mas profundo , á un in- 
digno y osouro Imbécil, cubierto con su cota de malte, 
que solo ha dejado para su memoria una plancha de cobre 
en una de las igiesíjus del pueblo!!! 

El sremblante de nú tío se v^vió lívido. — ¡ Basta , caba- 
Meto , basta ! Hartos insultos he sufrido , y en verdad que 
dehia esperarlos. A V» y á su hijo les deseo buenas noches. 

Mi padre se quedó petrificado, y el capitán se dirijo 
oojeando hacia la puerta : un momento mas , y se hubiera 
hallado en la calle. Fuíme corriendo á alcanzarle, y excla- 
mé, cogiéndole del braso : — Tío mío, yo tengo la culpa, 



42 REVISTA DE ESPAÑA, DE INDIAS Y DEL EETRANJERO. 

solo yo soy el culpable ; perdóneme V. , se lo suplico, 
perdónenos V. á los dos. ¡ Qué fatal idea se apoderó de mi 

para contradecirle cuándo tan feliz se considera mi 

padre con la visita que V. le ha hecho! 

Detúvose mi tio con el picaporte en la mano , y acu- 
diendo también mi padre tomóle la mano y le dijo : 

— ¿Qué valen, Rolando, todos los impresores del mondo 
y cuantos libros se han impreso, comparados con una heri- 
da abierta en tu noble corazón? ¡Imprudente de mi! Nunca 
4ebi decir á este muchacho cosa alguna capaz de incomo- 
darte, querido hermano, aunquenorecuerdo haberle habla- 
do nunca del particular. Pisistrato, prosiguió mi padre con 
cierto embarazo; si aspiras á mi bendición, respeta como 
debes la memoria de tu antepasado el sefior Guillermo de 
Caxton ; del héroe de Bosworth. Ven, hermano mió, ven. 

— Soy un loco, dijo el tio Rolando, por cualquier lado 
que mire las cosas. ¡ Ah ! chiquillo, cómo te ríes á nuestras 
«xpensas. 

— He dispuesto el almuerzo sobre la yerba ^ dijo mi 
madre saliendo á nuestro encuentro con la encantadora 
sonrisa en sus labios; y conño, señor Rolando, que hoy 
quedará V. satisfecho de nuestro té. 

Así pues, entre tanto que los pájaros cantaban sobre 
nuestras cabezas ó saltaban familiarmente sobre la yerba 
recogiendo las migajas que les echábamos, al paso que el 
sol, aun en el oriente, nada habia quitado á la mañana de 
au frescura, niá las resplandecientes hojas ninguno de los 
brillantes del rocío de la mañana, nos sentamos á la mesa 
<^on los corazones tan reconciliados entre sí, y tan dis- 
puestos á dar gracias á Dios del bello cuadro con que la 
naturaleza nos saludaba , como si la sangre de los guerre- 
ros no hubiera jamas teñido las márgenes de Bosworth, y 
4^omo si aquel excelente M. Caxton no hubiese sembrado 



\1 



MISdLÁNBAS. 43 

4a discordia entre los hombres por medio de mía invención 
•mil veces mas provocativa de nuestros instintos belicosos, 
qae el sonido de la trompeta y el flotar de la bandera. 

CAPITULO V. 

— Roldan, dijo mi padre, me acompañarás á dar un pa- 
seo por el campo Romano. 

El capitán comprendió que aquella proposición era la 
mejor prenda de paz que podia darle mi padre ; porque 
«n primer lugar era un paseo largo , y mi padre detestaba 
las largas caminatas , y después por el sacrificio hecho ¿ 
-su grande obra, de un día entero de trabajo. Mi tio aceptó 
sin vacilar, con aquella sensibilidad exquisita que solo po- 
seen los corazones generosos. Si no lo hubiese hecho, no 
hubiera podido mi padre desterrar de su corazón la tris- 
teza por espado de un mes. ¿Y cómo hubiera continuado 
la obra magna, si el ánimo del autor se hallase de vez en 
cuando afectado por accesos de remordimientos? 

Los dos hermanos partieron cogidos del brazo, dos ho- 
«as después del desayuno. Seguiles en su excursión man- 
teniéndome á cierta distancia , admirando la firmeza con 
^e marchaba el capitán á pesar de su pierna de palo. Era 
4m gusto escuchar su conversación y observarlos contras- 
tes que formaban aquellos dos medallones de la señora 
Naturaleza, de la grande artista de los mil y mil caracteres 
variados que nunca estereotipa, pues no creo que se pue- 
blan encontrar ni aun dos pulgadas exactamente iguales. 

Mi padre no era un observador muy ardiente ni muy mi- 
nucioso en tratándose de las bellezas del campo. Tenia tan 
poco desarrollado su órgano de la localidad, que creo que 
se hubiera perdido hasta en su propio jardin ; pero el ca- 
pitán poseía el sentimiento mas exquisito del paisaje : nin- 
gún rasgo se le escapaba. Apenas llegaba al tronco de un 



44 REVISTA DE ESPAÑA, Bl 1HBIA8 Y BEL EXTRANJERO. 

árbol £antásiicainente ditforme , hada alto pikra verlo m««- 
jor. Seguía con so vista e( vodo de la alondra que salfeaba 
de ientre sus pies : cuando le soplaba la brisa del moiiCf , 
sus narices se dilataban como para aspirar voluptuosa- 
mente la frescura. Mi padre con toda su erudición, y á pe- 
sar d'e haberle abierto el estudio los tesoros de todas las 
lenguas , era muy rara vez elocuente. Tenia el capitán en 
su decir un calor y una pasión que unidas al acento dé su 
vibrante vuz, y á su semblante animado, daban á cnanto 
ilecia el color de la poesía. En eada frase del tio Hol^néo, 
en cada una de las intenciones de su palabra, en cada ex- 
presión de su fisonomía, respiraba una orgullosa exidtfri- 
^u ; al paso que mi padre , á menos que no le montasen 
en su caballo de batalla , mientras no se tocase al pelo de 
su ilustre antepasado el. gran impresor, no tenia la m» 
mínima dosis homeopática do orgullo : ni aun se jactaba 
de no tenerlo. Ei carácter do mi padre era tranquUo y 
apacible., el de mi tio vivo y colérieo ; mi padre raaonaba, 
nú tío imaginaba; mi padre rara vez se equivocaba, al pa- 
so que mi tio muy pocas veces tenia razón. Su nariz aguá»- 
lena, su color bronceado y su mirada de fuego, formaban 
:un uotable conts'aste con el delicado perfil da mi padre, 
con su mirada tranquila y con su agradable scmrisa. Ao^ 
lando tenia una espadosa frente, pro&indamente surcada, 
que terminaba en el sitio en el que los frenólogos colocan 
ol órgano de la veneración. La frente de Agustín, espacioea 
también, disimulaba mejor, á favor de su rizadocabeUo, las 
hondas huellas que imprime el tiempo y la meditación en 
los semblantes. A pesar de esto eiistia entre los dos hen- 
' manos una gran semejanza : cuando Rolando se hailaba 
animado de uu sentimiento de ternura, tenia la mirada de 
Agustín ; y cuando mi padre estaba animado de una ^«a 
emoción, se le hubiera podido tomar por Rolando. Ina. 



1 



MOCatLÁNIAS* 48 

traído yü por la experiencia de laviday de los hohibres ^ he 
pensado algnoas veces que si en su juventud se hubierMí 
trocado sus destinos; si Rolando se hubiese dedicado á la 
poesia y Agustín se hubiese visto precisado á ser hombre 
deacdon^ cada uno de ellos, por muy extrafio queast»' 
piarezoa , hubiera representado en el mundo un gran pa* 
peí. La pasión de Rolando y su enerjia hubieran resaltado 
an sus estudios y hubiera llegado á ser un historiador y un 
poeta. No es solo el estudio lo que hace un escritor, sino 
la intensidad de su aplicación : en la inteligencia, como en 
la chimenea que tengo á la vista, para encender el fuego 
y avivar la llama, espi*eeiso evitar la corriente del aire. 
Mi padre por su parte con su profundidad tranquila y su 
capacidad inteligente , con su clara razón , con la exacti- 
tud general de sus conocimientos lentamente adquiridcA y 
maáilados, con tan buenas dotes unidas á un carácter io-* 
seesible á toda clase de contrariedades y reveses, y á una 
oorapiéta ausencia do amor propio y de vanidad, hubiera, 
llegado á ser, lanzado en un mundo práctico, un esclare-» 
cido consejero en los negocios « un jurisconsulto , un di- 
plomático, un hombre de Estado, y hasta un gran gene- 
nil.«.. si su excesiva humanidad no fuese opuesta á los cál- 
culos exU*até)Í608. ' 

Pero como las cosas se habían dispuesto de otra manera, 
mipadrebabia permanecido, digámoslo asi, aletargado hasta 
^e en alma emprendió el vuelo perdiéndose en los vastos 
espacios de la contemplación ; y el tio Rotando convir- 
tiendo su apanonada enerjia en verdadera fiebre eontí- 
ima^ per los obstáculos de su lucha con los hombres , re^ 
ttakto mas y mas por las reglas de ia disciplina y del de-* 
, bef , se babia estacionado también en su carrera, y el qu« 
bnbi^a podido ser on poeta i fué aolo ui; hombre extra- 
vagante» 



46 BEVISTA DE ESPAÑA, D£ INDIAS Y DEL EXTRANJERO. 

Y sin embargo, ó vosotras, inocentes, afectuosas y cán*^ 
didas criaturas, ¿podrán los que os conocieron y trataren, 
retrataros de otro modo que como fuisteis?... Si; entrama 
bas sencillas á pesar de toda la cienda de la una y á des- 
pecho de todas las prevenciones , rarezas y susceptibilida- 
des de la otra ! Helos alli, á los dignos hermanos, sentados 
en lo mas elevado del antiguo campo Romano. Uno de Ios- 
dos , mi padre , ha colocado sobre sus rodillas un libro 
abierto de las estratagemas de Polyoenus, ó tal vez de 
Froniin , mientras que los corderos pacen tranquilamente 
por Itts inmediaciones, y de tiempo en tiempo se detiene 
un toro curioso para contemplaros en medio de la llanura,, 
en otros tiempos campo de batalla de los ejércitos re-- 
manos. 

A vuestra retaguardia se mantiene en pié y con los bra- 
zos cruzados vuestro joven biógrafo escuchando al sabio- 
que lee , é al militar que con su bastón señala las posicio- 
nes que ocuparon las huestes de Agrippa y los guerreros- 
de Boadiceo. 

CAPHÜLO VI. 

— Nun^a se disfruta en este pais de dos horas de buen 
tiempo , dijo mi tio Rolando al reunimos con mi madre 
en el salón , después de la comida. 

En efecto , haria unas dos horas que habia empezado ¿^ 
llover, y á pesar de hallarnos en el mes de julio, hubiera 
podido creerse que estábamos en octubre. Dijome mi 
madre dos palabras al oido, salí de la estancia, y dier 
minutos después chisporroteaban «en la chimenea las ramas 
de encina. ¿No podia mi buena madre haber mandado i 
un criado que encendiese la lumbre? El capitán Rolando, 
lector mió , se opuso á ello, porque estaba pobre, y reco^ 
mendaba la economía como una virtud muy esencial. 



BaSGKLÁNKAS. 4T 

Acercaron los dos hermanos sus sillas á la chiiaeuea : 
mi padre á la izquierda, mi tio á la derecha : mi madre y . 
yo nos sentamos para hacer una partida de paciencia. 

Llegó el café — una taza para el capitán , porque los de- 
mas convidados rehusaban tomairaquel estimulante brebaje. 
Tnqeron la taza y en ella estampado el retrato del du- 
que de Wellington. 

Durante nuestra peregrinación al campo Romano, m» 
madre babia pedido á D. Bernardo que le dejase su cabriolé^ 
para ir al inmediato pueblo eon el exclusivo objeto de sor- 
prender al capitán presentándole el retrato de su antiguo 
general. 

Mudó de color mi tio , levantóse , llevó á sus labio» la 
mano de mi madre y se volvió á sentar. 

— Cuéntase, dijo el capitán después de un momento de 
silencio, que el marques de Hastings, que de pies á cabeza, 
es todo un soldado y un caballero , que no es poco decir 
porque su talla no tiene menos de seis pies, al recibir á 
Luis XVIII fugitivo en Donoinglon, amuebló su casa como 
lo estaban exactamente las habitaciones que ocupaba en 
las TuUerias. Aquello fué verdaderamente una atención 
real guardada á un rey por uno de los descendientes de 
Plantagenets , como lo es, según sabéis» el caballero Has- 
tings : este suceso costó bastante dinero é hizo mucho 
ruido. ¿Podrá el corazón de utia mujer demostrar la mis- 
ma delicadeza real en una taza de porcelana? Nosotros los 
hombres, hermano Agustín , miramos este hecho como la 
cosa mas sencilla, y esto consiste en haber sido presentado 
tan natural y oportunamente. 

— Eres tan galante con las damas, Rolacdo, que es una 
lástima que permanezcas viudo. Tú deberías volverte i 
casar. 

Sonrióse mi tio , luego frunció el ceño, y por último ex- 
haló un penoso suspiro. 



4S: REVISTA DE ESPAÑA, HE imiAST DEL EXTRANJERO. 

•^ Debe parecerte muy largo el tiempo en tu antigua 
torre.9 querido hermano , pronguió mi padre , con tu hija 
por toda comfiañia. 

— Y el pasado , respondió mi úo^ el pasado, ese mundo 
inmenso 

— ¿Sigues leyendo tus antiguos libros de caballería, 
Frossard y las Crónicas, Palmerin de Inglaterra y Amadu 
de Gottla? 

— ¡ Oh ! dijo mi tio subiéndosele los colores á la cara, he 
procurado instruirme por m^edio de estudios algo mas 
profundos: ademas, añadió con una maliciosa sonrisa, Ta«- 
mos á tener tu obra maestra , que dará de sí para mas de 
un invierno* 

— ¡ Ah! dijo mi padre , poniéndose i su vez colorado. 

' —¿Sabes, prosiguió mi tio, que la señora Gervasia es 
una mujer muy instruida , iiBaginacion rica y una excelente 
narradora? 

— ¿No es verdad, tio? esclamé yo dejando nuestra par- 
tida. 

— ¡ Ah, sí la hubierais oído contarme la Hilaria del reg 
ArUirOy y la del Lago encantade, 6 la de Las mvjeres fero^ 
cei! 

— Las dos me las ha contado , respondió mi tio. 

— ¿Las ch>s, hé? Querida Catalina, debemos ir sobre esto 
con cuidado, dijo mi padre. Estos capitanes son muy per- 
judiciales en una casa regular.. Pero, hermano, ¿cuándo 
has tenido tan femUiares comunieaciones con la señora 
Gervasia? 

— La primera vez , respondió al punto mi tio , en su 
cuarto , á donde fui por un vaso ; y [a segunda... mí tio se 
dttuTo bafando los ojos. 

— La segunda, ¿dónde? vamos, habla. 

— Ayer por la noche en mi cuarto mientras me calenta- 
ba la cama, dijo mi tio á media voz« 



1 



MISCELÁNEAS. 49 

— ] Ah ! exclamó mi madre inocentemente ; hé aqui la 
causa del inmenso boquete que ha aparecido en medio de 
las sábanas bien lo decía yo que seria 

— Estoy enteramente confuso , balbuceó mi tio. 

— Bien puedes estarlo, dijo mi padre. ¡ Una mujer como 
esa que hasta ahora habia estado al abrigo de toda sospe- 
cha! Pero vamos á ver, añadió adivinando que mi tio cal- 
culaba cuánto podrían costar doce varas de tela de holan- 
da para reemplazar las sábanas quemadas; á ver si nos 
cuentas una historieta de algún acontecimiento que tú 
mismo hayas presenciado, y que haya producido en tu áni- 
mo una profunda impresión, pues también tú has sido 
siempre un famoso narrador 

— Ante todas cosas, que nos traigan luz, dijo mi madre. 

Después de haber traído palmatorias y corrido las corti- 
nas, acercamos los cuatro nuestras sillas ala chimenea. 
Entre tanto se habia abismado mi tio en una sombría me- 
ditación , y al rogarle que empezase su narración, pareció 
estar luchando con penosos recuerdos. 

— ¿ Queréis , dijo , que os cuente algún acontecimiento 
que haya producido en mi una impresión profunda? Lo 
haré narrándoos un suceso cuyo recuerdo me ha perse- 
guido en varias ocasiones : la relación, señora, es un tan- 
to extraña y triste. 

— ¡Cómo señora! querido hermano, dijo mi madre con 
un acento de reconvención colocando su pequeña mano 
sobre lalarga, tostada y huesosa del capitán. 

— ¡Agustín, dijo mi tio, tu esposa es un ángel ! y tal vez 
sea yo el primer cuñado que haya aventurado semejante 
aserción. 



T. XIII. 



80 REVISTA DE ESPAÑA, DE INDUS Y DEL EXTRANJERO. 

CAPITULO Vil. 

NARRACIÓN DE MI TÍO ROLANDO. 

En Espafm cogi prisíoiiero , sin importarnos el cómo^ 
ó el cuándo, á un oficial francés de mi mismo grado; yo 
era entonces teniente. Tal era la identidad de sentimientos 
que existía entre mi prisionero y yo, que llegamos ¿ ser Ín- 
timos amigos; si, hermana, fué el mejor amigo que he 
tenido en mi vida, exceptuando el circulo de personas que- 
ahora me rodea. Era un rudo soldado á quien el mundo 
DO liabia tratado bien, pero nunca le oí proferir una queja 
contra él ; antes por el contrario trataba de sostenei* que 
el mundo no le habia tratado de otra manera que como él 
semereda. Su ídolo ora el honor, y el sentimiento del 
honor se sobreponía en él á todo lo demás. 

Alguna semejanza existía ademas en nuestras relacio- 
nes domésticas. Mi amigo tenia un hijo, nilko aun , que era 
para él su existencia misma. También yo por aquel tiempo- 
tenia un hijo de la edad del suyo (el capitán se detuvo 
un momento; nosotros eambiamos una mirada, y cuan^tos 
le escuchaban experimentaron en «u corazón una penóse 
^f>resion). Teníamos la costumbre, hermano mió, de h»> 
blar de los dos niños , de ocuparnos y tratar de su porve- 
nir, y de comparar nuestras esperanzas y ensueños : am* 
bos eaperábamos y soñábamos las mismas cosas : no se 
necesitó mucho tiempo para establecer aquellas mutuas- 
-^eonfidencias. Poco tiempo después mi prisionero fué en- 
Tíado al cuartel general , y cangeado. 

Hasta el año pasado no nos habíamos vuelto á ver, pues 
hallándome entonces en París y habiéndome informado 
del paradero de mi antiguo amigo , supe que se hallaba es- 
tablecido en Rueil , á afgunas millas de la capital : fuime 



MlSGftLÁNCAS« SI 

pues allá á hAcerie una visita, A mi llegada al pueblo » me 
dirijo á su casa , pero la encuentro vacia y desierta. Aqutíl 
mismo día acababa de ser preso , acusado de un crimen 
horroroso : faime á verie á la prisión, y supe su historia 
de su misma boca. ¡Ah! terminada la educación de su 
hqo, al cual suponía imbuido en los principios de los hom- 
bres de honor, se lo habia llevado consigo A Rueil en 
donde habia fijado su residenda; pero et joven hacia fre- 
oventes viajes á París : un joven, francés, hermana mia, 
gasta de los placeres , y ya sabéis que Paris los ofrece i 
la juveniud á manos llenas. El padre nada encontraba en 
eato de extraño, y se privabai de muchas cosas necesarias 
al Uenestar de su vejez, por atender á los gastos de su hijo. 
Algún tiempo después de la llegada del jdven á Rueil, 
echó de ver mii amigo que le robaban. El dinero que ie^ 
Ma en su gabela habia sido extraído sin saber cómo ni 
por quién, y el ladrón debia ser doméstico. Creyó nñ 
amigo que ocultándose durante la noche y espiando al 
ladrón, lo descubriría, y asilo hiso. En efecto , no tardó en 
sentir desligarse una sombra con pasos furtivos : oyó apHi^ 
ear al cerrojo una llave falsa... Lánzase de repente fuera 
del escondrijo, coge al miserable, y reconoce á su hijo. 
{Qué delMa hacer el padre? Hermana , no va dirigida á us- 
lea esta pregunta ; ¡ la liago al hijo y al padre ! 

— [ &ebia echarrie de su caisa ! exclamé yo. 

— Su deber, dijo mi padre, era el de corregir al des- 
graciado joven. Nemo repente tttrpimmti$ tmquam fttít...'. 
lamas se vuelve mío de repente -un atdlondrado. 

— El padre hizo lo que le bebieras aconsejado , Agustín: 
reprendió á su hijo, le reconvino , hizo mas nun : le poso 
en la mano la llave de so gábeta-: cT*oma cuanto «puedo 
darte, le rf^o : prefiero morir mil veces en 4a miseria, an- 
tes que verte conxertido en ladrón. ■ 



S2 REVISTA DE ESPAÑA, DB INDIAS Y DEL EXTRANJERO. 

— Perfectamente , y el hijo arrepentido fué después un 
hombre honrado. 

£1 tío Rolando bajó la cabeza y prosiguió. 

— En efecto, el joven aparentó haberse arrepentido, y 
prometió la enmienda : disculpóse con los estímulos que 
París le ofrecía, confesó que había jugado, y todo lo def- 
inas: por último renunció el ir todos los días á la capital, 
y hasta dedicarse al estudio. Sin embargo algún tiempo 
después se alarmaron los vecinos con el rumor de robos 
nocturnos. Algunos hombres enmascarados asaltaban y ro- 
baban á los pasajeros y hasta saqueaban las casas. 

Púsose en guardia la población, y la policía tomó la ini- 
ciativa. Una noche llamó á la puerta de casa de mi amigo 
un antiguo compañero suyo de armas : era ya bastante 
tarde , y mi amigo (tenia como yo una pierna de palo, cara 
coincidencia) se había acostado. Levantóse, y habiendo 
sabido por su criado que un oficial herido y Heno de san- 
gre le pedia un asilo , se apresuró á bajar para ofrecér- 
selo : sin embargo la herida no era de consideración. El 
huésped de mi amigo había sido sorprendido y robado en 
el camino , y por esta causa había llegado tan tarde á casa 
de su huésped* Al siguiente xlía por la mañana se avisó al 
magistrado para que dispusiese el que se tomasen decla- 
raciones al herido. Contó este su aventura , manifestando 
que le habían quitado algunos billetes de quinientos fran- 
cos que encerraba una cartera que tenía una chapa , en la 
cual se hallaba grabado su nombre bajo una corona (te- 
nia titulo de vizconde). Quedóse á comer : el hijo no vol- 
vió á casa hasta la noche, desde por la mañana en que ha- 
bía salido : al verle el herido • no pudo menos de palir 
dec0r, y pretestando malestar y debilidad, retiróse á su 
cuarto mandando llamar antes á su antiguo compañero de 
armas. 



~:^ 



MISCELÁNEAS. 85 

— ^Amigo mió, le dijo « hágame Vd. un favor : el de ir á 
casa del magistrado y retirar mi declaración. 

— Imposible, respondió su huésped. ¿Qué objeto es el 
vuestro? 

— ^El herido se estremeció. Lo he pensado mejor, dijo : 
no quiero verme envuelto á mi edad en una causa crimi- 
nal; ademas es preciso ser indulgente. ¿Quién sabe á qué 
tentaciones ha sucumbido el ladrón? ¿quién sabe á qué fa- 
milia pertenecerá? Tal vez á una familia honrada que se 
"verá acaso con su crimen degradada para «iempre. ¡Dios 
mió! Mi antiguo amigo, ¿sabe V. el castigo que espera a^ 
ladrón si se le encuentra? ¡el de galeras ! 

— ^¿Y qué tenemos con esto? ¿ignoraba el ladrón á lo quer 
se exponía? 

— ¿Pero lo sabia acaso su padre? exclamó el herido. 

Un rayo de luz hirió á mi desgraciado amigo ; cogió la* 
mano de su huésped. — Habéis perdido el color al ver » 
mi hijo... ¿Dónde le encontrasteis? Hablad. 

— La pasada noche en el camino de París : su máscara 
le vendió por un momento... Id á retirar mi declaración. 

— ^He habíais anonadado, respondió mi amigo mas tran- 
quilo : felizmente os engañáis. Acuerdóme muy bien que 
ayer se acostó mi hijo antes que yo, porque debia levan- 
tarse al romper el día para ir á cazar : le dejé ya en su cama 
y le di las buenas noches acostándome yo después. 

— ^He consuelo con creeros , dijo su huésped : perdo- 
nadme una sospecha que jamas saldrá de mis labios*. • sin 
embargo yo retiraría mi deposición. 

Mi amigo repitió á su compañero que se engañaba; pero 
al separarse de él , fué á ver á su hijo , con el cual estuvo 
hablando de sus estudios y de su partida de caza , hasta 
que el padre le dijo que se fuese á acostar. — Pero, pa« 
dre mió , dijo el joven , se olvida V. de darme como tien^ 
de costumbre, las buenas noches... 



M REVISTA DE ESPAÑA, DE. IMDIAS Y PEL EXTRANJERO. 

El padre, que se hallaba ya á la^ puerta de la estancia, 
▼olvió á entrar, y erédulo, como todoslos padres , no pudo 
imaginarse que el joven que acababa de pedirle la beudi- . 
clon , no tuviese la conciencia tranquila. — Mi aniiguor 
<^marada indudablemente ae ha equivocado , dijo entre - 
si , y con una dulce emoción añadió : «¡ Oh ! si, b^o mió, 
buenas noches , y Dios proteja tu sueño.» 

Mi amigo se fué á acostar y $e durmió tranquilamente : 
pero dispertóle un sueño triste, y se sintió agitado por 
Buevas sospechas ; seria me^ noche : pat edóle babei: 
oído una voz que le deeia : • Levántate y busca» . 

c Levánteme, me deck mi amigo, porque «qui^ocílaroa 
»&tts mismas palabras, clevantéme, encendi una luz , y fui 
ihasta la puerta del cuarto de mi hijo , la cual estabaceraa*- 
ida. liaméá ellaoaa, dos; U*es veces. •• nadie merespon- 
>dia : no me atreví á levmitar la voz por no despertar i mí 
ihuésped y á los. criados. Bajé aitónces por una escatora 
ique daba salidaal patio , y me dirigíala cuadra, en donde 
»«ché de menos el caballo de mi hijo«.. El mío, mi anti- 
>guo companero de batalla» apenas entré, relinchó*. • era 
»^1 mismo alazim que montaba yo en Mont-Saint-lea». 
tVolvíoke por el mismo camino á mí gabin^e, y después 
f me dirigí silenciosamente al de mi hijo ; pero cansado de. 
iHamar inútitmeiile á su puerta,, me resolví á estar al aee* 
» cho en la oseuridad. Apagué pues mi luz y ocultáne detras 
»de la puerta del pasadizo... apoderándose de mi un secreto 
•terror, como si yo mismo me hubiese convertido en 
«ladrón. » 

— ^Hermano » interrumpió á media voz mL madre , ruego 
áV. que no se valga en su narración de las mismas pa* 
lídiras de aquel desgraciado padre : no sé por qné me 
parece al escucharlas , que es él mismo el que habla. 

Movió el capitán la cabeza y prosiguió: 

Antes de amanecer,, oyó mi anágo ^irir eos macho* 



tiento la puarU de tu casa. Alguien subia por la escalera,., 
rechina iiaa llave en el cuarto del hijo..- y el padre se in- 
troduce ea la miso» estancia detras del hombre que había 
entrado á oscuras en elia. 

Oyóse rechinar un eslabón sobre una piedra de chispa 
y se iluminó el cuarto , no sin tener el padre bastante 
tiempo para ocultara detrás de la cortina de la ventana. El 
hombre que acababa de encender la lux , permaneció por 
espacio de algunos minutos inmóbil y de pié junto á la chi- 
menea : prestó luego oido, dirigió una inquieta mirada á 
derecha é izquierda^ y cerró la puerta : hecha esta opera- 
ción , se desató la careta cpie ocultaba su semblante... ¿Era 
este acaso el del hijo del valiente oficial? Se hallaba pálido; 
su frente cubierta del sudor de los cobardes ; sus ojos es- 
taban htuididos como debe tenerlos un vil ladrón cuando 
se le aparece la muerte... 

Arrástrase el joven, mas bien que camina, hacia una 
mesa colocada precisamente frente á la ventana, de modo 
que el padre oculto detrás de la cortinapuede seguir todos 
los movimientos de su hijo ; abre este una gabeta y depo- 
sita en ella el contenido de sus bolsillos y su odiosa más- 
cara, juntamente con una cartera en la cual estaba grabado 
el nombre del oficial herido. Sin duda iba á guardar Um- 
blen alU sus pistolas , pero en el momento mismo en que 
cuidadosamente las desarmaba, sintió asirse por su brazo, 
y oyó una voz que le dijo : « Detente , aun necesitas esas 
pistolas». 

Las rodillas del jóve» chocaron entre si por un movi- 
núento convulsivo : t ¡ Penjion ! exclamó : volviendo enton- 
ces la cabeza, y reeonoeiendo á su propio padre, .creyó que 
nada debía temer, pues al proipito lo tomó por un agente 
de policía : tranquilixóle su vil audacia y perdió toda ver- 
<^üenza» 

— ¡Padre mío! le dijo, ¡ah! no pierda V. el tiempo en 



56 REVISTA Dt ESPAÑA, DE INDIAS Y DEL EXTRANJERO. 

reconvenciones , pues debo decirle que me persiguen y 
tengo los gendarmes á los oídos. Felizmente V. que 
se halla aquí podrá jurar que he pasado la noche en mi 
cama...* pero déjeme Y. que haga desaparecer estos mu- 
dos testimonios ; y enseñó á su padre su ropa llena de 
barro del camino. 

Apenas habia acabado de hablar cuando se oyeron en 
la calle pisadas de caballos. 

— ¡ Ya están ahí ! exclamó el joven : nada de timidez, 
padre mío : se trata de salvar á vuestro hijo de las galeras. 

¡ Las galeras! ¡ las galeras ! dijo el padre retrocediendo... 
es demasiado cierto : ¡las galeras! 

Los gendarmes tomaron las avenidas de la casa, y em- 
pezaron á llamar á la puerta, c ¡Abrid en nombre de la 
ley!» Nadie respondía. Dirigiéronse dos gendarmes hacia 
la puerta trasera , la cual por último se decidió á abrirles 
un criado. 

Yió el padre desde la ventana del cuarto de su hijo , á 
favor déla vacilante luz de los faroles, cómo los gen- 
darmes echaban pié á tierra : oyóse luego el rechinar de 
sus sables sobre las aceras; y una voz que luego gritó : cSi, 
aquí es, allí está el caballo tordo del ladrón... bañado aun 
en sudor». Oyóse entonces chocar el aldabón sobre la 
puerta con mas violencia , y resonaron nuevos gritos de 
f ¡ Qué abran en nombre de la ley ! » 

Ilumináronse repentinamente ios balcones y ventanas 
de todas las casas de la vecindad , y se llenó la calle de 
una multitud de vecinos que se agolpaban á la puerta de- 
seosos de saber qué crimen se habiá cometido en aquella 
casa. En esto se oyó en el interior de ella una detonación 
de una arma de fuego : pocos instantes después abrióse la 
puerta de par en par , y apareció en ella el veterano oficial. 

— Entrad, dijo á los gendarmes. ¿A quién buscáis? 



MISCELÁNEAS. {ÍT 

— A un ladrón que se halla oculto en esta casa. 
' — Ya lo sé : subid y os lo enseñaré. 

Subieron con él los soldados y los introdujo en el ga<» 
binete de su hijo : en medio del suelo estaba tendido e> 
cadáver del ladrón : 

cLos gendarmes se miraron unos á otros llenos de ad- 
miración. 

t Tomad lo que os han dejado, dijo el padre : coged al 
muerto y prended al vivo que ha derramado la sangre det 
muerto.i 

Cargaron con el cuerpo del hijo y se llevaron al padre. 

Yo asistí al proceso de mi amigo , el cual no fué muy 
difícil de instruir : contó á los jueces y jurados cuanta 
habia pasado» como lo habia hecho antes á los gendar- 
mes. Después, el oficial mutilado por el canon enemigo^ 
con una cicatriz en la cara y la cruz de la legión de hoiíor 
sobre su pecho , añadió estas palabras : 

f Habia criado á mi hijo para el honor y para la Fran- 

> cia : le he salvado de una vida ignominiosa. ¿Habré come* 

> tido un crimen? Pronto estoy á expiarlo con mi vida. ¿Na-* 
1 cesita la ley una segunda victima? Heme aqui dispuesto j 
» satisfecho de morir por la ley de mi pais, después de ha* 

> ber vertido mi sangre por su gloria : en verdad que los que 

> me condenen no me despreciarán jamas; sin duda las m»- 

> nos que me entreguen al verdugo derramarán después flo^ 
>res sobre mi sepulcro. Nada niego, pues nunca supemen- 
• tir. Mártir del honor al mismo tiempo que parricida, de- 

> safio á todos los padres á que me condenen.» 

Por último fué absuelto ; por lo menos el veredicto del^ 
jurado equivalía á lo que en los tribunales de Inglaterra so- 
llama un homicida justificable. El auditorio lo acogió coi> 
una aclamación que ninguna severidad en los trámites de 
justicia podría contener ni reprimir. La multitud hubiera^ 



S8 REVISTA DE ESPAf^A, DE INDf AS X lUEL EXTRANJERO. 

querido llevarse ea triui^ al aeusado ; p«ra este rechazó 
con una severa mirada aquella vanidosa ovacioo. Volvióse 
á 8tt casa f pero solo, y cuando al día siguiente po9 la 
mañana todos sus amigos fuímosá eUa á estrecharle entre 
nuestros brazos, lo encontramos muerto... Se haUaba tevH 
dido junto á uioa cuna , que babia sin duda eonseivado» en 
la cual en otro tiempo su hijo , niño aun , hahia dormido 
el tranquilo soeoo de la inocencia, 9 había sido beade- 
cid0 con la primea plegaria de la felicidad paiemaL 

Ahora, os pregunto á vosotros , padre é hijo , ¿conde^ 
nais- á este hombre ? 

CAPITULO VIII. 

Mi padre aadavo por tres veces de un extremo á otro del 
salón , detúvose luego frente á la chimenea, y nwaado á su 
hermano habló en estos ténmnos. 

— Rolando , no puedo meaos de condenar semejante ae* 
to. Aq«el hombre era ue orgulloso ; qs cuanto se puede 
deetr mas fin orable para él. Conciba muy bien que Brulo 
haya podido matar á susbijos, pues con este sacrificio* sal-* 
vaba á su patria; pero ¿á quién salvaba aquel deegraciado^ 
viclima.de US sentimieiiAo exagerador? A nadie mas que ásu 
propio^ nembre. El nopodia borrar el crítten delalmia de su 
hijo, ni el deshonor de su memoria : solo satisfeeia su vanO'- 
orgullo, y aunque él no lo pensase,, aquella aocion fuéacoof» 
sejada por el ángel malo que continuamente murmurabe 
en él corazón del hombre estes palabras: Teme la opinión 
de los hombres mas que la ley de tu Dios. ¡.Ab« herfloan» 
mió! {Cuánto deben principalmente temer almas como la 
tuya» no la bajeza del vicio, sino á ese vicio que se paga, 
de unafals&nobleza usurpando s«( púrpura real ala virtud) 

Levantóse raí tio y se dirigió báeia la ventana, la abrió, 
asonró la cabeza come para respirarel aire freseo, volvió- 



MliCELAIYBAS. ¡Sff 

la acerrar suavemente; se sentó: pero miéatraa habia^^er- 
maDecido abierta la ventana se entró por ella una ma»* 
posa. 

— ^La relación de hechos semejantes, prosiguió mi pa- 
dre con un acento compasivo, ya sea heoha por un gran 
trágico, ó en un estilo sencillo y natural , hetmano mío» 
siempre es útil y conveniente. Penetrando en el corazoR 
lo vuelven mas sabio, pero toda sabiduría es misericor- 
diosa, querido Rolando. Si nos dirigimos á nosotros mis- 
mos la pregunta que tú nos has hecho, ¿podremos conde- 
nar á aquel hombre? La razón responde como yo lo he 
hecho — Compadecemos al hombre ; condenamos el he- 
cho. Nos... cuidado Catalina, esa mariposa va á caer en 
la luz. Nos... ¡Ouich!... Ouich!.... — Y mi padre se inter- 
rumpió por desviar á la mariposa. Volvióse mi tio , y ar- 
mándose de su pañuelo, que momentos antes habia llevado 
á su semblante para ocultar la expresión de su emoción, 
desvió con él á la mariposa de las luces , las cuales retiró 
luego mi madre. Por mi parte procuraba yo dar caza á la 
mariposa con el sombrero de paja de mi padre; pero no sé 
qué habilidad tenia aquel animal que nos desafiaba á todos y 
evadia nuestra persecución, ya formando torbellinos y des- 
cribiendo multiplicados círculos, ó ya lanzándose sobre las 
fatales luces. Como movidos por un simultáneo impulso » 
cogió mi padre una palmatoria , tomó mi tio la otra , y 
en el critico momento en que la mariposa revoloteaba per- 
pleja en la elección de su hoguera funeraria, se apagaron 
las dos luces : la leña se habia casi del todo consumido en 
la chimenea, y nos encontramos de repente en medio de 
la oscuridad. En aquel momento se hizo oir la dulce voz 
de mi padre, como la de un ser invisible. 

— ¡Nos quedamos en las tinieblas por salvar á una mari- 
posa de las llamas, hermano mió ! ¿Haríamos menos por 



60 REVISTA DE ESPAÑA, DE INDUS T DEL EXTEANIBRO. 

nuestros semejantes? ¡ Ah! apaguemos, si, apaguemos hu* 
mámente la luz de nuestra razón cuando la oscuridad 
deba favorecer la inspiración de nuestra piedad. 

Mi tio desapareció del salón antes que se hubiesen vuelta 
á encender las luces; siguióle luego su hermano, y mi ma- 
dre y yo acercamos nuestras sillas para hablar en voz ba- 
la (Rev. BriL) 

J.T. 



^M^9$»S»^í»{»{»>$^»>>m»M»c$«it;H:^<c^«$«9c)c$«4c$c(«$«^c^ 



CRÓNICA EXTRANJERA. 



Interrumpida hace un año por circunstancias ajenas de 
nuestra voluntad, volvemos hoy á continuarla, atendiendo 
á las manifestaciones que nos han dirigido muchos de 
nuestros suscritores. Pero para no dejar un vacio en la 
serie de los acontecimientos, trazaremos en este número 
de la Revista un resumen de lo mas notable que ha ocurrido, 
tanto en los paises extranjeros, cuanto en España, en la 
¿poca indicada. Nuestro resumen , ó sea narración suma- 
ria» aunque en algunas partes un tanto circunstanciada, 
según la importancia y magnitud de los sucesos, será al 
mismo tiempo imparcial, y se hallará exenta de comenta- 
rios. Referiremos los hechos como corresponde á cro- 
nistas. 

Principiando por los acontecimientos ocurridos en 
paises extranjeros , en los que recientemente han ocur«> 
rido de tal magnitud , que suspenden y embargan nues- 
tras facultades , diremos que ya en julio del año ante- 
rior, desde cuya época da principio nuestra narración, se 
notaban síntomas precursores de terribles tempestades. 
Los hombres mas entendidos en los negocios politicos, y 
de mas previsión, anunciaban como próxima una gran ca- 
tástrofe. Sus vaticinios se fundaban ademas en la agitación 
democrática que se notaba en toda Italia , y que habia te- 
nido su origen en el espíritu que descubrían las reformas 



82 REVISTA BE ESPAÑA, DK INDIAS Y DEL EITRANJEEO. 

con que inauguró su pontificado el jefe de la Iglesia cató- 
lica ; en la agitación democrática que tan violentamente 
faabia conmovido la confederación Helvética; y en la que 
algún tanto se advertía en algunas capitales de Alemania. 
Mas en Italia se desenvolvió primero : alli encontró mas 
pábulo y pasiones mas ardientes. El espíritu de reforma 
se difundió desde Roma por toda Italia. Los nombres 
de Pío IX y de la reforma se confundían en los vivas del 
pueblo italiano. El rey de Cerdefia, Carlos Alberto, y el 
gran duque de Toscana , Leopoldo II , se manifestaron in- 
clinados á seguir la marcha reformadora qne habia em- 
prendido Pío IX. Los duques de Parma y de Módena se de- 
élararoi» opuestos á las nuevas ideas; pero nada de esto 
hapedia que el nuevo fermento cundiese cada vez, y an- 
tes bien COR la contradicción se exaltaban mas las pasio- 
nes, y se aumentaba la sed de reformas é innovaciones. 
Kl rey de Ñápeles se distinguía por la destemplanza coii 
ipie pretendí!) por las armas v el terror sofocar la semilla 
que por todas partes germinaba. La sublevación de ta Ca- 
labria filé vencida , y coi*rf ó abundante ia sangre. Sólo la 
ftterza impedia en Ñapóles un rompimiento ; pero ya se 
conoce que esta situación no podía ser duradera. Slilati 
apeló á un recurso ini-entoso para demostrar su odio á la 
admkiistraGkm austríaca. Conviniéronse todos los habi- 
tantes en at>slenerse del tabaco , que constituye una de las 
Tenias mas pingües del imperio. Esta conducta irritó la 
ira4el goberntídor militer austríaco, el viejo genera^ Ha- 
tietskt, y le dio pi'etexto para cometer violencias y malos 
tcatamienlos contra los moradores de aquella ciudad. Se 
hkiieíOii privones, j aun llegó el caso de que luchasen en 
tas oaMes y plagas los soldados austríacos y los paisanos. 
fisto exasperó los ánimos hasta el último grado, y preparó 
las acooitecimientos que ocurrieron después. Al mismo 



CKÓmCA Vtt IXTBANIERO. "63 

freoipo era easi igual el espirita que animaba á los -vetie- 
iáanos y y á los habitantes de Paría. Esta disposición de 
fosáfiimos era contrarestadapür la persecución, por los 
destierros j las prisiones , y por las providencias m^s vio- 
lentas. Es Ñapóles fué cerrada la universidad , y mas de 
seis mil estudiantes fueron obligados á salir de la dudad. 
&1 ministro de la policía , Delcarreto » era el instrumeíAo 
de las determinaciones mas despóticas y arbitrarias. 

Desde que se verificaron los primeros movimientos eu 
la Lombardia, principiaron á ponerse en marcha tropas 
austríacas. La entrada de estas en Parma y Módena conmovió 
toda la Toscana, y Liorna amenazaba insurreccionarse. 
'£1 fuego de la revolución cundía por todas partes y se ira- 
da mas intenso. Genova enviaba una petidon al rey del 
Pkmcmte, solicitando el establecimiento de la guardia ci- 
viea y ia expulsión de los jesuítas. Reggio y Messina se 
agitaban. Palermo, la primera ciudad de Sicilia, presen- 
taba un aspecto imponente; y se pedia la constitución que 
babian tenido Jos sidKanos el año de 12. En Turtn, el 
consejo municipal demandaba también una constitudon 
al rey : en Florencia , el conde Ridolfí aconsejaba al gran 
duque que se adelaatase á las reclamaciones de sus sub- 
ditos, dándoles constitución. Hasta en Roma, á pesarle 
las muchas reformas planteadas por el Papa , se verificó 
una demostración imponente , producida por un error y 
una intriga, que amagó romper la buena armonía querd- 
naba entre el Santo Padre y su pnebio. En esta ocasión, 
€icernachio , nuevo tribuno de la plebe , logró conquistar 
mayor popularidad, ostentando entre la muchedumbre, 
y poniendo á ia vista de Su Santidad un gran cartelon, 
en que se lela lo siguiente , escrito con caracteres desme- 
surados : nJSTICIA, BEATÍSIMO PADRE, PABA EL PUEBLO. 

El rey de Nápolcs quiso por medio de los cañones y de 



•64 REVISTA DI KSPASA, OK UIDIAS Y DKt KXTBÁNJERO. 

las bombas calmar la sublevación de Palermo, Reggio y 
IHessina. Nada omitió en el uso de la fuerza , y se m^ostraba 
itgoroso é inexorable. El bombardeo dePalermo llenó de, 
indignación á toda Italia, y causó un escándalo general. 
Al fin el monarca napolitano se rindió después de cono- 
>cer la inutilidad de los medios hasta entonces empleados, 
y entró en el camino, ya para él poco glorioso, de las 
concesiones. A los cañonazos y á las bombas sucedieron 
la libertad de imprenta y otras reformas políticas. Los sici- 
lianos, que aun no habían depuesto las armas, y en quie- 
nes aun no se habia templado el ardor de la pelea, se ne- 
garon á admitir como concesiones, de cuya buena fe 
dudaban, lo que querían deber al triunfo de sus armas. Con- 
tinuaron batiéndose , y establecieron un gobierno provisio- 
nal. Mientras esto ocurría en Sicilia, no era mas lisonjera 
para el rey de Ñapóles la situación en que se encontraba 
respecto de sus estados en el Continente. El duque deHó- 
dena habia tenido que abandonar sus estados. 

A tal extremo llegaron las cosas en Ñapóles, que el rey 
se víó en la precisión de cambiar el ministerio en sentido 
liberal, y publicó una proclama, ofreciendo en ella dar á 
sus pueblos una constitución en el término de diez días. 
£1 ministro de policía tuvo á dicha poder embarcarse , y 
«vitar de esta manera el furor del pueblo. £1 buque que lo 
conducía tocó en varios puertos de Italia, y de todas partes 
^ué rechazado. Las tropas napolitanas, enviadas contra Pa- 
lermo , no pudieron desembarcar , porque los insurrectos 
rehallaban en posesión de los fuertes, y en su retirada 
sufrieron trabajos y penaUdades , y no escasa pérdida. 
Cuando la escuadra llegó de regreso á Castellamare , carca 
4e Ñapóles, se hallaba el rey presente al desembarque ; y 
•al ver que un ejército que constaba de trece mil hombres 
4iabía quedado reducido á siete mil, exclamó lleno de do- 



GAÓNIGA BEL EXtBANiERO. '6S 

lor : c ¡ Cielos ! ¡ esto recuerda la retirada de Rusia ! > El 
rey cumplió la palabra que habia dado , y el 10 de febrero 
otorgó la constitución ofrecida , que los napolitanos reci- 
bieron con júbilo , y con aclamaciones al nuevo código y 
al rey constitucional. Mas los sicilianos no se daban por sa- 
tisfechos, pues habian proclamado la constitución del 
«ño 12 y sus esfuerzos se encaminaban á conquistar su in- 
dependencia. 

La noticia de que el rey de Ñapóles habia otorgado una 
constitución á su pueblo, produjo en las principales ciu- 
<lades de Italia el efecto que era de esperar. En Roma , Ge- 
nova, Turin y Florencia, se hicieron las demostraciones 
mas solemnes , y se daban vivas entusiastas al rey de Ña- 
póles, á la Italia, á la libertad y áPio IX , siendo unánime 
en todas partes el grito de constitución. El rey de Cerdeña 
hizo publicar las bases de la que preparaba á su pueblo : 
el gran duque de Toscana la ofreció motu propio á sussúb- 
'ditos ; y el Papa habló al pueblo romano por medio de 
una proclama , en que manifestaba estarse ocupando en 
preparar las instituciones civiles que fuesen mas confor- 
mes á la felicidad de sus subditos, y que desde luego te- 
nia acordado secularizar la mayor parte de los ministerios. 
El Papa en esta declaración dejaba á salvo sus deberes 
para con la Iglesia. Esta reformaftié recibida, como todas, 
-con aplausos y vitores. 

Tal era la situación de Italia, mientras que el rey de 
Prusia ofrecía amnistiar á los polacos. El nuevo rey de Di- 
namarca, proclamado en 20 de enero, daba una constitu- 
ción á sus estados, comprendiendo en ellos los condados 
de Schleswig y Holstein ; y Suiza, después de vencida la 
insurrecion del Sondc^bund, se ocupaba en revisar su 
pacto federal. Francia, Austria y Prusia habian tratado de 
intervenir en la reforma del pacto federal. A las notas 
T. xm. ' 8 



95 REVISTA DE BSAJTA, tMB INMÍkS ¥ MBL EXTRANJERO. 

idónlicfis de «stes tres petanoMS %e adUrió después U Au- 
lia. Mas el fepresaNCaiiítede Inglaterra, eir SfiratiTorl Caá- 
nrng, dirigíé á ia Dieta un mómorandumten otro sentid». 
La Suna eoQiestó é Ui6<^»co grandes poteiickis con fir- 
neea y dignidad , dando á todas una misasa Tes|iiiesta,«q«e 
coiicluia de eata manera : cLa Dieta hsrá liM^mayores es- 
feercoe par la realicaeioa de estas vatas (los jnaniféstadas 
por las potencias signatarias), y tiene la convicción deque 
lo logrará, lanto mas si se reconoce la entera iiiáependen- 
oia de la Sinza , según los términos delacia deneaUnlidad 
de SS'deuovteinbre de i81S,4]uep«ociamato indepeudeH-- 
eia de ia Suha de todaéiifluemia extreaiiera » . 

Cuando se discutió en las Cárnaras Inmcesas el •preyeolo 

de contestaeian al discurso de la eorona, los mas ale- 

^co^ities oradores eondenaiou la polííicaque había ae- 

guido el gabinete de Luía Eelif>e euJos aeontecimieiitas 

oettmdosen Italia y Soiía, ylo acusaron^porltaberse moa- 

^radocantrario, <^al méoos, nada^amrable al aaipíritu de 

toaoioaalidad y libertad ^pe aaimaba áaqueUos. pueblas^ 

Atestos 4&argaaae aaadieronotras, de abusosy corrupción 

odoúniatraii^a'eBlo interior, da humillacioBaaan lo exlo- 

.aior, dealiaBza«o(HielKo«le, de deaapcio&tS'beohasáda 

4o@bitBrra » de las bodaís e^wolas, ate. ül gabinete, par 

J»oca de stt .eteteitante miaiatpo de Nogocios «xtran)evo$^ 

esforzó la justificación de sus actosy de su política, basfta 

«donde .podían aleamar lui ingenio aventa}ado y todos los 

«i^ecursos de la «iralaría. 

Al Anal déldísoursode la eoronaliabia un párrafo ¥ela- 
4íro á 4r reforma eleatOTal , en iri iqoe se^oaiWaahanidevDa 
imaaera acerba é iiqttriosa los banquetas reformistas , que 
ifafiGía>tifempo se ostaban oelébrando en 4^aris , y en lastpie 
^abias^oraado parte algonoa individiiDs de la oposldaii 
4e ambas cáüaraa* fiste protesté oonira la ofensa que oe 



liaok á ios áijpKáiké^sMAMmisim. Lamayoria sia eaihama 
«fn>M 6B «á proyaeto 4e «oonlaaüicíaai casi lamsna ficaae 
mt fae se hallaba ooncebida el discurso áel Urooo. fiate 
faodqe twa hiofaa ancarnizada entre la mayoría y^le 4>pe» 
«otcniL. La ^oblacáoB de BtaáB se ioleresó en este debate, f 
ias paáones se exaltabaa «ada dia mas* Lea attíges de ia 
i^eioraa díapusiaron «na maaÜBatacimí aolemue, que .m^ 
«era «ama -de protesta oonlra la dedacacáoB del gebieaie 
y de la «fcayoria perhaamntaria ; y 41 etaclo 4ie preparó «b 
teufUBte ai ^(fue iiafaiaQ de aaíatir losd^Mitailos de la «yo^ 
eioiaii, 7 amidioa naiks de guardias aacionales^ eon otiaa 
muchas personas de importancia y representacioB|MiitÍGa» 
Ahmnade oon este el gaA^ienao, teinó sus disposiciones 
^para el caad en que ^oouirrieaen desdrdenea. Se pooTegre-^ 
ron los cuarteles de viveras para muches dias^j iiastade 
■¡■Biinm^rtos |iaaa escalar barriceulas. Las iropes (estaban 
fBSVffiúdas de ias (poaiúMitesifue deblsii ec«^r en el casa 
de un tumulto. £1 banquete se fué 4iplaaande4e diae» 
fdta, liaste cpie ídtímamente se ^ para el SU de.firbrapro. 
Laooffiisko del dttodédflM>dislrito, que ara el qwd le^ce- 
Mmba« puUieá un pfograasa en que se «determinaba e 
sitio y hora del banquete , el de la rensím^ el drdea jf 
«aarebe tqye kabtaa de aeipuúr.loseoiiriáladois, j elxarácter 
■pacáfieo g leigal qme «e (piena dar á la maai&stocftaD» 

Desde el 21 tenia lugar en ia Cámara de difaUados una 
aMaimí jagüaditme f liorrasoosa. Odilon JSasrpt se jp* o- 
iSBcióftas la inayer eebemeneia eontia las peavideoMoias 
adoptadas por el ministerio con motivo del proyectado 
.En resta oeasieü, divigiénálose al^ebiemo» jro- 
ckS.ktt.sigiiietitflSipaUÜM'aa^en 4|ueii¡Maieay4i^ waa 
fanpieiiiáiaieoí cf^reiMMyK jir^ás to wfidides 
de represión^ á vosotros toca la re^onsabi¡idaÍ4k io §m 
\ (MMlMer** Efrtai jalabraf BoediiierAB ^n Ja asfui* 



68 REVISTA DE ESPAÑA , DB INDIAS Y DEL EXTRANJERO. 

blea una violenta agitación : la calma no era ya posiUe , y 
la sesión terminó tumoUuariamente. Ya entonces eré ficil 
prever una catásfrofe. El gobierno acumulaba fuerzas en 
la capital. Reinaba en los ánimos una inquietud general. En 
vista de esto, la oposición parlamentaria juzgó prudente 
declarar que se abstendría de asistir al banquete , y asi lo 
publicó ; pero al mismo tiempo se decidió á presentar con- 
tra el gobierno una formal y solemne acusación. Al día 8i«- 
guiente , 22 , fué presentada ala Cámara por Odilon Barrot, 
y firmada por cincuenta y cuatro diputados. Es muy impor- 
tante estedocumento para que dejemos de inseitarlo. Es el 
siguiente : 

t Proponemos que se acuse al ministerio como culpaMe : 

1.® De haber vendido en las relaciones exteriores el ho- 
nor y los intereses de la Francia. 

2.'' De haber falseado los principios de la Constitución* 
violado las garantías de la libertad, y atentando á los de- 
rechos de los ciudadanos. 

3.^ De haber intentado por medio de una corrupción 
sistemática, sustituir á la libre expresión de la opinión pú- 
blica, los cálculos del interés privado, pervirUendo el go- 
bierno representativo. 

4.0 De haber traficado por intereses ministeriales con 
los destinos públicos , y con todos los atributos y privile- 
gios del poder. 

5.0 De haber arruinado por el mismo motivo la Hacienda 
del Estado, y comprometido las fuerzas y grandeza na«- 
cional* 

6*0 De haber despojado violentamente á los ciudadanos 
de un derecho inherente á toda constitución libre, y cuyo 
ejercicio estaba garantido por la Carta , por las leyes y por 
los precedentes. 

7.* De haber por último puesto en cuestión con una po* 



CRÓMICA DEL EXTRANJERO. 6^ 

litica. abiertamente contrarevolucionaria, la conquista de 
nuestras revoluciones, promoviendo en el pais una pertur«- 
bacion protunda.» 

La Cámara acordó que las secciones examinasen esta 
proposición el 24. Pero en aquel momento grupos numero- 
sos protestaban, armados en las calles y en las plazas, con-* 
traía conducta del gobierno. El dia 22 empezaron las es- 
caramuzas , anuncio ó preparación para una gran batalla. 
Un número extraordinario de obreros » divididos en banda- 
das, recorriaa la capitad, cantando la marsellesa^ pidiendo 
i gritos la catda del ministerio , y provocando á la tropa 
con gritos y ademanes. A las primeras cargas de caba- 
llería, se dispersan; pero al momento vuelven á reunirse 
mas numerosas. Se van armando con lo primero que en- 
cuentran : se presentan con mas resolución y se sostienen 
contra la fuerza armada. Construyen barricadas, y en algunos 
puntos toman la ofensiva. Sin embargo aquel dia mostró la 
fuerza pública una fácil superioridad sobre las turbas, y 
¿ ningún individuo del gobierno le ocurría la idea de que 
aquello pudiera pasar de un motin , ni abrigaba el menor 
recelo de que sucumbiese aquel en la lucha. Con estos 
primeros choques se hablan irritado mas los ánimos , y las 
turbas estaban decididas á volver al combate al dia siguiente 
con mayor encarnizamiento. Al efecto emplearon la noche 
en construir mas y mas fuertes barricadas. 

El 23 al amanecer era mas imponente el aspecto de Pa«- 
ris. Mucha parte de la guardia nacional se babia unido al 
pueblo, y de las filas de esta sallan voces de ^¡Viva la re^ 
forma! ¡Abajo Guizot! ¡Abajo el ministerio vendido al Aus^ 
trialn El espíritu de la tropa era dudoso : unos cuerpos 
no se resolvían á hostilizar al pueblo, y otros fraternizaban 
con él, y también gritaban c ¡Viva la reforma!* Algunos al 
acometer eran detenidos por las bayonetas de la guardÍA 



1V REVISTA DE ESMkíl'A, BK IHDIAfl T BEL EXTRANJERO. 

nacronal, y otros tnviemn que entregar su» pvopi» 
t los pelotones de eíadadanos vestidos de bima. La gnar** 
día municipal era la que con mas perseverancia y dedaiiMii 
sostenía la eausa del gobierno. 

Todavía el 95 por la tarde no se habta empeñada unt'lnK 
cha seria ; mas con todo ya el rey en su perspleaeía coa«-< 
siderd el mal como incurable. Cuando su ministro Gnizol 
le manifestaba confianza en el triunfo del gobierno, le mm^ 
nifestd que no pensaba del mismo modo , y acordó eaearw 
gar á Ifr. Mole la formación de un nuevo minbterio. E«Ui 
resolución era ya insuficiente, y también mucho antes 1^ 
hubiera sido; pues no suponía un cambio radical de poli** 
iSca, como la mnltitud deseaba. No se apeló tampoco á la 
ftrerza; y á pesar de que el gobierno contaba con un ejér^ 
cito numeroso y con una parte de la guardia nacional , n5 
aventuró una batalla eo las calles , sino qa»- enpleA «i 
medio inoportuno y tardío de las concesiones. Sin enbir- 
go, el pueblo se mostró gozoso al anunciarse la caída de 
Guizot , que consideró como su primer triunfo. A las dtei 
de la noche del 23, al pasar ima numerosa turba por el 
.ministerio de Negocios extranjeros, sufrió una descarga da 
la guardia municipal, de quo resoltaron muchas victimas; 
Este lamentable accidenta produjo una consecuaieiaiMbdy 
ciiaifué la de irritar mas al pueblo. La indigiiacion de eale 
llegó al extremo. Los cadáveres que liabia producido la 
descarga de la guardia municipal, fueron «montonadoS' en 
un carro , y paseados por la ciudad en medio da un gem^ 
tfo inmenso. La noche del 25 al 24 se empleó en prepara^ 
tiVos, que anunciaban una de esas jomadas sangrientas, 
que señalan lo^ anales de un pueblo embriagado por el 
fcror revolucionario. 

E> día 24 será eternamente memorable en la historia 
Mf vmmdú, ^cas horas bastaron para handir una dioasliat 



CndUlCA DKL'llTRAfflBUG. 7t 

deslroíf basta b« cimiento» áe \9h soenréftd ffaBCsta.^ y 
preparar un estaremaeimiento g«nm«l en Earapa. Fov la 
nMrftafiatemprimO'ltAiBó el r»yi á Tkvers para encalarte 1& 
forameion de un nuevo ministerio, quedando resignado 
el eneargo heelio ai conde Mblé. Lnrs Felif»e repugnaba 
dar estrada en este nueTO» ministerio á Odtkvn> BcHrrol ; pera 
aFfin fiué vencida su rep«igiianeia^, y entra Bftrrot en la coi»*.. 
posicioür del nuevo gabinete, junlamenle ctm Duvergiet< 
de Hánranne y otros individuos de la oposveiofií. Cre^ferovi 
estos que sus nombres eran sufíeíentes para calmar ta 
efervescencia general de tosánimos^y suspeiider elfoego : 
por Ib mismo-, contra el dictamen del mariscal Bugeaud^ 
que opinaba porque ñieson atacadas UiisbameadaQ-, eonsij^ 
derando eomo seguro el tri unió sóbrelos sedi^iosos^ blei^- 
ron' publicar Bna> proclama con sus nombres, ;uiuaeiandot' 
la suspensión del ftiego , y que la Cámara iba á ser disuelta.. 
fil'paeblí^ eoBtestó haciendo triaas la proclama. Losolieía^ 
les, en virtud de la orden que mandaba suspender el fae-n 
go , envainaron sus espadas , y los soldados se- dejaron desí^ 
armar por el pneblo. 

Entonces Et&ilio de Grrardki , director y propietaria éú 
periódbo intitulado Xa Ptema, tuvo la osadía die presentas 
al rey un decreto de abdicación en su nieta el conde (te 
Paris , bajo las bases de regencia de la duquesa de Or*« 
leiiBs, dtsotucionde la Cámara y amnistía general ; y como 
•expusiese al ya turbado monarca que no había \m minuto 
que per<ieF, porque la mas pequeña dilación agravaría el 
peligro, el rey en s«i atiurdimiewto firmo la abdieaeian,. y 
Girardin saliácon eliu á preseniaria al pueblo armado, qu^ 
no teniendo ya apenas otra resistencia que vencer <|tte la 
de la guardi» munieípal , avanzaba á las Tullerias. Pero 
todo era ya tarde. El puebk) se hizo muy en breve dueao 
de! pallBicie. Los preciosos muebl<es, los atributos de la 



72 REVISTA DE ESPAÑA, DE INDUS \ DEL EXTRANJERO. 

majestad, erao arrojados por los balcones y entregados á 
las llamas. El rey se fugó por un paraje á propósito, ves- 
tido con un traje modesto, y apoyado del brazo de la virtuosa 
y anciana reina : minutos después los regios consortes 
abandonaban á París en un humilde carruaje de alquiler. 
£1 monarca quiso todavía , quitándose el sombrero , hablar 
al pueblo en la fatal plaza de la Revolución ; mas sus pala- 
bras se confundieron entre los gritos de la multitud. 

Entre tanto se celebraba en la Cámara de diputados la 
memorable sesión del 24, que los diarios de Paris descri- 
bieron circunstanciadamente, y que en ellos debe leerse 
pfira conocer bastiiite aquella tempestuosa sesión , y for- 
mar de el!a una cabal idea. Bástenos decir en esta reseña, 
que extendemos según la importancia de los sucesos, que 
en la Asamblea reinaba la extraordinaria agitación que 
era consiguiente al estado de la capital. Acababa de circu- 
lar en ella la noticia de la abdicación del rey, cuando se 
vio entrar á la du<|uesa de Orleans, llevando de la mano á 
sus dos hijos, el conde de Paris y el duque de Chartres, y 
acompañada del duque de Nemours. La mayoría de la Cá- 
mara los saluda con grandes aclamaciones de : c; Viva la 
duquesa de Orleam! Viva el conde de Paris! Viva el rey! Viva 
la regente! Mr.Dupin, que habia conducido allí los restos 
ilustres de una dinastía destronada en las calles y expulsada 
de la mansión real, comunica la abdicación del Rey en su 
nieto el conde de Paris, bajo la regencia de la duquesa de 
Orleans, los cuales, dice, acaban de atravesar á pié las Tu- 
nerías y la plaza de la Concordia, escoltados por el pueblo y 
la guardia nacional : y como viese que se repetían las acla- 
maciones de ¡viva el rey! viva la duquesa! se esfuerza por 
hacer que consten en el acta aquellas aclamaciones con que 
ha sido saludado el conde de Paris como rey de Francia^ y la 
duquesa de Orleans como regente bajo la garantía del vota 



CRÓNICA DEL EXTRANJBRO. 73 

naeionaL Muchas voces exclaman sí, sL Dos minutos mas» 
y el conde de Paris hubiera quedado reconocido por la 
ۇmara como rey de los franceses, bajo la regencia de su 
augusta madre. Mas en esto Lamartine reclama, desde su 
asiento , que se suspenda la sesión , so pretexto del respeto 
que se debe á la presencia de la augusta princesa. £1 du- 
que de Nemours y varios diputados la invitan á que se re- 
tire ; y la duquesa se niega á ello, permaneciendo en pié 
por un rato al lado de su hijo : después se sienta en los^ 
últimos bancos del centro izquierdo en medio de grandes 
aclamaciones. Se aumentó por momentos el número de 
personas extrañas y de guardias nacionales que entraron en 
la Cámara. En medio de la agitación Mr. Marie se hace oir : 
expone que la Cámara no puede hacer una ley de regen- 
cia, y pronuncia las palabras gobierno provisional Mr. Gre- 
mieux le apoya, y las tribunas los aplauden, y crecen los 
rumores tumultuosos. Entra Odilon Barrot , á quien se es- 
peraba con ansia , y sube á ta tribuna. El orador apela á los 
sentimientos generosos de la nación , al valor y al honor» 
c£a corona de Julio, dice, descansa sobre las sienes de un 
niño y de una mujer,* La duquesa de Orelans se levanta, 
saluda á la Asamblea que la aplaude , é invita al conde de 
París á que haga lo mismo. Odilon Barrot continúa ha- 
dando extraordinarios esfuerzos para persuadir la convcr 
niencia y la necesidad de que se reconozca la regencia, llfas 
el jefe de la antigua oposición , que aquella mañana habí^ 
sido paseado en triunfo en hombros del pueblo , tiene ¿ 
las pocas horas que resignarse á oir en el Parlamento, de 
boca de un diputado legitimista, estas duras palabras : Hoy no 
sqis nada aquí : ya no sois nada. > Y decia muy bien ; porque 
en aquel momento invadía el salón de la Cámara un tropel 
de gente armada, de guardias nacionales, de estudiantes 
y de artesanos, que desde aquel punto se constituye-- 



74 REVISTA DE ESPAfTA, MT anñkS Y 1HSL EXTRANJERO. 

roiren legi»hidorefl, grttiindó : tj Queremos la'^stünmm 
iélreyU Ta no eran l09 difratad^s los qne^ Imbluban', sino 
al^nredaetor'de' periódico, é'un ofi-eiál de la* guardia* n»»' 
ciónal, áatgun jornalero. EH presidente conimpeitttTbabte- 
serenidad continuaba' ocupando ei síHon de la presldeneía; 
y lar duquesa de Orleans y sos hijos , con admirable vaior, 
eslában todaría enlo alto del anfiteatro, hasta que la llegada, 
de Buevas turbas decidió á^la princesa y á los^prineípes # 
salir por la puerta fronter» de latríbuna. « Un gobierno pr^- 
vHiwxiHhmeiiaiamente^ ^ era el grito de* los peticionarles' 
armados. Bn medio del tumulto solo lograban hacerse' oir^ 
aunque con no poco trabajo , Ledru*-Rollin y Lamartine, 
qne*9e conocía ser los que de- antemano se hallaban menr 
de'aouerdo con el pueblo. Aun asi fkltó poco para que La* 
martine , que explicaba cwál Hübia^ de ser 1» naturaleza db* 
aquel gobierno provisional , fuera interrumpido en el hilch 
de su discurso, y aun de su vida, por la bal»- de mi fusiP' 
con- que ya le apuntaba un hombre perteneciente á otro^ 
grupo, que acababa de anunciar su entrada en el salbn 
con violentos golpes dados auna de las puertas. Este hom- 
brea para quien Lamartine era un amigo inoognito, á \m 
gritos de «no íírm, es Lamartine el que hablü^f levantó eV 
canon de su fusil; y á esto debió su vida el futuro ministro 
de la República. Como el tumulto y la confusión' crecie- 
sen, y como el presidente viese que no le era posible ob*- 
teveraítencio ni orden, declaró levantada' la sesión , se eitf» 
brió y dejó la silla; 

Beffdé este momento el pueblo armado de bayonetas , 
sable* y pistola*; los guardias nacionales-, estudiantes y ar*- 
tésanos,. mezclados con- algunosdiputadOsde la izquierda, 
prineipian á deliberar bajo la presidencia improvisada da 
DüpontderEuro, rodeado de multitud- de personas ex- 
trañas. Lo prinvero que se pide son- los nombres de los que 



CtttiirTCA DEL EXTRANTKRO. 75^ 

ban (te corniponer el gobierno prorisiomrí. Despnes deniia 
ttimcittuosa griterfa , ew que iri ef mismo Lamartine logra- 
ba ser oido, mfi Hombre se coloca de pié encima de ta 
mesa de los secretarios de la Cámara; y íeyewdafos nom- 
bres de hw eawdidfftos deí gobierno pro^^hional , la mal- 
tltod iba dando stt sawcion soberana. En esta forma qnc- 
daro» proclamados Dupont deTEure, Lamartine, Ledra- 
RolRn, Arago, Garnier-Pag*s , Marre, y Cremieirx', como 
indWdttos de! gobierno provisional. A esta proclamación 
signen muchas roces de : •¡Queremos la república! viva lar 
irpiüífear» Otros gritan : ajYamosála casa dd ayuntamien- 
t&h'Y quieren llorar consigo á Lamartine y á Lcdru-Ro- 
Itm. Y en medio de estas y otras escenas tumnlluarias, se 
dispersa atprella asamblea popwiar constituyente, y se des- 
ocupa e? salen. — Aquella tarde anundaba el telégrafo á la* 
Frauda y al mundo, que quedaba instalado en Parisan go- 
Hemo .provisional republictmo. 

La fkmtlia real andaba dispersa : carda cual biTScaba un 
asilo sin saber «nos de otros , m la Francia de ellos , sin 
fue nftdie tupiese noticias ciertes de sv suerte, hasta que ai 
cabo d» algún tiempo fueron apareciendo todos sucesi- 
wmente en Inglaterra. Los ministros' de Luis Felipe tam- 
Ken sufrieron k misma dispersión. La duquesa áe Orleans 
wdistingwié por su va^or. Algunos dias después los du- 
^es fte^ Aumale y Joinvüle, que man<laban el ej-ército do 
Argel, acreditaron una nobleza y abnegación subKnrres. 
Lo son asi aquellas palabras con que al saber y anunciara 
étque deAumalcla catástrofe de su familia y su relevo en el 
gobierno de la Argelia, resignó el mando de cíen mil guer- 
reros qae le obedecían y q»erian , diciendo : ^En nada kan 
eemHado nwesíws áeberesparacon la Francia : la poblaríon 
felejérciUf e^f^eraréneen la magor trafiqmHdadlas^rdenes 
éhta madre pñtríai.it 



76 REVISTA DE ESPAÑA, DE INDIAS Y DEL EXTRANJERO. 

Instalado el gobierno provisional y aumentado el numera 
de sus individuos con otros cuatro, que entraron con el ti- 
tulo de secretarios , para formar luego parte del gran po- 
der, y que eran Marrast , Blanc, Flocon y el operario Al- 
bert, empleó los primeros momentos en dar proclamas y^ 
alocuciones al pueblo y á la guardia nacional , nombrarlos, 
principales empleados del Estado, los jefes de la guar*» 
dia y del ejército, publicar la disolución consiguiente de 
las dos Cámaras, y anunciar la convocación de una asam^ 
blea nacional, én cuanto el gobierno provisional arreglaba 
lo necesario para que tuviese un res^Uado verdadero y le* 
gal el voto de todos los ciudadanos. El nuevo gobierno no* 
era dueño de dirigir el rumbo que la revolución debia se- 
guir ; antes bien él debía obedecer al impulso que de fuera 
recibia. Asi fué que ya el 2o aparecieron dos decretos ; el 
uno, creando en París veinte y cuatro batallones de guar-^ 
dia nacional movilizada, con el sueldo de franco y medio 
á cada individuo ; y el otro, comprometiéndose el gobier- 
no á asegurar el mantenimiento de los trabajadores^ restiiu^ 
yéndoles por de pronto (esta era su expresión ) el millón de 
francos que importaba la mesada corriente de la casa reak 
Decretos fatales, singularmente el último, que infundid 
un terror pánico en todas las clases acomodadas; que hizo 
ocultar los capitales; que envalentonó á jas turbas; que 
Produyo procesijues diarias de millares de artesanos que 
iban á atosigar al gobierno con exigencias descabelladas; 
que babia de poner á dura y constante prueba las fuerzas 
fisicas, morales y oratorias de Lamartine; que alentólas 
pretensiones de los utopistas mas extravagantes; que sacó<á 
plazalas doctrinas mas anti-sociales y disolventes ;quecam-^ 
bió el carácter de la revolución de político en social, y que ha* 
bia de poner al gobierno en embarazos, que se tenia por 
feliz de poder legar á la asamblea constituyente. También 



CRÓNICA BEL IXTRANJBRO. TI 

por otro decreto faé abolida la pena capital por caasas y 
delitos políticos, cuyo pensamiento se atribuía á Lamar- 
tine, como la realización de los sentimientos «piebabia ma* 
nifestado en su bel!a oda : Centre lapeine de morí. Co- 
4D0 expresión de las intenciones pacíficas del gobierno pro- 
visional, adoptó este por lema, y comenzó á usar por epi- 
•gr9(es de todos sus documentos oficialb>, las tres palabras : 
Libertad, Igualdad, Fraternidad. Se desechó la bande- 
ra encarnada y se adoptó la tricolor, gracias á la persua- 
«va de Lamartine, y á su bella frase de que cera la que 
-había dado con gloria la vuelta al mundo i . Diéronse otros 
-decretos encaminados á restablecer el orden y el respeto 
-ala propiedad. Esto era tanto mas necesario, cuanto que por 
las cercanías de París vagaban turbas de incendiarios que 
todo lo devastaban y tenían aterrada la comarca y la capital. 
f*ué abolida la monarquía, y se proclamó la República con 
grandioso y magnifico aparato al pié de la Columna de Julio. 
' Continuaban las demostraciones y exigencias de los ar- 
tesanos, que habiendo cooperado al triunfo, reclamaban 
"ona parte del botín. El gobierno se veia á todas horas ase- 
diado por trabajadores que no teniah trabajo; y fué preciso 
•establecer una comisión permanente con el titulo de: Comi- 
sUm de gobierno para los trabajadores , con encargo expre- 
-80 de ocuparse de su suerte y de la organización del tra- 
-bajo,á que el gobierno se habia comprometido. Senom* 
bró presidente de esta comisión á Luis Blanc, y vicepre- 
^dente al operario Albert. Se puso una tasa periódica al 
-pan, y se tomaron otras providencias económicas, entre 
ellas* la de que los impuestos siguieran cobrándose como 
antes. Los antiguos títulos de nobleza quedaron abolidos, 
7 los franceses volvieron á ser simples ciudadanos. 
' Iban los departamentos adhiriéndose dócilmente al go- 
i>ierno republicano proclamado en París. Los generales del 



7B RKV18TA DE XflKtíUk, iUB «ftUfi ¥ ML «XTRAlf JEBO. 

ejéroíto y tos enpiaadot auiKmros le íkm prettaadb «i» 
«isieii. Lo8;pfriiieii>es deiafAHMlia <le Kapole«i l6 ofeacMi 
sus senrédos, y se inscribian comociiidbiiiuK)» de la «iieiift 
lepúMiee; hasta el iafimle de España 0» Enrií^ve dabas» 
•«orrasfMmdiflate manifiesto, ^toíeiido : 4 que se ^^nesBrate 
é ser de los ^rifwsros'en salsear ri^Merao-que la Francia 
acabiáM de éarse á «í diana, y apiasidir allaiMalie ia ara da 
fstieidad quoibaé inaiigiicaP9epttmloda6las pueblos ypar- 
lieiiiarinente para £$praa.t 

En tasita qne el ouevo gobieruo trab^abapar raaubla- 
«er la «rasiqmlídad y la «cmítaisia péUica; yque se afana- 
tm por caiisolidMr su ebra , las defliMHtoaoioBes de lust^pa* 
iSNeiossejiiímdtaasifiífilefnlpoimieael patecia de iiti»e»- 
terga, donde se baUabaestaUeoidasaooaysioD^ydaode 
losaÜMintles y empedradares aeopaban te*iisÍ6Moadelaa 
aBliff»os l^as del raino. < Estos bañóo s, les decía la eo-> 
añs»an.iQBatt espede áe dtaourao 4ie apieiiitt»., astos band- 
eas, «síaates «anlerionaia^ie ée le^ialadares priiá^gíados, 
^Fares éePraticáa^ lian vesiido al fia ¿ aer a^e^padosp^r 
id paeblo, «aottopaní t(iaaar «n^lef iaiiQftote posesioada.sii 
éeradio, y «eoalar el lof^ar da attaobarams.» Las .pscrtea* 
«Mies He \m operaríns se redndaa á gaMr aaas ajJarioan 
siéBas éaws de ;tabi^ , á q«e «e aboliera ia «oslomhne 
éti marekanáafe ó regsiioo j yámárnt en p^rücsoo da las 
fpeBonmas^nttiaSiea^presas, dividiáadose aqoaUas, das^ 
pifees de dediKcídas los jómalas ée los úpomáos, eo4re/4 
Irabago y «1 Gapitd. Atmi|oe la oorntiioo los iba iiacíaoéo 
todas esuis coooeaíosies, ao se daba» piisa en^^rolvar á eos 
taüeves. El ^biarno ioro ¡que mbaatarloa al Irahajo. 

iLos &iDdaa pstbliaos habían aa&tdo aalre^laeto ona^b^ía 
horrorosa : eadadia^ anooisiabaa aoatas quiebaas^deco» 
aas faeitos : ;eloaiMraio se baUaba-desaicniado, paroiíaa- 
>da te É»dtt9iriOtl<»<«Hnios. poseídos deitosiiM:, te pat^písh 



•éMlieD^ptlifMXr y ^1 gobiomo toaundo delaafce MiMiiiakuile 
4ÍB ni&n mU qperaiiias con «na iHi&va .exjjgQiicia oada 
<lia,^e4Hno«i fioto par eUosj paradlos se iuiLíeseili«cbo 
Ja nMToiiieÁon. De iacbe parias cacgahan sobre Pai?ís.;j4n 
#miicbas weiudadesde los dcyariaimíiiios ^Ae eolre^aban,á 
dasiiia]i6s.y.QSMaos ifue bacian temer iiaa disobioion «e- 
.ual. A^i^esar de lagravedad^de la crisis, .el ^biemo^ftro- 
^ional Qon sos joaedidas -fioaoGÍeras , «od su cseaeioii de 
taUeres nacionales» cod sus cajas de descuenlosn con aas 
prooieiasj «a&^ouiisoa« Xa.iba atravesando loéaos 'Oial 
.de: lo 4^iie'esa de iemer. 

£1 penaamieiU^ pobúco klel;gebierno<provisíaaal se JuiUa 
ooüleBido eo la dreular delíimisií^o de Negoms^ extreme-- 
ro&á ¡os a§^Ates diplomáticas déla república /miicesa^.pu- 
Meadacea 3 de maczo. £8te importaiOe documento, pne^e 
apeducijRse.á las siguientes palabras^ «La aepúbliea ni j^p»h 
>w«cafiá ni esquí vara ría gueeraj» Loa^obiemos eiOcai^eras 
.ae truflKintlwagon , y aolo'temkron lascoiisecttenciafifdel 
lit^ejQftpla. 

>Mo«t«i!d6iea4e eOipffioduoár auiefiaclá>dn<iiMi:iosei4sadaa4e 
«Saisopa^ La Bélgioftluéla.priaiera^que se estsemecki t^^t^o 
(da^fmideacia .del rey y de su/gabáenio e vitacoü .toda ^coa* 
■^laoiuencia uRerm:. Dosi mil bambra&^utiiefraoeeftesjffaat- 
ifaa.ipeiietrftiaB«n>fiétgiea0on^el pri^ásito «le establdMf 
«^liiia.nqpttUtoa, 7iluvi»*r«n t<|ueTetPQCiederjiiit»eaca r i m e i i-- 
•lados, .fin fitti&a «e reQÍtÁó<42on júbiliO iaAiu4i€ia 4e A^ 
«■Bftao6i.de eana..£l '.cantón de NeucbAtel se a^fuiró^ide 
^MamüA y.i»Éaiileeíé«.ttn9«bievoo parti&Qlar..Lo6 pequeños 
^eatadel4le iáeoiuiift ae^eonnaoviausaioeai vainaote. IKoitem- 
berg pedia al rey un parlaiueiito ialeman , libelad de ,tm- 
ifraQÉa^y^ade.oQBcíaiida, «inaait^ttlo dol .puebla ^^tboücion 
^ pnivikKgiw y gaiiaBÉía«lelita*ab||io; f en á> áeauaEzi^jMa- 
«eeatáS oloR^.fiuiUeBmo-JiL^dMlidoortleiaiOeft 



80 REVISTA DE ESPAÑA , DE INDUS Y DEL EXTRANJBHO. 

grandes ducados de Báden y de Hesse-Darmstadt se hadan 
iguales peticiones , y la Dieta de Francfort hacia un llama- 
miento general á los estados alemanes. El 4 de marzo el 
burgomaestre y el senado declaraban que la imprenta era 
libre en Francfort como en Báden , Wurtemberg, Hesse y 
Nassau. El rey de Bavieta reconocíala república francesa, y 
diferentes ciudades de Prusia exponian á su rey los deseos 
que animaban al pueblo y á toda la Alemania, y le indica- 
ban la marcha que debia seguir. En Londres , Hancbes- 
ter, Glasgow y Edimburgo estallaban motines cartistas , y 
de muchas ciudades de Inglaterra , Escocia é Irlanda feli- 
citaban de un modo alarmante á los republicanos france- 
ises. La nueva de los sucesos de París atravesaba el Rhin , 
el Danubio y el Vístula, y conmovía las Sajonias, Prusia, 
Austria, Polonia , Bohemia y Hungría. En cuanto á Italia, 
lanzada ya antes de los sucesos de París en la carrera de 
las reformas , y que había visto en pocos días nacer tres 
constituciones en tres de sus principales estados , Ña- 
póles, Toscana y Cerdeña, de suponer es el efecto que 
aquellos producirían. Roma se mostraba impaciente, y el 
' Papa tuvo que aquietar al pueblo dicíéndole, que trabajaba 
' en la constitución quelehabia ofrecido, pero queno era esta 
obra que pudiera improvisar un rey-pcntiiice. En el Pía- 
monte eran expulsados los jesuítas. Mas el rey de Ñapóles 
-seguía bombardeando á Hessina, lo que aumentaba la ir- 
ritación de los sicilianos y su empeño de separarse de Ña- 
póles. ¡Hasta el principado de Monaco proclamaba su repú- 
blica! Cuando el Czar de Rusia recibiólas primeras noticias 
de París, cuentan que exclamó : < ¡ Los franceses están locos : 
la Francia padece un vértigoii 

Con mas razón habría podido decirlo con relación á los 

innumerables decretos que diariamente veían la luz pú- 

' blífa,y que se referían á las inmediatas eleccLones , que 



lhjidl¡M>aii fecniípsós pM« alim^dirtí^ rqué^ 

fij ii mn 4as> eomtlcícmcís ^1 trabajo'. Bldne continuaba so' 
obm'CKB i>6inrertif álos^ártesiiiKy^. Eti iraflas oiiidadéS' Alé' 
pir«ei6o ainplejir la^arfinasoantr» kis bandst^- <le fiU^éiíadot^S' 
pféaiieos d» la» fortu&a». Les sbclédade^' ^ttéVá% 6 ckiJb» 
cmidifiD de un modo paimosa. Bl peligra d& otia dísoltH 
eiqn^socia} y de iinaímas espantosa a«iiaii^«' ^armó á lé^ 
lioaabras dd inkasoN» jaicio«a&, j^did orfgd»ád<MpartMoa^ 
que desde luego principiaron á'dísputavsee) eampo? ePd^ 
loBvepubUeaftos (k'drdeiyy^el de IdávItra^^epuMioauos. Bs- 
t0»dM p^rtiidoft liKhaban hasta en el'fteno mismo delgobier^ 
BO'pnovIsíofiaY, y ^ bakiiaii unafgtierrat^nea^nizada. BlveáK 
dáderop«tebto0évi(}GfittBiil6^ea-moi¥i{'eii las eliéoeiones^aé^ 
k guardia' nacromil , y ya. deiéé etitdncés se 'mostm trntét 
decidido é o<mleiiér ú to» desoi^nlz^idore^: Chufando esto^ 
96 pvesentaroB'arnMidos, la pre^nciad^ mikintnensapd^ 
Máoito decidida á eacarmi^ntariosf, refrené ser osadia y foá< 
d«jdi homillifidos. 'El'pént<ik> diB^I orden habla ya ívíntittAíd^' 
y 08 trianfo influyó poderoaameriteenel étítd de lasíeltí«M4 
áonesfiiira ta Asam^blea, en qiie' li»9 fVaedbtyes extrema» 
q«ied|iiroi] en oriaeortHmhioHá. 

' Dejemos por uh momontb' álos frasi^ceses' ocupador eAt 
iiutttoaas oe^oioiim y de gran aparato, y tolvamo^ ^ 
viata^ alas demás potencias de Buropa. Toda ia*A4eman4á 
$#liatlaba en fermeillaeítot. En*i»edio- de ta^u» y tai) d^ 
versas- pretenaionea doinkieba^eBsus diferentes estados el 
pensamiento de reg^nei'arel imperiogermániéo, y deftin*» 
dar te' unidad alemana bajo- la fówna de una confederación 
gérnifftdca' <íompacta y Vibre;. Los monarcas de* Prusiay 
ü^slrla moslrafcatt *ú principio estar íIo a<^«erdo entre A 
y <^m ^l empeuador de. Rusia , para contener el movi-i- 
míenttyliberal , y á eso se encaminaban sus armamefñtbs; 
Hl re^ de Prusíafud el primeío que comprendió- qoe-fera 
T. xm, 6 



82 REVISTA DE ESPAÑA j D& UfBUS Y ML EXTRANJERO. 

necesario variar de rumbo, y desde luego o&eoió una 
cooperación activa en favor de la confederaeton gemiá-- 
nica, y convocó la Dieta de sus estados. Eo esto se supo 
con asombro que en Viena había libertad da imprenta y 
milicia ciudadana , y que el Austria era constituctonaU £1 
pueblo, y particularmente los estudiantes, babiantrianfado. 
en una sublevación que estalló en la capital , y el principe 
deMetternich dejó la Cancillería y huyó preeipitadamaiite:^ 
su casa de campo fué incendiada. 

Otra sublevación estalla en las calles de Beirltu, y en ella, 
el pueblo y los estudiantes triunfan de la tropa y ée las 
cargas de caballería , no sin que hubiera desgracias y vio- 
timas. En tal situación proclao^ el rey que. se pone á la 
oabeza del movimiento alemán, y «que se siente llamado 
á salvar la unidad y la libertad de Alemania» . Adopta ea 
sus banderas los colores alemanes, convoca la asamblea 
general de los estados, y su primer ministro grita delante 
del pueblo : / Viva el rey de Alemania ! Pero el Austria res^ 
pondeáeste grito con indignación y con mofa.. Los demás 
estados alemanes se irritan al sospechar las pcetensiones 
del monarca prusiano. La Pomerania y el Brandeburgo se 
pronuncian enérjicamente contra la declaración de Fede- 
rico Guillermo : la Ba viera protesta, y en una de las pla- 
zas de Munich es quemado el retrato del rey de Prusia. 
Este monarca se vio obligado ^ declarar ante la Dieta, que 
no habia tenido los pensamientos quese le atri:iuian,pues 
su intención había sido únicamente promover la libertad 
de Alemania. Mas el Austria pretendía ser la primera en 
restituir la independencia y libertad al pueblo alem^,- 
y estos dos monarcas se disputan la pjrimacía de la direc^ 
cion del movimiento liberal , y parece que rivalizan ep 
hacera sus respectivos pueblos concesiones mas amplias* 

En^jS tanto el Papa había dado la prometida consiitu* 



CRÓNICA DIL hptran^ró. ' f 89 

don , que lienó de júbilo al pueblo romano , al que advir- 
tió el día mismo que aquella filé proclamada, que habiá 
hecho cuanto podia hacer ^ y que no podía hacer mas. Libre 
Parma de las tropas austríacas, hizo también su roTO- 
hicion, despidió á su duque, y proclamó una regencia. 
El de Módena se fugó por segunda vez de sus estados, y 
Módena se hizo constitucional, y se puso bajo la protoo- 
eion de la confed^adon italiana. Sicilia arrancó del rey 
de Ñapóles una constitución para si sola, con un parla-* 
mentó sidliano en Paiermo, y logró qaeel rey Femando 
nombrara virey de Sicilia al presidente del gobierno pro- 
visional de Paiermo , Ruggiero Settimo : posteriormente 
declaró que Femando de Borbon y su dinastía quedaban 
para siempre excluidos del trono de Sicilia, que esta se 
regiría por un gobierno constitucional, y que después de 
formar su constitución llamaría al trono á un príncipe 
italiano. El reino Lombardo-Véneto sacudía con deses» 
peracion la dominación austríaca : los mtlaneses hacían 
prodigios de valor : después de una lucha de dnco dias, 
mil hombres decididos y arrojados lanzaron de todos los 
fuertes á diez y seis mil austríacos , y los obligaron á ir á 
ocultar su humillación, con el viejo general Radetzki, á las 
orillas del Mindo. Habiendo recobrado Hilan su indepen- 
^ncia, estableció su gobierno provisional. Veneciahizo 
también su sacudimiento, y se constituyó en república» 
acordándose de lo que habia sido. Mas como losaustriacos 
pisabim todavía el suelo de la Lombardia , reclamaron los 
milaneses el auxilio de sus hermanos de Italia ; y de Tos- 
cana, delPiamonte, de Roma, de Ñapóles y de Sidlia 
acudieron fuerzas á sostener la causa italiana. El rey Car- 
los Alberto tomó el mando del ejército confederado , y el 
Papa bendice á este. Luchó con las tropas austríacas en 
las márgenes del Mincio y del Adige, y bajo los muros do 
Mantua y de Verona.' 



HA RSVISTA DE EAI^fb^ ^P/ÜÍDIÉ» K íBffX. iBXTRANIERO. 

.;;4J^XiH9i9»o.tie^(ii^o e«.d/4il€^4o< d6 Posen* ep Varsdite 
X^9litzia,.eq la£t4i$es Polooía9r,,pfa»iaBa, rafia. y smilitMai^ 
s^ pnocl(H»ai»a I» QaeioQftlidftd poUeai. Gonvaatoel •eifi|^<^ 
tí^ám 4^ Austtiia soñaba ej» hao^aa re^y de Pofeiiia. Eira) 
^ PruBia halagaba: á Ja» polaea'a de:auste8tiado8;=$e|]«i!(dMf 
^ cauaa de lar da 1^ alemanes^ y logré iBtrddatDhTla 4i$f* 
^ü&fíüa^,^ h gUi^ra. esKtFe estas dos aaeioii6Sb.Blieflip«nidka 
da.RMia.dió aw aeiiíe motitYO un soléame maíBiriesto, mn 
iü»eaR0Q los aoxiUo&diri Tt^dopetdero&o, al misaui^ tienpé 
^pM^l^^fi^Di^aa.eieiiU>.iraiQtav]ikU desús aoMadós en \m 
df»gr^ada VatM^viai. 

' SlefPl^adiíH'de Attsljna'^nviab&fueroasírespeiables'pi^ 
safiMW la uisiáMrnBQcioii de:LoGaibardia^ «iéntcas que loé 
^¿«garo^ 6acii4ia&- el yugo ausSi iaco> y obligabaa é' la 
Qietat, los: magjiates ]F al Archiduque palatino- á rafii^ 
gifi^sean Vi^iidvaboliaG ei JEeudttlianM)^ y sahacian tade** 
pi^ieut^s.di^ Au^ia^ proclamando, al archiduque fisle*^ 
tiap> BuEstak^obuia np faltabai^desdi^deneSi^é pesar de qae 
el.rey d^.Sueeia habiaencargado á una e^fmisionvqua re** 
dAC^asa lo ina^pronto poaibla un proyecta de 6onstíliii6i6Br4 
Aja.iS^^n eataliaba' laguarfa entre Dinamarea yPittsia 
por<lo$s aniág|b06 ducadoS' alemanes da Sebiaawig y Hobf^ 
tain,t. y oGuri;i«rQn'auca&Í¥amente snngrie^tos. dombalea* 
Taaosbien elreydieHolaiiida alteraba la conalHucion desw 
oatadioa en mentido maa lib^al. Gn.auaeía«ia del rey Caites 
Albarjbo^ los aabo^yanos babianr proolamadó la. rapóbUoa 
m Chai0d»ervy y y los labriegos da las campiñas deahicí»^ 
rikinieu d^s d|as( la, obra de. loa republicanos dis la eapitah 
l^aa dietas pavtiaulares de Ipaastados daAlem»áÍ£t>,.yIage^ 
n^ral d£i Frana&ort ae bailaban^ ra^midaf; las«uaaa'p«ra;Off 
l^uizar sus.redpee.tÍYOS estados; laotra pai». ^ap laá bases 
4e la-.gran.^onfedarajcion.aleinana.lNQ: podían p^o&erse dé 
#l9ueir4^entre^:sic:: en mio$ asiladoasa pf^oelámaba In i^^ 
pública, en otros la monarquía conirtilikeri^isal rUegd'.eí 



wmo eii0a^go«>.lo$ que tsata^aa de una eiQD^ikltiakA 

£a 4a«to MaMdaaxate* wa jreeia tormeota s^b^e el suelo 
da la Gvaii Bf eUna. Lq»s^ carUfiUis áe Láiulres y .OdiUm» id 
jueseatab^tt 4)aadosy ameMaadores; «6^1ebra))afl Teimorr. 
«a» taiQuUiiosaa . j; :pf4Miiiaakttiaj| ^weiurBo» le» 4»^ 96<Mfs 
«itabfiá la tabelión <M»iUrftalfpbiem<»y aao^eaaUra laraiaa«» 
y se prQoiMiaba fMarapút)U6a4ejii<>e4ál4caán»ai»araál€vtei 
de Paria» Las iFfauula9e& rearmaban y or^imabaneapiie- 
saai»a áe la$ aiaftart(todes.£aiLóiHÍfe> «a Mifiba <6slttbloH> 
ciáa mta>€íml}enáímmmmml^t^aa «alebraba :$«i9.smífNMa 
fiUlka»^ 9 driibaraba ^und ki^nMama ünamü^é y aolan»*^ 
aidad (pa el Iterkiiaanla. I^ar -óUialo m .babia anuookHto 
f^Hupasainenle para €i 10 da abnl un graiiMeatínjr'ea i¿ai^ 
Btoglon^<oiiaaiii> , det aaal bal^Mbiki yarüt fma>pr$€tíkm^ 
mtmtírm' (k qmmwkts mil f>erMmm^ para. |>refteotar. ^ 
la oámaradái los Comianes upapc^teioAr taaibiea mpmkntfUi 
aoa im^ miümes de firmo^i del {i«5o ignalmaiite imofia^ 
Im^ daMaír^4ittii¿ato*Ske;ei^|Mrfd>aq<»iaiMia.y[auasQbi^ 
seUo el rabiada. El f obieroa, á ¡¡^mt daiaArUiíafWfiifaw 
lidad acmiqae miGa latM da w>ft|raaiaiias , maiúfastaba algioi 
eaidadsuy d7, L0rdGray,;mini«ftro'd^ iofaiterikar^pridká'áfai 
fiáinara aulaniaacion.para aiaplaae«iadida$> asfera€0*dÍDaria» 
aaatnblaasediíaiasoa. Afueras di^^esto lasoavtnAasnod^ísMK 
üm da 611 enupi^a. JUagadioaldia, cpia^aimoaMbasav ira^ 
Maadb, andaiü^ció unapinM^ama delúaqartíalaaá los Jtabir 
iai»laadfal4Qiidiras»qiiepnDai(Habao«»}«staapalabra$: tVa 
m i&úpv lu^ boy uoa graa c^vOiIuaioD^^ La. afluanaía da 
«aalialas da io^aí partea dalreí#a «ra ioniaaaa. SiffMmr 
«a p«r su falta probibió {a.praeaaion^ y loed Pataiarftaw 
JkBÓ! da jtN|^ y .oa&^^ las; oa^aa da IiOAdiM». Al fi»4il 
^multadadalcffaftind^tíiigr* daL^i^e^ iiiPiiii7W^it»é.^|. 



M BEVISTA DE ESPAÜAi DE im>U8 T DEL B&TBAIIJEBO* 

que alas siete dé la DoehereinabaeTi Londres la mayor tran- 
quilidad. Los quinientos mil carlistas, al comunicárseles la 
prohibición del gobierno « se contentaron con dirigir ¿ la 
Cámara la petición monstruo por medio de cuarenta y oebo 
delegados. El presidente de esta comisión , Mr. O'Conor, 
arengó á la multitud , y presentó á la Cámara la petición, 
acompañándola de su correspondiente discurso, á que 
oontestó la Cámara , que la tomaría en consideración , y 
procuraría atender los deseos de los peticionarios. 

Fuera de los dos puntos , donde la guerra teaíñ lugar, 
casi toda la Europa se afanaba penosamente por recoBS* 
tttuirse. En la Alemania particularmente era grffiíde la di-* 
Tersidad de <^iniones y de intereses,^ tanto mayores por 
eonsiguiente las dificultades que se oponían al estableci- 
miento de la unidad alemana. En Francia la mayoría del 
gobierno y de la población de Paris, juntamente con la 
guardia nacional , se preparaban á rechazar los progresos 
anárquicos de los comunistas. El 16 de abril fué el día en 
que la población inmensa de París se presentó armada i 
sostener el gobierno provisional contra cuatro ó cinco mil 
comunistas. Esta demostración de París los dejó cc.nfun- 
didos , y aquel dia triunfó la república y el orden. Este 
triunfo se celebró el 20 con una gran fiesta nacional , Ua* 
mada la Fiesta de la fraternidad ^ porque aquel dia babia 
de fraternizar el ejército con el pueblo. Aquel dia forma*** 
ron en París cuatrocientos mil hombres. El 4 del siguiente 
mayo "se celebró otra grandiosa fiesta en el campo de Marte, 
con el objeto de solemnizar la traslación de los productos 
de todas las industrias á dicho campo de Marte. Eti el 
mismo dia se verificó la apertura de la Asamblea nacioiud 
con asistencia de. setecientos diputados. En la primera se*- 
sion el anciano Dupont deFEure, presidente del ^ebiei^no, 
pronunció un sentido discurso para anunciar que el go^ 



CHÓHIQA rnSL SXtRAlHKIK)'. 87 

bi^ao provisonal de la Répábliea ee presentaba á deposi- 
tar en niaiios de la Asamblea los ilimitados poderesde que 
le había revestido la revolución. En aquella misma sesión 
fué proclainada la república como gobierno déla FVancia. 
Lamartine leyó el 6 una memoria en que daba cuenta á la 
Asamblea de todos los actos del gobierno provisional, y 
la excitaba á que se ocupase sin levantar mano en dar á la 
Francia una constitución. En seguida nombró la Asamblea 
individuos del gobierno provisional con la denominación 
de Gomisi'Hi ejecutiva, cuyos nombramientos recayeron 
en los mismos que basta entonces lo habían sido. También 
^e nombró un nuevo ministerio. 

Alarmacb el gobierno inglés con los disturbios de Ir- 
landa y con las reuniones de los cartistas, prohibió la for^ 
jnaeion del consejo de los Trescientos , que trataba de es- 
tablecer en Dublin; puso en práctica las leyes de represión, 
y declaró en estado de sitio la ciudad de Limerik, donde 
babian ocurrido gravísimos desórdenes y un choque san- 
griento entre iñ joven Irlanda y la vi^ja Irlanda. 

Conlimiaba la guerra entre los austríacos y los italianos 
confederados, rdbrzados por una legión suiza, cuando 
después de varios encuentros en los campos de Verona y de 
Mantua, y en las orillas del Adige, obtuviwon los confe- 
derados un glorioso triunfo apod^^ndose de la fuerte posi- 
ción de Pastrengo. Hilan pretendía constituirse en repá- 
biica^ pero Garlos Alberto seoponia, temiendo verse ro- 
deado de cuatro repúblicas, como Francia, Suiza, Lom- 
bardia y Venecia. Mae al mismo tiempo ocurrió en Roma 
un incidente que causó una agitación profunda. El Papa, 
o<m motivo de los rumores que se hablan hecho circular 
en Atetria y en Alemania , atribuyendo á su excitación ó 
influjo los cambios que se babian efectuado en algunos pue- 
blos de Italia, y las^guema en que los italianos hablan en- 



<P REVISTA DE Mímm,tnBr9iJíiMS*Y mVh EXTRANJERO. 

Xalr«6 paria^a, iawijfestfli)ra.tui.«áber(ieri¡(to tnas fññe eh 

1^, y íoobftBaba Ift «especie el« que elTomaBOponifflce <febik 
.prasiííir eieKa imé/va i^epúWicH/qne pret*n4f<wi algunos 
/formar 4*6 xaáos (k»s pueUos de Itoifo'; y éeolaraba, qtté, 
vcai»o vicario cteCnisiÉi' em.lartima, rtdpodia ni tiacer, 4ii 
^ooií»íiar la gfwjptm- Esta oilooodon produjo des4e tuegb 
^ cambiQ d<í ministeiio, la rctírada del consejo «itítiíc^- 
9^K y wift'dfenauítcacíoo impronente d^ la goárdía cítica. 

fig Aian*aji¡ii,i4rai)i^iiba, Ja Dieta de Framjfort i^avacons^ 

liíuií-el nuev^.ini^eiíogarraémco bajo una arniiútncim, 

al mismo tiempo que el emperador (te Attsftria hacia bon>- 

iíRrdeíu\Uttiíriiiler»eiiie, .pw aspado de dos4M«p*»y.media 

h uiiti^ua 'Cfudad Ubre rie Oraoo^vie; la gwrdia »»OT<!mal 

iufi d^^«arittada,gf exipulsaiies de la ciudad itodoslog'ettrt- 

graxlQSr polacos. • . . : 

Vol vcimos la. v¿$ta a? Francia , en euyfe capital <$e prep«- 

J?abatt. eMr$ardi»*rios acontediniento», sLos cl»b8 y4<te 

comuuistH*; íi^echaoto^ porfía itetróta safmdnewlis 

.eteceiaiiefe* tie.moadPabary^descidídosá atacar la AwtmWea, 

.«.owya efecto aatieipaRon^en la aesion dé^Má h^ petitHm 

^n fav,o« d^e la Polania^ que babia de««rv«i«6de ptetento 

^«a SU& dewíííratítónos. El 1& hroiiarow «n» en ,ei»aÉio 

-iaj^oMeiHe , que par fartujia se itivilóé diigcnirsos, '«pnM 

-pw- bííitór>er<ie8plegadounagrün fuerza; Elttuftvo gobieriao 

Jító) se oontóderaba sm^eonba^go «egfapo, pues ai día d- 

-gttáeiila desuna profdamftjcn qweíexoitaba.á-te tranquUiídád 

y ai ónku: «u ívaz oo íúé-oida ; y e» el tnmediato ^ía « 

oiair»ri<eraiiattc«80p, que tal vea carece» do e^eiMpto en *a 

fhístam. Kl sáido de la Asamblea» f4»é- invadido, y muobos 

•1 (ípresaiítantfia in&álliados* Las, puertos' fiíéroH imt^l^ám, 

-y 'Jos.bííaicittó r©dDr« por el «soelft^Las l^orbas decUraron 

-4r&iielta h Asamblea^ VfHPoaiai»Krowiiii;goi)i«ni4ipi^ytsto- 



^drMtaUatfe^á Jii.AsfiftiW^a'Qii^us éeF6cb^.'LoaiIl^ttrfec- 
4M Mapoé6iaron'4e)»fftfMde Fti/e. Allí- /repro^eutarpn 

'peote se ojre el .i(ii^ueid»< g^n^ate : dra lagiuffdunapifjaal 
»qoeftv]inttÍNk<eBiM¿ui«M<imnNi4a*.£al<^fC96>la x^onÍM&MXi 
f telidewdpB' s»ffliü»i|l^tt basta un. grado .iipg06ibl3 da 
describir» Daapua» de uB#.QoiMr««iite»fik^» la.^uacdiaua- 
aioml se apoileró' de uido^Bl edifico. £neao' 66 
44amarliaietáíeab«i)h)., fueífüé illevado do iviufifo.lisstarlas 
galerías del iáijuiaMí ante. <U>s fdfoa de la reb^Uoq^.£ué^ 
«aroB.pcaata üimedialanMwie :-e»iindQJa,igttardia<naciwal 
96iipo ki'tjMttaMOnde sujiaft eliganafal'Coiirtaiafttiiii^ .estar 
}ba en oontiliancia Q$aL;las;twblM;^ seisipodeié de á).a^|]^ 
■neirar en la: Asamblea., f toianrati4iHriHi!y pic^U^nvon^las 
«übapreteffasvLuiailHane/aii la-plsfHí-de.la úoIUlwdia,'f^é 
iafvaslradeipor-el'ilod^ áii|iaéUa larde isa iMeiarott uifMpi^fus 
•^rtaicmesvF fSe apnahandieiimitaKmafr'y iptuieiosMa-deto^ 
-dO'géeesD.'Al^rá ocumria^j^QiiBdla atoteiuiU de <^den dffl 
Kebiearno^>lea eliifos#ea«tttBHft«s.,'ftiéiaiit algunos reejbi4s*á 
"teíazos, T^e-ócnsioaaDanlQa^cMtas deagraoias* fierD.en Uh 
-daapffiNies tmuafó^ta ^fuevhá fvúUka. iCm» este xnotííVX) .al 
-podarr^eiitfífi^^tpidiártim 'decrelaaapvimi^^ 'l«s i2%- 
'«ttsasHlsigmifiraliaB derk»'4«9artaaaai»l06« :; ípubliaá una 
pr^oAamü ratniSastaada 'smindifíiaeíon fMr elutoündid 
;oaMeiido,/eimuiii«Ado «ttnMfedel órdaa y asoitaüfdK) 
•4il.p«fiUo i á que fiOManaaíese arofeado para dafettddr .4a 
^cpóUi0e.'Altdia'SÍgiHenlerl&ví'aé4il4erasw lacsa- 

«sium da . ia. Aaal»blea« .Elipr^sidaiito : a6 >es&>rzd isii laistifi^f 
aittcoaléuoia.> jiiás ^ .i!b»BiMea lOO quedó «aUsfeeba» & 
examinaron con el mayor calor los-taoonte^iimeAtoa d^l 
4lía .atHerior. 'La ; AdatUMaa ésimo .a^1S^l día rC<»i»i«|ilLda 



90 REVISTA DE IMPktk , DE tNMA S Y BEL EXTRANJERO. 

en un tribunal qae presenciaba acosadonea y defensaft^ 
Caussidiere, prefecto depoliciade París, había creado ttaa 
cuerpos de fuerza armada, que se hallaban eidosi^anienle 
á su mando. Algunos individuos de estos cm^rpos s« ha^ 
bian visto mezclados con los grupos el día i5. La Asamblea 
y el poder ejecutivo trataron de disolverlos ; pero unode 
ellos, llamado el de los Mmtañeses^ que constaba de mil 
quinientos hombres, se negó á obedecer todo mandato, 
que no procediese de su jefe Caossidiere personal y ver^ 
balmente. Después de empleados diferentes medida , y con 
la mediación del mismo Caussidiere, consintieron en eva- 
cuar desarmados el cuartel por una puerta falsa. 

Inmediatamente que sé supieron en los departamentos 
mas próximos los sucesos de Paris , acudieron tropas y 
cuerpos de la guardia sobre la capital para defender el 
gobierno de la República. En la sesión del 17 presentó á 
la Asamblea la comisión ejecutiva varios decretos ; uno 
prohibiendo los clubs y reuniones armadas ; otro cerrando 
la entrada en el territorio francés á Luis FeKpe y su fomí- 
lia ; otro atribuyendo al presidente de la Asamblea la fa- 
cultad de hacer tocar llamada; y otro mandando que los 
individuos de la comisión se abstuviesen de tpmar parle 
en las disensiones de la Asamblea, y de asistir á las sesio- 
nes , á no ser que fuesen expresamente llamados por aque- 
lla. En la misma sesión se nombraron «los individuos que 
habian de redactar el proyecto de constitución. La Asam- 
blea nacional dio un manifiesto á la Francia^ y en éldM á 
conocer sus nobles sentimientos y su firmexa, y trató de ga- 
nar la confianza del pueblo francés. A pesar-de cuanto ha- 
bia ocurrido , se celebró el 21 , isegun estaba acordado, la 
extraordinariamente magnifica fiMade la Coftooitttó, que 
ya hemos mencionado. 
Mostrábase la Asamblea desconfiada del poder ejecoti- 



mimck un. utsamuuk 91 

▼o, en qiúen simonía falta dé previsión ó de firmeía. El 
gobierno trató pues de mostraroe enérjieo , y «e propuso 
repriinir seyeramente á los trastornadores, y precaver 
la perpetraron de nuevos atentados. Dos caudillos de la 
anttpqufa fueron presos, y uno de ellosdeportado. Este filé' 
finiiilio Thomas, direetor de los talleres nacionales, en 
cnyo favor se pronunciaron los obreros. Se tocó á Itatta<* 
da, y la guardia nacional acudió como siempre á sostener 
«1 orden, y evitó los males que se preparaban. En vista 
de esto trató pues la Asamblea nacional de aplicar á tan 
grave malun remedio radical. Se resolvió por el pronto ^as* 
lituir en lostaHeres nacionales, al trabajo á jemal el trabajo 
á destajo , dando al nrismo- tiempo pasaporte para sus re»- 
peetivos departamentos á los obrieros que no llevasen en 
el del Sena más de tres meses de residencia. De esta mi^ 
ñera se resolvió provisionalmente la célebre cuestión de la 
oi^P^I^A^n <1^) trabajo. Sin embargo contra los grupos 
de obraros fué preciso emplear medidas rigurosas y hasta 
la fuerza- En 5 de junio presentó á la Asamblea el ministro 
de 16 Interior im proyecto de ley contra los grupos arma* 
dos y desarmados, tan riguroso como podría proponerlo 
el ministro de un gobierno absoluto. 

Volviendo á Italia, ya hemos dicho la viva impresión 
que habia causado en eV pueblo de Roma la alocución del 
Papa, en que declaraba no haber enviado, ni autorizado, 
sino tolerado á mas no poder , el armamento y marcha de 
los -voluntarios para Lombardia con designio de reforaar 
^ ejército italiano confederado. Esta alocución , unida á 
los rumores de un camiEiio de política en sentido reaccio* 
Bario , que se atribina á influjo de los cardenal^ y á las 
amenazas de los obispos do Alemania, produjo una ex- 
plosión en que tomaron parte el consejo municipal ^ toda 
iif guardia civlca y la sociedad denominada Circuío J^nm^ 



96 REVISTA DE ESBAMA^ SaOlUia ¥ SttyiXTRÁNJERO. 

no , i|iie fie coDstítuyó e» sesiidn penumfSBAeu i^cdÍMe^ 
Pa^ un cambio demtnislm»^ sin que l»ibíei0«B éi^^imm» 
nángu» actesiástíca^ hi detalasacittii imtauA ém gunmi A 
Ansiria « y la espttkiQn del iBiaUtror del Q8H>firodpff« i&lt 
Papa pera oaliaar los éninios dio «ua praelutta al ipneWk*; 
an qjUhejBspiÜoó el sentido de U anletíor t asienamdo ooúl 
sttfMider eapiriUial á los qu« se ni¡aiiiebas«n <;eii Ws ce^ 
nimias <|uie fMTopalaban , exhortaado á la pas ji «laDaiegQ, { 
naeor^ando eon palabras -saUdas d^l oOfosM ía gisüiiud 
ipie 16 ddbiaci. No* se calmé aua eoibaitgo la agitación f>«^ 
Miiea. Los;ailboirotadot?es levianájoa «aráaiMleacorttobbir 
^p^aáos etk sus «oaaas ^ amtoaibdaa sm 9rkias,.iati9r0apisdii 
s« cofipespiQndeacia 7 llegada: á íms ante non .(M^miailiii 
ittstHiada ep la. oaaa de «^isreos y pra^ididnvpor <el i^Hhimí 
Giosmiaohfio» Varias diputaeímiasdal aDrontaniepto ; d0Í0a 
elubs ^ de ia gttardta civioa se dii*igieriO& á fiala^ á.- aonn 
fiís^eiitáar conidl Papa. Todos l^amínisfiros y el itmmñáfmift 
dB lagtt£adiainaiC«()»aMe pceseB^sironjStt'difltt^ciii^HtbUbasis 
de laioinedteláfoiüiBaoion de4in gobidrnuii.pírotiisíaQa]jMd# 
la-prodaqiadon de ia república, y del aseari|94ar ífUí'lm 
oardeoiates,. Se le impuso al Papa un ipinisidrio Airoiadbi 
ante las aclamaciones del Cir€idoit(mami.hiér0QfifiU'k$^ 
raspafraffesoiveif solare la :guer>ra coQtna. Austria* JEi^piie- 
blo BüblevadiO en masa* y en un aileoci^^sambriO'é.itfip^r^ 
DMiiie:, 'ft)tts ios oj06 en el* reloj áe. palado, •osp^ar^to^Ji 
bonai&tah*. ¡Ibsan á dar Isis dooei.... £1 pueblo^^indé^e» 
SiqneBos ffioiaenitos lQs.benefíeÍQ$ que dabiaiáPiO'IiS^^/iluí^ 
Hienlos antes de dar lars .doce, el PapaJbaeeamiDaíair wl 
púaieblo que .ba nombrado unHiiniijtei»o mv^úái^é^i^M^ 
oultad de defiiacar la guerra* á.Aiuatmabsjsi »u.Bespo,n«diik- 
1-idad , 7 qoe'panra aparáar lasque pi^Kberaicadr&sbr^laJi^ 
^a, IbaáTeeeftplafiBao con js«gitoyeisú lodos Ijoafuncioiiam^ 
•púMieosco»respo9adfanlos^iele£04 {)4»;Q6la.iniipar> A^piu- 



4tii€ii stMHií dcA aofoerano Mmitce ^ eii ur rmtme^tÉa ckí^ 
tico y solemne salvó sus estados, y aun la Italia toda^ 4^ 
mIm sísi4Jae8it08 y cpitzátde eirituinu. Le» miavquislti& de 
Bmu km átd<i>pniadMis ínsífBflS dé ixigrrótud y de aiabi» 
eíiii>;.fp«rOima(yiiP U'hftdidé de igáonmea» eUeñidto iqíh 
mmio^ eiioMiieaídaTido la adinittistiuidón de jatstic» y^ i^ 
«kH á fai'giaiidfo Bttekanald^Aooii. ¡YqtBttssemqaate goiih 
gtBq^aawii d»:banilireet«nBM «itíioio de Scasaid^toattast 
CéoM» em mnsígaiesftte se «KpídieKHi 9h» pasaperles al 
eflÉbájadMP ée Aualm. &e emrié un ooMisano ^isuei<9Í ^ 
goMi^nm ai auorpeide '.opQimoieiii»& áA ^omttA' hmtukéá 
iLonwfcBíritay.y se dieron nuevasrinatruceMiiesi al quf 
id«de>oeniaidel sey CátloaiAlttertii. Todo esiao sa^lim sói 
mtíBmeatiamiáel Papa^ «foe pennaii0Bíai«i9 e]-páia«i«i'QuÍK 
tínai>coir9« gaavdía^noble y^ma suizos. Loa naneiinr y eiii« 
éentes no halUan«d« entia»dc« ma^^n los negocios p<A«« 
ttcosi, kilbíéodose'<'de nombrar «n ead» ninicxafeMMi uiá 
segtar'CQpcatgiido de eflosi. Al másnio tie9iipo< decTetd «i 
mieno roiñteteno un alfetamientode seisiii«t.ho«ibfisSf cpu 
se pusiesen inmediatamente «»' laai^n p^ra Veixeela y 
Lcmbasilfa&'fin ta süaaoion en cpe se hallalNi el P^pA^di-^ 
r^diinft'<mrtti aatK^vaAt at empevaiéor de^ Aualhav pro<* 
fflsliomio 8Q mudittoion bajo tacoBdíK»DTr iitooliiladia^k 
««tcinuHoo oonif^tela.y idta4 de Italia. En eate invportlutta 
dw0aie«MiMnrDeaSU'8«aitidad< e) dermbo que. tienen txs^ 
dBB^ÜBES iMiol<Hif$.'para o^ins^mirae : eita ei qeraplo'de- la 
fliHinaaiAtei4B2Ña^, y coneluye diciendo ^ quQ d«9p)9«» de 
Im ÉkiniM suaesos «pMf^lian'OOtimdo en LombaivcKay te es 
yaiimpiMiUeaiiáiinlri» gofeié^narniaalíoinpO'en ijbali^.Batft 
^-MtaaopTOdií^i^fveto ^ pnes á pooo de haberla veeiMdo 
€l'dapieraéar, ewié ooMoa^ y considiendiles» vñfwnom & 
toa paisfii' h)iiiliiafdia^¥eiiii^m<i9« fi) Papa il» onAwge 
mnpHtir e^Io9íMÉ^ves>de apdsloVdig pus, j ae rastable»* 



94 BEVISTA DE ESM^ DE INDIAS ¥ DEL EXTRANJERO. 

ció completameale en la opmion y en el amer de m 
pueblo. 

El 8 de mayo se abría en Tarín con macha ftaiemnidiA 
el parlamento sardo. El principe Eugenio de Carignan, 
lugarteniente general del rey Garlos Alberto , detpaes de» 
prestar juramento de fidelidad al rey y á la ccmstituoionr 
dirigid á los senadores .y diputados el diacnrso de apertm*» 
ra, en que anuncia haberse anudado las rdaciosies, que 
se hallaban suspensas , con el gobierno constítaciooai de 
España. Son notables, en el mismo . estas palabras: «En» 
Italia los partidos divididos tienden mas y mas á fcmdirse^- 
y hay la firme esperanza de que una coman armonía ua» 
los pueblos destinados por la. naturaleza á formar una sol» 
nación». Este pasamiento mereció de la asamblea loa 
mas entusiastas aplausos. Uno de los primeros pasos en. el 
camino de la unidad fué ia incorporación áe Plaseneia ai 
Piamonte , que se decidió en aquel ducado por treinta f 
siete mil votos contra un número insignificante que. opí* 
naba por incorporarse á otros estadas. Parma y Mód^ase 
disponían á hacer lo mismo. 

Mientras que ello de mayo ocurriaxi ^a Paria los suce-^ 
sos que hemos narrado^ en Ñapóles en: el mismo día le^ 
nian lugar otros mas sangrientos y horrorosos* También 
&i Viena se verificaron en dicbo día, como veremos mas 
adelante, hechos de la misma naturaleza é igualmente de«- 
plorables. En Ñapóles los diputados del partida libonkl 
mas avanzado, hablan acordado pedir al rey : primero, que 
la guarnición de Ñapóles iuese enviada á Lombardia; se* 
gundo , que los fuertes se confiasen á la guardia naeional:; 
y tmrcero, que la .cámara de los Pares fiíeae dieuella. Es** 
tas proposiciones fueron presentadas al rey ; mas ia guai>*- 
dia nacional t ó porque no esperara una favorable resoiu«' 
cion, ó porque no tuviera paciencia para esperarla, oo^ 



meiizó á levanlar barricadas en la calle da Tolefdo y sus 
adyaaentes» y á disparar algimoa tiros, de qub resottaron 
oa oficáai y a& aokdada moertos. Ls» tropas salieron en** 
tónoes da,s«s cuantíes, y se einpe&ó entre alias y la guar- 
dia nacídnaltm sangriento o^»bate, que duró todo el diá, 
y que dio por resultado el triunfo de ta tropa, después 
que esta firó toinando una por una todas las iMir/ioadas, 
asá como las casas cpieocupabui loa nacionales. Horrori**- 
zan lasiafrocidadeaejeeiiladas aquel diaporlosiBstrumen*' 
tos de un poder reaccionario. Parece que los nacionales 
faéron viictiaias de una traición de ios agüites que ios ha- 
bían insi^ado » y ccMiperado ellos mismos á formar las bar- 
ricadas. Los regimientos suizos» que habían prometido no: 
hostilizar al pueblo , y aparentado fraternizar eon él , fué^ 
roa laegQ los primerros en acuchillar bárbaramente á los 
naQíonalesy que asMlralladosal mismo tiempo por la de* 
Jtias tropasdesde todos los fuertest iban siendo bárbara-»' 
num te asesinados , n4 sin vender caras sus TÍdas^ Los re^ 
gimiefitos' suizos tuvieron ochocientas bi^as^'A la; matanza 
ordenada de !as filas sMcedieron los asesinatos á domícitioC' 
Los suizos penetraban éa las easás , y asesinaban d^^sprada-*' 
damente, complaciéndose, según dicen, en arrojar mu- 
chas veces por las ventanas, los cuerpos de las. victimas, sm 
reparai* en edad ni. en sexo; C(ímts»dose de una familia en 
que £uéroa sacrificados el padre » la madre y cuatro hijas 
Jóvenes, ; El número de cadáveres ^aquella tremenda }or» 
nada a^oeudk) á mas de4^>s mil 1 A la matanza sucedió él 
inoendÍQ y el saqueo^ Los suizos dieron principio al pula- 
je, y los lüismrQni los aiguieron : esta familia recorría las 
calles con banderas blancasgritando : ¡viuaei rey JUumi-^ 
nubsn estaescí^a de horror las llamas qoe devorabah.las 
sontütosos palacios» las liiyosas tiendas y los hermoso^ ca- 
fes que emb^e^tt á Ñápeles. £ir caQon en. tanto desmo* 



M REVISTA DE MSBiAk^Jn¡¡rmmm K.naU«KTRANIERO. 

rmalm «IroffadiAiiM^ qtté cr8iii>laiadwlamda46Jo&6if> 
traiií«aíO8:7ielienoin].e<d0 taoamdscU. A4€6 pocos diw iasi 
oteoelea estabiiiii;U«iia»k Elaütnieanto frasees .&aii(|aed'taa 
bn^pt&s; á vciMfiH(>8< desgradados pudiepon aoogwse á eUosu 
Diliba almirBDtoy elembaJaMbr dfe la aepéMk» fr ü icosfl 
Atig^on .DeakiinaK^ioiies jr hasta aoMnasasml ^fn^iéfiíiom-^ 
pelUanoseaDoBjdtodid templapIa>eélera<;tdtniDBaiKm;f evo 
miéntras^ estosi personajes praoüntabaii t^iv hoiiresa9.9MtioiK 
ft€»^ el 6ari»ajadaF inglés, l^miNiiptev» aeoiapaiBrilA^oonflht. 
taaliemaiiite ali rey;,, 1& asistía oonsoBeoiiaejoa^ ; ofredaalí 
pdncj(peGarkti-8iu&ae efíoaBppoleéaíon.Laf|«M0díaDMÍo«»i 
Bal filé disaelta /y ioisaisflao ta»i6ámi»& La é» M^atadas: 
pubticó una ep6cjioaif>n>|testa ^ qtt^ákidiaae de kaber aidat» 
vielfiíUamanle: atacada, y 4a(eUmuifk> que a6(l0 sospenidíai 
s«fi seskmcs oMIgada povla toeneaiiitital. Postertormeate* 
iHigran námepo dfedipiita(iíOs< ^ veantefon «n Püatoí, y> 
á- ejemplo di9< loa siaítiaQOs, deoieraraftal ney Feniinido tt 
doMBorAoBt diistítoid» 4el I o^one 4» Nápalesv A e^oa<si»»' 
aosQfirespiaildíé'la It«ilft toda y latBwropa com on^giMo^e^ 
namlide «seándalo y detüadígnaicmi. Eata se expresó^ea» 
todas! Us pBtis»iée\A peaíasaki ilHAtaMkpor medios dífe*^ 
réntese en: algunas, lae tropas f d^ pneblp «istierMí \nk^ 
IwrjwsithenQanos de Ñapóles. lua dieta Helnétiea desan 
proteSoeoí enojo la e<>ndiieta d» k»»r«giiiiient06 sniaoB, 9 
laanecbíiaé, díoiiéa por feneeídos^Ios- empatáis oo»traid09 
eiMB ei monarca^ n^pol^ano; fintas Oámaras de. Ttiñn sq 
Inaat 'f}OP an diputado iina pvop^teáon , ' par» «pe , entre 
€^as|oc(S8s^, se declarase á Fepnai»d0'de Sorban, tir«ie 
tet Mapoles, y enemi^ públíce^ y parecida. lAGémemátí 
Palermo^pootxié- enviar aetMn^9sefeciti¥os de tropas á las 
Calabrias^ para ayudar á la insmireedon qve «oéudabatt 
estallada en* las previndas diel mino napotttano, pa;ra H^ 
biMap laooapltat de la tiranía' Pda^ci^n eir^iié''gi9ifite. Üt 



6AÓNIGA JMtL BSTRAIIIIKO. 1KT 

r/Bj de Ñapóles, temiendo la irritación popular, qpie era 
gentral, llamó á laci^pital ba tropas de Lomhardk; y q1 
feseralP^pé, que las mandaba, fluctuando entre «usaesH 
ümientos y sus daberes, ae decidió por l^aoer dimisión del 
mando. Reúnense para. deliberar los jefas del eíército, ^ 
i^esiielven continuarla guerra contra Auati^a, sin liaoer 
caso de las órdenes recibidas de Ñápeles. Entonces el^^e^- 
.seral Pei>é ¥uelve á, ponerse al urente de las Iropas; y con 
gran aatisfoccion del ejército oonfedep^, proaigumiJos 
.napoUtanos.en campana,, y pasan el Pó; y la escuadraüie 
Ñápeles, á la que Finando -babia dado orden de. qiie^ae 
j^eunieracon la escuadra austríaca, en lugar de hacerlo 
así , se incorpora con la de Cerddaa , y juntas se pc€ysentan 
delante de Trieste, .y bloquean las naves. auatriacas que 
aeababan de refugiarse en aqvel puerto. Cuítales icirouna- 
tancias. ya puede compréndanle la sitiíacionit^a orUica^y 
y ai^uatiosa del rey Fernando. Dio una proclama mam- 
festándime muy condolido por los s«4^aos del iS , y ^pse- 
metvando sostener la constitución de iO de febrero : al 
■miemo tiempo coairocaba las Cámfiras para. el pi:¡fi)efo de 
julio. 

En tanto aeguia'ia guerra en el reino Lo8(ibai?do-:Veaeio. 
J)iespues de. la victoria alcanaeda por el ejéseiÍ9PÍ9qioiites 
.eontra los au^iacc^^n Pastrengo y B^ss^olengo,, priap^- 
aeae el rey Garlos M>erto hacer un jrecanocímiento Jianta 
rlo&atrincheramiej&tos avanzados de Varona^ con objeto de 
«aacarai enemigo de axas lineas, y presentóle batalla en 
.cí^nppraso. Al efecto ordenó un ataque general >CQnira 
jas alunas que formaban la primera línea, de ks cuales ^e 
i^odemron los,p}amanteses. las trompas las mandaba el a^y 
Cfelos Alberto en perdona, aeonq^imado del duqnedeSa- 
boj9^ AlgnnoSidias daapuaa ae apcniaiaban de P^acacalas. 
ilrojpsiitatianas. > 

T. liU. 7 



98 BBVISTA DE ESPARa, DE INDIAS Y DEL EXTRANJERO. 

En la capital de Austria eran frecuentes los alborotos» 
siendo los estudiantes los principales actores. Al fin el 
gobierno otorgó el sufragio universal y la convocación de 
una asamblea constituyente. En Berlín se experimentaba el 
mismo desasosiego y la misma instabilidad : el principe 
real , á quien se suponia representante del partido reac- 
cionario, era objeto de la saña popular y de las mas violentas 
exigencias. La guerra continuaba entre Prusia y Dinamar- 
ca. Suecia y Noruega se declararon en favor de esta últi- 
ma, y Prusia se encontraba, al comenzar su carrera de li- 
bertad, en guerra con Dinamarca y Suecia; teniendo que 
combatir á los polacos revolucionados de Posen , amena- 
zada en su seguridad interior, y no muy en armonía con 
otros estados alemanes. Con todo ya se anunciaba la 
pronta terminación de la Prusia contra Dinamarca , pues á 
consecuencia de la intervención de Rusia , á que parece 
no era extraña Inglaterra , habia accedido el monarca pru- 
siano á evacuar el ducado de Schlesvsrig y la Juslandia. 

Mas en Viena, en medio de los alborotos que eran fre- 
cuentes, ocurrió un incidente extraño, la desaparición 
del emperador, cuyo paradero no se supo por algunos 
dias, hasta que se anunció hallarse én Inspruk , donde era 
objeto de felicitaciones y obsequios. Los húngaros , los 
bohemios y los stirios, los que antes, ó se hablan eman- 
cipado de Austria , ó se negaban ¿ seguir formando parte 
del imperio, todos le pedian ahora que se fuese á vivir 
entre ellos , y le aseguraban su amor y lealtad. Otros por 
el contrario le pedian que regresase á Viena á fin de res- 
tituir la tranquilidad y el sosiego á sus leales subditos. El 
emperador principió á mostrarse enérjico desde Inspruk. 
Dio orden para que se cerrase la universidad de Viéna ; 
mandó disolver la terrible legión académica , é invitó al 
cuerpo diplomático á que se le reuniera en Inspruk. La 



GRdMIGA DIL IXTRAHJBBO. 99 

insistencia del emperador en no querer volver á Yiena, y 
la noticia de la próxima llegada ¿ esta capital de tres re- 
gimientos 9 produjo en los vieneses ana agitación , que ha- 
da presagiar funestos acontecimientos. La causa inmediata 
de estos fué la disoludon de la legión académica y la en- 
trega de las armas de esta. En la mañana del 2S por todas 
partes se levantaban barricadas por los estudiantes y obre- 
ros. Hubo un encuentro entre la tropa y el pueblo ; pero 
habiéndose retirado aquella , se pasó aquel dia sin nuevas 
hostilidades. Al siguiente por la mañana se reunieron nu- 
merosos grupos en iascercanias de la universidad. Poco á 
poco fué tomando una parte activa en la demostración la 
guardia nacional. Empeñada la lucha entre la tropa y el 
pueblo , duró casi todo el dia ; mas al fin cedió aquella , ó 
porque los mas de los soldados hácian fuego contra su vo- 
luntad , y solo por obedecer i sus jefes ; ó porque las 
muchas barricadas, y lo bien defendidas que eran , las ha- 
cían inexpugnables. Al fin , después de derramarse mucha 
sangre, los deseos del pueblo vienes quedaron satisfechos, 
y se le otorgó cuanto pedia. 

Mas volvamos á Paris, donde llaman la atención extra- 
ordinarios y portentosos sucesos , ocurridos en los dias 
23, 24 y 2S de junio. La narración circunstanciada de es- 
tos sucesos requería un libro, y ya hoy careceria de inte- 
rés , cuando la prensa diaria los ha hecho conocer en todo 
el mondo con todos sus pormenores. Baste decir que hubo 
en las calles de París un número inmenso de combatien- 
tes; que la sangre corrió á torrentes; que los actos de he- 
roísmo fueron tantos como los de inaudita barbarie y de 
ferocidad ; que los amigos del orden y el general Cavai- 
gnac^ como encargado del gobierno, se mostraron firmes 
y decididos hasta un punto que ofrece muy pocos ejem- 
plos. A los pocos dias el gobierno, hasta donde era posible. 



^ REVISTA DE ^^i^AlfAt 19 «f»Í«S. Y 9» EXTRANJERO. 

^1^ üQp^ildo piiJichas da lo» mAles y defiaitoes de aqiMr- 
li^.tif^piendos 4if^- Poco tiempo antes ya se liabiapobli- 
cf^flo.^I proyecto de oQnatituciQn., de íbí modo demooiá- 
tM§» W^ q1 papel de pi;esidente de la nueva Repúblicc^ oo 
ffkú'^ pepreaentario, «m sonrojarse, ninguna persona de- 

Cp§i al mismo tiempo expesimenlaron los italianos una 
d^sejracifL, que interrumpió el curso de sus triunfos. Vi- 
g0))LC^, Gíufi^d importante, y Uave del reino Lombardo- 
YsQe^Oy cayó en poder de los austríacos. Mas este revés 
HQ.Qptibió q1 ardor de los italípnos, y antes bien.con este 
fpa^yo se reuQierpn nuevas fu^aas al rededor de Carlos 
^b^r(p. Est^s np pudieron impedir que también Pádua se 
^ncpf^e á las tropas austiáaqas. Con todo, los italianos to- 
dm r^Qba^^iban q1 au^lio extrapjero. 

C^ tpdos los estados de Italia , aunque con spbrada 
«gitapion , seguían la marcba del régimen constiteaion^ 
f^e bftblap ewp^Qudido* Aquejábalos sobre todo la exa^ 
^e^acion.de laside^t él.espiMtu de división y la inej^e^ 
riencia. El ejército confederado no óblenla ventigas im-» 
It^rtai^tecf* Los ^ustriacos se apod^aban. de ferrara, tra- 
íf^^o, á sus habitates, como á oonquístadps. En tanto 
ppmanQCi$i,en Rove^Ha.el cuartal general del ejército 
pifiiQ^pptes , sin (^elautarii(ida contsa Veroqa. 

I$9 ^^nmia etqmperador de Ausfaria dio á sus pueblos 
^]aig.prQCilapia,,en qpe l^s manifestaba su decisión de rof- 
g9^^9* á 1^ c^ita). El|^i«^o.austciaco se mo6traba.in>- 
4^to.cpn las intriga^ y pr€|>argtivo8 mUitares de Ausia. 
A:P9C0;S^.supo que los ilusos habian pasado el Pmlk.por 
Is^i^ilf^ter^deBesapabia, y penetrado en Molditvia. Au»* 
ymSfPU^^U>.* yJ^ ala;*ma se atendió á toda Guropa : el 
ggyjl^^np ,^ces acQPdó la^iQiiilisiarttr^cieDtQs batallanes de 
lA«PiCM?dw.Wl)iaiiftlt Ut jmiM de aeíaia^ seQúa.aAigídaf 



eon tumaltos, y con \ú ikiítiibiUdad xHitíisterial , aíl lilflAhl!^ 
tiempo que la gueita con Ditíamarca , que se hallisitía $tii^ 
pensa, volvió á renovarse en los dhis^y K de jünió , eml^e*^ 
iándose un terrible combate enti^ Exavésteiny Soildetti^ 
burgo. El 7 hubo también otra acción, autíqueitíénos'gé^ 
neral, en que filé acuchillado un eíscüadron de faúsaiies dha 
mftrquese». Pero en el mismd dia había pisado ya élVét^- 
ritorio de Dinamarca una dtilsion de oUatró mil quiííi^tt^ 
tos hombres de tropas süeca^, y se esperaba otra ad^fmaftV 
eon las que confiaba el gobierno dibamarques podéf^' Ba- 
eer frente con ventaja alas de la confederación gernAnilt^á. 
Se suponía que la alianta y coopenacion de la Sueda i ik 
Noruega había sido exigida por la Rusia , de quién se tfe-^* 
mía se decidiese tambí^ ablertameíite en ftfvor dé Dkitl^ 
marca. Esta guerm habla tomado un carácter se^io'y f 
^npesri>a á dar inquieftldes á la ¿sulmbiea generé! d¿* 
Francfort. 

Esta asambleaí se esforzaba en vencer laís dificultá<It%^ 
que se oponían al estflS>tocimiento de la unidad aletttUilii* 
EiR vista de la gravedad de las cii^unstanclas^ que ré^lio^* 
maban iniAediatameme un poder centftf , nermbrd ^tíi& 
provisional para todos los asuntos comunes á toda! ta lia^ 
eion alemana ; á cuyo poder atribuyó las fiííedltades pM>«-^ 
pias dd ejecutivo , y le dio al que lo ejerciera la denómii<* 
nación de Vicario del imperio. La elección retíkfd' S 
siguiente dia en el archiduque lúan ^ hermianb dél efñ(JéM^ 
radorde Austria, cuyo nombfómiéiito (Aé hecho potkcBi-^' 
imHñotí, anuncündose al pueblo con ana salva dé fMéf 
eañonaios y repique general dé campanas. Una diputácidtf 
de la asamblea saHó para Vieina á (Participadla eleetíP6tf'ái 
archiduque Juan , que admitid este elevado caürgo cbif fí^ 
bHiay satiafteeimi El ai«ebidut(tté^eMadUftemérltfMKséh- 
ékiéOrmipmíi!^ liRsatribiitíeñé» de lügál^tétli^lé; 4^ 



i02 REVISTA DE ESPAÑA» DE INIMAS Y DEL EXTRANJERO. 

continuó desempeñando al mismo tiempo que las de Vi- 
cario del imperio , para las que acababa de ser nombrado. 
El archiduque juzgaba» según decia en una proclama que 
dio, conservar ambos cargos, que consideraba íntima- 
mente ligados entre si. 

Entre tanto el Austria reforzaba el ejército de Italia con 
sesenta mil hombres , en vista de lo cual , y dé las venta- 
jas obtenidas por el teld-mariscal Radetzki , se proponía 
este tratar de ajustar la paz desde Turin. 

Hemos dicho antes la entrada de los austríacos en Fer- 
rara. El gobierno pontificio, y particularmente la cámara 
de Diputados, se afectaron vivamente por este suceso : esta 
última interrumpió sus sesiones del 17 y 18 de julio con 
los gritos de guerra contra Austria. El gobiemo protestó 
enérjicamente contra la violación del territorio papal por 
los austríacos. El club del Casino dirigió un mensaje á la 
Cámara, manifestándola cuan dispuesto se hallaba á pres- 
tar apoyo á las determinaciones que adoptase en vista del 
peligro de la patria. Has sin dar tiempo á que el mensaje se 
examinase por una comisión , el pueblo impaciente inva- 
dió el salón de las sesiones. El consejo de diputados elevó 
también un mensaje al Santo Padre, y lo mismo otras va- 
rias corporaciones : todos clamaban guerra. Sereni, pre- 
sidente de la comisión de diputados que pasó al palacio 
Quirinal, manifestó después á la Cámara desde la tribuna,, 
que Su Santidad se habia mostrado satisfecho del mensaje, 
y que se hallaba autorizado para manifestar á los diputa- 
dos, que Pío IX estaba resuelto á sancionar cuanto le pre- 
sentaran sus ministros relativo al armamento del pais , y 
que continuaria sus esfuerzos para la creación de una liga 
entre los soberanos de Italia. 

Con posterioridad á la ocupación de Ferrara por los aus- 
tdacos, obligaron estos á la división piamontesa mandada 



GRÓMGA DIL EXTRANJKRO. i05 

por el general Sonnaz , después de una obstinada resisten* 
cia,áque se replegase en buen orden al abrigo de las mura- 
llas de Peschiera. Al día siguiente se apoderaron los austría- 
cos de la formidable posición de Somma Campagna. Estos 
y otros reveses acababan de experimentar las armas ita- 
lianas : en vista de ello^ dio una proclama el re; Carlos 
Alberto , con el objeto de reanimar el espirítu de los pue- 
blos y el ardor de sus tropas. Ai fin, después de varios 
movimientos estratéjicos» los austríacos entraron en Hi- 
lan por capitulación. Carlos Alberto se retiró á Nigevana, 
pueblo situado en el camino real de Alejandría » una legua 
distante de la derecha del rio Tessino. Desde allí dirigió 
proclamas á sus soldados y á sus pueblos , y les anunció 
que se veia obligado á repasar el Tessino. El mariscal Ra- 
detzki usa de dureza y extremado rígor con los milaneses. 
Después de celebrarse un armisticio entre el general aus- 
tríaco y Carlos Alberto , se retira este á Alejandría » mien- 
tras que una división austríaca penetra en los estados pon- 
tificios, y entra en Bolonia, de donde los austríacos son 
arrojados por el valor heroico de sus moradores. Esta con- 
ducta de las tropas austríacas causó un general escándalo , 
y el Papa protestó enérjicamente contra la invasión de sus 
estados. El gobierno austríaco mandó al general Welden , 
que mandaba esta división , la inmediata evacuación de 
las legaciones. Asi se verificó ; mas á pesar de todo, la 
irritación de los italianos era grande, tanto por esto, 
cuanto por la capitulación de Hilan. Los anarquistas de 
esta insultaron al rey Carlos Alberto , y aun trataron de 
apoderarse de su persona. Sus fieles piamonteses lo de- 
fendieron , y con seguridad lo sacaron fuera de la dudad. 
El gabinete de Turin desaprobó el armisticio cdebrado 
entre Carlos Alberto y Radetzki. 
. Entre tanto el emperador de Avstria se tra|lad|d>a desde 



iOf REVISTA DE ESTAflik, DB iStDtAS T DEL ElTRANJERO. 

T&spracká Viena, donde fué generalmente recibido con 
í^fíftles inequívocas de respeto y adhesión. Desde enton- 
ces entró el gobierno en una marcha política mas firme y 
decidida, y se presentó á las Cámaras él proyecto de cons- 
titución. La situación general del gobierno francés se ha- 
llaba particularmente dominada por la profunda impresión 
que allí habian cansado los últimos sucesos de Italia; mas 
sin embargo, auncpie el gabinete francés se encontrase com- 
batido por los partidos, por cuestiones de difícil resolu- 
iion , y por una parte de la prensa , la de doctrinas mas 
exageradas , todavía se sentía ñierte para seguir, respecto 
de los negocios de Italia , y á pesar de las manifestaciones 
de los comisionados italianos que acababan de llegar á 
Pftris, la política que fuese mas conforme á sus intereses y 
al sosiego general de Europa. 



CRÓNICA DE ESPAÑA. 



Dbspües que el ministerio Salamanca defó los negocios, 
en cuya época su^endimos nuestras crónicas, lo mas in- 
teresante que inmediatamente ocurrió fué la entrada en el 
poder del gabinete presidido por el general Narvaez, que' 
desde luego se manifestó en todos sus actos, tanto oficia- 
les» cuanto extraoficiales, prudente, conciliador y tole- 
rante. Poco tiempo después se emp«ñó en nuestro Parfa-* 
mentó un combate reñidísimo entre los individuos déT 
ministerio anterior, y una fracción poderosa del Congre» 
so , que fkittdliabft eontfft dicho «éfior Salamanca cargos 



eRÓHIGA ra BfttAilA. IOS 

temUes, lo que dio lugar á las sesiones roas acaiondas. 

Después de I05 acoBtecrmientos de febrero en la veema 
Francia , no era posible qae en España dejara de sentirse 
el estremecimiento general europeo. Y en etecto , la no^ 
che del 26 de marzo se levantaron barricadas en muchas; 
calles de Madrid ; paisanos armados se pronanciaron en 
insurrección para derrocar el orden de cosas existente, que 
no era muy análogo ni al proclamado en la vecina Fran** 
cía, ni al que en el resto de Europa prevalecía ya. Las 
tropas todas de la guarnición acudieron á soi^ener al Go- 
lúemo. Hubo combates sangrientos y vigorosamente sos- 
tenidos entre el pueblo insurreccionado y la fuerza públi- 
ea, y de ana á otra parte residtaron no pocas víctímaa que 
lamentar 9 corriendo en abundancia sangre española* Mas 
como La España posee ya de antiguo el privilegio exoepcio-^ 
nal de no parecerse á las demás naciones , mientras en los 
deíaas países triunfaban los movimientos populares , aquí, 
fueron sofocados, y la fuerza del Gobierno venció la in«* 
surrección. Resultó de aqui lo que resulta siempre ^n Es* 
pana de las tentativas ineficaces. Declaróse la capital eu 
estado de sitio , suspendiéronse en todo el Reina las g^ 
rantias de los ciudadanos, con arreglo á la facultad de que 
el Gobierno había cuidado de revestirse en las Cortes para 
cuando el caso llegara ; diéronse por una parte muchos gra* 
dos, muchos asc^sosy no'pocas fajas ; biciéronse por otra 
priiñoaes infinitas y destierros numerosos; fiscalizábanse y^ 
se intervenían y recogían los periódioos de la oposición. 

Poco después ocuparon á nuestro Gobierno dos graves 
asuntos, uno internacioBal y otro puramente doméstico : 
las notas reciprocas de Mister Bulwer y el duque de Soto* 
mayor, y ei cambio de los billetes del Banco. 

En Madikl tuvo lugar en la madrugóla del 7 otra nueva 
n^^oB , que al pdriocqiío se presentó con caiactéi^es aun^ 



106 REVISTA DB ESPAÑA, DE INDIAS Y DEL EXTRANJERO. 

mas graves que la del 26 de marzo , puesto que esta vez 
los revolucionarios habian logrado seducir, dicen que con 
el oro extranjero , á varios sargentos y cabos del regimiento 
de España, con los cuales y con la tropa de dicho regi- 
miento , dejando como presos al coronel y oficiales, salie- 
ron del cuartel y se dirigieron á la Plaza Mayor, donde se 
hicieron fuertes , tomando también algunos otros puntos 
de las cercanías. Inmediatamente acudieron las demás tro- 
pas de la guarnición de todas armas : los sublevados fue- 
ron vivamente atacados en sus posiciones , y después de 
algún tiempo de fuego , la rebelión se encontró también 
esta vez vencida á las primeras horas de aquella misma 
mañana, no sin que por una y otra parte resultaran bas- 
tantes víctimas que lamentar. El capitán general señor Ful- 
gosio fué gravemente herido de un trabucazo disparado 
por un hombre en traje de paisano, de cuyas resultas fa- 
lleció á las veinte- y cuatro horas. Nombróse capitán gene- 
ral de Madrid al señor Pezuela. Se declaró la capital en 
estado de sitio, y un consejo de guerra juzgó á los milita- 
res y paisanos prisioneros. En su virtud fueron pasados 
por las armas en aquella misma tarde hasta trece, ocho 
de los primeros y cinco de los segundos. 

A consecuencia de estos sucesos se apoderó tal re- 
celo y zozobra de los habitantes de la capital, que el me^ 
ñor incidente losasustaba y sobresaltaba, y ponía en inquie- 
tud al vecindario pacifico, temeroso siempre de verse de 
nuevo inquietado con escenas tan desagradables. Cada puer- 
ta que se cerraba se creía ser un cañonazo, y cada coche que 
se oía rodar alo lejos, se tomaba por una descarga cerrada 
de fusilería. 

A poco de ocurrir tales sucesos en Madrid , se subleva- 
ron uno ó dos batallones en Sevilla. Mas no habiendo se- 
cundado este movimiento ninguna parte del pueblo de 



CRÓNICA DE ESPAÑA. 107 

aquella ciudad, evacuaron esta, y precipitadamente se di- 
rigieron hacia la frontera de Portugal , donde se refugia- 
ron, habiendo sido inmediatamente desarmados. 

El hecho mas grave y que causó una especie de an- 
siedad y espectativa á todos los españoles, es el de haber 
expedido el Gobierno sus pasaportes el 17 al embajador 
de Inglaterra Mistar Bulwer , el cual salió al dia siguiente 
de esta capital con dirección á aquel reino. El Gobierno 
envió al general conde de Mírasela Lóodres,.con la misión, 
de informar circunstanciadamente al de la Gran Bretaña 
de las causas que le han servido de fundamento para to- 
mar tan grave medida. Parece ademas que el Gobierno ha 
instruido un expediente sobre los hechos que han moti- 
vado esta importante y fírme resolución. Como hasta ahora 
ignoramos lo. que arrojará este expediente, no nos cree- 
mos en el caso de poder juzgar de la justicia ó injusticia 
de este paso. 

Ya hacia tiempo que las partidas de trabucaires de Ca- 
taluña molestaban aquel país. Se han ido aumentando su- 
cesivamente al mismo tiempo .que han aparecido partidi- 
llas en otras varias provincias. No hace mucho que algunos 
emigrados en Francia penetraron en Guipúzcoa y Navar- 
ra, mandados por Elio y Alza ; mas este último , abando- 
nado de los suyos, fué aprehendido y fusilado; y el primero, 
con las fuerzas que le quedaban , tuvo precipitadamente 
que volver á refugiarse en el territorio francés. Pero en Ca- 
tduña se hallaban mas animadas con la presencia de Ca- 
brera, Forcadell y otros antiguos partidarios. Pero en la 
actualidad son activamente perseguidas, y lo serán mas 
en adelante, según las qnérjicas disposiciones del Gobier* 
no. Elio y Cabrera publicaron á su entrada proclamas que 
no hallaron eco en ninguna parte, aunque estaban con- 
cebidas en términos de c<Miiciliaoion y olvido de lo pa* 



108 REVISTA DE ESPAÑA ^ 08 mdlAS T ML EXTRANJERO. 

sado , y procUmaban la üníon de todos los españoles: , y 
la necesidad de hacer concesiones al espíritu del siglo. La 
provincia de Guipúzcoa protestó al Gobierno de la Reina 
su lealtad acendrada. 

Otros dos hechos ocurrieron después, dé no escasa ím-' 
portancia : la presentación que monseñor Brunelli hizo^ 
á S. M. la Reina de España D-."" Isabel 11, de las credencia^» 
les que le acreditaban como nunciodeS. S. el Papa Pió IX, 
cerca de S. M. C. ; y el reconocimiento de S. M< la Reina 
por el x\ustría. 

La presentación se efectuó con todo el aparato que exi*^ 
gia la etiqueta y que nuestra bondadosa Soberana quiso 
todavía realzar, á pesar de no estar aun süficientemetitis 
alhiada de una indisposición que acababa de-sufHr, para 
dar ana prueba mas de sn afecto al soberano Pontífice. 

Monseñor Brunelli pronunció un sencillo y expresivo dis»^ 
curso, que terminó con estas notables palabras : 

• Intérprete fiel de los sentimientos del Sumo Pontífice, 
mi primero y ib«s grato deber en tan fausto momento m 
expresar su paternal afecto , su tierna bemevolenclaf pafit^ 
con la augusta persOTa de V. M. , el sincera des^o que 
abriga, el vivo interés que e) inmortal Pió IX toma en Ift 
felicidad , el reposo y la paz de la católica España»» 

S. M» se dignó contestar en los términos mas afectuososí^ 
ad representante de S. S., el cual quedó sunfamiefnte satis-* 
fecho de la gracia y amabilidad de la joven Retifa. 

Con motivo de este suceso, el señor ministró de Gracín^ 
y Justicia dirigió una circular á los MH. RR. arzobispos» 
y RR. obispos , anunciándoles que las reladones del go-^ 
biemo español con la Santa Sede, interrumpidas: en gtm^ 
paite por espacio de catorce años, acababan de ser rosN 
nudadas del modO' mfascordialy satisfactorio ; y (pe qü0^ 
riendo dinr S; H. ufla prueba ostensible dtds» reügi«éiá«d 



y esptecial consideraeion hicia la SmiU Sede , se habU 
dignado mandar que con tan plausible motivo se cantaiá 
w solemne Te^Deum en todas las iglesias de los dominios 
eapanoles, con asistencia de las autopídades y corporal 
Clones. 

Por dimisión del Sr. duque de Sotomayor entró ¿ de&^ 
empeñar el ministerio de Eatado el marques de Pidal. Si- 
guióse el selavo del embajador en Paris D. Manuel de la 
Goacba, por el reciente exr-minifitro de Estado. La extin* 
cion de los cuadros de los cuerpoe de reservay lade la junla 
de gobierno del Monte Pío militar; la reCondioion de las 
«apitamas generales de Navarra y provincias Vascongad&s 
«n una sola; el nombramiealo del teniente general D. An«* 
tonio Urbistondo para desempeñar la indicada capitanía 
general; el relevo de la de Granada , á iiistancia& suyas, 
del general Serrano ; el nombramiento para esta , del ge- 
neral Gampuisano» capitán general que era de Valencia , y 
para desempeñar este último destino á O. Juan de Villa-* 
l<mga; y finalmente el nombramiento de D. AlejanéroMon 
pwa oimiatro.de Hacienda, en reemplazo de fi. Frandsoa 
•de Paula Orlando. 

£1 señor barón de Grovesteins , enviado extoaoirdinario y 
ministro plenipotanoiario de S. M. el rey de los Paises«- 
Bajos, tuvo la. honra de ser recibido en audiencia particu*- 
lar á las lea» y media de la tarde del día 5 de agosto por 
S. M. el Rey, en cuyas reales manos puso las insignias de 
la orden del León Neerlandés, que S. H. el rey délos Pai- 
ses-Bajos le babia conferido en prueba del aprecio que 
hace de su augusta persona. 

A consecuencia de haberse anudado nuevamente las re- 
laciones entre Gerdeña y España , el señor conde de Mon- 
talto , enviado extraordinario y ministro plenipotenciario 
de S. M. el rey de Gerdeña , ñié recibido en audiencia par- 



ilO REVISTA DE ESPAÑA, BB INDIAS Y DEL EXTRAHJEaO. 

ticular por S. M. la Reina, ¿las tres de la tarde del dia7 del 
mes anterior, 

Al entregar en manos de S. M. las credenciales que le 
acreditaban como representante de aquel soberano, pro- 
nunció un breve y expresivo discurso, al que S. M. se dignó 
contestar. 

En virtud de una real orden del presidente del consejo 
de Ministros , por la cual se determinaba el ceremonial 
que habla de observarse en el alumbramiento de la sere- 
nísima señora infanta D." Luisa Fernanda, que debia 
ocurrir á últimos de agosto ó principio del actual , fueron 
designadas ó invitadas varias personas para pasar á Sevilla 
¿ asistir á las ceremonias de la presentación y bautismo de 
lo que diere á luz S. A. R. 

S. M. la Reina regresó del real sitio de San Ildefonso á 
esta corte el 27 del anterior , después de haber disfrutado 
en aquel sitio la deliciosa temperatura que proporcionan 
sus inmediatas y elevadas sierras. Mientras tanto su augusta 
hermana continúa en Sevilla recibiendo las mayores pruebas 
de carino por parte de aquellas hijos del Mediodía, que 
esperan ansiosos el dia feliz de su alumbramiento. Ibanse 
reuniendo asimismo en las márgenes del Guadalquivir las 
numerosas diputaciones de todas las clases del Estado que 
deberán presenciar aquel acto tan solemne, y al que S. IL 
q;uiere se dé la mayor importa;ncia y ostentación. 



Hi». 



TEÓRICO PRÁCTICA, 

POR D. CLEMENTE CORNELLAS (l). 



Hemos examinado detenidamente esta obra señalada 
para texto por el Gobierno, y creemos que la segunda edi- 
ción que de ella acaba de publicar su autor, será recibida 
del público como lo fué la primera , cuyos ejemplares se 
agotaron apenas se anunció. 

El trabajo del señor Cornelias merecería sin duda que 
hiciéramos un juicio critico de él ; pero en la imposibili- 
dad de verificarlo con la detención que exige la materia, 
nos limitaremos á indicar algunas de las notables reformas 
que el autor ha creido deber introducir en su libro. Per-* 
suadido de que el método mas fácil y sencillo para el co- 
nocimiento de las lenguas es aquel que menos fatiga la 
memoria del discípulo , y mas alicientes le ofrece en su 
estudio , el señor Cornelias consiguió presentar al público 
una Gramática, en la cual separándose del trillado camino 
seguido hasta aquí, redujo el estudio de la lengua fran- 
cesa al mayor grado de sencillez posible, poniéndolo al 
alcance de toda clase de personas. Las adiciones y refor- 
mas que advertimos en la segunda edición de este libro 
se encuentran en la mayor parte de sus capítulos, ya es- 
pinándolos con aclaraciones importantes, ó añadiendo 

(1) Se Tende en Madrid, en la librería de La Publiudad, calle del 
correo, número 3 y en la Habana, librería de Minerva. 



4i2 REVISTA DE ESTAÑA, DE INDIAS Y DEL SXYSAifmO. 

notas para la mejor inteligencia de los profesores y de los 
discípulos. Ademas advertimos en esta segunda edición 
dos capítulos enteramente nuevos : el primero » que trata 
de los pronombres , se halla explicado con tal claridad y 
maestría , que á nuestro modo de ver resuelve todas las 
dificultades que hasta ahora se habiau ofrecido en este 
punto tan importante y difícil en la lengua francesa. El 
sistema seguido por el autor para su explanación es in- 
genioso á la par que sencillo, pues empezando con algu- 
nas reglas preliminares que demuestran hasta la evidencia 
lo que es sugeto , régimen directo é itidirecto , establece 
estos términos como base de su pian. Sigueose después 
algunas reglas sobre las diferentes terminaciones de los 
pronombres , y su uso, y termina presentando usas tablas 
demostrativas, en las cuales se hallan los preceptos rediH 
eídos á ejemplos : si á esto añadimos el tema que con el 
auxilio de dklias tablas puede escribir el discípulo, en- 
contramos que este solo tratado debe dar gran valor y ee* 
lebridad á la obra y á su autor. 

El otro capitulo, no menos interesante que el priaiero, 
contiene una escogida coleecion de proverbios, refranes 
y diálogos. 

El libro del señor Cornelias, tan recomendable como 
obra elemental, de las que tan pocas buenas poseemos» lo 
es también por su excelente impresión, esmerada ear<- 
receion y belleza tipográfica , como salido de las prensas 
del señor Rivadeneyra : asi lo ha reconocido ^1 Gobierno | 

señalándolo como obra de texto , y la prensa toda prodi- i 

galido merecidos elogios: al autor, y recoiifeendaiido al pú- 
Mico su trabajo. T. ¡ 



»»iWM WMI<a t WWWIIIW» | |<»MllDl i m t »l t M|qp| W tia« ^ 



dirigida 

A LA SOCIEDAD ECONÓMICA MATRITENSE 



PAEA OPTAB k LOS PBEMIOS nOPUBSTOS ER SV PROGBáMA DB fó DE UABZO Ob'1847 , 
T DBCLABAOA DIGM »B HEXUOM DOMOUniU. 



Anserem et egregiam, qoi earncm protnlit Ulam 
Qua laute exultaus se cibat omnis homo. 

( Bebbest, Eioffio de Gutemberg,) . 

(Conclmioíu) 

Siguió la imprenta en el reinado de Fernando VII sin 
hacer ningún progreso notable, mas que aquellos que ia 
moda, el gusto de algunos particulares, el espíritu de 
imitación, respecto de cuanto se hacia en los países ex«> 
tránjeros, sugería á algunos impresores. Entre las obras 
que se imprimieron en el reinado de Femando Vil, debe» 
citarse el Amintadel Taso^ traducido por Jiuregui, y las 
obras de Moratin que publicó ia Academia de la Historia. 
Ambas ediciones se hicieron en la oficina de D. Ensebio 
de Aguado, personado inteligencia y gusto en su arte, y 
que en nuestro pais es el que if as ha contribuido á su3 
adelantos. Aunque en la edición del Ambiía se valió de 
fundición, tinta y aun quizá papel extranjeros, rebajando 
mucho, en nuestro concep^, esta circunstancia el mérito 
de su obra ; últimamente ha dado gran incremento , y me- 
jorado de un modo singular su establecimiento de ftindi- 
T. xui. 8 



144 HEVtSTA BK SSnkHA , fiK SflIUS T 3UH. SSraüJHDM). 

cion. El señor Aguado , hijo de impresor, ha seguido la 
escuela de Ibarra , y dado á su establecimiento tipográfico, 
de los mas antiguos de esta capital, la mejor organización, 
y todo el ensanche que requiere el trabajo ordinario de su 
casa. Esta debería «ervir^le modelo «los que últimamente 
han pretendido especular en imprenta, pues ha sabido su 
dueño aumentar su capital , cada vez mas respetable , y 
al mismo tiempo ser maestro y favorecedor de sus oficia- 
les y aprendices, á quienes el haber ^tado es su oficina 
sirve de recomendación para hallar trabajo. Las obras de 
Moratin, que hemos^útado, y las comedias que se publi- 
caron de la Talía eqjMñola^ son de gran mérito tipográfico; 
pero en ellas, y especialmente en la segunda, en que es 
la corrección esmerada y €) tirada excelente, no pueden, 
aunque sean lo mejor que en aquel tiempo se hizo entre 
nosotros, compararse con las ediciones, verdaderamente 
de lujo, que hoy se hacen en Inglaterra, Bélgica y Francia. 
Mo se crea que estos joksios y estas comparacioiiee sewa. 
siempre arbitrarias é hijas, de la pareíalidad. Paira impri* 
Bor bien , no j^asla buen papel, buernt tinta y buMias fun- 
áictoanes : con todos ostos elementos se iauprimeaial, muy 
Bial, y para demostmrio, muchos ejemplos podríamos d« 
lar de nuasteo poropto pais.. £1 arte de la imprenta, en la 
perfección á que hoy ha llegado, se eompoiM de ianu-^ 
mcrables regias, que asi pueden Uamarsot l^s cuales o«h> 
sistiendo verdaderamente en cosas que se eiscapan á la 
vista de las personas que no son int^Ugeutes» y que algu- 
nos podrían calificar <ie pequeneces, foamaD boy en su 
eonjunto la antooma y beUoza de ana edimon. Cou buena 
tinta, ebnbaenaefundíctoQCS y bueapapeU ae haew edí* 
eíouoa en que no setaallan las pégkias^eBiuiA justa yexacta 
hnrposieio^n, en que el lergo y ascho 4ocada una no guar- 
dan una betia proporción , m ambas eivctaustancias con el 



TUMOBLL SOBBX Uk 11II>S6TBIA TEPOSAÁnOU 115 

grado de la fimdicíon; en que la linea final de un párcafo 
y de una página llega hasta el fin de la línea; eo que si hay 
idivision y subdivisión de materias , como en las obias de 
historia natural, donde hay una clasificación de órdenes» 
«cd>drd^[i6S, famüias, ciases, especies é individuos, todas 
€5tas diferendas no ^e marquen oportunamente con dife- 
rente caráoter ó grado de letra ; en que los espacias sean 
lales, que par grandes destruyan la belleza de la página, 
é por pequ^os puedan confundir y mortificar al lector; 
y por último en tantas cosas , que boy forman las reglas 
de gusto y artísticas en la imprenta , que solo por una ob- 
servación continua y por el examen de las mejores edicio- 
nes, puede llegar á conocer un &cultativo 6 ana persona 
inteligente. 

En las épocas de régimen de libertad , la ijue ha go- 
zado la imprenta, el impulso que ha dado á todo genioso 
de reformas, y la misma naturaleza del gobierno, m que 
se adoptaba por primcipio la publicidad de tedossus actos, 
de los cuerpos eolegisladoras y de la autoridad, debieron 
hacer que la impriaBta,mnhipUcando sus trabajos^ tomase 
im gran incremento y desairoUo ; pero desgraciadamente 
ha sucedido todo lo ocmtfano» por las riKoncaiqueexpoaii- 
drémos ; resultando que mientras mas se ha impreso, se ha 
hnpssBso peor* En los años <que mediaron desde el eataMe*- 
xáraieato del gobierno en Cádiz, iiarta la venida del Rey, 
en 1S14 , á pesar de lo mucho que se imprimió tSü , como 
lo mas consistía en periódicos, folletos y cnroilaves por «1 
gobierno, la imprenta se limitaba á lo que nvsramente 
exilian estos objeioSf sin cpie tampoco» por la iC^mdidon 
de los tiempos se pitdierjn haeer grandes esfuerzos, ni 
^MmsiderablcB adelantoá* La ámprmta del IHaréa d&Cártet^ 
una que, según recordaipas^ se llamaba TorwMttBria^ y 
jügoBaotisa establecida con un objeto espocáal,: 4 ya ] 



116 REVISTA DB ESPAÑA , DB INDIAS Y DEL EXTRANJERO. 

que saliesen las impresiones mas económicas á algún edi- 
tor ó empresario que con esta idea las establecía, de nin- 
gún modo podían contribuir al progreso de un arte , que 
si algún especulador considera como industria « y si de esta 
manera no puede menos considerarla el que funda un esta- 
blecimiento , sus progresos dependen de los adelantos ar- 
tísticos y de la perfección y belleza que se dé á sus obras. 
Hemos tenido ocasión de ver una colección casi completa 
de cuantos periódicos y folletos se publicaron en Cádiz en 
la epoda de que tratamos , y seguramente lo mas que puede 
decirse de los que están mejor impresos , es que pueden 
leerse. 

En la época de 20 al 25 sucedió lo mismo con muy corta 
diferencia. Aunque en aquel tiempo se emprendieron algu- 
nas obras de importancia, ya política, ya literaria, en nin- 
guna de estas se propusieron los impresores el adelanta- 
miento de su arte , ni menos la satisfacción del orgullo 
nacional , presentando una obra que pudiese competir con 
las extranjeras. Las imprentas antiguas, como la Real y las 
de Aguado , Burgos , Sancha y Coliado , nada hicieron de 
particular ni notable, ni puede decirse que diesen ningún 
paso adelante. Los que dio Aguado, ya hemos indicado 
que fueron posteriores, debiendo añadir en este lugar, se- 
gún recordamos , que quien estimuló á aquel distinguido 
artista, fué B. Juan Miguel Grijalba, que por su desinterés, 
por su ilustración y por su amor ala prosperidad pública, 
era tan digno del favor y privaiiza que gozaba con el rey 
Fernando. 

Desde el año de 1834 se abrió para la imprenta una 
nueva era, que conviene examinar con alguna detención. 
En ella observamos desde luego dos cosas : primera , que 
los empresarios ó editores de periódicos han tratado de 
estableder imprentas propias, con el objeto de que les saliese 



UMORIA SOBRE LA INDUSTRIA TIPOGRÁFICA. 117 

amas bajo precio la impresión de sus diarios; y segunda, 
que yarios capitalistas, por si ó por medio de tercera per- 
sona, han fundado establecimientos tipográficos, habién* 
dose planteado otros por medio de sociedades anónimas, 
formadas por accionistas. Lo primero que estos hechos 
sugieren,' es que las imprentas de periódicos, aunque al- 
guna vez se hayan ocupado en otras obras, como por 
ejemplo, en publicar colecciones de decretos , ó novelas 
traducidas del francés, para darlas gratis á sus suscritores, 
no han podido ni pensado siquiera en los adelantos y per- 
fección del arte , contentándose , si es que lo conseguian, 
con que les saliesen muy baratas las impresiones. Para 
ello se valian de cuantos medios podia sugerir el espíritu 
de especulación, como era natural y como debia creerse 
en personas, que no eran impresores, y que porconsiguiente 
no podian comprender que el interés de estos se halla 
asociado á la perfección de su arte. Se valian , y todavía 
86 valen en su mayor parte, de aprendices mas ó menos 
adelantados en vez de oficiales, lo cual les reportaba una 
extraordinaria economía en el precio de los moldes. De 
esto ha resultado que atraídos algunos jóvenes por la oca- 
sión dé obtener un jornal de cuatro , seis , ocho y nueve 
reales en muy pocos meses de enseñanza, se han dedi- 
cado á este arte, habiendo sido tantos, que excede su nú- 
mero de los que pueden necesitarse en las imprentas de 
periódicos, y en las demás que han tenido forzosamente 
que adoptar este medio de hacer impresiones baratas. 

La lucha entre los editores de diversas ó análogas pu- 
blicaciones ha recaído, pues, sobre el bajo precio de 
las obras» hasta llegar á darlas á dos cuartos el pliego 
de impresión de diez y seis páginas muy compactas, y al 
de uno últimamente , á cuyo precio se está publicando una 
colección de novelas. Ta puede suponerse que algunas de 



1 



118 REVISTA DS CSPAfCA, DI ÍOnUS Y ML EXHUdOIRO. 

estas publicaeíones podrán eompetír con las edicioiies aa-** 
tíguas de la bala de la Santa Cruzada. Pero k) mas tras- 
cendental es 9 que quizá, sin advertirlo, los empresiuríoft 
de tales eatableetimentos perjudioan al mismo tiempo á los 
jóvenes que ocupan, y se perjudican ¿ si propios* Véamoslo. 
Estos jóvenes , muchos de ellos sin ningún géoero de 
educación mas que la indispensi^ble de leer y escribir, se 
dedican á un arte de que no han formado la menor idea* 
Viendo que á poco tiempo ganan un jornal , que para ellos 
es muy grande , creen que ya saben cuanto hay que saber, 
y si con el tiempo y la agilidad propia de gente joven con- 
siguen levantar mucha letra, como dicen los impresores, 
se creen unos oficiales completos y ^n disposición de tra«- 
bajar en cualquier parte , seguros de que ya no les puede 
faltar colocación. ¡Cuánto se engañan ! Estos son los (acia- 
les de caja, que dentro de muy poco habrá en todas las im- 
prentas; porque es muy difícil ó casi imposible que ningún 
padre ponga á su bijo con un buen o&eial, después que se 
haya instruido en la gramática y ortografía espsmolas, basta 
conocerlas perfectamente y estar muy familiarizado con to- 
das sus reglas , y de haber aprendido el dibujo , y el latín y 
el: francés por lo menos,, para pasar tres ó cuatro £mos sin 
ganar nada, y llegar en seguida á la clase de oficial para 
no hallar colocación quizá en ninguna imprenta, en las 
que, como ya hemos dicho, se reputan como mas ütiles y 
ventajosos los trabajos de un aprendiz. Pero aunque es* 
caseen cada vez mas los buenos oficiales , y aunque es nmj 
de temer que alguna vez falten del todo, por ahora no 
puede desconocerse que loa af)rendiees que hoy trabajan 
en los periódicos y en algunas otras imprentas , no solo nd 
pindén nunca aprender el arte , sino que toda su vida se ha<- 
Uarán regularmente limitados aun jornal mezquino,. víén<- 
dose amef>azado8, cuando se suprima el periódico en que 



totbi^,eosa<ptenodftniffteiit]!eM90tros, d^quedacr^-* 
áacídos á la miseria, no pttdiettdo contar con aborros,, ni 
can fai atguridad y protección que Jes ofrecería un esta^ 
MedonfflilQ de imprenta bien organizado y aooaoUclaclot 
y dirigido por mf^rofeeor ioteligoiite. Solo el qm dirigft 
y gofci«TBa nn estabkcímieftlo propio , y que coaocieoido 
el arte, conoce sus verdaderos iot^roses, y la necesidai 
de aprécáar el buen trabajo de oficiales honrados , afiiduioA 
é inteiigetttes , esei que piwde roeompensar jU3taQMOt«e. su 
mérito, dispomaado bs faenas de tal manera, que nuníca 
Mte que hacer á sus oficiales , de quienes se constituye en 
maestro y segando padre. Este titulo daban á Didot (el 
p*dve} , los muchos operarios c^ tenia en Paris en su gran 
estableckni^nta. 

Sin saber el arte , y sin la protección de un maestro, ni 
la seguridad que da un establecimiento de muchos anos y 
acreditado , ¿euál podrá ser la suerte de muchos infelices 
jéfettos que hoy vngan de una^ imprenta á otra en bus^^a dn 
oolocacion?¿Cuál mii el pocyenirque les espera? ^ Qué 
dtferente sería si se hubiesen resignado por algún tiempo 
á jrecihir aquella instrucción <iutí solo en ciertas imprentas 
habrian podido recibir? Véase el perjuicio qjnie se les causa 
ea los establecioúeatos en que los ocupan para no v^erse 
de ofidales , y para especular , justo es decirlo , con su tc^ 
balo y s« porif'eiiír. 

Pam demostm los peijiiieios que al mismo tiempo se 
iivogan al dueio de una im{»h»ita, que en un todo ó en 
grasparfesoTaledeafürendíces, seria necesario conocer 
con eiactitud lo que ba gastada en fundiciones, cajas, cbi* 
vsaktes,galefas,pren8aay demás útiles, y lo quegastadia-* 
MOMite. encasa, al«mbi?ado » &ego en ei invierno y íopia* 
ka ; cafoabmdo sobre todo , m solo los4e^)erfectos y des^ 
asíalas de las todidoaes,, que con solo estar mancbadac^. 



120 REVISTA DE ESPAÑA, DE INDIAS T DEL EXTRANJERO. 

ya pierden todo el valor de la mano' de obra , sin quedar- 
les otro que el del material, como los de los demasense- 
res, y sobre todo la disminución de dichas fundiciones^ 
que no pueden menos de hallarse muy amenazadas en ma- 
nos de muchachos traviesos y mal educados , y que tienen 
el aliciente de que , según leemos casi todos los días en el 
Diario de Avisos^ con escándalo de cuantos saben lo que 
tal cosa significa , hay en Madrid casas , donde se compra 
letra de imprenta por libras y medias libras. Este cálculo, 
que cualquier interesado tendría la fecilidad de hacer pre- 
cisa y circunstanciadamente, se apoya con la opinión de 
los buenos impresores, que renuncian á las ventajas que 
pudiera ofrecerles el trabajo de los aprendices. Mas cuando 
en una buena imprenta está cada uno de estos al lado de 
un oficial, que es su maestro, y que responde por él, ni 
es grande ei número de tales aprendices , ni pueden me- 
nos de ser jóvenes honrados y juiciosos , cuando ofrecen 
seguridades á su maestro y al dueño del establecimiento. 
Como lo que estimula principalmente á los dueños de 
imprentas, que no son impresores, es una ganancia inme- 
diata y mal calculada, desde luego desatienden otra de 
las partes principales de una buena impresión, cual es la 
corrección. Para esto se valen únicamente , y eso cuando 
mas, de lo que llaman un corrector, y un lector. El pri- 
mero corrige , mientras el segundo, contra lo que su mismo 
nombre declara , atiende con el original en la mano. Gomo 
que en todo. preside un espíritu de economía mal calcu- 
lada, esta ocupación se halla dotada miserablemente, y 
solo puede convenir á jóvenes desgraciados y de alguna 
instrucción , mientras que la fortuna no les abre otra puer- 
ta. Con mala retribución , sin considerar semejante ejerci- 
cio como una ocupación permanente, y como una profesión 
propia , sin un perfecto conocimiento de las reglas grama- 



. XUIOllU SOBRE LA IMOUSTRU TIPOGRÁFICA. iSl 

tieales y ortográficas , y no teniendo tampoco la costumbre 
de someterse á elias con arreglo á un sistema fijo, ¿qué 
han de corregir á horas intempestivas de la noche, entre 
los bostezos» y el sueño, leyendo de prisa y de mala gana 
las eternas columnas de los periódicos diarios? ¿Cómo po- 
drá corregir bien, quien ademas ao tenga la comodidad y 
la tranquilidad necesarias; quien no tenga en hacerlo 
mucho ejercicio y algunos conocimientos por lo menos 
del arte tipográfico ; el que ve que ni su trabajo se le re-* 
tr3)uye , ni el dueño del establecimiento aprecia una cosa, 
cuya importancia no está á su alcance, siéndole indife- 
rente que el diario, la novela ó la revista que publica, sa- 
quen doscientas ó trescientas erratas mas ó menos? 

Cualquiera con solo saber leer, se cree á propósito para 
corregir, creyendo que para esto basta conocer algunos de 
los signos que se usan en las imprentas. Pero se equivocan 
visiblemente. Las erratas tipográficas necesitan en el que 
las baya de advertir, ó mucha costumbre de observar es- 
tas cosas, ó una vista tan ejercitada como la de un oficial 
de caja. Estos, antes de leer una palabra, y aun sin nece* 
sidad de leerla, la misma figura de ella, que tienen la cos- 
tumbre de ver, les indica desde luego &lta de armonía, 
en que consiste la errata, que reconocen inmediatamente 
cuando leen dicha palabra. Un buen oficial de caja puedejser 
un buen corrector on la parte tipográfica , aunque no crea- 
mos imposible que esto mismo pueda hacerlo y con igual 
perfección el que no sea cajista. Por supuesto que no hay 
corrector en el mundo que baste para unas pruebas que se 
hallan plagadisimas de erratas, y que ban servido para 
ejercicio ó ensayo de algún aprendiz ; mientras mas veces 
se corrija, mas nuevas erratas aparecerán. Esto podrá pa- 
recer á algunos de poca entidad, creyendo que todas las 
erratas puede corregirlas la inteligencia de los lectores; 



122 REVISTA DE ESPAIÍA, 1» ÜIBIáS Y MRi tXnUkUmkO. 

pero se equivocan , pues fcay álgoims que aberan el 
tido y desnaturalizan el peBSfflíntento , siendo todas las (te^ 
mas, molestas á los que leen ; los enalés.ciMBdose trata de 
obras de líief atura , ó de escritores dásieos , preáeren slem* 
pre las eídicíones mas correctos, y las bascan con may^r 
anhelo , y las pagan á mayor precio. Véase cómo la incor* 
reccion perjudica al comerdo de libros, lo mismo que i 
los impresores, que mientras menos Consumo haya de sus 
productos, menos tendrán que imprimir; y también al 
páblico , que paga á más subido precio lo que las prensas 
modernas pudieran darle con suma equidad. Hay obras an- 
tiguas, ya raras, y por lo mismo carísimas; si algunas de 
ellas (y no citamos casos determinados, por no perjudicar 
á nadie ni aun remotamente) se han reimpreso en estos 
tiempos, no por eso se ha dismínoido en manera alguna 
ni el precio , ni la estimación que merece una edición áé 
Sandra ó de Ibarra. 

Ya se de}a entender que cnanto hasta ahora hemos dicho 
se refiere por punto general á las imprentas cuyos due* 
ños y propietarios no son impresores , y que por consi* 
guíente necesitan valerse de manos ajenas para la direo*» 
do^ de su establecimiento. Aunque baya algunos artistas 
de mmto, que puedan dirigir dignamente una impr^ita de 
algún capitalista ó sociedad , como el número de aquellos 
es cada vea mas Ihnitado , y como el mismo dueño del e»^ 
tabledmiejito , fascinado por intereses mal éntecididos, los 
embaraua «n la dirección, se ven obligados, quwá contra 
su voluntad, á perjudicar á los que en ét han depositado 
su confianza , y á contribuir á la ruina del estaMocuníentOk 
Desde luego, por lisonjeras que sean fas proposiciones que 
se hagui á un artista de probidad y conocfmlefttos, prafe* 
rirá siempre xm eetabledmiento antiguo y seguro á otro 
que careica de tales drcunstanekis, y que no leoga en si 



umosn. SQUIB hA nmumiu. TXfecauntA, ISS 

etemenlos de larga ducadoa. Esto lo haniM tocado por 
eiperíencta, y hemos visto cpiie algooos artistas de mé* 
rito <foeriasi mas est^r en »na imprenta antí|:ttade corret-*^ 
tcnreSf que en otras iraeraa de regentes, y god un sueldo 
mas qae deeeBte» A la díficaltad de hallar «n buan dir^^ 
tor fiíciiltativo que óoteresca teda confianza^ se aSade la 
de que el capitalista « dueño del estaUeeimiento, ó los que 
están al frente de la sociedad ó empresa que lo han fun- 
dado , tienen espeeial afieion á esta indusjtria, y se rentan 
con nociones de ella ; cpiieren por lo mismo « y como in- 
mediatamente iBt»'esados , mesclarse en t^as las opera- 
ciones» aspirando á verificar en nuestro pais los prodigios 
de la imprenta extranjera. Si el regente, hombre honrado 
7 de boena fe , les conlaraidice , á cada palabra se disgustan 
de él, y lo reputan de pocos alcances y rulinero. El ob- 
jeto que inmediatameiite se propone es kai^riimi; mueho^ 
ocupar muchos operarios y que se trabaje dia y noche, pues 
en esto siq^nen qne debe fmdarse el crédito del esta^ 
bteoimienta y la prosperidad de la empresa. Ellos se en- 
tenderán, como en eiéeto se entienden. El director ó re- 
gente del establecimieaito también tiene un interés en no 
estarse con los brazos cruzados , y en devengar su sueldo. 
Si á pesar de todo esto repugna hacer alguna impresión á 
precio tan bcqo, que eoiK^cidam^nte perjudica al estable- 
cimiento , los dueños ó esipr asarlos todo lo allanan, y con 
tal de que se cubran los ga^os de cajisi» y prensista , se 
dan por satisfechos. Todavía llega la cosa á mas ; pues á 
nosotros mismos nos ha sucedido llevarnos exi una im- 
prenta por ujUA obra, m^c^o menas de lo que el impresor 
daba al cajista. Otros muchos casos pudieran dtarae, y no 
habrá parsona que no tenga notida de ayunos. La eausa 
íáeiknente se comprende, y ya queda apuntada. La ruina 
del establecimiento no se ve ealóacea; pero llegará en su 



124 REVISTA DI ESPAÑA , DB INDIAS Y DEL EXTBAKIERO. 

día : podrá suceder que aun arruinada la imprenta» sobre 
sus ruinas hagan algunos su fortuna , y que la víctima sea 
quien contribuyó con los fondos , y vivió por algún tiempo 
deslumhrado en presencia de un vasto establecimiento, en 
que tanto se trabajaba, y en el que después de todo vino 
¿ quedar reducido casi á cero el capital impuesto en su 
fundación. Esas fundiciones compradas en Paris y en Lón*> 
dres, esos adornos, esos marmosetes, se venden luego al 
pastel , y todos los dias, si aparecen nuevas imprentas, tam- 
bién se anuncian en el Diario la venta de otras. 

Como en tales establecimientos no hay ningún vinculo 
entre el dueño y los operarios , los cuales quizá apenas co- 
nocen á aquel ; como que no pueden tampoco aquellos 
conocer ni apreciar la diferencia que hay de un oficial de 
habilidad y de honradez, 4 otro que carece de tales re- 
quisitos; y como su idea casi exclusiva se ciña en que la 
mano de obra le salga al precio mas bajo , no puede menos 
de haber, no digamos una especie de desvio y de falta 
de interés reciproco, sino una hostilidad manifiesta, como 
es preciso que la haya entre personas animadas de intere- 
ses opuestos. ¿ Qué consecuencia ni qué consideración ha 
de tener un operario con quien ninguna tiene con él , le 
paga su trabajo menos de lo que vale, y se aprovecha de la 
ocasión de hallarle desacomodado, para que haga por 
ocho lo que vale veinte , contentándose un buen oficial de 
caja con un jornal de peseta con que no tendrá ni para 
pan? ¿Le hará gracia ver á su principal, al que le arrebata 
la mitad del precio de su trabajo, en una elegante carre- 
tela? ¿No se advierte que en cualquier operario, y espe- 
cialmente en un oficial de caja, ademas de la habilidad en 
su arte, hay que pagar la honradez que se necesita en un 
hombre, á quien se confían enseres y útiles de no poco va- 
lor, y que impunemente puede, cuanto quiera, defraudar? 



MEMORU SOBRE LA INDUSTRIA TIPOGRÁFICA. 1^ 

¿Se han de extrañar eaos pronunciamientos de cajistas , y 
esas coaliciones, alguna de las cuales ha sido grave , y ha 
amenazado la tranquilidad de esta capital? Hemos presen- 
ciado el caso siguiente : Llegó un cajista á una imprenta 
con carta de recomendación para el dueño de ella. Ha* 
hiéndesela presentado, le manifestó este que en aquel 
momento no tenia trabajo que darle; pero que deseando 
servir al sugeto que lo recomendaba, en la primera oca- 
sión sería atendido. El cajista le dio las gracias, hacién- 
dole presente la necesidad y urgencia que tenia de trabajo, 
pues llevaba algún tiempo de estar parado, y tenia sobre 
sí una numerosa familia. El impresor le dijo qu3 volviese 
á los seis ú ocho dias. Has apenas habia salido de su des- 
pacho , lo volvió á llamar, diciéndole : f Deseando servir á 
la persona que recomienda á V. , y haciéndome cargo de 
la situación en que V. se encuentra , véngase desde ma- 
ñana, que se le dará trabajo en una obra, que por cierto 
se paga poco , porque muy poco dan por ella ; pero en ñn 
entra V. en la casa, y se le tendrá presente para otro 
trabajo de mas utilidad t. £1 infeliz cajista tuvo trabajo al 
dia siguiente ; pero para ganar menos que un peón de al- 
banil. Este caso no es único y singular, y es uno de los 
medios que se emplean para realizar esas extraordinarias 
baraturas en el precio de algunas ediciones , con las que 
no solo se arruinan á sabiendas los establecimientos , sino 
que arruinan también á los operarios, pagándoles mucho 
menos su trabajo de lo que vale, y arruinan también el 
arte, disminuyendo cada vez mas el número de los buenos 
oficiales de caja. 

Muy otra es la conducta de los buenos impresores , que 
procuran unir sus intereses con los de sus operarios, en 
quienes miran unos eficaces y celosos cooperadores de su 
fortuna. Procuran tener siempre trabajo que darles. Si es- 



126 REVISTA DE BSPAÑA, DE INDIAS Y »SL BXTRAmiRO. 

tan enfermos y necesitan de «usauxHios, se los sumtnistran 
generosamenie. Conociéndolos á todosí personalmente y 
de muchos años , conocen también su honradez y soflden- 
da , y saben lo que estas dos cualidades pueden aprove-^ 
charles en su establedmknto. A algunos los han i^senado 
desde niños , y hasta por este vinculo se hallan liados á 
la casa^ y al afecto y consideradon que deben á ra maes- 
tro. No separándose en nada de lo justo, ni en el predo 
del trabajo , ni en ninguna otra circunstancia, y procurando 
que todos turnen en lo que sea mas útil, mas cénK^do, ó 
menos lucrativo, asegura la estimación y respeto de todos 
sus operarios , el sometimiento de ellos á su voluntad y 
el celo por sus intereses. Este espíritu y estas miras , que 
son indispensables en todo el que trate de plantear un esta- 
bledmiento sólido de industria, lo son mucho mas por 
circunstancias especiales, en una imprenta, y no pueden 
de ningún modo suponerse en quien no sea impresor, y 
á quien la experiencia misma no le haya revelado lo que 
su interés bi^ü entendido le aconseja. 

No hay cosa mas extraña de nosotros, y peor entendida, 
que esos vastos establedmientos típográfioos, en los <»a- 
les, como ya hemos hecho ver, nada gana ni puede ganar 
el arte^ y que tienen ademas el inconveniente de no estar 
acomodados á lo que exige el comercio de Hbros, En buen 
hora (pie en paises extranjeros, en que se hacen ediciones 
numerosísimas , y en que todos ios (Mas $» imprimen nue- 
vas obras» liasta un punto cpie parece incor^ble , iiaya es- 
tablecimientos verdaderamente colosales; en buen hmra 
que en paises y en establecimientos tipográficos, «n' que se 
imprime en todas las lenguas conocidas, y sobre todo en 
aquellas que hoy p^teéen considerarse cerno «nrversales, 
haya los magníficos establecimientos que se ven en Ingla^- 
terra y Bélgica ; en imen bova que en p^iises de lax eomer- 



MBMORU SOSUS LA IHBESTRU TtP««AÁFiCA« 127 

CÍO va&tisiiBo, y qua elevan loa prodaeios de su iadusiría 
á todas las regiones del mundo » haya imprentas que pue- 
dan considerarse como grandes palacios» Pero ¿sucede lo 
mismo entre nosotros? £1 com^c^o de libros co^ Amé- 
rica, ¿no nos lo han quitado los extranjeros? Un vasto es- 
tablecioüento tipográfico , en que alguno ú algunos capi- 
talistas empleasen doscientos á trescientos mil duros» ¿en 
qué vasta empresa se babia de ocupar? ¿En publicar no- 
velas traducidas del francés? ¿ En pul)Ucaf obras de frusle- 
ría á cuarto el pliego? ¿Qué empresa puede acometer en 
que de seguro contase i poco tiempo siquiera con la venta 
de dos ó tres mil ejemplares? La em{H^$a mas vasta de que 
boy tenemos noticia, es la colección de ilulüiras clásicos^ que 
publica el Sr. Ahbau ; y por cierto que esto que hace por 
si solo \m español celoso de la gloria nacional , no lo ha 
¿echo basta ahora ninguna sociedad tipográfica, ni los 
- empresarios de ningún grandq establectmieato de esle gé- 
nero. 

£s preciso desengañarse; según las necesidades de nues- 
tro comercio de libros, no pueden sostenerse por mucho 
tiempo establecimientos de los que se dicen montados en 
grande, y en los cuales no es posible obtener un interés 
coiTes(Mmdiente ü ca{tttal empleado. Hoy la imprenta en- 
tre nosotros^ por mas que se baya aumentado la j^cion á 
Ja lectura, y por mucho que se i^prims^,, no puede salir 
.de un circulo estrecho, respecto de lo que se ve en países 
extranjeros. 

Desde elestablecimi^to detl^sBoUtínes codales y desde 
la actual división de provincias, se han establecido mu- 
chas imprentas en ciudades que boy son capitales, y que 
¿otes carecían de ellas* Estas se ocupan en la impre- 
sión de Bdeünes , circulares y bandos de la autoridad. 
Con es^Qj con algunas cOim¡sÍQne& de la capital, se sos- 



138 REVISTA DE E6PÁ!^A, DE INDUS Y DEL EXTRANJERO. 

tienen bien trabajosamente , sin que pneda decirse que 
contribuyen en nada á los progresos del arle , ni que di- 
funden nuestros buenos libros. £n la capital, la mayor parte 
de las imprentas, ó á lo menos el mayor nteero de ope- 
rarios, se ocupa en los periódicos poRficos y literarios; 
que es en lo que actualmente se h&exttfidido y propagado 
la lectura. Las diversas alteraciones que han ocurrido en 
instrucción pública, y la consiguiente variación de obras 
de texto y asignatura , han dado ocupación á algunas im*- 
prentas ; pero ni esto ni los trabajos del Gobierno, ni los 
que son consiguientes á una reforma general en todos los 
ramos de la administración pública , son suficientes en ma- 
nera alguna para dar ocupación á los grandes estableci- 
mientos tipofrráfícos que se pretenda fundar entre nosotros, 
á imitación de los que se conocen en países ettranjeros". 
Cuando tengamos^ un comercio de libros como el de Ale*- 
mania en la gran feria de Lcipsik; cuando tengamos en 
alguno de nuestros diarios una suscricion de cuarenta mil 
ejemplares, como sucede sATirneSy entonces podremos te- 
ner imprentas como algunas de Londres. ^ 
No es fácil reducir á pocas lineas el cuadro que ofrece 
hr industria tipográfica en esta última capital, y aun tam^ 
bien en Parin y en Bruselas. Encellas se imprimen librois 
f n todas lenguas, tanta antiguos, cnanto modernos, y so- 
bre todas materias i ascendiendo el comercio de libros á cen- 
tenares de miles de libras esterlinas. En la primera de esta^ 
capitales las continuas ediciones de obras nuevas, y las re- 
impresiones de otras no tienen fin ni guarismo, siendo 
varias y á cual mas correctas y completas las enciclopedias 
que hay ya publicadas. Las imprentas en Londres pasan dé 
trdscietitas, algunas de las cualea mas bien parecen arse-^ 
nales que talleres de particulares. El estado á que ha 
llegado este.aite, puede graduarse considerando la ilus^- 



tackm df faiglatem^ jr la perfeeoioa i ^e en ella ae hjHi 
Bevado todath» acle^f y etitra Astaa las que tienen reía** 
etOB ooaiiiwpreiita^ taleí como ia CuBdicíoii de earacCiéresv 
la fabricadoa.fte pap^^ It maqiniuiria, «L grabado de €a«« 
tampaa y la eneuafleKiiadoii. Es raperflno decir qae los 
kiglesea tíañaii machos tratados^ aig^nos de ellos toIoioh* 
Boses^ sobre el^aite tipn^áfico, em tof qqe se nanifleslá^ 
su historia^ se explican las. leglasrpara iraprioanr e» letra 
somup ]^ ei|. kngaaa orientales , y. se acompañan, las tsMaa 
Beeesariasyana imponer so la prensa la fovma , segon los. 
wífis tamaños det impreso, yel número da páginas qna^ 
hay que tirar de cada vez; ce«»o tambkn las tablas pera 
salcnlar loa pseciosv spgun sea la ehise da> letra y el gf ado 
de ella;, eoando estmn Taeias en a» pUegia : en ^ina pai^w 
bra» ae daa c»uafltas notíelas ó instraeciones puede desear* 
«II imprefc^r parasol mas eabid y ^tíl desempaño de su in^ 
dustria. . . . . ^ » 

. En Parif puede decirse que se hacen impresiooies en 
nada iaferioreaá las de Inglaterra , las que imitan los iitt-»' 
presores de mejor gusto, y de cuyo pais introducen las^ 
miqores juáqmias para tirar ood deliead^aa y perfección, 
y muy especialmente las (pie so eovi^ean en el tirado de^ 
los diarios y demás periódica. No faltan vastos talleres de- 
imprenta, y entre estos son notaUes los de Dtdot y laiiii^ 
pr^ta r^l, en el prímaro de los cuales hay mueho <féé^ 
admirar, asi como el talento y gusto artisttoo del dueño, 
y su conpieta ínstruocion enlodas las artes de la impren^ 
ta, áe que tiene talleres en su mi^mo establecimiento. Cofr 
todo, las buenas ediciones no son^en Paris tan generales 
eomo ee cree, y las obras jlamadas de surtido , y que se^ 
dsü á bajo pre^o, se imprimen en un papel malísimo, que* 
apoco tiempo sq deshaeey congerie en poívo, y se hallan^ 
plagadas éf lasi mas groseras incorrecciones. Como ejem^ 

T. XIII. 9 



130 REVISTA DE ESPAÜA, JUS^IWIáft T BEL EXTRANflRO. 

pío de esto se citan las obras de Yoitaire, en las que sé lee 
hace cincuenta años Marco Antonio por Marco Aurelio , ei 
colmo de la clemencia fov el colmo de la demencia y con 
otras muchas erratas todavía de mayor magnitud. 

En Bélgica se sabe imprimir bien , pero en lo general 
no quiere hacerse así, y en los grandes establecimientos 
de imprenta se proponen hacer ediciones económicas y de 
bajo precio, que puedan asegurar á su comercio una ven- 
taja conocida, en concurrencia con losr extranjeros, y en 
particular con los franceses. Gomo puede inferirse , y tra- 
tando de ganar la delantera en los mercados extranferos 
á.los mismos editores franceses, sus ediciones , ó á lo me- 
nos muclias de ellas, es decir; las que se haeen con pre- 
cipitación, se hallan bastante incorrectas^ Si un sabio ex**- 
tranj ero llamaba á esta noble manufactura, ¿podrá haber 
co3a mas contraria á la nobleza que el desali&p y la grosera 
expresión que resulta de muchas incorrecciones? . 

Es preciso fijar la consideración en una circunstancia 
que procede inmediatamente de cuanto acabamos de de«- 
cir. Para que la imprenta progrese y se periécclone entre 
nosotros; para que adquiera todo el incremento y desar- 
rollo de que es capaz en España ^ es indispensable que al 
mismo tiempo que se hagan desaparecer los inconveoieni- 
tes que dejamos apuntados , se dé el mayor impulso y se 
fomenten ías artes auxiliares de la imprenta , como la fun- 
dición, el papel y la maquinaria en la construcción de 
prensas. Sin esto no puede darse á la imprenta una sub- 
sistencia propia , ni puede crearse una tipografía nacionaL 
Un artista de mucho mérito nos decía : c A mí me debe 
mucho la tipografía española ; pero le he causado un daño 
quizá irreparable» . ¿Cuál es este? Le preguntamos. £1 ha^ 
ber enseñado á los impresores á enviar por todo á Fran- 
cia, nos contestó. En efecto, tenia razón; porque por re* 



mMORU SOBRE L4 INDUSTRIA T1POOIÚFICA« i31 

gia general el mayor daño y el perjuicio mas grave que, 
puede irrogarse Avm ramo deindosiria^ consiste eo acos-* 
tumbrarle á servirse de los productos, útiles y materias 
de construcion extruijera. De este modo nuestra industria 
tipográfica perderá su tipo de gusto especial, como en 
efecto ya se ve boy. ¿No se van sucesivamente introdu* 
dendo entre nosotros las extravagantes novedades con qua 
pretende llamar la atención la tipografía de Paris?¿Esos 
caract^es largos y angostos como alma de vizcaíno, esos 
palitroques iitformes» y esos caracteres adornados con 
todo género de garambainas ? ¿ Puede compararse una por- 
tada de esas obras, que los franceses llaman ilustradas, 
con las de Borack), Virgilio ó Kempís, en las magníficas 
edioicMiesdeBodoni? En buen hora que se adorne una 
impresión de lujo (y no entendemos por esto á lo que hoy 
se da gratuitamente tal nombre) con lindas estampas y con 
vifietas al principio de cada libro ó capitulo; pero eso de 
que en cada página se halle su laminita» y que una histo- 
ria ó novela aparezcan á un mismo tiempo referidas por el 
escritor y por el grabador , es lo maa necio y de peor gusto 
que en nuestro concepto puede discurrirse. Esta alianza 
la repugnan al mismo tiempo el grabado y la tipografía. , 
Una de las* cosas mas notables en las buenas impresio- 
nes es la calidad del papel, como quiera que este sea el 
lienzo sobre que traza sus cuadros la imprenta. General- 
mente no puede decirse que la imprenta española se pro- 
vea de papel extranjero ; pero de algunos años al presente 
se han introducido máquinas para la fabricación del papel 
llamado continuo , que ademas de romperse muy pronto 
por ia falta de cola, tiene ademas para las impresiones el 
grande inconveniente de que. es menos pastoso, y tiene 
menos cuerpo que el fabricado á mono. Hemos visto en 
papel de esta clase y calidad impresiones esmeradas de 



lS3 REVISTA M ESPAÑA, BE IflBlAft Y DBL £XiaiAiraBO. 

obras firancesas, qae coentan nmy pocos aSos, ffiu..qné 
el pape) seencueiitpa ya 4o color ahnñaideu.Mr.. Afcago^ 
tiene anunciado que las bibliotecas de Paris^ qué contienen 
las obras modernamente impresas /ae verán euibrere re^. 
ducidas á polvo. El papel q«e eo España ae ebborá á ma- 
no, y mucho mas el qcre antigitanaentersé elabnraim, ex-» 
cedia , á lo menos para impresiones, á to qaecodtmmienté 
se usa hoy en Frauda, donde también pamimpteaiones 
de un mérko partícufar se escoge papd sem^anteai üaes^ 
tro hecho á mano , corno el mas á propósito p«pa im^ 
prhnir, pues en él empasta perfedaiaieníe la impresión^ y 
por su calidad se conserva mejor, ^ro como ea nuestro^ 
pais se quieren concillar dos extremos, cuales son la 
buena apariencia y la baratura (aunque esta sea las mas 
veces aparente), per eso se prefiere en lajs edicióneS'éomuH' 
nés él papel de máquina , que se destruye iDeoiiiparable-<' 
mente mas pronto que el de maiio , y que tienewéjor vista 
que este , á lo menos en las elasés infei'íores. 

Hemos dicho <iite en fas impresiones se bnsea hoy la ba*' 
ratura, y que esta en muchos casos es aparente; Eft efec^ 
to , debemos confesar que muchísimas obras se venden 
hoya un precio extraordioario, irregular, y que nadapueda 
justificar, pues parece que hay obras y autores quo pre- 
tenden acreditar la antigua tasa del Consejo de CasliHa; 
que en su licencia ponia la condición de que la obra habia. 
de'imj^rimirse en papel fino y buena estampa , asi como kt* 
de presentarse aquella completa, y publicarse toipo á toMo 
y no por cuadernos , por los abusos que se advirtieron de 
dejar á los compradores y suscritoflres chasqueados. En 
otro tiempo los libreros eran los éditmrefii de aquellas obrasr 
que los autores toó impHmianá sus espe^sas; pero en )* 
actualidad , 6 mejor dicho dé algún tiempo á esta parte, M 
ha constituido ana clase; de especuladores, que nó ávm^ 



MSliaUA »p«UB JLl ISIDÜSTRIA TIPOGRÁFICA» i33 

tiir«ii4^.iiad«i,.4Áio méioQS muy poco, pues áatos v^u ; 
eiamiiiaii los originales » y coa solo ^d«^tar los primero;^ 
gastos de ima, ediéioA ,. y las maa yaces sio adelaaiar nada» 
pues abnensuscrícíoii y los syscjriiores son, los que hacea 
el adelanto, procuran ecoDomizar basta el último extremo 
los gastos I de impI^esion, .sacando lo que pagan al autor 
por su original (lo cpxe no se abppa hasta después de ter- 
Biioadaja impresión ), de los mismofi suscritores, á quie-» 
ntífi bajo la apariencia de falsa economía de uno ó dos rea- 
les por entrega con una <^ubierta de papel de color, se 
}es saca sesenta r^ealas poor una obra que apenas merecía 
yeínte. fistos especuladores podrán haber hecho algnn ser- 
yicio álos escritores» que no tuyiesen medios de imprimir 
sus obras, ni oportunidad para hacerlas circular; pero 
como necesitaban asegurarse todo lo mas posible para nu 
perder los ga^os de impresión y priOpiedad de la obra en 
caso de un ¿xilo desgraciado, tenian y ilenen.que reducir 
9k mínimo posible los gastos referidos; y por consiguiente 
luya causado un perjuicio á la imprenta, sin beneficio del 
público , y juntamente á los autores » á quienes nunca han 
pagado regular y decentemente el precio de sus obras. Por 
manera que, como se ve, han perjudicado á un mismo. 
tiempo i la literatura y.á la tipografía : á aquella, porque 
no estimulan á los escritores ; y á esta^ porque pagando á 
Wiy bajoprecio los trabajos <le imprenta , corrompen el arte 
y arruinaaá los dueaos de establecimientos tipogr^t^Bcos. 
¿Qué hairá d impresor para no perderse? Pagar lo ménos; 
p€6ible la mano de obra, valerse de aprendices, econo- 
mizar los gastos de corrección , y emplear los útiles de mé- 
nos valor» De e^ manera el perjuicio recaerá primero y 
mas imaediatamente sobre el operario, y después sobre el 
arte raísmo« q^e no ppdiá menos de arruinarse, si el pú- 
blico seaieostumbra áannaconiudulgenciala smalasimpre- 



134 REVISTA DE ESPAfTA, 1>E HVDUS Y DEL EXTRÜmM». 

siones. Pero hoy sucede que el público paga las obras á un 
precio muy alto , por el que puede dársele una buena impre- 
sión, y el no dársela consiste en la interpositíon de estoüs 
especuladores, que para hacer mas seguro su hioro, lo fnn* 
dan en aquellos primeros suscritores ó compradores , que 
nunca faltan á ninguna obra : v. g. una comedia muy bien 
impresa, en 8.^, con una cubierta de papel jaspeado, cos- 
taba en otro tiempo dos reales; hoy cuesta ocho, impresa 
de batalla , y en papel que suele romperse al abrir las ho^ 
jas. ¿En qué consiste esta diferencia? A buen seguro que 
recaiga en lo mas minimo en beneficio de la imprenta. 
Antes bien puede decirse que de lo que se escatima á esta, 
se paga al autor. 

Pero volviendo á la artes auxiliares, de que por un mo- 
mento nos hemos distraído, aunque con cosa que tiene 
relación con ella, no podemos dejar de decir que la in- 
troducción de fundiciones y máquinas extranjeras , por las 
razones generales que hemos apuntado, ha causado gran 
daño , no solo á nuestra tipografía , sino muy particular- 
mente á la industria en general. Ello es que cuando tanto 
se han multiplicado las imprentas , no se han multiplicado 
en igual proporción los talleres de fundición de letra , en 
cuya industria hay la ventaja de que cuando es del pais, 
no hay que temer el menor engaño ó abuso, cosas que 
podrían temerse comprando en pais extranjero una gram 
cantidad de letra; pues como de las proporciones entre 
los elementos componentes depende la mayor duración 
de las fundiciones, cabe siempre engaño, cuando se com- 
pra por mayor, en establecimientos no conocidos, y 
adonde no se acude todos los dias. A algunos artistas de ex- 
periencia hemos oido ponderar el méríto de las fandido- 
nes inglesas, como mas duras y compactas, por tener ma- 
yor cantidad de régulo > y resistir por consiguiente ma- 



MEMOBIA SOBRE LA INDUSTUU TIPOGUÁHCA. 1^ 

yor número de tiradas» Las españolas son de un precio 
mas cómodo « y tienen para nosotros la grandísima ven* 
taja de ser de mas confianza. ¿ Se creerá que los talleres 
del Reino no puedan proveer á las imprentas, de todos los 
caprichos de la moda y de la infinita variedad de caracte- 
res que hoy se usan ? Que reciban las fundiciones algún 
impulso favorable , y entonces su mismo interés les hará 
poder satisfacer cuantos pedidos se bagan. 
. > Respecto de las máquinas de tirar» que es otra de las par- 
tes de la imprenta , y de la que en último resultado de^* 
pende el mérito en una impresión, debemos decir, que 
las prensas de hierro son las mas acomodadas para hacer 
una buena impresión , y que tales prensas, que se introduje* 
ron el año de 1820 en España con el nombre de prensas 
á la Stanhope , y que después se han ido introduciendo 
considerablemente mejoradas, son ya tan comunes en 
nuestro pais , que apenas se eonocen las antiguas de ma- 
dera. Este aprecio que hacen los buenos impresores de 
las prensas modernas, manifiesta su inteligencia, y la im- 
portancia que debe darse á la buena estampación. Por 
economía se han empleado también las máquinas de tirar 
periódicos en el tirado de otras obras ; pero se ha conocido 
que no puede hacerse con ventaja, y por consiguiente que 
semejantes máquinas solo son aplicables á los periódicos 
de una numerosa tirada y de grandes dimensiones, en los 
cuales no se exige el esmero que en otras obras, y en los 
que todo se sacrifica á la rapidez. 

Cuando hemos hablado de los establecimientos tipográ- 
ficos que nuevamente se han establecido en esta Corte 
hemos hecho una excepción de los que se hallen dirigidos 
por personas inteligentes , y de aquellos cuyos dueños sean 
facultativos. Repetimos que hemos hablado en general, 
sin hacer mención de los mas notables establecimientos 



iSB REVISTA DC BSPAÑA:^ BB IRDIAB T ML JEKnUlOSRO. 

do Madrid y oapitaleü de pravUick; porque esto no ei» 
•del caso, tratando de presentar el estado <ie latlpogmfía««i 
Espala. £8te no varía porque en U impronta Hactonal, por 
ejemplo, Se afiane su liábil regente D. Facando Bonet en 
«mnentarel crédito de aqueUa imprenta con edid^^estan 
hméas como la de una ó dos novelas do Cenráníes^ y tm 
dísdurso'de ifr. WiUiers pronmiciudo en h Cámara de los 
Lores acerca de ios negocios de £&p<a&a; porque el séñot 
Alegría se empeñe en realizar en Madrid todo lo ¿néno 
fpm ha visto ea los paises extranjeros donde ba trabajado; 
perqué la casa de Aguado eada día adquiera mas crédito 
por ia perfección con que sé dest^mpeñan los trabajos, y 
por los abundtinies i^oursos en todo género de útiles con 
tfaéi cuenta su establecimiento ; y en fin, porque un artista 
de tanto mérito como D. Manuel Hivadeneyra, que tan 
bien conoce todos los adelantos de la tipografía en laspri- 
mieras capitales de Europa, y que tan instruido se baila en 
todas las artes de la imprenta , haya fundado un estableci- 
miento en que se reúne imprenta , fundición , e^ereotipta, 
y tirado de adornos de colores y en relieve para cubiertas, 
y en duyo establecimiento ha hecho y puede hacer impre- 
siones que lleven ventajas á las mejores de los paises ex- 
tranjei*os. Pero nada de esto disminuye la exactitud de 
nuestro juicio , siendo los artistas que hemos mencionado, 
los primeros que no podran menos de reconocer los in- 
conTenientes que en ia actualidad se oponen á los adelan- 
tamientos de su arte. 

Hemos explicado , y á nuestro ver demoslarado los males 
que hoy aquejan á la imprenta, y que consisten; en la in- 
troducción de aprendices para todo género de trabajos ; 
en la escasez cada vez mayor de oficiales de habiKdad 
é instrucción; en lo mal que se pagan sus trabajos; en 
la introducción de íundiciones , i>rensas y máquinas ex- 



tpanjeras; «o ia Ituidaeíoo de iiiiiNn»Qtas j^ sooiddiiiles 
de ^p^uludai^s, ó per pev$pQik$ queMK) mn iateli*^ 
geái&B eo el arle; en la aparioíon de dipeouladoms eon 
jcl nombre ^e eáiiaipas ; «b babones oopsit4uMo seciaiios 
de. la moda francesa é imiUdei^ de aii« extrav^aiidaa gr 
eapri^ios; y. en la «alidad del papd llamada oeoilintie ó 
de maquilla, que boy ae esa , y que no es acomodado para 
laa impreaionefi* 

I Cuálea son los medios que deben emplearse pmtñ sacar 
la imfi'efiia espaaola del eslado de deeadencja en que ise 
baUa, eoya decadencia ooneoidamente es aaayor deade qu0 
se han rolo lastrabas que oponíanlas leyes áln libreemi-; 
alen del pensamienlo? £n nuestro coDeeptOi» creemos que 
no se menoscaba la libertad indusl&íal OtOBiCÍerlse reglae 
dirigidas úniícamente á promover los adelantas de un arte 
y el bienestar de los que lo qcffoen. Segmi bemos otdo^ 
OB Barcelona ae traía de restablecer bajo nuevas bases al«- 
gunos de los antiguos gremios* Pues bien, lüo pudiera 
formwise una especie de gremio é sociedad de impreseoñaa 
ó de artítias típógmfos , la cuál edlamei^ Mtiondíera en 
ka cualidades artíattcas que debiesen tooer los que enira*- 
sen de apreudioes, los que pasasen á oficíales^ y los que 
pttdieseiiid>rír á eu nombre establecimientos de imprenta? 
EUitóoces eonvefldria establecer que ninguiia &ese admir'- 
tído de apremii siftaaberánitesleer» eacrtJMl^7«ootar^ tener 
nociones de loa signos ti&uales de ia. ai&Unétiea y el álge- 
bra y del.cáloidot y bab^'apreAdkl04a gramática y orlo*- 
grafia espaactes perfectamttate, el latin y^l francés. Todo 
eatd ni e$ muchoviii puede d^ar de saberse á los Í4ói6 
anos^ cuando ba kalaádo una ediioadón regular. Ademas , 
durante el tiempo de la enseñanza » y con el fio de que la 
juventud sinmpfe estó cjercilada en cosaa útilea, conven- 
dria-queJe'OOilpascoieu eldibiiio, paraqueuiiaiido pasasen 
á la citase deoficialeBal^ wanifeslaseu en él, bien iiistraid«6* 



Í38 REVISTA ME S€PAlU, DE INDIAS Y DEt EXTRAÜISRO. 

Hoy el declarar á un aprendiz por oficial depende , no 
ya del informe de su maestro , pues la mayor parte de los 
aprendices no lo tienen, sino de Ift buena voluntad del re^ 
gente ó impresor, é cuyas órdenes trabaja : ¿no seria mas 
útil que esto se hiciese por tres ó cuatro individuos del 
gremio^ que los hiciesen ejecutar en su presencia todas las 
operaciones propias del arte ? Para el que hubiese de abrir 
un establecimiento tipográfico, ¿no pudieran también adop- 
tarse ciertas pruebas que asegurasen de su idoneidad al 
publico? En Barcelona había en otro tiempo gremio de 
impresores, y el que abria imprenta debia estar examina- 
do de maestro. No creemos que en esto pueda haber nin- 
gún daño, pues seria Mcil establecer reglas para evitar 
todo género de abusos. 

Para instrucción de los aprendices y oficiales pudiera 
formarse un manual completo de impresor , siguiendo la 
huella que abrió el excelente artista Sigüenza en su trata- 
do, en que explicó lo que habia aprendido al lado de su 
maestro Ibarra; y que fuera acomodado á los adelantos y 
á las necesidades actuales de la imprenta. Este tratado pu- 
diera ir enriquecido con una cosa que no hemos visto en 
ninguna obra, y que se reduce á una colec^^ion» lo mas 
selecta y completa posible, de todas aquellas reglas de co- 
modidad y de belleza , que el uso constante de las mejo- 
res imprentas tiene establecidas y sancionadas. 

Los grandes capitalistas ó sociedades que sostienen es- 
tablecimientos tipográficos, podrían sin gran dispendio, y 
con utilidad positiva, auxiliar á algunos jóvenes que pasa- 
sen á las mejores imprentas de París, Londres y Bruselas, 
con objeto de trabajar en dichos establecimientos, y es- 
tudiar el método de sus operaciones y la dirección de 
ellos. Dé esta manera adquirirían buenos regentes , que es 
una de las cosas mas importantes en establecimientos en 
que el regente tiene que ser un verdadero director facul- 



WMOBIA SOBia líA INDUSTRIA TIPOGHÁVICA. 139 

talivo. Sí al mismo tiempo estos jó vea^s. aprendiesen la 
^¿ftKodoii de las iBéqi^nas, podrian ser muy útiles en 
cttalqiitereatabieebide»tode) géQ«po que liemos indíGado, 
y obtener en los mismos un partido ventajoso. 
- Para dar á tales direelores facultativos la seguridad y la 
-estaUiidad que han echado démenos en algunas impren- 
tas de esta corte « para las que han sido solicitados, coc* 
vendria que los dueños délos establecimientos combinasen 
el haber mensual de aquellos» con una parteen las utilida- 
des líquidas ; lo que tendría ademas la ventaja de obligar á 
los mismos regentes ¿ que llevasen sus libros con el mayor 
érden y claridad , y á que híóesen cada año un balance, 
aunque no fiíese mas que aproximado, respecto de las fon* 
dicionesy útiles en uso y su valor respectivo. 

El Gobierno, interesado eki los progresos de la industria, 
podría derogar el articirio del antiguo reglamento de la 
imprenta Nacional, queprofaibelaadmision de aprendices. 
Mas habiendo hoy algunos de estos que están élas órdenes 
de los oficiales, sus maestros, seria mucho mas útil que los 
hubiese por el establecimiento, con utilidad del mismo, y 
mucho mayor todavia de veinte y cinco á treinta jóvenes, 
i <ptenes se les diese en el mrte una completa instrucción 
teórica y práctica : supuesto que hay tres regentes en di- 
cho establedmiento , uno de ellos pudiera, dedicarse á la 
enseñanea de estos jóvenes , que deberian ser preferidos 
según las drcunstancias recomendables deaus familias. 

En la exposición publicado la industria púdica hacerse 
que los premios recayesen en alguna manera en el direc- 
tor facultativo , ó artista impresor que ha dirigido la obra 
que se presenta , y no exclusivamente en el capitalista que 
fundó el establecimiento , y que no conoce el arte. En la 
úlüma exposición se han presentado obras de tres impren- 
tas , y dos de ellas no son de facultativos. Ninguna de aque- 



140 REVISITA M «flÜU ^ m WDláS V MI. i 

lias mtsttíáé premio* Has áe um m «e bi aiyudiirado ¿ 
ffigetosqtteno onm inifireaoces.^ y oajrus obras premiaAls 
prcdiaban en las jiieoes 1« pacs eostniniM rds^staaikiar 
impresiones» 

Conío d ireiaedio radical y flompMio ao podffs JAffie- 
^Ualaaieiite aplicarse siaft oponer algitns Irsba á. ln imtes^ 
4isa, que Awqoe dlacvetu y.b'wm enien^Ma, vspogtiws 
iffiáMiA á la opiftioñ de álguoos^ p4^«i éirigiits^ i^l .<09lo d« 
^dguo estírüiOF^n algon periódioa indasUial, 4 ilii^ier é 
Síganos emprasaiios de «stsbleeimieBtos tipogf áfiüos* bH 
tiéadolss v«r sos vsrdaidiaK» imeneses , y qnt sia laayor 
9»Tán»en pudienin mqorsr algmoss psrt^:,de:sa iiii|Mrfi9rr 
tB^ yshacieatioielal>0iar uíj^or calidad de pq»dl« eosa que 
pudiera casi .oJHenerse sin «amenlodie precáo; ya^empteaiir 
dó'úiciaies' eá ares d«> dqmndioes^ que si se ^glm. ploeo, 
laaesn imidio daBO« ydioalrujen oías que beneficio prOipos* 
ciraíair; ya empsasdíeiidQ $h0csu ctteslaánicíMPient» sqwa-' 
UBsofatBs.qnesasn de mérito reeonoddo 7 de léxMo ntfl 
anrenturádo , sin dar tneufuicion a sus prenss^ tio& pésiim» 
tradnccrni^delfranees, becfaasdelasobcas (|tted«aiáamcA* 
te sepiibákaan en. Pari&y que alcaáeas muy poeca dift& de 
vida. :; Pueden iemprend^se tostas obras espadobsi ^ásKk 
»D4;e»6(aios un dícoíonario conapielo de noeslroa bombaas 
eétebres! ;Aan nos fal4aa edicionea 4edniodÉa>, és^iedr^ 
en prqaeda Yolónittii de nnestroa esoriteres cIási<His 1 { Asa 
no se bailan explotados los tesoros de osostiis at69MiSf 
ni baa. visto la luz pública ^mbcbas obras de iMnestios isas 
eéietffes escritores!. Confesados que al irer luis gran im^ 
preniaoeapada en imprimar la traduecboSide^iQaaovdHla 
francesa^ <ó an periódico üierario sin literaUnra^ ^anaptu^ 
blicacicm jocosa sin. gracia 9 ó unaobraeiialiptiwaiiCiiarlp 
el piiego, Inctuí en oosotpos la indrignaflion «on la risa» 
repr»aitándoseBos ia eKtravsafBuite idea^ de mi iiombre 



MffWORIA somas la INDüSTRÍATlPOGRAVieA. ' HA' 

opulento qat i la puerta de sn palacio tiende la mano para 
pedirKmosnst á los qué pasan. No poéemo» creer qué obras, ' 
cotíio infinitas que boy se publican en Madrid, puedan 
dejar Qtítkfiíd á sus editorea. ¡Ifey por otra fmrte tíertas' 
e5pecttteeíoB€f$ (|üe degradan ! • • • 

La corrección de pruebas seifar fa "ptímera y mas impor- 
tante mépjfVL que pudiera ftaceria ^ógrafia entre nos^ 
otroa, reluy» importancia no nos cansaremos de encarecer. 
No olvidemos que hay erratas que alteran heclios histd-' 
lieos', y p^petúan graves errores contra ef juicio de los^ 
autoi'ea; ademas de que toda incorrección distrae la 
inteiigenciay la entorpece , deslustrando la impresiorr» Re- 
conocemos que es muy drRcil imprimir usa larga obra sin 
ninguna errata; mas para conseguirlo , aunque los oficiales 
dfi o$íBt sean buenos , no debe contentarse eJ impresor con 
que el autor corrija las pruebas, pues aquel será siempre 
responsable de las incorrecciones de la obra. No le basta 
á un impresor decir : yo doy la obra conforme a! original 
que se me da; pues él, por medio de loa buenos correc- 
tores que tenga ó por sí mismo , debe anotar los defectos 
del lenguaje; y comunicarios eon el autor. Es menester 
que los impresores conozcan \á importancia de la buena ' 
corrección , 'y que para ello es Mdispensábf e que se valgan 
de personas de inteligencia y aptitud, sin que se crea que 
este cargo puede desempedrarlo' un cajista cualquiera, <5 
un empleado cesante. La imprenta que por tener poco tra- 
bajo tío pueda dar ocupación oontinua á tmo 6 dos cor- 
rectores , podrá abonarles un tanto por pliego ; y enviarles 
las pruebas ó su casa jpues alguna persona qué lo hiciera 
en su habitación , quizá no se conformaría á ir por mafia- 
ña y tarde á una imprenta. A losf correctores íes ha suce-' 
dido como á otras varias profesiones, que se vari acaban- 
do , á proporción que nose bus-can 'ni solicitan. Los buenos 



142 REVISTA » ESPAÑA» BE INPUS Y ]>SL EXTBANJERO. 

correctores soQ' boy rarisimog 9 y nosoU^os no podeiQosd-, 
tar nÍDgopQ. Hay mq^chos que corrigen ^ ¿pero de qué 
modo? Lo mas que se ba discurrido para llevar á \q soiivo> 
la corrección, es que^^sta se baga por varías penspuas de. 
inteligencia y versadas ep este ejercicio ^ y qw se emplea, 
en ello un celo y esmero especial. Queriéndose en Francia 
que saliese correctísima una edición del Dicciooam^ de l^^ 
lengua y se exponían en un paraje á propósito las pmelHUit) 
ofreciendo un premio de consideración por cada errata.. 
Se consiguió hacer una edición correcta; peroparece,'4{a0' 
se olvidó nada meaos que el articulo de Axmin, C^e 
ejeinplo prueba que el corrector debe ver lo que bay y lo^ 
que falta ^ No se puede descansar en esta parte .^n.la car<- 
reccion de los autores» que no teniendo costumbre de- 
corregir» y leyendo generalmente. en voz alta»; al sentido y 
con alguna, complacencia y entusiasmo , se les escapan á 
millares. Lps que.mejor corrigen, no quieren bacerlo nun- 
ca en obra propia» porque conocen la dificultad de ba- 
cerlo bien. Es muy común la observación de qoe un chico 
que apenas deletrea » advierte desde luego las erratas» que 
consisten. en letras ó en silabas» y que se han encapado á 
personas muy ejercitad^ en esta ocupación. Oe ^ste bQ*- 
cbo se deduce la primera regla de corregir* ^ue el mu<- 
chacho advierte la errata» porque hallándpse tierno en la 
lectura» no pronuncia ninguna silaba» sin que antes la 
haya visto y aun contemplado» mientras que una persona 
adulta pasa la vista con rapidez por cima de un impreso» 
y fija la atención en solo el sentido» pareciendo que lee de 
memoria. Por consiguiente todo el arte de corregir puede 
reducirse ano pronunciar palabra sin que ¿ntes se baya 
detenido la vista en ella» considerándola sUafuapor sílaba» 
y aun sí se quiere letra por letra. Esto último » aunque pa« 
rezca nimiedad » es detal manera importante» que muchas 



iomowul soBm: la. mou^irRu Tf^oaitÁFicA.. 143* 
veces por la alteracioo de una $0la leira bao resultado ab- 
surdos UKHistruoBos , deque pudiera oítarse^una larga co- 
pia» entre las que hay ya muchas célebres y memoxA" 
bles (1). 

Nosotros» por gusto propio , y atendiendo al clamor ge- 
neral de las personas que compran libros de. loa que hoy 
se pubUcan , prohibiríamos severamente la publicación de 
obr^ por entregas que fuesen inferiores á un tomo ó vo- 
lumen de un tamafio regular; pero se clamaría que esto 
ei a poner trabas ¿ la industria » y se nos citaría el ejemplo 
de otros países. Pero en el nuestro se lleva esto al extre- 
mo , y es causa de innumerables abusos. Por ejemplo» ¿no 
lo es» y muy grande» que después de publicarse las primeras 
entregas de upa obra» y viendo el editor que ia empresa 
no corresponde á lo que se proponía» suspenda indefini-r 
damente su publicación » y aun se quede con lo que tienen 
adelantado los suscritores ? ¿Quién es el responsable efec- 
tivamente en este caso? Los suscritores con el recibo de 
suscridon en la mano » se dirigen al librero que firmó este 
mismo recibo» y que percibió estas cantidades adelantadas; 
pero ya el editor había tenido cuidado de retirar los fon- 
dos de la librería. Se dirá que para qué se los entregó el 
librero » y que si asi lo hizo fué de su cuenta y ríesgp. Pero 
si los libreros no entregan las cantidades adelantadas» 
¿con qué cubrirá los gastos de impresión un editor que 
carece de. fondos propios para hacerla, como se demues- 
tra por el hecho de una suscricion adelantada? Que se di- 
rijan al editor» se dirá; pero las mas veces ni éste ni su 
habitación sox) conocidos» ni posible que aquel pueda ser 
habido, ni fácil que por una pequeña suma haya personas 

(i) Ed una de las esquinas de Madrid se puso un cartel de convocato- 
ria á una función de iglesia, en que con el Utalo de Puriiima Cúneepcim 
pasó una < por una r. . 



que haeer gMtM« darmiiehoepuos; perder no pcN^tiom*^ 
po , j' ftbucrine. La btteniít poHda eiigtt.qM se étrltasMl 
estas 7 otras muchas estafas, asi como la de dar obmspot 
sttscrrddé ', eon ia aparieixcia de mía g^imbaf afurlBi v eomo 
por ejemplo, de un real por entregt, á im psecío eiérbi^ 
tante , Cal vez el cuédniplo • de m jnsfio talov ,* j- skr eo0l'<^ 
paradoo mayor qve el qm ttefneii después de éoliclaidtt 
la impresioB, en edyo^easo hsdan parcualquierá cosa por 
acabar de salirde loséjcmpláresqueíesrestan^. ¿No es esto 
un verdadero engaño? ¿Debe* tolerar la autoridad que dtf 
tal modo se abuse-de la buena fe del públieoy de su cté^^ 
dulidad » y que se le tienda un lazo en 'muchas ide la» suá^ 
(bridones que* hoy se^ anuncian ? -Si ne- nos hubiésemos pr o^ 
puesto no^ lastimar en manera alguna el crédito en nadies 
ni intereses de nhigun género, podríamos cüar' iaámnera*' 
Mes ejemplos , á cual mas* escandalosos. 

No somos tampoco amigos do que se tasen^las obras de 
ingenio, como no se tasan los honorarios de tm médico tf 
de un letrado ; pero cuando en algunos caso^ no puede cn^ 
editor ó dntor temer la concurrencia , 6 qué por sus cir^*' 
cunstaneias y por el' crédito de su nombre, goza en laf 
pubHeacton de su obra una espeete de monopolio/ conven'^ 
dria evitar todo exceso que recayese en peijuldo de pen-? 
sonas que ya no toman esta obra por instrucción ó porre-* 
creo , sino por una necesidad dé su profesión ^ át los és-J 
tudios que siguen. El abuso á que nos referimos no puede 
disculparse por la conveniencra de dar* estimulo á los in^ 
genios , 'Cuando algunas de esta» obras son'tradu<eciones, y 
eeatido en las obras de texto para la enseñanza, -^ cabe 
novedad en las materias y en elmétodo, no puedeax)fre- 
c^se.^C9$asnue^8 to4pp,lo^d^.. / . r 

De los fondos que el Gobierno tiene destinados para fo-¿ 



» mtlIOlUA SOMA LA IKDObnU TIP(»»UTICA. US 

menlo de tes artes rV-dB la iodustria , pudieran ser dotadefs 
aiganos jóvenes de mérito sobresaliente en la tipogralía^ 
qse' pasasen á algunos paises estranjeros á estudiar loe 
adelaotaniertlos del arte y ia dirección de los grandes es^ 
tabieciniientos^ Haci^do jnstícia al mérito de algunos, 
aottfae pocos artistas^ no podemos menos de confesar qoíe; 
ipesi(rde su inteligencia y de su buen gusto, como nd 
kan redbldo una completa educación artística; como no' 
han adquirido 'aquella inslroccion auxiliar de la imprenta,' 
7 que tanto brillo y realce le da ; como no es fácil que un 
hombre á derta edad pueda de repente renunciar á los 
hábitoade toda su vida, y como por medio de los viajei 
no han podido conocer y estudiar los admirables progre*^ 
sos de la imprenta en los grandes eistablecimientos extran-^ 
jeros, no pu'eden menos de hallarse embarazados, y de* 
opon^ á veces dificultades cuando los dueños ó eropre*- 
sanos de los imevos establecimientos tipográficos quferenf" 
obtener resultados, que aquellos reputan como imposi-* 
bles. Nuestros mejores artistas ( hablo en general, y sin ocu^ 
parme , como cosa ajena de mi propósito, de alguno, quer 
por sus excelentes disposiciones naturales , por su instruc- 
eion, y por su larga residencia en establecimientos extraña 
jeros, pudiese formar una excepción déla regla), nuestro^ 
mejores artistas, repetimos, no podrían dirigir un estable**^ 
cimiento tipográfico de quinientos ó seiscientos operarios; 
pues para esto no bastan las disposiciones que les hemos re« 
conocido , sino que ademas es indispensable la costumbrír 
de que carecen, y la experiencia que no han podido ad« 
quirir : solo la falta detesta puede hacerles increíble que' 
sea fácil imprimir bian en media docena de días una obra 
de seis tomos en cuarto, de un volumen regular. 

Después de haber estudiado detenidamente por espacie^ 
de algunos años la marcha y vicisitudes de la imprenta es- 
T. xuu 10 



m R£VIS«2t9K MSféSA^ M DOMAS T ML ISOMIUltO. 

9«fi^av sobre toda f a lar époea actual , no hamoa podido 
9iáB<^dd ailgaar CíiMaa oaitaas.de au dectdeneia, óá lo 
aaénos^ de que sus progresos no sean mas sóUdoa y ver^ 
daderaa, las que acabamos de expooier.. Con imaaapeoiai 
lAQkon á e^be arte taain^natte oomo henooao,. hemí» 
oonfie^oíado con los maa bábilas artislas de ia eapitai so^ 
hie los puntos que hemos tocado en esta aoieniona, ; taos» 
faiamoa franeameote» que por saiaffMrme , pat soa obaer^ 
yaciones y noticias bemos formado nuestra opiaioñ ». que 
eAunciamos por consiguiente coa fil maaiatúnO' aanvenr 
abniento^ tentó mayor cuanto que la ej^eriioneia la abona 
}a en los muchos casos qu^ han ocurrido desda el aio 
da 34 ai pj^esente. Todos Iqs dias aparece noe^aSiimpreuf 
laa^ y todos los dias se anuncia la veata de otras ó la nóti^ 
aia de haberse arruinado sus propietarios. Mas las poeas 
imprentas que en Miidrid, Barcelona y Valencia eslsa dtt 
ngidas por (lersonaa inteligentes « y cuy4>s duenois soB' im- 
presores, mientras mas conocimiento tengan del arlOi^ 
mÁóntras mejor desempeñen» y con mayor eíNuairo ^ gusto y 
jpaKÍecciou las obras que se le$ encomiendan, mayor ea 
aa crédito y su fortuna; pudiendo asegurarse que mientras; 
algunas do las auevas imprentss mendigan trabajo de iaa 
«fidnas públicas y de los editores de.obcaspara desejmpe-* 
aailo á ^uy bajo precio» los mas distinguidos impresorea 
da^la cafxital., los que se cree qñolo ejecntan caro^^c^an«< 
di^sola caigan una justa y leg^maretribuckm» tieMs maa 
aMavgos do los que. penden deseiApeñar : el miantotctH 
Il4)p qi^a. á oU;oa arruina , .á e^tos da grandes. uiUidados^ en 
91a fúndanla extensión que dan á aua eitablemmie»liiflw 
j^por&Qcioa di^ tildas las opecaciones, y la pr«^pe4dad da 
siis imprentas» Hemos craido»a|;pjiaf!aiiestBas/obaervaeio«^ 
ili^bfustacpa loa eÍ!9mplpaqaa.beiiiQe indicado» . 



RECUERDOS 

DE L4 GUERRA DE Lk INDEPENDENCIA. 



A. poca di^ancia del eamioa real de Madrid á Francia^ á 
la derecha del tro&o que media eatre Tolosa ; la. frontera, 
se encueaira un valle pequeño, ó por mejor decir, una 
hoya rodeada de un terreno tan montuoso, quebrado y ás- 
pero , que en tiempos pacíficos, y entéuces muy rara vez, 
sola alguno- que otro pastor pisa ia yerba siempre verde que 
á manera de alfombra cubre su fonda y parte de las faldas 
de las colinas que la forman. Empero en tiempos turbu- 
lentos , como los en ^e tuvo lugar el incidente que vamos 
¿referir, el espíritu marcial de algmios prácticos del pais 
lia sabido i^rovecharse á% los aecidenles de aqnel lugar 
para iaa op^acáonea de la guerra de partidas. 

La hoya ^ aunque inaccesible por casi toda m eircunfe- 
reacia, tiene trea á cuatro entrada» que ofrecen poca di&- 
cnUad al experta andador; y estando» sünadas en «asi 
opuestas dire^ckknea^ presentan U oportinndad i los que- 
se refugien én aquel sitio , si se ven perseguidos* pov un 
lado , de ponerse en sabro por otro y eludir al enemigo^ tn 
laafrac^sidadeadel p«a : siendo muy fácil el dtscubdrir la 
aproxiinadion de aquel desdd ke elevados pkM que do^ 
minaa el naltew 



448 REVISTA BE ESPAÑA, DE IRDUS Y DEL EXTRAMiBaa.. 

Una posición tal no podia permanecer por siempre oculta 
á.Ia actividad infatigable de las muchas guerrillas que cru- 
zaban los confines de Navarra y de Guipúzcoa durante la 
guerra de la independencia. 

Era la época en que una porción de síntomas, al parecer 
indiferentes é inconexos anunciaban la crisis que se de- 
terminó en la retirada de los ejércitos franceses hacia las 
fronteras de su pais. Asi como en la naturaleza se obser- 
va á veces cierto desasosiego inexplicable, que se toma 
por presentimiento de una extraordinaria conmoción , asi 
pudo entonces observarse entre los invasores un movi- 
miento que, desapercibido de ellos mismos, hubiera indi- 
cado al observador desapasionado (si tal se hubiese podido 
encontrar entonces^ la proxidad de una gran eatástrofe; 
£1 impulso desconocido de esta especie de fermentación 
tenia su origen remoto en el Norte de Europa, en donde 
se sentían choques tan violentos para los destinos de Ná*»^ 
poleon , que su vibración se hacia sentir en los puntos mas 
lejanos dominados por sus secuaces. 

Uno de los síntomas de la época era una progresiva au'- 
siedad por salir de España de parte de los franceses, que* 
podían decorosamente retirarse , y de los españoles com«- 
prometidos en su favor. Los convoyes que se dirigían á la* 
frontera eran mas frecuentes, y grandes las riquezas que. 
se sacaban de un pais en donde ;us poseedores no secreian 
seguros. Esta circunstancia' habia atraído á las provincias 
limítrofes un número de partidas de guerrilla, que r^que* 
ria muchas fiíerzas y precauciones para poder los france*** 
ses atravesarlas. 

Una de estas partidas compuesta de treinta á cuarenta- 
hombres, la mayor parte guipuzcoanos , y los restantes,- 
conao también su jefe , navarros , se apostó en el vallecito- 
ú hoya de que hemos hecho mención, una tardé al ponerse- 



BE Cuneóos j>i tk gqibba de la iMDimfDiiicu. 149 

el sol. Lamarclia habia sido larga, apresurada y silencicH 
sa : sa objelo era el de atacar un oonvoy (en unión con 
otras partidas que debian acudir de otros puntos) que, se- 
gún buenos informes, conducía áiuchas riquezas, partieu^ 
larmente en el equipaje de un general que habia tenido 
mandos muy importantes en Andalucia , y se retiraba á su 
patria con él fruto do sus rapiñas. Este convoy debia p!&r« 
noctar en el puebb inmediato , en la noche siguiente á la 
en que la partida tomó su posición en la hoya, y el ata- 
que habia de verificarse al otro dia ; pero el jefe guerri* 
Uero avezado por la experiencia en los ardides de la guerra, 
imaginó el de ocultarse con toda aquella anticipación, con 
el fin de que desapareciendo de la escena por veinte y cua- 
tro horas sin dejar rastro visible de sus movimientos, se 
le creyese muy distante, sm poderse conjeturar á punto fijo 
la dirección de sus pasos. 

Ya se hablan tomado todas las precauciones de costum- 
bre para la seguridad de la posición , y un individuo de la 
partida habia sido despachado disfrazado y sin armas para 
situarse en paraje de donde pudiese dar cuenta oportuna 
de toda novedad importante , cuando un joven guipuz- 
coano, llamado Ignacio de.Bengoa, se presentó al jefe pi- 
diendo permiso para pasar aquella noche á ver á su fami- 
milia que residía al otrolado del camino real, en un caserío 
poco distante de éU £1 jefe guerrillero sorprendido é ir- 
ritado respondió con un áspero nOt y le volvió la espalda. 

La disciplina de las partidas de guerrilla nunca fué muv 
ejemplar, ni los hijos de las provincias Vascongadas fueron 
Jtunca distinguidos por su sumisión voluntaria é la subor- 
dinación militar : debe pues inferirse que un guerrillero 
guipuzcoano no seria un modelo de sumisión, y por lo 
tanto no se extrañará que Ignacio se tomase por si la li- 
cencia que le negó su jefe. A decir verdad, en ello creia 



tiae hacia uso de tm derecho innegable, sm que de. nin*^ 
gcm modo concediese á su comandante m á tiiiigun otro 
mortal el de coaftarle su libertad «n esta parte. En pedk 
permiso» mfts bien tributaba un^^umplimientOt qne llenaba 
una obligación : tal era i lo menos su •cgiimon, y no bien 
había cerrado la noche, cuando echando 4il. hombro su 
manta y su carabina emprendió sn marcha hacía cMogar 
de su nacimiento. 

Su intención era la de volver al campamento antes de 
romper el dia. En ello no había la menor dificultad : la 
distancia era corta, y la aspereza del terreno (pie podría ser 
un obstáculo grave para cualquiera otro , no ofrecía nin- . 
gmio á quien se habia criado en aquellas montañas. Solo 
habia un paso que podia presentar algun peligro ; pora 
este paso era corto. Tenia que atravesar el camino real y 
andar por él un corto trecho para encontrar los boquetes 
accesibles en la dirección propuesta : podría ocurrir un 
encuentro en este paso con una partida enemiga; :peró 
I qué tenia que temer un joven en toda la robustez y lije*- 
reza de un hijo de la montaña? 

La noche era tormentosa, er viento fuerte; pero como 
sucedo siempre cuando hay mucho vienta , los objetos eran 
discemibles á larga distancia. Era menester fiarse de la 
vista, pues era imposible hacer uso del ofdo en medio 
del ruido que hacían los árboles agitados sin descanso. 

Pasado el trecho peligroso, y después de haber ascendido 
y descendido muchas alturas, atravesado arroyos y sal- 
vado barrancos de un salto, descubrió Ignacio un casedo 
en la falda de una montaña vecina : pero no era este d ca- 
serío de Bengoa; el solar de su familia por muchas gene- 
raciones ; era la habitación de otra familia , en cuyo seno 
habia una persona cuya atracción habia inflaido uo poco 
en la resolución de hacer aquella expedición nocturna. 



REOtMDO& se LA OUláhA B& LA {m>«miKftfi!fOtÁ, t6t 

Ignacio Sé Segó á ana nja baja » y pon él cafton da stí oa«- 
tabina dio tras golpaa «ODÍla paerta de la ventana qué |»m« 
tegia, daivdoal mismo tiempo im sili>ido bajo > pero pe«* 
«etaruBte. No tardó en oirae un romor dentro del cuarto » y 
á pocos ittstanleala ventaaase entreabrid , youa vox suave, 
baibuctenle , con una emoción inesperada, exclamó : i¡Ig»* 
oado! itüporacá?» 

«SI, dijo Igoado , pero por poco tiempo : anda, dist» 
pieita á ta padre, y venios losdos á Bengoa, pups tengo 
quehacer todas mis visitas de ana vez. No tardéis.» ¥ siá 
esperar respuesta , siguió adelante. 

Llegado al caserío de sus padres, y habiendo hecho le^ 
vtantar á toda la familia, se 'hallaba en medio de ella Kh 
mando algún refirigecio y procurando contestar á mil .pre«* 
gOBtas que se le hacian á la vea , cuando llegó ao prome^ 
tida con el futuro suegro, y se formó un circulo en el cq4 
no había un descontento , ni uno que pensase en el riosge 
que eoriian todos si la autoridad francesa iumediata Ue«» 
gase i tener noticia de la visita que les haoia tan dichoaoSé 

Pero las horas de felicidad se pasan sin sentir., y ya ha*» 
bian discurrido dos mas de las que Ignacio se faabta pro« 
puesto pasar con objetos .tan queridos, cuando al fin se 
arrancó de su seno « y .emprendió su marcha de vuelta coa 
espirita y miembros menos Kjeros que cuando habla ve<- 
BÍdo en dirección opuesta. 

Por mas que se esforzó en ganar el tiempo perdido , y^ 
rayaba el día cuando llegó á poner el pié sobre el camím 
real* £1 viento habia cesado;, todo estaba tranquilo, y ha^ 
hiendo aplicado el oído junto al suelo , y dirigido la vista 
á todos los pantos adonde pedia alcanaar , nada le indioó 
que hubiese cosa que pudiese infundir recelo. Registró 
el cebo de su carabina, ajustó su manta al cuerpo y con 
paso casi de carrera recorrió el trozo peligroso. En el punto 



16$ REVISTA n S8PAÑA, DK IIIOUS Y Wt IlTRAÜIftRO. 

dónete debia abandonarlo para ¡ntrciduGirsB. en las aspere- 
zas del otcQ lado» formaba el camino rttn¿ngttl<^, en el cual 
bay grupos espesos de arbustos entre las roeas, que cu** 
bren la falda de la loma que oUiga ¿ este rodeo é impide 
el descubrir lo que pueda ocupar el camino en aquella 
dirección. Al llegar al sitio donde este da ia vuelta « vio 
entre él y el boquete que iba A buscar, A dos cazadores ene- 
migos que marchaban en la misma dirección que él; pero 
que asi que oyeron sus pasos, se detuvieron , y mirando 
hacia atrás, parecieron dudar por un momento cómo bar 
bian de recibir á quien se acercaba con tanta determina- 
ción. Ignacio no vaciló un instante; pronto concibió que 
aquellos soldados eran los descubridores do mayor número 
que no tardarían en llegar, y que con retroceder , se. ei«> 
ponia á encontrarse entre dos fuegos sin medio de escal- 
par. El hecho era que ya estaba colocado entre la descu^ 
bierta y el cuerpo principah Hecho cargo de su situación, 
apercibió su arma y redobló el paso. Visto esto por lof 
franceses, le gritaron que hiciese alto; y como noobede»^ 
dése, le hicieron fuego uno tras de otro , pero sin éxHo. 
Ignacio entonces , casi sin detenerse, disparó su carabina, 
7 tendió muerto á uno de ellos, arrojándose sobre el otro 
con tanta lijereza , que no pudiendo acabar de cargar su 
fusil , tuvo que dejarlo caer y echar mano á su briquet (1) 
para combatir cuerpo á cuerpo. El encuentro fué terrible, 
¡peto duró poco. Ignacio en el acto de desenvainar su cu- 
4^hiUo , recibió una herida que penetró poco , pero le abrió 
4a frente de un lado al otro; y sin darle lugar ¿ repetir el 
Ifolpe, con la presteza del relámpago le atravesó el corazón; 
todo fué obrado un minuto. Ignacio conociendo cuan pre* 

(1) Briquet eslabón. Nombre qae daban los soldados de Napoleón al 
sable qae osaban las compiañías de preferencia , y los sargentos y cabos 
de fkifiuiteria. 



doso era el tiempo « sin detenerse mas qm á recoger de 
cade une de los cadá?eret una prenda que pudiese ates^ 
tiguar su kaiafia , ealtd fuera del camino real » y se internó 
en las escabrosidades del terreno. Ya en esto le pareció 
oirías pisadas de varios caballos al galope; y cuando des<^ 
de un lugar seguro pudo reconocer el campo , divisó una 
media docena de caballos, cuyos ginetes unos estaban 
como ocupados al rededor de los cazadores muertos, y 
otro3 pareda que registraban el terreno inmediato. Al misó- 
me tiempo se acercaba ordenadamente ia cabeza de uü 
convioy bien custodiado , cuyo extremo no podia desco^ 
brlrse en las sinuosidades del camino. 

No sin alguna aprensión acerca de la recepdon que 
iba á encontrar entre los suyos , Ignado se dirigió al oam^ 
pamento en donde encontró la partida alarmada y pronta 
á moverse, por causa de los tiros que con la serenidad de 
la mañana se hablan oído distintamente. Goh ademan re- 
suelto se adelantó bada el jefe , en cuyo-ceño podía leer- 
se nn agfiero lúgubre. 

Ya hemos dicho que este jefe era navarro. Habiale va«> 
lido la circanstanda de haber servido algún tiempo en 
el ejército , para que se le permitiese por sus compañe*- 
ros el ponerse á su cabeza. Habia sido cabo segundo 
del batallón lijero de voluntarios de Navarra, del cual ha<- 
bia desertado con el objeto de hacerse guerrillero, de 
cuya carrera habia concebido ideas mas análogas ¿ sus in- 
clinaciones, que las que habia formado de la vida siempre 
dependiente del soldado. Era de estatura escasa , pero de 
cuerpo rehecho y muscular : sus talentos eran muy limi«- 
tados ; tenia mas sagacidad que aodada ; sus modales eran 
repulsivos, sin que el mayor trato los hidese mas tolera* 
bles* No habia un individuo en la partida que no le abor^ 
Teciese; pero el temor de las consecuendas, de las riv»-» 



itdades ifne podiaa nacer, indiioU á todos ;i maoteseM» 
Inqo soB órdenes,, que genorskneBie se obedecían «on re- 
pugnancia. Había hecbo mnobo en su lavor ta opiniofli qn^ 
ienía en el país, de una astucia siagiilar para ia guerra, 
«artoberada por dos ó tres sorpresas <pie había hecho de 
•convoyes iraneeses, que le habían dado crédito y i su 
partida un buoi footin. • . 

En aquella ocasiodi Ignacio tenia contradi ¡no solo al je- 
-fe sino taikibien á los mas de sus compañeros, que por una 
•razón ú Dtra habían tomado ¿ mal su excursión. Esl los 
fiavafros podía ser espíritu de provincialismo ; pero so- 
lo puede explicarse de parte de los guipuzcoanos (da 
los cuales no había uno que no hubiese hecho lo misflio) 
al reodo de que por su imprud^icia podía haberse malo-^' 
grado el pro3^eotado ataque del convoy, en el cual se fun-* 
daban grandes esperanzas. 

«¡Ola!» gritó el jefe guerrillero al acercársele I^UiCio; 
c]ola ! aqni tenemos al desertor : prendedle.» 

c¿Y por qué? respondió Ignacio coa resolución; yo 
no soy desertor :: 'aquí estoy en mi puesto. > 

«Desertor, dijo el jefe, y al frente del enemigo. £1 
-proceso está hecho : sacgento Bstella, ejecútese la sesK 
tencia.» 

Ya en esto cuatro ó seis guerrilleros, sin duda noflrt)ra* 
dos de antemano, se habían acercado á Ignacio ysetnan^ 
tenían junto á él á manera de guardia. La situación em 
critica; pues era bien 8al>ido, que por precaria que foese 
la autoridad de un cabo dé guerrilla^ en tentó que no era 
disputada y se ejercía «on apoyo , su despotismo se hada 
senth* de «m hmmIo hoirible : tanto, que si nofuesen tan 
«ecíetftes los recuerdos de casos airtlogos, nos verinoios 
obligados á'ofipeeer pruebas históricas para asegurar la fe 
^ BUiestnis Jectares. No parecerá estmno que Ignado sin^ 



m Tía /GuBRiui sti Ui mmwKomáOfk. 188 

tiese 6mávce»<i|ai trefkidadoB tiiMe Jehibi^ ddaccmo- 
dda ooando, no habtáimueiio tiempo , se había visto eiB* 
péñado en narta) eoniMbé con dos goaivenos wtemm» 
qué interceptabaB sa paso por su fronte ^ asaenasado por 
fiíajor número por su espalda y confinado p<of amb€» la- 
ik>8 por aWsiiiias «rocas cortadas ápieo perpendioCilannen- 
te^ y precrpidos eiiyo fondo no podia medirse conia visla* 
Pero no olvidando que su salvación pendía ^uisaside su pre<- 
senüia de ánimo, mostró lo también en aquel «^puro, y pre* 
gantó con serenidad : c¿ La scnieacia? ¿Qué smitenda?» 

«La de recibir xuatro bailaos; nada mas : t respondió 
el jefe. 

c¡ Cuadro -bal»os'{ lexclámó Ignacio; ¿y en qué parte 
de mi cuerpo los be de recibir ?^ 

cA estilo de tropa : dos en la cabeza y doa.«ii el pecbo^> 

Entonces Ignacio con eatremada cahna y vozífirme : <En 
toda esta partida, dijo , y en cuantas ostigan á los, france- 
ses por toda Navarra y las tres provincias,. no sé enconira- 
Tán dos valientes que disparen dos. balazos á esta frente 
que todavía chorrea sangre por la herida queie^han abier- 
to los enemigos con arma blanca, hace cosa de media ho- 
ra». Diciendo esto se descubrió la caheaa.sobro la cual 
tenia arrollada un eiitremo de la manta, y quitándose la 
boina desoubeió su frente y sienes ensangrentadas. 

ff Tampoco se hallarán dos latientes que hagan fuego 
apuntando [á este pecho, continuó, cubierto como está 
por est^ insignias que acreditan que acabo de matar , yo 
solo, cuerpo á cuerpo, á dos soldados viejos enemigos : 
cosa que cualquiera de mis «ompafieros es capaz de hacer, 
pero que ninguno ha podido hac» todavía. i Y dejando 
caer del todo su manta , dejó ver dos cruces de la legión 
dehonor, que había arrancado del pecho de sus adversa- 
tíos muertos, y colgado del ojal de su chaqueta. 



ÍS6 BftVH^nL 0B SSPASa, ra INDIAS Y DSCaomAlOlRQu . 

' £1 efecto fué eléctrico. Los fbriles prepaisdoB para mt 
ticto sangoinario de despotismo militar^ cuy eron simulti*» 
neamente en tierra. Los guerrilleros que en im acceso do 
resentimiento 9 causado quizas por celos vagos^sin funda*- 
meiito, se baDian resignado á ser instrumentos ó testig<» 
del asesinato de uu compañero querido» se agruparon üi 
rededor de Ignacio para abrasarle y hacerle contar me* 
nudamente toda su aTentura. La sentencia quedó impues- 
tamente anulada, y no solo la autoridad del jefe^ sino 
también su persona., quedaron materialmente eclipsadas^ 
porque habiéndose todos estrechado formando un circulo^ 
del cual Ignacio era el centro, el pobre comandante B0 
iíó fuora solo y desdeñado , digiriendo como m^or podia 
el insulto ofrecido á su mando y su preseiuúa. Viéndose 
en posición tan ridicula á los ojos de otros , como era gra- 
ve á los propios suyos, hizo un esfuerzo para paliar la 
-afrenta, y penetrando con trabajo la masa de sus ppQO 
utentos subordinados, se puso delante (te Ignado y le dijo: 
^Está bien : y ya que bas sido tan valiente « estás perdo« 
•nado poresta vez; pero cuidado...» Esta última palabra 
ía pronunció enfáticamente, levantando el dedp y mi- 
rando al rededor, como si dirigiese la advertencia á tpdps 
los presentes; pero todos los presentes conocifui demar 
siado la impotencia del orador por si solo, para dejar de 
mostrar la mas fria indiferencia hacia aquella v^na demos- 
tración de una imaginaria autoridad. 

• Ei espia que se hid>ia enviado el dia anterior para ob- 
servar los movimientos del convoy esperado , llegó enton- 
ces, fatigado ccm un rodeo de algunas leguas, ^ando I^ 
noticia de que el comimdante francés, sin duda^n conse- 
cuencia de informes que había tenido del meditado ata* 

• que , habia alterado el orden de.su marcha^ tan completa- 
mente, que estaba en examino desde antes de amanecer 



11BC7BRDOS BE LA. GUBRBA DB LA INDE1»IIQBNCU* 187 

para coq doble escolta de la anunciiMla, coa lo cual todn^ 
las combinacioDea para una sorpresa qi^edabaa frusCrad^Hl* 

No habiendo ya razón para permanecer en aqnella posi* 
ñon , la. partida se puso en movimi^ato con gran satis- 
fiíccion de sn. jefe, que pudo con él distraer su memoria y 
la de sus secuaces, de* las ocurrencias de aquella mañana* 

Ignacio siguió- siendo el favorito de. sus compañeros,, 
tanto que en cualquiera ebullición de descontento se rer 
producía la idea de elevarlo al mando y deponer al actual 
poseedor de él. Las disensiones se hicieron frecuentes^ y 
á poco tiempo conoció Igníaoio que su situacioa era peli- 
grosa; pues hecho el objeto de la ojerisadel jefe podía ser 
YÍctima dé ella en uno de los vaivenes caprichosos de la 
suerte precaria.de aquellas partidas. Separóse de la. suya 
ú fin con la mayor parte de los guipuzcoanos, que sirvie-r 
ion de núcleo para una nueva guerrilla que ganó eil poco 
tiempo algún renombre.. 

Lia antigua partida se refonó por su parte con navarros; 
y por una anomalía de que hubo eu aquellos tiempos mu** 
chos ejemplos,. las dosgu^rillas llegaron á mirarse la una 
i la otra con mas animosidad que si fuesen enemigas, y 
tenian que usarlas mas exquisitas precauciones para evitar 
una sorpresa , un desarme y el derramamiento bárbaro de 
sangre , que mas de una vez ahogó una carrera de rencor 
entre patriotas que no siempre sobreponían la causa de la 
nación á sus pasiones privadas. 

La evacuación definitiva de la España por los invasores 
puso fin á las contiendas legitimas ó ilegitimas de las par- 
tidas de guerrilla : pero antes de su disolución , la de Ig- 
nacio habia tenido bajo la dirección de un jefe tan deter- 
minado como hábil, la buena suerte de distinguirse en 
encuentros con los franceses , ganando en ellos gloria y 
también botin ; asi que , en vez de acudir á la corte al ter- 



minara la goerra ^para solicitar grados y honores^ Ignacio 
88 relird i su caserío co» los medios neeesarios para ase* 
gurar su bieiiestar. 

Después de haber repetido en algunas expedlcicmes 
nocturnas los tras golpes y el silbido do.que bemo&becho 
mención en esta narración, Ignacio "^y la vecina que con 
tanta presteza respondía á la. señal, se preaentaroa en los 
zarciees de ks ferias inmediatas como formando una sola 
alma con dos cuerpos unidos con los vineuloa sagrados 
del matrimonio. 

Losados caseríos pertenecen hoy á la misma &milia, que 
ha llegaéo' á ser muy numerosa; y en el de Bengoa,.en un 
cuarto adoniado en forma de capilla, arde continuamente 
una lámpara delante dé un cuadro que contiene ia es- 
tampa de Nuestra SeikHrt de Aranzazú , á cuyos lados están 
colgiidas las dos insignias de la legión de honor, trofeos 
del combate del actual patriarca de aquella tribu, que toa- 
dos los anos celebra reunida la memoria de los aconteci- 
mientos que hemos relatado,. 

A. de Ramón y CarbonelL 



APumüS 

PABA LA BISTOMA POUIICA Y ECONÓMICA 

PÜERTO-RICO. 



ARTICULO XIU. 

(Continúa el cuadro histoiico de los gobernadores que malic- 
iaron la isla desde 1795 á Í804j. —Concluye el gobierno 
del mariscal de campo D. Ramón de Castro. 

EnÍ7M seinvertíerem en las obra» de for- 

tifieacion. .......... 65,799 4 5 

Mem en tas de arfíleria. Í7,8i0 

7 negaron á Ta plaza 100,000 pesos del situado para ambos 

ramos. 

El l^tal gasta deicfichasr obras hasta el 

referido a&o de 1798 importaba. .'3.493,638 3 11 
Et caudal recibido con dicho objeto ' 

en los situados de Mélico^ áa de. . 3.7&S;438 3 29 



Enseño del situada.. ... • • 700í2D9 7 16 

8é trabajé^en él'toisnm aSo en el catilino del castillo del 
Merro, batería de San Francisíeo dé Paula, cuerpo de guar- 
da di» la plata de Santiago, expfenada del Horro y castillo 
de San Jertfdkna. 



460 UVISTA BX isiaiíA, i« imdus y dbl kxtravjiro* 

£1 comisioDado por el general Castro, D. I^acio Mas- 
caro» llegó felizmente ¿ la corte y cumplió su encargo con 
la puntualidad propia de tau buen oficial. S. H. le premió 
con el grado de teniente earonel y la cruz p^sionada de 
la orden en Carlos III « y previno al capitán general, en 
real orden de 12 de junio, que en .si real nombre, y. con 
las expresiones propias de su soberano agrado, diese las 
mas expresivas gracias á los j^efes de los cuerpos, coman- 
dantes de los puestos que fueron atacados, oficiales y tro- 
pas de la guarnición , reverendo obispo, cabildo eclesiás- 
tico, comunidades religiosas , ayaniamiento y demás cor- 
poraciones de la ciudad, ye» general á todos los fieles y 
leales habitantes de la isla, por el servicio que habian 
prestado respectivamente en la defensa de la plaza contra 
el ataque é invasión intentada por los enemigos; y que 
siendo el real ánimo atender al mérito particular que cada 
uno hubiese contraído en la ocasión, se puntualizasen ex- 
tensa é individualmente las noticias de lo acaecido ; y se 
dignó conceder al brigadier Castro, el ascenso i aiarisenl 
de campo. Este general corroboró su solicitud para los 
ascensos, grados y gracias que había propuesto, y qve ya 
dejamos detalladas , explanando mas su concepto sobre 
el mérito de los individuos á quienes estimó acreedpres. 

Doña Juana de Lara, propietaria en el partido de Baya- 
üion, hizo construir á sus expensas dos baterías ,. para cua- 
tro piezas cada una de ella?, en el islote de Punta Salina, 
y en te misma punta, esta[d^ faginas y aquella do mampos^ 
leria. Después del sitio, y fundado en la experiencia que 
durante él habia adquirido el general Castro, dispuso se 
reedificase el pueqle de San Antpnio , dándole mas espe- 
sor á los muros y aumentándole una tronera. En el mi^mo 
fuerte, frente al Rodeo, se contniyó upa batería de seíB 
piezas; á la izquierda de la Gola se construyó otra de oiiatro 



¡nezas para eümder.el punto, del Condado ; se^ hizo tam- 
icen «inpacjB^ato en toda la linea y camino cubierto, já 
sn extramo uúb, batería d^ cinco piezas que baten todo el 
mar «alce lafrdeL castillo de San Jerónimo y San Antonio, 
y.á ^te, en eal^o de tCMnarlo el enemigo, y las alturas del 
Condado y RodeK) ; .cuya batería se cprnunicaba por otro 
oaffiiao-cubiert^^ con el castillo de San Jerónimo, y esta 
yios«camiaos con sus fosos ínujidados. Se reparó igosl- 
mente el castillo de San Jerónimo, y se le aumentaron dos 
troneras hacia el msp, é igual numere- eontra el puente 
de San Apiomo. En las Zalemas se construyó otra batería 
de tres piezas, la que se comunica á cubierto con la del 
EseambroD« Quedó cortada la parte de Hiraflores por m^". 
dio de un canal recto, para que quedase enfilado por los 
fuegos de bahía , y se colocó en el centro una batería de 
seis piezas , y á corta distancia otra de cuatro, cuyos fue- 
gos baten el Rodeo. 

El censo formado por el año de 1796 ofreció una poblar 
cion de 132,982 individuos , y el estadq de los ramos de 
real Hacienda en dicho año fué el siguiente : 
Resto encajasen fin de 1795. . . . 367,795 4 14 
En deudas por cobrar. ..... 103,3^ 2 29 



471,118 7 9 



Ingresado enlos ramos de R. hacienda. 310,808 3 S2 
Id. «n los particulares. ..... 148,906 > 20 

Id. en los ajenos 128,826 6 31 



1.059,660 2 14 



Deudas en fin de 1796. 103,323 

DisU*ibncion délos rftaros de i^ea) ha-' 

T. xni. 11 



162 REVISTA DI CS^aKá, DE INDIAS T DBL SXTRAirJIftO. 

cienda. 361,485 3 90 

Id. de los particulares 112,034 > 17 

Id. de los ajenos 184,247 2 29 

760,780 1 27 

Ingresos 1.069,660 2 14 

Existencia para 1797 298,880 • 21 

Presupuesto militar en 1796. 

Erogaciones militares 242,721 4 29 

Id. en el hospital 16,363 8 29 

Dotación de obras de fortificación. . 100,000 

389,085 2 24 
Produjeron los diezmos en 1796. 

Gruesa de la capital 14,416 2 22 

Id. de la villa de San Germán . . . 10,880 4 

25,266 6 22 
Sus consignaciones fueron : 

A la fábrica por excusado 68 6 

A la mitra.. . 4,000 

Al cabildo 2,480 

Novenos beneficíales 3,468 2 

Fábrica, noveno y medio 2,099 6 24 

Hospital 2,099 6 24 

Contador ' . 80 

14,236 8 15 

Sobrante para la real Hacienda. . . li,030 1 7 

En 1798 sufrió b hza bastante escasez de numerario 



▲PUNTCS PAKA LA HISTORU DB PUIRTO-HIGO. 16S 

por la &Ita de sitaados de Méjico , pues no se recibió mas 
cantidad en dicho año que la de 209,000 pesos en la fra- 
gata Anfitrite^ lo que obligó á poner la guarnición á me- 
dia paga. Muchos fueron los esfuerzos que hizo el Sr. Cas- 
tro para que se le socorriese con toda clase de auxilios» 
particularmente numerario y pólvora, de cuyo elemento 
86 habia consumido mucho en la defensa , temeroso de 
que se repitiese otra invasión por los enemigos , que man- 
tenían fuerzas en sus islas de barlovento. Habia en la plaza 
en dicho año 378 cañones, 59 morteros, 6 obuses y 3 pe- 
dreros. £1 3 de setiembre llegó de refuerzo á su guarnición 
el tercer batallón del regimiento de África con 805 plazas^ 
en las fragatas Esmeralda ^ Clara y Medea. El censo del 
año anterior presentó 138,758 individuos de población. 

La cuenta general de real Hacienda en dicho año de 
1797 ofreció el resultado siguiente : 
Resto de de la cuenta en 1796. * . 298,880 > 1 
Deudas de 1797 88,603 4 23 

387,483 4 24 

Ingresos del ramo de real Hacienda. • 826,104 2 12 

Id de los ramos particulares. • . • 128,015 4 22 

Id. de los ajenos. ....... 310,077 » 20 

1.351,680 4 10 

Deuda en 1797 88.603 4 3 

Distribuido en los ramos de real Ha- 
cienda. 562,425 2 

Id. en los particulares 224,327 7 17 

Id en los ajenos. 179,925 7 12 

1.055,282 4 32 
Cargo. . . 1.351,680 4 10 

Existencia 296,397 7 12 



164 RBVISTA DK ESPAf A, Mí INMAS "Y D» IXTRAHTIAO. 

Los diezmos en dicho año de f797 oft«c¡eroii igu»! «Wr 
saltado en productos y consignaciones qwe en el «siteñof . 
En las obras de fortificación se iimrtie- 

ron en dicho año 85,850 2 W 

Y en las de artillería 45,862 R I 

La total consignación recibida de Mé- 
jico hasta dicho año, para la fortifi- 
cación, asoendia á 2.^45,488 5 29 

Y lo invertido en las obras hasta dicha 

época', á 5.620,781 2 29 

Resultaba empeñado este fondo en. . 777,522 7 

En la prosecución de las mismas obras en 1797 entra- 
ron las murallas y puerta de San Juan , la batería á barbeta 
sobre dicha puerta , la cortina entre las baterías de San 
José y San Justo, la batería de San Fernando, la bajada del 
castillo del Morro al poniente , los caminos cubiertos del 
frente de tierra , y en todas las obras exteriores y avanza- 
das se hicieron muchas composiciones y mejoras. 

Se recibieron en 1799, por el navio Asia y fragata Anfi^- 
tríte , ^9,696 pesos, 5 Vs reales de sitoado. AI ingeniero 
fi. Ignacio Mascaró confirió S. M. coomicHi para visitarla 
isla, y con sus observaciones manifestase el estado de éUa 
«n todos los ramos de la riqueza pública. En 26 de octu- 
bre llegó á la capital, procedente de la Habana, D. Nicolás 
Sirgado, para glosar y liquidar las cuentas de la real Ha- 
cienda. En este mismo año, por real orden de 2t de octu- 
bre, nombró S. H. al óapitaú general subdelegado de ma- 
rina. Se formó el censo de población correspondiente al 
año de 1798 , y ofreció 144,525 almas. 
Se ínvirtiertm en dicho año en las 

obras de fortificficion. .... 52,482 5 28 

Y en las de artillería 17,972 4 27 



▲PUIIÍTES PABA LA HISTORU DE PCEATO-RICO. i&i 

£1 ÍDgreso de fimdos desde que prin- 
cipiaron las obras ascendía á» • . 2.843,428 3 29 
Y loiav^tido exi ellas basta 1798. . 3.691,206 S 16 



Resoltaba empeñado el fondo en. . 847,778 1 21 
Se continuaron en el mismo año las mejoras y repara- 
ciones que eran indispensables en las obras avanzadas, 
exteriores y de la plaza. 

El estado de la real hacienda fué el que sigue ; 
Resto de la cuenta anterior y deudas. 100,429 1 32" 

Ingresos en 1798 302,204 6 4 

Id. de los ramos particulares. . . . 230,1^8 > 24 
Id. de ramos ajenos . 659,025 » 20 

1.294,817 . 12 

Data. 

En ramos de real Ha- 
cienda 333,810 7 22 

En id. particulares. 151,143 2 2 

En id^ ajenos , inclu- 
sas las deudas. . 236,767 4 26 741,721 6 16 



Se organizó en este mismo año el regimiento de milicias 
de cabaDeiia^ quedando constituido con tres escuadrones. 

En el siguiente año de 1800 propuso á S. M. el capitán 
general la construcción de un cuerpo de guardia para la 
de honor y de la maestranza de artillería , y sobre él las 
piezas necesarias para la secretaría de aquel gobierno. 
También se llevó á efecto la reedificación de las casas ca- 
pitulares, y se reedificó el real arsenal. Por real orden de 
25 de diciembre de 1799, concedió S. M. 20 pesos de gra- 
tificación al aficial que obtuviese la comandancia del cas- 



166 MBVISTA BE ESPAKA, DE INDIAS Y DEL EXTRANJERO. 

tillo del Morro, cuyo nombramiento hada el capitán gene-> 
ral en un capitán de la guarnición. 

Cedida la isla de Santo Domingo á la Francia , habia 
quedado la de Puerto-Rico [sujeta ala de Cuba , en cuanto 
¿ la parte judicial , con cuyo motivo representd á S. H. el 
ayuntamiento para que se sirviese declararla dependiente 
en dicho ramo, de la real audiencia de Caracas, por estar 
mas próxima á las necesidades de sus habitantes , hacerse 
los viajes de mar á Costa-firme con mas prontitud y menos 
riesgos que á la isla de Cuba , y existir allí mas relaciones 
con la de Puerto-Rico, que las que habia en este punto 
con la de Cuba. 

Volvió á experimentarse la falta de los situados de Méji- 
co, lo cual obligó al general Castro á elevar repetidas ins- 
tancias á S. M., manifestando el estado angustioso á que 
se hallaba reducido por no poder cubrir las atenciones del 
real servicio, y los temores que fundadamente tenia de 
volver ¿ ser invadida la isla. 

Una fragata inglesa atacó el 26 de julio de 1801 el puerto 
de la Aguadilla, dirigiendo á tierrra varias lanchas arma- 
das. Aquellos vecinos se defendieron con la bizarría y de- 
nuedo con que rechazaron siempre á los enemigos ; estos 
tuvieron un oficial y tres soldados heridos, se les hicieron 
dos prisioneros, y cogieron varios útiles que dejaron en 
tierra en su precipitada separación de la costa. Los defen- 
sores llegaron á entrar en el agua hasta el pecho, y aun 
nadando en persecución de aquellos agresores. 

Solicito siempre el general Castro en favor de la seguri- 
dad del pais que le estaba confiado, propuso á S. M. la 
creación de dos cuerpos urbanos en la capital , con la de- 
nominación de voluntarios de Castro. El regimiento de 
milicias disciplinadas de infantería fué reorganizado bajo 
el pié de tres batallones, según lo habia S. M. resuelto en 



APUNTES PARA LA HISTORU DB PUBRTO-RICO. ,167* 

real orden de 29 de octubre de 1798 , y se bendijeron sus 
banderas el 1.** de mayo de 1801 , en la iglesia de Padres 
dominicos, cuya función religiosa se verificó con toda la 
solemnidad propia de un acto tan cristiano y patriótico. 

El 29 de dicho mes de mayo hizo publicar el Sr. obispo 
Zengotita un edicto sobre establecer el seminario conci- 
liar. Los censos que se formaron por los años de 1799 y 
1800 ofrecieron]* el primero una población de 153,232 al- 
mas, y el segundo, de 158,426. 

Hasta dicho año de 1801 no se habia hecho una liqui- 
dación exacta del producto y erogaciones del derecho de 
tierras , impuesto para subvenir á los gastos del vestuario 
y armamento de las milicias disciplinadas : el estado que 
formó la contaduría, bajo uno y otro concepto de entrada 
y salida , comprensivo por los años de 1776 á 1798 inclu- 
sives, ademas de curioso, debe tenerse como un punto de 
partida en cualquiera liquidación que se haga de dicho 
ramo : dicho estado es el que sigue : 



1776. E 
1775. . . 


.mpezó á ce 
6,181 


8 


me el 
18 


derecho des 
1788, . . 


de 

8,368 


3 


8 


1777. . 


3,S90 


1 


89 


1789. . . 


2,517 


7 


10 


1778. . , 


7,898 


7 


89 


1790. . . 


4,844 


> 


6 


1779. . , 


5,780 


4 


4 


1791. . . 


5,865 


5 


89 


1780. . 


4,831 


3 


87 


1798. . . 


14,108 


4 


23 


1781. . 


7,256 


5 


88 


1793. . . 


4,644 


3 


7 


1788. . 


8.391 


3 


13 


1794. . . 


6,757 


8 


25 


1783. . . 


4,038 


1 


17 


1795. . . 


7,090 


8 


S 


1784. . 


8,868 


4 


18 


1796. . . 


8,149 


6 


i* 


1788. . . 


1,715 


> 


19 


1797. . . 


8,772 


t 


1 


1786. . . 


6,888 


> 


1 


1798. . . 


4,692 


7 


8 


1787. . 


4,7741 




83 




189,676 


2 


16 




Gastado y préstamos. . _ 


188,919 


3 


18 



168 REVISTA DE ESPAÑA, Dff 1!n>IAS Y ^EL BXTRANJERO. 

En efectivo. 6,706 7 4 

Préstamos á situados 84,981 6 19 

Id á fortificadon -15,000 > > 

Debían los pueblos 10,220 » » 

¥onáo efectivo 116,878 6 25 

Sn 1799 se invirtieron en las obras ée 
fortificación 102,606 ^ 2 

Y en las de artillería 23,102 1 15 

£1 caudal recibido de Méjico para las 
expresadas obras hasta 1799 era de. 3.093,428 3 29. 

Y lo invertido en dichas obras. . . 3.816,915 3 33 

De las cantidades eiústentes en la^ cajas^ de la Habaaa^ 
en calidad de depósito, como procedentes de los sitaados- 
áe Méjico para las atenciones de Puerto^Rico, se recibie- 
iBMi en 1802, por la corbeta de guerra Diligencia , 72,00&; 
pesos, bajo el primer concepto, y 326^512 del situado* Ya 
«n cumplimiento de las reales órdenes de 9 de marzo y 6 
de octubre de 1792 sa habían creade las sobdelegacidies 
áe real Hadenda efi los puertos de AguadíHa^ CaborRojo^ 
]ñ»nce y Fajardo, lo cual se llevó á efecto según, en ella^ 
estaba prevenido. £1 t^cer batsriion de Afiriea se embarcd 
ta las fragatas Jurw y Aüfítrite^ que iierozi la vela, el iJ* 4# 
•etubre ; y en igaal día 4e noviembre falleció el Sr. oíhs-^ 
po Zengotita, habiéndose principiado la reedifícacioa de 
Ü^atedral en dicho mes. Existían en la plaza, en el pre- 
dtade año, 386 cañones, 39 morteros, 3 pedreros, 4 obs* 
•es y 10,293 quintales de pólvora. £t censo que se. focmó 
correspondiente al año de 1801 produjo 15&,051 almas de 
poblacicxD. 
Se invirtieron en 1800 en las obras de . . 

fortificadon- 66,254 1 29 



AVUVTSS IPAIU. LA HISVORU DS FHI&TO-BIGO. 169 

Id.eiii«01 : . . . 60,949 S 90 

En 1800, e» Ifts de artillería. . . . 10,S57 5 6 
Bn 1801, en id 8,480 7 12 

El total caudal recibido para dichas 

obras faé. . 5.095,428 5 29 

Lo invertido en ellas 5.965,155 7 52 

Tuvieron de ingreso las reales cajas en 

dicho año 1.098,201 1 14 

Y las erogaciones alcanzaron á. . . 1.141,852 7 14 

£1 día 11 de noviembre de 1803 se arruinó repentin»- 
a^Dte tal eortina de muralla de la puerta de San. Juan. Ya 
se habían notado en ella algunas grietas y practicado sú 
reconocimiento, pero no se graduó tan inminente el rie&¿ 
go. En este mismo ano un corsario inglés , en 8 de agosto, 
abordó á una fragata francesa que se hallaba f<»ideada &tk 
hks salini» de Coamo, que era entonces un pan^e desierto 
en la c^sta sor de la isla. 

Los habitaotes de Puerto-Rico recibieroB en dicho ano 
uno de los mayores beneficios con que la divina Provideü- 
eia protege al género humano. De la iniaediata isla de San^ 
tomas se introdujo en aquella la vacuna ^ propaigándola 
desde luego el celo del Sr. Castro con el mayor cuidado y 
esmero. Desde esa época hasta nuestros dáas ha (piedado 
desterrado de la hla el funesto asóte de la viruela ; y 
t&n gran beneficio fué debido á las exquiattas diligencias 
que practicó dicho general para que se propagase en etk 
la vacuna, como llegó á conseguirlo con mucho aplauso 
•M vedBdario. 

, Continuó el &r. Castro solidtaido conelmay^ur empeño 
se le auxiliase para tener la plaia eit el mejor estado de 



no REVISTA DE ESPAÑA, DE INDIAS Y DEL EXTRAKJERO. 

defensa. Las corbetas Düigenciay Desempeño y Caimán lle- 
garon con el situado, del cual la primera y última condu- 
jeron cada una S0,000 pesos , y la Desempeño la tercera 
parte de la totalidad de aquel. También llegó de arribada 
la fragata francesa de guerra la Incorruptible^ á resultas de 
las averias que habia sufrido por un fuerte temporal, y se 
la socorrió con cuanto pudo proporcionársela. Se formó 
«1 censo de la población correspondiente á 1802 , y ofre- 
ció 163,192 almas. 

£n cumplimiento de las reales órdenes de 11 de setiem- 
bre y 3 de noviembre de 1802, fué reorganizado en 1.^ de 
setiembre de 1803 el regimiento fijo, quedando constituido 
en tres batallones, de cuatro compañías sencillas y una de 
granaderos ; el tercer batallón se formó con el veterano de 
Santo Domingo, quedando el regimiento con 1,396 hom- 
bres , faltándole para el completo 714. 

Las fragatas Venganza y Rufina condujeron para la plaza 
i7 cañones de bronce, 6 obuses, 30 quintales de pólvo-^ 
ra, 2,000 fusiles, 1,000 sables, 1,205 pistolas, 300 espa- 
das, 7,000balasde varios calibres y otros efectos de parque. 

Llegó á la capital en el mismo mes D. Francisco Javier 
Balmis, comisionado para propagar la vacuna en nuestras 
posesiones ultramarinas, y á cuyo efecto dirigía la expedi- 
ción que mandó aprestar el Gobierno. Ya hemos dicho que 
el general Castro habia logrado se introdujese en la isla 
algunos meses antes tan útil preservativo de la viruela, y 
que se practicaran muchas vacunaciones. Este hecho, y el 
haberse presentado la viruela en el pueblo de Fajardo, dio 
motivo á contestaciones serias entre el capitán general, el 
comisionado Balmis y el Dr. D. Francisco OUer, acerca de 
si la vacunación se habia hecho con sujeción á las regla» 
facultativas que aseguraban su éxito, ó sino, no habiéndose 
asi practicado, era preciso volver á vacunar á los que ya 



APtimES VMñk LA BI8T0BU I» PCERTO-RICO. Í7I 

lo habían sido , en el concepto de Balmis , con vacuna 
fidsa. La que se usaba en lá capital se habla introducido 
de la isla de Santomas, y el método que habia adoptado el 
Dr. 011er para coununicarla , habia sido conforme con el 
que habian publicado los ingleses, los franceses y los es- 
pañoles. Estas contestaciones ofreció la desconfianza en 
algunas personas ; el comisionado Balmis verificó varías 
vacunaciones, y por último nada satisfecho de la acogida 
que habia tenido, siguió con la expedición á Venezuela» 
Se le habia recibido en las islas Canarias con entusiasmo 
y demostraciones extraordinarias : asi fué que al notar la 
fi'ialdad con que lo habia sido en Puerto -Rico, ya porque 
el general Castro se creyese dispensado de hacer lo que 
se habia hecho en Canarias, puesto que el beneficio que 
conduela Balmis lo habia ya proporcionado á aquellos ha* 
bitantss su celo y eficacia; ó ya porque las demostraciones 
personales que aquel esperaba|nosele habiesen hecho como 
en otras partes, le causó un motivo de disgusto insepara- 
ble del amor propio , que no debió existir en ninguno » 
puesto que se trataba de segundar y cumplir los benéficos 
deseos y la solicitud paternal del monarca, para preservar 
la vida de sus subditos, no omitiendo dispendio alguno 
para que se realizasen sus piadosos fines. Ante estas con- 
sideraciones todo debió posponerse y dársele á tan filan- 
trópica expedición el lugar brillante que merecía ; al co- 
misionado haberle preparado todos los medios y agasajos 
correspondientes al gran beneficio de que era portador, y 
al público la idea mas elevada del objeto, por medio de 
manifestaciones tan expresivas, que le inspirasen toda la 
confianza, y le patentizacen la gratitud que era debida por 
su parte hacia S. M., que con tanto anhelo buscaba y les 
remitía, á costa de gastos y cuidados, un preservativo con- 
tra la destructora plaga de la viruela. Desgraciadamente 



172 REVISTA NL CSTÁlU^ DE UII^IAS Y SEL JEXTBAMJfiRO. 

Bo sucedió así, y las pasianes, á que por lo común se deja 
arrastrar la e^ecie bumafta, prevalecieron donde meaos 
lugar debieran bab^ tañido. 

Volvió á repetirse la fidta de los situados<le Méjico, falta 
que tenia á los empleados, guarnición y vecinos, en mucha 
miseiria , asi como al gobierno en una continua angustia , 
no pudíendo cubrir las mas perentorias aienciones. Esta 
situación precaria obligó al general Castro á exponer á 
S« M. cuan comprometido era continuar mas tiempo en 
tan penoso estado, del cual era preciso salir á toda costa^ 
supUcándale adoptase aquellas disposiciones que en su 
soltciAttd paternal estimase mas conformes. Tambifen hizo 
presente á su real ánimo lo útil que seria establecer una 
iHmdera de recluta en Malaga, para cubrir las bajas del re- 
gíiniento fijo. 

Por real orden de 36 de mayo, manido S. M. ique ki aiv^ 
tílleria de aquella plaza se compusiese (te una brigada de 
dos ccmipa&ias veteranas, y otras dos de artilleros seguidos. 
GoQcluida su comásion , regresó á la Habana en el mes de 
judio el comisionado <lel tribunal de cuentas Silgado, y la 
parte de que estaba encargado, relativa á la quiebra del 
tesor^o D. Femando Casado , fué confiada al ingeniero 
D. Ignacio Mascaró, ál que ademas por la real orden de 17 
de febrero le estaba encargada la demarcación y deslinde 
de los terrenos baldios y realengos. Mascaró llegó de la 
Península el i3 de agosto. £1 censo de poblaci<m que se 
verificó por el ano de 1803 ofreció 174,962 almas. 

Se invirtieron en 1802 en las obras de 

fortificación 

Id. en 1803. . 

En í 802 en las de artilierfa. . . . 
En 1803 en id. ... 



67,180 


3 


14 


70,748 


t 


26 


8,020 


3 


» 


8,871 


7 


19 



APOimS PABA LA HISTORIA DS PCTRTO-RtCO. 173 

Lo invertido hasta 1803 en las obras de 

fortifcaeioB ascendía á. .... 3.S05,649 3 9* 
Id. en las de artíUeria 618,528 5 14 

4.1í7,977 6 25 
Et caadal recibido hasta la misma 
époeafué 3.145,428 3 » 

Estaba empeñado el ramo en. . . . 974,549 2 23 

Deseoso S. M. del fomento de todos los ramos de in- 
dustria en la isla, que fuesen susceptibles de ello , fijó su 
soberana atención en el de la pesca, como que de él de- 
pende el aumento de la gente de mar, y d^ consiguiente 
el de la navegación y el de la marina de guerra. Esta in- 
dustria, tan propia de los habitantes de la i$la, prepara á 
los que la ejercen á ser unos buenos y atrevidos marinos, 
porque los acostumbra á los riesgos que ofrecd el ele- 
. mentó con que luchan , á despreciar los peligros que á 
cada paso les presenta , á arrostrar y á casi connaturali- 
sarse con ese imponente elemento. Pidió S. M. en real 
orden de 3 de febrero de 1803 se le informase circuns- 
tanciadamente del estado que tuviera la pesca en la isla« 
los productos que estuviera ofreciendo, y los medios que 
pudieran emplearse para fomentarla. El general Castro, en 
cumplimiento de tan útil resolución, instruyó eipediente 
oyendo al comandante de marina , á los subdelegados de 
distrito y al asesor del ramo. Todo esto ofreció, según su 
informe de 20 de agosto de 1804, dado por la referida eo- 
mandancia , q«e la pesea era abundante en todas aquellas 
costas y mar que rodea la isla ; que no habla pescadores 
de profesión como en Europa ; que los matriculados gosa- 
ban solamente del privilegio de pescar hasta la emboea- 
dura de losrios; que eran muchas las clases dé peces, 



174 RXnSTA DI ESPAÑA» DB INDUS Y DEL EXTEAVIÉEO. 

asi como muy sabrosas sus carnes ; que el número de ma- 
triculados podia graduarse en mil quinientos individuos ; 
que estos eran los que solamente se empleaban en aquella 
industria , siendo muy conveniente mantenerles el goce 
exclusivo de ella, porque era el medio de tener gente útil en 
el gremio de mar, y de que se aumentase su numero y dicha 
industria; que la pesca se hacia con chinchorro, atarraya» 
malla» cordel y nasa; que la mejor época para hacerla era 
desde abril á agosto; y por último presentó una rela- 
ción de las clases y pesos de los peces mas conocidos » y 
de que usaban en su alimento aquellos vecinos. Nos ha 
parecido curiosa» dándola lugar por lo tanto en estos 
apuntes. 

Clases y nombres de los petes que mas abundan en los mares^ 
que bañan la isla de Puerto-Rico^ y peso que tienen regu- 
larmente. 



Balajú 


de inedia libra. 


Cabrillas. 


de cuatro libras. 


Aujones. 


id. 


Bajaos morenos. 


id. 


Mojarra blaaca. 


ona libra. 


Guabinas. 


id. 


Gorcobados. 


id. 


Pámpanos. 


id. 


Cazabes. 


id. 


Chapines. 


de cinco libras. 


Barreteados. 


id. 


Parguetes. 


de seis libras. 


Chicharros. 


id. 


Roncadores. 


id. 


Barbados. 


id. 


Chopas. 


id. 


Sahiionetes. 


id. 


Morados. 


de siete libras. 


Franceses. 


id. 


Lisas. 


de oalio libras. 


Sanjuaneros. 


id. 


Macavles. 


de diez libras. 


Cabezones. 


id. 


Congles. 


id. 


Bajaos. 


id. 


Hicoteas. 


de doce libras. 


Parcas. 


de dos libras. 


Rabirrubias. 


id. 


Mojarras. 


id. 


Lebranches. 


de veinte libras. 


Corbines. 


id. 


Jureles, de veinte y cinco libras. 


Chafarotes. 


Id. 


Chemas. 


id. 


Segas. 


id. 


Cazón. 


id. 


Cotorretas. 


id. 


Robalos. 


id. 


Palometas. 


id. 


Papagayos. 


id. 


Capitanes. 


de tres libras. 


Cojimas. 


id. 



APUNTES PARA LA BISTOUA 01 PuntO-ftlGO. 



i7& 



Eamedregal. 


id. 


Cabezones. 


id. 


Pargo prieto. 


de cincuenta libras. 


Lenguados. 


pequeños. 


Pargos. 


id. 


Langosta. 


id. 


Gaagiles. 


id. 


Anguilas. 


id. 


Carites, de setenta y claco libras. 


Morrudas: 


id. 


Manaü. 


id. 


Arrayados. 


id. 


Sábalos. 


de cien libras. 


Muniamas. 


id. 


Meros. 


id. 


Sardinas. 


id. 


Picudas. 


id. 


Millos. 


id. 


Bonitos. 


id. 


Negros. 


id. 


Chichas. 


id. 


Viejas. 


id. 


Chopas. 


id. 


Prenda parda. 


id. 


Aojas. 


id. 


Cueriduros. 


id. 


libaron. 


eoatrocientas libras. 


Arencon. 


id. 


Careyes. 


id. 


Seti, ó anchoa. 


id. 


Tortugas. 


id. 


Sardina , boca culebra. 


id. 


Fandttco. 


id. 







Cuya demostración prueba que aun en el estado en que 
se hallaba este ramo de industria sin arreglo alguno , po- 
día considerarse bastante abundante, y uno de los que 
debian fomentarse hasta el punto de hacerlo tan produc- 
tivo, que salieiido de la esfera del consumo, se le hiciese 
objeto de especulación mercantil en salazones que pudie- 
ran extraerse de la isla, cuyos habitantes, especialmente 
el peonaje de las haciendas, consumen en el dia grandes 
cantidades de pescado salado , procedente de los Estados- 
Unidos de América. 



IIM>M W )l>W»>»%IWI»l>MIMMWWIIWWftM»>ÍIWIW^^ 



MISCELAIVEAS. 



2i^ ^^SQaSb^ál (SdiS'l?(S)S9Q 



CUARTA PARTE (1). 

CAPITULO PRIMERO. 

Siempre be sido madrugador : ¡feliz el que lo es! ¡ Di- 
choso €i que puede disfrutar de los encantos de la mañana, 
bella como el amor de una joven tierna y candorosa, y 
como día hermosa, pura y virginal! La juventud de la 
naturdeza se comunica al corazón, como U alegría de im 
Btñi> feliz ! No sé si podrá llamarse viejo el que abandona 
el mullido lecho y sale á dar un paseo de madrugada; pero 
{ah! el joven que al medio dia se encuentra en su gabinete 
envainado aun en su bata, y desayunándose sin apetito* 
no es otra cosa que el triste rever&o de la medalla^ püido 
espectro del que vio la primera sonrisa del sol en el orieu'*» 
te, y las gotas del rocío en el prado, relucientes como es- 
meraldas. 

Al pasar por el gabinete de mi padre, detúveme admi- 
rado al ver abiertas ya las ventanas , aumentándose mi 
asombro al dirigir una furtiva mirada dentro de la misma 
est^cia, y hallar á mi padre á vueltas con sus libros, pues 
no se dedicaba nunca á sus tareas literarias hasta después 
de haberse desayunado. Los sabios generalmente son muy 

(i) Véanse los números de jalio, agoslo y setiembre. 



MISCELÁNEAS. 177 

poco aficionados á madrugar, porque un sabio, cualquiera 
que sea su edad, rara vez es joven. — Esto es cosa resuelta, 
dije yo en mi interior; la obra magna toca á su término 
mi padre ya no toma el trabajo como un medio de distrac- 
ción , porque decididamente va á hacerse autor. 

Salíme por el enverjado y me encontré en el camino 
real. Solo la naturaleza daba ya señales de vida, pues no 
era hora aun para ir al trabajo , y no vi á nadie que pu- 
diera darme los buenos dias. Al revolver para introducir- 
me por entre un espeso follaje, me encontré cara á cara 
con el tio Rolando. 

— ¡ Cómo es esto, querido tío ! ¿También usted madru- 
ga? Escuche usted.... acaban de dar las cinco. 

— ¿Las cinco aun? Pues he hecho una caminata muy 
regular para un hombre que no tiene mas que una pierna; 
debe haber cuatro millas de aquí á ir y volver. 

— Ha ido usted á.... ¿supongo que sin otro objeto que 
el de pasearse? Nadie ha dejado aun su lecho. 

— ¡Oh! En las quintas siempre hay alguien de pié ; los 
mozos de cuadra no duermen nunca. He ido á encargar 
dos caballos y una modesta silla de posta. Sobrino , hoy 
me separo de vosotros. 

— ¡ Qué es lo que oigo , tio ! ¿Tiene usted alguna queja 
de nosotros? Si mi necia terquedad, por el maldito impr.... 

— ¡ Nada de eso , muchacho ! repuso mi tio con viveza; 
muy al contrario.... y me apretó fuertemente la mano. 

— Entonces, ¿á qué viene esa determinación tan re- 
pentina? No mas lejos que ayer, tan tranquilo aun en el 
Campo Romano, disponiendo con mi padre una escursion 
al castillo de C... 

— Nunca puede uno echar cuentas.... Es preciso que 
es-ta misma noche me halle en Londres. 

— ¿Pero volverá usted mañana? 

T. XIII. 12 



178 REVISTA DE ESPAÑA, OE INDIAS Y DEL EXTRANJERO. 

— Eso es lo que yo no podré decir, respondió mi tío 
con aire sombrío, y guardó silencio por un momento. 
Luego apoyándose en mi brazo prosiguió : Joven , estoy 
prendado de tu carácter, y me gusta esa frente despejada 
é indiscreta, en la cual ha escrito la naturaleza estas pala- 
bras c fíate de mi >; simpatizo con esos ojos claros y pene- 
trantes que miran al hombre cara á cara. Es preciso que 
estrechemos nuestras relaciones.... que nuestra amistad 
sea mucho mas intima que hasta aquí. Vendrás á verme 
con frecuencia á las ruinas de tu antepasado. 

— Convenido; iré muy gustoso, y usted me enseñará 
la antigua torre.... 

— ^Y los vestigios de las fortificaciones, exclamó mi tio 
haciendo un remolino con su bastón. 
— Y la geneología.... 

— También , y la armadura del visabuelo de tu abuelo, 
la misma que llevaba en la batalla de Maston-Moor. 

— Sí , tio mió , ¡ y la lápida de brcnce de la iglesia í 

— ¡Este chico es el demonio! Venga usted aqui, bri- 
bón. Intenciones tengo de romperle á usted la cabeza.... 

— ¡ Qué lástima que no hubiera quien se la rompiese á 
aquel tuno de impresor, antes que tuviese la imprudencia 
de infamarnos con una baja alianza, haciéndose padre! 
¿Tengo razón, tio? 

El capitán Rolando dio muestras de quererse enfadar de 
veras, pero no lo pudo conseguir. Sacó luego la caja y to- 
mando un polvo dijo : 

— Siendo tan vasto el mundo de los muertos, ¿por qué 
han de venir á incomodarnos? 

— Nunca podremos salir de muertos, querido tio; sus 
sombras por todas partes nos persiguen. En vano trata- 
riamos de pensar ú obrar sin que antes nos hubiera sido 
trazado el camino por el alma de un hombre que vivió en 



MIS€ELANCAS. 179 

Otro tiempo. Los muertos no mueren nunca, principal- 
mente desde qne.... 

— ¿Desde cuando,- muchacho? No te explicas mal. 

— Desde que nuestro célebre antepasado introdujo en 
Inglaterra la imprenta, contesté 70 con una majestad 
afectada. 

Mi tio empezó á silbar, Mambrú se fué á la guerra.., 
A pesar de mi impertinencia escolar, no tuve corazón 
para mortificarle por mas tiempo. 

— Hagamos las paces , le dije acercándome prudente* 
mente. 

— No, ya te tengo advertido que... 

— La paz, tio Rolando; y ahora hágame usted el retrato 
de mi primita, su linda hija... pues tengo entendido que 
es muy linda. 

— Sea la paz, dijo mi tio sonriéndose: en cuanto á mi 
h^ a , es preciso que vengas á verla y á juzgar por ti mismo . 

CAPITULO IL 

Partió el tio Rolando. Antes de ponerse en camino per- 
maneció encerrado con mi padre por espacio de una hora, 
acompañándole después este hasta la puerta, en la cual 
foiznamos todos un grupo al subir en su carruaje. 
; Apenas se hubo marchado el capitán , traté de sondear 
á mi padre sobre las causas que habían ocasionado una 
fuga tan repentina; pero el autor de mis dias se mantuvo 
inexorable, y no le pude arrancar una sola palabra del se- 
creto de su hermano. ¿Le habría confiado acaso mi tío la 
causa de sus disgustos con su hijo? Este secreto era un mis- 
terio, cuya memoria meperseguiaincesantamente por todas 
partes. Pero sobre este punto también permanneció mudo 
mi padre, tanto con mi madre como conmigo. H. Caxton 
no pudo ocultar durante tres ó cuatro dias la inquietud 



180 REVISTA DE ESPAÑA, DE DÍDIAS Y DEL EXTRANJERO. 

y zozobra de su corazón. Ya no se ocupaba de su obra*;.» 
paseábase solo y seguido tan solo del pato, sia llevar un 
libro eu la mano- Algún tiempo después, sus hábitos es- 
tudiosos volvieron á recobrar su imperio : mi madre cortó 
las plumas, y el trabajo siguió su interrumpido curso. 

Con respecto á mi, abandonado muchas veces á mí 
mismo, sobre todo por las mañanas, empezaba á pensar 
de continuo en el porvenir. Aunque se me acuse de in- 
gratitud, diré que ya no era bastante para mi la felicidad 
de la casa paterna. El lejano murmullo del mu&do que lle- 
gaba hasta mis oídos, me impacientaba como al joven 
viajero errante por sendas y vallados , la memoria de los 
anchurosos mares. 

Por último, una noche me llamó mi padre, y satisfa* 
ciendo á mis repetidas instancias, sin la menor afectadon, 
leyóme algunos capítulos de su grande obra. Difícil sería 
expresar los sentimientos que excitó en mi su lectura*. .. 
habla en ellos alguna cosa de respetuosa admiración. Era 
tan vasto el plan de aquel trabajo, y exigia su ejecución 
tan variados conocimientos , que me pareció que un ser 
sobrenatural acababa de abrirme las puertas de un nuevo 
mundo, que me había ocultado siempre mi ceguedad bn* 
mana. ¡ Cuánto tiempo y cuánta paciencia no se habrían 
necesitado para hacinar aquellos materiales ! f Con cuánta 
facilidad acababan de ser clasificados por el sencillo mé*- 
todo del genio ! ¡ Con qué sencillez presentaba el sabio 
autor á la inteligencia del lector los tesoros de nna vida 
laboriosa I Esto no pudo menos de reprimir los desorde- 
nados destellos de mi ambidoD, sin hunullar no obstante 
mi inexperiencia, porque al reconocer aquella superiori- 
dad, me decía conmigo natsmo, cbien puede uno vanag)o> 
riarse de tener semejante padre ». M. Caxton concibió en 
efecto uno de aquellos libros que abrazan y reasumen um 



HIS€ELÁNfiAS. 481 

«xistencia, como el Diccionario de Bayle, la Hfetoria de 
Gíbbon» ó los Fasti Helenici de Clinton; pues si bien 
hablan contribuido á su confección otros miles de obras, 
solo fué para dar mas realce á la originilidad del autor; 
verdadero horno en donde se fundieron los vasos de oro 
de todos los siglos 9 y de cuya matriz salía la nueva mone- 
da con su único sello* Afortunadamente el asunto no im-^ 
pidió que el autor se entregase á su genio, tm sencillo 
é irónico á la ves, y á su claro y profundo criterio. Titu- 
lábase la obra de mi padre la Historia de. los errores hiir- 
ffumos ; mas claro , era la historia moral del género hu-^ 
mano , escrita con la sería verdad que no excluye una 
sonrisa sin malicia. En efecto, algunas veces la sonrisa 
hacia derramar lágrimas ; y hé aquí la propiedad de la 
verdadera critica, la de contener su principio esencial, 
la sensibilidad. Considerábase al hombre, en aquella obra, 
primero en su estado salvaje , mas bien bajo el pnnto de 
"rista de las relaciones positivas de los viajeros, que el de 
los poetas mitolóiticos de la antigüedad y el de los visio^ 
narios que inventan una teoría del hombre primitivo. La 
Australia y Abisinia proveyeron á mi padre de caadros del 
estado de ia naturaleza, tan sencillos como desnudos del 
arte^ pintados con sus verdaderos colores, como si toda 
su vida hubiese permanecido en los bosques y entre sal- 
Tqes. Atravesando después el Atlántico presentaba á nues- 
tra vista al indio de América, con su noble tipo, ilumi-» 
nado con mía aurora de civilización, en el momento en 
que el cuáqu^x>^le quitaba su derecho de pnmogenitura, 
y los anglo-sajones lo arrojaban á las tinieblas de su ori- 
gen. El autor demostraba la analogía y contrastes que 
existen entre aquel ser de nueetra especie y otros iguala 
mente lejanos de los extremos del estado salvaje y del d^ 
Vilizado : ej árabe en su tienda,, el teutón en susbosqueá, 



182 REVISTA DE ESPAÑA, DE INDUS Y DEL ElTRANilEO. 

el greonlandes en su buque , el lapon en su carro arras* 
trado por rengíferos. Los dioses rústicos del Norte en sa 
origen ; después la trasformacion del druidismo» pasando 
de su culto primitivo, sin templos, á las últimas corrup» 
cienes del Ídolo. Levantábase al lado de aquellas creen- 
cias el Saturno de los fenicios, el Budb místico de la In- 
dia, las deidades elementales de los pelagios, el Naitb y 
el Serapis de Egipto, la Ormuza de Persia, el Bel de Ba- 
bilonia, y los alados genios de la graciosa Etruria. ¿Cómo 
imprimió la naluraleza viviente una forma á la religión...? 
I Cómo redifícó esta el mundo ? ¿Por medio de qué influen- 
das se formaron algunos atributos desde su cuna para el 
progreso de la humanidad, al paso que otros eran desti^ 
nados á permanecer estacionarios, ó á ser absorvidos por 
los demás en la guerra y la esclavitud? Todas estas graves 
cuestiones eran resueltas en el libro de nü padre, con la 
precisión , claridad y aplomo de un oráculo. Anticuario y 
filósofo á la par que anatómico y filósofo, el autor em- 
pleaba en aquellas discusiones profundas los estudios de 
la ciencia sobre la distinción de las razas. Demostraba de 
qué manera se reproduce una raza perfecta hasta cierto 
punto, por la amalgama; y cómo, amalgamándose todas 
las razas, han sido mas inteligentes; por qué medios «se- 
gún las circunstancias locales y la fe religiosa, permitían la 
fusión de diversas tribus , se mejoraban las razas y adqui- 
rían rápidamente los refinamientos de la civilización. Se- 
guía luego la marcha y dispersión de los helenos desde su 
cuna mística á Tesalia , y hacia ver que los que se esta?- 
blederon en las orillas del mar, se vieron precisados á en- 
tablar comunicación por medio del comercio con los. ex- 
tranjeros, dando á la Grecia las maravillas de sus artes y 
su literatura, las flores del antiguo mundo; mientras que 
los habitadtes de lo£ bosques, inclinados siempre á la vida 



MISCELÁNEAS. 183 

activa, armados conlinuamente , y vigilando con descon- 
fianza á sus vecinos, conservaban la pureza de su origen, 
pero no producían artistas , poetas ni filósofos al tesoro 
precioso de la inteligencia. El estudio de lo¿ celtas, smir- 
nos y americanos , no era menos interesante. Comparaba 
mi padre al celta, que, como en el pais de Gales, las mon- 
tañas de Escocia , la Bretaña y la Irlanda no unida , con- 
serva su antiguo carácter y la pureza de su sangre, con el 
celta cuya sangre va por mil canales á propagar por el 
mundo las costumbres y las revoluciones de Paris : al nor- 
mando en su barbarie scandinava, con el normando con- 
vertido en modelo de caballeros desde que insensible- 
mente se fundió con el franco, el godo y el anglo-sajon : 
al sajón estacionario en la tierra dé Horsa, con el sajón co- 
lonizador y civilizador del globo, cuando no le era posible 
clasificar los diversos manantiales de su impetuosa sangre; 
manantiales franceses, flamencos, daneses, escoceses, ir* 
landeses , etc. Hé aquí un rápido y descolorido resumen 
de los estudios, en los cuales hacia brillar mi padre aque- 
lla verdad consoladora que lleva la esperanza al desierto 
de los cafres y á la choza del salvaje , y que les revela que 
nada hay en el aplastado cráneo y en el color negro , que 
se resista á aquella ley eterna de Dios: El perfeccionamiento: 
por el mismo principio que el perro, el último en catego- 
ría entre lo^ animales en su estado salvaje , es el que mas 
se acerca al hombre (quiero decir, por la amalgama de las 
razas), podéis vosotros elevar á la categoría de pueblos 
grandes y poderosos, á los proscritos de la humanidad, 
objetos de vuestra compasión y menosprecio. 

Pero al penetrar mi padre en el corazón de su obra , y 
cuando abandonando las discusiones preliminares atacaba 
la pretendida sabiduría de los sabios ; cuando se las habia 
cuerpo á cuerpo con la civilización misma , con sus escue^ 



184 REVISTA DE ESPAÑA, DE INDIAS Y DEL EXTRANJERO. 

las , SUS pórticos y sus academias ; cuando presentaba en 
toda su desnudez los absurdos protegidos por los colegios 
de los egipcios, y la symporia de los griegos; al probar 
que hasta en su estudio favorito, la metafísica , no fue- 
ron estos sino niños de teta, y los romanos en su política 
mas práctica, visionarios y estudiantes; cuando siguiendo 
el curso del error, al través de la edad media, citaba las 
puerilidades de Agripa, y las crueldades de Cardan, y 
se introducía con su tranquila sonrisa en los Salones de los 
charlatanes de París del siglo xviii , \ oh ! entonces su iro- 
nía era la de Lucio , templada con la amable dulzura de 
Erasmo. Aquella sátira no era la fría de la escuela mefis- 
tofélica , sino la de mi padre : entre la mentira y el error 
prefería hacer resaltar la contrapartida, la verdad misma. 
Según la opinión de mi padre, sucediéndose unos siglos á 
otros siglos, forman vastos ciclos, por los cuales marcha el 
entendimiento humano incesantemente, de la misma ma- 
nera que el Océano retrocede en una parte y adelanta en 
otra. De este modo tuvo su origen la verdadera filosofía 
en las especulaciones de los griegos , y nació todo buen 
sistema de gobierno de las instituciones romanas. Atribuía 
también mi padre el origen de nuestros Sydneys y feayar- 
dosá los líengestos, Jensericos y Atilas ; salpicada de cu- 
riosas anécdotas, de ejemplos originales y de cuantas citas 
ha podido hermanar el buen gusto con la ciencia , la His- 
toria de los errores humanos deleitaba á la par que instruía 
y encantaba; la erudición hablaba en ella con el sencillo 
estilo de Montaigne, ó la concisión epigramática de La 
Bruyére. El autor vivió en cierto modo en todas las épo- 
cas de que hablaba, y estas revivían en él. ¡ Ah ! qué no- 
velas tan admirables hubieran podido salir de la pluma de 
mi padre ! ¿Qué le fallaba pues? me preguntaréis aquí.... 
Solo tener la triste experiencia de las pasiones de loshom- 



MISCELÁNEAS. 185 

bres, como poseía la feliz intuición de sus caracteres y 
debilidades. Pero el que quiera contemplar el cuadro de 
la playa, debe mirar al rio y no al Océano : el caudaloso 
rio, espejo mucho mas reducido, nos presenta elárbol en 
su desnudo tronco , la choza agrupada bajo su sombra, el 
campanario de la ermita , los rasgos mas imperceptibles 
y pintorescos del paisaje : el mar solo reproduce las in- 
mensas líneas del promontorio y los eternos astros del fir- 
mamento. 

CAPITULO III. 

— Debe tener sin duda un éxito brillante, dijo el tío 
Joaquin : apostarla mil contra uno. — Hablaba co»mi padre 
sobre su libro. 

— ;Pero en qué se fundan las probabilidades de tan 
gran resultado? Usted solo habla por experiencia, herma- 
no Joaquin, dijo mi padre, bajándose para rascarle al pato 
la cabeza. 

— Joaquin Tibbets, no es Agustín Caxton; yo no soy un 
erudito, un hombre de ingenio, un prodigio... 

— Basta : exclamó mi padre. 

— Me parece, dijo á su vez D. Bernardo, aunque no 
me gusta adular á nadie , que el Sr. Tibbets no está lejos 
de la verdad. Aquella parte del libro que compara los 
crania ó cráneos de las diversas razas, es asombroso : ni 
Lawrence ni Pritchard la hubieran desempeñado mejor. 
Una obra de esa naturaleza no debe permanecer en el ol- 
vido, y estoy de acuerdo con el Sr, Tibbets sobre !a nece- 
sidad de que cuanto antes se publique. 

— Una cosa es escribir, y otra publicar; dijo mi padre 
con aire irresoluto. Cuando uno recorre la galería de los 
hombres célebres que han escrito y publicado sus traba- 



186 REVISTA OE ESPAÑA, DE INDUS Y DEL EXTRANJERO. 

jos; al reflexionar que se trata nada menos que de coló- 
xiarse uno al lado de un Aristóteles , de un Bacoi) , de un 
Locke , de Herder , de todos aquellos profundos filósofos 
que inclinan ante la naturaleza sus frentes cargadas de 
pensamientos, no puede menos de arredrarse y.... 

— ¡ Boberia ! interrumpió el tio Joaquín : la ciencia no 
es un club en donde se admite por escrutinio : la ciencia 
«s un océano abierto á toda clase de buques, lo mismo ¿ 
la canoa que á la fragata; lo mismo navega en él un contra- 
almirante, que un pescador de arenques. ¿Quién será 
capaz de agotar el mar? Quién podría decirle al entendi- 
miento : Los puestos de la filosofía se hallan ocupados? 

— Admirablemente dicho, exclamó D. Bernardo. 

— Según eso, amigos mios, dijo mi padre casi conven- 
cido al parecer por las elocuentes metáforas de mi tio Joa- 
quin , ¿me aconsejáis que abandone mis lares domésticos? 
i Queréis que me traslade á Londres , ya que mi biblioteca 
no basta á mis necesidades ; que me establezca cerca del 
museo británico , y que me apresure á terminar el pri- 
mer tomo? 

— Asi cumplirá usted con un deber para con su pais. 

— Y para consigo mismo , añadió D. Bernardo. Es pre- 
ciso facilitar las evacuaciones naturales del cerebro... Se 
ríe usted de mi comparación, D. Agustín... Bien puede 
usted reirse... pero yo he observado que si un hombre 
tiene demasiado llena la cabeza , necesita dar salida al so- 
brante , pues de lo contrario resulta una opresión , y toda 
la máquina se resiente. El hombre que solo estaba distraído 
se vuelve estúpido : el peso de la opresión afecta sus ner- 
vios. Señor Caxton, no respondo de que sufra usted un 
ataque de parálisis. 

— ¡ Oh Agustín ! exclamó tiernamente mi madre abra- 
zando á 8U esposo. 



miGItÁNBAS. i87 

— Vamos, padre mió , ba sido usted vencido , dije yo. 

— ¿Y qué haremos de ti, Sisty? preguntó mi padre. 
¿Vendrás con nosotros y renunciarás á la universidad? 

— Mi tío me ha invitado á que le haga una visita á su 
castillo : hasta que se halle en él para recibirme , me que- 
daré en casa; estudiaré y cuidaré del pato. 

— ¡ En casa , aolo 1 dijo mi madre. 

— Solo enteramente, no. ¿Pues qué acaso no vendrá el 
tío Joaquín con tanta frecuencia como antes? 

— No, hijo mió, dijo el tio Joaquín; es preciso que 
vaya á Londres con tu padre. Tú no entiendes nada de es-* 
tas cosas; es preciso que me vea con los libreros, pues yo 
sé muy hien cómo debe uno manejarse con estos señores. 
Ademas , prepararé los circuios literarios para la aparición 
del libro. Estoy persuadido que este viaje perjudica nota- 
blemente á mis intereses, y lo pagará mi periódico, pero 
hago gustoso este sacrificio en aras de la amistad y por el ' 
bien de mi pais. 

— {Querido Joaquín! dijo mi madre afectuosamente. 

— No lo consentiré, exclamó mi padre : usted está ahora 
labrándose una bonita fortuna, y es útil en cualquier parte 
en que se encuentre. En cuanto á los libreros , cuando la 
obra esté para ver la luz pública , podrá usted venir á Lión- 
dres, y en una semana arreglar el negocio. 

— ¡ Pobre Agustín ! dijo el tio Joaquín con aire de supc^ 
rioridad y de compasión. ¡ Una semana ! La publicación de 
una obra que ha de obtener un éxito asombroso, exige me- 
ses enteros de preparativos y trabajo. ¡Ob ! no soy hom- 
bre de genio,. pero en cuanto á experiencia... bien puede 
usted descansar en mi. 

Pero mi padre se obstinó en la negativa, y el tio Joaquín 
dejó de insistir. Dispúsose el viaje de la gloria á Londres» 
en el cual fui también comprendido, pues mi padre no 
quiso consentir an que me quedase en casa. 



188 REVISTA DE ESPAÑA, DB INDIAS T DEL EXTRANJERO. 

— No; PisÍBtrato, dijo el señor Caiton, vendrá con nos- 
otros á Londres y verá el mundOi El pato qoe se cuide 
él solo. 

CAPITULO IV. 

La víspera tuvimos la precaocion de encargar los billetes- 
(cuatro , contando con el de ^la señora Gervasia) pt^ la 
diligencia titulada el Sol (i) recientemente establecida para 
el servicio de los contornos. 

Aquel asíro terrestre aparecía en un pueblo situado á 
unas siete millas del lugar de nuestra residencia, descri* 
biendo á su salida una órbita muy irregular por entre los 
pueblos contiguos, antes de brillar en. la carretera con su 
curso luminoso, recorriéndola por último majestuosamenta 
á razón da seis millas y media por hora. Estábamos noso-* 
tros todos á la puerta esperando el carro celeste : mi padre 
con los bolsillos llenos de libros, y debajo del brazo un 
tomo en cuarto. El mundo primitivo de Courtde Gebelin; 
como lectura lijera ; mi madre con una cesúta con ayunos 
bizcochos ; la señora Genrasia con un paraguas nuevo com- 
prado ex profeso para el viaje, y un canario. en su jaula, 
animal muy querido de la buena nodriza, tanto por sn 
edad como por su rigorosa educación munical, y por ulti- 
mo yo con las manos vacias. El jardinero con algunas 
sombrereras y cajas colocadas en un carretón, se ha- 
llaba á vanguardia ; y el criado, que no debía incorporarse 
con nosotros basta que hubiésemos tomada habitaeicm, 
estaba de vigiaennna prominencia inmediata paraavisarnos 
la aparición del sol , agitando un pañuelo sujeto á la punta 
de un bastón , según habiamos convenido. 

Nuestra ant^ua morada pavada miramos tristemente 
con sus balcones y ventanas desiertos, consu puerta abierta 

(1) En Inglaterra, los tíage aaches, tienen por lo eomun y frecuen- 
temente^ nombre sideral como the sun, the star. 



de par en par, y el yestibulo sembrado de paja y hena que 
habla sobrado del embahje ; aquí y acullá cofres y male* 
tas examinados y desechados, y mas lejos otros , atados ya 
y dispuestos para seguir á los equipajes que debia condu- 
cir el criado ; las dos criadas permanecían un tanto sepa* 
radas de aqueHa meaa revuelta , con su semblante triste, 
cuchicheando entre si , y con trazas de no haber pegado 
los ojos en algunos días. Todo aquello imprimía un aspecto 
de desoladon patética , y de abandono á nuestra mansión 
ordinaria, conservada hasta entonces con tanta escrúpulo* 
sidad y cuidado. Hubiérase podido creer que se había aps^ 
recído allí el buen genio del hogar doméstico, dispuesto 
á dirigimos un grito de reeon vención. Los presentimientos 
que asaltaron á mi cora^ion hiciéronme volver los ojos á 
todo aquello que íbamos á abaiulonar , y exbalé un suspiro 
ai ver aproximarse el carruaje que llegaba con toda su 
pompa sideral. Un importante personaje envuelto en su 
eapoton de invierno , á pesar de lo caloroso del día , fiín* 
eio»ario orgulloso eon su titulo do guarda (1) nos manifestd 
politicamente que solo podíamos disponer de tres asientos, 
dos en el interior y uno en la imp^ial, por haber sido 
liedidos los restantes quince días antes que nosotros los 
encargásemos^ 

Como yo sabia que la señora Gervasia era siempre una 
eompañera indispensable para mis queridos padres (con 
mas motivo en aquella expedición , por haber estado en 
Londres otra vez, y conocer por consiguiente la capital), 
ocuméme ia idea de que ocupase ella elasiento de la im- 
perial, y yo baria el viaje á pié, primitivo modo de viajar 
que no carece de encantos , en particular para un joven de 
robustez y buen humor. 

(i) Los guardas de las diligencias inglesas tieneu cierta analogía eon 
]0S eonduetores de las diligencias fr^ücesas.. 



190 REVISTA DE ESPASa^ DE IIVDIAS Y DEL EXTRANJERO. 

£1 guarda cogió á mi madre por el braro , dejándola 
solo alguDOft minatos para que hiciese sus observaciones 
á mi proyecto , al cual asintió mi padre apretándome si- 
lenciosamente la mano. Entonces le prometi reunirme con 
ellos en una fonda situada cerca del Strand , en donde la 
familia debia establecerse por recomendación de D. Ber- 
nardo; 7 dirigiendo el último adiós á mi madre, que seguía 
mirándome tiernamente por la portezuela de la diligenda, 
me entré en casa , mientras desaparecía el coche envuelto 
en una nube de polvo , semejante á uno de los héroes de 
Homero. 

Acordéme de haber visto entre las cajas y maletas vacías 
una pequeña barjuleta, que había pertenecido á mi. abuelo 
materno : coloqué en ella algunos artículos necesarios , y me 
la puse á la espalda; cogí después un palo que me sirviese 
de báculo-, y emprendí mi marcha báeía la ciudad con tan 
lijero paso como si fuese á algún pueblecito inmediato. A 
media jornada me sentí, como era natural, fatigado y con 
bastante apetito ; pero felizmente se apareció á la dereeha 
del camino uno de los lindos paradores tan comunes por 
aqueF tiempo en Inglaterra. Pero ¡ah! gracias álos cami- 
nos de hierro , aquellas casas hospitalarias no tardarán en 
contarse entre las cosas antidiluvianas. Sentóme pues junta 
a una mesa después de haberme desembarazado de mi 
barjuleta , y pedí una frugal comida con la dignidad propia 
de un estudiante, que por primera vez se hace servir una 
comida que debe pagar de su bolsillo. 

Mientras daba cuenta de una buena tajada de ja- 
món, amenizándola con frecuentes vasos de espumosa 
cerveza, apareciéronse á la puerta dos viandantes que lle- 
vaban el mismo camino : detuviéronse, contempláronme 
por un momento en mi ocupación , y seducidos probable- 
mente por el atractivo del ejemplo , entraron y tomaron 



MISCELÁNEAS. 191 

asiento al otro lado de la misma mesa que yo ocupaba. La 
curiosidad natural á mi edad me hizo examinar á mis in- 
trusos comensales. El mayor de los dos podría tener unos 
treinta años, aunque los profundos surcos de su semblante, 
ajado sin duda por la disipación y el desenfreno , le ha- 
cían parecer de mucha mías edad : su aspecto en conjunto 
nada tenia de recomendable. Su vestimenta tampoco era 
por otra parte muy conveniente para un viajero pedestre, 
pues llevaba un pantalón bastante ajustado , una especie 
de paleto muy entretelado , y al cuello una raída corbata 
de tafetán azul, tachonada de estrellas amarillas y sujeta 
por medio de dos enormes espigas presas de una eádenita, 
que completaba aquel ornamento. Hallábanse sos manos 
ocultas bajo unos guantes, cuyo color primitivo debió ser 
de caña, y manejaba un junco de ballena, que se doble- 
gaba bajo el peso de un enorme pomo que le servia de 
puño. 

Quitóse luego el sombrero blanco que llevaba, y lo lim- 
pió muy cuidadosamente con su brazo derecho, dando 
rienda suelta á sus melenas, que se pusieron luego en des- 
orden , haciendo traición al arte de peluquería : no obs- 
tante, aquella cabeza bien peinada y conservada, no hu- 
biera tenido nada que envidiar á las pelucas que , según 
nos las representan en los retratos, gastaba Gregorio IV en 
su juventud. Nuestro personaje se habría dado pomada al 
pelo recientemente, á juzgar por cierto liquido que bajaba 
de su cabeza por la frente y los carrillos, el cual, con el 
auxilio tal vez del polvo del camino, imprimía en su sem- 
blante huellas mas marcadas que las que deja el sudor. 

El otro viajero , su compañero , podría ser de mi edad, 
tal vez de uno ó dos años mas que yo : á juzgar por su ju- 
ventud y fuerza muscular ; su aspecto en conjunto excitaría 
la atención de un observador. Notábase en él no solo su 



{92 REVISTA DE ESPAÑA, I» INDIAS Y DEL EXTRANJERO. 

.^eaoQblante sombrío , sino también el carácter de la fieono-^ 
mía bohemia; grandes y expresivos ojos, pelo negro cooie 
la pluma del cuervo» bucles largos y ondulantes, peifil 
aguileno 9 una verdadera finura de fácdones, j unos di^H* 
tes cuyo esmalte rivalizaba con la perla , cuando desple^ 
gaba los labios para hablar ó sonreírse. Seria imposible no 
admirar la singular belleza de aquel semblante; y sin em^ 
bargo se descubría en él una expresión de astucia y fer o** 
cidad á k vez, impresa sin duda por la guerra ^itre la so- 
qiedad y el pueblo singular , que me recordaba. Por últi- 
mo, era preciso reconocer en el jéven viajero un aite 
distinguido. Su vestido se componía de una chaipiela de 
caza de algodcm^ guarnecida de terciopelo y sujeta á la cin- 
tura, por medio de una ancha correa; de pantalones blan- 
cos,, y de unajg^orra militar que ^e quitó y dejó con des^ 
cuido sobre la mesa al limpiarse el sudor de su frente. V(d- 
viéñdose con impaciencia, fijó en mí sus ojos penetrantes, 
no sin cierta altivez » y me examinó con una rápida ojeada ; 
tendióse dQspues en el banco, tan largo como era, y pareció 
disponerse para dormir ó meditar, hasta que cumpliéndose 
las órdenes de su compañero , se cubrió la mesa de todas 
las viandas frías que pudo presentarles el repostero. 
. cCarne de buey , dijo el mayor de los dos viajeros, acer<^ 
cando á su ojo derecho un lente de similor; ¡buey seco y 
duro como el cu^o ! ¿Y ese otro plato? Cordero : corde- 
ro que tendrá un ano por lo menos ; carnero, pasteles : es-- 
to huele á rancio. ¿Ternera? no, cerdo... vamos, ¿qué 
quieres? 

— Sírvete , respondió su compañero sin moverse y mi- 
rando con desden cuanto había sobre la mesa ; decidién- 
dose luego á comer, probó uno después de otro de todos 
los platos , y encogiéndose de hombros profirió por lo bajo 
algunas palabras de descontento. De repente levantó la 



cabeta y pidió «guardiente, y habiéndoselo traído, limé 
medio vaso y se lo bebió, admirándome no poco al ver 
su sangre firia, que denotaba una costumbre; á la verdad 
esperaba yo que al menos hubiese mezclado aquel veneno 
con agua. 

— Haces mal, le dijo su compa&ero, quiiándole la bote-* 
lella de delante , y echándole ima razonable cantidad de 
agua clara. La (única del estómago se gasta en cuatro dias 
coa semejante i^jitl/o. Mas vale atenerse á la espumosa cer- 
veza , como dice Shakespeare. Ese joven te da un buen 
ejemplo. Y al hablar asi me dirigió ima mirada familiar. 
Por muy novicio que yo fuese, no dejé de conocer que el 
vecino desed)a entablar conversación conmigo , y no me 
engañaba. — ¿Gusta usted tomar algo, caballerlto? aña* 
dio luego aquel personaje social describiendo un semicír- 
culo con la punta del cuchillo. 

— Gracias, caballero : ya he comido. 

— ¿Y qué importa? Guando uno viaja siempre tiene ape- 
tito. ¿No quiere usted? Pues bien, yo le provoco con esU 
vQ$o de vino de Canarias. — ¿Va usted muy lejos , si puedo 
tomarme la libertad de hacerle esta pregunta ? 

— A Londres, si puedo Ikgar. 

— ¡Oh! exclamó el viajero. Al oir su camarada aquella 
ezclamacion, levantó los ojos, y volvi á experimentar los 
•efectos de su extraordinaria belleza y de su penetración ; 
su compañero prosiguió en estos términos. 

— Londres es la única mansión por la cual debe suspi- 
rar todo joven de corazón y de talento : alli es donde se 
ve el mundo : aquello- es, como dice el Cisne de Avon (i), 
«El espejo de la mo<fai , y el gran molde que á todo impri- 

(i) Shakespeare , Enrique V, act. 4.® La mayor parle de las citas qiie 
baoe este personaje, son tomadas de Sbakéspcáire, aun cuándo no se toma 
el trabajo de decirlo. 

T. xin. 13 



494 REVISTA DE ESPAÑA, M »MüS \ DEL EXTRANJERO. 

ne su fortíia». Cabiillento, us^led d«te mf ftádosuidO' al 
leatro. 

— ^No he ido nunca. 

— ^¿Es posible? exclamé mi inl^flo^itorv S0ltasid<» el man-' 
go de SU cuchillo y levantándolo por la punta hevÍEontnl^ 
mente. En ese caso, prosijfinó con tono soienme, tiene 
asted mucho qnever; — no, ndse la dító^ánsted, ámteos 
que cubra esta mesa ée guineas , j con e( enliasiaoBio de U 
juventud exclame : « S^or Peakokc , doy á uste4 todo este 
oro , si quiere tan solo decimie lo cpie tengo q«e ver». 

Oír aquello y soltar yola carcajada, íaé obra deun solo 
momento. Perdóneseme esta jaetanei»» jsi acaso lo es, pero 
entre mi» compañeros de colegio siempre teve^fema de 
muy propenso á la risa y de ser im¡f;¡ flanco en el reir. Al 
oírme el )éven, fruncid el cefio» recüntíse sobre m. aáénto 
y suspiró. 

— En verdad, dijo su conaf aftero, que ese jóveír podría 
cMír á usted lo que es el teattx». También sabe» lo que es 
mundo, es un moso aprovechado, ka estudiada el comerá 
éJ0, como dice poéticamente el Cisne. ¿No es* asi, mu^ 
chacho? 

El joven á quien iba dirigida esta pregunta , respondió 
eon uña ^evfL sonrisa de kideferencia, yaSiadió : 

< — En efecto , puedo dechr ^e el mundo , como la> po-* 
bresa, tienen extraaos compañeros dB> iofimeia. Pregan-* 
tame qué es hoy et mundov y te responderé que nn meló-» 
driima; pregúntame que será veinte anos deq»aes, y te 
#ré que será..* 
' -^ I Una farsa? dijo va isoaaipoñero^ 

**- No, una ti^eéia, 6 usa eomeAft^eomo las de Gon«- 
gréve. 

— ¿Y esto qué es? pregunté yo un tanto sorprendido 
por el tono de mi contemporáneo. 



IIISC&LáNSAS. i95 

— Uba comedia cuyo desenlace es el triunfo del picaro 
con mas osadía que los demás. ¡Pero mi amigo tiene ma^ 
la suerte ! 

— ¡Una alabanza de sir Roberto Starüey! SI; Enrique 
Peakock, aunque tiene la imaginación viva, no es utf 
bribón. 

— No es eso precisamente lo que yo quería decir, res«^ 
pondió con sequedad el joven. 

— El higo para tu sentido, comro diee el Cisne. ¡ Ola! 
¡ patrón ! Fuera toda esa batería de la mesa. Vengan vasosy 
agua caliente , azúcar, un limón y otra botella. ¿Fuma u$-> 
ted , amiguito? M. Peakock me ofreció un cigarro. 

En vista de mi negativa , se puso uno en la boca con 
suma delicadeza : después de haberle humedecido la capa» 
lo encendió con el auxilio de una máquina fosfórica c[ue 
^có de su bolsillo. Mientras se hallaba absorvido en el 
vigoroso esfuerzo que eligia la humedad inherente á la 
hoja del tabaco, sacó su camarada, por emulación sin 
duda , de su bolallo una elegante petaca de terclopelOf 
bordada quizá por una linda' mano, pues en- su centro ie 
leían estas palabras : De parte de Julia, escogió un cigarro 
de un aspecto mas seductor que el de su aiAigo, y me pa- 
reció tan familiarizado con la hoja de la Habana como id 
estaba con el aguardiente. 

— Ahí tiene usted, caballcrito; dijo M. Peákeck intei'*^ 
rumpiendo sus palabras con las aspiraciones de su lucha 
con el cigarro que parecía incombustible : hé ahí un aficio-^ 
nado de eiLquiMto gusto; ¡nada echa démenos, ni aun los 
cigarros verdaderamente reales f ¡Qué diantre! Ya se há 
apagado el mió. Y de nuevo M. Peakock recurrió á su má- 
quina-: esta vez su paciencia y perseverancia triunfaron , y 
el cigarro correspondió. á los esfuerzos del futoiador. 

Terminada aquella explosión, exclamó M. Peakock en 
tono dé vencedor. 



196 REVISTA DE ESPAÍIa, BE INDUS Y DEL EXTRANJERO. 

— Y ahora, ¡ qaé os parece, hijos míos, que podríamos 
hacer? Afortunadamente somos tres, ¿un whist á ti?^? 
está hecho el partido : aquí hay baraja. 

Y diciendo y haciendo, echó mano al bolsillo y sacó un 
paiiuelo de seda encarnado, un muiojo de llaves, un gorro 
de dormir, un cepillo para los dientes, una pastilla de ja- 
bón de olor, cuatro terrones de azúcar, resto de un des- 
ayuno, una navaja de afeitar, y un juego de naipes. Cogió 
la baraja, y echó todos aquellos variados artículos en el 
abismo de donde hablan salido, y enderezando con su dedo 
pulgar la punta de una sota de bastos , hizo saltar los nai- 
pes sobre la mesa. 

— Siento no poder complacer a usted , pero yo no sé 
jugar ai whist. 

— ¿Tampoco juega usted? Pues hombre, ¿usted ni juega 
ni fuma?... ¿ Podremos saber lo que sabe usted hacer? ex- 
clamó mi interlocutor frunciendo majestuosamente el ceño. 

Muy consternado me dejó esta pregunta , y muy aver- 
gonzado d^ mi ignorancia sobre los puntos cardinales de 
la erudicicm, según el modo da ver de H. Peakock : a^ 
pues bajé la cabeza, sin atreverme á levantar los ojos. 

— Al menos, prosiguió M. Peakock llano de indulgencia, 
tiene usted la ingenua modestia de la juventud. Amiguito, 
usted promete ; la humildad es el primer escalón de la tierna 
anilncim , como dice el Cisne. Suba usted por él , y 
aprenda á jugar al whist: para empezar pondremos á seis 
peniques el punto. 

A pesar de mi falta de experiencia de la vida práctica, 
tenia la ventaja de conocer algunas de las aventuras que 
pueden suceder á un joven por los caminos , gracias á 
aquellos guías tan calumniados que llaman novelas; estos 
libros suelen ser frecuentemente al mundo interior lo que 
los mapa-mundi al mundo tísico ó exterior : entonces me 
acordé de Gil Blas y del vicario de Vakefíeld* En su conse** 



MISCELÁNEAS. 197 

cuencia parecióme que el mejor partido que podría tomar, 
seria el de dejar tan amable compañía , y proseguir mi in- 
terrumpida marcha , satisfeclia ya una de mis primeras ne^ 
cesidades: asi pues, levanté la cabeza, y pedí la cuenta 
de mi comida. Al abrir el bolsillo , hecho por mi madre, 
({ue contenia en un lado una moneda de oro , y en el otro 
varias piezas de plata , vi brillar los ojos de H. Peakock. 

— ¡Qué pobreza de alma! dijo luego : esa avaricia afecta 
demasiado el corazón; el que nada arriesga, nada tiene, 
como dice el refrán. 

—El que nada tiene , nada arriesga , repliqué yo con 
cierta entereza. 

— Amiguito, usted dudará tal vez de mi solidez, de mi 
capital, dé mis doradas joyas y como dice el Cisne. 

— Hablo por mi; caballero : no soy bastante rico para 
tirar el dinero. 

— ¡Tirar el dinero! Caballerito, en qué sentido usa usted 
de esa palabra? exclamó M. Peakock, poseído de una evan« 
gélica indignación, ¡tirar el dmero! ¡Usted me insulta! 
Y levantándose con semblante amenazador» se caló el som- 
brero hasta los ojos. 

— ¡Ea ! déjale en paz, Enrique, dijo el viajero mas joven : 
luego dirigiéndose ámi, añadió: — Amiguito, si le impor- 
tuna á usted , rómpale la cabeza de un palo. 

— ¿ Qué es eso de importunar y de romper la cabeza? ex- 
clamó M. Peakock, poniéndose colorado como una lan- 
gosta ; pero viendo luego una^sonrisa burlona en los labios 
de su compañero, se volvió á sentar, sumergiéndose en 
un feroz silencio. 

Entre tanto satisfice mi cuenta , y al cargar con mi bar^ 
juleta , eché de ver que la tenia entre manos el joven via- 
jero, y leia fríamente las señas que yo babia cometido la 
imprudencia de colocar en ella. 

Pisistrato Caxton. Posada de callé de Sirand. 



198 REVISTA DE ESPAIÍA, DE INDUS Y DEL EXTRANJERO. 

. Eütregéme el susodicho mi barjuleta , dejándome sor- 
prendido de 3eaiejaiile violación respecto á un joven de 
tan buenas maneras , y que tan bien conocía el muíido. Sin 
procurar disculparle por haberse tomado aquella libertad^ 
^alúdame con una imperceptible inclinación de cabeza , y 
se tendió de. nuevo sobre el banco. M. Peakock apenas se 
dignó contestar á mi saludo , hallándose absorvido en una 
partida de paciencia, y pocos momentos después me en- 
pontraba ya solo en el camino real. No pude, durante mu- 
cho tiempo , apartar de mi imaginación el. recuerdo del 
joven de quien acababa de separarmCi es^perimentando una 
especie de presentimiento simpático por ^u porvenir» al 
verle t^n temprano con una compañía tan ^spechosa. Pero 
al mismo' tiempo sentia una admiración involuntaria, pro- 
ducida, no tanto por su apoistura comq por su desemba- 
razo, desenfado, y la superioridad indiferente que ejercia 
sobre su compañero mucho mayor que él en edad. 

Veníase la noche encima á mas andar , cuando distin- 
guí el campanario de una población , en la cual me habia 
propuesto pernoctar : oi en esto sonar una trompeta, vol- 
víme, y vi venir una diligencia que, con la misma velocidad 
que me alcanzó, pasó adelante, y desapareció luego. Sin 
embargo , á pesar de su lijereza , pude distinguir en la im- 
perial al célebre Peakock, luchando aun con su cigarro, 
y á su joven compañero apoyando su distinguida cabeza 
en una mano , y sin hacer el menor caso de mi ni da nadie. 

CAPITULO V. 

Tal vez, por experiencia podría, juzgue á los demás de 
egoístas ; pero me hallo muy inclinado á creer que los dos 
elementos con que ha de contar un joven principalmente, 
para hacer caireraen el mundo, ó como se dice, para 
conseguir un resultado material y práctico , son la curio- 
sidad y la actividad* Una curiosidad que.se lance sobretodo 



cuanto le parezca jmevo ; digno dr exámra , y una aotivi- 
dad.nenáosa qae no esté lejos de. la imi^ieacia, y que 90 
cwceda al cuerpo descanso -alguno, n^iénlrasae baila frenln 
á frente de un objeto cualquiera. Hé aquí, ó^mí entendei|« 
los elementos esenciales f{ue caostitujieii un buea proip- 
pió en la carrera del ;9iiuido* 

A pesar de baUarme cansado, termnadas mis ablución 
nes^ me dio la tentación de salir á dar ua paseo, á lo cual 
me incitaba mas y mas d rebullir de 1^ gente <|ue, á fftvat 
de la claridad del gas^ distinguid perfeotameate desde mi 
ventana. Pero antes 4enia otra aúsion que llenar ; el café se 
hallaba inmediato á mi posada , y el mejor brevaje pera un 
viandante^, es el té, si, el 4é, á pesar de kas calumnias 
con que se persigue aqvella piroduccían de la €hix» : su* 
tisfecba aquella necesidad me salí á la calle. Nunca. había 
estado en una población grande ; así es que no pudo me- 
nos de llamar vivamente mi atención el contraste que for^ 
maban las multiplicadas luminarias que hacían de lanoche 
dia , con el tranquilo desierto del campo ca aquella misma 
hora. 

Eché á andar par las calles, trotando, empujando y re* 
cibiendo etúapellones , tan pronto, parándome á mirar á Iqs 
balcones , como siendo llevado por el flujo y reflujo de U 
muchedumbre , hasta s^e .por último , sin saber de qué 
manera, me encontré^ la p^uerta de una pastelería, junto á 
un pequeño gy*upo de gente o^aiosa y de chiquillos de 
hambriento mirar. Hallábame yo cuuitemplando aquel cuadrp 
patético 9 preguntáadoQieá nú mismo si serla cierto que ]i$ 
ocupación principal de la mayor fuirte 4e los habitantes de 
este mundo perecedero coiasista ^n saber (k$ma, en ú,ónie 
y cuáudo se podrá «comer, cuando de repente oi exclamar 
á una voz que no me era desoonocida; La escena l^osa^ 
TVoj/a, como dice Sbahsp^ai^e^ 



900 REVISTA DE BSPAI^A, BE INDIAS Y DEL ElTRAfUBRO. 

VoWi entonces }a cabeza, y distingui á H. Peakock se* 
ñalando con su junco la puerta abierta de una fonda inme- 
diata : en el frontispicio de la casa había un trasparente de 
gas con este rótulo — villar. 

El hombre de la cita shaksperiana, dicieikdo y haciendo 
se lanzó por la puerta que acababa de señalar, y desapa^ 
recio : seguíale su joven compañero, cuando volviendo la 
cabeza , repara en mi. Coloreáronse lijeramente sus meji- 
llas, párase en el umbral de la puerta, y dice después de 
haberme examinado por un momento. 

— ¡Feliz encuentro! Usted no sabrá cómo se mata aquí 
el tiempo. Las noches fuera de Londres son eternas. 

— ^ ¡ Cómo ! le respondí yo cándidiraente : aqüi todo me 
divierte^ la iluminación de las calles , las tiendas , la gen- 
te... bien es verdad que todo esto es nuevo para mí. 

£1 joven dio uñ paso hacia adelante, como invitándome 
á dar un paseo con él , aunque me respondió con mas 
amargura que melancolia : . 

— Una cosa por lo menos no será nueva para usted, 
pues es una vendad que sabe de memoria el niño aun an- 
tes de abandonar su casa paterna: c Cuanto vale la pena 
de ser poseído, debe ser comprado ; ergo aquel que nada 
puede comprar, nada tiene que merezca ser poseído, t 

— No creo , dije yo entrando también en la reflexión fi- 
losófica , que uno pueda comprar cuatitaa cosas apetezca 
en este mundo. Hé alli, por ejemplo , aquel pobre tendero 
que tiene el aspecto de un hidrópico , de pié en el dintel 
de su puerta : su tienda es la mas b juita de la calle ; pero 
estoy seguro que la cambiarla gustoso con usted ó con- 
migo por nuestra buena salud y nuestras ágiles piernas. 
No ; yo repetiré con mi padre á todas horas , que cuanto 
merece la pena de ser poseído, se nos da á todos de balde, 
es decir, por la naturaleza y el trabajo. 



msckLÁifEAs. 90f 

—¿Eso>d¡ce vuestro padre? jY usted se guia por sus má- 
ximas ! No cabe dada en que todos los padres han predi- 
cado lo mismo y otras buenas doctrinas , desde que Adán 
predicó á Gain ; pero dudo que los padres hayan hallado 
en sus hijos un auditorio muy crédulo. 

— Peor para los hijos, respondí yo bruscamente. 

— La naturaleza, prosiguió mi nuevo mentor, sin hacer 
caso de mi interrupción , nos ha dado mucho sin duda , y 
la naturaleza nos obliga á aprovecharnos de sus dones. Si 
le da á usted el instinto del trabajo, trabajará; si á mi me 
da la ambición de sobreponerme á los demás , y despre- 
ciar el trabajo, podré sobreponerme ; pero no trabajaré. 

— Por lo visto, repliqué yo, las doctrinas de usted es- 
tán de acuerdo con las de nuestro doctor D. Bernardo, 
y usted cree como él que nosotros recibimos el impulso 
de las protuberancias del cráneo. 

— Sin duda, lo mismo que de la sangre de nuestras ve-^ 
ñas, y de la leéhe que mamamos. Ademas de la gota y de 
la tisis eiisten otras cosas que se nos trasmiten por heren- 
cia*. • Siendo esto asi, joven, ¿usted obrará siempre y en 
todo según los consejos de su padre? 

Esta pregunta hirió mi amor propio. ¿Por qué nos hemos 
de avergonzar de que se burlen de nuestra bondad? Hé aquí 
lo que nunca he podido comprender ; pero en verdad me 
senti humillado ; sin embargo , le respondi con entereza. 

— Si tuviese usted un padre tan bueno como el mió, no 
le parecería una cosa tan extraordinaria el hacer lo que él 
le aconsejase. 

— I Ah! con que su padre de usted es tan bueno ! Sin 
duda debe inspirarle mucha confianza la disciplina de su 
hijo , cuando asi le deja ir por el mundo. 

— Voy á Londres á reunirme con él; 

— A Londres ! ¿ vive acaso en Londres ? 



REVISTA DE ESPAf^Á^ DE IlfDUS Y DEL EXTRANJERO. 

— Ya á establecerse allí por algún tiempo. 

— Entonces tal vez nos volvamos á ver : también yo voj 
á Londres. 

— ¡Oh 1 nos veremos ciertamente, dije yo con una franca 
alegría, porque mis simpaüas por aquel joven no habiaa 
disminuido» á pesar de la conversación que acabábamos de 
tener, jde no aprobar yo los sentimientos que en ellaha- 
bia expresado. 

— El jdven se echó á reir con una risa particular : su so- 
nido era suave y musical , pero hueco y artificial. 
. — Es muy problable que, no nos encontremos, dijo. Lón*- 
dres es una gran población. ¿En dónde le he de buscar á 
usted? 

Dile entonces las señas de la posada, en la que debia 
hallarse mi padre , aunque las babia leido ya en mi barju- 
leta. Oyólas con mucha atención, y después las repitió por 
dos veces para acordarse mejor ; y dirigiéndonos luego si- 
lenciosamente por una calle extraviada, nos encontramos 
al revolver de ella en un vasto cementerio. Al entrar en él 
llamónos la at^cion un joven saboyano sentado en. una 
losa con su organillo sobre las rodillas. El muchacho co- 
mía un pedazo deipan, que compartía con algunos ratones 
blancos, agrupados en tomo del organillo. Tan alegre y sa- 
tisfecho aparecia , como si se hallase en medio del mas 
alegre festín. 

Acércamenos los dos , y nos detuvimos delante del sa- 
boyano, el cual» al vernos, levantó la cabeza , y nos ei^* 
señó dos hileras de dientes como el marfil, pon laencan-* 
tadora sonrisa que caracteriza aquella raza meridional : 
después dio impulso al manubrio de su instrumento. 

— ¡Pobre niño! dije yo. 

— ¡ Ah ! ah ! ¿por qué le compadece usted ? Según vues- 
tras doctrinas, señor Caxton , bo es digno de compasión ; 



>|ISCBIÍN«A8, 303 

el quincallero hidrópico le dari^ de buena gana sutíenda, 
y cuanto ella contiene, por su salud y sua ilgile&pieroas. 
¿En qué consiste pues , hijo de un tan sabio padre , el que 
nadie compadece al tendero hidrópico , y todo el mundo 
tiene lástima del robusto saboyano. ¿Consistirá en aquella 
severa verdad, m.as fuerte que las lecciones espartanas, de 
que c el peor de los males de este mun4o es la pobreza >? 
Echemos una ojeada á cuanto nos rodea : ¡ en la núsma 
mansión de los muertos se ye el, pobre humillada ! £:ia- 
minemós aquel mausoleo encerrado en un enverjado d^ 
liierro : ¿ qué dice aquella larga inscripción? Virtud— el 
mejor de los esposos — el mas tierno de los padres — do- 
lor inconsolable — sueño en la esperanza, etc.* etc»¿Cree 
usted que aquellos sepulcros sin lápida fúnebre no encer- 
rarán algunas cenizas que merezcan, los mismos elogios ? 
No se ye epitafio alguno que enaltezca las virtudes de aque* 
Uos muerto^ desvalidos, que proclame el luto de sus viu-« 
das , ni que prometa la esperanza á los que va no existen. 

— ^¿Qu¿ importa? Dios se encarga del epitafio y de la lá- 
pida mortuoria. 

— Date cualchecosay dijo el saboyano en su melodioso 
patua, sonriéndose siempre y alargando la mano : déjele 
eaer en ella una.moneda , y el joven demostró su gratitud» 
dando de nuevo movimiento al manubrio de su instni- 
laenU)* 

. — Eso no es trabajar , dijo mi compañero ; y sin embar- 
ga, ú usted hubiere encontrado aJL sajt^oyano JtrabajandOt 
nada le hubiese dado... También yo toco mi instrumen- 
to , y tengo mis ratona que enaeoar. Adiós. 

Ac.oiDpañan4o c^OiO.la mano su deapednh , n»e volviá la 
eapalda, y emprendió la misma dirección* que habíamos 
UevadQ pifa antnor, bolUnd» ^ respeto con sua plantas 
1% mansioa de loa muertos. 



S64 REVISTA pi BSPAftA, DE IlfDIAS T DEL EXTRANJERO. 

Quédeme de pié ante el mausoleo del pomposo epita- 
fio; el saboyano me miraba atentamente. 

CAPITULO VI. 

El saboyano no apartaba de mi su vista. Quise entrar en 
conrersacion con él » pero esto no era fácil. Por último le 
dije: 

Pisistrato. Pobre niño, debes tener hambre algunas ve* 
ees. ¿Te comes los ratones blancos? 

Ei saboyano. (Levanta la cabeza, me responde con elia 
que no , y acaricia á sus ratones.) 

PüMrato. Quieres mucho á los ratones ; ¡ ah ! son tus 
únicos amigos, ¿no es verdad? 

El saboyano. (Sin dudaba comprendido á Pisistrato: 
acaricia de nuevo á los ratones , los pone suavemente so- 
bre una lápida funeraria , y da vueltas al manubrio de su 
organillo: los ratones juguetean sobre la piedra.) 

Pisistrato. (Señalando primero á los ratones, y después 
al instrumento) : ¿á quién quieres mas , á los ratones ó al 
organillo? 

£1 saboyano. (Enseña sus dientes , reflexiona , se tiende 
sobre la yerba, hace fiestas á los ratones, y responde con 
gran volubilidad de palabras.) 

Pisistrato. (Con el auxilio del latin cree haber com«- 
prendido la respuesta del saboyano, como si hubiera que- 
rido darle á entender que los ratones están vivos , y que 
el organillo no lo está ; y t% dice al saboyano)— Un amigo 
vivo vale mas que uno muerto. Mortua estviella! 

El saboyano (MueTe la cabeaa vivamente.) ¡No, no! 
«ccelenza, non é mortou. (Toca un aire muy animado en 
su organillo acusado injustamente de estar muerto. El as* 
pecto del saboyano adquiere nuevo vigor y brillo : su sem- 



MISCSLÁNSAB. SOS 

blanté revela la felicidad ; los ratones saltan desde la lá- 
pida del sepulcro á su seno en donde se ocultan.) 

Pisistralo ( Conmovido. ) ; Tienes padre ? An vivat paier ? 

El saboyana (Con tristeza.) No , eccelenza. (Después re- 
flexiona un poco. ) Si, si. (Toca un aire solemne en su or- 
ganillo; se detiene, apoya una mano en el instrumento, y 
levanta la otra al cielo.) 

Pisistralo. (Le comprende, y dice) : El padre es como 
el organillo, muerto y vivo á la vez : la forma exterior está 
muerta, pero la música vive. 

Pisistrato deja caer en el suelo una moneda de plata , y 
$e aleja. 

— Saboyano, Dios te favorezca y bendiga. Acabas de 
hacer un gran bien á Pisistrato : ba$ corregido la rígida 
sabiduría del joven desconocido. 

Pisistrato se encuentra mejor después do haberte escu- 
chado. 

Llegué á la entrada del cementerio ; volví á mirar al sa- 
boyano ; aun permanecía sentado entre las tumbas de los 
hombres , pero bajo el firmamento de Dios. Miriime otra 
vez muy atentamente: al encontrarse su mirada con la 
mia , llevó la mano ¿ su corazón, y se sonn¿. i Pobre sa- 
boyano , Dios te favorezca y te bendiga. > 

J.T. 

(Revista Brit.) 



t»Sl{»S»í»>{»>$^»>>S»{»>>«N»<^$«9<<<iH^<s$«$<<8$<<«^«$«Í^^ 



Si s(ii(BaQii)(í)'iía. 



Halagaban al inundo silencioso 
De la tarde las auras y armonía , 

Y el valle delicioso 

Sus gigantescos árboles mecía. 

En el confia dei nacarado cielo 
Cantan las aves con amante arrullo ; 
Besa el claro arroyuelo 
Las flores, con paclñco murmullo. 

£1 sol , lleno de gloria en occidente, 
Traspuestas ya las desiguales cimas» 
De su radiosa frente 
La luz refracta en los australes climas. 

Sentado al pié de secular encina 
Un Sacerdote anciano y virtuoso. 
De sublime doctrina 
Manantial fecundante y provechoso; 

De atenta grey cercado se mostraba, 

Y con tranquilo y paternal acento. 
Sabio asi descifraba 

Del Evangelio el alto pensamiento : 
tUna voz , voz de mentira , 
Diseminó por la tierra , 
Que envuelta enluto suspira. 
Los dolores que respira, 
Iwos sosfímas y la guerra. 



EL SACEia)OT£. 307 

> Proscribiendo la razón. 
Intentando á sa ambición 
Ver las naciones sujetas. 
Falsos ó necios profetas 
Hollaron la religión^ 

1 Repeled una doctrina 
Que todo lo grande aleja, 
Que todo lo contamina ; 
No al ciego acaso nos deja 
La Providencia divina. 

1 Cuando Dios en su bondad 
Y paternales ternuras, 
Del tiempo en la inmensidad 
Dio vida á sus criaturas, 
• ; Creced , les dijo , y amad ! > 

» ¡Amad!... ¡ Precepto fecundo , 
Fuente sagrada de vida , 
Germen del bien en el mundo , 
Palabra santa , acogida 
Con entusiasmo profundo ! 

> ¿Por qué las ciegas pasiones 
Frenéticas la olvidaron , 
Desconociendo sus dones? 
¿Por qué la menospreciaron 
Los glaciales corazones? 

1 Licenciosa tiranía 
Sedienta de eterno mando. 
La borró con mano impía. 
Porque su cetro nefando 
La fraternidad rompia. 

> Los infortunios acerbos 
Brotan del odio y la saña ; 
Los ambiciosos protervos 



306 REVISTA DE ESPAÑA, DB INDIAS Y DEL EXTfiANJEEO. 

Siembran impura zana 

Y los hombres hacen siervos. 
>¿ Ansiáis vivir satisfechos, 

Y de inocentes placeres 
Henchir los tranquilos pecbotf 
Defended vuestros derechos 

Y cumplid vuestros deberes» 

> Una preciosa verdad 
De eterna revelación , 
Anuncia á la humanidad 
Que toda la religión 

Se cifra en la caridad. 

> Todos nacistas hermanos : 
Suceda el amor mas tierno 

A los rencores insanos : 
;Sin el vinculo fraterno 
Qué esfuerzos no serán vanos? 
. i Qué si en cruento egoísmo 
Ciegos lucháis de mil modos. 
De horrores un ancho abismo - 
Abrirá ¿ los pies de todos 
Insaciable el despotismo. 
»En el perenne vaivén 
De existencia tan precaria , . 
No rechacéis con desden 
La lágrima solitaria ; 
¿ Quién no la derrama , quién ? 

> El. que se muestra impasiUe 
De su hermano en las zosobrast 
Es un monstruo indefinible ; 
Sin filantrópicas obras 

La virtud es imposible. 

> Ella , en su divina esencia ^ . 



EL SACERDOTE. 2Ó9 

Antepone al yerto orgullo 
La dulce beneficencia : 
¡No sea un vano murmullo 
Del bien práctico la ciencia! 

» Maldecid la tiranía 
fiue bajo un manto divino 
No teme cubrirse impía ; 

Y el tortuoso camino 

De la infecunda anarquía 

• Evitaréis, si del mal 
Perdidos en los abrojos, 
A un luminoso fanal 
Levantáis con fe los ojos : 
Esa antorcha es la moral. 

» Por su freno encadenadas 
Huyan las miras dañadas. 
Gallen las pasiones viles : 
Sin las virtudes privadas 
No brillarán las civiles. 

»Sed sin interés patricios, 
Porque á la patria os debéis ; 
Si amenazada la veis. 
Vuestra vida y sacrificios 
Ingratos no la neguéis. 

» ¡La patria!.... ¡Mágico nombre 
Que las almas pone á prueba. 
Los espíritus eleva; 
Cuya inspiración al hombre 
Gozoso al martirio lleva! % 

GalW el anciano. Al encendido cielo 
Alzó sus ojos, llenó de ternura, • 
Présago de consuelo 

Y dé amigas verdades llama pura : 

T. XIII. J4 



ÜO REVISTA DE ESPAÑA , 0^ IMDIAS Y BEL EXTRAWJBRO. 

cLos privilegios fatales 
(Prosiguió) llevan en pos 
Funesta serie de males; 

Y pues todos sois iguales 
En el tribunal de Dios, 

» ¿Por qué nd lo sois también 
Ante las leyes escritas ? 
¡ Conquistad tan alto bien ! 
La igualdad es el sosten 
De virtudes infinitas. 

» La justicia y tolerancia 
La libertad significan ; 
¿Cuál dogma personifican 
Los que en dañina ignorancia, 
El exterminio predican? 

» La idea de la venganza . 
No gangrene vuesiro seno 
Cuál mortífero veneno ; 
¡Alumbre dulce bonanata 
El propio hogar y el ajeno ! 

» Dios aplacó los dolores 
Del hombre, y sus ciegas furias, 
Cuando en dogmas salvadores 
Sustituyó á los rencores 
El perdón de las injurias. 

1 Y amar mandó al enemigo, 

Y mirarle como hermano, 

Y mudo el odio vfflaDo 

Darle en su desgracia abrigo , 

Y protectora una mano. 
vSiempre, al lado de una queja. 

Ésa voz resuene blanda 
Que jaX pecho un alivio deja; 



1 



La rason nos lo aconseja 
La religión nos lo manda. 

> Hay un dogma de consuelo 
Que todas las penas calma» 
Que da, cual frondosa palma. 
Sombra propicia en el suelo : 

¡ La inmortalidad del alma ! 
» ¿Por qué temer otra vida 
O recordarla con ceño t 
Ella es la paz mas cumplida, 
Y del alma combatida 
El restaurador ensueño. 

> Cause al perverso disgusto 
De vida ulterior la idea ; 
Rudo torcedor le sea, 
Mientras en su calma el justo 
Ese porvenir desea. 

» Los que en perdurable pena 
El pan ganáis con sudor , 
¡Mitigad vuestro dolor! 
Dios, sobre esta ingrata arena, 
ün mondo creó de amor. 

» Anuncia el escollo el puerto , 
La noche tiene lumbreras, 
Y raudales el desierto ; 
Brotan del abismo incierto 
Flores, de paz mensajeras. 

i Mas vaga cuanto mas crece , 
Del mundo es la ciencia vana ; 
Se remonta y desvanece 
Gomo al sol desaparece 
La niebla de la mañana. 

i¿Do hallar un cable seguro 



S18 BsyiSTA Ds espáKa, ra indias t del bxtramikro. 

En las borrascas terrenas ? 
La religión , vuestras penas 
Trocará en consuelo puro 
Sobre playas mas serenas. 

> Al choque de airados vientos, 
Y de opuestos elementos 
Al desastroso murmullo « 
Se rompe en leves fragmentos 
El bajel del loco orgullo. 

¿Quién audaz arrostrará 
De sirtes la multitud? 
En vano el mar bramará , 
Que sin vaivén bogará 
La nave de la virtud. 



> Si la caridad se imprime , 
Ningún mal será imprevisto ; 
No ffoceis cuando otro gime : 
I Sencilla al par que sublime 
Es la ley de Jesucristo ! • 

Asi explicó de una moral divina* 
Aquel justo, los dogmas bienhechores; 
¡ Aplaque su doctrina 

De la vida los negros sinsabores! 

Manuel María FlamanL 
Julio 24-ia48. . 



€ ccec c isei»e eec e ee e(N M MM!WSg» c e e cceecci^c » 



CRÓNICA DE ESPAÑA. 

£l incremento que tomaban las faeciones montemolinis- 
tas y centralistas en el antigao principado de Gatalafta, 
llamó la atención del Gobierno » qne desde luego trató de 
obrar contra ellas enér¡icamente , sin descuidar al mismo 
tiempo la activa persecución de las que han aparecido en 
otros puntas, y principidmente en la Mancba y provincia 
de Cuenca, ni de la que ha penetrado últimamente en el 
Maestrazgo al mando, según dicen, del antiguo partidario 
Forcadell. El capitán general de Gatalu&a , Pavia , ha sido 
sustituido por el general Córdoba , á cuya» órdenes van 
cuatro generales, quizá de los mas recientemente nombra- 
dos, para ser destinados al mando de las fuerzas que han de 
operar contra las facciones, ó de las principales fortalezas 
y plazas del principado. Desde luego aun no se ha llevado 
i efecto el wnaten acordado por el general Pavía» y del que 
no se prometen ventajas los que mejor conocen la situación 
y el espiritu de Cataluña. Porque, ó se han de dar las armas 
á la clase que hoy se llama proletaria, y esto es dar armas á 
las facciones, ó bien se han de dar á los contribuyentes y 
personas de arraigo , y entonces, en concepto de algunos, 
es también dar armas á las facciones montemolinistas. De 
todos modos el resultado es igual, y puede ser en extre* 
mo funesto. Abrigamos la esperanzado que semejante dis- 
posición no se llevará á efecto; pues apenas haya sabido 
su relevo el general Pavia, es probable que no haya que- 
rido tomar sobre su responsabilidad personal una deter- 
minación de tanta importancia y trascendencia. Su sucesor 
examinará este punto con detenimiento, y para su acer- 



214 ItSVfSTA os ESPAffA, BE IITDIAS T DEL EXTRAK JERO* 

tada resolución tendrá presente sobre todo el espirita ge- 
neral del pais « que por regla general debe siempre con- 
sultarse en todo cuanto ^ refiera á una gnomovil. 

La actividad que se notó en el departamento de la Guer- 
ra desde que el general Narvaez , presidente del Consejo 
de Mattitnw, «e Meo eargo del diespacho 4e aqaei miim- 
taao^fMNT Iwberae concedido Ucencia para tomar feAos ni 
eneralFígoesas, produjo, eiitre otras, Ifes aciAPladfMMs 
dispofiídimes de crear un ref;i«íento de iaSuA^pfft, oe»- 
pneete de tres iiataUmiea , cob el BOinbre ée iberia^ jr 4e 
femar los teTeenm batallones de «diee r^mientos 4e is- 
ÍHi4ena ; lefloánéese les j«fés y ofleiaies de lee hHfiñdaoc 
que ee tieSm «n •sHuecien de reempluse, y k» s« r gf«%eft 
y cabos, de tos dfemas cuerpos ée infantaria. De erte mm- 
nera, ein paramen del feeoí^ , ^ é ie menos con fsuy 
cotío, y cen te i;«ntaja de ^póéer iMcerfuslieia el mérito y 
los serTidos de les oftelalestfee se brffeii en la otase de 
reemptaeo , y de rearar los agravios que se les hayan et»- 
sedo,«edafBayer «KMlfidad á nuestro efépdto; puee en 
ttoestpo concepto , aunque preiiBUAos ea estas materias, coa 
meyer retaja y CEpe^eíeii ep^ra y diñde ms íoeviaa « 
íegimiento «que cénete db tres batrikHies , qftee^ro ^i^oe se 
oompofiga de dos , aunqoe embos «eoR de la m<i»»a faer^ 
za. E^e es de nmclia neyor ifvpertaiida •ea goerrss de 
moivtiie, y e^n casi en todas las civiles, en tas 4}ue hay 
1a^ mas veces ^ee emplear iafuerea del ejército ctt ce- 
icnABas y destacamentos pocK) niuii€3H»eee , y q«ie ein em- 
tmrgo conviene, len ielaresde los p«éUe« y de la ifisei^ 
puna TnfKler , que sea» mandados por jefes ^etpeiieMíe 
y de mayer graáuadion que la qee Ibera posible bajo etra 
orgaelzacioii. RepetiaaMM pwss^^fae esta díipMieieiiBoslia 
parecMo aoeKtadiei<ma, oettaideradamiÜftajmeeAe; ed co- 
mo mirada Mja el especio poKtice^ ddB« demoslin»' A ^^ 



cRómeik BE ESPiíiA. 918 

aciones que en Taño puedihi contar en adelante con U 
incUferencta y ann apatía con que hasta sAora han sido 
miradas, y qne pers^uldas activamente, no les queda 
otro recurso que ganarla frontera del reino vecino , ó re^^ 
fogiarse á las montañas , disueltas en partidas de malhe- 
chores, que tendrían contra sí el espiritu de los pueblos* 
autiMado y robustecido por la fuerza de nuestro valiente 
ejérdfo. Está también con tanta inteligencia concebida la 
creación de los terceros batallones, que desde luego, como 
los jefes , oficíales , sargentos y cabos son de instrucción 
y experiencia en el servicio , en muy pocos meses pueden 
desempeñar este , y aun presentarse e» campafia. En esta 
oca^on, como en otras muchas, ha acreditado él genend 
Narvaez sus especiales talentos para la organización mi'<- 
litar. 

Constante el Sr. nnriistro de Instrucción , Comercio y 
Obras publicas en cuanto pueda contribuir á la prosperi'* 
áad páblica, ha dictado diferentes disposiciones paramé^ 
jorar y dar nuevo impulso á todos los ramos de su vastí^ 
ministerio. Ha circulado varias érdenes con el objeto á^ 
que la instrucción primaria se difunda entre las dases mé^ 
nos acomodadas , introduciendo en estas un demento de 
verdadera civilización y de moralidad ; ha perfeceionado y 
suministrado recursos, en cuanto las eircunstanclasdelat, 
cajas públicas lo han permitido , á ios institutos y colegios 
de segunda enseñuiza , dando á uno de ellos , al de Ver- 
gara , tnayor extensión en «us asignaturas , para que^uedaa 
aplicarse al comercio, a la iirduMría , á la marina y nave- 
gación , y á ios diversos ramos de las eienelas naturales^ 
exactas : ha promovido y continuado todas las obras ptík- 
Mlcas , que hsmsidoeompatiMes eon la ^casez del £ra»- 
rio; y para llevar aquellas á cabo , medíanle .ala penwia 
del tesoro pAblieo , ha empleado e medio de liei(aeÍQn«s 



216 RXVISTA DE ISPANA, OR INDIAS Y DEL EXTRANJERO. 

interesando en estas empresas á los capitalistas : entre 
ellas merece citarse, como una de las mas importantes, 
la del canal de San Fernando, en la proviacía de Sevilla, 
que se proyectó en el reinado anterior con el objeto de 
hacer navegable el Guadalquivir desde aquella ciudad á 
Córdoba , y que tan inmensos beneficios debe producir á 
toda Andalucía ; ahora se procede á la subasta de la parte 
comprendida entre Sevilla y Lora del Rio. Y al mismo 
tiempo se ha ocupado dicho Sr. ministro en disponer la 
construcción , conservación y mejora de los caminos ve- 
cinales, creando al efecto un cuerpo de directores facul- 
tativos, sin gravar por el pronto al tesoro, y con muy poco 
co&to de los pueblos; pues un solo director facultativo 
podrá atender á las obras de varios de aquellos. Los cami- 
nos vecinales, de que tanta necesidad tenemos, propor- 
cionarán á los pueblos bienes inapreciables, como que da- 
rán valor á nuestros productos agrícolas , y promoverán 
por todas partes la abundancia y el tráfico interior. Con 
razón ha dicho un escritor francés que por ellos debia pria- 
cipiarse á realizar un sistema general de caminos : los ve- 
cinales deben considerarse como la base. Otras muchas é 
importantes providencias se han dictado per este ministe- 
rio, encaminadas al fomento y prosperidad de la agricul- 
tura y de la industria en general, como asimismo á mejo- 
rar las carreteras generales : especialmente para Cataluña 
se ha adoptado un plan general de caminos, en que inme- 
diatamente debe principiarse á trabajar. Por este medio se 
dará ocupación á los brazos ociosos de aquellas provincias, 
se curarán radicalmente los males que á las mismas afli- 
gen, y se comunicará un impulso extraordinario á su vasta 
industria y á su tráfico interior. Hablando de Cataluña^ 
tenemos el placer de anunciar que en ella se ha realizado 
e] primer ferro-carril que tiene IJspaiía , cual es el que 



GRÓIIICA BE ESPAÑA. 217 

desde Mataró se dirige ¿ Barcelona : mientras escribimos 
estas lineas se está ensayando con éxito felicísimo. 

La crisis mercantil de Europa se hizo sentir muy desde 
luego en España. Los efectos públicos bajaron considera- 
blemente, y los billetes del Banco principiaron á experi- 
mentar un quebranto en el cambio que se efectuaba en 
la plaza. Para esto último habia ademas causas particula- 
res; la masa enorme de papel moneda , por consecuencia 
de la unión de los dos bancos; la falta de confianza, que 
babian inspirado las iasurreciones en Madrid y algunas ca- 
pitales de provincia, y la torpe y abusiva administración 
del Banco. La pérdida de los billetes llegó al 13 y 14 
por 100. Esto no pudo dejar de causar un disgusto gene- 
ral , y una alarma que amenazó lamina de todo crédito y 
de la pública tranquilidad. El Gobierno aplicó á un mal 
tan grave diferentes remedios, que desgraciadamente fué^ 
ron ineficaces. Ultiifaamente, el Sr. Mon, hombre há- 
bil y experimentado, y de prontas resoluciones, se ocupó 
de esta difícil cuestión desde el momento que entró por 
tercera vez á desempeñar el mioisterio de Hacienda. Sus 
providencias fueron tan acertadamente concebidas, que han 
producido ya, y continuarán aun produciendo todo el 
efecto que de ellas debe esperarse. Consisten aquellas 
principalmente en la creación de ¡un departamento espe- 
cial de emisión , pago y amortización de billetes , cuyo 
departamento está dirigido por una junta compuesta de 
personas celosas, inteligentes y de reconocida probidad; 
en limitar el número de billetes , que por ahora han de 
quedar en circulación, á la suma de 100 millones de rea- 
les, inutilizando los demás á medida que se recojan , bien 
sea en pago del empréstito forzoso , ó por derechos de 
aduanas, ó porque se cambien por metálico; en dotar la 
nueva caja con 100 millones, 33.813,435 rs. en efectivo 



S18 REVISTA DE ESPAÑA, DH tSmiiS T t^L EXTRANJERO. 

metálico , y lo restante en diferentes vrfores, consisten- 
tes en obligaciones de coinpradores debienesnacionales, 
libranzas á cargo de !as cajas de ia Habana , títulos de) 3 
por 100, y cupones sin capitalizar : iodo por el precio lí- 
quido á que corre en ia plaza ; y por último , en mand«r 
que se admitan los billetes como dinero efectivo en pago 
de las rentas , contribuciones y deredhos que deba perci- 
bir el Estado en toda la Península. Todas estas disposicio- 
nes ^n de seguro éiito ; y aunque el espíritu de agiotaje 
no haya permitido basta abora que produzcan t\ com-^ 
pleto resultado que defbe con todo fundamento esperarse, 
en breve se experimentará, si la junta adopta aquellas de- 
terminaciones que son consiguientes para alejar déla caja 
á los miserables que van á cambiar como instrumentes de 
agiotistas. Algunas providencias se han tomado ya en este 
sentido. El numero de cambiantes llegó á 4Í5G en los pri- 
meros dias que siguieron al establecimiento del nxievo de- 
partamento , y ültimamente ha disminuido l)astante por 
consecuencia de la mayor expedición y facilidad con que 
se bacen los cambios, y porbaber renacido la confianza. 
En la plaza babajado el quebranto de los billetes hasta el 
l'/s por 100, y esto se hace ya en muy pocos establecimien- 
tos. Quizá se asegurarla para siempre el crédito del papel 
moneda, y se daria el ultimo golpe al agio, aumentando 
las bofas de cambio en la caja del nuevo departamento, ó 
estableciendo otras cajas para efectuar aquel. 

iS de Ocíuhm. 






CRÓNICA DE INDIAS. 

MoY breves seremos en esta parte. Los acontecimientos 
nmsiflfportsntes que han ocnrrído en aquélla parte del 
mondo desde que fntemitnpiroos iiaestra crónica , son ya 
mny conocidos de nuestros lectores, tanto de la Penín- 
sula , cuanto de Ultramar. Haremos sin embargo de dos 
una mención especíd t deltérmino que ha tenido la guer- 
ra entre Méjico y losístados-ünidos , 7 de las insurrec- 
ciones que han resultado en hilfarfinica y Guadalupe, 7 
Bhimamente en San Tomas. Respecto de io primero, los 
hechos han juzgado á Méjico sin apélat^ion ; se emancipó 
de EsptfSa para entregarse al coloso de América. tJtfiso 
ser independiente, y no ha sattndo ni podrflo defender su . 
independencia. Ha querido constituir un gobienio repu- 
Micano, y durante él casi siempre ha existido bajo la dic- 
tadura de algún militar ambicioso. 'Buscaba la dicha en su 
emancipación , y solo encontró la guerra crvil y -su ruina. 
Españoles de origen como nosotros, 'de nuestras mismas 
costumbres y hablando nuestra propia lengua , renegaron 
del gd^erno de sus padres , de su verdadera patria , para 
somíterse albugo extranjero.. El tiempo 'dirá si ¡en d nue- 
vo período que empieza para Méjico, alcánzala república 
Colombiana el sosiego, la dicha y la verdadera indepen- 
dencia que busca hace tantos anos sin saber dónde la lia- 
llará. En cuanto á los sucesos ocurridos en las colonias 
francesas, y en la dinamarquesa^ ellos prueban el efecto 
qué producen ciertas doctrinas al oítro lado áe los mares, 
lafiílsa apücacion que se %ace de «Has, y el «buso á qué 
dan lugar, Persuádanselas gentes de color, que una eman- 
«pación '^or medio déla-vitílen<3a seria su propia ruma, 
porque al día siguíeiíte de obtcn-cr su libertad se vemu 



220 RKVISTA DK SSPAÑA , DE INMAS Y DEL EXTIUNiBllO. 

sin medios de subsistir, ni de conservar el beneficio, para 
ellos ilusorio, de una estéril emancipación. Esta materia 
la hemos tratado en los primeros números de nuestra ile- 
vista. Aun diremos mas acerca de ella. 

En la colonia inglesa del Cabo de Buena Esperanza ha- 
bia estallado una insurrección. Los insurrectos intercep- 
taron una columna de infantería, mandada por el mayor 
Warren, y la obligaron á capitular. El gobernador de la 
colonia, Sir Smith, salió de la ciudad del Cabo á la ca-» 
beza de una división para atacar á los rebeldes , é iba re* 
suelto á hacer un castigo ejemplar con cuantos hombres 
armados cayeran en sus manos, y con cuantos hallase ex*^ 
citando al pueblo á la sublevación. 

También en nuestra rica y hermosa isla de Cuba han 
pretendido algunas cabezas acaloradas turbar el feliz so- 
siego de que goza , y embarazar, si fuese posible , el mo- 
vimiento progresivo de su admirable prosperidad. El ex- 
general D. Narciso López , bien conocido por su.lijereza 
y por su inquietud , y que no debió nunca obtener su cuar- 
tel para aquella isla, quiso dar principio á su loca inten- 
tona de rebelión, catequizando á dos ó tres jóvenes, que 
muy en breve lo abandonaron , viéndose aquel reducido á 
huir precipitadamente para no caer en manos de la fuerza, . 
que salió en su persecución en el momento que las auto- 
ridades de la isla tuvieron conocimiento del descabellado 
proyecto del Sr. López; y esto último fué casi tan pronto 
como trató este do realizarlo. Poco tiempo después con-* 
cibieron otros particulares aislados el pensamiento dispar 
ratado de agregar la isla , como si fuese patrimonio suyo, 
á la Unión-América. Parece que con este motivo hicieron 
un viaje á la capital de estos Estados , cuyo ministro de 
Negocios extranjeros, apenas tuvo conocimiento de este 
paso, lo comunicó inmediatamente i nuestro nünistro 



CRÓmCA ML BXnUNJKRO. 231 

plenipoteñciarOy quien instruyó de todo oportunamente á U 
autoridad militar de la Haba:na. Estas tentativas; obra de üda^ 
los patricios , que quizi se rebajan hasta el extremo de 
constituirse en instrumentos del maquiavelismo éxtranjérói 
deben dar á conocer i todos que la tranquilidad dé Cuba 
no puede alterarse por gracia de media docena de intri* 
gastes, pues ésti asegurada, firmemente asegurada, en 
los iutereses de dicha isla , en la prosperidad de que goza, 
en las mejoras que diariamente recibe su ya excelente ad* 
miaistrácion , en las lecciones terribles que ofrece la his- 
toria contemporánea á los pacíficos y sensatos cubanos, y 
en la dvilisacíon y cultora de estos. Quien dude de ello, 
que vea si han tenido algún eco, si han tenido algunos 
sectarios los planes de D« Narciso Lopes. 

CUONICA DEL EXTRANJERO. 

Dkspübs de ratificado por el rey de Prusia el segundo 
armisticio firmado por los plenipotenciarios de esta po*« 
tencia y de Dinamarca , el gobierno de Francfort se negó 
primero á ratificar por su parte dicho armisticio, aunque 
riespues lo aprobó. Este lo llevó á Berlin el general Below, 
é inmediatamente se dieron órdenes para que se levanta- 
ra el bloqueo, y quedaron en Shleswig dos mil hombres 
hasta la realización de la paz.-— Los húngaros habían pene- 
trado en la Servia, y cometido alti atrocidades inauditas* 
Después de allanadas varias dificultades y de alguna in- 
certidumbre, quedó aceptada por Austria la mediación 
anglo-francesa. Al mismo tiempo dio órdenes el gobierno 
francés para que el general Lamoricifere tomase el mando 
del ejército de los Alpes. — También Gerdeña aceptó la 



m REVISTA DE SStitííá^ ■» BOUS 1 ^feft EXTRANJERO. 

Aedíackm «o^o^fraocémr. ElgobieniO' da Mf^^^íañáé 
¿ Síeaift muL eacMdffa eon Tekáe y e«aftro> nil hotabf w d* 
lfO|N» de deiembat eoy qw se eneMMBi á HaaMM» c«i 
desigDío de eerearla y de wbf.EigM toda la Shulik. Iia«ié 
áMeBaiaa 1» eseiiadfa napoMuna» eompttwla da vanee w- 
poras , doa fra^taa y aiguaas bmetia» calmena ^ y aaclé 
bajo la protección de las baterías de Is cittdadata* Foow^ 
lioada el combate^ crtnabo» lca> vapoiaas de oii» á otra 
puUff otéodoae pof inteniakM el eslaf^iidcr d«L caioB* 
Sabiendo desembareado ea Ift phrya quintentoaaníxas^oB 
desigiMOi de apoéerarse de m pequeikot vednctoy eotocaéa 
á la entrada de la dudad por la parte del sw^ fiíéron at»-> 
caaos por loa sicilianos , y obligados i sflapreBder la^ rala* 
rada , que efectuaron co» orden ^ á pesar dfcqva aofiñarotí 
la pérdida de cincuenta muertos. Según la alegría que 
manifestaban los sicilianos y el entusiasmo con que se ex- 
presaban , parecía que al dia siguiente iba á darse un ter- 
rible ediid)ate. Lat dúchetela entre tanto contíiaiii&a bom- 
bardeando la ciudad , en la que causaban horribles estra- 
gos los. numerosos proyectiles quearrojabaalos aititidores, 
lleBando de pavor 4 loa tioaidos» é ÍQtroduirie«do el das^ 
filiento en el corazón de los menos exidtado» : oaucbM ae 
refugiaron en los buques fraseeses é ingleses surtos mt el 
puertOi. Coa todo, en los messineses se nanaifesAd el des^ 
orden y la iacertidumbrey y al cabo se propuso una ca- 
pitolacíonu El comandante de ua buque francés y el de 
otro inglés ofrecieroa su mediacioa ;.BQas no fué poriUe 
poner de acuerdo á las partes beligerantes. Renovdee pues 
el bombardeo coa mayor furor ; sallaroa as tierra las tiCH 
pas napolitanas, apoyadas por los buques de la. esetiadfa 
que entraron en el puerto- Se apoderaran de los fiíeiítosv 
donde no hallaron la resistencia que se erraba ¿ poco 
después penetraron en Messina, la que fué ocupada mili«* 



taiuuaie» Poi aiafaas partes ie cometieron atentados bor- 
ribieft, ipxe parecen increíbles en aére$ humanos^ j mucho 
mas en gentes civilizadas. ¡Imposible parece que el &na- 
tismo arrastre á los bombres hasta el, punto de as^ y 
comer la carne de sus semejantes! 

A pesar de la pérdida de Messina, se propcnian los sici* 
üanos prolongar la resistencia ,1 eomo se deduce de la 
proclama y orden del dia, que publicó el presidente del 
gobierno de Palermo. Esta noticia causó en Ñapóles un 
terror general, y produjo graves desórdenes. 
. Mientras tanto el mariscal Radetzky concentraba fuerzas 
considerables sobre las lineas del lago Mayor, delTesiuo 
y del Po» con cuyo motivo se vio obligado á retirar toda 
la guarnición de Como y de Pavía. Carlos Albefto volvió á 
jiu capital, en ocasión que se hallaban prorogadas las cá- 
maras. Según se aseguraba, estaba ya de acuerdo con el 
mariscal Radetzky en prorogar por otras seis semanas el 
armisticio de 9 de agosto. En una proclama que dirigió á 
la gfiardia nacional se e^pre3aba en sentido de paz y de 
moderación. Mas la consuUa lombarda , reunida en Turin, 
protestaba contra el armisticio, considerado como hecho 
político. Declaró esta que debia mantenerse en vigor la 
votación del pueblo para la anexión al PiamoiMte del reir 
no Lombardo-Véneto « y que todas las combinaciones que 
los mediadores quisiesen imponer á U peninsola^ serían 
tenidas por contrs^ias al derecho nacional , no teniendo 
por bases los hechos consumados y la independencia com* 
pleta de toda Italia, 

£n Francia se ocupaba la Asamblea Nacional en la dis* 
cusioo del proyecto, de constitución. Con este motivo se 
tocaron cuestiones tan UnportasKte&y graves como las d« 
jibertad de knpr^ta y la organización. del trabajo. La pena 
de muerte , abolida en materias políticas , se ha conserva- 
do para los delitos comunes. 



224 REVISTA DB KSPAÜA , DS IKÜIA9 T JiEt ftXTRAÜJBRO. 

Macho interés produjo en París la elección de trea diputa- 
dos para ia Asamblea Nacional. Luis Bonáparte filó el pri« 
mero que resultó elegido por mas de denlo diet mil roto8« 
Cuando se proclamó el nombre de este , fué stAudado por 
las músicas de la guardia nacional , que tocaron uno<^ 
los himnos de la época del Imperio, y con los gritos de 
; Viva el Emperador! Viva Napoleón! La elecdon de Luis 
Bonáparte cauaó en París y en varíos departamentos una 
viva inquietud. Interpelado el general Gavaignac acerca 
de la situación del pais , contestó que no era tan grave 
como se pensaba, y que en el caso de estallar algún des- 
orden, seria reprimido enéijicamente. 

El general Gavaignac, que en momentos críticos ha 
manifestado valor y singular eneijfa, y que durante el 
tiempo que se halla al frente del gobierno ha acreditado 
suma prudenda y sensatez , ha modificado el gabinete, 
dando en él entrada á los señores Dufaure , Vivien y Fres- 
ñau, todos correspondientes al bando de la Asamblea, 
que se conoce con la denominación de la República Paci- 
fica, y los dos prímeros ex-ministros de Luis Felipe. En 
concepto de algunos , esta conducta hace que el general 
Gavaignac rompa completamente con el otro bando de la 
República Roja, y que le asegure la silla de la presidencial 

Gasi en el momento de entrar nuestro número en prensa 
se ha redbido por telégrafro la noticia de que al salir para 
Hungría la guarnición de Viena, se opusieron á ello la 
guardia nacional y los aldeanos , y después de un choque 
sangriento, se apoderaron los sublevados del ministro da 
la Guerra, y lo ahorcaron : los demás ministros se ocul« 
taroB inmediatamente, y la corte se había alejado dé 
Schoembrum, donde residía. La capital de Austría se ha- 
llaba dominada por la demagogia mas desenfrenada. 



DE 

LA DEHOGRAOA EN FRANCIA, 

por Mr. Chiizot. 



Me atrevo á creer que nada se hallará en este es- 
crito, absolutamente nada , que lleve «I sello de mi 
situación personal. £1 que á la vista de tan grandes 
cosas no se olvidara á sí mismo , merecería ser olvi- 
dado para siempre. Solo he pensado en la situación 
de mi pais , y cuanto mas pienso en ella , mas me 
convenzo de que su gran mal , el mal que está en el 
fondo de todos sus males, que mina y destruye sus 
gobiernos y sus libertades, su dignidad y su bienan- 
danza, es el mal que yo ataco, la idolatría demo- 
crática. 

¿Será remedio eficaz contra este mal el adveni- 
miento de Luis Napoleón Bonaparte á la presidencia 
de la república? El porvenir nos lo dirá. Lo que hoy 
digo, después de la elección de Luis Napoleón Bo- 
naparte, diría también, sin variar nada^ si hubiese 
sido elegido el general Cavaignac ; porque las gran- 
des verdades sociales no se dirigen á ningún noin- 
bre propio, sino á la sociedad misma. 

T. xui. .15 



226 BEVISTA 0t ESPAÍU, DE INDIAS Y OIL EXnUNJBAO. 

CAPITULO PRIMERO. 

CAUSA DEL MAL. 

MiRABEAu, Barnave, Napoleón y Lafayette, muertos en 
sus lechos ó an el cadalso , en la patria ó en el destieiro , 
en dias mny lejanos y distintos entre sí , han exhalado to- 
dos su último suspiro con un mismo sentimiento , con un 
sentimiento profundamente triste. Todos ellos han visto 
frustradas sus esperanzas y destruidas sus obras , y han 
dudado del triunfo de su causa y del porvenir. 

El rey Luis Felipe ha reinado mas de diez y siete años. 
Yo he tenido el honor de ser mas de once anos ministro 
suyo. Si Dios nos llamara mañana á su seno , ¿ dejaríamos 
esta tierra muy tranquilos sobre la suerte y el orden cons- 
titucional de nuestra patria? 

I Será que la revolución francesa está destinada á no en* 
gendrar mas que dudas y engaños , y á no amontonar mas 
que ruinas sobre sus triunfos? 

Si ; en tanto que la Francia sufre que en sus ideas , en 
sus institucicHaes y en el gobierno de sus negocios perma- 
nezcan mezclados y confundidos lo verdadero y lo false, 
lo bueno y lo malo, lo posible y lo quimérico, lo saluda- 
ble y lo funesto. 

Un pueblo que ha hecho una revolución, no vence los 
peligros ni recoge los frutos sino cuando él mismo aplica 
álos principios, álos intereses, á las pasiones, las pala- 
bras que han precedido á esa revolución , la sentencia del 
juido final, c separando el grano bueno de la cizaña y el 
trigo de la paja destinada al foego • . 

Mientras que no se verifique este juicio , es el caos; y 
si el caos se prolongara en el seno de un pueblo , seria la 
muerte. 



» Lk D»iOCIUClA EN FBAIKaA. 323 

El caos se oculta ht>y bajo una palalH'a : Demoeracia* 

Esla 69 la palabra soberana, universal , que invocan to^ 
dos los partidos , queriendo apropiársela como un talis«» 
man. 

Los monárquicos dicen : «Nuestra monarquía es una 
monarquía democrática, j par eso difiere esendalmienfe 
de la antigua monarquía j se acomoda á la sociedad nueva.» 

Los republicanos dicen : f La república es la democra-^ 
cía gobernándose á si misma. Este es el único gobierno 
en armonía con una sociedad democrática , con sus prin^ 
etpios, sentimientos é intereses.» 

Los sodalist^ , los comunistas y los montañeses quie- 
ren que la república sea una democracia pura y absoluta , 
y esta es, en concepto suyo , la condición de su legiti- 
midad. 

Es tal el imperio de la palabra democracia ^ qué ningún 
gobierno , ningún pai*tido se atreve á vivir, y aun creen 
no poder vivir, sin inscribir esta palabra en su bandera, 
creyéndose mas fuertes los que levantan esta bandera mas 
alta y mas lejos. 

¡Idea fatal que suscita ó fomenta incesamente la guerra 
en medio de nosotros, la guerra social! 

Preciso es extirpar esta idea , pues solo á esta costa se 
obtendrá le paz social, y con ella la libertad , la seguri- 
dad 9 la prosperidad , la dignidad , todos los bienes mora- 
les y ^ateríales que ella solo puede garantir. 

Hé aquí de qué fuentes deriva su poder la palabra de- 
mocracia. 

Esta es la bandera de todas las esperanzas , de todas las 
aad>idones sociales de la humanidad , puras ó impuras, 
nobles ó b^as, sensatas ó jnsensatas, posibles ó quimé- 
ricas. 

La gloria del hombre es ser ambicioso. Solo él en este 



228 REVISTA DE £flPAÑA, DK INDIAS Y DEL EXTRANJERO. 

mundo entre todos ]os seres, no se resigna al mal : aspira 
incesantemente al bien. Para sus semejantes , como para 
sí mismo , respeta y ama la humanidad. Quiere curar sus 
padecimientos y reparar las injusticias que sufre. 

Pero el hombre es tan imperfecto como ambicioso. En 
su ardiente y constante lucha para abolir el mal y alcan- 
zar el bien , al lado de una inclinación buena marcha á 
otra mala que la cerca y la disputa el paso : la necesidad 
de Justicia y la necesidad de venganza ; el espíritu de li- 
bertad, el espíritu de licencia, el espíritu de tiranía, el 
deseo de levantarse sobre los demás y abatir lo que está 
levantado , y el amor ardiente de la verdad y la temeridad 
presuntuosa de la inteligencia. Sondéese toda la naturale- 
za humana , y se encontrará en todas partes la misma lucha 
y los mismos peligros. 

Para todos estos instintos paralelos y contrarios ; para 
todos confusamente, asi los malos como los buenos, la 
palabra democracia tiene perspectivas y promesas infinitas. 
Arrastra todas las inclinaciones y habla á todas las pasio- 
nes del corazón del hombre, así á las mas morales como 
á l$s mas inmorales , á las mas nobles como á las mas ver- 
gonzosas, á las mas dulces como á las mas dums, y á las 
mas benéficas comoá las mas destructoras. A las unas 
ofrece públicamente , y á las otras hace entrever en se- 
creto su satisfacción. 

Hé aquí el secreto de su fuerza. 

No he sido exacto en decir secreto ; porque la palabra 
democracia no es nueva, y en todos tiempos ha dicho lo 
que hoy dice. Hé aquí lo que es nuevo y propio de nues- 
tra época. La palabra democracia se pronuncia ahora, to- 
dos los dias, á cada instante , en todas partes , y llega in- 
cesantemente á los oídos de todos los hombres. Este lla- 
mamiento terrible á lo que hay de mas poderoso para el 



DE LA DEMOCRACIA EN FRANCU. rZ¥ 

bien y para el mal, en el hombre y en la sociedad, no 
resonaba antes sino pasajera y localmente en ciertas cla- 
ses unidas ¿ otras en el seno de la misma patria; pero pro- 
fundamente diversas, distintas, limitadas. Yivian distantes 
entre sí, y oscurecidas las unas para las otras. En el dia no 
bay mas que una sociedad , y en esta sociedad no hay ya 
altas barreras, ni largas distancias , ni oscuridades mutuas. 
Falsa ó verdadera, fatal ó saludable, cuando brota una 
idea social penetra y obra en todas partes y siempre. Es 
una llama que no se extingue jamas. Es una voz que no se 
cansa ni calla en ninguna parte. La universalidad y la pu- 
blicidad incesante : tal es ya el carácter de todas las gran- 
des provocaciones y de todos los grandes movimientos que 
se dirigen y comunican á los hombres , porque es uno de 
esos hechos consumados que entran sin duda en los de- 
signios de Dios sobre la humanidad. 

En el seno de semejante hecho, el imperio de la palabra 
democracia no es un accidente local y pasajero, sino el 
desarrollo, y aun otros dirían , el desencadenamiento de 
toda la naturaleza humana sobre Xoda la linea y en todas 
las profundidades de la sociedad ; y de aquí la lucha obs- 
tinada, general, continua, inevitable de sus buenas y ma- 
las inclinaciones, de sus virtudes y de sus vicios, de to- 
das sus pasiones y de todas sus fuerzass para perfeccionar 
y para corromper, para levantar y para abatir, para crear 
y para destruir. Este y no otro es el estado social y la con- 
dición permanente de nuestra nación. 

CAPITULO II. 

DEL GOBIERNO £N LA DEMOCRACIA. 

Hay hombres á quienes no inquieta esta lucha. Tienen 
confianza absoluta en la naturaleza humana ; según dicen 



2S0 REVISTA DE ESPAÑA, DE INDIAS Y DEL EXTRANJERO. 

ellos 9 abandonada esta á si misma , se dirige hada el bien. 
Todos los males de la sociedad nacen de los gobiernos^ 
que corrompen al hombre, violentándolo ó engañándolo. 
La libertad , la libertad en todo y para todos. Casi siempre 
bastará la libertad para iluminar ó para contener las to- 
lmitades,para anticiparse al mal ó para curarlo. Que al 
lado de la libertad haya un poco de gobierno , lo menos 
posible , para reprimir el desorden extremado y material. 

Otros poseen un medio mas decisivo para asegurarse 
contra el triunfo del mal en el hombre y en la sociedad. 
No existe^ dicen , un mal natural y necesario, porque nin- 
guna inclinación humana es mala en si misma ; no se con-* 
vierte ninguna en mala, sino porque no logra alcanzar el 
fin á que aspira. Es una corriente que, no pudiendo seguir 
su curso, produce una inundación. Que se organice la so- 
ciedad de tal modo que todos y cada uno de los instintos 
del hombre encuentren su fruto y su satisfacción ; así 
desaparecerá el mal ; asi cesará la lucha , y todas las fuer- 
zas humanas, en unión armoniosa, concmrrirán á produ- 
cir el bien social. 

Los primeros no conocen al hombre ; los segundos no 
conocen al hombre y niegan la existencia de Dios« 

Que todo hombre penetre en si mismo y se observe 
cuidadosamente. Por poco que sepa mirar y qoe consienta 
en ver, se conmoverá profundamente al contemplar la 
guerra incesante en que dentro de si mismo están empeia^ 
das sus buenas y sus malas indinacicmes, lajraEon y el ca- 
pricho, el deber y la pasión , el bien y el mal , para darles 
sus verdaderos nombres. Todos contemplan con inquietud 
las agitaciones , los azares exteriores de la vida humana. 
¿Qtfé sería si se presenciasen las agitaciones, los azares 
interiores de la vida humana? {Allí es donde es preciso rer 
los peligros que se encuentran , las asechanzas , los ene- 



SB LA BBHOGRAGIA KN FBAKCUu 234 

migos, los combatea » las victorias» las derrotas numero* 
sas que ocurren en un día » en una hora I No digo esto 
pata desanimar al hombre, ni para humilfanr su libertad. 
SI hombre está destinado á vencer en esta lucha de la vi* 
da, 7 á su libertad es á quien corresponde el honor de 
vencer. Pero esimposiblequealcancela victoria, y al con-- 
Irario la derrota es inevitable sí no tiene una idea cabal j 
un sentimiento profundo de sus peligros, de sus debili- 
dades y de los auxilios cpie necesita. Indica una ignoran- 
cia inmensa de la naturaleza del hombre y de su condi- 
ción, el creer que, abandonada á si misma la libertad 
humana, se encamina al bien y basta para alcanzarlo. Este 
ea el errcur del orgullo ; error que enerva al mismo tiempo 
el orden moral y el orden político, el gobi^no interior 
del hombre y el gobierno general de la sociedad* 

Porque la lucha es la misma, y el peligro tan apremian- 
te» y el socorro tan necesario &í la sociedad como en el 
hcMubre. Muchos de los que hoy existen, han visto varias 
veces en el curso de su vida el edificio social próximo i 
disolverse, rompiéndose por todas partes sus lazos y sus 
iqioyos» ¡fin qué inmensa extensión, con qué espantosa 
rapidez han estallado, en cada prueba de estas, todas las 
causas de guerra y de muerte social que sin cesar fermen- 
tan en medio de nosotros! ¿Quién no se ha estremecido 
al descubrir repentinamente esos abusos sobre los cuales 
vive la sociedad, y las frágiles barreras que la separan de 
dios , y las leones destructoras :que de eUos salas en 
cnanto empiezan á entreabrirse? En lo tocante á mi, he 
asistido dia por dia, hora poír hora, al mas puro, al mas 
sabio, al mas suave, al mas corto de estos temibles sacu- 
mientos; he visto en julio de 1830, en las caUes y en los 
palaoioe, á la puerta de los Consejos Nacionales y en el 
smo de las reuniones populares, á esa sociedad entrega- 



REVISTA DE ESPAtUy DE INDU8 Y DEL EXTRANJERO. 

da á si. misma 9 que bacía ó veía hacer la revoloeion. Y al 
mismo tiempo que admiraba tantos sentimientos genero* 
sos , tantos actos de enérjica inteligencia, de virtud des* 
interesada y de moderación [heroica , me estremecía al 
ver que brotaba y crecía por minutos un torrente inmen-* 
60 de ideas insensatas, de pasiones brutales , de veleidades 
perversas, d^ fantasías terribles, próximo i extenderse y á 
inundarlo todo en un suelo que ya no protegía dique al- 
guno. La sociedad acababa de rechazar victoriosamente 
las ruinas de sus leyes y de su honor , y ella misma se 
hallaba ¿ punto de arruinarse en medio de su propia vic- 
toria. A la luz de estos hechos aprendí las condiciones vi- 
tales del orden social, y la necesidad de la resistencia para 
alcanzar la salvación. 

Resistir, no solamente el mal, sino el principio del mal; 
no solo al desorden, síno.á las pasiones y á las ideas que 
engendra el desorden , es la misión esencial , es el pri- 
mer deber de todo gobierno. Y cuanto mas poder tiene 
la democracia , mas importa que el gobierno conserve si;^ 
verdadero carácter en la lucha á que la socíadad sirve de 
teatro, i Por qué haa perecido tan rápidamente tantas so- 
ciedades democráticas, algunas de ellas tan brillantes? Por- 
que no han consentido que en el seno de ellas cumpliese 
el gobierno su deber y desempeñase su oficio. Has han he- 
cho aun que reducirlo á la debilidad , porque lo han con- 
denado á la mentira. La triste condición de los gobiernos 
democráticos estriba en que, estando encargados de re- 
primir el desorden , se quiere que sean condescendientes 
con las causas del desorden, y que las lisonjeen. Se les 
exige que contengan el mal cuando estalla, y se les man- 
da que le echen incienso mientras fermenta sin estallar.. 
Nada, á mí modo de ver, nada conozco mas deplorable 
que esos poderes que, ^i la lucha de los buenos y de los 



BE L4 DSMOCaAGIÁ ENTRANCU. 235 

malos principios , de las buenas y de las malas pasione», 
doblan ¿ cada instante la rodilla ante las malas pasiones y 
los malos principios , y luego tratan de ponerse en pié 
para combatir sus excesos. ¿No queréis excesos? Pues re- 
-probaálos en su origen. ¿Queréis la libertad , el desarro- 
llo amplio y glorioso de la humanidad? Tenéis razón. Co- 
noced , pues, las condiciones, preved las consecuencias 
de este gran hecho. No cerréis los ojos ante los peligros, 
ante los combates que suscitará. Y en estos combates , y 
en estos peligros , no exijáis á vuestros jefes que sean hi- 
pócritas ó débiles en presencia del enemigo ; no les im- 
pongáis- el culto de los ídolos , aunque los ídolos fueseis 
vosotros mismos; permitidles, mandadles que no adoren, 
^e no sirvan mas que al verdadero Dios. 

Podría yo complacerme en recordar aquí los nombres 
7 la memoria de tantos poderes como han caido vergon*- 
-zosamente, por haberse prestado con cobardía á servir 
los errores y las pasiones de las democracias que tenían 
el deber de gobernar. Prefiero , sin embargo , citar los 
•que han vivido gloriosamente resistiéndoles. Me gusta mas 
probar la verdad por medio del ejemplo de los prudentes 
y de sus triunfos , que por el de los insensatos y sus der- 
Totas* 

La Francia democrática debe mucho al emperador Na^ 
poleon. Dos cosas le ha dado que tienen un valor inmen- 
so : en lo interior, el orden civil sólidamente constitui- 
-do ; en lo exterior, la independencia nacional fuertemente 
establecida por la gloria. ¿Ha tenido jamas un gobierno 
que la haya tratado ccm mas dureza , que haya manifes^ 
tado menos condescendencia á las ideas y á las pasiones 
favoritas de la democracia? En el orden político, Napo- 
león no se ocupó mas que en realzar el poder,. que en de«- 
'volv^le las condiciones de su fuerza y de su grandeza. En 



fSé REVISTA SíB XSPARAi BE INDIAS Y BEL BETRANJERO. 

esto descubrió , para una sociedad democrática como para 
cualquiera otra, un ioteres nacional de primer irden^ y, 
s^Ufi stt opinión, el primero <ie todos los intereses. 

Pero napoleón era un déspota. Si o(Mnprendió y sirvió 
bi&Oi algunos de los grandes intereses de la Francia , desr 
conoció profundamente y ajó otros no menos sagrados. 
I Cómo era posible que se manifestase favorable á los ins* 
tintos políticos de la democracia cuando era ton enemigo 
de lalib^tad? 

Mo lo niego; no me expongo á olvidar que Napoleón 
era un déspota , porque no be necesitado aprenderlo. Así 
lo paisaba yo cuando estaba en todo su poder. ¿Era posible 
que no lo fuese? ¿Era posible que él aceptase la libertad 
política, y podíamos entonces recibirla nosotros? No re- 
suelvo esta cuestión. Hay hombres muy grandes, que con- 
vienen á ciertas crisis enfermitas y pasajeras, no al es- 
tado sano y duradero de la vida de los pueblos. Quisa 
no fué Napoleón mas que uno de esos ;hombres. Nadie 
está mas que yo convencido de que desconoció algunos 
de los principios vitales del orden social, algunas de las 
necesidades esenciales de nuestros tiempos. Pero resta- 
bleció en el seno de la Francia democrática el orden y el 
poder. Creyó y probó que se podía servir y gobernar á 
una sociedad democrática , sin acceder á todas sus incli- 
naciones; en esto consiste su grandeza. 

Wasbitígton no se parece á Napoleón ; Washington no 
•era un déspota. Fundó la librad política al xmsmo tiem^ 
po que la indep^dencia nacional de su patria. No biso 
uso de la guerra sino para alcanzar la paz. Habiendo su- 
bido sin ambición al poder supjpemo , bajó de él sin pesar 
«n cuanto se lo permitió la salvadon de su patria. Waabing^ 
itm es el modelo de los jefes de república democrática. 
Que se examinen su vida, su alma, sus hechos, sus pen* 



DB LA. 0KMOGMCU BN FSAHCIA. 998 

samientosy sus palabras: no se encontrará una sola prue- 
ba de condescendencia , un solo instante de abandono en 
fitvor de las pasiones y de las ideas fayoritas de la demo- 
eracta. Luchó constantemente : luchó basta el cansando y 
la tristeza costra sus exigencias. IiSngun hombre ha esta- 
do jamas mas proAmdaunente imbuido ett espirita de go- 
bierno , de respeto á la autoridad. Jamas excedió los de- 
fechos del poder, segan las leyes de su pais; pero afianzó 
7 sostuvo estos derechos » de hecho y en principio, con 
tanta ftrmeza, con tanto orgullo, comohtibi^ra podido 
btcerlo en un estado antiguo, monárquico ó aristocráti- 
co. Era mío de aquellos hombres que saben que , lo mismo 
en una república que en mía monarquía, lo mismo en mía 
sockdad demoaática que en cualquier otra, no se go- 
bierna de ri)ajo para arriba. 

Las sociedades democráticas no tienen el privilegio de 
qve el espirita de gobierno sea en ellas menos necesario» 
ni que sus condiciones vitales sean otras y menos eleva- 
das que en bis demás. Por ona infalible consecuencia de 
la lucha que infaliblemente se entabla en su seno, se excita 
emistantetmente al poder á decidirse entre los impulsos 
eontrarios que lo solicitan para que se convierta en crea* 
dor del bien ó en cómplke del mal, en campeón del or- 
den ó en esclavo del desorden. La fábula de la elección 
de Hércules es so historia de todos los dias, de cada mo- 
mento. Todo gobierno, sean cuales fiíesen su forma y su 
BomlMre, que , ya sea por el vicio de su organización ó de 
so situacioB, ya sea por la coirupcion ó por la debilidad 
de su voluntad , no tenga fuerzas para esta tarea inevita- 
ble^ desaparecerá en breve coonno una ftmtasma maléfica, 
y pmlerá á la demo^^acia en vez de fundarla. 



ett.lqoita otra, ^^^^ ¿e todos los .nte ; 
««OB »a opioioo» el 9^^ Si compro» 

TroNapol^»-^-,tC-^ 
bien algunos d«^°* «' .j6 otros no nv 
conoció P'oft»»d;»«»^J j^vfestasetav. 

jWmo era posóle <í»j;^^^^ri,cuanau 
tinto» poUticos de ladeado 

delalibertad? ^ _ «ipongo á "^ 

Nolonlego;«o«^*j;enecc 
era un déspota. por^«j^;^^„,,a 
U, pensaba ^ocuandoe^»^^^^^^^ 

,luenolofae»eUfi"P , 



política, y v"v.»--- 

Llvoestacuesuon-Hay^ 

vienen A ciertas cn«s en 

Udo sano y duradero d 

no fué Napoleo» a»as qu 
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,--:f I A »«»l«^^ 




DK 1.4 DXMOORAGU EN f RANGU. S37 

que nos jacl*mos de tocar al apogeo de la civilización , y 
en que resuenan las palabras mas humanas que pueden 
^alir de la boca de los hombres, es cuando esta lucha re* 
nace mas violenta y mas feroz que nunca. 

Este es un azote y un baldón que nuestmépoca no puede 
aceptar. La paz interior, la paz entre todas las clases de 
ciudadanos, la paz social. ¡ Tal es la suprema necesidad de 
la Francia , y el grito de salvación ! 

¿Nos la dará la república democrática? 

Muy mal se ha inaugurado sobre este particular. Nacida 
apenas, ha sufrido y dado la guerra civil. Esta es una gran 
-desgracia para ella. Los gobiernos salen con mocho tra- 
bajo de lo que fué su cuna. ¿Lo conseguirá la república 
democrática? ¿Restablecerá con el tiempo la paz social? 

Un hecho hay que me llena de zozobra, y es el afán con 
que la república se ha apresurado á llamarse expresa y 
oficialmente democrática. 

Los Estados-Unidos de América son en el mundo el 
modelo de la república y de la democracia ; y á pesar de 
esto , ¿han pensado jamas en. titularse república demo- 
crática? 

No extraño que no hayan pensado en semejante cosa, 
porque entre ellos no habia lucha entre la aristocracia y 
la democracia, entre una sociedad antigua aristocrática y 
una sociedad nueva democrática. 

Lejos de esto. Los jefes de la sociedad de los Estados- 
Unidos, los descendientes de los primeros colonos, la ma- 
yor parte de los primeros plantadores de los campos y de 
los principales negociantes de las ciudades, la aristocracia 
natural y nacional del país» estaban á la cabeza de la revo- 
lución y de la república ; I4 querían, la sostenían y se de- 
dicaban á ella con mas eneijia y constancia que gran parte 
del pueblo. La conquistado la independencia y la funda*» 



RBYISTA DX StPiJU, DB UIBU8 X DU< ISriUMJKRO. 

eion de la república no han sido en los Estados^UnidoB 
obra y vidoria de ciertas otases contra otras, porque todas 
han concumdo i cdia bajo la direoelon de las mas alh», 
ricas é ilustradas, que varias veoes tuvieron que veneer 
grandes obstáenlos para uur las voluntades y sostMiei el 
valor de la población. 

Cuando había que escoger oficiales para los cuerpos de 
tropas que se formaban en los diversos Estados, Washingi- 
ton hacia á todos esta recomendación : cToinad oabalkros^ 
porque.soa los mas seguros y capaces. > 

El gobierno republicano necesita mas que otro alguno 
del concurso y cooperación de todas las clases de duda« 
danos. Si la masa de la población no lo adopta con entii* 
siasmo j no echa raíces; y sí las clases altas 16 desechan ó 
lo abandonan , carece de reposo , y tanto en el uno como 
en el otro caso necesitará ser opresor para vivir* Prec»a« 
mente porque en el orden político los poderes repobUc»* 
nos son débiles y precarios, necesitan sacar de las dispo- 
siciones del orden social mucha fuerza moral. ¿Cuáleason 
las repúblicas que han vivido honrosamente y por mucho 
tiempo , resistiendo á las faltas y á las tempestades natu- 
rales de sus institucicmes? Aquellas solamente en las que 
el espíritu republicano ha sido verdadero y general, que 
han obtenido á la vez de una parte la adhesión y la con-* 
fianza del pueblo , y de la otra el apoyo decidido de lis 
clases que por su posición adquirida, por so fortuna, por 
su educación y por sus hábitos, llevan álos negocios pú-» 
blicos mas peso de autoridad natural^ de independencia 
tranquila y de luces. Con estas solas condiciones se esta- 
blece y vive la repúbUca, porque con ellas solamente go- 
bierna sin turbar la paz social , y sin condenar el poder á 
la deploraUe alternativa de ser desorganizado por la anmr- 
quia , ó dilatarse hasta la tiranía. 



»B LA MXOGBACIA BN FKAKOA. 239 

Lo$ Efttados-Unidos de América han tenido esta feHet«- 
dad, felicidad que falla á La república fhmcesa, y que, sin 
embargo, la proclama con gtoria. ¿ Qué quieren decir hoy 
entre nosoirose&aspafadHras república denwerdtíea^ invoca-' 
das y adoptadas como el nombre oficial y el símbolo delgo*^ 
bierno? Este es el eco de an grito ant^o de guerra so- 
cial, grito que se levanta y se rqptte en nuestros dias , en 
todas las dases de la sociedad; pronundado con cólera 
por ciertas clases contra otras, que á su ve2 lo oyen con es- 
panto resonar contra si mismas. Demócratas arriba y aris^ 
tóeriMias abajo. Alternativamente amenazadores y amena- 
zados, envidiosos y envidiados. Continuos y chocantes 
cambios de papel, de actitud y de lenguaje. Deplorable 
confusión de ideas y de sentimientos contrarios. La guerra 
en el caos* 

Oigo la respuesta : c Esta guerra ha sido un hecho , ei 
hecho dominante de nuestra historia, de nnestra socie- 
dad y de nuestra revolución. No se ocultan ni callan he- 
chos semejantes. Este ha encontrado al fin su término y 
su ley. No es la guerra la que {Nroclamaroos titulándonos 
república democrática; sino la victoria , la victoria de la 
democracia. La democracia ha vencido ; queda sola en el 
campo de batalla ; levanta su visera, dice su nombre y to- 
ma posesión de su conquista.» 

¡Ilusión ó hipocresía! ¿Sabéis cómo un gobierno, de- 
mocrático ó no, proclama y prueba su victoria cuando es 
real y definitiva? Restableciendo la paz. Con este signo 
solamente habréis vencido. ¿Reina por ventura la paz en 
Francia? ; Se aproxima acaso? j Es derto que los diferen- 
tes elementos de la sociedad, de grado ó por fuerza, atis- 
fechos ó resignados, creen de veras en la paz , y vienen á 
calmarse y colocarse bajo la mano de la repáblica demo- 
crática? Escuchad las interpretaciones que se dan y los 



240 REVISTA DK KSPASíá, BE INBIAS Y DEL EXTRANJERO. 

coflcientaríos que se hacen en todas partes sobre esas pala- 
teas, que habéis escrito en la bandera del gobierno repu- 
blicano ; mirad los hechos que estallan ó amenazan esta- 
llar donde quiera á causa de «sos comentarios, y decidnos^ 
8i son síntomas de la paz. ¿Veis en ellos, no digo la realidad, 
pero ni aun la apariencia de una de esas victorias fuertes 
que comprimen á lo menos por algún tiempo las luchas 
sociales y aseguran á las naciones una larga tregua? 

Hay hechos tan inmensos, tan públicos, que no hay po- 
der humano que baste á ocultarlos. Decid, mientras asi os 
plazca, que ha llegado el dia de la fraternidad; que la de- 
mocuacia , tal como la establecéis , pone término á toda 
hostilidad y ¿ toda lucha de clases, y asimila y une á todos 
los ciudadanos. Sobre estas vanas palabras lucirá la ver- 
dad, la verdad terrible. Donde quiera se verá la pugna de 
intereses, pasiones, pretensiones, situaciones y clases di- 
versas; pugna empeñada con todo el arrebato de esperan- 
zas y temores sin limites. No hay que dudarlo : al caos de 
la guerra social es á donde la república democrática se ha 
encaminado desde sus primeros pasos y desde sus primeros 
actos « y donde está próxima á sumergirse y sumergirnos. 

¿Nos da alo menos armas para defendemos? ¿Nos abre 
salidas para salvarnos? 

Voy mas allá de su nombre. Miro á las ideas políticas que 
proclama y redacta en leyes del Estado , y mi inquietud, 
lejos de disminuir, se aumenta. Asi como en la bandera de 
la república democrática he hallado la guerra social , del 
mismo modo encuentro en su constitución el despotismo 
revolucionario. Nada de poderes distintos y bastante fuer- 
tes por si mismos para contrarrestarse y sostenerse recí* 
procamente. Nada de sólidos baluartes á cuyo abrigo pue- 
dan establecerse los derechos y los intereses diversos. 
Ninguna organización de garantías , ningún contrapeso de 



OK LA ¡mmOQUáCU 8N rhkWSÍA. 841 

faenas en el eanfvo dBl£stado y en la cuQd>re del gobier«< 
BO» Nada masque un motor y ruedas » un director y agen*» 
tes. En todas partes las libertades individuales de los cíup 
dadanoa , solas ^i presencia de la voluntad única de la 
vayoria namérioa de la nación. En todas partes el prin^ 
eipio del despotismo enfrente del derecho de la insur- 
ruedos. 

Esta es en el orden secial la posición qne ocupa la re* 
pública democrática f y este «gi el drden político el go- 
bierno que establece^ 

¿ Qué puede resultar de esto ? 

Seguramente ni la paz » ni la Ubertad. 

Cuando se proclamó la república , en medio de la in- 
quietud general y protunda f reinó una sola opimon^un 
solo sentimiento : c Aguardemos , dedan los buenos ciuf^ 
dadanos : acaso la república sea otra de lo que ba sido» 
Demos tiempo á la experiencia ; no la turbemos con k 
violenda. Veremos.» 
. Y aqu^los buenos, dudadanos han cumplido su palabm. 

De su parte á lo menos ninguna agiti^ion ha turbado é 
la repúbüca » ni se le ha suscitado obstáculo algano* 

La misma idea ba prevaleddo en Europa » por f^ruden*- 
da sin duda^ mas que por esperanza benévola; poro pooo 
ioaportan los motivos de la EUuropa :su actitud es.Uwoqttir- 
la; ningún acto, ningún peligro ha venido delvbera á tur- 
bar á la república francesa en su ensayo de establecir 
miento. 

La república pcnr s« lado, predso es tributarle esta jus- 
ticia , ha hecho «sfuer^os para ser otra de lo 4^ tamp la 
opinión pública. Ha respetado la fe de los hombres. Ha 
defendido, aunque á la última^bora, la vi^a de Im sodedad. 
tfoha roto la paz europea. No ha renunciado á iai.pi?olMr 
dad pública. ¡ Esfuerzos meritorios que borran á los hMV- 

T. XIII. 16 



^S REVISTA DE BSt^AfTÁ, DE IH^US Y ML feXf RANJBRO. 

bres j atestiguan e) instinto geneml del país; pero esflier-* 
zos impotentes , que aflojan y no detienen el m^iTimien^t^ 
del Estado sobre una pendiente funesta! Los» hombres qae 
quisieran detenerlo, no hacen incapié en ninguna jparte. 
A cada instante, á cada paso se deslizan y bajan. Están eii 
el surco revolucionario ; luchan para no hundirse en élr 
pero no saben , ó no se atreven , ó no pueden salir de six 
atolladero. Cuando llegue el dia en que miren libre y se- 
riamente la sima, se horrizarán al ver lo que han entregad 
do ó perdido , y el poco efecto de su resistencia. Cierto 
que la república no hace lo que ha hecho en otro tiempo; 
pero tampoco es diferente de lo que ha sido. Ora se trate 
de organización social , ora de institudonei polilioas , de 
las condiciones del orden ó de las garantías de la libertad; 
no sabe ni mas ni menos que lo que sabia hace cmcuefitd 
años. Las mismas ideas , las mismas tentativas , y mttchas 
veces hasta las* mismas formas y hasta las mismas palabras^ 
¡Espectáculo extraño! La república se teme á si misma, y 
quisiera sufrir una trasíorraacion ; pero no sabe hacer otra 
t^osa que copiarse. 

¿Cuánto tiempo durará todavia la prueba? Nadie lo sa-^ 
be ; pero hasta ahora la Francia tiene un derecho evidente 
á temer que la república democrática deje aitregados á un 
ibmenso peligro sus intereses mas caros, la* paz social y ik 
libertad política; 

CAPITULO IV. 

DE LA BEPÚBUGA SOKHAXi.. r 

La república social promete resolver el probletíía. 

cTodos los sistemas , todos los gobiernos , drce , hah 
sido ensayados y reconocidos como impotentes, fiólo mis 
i<teas sota nuetas, y no han sido aun puestas á prüebb. Hi 
dia ha llegado. 1 



I 



BE LA DEMOCRACIA EN FRANCU. 243 

Las ideas de la república social do son nuevas. El mun- 
do las conoce desde que existe , y las ha yisto surgir en 
medio de todas las grandes crisis morales y sociales , en 
Oriente como en Occidente, en la antigüedad como en los 
tiempos modernos. Los siglos ii y in en África, y especial- 
mente en Egipto, durante el trabajo déla propagación del 
cristianismo, la edad media en su fermentación confusa y 
tempestuosa, el siglo xvi en Alemania en el curso de la re- 
forma religiosa , y el xvii en Inglaterra en medio de la re- 
volución política , han tenido sus socialistas y sus comu- 
nistas , que pensaban , hablaban y obraban como los de 
nuestros dias. Esta es una faz de la humanidad que apa- 
rece , en su historia , en todas esas épocas, en que por la 
ebullición universal salen á la superficie y á la luz todas las 
cosas. 

Verdad es que hasta ahora no se hablan manifestado es- 
tas ideas sino^en pequeña escala y de una manera oscura 
y vergonzosa , siendo casi rechazadas apenas aparecían. 
Hoy se presentan osadamente en el gran teatro, y ostentan 
álos ojos del púbUco todas sus pretensiones. Que esto 
acontezca por efecto de su propia fuerza, por falta del mis- 
mo público ó por causas inherentes al estado actual de la 
sociedad , poco importa : puesto que la república social 
habla alto , preciso será mirarla de frente é interrogarla y 
examinarla á fondo. 

Quisiera suprimir todos los rodeos, descorrer todos los 
velos y dirigirme al corazón del ídolo, lo cual no es difícil; 
porque asi como todos los esfuerzos de la república social 
.tienden á un mismo objeto , del mismo modo todas sus 
ideas parten de una idea fundamental que las contiene y 
abarca todas. 

Esta idea fundamental se muestra ú oculta en el .len- 
guaje de todos los jefes de la república social, aunque no 



844 REVISTA DS SSPAÍUy BE INDIAS Y DEL EXTRANJERO. 

todos convengan en él , y aun cuando baya mucibos que 
afecten no creerlo. M. Proudbon es entre todos el que me 
parece que sabe mejor k> que piensa y lo cpie quiere » así 
como el mas firme y consecuente en sos detestables sue* 
ños; no tanto , sin embargo , como parece y como proba^ 
blemeute cree serlo. No ba dicho , y dude que baya visto 
hasta donde va su idea. Hela aquí en toda su riforosa 
desnudez. 

Todos los hombres tienen derecho , el mismo derecho, 
un derecho igual , á la felicidad. 

La felicidad es el goce , sin mas limites que la necesidad 
y la facultad, de todos los bienes existentes ó posibles en 
este mundo , ora sea de los bienes naturales y primitivos 
que el mando contiene , ora de los que progresivamente 
han creado la inteligencia y el trabajo del hombre. 

Algunos» la mayor parte de estos bienes, los mas esen- 
ciales y fecundos, han llegado á ser del goce exotusivo 
de ciertos hombres , de ciertas familias y de ciertas ciases; 
y consecuencia inevitable de este hecho es , que esos 
bienes, ó los medios de proporcionárselos, sean propie**- 
dad especial y perpetua de ciertos hombres, familias y 
clases. 

Semejante confiscación de una parte del tesoro humano 
en provecho de algunos es esencialmente contraria al de- 
recho. Al derecho de los hombres de la irivsma generación, 
que debieran todos participar de él ; al derecho de las^e- 
neraciones sucesivas, porque cada una de estas g^neracio^ 
lies, á medida que entran en la vida, debe hallar los bie*- 
nes de la vida igualmente accesibles , y gosar de ellos á su 
Tez como sus predecesores. 

Luego es preciso destruir la apropiación especial y per- 
petua de los bienes que dan la feliddad, y délos medios de 
proporcionarse estosbienespara asegurar su goce universid» 



BE LA BGMOCRACIA EN FRANCIA. 248 

y ia igual repartición entre tados los hombres y todas las 
generaciones de los homlires. 

¿Cómo abolir la propiedad? ¿Cómo frasformarla, á le 
menos de tal suerte que se considere como abolida en sus 
efectos sociales y permanentes? 

Sobre este punto difieren mocho entre si los jefes de^la 
re<páblica social. Unos recomiendan k)s medios lentos y 
suaves, y otros preftere» tes medios prontos y decisivos. 
Unos han recurrido á medios políticos, por ejemplo, á 
cierta organiíacion de la vida y del trabajo e» comnn t 
elTOS se esfuerzan en inventar medios económicos, por 
qiempio , cierto sistema de medidas destinadas á destroTr 
poco á poco el producto liquido de la propiedad, yacoe^ 
sista en tierras ó en capital, y hacer de este modo inntil 
é ilusoria la misma propiedad. Empero* todos estos medios 
parten del mismo designio y tienden al mismo efecto ; la 
aÍK>lidon 6 la anulación de la propiedad individual , do»» 
mastica y hereditaria, y de las instituciones sociales ó po-^ 
líticas que tienen por fandamento la propiedad individual, 
doméstica y hereditaria. 

Ezk medio de la diversidad, oscuridad é indecisión , y d« 
k» contradicciones de las ideas que circolan en la ri^úbli* 
ea social , esta ea su origen y su término , el alpha y el 
omegade todas esas ideas, el fin que se busca y que s^ 
prometen alcanzar. 

Pero M. ProudUion y snis amigos olvidan muchas cosas. 

La idea de hombre no abraza únicamente los aeres in- 
dividuales á «fue se llama hombres ; comprende al gén^o 
humano, que tiene una vida común, y ua destino general 
y progresivo; carácter distintivo y peculiar de la criatura 
humaina do&de el principio de la creación. 

¿Pata qué se le ha dado ese carácter? 

Para que los individuos humanos no estén aislados ni 



246 REVISTA DE ESPAÑA, DE INDUS Y DEL EXTIUNJERO. 

limitados á sí mismos» ni al punto que ocupan en el espa- 
cio y en el tiempo. Desvianse unos de otros; obran los 
unos sobre los otros por lazos y medios que no necesiten 
de su presencia personal y que les sobrevivan. De este modo 
las generaciones sucesivas de los hombres se enlazan entre 
8i, y se encadenan por la sucesión. 

La unidad permanente que se establece , y el desarrollo 
progresivo que se verifica por medio de esta tradición in- 
cesante de los hombres á los hombres, y de las genera- 
ciones á las generaciones, constituye el género humano; 
en esto consiste su originalidad y su grandeza, y este es 
uno de los rasgos que destinan al hombre para la sobera- 
nía en esta vida, y para la inmortalidad en la otra. 

De aquí se derivan, y por este medio se forman la fami- 
lia y el estado , la propiedad y el derecho hereditario , la 
patria, la historia, la gloria, todos los hechos, en fin , y 
todos los sentimientos que constituyen la vida perpetua de 
la humanidad, en medio de la aparición tan limitada y de 
la desaparición tan rápida de los individuos humanos. 

La república social suprime todo esto. No ve en los hom- 
bres sino seres aislados y efímeros, que no aparecen eñ la 
vida, ni en la tierra, que es su teatro, mas que para pro- 
porcionarse en ella el alimento y el placer; pero cada cual 
por su cuenta, con su mismo titulo, y sin ningún otro fin. 

Esta, y no otra, es precisamente la condición de los 
animales ; para ellos no hay lazo ni hay acción que sobre- 
viva á los individuos , y que se extienda á todos. No se en- 
contrarán entre ellos apropiación permanente, trasmisión 
hereditaria , unidad y progreso en la vida ni en la especie : 
no hay mas que individuos que aparecen y pasan , y que 
á su paso toman la parte de bienes y de placeres para la 
vida, según su necesidad y la fuerza que constituyen su 
derecho. 



/ ]>£ U1JDSMOQ1UCU EN FBANGIA. MI 

Reesie mo(io , f>ara asegurar á todos los individuos hu- 
manos la •dialribucio& .igual é iacesante, móvil de los bie^r 
nes y placeres de la vida , la república sacial hace d^&cettt^ 
der á lois hombres á la clase de animales ; lo cual es abolir 
^1 géuerd bumaDo. 

Ha abolido mas todavía ; el indesiructible in&tiuto.qu^ 
dice:al bombne qvL^. Dios preside á sus destinos» y que esh- 
tos no se realistm Qon^pl^lameiite en este mimdo. NaturaU 
mentQ., univarsaimenle , encima de él y mas allá de esfi^ 
vida, ^Ihombi^e ve á Dios» y le invoca cQmo su apoyp ^^ 
lo presóte y eomo su esperanza en el porvenir* 

Para los doctores d^.la repú)>liea sociaU Dios es un p<Xn 
der desQOpocJdo, imaginario^ sobre quien los podare;» 
visibles y .reales, <las potencias de la tierra, descargan m 
propia re^ponsabilidiM) en q1 destino d^ Ips hombres. Di* 
rigiendo asi hacia otro seinor y otra vida las miradas de Iqs 
que sufren , los disponená iiesigoarse á 4^s padecimiento^^ 
y se aseguran á sí mismos la .conservación de sus usuirpar 
clones. .Díqs es el mal, porque es el nombre que obliga i» 
los hombres á aoeptar el malé Para desterrar el mal de.l^ 
tierra , es preeifio desterrar^ á Dios del espíritu humanj^^^ 
Solos entonces en presencia de sus soberanos terrestres v 
y reducidos 4 la vida terrestre, los hombres querrán ab- 
solutamente loi^ goces de esta vida y la repartición igual 
de estos goces. Y desde el momentp en que los que care^ 
can de ellos los deseen realmente , los teiidrán, porque 
son los. mas fuertes. 

Así , Dios y el género humano desaparecen.á un tiempo; 
y en su lugar quedan los animales qu<e se llaman todavía 
hombres , mas intejigentest y poderosos qve los demás anir? 
males, pero de condiciop y destoio iguales ;/y tomaudjíi 
como ellos» al paso, su parte de los bienes de la tiei^ra j 
de los placeres de la vida, con arreglo á sus necesidttfie^ 
y á su fuerza, que forman su dere^o* i¡ 



148 REVISTA DE BSFAÜA, DE INDIAS Y DBI# EXTBANIERO. 

Hé aqai la fildsofia de la república social « ypor c<msi- 
fuiente la base de so política. Hé aquí de donde eimmt y 
adonde se dirige. 

Haria notoria injuria, sí insistiese mas sobre este punto, 
al buen sentido y al honor humano. Basta de demos-^ 
trar. Esta es la degradación del hombre y la destr«iecion 
de la sociedad , y no solamente de nneslra sociedad ae-» 
tual , smo de toda sociedad humana » porq«e toda sociedad 
descansa sobre los dmientos que la república social dep- 
riba. No se trata de una invasión del edificio social pot 
advenedizos, sean ó no bárbaros , sino de la ruin» de este 
edifido. Que M. Proudhon , si dispusiera como dne&o ab- 
soluto de la sociedad actual y de todos los bienes que en-» 
cierra, cambiase como mas le viniese en gana la distr3»u«*- 
don y los poseedores , seria mucha iniquidad y Sobrado 
sufrimiento ; mas no seria ia muerte misma de la sociedad* 
Empero si pretendiese dar por leyes á la sodedad nueva 
his ideas que levanta como máquinas de g«erra eomlra li 
sodedad de hoy, la sodedad nueva pereceria infalible-^ 
mente, y en lugar de un estado y de un pueblo , no que-* 
daría mas cpie un caos de hombres , sin vínculos y- sin re^ 
poso. Y para saMr de este caos seria de absoluta necesidad 
salir, á fuerza de inconsecuencias, de las ideas de la re-^ 
pública sodal, y volver á entrar en las coildidenes nafo^-^ 
rales del orden soda!. 

La república sedal es á la vez odiosa é imposible. Es 
la mas absurda, al mismo tiempo que la mas perversa As 
las quimeras. . 

Sin embargo, no debemos trancpúlizatnos ooié estOí; 
por€[ue nada hay mas peligroso que lo que es al'inbmo 
tiempo foerte é imposible. Ln repúbfiea sfocial tíeüe la 
fiíeraía. ¿Y cómo no habla detenerla? Usando con afdop 
deitedas las libertades públicas , propaga sin des^aoso en^^ 
tre las filas mas apiñadaa do la sodeifed su» ideas f sut 



1» LA DBMOCRACIA EN FIUNaA. 248 

f^pom^as. ahí encnemU») poblaciones fáciles de engañar y 
seducir. Les ofrece derechos en beneficio de sus intereses* 
Evoca sos pasiones en lumibre de la justicia y de la Ter- 
dad^ porque, seria pueril deseonocerlo, las ideas déla reh- 
púbtíca social tieveA para muchos espíritus el carácter y 
el imperio -de la rendad. En coeatione^ tan complexas y 
vivas, la menor visUunbre de verdad basta para deslum* 
brsr la vista é inflamar el coraxon de los hombres. Acogen 
7 adcqplan en el acto» y con el mayor frenesí, los errores 
mas groseros y fataiés; el fanatismo se enciende al mismf 
tiempo qne se desarrolla e) egoismo ; los' sentimientos mas 
noldes se asocian á: las pasiones brutales , y en la fermen-i- 
taidon terrible qne entánoes estalla, el mal es el qne dor 
noa, y si el bien se mezcla en ella, no hace oirá cesa que 
sewii* ai mal de tbIo y de instramento. 

Mo tenemos derecho para quejamos , porque nosotros 
mlsaios sones los que aumentamos sueesivam^te el foco 
éA inceadíD ; nosotros los que prestamos á la repubUea 
sodsí su principal fuerza. El caos de nuestras ideas y de 
nnestras eoainmbres políticas , ese caos, oculto unas veces 
bajo la palabra democracia y otras bajo la palabra igualdad 
y otras bajo la palabra puedlo, es el que le abre todas las 
puertas, y derriba delante de ella todas las murallas de la 
sociedad. Dfcese que la democracia es todo ; los hombres 
de la república social responden : <La democracia somos 
Bosotrds. 1 {^claman eonfusamente la igualdad absoluta 
de los d^eehos, y el derecho soberano del número. Los 
hombres de la república social se prasenlan y (Ueen : 
xCentadnos. > La perpetua confosion de lo verdadero y deí 
lo falso , del bien y del mal , de lo posible y de lo quhné* 
fioov 4{iie reina en nuestra propia política , en noestras 
iámmj en hmeslro fanguaje, hó aquí lo. que nos enerva 
para la defensa, y lo que da á la república «odal paca el 



250 REVISTA DK ESPAÑA, DK INDIAS Y DIL EXTRANJERO. 

ataque una confianza, una osadia y un crédito que na 
poseería por si misma. 

Disípese esta confusión ; entremos al fin en esa época 
de madurez en que los pueblos libres ven las cosas como 
son realmente, designando álos diversos elementos de la 
sociedad su justa medida, á las palabras su verdadero 
sentido , y arreglan sus ideas como sus negocios con esa 
temperancia firme que excluye todos los caprichos, admi*- 
te todas las necesidades, respeta todos los derechos, pro» 
tege todos los intereses y reprime todas las usurpaciones, 
ora procedan de abajo ó de arriba, asi las del fanatismo 
como las del egoísmo. Cuando lleguemos á este punto, la 
república social no desaparecerá ; no habremos sufrido sus 
esfuerzos y sus peligros, porque bebe su ambición y su 
fuerza en fuentes que nadie puede agotar; pero dominada 
por las fuerzas de unión y de orden de la sociedad , será 
incesantemente atacada y vencida en lo que tiene de ab- 
surdo y de perverso , tomando progresivamente su puesto 
y su parte en ese inmenso y temible desarrollo de la hu- 
manidad entera, que se está realizando en nuestros dias» 

CAPITULO V. 

¿CUÁLES SON LOS ELEMENTOS REALES Y ESENCIALES 
DÉLA SOCIEDAD EN FRANCIA? 

El primer paso que hay que dar para salir de este caos 
donde nos abismamos, es reconocer y aceptar francamente 
los elementos, todos los elementos verdaderos y esencia- 
les de la sociedad, tal como hoy se halla constituida en 
Francia. 

Porque desconocemos estos elementos, ó porque lea 
rehusamos lo que les es debido, permanecemos ó reeae«- 
mos-sin cesar en el caos. 






M LA DKMOCRACU EK FBAMOU. 

Puede torturarse una sociedad; tal vez pued* destruír- 
sela; no puede organizársela ni hacerla vivir contra su 
esencia misma, y no teniendo en cuenta los hechos esen- 
ciales que la constituyen , ó violentándolos. 

Miro ante todo lo que fórmala base de la sociedad fran- 
cesa, como de toda sociedad : el orden civil. 

La familia; la propiedad en todos su» géneros, tierra, 
capital ó salario; el trabajo, bajo todas sus formas, mdi- 
vidual ó colectivo, intelectual ó manual; las situaciones 
que crean á los hombres, y las relaciones que establecen 
entre ellos la familia, la propiedad y el trabajo : tal es la 

sociedad civil. 

El hecho esencial y característico de la sociedad avilen 
Francia, es la unidad de las leyes y la igualdad de los de- 

Techos. 

Todas las familias , todas las propiedades , todos los tra- 
bajos se ven regidos por las mismasleyes, y poseen ó con- 
fieren los mismos derechos civiles. 

Nada de privilegios : es decir, ni leyes ni derechos ci^ 
viles particulares para tales ó cuales familias, tales ó cuales 
propiedades, tales ó cuales trabajos. 

Es un hecho nuevo é inmenso en la historia de las so- 
ciedades humanas. 

En medio de este hecho, sin embargo, en el seno de 
esta unidad y de esta igualdad civil, existen evidentemente 
diversidades y desigualdades numerosas , considerables, 
que la unidad de las leyes y la igualdad de los derechos 
civiles no impiden ni destruyen. 

En la propiedad territorial é inmueble , tierra ó capital, 
hay ricos y pobres. Existe en ella la grande, la mediana y 
la pequeña propiedad. 

Que los grandes propietarios sean menos numerosos y 
menos ricos; que los medianos y los pequeños propieta- 



2S2 REVISTA DI MS9M&JÍJ DI INDUA Y BEL UUr&ANJERO. 

rio9 sean mas nnmerofios y smui podoroftes^fue lo «pe eian 
antes y lo son hay en otras pactes ; estaña impide que la 
diferencia no> sea real y asai fivaAde pata erear eael dcdaa 
civil situaciones sodaks proüuidaniiente divensa» y des- 
iguales. 

Paso de las situaciones fardadas sotee la ppopíadad^ i 
las que se fimdaa sobve el trabajo t sobire todos los géne- 
ros de trabajo t deade el trabajo ^telectual mas elevado^ 
hasta el trabajo manual mas vulgav. AUi también encuenoi- 
tro el mismo heeho. AUi también la diversidad y la das- 
igualdad nacen y se mantásneft en el seno de leyes, idén- 
ticas y de derechos iguales. 

En las pffofoaioKies qne se llaman liberales, y ^e viiten 
con la inteligencia y con la ciencia» eilire. los abagadost kw 
médicos, los sabios y los literatos de todas clases, algunos 
se elAvaa al primer vanfo^ llaman bácia sí Iqis negocios y 
loa triunfos, adquiafén notibsaidia^ riqueza é iaflu€»da; 
otros, laboriosamente alc^rnaan. ¿ eulNrir las necesidadea 
de la familia y ias eaigeaciea da su posimon; muehoa otros 
vegetan oscMraaante en ua ocioso malestar. 

Un hecho merece ser notado. Desda ^pie todos, las pro- 
íasíoncssoii ^pualmenite aaeasibtes á todos ; desde qua el 
trabajo es libre y rigen para todos las mismas leyes, c^mi- 
mesQ de loa bombnea qpio en las profesiones liberales se 
etevanalprioier rasgo, no se ha aumentado sensiblemente» 
Moi pofece ^aeeústahoy mayor número de gi*anide$ j.ucis** 
eoasttltoa, de gra^idea módicos « de sabios y letrados da 
primer orden, de los que antea habia. Son las existencias 
de segundo orden y la muchedumbre oscura y ociosa los 
que se han multiplicado, como si la Providencia no» pec-^ 
mitiese á las leyes humanas influir enelórdea intelectnal 
sobfe. lae&tensicm y magnificencia de sus donas* 

En las otras profesiones ^ donde generalmente el trahq/ai 



es material j mawttl , «esísteB tambi^ atluackMias <liTer- 
sas y deadgaales* Los unos por la intelígMicia y la buena 
eemduota se crean mi •capital y entran <en la senda de la 
hirigura y del prognese. Los otros, ó limitados de alean* 
ees , ó perezosos, ó desordenados, permanecen en la con- 
dición angustiosa y precaria áe kdex^tateacias fundadas 
únicamente sidire el sahrío. 

Asi, 6B toda la extensión de nuestra sociedad civil, en 
el seno del trabsjo coma en el seno 4e la propiedad , las 
diversidades y la desigualdad de situaciones se producen 
y se mantienen y coexisten con la «uúdadde las leyes y la 
desigualdad de los derechos* 

¿Y 'Cómo kabia de aeooleoer diveisamenie ? Que se exa- 
aánen todas las sociedades humanas de todos los lugares 
y de todos loslieaifKks;>al través de la variedad de su orga- 
nización, de sa gobierno, de.su extensión, de su dura- 
don , de los géneros y grados de su civilización, se halla- 
rán en ledas tfies tipos de situación social, siempre los 
mismos en el fondo, aunque bajo formas muy diversas, y 
diferentemei^e distribuidas: 

Hombres. que viven con 'Ol producto de sus propiedades 
lerritoriales ó mobitiariae, tierras 4 capitales, sin intentar 
«creeedas por medio de su trabaio. 

Hombres aplicados á explotar y á aumentar por su pro- 
jno trabajo las propiedades territoriales ómAbUiarias , tier*- 
ras ó«apítales>de todo género que poseen. 

Hombres viviendo de su trabajo, sin tierras ni capitales, 
üstas diversidades, eslas desigualdades en la situación so- 
-cíftl de ios hombres, no son hechos accidentales ó espé- 
jales á tal 6 cual época, átel 4 cual pais; son hechos 
-universales qne se producen naturalmente en toda socie- 
-dad humana, en medio ^de las dccunetao^sy bi^o elimr 
perio de Jas. leyes inas diversas. 



S84 REVISTA DE ESPAÑA, BE INDIAS T DEL EXTRANJERO. 

Y mientras mas de cerca se miran , mas se convence uno 
de que estos hechos están en un intimo enlace y en ana 
armonía profunda , por una parte con la naturaleza del 
hombre que nos es dado conocer; por otra con los miste- 
rios de su destino, que solo nos es dado entrever. 

No es esto todo : independientemente de estas diversi- 
dades, de estas desigualdades entre los individuos, pro- 
pietarios [y trabajadores, otras diversidades, otras des- 
igualdades existen entre los mismos géneros de propie- 
dad y de trabajo; diferencias no menos reales, aunque 
menos aparentes , y que la unidad de las leyes y la igual- 
dad de las derechos civiles tampoco destruyen. 

La propiedad mobiliaria , el capital, ha adquirido, y con- 
tinúa adquiriendo en nuestras sociedades modernas , una | 
extensión é importancia siempre crecientes. Evidentemente ' 
el progreso de la civilización se realiza en nuestros dias 
en provecho de su desenvolvimiento; justo galardón de 
los inmensos servicios que la propiedad mobiliaria, aldesr 
arrollarse , ha hecho á la civilización. 

No se contentan con esto ; procúranse , esfuérzanse cons- 
tantemente en asimilar mas y mas la propiedad territorial 
á la propiedad mobiliaria, la tierra, el capital; en bacer á 
la una tan disponible, tan divisible, tan amovible, tan cor 
moda de poseer y para explotar, como lo es efectivamente 
la otra. Todas las innovaciones directas 6 indirectas que 
proponen en el régimen de la propiedad territorial, tienep 
este fin patente ó encubierto. 

No obstante, en medio de este movimiento , tan favorar 
ble á la propiedad mobiliaria , la propiedad territorial per- 
manece, no solo la mas considerable en Francia, sino 
siempre la primera en el juicio y en el deseo de los homr 
l)res. Los que la poseen, se consagran mas y masa disfrur 
tarla; los que no la posen, se muestran mas y mas anhe- 



DE LA DEMOGRAGIA EN FRANGÍA. 288 



4 



losos por adquirirla. Los grandes propietarios . vuelven á 
vivir con placer en sus tierras; los hombres de la clase me- 
dia, que llegan á adquirir una fortuna, colocan su reposo 
en el campo. Los labradores solo piensan en añadir un 
campo á su campo. Al mismo tiempo que la propiedad 
mobiliaria se desarrolla con favor, la propiedad territo- 
rial se ve mas codiciada y mas apreciada que nunca. 

Puede predecirse sin temor, que si, como lo espeio, el 
orden social triunfa de sus enemigos, insensatos ó per- 
versos, los ataques de que la propiedad territorial es hoy 
objeto , y los peligros con que se la amenaza, redundarán 
en provecho de su preponderancia en la sociedad. 

¿De dónde proviene esa preponderancia? ¿Toma su ori- 
gen únicamente en el hecho de que la tierra es, de todas 
las propiedades, la mas segura, la menos variable, la que 
resiste y sobrevive mejor ¿ las perturbaciones y á las mi- 
serias sociales ? 

Este motivo, el primero que se ofrece al ánimo, es real 
y poderoso; pero está muy lejos descreí único. Otros 
motivos, instintos mas íntimos, y cuyo imperio es grande 
sobre el hombre , contra su voluntad misma, aseguran á 
la propiedad territorial la preponderancia social , y se la 
hacen recobrar cuando momentáneamente se ve debilitada 
ó conmovida. 

Entre estos instintos solamente indicaré dos, á mi juicio 
los mas poderosos. Y me limitaré á indicarlos ; iría dema- 
siado lejos si quisiese sondear su profundidad. 

La propiedad mobiliaria, el capital , puede dar al hom- 
bre la riqueza. La propiedad territorial^ la tierra, le da 
otras cosas mas : le da una parte del dominio del mundo; 
nne su vida á la vida de toda la creación. La riqueza mo<^ 
l>iliaria es un instrumento á disposición del hombre , que 
se sirve de él para satisfacer sus necesidades, sus placeres, 



2S6 REVISTA DE ESPASa, BE llf»IAS V Mh EXIVUNJEaO. 

sns deseos. La propiedad lemtorial.es ai eftlaMediBienta, 
del hombre en medio y sobre U naiuraleza» Adamas de sus 
necesidades» sus placeres, sos dedeos* salisbceen él uaa 
multitud de inclinaciones diversas y profundas. Crea para 
la familia la patria doméstica « con todas las simpatías que 
se unen á ella en lo presente, con todas las perspectivas 
que le abre para el porvenir. 

Al mismo tiempo que satis&ce asi* mas completamente 
que otra alguna, la naiuralesa del hombre i» la propiedad 
territorial es también la que coloca su vida y su actividad 
en la situación mas mocal, la que lo contiene mas s^ura- 
mente dentro de un sentimiento justo de lo que es y de lo 
que puede. En casi todas las demás profe$i<mes industria- 
les, comerciales, sabias, el éxito dep^de ó parece de- 
pender únicamente del bombre mismo, de su habilidad» 
de su ciencia, de su previsión, de su vigilancia. £u la vida 
agrícola, el bombre está sin cesar en presencia da Dios j 
de su poder. Tanto comofiíera de allí, la actividad, la habi- 
lidad, la previsión, la vigilanda del hombre son necesarias 
para el éxito de su trabajo; pero son tan evidentemente 
insuficientes como neoe$0rias. Dios es quien dispone de 
las estaciones, de ia temperatura , del sol, de la llu- 
via, de todos dSQS'fenómenos déla naturaleza que deciden 
de la suerte de los trabajos del hombre sobre la tierra que 
cultiva. No hay orgullo que resista, habilidad que burle 
esta dependencia. ¥ no es solo un sentimiento de modes-» 
tia sobre lo que le es dado hacer ea su propio destino lo 
que esto inculca al hombre, aprende también la tranqui- 
lidad y la pací cieña. No podra figurarse ,qpeá.fuerza de in^ 
venciones y de movimie^tp^ oorriando ^in descanso tras 
del éxito, acabará por alcanzarlo. Guando ba hecho lo qu^ 
de él depende para, explotar y ieoundar la tierra» e$ precisf 
que espere y que se resíc^* Cuanto mas allá se p/OACtra 






oi la sUtttcílOn que haa ortado al hombre la propiedad y 
la vida territorial , tanto maa se daftoulHre todo lo que hay 
4e saludable para saraxon, j sa disposición nioiral en las 
oísefianzas y en las influencias qne de ella recibe. 

Los hombres no se dan cuenta de estos hechoe, piMo 
tienen de ellos el sentimiento instinliTO ; y este instinto 
contribuye poderosamente á la estimación particular que 
hacen evidentemente á la propiedad territorial y á la pre-- 
ponderancia que obtiene. Bata preponderancia es un he* 
cho natural, legitimo, saludable, que en un^gran pais 
especialmente tiene la sociedad un interés inmenso en re- 
-eonocer y respetar. 

Lo que acabo de establecer en la esfera de la propiedad, 
lo estableceré igualmente en la esfera del trabajo. Gloria es 
de la dvílizaciim moderna haber compnmdido y hecho re- 
saltar el valor moral y la importancia social del trabajo , y ha- 
berte restituido la estimación y el rango que le pertenecen. 
Si tuviese que investigar cuál ha sido el mal mas profundo, 
el vicio mas funesto de esa antigua sociedad qne ha domi- 
nado en Francia hasta el siglo XVI, diria sin vacilar que 
es el desprecio hacia, el trabajo. £1 desprecio al trabajo, 
el orgullo y la ociosidad, son señales ciertas, ó de que la 
sociedad se halla bajo el imperio de la fuerza bruta , ó de 
que marcha á la decadencia. £1 trabajo es la ley que Dios 
ha impuesto al homlnre. Merced al trabajo, destfrolla y lo 
perfecciona todo en torno suyo , se desenvuelve y se per- 
fecciona ¿ si propio. El trabajo es quien ha llegado á aer 
entre las naciones la prenda mas segura de la paz. El res- 
peto y la libertad del trabajo es lo que , á pesar de tantas 
razones de duda, puede hacemos enerar mucho en el 
porvenir de las sociedades humanas. 

jPor qué fatalidad la palabra trabigo , tan gloriosa para 
T. xiu* 47 



REVISTA DE E8PAÍ^A, BB INDIAS Y DEL EXTRANJERO. 

la civilización moderna , es hoy día entre nosotros un grito 
de guerra, un manantial de desastres? 

Porque esta palabra encubre una grande « una deplora^ 
ble mentira. No es del trabajo , de sus intereses y de sus 
derechos, de lo que se trata en la agitación suscitada en su 
nombre. No es en favor del trabajo, ni tomaría en prove- 
cho suyo , esa guerra que lo toma por bandera. Se halla 
dirigida por el contrario ; tornaría infaliblemente contra ü 
trabajo mismo. No puede sino arruinarlo y envilecerlo. 

Como la familia, como la propiedad, como todas las 
cosas de este mundo , el trabajo tiene sus leyes naturales y 
generales. La diversidad y la desigualdad entre los traba- 
jos, entre los trabajadores , entre los resultados del trabajo, 
se cuentan en el número de esas leyes. El trabajo intelec- 
tual es superior al trabajo manual. Descartes ilustrando la 
Francia, Colbert fundando su prosperidad, ejecutan un 
trabajo superior al de los obreros que imprimen las obras 
de Descartes ó que viven en las manufacturas protegidas 
por Colbert. Y entre estos obreros , los que son inteligen- 
tes, morales y laboriosos, adquieren legítimamente, por 
su trabajo, una situación, superior á la en que vegetan los 
que son poco inteligentes , perezosos y licenciosos. 

La variedad de los cargos y de las misiones humanas es 
infinita : el trabajo se ve do quiera en este mundo : en la 
casa del padre de familia, que educa sus hijos y adminis- 
tra sus negocios; en el gabinete del hombre de Estado, 
que toma parte en el gobierno de su pais ; del magistrado 
que administra justicia; del sabio que la instruye; del 
poeta que la encanta ; en los campos , sobre los mares, 
en los caminos , en los talleres. Y por do quiera, entre to- 
dos los géneros de trabajo , en todas las clases de traba- 
jadores , la diversidad y la desigualdad nacen y se perpe- 
túan : desigualdad de grandeza intelectual , de mérito 



BB LA DEH0CII4CU EN FRAKGU. 

moral, de importancia social , de valor materiaL Son estas 
las leyes naturales, primitivas, universales. del trabajo, 
tales como se desprenden de la naturaleza y condición del 
hombre: es decir, tales como las ha instituido la sabidu- 
ría de Dios. 

Contra estas leyes se hace la guerra de que somos testi- 
gos* Esa jerarquía fecunda, establecida en la esfera del 
trabajo por les decretos de la voluntad divina y por los. 
actos de la libertad humana, es á la que se trata de abolir 
para sustituirla.... ¿el qué? La humillación y la ruina del 
trabajo, por el nivelamiento de los trabajos y de los traba- 
jadores. Considerad atentamente el sentido que tiene ba- 
bitualmente la palabra ¿m{^a;o en el lenguaje de esta guerra 
antisocial. 

No se dice que el trabajo material y manual sea el solo 
trabajo verdadero : ríndense á veces de tiempo en tiempo 
pomposos homenajes al trabajo puramente intelectual; 
pero se olvida , se deja en la sombra la mayor parte de los 
variados trabajos que se ejecutan en todos los grados de 
la escala social; se preocupan tan solo del trabajo mate- 
rial ; este es el que incesantemente se presenta como el 
trabajo por excelencia , aquel ante el cual se oscurecen 
todos los demás. Hablase , al fin, de modo que haga nacer 
y mantener en el ánimo de los obreros dedicados al tra- 
bajo material , el sentimiento de que solo su trabajo es el 
que merece ese nombre y posee los derechos. Asi , por 
una parte se rebaja el nivel de las cosas; por la otra se 
acrece el orgullo de los hombres. Y cuando se trata de los 
hombres mismos, cuando se habla, no ya del trabajo, si- 
no de los trabajadores , se procede de igual manera, siem-^ 
pre por vía de abajamiento. Concédense todos los dere- 
chos del trabajo á la cualidad abstracta de obrero , inde- 
pendientemente del mérito individual. Asi el trabajo mas 



ÜD RIVISTÁ M "OM&JLi BE WOiASTDBL BCTRANIKaO. 

«Mion, el áitüBoen la eseal»^ ei A qae ae tomapoor baie 
yporTegla,«aboediiiándale« es decir, sacrifioáiidole to*- 
:<dtosios gisdK» aii(»fln0M6^ yabolieaé» por d» quáaraia 
^dhrerstdad y ia d^sigiiAldad, «i provecho de io mas paquete 
y lo mas bajo. 

¿Es esto fiíTOrécer^ eoniMreiid»* úqaiéni Ia cansa del 
tvabají» ? Els esto aranaar , ó 43olai»eaie perseverar en esa 
^nft gloriosa de nuestra civilización , en la cpse el trabajo se 
iia engrandecido y oooquistado sn puesto? ^No es, portel 
eontiario, mutilar, envilecer, comprometer el traba]o y 
-atrancarle sus bellos tünlos y sos veidaderos dereciiofi, 
pi»*a sustitiiirles pretoasiones absurdas y bajas , á pesar 
deOTiBfiolencia? Me es, en fin, desooaoccr groseramente 
y dar tormento en la esfera del trabajo á los hechos natu- 
rtdes, á los eieiaentos verdaderos y esenciales de nuestra 
avMíedad civil, que fundándose sobre la uaid^ de las le- 
.-jies y la igualdad de los derecihos, no 'ha pretendido cier- 
tamente abolir la variedad de los méritos j de los desti- 
nos, ley misteriosa de Bios^n este mundo, y resultado 
indestmetible de la libertad del hoaabre? 

Abandono la sodedftd civii. Eolaro en la sociedad polí^ 
'4ica, 4a que forman eaftre los hombres sus intereses , sus 
ideas, s«s sentimientos, sus relaciones con el gobierno 
del Estado. Aquí también quiero reoonooer con esactitod 
cuáles son hoy dia en Francia los, elementos verdaderos j 
esenciales de la sociedad. 

En un pais libre , ó que trabraja para serlo , los elemen- 
tes de k Bodedad política soaa los partidos políticos. Tor 
mo la palabra partido en su acepción mas vaste y «las 
eüevttda. 

Legalmente no hay hoy día en Francia mas partidos 
que los partidos inherentes á todo régimen constltucia* 
nal : el partido del gobierno y el de la oposicimk Ho hay 



SK ULUnÓáUCU. W TtUICIA« Wk 

Icpttoiisias, no hvjr «rtetwitas. La repúbUca m^,^ yi 
veda todo alaf«« covín el priacipiGí de sa osMteBeia* TA 
es el dereeho de toéogóbievDO eslableeido. Ni io díttpiítoi 
Di pretendo Cdtiir á d* 

PesroeiieteB bechot tan profnndos , qae las lejesque 
les prohiben alporoeer, oolos daslnijeii « mm cuasider amu 
obedeeidas. Sijpi'^^^^ <Pi^ ^^^^ eobrado ovigeB y «leHado . 
tan hondas raices en la sociedad, qm no mueren/ am 
ctnndo estén eBeneiosos. 

El partido legítiBista es otra casa joms que un partid<l^ 
diaéstieo, otra cosa mm que nn pertiéo nonárquieo* Al 
nnsmo táempo qoe está apegado á un prtncapio y á unr: 
nombre propio, oenpapov ai propieiypQrsu ppopi* o^uen-^ 
tasai granlogar e»la historiat «n gran lugar sobre el auaki 
de la patria* Represeala lo qiio lesla de los elem^afoa «pie 
por largo tiempo h«a dominado en la antigua seriedad: 
fvaneesa^ Sociedad fecttiday poderosamente progreñ^ 
porque ea su seno so ba fminado y crecido , al través de 
los siglos» toda esa Francia qjse ba esytallado en il8^ qoq 
taate fiíersa, ambíeb>n> y gloria, la revolución francesa ba 
podido destruir la ant^a sociedad franioesa ; pero uo, ha 
podido deslraér sus elesneBlosu Han sobnevivide á todost 
los g<^pes, bs» reapai feetdo. ea inedio de tedas Isa ruinas* 
Y no solo sfldattsteDtQdávia, no solo se hallan preseaarfíes. 
y coBúdenMss en la nuoYa Franoa , amo que evidente- 
mente,, de dia ea. dia« de crisis en crisis, aiefipt^ saaa/ 
decidida» mas complelamenAe el érden aodaly elr^immt. 
peluco que ia Eranda ba buscado. Yá medide que i9& 
aeefitan^ entrenen él y se rebelan» trasíNrmándose da 
desdedrea. 

Y el pcEfido qneba qattrklDfiuidar la monarquía dn 1830^ 
y fBOilai ba soetenide devaole mas de dses y aieta afio% 
¿sa cree que haye desaparecMo en la. tempeeiad cpae ba. 



262 REVISTA DB ESPAÑA, BE IflDIAS Y DEL EXTRANJERO. 

destruido su edificio? Se le ha llamado el partido de las 
clases medias ; eso era en efecto « eso es aun hoy dia. El 
ascendiente de las clases medias, incesaatemente alimen- 
tadas yreclutadas por el pueblo todo, es desde 4789 el 
hecho característico de nuestra historia. No aolo han con- 
quistado este ascendiente , sino que lo han justificado. A 
pesar de los grandes errores en que han caido y que tan 
caramente han pagado , han poseído y desplegado lo que 
constituye , en definitiva , la fuerza y grandeza de las na- 
ciones. En todas épocas , para todas las necesidades del 
Estado , para la guerra , como para la paz ; en todas las 
carreras sociales han suministrado ampliamente hombres, 
generaciones de hombres capaces, activos, adictos, y 
que han servido bien á su patria., Y cuando se han visto 
conducidos en 1830 á fundar una nueva monarquía, las 
clases medias han demostrado en esta dificil empresa un 
espíritu de justicia y de sinceridad política , cuyo honor 
no puede arrancarles acontecimiento alguno. A despecho 
de todas las pasiones, de todos los peligros que las ase- 
diaban; á despecho de sus propias pasiones, han querido, 
y seriamente practicado , el orden constitucional ; han res- 
petado y mantenido efectivamente , en el ipterior y para 
todos, la libertad, libertad á la vez legal y viva; en el ex- 
terior, do quiera la paz , la paz activa y prdspera. 

No soy de aquellos que desconocen y menosprecian el 
poder de las afecciones en el orden político. No admiro, 
como ¿ grandes talentos y almas fuertes , ¿ los hom- 
bres que dicen : cNosotros no estamos apegados á tal ó 
cual familia ; no hacemos ningún caso de nombres pro- 
pios; tomamos ó abandonamos las personas, según laS' 
necesidades y los intereses. > Existe, en mi opinión, en 
este lenguaje , y en lo que encubre, mas i§piorancia é im- 
potencia política ({ue elevación de alma y sabiduría. Es 



DE LA DIMOGRACU EN FRANCIA. 263 

Tardad , sin embargo » que serian partidos políticos, bien 
débiles, bien Taños, aquellos que solo se apegaran á nom- 
bres propios y no tobrasen su fuerza sino en las atécelo* 
nes que las personas pueden inspirar. ¿Pero se cree que 
el partido legitimista y el partido de la monarquía de 1850 
sean partidos de semejante naturaleza? ¿No es evidente, 
por el contrario, que son partidos nacidos del curso ge- 
neral de los hechos , mas bien que de la adhesión á las 
personas , partidos sociales al mismo tiempo que politiz- 
eos , y que corresponden á los elementos mas proiuudos 
y mas vivos de la sociedad en Francia? 

En rededor de estos grandes partidos flota la masa del 
pueblo , unido al uno ó al otro por sus intereses , por sus 
hábitos , por sus instintos honrados y sensatos ; pero sin 
adhesión fuerte ni sólida , incesantemente atacada y tra- 
bajada por los comunistas , los socialistas y todos sus ma- 
tices. Estos no son partidos políticos , porque es un prin- 
cipio, un sistema especial de organización política, lo que 
ellos buscan y desean establecer. Atacar, destruir todas 
las influencias, todos los lazos morales ó materiales que 
enlazan á las clases politicas, antiguas ó nuevas, al pueblo, 
que \ive del trabajo de sus manos; separar profundamente 
esta población , aqui de los propietarios , allá de los capi- 
talistas, en otros puntos de los ministros de la religión, 
mas allá de los poderes establecidos , cualesquiera que 
estos sean ; atraerla hacia ellos y dominarla en nombre de 
sus miserias y de sus epitetos , este es todo su esfuerzo, 
toda su obra. Un solo nombre les conviene : el nombre de 
partidos anárquicos. No es tal 6 cual gobierno, es la anar- 
quía^ la anarquía solo la que se fomenta en el seno del pue- 
blo. Hay siíi embargo un hecho notable. Sinceros ó per- 
yeraos, utopistas ciegos ó anarquistas voluntarios, todos 
estos perturiíadores del orden social son republicanos. No 



36i RKVISTA DK XSP4ÍA, DV VSMUS Y DSI. EI1RÁNJXR0. 

porque amen ó sopoTten mejor ^ri goMetí» republieMio 
que otro olgono, RepoblicaBo ó mosirqnioo, todo go- 
bierno regular y eficaz les es igualmente antipático. PcTO' 
esperan bajo la repúbüea armas mas fuertes para ellos^ 
diques menos fttertes contra ellos. Hó aqai el aoeréto do 
su preferencia. 

Recorro en todos sentidos la sociedad firancesaf busco 
y establezco por do quiera estos eleroenios^ Terdaésros 7- 
esenciaies. Uego por todas las 7ias al mismo resultado; ve** 
c<Nrro por do quiera; en el drden politíco eofmo en el ar- 
den civil , diversidades y desigualdatiesprofundas* Ybí en 
el érden civil la unidad de las leyes y la igualdad de los 
derechos, ni es el orden político el gobierno ^epublicaoiOf 
pueden destruir estas diferencias , estas desigualdades. Se 
perpetúan ó se reproduce» en el seno de todas las. le^da- 
cioneSy bajo el impidió de todos l<ys gobiernos. 

No es esta una opinión , un razonamiento , una cónjetu^ 
r»9 son los hechos. 

¿Goales el sentido, cuáles la significacíoB de estos he- 
chos? ¿Haliariamos en ellos las antiguas clasificadoneft de 
la sociedad? jLas antiguas denomnnaciones de la poMos 
led serían aphcaUes? ¿ Habtia una aristocracia en presbi- 
cia de una democracia ? j O una nobleza ,. una clase media 
y la muchedumbre? Estas diverridades, estas de8igtta)da«<^ 
des de iss situaciones^ sociales y poUtieas ¿ fermarian ellasí,' 
tenderían á formar una sociedad jerárquicamente cdocft- 
da>, imáloga á las que ya ha vieto el mmido:? 

M09 ciertamente. Las palabras ariMecracia ^ democradaf 
n(Me%a^ dasesmedim, jerarquía^ no corrasposiden exac- 
tamenle á los hechos que oonstitwy^i hoy da: la soefedaÉ 
francesa , y no- expresan, estos kecfaos con rerdad. 

En cuibie, ¿no hay ea esta soeieifaui sino eMadanov 
igoales enlreei, niolaaes realmente diversas, 4<soiameaiae^ 



dtireraídadeft^ desiguiiklades, sin importeBCtat política!^ 
¿Nada mas que una.jg^ndd j unilorme demoecacia que 
boseft stt satísÉu^oion. em te tep^lica , á riesgo de no ba- 
Uar 8ÍBO en el despotíamo su reposo? 

Tampoeo : lat una y la otei aaecaion descofioeeriafti^unl* 
imaite el etísiáo verdadearo de naestra sociedad^- £a pve*^ 
abo sacudir el jnfp de las palabras , y ¥er k« hechos tít^ 
lestOHiio sonden si«. L» Frauda es á la ves muy nueva y 
llena de pasada. Bajo elimperia de los priscipíos de oai^ 
dad y de igu&ldsd que presiden i su organiíaciou , encierra», 
cancbribnes aodaiea y situaciones; priiticaspre&iBdameaate 
<fii9ersas y desiguales.. No. existe elaaifiea^aoa jeBárquioa; 
pero hay. alases- diferentes. No hay arialocraeta. profíiar 
mente dieha; pero^exiate otra ooea que laderaooraeíiu Loa 
elementos 'veidadttrosc,. ra^cieles y díalintívoe' d#.la sor* 
dedad freaceBa, tales como-acabo de describirlos^ pne- 
deacombsílirse y enervarse:; pero no podriaaideatruársey 
anularse' anos á otwis; resisteD ^ aobrevivea á- todas las- lu* 
chas en quese-empeaan'f ¿ todas las-miaeriaa qiiemutua*> 
mente ser inapone»^ Stt exiatenda es ua hecha qu^juq está, 
en su poder abolir. Que acepten por tanto plenamente 
eale Heeho ^.qne vivan juntos y empes. La libertad. coiao 
el repeso, lá^di^puidad cerno la profl|»eiidad« el enpaade* 
cimiento cerno la seguridad de laj Erantiai son á este 
precio. 

¿Bajo q«é eondiciones pnedie establecerse esta paz¿? 

CAPITULO VL 

CONDIcioNES POUTIGAS DE LA PAZ SOCIAL EN FlUNClA. 

Cuando) dirtintninente se haya reconocida y «finitidí» 
que las clases díversas<qaeí eiisfen eiHare nosolrets yrhia 
purtidos poblioeB qa&á eUas corresponden» SD» elemo ni* r 



REVISTA DE ESPAÑA, DE INDU8 Y DEL EXTRANJERO. 

tos naturales, profundos de la sociedad francesa^ se habrá 
dado un gran paso hacia la paz social. 

Esta paz es imposible en tanto que las diversas clases» 
los grandes partidos poliiicos que encierra nuestra sede-» 
dad alimenten la esperanza de anularse mutuamente y de 
poseer solas el imperio. Este es desde 1789 el mal que nos 
trabaja y periódicamente nos destruye. Unas veces los ele- 
mentos democráticos han pretendido extirpar el elemento 
aristocrático ; otras el elemento aristocrático ha intentado 
ahogar los elementos democráticos y recobrar la domiila- 
cion. Las constituciones, las leyes, la práctica del gobierno, 
han sido dirigidas cada cual á su vez como máquinas de 
guerra hacia el uno ó el otro designio. Guerra á muerte,* 
en la cual ni el uno ni el otro de los combatientes creia 
poder vivir si su rival permanecía de pié ante él. 

El emperador Napoleón ha suspendido esta guerra. Ha 
reunido en derredor suyo las antiguas clases dominantes, 
las clases nuevas preponderantes ; y sea por la seguridad 
que las procuraba , sea por el movimiento en que las ar- 
rostraba, sea por el yugo que las imponía, ha restable- 
cido y mantienido entre ellas la paz. 

Después de él, desde i814á i830,y desde 4830 á 1848, 
la guerra ha vuelto á empezar. Se ha consumado un gran 
progreso : la libertad ha sido real. El antiguo elemento ^ 
aristocrático y el elemento democrático se han desen- - 
vuelto sin oprimirse mutuamente. Pero no se luin acep- 
tado el uno al otro, y han trabajado ardientemente para 
excluirse. 

Y ahora un tercer combatiente ha entrado en la arena. 
El elemento democrático se ha dividido. Contra las cla- 
ses medias colócanse las clases trabajadoras, contra el 
estaído llano el pueblo. Y esta nueva guerra es también 
uam guerra á muerte, porque él nuevo pretendiente es * 



DE LA DEMOCRACIA EN FRANCU. S67 

tan arrogante, tan exclusivo» como jamas han podido sorlo 
los otros. El pueblo» dicen, tiene solamente derecho al 
imperio, y ningún rival antiguo ó reciente, noble ó pe-t* 
cfaero, puede ser admitido á partirlo con éL 

Es preciso que toda pretensión semejante desaparezca, 
no por parte de uno solo, sino por parte de todos los pre- 
tendientes. Es preciso que los grandes elementos de nues- 
tra sociedad , la antigua aristocracia , las clases medias , el 
pueblo , renuncien á la esperanza de excluirse y anularse 
mutuamente. Que luchen entre si por su influencia , que 
cada cual mantenga su posición y sus derechos, que in- 
tenten hasta ensancharlos : esta es la vida política. Pero 
que cese toda hostilidad radical, que se resignen á. vivir 
juntos uno al lado del otro en el gobierno como en la so- 
ciedad civil : esta es la condición primera de la paz social. 

¿Cómo puede cumplirse esta condición? Cómo los- 
diversos elementos de nuestra sociedad pueden ser con- - 
dttcidos á aceptarse mutuamente , y á representar juntos 
su papel en el gobierno del pais? 

Por una organización de este gobierno, en la cual en- 
cuentren todos su lugar y su parte , que les dé á todos al 
mismo tiempo satisfacción y limites. 

Encuentro aquí la idea mas falsa , mas funesta de cuan- 
tas circulan en nuestros días en materia de organización 
política. Es esta } c La unidad nacional arrastra tras de si 
la unidad política. No existe mas que un pueblo. No puede 
existir, en nombre y á la cabeza del pueblo, sino un solo 
poder.» 

Es la idea revolucionaria y despótica por excelencia. Es 
la Convención y Luis XIV, diciendo igualmente : c El Es- 
tado soy yo.» 

Mentira como tiranía. Un pueblo no es una inmensa 
adición de hombres, de tantos miles, de tantos millones. 



3Bft REVISTA DS BS^aRa, »B HOHAS T B8L BXCRANJBRO. 

contados-en cierto eqi«cio ée>tierF»t y todo» cmiteúáos 
yiepresentadospor una etflra única, que salbma imasiye** 
ce» un rey, otn» ima asambles. Un pwUo e& vm gpoMi. 
cuerpo organizado, formado por la unioB e&d seno do 
una RttfliM patrm , de ciertos etementos so«ial08 , que te 
forman y se orgmiíaa ellos mismos satunilmente, en ¥ii^ 
tnd de las leyes primitrrasde Dios y dolos at^osHboss drt 
hombre. La diversidad de estos elementos es , acaliaBaB 
de verio, uno de los hechos esendales que resoUao de es- 
tas leyes, y que rechaza absolutamente esa unidad filsoy. 
tiránica que se pretende establecer en el centro del go«^ 
bienio para representar ht sociedad , donde no eiiste. 

Cómo, i es precMK> que todos los elemenios de la soei»** 
dad, todos le»* grupos que se forman naturalmente ensn 
seno, las clases, las profesiones, las opiniones divinas, 
se vean reproducidas y representadas, en la dma del Es- 
tado, por otros tantos^ poderea que les correspondan ? 

Mo ciertamente : la sociedad no e$ ma fMeraciim de 
profesiones, de clases, de opiniones^ que tratm juntas fior 
sus mandatarios distintos ^^ los negocíooqoolcsson comu- 
nes. Como no eaune masa uniforme do elementos idénti«* 
eos, que no envían sus representantes al centro* del Estado, 
sino porque eltas mismas no podrían dMgirse todaa^ y 
para reducirse á un námero que pueda reunirse en un 
mismo lugar, y deliberar en común, la unidad sedal exige 
que solo haya un gobierno. La diversidad de estos elemen- 
tos soctales exige • que este gobierna no sea un poder úbíoo« 

Se opera naturalmente en el seno de la sociedad y en«^ 
tre las innumerables asociaciones particulares (fue encief- 
ra , ftmiHas, profesiones , clasos , opiniones , nn trabqnde 
cohesión y de concentración , que reuniendo- aueeaim**^ 
mente todas las peque&ás asodáciones en asociacmÉas 
mas extensas» acaba por reducir esto gnn námero de do* 



«Mitos eipeeities y diversoR, á «tu corto nuBiBro 4e ob» 
jMDtospiÍDdpileey eseoGMles» que oOBÜea^u y MpnesMr 
«ná todas las dieniaa. 

No dif o y no pienso que esloselenonlos priacipaloft de 
te sociedad dabaa eatar.lodos distíataiMote reppeaaalado^ 
ttsk la f obemacáon d^ fiatailo fMDr podeces e^pedalos. Digo 
.aedameofte i|iie su diviersidad recbaaa la unidad del poder 
oentraL 

Bé mqtA una respuesta que oreo perentoria: los dame»- 
ios diversos de la sociedad se eacueoitran , dicen y por el 
hetíbo de las eleecíottes lilwes, en «I seno de la asambloa 
única^ q«e representa al pveblo entero. Y alli, por elher 
»chode la discusión libre, se mantiestan» sostienen sus 
i^as, sis ioierases, sus deredios, y ejerc^i en lae reao*- 
Ittoiones do la AsamUea, y por consecttencia en el fo<- 
áncrno del Srtado , la influencia que les perieneoe. 

Asi paaa god los elementos sociales mas diversos, mas 
eanakLeniales, mas esenciales: creen pagada su deuda, 
y haber hecho por ellos todo loque les «s debido^ caando 
eeiea ha dicho : < Vamos i elegir; despees decid iniostro 
parecer, y hacadlo prevalecer.» La elección y la discu- 
sien ; esta es la base ipie debe isostesier el edificio sodal; 
esáo baeta á la garantia de todos los intereses , de lodos los 
derechos^ de todas las libertades; 

I Extraña ij^orancia de la minraUfga humana, de la so- 
ciedad humana y de la Francia 1 

ProponéEié solo una cuestión. Hay en la sociedad inte- 
reses de estabilidad y de consen/sacion , intereses de mo- 
vimiento y de {H^greso. Si quisieseis dará los iot^eses de 
<movimienU> y de progreso una garantia eficaz, ¿iríais á 
pedir esa garantia á los elementos sociales en que domi- 
nan los intereses de estabilidad y de conaervaoíon? Sio por 
^oierto. Eiicomfimdariais á losiotereses demovioadento y de 



^0 REVISTA DE ESFAUA, DE INDUS Y DEL EXTRANJERO. 

progreso el cuidado de protegerse á si mismos « y ten- 
driais razón. Todos los intereses diversos tienen la misma 
necesidad y el mismo derecho. No hay para todos seguri- 
dad sino en su propio poder, esto es, en un poder de 
naturaleza y de posición análogas á la suya. Si se confía 
enteramente la suerte de los intereses de estabilidad y de 
conservación á las probabilidades de la elección de una 
asamblea única , y de la discusión en una asamblea única, 
que decida sola y definitivamente de las cosas, tened por 
-seguro que llegará un dia en que tarde ó temprano , y 
después de una porción de oscilaciones, entre diversas 
tiranías , esos intereses serán sacrificados y perdidos. 

Es un absurdo pedir el principio de estabilidad en el 
gobierno, álos elementos movibles de la sociedad. £s pre- 
ciso que tanto los elementos permanentes de la sociedad^ 
como los elementos movibles, encuentren en el gobierno 
poderes análogos á ellos , y que sean su garantía. La di- 
versidad de los poderes es igualmente indispensable á la 
conservación y á la libertad. 

Mucho me asombraría de que esta verdad fuese contes- 
tada. Los que la ponen en duda, dan ellos mismos un gran 
paso en el camino que á ella conduce. Después de esta- 
blecer en la cumbre del Estado la unidad del poder , ad- 
miten , al descender , la división de los poderes en razón 
de la diversidad de las funciones, y separan cuidadosa- 
mente el poder legislativo , el poder ejecutivo , el poder 
administrativo , el poder judicial , rindiendo así homenaje 
ala necesidad de dar , por medio de la destrucción y de la 
diferente constitución de aquellos poderes ; garantías á los 
diferentes intereses que están encargados de regir. ¿Cómo 
no ven que esa necesidad sube mas alto , y que la diversi- 
dad de los intereses generales de la sociedad y de los de- 
beres del poder supremo exigen absolutamente la diversi- 



DI LA DEMOGBACU EN FBAMCIA, 271 

dad de poderes en la dma del Eslado, Unto como la 
división de poderes en las regiones secundarias del go- 
bierno? 

Pero para que la división de poderes sea real y eficaz, 
no basta que tenga cada uno en el gobierno un sitio y un 
nombre distintos; es preciso ademas que todos estén 
constituidos fuertemente , que sean capaces de llenar efec- 
tivamente el puesto que ocupan, y de guardarlo bien. 

Se acostumbra hoy dia á buscar la armonía de los po- 
deres y la garantía contra sus excesos, en su debilidad* Se 
teme á todos los poderes , y se procura enervarlos todos 
alternativamente, por miedo de que se destruyan mutua- 
mente ó usurpen la libertad. 

Este es un grave error. Todo poder débil es un poder 
condenado á la muerte ó á la usurpación. Si se hallan po* 
deres débiles en presencia unos de otros, ó bien uno de 
ellos se hará fuei te ¿ expensas de los otros., y entonces 
vendrá la tiranía , ó se embarazarán y se anularán entera- 
mente, y entonces vendrá la anarquía. 

¿ Qué e$ lo que han hecho la fuerza y la fortuna de la 
monarquía constitucional en Inglaterra? 

El que la monarquía y la aristocracia inglesas eran pri^ 
mitivamente fuertes , y los Comunes ingleses se han hecho 
fuertes , conquistando sucesivamente , de la monarquía y 
de la aristocracia, los derechos que en el dia poseen. De 
los tres poderes constitucionales, dos permanecen fuertes 
y establecidos sobre profundas raices ; el tercero se ha en- 
grandecido , y se ha ido arraigando profundamente por 
grados. Todos ellos son capaces para defenderse unos de 
otros, y se bastan á sí mismos. 

Cuando en Francia se intentó seriamente el estableci- 
miento de la monarquía constitucional , sus mas firmes 
partidarios quisieron para el trono una basa antigua é bis- 



SfTS BB VISTA M SMU^, DB IMDUS T OtBL nTBANJXRO . 

tóriea, para te cámara de los Parta el deracho de suoa^ 
alon , para la eámara da loa Diputados la^toecion direota. 
Y no quisieron eso por obedecer á teorías y ejemplos, sino 
para qae los grasdes podares pábUaos faeaen poderes 
(Verdaderos , sioo reales y eficaces , no paUduraa ^ ian*- 
lasBuas. 

En los Estados-Onidos , á pesar de la diferencia de mim^ 
dones, costumbres, inatituoMies y nambras, Waslmg^ 
ion , Hamilton , Jefferson , Madríon , al fundar una ropú* 
blica, reconocieron y practicaron los mismos priaoipios. 
Tand>ien quisieron en ia cumbre del Estado poderes di^ 
^rsos, y para que la diversidad fuese real, dieron á los 
poderes diversos , á las dos cámaras y al préndente, oii- 
genes diferentes , tan diferentes como lo pemilian laains- 
titudones geniales, y como lo eran las fondones. 

La diversidad de origen y de natursdeza es una de las 
condiciones esendales de la fuerza intrínseca y real de los 
poderes , que es de por si condición indispensable de su 
armonía y de la paz social. 

Y no es solo en la cumbre del Estado y en el gobierno 
central, sino en toda la faz del pais, aai en la administra^ 
don de sus asuntos locales, como en ia de sus asuntos 
generales, donde deben presidir estos principios á la or- 
ganizadoii del poder. Mucho se habla de ia centralizad- 
don, de la unidad administrativa. Grandes servidos ha 
prestado á la Frauda, y conservaremos mochas de sus 
formas, de sus reglas, de sus máximas, de sus obras; 
pero el tiempo de su soberanía ha pasado , y no puede 
ya bastar en el día á las necesidades dominantes y á los 
peligros urgentes de nuestra sodedad. En la actuaHdad no 
se halla entablada la lucha en el centro solamente , sino 
«1 todas partes. 

Atacadas por todas partes la propiedad , la familia, le* 



BS LA DIMOGRAGIA EN rBAlCCU. 273 

das las bases de la sociedad, es preciso que sean fiíérte- 
meiite defendidas ; y no bastan para defenderlas fondona"- 
nos y órdenes que parten del centro , aun cuando sean 
sostenidas por soldados. Es preciso qne por todas partes 
los propietarios» los jefes de familia , los guardianes natu- 
rales de la sociedad, tengan el deber y los medios de sos- 
tener su causa, tomando una parte efectÍTa de acción y 
responsabilidad, asi en el manejo de sus intereses loca- 
les como de sus intereses generales , asi en su administra- 
ción como en su gobierno. Por todas partes debe el poder 
central tener la bandera del orden social, pues en ninguna 
-puede llevar por si solo el peso de ella. 

Hablo siempre en la hipótesis de que me dirijo á una 
sociedad libre , y se trata de un gobierno libre, pues asi 
Iqs gobiernos libres es. en donde la paz social exige todas 
aquellas condiciones que evidentemente no son aplicables 
al régimen del poder absoluto. 

Pero el poder absoluto tiene también sus condiciones, 
del mismo modo que la libertad. Mucho se necesita para 
que sea posible en donde quiera que sea adoptado, y no 
basta desearlo para obtenerlo. 

No olviden nunca los amigos de la libertad , que los 
pueblos prefieren el poder absoluto á la anarquía; porque 
-para las sociedades , lo mismo que para los gobiernos y 
para los individuos, la primera necesidad , el instinto so- 
berano, es vivir. La sociedad puede vivir bajo el poder 
absoluto; pero la anarquía, si dura, los mata. 

Es un vergonzoso espectáculo la facilidad , y casi podría 
-decir el afán con que los pnebloá arrojan sus libertades en 
el abismo de la anarquía para tratar de colmarlo. Nada me 
parece mas triste que ose abandono repentino de tantos 
derechos reclamados y ejercidos con tanto ruido. Para no 
desesperar en vista de eso del hombre y del porvenir, es 

T. XIII. 18 



374 REVISTA S&JSttAtA, JME iMmBTlDBL BETRANJERO. 

premo nsüogerBe 7 htíámr «1 jBimz can aquellM «duiMitúh- 
lesdieifadds «mdkmde sealnDeBlaii€onmdo]i€B q»vote- 
éf» 7 largm iesp«raDii&. 

Vio cuente ia Franoia, cualquiera <qi2e«ea .^sa ipaUgM^ 
«on el poder ateolnto parasalvark , ponqué SHiDonroapo»* 
^riai sa oenfianza. £ae ^podor iiallaJia ña da :aniigHa jí»t 
ciedad frtmcenñ. fráicípios de teaqpfaHMia ydjvadoo, f 
teoia en tiempo del enoiperador Napoleón piMcipio» -da 
f«Bm qne le fgñítBrma íof Ain. La tínniia pop«hr« la di&- 
tadtina militar {Hieden ser eiipedientesde un idía« (pero nm 
«gobiernos. Las ánstltnaiones litases -scm ¡en el díaian «eee* 
sarias para la paz seoial^<eo]iioparaki^digttdadde laspar^ 
$o«as ; 7 el ^oder , Dualqaiera que sea , repuirikaao t> mo- 
«áp<7»vea, ao poede haoer nada mefor que jpneader á 
servirse 4e ettas , pdvqueii<» tiene 0ítroínstjPttineiHoBÍ40tiia 
^pojío. 

Si hay personas que quieran husfiar en otea parte ia tnuH 
'(fanidad , renuncien i ello desde luego^ porque laFranda, 
«tfaáquiera que sea aa porvenir , tio podr¿ eecapar á ia ae* 
eesVdadddgobtertto eanstitueionaU y •ofiiá eondenada pan 
salvarse á superar todas sus «íBñcultades y á;Uffiair iodaa 
-sus eondieíeiies. 

No Gayatas *que unoonedio ide Aeirar eso á cato^ m&iám 
tnioo é imperiOBO^y esel de que todos k» elemfflitosdefOB* 
taibilidad , todas las &ieczas .oonservadoraa del ikrdansacial 
en Ftancia, «e unan anlimameiitey otoeu coastentemeBíta 
en común. Ne se suprimirá la libectad en ^ ^iámam^ 
eamo taispaoo se ^ssvprimiri «la dieeaofiDaciacn ia.sodadad. 
£s6 momBDeato hmienso que penetn^ 7 fermenta t^or ilu- 
das paittes en el aeno de his nacsíofies^y que va pnfimoeaad^ 
«va SQias á todas las otoaes, ;á todos los bofloboes á ipa»-* 
«ar , á desear, á prerteiider^ é >oiu»r , á tda^plegaiie ca te* 
dos sentí Acv , ««e movifiaftento no p»ede ser ahogada. Sa 



ia LA •maoukciA mu nAiBi&« S3S 

un hecho que es preciso aceptar, ora agrade ó desagrade, 
inflame ó espante. No pudiendo suprimirlo , es preciso 
contenerlo y arreglarlo; porque si no es contenido y arre- 
glado , arruinará la civilización y liará la vergüenza y la 
tkfsgrttcia 4te itL faumaonáad. Pava contener y regularizar la 
táemoe»«eía, «es preciso que enbre far;inttcbo en el&tadií, 
y no sea el todo en él; que pueda siempre subir y ao bft* 
«er descender lo qvcBo sea eUa; que enouentie ipor to- 
das partes sttbídas y banteras. Ese es -im rio á la vez pro»' 
indoé impuro, coyas agües no son benéims smo Guando 
se aplacan y purifican estudiándose. 

(Id pQ€A)lo que ha sido grmde en un pequeño dnotm 
-déla tierra, ypepiablicanO'Gon gioria en presenda de le 
•gloria moDérqsica de liuís XIV, el piiei»k> holandés^ Jm 
<;0nquístade y mantiene sm pstria contra el Oaéono, 
ebri^'^ndo canales por todas partes y oponíoEido por todas 
partes diques. El trabajo incesante de todos los hoiande- 
«es, el'sectfelo de su duración, se encasninaá «fue losicanales 
no se kallea jamasiDefrados, ni destrozadas los diques. Tor- 
mén de allí ejemplo todas i» fuerzas conserVi»dorae de ia 
eededad en Francia, únanse estrechemeate y velen juntas 
y sin descanso para recibir y contener ala vez la nmpeacna* 
^ente de ia demócrata. Be «u unión permanente , de su 
aecion común y eficaz es «de k) que depende la aalvacicBi 
de todo y de todos. Si los elementos t^onservadores de la 
sociedad francesa sidven unirse y constituirse fuertemenie; 
si el' espíritu político doma en eUos el eepiritu de partido, 
la Francia, y la democracia misma en d seno de laPranota, 
quedarán salvadas. Si los elementtos conservadores perma^ 
necia^oi desonidos y desorgianiíados^ la democracia per- 
derá la Francia y se perderá á si misma con ella. 



276 REVISTA DE BSPASa, DE IHDIAS Y DEL E&TRANJERO. 

CAPITULO VIL 

CONDICIONES MORALES DE LA PAZ SOGÍAL EN FRANGU. 

Las condiciones políticas que acabo de indicar , son in- 
dispensables para restablecer en Francia la paz social; pero 
no bastan. 

Es demasiado poco para semejante empresa la buena 
organización de los poderes , y se necesita por parte* de 
los mismos pueblos cierta medida de prudencia y de vir- 
tud. Se engaña groseramente quien crea en el poder so- 
berano de la mecánica política. La libertad humana repre- 
senta un gran papel en los asuntos sociales , y de los hom- 
bres depende en definitiva el triunfo de las instituciones. 

Mucho se habla del cristianismo y del evangelio , y con 
harta frecuencia se pronuncia el nombre de Jesucristo. 
¡No permita Dios que fije mucho tiempo mi pensamiento 
en semejantes profanaciones, horrible mezcla de cinismo 
y de hipocresía! Haré solamente una pregunta. Si la socie- 
dad francesa fuese seria y efectivamente cristiana, ¿qué 
espectáculo ofrecería hoy en medio de los crueles pro- 
blemas que la atormentan? 

Los ricos, los grandes de la tierra, se aplicarían con 
desinterés y perseverancia á aliviar las miserias de los de- 
mas hombres. Sus relaciones con las clases pobres serian 
incesantemente activas, afectuosas, moral y materialmente 
benéficas; las asociaciones , las fundaciones piadosas , las 
obras de caridad, lucharían por do quiera con los males y 
peligros de la condición humana. 

* Los pobres, por su parte , los pequeños de la tierra, es- 
tarían sometidos á la voluntad de Dios y á las leyes de la 
sociedad ; buscarían en el trabajo regular y asiduo la sa- 
tisfacción de sus necesidades; en una conducta moral y 



BE IiA DSMOCMACIA EN FBANCU. ST7 

previsora , el mejoramiento de su suerte , y en el porvenir 
prometido en otra parte al hombre, su consuelo y su espe«- 
ranza. 

Estas son las virtudes cristianas, y se llaman fe, espe- 
ranza y caridad. 

¿Es esto lo que se intenta inculcar en el corazón de los 
pueblos? 

Dudo mucho de que, á pesar de su audacia , la mentira 
que trata de explotar las palabras cristianas, se atreva ¿ de* 
cir : si. Y si se atreviese , estoy seguro de que , no obs* 
tante la credulidad pública , encontraría un mentís uni- 
versal. 

Si es mentira, que renuncien á ella; si es obcecación* 
que se desengañen; el cristianismo no eonsentirá en verse 
degradado de esa suerte; nada hay mas anti-cristiano que 
las ideas, el lenguaje y la influencia de los reformadores 
actuales del orden social. Si el comunismo y el socialismo 
prevalecieran, la fe cristiana perecería; pero si, por el 
contrario, fuese esta mas poderosa, el comunismo y el 
socialismo no serian en breve mas que oscuros delirios. 

Quiero ser completamente justo, y al atacar las ideas 
que son la afrenta y el azote de nuestra época , quiero re- 
conocer todo lo que contengan de moralmente seductor, 
y los pretextos ó instintos honrosos que puedan extraviar 
á los que las sostienen y á los que las acogen. 

Hay un sentimiento noble y hermoso en si mismo , que 
ha representado, y representa hoy en nuestras sociedades 
y en las perturbaciones que las agitan, un papel conside- 
rable. Este sentimiento es el entusiasmo por la humani- 
dad, el entusiasmo de la confianza, déla simpatía y de» la 
esperanza. 

Este sentimiento era dominante y soberano entre noso- 
tros en 1789, y á él fué debido el irresistible empuje de 



278 REVISTA DA «VíHA^ M DIDIftfi T 0KI. BinUNIERO. 

áqnen» époea. No había enláocM ttin» q^ao^s&pensttni 
de^Itf humamdad:, na hafcta disfaft fM ham ^ptíMca y m 
esperara para ella ; la fe y la esperania en el hoHilMM 
reonplaaavon á la fe y espcraDis e» Dioft» 

No duró mucho la prueba. El ídolo resiüftá i.elki poc<i^ 
tteinpo. La eonílaoza fué en biene coBfauekkide prflsun- 
cion. La simpatía llevó á la guerra social y al cadalso*. Las 
asperanaas satíafeeha» fuera» nad&an canijpMraáaadieflas 
qne.se dsawueaiacoacora&'qiiiBwras., Jaioaaelcrg bo- 
flUBo se vié mas pronio ni mas dvcamente biúrlaído<pop la 
triste asperiencia. 

Y sin embargo, á ese mismo sentimiento se dirigen hoy 
loa naeraa reformaifiífes dei éaden sMíaL , y aaa mifimo 
antasiasmo klóiatra es al que: mroean en.iavos de la ha- 
naanidad:» Al mianio láempa qas cpiitaa al boiDhffa sniaimos 
ivbliittes aspiraciones y sus naas bala^eoaa parspectirvaa, 
«salteB de una vaoeara iUmitada su naluralma y su podes; 
fe bomillan vergoniosaiaante, pacqua nada lepsomaiea 
que no sea terrenal , pwo crean en ét esefantente^ y iodo 
lo esperan de- él y pasa él. 

Tío que hay de mas triste que deeiriea, es: que esa.ido- 
tetria. iosenaata es su áaáea excusa ,. y la áincaL también de 
sos ideas que tenga un evigen algo elevado y caBSBCwiak- 
gan valor moral ; penque si no tuviesea una^ ía eíaga mu esl 
hombre , si no fuesen loa servilasadoFadaras.de \m haoia- 
aidad, quedarían simplefiienta reduddos á pnep«gadares 
de os meteríaliamo ávido r brutal, y óesenfinaBadow 

• SI el hood^re se «naka^ dice Paacai, yo ka haoúllo ; ai 
S8 lonnflla, yo le ensataos Paiabfas admirables; qae coa** 
laene repetir y practicar sia^ daseanaou GwÉMniaíita al 
hombre merece que se le respete y se le ame , y qna* sa 
eipere moelio» de éi, y que á. mucho se* aspiae en' au faw>r. 
Ales que deaeoBociesen lftgv«»deza de. su constitueien y 



Al sa ^hsüBOv é dlaiitito» dacbípaa la ^ndiuií ,. dh» yo 
emt PMcal : cSiel* btmbí» smt liiimi&i^ j^ k msftkow^* 
Aw»ála»qiittinmiaim.al Immlieev ^ l^s quede él eajpe^ 
Mstadestaffconft, ykrprooiileiiktodflrt^y mmatiaáos^por 
ei atfpjMojBrrsaíínstü kombm al cdrfMUby obriil4Bdo y h»* 
eítadflte ohódac hs miefiiias de su naiiifaleza , y Ias»li^e» 
Mpitinaa á que «stá sometido r y l(>a Bfiojm de qjms; na 
p«0d» pvMdsdir; ái «<is>dMré timUamcc» Paand : cSi. cA 
kamfeFneflB eoMlaa, yoitehaaiiUovr ¥ istsatto ^eyo a» 
todsDHi; kis kráhiM recieirtes,. pAbKeiaB é inrasiflliU«a* 

Ni0ivol«em.kiJPnineia. 4 17íSB..Nq será laüzad» alim tos 
á.aqiiBl entimumoidfrCfaiittia y de aspernaa cpue en* 
ié«»8 lapofteia. fistosiaattQ vemkdeni'ygcniQfai aniaque^ 
He: época^ espontánea eomo^la ji»resliid ». esünaflda como 
kiim9Bfiev»«siav p0rQ qi» luKyaaaerianaiiipaifr naaeid*- 
toeian fiieáGía.yffelaui^iin vdo^sia cosaiateBcú 
bre las malas pasiones y sueños insensaU>& efmiuaMuimrm 
|P«r qné iacaoraUls ffirnoígancia hemoa dftreehaaoar laa Lbc- 
eioncs, cpiA n^fi está ptoéigftttdo Dina haea. aeaeatta mMÍ 
Nonos manda pae ciei^ que deaflSffiseBaosiéeinosertrcis 
minnea y de la luanaaidad, m: que JttBunciemaa á ana peo*» 
gfcsaB^ á sttpoFfenir, á una pralunda y tiacna sioipatMi 
«n. fa¥or suyo , a&í.an< sus datlores comer ca sauK giaiáíis^ 

ProhJbeniOfi aolwiesile que bagpoioa de ella, u; idola, y 
nasfiffesembeiqufi la veasQ^iatal cóoio ea, aÁn^aduUMíáojn.y 
súa indi&Beaeía , y k. «memosi y flkvamoa aegon la^ ley aa 
que él Biiani0 ha; eatabkeida* No teini^ pi|B ciantoi^ ékmB" 
aor deseo) de apagaü el eaUw moral que 4)onse£v& kuastca 
4p0ia&,.m de sembms U duday la.in<£i!eo&aeiA.ett loa ea^ 
aazoBtea» sobrada tibiiaa é ioaí^tos» Pera que naidÁa &e en* 
{fana ; no ea catriMuadieiido háeia la revoluiaioo como ma£- 
dwá la Franoai aonfiftála y airimada-; alU ; eBa» la^ revolur 
. B» hay loafr qoe fioientea saeaay á donde na irá^n^eertisa 



sociedad fiítígada á apagar su ted y rofretcane. Os qae» 
jais de su langnidez; quisierais ver renacer en su seno 
aquella fe y aqueUa enerjia moral que constituyen iagraoh 
deza de las naciones» No pidáis esto al espíritu rerolucio- 
nariOy porque es incapaz de dároslo; y en vez de mo?i<- 
miento, solo puede ofreceros ruido. Puede también c<mi- 
sumir, pero no alumbra ni calienta ; y en lugar de reani» 
mar las creencias, esparce la duda y la perple^dad. Verdad 
es que la Francia necesita levantarse de su postración y 
afirmarse moralmente; verdad es que necesita recobrar su 
fe y adhesión ¿ los principios fijos y generalmente reco- 
nocidos; pero el espirita revolucionario nada puede ha- 
cer en semejante empresa: sus apariciones, sus evocado* 
nes, sus predicciones, sus recuerdos y hasta su mismo 
lenguaje, entorpecen y retardan la obra, en vez de realizar- 
la. A otras potencias morales, á otros espíritus está reser**, 
vada tamaña gloria. 

El espíritu de familia., el imperio de los sentimientos y 
de las costumbres domésticas representará en ella un pa- 
pel principal. La familia es hoy mas que nunca el prímw 
elemento y el último baluarte de la sodedad. Al paso que 
en la sociedad general se hacen todas las cosas cada vez 
mas invisibles, personales y tnansitorias, permanecen in- 
destructibles en la familia la necesidad de la duración, y el 
instinto de los sacrificios presentes para el porvenir. En 
el seno de la familia es donde se atrincheran y mantienen, 
como ea un asilo tutelar , las ideas y virtudes que hacen 
contrapeso al movimiento excesivo, desordenado, inevita- 
blemente promovido en los grandes focos de civilizadon 
de los grandes estados. Nuestras ciudades populosas , el 
torbeUino de sus negocios y de sus placeres, las tentado- 
nes y perturbaciones que ocasionan incesantemente , lle- 
varian pronto á la sodedad entera á un estado de fermen- 



BC LA DUOCBAQA IN HüOIGU. 281 

ttdan y deeaimidnto deplorable , si la vida dmaéslica et» 
pireida en todas lis partes del territorio , su actividad 
tranquila, sus intereses permanentes y sos vínculos inmu- 
tables no opusieran á este peligro sólidas barreras. En el 
seno , pues , de la vida doméstica y bajo su benéfica in- 
fluencia es donde se conserva con mas seguridad la mo- 
ralidad privada, base de la moralidad pública. Alli es tam- 
bién , y hoy casi únicamente alli , donde se desarrollan la 
parte afectuosa de nuestra naturaleza, la amistad, la gra- 
titud, el desinterés, lazos que unen á los corazones estre^ 
chámente é igualan los destinos. 

Ha habido tiempos, han existido sociedades en que es- 
tos sentinüentos individuales tomaban también su puesto 
en la vida pública, donde las afecciones mas intimas del 
cariño se combinaban con las relaciones políticas. Estos 
tiempos pasaron para nunca mas volver. En nuestras so- 
ciedades tan vastas y complicadas , en medio del mori- 
miento que las arrastra , los intereses geniales , las ideas 
generales, los sentimientos de las masas y las combinaciones 
de los partidos, presiden solamente á la vida pública. Las 
afecciones personales son lazos demasiado delicados, para 
influir poderosamente en la lucha de motores tan violentos 
y terribles. Con todo , no sin grave detrimento , se ahoga 
jamas en tal ó cual campo donde se desplega la actiridad 
humana, cualquiera de ios elementos vitales de la natura- 
leza humana ; en las relaciones de la vida pública es una 
gran belleza y una gran, fuerza de menos, esa ausencia casi 
completa de los sentimientos tiernos y generosos, y esa 
dominitcion casi exclusiva de las ideas abstractas y de los 
intereses generales ó personales. Importa infinitamente á 
la sociedad, que esas pasiones afectuosas del corazón del 
hombre tengan su esfera segura donde se esplayen libre- 
mente, y que desde alli desciendan algunas veces, osten- 



REVISTA DB.ItlAÍl,.B&BaiiM T BUSSaRANJERO. 

tundo aft fMrier por modio* de hmoBH cjmnpbit^á^lt eafimí 
ydMc>,¿QPdekmBMw>t€cefsaptt8e»átnLltfftdaJ6to 
se consigue en el seno de b/vído áométíám^j de kM*afe<$** 
ciones.de Jbailia; porque^ mismo úempa qfu^eA^esÑutnm 
principio* de estabilidad y de moralidad » ea tamlwa foeo> 
do ameír y temuia , donde esas ndriesi pastel» do uaestia 
mtiiiitcza hallan satisfiaceionea (pie Cooia. de átt oo akao- 
aorian , y deade donde puedony ett eiertoa diaa ; em ciartao 
eírciutttanciaa, e^ajBdese- por fiíera oa bemra y pronrecbar 
de la soeiedadt. 

Después del espíritu de familia , el que mas seriúsaa 
pvede préster ho>7 alo Framrifteael espbilii peli6co, y por 
In mismo debe cidtiiíar con maa cuidado sos pnogresoa^ 
El espiritia peáitico consiste esendelmenfte ea qumer y sa^ 
kor tomar su {Mute, y representar su papel. negniarBienle^ 
ain apekr á lo violenaia en loa asuntos de^ la sociedod* 
Cnanto masisedosarrolla el espieítu potitjao» mas inciilca á 
. los hombres la nece»(kd y el hábito de ¥er. lea cosos, co^ 
BMi son en su eiacta vecdad. Verlo que ae desea. yí norlo 
qne es ^ hacerse gratuútamente yusión respecto de k» 
hechos 9 como si estos pudieran trasfornuuaeá asedídado 
nuestro deseo, es 1» debilidad radical derloa bombsieA y do 
loa pueblos todaria nueTiOs eaa la. wda pdiÉka , y Im fooote 
da los. uKis fanales errores. Ver las eosaa eomo. sea ^ es el 
primer carácter del espiritn político » y do ocfui resoltado 
otro carácter no menos esencia ^ q«e enseñándonse á.no 
'vermaaqne.lo.que es, nos enseña tamhiená no querer mas 
«pie lo ^e se puede. La exacta apreciación, do los hedMS 
flDOsdala medida délas intencioiios.y de laapretenaianeak 
Yertdiaoi consigo mirau) ^ eles^rko publico se hace psar 
dttOLte y moderado. Nada dispone masa la moderaeiofi, qoc 
^. pleno conocimiento de lai yerdad de las. cosas » poFfUé 
es racü que eche en un. solo platiMo todo* su peso. El es- 



fácítii paUtíeo» m éí&m mánadmsnlA^.fQT priudenoiat^F» 
ffmnfí^i^ot momliiiad^i loicpia-ea »i lej^ SandamcBíMy su. 
méníloi eaemúal;,, ah F6a||teU>> deL deneaho., base única, da la 
astabüidad^ social ; porcpia fiíera.del darficbo no Jbiay me& 
fBfi' ln. fiíersa ^ que; ^ necMiiiamaiUe inambla j gsafiaiiau 
Y el raspeto al demabe. aupona el caspotct i la Je; ,i fiíaoi* 
bafeitealr daL d4»echo..¥ el respeto áila layalBanzaeiraaiiuato 
i.lofr poíderas qjuehaceB^é apUaan.lalex; La qoaasiraal^ 
ki3qp8.a& |M9sibl&9 aLderaofao/9Ja.lBy„Io&pQde£es legalasv 
bé aquí cuáles son las consiantea psea/aupaeionas del.es^ 
pÁñta público^, y. la fae eatñSü aeoaUunbm ¿ibuaaiaiy ras- 
petar fliaflipna ». y de = este moda maniiana. y^ raatablece ua 
p]ÉMípio<morál defij^ubeii las Balaeiiuiaa>da b>6.bombDaa^ 
yrimi priiuiiptDt moeal de- aulcoádad. aiL algabiesna daloff 
aatadoa^ 

€¡]ianto ina8>ae'dBsarralteiit y GrezQao.d. espinUiude £s»* 
mitift y el aspirila poUtico áte&peiiaas>deLagpiam0)y dsl 
eapABtorevoiiiai'oiiAidov inas paoifica» j^ aaentada aobre sus 
aíaiianlosrae venátlib sociedad feaneesab. 

€im todoy. no baateael espiíüuxda &milia ni. el aspi>> 
ñ$Kt política pasa llagar á cabo^la abra. Neeasita el ausilio 
és otro espirüir mas sdtoy (per penetra nuicba mas en las 
ainma ::al auxilio? deL espintu rriigioao*. Poopio es de la 
f«U§ion y y de la.nsligian. solamente ^^bablar. á'todos? los 
bomlntes^. hacassa antandbrpiar lodoa^ gnaadea^y^ pejque.-* 
ños y Mioasiy desgraeindasvy subiff ó bajan sinrei£ierzQ á 
^dfi» lasñle&y á^ tadas«la& regioae»> de^la snaíAdad* Uno 
de los. rasgiys' admirables» de^ la. organieadoni cristiana es 
que ausmisiatoosFesftáüLeapaBeiácifty preaestas en* toda.ln 
sociedad , viviHBdo ali ladoi det las. oabañasi eomo da los 
palacial, en» Goniacl» babitfcud^ á intimo cou' laa aondieio^ 
naa^maaslmmihiesy maftele3radaa>. Gdnsa}0rofr yicansola*- 
doréis de todas las miseiíasty de toilaa* las grandazas. Va^ 



384 BEVISTÁ DB ESPAÑA, DB INDIAS Y DBt ErTRANJBBO. 

der tutelar que, á pesar de los abusos y faltas á que lo ha& 
arrastrado su propia fuerza y su extensión , ha velado y 
obrado mas que ningún otro, en el espacio de tantos si- 
glos, por la dignidad moral y los mas caros intereses de 
la humanidad. Menos que nadie quisiera yo, en beneficio 
de la misma religión, ver renacer los abusos que la han al- 
terado ó comprometido ; pero confieso que hoy no temo 
semejante cosa. Los principios del gobierno laical y de la 
libertad del pensamiento humano han triunfado definiti- 
vamente en la sociedad moderna. 

Todavia tienen y tendrán siempre enemigos que recha- 
zar y luchas que sostener; pero su victoria es segura, 
porque cuentan en su favor las instituciones , las costum- 
bres, las pasiones dominantes, y ese curso general y so- 
berano de las ideas y de los hechos , que atravesando to- 
das las diversidades, todos los obstáculos y peligros, 
marcha y se precipita en todas partes en el mismo senti- 
do , en Roma , Madrid , Turin , Berlin y Viena, del mismo 
modo que en Londres y en Paris. No teman las socieda- 
des modernas á la religión , ni le disputen ásperamente su 
influencia natural , porque terror pueril seria , y ademas 
error funestísimo. Estáis en presencia de una muchedum- 
bre inmensa y fogosa. Os quejáis de que os faltan los me- 
dios de obrar sobre ella, de ilustrarla, dirigirla, conte- 
nerla y calmarla ; que no os halláis en relaciones con ella 
sino por medio de los recaudadores y gendarmas ; que 
está entregada sin defensa á las mentiras y á las excitacio- 
nes de los charlatanes y demagogos , al arrebato y cegue- 
dad de sus propias pasiones. Tenéis en todas partes , en 
medio de esa multitud, hombres cuya misión y ocupación 
constante es precisamente dirigirla en sus creencias, con- 
solarla en sus miserias , inculcarle el deber y franquearle 
las vias de la esperanza, y que ejercen sobre ella esa ac- 



DC LA DEMOCRACIA EN FRANCIA. 288 

cioD moral que no encontráis en ninguna otra parte. ¡ Y 
no aceptaréis de buen grado la influencia de esos hom- 
bres ! ¡ No os apresuraréis á auxiliarlos en su obra , á ellos, 
que pueden auxiliaros tan eficazmente en la vuestra, pre- 
cisamente donde penetráis tan poco, y. donde vuestros 
enemigos, que lo son del orden social, entran y minan 
incesantemente ! 

Convengo en que hay una condición inherente á la 
buena voluntad y á la eficacia política del espíritu religio* 
so , cual es el que desee respeto , respeto verdadero y li- 
bertad. Convendré también en que en sus temores y de- 
seos es algunas vepes suspicaz , susceptible y exigente , y 
que otras se deja llevar también de la corriente de las 
ideas falsas que debe combatir. Concederé , en fin , tan 
ampliamente como se me exija, la parte de injusticias que 
hay que sufrir, y de precauciones que hay que tomar, y 
diré después como antes : «No disputeis mezquinamente 
con la religión ; no temáis las influencias retigípsas , las 
libertades religiosas ; dejadlas ejercitarse y desarrollarse 
extensamente , porque os darán en último resultado mas 
paz que lucha , mas socorros que dificultades. 

Un dia , cuando veamos próxima la necesidad de obrar, 
luz indispensable á quien quiere hacer mas que sentar los 
principios de acción , habrá que investigar por qué me- 
dios prácticos se desarrollarán y afirmarán conveniente- 
mente en nuestro pais el espíritu de familia, el espíritu 
político y el espíritu religioso. Hoy no añado mas que una 
palabra. No se trata con los grandes poderes morales co- 
mo con los auxiliares asalariados y sospechosos ; existen 
por sí mismos con sus méritos y faltas naturales , con sus 
beneficios y peligros. Preciso es aceptarlos como son , sin 
esclavizarse á ellos , pero sin pretender esclavizarlos ; sin 
entregarles todas las cosas , pero sin regatearles incesan- 



W& REVISTA BS 1»»Af A, 1» IRMÉfi 7SXL KilTRANIBRO. 

temerite sn uparle. El espirito réñgioño , el eq>irifeo 'áe fin- 
milia y él espirita petHíco ^bob , mas que mmoa , ^en rnte^ 
tra sociedad, espíritm necesarios 7 tiftétares* Hi la paz 
social , ni la estabilidad, ni la Itbeitad pueden paaarae mst 
sn cooperación. Buscad ^esta eoeperacíDn eon sinceriAnd; 
recibidla de buen grado, y resignaos á pagar «u pveeie. 
Las sociedades, lo mismo que los individuos, no «sftán 
exentas de esfuerzos y sacrificioB por los bienes que les es 
dado gozar. 

CAPITULO VIH. 

GONCLUSIOX. 

No se haga ilusiones la Francia ; cuantas experiencias 
ensaye , cuantas revoluciones haga é dejede hacer, no la 
sus^aerun á esas condiciones necesarias é inevítiÉrles «de 
la paz social y del buen gobienm. Puede descemscertafiy 
sufrir, sufrn* sin medida y sfai término descemociéndcflafs, 
pero no puede abolirías. 

Lo hemos ensayado todo : la repñUica, el imperio, y la 
monarquía constitucional. Comenzamos de nuevo mres- 
tros ensayos. ¿Qué nos importa su mala suerte ? En nues- 
tros días , á vista nuestra , en tres de los Estados mas po- 
derosos del mundo, estos tres mismos gobiernos, la «0- 
narqma constitucional en Inglaterra , el imperio en Rusia 
y la república en la América del Norte , duran y prospe- 
ran. ¿Tendremos nosotros el privilegio de todas las impo- 
silnHdades? 

Sí , mientras permanezcamos en el caos en que estamos 
sumergidos en nombre y por el cuho idólatra de la de- 
mocracia'; mientras no veamos en la sodedad mas que la 
democracia , como si esFtuviese Brfa en ella^ mientras no 
busquemos en el gobierno mas que la dominación de la 



9X LÁ DBMOe&ACU "EN FIUISCIA. 

ttenoomom » cooio si ella «ola tonese el «derecho 7 «1 po«> 
4er 4e goSramir. 

A esie precio la rapáUtca , como la monarquía oeastn- 
taáoMi^ el ittperie, como larepábUea, toéo gofoíono 
tegvááT y éuradevo es ísq^osible. 

Y (a libertad , te Kbertad iegal y fiíerte es tan tnafoiíble 
come el gobierno •duradero y regular. 

El mondo ha Tialo «ocMd&tes agrandes sociedades^ ro- 
daicidas á^ta 4>ondí«HMi deplorable ; mcapaiss de sopor- 
tar ana libertad legal y f serte , vm ^gobierno regular y du- 
radero ; eondenadas á interimnbles y estériles osáfaoiiK 
ees pellicas ; imas veces tal ó eual forma de anarquía, y 
otras Teces tal ó «coai forma de despotismo. No conc^io 
un destino mas doloroso para los hombres dotados de 
cierto temple de alma, que pertenecer á semejantes tiem- 
pos, porque no les queda entonces mas recurso que en- 
cerrarse en el seno de la vida doméstica y en la perspec- 
tiva de la vida religiosa , toda vez que ya no existen las 
alegrías y los. sacrificios, los trabajos y las glorias de la 
vida pública. 

No es este, gracias á Dios, el estado de la Francia; no 
es esta la última palabra de nuestra larga y gloriosa civi- 
lización , y de tantos esfuerzos, conquistas , esperanzas y 
padecimientos. 

La sociedad francesa está llena de fuerza y de vida. No 
ha hecho tan grandes cosas para descender en nombre de 
la igualdad hasta el mas ínfimo nivel. Dentro de si misma 
encierra los elementos de una buena organización políti- 
ca. Tiene clases numerosas de ciudadanos ilustrados, co- 
locados ya , ó prontos á elevarse á la altura de los nego- 
cios de su pais. Cubre su suelo una población inteligente 
y laboriosa, que detesta la anarquía, y solo pide vivir y 
trabajar en paz. Las virtudes abundan en las familias , y 



988 REVISTA DI ESPAÑA, DE INDUS Y DBI. EXTRANJERO. 

los buenos sentimientos en los corazones. Tenemos me- 
dios para luchar con el mal que nos devora ; pero el mal 
es inmenso. No hay términos para caliñcarlo, ni medida 
para ver sus proporciones. Los padecimientos y la afrenta 
que nos causa , son nada en proporción de los que nos 
prepara si se prolonga. ¿Y quién dirá que no se prolon- 
gará» cuando todas las pasiones de los perversos » todos 
los delirios de los insensatos, y todas las debilidades de los 
hombres honrados concurren á fomentarlo? Únanse pues 
para combatirlo todas las fuerzas sanas de la Francia. El 
sacrificio no es grande ; pero importa mucho que no se 
haga demasiado tarde. Unidas en la obra , se verán mas 
de una vez bajo su peso, y la Francia necesitará todavía 
que Dios la proteja, para salvarse. 



«»oeoceeo<oe e » e e<!» oc ooece^ 



DISCURSO 



pronanciado 

POR BL ExGMO. Sr. D. JUAN DONOSO CORTÉS, 

marqués de ValdeganMf, 

en la sesión de 4 del corrriente, en el Congreso de Diputados. 



SiÑoRES : el largo discurso que pronunció ayer el señor 
Cortina, y á que voy ¿ contestar , considerándole bajo un 
punto de vista restringido , á pesar de sus largas dimen« 
sienes, no fué mas que un epilogo ; el epilogo de los erro- 
res del partido progresista , los cuales á su vez no son mas 
que otro epilogo ; el epilogo de todos los errores que se 
han inventado de tres siglos á esta parte, y que traen con- 
turbadas mas ó menos hoy dia todas las sociedades hu- 
manas. 

£1 Sr. Cortina, al comenzar su discurso , manifestó con 
la buena fe que á S. S. distingue, y que tanto realza su 
talante , que él mismo algunas veces habia llegado á sos- 
pechar si sus principios serian falsos, si sus ideas serian 
desastrosas al ver que nunca estaban en el poder, y siem- 
pre en la oposición. Yo diré ¿ S. S. que por poco que re- 
fleuone , su duda se cambiará en certidumbre^ Sus ideas 
no están en el poder, y están en la oposición cabalmente 
porque son ideas de oposición; señores, son ideas infe- 
cundas, ideas estériles, ideas desastrosas, que es necesa- 
T. xin. 19 



290 RSTISTA DA E6P^9(A, DE IHDTAS Y DBL BXTlHkl»«ll0v 

rio combatir hasta cpie BQueran , que es necesario comba- 
tir hasta que queden enterradas aqui , en su cementerio 
natural, bajo de. estas bóvedas, al pié de esa tribuna. 

El Sr. Cortina, siguiendo las tradiciones del partido á 
quien capitanea y representa ; siguiendo , digo , las tradi- 
ciones de este partido desde la revolución de febrero, ha 
pronunciado un discurso dividido en tres partes, que yo 
llamaré inevitables. Primera, un elogio del partido, £ud«- 
dado en una relación de sus méritos pasados. Segunda, el 
memorial de agravio» pcesentes del partido. Tercera, un 
programa ó sea una relación de méritos futuros. Señores 
de la mayoría, yo vengo aquí á defender vuestros princi- 
pios, pero no esperéis de mí ni un solo elogio : sois los 
vencedores , y nada sienta en la frente del vencedor como 
una corona de modestia. 

No espere» de mí, señores, que hable de ^mestros- 
agratios : no tennis agrados personales que vengar , sino 
loe agravias hechos* á la sociedad y al trono por los trai- 
dores á su Reina y á su patria. No hablaré de vuestra re- 
lación, de mpéritos ¿Para qué fía bablaria de eilos^? ¿Pam^ 
que la nación tos sepa? La nadon se 1^ sabe de me*- 
moria. 

El Sr. Cortina, señores, dividió su discurso en éo9 
cuestiones^ que desde- luego se presentan al alcance de flo- 
dos los^ sedoves diputados. S. S. trató de la política exte«» 
rior, déla política interior del Gobierno, y llamó poUtíc» 
exterior importante para España la política ó los aconCecí'- 
mientos ocurrida en Paris, en Londres y en Roma. Yo^ 
tocaré también ^ars cuestiones. 

ftespnes descendió S. S. á la. política ¡Dleriof y,y la po^ 
tttica iotevior, tal como la ha. tratado el $v. Cortína, so 
divide es do» partes cusa, eaestíonde principios, y otra, 
caeslion dehechoa: una, cuestión de sistema, y otra^ cues* 



mSGCIlSO DC D. JUAN DONOSO CORTES. 291 

tion de coiKittcta. A la cuestión de hechos « á la cuestión 
de conducta, ya ha contestado el Ministerio, que esa quien 
correspondía contestar, que es quien tiene los datos paia 
ello, por el órgano de los señores ministros de Estado y 
Gobernación , que han desempeñado este encargo con la 
elocuencia que acostumbran. Me queda para mi casi io* 
tacta la cuestión de principios : esta cuestión solamente 
abordaré ; pero la abordaré , si el Congreso me lo permir^ 
te , de lleno. 

Señores : ¿cuál es el principia del Sr. Cortina? £1 priiH 
cipio de S. S. , bien analizado su discurso, es el siguiente 
en la política interior : la legalidad, todo por la legalidad, 
todo para la legalidad, la legalidad siempre, ia legalicbd 
en todas círcanstandas , la legalidad en todas ocasiones: 
7 yo, señores, que creo que las leyes se han hecho para 
las sociedades, y no las sociedades para las leyes, digo : 
la sociedad , todo para la sociedad , todo por la sociedad, 
la sociedad siempre, la sociedad en todas circunstancias, 
la sociedad en todas ocasiones. 

Cuando la legalidad basta para salvar á la sociedad, la 
legalidad; cuando no basta, la dictadura. Señores, esta 
palabra tremenda, que treanenda es, aunque no tanto como 
la palabra revolución , que es la mas tremenda de todas; 
digo que esta palabra tremenda ha sido pronundada aquí 
por un hombre que todos conocen : no ha sido hecho por 
cierto de la madera de los dictadores. Yo he nacido para 
comprenderlos , no he nacido para imitarlos. Dos cosas 
me son imposiMes : condenar la dictadura y ejercerla. Por 
eso lo declaro aquí alta, noble y francamente. Estoy inca- 
pacitado de gobernar : no puedo aceptar el gobierno en 
eondeneia : yo no podría aceptarle &in poner la mitad de 
mi mismo en guerra con la otra mitad , sin poner en guerra 
mi instinto contra mi razón ^ sin poner en guerra m* raz^n 
contra mi íoi^nto. 



292 BEVISTA DE ESPAÑA, DE INDIAS Y DEL EXTRANJERO. 

Por esto, señores^ y yo apelo al testimoDÍo de todos los 
que me conocen « ninguno puede levantarse ni aquí ni 
faera de aquí , que haya tropezado conmigo en el camino 
de la ambición, tan lleno de gentes; ninguno. Pero todos 
me encontrarán , todos me han encontrado en el camino 
modesto de los buenos ciudadanos. Solo asi, señores, 
cuando mis dias estén contados , cuando baje al sepulcro, 
bajaré sin el remordimiento de haber dejado sin defensa ¿ 
la sociedad bárbaramente atacada , y al mismo tiempo sin 
el amarguísimo, y para mí insoportable dolor, de haber 
hecho mal á un hombre. 

Digo, señores, que la dictadura en ciertas circunstan- 
cias, en circunstancias dadas, en circunstancias como las 
presentes , es un gobierno legitimo , es un gobierno bue- 
no, es un gobierno provechoso como cualquier otro go- 
bierno, es un gobierno racional, que puede defenderse en 
la teoría, como puede defenderse en la práctica. Y si no, 
señores, ved lo que.es la vida social. La vida social, se- 
ñores, como la vida humana, se compone de la acción y 
de la reacción , del flujo y reflujo de ciertas fuerzas inva- 
soras y de ciertas fuerzas resistentes. 
< Esta es la vida social, asi como esta es también la vida 
humana. Pues bien : las fuerzas invasoras , llamadas en- 
fermedades en el cuerpo humano, y de otra manera en el 
cuerpo social, pero siendo esencialmente la misma cosa, 
tienen dos estados : hay uno en que están derramadas por 
toda la sociedad , en el que estas fuerzas |invasoras están 
Teconcentradas solo en individuos : hay otro estado agu^ 
disimo de enfermedad , en que se reconcentran mas, y es- 
tán representadas por asociaciones políticas. Pues bien : 
yo digo que no existiendo las fuerzas resistentes, lo mismo 
en el cuerpo humano que en el cuerpo social, sino.pa.ra 
rechazar las fuerzas invasoras, tienen que proporcionarse 
necesariamente á su estado. Cuando lajs fuerzas invasoras 



DISCURSO DE B; JUAN DONOSO COBTÉS. 293 

están derramadas; las resistentes lo están también; lo es- 
tán por el Gobierno , por las autoridades y por los tribu- 
nales, y en una palabra, por todo el cuerpo social ; pero 
cuando las fuerzas invasoras se reconcentran en asocia- 
ciones políticas , entonces necesariamente , sin que nadie 
lo pueda impedir, sin que nadie tenga derecho á impe- 
dirlo , las fuerzas resistentes por si mismas se reconcen- 
tran en una mano. Esta es la teoría clara, luminosa, indes- 
tructible de la dictadura. 

Y esta teoría, señores , que es una verdad en el orden 
racional, es un hecho constante en el orden histórico. Ci- 
tadme una sociedad que no haya tenido la dictadura , ci- 
tádmela. Ved, sino, qué pasaba en la democrática Atenas, 
lo que pasaba en la aristocrática Roma. En Atenas, ese po- 
der omnipotente estaba en las manos del pueblo, y se lla- 
maba ostracismo ; en Roma, ese poder omnipotente estaba 
en manos del Senado, que le delegaba en un barón consu- 
lar, y se llamaba como entre nosotros dictadura. Ved las 
sociedades modernas , señores ; ved la Francia en todas 
sus vicisitudes. No hablaré de la primera república , que 
fué una dictadura gigantesca sin fin, llena de sangre y de 
horrores. Hablo de época posterior. En la Carta de la Res- 
tauración la dictadura se habia refugiado ó buscado un 
asilo en el articulo 14 : en la Carta de 1830 se encontró en 
el preámbulo ; ¿y en la república actual? De esta no diga- 
mos nada. ¿Qué es sino la dictadura con el mote de Re- 
pública? 

Aqui se, ha citado, y en mala hora, por el Sr. Calvez 
Cañero la Constitución inglesa. Señores, la Constitución 
inglesa cabalmente es la única en el mundo, tan sabios 
son los ingleses, en que la dictadura no es de derecho 
excepcional sino de derecho común , y la cosa es clara. 
El Parlamento tiene en todas ocasiones , en todas épocas. 



294 REVISTA Dfi ¿SPAÑAf DE INDIAS Y DSXr EXfBANJERO. 

ciiando quiere , pues no tiene mas limite (jue el de toéos 
los poderes humanos , la prudencia, este poder. 

Tiene todas las facultades , y estas constituyen el poder 
dictatorial , de hacer todo lo que no sea hacer de una mu- 
jer un hombre , ó de un hombre una mujer» eoiBo dicen 
sus jurisconsultos. Tiene facultades para auápender el Aa- 
^eas Corpus y para proscribir por medio de un bilí datkm^ 
ier : puede cambiar de constitución , puede variar hasta 
ic dinastía, y no solo de dinastía, sino hasta de religión, 
y oprimir las conciencias; en una palabra, lopiiedetodo. 
¿Quién ha visto , señores , una dictadura mas monstruosa? 

He probado que la dictadura es una verdad en el orden 
teórico, que es un hecho en el orden histórica. Pues 
ahora voy á decir mas : la dictadura es otro hecho en el 
érden divino. Señores, Dios ha dej«do hasta cierto punto 
á los hombres el gobierno de las sociedades humanas, y 
se ha res^vado para si exclusivamente el gobierno del 
universo. El universo está gobernado por Dios ^ si pudiera 
decirse asi ; y si en cosas tan altas pudieran aplicarse laa 
expresiones del lenguaje parlamentario, diría que Dios 
gobierna el mundo ctHistttucionalma^te. Y, seiores, la 
cosa me parece de' la mayor claridad, y sobse todo de la 
mayor evidencia. Está gobernado por ciertas kyes preci- 
sas, indispensables, á cpie se llama causas secundarias. 
¿Qué son estas leyes sino leyes análogas á las que se Ha* 
man fundamentales resf>ecto de las sociedades humanas? 

Pues bien, señores, si con respecto al mundo físico 
Dioses el legislador, como respecto á las sociedades hu- 
manas lo son los legisladores, ¿gobierna Dios siempre con 
esas mismas leyes que él á si mismo se impusoen su eterna 
sabiduría, y á las que nos sujetó á todos? No, señores, 
pues algunas veces , directa, clara y explieitamente mani- 
fiesta su voluntad soberana, quebrantando esas mismas 



lefes que él imsino se impitso , y torciendo el curso nato» 
ral de las cosas. Y bien^ «encNPes^ cuando obra aisi, ¿no 
ftodna dedrse, si el iMiguaje huanano pudkffa aplieiorse á 
tes cosas divisas \ que od^ra dictatoríalaieate? 

Esto pnteba, señores, cuáa gr^ide es el delirio de un 
fartido que cree poder goberaar oon móiios medios que 
Dios^ quítá&ídose á si propio el medio , algunas veces jae* 
cesarlo , de la dtetadaca* Señores, siendo esto asi, la 
caesüon^ reducidai sus verdaderos términos , no consiste 
ya en averiguar di la dielddura es sostenible, si en c¿er4as 
tsíreunstanoias esimena : la cuestión consiste en averiguar 
si han llegado ó pasado por España estas circunsl»ncias« 
Este es el punto mas importante , y es al que voy á con- 
teaerme excRisivamenÉe ahora. Para eata tendré que echar 
ona ojeada, y en esto no haré¡fnas que seguir las pisadas 
de iodos los oradores que me lian precedido ; tina ojeada 
por Enropa y otra ojeada por España. 

Señores^ la revofaxaon de febrero vino como viene la 
muerte, de improviso* Dios, señores, habia^eoiidenado i 
la mOBarquia franoesa. En vano esta insíitudon se habia 
trasfonaado hondaaMnte para acomodarse á las drcans- 
teHci» y á los lienipos ; ni aun esto la valió : su condena* 
eion foé i&apelaUe, y su pérdida infalible. La noieoarqma 
de deieeho divino oonclu]f)ó con Luis XVI en un cadalso : 
la moaarqaia de la gloria condufó con Napoleón en ona 
teta : la monarcfida hereAiftaria concluyó con Carlos X en 
el destierro ; y coa Luis Felipe ha ccmcloido la última de 
todas las monarquías posibles, la monarquía de la pro- 
deada. ¡Triste y lamentable especüeido, stores, el de 
nnainstitacion venerafailisima, antiquísima, gloriosísima^ 
i iqnien de nada vale^ ai el deredio divüio , ni la legitioá- 
dad^ ni la prudeacia ni la gloria i 

Señores, cuando vioo á España la gcaade nueva ée esa 



296 REVISTA DB ESPAÑA» DE INDIAS Y DEL EXTRANJERO. 

grande revolución , todos .nos quedamos consternados y 
atónitos. Nada era comparable á nuestro asombro y á 
nuestra consternación^ sino la consternación y el asombro 
de la monarquía vencida. Digo mas : habia un asombro 
mayor, una consternación mas grande que la de la mo- 
narquía vencida , y era la de la república vencedora. Aun 
ahora mismo : diez meses van pasados ya desde su triun- 
fo ; preguntadla cómo venció ; preguntadla por qué ven- 
ció; preguntadla con qué fuerzas venció , y no. sabrá qué 
responderos. Esto consiste en que la república no venció, 
la república fué el instrumento de victoria de un poder 
mas alto. 

- Ese poder, señores, cuando esté consumada su obra, 
asi como fué fuerte para destruir la monarquía con un es- 
crúpulo de república, será fuerte también, si necesario 
fuera y conveniente á sus fines, para derribar la república 
con un escrúpulo de imperio , ó con un escrúpulo de mo- 
narquía. Esta revolución , señores , ha sido objeto de gran- 
des comentarios en sus causas ; en sus efectos, en todas las 
tribunas de Europa, y entre otras en la tribuna española. 
Yo he admirado aquí y allí la lamentable lijereza con que 
se trata de las causas hondas de las revoluciones. Señores, 
aquí , como en otras partes , no se atribuyen las revolu- 
ciones sino á los defectos de los gobiernos. Cuando las 
catástrofes son universales, imprevistas, simultáneas, son 
siempre cosa providencial; porque, señores, estos y no otros 
son los caracteres que distinguen las obras de Dios de las 
obras de los hombres. 

Guando las revoluciones presentan esos síntomas, estad 
seguros que vienen del cielo, y que vienen por culpa y 
para castigo de todos. ¿Queréis, señores, saber la verdad, 
y toda la verdad concerniente á las causas de la revolu- 
ción última francesa? Pues la verdad es que en febrero 



DISCURSO DE D. lUAN DONOSO GORTÍS. 297 

llegó el dia de la gran liquidación de todas las clases de 
la sociedad con la Providencia, que en ese dia tremendo 
todas se han encontrado fallidas. En ese dia han venido á 
liquidación con la Providencia, y repito que todas en esa 
liquidación se han encontrado fallidas. Digo mas , seño- 
res : la república misma> el dia mismo de su victoria se 
declaró también en quiebra. La república habia dicho de 
si , que venia á sentar en el mundo la dominación de la li- 
bertad, de la igualdad, de la flraternidad, esos tres dogmas 
que no vienen de la república, sino que vienen del Calva- 
río. Y bien, señores, ¿qué ha hecho después? En nom- 
bre de la libertad ha hecho necesaria , ha proclamado, ha 
aceptado la dictadura ; en nombre de la igualdad , con el 
titulo de republicanos de la víspera, de republicanos del 
dia siguiente, de repubUcanos de nacimiento, ha inven- 
tado no sé qué especie de democracia aristocrática, y no 
sé qué género de ridiculos blasones; en fin, señores, en 
nombre de la fraternidad ha restaurado la fraternidad pa- 
gana, la fraternidad de Eteocles y Polinices ; y los her* 
manos se han devorado unos á otros en las calles de Pa- 
rís , en la batalla mas gigantesca que dentro de los muros 
de una ciudad han presenciado los siglos. A esa república 
que se llamó de las tres verdades , yo la desmiento ; es la 
república de lastres blasfemias, es la república :de las tres 
mentiras. 

Viniendo ahora á las causas de esta revolución , el par- 
tido progresista tiene unas mismas causas para todo. El 
Sr. Cortina nos dijo ayer que hay revoluciones porque hay 
ilegalidades, y porque el instinto de los pueblos los levanta 
uniforme y espontáneamente contra los tiranos. Antes nos 
habia dicho el Sr. Ordaz Avecilla : ¿Quereis^ evitar las re- 
voluciones? dad de comer á los hambrientos. Véase , pues, 
aquí la teoría del partido progresista en toda su extensión: 



REVISTA BS ISRAMA, DE IXMAS Y BBL KXTaiMJERO. 

' las causas de la revolución son por una parte la mis^ia, 
por oirá la iiraasa. Señores, esa teoría es contraria , to- 
talmente contraria á la bialoria. Yo pido que se me cité 
un ejemplo de una revolución hecha y llevada á cabo por 
pueblos esclavos 4 por pueblos hambrientos. Las revolu* 
dones son enfermedades de los pueblos ricos; las revolu- 
ciones son enfermedades de los pueblos libres. £1 mundo 
antiguo era un mando en que los esclavos compoman la 
mayor parte del gén^o humano ; citadme cual revoludon 
fué hecha por esos esclavos. 

Lo mas que pudieron ccmseguir fué fomentar algunas 
guerras civiles; pero^ las revoluciones profundas fuéroa 
hechas siempre por opulentísimos aristócratas. No^ seño- 
res ; no está en la esclavitud, no está en la miseria el géi^ 
iuen de las revolaciones : el germen de las reyolneiones 
está en los deseos sobreexcitados de la muchedambre por 
los tribunos que las explotan y benefician. Yserák come 
los ricos : ved ahí la fórmula de las revoludomes sodalis*» 
tas contra las clases medias; y seréis como los nobles : ved 
abi la fórmula de las revoluciones de las clases medias 
contra las clases nobiUarias: y seréis cínno los reges; ved 
ahi la fórmula de lasVevoludonesde las ciases nobiUarias 
contra los reyes; por último, señores; y seréis á matwra 
de Diases : ved ahi la fórmula de la primera rebelión <krl 
primer hombre contra Dios. Desde Adán, el primer rd^el- 
de, hasta Prudhom , el último impío , esa es la fórmala de 
todas las revoludoiies. 

£1 gobierno español, como era su deber , no quiso que 
esa fórmula tuviese su aplicadon en Espeña; tanto meaos 
lo quiso cuanto la situadon interior no era la mas Hson- 
jara ; y era menester prevenirse asi oontra las evemua- 
lidades del interior como contra las eventualidades aíte* 
riores. Para no Mberlo hecho asi, era necesario haber 



JHaCPRSa OE D. íUjMI »0NOdO G<iRns« W9 

dasconoeido de todo piinlo la marcha de uoa comente 
magnética que se desprende de los focos de acción revo* 
Ittcionaña, y que va inficionándolo todo por el mundo. 

La situación interior, en pocas palabras, era esta. La 
cuestión política no estaba , no ha estado nunca, no está 
de todo punto resuelta : no se resuelven asi tan Sícilmente 
cuestiones políticas eu sociedades tan soliventadas por las 
pasiones. La cuestión dinástica no e^ba concluida, por- 
que aunque es verdad que en ella somos nosotros los vaa- 
cedores, no teníamos la resignación del vencido , que es 
el complemento de la victcMria. La cuestión religiosa es- 
taba en muy mal estado. La cuestión de las bodas, todos 
lo sabéis , est£^a exacerbada. Yo pregunto, señores, su- 
puesto , como he probado ya, que la dicladurasea en cir- 
cunstancias dadas legitima, en circunstancbs dadas pro- 
vechosa, ¿estábamos ó no estábamos en esas circuns- 
tandas? Si no habian llegado, decidme cuáles oteas mas 
graves han aparecido en el mundo. La experiencia vino á 
demostrar que los cálculos del Gobierno y la previsión de 
esta Cámara no habian sido infundados. Todos lo sabéis, 
señores : yo en esto hablaré muy de paso, porque todo k> 
que es alimentar pasiones, lo detesto; no he nacido para 
eso ; todos sabéis que se proclamó la república á trabu- 
cazos por las calles de Madrid; todos sabéis que se ganó 
parte de la guarnición de Madrid y de .Sevilla ; todos sa- 
béis que sin la resistencia enéijica, activa del Golnemo, 
toda España, desde las columnas de Hércules al Pirineo, 
de un mar á otro mar , hnbiera sido un lago de ssengre* Y 
no solo España: ¿sabéis qué males, si fadaiera triunfado 
la revolución, se habrían propagado por el mondo? ;Ah 
señores! Gnando se piensa en estas cosas, fuerza es excla- 
mar que el Ministerio que supo resistir y supo vencer^ 
mereció bien de su patria. 



300 REVISTA DS ESPAÑA, M INDIAS Y DEL EXTRANJERO. 

Esta cuestión vino á complicarse con la cuestión ingle- 
sa : voy á decir antes de entrar en ella , y desde ahora 
anuncio que no entraré sino para salir de ella inmediata- 
mente , porque asi lo conceptúo conveniente y oportuno ; 
pero antes de entrar en ella me permitirá el Congreso que 
exponga algunas ideas generales que me parecen conve- 
nientes. 

Señores , yo he creido siempre que. la ceguedad es una 
señal así en los hombres, como en los gobiernos, como en 
las naciones, de perdición. Yo he creido que Dios co- 
mienza por cegar siempre á los que quiere perder; yo Jie 
creído. que para que no vean el abismo que pone á sus 
pies, comienza por turbarles la cabeza. Aplicando estas 
ideas á la política general seguida de algunos años á esta 
parte por la Inglaterra y por la Francia , señores , lo diré 
aquí , hace mucho que yo he predicho grandes desventu- 
ras y catástrofes : un hecho histórico, un hecho averigua- 
do , un hecho incontrovertible es que el encargo provi- 
dencial de la Francia es ser el instrumento de la Provi- 
dencia en la propagación de las ideas nuevas, asi políticas 
como religiosas y sociales. En los tiempos modernos tres 
grandes ideas han invadido la Europa : la idea católica , 
la idea filosófica, la idea revolucionaria. 

Pues bien , señores , en esos tres periodos la Francia se 
ha hecho siempre hombre^para propagar esas ideas. Carlo- 
Magno fué la Francia hecha hombre para propagar la idea 
católica; Voltaire fué la Francia hecha hombre para pro- 
pagar la idea filosófica ; Napoleón ha sido la Francia he- 
cha hombre para propagar la idea revolucionaría. Del 
mismo modo creo que el encargo providencial de la In- 
glaterra es mantener el justo equilibrio moral del mundo, 
haciendo contraste perpetuo con la Francia. La Francia es 
lo que el flujo , la Inglaterra lo que el reflujo del mar. 



DISCURSO DE DON JUAN DONOSO COI^TES. 301 

Suponed por un momento el flujo sin el reflujo ; los 
mares se extenderían por todos los continentes : suponed 
el reflujo sin el flujo, los mares desaparecerían de la tier- 
ra. Suponed la Francia sin la Inglaterra ; el mundo no se 
movería sino en medio de convulsiones , cada día tendría 
una nueva constitución , cada hora una nueva forma de 
gobierno. Suponed la Inglaterra sin la Francia : el mundo 
vegetaría siempre bajo la carta del venerable Juan sin 
Tierra, que es el tipo permanente de todas las constitucio- 
nes brítánicas. ¿Qué significa^pues, señores, la coexís- 
cia de estas dos naciones poderosas? Significa, señores, 
el progreso limitado por la estabilidad , la estabilidad vi- 
vificada por el progreso. 

Pues bifín , señores ; de algunos años á esta parte , y 
apelo á la historia contemporánea v á vuestros recuerdos, 
esas dos grandes naciones han perdido la memoria de sus 
hechos , han perdido la memoria de su encargo provi- 
dencial en el mundo. La Francia , en vez de derramar por 
la tierra ideas nuevas, predicó por todas partes el statu quo: 
el siaiu quo en, Francia, el statu quo en .España, el statu 
quú en Italia , el statu quo en el Oriente. Y la Inglaterra en 
vez de predicar la estabilidad, predicó en todas partes las 
revueltas : en España, en Portugal, en Francia, en Italia 
y en la Grecia. ¿Y qué resultó de aquí? Lo que habia de 
resultar forzosamente ; que las dos naciones, represen- 
tando un papel que no habia sido, el suyo nunca, le han 
representado pésimamente. La Francia quiso convertirse 
de diablo en predicador: la Inglaterra de predicador en 
diablo. 

Esta es, señores, la historia contemporánea; pero ha- 
blando solamente de la Inglaterra , porque es de la que 
me propongo hablar muy brevemente , diré que yo pido 
al cielo, señores, que no vengan sobre idlla, como han 



303 REVI3TA DE ISPAÜAy Dfi INDIAS Y BSL BtTRANlERO. 

Tenido sobre la Francm , las catástrofes que ha merecido 
por sos errores; porque nada es comparable al error de 
la Inglaterra de apoyar en todas parles los partidos revo- 
Inclonarios. ¡ Desgraciada ! ¿ No sabe que el dia del peligro 
esos partidos con mas instinto que ella la habrán de toI^ 
Ter las espaldas? ¿No ha sucedido esto ya? Y ha debido 
suceder, señores, porque todos los revolucionarios del 
mondo saben que cuando las rerohidones Tan de Téras, 
que cuando las nubes se agrupan , que cuando los hori- 
zontes se oscurecen, que cuando las olas suben á lo alto, 
el navio de la revolución no tiene mas piloto que la 
Francia. 

Señores, esta fué la política seguida por la Inglaterra, 
ó por mejor decir, por su gobierno y sus agentes durante 
la última época. Yo he dicho, y repito, que no quiero 
tratar esta cuestión ; me mueven á ello grandes conside- 
raciones. Primera : la consideración del bien público, 
porque debo declarar aquí solemnemente que yo quiero 
la alianza roas íntima , la unión mas completa entre la na- 
ción española y la nación inglesa, á quien admiro y res- 
peto como la nación quizá mas libre, mas fuerte y mas 
digna de serlo en la tierra. No quisiera , pues , con mis 
palabras exacerbar esta cuestión , y no quisiera tampoco 
perjudicar ó embarazar ulteriores declaraciones. Hay otra 
consideración que me mueve á no hablar mas de este 
asunto. Para hablar de :él tendría que hacerio de un hom- 
bre de quien fui amigo, mas amigo que el señor Cortina; 
pero yo no puedo ayudarle hasta el punto que el Sr. Cor- 
tina le ayudaba; la honra no me permite mas ayuda que 
el silencio. 

El Sr. Cortina ai tratar esta cuestión , permitame que 
se lo diga con franqueza , tuvo una especie de Tahido, y se 
le olvidó quién era, ddnde estaba y quiénes somos. S. S. 



ÜISCOUSO »B D. lUAN IMNOSO GORTBS. SOS 

creyó que era un abogado, y no era un abogado, que era 
un orador del Parlamento. S. S. creyó que hablaba ante 
jueces , y hablaba anie diputadoa. S. S. creyó que hablaba 
en un tribunal, y hablaba en una asamblea deliberante; 
ere JÓ que hablaba de un pleito, y hablaba de un asunto 
poUtieo, grande , nacional, que si pleito era , «ra pleito en- 
tre dos naciones. Ahora bien, señores; ¿ debe doler pro- 
fundamente al Sr. Cortina haber sido el abogado de la 
parte contraria á la nación española? ¡Y qué, señores! 
¿ es eso patriotismo por ventura? ¿Es eso ser patriota? ¡Ab! 
no. ¿Saláis lo que es ser patriota? Ser patriota, señores, 
es amar, es aborrecer, es sentir como ama , como abor- 
rece Boestra patria. 

Dije, sefiores, que pasaría muy de lijero por esta cues- 
ti<m , y ya he pasado. 

El Sr. SECRETARIO Lamiente Alcántara : Pasadas las 
horas de reglamento , se pregunta al Congreso si se pro- 
roga la sesión. {Mneha» voces : Si, si.) 
Se acordó afirmativamente. 

El Sn marquesde VALDEGAM AS : Pero, señores, ni las 
circunstancias interiores que enm tan graves , ni las ch*- 
cunstaneias exteriores que eran tan complicadas y peli- 
grosas , son bastantes para disminurr la oposición en los 
señores que se sientan en aquellos bancos. ¡Y la libertad! 
nos dicen. ¡Pues qué! la libertad, ¡no es sobre todo? Y 
la libertad, á k> menos la individual, ¿no ha sido sacrifi- 
cada? ¡La libertad, señores! ¿Saben el principio que 
proclaman y el nombre que pronuncian les que pronun- 
cia! esa palabra sagrada? ¿ Saben los tiempos en que vi- 
ven ?¡Ko ha llegado basta nosotros, señores, el ruido de 
las últimas eatástit>(es? ¡Qué! ¿ no saben á esta hora que 
la Kbertad acabó? Pues qué, ¿no han asistido como he 
asistido yo con los ojos de mi espíritu á su dolorosa pa- 



304 RKVISTA DI KSPAÑA, DB INDIAS Y DEL BXTRÁlfaUlO. 

sion? Paes qué» señores, ¿no la habéis visto vejada, escar- 
necida, herida alevemente por todos los demagogos del 
mundo ? ¿ No la habéis visto llevar su angustia por las mon- 
tañas de la Suiza, por las orillas del Sena, por las riberas 
del Rhin y del Danubio , por laa márgenes del Tiber? ¿No 
la habéis visto subir al Quirinal, que ha sido su calvario? 

Señores, tremenda es la palabra; pero no debemos re- 
traernos de pronunciar palabras tremendas si dicen la 
verdad , y yo estoy resuelto á decirla. ¡ La libertad acaból 
No rematará ^ señores, ni al tercer dia, ni al tercer año, 
ni al tercer siglo quizá. ¿Os gusta, señores, la tiranía que 
sufrimos? De poco os asustáis ; veréis cosas mayores. Y 
aquí os ruego , señores , que guardéis en vuestra memoria 
mis palabras , porque lo que voy á decir, los sucesos que 
voy á anunciar en un porvenir mas próximo ó mas lejano, 
pero muy lejano nunca, se han de cumplir á la letra. 

El fundamento , señores , de todos vuestros errores {di- 
rigiéndose á los bancos de la izquierda) consiste en no saber 
cuál es la dirección de la civilización y del mundo. Voso- 
tros creéis que la civilización y el mundo van , cuando la 
civilización y el mundo vuelven. El mundo , señores, ca- 
mina con pasos rapidísimos á la constitución de un des- 
potismo. el mas gigantesco y aselador de que hay memoria 
en los hombres. A esto camina la civilización , y á esto ca- 
mina el mundo. Para anunciar estas cosas no necesito ser 
profeta. Me basta considerar la combinación pavorosa de 
los acontecimientos humanos desde su único punto de 
vista verdadero , desde las alturas católicas. 

Señores, no hay mas que dos represiones posibles » una 
interior y otra exterior; la religiosa y la política. Estas son 
de tal naturaleza, que cuando el termómetro religioso está 
subido , el termómetro de la represión política está bsyo ; 
y cuando el termómetro religioso está bajo , el termóme- 



BISCURSO DB D. ^AN DONOSO CORTÉS. 305 

tro político, la represión política, la tiranía está alta. Esta 
68 una ley de la humanidad, una ley de Ha historia. Y si 
no , señores , ved lo que era el mundo , ved lo que era la 
sociedad que cae al otro lado de la Cruz , decid lo que era 
cuando no habia represión interior, cuando no habia re- 
¡nresion religiosa. Entonces aquella era una sociedad de 
tiraosías y de esclavos. Citadme un solo pueblo donde no 
haya esclavos y donde no haya tiranía. Este es un hecho 
incontrovertible, este es un hecho in controvertido, este 
es mi hecho evidente. La libertad , la libertad verdadera, 
la libertad de todos y para todos no vino al mundo sino 
eon el Salvador del mondo. Este también es un hecho in- 
controvertído , es un hecho confesado hasta por los mis- 
mes socialistas que lo confiesan. Los socialistas llaman á 
lesBs un hombre divino, y los socialistas hacen mas, se 
Haman sos continnadores. ¡Sus continuadores, Santo Dios! 
{Ellos, los hombres de sangre y de venganzas, continua- 
dores del que no vivió sino para hacer bien ; del que no 
abrid la boca sino para bendecir; del que no hizo prodi- 
gios sino para librar á los pecadores del pecado , á los 
mnerfeos de la muerte ; el que en el espado de tres años 
Uzo la revcducioD mas grande que han presenciado los 
ttfflos, y la llevó á cabo sin haber derramado mas sangre 
qoelasuya? 

Señores, os ruego me prestéis atención ; voy á poneros 
eo presencia del paralelismo roas maravilloso que ofrece 
la historia. Vosotros habéis visto que en el mundo antiguo, 
cuando la represión religiosa no podía bajar mas porque 
no existia ninguna, la represión poMtica subió hasta no 
poder mas , porque subió hasta la tiranía. Pues bien , con 
lesoeristo, donde nace la represión religiosa, desaparece 
completamente la repreúon pohtica. Es esto tan cierto, 
que habiendo fundado Jesucristo una sociedad con sus 
T. xm. 20 



306 REVISTA DE ESPAÑA, DE INDIAS Y DEL EXTRANJERO. 

discípulos, fué aquella la única sociedad que ha existido 
sin gobierno. Entre Jesús y sus discfpulos no. habia mas 
gobierno que el amor del Maestro á los discípulos y el 
amor de los discípulos al Maestro. Es decir, que cuando 
la represión era completa , la libertad era absoluta. ' 

Sigamos el paralelismo. Llegan los tiempos apostólicos, 
que los extenderé , porque asi conviene ahora á mi pro- 
pósito, desde los tiempos apostólicos propiamente dichos, 
hasta la subida del cristianismo al Capitolio en tiempo de 
Constantino el Grande. En este tiempo, señores, lá reli<- 
gion cristiana, es decir la represión religiosa interior, es- 
taba en todo su apogeo ; pero aunque estaba en todo su 
apogeo, sucedió lo que sucede en todas las sociedades 
compuestas de hombres , que comenzó á desarrollarse un 
germen, nada mas que un germen de licencia y de liber- 
tad religiosa. Pues bien , señores, observad el paralelis- 
mo : á este principio de descenso en el termómetro reli- 
gioso corresponde un principio de subida en el termómetro 
político. No hay todavía gobierno, no es necesario el go- 
bierno , pero es necesario ya un germen de gobierno. Así 
en la sociedad cristiana entonces no habia de hecho ver- 
daderos magistrados , sino jueces arbitros y amigables 
componedores, que son el embrión del gobierno. Real- 
mente no habia mas que eso; los cristianos de los tiempos 
apostólicos no tuvieron pleitos, no iban á los tribunales, 
decidían sus contiendas por medio de arbitros. Obsérvese, 
señores, cómo con la corrupción va creciendo el go- 
bierno. 

Llegan los tiempos feudales , y en estos la religión se 
encuentra todavía en su apogeo , pero hasta cierto punto 
viciada por las pasiones humanas. ¿Qué es lo que sucede, 
señores, en este tiempo en el mundo político? Que ya es 
necesario un gobierno real y efectivo, pero que basta el 



DISCURSO DE D. JUAN DONOSO CORTÉS. 307 

mas débil de todos, y asi se establece la monarquía feudal, 
la mas débil de las monarquías. 

Seguid observando el paralelismo. Llega, señores, el 
siglo XVI. En este siglo, con la gran reforma luterana, con 
ese grande escándalo político y social, tanto como reli- 
gioso , con ese acto de emancipación intelectual y moral 
de los pueblos, coinciden las siguientes instituciones. En 
primer lugar, en el instante, las monarquías, de feudales, 
se hacen absolutas. Vosotros creeréis, señores, que mas que 
absoluta no puede ser una monarquía : un gobierno, ¿qué 
puede ser mas que absoluto? Pero era necesario, señores, 
que el termómetro de la represión política subiera mas, 
porque el termómetro religioso seguía bajando; y con 
efecto subió mas. ¿Y qué nueva institución se creó ? La de 
los ejércitos permanentes. ¿Y sabéis , señores , lo que son 
ejércitos permanentes? Para saberlo, basta saber lo que es 
un soldado : un soldado es un esclavo con uniforme. Asi, 
pues , veis que en el momento en que la represión reli- 
giosa baja, la represión política sube al absolutismo, y 
pasa mas allá. No bastaba á los gobiernos ser absolutos; 
pidieron y obtuvieron el privilegio de ser absolutos y tener 
un millón de brazos. 

A pesar de esto , señores , era necesario que el termó- 
metro político subiera mas, porque el termómetro reli- 
gioso seguía bajando ; y subió mas.¿Qué nueva institución, 
señores, se creó entonces? Los gobiernos dijeron : tene- 
mos un millón de brazos y no nos bastan; necesitamos mas, 
necesitamos un millón de ojos; y tuvieron la policía, y 
con la policía un millón de ojos. A pesar de esto, seño- 
res , todavía el termómetro político y la represión política 
debían subir, porque á pesar de todo, el termómetro reli- 
gioso seguía bajando; y subieron. 

A los gobiernos, señores, no les bastó tener un millón 



308 REVISTA DE ESPAÑA, DE INDIAS Y DEL EXTRANJERO. 

de brazos ; no les bastó tener un millón de ojos ; quisieron 
tener un millón de oídos, y los tuvieron con la centraliza- 
ción administrativa , por la cual vienen á parar al gobierno 
todas las reclamaciones y todas las quejas. 

Y bien , señores; no bastaba esto, porque el termóme- 
tro religioso siguió bajando, y era necesario que el termó- 
metro político subiera mas. ¡ Señores, hasta dónde ! Pues 
subió mas. 

Los gobiernos dijeron : no me bastan para reprimir, un 
millón de brazos ; no me bastan para reprimir, un millón 
de ojos ; no me bastan para repritnir, un millón de oídos; 
necesitamos mas : necesitamos tener el privilegio de ba- 
ilarnos á un mismo tiempo en todas partes. Y lo tuvieron; 
y se inventó el telégrafo. 

Señores , tal era el estado de la Europa y del mundo 
cuando el primer estallido de la última revolución vino á 
anunciarnos, á anunciarnos á todos, que no babia bastante 
despotismo en el mundo ; porque el termómetro religioso 
estaba por bajo de cero. Ahora bien, señores, una de dos... 

Yo he prometido, y cumpliré mi palabra, hablar hoy 
con toda franqueza. 

Pues bien , una de dos : ó la reacción religiosa viene ó 
no : si hay reacción religiosa, ya veréis, señores, como su- 
i>idndo el termómetro religioso comienza á bajar natural, 
espontáneamente, sin esfuerzo ninguno de los pueblos, 
ni de los gobiernos, ^ni de los hombres, el termómetro 
político, hasta señalar el dia templado de la libertad de los 
pueblos : pero si por el contrario , señores, y esto es grave 
(no hay la costumbre de llamar la atención de las asam- 
bleas deliberantes sobre las cuestiones hacia donde yo la 
he llamado hoy ; pero la gravedad de los acontecimientos 
del mundo me dispensa, y yo creo que vuestra benevo- 
lencia sabrá también dispensarme); pues bien, señores. 



DISCURSO DE D. JDAN DONOSO CORTÉS. 309 

yo digo que si el termómetro religioso continúa bajando, 
no sé adonde hemos de parar. Yo, señores, no lo sé, y 
tiemblo cuando lo pienso. Contemplad las analogías que 
he puesto á vuestros ojos; y si cuando la represión reli- 
giosa estaba en su apogeo no era necesario ni gobierno 
ninguno siquiera , cuando la represión religiosa no exista, 
no habrá bastante con ningún género de gobierno , to- 
dos los despotismos serán pocos. 

Señores , esto es poner el dedo en la llaga , esta es la 
cuestión de España, la cuestión de Europa, la cuestión 
de la humanidad, la cuestión del mundo. 

Considerad una cosa , señores. En el mundo antiguo la 
tiranía fué feroz y asoladora , y sin embargo esa tiranía 
estaba limitada físicamente, porque todos los Estados eran 
pequeños, y porque las relaciones internacionales eran im- 
posibles de todo punto ; por consiguiente en la antigüedad 
no pudo haber tiranías en grande escala, sino una sola, la 
de Roma. Pero ahora, señores, ¡cuan mudadas están las 
cosas ! Señores , las vias están preparadas para un tirano 
gigantesco, colosal, universal, inmenso; todo está pre- 
parado para ello : señores, miradlo bien; ya no hay re-» 
sistenciás ni físicas ni morales : no hay resistencias físicas, 
porque con los barcos de vapor y los caminos de hierro no 
hay fronteras; no hay resistencias físicas, porque con el te- 
légrafo eléctrico no hay distancias; y no hay resistencias 
morales,, porque todos los ánimos están divididos y todos 
los patriotismos están muertos. Decidme, pues, si tengo 
ó no razón cuando me preocupo por el porvenir próximo 
del mundo : decidme si al tratar de esta cuestión no trato 
de la cuestión verdadera. 

Una sola cosa puede evitar la catástrofe, una y nada 
mas : eso no se evita con dar mas libertad , mas garantías, 
nuevas constituciones ; eso se evita procurando todos , 



310 REVISTA DK ESPAÑA, DE INDIAS Y DEL EXTRANJERO. 

hasta donde nuestras fuerzas alcancen , provocar una reac- 
ción saludable, religiosa. Ahora bien, señores : ¿es posi- 
ble esta reacción? Posible lo es : pero ¿es probable ? Se- 
ñores, aqui hablo con la mas profunda tristeza : no la creo 
probable. Yo he visto , señores , y conocido á muchos in- 
dividuos que salieron de la fe y han vuelto ¿ ella : por des- 
gracia, señores, no he visto jamas á ningún pueblo que 
haya vuelto á la fe después de haberla perdido. 

Si aun me quedara alguna esperanza , la hubieran disi- 
pado, señores, los últimos sucesos de Roma : y aqui voy 
á decir dos palabras sobre esta cuestión , tratada también 
por el Sr. Cortina. 

Señores, los sucesos de Roma no tienen un nombre : 
¿cómo los llamaríais, señores? ¿Los llamaríais deplora- 
bles? Deplorables, todos los que he citado lo son; esos 
son mucho mas. ¿Los llamaríais horribles? Señores, esos 
acontecimientos son sobre todo horror. 

Habia en Roma, ya no le hay, sobre el trono mas emi- 
nente el varón mas justo, el varón mas evangélico de la 
tierra. ¿Qué ha hecho Roma de ese varón evangélico, de 
ese varón justo? ¿Qué ha hecho esa ciudad en donde han 
imperado los héroes, los Césares y los pontífices? Ha tro- 
cado el trono de los pontífices por el trono de los dema- 
gogos. Rebelde á Dios, ha caido bajo la idolatría del puñal. 
Eso ha hecho. El puñal, señores, el puñal demagógico, el 
puñal sangriento, ese es el ídolo de Roma. Ese es el ídolo 
que ha derribado á Pío IX. Ese es el ídolo que pasean por 
las calles tropas de caribes. ¿Dije caribes? dije mal, que 
los caribes son feroces, pero los caribes no son ingratos. 

Señores , me he propuesto hablar con toda franqueza» 
y hablaré. Digo que es necesario que el rey de Roma 
vuelva á Roma, ó que no quede en Roma, aunque pese 
al Sr. Cortina, piedra sobre piedra. 



DISGUBSO DE D. JUAN DONOSO CORTÉS. 511 

£1 mundo católico no puede consentir , y no consentirá 
en la destrucción virtual del cristianismo por una ciudad 
sola entregada al frenesí de la locura. La Europa civiliza- 
da no puede consentir, y no consentirá que se desplome, 
señores, la cúpula del edificio de la civilización europea. 
El mundo, señores, no puede consentir, y no consentirá 
que en Roma, esa ciudad insensata, se verifique el adve- 
nimiento al trono de una nueva y extraña dinastía, la di- 
nastía del crimen. Y no se diga, señores» como dice el 
Sr. Cortina, como dicen en periódicos y discursos los se- 
ñores que 86 sientan en aquellos bancos, que hay dos cues- 
tiones alli, una temporal y otra espiritual, y que la cuestión 
ha sido entre el rey temporal y su pueblo. Que el pontí- 
fice ha sido respetado, que el pontífice existe todavía. Dos 
palabras sobre esta cuestión, dos palabras, señores, lo 
, explicarán todo. 

Sin duda ninguna el poder espiritual es lo principal en 
el Papa , el temporal es accesorio ; pero ese accesorio es 
necesario : el mundo católico tiene el derecho de exigir 
que el oráculo infalible de sus dogmas sea libre é inde-^ 
pendiente : el mundo católico no puede tener una ciencia 
derta, como se necesita, de que es independiente y libre, 
sino cuando es soberano , porque solo el soberano no de- 
pende de nadie. Por consiguiente, señores, la cuestión 
de soberanía , que es una cuestión politica en todas partes, 
es en Roma ademas una cuestión religiosa; el pueblo que 
puede ser soberano en todas partes , no puede serlo en 
Roma; asambleas constituyentes que pueden existir en 
todas partes, no pueden existir en Roma; en Roma no pue- 
de haber mas poder constituyente que el poder consti- 
tuido. Roma, señores, los Estados pontificios , no perte- 
necen al Estado de Roma, no pertenecen al papa; los Es- 
tados pontiÉcios pertenecen al mundo católico; el mundo 



3i2 REVISTA DE BSPAIÍA, DX IKDUS Y DEL XmUVJERO. 

católico se los ha reconocido al papa para que fuera libre 
ó independiente , y el papa mismo no puede despojarse 
•de esa soberanía , de esa independencia. 

Señores , voy á concluir, pcH'que el Congreso está muy 
cansado y yo lo estoy también. (Varios señores : No, no.) 
Señores, francamente tengo que declarar aquí, que no 
puedo extenderme mas porque tengo la boca mala, y ha 
sido un prodigio que yo pueda hablar, pero lo principal 
que tenia que decir lo he dicho ya. 

Después de haber tratado las tres cuestiones exteriores 
que trató el Sr. Cortina , vuelvo, para concluir, á la inte^ 
rior. Señores , desde el principio del mundo hasta ahora 
ha sido una cosa discutable si convenia mas el siateoia da 
la resistencia ó el sistema de las concesiones, para evitar 
las revoluciones y los trastornos ; pero afortunadamente, 
señores , esa que ha sido ana cuestión desde el primer 
año de la creación b&sta el año 48, en el año de graciado 
48 ya no es cuestión de ninguna enpecie , porque es cosa 
Iresuelta : yo , señores , si me lo permitiera el mal que pa* 
dezco en la boca, haría aqui una reseña de todos los acon- 
tecimientos desde febrero hasta ahora , que prueban estas 
aserciones ; pero me contentaré con recordar dos : el de 
la Francia, señores : alli la monarquía, que no cedió, filé 
vencida por la república que apenas tenia fuerza para mo- 
verse ; y la república que apenas tenia fuerza para mover- 
se, porque resistió, venció al socialismo. 

En Roma, que es otro ejemplo que quiero citar, ¿qué 
ha sucedido? ¿No estaba allí vuestro modelo? Decid- 
me : si vosotros fuerais pintores y quisierais pintar el 
modelo de un rey, ¿encontraríais otro modelo que no 
fuera su original Pió IX ? Señores , Pió IX quiso ser, 
como su divino Maestro, magnifico y dadivoso : halló 
proscriptos en su país , y les tendió la mano y los devolvió 



BISCDRSO BE D* JUAN BONOSO CORTÉS. 3iS 

á SU patria : había refannntas, stores, y les dio refoiv 
mas : había libérate», señoves , y los híso libres : cada pan 
kbra. suya , señores , fué mi beneficio : y ahora , señores^ 
deddaié , I su» bew^eios no igualan , sí no* exaeden, á sus 
ignominias? Y en vista de esfecR, sienorea, ¿el astenia de h» 
concesiones no es una cosa resuelta? ^ 

Señores, si aqui se tratara de elegir, de escoger entre 
kblUiertadporualadoy la dictadura por otro, aiqui no 
habría disenso ningono; porque ¿ quién , pudiendo abra-* 
zarse con la libertad, se hinca de rodillas ante la dictadu- 
ra? Pero Bo es esta la c«estion. La libertad no existe de 
bocho en Earepa; 1)08 gobiemoa conetitudonales qne la 
representaban. anos atrás, no son ya en casi todas partea 
señores , sino tma armazón de un^ esqueleto sin YÍda. Re»* 
cordad una cosa, recordad á Roma imperial. En la Roma 
imperial existen todas las instituciones republicanas, exis- 
ten los omnipotentes dictadores, existen los inviolables 
tribunos, existen las familias senatorias, existen los emi- 
nentes cónsules; todo esto, señores, existe; no falta mas 
que una cosa, y no sobra mas que otra cosa : sobra un 
hombre , y falta la república. 

Pues esos son , señores , en casi toda Europa los go- 
biernos constitucionales; sin pensarlo, sin saberlo el se- 
ñor Cortina , nos lo demostró el otro día. ¿No nos de- 
cía y. S. que prefiere, y con razón , lo que dice la historia 
á lo que dicen las teorías? A la historia apelo. ¿Qué son, 
señor Cortina , esos gobiernos con sus mayorías legitimas, 
vencidas siempre por las minorías turbulentas, con sus 
ministros responsables que de nada responden, con sus 
reyes inviolables siempre violados? Asi, señores, la cues- 
tión , como he dicho antes , no está entre la libertad y la 
dictadura; si estuviera entre la libertad y la dictadura, yo 
votaría por la libertad, como todos los que nos sentamos 



314 REVISTA DE ESPAÑA, DE INDIAS Y DEL EXTRANJERO. 

aquí. Pero la cuestión es esta, y concluyo : se traía de es- 
coger entre la dictadura de la insurrección y la dictadura 
del Gobierno ; puesto en este caso yo escojo la dictadura 
del Gobierno, eomo menos pesada y menos afrentosa : se 
trata de escoger entre la dictadora que viene de abajo y 
la dictadura que viene de arriba ; yo escojo lo que viene 
de arriba, porque viene de regiones mas limpias y sere- 
nas : se trata de escoger, por último , entre la dictadura 
del puñal y la dictadura del sable ; yo escojo la dictadura 
del sable, porque es mas noble. Señores, al votar nos di* 
vidirémos en esta cuestión , y dividiéndonos seremos con* 
secuentes con nosotros mismos. Vosotros , señores, vota- 
réis, como siempre, lo mas popular; nosotros, señores, 
como siempre , votaremos lo mas saludable. 



FÁBRICA DE TABACOS DE SEVILLA. 



c En los grandes pueblos , como es la capital de una de las 
provincias mas ricas y hermosas que posee la corona de Es*- 
paña, se conserva la memoria de cada siglo por un monu- 
mento , en el cual se recuerda á las generaciones venideras 
el tiempo pasado y álos hombres que en él existieron. 

La reina de Andalucía,. Sevilla, el gran monumento que 
conservad que le recuerda con gloria el siglo xyuíy es la 
grandiosa Fábrica de tabacos. 

La visita que en uno de estos últimos días hemos hecho 
á este establecimiento, nos ha causado emociones difíciles 
de explicar. La entrada en aquel grande edificio, cuyo 
frente es de 623piésy S14 por los costados, contándosele 
patios en todo él, hizo que se agolpasen á nuestra ima- 
ginación ideas que nos llenaron de melancolía, por la 
comparación que hicimos de nuestro antiguo poderío y 
riqueza, con el estado de abyección y pobreza á que nos 
vemos reducidos. Sin embargo, ima muy consoladora vino 
á refrigerar nuestra mente , y es ía de que la verdadera 
riqueza está en nuestro suelo , y que los desaciertos de los 
hombres no pueden arrancarla jamas, por mas que se es- 
fuercen. 

La Fábrica de tabacos , rodeada de un foso por toda la 



346 REVISTA DE ESPAÑA, DE INDIAS Y DEL SITRANJSRO. 

parte exterior que mira al campo , con el que se comunica 
por un puente levadizo , parece representar la ciudadela 
de la corte de Pedro i de Castilla. El ancho terreno que 
hay entre el foso y eredificio, parece por algunos trozos ser 
el sitio destinado para las maniobras y ejercicios de la 
guarnición de la fortaleza ; y en otros los jardines de la 
mansión de un principe oriental. Los altos muros, las 
torres y cornisas parecen decir que aquel es el. palacio de 
un soberano de una de las naciones mas ricas de Europa : 
pues esto que tantas ideas sugiere , es la Fábrica de taba- 
cos de Sevilla , que dice yo soy el recuerdo de aquel siglo^ 
en que la nación tenia 100 millones de exoedente en sus 
rentas , den navios deUnea , y su cetro reposaba sobre dos 
imndos. 

Este edificio que, como á nosotros , causa adariracwHi á 
cuantos k> ven , se empezó en el reinado de Felipe V , año 
de 1751 , coBchiyéndose en el de Garlos III en 1761^ aun- 
que se siguió trabajando en el foso á intervalos hasta m. 
entera finalización en 24 de noviembre de 1770 , habiendo 
costado al tesoro esta magnifica obra SO. 186,000 reales 
vellón. 

Es imposible entrar por la Fábrica de tabacos sin admi«- 
rar su forma colosal y cuanto ea ella se contiene. Hoy en- 
derra muyor número de operarios que ha tenido nunca. 
Guando el miximun de las labores de polvo , que foé por 
lósanos de 1764 á 1768 , hubo 1,600 trabajadores en las 
diferentes faenas, dando en completa perfección dé labor 
por un quinquenio dos millones de libras ^ estando en ejer- 
dcio 109 molinos , para cuyo servicio se raantenian 3S0 ca- 
ballos ; entonces ^olo había ISO dgarreros , que construían 
al año 186,000 libras de dgarros. 

En el dia existen 170 jornaleros ocupados en las faenas 
de las tres fábricas de rapé , polvo y cigarros , en las má- 



FÁBBIGA DB TABACOS DS SSVILLA. 317 

quinas para picar el tabaco , albaüíles y caballeráas. Ade- 
mas hay 500 operarios : 400 en las labores de cigarros, y 
100 en cigarrillos de papel. De operarías bay 4^00» distri- 
buidas del modo siguiente : destinadas á la labor de ci- 
garros peninsulares» mistos y cooaimes, 5,600; en hacer 
cigarrillos de papel, 300, y en eneypaquetar las cajetillas de 
tabaco picado, 200. 

Al visitar aquellos numerosos talleres, no pudo meaos 
de llamarnos la atención el orden , el silencio y compos- 
tura que se guarda en ellos, pareciendo imposible que 
670 hombres y 4,100 mujeres , que hacen un total de 4,700 
personas , estén dirigidas y gobernadas por 7 empleados 
de real nombramiento y 4 por la superioridad, cuando 
en épocas anteriores tuvo 5S de los primeros , auxiliados 
por los capataces , maestros, porteaos y fieles pesebres. 
Tan perjudicial é inútil era tanto empleado como habia áa- 
tes, como justo es cpie hoy se aumenten, pues es imposi- 
ble que la contabilidad del estableotmieoito y el cuidado 
de los almacenes y talleres se pueda at^der con tan es- 
caso número; si bien es verdad que suple mucho, cuando 
existe el buen deseo, la inteligencia y. celo exquisito del 
señor director D. José de Yelasco , quien reúne cuantas 
circunstancias pueden requerirse para tan difíoHy delicado 
destino. Este jefe se ve auxiliado for empleados celosos 
que secundan sus miras ; pero el eslaerxd humano tiene 
sus limites. v 

£1 orden y la puntualidad mas estrióte se advierte en aque- 
llos talleres, pues hasta peí» las comidas de las operarías 
hay establecidas dos hosterías inmediatas á ellos, en don- 
de vimos llegar centen^es de aquellas ácofener, sin que se 
interrumpiese el sUenoio. 

Los cigarros que se elaboran S(n»en proporción de los 
pedidos. En el año último de 1847 se elüboraron soba!e 



318 REVISTA DE ESPAÑA, DE INDIAS T DEL EXTRANJERO. 

23,000 libras de cigarros peninsulares , 700 de dama, 
134,000 de mistos, y sobre 1.056,000 de cigarros comu- 
nes. Ademas se construyeron sobre 4.792,800 cajetillas de 
tabaco picado. Antes no se hacian en la fábrica de Sevilla 
cigarrillos de papel ; en dicho año se estableció este taller, 
y en los pocos meses que en él se trabajó se hicieron 
1.101,880 cajetillas ópaquetillos de cigarros. 

Apenas salen de la mano del operario tantos millares de 
libras de tabaco , y toma el enjugo que requiere , se saca 
délos almacenes de la fábrica, pues no hay en todos los 
de ella ningún repuesto elaborado , pues los pedidos de 
las provincias tienen en un continuo apuro i la fábrica. 
Solo hay existencias unas 360,000 Ubras de cigarros co- 
munes. 

Para la elaboración del rico rapé que tanto nombre tiene, 
hay cinco máquinas; pero dos de ellas están destinadas 
ahora para picar el tabaco en rama para las cajetillas. Po- 
cas máquinas son estas, si atendemos al consumo que se 
hace de esta clase de tabacos, de quien oimos frecuente- 
mente que no hay existencias en las administraciones ni 
en los estancos, con menoscabo délos consumos que po- 
drían hacerse. 

Vimos grandes repuestos de tabacos en hoja de todas 
clases, en almacenes hermosos y bien preparados : lo que 
mas nos llamó la atención fué la grande existencia de ta- 
baco en polvo , pues asciende á 3.000,000 de libras , cuyo 
valor con el de sus envases es próximamente de seis millo- 
nes y medio de duros, ó sean 130 millones de reales. 

La antigüedad de la elaboración de mucha parte de este 
tabaco data casi desde la fundación de la Fábrica, pues los 
vimos en latas que tienen la fecha del año 1774. La riqueza 
de este tabaco es tal, que puede decirse no se conoce otro 
igual , pues en lugar de desvirtuarse con el tiempo , ad- 



FABRICA DX TABACOS D£ SEVUiLA. 319 

quiere en él un aroma delicioso y suave : de esta clase 
de tabacos se hacen remesas al extranjero , mandándolos 
de regalo á algunos reyes; al Papa Gregorio XVI y al prín<* 
cipe Maximiliano de Sajonia fueron las últimas que se hi- 
cieron. En proporción déla antigüedad del tabaco está lo 
exquisito de su olor. 

Con placer observamos el adelanto que se está hadendo 
en la elaboración de cigarros, pues se labran en la Fábrica 
de Sevilla tan bien hechos como en las mejores de la Ha- 
bana ; pues á estos tabacos no les falta mas que el reposo 
y enjugo que requieren, para que ardan lo mismo que los 
de aquella isla. La labor en todas las clases de tabacos es 
muy buena , y es lástima no pudieran estar los cigarros en 
los almacenes el tiempo suficiente para que la labor no 
sufriese, y la calidad del tabaco apareciese tal como en sí 
es. Lo que mas nos llamó la atención fué la perfección con 
que se sacan los cigarros esmerados habanos, y loque nos 
dolió fué saber que las operarlas dedicadas á esté prolijo 
trabajo eran las que menos ganaban de toda la Fábrica; 
asi es que se nos quejaron algunas de lo mal pagadas que 
estaban, cuando por su aplicación debian alcanzar otro 
premio. 

Por un término medio, cada hombre de los que traba- 
jan en la Fábrica gana diariamente seisreales,y cada mu- 
jer cuatro. ¡ Tantas familias subsisten de aquel estableci- 
miento, como individuos en él trabajan! Puede decirse que 
4,770 fiímilias se sostienen allí , que podían formar el ve- 
cindario de una población mayor que muchas capitales de 
provincia. 

Por no dilatar mas este artículo , omitimos hacer men- 
ción de muchas cosas que en aquel establecimiento vimos, 
en donde se encierra el valor de muchos millones en má- 
quinas, tabacos por labrar, tabacos labrados y enseres. 



REVISTA DE SSPAKa, DE 019146 TIMO. «ITIlÁNJERO. 

Sin embargo, no queremos dejar de deoír dos palabras 
sobre el estado de su archivo , que se halla en el mayor 
abandono; pues, segim nos informaron , de resultas de la 
invasión de Gomes en 1636, el local qne aquél ocupa filé 
destinado para botiquín, y los papeles sufrieroii un tres- 
torno tal , que si no se destina una persona inteligente, 
se perderán bastantes documentos , en perjuicio de la Ha- 
oienda páblica y awi de muchos particvlares,* 

(f. ífeS.) 



CRÓNICA EXTRANJERA. 



Va»08 á referir sumaríamente ios príndpates acooleci- 
mientos que se han verificado en Etiropa durante los me- 
ses de noviembre y diciembre , que ha estado suspendida 
nuestra Revisita y y en la primera quincena del mes aetual. 
Alemania, Italia y Francia son los principales centros á 
que pueden referirse los extraordinarios sucesos que mas 
pueden interesar á nuestros lectores. Respecto de la pri* 
mera, los rumores del triunfo obtenido por los htmgaros, 
y el bárbaro asesinato del conde de Lamberg, causaron 
una profunda sensación en la corte imperial , y deeídleron 
al emperador á tomar enérjicas resoluciones. Una de ellas 
fué la de encomendar al barón de Recczy la formación de 
vm nuevo gabinete, disolviendo al mismo tiempo la cá- 
mara de IMputados, y poniendo bajo las órdenes del feld- 
mariscal JeHachich todas las tropas y cuerpos armados de 
Hungría, cuyo reino quedaba sometido á la ley marcial. 
Irritados extraordinariamente los ánimos en Viena por|we- 
sumir el partido Kberal de que el ministro de la Guerra 
trataba de enviar parte de la guanSdon de la capital en 
auxilio de los croatas, resolvióoponerse á la salida de las 
tropas. Esto produjo una lucha desesperada, durante la 
cttflíl se pasó á los sedKciosos parte de un regimiento. La 
guardia nadond estuvo de parte del pueblo. Él combate 
filé muy rellido, y duró largas horas. El conde Lvtewr, 
mini^w de la Guerra, fué acometido por una tu Aa , é itt«> 
faumanamente asesinado con hachas y palos : su cadáver 

T. XIII. 21 



322 REVISTA DE ESPAÑA, DE INDIAS T DEL EXTRANJEiaO . ' 

fué colgado después de un farol del alumbrado , y acribi* 
liado á balazos. Toda la noche duró el fuego de canon» 
sostenido por una y otra parte , habiendo conseguido los 
insurrectos apoderarse del arsenal. Los estragos y horro- 
res de esta lucha requerían una larga descripción. Cua- 
renta y ocho horas después de esta lucha encarnizada aun 
se veian por todas partes rastros de sangre ennegrecida. 
EU número de las victimas se calculaba en seiscientas. 

Entre tanto se reunió la Dieta, y nombró una comisión 
para que obrase como poder ejecutivo. Casi todos los in- 
dividuos de esta pertenecían á la fracción de la izquierda, 
y acordaron por unanimidad enviar municiones á la le- 
gión académica 9 con el objeto de acelerar la toma del ar- 
senal. La Dieta acordó varías disposiciones con el objeto 
de alejar las tropas de la ciudad , y de publicar una amnis- 
tía respecto de cuanto habia ocurrído. Acordó también 
invitar á S. M. L ¿ que formase un ministerio que gozase 
de la confianza del pueblo ; á que anulase el decreto por 
el cual nombraba á Jellachich comisarío real de Hungría, 
y á que expidiese una amnistía que comprendiese á cuan- 
tas personas habían tomado parte en los acontecimientos 
indicados. £1 emperador accedió á la formación de un 
nuevo gabinete, del que formasen parte las personas que 
se le indicaban. 

La Dieta trató de obtener al apoyo de la población de 
Viena para restablecer el imperio de la ley , y condenó 
enéticamente el acto de barbarie cometido en la persona 
del ministro Latour. 

£1 emperador abandonó en tanto ¿ Schcenbrum, 
acompañado .de su familia, y se dirigió hicia Lintz, se- 
guido de las tropas que habia en el primer punto, y de 
ocho compañias que. acababan de llegar, é igualmente se 
le hablan unido. En vista de esto , y apenas tuvo la Dieta 



CRÓNICA BXTRAUJKIU. 323 

conocimiento de ello, acordó no disolverse, pues juzga- 
ba que como poder constituyente no podía hacerlo antes 
de cumplir su encargo* Dirigió en seguida una proclama 
al pueblo , según la cual fueron encargados de todos los 
departamentos de) gobierno los ministros Dobblhoff, No- 
rusbork y Krauss. El general en jefe, conde de Auesperg, 
reunió algunos regimientos acampados en las inmediacio- 
nes de Viena, se atrincheró en el palacio de Belvedere, 
cuya posición domina la ciudad, y declaró á la comisión 
de salud pública» que á consecuencia de la protesta del 
emperador contra los sucesos últimamente ocurridos, es- 
peraba las órdenes de su soberano , y que no tomaría la 
ofensiva sino en el caso de ser atacado, en el cual solamente 
bombardearía la ciudad. La posición de estas tropas cau- 
saba grande inquietud, que se aumentó al saberse la apro- 
ximadon del Ban de Croacia. Inmediatamente recibió or- 
den el comandante en jefe de la guardia nacional de poner 
la ciudad en estado de defensa, y al toque de generala todo 
el mundo se apresuraba á ocupar su puesto. Habiéndose 
sabido con posterioridad que continuaban avanzando sobre 
Viena consifierables masas de tropas , y que el conde de 
Auesperg habia recibido refuerzos, la comisión de salud 
pública y elministerio tomaron de acuerdo varias disposi- 
ciones con el objeto de alejar los males que amenazaban á 
la capital. Mas el Ban de Croacia y el conde de Auesperg se 
negaron absolutamente á entrar en ningún género de tratos 
con los comifiionados de la Dieta, que se presentaron en sus 
Tespectivos campamentos para instruirse de sus intencio- 
nes. Los dos jefes militares contestaron enérjicameute que 
no tenias otro objeto que el de defender el principio mo- 
nárquico, y cumplir con las órdenes del emperador. En 
vista de estas contestaciones, la legión académica y la guar- 
dia nacional trataron de defender la ciudad, y aun de atacar 



3S4 REVISTA DE ESPAÜA, HE HDUAS T BEL EXTRANJERO. 

á Aoesperg en tu misma posiciai. Efíle se mosttahaioada 
vezmasamenazader^yaiiB afaoroó áou8tr«-e8ludiniteB<)ue 
t^o^ió pTist«iieros. lia capital rse hallaba amenazada á m 
tiempos por tres ejéroitos, pnas tafabien se aypo que el 
Tnariscal Wináiscbgraetz , gobernador de Pn^ga., ee babia 
I puesto en marcha <eon una paite de sus tropas, que se ha* 

I ttaban en Bobemia, para apoyar al Ban áe Gnsacla. 

La sitnacion de Vieoa esaooítíoa'en extreuM: el údíco 
i ittini^ro que quedó en la Dieta , Krauas,, présenle <su di- 

I . tníston. En vista de esto, usando de su sobesaiiiaibL legión 

I -académica , nombró por jefe del gobierno provisifHíal á 

un estudiante llamado Bisoi»^» <;u]fo nombaaaiieiito no 
fué admitido por la Dieta. £sla acordó diiigior 4iíí tercer 
I mensaje al emperador, á<pesar fle que S. II. i» no :ae babia 

i dignado contestar á los dos anteriores. Al misoaio tiampo 

I los diputados de Beh&fnia, ireunido8«en PtragíEiy prolesÉaban 

I contra todo lo que se bacía &x Viena , y esto bastaba para 

I conocer que la excisión habiallegado á su colmo. Por <esie 

I tiempo publicó el emperador nin nuero manifiesto^ decía-* 

i rando , según habia manifiestado en el primero, ique el ob*- 

jeto de su viaje no era otro que elde colooarse'enim pduito 
mas conveniente de la mouanfuia , desde donde pudiese 
fundar ia libertad constitucional, y hacer un. bien común, 
real , durable , é igualmente porovedhoso para todos, sin 
alterar en nada las «ventajas qat habían ya {xhlMoñdo su 
samcion. El emperador llegó á Olmuiz eeii usa fuerte es- 
colta de caballería , á cuyo punto pareoe «pieimandé illa- 
mar á Wessem*bei^ , Winedischgraetz y JeUaobícb. Despoes 
de su llegada resolvió que las tropas de todas las pnorái- 
cías marchasen sobre Viena, adonde debían llegv el IS, 
y concluyó al propio tiempo un tratado oon la Rusia, en 
el cual se estipulaba que en el caso de tmnoltos ó in^ir^ 
reccion en Galitsia, después de la partida de los regimien* 



CRÓNICA SlTBÜüSJSIUt. 22(it 

toe, lae tropas cosas pafiaciaia la frontera á peticioa del 
gohierao anatriaeov y sepdndk'iant^lifó ordenas de un.gj^ 
Bdral de l&mÍBinai naeion. 

Ls Dieta renhió una eomtiDicacioo de JeUaohieh eaqua 
Hiantfestab* bailarse dispuesto á pneitegep ks.iastitaciones 
Ubres de la patria ; y anadia que le^ senia muy triste ver á 
llieitft canveriUa en- teatro de un sangriente combate », y 
qoe AesealMi' tan salo «aa paz. que restaMteciese ei órden^ 
1» libertad y la feMúáadi ée^ loe pueblas. Coa aioti^o de 
esta* comiaicacñ» dirigió I» Dieta al eaaperadec el cuai^to 
aiensaje^ en que< oíanifestaba pmfer ir un eos^reso de paz 
ák sangrienta faena; de las anrmas, pues el úaieo obj^ita 
di3 la Dietft era poner un tármiao á la guerra ciivil ^ ^vot^r 
gerk». intereses de tados los poahlos de la monarcfuía, s 
ÜB^ilitar la unioo frafiemial de. estima. Ea otra comaniea^ion 
iiurítabatieilaebieh á la aHa Dielg á que impidiese que le^ 
bmgasos pasase» k-feoBteca^ y á que pusiese en libertad 
ai prisionera 9eai8Val« fteeeey . Has la Stietai: $e negaba, á ha- 
ecar retiráis á loabúngiiros ,, é insistía» ^9f la retiíaida^ del ejér- 
Olio ero«ka. Por la mtsmo no haibia varado. 1& situadcm de 
las. cosas. Eoaahiedadoffea de* Viena se- bellai»an. eon vesti- 
dos esr un Tasto camfiamento. Lasfiropas húnfaras iban á 
pisar en bret» el territaisio austríaco : á lo legos se oía el 
fuego de la artiüíeiia. La» pioiblaeíoa se bailaba resuelta, y 
decidida á rasis&r todss» ataque. El pueblo^ se mostraba iUf- 
digfiadA cantmb la Dieta pot la niaüeba coneiltadora que 
segma. Ei pryícipe WiaáKsehgmelz, que foé.llaiaado á.Ol- 
muterpai! elem^sador, y al cual había conferido e^ el 
mando sapestov délas fiíeraas-^uesebattaban delaote de 
Viesa, pubHcdiaites de su saUda^de ^ehb punto unapr^o- 
GlaQia.ett que maváfestabaí (^e los preparativos militairas 
t4»ikin; par olfato defendeír al Estado y á las pafltieuJacds 
de loa boreones de^ la anasquia.» El psíneif^e se api^oximaba 



336 REVISTA DE ESPAÑA, DE INDIAS Y DEL EXTRANJERO. 

á Viena al frente de ochenta mil hombres. El bloqueo de 
Viena se hizo mas estrecho. La Dieta trabajaba con ahinco 
para salir de aquella terrible crisis , mientras que los mas 
furibundos demócratas se oponian á todo arreglo, con- 
tando con recibir en breve el auxilio de sus hermanos los 
húngaros. Según el estado de defensa en que se habla 
puesto la ciudad, según los formidables preparativos de 
los sitiados , según las diferentes proclamas de la Dieta, 
las contestaciones á los repetidos manifiestos del empera- 
dor y á las intimaciones de Windischgraetz y Jellachicfa, 
se esperaba una gran resistencia, si bien esta no podía 
ser de larga duración, atendidas las numerosas fuerzas si- 
tiadoras. Después de algunas salidas parcial es de estas, di- 
rigió á la ciudad su ultimátum el principe de Windisch- 
graetz, en el que la invitaba á que entregasen las armas 'en 
el término de cuarenta y ocho horas , quedando disueltos 
la legión académica y demás cuerpos voluntarios, cer- 
rando la universidad , suspendiendo todos los periódicos, 
y cerrando las sociedades políticas. Al mismo tiempo de- 
claró él principe la ciudad y sus arrabales en estado de 
sitio , y con este motivo dirigió una alocución á los habi- 
tantes de Viena. La Dieta por su parte declaró ilegal el 
estado de sitio; pero Windischgraetz contestó deflniliva- 
mente que debian admitirse sin reserva todas sus condi- 
ciones , porque de lo contrario las haría ejecutar á la fuer- 
za. El emperador disolvió la Dieta de Viena, y convocó 
otra para el 18 de noviembre en la ciudad de Kremsiér. 

Espirado el plazo de cuarenta y ocho horas, y hostilizado 
Windischgraetz constantemente por las salidas de los si- 
tiados, resolvió tomar la ofensiva, anunciándolo entésenla 
forma acostumbrada. El 27 de octubre al mediodía aun no 
había sido atacada la ciudad ; pero los sitiadores sostenían 
vivos combates con las tropas. El príncipe hizo cesar el 



CRÓNICA EXTRANJERA. 327 

fuego por un momento , y ocupar algunos puntos princi- 
pales que hasta entonces habían estado desguarnecidos; 
mandó' cortar los conductos del agua y del gas, y envió al 
barón de Jellachieh á tomar posición en elPratei\ apode- 
rándose al propio tiempo de los almacenes de pólvora. En 
vista de estos movimientos pasó á avistarse eon Windisch» 
graetz una diputación del consejo municipal, con el objeto 
de. pedirle que modificase las condiciones propuestas á la 
dudad, y de tratar de un arreglo pacifico. El general en 
jefe concedió un nuevo plazo de veinticuatro horas , y con 
este motivo publicó una proclama en que manifestaba que 
era imposible ningún arreglo con los anarquistas, y en el 
modo y forma que se le proponía. £1 28 por la mañana fué 
atacada la ciudad por todas partes. Al tomar la primera 
barricada, que se hallaba def^idida por doce cañones, 
quedó deshecho completamente el batallón de Chakenhall; 
pero la tomaron después los granaderos y cazadores , y 
avanzaron las tropas hasta el teatro de Garlos. Aquella 
misma tarde tomó Jellachieh los arrabales de Lándstrone 
yErdber, desde donde dominaba el de Leopoldstadt , y 
alcanzaba con su artillería alde Jaergezell. Posesionáronse 
también las tropas , después de una gran resistencia, del 
camino de hierro de Glockuit, de todas las puertas exte- 
riores al Sur y al Este y del arrabal de Wieden, uno de los 
centros principales de resistendade los insurrectos. Durante 
la noche se apoderaron las tropas imperiales de Belvede* 
re, del jardin de Schwartzemberg , y de los arrabales de 
Leopolstadt y de Jaergezell, de modo que solo quedaba á 
los habitantes la parte del Sur y Este del interior de la du- 
dad. El 29 al mediodía solo se oían ya algunos disparos de 
la ciudad, pues el general Windischgraetz habia dado or- 
den á las tropas de no contestar á los fuegos , informado de 
las disposiciones de la gran mayoría de la población de no 



3S8 REVISTA DS ESPAfÍA, DI INDIAS Y DEL EXTRANJERO. 

lloTar mas adelante la resistencia. En efecto , en la mañana 
de aquel mismo dia pasó una dipntadon del consejo mu* 
nicipal con objeto de conseguir del feld-mariscal que no 
prolongara el estado de sitio después de sometida la ciu«* 
dad ; pero el principe se negó formalmente , prometiendo 
sin embargo que no bombardearla la ciudad hasta el 30, á 
fin de darles tiempo para que reflexionaran. Volvió después 
de algunas horas á romper el fuego la ciudad; pero cesó 
bien pronto , porque se hablan concluido las municiones. 
Al anocher reunió el conseja municipal al comandante en 
jefe y á todos los presidentes de distritos de la guardia 
nacional, para deliberar si era posible y oportuno continuar 
defendiéndose , y se acordó someterse , pues la guardia 
nacional, sedentaria y movilizada, y la legión académica 
hablan resuelto dejar las armas. En vista de esto se sus* 
pendieron las hostilidades , y se verificó el desarme gei^* 
ral. El principe Windischgraete ocupó la ciudad. Más ana 
se hallaba al frente de sus tropas , cuando la torre de San 
Esteban hizo señas de que se aproximaba el ejércico hún- 
garo. Alentados con esto los vieneses, rompieron de pronto 
el niego , faltando á la palabra empeñada, y acometieron 
alas tropas desprevenidas. Inmediatamente ordenó Wiii'» 
dischgraetz que saliese el Ban Jellachich contra el ejército 
húngaro, núéntras que él sometía la ciudad. Gonstabaaquel 
de diez y ocho á veinte mil hombree y Teinticuatro piezas 
de artillería, y se habia arrojado entre las tropas del prÍB<- 
cipe y del Ban , atacando el ala izquierda del primero, y la 
derecha del segundo ; pero rechazado por ambos se re* 
tiró al otro lado del Leytha con gran prec^itacion, ala 
que debieron no ser ^)oitados por la cabaUeria de las tropas 
imperiales, si bien perecieron muchos de ellos ahogados 
en el Danubio. 
Durante esta batalla volvieron los vieneses ¿ tomar las 



CEÓIUCA JULTIUarjERA. 3SS 

armas, y ap^erándose otva vea de loa oaaonea, afuere» 
kaeiendo tm fuego homble eontra los imperiaiesw Ealoa 
por su parte arrojaron oías de doiscieiitaa gianadas sobre 
la ciudad y sus arrabidea durante toda la aeche , en euyo 
tiempo lio cesaroa las iasurgentea de hae^ señales desde 
la torre de San Esteban^ Uainanda en su auxUioálo&hDn** 
g«droa, que solo atendían á acelerar su retirada* La artUle- 
ría y el incendio causaron «a la ciudad bonribles estragos 
dorante las doce horas que duró el bombardeo. Apenas sa 
supo ki derrota de loa hüi^aroft, la dudad se rindió á 
discreción. La esqpital del imperio austríaco quedó reéU'^ 
cida á un estado deplorable. 

En esta ocasión se dirigió, á nombre del emperador^ 
una drcuiar en que se anuneiaba que en nada se menos-* 
eabarian las instituciones liberales que aquel habia otor^ 
gadoá SU& pueblos, tranquilizando los anisaos de todos 
respeeto de la eaestioB de rasas» Al miamo tiempo se re- 
organizó ei gd»inete. 

Casi al profHO tiempo que sucumbía la levolucion en» 
Viena, intentó el. partido» demoerátieo hacer nnesteerza 
enBerlm para protegtt á sos humanos loa meaeaes, y can 
tal objeto el congreso dcmocrátioo, después de repetidas 
y acaloradas sesiones,. Uamó á las annas á las alemanes 
para que volasen en socorro» de Vieua. Otra escitaeion aná-> 
laga foé dingida por la misna aso«iacioo á la guardia ci-» 
¥icay y ^aibm prodn^enm al fin los aléelos que se propo-» 
niffli sus autores. Estallaron grandes alborotos e» Berlós. 
Agolpáronse los anotínados á las puertas y at redador del 
pakuao deia Asamblea, eaigieado de ella qute hiciese cansa 
eomun con la Ibeta de Vieaa* La guardia nacional se en-^ 
cargó del reetaUeeímiento del órdan^ lo que consiguió si» 
notables dasgraeias. Mss. te guwdia aaestNsal habia prooe-^' 
dido contra los pettnrbadores con bastante tibieza; y i 



330 REVISTA DE ESPAÑA, DE INDIAS Y DEL EXTRANJERO. 

este motivo dispuso el ministro de io Interor que- en lo 
sucesivo, y siempre que la milicia nacional se manifestase 
remisa en el cumplimiento de sos deberes , se apelase ai 
auxilio de la tropa. La milicia protestó en el acto contra 
esta determinación , alegando f¡ue era contraria á las pro- 
mesas hechas por el Rey. Con motivo de esta protesta pre- 
sentó su dimisión el gabinete , y el rey encomendó la for- 
mación de uno nuevo al general conde de Brandemburgo. 
Esta elección alarmó á la Asamblea y al pueblo , y la pri- 
mera nombró una diputación que presentase al rey un 
mensaje con este motivo. Mas el rey contestó, que no po- 
día retirar su confianza al conde de Brandemburgo , por 
no considerar suficientemente justificados los vagos rumo- 
res que se indicaban eii el mensaje. La respuesta del rey 
aumentó la agitación en Berlin; tocóse á generala por la& 
calles; reuniéronse muchos grupos,. y los estudiantes se 
formaron en legión académica. En vista de esta fermenta- 
ción , desistió el conde de desempeñar el encargo que se 
le habia encomendado : la tranquilidad se restableció, 
aunque quizá esto se debiese á la proximidad de 50 ó 60 mil 
hombres que se hallaban en las inmediaciones de la capital. 
El rey de Prusia se negó á admitir la dimisión del ministe* 
rio Brandemburgo, y tuvo este que encargarse de ladirec* 
cion de los negocios. No pudiendo contar con el apoyo de 
la Asamblea nacional, prorogó esta y trasladó sus sesiones 
á Brandemburgo. La Asamblea rechazó este atentado, adop- 
tando por una gran mayoría la resolución de continuar sus 
deliberaciones en Berlin, y declarando al mismo tiempo 
que la asamblea consideraba á los que habían aconsejado 
esta determinación como incapaces de dirigir la administra- 
ción del pais. El ministerio Brandemburgo trató de sostener 
su resolución, y amenazó con emplear la fuerza nülitar para 
impedir las deliberaciones de la Asamblea. El gobierna 



GRÓmCA EXTRANJERA. 331; 

por SU parte mandó disolver la milicia nacional , y el rey 
dirigió ana proclama á su pueblo , asegurándole que las 
libertades constitucionales no le serian arrebatadas, é invi- 
tándole á <|ue no diese oídos á las insinuaciones de hom- 
bres malévolos. 

La agitación que reinaba en la ciudad de Berlin se au- 
mentó con motivo de la disolución de la guardia nacional. 
Todos los batallones resolvieron unánimemente no entre- 
gar las armas á menos que les fuesen arrancadas por la 
fuerza. Bste acto de desobediencia hizo declarar á Berlin 
y sus arrabales en estado de sitio , encargándose al gene- 
ral Wrangel la ejecución de aquella medida y el mando de 
la capital. 

A pesar del real decreto de prorogacion, seguia reunién- 
dose la Asamblea : habiendo sido ocupado por la fuerza 
militar el lugar de sus sesiones , trasladó estas al palacio 
llamado de Rusia , y después al salón de la sociedad de 
Arcabuceros. El Gobieiiio declaró que los actos y acuerdos 
de aquella Asamblea , desde la fecha del decreto de pro- 
rogacion, caredan de toda eficacia, y no podían ser reco- 
nocidos por el gobierno del rey. A pesar de esto y de las 
fuerzas imponentes que se hablan hecho entrar en la ca- 
pital, la Asamblea continuaba sus sesiones, y se la felici- 
taba dentro y fuera del reino por la conducta resuelta y 
firme que observaba. Habiendo sido reelecto presidente- 
el Sr. Unruch, reprodujo su juramento de morir antes que 
abandonar su puesto : otro tanto hicí^on doscientos cin- 
cuenta diputados que se hallaban presentes. A pesar de la 
resistencia de la Asamblea constituyente, de la guardia na- 
cional y del pueblo de Berlin, el ministerio en nada quena 
ceder á las exigencias ni prevenciones de aquella, que poor 
su parte se hallaba cada vez mas animada en vista de las 
felicitaciones que recibía de todos los puntos de la mo- 



^SS REVISTA DE ESPAÑA^ »X IffMAS X USL EXTRANJERO. 

nafqnia. Llegó basta el puttlo dbs deelanur üegé el eslada 
de siAto, 4e aotomar al preudeoie peía que eonvocase Ist 
AsamUes en el lugas quelepareeíese laascoDvemeq^fce» ú 
acaso efft disnelte poi la fuerza, y de Fedadac usa raenie»** 
ria sobre ios últimos acontecimientos , que sidrvíeaa de 
acnsadon contra el ministerio Brttadamlwrgio^áeujió mi- 
nialevio coosiderabe culpable de alia traición. 

Después de la aesion en ^e se teinap<me&ta&reaobicio^ 
nes , se cpiedaroA en el aalon el vice-*presidei^ y doe se^ 
cretorios. Pero á poeoe okomentoa fué eereaáa la casa por 
el j^ de día» acompañado de varios oficiales y un cons» 
table , ótotiioé á aquel que abandonase el local conenai^ 
tos diputados allí hubiese. £1 vice-presi dente declaró qoet 
eatabaresnelioáQoceikrsiQO por la violencia. Fué preciso 
enriar un ayudante aJL general Wningel para que enviase 
mía orden i^i&t eecrtto : so volvió á dirigir lua^va iavit»- 
cional vieo*presidente y secretarios , quienes. manifestaron 
que no obedecerían sino á la fu^za. No adelantándose 
nada por meittee pacíficos, entrarcm algnnoa soldadda en 
el aalon, cogieron del brazo* á los diputados presentes y 
loa posieron en la ealla« en donde protestaron solemne* 
mente contra la viotenda «^^[etcidat siendo tal la forma do 
esteproleaka, qne. todas las tropea preae^^tes, conmovidas 
en gran manera , lanzaban vivas en honctf de los repre«* 
aeHaiitea» 

Habiendo det^mtnadoi la Asambtea reuniese en la sala 
conaiatoríaU llamada do Cokatia* fueron cochaaadoslos di* 
putadoapor las tropas cuando iban llegando. Sin embaicgo 
á la teora ae retiraran lea tropas, y el pce^dente convocó 
inflaediatamente la Asamblea en el misatp^ paraje./ Desde 
Inego dectaró esla <|ue el ministerio firandemburgo no 
estaba airi^izado para diapon^ do los fondos del Estado, 
ñipara cobrar las contribuciones , mientras la Asamblea 



aidODal n» piMiete «ODtí&war iibriBmeate sm se&io&es. 

lAgoaordia mtímmi Be negalba, en tuto é entibar Ites 
waDm$y y evtas por efmmgaáKsoítñ se Tecogían ocm fivmalen- 
litad. Afaella eriris janeo^zaba tener tm PMultado terrí- 
Ue. £n tal sitaaéioii se manifestaba alguna áhrergieBoia 
entre el mniistro Brandemburgo y ms eolegaa. La Asam- 
Mea «aeional de Francfort se mo^raba <iisp«estaá dedifo- 
seper el partídto del pueblo. Mas mejor informada dicha 
Asamblea, se maaiféstó aigo eircanspecta , y no se decidid 
desde laego á vituperar les actos del gobierno prusiano. 

Viena en^ tanto, después de la entrada de las tropas im«- 
periales, empetó á sufrir el rigor de tas duras determina- 
tMDes del general Wlfidrschgraetz. Cada diá se hadan 
Mevas y mimenrosas prisiones , y los presos eran juEgados 
p<Mr un oensejo de gaeira. Condenado á muerte por este el 
diputado de FrssMifort, Roberto Bium, faé pasado por las 
-armas sin miraoüento ni eoostdei'acioA de ningima esp^ 
4^. En tí^ de este acto la AsamMea natdonat de Frano*- 
"fot aprobó po^ unanimidad una proposii^km , en la «que 
protestaba á ia ftz de toda te Alemania contra éí arresto y 
.qttCQcion del drputado Blum , é imitaba al ministerio ioa^ 
penal á que tomase las ^n^iridendias mas enérjieas , á fin 
de 4{ae fuesen juzgadas y cargadas las personas que con- 
«anrieron direda d indóñeetainente á dicho arresto y á dicha 
4}ecTicion. No contenta con esto la Asamblea, nombré dos 
-eemisarios para <{oe pasasen á Víei»a á Indagar las razones 
^m qoe habla podido fundarse la dura resolución de qm«- 
-tar la vida á uno de sus diputados. El aspecto que presenc- 
iaba la capital de Austria , era por cierto ¿bien triste. Al 
^^abo se hici^oQ modificaciones en el ministerio y en las 
^iindpales autoridades del imperk). 

Ileinaba en Viena una sorda agitación por las diarias no- 
üciaB de les preparaitiTOs de la guerra de Hongria. No solo 



Sa REVISTA DE ESPAÑA^ DS IMBIAS Y DEL EXTRANJERO. 

Viena, sino Praga, y todas las ciudades de Austria, ibíEui i 
á ser fortificadas á fin de evitar en lo sucesivo nuevas in- 
surrecciones. El emperador continuaba en Oimutz, caando 
ua suceso inesperado vino á sorprender al Austria y á la 
Europa toda : el emperador Fernando I abdicó la corona 
en su sobrino Francisco José, después de haberle procla* 
mado mayor de edad. En virtud de este acto » el nuevo 
emperador dirigió una proclama á sus pueblos , en que 
•expresaba los sentimientos mas nobles y generosos , y en 
la que protestaba solemnemente el mantenimiento de las 
instituciones liberales. 

Entre tanto , no pudiendo celebrar sus sesiojues la Asam- 
blea prusiana reunida en Braüdemburgo, por falta del nú- 
mero necesario de representantes , determinó el gobierno 
llamar á los suplentes con el objeto de llenar aquel vacío. 
Pero para combatir al ministerio en el mismo terreno que 
habia elegido, se presentaron en Brandemburgo los dipu- 
tados que habian permanecido en Berlin. Y esto se verificó 
á invitación del presidente. En vista de todo , se determinó 
el rey Federico Guillermo á disolver la Asamblea convo- 
■cada para hacer una constitución, y á darla por si mismo, 
convocando,'.las dos cámaras que se establecían , para el 26 
de febrero. La constitución que dio á su pueblo el monarca 
prusiano, está concebida casi en los mismos términos que las 
que rigen en los demás estados monárquicos de Europa. 

Los sucesos de Viena conmovieron toda Italia. En Flo- 
Tencia, Liorna, Turiny Milán, ocurrieron desórdenes mas 
ó menos graves , que en algunas partes produjere» altera^ 
cienes en el gobierno. El gobierno Pontificio y los de Tos- 
cana y el Píamente se ocupaban con empeño en llevar á 
efecto la liga italiana, y se esperaba muy en breve el tra- 
tado que debia asegurar la independencia italiana, mucho 
mas si á él se adhería el rey de Ñápeles. También se espera- 



CRÓIHGA BXTnÁNJBBA. 335 

ba por esle imsmo medio poner término á la lucha ilaltana. ' 
Siguiendo los diferentes Estados de Auátria mas ó me- 
nos aquejados por la situcion revolucionaría en que se én* 
contraban , y agobiada particularmente la Lombardia por 
el pesado yugo de la dominación ustriaca , ocurrieron en 
Roma gravísimos desórdenes, que han afligido profunda-* 
mente al mundo católico, y que quizá influirán en la suerte 
futura de Italia. Al firente del ministerio que dirigia los 
negocios de los estados Pontificios se hallaba el conde de 
Rossi, que merecía toda la confianza delPapa* Temiendo 
el presidente del gabinete romano algún movimiento de 
insurrección , había concentrado tropas en la capital en 
la época en que debían abrirse las Cámaras. Mas no pudo 
prever el peligro que amenazaba su persona. Al biajar un 
dia del coche para entrar en la cámara de Diputados, fué 
saludado por las turbas con silbidos y gritos de muera. 
Tuvo serenidad para quitarse el sombrero y saludar al 
pueblo;. pero en el momento, un hombrecillo de baja y 
miserable estatura, conocido como autor de otros asesi- 
natos, dio un salto y le dio una puñalada en el cuello. 
Aun tuvo el conde fuerza para subir tres escalones, y en 
el cuarto cayó muerto en brazos de los que habían acudí- 
do á socorrerle. El asesinato de Rossi fué el principio de 
grandes sucesos. El 16 de noviembre por la noche , una 
turba de amotinados se agolpó al palacio Quirínal, y dis- 
paró muchos tiros, de que resultó muerto uno de los fa- 
miliares mas queridos de S. S. También prendieron fuego 
á una de las puertas con intento de penetrar en lo interior 
del palacio. El Papa manifestó por largo tiempo una firtheza 
extraordinaria; pero al fin se vio forzado á ceder á las exi- 
gencias de los amotinados , y en su virtud quedó nom- 
brado el ministerio Hamiani . 
Mientras que las turbas de amotinados rodeaban el pa^ 



3S6 BEYISTA DE ESPAÜA, 9% HmiAS V DEL EXTRANJERO. 

lacio Qoirmal , S. S. peraaneoittrtiHpiilo en se cámara, 
rodeado 4e lodo el cuerpo diploo^Mco , qve había acu- 
dido presuroso á proteger, en caso necesarb, so sagrada 
persona. Las puertas del palado se cerraron al momento; 
pero á poco se dio entrada á una comisión compiMsta de 
ios diputados Galleti , Mascoranti y otros, para reclamar y 
obtener del Papa las siguientes concesiones , asi como 
para designar los sugeCoa que debían compoaar el nnero 
ministerio : 

i.^ Promalgaeion del principio de la naeíonaHdad ita- 
liana. • 

S."" Convocación de la (¡(mMtugmte y Tei-^eacíon del 
pn>yecto del acta federativa. 

3;*" Cumplimiento de las resoluciones de la cámara de 
Diputados respecto de la guerra de la independencia. 

4.^ Completa adopción del programa de Mamiani de S 
de junio. 

El Papa , con una firmeza admirable, se negó á acceder 
á estas exigencias , que consideraba contrarias á lo que su 
conciencia le dictaba. Salieron los comisionados descon- 
tentos; y asi que hicieron sab^ á los amc^trnados la firme 
resolución del Papa , dispusieron atacar el Quiriiral , cuyo 
ataque empezó á las tres de la tarde , y se redujo á dispa- 
rar tiros contraías ventanas del palacio. Viendo los amo- 
tinados que con los tiros no lograban ateii»oriear al Papa, 
llevaron su criminal audacia hasta el punto de acercnr 
faginas y prender fuego á una de las puertas. Entonces 
los suizos , que habian acudido á levantar barricadas por 
si ardian las puertas , dispararon aJgunos tk^s ; pero e^e 
aeto de defensa legitima y de lealtad al soberano, se pinta 
cerno un crimen para inflamar á los revoltosos. 

El Papa seguía firme en su propósito de no aooeider i 
tan exageradas pretensiones, cuando de alli á poco se 



CaÓNIGA IXTRANJKBA . 337 

«cercó á palacio un cuerpo de carabineros que se creia 
iban en auxilio de S. S. ; pero en vez de esto se unieron 
á los sublevados y enviaron dos oficiales para que insta- 
sen al Papa ¿ fin de que cediese. Mientras duró esta con- 
ferencia , el cardenal Siglia se dirigió al cuerpo diplomá- 
tico» pidiendo á sus individuos que manifestasen á aque- 
llos comisionados cuáles eran las instrucciones de sus 
gobiernos , á lo que contestó el embajador de España en 
nombre de todos : tQue el deber del cuerpo diplomático 
era velar cerca de la persona de S. S. , proteger el libre 
ejercicio de su autoridad, y que estaban alli para defen- 
derle contra cualquiera violencia ó insulto que se le bi<» 
ciese.» A pesar de que esta respuesta hizo bastante impre- 
sión en los amotinados, subió Galletti á exponer las 
exigencias del pueblo, que iba dando muestras de exa^e* 
radon. £1 Papa insistió largo rato en su negativa ; mas al 
fin, y sin querer firmar por si ninguna resolución, mandó 
al cardenal Siglia que nombrase ministro á Galetti. Este 
se hallaba presente , y redactó el decreto en que se nom- 
braba á los nuevos ministros. 

No habiendo querido el Papa sin embarco aceptar de 
modo alguno el programa que le presentaron , se convino 
después de mucho tiempo, en esta forma : cCon estos 
mismos ministros se entenderá S. S. respecto de las pe- 
ticiones que se le han propuesto, y que han de presentarse 
á la deliberación de las Cámaras, i 

En seguida salió Galetti , y luego que hubo notificado 
al pueblo el nombramiento del nuevo ministerio , empe- 
zaron á dispersarse las turbas, y las tropas á retirarse á 
sus cuarteles. Al dia siguiente se mandó retirar de palacio 
la guardia suiza, cuyos soldados llevaban retratada en los 
semblantes su grande aflicción , y fué relevada por cívicos 
y carabineros. 

T. XIII. 22 



538 REVISTA DE ESBAÍA, DE HOUS T VSL EXTRANJERO. 

Pío IX ao tuco, gobio se ve , lis anteriores coDoeskMMS 
Yolantariemeole : cedió solo «I imperjo de la foerza, pere 
Bo quiso dejar pasar de este modo un acto qae ejecutaba 
ton tontra lo que le dictaba su conciencia , y en cuyos re* 
soltados podría achacársele cierta conuplíddad, sin hac^i 
€ontinuad<m la siguiente solemne protesta ante todos los 
individuos del eueipo diplooiátíeo, que se baliatnn en su 
presencia. 

c Estoy aqui^ señores , conio arrestado. Me han quitado 
mí guardia, y otras gentes me custodian. Latinea de con<^ 
dueta que debo de seguir en estos momentos en que ca- 
lezco de todo apoyo , se funda en el prmdpio de evitar á 
todo trance la efiísion de sangre fraternal. Todo lo sacri- 
fico á este principio. Pero sabed no obstante , señores , y 
<XMi vosotros ia Europa y el mondo todo, que yo no tomo^ 
ni siquiera de nombre , parte alguna en los actos del nue-» 
vo gobierno » á los cuales me considero absolutamente 
extraño. Consecuente á esto, he prohibido que se abuse 
de mi nombre, y no quiero tampoco que se sirvim de él, 
ni para la fórmula acostumbrada. • 

Así que el Papa hubo cedido á los deseos de los demó- 
cratas, y luego que circuló esta noticia per toda bi ciudad, 
llegó á su colmo la alegría y entusiasmo. Reunióse en se- 
guida el circulo popular, y hallándose presentes Sterbini, 
Vioaguerra, Bonaparte , Espini , Pinto y otros varios indi'^ 
viduos de él, acordaron en ínteres de la tranquilidad gene-* 
rfid, publicar una proclamaiexcitandoal pueblo á que man- 
tuviese el óirden hasta quesebaUase constituido el gobierno. 
Cuáles fuesen las ideas de este, ya puede conocerse por 
las indicaciones anteriores, y por la drconstancia de ha* 
liarse en un todo sometido al circulo romano, que em el 
alma de los sucesos políticos y de la agitación general. 

El puñal con que Rossi fué asesinado era paseado en 



CKÓmCA IXTRANJBftiU 339 

Uiimfo por Ifts cidles de Roma, y á la deseonsolada fami- 
lia del malogrado conde se daban serénalas, como para 
irritar y hacer mas amargo su dolor. Trataron de asesinar 
al cardenal Lambruschini y al ministro de la Guerra, Znz- 
chi, quienes afortunadamente lograron salvarse del furor 
demagógico. 

£1 Papa entre tanto, en vista de la situación de las cosas. 
y cediendo á los cons^os de los representantes de las na-» 
Clones extranjeras , se fugó de Roma en la noche del 24, 
auxiliado del embajador de España y de los ministros da 
Francia y Baviera. Dejó al marques Sachetti el siguiente 
escrito. 

c Confiamos á vuestra conocida prudencia y honradez 
el encargo de noticiar nuestra salida al ministro Galletti, 
empeñándolo, igualmente que á los otros ministros, no 
solo en preservar los palacios , sino mucho mas las perso<« 
ñas que nos son adictas y que ignoran totalmente nuestra 
resolución ; porque si tanto nos interesamos en vos y en 
vuestra familia, ignorantes todos de nuestro pensamiento, 
mucho mas nos interesa recomendar á dichos señores la 
quietud y el orden de toda la ciudad. Pió, Papa IX. — 24 
de noviembre de 1848. » 

El Papase dirigió á Gaeta, desde donde dirigió una dr- 
eular al cuerpo diplomático. Allí llegaron sucesivamente 
varios cardenales y los representantes de todas las poten- 
cias católicas. El rey de Ñapóles, apenas supo la llegada 
del Papa á sus dominios , pasó con toda su real familia á 
visitarás. S. en Gaeta, donde ha permanecido algunos 
dias. El nuevo gobierno dirigió varías comisiones al Papa,, 
rogándole que se restituyese á la capital de sus Estados; 
mas S. S. no tuvo á bien recibir á ninguna de estas. Es el 
Papa en Gaeta oléete del amor y veneración general : de-> 
claró á la junta Suprema, establecida en Roma, despojada 



340 REVISTA DE ESPAÑA, DE INDUS Y DEL EXTRANJERO. 

de toda autoridad, y mandó á sus subditos que solo pres- 
tasen obediencia á la comisión de gobierno que el mismo 
Santo Padre habia creado. 

En Francia, después de proclamada la constitución de 
la nueva república , fué preciso ocuparse en la elección 
de presidente. Habiéndose procedido á las elecciones ge» 
nerales, en la forma mas amplia que puede concebirse, 
resultó nombrado presidente el principe Luis Napoleón, 
sobrino del Emperador de los franceses. En las elecciones 
tuvieron gran número de votos H. de Lamartine y el ge- 
neral Cavaignac ; pero el principe Luis obtuvo un número 
infinitamente mayor que los demás candidatos. Después 
de las elecciones tomó inmediatamente posesión de su 
cargo el suevo presidente. 

Durante el tiempo que estuvo al frente del gobierno, el 
general Cavaignac ofreció repetidas veces al Papa un asilo 
en Francia y toda especie de protección. El Papa dirigió 
al expresado general las dos cartas que siguen : 

c Sr. General : Mi corazón no ba podido menos de con- 
moverse de reconocimiento al ver los espontáneos y ge- 
nerosos sentimientos de la hija mayor de la Iglesia, que 
presurosa ha corrido al socorro del soberano Pontífice. 

c Sin duda se me presentará ocasión favorable para 
mostrar en persona á la Francia mis paternales sentimien- 
tos, y para esparcir sobre el territorio francés por mi 
propia mano las bendiciones del Señor, no pudiendo hoy 
hacer mas que suplicarle os conceda á vos y á la Francia 
todo género de prosperidad. Dado en Gaeta á 7 de di- 
ciembre de 1848. — Pío, PapalX.i 

« Sr. General : por conducto del Sr. conde de Cource- 
lles os escribi una carta para manifestar á la Francia mis 
sentifnientos paternales y mi suma gratitud. Esta se au- 
menta mas y mas á vista de las nuevas gestiones que cerca 



CRÓNICA EXTRANJERA. 341 

de mi hacen, Sr. General, vuestros ayudantes de campo 
con. una carta, ofreciéndome hospitalidad en una tierra 
que ha sido y es siempre fértil en espíritus eminentemente 
catóUcos y adictos ¿ la Santa Sede. Y aquí mi corazón (ex- 
perimenta la necesidad de aseguraros de nuevo que no 
dejará de presentarse ocasión favorable en que pueda yo 
repartir por mi propia mano las bendiciones apostólicas 
sobre la grande y generosa familia francesa. 

»Si la Providencia, por vias sorprendentes, me ha con- 
ducido al lugar en que momentáneamente me encuentro, 
sin la menor premeditación ni acuerdo, esto no me impi- 
de, aun aquí, prosternarme delante de Dios, cuyo vicario 
soy, aunque indigno, suplicándole haga descender sus 
gracias y sus bendiciones sobre vos y sobre toda la Fran- 
cia. — Dado en Gaeta, á 10 de diciembre de 1848. — Pius, 
Papa IX.1 

' El nuevo presidente de la república nombró un minis- 
terio, bajo la presidencia de Odilon Barrot, é hizo otros 
nombramientos que manifiestan hallarse dispuestos á go- 
bernar imparcialmente y á procurar la unión de todos los 
partidos. Los fondos públicos se declararon en alza ape- 
nas se conoció la voluntad de la mayoría de los electores, 
y la Francia se mantiene tranquila , aunque no sea mas 
que materialmente , esperando un mejor porvenir. El nue- 
vo gabinete francés explicó su programa político en la 
Asamblea, cuyo programa se halla reducido á los mismos 
principios consignados en el discurso pronunciado por 
Luis Napoleón al tomar posesión de la presidencia. Has 
este ministerio, á consecuencia de ciertos nombramientos 
que el presidente quería hacer y el ministro del Interior 
desaprobaba, se halló en crisis apoco tiempo por la dimi- 
sión que hicieron los ministros de lo Interior y del Comercio. 
Estas vacantes se llenaron inmediatamente ; mas con todo. 



349 REVISTA DE E8PáftA, 1>B DOHAS Y DO. EXTftANJERO. 

esla modificación ministerial prodiqo no pocadesconfisHi- 
aa. Anunciase la próxima dísoludon de la Asamblea, como 
único medio, on concepto de algunos, de producirla 
concordia y armenia entre los supremos poderes del Es- 
tado. 



yyy^^^mMMiMtÉmMM0ifm»ftiM»'*0titmKmm ^ i » ti^tm m n n mm 



CRÓNICA DE ESPAÑA. 



Lk gnvedad de los sac«so& qae habiaa ocurrido desde 
feteefo del lAo pasado dentro y ftiera del Reiiio, eiíg^ 
^ae el Gobierno se presentase á bs Corte» ¿ dar eoenta 
ée m. política y de tas facultades eitrawd i iiarias con que 
per ks mismas había sido rerestido. Con este fin fuero» 
eoBv««adss aqnri^as para el 15 de <ficiembre^ en cuyo 
dia abrió S. M. la legistatnra con A ceremonial de eo6-> 
tambre, y leyendo á discurso ^ite úgiáe : 

SEÑORES SENMíORES Y DIPUTADOS. 

cNmkcamehasido massalisfiíctnrio cpie hoy el verme en 
HKdio de vosotros , después de los días de pmdMi qiiebe- 
HMsairaveaado; y espero conftadamenle que mmca ha- 
bréis temdo tampoco mas resueltos á consagnff vuestros 
esfuerzos y afimes al afiauamienlo del trono y de la Cons- 
titodon de la Honarquia. 

Como era de esperar de sa paternal solicitud, la Santa 
Sede ba restablecido compl^amente sos antiguas reiacio- 
nes con la católica España : pero al anunciaros tan iaosto 
suceso no puedo menos de recordar otro funesto y doio- 
roso«. £1 Sumo Pentifiee se ba visto obligada i abandfmar la 
c^tal del orbe católico y á buscar un refugio e» tierra 
eatraSa. Bn tan doloroaas drcunstandas^ no be vacilado 
un momento en ofreceile el apoyo de la España, y un 
seguro y cordial asilo en esta naekm siempre catxttica y 
piadosa. 

Las relacieikes con las demás potencias extranjeras , me 



344 REVISTA DE ESPAÑA, DE INBIAS Y DEL EXTRA5JBR0. 

complazco en anunciároslo, se ban extendido considera-» 
blemente, habiendo los gobiernos de Prusia, Cerdeña, 
Austria y Toscana enviado sucesivamente 'sus represen- 
tantes cerca de mi persona. 

Con la nueva república francesa se ban establecido las 
amistosas relaciones que han mediado siempre entre dos 
pueblos vecinos , unidos por tantos y tan antiguos vínculos. 

Acontecimientos desagradid>les9 que no estuvo en mag- 
nos de mi Gobierno evitar, han ocasionado la interrupdon 
de las relaciones diplomáticas con la Inglaterra; pero con- 
fio que se restablecerán cual conviene á dos naciones ami- 
gas , tan pronto como sean debidamente apreciados los ac* 
tos é intenciones del gobierno español. 

En medio délos inesperados y profundos trastornos que 
han conmovido á la Europa , la España ha permanecido 
fiel al trono y á las instituciones : la sedición sin embargo 
ha levantado varias veces la cabeza, ensangrentando las 
calles mismas de la capital , y las ciudades y los campos de 
la Península ; pero aunque unidas en alianza abominable 
las mas opuestas facciones , han tenido que sucumbir en 
todas partes ante la sensatez y lealtad de los pueblos, el 
valor y disciplina del ejército, y Ja enérjica decisión del 
Gobierno y de las autoridades. Solo en Cataluña quedan 
aun fuerzas rebeldes , que espero desaparecerán muy en 
breve. 

A este feliz resultado han contribuido muy eficazmente 
las medidas adoptadas por mi Gobierno, en uso de las fa- 
cultades extraordinarias que le habéis concedido en la pa- 
sada legislatura , habiendo patentizado lá experiencia , la 
previsión y el acierto con que las Cortes procedieron al 
otorgar aquella autorización. 

Las provincias de Ultramar, lo mismo en América que 
en Asia, gozan á la sombra tutelar de la madre patria de 



CRÓNICA DE ISPAfVA. 34K 

una prospmdad siempre en aomento : su constante y re« 
conocida fidelidad no solo las ha libertado de los desas- 
tres que han afligido en aquellas regiones á las colonias de 
otros países, sino quelesha'permitido prestardestnteresa- 
dos 7 eficaces auxilios á los pueblos que en sus peligros y 
tribulaciones creyeron con razón que no apelarían inútil- 
mente ¿ la hidalguía castellana. 

El ejército ha conserrado en medio de la crisis porque 
está pasando la Europa, su severa subordinación y disci- 
plina, y á ellas y á su valor debe el alto lugar que ocupa 
en el aprecio de la nación y en el mío. 

Unido á la armada nacional ha hecho respetar en África 
nuestras posesiones, de las bandas moriscas insubordina- 
das , y ha vencido en el Asia á los piratas que infestaban 
aquellos mares, destruyendo sus establecimientos y forti- 
ficadones, apoderándose de sus naves y numerosa artille- 
ria, y dando libertad á gran número de cautivos cristianos. 
En la Península ha sostenido el trono y la Constitución 
contra toda clase de sediciones. 

Acontecimientos que os son bien conocidos no han per- 
mitido hasta el día obtener todos los resultados que se de- 
ben esperar del plan de contribuciones votado hace algu- 
nos años por las Cortes, ni el justo equilibrio entre los 
gastos y los ingresos públicos : ¿ esta causa se ha debido 
principalmente que mi Gobierno se haya visto en la i^ce- 
sidad de hacer uso de la autorización que le habíais con- 
cedido , decretando y exigiendo un anticipo reintegrable, 
ée cien millones, de que se os dará cuenta en la forma 
debida. 

Se os presentarán inmediatamente los presupuestos y 
las cuentas correspondientes , á fin de que examinados por 
las Cortes con la sabiduría y circunspección que acostum- 
bran, se aseguren de una vez los servicios públicos y se 



346 REVISTA DE BSPiJI^ BS «DIMI Y HL EXTRANJERO. 

iotrodiiBCiMi tan mejons 4M reeloun ai eavMacie ji la 



Con DO menor kilerea Bt-lUmb tañida €» ntf»tale»dfl 
okm deJb*Mi«8d0rwértEaliHlb^88ÍjMaioMdM<ona*€ar> 
trMijcro>> Á peiT de la>> coatattn tacniriog ipiü h>hc <ko 
f CilihtcMido la nacioD pa» afianatrht pw (Wkto lUtiaar 
quia, no dejará por eso mi ficékfMi dftHaatr lacla mMSr- 
ta.al»emi y cuidado» sobre lo» medio» imb eoBéacentes 
p«»me¡(Mrarelceé<tili», hodeada jjMtirie i saaecnedoiesw 

No obalante la káslieídad de loatíospios, poooiá propó*- 
sito ciertamente paca el deaivroUo de la péblíca paosperi- 
dad^todavia sabaii hecho C0BeideeaÍDk»meíoras eai las 
dbrenas paites da la adaBÍBÍaft*aeioii dt4 Betado^« y se ea<> 
tátt astaalBmdecoiBplatandQ otiaa no méMoa iaaportenieav 
aai en los mnes que depeftdaB de los adiüstanas da Go^ 
keraadoB j Maafaia , ooma em loa qne* esléa á cargia ddl 
de InsInKÍaD y Obres páUicas. 

Mi Gobieraof ea infecmacá de todo vam pov Menor ». y e« 
presentará las leyes necesarias para llevar á eampiide efisda 
le qae se propoBeu 

Ed iplrtod de laaalomacíaiietengad& ámi Gohienoeai k 
aolenor legíataÉiira , se Ha pvesto-ea Yigoa el iiu«fo Cádigm 
penal^en cuyas dispoeíeiones ha aiéemeoBsaiíoi heeera^ 
gimas alteraeioiies de qoe saoadarácaeiitaoportiaiamaiita. 

Teeabiea se os presentanei oteas Ic^s ipie teetaai 
penosamente la con««eaeia pública, debíoMk) 
entre rilas el práieipal logar la relati w á la 1 
■anéa te y decorosa del oídlo y del elero. 

Tal es, señores senadores y diputados, el aspectotgeno- 
ral del estado del país y el ás: los traba|oa d» lapiaseate 
legelatnra. Jamas se ha necesitado' deí nsqpor áflNB» y re»- 
sdiiCKin para Iterar adelanle la obra eemenaada,. y para 
afirmar y rohastecer el trono y la ConstitadMai delEstaéo 



GftÓNIGA. BE XifiAftiu 54^7 

conira los reiterados emlMileá áe hi rriielion y de la aur*- 
quia : pero, cubito ecm vuestra decisión y firmeaa, y con 
el patriotismo y lesllad de que babeis dado tantas prue- 
bas; y coaatosobretodo cob los anxUios de laDi?iiia Pro* 
videncia « á quien nuoca $e feí dirigido en vano esta na» 
eion grande y numerosa, i 

Después de conalituido el Congreso , se proeedid imae^ 
diatamenle á la discusión del proyecto de contestación, 
eacomendado á una ecHnisi<Hi compuesta de indiráluos de 
la mayoría. El ¡Hroyecto presentado se reduela, como es 
de presumir, á reproducir fiehnente los pensamientos é 
ideas del de S. H. , elogiando ia conducta poiftiea áei 
gabinete. A este proyecto se presentaron varias eoamien- 
das , que fueron discutidas confcmne al reglamento. Tan- 
to la disouskm de las enmiendas, cumto la del proyecto, 
dio ocasión á la minoría progresista para hacer por booa 
del Sr. Cortina severos cargos al ministerio , ya por el 
uao que había hecho de las fa cu tea d es extraordinarias con 
que las Cortes lo babian autorizado , ya por haberenvia- 
do sus pasaportes al representante de la Gran Bretaña , y 
j^ finalmente por el estado á que habían llegado las fte- 
eioiies en Catatama. Los señores ministros contestaron á 
todos los cargos eon razones poderosas, haciendo ver las 
Giitieas ctrcunstancias en que se habían hallado, y la ne- 
cesidad efe sidvar la naeíon dolos peligros que amenaza- 
ban al orden público. En nuestro concepto la cuestión ya 
estaba prejuzgada por las mimas Cortes, pues ú en su 
sdbia previsión comprendieron que podían ocurrir casos 
y eircunstaneías que exigiesen el uso de laa facultades ex^ 
traerdinarias que las mismas concedíoKMi ai Gobserao, 
no podían em jualíoia dejar de reconocer que las circuns- 
tancias ocurridas aran las mismas que habían previsto. 



348 REVISTA DE ESPAÑA^ DI IMDIAS Y DEL EXTRANJERO. 

y que requerían los mismos medios que el Gobierno de 
S. M. , en uso de sus facultades , habia empleado. En el 
Senado hubo mas calor de lo acostumbrado , y dio oca- 
sión este debate ¿ una lucha empeñada con motivo de 
pretender el general Pavía justificar la conducta que ha- 
bia seguido en el mando militar de Cataluña , en el que 
habia sido sustituido por el general Córdoba , á quien des- 
pués ha reemplazado el general Concha. Este debate no 
dejó de ofrecer interés , pues daba á conocer las razones 
en que dos generales, que recientemente habían desem- 
peñado el mando militar de la provincia indicada, apoya- 
ban la conducta diversa que hablan observado. Como el 
general Pavía ein embargo hacia cargos severos al Gobier- 
no, y los fundada basta cierto punto en documentos con- 
fidenciales que leyó al Senado, no pudo menos el señor 
ministro de la Guerra de contestarle detalladamente, des- 
baratando todos sus argumentos , ni el digno presidente 
del Consejo de recordarle el rigor de la disciplina mi- 
litar y los deberes de una autoridad con respecto al go- 
bierno. El Sr. Alcalá Galiano se separó, en la discusión, 
de sus amigos políticos , pues según declaró con fran- 
queza no podía aprobar la forma y manera con que se 
habiaa ejecutado algunos actos del Gobierno. A pesar de 
lo que manifestó dicho señor al principio de su discurso, 
no podemos considerarle como absolutamente separado 
de las filas en que con tanta gloría ha combatido. Habrá 
disentido momentáneamente de la opinión de sus amigos, 
por razones que haya tenido para ello , y porque á los 
amigos no se ha de sacrificar ni la razón ni la concien- 
cia. Dicho señor confesó con toda sinceridad que no se 
pasaba al bando contrarío : esto prueba que volverá á in- 
corporarse con los suyos , cuando juzgue que la política 
del ministerio se modifica de tal manera , que sea con- 



CRÓNICA DE ESPAÑA. 349 

forme á las opiniones del digno senador. Fué este tratado 
con destemplanza y aun con dureza por algunos de los 
señores ministros. No sabemos por qué; pues jamas po- 
dremos convenir en que los deberes de un hombre de 
partido en el parlamento « exijan una absoluta y entera 
conformidad con todos los actos del ministerio com- 
puesto de hombres de su misma comunión política. Si 
esto fuera asi , si esto se entendiera de una manera abso- 
luta, debería renunciarse á toda discusión, contentán- 
dose con contar los votos de los ministeriales y la oposi- 
ción. El papel que entonces representaría, ya un diputa- 
do, ya un senador, no serian por cierto nada honrosos, 
pues se limitarían á constituir unidades, que solo hablan 
de ser apreciadas por su número respectivo. ¿Quién ha- 
bla de ser hombre de partido, si se exigiese una fe ciega 
é ilimitada en todas las opiniones y aun en todos los ac- 
tos de los jefes de un partido ! Si estas , que ni aun di- 
sidencias pueden llamarse , no son mas frecuentes en los 
países que pasan por modelos en el régimen representa- 
tivo, consiste en que por medio de conferencias privadas 
y de reciprocas concesiones, las opiniones se aproximim 
y llegan á confundirse. Este es el secreto de esas mayo- 
rías numerosas y compactas, que dé otra manera serian 
inconcebibles, como que supondrían haber renunciado 
la razón propia paraaceptarla ajena. ¿Por qué se reconoce 
la necesidad imperiosa de que los caudillos de una falanje 
parlamentaria, ó los que se hallan al frente del gobierno sean 
hombres dotados de singular capacidad y elocuencia? Por- 
que es indispensable que justifiquen el voto de sus amigos, 
para que no queden estos desautorizados en presencia de 
la opinión general ; porque no puede honrosamente su- 
ponerse que la aprobación de estos se determine sino por 
un íntimo y sincero convencimiento. No es pues de extra- 



3B0 REVISTA DE ESPAfU, DS IHDUS T DBL EXTRANJERO. 

ñar cpie im ministerio pierda en unas votaciones , y gane 
6fi otras un corto número de votos : esto se verifica cons^ 
tantem^Eite en todos los países , y pmeba que en eHos hay 
verdadera libertad y tolerancia, y qne en ellos, como en 
todas partes, cada cual tiene su manera diversa de consi- 
decar las cosas. Varia el resultado de una votación por un 
l¡|ero resfriado, por asistir á una diversión , ó por un que** 
hacer doméstico : esto se conridera indiferente ; ¿y se le- 
vanta el grito tan alto , y se acusa de apóstata á un indi- 
viduo del Parlamento , que por razones que expuso , se 
negó á votar C3n sus amigos en una sola ocasión? 

Después de terminada en ambos cuerpos colegisladores 
la discusión del proyecto de contestación, presentó el Go-> 
biorno á las Cortes varios proyectos de ley , de los cuales 
los mas notables son la aprobación de los dos reemplazos 
del ejército, verificados; la dotación del culto y clero, y et 
arreglo y organización del Banco, 

Últimamente , y cumpliendo el presidente del Consejo 
lo que solemnemente había ofirecido , se publicó en 44 
del corriente enero un real decreto por el que se man- 
dó cesasen los efectos de las medidas gubernativas , adop- 
tadas en virtud de ia autorización concedida al Gobier- 
no por ia ley de 13 de marzo del año anterior , y que 
ks personas que á consecuencia de estas medidas se* ha- 
llasen sufriendo detención ó variación de domicilio fuesen 
desde luego puestas en completa libertad; mandando que 
los cónsules respectivos en países extranjeros, expidan pa- 
saportes á los que por efecto de las mismas medidas ó por 
sustraerse á sus consecuencias se hallen fuera del territo- 
rio españoj. La única excepción deeste*de creto se refiere 
únicamente á ios que por cualquier motivo se hallen su- 
jetos á la accioB de los tribunales. 

Las facciones catalanas son perseguidas con suma aotí- 



CBÓNicA im Bsa»A^. 3BI 

vidaid, á pesar ée \o rifiniisode U^stacian* DUínniiieiile 
ba queáaiio libre de «sta fik^gm ia provincia de Tftrragova^ 
en ia qm has »cosioeMo ftl fobíerno de S, IL la Reíaa 
ma» de MOfaecáosos,.; entue ellos 9& jefiss f oieiales* Sste 
aaoeso es «aa parte <de les resakados que defcen e^i^araa 
de los pianes dei f^eiiei^ «GoBdtai. Nosotras «skarámos 
siefli^re por 4(m1o lo que sea vencer sin dmrattaiaieiita de 
sangre, y solo por buenas y bien concertadas disposido** 
nes de gobierno. Hay hombres que no conocen mas poder 
que la fuerza : nosotros reconocemos también, y sobre to- 
dos los poderes, el del talento. 

También en diferentes provincias del Reino han apare- 
cido partidillas rebeldes, insignificantes por su número, y 
mas insignificantes todavía pomo hallar simpatías en nin- 
guna parte. Todas ellas, que ni prosperan ni pueden pros- 
perar, son perseguidas con actividad suma, y solo deben 
los dias de su eústeucia al conocimiento práctico que tie- 
nen del pais, y á la celeridad con que huyen. En la pro- 
vincia de Burgos ha vuelto á aparecer con siete ú ocho 
hombres el ya conocido Estudiante de Villasur , que al- 
gunas semanas antes habia desaparecido acosado por las 
fuerzas destinadas á su persecución. En estos dias últi- 
mos penetraron en la provincia de Guipúzcoa y en la de 
Navarra dos ó tres partidas v de progresistas unas y de 
montemolínistas las otras. Apenas pisaron el territorio espa- 
ñol , fueron de tal modo perseguidas por todas las fuerzas 
que se hallaban en aquellas provincias , que á muy pocos 
dias volvieron á refugiarse , y lo consideraron como una 
dicha, en el territorio francés, donde se habian organiza- 
do y armado, y donde hacian lo mismo otras , que debían 
seguirá estas. Parece, según han asegurado varios diarios, 
que el Gobierno de S. M. ha dirigido al presidente de la 
república francesa las mas eficaces reclamaciones sobre 



3SS RBVISTA DE SSPAÑÁ, DI INDUS Y DBL KXTRANJSaO. 

este puiUo, 7 que por consecaencia de ellas, han sido se- 
paradas de sus destinos las autoridades de la front^a, que 
han consentido y en cierto modo autorizado el armamento 
de facciones que se proponian invadir ¿ mano armada el 
territorio de una nación amiga , vecina y aliada. Estamos 
seguros da que el gobierno de la nación francesa proce* 
derá en estas circunstancias, como en otras, con la lealfaul 
que le distingue. 



e e eeo€»€Ne»eeqeK»o« < »ee« 



DE CONFUCIO, 



T DE SUS MÁXIMAS MORALES T POLÍTICAS. 



El Kung Fu Zu, á quien los chinos conocen vulgarmente 
con el nombre de Confucio, fué el oráculo mayor de toda 
la Cllina , mas celebrado y aplaudido en ella que San Pa- 
l)lo en [a Iglesia cristiana. Según el padre Trigancio, na- 
ció este hombre singular quinientos cincuenta y un años 
antes de Jesucristo. Otros afirman haber nacido seiscien- 
tos cuarenta y cinco años ántés de Jesucristo. Cualquiera 
que sea la diferencia de los tiempos , ello es constante 
que á pesar de todo el qué ha irascurrido, la memoria de 
este gran filósofo se conserva hoy tan viva y en tanta vene- 
ración entre los chinos como el dia después de su muerte. 

La obra del padre Trigancio tiene varias láminas , que 
declaran las principales circunstancias del héroe á quien 
se consagra. La primera representa un árbol grande, her- 
inoso y lozano, cuyas ramas están muy extendidas por to- 
das parles, y pobladas de estrellas en lugar de hojas : aíl 
pié de este árbol aparece la imagen de Confucio, con las 
manos sobre el pecho, y eh la cabeza un lobanillo algo 
crecido. Por bajo de la estampase lee lo siguiente : t Elo- 
gios del Santísimo Maestro, nuestro antecesor, cJuyás vir- 
tudes fudron suficientes á dat á luz bien espurgadas , ex- 
T. xiii. 23 




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iíhíHt Umíntm ^M 



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DE COHFUCIO. 3SB- 

el nombre de Kiorg Mu. Este mismo nombre empleó para 
dar á conocer ¿'un ídolo que represéntala concubina de un 
emperador» y á la emperatriz madre< Los antiguos misione- 
ros usaron el nombre indicado para designar á la Virgen 
Sanüsima» con lo cual se han conformado sus sucesores y. 
demás cristianos* Volviendo al unicornio, debe decirse 
que dejó asombrada á la mujer tan extraña visk)n : el di- 
cho animal despidió del cuerno una tela de hermosos co- 
lores , y dejándosela caer sobre las manos , desapareció. 

La cuarta estampa representa dos maravillosas serpien*- 
tes y cuatro venerables ancianos. A continuación de ella 
se lee : iNació Confucio después de entrada la noche , y 
al tiempo de nacer se vieron dos raras serpientes en el 
aposento de la madre. Bajaron de lo aito cinco venerables 
viejos, que fueron cinco claras y resplandecientes es- 
trellas > 

La quinta estampa es de músicos del cielo* Por bajo de 
ella se lee : « En el aposento donde nació Confucio se 
oyeron concertadas músicas y cánticos celestiales, acom- 
pañados de voces que declaraban que el mismo cielo se 
complacía y festejaba por haber nacido un niño santo, y 
celebraba su nacimiento con músicas que procedían de lo 
alto. Apenas habia nacido el niño, se vieron cosas raras en 
el aposento, y sobre su pecho habia cinco letras que de- 
claraban lo siguiente : Este niño pondrá en paz la tierra 
con las buenas leyes que dará y pondrá en ella.» 

La sexta estampa se refiere á su infancia, y declara que 
teniendo solo seis años, se portaba con los demás niño» 
tan modestamente, y con tanto seso y gravedad, como s^ 
fuera un anciano respetable. Mientras los' compañeros de 
VI infancia se entretenían en los juegos propios de su edad» 
él I con semblante religioso, se ocupaba en poner altari- 
tos. Respecto de su talla y continente , dicen que era alta 



386 BEVISTA DB ESPAÜA, DB INDIAS T BEL EXTRANJERO. 

7 corpulento, de aspecto grave , y muy humilde de cora- 
zón , asi como en sus obras y palabras ; sus ojos eran tan 
claros, que parecían dos luceros ; en todas sus acciones 
se mostraba tan advertido, que parece lo sabia todo. A 
los sesenta años de su edad, habiendo gobernado con 
mucha prudencia y rectitud algunas provincias, dejó los 
cargos públicos, viendo que el gobierno andaba malo, 
pobre y despreciado , y recorría todo el imperio, predi- 
cando á todos la virtud y rectitud natural : en algunas 
partes le maltrataban , en otras le injuriaban ; mas todo lo 
sufría con mansedumbre y ánimo sereno. Dicen de él que 
cuanto mas desgraciado era , se mostraba mas alegre , y 
que cuando le echaban de algún pueblo, se ponia á la 
sombra de un árbol á tocar muy risueño una guitarrilla 
que acostumbraba á llevar consigo. 

En el capitulo correspondiente á una de las últimas es- 
tampas, se dice que á los setenta y un años , teniendo ya 
explicadas y aclaradas las doctrinas que propagó en la 
China, se recogió á su casa, donde vivió ejercitándose en 
ayunos, oración y limosnas. Hallándose un dia de rodillas 
con el rostro levantado hacia el cielo por la parte del 
norte, vio que se descolgaba de lo alto un arco-iris , del 
cual se desprendió un escrito que cayó en sus manos, en 
el que se hallaba esculpido, en materia que parecía finísi- 
mo oro, y muy trasparente ; mas no se dice lo que expre- 
saba dicho escrito. Lo recibió, y á los setenta y tres años 
murió. Está sepultado en un suntuoso sepulcro, que se 
halla en el propio lugar donde nació. El padre fray Anto- 
nio de Santa María, religioso franciscano, lo vio, y decía 
que entre otros árboles habla visto uno descortezado y 
sin rama alguna , cercado de ladrillo y cal hasta la mitad : 
según la tradición , á la sombra de este árbol estudiaba 
Gonfucio cuando era mozo. 



VR CONFUQO. 337 

Refieren las historias chinas que el emperador Cin Kaiki 
Hoang^ que floreció trescientos años después de la muerte 
de Confucio, hizo quemar todos los libros de este y de 
otros doctores , que habian escrito acerca de las virtudes 
morales » quemando también vivos á muchísimos letrados» 
pues era enemigo capital de la secta literaria. Quiso tam- 
bién destruir el sepulcro del maestro , y aun derribó la 
mitad ; pero refieren que mientras esto se hacia» apareció 
una piedra en que se leian las siguientes palabras : c Pre- 
tende el emperador destruir mi sepulcro y aniquilar mis 
cenizas; mas no lo conseguirá» porque en muy breve 
acabará su vida.» Parece que sucedió asi. Este emperador 
vino á ser para la secta literaria» lo que Diocleciano para 
los primeros cristianos. 

Solo dejó un hijo, por quien se conserva basta el dia su 
descendencia por linea recta de varón » sin haber ocurrido 
en tantos siglos ninguna interrupción en esta prolongada 
cadena. A pesar de haber ocurrido guerras sangrientas» 
rebeliones y tumultos horrorosos » que han asolado mu- 
chas ciudades y aldeas» siempre se han conservado la pa- 
tria» casa y familia de Confucio : de sus descendientes, el 
que vivía el año de 68 era el trescientos tres nieto. To- 
dos ellos gozaron perpetuamente de los privilegios y renta 
de nobleza : son señores de su patria» y en ella y fuera de 
ella han sido siempre de todos estimados y venerados. El 
tártaro suprimió ó minoró la renta del que vivia por la 
época que acabamos de indicar» pues no era muy amigo 
de letras ni de letrados. 

La autoridad de que goza en la China la doctrina de Con- 
fucio » es semejante á la del Evangelio para los cristianos. 
Algunos de los doctores del imperio le atribuyen ciencia 
infusa; mas él mismo niega esto» y declara que la habia 
adquirido. Dentro de las tapias de su sepulcro» que com- 



REVISTA DS ESPAI^A, Vt I?n)IAS T DEL EXTRANJERO. 

prenden una gran porción de tierra, jamas entró animal, 
ave ni sabandija , ni se vio ni halló en aquel sitio ninguna 
materia inmunda. Respecto de sus cualidades como es- 
critor, convienen todos en que ninguno ha llegado á 
igualar á este hombre en la elegancia, agudeza y laco- 
nismo con que escribió. No faltan quienes lo consideren 
como profeta , y acerca de esto están divididos los docto- 
res de aquel pais, pues hay sectas de confacionistas y 
anticonfucionistas. Con todo, los encomios y alabanzas que 
tributan los chinos á su maestro , exceden á todo encare- 
cimiento. Dicen que entre todos los nacidos de mujeres 
no ha habido uno que pueda igualársele. 

¡ tíuién creería que viendo los chinos tantas maravillas 
como ocurrieron en la concepción , nacimiento y vida de 
su maestro, con las circunstancias que quedan indicadas, 
no levantaran el corazón ó la mente hacia la idea de un 
numen , causa primaría de ellas ! Antes por el contrario 
persisten en creer que todo ocurríó naturalmente , y por 
mero acaso. En vano seria decirles que son fingidas todas 
las maravillas que acabamos de indicar : es muy diflcil, 
por no decir imposible , arrancar de su ánimo unas ideas 
tan arraigadas. 

Según el padre Juan Rodríguez , en su obra del Arte de la 
lengua japona, desciende Confucio de tma de las diez tri- 
bus de Israel, que cautivó Salmanasar , y trasladó á una 
tierra situada entre los medos y los lidios. Esta opinión 
carece de pruebas. Lo que sí puede probarse es, que la 
China es mas antigua que el cautiverio de las diez tribus. 

No niegan los chinos que su maestro Confticio incurriese 
en faltas y pecados. Así lo reconocen y confiesan gravísi- 
mos letrados. Todo lo dicho está tomado de los libros 
chinos , que se hallan ínrpresos , y gozan de grande auto- 
ridad. Todos reconocen que escribió cosas mwy buente y 



me GONfuoio. 38ff 

digna» de admiración, iittcha de lo ^e «seiribió se hrfta 
tnudttbido en lengua laliiia porel >pflfdrePirófipe»0'liiloroeUi» 
de'láiCoaipUUd:deJosus. - '«rffin 

^lelprimer libfofle la obraifiie publicó empadre lator-^ 
oeta, y.qne seÍDtitda 6r<m ciimemé sabiiuriay dtee Coa** 
; c La sabiduría de lo» grandes emriste en ilnioinar'laa 
leíaa inferiores, en^ r^^oTar alpueblo con buen ejem** 
pío y amonestaciones, y en seguir en todo el dictamen de 
Iaiazon«» fiscomo si'dSjera'qvie para- la perféceion del 
hoaabreno ba^ta lo especulativo sin lo práefeico : que el 
qiie tiene á su cargo bt erección' y gobierno de los faom- 
bres, ha de cuidar primero de «a pierfeocion precia , y 
despoja de la de los demás. 

cEn loB negocios y *cosa&*se bafia lo quesea primero y 
printápaL; yUo que es secundario y menos priitcipai; i la 
maiwni qvsé en el ái^ol se cim«d£frala.raiz y tronco, que^ 
es lo primmro., y las ramas y hojas, que formadlo menos 
prnieipal : aer uno >Tiiiaioso ; y tratar de adelantar y per-^ 
finMíonai»e:en la virtud V eslo primero y masprKBoipaldel 
hombre : proeuvsursean losdemas buenos, es lo secunda-' 
rio y menos principal. 

»E1 emperador^todosr los vasallos, basta almas humilde 
plsbeyo , cbüln oUigodos: á ado^mar sus personas con vir^ 
tndes, yá vivir sanlary vírtuoaunente. - ' 

»Si:ló primero y principal anda mal, lo secundario, que 
•8 gaberaiar>á losinCmores, ¿oórao pii^de andar bien? Si. 
«lio personal , á que* primero debe «misar., no pone 'ooi«« 
dado, y lepone^enlo ménoa principal y cpue es. el gobierno 
de otros, será querer pervertir toda ba^m raaon.i . > 

Elempesador Tungi tema eseritas en latina en^ipi^/se 
ba&i^a estas palabras : «Sea tnoontinao y pa^jplétna e^tludio 
rt^nmavarte^ifitenormente-: cada día terhos de nenocvar , y: 
debos pcoaocar cod el icjeicldoiide^ las viriudea 



380 REVISTA DE ESPAÑA, DE INDIAS T DEt EXTRANJERO. 

esta renovadan.iEndiebas palabras se incluyen eltiempo 
pasado y futuro « y quieren decir que deben dolerse de las 
culpas cometidas, y tener ánimo y propósito de no volver 
mas á incurrir en ellas. Con este fin tenia dichas palabras 
muy presentes el emperador» el tiempo que permanecía 
en el baño. De un diseipulo de Con fucio escribieron tanto 
él como otros , que jamás cometió dos veces una misciia 
falta. 

En el libro llamado Kang Kas dice Gonfucio : c Procara 
mucho de renovar al pueblo-, y desvélate para que xíxb, 
bien y ajustadamente. Esto es lo que se sigue después de 
haberse uno renovado á si mismo. 

• Por esto el varón perfecto no deja de hacer cuanto puede 
para llegar á lo último y supremo de la perfección. 

> El emperador Vuen Fttangf llegó alo sumo de la porfec- 
eion. Siendo emperador, llegó á lo sumo de la piedad : 
siendo magistrado, n lo sumo de la observancia z siendo 
hijo , á lo sumo de la obediencia paca con sus padres : 
siendo padre, á lo sumo del afecto y benevolencia para 
con sus hijos : para con el prójimo llegó á lo último y 
sumo de h fidelidad y veracidad.» 

Pone por espejo y dechado de virtud á eate emperador, 
que mereció grandes loores y alabanzas» por todo un im-* 
perio , pues vivió ajustadísimo á la raion y á la ley. 

c Puedo yo, dice Gonfucio, oir pleitos y determinarlos 
como otro cualquiera; pero lo que importa y conviene es 
hacer que no haya pleitos. Si fuera fácil como es conve- 
niente, se verian cerradas las audiencias, y las plumas 
aprenderían otros oficios.» 

Al intento dice Zeng Zu^ discipulo de Gonfucio: cLos 
hombres malos no pueden terminar nt dar fin á:sus plei- 
tos ; por tanto conviene sujetar los corazones del piie«'» 
blo, asi con castigo ^ como con buenas obras y oonsefos. 



DS CONFUCIO. 361 

exhortándoles ¿ mutuo amor y concordia , lo cual deben 
hacerlos que gobiernan. > El medio del casü^oiiee usa 
con rigor en la China : de aquí proviene el singular miedo 
que tienen á los mandarines» no porque les falte ánimo y 
esfuerzo, sino por respeto profundo á la ley y á las cos- 
tumbres públicas. Alguna vez hay indulgencia ; pero el 
tártaro á nadie perdona sí hay culpa. 

fLos malos 9 cuando están libres, obran mal, y no hay 
maldad que no intenten: cuando ven á los virtuosos en- 
cubren su maldad, y se fingen santos; pero los hombres 
los conocen, como si vieran su interior. ¿De qué pues les 
aprovecha su simulación? 

• Si el interior está perturbado con alguna pasión , mi« 
rando el hombre, no ve; oyendo no percibe, comiendo 
no gusta del manjar. 

»Asi como una madre abraza, y amorosa aprieta en sus 
brazos á un hijo recien nacido , y ansiosa acude á cumplir 
sus deseos, manifestados solo por gestos y lágrimas; de la 
misma manera debe hacer y portarse el rey con sus vasa- 
llos , acudiendo al remedio de sus necesidades , aunque no 
las manifiesten por palabras. 

• Los emperadores Yao y Kun gobernaron con piedad y 
amor,.y los vasallos los imitaron en estas virtudes. Los em- 
peradores Ki€ y Chen gobernaron tiránicamente, y los va- 
sallos imitaron también su maldad ; p<Mrque los inferiores 
no siguen tanto las leyes cuanto el ejemplo. Por tantót 
teniendo el emperador vbtud en su persona, podrá pedir 
la tengan los demás ; pero si carece de ello en su persona, 
¿cómo podrá reprender que falten sus inferiores? 

• Si el emperador (dice el libro de los versos) hace en su 
palacio oficio de padre para con sus hijos , de hijo para 
con sus padrea , y de hermano mayor para con sus meno- 
res , será ejemplo de todo el imperio. 



IB9 REVISTA DB ESPAÑA, l>E IUDrAS T DEL EXTRANJERO. 

» Si el emperador tiene el' amor de sus vasallos , es em- 
peradér^ -y llene imperio : sí pierde este amor, pierde la 
corona; con que primfero está obligado' á velar para adqui- 
rir virtades : teniéndolas, tendré Jae volm^tades de los 
inferiores : teniendo á estos* por sí , tendrá tierras^; pose- 
yendo tierras , tendrá hacienda ; p^eyendo haeienda, t^^ 
drá lo necesario para- su uso ,^y para conservar su «orona. 
La virtud es lo pfrimero y principal : las riquezas lonecon- 
dario y menos principah Si á las riquezas estima el prin- 
cipe como cosa mas principal , moverá* el pueblo á rebe- 
lión , y abrirá camino para roboe y hurtos. Por tanto, 
juntar inicuamente riquezas, es querer desiruir y disi- 
par á los vasallos. Al contrario, distribuir piHidentemente 
las riquezas es agregar á si al pueblo : la hacienda que 
entra en casa por mal camino , se pierde sin lograrse.» 

Un Régulo, por nombre Kuey Fm, decia : Atada estimo 
ni aprecio en ^te mundo , sino es la piedad pat*a eom mis 
padres, y el amor y mansedumbre para con mié vasallos. » 
Un rey del reino Cin, Mamado Bfa Kítng , deeia : tSi yo tu- 
viera un consejero de étoimo recto y sincero , de corazón 
amplio y tranquilo , libre del vicio pernicioso de la envi- 
dia, que amara á los h(wbr6s de' talento y prendas, y es- 
timara de corazón á los sabios y doctos, bastara para man- 
tener mi reino, y perpétuarmi corona. ¡Oh qué provechos 
se seguírian de tal hombre á nui reino y á mis vasallosl P^r 
el contrario, si mi valido, ó^ ministro que me asiste, 
foeren envidiosos, y no dieren Icfs cargos á los sabios y 
^rtuosoB , ni se valiesen de ellos , sobrara esto para arrui- 
narlo todo. { Oh qué grandfes dá&os causaríd en mi remo 
semejante' hombre! Alejariale de mí todo lo posible, sin 
p>ermitír que viviera en tierras mias. Poreso deda Confock), 
t|Ué solo el rey sabio y piadoso , sabe atíiar ^ los hembres 
buenos, y aborrecer ^i los 4Bialos. 



* DB CONFÜCIO. 565 

>Si el hoitílre puedto en dignidad practirá ser ejemplo 
de virtud para con sus inferiores , conservará aquella ; pero 
si soberbio raenosprecifr á los demás , la perderá. 

> El ministro piadoso y amador de su pueblo, con las ri- 
xpiezas y bienes que á este proporciona , ilustra su perso- 
na , y se hace amar de todos. Pero el malo , impío , y que 
veja á los vasallos, vive y muere aborrecido de ellos. 

> Los señores no amparan ni patrocinan én sus casas ma- 
los é inicuos cobradores de tributos. Si alguno lo hiciere, 
sepa y tenga por cierto que es mejor amparar y hospedar 
á un ladrón , que á uno de estos. El ladrón dalia á pocos; 
^ero un mal cobrador daña á todos. 

íQue dentro de casa sea uno obediente á sus padres y 
mayores, y que fuera no lo sea á los ministros y superio- 
res, es increíble. También lo es que el que se opone á los 
superiores , no sea amigo de ruidos y alborotos. > 
' Menig Zu decia : cExamino cada día mi coraron en tres 
puntos. Primero, si tratando algún negocio en bien de mi 
prójimo , procedia él con todo cuidado y smceridad de 
ánimo. Segundo , si cuando comunico con mis umigos y 
compañeros, obro fiel y verdaderamente. Tercero, si en lo 
que me enseña mi maestro, me aprovecho ó no. 

1 Para gobernar bien un remo es necesario que el rey con 
cautela y disimulo meta la mano en todos los negocios. 
Debe ser fiel y recto en el premio y en el castigo. En lo 
que hablare debe guardar composi^cion y modestia. Para 
abundar en riquezas, ame á sus vasallos, como un padre 
urna á sus hijos : si necesita aprovecharse del pueblo, sea 
en tiempo que no impida la labor del campo. 

f Si uno ama á los sabios y doctos , como se aídan las 
eosas preciosas ; si en servir á sns padres emplea todas sus 
fuerzas ; y arriesga la vida en servicio de su rey ; y en el 
trato y comunicación con los amigos procede con ^deli- 



.564 REVISTA DI ISPAÑA, DS INDIAS Y DIL EXTRANJERO. 

dad y lealtad; que todo el mundo diga del tal que no ha 
estudiado , afirmaré siempre y defenderé que bastantisi- 
mámente ha cursado las escuelas. 

I Si faltare á uno gravedad y compostura, le faltará tam- 
bién autoridad para con otros. Y *si bien es cosa muy ne- 
cesaria en la persona pública la modestia y gravedad ex- 
terior, lo principal consiste en lo interior, conviene á saber, 
en la sinceridad de ánimo, y fidelidad en el obrar. 

f¿ Pecaste? Pues enmiéndate; no te acobarden las difi- 
cultades que se levantan para no poder dejar el vicio : im- 
porta que varonilmente te opongas á todas. 

» Si los que gobiernan y los superiores guardan con dili- 
-gencia las ceremonias funerales en las exequias de sus di- 
funtos, y se muesti*an solícitos en sacrificarles , se aumen- 
tará y crecerá la virtud de la piedad en los vasallos é 
inferiores. 

I En el trato y comunicación con ios hombres, la afabi- 
lidad es la que se estima. Los primeros emperadores tu- 
vieron esta virtud , y con ella concluían todos sus nego- 
cios, así grandes como pequeños. 

>Si la fe que se da, decía un discípulo de Confucio , es 
conforme á la razón , se debe cumplir : si el servicio que 
se hace á uno, se ajusta á la ley, y la honra que se le da 
le es debida, se debe todo ejecutar, sin que otros moti- 
vos basten á impedir la ejecución. 

B La persona que trata de ajustarse á la razón , no busca 
Ja hartura en la comida ; come para conservar la vida, y 
así usa del manjar como de medicina : en esta vida no mira 
propias comodidades; en los negocios es solícito, en las 
palabras fiel , no fia el tal de su parecer ; antes humilde 
pide á los doctos lo dirijan y gobiernen : quien obra como 
^eda escrito, á boca llena se puede llamar amante de la 
virtud. 



DE GONFUCIO. 36S 

»No te aflijas por no ser conocido de los hombres : afli- 
jete porque eres conocido de los hombres. 

>E1 rey que con virtud y justicia gobierna su reino, es^ 
como la estrella del Norte, que estando fija, es el blanco 
de las demás. 

>Si el rey gobierna solo con las leyes, y usa solo de cas- 
tigos y penas, conseguirá que le obedezca por temor el 
pueblo ; pero no es de suyo durable este gobierno : si go* 
bemare con virtud y amor, conseguirá que los vasallos le 
obedezcan de voluntad y que se avergúencen de obrar mal. 

»Si quieres conocer á uno, examina en él tres cosas. Pri» 
mera , qué es lo que hace y obra : segunda , con qué fia 
lo hace. Tercera, en qué fija su ánimo y corazón. 

•El rey que careciendo de virtudes, fuere presumido, 
fácilmente se inclinará al vicio , y pondrá con él su corona 
en riesgo de perderse : si teniendo el rey gran talento y sa- 
biduría juzga que es rudo é ignorante, y cuando lleno de 
virtudes y méritos, cede á otros, presumiendo de ellos 
cos-is mayores; y cuando siendo fuerte y poderoso se re- 
puta flaco y débil , entonces afirmará su corona y conser- 
vará sus talentos y prendas. 

»EI varón perfecto ama á todos; no se gobierna por afec- 
tos particular(3s, ni intereses personales : solo mira al bien 
común y á la razón. El malo es al contrario : ama, si le dan, 
y quiere, si le alaban. 

» Quien se gobierna á sí, y dirige á otro con doctrinas 
malas, apartándose de la de los santos , causa gravísimos 
daños. 

•El verdadero saber es afirmar que sabe lo que sabe, y 
manifestar claramente que ignora lo que no sabe. 

>Si oyendo muchas cosas, dudares de algunas, no mani- 
fiestes tu duda, consérvala en tu corazón para con el es- 
tudio enterarte de su verdad; en lo domas habla con cau«» 



366 REVISTA DE ESPAÑA, DE HUMAS X DEL EXTRANJERO. 

tela y recato < con que se halUráo po<vas falUs en tus 
palabras : si en lo que vieres en el mundo ^ adviertes que 
algo no es ponforme á tu dictamen, no lo bagas, y en cuan- 
to obrares sea con cuidado y diligencia, con que tendrás^ 
pocas «cosas de que arrepentirte : y si en tus palabras no. 
ofendieses á otros , y en tus ob^'as no tienes de qué arre- 
pentirte , los puestos y digoidades se vendrán á tus manos^ 
y no será necesario que las busques y pretendas. 

iPreguptóle un Régulo , ¿qué baria para tener sujeto á 
su pueblo? Y respondió : Poner en los puestos los buenos 
y virtuosos, y quitar á todos los malos. 

» Preguntóle un gobernardor: Para que el pueblo me 
honre, y respete y no rae engañe, ni menosprecie mis man- 
datos, y entre si se amen los vasallos, y se den á la vir- 
tud, ¿qué medio tomaré? Respondióle : Si tratares los ne- 
gocios de tu pueblo con gravedad y modestia, él te tratará 
con respeto y reverencia : si fueres obediente á tus pa- 
dres, piadoso y benéfico para con todos, tu pueblo te 
será fiel y obediente ; si premiares á los buenos, y dieres 
buen ejemplo con tus obras , conseguirás que el pueblo 
viva en paz. 

• Si vieres ó conocieres que una cosa es justa , sana y 
buena, y que e$ razón hacerla, y con todo eso no la ejecu- 
tas, ó por temor ó miedo de los hombres , ó por otro mo- 
tivo humano, no eres valiente ni hombre de ánimo. 

> En aquel gran sacrificio, que solo celebran los empera- 
dores de cinco en cinco años en los templos de sus pro- 
genitores difuntos, confieso, que aunque las primeras ce- 
cemonias me agradan, por lo cual asisto gustoso á ellas; 
pero desde, que comienza la ceremonia de derramar el 
vino en. tierra, cenias demás que se siguen hasta el fin, no 
tengo rostro para* mirarlas, aunque estoy, presente.! Este 
sacrifício parece era pontifical, porquelos emperadores ha« 



cim ofioío de^^aoerd^Aefli, y se efirQoía Bueve Teces vino* 
y^oArai^taalft» sp defir^qiabia en tiietTai £1 inieínto de esto 
ceremonia era convidar á las almas de los jdifanio^ pan 
q^ asistíe&en al saorifieio». Hoy hAMU lo misfiao^Aqiui solo 
se ñola la rc^verencáagraade quje Cpníoolo tenia á dk^oe 
iacrificios Y y la qw queiia qa» tiAvieaeii cuantos i eUo9 
aalsiiefi^n* Segim refieren sus disc^ulots, ofrecía Confueio 
sacriñcios ¿ sus discípulos con tanta gravedad , cpoipofi* 
tura, y reverencia oofuo ai en realidad .se bailasen allí pre- 
aeatos* Todo&e^tos saerificioa se referian ¿nicameate á laa 
ánimas aéreas, que imaginaban los vivos se pintaban en 
loa te^plo$> No oJbfitante ser este tan agrande engaño y er- 
ror, guardaba. ea«^quel lugar «urna modestia y reapeto* 
acerca dis esto wsmp, anadia Gonfiu^io : «Ciando yo no 
estoy ^on devoqiop y reverencia en lo&saorificios^ es cosao 
sino sacrificara. > Siemp^re qpe Confudo entraba cji el 
templo grande, dedicc^do al prij^cipe Chen Kung , donde 
por razón de su ofioio babia de sacrificar , se enteraba da 
antemano y preguntaba muy menudamente por todas las 
ceremonias, para no cometer yerro alguno en el sacrifi*- 
cío , lo cual decía era puesto en razón. 

,» Si los supieriorea no ison betuignoi con lo$ subditos ^ si 
en su proceder se portan muy graves « y si habiendo di* 
funtos no se muestran tristes y afligidos, ¿por dónde se 
conocerá que son prudentes y virtuosos? 

>E1 prudente y perfecto, en. cuanto obra, solo atiende á 
^a razón y justicia; si es justo, infaliblemente lo ejecuta; si 
contra la razón lo omite y deja de hacer, no es amigo de 
^i dictamen y parecer.. 

» £1 virtMoso solo piensa en lo bueno , el malo y vicioso 
todo se ocupa ea cosas terrenas ; el bueno, en los nego- 
cios corporales atiende á las leyes, las cuales no quebran»^ 
ta por su in^es- particular* : el malo pone, todo su cuida- 



368 REVISTA DE SSPAÜA, DE INDIAS T DEL EXTRANJERO. 

do en el interés» sin mirar á las leyes, Qoien solo atiende 
á su provecho » y solo obra por él , necesariamente ten- 
drá enemigos. 

>E1 virtuoso no se entristece por carecer de puesto 6 dig- 
nidad : si se entristece, es pomo tener las prendas necesa« 
rias que requiere el puesto : no se entristece por no ser 
conocido de los hombres , sino por no tener las prendas 
para ser conocido de todos. 

i El bueno » viendo algún virtuoso» trata luego de imi- 
tarle : si ve alguno malo, examina en si si tiene aquel de- 
fecto , y procura enmendarse de él. 

«Deben los hijos corregir suavemente las faltas desús 
padres : si no reciben la corrección con respeto y reveren- 
cia, vuelvan á amonestarles : si advirtieren lo llevan ¿ 
mal, sufran con paciencia sin tenerles. mala voluntad. 

• Los malos no pueden durar en pobrera y trabajos, por- 
que impacientes se despeñan en hurtos y latrocinios. Tam- 
poco es de mucha dura su contento y alegría, porque se 
descubren sus maldades y llevan el castigo merecido. Pero 
los buenos perseveran en la virtud, y en ella fundan su lo- 
gro y no en las riquezas. 

> Si uno , de verdad y con firmeza , abraza la virtud , sin 
duda no pecará. • No quiere decir ó no se puede entender, 
que no pecará venialmente , ó que tal vez no caerá en pe- 
cado grave : nadie está seguro de ello mientras peregrina 
en la tierra, pero es cierto que cuanto mas se diere un 
hombre á la virtud , pecará menos. La misma proposición 
se halla en San Pedro y en San Juan. 

«El perfecto no solo sufre con paciencia la pobreza, y 
humilde estado, sino que jamas se aparta de lavirtud. En 
los casos repentinos y adversos , estima siempre estar jun- 
to y no separado de lo bueno. 

>EI hombre letrado que antiela por la perfección, y se 



DE Goarcoio. 369 

ai^evgfiMnzA da Tcatir. potureniante j comer nkaojacéé grc/be- 
ros, -no e»p0i9OBaiii^^ecadora< de qae 70 trate con él ám 
perfeoéiony virtud. 

> Si el consejero , amonestando á su rey, ó corrigiéndole' 
dd algún defecto se excediere en el modo, . padecerá tra- 
bajo y y su corrección carecerá. de froto : sr entre amigos 
iHioies moieeto ^r caneado en corregir á los otroar, sin al- 
canzar Irato , se apartarán de él, r cpiizás' se conrertipán 
en enemigos. 

»iftwjr Ytmg,, discípulo mió, ee tal qne cuando el rey no 
estafen paz, conserva su puesto ; yonando el reino se'al* 
borola^ és tan pendente j suave en sus costumbres, que 
siempre sale Ubre y en pas con todos.» 

ün goheríuiANr del reino , Liü, era tan circunspecto ew 
aa oficio, y pmcedra en él con tanfo atención , que ántes^" 
decfecntar cosa alguna, la (pensaba primero tres y mas 
veees. Dijole Conñicio , que bastaba considerar los ne- 
gocios una ó dosí voces'para datles fáoi]< salida. 

De otro ^bemador decia , que en tiempo de paz go- 
bernaba con gran. prudencia, y entierapo de alborotos se 
&igia simple y looo; pero en secreto aconsejaba bien al 
rey para sujetar al pueblo yreduoirle á la razón. 

Preguntáronle en una ocasión', cuál era su ánimo y co- 
razón , y respondió : tQue todos los viejos gocen de paz y 
quietud sin faltarles el vestido y comida; que en los ami- 
gos no falte fidelidad y buena !correspondencia , que los 
mancebos sean bien enseüíados y doctrinados , y cuanto 
los del mundo desean para sí , deseo yo que consigan y 
alcancen. Este es mi corazón , esta es mi voluntad , y es- 
tos mis deseosi 

i Gran desdicha* es que no be llegsWo á conocer hombre 
alguno que de veras conozca sus culpas , y que de cora- 
zón se arrepienta de ellas. 

T. xiii. 24 



370 REVISTA DE ESPAf^A, DS INDIAS T DEL EXTRANJERO. 

«Aquellos deben reputarse de pocas fuerzas, que usando 
de ellas no pueden acabar el camino comenzado. Pero no 
comenzar el viaje , es señal de pereza , y no de falta de 
fuerzas. 

1 El virtuoso y perfecto no estudia para ganar fama y ad- 
quirir riquezas ; mas si el vil y bajo. 

> ; Quién puede entrar ó salir de casa ano es por las puer<- 
tas? ¿Por qué los hombres no procuran concluir sus ne- 
gocios por la puerta 9 que es la justicia y la razón? 

» Si lo candido y sincero del corazón excede al ornato 
exterior, parecerá uno rudo y silvestre. Si el ornato exte- 
rior y trato politico es superior á la candidez del ánimo, 
se asemejará el hombre al orador, que atiende mas á las 
palabras que á la sustancia de las cosas. Mm si el exterior 
y candor de ánimo son iguales , será el hombre perfecto. 

» Todos los hombres de su natural son rectos , y nacen 
adornados d6 una luz que les enseña á seguir lo bueno y 
huir de lo malo ; pero sí pecando ofuscan esta luz y viven, 
es fortuna grande y dicha librarse de la muerte. 

1 Los que solo conocen la bondad de la virtud , no se pue- 
den comparar con los que la aman ; ni los que solo la 
aman, con los que la practican. 

» Con los de grande ingenio se puede y debe tratar de 
cosas altas, y no con los rudos y aldeanos.! 

La doctrina de Confucio que se halla en el libro del 
Vng Yu , tratado tercero, principia á ser explicada en los 
términos siguientes: cPregonero soy, y no inventor de la 
doctrina que predico y enseño al mundo : estimo y lamo 
la doctrina de los antiguos, en que me asemejo , aunque 
indignamente , al venerable Pung, de quien me precio de 
ser discípulo. » Exis^'i^l Pung casi mil años antes de Con- 
fucio, que se preciaba de ser tenido por discípulo de aque 
y de otros antiguos. 



ra GONFUcio. 371 

> Lo propio del maestro es leer en silenoio y meditar una 
y dos veces lo leído » y nunca cansarse de estudiar y de 
raseñar ¿ todos sin excepción de personas ; siendo esto 
asi, ¿cómo me atreveré yo á decir que tengo prendas para 
el grado de maestro? 

>No haberme ejercitado en adquirir la virtud; no haber- 
me ocupado en {preguntar y conferenciar lo que he estu- 
diado; no haber observado las cosas buenas que he oido; 
no haber enmendado mis culpas, es la causa de mi pena y 
tristeza.» 

De su discípulo Yen Yuiig^ decia : <Es tal que si los reyes 
se valen de él para algún oficio, sin repugnancia alguna 
le acepta, y obra en él según todas sus fuerzas. Si le des- 
echan y deponen del cargo , sin pena alguna se vuelve á 
su casa , y permanece en ella quieto y sosegado : yo y mi 
discípulo tenemos esta gracia.t 

£n tres cosas ponia grande cuidado Gonfucio , según 
sus discípulos* Primero, en los ayunos que practicaba pa- 
ra ofrecer sacriñcios por sus difuntos. Segundo , en la 
guerra cuando servia en ella ó le pedían algún consejo 
acerca de la milicia. Y tercero, en la enfermedad, pues 
cuando tenia salud miraba mucho por ella ; pero en la en- 
fermedad era muy particular el cuidado que ponía. 

También refieran de Gonfucio que ponia tanto cuidado 
en el estudio , que se olvidaba de la comida; y que cuan^ 
do estaba enterado de alguna dificultad, le producía esto 
tan grande alegría, que se olvidaba de todos sus trabajos. 
Andaba tan enajenado de si con el ejercicio de las letras y 
de la virtud, que no advertía ni reparaba en los muchos 
años de su edad. Añaden que era amantísimo de la música, 
con la cual quedaba elevado y como fuera de si. 

>Yo, decia, no soy sabio desde mi nacimiento; maspor- 
que siempre amé y estimé la doctrina de los antiguos, y 



S72 REVISTA DE ESPAÑA, DE INDIAS Y DEL EXTRANJERO. 

porque desde mi tierna eddd apliqué todas mis ñiersas' 
para comprenderla, poroso consegui^poderarme de ella.i 

Como dijeien algunos que era muy árdoa eosa la yir* 
tud, V que para alcanzarla era necesario mucho trábalo, 
respondió Confucio : cPara el que cpitere eatá muy cerca 
y es muy tóciL 

»E1 varón perfecto, decía, no se turba ni inquieta con 
los sucesos varios de esta vida : el malo y pecador siem* 
pre anda desasosegado. 

» Tay Pe se puede decir varón de suma virtud, sin que 
baya cosa alguna que le falte ó se le pueda añacMr : ge- 
nerosamente cedió el reino , y con tanto secreto-, que ni 
el pueblo fué sabedor de su resolución , para- darle por 
ella los loores quemerecia.» El rey Tay Vuang , que ante*- 
cedió setecientos años á Confíicio , tuvo tres hijo», el ma- 
yor de los cuales era Tay Pe , el segundo Chung Tung y el 
tercero Ki Lie : pretendió el padk*e levantarse con el im- 
perio , y se opuso á ello el hijo mayor por no faltar á la 
lealtad que debía al emperador. Por esto y porque amaba 
mucho Tay Vuang al hijo menor, se juntaron los dos her- 
manos primero y segando , y trataron entre sí de irse en 
secreto á otra región distante de aquella : asi lo ejecutaron 
y se ñiéron á la tierra llamada King Mam , donde toda so 
vida vivieron pobre y humildemente. Foresta acción alaba 
mucho Confucio al mayor y al hermano segando que lo 
acompañó. 

»Si uno sirve, y no sirve como debe, acarrea trabajos 
para si, y molestia á quien sirve. Si uno siendo valiente, 
carece de prudencia, causará ruidos y disensiones. Si al 
justo y recto falta la discreción , dará en arrojado y te-- 
merario.f 

Trata Confucio de la obediencia que es debida á los pa- 
dres , que aunque en China es mucha, todatlii fallan al^ 



»B CONFÜCIO. 373 

ganos á ella» especialmeafe oaandoJos padras íui vidaise- 
IMicten «u hteienda entre sus lujas , y se quedao depen* 
diendo da ellos. Macbo$ chiaos han tenido que arrepon*- 
túpse de lo. que bideron, experimeotanda la ingratitud.; 
mala corre&pondenciade aquellos. 

Decía un.discipiilo.de Conlucio : «^1 que tiene talento 
parajertiitor.de un: rey niño, y.pren()as para ^cargaraa 
del gobierno de un reino , y en ambaa cosas pjrocede.loal 
y fielmepte , ain aflqjarenel Talory constancia , aunque 
bayaAlborotosyrebelionea, aboca Uena.puede ser ila* 
mado generoso y. pesríe^to varón. 

i^Losqoegobieraan deben tener gran ooraaon y.sermqy 
pacientes. 

9 Tiab^ar y .estudiar .con afán mucbos años , y no.pone^ 
laoniía en cosa temporal, vo esücíl de bailar en este 
siglo. 

> { Ob qué alta iy, grande) fué' la virtud de los en^peradores 
£«91 y YuHaap&táhm en este láundo, y no. se tenian por 
geandes, pues solo estímabaO'^la^virtud, yrsolo se precia- 
ban de amar á los vasallos, i 

fie la 'Sabiduría deConfucio decía un discípulo suyo : tLa 
doi^na de mi maestro: oada 4ift me. parejee mas admicar 
ble y mistwiosa: procuro con todas mis fuetzas pen^aarU, 
yaíempre«me patece mas pcolunda : intento- ponerla «lUe 
mis Qjos, y alpuBio>por lo suül se me desapaceGe : en 
toda es ungular; en easenar guarda, método; en persua- 
dir á«la .virtud mtt^ve een goan .suavidad ;:aon el eonodo 
baee que^o me ejereite en.todas las virtjades, ^y con lo 
bwve jf icqqapendioso metcempeie'á que praatique lo* que 
dadbueno,be,adqi|icído : laniprendado eato;^ de alja » que 
aunque quie9a,.no puedordejar los libros de mi/mano ,. y 
aunque be empleado todo mi ingenio en alcanzarla « iw» 
ballD'CaminO'pam compcenderU* > 



374 RIYISTA DE SSPASa, BE IlfDUS Y DEL EXTRANJEBO. 

Para enseñar que en el camino de la virtud se debe lie* 
gar hasta el fin, usa Gonfucio de este símil : c Si yo quisiera 
hacer un monte , y después de mucho trabajo , faltándome 
solo una espuerta de tierra , dejara la obra » claro está que 
sería vano é inútil todo el trabajo; y si en tierra llana pre- 
tendo levantar un monte , aunque cada dia se aumente 
poco» si persevero, sin duda se acabará : si desisto del 
trabajo, quedará imperfecta la obra.» 

En alabanza del emperador Kung añade Gonfucio á lo 
dicho antes, c Fué padre y madre de los vasallos ; goberná 
sesenta años y murió á los ciento diez de su edad, ha-- 
biendo personalmente visitado todo el imperio ; fué el oc- 
tavo emperador.» El emperador Yan excluyó del imperio á 
su hijo Tang , y dejóle á Kun : era este labrador en los 
montes llamados Lie Kan ; huia de las honras y dignida- 
des, y estas parece que le buscaban ; lloraba mucho, por- 
que por mas que hacia , no pedia granjearse la voluntad 
de sus padres, de una cuñada y de un bermuio menor; 
quiso la cuñada quitarle la vida, y aunque llegó esto á sus- 
oídos , ninguna queja dio de ella. Hecho ya emperador, 
olvidó de todo punto aquella y otras injurias que habia re- 
cibido. De Yu refieren también las historias grandes cosas. 
Lo primero y principal que hizo fué desaguar la tierra, 
pues las llanuras se hallaban anegadas , ya por efecto del 
Diluvio universal, ya por efecto de uno particular que hubo 
en aquella región. Por los años de 2388 , hubo uno en 
Achaya, llamado Ogi Güen : por los de 2580, fué el do 
Deucalíon, que inundó la Tesalia : pudo haber otro seme- 
jante en Ghina; de cualquier modo que sea. Fu hizo 
desaguaderos y zanjas para que corriese al mar teda aque* 
lia agua y quedase habitable la tierra. De él, dice Con- 
ñicio : 

cNo hallo cosa digna de repreiÉision en el emperador Yu r 



BE GOHFÜCIO. Z18 

«ra parco en la comida » muy religioso en loa sacrificios 
'Ofreridos á los espíritus de cíelo y tierra ; en el vestido hu- 
milde» aunque era precioso el que usaba en los sacrifi- 
cios; en palacio era sencillo» pero él se mostraba muy 
diligente en hacer fosos y estanques para guardar agua de 
que aprovecharse en tiempos de sequia» y para agotarla 
en tiendo de lluvias; fué verdaderamente meno&preciador 
de si mismo, y finísimo amante de su pueblo.» 

El emperador iCun^ » no haciendo caso de su hijo Kag^ 
dejó el imperio á Fu* Sabido por él el cargo que le hacían» 
se huyó y escondió; pero descubierto y hallado por los 
reyes, fué puesto en el trono* Entre las co^as particulares 
que de él se cuentan, es una el gran cuidado y facilidad 
mi oirá todos. Para cualquiera que tuviese algún negocio 
y quisiese acudirá él, mandó hacer un tambor muy gran- 
de en el atrio del ptdacio, con orden de que los que pre- 
tmdiesen uidiencía le tocasen , pues al oirLe salia al punto 
y recibía al que deseaba hablarle. Un dia« mientras comía, 
lo tocaron diez veces, y otraa tantas se levaiitó de la mesa 
á dar .audiencia^ Estando otro dia en el bañQ» tocaron tres 
veces el tambor, y otras tantas se vistió y salió á despa- 
char á los que habían tocado* Prohibió, ngoüpsan^nte el 
. vino, y desterró al inventor de él. Cuentan las historias chi- 
.nas que ansa tiempo llovió oro tres dias continuos; pare- 
ce que con este lenguaje, muy propio de los chinos , se 
jquieredar á entender la abundancia y .riqueza de su rei- 
nado. 

«El pradente, porque lo previene todo, decía Confucio, 
no queda turbado en los sucesos; el perfecto» porque en 
todo se conforma con el cíelo, de nada toma pena; el 
fiíerte y valeroso no teme aunque tenga la muerte delante 
•de sus ojos.» 

Deeía Gonfudo : «¿Hay quien exhorte á la virtud? Pues 



376 REVISTA DB ISPAÑA, BSHIPIAS Y DEL EXTRANJERO. 

el mejor medio es eonel bii8nfe}emplQ;iquieaasi eskorlft- 
re, teodrá seguro 'el premio; quien .lo «ontrario bicMre, 
tendrá seguro el otstigo. 

» Ver la TÍrluden atgmot ha de serentmdiendo queíla 
suya propia no üegia á ella; Ter la ealpry'Vicio>del;pcé^ 
jimo, ha deiserccimo'quieniiietela Bianamaguahirvíd»- 
do. Mirar al virtuoso ha de ser con ánimo y deseo de jmi<- 
tarle. Mirar al malo , sea primero metiendo la mano oneu 
peeho , y examinando «i hallan en élia-culpa que nota en 
el prójimo. n 

> Quien ofende ai cielo, no tiene á:quian pedir perdón»^ 
Las máximas morales y poUticas que hemos citado de 
Gonfucio, y de algunos de sus discipulos, son baataatas 
para damos una idea de sos principios miníales >y .poUli- 
cos. Desde luego todo su sistema politice estaba fundado 
en el respeto á la -virtud y en la suma perfeociom moral éel 
encargado del gobierno y dirección del Estado » asi como 
toda su moral se reducia á un amor «tneoro á la Tírtud, 
consistiendo esta en un desvelo sumo por el bien de los 
demás hombres, en un respeto profundo áJa justicia, -y 
en la práctica constante de cuanto la raxon puede i«spi- 
rar á un ánimo puro y exento de pasiones. Para Gonfu- 
'CÍO la virtud era Dios, y la amaba , no por su origan^kinoy 
que quizá no comprendía, sino por su benwasora propia. 
Nada se descubre en sus máximas que nos dé á entender 
haber tampoco tenido idea de la imsertalidad del alma, 
ni de los premios y castigos en otra vida; Las formas^po- 
litrcas á que se refieren sus máximas , eonsieten«en la mo- 
narquía ó «I imperio, y todas -estas se enoaminan ¿que^el 
emperador gobierne con justicia, saerifieéndose porel 
bien de sus subditos, y dedicando á egteob}6to todea ios 
cuidados , todo su estudio, todo su anhelo y todos los ins- 
tantes de su vida. Bn estcí han estado de<ae«eKdo con Con- 



IU& eomnmo. 377 

ÍQcio los amantes de la monarquía , que han creído siem» 
pre que en la prudencia y sabiduría del rey, y en sus do- 
tes personales, podían fundacsa la .dicha y prosperidad de 
los pueblos sometidos bajo su cetro : por eso el cuidado 
con que se atendia á la educación moral y religiosa de los 
principes, cuyo plan era uno de los mas importantes de 
Estado. Según indica el mismo Confucio en varios lugares, 
su sabiduría estuvo reducida áxojoiprenderj perfecciona! 
la.dootrina de los antiguos sabios del imperio , que él es- 
tudiaba y meditaba incesantemente. 

Anaya. 



»i<»»»M»frH>»»i»< 4 < W^hl <W > » i'*»W »i«K.Í< W ' > »W»i ' M.i<»8» 



RECUERDOS 



de 



LA GUERRA PE LA INDEPENDENCIA. 



Sería injusto el decir que los prisioneros de guerra es- 
panoles detenidos en Francia » por mas ó menos tiempo, 
durante la guerra de la Independencia , fueron » como ta- 
les » maltratados en la generalidad. Lejos de eso» puede 
asegurarse que en aquella época no había nación alguna 
en Europa que tratase mejor á sus prisioneros : quizás nos 
acercaríamos mas á la verdad , si dijésemos que ninguna 
los trataba tan bien. 

Verdad es que sus pagas eran reducidas , pero eran su- 
ficientes ; y si se considera que el numero de los partici- 
pantes componia un ejército de consideración » que solo 
consumía sin producir» que pesaba sobre los recursos del 
gobierno» ; aumentaba al mismo tiempo sus cuidados sin 
prestarle ningún servicio, no se extrafiará que no fuesen 
mayores. 

No nos proponemos el entablar comparaciones ; mas 
bien nos proponemos el evitarlas» porque no vemos que 
con ellas lisonjeariamos nuestro orgullo» ni como españoles 
ni como individuos de la gran liga europea contra el Em- 
perador de los franceses. Pasaremos pues por alto el exá- 



ASCOBIKDOS DB LA GUIRBÁ DS LA IlfDBPKNDBNGlA. 379 

men del trato que experimentaron los prisioneros en po« 
der de les naciones aliadas. 

Casi desde el momento qne los prisioneros entraban en 
Francia, marchaban con entera libertad y» á lo menos los 
oficiales , eran alojados en los pueblos : también la tropa-, 
cuando su número lo permitía. 

En los depósitos, los oficiales, en su principio, no te* 
nian mas incomodidad que la de presentarse á la revista 
de comisario una tez al mes. Después, en consecuencia' 
del admirable arrojo con que se repetían las fugas , aun 
desde los puntos mas internos , y muchas Teces con éxito, 
se les obligaba á pasar lista , mas ó menos frecuentemen- 
te , según hts circunstancias. Fuera de esto, eran dueños 
de todo su tíempo, que podian desperdiciar, como hadan 
muchos, d emplear útilmente, como hadan bastantes, 
en extendí sus conodmientos, ó ea aumentar los medios 
de su manutendon. 

La residenda por algon tiempo en on depósito de prí- 
sfoneros, fué, durante la guerra de la Independenda , la 
piedra de toque que puso en descubierto el carácter ver^ 
dadero de aquellos á quienes cupo esta suerte. Abando-^ 
nados á sus instintos, sin ocupaciones impuestas , satis-^ 
fechas las necesidades indispensables de la vida, dueños 
de elegir entre la ociosidad y la voluntaria apltcadon al 
trabajo, y exentos de toda inspección inmediata sobre su 
conducta , alU los hombres , particularmente los jóvenes,, 
entregados á su libre albedrio, natnralmeote cedían al^ 
impulso de sus indinadones, y la naturaleza se presen* 
tal)a en ellos en toda su desnudes, sin mas modificadones 
que las que la educadon ó los hábitos hubiesen introdu- 
ddo previamente.- La consecuencia forzosa de esta situa-^ 
don fué, el que al paso que muchos ofidales volvieron á 
la patria aptos para servirla ^ para abrirse una honrosa^ 



RBViaXA. m MMÍH, N INDIAS tYOBLiWIftidimO. 

«arrorB enelmiuide^ porniediO'dedMftMoeHnieiitoS'^* 
quiridos ó extendidos en la hQ]gÉQ<a^^d^'ftodestÁei!ro,.nii]-> 
chos otroa,y en uuineiio «i^yor., «e iiüutiUuvon - para 
stenipre, tanto para 86rTÍriá.au< país cono para servíraei i 
si misoiíos. 

De los que se propusieroo iaproveekar del .liasipo .<[U6 
la smerte é^é enteíamenteiauí'arbitfio» ^nartos lo emplea- 
nm en pn>poTdonarse recorsos para aliviar eua priva- 
dones; pero los jnas, para. honor aea dídio de toda la 
olasa, se dedicaión ¿ lapsender ó perfacciaiiHr aonocí«- 
mitiiloa,;G»D|ra)aplioaGÍeirpiMÍtea6hAe«rloa«iiridia maautí- 
lea en ei ejerotcio jle ia profesioii milílary.úxktnifi.á<fae el 
destino hnbieaede llamarlos» Y es^AsevTacianiíeeliajio 
solo pornoBOtcos* sino pormachoeá cpifeiiealieaios'Oido 
díacurrireobre este asunto, qne á muy poco .tieiQpOi des- 
pués» de la paz habían des^piveeido caai eiileraiiM9ite del 
ejército todos aquellos oficiales que en los dcpdsiios de 
prisianeEos se haUan abandonado á:la ociesidad ; y .por 
el ccmlrario, aquellos que ibabian • seguido, disÜAla roeA- 
duota, eraa los úníec» que se eneontrabaa en las ttaa, } 
de ellos moefaofr se pueden todaYÍa3eñalar«.que'ban ocb«« 
padoú ocapan dtoB puestos en. la milifnay otros jdi^ttr- 
tamentos del Estado. 

BiD todos los {deposites , ademaa 4e les. gmpos de des ó 
tres individuos, quaseTeMiiaD ean el objeto de ense&inaa 
jDoittta, ^ formaban. aotidemiae formalea, sostenidas, por 
la esoaaa sdasvifáoB cpialos qae asjétian .á<«)laá.peMÍie& 
•QweeMrdasu&Miias nrgieitteatteeesidadet. Aai^ por c^jei»-* 
ploi, .tu li!ludoBa*^ttv«tSaone ae coatitban des á tres de 
«DatedkálieaSi otnas ftaiiias de eeglia(ia,«iMi dedibujory 
varias daiáetíca, idiQma&,raftá8Íeay ete..fil restado detinai 
deslitttoiüm en* cpae ee haUeban ios<a8piraites.aLsa]ater,;efa 
flany &vaBable-áisu& núras , puesrel paao<qiie |ioiiía;£Mieiii 



BBG0tt»OS DS LA. GCBñKJL M Vk imfSPKommik. 381 

de* su alci»ee lo» tf^leient^s^ pam la dinpacioii , les ooníee* 
dia todo^eltienorpo neeeaario para el estudio 7 la reflexión. 

Pop otra parte, aunque la 6so»se¿ de reoorsos les. iñ«- 
pedia Iseomúnteaoion con las clases elevadas^de la*socre* 
dad 9 éiiHigemo de aquellos qae estovieron dispueatos á 
acomodarse é las^costombree j modales de los habitantes, 
lesftlftd on'circnlo ime ó méflosextenrdido^ en d<n)de pu- 
diesen disfttftarde las- ventajas 'y aan placeres del trato de 
las gentes. ¥ este ctrculo se hallaba en las clases que por 
esiupiglialliidnte distantes de la opuleTicia y de la- desti* 
tueioa , estaban exentas^, tanto de las fórmulas estudiadas 
y embarazosa etiqueta de los magnates , como de la re*- 
puisiva gros^a y corrompidas oostumbres de los prole-* 
tartos : en las olases^en doirde óBbe buseai^e el carácter 
nacional de todos les países, y laespecie de sociedad^que 
mas acomode al gusto aposición del que la desea. 

Empero aunque los pnsiOBeros de guerra en Franela 
disfrutaban, en medio de las escaseces de recursos con-> 
eigoieiites á su situación , def la» ventajas que hemos indi* 
cado y otras , al fin eran prisioneros ; y no siempre podian 
hbrarse dé algunas vejaciones y> aun insultos, particular- 
mente de parte de las c)ases< pobres , que en todas partes 
odian á todas las demas^, y aUi ser declararon enemigas^ 
en la generalidad, de los españoles, bajo el pretexto de las 
exag^adas- relaciones que hadan los soldados y lc»s peñé- 
reos, de las crueldad ee de que eran victimas los franceses 
en España^ 

T^imbien tenian que sufrir algunas vsfces las demostra-^ 
dones do rencor de losnuevos comcriptoSf qucfinnados 
porla siiei^e á seguir la'profesion*d6jdsvalientes, ^luerian 
ha^ermyfflsttyo contra: enemigos desarmados > ¿ntes de 
encontrar eon blkneo»'qm*resfHmd0n; denlos soldados que 
ragresriían de la Pentosula ^y atravosabm los depósitos, 



R|E¥1STA DS XWAÑA, VK INBU8 Y DBI. £3LTIUk9iSRO. 

que qumaa vengarse de lo que en Eq^a habiaB sufrido, 
sin tomar en cuenta lo que habían hecho sufrir é sus ha- 
bitantes. Contaremos uno de esos episodios que de cuan- 
do en cuando turbaban la monotonía de la vida de los ofi- 
ciales prisioneros, de la manera que aconteció á varios, de 
•cuyo número formábamos parte nosotros mismos. 

Tres ó cuatro de ellos, pertenecientes al depósito ya 
mencionado de Cbalons del Saona • salian una tarde de 
visitar la iglesia de la aldea de San Marcelo , situada á la 
inmediación de aquella linda villa , y las ruinas adya- 
centes del antiguo monasterio de que fué superior el cé- 
lebre Abelardo, cuyo primer sepulcro estuvo en dicha 
iglesia, donde se conserva una inscripción laudatoria, muy 
pomposa, en honor del religioso amante. En esta inscrip- 
ción no se hace mención de él , mas que como hombre de 
insigne piedad, ilustre en sus escritos, y sin segundo en 
todo género de ciencias : nada se dice que tenga alusión 
á las aventuras , verdaderas ó fabulosas , que le han hecho 
mas famoso que todos los alcances posibles en su üempo 
en la carrera del saber. 

Después de haber caminado en silencio por algún tiem- 
po, de vuelta hacia la villa , uno de ellos entabló la con- 
versación, haciendo alguna reflexión sobre el héroe men- 
cionado. 

fSe puede decir, dijo otro, que Abelardo y Heloisa 
son para los francesas , lo que para nosotros los amantes 
de Teruel. La misma popularidad gozan los nombres de 
aquellos aquí, que el titulo que se dio á estos en Espa&a. 
Lo particular es, que al paso que todos los franceses co- 
nocen á sus amantes por sus nombres, sin que, la mayor 
parte sepan donde vivieron , son pocos los españoles que 
saben cómo se llamaron los amantes de Teruel.» 

cEn cuanto á popularidad, respondió otro, creo qua 



BK01IBAIM>S DB LA GOBRIU DS LA INBBPSMBKNCU. 385 

U de nuestros amames es mucho mas general ; y debe ser 
asi, porque sus aventuras son mas propias para excitar y 
sostener el interés , son mas romancescas, y están al al- 
cance de todas las edades, todos loa sexos. Las desgracias 
délos amantes franceses son de tal naturaleza, que la me- 
moria de ellas no se hubiera trasmitido mas allá de su ge- 
neradon , si no hubiese sido por sus famosas cartas. Con 
estas cartas Heloisa y Abelardo, ó quien quiera que las 
escribió, revistió á sus infortunios con el carácter de no- 
vela que no podían mantener por si. » 

cY aun con las tales cartas, observó el primero, y á 
pesar de su elegante dicdoii latma , todo se hubiera ol- 
vidado, si alguno no las hubiese traducido en elegante ver- 
so francés.» 

«Cierto» dijo uno de los interlocutores, y de estos 
versos franceses se hixo una traducción en muy buenos 
versos espaik>les , que basta ahora poco han aprendido de 
memoria todas nuestras damiselas sentimentales.» 

Entretenidos en tales conversaciones, nuestros prisione- 
ros hablan llegado al arrabal de San Lorenzo, cruzado el 
hermoso puente sobre el Saona que lo une á la villa , y 
entrado en esta por el anchuroso muelle, cuando les llamó 
la atención la circunstancia, de que siendo aquel sitio muy 
frecuentado por los españoles , como paseo el mas cómo- 
do y alegre del pueblo, no se veía entonces ni uno solo, 
y antes al contrario la presencia de los recien llegados. 
parecía atraer las miradas misteriosas de los grupos de ha- 
bitantes que allí babia, y que hablaban como dándose 
cuenta de alguna ocurrenioia extraordinaria. 
. Apenas habían hecho la observación , cuando una joven 
francesa que iba en dirección del puente , haciendo un 
circuito con el fin de aproximarse á donde ellos se habían 
parado, les dijo con ademan suplicatorio : «Retírense usté- 



394 RUTISTA Um B8t»ÁftA, B8 m&ÍA^ Y Mt IXIttíLfCIBlM) » 

d6»> señores; véyunseá bu» éaMsr. Los húsares andiui por 
lus oaHes maltratando á los asifmfiolas^. » ¥ sig^d su eaitiuio 
procípitadamente. 

Había entrado en Chalóos^ en aquel dir una gruesa -par- 
tida de faAs^res del námero 4, que desde Espafia pasa- 
ban al norte de Francia. Bstto^s fanüsanis, que en el éjérato 
del general 9achet', ya maríseal y duque éé la Albufera, 
no se habían dislinguidbsmo por seren-Cataluia y Valen- 
cia menos valientes y mas sanguinarios y rapaees que nin- 
gunos otros soldados-dei Empei«dor» apénaasuqpieipon que 
habla en el pueblo depósito de pmioiieroB españoles, 
cuando deolararoh suderterminaeion de molestarlos, y asi 
lo hicieron. Asi que se hubieron atojado*, y se vieron en 
libertad para discurrir por las calles, se desbandaron por 
ellas Tecorriéndolas con los sables desenvainados, ysaeu- 
díendocon ellos á los españoles- que encontraban-, que 
fiitilmente Qonocian, por cuantoae precisaba á estos á lle- 
var en sus sombreros la escarapela roja; prorumpiendo 
aV mismo tiempo en los mas indaccntes improperios con- 
tra eilos y su nación; 

Por fortuna los desenfrenados húsares habían manifesta- 
do* síntomas de isn disposición mdigna, desde los primeros 
momentos de so, entrada en el pueblo : y esto babia des- 
de luego alarmado á los prisiow^os, quienes conoci^do 
las desventajas de su posición se habian mantenido aterta 
en lo general , y recogido á sus casas á las primeras seña- 
Ibs dé rompimiento. 

Alguno» hubo sin embargo que, como aquellos de 
quienes vamos hablando , ó menos preeavidósr ó ignoran- 
tea del^peligro, dieron en él-sin pensarte', y se vieron ro- 
deados por grupos de una soldadesca "desordenada, que á 
empilones y golpes de sus saMes, y con los raasMles de- 
nuestos, les obligaban' á dirigirse á una prisión pwrrísio*- 



BBC1JBRÜ0S DE lA 60KIUIA ÜI LA INOIPÉHDBIIGIA. 385 

nal qoe servia para los casos levas ó noctamos de polida 
urbana , y allí los encerraban. £1 hecho de ser admitidos 
en aquella prisión, que se conocía con el nombre de le 
violaUf indica unapariicipaoion de lá autoridad, que no lle- 
gó á saberse si fué connivencia ú otra cosa. 

Paisanos holgazanes de la plebe, mujeres curiosas y 
muchachos acompañaban ¿ los húsares, á veces como 
simples espectadores, otras haciéndoles conocer á los es- 
pañoles que pasaban desapercibidos, y algunas también 
tomando parte activa en la persecución y mal tratainiento 
contra las descuidadas victimas. 

No llegó i haber escenas de sangre ; el por qué no es 
iádl concebir : pues por mucho tiempo los húsares estu- 
vieron en posesión de las calles sin que las autoridades 
interviniese, y cerró la noche antes de concluirse el des- 
orden. De sus resultas quedaron algunos españoles muy 
mal parados, y muchos fueron rudamente arrastrados al 
violón, en donde pasaron cerca de veinte y cuatro horas, 
siendo asi que no habiendo infiringido las órdenes que re- 
glan en el depósito , no debió habérseles detenido por mas 
tiempo que el necesario para su protección , si tal fuese 
preciso. 

Dejamos ¿ nuestros paseantes en el muelle y en perple- 
jidad. De esta les sacó pronto le confusión de voces y mo- 
vimiento de. gentes, que indicaba que por el otro extremo 
de la explanada se acareaba lo qoe no podian menos que 
tener como de mal agüero, después del aviso que acaba- 
ban de recibir. Por un impulso natural emprendieron su 
movimiento en dirección lo mas opuesta al riesgo que 
permitía la localidad , llevando cada uno de por si la in- 
tención de dirigirse á sus posadas por las calles mas excu- 
sadas que se les presentasen. Pero fué inútil propósito : 
apenas hablan doblado* la primera esquina , cuando una 
T. xtíi. 25 



torba^ como la qoe describínu» ñas ambt , •apareoiendo 
de improviso , los toúbó , y coh tti&cim empujones y vo- 
cerío los condado ó mas bien airaatró al viriom. ' Abnáse la 
fruerta apenas llegaron , y redbéendo alii el úUhbo y mas 
fuerte empellón , entxsron dando traspieses hasta ehocar 
con la pared opuesta ^ y iquedaron presas. 

EcK^ontraronen el violón eomo cma doeena, y otaos Un* 
ios ocmtiaaaron entrando ; cerróse la nodie, el cons^^ 
entró á encender un farol coi^o de ia pared ^ salióse sin 
decir palabra, cerró la puerta tras sí, y baste la «ainna 
siguiente, y sin mas comodidades que las que ofrecia vm 
labiado decaerpo de fnardia, quedaran abandonades á 
sus veflenooMs y ia incerlidombre nataval en sa sitnaoíott. 

Tampoco la las del día desvaneció esta «neerttdombM, 
y horas y iioras se pasaron sin alteración, á pesar de que 
los húsares habian continnido su nuirctia desde muy teaa- 
prano. Al fin las pnerias se abrieron y se lee 4fO<que se 
. fuesen á sus casas, sin-mas salásfaccíon que la que üevabn 
consigo on nscado que les envió el comandaflAe 4el depó^ 
sito , teniente de ia gendameria de á cabaljo', por medio 
de uno de los compañeros que habsa teaÍNio la buena snep- 
te de escapar sin ir al encierro. Este le dijo que loscrfeadí-- 
dos pcsisaban en haeer unarepresentaeim al ministro de 
la Guerra : c Que bagan lo qne les parezca ^dijo Mr. Ce<- 
rard, el comandante dicbo, pero que se «cuiden que uon 
pfísiesieros de guerra de los franceses , y que en ooalqmer 
cuestión en que estos sean partea aunque los españoles 
ienpn raaon» no se les dará;! 7 ailadió con nn juramen- 
to, « que aunque se les diera^ siempre perderían.» 

Con tal anuncio, y depaite de autoridad competente, se 
emrvencteiDn de q[ue el mqor partido que podían tomar 
-era el de olvidarse cnanto antes del susto, los nM>giconesy 
la mala noche. 

A. R. C. 



necrología 



de 



IDq <1}(D3IS J|kü^;^lD^lB(|> i% 



Por no baber podido obtener antes datos precisos y cir-p 
eoBstamiUdoB aceroa do la juventud y estudios de este ex* 
coleóte patricio» no hemos cumpUdo hasta ahora la obli- 
gación, sagrada para nosotros, de dar á conocer su distin- 
guido mérito y seiatedas virtudes á las personas que no 
tuvieroD la dicha de tratarle. La circunstancia que acaba- 
mos de indicar probará al mismo tiempo, que no somos ca- 
paces de olvidar los ser vici os prestad os á la patria y á la causa 
de laUb^rtad por aquellos beneméritos ciudadanos, que ha- 
biendo dfljftdo de eustir, han asegurado por lo mismo los 
derechos que adquirieron al aprecio, á la gratitud, á la 
veneración de sus compatriotas. 

Sobre la tumba do este distinguido ciudadano derramó 
Ugriinas la aaiistad ; lágrimas que dieron el último adiós á 
sus inanimados recios. Y abora, cuando ya el tíempo ha 
mitigado en sos amigos la amargura del dolor , se compla- 

(1) En algunos periódicos de esta corte, del 19 de enero de este año, 
se ha publicado otro articulo necrológico del Sr. Landero. Gomo sea tan- 
ta la semefasfa «ntre aqaeilos j el qoe hoy poblicainofl , debemos decla- 
rar, que el nuestro bada ya bastantes días que estaba escrito, cuando 
se publicaron los mismos , y que no se imprimió antes por causas que 
no es del caso expresar. Hacemos esta advertencia, puraque no se crea 
que copiamof . 




i^.-- -. 



NEGROLOaÍA ht DON ÍOS£ LANfiJSRO. . 389 

En tal instado , y habiendo terminado sus estudios teo- 
lógicos, le sorprendieron los acontecimientos memora- 
bles de 1808. Como todos los jóvenes de aquella época, 
tomó las armas para correr ala defensa de su patria, y 
arrojar de nuestro suelo las huestes invasoras. Sirvió en 
clase de teniente en el regimiento de voluntarios de Va- 
lencia y Alburquerque. Pero tan buen patriota como buen 
hijo , tuvo que dejar el servicio militar para asistir y auxi- 
liar ¿ su enferma y anciana madre. Mas aunque como reti- 
rado dejó las armas, no por eso dejó de prestar impor- 
tantes servicios á la causa santa de la patria. Restituido á 
su casa , fué nombrado individuo de una junta denominada 
de Subsistencias , que tenía por objeto proveer al mante- 
nimiento, equipo y manutención de las tropas. Este cargo 
lo desempeñó con su celo y actividad natural ; con la que 
exigían unas circunstancias tan criticas. En medio de aten- 
ciones tan perentorias, y de tal cúmulo de obligaciones 
imperiosas, aumentadas algún tiempo después por haber 
sido nombrado alcalde, de su pueblo, se instruía en la 
práctica de los negocios judiciales al lado de un letrado. 
El plan de Estuclios vigente en aquel tiempo , autorizaba 
la conmutación de cursos de una carrera por igual número 
de los de otra, habiéndose hecho los estudios correspon- 
dientes de un modo privado, y sujetándose á un examen 
riguroso. Sin embargo, estas gracias se hallaban reserva- 
das á las Cortes, como que eran dispensas de ley, que se 
hallaban justificadas por las circunstancias extraordinarias 
de la ópoca. En 1811 obtuvo el Sr. Landero de las Cortes 
la permuta que deseaba , y en virtud de ella se revalidó 
de abogado ante la audiencia territorial de Extremadura. 

Algún tiempo después fué nombrado juez de primerains- 
tancia de Talavpra de la Reina , cuyo cargo desempeñó con 
sumainteligen cia^y con lamasimparcialyrigurosajusticia. 



390 REVISTA DE XSPAfÍA, ÜE llfDIAfl T DEL IXTRANJERO. 

A fines del mismo año, es dedr , cuando ila voetla del Rey, 
fué restablecido el régimen absoluto, mereció por ^is 
ideas liberales, que eran bien conocidas, la honra áe ser 
separado de su judicatura. Con todo , como en aqitel pue- 
blo era de todos singularmente estimado por su reetiCiid 
y humanidad , el ayuntamiento y varios vecinos dirigieron 
una exposición al Rey, solicitando la contimiacion del sefior 
Landero en aquel corregimiento. Pedian esta gracia como 
única recompensa por ios padedmientós que aquel pue- 
blo babia sufrido durante la invasión francesa, y singular- 
mente en !a memorable acción que sostuvieron nuestras 
tropas en las llanuras inmediatas á dicha péblntAcfn. Has 
con todo no fué posible en aquella época, que e( gobierno 
accediese á la instancia indicada, porque las eonoeidas 
opiniones del Sr. Landero eran un obstáculo insuperable 
para merecer la confianza de un gobierno suspicaz y rece- 
loso , que para cargos de semejante naturaleza no tomaba 
en cuenta la aceptación de los pueblos , ni la capacidad de 
los elegidos, ni sus virtudes públicas y privadas, ano te 
ciega adhesión de estos á las ideas reacctonarias de fas 
personas que eomponian aquel gobierno. 

Retirado en el pueblo de su naturaleza , eontinud, como 
siempre, mereciendo la confianza de sus coh vecinos. 
Esta le proporcionó desempeñar con singular acierto el 
cargo de regidor perpetuo , para el que fué nombrado 
en 1816, y que ejerció hasta el restaMecimiento del régi- 
men constitucional en 1820. Apenas verificado este cam- 
bio , fué nombrado juez de primera instancia de AlcAnfara, 
cuyo juzgado sirvió hasta el año de 1824, en qvte el go- 
bierno se sirvió confiarle el gobierno político do Is» pro- 
vincia de Cáceres. Para comprender la carga que sobre sí 
tomó el Sr. Landero, basta considerar la naturaleza de este 
destino , sus extensas atribuciones , y el desasosiego ge- 



Mnl» y las paaioiito piditieaa qoe.por tedas parte» ae de*- 
}abaoomaaer.Si»eaba90» en cuanto Lp.paniáfiui tai» 
csritkasiájreiiAstaiicíaay no hubo bien p^iaiUa ipie uo Jai- 
ciara en ki prcntineía que admhátíxd¡Bm : mfaiUYp en. aUa 
lapúbUentranquaidad, Talitodos&pera eonseg»irio, no 
de la faena, sina del crédito qee peraonelBueaite goaaba, 
y de la confianza que inspiraban su amoc á la joBlicia y au 
SQiferadon. Los esaúnos , loa eatatdecioúeaitos 4aarreedo- 
nales ,io& de kislmecíon y de benefiofaüda » faéreo obje*» 
tes da au especial predie^eion. Con todo ^ es< pi eciso con- 
fesar <pte las circQBBtaaem no panmtíamreetiaar cnanáo 
nepunban al Sr* Lasdcro a» celo patnético y ao aomr ü 
peía deaa nateeaieBa* No pudo evitar ^e }as enemigos 
deloda leiarma le señalasen como «m ebjeto de su odio; 
^perd temksdo todavía mas ka peraecaeidBe» polítteaa, que 
ieaan de temar de parte del gobiecno que eo 183& sucedió 
al const^odoaial , taro que. buseaor un a^Io em país, eatranr- 
jfíto f donde pear onee anoa comió el amarino pan de la 
eañgradoi^ Este largo periodo no fué perdido para ék 
porque en cierto modo saasonó s«& idea^, adquidriendo 
aqneHa fíieraa de conveoieimiettto jque en adelante lo dis- 
tingiiióen tedasnearrerapúUiksa. Basta entonces babia 
eabudiado el régimen constitucional en teoría; después le 
estodió en Ja practica de loa paiaea e^ibranierpa qne visitó. 
Gaaao.ecaB^uarsri, comparábalo ^eveia. y observaba, ean 
loque kabia.vis^ y observada en supaltf'ia, cuyas ciEc^unsr 
landtts especiales babtaeaamiaado á fondo deade el puea- 
tO'impoflaí^ en qne estuvo colocado. De asta cpppara* 
«ion pudo deducir» con el acierto que eorrespondia ¿ su 
tlusti3acion y claro atendimiento, laa modificaciones q}iQ 
eonveñáa introducir , al a^Umatap en mieatra tierra los prin- 
cifiM y laa forma» potttifyas que se> hallaban estableadas 
len laja e^Ltranj^». Por eso el &. Landero no fué nunca de 



BEVISTA DI BSf AÍA, DS ININIS Y hVL SXTBANJSBO. 

los que degamente pretenden introducir en su patria 
cuanto bueno han observado foeffa de ella , ni tampoco de 
los que por un orgullo mal entendido desde&an todo lo 
extranjero , aspirando á ser originales, aunque sea i costa 
del acierto. ¿No vemos cómo los primitivos ronumos fue- 
ron á buscar leyes á la Grecia, y cómo de esta tomaron 
hasta la literatura? 

En virtud de los acontecimientos ocurridos en nuestro 
pais , después de la muerte del monarca anterior^ pudo 
ya el Sr. Landero volver á su patria en 1834. A poco de 
haber llegado mereció del Gobierno que le nombrase ma* 
gistrado de la audiencia de Mallorca. Henos de un afio sir- 
vió esta plaza , para la cual era muy á propóúto por su 
extraordinaria rectitud y por su conocida capacidad. Por 
ambas circunstancias se hizo muy estimable para los hon- 
rados y pacíficos habitantes de aquellas islas, de las que 
quedó tan prendado, que muchas veces le hemos oido 
decir que las miraba siempre como su país favorito. De 
allí pasó á la plaza de regente de la audiencia de Barcelo- 
na, cuya regencia desempeñó poco tiempo, por haberle 
nombrado su provincia procurador para el Estamento 
de 1836. Vino á su puesto ; tomó asiento, y su voz se oyó 
en este augusto recinto , donde sus discursos fueron siem- 
pre los de un verdadero liberal , mostrándose razonador y 
veraz» hábil en las discusiones, ingenioso y aun sutil, como 
correspondía á la naturaleza de sus primeros estudios; ani- 
mado y aun vehemente en algunas ocasiones» cuando se 
trataba del decoro nacional , de la dignidad del Gobierno, 
ó de la independencia de su patria. Desde entonces cor- 
respondió al partido político eminentemente liberal , al 
que sus adversarios dieron, por vituperio, el nombre de 
exaltado , sin considerar que en el patriota es la exalta- 
ción una virtud , y cuyo partido ha sido después con mas 



mCR0L06ÍA BK DON I0&£ LAII0EM. 395 

propiedad designado con la denomioacioii del progr^o 
amstítaeional. Desde aquella fecha siempre «e mantuvo 
fiel i sus banderas, sia separarse de ellas jamas, pudm- 
do decirse que murió abrazado á las mismas* Como hom- 
Inre de principios, no le hadan variar de opiniones un ac- 
cidente particular t ni aconleeicnientos 6 circunstancias 
pasajeras. Lleno de un intimo convencimiento , tenia fe en 
el triunfo i^ifi&i^lvo de los principios liberales, y no se ha- 
llaban sus ideas á merced de sucesos transitorios, y que 
pudieran de diverso modo explicarse. 

Tuvo una ocasión memorid)Ie en que acreditar la ente- 
reza de su carácter. Disueltas las Cortes de 1834, que se 
conocen generalmente con el nombre de las Cortes del 
Estatuto, y convocadas otras en 1836, para las que, como 
hemos dicho , fué nombrado el Sr. Landero , ocurrió , á 
poco tiempo de instalado el nuevo Estamento de Procu* 
iftdores, la dimisión del ministerio presidido por el señor 
Hendizabal, y la entrada en el poder del presidido por 
^ Sr. lsturiz« Contra este íütimo ministerio se presentó 
desde luego una proposición, que equivalía á un voto an* 
tkápado de censura. El Sr« Landero, v<itando en esta oca- 
ñon según los impulsos de su conciencia, votó, á pe^ar de 
ser ominado , contra el. ministerio « que inmediatamente 
lo separó de la magistratura que tan dignamente servia. 
Con este motivo tenemos una satisfacción en recordar, 
que igual fué la conducta que observaron otros diez y seis 
empleados , dignos Procuradores del Reino* Disueltas es^ 
tas Cortes, en las que siguieron fué nombrado el Sr. Lande- 
ro Diputado por la provincia de Barcelona. 

En agosto de 36 fué llamado para desempeñar el mi- 
nisterio de Gracia y Justicia. No necesitamos recordar los 
sucesos que precedieron al ministerio presidido por d 
Sr. D. José Maria Galatrava , y la situación en que se ha- 



391 REVISTA M USlNJkAi^ DB ÍI9DIAS T BIL ISnUNJERO. 

liaba ^tónces el Rcin&iodo. Por eso'pueáe déarsé^qo» 
la gran empresa á qae debia apUearae eite mhiitlma^ sim 
nada ménoa qu^ la de reccmiütoir el Gobtemo j él Sstsúia^ 
y todos los ramos de la adininistmcion pid^lksa. La imtia^ 
dplina de an cuerpo de esta guarnición ftié castigada oe« 
eneijia y de un modo ^empiar : no.maáiánm muchas 
horas entre unactade rebelión, que ocurrió c&i uno de los 
cuarteles de Madrid « y el fiístlamiento dé laspiinQipales 
autores de éU después de juiEgádos ysentencMKk» con£ar<- 
me á la ordenanza militar. Puede deoirse que la eneqifi 
manifestada entdnces por el Gobierno restabieei^ la disci- 
plina en todo el ejército, tanto mas neceaiNria en medio de 
ima guerra civil, y cuando podia aquella considerarse i00«- 
mo el primer paso para asegurafr dafinitiramente el <Sfdeu 
público y el imperio de las leyes. 

Restablecida la Conatítodon sancionada p^r las Core- 
tes generales y extraordinarias de Cádie en nstarzo de iSii» 
pareda neoaaario restablecer al mismo tiempo dertasleyuts 
particulares y decretos, que eran el compleaMUto de la 
ley poUtiea, é indispénsabtes para la ejecueion de sus {Mtís- 
cipales aTti«ul<os. Bra necesario, en viata del largo tteiQa)M> 
que hid^ia u^aeciirrido desde la expe^GMáoQ' de aquatkaa 
leyes y decretos , proceder en esta parlé eonsumo»deteRl- 
mienio y prudencia; y el ministro de Gracia y Justicia m> 
desmintió estas cualidades, resuMeeiendo Anieanvente 
aquellas disposiciones qui^ laa círcünstaneias eirigioi, lo 
násmo que la aplicación de la teíy ftmdamenHal. RestaNe^ 
dó principalmente acfuellas leyes relatítas i la libertad d- 
vil de los ciudadanos, á su seguridad personal , á la pronta 
sustanciadon de las causas crtmmaies, y ala bueuaadmí- 
nistradon de justicia. Uno de los decretos mas importan- 
tes que entonces fiíéron revalidados, fué- el de 27 de se- 
tiembre de iffiO^ que suprime toda clase de vinculaciones; 



ifKcnocoGÍA' me w>n losá íiAIVMvo. 365 

medtdú impürtttirtfsinift , que es mi# d» fos beiMfieíos mas 
indisputabies d^ nuestra reTohHáo», y tal que bwta e) es^* 
pfritü dé reaedóDÍ ha temáo qm rscdiMiQepk) y qisfr resp»» 
tarto. No d^aroti^para efflo de tenerse pyesvatas^las modi'* 
ilesEekmes que réquiem» el bien d>a tas fitailías « is justieia 
y el deseo laudatbte de editar Crastoriios jF^tietes. Las con-^ 
secuencias de esta tey , asi coma tea OQeBtBen^aáqnfrpii^ 
(BéároB dar lugar, quedlaron íataetas 7 reaarfades para las 
Gortes : eeo la oitlsBiia eiveciiispeccioD ppaeedkí el. Miaistr» 
Tcspce ta de seAories. 

* En aquella época de confasioii y de genend dúdocacioa 
puede d€k»ne ^e se hiAtobar éttfwpeeida la adannistra^ 
cion de justrda en los jtragados y tribiuiaieB. El MíDistro 
se empeñé, y coi^sigttié en^ breve, que las:taaportante9fiii>*- 
cienes de los juzgadores contínuaseB- so enrae paciftco y 
sosegado, qne á los gritos de >as pasioneS''su«e(líie8elaTOz 
gnrre y aogusta de la-jusfiCTa, y los Mío» de jueces y msh^ 
gistrados impasíMeS'. Se preireyepoii sin dikckm todas las 
-vacantes, atendienda* para ello al niérito y á tos servicios 
contraídos en tan honrosa carreta. E» esia parte no pedei 
negarse al Sr. Landero el triimto deatábanua qoe merece 
por su rectitud é mpareia^ad' , por hfetwr sabido des^ 
prencfierse de las pasiones inherente» á ledo hondure de 
partido. Baste éecir que preptfso^ á S» II. para^ magiecratu^ 
ras á personas que todavía anas contin^n admhifstra»áe 
feslScia, y otras recibfezrdto areeatraa de la confiaazftiqpie 
mereceír al aetuat- fiaUnete. BUseó la rectitud y el saber^ 
eoalqniera qae fbese el bonde p4lMee e» que talas prHi* 
das haltase. Por desgnum es esto muy varo en tiempo dt 
revueltas erv^d. Haeíéndose muy suíperier ¿ las pawMrrt 
de la época , y para que- siempre se bicíesen las pravisie^ 
lies con el aderto conveniento, creé ima junta eiMargada 
de prefmrar el arreglo de toa tríbimales y juagadas, y á la 



386 REVISTA BK SftPASÍA« DI INPMS Y r>Wh B^TBANJXRO. 

que , después de fijadas por el Gobierno las bases, y esta- 
blecidas las condiciones que debiau reunir los magistra- 
dos y jueces, se pasasen para su examen y calificación las 
causas y expedientes en que se hallasen consignados los 
servicios y anterior conducta , tanto de los empleados, 
cuanto de los que aspirasen á serlo. El Ministro deseaba 
sinceramente acertar en esta materias ; queria renunciar á 
todo poder arbitrario , y no proceder por acriminaciones 
vagas, hechas de una manera general é indeterminada»; Su 
fin último en esta parte era llegar á establecer la inamo- 
vilidad que estableció la Constitución , y que es tan nece- 
saria en los jueces y magistrados : esto no podía ni debia 
realizarse, sin examinar antes y reconocer como dignos á 
los que hubieran de perpetuarse en la carrera de los juz- 
gados y magistraturas. 

A pesar de que el Código penal se hallaba sancionado 
desde 1822, no se atrevió á restablecerlo desde luego, el 
St. Landero,, sin introducir en él aquella» reformas y me- 
joras que el tiempo hubiese sugerido , y sin allanar todos 
los obstáculos que se oponían á que con beneficio del pú- 
blico y de la administración de justicia fuese puesto en 
ejecución. Estas consideraciones lo decidieron a reservar 
á la deliberación de las Cortes asunto de tal importancia, 
y á crear una comisión, compuesta de personas familiari- 
zadas con los principios de la legislación , prácticas en la 
nuestra, y enteradas en los adelantamientos hedios en 
otras naciones, que con urgencia se ocupasen en perfec- 
cionar el Código penal, y en formar el de prQcedimientos 
criminales en armenia con este. El Código civil, cuya 
redacción estaba encomendada á una comisión espe- 
cial, se hallaba concluido y en disposición de presentarse 
al Congreso. Has el Sr. Landero dejó en suspenso estos 
trabajos, hasta que, publicada la nueva ley fundamental 



IVK0ROLO<¿ÍA DE DON JOSB LANDIRO. 397 

que se preparaba, pudiera dicho Código ponerse en eom- 
pieta-armoDfa con ella. En estos trabajos mostró el mayor 
celo é interés, como que anhelaba sacar nuestra legls-' 
lacion del inmenso caos que la ofusca , evitar la multitud 
de pleitos , los abusos de la curia , y facilitar la expedita 
y recta aditainistraoion de justicia. Para olio meditaba sus- 
tituir á los derechos y emolumentos óe los subalternos de 
justicia unas dotaciones fijas , y crear un nuevo papel 
sellado de diferentes valores para las demandas y con- 
testaciones , autos de prueba y sentencias. Mas la penuria 
del tesoro público , y el detenimiento y pulso que exige 
una reforma de esta naturaleza , le hizo no decidirse á 
practicar nigun ensayo hasta haber meditado bastante la 
materia y reunido todos los datos que deseaba. También , 
los tenia pedidos para corregir y enmendar la ordenanza 
de los tribunales , y formar la de los juzgados de prime- 
ra instancia. Pero la inquietud de aquellos tiempos y la 
corta vida de su ministerio le impidieron llevar á cabo es- 
tos proyectos y otros que meditaba. 
' En los negocios eclesiásticos se propaso por norte de 
su conducta sostener con dignidad las regalías de la co- 
rona , conciliando estas con el decoro que se debe á los 
ministros del Altary con los sentimiefitos religiosos del 
pueblo español. Si se mostró severo con los prelados que 
abiertamente favorecían la causa del Pretendiente , y con 
los que abandonaban el báculo pastoral para empuñar la 
espada homieida, trasformándose en verdaderos caudillos 
de una rebelión armada , se mostró al mismo tiempo hu- 
mano y piadoso , asegurando á todos los'^eclesiástioos que 
se hallaban separados de sus iglesias, una parte de sus 
rentas para so decorosa subsistencia. Trabajó incansable 
en él arreglo del clero; pero con circunspección y pru- 
dencia , no perdiendo de vista las circunstancias compli- 



REVISTA JW fl»ASA» »& BOMAS Y BCLUHANJERO. 

oftias de It ^^^^ea^ y la aitoaaon cniiea éü fiobieroo de 
qve fiínmaba parte. Aabetando porqm casase la viuda» 
dé algunudáécesis 'defispate y se caliMse la iaquielad 
Ae ks eoneiendas , suspiralMt , eamo biiea espaáíol y «Jiú- 
UEñUtmeínlje fMiólico » porque cualesáfutem fue fuesen las 
i^elaciones del Gabinete de llaArid con el Sobesmo tofli* 
poral de fioma, no se intefrumpiesen las cfue dsbia manlec 
ner ia iglesia de España oon elffete del catoUcismo y padre 
común de ios fieles. 

Macho btttttera hecho , ya como iudividuo del Gabíiiete« 
ya en las atribuciones propias de su mini&tmo ,. si ka cwv 
euAstancias políticas de ia nackm. y el objeto <eiclosivo de 
la guen» oiWi • que todo se hallaba cometido , no hubiese 
impedido la reaIisa<¿on de los pensamiegajtos que le oc«h- 
paban. Res|)^oto de los días en ^ue subió al poder» deóa 
coa mocha pro^dad, que en ellos la nave del £stado 
zoiobraba 1^. medio <le furiosos combates : no cnaemos 
que sea esta oeasiim oportuna para reparar y embellaoer 
una nave, que amenasa estreilarae con toa las rocas ó se«- 
pultacse en los afaisflaes del mar. Por esto y por haber sido 
«n ministerio de corta duracícm^ no prodo>o todos los 
preciosos frutos que debían esperarse ^ su capacidad» 
de stt ihistracion y de su pairioüsmo. Coa lodo , tuvo la 
gloriado <|ue su nombre quedase asociado á las grandes 
reformas de que aun goza la J>iacioB, arlos pmnoípaleB y 
mayones beneficios que la misma 4ebe al régimen repre^ 
sentaÉiv^)^ p>or haber «ooperado ja\ reslabledmÁento <de las 
leyes rekiii»s á diezmos, síiayoraEgos, seaofios, encar- 
nación de bienes nacioaiales « eitmcion de las órdenes i«- 
Ugioaas y oirás muchas. 

Varios proyeotos importantes, y entre ellos principal- 
mmte el nakti^o al arreglo <lel clero seeakr, fueron pre- 
sentados i les Corles: pero los sucesos tan coaocidós de 



NICKOLCMZÍA m ftOIT lOSÉ LAUGSlMO. S99 

Ar^aea'iii^pHdffilroB5afei«lizack>n,0Uiglu)dofdiia^ 
de qoe formaba pacte' el SF^Laaderor ¿ptoeeotar m diM«* 
9ion. late ministórío^ eompiiiealodd:eapa&ole&b<Hirado4 y 
beneméritosvde. ciadadaBX)sproboa , aiaaiilfBS:d& »2 p^iria y 
de sufleina^iresignéelí^odcar, tmiendojúl^^ 
^Parlamenlo , y oBereáesdo vam entera eODtittnsade laeii- 
toncas Reina .6d>6nBadofa. &iíi conduota fué JtiQUe , eoigao 
dietada por fai tddí gacion sagrad» de aoatoaer el deoc^ y ta 
dignidad del Gobierno ^^ y de eearvir leal y fielaiente ala na^ 
ói(m y á la Reina» Abcademaron el poder deade. el momento 
ffae eomprendiéron que en. ói no podha.pnaslar útUe$ 
setiáotoSf y lo abahdonaron porque eniéi>ces)ysteoipare$e 
han mocado dispueftos á sacrificarlo .todo por tan caros 
ebfetos , méitos Ubetiir8.>Procédieron conlealtad españoiiu 
y dMoron un ejeinplo insigne de abnegación. 

No podemosi dejar de. citaran Jbiedtio, que conilideramas 
como el mas inpofrtante y glorioao del loinistario. á que 
eorrespondié el Sr« Landero.Sn nombre ae lee ai pié de 
la ley fandask^nlal que la Nadoo se dio en 1857. Nada 
tenemos que decir deeste Código^ laonumeato ya hiató*- 
rieo,.qiie:los.bembrea mas diatiaguídos de todos les partía- 
dos ban jatgado ventigosamentet y que todo3: aceptaron^ 
fil partido aoderiado, ppr boca del Sr. Martines de la Rosa, 
declaró q«e la obra, aunque ejeeiilada por otras manos, 
se había foormado con sos propias doctrinas. En efecto, 
nadie, podrá negar al ministerio de aquella época, que 
tanto influjo «ier cid en el ánimo^ de las ocoistitayentes , la 
gloria de haberse desprendido de toda preocupación de 
partido, y de haberse mostrado á la altura. de las doctri- 
nas de la ciencia política. La obra de 1831 fué tal, qne aun 
alterada ^ y si se quiere desfigurada en la de 1845 , todaviíi 
en esta' sé oouécen los dniientoa* fais propoirciones y la 
distribución de las ptftéa que. distinguían aquel magnifico 
monumento. 



400 RIYISTA DE KSPAf^A, Bl VXOUñ Y DEL EXTRANJERO* 

Retirado al Sr* L4mdero á la vida privada, en ella me- 
reció también la confianza do sus condodadanos : en las 
Cortes que siguieron á las constitoyentes fa¿ nombrado di- 
putado por la provincia de Madrid. En 1839 mereció la 
honra de ser nombrado senador por la provfaicia de Cá- 
ceres, que le habia propuesto en tema para este cargo, que 
desempeñó hasta la total renovación del Senado en 1843. 
En esta época también tuvo la honra de ser separado de 
la plaza que servia en el tribunal supremo de Justicia, que 
obtuvo tres años antes. Conocidos son do todo el mundo 
los acontecimientos de aquella época , y el cambio tan ra- 
dical que produjeron. El Sr. Landero , hombre de princi- 
pios fijos y constantes, no pudo transigir con lo que creia 
en oposición á su deber y á su conciencia , y an lo con- 
signó en el acta que se extendió en el tribunal supremo 
de Justicia , y que se halla en la Gaceta del 30 de julio de 
aquel año. Con él fueron separados otros cuantos dig- 
nos magistrados del mismo Tribunal, y por igual mo- 
tivo. En 1847 fué nombrado por S. M. senador vitalicio, y 
tomó asiento en este respetable cuerpo, en el que, como 
en todas partes, defendió el orden , la justicia, los intere- 
ses nacionales, ia libertad y la independencia de su.patria. 
El último discurso que pronunció en 11 de marzo ante- 
rior contra la autorización que el Cobierno solicitaba para 
suspender las garantías constitucionales, es una prueba in- 
signe de esta verdad. Ya entonces hizo esfuerzos muy su- 
periores á su quebrantada salud, pues hacia tres meses 
que sentía agravada una dolencia que de repente se le 
habia manifestado. Los sucesos que por entonces ocurrie- 
ron, afectaron visiblemente suánimo; y la muerte inespe- 
rada de un sobrino , á quien tiernamente amaba, hizo de- 
caer su espíritu, dejándolo en el mayor abatimiento. Con 
todo, hizo un esfuerzo extraordinario para hablar en el 
Senado, y este esfuerzo desarrolló una enfermedad, que 



VEQñOU^ÍA DS DON JOSÉ LANOIRO. 401 

ya desde antóoces se manifestó imponente, obligándole á 
guardar cama. Sus amigos rodearon su lecho» y le prodi- 
garon to4o género de andados. Animaban con esperan* 
sas el ánimo abatido del enfermo ; mas este no partieípaba 
de aquellas, y se disponía para el trance terrible , como 
hombre eminentemente religioso ^ y de verdadera y sólida 
piedad* Siendo ineficaces todos los auxilios del arte para 
contener los progresos del mal, falleció el día 9 de junio 
del año anterior , en brazos de sus mas fieles amigos y de 
su excelente y desconsolada esposa. Su funeral se celebró 
con decencia, p^ro sin pompa, siguiendo en esto pun- 
tualmente su voluntad. Las personas mas distinguidas de la 
corte, y los hombres mas señalados de todos los partidos, 
tributaron con su presencia un pisto bomenaíe, debido á las 
virtudes del ilustre difunto. Sus restos mortales descansan 
Bñ el cemmterio de la sacramental de San Nicolás, cerca 
do los de sus esclarecidos amigos Aagüelubs y Galáthavá. 
El Sr. Landero fué siempre fiel á las banderas del libe- 
ralismo, bajo las cuales habia siempre militado. En su 
conducta privada se <Ustinguiótoda su vida por la nobleza 
y dignidad de su carácter, por su bondad, por su sinceri- 
dad^ por sus modales afables, y por el candor con que se 
expresaba en el seno de la amistad. Los disentimientos 
poUlícos no le hicieron nunca alterar en lo mas mínimo 
sus relaciones privadas, ni fidtar á ellas. Era tolerante, 
cuanto es posible sodio , y respetaba todas las opiniones 
que se sustentasen con honradez y decoro. Como hombre 
pcdifieo amaba el orden, porque sin él consideraba posi- 
ble todo, menos la libertad ; amaba el urden por los hábi- 
tos de justicia que le hablan inq^irado los estudios de ju- 
risprudencia , y el ejercicio de judicaturas y magistraturas, 
y porque lo miró siempre como inseparable de la libertad. 
Queria toda la latitud posible en el ejercicio de los dere- 
T. XIII. 26 



402 REVISTA DE ESPAflTA, DE INDIAS Y DEL BXTBANJERO. 

chos políticos ; pero no mas que la posible , es decir, la 
que fuese conforme á la Índole y circunstancias especia- 
les del pueblo español. Consideraba el Gobierno y la ins- 
titución de la dignidad real como protectores dé la verda- 
dera libertad , y establecidos , no en provecho de clases ó 
personas determinadas, sino en beneficio del^pueblo. Sus 
doctrinas administrativas y económicas eran seguramente 
mas latas que las políticas, teniendo en consideración la 
índole y necesidades del pueblo español. Reclamó siem- 
pre , como muy esencial y efectiva , la libertad municipal 
y provincial, que miraba como un beneficio sólido, segu- 
ro, y al alcance de las clases ínfimas de la sociedad, que 
ni en la nuestra , ni en ninguna se puede decir que go- 
zan de derechos políticos. Esta consideración dirigió su 
opinión cuando se discutió en las Cortes la célebre ley de 
Ayuntamientos. No es esto decir (|ue quisiese convertnr, 
según se escribía por aquel tiempo , á los pueblos de Es- 
paña en repúblicas confederadas ; sino que quería, en cuan- 
to se referia á la administración de sus intereses locales , to- 
do el ensanche que exigen la justicia y la conveniencia. Su 
circunspección en cuanto al ejercicio de derechos políti- 
cos estaba suficientemente compensada con sus opiniones 
enteramente contrarias á la centralización administrativa» 
que consideró siempre como una mala importación fran- 
cesa , detestada en aquel mismo país bajo la monarquía 
de Luis Felipe. Tales eran los principios de progreso que 
sirvieron siempre de norte al Sr. Landero; en ellos podrá, 
si se quiere, haber error ; pero nadie podrá negar la leal- 
tad y buena fe con que en púbUco y en reunimies priva-* 
das sustentó siempre las doctrinas de orden, de libertad y 
de progreso justo y legah 



fSSMII«NE®4l}SMiaM&flS4»«^}9«4«J8B»G»4&864»^ 



EL RIO DE LAS AMAZONAS. 



NOTICIAS Y ACLIMATACIONES ÜTILKS PARA ESPAÑA. 

Hay en Europa un misionero que también ha marchado á 
América p$ira llamar el comercio y la navegación á una 
tierra de promisión que él les muestre en el nuevo mun- 
do* Ha^oe muchos años que el señor D. Vicente Pazos, 
cónsul general de las repúblicas americanas del Ecuador, 
Solivia y el Perú, va, como en otro tiempo Cristóbal Co- 
lon, de un gobierno á otro diciendo , ya á los soberanos, 
ja á los ministros, que si la navegación con velas ha dado 
Á los pueblos marítimos de Europa las riquezas que reco- 
gen en las costas de la América del Sud , la navegación al 
-vapor está destinada ápropocionarles cosechas mucho mas 
copiosas , entregándoles los productos del centro de aque 
continente, en donde la fecundidad del suelo es mayor que 
en ninguna parte del globo. Para lograrlo se trata de po- 
nerse en comunicación con las repúblicas en cuyo nombre 
se presenta el señor Pazos, remontando con el auxilio del 
vapor elírio de las Amazonas, que boy se tiene por navega- 
ble por los buqpes mayores hasta la embocadura de uno 
46. sus mil afluentes, en el Bajo Perú; es decir, á cerca de 
jnil leguas marinas de su embocadura. 

La Francia se halla parti^^ularmente en estado de poder 
recoger los frutos de esa navegación mediterránea por su 



104 REVISTA DB ESPAÑA , DE IUDUS Y DEL EXTRANJERO. 

posición de la Guayana , tan felizmente situada en la em- 
bocaduras del rio de las Amazonas ; y en Francia es tam- 
bién donde el señor de Pazos se ha dirigido con mas ins- 
tancia , primero en 1840 á M. Thiers , que á la sazón era 
presidente del consejo de ministres, y después á M. Gui- 
zot , y sucesivamente á los ministros que ha habido en el 
departamento de la marina durante el largo ministerio 
del 29 de octubre. 

No tenemos necesidad de decir que M. Thiers desechó 
los proyectos del señor Pazoa. Entonces s<do ocupaban la 
atención las ideas continentales , y aunantes han echado 
raices demasido proftuidas en el pais , pareciendo que el 
interés que la navegación inspira lia quedado en la super- 
ficie solamente , y que no tienen la menor solidez. El se- 
ñor Pazos no desmayó ; volvió á la carga al advenimiento 
del actual ministerio, y ha obtenido de este áltimo la 
promesa de ocuparse activamente de su proposición, 
cuando se organizase el servicio trafttiántíco. 

En el intervalo de este cambio de correspondenoia con 
los diferentes ministros , el señor de Pazos tuvo ia feliz 
ocurrencia de dirigirse directamente á S. M. Luis FeMpe, 
y pudo hablar á S. M. del inmenso destino que el porve- 
nir reservaría al comercio y á la navegrcion de la Francia 
en el rio de las Amazonas. Probablemente debemos á esa 
entrevista la exploradon del río hasta cufitrooientas leguas 
de su embocadura por la cañonera de vela la Bulonaixe^ 
y una misión llamada científica en ei interior de América 
que H. de Castelnau acaba de desempeñar con tanta inte- 
ligencia como valor. íbamos á obtener una segunda expío-» 
ración mas completa, mas extensa que la primera, y que 
debia hacerse por la navegación al vapor ; pero las difi- 
cultades que hemos suscitado en la costa de África entre 
el gobierno del Brasil y el nuestro » con nuestra infundada 



EIi lao DE LAS AMAZOIfAS. 4 OS 

pretensión de establecer una geodarmeria marítima, exk-^ 
cargada de perseguir los buques brasileños declaradoapi-- 
ratas por Bnastra autoridad privada y por nuestro antaio» 
han puesto un obstáculo á esa nueva eispedicion , y la han 
retardado, si no aplasado indefinidamente» 

Debe sear tanto ma& sensible ese contratiempo , cuanto 
que M. de Gaateinauaeaba de descender el rio de las Ama- 
zonas hasta el Para» sükaado á menos de tOO kilómetros 
de mar , después de Ip^aber reconocido el rio nave^ble 
por bofues mayores desde la ciudad de San Joaquin de 
Omaguas f la de Sayaracu en el Ba}^ Perú. 

Ya babia hecho d mkmo viaje , antes que él » un o&ciai 
de la fragata inglesa Samarang^ el teniente Smith, que se 
propoióa asegurarse 9 dúeeél en el prefacio de sn relación, 
de loa miMUos da poner el Océano AÜáatíco en comunica- 
áoB navegable con el rio de las Amwonas. Loa planos y 
cartas que ese oficial ha levantado, no dejan la menor duda 
sobre el ilenerario que debe seguirse y que está tratado ; 
no hay quo tom^ ya pérdida de tiempo ; ningún peli^o 
desconocido : el derrot^o de Para ó de Cayena á Onagnas 
y Sayaracu es tan fácil para un navegante, como del Havre 
ó Naifes á Para ó Cayena. 

Comparece , á lo menos en cuanto i la ñaapoftancia co- 
mercial con la gran misión de La China « qne tan feusia- 
mente ha vraido i patar en una negociaeioin , una misión 
nmebo nMia modesta, que habría ccmsistido , como está 
pidiendo el señor Pasoa hace seis aios^ en ir desdo laGua- 
yana, remontando el rio de las AmaxonaSt hasta loe pner- 
toa de ese ño , en donde hoMera fidtado el fondo para la 
grande navegacton. 

Tal ves no habriamoe eonoeido también laa salaas cbi^ 
ñas : no aalnrianM», ooask) nos lo han dado a oonocer ks 
correspondenciaa poUkadaa por les diarios daPuris» la 



406 REVISTA DE ESPAÑA, DB INDIAS Y DEL EXTRANJERO. 

composición délas comedias chinas; pero en cambio, co— 
noceriamos , y nos hubiera costado mucho mas barato, 
ochocientas ó mil leguas del curso de un rio, cuyos afiuen- 
tes habrían puesto los productores franceses en relación 
im comercio y de cambios con el Ecuador, el Perú y Bo- 
livia, Estados americanos, cuyos ricos productos mueren 
en el suelo por falta de comunicaciones posibles con lo& 
puntos^de embarcos á destinos europeos. La Guayana fran- 
cesa se habría hecho la llave de un inmenso intercurso- 
en que se hallarían conglobados los puntos del Brasil, 
de Bolivia, del Alto y del Bajo Perú , y del Ecuador, situa- 
dos en una y otra orílla del rio de las Amazonas, ó bien á 
los que es fácil llegar por los afluentes de este río. 

Los informes de M. 6uy de Taradedel , comandante de 
la cañonera Boulanaise^ hablan dado ya una idea de la ri- 
queza de las producciones que ofrecen á nuestros comer- 
ciantes los paises del centro de la América del Sud. M. de 
Gastelnau ha venido á dar mas valor á esas descripciones 
mágicas y hablando de las cantidades de algodón y tabaco, 
cacao, zarzaparrilla, vainilla, añil, etc. que se podrían 
extraer de aquellas regiones, en donde tan buscados son 
los productos de fas fábricas europeas, especialmente los 
objetos de hierro , acero y zinc. 

Hemos mencionado en primera línea el algodón y el ta-» 
baco , porque el interés del comercio , y aun de la política 
de la Francia, de consuno con el interés político del resto 
de la Europa , exige que se cree una concurrencia á los 
productos similares de los Estados- Unidos, toda vez que 
el monopolio del abastecimiento de algodón y tabaco ai 
comercio y la hacienda de los Estados de Europa tiene 
á estos últimos bajo una desventajosa, dependencia de la 
Union americana. Esa concurrencia es especialmente fácil 
de fomentar y desarroyar por la navegación del rio de i» 



EL BIO DE LAS AMAZONAS. 407 

Plata y sus afluentes por una parte , y por la del rio de las 
Amazonas por la otra. ¿No es curioso observar que con 
nuestras intervenciones políticas ó filantrópicas tratemos, 
por el contrario, de perder las simpatías de los pueblos 
que dominan las embocaduras de esos rios? 

Volviendo al informe de M. de Castelnau , menester es 
la fe, que en efecto no puede uno menos de tener, en su 
celo y adhesión^ de que tan evidentes pruebas da el cum- 
plimiento de su misión , para creer las maravillas de la 
producción de que él mismo ha debido ser testigo. Entre 
otros pasajes de su informe , ha llamado particularmente 
nuestra atención el siguiente : 

f Llegamos al hermoso valle de Santa Ana , tan abun-- 
dante en cana de azúcar, en café , cacao y coca : este úl- 
timo producto es allí el mas precioso, porque mientras 
que las riquezas que acabamos de enumerar se pudren sin 
recoger , por no poder ser esportadas á la costa » el coca, 
al contrario, alimento necesario ai indio, halla siempre 
una venta fácil. Con algunos puñados de ojas de este ar- 
busto, y sin maá provisiones, estos hombres emprenden 
ttn viaje de ocho y aun mas días. No dudo que en una épo- 
ca , que no está lejana , ese producto ha de ser muy bus-« 
cado en Europa ; sobre todo , me parece útil á los mari- 
nos, á quienes pondría al abrigo de los^ horrores del ham- 
bre, tan frecuente en los viajes de larga navegación. » 

Según el señor de Pazos, el coca no es inferior en nada 
á la patata : es una planta del Perú, cuyas hojas tienen en 
alto grado la& cualidades nutritivas, aromáticas y estomaca- 
les. El cultivo de esos arbustos data desde la mas remota 
antigüedad del imperio de los Incas. Divinizado por los 
indios aborigénes del Perú, el coca es considerado aun 
hoy por sus descendientes como un alimento da primera 
necesidad ; sp uso es tan general en las regiones del Alto y 



408 REVISTA DE ESPAÑA, BB HfSlAS Y DBL BXTRANJERO. 

del Bajo Perú , que el trabajador de las minas, el bracero, 
el artesano y el viajero se alimealan casi exclasiyaoiente de 
coca; 7 eso se concibe fácilmente, porque ese producto, 
de fádl trasporte, no tiene necesidad de otro condimento, 
y basta mascarlo para extraerle el jugo y el aroma. Así, el 
cultivo del coca está muy estendido en la parte oriental 
de los Andes peru-bolivianos , en donde se coge cada cua- 
tro meses » y forma la riqueza principal del departamento 
de la Paz, desde donde es trasportado i los mas pequeños 
lugares de las repúblicas de Solivia y del BqoPerú, y aun 
en la parte Alta de la confederación argentina. 

¿Ya á dejar el gobierno francés en las catacumbas de 
sus archivos los preciosos datos deM. de Castelnau, sobre 
la navegación del rio de las Amazonas , y sobre los recur« 
sos que esa naveg;ACion ofrece á los cambios de nuestro 
trabajo nacional , y también al desarrollo que pueda to* 
mar el intercurso comercial de la metrópoli con esa colo- 
nia de ia Guayana? Parece que lo teme el señor de Pazos, 
porque le vemos que acaba de poner sus miras en Bélgi- 
ca, dirigiéndose al ministro de negodos extranjeros de ese 
reino, en solicitud de un vapor de guerra para remontar el 
río de las Amazonas hasta Omaguas y Savaracu, ciudades 
del Bajo Perú situadas á orillas de afluentes de ese rio, que 
las ponen en comunicación con el interior á grandes dis« 
tancias. 

Las compañias que se encarguen del servicio trasatlán- 
tico entre la Francia y el Brasil, ya tengan su punto depar« 
tida en Nántes ó el Havre, ya en cualquier otro de nuestros 
puertos, no deben perder de vista los recursos que les 
proporcionarla una linea secundaria que se dirigiese desde 
Cayena i Para y á lo alto de las Amazonas. Seria fácil i ia 
linea principal venir á la Guayana francesa y ponerse alM 
en comunicación con su anexa , pues bastarla salir de Rio 



BL RIO DB LAS AHAZOBAS. 409 

Janeiro para volver á Europa , hacer escala sucesivamente 
en la costa del Brasil , en Babia , Femambuco y Marañen 
para bajar desde este último punto á Cayena, desde donde 
seria el punto de partida de la travesía tras-atlántica. 

Tres ó cuatro dias, á lo sumo , añadidos asi á la longi- 
tud de la linea , hallarían una amplia compensación en los 
recufsos comerciales que ofrecería la escala intermedia, 
punto de reunión de los pasajeros y de las mercancías 
procedentes del centro de la América delSud y délas ori- 
llas del río de las Amazonas. 

(De una Rev. extrang.) 



SILVA 

(Inédita.) 
En loor de loi ílurtret poetas leviUanoi. 



De florida verbena y verde oliva 
La cana sien ornada , 
Sus puras aguas con murmurio ondoso 
Vertía el padre Bétis, y en tranquilo 

Y sesgo curso la ribera amada 
Fecundaba gozoso, 

De púrpura pintado el suelo herboso, 

Do la ciudad sagrada 

Del libio domador fué levantada. 

El bullicioso coro 

De ninfas, ora en la caverna umbría, 

Con giros mil en torno le rodea; 

Ora en la margen fria 

Al airo sueltos los cabellos de oro. 

El valle de alelíes matizado 

Con mil danzas recrea. 

El tímido ganado 

Allí zagalas llevan y pastores , 

Y de olorosas flores. 
Entrelazadas con el mirto bello , 
Esmaltan su cabello : 

Y en placer inocente, 



SILVA DE DON FÉLIX JOSÉ REINOSO. 411 . 

Y en cantar apacible, no estudiado , 
Al campo dan y al viento sus amores. 

Tal vez la ovosa frente 
Levanta el sacro rio embebecido, 

Y escucha el canto y el tañer suave, 

Y otra ventura desear no sabe. 
Mas Febo esclarecido, 

Que á Hispalis alma destinado babia. 
De cuantas vegas con su lumbre dora 
En el vandalio suelo, 
Do su divino plectro sonoroso, 

Y celeste armonía 

Al ibero mostrase venturoso ; 
Desde el sereno cíelo 
A Bétis mira, y muy mas alta gloria 
En los futuros siglos le predice. 

cSerá un tiempo, decía, 
» Será un tiempo felice, 
1 En que con alto vuelo tu memoria 
1 De tu mansa corriente 
i Las náyadas saliendo, los subidos 

> Sones repetirán, y en troncos duros 
'Entallarán los versos aprendidos : 

> Y de laurel y rosas 

> Guirnaldas adornando , por su mano 
» Les ceñirán las sienes venturosas. 

> Mas no con tono errante 
1 El plectro sonará en capricho vano : 

> Un varón sobrehumano 

> Aquí será, que acuerde los sonidos , 

> Y leyes dé al que cante; 

> Que cual el docto Lacio^ 

> Habrá también la Bética un Horacio. 



412 REVISTA DE ESPAÑA, DB INDIAS Y DEL EXTRANJERO. 

> Y á los que enardecidos 

> La cítara sonante 

> Mover emprendan al afán glorioso 
1 Alentará un Espirtu generoso (1). 

> El de la patria en el augusto templo 

> De la justicia santa 

> Oráculo será : y á los mortales 

> Con su canto inflamando, claro ejemplo 
» A la lira dará , y eterno nombre : 

> Y con osada planta 

> Por la escabrosa via 

I Los llevará, por do á la cumbre alzada 
>Treparon ya los héroes celestiales. 

> Asi el alto renombre, 
» A él concedido solo , 

» Gozará de llamarse nuevo Apolo. 
lEn duro hierro atado» 

> Con el rostro anhelante , 

> Allí el tiempo fugaz extiende en vano 
>La planta destructora, 

• Y el ala bate con afán insano, 

> Por entrar ti recinto soberano, 

> Que de muerte y olvido exento brilla. 
» Ni con vuelo inhumano 

i Consigue arrebatar el sacro nombre 
1 Que á los siglos llevado, el orbe bonofa, 

> Y en ara permanente invoca d hombre. 

(1) cD. Juan de Arquijo, veinlicuatro de Sevilla, no solo eleganUsimo 
» poeta sino el Apolo de todos ios poetas de Espaft», á los cuales honraba 
imacho, y jamas censuró ¿ niogaoo ; ánies siendo muy rico de rema, que 
»beredó de su padre, en comía de 18,000 ducados de renta cada año, 
> los favorecía con excesivos dones y donativos.» Rodrigo Caro, en su 
M. S. de ios claros Varones en ielnis, naturales de Sevilla. Este elogio 
está impreso en el tomo ix del Parnaso E^añol, por Sedaao. 



SUUTA lyK DON fÍ&IX JOSÉ RraNoso. 413 

> Los ojos alza á la región dichosa 

> El claro Bétis, y su honor futuro 
1 Gontempia»arrebatado. 

» Allí en bronce luciente, 
» Que la inmortalidad ha consagrado, 
» Y que embota los filos de la parca y 
» Grabados ye los nombres vencedores 

> Del ilustre Rioja , de Cetina^ 
»Del Marcial anddnz, del elocuaate 

> Pacheco y otros mil. El alto asiento 
«Advierte , que en celestes esplendores 

> Almo Febo destina • 

t Cual genios superiores 

>Del ibero Parnaso, al sacro Herrera» 

> T al que de dos pastores 

> El áspero lamento 

> Cantó , dorado Tajo, en tu ribera. 

> Violo Bétis gozoso, 

» El cristalino vaso suspendido, 

9 Que vierte la onda pura : 

» Y el campo florecido, 

» Y sacro muro de ffispalis glorioso 

» Baña en curso espumoso , 

> De perlas milfy rosas revestido : 
» Y las sonoras aguas apresura , 

> Porque á Neptuao digan su vmitura^ 

> Eterna pasará de gente en gente ; 
1 Y en el opuesto polo 

>Tu nombre, del olvido victorioso, 
«tonará, y tu ribera ftoreeíenle 

> Envidiará el Eridano y Pactólo. 
» Si ; ya los héroes veo , 

• Que dentro largos años por la suerte 



414 RBVISTA DE ESPAÑA, DE INDIAS Y DEL EXTRANJERO. 

> Destinados te son » cuál de Eliodora (1) 
>En tus amenos prados 

lEl dulce nombre suena, en la canora 

> Cítara repetido, 

iDel que su ardor á Pindaro , atrevido 

> Ha de robar, y al soberano asiento 

» Del claro Olimpo el verso numeroso 

> Levantará esforzado ; y á su acento 

> Aun Jove , el almo Jove estará atento. 

> ¡ Oh, salve veces mil : salve, glorioso 

• Vate inmortal! Por ti el sagrado coro, 

> Por ti el licor sabroso 

» Que el alto Helicón riega , ya olvidado , 
» Renovara del Bétis en la margen 

> Del Parnaso la gloria. 

> Tras él Aminta viene , el tierno Aminta , 

> Y en mirto coronado 

>EI gracioso zagal, en tu llanura 
1 Sobre la verde yerba no pisada, 

> A los pastores cuenta reclinado 
>Su trabajoso amor y su ventura : 
>Y cómo dejó el Adda, enajenado 

> Al eco dulce del marñl sonoro, 
>Que enfrenará tu curso cristalino, 

• Al acento divino, 

iPor quien del gran Lucano 

> La trompa suena en idioma hispano. 

¡ Oh cuántos genios , cuántos 

• Excelsos genios, de mi ardor movidos, 

• La lira pulsarán suavemente 
•En deliciosos cantos ! 

• Mas ¡oh! levanta, Bétis, ¡oh! levanta 
(i) Bajo este nombre celebra Herrera k la condesa de Gelves. 



SaVÁ BB DON PBLIX JOSÉ RSINOSO. 415 

> La esclarecida frente « 

•Y mira ya conmigo la ventura 

> Que gozarás feliz. Hispalis alma : 
tOye, entiende tu gloria permanente. 

» ¡ Ah! la gloria inmortal que te asegura 
t El sacro pecho herviente : 
» El pecho la asegura , estremecido 
»En un nuevo furor y prodigioso, 

> Cual jamas ha sentido : 

> Oid, lejana gente , 

> Mi sacra voz y espíritu adivino, 
>Y de Hispalis el nombre glorioso 

> Escuchad en silencio reverente , 

> Do la Escena elocuente 

>La Hesperia ve nacer. Con larga mano 

> Su encanto delicioso 

>Aqui las Gracias vierten , y al humano 

> Inflaman en aliento soberano. 

c ¡ Cuál en festivo zueco el genio ibero 
» Al alzado teatro sube ufano , 
lY el vicio y necedad alegre mofa! 

> ¡ Cuál, oh, con faz risueña 

>En ingenuo solaz al hombre enseña, 
» Y en risas mil suaviza placentero 
» Su vivir lastimero ! 

> Esfuerza , oh sacra Fama , 

» De tu trompa el aliento sonoroso , 
lY del ínclito Rueda el nombre ilustre 
1 Al mundo anuncia en vuelo presuroso : 

> Y cuanto espacio de mi pura llama 
1 Recibe claro lustre , 

1 Del sabio ingenio adore la memoria, 
lY de Bétis admire la alta gloria.» 



316 RSVISTA DK UFAfi^, DJK UfDUS T DBI. BXnAlfJUO. 

Habló Febo, y con rayo laminoso 
El ancho templo esclareció» do el hado 
Cubre en escuro velo 
El laaro y sacro asiento destinado 
A los héroes que el cielo rutilante 
Produce en tardo vuelo. 



»N» t^ t'U M ^ t w g^i>¥i^%<^^4^mm^<>m><^<4m^<4m'>^^^ 



SOBRE LA INTERVENCIÓN 



Si^iS ^®W3^^^Q (S^'Q®Q£i(S^Q 2S7 1&®SQ^. 



Creemos hacer un obsequio á nuestros lectores tras- 
ladando aqui íntegro el excelente artículo sobre la 
intervención de las potencias católicas en Roma, pu- 
blicado en los números 261 , 262 y 263 del periódi- 
co La España 9 que por su extensión, no menos que 
por la manera fundamental con que en él se trata este 
punto de tanto interés en el dia, nos parece muy pro- 
pio de una revista. La recientísima noticia de la aper- 
tura de la Asamblea constituyente romana, llegada 
á Madrid cuando ya estaba dado á la prensa dicho ar- 
ticulo, y publicada la primera parte de él, le da mas 
importancia; y el discurso ministerial pronunciado 
en la primera sesión de dicha Asamblea, en el que se 
T. xui. 27 



418 REVISTA BB ESPAÜA, VE IlfüílAS Y SIL EXTRANJERO. 

presentan ya sin máscara los demagogos romanos» 
viene á corroborar los argumentos del artículo, y á 
mostrar que su autor no se engañaba en nada de 
cuanto dice sobre Roma. En la Crónica Extranjera de 
este número pondremos íntegra la referida sesión de 
apertura de la famosa constituyente. 



La situación de Roma , según las noticias recibidas úl- 
timamente, se hace cada dia mas grave y complicada. La 
revolución sigue allí los mismos pasos que en todas partes, 
y si no hay quien la contenga, hará la misma carrera que 
tofdft» las reroiudones, alterando empero, cuando su tér- 
mino haya llegado , no ya las relaciones de los subditos 
con su príncipe en el corto Estado pontificio, sino las del 
jefe de la Iglesia, con todos los pueblos y gobiernos cató- 
licos. Observadores atentos de esa singular revolución 
desde que le abrió las puertas la incauta clemencia del 
actual Pontífice, bondadoso en demasía, hemos deplora- 
do la ceguedad de estos gobiernos, que no previeron des- 
de el principio tan inmenso peligro , y no se apresuraron 
á cobjurarlo , cuando acaso p<^ia lograrse con el solo 
medio de saludables advertencias. Algunos de ellos» tal 
es nuestro modo de ver, han pagado ya la pena de tan la- 
mentable imprevisión , porque Roma cristiana no se con- 
mueve sin que se conmueva el mundo : p^o al íln todos*, 
con mayor ó menor escarmiento, deben de, haber cono- 
cido hoy, por lo que se trasluce, la necesidad de interve- 
nir en aquella región súbame , para reponer en ella como 



SOmm LA iKTSRVElVGIOlf DS LAS POTENCIAS EN ROMA. 419 

e» áebído la graii lumbrera de la cristiandad ; y si mere- 
cen crédito documentos oficíales publicados en las perio- 
dos, la España es quien poniéndose á la cabeza de las 
naciones católicas, ha enarbolado el honroso pendón d¿ 
esta nueva- cruzada, contra los sacrilegos profanadores 
de la santa ciudad , patria común de los fieles. La gloria 
que por tan insigne acto adquirirá íu gobierno será in- 
marcesible. 

Masf tratándose de intervención , no será fuera de pro- 
pósito que examinemos : primero , el derecho con que 
puede hacerse ; segundo , la conveniencia de elfa; tercero, 
sü objeto y sus verdaderos límites ; y á este examen se di- 
rigirá el presente artículo. 

No hay derecho, hablando en general, para que una 
nación intervenga en los negocios interiores, ni en la ad- 
ministración doméstica de otra. Semejante derecho, si lo 
hubiera, sería incompatible con la independencia de las 
naciones, que es la base, y al mismo tiempo el comple- 
mento de la existencia política. La nación que no es libre 
para tener el gobierno que mas le plazca, y la adminis- 
tración ci\il que mas le convenga, no puede contarse en 
el número de estos grandes grupos del género humano 
que se llaman naciones ^ ni es en realidad sino una prot^in- 
eia de aquella ó de aquellas otras que la privan de su na- 
tura y necesaria libertad : en la libertad está h vida moral 
d'e los pueblos, como lo está la del hombre ; y una nación 
después de formada no puede considerarse sino como un 
individuo que en manera alguna depende de otro indivi- 
duo para regular sus propios actos. 

Eii este principio , sin embargo, uno de los fundamen- 
tales del derecho público , puede haber, como en todos 
los principios y reglas generales , alguna excepción , y no 
nos sería imposible hallarla consultando otro principio 



4S0 REVISTA DE ISPAKa, DE INDIAS Y DEL EXTaANinO. 

mas general aun * el de la propia conservación , que tie- 
nen indudablemente los pueblos constituidos. Mas como 
nuestro intento no sea el de presentar un tratado com- 
pleto de derecho acerca de la materia, el cual, sobre in- 
necesario 9 no cabria en los estrechos límites de un perió- 
dico, sino el de limitarnos al caso espedalisimo de Roma, 
vamos á concretarnos á él solo. 

Roma es una insigne y perpetua excepción, una excep- 
ción necesaria en cuanto á intervenir las naciones católi- 
cas para asegurar la independencia y libertad de su go- 
bierno : la prueba puede llevarse- hasta la evidencia. 
Decimos pues, no solo que los gobiernos católicos tienen 
derecho para restablecer en su imperio al Sumo Pontífice 
en toda la plenitud de su poder, sino que lo tienen tam- 
bién para exigir que en Roma no se coarte en manera al- 
guna la independencia y libertad de aquel soberano. ¿Por 
qué no tienen derecho los gobiernos temporales para mez- 
clarse en los negocios interiores de los otros? Porque se- 
gún hemos visto , la intervención ajena priva de la liber- 
tad , y mata la existencia política. Ahora bien , donde no 
hay ni puede haber esta libertad, ¿cómo ha de haber la 
prohibición de intervenir? Y que no hay esta libertad es 
claro, porque no la hay donde quiera que exista una obli- 
gación. Entre el Papa y los principes católicos, entre 
la soberanía pontifical y las soberanías temporales hay, 
por la naturaleza misma de ellas, constantes, necesarias 
y sagradas obligaciones , que las constituyen en una mu- 
tua y permanente dependencia. Nada puede hacer el Pon- 
tiñce,nada pueden permitir los soberanos temporales, 
que altere las delicadas relacipnes entre la cabeza de la 
Iglesia y sus miembros; de donde vendrá á deducirse que 
lejos de no tener derecho los gobiernos seculares para in- 
tervenir en Roma con este fin, tienen por el contrario es~ 



SOBRE LA INTIBVBKGIÓN DE LAS POTENCIAS BN BOMA. 421 

trecbisima oblígeeion de hacerlo» cuando vean amenazado 
como al presente el orden de estas relaciones. 

Por otra parte , cuando en el derecho se trata de inter- 
vención» se entiende de la que se quiera hacer en la casa 
de otro » lo cual no puede entenderse tratándose de Roma. 
Ya hemos dicho en otra ocasión que Roma no pertenece 
á los romanos, sino á todo el mundo. ¿No sé complacen 
sus mismos naturales en llamar á boca llena á su ciudad 
Capul mundi, capital del orbe católico ? Pues bien » siendo 
asi » como lo es, considerándose los Estados temporales 
en el orden espiritual y religioso como otras tantas pro- 
vincias del catolicismo , cuyo soberano está en Roma , no 
podrá decirse que se entrometen en la casa ajena, cuan- 
do intervengan en los negocios de su propia capital. Hijos 
son del Papa los soberanos católicos : ¿cómo negarles que 
intervengan en la casa paterna? Cómo que repongan á su 
propio padre, lantado de ella por un puñado de misera- 
bles sacrilegos? 

El Estado pontificio no ha tenido originariamente , ni 
tiene hoy, ni tendrá nunca , porque repugna con el carác- 
ter sacerdotal de su soberano , una existencia política que 
pueda llamarse propia en todo el rigor de la palabra. No 
proviene de conquistas territoriales el dominio temporal 
do los Papas, ni de la elección espontánea del pueblo 
donde se ejerce; proviene de la buena voluntad, de la 
devoción y del unánime consentimiento de los soberanos 
seculares : con lo cual se diferencia esencialmente del 
dominio de estos otros soberanos, que no existen por 
ajena virtud, ni en fuerza del consentimiento extraño. 
Cualesquiera que hayan sido las variaciones del dominio 
papal, y las opiniones acerca de él en el trascurso de 
tantos siglos, de que aquí no podrmmos, ni queremos 
hacemos cargo , nadie negará la verdad de uñ hecho que 



f asalta eviJautemeate de 1» Iiialioffia « á 6ftb4M' ; qiie dasde 
PiPiNo hasla el Gonobsso 0k Vima^ «i poder teakporal del 
remano Pontifíce ha dependido de ios soberanos del si- 
glo. Y no podía ser de oiro modOt porque el E¡vas^io 
nos dice que el reino de Jesucristo no es de este .mundo, 
y de consiguiente no es el dominio temporal al que se ha 
dado por Dios al Vicarío de su Hijo en la tierra : si lo tiene, 
es porque le viene de los hombres. Con afecto, el domi- 
nio de ios Papas, el patrimonio de la Santa Sede naei<5, 
sagim hemos dicho , de la devoción de. los principes se- 
culares, atravesó la edad media conformándose, como 
ara natural , con las reglas del üeudalismo , por las cuides 
&i^ reglan entonces todos los gobiernos, y eúste en el dia 
por el unánime consentimiento, é mejor dieho, po^ el 
acorde asentimiento de todas las potencias delfliiia4k),sin 
excluir siquiera las no católicas. 

Mas no se infiera de aquí que la soberanía tempoffid 4el 
Sumo Pontífice sea una soberanía de segando orden, ni 
que esté sujeta á la n^ira voluntad , ó al capricho de los 
principes seculares, no; la soberanía temporal de losPa-^ 
pas solo está limitada en si misma por virtud de ia espi- 
ritual, que es la primera, } á la cual aquella está unida 
hipostálica é inseparablemente. Esta es nuestra creefieia« 
Por manera que no es el rey de £spana^ por ejemplo, 
quien limita ia soberanía del rey de Roma , sino el mismo 
Pontífice, que no puede tener La libertad ni la autoridad 
necesarias, cuando el rey, que es él mism^, está aupedi-? 
tado por otro poder extraño , cualquiera que saa. De aquí 
se infiere que el Rey-Pontifice no puede d^jar de ser ver*? 
dadero soberano eon toda la extensión de la palabra* 

Ni debe estimarse como un acto de<gr«ícia en las prin- 
cij^s seculares la creación y el sostenimiento del podar 
temporal del Papa. Este aoto, como la mayor parte de las 



oosasquean acfteeido ea el muado, tiene 6u origen ea 
la «McejiHkd y en lo^ ialarose» mi&aioa de 3116 autores. 
Las.oaoíQBes ootáüoafi han necesitado asegurar da. un mo- 
do evidente y palpable la independencia de su sobataoo 
espiritual » y no había para conaegoirlo otro madio sido el 
de crearle un Estado político , libre é independiente de 
todos Jos denia^. La libertad política del jeCa do la Iglaeia 
aatóttca es conveniente á todos los gobiernos temporales, 
a^ Gamo la libertad eclesiástica lo es ¿ todos los pueblos. 

ftesumiendo pues lo d¿cho, tendremos que el poder 
tamporal de los Rapas ba sido. usa creación necesaria da 
los prindpes seculares, hecha aa el interés de ellos mis-r 
Bios^ y en el de la Iglesia ; que sería vano y bo llenaría s» 
grande objek> si estuviese liaittiido por otaro podarseculaír 
cualquiera; pero que en el mero hecho deaar una obra« 
aunque necesaria, de dichos priaeipes , no puede negarse 
á eslos el derecho de oonsarvario ileso , sin trabas» y en 
todavía plenüud da su acdon; por consiguiente, que to^ 
da0.ello$ lo tienen para intervenir con este objeto- en el 
Sitado pontificio. 

Respecto da Roma, nuestras doctrinas de derecho pü" 
blico son las siguientes : Creemos que si un soberano 
atontase contra el dominio temporal del Papa» tendrían 
todos los damas un juSto motivo para declararle la guerra, 
motivo que no exisMria si atestase contra el dominio da 
cualquiera otro Estado temporal : la raion de la difoD^cia 
as parque de los Estados meramente tes^porales puede 
deairse que existan para si mismos, en vi^ de que el Es* 
tada temporal del Papa existe para todos. Mas cuando la 
usurpacion.no xime de afuera, sino que nace dentro, por 
la ingratitud y la naaldad de una porción de subditos, re-r 
baldes, qpaetti su delirio kttmtan destruir la obrado tan* 
loasiglosvi^deapecbo del mando entero inlíeresado an 



424 REVISTA Bl BSPAflA, Bl llfDIAB Y DIL BXTlUlfmO. 

sostenerla » en este caso , que es el presente , no es ya un 
derecho , sino una obligación estrecbisima la que tienen 
los gobiernos católicos de intervenir en Roma. Tal es nues- 
tra opinión. 

Pasemos ahora á examinar la conveniencia de inter- 
venir. 

Bastaría con lo que ya hemos dicho para que no se du- 
dase de ella; porque, en efecto, si la intervención en Roma 
es de pleno derecho , y en nuestro concepto obligatoria, 
¿cómo no habría de ser conveniente? Cuando hay derecho 
y aun obligación de hacer una cosa, parece como ocioso 
el discurrir sobre si conviene ó no conviene hacerla. No 
obstante, son muchos y muy grandes, como severa, los 
motivos de utilidad y de universal conveniencia , para que 
dejemos de enumerar algunos de ellos. 

El primero de todos es el de impedir que se agrave y tal 
vez se consume el trastorno religioso que trae consigo el 
«stado en que el Sumo Pontífice se encuentra. Las conse- 
cuencias de semejante situación , si se prolonga indefini- 
damente , serán inmensas contra los tronos , contra los 
pueblos y contra los gobiernos : á todos por consiguiente 
importa el abreviarla. 

' A esta sociedad trabajada por tantas revoluciones en lo 
que va de siglo, minada de tanto tiempo atrás, convulsa 
y casi moribunda, ¿ qué remedio le queda para rehacerse 
y restaurarse sino fortificar el espíritu religioso, relajado 
por U imprudencia ó descuido de los principes, y la per- 
versidad de los filósofos ? Cincuenta años de revueltas han 
trascurrido , en los que se han ensayado doscientas teo- 
rías, se han cambiado las formas de los gobiernos, se han 
enseñado nuevas doctrinas por millares de maestros, y 
la sociedad siempre empeora. Ahf está la Francia que no 
nos dejará mentir. ¿Qué frutos ban dado su temido poder 



80BRB LA nrrtKVSNGIOM DI LAS POTINGtAS SN BOMA. 42S 

y SO celebrada ciencia? La disolución social, que es el 
estado en que hoy se halla. Esa Francia que hemos visto 
tan poderosa 9 tan rica y tan sabia, no halla hoy en sí 
misma elementos paira constituir un gobierno; y sus pri* 
meros hombres de Estado se ven {oh mengua! en ia triste 
necesidad de probar que la propiedad es un derecho , y que 
de la anarquía soeialistano puede nacer ningún gobierno. 

Blas ¡ah! ¿cámo extrañamos esto, cómo nosadmiramos 
de tanlamentable estado, cuando Temos que nadie ha he- 
cho entrar para nada la religión en su&cálculos?La historia 
politica de la Francia se explica perfectamente por su his* 
toria. religiosa. Sin necesidad de suMr al tiempo de su 
famosa Pragmática Sanción , puede decirse que el despo- 
tismo jansenista de Luis XIV produjo la indiferencia y el 
enciclopedismo de Luis XV, de los. cuales nació ínmedia* 
tamente la revolución espantosa que hundió el trono y 
derribó los altares. Napoleón, ese hombre de tan subli* 
roes instintos, volvió su vista en uno da ellos hada la 
religión; masa poco fué envuelto en las redes del filoso- 
fismo , enmascarado con el viejo disfraz de las libertades 
^Ikanas; empezó- por el concordato dei8Ql,obra ex- 
clusivamente suya, y*acabó por qMrisionar, maltratar y 
vUipendiitr al jefe de la Iglesia,, al manso y candoroso 
Pío VII. La monarquía restaurada cayó principalmente por 
el. odio á los jesuítas, es dedr, al clero que enseñaba, 
porque es de saber que en Francia todo se ha permitido 
enseñar menos la religión. La monarquía de Julio , fiel á 
su nacimiento, no se dio mucha pena por afirmar y ro- 
bustecer el principio rels^oso , y atendió solo %\ desarro- 
llo de los bienes materiales : muy satisfecha estaba de su 
obra, muy confiada en la solidez de sus fundamentos, y 
sobrevino una leviúma tempestad , que en un instante la 
iragó como á arista seca el fuego. Asi hemos visto que la 



FxaBCia ba.sido sueesifwmente >esoteva , atea^ eonqui^lai^ 
4ora,iualetÍ8U y siempre irreligkMB». I 

Con pocae diferencias podría traearse de .la misma ma- i 

aara la historia de las* dcauts nacioDes etropeas : igaal | 

fi&é el rumbo «fue todas por su desgracia tomaron «ebema | 

anos hace, igutá el térmioo qne todas han tenido; porqoa 
no hay que engañarnos, tan matemi , tan desatado de los 
príneipios religiosos ba sido , por mas 4|Qe nos cueste el 
{Hiblicario , el sistema del imperio de Austria desde Joséll, 
como el de la Francia desde la épocade Lois XV. Denue»* 
tra España no queremos hablar : solo pedtaooB que se 
compare desapasiooadamente la sociedad de ahora , con 
la soeiedad de los tiempos en que el simbolo do las ereeia^ 
das populares estaba resumido en las dos sublimes «pala* i 

hras de Dios y el Beg. | 

Menetster es -que los gobiernos Tuelvan en si eon tea 
i^^iUes ejemplares , contempbmdo el aliismo que tiene» I 

¿stts pies; y que en medio de esta desfaeeba borrasoa, 
pongan su vista en el único puerto seguro de donde nun-> ! 

ea debieron apartarse, que es la religión. La religión 
cristiana es k base déla moral, el mas filete de los'tin^ 
culos sociales, el elemento masrobnsto de gobierno. En 
mía soeiodad religiosa , .to<hs las formas de gobierno son 
posiUos : en una sociedad de ateos, ninguna. La roUgion 
cristíaiiia enseña á obedecer, y e»sma á mandar, y lem^ 
{rfael mondo, y dulcifica la obediencia: noseopmie i 
la p^ospérridad raatmai de k)i pvdíilos^ auncpaie iesimnes» 
tva.otraxosa moy superior áella oon qoo refrena su fetal 
seastialissio. La religión es la madre de) la verdadera ti* 
borlada Ift que primero proscribid. iaesoltvittid. ¿Quélé 
felta pnes para el. bien »del hombro, ^parai^ bMtt -de la 
aooífidad , para el foi^i de los gobionios? 

Bero la religión cristiana no puede existir sñoicd saoer* 



docio,,;y euaiida el SoiBá Saucordote se baHá lagUho, \m** 
Zí4»^ de sa Urono , maBdigAaiáD un a«ilo , y s^j^acada. á» 
una ffm par^e de sus iamedtfktos oaeq^eradores, el frta^ 
tomo religioso puede i9er{Raiviaim9, y graviamastambéeii 
laS'fiqnsecuenoi^ que pisoÜQftoa. Si á los gobiernos eon«* 
¥ime evilar este Iradtorao,. del^Miapresunurse i pepanor 
ea au silla, en la Cátedra de Sau Pedso , al sucesor cte lo9 
Upósloles^ 

La inlterv^aeion en Romana &0I0 será eoaveuiente píai» 
evitar imiraaterno religioso, sino para preservar á ia Eit-r 
E«pa de una griua «atásirofe fniditica. No ;se aeoesitan ojos 
die lince para hab^* visto que la revdiiMzicni preaente ha 
naeído en J&oaBHi; en Aoma pnea deJare mataisep 7 aUi 
es donde ptuede bacerse sin daño general de los prínci-' 
pios constitucionales. Allí es donde las principaleapoleii"» 
fiiaa europeas, y ae&aladaoicBte la* Francia y el Aostna, 
pueden .resoiver ia caestion italiana , preíiada-de peligros^ 
con la ¥<ail4d de hacerlo indirectameme. Repónganse las 
ooeas en fioana en el estado qne teniaQ;^ déjese al Papa in"^ 
dependiente ylihreen.su acción , y con solo este páso^ 
énos enganuBoe nancbo, ó la cneation de Italia, mas 
tarde ó mas lemprano , se resuelve por si wisma,í 
. Sabido es cpie los dessagogos italianos, los. mas cainu^ 
ladores que hasta- ahora hen»xs aonocido,.snscilacdii des-* 
dotel principio de su obra dos ctusalianes que han precn^ 
sado llevar nempce paralelas, lacueation de las refoarmas^ 
polifcieaa, y la de. la independencia itsüana, entendienf- 
do por independencia italiana la emancipación del reino 
Laoibaido-Veneto. A nuestro modo .de ver neAesilaban 
do nata pava* introdncir aquella, c(»no .quiera que^siBxas 
adecuada paia infiamar el espíritu publtoo., yAlialagav 
lasfiaaioiies popiíiares; pero la que en el fondo les im*^ 
portabanas era.la prioiera» Durando mismo , en su oJ:>rtt 



428 REVISTA 0B BSPASA, DI IHDUS T BBL BXnAMJSRO. 

intíiulada DeUa fumonaUtá tíalimia , que se publioó en 
París en i846, opina que sin el establecimiento de nue- 
vas formas de gobierno no puede obtenerse la indepen- 
dencia,y consagra dos capitulosáprobar que las libertades 
políticas modernas son verdaderos elementos de fuerza 
moral y de fuerza material. Balbo, en su obra Deüe spe* 
ranze á^Italia, publicada en Gapolago desde 1844» no atre- 
viéndose todavía á proclamar estos principios , toma ^ 
rodeo de una liga aduanera, la mas liberal posible , entre 
los príncipes italianos (exclusa el Austria), y aconseja que 
sehaga cuanto antes para que no ie les vaya de las ma- 
anos el comercio de Oriente; como si la Italia pudiera es- 
tar preparada» al menos en mnchisimo tiempo, para com- 
petir en el Mediterráneo con el comercio de las grandes 
naciones. 

Otros escritores, de los muchos que ha- habido en la 
ocasión presente para promover y sostener la revolución 
italiana , han sido aun mas francos ; no necesitamos refe- 
rimos á sus escritos, cuando el hecho mismo nos ha mos- 
trado cómo se presentaron de consuno á cambiar la forma 
de los gobiernos , en el mismo tiempo en que lanzándose 
arrastrados del torbellino todos los principes contra el 
Aurtria, parecía que en aquella grande empresa, si era 
el objeto primario de sus deseos, era en la que debían 
pensar solo por el momento. Nuestra opinión por tanto 
es , que la cuestión de la independencia italiana ha sido 
mas bien un medio que un fin , un freí preteHo , como di- 
cen los italianos, para introducir y resolver la otra. Porque 
en efecto, ¿i qué italiano de mediano sentido podian ocul- 
tarse las inmensas , las insuperables dificultades que ofrece 
el lanzar al Austria del territorio de Italia ? ¿Con qué fuerza 
material contaban para conseguirlo! ¡Dónde estaba la 
fuerza moral de la opinión púbUca, de la opini<Hi de las 






SOBRE hX INTKRVENGiaN DB >LA8 POTXNGIÁS ER ROMA« 429 

masas y que es la que se requiere en todos los países para 
acometer la colosal empresa de la independencia? Los he- 
chos han demostrado muy pronto la vanidad de semejante 
proyecto. En ninguna ocasión , ni soñada , ha podido atas- 
carse al Austria con mas éxito que en la presente , y el re- 
sultado todos lo hemos visto. 

Pero sea de esto lo que se quiera , y ora se estime la 
independencia italiana como una cuestión promovida se- 
riamente por sus autores, ora como un especioso pretexto 
para facilitad y resolver la otra, que es nuestra opinión, 
siempre será cierto que aun considerada como pretexto, 
está todavia muy distante de terminarse , y que mientras 
no se termine definitivamente, no podrán calmarse los jus* 
tos temores de la Europa entera , ni acabarse el grave pe- 
ligro de una guerra universal. 

Que á todas las naciones de Europa, señaladamente á 
las fronterizas de Italia , conviene sobremanera hacer ce- 
sar este peligro ; que á todas ellas importa que la división 
política de Italia continúe en general como la dejó esta- 
blecida el Congreso de Viena , creemos que no merezca 
demostrarse. Los verdaderos intereses políticos de las na- 
ciones no son hoy para nadie un arcano incomprensible : 
la diplomacia en este punto no es ya un misterio. Basta 
tomar la carta geográfica en la mano para saber lo que 
á cada Estado , tal como se halla constituido , le conviepie 
ó le daña. £1 Austria no puede salir de Italia, de cualquier 
modo que esto se verifique , sin que el Piamonte se en- 
grandezca : el engrandecimiento del Piamonte, de esta 
nación dueña del paso de los Alpes , que pesa ya bastante 
sobre la Francia, no podria consentirlo esta potencia, cual- 
quiera que sea su gobierno , como no fuera en los mo- 
mentos de un vértigo revolucionario , por su naturaleza 
misma transitorio ; y si la Francia consintiese diebo en- 



gmodedoaiento oon la espertnzt rie ddqvínr Ui Saboya^ 
ni seria Csoil que se Ib permitieran* las demás potenefas, iri 
dejarla de tener cen el tiempo sobre sf á la Italia entera: 
Nosotros le$ espádeles, si noshanásMaos' en eeíado áé 
eirtender nuestras miras poHticas, que no 1<» estamos aho-* 
ra, ni debemos desearlo en mucho tiempo, seríamos los 
que ganariatDOs eo el engramdemmiento de} Píamente, 
pwqo^ ademas de imporiamo» poco , materiahoente ha*- 
blando , qoe e) Austria sea^mas ó m^os fuerte en Halia^ 
todo el peso quef cargase sobre la Francia del lado de los 
Alpes disininmría naturalmente ei peso que esta ejeree so«¿ 
bre nosotros del lado del Pirineo. Pero nosotros ni pen- 
samos , ni en nuestro coneepto , como acabemos de decir- 
lo , debemos pensar por mucho tiempo en semejante cosa ; 
y al hacer esta lijera indicación nos mu«ve solo el deseo* 
de manifestará todo el mundo la lealtac. y el heroico des- 
interés ecm que proaaiieve la intervendon cu esta coyun- 
tura el Gobierno de España. Polllicamente hablando; ee 
decir, si la interreneion en Roma conviene bajo el aspeeto 
política, no esa nosotros crcrtumente á quienes confie- 
ffe, sino á las demás potencias. 

Y viniendo ya al Papa, de quien al parecer nos había- 
mos olvidado engolfándonos en la cuestión política ; tkell 
smá demostrar que su restableolmiento en Roma, aísegu- 
rando su libertad de las exigencias de los partidos con el 
fuerte apoyo de las naciones católicas, es el medio mas 
eíicaapffpa impedir que la cuestión déla independencia 
italiana, vcrdadí^ji ó fmgida, prosiga adelante. 

Sabido es« que los revolucionarios de Italia intentaron 
santificar la guerra contra el Austria poniendo el Sumo Pon- 
tífice ala cabera de ella, y adornando sus incrédulospechos 
con la sagrada insignia de la cruz , como si se tratara de pe- 
lear contratos infieles. El venerable Pontífice, blando has* 



SQj»U hJk iNTlRYSNGION M háS POtlSCUS EJf Kfliei. 431 

taeHtóoees, y benigno b«sta el panta q^^ todos hemos 
üisto, retrooedid eq)aikiada de lasaeiilega demanda, y na 
olvidándofie de «{ue era el primer rainisUodel Dios de pac 
en la tierra , ha permanecido constante en la piadosa y firme 
ces^^lucion de no asociar sn santo nombre á la sangrienta 
luicha* Desde a<|pel moxi^nto comeazd á declinar el fabo 
afepto de los que le. buscaban (^mo el inslrumenlo mas 
á propósito para sus fines; ; con razón , porque no aso^ 
ciándose el Pape á la guerra» ánte& bien protestando in-^ 
directamenie contra ella on el mero tiecho 4ie negaorle su 
apoyo moral, era claro que todos loií proyectos de loa 
ac£dorados guerreros habían de venir á> tierra , como efec- 
tivamenle ha sucedido. 

AJiora bien : si la separamos déi Papa ha producido tan 
saludable efecto ^ si aa ella la 'que ha impedida que la 
guerra de Italia tomase mayores y mas .temibles dimensio¿> 
nes, ¿no será evidente que sancionsUidose por las pode* 
rosas nadozíes católicas la sabia y religiosa conducta del 
Soberano Pontífice con restablecerle libre de temores, y 
fuerte en sn trono « se. habrá dado un golpe mortal á I» 
guerra ? Asi lo creemos. Establézcase de un modo firmer 
el pritidpio santo de la paa en el centro de la Italia, y 
duerman ya tranquilas las naciones. 

Otros motivos de conveniencia pudiéramos tocar; pero 
nos urge terminar este articulo , que va siendo Urgo en 
demasía. Veamos pues cuál debe ser el objeto , cuáles los 
limites de la intervención. 

El objeta do ella debe ser exclusivamente poner fin á la 
usurpación escandalosa del poder papal , hecha por los 
revolucionarios de Roma, restableciendo en su silla al 
Sumo Pontífice; y Us límüeSy es decir, el térnúno basta 
do&de debe Uegar la intervención, el reponerle con toda 
la plenitud de su autoridad, declarando que las naciones 



432 BKVISTA. 0E KSPáHa, DK INDUS y DIL KXTRAlf JXBO. 

católicas no pueden consentir, sin peligro deque se alteren 
sus relaciones religiosas con la Sania Sede , ningún otro 
poder que limite ó coarte de cualquier manera la suprema 
autoridad pontificia. Está por demás decif que. semejante 
intervenciones meramente religiosa, porque solo en la 
religión está el motivo de ella ; y si se roza, como no puede 
dejar de ser, con el orden político del solo Estado ponti- 
ficio, es también porque la religión nos obliga á conside- 
rar este Estado en un caso singularisimamente excepcional. 

Consiguiente á este principio es que los interventores 
se comprometan á no tratar de otra cosa que del restable- 
cimiento del Papa en los términos indicados, y que en el 
protocolo de las conferencias se prohiba introducir directa 
ni indirectamente cualquiera otra cuestión relativa , ni aun 
análoga, á la situación actual del resto de la Italia. Ni el 
Austria, ni el Piamonte, ni Ñápeles, ni Toscaoa deben 
sonar siquiera en la boca de los agentes diplomáticos á quie- 
nes se confie tan importante misión ; y si hay buena fe, no 
nos parece difícil conseguirlo. Nosotros por lo menos 
aconsejaríamos al gobierno español que lo propusiera asi, 
y á mayor abundamiento, que protestara no/nezclarse en 
ningún otro asunto italiano , que en manera alguna le in- 
teresa. 

Pero ante todas cosas no será inoportuno manifestar 
que á la intervención en Roma solo deberían concurrir las 
naciones católicas , y que únicamente podria concederse 
la asistencia de las otras ad effeclumvidendij para impedir 
que se tratase de lo que no fuese exclusivamente la repo- 
sición del Papa del modo que hemos dicho. 

Que no tienen derecho para concurrir á esta interven- 
ción los gobiernos no católicos , nos parece evidentísimo, 
porque si bien estos gobiernos no son ya en el dia ene- 
migos fanáticos y encarnizados del catoUcismo , como an-* 



SOMmULJKaXVmGKM DS LAS PQTESdAS BU HOBUl* 48S 

Iqgutmentelo'ftiéron, toéaTiaesderto que sus intereses 
flMvales son diversos, sí no eontrarios, de los de te iglesw 
ctiélics. Por de contado es seguro que ni al emperador 
de Rosia, ni á la reina de Inglaterra puede importarles 
mucho la suerte del pontificado , pues^aunque en sus Es- 
tados hay bastantes católicos, cuyo número se acrecienta 
dedia en día, la protección de estos principes se limita á 
permitirles la dependencia espiritual del. Pontífice roma- 
no, cmitra cuya autoridad protestan sin embargo ellos 
mismos por virtud de sus creencias. Que asistan pues , si 
gustan, á esta intervención la Rusia y la Inglaterra; pero 
que sea , digámoslo a^ , sin voto , y solo para impedir que 
la intervención de Roma degenere en intervención italia- 
va:* limitando estas dos naciones su asistencia á la mera 
flsealizadoB de los actos de las otras , no se degradan en 
modo alguno , ni menos con abstenerse de votar, porque 
en el caso presente no se trata de ponderar los grados de 
fuerza y de influencia política de cada potencia , bastando, 
como basta , la menor de ellas para hacer entrar en su de- 
ber á los romanos. 

Por otra parte , si lo que constituye la excepción legal 
de Roma para poder ser intervenida es el principio cató- 
lico, con el cual es incompatible su estado actual, claro 
68 que las naciones no católicas carecen del derecho de 
intervenir. Para estas el Estado pontificio es como otro Es- 
lado cualquiera ; para estas no existe el Pontiflce , sino solo 
el rey de Roma : es asi que no hay deredio para interve- 
nir en los negocios interiores de ningún Estado temporal : 
luego las naciones que por virtud de sus creencias no con- 
sideran á Roma sino como un Estado de esta especie, nin- 
gún derecho tienen para intervenir e« ella. 
- Vengamos ahora á essaminar los limites , ó por mejor 
decir, el término hasta donde en nuestro concepto debe 
T. xiii. 28 



454 BEVISTÁ DE ESPAÑA» DE INDIAS Y DEL EXTRANJERO* 

extenderse la intervención en Roma* puesto que de snob- 
jeto creemos que liabrá bastado enunciarlo para que á na- 
die se ocurra sobre él la objeción mas leve. Fuerza será 
hablar claro , decir la pura verdad sobre este punto, por 
mas que parezca delicado y espinoso en los presentes 
tiempos: la verdad siempre es provechosa » la mentira lo 
falsifica todo y lo inutiliza. Rogamos primeramente al 
constitucionalisqio europeo que no se alarme con lo que 
vamos á decir : cálmense los recelos de todos los partidos 
políticos, desde el mas templado hasta el mas fogoso; 
nosotros no le pedimos mas que una sola excepción de su 
sistema. Establézcase en todo el mundo, hastaeiilaSiberia 
y en la China, el gobierno representativo ; pero exceptuóse 
de este género de gobierno el gobierno de Roma, porque 
allí es imposible que subsista. Limítese cuanto se quiera, 
y con las formas que mas plazca, el poder de los reyes del 
siglo; pero no se toque al del monarca Pontífice, porque 
toda limitación , toda traba que no sea la espiritual y canó- 
nica, que no deja de ser suficiente, es incompatible con el 
libre ejercicio del Pontificado universal. ¿Por qué serian 
tan rigurosamente escrupulosos los gobiernos constitucio- 
nales que no hicieran la levísima gracia de esta sola ex- 
cepción ? Si las monarquias, lo que Dios no permita, des- 
apareciesen del mundo , estableciéndose repúblicas ea 
todas partes , estas repúblicas , siendo católicas , no po- 
drian menos de consentir una monarquía, la necesaria 
monarquía de la Iglesia. ¿Cómo pues no consentirán los 
gobiernos constitucionales católicos una sola monarquía 
de diversa forma? 

£1 gobierno representativo en Roma seculariza el poder 
del Pontífice , y con la secularización de este poder se 
destruye por sus cimientos el pontificado. Esta es la cues- 
tión en su verdadero punto de vista, y por no liaberle 



SOBAS LA INTXRVENCION DE LAS POTENCIAS EN ROUA. 435 

dado desde el prineipio los gobiernos católicos la impor- 
tancia que en si tenia, lian llegado las cosas al término 
fatal y difícil en que las vemos. Si el desventurado Rossi 
hubiera tenido esta opinión , que no tuvo por su desgra- 
cia, no se habría prestado á ensajar en Roma las formas 
representativas , y habría ahorrado un crimen á los mal- 
vados que tan villanamente ]e asesinaron. Una 6 mas cá- 
maras legislativas compuestas de seglares, reasumirán 
por derecho la principal parte del poder supremo, y harto 
sabido es la que en este caso queda al monarca. Con las 
cámaras seglares será imposible un ministerio compuesto 
de eclesiásticos, y si lo hay, no por eso dependerá me- 
nos de los seglares. Agregúese una municipalidad , que 
en Roma es imposible que deje de tener los humos del 
antiguo Senado ; ármese por añadidura al pueblo, creando 
una guardia nacional como la que existe, y dígasenos de 
buena fe dónde estará el poder temporal del Papa!.... 
Basta con que haya cámaras deliberantes, para que se 
considere en ellas el supremo poder, y para que este se 
encuentre completamente secularizado. 

Y no se nos diga que el poder de las cámaras seglares 
se ejercerá solo sobre materias temporales, siii tocar en 
nada á la parte espiritual : ¿dónde está ellimite justo en- 
tre las dos potestades espiritual y temporal? Porque no le 
hay han recurrido en diversos tiempos las naciones cató- 
licas á celebrar concordias con la Santa Sede. Un concor- 
dato del Papa con sus propios subditos seria un absurdo 
soberanamente ridículo. Desearíamos que S. E. el señor 
abate Gioberti , á quien no podemos dejar de suponer tan 
versado en las doctrinas canónicas como lo está en las del 
derecho constitucional, nos mostrase el verdadero lindo 
del poder canónico y del poder político : para ello le da- 
mos de término cuanto tiempo quiera. La disciplina ecle- 



136 RKVI8TA DE XSPAÑAt DI INDIAS Y BIL EXTRAIUIEO. 

siistioa y la disciplina civil están iñtímámen te enlazadas en 
aQucbisimos pantos ; apenas hay uno de esta que no se roes 
eon aquella, y es indudable que los que intervengan eá 
Roma en la disciplina civil, no podrán menos de intenre* 
Bir en materias eclesiásticas. Las cámaras seglares de hxh 
ma serán por consiguiente de hecho unas verdaderas cá-* 
maras eclesiásticas, una especie de bastardos concilios. 
¿Es este el orlen con que Jesucristo dejó instituida su 
Iglesia sacrosanta ? 

Y al ñn , si el desorden eclesiástico que de tan nions- 
truoso régimen proviene , se limitase á ;Roma, bien po- 
drian abstenerse las naciones católicas de mezclarse en 
estorbarlo , como se abstienen de estorbar el cisma y el 
f>rotestantismo en los países que están fuera del gremio 
de la Iglesia ; pero este desorden llegará al corazón da 
todos los pueblos católicos, porque las decisitMies del 
Sumo Pontífice son para- todo el mundo, y producirán la 
perturbación general mas espantosa que se baya conocido 
desde el establecimiento del Cristianismo. ¿ Admitirán los 
gobiernos, sin faltar á su conciencia y sin menguar su de- 
eoro, lo que se haya discutido, acordado y resuelto en las 
cámaras de Roma? ¿Podrán hacer que sus subditos acep- 
ten resoluciones en donde sospechen estampado con vio- 
lencia el sello del Pescador? 

Yel desorden no quedará aquí, sino que^tocará en la misma 
cuna, en la raíz misma del pontificado ; porque no hay que 
hacerse ilusiones , el poder secular ha de llevar necesaria- 
mente su mano á la constitución del Sacro Colegio, y á la 
elección del Pontífice en los cónclaves ; y serán cardenales 
los que el poder secular designe en su profemo pecho» y será 
Papa el que quieran las cámaras, el que acomode á Iama« 
nidpalidad, tal vez el que proclamen en tumulto las inso- 
lentes turbas de la plebe romana, dirigiéndose al Üukiaal 






SOBBX hk HfnmVBNGIC»! DS LAS POTKNCUS BN RaMA. 4^ 

con un Cweronaquio á su cabeza. El Colegio de cardena- 
les» sagrada garantía para los gobiernos católicos, y para 
todo el mundoy en el aolo de la eleccion'de los Papas , na 
puede ser Ubre , teniendo siempre á su vista, y en actitud 
forzosamente hostil , ese cumulo de fuerzas populares que 
le aterra y anonada ; de donde npeerá que aunque los go- 
biernos pasaran por ia humillación de recibir un papa de 
las turbas de Roma , la conciencia de los pueblos no po- 
dría conformarse coü semejante elecdon, y la reputaría 
ilegitima y anticanónica. £1 Colegio de cardenales seria 
nulo de hecho , en este y en todos sus actos , teniendo 
frente de si una cámara popular que le coartase. 

Pero á su vez, y piénsese muy seriamente en la obser* 
vacien que vamos á hacer, á su vez las cámaras seculares 
tendrán un derecho legítimo, que nadie podrá negarleti, 
para influir, decimos poco, para coíicurrir á la elección 
del Pontífice» ¿No es el Pontífice al mismo tiempo, rey? 
Pues una vez constituido el poder secular, ¿cómo negarle 
el derecho de elegür el. monarca en una monarquía elec« 
tiva ? A tí te corresponde el Pontífice , dirán con razón las 
Cámaras al Colegio de cardenales; á mi me corresponde 
el rey; debo y quiero .elegirle. ¿Qué se responde á estol 
Nada. La única respuesta es, que en Roma por este solo 
motivo , aunque otros no existiesen , no puede haber mas 
Cámaras que el Colegio de cardenales. 

Deben por tanto las potencias .católicas intervenir en 
Roma, predsaihente para hacer que se suprima el régi** 
man actual , incompatible con las relaciones eclestásticaa 
^tre ellas y la Santa Sede; y deben hacerlo con franquea 
za y lealtad, sin que les arredren equivocadas considera- 
ciones ni falsos miedos. Si no lo hacen así , mas valdrá 
que no intervengan , porque la intervención no seiá pro-* 
yecbosa, ni llenará su objeto. ¿Intervendrán las naciones 



L 

m 

r 



SOBAS LÁ INTERVENCIÓN DE LAS POTENCIAS EN ROMA. 439 

de muchas potencias reunidas, tícenla fuerza de precep- 
tos, siendo aparente decimos* se comprometería del mis* 
mo modo ai Papa, y se comprometerían también los con- 
sejeros. En último resultado tendremos que si el copsejo 
dado con un gran peso de autoridad es en la esencia sinó- 
simo de mando, los mismos inconvenientes habrá para el 
uno que para el otro en esta ocasión • Lo mas seguro , lo 
mas claro , lo mas digno , lo que á nadie compromete, lo 
que ¿ nadie ofende, lo que conserva intactos todos los de- 
rechos, es el intervenir declarando franca y animosamente 
que la secularización del poder en Romano es compatible 
con las augustas funciones del pontificado universal. 

Si hoy no lo hacen así las potencias , tendrán que ha- 
cerlo mañana con mayores diticuitade$, so pena de aban- 
donar la religión católica á su propia suerte. Mas advier- 
tan en este fatal supuesto dos cosas : 1/ Que la religión 
santa del Crucificado no perecerá porque ellos la abando- 
nen : vive su Omnipotente autor en los cielos para salvarla. 
2.* Que el desorden de Roma, si subsiste, no nos llevará 
al protestantismo, sino que pasará mas allá; que tal vez 
purificará la Iglesia, pero la llevará, si los gobiernos le- 
vantan su mano , al estado que tenia antes de la conver- 
sión de los principes; y entonces... aquí nos detenemos, 
dejando á los gobiernos que deduzcan todas las conse- 
cuencias. 

. No queremos terminar este artículo sin volver á rogar 
á los partidos políticos que consientan la sola excepción 
que les proponemos, y pedirles que no busquen sus ar- 
mas en la cuestión de Roma para satisfacer sus peculiares 
deseos. Sobrados medios tienen para ventilar en otra 
parte sus contiendas. Roma debe ser un terreno neutro, 
donde á todos sea vedado combatir : allí no debe buscarse 
otra cosa sino la religión ; la religión , que interesa á todos 



440 BinSTA BK CSPAIá, BB IimiAS Y BEL SXTBálfime. 

lo6 que quieran constituir un gobierno, desde el absoiu-^ 
ti9ta mas concentrado hasta el mas deletéreo socialista; 
porque la religión cristiana se acomoda- maravillosamente 
á todas las formas del gobierno civil. 

Pero si todavía quedase en los partidos políticos de 
Europa un sentimiento de compasión en favor de los ro-* 
manos , porque se prívase á estos de las ventajas del ré- 
gimen representativo, les consolaremos con decirles, que 
esa privación está mas que suficientemente compensada 
con tener un soberano cuya influencia moral se extiende i 
todo el mundo; que Roma lo ba debido todo al poder pa- 
pal, sin el que nada habría sido , porque todo le faltaba en 
el estado moderno del mundo; que la verdadera opinión 
pública de los Estados pontificios es esta, por mas que 
digan lo contrario algunos periódicos ; y por oonsiguren- 
te , que no se hace violencia al verdadero pueblo con res- 
tablecer el Pontífice en su omnímoda autoridad. 

Por último diremos que la administración cítíI de los Es- 
tados pontificios, en tiempo de los últimos papas, no era 
como la calumnia ha intentado pintaría, sino que, saliras 
algunos indispensables y leves diferencias, «e hallaba al 
nivel de las demás administraciones de ItaHa, y que en 
alganos puntos era aun mas liberal. Hágase esta adminis- 
tración civil, en la cual no deben mezclarse para nada les 
gobiernos extraa^i^c , t^^.-^ .j .^beral que se quiera; pero 
hágase por el Papa, por el Papa solo, que basta para ha- 
cerla^ que querrá, y que no podrá dejar de hacerla. Se- 
^rfl rénense pues los partidos; anímenselos gobiernos catóKcos, 

y acometan sin miedo la grande empresa que galardonará 
la generación futura con incesantes bendiciones. 



<llwa)l»MMM<>tlW>WWai<|WWIWWIW»MIMIMII^^ 



CRÓNICA EXTRANJERA. 



Dos acontecimientoshanlIaniadopartícolarfbeBte laaten- 
cion desde nuestra últíraa crónica : la ñiga del Gran-]>u-> 
que de Toscana, y la proclamación de la repúMíca en Roma. 
Respecto de lo primero , á consecuencia de graves desór- 
denes ocurridos en Florencia, j de exigendas de la frac- 
ción demagógica , á que el Gran-Duque no podía acce- 
der, tomó este la determtnacjion de fugarse de la capital de 
sus Estados. A poco se supo que el 7 salió de Siena , y se di-- 
rigió ¿ L'Alberesse , á seis midas de Siena , acompañado 
de su familia y de un inglés. El 8 á las diez de la mañana 
salió de alli para San Stéfano , donde le esperaba el vapor 
Siglio para conducirle á Porto-Ferrajo. 

Después de los acontecimientos de Florencia se -reunió 
el Senado el dia 8, y aprobó la destitución del Gran-Du- 
que , y todo lo demás que habia hecho la cámara de Dipu- 
tados , impelida por el populacho y por los enviados de 
los clubs. En ambas cámaras leyeron los ministros la carta 
que ha dejado el Gran^-Duque al marcharse. 

«El gobierno provisional toscano 

3 Ha decretado y decreta : 

tí.*' Al frente de las decisiones de los tribunales del 
Estado , y de las actas firmadas por los nfotaríos públicos, 
se sustituirá , al nombre de Leopoldo II, la expresión Cd- 
bterno prcin9idnál toscoño, 

» 2." El ministro secretario de Estado en el departa^ 



442 RITISTA DS ESPAtA, BE INDIAS T DIL KITRANIBIIO. 

mentó de Gracia y Justicia queda encargado de ia ejecu- 
ción del presente decreto, 
i Dado en Florencia, á 9 de febrero de 1849. 

> Los miembros del gobierno provisional toscano, 
F. D. Guerrazi. — G. Mazzoni. — G. Montanelli. — El mi- 
nistro secretario de Estado en el departamento de Gracia 
y Justicia, L Romanelli.i 

<E1 gobierno provisional toscano 

> Ha decretado y decreta : 

> La guardia ciudadana y el ejército quedan absueltas de 
8U juramento. 

I Dado en Florencia, á 9 de febrero de 1849. 

» Los miembros del gobierno provisional toscano, 
F. D. Guerrazzi. — G. Mazzoni. — G. Montanelli. t 

£1 gobierno provisional de B'loreiicia preparaba ade- 
mas, según un periódico de aquella ciudad, varios decre- 
tos, estableciendo una comisión militar que juzgue los 
delitos políticos, aboliendo varías contribuciones, dismi- 
nuyendo el precio de la sal, proporcionando trabajo, y 
finalmente , disolviendo la asambea , y convocando otra 
legislativa, elegida por el sufragio universal. 

En la tarde dtí 9 hubo un lijero tumulto junto á la 
puerta de San Fedriano de Florencia. La muchedumbre 
allí agolpada se manifestaba favorable ú la causa del Gran- 
Duque. Imposible es calcular adonde hubieran ido ¿ 
parar las cosas sin la presencia de Montanelli, cuya popu- 
laridad es grande en aquella ciudad. El individuo del go- 
bierno provisional explicó al pueblo, á su manera, la con- 
ducta del ministerio con el Gran-Duque , y la mala fe de 
este, concluyendo con decirles que el mismo día que se 
le babia presentado mi plan de la futura campana con el 
Austria, remitido por el gabinete de Turín» habia escrito 
de su puño y letra una carta á Viena, en que probable- 



CfLÓNlGA KKTRAMJEBA. 44S 

mente vendería aquel secreto importante. EntiSnces la 
muchedumbre gritó : ¡Viva el gobierno provisional! ¡Abajo 
el Gran-^Duque ! 

• Por parte telegráfico se anunció á Flarencia deisde Lior- 
na, que habían sido cumplidas las órdenes del gobierno 
{provisional * y que salían en un convoy extraordinario Maz-** 
zini y D'Apíce para Florencia, y Magaguini y Borgí para 
Luca. 

El Gran-Duque dirigió la siguiente carta al presidente 
del gobierno provisional : 

cSeñor pi'esidente : Que mi salida de Siena no os in- 
duzca á creer que tengo intención de abandonar la Tos- 
cana, á la cual profeso el mas profundo afecto. Con la mas 
viva confianza recomiendo las personas de mi familia , re- 
sidentes en Florencia y en Siena : esta ignora completa- 
mente mi proyecto. Encargo encarecidamente que se per-* 
mita me sigan los sugetos de quienes tengo necesidad, que 
se hallan en Siena. Pido igualmente que ¿ mi equipaje en 
Siena y al de mi familia se les faciUte los medios de que 
se me envíe, pues me sería sensible verme privado ^e lo 
que estrictamente se necesita para el servicio propio. En 
el número de las personas que me seguirán , deben com* 
prenderse el director de la educación de mis hijos , y su 
ayo 9 é igualmente mis secretai'ios. 

»Las personas que han de acompañarme vendrán por el 
camino real de las Maremmes, y en él encontrarán noti- 
cias del punto donde me dirijo. Vaestfo afectísimo , Leo- 
poldo. — Siena, 7 de febrero.i 

El día 8 se pubUcó en Florencia la siguiente proclama : 

lEl pueblo de Florencia!: — Considerando que la fuga 
de Leopoldo de Austria es una violación de la Constitu- 
ción , y deja al Estado sin gobierno : 

Considerando que el primer deber del pueblo, único 



444 REVISTA DE ESPAfU, I>B INDIAS T DBL EXTRANJERO. 

eoberanoy es proveer á la urgencia de las eircunstandat, 
y obrando ademas como intérprete de las provincias hei^ 
manas , nombra un gobierno provisional en las personas 
de los ciudadanos José Montanelli , F. D. Gu^ram y 
•F. Maszoni , que ejercerán alternativamente la presidencia ^ 
les confia la alta, dirección de los negocios politices , y 
lambient en nombre de la Italia, el honor toscano; con la 
condición de que la forma definitiva de gobierno para la 
TQScana será establecida por la Constituyente italiana de 
Roma , y que entre tanto el gobierno provisional se unirá 
al de Roma, á fin de que los dos Estados no formen á los 
ojos de Italia y del mundo mas que uno solo. -^ 8 de fe* 
brero de 1849. — En la plaza del pueblo. 

• Por el pueblo. 

A. Hordeni , presidente del club del pueblo. 

G. B. Niccolini , vice-presidente del mismo. 

G. B. Gioní, vice^presidente del mi^mo olub. 

Dragomanni, secretario.! 

«El gobierno provisional de Toscana ha decretado y 
decreta lo que sigua : 

» 1.° El abogado A. Mordeni es nombrado minisUo se- 
x^retario de Estado, en el departamento de Negocios extran- 
jeros ; el profesor F. C. Harmócchi, diputado, es nombrado 
ministro secretario de Estado de lo Interior; el doctoar 
L. Romanelli, ministro secretario de Estado en el departa* 
monto de Justicia y Cultos ; el doctor F. Franchini, dipn- 
iado, ministro de Instrucción pública; M. Mariano de Ay»» 
la, diputado, ministro de la Guerra; H. P. A. Adami» di- 
putado, ministro de Hacienda y de Obras públicas. 

j S."" Uno de los individuos del gobierno provisional pre* 
^irá el consejo de Ministros cada sanana sucesivamentet 
por el orden en que firman el presente decreto* 

1 Dado en Floremáa , á 8 de febrero de Í84i9. 



GHÓNIG4 EXT%AICJ£Ril. 4S& 

> Los iadivídaos'dei gabiernapromianal, F. D. Guenraz- 
zi. — G. Mazzoni. — G. MonatanelU.» 

Res{>ecto de Roma , uqo de los primeros actos de \st 
Constituyente fué la destitución del Papa y la proclama^ 
€Íon de la república. Veamos en extracto la sesión del- 8^ 
en que se adoptó tan gravísima é importante determina- 
ción : 

Al principio de la sesión se leyó un. oficio de Julio Gas* 
tiglioni di Cingoli , liermano de Pió IX , excusándose de 
formar parte de la asamblea como diputado, á causa de su 
ayanzada edad. 

El ministro de lo Interior declaró en seguida que^el mi«» 
nisterio se consideraba disuelto, y resignaba so: poder en 
manos de la Cámara. 

£1 príncipe Canino pronunció un discurso en que alabó 
al principio al Ministerio por su conducta , y después le 
hizo varios cargos porque no se habia proporcionado 
soldador y dinero, y por otras omisiones de menos im- 
portancia. 

Los ministros de Trabajos piU>l;cos y de lo Interior tra- 
taron de deshacer las acusaciones de Bonaparte, y el 
de Negocios exteriores leyó algo después el informe [per- 
tícular de su ministerio , en el que parece que intentó ex- 
presar todos los motivos de (satisfacdon que las potencias 
de Europa han dado á ia última revolución romana» y por 
lo tanto no pudo decir nada de particular, y la palabrería 
á que tuvo que recurrir no satisfizo á sos oyentes. 

El ministro de la Guerra anuncié que acababa de saber 
que Zucchi se hallaba en Pontecorro con un ejército de 
ochenta hombre {Bisai). 

Suspendida la sesión por media hora, y vuelta á abríi* 
el diputado Savini pidió á la asamblea que, lomando una 



446 HBVISTÁ DB ISPAÜA, DB INDIAS Y DBL EXTRANJERO. 

resolución definitiva sobre la suerte de Roma , aboliera el 
poder temporal de los pontífices. 

tLa unión del cetro al pontificado, dijo, bace pésimo al 
rey y al sacerdote. Aquellos papas que fueron mas cristia- 
nos, y quisieron conservar su poder temporal, mancbaron 
la blanca vestidura del pontífice con sangre fraternal. Ha 
llegado el gran momento de sacar al papado de tan triste 
situación, y á vosotros, padres de la patria, toca hacer 
este gran beneficio á los papas futuros. Sí no lo hiciéra- 
mos , ¿ sabéis qué podria decir el mismo Pió IX de nos- 
otros? i Qué mas queríais , diría, si fuese de ingenio pers« 
picaz, que hiciera yo? He huido espontáneamente de 
Roma ; en la amenazada excomunión he sacríficado por 
intereses mundanos el santo carácter de Papa ; pero ¿po- 
día destruir en roí toda la serie de los pontífices-reyes? En 
cuanto á mi poder, oslo había cedido, y vosotros debíais 
apoderaros de él, y no cederlo jamas á los pretendidos 
herederos de Pipino y de la condesa Matilde. » 

Después de Savini ocupó la tribuna Terencio Hamíani» 
quien después de querer probar que el papado fué siem- 
pre el azote de Italia , buscó un modo de gobierno que 
no fuese tan inútil y peligroso para Roma como la forma 
republicana. Según él , no están los romanos en la des- 
ahogada situación de Francia para lanzarse á la república*^ 

cSé , añadió , la generosa respuesta que me dan vues- 
tros corazones : la república es un nombre mágico , y le 
conduciremos en triunfo por toda la Italia. 

» Permitidme que examine esto por amor de la Italia. 
La Toscana es ciertamente un pais poco unido , al que es 
fácil imponer cualquier gobierno; pero renovaremos el 
deplorable estado de la edad media , y los sieneses y los ' 
florentinos bañarían en sangre aquel suelo sagrado. 
. >En el Piaiponte seria mas difícil que en Toscana; es 



CBÓNIGA BXTRAUJEBA. 447 

un pueblo menos apasionado , que tiene algo del carácter 
septentrional, que no tiene mas historia que la de Sabo- 
ya, que no creció sino por la espada de sus principes , y 
ahora es fuerte y tiene en la mano en gran parte los des- 
tinos de la Península. Sé que Genova está nutrida de tra- 
diciones republicanas ; pero se engañaria quien la creyese 
dispuesta á aceptar la bandera republicana , porque tiene 
un pueblo marinero y mercantil. Invadid el Piamonto con 
la bandera republicana , ó empezará una reacción san- 
grienta ó se descompondrá el pais. Y el Austria hará en el 
Piamonte lo que hizo en Lombardia. Después de esto, 
acamparla en nuestros campos. (No^ no.) 

> Sé la respuesta: la Francia no puede abandonar á la 
república su hermana : mataría el principio de su vida. Es 
mal de Italia intentar á menudo lo que en otras partes ha 
caido; tiene la desgracia de no saber escoger la ocasión. 
Ahora reina en Europa un espíritu de conservación que 
ha conseguido ventajas sobre los pueblos en Yiena , en 
Berlin, en Francfort mismo, donde no se piensa en un 
presidente, y si en un rey. La misma Suiza, que es repú- 
blica , y que hace poco hacia mas liberal su pacto federal, 
se liga ahora con los principes que la rodean , y amenaza 
los intereses de los pobres refugiados lombardos. Aun en 
Francia la palabra de Lamartine y de Cavaignac era du- 
dosa, ambigua.. ¿Qué debe esperarse cuando la república 
francesa está agonizando;, y todos esperan su segundo im- 
perio ? 

I ¿Qué hacer, pues? ¿Debemos abandonar esos dere- 
chos, que son de todos los hombres? ¡Jamas! Sois los 
padrinos de vuestro pais , pero para aquello que no inte- 
resa sustancialmente á la patria entera ; no debéis hacer 
cosa que comprometa el porvenir italiano. Debéis someter 
.el gran problema á la Constituyente italiana. 



448 HIYI8TA DE ESPAÑA, DE INDIAS Y DBt SXTBANJERO. 

» Yo OS diria; ¡obrad! sino tuviéramos al eitranjero en 
Lombardia , cíen mil bayonetas «ontra nuestro pecho. 
Ademas las historias me dicen que no debe procederse 
nunca por una linea siempre derecha, y si mas bien por 
una curva. No os será difícil encontrar lo que es bueno, 
posible y en armonía con lo que existe.» 

Despuefi de Hamiani y del diputado Hassi, que le sucedió 
en el uso de la palabra, la tomó Filopanti, quien proimso 
¿ la Asamblea un decreto fundamental , que , algo modi- 
ficado, se aprobó después en la forma siguiente : 

ASAMBLEA CONSTITUVENTE ROVANA. 

Decreto fmidamentaL 

Articulo i.** Queda destituido el papado de hecho y de 
derecho del gobierno temporal del Estado romano. 

Art. 2.^ El Pontífice romano tendrá todas las garantías 
necesarias de independencia en el ejercicio de su autori- 
dad espiritual. 

Art. S."" La forma del gobierno del Estado romano será 
la democracia pura, tomando el glorioso nombre de 
República romana. 

Art. 4.* La República romana tendrá con el resto de la 
Italia las relaciones que exige la nacionalidad común. — 
Roma 9 de febrero de 4849 á la una de la mañana. — El 
presidente, Galleti. — Los secretarios , Pennacki^ FabrMi 
Zambianichi, Filopanti^ Boriüi. 

El 9 á las diez de la mañana se proclamó la república 
desde el Capitolio. 

Antes de que ocurriesen en Roma los acontecimientos 
que acabamos de mencionar, el gobierno español dirigió 
al francés, y asimismo á los gabinetes de Austria, Baviera, 
Cerdeña, Toscana y Ñapóles la siguiente nota, que ha 



CRÓNICA SXTRÁNJIIU. 449 

publicado el Monitor Prusiano^ y que tenia por objeto in- 
vitar á todos estos gobiernos á que adoptasen las medidas 
convenientes á fin de evitarlos males que podrían seguirse 
del rumbo qué tomaban los asuntos de Roma. Dice asi 
la nota. 

«Decidido el Gobierno de S. H. desde que llegó á su 
noticia la fuga del Papa, á prestar al jefe de la Iglesia to-» 
dos los auxilios que fuesen necesarios para colocarle en un 
estado de independencia y dignidad que le permitiese 
desempeñar sus sagradas funciones, se dirigió con este 
objeto al gobierno francés, que se ha manifestado dis- 
puesto á sostener la libertad del Padre Santo. Mas , como 
quiera que atendido el gito actual de los negocios de Roma, 
pueden parecer insuficientes estas negociaciones, no se 
trata ya solamente de proteger la libertad del Papa, sino 
de restablecer su autoridad de una manera firme y estable, 
poniéndola á cubierto de todo género de violencia. Bien 
sabéis que tas potencias católicas ban tenido siempre gran- 
de empeño en mantener intacta la soberanía del Papa, y 
en asegurarle una posición independiente; posición de 
tanta importancia para los Estados cristianos, que en nin- 
guna manera puede quedar expuesta al arbitrio de una tan 
pequeña parte del mundo católico como son los Estados 
romanos. 

• España cree, por tanto, que las potencias católicas no 
pueden consentir en dejar la libertad del Papa á merced 
de la ciudad de Roma, ni en que ¿la par que todas las 
, naciones católicas se apresuran á dar pruebas de su pro- 
fundo respeto al Padre común de los fieles, ose ultrajar su 
dignidad una sola ciudad de Italia , y colocar al Papa en un 
estado de dependencia de que podría esa misma ciudad 
abusar mas adelante como poder religioso. 

» Estas consideraciones ponen al Gobierno de S. M. en 
T. xin. 29 



4B0 RIVISTÁ DB ESKAÍA» VB mOAft Y SAL BXTRANJSRO. 

el foizoao caso de dirigir una innlaejMiá lodis h»poteD^ 
cías calélicás, i fin de conT«»ir en las medida» <|iáa deban 
adoptarse para evitar loa graves males á c^ue daría &ri§m 
la proloogadon del estado actual de eosas. S« M^ kaotde* 
nado con este objeto á su Gobierno que se dirija á.ki»fa«* 
bíneles de Francia» Austria, Bavierar Cerdeia» TdseaDa y 
Ñapóles, invitándoles i nombrar plenipolefhciariasy y á de^* 
signar el logar en que estos deban reunirse. A fin de evitar 
dilaciones, S. M. ha designado á Madrid ó á cualquiera de 
las ciudades de España, situadas á orillas del Meditecráneo, 
temendo en cuenta, tanto la tranquilidad de que gota la 
Península, como la conveniente rituaoion de uaa ciudad 
marítima. No tratáoidose mas que de anal cuestión catdiicay 
puede muy bien designarse á España, como lugar muy 
propio para estas negociaciones. — Firmado, P. J. Pidai* » 
La anterior nota era también el objeto dé las eonvensa- 
clones en ios circuios diplomáticos de Ttfrin , y sega» pa- 
rece, el gabinete sardo ha contestado que desearía dej» 
todas las negociaciones relativas al arreglo de loan^o^ios 
de Italia, para cuando se verifiquen las CMKferenoias de 
Bruselas. Al rechazar la proposición del gabinete español 
el gobierno sardo , sin otro fundamento que el de haber 
allí propalado la voz pública la intervención única y ei*- 
elusiva del gobierno español en los asuntos de Roma, creift 
deb^ protestar al mismo tiempo ante todos los gabinetes 
de Buropa contra el envío de la flotilla de guerra- que Es^ 
paña intentaba mandar á las aguas tle Gaeta. De nada sir- 
vió que nutestro representante en aquella corte manifestase 
al famoso Gioberti, que semejante noticia no eran otra cosa 
qne falsos rumores , pues el célebre abate , á despecho de 
todo, pareee que ha dado orden al representante/de & M..el 
rey de Cerdeña en Biadríd , pwpfi entablar conferenoiasiaebM 
mAe^ punto con nuestro gabinete. 



(ȎllKVLIX.13UKJlll4* 4ltf 

La» poteiMMfi á qidcaoes se dirigió «1 gabinete espaftoi, 
oonlestaron nuau&staiido haUacse dispoestas á seeoBdar- 
la» ai bien la Toacana se reservaba ciertos derechas por lo 
cfQó respecta á las coestiones politieas que incídentalmeiite 
pod^nuí tralwse en el Congreso. 

La Francia, que con suma complacencia ha reqp^ondido 
i nneatra invitación, deseando que tomen parte en ba re- 
soluciones todas las potencias europeaa, ha sido de opi«> 
nion que Bélgica , Inglaterra y Rusia deberían ser también 
invitadas á enviar sus pleniiKitenciarios; ; en tal concepto» - 
Mr. Drouin de Louys ha dirigido una comunicación al sck 
ñor marques de Pidal. El gabinete español « conforme en 
un todo con las observaciones de la Francia, se ha apre- 
surado 4 dirigir al gobierno belga la misma invitación que 
álos demás; y por lo que hace á Inglaterra y Rusia, no 
siéndole posible comunicar directamente con sus gobier- 
nos, parece haberse pedido ala Francia que sirva de inter- 
mediaria para hacer llegar ¿ aquellas potencias los deseos 
de España aceptados por los demás gabinetes. 

El dia. 10 del corriente» el presidente del Consejo de 
ministros de Cerdeña leyó en la cámara de los Diputados 
un extenso programa , notable por el espíritu de modera- 
don con que está concebido , y por la enerjia con que se 
ataca las constituyentes de Roma y Toscana, y la aplicación 
del principio republicano á la Italia. 

Mr. Gioberti asienta el principio de que todas las revo- 
luciones deben tener un limite fijo , que no pueden traspa- 
sar sin que el edificio social se convierta en ruinas , y la 
dxilÉiacíott ceda el puesto á la barbarie. Dice después que 
la. regeneración de la Italia abraza cuatro ideas capitales, » 
á saber : las reformas, A Estatuto , la independencia y la 
Confederación, y que fuera de estos objetos no hay maa 
que sueAos y utopias. 



4S2 REVISTA BE ESPAfíA, DE INDIAS Y DEL EXTRANJERO. 

cSe encuentran , dice , algunos espiritas mas ardientes, 
que bien aconsejados , los cuales , no contentos con llegar 
á conseguir dichos objetos, querrían empujarnos mas allá. 
Para ellos no será completa la regeneración hasta que toda 
la Península se reduzca á un solo Estado, y á los tronos 
constitucionales se sustituya la república. Y no reservan 
esta tarea á nuestros nietos , sino que quieren la conclu- 
yamos nosotros. No hemos arrojado á los austríacos, y 
quieren destronar á nuestros principes. No hemos conquis- 
tado el ejercicio perfecto y la posesión de la libertad cons- 
titucional , y quieren darnos la republicana. 

t ¿ Y quién no ve que para dar completa unidad á la Ita- 
lia y convertirla en república, seria preciso conculcar los 
derechos de todos nuestros príncipes , destruir los diferen- 
tes gobiernos de la Península , cambiar en un punto los in- 
veterados hábitos de los pueblos avezados á la monarquía 
y apegados á su metrópoli, desarraigar el espíritu de pro- 
vincia y municipalidad, y vencer en fin el empuje déla 
Europa, á quien una Italia republicana y unitaria cansaría 
por muchos motivos temor y celos? Y si cada ana de estas 
dificultades es gravísima, ¿cómo podría confiarse en ven- 
cerlas todas juntas ? 

»Por lo que hace á la república, confesamos ingenua- 
mente que en el estado actual de la civilización moderna 
nos parece una forma de gobierno mucho menos perfecta 
que la monarquía constitucional bien ordenada, que la 
aventaja grandemente en unidad , fuerza , crédito, prospe- 
ridad, seguridad y firmeza. Asi es que en la idea republi- 
cana no vemos nosotros el progreso que muchos le atri- 
buyen ; y si lo permitiese la dignidad de esta asamblea, 
podríamos en conciencia devolver á sus fautores el dictado 
de retrógrados. Fuera de que si , aun en los pueblos ya 



CRÓNiCA XXTRANJSRA. 4S3 

acostumbrados ¿ la tida de la libertad, y organizados por 
usa rigorosa centralización, no ha sido siempre feliz el en- 
sayo de la república , cualquiera conocerá que en la Italia, 
fraccionada y esclava por tantos siglos, fomentaría las di- 
visiones en vez de disminuirlas, y seria instrumento de ti- 
ranía, fomes de discordia y germen de debilidad.» 

Expone el Ministro las gestiones que habia practicado 
el gobierno sardo cerca del Padre Santo y de Florencia, con 
el fin de ajustar la proyectada confederación italiana, y 
continúa : 

i En este estado se hallaban las cosas cuando el grito de 
la Constituyente romana vino á ahondar mas y mas el abis- 
mo que separaba al pueblo de su soberano. Siguióse poco 
después la convocación de la Constituyente toscana, cu- 
yos miembros deben traer poderes ilimitados. Entonces 
creímos deber suspender las gestiones que practicábamos 
con uno y otro pais para la confederación común; y para 
ello nos asistieron muchas y poderosas razones que os ex- 
pondremos sucintamente. 

c La firmeza, señores, y la constancia en sus propósitos 
son la primera dote de todo buen gobierno que aspire ¿ 
merecer la confianza y el aprecio de nacionales y extran- 
jeros. Nosotros no podíamos dar nuestro asentimiento á 
las nuevas Constituyentes de la Italia central, sin renunciar 
i nuestro programa y abrazar otro , no solo diverso , sino 
contrario. La Asamblea que hablamos propuesto era me- 
iramente federativa ; las de Toscana y Roma son , ó al me- 
nos pueden ser politicas. La una deja intacta la Constitución 
de la Italia en diferentes Estados, y el gobierno interior de 
ellos; las otras están autorizadas para alterarlos y anncon- 
fimdirlps* Esperamos que no lo verificarán ; pero cierta- 
mente « si lo hiciesen, no desdecirla esto de su origen. 
Muestra Constituyente es pues incompatible eon las de 
Roma y Florencia : y si nosotros hubiésemos sustituido á 



4S4 REVISTA DI ismflA, n imuB t vsl ixTiUNjiao. 
«nestro pensBinieiito el pensamieiito de oíros, nos ho- 
biéraiBOs puesto en contradicción eonxniestrospriBdpiefSt 
-yliabriamos hecho una de aqaeita» Tariacionee capitales 
^e banftan para destrair hi reputación de un gobierno. 

1 Sabido es que los mas ardientes promo^nsdores ée este 
designio son los partidarios de la unidad absoluta y de la 
Heptiblica; los cuales , Tiendo que la nadon rechaza uná- 
nimemente sus ideas , esperan poder introdticiiías bqo k 
máscara de ta ^Constituyente. T por este medio se prepo- 
nen llevarlas á cabo , obligando por el ardid y el temor á 
la fotura Asamblea á proclamar la República itsAiaRa, y 
teciendo se sobreponga un puñado de hombres audaces, 
«orno acontece en tiempos de revolución. 
^ • No se diga , señores , que estas son caimnnias, porque 
«hi están los hechos. ¿En qué paró ¿ los pocos dias tai 
<k>nstituyente toscana, nadda de un motín ; sino en osee- 
"vas iiidignfsimas, de yiolencia y de sangre, y en la foga dé 
im principe benignísimo , que irn año antes daba i sus 
pueblos instituciones libres? 

> Las poblacmnes de Toscanay<le Remaron dertameute 
"prudentes, *a£ctasá sus principes, y estininny AstaiMs 
de aprobar semejantes excesos. Pero eso no qtáta que las 
Asambleas referidas puedan ser cámpliees de Ideas ruino- 
sas, 7 osfén llenas de peligros. Ahora bien -: ¿c¿no podre- 
mos aseptar esta compKoidad y estos peligros, s'm abjurar 
iraestras doctrinas, 7 sin menoscabo 4e la fe fBonárqui^s^ 
"eonslítuciottal tfue proCesamos , que bemos jurado y qué 
««Miservarémos hasta nuestro último 'suspvo? 

9 Slla Constituyente toscana y romana se extravia , en 
iras de uirir á 3os ftalianos , fomentará sus disoordiBs y oft- 
«enderá el faego de la guerra civil. Sn <vee de aSrmur 
Miestras instítuuhmes , las arrancará <te taóz , suslituyenAo 
•1 principado oivii un 'vuno fantasma de República. .En tos 



GEdmcA. stnuiaKRA. 45K 

de procurar la concordia entre los principes y los pueblos» 
entre la civilización y la religión , que fué el germen fe* 
cundo de naestra regeneraeioo , pag%r^ con ingratitud á 
los primeros autores de la regeneración italiana, pondrá 
en conflicto los intereses de la patria con los del Papa y 
de la Iglesia , suscitará contra ella á todos los hombres y 
todas las eilaaas mas adietas i k mosarquia y á las creen- 
cias ««iólieas 9 y bará aa^migos suyoa á los {Nríoeípea y ai 
Povtifiee que turímcMii la prineipal parta en maastra liber- 
tad. Poráltimo, «1 vez de redimir ala Italia dielestranjaro* 
hará dificil el evitar su intervención : coboneatará en la 
^arienda la causa del Austria, prestando mayor fuerza i 
•US armas con la aparíeseia de una idea religiosa ; porque 
{^ién podfia sesistír á sus legiones cuando se presenta^ 
sen á nuestras puertas cerno d^nsoras de la rehgioa 
ofendida, y como vengadora^ de los derechos del Ponliflce 
ooBculcados ? 

t ¿8e dirá que no ae vm&earioi tales excesos? Aai lo es- 
peramos; pero po puede negarse que son posibles, y que 
tenemos el deber de preverlos y evitarlofi. El gobierno 
sardo no puede hal^erse e¿mpiiee de tantas desventuras, 
á las que s^agregaria oira muy grave; queel ejército sub* 
alpino, fendemento de n^estiias esperaaaas, qajasá se 
separaría de nosotros. En efecto , ¿quito podrá creer que 
una milicia tan adicta á su principe , tan celosa de la liber- 
tad legal y del Principado , había de mirar con ojos sere- 
nos una Asamblea suscitada por el partido republicano, y 
autorizada por su origen á poner mana en las instituciones 
que nos rigen ?• 

Al eoaelttir su discorso, hace Ür. Gioberti un parangón 
entre la democracia y la demagogia, yreeonrienda lamo- 
devadon y la unien^ como el teico medio de salvar la 
Italia. 



i»WMlMW««M.%«M«M«k«t«^«IM» 



CRÓNICA DEL REIIVO. 



Desde nuestra crónica anterior se han ocupado los cuer- 
pos colegisladores muy espedalmente en ia discusión de 
diferentes proyectos, relativos á la quinta ya Terificada, á 
la organización del ramo de minas, de la beneficencia pú- 
blica y caminos vecinales , y otros de interés material. Úl- 
timamente ha presentado el Sr. ministro de. Hacienda el 
presupuesto general para el año de 1849, según el cual as* 
eienden los gastos ordinarios y extraordinarios en dicho 
año á 1.926.918.577 rs., y los ingresos se calculan en 
1.226.974.921 rs.; resultando por consiguiente un sobxuite 
de 56.844 rs. Al mismo tiempo ha presentado al Congreso 
dicho Sr. ministro un proyecto de ley, en el que después 
de otros artículos se leen los siguientes, que no podemos 
dejar de copiar , tanto por su importancia , cuanto por la 
verdadera alarma que han causado en todas las clases, cu- 
yos legítimos intereses afectan. Nosotros, en el número in- 
mediato de nuestra Revista , publicaremos nuestras refle- 
xiones sobre dicho proyecto. 

Los artículos citados son los que siguen : 

Art. 8.^ No se abonarán mas. años de servicio para las 
clasificaciones de cesantía y jubilación de que tratan los 
art. 15 á 21 y 23 á 26 de la ley de presupuestos de 26 de 
mayo de 1835 , que los que real y efectivamente se hayan 
adquirido desempeñando algún empleo de nombramiento 
Real ó de las Cortes y con sueldo* 

Art. 9.'' Quedan derogadas todas las aclaraciones, expli- 
caciones ó concesiones que se hayan hecho con posterío- 



CnÓNIGA DBlí BSINO. . 457 

rídad á la citada ley de 26 de mayo de 1835» respecto á. la 
naturaleza de los destinos, á los años de servicio y á los 
méritos de las personas que no estén en completa confor- 
midad con lo dispuesto en el art. 1.^ 

Art. 10. Se exigirá siempre para la jubilación de los em- 
pleados las dos circunstancias precisas y reunidas de edad 
y de imposibilidad fisica. La edad no bajará de 60 años 
cumplidos. 

Art. 11. Para los que bayan servido en Ultramar^ siem- 
pse que residan en la Península, regirán las mismas reglas 
de sueldo y años de servicio que se exigen para los em- 
pleados de esta, con arreglo á la escala que al efecto se 
establezca. Solo en el caso de que residan en Ultramar 
gozarán de los sueldos que á aquellos corresponden. 

XtU 12. Se entiende que^reside en la Península. todo 
empleado de Ultramar que pase en ella mas de seis meses, 
cualquiera que sea el motivo d pretexto con que haya ob- 
tenido licencia. - 

Art. 13. Continuará vigente el art. S."" de la ley del pre- 
supuesto de gastos de 23 de mayo de 1845, que niega el 
derecho al goce de sueldo por cesantía á los empleados 
de nueva entrada, y el aumento ep el haber de la misma 
por los ascensos de los que lo eran á la expedición de dicha 
ley, si en el nuevo empleo tuviesen menos de dos años, 
gozando en otro caso del que por el anterior destino les cor- 
responda , en el concepto de que cuando hubiesen obte- 
nido varios ascensos con posterioridad á la citada ley sin 
cunq[)lir en uno de ellos los dos años, se entenderá por el 
anterior destino de que habla la ley el de primer ascenso 
que bayan obtenido , acumulando á este tiempo el inver- 
tido en los demás empleos, ya sean de mayor ó menor 
sueldo. 

Art« 14. Con arreglo á las disposiciones que contiene la 



4BB REVISTA DB ESVáMá^ DB M>lá« T ML BXTRÁNJBRO. 

praMOto ley, sa prooecfMri i uaa Mie?tt €(i#Ífiotd<Mi4t 
lodos Jos eesMites j jabiladot 4fM oabf en sw hAem mk 
Áspate ó eitnuntr. 

Art. 15. Las seccionas 4iri eonsejo itoil, y an an caso 4l 
füiaiBO Gamejo en plano , aotonderán ^an io aucasivo-de 
lodo lo rofailBm> al romo do elaaiflaacion an al modo y for^ 
flUKIve el Gobierno delanntiie, qnadnio por eonsoenaii*- 
da suprimida la actual junta de Clasificación de defaahoa 
da los^ mpl a a doa cifilea. 

Bago la dalaposa ioaprasion ^M tica ha cansado te lee^ 
inra de los «nteiioras artterios » débenos tfadir á Í0q» 
yo'han didio otros pariédicoa^ cediendo i los mas«oMea 
aantínttODtos , y ievanlando la tos en fevor de k» i al fotfe ea 
clases pastfts , que no podemos menos do nnimoaénnao- 
Iros oolagos en defensa t«nbien de osas mismas clases, 
pfoeSsamente las mas desgraciadas, las mas éasalenáidaa 
ifne bay en Cspaia , j por lo mismo las-qné mas áSmpaliaa 
excitan. No tenemos reparo en decirlo : cA proyecto del 
Sr. üiiristro ba disgustado ffenarÉlmonfle , porqne aoos- 
lombradotodo^ mundoi mirarlas por tantos afios^npa* 
<Meft poaesion del baber quería ley leaaéftalaba, jamas pudo 
figurarse qve llegaria 4iompo en<iBe se 4ieae efecto rs- 
troactivo á esa n^sma ley, pata empeorar an eondieion ya 
por si harto amarga. 0e oaatoiama seguridad ha prownido 
que mndhos que cobran en -dase pasiva ae bao viste en ia 
dorapredsion/paranonioatniadebamíbre, denegoeíassaa 
«onaíderables atrasos, nmiqun con la enorme pérdMa 
fpsñ es de suponer; 7 no s<Ao han encontrado quien ae -loa 
eompret-sótto que con 'frecuencia aparecen anuncios do 
personas qne^ae preatan4 adolantar pagas ; y claro está qnn 
esas mismas'personas no pueden aatar tranquilas desde el 
momento que apareció el proyecto. Nadie mas amigo que 
nosotros de nafonnas y aeonomias ; p«K> ^jnerwnos 'que 



J 



^émtk ME. KÉiNO. 48B 

ne¥0B el «ello de jvslidft, cnanéo no el de hvnanided : y 
ittt Irsypor ^«iitim en estrilarse eoB um etase, á la eud 
le le da á lo sumo siete pagas al afto, j aun parece red^ 
Mriasoomo una grada espedal? En otras partes, y e& 
«mcMsimo menos tiempo, pndíera liaoerse esa eeonoaia, 
qoedindoles todatia ét los <(ue les alcanzara , sobrada* 
nmte para i4vir, «n logu* ée q«e si por efeeto reb^oacthFO 
éetaa ley posterior taviera un cesante que olasifieane de 
nuevo i>or el sueldo del desfino inmediato al úMimo que 
desempeftd , porque en osle ito cumplió los dos afees que 
ahora se exigen ; ó lo que es lo mismo , si hallándose ém^ 
Cnrtando de una cesantía de seis mil realee, futiese que 
Aescender á fres raíl , y de estos percibiera según antigua 
^oitmtÉfte la mSlad, diganos el Sr. Ministre de buena fs : 
jcree que nadie pueda subsistir con mil quinientos reales 
id aüe? Si realmente e)4r. Ifon desea economías, enho- 
raboena. Nosotros le preponemos un medio mny fteil y 
«endllo : prorea el GoMmoo todos los destinos que Ta- 
quen , en kigar de confenrlos á geoie nuetn, en esos mis- 
mes «esafytes que no hubiesen desmerecido, pues que al 
eabo noliábri nii^;uno que faltya quedado redueido á esa 
ütttadkm por su tohmtid , ni tsmpoco que eontisúe en 
elhipor m guiAo. 

Como «esperamos que el Sr. Ministro retirará el pvo^ 
yMto, «iqniera pam ne legar tm mal ejemplo á sus 
Meesores, d en ^eaao cotftrario que las Cortes lo des- 
aprueben , porque de aprobame resuStaria que ya nada 
podi4a fns|ñrar eonfianfsa 6n Espete , no siendo exirafio 
quo'el dia Ae msAana se presentara elro ministro atteran*- 
do el tipo fijo de los años de serñeios que han servido y 
están sirviendo para las clasificaciones , y con darle des- 
pués efecto retroactivo, quedaban anuladas la mayor 
parte de las cesantías ; por eso no entramos de lleno en 



460 BSVISTA BB BSPARa, DB UfDIAft'Y ML BITRÁNJBBO. 

Otros pormenores de <¡ue no nos habla el Sr. Hon, y 
nosotros echamos de menos por creerlos muy convenien- 
tes : tales como lo que piensa hacer coa los atrasos que 
tienen cesantes y jubilados : el tiempo que ¿ su parecer se 
invertirá en revisar las cesantías y jubilaciones de los que 
se encuentran en este caso en toda la nación : al respecto 
de qué sueldo se les ha de pagac ínterin se hace la nueva 
clasificación, óbien si han de estar sin pwctt>irnada hasta 
que llegue ese caso , lo cual equivaldría á condenarlos á 
no cobrar una mesada en toda su vida : y por idtimo» si 
cree que el consejo Real , ya muy sobrecargado de nego- 
cios propios de su institución , podrá encargarse y dar 
cumplimiento á este nuevo cometido, sin pedir para que le 
auxilie un enjambre de empleados, y á quienes por preci- 
sión habría que dotar ; resultando de aquí que ellos se lle- 
varían , y con creces, las economías proyectadas sobre la 
misaría de las clases pasivas, que no por eso, nos atreve* 
mos á asegurarlo desde ahora, serian mas atendidas, ni 
tampoco encontrarían los pueblos alivio en sus cargas. 

Las facciones catalanas continúan perseguidas con ac*- 
tividad, pero sin ningún rebultado importante. El 26 del 
mes anterior sostuvieron un choque nuestras tropas al 
mando del coronel Ruiz, con las que acaudillaban Cabrera 
y Marsal : este combate duró hasta el dia siguiente, y hu- 
biera sido Ruiz derrotado , á no haber acudido con su co- 
lumna el general NouvíUas. Nuestra pérdida fué de alguna 
eonsideracjon, y la del enemigo consistid, según partea 
oficiales, en unos 30 muertos y muchos hedidos, contán- 
dose entre ellos el mismo Cabrera , herido de dos balazos» 
aunque no de gravedad. 



IflMIhWMIHnMBlgMlWaMlJatfllrfBMMaHIlli^ 



CRÓNICA DE INDIAS. 



En el momento que escribimos estas lineas , hoy 28 de 
febrero , aun no hemos recibido periódicos de la Habana 
y de otros puntos de Ultramar. No sabemos por consi- 
guiente el valor que pueda darse á los rumores que se han 
difundido en estos últimos dias , acerca de haber apare- 
cido el cólera en la capital .de la isla de Cuba. La Gaceta 
del 33 contiene los siguientes nombramientos de alcaldes 
mayores y escribanos hechos para dicha isla. 

ALCALDES MAYORES. 

En 9. Admitiendo la renuncia que por el mal estado de 
su salud ha hecho D. Nicolás de Roda, de la alcaldía ma- 
yor, quinta, de la Habana. 

Ascendiendo á esta alcaldía á D. Justo Sandoval y Ma- 
nescau , alcalde mayor de Santiago de Cuba. 

A esta última á D. Juan Menendez y Arango , alcalde ma- 
yor de Trinidad. 

Y nombrando para la de Trinidad á D. Lorenzo de Bus-> 
to , juez cesante de primera instancia de AUariz, en la Pe- 
nínsula. 

OFICIOS. 

En 9. Confirmando á D. Felipe Fornari en su oficio de 
escribano del número de la Habana , con la notaría de In- 
dias, en la forma ordinaria. 

Y á D. Felipe Merino en un oficio de procurador público 
de la villa de Cienfuegos, que ha renunciado á su favor 
D. Antonio Casanova. 



460 REVISTA DE ESPAÑA^ DE INDJAS Y DEL EÍLTRANJEflO* 

Otros pormenores de que no nos habla el Sr. Mod , y 
nosotros echamos de menos por creerlos muy conveoíen- 

tes: tales como lo que piensa liaeer con los atrasos que 
tíenen cesantes y jubilados : el tiempo que á su parecer se 
invertirá en revisar las cesantías y jubilaciones de los que 
se encuentran en este caso en toda la nación : al respecto 
de qué sueldo se les ha de pagar ínterin se hace la nueva 
clasificación » ó bien si han de estay sin percibir nada hasta 
que llegue ese caso , lo cual equivaidria á condenarlos á 
no cobrar una mesada en toda su vida ; y por último, sL 
cree que el consejo Real » ya muy sobrecargado de nego- 
cios propios de su inslitucion , podrá encargarse y dar 
cumplioiientoá este nuevo cometido, sin pedir para que le 
auxilie un enjambre do empleados, y á quienes por preci- 
sión habría que dotar ; resultando de aqui que ellos se lle- 
varían , y con creces, las economías proyectadas sobre la 
miseria de las ciases pasivas, que no por eso, nos atreve- 
mos á asegurarlo desde ahora, serían mas atendidas» ni 
tampoco encoutrarian los pueblos alivio en sus cargas- 
Las, facciones catalanas continúan perseguidas con ac- 
tividad, pero sin ningún resultado importante. El 26 del 
mes anterior sostuvieron un choque nuestras tropas ai 
mando del coronel Ruiz, con las que acaudillaban Cabrera 
y Marsal : este combate duro hasta ei dia siguiente , y hu- 
biera sido Ruiz derrotado , á no haber acudido con su co- 
lumna el general Nouvillas, Nuestra pérdida fué de algu 
eOB^ideracion, y la tlel enemigo consistió, según 
ofteiales, en unos 50 muertos y muchos heridos * 
dose entre ellos el mismo Cabrera, herido de dos 1 
aunque no de gravedad. 




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\^.Aéé!^^:- 




Thi^ bouk should be returned lo I 
tJie Ubrarjr on or befo re tbe last dale] 
elainped belovir* 

A fine ai fi^e ceuta a dsy ia íii« 
hy retainin^ it be yon d the 
time. 

Please returtí proiapÉly. 



^^x-^\