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Full text of "Revista del Instituto Paraguayo"

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ANO I 



Asunción, Octubre de 1896 



Nuestros propósitos 



N°l 



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'* L- 



El Instituto Parnguayo, tuvo en vista desde los prime- 
ros días de su existencia, la fundación de un órgano de 
publicidad, que responda á I03 fines de su creación: el de- 
sarrollo de la cultura intelectual y artística y del espíritu 
de asociación, tan útiles al humano progreso. 

Esta aspiración del Instituto fué traducida más tarde 
en una disposición de los Estatutos de la Sociedad, que 
ordenaban la creación de una tub-Comision literaria, encar- 
gada especialmente dej, la dirección de la Revista, que de- 
bía fundarse. /v>* > 

lia Sub-Comisioj/fcufe nombrada $t\ oportunidad, pero á 
pesar de todos sus^^uerzos y tpg <¿e |a Comisión Directi- 
va, la Revista noA^o.-fiíctir, j)or causas más poderosas 
\&y buena voltintad de los encargados 
Uublíc&é^bji. '¡ - . 
VatóéwOse d;e#én vuelto rápidamente los 
K^ín'stUJ^^adelahtado muchísimo en 
su organización intefüfl y conseguido* mayor desahogo en 
sus rentas, la Sociedé^se v>é en N la ^posibilidad de cumplir 
como lo hace, con la drtj^sicioj^ere sus Estatutos á que nos 
hemos referido. ~"~ 

La fundación de la Revista del Instituto Paraguayo, de 
carácter esencialmente científico, literario é histórico, es 
un verdadero acontecimiento, no solamente para la so- 
ciedad de cuyo seno surge á la vida, sino también para 
nuestra querida patria, única quizás en el mundo civiliza- 
do desposeída de una publicación de este género. Y sin 
embargo, ningnn país merece y necesita más que el Para- 
guay, que sus hijos y los extranjeros que cariñosamei:t« 
acoge al amparo de sus libérrimas leyes, se ocupen en el 
sentido que iniciamos: la iliada y la odisea de su intere- 
santísima historia, sublime epopeya en que no se sabe que 



que la competenc 
de dar á luz dicha 
En el presente, 
medios de acción 



— 2 — 

admirar más, si la nobleza y el valor insuperable de este 
pueblo mártir ó la tenacidad de su infortunio; -su sober- 
bia niituralr zaque tanto se presta para la investigación 
y experimentación científicas, como para la imitación ar- 
tística — el tesoro de sensibilidad que abriga en su corazón 
este pueblo generoso — necesitan cultores é intérpretes, que 
reinvindiquen en pro de nuestra amada patria, el asiento 
que legítimamente le corresponde en el banquete intelec- 
tual á qué le brindan sus ilustres hermanas de la América 
latina, y del qre permanecealejada, por no poder presen- 
tarse con los atavíos que su dignidad le impusiera. 

Emprendamos pues, cnanto antes, la labor intelectual y 
ai tístca necesaria paia ilustrar el nombre paraguayo en 
la elevada región de los conocimientos humanos, como lo 
ilustraron nuestros may res en la guerra; y hagámoslo con 
la misma cneigía y tesón con que nuestros padres defen- 
dieron la integiidad nacional y el honor del pabellón tri- 
color. 

Ya que amaneció por fin, el suspirado día en que la luz 
naciente de la libertad, alumbra el vacío y las ruinas de- 
jad *s por la tiraría, despidamos de una vez esa edad des- 
venturada en que la pereza y la ignorancia nos han costa- 
do tantas y tan amargas lágrimas. Cayendo y levantando, 
pero bregando siempre, hemos llegado á una época de 
labor social, en que es indispensable sacudir para siempre 
el marasmo, hacer estudios útiles, y educar é instruir al 
pueblo del modo más conveniente y eficaz para su perfec- 
cionamiento moral y material. 

Como una reacción seguramente de los padecimientos 
y privaciones sin cuento de que fueron víctima», los que 
sobrevivieron á los desastres de nuestra tremenda guerra, 
pasada la catástiofe, sólo se han ocupado de conseguir al- 
gún progreso material, mejoiar de fortuna y proporcionar- 
se un descanso, que bien lo merecen por cierto. Pero la 
nueva generación, llena de aspiraciones, de bríos y provis- 
ta de una preparación muy supeiior á la anterior, no pue- 
de ni debe permanecer en la ociosidad intelectual y aban- 
dono del arte. Ella misma se horrorizaría más tarde de su 
obra, porque, como dice un escritor argentino, al volver 
los ojos hacia atrás, vería en el fondo de un camino largo, 
árido y oscuro, yaciendo cual estatuas mutiladas, á todos 
los que desaprovecharon los dones de la inteligencia y 
abandonaron la mente como campo ingrato á la semilla. 



— 3 — 

Dediquemos nuestra inteligencia y aptitudes al estudio, 
cultivemos la belleza artística y así habremos encontrado 
la palanca de Arquímedes, que ha de levantar al Para- 
guay de la postración en que se vé. De este modo hare- 
mos conocer en el extranjero los recursos de nuestro bello 
país, los tesoros inexplotados que encierra y el grado de 
adelanto intelectual y moral á que ha llrgado. 

Sin el cultivo de las ciencias y de las artes, los dos más 
poderosos elementos del progreso humano, el Paraguay 
nunca será grande, nunca será libre, nunca será próspero, 
por más que disfrute de un progreso material aparente. 
Sin luz en el entendimiento, sin estética en el corazón, la 
anarquía reinará perpetuamente entre nosotros, porque la 
ambición, el egoísmo, la envidia, la avaricia, la intriga y 
otros vicios más repugnantes, ocuparán por una ley física 
el vacío que aquellas dejaran en su ausencia. 

La Revista del Instituto Paraguayo viene á la luz con 
el noble propósito de acoger todas las producciones de 
carácter científico, literario é histórico, con las que los 
hombres de buena voluntad quieran honrar sus co- 
lumnas. Es órgano de la juventud paraguaya, que se lan- 
za al palenque de la Prensa Nacional, ávida de beber en 
las puras fuent?s de la ciencia y del arte; pero tal cosa no 
implica, que desdeñe ó niegue sus fojas, á los viejos, que 
quieran enseñarnos los frutos de la ciencia ó experiencia 
que hayan adquirido en el curso de su vida. Bienvenidos 
sean, siempre que se ocupen de disipar errores ó ense- 
ñar lo que hayan atesorado, y lo hagan con la elevación 
y cultura con que debemos tratarnos en sociedad y un es- 
crupuloso respeto por la verdad histórica. 

No se nos oculta que los fines que se propone el Insti- 
tuto Paraguayo con la publicación de la Revista son muy 
superiores á sus fuerzas; tal idea no puede desalentarnos; 
toda* las grandezas humanas nacen en forma más ó me* 
nos modestas; el embrión es casi siempre insignificante, — 
y la Revista del Instituto Paraguayo, solo reclama para sí 
el honor de ser una de las primeras semillas, arrojadas en el 
campo intelectual y artístico de nuestro país, de las que 
brotará en tiempo no lejano, el árbol corpulento éimpe- 
recedeio de la cultura nacional. 

Como se acostumbra en publicaciones de esta índole, el 



primer número se ocupará casi exclusivamente de la aso- 
ciación Instituto Paraguayo. 
¡Adelante! [Adelante! 



Velada de inauguración 



La Comisión Directiva del Instituto Paraguayo, en cum- 
plimiento de una disposición de los Estatutos, efectuó la 
inauguración de la Sociedad el 23 de Julio del corriente 
año, con una velada Jiteraiio-musical, en laque se pro- 
nunciaron los discursos que van á continuación: 

I — DlSCUKSO DE APERTURA POH EL PRESIDENTE DE LA SOCIEDAD, 

SENon don Cleto de J. Sánchez 
Señoras: 

Señores: 

Una época, en sus caracteres, no es más que el reflejo 
de otras anteriores, lo mismo que una sociedad no es sino 
una imagen modificada de las que le precedieron. 

La sociedad paraguaya, bajo el dominio de una mano 
extraña, presentaba los mejores síntomas para mantener 
la tendencia hacia la que dirigiera sus primeros pasos, 
tendencia que tomaba, en un principio, por punto de apo- 
yo la sabiduría, la inclinación á la autonomía para dispo- 
ner de la existencia, por un medio, y por término de direc- 
ción el goce del bienestar. Atestigüe mi aserto la memo- 
ria que de los Irala, Garay y Arias de Saavedra, se con- 
serva, al través del tiempo, en el corazón de los america- 
nos del Plata entre los manes que forman el simpático 
grupo de sus bienhechores. 

En la vida de los pueblos como en la de los individuos, 
intervienen con frecuencia intereses opuestos, de los que, 
tras encarnizadas luchas, igualmente que entre aquellos 
que reclaman un mismo derecho, sólo uno al fin queda 
dueño del campo. 

Como todas las sociedades hispanoamericanas, en la 
del Paraguay, la fuerza germinativa de una savia que 



— 5 — 

trataba de conducir insensiblemente á cada uno de sus 
componentes á la realización del más bello ideal, del más 
placentero de los objetivos, en pos del cual se corre pre- 
suroso en la vida, de uno de los derechos inalienables de 
la humanidad, de la consecución de la felicidad, muy 
pronto quedaba sofocada, aplastada por la influencia 
egoísta y estrecha del coloniaje, condensada hasta el 
extremo en un ambiente empozoñado de un fanatismo re* 
ligioso, atizado por los discípulos de Loyola. 

El interés del coloniaje ha obtenido la palma; el de los 
patricios, dominado, fue destinado á perecer ó á ser abati- 
da su cabeza tantas veces cuantas fuese necesario, de mo- 
do á no poder levantarse jamás. Mas esta condena no de 
bió pasar de más de tres centurias; contra el derecho se 
atenta, pero tarde ó temprano necesariamente su laurel se 
eleva y sume bajo su peso á los que pretenden descono- 
cerle y lo combaten. 

Hé aquí el origen de aquella sociedad no entendida y 
considerada por los historiadores como sin aspiración al- 
guna por índole natural, refiriéndose á la época del colo- 
niaje en el Paraguay, sin comprender que esa ausencia de 
aspiración no era sino producto de una opresión; historia- 
dores que se habrán mani estado en la indicada manera, 
tal vez porque jamás hayan estudiado á nuestro pueblo en 
su desarrollo sucesivo, tal vez porque jamás hayan obser- 
vado que allí donde se sacrifican los sentimiento* desde su 
origen en aias de un interés particular, ailí d )nde no se 
deja á las facultades del espíritu tiendan su vuelo á sus fines 
naturales, no puede haber sino un pueblo á la fuerza y ar- 
tificialmente indiferente para todo, no puede haber sino 
una sociedad sin vida activa, pues, por más que la na- 
turaleza haya infundido á sus miembros inclinaciones pa- 
ra llegar á posesionarse de la verdad, de la belleza, del bien 
y ampararse así contra las tempestades de la vida, todo era 
nada, porque todo era aniquilado en su cuna, aniquilándo- 
se los medios necesarios tendentes á favorecer su deiarro- 
11o. 

En los momentos que en nuestra tierra se sentían los 
primeros efluvios de la democracia; en los momentos que 
el horizonte era el límite de la repercusión de los últimos 
ecos de la proclamacióu de los derechos del hombre por 
los Estados Unidos y la Franci»; en los momentos que en 
1811 nos llegaban los primeros reflejos de la libertad, 



— 6 - 

aquella apatía artificial de nuestro pueblo era en él una 
segunda naturaleza, es decir, un estado patológico pro- 
ducido por la persistencia del coloniaje y sus auxiliares en 
mantenerlo en perpetua ceguedad, en pererane oscuridad. 

Ese estado fué el terreno preparado que encontró, para 
el ejercicio de una tiranía poco igual, el doctor Francia, 
horrible verdugo de su patria, que no sólo llevó mucho más 
adelante el predominio deJ oscurantismo, sino también sa- 
crificó centenares de inocentes víctimas nada más que en 
satisfacción de una ambición maligna. 

Aun fué continuada su obra por los López, pero las 
creaciones de la maldad no son de eternida *; y si bien, 
remanentes del producto de la opresión y las tiranías aun 
tenemos, paulatinamente, al empuje irresistible del tiem- 
po, ja van disipándose, cual se disipa á la influencia del 
calor 6olar una espesa neblina. 

Esta es la causa por que la sociedad paraguaya actual, 
como si la idea del fatalismo la mantuviese embargada, se 
entrega al abandono, por mejor decir, deja siempre correr 
de lado las cuestiones que más de cerca le incumben, las 
cosas que más directamente le corresponden, sea se trate 
de su honor, sea se trate de sus intereses morales é inte- 
lectuales sea se trate de lo que atañe á la dignidad de la 
patria. 

Este estado de cosas no puede continuar; impónese la 
obligación de iniciar una lucha tenaz contra esa plaga: la 
frialdad hacia las cosas que elevan al hombre á condicio- 
nes mejores, que hacon-eguico hacer fracasar diversas 
tentativas para combatirla. 

El deseo de iniciar esa lucha es la causa impulsora del 
nacimiento de la sociedad clnstitulo Paraguayo». Me ex- 
plicaré mejor. 

Un ínfimo número de jóvenes había comprendido 
que, no siendo la cultura patrimonio exclusivo de un solo 
hombre, ni de un solo pueblo, puede también cernerte so- 
bre la cabeza de los descendientes de los Yegros y Caba- 
llero; que la sociabilidad, elemento indispensable para el 
reinado de la fraternidad, es necesaria para converger los 
esfuerzos de la familia paraguaya hacia el engrandeci- 
miento de la patria; que el camino n:ás recto para llegar 
al término de estas aspiraciones no es otro que impreg- 
nando el ambiente social de entusiasmo hacia los ñnes de 
las facultades humanas y extendiendo las alas de la ilus- 



tración basta los límites posibles, háse resuelto á organi- 
zar esta asociación, contando nada más que con la espe- 
ranzado que las ideas generosas que bullían en su cerebro 
la empujarían siempre adelante, la harían alcanzar la re- 
generación de la sociedad y de que sería despreciable la 
fuerza de cualquier obstáculo que pudiese presentársele 
al paso. 

Sus propósitos son vastos: se resumen en deaarrollar la 
cultura en todos los órdenes, en fomentar la sociabilidad, 
cultivando todas las facultades y haciendo que la unifica- 
ción de sentimientos é ideas sea la fuente de donde mane 
la intimidad entre los coasociados. 

No escoge nacionalidad ni sexo para cobijar á su som- 
bra á los que golpean sus puertas; no repara ni en la co- 
munidad política, ni el credo religioso; no mira sino el 
bien de la humanidad, exigiendo por única condición la 
honradez y aconsejando la persistencia, la constancia en 
la prosecución de los fines que se persiguen; pues, sabido 
f s que donde el deshonor haja sentado sus reales, el nau- 
fragio en el mor proceloso de los vicios es seguro, sin sal- 
vación posible; que donde la constancia existe, lo inven- 
sible se vuelve casi vencible, lo imposible es casi posible. 

Jóvenes, amantes del bien, esperanzas de la patria, no 
desconoceréis, seguramente, que, del mismo modo que á 
le s padres debemos gratitud por los cuidados de la infan- 
cia, por los cariños que desde lo mas íntimo del corazón 
derraman sobre ella, enseñándola á dirigir sus pasos por 
la parte más fio i ida en el sendero de la existencia, la de- 
bamos también al Estado quien ha contribuido igualmente 
ai cuidado de esa infancia, proporcionándole los medios 
de desarrollo y haciendo de cada uno elemento social 
consciente y capaz de comprender é\\ destino y perseguirlo. 
No pende más que de vuestra buena voluntad compensar 
los sacrifici >8 del Estado para vuestro mejoramiento, ó 
responder á e a deuda sagrada, ya que ahora contais con 
uno de los medios para elio. La manifestación de gratitud 
no es acto que denigra, por el contrario, para el que la 
hace eleva, porque enseña la nobleza de su alma al tras- 
lucir el reconocimiento de un bien que hubiese recibido. 
Acudid, pues, presurosos á este centro á ejercitar, con 
provecho para la generalidad, vuestro saber, á ensanchar 
ó perfeccionar vuestros conocimientos, á educaros en la 



— 8 — 

experiencia; ella es la mejor maestra para evadirse de 
las contrariedades de la vida. 

Señoritas: vosotras que con la hermosura y la gracia 
siempre imprimís en cualquiera reunión á los que forman 
parte de ella una especie de magnetización, estado en el 
cual todos los individuos parece que, levantados en alas 
de un dulce arrobamiento, olvidan los pesares y se sien- 
ten con las fibras del corazón vibrando á impulso de la 
alegría; vosotras que venís, cuales fragantes rosas á ador- 
nar y perfumar este recinto y á honrar con vuestra agra- 
dable presencia esta modesta fiesta, necesitamos también 
vuestro concurso. La mujer es la que contribuye con más 
eficacia á la determinación de los caracteres del hombre; 
ella es la que deposita en su pecho los gérmenes de los 
sentimientos mas grandiosos. Vuestra misión es demasia- 
do noble para que no os intereséis de los ideales de este 
centro: os deja también entrada franca en su recinto. 

Caballeros que buscando las delicias de nuestro clima, 
ó tratando de estrechar las relaciones internacionales, os 
encontráis en nuestro país y también venís á engalanar es- 
ta fiesta, al volver á vuestra patria llevad impresa en la 
memoria que ya en el Paraguay comienza á despertarse 
la aspiración á lo mejor, que la civilización ha abierto su 
brecha y que el foco de irradiación de sus vividos reflejos 
es el tlnstituto Paraguayo». 

Señores: 

Con la convicción de que los hechos son las manifesta- 
ciones más elocuentes de todo lo que pueda afirmarse, 
terminaré mi discurso, ofreciéndoos las primicias de los 
esfuerzos de nuestra sociedad con esta velada, que decla- 
ro abierta. 

He dicho. 



ii— Discurso del doctor don Cecilio Báez 
Señoras: 

Señores: 
Hace más de una decena de años que un grupo de jó- 



— 9 — 

venes ilustrado?, en el deseo de despertar el entusiasmo 
por los estudios literarios y de estimular su cultivo, fun- 
daba una asociación á la que se dio el nombre de Ateneo 
Paraguayo. 

En sus comienzos, este centro hizo concebir lisongeras 
esperanzas. Durante algunos años menudearon las confe- 
rencias y las veladas literario-rausicales; pero luego, por 
el desaliento de unos y por la indiferencia de otros, 
la noble institución desapareció del escenario de la vida, 
no quedando de ella sino algunas escasas flores recogidas 
en sus jardines y el grato recuerdo de sus tertulias amenrs. 
Pasaron los arlos, y la juventud no daba muestras de 
echar de menos el Ateneo. Entregada enteramente al trá- 
fago incesante de la vida material, y acaso apasionada tam- 
bién por las luchas modernas de la democracia, no se 
preocupó más de rendir culto á las bellas letras. Mas este 
sueño aparente no debia de durar mucho tiempo, pues la 
juventud, mejor preparada y más numerosa, funda de re- 
pente el Instituto Paraguayo por la inspiración délo be- 
llo. 

En este centro cultívanse principalmente la música y la 
literatura, dos artes hermanas que han arrullado á la huma- 
nidad desde su cuna, con sus dulces melodías la una, y la 
otra con los encantos de la palabra rítmica. 

La música ha sido siempre uno de lo» elementos de la 
humana cultura, y su influjo se ejerce hasta en los pueblos 
bárbaros. Ella inflama el valor del guerrero y eleva el es- 
píritu á la contemplación de lo ideal, cuando es puesta al 
servicio de las religiones. 

La música es la ciencia de las armonías de la naturale- 
za; es también el arte de realizar lo bello por el sonido. 
La mu&a de Euterpe ha demostrado su inagotable fecundi- 
dad en las grandiosas creaciones modernas de este arte di- 
vino. 

La literatura es el re lijo del pensamiento de un pue- 
blo. En ella ha depositado el alma humana su* ideas y 
sentimientos; en ella se aprenden todos los entusiasmos 
generosos que la han conmovido, así como las diferentes 
evoluciones que ha experimentado al través de las edades. 
Por eso toda una escuala crítica contemporánea enseña 
que si se quiere saber el modo de sentir y pensar de un 
pueblo, no hay más que estudiar sus obras literarias. Gra- 
cias á este procedimiento, se ha expurgado la historia de la 



— 10 - 

humanidad de muchos errores, y se ha fundado una nueva 
ciencia; la Psicología de los pueblos. 

El Paraguay ha atravesado una época de oscurantismo 
y esterilidad— Kl buitre de la tiranía batió sobre él sus 
alas, y el espíritu plegó las suyas, como atacado de mor- 
tal deliquio. Es decir que las funciones del alma se reduje- 
ron á la obsesión del terror; el corazón no latió más para 
las afeccione? generosas, sino para el egoísmo y las pasio- 
nes insanas; no parece sino que se había reproducido en 
este bello país el espectáculo de la disolución social y de 
la muerte intelectual que ofrecía el pnoblo romano en los 
dina nefastos de su historia, y que Tácito ha descrito en pá- 
ginas inmortales. Relajáronse, en efecto, los lazos mismos 
de la firailia; desatáronse los vínculos morales que presi- 
den á las relaciones humnnas, y el cerebro quedó parali- 
zado, no siendo la sociedad de entonces sino un conjunto 
de individuos sin la concienc a de sí mismos, entre sí uni- 
dos, t.ó por el sentimiento de la fraternidad y la solidari- 
dad humana?, sirio por las cadenas de la esclavitud. 

Otro es hoy el espectáculo que presenciamos: la socie- 
dad se ha regenerado por el derecho y la justicia; el esclavo 
ha venido á ser ciudadano; el pueblo tiene conciencia de 
su soberanía, y cada hombre goza de la libertad de apren- 
der y de emitir sus ideas. Una juventud ilustrada se incorpo- 
ra al movimiento intelectual de la época y aspira á dirijir 
los destinos de la nación combinando las inspiraciones del 
patriotismo con los principios de la ciencia. 

Nobles miembros del Instituto: os felicito por vuestros 
nobles y patrióticos afanes, y hago votos porque realicéis 
indefinidos progresos; sois en el momento actual los re- 
presentantes más legítimos de la cultura paraguaya, y los 
llamados á preparar la historia patria la cual no es otra 
cosa sino el monumento que cada pueblo levanta á su 
propia nacionalidad, al heroísmo de sus guerreros, al 
it.énto de sus grandes hombre?, á las virtudes de sus va- 
rones ilustres, en una palabra, á las glorias de la patria. 



— 11 - 

in —Discurso de clausura por el miembro de la comisión 

DIRECTIVA, DON CaKLOS LüÍS IsASI 

Señores : 

Pesada tarea ha encomendado á mis débiles fuerzas 
la Comisión Directiva del «Instituto Paraguayo», al en- 
cargarme del discurso de clausura de esta velada. Feliz- 
mente la índole especial de esta clase de oraciones no 
exije de la raía profundidad de conceptos, ni galanura de 
estilo, como que ella no tiene otro objeto que expresar los 
agradecimientos de la Comisión Directiva á la deferen- 
cia que ha merecido del público y á los valiosos concur- 
sas que han prestado desinteresadamente á la Sociedad 
distinguidas señoritas y competentes profesores para el 
mejor éxito de esta velada. 

Nació este centro hace un afío de un depertarniento iA\% 
de la juventud paragua^irfiacSTt la sociabilidad y hacia su 
perfeccionamiento, ep'mecKo del entusiasmo de unos po- 
cos y de la desconfiarte do ( muchos, habiendo consegui- 
do, después de sin /^to é i^nprachos sacrificios, organi- 
zar en su pr.rte miuyc&l \j\ i ^óqtteña orquesta y la Estu- 
diantina que tienen¿ííl ^di^^p^haber arrancado de vo- 
sotros en el curso] de $ta velada, entusiastas aplausos. 

Está llenado á la ^(fí^A q^n |ks vacilantes fuerzas de 
l:\ Sociedad lo pe r iti^;^l probara i 4e su fiesta de inau- 
guración. La Comisión iWWfctiva esfera confiadamente 
que este primer prira- que acaba ¿fíe dar el Instituto 
será mirado con la imiulgencia v/consideraciones que se 
esperan de tan distinguid xuHHiilustrada concurrencia: 
haced de cuenta que este modesto concierto que tiene el 
honor de ofreceros la Sociedad es el primer vuelo de la 
tierna avecilla que, recién salida de su nido, le asusta el 
inmenso espacio que se despliega ante su vista, y teme 
emprender el vuelo definitivo que le ha de llevar á luchar 
por la vida en medio de la borrascas y tumultos del 
mundo. 

La Comisión Directiva toma como un aliciente á sus 
modesto trabajos en bien de la Sociedad cuyos destinos 
tiene el honor de dirigir, esta selecta concurrencia que ha 
respondido galantemente á su llamado y creed que esta 
demostración de simpatía le infundirá nuevos bríos para 
trabajar más y má& por la prosperidad de este centro. La 



~ 12 - 

presencia en esta velada de distinguidas matronas y pre- 
ciosas niñas de la sociedad asunceña que han venido á 
dar realce y encanto á esta primera iniciación del 
Alteen nuestra patria, es una prueba de que el «Instituto 
Paraguayo» tiene á su lado en esta tarea á la parte más 
sensible de la naturaleza humana, la mujer, y especial- 
mente la mujer paraguaya, quien por circunstancias espe- 
cialísimas está llamada á ser la colaboradora imprescin- 
dible en estos torneos del pensamiento, ella, que incorpo- 
rada recién de los campos de batalla en que acompañaba 
al esposo, al hijo, al hermano, puede pulsar todas las cuer- 
das del sentimiento, como que ha sido espectadora y ac- 
tor a de aquella gran catástrofe nacional que en cinco años 
hizo tabla raza de la lozanía y vigor del Paraguay, catás- 
trofe acompañada para colmo de nuestras desgracias de 
los dolores de aquella inenarrable peregrinación al través 
del desierto y de los obstáculos naturales en que se Meno 
la copa de amargura para esa Mártir de nuestra historia, 
en seguimiento del girón destrozado del ejército nacional 
que iba defendiendo y regando con su sangre palmo á 
palmo el suelo santo de la patria, pero llevando aún bien 
alto su honor y la gloriosa enseña de su nacionalidad que 
jugaba airosa con el viento, segura de la justicia excelsa 
y divina de su causal 

Si nunca cesan para el «Instituto Paraguayo» estas 
pruebas de simpatía que le prodigáis, puede augurársele 
sin temor un porvenir sonriente, y si sigwí merecien- 
do concursos tan valiosos como los que se le ha dis- 
pensado en esta ocación, podrá llenar su misión grandiosa 
eu los destinos de la patria en el orden intelectual y esté- 
tico de su progreso. 

No terminaré mi discurso sin hacer un llamado á mis 
compañeros de estudios á que se afilien á este Centro que 
él les proporcionará medios de cultivar su vocación artís- 
tica, ya sea literaria ó musical. Venid, juventud paragua- 
ya, á ayudarnos en nuetras tareas, para que las genera* 
dones que nos sucedan al servicio de la nación digan de 
nosotros que si no hemos conseguido asentar sobre sóli- 
das bases el edificio intelectual de nuestra amada patria, 
al menos hemos deshojado á sus plantas las modestas fio 
res de nuestro amor y de nuestra veneración. 

Igualmente, permitidme, que haciendo mías las elocuen- 
tes palabras de un venerable maestro do la juventud pa- 



- 13 - 

raguaya, en una ocación semejante, diga á las señoritas 
aquí presentes: «Venid, venid con frecuencia á presidir 
certámenes, ofreced una rosa de vuestra mano como solem- 
ne premio para aquel que mejor se distinga en realzar el 
heroísmo de la mujer paraguaya, que ante la muerte y la 
vil delación, escogía sin vacilar el martirio». 

Y para no abusar más de vuestra ya fatigada atención, 
concluyo dándoos mil gracias, Señoras y Señores, en 
nombre de la Comisión Directiva. v 

He dicho. 



Asamblea general 



duii fie julio db ísee 



Trascribimos á contiguación la 2 a Memoria presentada 
por la Comisión Directiva á la Asamblea general ordinaria 
de la Sociedad que se reunió el 26 de Julio pplo. para 
renovar aquélla y que ha reelegido á todos sus miembros, 
excepción del señor lbáñez, dejándola organizada en la 
forma siguiente: 

' ~ D. Clcto de J. Sánchez Cesa en 1897 



Presidente Sr 

Fice-Presidente 

Secretario 

Pro-Secretario 

Tesorero 



Guillermo L. Moreira « 1897 

Juan P. Pérez c 1897 

Carlos L. Isasi « 1898 

Leopoldo R. EJizeche c 1898 

Vocal * < Eusebio i y ala * 1897 

Id « « Eustaquio Chsco c 1898 

Id « < Camilo Fracchia « 1897 

Id « « Teófilo R.Saidívar c 1897 

Suplente « « Daniel Aguirre c 1898 

Id « « Pastor lbáñez « 1897 

Id « « Flaminio Pedrazza c 1898 

Las demás resoluciones Adoptadas por la asamblea se 

contienen al final de esta trascripción. 



/ 



— 14 — 

Memoria de la Comisión Directiva del "Instituto Paraguayo" correopondieate 
al 2° periodo, del 20 de Octubre de 1895 al 26 de Julio de 1896. 



Señores Consocios* 

Es con la más íntima complacencia que vuestra Comi- 
sión Directiva os reúne por segunda vez, en virtud de un 
precepto de nuestros Estatutos, para daros cuenta detalla- 
da de su administración y de sus actos, que tiene la convic- 
ción de haberlos inspirado en el más vivido celo por el 
progreso de Ja Sociedad. 

El estudio constante de sus crecientes necesidades y de 
los medios más adecuados para atenderla?; el despacho 
inmediato de todos sus asuntos; las iniciativas no inter- 
rumpidas para mejorarla de día en día; la vigilancia del 
servicio interno, y la propaganda incesante en pro de sus 
ideales, han sido y deben ser para la actual Comisión Di- 
rectiva, como para las que después vengan, la síntesis de 
su programa. 

Es así únicamente como este Centro que hasta há poco 
muchos miraban recelosos creyéndolo un imposible ó un 
absurdo, pero cuja fuerza vivaz empieza á traducirse en 
hechos positivos y fehacientes y á consolidarse en la consi- 
deración y el apoyo de la opinión pública, podrá llegar á 
la realuaciónjie sus ievautados y patrióticos propósitos, 
que deben sernos en todos los instantes una aspiración 
acendrada y preferente;" á los que debemos consagrar con 
decisión cuantos sacrificios sean necesarios; hacia los cua- 
les se encamina con paso ya seguro, y de los que no de- 
bemos permitir se retroceda ni desvíe, — por necesidad, 
por deber y por honor. 

En estos sentimientos ha forjado la Comisión Directiva 
su norma de conducta, empezando por erigir la asisten- 
cia puntual de sus miembros á las sesiones en una obliga- 
ción superior é imprescindible, consagrada por la Comi- 
sión Directiva precedente que funcionó durante el primer 
trimestre, y ha celebrado treinta y tres sesiones ordinarias 
y extraordinarias cuantas veces ha sido necesario en nú- 
mero de doce, sin haber tenido más que tres /altas de quo- 
rum, por razones de fuerza mayor, en todo su periodo. 

En el índice del Libro de actas que ocupa 115 pá- 
ginas y donde se indican los asuntos tratados con sus 



- 15 — 

respectivos folio?, lo mismo que por el del Libro de no- 
las en donde se trascriben las expedidas en número de 
doscientos veinte 7 ocho (N°. 170 á 398), ocupando dos- 
ciento noventa y seis páginas (187 á 483), podrá infor- 
marse minuciosamente la Asamblea del movimiento de 
las sesiones 7 de las comunicaciones que motivaron, co- 
mo testimonio incontestable del estado de adelanto de la 
Sociedad 7 de los esfuerzos hechos para conseguirlo. 

Habéis tenido ocasión de verlo prácticamente con el 
éxito alcanzado en la primera velada que se ha efectuado 
el 23 del coriiente, con los recursos propios de la Sociedad 
7 para la qm han prestado su concurso personal distin- 
guidas familias de la Capital 7 competentes profesores 7 
aficionados, realizándose así la promesa que al terminar 
su periodo os hiciera la Comisión Directiva anterior, de 
efectuar cía solemne inauguración de la Sociedad en oca- 
sión del primer aniversario de su fundación.» 

Por lo demás, 7 sin necesidad de descenderá los últimos 
pormenores, puesto que Ja Comisión ha procurado mante- 
ner á los Señores socios al corriente de sus resoluciones 
por la publicidad de las mismas, en este momento pueden 
reproducirse fielmente, corroborados por la evidencia de los 
hechos, los mismos términos, los mismos juicios 7 las mis- 
mas esperanzas expresados en la primera Memoria que os 
fué leída 7 que acababa con estas palabras: «Está dado el 
primer paso: el resto es cuestión de tiempo, de tino 7, so- 
bre todo, de constancia.* 

Hé aquí la reseña de los principales actos de la Comi- 
sión Directiva: 



I— Movimiento de socios y alumnos 



Un examen comparativo del movimiento de socios será 
también, ahora como entonces, la mejor prueba del desen- 
volvimiento del Centro. 

La lista de la Sociedad en 20 de Octubre del año pasa- 
do, fecha de la primera renovación especial, arrojaba un 
total de 149 socios, distribuidos en las siguientes catego- 
rías: 



- 16 

14 fundadores ] La lista de la fecha acu- 

121 activos I sa un aumento de 67 y un 

6 protectores, y ( total de 216 socios, distri- 

8 honorarios f buidos enesta forma: 

U9_ 

13 fundadores ] Es de advertir que este 
188 activos i aumento de 67 sería de 94 

6 protectores, y ( y el total de 243, á no ba- 

10 honorarios. [ ber sido por varias renun- 

— \ cias que fueron recibidas 

216 ) 

y cuyo número asciende á23, 2 eliminados y 2 suspen- 
didos. 

Como en el periodo anterior, tampoco en éste se ha he- 
cho uso de la facultad de admitir socios exonerados, acor- 
dada temporalmente en este periodo por el art. 76 de los 
Estatutos, figurando únicamente en tal carácter aquéllos 
que lo han solicitado en uso del art. 13, en número de dos, 
á los que por tener á su cargo alguna enseñanza en la So- 
ciedad, gozan de exoneración de acuerdo con el art. 11. 

fistos son en número 10, de los cuales 7 no hacen uso de 
este privilegio, contribuyendo voluntariamente en favor 
de la Sociedad. 

Además de los socios honorarios, la Comisión Directi- 
va ha nombrado como miembros honorarios de la Sección 
de Música en número de 9, á las personas versadas en 
este ramo, entre éstas, á dos señoritas, y que tienen por 
lo menos diploma de profesores. 

* 

Los alumnos de la Sociedad, cuyo número ascendía á 

14 y de los que se han eliminado 5, quedando de aquéllos 
9, son actualmente 27. 

De éstos 2 han sido admitidos como exonerados en es- 
te periodo, á más de los ciico que con igual caráter ya 

existían. 

# 

Los cuadros correspondientes, extractados del Libro 
respectivo, obran al final de la Memoria como Anexo A, 
(en í. 6 útiles). 

Los comprobantes del movimiento de socios se encuen- 



- 17 - 

tran entre los documentos archivados en número de 134 
(del núm. 100 al 234), los cuales debidamente providen- 
ciados y con su respectivo índice, forman el Anexo B, (en 
187 fs. útiles). 



II Estudiantes matriculados y clases abiertas y psr abrirse. 



El número de estudiantes matriculados á las diversas 
clases, según consta en el libro respectivo, y cuyo número 
ascendía anteriormente á 116 es hoy de 141, distribuidos 
en esta forma: 

(2) Sección de Música 

1 Orquesta (libres en su mayor parte) 18 

2 Estudiantina 32 

3 1 er curso de principiantes 18 

4 2° « 4 < 7 

5 3 eI « c « 14-89 

(II) Sección de Idiomas 

6 Francés 18 

7 Italiano 15—33 

{111) bección de artes varios ~ 

8 Telegrafía 19 

Total 141 
Los cuadro? antecedentes cuyos comprobantes consti- 
tituyen el Anexo G T ., en 27 fojas útiles, inclusive los partes 
fiscales, demuestran por sí solos la extensión que van 
adquiriendo los estudios que se hacen en la Sociedad, al 
lecordar que en el periodo pasado sólo funcionaban el 1 er 
curso de música y las clases de francés é inglés. 

Estas fueron suprimidas provisoriamente en sesión 
del 19 de Diciembre, y las de francés suspendidas por 
treinta días, á fin de año; la primera por falta de interesa- 
dos, pues si bien contaba con varios matriculados, la mayo- 
ría de éstos dejó de concurrir, y la segunda, á objeto de po- 
nerla en mejores condiciones. 



— 18 — 

Hoy se hace necesario -reabrir nuevamente las de inglés, 
y sobre todo, diviJir la enseñanza del francés en dos cur- 
so?. 

Ademas de las clases de italiano, es necesario abrir tana* 
bien las de latín. 

Respecto de ta Sección de Música, que es la que más se ha 
desarrollado, de acuerdo con el espíritu de nuestros Esta- 
tutos, ha sido dotada de dos Subdirectores v un profesor 
de violines así como de los úriles necesarios, á objeto de 
poder atender su creciente movimiento. 

Se hace indispensable igualmente habilitar un nuevo 
curso de música para principiantes, tan pronto como sea 
posible. 

Ha &ido orgnnizada por miembros de la Sociedad la or- 
questa de la misma, á la cual la Comisión Directiva ha 
pie.-tado una atención especial y para cuyo complemento 
están hechos varios pedidos de los instrumentos de que aún 
carece, y se encuentra en formación igualmente la Estu- 
diantina. 

Ambas han prestado un precioso concuiso en la fiesta 
de inauguración de la Sociedad y están llamadas á contri- 
buir poderosamente, por medio de conciertos y reuniones 
periódicos, á dar animación al Centro y fomentar en su se- 
no la sociabilidad. 

La Sección Literaria ha sido enriquecida con los útiles 
más indispensables y con varias donaciones de obras, en- 
tre lasque merecen especial menciói la del extinto centro 
literario «Ateueo Paraguayo», la dei Sr. Dn. Pablo Pran- 
cou, la del Sr. Don Juan M. Sosa Escalada y la del Señor 
Don Constantino Misch. Su detalle consta en el catálogo 
de la Sección, donde figuran 449 volúmenes y 764 repeti- 
dos, ó sea, un total de 1,213 y varias revistas y publicacio- 
nes» 

Existen también 206 suscriciones para la Revista men- 
sual que se propone publicar la Sociedad y que no tardará 
en hacer su aparición. 

La Sub-Comisión encargada de esta Sección, fué auman* 
tada á cinco miembros en sesión del 20 de Noviembre, en 
razón de haber manifestado no ser suficiente el número de 
tres para dedicarle la atención que se merece. 
. En una de sus últimas sesiones, la Comisión Directiva 
ha resuelto ampliar el Art. 28 del Reglamento interno, en 
ei sentido de que uno de los miembros de la Sub-Comisión 



— 19 — 

que se noxnbre para el periodo venidero, deba ser un titu- 
lar de ia Comisión Directiva, á ob;eto de atender debida- 
mente el servicio de la Sección LUeraria que está llamada 
á desempeñar un papel importante, no sólo en la marcha 
de la Sociedad por medio de veladas, conferencias, certá- 
menes, etc, y la organización de su biblioteca v de su archi- 
vo histórico, según se consigna en el expresado reglamen- 
to, sino también á fomentar la cultura nacional dentro de 
su esfera y difundirla en el país y en el extranjero con la 
propaganda de la revista que debe estar á su cargo. 

Relativamente á esta misma, se ha modificado también 
los Arts. 38 y 39 del Reglamento, disponiéndose que ¡a re- 
vista deba ser mensual en vez de quincenal, y contenor de 
GO á 100 páginas en vez de 50. 

Para la Sección de Esgrima y Gimnasia, se ha pedido á 
Europa, en sesión del 8 de Junio ppdo. y por intermedio de 
los Señores Cramer, Woyer y Müller, los útiles necesarios 
que no tardarán en encontrarse en ésta, y una vez llega- 
dos é instalado?, se procederá á su apertura. 

El reglamento de esta sección que quedó sin formular- 
se por la Comisión Directiva precedente, fué sancionado 
por la actual, como complemento del reglamento interno, 
en su sesión del 30 de Octubre. 

La Comisión ha aceptado una propuesta del Señor Di- 
rector de Correos y Telégrafos, Don Pedro Saguier, hedía- 
le en sesión del 16 de Abril ppdo., poniendo á dispo sieión 
de la Sociedad gratuitamente local é instrumentos para 
la enseñanza de la telegrafía cuyo plan de estudios fué 
tratado y aprobado en sesiones del 23 y 26 de Mayo, y 
empezadas las clases respectivas en I o de Junio ppdo., de 
acuerdo con el art 2 o , párrafo final de los Estatutos que 
autorizan extender los propósitos de cultura de la Socie- 
dad siempre que sea posible; y si bien estas clases- han su- 
frido entorpecimientos, éstos en breve podrán ser evita- 
do*. 

En cambio de esta franquicia, concurren á las clases 
de telegrafía, como alumnos exonerados, los empleados 
de la Administración de Correos y Telégrafos que desean 
utilizar esta enseñanza. 

Es necesario habilitar en esta Sección de Artes vvias, 
tan pronto como el estado de la Sociedad lo permita, cla- 
ses de contabilidad y taquigrafía y más tarde las de di- 
bujo, pintura, fotografía, etc.* 



— 20 - 

Los útiles de que han sido provistas las diversas Seccio- 
nes so encuentran detallados en el inventario de la So- 
ciedad. 

No terminará este capítulo la Comisión sin hacer pre- 
sente á la Asamblea la conveniencia de dar intervención 
al bello sexo, tanto en la enseñanza como en las reuniones 
sociales que se efectúen, como un medio que ha de influir 
directamente en la formación y desarrollo de los hábitos 
sociales de la juventud. 



III— Personal Docente y de Servido 



El personal docente ha aumentado con el aumento de la 
enseñanza, de dos profesores á once, ad virtiendo que de 
éstos hay siete que desempeñan sus cargos ad-honoren y 
los demás con asignaciones relativamente reducidas. 

De los once profesores existentes, diez pertenecen al 
seno de la Sociedad. 

La nómina de los- mismos obra en el Libro correspondien- 
te con sus respectivas asignaturas y sus remuneraciones. 

El personal de servicio, representado por un portero 
permanente, ha sido aumentado igualmente por exigirlo 
así el gran movimiento de la Secretaría y de la Tesorería, 
como igualmente por la necesidad de organizar la Biblio- 
teca, habiéndose nombrado en consecuencia un escribien- 
te para ambos servicios y encargado provisorio de ésta. 

Tan pronto como la Biblioteca adquiera cuerpo, será 
preciso dotarle de Bibliotecario propio, así como habilitar 
otro escribiente para la revista cuando ésta empiece á pu- 
blicarse. 



IV-Admlnlstraciln económica 



Los fondos de la Sociedad, que en el periodo anterior 
ascendieron á § 3.054:25 y que en el actual montan á § 
10.070:00 han sido invertidos del mismo modo que en 
aquél, esto es; en el pago de las planillas mansuales; en el 
pago de los gastos de la Sociedad, y el sobrante, en la ad- 



- 21 - 

quisición sucesiva de útile*, razón por la cual el excedente 
no es de importancia ni podrá serlo hasta que termine la 
instalación de todas las Secciones. 

No obstante, ellos son suficientes para atender las exi- 
gencias de la Sociedad, máxime cuando van á ser en bre- 
ve aumentados, no sólo con las suscriciones de la revista 
y el producido de algunas veladas que se organicen, sino 
también con la subvención mensual de mil pesos fuertes 
por el término de cinco años, que en sesión del 16 de Abril 
ppdo., la Comisión Directiva ha resuelto pedir al H. Con- 
greso Nacional, á objeto de facilitar la más pronta reali- 
zación de los propósitos de la Sociedad, según consta en 
la copia de la nota núm. 302 que obra de fs. 358 á fs. 370 
del Libro respectivo. ElrftepretQ de subvención que fué 
aprobado en ambas Cáp^aí p¿r jjhanimidad de votos, ha 
sido promulgado bajy^h^. 16 enigma 23 de Mayo, según 
copia que á esta Menfcfoá se ^ctmjpttfla, y en su virtud se 
ha pedido al Minisá*jb l¿r ¿riín^ra orden de pago por el 
mes de Junio. /¿¿í <¿ t \ ^ 

A objeto de facilitar 10 tfé¿ti«á<ífón de estas órdenes y 
en vista de los mfel^lw coliiprómisos que de día en día 
adquiere la SociedAd^eliá resulto también, en sesión del 
4 del corriente, soIí&ot. u^cj^dito eji el Banco Territo- 
rial, en los términos V^a v copia de Iqf nota núm. 362, que 
está en tramitación er\í;e^rQ6^do establecimiento. 

Se hace indispensable^^^j^Bde ja en la edificación 
de un local propio de la Sociedad, adecuado á sus necesi- 
dades y con capacidad suficiente para todas sus instalacio- 
nes, pues si bien el que actualmente ocupa, continúa á su 
disposición gratuitamente, por la generosidad, superior á 
todo elogio, de su propietario, el Señor Don Luís Pacri, á 
quien esta Sociedad debe considerar como uno de sus 
grandes bienhechores; en cambio, con el ensanche que va 
adquiriendo y los nuevos cursos que deben habilitarse, lle- 
gará á ser insuficiente dentro de poco tiempo. 

Por otra parte, ninguna Sociedad podrá conquistar su 
estabilidad definitiva, mientras no cuente con un edificio 
de su pertenencia donde esté á cubierto de las eventuali- 
dades inherentes al alojamiento. 

A este objeto deben encaminarle también en lo sucesivo 
gran parte de los cuidados de la Comisión, á fin de hacer- 
se de los recursos necesarios para la realización de esta 
idea. 



22 — 



/ 



/ 



/ 



A continuación se detallan las rentas y los gastos del ac- 
tual periodo. 

Rentas 

El total de los fondos que, como queda dicho, asciende 
á $ 10.070:00, dando un excedente sobre el anterior de 
S 7 015:75 se distribuye en las partidas siguientes, cuyo 
detalle consta en el balance de Tesorería, que se adjunta 
como Anexo D, en fs. 70 útiles, con las órdenes de pago 
expedidas y pagadas. 

Cuotas de sectas 



Noviembre 


de 


1895 


¥ 


750 




Diciembre 


€ 


C 






705 




Enero 


1< 


1896 






790 




Febrero 


ff 


C 






860 




Marzo 


« 


« 






890 




Abril 


C 


« 






910 




Mayo 


« 


« 






980 




Junio 


c 


c 






975 




Julio 


(( 


€ 




1 


.060 


§ 7 920:00 






Cuotas de alumnos 








Noviembre 


de 


1895 




W 


28 




diciembre 


C 


c 




« 


23 




Enero 


IC 


1896 




.€ 


18 




Febrero 


« 


« 




€ 


18 




Marzo 


c 


« 




« 


13 




Abril 


c 


c 




€ 


13 




Mayo 


< 


< 




t 


13 




Junio 


< 


< 




€ 


8 




Julio 


c 


€ 




C 


8 


H 142:00 






Multas cobradas 








Importe de laa misma*. 








800 








Subvención 








Cuota correspondiente ; 


& Junio de 1896 


Si 


1,000 




c 


1 




c Julio < < 


1 


1,000 


2 000.00 










Suma 


10,070:00 


Cuotas á cobrar del periodo anterior 






1,013:00 








Suma total 


11:083.<K) 



i 



- 23 - 

De esta cantidad (£ 11,083:00) se ha cobrado § 6,375:00 

j queda á cobrar: 

Cuotas del n es $ 1,038.00 

« atrasadas 1,670 00 

« de subvención 2,000:00 4,708:00 

ff 1 11,083:00 
según se detalla en el cuadro pasado por la Tesorería; 

La cifra de cuotas atrasadas que en el primer trimestre 
ascendia á JF 1,043:00 y que se ha reducido comparativa- 
mente en los tres trimestres subsiguientes á $ 2,708.00, no 
obstante el aumento de la Sociedad, proviene en parte de 
las varias interrupciones que se ha tenido en el servicio de 
cobradores j en parte de las dificultades naturales de este 
género de servicios que nuuca es posible tener al dia. 

Respecto del primer punto, la Comisión se ha preocu- 
pado de él en varias sesione 3 , como lo acredita el libro de 
actas, habiéndose resuelto sucesivamente aumentar la co- 
rnisón de cobranza á 10 %, después al 12 %. posterior- 
mente exigir fianza á los cobradores y últimamente regla- 
mentar su servicio así como el de la Tesorería, con lo cual 
espera se podrá conseguir la normalización de las co- 
branzas. 

En cuanto al segundo punto, la Comisión se ha visto en 
el caso de hacer uso del apremio estipulado en el Art. 16 
de los Estatutos, cuja sanción ha decretado contra dos 
socios que habían llegado á hacerse nótablemeute moro- 
sos, suspendiéndolos en su carácter de tales. Por lo de- 
más, confía en que la buena voluntad de los señores con- 
socios ahorrará en lo sucesivo las medidas de este género. 

Gastos 

El monto de los gastos es de 8 8,074:33 según se detalla 
en los comprobantes de las órdenes de pago espedidas 
desde el N°. 16 al N°. 95, los que constituyen el Anexo É, 
en f 214 útiles. 

Esta cantidad, cajo detalle consta en el índice del mis- 
mo» se descompone del modo siguiente: 

Planillas 
Han aumentado de S 310:00 á $ 525:00. 
en que se encuentran actualmente, habiendo 
importado durante el periodo §3,195:00 



— 24 — 

De la página 23 JP 3,195:00 

Gastos varios 

Comisión de cobranza en el periodo $ 573:30 

Mejoras en el local 387:40 

Alumbrado 163:00 

Impuesto municipal 7:00 
Estatutos (publicación, impresión, 

aprobación, etc.) 146:90 

Reglamento (id id) 91:00 

Horario (impresión) 50:00 

Avisos por la prensa 54:50 

Revista (circulares etc) 56:00 
Teléfono (instalación j mensualida- 

^ des) 105:00 

Fiestas patrias (iluminaciones, etc.) 75:40 

« de inauguración 579:35 

Gastos generales 210:05 2.498:90 

Muebles y útiles, obras, etc* 

Según detalle del Inventario de la fecha, que 

se acompaña como Anexo F en fs. 2 útiles: 

1° Local de la Sociedad g 705:95 

2 o Comisión Directiva t 278:97 

3 o Secciones de música, 
Idiomas, etc i 1.203:60 

4* Sección de Esgrima y 
Gimnasia « 309:40 

5° Sección literaria (úti- 
les) « 425:03 

Id id (obras) < 557:68 $ 3.480:63 

Monto del Inventario an- 
terior ffi 1.152:20 

Deducido del mismo 
s/detalle 52:00 1.100:20 

Aumento correspondiente á este periodo 2.380:43 

Suma total 8.074:33 



De esta suma se ba pagado las órdenes núra. 16 
á núm. 76 por importe de JP 6,161:88 



— 25 - 

De la página 24 $* 6161:88 

quedando á pagar las restantes, núm. 77 á 

núm. 95, por valor de & 1.912:45 

según detalle del balance Sumatotal f 8,074:33 

De manera que el saldo en efectivo que arroja 
el Libro de Caja {Cobrado $ 6,375:00 

en este periodo, {Pagado $ 6,161:88 

es de |g 213.12 

habiendo sido el saldo en el j.eriodo ante- < 
rior de (Total g 254:71) ( f 41:59 

Menor que el primero en § 171:68 

BALANCE 

Así, pues, el estado económico de la Sociedad se refun- 
de en el siguieute cuadro: 

Activo 

1.° Existencia en efectivo s/ Libro de Caja & 254:71 

2.° Existencia en muebles y útiles, obras, etc., 

s/ Libro inventario H 3,480:63 

3.° Existencias en valores á cobrar § 4,708:00 

Total JP 8,443:34 

Pasivo 

1.* Órdenes á pagar W 1,912:45 

2.° Planilla del mes S 525:00 



S 2,437:45 



Saldo 



A favor de la Sociedad, en la fecha § 6,005:89 

A favor de la Sociedad eu el Balance anterior 

(1 trimestre) $ 1.920:79 

Aumento del saldo en el balance actual (3 tri- 
mestre) S 4,085:10 

Es de advertir que las existencias en muebles y útiles, 
obras, etc, que figuran en el Activo, representan en rea- 
lidad un valor mucbo mayor por estar avaluadas según 



— 26 — 

el precio de costo que ha sido, por lo general, más ínfimo 
que el precio corriente y por comprenderse en ellas nume- 
rosas donaciones hechas á la Socieda 1, especialmente en 
obras. 

V— Medidas disciplinen ias y de orden 

Aparte de las dos suspenciones ya mencionadas,* la Co- 
misión Directiva no ha tenido que adoptar otra medida 
disciplinaria que la separación de dos socios, en sesiones 
del 16 de Abril y 10 de Julio, y las medidas de orden para 
el funcionamiento cada vez más regular de las clases. A 
este rf specto, en sesión del 19 de Junio, ha reglamentado 
convenientemente la asistencia del personal docente y de 
servicio. 

En su sesión del 20 de Julio ha reglamentado también 
el servicio de la Secretaría, aprobando el proyecto que pa- 
ra el efecto fué representado por la misma. 

El orden interno se ha conservado inalterable, siendo 
plausible el respeto mutuo y la buena armonía que entre 
los socios existe y que ejerce una influencia benéfica en la 
unidad de acción de la Sociedad, aparte de ser un hecho 
que habla muy alto en pro de su cultura. 

La Comisión no duda que los señores consocios se es- 
forzarán siempre en conservar como un honor común las 
mismas relaciones de armonía, sobreponiéndose en todas 
las ocasiones á los incidentes que puedan perturbarla, á 
fin de que este Centro pueda realizar igualmente la hermo- 
sa misión de estrechar las vinculaciones de sus miembros, 
hermanándolos en aspiraciones y en intereses dentro de 
una vasta familia, por cuyo progreso todos debemos de ve- 
lar, y á fin también de que los beneficios que hoy nos brin- 
da puedan ser extensivos y servir de estímulo á las genera- 
ciones que nos sucedan, como fruto de los esfuerzos con 
que la generación presente cree contribuir en provecho y 
honra de la patria. 

• •• 
Termina la Comisión Directiva descansando en la espe- 
ranza de que sus actos serán del agrado de la Asamblea 
y recordando á los señores consocios la recomendación 
de los Estatutos que nos imponen el cuidado de ser exigen- 
tes y atinados en la elección de las personas que deban 



- 27 - 

encargarse de la dirección de la Soc'edad, sobre todo, te- 
niendo presente las numerosas obligaciones y responsabi- 
lidades que les incumben, tanto en el manejo de sus inte- 
reses materi ¿les como en el cumplimiento de tus fines de 
perfección artística, social é intelectual. 

En sesión del 20 del corriente de la Comí ion Directiva, 
se ha procedido al sorteo de la mitad de sus miembros, ce- 
santes en este periodo, conforme lo resuelto en la Asam* 
b'ea anterior, siendo designado?, á más del Presidente y 
el Vice Presidente que cesan anualmente, cuatro titulare?, 
los señores don Eustaquio Casco, don Leopoldo R. E'ize- 
che, don Carlos L. Isasi y don Flaminio Pedrazza, y un 
suplente, el señor don J. Ramón Achar. 

De consiguiente, la Asamblea se servirá proveer estas 
siete vacantes. 

Dios guarde á los señores consocios. 

Asunción, Julio 25 de 1896. 
Cleto de J. Sánchez Juan F. Pérez 

Presidente Secretario 

(Hay el sello de la Sociedad) 
Asunción. Julio 26 de 1896. 
Habiéndose aprobado la precedente Memoria de la Co- 
misión Directiva en Asamblea General Ordinaria de la fe- 
cha, y designádose de su seno una comisión compuesta de 
los socios señorea Anastacio Echeverría, Pastor Ibáñez y 
Marciano del Molino Torres para examinar la rendición de 
cuenta?, y dictaminar al respecto, póngase á disposición 
de los mismos en Secretaría, así como sua anexos, al efec- 
to expresado. 

Cleto de J. Sánchez Juan F. Píkez 

Presidente Secretario 

(Hay el sello de la Sociedad) 
Nota de haberse entregado este documento en fs. 10 úti- 
les á los señores mencionados, juntamente con sus anexos 
correspondientes, en fs. 507. — Pétez, Secretario. 

Señor Presidente de la Sociedad. 

En mérito de la comisión que se nos ha confiado en la 
Asamb'ea de fecha 26 de Julio ppdo , hemos procedido á la 
revisión de los libros y demás comprobantes existentes en Ih 
Seriedad «Instituto Paraguayo», v nos permitimos elevar 
nuestro informe á la consideración del señor Presidente 
á fin de que se sirva darle la tramitación que corresponde. 



— 28 — 

La revisión ha sido efectuada entre dos de los miembros 
des : gnados, en razón de hab$r aducido el tercero motivo 
suficientemente justificado de ^posibilidad material para 
su asistencia á nuestros trabajos, delegándonos sus atri- 
buciones para el efecto. 

Creemos inoficioso entrar en consideraciones especiales 
sobre los diversos procedimientos adoptados por la insti- 
tución para el fiel cumplimiento de las prescripciones de 
los Estatutos y del Reglamento, concretándonos en tal 
concepto, á afirmar que los libros son llevados en debida 
forma y con las anotaciones, control y claridad necesa- 
rios; que los asientos de contabilidad f on hechos en per- 
fecto acuerdo con los comprobantes respectivos; que los 
documentos entrados en Secretaría son despachados y ar- 
chivados en el orden correspondiente; que las órdenes de 
pago son extendidas con las formalidades que requiere la 
administración de toda Sociedad para la consecución de 
los fines que se propone, y que ésta, en suma, se halla do- 
tada de una organización amoldada á su índole y á sus 
necesidades. 

Al dar á nuestros consocios los debidos agradecimien- 
tos por la confianza que han depositado en nosotros para 
tan delicada misión y á la que creemos haber respondido 
en la medida de nuestras fuerzas, nos permitimos enviar 
nuestras felicitaciones á los señores miembros de la Comi- 
sión Directiva cesante y con especialidad á los señores 
Secretario y Tesorero, por la dedicación desinteresada con 
que se han consagrado al cumplimiento de sus deberes en 
obsequio al engrandecimiento de este Centro que e*tá lla- 
mado á desempeñar un papel importante en el progreso 
de la cultura nacional y en el porvenir de la juventud. 

(Firmados) Anastacio Echeverría- Marciano 

del M. Torres 



Asunción, Octubre 30 de 1896. 

De acuerdo con lo resuelto por la Comisión Directiva 
en sesión ordinaria de la fecha, publíquese por el órgano 
de la Sociedad y archívese en Secretaría á disposición de 
los señores socios. 

(Firmados) Cleto de J. Sánchez Juan F. Pérez 

Presidente Secretario 

(Hay el sello de la Sociedad) 



29 - 



LISTA GENERAL DE LA SOCIEDAD 

«INSTITUTO PARAGUAYO* 

EN LA FECHA 

Mam. Nombres y apellidos Fecha de Ingrese Teta 

Socios fundadores 

1 Daniel Aguirre Mayo de 1895 

2 Eduardo Amarilla c « 

3 Vicente Cabrera « c 

4 Eustaquio Casco « « . 

5 José Chiriani « « 

6 Leopoldo K. Elizeche < «• 

7 Manuel E. Gomeza « f 

8 Carlos L. Isasi « f 

9 Ramón Lara Castro « « 

10 Nicolino Pellegíini < . « 

11 Juan F. Pérez « « 

12 Teófilo R Saldívar « « 

13 Cleto de J. Sánchez « * J3 

Socios honorarios 

1 Luís Patri Julio de 1895 

2 Juan M. Sosa Escalada « « 2 

3 Gral. Juan B. Eguzquiza Agosto « 

4 I)r. Ramón Olascoaga « « 

5 Dr. Juan Vallóry « t 3 

6 Constantino Misch Setiembre « 1 

7 Cnel. Juan C. Centurión Octubre « 

8 Dr. Rninón Zubizarretn c «2 

9 Pastor N. Martínez Noviembre « 1 

10 Jorg* López Moreira Enero de 1898 l 

10 



- 30 — 



N° Nombres y Apellidos fecha de ingreso total 



3 
4 
5 



1 Emilio Fracchia 

2 Camilo Fracchia 
Ernesto Monti 
Faustino A rara bul o 
Guillermo So?a 

6 Flaminio Pedrazza 

7 Dionisio Itari 

8 Mariano Moresehi 

9 Ricardo Moreschi 

10 Alfredo Recalde 

1 1 Luís Perasso 

12 Luís Permpatto 

13 Ernesto Montero 

14 Francisco Vargas 

15 Ricardo Francchia 

16 Francisco Rolón 

17 Tomás fielllo 

18 José Velilla 

19 J. Timoteo Viao 

20 Eduardo Schaerer 

21 Mannel Irala 

22 Jorge Zambrimi 

23 J. Gregorio González, 

24 Leonardo Averea 

25 Arsenio López Decoud 

26 Pastor Ibáñez 

27 Jof é T. Barbosa 

28 Cristóbal Peris 

29 Arturo Fernández 

30 Vicente Renítez 

31 Américo Zimbrini 

32 Guillermo L. Moreira 

33 Juan Gagliardi 

34 Juan G. Granado 

35 Dr. Alf edo S O-sorio 

36 Totná< M. Várela 

37 Manuel N. Burgos 

38 A maído Bartoluzzi 

39 Horacio Loizaga 

40 Dr. Teodosío González 

41 Fulgencio R Moreno 



Socios act 
Ju 



vos 
o de 



1895 



4i 



— 31 — 



X o Nombres y apellidos fecha de ingreso total 



42 Simeón Falmerola Agosto 

43 Claudio Aquino « 

44 Lorenzo Livieres « 

45 Adolfo Riquelme « 

46 J. J. Mendes Sampaio « 

47 Francisco M. Rodríguez « 

48 Federico Scarpa « 

49 Félix Lara Castro « 
Victoriano Martinetti « 
Dr. José T. Legal 
Benjamín tiáez « 
Eduardo P. Fleitas < 
Mariano del M. Torres « 
Alfonso Sá ^ *~ 
Dr. Facundo D. Insfrjrff ^ . 
Victoriano Escobar/^ - " ^ 

7 ¿5 



1895 



50 
51 
52 
53 
54 
55 
56 
57 

58 José del P. Díaz 

59 Luís Morínigo 

60 Julio Frontanilla 

61 Juan Pontos 

62 Trifón Gorostiag¡ 

64 Federico Fernán 

65 Ramón R Torres 

66 Genaro Pérez 

67 Manuel Gorostiag; 

68 Vicente Brunetti 

69 Benigno Riveros 

70 Carlos R Santos 

71 Leandro Abente 

72 Eusebio Ájala 

73 Ángel Battilana 

74 Andrés Benítez 

75 Eduardo P. Acosta 

76 Venancio Duarte 

77 Pedro Gómez 

78 Domingo Perrupatto 

79 Mario Sampaio 

80 Anastacio Echeverría 

81 Gustavo Bernier 

82 Alejandro Fernández 

83 Andrés Núflez 

84 Miguel Haedo 



\ 




Setiembiv 



41 



— 32 - 



X a Nombres y apellidos 
85 Exequiel Giménez 



FECHA DE INGRESO 

Setiembre 1895 



TOTAL 



86 André9 Salomoni 

87 Manuel Patino « 

88 Miguel Torró « 

89 Evaristo Arosta c 

90 J. Ramón Achar « 

91 Pablo J. Garcete € 

92 Adolfo Torreani c 

93 Adolfo R. Soler c 

94 Liberato M. Rojas « 

95 Carlos Palmaríni « 

96 José Muñoz « 

97 Dionisio Godoy « 

98 Alejandro Guanes Octubre 

99 José S. Mesquita « 

100 Federico Aman t 

101 Marcelino Viveros « 

102 Cayetano A. Carreras t 

103 Ángel Casatti < 

104 Manuel A. Amarilla < 

105 Federico Codas « 

1P6 Enrique S. López Noviembre 

107 Pedro Mantero c 

108 Narciso M. Acuña « 

109 Pedro P. Cáceres « 

110 Juan B. Villasanti « 

111 Pablo Albornoz « 

112 Arturo Mendes Gongalvez € 

113 Bonifacio Samaniego Diciembre 

114 Ladislao Urizar Enero 

115 Ernesto Eguzquiza « 

116 Agustín Laguardia « 

117 Rodolfo Eguzquiza « 

118 JoséR. Villasanti € 

119 Victor Casco c 

120 Juan Gómez « 

121 Carlos Gatti Febrero 

122 Félix Barboza « 

123 Andrés Barrios € 

124 Dr. Alejandro Audibert < 

125 Ernesto Duvivier < 

126 José Moníetfo « 



15 



1896 



33 — 



Abril 



N° Nombres y apellidos 

127 Federico Bogarín 

128 Conrado Gjurkoviiz 

129 Manuel Benítez « 

130 Francisco Chaves c 

131 Desiderio Cartes « 

132 Manuel Tala vera < 

133 Adolfo Aponte t 

134 Tomás Garavagno « 

135 Salvador Echanique Marzo 

136 Sinforiam Buzó « 

137 J. Portan Martínez t 

138 Marcelino Moreno « 

139 G. Caivano Russo c 

140 Ramón García c 

141 Carlos Laillacar c 

142 Enrique Esquivel López « 

143 Antonio Semidei c 

144 Carlos A. Pastore « 

145 Wenceslao Ájala 

146 Eloy Servián 

147 Antonio D'attri (hijo) 

148 Félix S. Talavera 

149 Miguel Elizeche 

150 Antonio Jara 

151 Benigno Escobar 

152 Modesto IbáSez 

153 Jorge Barzi 

154 Santiago G. Schaerer 

155 Ulises G. Hernández 

156 Juan Samudio 
167 Ramón Costa ~ « 

158 Vicente Lataza c 

159 José M. Avila « 

160 Héctor Aceval € 

161 Ignacio A. Pane c 

162 Gualberto Huerta « 

163 Marcial Rojas « 

164 Carlos Aben te c 

165 Eusebio Mongelós c 

166 Jaime Feijoo « 

167 Víctor G. de la Fuente c 

168 Juan Romero Junio 



FECHA DE INGRESO 

Febrero 1895 



TOTAL 



Majo 



14 



11 



13 



34 



Jul 



N° NOMBRES Y APELLIDOS 

169 Pedro Vachelli 

170 Félix Blanco 

171 José R. Qucvedo 

172 Augusto Cálcena 

173 Doroteo Benítez 

174 Luís Z^rabrini 

175 Carlos Macbello 

176 Ricardo Marazzi 

177 Gregorio Cálcena 

178 Manuel Massi 

179 JoséC. Coll 

180 Liberato Molas 

181 Dr, Pedro P. Barba 

182 Tomás Saccarello (hijo) 

183 Jorge Saccarello 

184 José Derliz Recalde 

185 Dr. Nicola Egidio Sardi 

186 Miguel Trinidad 

187 Enrique Borda Barbier 

188 Manlio Schenone 



Socios protectores 

1 Juan Leopardi Julio de 

2 Manuel Domínguez « 

3 Miguel Albano Agosto 

4 Manuel D'Acosta c 

5 Ildefonso Benegas c 



FECHA DE INGRESO 

Junio 1895 



TOTAL 



13 

188 



1895 

i 
f 
c 
« 



Miembros honorarios 
de la Seceión de música 

1 Sta. Isabel Anisits Enero de 1896 

2 c Blanca Mantero 

3 Luís Cavedagni 

4 Juan Anglada 
5_Ludovico Tessada 

6 Juan Mallada 

7 César Manzoni 

8 Lorenzo Hernández 

9 Romeo Dionesi Mayo 



5 



8 

JL 

9 



-35- 



RenunáwUs 



H°. Hombres y apellidos 

1 Garlos Ros 

2 Ambrosio Pirotta 

3 Rufino M. Recalde 

4 Lauro M. Cabral 

5 Ulises Verly 

6 José T. Dávalos 

7 José M. Salinas 

8 Facundo González 

9 Luis Escario 

10 Leocadio Alraeida 

11 Gregorio Ortiz 

12 Manuel E. Carvallo 

13 Juan Godin 

14 Inocencio Frontanilla 

15 José M. Margal 

16 Daniel Codas 

17 Abelardo Zelada 

18 Manuel A. Maciel 

19 Juan Quell 

20 Ricardo Ugarriza 

21 Liborio Gaetani 

22 Rufino Taboada 

23 Tomás Rivera 



Fecha de la renuncia 

Octubre de 1895 
Noviembre « 
Enero 1896 



Marzo 



Total 

1 
l 



Abril 



(hijo) 



Mayo 
Junio 



» Eliminados 



Zl'o. Hombres y apellidos 

1 José Barroso (Nhre. 95) 

2 Eu6taquio Martínez 



Fecha de eliminación 

Julio de 1896 
Abril t 



Suspendidos 

H T °. Nombre* y apellidos Fecha de la saspeaelon 

1 Emilio Collin (Sbre. 95) Abril de 1896 

2 Gastón Dubois du Tilleus 

(Octubre 95) Julio t 



8 

1 



_4 
23 



Total 

1 

J. 

2 



Total 

1 



— 36 — 



Exonerados de cuotas 



K: Hombres y apellidos 

1 Nicolino Pellegrini * 

2 Faustino Arámbulo • 

3 Ernesto Duvivier • 

4 Leopoldo R. El izeche 

5 Flaminio Pedrazza 

6 Félix Lara Castro * 

7 Juan Leopardi 

8 Pastor Ibáñez 

9 Eusebio Ájala 

10 Juan F. Pérez 

11 Doroteo Benítez • 

12 Dr. Egidio Sardi * 



Fecha de exoneración 

Agosto de 1895 
Octubre c 

Febrero de 1896 
« c 

f « 

Abril á Julio « 
Junio c 



Total 

1 
1 



3 
1 



< 

Julio 



f 
f 

c 

€ 



5 

1 

12 



NOTA:- Los señalados con asterico hacen uso de sus 
exoneraciones 

Alumnos 



{Entrados en este periodo) 



1 
2 
3 

4 
5 
6 

7 
8 



Galo Cabrera 
Emilio Mantero 
Juan Patri 
Luís Patri (hijo) 
Tomás Garavagno 
Sebastián Tal a vera 
Martín Morínigo 
Celestino Avila 
9 Norverto Riveros 

10 Carlos J. Puchetti 

11 Manuel M. Conde 

12 F. Santiago Abálos 

13 Andrés Candía 

14 Ramón Ríos 

15 Faustino Escobar 

16 Esteban Agüero 

17 Emiliano Duarte 

18 Toribio Pireili 



Noviembre de 1895 



Febrero de 

Abril 

Majo 



1896 



€ 

ff 
« 

C 

« 

« 

c 
c 
ff 
< 



4 

1 
1 



i? 
18 



— 37 — 



RESUMEN 



SOOZOI 



TJBWrXMI 



Fecha de ingreso 


Fundado- 
ra 


Activo* 


Proteclo- 
re» 


Honora- 
riot 


Julio de 1895 


13 


41 


2 


2 


Agosto c 


— 


41 


3 


3 


Setiembre « 


— 


15 


_ 


1 


Octubre « 


_ 


8 


— 


2 


Noviembre « 


— 


7 


— 


1 


Diciembre « 


— 


1 


— 


— 


Enero de 1896 


— 


7 


— 


1 


Febrero t 


— 


14 


—r 


— 


Marzo c 


— 


11 


— 


— 


Abril « 


— 


9 


— 


— 


Mayo c 


__ 


13 


— 


— 


Junio < 


— 


8 


— 


— 


Julio « 


— 


13 


— 


— 


Total 216 


13 


188 


5 


10 



Míe: 



toros lxonorArios d.© 1< 
dLe IMC-OlsIoa 



.«* fleoolón 



Enero de 1896 
Majo t 



8 
1 



Total 



- 88 - 
ron.iw.ol4Ma.toa, oto. 



Fecha 


Renuncia* 


Suspensiones 


ExpuUionet 


Exoneraciones 










V período 2 


Octubre de 1895 


i 


— 


— 


— 


Noviembre < 


i 


— 


— 


— 


Diciembre « 


— 


— 


_ 


— 


Enero de 1896 


4 


^ 


— 


— 


Febrero « 


— 


— 


— . 


3 


Marzo « 


4 


— 


... 


_ 


Abril t 


8 


i 


i 


i 


Mayo « 


1 


— 


— 


— 


Junio « 


4 


— 


— 


5 


Julio « 


— 


i 


i 


1 


Total 


23 


2 


2 


12(1) 



(1) 



a) usan exoneración 

b) no la usan 



6 
J> 
12 



LlVL 



Del periodo auterior, exonerados 

c c contribuyentes 

« actual, Noviembre 185 
t « Febrero « 
t c Abril « 

t c Mayo « 



o» eaK.loitezi.tos 



(6 

(i 
4 
1 

1)1 
2(12 

Total 



18 
27 



Asunción, Julio 25 de 1896. 
Juan F. Pérbz 
Secrt. 



— 39 



Movimiento correspondiente k los meses de Agosto y Se- 
tiembre de 1896. 



Socios activos 



IV*. Nombre* y apellidos 

1 José S. Decoud (hijo) 

2 Florentino Velázquez 

3 Enrique Muñoz 

4 Jorge Molinari 

5 Antonio Cusmanich 

6 Santiago Cusmanich 

7 Luís F. Braga 

8 J. Gregorio lbarra 

9 Emilio Bedoya 

10 Enrique Cañete 

11 Dr. Pedro Peña 

12 Juan J. Montebruno 

13 Manfredo C. Rus90 

14 Braulio Hein 



Fecha de Ingreso 

Agosto de 1896 



ToUI 



Setiembre 



Total 



_5 
14 



Id honorario 
1 Rafael Obligado Julio de 1896 

Renunciantes 



Feeha de la renuncia 

Agosto de 1896 



o. Montares y apellidos 

1 Jorge Sacare! lo 

2 Francisco M. Rodríguez 

3 Eloy Servián « 

4 Francisco S. Rolón « 

5 Miguel Elizeche Setiembre 

6 Juan 6. Granado « 

7 Tomás M. Várela € 



Miembro honorario de la Sección Literaria 



Tolal 



« 
c 
« 



7 



1 Guido Boggiani Setiembre de 1896 



— 40 — 
Miembros honorarios de la Orquesta 



1 Andrés Biancbi 

2 Pedro Savé Pujol 



Setiembre de 1896 

« c 



Alumnos 
entrados nuevamente 



N.* Hombre* y apellidos 

1 Benjamín Aceval (hijo) 

2 Roque Espinóla « 

3 Luis Abente Agosto 

4 Juan Ernesto Centurión 

5 José F. A. Centurión 

6 Antonio Cusmanicb (hijo) 

7 Pablo R. Ortiz 

8 Atilio Stelatto 

9 José M. Decoud 

10 Manuel Samudio 

11 Wenceslao Torres (wmu*w st. w 

12 Ildefonso Mateu 

13 Alfonso M. Sampaio 

14 Valentín Rallo 

15 Adolfo Carvallo 

16 Miguel Galeano 

17 Matías Paredes 

18 Ambrosio Bejarano 

19 Luís Rodríguez 

20 César Fretes 

21 Mateo González 

22 Abelardo Fernández 

23 Enrique Ájala 

24 Gervasio Carvallo 

25 Rogelio Urizar 

26 Antonio Taboada (hijo) 

27 Pedro Recalde Setiembre 

28 Daniel Dodriguez « 

29 Eusebio Benítez « 



Fecho 4e Ingreso Total 

Julio de 1896 



24 

3 
29 



— 41 — 
Eliminados 



¡lo* Nonnres y apelllJas 

1 Leandro Duarte 

2 Adolfo Carvallo « * 

3 Enrique Ayala c 

RENIMEN 

Socios 



Fecha 4« eliminación 

Setiembre de 1896 



Total 




Julio 
Agosto 

Se tiemble 

Total 224 ■■ 

Miembros hmo 



Existentes $/ lista 
Eliminado 

Nuevos : 

Julio de 1896 

Agosto 

Setiembre 

Eliminados 
Renunciante* 



Muimos 
anterior 







Música 9 

Literaria 1 

Orquesta 2 

27 

1 26 



2 

24 
3 



2 

1 



Total 

Asunción, Setiembre 30 de 1896. 
Juan F. Pérez 
Secret. 



29 



3 26 
52 



- 42 — 

juuhco d 

BALANCE GENERAL DE LA SOCIEDAD 

«INSTITUTO PARAGUAYO» 

CORRESPONDIENTE AL 2° PERIODO (NOVIEMBRE DE 1S95 
Á JULIO DE 1896} 



INGRESOS 

I o Cuotas de socios existentes 

Noviembre de 1895. 

13 Fundadores á$ 5$ 65:00 

• 7 Activos nuevos... .c c 10 « 70:00 

105 < existentes c « 5 c 525:00 

5 Protectores c c 5 « 25:i.0 Jj 685:00 

Diciembre de 1895. 

13 Fundadores 6g 5§ 65:00 

112 Activos t c 5 c660:00 

1 f nuevo « c 10 c 10:00 

5 Protectores c r 5 « 25:00 « 660:00 

Enero de 1896. 

13 Fundadores ág 5$ 65:00 

113 Activos '....« c 5*565:00 

7 c nuevos « c 10 c 70:00 

5 Protectores c « 5 < 25 00 c 725:00 

Febrero de 1896. 

13 Fundadores á § 5 $ 65:00 

120 Activos « « 5c 600:00 

14 c nuevos « c 10 c 140:00 

5 Protectores < c 5 c 25:00 < 830j00 

Marzo de 1896. 

13 Fundadores á ^ 5 § 65:00 

134 Activos .,, « « 5 c 670:00 

11 « nuevos c < 10 « 110:00 

5 Protectores < t 5 c 25:00 c 870:00 



— 43 - 

Abril de 1896 

13 Fundadores k& 5$ 6500 

145 Activos « « 5 « 725 03 

9 c nuevos ...c« 10 « Í0.00 

5 Protectores f c 5 « 25:00 c 905:00 

Mayo de 1896. 

13 Fundadores ájj 5 8 65:00 

154 Activos «« 5 «770:00 

13 « nuevos « « 10 < 130:00 

5 Protectores t c 5 < 2500 « 990:00 

Junio de 1896. 

13 Fundadores á ff 5$ 65:00 

167 Activos < « 5 « 835:00 

8 « nuevos « « 10 « 80.00 

5 Protectores « « 5 « 25:00 « 1.005:00 

Julio de 1896. 

13 Fundadores á § 5¡P 65:00 

175 Activos « « 5 « 875:' 

13 « nuevos « < 10 « 13000 

5 Protectores t « 5 « 25 00 c 1 095:00 

Suma ff 7.765:00 



2 o Cuotas de socios renunciantes, según el de- 
talle anexo (Cuadros N° 2 y 3) 



Anidadas A cobrar 

Noviembre de 1895 i 

Diciembre « < 



Enero 

Febrero 

Marzo 

Abril 

Mayo 

Junio 



1896. 



< — 



-f 


80:00 


25 t 


65:00 


15 « 


80.03 


25 < 


55:00 


20 c 


40:00 


— « 


8-T.00 


10 « 


10:00 


— c 


00:00 



360:00 

Suma ff 95 y 8 1*5:10 



- 44 - 



De la pág 43 
A deducir: cuotas de socios exo- 
nerados s/. detalle anexo: 

10 Total de las mismas 

Cobradas Febrero de 1896 & 

< Marzo « « 
« Abril c 

< Mayo c 
« Junio. c 

< JuliO c 

Diferencia: Nbre. de 1895 § 
Diciembre c 



V 8.125:00 



! 
I 



<© 



i 

3 






» 



Enero 

Febrero 

Marzo 

Abril 

Mayo 

Junio 

Julio 



1896 



i 



1896 



Cuotas anuladas de renuncian- 
tes reingresados s/. detalle 
anexo: 

^ Noviembre de 1895 8 

é¡ Diciembre 

Enero 

Febrero 
m Marzo < < 

O Abril « , 

Suma 
Cuotas de 2 Socios eliminados 
en este periodo (anuladas) si. 
detalle anexo: 

Noviembre de 1895 

Diciembre < 

Enero 

Febrero 

Marzo 

Abril 

Majo 

Junio 

Julio 



oo 



9 



1896 



« 



f 275.C0 
10 
10 
10 
10 
30 
30 t 100:00 



10 
10 
10 
20 
15 
20 
20 
30 
36 «170:00 



5 
10 
5 
5 
5 
5 « 



36: 00 ff 206:00 
g 7,920:00 



10 

5 

5 

5 

5 
16 
10 
10 
10 « 



75:00 



- 45 



De la pég. 44 
Cuotas de 2 Socios suspendidos 
en este periodo (anula- 
das) 8/. detalle anexo 
Sbre. 1895 (1 er periodo) #* 10 
Otbre. c (id) « J5 

Suma S 25 



S 7.920:00 



S 
1 

I 



Nbre. 1895 (2° periodo) g 



Dbre. • 


(id) 


Enero 1896 


(id» 


Febrero « 


id) 


Marzo « 


(id 


Abril « 


(id) 


Mayo « 


id) 


Junio < 


(id) 


Julio < 


(id 



10 
10 
10 
10 
.10 
10 
10 
10 
10 « 



90:00 



Id. De 23 socios renunciantes 
s/. detalle anexo 
Otbre. 1895 (1 er periodo) 8 __5 



a 



Nbre. < 

Dbre. « 
Enero 1896 

Fbro. « 
Marzo < 

Abril « 

Mayo « 

Junio « 

Julio « 



(2« 



(id) 
(id) 

(id) 

(id) 
(id) 
(id) 



id) 



10 
10 
30 
30 
50 
90 
95 
1!5 
115 



545:00 



Total de las cuotas perdidas, 
correspondientes al periodo g 710:00 

Id. id. correspondiente 1 er pe- 
riodo « 30.00 

Resumen de las cuotas perdidas: 
De 2 socios eliminados ¡F 75 
« < < suspendidos < 115 
«23 < renunciantes, no co- 
tizables < 5508 740:00 



— 46 — 

o* n Delapág.45 § 7.920:00 

3 o Cuotas de alumnos 

Importe de las mismas, según 
detalle adjunto : 
^ Noviembre de 1895 £ 2800 

g Diciembre c € 23Í00 

« Enero de 1896 « j 8 ;oo 

* Febrero 



¿ Marzo 
1 Abril 
Majo 
Junio 



.3 



« 18:00 

c 13:00 

« 13:00 

« 13:00 

« 8:00 



Juü0 « J^ 8tf0 142:00 

4 o Multas cobbadas 

Importes de las rai6mas, según 
Libro de Caja 8; qq 

6° SUBVENCIÓN OFICIAL 

I o Cuota correspondientes á Ju- 
nio de 1896 f 1000:00 

2 o Cuota coi respondiente á Ju- 
lio de 1896 « i(K)0:00 2000.00 

S 10.070:00 

6 o Cuotas A cobrar del periodo anterior 
Importe según Balance anterior g 1 1,043 00 
Anuladas s/ detalle precedente « 30:00 1,013:00 

Suma Total 11,08300 

Rbsumbn de los ingresos 

Cobrado 0/ Libro de Caja a 6,375:00 

A cobrar (Cuadro A° 1) : w 

Cuotas del mes según detalle 

n a< ÍJ un Í , H 1,038:00 

t/uotas de los meses anteriores c 1,670:00 

« de subvención oficial 2,000:00 4,708:00 

Suma Total 11,083:00 



— 47 — 









EGRESOS 




- ÓbdbNbs pagadas (Libro de C»ji f-. á fs.) 


N° 


16 & 


310.00 


De la I a eo 


lumna S 3.382:43 


< 


17 « 


310:00 


« 47 


« 22:00 


« 


18 « 


19:50 


c< 48 


« 69:00 


«. 


19 « 


20:00 


« 49 


« 54:00 


« 


20 « 


339:78 


« 50 


« 360:00 


« 


21 « 


20:00 


« 51 


« 29:00 


« 


22 « 


310:00 


« 52 


« 70:75 


« 


23 « 


25:00 


« 53 


« 70:8) 


« 


24 « 


50:00 


« 54 


« 80.00 


« 


25 « 


150:00 


c« 55 


« 95:00 


« 


26 « 


46:00 


« 56 


« 50 00 


« 


27 « 


47:40 


« 57 


« 20:50 


« 


28 « 


50:00 


« 58 


« 22:70 


« 


29 « 


250:00 


« 59 


« 15:00 


« 


30 « 


66:00 


« 60 


« 410:00 


a 


31 « 


10;00 


« 61 


« 58:50 


« 


32 « 


11:10 


« 62 


« 78:40 


« 


33 « 


5235 


« 63 


« 50:00 


« 


34 « 


53:50 


« 64 


« 14:00 


« 


35 « 


14:50 


« 65 


« 95:00 


« 


36 « 


68:10 


« 66 


« 59:40 


« 


37 x « 


360:00 


« 67 


« 29:00 


« 


38 « 


64:50 


« 68 


« 29:35 


« 


39 « 


50.00 


« 69 


« 525:00 


« 


40 « 


50:00 


« 70 


« 71:55 


« 


41 « 


42:50 


« 71 


« 50.70 


« 


42 « 


100:00 


« 72 


« 96 00 


« 


43 « 


16:20 


« 73 


« 54:00 


« 


41 « 


360:00 


« 74 


« 8100 


« 


45 « 


50.00 


« 75 


« 116:00 


« 


46 « 


66:00 


« 76 


« 52;80 


lia 2» col'. § 3.382.43 




« 2.779:45 



6,161:88 



N«. 



48 — 



2 o Ordenes A pagar 



77 S 


( 23305 


¡d.1. i>eoi«m»i$ 1,122:60 


78 


i 50:00 


N\ 87 t 


20 00 


79 < 


« 120:00 


« 88 « 


16:10 


80 « 


í 112:00 


« 89 « 


24:2ó 


81 « 


t 120:00 


« 90 « 


300:00 


82 < 


i 68:70 


« 91 « 


163:00 


83 < 


c 62:25 


« 92 « 


30:00 


84 < 


i 72:50 


« 93 « 


100:00 


85 < 


> 14:10 


« 94 < 


37:00 


86 « 


i 270:00 


« 95 « 


99:50 c 1,912:45 


urona S 1 122:60 


Suma Total 


$ 8.074:33 



Resumen de los egresos 

Pagado número 16 á 76 s/. libro de 

Caja f 6,161:88 

A Pagar < 77 « 95 « 1,912:45 

Suma Total H 8,074:88 

SALDO EN EFECTIVO 



Del Balance anterior g 41:59 

« « actual I 

[Entradas en efvo. ff 6,375:00 
f/. Libre de Caja (Salidas en id. * 6,161,88 « 213:12 

Suma H 254:71 

Tolal doscientos cincuenta y cuatro pesos fuertes con 
con setenta y un centavos. 

Asunción, Julio 24 de 1895 

Leopoldo R. Elizbghe 
Tesorero 

Asunción, 24 de Julio de 1896 

Aprobado por la Comisión Directiva, en sesión ordina- 
ria de la fecha. 

Cleto de J. Sánchez Juan F. Pérez 

Presidente Secretario 

(Hay el sello de la Seriedad) 
NOTA: Los cuadros demostrativos adjuntos están á 



— 49 — 



disposición de los señores socios en Secretaría, así como 
los demás anexos de la memoria. 

El movimiento de Tesorería de los meses de Agosto y 
Setiembre, se publicará en el número siguiente. 



dotas acerca le los gobernadores, la emancipación y los 

gobernantes del Paraguay 

i 

Ijob GroberaAdtores 



& Escribe Azara refiriéndose al Paraguay; c Aquí se vé que 
puede una providencia imprudente trocar los héroes en 
gente despreciable, y rué los hombres valen en razón di- 
recta délas leyes que los gobiernan » (Descripción é Histo- 
ria, t. 2); indiscutible verdad, harto olvidada por desgracia 
y que para hacerla más patente nos obliga á un rápido 
juicio de los gobernantes que tuvo el Paraguay antes del 
l)r. Francia y á establecer con claridad en qué se apartó 
ó siguió éste la senda trazada por sus numerosos predece- 
sores y á preparar un verdadero conocimiento de lo que 
fué el Dictador. 

En nombre del Rey de España y por nombramiento de 
el ó por elección de los habitantes del Paraguay, han 
regido el país: Juan de Ayolas, esforzado capitán, amigo 
y mártir de los indios: Domingo Martínez de lrala: gober- 
nante de tanta valía que hasta el norte americano Wash- 
burn lo cree superior á Penn, elojio de incalculable valor 
atendido á quien lo hace. Sus decendientes aun subsisten 
en el Paraguay, donde casaron sus cinco hijas, y tal vez 
en la Argentina donde fué á poblar Buenos Aires, uno de 
de sus tres hijos, habidos también con indias; Alvar JVtí- 
ñez Cabeza de Vaca: el compañero de Narváez en la Flori- 
da; uno de los hombres que más tierras han recorrido en 
Europa y África, y principalmente en América, la cual an- 
duvo, desde Darien al Misissipí y desde Santa ' Catalina 
(Brasil) á Chiquitos (Bolivia). 



— 50 — 

A pesar de su inquina A los Ir guleyo?, que tanto le ha- 
bían hecho sufrir en Santo Domiugo y de lo poco favora- 
ble que le es Azara si las instrucciones que él trajo para 
i n adelantazgo en 1540 respecto á repartición de tierras y 
administración, se hubieran tenido piesentes en 1870, coi 
las modificaciones que la diversidad de los tiempos impo- 
nen, el país sería hoy un emporio de riqueza y no estaría 
dominado por su crónica crisis agrícola, causa de su in- 
menso abatimiento industrial, comercial y administrati- 
vo. 

El que cual Arcos (La Plata) estudit á Núñez, lo admira, 
más se le glorificaría aún, si se le parangonase con 1 9 
exploradores de América y de África en nuestros ti j mp°#9. 
El fué más rico y desprendido, más sagaz y prudente, 
venció más obstáculos con menos elementos, sin dejar por 
eso de ser escritor y gobernante, de cuyo cargo se dejó 
deponer, para ser engrillado y remitido á España, cuando 
teñí* eJ poder y muy poderosos elementos morales y ma- 
teriales. 

Juan de Solazar y Espincsa. Solo fué gobernador inte- 
rno este honrado capitán, al que tanto debe la capital y 
toda la provincia paraguaya:* primer alcalde ordinario, 
tesorero real, introductor de los primeros animales vacu- 
nos y de la iraag n de la virgen, etc. ha tenido por esto 
alguna más foitina que otros muchos de sus compañeros 
y amigos, pues siquiera su nombre le estampan algunos his- 
toriadores, no todos, merced que es muy raro ver concedida 
á Juan Carhajal, sobrino del obispo de Plasencia, muerto 
por los payaguaes, los cuales sacrificaron también, entre 
otro muchos á Carlos Üubrin, hermano de leche del Empe- 
rador Carlos I; á Luís Pérez de Cepeda, hermano de la úni- 
ca doctora que se venera en los altares católicos; Juan Po.i- 
ce de León, hermano del duque de Arcos; Carlos de Gueva- 
ra;y un centenar más de hijodalgos que se metieron acor- 
rer aventuras en América cuando tanta presa y riqueza 
podían haber logrado en las guerras de Italia, Francia y 
Alemania con mucho menos denuedo y exposición. De es- 
tos y otros muy bien pueden haber quedado descendien- 
tes. Francisco de Mendoza, hijo del Conde de Castro Jerez 
gentil hombre y mayordomo del Rey de Romanos, que si 
bien fué compañero de Chávez, del cualtralvo del prínci- 
pe Doria, Centurión y demás que al Paraguay dieron has- 
ta el nombro, no se libró de subir al patíbulo, por usurpar 



-51 - 

la gobernación; Gonzalo de Mendoza: yerno de Irala: pun- 
donoroso, bueno y afable, gran conocedor de lo que con- 
venía pero que falleció al poco tiempo de ejercer el man- 
do. Castigó á los agace*, y no anduvo muy bien con Diego 
Abren, gobernador interino que tuvo un fin desastroso. 
Francisco Ortiz de Vergara: sevillano, yerno de Irala, per- 
sonalmente con 500 españoles, que en su inmensa mayo- 
ría debían ser criollos, y con gran número de auxiliares 
guaranes y guaycurues, venció en Acaií la gran insurrec- 
ción de Pablo y Nazario Curupirati. Sugestionado por 0- 
nofre de Chavez, -otra víctima de los bárbaros del Chaco, 
y para regularizar oficialmente su mando, hizo una famo- 
sa expedición á Chuquisaca, siendo en el el trayect > muy 
hoUilizado por Jos infiile^EFvii'ey del Perú en vista de 
algunas quejas, bien pof^gYawsf que le habían ido de la 
provincia del Paragu/jfste quUó éi'íp*ndo y remitió á Es- 
pañi. /$&' ^ V 

Juan de Ortega: nK^añe^fué^Uiteiirto y d«s él sábese 
muy poco. Ifelipe d&$áper€$<\ íp^drileño, hermano del 
contador Real que laBía'sido/del). Pedro de Mendoza, 
compañero del Obi»gJ-<a -Toírre )£ demás de la expedi- 
ción al Peiú. Las cik?msUBdHS;Jo hicieron lo mismo que 
á Irala y sus yernos\;ef0 de^tn* .pai txiy, por lo cual come- 
tió algunos d 4 8manes>^i<^4*agó con~cyeces, pues fué preso 
en la misma catedral áWi^d^^a, engrillado y remi- 
tí 'o á España, donde no m*Üa*rnlos tribunales pretexto 
para seguirle. el juicio. 

Martín l uárez de Toledo apesar de ser gobernador á cau- 
sa de una revuelta, no se le ha hecho cargo respecto á su 
proceder, sin duda porque ya anteriormente había sido 
do? veces lugar-teniente y por tanto era recto y aprecia- 
do. Mandó fundar á Santa Fé. 

Juan Ortiz de Zarate: hidalgo rico y distinguido en Pe- 
rú; después de grandes penalidades por las orillas del ac- 
tual Plata y Paraná, falleció al poco tiempo de estar en 
la Asunción, envenenado según algunos. 

Diego Ortiz de Zarate y Mendieta: «mozo de 23 años no 
cumplidos, se hinchó tanto con su empleo, que separó de sí 
á ? u coadjunto Duré para mandar solo. Era por consi- 
guiente muy natural que los viejos no gus'asen de que 
los mandase un niño, y que los que habían muerto á su 
tío murmurasen de su conducta, que no pudo ser muy pru- 
dente y juiciosa, pero no tan loca, violenta y desatinada 



- 52 - 

como la pintan Bazco y Lozano .... Mendieta el goberna- 
dor interino, pasó á Santa Fé donde tuvo palabras muy 
pesadas con Francisco Sierra; este retiróse á su casa y en- 
viándole á llamar Mendieta, temió y se refugió á la iglesia, 
de donde lo sacaron y llevaron preso. Con esta novedad 
se juntó mucha gente en la plaza pidiendo la libertad del 
preso, y fué menester dársela. Entonces poniéndose Sierra 
á la cabeza del motín persiguió á Mendieta, y no paró 
hasta que ante escribano le hizo renunciar su empleo. Pe- 
ro aun no satisfechos con esto le formaron causa y lo des- 
pacharon para España, á donde no llegó por que después 
de algunas aventuras le mataron los indios de Albiaza» 
Azara (Descripción é historia del Paraguay t. 2). Z nny 
siguiendo á Lozano, cuya historia caliñca hasta de «cri- 
minal» Azara; sin citar un sólo caso de abuso cometido 
por Mendieta, sin fijarse en lo poco que duró en el poder 
ni referir como cayó, etc. escribe «fué el primer Fraucia 
del Paraguay. . .Costó mucho trabajo deshacerse de seme- 
jante monstruo, que sólo se consiguió con su ttágica 
muerte á manos de los indios albiazis, yendo á parar *u 
cuerpo aun caliente en los vientres de esos antropófago?.» 
En países donde había éstos, no es de extrañar que se co- 
metiesen trasgresiones á la ley civil, pero lo cierto es que, 
si por un cúmulo especial de circunstancias los que á los 
albiazas y demás tribus civilizaban, llegaban á tener un 
mandatario poco bueno, éste no se sostenía sino meses. 

Juari^ de Garay: hermosa figura histórica, muerto á 
traición por los indios; hijo de Vizcaya ó de Badajoz; su 
recuerdo siempre será grato á los argentinos, más aun- 
que á los mismos paraguayos á cuyo país hizo no pocos 
beneficios, si bien no dejó en él su hijo natural que es uno 
de los primeros repobladores de Buenos Aires. 

Durante su gobernación trató de hacerse ya por los San- 
ta feci nos y Cordobeses lo que doscientos treinta años 
después realizaron, ayudados por las logias y las circuns- 
tancias, el hijo del italiano Belgrano en la Argentina, del 
inglés O'Higgins en Chile y del portugués Francia en el 
Paraguay. Por el año 1581 á 1583 «los mestizos de Santa 
Fé formaron el proyecto de arrojar de allí á todos los eu- 
ropeos. . ..se aliaron á los de Córdoba... arrestaron al te- 
niente gobernador, al alcalde y á otros, mandando á todos 
los europeos salir de la ciudad y sus términos, y que los 
demás presentasen las armas para ver su estado y soste- 



— 53 — 

nerse contra Garay, que se figuraban iría á castigarlos. 
Pero algunos arrepentidos se juntaron en secreto con 
otros que no eran del motín, y dividiéndose de dos en dos 
por la noche sorprendieron y mataron en sus casas á los 
únicos autores principales, poniendo en libertad y en po- 
sesión de sus empleos á los presos. Gonzalo Abreu, go- 
bernador de Córdoba del Tucumán, murió antes de que se 
le sentenciase y todo quedó tranqui'o.» (Azara). 

Alonso de Vera y Aragón: buen capitán, fundador de 
pueblos hoy argentinos, renunció el mando después de 
prestar grandes servicios y de haber muerto los indios del 
Chaco á su hermano. 

Juan Torres de Navarrete: interino; él y otros pariente 
del siguiente, parace ser que no dejaron de hacer algunas 
extorsiones por lo cual y aunque su tío, el adelantado, 
estaba por entonces de oidor en Charcas, la Audiencia dis- 
puso que cesasen en el mando todos los de la familia Vera 
hasta el cuarto grado, en el término de seis días, so pena 
de dos mil pesos de buen oro si no lo cumplían. 

Juan Torres de Vera y Aragón: andaluz, fundador de 
pueblos, renunció el mando á los tres artos. En Chuquisaca 
donde había sido oidor,contrajo matrimonio con doña Jua- 
na Ortiz de Zarate, de la cual nacieron en la misma pobla- 
ción, dos hijos, Juan que llegó á ser gobernador del Tucu- 
mán y Alonso que militó con los tercios castellanos en 
Flandes y Francia y murió valerosamente en Trissia, eo 
defensa de los derechos de España. 

Hernavdo Arias de Saavedra: no es como se dice el 
primer americano que en América ejerció oí mando, pero 
sí un hidalgo paraguayo que está necesitando un biógrafo 
digno de sus grandes merecimientos y de los de su herma- 
no y primo, el venerable Roque González Santa Cruz, már- 
tir de los indios y guía de tantos otros paraguayos más ol- 
vidados aun que él,cual Jos Rojas, Aichart, y otros modelos 
de fidelidad. 

Fernando de Zarate: caballero del hábito de Santiago; 
muy emprededor, repoblador de Jerez. 

Bartolomé Sandovcü: recorrió la mayor parte del terri- 
torio para oponerse á las desvastaciones que los indios ha- 
cíin en los pueblos y fomentar éstos. 

Juan Ramírez de Velazco: cumplido caballero cuya 
descendencia aun se encuentra en Tucumán, donde se casó 
y murió. 



— 54 — 

Diego Rodríguez Valdez y de la Banda: ejerció e! man- 
do con tino durante tres años y falleció en Santa Fé. 

García de Mendoza; interino, tal vez paraguayo, cesó 
por haberle venido real cédula á Hernandarias para que 
ejerciera el poder por segunda vez. 

Diego Martín Negrón: parece ser que residió la mayor 
parte del tiempo en Buenos Aires, donde falleció. Este 
pueblo que por entonces no teuía mucho más de quinien- 
tos vecinos, tenía que ser muy atendido pues los pot-tu- 
gue?es y los piratas holandeses é ingleses lo rondaban 
con frecuencia. 

Dr. Francisco de A)faro\ oidor de Chuquisaca, visitó 
I '\ provincia y dictó unas ordenanzas que el Conseja de 
Indias mandó fe observasen invariablemente. 

Francisco González de Santacruz: seguramente paragua- 
yo, se le dá el mismo título de General que á Saavedra, y 
era hermano de Roque González al cual generalmente se 
le tiene por deudo de aquel. Procuró la cultura de los in- 
dios por medio de Ja catequizaron y logró buenos éxitos; 
á los dos años fué reemplazado por Hernandarias. 

Manuel de Frías: capitán, procurador en España de las 
Provincias del Rio de la Plata, de donde es muy posible 
que fuera hijo. 

Se portó bien contra los payaguaes y guaicurues, y gozó 
del favor público aunque una vez fué preso por orden 
de la Audiencia y llevado á Chuquisaca de donde volvió 
repuesto. Falleció en Salta. 

Las cansas de su prisión y otros disgustos que tuvo, fue- 
ron sus desavenencias con el obispo Torres que por un 
lado odiaba á los jesuítas y por el otro apoyaba las discu- 
siones que al gobernador le movía la asunceña, su espos i, 
doña Leonor Martel de Guzmán, hija del capitán Rníz 
Díaz de Melgarejo. 

II 

Zinny (Historia de los gobernantes del Paraguay) se ca- 
lla esta segunda causa de las discusiones entre el gober- 
nador y el obispo y no desaprovecha ocasión para cri- 
ticar acerbamente á todos los hombres del pasado, aprove- 
chándose para ello de ciertos errores que la pasión ha dic- 
tado á algunos historiadores á los rúales ya Azara había 
justificado sin contemplación alguna. 

0.ro8 historiadores, de nuestros días son aún más par- 
ciales, por ejemplo, Washburn que citando sólo á muy 



— 55 — 

pocos, los llena de ludibrio á todos; el del texto (Terán y 
Pereira)que nombra los que le place y los juzga á capri- 
cho, escribiendo de otros capitanes, cual de Melgarejo 
«fué célebre por sus atrocidades contra los indios> pero 
sin relatar cuáles fueron éstas, método en verdad tan có- 
modo como desprovisto de seriedad y hasta diríamos de 
crédito si no lo viésemos tan generalizado. 

Para interesar á los que quieran escribir la cronología 
de los gobernadores de la Guaira, que casi desconocemos, 
y que Insta cierto punto es independiente Je la de los go- 
bernantes de Asunción, diremos dos palabras de &u pri- 
mer mandatario, tomando los principales datos de las 
Cartas de Indias publicadas en 1877 por el ministro de Fo- 
ii ento. 

E! fundador de Villa Rica del Espíritu Santo (año 1556) 
y Santiago de Jerez 6 Nueva Vizcaya (año 1580), nació en 
Sevilla, guerreó seis años en Italia y en I o de Noviembre 
de 1540 se embarcó con Alvar Núñez para el Río déla 
Plata, sabiendo ya de cierto que no había en los territorios 
poi él recorridos ni oro ni plata. Expulsado el adelantado 
no se plegó á los vencedores y por ello estuvo pre30 y con 
Diego de Abreu y otros formó el partido de los leales. Ha- 
biendo huido Abreu, Ruíz Díaz de Melgarejo lo acompañó 
y cuando aquél fué muerto por el alguacil, natural de Italia, 
Diego Erassojué apresado, pero Irala lo libertó porque era 
hermano de su yerno Francisco Ortiz de Vergara, y lo de- 
jó escapar con dos españole* más y dos portugueses. Apre- 
sado por los indios, éstos se comieron «asado y cocido» al 
compañero que le quedaba y lo libertó á él una india que 
le tomo cariño. Llegado á San Vicente casó con la hija 
del capitán Becerra, portugués, Elvira Contreras, á la cual 
y también á Juan Carrillo, dio muerte por haberlos sor- 
prendido en adulterio. Habiendo pasado más de tres años 
desde su salida de Asunción, se volvió áésta junto con los 
Croes ó Gojs y Salazar Espinosa, Irala lo recibió bien y él 
se fué á ciudad Real del Guaira donde en 156) no sólo re- 
sistió heroicamente á los indios sino que logró amansar- 
los. 

Llevaba muchos años de gobernador de hecho cuando 
en 1570 fué nombrado Alonso Riqueime, sobrino de Alvar 
Núñez. 

Melgarejo quizo desacatar la orden de la superioridad, 
por lo cual fué preso, engrillado y remitido á España á la 



- 56 — 

cual no llegó porque, obligada por la tor.nenfaja nave que 
lo conducía tomó puerto en San Vicente y desembarcando 
prestó tales servicios contra los charrúas al adelantado 
R'iíz de Zarate, que éste le permitió volver al Paraguay y 
á Villa Rica donde falleció de más de noventa años de 
edad el arrojado y asendereado capitán. 

III 

A Frías reemplazó en la gobernación del Paraguay Die- 
go de Regó y Mendoza, como interino, cerca de dos años; 
muy bien podía ser criollo; sucedióle— 

Luis de Céspedes García: tal vez chileno ó quizás para- 
guayo pues algunos historiadores le llaman Xeray. Al año 
de estar en el mando fué acusado de connivencias con los 
mamelucos que desolaron los pueblos de Villa Rica y 
Ciudad Real y toda la campaña. Aunque Zinny se lo calla 
tal vez el gobernador estuviera mal sujestionado por su 
esposa doña Victoria Correa de Saa, natural de Rio Ja- 
neiro. 

La Aud encia de Charcas llamó á Céspedes y años des- 
pués lo inhabilitó por seisaños para ejercer puestos pú- 
blicos y le impuso una fuertísima multa (10.000 §/. 

Martín de Ledesma Valderrama: andaluz, fundador de 
la actual Villa Rica. Funes lo critica por su inquina á 
los jesuítas; falleció en Santiago del Entero y según Zinny 

«el Paraguay le debe muchos servicios dejó varios 

hijo?, cuyos descendientes ennoblecen ambas provincias 
del Paraguay y Tucumán» del cual también había sido 
gobernador. 

Pedro de Lugo Navarra: caballero del hábito de San- 
tiago; (Jerrotó á los mamelucos, no hay quejas de su go- 
bierno pero los cargos que hizo á los misioneros, ya en sus 
días los calificó de calumniosos el padre Montoya. 

Juan de Vallejos Villasanti: interino, tal vez criollo. 

Gregorio de Hinestrosa: chileno y durante catorce años 
cautivo de lo* araucanos. Su gobierno fué desordenado por 
la lucha en que se puso con el obispo Cárdenas, peruano, 
que salió del país despué3 que el gobernador desarmó y ex- 
pulsó á Santa-Fé á los portugueses y recibió el auxilio de 
los indios misioneros que guardaron el orden con perfecta 
disciplina. 

Diego de Escobar Osorio: chileno, oidor de Charcas; ca« 
sado con una dama, su conterránea que lo dominaba. 

En vez de oponerse, como la audiencia había dispuesto^ 



- 57 - 

al obispo Cárdenas, permitió la vuelta de éste; al poco 
tiempo falleció el gobernador y la flojedad que él había 
tenido debió comunicarse á su teniente, el capitán D. Die- 
go de Yegros, con lo cual el populacho nombró goberna- 
dor al obispo— 

Bernardino de Cárdenas: perulero, de carácter agrio y 
genio turbulento, al cual sirvió de gran instrumento Va- 
lle jos Villasanti para expulsar á los jesuítas y quemar su 
convento. 

A los seis meses fué declarado intruso y temerario por 
el Virrey, y la iudiencia le ordenó comparecer ante ella. 

¡Sebastián de León Zarate: maestre de campo, natural 
del Paraguay. Al año de estar en el mando y haber vuel- 
to la tranquilidad á la provincia, sin duda por los gran- 
des enemigos que tenían los jesuítas, fué encausado, por 
diez y ocho muertes habi ias para quitar del poder al obis- 
po y durante muchos años que aún le restaron de vida, 
siguió en la cárcel y en ella falleció. El Rey lo mandó lla- 
mar en tres ocasiones, pero no pudo emprender viaje á 
causa de sus dolencias y achaques. 

La Audiencia de Buenos Aires en 1672 lo declaró libre 
de todo cargo. 

Andrés de León Garabito: natural de Lima, cabal leí o de 
Santiago, oidor de Charcas. Por medio de los indios mi- 
sioneros que tanto habían servido á su desgraciado pre- 
decesor contra los guaicurues, deshizo él de los mamelucos. 

Falló contra los partidarios ie su paisano Cárdenas, 
Diego de Yegros, Casco de Mendoza, Vallejos de Villasan- 
ti é hijo; Ramírez Fuenleal, Cristóbal Ramírez; Céspedes 
Xeria, José Encinas, Andrés Benítez, Benegas de Guzmán, 
Pedro Antonio Aquino; Melchor de Pucheta; Diego Gimé- 
nez, Juan Riquelme, Francisco de Aquino, Tomás Ayala, 
Juan de Cáceres y Juan de Paredes, condenando á unos 
con multas de 100, á otros de 300 pesos plata, é inhabilita- 
ción á unos temporal y á otros perpetuamente, de todo 
cargo de justicia. 

Cristóbal de Garay y Saavedra: santafecino, nieto del 
hijo natural de Garay, don Juan Cruz y casado con doña 
Antonia de Cabrera, nieta del fundador de la capital de 
Tucumán. 

En su tiempo hubo una terrible peste; fué valeroso para 
castigar á los indios y supo ejercer el poder á gusto de 



— 58 - 

sns subordinados y superiores»; falleció de Oficial Real en 
Tucumán. 

Dr. Juan Antonio Blázquez de Va'verde: natural de 
León de Guantico (Perú) oidor de Charcas; profesor en Li- 
ma; visitador general de la* Misiones. Abrió solemne y pú- 
blico proceso á los jesuítas, de lo que resultó eran calum- 
niosas las especies que la malicia y los partidarios de Ca - 
denas les imputaban. 

Alonso Salimiento de Sotom M/or y Figueroa: gallego, pri- 
mo del Virrey, conde de Salvatierra, corregidor de Cauca, 
gobernador de Chucuito. En el Paraguay como su predece- 
sor no castigó las rebeliones de los indios de Caazapá y 
Yuti, éstos tomaron bríos y él tuvo que someter á Areca- 
yá donde le mataron á cuatro é hirieron á 22 de su i educi- 
da escolta, obigándole á refujiarseen la iglesia donde lo 
sitiaron cinco días. Llególe socorro y entonces ahorcó á un 
indio y mandó despoblar Arecayá distribuyendo en otros 
puntos sus 160 familias. Sabido esto por el Rey lo procesó 
y mando restituir los indios á su pueblo A lo que se opuso 
el procurador Juan Vallejos Villasanti alegando que los 
arecayaes no eran originarios de su pueblo y que con los 
montaraces del chaco habían cometido muertes y otros 
males. 

Libre del proceso, el gobernador se fué á Santiago del 
Estero donde se casó con doña María Garagar y Figue- 
roa, hija de uno de los grandes mineros del Perú, y fué 
nombrado gobernador de Lipe3, donde falleció pobrísimo, 
dejando dos hijos y una hija. 

Juan Diez de A u diño: andaluz, sargento mayor, tan de- 
sinteresado como el anterior; había hecho la campaña de 
Portugal; ejerció con aplauso el cargo dos veces y fué en 
socorro de Buenos Aires, amagada por los franceses (1669). 

Felipe Rege Corvalán: tal vez paraguayo por cuanto 
Lozano (t. 3) escribe «Después de haber militado en Eu- 
ropa obtuvo este gobierno» y su teniente gobernador era 
Don José de Avalas, natural de Buenos Aires. 

El Cabildo lo acusó de omisión y negligencia y rema- 
chándole en su propio salón una barra de grillos lo remi- 
tió á Charcas. La Audiencia lo encontró inocente y lo re- 
puso y el Virrey conde de Castellar escribió con tal mo- 
tivo á los cabildantes (30 enero 1678) «no seréis buenos,has- 
ta que con efecto esperimenteis el castigo que correspon- 
de á vuestro obrar». Rege no hizo caso de los que tan in- 



— 59 - 

justamente lo habían tratado, desbarató la gran conjura- 
ción de los indios de 1678 y luego con los misioneros derro- 
tó á los mamelucos. Dejó un buen nombre. 

E 1 Cabildo Gobernador: lo hizo tan mal que se perdió 
por completo Villa Rica, de la cual se llevaron los mame- 
lucos más de cuatro mil indios cristianos. Asunción, acó 
sada por los guaicurúes y pnyaguáes corrió gran riesgo: 
hubieron de armarse los esclavos y hasta los frailes. 

Licenciado Diego Ibañez de laria fiscal de la Audien- 
cia de Guatemala, estuvo muy poco tiempo, sucedió'e Diez 
de Andino y á este Rege, repuesto. 

Antonio Vera Mujica: santafesino, maestre de campo 
que tomó Colonia del Sacramento en 1680; gobernador de 
Tucumán, por sus méritos se le concedió el hábito ds 
Santiago. 

Falleció en Asunción y su teniente gobernador fué 
AJonzo Fernández Marcial. 

Francisco de Monforte: oficial en Flandes; caballero del 
hábito de Santiago: reedificador de la Catedral de Asun- 
ción. No dejo más caudal que una biblioteca que donó á 
sus amigos los jesuítas; se le proclama el goberdador santo 
por su humanidad y desinterés, cualidades que juntaba á 
un reconocido valor. Hizo dos entradas contra los guai- 
curúes y castigó á los mamelucos del poder de los cuales . 
rescató á Jerez. 

Cuando falleció ya había cesado en el mando y por «el 
cordial amor que toda la República le profesaba» (Lozano) 
nadie pudo leer su testamento en el primer día; todos los 
que lo intentaron eran embargados por el llanto. 

Sebastián Félix de Mendieta: Vascongado: el Cabildo, 
cuyos excesos se condenaban pero no se castigaban nun- 
ca, lo engrilló y remitió preso á Buenos Aires; «en conoci- 
miento la real audiencia de tan enorme exceso, mandó se 
le repusiese» (Zinny)y fué moderado, cual anteriormente, 
si'i tener presente el desafuero é injuria que se le había 
hecho. 

Juan Rodríguez Cota: gallego: dejó fama de equitativo; 
refrenó á loe guaicurúes. 

Antonio de Escobar Gutiérrez, santafecino «que vino con 
tal cargo de Europa» (Lozano) y fué depuesto al poco 
tiempo por «fatuidad y licencia» (Zinny) alo que otros 
añaden que se dejaba gobernar por dos mujeres. 

El Cabildo lo sustituyó con su hermano y el Virrey, con 



- 60 - 

Mendiola, yá probado como bueno pero que falleció 
pronto. 

Baltazar García Ros: navarro, que había militado en 
Milán y era sargento mayor en Buenos Aires; visitó las 
Misiones é informó muy favorablemente de los jesuítas; 
gobernó con aceptación de todos y se le premió con el 
cargo de teniente del Rey en Buenos Aires donde falleció 
muy anciano, querido y respetado. 

Manuel de Mobles Lo % enzana: burgalés; triunfó de los 
indios del chaco y luego abandonó Asuncióu en conoci- 
miento do que el Cabildo tramaba algo; murió 12 años 
después en Santa Fé. 

Juan Gregorio Bazán de Pedraza: riojano de Tucumán, 
maestre de campo y teniente gobernador en su provincia 
donde á su costa levantó Cabildo y Cárcel Familiar del 
Santo oficio de Lima. Fué recto, celoso, valiente, fundó 
Curugualí y Guanipitán: murió ante de terminar su perio- 
do y como á Ros, lo debieron saquear pues dice Lozano 
csu cuantiosa hacienda siguió la misma fortuna que la de 
su antecesor, para desengaño de les que tanto anhelan por 
estos gobiernos para enriquecerse». Es sabido que el 
gobierno del Paraguay no podía enriquecer anadie apar- 
te del Virrey, Audiencia, Asesor y Cabildo seglar y escle- 
siástico y juicio de residencia, etc.; en el Paraguay hasta 
1753 no principió á circular el numerario. 

Antonio Victoria: muy posible es que sea americano, el 
Rey le pgració pero él «por no experimentar los infaus- 
tos sucesos que otros gobernadores del Paraguay, benefi- 
ció la merced por cierta cantidad» (Lozano). 

IV 

Diego de los Reyes Balmaceda: andaluz, con más de 20 
años de residencia en el Paraguay, casado en Asunción y 
Alcalde provincial, su elevación produjo el descontento 
de algunos de sus convecinos y pronto éstos hallaron un 
hilo áque asirse con la suspensión de residencia que hizo 
el gobernador de Bazan, de acuerdo con el yerno de este 
Don Andrés Ortiz de Ocampo: se opuso á ello el juez de 
residencia Domingo Irasusta; los regidores Urumuaga, 
vizcaíno y José de Avalos y el yerno de éste Ruíz de Are- 
llano, auxiliados por el mismo Ortiz, desacataron tan 
abiertamente al gobernador y dijeron tales cosas de él 
que les abrió causa y dio al vizcaíno su casa por cárcel y 
á Avalos lo mandó preso por algún tiempo tx\ astillo de 



- 61 — 

Arecutaguá. La gritería que se armó puede calcularse; 
los paraguayos no habían encontrado nunca una autori- 
dad enérgica y estaban habituados á abusar y Avalos muy 
acostumbrado á dirigirlo todo desde que había sido Te- 
niente Gobernador. 

Hoy se repite que son dóciles y no lo dudamos, pero 
su historia antigua ó mejor dicho colonial, es la más turbu- 
lenta que pueda imaginarse; depusieron y engrillaron á 
no pocos gobernadores y su primer obispo fué preso y ale- 
jado del país y el segundo, a pesar de apellidarse Guerra, 
fué privado de sus temporalidades y expulsado de la dió- 
cesis y el mismo camino llevaron otros dos, y por cierto 
muy virtuoso uno y muy popular el otro. 

Volvamos á los años 1720. Arellano se fué á Potosí á 
presentar seis cargos contija^gl gobernador y logró que la 
Audiencia nombrase i^Tn^u^^pesQuisa, que prendió á 
Reyes y lo desterró M$Q>sj Wtfeólaró gobernador sin oir 
á Reyes y cuando Xápte le faTtHfí&V cinco meses para su 
quinquenio: de \o¡U§\ protestó err. el acto Miguel de To- 
rres, Alcalde del P^ief voto, áunfjue 1 *in resultado per lo 
pronto. loe i . ll j " 

José de Anteqm\a y^lttjí: *cá$al|erlj> de! hábito de Al- 
cántara; natural IC£hügtíÍaac$! usurpador del poder pol- 
la intriga y la fnereíjmra \\*ti¿t movlv encarcelado al Te- 
niente GobernadoV^é^tJI^^ á Reyes, al 
sargento mayor SeoVsü|m Flei^jA doña Juana Gamarra 
de Aldana; expulsar aS^^sWt^y fomentar el fanatismo, 
cualidades que por máscmfTfadictorias que parezcan los 
han poseído muchos. 

Su gobierno duró poco por la entereza del gobernador de 
Buenos Aires, Virrey y Audiencia y también por que el 
Alférez Real Dionisio de Otazú, el correjidor Juan Caba- 
llero de Añasco y el mismo Avalo?, vieron pronto que el 
hombre se despeñaba. 

Murió al pié del cadalso, en Lima, por hab r muerto 
más de seis cientos hombres del ejército que con García 
Ros vino á atacarlo, su cabeza fué enseñada al pueblo por 
mano del verdugo juntamente con la del Alguacil Mena. 

Llanas, Fernández Montiel, y Joaquín Ortiz de Zarate, 
abandonaron la Asunción, sin ser molestados por el go- 
bernador. 

Martín de Barúa: bilbaíno; teniente gobernador en San- 



- 62 — 

ta Fé; demoró cuanto pudo la vuelta de los jesuítas; débil 
en todo lo demás fué destituido por el Virrey. 

Ignacio Soroeta: vascongado: corregidor de Cuzco: per- 
maneció unos días en Asunció i pero el Cabildo se negó á 
darle posesión del cargo y lo tuvo con guardias de vista 
sin comunicar con nadie de la ciudad. 

Bartolomé de Aldunate: capitán de infantería de Buenos 
Aires; tal vez criollo: autor de unas ordenanzas que apro- 
bó el Consejo: su mando duró muy poco Habiéndose ne- 
gado Barúa á proseguir, cual el pueblo quería, se procla 
mó. 

El común que nombró maestre de campo á Matías Sal- 
dívar, sargento mayor á Francisco de Roa, alcaldes á José 
Luís Bareiro y Pedro Bogarín destituyendo á los corre- 
jidores Otazú, Juan González Freiré y otros, todo á ins- 
tigación de un abogado peruano que Antequera había en- 
viado y al que los historiadores llaman el intruso Mompox. 
«Nadie estaba seguro en su propia casa: todo *ra entrega- 
do al saqueo, sin exeptuarse loj individuos de la misma 
facción» (Zinny). 

Proclamada la Junta Gubernativa, el Presidente de la 
Provincia del Paraguay. Bareiro, trató de contener los 
excesos, remitió preso á Mompox á Buenos Aires, que fu- 
gó al Bra c il, pero inmediatamente tuvo que huir él á las 
Misiones. 

Sustituyéronle los exaltados con Miguel de Garay. que 
se sostuvo poco tiempo, sucediéndole Ruíz de Arellauo, en 
cuyos días y contra su voluntad, se expulsó 4 los jesuítas 
con bien poco decoro, por lo cual se fugó á Buenos Aires, 
temiendo por su propia vida y harto arrepentido: reem- 
plazóle Cristóbal Domínguez de Obelar, combatido en se- 
guida por los mismos comuneros quienes apesar de todo 
recibieron como gobernador, á 

Manuel Agustín de Ruüoba y Calderón' burgalés, que 
había acreditado su valor en Oran, Italia y Perú, y que 
muió asesinado en Guayaibití, junto con el regidor Don 
Juan Báez; con lo cual los comuneros volvieron ala 
Asunción, donde hirieron gravemente al regidor Juan Ca- 
ballero de Añasco y después de cometer cuantos saqueos 
de casas particulares les plugo y destituir á los regidores, 
aclamaron por presidente al Obispo de Buenos Aires, hijo 
de la misma ciudad y accidentalmente en Asunción, Dtor. 
Juan de Arregui, que se fugó muy pronto, dejando en su 



— 63 — 

lugar á Obelar, que tenía muchos enemigos y durante cu- 
yo segundo mando falleció Jopé (Miz de Bergara, defen- 
sor de la junta, no sin antes hacer testamento «pidiendo 
disculpa por sus injusticias, sus criminales empresas con- 
tra su rey, su obispo, los religiosos y sobre todo los jesuí- 
tas: y en seguida pidió públicamente perdón con las lá- 
grimas en los ojos. Dispuso qu¿ esta parte de su testamen- 
to se leyera en voz alta antes que su cuerpo fuese enterra- 
do, y que se mandasen copias de él á todos aquellos á 
quienes había ofendido. Lo más particular era que su lec- 
tura la hicieta el escribano Matías Encina, muy partidario 
de la Junta, quien leyendo su propia condenación, la pro- 
nunció con aire embaí az* do y con voz trémula.» 

Por fin pasaron los tres años de desconcierto. Bruno 
Mauricio de Zavala gobernador de Buenos Aires, se pre- 
sentó con algunas fuerzas, los comuneros salieron bien 
armsdos á detenerlo pero ni siquiera intentaron entrar 
en fuego: Juan Gadea y José de la Peña, huyeron al 
Brasil; otros fueron desterrados á Chile, y condenados á 
muerte seis: «terminados estos merecidos castigos > (Zinny) 
Zavala hizo su entrada triunfal en Asunción, donde per- 
maneció seis meses, volvió los jesuítas, y tomó otras me- 
didas para pacificar los ánimos y civilizar á los indios «se 
grangeó el afecto universal de todos» (Lozano) y se au- 
sentó «con universal sentimiento» (Zmnj). Murió antes 
de llegar á Santa Fé y se le sepultó en el desierto. 

Martin José de Echauri: navarro; militó en Milán; ca- 
pitán de dragones con más de veinte años de residencia 
en Buenos Aires: recorrió la provincia para ponerla en 
defensa contra los bárbaros fronterizos é indios del inte- 
rior que andaban muy soliviantados. 

Bafael de la Moneda: algunos clérigos con otros comu- 
neros quisieron atentar contra su vida: «En breve tiempo 
fueron juagados, sentenciados y ejecutados .. gobernó 
con i tegiidad y tíno era querido y obedecido de to- 
dos, hastasdé los mismos indios payagaaes» (Z my). 

Marcos José de Larrazabah porteño y muy pronto Te- 
n ente del Rey en su ciudad natal, donde supo utilizarlo 
Veitiz En el Paraguay venció á I09 abipones que por ter- 
cera vez lo invadieron. 

Jaime tSanjust no tuvo enemigos; introdujo nuevos cul- 
tivos é industrias, fué premiado pasando á los 11 años al 
gobierno de Potosí. 



— 64 — 

José Martínez Fontes: coronel era Larrazabai, brigadier 
Sanjust, j capitán de Dragones Fontes, natural de Buenos 
Aires: gran amigo de los jesuítas; recogió á los ebipones 
en el Timbó, que pronto abandonaron para volver á las 
selvas, no sin cometer antes algunos crímenes y robo?; el 
gobernador falleció ante de terminar su periodo. 

Fulgencio Yegros Ledesma: paraguayo; antes maestre de 
campo y justicia mayor en la provincia: solo fué goberna- 
dor interino, hizo expediciones contra los indios; muy be- 
néfico pero faltó de tino, se enajenó gran oposición por ha- 
ber nombrado á Larios Galván teniente de Curuguatí. 

Carlos Morphi: teniente coronel; muy partidario de los 
ignacianos y de hacer respetar el principio de autoridad: 
en susdías salieron aquellos por orden del Rey. 

Agustín Fernando de Pinedo: coronel, lu^go presidente 
de ía Audiencia de Charcas: fundador de Ñeembucú, Vi 
Ha Franca y Concepción: «desde Irala á él no ha habido 
otro gobernador de luces tan claras, ni que estuviese tan 
bien impuesto en los intereses de la provincia, reuniendo 
á todo esto el valor y atrevimiento para poner en práctica 
las ideas mas sabias y prudertes.» 

Pedro Meló de Portugal: teniente de dragones; fundador 
de San Pedro, Rosario, Vüla del Pilar, Curupaití, Humai- 
tá v dos reducciones en el Cbrco (San Antonio y Naranja- 
les) de que fué doctrinero Fray Antonio Bogarín. Por sus 
servicios fué ascendido en su empleo milita'' y nómbralo 
Virey; murió en Pando (Uruguay). 

Joaquin de Alós Trun: caballero de la orden de Santia- 
go, capitán de infantería; correj'dor en Charcas; dotado de 
gran celo y exactituu, hizo progresar mucho el paÍ9y lo pu- 
so á cubierto de las pretensiones portuguesas. 

Lázaro de Rivera y Espinosa de los Monteros: goberna- 
dor de Mojos; «la provincia jamás había conocido una épo- 
ca más brillante que la de este gobernador» (Zinny); fué 
sobrepujado en bondad por Yelazco Huidobro, del que 
con más espacio nos ocuparemos. 

M. Fernández Sánchez 
(Continuará) 



— 65 — 



Instituto Paraguayo 

(En su inauguración) 



Pasaron los funestos despotismos 
Que á mi patria en su marcha han sujetado 
Y el desenfreno vil, fatal legado 
De un lustro de sangrientos heroísmos. 

La vida sedentaria de otro día. 
La satánica faz del retroceso, 
Han pasado también ante el progreso 
Que alumbra una región ayer sombría. 

¿Qué falta ya después?. . . . , tenaz cariño 
Para la ciencia y sus laureles miles 
¡Atrás los desalientos infantiles! 
No es grande ningún pueblo cuando es niño. 

Acaso nos oprime todavía 
Cual yugo secular, desde la infancia, 
£1 soplo paralítico de Francia 
Que helara de las almas la energía. 

¡Ved cuántas tentativas abortadas! 
¡Y cuántas reducidas á la esfera 
De hermosas utopías, de quimeral 
I Y cuántas esperanzas fracasadas! 

A grandes entusiasmos sustituye 
Sin tregua ni razón el desaliento 
¿Un paso en la culUra?.... ¡Vano intento! 
¿La luz está muy cerca? . . . De ella se huy el 

Fecundos pensamientos por millares, 
Se agostan en capullo, aun sin auroral 
¿Por qué tal abandono que desdora 
La ilustre tradición de nuestros tares? 



— 66 — 

Paiéceme imposible en descendientes 
de Díaz, Hernandaria*, Caballero 
que deban de tener lugar postrero 
En las honrosas lides del presente. 

Esta naciente Sociedad no obstai te 
Sigue otra ley. Nacida caal Minerva 
De olímpica cabeza, ella no observa 
Desmayos en sus filas; va adelante! 

La sombra postrimera del pasado 
Se disipa á la luz del pensamiento 
que brilla sobre un nuevo monumento 
Del nuevo Paraguay regenerado. 

Hoy que este patriótico Instituto 
un ciclo nos señala de cultura, 
Luchemos con constancia y fé seguía 
¡La lucha da el progreso como frutt 1 

Apoteosis de patria inteligencia, 
Consagración hermosa de un gran sueño, 
Hoy él corona el denodado empeño 
De nuestra heroica y fúlgida ascendencia. 

Los ¡aye6l lastimeros de la guerra 
Son clamores de luz. Sobre la tumba 
De nuestros héroes sólo el aire zumba. . . . 
¿no habrá quieu los ensalse en esta tierra? 

Pues la mejor estrofa que los canta, 
Sus himnos de alabanza más patentes, 
Son: honrarles cual dignos descendientes 
Con el valor del alma, que levanta. 

Este entusiasmo ardiente, esta constancia 
Que afirman hoy el reino d» la idea, 
Valientes, han triunfado en gran pelea 
Del bárbaro poder de la ignorancia. 

Institución así que marcha airosa 
Progresando sin vallas y sin tasa, 
Es digna de su patria y de su raza, 
Es digna porque ha sido valerosa. 



- 67 - 

El imperio del mal llora su ruina; 
Las sombras lo ban cubierto; está de luto, 
Hoy la fecha gentil del Instituto 
Es la fecha moital de la rutina. 

¡Adelante! tú, pléyade entusiasta! 
Incansable prosigue tu camino! 

Atí ^e cumplirá nuestro destino 

Al progreso el Señor no dice ¡basta! 

Ignacio A. Vane 
Asunción, Julio 25 de 1896. 



NOTA 



Buenos Aires, Agosto 22 de 1896. 

Al Sr. Presidente del « Instituto Paraguayo* 

Asunción 

Tengo el honor de acusar r^c'bo de la nota en que Vd. 
se digna comunicarme que el t Instituto Paraguayo», en 
sesión extraordinaria de 29 de Julio ppdo, me nombró su 
socio honorario, por unanimidad de votos. 

Acepto con profunda gratitud la honra que ese título 
significa, complemento inapreciable de todas las distincio- 
nes que debí á tan noble institución durante mi permanen- 
cia en esa Capital. 

Sé, como argentino, valorar la alteza de la ofrenda, y 
como hombre debo toia mi gratitud al nobilísimo pueblo 
paraguayo, dignamente representado por la corporación 
presidida por Vd. 

Por uno de los próximos correos tendré la satisfacción 
de enviar á la biblioteca del «Institut >», algo de mi labor 
literaria, hasta que una próxima edición de mis obras iré 
permita remitir un obsequio más completo. 



— 68 — 

Dígnese, Sr. Presidente, reiterar mis sentimientos de es- 
tima á ios señores de la Comisión Directiva y á mis nue- 
vos consocios. 

Saludo á Vd. con mi consideración más distinguida. 

Rofad Obligado 
Alsina 1120. Buenos Aires. 
Al Sr. D. Cleto de J. Sánchez 



Ensayo 



MZ PATRZ 



I 

¿A quién mejor pudiera, las primicias 
Dedicar, de mi musa, noble Patria, 
Sino á tí, á quien debo mis caricias, 
Mi fé, mi amor y la esperanza 

Stie un tiempo de bonanza 
e deja vislumbrar en lo futuro? 
Quien de veras te quiere y por tí vive 
Bien puede el povenir mirar seguro, 
Pues por tu amor procura 
Elevarse á la altura 
A que llegaron tus preclaros hijo?. 
¡Ellos son tu gloria! —Por ti sufrieron 
Lns penas y trabajos más prolijos, 
Prefiriendo la suerte 
De hallar por tí la muerte 
En los honrosos campos de batalla, 
Dó dieron cien ejemplos de heroísmo 
A la estúpida canalla. 
Que, si tuvo algún valor, fué el valor 
Que inspira la codicia reprobada! 
Dos hombres sin honor, sin ideales, 
Son los que han pactado, 
Cual lo pacta un malvado, 

Tu ruina y tu desgracia Hasta ahora vive 

El que ha abrigado, audaz, en su delirio 
La idea de ult marte (Vil caribe! 



— 69 — 

Nó el argentino pueblo y oriental— Mitre 

Y Flores son los que tu hermoso seno 
Rasgado han con la avidez del buitre 
Tu sangre derramando, 

En su furor infando, 

Por tus campos extensos y fecundos, 

Donde cayeron tus valientes hijos 

Asombrando con su valor al mundo! 

(Y aún no hace mucho tiempo 

Que Mitre, siempre el mismo, 

Sañudo violador de tu derecho, 

Modo halló t'e ofenderte nuevamente, 

Haciendo repartir profusamente 

Entre aquellos que hicieron ¡ay! girones 

Tu bandera y diesmaron tus legiones, 

Medallas de muy alto honor al mérito 

Premiando a*í el valor 

Que fieros demostraron 

En los hechos de guerra en qye actúa roí» I 

—Tus odios no serán, patria querida, 

Para esos pueblos grandes por su Historia- 

Y ojalá hicieras más que odiar; olvida 
De esos dos viles hombres 

Sus hechos y sus nombres! 

II 

I Levanta, patria roía, tu alba frente 
í contempla cuan grande es tu pasado; 
Cuan risueño y hermoso es el presente 
Que te augura un futuro más preciadol 
Ya huyó el dolor; la juventud potente 
Una ventura inmensa ha preparado 
Para hacerte olvidar tus sinsabores 

Y colmarte de dichas y de honoretl 

Víctima fuiste de maldita suerte 
¿Pero á qi é recordar aquellos días 
Si el dolor no dura hasta la muertt? 
¡Alza tu frente y en tus hijos fíat 
Ya tu mirada no está mustia, inerte, 
Ni te postra como antes la agonía. 
Mártir eres, demuéstralo la Historia, 
Mas los mártires sólo tienen gloria! 



- 70 — 

Ka hermosa juventud levanta el brazo 
¥ sostiene ya firme tu cabeza; 
Kétudia sin reposo, y paso á paso 
Va ganando á la ciencia su riqueza; 
Lucha por la vida, heroica acaso, 
¡Que es esta lucha grande, su proezal 

Y victoriosa siempre, irá adelante, 
Entregada á su labor constante. 

Por todas partes surje iniciativa 
Feliz de algún progreso: aquí una escuela 
Donde el Arte y la Ciencia se cultiva; 
Allá el rajante arado nos consuela 
Al abrir en la tierra productiva 
El surco para el grano y la ciruela; 
Acullá nueva industria se descubre, 
¡Y un cielo hermoso nuestra tierra cubre! 

¡Levanta, patria mía, tu alba frente 

Y contempla cuan grande es tu pasado; 
Cuan risueño y hermoso es el presente 
Que te augura un futuro más preciado! 

Ni acuerdo quede ya de la inclemente 
Época en que tu suelo fué arrasado - 

Y á la sombra de paz que te rodea 
Grande y feliz ¡Oh, Patria, }o te veal 

Asunción Setiembre de 1896. 

J. Del Pilar. 



¡Gloria al maestro Carlos Gómez! 



Muy triste es la pérdida que acaba de sufrirse del tan 
distinguido maestro Carlos Gómez, no sólo para el Brasil, 
su patria, sino también para toda la A mélica y la Europa, 
principalmente para Italia que es dorde empezó su carre- 
ra, dedicándose al estu lio del arte de le s Ángeles: la Mú 
sica!— en la que llegó á inmortalizarse con su preciosa 
cjmposición de la ópera El Guaraní/. 



- 71 — 

El autor del Guarany ha sido uno de los maestros que 
mejor ha sabido interpretar por medio de la música los 
verdaderos sentimientos humanos; por eso su nombre que- 
dará siempre impreso en el recuerdo de la Humanidad. 

El que le dedica estas líneas no es más que un humilde 
admirador del sublime arte que hoy llora la ausencia de 
aquel genio, y en *al carácter se permite invitar á los afi- 
cionados de este país, 7 con especialidad á los del c Insti- 
tuto Paraguayo» á que lo acompañen en tributar este ho- 
menaje postumo á la memoria del ilustre extinto. 

¡Gloria á Carlos Gómez I 

N. Pellegrini 



/ 



Saltólo á la , piensa 

Cumplimos un ddbü cteberde eo'ttesíiy de gratitud, al 
tributar nuestro sállelo á' los poleg%9 de ja prensa local con 
quienes venimos á OTreroáriir I03 tfíaa^s'del periodismo. 

Órgano de una naV^te Sitói^áad my& en todos sus ins- 
tantes hn encontrado\nó4e$ción y aTí^to en la propagan- 
da de aquéllos, esta ReH^úrftco ge gustosa U oportunidai 
de manifestarles públicaimi^j^feconociraiento á la vez 
que sus plácemes por haberse mostrado siempre decididps 
partidarios de los ideales de progreso que este Centro ali- 
menta. 

Mucho significa para nuestras escasas fuerzas el concur- 
so poderoso de la opinión pública, interpretada por el mi- 
nisterio de la prensa que tiene en sus manos el cetro de la 
autoridad moral del siglo y que cuando llega á uniformar 
sus juicios, acaso sea la personificación misma de la Histo- 
ria. 

Por nuestra parte, haremos lo posible para continuar me- 
reciendo en todo tiempo el mismo favor de nuestros cole- 
gas, y no dudamos que ellos á su vez se esforzarán, para 
gloria de la prensa nacional, en conquistarle nuevos triun- 
fos en el orden de cultura á que ha llegado. 

En este terreno, ambicionárnosles una prosperidad sin 
límites. 



— 72 — 

Entre tanto, quedan establecidas las relaciones .en la 
forma usual del cange, para todos sin distinción. 

Cartas polémicas 

Por la acumulación de materiales de publicación prefe- 
rente en este número, nos hemos visto precisados á reser- 
var para los números siguientes los de carácter histórico 
que tenemos á la mano así como otras producciones de 
carácter vario con que hemos sido favorecidos. 

Entre aquéllos irán desde el número siguiente las exten- 
sas é interesantes cartas polémicas publicadas por «La 
Tribuna» de B. Aires, á raíz de la conclusión de la guer- 
a del Paraguay, en 1869, y las que, por haberse agotado 
la edición, pued¿ decirsse son desconocidas de la genera- 
ción actual. 

Versan sobre el origen de la guerra y contienen una cé- 
lebre discusión suscitada entre personas de alta espectabi- 
lidad en la política de aquel tiempo y conocedoras de sus 
secretos, tales como el General Bartolomé Mitre, Juan 
Carlos Gómez, José Mármol, Quintino Bocayuva, Rufino 
Elizalde, etc. 

Para los socios 

Entre otras resoluciones de la C.Directiva de la Sociedad, 
durante este mes, ponemos las siguientes al conocimiento 
de los señores socios: 

Sección de idiomas Se ha dispuesto clausurar anual- 
mente las clases de esta Sección, del 15 de Octubre al 15 
de Febrero, disminuyendo proporcionalmente durante 
este tiempo, la remuneración de los profesores de la misma. 

Sección literaria— Se ha dispuesto dotarla de un nuevo 
armario —biblioteca para las obra*, á fin de ser catalo- 
gadas. 

Sección de gimnasia y esgrimí— Se ha recibido aviso de 
que los útiles pedidos para esta Sección, llegarán en la 
piiuera quincena de Noviembre. La Comisión piensa 
íustalar juntamente los baños y tiros al blanco. 

Sección de música— Se han recibido varios instrumentos 
para orquesta, no habiendo aún llegado todos. La Orques- 
ta y la Estudiantina se encuentran en ensayos para una 



— 73 — 

velada que la Sociedad debe efectuar, á objeto de sufragar 
el costo de las facturas recibidas y por recibirse. 

Cuentas aprobadas?-Se aprobaron varias durante el 
mes, por valor de g 223:30. 

Notas de agradecimiento- Se pasaron al señor José Fer- 
nandez, por la función de beneficio dedicada á la Socie- 
dad el 15 de Octubre, y al «Cfrcole Córale Filodramático 
Italiano» por el concuiso de su bandn para el mismo acto. 

Movimiento de la Sociedad -Irá en el número próximo. 



Ratos de ocio 

¿Mendigo? 

— Un favor, por caridad 

—Me perdone: sólo tengo 

Un billete, y no me avengo .... 

—¿Es de mucha cantidad? 

— ¡Por desgracia! (Estoy absueltb): 

Es billete de ¡cien duros! 

—Yo le sacaré de apuros; 
No se aflija: tengo vuelto. 
* 
* * 

En un remate 
(contra la alza) 
Rematador- ¡20! ¡20! ¡20! ¡20! 
Cliente I o —¡25! ¡A que me acierta! 
« 2 o —5 más, y es suficiente. 
« 3 o —¡Otros 5, y que reviente! 
c I o — ¡Oiga! . .. Retiro mi oferta. 



* 
* • 



¿Sí ó nó? 
— ¿Con que ascendiste ¡qué honor! 
De tu puesto de oficial? 
—He ascendido, sí señor, 
A un carro: soy conductor . 

De ¡a balija postal. 



- 74 — 

Examen de gramática 
Responde al punto j sin dudas 
A lá siguiente pregunta : 
¿Qué son palabras agudas? 
— Las que terminan en . . . .punta. 

En dase de solfeo 

(Director— de mala gana) 
—¡No sale un Sol esta noche! 
(un alumno— sin derroche 
de dicción) Saldrá mañana. 

Asunción, Octubre I o de 1896. 

Nemo 




— 75 — 



UNGE 



Publicaciokis nacionales (eo ord en de antigüedad) 



Fecha de aparición 



15 de Mano de 1896 



21 



Capital 

-La Democracia— Diario de la tarde 1* de Mayo de 1881 

-Diario Oficial— ¿antigüe Boletín oficial déla nación) 9 de Octubre de 1889 

-La Tfr/tVp'ÓM— Publicación católica mensual en 6 pág*. 19 • 

-Revista de la Universidad Nacional— Publicación men- 
sual en 100 páginas Setiembre de 1893 

-El Pueblo— Diario de la tarde-(Organo del partido 

liberal 15 de Febrero de 1894 

-La Opinión— lá. id. 7 « Diciembre 

-tícvi&ta Mewmal— Publicación oficial de la oficina de in- 
formaciones y canges en 32 páginas 

V. del Pila 
-El Poptdar— Semanario 

Capital 

-fea Verdad—Revista masónica quincenal en 16 págs. 

El Paraguay ilutttado— Semanario en 8 páginas— {Ór- 
gano de la producción nacional 

El Kayc—ld. satírico y de caricaturas 

El Cívico— Din ño de la tarde (órgano de loe interósea 
generales) 

El Jhber— Boletín quincenal, en 8 páginas (órgano del 
Supremo Consejo y Gran Oriente del Para- 
guay) 1* 

(El número de páginas de las publicacioees antecedentes, es de 4 a 
excepción de las que tienen designado otro número). 

PUBLICACIOXBS EXTBANGIRAS 

Rio Janeiro— Revista del Instituto Histórico y Geográfico del Brasil 
« de la Sociedad de Geografía de Rio Janeiro* 
(Ksta parte se encuentra en formación). 
—Se anunciarán permanentemente en esta Sección las publicaciones mensuales de 
carácter periódico, que se reciban en cange, asi como las más importantes de cada país* 
Se hará mensión igualmente del cange de las demás. 

—La Revinta se ocupará nsf mismo de la i obras nuevas que se remitan para la Bi- 
blioteca de la Sociedad. 



10-r 

11 
12 



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Agosto 



Setiembre 



Octubre 



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NÚVÍ. 2. V*^ 



REVISTA 



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DEL 



stiiUtfO Paraguayo 

PUBLICACIÓN MENSUAL 

3\ro^rtEi3vr:Bn.m xdxb íeee. 



SUMARIO 



¿5 tó 



m 



Cartas Polémicas sobre la Guerra del Paraguay 
Dr. M. Fernáwlez Sánchez — Notas acerca de l«*s go- 
bernadores, 1p eixiütcipacióii y los gobernan- 
tes del Paraguay (Contiiiuació.i) 

- V,Abente — Ll Oratoio de la Virgen de la Asun- 

ción (Poesía) 

- Dr. Venancio V. López — Practicas añejas en las es- 

crituras 

- De Fhrian — Camiré — (Novóla nacional) 

- Gúina — /Parto de Luzbel/ (Soneto) 

- Sueltos 

- Nemo— Rales de ocio 

Can^e 



Paos 
77 

10G 

121 

128 
131) 
140 
14 L 
14*5 
147 



A&JNCIQN , 



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Talleces XTa.dc. ^.OlIoq &e Z3T. ZI^ATTs. 



1896 



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COLABORADORES 



(Se publicará la nómina del cuerpo de Colaboradores 
tan pronto como esté definitivamente formado). 

— Los señore» colaboradores tienen derecho á un ejem- 
plar gratis de cada número de esta Revista, siempre que lo 
soliciten á la administración. 

Se pide á los seftores Colaboradores que cuando deban 
enviar materiales, lo hagan antes del 15 de cada mes. 



— Las producciones que se remitan para la Revitta, deberán ser dirigidas á la Pub- 
Conlisión de la Sección Literaria de la Sociedad, á cuyo cargo se hnlla esta publicación. 
No se devuelven loa materiales recibidos. La responsabilidad de los publicados incum- 
be á sus autores. 






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P.! 




I Instituto Paraguayo 



AÑO I 



Asunción, Noviembre de 1896 






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| N» 2 




CURTAS POLÉMICAS 



SOBRE LA 



GUERRA DEL PARAGUAY 

(De "La Tribuna" de B. Aires en 1869, edición agotada) 

El General litre y el Dr. Juan Carlos Gómez 



Con motivo de la carta que noi dirijió nuestro digno 
anigo el doctor Gómez aceptando la presidencia de la Co- 
misión de periodistas, se han cambiado ya otras dos con el 
General Mitre. 

Este señor le ha dirigido al Dr. Gómez la siguiente: 

LOS GUARDIAS NACIONALES— LOS ALIADOS— LOS PARA- 
GUAYOS 

Señor Doctor don Juan Carlos Gomes. 
Mi querido amigo: 

He leído su carta glorificando A la Guardia Nacional de 
Buenos Aires por haber combatido la tiranía del Para- 
guay, condenando al mismo tiempo la alianza, de la que 
Vd. hace responsables á los hombres de Estado, por ha- 
ber adulterado la lucha, esterilizando sus sacrificios. 

Acepto la responsabilidad en mi nombre, y rechazo la 
glorificación que en tal forma viene, en nombre de mis 
compañeros de armas, y de mis hermanos de glorias y pe- 
ligros los soldados Orientales y Brasileros. 

Los soldados Argentinos serian indignos de haber desa- 
fiado la muerte á la par de Orientales y Brasileros; de ha- 
ber derramado á la par de ellos, su sangre en el campo de 






— 78 — 



batalla, si en el día del triunfo recibiesen cobardemente el 
laurel con que se pretende ceñir sus sienes; á la vez que 
con ese mismo laurel se p-etende azotar la frente de sus 
valientes aliados. 

Si gloria hay en combatir la tiranía, de esa gloria parti- 
cipan ios aliados. 

Si gloría se conquistó en los combates, esa gloria es de 
todos ios qne contribuyeron á ella. 

El qw haya hecho mas sacrificios, el que haya desple- 
gado mas virtud cívica, el que haya mostrado mas cons- 
tancia, ese será el que tenga derecho de hablar mas alto al 
regresar á sus hogares; pero no renegará á sus hermano* 
de la hora suprema del peligro, ni aceptará elogios á costa 
de ellos. 

Presentar al soldado argentino una corona militar, con 
un letrero infamante para sus aliados en la campaña del 
Paraguay, no es una glorificación, es un insulto. 

Esplicar esto diciendo que se honra á los que han com- 
batido contra la tiranía es una contradicción, pues todo» 
combatieron contra la tiranía; y es mas que todo, desco- 
nocer el verdadero carácter de la lucha, con desdoro de las 
nacionalidades aliadas, y con ofensa de la humanidad y la 
moral. 

Los soldados aliados y muy particularmente los argen- 
tinos, no han ido al Paraguay á derribar una tiranía, aun- 
que por accidente ese sea uno de lo fecundos íesultados de 
su victoria. 

Han ido & vengar una ofensa gratuita, á asegurar su paz 
interna y esterna así en lo presente como en lo futuro, á 
revindicarla Ubre navegación de los rios,á reconquista! sus 
fronteras de hecho y de derecho, hemos ido como argenti- 
nos sirviendo á los intereses argentinos y lo mismo ha- 
bríamos ido, si en vez de un gobierno monstruoso y tirá- 
nico como el de López, hubiéramos sido insultados por un 
gobierno mas liberal y mas civilizado. 

Doble insensatez y doble crimen habría sido emprender 
una cruzada de redención en favor del Paraguay, á despe- 
cho de los mismos paraguayos, si un interés propio, si un 
sentimiento de patriotismo, si una necesidad suprema no 
hubiese armado nuestro brazo al agruparnos al pié de 
nuestra bandera de guerra. 

Insensatez, porque no se provoca una guerra esterior 
para cambiar violentamente el orden establecido en las 



— 79 — 

naciones independientes, sobretodo, cuando, como á noso- 
tros nos sucedía, nos hallábamos todavía en el peligroso 
periodo de la reconstrucción nacional y del experimento 
de un gobierno libre. 

Crimen, por que no se va á matar á balazos á un pue- 
b'o, no se van á incendiar sus hogares, no se vá á regar de 
sangre su territorio, dando por razón de tal guerra que < se 
vá á derribar una tiranía á despecho de sus pr$p¿Q3 hijos 
que la sostienen ó la soportan. 

Es una felicidad, que ya que hemos tenido que hacer la 
guerra al Paraguay, hayamos podido al mismo tiempo der- 
ribar un gobierno bárbaro y tiránico. Pero éste es un sim- 
ple accidente de la lucha, no es, ni el motivo, ni el pendón 
que ros ha dado sombra en los gloriosos combates que he- 
mos sostenido. 

La necesidad imperiosa de la defensa, el derecho de re- 
pe'er la fuerza con la tuerza, y móviles patrióticos que 
pusieron la espada en nuestra mano pueden únicamente 
justificar esta guerra ante la historia. 

Los resultados benéficos que esta guerra ha de producir 
para I03 presentes y venideros, solo serán fecundos á con- 
dición de hacer justicia á todos los que en ella han tomado 
parte, haciendo partícipe de ellos á la misma República 
del Paraguay sacrificada por su tirano. 

La filosofía, la bu nanidad, la moral, desertaría de S113 
filas, si hubiéramos ido á matar paraguayos, y destruir el 
Paraguay, para redimir un montón de ruinas, y á un gru- 
po de viudas y huérfanas, cubriendo con la bandera de 
ia libertad el último cadáver del último sostenedor de su 
tiranía. 

Ya he dicho á Vd. que tal lucha ademas de insensata, 
lnbría sido criminal, y lo repito ahora. 

Y para terminar de una vez, diré que el Batallón de Guar- 
dia Nacional de mi patria que tenga la cobardía de colgar 
de su bandera victoiiosa una corona militaren que se insul- 
te á sus hermanos de armas, debe devolver á sus aliados 
toda la sangre que han derramado á su lado en la hora 
del peligro, y probar que el único que tuvo fortaleza en los 
campos de batalla, y que pertenece al único pueblo aliado 
que ha sido sabio en el gobierno, patriótico en el parla- 
mento, y viril por el aliento que la opinión pública le in- 
fundía. 



— 80 — 

« 

A pesar de lodo esto, soy, siempre de Vd. su antiguo y 
affmo. amigo. 

Bartolomé Mitre 
S/c Diciembre 10 de 1869. 

A esta carta, el Doctor Gómez ha contestado con es- 
ta otra: . ' 

8eñorl)on Bartolomé Mitre 

Mi querido amigo: 

Su carta rae ba entristecido. 

Las palabras que cambiamos ayer me hicieron esperar, 
ó una demostración luminosa, como Vd. sabe hacerlas, 
de lo que deben < 1 honor, la paz, la libertad, el porvenir de 
los Ettados del Plata á la alianza bi asi lera, ó una confe- 
sión digna de un hombre de Estado, de altura, de haber pa- 
decido un error, cujas consecuencias se esforzaría Vd. en 
reparar con todas 6us fuerzas. 

En fu carta ha desaparecido el hombre de Estado, quo 
debe á su país toda la sinceridad de su conciencia de los su- 
cesos, y solo se descubre el polemista hábil de la prensa, 
que escapa de una dificultad por la tanjente de una decla- 
mación sonora, para embotar el pensamiento con la ento- 
nación embelesadora de la frase. 

Defiende Vd. á loa soldados brasileros, cuyo mereci- 
miento no he menoscabado, y filosofa Vd. sobre la política 
de las guerras de redención que no he encomiado, protes- 
tándonos que acepta Vd. una responsabilidad, míe no está 
eo su mano dec'inar, porque las responsabilidades no son 
el efecto de nuestra voluntad sino de un poder superior á 
nuestro libre albedrio. 

¿Qué tiene que ver el comportamiento militar de los bra- 
sileros, con el acto político de la alianza de los gobiernos? 

El soldado brasilero se ha batido bizarramente, el pue- 
blo brasilero ha conquistado la palma del sacrificio y del 
heroísmo Los pueblos y los soldados han cumplido una 
noble misión combatiendo á un tirano. 

Estamos de acuerdo. 

¿Por ventura la alianza de los gobiernos dio el senti- 
miento del honor á los pueblos y el aliento varonil á los 
soldados? 

¿La alianza creó acaso de la nada pueblos y ejércitos, 



— 81 — 

con tradiciones de gloría, de patriotismo, de abnegación 
y de energía? 

No, todo eso existía, todo eso ha sido esplotado por la 
alianza, y todo eso ha sido esterilizado, frustrado, derro- 
chado en pura pérdida. 

Te be comprado un palacio y rae reprochas mi admi- 
nistración, podría alegar á su pupilo un tutor que le hubie- 
se despilfarrado una fortuna con que comprar diez pala- 
cios. 

La tiranía del Paraguay era un hecho monstruoso, que 
importaba que desapareciese de la faz de la tierra. 

Dios, la Providencia, el destino, la filosofía de la revolu 
ción, la lógica de los hechos, corno quieran decirlo, había 
encargado al pueblo del Rio de la Plata (argentinos y orien- 
tales) la ejecución de esa "obra. No preveerlo era ser miope. 

Está bien que los pueblos no se metan á redentores, 
ni se erijan en quijotes; pero no por eso escapan á su mi- 
sión de redentores, y mucha veces, ni aun al rol de quijo- 
tes, que los acontecimientos les imponen. Los gobiernos, 
ó directores de los pueblos cumplen con su deber con no 
provocar los acontecimiento?, con no lanzar á los pueblos 
en las aventuras, pero faltan ásud ber cuando mantie- 
nen á los pueblos desprevenidos, espuestos á ios peligro. , 
inconcientes de sí mismos, é inútiles para la realización 
de su cometido providencial; que siempre es la realización 
de su propio bien. 

Los gobierno ? del Rio de la Plata ni sospecharon la mi- 
sión de estos pueblos eu el Paraguay, ni soñaron jamás 
que un día tendrían que estrellar sus legiones contra los 
bosques abatidos de Curupaití. 

Un dia los > orprendieron los sucesos, cayendo las hordas 
de Lope ^ sobre la provincia de Corrientes, como llovidas 
de las nubes. 

Un dia se vio nuestro pueblo á brazos con la tiranía 
secular del Paraguay, centro y resumen de todos los ele- 
mentos reaccionarios de estos países. 

La providencia nos llamaba al cumplimiento de nuestra 
misión, mandándonos poner de pié, embrazar la éjida de 
la libertad y empuñar ei hacha de la revolución. 

¡Qué momento para un hombre de Estado, como Lin- 
coln ó como Bismarck, con la intuición del porvenir, el 
convencimiento de Jas fueizas á fu disposición, y la firme- 



— 82 — 

za para arrostrar la derrota del momento y forzar á la 
victoria! 

Vd. tendió la vi6ta en derredor sujo, se encontró sin 
poder material inmediato, recordó su reciente pasado, no 
creyó en el poder moral del pueblo del ocho de Noviem- 
bre, y so ecbó en brazos de la alianza, para no verse redu- 
cido á entregar las llaves de la Ciudad de la Reconquista 
al ridiculo sátrapa de Humaitá. 

Los proveedores y los mercachifles le baten palmas. Se- 
gún ellos, era imposible resistir á López con nuestros so- 
los elementos, hubiéramos sido vencidos y arruinados, 
mientras hoy nadamos en oro y vamos á ceñir el laurel 
del triunfo á la sien de nuestros bravos. 

Pero la polvareda de los intereses y de los egoísmos de 
actualidad vá á ser disipada pronto por la razón pública 
y el criterio de la política y de la historia, y espero ver en 
tortura su brillante inteligecia para justificarse, y justifi- 
car á los que con Vd. han hecho y sostienen á la alianza, do 
los siguientes cargos: 

I o La alianza ha reducido á los pueblos del Plata á un 
rol secundario, de meros auxiliares de la acción de la Mo- 
narquía Brasilera. 

2 o Principal actor en la lucha, la Monarquía Brasilera ha 
hecho su obra, y no la nuestra, dej* establecida su conve- 
niencia, y suprimida la nuestra, en el Paraguay. 

3 No pudiendo esquivar la misión pro\ idencial, que nos 
está impuesta, á pesar nuestro, tenemos que recomenzar 
los sacrificios y loa esfuerzos, respecto del Paraguay, mas 
tnrde ó mas temprano. 

4 o Hemos adulterado la lucha en el Pataguay, la hemos 
convertido de guerra á un tirano, en guerra á un pueblo, 
hemos dado al enemigo una noble bandera para el comba- 
to, le hemos engendrado espíritu de causa, le hemos crea- 
do una gloria imperecedera, que se levantará siempre 
contra nosotros, y nos herirá con los filos que le hemos la- 
brado. 

5 o Hemos perpetrado el martirio de un pueblo, que en 
presencia de la dominación extranjera, simbolizada por la 
Monarquía Brasilera, y no de la revolución, que hubiera 
simbolizado solo la República de los Pueblos dtl Plata, se 
ha dejado esterminar, hombre por hombre, mujer por mu- 
jer, niño por niño, como se dejan esterminar los pueblo va- 
roniles que defienden su independencia y sus hogares. 



— 83 - 

6 o La alianza acabará, pero el pueblo paraguayo no se 
acabará, y la defensa heroica del Paraguay hade ser allí 
la gran bandera de un gran partido, que ha de predominar, 
como lo ha sido la defensa de la Rusia y de la España con- 
tra Napoleón, apesar de I09 Czares y de los Fernando Sép- 
timos, y entre nosotros la defensa de Montevideo y de 
Buenos Aires, á pesar de pesares. 

Cuando tales sucesos ó tales debates vengan, no óó qué 
pensará ó que contestará Vd. 

Ahora quizá rae responda Vd., — allá me las den todasl 
aprés moi le déluge. 

Seré siempre su leal amigo. 

Juan Garlos Gómez 

OTRA PALABRA CARACTERIZADA 

Un nuevo hombre po'ítico se presenta en la escena, á ter- 
ciar en la cuestión Mitre y Gómez. 
Hé aquí su primer articulo: 

Señores doctor don Juan Carlos Gómez y General don Bar* 
tolomé Mitre. 

Debe ser de reglamento entre los hombres de Estado 
llamarse recíprocamente mi guarido amigo, cuando tratan 
de poner de vuelta y media su capacidad y su tacto en los 
negocios públicos, pues veo que tal es el cariñoso trata- 
miento que se dan Vdes. en las cartas que se están cambian- 
do, á imitación de los reyes que se tratan de mi querido pri- 
mo, cuando sus ejércitos se están metrallando por quítame 
a'lá esas pajas. El querido, pues, tnrá las veces entre los 
hombres de Estado que el ilustrlsimo entre los brasileros; 
gente la mas ilustre y excelente, á estar á los sobres de sus 
cartas y sus saludos por la calle. 

Siendo pues, á dos hombres de Estado á quien me diri- 
jo, empiezo como empiezan ellos, de este modo: 

Mis querido? amigos: 

Y prosigo, siempre en el estilo de los hombres de Estado. 

He leí lo con -listeza, ó con alegría, pues esto no hace 

al caso, y todo es lo mismo entre los hombres de Estado, 

las cartas que se han cambiado Vdes con motivo de la 

guerra del Paraguay y la alianza de I o de Mayo. 

.Las he leí lo de punta á cabo para distinguirlas de los 



— 84 — 

programas electorales y de los mensajes de los gobiernos, 
y en el vivísimo deseo de qtie Vdes. lleguen á entenderse, 
como buenos y queridos amigos, me tomo la libertad de 
presentar á Vdes. las dos siguientes observaciones, una 
sob~e cada carta, á fin de que se entiendan cotí o he dicho 
ó como Dios los ayude. 

El General Mitre dice que la alianza no ha hecho la 
guerra á un tirano por ser tirano, porque esto, mas que 
una insensatez sería un crimen. Copiaremos sus mismas 
palabras: 

«Doble insensatez y doble címen habría sido empren- 
der una cruzada en favor del Paraguay, á despecho de los 
mismos paraguayos, si un interés propio, si un sentimiento 
d¿ patriotismo, si una necesidad suprema no hubiese ar- 
mado nuestros brazos al agruparnos al pié de nuestra ban- 
dera de guerra. 

«Insensatez, porque no se provoca una guerra exterior 
para cambiar violentamente el orden establecido en las 
naciones independientes, sobre todo, cuando, como á no- 
sotros nos sucedía, nos hallábamos todavía en el peligroso 
período de la reconstrucción nacional y del experimento 
de un gobierno libre. 

«Crimen, porque no se vá á matar á balazos á un pue- 
blo, no se van á incendiar sus hogares, no se va á regar de 
sangre su territorio, dando por razón de tal guerra que se 
va á derribar una tiranía á despecho de sus propios hijos 
que la sostienen ó la soportan.» 

Vamos á ver ¿qué hay que decir á todo eso? Ni Salo- 
món habría hablado mejor si en los bíblicos tiempos se 
hubiese sometido á discusión, el derecho de intervención 
en los estados independientes. La doctrina del general es 
la buena j honrada doctrina. Ni Vd., ni yo, ni nadie, mi 
querido Gómez, tiene un pero que poner asemejante evan- 
gelio. 

Sin embargo hay un cierto individuo que llamaremos 
U. Tratado de Primero de Mayo, ó nuestro querido Tra- 
tado, si Vd. gusta que tiene el antojo de levantar una ban- 
dera de oposición á la doctrina de nuestro general. 

El artículo 6° de nuestro querido Tratado dice de este 
modo: 

«Art. 6°. Los aliados se comprometen solemnemente, á 
no deponer las armas sino de común acuerdo, y hasta que 
no hayan derrocado la autoridad del actual Gobierno del 



- 85 — 

Paraguay, ya no negociar con el enemigo común separa- 
damente ni firmar tratado de paz, tregua, amnistía, ni con- 
vención alguna para poner fin ó suspender la guerra, sino 
de perfecto acuerdo de todos». 

El artículo 7 o agrega: 

f Art. 7 o . No siendo la guerra contra el pueblo del Pa- 
raguay, sino contra el Gobierno etc.» 

¿En qué quedamos? Según la doctrina la guerra actual es 
guerra de reparación, guerra nacional y de honor, en que 
para nada tiene que figurar el Gobierno de la Nación á 
quien se combate; guerra que hubiera debido hacerle lo 
mismo á un déspota que á un Gobierno liberal é ilustrado; 
y según el Tratado, la guerra tiene por único objeto la per- 
sona de López. 

Vamos, mi querido Gómez, ahí tiene Vd. paño en que 
cortar. Ahí tiene Vd. la explicación del rechazo alas aber- 
turas pacíficas en Yatayti-Corá, de la prosecución de la 
guerra después de Humaitá, después de Timbó, después de 
las Lomas, después de la Asunción: la explicación en fin 
de esta guerra actual, sangrienta, costosa, insostenible, en 
la persecución de un oso que se escapa por entre las sel- 
vas del alto Paraná, pretesto magnífico para la devasta- 
ción y la ruina del Paraguay por medio siglo, sin que se 
pueda dejar de perseguir al oso, porque el Tratado así lo 
manda, ó de faltar á la fé pública, cargando con las conse- 
cuencias de la violación del Tratado. 

¿De quien nació ese artículo? ¿Quien fot mulo de un mo- 
do tan insensato y tan criminal el propósito de la guerra que 
no debió ser contra gobierno ninguno, sid ser uua insensa- 
tez y un crimen, según la exposición de la doctrina actual? 

vamos, Dr. Gómez, ahí tiene Vd. paño en que cortar, le 
repetimos. Esa cuestión es digna de Vd. por que es digna 
de los hombres de talento; y no como cuestión retrospecti- 
va, sino como cuestión actual, porque estamos en ella, y 
por que de el'a puede desprenderse antes de mucho tiem- 
po, una situación nueva y mas tremenda aúu al Rio de 
la Plata. 

Es necesario que el General Mitre, á cuyo patriotismo 
nadie escede, cuya honradez política está mas arriba de las 
vulgaridades, y cuyo talento es una propiedad de la na- 
ción que lo ha estimulado 7 robustecido con su aliento, se 
persuada que debe á su patria, á sus amigos, á la posteri- 
dad, esplicaciones francas é históricas sobre el alcance de 



— 86 - 

tas estipulaciones del Tratado á cuyo pié se registra su 
nombre. ¿El Tratado nos obliga á perseguir á López, á la 
persona de López, como dice su teato, por todos los bos- 
ques del Paraguay, Matto-Grosso ó nos deja la libertad 
de poner término á la guerra en alguna parte? ¿Tenemos 
Que ir toda la vida á remolque del Brasil basta no dejar 
un árbol sobre la superficie paraguaya, ó tenemos el dere- 
cho, sin faltar al compromiso de la alianza de declarar que 
la guerra se encuentra terminada? ¿Está convenido que 
terminada la guerra por nuestra parte, el Brasil pueda 
continuarla por la suya, sirviéndose de nuestro territoiio 
para Arsenal y Almacén de Provisiones, en su guerra cor- 
ira el Paraguay, cuando nosotros no estamos ya en guerra 
con esa República? 

Vamos al otro. 

¿Qué es esto mi querido General? ¿Cómo ha descuidado 
Vd. el preguntar á nuestro amigo Gómez la fecha da esa 
alianza de que tanto se queja? 

Esa fecha es toda una cuestión histórica, ó mejor dicho, 
es la filosofía de toda una historia. 

- Propiamente hablando, el Paraguay había declarado la 
guerra al Brasil en 31 de Agosto de 1864. Desde aquel día, 
el Brasil estaba insultado en su bandera y en su9 dere- 
chos; y las hostilidades estaban comenzada?, puede decir e 
también, entre ea república y ese imperio, cuando el 11 
de Abril de 1865 fuimos insultados atrozmente por el Pa- 
raguay en la provincia de Corrientes. 

Desde ese momento nuestra posición era clara y defini- 
da* éramos aliados de hecho con el imperio del Brasil. A 
una invasión no se contesta con una nota diplomática. Era 
necesario el empleo de las armas. El Brasil aprontaba ya 
lasr6uyas contra el enemigo común. ¿Qué éramos enton- 
ces ante la verdad del derecho y de los hachos? -Aliados 
contra un enemigo común, requiriéndose apenas el proto- 
colo diplomático, para ajastar los medios y los propósitos 
de esa alianza. 

Estigmatizar pues esa alianza, no partiendo sino de los 
procederes paraguayos contra el Brasil y la República 
Argentina en 31 de Agosto del 64 y en 11 de Abril del 65, 
es colocarse en un terreno insostenible, porque no puede 
ser condenado ni censurado siquiera, aquello que es la 
imposición iriesistible de los sucesos. 



— 87 — 

Colocarse en esas fechas es presentar la juntura déla 
coraza para que entre la espada del enemigo. 

El error es de fecha?. 

La alianza con el Brasil, no proviene de Abril del 65, si- 
no de Mayo del 64. 

Desde la presencia del almirante Tamandaré en las 
aguas del Plata, y de les generales Neto y Menna Barreto 
en las fronteras orientales, se estableció la verdadera alian- 
za de lincho entre los gobiernos brasilero y argentino, en 
I rotección de la inicua revolución del general Flores con- 
tra el mejor de los gobiernos que ha tenido la República 
Oriental, y con el cual no habia cuestiones que pudiera 
pasar de las carteras diplomáticas. 

Los intereses de un caudillo r'o-grandénse colocaron al 
£• bierno imperial en la disyuntiva en Marzo de 64 de so- 
focar con las armas, en la Provincia de Rio Grande, al- 
gún desacato á la autoridad soberana, ó de fusilar orien- 
tales, complaciendo al general Neto, en sus pretericiones 
de auxiliar al revolucionario Flores. 

La cosa no pareció gi ave y se decidió el Brasil por fu- 
silar orientales. 

En Buenos Aires la disyuntiva era poco mas ó rrénos la 
misma. Al presidente Mitre no repugnaba menos la inva- 
ción de Flores que á Don Pedro II. Pero el Presidente Mi- 
tre no tuvo cerca de si sino un solo hombre que alentase 
su honrado pensamiento de neutralidad. 

Ese hombre tiene documentos para probar que ese pen- 
samiento fué sincero, leql y concienzudo en el presidente 
argentino; pero ese hombre nada podia contra las manio- 
iuas de los secretarios de estado. 

La disyuntiva para Mitre era esta: ó pedir ásus cinco 
ministros la renuncia, destituir á todos los empleados de 
la capitanía del puerto, y hacer saber á sus empleados mi- 
litares que él era el general en gefe de su ejército, y al pue- 
blo de Buenos Aires, que el presidente de la República es 
el encargado de las relaciones exteriores de su pais, y que 
no puede haber gobierno neutral y pueblo aliado, ó cerrar 
los ojos y dejar que fuese de aquí todo lo necesario para 
liicer mas divertido el raetralleo brasilero. 

Tampoco la vacilación fué larga en Buenos Aires. 

Ambos gobiernos, brasilero y argentino, se aliaron en 
propósitos y medios, desde ese momento infausto, y bajo 



— 88 - 

las inspiraciones de una debilidad criminal y de una polí- 
tica cobarde. 

T ese es el verdadero momento histórico de la alianza 
de los dos gobiernos. 

La revolución Oriental, pues, es el punto de partida de 
la alianza actual. 

¿Cómo hfbla entonces nuestro querido Gómez de la 
alianza de 65? ¿Por qué no habla de la alianza contra el 
Estado Oriental, que es la única que pudieron evitar los 
Gobierno?, y que no supieron evitar? 

La alianza de 65 no es sino una consecuencia de la 
alianza de 64, ó, mejor dicho, es la misma alianza en dife- 
rente teatro. 

Se comenzó por insultar la soberanía Oriental, cujo Go 
bierno era, en esos momentos, una garantía de orden y de 
paz para sus vecinos. 

¿Qué mucho que se haya insultado después la sobe- 
ranía Paraguaya, que, al fin nos infirió una ofensa por la 
mano de su Gobierno? 

Ahí tiene Yd. hilo para el telar, mi querido General. 

Por qué echar en cara á los estadistas argentinos la res- 
ponsabilidad de la alianza con el Brasi 1 , sin acordarse que 
los estadistas orientales, en el partido colorado, son los 
únicos y verdaderos responsables de esa alianza? 

En protección de ese partido colorado vinieron los Bra- 
sileros. Fué ese partido colorado quién arrastro á los Eli- 
zalde y á los Gelly, en el gobierno, y á los Lezama, Obli- 
gado, Martínez y qué sé yo cuantos otros, en el pueblo, á 
llevar los elementos oficiales y particulares á formar en 
las filas de la ya establecida alianza entre colorados é im- 
periales (1). 

Es verdad que ese partido colorado tiene mas divisiones 
y subdivisiones que una caja de paciencia china; pero esa 
teología de nombre dentro del mismo círculo colorado ha- 
ce muy poco á la cuestión. 

Los colorados fueron los primeros aliados del Brasil 
desde Majo de 1864. La serpiente envolvió poco después 
en Buenos Aires, á los amigos de los libertadores como 
Flores y á los que creian tener en su bolsillo á los Taman* 
daré y á los Saraiva, y desde entonces quedó establecida 



(1) Véase la carta del General Flores al Presidente Mitre que se registra al jiml de c#- 
fiw curtas- 



— 89 — 

de hecho en el Rio de la Plata esa triple alianza que solo 
repugna desde 1865, á la mas notable de las inteligencias 
del partido colorado, de ese partido que la aceptó muy a- 
legre en 64 para con Flores y Goyo Suarez, libertarse de 
Berro y tu Ministro Herrera. 

Diga Vd., pues, mi querido general, que & horubres de la 
inteligencia de Gómez no le es permitido anacronismo de 
eee género. No es permitido dar tanto á la alianza contra 
López sin dar un pellizco siquiera á su señora madre la 
alianza contra Berro. 

Y por último, que en este negocio de la alianza no pue- 
de haber degollación de santos inocentes, pues, con una 
media docena de excepciones, en los partidos militantes, 
todos tienen pecado de que confesarse. 

Pero para entrometimiento esto va largo. 

Estoy metiendo cuentos á los dioses, y si continúo me ex- 
pongo á que el Olimpo me 1 aga sentir sus iras al golpe de 
sus rayos. 

Dejo los cuentos; junto las manos de los dos amigos y 
con la voz de Eneas cuando invocaba á Júpiter y á su ma- 
dre Venus para que salvasen las naves que guardaban las 
reliquias de Troya, y pudiesen llegar algún día al suspira- 
do Lacio, les ruego que, se dejen de hacer historia porque 
las historias son las que nos pierden y se ocupen de salvar 
las tres naves del Río de la Plata que guardan las reliquias 
de la antigua república, y propendan á que lleguen al bus- 
cado Lacio de ¿u independencia, que no tienen apesar de 
sus banderas y sus actas, como no la tuvo en cierto tiempo 
la nave de Portugal hasta que un cierto Marqués de Pom- 
bal, levantándose de mal humor una mañana, dijo á la nave 
de Albión: Portugal e¿tá cansado de aguantaros— y eso 
bastó. 

Lo mismo que habia de suceder si un día se recordase 
Sarmiento con alguna de sus genialidades y dijese á la na- 
ve del Cruzero: vaya caballeros, basta de echar pelos en 
la leche. T eso había de bastar no mas, como bastó la cé- 
lebre frase del Marqués de Pombal; porque ro hay en este 
mundo nada mas poderoso que el derecho. 

Pero no penséis, mis queridos amigos, que pueden sal- 
varse las naves del padoso Eneas, con solo la voluntad y 
la elocuencia individuales; es necesario otra cosa mas 
grande que vosotros, es necesaria la potencia de la opi- 
nión pública. Pero no deesa opinión pública de cuarto á 



- 90 -^ 

la calle, y que se disfraza con los nombres de raí partido, 
del partido enemigo, de los unitarios, de los federales, de 
loe blancos, de los colorado?, recogiendo no sé cuantos 
cascos enmohecidos de la vieja metralla de nuestras mise- 
rias. No, todo eso es bueno para apedrearse en las luchas 
eleccionarias. Pai a salvar las naves se necesita el pode- 
roso apoyo del Júpiter de la opinión nacional, sin nombre 
propio en el gobierno, sin partido dominante ó caído, sin 
embozo, sin intriga, levantando en el brazo de la República 
Oriental y Argentina la bandera de una política que flamee 
á la luz del sol, que no inspire odio contra el Brasil, por que 
el Brasil no hace sino lo que á sus intereses conviene, sino 
amor á nosotros mismo9 para hacer lo que á nuestros in- 
tereses convenga. 

Política de unión, de confederación, de reconstrucción 
(no temáis la palabra), no para hostilizar la autonomía mo- 
nárquica del Brasil, sino para defender la autonomía repu- 
lí cana de nosotros mÍ3mos. 

Estamos acostumbrados á la política de ¡os gobierno3 
que no sirven ni han servido nunca para maldita la cosa. 
Hagamos, pues, alguna vez la política nacional que es la 
que ha hecho los grandes acontecimientos de la historia, 
cuando el mundo carecía de los elementos de propaganda 
que hoy le sobra. Traigamos al Brasil mismo por su inte- 
iés bien entendido, ja como estado limítrofe, ya como 
miembro de la América á la colaboración de un gran pen- 
samiento, deteniéndo'e en la prosecusión del judio errante 
en ese camino sin término de sangiv, de odios, en que está 
caminando hace medio siglo, empujado por su pequeña 
política en este oscuro laberinto de los pequeños estados 
que nos rodean, con su9 pequeños odios, con sus peque- 
ños partidos, con sus pequeños protectorados. 

No hagamos pedazos á los gobiernos porque nos des- 
cuartizamos nosotros mismos, no hagamos tantos parti- 
dos para tener el gusto de insultarlos, porque el Plata lio— 
i a y el Cruzero ríe. 

Gómez en su país, Mitre en el suyo tienen la obligación 
de hablar y tienen el derecho d«s hacersa oir con res- 
peto Hablad, pues, pero hablad de lo que se ha de hacer, 
y no de lo que se ha hecho, porque eso lo saben todo?, 
desde que nadie dej* de saber lo que le duele 

Es un erior de criterio político pensar que la guerra al 



— 91 — 

Brasil es necesaria y que e9a guerra nos coaviene. Error 
giavísituo. 

Cuando alcanzásemos la victoria, ya no tendríamos 
tuerzas ni para llevar los laureles á nuestra cabeza. 

Cuando el Brasil triunfase ya no habría sobre el Atlán- 
tico ni un Brasil geográfico siquiera. 

Lo que nos conviene á nosotros como al Brasil es la 
paz perpetua: sólida, fundada sobre las bases graníticas de 
la paz y la grandeza de rada uno, pero esto no se consi- 
gue poniendo de contrapeso al Brasil estados raiscroscó^i- 
cos que viven revolcándose entre el odio de sus bandos, y 
que estimulan con su corrupción los instintos aspirantes de 
su astuto vecino. 

Ese gran desiderátum se consigue con la fuerza que 
viene de la unión, con la unión que viene de la convenien- 
cia bien entendida de todos 

Sin esa idea grande, salvadora y fecunda, sin ese Gólgo- 
ta de la resurrección ¿dónde termina la via-cruc¡s del Brasil 
y las repúblicas del Plata? Mañana acabaremos la guerra 
con el Paraguay, y empezaremos con la cuestiones de nave- 
gación y de límites, de protectorados y de influenciaste in- 
gratitud y de reproches, y los partidos orientales y argenti- 
no, entrarán á su eterna competencia por saber quien se que- 
da con el Brasil para que lo ayude afusilar á sus enemigos, 
y volverá el Brasil á su eterna preocupación por saber 
cual partido le ofrece mas territorio, mas sometimiento á su 
influencia, mas facilidad de gastar mayor número de mi - 
llones y vidas b^asi'era*, para no sacar mas que algún pe- 
dazo dedesierto, y algunas rechiflas de lo mismo que protejo 
en su delirante ambición de meterse entre sus vecinos por 
que sus vecinos no tienen el poder de meterlo en su casa pa- 
ra siempre, en beneficio de ellos y de él mismo. 

El Brasil también tiene sus partidos decrépitos y gasta- 
dos. Tiene también una generación nueva é ilustrada que 
quiere sacudirse de esa herencia de las guerras del Sur 
que no ííh servido sino para empobrecer el Norte del Im- 
perio, y que al paso que llevan esas guerras han de arran- 
car para siempre aquellos preciosos fhronesde la corona 
de Braganza. 

Tenéis á vuestro servicio la historia de estos países. 
Tenéis á vuestras órdenes el concurso poderoso del con^ 
yencirnie ito general, que en todas partes del Plata clama 
por una unión que entone y robustezca la fuerza y la viri-. 



— 92 — 

lidad de estos países. Solo los tontos y los Aduladores de 
las vanidades cobardes, no estarán á vuestro lado. Tenéis 
por último al Brasil mismo para discutir esta inmensa re- 
volución en la existencia y en el porvenir de esta región 
de América. 

No confundáis el pueblo brasilero con esas ediciones 
nuevas de libros viejos de los partidos dominantes de a- 
quel Imperio, que no han sabido hacer otra cosa que vivir 
de las tradiciones de 1825. 

Confiad en todos, pero mas que en todos, en el derecho y 
en la santidad de vuestro propósito. 

¿No habes pronunciado alguna vez señores Mitre y Gó- 
mez, la palabra Confederación del Plata? ¿No habéis mos- 
trado otra vez la punta de esa bandera? pues éste es el mo- 
mento de que la despleguéis á la luz del Sol, vosotros que 
tenéis el derecho de ser oidos en vuestros respectivos paí- 
ses y tenéis la obligación de hacer algo por los pueblos 
que han hecho tanto por vuestra reputación. 

¿No es mejor eso, que estar escribiendo historias con vi- 
nagre, é historias mal hechas, que es lo peor? 

Soy todo vuestro, mis queridos amigos. 

Diciembre 14 de 1869. 

XX (1) 

CONTESTACIÓN DEL GENERAL MITRE 

LA POLÍTICA A LA BUENA DE DIOS 
Tercera carta 

Al Dr. Don Juan Carlos Gómez: 

I 

Se ha dicho, en una polémica entre dos buenos amigos 
y antiguos correligionarios como nosotros, que combatir 
los errores de sus adversarios, es el placer de la lucha in- 
telectual. 

Combatir los errores de sus amigos es uno de los deberes 
mas dolorosos de esta lucha, sobre todo, cuando los ami- 
gos sirven inocentemente al triunfo de los errores del ene- 
migo. 



, (t) Gomo •• Tora por Iti eartas postarioroi, XX •* •* P°« l « »*g«nÜno 
tóaees ministro plenipotenciario «a U corto de Rio Jeneir», 



José Marmol, en- 



- 93 — 

Ü9ted pretendiendo glorificar á los soldados argentinos 
por haber combatido á un tirano, condenó á la alianza y los 
aliados que la han vencido, haciendo de ello un crimen á 
los hombres que tal resultado daban. 

Ante mi protesta en nombre de mis compañeros y her- 
manos de armas, Vd. retrocede y declara heroicos y dig- 
nos á todos los pueblos y á todos los soldados de la alianza. 

Ante la aceptación franca y tranquila de mi responsabi- 
lidad, Vd. me abre un proceso y supone en mis labios las 
palabras vergonzosamente egoístas de Luis XV, (nprés 
moi Je délvge) que ningún acto, ninguna palabra de mi 
vida pública ó privada autorizaba á nadie para aplicarme, 
y á Vd. menos que á nadie. 

De aquí la discusión incidental de nuestras respecti- 
vas individualidades en la política contemporánea, en 
que yo he sido uno de tantos obrero* metidos entre el bar- 
ro del trabajo y el polvo del combate, y Vd., el genio fa- 
tídico ó el querubín alado y, que ha levantado su vuelo 
despucó de producidos los hechos, para anunciar las derro- 
tas del futuro á los vencedores del presente, en vez de po- 
nerse de nuestro lado para prevenirlas, en vez de confor- 
tarnos en la fatiga no terminada, en vez de prestarnos el 
auxilio de su bella inteligencia para fecundar las semillas 
del bien depositadas en el limbo de la labor humana. 

A esto me contesta Vd. trazando á grandes rasgos una 
parte de mi biografía política y militar, presentándome 
como el humilde servidor de la política de la Providencia. 

Gracias, amigo. Es el mas alto elogio que podía hacer- 
me. Como se lo decía á Sarmiento, en el banquete de la 
fraternidad al descender de las altas regiones del poder, 
entregándole las armas del combate y del trabajo: «Qué 
somos nosotros? Dos pobres hombres, instrumentos en las 
manos de la Providencia, que gobierna el destino de los pue* 
blos, á despecho de nuestra Anqueza y de nuestros errores 
haciendo prevalecer la lógica ante la cual todos nos incli- 
namos, como el compás traza el círculo matemático que 
simboliza la eterna inteligencia del divino geómetra.» 

Gracias, porque al menos me reconoce, que nunca deser- 
té la fatiga, ni el peligro; que nunca rae sublevé en nombre 
de las inspiraciones del orgullo, contra los errores y des- 
fallecimientos de mi época; que nunca me retiré á mi tien- 
da como dándome los aires de un nuevo Aquiles perma- 
neciendo por él contrario al pié de las murallas de laiVwe- 



— 94 — 

va Troya del Plata para participar de sus miserias con 
Melchor Pacheco ó sin él, mientras otros subían á las naves 
coronadas de flores y daban la vela al viento en busca de 
la risueña Grecia para profetizar en el festín lejano la raí- 
da del pobre caballo de palo que encerraba los destinos de 
una causa y la victoria de una idea. 

II 

El 7 de Diciembre de 1852 esa causa triunfante iba á 
sucumbir, y la idea que la simbolizaba, encerrada en el 
f strecho recinto de la plaza de la Victoria de otra nueva 
Troja del Plata, iba á dar un nuevo y decisivo combare 
en presencia de cinco mil sitiadores que intimaban rendi- 
ción á un pueblo que veia pasear por sus calles las san- 
grientas insignias de la antigua mashorca. 

tSupone Vd. que en tal situación yo declaré imposible 
la defensa, resignándome á pasar bajo las horcas caudi- 
nas de la reacción». 

Permítame decirle á Yd. que sus apuntes históricos, es- 
tán errados como su cronología de la guerra del Para- 
guay. 

Apelo al testimonio de mis amigos y de mis enemigos 
de hoy y de entonces, para declarar si es cierto ó no lo 
que voy á decir. 

El doctor don Valentín Alsina resignó el gobierno re- 
trocediendo ante la guerra civil, no queriendo que tomase 
el mando de una columna para ir á sofocar la revolución 
en la misma Villa de Mercedes, como yo se lo proponía. 
El gobierno que sucedió al doctor Alsina abría nego- 
ciaciones con el enemigo al parecer triunfante; y bandas 
de caballería con la divisa colorada cruzaban las calles de 
la ciudad de Buenos Aires. 

AI entregar el gobierno el doctor Alsina al general Pin- 
to su sucesor, me propone continuar el Ministerio. 

Yo le contesté que tenía mi caballo ensillado á la puer- 
ta de la casa de Gobierno para ir á cumplir un deber mas 
sagrado. 

A caballo una vez, y con los pies bien afirmados sobre 
los estribos, me quité en media calle el frac negro de Minis- 
tro, y rae puse la casaca militar que rae trajo un sobrino de 
Rosas que quieo ser mi ayudante. Otro sobrino de Rosas 
me alcanzaba mi espada y mis pistolas. Al pasar al galope 
por la barbería del barbero de Rosas frente al Colegio, fui 



- 95 — 

saludado por la carcajada de los que ya se creían vencedo- 
res Al llegará la plaza el Comandante Conesa (entonces) 
rae dice: tCoronel, mi batallón se ha sublevado^ mi cuar- 
tel lo han tomado» «Vamos á retomarlo!, fué mi contesta- 
ción. Proclamé en seguida á veinte Guardias Nacionales 
que et (aban en la esquina del Coliseo, hoy teatro de Co- 
lon. Los hijos de Florencio Várela inspirados por el valor 
cívico de su ilustre padre, contestaron mi proclama gol- 
peando al tambor con brazo varonil. Noventa corazones 
valerosos de noventa Guardias Nacionales latían á com- 
pás del toque de alarma, y me siguen por la calle de 25 de 
Mayo, en medio de una procesión de mujeres que salían 
á tas puertas con lágrimas en los ojos para darnos la úl- 
tima despedida. Llegamos al Retiro: son rechazadas las 
bandas de caballería que lo ocupaban, se reconquistan los 
cuarteles y los batallones perdidos, nuestros fusilazos dis- 
persan la reunión que estaba tratando de paz en nuestro 
mismo Parque de Artillería: establezco el primer cantón 
de la defensa, trazo la primera trinchera, coloco la primer 
escucha, organizo con Villa la primera guerrilla de caba- 
llería del sitio, y á la tarde de ese mismo día hombres, mu- 
jeres y niños, pueden venir á pasear en la plaza del Re- 
tiro bajo la protecc ón de la intrépida Guardia Nacional 
de Buenos Aires, que se había reconcentrado bajo, mis ór- 
denes. 

Desde ese momento quedó organizada la defensa de 
Buenos Aires, salvándose una vez mas el recinto sa- 
grado de la ciudad que encerraba la última esperanza de 
la libertad argentina. 

El mismo D. Lorenzo Torres, á quien dá Vd. la gloria 
de esta defensa, con menoscabo de mis conciudadanos para 
quienes la revindico toda entera l tuvo que hacerse el edi- 
tor responsable de esta gloriosa resistencia, á que el Gene- 
ral Paz dio carácter y el General Hornos nervio y que tuve 
la fortuna de sellar con mi sangre cayendo derribado de 
un balazo del mismo caballo que habia montado en la Pla- 
za de la Victoria el 7 de Diciembre. 

Desde ese dia surgió una nueva entidad viril, en la que 
nadie tenia íé, de la que nadie esperf ba nada, que fué la 
guardia nacional al servicio de la civilización y de la liber- 
tad; desde al'í cesó el predominio de la campaña sobre las 
ciudades; se templó la bayoneta, se quebró la chuza, y fué 
herido de muerte el caudillaje, obligando al General Ur- 



— 96 — 

quiza que babia venido en su apoyo con todas las fuerzas 
de la Confederación, á embarcarse monfcado pn una mu- 
la de su coche, acompañándole Don Vicente Fidel López 
que es el nuevo héroe que Vd. nos desenvaina para empe- 
queñecer el triunfa dei pueblo sobre los caudillos. 

El doctor don Vicente Fidel López había dicho en las 
memorables sesiones de Junio (en que todos fuimos actores 
y ninguno íué actor) que debian aceptarse todos los he- 
chos consumados por la fuerza, porque estos países no po- 
dían organizarse, ni vivir, sino b»jo la protección de eso 
que se llamaban los cuidillos. -Mi contestación es histó- 
rica. El manifiesto de la revolución de Setiembre escri- 
to por mí imprimió su catácter á aquel movimiento, po- 
niendo á un pueblo frente á un caudiüo, y desafeándolo 
valientemente á la batalla á despecho de esta teorías tradi- 
cionales de la impotencia que Vd, evoca hoy, alzándolas 
del polvo de la derrota. 

No, la situación actúa! de la República no está basada en 
el caudillaje, ni en los gobiernos personales deque el Dr. 
López fué el teorizador. Esa entidad fué vencida por la 
resistencia de Buenos Aires que Vd. prebende en vano des- 
virtuar hoy, con menoscabo del pueblo triunfante, siendo 
la refutación mas ^elocuente que puede hacen ele el espec- 
táculo de ese mismo pueblo dueño de sus destinos después 
de largos trabajos y memorables combates, en que no ha 
habido caudillos por nuestra parte ni prestigios persona- 
les, ni intereses sórdidos, ni capitulaciones cobardes ?on 
los principios, sino corage, virtud cívica, fé en los destinos 
de la democracia, y desprecio por el encubrimiento pasa- 
jero de las influencias bastardas que no sean la espresión 
y la emancipación del pueblo. Esta entidad colectiva, cau- 
dillo múltiple, ha presidido á la gloriosa resistencia de 
Buenos Aires en nombre de la libertad y de la dignidad 
humana que otros renegaron antes, y que Vd. niega hoy 
como Galileo, en presencia de este mundo político que se 
mueve obedeciendo á las leyes de la mecánica divina, de 
la cual Don Vicente Fidel López es, según Vd., el Laplace, 
mientras que yo lo atribuyo á su verdadero y único autor 
colocándome como uno de tantos entre los humildes ins- 
trumentos de 1¿\ Providencia de que Vd. reconoce hemos 
sido fieles y obedientes servidores y de que Vd. mismo ha 
sido valeroso defensor. 
^ Vd. mismo proclama la verdad, al sostener que esta si- 



— 1)7 — 

tuación es el triunfo del Acuerdo 'de San Nicolás, contra 
el cual protestamos, y qué desgarramos al dar á la Cons- 
titución la base de la soberanía popular bajo los auspicios 
de la reforma y á la sombra de la bandera popular triun- 
fante. 

La modesta gloria de haber servido humildemente á esa 
idea, vale mas que la corona del caudillo omnipotente, y 
mas que la protesta impotente del que lejos de la acción 
condena el trabajo y maldice la cosecha, porque todos, y 
cada uno de los obreros que concurrieron á esta labor co- 
lectiva, no fueron Césares, Napoleones, Bismarck, sin 
comprender que la pequenez de las individualidades a- 
granda la obra común para bien de todos, incluso de los 
mismos que la renegaron en la hora del peligro, y la 
niegan en el dia del triunfo. 

III 

Cepeda es la contituación de la gran batalla entre el 
caudillage y el pueblo. 

Con seis mil hombres presentamos batalla á quince mil.. 

Con tres mil soldados de infantería que quedaron firmes 
en su puesto dominamos el campo de batalla, calvando el 
honor y las legiones de Buenos Aires con tres cartuchos 
en cada cartuchera; y cinco tiros por cañón, razón que le 
esplicará porque no fui al Rosario. 

Vencedor en un combate naval para abrirme un paso 
hasta Buenos Aires, con los restos del ejército, Vd. rae a- 
consejó me hiciese dictador, montando á caballo con (áti- 
co en mano, obedeciendo á esa obsecación que le persigue 
de los hombres onmij>otentes t que son la negación de la 
libertad, y fuera de los cuales no comprende Vd. nada 
grande en los pueblos movidos por la inteligencia colecti 
V8, por la razón pública, por la conciencia humana, ante 
la cual las inspiraciones individuales son fugaces exhala- 
ciones. 

Vino el 8 de Noviembre y todo lo desesperaron. La le- 
gislatura apoyada en una parte del ejército conspiró con- 
tra la situación. El miedo fué su poderoso auxiliar. Te* 
jedor trató con Urquiza. Sarmiento estuvo por la acepta- 
ción lisa y llana de la constitución que emanaba del acuer 
do de San Nicolás. La mayoría de la convención de Bue 
nos Aires acaudillada por Don Vicente Fidel López pre- 



- 98 — 

tendía hacernos pasar bajo las horcas caudinas de la cons- 
titución á libro cerrado y á título de vencidos. 

Fué entonces que en las mismas columnas que había de- 
jado Y. huérfanas de su brillante pluma abrimos campaña 
en favor de la reforma de la Constitución, para salvar el 
derecho de Buenos Aires y dar á la organización nacional 
una base sólida y popular. 

Esta idea triunfó en la convención de Buenos Airee, y la 
hice triunfar en la convención Nacional, con el auxilio del 
mismo Derqui y del mismo Urquiza, poniendo á la Cons- 
titución Nacional el sello de nuestra libre y soberana san- 
ción, y arrojando al viento los últimos pedazos del Acuer- 
do de San Nicolás. 

Si llamé á Urquiza hombre espectable, es porque real- 
mente lo era el que no había abusado del miedo de sus 
enemigos y se había inclinado ante nuestro triunfo moral 
en presencia de la Orden del día que di al ejército, decla- 
rando que se retiraba vencido sin poder pisar el recinto 
sagrado de la ciudad de Buenos Aires. 

Cuando lo llamé á Buenos Aires como huésped, lo recibí 
como debía en el nombre y en el interés de la paz que la 
buena fé buscaba y deseaba. El pueblo que también la 
quería lo recibió con gusto sombrío Reunidos en la Muni- 
cipalidad, en medio de una atmósfera amenazadora en que 
de un momento á otro podía estallar de nuevo el rayo de la 
guerra, cuando todavía no estábamos preparados á ella, 
el Señor Sarmiento, mi Ministro entonces, se acercó á mí 
y roe dijo al oido: «La posición es mala.» *Ilfaut Fempor- 
terh fué mi contestación. Tomé la copa de la amistad y 
dije: «Saludo al General Urquiza que retrocedió ante la 
revolución de Setiembre, y que hoy vuelve desarmado 
como si fuera un Washington al seno del mismo pueblo 
que le arrojó antes á balazos, inclinándose ante su sobera- 
nía y ante su libertad.» Esta escena es histórica, y apelo 
al testimonio del pueblo que lo presenció, y que desde ese 
momento entra en la corriente que inducía al triunfo de 
las reformas déla Constitución á que pusimos nuestro se- 
llo. El General Urquiza derramó en aquel momento no- 
bles lágrimas que le granjearon el aprecio de los presentes. 

Cepeda había probado que la infantería de Buenos Ai- 
res eia invencible. 

La política seguida después de Cepeda nos dio aliados 
de causa en toda la República, y el partido liberal debilita- 



— 99 — 

do por los sucesos de Noviembre, se hizo un poder nacio- 
nal. 

Robustecidos política y militarmente, pudimos ir con la 
misma tranquilidad á la incorporación si se nos aceptaba 
con nuestra bandera ó á la guerra si se desconocía nuestro 
derecho. 

Vino la guerra. 

El Dr. Don Adolfo AIsina actual Vice-Presidente de la 
República me dijo que él no creía en la victoria; pero que 
roe acompañaría de todos modos á morir por la causa 
de Buenos Aires. 

Yo le contesté que necesitaba compañeros para triunfar 
y no para morir. El señor Sarmiento que estaba presente, 
rae preguntó: ¿con qué cuenta Vd. pira triunfar?— Con diez 
y ocho batallones de infantería— No los veo— Vd. lo verá 
en el campo de batalla— Y con 17 batallones triunfamos 
en Pavón. 

Pavón es la grande victoria del gran partido de la liber- 
tad argentina. El triunfo militar fué de la provincia de 
Buenos Aire». El triunfo moral y político fué de las Pro- 
vincias toda?, sin cuyo concurso hubiéramos tenido que 
repasar el Arroyo del Medio. Por eso fuimos fieles á la 
Constitución reformada que habíamos jurado. Por la pri- 
mera vez subió el partido liberal al gobierno, haciendo 
prácticos Ich beneficios de la nacionalidad y de la libertad 
para todos. Los mismos vencidos tiraron de su carro de 
triunfo, incluso el mismo General Urquiza, á quien le dije 
públicamente y por escrito que si aceptaba sometimiento 
para los grandes intereses nacionales, <no aceptaba su con- 
curso en una obra que debía llevarse á cabo por princi- 
pios y elementos opuestos y contrarios á los que él había 
sostenido». 

La unión nacional se hizo, la época de los gobiernos 
personales se cerró para siempre, el orden constitucional 
fué una realidad, las últimas resistencias del caudillaje 
fueron vencidas en nombre de la ley, la trasmisión del 
mando supremo se efectuó en paz y libertad, el fué en- 
tregado en toda su integridad dejando en el Gobierno al 
gran paitido de la libertad triunfante y á él toca man- 
tenerse en el Gobierno por la fidelidad á sus principios 
para no pasar por el oprobio de entregar las banderas 
del poder á sus enemigos vencidos; que tendrían razón 
de ser si nos mostrásemos incapaces del ejercicio firme 



— 100 — 

y tranquilo de la autoridad, é indignos de la libertad que 
tantos sacrificios cuesta. 

Estas son páginas auténticas, arrancadas del libro de la 
historia contemporánea en el mismo orden en que Vd. las 
ha evocado contra mí, y que en honor de mi causa y de 
mi bandera hoy levanto, para dejar bien establecida la 
verdad. 

IV 

Del caos que quedó después de Pavón surgió la unión 
y la nacionalidad argentina, al ampara de una ley coman 
como lo declaró solemnemente el congreso argentino, li- 
bremente reunido. A la sombra de la bandera victoriosa 
de la libertad pudimos afirmar el juramento de la Consti- 
tución Nacional, único vínculo entre I09 pueblos, en vez de 
lanzarse en las aventuras de un nuevo periodo constitu- 
yente, que era una nueva guerra civil segura. 

Merced á esto, la guerra del Paraguay nos encontró uni- 
dos y reunidos, y desarmados los partidos y preparados á 
hacer respetar nuestro derecho así en la paz como en la 
guerra. 

Cualquiera otra política hubiera dado la prepondera- 
da al Paraguay en los asuntos del Rio de la Plata, alenta- 
tando las resistencias latentes contra el nuevo orden de 
cosas. 

Comprometidos todavía en el difícil esperimento de un 
gobierno libre, que tenia á la vez que completar la unión 
y la organización nacional, vino la guerra del Paraguay. 

Como lo hemos observado antes, el Paraguay estaba en 
guerra con el Brasil. 

El Brasil era por consecuencia mas que un aliado na- 
tural, un aliado de hecho. 

El hecho se redujo á protocolo, y el tratado de la triple 
alianza fué firmado sobre el tambor, por los mismos com- 
batieres que iban á sellarlo con su sangre, y en presen- 
cia del enemigo común que había invadido nuestros res- 
pectivos territorios. 

Orientales y Argentinos contribuyeron á rechazar la 
invasión paraguaya en el territorio brasilero del Rio 
Grande. 

Los brasileros contribuyeron á rechazar la misma inva- 
sión paraguaya en el territorio argentino de Corriente*. 



— 101 — 

Gn seguida nos lanzamos unidos sobre el territorio ene* 
migo, resueltos á dar en tierra con el bárbaro gobierno 
que nos había provocado á la guerra, buscando en esto la 
garantía para ia paz futura de estos países, á la vez que el 
desagravio de la humanidad y por acci lente de la libertad 
del pueblo paraguayo. 

Vd. encuentra malo todo esto. 

Debimos presc ; ndir,. según Vd. del concurso del Ba?il, 
queja estaba en línea de batalla frente á frente de nuestro 
enemigo; debimos impedirle para que combatiese á nues- 
tro lado. ¿Cómo? Eso no lo dice, porque á menos de no 
hacerle la guerra al Brasil, no se comprende como le hu- 
biésemos impedido llevar sus armas al Paraguay. 

Debimos afrontar la lucha solos, á cuenta de esa derro- 
ta que Vd. consideraba segura, y que yo he negado. ¿Por- 
qué? Para triunfar en el porvenir después de caído, para 
lio triunfar desde luego con el concurso de un aliado sin 
menoscabo dé nuestro derecho y de nuestra gloria que te- 
nía los mismos intereses y la misma razón de combatir 
que nosotros. 

Debimos por último, según Vd., llevar la revolución al 
Paraguay en vez de hacerle la guerra, enarbolando no el 
pendóu de las nacionalidades agraviadas que repelian la 
fuerza con la fuerza y tratab in de garantir la paz futura, 
sino en el nombre y en el interés del pueblo paraguayo, 
ouees el único que á Vd. le inspira admiración y simpa- 
tías. 

Nada de esto es serio ni tiene sentido común, y tan es 
así, que Vd. mismo después de haberlo proclamado á son 
de trompa?, arrea hoy su bandera revolucionaria y retro- 
cede ante las conveniencias de su propaganda y deser- 
tando hasta las banderas de la política providencial, de 
la política revolucionaria desplegada por Vd., se contenta 
ya con uua política especiante, á lo que dieren los sucesos 
lo que se Pama la política á la buena de Dios, en que la 
inteligencia no entra por nada, y en que los pueblos y 
soldados son centinelas de los sucesos que puedan so- 
brevenir ó no sobrevenir. 

Desconozco en Vd. al pensador y al político que he ad- 
mirado en otro tiempo; y me sorprende al encontrar en 
vez del atleta resuelto y convencido que se había batido 
tantas veces en la arena ardiente de los debates públicos, 
un polemista de palabras y recriminaciones, que arrojan- 



— 102 — 

/ do sus dardos conoto el Partho en retirada va retrocedien- 
do de posición en posición, desde que concede á los pue- 
blos y soldados de la alianza la corona cívica y militar 
que al principio les había negado á todos por igual, basta 
abandonar su guerra de redención, su propaganda revo- 
lucionaria, y su alianza entre las dos Repúblicas del Plata 
sobre lo cual ni siquiera dice una palabra después de ha- 
ber leído la carta del General Flores. 

Después de trazarme un plan de batalla para después de 
Cepeda, después de trazarme un plan de política para des- 
pués de Pavón, me traza Vd. ahora un plan de campaña 
contra el Paraguay que es por sí solo la derrota mas com- 
pleta de todas las ideas políticas y militares que ha soste- 
nido en el curso de nuestra discordia. 

Abandona, olvida, reniega su proyectada alianza del 
pueblo del Plata (como Vd. llama á las dos Repúblicas) y 
prescindiendo de esta base que era según Vd. el punto de 
partida fatal de la política providencial de estos países, no 
toma en cuenta sino á la República Argentina, á la que 
Vd. confia su pendón augurándole la victoria que antes 
creyó imposible. 

Olvida que antes dijo que la victoria combatiendo solo 
era el precio de la derrota, y daba por conseguida la vic- 
toria con la misma rapidez y con la misma facilidad con 
que se obtuvo por el concurso de la a'itmza. 

No se le ocurre que la guerra habría sido entonces en el 
territorio argentino, y que en vez de compartir á alejar los 
males de la guerra, los hubiéramos localizado en Entre 
Ríos y Corrientes. 

No es lógico consigo mismo, porque al prescindir del 
Brasil y al pretender que le impidiéramos formar á nues- 
tro lado, no se atreve á llegar hasta la consecuencia lógica 
de lal permiso, que era disparar cañonazos al Brasil para 
que el Brasil no los disparase á los paraguayos que nos ha- 
cían la guerra y talaban nuestro territorio llevando cauti- 
vas nuestras mujeres; dando á entender que no necesitába- 
mos firmar alianzas para aprovecharnos de la concurren- 
cia del Brasil, lo que es un argumento contraproducente. 
Cambiando ahoia la derrota en victoria, dando por he- 
cho que Ul como pasaron las cosas hecha la alianza, hu- 
bieran pasado sin la alianza ni del Brasil, ni de la Repúbli- 
ca Oriental, supone Vd. arrojado al enemigo del territorio 



— 103 — 

argentino, y á los argentinos vencedores sobre las márge- 
nes del Paraná. 

Aquí era el caso de desenvolveí su gran plan revolucio- 
nario respecto del Paraguay, de demostrarnos como iba á 
introducirse la tea de la revolución en el Paraguay, como 
este sistema de hostilidad nos habría dado mayores venta- 
jas, con menores sacrificios. |Oh. decepción! Aquí no en- 
cuentro ya mal hilvanador de frases y asisto con dolor á 
los esfuerzos de una alta y noble inteligencia que como el 
gladiador herido en el circo, hace esfuerzos impotentes 
para dominar el dolor y caer con elegancia en la arena en- 
sangrentada. 

Toma Vd. mis propios argumentos y los egrime ciega- 
frente sin adveitir que se hiere con elfos, cuando dice que 
«los gobiernos no tienen el derecho de renunciará las 
cventajas que las circunstancias brindan á los pueblos; ni 
«el de meterse á quijotes, lanzándose á las vicisitudes» lo 
que Vd. aplica á la alianza, cuando la alianza era la ven- 
taja que brindaban las circunstancia?. 

En seguida se nos viene con la teoría de las razas, en 
que Vd. explica la resistencia de los paraguayos bajo el 
látigo de su verdugo, cuando antes los había declarado 
heroicamente convencidos, poniéndolos más arriba que 
nosotros que los hemos vencido. 

Sin acordarse que con solo no dar parte al Brasil en 
nuestra lucha, Vd. daba por revolucionado el Paraguay 
con solo desplegar nuestra bandera azul y blanca, Vd. re- 
trocede ahora aterrado ante la raza paraguaya y dice tex- 
tualmente: «No teniamos para que estrellarnos contra el 
fanatismo de las muchedumbres (razas) paraguayas. En la 
guerra con el tirano del Paraguay el triunfo estaba en 
nuestro favor: nos fortalecía, nos enrriquecía [buenas noti- 
cias para los mercachifles), mientra empobrecía y debilita- 
ba al tirano. Sin la alianza teniamos la libertad de esperar 
la ocasión de la victoria.» 

Y cual era la victoria para más adelante que el Dr. Gó- 
mez nos prometía en cambio délos triunfos actuales. Va 
á verse, dice Vd. testualmente: «Los elementos capitanea- 
dos por Robles, Barrios y los hermanos del mismo tirano, 
todos fusilados por él, nos hubieran abierto la puerta de 
la entrada.» 

A esto ha quedado reducida su generosa guerra de re- 
dención contra la tiranía del Paraguay. Esta es la misión 



— 104 — 

providencial que según Vd. estaba reservada á los pueblos 
del Plata. 

Arrojar al invasor de su casa corao Dios loajudase, y 
no estrellarse contra la raza paraguaya, esperando que 
Robles Barrios y Benigno López abriesen la puerta para 
entrai! Esto quería decir «embrazar la egida de la liber- 
tad y tomar el hacha de la revolución!» 

He entendido por ñn señor retórico 

Lo que quiere decir sumo heleotrópico. 

Ya sabemos por fia que la misión que la providencia de- 
paraba á los pueblos del Plata, (que al fin se reduce á uno 
soloj era hacerse derrotar vergonzosamente, ó detenerse 
prudentemente en la frontera del enemigo para no hacerse 
derrotar por él, esperando que los seides de López nos ten- 
dieran la mano de aliados! 

Tan vergonzoso resultado no merecía que se derramara 
una gota de sangre de mas ni que se gastase en su obse- 
quio un peso papel. 

Tales conclusiones no valen ni el papel, ni la tinta que 
hemos empleado en esta discusión, en que después de mal- 
decir la alianza y los aliados, acaba Vd. por abrazarse con 
los heroicos paraguayos y con sus hipotéticos aliados los 
Barrios, los Robles y los hermanos López! Y todo esto, á 
propósito de glorificar la Guardia Nacional de Buenos 
Aires! 

Aliados por aliados, me quedo con los mios. 

Humillado me siento de haber tenido que emplear mi 
tiempo para refutar tales conclusiones, y hago a su alta 
inteligencia el merecido honor, considerándolas como los 
únicos argumentos que pueden aducirse en favor de una 
tan mala causa como la que Vd. defiende sobre bases tan 
falsas. 

Espero que otra vez será Vd. mas feliz, y me vencerá 
cuando de su parte esté la razón. 



Por hoy he concluido. 

No te tome el trabajo de contestarme para llenar el in- 
termedio, si no tiene algo mas nuevo y sólido que decir. 

Lo dicho basta y sobra para juzgar de su estilo y de su 
sistema como polemista. 

Déjeme hablar á mí solo, que como actor en los sucesos, 



— 105 — 

como mas interesado que Vd. en las cosas de mi país, co- 
mo mas apasionado también, si Vd. quiere, tengo algo mas 
nuevo y mas oportuno que decir, y por lo tanto, con una 
tendencia mas práctica y mas patriótica. 

Quiero aprovechar esta oportunidad para fijar la opi- 
nión respecto de la alianza y de sus consecuencias, ya que 
por tanto tiempo he guardado silencio. 

Quiero reducir á polvo todas las mentiras de conven- 
ción y todas las cobardías vestidas con el ropaje del repu- 
blicanismo que la indiferencia de unos y la debilidad de 
otros, ha dejado acreditar como moneda de buena ley. 

No retrocederé ante nombres propios de amigos; ni de 
enemigos; porque estoy mas que profundamente apasio- 
nado, profundamente convencido, y seguro de q' en este te- 
rreno puedo desafiar todos los tiros de los que se sublevan 
contra mis estigmas, porque tengo de mi parte la resolu- 
ción inquebrantable que á Vd. le falta desde que ha aban- 
donado sus primitivas posiciones. 

Déjeme volar sin el auxilio del soplo de sus frases, con 
mis propias alas quebrantadas por las tempestades que he 
cruzado y cubiertas por el polvo del combate en que que- 
daron tendidos mis heroicos hermanos de causa, déjeme 
prescindir de mi personalidad que me fastidia en presen- 
cia de las grandes cosas que debatimos, que yo le prometo 
que ha de oír algo nuevo que Vd. ni sospechaba con toda 
la capacidad, con toda la previsión y toda la intuición que 
se atribuye negándosela á los demás mortales. 

Todo lo que Vd. puede decirme lo sé de memoria. Es re- 
trospectivo, es viejo y no tiene seriedad ni objeto práctico 
y podría escribir ahora mismo la contoetacion que Vd. me 
daría al leer esta carta. 

Vd. no puede atinar siquiera por donde voy á empezar 
la que próximamente voy á dirijirle, sin necesidad de espe- 
rar su contestación. 

Es que yo tengo siempre el corazón en el pecho en el lu- 
gar donde lo colocó Dios, como le dije en las sesiones de 
Junio, y no necesito quitarlo, ni ponerlo como el areo 
nauta que aumenta ó disminuye el gas ó el lastre de su 
globo ó de su barquilla, para subir á la región de las nu 
bes, ó descender á la superficie de la tierra. 

Vivo en la región en que respiran y viven mis iguales, 
uno de tintos, que ni pretendo elevarme sobre ellos, ni 
descender hasta la vulgaridad para acariciar pequeñas pa* 



- 106 — 

siones con menoscabo de lo que considero verdadero, 
justo y bueno. 

No tengo ganas de conversar. 

Necesito una vez por todas trasmitir la idea que me tra- 
baja, y & la cual he consagrado mis afanes. 

Si con iguales títulos y con el mismo objeto tiene Vd. 
algo nuevo y serio que decir para ilustración del pueblo, 
dígalo de una vez; pero no nos venga con las teorías d« 
las razas ni con vulgaridades que hacen poco honor á su 
envidiable talento. 

Mientras tanto puedo asegurarle que sus cartas no han 
dejado en mí, ni tristeza, ni amargura, por doloroso que 
me sea tener que herirle en defensa de la verdad que va- 
le mas que yo y roas que Vd. 

Soy siempre su aipigo. 

Bartolomé Mitre. 
Diciembre 15 de 1869. 

(Continuará) 



Notas acerca de los gobernadores, la emancipación f los 
gobernantes del Paraguay 

( Continuación) 
IV; Obispos de la Provincia del Paraguiy 

Los tres primeros clérigos que hubo en Asunción fueron 
encarcelados porque predicaban contra loe que habían 
apresado al Adelantado Albar Nufiez; de uno solo tene- 
mos esta noticia: de otro apellidado Aguilar, sábese que 
fué muerto por los payaguaes,y del tercero, Antonio Esca- 
lera, que falleció en Guayrá, después de 1570, y fué quien 
encabezó un moti i délos vecinos de Villa Rica contra el 
gobernador interino Riquelme. que se negó á permitirles 
la explotación de unas piedras que se creían preciosas y 
luego no resultaron tale?. 

Con la expedición dirijida por Alonso de Cabrera llega- 
ron dos franciscanos, Bernando Armenia, cordobés y 
Alonso Lebrón canario; un gerónimo, Luis Herreruelo, y 
dos mercenarios de los que uno se llamaba Juan Sala- 
zar. 



— 107 — 

Con el adelantado Zára*e se embarcaron para el Plata 
Barco Centenera, el que escribió el poema la Argentina, 
que se publicó en 16^1 en Lisboa; j el comisario Juan Vi- 
llalta con veintiún franciscanos más, que en su mayoría no 
debieron llegar al Paraguay, y entre los que han salvado 
del olvido, Luis Bolaños, andaluz; Alonso de San Buena- 
ventura y el lego Juan ó Andrés de San Bernardo, al que 
Lozano, Cosme Bueno y otros atribuyen milagros. 

Como el pais iba adquiriendo nombre, el Pontífice Paulo 
III en I o . Julio de 1547 erijió el obispado del Rio de la 
Plata pregonizando para obispo al miembro de la orden 
seráfica Juan de Barros y Toledo, el que en Aranda del 
Duero á lo de enero de 1548 elevó á catedral la iglesia de 
Asunción, asignándola: cinco dignidades, diez canongias, 
seis raciones, seis medias raciones y otros oficios subalter- 
nos, que el Rey redujo por la falta de fondos, á deán, arce- 
diano, chantre, tesorero, dos canónigos y un racionera. 

iül Padre Barros, que era de Ped roche, y uno de los 
primeros apóstoles del Perú, aunque erijió la sede del Rio 
de la Plata no la ocupó, sino que fué prorao\ido á la de 
Nueva Granada y luego á la de Bogotá, en la que falleció 
en 1569. 

Desde el domingj de Ramos de 1556 la silla episcopal 
de Asunción estaba ocupada por Pedro Fernández de la 
Torre, franciscano ó dominico, pregonizado en 27 agosto 
de 1554. 

El Rey le habia dado una ayuda de costas y á más cua- 
tro mil ducados para ornamentos, libros, campanas y de- 
más cosas necesarias al culto. Recibido con gozo por Ira- 
la y demás vecinos, llegó acompañado de cuatro clérigos 
y cuatro diáconos y la clerecía que en el país halló, fué: li- 
cenciado A nd rada, bachiller Martínez, presbíteros Lesea- 
no, Miranda, Paniagua, Fonseca, Carrillo, Escalera, Mar- 
tínez y uno ó dos más, los franciscanos Armenta y Lebrón, 
el gerónimo, y los dos padres de la militar orden de la 
Merced. 

V 

Decidióse Vergara á ir al Perú y le acompañó el obispo 
con catorce sacerdotes entre regulares y clérigos, con lo 
cual en vez de aumentar el clero paraguayo con la llega- 
da del Padre la Torre, disminuyó. 

A la vuelta de éste del Perú, es cuando tiene lugar la 
segunda aparición de San Blas, no á los que acompaña- 



— 108 — 

ban al obispo, sino á los indios. Ruiz Díaz de Guarnan 
q r ue debia conocer los dialectos indígenas, mejor aun que 
el castellano, al referir la batalla de Italin en 1568 dice: 
«apretando la pelea con valor, comenzaron á huir I09 
enemigos repentinamente, sin que los nuestros pudieran 
entender la causa, dejando el campo por nuestro, hasta que 
de ellos mismos se supo, que la causa de su huida fué el 
no poder resistir el furor 7 denuedo de un caballero que 
Heno de resplandor, con tal velocidad los alanceaba que 
no parecía sino un rajo. Túvose por cierto, que aquel ca- 
ballero y socorro fué el apóstol Santiago ó el bienaventu- 
rado San Blas, patrón de la tierra, y como quiera que fue- 
se el socorro fué del Altísimo Dios, que no permitió pere- 
ciese allí aquel buen pastor con sus ovejas, dándoles vic- 
toria de más de diez mil indios.» 

El mismo ilustre hispano paraguayo después de ocupar- 
se de la tiaición y engaño de los indios de Corpus Cristi, 
añade: cQuedaron muertos en el campo más de cuatro- 
cientos indios y á no hallarse nuestros españoles tan can- 
sados, sin duda ninguna los acabaran á todos, según esta- 
ban de desordenados y rendidos, y atónitos de unja visión 
que dicen vieron en un torreón del fuerte, un hombre ves- 
tido de blanco con una espada desnuda en la mano, que les 
cegaba con su vista; de que atemorizados caían en tierra.» 

Traía, conmemorando el anterior suceso, al dar escudo 
al primer pueblo que los españoles tuvieron en el Para- 
guay, puso en sus cuarteles la virgen de la Asunción, San 
Blas, una casa fuerte y un coco (especie de palmera). El 
Emperador modiñcó en algo el escudo, que Jispuso, sobre 
campo de gules en cuatro cuarteles, dentro del primero la 
virgen, en el segundo San Blas, y en los de abajo, en el 
primero un castillo y en el último una palma, un árbol 
frondoso y un león. 

El Cabildo tenía el título de ilustre y se componía de 
veinticuatro rejidores, fué uno de ellos, aunque honora- 
rio, don Manuel Godoy, príncipe de la Paz. 

La virgen la trajo el tesorero real Salazar por encargo 
de los colonizadores, y por eso se la apellidó conquistado 
ra; sus mejores joyas fuéronle donadas por doña Lorenza 
Delgadillo, espora del general Zabala. 

El actual escudo de la nación paraguaya, conserva lo 
más saliente del cuarto cuartel que al cabildo dio Carlos 
L: la bandera tiene una tradición, que aunque no muy 



- 109 — 

histórica no deja de ser poética, la de que sus colores son 
los del ramo de rosas, jazmines 7 azucenas que en el dia 
de San Isidro de 1811 entregó á Caballero en el cuartel 
doña Juana Maria de Lara, viuda de Bedoya. 

VI 

Apesar de las no pequeñas fatigas que juntos habian so- 
portado durante su viaje 7 vuelta del Perú, el obispo 7 el 
gobernador interino Cáceres, una vez en Asunción desa- 
viniéronse hasta el punto que el representante del poder 
civil prendió al provisor Alonso de Segovia 7 ordenó que 
nadie comunicase con el obispo. 

Este, parece ser que tenia también muchos partidarios, 
origináronse no poces escándalos 7 un dia el gobernador 
fué apresado en la misma catedral. Habiendo acordado 
remitirlo á España, el obispo se fué en el mis nao buque, y 
falleció en San Vicente en 1573, de edad 7a decrépita. 

No debió quedar muy buena fama á la sede de Asun- 
ción por cuanto el franciscano Juan del Campo, presenta- 
do para ella en 27 de febrero de 1575 falleció sin ver las 
bulas pontificias, siendo ó habiendo sido Comisario gene- 
ral del Perú: el agustino Luís López de Solis, salamanqui- 
no, consagrado por Santo Toribio, fué promovido á obis- 
po de Quito, sin tomar posesión, como tampoco su herma- 
no de orden, conciudadano 7 cotqo él residente desde jo- 
ven en Perú, Juan de Almazar, electo en 1576 siendo defi- 
nidor del Santo Oficio 7 catedrático de escritura en Lima. 

Por fin á fines de 1584 llegó al Paraguay el dominico 
Alonso Guerra, pregonizado en 27 setiembre de 1577 7 de- 
tenido en su ciudad natal de Lima, á causa del tercer con- 
cilio Peruano. 

Acompañóle su confesor 7 hermano de orden Francisco 
Navarro de Mendigorria. 

Ya por entonces el Cabildo parece ser que quería hacer 
su capricho en todo, no debió contentarle su obispo peru- 
lero 7 este «apesar de su humildad 7 bellas condiciones» 
(Zinny. Cronolojia obispos) ó tal vez á causa de ellas, á 
los dos añ09 escasos de hallarse en el paf* fué un dia, es- 
tando revestido de pontifical en su catedral, acometido por 
el Alcalde 7 otros, é inmediatamente embarcado para Es- 
paña, en donde fué nombrado obispo de Mechocan 7 allí 
falleció una década después. 

La fama de respetuosos á ¡a autoridad moral del obis- 
po, si alguna vez la hubieran tenido los paraguayos, debia 



/** 



— 110 — 

ya estar muy quebrantada después de lo acontecido con 
su primer obispo criollo; en 14 enero de 1596 se pregonizó 
obispo del Paraguay al valliso letano doctor Tomás Váz- 
quez de Liañn, que falleció en Santa Fé, sin posesionarse 
del puesto: en 24 Julio de 1601 se pregonizó al Agustino 
Baltazar de Covarrubias, hijo de Méjico, pero optó por 
otro obispado y falleció en Mechoacan, sin ver el Para- 
guay. 

Ya en él tenían obispo nuevamente, era este, nn sobri- 
no del fundador de la orden de los jesuítas, franciscano 
Martin Ignacio de Loyola, natural de Guipuzcua ó de 
Córdoba del Tucuman, pues no hay en esto unanimidad 
en los autores. 

Fué pregonizado en 9 octubre de 1601; celebró sínodo 
en 1603, donó diez mil duros para construir un hospital; 
escribió una Instrucción de Confesores, arreglada á las 
necesidades locales. 

Electo para la sede de Charcas falleció en 1606 en Bue- 
nos Aires, la cual en paite le debe su primera franquicia 
comercial. 

Vil 

No fué el franciscano obispo del Paraguay y sobrino 
del fundador de la orden de Loyola el que introdujo los 
jesuítas en su rbispado, que ya les debia dos servicios 
aunque no hubiesen pisado la tierra: uno, á Leonardo 
Nuñez que en 1552 salvó del poder de los indios feroces á 
los náufragos en Santa Catalina del navio del capitán Be- 
cerra; y otro, á Manuel Nobrega, que por su influencia so- 
bre los tupis logró de estos que dejaran pasará los con- 
ductores de los primeros ganados vacunos que en la Asun- 
ción se vieron. 

En 1579 el Monarca concedió permiso á los de Loyola 
para que se establecieran en Tucuman y Paraguay, pero 
no hicieron uso de la concesión, hasta 1586 que á ruegos 
del criollo, dominico Victoria, obispo de Tucuman llega- 
ron áeste procedentes del Perú cuatro jusuitas españoles 
(venerable Barzana, Ángulo, Gutiérrez y Villegas) y con 
procedencia del Brasil, un catalán (Juan Solani) un napo- 
litano (Armini) un irlandés (Filds) y dos portugueses (Orte- 
ga y Grau). 

En 1588, y por tanto estando en sede vacante, arribaron 
al Paraguay sus dos primeros jesuítas, que por cierto no 
eran españoles, Manuel Ortega y Tomas Filds; lo visitaron 



— 111 — 

hasta Jerez y fundaron, á pedido de los vecinop, en el afto 
1593, una Iglesia en Villa Rica del Espíritu Santo. 

Uernandarias debía haber influido para que los ignacia- 
nos no anduviesen tan distanciados de la capital, por en- 
tonces, del Rio de la Plata, j en el mismo año 1593 llega- 
ron áella Barzana, Saloni, Lorenzana y Águila, que no 
debieron tampoco quedarse en Asunción, pues no es nin- 
guno de ellos sino el padre Romero el que en 1594 funda 
en esta la primera casa de residencia: la cual en 1609 fué 
erijida en Colegio por el Cardenal Aquaviva. 

En 1609 ó 1610 los fundadores de la primera casa jesuí- 
tica en el Guaira también crearon la primera reducción 
en Loreto, si bien el método de atraer á los indios por me- 
dios religiosos y suaves ya se había iniciado mucho antes 
por el presbítero Hernando de la Cueva. 

Cuando se creó la primera reducción jesuítica ya habia 
sacerdotes paraguavos, uno de estos era el pronto obispo 
de Tucumán González Sanabria, otro el deudo de Hernán- 
darías, hermano de otro gobernador, y mártir en 1629, á 
los veinte años de haber cambiado la sotana por el hábito 
jesuítico, junto con oíros, en el Uruguay. 

Dejando por ahora lo concerniente al venerable Roque 
González y otros paraguayos ignacianos, anotaremos que 
en los dias de él una señora de la familia de Sanabria, lla- 
mada doña Francisca de Jesús Bocanegra que falleció en 
1617 fundó y fué la primera abadeza de una casa de Huér- 
fanos y Recocidas. El gobernador Martin Negron y el visi- 
tador Alfaro, años después, quisieron que se elevara á 
convento de monjas, p*ro el provisor canónigo Espinosa 
la entregó en 1627 á los dominicos, los cuaies la utilizaron 
para su convento, y la piadosa y útil institución desapare- 
ció, tal vez por no tener edificio propio. 

VIII 

Dominico Reginaldo de lÁzarraqa, hijo de Lima, antes 
obispo de Chile, entró en posesión de su silla de Asunción 
en 1608 y falleció en la misma ciudad unos seis años des- 
pués, siendo así el primer obispo del Paraguay que en él 
acabó sus dias. 

El clero del país debia ser tan escaso, que le costó tra- 
bajo á Hernandarias lograr que el obispo concediese á 
Marcelo de Lorenzana y Francisco de San Martin que pa- 
sasen de misioneros entre los indios, pues el segundo obis- 
po perulero efectivo del Paraguay decía que necesitaba á 



— 112 - 

sus clérigos y no podía entregarlos á los bárbaros antro- 
pófagos. 

Entre otras, se citan escritas por este obispo, una Histo- 
ria del Perú y otra sobre Fray Jerónimo de Loaysa pri- 
mer arzobispo de Lima. 

Sucedióle en 1617 el salamanquino Doctor Lorenzo Pé- 
rez del Grado que en 21 enero de 1618 fué promovido á 
la episcopal de Cuzco y allí falleció en 1627. 

Apesar del poco tiempo de su residencia en el pais visitó 
gran parte de la diócesis, abrió escuelas, dejó fama de muy 
limosnero y consagró en Asunción al obispo de Tucuman 
y Juego arzobispo de Nueva Granada, Julián de Cortázar. 

Dominico Tomns de Torres; madrileño, profesor durante 
ocho años en la Universidad de Lovaina (Bélgica) prego- 
nizado en 20 julio de 1619 tomó posesión dos años des- 
pués. 

Desavenido con el gobernador Frías, se fué en 1624 á 
presentar personalmente sus quejas á Cbuquisaca. En es- 
ta falleció durante el Concilio de 1629, sin volver al Pa- 
raguay. 

En este fué, enemigo de los jesuítas y de los francisca- 
nos, sin embargo desde 1626 volvieron ambas órdenes á 
su gracia, lo que se atribuye á unas conferencias que en 
Santiago del Estero celebró con el provincial de los pri- 
meros Nicolás Mastrelli Duran. 

La silla episcopal de Asunción debió volver á su anti- 
gua fama de estrecha é incomoda, al ver que sus obispos 
la ocupaban tan poco, y que solo uno, parece haber goza- 
do de sociego; nombróse para ella, al limeño dominico 
Agustín de Vega, vicario provincial en su ciudad natal, 
prior en Trujillo, Panamá, Cbuquisaca, Cuzco, que talle- 
ció sin tomar posesión; lo enterraron en la sala capitular 
de su convento de Lima, en un nicho que el mismo habia 
labrado en la pared. 

Elijióse después, al también dominicano Leandro de Gar- 
fias, andaluz, llamado pico de oro, lector de artes y teolo- 
jía en el Colejio Real del Rosario de Santa Fé, fundador 
del Col< jio Real de Santa Fó de Bogotá, que tampoco to- 
mó posesión y falleció en el mar. 

Reemplazósele, con Melchor Prieto, mercenario, herma- 
no del general de su real y militar orden y luego obispo 
de Alguer en Córcega, D. Gabriel, pero renunció la mitra 
por humildad. Era definidor general, Provincial de Cas- 



— 113 - 

tilla y autor de la vida del lego limeño, venerable Gonzalo 
Diaz de Marante. 

El episcopado de Asunción llevaba ja cerca de noven- 
ta años de existencia, tenía en su cronología 4 obispos 
americanos 8 españoles y 3 que no sabemos su lugar de 
nacimiento, pero tan solo un criollo había muerto tranqui- 
lo en su sele, después de gobernarla cinco ó seis años. 

En 1628 fué pregjnizado el Benedictino Cristóbal de 
Aresti, hijo de Valladolid, lector en Artes en Oviedo, defi- 
nidor general, catedrático de escritura, dos veces abad de 
Sarros: general por la congregación en España é Ingla- 
terra. 

Celebró sínodo en Asunción año 1631, al año siguiente 
recorrió la diócesis «600 leguas de ida y vuelta por des- 
poblados y desiertos, pasando muchas miserias, trabajos y 
necesidades.. ..gravísimos peligros de enemigos indios 
bravos de guerra y de arrecifes, saltos y golpes de viento, 
durmiendo de noche por los montes y campos y por los 
ríos en unas balsas formadas de canoas y cubiertas de es- 
teras [confirmó 19,850 personas sin contar las que en seis 6 
siete veces confirmó en Asunción) caminando para Villa 
Rica del Espíritu Santo, habiendo hecho saber los apuros 
en que se hallaban al verse sitiados por los mamelucos 
(portugueses, de San Pablo) con el objeto de quitarles y 
llebar los indios de aquel distrito como acostumbraban 
hacerlo de muchos años atrás. Según cálculo de los habi- 
tantes del lugar, pasaban de cien mil las personas robadas 
y llevadas de aquella provincia, destruyendo pueblos y 
reducciones de indios, profanando y asolando templos. 

Apresuró el viage, venciendo dificultades y peligros 

andando de dia y de noche, al llegar, después de tantas 
dificultades á dicha Villa, la encontró por el suelo, y los 
vecinos españoles é indios que pudieron recoger, atrin- 
cherados tras de una palizada. En vista de esto y sin fuer- 
zas para defenderse, y en posesión ya los portugueses de 
sus chacras y bastimentos, y próximos los caciques é in- 
dios principales á rendirse constreñidos por el hambre, 
trabajos y necesidad, el obispo los trasladó á loscamp< s d' 
Jarii de la misma jurisdicción, habiendo rescatado mas de 
4500 personas de aquel peligro é inminente cautiverio. In- 
mediatamente despachó con toda prontitud á la Asunción 
para que se le enviasen mil ó mas vacas con que ali- 
mentar á la gente, costeándolas el mismo .... Estando el 



— 114 — 

obispo dentro del cerco se tocó dos veces alarma y las dos 
salió con un crucifijo en las manos, acompañado de sus 
clérigos, animando á la gente y capitaneándola el mismo 
hizo su traslación con valor y ánimo hasta poner á todos 
en salvo.» (Trelles.) 

Al principio tuvo recelo de los jesuítas, luego los cono- 
ció y apreció. 

En 7 agosto de 1635 fué promovido á la silla de Buenos 
Aires, y unos autores dicen que allí falleció y otros que en 
Potosí. 

En el mismo año que A res ti fué nombrado obispo de la 
ciudad portefia, se pregonizó para la que ocupaba al agus 
tino Francisco de la Serna, natural de León deHuanuco 
(Perú) profesor de la Real Universidad de San Marcos, ca- 
lificador del Santo Oficio, gobernador de su orden, en Li- 
ma, muy partidario de la Compañía, no tomó posesión y 
fué de obispo á la Paz, falleció en 1647 en Quito. 

Franciscano Bernardino de Cárdenas: hijo de la Paz 
(Perú) al hablar de algunos gobernadores chilenos que tu- 
vo el Paraguay y de el mismo como gobernador ya indi- 
camos lo más resaltante de su incorrecta proceder. 

Presentado en 1638 para obispo, consagróseen Tucuman; 
en Roma la Sagrada Congregación con fecha I o septipm- 
bre de 1657 declaró que su toma de posesión no habia sido 
legítima y en 15 de Diciembre que él y su consagrador 
Fray Melchor Maldonado necesitaban absolución y dis- 
pensa; las que les otorgó el Pontífice en febrero del año si- 
guiente. 

En Perú gozaba fama de predicador apostólico y aman- 
te de los indios, en e I Paraguay no cometió mas que desa- 
ciertos, en los cuales, una parte de la culpa puede atii- 
buiae á su edad avanzada, también alguna, á su sobrino y 
hermano de hábito Pedro de Cárdenas y no poca á otras 
personas que ya hemos anotado. 

En 1647, sin duda para prevenir males que al fin sobre- 
vinieron, se le dio el obispado de Popayan, que renunció 
alegando sus muchos años, luego admitió el de Santa Cruz 
de la Sierra, de que no tomó posesión. Falleció en 1670 
en Chuquisaca «después de innumerables controversias 
con todas las autoridades con quienes, por una y otra cau 
sa, estuvo en contacto» (Zinny) y de 106 años de edad. 

En su ausencia rijió la sede del Paraguay I) Adrián 
Cornejo, con tino y circunspección. 



— 115 — 

Su sucesor, Dr. Francisco Godoy, hijo de Valdivia (Chi- 
le) catedrático de artes, canónigo, raajistral, maestre escue- 
la y deán en Lima; chantre, arcediano y deán en Arequi- 
pa, aunque electo, prefirió la sede de Guamanga, por lo 
ane fué pregonizado en 1666 el— 

Franciscano Gabriel de Guillestegui, guipuzcuano, comisa- 
rio de su orden en el Perú, consagrado en Lima de 1668, re- 
cibióse de su diócesis al año siguiente. 

Visitó las Misiones informando de ella muy favorable- 
mente al Consejo de Indias. 

En 1671 fuépiomovido ala mitra de la Paz en donde 
dicen unos autores que en 1673 entregó su alma al crea- 
dor mientras otros escriben que renunció aquel obispado 
y falleció en Asunción en 1673. 

Lo primero es lo más verosímil pues el limeño Fernan- 
do de Balcazar, canónigo, tesorero y arcediano en su ciu- 
dad natal, chantre en Trujülo, consta fué electo obispo del 
Paraguay y que falleció antes de que le llegaron las bulas 
ponticifiasy en 1674 fué electo el — 
Mercenario Faustino de las Casas, madrileño, recibido en 
1676, godernó diez años en paz y fué enterrado en Asun- 
ción. 

No tomó el Consejo mucha prisa para elegir otro y 
cuando en 1690 eligió al Mercenario Sebastian de Pasira- 
na, limeño, catedrático de la Universidad de su ciudad na- 
tal, e«te no tomó posesión, como tampoco el electo después 
Dr. Pedro deDurana, natural de Arequipa (Perú) de don- 
de era Arcediano; ni el que le sucedió en la pregonización 
Dr. Martin de Serricolea y Olea, limeño, vicario general 
del arzobispado de la Plata, hermano de D. Juan, Obispo 
de Tucuman. 

En 1724 á 9 de Octubre entró en Asunción el Obispo 
franciscano José de Palos, valenciano, antiguo guardián 
en Lima y provincial del Perú. 

La Provincia andaba por entonces muy conmovida y el 
obispo hubo de abandonarla por espacio de má9 de año y 
medio; entre los cargos que en una carta le hizo á Ante- 
quera figuia: cel escándalo sucedido en la iglesia parro- 
quial de nuestra señora de la Encarnación, en donde se 
habia reunido un concurso de todas las gentes de la Pro- 
vincia, y en donde las mismas mujeres más cualificadas 
venian a besar con mucha reverencia unos ojos de cristal, 
que el cura, sentado en un sillón y usia al lado de él, ha* 



— 116 - 

cía pasar por ser los ojos de Santa Lucia; habiendo entra- 
do el obispo prohibió este culto supersticioso, ordenando 
al cura que cerrase la ig'e9¡a á las cinco de la tarde». 

Si á un gobernador chileno le cabe no poca responsabi- 
lidad de los excesos del obispo peruano, á un gobernador 
peruano se le debe tener después de esto, por fomentador 
de la supertición, planta, que, sin embargo, nunca pudo 
arraigar en el Paraguay en la era colonial, por mas que 
una novena parte de su población estaba muy dispuesta 
por ser de sangre indígena casi pura. 

El obispo Palos rigió la sede en las más tristes y críti- 
cas circunstancias, en la época de Antequera y del Común 
apesar de ello, si cuando llegó, la iglesia paraguaya ese 
hallaba en extrema pobreza, al dejar de existir, era una de 
la* mas decentes y de la mejor provistas de ormamentos». 

Falleció en viernes Santo 4 de abril de 1738 y 6u testa- 
mento es tan curioso que nunca estará demás el copiarlo: 

«No tengo, señores, otros bienes que la pobreza religio- 
sa; esta cuja me la prestó un religioso; este colchoncillo, me 
lo dio la piedad de una mujer; aquella tinajera, es de un 
cura; esa caja, de un vecino honrado, y diciendo sus nom- 
bres ordenó se devolviesen; mientras yo restituyo la vida 
á la divina mag estad, que hasta ahora por su misericordia 
me la conservaba. No hay en mi casa otros espolios que 
los que hará la muerte en el saco de mi cuerpo, porque las 
alhajas que están á la vista no son mias sino prestadas». 

Después de algunos años de sede vacante fué electo en 
1742 el hijo de Arequipa Franciscano Dr. José Cayetano 
Palavicino: proministro provincial y procurador de Char- 
cas en la Corte de España; calificador del Santo Oficio, 
Guardian en Cuzco. A los cuatro ó cinco años pasó á la 
diócesis de Trnjillo, y á su muerte en este en 1750 dispuso 
que á los maestros de filosofía y teología del seminario se 
les diesen seis mil pesos de los sueldos devengados de la 
mitra, para su manutención y dotación: del Paraguay pa- 
rece que no se acordó, ni tenemos mas datos de él, apesar 
de lo ilustre de su apellido. 

Pregonizóse obispo del Paraguay en 1749 al limeño Fer- 
nando Pérez de Oblitas, que no tomó posesión y falleció en 
1760 en la sede de Santa Cruz de la Sierra; no llegó tam- 
poco ala Asunción, su obispo electo, Manuel López de 
Espinosa, natural de Trujillo (Perú). 

Manuel Antonio de la Torre; madrileño; se recibió en 



— 117 — 

19 diciembre de 1757 y fué promovido á la diócesis porte- 
ña en 1762. 

Franciscano Luis de Vélasco; madrileño, electo en 1779, 
falleció en Asunción. 

Franciscano José Friego Caro: madrileño: entró en 
Asunción en 20 de Noviembre de 1785 y falleció en la tiiU- 
ma en 16 junio de 1792. 

Dr. Lorenzo Suárez de Cantiliana: si alguno de los an- 
teriores obispos del Paraguay parece que casi no tienen 
biogtafía, este que la tiene fué electo en 1793, pero murió 
en 1799 Fin tomar posesión. 

Era hijo de Santiago del Estero (Argentina) compañeio 
de Matorras y de Arias en las empresas contra los indios; 
fundador de tres reducciones en el Chaco; examinador 
sinodal, canónigo de merced y deán en Córdoba. 

Doctor Nicolás Videla del Pino: nació en Córdoba del 
Tucumán, magistral y deán de la misma: del Consejo de 
su Magestad el Rey; se recibió en 20 septiembre de 1804 
y tres años después tomó el báculo de Salta, el que aban- 
donó en 1815 para volver al Paraguay y evitarse persecu- 
ciones. Francia embargó el buque que lo conducía y el 
obispo escapó en una chalupa á Buenos Aires, donde fa- 
lleció en 1819. 

Francisco Peiro Ignacio García de Panes: entró en 
Asunción en 8 diciembre de 1809, falleció en 14 octubre 
de 1838, después de un largo martirio que terminó por el 
envenamiento según los señores Peña y Navarro, y del 
cual nos ocuparemos. 

El último obispo de la era colonial era andaluz, lo mis- 
mo que el primero, no oblante ejto, de los treinta y cuatro 
obispos que desde 1517 hasta 1811 ha tenido el Paraguay, 
de cuatro no conocemos su lugar de nacimiento y fueron 
argentinos Suárez, Videla y tal vez otro; chileno Godoy; 
mejicano, Covarrubias y peruanos nádamenos que doce. 

De esos doscientos sesenta y tantos años, más de ciento 
sesenta ha sido sede vacante; en alguno (año 1662) dispuso 
el rey que se extinguiesen las canonjías, por no habrr 
quien las pidiese ni dinero para ellas: los que después de 
eóto y saber como se trató á algunos obispos y las expul- 
siones repetidas de los jesuítas del Paraguay nos digan 
que en este había teocracia les replicaremos aquellas pala- 
bras de DonQSo Cortés «creer que debo creer esas cosas, 
cuando se me afirma por los que rae las proponen como 



— 118 - 

ahjetos de mi fé, que no debo creer sino mi razón, que con- 
tradice todas esas cosas qne me son propuestas, es un des- 
propósito tan estupendo, una aberración tan inconcevible, 
que á su presencia quedo cómo desfallecido y atónito.» 

Potosí contribuía anualmente al obispo del Paraguay 
con mil chocientos treinta y dos reales, no sabemos por 
qué motivos, pero bien se deduce que la causa debía ser 
la pobreza de esta sede episcopal. 

Las rentas del obispo en el Paraguay se calculaban, cuan- 
do más, en seis mil duros anuales, de ellas tenia que abo* 
nar ochocientos siete al Dean, trescientos al Racionero y 
setecientos á las tres dignidades y los canónigos. «El ano 
1793 había entre todas las poblaciones y parroquias cien- 
to treinta y cuatro clérigo*; cuyas rentas no pasan, ni ape- 
nas llegan á lo necesario para vivir. . ..La renta del obis- 
po de Buenos Aires, se regula en 18 ó 20 mil duros, tiene 
los mismos prebendados que el Paraguay, pero cada uno 
con tanta renta como todos aquellos juntos» Azara (t. I) 

No obstante esto, en España hubo canónigos paragua- 
yos; en el Perú, frailes paraguayos; entre los jesuítas, no 
pocos paraguayos y en Córdoba del Tucuman y Santiago 
de Chile rumbosos y muy ilustres obispos nacidos en el Pa- 
raguay. 

IX 

Las cuatro épocas de la historia del Paraguay 

Con estos antecentes, que pronto ampliaremos, y me- 
diante los cuales sabemos que los criollos ocupaban pues 
tos públicos, que el obispado y la gobernación del Para- 
guay no eran cosas muy de desear y si puestos de expo- 
sición, ya tenemos seguros indicios para saber en qué loa 
gobernantes del siglo XIX se apartaron ó siguieron las 
huellas trazadas por los gobernadores. 
. No nos ocupamos ahora con especialidad de los Cabil- 
dos porque al hablar déla Agricultura é Industria, ten- 
dremos mas que base suficiente para comprender las ven- 
tajas estacionamiento ó retroceso que el país reportó al 
cambiarse en él los gobernadores por gobernante?. 

Para que más fácilmente se nos pueda comprender, ex- 
pondremos que la historia del Paraguay puede dividirse 
en cuatro épocas, bien marcadas, y que tin conocer cada 
una de ellas, no puedan explicarse bien las otras. 

Primera época- pre-historia, época ante-española, no sa> 



— 119 — 

bemos donde principia, pero si que, todo en ella es barba- 
rie evidente, sin que se poseyeran los mas rudimentarios 
medios y cosas para con ei trascurso de los siglos poderla 
dominar. No hay, no ya en el Paraguay, que esto importa- 
ría poco, sino ni en todo el continente Americano, alfabe- 
to, hierro, a* imales de carga y pilla, pan, vino ni moral, 
co«as todas las más rudimentarias pa^a la civilización. Se- 
gunda época: divídese en dos periodos. El primero abarca 
los años de 1540 á 1620. Fundación de pueblos, munici- 
pios é iglesias, introducción de las industria* agro- pe dia- 
rias y á más lo que se deduce pata qve crifUos que nunca 
han ealido del pais dicten leyes y gobiernen á maravilla 
(Hernandarias) otros, sean mártires por propagar la cultu- 
ra que á la Europa le había costado mas siglos adquirir 
que años contaban ellos de vida terrena y eso que Roque 
González Santa Cruz, no murió muy joven; otros, escri- 
ben la historia y llevan á cabo empresas que los historia- 
dores posteriores á él citarán siempre con encomio (Ruiz 
Diaz de Guzmáo) etc. Todo en este periodo es progreso, 
cultura, civilización, y un tal deseo de expansión, que un 
criollo logra franquicias comerciales por las cuales los 
productos que han dado las semillas introducidas por los 
españoles, van á ven *erse á puertos no españoles ya desde 
1602; y otro criollo funda la Universidad de Tucuman, 
mientras una dama de su familia crea la ca«a de Huérfa- 
nos y Recojidas etc. etc 

Segundo periodo: 1621 á 1810: grandes trabajos para 
consolidar el porvenir, en parte el Paraguay se ha ence- 
r?edo en su propio capullo, dá de sí á Azcona, l)r. Barrien- 
tes, Dr. Cañete, obispo Melgarejo, los Aichait y Rojas, 
pero en el interior sufre 1° porque cesa la acción impulsi- 
va de los primeros pobladores y no acuden otros á reem- 
plazarlos: 2 o por las devastaciones de los mamelucos y de 
los indios que no han sido sometidos á la vida agrícola: 
3 o por la autonomía que las leyes concedían á los mu- 
nicipios y el carácter bravio de aquellos hombres que lle- 
vaban siempre espada en la cintura y se veían en frente de 
gobernadores que no tenían el mando de la fuerza arma- 
da y 4 o y prircipal: porque nace al lado otro pu ¿blo, en 
mejores condiciones climato'ógica9 y geográficas, que ad- 
quiere prontamente un gran desarrollo, por esto, y porqu» 
afluye á él la población europea. 

Tercera época: al estudiarla la dividiremos en tres pe- 



- 120 — 

riodos: de los dos primeros diremos aquí que una borras- 
ca, no nacida en el país, lo envuelve en sombras, lnego 
condénsanse las nubes j tras entorpecer las inteligencias, 
estacionar la agricultura y matar el comercio, cae el para- 
guay en una larga noche sobre cuya lobreguez se distin- 
guen por fin algunos rayos de luz. 

Tercer periodo: que bautizaríamos con el nombre de lu- 
chas por la hegemonía del Rio de la Plata: y en el que ve- 
mos, sufrimiento individual y colectivo de los paraguayos 
por la integridad de la patria, amenazada por los herma- 
nos temerosos ú obcecados y el enemigo secular, porque 
el gobernante con exceso de confianza y sobra de precipi- 
tación, no estuvo á la altura de lo que la nación le daba y 
de lo que esta podía esperar de su antiguo general y mi- 
nistro. 

Cuarta época: principia en 1870 y muchos de los gober- 
nantes y sus contrarios viven, por lo que el partidismo, la 
pasión ó el agradecimiento, ennegrecen ó exalian los suce- 
sos, como es lójico y na'ural; por lo cual, no puede abrir- 
se juicio completo acerca de ella. 

Se llama algo impropiamente era constitucional, porque 
el país ha tenido otras constituciones, con anterioridad y 
esa misma constitución ni está reglamentada ni al alcance 
de la mayoría de los ciudadanos, ni es más que, una casi 
copia de la de otros paises de diversas necesidades, tradi- 
ciones, usos, leyes y hasta teligión é idioma. 

No obstante todo esto, no dudamos que la era constitu- 
cional dará buenos frutos aun cuando al conmemorar su 
XXV aniversario escribía el Dr. Garay (La Opinión) «en 

1870 era planta exótica que en un principio sufrió 

graves lesiones porque se había olvidado y había 

desaparecido, extirpado por sesenta años de tiranía, el ger- 
men republicano dejado en la conciencia popular por la 

legislación colonial española y el ejemplo de 

nuestro glorioso Cabildo;» de lo cual se deduce, que esta- 
mos en un periodo de Renacimiento, por varios conceptos. 

Dr. M. Fernández Sánchez. 
Continuará (1) 

(1) Erratas man notables del número anterior 

niCK DEBB DECIR 

Pag. 50 línea 35 presa prex 

<• 03 « 3t hermano hermana 

i 54 i 40 juhlificado fustigado (y. dtl A.) 



121 — 



El Oratorio 

DE LA VIRGEN DE LA ASUNCIÓN (*) 



¡Cuan triste en las ruinas y humillado 

Reposa lo pasado! 
Los recuerdos de histórica grandeza 
Que á la memoria trae el pensamiento, 

Mueven el sentimiento, 
Con vagas emociones de tristeza. 

El alma á otras edades se transporta, 
Reflexiva y absorta, 

T escucha entre las sombras del olvido, 

Que atrás el implacable tiempo deja, 
Una silente queja 

Que á lo futuro envía lo que ha sido. 

En mi espíritu infunde igual efecto 
El tristísimo aspecto 

De ese hermoso edificio abandonado, 

En donde vá Ia acción demoledora 

Del tiempo, hora tras hora, 

Dejando el sello destructor grabado. 

Magestuosa en el espacio y bella 
La cúpula descuella, 

Y en el ápice ver se me figura 

Que el genio de las artes, con encono, 
Maldice el abandono 

En que yace tan noble arquitectura. 



(*} Esta producción poética, escrita especialmente para la Revista do la 
Sociedad, fué publicada en La Opinión por motivj de haber t irdad:> aqué- 
lla en hacer su aparición y á objeto de no perder su oportunidad. 

El presentimiento de) poeta, expresado en tan bien modélalos versos, 
va a convertirse en una hermosa realidad. La ley de emmón, de *e cna *J 
de Ociubre de 1896, en su art. 13 inciso 10, destinó para la terminación del 
Oratorio la suma de 120.000 f . Unimos nuestros votos á los del autor, san- 
cionados por los votos de los legisladores, para, que se lleve a cabo cuan- 
to antes esta obra que es á un mis no tiempo un recuerdo y una glori*. 



— 122 — 

¿Y á quién que aprecie el arte no quebranta 

£1 ver incuria tanta? 
Corintios capiteles sin adornos, 
Rotas cornisas, desnudez en todo, 

Que en lastimoso modo 
Presentan los artísticos contornos 

Sombría, descansando en los seguros 
Desmantelados muro?, 

Muestra en el centro su amplitud interna 

La bóveda del triste santuario, 
Desnudo y solitario 

Como el vasto interior de una caverna. 

Por las altas ventanas descubiertas, 
A la intemperie abiertas, 
Que circundan la base del cimborio, 
Las ráfagas del viento entran y zumban, 

En la altura retumban, 
Y parece que gime el Oratorio. 

[Cuántas veces su artística estructura 

Miré con amargura, 
Cuando de noche su perfil sombrío 
Se dibuja simétrico y redondo 

Sobre el oscuro fondo 
Del anchuroso y tétrico vacíol 

Melancólicos son los pensamientos, 

Que en aquellos momentos 

De soledad, despiertan la conciencia, 

Mirando el abandono de aquel templo, 
Como un funesto ejemplo 

Del triunfo de la impía indiferencia. 

El almo sentimiento de lo bello, 

Inefable destello 
Del infinito Ser, que el alma eleva, 
Allí se encuentra frío, inanimado, 

Pidiendo el inspirado 
Vivificante aliento que le mueva: 



- 123 — 

Sentimiento purísimo que inspira 
Los ritmos de la liía, 

Que da luz al pincel, alma á la austera 

Forma brutal de la materia inerte, 
Que refleja la suerte 

De los pueblos, y educa y regenera. 

¿Y cuándo ese divino sentimiento 
¡Oh, triste monumento! 

Vendrá de la ruina á preservarte, 

E imprimiendo su pello á tu belleza, 
Demuestre en su grandeza 

Culto á la Religión y amor al Arte? 

Presiento con placer cercano el día, 
En que abata á esa impía 

Indiferencia la virtud cristiana, 

Y lo que es hoy baldón que nos deprime, 
Si el arte lo redime, 

Artístico primor será mañana. 

V. Alenté 
Agosto 15 de 1895. 



Prácticas anejas en las Escrituras 



£1 sistema escriturario para llenar cumplidamente su 
misión debe guardar perfecta armonía con las prescrip- 
ciones legales que reglamentan los derechos, de tal mane- 
ra que aquel constituya la expresión clara y precisa de 
esta?. 

La constatación por escrito de los derechos es una de 
las funciones sociales de la mayor importancia y se en- 
cuentra á cargo de los Escríbanos que son las personan 
autorizadas por el Poder Social para intervenir en las ac- 
tuaciones judiciales y prestar la autoridad de lafé pública 
á ciertos actos solemnes ó fehacientes, que reúnan ademas 
las condiciones establecidas por la ley. 

¿Cuál es la forma en que deben producir sus actos para 
tener fuerza y valor legal indudable? La historia de todas 



- 124 — 

las legislaciones nos enseña cuál es el origen de los escri- 
banos, y coloca su oficio entre los servicios públicos, crea- 
do), reglamentados y vigilados por el Poder Social, y por 
¡a naturaleza propia de los que ejerce, indica claramente 
que no es el ejercicio de un derecho individual pertene- 
ciente á todo ciudadano, fundado en la libertad de trabajo 
y de industria, nacido de la capacidad de derecho que ¿ 
todo hombre corresponde y garantido por su propia res- 
ponsabilidad, sino un servicio en la Administración de 
Justicia constituido en Poder Público en virtud de sus 
atribuciones de resolver las cuestiones de interés privado, 
como un elemento indispensable de Gobierno y cuya au- 
toridad } facultades emanan directamente de la Constitu- 
ción Nacional que lo crea y las leyes orgánicas que regla- 
mentan su ejercicio. 

Esa facultad de prestar fé pública á los actos de la vida 
civil y auxiliar la acción de la justicia, hacen de los escri- 
banos empleados secundarios y auxiliadores del Poder Ju- 
dicial. 

Los protocolos de los escribanos con registro y los ex- 
pedientes judiciales son una verdadera propiedad pública 
pues, se forman, no por el trabajo de los fedatarios, sino 
por la acumulación de los contratos y actos unilaterales 
como testamentos y reconocimientos de filiación ó causas 
tenidas por innumerables ptirticulares y en las que reque- 
rida la intervención de un escribano, ha sido ella debida- 
mente pagada, como no son de los abogados todos los ex- 
pedientes en que tienen exclusiva intervención. 

La sociedad costea esos cargos porque la ley obliga á 
los individuos que la componen á pagar al escribano con 
arreg'o á arancel las costas de sus asuntos judiciales así 
como el registro de actos y contratos que, como condición 
de valiiez, la ley exige ó que las partes tienen t,ue realizar 
para dar á los hechos ó las obligaciones que contraigan, 
todo el valor y energía de una prueba plena y conclu- 
yente. 

No son, pues, propiedad de los Escribanos los protoco- 
los ni los espedientes, y no pueden serlo tampoco de cada 
una de las personas que han intervenido en ellos; es en 
viitud del derecho é interés social de que todos esos con- 
tratos y espedientes se encuentren en seguridad de otros 
derechos futuros que la Ley Orgánica de los Tribunales 
ha creado un Archivo General, donde deben depositarse 



- 125 — 

bajo la vigilancia del Poder Judicial porque á esa rama 
del Gobierno incumbe la conservación y guarda de esos 
intereses sociales y tiene en esa oficina como en las escri- 
banías la superior administración y responsabildad de tan 
valiosos depósitos, acumulados por las sociedades, su le- 
gítimo dueño. 

Esos documentos que fijan los derechos privados y su- 
ministran á los Jueces una prueba concluyente para deci- 
dirlas cuestiones que se susciten, deben ser extendidos por 
personas con título de competencia, versadas en la Filolo- 
gía, Filosofía, Derecho, en la práctica de los negocios y 
en las formas de escrituración y actuación para que los ac- 
tos y contratos pasados ante ellos reúnan los requisitos 
establecidos por la ley para su validez. 

Resulta entonces que la estabilidad de los derechos con- 
signados en las escrituras depende principalmente de la 
forma en que se extiendan ú otorguen. La esposicion senci- 
lla y exacta de los hechos ú objeto materia del contrato ó 
acto, la expresión clara y positiva de la voluntad de los 
contrayentes, elemento fundamental de todos los actos ju- 
rídicos, arreglada con los preceptos legales que rigen ca- 
da caso, y la enunciación del estado de las personas y su 
capacidad constituyen la esencia de las escrituras. 

La gran autoridad de que gozan ante la ley, proviene 
del conjunto de esos requisitos que deben resultar de los 
términos en que están redactados esos documentos y lle- 
van á los hombres la confianza y la seguridad de ser in- 
cuestionables los derechos y cláusulas que contienen. 

Lealtad y saber y prudencia, tres calidades personales que 
son otras tantas virtudes, exigen las leyes para ser escriba- 
no como garantía de la fidelidad en el cumplimiento de sus 
delicadas funciones. 

Calidades indispensables para el importante rol pue de- 
sempeña en las relaciones jurídicas y sociales. Los ras- 
gos de su carácter democrático y digno, le atraen simpa- 
lías y lo hacen depositario de la fé o confianza, del que 
necesita sus servicios profesionales. 

£1 escribano, según la manera de pensar de la generali- 
dad de lasgentep, debe conocer en que forma se consoli- 
dan y hacen Valerios derechos del hombre ante la justicia 
humana. 

Por eso, sin el menor escrúpulo le consultan, aún sobre 
lo que es más íntimo de los negocios y del hogar. Y cuL 



- 126 — 

dado con aconsejarles mal, porque se expone á compro- 
meter sus intereses, á llevarlos á la ruina, pues segura- 
mente sus indicaciones son pira el que los consulta una 
lev. 

Si el escribano no conoce bien el derecho civil, en sus 
relaciones más importantes con las necesidades del hom- 
bre en sociedad ylas formas de escrituración y de actuación, 
evidentemente su desempeño será perjudicial ó desairado. 

Si ha llegado á penetrarse de su misión y posee los ele- 
mentos de saber indispensables para ello, ademá3 d*»l de- 
sempeño en su profesión, llenará uno de los fines del hom- 
bre sobre la tierra, el ser útü á sus semejantes. 



La escritura pública es la forma fehaciente en que se 
manifiestan exteriormente los contratos y actos más solem- 
nes de la vida. 

Parece mny natural que ese ramo de los servicios pú 
blicos, estrehamente vinculado con la instrucción secun- 
daria y superior, debe seguir de cerca los cambios de la le- 
gislación y el desenvolvimiento general del país. 

Hoy que se encuentra pendiente dei Congreso la 
sanción de una nueva Ley Orgánica de los Tribu- 
nales, es oporturno hacer lo posible para que se destierro 
algunas prácticas aftej is, cuyo origen arranca de las an- 
tiguas leyes españolas que nos regían y actualmente no 
tienen razón de ser, pero que todavía por rutina se obser- 
van en el ejercicio de la profesión de Escribano, las cua- 
les no están por cier.o en armonía con el Código Civil, ni 
con los adelantos que hemos realizado. 



Bnlre esas antiguallas que deben abolirse, merece una 
mención especial e¡ signo en las escrituras que hasta ahora 
aparece en algunos instrumentos públicos, aunque la ley 
orgánica lo haya suprimido reemplazándolo por el sello. 

El signo en las escrituras ¿á qué conduce? ¿Acaso les dá 
mayor autenticidad? ¿Sirve siquiera de adorno en la matriz 
y sus testimonios? Nada de eso, importa simplemente un 
tributo pagadado á la antigüedad. 

Suprímale pues, por una disposición terminante y nada 
se habrá perdido con ello, por el contrario desaparecerán 



— 127 — 

de las escrituras esos gerojjlíficos que basta desdicen de la 
seriedad que debe revestir todo acto jurídico. 



El minutario ¿qué objeto práctico tiene? Ninguno abso- 
lutamente sino el dar mayor trabajo al Escribano que de- 
sempeña un Registro. Todo lo que no se consigna en la 
e c critura carece de valor y queda entonce3 reducido aun 
simple apunte. No se conoce ningún caso en que ese li- 
bro haya sido utilizado para nada, á menos que su utili- 
dad consista en guardar una psrte del polvo de la oñcina 
en que se encuentre. 



¿La rúbrica de los cuadernos de papel sellado 

en que deben entenderse las escritura?, — dada la f<>rma en 
que se lleva el Registro por numeración sucesiva, sellada 
cada foja por el secretario del Superior Tribunal y el en- 
cadenamiento de las escrituras unas con otras, — ¿importa 
mayor garantía para el | úblico? 

Creo que no, y que su supresión se impone, primero por 
innecesaria, y segundo, para quitar esa pesada tarea al 
Presidente del Tribunal, que podrá ocupar con ventaja el 
tiempo que pierde en la rúbrica, en el estudio y despacho 
de las causas pendientes. 



El encadenamiento en las escrituras, es una de las me* 
didas más eficaces ideadas por los legisladores para re- 
vestir de mayor garantía á esa clase de instrumentos pú- 
b'icos. 

Tan excelente disposición no se encuentra en la Ley 
Orgánica de los Tribunales que está en vigor y algunos 
Ktjcribanos han dejado por coi» pleto de observarlo en la 
práctica, seguramente por no tomarse la molestia de agre- 
gar algunos renglones en las matrices y los testimonios ó 
copias que expiden. 

Pero la forma en que antiguamente se hacía no era cor- 
rí cta, porque las escrituras otorgadas en un Registro son 
actos reservados y que por lo mismo no debe conocerlos 
todo el que quiera. 

El eulace de una escritura con atra tiene su origen en 



— 128 -r 

el Derecho Romano y fué en los primeros tiempos la úni- 
ca formalidad para reconocer fecha cierta á esos docu- 
mentos. Las legislaciones posteriores, canónica, española 
y francesa, lo han consagrado igualmente trasmitiéndolo 
á los códigos modernos, como uno de los requisitos nece- 
sarios para dar autenticidad á las escrituras. 

Las leyes de Partida y Recopiladas lo establecieron de 
un modo esplícito y en virtud de esas disposiciones se ha- 
cía así:— Esta escritura es la que sigue inmediatamente á 

I a de (tal naturaleza), otorgada por á favor 

de .con fecha de y al folio 

¿Es posible encontrar un medio de dar mayor publici- 
dad á las escrituras otorgadas en un Registro público, que 
empleando el encadenamiento expresado? 

Supóngase que la escritura precedente es un testamento, 
uno de los actos más reservados; deja de serlo desde el 
momento que en la escritura siguiente se hace constar que 
la anterior es el testamento de Don Fulano de Tal otorga- 
do en tal día y á tal oficio. 

Lo mismo acontecería con las escrituras de protesto, re- 
conocimiento de hijos naturales y otras tantas, cuyo cono- 
cimiento puede ocasionar serios perjuicios á los interesa- 
dos. 

Debe establecerse esa práctica y á mi juicio habría un 
medio sencillísimo de subsanar el grave inconveniente 
apuntado: consistiría en numerar las escrituras como se 
hace actualmente y al encadenarlas hacerlo de e3to mo- 
do:- Sigue innif diatamente á la escritura número. ... . .. 

otorgada en tal fecha, al folio 

Con esa reforma, se cons°guiría la no publicidad de ac- 
tos que por su naturaleza deben ser reservados, á la vez 
que existiría la garantía más completa de la correlación 
en las escrituras, ligadas, corno estarían por los números 
sucesivos y fechas, además de la garantía que contra la su- 
plantación de instrumentos presenta la numeración de los 
sellos y la foliatura de los cuadernos del Registio, que ac- 
tualmente se observa. 



La redacción de las escrituras debe simplificarse muchí- 
simo. Conviene eliminar esa fraseología redundante é in- 
sustancial, que solninente sirve para extraviar ó conf indir 
el jui:io de la generalidad délos hombres, hace aburrida 



— 129 — 

la lectura de esos documentos hasta para el mismo intere- 
sado y no pocas veces suscita pleito-injustos. 

Basta citar algunos ejemplos para demostrar la reali- 
dad de ese h:cho. En efecto, las cláusulas consignadas en 
los contratos de compra venta de que «el vendedor se de- 
siste de los derech s de dominio y posesión que tenía al 
bien raiz ó mueble vendido, — y que se obliga álaevicción 
y saneamiento del mismo» son perfectamente inútiles; la 
primera porque según el artículo 1323 del Código Civil, 
*habrá compra y venta cuando una de las partes se obliga á 
trasferir á la otra la propiedad de una cosa y esta se obligue 
á recibirla y apagar por ella un precio cierto en dinero* ; es 
decir que por el solo hecho de enajenar queda completa- 
mente desligada de todo derecho á la propiedad sin nece- 
sidad deque se consigne expresamente esta circunstancia, 
y tratándose de la posesión es bien sabido que la sola de- 
claración del tradente de darse por desposeído ó de dar al 
adquirente la posesión no suple las formas legales— artícu- 
lo 2378— la posesión de los inmuebles solo puede adquirir* 
se por la tradición hecha por actos materiales del que ent* ega 
la cosa con asentimiento del que la recabe ó por actos mate- 
riales del que la recibe, con asentimiento del que la entrega — 
art. 2379-y el derecho de propiedad se pierde por enagenación 
de la cosa, cuando uno adquiere el dominio de ella por la 
tradición en las cosas muebles y en los inmuebles, después 
de firmado el instrume* to público de enagenación seguido de 
la tradición— artículo 2609; - y la segunda porque la cláusu- 
la de evicción es natural cerno inherente á la venta de co- 
sa propia, pues las ajenas no pueden venderse — artículo 
1329 —y aun cuando no se diga en el contrato, el que ven- 
de una cosa debe sanearla en todo tiempo á menos que 
expresamente se haya convenido lo contrario— artículos 
2097 y 2099— en cuyo caso habría llegado la oportunidad 
de hacerlo constar en la escritura. 

En los poderes, hipotecas, chancelaciones y demás es- 
crituras públicas, se observa generalmente el empleo de 
muchas palabras inútiles, á la vez que la falta de otras 
cláusulas indispensables que se omiten. 

Venancio V. López 
(Continuará) 



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CAMIRE 

Por Mr. de Florian 



(Novela nacional traducida del francés y anotada por don Gaspar Zavakt 
y Za?nora, en 1811) 



Ya conoceréis probablemente por la descripción de loa 
viajeros aquel hermoso territorio situado entre Chile, el 
Perú y el Brasil, (*) cuyo menor tesoro son las minas de 
oro y plata que contiene. Un clima de los más templados, 
un terreno feraz, los rios caudal ¿sos, los bosques, las pro- 
ducciones de la Europa unidas á las de la América, la 
abundacia de fruto*, de toda especie de animales útiles, 
dispensan A poca costa á los habitantes del Paraguay 
cuantos beneficios suministra la naturaleza á todo el resto 
del mundo. 

Sebastian Gabot fué el primero que le descubrió en 1626, 
subiendo el rio que él llamó después Bio de la Plata. Las 
barras de este metal, que los naturales presentaron á los 
españoles, atrajeron inmediatamente á otro6 navegantes: 
edificaron á Buenos Aires: construyeron algunos fuertes 
en el centro del país, estableciéndose por último en la 
Asunción sobre el rio del Paraguay. 

Sus moradores al arribo de nuestras tropas abandonaron 
sus hogares; principalmente los Guaran eses pueblo nume 
roso y de gran poder, se reararon á unas montañas inac- 
cesibles cuyo camino nos era absolutamente desconocido. 

Muchas veces intentamos penetrar su maleza, pero siem- 
pre fueron nuestros soldados ó víctimas de la hambre, ó 
de las flechas de los salvajes. En una palabra, estaba cer- 
rada la comunicación entie ellos y los españoles; y codo 
los campos permanecían incultos, y la colonia reducida á 
traer socorros de la Europa, no podían hacer los mayores 
progiesos. 

Hallábase en este estado á principios del siglo XV11, 
cuando llegó por su gobernador dou Fernando de Pedre- 

(*) El autor se refiere a los antiguos liniitea del Paraguav (N. de la D.) 



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ras, cuyo genio no era el mas á propósito para ganar el 
corazón de aquellos indios Fiero y despótico quería suje- 
tarlo todo á su gusto; celoso de su autoridad, y llevado del 
deseo de acrecentar su fortuna, ocupaban su corazón el 
orgullo y la avaricia. Grangeóse bien pronto el odio de 
sus habitantes, tanto que los pocos indios que seguían lle- 
vando comestibles, no tardaron en internarse en las mon- 
tañas á incorporarse con los Guaraneses. 

Entre los últimos misioneros que llegaron á Buenos Ai- 
res, iba un anciano Jesuita llamado el P. Maldonado, hom- 
bre de gran virtud, y de mucha elocuencia para el pulpito. 
No le habían conducido al claustro la ambición ni los re- 
mordimientos: piadoso desde su tierna edad, dotado de 
una alma sensible, bien inclinado, y amante de la paz y de 
la virtud, entró Jesuita á los diez y ocho años de su edad, 
por gozar la una y conservar la otra. Desie entonces ha- 
bía empleado su vida en consolar al triste, y buscar al des- 
graciado, gastando en socorrer á I03 pobres el considera- 
ble patrimonio que habia heredado de sus padres Vién- 
dose ya á ios sesenta años de edad sin tener que dar, pidió, 
con mucha instancia que le enviasen A América, por no 
subsistir en un pais donde veia tanta pobreza sin poderla 
remediar. 

En el Perú, solh decir, á todos sobra riqueza, y falta el 
evangelio: Hevémosele pues, que no es tan corto el tesoro 
que voy á repartir entre sus hijos. 

• Cumpliéronsele sus deseos, pero le causó mucha sorpre- 
sa el ver cuando llegó á la Asunción, en vez de indios que 
convertir, cristianos solamente que consolar. Avivóse mas 
su cío: visitó ásus habitantes: ganó su confianza: oyó sus 
quejas: consoló sus pena?; y ee constituyó su abogado pa- 
ra con el inflexible gobernador. Bendecíanle todos,y respe- 
tábale hasta el mismo Pedreras que desde su llegada co- 
menzó á mostrarse mas afable. 

Un dia que Maldonado se paveaba solo algo lejos de la 
ciudad, siguiendo la orilla del rio, oyó algunos alaridos y 
distinguió á un muchacho de doce á trece años, desnudo, 
y llorando amargamente, incorporaba con sus débiles ma- 
nos, é intentaba dar calor con sus caricias, al cuerpo in- 
móvil de un hombre de treinta á cuarenta años, desnudo 
también, lleno de lodo, los cabellos mojados y sin aliño, 
y cuyo aspecto daba bien claras señas de una larga fatiga, 
y pene sa muerte. 



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Apenas descubrió el niño al Jesuita, corrió hacia él 
apresurado, se echó á 6us pies, abrazó M19 rodillas, y es- 
trechándolas con vehemencia, clavó en él los ojos, pro- 
nunciando algunas palabras interrumpidas, que no pudo 
entender, por ignorar aquel idioma, pero que llegaron á en- 
ternecerle. Le levanta cariñoso al niño, se deja conducir 
por su maro hacia el cadáver, le examina, le tienta, y le 
halla helado. La afligida criatura observa atentamente los 
movimientos del Jesuíta, é infiriendo por sus miradas y 
ademanes que había ya espirado, se arroja sobre el cadá- 
ver, le besa mucha» veces, se arranca los cabellos, y le- 
vantándose de improviso, corre á precipitarse en el rio. 

Maldonado, á pesar de su edad, mas ágil y fuerte que el 
muchacho, le detuvo, y como si hubiera de entenderlo, 
quiere consolarle con palabras; sin embargo, como iban 
mezcladas con sus lágrimas, no dejaba el niño de compren- 
der alguna cosa. Acariciaba á Maldonado, y le señalaba 
sin cesar el cadáver, pronunciando el nombre de Alcay- 
va: mostrábale después el tío, pronunciaudo también el de. 
Guacólde: llevábase la mano al corazón, inclinándose so- 
bre Afcaypa; y luego extendía los brazos hacia el río; 
repitiendo muchas vecrs Guacólde. Maldonado que »e afa- 
naba por entender sus ademanes, infirió que el salvage 
muerto era su padre y que se llamaba Alcaypa, pero no 
pudo comprender por qué extendía tantas veces loe brazos 
hacia el río, llamando á Guacólde. 

Después de algunas horas que empleó en persuadir al ni- 
ño para que se fuese con él á la ciudad, por no querer aban- 
donarle, vio pasar casualmente por allí á un soldado, y le 
ropo fuese á traer de la Asunc ón un cirujano. No- tardo 
en volver con él, y examinando al indio, ratificó que había 
muerto: hicieron a instancias del jesuita un hoyo en la are- 
na, y le depositaron en él mientras el piadoso ministro suje- 
taba al desconsolado muchacho, que al ver lo que hacian 
con el cadáver, doblaba su llanto y alaridos. 

Logró por fin llevarle en su compañía: le acarició, le pre- 
sentó algún alimento; y se le hizo tomar después de mil 
instancias. Mostrábase sensible á la bondad de Maldona- 
do, corriendo muchas veces á besar su mano: mirábale 
traspasado de dolor, y volvia de nuevo á su acerbo llanto. 
Así pasó nuestro tierno salvage aquella noche sin dormir 
ni un solo instante; y apenas amaneció, dio á entender al 
jesuita por señas que queria irse. Salió en efecto con él, y 



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9e dejo conducir por su mano hasta el paraje en que ha- 
bían sepultado á su padre. 

Luego que llegó se puso de rodillas sobre la sepultura, 
besó mil veces la arena y quedó por largo rato arrodillado: 
levantóse luego, y corrió á la margen del rio, y allí repitió 
la misma ceremonia. Volvióse á donde estaba él enterne- 
cido Maldonado, levantó al cielo los ojos, pronunció con 
abatimiento los nombres de Al cay p 2 y de Guacolde, y ha* 
ciendo s<ña con la cabeza de queja no existían uno ni 
otro, se arrojó en sus brazos, como dándole á entender 
que habiendo ja perdido cuanto tenía en el mundo, se en* 
tregaba á él enteramente. 

Fuese consolando poco á poco en fuerza de amor 7 des- 
velos de su bienhechor: agradecido y dócil procuraba obe- 
decerle, y aun adivinar lo que había de agradarle. 

Condescendió en usar vestido, acostumbrándose sin re- 
pugnancia á unos usos que él desconocía. Dotado de una 
penetración singular, y una admirable memoria, se impuso 
en poco tiempo lo bastante en la lengua castellana, para 
entender y ser entendido; pero la primera voz que acertó 
á pronunciar, y que retuvo en su memoria, fué Padre mío, 
sorprendiéndole no poco cuando entendió «u significado, 
el ver que así llamaban t^dos á Maldonado. Ah padre 
míot le dijo, la primera v^p, yo no creía pronunciar mas 
este tierno nombre; pero te debo esta felicidad, y conozco 
que eres el mejor hombre del mundo, cuando todos te lla- 
man padre. 

Ya que se halló en disposición de costestar á las pregun- 
tas del jesuíta, le instruyó de su nacimiento y su desgracia, 
cuya narración hizo sobre la huesa misma de aquel á quien 
lloraba todos los dias, en estos términos: 

To me llamo Cara iré: soy uno de los infelices Ouarane- 
ses, á quienes arrojaron los españoles de esta llanura, y 
actualmente viven en los bosques que hay á espaldas de 
de esas montañas azules. (1) 

To era el único hijo de Ahaypa y Guacolde, los cuales 
se amaron y me amaron tiernamente hasta su muerte. 
Cuando mi padre me llevaba consigo á caza, nos acompa- 
ñaba mi madre; y cuando me quedaba en casa con ella, mi 
padre no acertaba á salir. Pasaba los dias á su lado, y las 
noches entre sus brazos: si yo estaba contento, ambos se 

(1) Llamadas asi por las muchas piedras de este color que se hallan en ellas. 



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tenían por felices, y resonaban en nuestra cabana sus can- 
ciones: si yo padecía algún mal, ambos le sentían; y en fin, 
si yo dormía ellos se miraban en mí, y mi sueno les servía 
de descanso. 

En este tiempo vino á atacarnos en nuestras selvas una 
nación que los vuestros arrojaron del Brasil: les dimos la 
batalla, pero quedamos vencidos; por cuya razón obliga- 
dos á huir mi padre y madre, construyeron á toda prisa 
una canoa de corteza de árbol, y metiendo en ella dos 
hamacas, una red de pescar, y dos arcos, ncs embarcamos 
los tres, y nos entregamos á la corriente del rio, sin saber 
que rumbo tomar, por tener á la espalda un enemigo, y 
tener también el venir hacia nosotros. 

El rio había salido de madre, y traía muchos árboles 
corpulentos entre sus aguas, los cuales sumergieron de 
improvisto la canoa. Asióme entonces mi padre de una 
mano, y se arrojó á nado, y mi madre, aunque debilitada 
por una larga enfermedad, hizo lo mismo, ayudando á mi 
padre á sostenerme. No tardo la fatiga en acabar sus 
fuerzas y las mias, y Alcaypa que lo notó, nos puso á los 
dos sobre su espalda y así batalló algunas horas con la cor- 
riente, sin poder ganar la otra orilla á causa de las muchas 
rocas. Llevábale la rapidez del rio, y aunque se sentía ya 
sin aliento, no quizo manifestarlo, por vernos incapaces de 
sostenernos sobre el agua. Ya en fin,al acercarse á esta mar- 
gen donde forma el rio una especie de llanura, todos va- 
mos á perecer, dijo mi padre, pues no me es posible llegar 
con tanto peso á tie-ra: si te quedara, amada Guacold», 

algun aliento para seguirme un instante, tal vez no 

acabó de decirlo, cuando mi madre se arrojó al rio y arre- 
batada por la corriente se sumerge, y desaparece gritan- 
do: valva á nuestro hijo y yo moriré gustosa. 

Yo quise arrojarme tras de mi madre, pero Alcaypa, que 
rae tenia asidos ambos brazos con una mano, hizo un es- 
fuerzo sobre su debilidad, y acabó de atravesar el no: to- 
ma tierra, rae deja sobre la arena, me abraza y cae muer- 
to á mis pies: tú sabes lo demás, pues llegaste á tan lunes 

Oíale el jesuíta enternecido, sin hacer por consolarle, ni 
enjugar sus justas lágrimas; pero las acompañó con la suya 
v esto moderó en algun modo la pena de Caroiré. 

La bondad de Maldonado fué cautivando roas y mas su 
corazón sensible: le enseñó á leer y escribir con una fact- 



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lidad increíble: le habló en la religión pintándosela cual él 
la conocía con elocuencia tanta, que rio tardó en hacérse- 
la amar á su dicípulo. Creía sin repugnancia cuanto le de- 
cía su muestro, porque le veia practicar lo mismo que á él 
le aconsejaba. Acompañábale al hospital: visitaba con él á 
los pobres y desgraciado*; y cuando sentado junto á un en- 
fermo calmaba Maldonado sus males con el consuelo de 
sus palabras: cuando partía con el necesitado su comida 
frugal, y aun sus propios vestidos, solia decir á su discípu- 
lo, nada hago en lo que ves hijo mió: mi Dios es el Dios 
de los pobres, de los huérfanos y afluidos He aquí sus hi- 
jos de predilección, he aquí A los que debemos socorrer si 
hemos de complacer ásu padre. 

Lleno de estos divinos docume »tos,(¿?)y deseoso de seguir 
lan dulce ejemplo, pidió Camiré el bautismo con u i júbi- 
lo singular de su maestro, que no tardó en lle/ar la nue- 
va al gobernador. Tuvo en la pila al convertido áraeriCH- 
no, y todos los españoles le regalaron á porfía. 

Desde entonces solo pensó nuestro jesuíta en asegurar 
la fortuna de su nuevo prosélito. Su mucho crédito, y la 
consideración que le tecian, así en aquella colonia, como 
en nuestra corte, le facilitaban cualquiera honrosa coloca- 
ción para Camiré. Acababa este de cumplir diez y seis 
años, y se hallaba instruido en la lengua latina, y las ma- 
temáticas: había leido muchos historiadores y poetas, y 
conocía ya la mejores obras castellanas. Su talento pers- 
picaz había usado ventajosamente la lectura, pues á mas 
de discernir el mérito de cada autor, sacaba de ellos mas 
acendrada filosofía que la que contenían sus obras. 

Admirado su maestro de tanto entendimiento en tan 
corta edad, le habló seriamente de lo preciso que era ya 
c\ abrazar una carrera que asegurara su fortuna, y dejó á 
su arbitiio el elegir entre las leyes, las armas y el comer- 
cio. 

El único error, le dijo, entonces Camiré con entereza, 
que yo hé notado en tí, padre mió, es el de creer que esa 
fortuna, de que frecuentemente me hablas, es la que debe 
constituir mi felicidad. Yo conozco, después de lo que h<? 
leido, y te he oido á tí de tu Europa, que todo cuanto pro- 
duce la naturaleza pertenece á una sola parte de sus habi- 
tantes; pues el pobre es condenado á servir al rico para 
tener algún derecho al aire que respira y al fruto que dá 
la tierra. Conozco, vuelvo á decir, que en esos pai es lo- 



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dos 86 valen de cuantos medios les sugiere su ambición 
para pasar de la clase de los que nada son y nada tienen, 
á la de los pocos que lo poseen todo. Pero repara donde 
estamos: vuelve la vista á esas fértiles y vastas llanuras, 
donde el maíz, la yuca, las patatas, las ananas, y oirás 
innumerables plantas útilísimas, crecen á nuestros ojos 
sin cultivo. Repara esos dilatados bosques llenos de cocos, 
limones, granabas, cidras, y otras sabrosas frutas que la 
naturaleza produce con menos trabajo que el que os pue- 
de costar á vosotros el retener sus nombres: todo es patri- 
monio mío; y puedo disfrutarlo libremente,pnes nunca será 
tanta la población del Paraguay, que repartiéndose los 
hombres estos distritos, señalen un dueño para cada te- 
rreno, desheredando á los que les sucedan. En cuanto á 
lo que tú llamas carrera, no sé por qué, y cuya elección 
dejas á mi arbitrio, te confesaré que ninguna de las tres 
roe agrada. Déjame ser lo que soy; pues aunque tii quieres 
hacerme ver que nada soy, yo puedo asegurarte que soy 
mucho, pues soy un hombre feliz, gracias á tus continuos 
desvelos. Gozo de salud de conciencia: estoy siempre dis- 
puesto á comparecer en el tribunal supremo; sin otro 
disgusto que el de perderte. 

Deja pues tu cuidado, padre mió, que no hay un estado 
mas feliz que el de la inocencia. Contigo nada me falta, y 
si tengo la desgracia de que nos separen, volveré á mis 
desiertos bosques, cuyos árboles bastarán á conservar mis 
dias, y la memoria de tu solo nombre á mantener la vir- 
tud que me inspiraste. Déjame vuelvo á decir, con esta 
paz y ventura, persuadido á que todos los gruesos volú- 
menes que han escrito los sabios y filósofos para definir la 
felicidad del hombre, lo reduzco yo á dos lineas: conservar 
el alma pura, y renunciar todo aquello que no merece nues- 
tro aprecio. 

Nada tuvo que replicar Maldonado á nuestro joven filó- 
sofo; antes se desengañó de que sabia mas que el maestro, 
y le decía sonriéndose, que se dignara comunicarle su doc- 
trina. Ahí y qué presto le fué preciso acreditar su sabi- 
duría! 

Llego a la Asunción al cabo de pocos meses en un navio 
procedente de Cádiz, una sobrina del gobernador, á la 
mal había dejado huérfana su padre don Manuel, herma- 
no de Pedreras. Sus deudos viéndola Un pobre, tuvieron 
este por el mas oportuno medio de desembarazarse de la 



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infeliz muchacha; pero el tio la recibió con mas sorpresa 
qne gusto, y aun la hubiera vuelto á enviar á España, si 
Maldonado no le disuadiera. 

Contentóse con escribir agriamente á sus deudos, y con- 
cedió por fuerza á su sobrina un asilo en su casa. De aquí 
se podrá inferir la poca felicidad con que viviría esta mu- 
chacha, y roas viendo tan claramente lo enojosa que era 
á su tio su presencia, por cuya razón, la pobre ponía el 
mayor cuidado en sus acciones y palabras. Habia cum- 
plido apenas diez y seis años nuestra Angelita, que asi se 
llamaba y con bastante razón, por su hermosura, su afabi- 
lidad, su gracia, su amable carácter, y la bondad de su co- 
razón. Nadie podía verla sin amarla, y cualquiera podia 
decírselo francamente, porque aun la vanidad era desco- 
nocida de su alma. 

Amaba la soledad del campo y aprovechándose de la li- 
bertad que se goza en las colonias, e alia ocompañada de 
un criado todas las tardes á contemplar la naturaleza, á 
recrearse en los preciosos aromas que exalaban las flores, 
á oir el canto de los pájaros, y admirar la hermosura del 
sol ya cerca de su ocaso.. Justos eran sus únicos placeres, 
bastante á satisfacer una alma sencilla, tierna, pacífica, y 
bien inclinada como la suya. 

Había observado muchas veces, que á las misma hora 
y en el mismo sitio, se ponía un joven de rodillas, perma- 
necía así largo rato, y volvía á retirarse a la ciudad. An- 
gelita, poco curiosa, había huido encontrar con él, pero 
una tarde que se detuvo en paseo mas de los ordinario, y 
que pasó mas cerca de aquel sitio, una monstruosa ser- 
piente de las que llaman cazadoras, muy comunes en el 
Paraguay, levantó sobre la crecida yerba la cabeza, y 
acometió á nuestra joven dando unos espantosos silvidos. 
Angela grita amedrentada: el criado huye; y ella resuelve 
hacer lo mismo: pero la serpiente la sigue, y la alcanza, á 
tiempo que se presenta Camiré en su socorro, con un lazo 
de los que tan diestramente se sirven los Peruanos. (2) 

Échasele en la cabeza al monstruo, y corriendo veloz- 
mente, le lleva tras sí Jiasta que logra ahogarle. Vuelve 
con presteza á socorrer á Angelita que se había desn^a- 

'2( Loa Peruanos llamados Guazos, matan los toros y tigre* coa esta e&pecie de fuio dalo- 
tas de cuero. Hisl. de loe riegas, tomo 12. 



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jado: la hace volver en sí, y la lleva sostenida hasta la 
casa de su tio. 

Allí recibe con rubor sus expresivas gracias, y se despi- 
de de ella con una turbación que no había experimentado 
basta entonces. 

Parte á buscar á Maldonado, y le refiere aquel extraño su- 
ceso. £1 júbilo que este recibió al oirlo, el interés que mos- 
traba por la fuerte de Angelita. y lo que le dijo acerca de 
sus recomendables prendas, doblaron la agitación de Ca- 
miré. 

Enagenado y pensativo, no pudo gozar aquella noche ni 
un instante de descanso; y apenas habia amanecido, cuan- 
do preguntó el jesuíta si le parecía regular que fuesen jun- 
tos á saber de la salud de Angelita. Convino en el'o Mal- 
donado, y se encaminaron á casa del gobernador inmedia- 
tamente. Recibióles este muy atento y reconocido: les ase- 
guró de la salud de su sobrina, y les detuvo con él todo a- 
quel dia. Volvió con este motivo nuestio joven guaranesá 
ver á su bella Española, manifestándole en sus ojos el vio- 
lento amor que le devoraba. 

La triste historia de Alcaypa y los elogios que hacia de 
su hijo el jesuíta, fueron el principal objeto de la conver- 
sación. Angelita bajaba los ojos y una agitación interior 
hacia latir su corazón mas presuroso, sacando un brillan- 
te sonrosado á sus mejillas. Comprendió por la relación 
de Maldonado la causa de hallar á C* miré todos los días 
en aquel parage del rio de rodillas; y esta piedad, este fi- 
lial amor la hicieron mas agradecida á su libertador. Te- 
níase por feüz deque fuese él quien la sacó del peligro, 
por que se complacía en verse obligada á amarle; pero no 
se atrevía sin embargo á fijar en él los ojos. 

Poco tiempo, y nunos visitas bastaron para que nues- 
tros jóvenes amantes se manifestaron recíprocamente íus 
sentimientos. Angelita guardó el secreto que sus ojos ha- 
bían descubierto; pero el sincero guaranes nada quiso 
ocultar al jesuíta. Le pintó con los colores mas vivos la 
pasión que alimentaba su alma: le aseguró mil veces que 
ia muerte solo podría extinguirla: que estaba pronto á em- 
prenderlo todo por merecer su mano; y concluyó su d¡6- 
C.U130 con implorar su eficaz auxilio para lograrla. 

Después de oírle Maldonado con haría pena: ól cuanto 
me aíligesl le dijo, y cuantos males vá á labrarte esa pa- 
sión! 



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Tu que conoces nuestras costumbre?, nuestras máximas, 
nuestra preocupación y nuestro amor á las riquezas, ¿pue- 
des lisonjearte que el gobernador del Paraguay se allane á 
cacar una sobrina suya, con un desconocido, que nada tie- 
ne en el mundo, y que resuelve irse á vivir, cuando jo 
muera, entre sus salvajes corapariotas? Yo no he querido 
destruir en tí el justo desprecio con que miras estos vanos 
ídolos que adoran los hombres corrompidos y fanáticos; pe* 
ro el que aspira á triunfar de toda preocupación, debe re- 
nunciar el amor por que él solo nos nace suscribir bajamen- 
te á los caprichos de la fortuna. Yo te compadezco, hijo 
mió, por ver cuan inútiles son mis consejos y reconvencio- 
nes en el estado en que se halla tu corazón: tú lo que has 
menester es la esperanza, que no puede darte mi ternura. 
Solo un medio hay: si, la avaricia del gobernador olvida- 
ría tu nacimiento á persuaciones del oró; pero ni tú ni yo 

le tenemos y 

Del oro? replico Camiré arrojándose en sus brazos: ale- 
grémonos, pues, padre mío, que ese yo puedo dársele en 
abundancia. Las montañas que yo habitaba, están llenas 
de ese metal: sí, yo iré á traer cuanto oro quieras. Ofrece 
tú el que juzgues conveniente al gobernador: él me otorga- 
rá á precio tan vil, el ser mas bello, mas virtuoso y amable 
de la tierra, y la excecrab!e sed de ese oro, que tantos cií- 
menes ha causado, hará á lo menos esta vez á dos criatu- 
ras felices. 

El buen jesuíta, á quien la voz de felicidad hacía siem- 
pre palpitar el corazón, participó en aquel instante del jú- 
bilo de su dicípulo. 

Corrió á ver á Pedreras al dia siguiente; pero conocien- 
do el carácter que iba á seducir, comenzó á ponderar con 
arte la dificultad de establecer á Angelita de un modo con- 
veniente á su nacimiento: le dio á entender, que secrifican- 
do e*te postrer obstáculo, no faltarían jóvenes que cifra- 
ran su felicidad en efrecerle lamas brillante fortuna, com- 
prando á mu 7 buen precio el honor de entroncar con el 
gobernador del Paraguay. Viendo pues, que no disgustó á 
Pedieras esta franpueza, concluyó con p* oponerle á Ca- 
miré, con cien mil ducados de caudal. 

No era fácil alucinarle, porque su larga experiencia 
en toda clase de negocios le había hecho sospechoso, y así 
luego que oyó la propuesta de Maldonado, reflexionó que 
Camiré era de un pais que abundaba en minas de oro, de 



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las cuales solamente podían venirle á este joven los cien 
rail ducados: por lo que, sin negarle á su sobrina absolu- 
tamente; padre mió, le respondió, los intereses de España 
son mi único objeto: no deseo acrecentar mi fortuna, pero 
deseo ser útil á mi patria, y vuestro discípulo puede contri- 
buir á que lo sea: haced que me descubra una mina de oro, 
y yo le otorgaré la mano de mi sobrina. 

(Continuará) 



iParto de Luzbel! 



SONETO 

Mirad el sacrosanto crucifijo: 
El Hombre— Dios que de la cruz pendiente, 
En el instante de expirar, clemente, 
á quien le hería sin piedad, bendijo. 

¡Cuánto á la humanidad amó El que dijo 
al morir, lleno de cariño ingente, 
señalando al mortal solemnemente, 
á María «Mujer, hé allí á tu hijo»! 

¿Y no han de ser las madres en la vida 
nuestro supremo bien, si Cristo mismo 
las igualó á su Madre bendecida? 

Mas ¡ají chocóse el ángel del abismo 
y tisón de la hoguera ea que se arrastra 
fulminó contra el mundo .. la madrastra. 

Asunción, Octubre de 1895. 

Gama 



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Sueltos 



Nuestra primer numera 

Debemos á nuestros suseritorcs una explicación que no 
hemos dado antes, respecto al primer número de esta Re- 
vista, en la inteligencia de que al insertar en él materiales 
referentes casi exclusivamente á la Sociedad, obrábamos 
de acuerdo con la práctica de dar á conocer, an*es de em- 
prender una obra, las circunstancias y condiciones en que 
ha de llevarse á cabo y las probabilidades de éxito que la 
acompañan. 

En este sentido, el primer número en realidad no ha sido 
masque un prospecto. 

Hacemos esta aclaración para evitar interpretaciones 
equivocadas. 

A. las señores agentes 

La administración de la Revista encarece á los señores 
Agentes tanto del interior como del exterior, se sirvan de- 
volver los ejemplares sobrantes que queden en su poder, 
especialmente los del primer número que se halla comple- 
tamente agotado. 

Camiré 

Con este título' trascribimos una corta novela de carác- 
ter nacional. Fué publicada en un pequeño volumen junta- 
tamente con una novela africana (Sélico), una saboyana 
(Claudina) y otra inglesa (Selmur), todos del mismo géne- 
ro 

Para las soelos 

Esgrima y Oimnasia^LoB útiles de esgrima y gimnasia 
para la Sociedad, que debieron estar aquí en la primera 
quincena del mes deNo\ierabre, según lo anunciamos vez 
pasada, han llegado recien al fin del mismo mes. 



— 142 — 

El importe total de las facturas recibidas asciende á 
$ 4.200 ^. 

Una vez instalado, se avisará á los señores socios que 
deseen matricularse. 

Movimiento de Octubre— Conforme se anunció en el nú- 
mero anterior, va á continuación el movimiento de la So- 
ciedad, durante el mes ppdo. 

Socio activo— Fué admitido en este carácter el señor don 
Francisco B Franco. 

Miembro honorario de la orquesta— Fué nombrado el se- 
ñor don Narcisn M. Acuña. 

Renuncias— Fué aceptada la del señor don Dionisio Real 
de su carácter de' Fiscal de la Sociedad y la del alumno 
Atilo Stelatto. 

Se recibieron las siguientes renuncias de socios: Pedro 
Vachelli, J. Timoteo Vico, Narciso M. Aouña, Claudio A- 
quino, J. Gregorio González, Carlos Pastore, Héctor Ace- 
val, Desiderio Cartes y H. Marcial Rojas. Pasaron á infor- 
me del señor tesorero, habiéndose tomado en considera- 
ción varias de ellas. 

Movimiento de Caja 
De acuerdo igualmente con lo prometido en el primer 
número de la Revista, publicamos á continuación la copia 
de los duplicados de los balances presentados por la Teso- 
rería de la Sociedad y pasado- á la Contaduría General de 
la Nación, juntamente con la copia del balance general ya 
trascrito. 

Balance de Caja del Instituto Paraguayo, correspondiente 
á los meses de Agosto y Setiembre de 1896. 

ingresos: 

Saldo del Balance anterior H 254.71 

Adelanto del «Banco Milleres y 
Cía.» á cuenta de la sub- 
vención, en dos cuotas de á 
f 500:00 y 1.000:00 

Id del socio don Guillermo Ló- 
pez Moreira 250:(0 1.250:00 

Multas cobradas 25*0 

Cuotas cobradas en ambes me- 
ses 1.70400 

Suma S 3.238:71 



— 143 — 

EGRESOS: 

Ordenes á pagar del período an- 
terior; p/ detalle del Balance 
General, abonados (núm. 77 á 
núm. 95) 8 1.912:45 

A deducir, no abonadas: 



o/ N» 79 S 


120:00 


Id N° 93 (saldo) 


50:00 


W'N* 94 


37:00 207:00 g 1.705:45 


Ordenes posteriores, pagadas: 




Núm. 96 


S 525:00 


Id 97 


538:30 


Id 98 


51:70 


Id 99 


7356 


Id 100 


63:90 


Id 101 


115:80 » 1.368:26 


Pagadas en el mes de Agosto 


S 1.702:85 


Id id id id Setiembre 


1.370:86 > 3.073 71 


Saldo en efectivo 


160:00 



Suma 3.233:71 
Total líquido: ciento sesenta pesos fuertes. 

Asunción, Setiembre 30 de 1896. 

Leopoldo R. Elizeche 
Tesorero 

Asunción, Octubre 9 de 1896. 

Habiéndose aprobado el antecedente balance de Teso- 
retía en sesión extraordinaria de la fecha de la Comisión 
Directiva, remítase el duplicado correspondiente á la Con- 
taduría General de la Nación, de acuerdo con la ley de 
subvención del 27 de Mayo ppdo., publíquese por el órga- 
no de la Sociedad, y archívese. 

Clbto de J. Sánchez Juan F. Pérez 

Presidente / Secretario 

(Hay d sello de la Sociedad) 



— 144 — 

Balance de caja del * Instituto Paraguayo», correspondiente 
al mes de Octubre de 1896. 

ingresos: 

» 

Saldo en efectivo del Balance anterior $ 160:00 

Adelanto del «Banco Milleres y Cía.» á cuenta 

de la subvención k 500:00 

Parte del producto de una función de Teatro, 

á beneficio de la Sociedad, el 15 del cte. 328:00 

Cuotas cobradas en el raes 705:00 

Id de subvención por los meses de Junto y Ju- 
lio 2.000:00 







Suma 




8 


3693:00 




KGRBSOS: 








Ordenes á pagar 


del periodo anterior 


, abonadas 




Núm. 79 




s 


120:00 




c 93 (saldo) 






50.00 ff 


170:00 


Ordenes posteriores, pagadas 








Núm. 102 




#• 


480:00 






i . 103 






250:00 






i 104 






11:30 






t 105 






59:00 






i 106 






488:75 






t 107 






30:00 






« 108 






44:50 






' 109 






79:20 & 


1.442:75 


Depositado en el < 


Banco Milleres 


y Cía 


i.» en 




cuenta corriente s/nota 






2,000:00 








s 


3.612:75 


Sa 


Ido en efectivo 








80:25 



Suma & 3 693:00 

Total líquido: ochenta pesos fuertes con veinte y cinco 
centavos. 

Asunción, Ortnhre 30 de 1896. 

Leopoldo K. Elizechb 
Tesoiero 



— 145 — 

(Al pié de este balance, que fué aprobado en setfión or- 
dinaria de la misma fecha, obra igual providencia que al 
del anterior). 

A los balances anteriores, se adjunta, el siguiente 

DSTALLB DB LAS NUEVAS ÓRDuNRS PAGADAS 

(Según sus comprobantes correspondientes, archivados 
en Secretaria). 

Planillas 

Del mes de Julio, núm. 12 & 525:00 

c Agosto «13 4 538:30 

c Stbre. c 14 * 480:00 

€ Octubre c 15 c 488:75 ff 2,032:05 

Gastos varios 

Avisos por la prensa g 29:00 

Teléfono « 36:00 

Impuesto municipal « 4:00 
Orquesta « . 20:00 

Local « 4:00 

Kerosene < 59:00 

Comisión de cobranza « 268:56 

Gastos generales t 57:40 « 478,96 

Crédito 
Del socio señor don Guellermo López Moreira 

por su adelanto en efectivo « 250:00 
titiles, etc. 

Útiles S 6:80 
Colecciones de periódicos (suscri- 

ción) S 43:20 f 50:00 

Suma 

Ordenes de Agosto y Setiembre 
s/ detalle precedente ¡F 1,368:26 

Id id Octubre 1,442:75 & 2,811:01 

Fueron remitidos así mismo pera su revisión en la Con- 
taduría General, los comprobantes originales correspon- 
dientes, así como los relativos á la memoria del periodo 
anterior. 



— 146 — 



Ratos de ocio 



Sin delito 

Preguntado un cachafaz 
— «¿Por qué preso hasta la fecha?* 
Contesta sin m¿s ni más 
—c Es por supuesta... sospecha». 

Juez modelo 
— «¡Eso jo á firmar me niego!» 
Dice el cliente al terminar. 
¿Qué hace el Juez?... Pues, firma á ruego, 
Sin notar que agrega luego 
que e* por no querer firmar. 

* * 
Entre novio y papá 
—Aunque Vd. es gran artista, 
Sólo vive. . . .de ilusiones 
y así el pan no se conquista! 
—Esas son sus opiniones; 
Ma«, yo soy ilusionista. 

Cortesía 6 cortedad 

—¡Qué hermosa letra! ¿Es de Vd ? 

— Sí, señor; de Vd también 

Pleito perdido 

—¿Abogado? 
- Lo soy. 

—Hay grande urgencia: 
¡Un pleito!.. .La ganancia Vd. repartí.... 
-~¿Qué datos me da Vd? 

—Tome esta carta. 

- ¡La prueba! ¿no es así? 

—De mi •..insolvencia. 
Nemo 
Asunción, Noviembre lo de 1896. 



147 — 



CANGE 



Pubmcacioxis nacionales (en orden de antigüedad) 



Fecha de aparición 



15 de 

7 « 



Setiembre 

Febrero 
Diciembre 



de 1881 
de 1889 



de 1893 
de 1894 



15 de Mano de 1896 



21 



Capital 

1°— La Democracia— Diario de la tarde 1* de Mayo 

2*— Diario Oficial" (antiguo Boletín, oficial de la nación) 9 de Octubre 

3*— La Religión— Publicación católica mensual en 6 págq. 19 « 

i* -Revista de la Universidad Nacional'" Publicación men- 
sual en 100 páginas 

5» -El Pueblo— Diario de la tarde- (Órgano del partido 
liberal 

6«-£a Opinión— U. id. 

7* —Recita lfe»»ua/— Publicación oficial de la oficina de in- 
formaciones y causee en 32 páginas 

V. del filar 
&•— £T¿ PopwJar— Semanario 

Capital 

9*— La Verdad— Revista masónica quincenal en 16 págs. 1* de Agosto • 

10— El Paraguay iluetmdo— Semanario en 8 páginas— (Ór- 
gano de la producción nacional 2 « • « 

11— El Rayo— Id. satírico y de caricaturas 2 « • « 

12— El Ciziso— Diario de la tarde (órgano de los intereses 

generales) 1° « Setiembre • 

18— El Beber— Boletín quincenal, en 8 páginas (órgano del 
Supremo Consejo y Oran Oriente del Para- 
guay) 1« « Octubre « 
(Bl número de páginas de las publloacioees antecedentes, es de 4 a 
excepción de las que tienen designado otro número). 

Publicaciones y centros extrangebob 

Bueno* Aire»— Revista del Instituto Histórico y Geográfico argentino. 
Rio Janeiro— Sevúta del Instituto Histórico y Geográfico del Brasil 
« de la Sociedad de Geografía de Rio Janeiro. 

(Esta parte se encuentra en formación). 

—Se anunciarán permanentemente en esta Sección las publicaciones mensuales de 
carácter periódico, que se reciban en eange, así como las más importantes de cada país* 
Se hará mensión igualmente del cange de las demás. 

—La ReviHa se ocupará asi mismo de las obras nuevas que se remitan para la Bi- 
blioteca de la Sociedad, 



INSTITUTO PARAGUAYO 

ST7B-C01£ZSZÓ1T 

DI LA 

8e0cz02t lztssabz, 
(en el periodo actual) 

Préndente— &t. Dt. Don Teodosio González 
Secretario-' « Don José del V. Día* 
Miembro — ■ « Enrique S. Lopes 
« « « Fulgencio R. Moreno 

a « « Teófilo R. Saldívar. 



ADMINISTRACIÓN DK LA REVISTA 

Galle Florida ( antes «Rivera» \ «quina Alberdi. Telefono núm. 23. 
Casilla de Correo núm. 238. 



Administrador— &r. Don José del P. Días. 
Hora*— La administración estará abierta para el público todos los días hábiles de 3 é 5 p. m 

DUpoeicion*» del Reglamento relativa» d la 

BIBLIOTECA DE LA SOCIEDAD 

Art. 31 — La Sub-Comisión se encargará de la creación de una Biblioteca del Instituto, pu- 
diendo aceptar donaciones y hacer compras de obras, á medida que le permitan los recursos 
que la Comisión Directiva de la Sociedad le destinare. 

Art. 33 - Tan pronto como la Biblioteca rúente con suficientes obras, se abrirá asi mismo un 
abono que tendrá por objeto facilitar su lectura en el local de la Biblioteca á las personas ex- 
trañas á la Sociedad, mediante el pago de 8 1.50 mensual, adelantado 

Art 35— Los abonos se justificarán por medio de boletos de contraseña, intrasferíbles, nume- 
rados y rubricados por el Bibliotecario, los que serán renovados mensualmenle. 

Art 36— La renta que produzcan los abonon de lectura, se destinará exclusivamente á cubrir 
los gastos que demande el cuidado y fomento de la Biblioteca. 

JWtlmtecnrio pi-ovJ*orio—&r. Don Viceote Bruneti 
Hora* La sala de lectura so abre permanentemente y la Biblioteca de 1 á 3 y de 8 á 10 p. 
m en los días hábiles, y en los feriados de 8 á 10a. m. y de 3 á 5 p. m. 

Diejxmcioncs del m tinto relativa» á la 

REVISTA 

Art. 39— El órgano del Instituto Paraguayo se bará en forma de folleto en 8*, de 40 á 100 
páginas, encuadernado á la rústica, y será impreso de manera que cada bvíh meses pueda for- 
marse de él un tomo especial ron su índice correspond ente 

Art 40 La publicación á que se refieren los dos artículos anteriores, será exclusivamente 
histórica, literaria y científica, debiendo contener ron preferencia los siguientes materiales- 

i a documentos históricos nacionales. 

(b) piezas literarias referentes al Paraguay. 

fe) toda publicación científica que tienda al eaclarecimiento geográfico de nuestra zona limí- 
trofe con otros países 

id datos estadísticos de importancia para el país en el exterior. 

(e) un cuadro quincenal de observaciones meteorológicas. 

1) las producciones literarias, históricas y científicas que le sean remitidas para su publica- 
ción y sean aceptables á juicio de la Sub-Comisión ¿.iteraría, en la forma que diapene el art. 42. 
g, una revista bibliográfica de actualidad. 

hj los discursos y producciones literarias, leídos en los certámenes ó conferencias que ofrez- 
ca la Sociedad. 

i) todas Jas publicaciones que se refieran á dar á conocer el estado de la Sociedad. 

Art. 48 Kl producido de las suscriciones de esta publicación, se destinará al fomento de la 
misma y el sobrante para la Bibliot eca 



Oonfliciones 3e la suscnicíón 



Se cobro á la entrega de cada número, en la forma s'guienta: 
EN LA REPÚBLICA 

Por un número, hasta 60 páginas 8 2:00 m/n 

« « • , desde f J «" • 2:50 « 

« « • , atrasado, recargo * « 0:50 « 

EN LA R. ARGENTINA 

En papel moneda argentino 8 1:20» 8 1:50 y 8 0:30 respectivamente 

EN LOS DEMÁS PAÍSES 

En. oro sellado 8 0:50» 8 0.60 y 8 0:20 respectivamente 



agentes 



EN LA REPÚBLICA 



Villa Rica — J Timoteo Vico (Ruffinelli k) 

Villa Concrpción — Ángel Pirelli 

Villa del Pitar —Miguel Trinidad 
Villa Encamación— J. Guillermo Hojas 

ParagwtH — Pearo Fernandez 

Jtauguá —Francisco Latourrete 

Luque —Manuel Nacimiento. 



EN EL EXTERIOR 



Bueno* Aire»— Librería de Jacobo Peuser 
Montiridfto — Librería A. Bareiro y Hamos. 



Los pedidos de cusc'ición pueden dirigirse directamente A la Administración ó á los 
Acontes, asi como los reclamos por deficiencia* del servicio.— Las personas que hubiesen 
tomado compromisos de suscrición y no reciban esta Kevista, se servirán avisarlo del 
mismo modo. 



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*-*. v">r >.' 



XÜM. 3. 



-Hn 



REVISTA 







DEL 



JO m 



caguayo 



PUBLICACIÓN MENSUAL 

XDXOXXSAiX3BXUB2 J3X3 1006. 



8UMARIO 



Cartas Polémicas srbre la Guerra del Paraguay 

J)r. M. Fernández Sánchez — Notas acerca de los go- 
bernadores, 1p ema reí pación y los gobernan- 
tes del Paraguay (Contmuació :) 

Alejandro Gttanes—En el hogar (Poesía) 

De Florian — C a miró — (Conclusión) 

Dr. Venancio V. López — Prácticas añejas en las es- 
crituras (Continuación) 

N. Pellegrinp — Prr gtar» a teórico-práctico para la 
enseñanza de la Música en la Sociedad (1er año 
normal) 

Sueltos 

A los socios (Avisos) 

Nemo—Aho nuevo 

r-^TÍ^ Cange 



P.ir.a 

149 



167 
199 
201 

208 



213 
21<> 
218 
219 
220 




ASUNCIÓN' 

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COLABORADORES 



(Se publicará la nómina del cuerpo de Colaboradores 
tan pronto como esté definitivamente formado). 

♦ 
* * 

— Los señores colaboradores tienpn dprecho á nn ejem- 
plar gratis de cada número de esta Revista^ siempre que Jo 
soliciten á la administración. 

Se pide á los señores Colaboradores que cuando deban 
enviar materiales, lo liaban antes del 15 de cada mes. 



— Las íTíirhu-cioncf» que se remitan rara la Hnixtti, deberán ser dir'tfidas á la c «b- 
<'om>ion de la >V*Wó/¿ LíHroriu de la Sociedad, á tuyo cargo se halla esta publicación. 
No >e devuelven los materiales recibidos. La íesi ontabiLdad de los publicados incum- 
bo a sus aulorcf. 



Revista del Instituto Paraguayo 



■\ 



AÑO I Asunción, Diciembre de 1896 | N» 3 



CARTAS POLÉMICAS 



SOBRE LA 



QUERRÁ DEL PARAGUAY 

(Pe "La Tribuna" de B. Aires en 1869, edición agotada) 



(Continuación) 



Buenos Aires, Diciembre 17 de 1896. 

EL ROMANCE HISTÓRICO 

Al General don Bartolomé Mitre. 

Su última carta me ha revelado una nueva faz de su ta- 
lento. Teníamos un Walter Scott sud-americano en el au- 
tor del Facundo- Ahora descubrimos en Vd* un Alejan- 
dro Dumas. 

Los hechos se someten flexibles á su pluma de historia- 
dor á tal extremo, que los mismos testigos y espectadores 
de los sucesos, nos quedamos admirados de la novedad de 
los sucesos. 

Tiene Vd. razón, General, imposible atinar por dónde 
vá Vd. á empezar ni á dónde vá Vd. á concluir con su ri- 
ca imaginación. Solo podríamos saber de memoria la his- 
toria. Las creaciones de la fantasía son siempre impre- 
vistas. 

(*) Del archivo de Don Enrique S. López. • 



— 150 — 

Inculca Vd en hacerse un alto mérito del simple cumpli- 
miento de su deber de soldado. Militar Vd, no tenia elec- 
ción, estaba forzado á tomar el puesto que le señalaban en 
la línea. Así escomo se encontró Vd, en la defensa de Mon* 
tevideo, porque era Vd. oficial del ejército oriental y en 1 1 
defensa de Buenos Aire , porque llevaba Vd. en sus hom- 
bros las charreteras de los gefes. 

No lo seguiré en su autobiografía aun que tenga como 
Vd. la resolución de decir toda la verdad, por mas que 
ella üwn dolorosamente á mis mas queridos amigos, en 
primer lugar, porque comprendo que tiene Vd. en ella un 
interés de actualidad á que no quiero prestarme, y en se- 
gundo lugar., y principalmente, porque ella nada importa 
á la discusión de la triple alianza. Si algún dia me vinie- 
se el capricho de borronear historia, estoy seguro que en- 
contraría en su vida mayores méritos que el valor vulgar 
de haber espuesto f u cuerpo á las balas rn nuestros entre- 
veros. D. Bernardino Rivadavia, mas alto que Vd. en la 
h storia argentina, sería un pigmeo á su lado, en su teoría 
de los servicios á la patria. 
Un hecho sobrevivirá á su política y á su influencia, en la 
vida de los pueblos del Plata,que Vd. ha hecho cuanto un 
hombre puede hacer por enterrar en la nada, y es la nacio- 
nalidad. 

Habrá Nación contra Vd. y sin Vd. por la obra del pue- 
blo. 

Los sucesos han sido mas fuertes que Vd. y por eso no 
ha desaparecido ni desaparecerá la Nación, que nos lega- 
ron los revolucionarios de Muyo. 

La triple alianza ha sido su último ataque á la naciona- 
lidad, y Vd. se escuda de su pecado de imprevicion con el 
éxito. 

Pero nó siempre el éxito es la justificación de los hom- 
bres y de los gobiernos. El éxito estuvo por los fariseos 
contra Jesu-Cribto, que era el porvenir de la humanidad. 
Entre sus servicios á la patria, cuenta Vd. él beneficio 
práctico de la nacionalidad, amen del de la libettad, por no 
haber seguido Vd. en 1859 mi consejo de tomar el látigo 
de Ciomwell y echar á la calle al parlamento del 8 de 
Noviembre. 

Pero olvida Vd. que cuando en 1857 el partido federal 
se nos presentó imponente, en la lucha, y los ánimos 
mas fuertes vaci'aron, y dudaron del porvenir de la R*pá- 



~ 151 — 

blica, Vd. fué de I09 desfallecidos que nos propusieron 
por remedio la sepa i ación ab oluta de Buenos Aires cons- 
tituido en República del Plata. 

¿Qué era entonce* del v.\ron fuerte que ai levantarse la 
tormenta en el horizonte hacía fíente a la muerte y soste- 
nía al corazón en la vid*? 

Y no era un simple ardid de guerra, para arrancar la 
bandera del aislamiento de la* manos de Lorenzo Torres, 
disculpa con que se escusaba Vd. cuando sublevamos con- 
tra Vd el sentimiento público de la nacionalidad los que 
lo combatimos, era un propósito en Vd. la disolución de la 
República. 

Tengo en mi poder instrucciones escritas por Vd. de su 
puño y letra, para mies i o enviado á Río Janeiro, instruc- 
ciones que no quiso firmar Don Pastor Obligado, en que 
le prevenía Vd. se cerciorase de la actitud que asumi- 
ría el Brasil en el caso de que Bu r os Aires se declarase 
nación independiente. 

¿No sabía Vd, de antemano, V d. hombre político, Vd. co- 
nocedor de la historia sud-america-ia, que la separación 
absoluta de Buenos Aire3, que la disolución definitiva de 
la nacionalidad, era el desiderátum tradicional de la polí- 
tica brasilera? 

Consultar ese punto al gobierno del Brasil y á los hom- 
bres de Estado brasileros, era concilia-se su concurso y 
hacer en 1859 la alianza que ha reducido Vd. á tratado 
en 1865- 

Gracias al provincialista Don Pastor Obligado su pen- 
samiento fracasó entonces, y la a'ianza brasilera, con el 
tolo Estado de Buenos Aires, no nos ha hundido en medio 
siglo de infortunio. 

Una carta semi-humorística, que publica hoy la Ttibu- 
na % y si no me engaña el bouquH del estilo, pertenece á 
Mármol, retrotrae la alianza a Ja invasión de Flores al 
Justado Oriental, y me cu'pa de aceptarla en cuanto pro- 
pendió á levantar en el Estado Oriental á mi partido. 

El ministro Paranhos, hoy en el Paraguay, en un discur- 
so de muchos dias, pronunciado en las cámaras brasileras, 
afirmó que las bombas y granadas con que los brasileros 
arrasaron á Paysandú, salieron del parque de Buenos Ai- 
re*, lo que no pudo suceder sin el asentimiento del gobier- 
no de Vd., á q ien lava Mármol de la responsabilidad de 
los sucesos orientales. 



— 152 — 

Si el hecho asegurado por Paran hos es cierto, si Vd. es- 
taba aliado á Flores y á la acción brasilera, en el Estado 
Oriental, antes de cuestión alguna con el Paraguay— ¿có- 
mo me hace Vd. cargos con una carta de Flores, recordán- 
dole sus compromiso? con el Braeil? ¿Iba Vd. en los suce- 
sos, á la rastra del caudillo Oriental? ¿Estaba Vd. en la lu- 
cha sin condiciones? ¿Regalaba Vd. los recursos ai gen ti- 
nos y comprometía Vd. en una guerra á su patria, sin 
previas obligaciones de los favorecido?, por los sacri- 
ficios que su patria hacía y los peligros á que se espo- 
nía? 

¿O buscaba Vd. por todos los medios, y en todos los ca- 
minos, la alianza brasilera, que D. Pastor Obligado impi- 
dió á Vd. hacer efectiva en 1859 para la desmembración 
definitiva del Estado de Buenos Aires? 

Al cargo á mí, de nuestro amigo Mármol, responderé 
solamente, que el General Flores, antes de su invasión me 
pidió una conferencia, á que me presté y él esquivó, por 
que tenía el convencimiento que rechazaría todo concurso 
del Brasil en la revolución oriental, que prosteté contra la. 
ingerencia del Brasil en ella, separándome absolutamente 
de mis compañeros políticos, que la aceptaron, que lamen- 
té la imbecilidad del gobierno de Montevideo, en no habar 
levantado la bandera de la guerra nacional, arriando la de 
la guerra civil, que mantuvo alzada, y mi conciencia está 
satisfecha de mi actitud, aunque el General Mitre me re- 
proche no haberme metido en el barro, y levantarme so- 
bre el fango en las alas de querubín de las esperanzas del 
futuro. 

¿Estaba realizada de hecho la alianza brasilera en 1864, 
como lo afirma Mármol, y como lo jura Paranhos con las 
remesas de bombas de nuestro parque? 

Importa al General Mitre desvanecer este cargo, porque 
de lo contrario, él seria el autor de la guerra del Para- 
guay, su política respondería á la Patria de toda la san- 
gre derramada, y de todas las vicisitudes que el porvenir 
nos reserva, corno consecuencia de esta lucha. 

Mi sinceridad me obliga á manifestar todo mi pen- 
samiento. Creo en la imprevisión, y no en el cálculo del 
General Mitre. 

De todos los hombres públicos de estos países, el Gene- 
ral Mitre ha sido siempre el mas imprevisor, el mas in- 
consciente de los acontecimientos, su política ha navegado 



— 153 — 

á merced del último viento 7 de la última ola sin derrote- 
ro y sin rumbo, ha sido una barca sin timón, que la casua- 
lidad ha llevado á una mala ral¿, que él se imagina un 
p-ierto seguro. En víspera de Pavón, encerrado en un bu- 
que con Urqniza y Derqui, suscribía á todas sus condicio- 
nes. Fué necesario que el señor Riestra rompiese las ne- 
gociaciones, á pesar sujo, para que le coronásemos con el 
laurel de la victoria y le hiciéramos Presidente de la Re- 
pública, siendo de lamentai que Don Manuel Ocampo ha- 
ya devuelto la correspondencia Jel general Mitre, que nos 
retratarían al hombre de esos momentos. Antes de Cepe- 
da, quería escapar del diluvio en el arca de Noé de la Re- 
pública del Plata, garantida por el protectorado del Bra- 
sil. Antes de Curupaity, se prometía llegar entres meses 
á la Asunción y parar su reloj en la hora de la victoria, 
ya que no podía parar al sol en su carrera como Josué. 

Imprevisión, casualidad -he ahí toda la política que hoy 
viene justificándose con el éxito, como el héroe por fuerza 
de la comedia, encumbrado al heroísmo por el caballo en 
que lo montó la fortuna. 

£1 General Mitre no tenía conciencia del poder del 
Paraguay, de la situación vidriosa de la República, de las 
reacciones que debían producirse en el interior, de la fal- 
ta de concurso del Estado Oriental, de nada de lo que Iny 
pondera, porque si la hubiera tenido no nos hubiera ase- 
gurado, que la Asunción estaría ocupada dentro de tres 
meses. 

Creyó él que la guerra del Paraguay era un paseo mi- 
litar, a bandera desplegada y tambor batiente, que ibaá 
redimir de la esclavitud al pueblo paraguayo, á costa de 
muy poca sangre, y á conquistar para la patria y para sí 
la palma de Libertador. 

Hoy se justifica de los grandes sacrificios arrancados al 
pueblo, del torrente de sangre derramada, del martirio del 
Paraguay, y del cataclismo que llega al porvenir con su 
programa expost facto, y sus doctrinas para el caso. En 
el tratado de alianza nos declaró con la solemnidad de la 
ley — qne la del Paraguay era una guerra de reden- 
ción de un pueblo, contra un tirano solamente, y en su pro- 
clama nos respondió de que el derrocamiento del tirano 
seríala obra de un soplo de la revolución, tres meses de 
tiempo y una marcha triunfal hasta el Alcázar do Francia. 
Ahora *e exaspara contra I03 que no lo creímos entonces, 



- 154 — 

y no viendo derrocado ai firmo, después de cuatro años 
de batalla?, y contemplando ester rinado en vez de redi- 
mido al pueblo, mentidas las promefas de la alianza, per- 
juras sus protestas, nos viene á última hora, con que no 
debía hacer guerra de redencón, que hubiera esterminado 
lo mismo al pueblo paraguayo, si en vez de Solano López, 
hubiera estado gobernado por Washington, y que es mas 
provechoso, mas fecundo, moral, justo, santo engrandecer y 
fortalecer una monarquía á costa de la República en Amé 
rica, que haber enaltecido el principio republicano, afian- 
zando la libertad., y dejando vindicados el honor y la roo- 
ral, y consolidada la paz en lo venidero. 

¿Cuando hah'aba verdad, ruando hacia historia ó cuan- 
do hace romance el General Mitre? 

¿Cuando firmaba el tratado de alianza pira redimir al 
Paraguay de su tirano, cuando nos juraba que en tres me- 
ses la obra estaría consumada en la Asunción, ó cuando 
me contesta que sin la alianza nuestros sacrificios hubie- 
ran sido enorme?, y que la alianza con la mor arquia hu- 
biera sido tan santa para estermmar al pueblo de Wasbig- 
toi como para esterminar al pueblo de López, aunque hu- 
biéramos tenido medios de vindicar el honor y garantir la 
paz sin el exterminio? 

Entre tanto, me promete Vd. novedades sorprendente', 
A trueque de las wilgaridades que pueHa yo decirle, y se 
las sube Vd. de memoria. No se forme esa ilusión, nada vá 
A sorprenderme, desde que me sorprendieron menos sus 
tres mésesela Asunción que á Vd. los abatís de Curupay- 

n 

Vd. ha publicado la biografía de Belgrano y tiene en sus 
carpetas la de Artig .8. 

El estudio filosófico de la historia ha de haber enseñado 
á Vd. una triste vedad, cuya lección no ha debido Vd. ol- 
vidar en la vida política, y es que los bandidos como Cé- 
sar, como Rosas, como Artigas, representan en ciertos mo- 
mentos de la vida de los \ u r blo«, los grandes y esenciales 
principios de su existencia y de si vialidad futura, mien- 
tras que hombres virtuosos como Helgrano y el mismo 
Rivadavin, representan por el contrario, en tales momen- 
tos ios principios letales, disolventes, de las sociedades á 
que pertenecen. Esto no exime á los primeros de su res- 
ponsabilidad personal por sus eumenos, ni amengua en los 



— 155 — 

segundos la venerabilidad de la virtud y de las grandes 
cualidades del alma. Dejo á Vd. la libertad de esplotar 
contra ni pobre individualidad esta evidencia histórica, 
denunciándome como el adalid inconsciente de los caudi- 
llos y tiranos, apesar de haber Vd. enaltecido las figuras 
de Artigas, tiuemesmas allá de su efectiva importancia 
histórica. 

Un historiador como Vd. no podía dejar de yer, sin ce- 
guedad, sin inmediación, sin una inconcienoia ó imprevi- 
sión, supinas, no podía dejar de ver en Francisco Solauo 
López lo que habían sido en nuestros pueblos Artigas, 
Gueme9, Quiroga, su espectable Urquiza y en mas alta es- 
cala, Rosas. 

Un hombre político de meditación y de conciencia hu- 
biera comprendido que el medio de empequeñecer y anu 
lar á López no consistía en aglomerar contra él el poder 
material de bayonetas y cañones, sino en despojarlo de su 
representación, de su personificación, de su pedestal popu- 
lar, de su bandera, de su poder moral, en una palabra des- 
nudándolo de su carácter político y dejándolo hombre, 
déspota, malvado. 

La enseñanza de nuestros propios infortunios nos paten- 
tizaba, cuan difícil y ruda es la lucha contra los Artigas, 
los Quiroga?, los Urquizas y los Rosas, los Césares y los 
Bonapartes, en mas vastos teatros, mientras ellos pueden 
decirse la expresión de la democracia, del' sentimiento po- 
pular de independencia, de igualdad' ó de cualquier otro 
instinto de los pueblos que los tienen á su frente. 

Un hombre de Estado hubiera empezado por arrancar á 
López esa púrpura popular de encima dé los hombros, y 
esponerlo á Jas miradas de su pueblo y de la humanidad 
con todas sus horribles deformidades, para que apartasen 
la vista de él con espanto y desprecio. 

Entonces la guerra hubiera sido al tirano, y no al pue- 
blo, entonces el pueblo se habría asociado á sus redento- 
res, entonces la guerra hubiera sido fácil, y en tres meses 
nos habrían recibido en la Asunción bajo arcos triunfales 
y lluvias de flores. 

Esto es lo que Vd. se hace el que no comprende, enten- 
diéndolo mas cabalmente que yo ?é esplicarlo. 

Esto es lo que habría sucedido sin la alianza brasilera, 
y esto fué lo que sucedió mientras la lucha tuvo, lugar en 
nuestro territorio. 



— 156 — 

¿Porqué los soldados de Estigarribia no se hicieron ma- 
tar en Uruguayana, como en Estero Bellaco y Tuyuty, y se 
rindieron sin disparar un fusil? ¿Porqué en Yatay se deja- 
ron carnear (es la palabra) arrojándose á los arroyos sin 
tentar la resistencia? ¿Porqué Cáceres bastó para dete- 
ner al ejército de Robles, y la invasión paraguaya, con 
todos sus auxiliares, no tuvo el poder de hacer abandonar 
la Provincia al Gobernador de Corrientes, nuestro amigo 
Lagraña? ¿Porqué los paraguayos no ahogaron á Palme- 
ro en su desembarco en Corrientes de donde se retiraron 
con décupla fuerza? 

¿Eran los mismos paraguayos que deshacían nuestros 
batallones con su mala caballería, y ponían respeto á los 
encorazados brasileros con sus canoas? 

Huye Vd. de explicar esta diferencia, prescinde Vd. do 
los hechos, se fastidia de que le recuerden lo que sabe de 
memoria, y exige que le dejen hablar solo, porque tantas 
reminiscencias le incomodan. Tenga paciencia, amigo 
mió, el mosquito suele vencer al león, como el león suele 
necesitar que el ra*on despreciado le roa las redes en que 
se deja atrapar á veces. 

Vd. no explicará esta diferencia, este contraste de polo 
á polo, entre el pueblo paraguayo de Yatay y la Uruguaya- 
na y el pueblo paraguayo de Tuyutí y el Estero Bellaco, 
sino por el poder moral que faltaba al primero, y que so- 
braba al segundo. 

Si los paraguayos de Estero Bellaco y Tuyutí se hubie- 
ran portado como los del Yatay y la Uruguayana, Vd. hu- 
biera estado á los tres meses en la Asunción, sin la menor 
duda. 

¿Qué cambio se operó en la guerra? ¿Tuvo López mejo- 
res soldado?, vinieron en su ayuda generales estratéjicos, 
bajó del cielo la intervención del apóstol Santiago ó de 
los dioses de Homero? 

El cambio que se había operado, es que solano López en 
vez del tirano de su pueblo, habia sido convertido en la 
personificación de su pueblo, que la guerra de redención 
estaba convertida en guerra internacional, en que el pro- 
grama del tratado de la alianza habia sido reemplazado 
por el programa de la conquista brasilera. 

La política de Vd. dio á López, posición nacional, ca- 
rácter popular, significación política. Su política hizo de 
López, tiranuelo oscuro, vulgaridad personal, un persona- 



— 157 — 

ge histórico, por roas que me duela y rae pese, tanto ó mas 
que áYd. divisar en las galerías de la posteridad á los que 
hemos visto de cerca repugnantes figuras. 

Y esa personificación de un pueblo que le dio su política 
con la alianza brasilera, y no hubiera tenido sin ella, ha 
podido costamos la derrota mas vergonzosa que podría su- 
frir un heroico pueblo, por la imprevisión de sus gobier- 
nos. 

Dejo á Vd. también en libertad de esplotar esta frase, li- 
songeando al sentimiento popular. Muy grandes pueblos 
han sufrido derrotas: Canas y Waterloo abatieron las águi- 
las de Roma y de Francia. 

Vd. con su acostumbrado aplomo afirma que nunca pu- 
dimos ser vencidos, con alianza y sin alianza. El General 
D. Juan Andrés Gelly, militar de voto en la materia, rae 
ha asegurado cien veces que un General que no hubiera 
tenido la estupidez de Solano López, hubiera sepultado 
diez veces á los ejércitos aliados en el Paraguay ó el Pa- 
raná. 

A mas de un militar he oido, y no se necesita ser mili- 
tar para pensarlo, que con un poco mas de resolución y 
energía en López los aliados no se hubieran rehecho del 
rechazo de Curupaity. 

El triunfo de la alianza ha sido, pues una casualidad. 

Entre tanto Vd. ha expuesto á su país á la derrota y sus 
consecuencias. Y el éxito casual que se ha conseguido, y 
por el cual debemos tributar gracias á la Providencia, 
ha sido á costa de un mar de sangre y de una montaña de 
dinero, que representa sacrificios de la riqueza y del bien- 
estar del pueblo. Me ocuparé en estudiar lo que importa 
ese éxito en lo presente y en lo futuro, aunque á Vd. le 
importune esta voz agria de la razón y de la conciencia, 
y sentado en su trípode de oráculos quiera Vd. descifrar 
solo, en el silencio de la multitud atenta á su palabra má- 
gica, los enigmas del pasado y las revelaciones del futuro. 

Juan Carlos Gómez. 

LA FUNESTA ALIANZA 

Señor Don Héctor F. Várela: 
Mi querido amigo: 
El Telégrafo Marítimo de esta ciudad acaba de reprodu- 



- 158 — 

cir dos documentos notables, originariamente estampados 
en la prensa de esa ilustrada capital. Firman esos docu- 
mentos dos nombres conocidos — representación de dos 
elevadas personalidades políticas que, aun vivas pertene- 
cen desde ya, al juicio de la historia y á la crítica de los li- 
bres pensadores americanos. 

En esa circunstancia me apoyo para justificar la liber- 
tad que rae torno dirigiendo estas líneas á su apreciable pe- 
riódico. Tenía el deber como brasilero, de hacer una ma- 
nifestación pública del respeto y de la admiración que me 
inspira la noble y valerosa actitud asumida por el ilustre 
general don Bartolón é Mitre, en una cuestión en que por 
incidente, se lastima, si no el honor, á lo menos la justa 
susceptibilidad de mi patria. 

Periodista también y habiendo tenido siempre, como Vd. 
lo sabe, la honra de sostener, desde mi puesto modesto, la 
gran causa de las i acio calidades americanas, y de los prin- 
cipios democráticos que constituyen la carta magna de 
nuestros derechos, no me podía ser insensible el juicio 
desfavorable de un publicista tan eminente como el señor 
doctor don Juan Carlos Gómez. 

Y mucho menos dejar dedar una prueba de mi respetuo- 
so aprecio á la defensa noble y leal que nos presta el gran 
ciudadano, á cuyo nombre están ligados tantos títulos glo- 
riosos. 

Falraria, pues, á mi deber, si por escrúpulos de cualquier 
naturaleza dejase de ser para con el General Mitre el in- 
térprete de la gratitud de mis compatriotas, desaprove- 
chando así una oportunidad que me es tan apacible. 

La tiesta popular con que tan patrióticamente se prepa- 
ra Buenos Aires á recibir sus bravos hijos, al regresar de 
la cruzada civilizadora que han hecho, no debiera á mi 
manera de pensar, ser enturbiada por ningún sentimiento 
menos generoso. 

La misma invitación hecha por la prensa ilustrada de es- 
ta Capital á todos los periodistas americauos que ahí se en- 
contraran llamándolos tan galantemente á ese congreso 
de tan justos regocijos y á la fraternidad de tan elevadas 
conmociones, daba, ó yo esperaba que diera, á esa mani- 
festación, sino un carácter de universalidad, alo menos un 
sello de americanismo que alejaba toda idea de esclusivis- 
ino y parcialidad. 

No lo ha entendido así el ilustrado y sistemático adver- 



_ 159 — 

sario de mi patria, una vez que, desde la cumbre de la ce- 
lebridad de que goza, por sus talentos y por su carácter, 
trata de rechazar de esa fiesta, precisamente aquellos que 
tenían ó parecían tener el derecho á ¡a comparticipación 
de esas alegrías así, como compartieron los sacrificios y 
peligros que supieron acometer y sufrir. 

Si tal pronunciamiento no tuviera por fin mas que sig- 
nificar un odio personal, á nosotros los brasileros nos que- 
daría el deber de respetar el programa que se r.os impone, 
aun sofocando las quejas que tendríamos, alias el derecho 
de articular ante un pueblo, como el argentino, civilizado 
y generoso, tan caballero como hospitalario. 

Pero desde que, á lo menos en apariencia, se busca 
plantear como un principio ese sentimiento de perpetua 
hostilidad contra una nación también americana^ séame 
permitido, en defensa de las ideasque he sostenido siempre, 
contestar al eminente publicista platino, la procedencia y 
los fundamentos de la nefasta doctrina de que se ha hecho 
en estos países el paladín brillante é infatigable. 

La guerra del Paraguay, justa y santa como la recono- 
ce el mismo Sr. Dr. Don Juan Carlos Gómez, ofrece sin du- 
da, vasto campo á las observaciones del historiador futu- 
ro, como á la meditación de los estadistas americanos. 

De ella, y de los hechos que le son públicamente co- 
nexos, tienen severa responsabilidad, no solamente los go 
biernos que la aceptaron, sino también los pueblos que tan 
gloriosamente supieron sostenerla. 

Hacer fecunda y civilizadora esa lucha gigantezca; sal- 
var dentro de los escollos de las batallas los principios hu- 
manitarios que deben sobrenadar siempre en la superficie 
de los grandes acontecimientos hisió icos; hacer con que 
de la sangre dei ramada germinen los fiutos benditos de la 
paz y de la fraternidad, de la libertad y del amor, tal me 
parecía ser la misión de los pueblos y de los gobiernos in- 
teresados en esa lucha cruenta, incluso el pueblo y gobier- 
no paraguayos, recién venido ahora al régimen de la liber- 
tad y de la democracia american os, por el esfuerzo de nues- 
tras armas vencedoras. 

¿Cómo sucede, pues, que un espíritu tan claro y reflexi- 
vo ofiezca el extraño espectáculo de tan grande aberra- 
ción presentándose aún ahora como el implacable pros- 
criptor de una nacionalidad que ha servido á sus mismas 
ideas derribando una tiranía salvaje? 



— 160 — 

¿En qué pudo ser funesta ¡a alianza del Brasil, y cómo 
pudo ella esterilizar los sacrficios hechos por la Confede- 
ración Argentina? 

¿De qué manera adúltera la lucha esa alianza para que 
se invoque la responsabilidad de los estadistas argentinos 
que para ella concurrieron? 

fié aquí lo que yo desearía ver demostrado por el ilus- 
trado señor Dr. don Juan Carlos Gómez. 

No sé, mi querido Várela, si efectivamente tiene que ser 
muy grande y pesada la responsabilidad de los Estadistas 
de su país por ese hecho deque se deben enaltecer. 

Lo que, sí, puedo aseguraros es que, sobre ese particular 
es mas feliz y segura la suerte de los estadistas de mi pa- 
tria, porque cuentan para hacerles llevadera la carga con 
la opinión de la mayoría de los brasileros. 

La alianza con los dos pueblos del Plata no surgió á la 
mente de los políticos, ni fué aplaudida por la nación, por 
el auxilio material, aún que fué prestimoso y eficaz, que 
nos puediera traer el concurso de sus ejército?. 

La alianza nos sonrrió, y fué por nosotros festejada co- 
mo una conquista moral, como una prueba oficial y solem- 
ne, que nos daba el gobierno de adhesión á los principios 
de una política francamente y leaimente americana, rom- 
piendo con las preocupaciones que hubieran podido in- 
fluir para lo contrario. 

Fué, por eso, mi querido amigo, que yo, por mi parte, pa- 
ra apreciar la alianza jamás traté de investigar ni el nú- 
mero de los combatientes, ni el número de buques, ni el 
número de cañones que llevaban los argentinos á los cam- 
pos del Paraguay. 

Y si de esa lucha tremenda no hubiese resultado, ni el 
derrocamiento de una tiranía brutal, ni la regeneración 
de un pueblo, dueño ahora de sus propios destinos, ni la 
desafrenta eficaz de injurias injustas, ni la confirmación de 
derechos longaraente litigados;— pero solo únicamente el he 
cho moral de la alianza, la aproximación de tres pueblos 
que deben de ser hermanos y amigos.— 

Yo, por mi parte, deplorando la pérdida de tantas vidas, 
soportando resignado las consecuencias de tan dispendio- 
so pleito, bendeciría siempre el éxito feliz y glorioso que 
serviría y servirá para fortificar en esta parte de nuestro 
continente los principios de la única política que me pare- 



— 161 

ce garantizar las graneles conquistas de la libertad, de la 
democracia y de la fraternidad americana. 

Es, por eso, mi quirido amigo, que cualquiera que sea la 
reserva que nos impone la inoportuna demostración del 
digno Presidente de la Comisión de Periodistas, hemos de 
asistir en espíritu á la fiesta que Buenos Aires prepara. 

Nunca laureles mas bien merecidos pudieron ornar las 
tienes de mas nobles guerreros. Y los dignos hijos de esa 
república que vuelven ahora á recibir de las manos de sus 
compatriotas las palmas á que tanto derecho tienen, pue- 
den asegurarse nuestra mas sincera y cordial compartici- 
pe ción en los aplausos con que van á ser recibidos. 

En los campos de batalla no aprendemos solamente á 
admirarlos por su valor y abnegación; nos acostumbramos 
á estimarlos por sus virtudes cívicas y personales. 

Aliados delante del enemigo común, habiendo fraterni- 
zado por cinco años frente de los peligros y de 1« muerte, 
fuéramos indignos de nosotros mismos si por un senti- 
miento de mezquina envidia ó sonsa rivalidad, dejáramos 
de compartir el júbilo que vá á despertar el regreso de tan 
nobles campeones al seno de la patria, que supieron hon- 
rar y defender en mas de cien combates. 

Concluyendo, mi querido amigo, me queda un consuelo 
y una esperanza. 

El consuelo es que, per mas respetables que sean sus 
convicciones, el ilustre publicista Dr. Don Juan Carlos 
Gómez no encontrará eco en la sociedad argentina para 
la propaganda que se ha propuesto. 

La esperanza es que para combatir tan perniciosa doc- 
trina sobran á Buenos Aiies talentos de primer orden y 
caracteres templados que no rendirán culto, jamás, á la 
efímera popularidad que resulta de los halagos hechos á las 
malas pasiones. 

Usted, sobre todo, mi amigo, está obligado á eso por 
las gloriosas tradiciones de toda su vida, como periodista 
y como tribuno. Lo emplazo á ese combate fecundo, á 
nombre de los mismos títulos que le han becho para ante 
el mundo, no el publicista argentino, pero el sostenedor 
incontrastable de los derechos, de la justicia y de la demo- 
cracia universal. 

La política del miedo y del secuestramiento moral de las 
naciones ya no es de este tiempo. 

Y sí, como cree el señor doctor J. C.Gómez es siempre 



— 162 — 

santa la guerra que se hace á un tirano, hay otra obra tan 
meritoria, moralmente, como esa— la guerra, que un espí- 
ritu claro como el suyo, debe de hacer á la tiranía de sus 
propias pasiones. 

Cuando la coalición de 1839, un periódico francés dejó 
caer esta frase cruel con relación á Guizot: 

«Puede que tengáis en lo sucesivo nuestro concurso; pe- 
ro no tendréis mas nuestra estima». 

Al doctor donjuán Cailos Gómez le dirá sin duda el 
pueblo argentino; justamente lo contrario: 

«Tendréis siempre nuestra estima, pero jamás nuestro 
concurso para la obra estéril y negativa que nos pro- 
pones». 

Queda siempre su afímo. amigo y S. S. 

Quintino Bocayuva 

Señar Doctor Don Quintino Bocayuva. 
Mi querido colega y amigo: 

He recibido y publico hoy, la carta que desde Montevi- 
deo me dirige Vd , con motivo de los juicios y apreciacio- 
nes de mi ilustrado amigo el doctor don Juan Carlos Gó- 
mez, sobre la política brasilera. 

En ella tratándome Vd. con conceptos, que solo atribu- 
yo al viejo cariño que nos liga, me pide que levante tam- 
bién mi voz, para combatir la propaganda del Dr. Gómez, 
contra el Brasil. 

Nadie mejor que Vd. sabe, mi querido amigo, que du- 
rante diez y siete años he sostenido á este respecto en la 
prensa una sola política; la de confundir las aspiraciones 
de Jos dos pueblos, en un solo pensamiento, en una sola 
idea, en un solo deseo: establecer una política de confian- 
za mutua, que dé á cada uno las garantías necesarias pa- 
ra consolidar la paz fecunda que tanto conviene á los Es- 
tados del Plata como al Imperio del Brasil. 

Vd. lo sabe, también, por sostener estas ideas, arraiga- 
das en mí, que no creo, en el odio de pueblo contra pueblo, 
en el odio de raza contra razn, apagado por el espíritu de 
fraternidad que en pos do muchos siglos de lucha, vence y 
domina al fin, he tido duramente atacado. 

Sin embargo, esos ataques, hijos de las conveniencias de 
los partidos, unas veces, de un patriotismo ex aj erad o, otras, 
no han modificado mis creencias; y hoy, lo mismo que el 



— 163 — 

primer dia que subí á la prensa, rechazo la baodera de los 
odios que se pretenden clavar en nuestras fronteras, para 
combatir, no ja, una política; mas ó menos agresiva, de los 
estadistas del Imperio, pero lo que es mas, esa entidad que 
se llama el pueblo á quien no se quieren reconocer las 
grandes aspiraciones de los que hemos nacido, á (asombra 
del estandarte de la República, tan tolo, por ser un Empe- 
rador 7 no un Presidente quien lo gobierna. 

En ese sentido, levantaré también mi pobre palabra des- 
pués que los viejos atletas de la prensa del Plata, pongan 
punto final á la importantísima polémica en que se hallan 
empeñadas, su inteligencia, sus convicciones, sus vibtas po- 
líticos, y hasta los errores que en su vida de partidario han 
cometido. 

Por hoy, el derecho de la polémica les pertenece. 

Después me tocará mi humilde turno, y entonces yo 
sabré hacer justicia á las nobles ideas del fogoso campeón 
de las nacionalidades, tan dignamente personificado en 
Vd. el mas brillante de los periodistas brasileros. 

Como siempre acepte, mi distinguido colega, la espre- 
sion de mi simpatía. 

Héctor F. Várela. 

Montevideo, Diciembre 14 de 1869. 

Señor Dr. Don Juan Carlos Gómez. 

La carta de V. sobre la recepción de la Guardia Nacio- 
nal de Buenos Aires me provoca algunos reparos. 

Mis relaciones con Vd , aunque poco detenidas, me au- 
torizan & dirigirme á Vd. directamente. 

Soy apreciador de su talento y lo aprecio, porque sus 
mas bellas manifestacianes han servido la causa de la de- 
mocracia, de la justicia, del derecho. 

¿Un espíritu como el suyo, templado en creencias tan no- 
bles, porque se apasiona contra el Brasil? 

¿Será un exceso de celo por las instituciones republi- 
canas? 

Nada en el Brasil las amenaza; ni sus instituciones, que 
son muy adelantadas y libres; ni su política que ha sido 
leal y desinteresada, ejemplo la guerra contra Rosas; ni el 
espíritu público que es liberal; ni la prensa; ni por sus in- 
tereses ocultos, cuya manifestación se recate. 



— 164 — 

¿Teme Vd. el contagio de la monarquía? 

Es un recelo vano. En todo caso no es irritándola, lla- 
mándola constantemente al terreno ardiente de las acrimi- 
naciones y de las desconfianzas, que conjurará Vd. el peli- 
gro imaginario que le agovia. Será mas antes infundien- 
do el amor de la democracia, aconsejando la práctica de 
los buenos principios, que el mal dejará de contaminar es- 
tos pueblos libres. 

No puedo creer que Vd. con su elevada inteligencia se 
deje arratrar por la preocupación vulgar y anacrónica del 
odio de raza. 

En esa arena ingrata Vd. no encontrará la parte mas 
culta de estas repúblicas. El odio de raza es una abe- 
rración deplorable del espíritu humano felizmente botada 
hoy al olvido, sumida en los abismos del pasado. 

Guando las conquistas democráticas simentan los funda- 
mentos de la grande familia humana, seria deplorable y 
estólido que una escuela republicana, enarbotase la bande- 
ra de esterminio á un pueblo, porque ese pueblo no habla 
español y no es republicano. 

Nosotros no tenemos esa escuela y si alguna tenemos 
en relación á los estranjeros en general es la del amor y 
de la confraternización. 

Apóstol, can distinguido y tan alentado, de la libertad, 
como es Vd., me parece que su puesto debería ser propa- 
gando la unión de estos pueblo?, y no su incisión, su ren- 
cor. 

Cuando me refiero al pueblo, no puedo desligar su go- 
bierno de la solidaridad, porque usted, extranjero para no- 
sotros, difícilmente herirá á uno sin herir al otro. 

Dispénseme Vd. estas consideraciones que he juzgado 
compatibles con el asunto de su carta, y que mas de una 
vez me han asomado á la mente al leer, no solamente sus 
producciones contra el Brasil; como las de tantos otros,que 
se creen en el buen camino siguiendo sus huellas. 

Entro en la apreciación de su carta. 

Dice Vd. que en la guerra que Buenos Aires ha hecho á 
López, una funesta alianza ha esterilizado sus sacrificios. 

Sería curioso que esplicara Vd. con su robusto talento 
de haberse fructificado los sacrificios de Buenos Aires en 
esta guerra, sin \& funesta alianza, es decir, sin la alianza 
con el Brasil. I 

l 



— 165 — 

Admira, en verdad, señor Doctor Gómez, que Vd. pien- 
se asi después del hecho. 

A priori, tal lenguaje hubiera tenido una razón de ser. 
Vd. y tantos otros Jaboran en el campo vasto de ias conje- 
turas; pero hoy estamos en el círculo inexorable de los he- 
chos consumados. 

Para luego Buenos Aires no hubiera hecho la guerra á 
López, y si la hubiera hecho estaría como los litigantes 
del refrán, ella en camisa y el Paraguay desnudo. 

Buenos Aires para vencer á López hubiera necesitado 
destruir 180 mil paraguayos; tomar 600 cañones de posi- 
ción y de campaña; ganar la victoria del Riachuelo; forzar 
los pasos de Curuzú, Curupayty, Rumaitá, Tebicuarí y An- 
gostura; aniquilar una escuadra de 15 buques de guerra, 
mantener por 5 años un ejército nunca menor de 60 mil 
hombres, gastar, al menos, lo que ha gastado su funesto 
aliado, el Brasil, 300 millones de fuertes. Las ventajas de 
la victoria serian para Buenos Aires las mismas de hoy. 
Esas las declara el General Mitre: vengar una ofensa, ase- 
gurar la paz interna y externa, reivindicar la libre navega- 
ción de los rios, reconquistar sus fronteras. 

En tales condiciones calificar Vd. de funesta la alianza, 
es alimentar Vd- vm funesto deseo contra Buenos Aires. 

Si es por un glorioso egoísmo que Vd. asi piensa, me 
permito asegurar á Vd. que el Goneral Mitre interpreta so- 
lo un punto de vista mas utilitario, los sentimientos de 
Buenos Aires. Menos entusiasta de la gloria sin fatiga, ha 
sido mas hábil políico y estadista que lo hubiera sido Vd. 
en su posición. 

El ha conjurado, alian lose al Brasil, el peligro mas real 
de estas Repúblicas: la autocracia del mas monst/uoso de 
los déspotas. La República Argentina no hubiera bastado 
para lucha tan colosal, so pena de volver al atraso de su 
infancia. El Brasil, á quien Vd. quiere tan mal, no ha so- 
lamente ayudado á sus valientes aliados á vencer las bata- 
llas, á forzar los pasos de los ríos, á bloquearlos, á embes- 
tir trincheras, como 1a de Humaitá, Establecimiento, Sau- 
ce/Tebicuarf, á secundar las brillantes cargas de la caballe- 
ría argentina, ha servido para algo mas: sus tesoros se han 
derramado en la circulación en voluminosos caudales, y 
para citarle un ejemplo diré que solamente el forraje de 
nuestra caballería nos costaba al mes un millón de fuertes. 

Vd. no quería la lucha adulterada por el Brasil. Pues 



— 166 — 

ha sido para nosotros una gran desgracia que Vd. no ri- 
giera los destinos de la República Argentina, porque en- 
tonces no deturpariamos la luch» grandiosa de Buenos 
Abe?, y en la hora de lo» beneficios tendríamos lo mismo 
nne hornos conseguido con nuestros inmensos sacrificios, 
á saber: la detafrent», la navegación libre del Paraguay, 
la rectificación de nuestra frontera. 

Yo comprendo que el general Mitre asuma gustoso la 
responsabilidad de la alianza, que Vd. le imparte, y hnga 
de ese acto de su vida pública uno de sus mas bellos títu- 
los de veneración. 

La prosperidad de Buenos Aires y de la República ma- 
nifestada en la multiplicación espantosa de los capitales, 
en la fijación metálica de su padrón monetario, en el de- 
sarrollo de las asociaciones industriales, en la vitalidad 
del comercio, en el incremento de la inmigración, por ura 
gueria de cinco años, protesta enérgicamente, en todo sen- 
tido, contra e\ funesto con que Vd. brinda la alianza, al 
paso que enaltece la sagacidad del general Mitre. 

Vds. pueden decir y yo no rae enojo por eso, que el Bra- 
sil ha sido el pavo de la boda. 

Yo daría á Vd. toda la gloria de la guerra y toda la pu- 
reza que Vd. quería en la lucha, á condición que las situa- 
ciones económicas de las dos capitales Buenos Aires y Rio 
Janeiro estuvieran al revés de hoy. 

No creo que los bonaerenses acepten el cambio, y por 
oso recelo que Vd. quede en unidad en su modo de apre- 
ciar la alianza. 
Soy con todo aprecio v estima. 
Su atento servidor. 

Francisco Cunha. 



167 — 



iotas acerca le los gobernadoras, la emancipación j los 
gobernantes del Paraguay 



[Conthu tción) 



X 

Agricultura* Ganado ía, Industria y Comercio 

SUMARIO:— Alimentación y medios de conducción del piálense pre español. Importancia de 
la Agricultura El maíz. La Pampa XI Origen de los pasto* americanos. Animales 
ú ¡les importados XI[. Plantas alimenticias importadas. Trigo Fruta' es: Vid . Naran- 
jos Impropiedad de muchas roces llamadas 'americanismos. XIII. Opinión do Mitre 
Error de Cantú Lo que hallaron loa fundadores de Asumpción. XIV Antropofajia 
de los indios Opinión del general Olascoaga Refutaci n á Max Nordeau. XV. 
Los colonizadores y los colonos Modificación del clima como resultado de la lle- 
gada de los españoles XVI Productos propios que ens ña ron ¿ beneficiar. Mate 
XVI f. Fxport ación del Paraguay XV II Franquicias comerciales de la goberna- 
ción del Rio de la Plata XIX- Los recelos de localidad entorpecían el comercio 
XX. Comercio del Uru uay XXI Inc emento de la población, sociabilidad, indus- 
trias argentinas y comercio en el aiglo XVIII. XXII Franquicias comeré ales del 
Vireinato XXIII El Consulado de Buenos Aires y Btflgran >. XXIV Legislación 
'comercial argent na de 1810 á 1825 XXV Tratados de comercio; legislación co- 
mercial Argentina ~1 895 á 18Ó3 Equivocación del D\ Irigoyen. XXVI Estado ac- 
tual de los indios del l haco y Patagonia. Lo que dirán si se les civikia. Algu as 
circunstancias esenciales que deberían tener en cuenta Error de AVuashhurn. 
XXVII Lo que esperamos de la juren» ud. El Dr. López y el contrabanda en la 
época española y mu la independiente. Kefutaeión. XXVItl Administración da Ur- 
quisa Observaciones de Estrada XXIX. Los empleados coloniales y causas de la 
barbarliación Examen de Civilización y Barbarie. Opinión del Dr. Quesada. XXX 
Lo que acontece si la ocupación inglesa se formaliza. XXXI. El Derecho de 
Conquista. El quintj de los Reyes. 

Son muchos los popfas, y entre ellos el mismo Colón, 
que han asegurado hallarse en el nuevo continente el pa- 
raíso, á pesar de que, los hombres que lo habitaban en 
el siglo XV, rara \ez podían ver saciada su hambre, y que 
los europeos queá él aportaron en la centuria de León X y 
Melancbton fueron bautizando los lugares en que ponían 
la planta con nombres de algún santo, ó sease de esperan- 
za, señal de que no hallaban realidades; ó con otros tan 
gráficos que por eí solos equivalen á una larga descrip- 
ción; cual los impuestos por MagaPanes ó su cronista Pi- 
gafeta,- bahía de la desolación, bahía del hambre, bahía de 
los muertos y otros no menos propios para explicar lo que 
encontraron. 

Los que en el nuevo mundo se establecieron en los dias 



— 168 — 

de Carlos I, no dejaron de consignar lo que Schroidel res- 
peto de Buena Esperanza de Buenos Aires: «No podíamos 
conservar los zapatos ni ningún objeto de cuero, pues ante 
todo era preciso comer» 7 referir que, por satisfacer esta 
natural necesidad se cometieron actos de verdadera de- 
mencia, solo explicables, entre cristianos, por la locura del 
hambre. 

Si la poesia 7 la historia de la colonización, que algunos 
impropiamente llaman conquista, siguen unas sendas tan 
opuestas, 7 en el paraíso no hallaban los pobladores 7 los 
aborígenes más que miseria 7 degradación, es cosa que no 
debe extrañar sino á los que carecen de todo antecedente 
7 pintan el mundo cual desearían que fuese, porque en pu- 
ridad de verdad, no podia haber sucedido otra cosa, dado 
el estado de la navegación en aquella época, lo imposible 
de los aprestos para mucha gente durante años, 7 la taita 
de elementos bromatolójicos 7 medios de conducción con 
que el nuevo mundo estaba dotado en plena época moder- 
na. 

Hoy, casi podemos hablar de las delicias de la produc- 
ción americana, pero sin echar nunca en saco roto, cual 
se acostumbra, que lo principiaron á ser cuando las semi- 
llas de cereales 7 f nitos introducidos por los españoles, fruc- 
tificaron ó procrearon: «el indio que hasta la conquista 7 
desde una antigüedad muy remota, poseía estos territorios, 
era ocioso, andaba desnudo 7 á pié; cosa apenas creiblc 
p u a los colonos actuales que ninguno consentiría en an- 
dar un kilómetro sin su caballo. Las tribus de los Andes 
empleaban para su trasporte 7 alimentación el guanaco y 
la llama, pero las del litoral no tenían tal recurso 7 se ex- 
plica difícilmente como podían vivir 7 cambiar de lugar, 
desprovistos por completo de todo auxiliar, en terrenos sin 
desmontar 7 con un clima asaz rudo. Fuera del pescado, 
muy abundante en todas las corrientes de agua, estaban 
reducidos á la caza de los animales inmundos que pueblan 
estos desiertos, el tato, la iguana, el zorro, la vizcacha, al- 
gunos reptiles 7 algunos pájaros, pero ningún fruto, ni 
ningún producto vejetel» Daireaux (B. Aires, Pampa et 
Patagonie.) 

El seflor Pelliza (Historia Argentina) aunque en el fon- 
do coincide con el anterior en la forma dista mucho, pues 
dice: «la poca carne que de vez en cuando comían los in- 
dios era de gama ó de venado salvage .... en el otoño se 



- 169 - 

reconcentraban los indios para cazar algunas aves y co- 
sechar el algarrobo y otros frutos espontáneos que la pró- 
diga naturaza les brindaba» y también en el mismo tomo 
I: «la alimentación délos indígenas consistía en pescado 
seco y harina hecha con el mismo pescado, lo que consti- 
tuía un excelente alimento y único, pues aquí no existía 
maíz ni otros frutos como en las regiones más próximas á 
los trópicos.... no habia otras bebidas fermentadas que 
las del algarrobo y el maiz, ni otros alimentos de naturale- 
za distinta de los enumerados.» 

Así es, y en los cuatro tomos de su obra no cita el au- 
tor más que los señalados ¿no es escarnecer á la naturale- 
za el llamarla prodiga, cuando sólo dá para alimento al- 
garrobas, pescado, y en la Pampa los ríos pueden contal* 
se por íos dedos de la mano izquierda, y algún venado, que 
es necesario que agarren hombres descalzos y á pié en 
una llanura casi sin limites y sin un solo árbol? 

No sirva este comentario para interpretaciones extem- 
poráneas: es una burla el llamar pródiga á la naturaleza 
platease anterior al año 1535; puede la misma ser fecnnda 
para el que la sepa aplicar el arado y cubrir después de 
semillas, pero por sí, solo podía ser y fué, desapiadada 
madrastra, para el indio y primeros europ?03 que la halla- 
ron. 

Estas cuestiones de todo tienen menos de baladís; se en- 
carna en ellas nada menos que el derecho de conquista 
sobre los territorios que sus habitantes nómadas no han 
podido someter á la agricultura, y por otro lado, el modo 
como las naciones se crean de un modo sólido, y capaz 
de resistir todos los vaivenes que la política interna ó ex- 
tranjera les hagan sufrir, pues cual escribía el padre del 
tribuno Mirabeau: el Estado es un árbol, las raices son la 
agricultura, el tronco la población, las ramas, la industria 
y las hojas el comercio y las artes. De las raices toma el 
tronco la sabia que lo alimenta, de ellas arrancan un sin 
número de ramas y de fibras que toman la materia nutriti- 
va de la tierra: e=ta materia se convierte en savia, el tron- 
co crece y se esparce en multitud de ramas que prosperan 
gracias á la fuerza del tronco y que parecen no necesitar 
de las raices, cuya eficacia y laboriosidad están tan lejos 
que casi son desconocidas. La savia nutritiva completa su 
curso manifestándose por medio de hoj *s, que constituyen 
la parte mas bella y mas brillante del átbol. Esta parte es 



— 170 — 

Ir menos robusta y la mas expuesta á las tempestades el 
calor del sol basta para secarla y destruirla. Si las raices 
conservan su fuerza, la savia repone lu*go los desperfec- 
tos: nuevas hojas brotan por todos lados y reemplazan á 
las que maligna influencia ha destruido: pero ti algún in- 
fecto roe las raices en los abismos de la tierra, en vano se 
esperará que el sol y el roció den nueva vida al tronco 
muerto: entonces hay que ir directamente alas raices y 
darles la posibilidad de extenderse y reconstruirse; de lo 
contraiio el árbol perece. 

Meditando esto, se deduce que no habiendo en la Amé- 
rica del Sur pre-española, ni siquiera las raices del Esta- 
do, este no existía. Como algunos pudieran imaginar qne 
en la porción ira< extensa y hoy mas próspera, había si- 
quiera algunas raicillas, conf fftmofi que, apesar de enu- 
merar bien pocos alimentos propw s del argentino y uru- 
guajo pre españole*, nos ha dejado el historiador Pelliza 
t ii una gran peiplejidí d ¿había ó nó maiz en el Uruguay, 
Pampa y Patagonia, de entonce*? 

El autor dice en la misma página que sí y que nó; Cas- . 
telar (Hist. Descubrimiento) Decond (La Atlántida)y otros 
iníin tos han consagrado al maiz muy bellas página?; al- 
gunos escritores (vcn< zolano Gutiérrez. Obias) lo han 
cantado con amor y retro poético; otos, han investigado 
las tradiciones de los pielt-s rojas y de los guaraní e: por 
estas: dos indios en una plácida tarde fe lamentaban de la 
escasez de alimentos en cieitas épocas del año; las frutas 
tienen su estación para madurar, la caza no es cota fácil, 
la pesca f s insegura, los cogollos de palmera y las rai- es 
de cieitas plantas, son poco nutritivas y no abundan por 
todas parles. Ñandeyara compadeció-e, les mandó un aba 
('e luz y este les ordenó que bregaren ha<ta que uno de los 
dos muriera: así lo hicieron; llegada la noche el muerto fué 
enterrado, prro con la prisa dejáronlela nariz siu cubiir y 
|»»h soi pretal en la próxima primave ra, en el sitio que aquella 
s» b esa lía del suelo nació la primer planta de maiz {abatí, 
nariz de indio) cNingun buen indio olvida que la abundan- 
cia que proporciona ese exquisito alimento, tanto al caza- 
dor y á fus familias, como á todos los animales, proviene 
del sacrificio Je un amigo fiel» Oliveira Cézar (Leyendas 
da los indios guaraníes). 

De todo esto, cual de la inspirada Silva de Andrés Bi- 
llo, en nada pueden hallar vanagloria los admiradores de 



— 171 — 

la prodigiosa naturaleza de la Pampa, por cnanto se desco- 
nocía en ella el maíz hasta que á Buenos Aires lo lleva- 
ron Gonzalo de Mendoza desde Rio Janeiro j Juan de 
Ajólas de los Timbués,segun nos enseñan Schmidel, Isa- 
bel de Guevara, B^rco Centenera y otros de sus fundado- 
res ó repobladores. 

Los primeros no hubieran padecido cuna grande ham- 
bre como la de Jerusalen y mayor, pues se comieron mu- 
chos hombres unos á otros» (Gregorio de Acosta. Doc. 
inéditos. Col. de Torres t. X) ni muerto mas «de las dos 
terceras partes» (Y, Guevara. Cart. de Indias — Ministro 
Fomento) si hubieran hallado maiz en la Argentina los com- 
pañeros del copero del César Carlos I, que por su cargo á 
tantos suculentos banquetes debió asistir en Europa y 
que en América tanta miseria aguantó, para terminar falle- 
ciendo de hambre, después de sufrir más que todos los Sil- 
vio Pellico en el carcere duro de Spigbprg,y aun que el 
pueblo paraguayo en los años negros de la residencia, que 
fué cuando tuvo ocasión de conocer lo poco próJigas 
que eran sus dilatadas selvas, para alimentar á unos cen- 
tenares de individuos, á los que la necesidad les había he- 
cho muy poco escrupulosos para tomar lo que les pre- 
cia alimento. 

Y, ¡coincidencia no infrecuente en los anales de la hu- 
manidad! fué una suerte para los bárbaros pampas, que- 
randies y charrúas, loque constituyó una irreparable des- 
gracia para los primeros hombres civilizados que entre 
ellos se establecieron, y de la cual tal vez aun en lo futuro 
se sientan las consecuencias, cual hasta hoy dia se sufren, 
pues no podemos comprender lo que habria ocurrido si la 
fundación de Mendoza con sus grandes elementos se es- 
tablece sóidamente y en vez de hacer capital á la Asun- 
ción no necesita de c?ta. . . . 

Dejando esto, hasta el año 1534 el maiz solo podia lle- 
gar á la Pampa 7 Uruguay por dos vias: primera, por los 
Andes, en cuyo caso los que á traición mataron á Solis y 
Garay, verdaderos mártires, cual mucho* otros españo- 
les, del piogresoy la civilización sudamericanas, á cam- 
bio del beneficio hecho al suelo por las transandinos, hu- 
bieran aquellos caido bajo el bárbaro despotismo de la su- 
perstición de los decantados incas, incestuosos, sin alfa- 
beto, sin pan, ni vino, ni carne; ó segundo: llevado por 
los dulcís guaraníes, que ya rebasaban el Paraná, que tam- 



— 172 - 

bien eran invasores en el Paraguay, y que formaban una 
«raza Que no dejaban que el vencido viviese, hombre, 
mujer ó niño» Decoud (La Atlantida). 

De modo y manera que, porque hoy los escritores tuvie- 
ron el placer do decir pue los indígenas del Pawná-guazú, 
de Rio Cuarto y del Uruguay, si en vez de ser descubiertos 
cuando lo fueron, lo hubieran sido en los días de Danton, 
R^bespierre, Marat y otros libertadores, se habría hallado 
que poseían maiz; los desventurados aborigénes, habrían 
terminado su mas que precaria existencia, en los tambos ú 
otras obras que los incas, los grandes déspotas de la his- 
toria universal, mandaban hacer, sin hierro, ni animales 
de carga, ó, bien, habrían sido exterminados por los carios 
para abonar el suelo. Los que hubieran escapado de estas 
dos plagas atravesando chacos y desiertos tan pródigos 
como los que los habian visto correr desnudos y descalzos 
tras de los corzos, tal vez muy á la distancia verían el 
maiz y hasta las papas, pero así que los divisasen los po- 
seedoies de estas, sus cabezas habrían idoá aumentar «loa 
ciento treinta y seis mil cráneos» (Cosson, Geografía) que 
los compañeros de Cortes vieron en los pocos teoccUlÍ3, que 
venciendo su asco, se permitieron visitar. 

Si descontamos el maiz, cuyo exclusivo origen arnerica- 
. co tal vez fuera discutible, y que está acusado por muchos 
médicos, principalmente italianos, de originar la pellagra 
y otras dermatosis, á los que lo emplean para alimentarse, 
¿que nos queda déla prodigiosa naturaleza querandíy 
charrúa? 

Repetimos que en parte de ella, en el tempe argentino 
y en otras porciones del territorio, mucho se puede espe- 
tar y grandes cosas ha dado de sí desde que en ellas se 
introdujeron los arados y semillas por los españoles; si es- 
tos no hubieran venido, las industrias agropecuarias se- 
lian por completo desconocidas, pues no existían en nin- 
guna porción de América y si esta hubiera sido en toda 
su extensión colonizada por Inglaterra, los autóctonos ha- 
brían sido pasados á cuchillo, aun concediendo, lo cual es 
una enormidad, que Inglaterra, dadas sus industrias, ma- 
rina y espíritu de asociación en los siglos XVI y XVII se 
hubiera atrevido á una empresa para la cual era muy chi- 
quita entonces, aunque se confederara para ella, con Italia, 
Francia, Portugal y Alemania. 

Hasta en Ir porvenir es preciso no tener fé ciega en los 



— 173 — 

prodigios del arado bien manejado, por medio del hombre 
ó de las máquinas, y de las semillas cuerdamente distri- 
buidas. El doctor Bourgade (Le Paraguay) que la recor- 
rió dice: «La producción de la Pampa se mantendrá mien- 
tras los millones de brazos que á ella llegan anualmente 
(año 1889) la cultiven hasta sus últimos límites, pero el día 
en que toda su subface haya sido removida, muy bien podrá 
acontecer que sufrn la misma suerte que ciertos territorios 
de la América del Norte que llenos de promesas al princi- 
pio, ven actualmente decrecer su producción periódica- 
mente.» 

Con argumentos científicos, rebate también á Napp, (Re- 
públic Argentine) que se permitió poner en duda la si- 
guiente observación del doctor Bourmaíster en la edición 
alemana de su obra sobre la Argentina: «De acuerdo con 
un viejo axioma basado en la experiencia no se debe culti- 
var un terreno nuevo, sino á condición de reemplazar la 
vegetación existente por otra de un orden inferior.. ..la 
Pampa, aun en sus partes mas fértiles no produce mas 
que una vegetación miserable, muy inferior. ..está des- 
tinada á quedar en pasturaje, y no permitirá el cultivo de 
cereales sino en parages muy excepcionales. Jamás en ella 
se formarán tierras de labor, puede pedirse al suelo lo que 
posee ó algo parecido, que se introduzca artificialmente, 
pero nadie le puede dar aquello que no ha producido por 
sí mismo.» 

De modo que, es preciso rebajar algo del concepto del 
Ür. Avellaneda (Exp. Nac. de Có-doba 1871) «Pampa in- 
conmensurable que puede dar alimento á millones de reba- 
ños, superiores á los que el patriarca durante sus ensue- 
ños distribuía en herencia inagotable á los hijos de 
sus hijos», restar no poco de «los doscientos millones de 
toros» que Sarmiento (Civ. y barbarie) creia podian al mis- 
mo tiempo pastar en ella, y olvidar por completo lo qud 
Echeverría (Obras t. V) creia, que era la Pampa tel más 
pingüe patrimonio de los hijos del Plata» y según Amuna- 
tegui «Echeverría había escrito que la pampa era lo que 
debía proporcionar al argentino riqueza y poesía, lo que 
debía satisfacerlas necesidades de su cuerpo y de su alma» 
y otras fantasías de que se rien los agrónomos pero que, 
seducen á muchos incautos, pa r a que estos pierdan sus in- 
tereses, su trabajo y en muchos casos la vida. 

En la pampa no hay mantillo ni agua, «los ganados mué- 



1 



— 174 — 

ren á millones si faltan Ips lluvias» (Cosson) y menos aun 
so encuentran en ella bosques ni casi árboles: el onibú al 
que han cantado e.\tre otro*, Gutiérrez, Domínguez y Mi- 
tre, |los tres, historiógrafos! ha demostrado el general 
Mansilla que es áibol importado; el único a/ bolado que en 
ella abunda «los damascos... Antonio el Choricero, que 
era italiano hizo llevar de su pais un cajoncito con semillas 
de col y de lechuga, entre la cual encontró dos huesos de 
aibaricoque, que no conoció, pero los sembró en mi tiempo, 
y de ellos vienen todos los que hay» Azara (Descríp. é 
hist. 1. 1). 

XI 

Se dice que los animales de carga y silla se reproduje- 
ron rápidamente en el Paraguay, que cuando se introdu- 
jeron aquéllos, así se llamaba no solo la actual República 
sino también gran paite de la Argentina, Bolivia y Brasil 
de nuestros días. 

Tal vez en la pronta procreación de las vacas y caba- 
llos, en América, haya también su mucho de lirismo y no 
poco de olvido para los sufrimientos de los que los intro- 
dujeron y se privaron de ellos por dejarlos en herencia á 
sus hijos criollos. 

Asienta Deroarsay (Hist. phisic. econom. politique du 
Paraguay t. 2) «los agrónomos y naturalistas están acordes 
en declarar que los forrajes actuales fueron importados y 
reemplazaron rápidamente á las duras gramíneas indíge- 
na*» y Daireaux: cuna larga paciencia fué necesaria á los 
primeros que importaron caballos y animales de cuernos 
á este continente, para conseguir salvarlos; después del 
desembarque, hacía falta recurrir por mucho tiempo á los 
forrajes traídos de Europa, antes que definitivamente to- 
maran posesión de estos terrenos, que disimulaban una 
esterilidad ruinosa bajo las apariencias de una fertilidad 
sin ejemplo.» 

Como los españoles no podían vivir ni hacer prosperar 
el país, alimentándose solamente con pescado de rio, que 
no son ciertamente el cariar, la carpa, el salmón ni 
la tru ha, introdujeron en Buenos Aires y Asunción, cual 
en el resto del continente Americano, los caballos (Pedro 
de Mendoza y Alvar Nuftez) los cabras y ovejas (Sana* 
bria, siendo el conductor en 1550 Onofre de Chaves) el gft- 



— 175 — 

nado vacuno, año 1555, Salazar con los cuidadores Cipria* 
no y Vicente Goes ó Goys (arabos apellidos dan las Cartas 
de Indias. Ministro Fomento 1877) y entre otros animales 
útiles los burros y mulos, que no se sabe quien los impor- 
tó, como tampoco los cerdos. También los españoles do- 
taron á la prodigiosa naturaleza píntense con las aves de 
corral y entre ellas el pavo que aportaron de Méjico al 
Perú y á la Argentira, siendo de notar que no obstante 
esto, á principios del siglo XIX entre los peruleros cía pa- 
labra rey quedó tan proscrita del lenguaje, que se desbau- 
tizó al peje-rey para llamarlo pejepatria, y al pavo real se 
le confirmó con el nombre de pavo nacional» Palma (Tra- 
diciones peruanas t. 2). 

Por el Plata en vez de aceptar tamañas ridiculeces val- 
dría más someter á domesticidad algunas aves de gran 
tamaño y excelente carne, cual la pava de monte. 

XII 

En el continente americano en el siglo de la coloniza- 
ción española no había animales de carga y silla, ni si- 
quiera pastos para su alimentación, según Palma «cuando 
los conquistadores se apoderaron del Perú no eran en él 
conocidos el trigo, el arroz, la cebada, la caña de azúcar, 
lechuga, rábanos, Goles, espárragos, ajos, cebollas, beren- 
jenas, hierba buena, garbanzos, lentejas, habas, mostaza, 
anis, alhucema, cominos, orégano, ajonjoü, ri otros pro- 
ductos de la tierra que sería largo enumerar» y que la 
tierra dio, cuando en ella introdujeron las semillas, los 
conquistadores del suelo para la gauadería y la agricultu- 
ra y de los indios para la cultura y civilización, ¿á qué tí- 
tulo se arrogarían las hordas nativas la propiedad de una 
tierra que no podían ni querían marcar con el trabajo? 

En el Paraguay primitivo y actual, los españoles impor- 
taron las mismas plantas alimenticias que en el país del 
distinguido autor de Tradiciones, y de algunas de ellas ha- 
remos especial mención por creerlo útil. 

En la actualidad parece ser que en los alrededores de 
la Asunción se produce mal el trigo; á principio del siglo 
advierte Azara: ese siembra muy poco y produce cuando 
mucho tres ó cuatro por uno (en Montevideo doce,en Bue- 
nos Aires, diez y seis). Consta sin embargo que poco des- 
pués de la conquista se llevaba á vender trigo del Para- 



— 176 — 

guay á Buenos Aires, lo que no podría suceder sino por 
la mayor facilidad de sembrarlo, habiendo mas indios ó 
brazos. > 

Buenos Aires desde el año 1602 exportaba harinas que 
en parte podian ser del Paraguay, en este, tal vez no sem- 
brasen el trigo en las cercanías de la capital; hace unos años 
que se desenterraron unas piedras de molino en Villa 
Rica. 

La palmera dactilífera, el nogal j el olivo, que es fama 
se dan muy mal, los introdujeron Jos jesuítas, que en este 
sentido tuvieron imitadores en las otras ordenes religio- 
sas, y por eso el sabio Humboldt, aunque protestante, es- 
cribe (Esai. pol N. Spagne 1. 1) «los jardines de los presbi- 
terios y de los conventos, son los semilleros de donde han 
salido las plantas útiles recientemente aclimatadas». 

También los españolee introdujeron la cafia de azúcar, 
que luego del Paraguay se exportaba en los siglos pasa- 
dos á Buenos Aires «prefiren muchos reducirla á miel y 
aguardiente, que una y otra tienen muchos apasionados» 
(Azara) el algodón, que también se exportaba á Misiones, 
Buenos Aires, Corrientes, etc. 

«Consta igualmente que el año 1602 había en las cerca- 
nías de la capital muy cerca de dos millones de urdes, y 
que de allí llevaban vino á vender á Buenos Aires. . .Qui- 
zás se aburrieron de las viñas por que su fruto es muy 
perseguido de pájaros, cuadrúpedos, hormigas avispas y 
otros insectos que abundan infinito, ó porqué luego que se 
multiplicaron los ganados, les fué más fácil tener licores 
á cambio de pieles y sebo. Esto ademas es mas contorme 
á la inercia ó flojedad que se atribuye á aquellas gentes, las 
cuales repugnan ser labradores y muchas veces no sega- 
rían si el Gobierno no las forzase» (Azara). 

El Dr. Alonso Criado (Cultivo de la vid) dice que á 
principios del siglo XVIII el Paraguay mandaba vides á 
Mendoza y Chile y vinos á Tucnmen y Perú. Cuando la 
borrasca ae principios del siglo XIX cambió los goberna- 
dores por gobernantes, la exportación del Paraguay que- 
dó reducida á cero, pero el mismo autor, refiere la tradi- 
ción palaciega de un riquísimo vino procedente de las Mi- 
siones que tomaban los comensales de Carlos III; el Dr. 
Rivas Rodríguez ha visto vides silvestres en Emboscada y 
nosotros las hemos observado muy arriba de Villa Con- 
cepción, lo cual indica que há fines del siglo XVIII la vid 



— 177 — 

se cultivaba en el centro y en los dos extremos del país: 
desde este año de 1896 vuelven á importarse vides al Pa- 
raguay, gracias á la buena voluntad y patriotismo de un 
español. 

Con estas breves indicaciones, ya nos podemos formar 
idea de lo mucho y bueno que por los subditos de la 
monarquía española se introdujo en el Paraguay, y en to- 
da América, y de los inmensos beneficios que los indíge- 
nas y su t # rritorio reportaron; y, si casi no podemos for- 
mar concepto de lo que han dado, rinden y producirán las 
copas por los españoles traídas, es porque como cosa pro- 
pia y creyéndolas naturales, estaraos habituados á verlas 
y usarlas, y también porque desconocemos lo pródigos en 
mercedes que fueron los continuadores y compañero*, de 
Jos mártires Solis, Mendoza, Ayolas, Garay y Chaves. 

Ellos, sabiendo desde 1539 á ciencia áerta, pue en los 
países del Plata no existían minas de esta ni de ninguna 
otra clase, fueron los misioneros del pan, de la carne y del 
vino, de :a familia, de los municipios y de las universida- 
des, honra que nunca han soñado lograr en conjunto, ni 
siquiera los griegos de la Mitología r.i los romanos del 
Oümpo, cuanto mas los ingleses, franceses, italianos ú 
otros pueblos en la edad moderna, que nada han hecho 
que con lo realizado por los españoles pueda siquiera asi- 
milarse, y si se duda recuérdese lo que era Norte América 
aún cuando la segunda presidencia de Washington, y este 
se habia convertido en aristócrata, partidario de su anti- 
gua metrópoli, al ver que en su país las pasiones políticas 
se desarrollaban, pero el comercio y las industrias no te- 
nían base y si hoy la tienen, es gracias á que el espíritu es- 
trecho, sectario, de los tres millones de nortes americanos 
que entonces habia, desapareció entre los veinte millones 
de inmigrantes que entre ellos 6e establecieron en muy po- 
co años, impulsándolo todo hacia adelante. 

Dejando el aclarar esto para ocasión oportuna, no olvi- 
demos que cuando los españoles vinieron al Paraguay, la 
España era arbitra del mundo conocido, muchos de aque- 
llos habían andado por Italia, Inglaterra, Francia y Ale- 
mania, algunos eran de la orden de Malta, etc: y por eso 
trajeron lo que necesitaban y lo que en los pueblos ex- 
traños habían visto y les parecía adaptable al suelo de su 
nueva patria: por esto hasta productos que se consideran 
indígenas, es muy discutible que lo sean en todas 6us es- 



— 178 — 

pecies: ejemplo, la banana, conocida en España desde la 
época árabe; la mandioca, alguna de cuyas variedades fué 
trasladada de África á la América, etc. 

Prescindiendo de otras verduras, hortaliza?, cereales y 
frutos, como son muchos los vates, ó así llamados, que se 
entusiasman aspirando en los bosques de azahar, ó que en 
el'os ponen la acción de idilios entre Ñandú, Caú, Taca ó 
cualquier otro indio, distinguido entre los snyo& con 
los ultra poéticos nombres de Avestruz, Borracho ó Luciér- 
naga, y como á darles la razón podia inducir una mala ob 
servación del Dr. Bourgade, que repite Reclús (Geografía) 
observaremos que, asienta Azara;» bosques de naranjos 
que presumo posteriores á la conquista, porque siempre 
Jos he visto cerca de pueblos ó donde los ha habido . . . .juz- 
go que todas las naranjas, en su origen eran dulces y que 
les vino el ácido de la falta de cultivo.» 

La naranja, lo mismo que el café, son propios de Orien- 
te, de donde los árabes los llevaron á Italia y España y los 
hijos de esta los trajeron á América: si una variedad dn 
naranjas se encuentra silvestre en el Paraguay, no hay 
que afirmar que es autóctona, cuando hay razones en con- 
tra, según deduce Azara y otros autores. Además el apepú 
i o quiere decir naranja, sino naranja agria ó amarga. 

Muchas palabras americanas no son tales, sino corrup- 
ciones verdaderas: así la naranja Caazapá del Paraguay 
no es una especie, sino la naranja tangerina ó de Tánger, 
algo degenerada, á la que llaman en el Plata actual tanlle- 
riña; un plato muy afamado, la mazamorra, no puede ser 
pre-hispano, se hace con cosas desconocidas entonces, le- 
che, y en sí lleva su verdadero nombre, masa mora. 

La regla de Reelús «los árboles, legumbres y animales 
importados de Europa tienen en guaraní designaciones li- 
geramente modificadas del eepaño!» tiene infinito número 
de excepciones: caña de azúcar (tacuarehé), leche (cambuy), 
perro (yagua), cerdo (curé), gallina (riguazú), mulo (mbu- 
ricá), etc., etc: en cambio, solo castellanizándolas, pueden 
expiesar los guaraníes cosas que poseían antes de la lle- 
gada de los españoles; algarrobo blanco (algarrobo moro- 
tí), algairobo negro (algarrobo hú), y en castellano algar- 
robo proviene del árabe (alharroba, silicua): corazón (co- 
rasón) etc. 

Algunos americanismos, que muchos quisieran ver figu- 
rar en el léxico castellano, no harían más que prostituir el 



— 179 — 

idioma, sin que en las diversas regiones de América se les 
concediera por ello la representación de un solo y mismo 
objeto: tata, en guaraní fuego, en otros idiomas america- 
nos, padre; chipá, en quichua, cesta, en guaraní masa co- 
cida de almidón, huevo y queso, reblandecida con agua 
salada ó leche, 7 que por el queso y el huevo no puede ser 
plato indígena, a pesar del nombre tan poco español que se 
leda. 

Aun aquellas paltbras americanas, que parecen encer- 
rar una idea común, tienen muy diverso significado, según 
las rejiones, pronunciándose y escribiéndose del mismo 
modo: v. g.\ barbacoa, con esta voz comprendían los ca- 
ribes de las Antillas los encañizados sobre que asaban y 
ahumaban á los prisioneros de guerra: en Venezuela lla- 
man así, al aparador de cañas en que colocan los utensilios 
de cocina; en Paraguay, la encarramada donde se tuesta la 
yerba mate; en otros puntos del ya no muy nuevo conti- 
nente, barbacoa, es la carree asada en un hoyo hecho en la 
tierra: ¿que acepción es la verdadera? 

XIII 

Algunos escritores americanos, separándose de la vul- 
gar é indocta corriente, ya van aprovechando ciertas opor- 
tunidades para ir reconociendo lo mucho que á España 
deben y así Mitre (Exposición rural Argentina, 1859) dice: 
«el mas humilde animal, la mas pequeña planta, la mas 
pobre flor, el mas insignificante producto que el hombre 
puede mejorar ó modificar por la inteligencia y el trabajo, 
dándole una ocupación útil ó agradable/tiene mas influen- 
cia sobre la felicidad del género humano que un nuevo as- 
tro descubierto por el astrónomo en la inmensidad de los 
cielos. . . .no me es posible dejar de recordar los nombres 
de aquellos benefactores de la humanidad que, aclimatan- 
do en nuestro suelo las plantas y animales mas útiles al 
hombre abrieron el surco y depositaron la simiente: los 
primeros que dieron el noble ejemplo de la inteligencia 
aplicada al trabajo, y fundaron con el sudor de sus frentes 
la tierra generosa de la patria, que hoy nos brinda con sus 
riquísimos y variados productos... cumplo con el deber 
de rememorar para alentar á las generaciones presentes 
en el trabajo, los nombres de aquellos conquistadores de 
la naturaleza bruta, que combatieron por el triunfo de la 



— 180 — 

civilización en estas rejiones, armados con el hierro del 
pico y del arado, de aquellos que conquistaron el suelo pa- 
ra la agricultura y multiplicaron las fuerzas del hombre 
ó embellecieron su vida, poniendo á su servicio la cons- 
tancia del buey, la rapidez del caballo, el vellón de la ove- 
ja, la piel de la cabra, los granos alimenticios, las aves 
domésticas, las frutas y las flores desconocidas en el nue- 
vo mundo; en una palabra, señores, todo aquello que hoy 
constituye nuestra delicia ó nuestra riqueza (Gloria á 
ellos! vergüenza para nosotros que gozamos sus benefi* 
cio8, sin conocer la mano generosa que los derramó, sin 
preguntarnos en que dia nacieron y en que hora murieron 
los que consagraron su vida al bien de sus semejantes, y 
dejaron por herencia á las generaciones venideras el mo- 
numento imperecedero de los siglos: las razai de animales 
que se perpetúan y las plantas que se reproducen eterna- 
mente. La antigüedad consagró altares en honor de Ceres 
por haber depositado en la tierra el primer grano de trigo, 
y la posteridad agradecida ha afirmado sobre su cabeza 
esa expléndida diadema de espigas de oro, que simbolizan 
la abundancia que nace del' trabajo. Méjico ha salvado 
del olvido el nombre del negro de Hernán Cortés, que con 
tres granos de trigo cubrió de mieses el antiguo imperio 
de los Aztecas. El Perú recuerda con gratitud el nombre 
de María de Escobar, la Ceres peruana, que fué la mensa- 
jera de la semilla de la vida. Menos felices ó mas ingratos 
nosotros, no podemos decir á quien debemos las mieses 
que cubren nuestros campos (á España, lo mismo que Pe* 
ruanos. Mejicanos, etn) y al romper el pan de cada dia, no 
podemos enseñar á nuest r os hijos quien fué el primero 
que depositó el primer grano de trigo en las entrañas vír- 
genes de la tierra Argentinal Apenas sabemos quienes 
fueron los primeros que introdujeron al Rio de la Plata 
los primeros animales vacunos, lanares y caballares, los 
primeros árboles y las primeras flores.. ..Para apreciar 
debidamente el inmenso beneficio de que somos deudores 
á los primeros que derramaron en estas soledades las se- 
millas de la abundancia y los gérmenes de la vida animal; 
para apreciar los inmensos progresos que hemos hecho en 
el sentido de la producción y la riqueza, debemos traspor- 
tarnos con la imaginación á aquella época, no muy leja- 
na todavía, en que este suelo se hallaba tal cual salió de 
las manos del Creador. Entonces este verde manto de pas- 



— 181 — 

tos azucarados que hoy alimenta nuestros ganados no ta- 
pizaba la planicie de la pampa y el agreste pajonal sofoca- 
ba en ella todo principio de vegetación Ningún árbol in- 
terrumpía su mclancó'ica monotonía Ni más anima* 

les cruzaban la llanura que el venado y ol avestruz, en 
pos de los cuales corría, á .pié, el indio cazador. Si allá 
en las nacientes de los rios interiores, sus habitantes te- 
nían algunas nociones de agricultuia, si cultivaban el 
raaiz y varios vegetales desconocidos en Europa, la ca- 
noa payaguá no llegaba hasta el Plata y los salvajes ha- 
bitantes del territorio que hoy forma el Estado de Bue- 
nos Aires no participaban de esas bendiciones. > 

No obstante tan francas y autorizadas declaraciones, 
Lamartine y otros líricos, han repetido tantas veces: «Nue- 
vo-Mundo visto por Colon, por él descubierto y profeti- 
zado, donde las arenas son de oro, los riscos de coral y de 
perlas el hecho de las olas» que son seis patentes errores, 
y por otro lado abundan tanto los historiadores de oca- 
sión ó aniversario, que podríamos llamar subjetivos por- 
que no historian sino que dicen lo que les parece, que 
hasta los hombres de ciencia, por no investigar en lo que 
les parece secundario, incurren en equivocaciones cual la 
siguiente de C Can tú (Hist. Universal, t* IV). 

«Mendoza fundó á Buenos Aires. Era uno de los países 
mas hermosos y fructíferos del mundo, rico en pastos, al- 
godón, Índigo, pimienta, hipecacuana» y otros despropó- 
sitos, que son realidades en los países que creyó ver Co- 
lon, es decir en Asia, y hasta en porciones de América que 
distan unas mil y pico de leguas de Buenos Aires. 

No ya en Buenos Aires: en donde reinaba la canoa pa- 
yaguá, fueron tales las miserias que con tanta razón como 
de los de la Florida se podía decir de ellos (Fernández de 
Oviedo-Hist. gen. y nat. 1. 1) <Ponce de León, no fué solo 
él quien perdió la vida y el tiempo y la hacienda en esta 
demanda: que muchos otros por le seguir murieron en el 
viaje ó después de ser allá llegados, parte á manos de los 
indios é parte de enfermedades, y asi acabaron el adelan- 
tado y el adelantamiento.» 

En 1556 escribía doña Isabel de Guevara, á la infanta 
doña Juana de Castilla ccomo la armada (del primer go- 
bernador Pedro de Mendoza) llegase al puerto de Buenos 
Aires con mil Quinientos hombres, y les faltase bastimento, 
fué tamaña el hambre, que al cabo de tres meses, murie- 



- 182 — 

ron los mil, esta hambre fué tamaña que ni la de Jerusa- 
len se la puede igualar, i i con otra ninguna se puede com- 
parar. . . .'Pasada esta tan peligrosa turbonada determina- 
ron subir el rio arriba, asi flacos corno estaban y en entra- 
da de invierno, en dos bergantines llegamos á una ge- 
neración de indios que se llaman Timbues, señores de mu- 
cho pescado, de nuevo (las mujeres que acompañaban á 
los pocas sobrevivientes de la primitiva Buenos Aires) les 
serviamos (como si fueran hijos) en buscarles diversos mo- 
dos de guisados, porque no les diese en rostro el pescado, & 
cau.«a de que lo comían sin pan y estaban muy flacos Des- 
pués determinaron subir el Paraná arriba, en demanda de 
baetime? to, en el cual viaje paparon tanto trabajo. . . .lle- 
garon á esla ciudad de la Asunción que aunque ahora está 
muy fértil de bastimento*, entonces estaba de ellos muy 
necesitada (como que ni un to'do había en ella) que fué nece- 
sario que las mujeres volviesen de nuevo á sus trabajos, 
haciendo rozas con sus propias manos, carpiendo y sem- 
brando > 

Bien pe deduce de todo esto, y de la prisa con que Ayo- 
las ton ó la ruta del Perú para ver, si conforme á las ins- 
trucciones de Mendoza (20 Abril 1537) podía vender el 
Adelantazgo (aunque fuese en una tercera parte menos que 
Al varado) á Pizarro ó Almagro: que, cuando Ayolas, Irala 
y Chaves llegaron al Paraguay (en quichua; Uu/veme y ve- 
rás) con lus animales que forman el cortejo de la civiliza- 
ción, 'as semillas que constituyen su tesoro y los instrumen- 
tos de labranza que son las armas con que se vence á la 
naturaleza bruta, el país no era ni con mucho un paraíso 
habitable, aunque valía algo mas que la prodigiosa natura* 
leza pampeana, pues á mas de su clima benigno, sobre to- 
do en invierno que fué cuando en él entraron los colonos, 
poseía el maiz, especie guaycurú que parece propia; el ma- 
ní, la pina, algunos otros frutos, y á mas, aves, corzos y pes- 
cados. 

XIV 

Todo lo que habia en el Paraguay actual antes de que á 
él llegasen los españoles, debía dar muy poco para gran- 
des hartazgos, por cuanto «Si hay un país donde no es po- 
sible dudar de la antropofajia es precisamente el Río de la 
Plata» Angelis (Colección t. 2) dos guaraníes cebábanla 



— 183 — 

los niños para hacerlos más apetitosos» Decoud (La Atlarv 
tida) lo cual se explica, el indio es hombre, y como tal polí- 
faga 7 n <* tenia casi otro recurso para satisfacer la necesi- 
dad material de comer carne, ni ideas religiosas ó escrú- 
pulos morales que se lo impidiesen. 

No obstante la casi unanimidad de los autores, respecto 
á la antropofajia de los indios,algunos modernos escritores 
cual el coronel de ingenieros f eñor Olascoaga, dicen (Mem. 
exp. australandina 1883) c Conocemos ya bastante á nues- 
tro indio en más de veinte mil individuos que hemos traído 
á nuestras poblaciones, en las que se han asimilado total- 
mente tan solo al cambiar de traje y hablar nuestra lengua. 

No es, ni ha sido jamás antropófago La misma raza 

indígena no creo sea una raza de origen salvaje. Es paten- 
te que su procedencia es de pueblos cultos que han entra- 
do por nuestras extensísimas costas siguiendo una corrien- 
te de inmigración que viene desde muchos ¿iglos y que ha 
principiado probablemente por náufrago». ... La inmigra- 
ción ( hilena) que tenemos hace más de un siglo y que des- 
de Nahuel Huapi hasta el rio Barracas, zona lejana que la 
administración argentina no ha vigilado, ni aún habia co- 
nocido, hasta hace poco, ha formado varias poblaciones de 
dos y tres mil almas que nunca alcanzaron sino á la cate- 
goría de tribus. En la vida que hacían en contacto con los 
indios, sin sujeción á ninguna administración ni autoridad 
civilizada, han degenerado en indios aumentando y refun- 
diendo de tal modo esta raza que, fi bien se averigua, muy 
pocos son los indios que en el Sud aparecen tales, que en 
realidad no sean chileno» ó de su procedencia directa Es 
evolución natural que ha tenido y tendrá que operarse fa- 
talmente en una región como esta donde la tierra ofrece 
recursos de vida al hombre y este se encuentra en ella sin 
Dios ni ley,» 

Admitiendo gran parte de lo copiado, pondremos la cor- 
tapisa de que, esos indios del sud, que no son indios según 
el autor, poseen lo que los indios no poseían, y entre otras 
cosas, vacas, carneros, algunos cereales y principalmente 
caballos, de los que también se alimentan, y pastos para 
aquellos; y por lo tanto, lo observado en nuestro siglo no 
es en todo aplicable á lo que ocurría en las postrimerías 
del XVI, en que la raza y el estado social eran diversos y 
muy otros el suelo y medio ambiente. 

Esos indios del Sud que han desaparecido por su cru- 



- 184 - 

Sarniento con emigrados chilenos, conservándose indios 
por la falta de Dios y leyes, podrían servir para demostrar 
otras cosas muy diversas, coroo por ejemplo, que si no es 
por las sabias leyes que los españoles implantaron, aun 
habiendo ellos establecídose en América, la barbarie hu- 
biera vuelto en aquellas regiones en que después de los 
primeros colonizadores, casi no llegaron más europeos, 
porque los criollos hubieran sido ahogados por los indí- 
genas. El haber evitado esto, es lo que constituye la gloria 
de Hernandarias, de Frias, de González Santa Cruz, de 
León Zarate y de otros criollos gobernadores; el no ha- 
berlo comprendido así, es lo que nos obligará á negar el 
título de patriotas y libertadores á los gobernantes que 
estaban intelectualmente muy poco por encima de las ma- 
sas indígenas, y que apoyándose en estas, ahorcaron, 
prendieron, desterraron, empobrecieron y aterrorizaron á 
las mil ó mil quinientas personas que en el Paraguay eran 
capaces de comprender que las naciones valen en razón 
directa de las leyes que las rigen y de la responsabilidad á 
que están sujetos los que las gobiernan. 

Dejando esto por ahora, tal vez sería muy aplicable á lo 
dicho por el distinguido argentino Olascoaga, hoy general, 
lo que al refutar otra teoría exponemos: según el Dr. Max- 
Nordean (Mesong. convent. notre civilisation) cLa antro- 
pofagia no deriva ciertamente de una necesidad irresisti- 
ble de comer carne, como observadores superficiales han 
pretendido, sino de la esperanza mística de que las cuali- 
dades del individuo muerto pasarán al que se lo come» En 
algún caso la observación del aplaudido autor de Mal del 
siglo podrá ser exacta pero, lo que es para América nos de- 
claramos superficiales. 

Los pretendidos civilizados Aztecas, se comian á cuan- 
tos prisioneros agarraban, Moctezuma era autropófago y 
es de suponer que se engullía á individuos que creía firme- 
mente que valían, en todos sentidos, infinitamente menos 
que él; lo mismo debían pensar sus hermanos de horda res- 
pecto á los de las otras tribus ¡Chactas y Átala no han 
existido en América sino en la imaginación de Chateau- 
briand! y la cultura mexicana y peruana pre-espaftoia9, no 
son más que barbarie evidente, porque no contaban con 
hierro, alfabeto, y otras cosas necesarias para la más rudi- 
mentaria civilización. 

Los indios del Paraguay, Pampa y Uruguay, no devora- 



j 



— 185 — 

ban á tal 6 cual prisionero, sino á todos; boy en dia los 
onas de la Patagonia, se comen á las viejas de su tribu y 
{valientes cosas podían saberlos charrúas de Solis y sus 
compañeros, á los que mataron y devoraron, sin haberlos 
visto ni siquiera defenderse! 

Por si esto no bastase, en el Norte del Paraguay viven 
los Cafaguas, desce^dietes de los carios, antropófagos se- 
gún todos los testimonios, y de los llamados después gua- 
ra r i es cque pertenecían al grado más ínfimo de los seres 
humanos, y las tribus vecinas estaban en el grado de desa- 
rrollo intelectual más inferior en el grado de la humani- 
dad.» Wuashburn (Hit. 1. 1) apesar de lo que, los cainguas, 
que no se han mezclado cual los indios del Sr. Olascoaga, 
no son hoy dia antropófagos, para lo que existen las razo- 
nes siguientes: I a asociando al maíz, mandioca, loros y 
monos, algún que otro animal ovino y vacuno, y la leche 
de estos, dan á su cuerpo las suficientes sustancias azoadas 
para las necesidades de su vida holgazana: 2 o con la lana 
de las ovejas, alguna ropa, porotos y galleta que les dan 
los yerbateros, dan variedad á su alimentación y tienen 
bastante para cubrirse y soportar las inclemencias atmos- 
féricas de sus bosques tropicales y 3° los confusos recuer- 
dos y las prácticas que conservan de sus antepasados 
neófitos. 

Por la hlpóteses del socialista alemán, que tampoco es 
original de él, el Cainguá debería ser mas antropófago en 
la actualidad que hace tres centurias. Antes se creía supe- 
rior á los demás hombres, hoy se dá muy buena cuenta de 
que es inferior en destreza y fuerzas físicas al mas mísero 
peón, tiene á este por dueño de amuletos (payé) que él ha- 
ce todo lo posible por obtener, y le envidia el machete, el 
poncho, el sombrero y el no tener que ingerir ciertos ali- 
mentos que á él la necesidad le obliga á tomar: aun entre 
los peones, es mal mirado el que come monos. 

XV 

Olvidándose muchos de que hoy «los habitantes del Pa- 
raguay, vienen pagando en oro al extranjero la mayor 
parte de los artículos de mas general consumo» (Alonso 
Criado) y de los cuales eran exportadores en los días de 
sus abuelos, siguen maldiciendo el nombre de estos; sír- 
vales de escusa el que desconocen en absoluto la obra de 



— 186 — 

ello?, y por tanto que no hay malicia aunque sí poco deseo 
de instruirse ó sobrada presunción. 

El Paraguay es ciertamente, el país mas fértil de Su 1 
América, el que necesita brazos y capitales del extranjero 
tanto como el que mas, si exceptuamos á Bolivia, pais que 
Bolívar por un des'ello de su Jecundo genio é inspiración 50- 
brenaturcd para el porv°nir. con su vista de cóndor y perspi- 
cacia administrat'va innata é ingénita, constituyó sin 
puertos ni vias de comunicación, con lo cual 1" ahogó an- 
tes de nacer, ó le dispuso un porvenir que asombra por los 
obstáculos que tiene que vencer: pero, consideremos loque 
por si mismo podía dar el Paraguay si los españoles en 
vez de formar de él una provincia española, se hubieran 
concretado á explotar los productos naturales, sin intro- 
ducir cereales, legumbres y frutos, ni animales de carga y 
silla, si hubieran hecho como los colonos actuales, que o- 
jalá acudan, pero que no traen ninguna de esas cosas y 
necesitan que el Estado les provea de instrumentos y los 
alimente por un año: Benditos sean estos pionners, ¿como 
no? si unos son carne de nuestra carne y los hijos de todos 
serán sangre de la sangre de nuestros hijos! sí á más,nec si- 
tamos de ellos para lograr q;:e el país se constituya sólida- 
mente exportando mas de lo que importe y teniendo artis- 
tas y otras cosas que hoy !e faltan: pero de esto á preten- 
der igualarlos con los colonizadores españoles de los sig- 
los pasados seria lo mismo que comparar al inventor con 
artesano que mueve el manubrio que pone la maquina 
en movimiento, ó al lepartidor del diario, que no sabe 
leer, con el autor del artículo de fondo, cuya opinión es- 
peran cien mil lectores para formar criterio. 

La huella de los colonizadores es tan profunda, no solo 
por lo que importaron, que aún hoy dia lo poco que se ex- 
porta es lo que ellos trajeron y el idioma, familia y religión 
que nos dieron lo que constituye el lejílimo orgullo, sino 
porque la misma naturaleza fué modificada por ellos. 

Se dice que hasta la primera centuria después de la fun- 
dación de Potosí, hacia en ia celebre patria del primer pre- 
sidente de la Junta Porten-* de 1810 y 1811 tanto frió que 
niño que naeia, niño que moria; pasado este plazo la tem- 
peratura se ino lificó, los niños poto3¡nos crecieron bien y 
hoy no es de las ciudades menos saludables de Bolivia. 

Con la introducción de los pastos, de los animales útiles, 
de todas las legumbres, verduras y hortalizas, los ingenios 



— 187 — 

de azúcar, las plantaciones de cércalas y vid, los bosques 
de árboles frutales, etc. etc. se ha de haber realizado un 
gran cambio en la climatología de la Argentina, Uruguay 
j Paraguay, del que no sabemos que nadie se haya preo- 
cupado por más que Azara ya parece haberlo observado. 
. En 1548 escribía Fernandez de Oviedo (t. I) refiriéndose 
á otras regiones de América. «Estas tierras que los cris- 
tianos en es l as islas han hallado habitándolas no son 

mas que cincuenta y seis años muy trocadas las veo 

pn aquellas provincias por donde yo he andado, y cada dia 
lo están mas, en cuanto á los temporales del frió y de la 
calor y cada dia cuanto mas van y iras corre el tiempo, 
tanto mas templado y menos calor hallamos; y en esta opi- 
nión todos comunmente los españoles que algún tiempo 
por acá viven son conformes é lo dicen. Yo he platicado 
con algunos hombres doctos é naturales sobre esta mate- 
ria, y en lo que concluyen es que así se va domando y 
aplacando la región y rigurosidad de ella con el señorío 
de los españoles, como los indios é naturales, hombres y 
aniroalf s, y iodo los demás de esta tierra; 3' es muy natu- 
ral y razonable y evidente cosa que así sea, porque como 
esta tieira es humidísima, é no eia asi hollada y abierta, 
Fino muy alborada é emboscada, y con tanto curso de 
años poseida de gente salvaje é muy raros habían que ca- 
minos fuesen, sus edificios de pocas maderas y ningunos 
ganados lenian por granjeria». Si Santo Domingo se mo- 
dificó tanto en tan poco tiempo, lo mismo debió acontecer 
en el Plata antiguo y nuevo, por las mismas causas. 

XVI 

Como los españoles no crearon en América factorías, 
cual los holandeses, ni compañías de comercio y lugares 
de residencia de los conceptuados criminales en la metró- 
poli, cual los ingleses; sino provincias propias, de aquí que 
se esmeraran en introducir en unas lo bueno que había en 
otras y por eso aportaron al Paraguay, el tomate y las 
papas de Méjico y el tabaco de las Antillas: etc. lo cual 
ignoran ios que llevan nombres españoles y se hacen eco 
de las calumnias que la envidia ha dictado á algunos in- 
gleses, franceses é indios. 

Copiamos de Demarsay (t. II)] «los Jesuítas no solo im- 
portaron los árboles de Europa, sino que emprendieron en 



— 188 — 

vasta escala el cultivo de aquellos que crecían silvestres» 
y entre estos, señalaremos el mate, de empleo desconocido 
ó limitadísimo, cual la quina, antes de ellos. 
Entre los jesuítas hubo no pocos sabios naturalistas y muy 
posible es que á ellos sea debido el descubrimiento de las 
cualidades del ilex, porque si bien Díaz de Guzraan escri- 
be que Hernandarias descubrió que empleaban la yerba 
unos indios que lo escoltaban, Rengger atestigua que no 
la usaban los guaraníes salvajes, d'Oibigni certifica que 
la voz mate no es guaranítica, sino que proviene de la 
quichua inati (calabaza) tampoco lo es la voz urú en la 
acepción que le dan los yerbateros,y no sabemos hasta qué 
punto lo puedan ser tercio, sobornal, barbacoa, etc. 

cLa yerba del Paraguay principió á beneficiarse duran- 
te el gobierno de Hernando Arias» Guevara (Hist. Para- 
guay) «Los indios silvestres del Mondai y M bar acajú u«f- 
ban tomar esta yerba, y de ellos lo aprendieron los espa- 
ñoles Los padres jesuítas plantaron estos árboles en 

sus Misiones y beneficiaban la yerba con toda comodidad» 
(Azara). cMbaracayú, famoso por sus yerbales y porla ca- 
lidad de su yerba, que tenia fama de ser la mejor del Para- 
guay. De aquí los jesuítas sacaron la semilla para intro- 
ducir la cultura de este precioso arbusto en las Misiones 
del Paraguay y del Uruguay» Angelí». (Col. t. l).La prime* 
ra gobernación de Hernandarias data de 1591 y no deja de 
llamar la atención que hasta él no se hubiese fijado nadie 
en que los indios empleaban mate, siendo así, que por ne- 
cesidad, los españoles anteriores debían reparar mucho en 
todo lo que veían. 

XVII 

Escribe Manso (Hist. pro v. unidas) cAlos tres años de 
la fundación de Buenos Aires zarpó para España el pri- 
mer buque cargado con frutos del país, azúcar del Para- 
guay y cueros vacunos de Buenos Aires». 

El dato lo repiten otros muchos autores, ninguno sin 
embargo se fija en la importancia que tiene, á pesar deque 
bien claro indica que en 1583, lo introducido por los espa- 
ñoles, no solo satisfacía las necesidades de los habitantes, 
sino que sobraba y se exportaba bajo el no muy propio 
nombre de frutos del país y se conducía á Europa en na- 
ves construidas en la tierra, en donde los que sabían cous- 



— 189 — 

trnir piraguas ó canoas con troncos de árboles, escasea- 
ban mucho, treinta años atrás. 

¡Puede alguien formarse concepto de lo que esta májica 
transformación significa! 

Tan enorme cambio como índica el exportar azúcar y 
cueros en buques propios, en países donde tras décadas 
antes no podían vivir cien hombres en sociedad por falta 
de alimetos y medios de conducción, es casi maravilloso; 
y mas si recordamos que en esas mismas tierras ya un crio- 
llo se aprontaba para ser gobernador, otro para escribir 
la historia y otros para sufrir el martirio. . .Ateniéndonos 
aquí, puramente á la mutación material, trasladamos de 
Azara: «del estrecho de Magallanes al Rio de la Plata, se 
encuentran en raros parajes de la campaña, algunas listas 
ó manchas de algarrobos j espinillos claros. En suma, es- 
casea tanto la leña en aquellas partes, que hacen fuego con 
cardos y viznagas, y con los huesos y sebo de las yeguas 
silvestres, que se matan muchas veces con solo este objeto. 
Aun en los hornos de ladrillo de Buenos Aires y Montevi- 
deo, queman porciones enormes de huesos, bien que se re* 
median mucho con los duraznales que siembran para 
aprovechar la leña. . .por lo que hace á maderas para edi« 
ficios, carretas y embarcaciones, casi toda se baja del Pa- 
raguay y Misiones jesuíticas» . 

Sin embargo, autores que hasta son naturalistas, cual el 
uruguayo doctor Lastre (El Tempe Argentino) encuentran 
muy ventajoso que en la pámpano haya habido bosques, 
por lo mucho que les costó á los norte-americanos el des- 
montar algunos y no caen en la cuenta de que, gracias á 
los bosques hay en las tierras humus, mantillo y por este 
se producen las semillas que se siembran, y á mas se tie- 
nen leñas para los hornos de ladrillo, y maderas para cons- 
truir buques, y casas, etc. etc. 

En el Paraguay habia bosques y tierra arable, como en 
Santa Fé y otras provincias de la Argentina, pero faltaban 
todas las industrias agro-pecuarias. No obstante, la labor 
de los españoles en él nos causa admiración y eso que so- 
lo en parte la conocemos; asombrará el día que se dedique 
á estudiarla el que tenga mas medios que nosotros. 

Por su posición geográfica, clima, falta de minas, poco 
que en él rinden los cereales, devastaciones de los mame- 
lucos, malones de los indios bárbaros, poca afición al tra- 
bajo de los indios reducidos, injustificado orgullo de los 



— 190 — 

ci ¡olios y oti as causas, el Paraguay presentaba pocos ali- 
cientes pai a la inmigración; la ravegación desde Buenos 
Aires a la Asumpción duraba de dos á seis meses, y este no 
debia ser pequeño obstáculo, y junto con los anteriores, ex- 
plica que después de la época de los Adelantados casi no 
afluyeran á él más que colonos aislados. 

Desde que las semillas introducidas por los españoles 
produjeron bastante para alimentarse y dieron sobrante, 
este se exportó, no para hacer dinero, sino para proporcio- 
narse vestidos, arma?, hierro, piedras de molino, fraguas, 
es decir lo que necesitaban mas que la plata y el oro. Des- 
de 1583, y antes ya exportó algo, hasta 1620, gozó el Para- 
guay de franquicias comerciales parecidas á las que en 
1602 obtuvo Buenos Aire¿; después por trabajos de Her- 
nandarias ó Frías, se señaló á los productos paraguayos el 
puerto de Santa-Fé, no como restricción comercial, sino 
por utilidad común según se deduce de lo expuesto por 
Funes, uno de los iras crueles perseguidores en 1811 de 
los españoles. «Concurrió en 1780 otra causa mas de no 
leve impulso en la prosperidad de esta Provincia del Pa- 
raguay. Fué esta la gracia del comercio libre con supre- 
sión del privilegio concedido antes á Santa-Fé para que 
las naves paraguayas la íeconociesen por puerto preciso y 
depositasen en ella sus cargamento?. A la verdad no eran 
despreciables 1( s fundamentos que habían inducido ala 
concesión de ese privilegio. Santa-Fé era por su localidad 
el centro de las carreras mercantiles por donde el Paia- 
guay abría sus especulaciones con Buenos Aires, Banda 
Oríental, Córdoba, Santiago y por consiguiente Perú y 
Chile. Resultaba de esto mismo que les debía ser mas ven- 
tajoso á estas provincias concurrir á Santa-Fé para veri- 
ficar sus permuta?. Parecía pues, del interés común que 
ninguna otra medida pervirtiese el sistema de gobierno 
establecido y por el que habia ganado Santa-Fé su pre- 
ponderancia sobre los bárbaros, benéfica á las ciudades 
sus vecinas.» 

cApesar de esto, el Paraguay estimaba aprisionado su co- 
mercio \ or esta ley y reclamaba su entera libertad. Sus 
voces fueron bien acojidas por el trono y el virey Vertía 
mandó dar cumplimimiento á las ordenes del Rey. Tuvo 
mucha parte en este indulto la consideración que se debia 
á unos hombres que, unian á la calidad de labradores la 
de soldados, y que con abandono de sus familias coate- 



- 191 — 

nian á sus propias.espensas las incursiones de los bárba- 
ros. A la verdad el Paraguay, como todas las demás pro- 
vincias, sufría los efectos de la guerra permanente y oscu- 
ra con los indios.» 

L*e esto en parte tenían la culpa los mismos criollos, 
que despreciaban al indio y en su inmensa mayoría no sa- 
bían ni querían ayudarlo á salir de su abyección; los pa- 
dre j Bogarin y sobre todo Amancio González y los jesuí- 
tas paraguayos hicieron lo que pudieron, pero no hallaron 
protección en los vecino?, siempre dispuestos á promover 
trastornos valiéndose de que el cabildo tenia la fuerza en 
sus manos, prueba de esto nos la dá el mismo Funes (Ensa- 
yo t. 3) «En contradicción de los vecinos de Asumpción 
en 1664 se concedió á todos los indios pudiesen expender 
en Santa Fó, todos los años, doce mil arrobas de la céle- 
bre >eiba del Paraguay. Abierto de este modo el fecundo 
caudal de la agricultura se hizo correr la abundancia so- 
bre estos terrenos y fué en húmenlo su población.» 

Acostumbramos á criticar el pasado sin reflexionar que 
en él están encerrados nuestros títulos de gloria, y que 
aún en las cosas en que tuvo que luchar con mayores obs- 
táculos, cual en estas de comercio, está muy por encima 
de lo actual. 

Refiriéndose á la segunda mirad del siglo XVIII escribe 
Arcos (La Plata) «El gobierno de Buenos Aires sostenía 
con el del Paraguay un comercio consistente en ciento no- 
venta y seis mil arrobas de yerba, en tabaco, en maderas 
de construcción, &, valuado por término medio en 320,646 
pesos fe. anuales, Buenos Aires en retorno no le mandaba 
sino por valor de 155,903 pesos; el balance estaba por com- 
pleto en favor del Pamguay.» 

Cien años después la población del Paraguay ha quin- 
tuplicado, los medios de transporte han sufrido una trans- 
formación maravillosa, el Paraguay en vez de 164,743 $ 
de ventaja sobre su comercio con Buenos Aires, está en 
déficit- Sin embargo, el dato do Arcos es incompleto. Aza- 
ra expone el quinquenio de 1792 á 1796 y por él la expor- 
tación anual del Paraguay á Buenos Aires, Santa Fé y 
Corrientes era: yerba 195,102 arrobas á 12 reales una, 
tirantes, vigas, trozos, rollizos, palos de arboladura y ver- 
gaf», tablones, tablas, atravesaños, carretas, eje?, pinas, 
palmas, tacuara?, mesas de estrado, sillas y taburetes, e'e. 
por valor de 47,243 §, azúcar 441 arrobas á 4 pesos, miel 



— 192 — 

1397 arrobas á 12 reales; lienzo, algodón, 3328 arrobas á 
12 reales; aguardiente, cueros, cera, tabaco, etc: total de lo 
exportado 395,108 8 y 2 1/2 reales: valor total de la intro- 
ducción 155,903 S : en favor del Paraguay, 239,205 $ y 
unos reales. 

Hoy este resultado, con quintuplo población en el Pa- 
raguay, nos dejaría mas que satisfechos, sin embargo no 
refleja el comercio del Paraguay en la centuria pasada. 
Azara señala en él para Buenos Aires 181.955 arrobas 
verba, de este puer o salian á más anualmente para la Ha- 
bana una 3000 arrobas de yerba; el mismo, señala para 
Santa F6 8759 arrobas, pero también, advierte (Descrip. é 
hist. tora. 1) ese lleva mucho á Potosí, Perú, Quito y Chile: 
el año 1726 se extrajeron del Paraguay 12,500 quintales y 
el año 1798 cincuenta mil». 

El mismo escribía en Santa Fé en 1783 (Rev. Rio Plata 
toic. 1) es decir cuando ya no ibau á esta por obligación 
las naves paraguayas: «Cada tercio de yerba del Paraguay 
que pesa de 7 á 8 arrobas paga 2 reale? á su entrada en es- 
ta plaza y 19 1|4 si ha de salir para Chile, donde es condu- 
cida en carretas por Santiago: y se regula que en esta for- 
ma salen de aquí diez rail tercios de yerba anuales, la 
cual cuando llega á su destino de Chile ha pagado en di- 
ferentes aduanas catorce reales por arroba » Mitre escribe 
que se exportaban anualmente á Chile 150.000 arrobas de 
yerba. 

De modo que, por los días en que se servía vino de las 
Misiones en los banquetes de la corte de España, el thé de 
los jesuítas tenía más importancia y mercados que no en 
nuestro siglo del vapor y de los bonitos envases y de las 
máquinas aplicadas á su elaboración. 

Por si no bastase, en 1796 el mate rendía mas al Estado 
y á los particulares que nó en 1896. 

En la aduana el valor de la arroba de yerba se calcula- 
ba á razón de 12 reales oro en 1796. Robertson (Hist. araé- 
rica t. IV) fija en 500.000 duros la renta que la yerba le 
producía al Rey; basado su dato como está en documen- 
tos oficiales no es fácil refutarlo, y por sí solo indica lo 
especial, buscado y apreciado del producto. 

La comparación ¿e impone en. muchas circunstancias 
para hacerse más comprensible y sacar aplicaciones úti- 
les de la historia: ¿produciendo al erario el mate en 1796 
medio millón de pesos oro, cuanto le debía dar en 1894? 



- 193 — 

Loa sueldos, mano de obra é impuestos eran menores, 
lo que hoy vale tres pesos se obtenía entonces por menos 
de uno: los gastos de conducción eran entonces mayores. 

No será mucho suponer que un peso de 1796 valia por 
10 de la actual moneda de papel, pues el cambio en 1894 
estuvo al tipo de 740, no obstante esto, y que parte ó todo 
de los derechos sobre el mate se pagan á oro lo recaudado 
por todas las Aduanas de la República en 1894 sobre este 
artículo, fueron 317,971 pesos con 62 centavos de moneda 
de papel (Mem. Minist. Hacienda 1895). 

Esto nos parece desastroso y mas, cuando reflexionamos 
que la población del Paraguay, aun en 1870 era dos y me- 
dia veres mayor, por lo menos, que en 1794, y que la de 
los países habituados desde siglos á tomar mate ha centupli- 
cado, y las vias de comunicación te ban hecho fáciles, 
prontas y baratas. Como aqui no puede cubrirse la igno- 
rancia con la pantalla del coloniaje, bien sabemos que se 
lecurrirá á la otra cansadora muletilla ¡oh, el doctor Fi an- 
da I pero es(e hace mas de cincuenta y seis años que desa- 
pareció de la escena del mundo, y lo que es él, no dejó el 
trecedente de que el Estado se despojase de los yerbales,y 
cuando pudo, exportó yerba, para que su recuerdo no se 
perdiese. Su sucesor tampoco vendió los yerbales; en 1860, 
fcegun Da Grati (La Rep. Paraguay) el Estado la pagaba de 
14 á 17 reales arrobas y se exportaron 178,536 arrobas; 
si hubiera habido un poco de cordura, cómo dejar olvida- 
do el modo de que se valian los antiguos para implantar 
yerbales en donde bien les parecía y cómo no quintuplicar 
Ja producción y rendimiento de ellos conservando la pro- 
piedad. Entre las muchas ocasiones que para ello se pre- 
sentaron, señalaremos tres: I a en 1852 en que Solano Ló- 
pez se pastó cuatrocientos mil p^sos viajando por Europa 
y admirando loque menos en esta le debía de interesar, 
los armamentos, los soldados y lo que á estos mas les gus- 
ta, pues Marte y Venus son antiguos amigos: 2 a en 1859 en 
que al mismo, tan lucido papel le hicieron representar las 
circunstancias en Buenos Aires y de rechazo en todos los 
países consumidores de mate: y 3 a en 1870, si se hubiera 
sabido aprovechar el renombre que la misma terrible ca- 
tástrofe dio al país. 

El Rey de España para valorar el producto hacia que 
hasta en los informes se escribiese: tyerba mate, explota- 
da en otro tiempo por los jesuítas» y no hace mucho, aúu 



- 194 — 

se conservaban en el jardín Botá.iico de Madrid varios ár- 
boles de Ilex paraguayensis, de los allí plantados en tiem- 
pos de Carlos III. 

¡Qué pobres son nuestros decantados progresos, si no 
reaccionamos! 

Con razón escribió en e f te mismo año de 1896 el Doc- 
tor Alonso Criado (Cultivo de la vid) clos habitantes del 
Paraguay., .vienen pagando con oro al extranjero la ma- 
yor parte délos artículos de ma* general consumo., .las 
facilidades para adquirir los medios de existencia vegeta- 
tiva, la apatía en los estadistas, la incuria en los propie- 
tarios, la ignorancia y la indolencia en las masas trabaja- 
.dora*, han sido la causa de es« chocante fenómeno, que 
han impedido al país mas fértil de Sud América ocupar el 
lugar que le corresponde entre los pueblos productores... 
es vergonzoso su cambio monetario que ha llegado á mas 
de 600 por 100». 

El algodón cuyo cultivo tanto fe recomienda hoy dia, 
y que compra el Banco Agrícola para estimular su propa- 
gación y pagándolo, j or lo mismo, á precios en que tal 
vez nada gane, por Jo pronto, ya se exportaba en la cen- 
turia pasada y lo valuaba la aduana á 12 reales arroba, 
que serían 72 al cambio del 6 por uno, el Banco lo com- 
pra á 30 y la manutención, ropas, jornales, etc. cuestan 
hoy triple que hace cien años: ¿por qué no quiere trabajar 
el agricultor y la inmigración emigra nuevamente? Será 
la única causa la depreciación del numerario? 

El labaco lo introdujeron los españoles muy pronto, á 
mediados de la centuria pasada una buena especie dio re- 
sultados en el Brasil, inmediatamente la importó el gober- 
nador SanjuFt. Como nc basta tener cosas de valia, sobre 
todo en paises situados á cuatrocientas leguas del mar, 
sino que es necesario encontrarles mercados: «envió en 
1753 á Madrid una remesa de 953 arrobas de tabaco negro, 
el que pasado por las pruebas más severas de los adminis 
tradores, se encontró, ajuicio del mismo Arriaga, de supe- 
rior calidad al del Brasil; y se previno á S injust era la vo- 
luntad del Rey que se fomentase y adelantase en lo posi- 
ble su fábrica y sementera, así en los seis pueblos referi- 
dos, como en los otros cercanos del raigo de los padres 
de la Compartía, en qu* se pued'i conseguir, y que se pa- 
gue no solo con el aumento de dos pesos que equivale á 
veinte reales arroba, sino el que corresponde á yeintirin- 



— 195 — 

co, si fuese preciso para dar aliento al mayor cultivo. En 
fuerza de estas razones se hizo otra remesa» Funes (t. 3). 

Si á mediados del siglo XVIII no bien llegaba el tabaco 
negro á España ofrecían en esta mayor precio que el pe- 
dido por los cosecheros, hoy el tabaco negro, lo mismo 
que el azúcar del Paraguay son cosas que se sabe que 
existieron. 

El mejor mercado de tabaco Jó tenía entonces el Para- 
guay en los países limítrofes, á los cuales en la actualidad 
no puede ir y cada dia le están más cerrados. No obstan- 
te hasta en Madrid se traduce sin las necesarias correccio- 
nes, la Historia del Comercio de Scherer y se repite que 
el sistema de España era de monopolio y el que se sigue 
hoy dia de libertad, para que de este modo sea verdad el 
célebre dicho, la palabra se ha concedido al hombre para 
ocultar la verdad, si el que habla es sectario. 

Los gobernadores argentinos en nombre del Rey de Es- 
paña, se preocupaban, y hacían bien, de que sus adminis- 
trados obtuviesen los mejores productos al más bajo pre- 
cio posible: por esto, el Intendente deTucumán Paula Sanz 
hizo un viaje al Paraguay «el Cabildo de Asunción per- 
suadido de que no era justo confundir la voluntad del Rey 
con la de su ministro, y que sin traspasar los límites del 
respeto podía rechazar con modestia esta propuesta, en 
efecto hízolo así, exigiéndole dos pesos por arroba pito y 
tres del de hoja, en vez de los diez y catorce reales que 
ofrecía el Intendente» (Funes). 

Unos 80 afios después, en el de 1861, según du Graty, la 
arroba de tabaco en Villa Rica valia 12 francos 95 cénti- 
mos, si pasaba de 20 pulgadas; 10 francos 25 céntimos de 
14 pulgadas; 9 francos 95 céntimos, de 9 pulgadas y 3 
francos 75 céntimos el pito, de modo que valia mucho me- 
nos que cuando estaba estancado, aunque se pagaba á 
más piecio que hoy. 

Las dificultades que hubo que vencer para llegar á tales 
ventajas en la exportación de mate, tabaco, azúcar, trigo, 
vino, cueros, solo pueden comprenderse recordando que 
hasta 1753 no circuló en el Paraguay el dinero amone- 
dado, necesitaban hacer las transaciones por medio de 
cambios de productos, y de este modo obtuvieron todo lo 
que necesitaban, sin deshacerse de las tierras públicas, ni 
contraer deudas que comprometiesen el porvenir de sus hi- 
jos y hasta de sus viznietos. 



— 196 — 

Los españoles por medio del trabajo propio quisieron 
buscar el bienestar para sus descendientes y, que estos lo- 
grasen oro con las cosas que ellos les proporcionaban; 
por eso aunque desde 1579 algo esportaron no vendieron, 
sino que cambiaron los productos que exportaban por otros 
que el pais necesitaba. 

Para las transacciones internas dieron valor de moneda 
á ciertos objetos y frutos, hasta que pasados muchos años 
y estando el país rico y en posesión de cosas de valor y 
de pedir precio por ellas, los comerciantes les trajeron oro. 

c Domingo de Irala. No he visto otra noticia de los bie- 
nes que d*gó, sino la razón tomada ante escribano por el 
Alcalde Simón Jaques en 1574, y por la tasación que se hi- 
zo, ascendía el total valor á 1432 varas de lienzo del pais, 
regulada la vara en dos reales plata, porque no habiaotra 
moneda» Azara (tono. II). 

El autor no estaba bien informado; exacto lo que dejó 
Irala y que la vara de lienzo se valuaba en dos reales (á fi- 
nes del siglo pasado se exportaba á Buenos Aires, Corrien- 
tes y Misiones, valuándole en la aduana á dos y medio 
reales); pero en el pais habia antes, otro objetos que tenfau 
valor de moneda. 

En 30 Octubre de 1541 acordaron Irala, gobernador; 
García Benegas, tesorero real; Alonso Cabrera, veedor; 
Carlos Doubriu, factor ante el escribano de Su Magestad 
VaJdez de Valenzuela que valiese un anzuelo de malla, un 
maravedí; uno de rescate, cinco; un escoplo, diez y seis; 
una cuña, cincuenta; y una hacha-cuña, cien: «mand&ron 
que todo lo que se vendiere ó contratare de aquí en ade- 
lante y se debiese en esta tierra, hasta que haya oro ó pla- 
ta, se contrate y pague en las dichas cosas en lugar de 
moneda.» 

Posteriormente se señaló valor de moneda á los frutos; 
una arroba de tabaco, tres pesos oro (12 huecos) una de 
hierba ó algodón, 6 pesos hueco?, y con tal numerario se 
pagaba en los juzgados, se hacían escrituras y toda clase 
de transacciones. 

En 1699, sin abolir lo anterior, ya se dictó una ordenan- 
za por laque se obligaba á los compradores de «azúcar, 
tabaco, yerba y los demás frutos» que se exportasen, á pagar 
una tercera parte en plata sellada; «si el mercader fuese 
vecino de la gobernación bastará traiga en monedas la 
mitad de lo que se manda á los forasteros.» 



— 197 — 

Si este sistema no sería conveniente hoy, por la razón 
de que el único producto especial del Paraguay ya no tía- 
ne los mercados que antiguamente y no pertenece al Es- 
tado y en la elaboración del tabaco negro, azúcar, lien- 
zo, y maderas para la ebanistería, se ha perdido la tradi- 
ción, y nadie se preocupa de reanudarla, ni nadie tampo- 
co de buscar los tales productos, que no sp encontrarían, 
én el pais. apesar de los arados perfeccionados, de la má- 
quina de vapor y de la generalización de los papeles im- 
presos en libros, diarios y como representación de nume- 
rario, cúlpese no tanto á Francia y los López sitió á la fal- 
ta de ideas propias y de conocimiento Jel pasada que ha 
caracterizado a los estadistas vecinos á partir de 1810 y no 
poco á los propios que han seguido sus huellas. 

¡Hubieran estado frescos los españoles si no introducen lo 
bueno en el país, alegando que en este do lo habia antes 
de ellos! Esa escusa puede valer en los primeros años, pe- 
ro el número de europeos que al Paraguay vinieron des- 
de 1540 á 1810 fué menor que el de los que en él se esta- 
blecieron desde 1870 á 1875 y si desde el principio de este 
quinquenio hasta hoy, con el agricultor y el industrial na- 
die se ha metido á mano armada, y en 1870 el pueblo tenia 
hábitos dé trabajo, desde 1540 á 1810 las cosas ocurrían 
de un modo muy diverso. 

Ayolas, apesar de haber elevado hasta sí á una india 
fué asesinado por el padre y los hermanos de ella; desde 
el gobernador Irala, hasta Velasco Huidobro no hubo uno 
solo que gozase de paz por parte de los indios, y en los 
doscientos setenta años que median de uno al otro, no hu- 
bo uno, sin un gran malón. 

En algunos años la situación del Paraguay llegó á ser 
casi desesperante: en Cédula real de 1662 (doctor Aceval, 
Chaco Paraguayo) se dice «los indios tienen aniquilada y 
destruida la provincia. . .del Paraguay solo se conserva 
la ciudad de Asunción, y Villeta, cuarenta ó cincuenta le- 
guas distante do la ciudad de Asunción, con sesenta ó se-, 
tenta vecinos que la habitan y son los que sacan la yerba 
que allí se beneficia para todas las provincias del Perú» y 
se ordena: «extínganse las Canonjías por no haber quien 
la* pida ni renta para ellas» lo cual dada la época, es tan 
enorme cómo si hoy se dispusiese: ciérrese el Congreso, 
porque pueblo que importa mas de lo que exporta no pue- 
de dai se ¡el lujo de pagar pingües sueldos á sus represen* 



— 198 — 

tantes, y en todo caso debe buscarlos entre las personas 
qup no necesiten de ellos para vivir con decencia. 

Ciento veinte «ños después ja el Paraguay no temía de 
los mamelucos é imponía, en todos los centros de pobla- 
ción, la ley á los indios: su comercio había roto las trabas 
que lo ligaban al de Santa Fé, el número de habitantes de 
Asunción ascendía á cuatro ó cinco mil, en las otras en- 
dienta y tres villas y pueblos, tenía de tres á cuatro rail 
entre españoles y criollos y casi setenta mil entre mulatos 
é indios; sin embargo el temor á los indios no había des: - 
parecido y mientras el Cabildo negaba al intendente de 
Tncumán franquicias comerciales, que personalmente so- 
licitaba, la autoridad eclesiástica pedía se consignasen al 
Paraguay cuatro mil pesos plata en el ramo de sisas sobre 
la provincia de Tucumán «para rebutir las armas del in- 
fiel enemigo» y que se le aplicase «el producto de la Santa 
bula de Cruzada, por interesarse en la defensa de esta 
Provincia la de la Santa Fé Católica y pus progresos.» 

Hemos hecho la enorme concesión de comparar la agri- 
cultura, ganadería y comercio del Paraguay colonial, no 
con los sesenta primeros años que le siguieron, sino con 
los posteriores á estos, con lo cual nos hemos colocado en 
el peor terreno para nuestra causa; sin embargo, mentimos 
hasta por egoísmo, que lo actual resulte tan desfavorable. 

Don Pedro Angelis, empleado en España nada menos 
que de su rey Murat, y en la Argentina de llosas, al que 
llamaba «genio titular», como á pesar de todo, ha sido uno 
de los italianos mas ilustrados que por América han an- 
dado, no puede reprimir el siguiente grito de dolor (to- 
mo I) «El pueblo de las Conchas. Fomentado por el co- 
mercio del Paraguay, siguió sus fases y ha decaído con él. 
Ahora (año 1836) solo es la tombía del que fué, unos po- 
cos editicios arruinados, las calles yermas, el puerto de- 
sierto, todo pinta la miseria, la des >Iación y la muerte. Y 
sin embargo, por su localidad este pueblo debería ser el 
Saint Cloud de Buenos Aires.» 

También Santa Fé, en 1836 dada su posición comercial 
en 1780 debería ser un emporio, pero desde 1819 no queda- 
ba en ella una vieja, un gato, ni una piedra sobre otra; (los 
llamados patriotas babian pasado por allí!! tiene ra- 
zón el autor de la apreciable Colección, las Conchas en 
1836 eran un montón de ruinas, pero ya hacía veinticinco 
unos que les faltaba su cuerno de la abundancia, el comer- 



- 199 - 

cío con el Paraguay, y lo mismo que de este y de las 
provincias argentinas, habian desaparecido los gobernado- 
res con asesor y con residencia muy estrecha al terminar 
los cinco años de su mando, responsables ante leyes ante- 
riores á ellos y en cuyas modificaciones no podían interve- 
nir, y con autoridad contrapesada por la del Municipio y 
Cabildo eclesiástico y subordinada á la del Virey, Audien- 
cia, Consejo de Indias y el Monarca. Ya hacia 25 años que 
habian desaparecido los gobernadores llenos de trabas pa- 
ra obrar contra derecho, rodeados de émulos, sin tener un 
soldado á quien mandar é intensados para ascender al 
acabar un mando, en que la gobernación prosperase. Al 
cesar este método, no las Conchas, todo el país fué envuel- 
to en ruinas, cual vamos á ver. 

M. Fernandez Sánchez 
(Continuará) 



En el hogar 



hijos, esposa, libros, ■▼es, flores 

y pan en el bogar ¿quién tiene tanto?* 
Juan de Dios Pbza 



El negro manto de triste noche 
rasgando altiva la luz del sol 
baña el espacio con el derroche 
de los cambiantes de su arrebol. 

De los paisajes la línea esfuma 
tras vaporosa, leve espiral 
tenue rocío trocado en bruma 
por la mañana primaveral: 

la humilde lágrima de la alborada 
se alza á los cielos desde la flor; 
¿romo no alzarse, si es tan preciada 
cual la que llora nuestro dolor? 



— 200 — 

Plena mañana! La luz inunda 
los verdes campos, el cielo azul; 
como horizonte que nos circunda 
blanco celaje tiende su tul. 

¡Cuánto es hermosa la primavera 
bajo ese cielo casi turquí, 
fúlgido manto que reverbera 
en el agreste Tebicuarj! 



Pedazo gentil de cielo, 
cielo hermoso de mi patria 
bajo cuja augusta pompa 
mi pobre hogar se levanta; 

campo íértil, horizontes 
que limitan agraciadas 
caprichosas líneas curvas 
en que la vista se encanta; 

selvas vírgenes, palmeras 
arrogantes, solitarias ..... 
paraiso terrenal 
dó la suerte me arrojara: 

lejos del mundo, olvidado, 
quién me diera entre tus galas 
pasar sin penas la vida 
y verter mi última lágrima! 



(Cuánto es hermosa la primavera 
bajo ese cielo casi turquí, 
fúlgido manto qu? reverbera 
en el agreste Tebicuarj I 

Copiosos brotes en los ramajes 
lucen ufanos vario color 
j en la espesura de los boscajes 
el ave errante canta su amor. 

Juegan mis hijos en leda turba, 
besa sus frentes la edad feliz; 
sí, son dichoso?, nada aun perturba 
la dulce calma de su existir! 



— 201 - 

Y allí no lejos ¡cuan placentera, 
bajo un altivo naranjo en flor, 
goza al oírles, rui compañera, 
luz que á mis sombras envió el amor! 

¡De cuántos bienes tu mano augusta 
sembró rni senda, Señor, aquí! 
jNo me los quites! Antes adulta 
íatal la muerte me lleve á Tí! 

¡Lejos agite su turbia ola 
de las pasiones el ronco mar, 
que si en el mundo, mundos inmola 
sólo á mis plantas llega en mi bogar! 

A'cjandro Guanes 
Agosto de 1896. 



CAMIRÉ 

Por Mr. deFlorian 



(Novela traducida del francés y anotada por don Gaviar Zavala 
y Zamora y en 1S1J) 



(Conclusión) 

Suspendieron al jesuíta estas razones, pero sin embargo, 
le hizo ratificar su promesa, y seguro de que nunca faltaría 
á el la, se fuéá llevar la respuesta al joven guáranos. Cuan- 
do este oyó la proposición del gobernador, dejó caer la 
cabeza sobre el pecho, las lágrimas se asomaron á sus 
ojos, y exclamó todo enajenado, ya no puedo ser dueño 
del único bien que apetecía. 

Para descubrir la mina que Pedreras quiere, es indispen- 
sable mostrarle las ¿endas que los españoles ignoran, y de 
lo cual solamente pende la seguridad de mis compatriotas. 
¿He de ser yo pues, el traidor que lleve al seno de mi na- 



- 202 — 

ción sus más crueles enemigos? ¿He de comprar mi felici- 
dad al precio vil de su exterminio? No padre mió: tú me 
aborrecerías, sí, tú mismo verías con horror á tu discípulo, 
y yo moriría si llegaba á desmerecer tu aprecio. 

Abrazóle entonces Maldonado, aprobando su noble re- 
solución, y afirmándole en el recomendable principio de sa- 
crificar sus intereses y deseos á tan sagrado deber: las pa- 
siones todas, le dijo, tienen su término, hijo mió: los inte- 
reses, los deseos, igualmente nacen hoy para espirar ma- 
ñana; pero la virtud es una misma siempre: en todos tiem- 
pos y lugares toma á su cargo el recompensar al que pade 
ce por ella, leconsuHa le fortalece, le influye unas ideas 
agradables; le acompaña hasta después de la muerte; y co- 
locándose sobre su tumba, hace que veneren todos su 
nombre, y bendecido por los corazones sensibles, le gran- 
jea su admiración y sus lágrimas. 

Suspiraba el afl ; gido Caroiré al oír al Jesuíta: pero re- 
suelto á no ser infiel á su patria, ni aun por merecer á su 
amada, se propuso moderar con todo esfuerzo su pasión. A 
este efecto huyó con tanto cuidado su vista, como la solici- 
tó en los principios, y se dedicó enteramente al estudio, 
persuadido á que teniendo ocupado su espíritu, lograría 
distraer su corazón. No podia &ngelita comprender la 
causa de esta mudanza. Se atormentaba de continuo, y 
aguardaba con impaciencia una ocasión para manifestar 
á Camiré la causa; pero no viéndole concurrir como antes 
á casa de su tío, no hallándole en el campo, ni aun en el 
sepulcro de Alcaypa, la cólera y despecho ocuparon el lu- 
gar que ocupaba antes la pena: creyóse ya aborrecida, y 
resolvió no amarle mas. Dispuso la casualidad que un dia 
de fiesta se colocase Camiié en la iglesia junto á ella: afec- 
tó durante la misa no haberle visto, y aun salió sin salu- 
darle: penoso esfuerzo á la verdad paia su ternura, coa el 
cual pensó olvidarle fácilmente. 

Condujo á Camiré esta acción al mayor despecho: ren- 
tíase con el suficiente valor para renunciar á su amada, y 
privarse de su vista, mas no para sufrir tan señalado de- 
saire. Atormentada su alma en aquel instanle, y ya inca- 
paz de resistir aquel dolor, salió precipitadamente en bus- 
ca de Maldonado. 

Padre mió, le dice, yo no basto á vencer mi amor, he 
empleado contra mi corazón cuanto la razón y virtud me 
han inspirado, pero Angela triunfo de todo. Yo voy 



— 203 — 

á abandonarte: sí; yo me ausento por tu amor 

que me ocultes tus lágrima?, pues no podré partir si 
las veo, y me ha de costar la vida el detenerme. Déjame 
volver á mis bosques, que yo vendré á buscarte, aunque 
no sé cuándo; sí, sí, mi designio es asequible: estoy seguro 
de lograrle; y entonces me verás el más feliz y más ino- 
cente de los hombres. Adiós, mi padre, mi bienhechor y 
mi amigo: enjuga tus lágrimas, que al fin no es un hijo el 
que te neja, sino un desgraciado, un fatuo, una insensata 
víctima de un amor que le domina, que devora su corazón, 
y le aleja de tí; pero que no podrá extinguir la temara y 
gratitud que te profesa. 

Parte como una exhalación al pronunciar esta? pala- 
bras, sin escuchar á Maldonado que le llama, y quiere en 
vano hacerle volver á sus brazos. Piérdele de vista, y pri- 
vado de su discípulo, cree ja estar solo en el universo; 
pero aun era mas digna de compás ón Angelita. Atormen- 
tada por un amor que no bas aba á vencer, había experi- 
mentado las mismas penas que Camiré, sin el consuelo de 
comunicarlas á otro. Cuando supo su desesperada fuga, 
se reconvenía á sí misma de haber sido la causa, llorando 
amargamente la hora en que quiso triunfar de su pasión 
aparentando no amarle. 

Esperó algún tiempo que regresara; pero no habiéndo- 
se verificado en seis meses, rogó á su tío le permitiese to- 
mar el hábito en uno de los conventos que había ya funda- 
dos en la Asunción. Otorgóselo Pedre as, y la condujo en 
el mismo día á la Superiora del de Santa Clara, que desde 
luego le dio el hábito de novicia, quedando de acuerdo con 
el gobernador en dispensarle la mitad del tiempo de su no- 
viciado. Deseaba con ansia la infeliz este momento, cre- 
yendo que después de formalizar su; votos sería menos 
atormentada y dejaría su amor un corazón todo consagra- 
do á Dios. 

Viole llegar en fin con un excesivo júbilo; pero hallábase 
la víspera el P. Maldonado de vuelta de visitar á unos en- 
fermos, descansando en un hoyo de piedra á la puerta de 
su casa, cuando vio venir hacia él un hombre presuroso, 
que lanzando un grito descompasado, le abraza estrecha- 
mente. Repara, conoce en él á su discípulo, y está para 
desmayarse del exceso da su júbilo. Sostiénele el guaranes 
biu poder articular palabra y entran en Ja casa abrazados. 
Ya que sus corazones empezaron á latir con mas dulzura, 



— 204 — 

yo soy, le dice, yo soy; conoce á Camiré: vuelves á ver á 
¡tu hijo, pero le vuelves á ver muy digno de este nombie. 
Fiel á mi amor yá mi deber, ni he abandonado á mi 
bien, ni hice traición á mis compatriotas, y vengo á poner 
en Míanos del gobernador la mina que de raí ha exigido. 

£1 cariñoso Jesuíta no quiso turbar el gozo de Camiré, 
con darle noticia de lo que pasaba: corre sin detención á 
rogar á Pedreras que mandase suspender la profesión de 
Angelita, y le anuncia el tesoro que Camiré venía á desea* 
brirle, exigiendo el cumplimiento de su sagrada promesa. 

Ratifícala Pedreras alegre y sorprendido: escribe para 
que suspendan la profesión de su sobrina hasta su aviso; y 
al amanecer del siguiente dia sale con Maldonado y 
una buena escolta, guiados todos por el joven Camiré. 

Caminaron ha*ta llegada la noche, que hicieron alto 
debajo de unos árboles, y volvieron á emprender su mar- 
cha al amanecer por unas montañas desiertas,que se estén- 
dian hacia Chile. Estrañábalo el gobernador, por que él 
habia recorrido todo aquel país, sin haber hallado rastro 
de metal alguno. Llegaron junto á una caverna que forma- 
ban unas tajadas peñas: párase entonces Camiré,y señalan- 
do la entrada, manda á los trabajadores que empiecen á 
socabar la tierra; pónenlo en ejecución, siguiendo los ava- 
ros ojos de Pedreras los movimientos de los mineros, al 
paso que el piadoso Jesuíta invocaba el favor del cielo, 
agitado y pensativo, y Camiré se reia sin hablar pala- 
bra. 

A los cinco ó seis pies de profundidad descubre Pedre- 
ras el primer brillo del metal, y dando un extraordina- 
rio grito de alegría, se arroja, y saca con sus propias roa- 
nos una porción de tierra colorada, cubierta de partículas 
de oro virgen. Corre transportado hacia Camiré, le abra- 
za, le Tama su sobrino y le jura un cariño eterno. Siguen 
trabajando, hasta cargar de aquel metal cuatro machos, 
sin haber agotado la mina. Deja entonces al cargo de su 
lugarteniente la suficiente custodia, y da la vuelta á la 
Asunción con Camiré y Maldonado, por cumplir, según 
decia, su promesa. 

Lleva á los dos consigo á su palacio, y dejando encerra- 
do su tesoro, parte al convento de su sobrina, le manda que 
se disponga á salir en la hora misma, y á dar su mano á 
Camiiéen el siguiente dia. 

Considerad el exceso de la admiración y júbilo de An- 



— 205 — 

ge lita: peisuadida á que era sueño, no acababa de creer lo 
que oía; pero acostumbrada á obedecer, no replicó á su 
tío. Despojóse de su hábito de tosco paño, por vestirse 
de seda y oro: quita la toca de su frente, y vuelven á caer 
sus largos y rizados cabellos sobre la espalda. La conmo- 
ción que experimenta su alma sacó á sus mejillas un her- 
moso sonrosado: sus ojos, hasta entonces Ajos en la tierra, 
despiden ja las mas brillantes luces por entre sus largas y 
negras pestañasen una palabra,rail veces mas hermosa que 
el dia en que Camiré le dio la vida, sale del claustro,y se en- 
camina á buscarle al locutorio, en donde le habia dejado 
Pedreras. 

Apenas descubrió sola á su amada, antes de obedecer á 
vuestro tío, le dijo echándose á sus pies, escuchad, amable 
Angelita, las fuertes razones que tuve para abandonaros. 
El gobernador exigió de mí una mina de oro, por precio de 
vuestra mano; yo solo en mi prís conocía algunas pero 
conduciéndole á ella ponía á mis compatriotas en manos de 
los españoles; y primero que cometer esta bajeza, hubiera 
sacrificado mi tierno amor rail veces. Sí, yo os lo confieso 
en este momento en que con mayor poder se ostentan 
vuestras gracias; pero este mismo amor roe inspiró el mas 
sutil arbitrio. Dejé á mi virtuoso bienhechor, y corríala 
morada de mis hermanos, hallé sin dificultad cuanto oro 
podia necesitar; y ayudado de algunos fieles amigos, he 
empleado un año entero en conducirle muy lejos de 
allí, para ocultarle en las entrañas de la tierra, con el fin de 
conseguiros, ya que no e! de mereceros. 

Cien veces hice este largo viaje, y le hiciera mil, á no 
instarme tanto el tiempo. Vuestra preciosa imagen qué 
me acompañaba á todas partes, me hacia ofreceros con 
algún temor tan despreciable obsequio; pero vuestro tío 
se contentaba con él, ignorando el valor de lo que me ofre* 
cia, y de lo que solo quiero recibir de vos. 

Ño tuvo que esforzarse poco nuestra joven para no 
echarle al cuello los brazos, al oirle; se contentó con alar- 
gártela mano, y responderle con amorosas lágrimas. Trans- 
portado el bienhadado amante, la conduce sin detención 
al palacio de Pedreras, donde aquella misma tarde reci- 
bieron de mano de Maldonado la bendición nupcial. 

No puede darse una ventura igual á la de Camiré y An- 
gelita, á no ser la que disfrutaba el piadoso Jesuíta. Los 
tres creían ya que no podía tener alteración tan ventu- 



— 206 — 

roso enlace; pero, ab! que aun no habían llegado á colmo 
sus penas. Dejó el gobernador á los nuevos esposos para 
volver á la caverna, la cual habían ja agotado los mine- 
ros. El oro que extrajeron bastaba á satisfacer su avaricia, 
si fuera la avaricia capaz de satisfacerse; pero viendo cla- 
ramente que la tierra que sacaban no producía metal algu- 
no, infirió que el guaranes le había trasportado allí de otra 
mina que le produjese. Sin embargo, demasiado rico para 
quejarse y teniendo algún respeto al Jesuíta, no se deter- 
minó á valerse de indignos medios para arrancar el secre- 
to que le guardaban; pero se valió de uno, que aunque 
por algún rodeo, podría conducirle al término que de- 
seaba. Convocó la colonia, le dio cuenta de las nuevas 
órdenes que supuso haber recibido de la corte para seguir 
sus descubrimientos, y sujetar los pueblos vecinos, princi- 
palmente á los guaraneses, y volviéndose á Camiré, á 
quien hicieron temblar estas palabras: en tí, querido sobri- 
no, le dijo, deposito los intereses de España; tú eres mi 
hijo adoptivo, y desde hoy te nombro por mi adelantado 
(3), mandándote en nombre del rey, que salgas con seis- 
cientos hombres á descubrir y subyugar el paí* en que 
naciste. 

Aplaudieron todos la elección, sin que Camiré se atre- 
viera á replicarle. Recibió mil parabienes, se le reconoció 
por la segunda persona de Pedreras, y éste concluyó 
la asamblea con ratificar la orden de que partiese dentro 
de pocos dias. 

Corrió nuestro afligido joven á pedir consejo á Maldo- 
nado, el cual después de meditarlo algunos momentos; 
grande es el riesgo, les dijo asiendo á los dos esposos de 
la mano. Camiré, ni puede ni debe obedecer: si lo rehu- 
sa se hace sospechoso, y si me muestro protector de su re- 
nuncia, vendré yo también á serlo, y temo al gobernador 
que es capaz de todo. Solo nos queda un medio, que es el 
de huir esta misma noche á buscar asilo entre los guara- 
neses. Yo iré con vosotros: si, os seguiré apesar de mi 
avanzada edad: iré con el estandarte de la cruz en la ma- 
no á predicar á aquellos infelices, y espero en Dios con- 
vertirles, como á mi amado Camiré. Vosotros gozareis de 
tína felicidad inalterable: os amareis en la paz y la ino~ 



(3; Primera dignidad después de 1« de gobernador. 



— 207 — 

cencía; yo cumpliré el deber de mi ministerio, y con eso 
seré tan feliz como vosotros. 

Prepararon efectivamente su fuga, y se embarcaron los 
tres en una canoa hugo que entró la noche. Tomó Camiré 
los reinos, y fué subiendo el rio hasta la entrada de las 
montañas, de donde internándose en ios bosques, echó á pi- 
que la canoa, y siguió por desconocidas sendas hasta lle- 
gar á la morada de los suyos con Maldonado y su e?posa, 
en pocodias. Recibiéronle como á su verdadero hermano, 
y él les contó lo qne habia hecho, y lo quedebia al jesuíta. 

Todos los salvages colmaron á éste de regalos y cari- 
cias, sin que hubiese un guaranés que no quisiera contri- 
buir á la contruccion de su cabana, y la de Angelita y Ca- 
miré. Edificábanlas ¿obre corpulentos árboles, adonde su- 
bían por escaleras de mano, las cuales quitaban después 
por una necesaria precaución contru los tigres, y las conti- 
nuas inundaciones. Establecidos á poco tiempo en éstos 
sencillos albergues, sin inquietud y sin recelo, libres de los 
tormentos que ha querido el ho.nbre labrarse, y dedicados 
únicamente á amarse y dilatar sus dias, experimentaron 
los dos esposos aquella inexplicable delicia que dispensan 
el amor, la libertad y la inocencia. 

Maldonado, querido con extremo de un pueblo dócil y 
amable, predicó sin oposición el evangelio, y convirtió 
unos hombres sencillos, que adoraban sus virtudes. lu- 
ciéronse bautizar todos los guaraneses, y á muy poco tiem- 
po rogaron ellos mismos al santo religioso hiciese venir á 
otros jesuítas, sometiéndose voluntariamente al rey de 
España, con condición de que no enviase á habitar entre 
ellos mas que padres de la compañía. Aceptó la corte su 
proposición: le fueron enviados muchos, j todos los gua- 
raneees, en té de aquel tratado, se acercaron á la Asuncio'i, 
y se repartieron en los varios pueblos que edificaron. Ei 
cada uno de ellos nombraron por cura á un jesuita el cual 
les instruía en la agricultura y demás artes necesarias, go- 
bernándoles como amoroso padre. Aumentóse tan consi- 
derablemente su población, que en el afio 1734 pasaba ya 
de treinta mil familias. Cada aldea tenía su regidor y al- 
calde nombrado anualmente por ellos, el cura elegido por 
el provincial, velaba sobre la observancia de las leyes, que 
ni eran muchas ni severas: las mayores penas se reducían 
á ayuno y cárcel, y aun eran excesivas para un pue- 
blo inocente y pacífico, que aun no tenía la menor idea 



- 208 — 

del hurto y asesinato, y que se conservaba en tan dichoso 
estado á costa del desvelo que ponían los jesuitas en im- 
pedir á todo extranjero la entrada y comunicación con 
ellos. 

El moderado tributo que pagaban al rey de España, era 
en azúcar, tabaco y algodón que producía un terreno 
espacioso, cultivado alternativamente dos dias á la sema- 
na por cada vecino. Guardaban en un arsenal las armas 
de cada pueblo, después que la juventud ejercitaba en los 
dias festivos el manejo del fusil, espada y sable; y cuando 
se veian atacados por los portugueses, ó los habitantes del 
Brasil, salia en su opósito un batallón de excelente tropa 
de cada aldea (4). En todas ellas habia escuelas de leer y 
escribir, talleres de cerrajeros, carpinteros y tejedores; y 
todas las artes útiles be enseriaban gratuitamente, que- 
dando á cargo del cura comisionado áeste efecto, antes de 
admitir un discípulo, explorar su inclinación cuidadosa- 
mente. 

En una palabra, nada les faltaba de cuanto vemos en 
nuestras ciudades, sino el lujo, el vicio y la pobreza. Sin 
embargo, no faltó quien censurase esta república eclesiás- 
tica; pero á lo menos habrán de confesai que este ha sido 
tal vez el solo imperio fundado por la persuación, sosteni- 
do por la confianza y civilizado por la virtud. 



(4) En 1705 cuando «cobraron de los portugueses la colonia del Sacramento, los guara- 
neses enviados por los jesuitas é socorrer á los sitiadores, fueron siempre los primeros en 
los ataques, contribuyendo no poco su intrepidez al feliz suceso de las armas españolas; y 
cuando volvieron á su país, quiso gratificarles el gobernador con ciento ochenta mil pias- 
tras, las cuales no quisieron admitir. (Historia del Paraguay por Charlevoix). 

Todos los detalles del gobierno de los jesuítas en el Paraguay, son saca ios A la letra del 
viaje á la América Meridional por don Jorge Juan, y don Antonio de Ulloa; obra llena de 
erudición y filosofía. 



Prácticas añejas en las Escrituras 



( Continuación) 

La generalidad de los escribanos observan una práctica 
que conceptuó por demás peligrosa para la seguridad de 
los derechos que constatan por escrito en sus registros y 



— 209 — 

consiste:— en no agregar al protocolo como cabeza de las 
escrituras de enajenación de inmuebles, por compra-ven- 
ta,— donación, — hipoteca, — constitución de usufructo y 
servidumbres, retroventas, etc, el certificado que expide el 
Registro de la Propiedad, de Hipotecas, de Embargosr é 
Inhibiciones para justificar primeramente que el bien raíz 
objeto del contrato ó acto jurídico pertenece al enajenan- 
te, — si está ó no gravado con derechos reales ó embargos, 
3' averiguar si el vendedor no está inhibido personalmente 
para disponer de sus bienes por mandato judicial. 

Bastará demostrar ligeramente las razones porque se 
exige el previo certificado del referido Registro para que á 
nadie escape la importancia de abolir dicha práctica. • 

Nuestro Código Civil en su artículo 2502 dice:- «los de 
techos reales solo pueden ser creados por la ley. Todo 
contrato ó disposición de última voluntad que constitu- 
yese otros derechos reales ó modificase los que por este Có 
digo se reconocen, valdrán solo como constitución de de- 
rechos personales si como tal pudiese valer». El dere- 
cho real, es aquel que conesponde á la cosa, que es inhe- 
rente á ella y da lugar á una acción ieal, por medio de 
la cual puede hacerse declarar en juicio la existencia, 
plenitud y libertad de ese derecho. Establece entra la per- 
sona y la cosa una relación directa é inmediata, de tal ma- 
nera que no se encuentran en ella, sino dos elementos la 
persona que es el sujeto activo del derecho y la cosa que 
es el objeto: 

Si la ley crea ese derecho, puede también reglamentar 
fu ejercicio para garantizar ios intereses que afreta y con- 
secuente con ese principio la Ley Orgánica de los Tribu- 
nales en su artículo 166 establece que: sin perjuicio de lo 
prescripto en el Código Civil respecto de las hipotecas, 
actos ó contratos sobre trasmisión de dominio ó gravamen 
de inmuebles, solo tendrán efecto contra terceros desde la 
fecha de su inscripción en él Uegistro de la Propiedad. 

De esta terminante y clara disposición proviene la exi* 
gencia de muñirse primeramente de un documento que 
asegure y autentice en debida forma haberse llenado las 
condiciones requeridas por la ley para que pueda efec- 
tuarse las trasmisión de los derechos reales. Estos con 
absolutos y exclusivos, para que existan y puedan obrar 
respecto de todos los miembros de la sociedad, es preciso 
que esta haya concurrido al establecimiento del derecho 



— 210 — 

por el órgano de la ley y haya sancionado su existencia. 

Por eso, la Ley Orgánica en su artícuio 167 prescribe 
categóricamente que: — una vez establecido el Registro de 
la Propiedad, de Hipotecas, de Embargos é Inhibiciones 
creados por esta ley, ningún escribano podrá extender, 
aunque las partes lo solicitasen escritura alguna que tras- 
mita ó modifique derechos reales, sin tpner á la v'sta e f cer- 
tificado de los Encargados del liegistro en que conste el do- 
minio del inmueble y sus condiciones actuales bajo pena de 
destitución del cargo, sin perjuicio de las responsabilidades 
civiles á que diere lugar. 

Constituye pues ese certificado un requisito sin el cual 
no es posible efectuar el otorgamiento de ninguna escri- 
tura de trasferencia ó modificación de derechos reales y á 
la par es una obligación preferente y principal para el es- 
cribano que debe solicitarlo antes de extender el acto. 

Ahora bien, ¿puede considerarse probado ese requisito 
con la simple referencia hecha en la escritura, de que el 
certificado fué expedido y se ha tenido á laxista para 
otorgarse el acto, tal como ahora se practica? Opino 
que nó. En derecho se entiende por prueba la demostra- 
ción de un hecho por otro hecho y aplicando esta regla 
umversalmente admitida al punto de que se trata, resulta 
que la manera de hacer constar de un modo fehaciente 
haberse llenado ese requisito y cumplido dicha obligación 
será justificando la existencia del certificado. 

En todos los paises con legislaciones idénticas á la núes 
tra, se ha hecho obligatorio para mayor seguridad de los 
actos públicos la protocolización de esos certificados en 
el sentido de que deben incorporarse al Registro público 
en que se ha constatado el contrato ó acto jurídico para 
cuyo otorgamiento fué especialmente espedido. 

Por otra parte, los instrumentos públicos ó particulares 
con que se instruye ó explica una escritura cualquiera, 
cuando no Pe trascriben en el cuerpo de ella, como se hace 
con los documentos habilitantes, deben agregarse al pro- 
tocolo para acreditar la verdad de su existencia en todo 
tiempo. 

Esto no sería una novedad entre nosotros porque se 
practica diariamente con los testamentos ológrafos y los 
contratos ó actos públicos hechos en país extranjero que 
los Jueces mandan protocolizar. 

He dicho que estos certificados correspondían unirse al 



— 211 — 

Registro como cabeza de la escritura porque únicamente 
pueden expedirse por orden judicial y como un requisito 
preliminar y necesario que sirve de base para el otorga- 
miento, parece muy natural que ocupe el primer lugar 
antes del acto jurídico de que forma parte integrante. 

Conceptúo peligrosa la práctica que actualmente so ob- 
serva de no agregar al Registro e9tos certificados que los 
escribanos se limitan á coleccionar para formar un cua- 
derno ó libro distinto con esos documentos, á que sería 
difícil dar un nombre apropiado, como acontece con las 
cosas inútiles ó que no tienen explicición razonable. 

Ofrece también serios inconvenientes para la garantía 
de I09 derechos que contienen las escrituras. Los certifi- 
cados son costeados por los interesados, no pertenecen á 
los escribanos, son de propiedad pública y se encuentran 
en idénticas condiciones que las escrituras. Se concibe fá- 
cilmente que deben conservarse junto con estas para segu- 
ridad de los derechos presentes y fundamento de los dere- 
chos futuros; sin embargo, ese libro ó cuaderno que arbi- 
trariamente se hace con la colección de los certificados no 
está comprendido en el artículo 226 de la Ley Orgánica 
que dice: cel Archivo General de los Tribunales se forma- 
rá con los protocolos de las Escribanías de Registro exis- 
tentes, con excepción de los cinco últimos años, que que» 
darán en poder de los Escribanos y con los expedientes 
archivados en las Secretarías de actuación.» 

Por eso será que no se guardan con el cuidado necesa- 
rio, considerándoseles como documentos sin trascenden- 
cia, cuando tienen igual ó mayor que las mismas escritu- 
ras matiices, de los cuales son parte integrante. 

Además en caso de producirse certificados contradic- 
torios expedidos por (?1 Registro de la Propiedad sobre las 
condiciones de un mismo bien raíz,— (como ha sucedido 
ya en varias ocasiones,) —si se pierde ó extravía el cer- 
tificado respectivo ¿cómo se podría justificar que la escii- 
turafué expedida con sujeción á las condiciones que tenía 
el inmueble al tiempo de extender el acto. 

La falta del certificado hace imposible toda prueba al 
respecto, porque la simple referencia consignada en la 
escritura no supliría jamás á la existencia misma de aquel 
documento. 

En los casos de certificados expedidos por error ú obte- 
nidos con datos equivocados no sería posible practicar un 



— 212 — 

cotejo para establecer la verdad, sin tener á la vista ese 
documento expedido especialmente para el caso que se 
intenta esclarecer. 

Por último, estos certificados deben solicitarse indivi- 
dualizando con claridad y precisión el bien raiz ó finca 
que se intenta vender ó gravar, con su ubicación, dimen- 
siones y linderos actuales,— el nombre y apellido del due- 
ño, el estado civil actual y capacidad de este para despe- 
jar toda duda que pudiera suscitarse en lo futuro. 

Pienso que en la nueva Ley Orgánica de los Tribunales 
pendiente de la sanción legislativa podría introducirse con 
evidentes ventajas para la sociedad estas reformas, dester- 
rando esas prácticas viciosas. 



Otra práctica sobre la que conviene llamar la atención 
es:— la forma en que se solicitan los certificados para 
trasmitir una propiedad,— pidiendo á los jueces en térmi- 
nos generales se bagan las buscas por inhibiciones, em- 
bargos, hipotecas, etc. desde la fecha de la adquisición en 
adelante del inmueble, objeto del contrato ó acto jurídico 
que se intenta efectuar. 

Convengo en que un embargo ó una hipoteca no puede 
anotarse legalmente sobre un bien que aún no ha sido ad- 
quirido, lo que no sucede á mi juicio con la inhibición ge- 
neral de vender ó gravar sus bienps, que comprende no 
solo los bienes que el inhibido poseía cuando esa medida 
se decretó, sino se extiende á los que llegue á adquirir 
después,- los cuales, en este caso, robustecen la garantía 
que buscaba el acieedor al solicitar esa medida como se- 
guridad para su crédito. 

Siendo esto así ¿el certificado solicitado en la forma ex- 
presada, garante suficientemente al comprador de que su 
vendedor tiene la disponibilidad de los bienes que le tras- 
mite? Evidentemente que nó. Puede no estar inhibido des- 
de la adquisición en adelante, pero sí con anterioridad á 
esa fecha, resultando entonces que se otorgaría la trasmi- 
sión de un bien raiz por una persona legalmente impedida 
para hacerlo. 

En el estado actual de nuestra legislación, opino que la 
busca ó averiguación en el Registro de la Propiedad sobre 
inhibiciones debe hacerse por el nombre del vendedor, des- 
de la época en que se estableció esa oficina; solamente de 



— 213 — 

ese modo se cumplirán los fines que ha tenido la ley para 
prescribir ese requisito. 

4: 4 

Merece detener la atención sobre el tópico de las inhibi- 
ciones por la deficiencia de que en mi opinión adolece, la 
Ley Orgánica de los Tribunales al reglamentarlas. 

En efecto, ella no fija cual es el tiempo máximo para la 
extinción de una inhibición especial ó general, ó en otros 
términos para que la'persona afectada por esa medida pue- 
da hacer ó no lo que le estaba prohibido— (porque las inhi- 
biciones son dictadas contra las personas y no sobre ¡as co- 
sas); tampoco esa ley ha establecido cuando ha de pres- 
cribirse ó extinguirse la anotación de un embargo, y no lo 
dice porque ha establecido de una manera clara y sencilla 
en el Código Civil cual es el tiempo que debe trascurrir pa- 
ra la prescripción délas acciones. 

Conviene tener presente que la inhibición no es una ac- 
ción, es un recurso que la ley acuerda para garantirse del 
resultado de una acción, que es la facultad de perseguir en 
justicia nuestros derechos; á todo derecho corresponde pues 
una acción para que la persona contra quien ésta se dirige 
no defraude los derechos de otro enajenando ó gravando 
todos sus bienes ó determinados bienes. 

La inhibición, en realidad, no es más que la prohibición 
del ejercicio de ciertos derechos. No tiene su razón de ser 
por si misma, depende de una causa, del ejercicio de un de- 
recho y entonces no puedo ir más allá de donde puede ir 
la causa de su existencia; de otra manera, seria un efecto 
sin causa eficiente, seria un absurdo. 

Venancio V. Lopes. 
{Continuará) 



Programa de Teoría Práctica Musical 



PRIMER AÑO NORMAL 



I. ¿Qué es la Música?— Cuántos son los sonidos de la 
Música?— Qué nombre lleva cada nota?— Sobre qué se es- 
cribe la música?— Qué nombre lleva?— Ejemplo y demos- 
tración—El Pentagrama es suficiente para escribir en él 
toda la extensión de la Música?— Qué son líneas y espa- 



— 214 — 

cios adicionales?— Cómo se distinguen las líneas y espa- 
cios adicionales superiores de los inferiores?— Ejemplo y 
demostración. 

II. Signos- Cuáles son los signos que se colocan al 
principio del Pentagrama?— Cuántas son las llaves de la 
Música? — Eu cuántas clases se dividen? - Qué nombres 
llevan?— Cuántas llaves de Sol existen?— Dónde se coloca? 
—Ejemplo y demostración— Cuántas llaves de Do hay? — 
Dónde se colocan y qué nombres llevan?— Ejemplo y de- 
mostración — Cuántas llaves de Fa existen?— Dónde se co- 
locan y qué nombres llevan? — Ejemplo y demostración. 

III. Modo de escribir las notas en las diferentes llaves — 
Dónde se coloca el Do y las demás notas en la llave de 
¿fo/?— Ejemplo y demostración— Dónde se colocan el Do 
y las demás notas en las llaves de Do en I a , en 2 a en 3 a y 
en 4 a ? -Ejemplo y demostración— Dónde se colocan el do 
y las demás notas en las llaves de Fa en 4 a v en 3 a ? 

IV. Figuras- ¿Cuántas son las figuras de la Música y 
para qué sirven?— Cómo se denominan?— Ejemplo y de- 
mostración—Qué valor tiene cada una de estas figuras?— 
Tabla general de las figuras— La semibreve á cuántas míni- 
mas, seminimas, corcheas etc. etc. equivale?— La mínima 
á cuántas seminimas, corcheas, semicorcheas etc. equiva- 
le?— ia seminima & cuántas corcheas, semicorcheas, fusas 
etc ?— La corchea á cuántas semicorcheas, fusas y semifu- 
sas?— ¿a semicorchea á cuantas fusas y semifusas?- La 
/usa & cuántas semifusas? 

V. Pausas— Qué figuras son y para qué sirven?— Cuán- 
tas son y qué valor tiene cada una?— Ejemplo y demos- 
tración— Puntillo -Cuántas clases de puntillos hay?— Qué 
efectos produce el puntillo simple?— Ejemplo y demostra- 
ción—El doble puntillo qué efectos produce?— Hasta cuá- 
les figuras se usan uno y otro?— Ejemplo y demostra- 
ción. 

VI. Accidentes— Cuántos son los accidentes de la Músi- 
ca y para qué sirven?— Cómo se denominan? — Cómo se 
escriben?— Ejemplo y demostración— Qué efectos produ- 
cen en las notas el sostenido, el bemol, el becuadro, el do- 
ble sostenido y el doble bemol?— Modo de colocar los acci- 
dentes — Colocando los sostenidos ó los bemoles en la llave 
qué efectos producen?— Hasta cuántos sostenidos y bemo- 
les se pueden colocar en la llave? — Cuál es el orden en 
que deben ir colocados los sostenidos?— Ejemplo y demos- 



— 215 — 

tración— Cuál es el orden de los bemoles?— Ejemplo y de- 
mostración. 

VII. Intervalos. — Qué es intervalo? — Cuántos inter- 
valos hay?— Qué intervalo existe de una nota á otra en una 
escala mayor?— Un tono, de cuántos semi tonos se compo- 
ne?— Cuántas el ases de semitonos hay? — Qué es semitono 
gromático?— Ejemplo y demostración— Qué es semitono 
diatónico? - Qué es escala groraática? — ¿Qué accidentes 
tiene una escala ascendente y descendente?. 

VIII. Modos — Cuántos modos existen en la música? - 
Qué es modo mayor? -Qué es modo menor?— Ejemplo y 
demostración— Tiempos - Para qué sirven los tiempos?— 
Cuáles son los tiempos principales?— En cuántos movi- 
miento* se dividen cada uno y á qué figuras equivalen? 

IX. Tonos— Cuando en la llave no hay ningún acciden- 
te ¿qué tono es?— Cuando hay uno ó varios sostenidos ¿qué 
tono es? — Ejemplo y demostración— ¿Cómo se distingue la 
tonalidad con los sostenidos en Ih llave?— Cuando hay uno 
ó varios bemoles en la llave ¿qué tono es?— ¿Cómo se dis- 
tingue la tonalidad con los bemoles?— Cómo se distingue 
si el tono es modo mayor ó menor? 

X. Andamiento- ¿Qué es andamiento?— ¿Cuáles son los 
andamientos principales? — Diferencia entre el Allegro, An- 
dante, Adagio y Largo— Signos que sirven para'expresar la 
intensidad del sonido-¿Cuáles son los principales? — Mane- 
ra de indicarse — Ligaduras: ¿qué es la ligadura?— Diferen- 
cia entre las notas ligadas,|las destacadas y las estentadas. 

XI. De las síncopas. — ¿Qué son síncopas?— ¿Cuantas cla- 
res de sincopas hay?— Ejemplos y demostración— Adornos 
— ¿Qué son adornos?— ¿Cuántas clases de adornos existen? 
— ¿Qué es apoyadura? -¿Qué ej mordente?— ¿Qué es gru- 
peito?— Reglas de estos adornos, 

XII. Líneas divisorias, de repetición y signos de llamada. 
— Quéson líneas divisoriae?-¿Córao se indica la conclu- 
sión de una frase?— ¿Qué es línea de repetición?— ¿Cuán- 
tas clases delineas de repetición haj?— ¿Qué son signos 
de llamada?— ¿Cuántas clases hay?— Ejemplos y demos- 
traciones. 

Asunción, Enero de 1897. 
N. Pellegrini. 

NOTA— Los exámenes del 1er cano comprenderán además los ejercicios prácticos do 
lectura musical y de solfeo, que se darán conjuntamente con cada bolilla del programa 
teórico* 

Los del 2 1 curso comprenderán en la misma forma, los ejercicios do lectura. 

Los del ti** ourso Tersarán exclusivamente sobre el programa teórico. 



— 21G — 



Sueltos 



Salud! 

Al despedir el año 1SBG que va á sepultarse en las som- 
bras del pasado y del que sólo quedarán recuerdos cada 
vez más vagos y distantes, si bien que haya sido testigo 
inseparable de nuestros esfuerzos y fuente abundante en 
impresiones de todo género, á medida que iban subiendo 
en escena los acontecimientos y desenlaces, siempre im- 
previstos» con que debía sorprendernos al actuar en el vas- 
to treatro de la humanidad; sirviéndose de hombres y de 
pueblos cual de meros instrumentos para sus grandiosos 
fines, y antes de entregarnos en brazos de este nuevo ar- 
tista que tenemos ante nuestros ojos pero á quien tampoco 
conocemos, de quien no sabemos lo que se propone hacer 
ni dónde piensa conducirnos ni qué novedades nos reser- 
va ni qué parte ha de asignarnos en su programa; en este 
breve y celebrado instante de libertad, en que nos deja uno 
á quien vamos á olvidar en medio de los afanes que nos 
impondrá el que viene, y en que todos nos creemos con 
derecho de hacer un pequeño paréntesis, aunque más no 
sea que para encerrar en él una cifra de la existencia, en- 
viamos nuestro saludo á los colegas de la prensa, á nues- 
tros suscritores y consocios, á las instituciones obreras de 
nuestro progreso y en general á nuestros compatriotas to- 
dos á quienes deseamos se inspiren siempre en las leccio- 
nes de la historia para trabajar con ahinco como dignos 
ciudadanos é hijos de esta tierra que reclama su labor tan- 
to como despierta tu cariño. 

Nada es l:i vida del individuo ante la sucesión intermi- 
nable de los años y de las edades; pero menos es aún cuan- 
do lo empequeñecen las pasiones, el vicio ó la ociosidad. 

Así, pues, cada uno debe abrigar la noble aspiración 
de poder exclamar, al término de un año, tranquilo res- 
pecto del pasado y animoso para el porvenir: ¡He hecho 
cuanto he podido por el bien de la patrial 

Para los que asi piensan, cualesquiera sean su condi- 
ción y sus fuerzas ¡Felicidad y Salud! 



— 217 — 
Movimiento de Cafa 

(Correspondiente al mes de Noviembre) 



ingresos: 

Saldo en efectivo del Balance anterior 

Entrega del Banco Milleres y Cia. 

Cuotas cobradas en el mes 

Parte del producto de una función de Teatro á 

beneficio de, la Sociedad, el 15 de Octubre 

ppdo. 
Suscriciones á la Revista 



jf 



80:25 
22000 
775:00 



79:00 
335:00 



Núro 





Suma 




Jf 1.489:25 




kgbksos: 








Ordenes pagadas 






na. 111 






& 260:00 


c 112 






< 16:68 


« 113 






« 250:00 


« 117 






« 101:65 


< 118 






< 455:80 


< 119 






c 82:80 


< 120 






< 35:50 


« 121 






« 22:88 
S 1.225:31 


Saldo 


en efectivo 




263:94 




• 


Suma 


H 1.489:25 



Leopoldo 11. Elizechk 
Tesorero. 

El duplicado del antecedente balance, con sus respecti- 
vos comprobantes, fué pasado en revisión á la Contaduría 
General de la Nación. 

Detalle db las órdenes expedidas durante el 
mismo mes (N f . HOá 121) 

Planilla 



De Noviembre N°. 16 



S 455:80 



— 218 — 

De la página 217 £ 455:80 
Gastos varios 

Teléfono S 12:00 

Impuesto municipal 1:00 

Local (arreglos) 22:55 

Kerosene (Octubre y Noviembre) 45:00 

Fiesta patria 4:00 

Comisión de cobranza de cuotas 82:80 

Id de su8cricionefl á la Revista 35:50 

Sellos postales para id 22£8 

Impresión del N°. 1 id , 510:00 

Gastos Generales 30:10 « 765:83 

Útiles, etc. 

Útiles adquiridos $ 169:00 

Instrumentos de música id 1.235:05 

Suscriciones de periódicos 12:00 « 1 416:05 

Pagado s/. detalle precedente g 1.225:31 ( 2 g 3 7. 68 

A pagar 1.412:37 ( 



& las Rocíos 



( AVISOS ) 



Estudiantina y Orquenta—&* avisa á los señores miembros da U Estudiantina, qua tendrá 
ensayos generales 'lodos loa Hartes y ensayos parciales los Jueras desde* el 22 del corriente. 

Se avisa así mismo i los señores miembros de la Orquesta qua durante la primera quincena 
del mes de Enero próximo tondrán ensayos generales los Lunes, Miércoles y Viernes á las 8 
p. ni 

Cianea de Múnica— 8« avisa' igualmente á los Estudiantes de Música, que los exámenes de sus 
respectivos grados comenzarán desde el Lunes 25 do Enero próximo y siguientes á las 8 y 30 p. 
m. No podrán pasar al curso siguiente los que no hayan sido aprobados en el precedente. 
Las clases de Música continuarán desde el !• de Marco próximo. ( Véase el programa respec* 
Hvn d /«• 2 lü de cute minrno número.) 

Clamen de Idinmar—&* avisa á los matriculados á las clases de idiomas (francés é italiano) 
que deberán continuar desde el 15 de Febrero próximo 

Cíate* de Contabilidad. Taqviqra fia y Telegiafia— Desde el !• de Marso se darán igualmen- 
te en el Centro clases de Contabilidad y Taquigrafía y se reanudarán las de Telegrafía Los que de- 
seen concurrir á ellas, deberán presentar en Secretaria sus solicitudes de matricula durante el 
mes de Febrero. 

Cianen para principiante* — Así mismo los que deseen matricularse como principiantes para 
las clases de Música, de Francés é Italiano deberán presentar sus solicitudes durante el mismo 
mes. 

Ciasen de Engrima y Gimnanin^-^n caso do terminarse la instalación de esta Sección para 
la misma fecha, s« avisará á los señores socios en el número próximo. 



— 219 — 



fy[Ü J^UBYO 



Escúchase el estrépito espantable 
De frágil pedestal que se derrumba: 
-Es porque un Año más se hunde á la tumba, 
Del Tiempo bajo el peso incontrastable. 



* * 



Mas óyese (ambién confuso ruido 
De algo monumental que se elabora: 
—Es porque un Año Nuevo surge ahora 
Sobre las ruinas del coloso hundido; 

* # 

«¡Un año más!» de ensueños, de alegrías 
Para la viva juventud ruidosa; 
♦ ¡Un año menos!» de contados días 
Para la senectud, de faz rugosa. 

• * 

Y por la vida el pié veloz resbala. . . 
Como el placer; como el dolor tirano, 
i^í; hay una oculta, omnipotente Mano 
Que á todos inflexible, nos igualal 

Nemo 
Enero de 1890. 



— 220 — 



CANGE 



de 1881 
de 1889 



de 1893 
de 1894 



15 de Marzo de 1896 



Agosto 



Pi'ülicaciokir nacionales (en orden de antigüedad) 

Capital Fecha de apandó* 

\°—La Democracia— Diario de la tarde 1° de Mayo 

2* — Diario Oficial— (antiguo Boletín oficial de la nación) 9 de Octubre 

?••— ¿a Religión— Publicación católica mensual en 6 págq. 19 < 

4* — /{eruto, de la Univernidad Naciomd— Publicación men- • 

sual en 100 paginas , Setiembre 

r»*— El Pueblo— Diario de la tarde- (Órgano del partido 

liberal 15 de Febrero 

6° -La Opinión— Id. id. 7 « Diciembre 

I 9 — Revista Menmal— Publicación oficial de la oficina de in- 
formaciones y canges en 32 páginas 

K del Pilar 

8 - — El Popular— Semanario 21 ■ 

Capital 

9 - — Jja Verdad— Revista masónica quincenal en 16 págs. t 1« de 

10— El Paraguay ilustrado— Semanario en 8 paginas— (Ór- 
gano de la producción nacional 2 « « « 

11— El Rayo— Id. satírico y de caricaturas 2 « * « 

Yt—El Cítrico— Diario de la tarde (órgano de los intereses 

generales) 1° « Setiembre « 

13— El Deber— Boletín quincenal, en 8 páginas (órgano del 
Supremo Consejo y Gran Oriente del Para- 
guay) 1* • Octubre « 
(El número de páginas de las publieaoioees antecedentes, es de 4 a 
excepción de las que tienen designado otro número). 
Instituciones y centros extrangerop 

Buenon Airen — Revista del Instituto Geográfico argentino. 

Rio Janeiro— Revista del Instituto Histórico y Geográfico xlel Brasil 

« de la Sociedad de Geografía de Rio Janeiro. 
Santiago de Ch »7e— Biblioteca Nacional. 

« del Congreso Legislativo* 
« del Instituto Nacional. 

(Esta parte se encuentra en formación). . 

—Se anunciarán permanentemente en esta Sección las publicaciones mensuales de 
carácter periódico, que se reciban en cange, así como las más importantes de cada país* 
Se hará mensión igualmente del ennge de las demás. 

—La Revinta se ocupará así mismo de las obras nuevas que se remitan para la Bi- 
blioteca de la Sociedad. 



INSTITUTO PARAGUAYO 

SVB-COMISIÓST 

DB LA 

SECCIOIT LITEBABIA 
(EN EL PEH10D0 ACTUAL) 

Presidente— ^t. Dr. Don Teodosio González 
Secretario — * Don José de] P Díaz 
Miembro — « « Enrique S. López 
a « € Fulgencio R Moreno 

* « « Teófilo R Saldivar. 

ADMINISTRACIÓN DE LA REVISTA 

Calle Florida ( antes «Rivera» * et quina Alberdi. Teléfono núm. 23. 
Casilla de Correo núm 238. 



AdminUtratlnr — Sr. Don José del P Díaz. 
llontts — La administración estará abierta para el público lodos los días hábiles de 3 á ."> p. ni, 

Ditponicione* del Reglamento relativa* d la 
BIBLIOTECA DK LA SOCIEDAD 

Art. 31— La Sub Comisión se encargará de la creación de una Biblioteca del Instituto, pu- 
diendo aceptar donaciones y hacer compras de obras, á medida que le permitan los recursos 
que la Comisión IHrectiva de la Sociedad le destinare. 

Art. 32 - Tan pronto romo la Biblioteca rúente con suficientes obras, se abrirá así mismo un 
abono que tendrá por objeto facilitar su lectura en el local de la Biblioteca á las personas ex* 
traüas á la Sociedad, mediante el papo de # 1,50 mensual, adelantado 

Art 3.3- Los abonos se justificarán por medio de boletos de contraseña, intransferibles, nume- 
rados y rubricados por el Bibliotecario, los que serán renovados racnsualmente 

Art 36— La renta que produzcan los abono* de lectura, se destinará exclusivamente á cubrir 
los gastos que demande el cuidado y tomento de la Biblioteca. 

IWtliotecnrio pvorj»orin—&r. Don Vicente Bruneti 
Hort**- L* 8a ' a de lectura se abre permanentemente y la Biblioteca de 1 á 3 y de 8 á 10 p. 
m. en los días hábiles, y en los feriados de « á JO a. m, y do 3 á 5 p. ni. 

Diqpoticione* del mismo relativas á la 

REVISTA 

Art. 3.) — El órgano del instituto Paraguayo se hará en forma de folleto en 8 a , de 40 á 100 
páginas, encuadernado á la rústica, y será impreso de manera que cada seis meses pueda for- 
marse de él un tomo especial con su índice correspond eme 

Art 40 La "publicación á que se refieren los dos artículos anteriores, será exclusivamente 
histórica, literaria y científica, debiendo contener con preferencia los siguientes materiales- 

i a documentos históricos nacional s. 

(b) piezas literarias referentes al Paraguay. 

le) toda publicación científica que tienda al esclarecimiento geográfico de nuestra zona limí- 
trofe con otros países 

id datos estadísticos de importancia para el país en el exterior. 

(e) un cuadro quincenal de observaciones meteorológicas 

(fjlas producciones literarias, históricas y cientílicas que le sean remitidas para su publica- 
ción y sean aceptables á juicio de la Sub-Comisión ¿.iteraría, en la (orina que dispene el art, 42. 

(g, una revista bibliográfica de actualidad. 

ih) los discursos y producciones literarias, leídos en los certámenes ó conferencias que ofrez- 
ca la Sociedad. 

til todas las publicaciones que se refieran 6 dar á conocer el estado de la Sociedad. 

Art. 4K El producido de las suscriciones de esta publicación, se destinará al fomento de la 
misma y d sobrante para la Bihliot eca. 



Oonfliciones 3e la suscriición 

Se cobra á la entrega de cada número, en la forma ¿guíente: 
EN LA REPÚBLICA 

Por un número, hasta 60 páginas 8 2:00 m/n 

« « « , desde *J « « 2:ó0 « 

« « • , atrasado , recargo « O.'tO 

EN LA R. ARGENTINA 

En papel moneda argemino 8 1:20, 8 1:50 y 8 0:30 respectivamente 

EN LOS DEMÁS PAÍSES 

En oro sellado 8 0:50, 8 0:00 y 8 0:20 respectivamente 



agentes 



EN LA REPÚBLICA 



Villa Rúa — J Timoteo Vico (Ruffinelli k) 

Villa Conerpcióa — Ángel Pirelli 

Villa del Pilar —Miguel Trinidad 
Villa En-arnueióii—J* iiuillermo Hojas 

Paraguarl —Pedro Fernandex 

Iutucjuá — Francisco Latourrete 

Laque —Manuel Kacanicnto. 



EN EL EXTERIOR 



Bueno* Airen— Librería de Jacobo Peuscr 
Montevideo —Librería A. Bareiro y Ramos. 



Los pedidos de tuscrtción pueden dirigirse directamente a la Administración ó A los 
Agentes, asi como los reclamos por deficiencia* del servicio.— Las personas que hubieren 
tomado compromisos de suserición y no reciban esta Revista, se servirán avisarlo del 
mismo modo. 



/O '" 



\,v-^. 







• A*«A*f ACÍAt^At^f 4f AÉ?«Í *¿* *J?*»*>«»'*»**«J *»•!«■ *.'.'••/,* £&£•$*? i 1 




AÑO I. 

-djijjji^.— — 



MJ.W. 4. 



REVISTA 



^f 



DEL 



ititufe Paraguayo 



PUBLICACIÓN MENSUAL 

XlCTZSXl.O X>3S3 1897. 



8UM ARIO 



Paos. 



III- 



C arto s Polémicas sobre la Guerra del Paraguay 

Dr. M. Fernández Sánchez — Notas acerca de los go- 
bernadores, 1p emarcipaciói* y los gobernan- 
tes de) Paraguay (Continuació.i) 

Dr. Teodosio González — Utilidad del estudio de la 
música — discurso en el 2 o concierto efectuado 
por la Sociedad 

Sueltos 

Nemo — ¿Qué es la vida? 

A los Socios y Alumnos — (Avisos nuevos) 

Can ?e 



¿££^£> 



284 
289 
291 

292 




upú f 







KBAV2. 










COLABORADORES 



(Se publicará la nómina del cuerpo de Colaboradores 
tan profto como esté definitivamente formado). 



* * 



— Lo5 señora colaboradores tienen derecho á nn ejem- 
plar gratis de rada número de esta Revista, siempre que 1«» 
soliciten á la edminiMrae'ón. 

Se pido á los señores Colaboradores que cuando deban 
enviar materiales, lo hagan antes del 15 de cada mes. 



— Las producciones que se remitan rara la fínico, deberán per dirigidas á la Fnl - 
Comisión de Iíi Sudón Litt-rariu de la Suciedad, á cuyo cargo se halla eftn publieaciór. 
No se devuelven los materiales recibidos. La responsabilidad de los publicados incum- 
be á sus autores. 



Revista del Instituto Paraguayo 



ANO I 



Asunción, Enero de 1897 



N° i 



CARTAS POLÉMICAS 

SOBRE LA 

QUERRÁ DEL PARAGUAY ' 

(De 'La Tribuna" de B. Aires en 1869, edición agotada) 




Buenos Aires, Diciembre 18 de 1869. 
LA SANTa ALIANZA 

Waterloo— Napoleón el Chico — La sucesión de los partidos — Los deberes del parti- 
dario—Tratado de alianza — Conctdcamiento de principios — Des- 
conocimiento de conveniencias — Desdoro de la República — Rela- 
jamiento de los viñados de la nacionalidad— la Patria del Por- 
venir. 

Señor General D. Bartolemé Mitre: 

El calificativo es de Vd. que ha bautizado Santa á la 
Alianza. Con este bautismo ha evocado Vd. la historia, 
muy reciente, de acontecimientos, que nos reflejan el por- 
venir en el espejo de la política contemporánea. 

Un déspota traia inquietas y sobresaltadas á las nacio- 
nes europeas, principalmente ala libre y opulenta Inglater- 
ra, y esas naciones reunieron sus fuerzas para concluir 
con el despotismo armado, y asegurarse el sueño apacible 
de la paz á la sombra bienechora de sus instituciones se- 
culares' 

El déspota fué vencido en Waterloo, apricionado, en- 
jaulado en una isla circundada por la inmencidad del 
Océano, en la cual se le cavó la tumba bajo un sanee ig- 
norado. 

Jül éxito más completo coronó los esfuerzos de la alianza. 



(*) Del archivo de Don Enrique S. López. 



— 222 — 

Un gobierno al paladar de los aliados fué impuesto á la 
patria del déspota. 

Los doctrinarios del éxito, los que responden á las obje- 
ciones con la victoria, lo que dicen amen á la demostra- 
ción del triunfo, á 1h razón de la fuerza predominante— 
última ratio regun,— impusieron silencio á los que protes- 
taban en nombre del sentimiento del patriotismo, y de las 
desgracias de lo venidero. El júbilo revosaba á Jos go- 
biernos aliados y no hubo honores y premios bastantes 
para el general vencedor que creyó en su engreimiento 
haber asentado el mundo sobre sus quixios. 

Corrieron treinta y tantos años, vivían todavía los ven- 
cedores de Waterloo, y toda la obra colosal de la alianza 
fué derrumbada, y erguido como un gigante, alto de cien 
codos sobre todas las r.acones europeas, Napoleón el chi- 
co, sin el genio del cautivo de Santa Elena, pero mas fuer- 
te que él por la tradicción de la derrota. 

Los poderes aliados doblaron la frente humillados ante 
el pigmeo, que no era mas que el resultado de su victoria 
di* treinta años atrá*. 

La libre Inglaterra envió á su virtuosa reina á hacer la 
corte al salteador de las libertades francesas. 

La Alemania pagó á M gentay Solferino la deuda aira- 
zada, j Malakon vio flamear sobre sus almenas el pabe- 
llón tricolor, que Alejandro hizo arribar en París, para pa- 
searse en sus pinzas. 

Y lo que es peor que la lección material, cayó irrevoca- 
ble sobre la alianza, los aliados y sus partidarios de Fran- 
cia, la condenación de la moral política y de la posteridad 
infalible para no dejarles ni el último consuelo del infor- 
tunio — la satisfacción de la propia conciencia 

¡Quién hubiera penetrado por un momento en las profun- 
didades del alma de Wellington, al recordar á Waterloo 
bajo los olmos de Hy de Pa'k, en presencia de la Repúbli- 
ca del Imperio de 1848! La providencia la hizo vivir bas- 
tante para darse cuenta de lo efímero de su gloria, y del 
mesquirio alcance político de los renombrados estadistas 
que observaron el porvenir con el microscopio de su& pa- 
cioncistas de circunstancias y de sus vanidades de posi- 
sión! 

Y ese periodo intermedio de treinta y tantos años, no 
fué siquiera de descanzo. Revoluciones y guerras, sangre 
y ruina, señalaron un etapa en el calendario de la política. 



— 223 — 

Tres monarquías y una república, cuatro tremendos cata- 
clismos sacudieron hasta su cimiento á la Francia org- ni* 
zada por los aMado9. 

«Oigo al general Mitre repetirme- teso lo sé de memo- 
ria, es viejo vulgar, lo saben hasta los muchachos de las 
escuelas digí algo de nuevo ó cállese.» 

No me he de callar, general, por que estoy tan interesa- 
do como usted, tan apasionado como usted, sin la irrita- 
ción que rebaja su altura: por que la alianza no es un su-* 
ceso puramente de la confederación argentina ácuyo nom- 
bre rne niega Vd. ruinmente el derecho de discutirla como 
extranjero, sino también un hecho oriental, que ha costa- 
do á los orientales mucha sangre, derramada por su im- 
previsión política y su desacierto militar, y por que la ver- 
dad es antigua como el mundo — ni hi ! novan sub solé, — y 
precisamente la experiencia délos hechos pasados, sirve 
de consejo y de enseñanza para saber conducirnos, cuan- 
do de nuestros actos, de nuestros cálculos y errores, de- 
pende la paz, la libertad, la grandeza del pueblo, y el me- 
nor traspié cuesta años de dolores á una ó mas generacio- 
nes. Aquel, de cuya inteligencia esiá suspensa la salud, el 
presente ó el porvenir de una nación ó de un Estado, no 
debe tener el orgullo vano de creer saberlo todo, de no ne- 
cesitar las lecciones de la historia, las observaciones de los 
pensadores, y hasta las vulgaridades del buen sentido, una 
bellota puede eneeñarle como á Newton las maravillosas 
leyes de la gravedad, y cumple acojer humilde la indica 
ción que puede serle reveladora. 

Esperamos que el general Mitre vivirá tanto como We- 
llington, para contemplarse á la posteridad, y presenciar 
el porvenir de su Santa Alianza. 

Hará mi es desde ya evidente como la luz de medio dia 
qu^ el gobierno y la situación fundados ó que quedarán 
fundados en el Paraguay por la alianza, serán derrumba- 
dos, arrazados y moralmeute condenados por los aconte- 
cimientos que van á sobrevenir, después de trastornos y 
sacudimientos desastrosos. 

El General Mitre me contestará tVd.no puede saber el 
porvenir, Vd. puede equivocarse, no siempre se repiten en 
la historia como en la literatura de los desenlaces dramá- 
tico 3 , quizás y probablemente del Gobierno establecido en 
ei Paraguay por la Alianza salga una era de paz, libertad 



— 224 — 

y progreso, no sospechada por su inteligencia de corta vis- 
ta». 

Con el mismo título con que Yd. me niegue saber el por- 
venir, yo se lo niego á Vd, Tengo á mi favor la experiencia 
y la historia, que no abona su esperanza, y escusa mi des- 
consuelo. 

Pero ignorando ambo9 el porvenir, no siendo Vd. y yo 
infalibles, la consecuencia es que Vd. lega un problema á 
resolver por el tiempo, un enigma que no tiene en el pre- 
sente su Edipo, que por ahora solo presenta la faz de 
Waterioo, y parece asomar los mostachos kalmukos de 
un Bonaparte el chico á través de los celajes del tiempo. 

A esta incertidumbre del problema me refería cuando 
argüí i á Vd. y que solo podía contestarme con la presen- 
te, y que objetándole yo con el futuro, Vd. me contestaría 
con el argumento favorito de estos casos — eso nadie lo 
sabe, allá me lo den todas, después de n03otros á ver como 
no viene el diluvio, reminiscencia literaria en que descu- 
brió Vd. un alfilerazo pérfido á su individualidad, que no 
está en mi carácter, y que lo ha irritado á Vd. hasta des- 
cender en el devate muy abajo de su habitual cultura y de 
Ja natural elevación de sentimientos de los hombres 
que se estiman á sí propios en los otros. 

II 

Vd. es historiador y publicista, enseñado por el estudio 
á contemplar la marcha ordinaria de las sociedades bu- 
manas, y que se llaman pueblos ó naciones, y á compren- 
der las eteinas é inmutables leyes á que e*a marcha pro- 
gresiva está providencialmente sujeta. 

No se escandalizará Vd., qor consiguiente, como no 
dudo sucederá á los políticos adocenados de ambas orillas 
del Plata, de que yo afirme que la sucesión de los partidos 
políticos en el poder público es un hecho inevitable en 
las Naciones, y que es insensato é imbésil el partido polí- 
tico que se cree dueño del poder público por los siglos de 
los siglos. 

En unos pueblos en más cortos intervalos, en otrns en 
más largos periodos, esa sucesión fatal se opera, modifican- 
dose los partidos por la acción del uno sobre el otro, pero 
conservando cada uno sus facciones prominentes y origi- 
ginarias. 

Dé Vd. el plazo que quiera al predominio de nuestro 



— 225 — 

partido, alargue Vd. cuanto le plazca el término para que 
se fecunden nuestras ideas y se gasten nuestros hombres, 
germinen los propósitos, maduren los hombres del partido 
que ha de sucedemos, no es menos cierto que el término 
ha de vencerse y el plazo cumplirse. 

Es más probable que el problema que lega el Waterloo 
de nuestra Santa Alanza, el éxito y el triunfo de los alia- 
dos de hoy, vá á ser resultado por el partido federal con 
que Vd. no ha contado, sino como elemento reaccionario 
de la actualidad. 

Piense Vd. por un momento sin la pasión que nos decla- 
ra Vd. animarlo y con la tranquilidad filosófica del publi- 
cista, y mida los peligros y los males con que amenaza el 
porvenir ese vuelco radical en las ideas y en las pasiones 
preponderante?. 

El partido federal, demócrata, ó como quiera llamarse en 
lo sucesivo, — Vd. que el nombre nada importa, ni sigfica 
mas que una designación para conocerse,— es fuera de 
cuestión, desde ahora, que deseará toda la obra de la ali- 
anza, que reccionará contra ella, y la condenará en todos 
sus móviles y resultados con ó sin justicia. 

Esa reacción contra su Waterloo del dia y su Santa Ali- 
anza — ¿por cnal tendencias ó impulsos será guiada ó preci- 
pitada?. 

No lo prevee Vd. hombre de Estado? Me guardaré de 
emitirle mi opinión, para que no me reproche Vd. que le 
hago prospectos del siglo veinte, como me ha imputado 
trazarle planes de batallas de Cepeda, y programas políti- 
cos para después de Pavón, por haberme permitido tener 
una opinión sobre su política y sobre su táctica como la 
tendrá Vd. sobre la teología del consilio, sin haber habier- 
to los cánones. 

Si fuese violenta esa raccion en vez de ser pacifica, hija 
de la razón y del patriotismo ¡cuanto menos dolores para 
la patrial 

III 

Siembre baticinios del porvenir, siempre el grito del 
murciélago ó de la lechuza siniestros y fatídicos, escla- 
maiá Vd. con la sonriza clásica de los satisfechos del 
presente! 

Sí, siempre la deducción indeclinable de las premisas. 
D. Eduardo Acevedo me acusaba con su entonación sar» 



— 226 - 

cástica de tener miedo, cuando quería yo moderar su im- 
petuosa violencia en la víspera de la revolución que de- 
bía poner en peligro su cabeza mas que la mía, y derri- 
barlo de su alta influencia al ostracismo y á la nulidad en 
la política. Don Melchor Pacheco y Obes me denuncia- 
ba como falso profeta de las desgracias que han sobre 
venido al Estado Oriental después de 1853, por resistir y 
contrarestar hasta donde puede una revolución, en que él 
estaba seguro de conquistar el triunfe* del momento por 
disponer del ejército de línea. Qué ironía puede Vd. lan- 
zarme, á que no se le haya anticipa lo otro! 

Las premisas de la marcha futura del partido adverso, 
las sienta siempre el partido que gobierna y olvida siem- 
pre que será medido con la vara que mide. 

No hace muchos meses conversábamos los dos amisto- 
samente sobre este tópico, fumando nuestros cigarros en 
mi pobre apartamento, como en tiempos mas felicesde es- 
pansion sincera del alma, y me encantaba de oir su pala- 
bra fácil y armoniosa desenvolver la idea que me trabaja- 
ba, y le hacia entrever yo en mi media lengua, sobre la ne- 
cesidad de ensanchar los horizontes de nuestras partidas, 
no por falsas fusiones y mentidos abrazos, sino por la rea- 
lización de los grandes y generosos principios, que abren 
las puertas de la preponderancia política á todos los par- 
tidos habiéndolo ligado férreamente de antemano con los 
insolubles lazos del derecho, de justicia, de la libertad, del 
patriotismo y de la elevación de los sentimientos y de las 
aspiraciones. 

Pocos hay mas elocuentes que Vd. en esas espanciones 
familiares del alma, sin escenario, y sin espectadores. Yo 
lo envidiaba. 

Pero Vd. ha sido Presidente de la República— mas que 
eso, dictador revolucionario, con una Constitución de lujo, 
—y ha dispuesto del tiempo suficiente para hacer esa alta 
educación de los partidos y aplanarles la arena Je las lizas 
populares de la libertad. 

¿Qué grandes horizontes, qué elevados sentimientos, qué 
nobles aspiraciones, qué grandes tendencias ha impreco 
su política en el alma de los partidos y eñ el corazón de 
los ciudadanos? 

£1 gobierno personal de Urquiza, robustecido por VJ. 
en Entre Rios; el gobierno personal de Taboad:i, favore 
cido por Vd. en Santiago; la fusión elevada á la categoría 



— 227 — 

de gran política, con sus inmoralidades disolvente?; la 
reacción contra Vd. forzosa como necesidad de deferirá 
de su partido, con la elevación de Sarmiento; la lucha en- 
tre una gran fracción del partido y Vd. caudillo civiliza- 
do, nuevo Dorrego, elocuente y brillante; el fracciona- 
miento y disolución del partido unitario, que conquistó 
libertades é instituciones; la esclusión absoluta de la vida 
política del partido federal, encerrado como un tigre corri- 
do en su retiro, con todas sus geniales iras; riqueza ele 
palabras, pobreza de hechos, hé ahí su legado político, hé 
ahí su educación de los partidos y de los ciudadanos, hé 
ahí su preparación del porvenir, en que otros que Vd., y 
con otr?s ideas y otras pasiones tendrán que gobernar al 
pueblo j dirigir los sucesos. 

IV 

A nuestro partido disuelto, desquiciado, desmoralizado, 
sin brújula y sin timón, ó al partido contrario, que ha de 
venir un dia, por ley de la sucesión, al Gobierno de la Re- 
pública, confía Vd. la solución del problema, que deja 
pendiente la alianza brasilera. 

E«a alianza es un tratado, en que están consignados sus 
principios, sus compromisos y sus propósitos; y un triunfo 
militar, un Waterloo, que ha implantado los hechos. 

El tratado es una espantosa contradicción, un mentis da- 
do á sí propio, una burla audaz del pueblo, de la razón y 
de la conciencia humana. 

Sin embargo, agrega, derrocado el tirano y redimido el 
pueblo de su cautiverio, — arrasaremos las fortalezas de ese 
pueblo, los depojarémos de sus armas, le señalaremos sus 
límites, reglamentaremos su navegación (libertad de los 
rios), j le permitiremos que tenga un gobierno, que no sea 
hostil á los intereses de la alianza, y si el pueblo se identi- 
ficó con el tirano, si se personificó en él como se ha visto 
en Roma con César, en Inglaterra con Cronwell, en Fran- 
cia con Bonaparte — 

Ahí es un caso no previsto por el tratado, nos alega el 
general Mitre, entonces no hay mas remedio que hacer la 
guerra al pueblo, y si se resiste tenazmente, esterminar- 
lo! 

¿Y porque el tratado no previo un caso ordinario de la 
vida de los pueblos y de las sociedades de hombres? 

Pudo dejar de preveer lo que no podia ocultarse, y lo 



— 228 — 

calló, para engañar ó deducir á los pueblos con una reti- 
cencia? 

El tratado mentía indignamente, y una mentira tan mal 
disimulada á la perspicasía de la institución de los pueblos, 
es siempre un desdoro, una vergüenza para los gobiernos 
que se permiten tales ardides y facinan con tales cubile- 
tes. 

El tratado declaraba guerra al pueblo paraguayo y no al 
tirano, que caería en vuelto por su escomunion como un 
accidente transitorio. 

Aquien se debiadesarmar, desguarnecer de las fortalezas, 
imponer la libre navegación, demarcarle límites y consen- 
tirle gobierno bajo condición de ser del mismo pelo, como 
diría uno de nuestros gauchos ¿Aquién, si el tirano ya es- 
taría derrocado, aherrojado en Fernando de No ron ha, ú 
otra isla oceánica ó ¿epultado de bajo de la tie ra? 

AI pueblo paraguayo, cuya soberauia quedaba así su 
primicia por la alianza. 

El general Mitre que sabe muchas historias, como Sar- 
miento &hbe muchos latines, nos revela ignorar una histo- 
ria, que probablemente ha olvidado, ó ha estudiado con el 
ánimo prevenido en favor de la monarquía nuestra aliada, 
y es la historia de la política de las monarquías portugue- 
sa y brasilera en américa, que ha corrido por un mismo 
cause, entre mil sinuosidades, á un invariable término, 
como un arroyo al mar, sin desmentir jamás su marcha, 
por la diversidad de declives y de obstáculos que le han 
salido al encuentro. 

Este principio de la soberanía popular es el oso *egro de 
la monarquía, que se apellida representativa, por una fic- 
ción semejante á las ficciones romanas, para remedar ó pa- 
rodiar el derecho, en donde se toca su vacío. La monar- 
quía importa en principio lasumúión déla soberanía del 
pueblo á la soberanía de la dinastía. 

L:i dinastía es inviolable, está arriba de la ley y del pue- 
blo. Importa pues, á la consolidación de la monarquía 
que ese principio popular no se realice y ponga en vigor, 
en toda su plenitud, en ninguna parte, y mucho menos en 
sus mediaciones. 

El tratado de 1828, que sucedió á Kuzaingó, no perdonó la 
monarquía es fuerzo para dejar con calculo y desconocido 
el principio. 

Allí se hizo el Estado Oriental, por laMonarquía vencida 



— 229 — 

en Sarandí, el presente griego de la nacionalidad sin con- 
sultar su soberanía, soberanía que había estado única y mi- 
litarmente representada por el sable oriental del ejór- 
to de La val leja en Sarandí, y, por el voto oriental de la 
Asamblea de la Florida. 

¿Qué era de la Soberanía del Estado, que solo y sin ayu- 
da de los otros Estados de la Nación, arrojó al rostro de la 
monarquía el guante homérico de los Treinta y tres, le pu- 
so el pié sobré el pecho en la memorable Orqueta, y sepul- 
tó en el pasado irrevocable su odiosa dominación con él 
acto monumental en que la Junta del Pueblo declaró irri- 
to y nulos para siempre los actos de la Monarquía en el 
Estado, é independiente á este de todo poder extranjero, y 
soberano como el pueblo mas soberano del universo? 

T como si no bastase, para dejar bien constatado que el 
gran principio de la soberanía popular quedaba suprimido 
en la vida constitucional del Estado Oriental, impuso y es- 
tipuló que la constitución oriental sea sujeta á la aproba- 
ción, al beneplácito de la monarquía. 

La consecuencia de tamaña conculcación de princi- 
pios, es que el Estado Oriental no ha tenido hasta ahora 
ni tendrá jamás, mientras guarde en su tabernáculo las 
falsas tablas de la ley de una Constitución aprobada por la 
dominación extranjera, ningún gobierno que sea la verda- 
dera genuina representación del pueblo, sean blancos ó 
colorados, guelfos ó gibelinos, los que predominen. 

El tratado de alianza desempeña ahora con el Paraguay 
el segundo acto de la misma comedia, lo condena á cons- 
tituirse, 6 gobernarse, á vivir políticamente bajo los aus- 
picios de la Monarquía del Brasil, y como derecho pugna 
por enderezarse contra la fuerza que lo encorba, á vivir 
en incesante lucha, en perdurable esfuerzo, encontrando 
siempre en frente de sí á la intervención ó á la influencia 
de Monarquía Brasilera, cuando empiece á fortalecerse el 
elemento del derecho. 

El general Mitre no me opondrá que esto es metafísica, 
teoría, declamación: esa vulgaridad está bien en boca de 
los ganzos del periodismo, y degradaría á los publicistas 
de los paises libres. El General Mitre »abe, y está profun- 
damente convencido de ello, que ningún buen principio ó 
idea se siembra ó se acoje en la ley ó en el gobierno de 
un pueblo, que no dé benéficos resultados; y que por el 



— 880 — 

contrarío, ninguna falsa idea ó violación de nn principióse 
introduce en la ley ó en el gobierno de un pueblo, sin que 
lo pague con dolores, con tiranías, anarquías, lágrimas y 
sangre, vergüenza y miseria. El publicista, el hombre de 
Estado sabe esto de memoria, y sin embargo, tolera, con- 
siente, conviene, estipula la importación de violaciones de 
principios y de falsas doctrinas en la existencia del pueblo 
paraguayo, ayuda el mismo á administrarle el veneno que 
ha de emponzoñar á una ó mas generaciones de un pueblo 
hermano, tan atrazado cuanta se quiera, pero tan digno, 
como todo pueblo, del amor de los hombres y de las sim- 
patías de la humanidad. 

V 

Caccia viaf me grita el cajista, y tengo que ceñirme, y 
dejar en la oscuridad mi pensamiento, que no tengo tiem- 
po y dónde improvisación para formular con claridad, ya 
que no con elegancia. 

Había en el Paraguay para los pueblos del Plata conve- 
niencias de un carácter permanente, y su rompimiento con 
el Brasil nos creó conveniencias de circunstancias. 

Tiranizado cuanto se quiera, el pueblo paraguayo era 
una asociación republicar a, democrática, de la misma fa- 
milia, con los mismos antecedentes de las que habitan en los 
Estados del Plata. Faltábale, es cierto, la vida constitucio- 
nal, representativa, las prácticas de la libertad de los há- 
bitos de la civilización. 

Pero hace diez y siete años faltaba todo eso á la Confe- 
deración Argentina. Eramos una repT blica y una demo- 
cracia y de familia española, con su índole franca, espanei- 
va, apasionada, apta para asimilarnos todos los elemento3 
etstraños de progreso, y para realizar protlijios. Pero nos 
despotizaba Rosas, tan bárbaro y sanguinario como López, 
que fusilaba mujeres en cinta, ponía en los banquetes las 
cabezas de los deudos á los invitados, prohibía el calzado 
de charol, cortaba las pastillas y los faldones á las levitas, 
obligaba á llevar como librea de esclavitud huincha colora- 
da, y hacía del territorio feraz un solitario desierto y un 
vasto cementerio. 

Hoy ¿qué es la República, de cuya Presidencia acaba de 
bajar el general Mitre, acatan de la soberanía, la libertad 
y el derecho del pueblo? 

¿Cuánto tiempo el gobierno representativo hubiera tar- 



— 281- 
dado en hacer del Paraguay, sino una Atenas de cuitara y 
gusto, al menos un pueblo feliz en medio de un Paraíso de 
la naturaleza.? 
¿Cuánto tiempo? 

¿Diez, veinte, treinta, cuarenta años? Qué son en la vida 
de los pueblos? 

¿Cuanto tardará hoy el Paraguay, que há exterminado, 
y vá á organizar la alianza, en llegar al mismo resulta- 
do? 

Mucho, muchísimo mas tiempo. En el Paraguay anterior 
á la alianza, bastaba suprimir un tirano. En el Paraguay 
de la alianza hay que rehacer un pueblo. 

Nos hemos quitado un hermano de la familia, separado» 
nlejado de nosotros, lleno de resabios, digno de lástima,atra- 
biliario y turbulento, cuanto se quiera, pero hermano. 

¿Qué nos hemos dado en cambio? Según yo, un enemi- 
go rencoroso é implacable, si no deshacemos el mal que le 
hemos hecho, y le conquistamos el bien que le debemos, 
un enemigo taimado, que en los vuelcos de la política ha 
de aliarse mañana con nuestros aliados de hoy para dar á 
algún nuevo Urquiza ejército y escuadra con que atacar- 
nos en futuros Cepedas, y piróscafos con que protejer las 
defecciones de nuestras naves, y perseguir en nuestras aguas 
á los campeones de la libertad en otros Araguays* 

Pero este, es¡el efecto de la guerra, y no de la alianza, se 
rae objetará, cde la guerra, cuya necesidad y conveniencia 
Vd, reconoce, y cuya aceptación, por la provocación de 
López Vd. aplaude.» 

No. Ya hemos expresado nuestra opinión, ya hemos de- 
mostrado con la comportacion de los ejércitos paraguayos 
en nuestro territorio y de los mismos ejércitos en el suyo, y 
con las mismas convicciones espresadas anteriormente por 
el General Mitre, en actos solemnes, que sin la alianza hu- 
biéramos ido por la guerra en tres meses á la Asunción, y 
que con la alianza y solo por ella, que crió y robusteció el 
poder moral del tirano paraguayo, no hemos podido llegar 
á la Asunción sino pasando por encima del cadáver uel 
pueblo, por que así defienden los pueblos atrasados, y va- 
roniles y constantes, por lo mismo que son atrasados, sus 
aras y sus hogares, enterrándose en los muros desploma- 
dos de Zaragoza, para que lean las naciones su heroismo en 



— 282 - 

la ruina, ó incendiando á Moskow, para que la llama del 
patriotismo alumbre al mundo como una antorcha. 

VI 

Siquiera hubiéramos salvado dos cosas que oponer á, los 
sacudimientos de esta parte del mundo americano, tan con- 
vulsionado por los terremotos sociales:— nuestra gloria mi- 
litar y nuestro sentimiento nacional. 

La gloria militar— oh! Nuestros oficiales y nuestros sol- 
dados han batallado y han muerto como héroes para hon- 
ra v prez del Imperio. 

La gloria militar de la campaña, que es cosa distinta del 
heroísmo individual del soldado y del oficial; salvedad que 
hacemos de antemano para que el general Mitre no explo- 
te contra nosotros la susceptibilidad del ejército, arma que 
sería traicionera en sus manos, la gloria militar es toda 
de la monarquía del Brasil. 

T los brasileros hacen mal en tratarme como á enemi- 
go. Yo como cualquier brasilero republicano, amo al pue- 
blo del Brasil y detesto á su monarquía y á los partidarios 
de esta misma no les hago cargos por haber tenido la habi- 
lidad de tomarse la parte de león en los resultados de 
honra y provecho de la alianza. Ese cargo lo hago á nues- 
tros hombres de Estado, que no supieron reportarlos para 
la República, y reconozco que los estadistas y los gene- 
rales del Brasil han hecho muy bien en hacer por su país 
lo más que pudieran. 

En cuanto á posición militar en la alianza, empezamos 
por no tener escuadra, por estar á merced de los lefios 
brasileros. Los vencedores del Junal, hemos tenido que 
pedir por favor hasta las lanchas que debían conducii ¿ 
nuestros valientes al pié de las trincheras en que caían diez* 
mados. 

Nuestro ejército ha figurado por menos de una tercera 
parte en los sucesos, y desde que el General Mitre ha sido 
el primero en proclarrar que el heroísmo ba sido igual en 
el soldado argentino y en el brasilero, el resultado de las ba- 
tallas hay que atribuirlo al número. 

El tratado de alianza nos reservó, es cierto, la dirección 
de la guerra, el generalato de los ejércitos. Pero hecha la 
ley, hecha la trampa, como repiten nuestros curiales. De la 
subordinación á nuestro generalato quedó exenta la es- 
cuadra, y el ejército aliado sin la escuadra, era un cojo 



- 238 — 

sin muletas, empantanado en los bañados de las posicio- 
nes fluviales, Que constituían el gran poder del enemigo. 

Nuestro generalato fué nominal sin el mando de la es- 
cuadra, nuestro general pudo concebir y trazar admirables 
planos de campaña, y todo quedó en agua de borrajas, has- 
ta que abandonamos á la monarquía la dirección de la gue- 
rra, nuestro título de gloría. 

T sea por esta causa, sea por la que fuere, nuestro gene- 
ralato fracasó en la derrota. Nuestros generales se retira- 
ron quebrados y cabizbajos de Curnpayty, el uno vino á 
reasumir su presidencia en Buenos Aires y el otro su dicta- 
dura en Montevideo. 

Aunque se pactó que desde entonces cada General man- 
daría su ejército, desapareciendo de la escena nuestros 
Generales de primo cartelo, y descendiendo á ella el gran 
General del Brasil, este tuvo ante los ojos del mundo y 
por la naturaleza de las cosas, la personificación moral, 
sino fué tambientla material, del generalato de los Ejérci- 
tos y de la dirección de las batallas. 

T para que nada faltase al abatimiento de nuestros ge- 
nerales y al amenguamiento de nuestra porción de gloria; 
bajo ese general se realizaron la sumisión del tremendo 
Humaitá, la ocupación de la Asunción, adonde no entró 
el general Mitre ni en tres meses ni en tres años, porque la 
providencia quiso desautorizar sus pretensiosas palabras, 
y ese general tuvo la arrogancia de proclamar á los ejér- 
citos en uno de los mas solemnes momentos que avanzasen 
seguros á la victoria, por que él no seria ni habría sido nun- 
ca vencidol 

Los generales argentino y oriental debieran morderse los 
labios, y esclamar allá en sus adentros joh patria, á la hu- 
millación que te he reducidol 

El menoscabo de la gloria y de la grandeza de las nacio- 
nes es uno de los mayores males que sus gobiernos pueden 
causarles y por que son acreedores á las mas duras acusa* 
ciones. 

VII 

Utopia, sueño, desvarío, llámelo Vd. como quiera, yo es- 
toy persuadido desde muy atrás que sus antecedentes, 
sus intereses y las exijencias de su porvenir han de llamar 
tarde ó temprano á los pueblos españoles del Oriente de 
Sud América á organizarse en una Nación Republicana. 



-884 - 

. Esta convicción w# ha hecha desde ipuy teppranoel 
enemigo de la injerencia de la Monarquía^ en nuestros 
sucesos porque lo» estadistas de la Monarquía, mas pers- 
picaces que nosotros, se esfuerzan en impedir ese resultado 
que temen, é indudablemente lo aplazan y retardan. 

Vd. pensará que tal esperanza es un delirio, pero al me- 
nos conocerá que es un deber de los gobiernos del Plata, 
incluyendo el Paraguay, propender por todos los medios 
á la armonía, á la unificación de intereses, á la comuni- 
dad de garantías y seguridades contra propios y extraños. 

Llévenos ó nó á una sola nacionalidad esta política de 
armonía, unificación y comunidad, ella es un deber y una 
necesidad para nosotros. 

No ha sido su política y por eso ha caido Vd. en la 
alianza de la monarquía brasilera, que es fatal y tradicio- 
nalmente su adversaria. 

En el interior ha sido Vd. el grande y buco amigo de 
los caudillos— Urquiza, Taboada, Flores— los elementos 
resistentes á toda tendencia nacional, 4 toda aproximación 
y estrechamiento de los pueblos. 

Aunque Vd. se pronunció un día enérgicamente contra 
la banderita de pulpería, que creía izada por el providen- 
cialismo de nuestro Milton, desplegó luego al viento la de 
su Republiquita del Plata, para la cual quiso Vd. congra- 
tularse la simpatía de la monarquía. 

Vd. ha halagado, lisonjeado á las dos fuerzas contra 
rias al sentimiento nacional de los pueblos del Plata los 
caudillos locales y la ingerencia extranjera y anti-repu- 
blicana. 

Y se jacta Vd. de ser el fundador y el organizador de la 
nacionalidad, que existía en el corazón del pueblo, y vivi- 
rá mientras sean tradiciones comunes Chacabuco y la* 
Piedras. 

Los hechos consumados *on irrevocables. No podemos 
hacer que ellos no hayan acontecido, y dejado su huella en 
nuestro presente y su cicatriz en la fisonomía de lo venide- 
ro. 

Su discusión no tiene ni puede tener mas objeto prácti- 
co, que restañar la sangre, que brota de ellos y curar la he- 
rida que dejan abierta. Él general Mitre no puede supo- 
nerme el placer pueril de lastimar sus susceptibilidades ni 
de empañar su fama. Me conoce él lo bastante para no 



- 296 — 

dudar que 70 roe regocijo con todo mérito que se levanta 
y me entristezco de toda luz que se apaga ú oscurece. 
Los resplandores de la gloria ajena en vez de sombrear 
iluminan el rostro del patrióte. 

No traiga su pasión, su dialéctica y su estílelo á este de- 
bate, el general Mitre. Sea superior á esas debilidades del 
amor propio. Ponga la roano sobre su conciencia, 7 si él 
sostenedor de la alianza piensa que hay verdad en algu- 
nas de mis ideas, aunque no sean nuevas, 7 que estamos 
amenazados por consecuencias de la alianza, que importa 
pi evenir, pongámosnos, ét su sostenedor 7 70 su adversario, 
á la obra de reparación que tanto interesa á nuestros dos 
países. 

Trabajemos por que el Paraguay tenga un pueblo libre y 
soberano en su seno, y por que de ese pueblo, no gobernado 
ni influenciado por una monarquía, nazca su propio go- 
bierno bajo los auspicios de 1a libertad 7 del derecho. 

Trabajemos por que cese en todo nuestros Estados 7 
Provincias el reinado de los caudillos irresponsables— 
Urquiza ó Taboada— y de los gobiérnalos de esplotacíón 
7 fraude, 7 por que sean efectivas en cada provincia la li- 
bertad 7 la soberanía. 

Trabajemos por que todos nuestros pueblos, Naciones 7 
Estados renuncien 7 condenen paca siempre toda alianza 
política con gobiernos monárquicos ó estraftos á nuestras 
tradiciones de familia, 7 aprendan á hacer una realidad 
del sdf government. 

Trabajemos porque los puestos de la política se abran á 
todos los partidos, con sus banderas, buenas ó malas, 7 as- 
piren todos á la preponderancia 7 el gobierno con los ga- 
rantías de la libertad y de la opinión. 

Así, si en el porvenir, no somos ambos ciudadanos de 
una sola patria, según mi creencia, habremos sido ambos 
los patriotas de una idea pura 7 de un noble trabajo. 

Juan Carlos Gómez 

El Folletín Diplomático.- Cuarta carta del General 
Mitre al doctor Gómez 

La política de la Providencia— no ha encontrado en mí 
un instrumento dócil ó hábil para sus fines, (tino un Satán 
rebelde. (Juan C. Gómez 3* carta)— En diez 7;ocho aftos de 
la tormenta política, he hecho algo 'mas que Sieyes en la 
revolución francesa- he sufrido— {Juan C Gómez 3* Car- 
ta). Me he levantado sobre el fango en las alas <te quera- 



— 286 — 

bin de las esperanzas del futuro. {Juan C. Gtómea—A* car- 
ta). 

Cuando en un duelo de hombre á hombre, uno de los 
adversarios ha recibido una herida y empieza á perder 
sangre, las leyes del honor mandan al otro adversario ba- 
jar al suelo la punta de su espada, dándole tiempo para 
que se reponga. 

Cuando en una discusión entre dos hombres inteligen- 
tes, uno de ellos empieza á perder la alta serenidad del es- 
píritu, las leyes del debate disponen darle tiempo para que 
su equilibrio moral se restablezca. 

Prevengo al Doctor Don Juan Carlos Gómez que vá 
perdiendo su serenidad, que es en los combates de la pa- 
labra lo que el valor y la sangre fría en la guerra:— el va- 
lor que juzga ó la razón que impera. 

En su anterior carta el Doctor Gómez decia que estan- 
do debatiendo un hecho considerable de los pueblos del 
plata, iba á suprimir del debate nuestras individualidades 
traidas por él a discusión, definiendo una vez por todas las 
respectivas posiciones, bosquejando en consecuencia una 
parte de mi biografía con el rico colorido de las alas del 
picaflor. 

En seguida, olvidando la verdadera cuestión que se de- 
batía, bosquejaba con pluma magistral dos ó tres planes 
de cara paña que daban por resultado la derrota de sus 
ideas, prometía una disertación sobre las razas valiéndo- 
se de la autoridad de un historiador que no nombraba y, 
acababa diciendo que todavía tenia mucho que comer- 
sor. 

A esto le contestamos analizando las conclusiones con- 
tradictorias que sentaba, y diciéndole que si no tenia algo 
útil v nuevo que decir, nos cediese la palabra para decir al- 
go serio sobre la alianza por él condenada, sobre sus ante- 
cedentes y resultados, sobre sus consecuencias, y sobre las 
cuestiones que en el presente ó el futuro se ligan á estos 
hechos. 

El Doctor Gómez, no nos ha cedido la palabra que le 
pedimos, y ha vuelto á tomar en el turno que le correspon- 
día. Está en su derecho. Pero olvidando la disertación 
pendiente sobre las razas, y que había ofrecido espontá- 
neamente suprimir una vez por todas las individualidades 
del debate, su cuarta carta bajo »1 rubro de El Romance 



- 237 - 

Histórico, no es sino una diatriba política y militar, desde 
el principio hasta el fin. 

Ño es de estrafiarse este estravio de rutas én' quién te- 
niendo vastos espacios que recorrer, hora cruza como el 
Satán de Milton las tinieblas luminosas de que habla el poe 
ta, hora se cierna sobre nuestras cabezas en las alas dé los 
querubes de Lamartine que poseen los secretos de la pro- 
videncia. 

Empezó adjudicando la corona del triunfador á la Guar- 
dia Nacional de Bueuos Aires y negándola á sus compa- 
ñeros de armas, y luego les concedió á todos por igual. 

Lanzóse enseguida á la* regiones ignotas del porvenir 
después de haber levantado baniera de redención, con 
éjida al brazo y hacha en mano, pronto á segar de un gol- 
pe la tiranía del Paraguay, y por último detiene sus legio- 
nes en las fronteras del pueblo que iba á libertar para es- 
perar que los paraguayos se liberten á si mismos sublevan 
dose contra su tiranía. 
'Maldijo la alianza brasilera con elocuentes imprecacio- 
nes, y aclamó como los aliados mas digno? dé la Repúbli- 
cas del Plata á Robles, Barrios, los hermanos de López y 
todos los seides que han sido los instrumentos del raarti. 
rio paraguayo. 

Propuso alianza del pueblo del Bio déla Plata, como lla- 
ma á la República Argentina y al Estado Oriental, y acabó 
por dejar solo en la estacada a la primera, para qne se en- 
tendiese como Dios la ayudase. 

Trazó con el dedo de la Providencia un atrevido plan 
de campaña, en que la primera operación itiilitar era ftacei- 
se derrotar por viade ardid de guerra, á ftn de triunfaren lo 
futuro forsando al fin á la victoria á pasarse á nuestras ban- 
deras caidas; y mas tarde por una nueva y súbita inspira- 
ción, tan prudente como la primera fué Atrevida, aconse- 
ja no ponerse á tiro de la raza paraguaya para no correr 
el riesgo de ser derrotado. * '< 

Recorrió como una visión fantástica los campos de la 
guerra del Paraguay levantando el sudario de los muertos, 
y por una transformación maravillosa se presentó Repenti- 
namente en los campos de Cepeda indicando á las legiones 
de Buenos Aires el camino del Rosario. 

Volando a^í con alas de cóndor nnaé' veces y oirás de ma- 
risposa, de lo futuro á lo hipotético, de lo hipotético á lo 



posible, de lo posible á lo moral, y de la alianza á la revis- 
ta retrospectiva del pasado, ha llegado á la época de la vís- 
pera de Pavón, y está en el examen de la negociación Ries- 
tra y de (amisión Mármoll 

No se puede negar que ha hecho un largo camino para 
atrás. 

Como aquel los genios de las mil y una noche que van 
marcando su camino con perlas y esmeraldas que no se dig- 
nan volver á mirar, ni recojer, se ha olvidado de todas las 
preciosidades que ha dejado caer de su mano, ha*ta de la 
famosa disertación sobre las razas que era la perla negra 
de su tesoro. 

Hasta ha olvidado que él e-a el autor de una biografía 
política militar, y, al verla anotadapor el interesado, le re- 
futa como obra agena calificándola de romance histórico; 
sin tomarse el trabajo de documentarla. 

En ese bosquejo biográfico aseguraba que el general Mi 
tre en presencia de la reacción de 1852 habia edeelarado 
imposible la defensa de Buenos Aires, que no habia mas 
que entregarse, j pasar bajo las horcas caudinasde la mas- 
horca» . 

Negado este aserto, demostrado que la señal de la re- 
sistencia habia sido dada por el mismo á quien él suponía 
desesperado, probado que él fué el que dio su base á la de- 
fensa, salvando á Buenos Aires de una rendición vergonzo- 
sa con solo noventa guardias nacionales resueltos^ avocan- 
do para ello testimonio vivo de amigos y de enemigos, no 
quedaba sino, ó exibir la prueba de acusación, ó dar una 
noble reparación. 

El título de romance histórico parecía indicar una refuta- 
ción documentada de los cuadros históricos trazados rá- 
pidamente eu honor de la verdad y de la causa de los 
principios, y entre ellos el relativo á la jornada del 7 de 
Diciembre. Nada de eso. El nuevo romance histórico del 
Doctor Gómez, no son sino algunos apuntes biográficos 
del general Mitre, que se había quedado en el tintero, y 
que no ha querido desperdiciar. Por lo demás, ni una pa- 
labra de insistencia, ni rectificación á los hechos aducidos. 
Podemos pasarnos de su visto bueno. Los contemporáneos 
darán testimonios, y si es que la posteridad se digna ocu- 
par de estas pequeneces, sabrá que existió alguna vez un 
pufiado de ciudadanos que no llegaban á cien, que si pu- 



dieron no creer posible la defensa de su bandera, mostra- 
ron que no era imposible morir por ella, cosa que según 
el Doctor Gómez solo es obligación de los soldados de pro- 
fesión, como si los demás fueran inmortales. 

También puede ser que diga la posteridad que hubo un 
ser predestinado que durante diez y ocho años de tempes- 
tuosa revolución, hizo algo mas que Sieyes y fué sufrir— 
Los dolores de barritarle los hombres notables deben in- 
teresar algo mas de lo que se cree, á las generaciones ve- 
nideras; la prueba de ello es el Memorial de Santa Helena, 
que se lee con tanto placer, no obstante hablar tanto de 
los dolores de muelas y de estómago del moderno Prome- 
teo. Y si á los dolores de cabeza se agregan las transfor- 
maciones fantásticas de querubín á Sotan y los cuadios 
mágicos de una política nunca vista, ni oida, el folletinista 
futuro encontrará abundantes materiales para entretener 
á nuestros biznietos mejor qne con un cuento de duende y 
aparecidos. 

Reasumido así el debate en el estado en que se encuen- 
tra, vamos á ocuparnos en espantar el puñado de moscas 
que el Doctor Gómez nos ha lanzado para impedir que 
marchemos con paso franco hacia la verdadera y única 
cuestión que estamos debatiendo, que es la alianza y sus 
consecuencias. Si corno él lo dice «el mosquito suele vencer 
"1 león, como el león suele necesitar del ratón* , le compla- 
ceremos siguiéndole en su escursión en los dominio» de la 
historia natural de los cuadrúpedos y los insectos, mien- 
tras viene la anunciada disertación sobre las raaos. 

El Doctor Gómez niega mis aspiraciones á la naciona- 
lidad, y mis trabajos para realizar la Unión Argentina. 
Kbto pudría contestarse con la elocuencia muda de aquel 
filósofo que en presencia de la negación del movimiento 
se ponía á caminar para demostrarlo. Basta mostrarle la 
nación unida por la primera vez, regida por la primera 
vez por una sola ley, y un gobierno por la primera vez en 
toda su integridad, triunfante en el exterior en paz en e 1 
interior, para refutarlo. 

Este punto nada tiene que hacer con la cuestión que de- 
batimos, y como mas de una vez se me ha de presentar la 
ocasión, no quiero romper la unidad de este debate, y me 
concretaré á lo que de alguna manera tenga relación con 
el asunto que nos ocupa, y debe ocuparnos. 



-w - 

Liga el doctor Gómez un escrito mió que se publicó en 
en 1857, con el título de la República del Plata á un plan 
de disolución nacional, que por una verdadera fantasma- 
goría quiere él sea el punto de partida de la alianza ar- 
gentinq-brasilera, para llegar á la conclusión de que la 
triple alianza fué un ataque á la nacionalidad. 

El escrito que él recuerda no fué solo una evolución de 
partido. Produjo, es cierto en su oportunidad el efecto de 
arrebatar la bandera del localismo, á I09 que pretendí m 
ea#lot|irla en nuestro dafio, obligándoles á tomar, franca* 
urente la bandera de Drquiza que era lo que buscábamos 
para hacerles fuego, quedando dueño del terreno. Fué 
mas que eso, uno de tantos medios con que constantemen- 
te he procurado mantener vivo el sentimiento de la nació* 
nalidad en Buenos Aires, reaccionando unas veces contra 
la tendencia separaristas ó neutralizándola otras por com- 
binaciones que conducían siempre á dar la «nacionalidad 
por resultado. El proyecto de la República del Plata que 
no fué sino un artículo de periódico, tenia por objeto 
arrebatar también la bandera de nacionalidad al gobierno 
de| Paraná, para hacernos el núcleo de la organización, ó 
de la, reorganización, invitando á las provincias á adherir- 
se á una confederación sobre la base de Buenos . Aires. 
Esta misma ideadla había indicado Sarmiento en uno de 
sus escritos» ¿Qué tiene que hacer esto con la triple 
alianza? , 

Para el doctor (4o nez este es el origen de la alianza, 
siendo la misión confidencial del señor Mármol á Rio Ja- 
neiro el primer paso que dio en tal sentido. 

Comp este pu^to se liga con las relaciones del Brasil con 
la República del Plata, vamos á consagrarle alguna aten- 
ción^, 

El doctor Gómez dice tener originales las instrucciones 
que en ¿*1 sentido fueron dadas y que no quiso firmar el 
doctor Obligado, Ministro de Gobierno entonces. 

La misión del señor Mármol á Rio Janeiro tuvo el mis- 
mo objeto que la que se confió al doctor Pico cerca del Go- 
bierno dq Montevideo, y se propuso al doctor Torres en el 
Paraguay, que era esplicar la circular de Buenos Aires al 
lanzarse á la guerra de Pavón, y asegurar la neutralidad 
dq esus.gobierrips. , 

Respecto al, Brasil había una especialidad. 



— 241 — 

Años antes había estado el señor Paranhosen Buenos 
Aires, y había manifestado al Gobernador Alsina 7 al 
señor Mármol que el Brasil no estaría distante de reco- 
nocer la independencia del Estado disidente. Esto no tu- 
vo éxito ninguno. Con este antecedente se pensó incluir 
en las instrucciones del enviado confidencial este punto, 
para explorar la opinión del Brasil en tal sentido, 7 sa- 
ber á que atenernos respecto de sus miras con relación á 
la política argentina. Al fin se acordó que la instrucción 
fuese verbal. 

He aquí un estracto de la carta que el doctor Obliga- 
do me escribió hallándome en campaña. — 

«Buenos Aires, Julio 17 de 1861. — Mientras esperamos 
su contestación á la que le dirijimos sobre las proposi- 
ciones de los ministros mediadores, le daré cuenta de los 
enviados confidenciales nuestros. 

«Mármol salió ayer. Veremos lo que dá, que poco ó 
nada espero fuera de la impresión moral.— Sus instruc- 
ciones fueron limitadas en lo concerniente al caso de in- 
dependencia absoluta, que creíamos inconveniente fuese 
escrito dejando á su prudencia que haga alguna indicación 
«obre el particular.» 

«El doctor Torres saldrá hoy para el Paraguay. 

«Lleva irstrucciones análogas á las de Mármol con las 
ligeras variaciones necesarias á su objeto. 

cPico saldrá mañana para Montevideo. 

Pastar Obligado* . 

Nuestros enviados fueron recibidos c^n el carácter que 
llevaban, y contribuyerou á hacer efectiva la neutralidad 
de los gobiernos, no obstante los esfuerzos de la confede- 
ración por poner de su parte al Paraguay y al Estado 
Oriental principalmente. En cuanto al Brasil ni ocasión 
tuvo de llenar su instrucción verbal. 

«¿Estaba realizada de hecho la alianza brasilera en 1864, 
como lo afirma el señor Mármol y lo jura el señor Parau- 
hos con las remesas de bombas de nuestro parque»? 

A esty pregunta del señor Gómez responde el se- 
ñor Paran h os en el mismo discurso qué él cita con un tes- 
timonio autentico. 

En la sesión del 5 de Julio de 1865 en el Senado Brasi- 
lero, decía el señor Paranhos: «El gobierno argentino se 
mostró benévolo con nosotros, pero es un gobierno ilus- 



— 242 — 

trado y presidido poruña inteligencia superior, observado 
atento y perspicaz; las notas de 20de octubre ajustadas en 
banta Lucía, no habían pasado para él desapercibidas, y en 
la primera entrevista que tuve con el seflor General Mitre le 
oí una observasión que me dolió profundamente. No era 
su ™ten&6n ofendernos; pero quería declinar una respon- 
sabilidad que en efecto no debia desear para si. En esa 
conversación dije al seflor General (y decía lo que me parecía 
creencia muy Jundada d estar á las manifestaciones de la 
prensa porteña) que el gobierno argentino simpatizaba con 
Ja causa de la revolución Orienta!, y hacia votos por su 
triunfo. El General Mitre rae replicó con mucha modera- 
ción; pero de modo que comprendí el blanco á que se Ji- 
ngla su observación. El General Mitre recordando que en 
1862 el gobierno imperial, había enviado á su ministro 
residente en Montevideo á pedir esplicaciones sobre los 
auxilios que partían de Buenos Aires para el General Flo- 
res, y que el gobierno de Montevideo atribuía al de la 
Kepública Argentina; después que le hube manifestado 
aquel juicio observóme el general con mucha delicadeza: 
Xo, d gobierno argentino ha sido sinceramente neutro en la 
cuestión mterna de la República Oriental; estima y conside- 
ra mucho al general Fiares, pero no he hecho votos por el 
trvmjo de la revolución, ni he prestado d auxilio de un car- 
tucho, y si quisiese hacerlo lo haria publicamente, como debe 
proceder un gobierno regular.* (A Gonvencao de Feveráro, 
pda.23). 
Dijo en la misma sesión el seflor Paranhos:— 
Uno de jos puntos de mis instrucciones era la alianza 
<•'<>» el gobierno argentino para una intervención conjunta; 
pero por las declaraciones que el mismo gobierno argenti- 
no había hecho durante la misión Saraiva, su opinión era 
ya conocida, y efectivamente lo hallé inconmovible como 
una roca. El gobierno argentino procedía así con entera 
buena fé. El general Mitre era partidario á la paz, y hacía 
consistir la mayor gloria de su presidencia en trasmitir á 
sus sucesores el mando supremo después de un período no 
interrumpido de vida pacífica. Yo, pues, señores, en el pri- 
mer paso de mi misión no fui feliz: pretendí un imposi- 
ble, cual era obtener la alianza del gobierno argentino <>n 
tales circunstancias (id páj. 25 y 26) 

Estos testimonios son tan concluyentes como la demos 
tración del movimiento. 



— Sis- 
Debemos para afirmar con un cañonazo la bandera que 
en nuestro honor alzó en el Parlamento el señor Para- 
nhos, que del parque de Buenos Aires no salieron ni po- 
dían salir bombas, por que ni siquiera teníamos. Los O- 
rientales que los dispararon y recibieron en Paisandú 
pueden dar noticia de la marca que llevaban á los orien- 
tales que entonces oyeron el estampido desde los balco- 
nes del Club del progreso, y que hoy aseguran que hubie- 
ran muerto como los heroicos paraguayos para rechazar 
una invasión, que hubiera podido efectuar el Brasil, loque 
no era necesario suponer, porque ya tuvo lugar en 1864. 

Después de todo esto ¿que queda del folletín Diplomá- 
tico del Sotan rebelde y del querube del porvenir (como el 
doctor Gómez se llama así mismo? Qué queda de aque- 
lla fantasía romántica de alianza con el Brasil en 1861 
para conspirar contra la República Argentina? Qué del 
ingenioso apólogo con que el señor Mármol se ha burla- 
do con tanta gracia haciendo creer al sefior Gómez que el 
señor Paranhos había asegurado en su discurso, (que el 
sefior Gómez probablemente no ha leido), que desde 1864 
la triple alianza estaba hecha? 

Ha quedado lo que queda de todo cuento, aunque sea 
de viejas: ha quedado la moral. 

El doctor Gómez se ha negado á ceder la palabra á 
quien se la pedía en nombre Je algo serio y algo nuevo 
práctico y patriótico que tenía que decir sobre la cuestión 
que se debatía, y se ha empellado en hablar. 

Habíamos anunciado quo todo lo que dijera seria retios- 
pectivo, sin seriedad, mi objeto práctico. 

Nunca creímos que diese un salto atrás tan formidable 
volviendo á la víspera de Pavón, y descendiendo de la alta 
discusión política á la diatriva y la conseja, tomando por 
documentos diplomáticos las bromas de un amigo que se 
ha querido divertir con él, sabiendo que el doctor Gómez 
no tiene tiempo para leer ningún documento, pues le falta 
tiempo para leerse mentalmente á sí mismo. Así se vé que 
todo lo que ha dicho sobre el tratado de la triple alianza 
prueba evidentemente que no lo ha leidc y el dia que lo ha 
citado es tomando el texto de una mistificación de buen 
género, como las que acostumbra nuestro amigo Mármol, 
que don Juan Carlos Gómez ha tomado á lo serio. 

Así se completa el folletín romántico con folletín cómi- 
co, según la regla de Víctor Hugo que el doctor Gómez 



— 244 - 

ha tomado por tipo y por modelo político, perfeccionando 
el sistema literario al aplicar el género á lo que menos se 
prestaba, á lucir las dotes de la imaginación y la fantasía 
á los protocolos diplomáticos. 

No puede negarse que la política romántica hace pro- 
gresos. 

Ya que estamos metidos en protocolos diplomáticos, sa- 
cudiremos el polvo á algunos que todavía no han tenido 
tiempo de apolillarse. 

Pues que el doctor Gómez quería rastrear los orígenes 
de la alianza y las causas que movieron al gobierno ar- 
gentino á aceptar y reducirla á tratado ¿por qué no ha re- 
cordado la primera oferta que sobre el particular le fué di- 
rigida por el Brasil en ocasión de estallar la guerra entre 
este y el Paraguay? 

Es público y notorio que el Brasil invitó á esa alianza á 
la República Argentina, así que se encontró comprometi- 
do en guerra á consecuencia de la sangrienta ofensa que 
el Paraguay le infirió sin previa declaración de guerra. 

El sfefior Paranhos después de escollar (corno lo con- 
fesó) en su misión para comprometer á la República Ar- 
gentina en esa alianza tendente á intervenir conjunta- 
mente con el Brasil en el Estado Oriental, nos invitó á 
celebrar otra alianza política y militar para hacer en 
unión la guerra al Paraguay. En tal ocasión nos ofreció 
lo mismo que después lo hizo, el mando en gefe de los 
ejércitos aliados y la alta posición á que mi patria tenía 
derecho por la altura á que le había levantado la unión 
nacional consolidada y su política exterior, leal y cir- 
cunspecta. 

La alianza parecía popular entonces, y el señor Pa 
ranhos engañado como la vez primera por las manifesta- 
ciones ruidosas de la prensa de Buenos Aires, creyó que 
cederíamos al aliciente de una posición espectable para 
mi país y para mi. 

La prensa de entonces, con rarísimas escepciones (tal 
vez no mas de una) decía que era una vergüenza que la 
República Argentina no estuviese representada siquiera 
por una compañía y una bandera en la gloriosa guerra 
que el Brasil y el Estado Oriental ibnná emprender contra 
la tiranía del Paraguay. 

La misma prensa, que después ha renegado de la alianza, 
y maldecido la guerra, decía que no debíamos solo al 



— 245 — 

Brasil dejar recogerlos frutos de la victoria que la providen- 
cia le preparaba, y que desde luego debíamos hacemos 
partes en la lucha. 

El gobierno argentino era entonces el blaqco de sus ti- 
ros por que no desnudaba la espada y se ponía á línea de 
combate con el Brasil, para participar de sus glorias. 

Yo que no hacía política de aparato, ni de vanidad, que 
no he gobernado con los gritos de las calles, aunque he 
consultado siempre los grandes movimientos de la opi- 
nión; que consultaba ante todo el decoro y los intereses 
argentinos, miraba la cuestión bajo faz muy diversa. 

Así contesté á la invitación del Ministro Paranhos que 
la República Argentina no se podía poner sin desdoro en 
línea de batalla, con él, sin aparecer ante el mundo como 
el auxiliar del Brasil, á cuyo servicio se ponía para ven- 
gar los agravios que el Paraguay le había inferido: que 
tal posición nos quitaba hasta el mérito y las ventajas del 
aliado, reduciéndolos á un rol humilde que no estaba dis- 
puesto á aceptar ni para mí ni para mi país. Que los gobier- 
nos libres no tenían el dominio de los tesoros del pueblo y de 
la sangre de sus hijos, para comprometerlos en guerras ajus- 
tadas en el gabinete. Que aun cuando comprendía que la 
guerra entre el Paraguay y la República era un hecho 
mas que probable, y tal vez inevitable en lo futuro, por la 
naturaleza del poder del Paraguay, por las cuestiones de 
límites pendientes y por el antagonismo creado por lo que 
respecta al comercio y á la libre navegación de los rios, el 
patriotismo á la par que la prudencia y el decoro de mi 
país me impedían hacerme aliado en nombre de causa, 
agravio, ni interés en que el honor, la seguridad del terri- 
torio de la República no estuviesen directamente compro- 
metidos, por que no eramos soldados sino de nuestra pro* 
pía bandera, ni vengadores de ofensas agen as. Que «i el 
Paraguay no agredía, con menoscabo de nuestra sobera- 
nía, le haríamos la guerra poi nuestra cuenta, solo ó acompa- 
ñados, y que en todo caso esperaba que la Providencia ben- 
deciría nuestras armas* Que mientras tanto queria ser 
lealmente neutro en la cuestión, reservándose como limí- 
trofe el derecho de tomar en ella la participación directa 
ó indirecta que creyese conveniente en guarda de los inte- 
reses de mi paÍ8,y que cifiéndome estrictamente á los tra- 
tados que daban á lo. beligerante* la libre navegación de 
los rios superiores, negaría el paso por mi territorio para 



-*48- 

nirígun objeto bélico, tanto al Paraguay corao al Brasil. 

El Ministro Paranhos no se dio por vencido con esta 
repulsa categórica, y en posteriores conferencias que se 
prolongaron por el. espacio de tres y cuatro horas volvió 
á insistir. A esto se refería él cuando dice que me encon- 
tró inconmovible como una roca. 

Cuando López, agredió á la república argentina, apode- 
rándose de nuestros vapores de guerra en plena paz, ca- 
ñoneando nuestras ciudades sin plena declaración de 
guerra, invadiendo nuestro territorio, y hostilizándome 
no solo como beligerante internacional, sino promoviendo la 
revolución en nuestro seno y proclamando la caída de 
nuestra orden constitucional interno, el Brasil no volvió á 
hacer la misma oferta en los mismos términos que antes, 
sin prevalerse de las ventajas que le daba nuestra situa- 
ción, lo que honra al Brasil, y honra en alto grado á la re- 
pública, porque &e vé en cuanto se estimaba su alianza, y 
cual era el respeto y la confianza que su gobierno mere- 
cía. 

El agravio común nos hacía aliados de hecho. 

El tratado nos hizo aliados de derecho, hermanos de 
armas y compañeros de causa contra el enemigo común. 

La victoria ha coronado nuestros esfuerzos, y si los re- 
sultados que se cosechen de la alianza no son tan fecun- 
dos como debieran serlo tal vez, la culpa seria de los que 
no sepan aprovechar ni la alianza, ni la victoria, ó de lo 
que trabajen por esterilizarla. 

Ni una ni otra se esterilizará en ningún caso, por ma« 
que los eunucos políticos que nunca fecundaron nada 

Srande, ni chicos, ni bueno ni malo, y que están condena- 
os á no tener posteridad, lanzen una maldición contra los 
hijos ajenos, y lo condenen á muerte y miseria anticipa- 
da. 

Las voces de los impotentes para producir, siempre fué 
impotente para destruir el patrimonio, y la minoría solo 
se convierte en mayoría, cuando tiene de su parte la ra- 
zón absoluta corao Galileo ó Colón. Pero en las combi- 
naciones políticas que están destinadas á producir re- 
sultados inmediatos, el éxito depende de concurso eficaz 
de las fuerzas morales de ia opinión, sin el cual las ins- 
piraciones individuales, por elevadas que sean, no dan fru- 
to alguno. 

La política es una ciencia 1 experimentada y de apli- 



— 247 — 

catión, destinada á producir resaltados dados con medios 
dados. 

Mirabeau lo ha dicho: < Cuando todo el mando se 
equivoca, todo el mundo tiene razón, porque sin el asen- 
timiento de la opinión pública, no puede el talento mas 
elevado triunfar de las circunstancias.» 



El doctor don Juan Carlos Gómez, cuya personalidad 
no tiene para que ocuparnos; pero cuyas opiniones están 
en discusión, ha tenido siempre ideas políticas á las cuales 
no puede negarse cierta originalidad. 

Pretende que el piloto que navega contra el viento y las 
olas, en vez de servirse de ellas para llegar á puerto, es el 
único quien tiene rumbo y derrotero. Así todos lo que se 
sirven de las corrientes de la opinión, del viento favorable 
de la circunstancie, de los puntos de marcación y de los 
fanales que determinan la ruta y señalan los escollos, son 
unos pobres marineros de chalanas que si llegan á su des 
tino, es siempre por casualidad, aunque lleguen siempre, y 
aunque él se haya perdido siempre con su nueva teoría 
náutico política. 

Así, él sos tiene que en el Estad o Oriental él es el único que 
tiene razón contra todo su país en masa, sosteniendo que la 
Constitución cel Estado Oriental no es tal Constitución, 
por cuanto fué dictada bajo los auspicios protectores de 
la República Argentina y el Brasil, que la garantieron 
por cinco afios, reconociendo su independencia á la par 
de su soberanía. 

Para él es mejor no tener Constitución, ó si se tiene, des- 
virtuar su saludable influencia, para que la comunión po- 
lítica no tenga vínculo, la sociedad carezca de regla, y la 
nave del estado navegue sin velas, ni timón, á merced de 
1< s vientos de cada dia y de las improvisaciones cotidia- 
nas de los géniosque no se puedenamoldar ápensary vivir 
cual otros trabajando en remediar lo malo que exista, con- 
servar lo que sea bueno y tener una base cualquiera para 
crear cosas grandes, sólidas ó útiles en beneficio de todos. 
A esta modesta tarea prefieren la del orgullo solitario, que 
se levanta del campo de la labor común con las alas del 
ángel rebelde y maldicen el surco, y maldicen el simiente 
por que el arado no es el que conduce á los bueyes ó por 



— 248 — 

que en vez da dos bueyes no han uncido cuatro conoto él 
quería. 

Otro tanto ha dicho de la unión argentina sobre la base 
de la Constitución Nacional reformada por Buenos Aires. 

Por cuanto hubo un día un Acuerdo de San Nicolás, 
después del cual se reunió un cierto Congreso, después del 
cual vino un tratado, después de cuyo tratado vinieron 
dos convenciones, después de cuyas convenciones vino la 
victoria del pueblo que anuló y despedazó el antiguo 
acuerdo para él nunca se ha borrado el pecado oriental. 

Con tales teorías no habria obra que fuese legítima, ni 
habría ninguna que tuviese el derecho de ser si no naciese 
de un golpe completa, perfecta y correcta, y esto según el 
criterio de uno solo contra todos, que cree ser el único 
que no se equivoca. 

Asi en la triple alianza y en la guerra, pueblos, gobier- 
nos, ejércitos, ninguno tiene razón, no obstante que todos 
hayan aprobado la alianza, y el triunfo haya coronado 
los heroicos esfuerzos de los que al reivindicar el honor y 
los derechos de sus respectivos paises han dado en tierra 
con una bárbara tiranía. 

Arreando al fin una tras otra las diversas banderas que 
haenarbolado en esta discusión, retrocediendo de posi- 
ción en posición, ha levantado ai fin al invencible pendón 
del ¿quién sobé y se ha hecho fuerte en las oposiciones de 
donde ya no es posible retroceder mas, que son la de la 
negación absoluta, que reniega el resultado por que el re- 
sultado pudo no tener lugar, según tal ó cual accidente ó 
circunstancia que pudoHener ó n<> lugar. 

E* una dialéctica formidable. 

Así, según el doctor Gómez, los autores delaalianza que 
son los gobiernos libres de dos pueblos libres por io me- 
nos, que la hicieron y la aclamaron, no están salvados de 
la responsabilidad de haber salvado la situación por tal 
combinación. 

¿Por qué se preguntará? ¿Será que la alianza es uu cri- 
men ó es una traición? Qué ella ha deshonrado á los pue- 
blos? ó ¿ha impuesto á cada uno de ellos mayores sacrifi- 
cios? Será que no tuvimos derecho de aliarnos para com- 
batir al enemigo común? Será que la causa de López era 
mas justa que la nuestra? 

No, todo esto sería muy vulgar, y esto es lo nuevo que 
el doctor Gómez tiene que decirnos á propósito de la alian* 



— 249 - 

za, razón por la cual no ha querido cedernos la palabra 

El éxito, dice, ha sido una casualidad: la victoria no 
prueba nada. La buena victoria para él había sido dejar- 
se derrotar en el presente para triunfar en el porvenir. Mo- 
rir hoy para resucitar mañana, por medio del elíxir de 
larga-vida de Balzac. Siempre la política militante del 
folletín romántico. 

Según el doctor Gómez c hemos espuesto al país á la der- 
rota y sus consecuencias (sic)» por cuanto al atravesar el 
Paraná «López pudo habernos sepultado en sus aguas (sic) 
si no hubiera sido tan estúpido», es decir, si hubiera podi- 
do ó sabido haberlo. 

No se puede negar que el cargo es tremendo. 

Con este sistema de argumentación no hay batalla de 
César, Alejandro ó Napoleón que no sea una barbaridad, 
por cuanto se espusieron á la derrota y sus consecuencias 
si el general enemigo hubiera sabido ó podido vencerlo 
en Arbela, Farlasia ó Austerlitz. 

Por la misma razón los resultados de la alianza no prue 
ban nada, «por que ha sido sí á costa de sangre y dinero, 
que representan sacrificios de la riqueza y del bienestar 
del pueblo (sic)> como si la guerra se pudiera hacer sin 
derramar oro y sangre, y como si las alianzas nos dieran 
precisamente por resultado la disminución délos sacrificios 
de cada uno. 

Por la misma razón la alianza es mala por que en vez 
de nuestras banderas nacionales no tomamos contra Ló- 
pez la escarapela paraguaya para combatirlo, «haciendo 
una guerra internacional (sic)», como si no fuese esta la 
única en que un pueblo tiene derecho á hacer la guerra á 
otro pueblo, no siendo cierto por otra parte que el trata- 
do de alianza le imprimiese precisamente ese carácter. 
Por el contrario el tratado decia que la guerra era al go- 
bierno y no al pueblo paraguayo, lo que no era del todo 
exacto, desde que el pueblo ó por necesidad, ó por mie- 
do, ó por decisión hiciese causa común con sus opresores, 
y lo defendiese hasta morir. Entonces nuestro deber era 
combatir al tirano en el pueblo armado que lo sostenía, y 
esto es lo que ha sucedido no por las estipulaciones del 
tratado, ni por los elementos que constituían la alianza si- 
no por la naturaleza del pueblo paraguayo, y por las con- 
diciones en que los beligerantes se encontraron cuando 
estalló la guerra. 



— 26Q — 

El otro cargo tiene menos novedad: e9 el no haber termi- 
nado fa guerra en tres meses como dice queyo lo prometí en 
una proclama. 

Voy á ocuparme de esta vulgaridad por la primera vez, 
ya que el señor Gómez se ha dignado levantarla de la basu- 
ra en que yo la habia dejado caer. 

Nada estrafio tendria que hubiese prometido la victoria 
en tres meses, y no se hubiera realizado en tres años, por 
que el hombre es falible en sus cálculos, y no puede gober- 
nar á su antojo los acontecimientos. Si no fuese así e! 
hombre sería Dios y le sucedería como al doctor Gómez 
que cree no haberse equivocado jamás en políticn, por que 
ha profetizado siempre lo que algún dia ha de suceder. 

El puede profetizar que las pirámides de Egipto han de 
caer algún dia derribadas por el roce silencioso de las 
alas del tiempo, como ha profetizado la caída futura He 
nuestras constituciones, complicaciones que el porvenir 
reserva en sus inescrutables arcanos, y otros aconteci- 
mientos que mas tarde ó mas temprano tienen que snce 
der. De aquí á algunos siglos mas ó menos, el tiempo le ha 
de dar la razón; pero en 'a última piedra del monumen- 
to, no se ba de encontrar probablemente la cifra de su 
nombre, porque él no quizo concurrir á su creación por 
cuanto él habia profetizado que no seria eterno. 

Es la gloria de Herostrato. El que no pudo levantar ti 
templo (fe Diana, pudo incendiarlo. 

Lncolhn dijo solemnemente en documentos públicos que 
la guerra del Sud no duraría tres meses. A los tres mese* 
estaba militarmente derrotado en toda la línea. A los tres 
años recien empezaba verdaderamente la guerra; combatía 
un millón de soldados contra poco mas de cien mil hom- 
bres. 

Atacado por mas de cincuenta mil hombres, el poder 
mas gigantezco que ha visto la América del Sur, tenía que 
improvisar y organizar los ejércitos de la alianza al frente 
del enemigo. 

Ocupándome de esto las serenatas venían á cada mo- 
mento á saludarme á la puerta de mi casa, donde dictaba 
órdenes para reunir mis diseminadas guarniciones para 
salir personalmente en busca del enemigo. 

A la tercera ó cuarta serenata, salí á la puerta de laca- 
He acompañado de don Mariano Saavedra, entonaos Go- 
bernador de Buenos Aires, y dirijí al pueblo las siguien- 



— 251 — 

tps palabras: «Mis amigos, ha llegado el momento de 
obrar y no de gritar. Ya sabemos que todos estamos dis- 
puestos á combatir por nuestra patria. Ahora á ocupar ca- 
da cual su puesto de combate, y sea la orden del dia: en 
quince dias al cuartel, en un mes á campaña, en tres meses 
á la Asunción.» 

Si cometí un delito al dirigir una palabra de aliento á 
mis conciudadanos, ellos me lo perdonarán, por que al 
mes estaba alcanzada la primer victoria, á los cinco meses 
á pesar de Basualdo, estaba espulsado el enemigo de núes- 
~trO territorio dejando en nuestro poder de 18 á 20 mil 
hombres entre muertos y prisioneros, con menos de 500 
hombres de pérdidas por parte de los aliados, y sin que 
hubiésemos perdido ni una sola bandera, ni una caja de 
guerra, ni una bayoneta siquiera, siendo el resultado del 
plan de campaña que dictaba en el momento en que fui 
interrumpido en el trabajo por la tercera ó cuarta serena- 
ta á que me he referido. Y si hay alguno de los que estu 
vieron allí presentes que me haya acompañado al campo 
de batalla, á ese le autorizo á venirme á hacer un crimen 
de mis palabras, porque no les dije claramente que la 
campaña iba á ser un juguete. A todos los demás ciudada- 
nos hablé por medio de la proclama en que llamé al país 
á la guerra, concitándolos á hacer sacrificios viriles, por 
que solo á ese precio era la victoria. Si en ese documento 
hubiese dicho lo que Lincolhn había dicho en otro no me* 
nos solemne podría haber dado la disculpa que él dio con 
la serennidad que le era característica, en el que esta- 
ba dispuesto á aceptar la lucha durase poco ó durase 
mucho. 

La guerra debía durar un año si el ejército paraguayo 
hubiese sido batido en territorio argentino. 

Debió durar dos años, que era lo mas que yo calculaba, 
cuando le diie entonces, aunque no en media calle, si la 
guerra era de invasión al enemigo. 

Si alguu dia escribo las Memorias Militares de esta gue- 
rra, puedo demostrar todo esto con documentos irrefu- 
tables. 

Mientras tanto comparados nuestros elementos con*, los 
que puso en pié la América del Noite, no hemos hecho, re- 
lativamente hablando, menos que ellos, habiendo tenido 
nosotros nuestro Vilksburgo en Uruguayana, y su Grant 
Curupaití en la líneas de Richmond que nunca pudo forzar. 



— 262 — 

Hemos obtenido mas resultados que la triple alianza de 
la guerra del Oriente en que las tres primeras naciones del 
mundo se contentaron con morder el talón de la Rusia, en 
una estremidad de su territorio sin poder abandonar la 
orilla del mar encontrando ellos también sus abatís en el 
Redan y en el M melón verde sin tocar como nosotros la 
trinchera enemiga, y en que nosotros hemos tenido en Hu- 
maitá nuestro Sebastopol, con esta diferencia, que á ellos 
se les ejcapó todo el ejército sitiado, porque nunca pudie- 
ron como nosotros efectuar el movimiento de circunvala- 
ción aue dio la victoria y tomamos prisionera la guarni- 
ción a costa de prodigiosos trabajos y heroicos combates 
en que nos batimos en tierra, en las aguas y en la copa de 
los árboles. 

Ahora, puede el doctor don Juan Carlos Gómez seguir 
comentando el dicho ten tres meses á la Asunción» que 
vuelvo á dejar caer üe donde él lo había recojido. 

No he escrito nada de lo que pensaba decirle y necesita- 
ba decir al pueblo, tratando la cuestión que nos ocupa de 
mas altos y trascendentales puntos de vista. 

Su táctica de mosquito, como Yd. mismo la llama, con- 
fieso que turba mis meditaciones con el canto de la trom- 
petilla, y me interrumpe alguna vez con sus picotones obli 
gándome á perder el tiempo con espantarlo. Si eso es lo 
que el doctor Gómez, se ha propuesto, lo ha conseguido 
como lo puede conseguir cualquiera con moscas ó cual- 
quiera otro insecto incómodo y bullicioso. 

En adelante no me ocuparé ya en espantar moscas, y 
seguiré discurriendo por mi cuenta, si es que el doctor Gó- 
mez no trae algún nuevo contingente á la discusión, lo que 
no dudo de una inteligencia como la suya tan avezada á 
las luchas intelectuales por medio de la palabra escrita. 

Mientras tanto le diré como el ejército francés dijo ga- 
lantemente al ejército inglés en Azincourt (?) bajando sus 
armas: -*A vous Monsieur á Hrerb 

Bajo mi pluma cruzo los brazos, y espero el fuego. Es- 
pero que no sea metralla de garvanzos como la anterior, 
ni folletín diplomático como el último. 

Tíreme con alguua idea, con un hecho siquiera que me- 
rezca subir del zócalo del folletín al capitel de la colum- 
na. 

Yaya, doctor Gómez, apunte bien, y levántese á la al tu- 



— 258 — 

ra de sa inteligencia, que vate mas que sus escritos actúa- 
te». 

Bartolomé Mitre. 

Diciembre 17 de 1869. 



Iotas acerca de los gobernadores, la emancipación j los 
gobernantes del Paraguay 



(Continuación) 



XVIII 
Agricultura, Ganadería, Industria y Comercio 

SUMARIO :— 'Franquicias oomereiales de la gobernación da! Rio da la Plata XIX. Loa re- 
eek» de localidad entorpecían el eomereio XX. Comercio del Uruguay XXI loare* 
mentó déla población, aociabilidad, índuetrine argentinas y comercio en el siglo 
XVIII. XXII Franquicia* comerciales del Virainato XXIII El Consulado de Oso- 
nos Airea y Balgrano XXIV Legislación comercial Argentina de 1R10 á 1815. 
XIV Tratados de comercio; legislación comercial argentina de 1835 i 1853 Equi- 
roeaaión del Dr Irigoyen. XXVI Estado actual de loa indios del Chaco y Patago- 
nia. Lo que dirán al se les ctrllisa. Algunas circunstancias esenciales qne debe- 
rían tener en ouenta Error de Wuashburn. XXVII. Lo qne eeperamos de lerju- 
rentud El Dr. Lopes y el contrabando en la época española y en la índependJeote. 
Refutación XXVIII Administración de Urquisa Obserraoiones de Estrada XXIX. 
Los empleados ooloniaJoa y eaueas de la barbarisaeión Examen de CiriHsaéión y 
Barbaria. Opinión del Dr. Quesada. XXX Lo qne acontece ai la ocupación inglesa 
se formaliza. XXXI. El Derecho de Conquista. El quinto de los Reyee. 

Es un trabajo muy penoso el ir entresacando algunas 
verdades entre los grandes errores que la pasión, la falta 
de criterio 7 los odios de raza han acumulado, á lo que 
ha contribuido 110 poco también el que los españoles son 
ttpuy amigos de realizar hazañas y muy enemigos de con- 
tarlas» como ya de antiguo se dijo de ellos, por eso multi- 
plicamos tanto las citas y los comprobantes, sobre todo en 
lo que nos queda por decir. 

Escribe Mitre (Hist. Belgrano 1. 1) € Aun cuando la coló- 
nización del litoral del Plata, no siempre fué acertada en 
la elección de los lugares que se poblaron y en los medios* 
que al efecto se emplearon, ella obedecía empero á un plan 
preconcebido, que tenía en vista la producción, el comer- 



— 864 - 

v 

ció y la población». No sabemos si hoy en día se tienen 
presentes estos tres factores, pero sí que se crean colonias 
en medio de desiertos, sin ferro-carriles ni ríos navegables 
y á grandes distancias de poblaciones importantes; y tam- 
bién que el hambre obligó á sus fundadores á tener que 
huir de Buenos Aires, no Gustante que en 1538 ya un bu- 
que que iba á Magallanes ó las Molucaa, hizo su entrada 
y asiento en la Aduana. 

El Paraguay en sus primeros afios nada podía esportar, 
lagente que vino de España fué muy poca, fácilmente podían 
alimentarse por poco que rindieran Jas semillas que impor- 
taron y que procreasen los ganados, pero recuérdese la gran 
masa de población indígena que so les asimiló: á las es- 
cuelas fundadas por Irala acudían dos mil alumnos, y en 
ningún punto del país podían vivir cincuenta familias reu- 
nidas, por la escasez de los elementos bromatológicos de que 
se disponía hasta 1535 y en 1536 se fundó la Asunción, Aca- 
hay, Yaguaron; en 1539 Areguá, Altos, Tobatí, Tois, l pane, 
Guararabaré, Atirá, Mbaracayú, Terecañi, Abiraparizá y 
Candelaria, se conoce que los graneros de Asunción pros- 
peraban; en 1555 se fundaron, que se sepa, trece pueblos, la 
mayor parte en el Guaira, etc; los indios no presentaban 
más que su cuerpo: Si en América hubiran encontrado los 
españoles siquiera pan y carne, qué de otro modo hubie- 
ran ocurrido los sucesos, dado el espíritu emprendedor, 
la gran marina, la poderosísima industria y los hábitos se- 
culares de levantar pueblos entre gentes de raza, idioma, 
religión y leyes diversas que los españoles poseian en los 
siglos XV y XVII 

Los pseudo-historiadores parece que desconocen esto, 
no sabemos lo que podrán saber, pero sí que hablan de 
restricciones comerciales y sin embargo dicen rindiéndose 
á la evidencia: en 1579 se concedieron á la Provincia del 
Paraguay algunas permisiones de navios de registro, es 
decir que buques de Cádiz y Sevilla pudieron comercia? 
con aquella y traerle hierro, acero, ropas, etc: en 1587 da 
corriente de importación se regularizó algún tanto» (Mi- 
tre) en 1595 se concedió á Buenos Aires asiento de negros 
y comercio con África. 

En 1601 se creaba una escuela en Buenos Aires y se edi- 
ficaba el primer molino de viento para trigos. En 1602 su 
población no debía llegar á los 500 vecinos que los auto- 
res la señalan, apesar de que desde diez y nueve años an- 



— 256 — 

tes ya exportaba algo y no ciertamente de los productos 
propios, sino del procreo de lo introducido por los españo 
les. A los veintidós años de reedificada Buenos Aire?, no 
tenía 500 vecinos, pero gracias á paraguayos tan caritati- 
vos, ilustrados y valientes cual su gobernador Hernán darías 
y á influencia del sobrino del fundador de la compañía de 
Jesús, obtuvo real cédula por la que se permitía exportar 
anualmente, durante seis: frutos de sus cosechas propios* 
200 fanegas de harina, 500 quintales de cecina, 500 arro- 
bas de cebo, y conducirlos al Brasil, Guinea (Molucas)y 
otras islas, pudiendo introducir de retorno las cosas forzo- 
sas y necesarias. 

|Se encuentra, dada la época, pequeño el aumento de 
Buenos Aires en 22 afios, de 60 á 500 vecinosl ¿Qué venta- 
jas reportaba España de haber entregado á los indios á la 
civilización y á su suelo á la ganadería y agricultura, si 
luego los productos no se llevaban á vender á España? ¿T 
si hubieran ido, á quién se le ocurre que podían competir 
con los trigos de Castilla ni con las carnes de toda España? 
¿Qué productos de valor tenía el Plata? ¿Qué cacao, qui- 
na, vainilla, especias, producía su suelo, ni produce? 
Si no daba más que ganados y harinas, estos en Espa- 
ña no podían hacer la competencia, por eso mismo la 
franquicia de 1602 á Buenos Aires y Asunción se renovó 
otras tres veces, ampliándola desde la segunda con el per- 
miso de exportar también cueros al pelo. <La gracia estaba 
tasada con tanta mezquindad, que debiéndola gozar en 
común el Paraguay y Buenos Aires, en la distribución pro- 
porcional que se hizo de la carga, cupo á cada habitante 
un cuero y medio de vacal* (Mitre). No exportan hoy dia 
tanto, ni con mucho, y atendiendo á que los pastos eran 
importados y los ganados hacía muy pocos años que se 
habían introducido no creemos fuese tener miras para el 
porvenir, el permitir que la sed de pronto lucro extirparse 
la ganadería cuando principiaba á desenvolverse. 

En 1618 se permitió hubiese dos buques de á 100 tone- 
ladas, para que hiciesen el tráfico marítimo y se auto- 
torizó la introducción y salida de mercaderías al Tuco» 
man y Perú, para lo que se creó una aduana en Córdoba* 

Constituida la gobernación de Buenos Aires con separa- 
ción de la del Paraguay su estudio no nos interesa, pero si 
grandemente el del virreinato, para poder establecer la 
comparación necesaria. 



— 866 — 

XIX 

La Metrópoli era más que pródiga en mercedes con ia 
Argentina, contrariando los deseos de los virreyes del Pe- 
rú, que cual todos los gobernantes y cabildos de entonces, 
miraban mucho por sus gobernados y con tal de hacerles 
bien, no reparaban si con ello perjudicaban al vecino. 

A más en la Argentina provincia española, como en 
Francia y otros países de Europa, por aquellos tiempos, 
había recelos entre los agricultores y los ganaderos, cual 
en la actualidad acontece entre los primeros y los indus- 
triales: por entonces, el agricultor de las provincias interio- 
res necesitaba gran número de animales para la conduc- 
ción de su* productos y criticaba acerbamente toda disposi- 
ción tendente á desarrollar el tráfico exterior, en cambio el 
ganadero gritaba que los gobernantes, todo lo sacrificaban 
en beneficio del desarrollo de la agricultura, había sus lu- 
chas de intereses que el imparcial Consejo de Indias 
se debía ver apurado para conciliar; ejemplo, los paragua- 
yos se oponían á que los indios elaborasen yerba, citemos 
otros. «Es Buenos Aires, ruina de los dos comercios, la 
puerta por donde huye hoy el comercio y la ventana por 
donde se arroja al Perú» (Virey del Perú en 1720). «Hacia 
1761 don Francisco Pinto Villalobos oficial de guerra de 
la Colonia del Sacramento se presentó al gobierno de Bue- 
nos Aires con una Real orden de la Corte por la que se 
autorizaba para permitir la estracción de cierto número 
de muías pagando á la Real Hacienda la tercera parte de 
su valor, siempre que no estuviese en contradicción este 
indulto de algún grave incoveniente. Pesada la materia 
por las reglas del interés general apoyadas en la justicia, 
consiguió Andonaegui su permiso para que Pinto pudiera 
extraer 3,800 muías y aún lo extendió después á seis mil. 
Entre tanto que los hacendados bendecían la mano que 
les quitábalos obstáculos de su prosperidad, murmuraba 
el Cabildo de Buenos Aires (los ¿os alcaldes tienen apellidos 
no españoles, eran Alquiaa Lette y Francisco R. de Vida,) en 
unios con el gobernador de Tticuman (¿criollo?) don Juan 
Martínez, Tineo, quienes dirigidos por los consejos tími- 
dos de la desconfianza y las antiguas preocupaciones les 
parecía ya ver introducido sobre este artículo el precio de 
carestía. Sobre tan oscuros fundamentos hicieron sus re- 
cursos al virrey de Lima, quién modificó el permiso resol- 



— «CT — 

viendo que solo tuviera efecto sobre las 8800 muías de la 
primera concesión.» Funes (t. 2\ 

No obstante que desde antes de la fundación de Bunnos 
Aires ja los productos del Plata se llevaban á puertos no 
españoles, y que desde 1618 comerciaba directamente con 
Perú, etc. el autor de texto en los liceos de Fracia escribe 
«las colonias no tenían ni siquiera el derecho de coitoer- 
ciar entre ellas» BriA*aud (Uist. contemporaine) y ocho 
páginas después al exponer los hechos que le debian ser- 
vir de base para su juicio y refiriéndose al Siglo XVIII da 
rica y floreciente ciudad de Buenos Aires, enriquecida con 
un comercio independiente con los ingleses, Chile y el Pe- 
rú» lo que demuestra que cuando escribió su declaración 
de ocho páginas atrás, Mr. Brissaud en vez de tener pre- 
sente la realidad se imformaba en el Candido de Volttire. 

XX 

Habiendo asesinado los indios del Uruguay al Paragua- 
yo, venerable Roque González y otros españoles que in- 
tentaron civilizarlos, la provincia oriental fué la última en 
formarse. 

El gobernador interino del Paraguay que metió en 
cintura á los comuneros, Zabala: «guerrero de nota y 
de buena escuela, administrador, probo, magistrado firme 
y justiciero; estaba animado de un verdadero celo por el 
bienestar del país, que procuraba conciliar con los dere- 
chos do la corona» (Mitre) fundó en 1726 á Montevideo 
con seis familias de Buenos Aires, á las que se incopora- 
ron en el mismo año otras doce de Canarias. 

Según Azara en 1805 tenía Montevideo 15245 habitan- 
tes y los otros pueblos del Uruguay fundados posterior- 
mente á la capital y en que se habían establecido bastantes 
asturianos, eran en número de diez y ocho y entre todos 
reunian 10,440 habitantes. 

En 1787, cuando el número de habitantes de Montevi- 
deo no debía alcanzar á diez mil, el Cabildo decía en un in 
forme al Virrey : «Loa ramos que en el dia constituyen su 
comercio activo, son los cueros, el sebo y las carnes sa- 
ladas que se empiezan á hacer. Es de creer que fomenta- 
da esta industria, llegue á la perfección con las repetidas 
experiencias. El trigo podría ser un renglón fuerte, si á 
rueque de maderas, yerba-mate y algodón se abriera 



— 268 — 

comercio por tierra y por el rio con el Paraguay y con los 
pueblos de Misiones. La lana, la mantequilla y los quesos, 
pueden ser estimables para Cádiz, la Habana y otros puer 
tos se podría mejorar si á los hacendados los estimula- 
se la estracción á muchas partes de la monarquía que con 
sumen la manteca y queso de Flandes». 

Aquellos buenos cabildantes querían despachar sus pro- 
ductos y no les importaba que la Monarquía perdiese so 
come- ció propio; laudables tales propósitos, pues aunque 
la calidad de los productos y lo exiguo de la población no 
se prestaban á tanta9 pretensiones, la estadística parece 
justificarlos, pues dice: Año 1792 Montevideo 15,000 habi- 
tantes: Exportación 4,150.523 $ importación 2.993 667 § 
(Demarsay. t. 2). 

La cifra de produción está algo aumentada, lo demás es 
cierto: el movimianto anual de la aduana de Montevideo 
era de algo más de siete millones oro, pero tal enormidad, 
es debida á que por ella pasaba el oro y la plata del Perú. 

Lo que en 1800 exportaba el Uruguay en productos de 
su suelo se valúa en 675.000 &\ el doctor Peña (Álbum 
exp continental 1882) al dar esta cifra añade ees bien mo- 
desta». ¿Con los ochocientos rail habitantes y los medios 
de que hoy se dispone, cuanto sería necesario exportar 
para alcanzar la misma proporción? 

Para el curioso que quiera sacar la cuenta le apuntare- 
mos que según el doctor Alonso Criado, en 1896, la deuda 
flotante, brasilera, española, etc. del Uruguaj asciende á 
la fabulosa suma de ciento treita millones de pesos oro: 
sus recursos anuales á 15 millones, por lo alto, y su indus- 
tria casi se concreta á la ganadería. 

Otro dato y muy interesante para el Paraguay, si este 
país, gracias al doctor Alonso Criado, vuelve á conocer 
la viticultura, la República Oriental gracias á otros espa- 
ñoles, sabe que posee té de los jesuítas, pero sigue pagan- 
do muy caro el mate al extrangero, porque allí como aquí, 
se ha perdido el recuerdo de como los españoles implanta- 
ban nuevos yerbales. 

Copiamos del Anuario Estadístico de la República 
Oriental del Uruguay, año 1890. 

cBn 1862 la comisión científica española en su escur- 
sión á la cúspide del Pan de Azúcar, descubrió en él, el 
árbol de la yerba mate, reconociéndolo superior á la Mi- 
sionera. También descubrió el de la quina.» 



— 269 — 

XXI 

No se caiga en el vulgar error de olvidar que hasta los 
pastos americanos son importados, y los escasos é incó- 
modos medios de trasporte que había aun en el primer 
cuarto de nuestro siglo, antes de la aplicación del vapor 
á la navegación y de la generalización de los ferro-carri- 
les, así como el que en 1805 la población de la actual Re- 
pública Argentina no pasaba de 116,979 almas. 

No obstante todo estos y mucho más que no es necesario 
advertir, «la población de solo la Provincia de Buenos 
Aires (incluso la Banda Oriental, Entre Rios, Corrientes 
y Santa Fé) que era solo de 37,000 almas en 1776, se había 
casi más que triplicado en el espacio de 22 año», alcan- 
zando al finalizar el siglo XVIII la cifra de 170,000 {equi- 
vocadas las cifras 6 es más que triplicar). Así se enriquecía, 
se poblaba, se regeneraba y se educaba, por el manejo de 
los propios negocios y por el contacto con el mundo, Q8te 
núcleo robusto de una nación futura, al cual alguno» han 
llamado poderosa aristocracia y otros inteligentes burgue- 
sía. Era simplemente una asociación libre de estancieros y 
mercaderes, en que los agricultores no dejaban de figurar 
en segunda línea, en que bajo el pié de una igualdad que la 
dignificaba, gozaban todos á la par de los dones gratuitos 
de la naturaleza (ó que gratuitamente les había otorgado E - 
paña vara mal de etla) y del trabajo remunerador, consti- 
tuyendo una democracia de hecho, que se organizaba en 
la \ida civil». No obstante de decir esto en holocausto de 
la verdad, á lo mejor, recuerda Mitre que es hijo de un 
griego naturalizado español que hizo armas contra Espa- 
ña y entonces se le vá el santo al cielo y da una sentencia 
que desdice de su erudicción y halaga á Mauso, Baasch y 
muchos otros pretendidos historiadores que, sin haber leí- 
do una historia, escriben, imitando al célebre Fray Gerun- 
dio, que acordó abandonar los libros y meterse á predi- 
cador. 

En 1783 escribía en Santa Fé Azara (Revista R*o Plata 
t. I) «Llevan de aquí á Buenos Aires muchas y buenas 
batatas de diferentes especie que las de Malaga, no tan de- 
licadas, muchos limones y doscientas rail naranjas dulces, 
cuyo precio es aqui á seis reales el ciento y en Bueno Ai- 
res un medio por cada dos. ..Además del comercio viven 
estas gentes de la cria de los gauados principalmente mu* 



— íflO- 
las para el Perú y también llevan muías y caballos para el 
Paraguay. El vestido y lenguaje es el de Buenos Aires, 
bien qne las mujeres gastan menos ropa. Sus camiaas son 
bordadas por el pecho y hombros, de azul en la gente or- 
dinaria, y las ricas usan cribos y bordadura de hilo que 
trabajan con primor: lo mismo hacen en sábanas, almo- 
hadas, toballas, calzoncillos y enaguas, y todo ello llevan 
bastante á Buenos Aires. Tienen las mujeres fama de 
amables y hermosas y de taparse la boca cuando se ríen 
aun ruando tengan buenos los dientes». Años después* en 
la Descrip. é Historia, calcula su población en 4000 habi- 
tantes. 

Córdoba, á más de ser madre intelectual de muchos, 
gracias en parte á los dineros de un paraguayo; proveía á 
otras provincias de paño y lienzos de algodón. 

Mendoza expendía en Buenos Aires más de 7,300 barri- 
les vino al año y á mas aguardiente y tejidos; San Juan ex- 
portaba mas de 300 barriles de aguardiente, vino y tejidos. 

Tucuman era famoso por sus cueros curtidos, ya desde 
antes de 1712 remitía al Perú anualmente unos 4,000 mu 
las y otras tantas vacas, ccuyo derecho de sisa era de un 
real y real medio (Punes t. 2). 

Salta, como el anterior, también exportaba tejidos. 

San Luis remitía á Chile y Perú, lienxos y frazadas. 

Todas las provincias exportaban cueros y lanas, tasajo, 
mas de sesenta mil muías anuales para el Perú, etc. y 
aunque á diario se repite, recien en 1874 los argentinos 
exportaron cereales, Trelles (Rer. del Archivo t. 4) dice: 
cya el marques de Loreto había autorizado y enviado tri- 
gos á España y harinas para la Habana» y el mismo sabía 
que en 1602 ya se consumieron harinas de Buenos Aires y 
Paraguay, en Brasil, Guinea y Molucas. 

En 1580 Buenos Aires no tenía más que sesenta vecinos, 
de estos no pocos criollos del Paraguay; según Mussy 
(Descrip. geog. estad is ti que). «En poco tiempo se hizo una 
de las villas más importantes de la América Española. 

En I os veinte años que se cuenta de 1778 á 1797 la po- 
blación aumentó de 38,000 á 72,000 almas» . Ahora, las 
estadísticas basadas en el cálculo de probabilidades, du- 
plican la población cada veinte años, cada diez viene una 
crisis que rompe su cántaro á la lechera, y ique es hoy dia 
duplicar, en proporción á las desdichas de Europa, á los 
medios de propaganda y á la diferencia que vá del barco 



- 2éi - 

á vela á los buques de vapor! Hoy duplica, si, la capital, 
pero no sus centros productores y según Mitre; la pobla- 
ción en 1776 de Buenos Aires, Entre Rios, Corrientes, 
Santa Fé y Uruguay era de 37,000 almas y en 1798 de 
170.000. 

Como se poblaba antes, nos parece más benéfico que 
nó cual se realiza hoy dia, en que se está creando un cuer- 
po dotado de inmensa cabeza y con brazos y piernas muy 
débiles: antes, todo ibaá la par. 

Ramos Mejia (Federalismo Argentino) que cual muy 
pocos, conocía lo que fueron los Cabildos, llega un mo- 
mento en que casi se indigna contra los que creen que el 
pasado de su patria fué en la época española tan misera- 
ble cual los pseudo-historiadores aseveran, y eso que por 
no haber buscado el formarse criterio propio, en esta cues- 
tión, parte del dato de lo exportado de 1748 á 1758, en que 
la población era muy exigua. 

Los ilustres hacendistas Patino, ministro de Felipe V y 
marqués de la Ensenada, de Fernando VI, se habian intere- 
sado por el comercio de América, tal vez más de lo que 
hoy se preocupan sus gobernantes; Galvez aun los eclipsó. 
Mussy(f. II) especifica el tráfico del puerto de Buenos Ai- 
res en los años 1792 á 1798 inclusives, siendo el término 
medio anual. 
Buques salidos del Plata para España. 47 

Buques salidos de Cádiz, Barcelona, Málaga, Coru- 
ña, Santander, Vigo, Gijon y Sanlucar para el Plata. 53. 
Valor de la importación para la Plata ff 2,546:369 
c exportación de la Plata 4,667:166 

« importación de la Habana 36:344 

« exportación para id 75:562 

« importación de Lima 55:045 

« exportación á id 24:454 

Valor total, 40 millones de francos ó $ 7.879,668 

Hoy podia el mas obtimista contentarse con la misma 
exportación en proporción al número de habitantes, no 
obstante esta suma no representad movimiento comercial 
de entonces, pues en él no se incluye el comercio terrestre 
con Perú, el del Paraguay, el de Chile, el de la costa de 
África, y el del Brasil, etc. 

Solo constan en él, 2668 arrobas yerba para la Habana; 
cueros secos, tamirados y de caballo, pieles finas, bada- 



— M* — 

ñas y tafiletes, carne seca y salada, harinas, sebo y caeros 
de lobo marino, faltando las 60,0oo muías en pié, los alco- 
holes, etc, etc 

Del solo comercio de la Argentina con el Brasil dice el 
historiador portugués Re bel lo da Silva /Varoes ilmtres 
das tres época? constitucionaes) «El comercio del Brasil 
hallábase tan limitado que en el año 1820 apenas cortaron 
las aguas de Rio Janeiro 57 quillas portuguesas idas de 
Europa, 3 de Asia, 58 de África y 35 de los puertos amé- 
rennos, cuando en 1805 habian entrado 810 buques de 
Portugal . . la expedición á Montevideo tuvo consecuen- 
cias desastrosas para la navegación mercante de Portugal, 
asaltada é interrumpida al principio por los piratas délos 
Estados Unidos, bajo la bandera de Artigas, y después ca- 
si destruida por las enormísimas pérdidas causadas por la 
guerra contra Buenos Aires, el mas ventajoso mercado á 
que concurrieran los comerciantes de la' región meridional 
del Brasil». 

XXII 

Aunque desde 1602 Buenos Aires siempre habia comer- 
ciado con el extranjero, esto era por gracia especial. En 
1777 á petición del Cabildo ásu primer Virrey, Zeballos 
publicó un Auto, que se ha hecho célebre, por el que de- 
claró libre el comercio de su Virreinato con la península 
y demás colonias, apoyándose en la cédula de 1665 res- 
pecto al comercio de las islas de Barlovento. 

La Corte lo aprobó y amplió, once meses después (12 
octubre 1778). 

La brutal insurrección de Tupac Amarú y la guerra que 
España sostenía cou Inglaterra en pro de la independen- 
cia de los Norte Americanos (que ahora están demostran- 
do que saben ser desagradecidos) hizo que el comercio del 
Plata no reportase inmediatas ventajas; una casa de Cádiz 
valiéndose de una franquicia de la corte Portuguesa lo* 
gró extraer del Plata 180.000 cueros; de la enseñanza que 
e«te hecho. dio á Zeballos, resultó que en 1784 la Corte de 
España de acuerdo con la de Portugal, concediese al Rio 
de la Plata comercio libre, bajo bandera neutral por vía 
del Brasil. 

Asi es como, mientras España estaba en guerra, la Ar- 
gentina legal mente aprovisionaba á los enemigos armados 
de aquella [Generosidad por nadie nunca concedida! 



- 263 — 

En 1791 se concedió comercio directo con la costa de 
África: y en 10 abril de 1793 libre importación de ganados 
y carnes. 

XXIII 

Si no desde 1602, por lo menos desde 1784 la emancipa- 
ción comercial de las provincias del Rio de la Plata era 
un hecho, ¿que conciencia ni criterio tienen los que hablan 
de las restricciones comerciales de España con sus colo- 
nias? 

Copiamos de Mitre c Bel grano nació en 1770.. por el 
año 1786 pasó á España, matriculóse en la Universidad de 
Salamanca... en 1789 graduóse de bachillerea Valladolid 
en cuya cancillería se recibió de abogado en 31 enero 
1793. •• En la Universidad de Salamanca se habia inicia- 
do en los principios de la Economía Política y mereció ser 
nombrado miembro de su Academia de Economía Políti- 
ca, adelantando sus conocimientos en la materia con la 
lectura de los mejores libros y el trato con los hombres de 
letras, durante su permanencia en Madrid. Allí fué donde 
Si» ligó con otra sociedad del mismo géuero denominada 
de Santa Bárbara, que le puso en contacto con algunas no- 
tabilidades españolas, en mérito tanto de sns conocimien- 
tos económicos, cuanto de la traducción de un tratado co- 
nexo con aquella materia (91 página* que luego publicó 
en Buenos Aires dedicadas al virrey Meló). Por el año 
1793 las ideas de economía política cundían en España con 
furor, valiéndonos de sus propias palabras. La ciencia eco- 
nómica que habia sido cultivada en España desde media- 
dos del siglo XVII bajo los reinados de Felipe IV y Car- 
los II en que recién comenzaba á alborear por el resto de 
Europa. . .casi al mismo tiempo que Adam Smith publica- 
ba su gran libro, se hizo sentir un gran movimiento en el 
sentido de reabilitarla. Los antiguos trabajos económicos 
de Moneada, de Mata Martínez, de Osorío y los más re- 
cientes planes comerciales de Wart y Campillo, fueron re 
juvenecidos. popularizados y complementado* por el ge- 
nio observador de Campomanes. . .de Jovellanos. . .do Ca- 
barras. • .y del limeño Olaride que realizaba con audacia 
las teorías de los economistas en las colonias de Sierra 
Morena. En medio de esta atmósfera de ideas nuevas que 
cautivaban la atención de loa primeros hombres de la épo 
ca, bajo los auspicios de un gobernante ilustrado como 



— 264 — 

Godorqui; lleno de espíritu progresista, se decretaban 
nuevas franquicias para el comercio de América y con es- 
pecialidad para el Rio de la Plata.» 

Los empleados de la Metrópoli contribuían al movimien- 
to de esta en América, el virrey Arredondo pidió que se 
concediese á la capital de su virreinato un Consulado 
igual á los ya existentes en Lima y Méjico, otorgósela, y 
como secretario perpetuo de él, volvió Be I grano á su ciu- 
dad natal, en la que habia sido Alférez Real, su padre, ape- 
sar de ser italiano naturalizado. 

Las franquicias comerciales no tardaron en llegar á la 
completa emancipación comercial. El 4 de marzo de 1795, 
sin duda alguna, para que las colonias no sufrieran en su 
desarrollo por las guerras que España sostenía, la Corte 
de Madrid coi. cedió al virreinato del Rio de la Plata, co- 
mercio libre con las colonias extranjeras. Los recelos loca, 
les paralizaron en parte esta medida, á la que se opuso 
entre otros un criollo cuyos descendientes aun tienen gran 
renombre, Auchorena, pero el comercio libre triunfó al 
fin y se estableció por completo en 1809. 

El Consulado ó Junta de Gobierno realizó obras dignas 
de todo encomio, concedió toda su protección al muelle 
que en 1797 se intentó hacer en Buenos Aires, levantó fa- 
ros, abrió caminos, pues tenia á su servicio nada menos 
que noventa y cuatro ingenieros, proyectó la comunica- 
ción del Atlántico y el Pacífico por Patagones, allanó la 
de Catamarca y Córdoba, de Santiago y Tucumán,de Chi- 
le y el Perú por Atacama. 

Introdujo maquinarias: suprimió los derechos de cuatro 
pesos que pagaban los aguardientes y azúcar que iban «i 
Jujui, los que pagaban las suelas de Tucuraán, el de tres 
por ciento que pagaban los efectos de Valparaíso en Bue- 
nos Aires, los cuatro pesos que pagaba en la Paz cada li- 
bra de oro á su extracción, etc. 

Creó premios agrícolas, cumpliendo una Real Orden de 
31 Marzo 1797: de 50 pesos al labrador que introdujese un 
cultivo provechoso «con arreglo al cuma y circunstancias 
de la provincia en que lo ejecute»; de 50 pesos al que esta- 
bleciese una huerta y monte de árboles útiles en el puerto 
de la ensenada de Barragan: de 50 pesos al que respondie- 
se al tema ¿Qué medio se podia adoptar para hacer grau- 
des plantaciones de árboles útiles en la jurisdicción de esta 
capital siu necesidad de poner cercos?: de cincuenta pesos 



I 



- *Í6 - 

al que manifieste el modo de tener aguadas permanentes 
en la campaña: 500 pesos anuales de por vida al que en- 
cuentre el modo de evitar la polilla en los cueros: 100 pe- 
sos al que manifieste el estado de la población de cual- 
quier provincia del virreinato, con distinción de clases, 
ocupaciones, consumos, etc. 

Nada mas injusto que artibuir á Belgrano mérito algu- 
no en esta fecunda y progresiva labor del Consulado, eeti- 
mulado por reales ordenes 

Según una deestasdel797ei Consulado debia componer- 
se «de hacendados y comerciantes en igual número, ins- 
truidos en sus respectivos ramos». Los miembros españo- 
les y criollos de la Junta de Gobierno, quede todohabia, 
hicieron imprimir las dos memorias que su secretario les 
presentó, una de escaso valer y otra no es traas que una 
ampliación copiando casi literalmente las premisas de un 
trabajo sobre la materia del célebre Campomanes» (Mitre) 

que bajo el título de Cultivo del Cáñamo ó del lino ha- 

a mucho de lugares comunes acerca de la educación y 
trabajo que se debe proporcionar á la mujer para que no 
se prostituya. 

Bl Consulado en 4 Febrero de 1806 expuso al Rey «Lle- 
vamos nuestras súpPcas para premiar al secretario de es- 
te Real Consulado por su distinguido mérito, desempeño y 
atención eficaz á cuanto pue le decir á la felicidad de es- 
tos domiuio8» Con lo que demostrado queda su gran be- 
nevolencia; los que lo conocieron cual gobernante y general, 
lo quisieron engrillar y lo dejaron morir abandonado, pa- 
ra luego azotar sobre su tumba á las damas argentinas. 

Lh posteridad, con bien poca premeditación, ha adorna- 
do con su estatua una plaza pública, no obstante, cual es 
facilísimo demostrar desde 1810 á 1819 firmó y cumplió 
decretos mas sangrientos que los de Rosas, gracias á los 
cuales este pudo lograr el poder. Cubrió de sangre á Bue- 
nos Aires, las proviucias, Uruguay y Paraguay en nombre 
de ocultos planes, pues principios políticos nunca los tuvo, 
y la prueba es*á en que defendió mas candidatos para la 
primera magistratura de supais que revueltas tienen los ca- 
minos de los Andes: en 1794 anduvo en París buscando la 
libertad entre los Thermidorianos, ó sease de entre los que 
mas la han escarnecido, y desde 1809 á 1819, negoció y de- 
fendió por medio de Iqs ejecuciones capitales, como gober- 
nantes de Buenos Aires: a Fernando vil, á doña Carlota, 



á sí mismo, á un príncipe cualquiera, fuera Inglés, Fran- 
cés, Austríaco ó Ruso, á Carlos 17, al Inca restaurado con 
sede en Cuzco ó en Bueuos Aires, al príncipe de Lucca 
etc. 

Habituados á oir diariamente que el pasado colonial 
era opresor, y que la libertad brí'ló en 1810, bueno es en 
holocausto á la verdad poner la prueba de que en la era 
española el comercio, la agricultura, la industria y la vida 
humana gozaban de amplia libertad, los gobernadores es- 
taban atados por justas y previsoras leyes; desde 1810, el 
gobernante gozó de completa libertad para hacer lo qae su 
capricho le dictaba, con la vida de sus semejante?, la in- 
dustria, la agricultura y el comercio. 

Las pruebas de la parte de libertad que aquí nos propo- 
nemos investigar las tomamos de los tomos I y II del Re- 
gistro Nacional de la República Argentina, que parece un* 
caja sellada y lacrada, dado lo poco que los historiadoies 
lo citan, apegar de que es una fuente inagotable de la ver- 
dadera historia. Antes del 25 de Mayo de 1810 los cueros se 
exportaban libremente, por orden de 5 de junio de 1810 se 
dispuso: «los cueros de ganado vacuno pagarán á su ex- 
tracción, cuatro por ciento de alcabala, un real de ramo 
de Guerra, medio por ciento de averia ordinaria; medio 
por ciento de averia extraordinaria y uno y medio de sub- 
vención; los de caballo pagarán medio real de ramo de 
Guerra; y el sebo y demás frutos de extracción pagarán el 
diez por ciento de derechos reales, y dos y medio por cien" 
to de avería y subvención» el 80 julio se aumentó el Ra- 
mo de Guerra á un real: el 19 mayo de 1816 quedan aboli- 
dos los anteriores impuestos que eran ilegales por cuanto 
las Juntas ó Gobiernos de Buenos Ai*es tomaban en sus ac- 
tos y habían jurado por su Bey ai que lo era de España, 
Fernando VII y en España desde 1810 á 1814 estaba fun- 
cionando el congreso y en él habia tres diputados por Bue- 
nos Aires y uno por Montevideo: el 5 de marzo de 1818 vuel- 
ve á ponorse derechos: en 1822 se reduce el impuesto: en 
1826 se permite exportar solamente á los qae caen en gra- 
cia al gobernante. 

Desde 1806 la carne salada y sebo no pagaban derecho 
de exportación; en 17 dicien bre de 1810 se concedió lo 
mismo á la grasa: debe haber alguna otra disposición res- 
tiictiva que no costa en el Registro, porque en 7 octubre 
de 1812 se declaran libres de importación y exportación 



- 887- 

los productos de ios saladero?. En 31 mayo de 1817 se 
cierran los saladeros basta nueva disposición: en 12 febre- 
ro de 1818 se permite, á un señor Trapani matar y salar 
quinientas reses. Debieron abrirse después otros saladeros 
por cuanto en 29 diciembre de 1819 se impone á la expor- 
tación de los saladeros: 1 peso por quintal de carnes» len- 
guas, etc.. y en 11 febrero de 1820 se imponen 12 pesos á 
cada pipa de grasa. 

Desde 1804 los trigos y harinas no pagaban derechos de 
extracción, en 23 marzo de 1812 cuando en España había 
anco regentes del Reino de los que dos eran criollos y cuaren- 
ta miembros del Consejo de Estado, de los que doce, por lo 
menos eran criollos, acordaron los que mandaban en Bue- 
nos Aires á nombre del Rey de España, que llevaba cua- 
tro años de prisión en Fr¿ ncia, que pagase el trigo, un p*»~ 
so por f triega; ia harina, un peso por quintal; la galleta, li- 
bre: el 26 de junio se concede una gracia especial de exen- 
ción de derechos al capitán José Maria Camps, del ber- 
gantín infries (¿de Cataluña?) Jean. En 15 febrero de 1813 
se acuerda libre exportación da granos y harinas pero no 
para países enemigos, y para evitar que fueran á estos, se 
ordenaba depositar el doble de su valor. Esto equivalía á 
negar la extracción, sino á los amigos, y á una de aquellas 
libertades que desde 1810 á 1818 tuvo la prensa en la mis- 
roa Buenos Aires. En 19 octubre de 1810 las Corten Espa- 
ñolas proclamaron la libertad de la prensa, poco después 
decretó lo mismo la Junta de Buenos Aires, pero en esta 
no había mas que una imprenta, esta era del gobierno y no 
se publicaba mas que un diario y este lo redactaba el pre- 
sidente de la misma Junta ó el secretario. 

Como la agricultura desde 1810 no dio para exportar, 
en 25 junio de 1813 se impuso una contribución anual de 
50,000 pesos á los panaderos y harineros; los que lo eran 
debieron volver ¿ utilizar algunos campos y en 6 junio 
1817 prohibición absoluta de exportar por agua ni tierra, 
trigo, harina, galleta, maiz, y cebada, y diez dias después 
se ordena desembarcar los cereales que ya estaban ¿ bor- 
do, con permiso anterior. 

I Parece inaudito, leyes con efectos retroactivos! pero 
(cuantos negocios ó maldades no ocultan estas antisocia- 
les y antidemocráticas disposiciones! Las concesiones á * 
Trapani y Camps, son puro negocio, y ¡el hado sabe de 
cuantos centenares no habré quedado constancia! La jun- 



-,888 — 

ta del 25 de Mayo de 1810 r abrió la senda: un miembro de 
ella Larrea, era consignatario üel buque en que se embar- 
có al virrey y miembros de la Audiencia, que algunos eran 
criollos, y con toda imprudencia se perdonó seguramente 
no solo, mas de cien mil duros de los derechos que el bu- 
que de su consignación debia pagar, de lo que exportó en 
1810 y lo que importó en 1811. 

En 27 Agosto de 1817 se exime á cuatro panaderos déla 
mitad de la contribución que ya en parte adeudaban por- 
que ofrecen vender barato, es decir aniquilar á los que pa- 
gaban. Al mes siguiente el gobierno promete, se permitirá 
extracción del trigo: en 1* junio de 1818 se exime de im- 
puesto á los panaderos pero se establece mas fuerte el de 
exportación de granos y harinas: enero de 1819 libre ex- 
portación de granos: 16 agosto 1819 prohibición absoluta 
de exportar carnes, granos, menestras y demás substancias 
alimenticias: 28 agosto 1819, impuesto anual de 36,000 pe- 
sos á los panaderos: en 20 junio de 1821 ya, debían habei- 
se gravado nuevamente las carnes, trigos y harinas, pues, 
no se dé lugar á una solicitud pidiendo supresión de dere- 
chos: al mismo tiempo se decide que, los trigos importados 
solo paguen el 30 por ciento sobre el valor de plaza esta- 
blecido en el arancel. 

Esto indica que el pais de exportador se había converti- 
do en importador [que modo de progresar! ¡loor á Belgra- 
no, Moreno y Rivadavial que fríamente y sin decir el por- 
qué cubrieron de sangre é implantaron el despotismo en 
un pais democrático en las leyes y en las costumbres y lo 
hicieron retroceder en sociabilidad, instrucción y política, 
mas aun que en comercio é industria, y eso que la legisla- 
ción completa de aquella época, nunca nadie la conocerá: 
en Buenos Aires en 1820 hubo diasen que los arbitros de to- 
do eran gentes cuyas escoltas llevaban por cubre cráneos 
pieles de cabeza de burro con las orejas enhiestas: hubo en 
el mismo afio diez mandatarios supremos ó gobernadores 
de Buenos Aires y hubo un dia de tres gobernadores dife- 
rente*; á rebencazos se quitaban y se ponian en el poder y 
en este dictaban decretos, de vida efímera, pero que, se 
cumplían por lo pronto y desangraban la nación. 

En 1822 se dispone paguen las harinas extranjeras o 
cuando las del pais pasen en precio de 10 pesos quintal j 4 
cuando las del pais valgan 6 pesos I a /anepa: al mismo tiem- 
po se pone escala gradual al precio de la sal: en 1823 se 



— 269 — 

aumentan los derechos á las harinas extranjeras, prueba 
que podían competir con las nacionales, apesar de los de- 
rechos graduales. 

De 1820 á 1823 tres diputados por Buenos Aires y uno 
de Montevideo figuraron en el Congreso Español: en 1805 
escribía Azara «de Buenos llevan á vender el trigo en el 
Paraguay, Montevideo, Habana, Brasil é isla Mauricio. . • 
£1 mejor clima para el trigo seria el del Sur del Rio de la 
Plata, pero antes de los 40° hasta el estrecho Magallanes 
parece salobreño. > 

Si el oro y plata en 1809 pagaban algo de exportación, 
debía ser una insignificancia para ayudar al Consulado: 
en 14 julio de 1810 se prohibe, bajo pena de decomiso ex- 
portar oro ó plata en pifia, pasta, labrada ó chafalonía, y 
que el oro y plata sellado en monedas, pague por extrac- 
ción cuatro y medio por ciento de derechos reales y medio 
de Consulado: 8 Agosto 1810 se prohibe la exportación 
de oro para Montevideo: 9 marzo 1811 piohívese expor- 
tación de monedas, los buques que ya las tenían á bordo 
con permiso y pago de derechos deben desembarcarlas; y no 
se dice, pero se supone, que el gobierno sabrá donde irán 
á parar, y no se dejará de imponer buena multa al que las 
tenga ó de desterrarlo ó ejecutarlo, por ser espafíol, por 
andar á caballo, por tener en su casa un fusil, un sable 
ó una pistola, ó por atribuirle que en su conciencia i.o 
puede pensar cual en secreto piensan los llamados patrio- 
tas, que son los pretestos mediante los cuales se arruinó y 
cubrió de cadáveres de criollos y españoles el inmenso 
país que hoy fornm cuatro naciones americanas. 

En 23 de Noviembre de 1811 la Junta dicta el generoso 
decreto Je permitir á todo el que se embarque que lleve 
consigo hasta 50 pesos para los gastos de manutención; 
los de la Junta se habían asignado sueldos escandalosos y 
á sus abogados los nombraban generales y á sus oficiales 
de milicias coroneles del ejércitol 

En 4 Setiembre de 1812 se permite, pagando derechos, 
la exportación de oro y plata selladas; en 23 de Junio de 
1813 se aumentan los derechos, dejando subsistente la pro- 
hibición de extraer para Montevideo: en I o de Enero 1822 
se concede libre extración de oro y plata, previo el pa- 
go de 1 ó 2 por ciento según sea ó no acuñada. 

Aunque el Presidente de la Junta casi no era argentino, 
había nacido en Potosí, Moreno, era hijo de chileno y 



— 270 — 

Castelli, Berrutti, Pueyrredon, Rondeau, Thompson, Pa- 
seo, Mitre, etc. etc. y otros apellidos, que suenan mucho 
desde el 25 de Mayo de 1810 y nada en la época en que en 
la Argentina se introdujeron los pastos» los ganados, la 
agricultura, la familia, las universidades y los municipios, 
y que están diciendo á gritos que los tales apellidos no 
son españoles ni americanos, sino oriundos de italianos, 
franceses, ingleses ó griegos que se habían naturalizado 
fspafioles, en vez de ser corsarios, piratas ó negreros 
como infinitos de sus conterráneos en América, la Junta 
de Buenos Aires en 21 Junio de 1811 prohibió la in- 
troducción de efectos al interior del reino por extranjeros: 
en 3 de marzo de 1813 dispuso que tanto las consignacio- 
nes como las compras de retorno no puedan hacerse á 
nombre dé extranjeros, el 19, con esa inestabilidad en las 
leyes que caracteriza á America en el siglo XIX se dejó 
sin efecto la disposición de quince días antes pero no la 
de 1811 que debió mantenerse por muchos años, tal vez 
hasta después de 1852. 

En 24 Abril de 1820 se rebajan los derechos de aduanas 
á las consignaciones á hijos del país: en 21 de Setiembre 
de 1821 se exime del impuesto de 12 reales por tonelada 
á los buques nacionales destinados á alta mar: en 22 No- 
viembre queda abolida la contribución extraordinaria de 
22 Enero de 1817 para los buques nacionales. 

Si no protejían el comercio nacional, pues la disposición 
de no permitir que los extranjeros introdujesen nada al in- 
terior, era para vejar y no para protejer, el comercio ex- 
tranjero tampoco les debe atención alguna apesar de que 
extranjeros eran los gefes déla marina, francés, Azopardo, 
ingleses, Cochrane y Brown, etc En 1810 habían cortado 
toda comunicación con Paraguay y Montevideo; en 30 de 
Setiembre de 1812 crearon aduanas en Corrientes, para no 
dejar pasar los productos paraguayos, y en Mendoza, para 
entorpecer el comercio con Chile y Perú y por fin parali- 
zarlo por completo. 

Si esto hacían con los hermanos, ante el mundo que no 
los conocía, presentábanse con su decreto de 24 de Diciem- 
bre de 1811 por el cual se rebajaba en una tercera parte el 
impuesto á las importaciones extranjeras: algún buque 
inglés y norte-americano debió acudir á Buenos Aires y 
en 31 de Enero de 1812 se aumentan grandemente los im- 
puestos á las importaciones extranjeras: el 9 de Diciem- 



— 271 — 

bre se gravan más, el 10 aun se recargan algunos artícu- 
los; el 19 de Agosto mayor aumento; el ejemplo de 1812 de- 
bió servir de buen aviso á los navieros de lo que eran las 
libertades comerciales de los porteños. Cuando en los 
aflos 1822 y 1823 se volvió á hablar de importaciones, 
fué para aumentar, los derechos anteriores. 

Si se leen las obras de texto y aun de consulta de los his- 
toriadores argentinos, muy raro será, pues no le conoce- 
mos, la que no pongan entre lo* méritos de la Junta que 
desestancaron el tabaco, pero en el Registro Oficial de la 
República Argentina hemos aprendido que lo hicieron 
para centuplicar su precio. 

Tal vez en previsión del tratado paraguayo-porteño ó 
por otras causas, en 22 de Agosto de 1812 suprimióse el 
estanco del tabaco, en I o de Setiembre se dispuso que al 
pasar el tabaco de un pueblo á otro del partido ó de la 
misma provincia, pagase en la aduana un peso cuatro rea- 
les arroba, en rama; dos pesos cuatro reales, en cigarros; 
tres pesos, el negro torcido; cuatro en cigarros; seis, el ra- 
pé; doce pesos cuatro reales el tabaco en polvo: las bara- 
jas, doce pesos docena á las importadas, libre el giro y la 
exportación á las fabricadas en el país. 

Entre los artículos más gravados en 1822 y 1823, se en- 
cuentra el tabaco, que no sería raro vuelva á estancarse 
en las postrimerías del siglo XIX 

Todo hace creer que Belgrano desde 1795 á 1810, que 
fué empleado de la metrópoli predicó el libre cambio, en 
la última fecha alcanzó á ser primer mandatario, uo cier- 
tamente por la voluntad de los que lo habían nombrado y 
tenido por se * rete rio de una buena institución, y ya vemos 
que las ideas comerciales que ayudó á implantar, fueron 
las destructoras de todo comercio. 

Decimos que ayudó y no que implantó porqué no fué 
gobernante único y sí miembro de una Junta por lo cual al- 
gunos mal informados tal vez disminuyensen su responsa- 
bilidad haciendo que la Junta absorbiese al individuo, en 
vista de que Mitre le llama cel hombre más puro de la re- 
volución argentina», lo cual es muy posible, no obstante 
las muchas lágrimas y sangre que hizo derramar y lo que 
en 1812 escribía á Rivadavia, otro de los que abrieron la 
senda de las ejecuciones á muerte sin juicio ni proceso y de 
los que en el poder más favorecieron el agiotaje: « Europa 
.... nosotros no debemos aspirar jamás á tener relaciones 



— 872 — 

con ninguna de las naciones que la habitan, ellas tendrán 
cuidado de traernos lo que necesitamos, y de buscar nues- 
tra amistad por su propio interés». 

Este ciego egoísmo, no tardó en verse rudamente casti- 
gado; Beigrano recorrió muy pronto la Europa en busca de 
un príncipe español, inglés, francés, ruso ó austríaco, paaa 
que ocupase el trono que él y otros hijos de naturalizados 
españoles y algunos oficiales criollos del ejército español que 
habían desertado de sus banderas al frente del enemigo, tra- 
taba n de erijir en Buenos Aires, país que nunca había co- 
nocido reyes y cuyo virrey más famoso el primero, el que 
mando miles de soldados al llegar con los laureles del 
triunfador á la capital de su virreinato, tomó tierra con tai 
esplendor, pompa y beato, que desembarcó solo y con la 
sola escolta de unos niños que halló en la playa, se dirijió 
al palacio, que no era más que un pobrísimo caserón que 
se daba honores de fuerte. 

Mitre inserta la carta de su heróe á Rivadavia, pero no 
los decretos de 1810 que Rivadavia y Castellí ejecutaron 
en Cabeza de Tigre, en Potosí y en Cochabamba y pue- 
blos ó caseríos intermedios y á que Beigrano había pres- 
tado su aquiescencia, ni los siguientes en que aparece su 
firma y que demuestran lo fraternal que el hijo del italia- 
no naturalizado español, alférez real de Buenos Aires, era 
con sus comprovincianos: 3 Agosto 1810 cerrando toda 
comunicación con el Paiaguay y Montevideo; 11 Agosto, 
ampliando el precedente y privando la correspondencia 
al Paraguay: 13 de Agosto ese corta toda co nunicación 
• • «.comercial, epistolar, y de cualquiera clase que sea» 
con Paraguay y Montevideo: 6 de Setiembre se provoca la 
guerra con el Paraguay, de un modo brutal é inusitado, 
despojándolo de sus Misiones: 10 de Noviembre se prohibe 
el paso á las guias y se embargan los efectos de los para- 
guayos y para que el despojo fuese más cínico, se hace cual 
todo lo anterior en nombre del Rey de España, prisionero 
de Napoleón por la astucia. Resultado, cuatro países que se 
han desgarrado entre sí por la desalentada ambición y 
egoísmo de unos cuantos porteños, sin arraigo ni vincula- 
ciones en la Argentina, pero dueños de la poca fuerza ar- 
mada que en la capital había y que se componía desde 
1810, de lo que á su tiempo veremos. 

Beigrano, cual se deduce de lo ya acotado tuvo com- 
pañeros y continuadores, si él creia que nada necesitaba de 



— 278 - 

Europa ni dol Paraguay, Artigas, así que se vio fuerte por 
mandar muchos indios, creyó que nada necesitaba de Bue- 
nos Aires y dio un decreto en 1816 tcerrando completa- 
mente todos los puertos de ia Banda Oriental para Buenos 
Aires y sus dependencias, prohibiendo todo tráfico, dete- 
niendo y asegurando (embargando) todos los buques que 
se hallasen en puertos orientales y haciendo responsables 
a todas la- autoridades civiles y militares de cualquiera 
omisión ó indulgencia en el cumplimiento de esta orden» 
Doctor Ramírez (Artigas). 

Se dirá, Artigas jera un bárbarol Pneyrredon en 2 de 
Diciembre de 1816 tomó las mismas medidas para las em- 
barcaciones orientales que aquél había tomado con las da 
Buenos Aires, y los civilizados porteños abrieron la senda 
y perseveraron en ella apesar de que, de expoliadores de 
frutos se habían convertido en importadores y que como 
más sabios, debían haber dado el ejemplo, no de ira sino de 
libertad, sobre todo cuando estaban habituados á observar 
que la Metrópoli en sus guerras les concedía á todos co- 
mercio libre para que no sufriesen, y eso que pecuniaria- 
mente no obtenía ninguna ventaj i del virreinato de Bue- 
nos Aires, estuviese este en paz 6 en guerra, y sí desven- 
tajas, á causa de la emigración, en di as en que para repo- 
blar España había que recurrir á establecer los foros en el 
Noroeste y colonias extranjeras en el Mediodia, dirigidas 
por un criollo secretario del Conde de Aranda. 

XXV 

La guerra llamada déla emancipación no justifica de 
ningún modo la opresora legislación argentina, que dio 
lugar á la desmembración del virreinato y originó esas 
terribles camprfias déla triple alianza contra el Paraguay; 
Perú-Boliviano-Chileno; y esos horribles conflictos que ha- 
rán derramar mucha sangre sin ventaja alguna para la 
civilización de un lado y otro de los Andes y del Pilcoma- 
yo: etc. la guerra de la emancipación 1 1 gen ti na merere 
un detenido estudio, de España no vino un soldado, ni po- 
día venir á sostener la soberanía nominal de ella; por mar 
no hubo lucha, en el Uruguay y Paraná tal vez no se hi- 
cieron tres mil tiros de fusil desde 1810 á 1813 y desde esta 
época, ni uno; donde algo se guerreó fué á centenares de 
leguas de Buenos Aires y contra soldados no españoles 



— 274 — 

sino criollos, desde el general en geíe Tristan y Goyene 
che basta el último ranchero. Con los llamados patriotas 
que sin darse cuenta de ello, hasta horas después, vencieron 
en Salta y Tucumán, iban más euroropeos que con los rea- 
listas vencidos. 

Hasta 1813 tal vez alguna de las disposiciones comer- 
ciales, supuesta la guerra en que se habían metido los por- 
teños, serían justificables, después de ese afto no lo son, f i 
se queiía conservar y acrecer un pueblo que era próspero 
y grande, habituado al trabajo y al ejercicio práctico de 
sus libertades comunales en el interior y del comercio con 
el extranjero. 

No hay una medida tendente á conservar todo esto des- 
de 1810 á 1825, en la última fecha parece que se modifica 
algo, pero solo i arece. En ese afio se firman tratados co- 
merciales nunca tan ventajosos como lo que en el siglo 
XVIII tenía la Argentina, comercio libre, y principalmen- 
te si coi sideramos que los tan cacareados tratados no son 
más que franquicias sobre el papel pero no en la realidad, 
por cuanto escribió el doctor Alberdi (Int a garantías Rep. 
Plata). «El tratado inglés de 1825 celebrado con la Repú- 
blica Argentina, consagró la libertad de comercio, pero 
dejó cerrados todos los puertos fluviales de esa República 
por donde el comercio debía tener lugar, con excepción 
del puerto de Buenos Aires... El tratado de 1828, inspirado 
por Inglaterra quitó a! Brasil y á Buenos Aires la llave ex 
tenor del R»o de la Plata, creando la independencia de la 
Banda Oriental bajo 1* doble garantía del Brasil y de Bue- 
nos Aires, pero dejó el cuidado de esa llave á los mismos 
dos poderes á quienes había sido arrebatada, es decir, el 
tratado puso la independencia de la Banda Oriental bajo 
la doble garantía de los dos poderes interesados en destruir- 
la. E»a como arrancar sus colonias á una Metrópoli y en- 
cargar del cuidado de su independencia á la metrópoli 
misma. El tratado de 1853 y varios poderes comerciales 
abrió todos los puertos fluviales del país al comercio di- 
recto que hasta entonces había monopolizado Buenos Ai- 
res pero dejó la llave de esos mismos puertos, la iala de 
Martin García, en mano y al cuidado del destituido por 
esa libertad.» 

Si los tratados de comercio ofrecieron tan poquísimas 
ventajas que, son con mucho inferiores á las franquicias 
comerciales del siglo XV III, el comercio interno siguió re- 



— 276 - 

(rocediendo 7 muchos artículos que en 1602 7a se expor- 
taban, hubo de impórtalos, apesar de ser de los llamados 
de primera necesidad. A más de lo muy altas de las tari- 
fas aduaneras, en muchos casos desde 1825 á 1852 se le- 
gisló en comercio, para cada caso particular, siguiendo 
la práctica establecida en 1810. 

En 5 de Mayo de 1827 se declara libre la exportación de 
pan 7 carne: el 7 se establece un registro para los pana- 
deros 26 Abril 1828 se prohibe la exportación de trigos, 
23 de Agosto, se concede: 7 de Enero 1831 recárgase la 
introducción de hamas 7 prohíbise extraerlas: 22 Agos- 
to 1833 ordénase otra cosa, etc. El 27 Julio de 1827 se po- 
ne impuesto á la exportación de carnes, el 17 de Setiembre 
se derroga dejando subsistente, solo el de Aduanas. 

En 21 de Setiembre de 1829 se establece como único 
puerto de embarque para los cueros la Aduana de Barra- 
cas; en 23 de Abril de 1830 prohíbese exportar por agua 
cueros caballares, el 23 Agosto se permite extraerlos, etc. 

El I o de Abril de 1830 prohibiese exporto r oro 7 plata, en 
moneda 7 en pastas, bajo pena de pérdida de la especie 7 
á más multa del duplo de su valor, 7 si no pudiese ser sa- 
tisfecha, dos años de presidio: 15 de Julio 1833 se permite 
extraer oro 7 plata selladas, pagando derechos; 6 de Di- 
ciembre se concede lo mismo al oro 7 plata en pastas: 26 
Agosto de 1835, disminúyense las habas para exportar los 
metales preciosos: 31 de Agosto de 1837 prohibición abso- 
luta de exportarlos so pena de pérdida 7 cuatro años de 
presidio, 7 «A cada buque de ultramar se le permitirá lie 
var libres de derechos, 50 pesos para gastos de viaje, 25 á 
los de cabos adentro 7 17 á cada pasajero.» 

Como si la legislación no fuese bastante opresora, la 
realidad aun la superaba, pues todo el que quería expor- 
tar algo debía presen ar: certificado de que era federal 7 
adicto á la sagrada causa de la federación 7 á la persona 
del Exmo. Señor Restaurador de las Reyes (del desierto ó 
del Inca): certificado de ser blanco de linaje: certificado de 
ser de su propia cosecha lo que trataba de exportar etc. 

No cabe discusión respecto de lo duros que fueron para 
la Argentina aquellos terribles años en que Buenos Aires 
estubo despotizada por Rosas, 7 en que, don Florencio 
Várela desde Montevideo en 1847, pedía la apertura de los 
caudalosos afluentes del Plata, la cual se obtuvo, años des- 
pués, merced á la propaganda de él, á la del doctor Carril 



— 276 — 

y de Alberdi, á la del doctor Vejez Sarfield en 1852 desde 
el seno de la Cámara de Representantes, y de otros; re. - 
tableeiendo así en gran parte lo que la Argentina tenía an- 
tes de 1810. 

No obstante esto, el directoren 1849 de la Ilustración 
A i gen fin a de Buenos Aires, donde se llamó justa la ejecu- 
ción de Gutiérrez y su cómp'ice Camila O'Gorman; el se- 
cretario de la legación de Rosas en Chile, por aquellos 
afios en que se publicó (Efemidografía de Zinu ) la t Ex- 
presión de agravios que antf» la Suprema Corte de Chile 
hace el ciudadano argentino Elias E . Bedoya de la sen- 
tencia apelada del Juez don Ambrosio Silva, en la causa 
que le ha seguido de oficio, por haber quitado del pecho 
de un doméstico de la legación del gobierno de donjuán 
Manuel de Rosas un cartel con las palabras Mueran los 
Salvajes, Asquerosos, Inmundos Unitarios, que los criados 
de dicha legación usan en la capital de Chile. Santiago 
Julio de 1845», prestó luego ranchos servicios á su patria, 
logró fama de docto y probo, pero, olvidándose de que en 
los dias de su juventud había escrito no poco en servicio 
del tirano, en aquellos dias en que en la misma ciudad 
portefia escribía el doctor Posse El Conservador, muchos 
de cuyos artículos han merecido elogios de los unitarios, 
y sin haber ojeado el Registro Nacional, ni enterarse de 
lo que fueron las leyes comerciales de la Argentina desde 
1537 á 1810, ni de lo que fué la Ordenanza de Intendentes 
y el Consulado, ni recordar siquiera lo que escribían los 
proscritos de su patria cuando él estaba muy cómodamen- 
te en ella, en 1891; siendo candidato para la Presidencia 
de la República, escribía (El Nacional de Buenos Aires 
número 13543). «Los héroes de nuestra emancipación ar- 
rancaron á las restricciones comerciales, los territorios, 
los ríos y los mares de la América Meridional, y entrega* 
ron esas conquistas de su genio al progreso y á las expan- 
siones legítimas de lahumauidad». 

Si el doctor Irigoyen no estaba dispuesto á cambiar por 
completo la legislación comercial de los héroes, ipobres 
rios y mares de América, que pocas naves los oruza- 
rianl sin que esto quiera decir que para nosotros, sea Ro- 
sas nn monstruo sin par, nada de eso, cuando él cayó en 
Entre Rios se midió el tonelaje quedebian tener los buques 
que entrasen en el caudaloso Paraná y en 1853 se estable 
ció un derecho diferencial para los navios que comercia- 



- «in- 
serí en Buenos Aires y no para aquellos que aportasen á 
otro cualquier punto de la Confederación Argentina. 

XXVI 

Tanto mas doloroso es que hombres doctos y honrados, 
cual el doctor Irigoyen, caigan en el monstruoso error de 
dar como causa de los males de su patria á los que no hi- 
cieron á esta sino impagables é impagos beneficios, cuanto 
para formarse aproximada idea de lo que eran los habitan- 
tes del actual Paraguay, Argentina y Uruguay, muchos 
afios después de haberse iniciado la historia moderna, no 
se necesita recurrir á ella, basta abrir los ojos y mirar pa- 
ra ver lo que Mulhall (Las Repúblicas del Plata) en 1876 
veía, y que es cierto 20 afios después: cLos indios del Cha- 
co son pescadores diestros, usando arcos y flechas, y en 
una parte del año se mantienen del algarrobo y del yu- 
cham ó palo borracho» y Lista en 1887 observaba, en otra 
parte del territorio Argentino (Viaje al pais de los Onas) 
cCuando los inviernos son muy rudos y el mar bravio, sue- 
le faltarles alimento, en cuyo caso no trepidan en matarlas 
mujeres mas viejas de la tribu, pues se las considera como 
seres inútiles é inferiores á los perros, que solo se sacrifi- 
can en el último trance... cuenta Wallis que uno de sus 
marineros, dio á un fueguino un pez vivo que este mató de 
una dentellada y comió con la avidez de un perro faméli- 
co, sin dejar ni las espinas... Comunmente los onas no se 
preocupan mas que de buscar alimento, y como carecen de 
toda economía puede decirse que son esclavos del estóma- 
go, al que subordinan todas sus acciones... El hombre que 
no atiende mas que á sus necesidades físicas y cuya imagi- 
nación es herida solamente y cada dia por el mismo espec- 
táculo exterior, se empequeñece y poco á poco retrocede á 
la primera etapa de su evolución anterior. 

Ésto es precisamente lo que ocurre con los salvages in- 
sulares, condenados al aislamiento, sin otra perspectiva 
que el horizonte estrecho de su suelo natal, ni mas aspira- 
ciones que hallar el alimento que esclaviza, ni más socie- 
dad que la familia (y matando á sus viejas para comer, y 
las indias envejecen pronto) sin mas esperanza que la muer- 
te. Pero saquemos al indio de su choza, iniciémosle en 
nuestra manera de vivir y en nuestra civilización, desper- 
tando en su espíritu los anhelos que distinguen á nuestra 



-*T8- 

raza, y en poco tiempo le habremos cambiado y entflteeido 
alejándole de la fuente impura de su origen » 

Aunque inclinado á las boy desacreditadas ideas Dar- 
winiana9, bien se echa de ver que los propósitos de Lista 
son cristianos, nobles y civilizadores, por algo es homóni- 
mo de un célebre literato castellano que, sin salir de Espa- 
ña, cantó las glorias argentino-hispanas en 1806, cual nun- 
ca, desde entonces, se han cantado en la Argentina. 

Las ideas de Lista es más urgente el llevarlas á la prác- 
tica que no el aprontarse para derramar la sangre argenti- 
no-chilena, por la posesión de esas tierras que hoy disfru- 
tan los onás y sus hermanos, pero permítasenos una acla- 
ración. Peor que los del Chaco y de le Patagonia, pues al- 
gún caballo, vaca ó cereal les llega, estaban los habita tes 
del nuevo-continente antes de la llegada de los españoles. 
Mas antropófagos que los onas de hoy eran los Mexicanos 
de hace trescientos setenta años, por eso el indio desde el 
estrecho de Bering al de Magallanes, era y es, el resto in- 
feliz de la criatura primitiva. Es preciso sacarlo no de su 
choza, pues no la tiene, sino de su abyecion, pero si la ne- 
cesidad de tierras arables y los sentimientos de caridad 
pudieran dominarse, no sabemos si seria preferible dejar- 
le «eguir su destino, porque de entregarlos á la cultura, si 
siguen cual hoy dia los himnos y la enseñanza en los cole- 
gios, no han de faltar en el siglo XXI un Drapper, un Vi- 
cuña Makcena, un Barros Arana, un Baasch, una Mauso 
Noronha, un Teran y un Pereira Gamba, mas ó menos pa- 
tagónicos, en cuyas obras de erudición ó de historia, infil- 
tren odios y deseo de perseguir á los viznietos de los que 
los sacaion de su miserable postración de esclavos del es- 
tómago, y tal cosa harán, en nombre de la (libertad con 
que sus desnudos y canibalescos antepasados se solazaban 
en las selvas de azaharl callándose, por supuesto, lo de la 
autropofajia y poliandria é inventando una decoración de 
Wateau para la pródiga naturaleza, poniendo en ella na- 
ranjos y otras cositas, como la inocencia de los indios, pa- 
ra que la historia sea la narración de los hechos, no verda- 
deros, sino de las mil y una noches. 

Los futuros historiadores Onas se dirán, aunque nación 
tan cuica como la francesa del siglo XIX haya levantado 
una estatua á Parmentier por sus buenos propósitos para 
popularizar la patata en la alimentación, nosotros invo- 
cando el americanismo con que Rosas y otros pretendían 



- 279 — 

cubrirse, y aunque necesitemos los artistas, profesores, ca- 
pitales y brazos extranjeros, y el comercio y la mayor par- 
te del territorio no sean propios de nuestros compatriotas 
(Anuario Estadístico del Uruguay. Año 1886. Propietarios 
orientales 26,000: extranjeros 30,000) aunque sí de sus hijos 
que ya son nuestros connacionales, y cuyos padres no tie- 
nen ninguna culpa de que lo por algunos de sus conterrá- 
neos dejado en la patagonia ó terrenos ó continente limí- 
trofe, lo hayan tirado al mar nuestros criollos abuelos; el 
criollismo, bueno ó malo, que esto no nos interesa, manda 
y ordena para enterrarla justicia histórica y todo freno ido 
ral bajo nueve estadios de tierra; que hagamos cargos dia- 
rios á los que sin pedirnos mas que tierras para compartir 
con nosotros, nos dieron con mano masque generosa, pró- 
diga en mercedes, los pastos, las industrias agropecuarias, 
los municipios, la cultura y civilización que á la Europa le 
habia costado seis mil años adquirir y el comercio libre; 
porque nosotros no queremos sobrepujarlos buscando la 
modificación de leyes y prácticas que en aquellos tiempos 
lodos los sabios creían perfectísimas y que el andar de los 
afl)s ha hecho que se viese que eran susceptibles de per- 
feccionamiento y esto, lo saben hasta las gentes mas vul- 
gares de la nación donde hace doscientos años los axio- 
mas de los sabios de todos los continentes, también se 
creian á pies juntillos. Nosotros patagones, no nos impor- 
ta esto, no vemos el cambio que la expulsión de los judíos 
y de los jesuítas haya podido producir, nosotros nunca he- 
mos conocido un jesuíta ni admitiremos en nuestra tierra 
á los emigrados israelitas, pero tampoco perdonaremos á 
los descendientes de aquellos cuyos nombres llevamos, 
porque con el pan, la carne, los cabildos y demás frus ! e- 
rias que introdujeron, nos han hecho olvidar los prodigios 
de nuestra naturaleza y se han opuesto al desenfreno en la 
familia que en Patagonia imperaba. 

Dentro de doscientos años, algunos chacoenses estarán 
en disposición de saber lo que el señor Lista pedia para 
ello?, no hace una decada, y entonces si han leido los ac- 
tuales historiadores de texto y reflexionando acerca de las 
canciones patrióticas, no podrán menos de pensar: la Pam- 
pa en el siglo XVI estaba peor que el Chaco en el XIX; no 
obstante, Pelliza y otros famosos historiadores llaman á 
aquella ipródigal á poco que yo añada un poquito de liris- 
mo subjetivo, ya no me es fácil el suponer siquiera como 



— 280 — 

podían arreglarse lo* indios pre-hispanos ó mejor y pre- la- 
tinos, con tantos medios de locomoción y metales preciosos. 
Para despojarlos vinieron los aventureros inquisidores y, 
no hallaron una pepita de plata ni por remedio, y excep- 
tuaron de que se les inquiriese en materias de religión á 
los indios, pero esto es secundario, lo esencial está en itna* 
guiarse aquellas concupiscencias e incestos del tepeig-^porá 
(baile de los lindos sueños) en que después de estar tres 
dias emborrachándose con eirá cahú (miel borracha) hijas 
y padres naturales «el que puede se entrega á los placeres 
de la sensualidad, sucediendo mas tarde, cuando aparece 
un nuevo vastago, que si se le pregunta á la madre por el 
origen del niño, contesta con candorosa y primitiva ino- 
cencia: del yarokeg-puracíf ó tepeg-pwá-yerokeg! que equi- 
vale á decir en castellano, este es hijo del baile de los lin- 
dos sueños» (Oliveira üézar) ó de una de las tres ó cuatro 
bestiales reuniones que anualmente celebran las hordas, 
para olvidar momentáneamente su continuo padecer. 

Considerando por otro lado el asunto, el futuro Chaco- 
ense historiador, describirá al rey de las selvas y de los de- 
siertos, con su traje de riguroso cutis, ornado con tal cuh! 
pluma de cuervo en la cabellera, para mejor poder resistir 
los besos del sol tropical y las caricias del pampero; des- 
calzo, para que no lo ofendiesen las rudas gramíneas ni 
las vizcacheras y se le prendiesen mejor las vívoras; medi- 
tabundo y taciturno acerca de las leyes suntuarias que el 
payé (hechicero) no podia promulgar; y sin saber que ha- 
cerse, non tantas algarrobas y pescado como ambicionaba 
ingerir, y con que de vez en cuando le obsequiaba la natu- 
raleza prodigiosa. 

A su manera, se sobreentiende, no le eran desconocidas 
al aborigene las artes de Brillant-Savarin, y aquí si que 
el historiador patagónico podrá prescindir de Chateau- 
briand y dejar de lado á la Átala, para demostrai, por me- 
dio de textos, que desde el primer vajido de la vida hasta el 
estertor de la agonía, tenia el autóctono otra alimentación 
é mas de la higiénica, suculenta y variada del pescado, al- 
garrobas y harina hecha con el mismo pescado: «los alba- 
yas y guáranla queman unas yerbas, de cuyas cenizas y 
carbones hacen pelotas, y las hechan en la olla porque son 
saladas: de modo que quien no lo sepa, podrá figurarse que 
comen tierra» Azara (f° I.) En Patagón i a parece ser que no 
hay ollas, pero esto se encubre, para ello viene de mol- 



- 881 — 

de la frase, en América habia pueblos cultos y en estos la 
alfarería indígena habia alcanzado un grotesco y mas 
que rudimentario desarrollo, y dos páginas después, se ha- 
bla de ánforas, etc. y se dice, los pueblos, cual el cario, que 
tenian cacharros, comital el barrero, otros, amaban tanto 
su tierra que, eran geofagos, pero no se la comían pura si- 
no aderezada: «Los indios de Santa Fé, comen el barro, co- 
ciéndolo en un rescoldo y empapándolo en aceite de pes 
cado> (Ruiz Díaz de Guzman) otros ó todos, imitaban álos 
onas de la actualidad, pero como dentro del estado de 
naturaleza, eran mas esquisitos: «los guaran is cebaban á 
los niños para hacerlos mas apetitosos» doctor Decoud (La 
Atlantida). 

Raro será el futuro historiador patagónico que se dé 
cuenta de que sus únicos productos de exportación serán 
procedentes de las semillas que se le importaron y que pa- 
ra aclimatarlas sufrieron mas Mendoza, Ayola9, Alvar Ñu- 
flez, Chaves y sus compañeros y obtuvieron menos venta- 
jas para sí que aquellos sesenta sus hermanos que con Pi 
sarro en la isla de San Salvador «no cabiendo en los dos 
bergantines de que disponían, por ser muy pequeños: espe- 
remos, se dijeron, á que el hambre y las necesidades nos 
reduzcan á menor número. Y esperaron, y cuando ya eran 
tan pocos que podían caber holgadamente se embarcaron, 
llevando por únicos comestibles cuatro yeguas que á este 
efecto mataron y salaron; uno de estos bergantines se fué á 
pique con toda su tripulación» (Moray ta Historia general 
f. VI). 

Tales trabajos, de los cuales resultaron para el nuevo 
continente tan inmensos beneficios, algún dia serán agrade 
cidos, nunca justipreciados, hoy estamos en un periodo de 
negaciones tan inconscientes como absurdas y aprovechán- 
dose de lo que de él quedará, raro será el demócrata pata- 
gón que los agradezca, ni se dé cuenta de que los primeros 
hombres civilizados que en la pampa se establecieron pro- 
cedían de la nación mas rica, industriosa y mejor goberna 
da, y de hábitos mas democráticos, de la Europa en los 
siglos XV y XVI; que eran pocos, y no buscaban metales 
preciosos, sino tierras que cultivar, y todos tueron márti- 
res de las inclemencias de la naturaleza ó de las traiciones 
repetidísimas de los bárbaros, que tuvieron que modificar 
hasta la oaturaleza para poder fundar poblaciones, y que 
no disponían del vapor ni de los arados perfeccionados, 



— WS- 
que una vez que modificaron el suelo y medio harabiente, 
hecho reales las industrias agro-pecuarias y domado á los 
indios que pudieron: cía tierra pertenece al que la ocupa, 
y ella se halla poblada no por hombres sino por millones 
de ganados. Entonces principia esa segunda guerra de la 
conquista, que Azara nos ha trasmitido en relatos tremen- 
dos y, que no ha encontrado todavía el nuevo Ercilla que 
debe cantarla* El español libre del indio, se encuentra con 
el toro indómito que se levanta furioso por todas 
partes, queriendo arrojarlo de la posesión del suelo. Aso- 
maba ya el siglo XIX cuando recien concluía entre el hora 
brey el animal salvaje aquella lucha titánica, que en las 
tradiciones del mundo antiguo hizo del Hércules un Dio*, 
y que en las humildes crónicas de la colonia se llama sola 
mente el Alzamiento de los Ganados» doctor Avellanada. 
(Inauguración ferrocarril en Chivilcoy ) 

¿Lo que está aconteciendo no nos indica lo que pasará 
con los historiadores Patagónicos? Trata de completarse la 
traducción al castellano de la obra de Wuashburn, que fie 
tanto solaz debe haber servido á los ingleses y en la que se 
escribe (t. I ) «los guaicurús, miserables que habitan este 
vasto desierto están tan abajo en la escala de los indivi- 
duos racionales que uno podría dudar si tienen ó no airan... 
su única ocupación era la de comer y después como el 
puerco (chancho) ó el yacaré, descansar al sol para dige- 
rir. ..la única ocupación de los M bayas es andar errantes 
cazando ó pescando para mantenerse, y haciendo la guer- 
ra '<> toda la raza humana, matando á los hombres y adop- 
tando á las mujeres y criaturas para aumentar su número... 
los Guatos eran mas inaccesibles que las bestias feroces». 

Ahora bien, unos penitentes que querían redimir sus cul- 
pas siendo al misino tiempo útiles á su patria, á la que no 
habían dejado en buen lugar por meterse con Borbon, 
Oranje, otros franceses y las bandas alemanas, en el sa- 
co de Boma: y buen número de hombres que abando- 
naban sus lares, por lo difícil que era en ellos adquirir 
la tierra que labraban con el sudor de su frente, y lo 
exorbitante de las contribuciones que en ellos pagaban 
y se hacían misioneros del pan y de la carne, sabiendo 
positivamente que en los países que iban á colonizar no 
había plata ni ningún otro metal precioso, trajeron á lo» 
guaicurús la agricultura, la ganadería y la familia, á 
mas de leyes y cultura que cuanto mejorías conocemos 



tanto mas nos asombran y Waásbburn no encuentra bas- 
tantes palabras ni en inglés ni en castellano para calum- 
niarlos y hace creer que los españoles fueron sajones, y 
que España no ha tenido en el siglo XIX seis congresos 
constituyentes. 

No se fija en lo que había, en los obstáculos que hubo 
que vencer, en que ningún otro pueblo sería capaz de 
soñar en poderdar tanto, en los gobernadores y obispos 
criollos, en que el gobierno Norte Americano paga anual- 
mente 25,000 dollars á los jesuítas, porque estos civilizan 
á los indios de las montañas Rocosas, hoy y desde hace 
cincuenta años, siguiendo el mismo plan que hace tres 
centurias en el Paraguay, aunque sin contar con las im- 
prentas, observatorio astronómico y criollos jesuítas que 
en este tuvieron: el autor con pocos datos, sin criterio 
alguno, y con sectario espíritu juzga siempre al Para- 
guay por lo que este pais era después de sesenta año* 
de despotismo é incomunicación y cuando sus cenizas 
estaban á punto de ser aventadas, en los dia* en que es- 
cribía de la Peña «Yo me plegué á la alianza creyendo 
que esta no iba ai Paraguay sino únicamente á matar 
las chinches (la tiranía) del catre, pero ya creo que su 
verdadero objeto es agarrarse el catre después de matar 
las chinches.» 

Wuashburn, cuyas ideas se han popularizado, era uno 
de los que algo debian esperar de la repartición del ca- 
tre; y por su causa ó por su imprudencia la chinche chu- 
pó mucha sangre y entre ella la de su propio hermano 
y casi la de la que lo habia llevado en sus entrañas du- 
rante nueve meses; pues á la verdad, es muy dudoso que 
Wuashburn no haya utilizado su cargo diplomático pa- 
ra tramar conspiraciones ó servir de intermediario á 
ellas. 

M. Fernández Sánchez 
(Continuará) 



— 984 - 
DififouBSO del Dr. D. Tkodosio González rar el 2 o 

CONCIERTO EFECTUADO POR LA SOCIEDAD 

Señoras y Señores; 

Uno de los propósitos principales de la asociación «Ins- 
tituto Paraguayo >, es el desarrollo de la cultura estética 
en nuestro país* 

El brevísimo tiempo de vida que lleva, no le ba permi- 
tido hasta ahora cultivar todos los ramos de las bellas ar- 
tes; no obstante en uno de ellos, en la música, ha hecho 
progresos tan rápidos que sorprenden realmente. 

Como un homenage al estudio, con que el «Insti- 
tuto Paraguayo» ha iniciado sus trabajos en pro de la cul- 
tura artística nacional, voy á permitirme expresar en 
dos palabras la importancia y utilidad del divino arte de 
Rossini. 

La música nació con el hombre. Ella meció la cuna de 
nuestro primer padre; Adán vino al mundo en medio del 
concierto admirable de la naturaleza dotado del medio 
musical mas perfecto que hasta ahora se conoce: la voz 
humana 

^i Algún tiempo después uno de sus hijos inventó el arpa, 
iniciándose desde ese momento la producción artificial de 
la armonía y la melodía: el arte musical. 

Desde entonces la música siguió paso á paso al hombre 
en su desarrollo moral é intelectual. No haré, señores, his- 
toria qué no podría caber dentro de este modesto discurso; 
solo recordaré que desde las plañideras melopeas de los 
pastores caldeos, hasta las grandes composiciones sinfó- 
nicas de este fin de fciglo, la música ha venido tomando de- 
sarrollo é importancia cada vez mayores, hasta ser hoy su 
enseñanza obligatoria en los colegios y constituir un ele- 
mento esencial de la educación moderna. 

T no se diga, señores, que esta cualidad es propia y co- 
mún de todas las demás bellas artes. No; mientras la escul- 
tura llegó á su apogeo con Fidias hace miles de años, 
mientras la poesía nunca pasó mas allá del Dante y de 
Milton y la pintura de Rafael y de Murillo, la música sigue 
aun paulatinamente los adelantos del pensamiento. De 
donde se colige que la música es el arte que más profun- 
das raices tiene en la naturaleza del hombre y más honda- 
mente se compenetra con sus sentimientos. 



— 286 — 

lia verdad es que la música á la par de las ciencias, ha 
alcanzado en este siglo un desarrollo asombroso. 

«La razón fundamental de este hecho, estriba fin duda 
alguna, dice Williams, en el mágico poder, que posee la 
música, de causar emociones estéticas de mayor intensi- 
dad, que otra cualquiera de las demás artes. Pero también 
ba contribuido á difundirla en el templo, en la escuela, en 
el hogar, en los centros obreros, en todas partes, la acción 
de los sociólogos y legisladores que penetrados de su 
profunda fuerza moral y social, la han propuesto hasta 
para remedio de muchos males humanos, con los que á 
primera vista no tiene relación alguna.» 

Entre las bellas artes la música es la que más bienes 
reporta á la humanidad. Ella suaviza la brutalidad de las 
pasiones, aplaca los impulsos de fiera salvage que á menu- 
do se apoderan del hombre; convida á la mansedumbre y 
á la bondad, exalta el patriotismo, despierta la ternura, en- 
gendra el entusiasmo, predispone al amor. La historia 
atestigua la verdad de estas afirmaciones. 

Los romanos, los fieros dominadores del mundo antiguo, 
que nacían y morían sobre las armas, considerando como 
vil cualquiera otra ocupación manual, se rindieron ante el 
poder irresistible de la música y la poesía. Muchos escla- 
vos escalaron los mas altos puestos públicos de Roma, en 
los últimos dias del Imperio, de simple músico, poeta ó can- 
eante. 

En la Edad Media, época terrible por las violencias y 
atentados de todo género que en ella se consumaron, en 
que las ciencias y las artes se refugiaron aterradas en los 
conventos y ermitas de los sacerdotes católicos, la música 
fué la única claridad que se vislumbró en el cielo de aque- 
lla larga y oscura noche de la Historia. 

La mas brutal reclusión, pesaba entonces sobre el bello 
sexo. Las jóvenes de los tiempos medievales vivían ence- 
rradas, en castillos lúgubres y sombríos, rodeados de al- 
menas, torres y puentes levadizos, y bajo la amenazadora 
mirada del señor feudal. 

En tan duro cautiverio, la música fué como el hada 
amorosa, que sembrando de flores el camino de la existen- 
cia, fué uniendo corazones, enjugando llantos y tegiendo 
cortinages para los lechos nupciales. Bastaba qute un 
amante, que por otros medios no hubiera podido conse 
guir la entrada en aquellas fortalezas, disfrazado de erran. 



te trovador, fuese á pedir con sentida canción hospitalidad 
al pié del impenetrable castillo para tener en él franca en 
trada y permanecer dentro el tiempo que quisiera, agasa- 
jado, y regalado por aquellos hombres de hierro. 



En los tiempos modernos, la influencia de la música so- 
bre el corazón humano no amenguó en lo más mínimo. 
En el año 1556. un pobre músico errante, el italiano Riz- 
zio % llegó á ser primer ministro de Escocia, y favorito de 
María Estuardo la reina más hermosa del siglo XVI. Si- 
multáneamente en los desiertos del Nuevo Mundo San 
Francisco Solano, sometió á la religión cristiana, sin más 
armas que su violin, á los indígenas del interior de la Be 
públic* Argentina, que no habían podido dominar los va- 
lerosos soldados españoles. 



En los tiempos contemporáneos la música es la fuente 
más fecunda, de más puros, variados é intensos goces es- 
téticos. 

En los teatros, la música unida á la palabra suaviza las 
asperezas del drama hablado, envolviéndolo con la gasa 
etérea de la melodía, sin perder por eso el sentimiento de 
lo real. 

En las óperas, en que juegan todas las pasiones huma- 
nas, el artista arrastra al espectador á compartí! los mo- 
vimientos de su ánimo; á participar de sus alegrías, á llo- 
rar cuando aquel llora, á condolerse de sus quebrantos, á 
conmoverse por la piedad y el terror. En el teatro la mú- 
sica nos enseña y nos deleita. 

Por medio de los conciertos sinfónicos, en que Bolamen- 
te toman parte los instrumentos musicales, el oyente sigue 
el raudal de sus armonías en pura é íntima contemplación, 
en una suerte de éxtasis, en que no llega á inmiscuirse, 
niuguna amargura, ningún dolor, ninguna catástrofe. 

La música sinfónica produce un goce estético más puro 
que la ópera ó música dramática. 

En privado, en el plácido sociego del hogar doméstico, 
la música tiene otra índole y juega otros roles mas reco- 
mendables aún que la simple satisfacción del gusto artís- 
tico. 

El hombre sometido á la dura lucha por la vida, en cho- 



- 287 - 

que continuo con las dificultades y asechanzas que le ro- 
dean, abrasado cada momento en el incendio de las pasio- 
nes humanas, busca al volver á su hogar, herido en la re- 
friega cuotidiana, un alivio á sus quebrantos. Y la música es 
el alma de esas íntimas fiestas familiares, en que el hombre 
reconforta su espíritu, ablanda sus sinsabores y recobra 
nuevos bríos, acariciado por la fresca y saludable brisa de 
la belleza artística. 

Como consuelo ó lenitivo en el infortunio, la música no 
tiene igual. Ella es el bálsamo mas suave y mas eficaz, 
para curar las heridas del alma; ¡cuántas desesperaciones, 
cuántas melancolías, cuántos suicidios ha evitado con sus 
dedos de rosa esta hija predilecta de los dioses del Olimpol 
El gran Belisario, condenado á causa de una pérfida ca- 
lumnia á perder la vista, solo pidió después del: suplicio, 
una esponja para lavar sus ojos enfermos y un laua para 
cantar su desgracia. 

El hombre que á consecuencia de un cruel desengaño, 
considera la vida como una pesada carga; el paralítico y 
el ciego privados de los placeres de la vida de relación por 
la falta del movimiento y de la luz; el infeliz prisionero su- 
mido justa ó injustamente en la soledad de una celda car- 
celaria encuentran en la música su pafio de lágrimas; es 
ella la confidente en cuyo seno vierteu sus quejas y sus do- 
lores; es ella la amiga fiel y constante, siempre pronta á 
consolarlos en sus horas más amargas. 

Entre los héroes de las leyendas populares del Rio de la 
Plata, nadie es mas simpático que el payador Santos Ve- 
ga. Perseguido tenazmente, por los autoridades vá erran- 
te de pago en pago, sin mas compañero que su querida gui- 
tarra. Sin ella hubiera sucumbido sin remedio al peso de 
su infortunio y no hubiera pasado al recuerdo de las ge- 
neraciones perpetuado en esos aires tristísimos, peculiares 
de los trovadores del Nuevo Mundo. 

La música no solamente sirve para curar los males del 
alma, sino hasta los del cuerpo. Los médicos alemanes la 
emplean como un auxiliar poderoso, para combatir el al- 
coholismo y algunas enfermedades del corazón y del ce- 
rebro. 

Sobre las masas populares la música ejerce un influjo 
soberano; el entusiasmo popular por la audición musical, 
suele ser tan vivo dice un escritor, que no nos basta la pa- 



— 288 — 

labra entusiasmo para significarlo, y lo sustituimos por las 
palabras furor, delirio, fanatismo. 

Habréis notado dice el mismo autor, que cuando pasa un 
batallón por las calles, lo que despierta el entusiasmo de 
las gentes, lo que arrastra á los chicuelos, al frente de los 
soldados á enarbolar un palillo á guisa de sable; lo que 
hace abrir las ventanas y poblarse los balcones de jóvenes, 
revivir la mirada de los viejos, no e» tanto el color vivo de 
los trajes, ni el flamear de la bandera, ni el brillo de las 
armas, ni la idea moral de que los que pasan son los de- 
fensores del honor nacional y de la patria, sino mas bien 
lo que tiene de rítmico y musical aquella masa humana 
que se mueve al son de tambores y clarines, al compás de 
la banda militar. 

La música exalta el ardor patriótico y guerrero con par* 
ticular intensidad. Al soplo ardiente de la marsellesa, los 
revolucionarias franceses del pasado siglo, simples ciuda- 
danos, sin orden ni disciplina, derrotaron á los mejores 
ejércitos de línea de la Europa; y en el corazón de los fran- 
ceses, ocupa lugar preferente el músico y poeta Leconte 
Lisie, al mismo Napoleón I o . 

En ocasión de nuestras fiestas cívicas habréis, seftores, no 
tado rodar mas de una lágrima involuntaria al oírse los gra- 
ves acentos del Himno Nacional; porque ese canto es la en- 
carnación del heroísmo paraguayo y nos recuerda raaqui- 
nalmente con la fuerza del patriotismo herido el sacrificio 
de nuestros mayores, que prefirieron hacerse pedazos á la 
sombra de la bandera nacional, antes que deshonrarla con 
actos de debilidad ó traición , 

Resumiendo diremos, con Alberdi que la música es una 
lengua universa], que dirigiéndose al corazón sin tocar el 
cerebro, produce efectos desconocidos en cualquier otro 
idioma. Aguza la senbilidad, y prepara el espíritu 
para recibir la simiente de las acciones nobles, de 
las ideas luminosas. La música se ha dicho es como la 
puerta de oro que nos abre el templo de lo ideal. Ella des- 
tierra del ánimo agriado por los sinsabores de la vida, la in 
diferencia hacia los demás, la cólera y la venganza; desar- 
ma el egoísmo, hace mejores á los buenos, enardece el 
patriotismo é inclina hacia las acciones generosas y abne- 
gadas. 

Por tales consideraciones, la obra del Instituto Paragua- 
yo, de haber iniciado en este pais estudios serios del arte 



— 289 — 

musical, tan bello 7 tan útil, es una obra patriótica y noble 
que merece la más decidida protección de la sociedad y del 

Gobierno. 

* 

Y vosotros queridos compañeros, que sacrificáis las po- 
cas horas de descanso que os dejan vuestros quehaceres, 
para dedicaros á la honrosa iarea de perfeccionaros é ilus- 
trar el nombre paraguayo en el camyo de la estética, no 
desmayéis en vuestra empresa. Nuestra amada patria no 
tiene todavía consagrado un templo para el estudio, de las 
bellas artes, como lo tienen todos los demás países euro- 
peos y americanos. Toca á vosotros llenar tan sentida fal- 
ta. Del Instituto Paraguayo, saldrán los fundadores y sos- 
tenedores del Conservatorio Nacional de Bellas Artes. 

Siendo este el único discurso de esta velada voy á con- 
cluir señores, dando las gracias en nombre del Instituto Pa- 
raguayo á las hermosas é inteligentes niñas que toman par- 
te en esta velada; á los muy competentes profesores que nos 
prestan su valioso contigente; al digno y laborioso Director 
de la Sección musical del Instituto y al distinguido público 
que nos honra con su presencia. 

Asunción, Enero 16 de 1897. 



Sueltos 

lia Revista 

Publicados los seis primeros números que constiturán 
el primer temo de esta Revista (Véase en la carátula, art. 
39 del Reglamento), los números sucesivos aparecerán im- 
presos en un cuerpo más nítido y que permitirá insertar 
en el mismo espacio mayor número de materiales. 

La Revista hará esta mejora en obsequio al favor que 
le dispensan sus suscritores, así como á la inserción de los 
numerosos materiales con que cuenta. 

De este modo ofrecerá también más variedad á sus lec- 
tores. 

En este número, por falta absoluta de espacio, no apare- 
ce la continuación del trabajo del Dr. D. Venancio Y. Ló- 
pez, que irá en el siguiente. 



— 290 — 



Movimiento de Caja 

Publicamos á continuación la copia del estado mensual 
de Tesorería, aprobado por la Comisión Directiva, cuyo 
duplicado fué remitido á la Contaduría Oeneral de la Na- 
ción (Ley de subvención del 23 de Mayo de 1896). 

Balance de Caja del 'Instituto Paraguayo» correspondiente al me» de 
Diciembre del896. 

INGRESOS 



Saldo en efectivo del Balanoe anterior 
Adelanto del «Banoo Milleres y O» ¿ cuenta de la «sub- 
vención e/n*. 10.230 
Susorieiones a la Revista, cobradas en el mes 
Ouotas cobradas en el mes 



, EGRESOS 

Ordenes pagadas, del mes anterior: 
N*. 114 

• 115 
« 116 

Id. id. del mes: 
N». 122 

• 128 
« 126 

• 127 
« 129 
« 180 

t Saldo en efectivo 

Suma 
Asunción, Diciembre 81 de 1896. 

Leopoldo R. Elmecke 
Tesorero 
(Obra al pié de este balanoe la providencia de estilo). 
Detall* de loe ordene» expedida» durante el me» [Núm. 122 d ISO). 

Planilla 
Del mes, núm. 17 

Ga»toe vario» 
Teléfono 

Impuesto municipal 
Comisión de oobransa de ouotas 
Id. id. de 8U8cricionee a la Revista núm. 2 y 8 
Sellos postales para id. 
Impresión del núm. 2 id. 
Orquesta 
Gastos generales 

Utile», Uc- 
Útiles adquiridos 
Susorioienes á periódicos para colecciones 

Suma 
Asunción, Diciembre 81 de 1896. 



Ordene» d pagar. 
Ordenes expedidas en el mes 
Pagadas según detalle del Balanoe 

A, 
Núm. 124 

• 126 

• 128 



• 268:91 





1.218:37 
890:00 
400:00 




g 1172:81 


1 1.218:87 
89:00 
45:00 


1 1.30*37 


* 260:00 

126:00 

62:50 

48:00 

19:08 

256:00 


• 760:58 




20936 




8 2-272:31 



• 455:80 



8 12:00 
1:00 
48:00 
70;10 
19:06 
506.00 
10:00 
49:45 


715:63 


8 168:60 
4:00 


167:50 




8 1.38fc98 


Juan t. Pire» 
Secretario 






f 1.338:93 
760:58 


8 62:45 

455:80 

70:10 


8 578015 



— 891 — 



Ordenes á pifar del período anterior 

Núm. 94 | 

Id. id. del mee anterior: 

Núra. 110 (Noviembre 1896) 

Soma 
Asunción, Diciembre 81 de 1896 

Leopoldo R. Elizteké 
Tesorero 


;S 878:85 

ttftOO 
S 725:3fi 


¿Qué as ía vida? 




Para una niñi: — Luz matinal 

que en el suelo 
es la rival 

de los cielos. 

* 




Para una joven — Mariposa 

tentadora; 




si la sosa, 
la desdora. 




Pora wna solterona— Punzante espina 

que asesina 
¡Cnanto más la hiere, 
más la quiere! 




Para una anciana— Es la flor 

marchitada 
por la helada 
del dolor!! 
Asunción, Enero de 1897. 

Nkmo 


- 



& los Rocíos y alumnos 

( AVISOS NUEVOS ) 

Or<m**ta y E*tudianHiia—&* trisa é loe señoree miembros componcntec de la Orquesta 
y da la Estudiantina, que sus mmtoi deberán continuar desde «1 mee de Mano próximo. 

Cla*r» de Mn*ieft- 8e avisa igualmente á loe Estudiantes de Música que no se hayan pre- 
sentado á loe exámenes efeetoados «ate mes, que podrán hacerlo «1 5 de Marao próximo No 
podrán matrieolarae en al carao siguiente los que no hayan sido aprobados en el precedente. 
Terminados los exámenes complementarios, se reanudarán^todas las lecciones da asta Sección. 

CUum para prineipianie*--Th»d» la misma fecha ae comenzará asi mismo un nnero corso 
para prmorptintes. 



— 292 — 

Cíate* de Idioma*— &• avisa á los matrienledóe é las siseos da Idiomas ffraaaás 4 
que dsberoa contiaaar desde si 15 de Febrero. Se admita* prineipiantss para «as y otra. 

Cíate* de Contabilidad, Taquigrafía y tlt Tflegnt/ia—O—d» misma fseka (Mano) fes da- 
rán Igaslmsats en si Centro elssss de Gontsbtlidsd y ds Taqaigrstis j ss reanudarás las ám 
Telegrafié. 

t iones de E*grima y Gimnatia — Continúan ana los obras ds instslasión ds esta A s eri ó». 
Ka esso ds tsrminsrss para la misma fseaa, ss anuaeiará son aatSsipsdóa saadsnle la a ps rt ai 
rs ds la matricula. 

NOTA: — Loe que deeeen concurrir & cualquiera de las clases 
antedichas, deberán presentar sus solicitudes en Secretaría, durante 
todo el mee de Febrero de acuerdo con el Reglamento vigente, jus- 
tificando con los recibos de sus cuotas no deber más de tres 
ees; sin este requisito, no se extenderá ninguna matrícula. 

ÉL horario de las diversas clases se formulará en oportunidad. 

Asunción, Enero 31 de 1897 
Si Secretario. 



CANGE 

Publicaciones nacionales leo orden de antigüedad) 

Capital /seiba de aparición 

I o — La Democracia— Diario de la tarde 1* de Majo de 1881 

2*— Diario Oficial— (antes Boletín oficial de la nación) 9 de Octubre de 1889 

8*— La Religión— Publicación católica mensual en 6 pág*. 19 « « 

4*— RetrtAta de la Universidad iVaeisiMi/— Publicación men- 
sual en' 100 paginas , Setiembre de 1898 
f—El Pueblo— Diario de la tarde- (Órgano del partido 

liberal 15 de Febrero de 1894 

&•— La Opinión— Id. id. 7 « Diciembre « 

"•-imito Mensual— Publicación oficial dé la oficina de in- 
formaciones y oangee en 82 paginas 15 de Mario de 189 
F. del Pilar 
8*— ¿7/ Popular— Semanario 21 « « « 

Capital 
9*— La Verdad— Revista masónica quincenal en 16 pags. 1* de Agosto « 

10— 2W Cívica— Diario de la tarde (órgano de los intereses 

generales) 1° « Setiembre • 

U—El Deber— Boletín quincenal, en 8 paginas (órgano del 
Supremo Consejo y Oran Oriente del Para- 
guay) . 1* • Octubre . « 
(El número de páginas de las publicacioees antecedentes, es de 4 a 
excepción de las que tienen designado otro número). 
Instituciones t centros rxtranjrros 
Bueno» Aire*— Revista del Instituto Geográfloo argentino. 
La Plata— Revista del Museo de La Plata. 
Rio Janeiro— Revista del Instituto Histórico y Geográfico del Brasil 

« de la Sociedad de Geografía de Rio Janeiro- 
Santiago de Chile— Biblioteca Nacional 

« del Congreso Legislativo. 
« del Instituto Nacional. 
(Esta parte se encuentra en formación). 
—Se lian remitido igualmente á esta administración, on cange, las siguientes publica- 
ciones: Revista de Córdoba, Don Quijote, Corrientes y la Enseñanza Argentina (R. A-J; 
el Boletín de Enseñanza Primaria y publicaciones del Museo y Biblioteca Pedagógicos 
de Montevideo (R. O.) 

—Re anunciarán permanentemente en esta Seoción las publicaciones nacionales de 
carácter periódico, que se reciban en cange, así como las más importantes de cada país* 
Se hará mención igualmente del cango de las demás. 

—La Remeta se ocupará asi mismo de la* obras nuevas que se remitan para la Bi- 
blioteca de la Sociedad. 



INSTITUTO PARACÜAYO 

SVB-COHISIÓST 



DB LA 

SECCIÓN LITBBABZA 
(KX KL PERIODO A CITA I.) 

Prex\dent< — Sr. Dr. Don Teodosio González 
Secretario— • Don José del P Díaz 
Miembro - • • Enrique S. Lópeí 

c « Fulgencio R. Moreno 

a « « Teófilo R Saldívar. 

ADMINISTRACIÓN I>K T.A REVISTA 

Calle Florida antes «Rivera» '. esquina AlberdL Telefono núm. 23. 
Casilla de Correo núm 238. 

A'lmini*trai¡nr—Sr. Don José del |>. Días. 
liara*— L* administración estará abierta para el público todos los días hábiles de 3 á 5 p. m, 

Dl"po<i¡c¡onen del Hf.'jl ame uto relativas á la 

BIBLIOTECA I»K LA SOCIKPAD 

Art. 31 La Sub Comisión se encargará de la oreacíón de una Biblioteca del Instituto, pu- 
diendo aceptar donaciones y hacer compras de obras, á medida que le permitan los recursos 
que la Comisión directiva de la Sociedad le destinare 

Art. 32 Tao pronto como la Biblioteca rúente con suficientes obras, se abrirá asi mismo un 
abono que tendrá por objeto facilitar su lectura en el local de la Biblioteca á las personas ex- 
trañas á la Sociedad, mediante el pago de 8 1.^0 mensual, adelantado 

Arl 3> Los abonos se justificarán por medio de boletos de contraseña, intrasteribles, nume- 
rados y rubricados por el Bibliotecario, los que serán renovados mensualmente 

Art. 36 - La renta que produzcan los abono* de lectura, se destinará exclusivamente á cubrir 
los gastos que demande el cuidado y lómenlo de la Biblioteca 

'V Ht.trcario p'Ori*n *>>— Sr. Don Vicente Bruneti 
Hora* La sala de lectura se abre permanentemente y la Biblioteca de 1 á 3 y de 8 á 10 p. 
m en 1o« días hábiles, y en los feriados de 8 á 10 a m. y de 3 á 5 p. m 

liiMi osivione* del mi mu*» reltitican d la 

«►■.VISTA 

Art 3' — El órgano del Instituto Paraguayo so hará en forma de folleto en 8«, de 40 á 100 
página», encuadernado á la rústica, y será impreso de manera que cada seis meses pueda for- 
marse de él un tomo especial con su indico correspond eme 

Art 40 La publicación á que se refieren los dos artículos anteriores, será exclusivamente 
histórica, literaria y eicnáfica, debiendo contener ron preferencia los siguientes materiales' 
a documentos históricos nacioral s. 
h) piezas literaria* referentes al Paraguay. 

c) toda publicación científica que tienda al esclarecimiento geográfico de nuestra roña limí- 
trofe con otros países 

d dalos estadística de importancia para el país en el exterior. 
(e un cuadro quincenal de observaciones meteorológicas. 

f las producciones literarias, históricas y científicas que le sean remitidas para su publica* 
ción y sean aceptables á juicio de la Sub-Comisión Literaria, en la (orma que dispone el art. 42. 
<g una revista bibliográfica de actualidad. 

(h los discursos y producciones literarias, leídos en los certámenes ó conferencias que olres* 
ca la Sociedad. 

i> todas las publicaciones que se refieran á dar á conocer el estado de la Sociedad. 
Arl. 48 — El producido de las suscriciones de esta publicación, se destinará al fomento de la 
misma y el sobrante para la Biblioteca. 



OonñicionKs 3b la suscnición 



Se cobra á la entrega de cada número, en la forma s'guiente: 

EN LA REPÚBLICA 

Por un numero, hasta 60 páginas 8 2:0 m/n 

• « • , desde «J « • 2:50 « 

■ • , atrasado , recargo « 0:50 

EN LA R. ARGENTINA 

El papel moneda argentino S 1.'20, 8 1:50 y 8 0:80 respectivamente 

EN LOS DEMÁS PAÍSES 

En oro sellado S 0:50, 8 0:60 y S 0:20 respectivamente 



agente s 



EN LA REPÚBLICA 

Villa Ri<a — J Timoteo Vico (Rufnnelli &) 

Villa Concepción —Ángel Pirelli 

Villa del Pifar —Miguel Trinidad 
Villa Encarnación— J. Guillermo Rojas 

Paraguarl —Pedro Fernandez 

Jtauguá — Francisco Latourrote 

Luque —Manuel Nacmiento. 

San Ettanúlao - Luis F. Moiinas 



FN EL EXTERIOR 



Buenos Airen— Librería de Jacobo Pcuser 
Montevideo -Librería A. Bareiro y Ramos. 



Los pedidos de suscrícion pueden dirigirse directamente á la Administración ó á los 
Agentes, así como los reclamos por deficiencias del servicio.— Las personas que hubiesen 
tomado compromisos de suscric.ón y no reciban esta Revista, se servirán avisarlo del 
mis no modo. 

—Se encarece á los señores Agentes la devolución de los ejemplares del primer nú- 
mero que tengan sin colocación. 



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REVISTA 



DEL 



PUBLICACIÓN MENSUAL 

tZUDZlO DX2 1897. 



SUMARIO 



I 
II 



III 
IV 
V 
VI 
VII 
VIII 



Cartas Polémicas sobre la Guerra del Paraguay 
Dr. M. Fernández SánrJiez — Notas acerca de los go- 
bernadores, le emancipación y los gobernan- 
tes del Paraguay (Continuación) 

■ Aniversario de la victoria de Tacuari. (Trascrip- 

ción de El Semanario) 
Dr. Venancio V. López — Prácticas añejas en las es- 
crituras (Continuación) 

■ Juan F. Pérez — Discurso en la fiesta do apertura 

de los cursos 
• Ignacio A. Pane — ¡Adelante^! — Composición leida 
en la misma fiesta 

- Sueltos (Catálogos, movimiento de socios y movi- 
miento de Caja) 

- Nemesio — La vida en prosa (A Nemo) 

Can^e 



Paos. 

293 

312 

388 

354 

357 

359 

861 
368 

364 




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COLABORADORES 



(Se publicará la nómina del cuerpo de Colaboradores 
tan pronto como esté definitivamente formado) 

* • 

— Los señores colaboradores tienen derecho á nn ejem- 
plar gratis de cada número de esta Revista, siempre que lo 
soliciten á la administración. 

Se pide á los sefiores Colaboradores que cuando deban 
enviar materiales, lo hagan antes del 15 de cada mes. 

• * 

— Laa producciones que se remitan para la Jítvúta, deberán fer diVgidas á la F vh 
Comisión de la Sección Literaria de la Sociedad, á cuyo cargo fe halla esta i ublicac-U'n 
Ño se devuelven los materiales recibidos. La rctionenbilidad de los publicados incum 
be á bus autores. 





aguayo 



ANO I 



Asunción, Febrero de 1897 






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* . > \ 



N° 5 



CAR TAS POLÉMICAS 



SOBRE LA 



GUERRA DEL PARAGUAY 

(De "La Tribuna" de B. Aires en 1869, edición agotada) (*) 



Al General D. Bartolomé Mitre 

I 

Empnflindo Vd. el lápiz del Mosquito ha creído abrir- 
me una herida profunda en la opinión, con la cari- 
catura de mi fisonomía política, que me hicieron an- 
tes sus enemigos y los míos con mas original i Jad y 
travesura. 

Mi razón no pierde su alta ó humilde serenidad por 
esas bromas, y solo les exige la gracia, el buen gusto, el 
aticismo, que amenizan la árida esterilidad de las luchas 
de la inteligencia en los campos ó en los circos de la 
política, cuando se pone uno al servicio de los intereses 
del pueblo, ó cuando se busca el aplauso de los espec- 
tadoras y de los ociosos. 

Vd. buscó él debate, y ha querido convertirlo en pu- 
gilato, para entretener á su público. 

Recuerde Vd. que se dirigió Vd. á mí con una carta 
en que me imputaba rebajar con injusticia y ofenta el 
h» mismo de los aliados, que yo honraba con la Guar- 
dia Nacional de Buenos Aires, porque salvé mi opinión 
sobre el acto político de la alianza, al aceptar el llama- 
miento de la prensa, para concurrir al homenaje que 



(*) Colección de Don Enrique S, López. 



- 294 — 

preparaban á los que habían contribuido con sus sacri- 
ficios á darle el triunfo. 

Su imputación carecía de razón y de cama. Vd. sa- 
bía mis viejas opiniones sobre la alianza brasilera que 
datan df sde Chile, en donde ellas me hicieron sospecho- 
so á mis amigos políticos. 

Comprendía Vd , que por consecuencia conmigo mis- 
mo debía salvarlas ahora para que no me inculpasen 
mañana de haberlas renegado. Yo no Uabía amenguado 
con una palabra á los soldados ni á lospueblop, y les re- 
conocía el mérito de haber combatido un tirano. 

Pero Vd. «quería aprovechar esta oportunidad para fijar 
fia opinión respecto oe la alianza y de sus consecuencia*, 
«o< mo t.09 lo ha revelado después, ya que for tanto tiem- 
•po había guirdado silencio, queiía reducir á polvo todas 
tías mentiras de conveniencia y todas las cobardías ves- 
«tulas con el ioj aje del republicanismo, que la indiíeren- 
<cia de unos y la debilidad de otros habían dejado acre- 
editar como moneda de buena ley.> 

Mi carta no era, pues, para Vd. mas que una oportuni- 
dad, que estaba Vd en su derecho y hacía Vd* muy bien 
en aprovechar, para justificar ó glorificar su política. 

Ftro el aprovechar la oportunidad no lo excusaba de 
atribuirme ii justicias é insultos que yo no había hecho, 
p^ra tomarme por punto de partida y p r blanco de sus- 
catilinarias. 

ConteMé á Vd. en la Tribuna del 12 de Diciembre, mos- 
trándole lo inexacto de las imputaciones que Vd. me ha- 
da, y formulándole los cargos que resultaban contra Ja 
alianza, smi tocar su personalidad militar ni política. 

Vd. prescinde de esos cargos á la alianza, me inventa 
contradicciones y retractaciones y aplica al debate la 
tea de la pasión personal, esforzándose en hacerme 
ampolla con el apostrofe de «apóstol de la frase, que 
no se lanza en medio de la corriente de su época, que no 
participa de la labor y de los errores de sus contemporá- 
neos, que está fuera de la acción, sin polvo sobre sus alus, 
ni sudor en su rostro etc. etc. 

El tiro era por la espalda, y el general Mitre ha senido 
en ni corazó.i la necesidad de motivarlo, haciéndolo partir 
de ii ua frase de Lu s XV, caída en la improvisación, que no 
tenia ni podía tener alcance al patriotismo del general 
Mitre. 



— 295 — 

Pensé que el general Mitre quería apasionar la discusión 
para darle ir. teres, y traer á la arena las personas, para 
dar relieve á la suya, pues tirar á mi persona, en el ostra- 
cismo político, sia posición ni aspiración pasibles en la 
Confederación Argén ii a, con la altura política desde la 
cual podía apuntar y abatir con tanta certeza el caudillo 
de Buenos Aires, hubiera sido una ruindad inesplicable* en 
los sentimientos que he creído ver siempre en mi antiguo 
condiscípulo. 

Le hice el gusto, traje á la discusión su personalidad 
política, pasando de carrera por encima de la mia, y los 
que nos han leido juzgarán, si estimando su po'ítica en 
poco, he dejado de tributar el merecido honor á sus ser- 
vicios, á sus talentos y á sus cualidades. 

Vd. se retira hoy de la discusión que Vd. promovió, 
haciendo la parodia de mis ideas políticas, como había 
hecho la caricatura de mi individualidad, y cruzando los 
brazos, é invitándome galantemente como el ejército tran- 
cé' al inglés en Azincourt á tirarle. £1 ejército ing'é* 
muy débil en fuerza ultimó al francés en Azincourt, si no 
me engañan mis recuerdos de las lecturas de treinta años 
atrá?, y tengo la modestia de no aceptar la invitación ca- 
balleresca del General Mitre para dejarse ultimar: desa- 
1« j > el campo, y dejo al león la arena, libre de los in- 
sectos que lo molestaban é impedían reconcentrarse en 
la profunda ebullición de los afanes que trabajan su espí- 
ritu. 

II. 

Permítame, sin embargo, al retirarme dispnrar la flecha 
del Parto, en defensa de las ideas políticas que llevo en 
mi bagaje. 

Por mas que haya Vd. abusado de los colores de su pa- 
leta, Vd. sabe que no soy un querubín, que se ha cerni- 
do en los espacios sobre los dolores cotí temporáneos, ni 
el sibarita que en las calamidades públicas ha soltado la 
vela en la barca coronada de flores en busca de los jar- 
dines y las fiestas. Si la presencia de un caudillo, de quien 
era enemigo político, me escluyó de la defensa de Mon- 
tí video, error de joven, *i Vd. quiere, que volveiía á co- 
meter viejo, y cometió Vd. también, abandonándola, y 
reuniéndose conmigo en Chile, Vd. me ha visto metido 



— 296 — 

en el barro de los sucesos contemporáneos, del otro l&do 
de los Andes, en la revolución de Setiembre, en la de Ju- 
lio en el Estado Oriental, en la lucha de Buenos Aires 
ha«ta 1857, en seguida en la otra orilla contra Pereiray 
Oribe, y aqui hasta que sancionados los pactos de Jíovi^m- 
tre, y reducida la cuestión á los límites de cuestión argen- 
tina, de organización interna, no tenia en ella rol ni cabi- 
da. Yo no era argentino, ni soldado argentino, y he esta- 
do en sus mas rudos sucesos corriendo la buena ó mala 
suerte de mis compañeros, como simple voluntario ó afi- 
c onado, nunca me he retirado del puesto qne he tomado 
ó tenido en las luchas, sino al otro di a del triunfo de mis 
a nigos ó de la paz ajnslada por ellos. En dos ocasiones, 
mi conducta ha merecido su elogio. El dia que llegué des- 
terrado de Montevideo nos encontramos en casa de nues- 
tro amigo Elizalde, y aprobó Vd. que no hubiese entrado 
en la falsa v ia de los motines y de la revuelta, que con- 
denó Vd. con severos calificativos. En un banquete al ge- 
neral Rivas me hizo Vd. el honor de creer que la bravu- 
ra de los soldados orientales tal vez recibía el impulso vi- 
goroso de su publicista. 

Y es Vd. el mismo que me condena hoy por no haberme 
metido en el barro de las revueltas orientales, ya que no 
tuve en mi país, como Vd. en el suyo, la felicidad de en* 
c<m ti arme siempre en situaciones regulares con los go- 
biernos popularas establecidos, representantes de reiisid«a* 
y de esperanzas en cuyo sostén sacrificarme. Y es Vd. 
el mismo que hoy me acusa de haber desalentado á 
mis compañeros en el trabajo, en vez de confortarlos 
en las fatigas y en las caidas, como el médico al heri 
do, bajo la metralla del enemigo! 

Ya se vé, Vd. atrojd á la basura sus proclamas, sus 
discursos, y sus opiniones de un dia para el otro. 

Tengo una idea política fundamental, un programa 
indeclinable, una religión, el derecho. 

Puedo acatar como un hecho la ley imperante. Vd. 
sabe que la ley no es el derecho. Pero trabajo Insta 
donde me alcanzan mis escasas fuerzas por que el de- 
reclio se convierta en ley, en hxho. 

Para Vd. el derecho' es el hecho que tiene el acata- 
miento de los que se le someten. 

Esta es la diferencia esencial, capital de nuestra reli- 
gión política. 



— 297 - 

Para Vd. el acuerdo de San Nicolá*, ó la consüt"- 
ción que de él nació, no era el derecho para Buenos 
Aires, por que Buenos Aires no la acataba 

l\ro vino el caudillaje con las chuzas de Cepeda & 
la* puertas de la ciudad, puso su trabuco al \ eolio del 
pueblo, le hizo firmar el pacto de Noviembe, para so- 
meterse á la Constitución del Acuerdo de Sin Nicolás, 
mediante las alteraciones que quisiese, programa que 
había sido rechazado por Buenos Aires, en las proposi- 
c ; ones traídas por el señor Jancey, y Vd. con su doctri- 
na del hecho imperante declara que el pacto de Noviem- 
bre, coacción de la fueiza del caudillaje á la Sobera- 
nía popular, es el drrecho por que hasta t-hora está acá 
tado el acto de fuerza. 

¿Cuánto dura la prescripción? Hasta cuánto tiempo 
hay acción popular para decir de nulidad de la vi< len- 
cia? 

Original pretensión del apóstol de la frase contra el genio 
delajcritma, querer que las constituciones y los gobier- 
nos de los pueblos libi es tengan por piedra fundamental 
del edificio esa antigualla del derecho, que no dá á los 
I ueblos los g'oriof os Césares, los magníficos Bonaparle?, 
y los espectables Urquizas, sino que los modela por el co- 
lazón de humildes impresores ó pobres hñ^teros que re 
apellidan <>n la historia de la moral de la humanidad el 
modesto Frnckiin, el honrado Lincoln! 

Paso de largo por todo lo demás que contiene su caita 
de hoy. Lo dejo solo, le deseo la buena fortuna que ua 
piotegido siempre sus pasos, y tanto número de sit.cer«»s 
amigos, como ha tenido Vd. de cortesanos en el encumbra- 
miento de su destino. 

Concluiré con una observación que he oido á V., y con 
la cual me encontró Vd. de acuerdo. 

Frack'in es más grande que Washington ('o dijo Vd.) 
por que ha encarnado más cantidad de sentimientos mo- 
rales^ de ideas juntas, por que ha ingertado más poición 
de su corazón honrado y bueno en el alma del pueblo 
americano, que debe á esos sentimientos y á esas ideas 
su verdadera grandeza. 

Como Filipo de Macedonia hágase repetir por su criado, 
todas las mañanas al despertarlo, esa obsevación que hoi»- 
ra tanto á su corazón como á su inteligencia. 

Juan Carlos Gómez 



- 293 — 
El 7 ds Djcibmbrv. 
Señor Dccfor Dm Mariano Vareta. 

En la discusión c< n el general Mitre, refiriéndose »l 
7 de Diciembre de 1852. yo escribí estas palabras: tSo- 
brevíei e la reacción, y Vd., Ministro de Estado, docl; - 
ra que la defensa es imposible, que no hay n ás que 
entrega* se y pasar bajo las horcas caudinas de la mas- 
horca. 

El pueblo se pone de pié contra su opinión, j a pe- 
sar de su desfallecimiento, 6e conquista la gloria de la 
defensa de Buenos Aires > 

El general Mitre me contentó: 

Permítame decirle á Yd. que sus apuntes históricos 
e tan errados, como *u cronología de la guerra del Pa- 
raguay. 

Apelo al testimonio de mis amigos y de mis enemi- 
gos de hoy y de entonces, para declarar si es cierto, ó 
no, lo que voy á decir. 

tBI ductor don Valentín Alsina resignó el Gobierno 
retrocediendo ante U guerra civil, no queriendo que to- 
mase el mando de una columna, para ir á sofocar la 
revolución en la misma Villa de Mercedes, como yo se lo 
proponía » 

«El gobierno que sucedía al doctor Alsinaabria nego- 
ciaciones con el enemigo al parecer triunfante; y banda* 
de caballería, con la divisa colorada, cruzaban las ca- 
1 es de la ciudad de Buenos Airea. 

cAI entregar el gobierno el doctor Alsina al general 
Pinto, su sucesor, me piopone continuar el Ministerio. 
Yo le contesté que tenía mi caballo ensillado á la puer- 
ta de la casa de Gobierno para ir á cumplir un deber 
más s-tgrado. 

cA caballo una vez, y con los pies bien afirmados so- 
bre los estribos, me quité en media calle el frac negro 
de Ministro y me puse la casaca militar que me tr«j i 
un sobrino de Rosas que quiso ser mi ayudante. Otro 
sobrino de Rosas me alcanzaba mi espada y mis pisto- 
las. Al pasar al galope por la barbería del barbero de 
Rosas, frente al Colegio, fȒ sa'udado por la carca ja la 
de los que ya se creían vencedores Al llegar á la plan 
el comandante Conesa (entonces) me dice: «Coronel, mi 



— 299 - 

batallón se ha sublevado, y mi cuartel io han tomado», 
c Vamos á retomarlo, fué mi contestación». Proclamé en 
seguida á veinte Guardias Nacionales que estaban en la 
esquina del Coliseo, boy teatro de Colón. Los hijos de 
Florencio Várela, inspirados por el valor cívico de su 
ilustre padre, contestaron mi proclama golpeando al 
tambor con brazo varonil. Noventa corazones valeros- s 
de nóvenla Guardias Nacionales latían á campas del to- 
que de alarma, y me siguen por la calle de 25 de Ma- 
yo en medio de una procesión de mujeres que salian á 
las puertas con lágrimas en los ojo* para darnos la 
i'iliima despedida. Llegamos al Retiro: son rechazadas 
las bandas de caballería que lo ocupaban, se reconquistan 
los cuarteles y los batallones perdí Jos, nuestros fusilazos 
dispersan la reunión que rsUba tratando de Paz, en 
nuestro mismo parque de artillería: establezco el primer 
cantón de la defensa, trazó la primera trinchera, coloco 
la primera escucha, organizó con Villa la primera gue- 
rrilla de cabal leí ía del sitio, y á la tarde de ese mismo 
día hombres, mujeres y niños pueden venir á pasear en 
la Plaza del Retiro bajo la protección de la intrépida 
Guardia Nacional de bueuos Aise?, que se habia recon- 
centrado bajo mis órdeies. 

«Desde ese momento quedó organizada la defensa de 
Buenos Aires, salvándose una vez más el recinto sagra- 
do de la ciudad que encerraba la última esperanza de 
la libertad argentina.» 

Como jo estaba en esos momentes, en mi puesto en 
Montevideo, á donde paeé después de dejar triunfante á 
la revolución de Setiembre, no fui testigo de los suce- 
sos, y solo los conozco por las publicaciones de la ép - 
ca y las referencias de los amigos. 

Es Vd. uno de los que fueron actores, y uno de lo? que 
me lo ha referido. 

Tenga la bondad de trasmitirme la verdad de los he- 
chos, jorque en su carta <*e hoy, el general Mitre me 
rt procha no haberle dado la reparación de rectificar mi 
equivocada esposición y no quiero que pese pobre mí 
jamás el cargo de haber desconocido los mérit »s de un 
hombre público. 

Ruego á Vd. mande á la prensa esta carta y su con* 



— :íoo — 

testación, para satisfacer de mi sinceiidad al General 
Mitre, 

B. S. M. 

Joan Carlos Gómez 

Diciembre, 18 de 1869. 



Señor doctor don Juan Carlos Qómez. 
Estimado amigo: 

Recibo su carta en este momento, y me apresuro á 
contestarla. 

Encuentro en la narración que hace el general Mitre 
de los sucesos del 7 de Diciembre de 1852, verdades é 
inexactitudes. E9 verdad que él se encontraba en la pla- 
za de Mayo cuando se presentó el comandante Conesa 
en su caballo, á todo escape, anunciándonos la pérdi- 
da de su batallón; es también veidad que él y Cone3a 
se '.pusieron á la cabeza de unos cincuenta ó sesenta 
hombres que se hallaban reunidos en el cuartel situado 
en el lugar que ocupa hoy el Congreso y marcharon 
resueltos á salvar el batallón primero de línea, ó perecer 
en la contienda; es verdad que en todo nuestro tránsito 
hasta la plaza del Retiro encontramos el desaliento de 
las familias que salian sollozando á las puertas de ea- 
l'e, pronosticándonos la muerte; pero es inexacto que 
1 >s hijos de Florencio Várela tocaran generala á conse- 
cuencia de una proclama del general Mitre, ni que esa 
ger érala fuera ocasionada por la \enida del comandan- 
te ConcBa. 

La generala fué anterior á los hechos que narra el 
general Mitre, y si él se encontró en la pías a cuando 
llegó Conesa, fué, porque como todos los demás había oí- 
do el tambor, que contra la voluntad de los gefes reco- 
rría dos ó tres cuadras tocando generala con Sector Va 
reía al lado. 

Y el origen de la generala fué éste: 

El doctor Alsina había presentado su renuncia de Go- 
bernador á ¡a Asamblea, por que quería evitar una gue- 
rra ci\il, de de que los revolucionarios tomaban por 
pretexto para lanzarse á la revuelta su presencia en el 
Gobierno. 



— 301 — 

4 Él Coronel don Bartolomé Mitre, Ministro del doctor 
Alpina, se presentó á la Asamblea apoyando la renun- 
cia, declarando la conspirac ón de Lag>s vastísima, y di- 
ciendo que aun que fuera menos vasta el Gobierno habría re- 
nunciado del mismo modo casi por que estaba resuelto 
á no resistir. 

Simultáneamente con estas palabras desalentadoras, 
que no dejaban al pueblo ni la esperanza de la defen- 
sa, aparecían en hs calles montoneros vestidos de co- 
lorado y ostentando la divisa de Rosas en sus gorras 
de manga. 

Habia la voluntad, la firme voluntad de resistir; pe- 
ro el pueblo se encontraba abandonado. 

—Fué entonce?, que Héctor Várela hizo tocar gene- 
raba; fué entonces que cincuenta ó sesenta hombres acu- 
dieren al cuartel que he mencionado, y tomaron .allí las 
municiones y armas que se encontraran, y que -distribu- 
yó personalmente el mayor don Juan Andrés -del Cam- 
po, y fué cuando estos hombres estaban reunidos, que 
el comandante Conesa se presentó, emprendiéndosela mar- 
cha sin demora de ningún género, hacia el Retiro. 

El general Mitre se atribuye en su segunda carta la 
reunión de aquella pequeña fuerza, motivando la gene- 
rala en una proclama suya. Esto es inexacto» 

El mérito de esa reunión corresponde á todos los quo 
allí se encontraron simultáneamente con el general Mi- 
tre, y si para alguno lo hay especial, es para Héctor 
Várela, que de su cuenta y riesgo anunció, por medio 
del tambor, que habia un punto de reunión en la plaza 
de Mayo para los que se manifestaban decididos á no 
llevar la librea de esclavos que ostentaban ja en nues- 
tras calles los soldados de Lagos. 

En su carta de ayer se atribuye también el general 
Mitre, haber dado él la señal de. resistencia, y base á la 
defensa, salvando á Buenos Aires de una rendición ver- 
gonzosa. 

Niego que esa gloria, que esa gran gloria pertenezca 
al general Mitre. 

La señal de la resistencia y la base de la defensa 
pertenece al puñado de patriotas que se reunió espon- 
táneamente en el cuartel de la pUza de Mayo, y que 
con ó sin el Coronel Mitre habría marchado á apoyar 
al batnllón primero de línea que resistía con el ayudan.* 



— 302 — 

te Jolgueras á la cabeza, y al cuerpo del Coronel Le- 
zica, que no estaba perdido, á consecuencia de un opor- 
tuno aviso que le llevó el capitán Alfredo Seguí sobre 
la actitud guardada por el primero de Línea. . 

Ahí tiene V. mi querido Juan Carlos, una nar* 
ración verdadera de los hechos y la llamo verdadera 
sin trepidar por que conservo frescos en mi memoria los 
recuerdos de aquel dia, quizá el de mayores emocio- 
nes que haya experimentado jamás. 

Si Vd. quiere, puede tomar mayores datos de otras per* 
sona?, que como yo fueron testigos y actores entonce*. 
Recuerdo entre otros á Adolfo Alsina, don Martin Cam- 
pos, Manuel Guetrico, Ángel Plaza Montero, Juüo Ora- 
mer, Manuel y Eugenio Pérez del Cerro, Adriano Ros«\ 
Juan Martin, Santiago Calzadilla, Ricardo Lavallc, O - 
tavio G&rrigos, C«>sme Be cea r. 

De V. afectísimo amigo. 

Mariano Várela 
Su casa, Diciembre 18 de 1869. 



LA RECTA Y LA CURVA 

QUINTA OABTA 

Del General Mitre al doctor don Juan Carlos Gómez 

Mi antiguo condiscípulo y colega: Vd. lo ha dicho: yo 
•oy Ifi tangente, luego Vd. debe ser el círculo.. Soy la 
recta que se prolonga indefinidamente en una nueva pro- 
yección, tocando la curva solo por un punto. Vd. e9 el 
círculo que dá vuelta alrededor de si mismo, el círculo 
vicioso, el corzo é ricorzo de que habla Vico. 

Esto me hace acordar que cuando eramos condiscípulos 
en el aula de matemáticas, Vd. estudiaba seccione* curvas, 
mientras que yo no había salido todavía de la* rectas. 
Después de 1< s largos años que han pasado, nos encon- 
tramos en medio de la vida, siguiendo las mismas líneas 
geométricas que trazábamos en la escuela, tocándonos 
siempre por un punto; pero marchando en dbtintas di- 
recciones 

He aprovechado este panto de contacto para ¡rriUr 
su epidermis, para estimular su sangre generosa y ooh- 



_ 303 - 

garle á piodncir algo digno de sí y de la cuestión que 
debatimos. 

Al fin lo he conseguido. Reconozco en su última car* 
ta 9 al antiguo lidia lor por las idea?, veo de pié al atle- 
ta de sus convicciones, y al recibir sus golpes digo lo 
que fray Paolo Sárpi al recibir el golpe de estilcto 
que le mandaba Roma: Conozco lo sttleto romancl Reco- 
nozco al fin á don Juan Carlos Gómez ¡Bravo! Asi no 
quedará Vd. humillado en esta lucha intelectual, y pue- 
do abrigar todavía la esperanza de contarle como alia- 
do, según me lo ofrece, en los futuros combates que to- 
da vía tenemos que dar en honor de los prii cipios que 
nos son comunes. 

Lástima que siga Vd. girando perpetuamente en el an- 
tiguo círculo vicioso de las ideas convencionales, sin 
combinar las líneas arquitectónicas según el plan del 
edificio, y los objetos á que se destina! 

I áttima que la pa«ión se presente con los atiibutos de 
la manía, y la religión y el culto de las ideas tome el ca- 
rácter de las superaciones del pasadol 

Lástima que no arroje lejos de sí las armas teatrales de 
la égida, del hacha y de la tea, y no empuñe las nobles ar- 
mas de los nuevos campeones <jue sirven á sus creencias 
con la espada ó con la pluma, vistiendo la túnica viril de 
los que se consagran valientemente á la labor í< cunda en 
vez de zumbar como los zánganos al rededor de la col- 
mena. 

Lástima que no medite mas sóbrelos hecho* propios, 
que no se mezcle y confunda mas en la vida de su época, 
que no deduzca sus teorías del estudio sobre la carne vi- 
va, y tome por guia y base de criterio, una filosofía de 
convención, una erudición histórica inanimada, una evo- 
cación pe ética del pasado que no puede conducirlo sino 
á la inacción ó la negaciót I 

Su carta con el titulóle Santa Alianza so divide pro- 
piamente en tres partes. 

Una tercera paite es consagrada á reminiscencias de la 
historia europea, en que Vd. busca analogías con la nues- 
tra, deduciendo do ellas la crítica del pasado, la aprecia- 
ción del presente y a regla y esplicación del porvenir. 

De todo lo que dicen los libros europeos se ha acordado 
Vd. menos de la profunda palabra de Balines: «Cuando se 



— 304 — 

estiman las analogías, deben tomarse en cuenta las dife- 
rencias.» 

Las comparaciones históricas cuando se prolongan de- 
masiado, y se convierten en miembros del discurso mismo, 
son como esos libros ilustrados en que el texto se subordi- 
na á la lámina, el cuadro, al marco, el fondo, á la forma. 

La triple alianza del Plata y del Brasil no tiene nada do 
común con la Santa Alianza Europea, ni con la alianza 
de la guerra de Oriente, ni siquiera el punto de contacto 
que une á la curva y la tangente, y que es para nosotros 
dos, el punto de partida á la vez que el punto de desvia- 
ción. 

Después he de insistir sobre esto. 

La otra tercera parte de su carta la dedica Vd. á la po- 
lítica interior de la República; diseña la época de mi go- 
bierno, ligando flojamente y con trabazón poco lógica la 
política interior con la política exterior; pero sin acertar 
con la verdadera fórmula, sin ensanchar los horizontes de 
la vida doméstica y de la vida internacional. 

Mas adelante he de desenvolver esta idea. f 

La otra tercera parte de su carta, que es la última, la 
ocupa en evocar en medio de nuestra vida activa los pá- 
lidoj fantasmas , la incorporación espectra de la España 
y del Portugal en el Plata; alzando la bandera de Saran- 
dí, dando fuego al cnfton de Ituzaingó, desgarrando la 
convención preliminar de paz de 1828 y condenando co- 
mo imposible, como criminal, como ilógico en nombre de 
lo que fué y ya pasó, en nombre de lo que sucedió y ya 
dio sus resultados, todo lo que exi te y tiene razón de 
existir, todo lo que es y forzosamente debe ser, sea por !a 
fueiza de las cosa?, sea por la lógica de los acontecimien- 
tos, sea por Ja npcesidad imperiosa de la conservación y 
de la reparación. 

Lo mas bello de esta parte de su escrito, es el piograma 
con que lo termina, aunque no corresponda en su estilo á 
la estructura de su sistema histórico político. Es un trofeo 
de armt:8 de los pueblos del Rio de la Plata, coronado 
por un morrión paiaguayoy un falucho brasilero atado 
con una divisa federal. 

Ya preveo que al leer esto se vá á preparar á escribir 
una caria con el título del «Morrión p?naguayo, el falu- 
cho brasilero y el gorro del Rio deja Plata,» para decir 



— 805 — 

que la alianztt ha humillado al gorro de la libertad ante la 
eorona de la monarqu'a. 

Esto no tendría novedad: que el diputado Santos dijo 
en las cámaras de! Brasil á propósito del traíalo que el 
Ministerio Limpo de libren ofreció A Rosas. «Esto trata- 
do es la corona del imperio, colocada mas abajo del birre 
te del dictador.» Pero dígalo no mas, qu? tengo la para<'a 
del golpe, y la estocada que ha de seguir. 

He de tratar este punto y lo be dé tratar con una fran- 
queza, con una serenidad, con una imparcialidad, que sin 
pedir galas prestadas á la retórica, he de llevar la convic- 
ción á los espíritus fuertes, he de templar á los débiles y 
he de vencer á los enemigos. 

Pero lo he de tratar n<> como Vd. que para criticar nues- 
tro organismo constitucional nos lanza entre su9 ruedas al 
teorizador de los gobiernos personales hijos del oaudillaj \ 
al doctor don Vicente Fidel López armado del AcueiMu 
de San Nicolás, que es para Vd. el principio y fin de núes* 
tro verbo en materia de instituciones libres. No como Vd. 
que para empequeñecer la resistencia de Buenos Aire', 
pone á don Lorenzo Torres como único autor de ella, ol- 
vidando al pueblo y sus defensores. Nó como Vd., que 
para desautorizar nuestra política y proyectar sombra 
sobre nuestra bandera militar, nos presenta como espió- 
la ios por los po'íticos del Brasil y como los suizos de la 
bandera imperial. 

Nó, con rhzón tría, con ánimo sereno, con voluntad 
decidida, con pasión reconcentrada, y profunda, le de 
pulsar una por una las fibras del patriotismo, he de hacer 
el análisis sobre la can e de mi carne, he de poner la he- 
chura en su verdadera luz, he de fijar la opinión, haciendo 
que se condense en mis labios, el murmullo que está en 
todas las conciencias rectas y que h i de apagar las voces 
de los que han chillado hasta hoy por no tener contradic- 
tores, y que han hecho incurrir á Vd. en el la6tiirado ex- 
travío de constituirse en el heraldo y teorizador de i:s- 
tintos ciego?, hechos trurcos, y si/ ti mas que no responden 
á nada. 

Esto es lo que quería hacer sin distraerme con la po'é- 
mica cuando le pedía que me cediese la palabra para de- 
cir algo práctico y pattiótico, si Vd. no tenía algo más 
nqevo y mas útil que decir que la crítica del pasado y el 
examen de mi personalidad política y militar. 



— 306 — 

Tenía derecho á pedirle la palabra basta con imperio, 
nó por que lo considerase á Vd. menos capaz, no por que 
1« negase el derecho de ciudadanía á un hombre ene como 
Vd. I»a e honor á la tierra en que nació. Debe Vd. 6aber 
que ni t»I petulancia, ni tal mezquindad hay en mí. 

Vd. defendía una carta eterita á la ligera, y cuando 
ira9 una opinión individual al rededor de la cual amon- 
tonaba frases, figuras y argumentos buscados para apun- 
talar su armazón. 

Recién ahora empieza á ii ocular le las ¡dea?, que brotan 
como chispas al calor de la discusión. 

Yo defendía un sistema, un orden de ideas un hecho hijo 
de la meditación y del trabajo, que había madurado en I* 
silla del gobierno y en la tienda del campamento pasando 
larg \8 horas de vigilia antes de decidirme á la acción de'i- 
berada. Estaba nutrí Jo con la médula que fortifica las 
almas, y estaba animado como se lo decía, más que de la 
pasión generosa, del convencimiento de las necesidades y 
de Ins conveniencias de mi época, á la par que del amor 
hacia mi país. 

Quería medirme con la opinión cobarde que lanzaba 
gritos de pavor á nuestra espalda cuando combatíamos en 
la vanguardia per el honor y la vida de nuestra patria al'í 
donde se sufría y se moría al pié de nuestra bandera. 

Queiíadarun último combate á los enemigos de Ih 
aliai za, cuyos únicos títulos para condenarla, son las Un- 
ciones en Corric ntes, las jornadas de B isnaldo y Toledo 
las montoneras en el interior, las conspiraciones en Bue- 
. nos Aires, los orientales Que fueron á auxiliar á López y á 
morir bajo su látigo, las Repúblicas Americanos que ó tí- 
tulo de hermandad han pretendido presentarnos como el 
ludibrio de la América, y han dado armas y banderas al 
bandalisrno. 

Quería vencer, anonadar, esponer á la vergüenza pú- 
blica con las solas armas de la razón y de la palabra de 
que únicaríiente dispongo, las resistencia internas que be 
combatido y me han combatido venciéndolas durante la 
última lucha con las fuerzas del Gobierno y la espada del 
soldado. 

Quería ¿acudir de los glorit sos estandartes del ejército 
argentino el polvo con que se pretende cubrirlos, vindicar 
á mi patria de los insultos que se le han dirigido con motivo 
de un hecho político que ni es crimen, ni es vergüenza, 



- 307 — 

ni es error diñó un acto legítimo, bueno, útil, fecundo, y 
santo si Vd se empeña, por que es santo todo lo que con 
buenos medios conduce á grandes fines y produce resul- 
tados benéfico y morales. 

. A este titulo le pedía la palabra. Vd. no me ha querido 
cederla. Ha hecho mal. Ahora no se la acepto, aunque 
me la ofrezca. Hable Vd., calle Vd., todo es lo mismo. 
Esta es mi última carta po émica. Recien ahora vá á co- 
menzar la discusión. 

Arrojo lejos de mi el cesto emplomado del gladiador 
antiguo, con que he podido darle algunos golpes, recibien- 
do otros que no me han dejado ni dolor, ni rencor. 

Renuncio al pujilato de la palabra con que he tenido 
que alternar la exposición documentada de los sucesos y 
el desarrollo de mis principios y teorías. 

Transportándome á la región serena de las ideas, estén* 
diendo mi vista más allá de la estrecha arena en que he- 
mos combatido, dominando de mas altura los sucesos y 
los intereses de los pueblos que fot man el grupo de Esta- 
dos en esta parte dei Atlántico, voy á hacer lo que la polé- 
mica me ha impedido hacer hasta hoy con fa unidad debida 
y con la tranquilidad que debe guiar la pluma del obser- 
vador y del político. 

Por ahora doy fin á la polémica y treguas á la discu- 
sión por la razón que explicaré mas adelante. 

Lo invito por consecuencia á retirarnos por unos dias á 
nuestras tiendas de mantenedores del campo, y no abuse- 
mos por demás de la atención pública, ni de la condes- 
cendencia de nuestros colegas, cuya casa hemos revuelto 
á titulo de huéspedes del periodismo. 

En una serie de tres ó cuatro cartas más desenvolveré 
próximamente mis propósitos, mis ideas y mis vistas res- 
pecto de la alianza y de sus consecuencias, dando tiempo 
para que otros ocupen la escena y completen ó rt futen lo 
que hasta aquí hemos dicho. 

Es un alto en medio de la batalla. Pero antes de desean- 
zar momentáneamente las armas, voy á contestar á uno 
de 6us últimos disparos, por que debo hacerlo en honor de 
mi bandera y de mi partido ligando esto como Vd. lo hace 
con la cuestión que nos ocupa. 

Me pregunta Vd. «qué grandes horizontes, qué elevados 
sentimientos, qué nobles aspiraciones, qué grandes ten- 



— 308 — 

dencias bé impreso á mi política en el alma de los partidos 
y en el corazón de los ciudadanos». 
Se lo diré en pocas palabras. 

He consagrado mi tiempo y mi* afanes á una obra de 
todos, y que todos tienen que defender y mejorar en el in- 
teiés común, cual es la vida nacional en que caben todos 
los partidos y todas las opiniones. 

Hé hecho cuanto de raí ha dependido para desarmar los 
partidos en acción, por la conciliación de grandes intere- 
ses comunes mftns veces, por la fuerza de las armas 
otras mostrándoles prácticamente los beneficios de la pnz 
y del progreso en la comunión del trabajo, y probando la 
impotencia de las sublevaciones contra el poder consti- 
tucional armado de la lfy. 

Abierta la liza libre para todos con las imperfecciones 
inherentes á nuestro modo de ser político y social, he con- 
tribuido á preparar obra mas difícil reaccionando á vece* 
contra 'as ideas revolucionarias del partido cuyo credo 
confieso, y ha sido hacer posible hasta el triunfo de nues- 
tros mismos enemigos por el uso pacífico de nuestra líber 
tad, por la paciencia cívica, por la regeneración de los 
mismos partidos en el sentido del complemento de nues- 
tra idea corstituclonal. 

Vd. vé este resultado y no se lo si be esplicar al ocu- 
parse de lo que llama sucesión de los partidos, sin adver- 
tir quo los partidos no se suceden en las condiciones con 
que Vd. los coloca sino por las fuerzas morales de la opi- 
nión, las necesidades de los tiempos y la razón de ser y 
de gobi rnar de los elegidos. 

Vé Vd. el antagonismo perpetuo y armado allí dorde 
empieza á desenvolverse la idea política de los partidos. 
Vé Vd. la disolución allí donde únicamente los hom- 
bres están dispersos, sin fijarse que los principios no s¿ 
han desagregado y que el alma de la libertad anima á to- 
dos y cada uno de los miembros fieles á la ciencia que le 
tributa culto. 

Vé Vd al viejo partido federal encerrado como un ti- 
gre en una jaula, sin fijars.e que ese partido no puede pie- 
sentarnos batalla para sucedemos en el poder, sino adop- 
tando nuestra bandera, nuestros principios, nuestros me- 
dio» de acción, lo que es el Iriunfo mas hermoso del alma 
inmortal de un partido qué profesa una religióu en que 
ios principios y hombres son sus instrumentos. 



— 309 — 

Esto quiere decir, que 3efemos vencidos el dia que re- 
neguemos nuestras creencias, y otros ocupen el altar que 
nosotros dejemos abandonado. 

Que nuestra bandera se verá triunfante en otras manos, 
el dia que nosotros no seamos fíeles á ella y la desertemos 
cobardemente. 

Que nuestra doctrina ha de prevalecer emancipada de 
los hombres que no le sean fíeles, y que en último caso, la 
posibilidad del advenimiento pacífico de los partidos á las 
alturas del gobierno, será la conquista mas hermosa de 
esta época, y que ese advenimiento será debido á la reli- 
giosa observación de nuestro código de libertad. 

Que nuestros mismos enemigos, si algún dia triunfan 
por el voto de la mayoría irán a la vida pública, civiliza- 
dos, regenerados, moralizados, sin uñas de tigre y sin di- 
visa de esterminio. 

— A estos resultados he llevado mi grano de arena. 

— La alianza en el modo en que ha se efectuado, por las 
causas que la han traido, por los resultados que ha pro- 
ducido, por los recuerdos que ha dejado tras sí, contribui- 
rá á esta educación de los partidos belijerantes en el Rio 
de la Plata. 

Mi rechazo á la proposición de alianza para intervenir 
en el Estado Oriental y mas tarde para ir al Paraguay, les 
enseñará que las alianzas nunca deben aceptarse sino en 
el nombre y en el interés del pueblo argentino, y que las 
guerras no las hacen los gobiernos, sino los pueblos. 

La lección del pueblo paraguayo, les enseñará que los 
partidos no deben ir á buscar el punto fuera de un país, 
por que la República será bastante fuerte para vencer á 
sus enemigos exteriores, aliados con sus propios traidores. 

Les enseñará que en las cuestiones internas no deben ir 
á buscar armas y vapores al Paraguay y al Brasil, sacri- 
ficando territorios y honras como lo hizo Urquiza buscan- 
do la alianza del Brasil primero y del Paraguay después 
para dominar la resistencia de Buenos Aires. 

Les enseñará á no aceptar los Araguais para perseguir 
á los hermanos náufragos, y á no ir como el último repre- 
sentante del partido blanco á ofrecer su sangre al enemigo 
estrafio, para morir de hambre, en medio de tormentos, 
con el sello de los tránsfugas y de los reprobos. 

¥ de este modo la política externa que ha hecho triua-* 
far la alianza, reaccionaria saludablemente sobre la. poli- 



í — 310 — 

í 

[ tica interna, presentándonos ante los extraños, dignos, 

fuertes, y verdaderamente patriotas. 

Les enseñará á ser mas prudentes en el gobierno; no fo- 
mentar la revolución en los Estados vecinos, por que el 
éxito puede llevar el incendio de su lado; á no buscar 
guerras que no sean justificadas por la necesidad imperiosa 
y por las exigencias de la seguridad y del honor, á no ali- 
mentar los odios internacionales que al fin se envenenan, 
ni á hacer del antagonismo internacional una política como 
en los tiempos bárbaros, previniendo así guerras futuras. 

Esto debe dar el triunfo de la alianza para las relacio- 
nes de los Estados independientes entre sí, y por lo que 
respecta á los partidos en su modo de encarar las cuestio- 
nes internacionales. 

Ni principes extranjeros contra nosotros. Ni poderes 
extranjeros interviniendo en nuestras cuestiones internas 

Si esto no es honroso y fecundo, diré lo que Feríeles 
acusado de haber empleado los dineros públicos en levan- 
tar monumentos: — cYo cargaré con el gasto; pero borrad 
vuestro nombre y poned únicamente el mió en esos monu- 
mentos. Pero no lo diré; por que ese resultado es debido á 
I os esfuerzos de todos; yo no he sido sino el ejecutor de la 
voluntad púMica, al llevar y al aceptar su responsabilidad 
y si hubiese sido un error, aun así debíamos procurar sa- 
car de él todo el fruto posible en vez de propender á que 
los sacrificios hechos se esterilicen 

— Estos temas me darían la materia de un libro; pero me 
limito simplemente á indicarlos. 

Mas adelante volveié á tratar la cuestión de nuevos 
puntos según se lo he ofrecido, y me he de ocupar de la 
política del presente así como de la política del porvenir, 
repitiendo respecto del Estado Oriental, verdades severas 
que me han oido los hombres públicos del Brasil, y ana- 
lizando con sinceridad los planes políticos que para el fu- 
turo tiene Vd. y repiten otros. 

Por ahora me retiro de la prensa por algunos días. Le 
diré la razón. Voy á hacerme impresor y me falta el 
tiempo material para hacer muchas cosas á la vez. Hijo 
dei trabajo, cuelgo por ahora mi espada que no necesita 
mi patria, y empuño el componedor de Franklin. 

Invito á Vd. A venir á visitarme á mi imprenta, com- 
prada no con mis capitales, sino por una sociedad anónima 
de la que seré siempre accionista y gerente. 



— 311 — 

Allí en medio de los tipos y de las prensas, roe encon- 
trará en el punto de partida. 

Nos conocimos en el aula de matemáticas resolviendo 
problemas algebraicos, y trazando Vd. curvas como aho- 
ra, y yo rectas como Vd. lo dice. 

Me conoció Vd. en Valparaíso de impresor y redactor 
de un diario, que luego pasó á ser de su propiedad. 

Recordará Vd. que mientras que yo escribía mis artí- 
culos ó corregía pruebas, Paunero que era mi tenedor de 
libros hacía las cuentas, Sarmiento y Rawson preparaban 
una espedición á San Juan en un rincón d A l escritorio. 
Vd. solía venir á recordar la patria ausente. No todo se ha 
perdido. Aun puedo conversar con Rawson, escribirá mi 
antiguo tenedor de libros y discutir con Vd asuntos que 
interesan á los demás más que á nosotros mismos, tenien- 
do siempre algún punto de contacto que impida separar- 
nos. 

Salud amigo en nombre de Guttembergl 

Salud en nombre deFranklinl 

Si ambos no somos ciudadanos de la misma patria, es- 
tamos ligados por el punto matemático que une la tangen- 
te á la curva, y ponemos las armas de condiscípulos y co- 
legas en el campo neutral del trabajo en medio de las i ran- 
eas y de los tipos, que tanto hemos hecho hablar estos 
dias. 

Bartolomé Mitre 
Diciembre 18 de 1869. 



— 312 - 



Iotas acerca fe los gobernadores, la emancipación j los 

gobernantes del Paraguay 



(Continuación) 



Agricultura, Ganadería, Industria y Comercio 

8üMARlO:~Lo que «aperamos de la juventud. El Dr. Lópeí y el contrabando en la época 
•apañóla y en la independiente. Refutación XXVIII Administración de Urqnisi 
Observaciones de Estrada XXIX. Los empleados coloniales y cansas de la barbe- 
risación Examen de Civilización j Barbarie. Opinión del Dr Quesada. XXX Lo 
que acónteos si la ocupación inglesa se formaliza. XXXI. El Derecho de Conquis- 
ta. El quinto de los Reyes. 

XXVII 

Entre los muchos calificativos que se han dado á la dé- 
cima nona centuria, tal vez ninguno le cuadre mejor que 
de siglo de la historia; por el alto criterio y el análisis de 
los documentos y hechos que han realizado los grandes 
pensadores: que, abandonando el axioma de «el maestro lo 
dijo», se han circunscrito al examen del pasado, con todos 
los datos posibles, para poder decir, he aquí lo mas apro- 
ximado á la realidad, sino la misma verdad, el maestro lo 
prueba. 

Pero como el progreso no sigue siempre en línea recta, 
sino que en la mayor parte de las veces su marcha es en 
zig zag, desgraciadamente en algunos paises, aún no ha 
entrado ni un rayo siquiera de la luz de la despreocupa- 
ción ante la verdad y siguen envueltos en las tinieblas na- 
cidas del espíritu de odios injustificados predicados por 
falsos profetas y escritores sin erudición ni hábitos de tra- 
bajo, que lo avasallan todo, porque, circunstancias espe- 
ciales, han hecho que no pudieran tener contradictores, de 
lo cual resulta, entre otros males, que por no tener ideales 
propios nada bueno pueden asimilarse las naciones que se 
forman por el azar de la emigración. 

Por ello es de absoluta necesidad que la joven genera- 
ción que alcanzará el siglo del derecho triunfante sobre 



— 318 — 

la fuerza y que no necesita crearse héroes, sino seguir las 
huellas de los héroes propios, se empape del nuevo espíri- 
tu y, disciplinada por el estudio, conocedora de los suce- 
sos, libre de prejuicio?, amiga de su raza y entusiasta por 
la verdad, haga apostolado en pro de la justicia histórica, 
combatiendo el error con la luz de la verdad, que es la de 
la ciencia y del progreso verdadero, sin preocuparse de si 
por tales medios se destruyen las ya viejas patrioterías y 
se desvía la vulgar corriente. 

El porvenir es de los que sepan prepararse á él por el 
estudio, si el foco luminoso de la venerable Clios, arroja al 
suelo ídolos de corazón de barro levantados sobre el pe- 
destal erigido ayer sobre la humillación de un pueblo por 
la fuerza brutal de los oficiales de milicias, no hay cuida- 
do, la luz misma hará salir de sus turabas á hombres que 
fueron sus progenitores cultos y que tenían en el corazón 
amor, en el cerebro, ideas salvadoras, y que formados do 
una pieza, pues al fin llevaban armadura de acero, no hay 
que olvidar que sobre ella ponian el símbolo redentor de 
la Cruz y en América del Sur hicieron hoces de sus es- 
padas, harados de sus alabardas y en clavazón para los 
navios, convirtieron sus cascos y espuelas. 

Tal vez los mas animosos y emprendedores que inicien 
la época de las justas y posibles reparaciones en holocaus- 
to á la verdad y á la sangre de su sangre, tendrán que 
luchar con la inopia y la vulgaridad; pero sin fatiga no se 
sube á las cumbres, y en puridad de verdad, aunque la 
empresa es vasta y puede dar honra á muchos, los obs- 
táculos son insignificantes, pues los enemigos que quieran 
atajarles el paso (están tan mal armadosl que los mejores 
entre ellos, si á mas del análisis de los sucesos se hace el 
de las ideas que los guian, caen al suelo pulverizados, 
cual las momias, así que les dá la luz ó se pretende tocar- 
las con el escalpelo. Ño son temibles más que por sus gri- 
tos destemplados y su falta de criterio y allá van algunas 
pruebas preparatorias de lo que en otra ocasión diremos 
y de lo aquí mas concerniente. 

Ya sabemos que apesar de los grandes obstáculos y de 
lo escaso del tiempo, la administración española dejó un 
estado comercial tan próspero que, algunas naciones de 
las que España entregó á la civilización, por haber desa- 
parecido el sistema de ella, tardarán algunos años en vol- 
ver á gozar del comercio que hace un siglo tenian, no 



— 314 - 

obstante que para dar algún viso de viable al cambio de 
administración alegaron los que lo hicieron, el desestan- 
co de algunos artículos de lujo ó vicio. 

Los que la administración cambiaron, por medio de la 
fuerza, tuvieron sucesores que por conservarse en los 
puestos públicos favorecieron la destrucción; las víctimas 
fueron sucumbiendo sin poder defenderse ni hacer oir sus 
dolores, y los de la generación siguiente, educados secta- 
riamente, alucinados por el éxito y viendo que se llamaba 
libertad á lo que hicieron los hombres bajo cuyo yugo 
ellos apenas respiraban, creyeron en la palabra y se ima- 
ginaron que eran despotismos reales lo que habían destrui- 
do aquellos hombres que se habían erigido en verdaderos 
tiranos para derrocar despotismos fingidos por ellos mis 
mos. Error monstruoso, apenas concebible, á poco que 
se hubieran examinado los hechos, pero que parece tiende 
á perpetuarse, y lo que es más sensible, á generalizarse, 
pues insidiosamente se infiltra y propaga en otros pueblos, 
que hace algunos años estaban libres de él. 

En la Revista del Rio de la Plata (t. I.) se dice: cLa his- 
toria patria es la tradición de la familia, el orgullo del ho- 
gar, la resurrección de los seré* que anhelamos conocer 
tal cual fueron en la vida; la encantadora narración que 
suplanta en la edad madura los consejos de la niñez; el 
vidrio misterioso al través del cual vemos nacer, moverse, 
vivir y bajar á la tumba, en la paz del lecho ó en las con- 
vulsiones de las grandes catástrofes, á las generaciones de 
que procede aquella á que pertenecemos, en cuya fila mili- 
tamos como soldados en la dura batalla de la vida». Ape- 
sar de sostener tal concepto histórico, se habla en la mis- 
ma «de la pretendida heroicidad de los conquistadores» 
pero sin exponer causales del por qué de semejante duda. 

Uno de los tres redactores de la Revista, escribió 
y escribe aún la Historia Argentina y en un párrafo de 
su tomo VIII publicado en el Sud-Americano de 1890 
léese: «el contrabando en la época colonial, ilegal pero 
beneficioso, era evidente. . .suscitaba quejas, pleitos, re- 
clamos de Lima, manifiestos memoriales. ..todo era en 
vano, la mano de la libertad, la intuición del porvenir se 
había apoderado de la tierra, y de su cielo». Con las du- 
das de la Revista, estas declaraciones conjuntamente con 
aquello de las restricciones coloniales, los himnos y dis- 
cursos de aniversario, plagados de los mismos lugares co- 



— 315 - 

manes, se forma el espíritu público, que ni siquiera sos- 
pecha que los españoles hubieron de vencer á la naturale- 
za, al indio y á la ñera, que los gobernadores, españoles y 
criollos, quede todo hubo, apesar del contrabando pusie- 
ron en tal estado el territorio argentino que cuando en 
este no había mas que cien rail habitantes, tenía un co- 
mercio anual de mas de diez millones de pesos oro y tri- 
plicaba realmente su población cada veintidós años. 

Las gentes guiadas por el historiador doctor López, si 
no leen con gran detención, nunca sospecharán que en si- 
glo XVIII todas las provincias argentinas tenían indus- 
trias y exportaban mucho mas de lo que importaban, y 
que a libertad no estaba en su tierra ni en su cielo, sino 
en las Leyes de Indias, en las franquicias comerciales ini- 
ciadas en 1602, en los autos de Cebados, en la Ordenanza 
de Intendentes, en las decisiones del Consulado; en las 
declaraciones de la. Junta Central de España y del Supre- 
mo Gobierno de Regencia de 1809, por las cuales desde 
1810 á 1814 y desde 1820 á 1833 cuatro hijos del Rio de 
la Plata cobraron sueldo y tomaron asiento en el Parla- 
mento español. En vista de esto, y de que en 1815 era el 
factótum de Fernando VII el limeño, hijo de chileno, Du- 
que de San Carlos, confesor del rey, el peruano don Blas 
Ostolaza, corregidor de Madrid, el duque de Mont zuma, 
etc. y do lo que aconteció en la Argentina con el comer- 
cio desde 1810 á 1853, bien podemos asegurar que la liber- 
tad no la deseaban los que en 1810 triunfaron y hasta hoy 
gobiernan, sino que estaba con las víctimas de ellos, 
en Cabeza del Tigre, en Potosí, en Buenos Aires, de 
O'Higgins en Chile, de un hijo de portugués en el Para- 
guayas decir con los defensores del re 7 prisionero de 
Napoleón en público y en secreto, que eran liberales que 
por boca de Aranda habian pedido á Carlos III la indepen- 
dencia completa del continente Americano. América en 
1800 estaba emancipada y formada, con España no tenía 
más que un vínculo moral; el partido liberal español que 
al fin fué el que la hizo independiente en 1820, creía ya 
en 1808 que había llegado el nuevo continente á su mayor 
edad, pero no se fijaba en que tal especie era cierta si el 
poder recaía en los criollos y españoles habituados á ad- 
ministrar y vinculados de antiguo, por nacimiento ó por el 
deseo de que la buena obra de sus predecesores fuese más 
fecunda cada día; pero no lo era, si se encargaban de ad- 



— 316 — 

ministrar los Belgrano, Pueyrredon, Passo, Roudeau, Be- 
rutti, Wuarne8, etc. etc. muy útiles en Jos cargos secunda- 
rios pero que, por ser hijos de naturalizados que por un 
poco de oro habían dejado sus lares y alterado sus apelli- 
dos de Piris, Pérez, de Pellizari, Pelliza, etc.; no estaban 
muy bien quistos, y ellos por su parte desamaban las le- 
yes de España, á cuya elaboración no habían contribuido, 
miraban con orgullo al indígena y por encima del hom- 
bro al criollo que, halagado por el recuerdo de loe servicios 
de sus antepasados, era algo flojo para las tareas del co- 
mercio y de la industria, comparándolo con los hombres 
de presa naturalizados. 

Por lo demás, el mismo doctor López ha escrito (La no- 
via del hereje): «No hace medio siglo que no había en Li- 
ma médico alguno que no fuese negro, porque esta profe- 
sión era allí tenida por tan baja que no se creía posible 
pudiera ejercerla un hombre blanco, y aún hoy (año 1855) 
no ha terminado todavía esta preocupación» y el mismo ha 
puesto en boca de Drake: «los españoles tienen un horror 
instintivo á todo lo que es agasajos: les gusta que el ene- 
migo ó el amigo sea franco y de una pieza, que caiga 
prontojal terreno positivo de todas las situaciones», por lo 
que sin más consideraciones por ahora, anotaremos que 
en 1891 tal vez no suscribiese el canto al contrabando del 
tomo VIH de su historia, por cuanto en ese año fué Minis- 
tro de Hacienda y gracias al contrabando que en las arcas 
fiscales habian hecho sus predecesores no logró el aplauso 
de nadie y menos del banquero español Carabasa y se vio 
obligado á dictar rigurosas leyes para evitar el contra- 
bando de tabacos y otios artículos de los paises vecinos 
que los sindicatos organizados en Buenos Aires, justifica- 
ban en cierto modo. 

La Metrópoli tiene reconocida ya hace muchos años la 
independencia y por lo tanto, si bien un poquito de lirismo 
sienta bien en los historiadores, no se le introduzca en tal 
cantidad que haga faltar á toda equidad y seriedad. No 
sabemos cual sistema es mejor para el comercio, si el pro- 
teccionismo, el libre cambio ó uno ecléctico que participe 
de ambos; para los pueblos en formación el mejor sistema 
es el que la falta de productos especiales en el ¿Plata hizo 
que España le concediera la libertad; si las leyes no nos 
lo dijeran el sentido común nos indicaria, España no tenía 
más remedio que proceder dando franquicias, en el siglo 



— 317 — 

XVI con sus cueros de Córdoba y telares Segovianos, por 
que iban á necesitar en ella los cueros de pocas libras de la 
Argentina, ni las ovejas de esta; donde había las merinas y 
con vertebras de carneros se empedraban los zaguanes de 
los pueblos rurales de Castilla! 

Si los de 1810 hubieran declarado comercio libre sin 
aduana* y hubieran fracasado, podríamos decir: quisieron 
dar un paso adelante y les fué mal, esto no les quita el que 
con justicia se les dé con todo el corazón un aplauso; bus- 
caron nuevas vías con ánimo de acierto, su generosidad y 
nobles propósitos, no los aquilata el resultado, sino la 
intención. No habría hombre liberal en el universo que 
les negara respeto; pero se necesita desconocerlos en ab- 
soluto para tributárselo, porque á más de aumentar las 
aduanas, establecieron en donde había una buena legis- 
lación comercial, otra tan caprichosa, de circunstancias y 
favoritismo, que autorizaba á los comerciantes á que cada 
uno procediera según su interés. 

Así lo debieron comprender ellos mismos y por eso, en 
5 de Junio de 1810 dictaron un decreto en que bajo formas 
ampulosas que en el fondo no son más que fraudes contra 
la sociabilidad, la cultura y la justicia, dispusieron entre 
otras reglas para evitar el contrabando: «todo buque de- 
berá dará los tres dias de su llegada, por medio de su 
consignatario, el manifiesto de su cargamento en general, 
individualizando las pertenencias ó consignaciones de él, 
y si no lo hiciere no se permitirá á ningún comerciante es- 
pañol que se haga cargo de la consignación». 

En el Registro Oficial consta también que, en 4 de Agos- 
to de 1815, te dispuso cpuede cualquier individuo sea de la 
clase que fuere celar por sí el contrabando, en el mismo 
modo y con las propias facultades que están concedidas á 
los dependientes, teniendo el aprehensor ó aprehensores la 
parte íntegra que la pauta de Comisos señala al Resguar- 
do, cuando se hacen por sus subalternos. . .pueden así mis- 
mo tomar cuantos auxilios sean necesarios de cualquiera 
de los puntos de la guarnición, Alcalde de barrio y demás 
comisionados»; en 12 de Enero, no obstante haber conver- 
tido en aduaneros á todos los habit intes, vuelven á preocu- 
parse del contrabando; en 23 de Setiembre de 1817 se con- 
ceden mayores ventajas á los denunciantes de contraban- 
do y para ponerle más trabas se prohibe transitar con 
carretillas y bultos por la ciudad de las libertades ameri- 



— 318 — 

canrs fdonde se fusilaba por andar á caballo) desde el to- 
que de oraciones al cañonazo del alba; en 4 de Diciembre 
de 1817 se concedió rebaja de impuestos á los electos intro- 
ducidos por los armadores corsarios: en 12 Enero de 1822 
se aumentó el número de empleados perseguidores del 
contrabando, etc. etc.; no obstante, y sin duda en gran 
parte porque honrados ministros de Hacienda se han he- 
cho panegiristas de causas desdorosas en todas las épocas y 
pauses, por contrabandistas parecen haber sido importadas 
todas las epidemias que se han sufrido en el Rio de la Pla- 
ta á contar desde la primera de fiebre a nariila de 1857 en 
Montevideo hasta las tres consecutivi s de Buenos Aires y 
Montevideo, en los años 1892 á 1895. Doctor Penna (Ana- 
les Dep. Nac. de Higiene). 

XXVIII 

Mucho mas podría agregarse; sin embargo, estas premi- 
sas ya pueden ir sirviéndonos para sacar lógicas conse- 
cuencias y amplia base para estudiar las libeitades que Bel 
grano podía implantar en el Paraguay. La histoiia de éste, 
es inseparable de la de la Argentina en muchos casos, para 
el pasado y aun para el porvenir, aunque otra cosa les pa- 
rezca á los pocos avisados. Belgrano y Urquiza han teni- 
do más iniuencia en los acontecimientos del Paraguay 
que muchos miles de paraguayos. Los escritores que aquí 
refutarnos han vivido y figurado ya en la época del últi- 
mo, que fué el que en gran parte tiene responsabilidad en 
la guerra en que por su desdicha se metió Solano López 
en 1865; y de la que resultó la ruin* y desmembración del 
Paraguay. 

Imparciales, cual somos, no seremos nosotros los que 
dejemos de admitir que, ías desusadas, en América, anti- 
democráticas y antisociales gestiones administrativa y co- 
mensal, de los múltiples gobernantes de Buenos Aires 
desde 1810 á 1852 y que ya hemos estudiado, son hast* 
protectoras ybenéficas, si se las compara con las de los 
gobernadores de las provincias argentinas durante los 
mismos años y aun los posteriores, que gimieron bajo Ai- 
ti gas, Andresito, López de Santa Fé, Güemes, Ramírez, 
Aldao, Chacho y otros de la misma calaña, más malos y 
más próximos al estado de naturaleza que Urquisa que 
fué el derrocador de la tiranía de Rosas, auxiliado por 



— 319 — 

brasileros, argentinos, orientales y hasta algunos chilenos, 
paraguayos y bolivianos, es decir, que derrocó al mons- 
truo ayudado por ho abres de toda América del Sur, que 
vencieron en Caseros y colocaron á Urquiza, el hom- 
bre providencial según el doctor López, en la suprema 
magistratura apesar de que «su pasión dominante no era 
el poder, sino los negocios: su ambición política estaba 
subordinaba, por así decirlo, á su negocio, á los cálculos 
del negociante, lo que hace de este tipo de los negociantes 
argentinos, algo aun de más repelente que Quiroga, fran- 
camente bandido, y que el mismo Rosas. Para él, lo más 
claro de toda expedicción eran los miles de cabezas de 
ganado que iba A añadir á las que ya pacían en los inmen- 
sos territorios que había adquirido á bajo precio. Había 
llegado rápidamente á ser el mayor propietario de bienes 
raices de Entre Ríos, del cual parecía quererse apropiar 
todo el territorio, lo que no le impedía continuar sus nego- 
cios de tienda; sin tener ningún escrúpulo en usar de su 
poder e>i favor de sus especulaciones: Por esto, un buen 
día decidió matar la concurrencia y asegurarse el mono- 
polio de lns tiendas al menudeo: véase como obró: bajo el 
pretesto de que las tiendas y almacenes eran centros perni- 
ciosos para la moral de sus administrados, donde estos, >e 
reunían para beber y jugar, prohibió toda tienda, á menos 
que el propietario no tuviese una autorización firmada por 
él. Ahora bien, es fácil comprender que él no daba la au- 
torización sino á sus hechuras, que por ella se veian más 
obligados aun á servirlo; ó bien á los que le proponían una 
asociación, que por lo general se basaba del modo si- 
guiente: el gobernador daba por su parte, autorización 
para establecer la tienda; el comerciante proveía el capital 
necesario; y entre ambos se partían los beneficios. Este 
sencillísimo medio de comerciar ha valido á Urquiza mu- 
chos pesos y explica sus negocios en participación con más 
de trescientos tenderos de la provincia. Ni con esto se sa- 
ciaba su sed de lucro; una vez sembró trigo, para vender- 
lo más ventajosamente, y con pretesto de favorecer la agri- 
cultura prohibió la importación de harinas; pero el trigo 
reducido á harina y ésta á pan rendía aún mas beneficios 
que el trigo vendido á los panaderos observado esto por 
Urquiza se reservó el beneficio de las panaderías, y así en 
iodo.. .Urquiza, presidente de la República se hizo cons- 
truir una grande y hermosa casa de campo, donde residía, 



— 320 — 

y á poca distancia estableció un campamento donde con- 
tinuamente se ejercitaban 1500 á 2000 hombres de que se 
componía el ejército de línea. 

El consideraba á los soldados, no lo que un gefe euro- 
peo, sostenedores del orden en el interior y del honor del 
país en el exterior ó por lo menos», una guardia para su 
persona; él no veía en ellos sino consumidores. Había es- 
tablecido en una de las esquinas de su residencia una gran 
tienda, donde se vendía no solamente el pan de sus pana- 
derías, el queso de sus vaquerías, !as frutas de sus jardi- 
nes, sino también todo de lo que puede hacerse dinero, y 
como las tropas no recibían de ración más que la carne, 
los sueldos pasaban íntegros á la tienda del Presidente, 
que no desdeñaba visitar (odas las mañanas su almacén 
é informarse de los resultados de la venta de la víspera» 
Arcos (La Plata). 

Otro escritor chileno tamb'én, aunque no ha residido 
los muchos años que el anterior en la Argentina, escri- 
be: «Justo Pastor Ur quiza, nació en 1800. .. .Comenzó á 
figurar bajo las órdenes de Rosas.. ..derrotó definitiva- 
mente al general unitario Rivera en la batalla de India 
Muerta en 1845.. ..siguió prestando á Rosas bus servi- 
cios, pero en 1851 amenazó derrocarle Los gobiernos 
del Brasil y del Uruguay se aliaron con Urquizi .... 
dio una batalla fácil y decisiva que puso fin á la odio- 
sa dictadura de Rosas (3 febrero 1853). . ..Constituida 
definitivamente la República después de la guerra civil 
que siguió á Caseros, Urquiza continuó como goberna- 
dor de Entre Rios. Unos cuantos ambiciosos y descon- 
tentos de su gobierno provincial, dirigidos por su hijo 
político el general López Jordán (cuyo padre había aquel 
fusilado, y que años después murió asesinado) penetraron en 
su palacio de San José en los primeros meses del año 
1872 y le asesinaron sin piedad.... Asegúrase que Ur- 
quiza solo en ganados y haciendas, ha legado á sus hi- 
jos una íortuna inmensa» Cortés (üic. biog. americano). 
En 1895 le erigieron su correspondiente estatua en En- 
tre Rio?, y luego habrá quien se extrañe de que la de- 
mocracia sea sinónima en América de olocracia; ¡qué se 
puede esperar de una juventud á la que se la presentan 
como objetos de admiración tales modelos! 

No es de extrañar que en 1870 casi todo Entre 
Rios fuera del libertador Urquiza; peor estaba la Rioja 



— 321 — 

que casi había vuelto á lo que era antes de la coloni 
zación española; ni que en 1872 el señor Estrada escribiese 
(Apuntes de viaje) «Córdoba espera dormitando la ho 
ra de despertar como la aguardan sentadas á la sombra 
de la muerte otras de sus hermanas. . . .La ciudad de Sin 
Luis es indudablemente una de las mas desgraciadas de 
la República. Carece de agua, y esto dice mucho; ha si- 
do flagelada por el caudillaje y esto explica lo que res- 
ta por saber, respecto de las causas de su pobreza. 

Un gaucho á quien se preguntaba si habia sido sol- 
dado, respondió una frase que sintetiza todo lo que se 
puede decir para explicar los fenómenos de nuestra his- 
toria. «Si, señor, he sido soldado cuando era capataz de 
la pelea, el señor don Ángel Pefialosa». El pastoreo ha- 
bia convertido á la República Argentina en una gran 
estancia, de la cual eran capataces los caudillos, y peo- 
nes, los ciudadanos. Los hábitos bárbaros del ganadero 
señor de vidas y haciendas, se habían convertido en le 
yes escritas á la luz del vivac y sobre los parches de 
cuero sin curtir de los tambores de la montonera.» Des- 
pués de esto, consagra un patético recuerdo á Pringles, 
pero no recuerda que este fué uno de los más fíeles 
cumplidores del Informe secreto del doctor Moreno á la 
Junta de 1810 y que es la causa de la ruina de la Ar- 
gentina, porque gracias á él, hombres cual Pringles lle- 
garon á ser gobernadores de Buenos Aires y trataron 
peor á los ciudadanos que los mismos mil quinientos 
montoneros que la subyugaron en 1820 y eso que, los 
más distinguidos entre estos, llevaban por casco cabe- 
zas de burro con las orejas enhiestas. 

Nadie como Estrada podía saber esto, siendo como 
era descendiente de unos de los fusilados en Cabeza de 
Tigre en 1810, que fué donde se inició la era de las eje- 
cuciones capitales á todos los que en la Argentina se 
distinguían por su posición, empleo, ó conocimientos, 
por lo que era de suponer que en público y en el fondo 
de su corazón amaban la bandera que con pública solem- 
nidad habían jurado defender, Pringles, Moreno, Belgra- 
no y demás llamados patriotas. 

A más, los hermanos Estrada por sus ideas religio- 
sas, bien debían saber que el gauchaje nació á fines del 
siglo XVIII, con la expulsión de los jesuítas, mediante 
lo cual más de cien mil familias de indio? agricultores, 



— 322 — 

degeneraron y se convirtieron en pastores, no por col- 
pa de ellos, sino porque Vertiz, virrey criollo, y el cle- 
ro criollo y los padres de los llamados patriotas San 
Martin, Alvear, etc., no cumplieron las instrucciones 
que para el régimen y conservación de las Misiones, de- 
jó el gobernador que expulsó á los jesuítas, seguramen- 
te de acuerdo con la corte de España con cuyo primer 
ministro Aranda, tenía Bucarelli frecuente corresponden 
cia particular. No obstante todo esto, los Estrada se 
manifiestan en muchas ocasiones desconocedores del co- 
loniaje y lo fustigan; su pariente don Santiago de Li- 
niers, de antiguo vinculado y nacido en España ha te- 
nido que ser rudamente corregido por don Juan Valera 
al hacer la crítica de una de sus obras socio lógico-po- 
líticas del año 1872. 

Este es un dato más que podría .agregar Balbuena (Fé 
erratas diccionario t. I) para su declaración *|A buena 
hora les ha entrado á los señores el cariño ultramarino! 
No parece sino que se propusiesen reconquistar con dic 
cionarios aquellas A rué ricas que perdieron sus pa- 
dres, los primeros liberales, á fuerza de cobardías y de 
traiciones y de faltas de patriotismo y alardes de desver- 
güenza, como aquel de sálvense los principios, y pereacan 
las colonias* 

XXIX 

Escribió el ilustre cubano, senador del Congreso y em- 
parentado con la familia real de España, Guell y Renté: 
«Dedico este libro (Restos de Colón) á la democracia es - 
pañola de Europa y América; á los hombres justos y 
honrados amigos de la dignidad humana; A los que han 
roto coi; valor la cadena pesada y d- gradante de la escla- 
vitud material y civil, á los que se avergüenzan de vivir 
humillados; á los que no tuerce la conciencia la falsa idea 
del patriotismo, quo los hace aclamar corno glorias, los 
delitos y los crímenes; y como lealtad, las humillaciones 
mas degradantes, de la cobardía y de ln ignorancia. . . 
Los tiranuelos y los fanáticos, los hombres crueles y va- 
nidosos», los engañados por la ignorancia, pondrán el gri 
lo en el cielo acusándome. A unos y otros les contestaré, 
que el verdadero patriotismo consiste en ser justo, en de- 
cir la verdad, no engañar al mundo con relaciones ine- 
xactas, sutilezas y pedanterías; en presentar cuno fuero u 



— 323 — 

los sucesos pasados y los presentes, para que sirvan de 
ejemplo á las generaciones venideras; porque el ap'auso 
de los crímenes, aunque hayan quedado impunes, sirve de 
escuela y aliento, para que nuestros descendientes los co- 
metan mayores, y es lo que deben tratar de remediar con 
sus escritos históricos los hombres de bien.» 

Pertenecemos á la misma escuela del autor y de ahí la 
causa de estas mal perjeñadas notas, que han tomado 
cuerpo al leer el horroroso porvenir, que hombre tan co- 
nocedor de la economía política y del estado de las na* 
ciones, cual Reclus augura para una nación á la cual 
tanto queremos y con la que tan estrechos vínculos nos 
atan: «en adelante, ningún campesino paraguayo podrá 
cavar el suelo en la patria, sin pagar re ita á los banque- 
ros de New York, Londres ó Amsterdan. Talvez los des- 
cendientes de los Guaranis, después de haber estado some- 
tidos al régimen de los jesuítas y al de los dictadores, el 
cual terminó al menos con un periodo" de heroísmo, ten- 
drán que sufrir una tercera esclavitud, más dura todavía 
porque hará de ellos proletarios degradados.» Mientras 
tanto los estadistas del país parece que están en el mejor 
de los mundos posibles, y los escritores, si alguno dice al- 
go, es para maldecir la gran época del pais, aquella en que 
exportaba mucho más de lo que importaba y en la que se 
gozaban de tales libertades individuales que hasta en múl- 
tiples ocasiones degeneraron en verdaderas licencias con- 
tra todo mandatario civil ó eclesiástico, y si acaso, reco- 
mendar lo que en la Argentina se hizo de 1810 á 1853, 
creyendo que fué liberal y progresivo, por que así lo 
aseguran autores poco escrupulosos y talvez interesados 
para ocultar sus lacras, en que la juventud no investi- 
gue la historia contemporánea. 

Arcos, americano desafecto á España pero erudito y 
conocedor de los sucesos, escribe: «en 1810, al comen- 
zar la revolución, los criollos de Mendoza, de Salta, ó 
de Potosí, como los de Buenos Aires ó Montevideo ha- 
bían estado constantemente en contacto con los emplea- 
dos españoles, que eran personas educadas en un país 
gerárquicamente organizado, habituados á respetar y 
ser respetados; monárquicos sin duda, pero teniendo ideas 
del derecho y del deber; hombres á los que el estudio ha- 
bía disciplinado el espíritu, que comprendían que existe 
una dignidad humana, de los cuales, por consecuencia, 



- 324 — 

no había que temer esos abusos de autoridad, esa desver- 
güenza que caracteriza á los gobiernos que están en ma- 
nos de las clases inferiores de la sociedad. Independien- 
temente de la influencia de estos empleados, entre I09 
cuales, el último de entre ellos era elemento de civiliza 
ción que penetraba hasta las poblaciones más pequeñas 
y perdidas en los valles de los Andes; el país contaba al 
principiar la revolución, infinidad de criollos que habían 
ocupado una posición distinguida en el viejo mundo y cu- 
ya experiencia debía servir de mucho á sus compatriotas 
en la infancia de su nacionalidad.» Desgraciadamente, es- 
tos tampoco fueron escuchados, la logia porteña que apo- 
yada en los batallones hizo mangas y capirotes de lo 
que había «alejó á los más inteligentes, y decapitó el 
país, que abandonado auxdoblures, si es permitido expre- 
sarse así, comenzó á retrogradar hacia la barbarie... A fal- 
ta de hombres más capaces, soldados, apenas en estado 
de servir para sargentos, vinieron á ser comandantes, co- 
róñeles y generales. Todos estos hombres, que sin la revo- 
lución nunca hubieran pensado elevarse por encima de 
su posición, prontamente tomaron el gusto al mando y se 
rodearon de hombres mucho más incapaces que ellos, nó 
porque no hubieran podido hallarlos inteligentes, sino, por 
un cálculo de su miserable ambición, creían en la fideli- 
dad de los hombres groseros y temian como dp un rival 
peligroso para su autoridad, de todo hombre de capacidad 
Es así como la nueva República, víó bien pronto surjir 
una aristocracia bárbara, la cual pesa aun sobre el país. 
Es necesario haber visto de cerca un estado que funda su 
estabilidad sobre la glorificación de la bestialidad para 
comprender hasta qué punto la masa de un pueblo es bár- 
bara y como es restrinjido el numere de los que pueden 
aspirar á dirijir una nación ateniéndose rigurosamente á 
los límites del derecho y del deber Lo que aumentaba más 
el mal era que los hombres de alguna inteligencia, vien- 
do que les era un obstáculo su capacidad, afectaban igno 
rancia y las maneras groseras de los bárbaros entre que 
vivían, poniendo tanto cuidado en rebajarse como en 
cualquier parte se pone para elevarse. Por desgracia, la 
educación á la inversa es mucho mas fácil que la verda- 
dera: la barbarie no se remeda nunca impunemente y se 
asimila prontamente, por eso difícilmente se puede formar 
una idea de la abyección en que cayeron los hombres de 



— 325 — 

las provincias. Se tenia tal desprecio por toda clase de 
instrucción que las palabras sabio, doctor, filosofó, estaban 
reputadas como injurias groseras. Un rico habitante de 
Santa Féque se había vuelto á la barbarie, replicó á la 
pregunta que le hizo un día López porqué no enseñaba á 
leer á su hijo «|A que bueno! ¡Yo lo destino á ser gr berna- 
dor de nuestra provincial» 

En este medio horrible nació un ilustre argentino, Sar- 
miento, que hace ocho afios rindió su alma al creador en 
el Paraguay y ante cuyo cadáver se dijo: c comenzó su vi- 
da pública en tiempos rouy duros cuyo recuerdo va des 
apareciendo de la memoria de las actuales generaciones y 
es necesasio remover los escombros que han acumulado 
los sucesos de medio siglo para poder medir la magnitud 
de su trabajo. Era entonces la República un país despo- 
blado y semibáibaro, azotado por todas las tempesta- 
des.... un día pasó los Audes y sin permiso de nadie, sin 
intrt duccion alguna, se apoderó en país extraño (Chile) 
del espíritu público; entró a formar parte de los consejos 
de Gobierno, habló á los pueblos de sus grandes destinos, 
se inició la revolución social y política que dio fisonomía 
peculiar á esta civilización americana, que ya se distin- 
gue de la del Norte por cierto color de sentimiento que 
la viene de su clima y de su cielo ó que trajeron en la 
sangre las razas progenituras» (Dr. del Valle) « Poseído 
de sí mismo tuvo tan grande aprecio por sus dotes, que 
fuera atrevimiento ante sus ojos desconocerlo ó moderar- 
lo. En la ruda polémica, sus frases despiadadas, á mane 
ra de moles de granito movidas por titanes, caían sobre 
el campo de la lucha destrozando adversarios é inocen- 
tes, en tanto que él como una esfinge recibía los proyec- 
tiles lanzados á su cabeza, sin qne jamás lo hirieran.» 
(Dr. Wilde). 

Cuando vivía, el Dr. Ooyena le llamó «personalidad bu- 
llanguera que no ha escrito jamás una pajina elegante, li- 
gera ó sentida»; de su influencia en la Argentina ya no 
queda ni el Remington que era lo único que según Grousac 
quedaba ya en 1892 de sus famosas reformas, y según en 
este año escribe Ponceiis (Lit. hispano-americano) «sus 
producciones sería largo de contar y de criticar». 

No obstante, de una de ellas, la titulada Civilización y 
Barbarie, y que el Dr. López calificó de historia beduina, 
debemos decir algo porque ciertas de sus indoctas declara- 



— 826 — 

ciones logran el aplauso y son creídas por las gentes que 
do distinguen bien, que Sarmiento describe á maravilla, lo 
que vio, pero como se metió á escritor sin estudiar, peco 
sabe de la historia anterior á él, ignora que en la Argenti- 
na donde en 1580 apenas podían vivir sesenta Lombres en 
comunidad, en 1796 se tenía un comercio de más de diez 
millones de pesos oro, pero no obviante su obra para el 
que pepa leerla es la más brillante defensa del pasado Ar- 
gentino. Dice: cLa Rioja cuando principió la Revolución 
contaba con un crecido número de capitalistas y persona 
jes notab ! es, que han figurado de un mod"> distinguido en 
I us armas, en el foro, en la tribuna, en ei pulpito ....¿cuál 
no debería ser el acrecentamiento de luces, de riqueza y 
población que hoy dia debiera notarse, si un espantoso re- 
troceso á la barbarie no hubiera impedido á aquel pobre 
pueblo continuar su desenvolvimiento. Hoy (año 1845) 
tiene una población de 1500 almas, solo quince varones, 
ni un abogado, ni un médico, ni un juez, ni un hombre que 
vista frac, un estudiante en el exterior, ni una escuela, tres 
religiosos, las casas y templos mudos, no se edifica, la mo- 
neda está adulterada, todo el mundo pobrísimo, el senti- 
miento del terror es máximo, se terne hablar aun lo inocen- 
te Santa Fé, San Luis, Santiago del Estero, San Juan, 

etc. etc. son esqueletos de ciudades, villorios decrépitos y 
devastados. . ..Solo la historia de las co ¡quistas de I09 
Mahometanos presentan ejemplo de unabarbarización tan 
rápida. Y esto sucede en América en el siglo XIX ¡Es la 
obra de bolo XX aftosl» ¿Qué culpa puede tener la Metró- 
poli de que el progreso por ella implantado lo destruyeran 
los que la negaron? Retrocedió la Rioja, las demás ciuda- 
des quedaron devastadas, «dominadas las ciudades en su 
espíritu, gobierno y civilización, formase al fin el gobierno 
Central Federal del estanciero D.Juan Manuel de Rosas 
que clava en la culta Buenos Aires el cuchillo del gaucho 
y destruye la obra de los siglos, la civilización, las leyes y 
la libertad. La montonera tal como apareció en loe pri- 
meros dias de la República, bajo las ordenes de Artigas, 
presenta ya e&e carácter de ferocidad brutal.... la correa 
de cuero sacada al coronel Maciel y de la que Rosas se ha 
hecho una manea, tiene sus antecedentes en Artigas y de- 
más caudillos bárbaros. . . .enchalecar: el afio 36 se ha re- 
petido ese horrible castigo en un coronel del ejército. El 
ejecutar con el cuchillo, degollando y no fusilando, es un 



— 327 - 

instinto de carnicero que Rosas ha sabido aprovechar para 
dar todavía á la muerte formas gauchas y al asesino pla- 
ceres horlibles; sobretodo para cambiar las formas legales 
y admitidas en las sociedades cultas por otras que el lla- 
ma americanas» ¿Quién destruyó la obra de dos y medio 
siglos? Los que destruyeron el comercio con sus leyes de 
1810, los de tradiciones y nombre tan español como Bel- 
grano, Berrutti, Pueyrredon, Rondeau, etc los que de alfé- 
rez en España y estando esta invadida por el extranjero, 
desertaron de sus banderas al frente del enemigo pasan á 
ascender á generales en la Argentina y dos años después 
ofrecieron el pan de que uno de ellos era Supremo Man- 
datario á la Inglaterra «sin condiciones»; los que en 1810 
desencadenaron á Artigas, Benavides y la raza indígena 
contra las personas culta?; los que en 1811 dieron bandera 
roja al francés Azopardo, los que en 1816 quisieron im- 
plantar la bárbara dinastía del Ynca con sede en Cuzco ó en 
Buenos Aires; no negaremos, pues en el fondo es cierto, lo 
que dice Sarmiento: «había en 1810 en la Argentina dos 
civilizaciones diversas, dos sociedades distintas, rivales é 
incompatibles, la una española, europea, culta, y la otra 
bárbara, americana, casi indígena, y la revoución de 'as 
ciudades solo iba á servir de móvil, pir* que estas 'os 
maneras distintas de ser de un pueblo, se pusieran en pre- 
sencia una de otra, se acometieran y después de largos años 
de lucha la una absorviese ala otra» . Como es que no pudo 
absnrver la raza indígena á la Europea cuando en la Ar- 
gentina regían las leyes españolas, sin que España tuviese 
ni siquiera un soldado para sostenerlas; pero en cambio 
mandaba dignos y probos gobernadores que. desde Garuy 
hasta Cisneros ninguno dictó una ejecución capital y entre 
los cuales se distinguen el dignísimo Hernai darías, « 1 
saiíto Garro, el valiente Zavala, el administrador Ccballos, 
que en las provincias supieron tener émulos dignos d¿ 
ellos y que fueron reemplazados en 1810 por hombres muy 
parecidos á Quiroga del cual dice Sarmiento: <es la expre 
sión fiel de la manera de ser de un pueblo, de sus preocu- 
paciones é insti tos no por un accidente de su carác- 
ter, sino por antecedentes inevitables y ágenos de su vo- 
luntad, es el personaje histórico más singular, más notable 
que puede presentarse á la contemplación de los hombres 
que comprenden que un caudillo que encabeza un gran 
movimiento social no es más que el espejo en que se relie- 



- 328 — 

jan en dimensiones colosales, las creencias, las necesida- 
des, preocupaciones y hábitos de una nación en ana época 
dada de la historia . . . .Facundo, hijo de un sanjunmo de 
humilde condición, pero que avecindado en los Llanos de 
la Rioja había adquirido en el pastoreo una regular fortu 
na. . . . tuvo que salir de la escuela por haber dado una bo- 
fetada al maestro; á los 15 años (de edad) mata de un tiro 

á Jorge Peña en 1806 fué & Chile con un cargamento 

de grana* Jugólo con la tropa j los troperos que eran es- 
clavos de su casa. Solía llevar á San Juan j Mendoza, 
arreos de gunido de la estancia paterna, que tenían siem- 
pre la misma suerte. . . .un dia ya peón de estancia juega 
y pierde; monta á caballo sin dirección fija; á poco andar 
un juez Toledo que acertó á pasar á la sazón, le detuvo 
para pedirle su papeleta de conchavo. Facundo aproxima 
su caballo en ademán de entregársela, afectó bus«ar algo 
en el bolsillo, y dejó tendido al juez de una puñalada. ¿Se 
venguba en el juez de la reciente pérdida? ¿Quería solo sa- 
ciar el encono del gaucho malo contra la autoridad civil y 
añadir este nuevo hecho al brillo de su naciente fama? Lo 
uno y lo otro** 

Los de la logia porteña, tal vez obedeciendo instruccio- 
nes de Napoleón, erígense gobernantes y forman batallo- 
nes. Quiroga aparece en 1810 en Buenos Aires y es enro- 
lado en el Regimiento de Arribeños, desertó, después en 
Granaderos á caballo, hace lo mismo y aun mata alguno 
de sus compañeros, abofetea luego á su padre porque le 
negaba dinero y huye á engrosar las montoneras de Ra- 
mírez «insultaba al más pintado, tenía mucha aversión á los 
hombres decehtes, de ióven era muy reservado, y no solo 
quería infundir miedo sino aterrar, para lo que hacía en- 
tender á hombres de su confia* za, que tenía agoreros ó era 
adivino: que con los que tenía relación los trataba como 
esclavos, que jamás se había confesado, rezado, ni oido mi- 
ta, que el mismo decía que no creía en nada. Este tipo de 
la barbarie primitiva no conoció sujección de ningún gé- 
nero, su cólera era la de las fieras, ia melena de sus rene- 
gridos y ensortijados cabellos caía sobre su frente y sus 
ojos ciguedejas, como las serpientes de la cabeza de Me- 
dusa; su voz se enronquecía, sus miradas se convertían en 
puñaladas: dominado por la cólera mataba á patadas es- 
trellándole los sesos á N. por una disputa de juego: arran- 
caba las orejas á su querida porque le pedía una vez trein* 



— 329 — 

ta pesos para celebrar nn matrimonio consentido por él, 
abría á su hijo Juan la cabeza de un hachazo porque no 
había forma de hacerlo callar, daba de bofetadas en Tucu- 
mán á una linda señorita á la que no podía ni seducir ni 
forzar.» 

La gestión comercial de Quiroga nos interesa en extre- 
mo y por eso copiamos: f Es nombrado Comandante de 
Campaña. .. .Rematábanse los diezmos de la Rioja en 
aquella época en diez mil pesos anuales, este era por lo 
menos el término medio. Facundo se presenta en la mesa 
de remate y ya su presencia hasta entonces inusitada impo- 
ne respeto á los postores. Doy dos mil pesos y uno más 
sobre la mejor postura. El escribano repite la postura 
tres veces y nadis puja más alto. Era que todos los con- 
curreutes se habían escurrido uno á uno. Esto era en 1824, 
al año siguiente se suprimió la ceremonia del remato y en 
1831 aun enviaba anualmente dos mil pesos, valor fijado 
á los diezmos; pero le faltaba un paso que dar para hacer 
redituar al diezmo un ciento por uno, y Facundo desde el 
segundo año no quiso recibir el de animales, sino que dis- 
tribuyó su marca á todos los hacendados á fin de que 
errasen su diezmo y se lo guardasen en las estancias hasta 
que él lo reclamara. Las crias aumentaban, los diezmos 
nuevos acrecentaban el pifio del ganado, y á la vuelta de 
diez aftos, se pudo calcular que la mitad del ganado de las 
estancias de una provincia le pertenecían y llevaban su 
marca. . . . los ganados mostrencos que pertenecían al fi&co, 
hizo que se los adjudicasen y mandaba á las ciudades sus 
abastecedores ¡desgraciado de aquel que entrase á compe- 
tir con éll en San Juan.... en Mendoza en Tu en man 

ordena que nadie pueda abastecer de carnes el mercado, 
sino él ... .So crea una Casa de Moneda y Facundo es el 
primer accionista sin dar un centavo, para lo cual se hace 
adjudicar el antiguo colegio de los jesuítas, el gobierno se 
lo concede y él lo entrega á cambio de acciones . . . ¿quiere 
quedarse con el dinero de sus amigos? se ponía á jugar y 
no permitía que se levantaran de la mesa hasta que todo 
lo había él ganado, no bebía nunca y permanecía hasta 
cuarenta horas jugando.» 

En un dia cualquiera de 1810 á 1853 se cometieron por 
los gobernadores patrios más excesos que en los doscien- 
tos treinta años que la Argentina tuvo gobernadores por 
Espafia: la ambición desenfrenada de la Junta de 1810, 



— 330 — 

cuyo presidente en el mismo año ya soñaba con ser Empe- 
rador, hizo subir el cieno á la superficie, de lo que sobre- 
vino una serie de guerras entre ef gefe, libertador, protec- 
tor, general, etc. de cada pueblito, muy parecidas á las 
guerras privadas que quinientos años antes del hallazgo 
de América habíají asolado el Norte de Europa y que en 
España han sido desconocidas pero que en la Argentina 
fueron aun más horrorosas que no en Alemania en la Edad 
Media, pues en esta algo las amortiguaban los monaste- 
rios, los legados pontificios, etc: he aquí como las describe 
Sarmiento: cFacuudo enlra en Tucuroán; contribución; 
fusilar inmediatamente al ciudadano que no la pagaba, 
azotar á los sacerdotes y fusilar á ios oficiales prisioneros; 
una comisión de niñas va á implorarle, las entretiene una 
hora preguntándoles su edad, familia, etc.; y de pronto. 
¿No oyen esas descargas? los treinta y tres oficiales des- 
nudos, la mayor parte de la Independencia, eran remata- 
dos en aquel momento. 

Al dia siguiente el secuestro j un botin de medio millón 
para Quiroga; seiscientos azotes porque un joven distin- 
guido ha recibido cartas de prófugos en las que no se ha- 
bla de política, y como los soldados no dan bastante fuer- 
te, Quiroga empuña las rienda?, y después el mismo cura 
con salmuera las heridas; trescientos lazazos á uno que 
se atreve á murm irar. . . .deshonra á las mujeres que lo 
place.... si no lo mata otro que era más gaucho que él, 
Rosas, Facundo llegó á ser Presidente, Libertador, Res- 
taurador, Supremo Dictador, y sus escritores áulicos dicen 
p:\stes del coloniaje y la obcecación es tal, que no hallan- 
do epítetos se le ocurre en algún caso al mismo Sarmieo 
to la impropia frase, bárbaras tradiciones coloniales. 

|Pero no había leyes y constitución en la Argentina en 
los dia<* de Quiroga, Corro, Artigas, Benavides, y otros go- 
bernadores! ¡Gomó no y hasta Congresosl pero escu- 
chemos á Sarmiento: ten 1826 terminada la Constitu- 
ción que el Congreso había discutido se ra ndó á las 
provincias para su aceptación fué bien singular la recep- 
ción quede ella hizo Quiroga á nombre de la provincia 
de San Juan: en el centro de un potrero de alfalfa don- 
de tres cueros de novillos sostenidos en lanzas, hacían 
un toldo de indios para resguardar de los rayos del 
sol al califa de los creyentes, al enviado de Dios, según le 
lamaba un predicador: estabí Facundo tendido dq bruces 



— 331 - 

sobre una manta negra, vestía entonces calzoncillo añas- 
gado, bota de potro y espuelas, chiripá de espumilla car- 
mesí y manta de paño colorado; por toda insignia militar 
llevaba una gorrita con visera de oro macizo. El Doctor 
Zabaleta, deán de la catedral de Buenos Aires y enviado 
del Congreso fué presentado y recibido en aquel palacio: 
desconcertado en presencia del caudillo que permanecía 
tendido y sin mirarlo, balbuceó algunas frases sobre su au- 
gusta misión. Facundo alargó la mano, recibió la Consti- 
tución y en caracteres de intento apenas inteligibles, puso 
en la tapa despachado y todo quedó concluido.. . .eo Men- 
doza, sucedió oti o tanto .... por todas partes fué (recibida 
la Constitución del mismo modo, no por los pueblos, sino 
por los caudillos. . . . Peor fué que más tarde vino un gau- 
cho de la Pampa, y no comprendiendo nada de esta alga- 
rabia de libertades y garantías dijo: esto se entiende así, y 
[>K&6 á sus peones el cuchillo con que degollaba reses, para 
degollar hombres. [Así se gobierna hoy la República, como 
las reses del matadero!» 

Esto se escribía y era una verdad en 1845. Sin em- 
bargo, por la legislación comercial de Rosas, ya sabemos 
que este no hizo más que seguir lo que en 18 LO se había 
implantado, en cuanto al modo de gobernar hizo lo mismo 
que Moreno, Belgrano, Castelli, Fuaes, etc.: ni más ni rae- 
nos, y sino recuérdese por qué fueron ejecutados Liniers, 
roncha, Orellana, Paula Sanz, Nieto, Viola, Cañete, para- 
guayo, etc. etc. etc. por qué se desterró á los miembros es- 
pañoles y criollos de la Audiencia, por qué se mató á los 
Cabildos, etc., etc ; y por qué á los gobernadores responsa - 
bles ante leyes severas y jueces desconocidos se los reem- 
plazó con analfabetos merecedores de un par de grille- 
tes: etc. 

Sarmiento no ha sido el único en ver lo que no se atre- 
vió á confesar: el Dr. Albeidi al comparar lo que eran las 
coloi.ias inglesas y las españolas en 1776, se preguntaba: 
¿Por qué ha progresado Norte América y por qué nos he- 
mos estacionado ó retrogradado nosotros? Pelliza' confie- 
za (t. 11) cá la revolución de 1810 le sobraron hombres 
eminentes y tenía para su defensa una población, en su 
mayor parte formada en los campos, sobria, robusta y 
amante de la libertad» ¿por qué se maleó? 

Porque los hombres del 25 de Mayo de 1810, los hicie- 
ron servir para destruir ia hermosa obra que, españoles y 



- 382 — 

criollos en númeio igual, habían llevado á cabo el dia 
¿interior. El mes de Majo es glorioso, pero no por su dia 
25 sino por su dia 24 de 1810, en que se vio durante unas 
horas marchar al Cabildo porteño hacia un porvenir fe- 
cundo y glorioso que, al dia ¿guíente, que era viernes y 
llovía, ahogaron los Belgrano y Moreno con los batallo- 
nes de patricios y pardos. 

Desenvolveremos en otra oportunidad esta idea, que en 
verdad tiene bien poco ¿e original, no se necesita para 
verla clara y patente sino leer las Actas Capitulares délos 
dias 20 á 25 de Mayo, que publicó hace años el Registro 
Nacional de la República Argentina, la cual desde el 25 de 
Mayo de 1810 hasta algo después de 1853, ha sidorejidadr 
un modo diametralraente opuesto al observado desde 1536 
hasta el propuesto el 24 de Mayo de 1810. 

Resabios de la administración colonial no quedan; de 
la que la siguió es fácil observarlos aun boy dia, en el Pa- 
guay, mientras no tengamos estadistas propios, que es co- 
sa imposible de improvisar: nos hacia faltar saber cual ha 
sido el mejor sistema, si el llámalo de libertad ó el que lo 
era positivamente, aunque no se engalanaba con tan santo 
nombre para hacer venerable la profanación, engañar al 
inundo y atormentar á los habitantes hasta envilecerlos ó 
matarlos. 

Las ideas de los falsos profetas, que cual Sarmiento bus- 
caban las causas de los males que eufrian en las épocas 
que eran inocentes de esos tormentos y que habían hecho 
todo lo posible para que ni siquiera se iniciasen, ya tienen 
en la Argentina quien las combata con erudición y bríos. 

Entre otros, el Dr. Quesada, mientras como diplomático 
y ministro prestaba inmensos servicios á su patria, tal vez 
escasamente pagados, escribía (Virreinato del Rio de la 
Plata) «el virrey no era un mandatario despótico, absolu- 
to, autocrático, irresponsable ni omnipotente. De los 
acuerdos y resoluciones se llevaban actas, se llevaban en 
libros y había derecho de opinar en disidencia, de manera 
que, de todo quedada la prueba; nada era verbal, había re- 
gularidad, orden y responsabilidad legal y moral; la pri- 
mera se hacia efettiva; lo que es desconocido en los gobier- 
nos democráticos después de la independencia. Ruidosí- 
sima fué la causa seguida en la capital del vireinato á un 
alto funcionario en tiempo de la colonia por desfalco de 
setenta mil pesos plata, cuya reintegración exigió y obtu- 



— 383 — 

vo la Real Hacienda, siendo inmediatamente destituido el 
funcionario, que de digusto falleció pocos dias después. 
No nombro el personaje, altisiraamente colocado, por con- 
sideración á sus descendientes. Cito el hecho para de- 
mostrar que entonces no se cubria con el velo de la indem- 
nidad estos abusos de confianza y esta falta de honradez 
Hubo, no hay duda, funcionarios venales, pero cuando el 
hecho se descubría se castigaba, y no se perdonaba desfal- 
co alguno, por encopetado que fuese el empleado. Esta 
es una garantía de moralidad administrativa que no es 
bueno olvidar había verdadera honradez adminis- 
trativa. El peculado, el favoiitismo, la insubordinación, 
el desacato y la incompetencia personal, eran causas de se- 
paración, de juicio y de castigo. Si se conservasen las 
tradiciones de moralidad de los empleados de la época co- 
lonial, el gobierno independiente habría ganado en orden 
y en crédito ...... el empleo no se daba á la incompeten- 
cia, ni el favor era el único camino. Empezando por los 
que se llamaban oficiales entretenidos, á quienes se les 
calificaba las cualidades que poseían de capacidad y mora- 
lidad para entrar en el servicio de las oficinas de hacien- 
da. Éstas tradiciones se han olvidado completamente en 
los gobiernos republicanos» etc. 

XXX 

Si mucho brillan las leyes españolas y sus empleados, al 
compararlos, con los del siglo XIX, más lucen, si el pa- 
rangón es imparcial, al hacerlo, poniendo al lado las de 
Inglaterra en Irlanda, Escocia é India actuales; y en el pa- 
sado con su acta de navegación, y administración religio- 
sa, política y comercial en América del Norte, aunque co- 
sa muy diversa crean los que discursean sobre historia sin 
conocer esta, 

Aquí nos concretaremos á advertir á los que sienten no 
haber sido descubiertos por Cabot, cuando este andaba al 
servicio de Inglaterra, que por mal pagado tuvo que aban- 
donar para pasar al de España que, sus ideas se pueden 
discutir, por más necias que nos parezcan. 

Los españoles no robaron á las sabinas, ni siguieron la 
poligamia que hallaron establecida en toda América, ni 
encargaron, cual los ingleses, mujeres á la Metrópoli á cam* 
bio de fardos de tabaco, sino que se unieron á las indígenas 



— S84 — 

por la lej del amor y á los hijos que con ellas tuvieron Jes 
dieron los derechos j prerrogativas de españoles, y como 
tales fueron hasta Regentes del Reino de España. 

Los ingleses procedieron de muy distinta manera, no ya 
en la porción del nuevo continente que tarde y mal colo- 
nizaron, sino en la propia Argentina; en 1769 escribía Bu- 
carelli á Aranda (ttravo. Exp. jesuítas) cEn Chiloe se ha- 
llan establecidos los ingleses Esta noticia fué dada 

por los indios de aquel país que bajaron á Chiloe á dar la 
queja á los españoles de los daños que recibían de aquellos 
blancos, no siendo el menor el que mataban á los indios y 
se llevaban á las mujeres». 

Desde 1583 hasta 1806, infinito número de buques piratas 
franceses, holandeses, y principalmente ingleses, amenaza- 
ron Buenos Aires ó con el sostuvieron comercio, pero co- 
mercio de contrabando ó de trata de negros. 

En ese año los ingleses enviaron una flota á conquistar 
Buenos Aires y Montevideo, las autoridades que establecie- 
ron fueron Berresford, el luego terrible pro-consul de Por 
tugal y el norte-américano Anchummati, que habia perma- 
necido fiel y guerreado en pro de su metrópoli, que trató 
no poco á Belgrano, Castelli y otros y que según Mitre 
(Historia Belgrano 1. 1) consideraba á los «argentinos, por 
su ignorancia, t>u falta de moralidad y la barbarie innata 
de sus inclinaciones, incapaces para gobernarse por si mis* 
mos.» 

Comunicada á Londres la noticia de la toma de Buenos 
Aires, era tal el desconocimiento que en Inglaterra se tenia 
respecto del territorio argentino que «los comerciantes. . . . 
enviaban á Buenos Aires, picos fabricados de intento para 
cortai las venas de oro macizo de que se suponía cuajado 
el nuevo El dorado» (Mitre). 

Al ver los ingleses que tales minas no existían, hubieran 
vuelto sus iras contra los criollos de una manera no muy 
blanda; y el asturiano Alvarez Larragaña, dio su di- 
nero á Pueyrredon para que éste y sus compañeros de lo- 
gia, se dieran luego el gustazo de fusilar á los que les sa- 
caron á los ingleses de encima, Alzaga, Concha, Liniers y 
el gobernador Velazco del Paraguay que más le valia ha- 
ber muerto, ejecutado tambienl 

XXXI 

Toda conquista es justa cuando mejora las condiciones 



— 896 — 

morales y materiales del pueblo conquistado, no lo es cuan- 
do á Jos conquistadores les acontece lo que á los soldados 
de la triple alianza en el Paraguay, que ranchos de ellos, al 
ver los hilos del telégrafo decían que los paraguayos eran 
tan arrimadnos á la colaque ponian alambrados en el aire. 
(Centurión. Memorias t. 2). 

Hoy, el derecho de conquista de que Chile ha usado en 
dos ocasiones contra otras naciones americanas, no es más 
que un semillero de futuras guerras, porque fio mejora las 
condiciones morales y materiales de los conquistados, cual 
lo haría si él ó el Brasil, que también se ha apoderado de 
porciones de la Argentina, Bolivia, Pamguay y Uruguay 
pudiese implantar su cultura en donde habita solo «el res- 
to infeliz de la criatura primitiva» ó sea el indio que no 
sabtque, por la ley es chileno, peruano ó boliviano. Los 
tratadistas de derecho están conformes con los historiado- 
res. Bloore en su célebre Utopia no encuentra justa sino una 
clase de guerra y es, aqnellaque se hace á los que teniendo 
territorios no dejan que sean labrado. Bello (Derecho In- 
ternacional) dá acojidaá la antiquísima doctrina que Sch- 
raalz expresó diciendo: «Donde quiera que el cazador sal- 
vage ó el pastor nóraa le, lleva una vida errante, la tierra 
carece de dueño y nada prohibe su cultivo al colono indus- 
trioso. ¿A qué título se abrogarían las hordas nativas el 
dominio de un suelo que no han podido marcar con el tra- 
bajo?» 

No obstante esto, el oro y la plata que en puntos muy li- 
mitadas de América hallaron los españolen, deslumhra á los 
escritores de toda ella que para criticar son americanos, 
pero para encomiar, son bolivianos, chilenos, argentinos, 
etc. y como tales, en cincuenta años han derramado entre 
sí más sangre y gastádose más en armamentos y pertrechos 
de guerra para combatirse, que no han gastado y desgata- 
do ¿sia y Europa desde antes de las ciuzadas hasta boy. 
Tal americanismo, á más de poco formal es antisocial, por- 
que significa la unión para la destrucción y no para fo- 
mentar algo. 

Al hablar nosotros del comercio, la industria y la socia- 
bilidad en los [mises del Plata nos hemos colocado en el 
peor terreno para estudiar en América su abyección en el 
siglo XV, sus grandezas en los siglos XVI & XVIII y su pos- 
tración en la centuria actual, de la cual saldrá en la próxt- 



— 336 — 

nía, si la inmigración y las buenas ideas van cundiendo 7 
propagándose, y los capitales extranjeros afluyendo. 

Ciertamente que en Guancavélica se halló azogue; en 
Potosí, oro y en Méjico plata; pero en los paisas del Uru- 
guay, Paraguay y Argentina nunca hubo más mercurio, 
oro ni plata que los importados y como los hijos de estos 
no son bolivianos, peruanos ni mejicanos, nada pueden en- 
vanecerse de las riquezas de estos, hasta se da el caso de 
que las grandezas de ellos pueden volverse en males, pues 
por desdicha, las relaciones entre los que poseían minas de 
cobre (Chile) y los argentinos son algo turbias j no son ex- 
cesivamente extrechas entre los en que se halló el cacao 
(Bolivia) y los paraguayos etc. etc. y ya en los tiempos 
prehistóricos se hacía guerra á muerte á los que poseían 
los diamantes (tupis) y los que gozaban del maiz (guá- 
rame). 

A más, si poco gen eral izad o 8 estaban en América los me- 
tales preciosos, y si el indio no podia extraer sino los que 
estaban á flor de tierra, dada su carencia de instrumentos; 
no le servían tampoco para representar valores, pues 
donde habia moneda era esta el cacao, y el oro y la plata 
solo los utilizaban los indios para adorno del antropófago 
Motezuina ó del fratricida Atahualpa. 

Con los metales preciosos no podían proporcionarse los 
americanos nada que de lejos se pudiese llamar cultura ni 
civilización rudimentaria; esta solo se forma con lo que les 
faltaba, hierro, agricultura, alfabeto, numeración, animales 
de carga y silla. 

Hoy el Estado vende los territorios ocupados por los in- 
dios y estos siguen como únicos poseedores, y aun las cha- 
cras, de los campesinos para convertirlas en estancias; en 
lo antiguo el que se atreviera á hacerlo lo hubiera paga- 
do muy caro, fuese virey, municipio, gobernador, obispo, 
ó lo que fuese. 

No obstante todo esto, si nos atenemos á muchas decla- 
maciones que á diario se enseñan de palabra y por escri- 
to, el quinto de los reyes, que pronto se convirtió en décimo 
y luego en veinteabo, y que solo gravitaba sobre los bene- 
ficios de las minas, es una cosa que debe quitar el sueño á 
muchos pensadores y estadistas del siglo XIX y por eso 
debemos buscar el medio de tranquilizarlos. 

Dice Laboulaye (Hist. politique Etats Unís. 1. 1) «en 1496 
Enrique VII de Inglaterra dio á Cabut una comisión pare- 



— 337 — 

cida á la que Fernando é Isabel habían acordado á Colon, 
más el Rey de Inglaterra no imitó la liberalidad del de Es- 
paña y no se encargó de nada de los gastos de la expedi- 
ción, pero ae reservó el señorío y el quinto del producto 

neto la reina de Inglaterra en su privilegio á Ralehig, 

no le dio nada para los gastos pero se reservó el quinto y 
el sefiorio.t 

En lo antiguo, unos, se llevaron la fama y otros el pro- 
vecho á partir de Colon cuyos enormes gastos antes y des- 
pués de 1492 sufragaron los Reyes de su peculio, para en- 
contrarse al final con lajas pedernales y un pleito bien in- 
justo del heredero de Colon, que corno este, no era es- 
pañol. 

En lo contemporáneo mucho de lo mismo les acontece 
á los de habla castellana, díganlo las minas de California, 
los mejicanos gozaron los pesares y los norte-americanos 
se quedaron con los productos de los placeres. 

Sin pensarlo nos vamos estendiendo más de lo necesa- 
rio y aunque todas estas premisas nos sean útiles para es- 
tudiar la emancipación del Paraguay y combatir los erro- 
res por él más propagados, bueno será ceñirnos un poco 
más al tema principal. Si se sacase la cuenta, con muy 
módicos intereses, se encontrarían deudores los habitan- 
tes del Plata antiguo y actual de una suma fabulosa al te- 
soro de España, no ya por haber traido sus representantes 
los pastos, ganados, cereales, frutos, familia, universida- 
des, imprentas, municipios, etc. que son el adorno, orgullo 
y riqueza de estos países; sino porque el Rey entregó en 
1514 á Solis 4000 ducados en oro para ayudarle á fletar 
sus tres navios y le prestó cuatro bombardas y sesenta ar- 
maduras, de este modo pudo descubrirse el mar dulce, hoy 
estuario del Plata; el Rey apartó á Magallanes, cinco ba- 
jeles de buen porte, bien artillados, con manutención para 
dos años de la tripulación y señaló cincuenta mil marave- 
dís de sueldo para los dos socios capitanes, etc. y así pudo 
descubrirse el estrecho, hablarse de la Patagonia y demos- 
trarse prácticamente la esferiicidad de la tierra: el Rey 
tomó á sueldo á (raboto, á Mendoza, donó ornamentos y 
dinero á los Obispos y dietas á los Gobernadores, etc. etc. 

Estos dineros fueron perdidos para España, no importa 
que para mucho sirvieron y sirven, pero como demócratas 
seamos justos, ya que España los ba olvidado y eso que 
ni los intereses de ellos cobró, pues desde 1602 ya permi- 



- 338 - 

tió el comercio con Brasil, Gninea, Motacas, etc. y m bien 
lenta aduanas «todas las expediciones contra los Hidios se 
hacían siempre con dineros del R*y\ tomados anas veees 
de las cajas particulares de la Inteudencia, otras de la ge- 
neral del Vireinatoi Pelliza (t, 3). Con lo cual dicho se es- 
tá que, la emancipación Argentina fué un gran bien para 
España pues alivió á su tesoro de no pequeñas erogacio- 
nes, aunque por la foiraa en que se hizo el nombre de ella 
quedó mal parado entre los pocos amigos de la historia y 
los españoles establecidos en la argentina perdieron, como 
los criollos cultos, sus intereses y vidas, de un modo bien 
injusto y contrario á toda democracia y sociabilidad! por 
lo que tiene razón, aunque equivoque las causis Menen- 
dez Pelayo (Ciencia Española) «los españoles .sem- 
bramos en el Nuevo Mundo, á manos llenas, religión, cien- 
cia y sangre, para recoger más t trde cosecha de ingratitu- 
des y desl» altad* s, propia fruta de aquella tierra». 

Dr. M. Fernández Sánchez 
(Continuará) 



de la Victoria ie Tacuarí 



i Del archivo do don Enrique S. López — Articulo de fi¡f Semanario, del 10 de Mano de 
1806. núm 6)0 . 



1 

El dia de ayer hemos rememorado el aniversario déla 
victoria que las armas nacionales han alcanzado por se- 
gunda vez el año 1811 sobre el ejército porteño que con 
el designio de sujetarnos á la dominación y prepotrn 
cia del Gobierno de Buenos Aires, creado por la revolu- 
ción de Mayo de 181o* se ha lanza 'o á nuestro territo- 
rio con la ilusión de sofocar el sentimiento patrio repu- 
blicano. 

Recordamos con gloria el próspero suceso de Tacuarí 



- 839 — 

en nueve de Marzo de 1811, y cada paraguayo que sien* 
te palpitar su corazón encendido por el fuego del patrio- 
tismo, y animado de la heroica resolución de conservar 
incólumes sus sagrados derechos y los principios demo- 
cráticos que han pretendido extinguir desde un princi- 
pio los demagogos de Buenos Aires, no puede menos que 
engolfarse en satisfacciones al traerá la memoria un he- 
cho de tanta trascendencia para el bien y prosperidad 
de la República. 

Cincuenta y seis años hace que el pueblo paraguayo 
ha dado el tremendo escarmiento de Tacuari al osado 
enemigo que ha profanado el suelo patrio, considerándo- 
nos imbéciles, ó impotentes. 

En justo regocijo de tan plausible día pasamos á dar 
algunos detalles de aquella memorable jornada que por 
parte del enemigo ha sido publicada á su placer, doble- 
gando los hechos históricos; y al mismo tiempo, haremos 
algunas breves observaciones acerca de los puntos mas 
culminantes que reclama la verdad en la obra titulada 
«Historia de Belgrano por Bartolomé Mitre», cuyo autor 
ha inclinado en cuanto le ha t>ido posible, á íavor de su 
partido, la balanza de la justicia. 

Haremos una mención suscinta pero real y verdadera 
de aquel trájico suceso, ciñéndonos estrictamente á los 
datos fidedignos, y mas imparciales que hemos leido sobre 
el particular. 

En un manuscrito hemo < encontrado estos conceptos y 
relaciones que por su sencillez y claridad conceptuamos 
dignos de atención y mérito. Según deja entender el tra- 
bajo ee de algún militar de caballería que asistió en la 
acción. Aceptamos de buen grado estos detalles mientras 
podamos obtener datos oficiales sobre el particular. Hé 
aquí la narración. (1) 

II 

«El día jueves 7 de Marzo como á las 10 de la ma- 
ñana llegó con su división el Comandante General don 
Juan Manuel Gamarra, é inspeccionando la situación del 
enemigo y la de nuestras fuerzas, propuso el plan de 
ataque de dirigirse todo nuestro ejército á pasar la otra 

(1) Se publica sin correcciones al texto. 



- S40 — 

banda del Tacuarí por la puente que coa tanto esfuerzo 
había construido el comandante de Caballería don Luis 
Caballero como una legua arriba del paso de dicho ar- 
royo, quedando á esta banda tres ó cuatro cañones con 
trescientos ó cuatrocientos hombres con el objeto de di- 
vertir y entretener á los enemigos, mientras que nues- 
tro ejército pasaba al otro lado por la puente con di- 
rección á tomarlos por las espaldas. 

El General Cabanas fué de parecer que Gamarra pa- 
sase con dos compañías de cuarteleros con el total de 112 
fusileros, y la gente de caballería con lanzas y como 80 
carabinas y trabucos, todos ellos á cubrir tres ó cuatro 
cañones que intentaba pasasen al ataque; á lo que el 
comandante Gamarra espuso que no respondería por 
aquellas tropas y armamentos por conceptuar que los 
enemigos estaban muy fortalecidos y con cuatriplicado nú- 
moro de armas de fuego, y que por eso el que pasase á 
este ataque era preciso que llevara siquiera fuerzas do- 
bles de las señaladas. 

El General Cabanas resolvió y dispuso pasar el vier- 
nes 8 después de entrar el sol, y aunque de sus confe- 
rencias con los comandantes y oficiales no se resolvió 
nada por el momento, después se convino en dirijirse 
con todas las fuerzas al ataque como había propuesto 
Gamarra, y se empezó la marcha como á las 11 de la 
noche para llegar al enemigo á la madrugada, quedando 
á esta banda cuatro piezas de artillería al mando del 
Sargento veterano Pedro Fernandez y 77 fusileros con 
tres compañías de lanceros á cargo del teniente don 
Pedro Pablo Miers, y todos á las órdenes del comandan- 
te de caballería don Juan Antonio Caballero; así se ve- 
rificó quedando á esta parte el Capellán Fray Pedro 
Abalosy acompañando ai ejército principal el Capellán 
Castrence don José Agustín de Molas. 

Llegado el ejército á la puente, como á las dos de la 
mañana con 6 piezas de artillería, y como mil hombres 
mas ó menos venciendo inmensas fragosidades; aquí se 
suspendió el ejército en medio de unos pajonales terri- 
bles por que aun no se había abierto el monte al otro 
lado, á cuyo efecto rompieron y abrieron un varadero 
con machetes, sables y cuchillos para los trenes y carros 
de municiones, empleándose en esto como dos horas- La 



- 841 - 

puente era de treinta varas de longitud y cuatro de la- 
titud. 

Al amanecer empezó á pasar el ejército, yendo por 
delante las cuatro compañías cuarteleras con sus respec- 
tivos oficiales, y en seguida la artillería: en este inter- 
valo se oyeron los tiros de caflón del Sargento Fernan- 
dez encargado de divertir al enemigo, como también el 
comandante de los botes don Ignacio Aguirre, para cu- 
yo efecto entró á la boca del Tacuarí con tres botes, y 
después hasta el mismo arroyo. 

Logróse de esta manera pasar con la mayor felicidad 
todo nuestro ejército, no habiendo tenido los enemigos 
el menor indicio de nuestra situación; pero atropellan- 
do de nuevo un inmenso pajonal y pantanos, fué pre- 
ciso romper aquel con sables para transitar, pues era 
tan elevado que montado un hombre á caballo no se 
distinguía por ningún costado. 

En la capilla de Tuparaf, situada en la cercanía del 
Tacuarí, habia una guardia enemiga, y los paraguayos 
deseosos de dar con los enemigos iban con tal furia 
que ni la vista de ellos, ni la muerte, ni nádalos conte- 
nía ni podía contener: al momento el General Gamarra 
mandó al comandante don Blas José Rojas echara dos 
espias para el camino de Itapúa (precaución tomada pa- 
ra un caso de dirigirse Rocaraora á este lugar que se 
hallaba en el nominado pueblo) y juntamente avanzase 
con algunos soldados á la referida capilla; con lo que 
desampararon este punto precipitadamente como 30 ene- 
migos. 

Los Generales mandaron entonces que todos los indi- 
viduos trajesen en el sombrero un ramo de laurel y una 
cruz de palma en la chaqueta ó en el pecho, para dis- 
tinguirse de los enemigos, y no experimentar aquella 
confusión ocurrida en la batalla de Paraguarí. 

Serian las 7 de la mañana cuando de una isleta en 
las inmediaciones de la referida capilla salieron precipi- 
tadamente los enemigos, á quienes los paraguayos diri- 
gieron un cañonazo seguido de una grita formidable y 
entusiasta de las tropas. 

Los enemigos se hallaban á muy corta distancia apo- 
derados de tres islas. 

El Mayor General don José Ildefonso Machain se ha- 
llaba emboscado con la gente de su mando, teniendo 



— 842 — 

V 
tres piezas de artillería, y solamente algunos pocos arti- 
lleros se dejaban ver, ejecutando un vivo fuego. 

Los nuestros ganaron abajo de la capilla donde se vio 
un corral, en cuya tranquera el capitán don Antonio Za- 
vala colocó su artillería que la cubrió la 3 a compañía del 
Dr. García y su teniente don Juan Bautista Acosta. 
La izquierda ocupó el teniente coronel graduado de ar- 
tillería don Miguel Feiiú sostenida por la cuarta compa- 
ñía de don José Mariano Recalde, y la I a del capitán 
don Pedro Juan Caballero. 

A la derecha se colocó el alférez de artilleros don 
Francisco Guerreros, y don Santiago Feliú Mahones de 
Pirayú, que por inteligencia y destreza para disparar con 
acierto un cañón como se experimentó ya en Paragua- 
rí, le confió el comandante artillero don Pascual Urdapi- 
lleta, siendo defendidos por la 2 a compañía del capitán 
don Antonio Tomás Yegros, y por la infantería del co- 
mandante don Blas José Rojas. 

En este estado pues se hallaba nuestro ejército soste- 
niendo un fuego el mas vivo y terrible que los enemigos 
despedían bajo el amparo de las referidas islas; y por 
mas que nuestras tropas les correspondían con la ma- 

Íor viveza, no podemos inferir el destroso que hubiesen 
echo nuestros fuegos á los enemigos, pues ellos estaban 
ocultos, y nosotros á pecho descubierto, permitiendo 
el Dios de los ejércitos que en este choque tuviésemos 
una pérdida muy pequeña. 

El General Gamaria viendo el poco fruto que resulta- 
ba de hacer fuego á las islas y que se iban disminuyen- 
do nuestras municiones, de acuerdo con el comandante 
de vanguardia don Fulgencio Yegros ordenó que la ar- 
tillería y caballería avanzasen las mencionadas islas. Así 
se verificó, dando este avance llevado con el mayor ar- 
rojo y decisión, el brillante resultado de apoderarnos del 
punto ocupado por los enemigos, dos cañones de bron- 
ce con un carro capuchino y una carretilla con las mis- 
mas(¿?) que les quitó el capitán Insaurralde; ciento veinte y 
tantos prisioneros entre ellos el Mayor General Machain 
y seis oficiales mas, con otros tantos fusiles, habiendo 

auedado en el campo de batalla un número considerable 
e muertos y heridos. 

Se ha hecho espectable por su valor, intrepidez y pru- 
dencia el General de división don Juan Manuel Gamar- 



— 848 — 

ra, y asi mismo se ha distinguido el comandante de van- 
guardia don Fulgencio Yegros, el intrépido comandante 
de caballería don Gervacio Acosta y su 2 o don Garlos 
Santos, el comandante de caballería don Fortunato Acos- 
ta, el valeroso capitán don Amancio Insaurralde, el co- 
mandante de caballería don Sebastian Taboada, el ca- 
pitán de caballería don Francisco Barrios, el capitán de caba- 
llería don Juan Bautista Ri varóla y su teniente don José 
Antonio Sosa: también se distinguieron en esta acción 
los tenientes urbanos don Fernando Gavilán y don Bla 
miel Ferreira con su alférez don José Mariano Mancuello: 
los capitanes don Antonio Tomás Yegros y don Pedro 
Juan Caballero; el intrepidísimo teniente don José María- 
no Recalde, y los famosos ayudantes don Vicente Iturbe 
y don Mariano Mallada, como también el teniente de 
rasadores don José Antonio Yegros. Asi mismo se portó 
con valentía el teniente coronel don Miguel Feliú siendo 
uno de los que pidieron el avance. 

Igualmente el capitán don Antonio Zavala, el alférez 
don Francisco Guerreros y el Mahones don Santiago 
Feliú. 

También mostraron un valor ejemplar el capitán reti- 
rado de la caballería don Pedro José Genes y el gallar- 
do soldado de la 4 a compañía de Villa Real don José 
Mancuello, que entre los dos tomaron tres prisioneros en 
el avance. Los sargentos Francisco de Paula Ortiz, y 
Carlos Arguello se especializaron también en esta fa- 
mosa acción. 

No podemos menos que elogiar la bizarra acción del 
célebre don Juan Bautista Agüero, pues habiéndose 
metido entre los fuegos logró enlazar un cañón á los 
enemigos y lo presentó al comandante general de divi- 
sión Gamarra, pero en este acto una bala de tusil ó me- 
tralla le llevó el cuello de la chaqueta y parte del pelo; 
como también el arrojo temerario del teniente don Jo- 
sé Mariano Recalde á una de las islas donde suponién- 
dose que los enemigos estuviesen ya rendidos, le hicie- 
ron un fuego terrible, pero felizmente no le acertaron, 
en cuya empresa lo acompañó el teniente don Martin 
Fleitas. 

Quisiéramos tener expresiones para poder pintar el • 
terrible avance de los nuestros á los enemigos, cuya ac- 
ción mas pareció temeridad que valor, y los enemigos 



— 844 - 

hicieron un fuego tan vivo Cvino también los nuestros 
que toda comparación es pequeña y por mas que un ta- 
lento elevado quisiera demostrarlos desmayaría, y falta- 
ría expresiones para poderlo significar como es en sf t 
pues llegaron á término que hiciesen uso de las lanzas, 
bayonetas y armas blancas. 

Nuestro comandante de caballería don Gervacio A- 
costa el primero que avanzó con los nobles pobladores 
del fiel y generoso pueblo de Caazapá fué herido gra- 
vemente de una metralla de que murió, pero al momen- 
to nuestro capellán don José Agustín Molas, en medio 
de una" multitud de balas corría á aquel puesto á auxi- 
liarlo: es increíble el valor, y celo de este ministro co- 
rriendo de un lado á otro en el campo de batalla has- 
ta llegar á auxiliar á los mismos enemigos cumpliendo 
de este modo la promesa que hizo á nuestro ejército de 
no abandonarlo un instante. 

No contento con esto se despojó de una camisa que 
llevaba en la bolsa de los lomillos, de una sábana, pa- 
ra vendar las heridas, ejerciendo oficio de médico espi- 
ritual y temporal, pues como no habia pasado en el ejér- 
cito el cirujano, nuestro capellán personalmente curaba 
á los heridos y auxiliaba á los enfermos y agonizantes. 

Después que ganamos los tres puntos, y dueño del 
campo de batalla, los generales mandaron al capitán 
don Antonio Zavala para intimar al general Belgrano 
que se rindiese si no quería perder enteramente las tris- 
tes reliquias de su ejército á lo que contestó que las ar- 
mas del Rey don Fernando no se rendían ni se entrega- 
ban, la en este tiempo el sargento Fernandez y el coman- 
dante de los botes los incomodaban bastante por fren- 
te á esta banda del arroyo, cuyos fuegos hicieron varías 
muertes. 

El general Belgrano se mantenía aun tenaz de no ren- 
dirse, aparentando un valor sin igual, pero nuestro ejér- 
cito habia pasado ya á encordonar el resto de los ene- 
migos, cuando Belgrano mandó á sus tropas que hiciesen 
el último esfuerzo; para lo cual un grupo de hombres de 
infantería con cañones nos iban avanzando precipitada- 
mente, al mismo tiempo que una caballería de bastante 
numeróse desfilaba á la izquierda del arroyo Paraná con 
el mismo objeto. Viendo la osadía y temeridad de nues- 
tros enemigos, el capitán don Antonio Zavala y don San- 



— 845 — 

tiago Feliú dispararon unos tiros de cañones que los 
suspendieron, al mismo tie.npo que la caballería del ca- 
pitán don Pedro José Genes junto con el soldado José 
Mancuello les salieron al encuentro, é hicieron un tiro- 
teo á los enemigos de que quedaron muchos muertos 
en el campo, sin que Jos nuestros hubiesen esperimentado 
daflo alguno; con lo cual desistieron de su temeraria 
empresa. 

En medio del fuego tan vivo que hacían los enemigos 
avanzando hacia nosotros, salió despavorido de las islas 
un venado dirigiéndose á la izquierda del arroyo y unos 
cuantos paraguayos cayeron sobre él, haciendo el menor 
caso de los enemigos, cuyas punterías iban quien sabe 
donde, y tal era el espíritu de los nuestros que á un 
mismo tiempo mataban porteños y venados. 

Viendo el general Gamarra frustrada la temerariu em- 
presa de los enemigos y reducidos estos al triste recinto 
de la casa de Ansoategui sin retirada, y sin recurso algu- 
no, determinó con el mayor don Ramón Pió de la Peña 
mandar al alférez urbano don José Mariano Mancuello con 
dos soldados á avisar al Sargento Fernandez que á la 
primera seña que le dieran de la otra banda por medio 
de cañonazos, avanzase junto con los boteros; per * ha- 
biendo empezado el cañoneo á breve rato levantó Belgra- 
no bandera parlamentaria. 

Se hallaba Belgrano en la mayor consternación, em- 
pleándose ya únicamente en quemar sus papeles, según 
pública declaración de don Bautista Ansoategui en cuya 
casa se hallaba, añadiendo, que para aligerarlo mandó 
encender una hoguera en el horno. También el supuesto 
Intendente Echeverría, como furioso salió de la casa y 
dirigiéndose hacia un barco que estaba en obra en las 
márgenes del Tacuari, puesto de rodillas junto á él en ca- 
misa y calzoncillo, con las manos elevadas al cielo cla- 
maba y pedía misericordia, cuyo funesto y célebre acon- 
tecimiento lo testifica don Félis Molas, individuo del 
ejército enemigo, quien añade que habiéndolo encontra- 
do en este acto le dijo que ya no era tiempo de pedir mi- 
sericordia, que se levantase y íuese á entregarle el dinero 
que tenía que darle, que á causa de su demora andaba 
todavía él por el campamento. 

A la vista de la bandera parlamentaria mandaron los 
generales cesase el fuego, manteniéndose nuestro ejérci- 



— 846 — 

to formado, pero caloroso y enfurecido: el Sol era tor- 
tísimo, y además estaban sedientos todos, pero con una 
paciencia y tolerancia que las tropas mas aguerridas ad- 
mirarán en todo el valor de los nobles é invictos para- 
guayos, cuyas hazañas ocuparán en los fastos de la his- 
toria un lugar superior. 

A poco rato se dejó \er don José Alberto Echeverría, 
y á las propuestas que se les hizo volvió á su campa- 
mento; pero luego vino segunda vez diciendo que venia á 
hacer unas capitulaciones honrosas para nosotros y á 
rendescender con todo cuando quisiésemos, gritando al 
mismo tiempo ivrvA la patriaI iviva el pa ragua y! Des- 
pués que habló el general don Manuel Cabanas el Co- 
mandante General de División don Juan Manuel Garaa- 
rra que se halló presente, propuso en consideración de 
los graves é incalculables perjuicios y atrasos ocasio- 
nados á la provincia del Paraguay por los porteños, 
tanto que ni el rey podría en ningún tiempo indemni- 
zarlos, se podia acceder á las capitulaciones con la con- 
dición de que nos entregasen ellos todas las armas y 
carros en recompensa de los indicados perjuicios, é in- 
numerables gastos, dejándoles ocho ó doce fusileros con 
cananas proveídas para custodia del general: oida por 
Cabanas esta propuesta, dijo á Gamarra, que viese á los 
demás oficiales, y los oyese sobre la misma, á ver el dic- 
tamen de ellos. En efecto se les propuso lo mismo, al 
mayor don Ramón Pío de la Peña, al comandante de la 
vanguardia don Fulgencio Yegros, al comandante de ar- 
tillería don Pascual Urdapilleta, al capitán don Antonio 
Zavala, y otros oficiales, quienes unánimes la adopta- 
ron y la aprobaron, de que el mismo Gamarra pasó 
aviso á Cabanas; y cuando se esperaba que así se hu- 
biese verificado, desentendiéndose este del dictamen de 
Gamarra y los demás firmó las capitulaciones conce- 
diendo al general Belgrano se retirase con el resto de 
su ejército con todos los honores de la guerra. Ignora- 
mos los motivos de esta última determinación del Gene- 
ral Cabanas. 

No podemos dejar de mencionar el valor y conducta 
del sargento de artillería don Pedro Fernandez, como 
también la constancia y fidelidad del sub teniente don 
Pedro Pablo Miéis; fueron desempeñados cumplidamen- 
te los puestos que se les confiaron. 



- 847 — 

En esta famosa acción todos á porfía manifestaron su 
valor y patriotismo, habiéndose particularizado las cua- 
tro compañías de cuarteleros con sus respectivos oficia- 
les. 

lacuaríy Sábado 9 de Maizo de 1811* 

Hasta aquí la narración fecha en Tacuarí el mismo 
dia de la acción que decidió la suerte de nuestras armas. 
Veamos ahora lo que so ha publicado por el enemigo 
en relación al suceso mencionado. 

III 

Según el autor de la historia de Belgrano,el mayor ge- 
neral Machain ¿ la cabeza de la columna que mandaba 
en Tacuarí contando seguro el triunfo y olvidando ór- 
denes que habia recibido, tendió su línea en la planicie 
apoyando sus costados en dos espesas isletas de bosques 
que guarneció de tiradores: que fueron en un tiempo ata- 
cados con vigor por el frente y la retaguardia y que tu- 
vieron que ceder al número rindiéndose con dos piezas 
de artillería, un carro capuchino y una carretilla de mu- 
niciones, y que de esta derrota salvaron tan solo dos 
oficiales y algunos soldados que fueron á dar al general la 
triste nueva de la pérdida de la mitad del ejército. 

Confiesa también que en su último esfuerzo ejecutado 
por Belgrano los paraguayos continuaban ganando ter- 
reno bajo los fuegos de la artillería, y que entonces or- 
denó que se adelantase por la infantería y artillería hasta 
ponerse dentro del tiro del fusil del enemigo, y que la co- 
lumna paraguaya en presencia de este avance temerario 
habia detenido su marcha, desplegando su línea con 
sus 6 piezas de artillería al centro, y apoyando los cos- 
tados en dos isletas: que las dos líneas rompieron casi á un 
• mismo tiempo el fuego, y por espacio de doce minutos 
no se oyó en todo el campo sino el estruendo de la fu- 
silería y cañón: que el fuego graneado de los porteños 
era nutrido, y secundado por la metralla de las dos pie- 
zas de artillería, abría anchos claros en las filas paragua- 
yas. 

Este tejido de inexactitudes se destruye por si mismo, 
pues á reglón seguido expone que en aquel espacio per- 
dieron los paraguayos 14 muertos y 16 heridos. El autor 
do ha tenido la amabilidad de ocultar la verdad. Decir 




rieil do y los cañones abrían anchos cla- 

^^/f^raguay as, y asentar que no pasaron 

aoe e [¡Hff ///M ¿an quedado fuera del combate, es caer en 

fjriti^fónde resalta mas la inveracidad de la relación 
* Paparte que menciona deque «repentinamente cesó 
>e* eI1 g y se vio la línea paraguaya replegándose sobre 
e¡ postados, guareciéndose del bosque y abandonando 
^jedio del campo los cañones con que hacian fuego.» 
et \eí han interpretado los enemigos de los paraguayos, ó 
quieren hacer aparecer después de medio siglo el hecho 
publico y notorio de haber rodeado estos al resto del Ejér- 
cito porteño hasta obligarlo á levantar la bandera parla- 
mentaria. 

Pero al fin hace otra confesión en estos términos. cEra 
la una del dia y hacía mas de 7 horas que duraba el fuego, 
en cuyo intervalo se habían dado cuatro combates distin- 
tintos en un mismo campo», y después de haber dicho que 
los paraguayos tenían entonces cerca de 2000 hombres y 
ellos como 400, (con las exageraciones que desde luego se 
nota, favorables en todo para ellos), dice que peleaban 
uno contra diez y con la pérdida de 23 hombres entre 
muertos heridos. He aquí otra falta de verdad que por 
sí sola se está esplicando. Añade que la tropa estaba es- 
hausta de fatiga, y el sacrificio de vidas ya no tenía obje- 
to, desde que era materialmente imposible triunfar de un 
número tan considerable de enemigos » 

Esta confesión es mas impértante. En efecto Belgrano 
estaba vencido y los nuestros vencedores con menos ar» 
mas que ellos. 

IV 

A cada paso se notan contrariedades en las aserciones 
del autor sobre la acción de Tacuarí, y queriendo echar 
un velo al desastre sufrido por el ejercito porteño en aque- 
lla memorable jornada, tratando de sacarle un partido fa- 
vorable, se expresa en estos términos. 

«El parlamentario patriota se presentó al gete paragua- 
yo manifestándole en nombre del representante de la Jun- 
ta» que las armas de Buenos Aires habían ido á auxiliar 
y no á conquistar al Paraguay; pero que puesto que re- 
chazaban con la fuerza á sus libertadores, había resuelto 



- 349 - 

evacuar la Provincia, repasando el Paraná con su ejér- 
cito, para lo cual proponía una cesación de hostilidades 
que contuviese para siempre la efuuón de sangre entre 
hermanos.» Cabanas á quien el esfuerzo vigoroso de los 
patriotas había impuesto, 7 que como se ha visto, dudaba 
de la victoria, se sintió cautivado por aquel lenguaje blan- 
do, persuasivo y firme al mismo tiempo; así es que con- 
testó en el acto por escrito conformándose en un todo con 
las proposiciones, y añadiendo que «la cesación de hosti- 
lidades fuese perpetua, con la condición de que el ejército 
patriota se pondría en marcha al dia ¿¡guíente á las diez 
de la mafiana» . 

«Tal fué la gloriosa capitulación del Tacuarí (agrega) 
que algunos escritores han supuesto tuvo lugar en Para- 
guarí, y que vulgarmente se cree fué un acto de generosi- 
dad de parte de los paraguayos: ella es uno de los timbres 
de las armas argentinas, y hará perpetuo honor á la pre- 
sencia de espíritu del General que supo aprovechar el mo- 
mento oportuno para arrancarla al asombro del ene- 
migo. 

<Pero Belgrano no se contentaba con la gloria estéril de 
no pasar bajo las Horcas Caudinas: aspiraba á algo mas 
grande, y era á hacer triunfar la revolución por la diplo- 
macia, después de haber sido vencido por la fuerza de 
las armas. Esta resolución era digna del patriota perseve- 
rante que no se desalentaba por los reveses, y que para al- 
canzar sus fines sabía vestirse en el combate con la piel del 
león, y en la paz con la del zorro, sin desmentir en ningún 
caso la elevación de su carácter.» 

Así se expresa el autor de la historia de Belgrano, j ne- 
gando en una parte lo que en otra confiesa, dirige su plu- 
ma á una narración dificultosa de arrojar la luz, pudiendo 
decirse aun que es un batiburrillo que ni el mismo Merlin 
puede adivinar. 

Estas aserciones de la historia de Belgrano infieren un 
ataque á la verdad histórica, que á todos interesa, y lejos 
de nuestro ánimo impregnarnos de pasiones, y de desaho- 
gos innobles contra aquellos mismos que así lo hacen, y 
presentemente repiten las mismas escenas en la elevada 
actitud de los sucesos actuales, nos limitamos á señalarlas 
como faltas claras y terminantes que ponen en contor 
ción los sucesos regulares que pertenecen al dominio del 
siglo* 



— 860 — 

< El cinismo de la prensa de Buenos Aires y varios ar- 

[ gen ti nos refiriéndose á la malhadada invasión de Belgrano 

i han querido sostener que no tenía objeto alguno de con- 

| quista, sino de auxiliar al Paraguay para sacudir el yugo 

■ español. Es falso, falsísimo; y á donde esta impostura se 

i vé patentemente es en la comunicación oficial de Belgra- 

[ no dirijida ó la junta de Buenos Aires, de Candelaria con 

I fecha 14 de Marzo de 1811, en la que entre otras cosas re- 

lativas á la acción de Tacuarí dijo. -«Por consiguiente re- 
cuerdo únicamente que V. E. me avisaba de barcos de Mon- 
tevideo que habían entrado en el Paraná: de fuerzas nava- 
les que también V. E. me mandaba y de que dejaba á mi 
i elección la conquista del Paraguay». 

Después de esta confesión hecha oficialmente, puede 
tenerse la osadía de decir que el ejército portefio abrigaba 
sentimientos favorables al Paraguay? 

En dicha nota el General Belgrano en uno de los mo- 
mentos de su arrepentimiento llegó á decir á la junta rela- 
tivamente á la decisión general en su contra: c Así es que 
han trabajado para venir á atacarme de un modo increíble, 
venciendo imposibles que solo viéndolos pueden creerse: 
pantanos formidables, el arroyo á nado, bosque inmenso 
é impenetrable, todo ha sido nada para ellos; pues su en- 
tusiasmo todo les ha allanado. Qué muchol si las mujeres, 
niños, viejos, clérigos, y cuantos se dicen hijos del Para- 
guay están entusiasmados por su patria». 
Estas son palabras textuales de Belgrano. 
Tal habría sido el estado de su espíritu para hacer estas 
importantes declaraciones. 



Si bien es cierto que Belgrano se ha retirado con las re- 
liquias de su ejército con los honores militares, no ha sido 
mas que uno de aquellos acontecimientos extraordinarios 
en la guerra; y propiamente puede decirse que ha sido un 
rasgo de generosidad que ha querido dispensarle el Gene- 
ral Cabanas. No tratamos dé investigar la razón que este 
General hubiese tenido para ello, pero la verdad es que 
Belgrano debió á su munificencia el no haberlo tomado 
prisionero con el resto del ejército porteño, que en cinco 
combates con los paraguayos ha sido siempre derrotado. 

El General Belgrano no pudiendo ya obtener por las ar- 



— 861 — 

mas el propósito de imponer aquí la voluntad de la junta 
de Buenos Aires para reconocerle como cabeza de los de- 
más pueblos del antiguo virreinato del Rio de la Plata, 
trabajó ciertamente por la seducción, favorita del círculo 
de demagogos de aquella sociedad, y porque surgió el de- 
rrocamiento del Gobierno español Velazco poco meses 
después de aquel suceso, ha querido atribuírsele como 
el autor de la revolución del Paraguay en 14 de Mayo 
de aquel año, y es á esto mismo que alude el autor de 
la historia de aquel General cuando dice sobre el pro- 
grama de la revolución. «Er él se ven germinar las 
semillas derramadas por Belgrano en el curso de la expe- 
dición á la par de la zizafia que trata espontáneamente del 
terreno en que fueron depositadas. Dice también en otra 
parte. «Como empresa política la expedición dio casi todos 
los resultados que la junta se propuso al decretarla, pues- 
to que el ejército dejó preparada la revolución que debía 
sustraer mas tarde el Paraguay á la dominación espa- 
ñola». 

El objeto principal que buscaba la expedición contra el 
Paraguay ha sido el predominio, y terminantemente decía 
Belgrano que sus armas traían á sostener y defender el 
principio de la monarquía española en nuestro patrio sue- 
lo, si sucumbe la España, pero el pueblo paraguayo ha te- 
nido el buen criterio de rechazar la pretendida coacción 
estraña para obrar en sus altas deliberaciones. 

Siempre el vencido suele buscar paliativos para endul- 
zar la acrimonia de una derrota, y es por esto que no ex- 
trañamos ver en las líneas de la historia de Belgrano refe- 
rencias y apreciaciones que tienden á dar suma importancia 
á su misión armada contra el Paraguay; pero lo que de 
verdad hay es que no pueden con justicia, ni asomo de 
verosimilitud, dar al General Belgrano el título de autor 
de la revolución paraguaya, en el sentido de sacudir el 
yugo de la dominación española. 

Hemos dicho tantas veces, y lo repetimos, que el Para- 
guay antes de sus victorias alcanzadas contra el ejército 
porteño en Paraguary j Tacuarí, y á consecuencia de la 
solicitud de la junta gubernativa de Buenos Aires de 27 
de Mayo de 1810, para ser reconocida su autoridad, en 24 
de Julio del mismo año se reunió en asamblea general y 
declaró terminantemente entre otras cosas, que no se re- 
conocía su superioridad y en este solo hecho que tuvo lu- 



— 352 — 

gar ocho meses antes de la acción de Tacuarí, ó seis me- 
ses antes de pisar nuestro territorio el General Belgrano, 
se encuentra un luminoso comprobante de la voluntad 
general de la nación paraguaya, idea que mas tarde en 
una nota al mismo gobierno de Buenos Aires desarrolló 
en estos términos. <No es dudable que abolida ó deshe- 
cha la representación del poder supremo, recae este, ó 
queda difundido naturalmente en toda la nación. Cada 
pueblo se considera entonces en cierto modo participante 
del atributo de la soberanía, y aun Los ministros públicos 
han menester su consentimiento ó libre conformidad para 
el ejercicio de sus facultades.. . .Se engañaría cualquiera 
que llegase á imaginar que la intención de la provincia 
había sido entregarse al arbitrio ageno, y hacer depen- 
diente su suerte de otra voluntad En tal caso nada habría 
adelantado, ni reportado otro fruto de su sacrificio, que el 
cambiar unas cadenas por otras y mudar de amo». 

En vista de estas importantes declaraciones hechas 
oportunamente, puede abrigarse la pretensión de dar al 
General Belgrano el título de libertador, ó autor de la re- 
volución paraguaya? 

Pero el partido monárquico-demagógico de Buenos Air. s 
aun subsiste. Mas de cincuenta años há que su empresa 
contra el Paraguay le hizo ocultar el rostro en el fango, 
y ahora ha desenterrado para hacer un papel todavía mas 
triste que Belgrano en 1811 

El autor de la historia que hemos citado es el General 
Mitre que hoy con las mismas pretensiones de ahora mas 
de medio siglo se ha ligado al Brasil para traernos la gue- 
rra de conquista y esterminio por decir con voz en cuello 
que somos los peores vecinos que ellos pueden tener. Bel- 
grano no pudo vencer solo al Paraguay, y á Mitre le cabe 
la misma suerte con toda su triple alianza. 

No es una vergüenza para el partido monárquico-dema- 
gógico de Bueno* Aires? Pero es una lamentable desgracia 
del pueblo argentino que haya de colocar siempre en su 
cabeza á hombres funestos que en vez de pensar en su bie- 
nestar y prosperidad, los conducen siempre á la ruina, al 
precipicio? 

Dios quiera, y sea esta la última vez. Nosotros lamen- 
tamos los desvíos Je los argentinos, y hacemos votos por 
la felicidad de pueblos hermanos y dignos de mejor suerte. 



- 853 - 

VI 

Dejemos á los enemigos de nuestra patria correr las 
aventuras y encenagarse en los errores y los vicios, 
mientras nosotros alimentamos ideas las mas sanas, las 
más convenientes á nuestro bienestar, paz, y prosperidad 
que tanto les pesa. 

Marchemos por el camino de la virtud que nos han mar- 
cado nuestros padres, nuestros abuelos. 

Y vosotros ciudadanos virtuosos, que celosos del honor 
y del derecho de la Nación, habéis mostrado al mundo en 
los albores de nuestra revolución pacífica del año 11 que 
sois dignos hijos de la República del Paraguay, vosotros, 
que habéis dado un ejemplo edificante á vuestros hijos, 
descansad orgullosos en paz, bajo la sombra de los laure- 
les que habéis alcanzado en las memorables jornadas de 
Paraguarí y Tacuarí, defendiendo el honor y derechos so- 
beranos del suelo patrio contra el enemigo que quiso con 
las armas subordinarnos al imperio de la junta gubernativa 
de Buenos Aires para atarnos al carro argentino— ¡Des- 
cansad en paz! Vuestra sangre generosa ha regado el ár- 
bol de la libertad é independencia de la Patria! 

Y nosotros, compatriotas, que estamos con el enemigo 
tradicional de la República al frente, fieles intérpretes de 
los sentimientos de la Patria, y puntuales observadores d« 
nuestros sagrados deberes, seamos incansables en segun- 
dar con nuestras acciones á los constantes esfuerzos del 
Gefe Supremo de la República por la salvación de la Pa- 
tria, y en memoria de este dia solemne en que nuestros 
padres lidiaron por conservar sus derechos y patrios la- 
res, lanzando de ellos á los que osaron hollarlos con sus 
plantas, felicitémonos todos, y fortalecidos en la resolu 
ción de seguir su noble ejemplo repitamos romo ellos en el 
campo del honor— Viva la Patria— Vencer ó morir. 

La prensa nacional por su parte dirige sus plácidas res- 
petuosas felicitaciones al Excelentísimo Señor Mariscal 
Presidente de la República y á todo el ejército que tan 
dignamente dirije contra las huestes enemigas, haciendo 
fervientes votos por su felicidad y el mas próspero suceso 
de las armas nacionales. 



— 354 — 



Prácticas añejas en las escrituras 



((Continuación) 



Establecida la conveniencia y necesidad de poner fin 
á las anotaciones preventivas de una inhibición parcial ó 
general, hay que aplicar la regla de justicia y equidad 
aceptada por la experiencia universal y consagrada p-»r 
el artículo 3947 del Código Civil que dispone: -los dere- 
chos reales y personales se adquieren y se pierden también 
por la prescripción. 

El tiempo tiene la rara virtud de cubrir con su auto- 
ridad acto* de dañado origen ó hacer olvidar ó extin- 
guir los actos que afectan el derecho de otro. Es una 
transacción necesaria con el mal, para evitar otros ma- 
yores, es un sacrificio exigido por la moral por consi- 
deraciones de utilidad común. Si la sociedad tuviera una 
organización mas perfecta del título de propiedad que 
mostrase constantemente y á través de las revoluciones 
del tiempo la relac ; ón intelectual entre la propiedad y 
el dueño, si no pululasen tantos vicios en nuestros títulos 
antiguos, que se sostienen mas ó menos on la actualidad 
y que amenazan apoderarse del futuro, sin que nos sea 
posible entrever la época de la reforma, inspirada para 
atender nuestras necesidades vitales, si por fin, los re- 
sortes humanos tuvieran mas alcance, si la verdad fuera 
siempre perceptible por mas espesas nubes que la ofus- 
casen; entonces, nos encontraríamos en circunstancias 
mas felices: — la justicia humana podría erguirse y no es 
tar expuesta á ruborizarse cada vez que se le repite que: 
—la Moral es para la virtud, y la Ley para la paa;entonces 
la prescripción habría perdido su oportunidad social y podría 
desterrarse como un medio impuro de adquirir, ó una 
excepción para repeler una acción por el solo hecho 
que el que la entabla ha dejado durante un lapso <le 
tiempo de intentarla ó de ejercer el derecho al cual ella 
se refiere (artículo 3949 del Código Civil). 



— 866 — 

«Hay, dice Mr. Troplong, un término mas allá del cual 
seria peligroso pedir cuenta á los ciudadanos de su for- 
tuna y de su condición. Para una investigación escru- 
pulosa del pasado, no quedaría en él nada de cierto, y 
la sociedad, lejos de ser un estado de seguridad y de 
protección, no sería mas que la ausencia de toda garan- 
tía y una fuente peremne de inquietud.» — De estas con- 
sideraciones se deduce que los hechos de los hombres 
sean cuales fueren sus derechos y las cosas mismas, se 
purifican, se pierden ó se ganan por el transcurso del 
tiempo. 

Sentadas estas bases y volviendo al puntó de que se 
trata, diré que los embargos y las inhibiciones especia- 
les, se reñeren á cosas determinadas, como por ejemplo, 
cuando la mujer casada demanda la separación de los 
bienes matrimoniales y solicita contra el marido la pro- 
hibición de enagenar estos (Art. 1265 del Código Ci- 
vil) y las inhibiciones generales se contraen á cosas inde- 
terminadas, que pueden ó no llegar á existir en poder del 
deudor. 

El que ha 'conseguido un embargo ó inhibición espe- 
cial, sigue su asunto hasta concluirlo, haciéndose pa- 
gar el todo ó parte de la deuda á su favor, con el producto 
de la cosa embargada ó inhibida- Pero el que solamente 
ha podido obtener una inhibición general, la experiencia 
enseña que muchas veces no alcanza ese resultado, como 
no conoce bienes del inhibido, tiene forzosamente que 
paralizar el expediente de la ejecución, averigua, entre 
tanto, busca y no vé más que la insolvencia de su deu- 
dor. 

Asi pasan años y hasta decenas de años» como se obser- 
va prácticamente mas de una vez, y la inscripción pre- 
ventiva está viva en el registro respectivo, lo cual como 
fácilmente se concibe trae complicaciones con el tiempo, 
que se traducen en dificultades para la trasmisión de la 
propiedad. 

Antes he dicho que todo tiene un término, hasta las 
mismas hipotecas se extinguen pasados diez años de su 
inscripción en el Registro— (Artículo 3197 del Código 
Civil)— y haciendo caso omiso de los embargos y las in- 
hibiciones especiales contra determinados bienes, pregun- 
to: ¿por qué la anotación preventiva de una inhibición gene- 
ral, no ha de tener también un tiempo preciso de prescríp- 



— 866 — 

cíón 6 de extensión, mas propiamente dicho? ¿ Acaso este tó 
pico hade ser la excepción á la regla general del derecho 
positivo en materia de prescripciones ó extinciones? 

No existen razone^ atendibles para establecerla cuando 
hasta en materia criminal, el derecho de acusar por de- 
litos y las mismas penas impuestas por sentencia, son 
susceptibles de prescripción.— Arta. 192 y 193 del Cóüfto 
Penal. Las leyes relativas al registro de la propiedad 
y el Código de Procedimientos Civiles, se ocuj an de 
la forma como han de ordenarse, inscribirse y cancelar- 
se las inhibiciones, pero en ellas se nota un gran vacío: 
nada absolutamente dicen respecto de qué modo han de 
extinguirse ó acabarse. Se comprende que tal estado de 
cosas tiene, como se ha insinuado, muchos^ inconvenien- 
tes v dificultades en la práctica, cuyos efectos no escapa- 
par an seguramente á la penetración de las personas com- 
petentes. Compulsar por ejemplo los libros de inhibi- 
ciones, durante veinte, treinta ó mas años si es necesario, 
para saber si una persona está ó no inhibida, es cosa 
que trae demoras y gastos que la ley podia evitarlo fijando 
un tiempo. 

En vista de estas premisas, en mi opinión el proyecto 
de la nueva Ley Orgánica de los Tribunales debiera com- 
plf mentarse en el sentido indicado, introduciendo un so- 
lo artículo que estuviera concebido mas ó menos en los 
términos siguientes: 

Las anotaciones de inhibiciones generales se extinguen 
á los diez años de la fecha en que se hubiesen verificado, 
salvo que se renovasen antes de vencer ese plazo, por 
orden judicial, á instancia de parte y con citación del in- 
hibido, en cuyo caso el encargado del Registro respecti 
vo abrirá nuevos asientos y pondrá notas de referencia 
en los anteriores. 

Venancio V. López 
(Continuará) 



- 357 



Discurso dk apertura en la fiesta de inauguración 

dh los cursos, por kl secretario del centro 

Don Juan P. Pírbz 

Distinguida concurrencia: 

Señores consocios: 

Designado para efectuar la apertura de este acto social 
que por primera vez va á tener logar bajo el humilde techo 
de este Centro á quien venís á honrar sobremanera, sólo 
cuento para abordar mi cometido con el concurso de vues- 
tra benevolencia, confiado principalmente en que vosotros 
no necesitáis ni me habréis de exigir esfuerzos de racioci- 
nio ni de expresión para descifrar en ellos el caiáctery el 
alcance de esta fiesta. 

Ella, como ya Jo sabéis, no entraña la pretensión de un su 
ceso deslumbrante ni aun siquiera novedoso. Ella en rea 
lidad no significa más que el regocijo con que los espíritus 
decididos oyen sonar la hora del trabajo, porque el traba- 
jo es el medio seguro del progueso y el progreso es el 
constante ideal del porvenir. 

El «Instituto Paraguayo» que se ha formado respondien- 
do más que á las necesidades del presente, á las aspiracio- 
nes del porvenir, os ha convocado á la sombra protectora 
que le brinda este recinto donde deben tener cabida cuan- 
tas personas simpaticen con sus propósitos y confien en su 
misión, para festejar la apertura de los cursos de enseñan- 
zas útiles y de bellas artes que deben funcionar en este año, 
rodeados de los instrumentos de su labor lenta pero rege- 
neradora y progresista. 

No es el momento de detenerme á enumerar esos propó- 
sitos y á encarecer sus beneficios, desde que ellos están cla- 
ramente consignados en los estatutos de la Sociedad, ex- 
plicados en sus reglamentos, recordados en sus memorias, 
expuestos en sus veladas y popularizados en la opinión, y 
lo que es más que todo, no solamente escritos en sus esta- 
tutos, reglamentos y memorias y repetidos en las veladas 
y por la prensa, sino traducidos al mismo tiempo en hechos 
que os hablarán con la elocuencia de la realidad. 

La fundación de este Centro, con un programa vasto pero 
definido, no ha sido la ocurrencia de un capricho del mo- 



- 368 — 

mentó ó la ilusión de un entusiasmo pasajero; él ha venido 
ron la conciencia de su necesidad y de sus fuerzas y con el 
objeto de llenarun vacío de la cultura nacional. Es la ide* 
y la obra exclusiva de la juventud sobre la cual está llama- 
do á ejercer su influencia bienhechora, y representa en 
el estado actual de nuestro progreso, la enérgica reacción 
contra la inercia del espíritu, que tantas veces ha aborta- 
do las iniciativas máb felices y que aun gravita sobro el 
bienestar y sobre el porvenir de nuestro pueblo. 

Su programa y su organización son el resultado de un 
estudio de nuestras condiciones sociales efectuado con los 
datos de la experiencia propia y los ejemplos de otras ins- 
tituciones más ó menos análogas, cuya suerte desastrosa 
debía tener remedio alguna vez, siquiera en obsequio y de- 
sagravio de la sociabilidad paraguaya. 

En cumplimiento de este programa, el Centro ha realiza- 
do desde su fundación hasta la fecha una serie sucesiva de 
mejoras que espera no serán interrumpidas mientras que- 
de por delante un obstáculo que remover y mientras arda 
en vuestros corazones la llama de la fé y del patriotismo. 

Por lo demás, vuestra presencia á este acto, que la Comi- 
sión del Instituto interpreta como lamásgenuina adhesión 
á los propósitos de la Sociedad, me escusa de agregar una 
palabra mas á este respecto. 

Como he dicho, no trato de justificar las escasas propor 
ciones de esta fiesta. Ella no es más que el paso vacilante 
del que se lanza á una carrera interminable! 

He hecho uso de la palabra, defraudando vuestros legíti- 
mos deseos, tan sólo para expresaros el reconocimiento de 
la Comisión Directiva á cuyo invitación habéis correspon- 
dido tan gallardamente, y para anunciaros al mismo tiem- 
po que este acto servirá no sólo de inauguración de los áur- 
eos sino también de los reuniones sociales que periódica- 
mente deben celebrarse en el local de la Sociedad, en for- 
ma de conferencias y de veladas íntimas, contando con el 
concurso de las personas que como esta vez han contribui- 
do para embellecer este concierto. 

Termino renovándoos la promesa que con ocasión de la 
inauguración de la Sociedad se os hiciera en el discurso de 
clausura aquella vez: de que estas demostraciones de sim- 
patía que dispensáis al Instituto Paraguayo,- serán acogi- 
das como el más alto premio de sus esfuerzos y le serví- 



- 369 — 

rán de aliciente poderoso para luchar con ahinco en pos 
de su bandera. 
¡Ojalá nunca fuera detenido el carro de sus conquistas! 

En el día de su triunfo, el Instituto Paraguayo sa*>rá 

recompensar á cuantos le habéis acompañado en su jor- 
nada. 

He terminado. 
Asunción, Marzos 14 de 1897. 



i a delante! 
(Composición leída en la misma velada) 

Al aprestar de nuevo el Instituto 
Sus fuerzas para el logro de sus miras; 
Al emprender de nuevo nuestra marcha 
lia poco suspendida; 

Al abrir este templo de las luces 
Sus puertas apolíneas 
A todo quien sea amigo del progreso 
Para darle el tesoro de sus minas; 

Permitidme buscar las roas sonoras 
Cadencias de la lira, 
Para seguir los rítmicos compases 
Del arte de Rossini y Palestrina. 

Permitidme elevar mi acento débil 
A las regiones prístinas 
De los grandiosos fastos del pasado 
Que al través de mil lauros se divisan. 

No cantarán las glorias paraguayas 
Mis versos sin poesía: 
El corazón bastante las celebra, 
Bastante el mundo entero las admira. 

¿Sabéis qué son mis ansias verdaderas? 
¿Sabéis por qué suspira 
El alma bosquejando estas estrofas 
Que al sonar desacordes os fatigan? .... 

Suspira por hallar la sonda intensa 
De Quintana y Zorrilla 
Para evocar los hechos esforzados 



— 860 — 

Que á los laureles patrios dieron vida. 

Suspira por traer desde la historia 
Con vestiduras nítidas 
La enseña sin igual que enarbolara 
Al hacerse inmortal la patria mia. 

Suspira por salvar del cataclismo 
De la pasada liza 

El lema nacional de la constancia: 
Del «iVknobb ó Morir!» la gran cor signa. 



El valor es la esencia verdadera 
De nuestra altiva raza; 
Si el hijo de este snelo no es valiente 
No hay en sus venas sangre paraguaya. 

Mas el valor tan sólo se presenta 
Allí donde hay constancia; 
Quien hiere nada mas, no es un valiente. 
El valor del combite es furia ó saña. 

Seamos, pues, valientes prosiguiendo 
Constantes nuestra marcha; 
Busquemos de las artes y las letras 
Los fulgores sin fin para la patria. 

T así como en belleza es el crepúsculo 
Igual á la alborada, 
Así como empezamos el camino, 
Lleguemos al final de la jornada, 

Entonces, cuando corte nuestras vidas 
La destructora parca 
Y todos confundidos con el polvo, 
Ta la presente edad sea edad pasada, 

De nosotros dirán los que nos sigan 
Por la senda trazada: 
cTambien fueron valientes y patriotas 
Porque fueron constantes en su marcha!» 

El «Vencer ó Mohir» hoy repitamos 
En aras de la patria, 
Que si ayer á los pueblos se vencía, 
Hoy tan solo se vence á la ignorancia! 

Ignacio A. Pane 



- 861 — 

Sueltos 

Catálogos 

Existen en la Biblioteca de la Sociedad loe siguientes Catálogos di obras: de la Libre- 
ría y casa editora de A* de Uribe y Cia. >( Asunción); ediciones de Ángel Estrada y Cia. (B. 
Aires): Librería Rivadavia (id); Librería del Colegio de Pedro Igón y Cía. (id): librería 
•La Argentina» (id.); librería y papelería *La Maravilla Literaria* de Urbano y Rivero 
(id.); Manual de Hoevli (Milán): catálogo de las obras de legislación, jurisprudencia, 
economía política y aoministracion librería de Victoriano Suárez (Madrid); extracto del 
mismo; ediciones de Juan Muñoz y Sunches (id.); obras científicas y literarias publicadas 
por la casa de Pedro Font (Barcelona); librería Hachette et de. (París); librería españo- 
la de id*; librería española de Garniet Hnos. editores (id), y los siguientes 

CATÁLOGOS DS XÚSIOA: 

de instrumentos y ediciones, de Arturo Demarchi (B. Airesj; de instrumentos, de Louie 
Oertel (Hannover); de id. Wilhelm Díetrich (Leipzig); de harpas, Erard y Ota. (Peáis). 
Se pide á las casas cuyos catálogos aún no poseemos, se sirvan remitírnoslos á objeto 
de incluirlos en la antecedente nómina. 

Movimiento de (Socios 

Durante el mes de Febrero ppdo. han sido admitidas las 
siguientes propuestas de socios: Antonio Schiñni, Dr. Ve- 
nancio V. López, Carlos Báez, Emilio Chenu, Daniel Al- 
iñada, Luís Rodi, Augusto J. de Almeida,, Francisco de 
Almeida, Claudio Bordoli, Agustín Carrón, Joaquín del 
Casal Ribeiro, Horacio Fernández Urdapilleta y José 
Gran; y posteriormente: Ángel Medina, Rodolfo C. Rodrí- 
guez, Modesto Yaquisich, Francisco Martínez, Ernesto We- 
•yer, Gustavo Sosa Escalada, Clodomiro Rodrigue/., Pablo 
R. Ortiz, Eulogio Cabral, Higinio Arbo y Mateo Morínign, 
habiendo en tramitación nuevas propuestas. Total admi- 
tidas 24 

I) u i ante el mismo tiempo se recibieron los siguientes re- 
nuncias: Francisco Chaves, Manlio Schenone, Genaro Pé- 
rez, Augusto Cálcena, Antonio Jara, Benigno Escobar y 
Ricardo Fracchia. Total 7 

Socios eliminados en Febrero 8 

Id apercibidos 23 



Movimiento de Caja del mes 



Saldo en efeotivo del mes anterior M 209:86 

Cuotas cobrada* en el mee g fi06:00 



962 — 



Susorioiones a la Revista id id. 

Ingresado en efectivo, saldo liquido del producido del con- 
cierto del 16 del corriente, cobrado 

Suma 



« 528:50 
« 806:26 



Id. 
Id- 



id. del mes anterior 
id. del mes 



Órdenes pagadas, saldo del periodo anterior N*. 94 

«126 

« 128 

* 131 

• 132 
134 

« 136 

• 187 

• 141 
» 143 



Suma 



1,841:75 







* 1,551:11 






• 37:00 


tt 


455:80 




« 


70:10 


• 525:90 


* 


750:00 




« 


266:00 




* 


46:00 
15:80 




« 


100:00 




M 


38:20 




« 


59:40 


« 764:40 



1 1,827:80 
« 228:81 



Saldo en efectivo 

Suma « 1,561:11 

Saldo en efectivo: doscientos veinte y tres pesos fuertes con ochenta y un centavos. 
Asunción, Enero 81 de 1897. 

Eeopoldo R. Elieeck* 
Tesorero 



Detalle de loa ordene* expedido* durante el mismo mee según comprobantes archivado* 
(Nos. 181 á 146). 



Planüla 
De Enero 1897. S* 17 

Gastos varios 
Teléfono 

Impuesto municipal 
Kerosene 
Un cajón velas 

Comisión de cobran» de cuotas 
Tubos y meohas etc. 
Ensayos 
Avisos 
Pinturas 

Sellos postales para la Revista (N°. 3) 
Impresión de id. id. (N° 3) 
Gastos generales 

Útiles, etc. 
Útiles adquiridos 
Susorición 

Asunción, Enero 81 de 1897. 



12:00 

1:08 

45:00 

20:50 

59:40 

15:80 

10.00 

8:00 

32:00 

21:21 

506:00 

6:70 



Suma 



* 757:00 
« 1:60 



Juan F* Pérem 
Secretario 



• 455:80 



786:61 
758:50 



órdenes á pagar H\ 



órdenes expedidas duranto el mes 
Pagadas s/. detalle del Balance 

A pagar: 
N«. 131 

• 186 

* 188 
« 139 
« 140 
« 142 



8 32:00 
« 20:50 
« 135:00 
t 240:00 
« 28.00 
t 455:80 



* 1,950:91 
« 764:40 



— 863 — 



• 144 

• 146 

órdenes á pagar de loa meses anteriores: 
N°. 110 (Noviembre 1896) 

• 124 (Diciembre 1896) 

Sama 
Asunción, Enero 31 de 1897. 



« 21:21 
« 254.-00 

* 110:00 
« 62:45 



I 1,186:51 



« 162:45 



8 1.848:t6 



Leopoldo R* EHteche 
Tesorero 

(1) No se incluye aún el costo de la factura de útiles de esgrima y gimnasia, que apa- 
recerá á medida que se expidan las órdenes de pago correspondientes. 



lía Yito en puosa 



( A NBMO ) 



c 
< 



Para una costurera — La vida es un bilo muy propenso 

á soltarse. 

lavandera— Espuma que se lleva la corrien- 
te del tiempo. 

bordadora — Tejido tan complicado que no en- 
tiendo. 

cocinera — Una brasa que pronto se apaga. 

planchadora— Encaje primoroso que fácil- 
mente se aja. 

modista — Ropaje universal que no respeta 
la moda 

tendera — Estante donde hay un poco de 
todo. 

paseante — Un día risueño pero corto. 

ecuyére — Fardo rué suspendo de un hilo 
cada día. 

tiple —Nota sublime con ejecución maes- 
tra. 

pobre — Peregrinación que no acaba. 

rica —Joya para que no alcanza ni for- 
tuna. 

chismosa — La vida es ... . una historia inter- 
minable. 

Asunción, Febrero 1897. 
Nshbsio 



c 
c 



CANGE 



Publicaciones nacionales (en orden de antigüedad) 

Capital Fecha de aparición 

l 9 — La Democracia— Diario de la tarde 1* de Mayo de 1881 

2*— Diario 0¿c*aJ— (antes Boletín oficial de la nación) 9 de Octubre de 1889 

3*— La Religión— Publicación católica mensual en 6 pág*. 19 • « 

4»— Recula de la Unioereiaad iVacúroaf— Publicación men- 
sual en 100 páginas t Setiembre de 189S 

&•— El Pueblo— DiAño de la tarde- (Órgano del partido 

liberal 15 de Febrero de 1894 

6*-Za Opimo*— [d. id. 7 « Diciembre « 

T— Remita Meneual— Publicación oficial de la oficina de in- 
formaciones y Ganges en 32 páginas 15 de Mano de 189 

V. del Pilar 
fP—Bl PopaZar— Semanario 21 ■ « « 

Capital 

9*— La Fmfad— Revista masónica quincenal en 16 págs. 1° de Agosto « 

10— El Civieo— Diario de la tarde (órgano de los intereses 

generales) 1° • Setiembre « 

11—2?/ Deber— Boletín quincenal, en 8 páginas (órgano del 
Supremo Consejo y Gran Oriente del Para- 
guay) 1* ■ Octubre « 
(El número de páginas de las publicaciones antecedentes, es de 4 á 
excepción de las que tienen designado otro número). 

Instituciones t centros bxtbanjbbob 

Bueno» Air**— Revisto, del Instituto Geográfico argentino. 

La Plata— Revista del Museo de La Plata. 

Rio JaiMtro— Revista del Instituto Histórico y Geográfico del Brasil 

« de la Sociedad de Geografía de Rio Janeiro* 
Santiago de Chile— Biblioteca Nacional— Id del Congreso Legislativo— Id del Instituto 
Nacional— Id Peruana— La Libertad Electoral* 

(Esta parte se encuentra en formación). 

— 3n la biblioteca del Centro se reciben además del canje, La Nación de Buenos Al- 
res; V Italia al Plata, id; V Italia al Plata iluetrata, id y L'Ilustration de Paría. 

Obras nuevas rboibidab 

La República del Paraguay por Carlos R. Santos, folleto con importantes informacio- 
nes relativas al país, en 146 paginas, en 8* menor, elegante impresión en papel satina- 
do fino, editado en los talleres de H. Kraus; Almanaque Nacional del Paraguay, editado 
por el mismo establecimiento, en 144 páginas, con numerosos avisos y datos útiles; His- 
toria de loe antiguo» pueblo» del Oriente por Fr. Chr. Schlosser, traducción del alemán 
por Rafael Lebrón, Profesor del Colegio Nacional, editado en la misma casa, en 168 pá- 
ginas; Diario de Seeione» de la C. de Diputados (ano 1895) en 691 páginas en 4* editado 
en la tipograpia de tt La Opinión". 

—Se anunciarán permanentemente en esta Sección las publicaciones nacionales de 
carácter periódico, que se reciban en oange, así oomo las más importantes de cada país- 
Se hará mención igualmente del oange de las demás. 

—La Revúta se ooupará asi mismo de las obras nuevas que se remitan pan la Bi- 
blioteca de la Sociedad. 



INSTITUTO PARAGUAYO 

ST7B - C Oa¿XSZÓ2tT 

DI LA 

(en el periodo actual) 



Pre*úlente—&t. Dr. Don Teodosio González 
Secretario— • Don Josa del P. Días 
Miembro — « « Enrique 8. Lopes 
« « • Fulgencio R. Moreno 

« t « Teófilo R. Saldivar. 



ADMINISTRACIÓN DR LA REV18TA 

Galle Florida antes «Rivera» > ei quina Alberdi. Teléfono núm. 33. 
Casilla de Correo núm 238. 



Administrador— Br» Don José del P Días. 
Hora* — La administración estará abierta para el público lodos los días hábiles de 8 i 9 p. m 



Di*po9Ícione* drt Reglamento relativa» tí la 

BISXfttTECA DR LA SOCIEDAD 

Art. 31 - La Snb Comisión ee encargará de la creación de una Biblioteca del Instituto, pu- 
diendo aceptar donaciones Y Hacer compras de obras, á medida que le permitan los recursos 
que la Comisión Directiva é& la Sociedad le destinare. 

Art. 33 —Tan pronto eotoo la Biblioteca cuente con suficientes obras, se abrirá así mismo un 
abono que tendrá por objeto facilitar su lectura en el local de la Biblioteca á las personas ex- 
trañas á la Sociedad, mediante el pago de 8 1 ,50 mensual, adelantado. 

Art. 30-Lós afeónos se justificarán por medio de boletos de contraseña, intrasferlbles, nume- 
rados y rubricados por el Bibliotecario, los que serán renovados mensaalmente 

Art 36 La rauta que produzcan los abonoM de lectura, se destinará exclusivamente á cubrir 
os gaste* que demande el cuidado y fomento de la Biblioteca. 



Bibli'deenrh proviiorio—Sr. Don Vicente Bruneti 
lloran La sala de lectura se abre permanentemente y la Biblioteca de 1 á 3 y de 8 á 10 p. 
m en loa días hábiles, y en los feriados de 8 á 10 a. m. y de 3 á 5 p. m. 

Diupoñcione* del mi*mo relativa* d la 

RkVISTA 

Art. 33— Kl órgano del Instituto Paraguayo se hará en forma de folleto en 8«, de 4(1 á 100 
páginas, encuadernado á la rustios, y será impreso de manera que cada seis meses pueda for- 
marse de él un toma especial con su índice correspondiente 

Art 40 La publicación á que se refieren los dos artículos anteriores, será exclusivamente 
histórica, literaria y científica, debiendo contener con preferencia los siguientes materiales 

( a documeotoa históricos nacionales. 

(b) piezas literariaa referentea al Paraguay. 

(c) toda publicación científica que tienda al esclarecimiento geográfico de nuestra zona limí- 
trofe con otros patees 

id datos estadísticos de importancia para el país en el exterior. 

(e) un cuadro quincenal de observaciones meteorológicas, 

1 1, las producciones literarias, históricas y científicas que le sean remitidas para su publica* 
ción y sean aceptables á juicio de la Sub-C omisión T iteraría, en la forma que dispone el art. 42, 

.g, una revista bibliográfica d« actualidad 

ib) los discursos y producciones literarias, leidos en los certámenes ó conferencias qur ofrez* 
ca la Sociedad. 

i) todas las publicaciones. que sé refieran á dar á conocer el estado de la Sociedad 

Art. 48— Bl producido de las suscriciones de esta publicación, se destinará al lonvnio de la 
mioma y el Sobrante para la Biblioteca 



Oonñiciones 3e la suscitición 



Se cobra, á la entrega de cada número, en la forma siguiente: 

EN LA REPÚBLICA 

Por un número, basta 60 páginas ... 1 I 2:°0 m/n 

« - « , desde 60 « • 2:50 « 

« « « , atrasado , recargo 0:50 • 

EN LA R. ARGENTINA 

En papel moneda argentino 8 1:20, 8 1:50 y I 0:30 respectivamente 

EN LOS DEMÁS PAÍSES 

En oro sellado 8 0:50, 8 0:60 y 8 0:20 respectivamente 



¿ígeiitps 



EN LA REPÚBLICA 



Villa Rúa — J Timoteo Vico (Ruffineüi A) 

Villa Concepción —Ángel Pirelli 

ViUa del Pilar —Miguel Trinidad 
Villa Encarnación— J. Guillermo Rojas 

Paraguari —Pedro Fernandez 

ftauffud — Francisco Latourret* 

Luquf —Manuel Nacimiento. 

San Estanislao — Luis F Molinas 



EN EL EXTERIOR 

Buenos A tren— Librería de Jacobo Penser 
Montevideo —Librería A. Bareiro y Ramo* 
Rio Janeiro — Fauchon y O, libreros». 



Los pedidos de snscricion pueden dirigirse directamente á la Administración ó a los 
Agentes, así como los reclamos por deficiencias del servicio.— Las personas que hubiesen 
tomado compromisos de suseríoión y no reciban esta Revista, se servirán avilarlo del 
mismo modo. 

—Se encarece á los señores Agentes la devolución de los ejemplares del primer nú- 
mero que tengan sin colocación* 






REVISTA 



XUXAJrL&O Y ASRir. 



'*?• 



ftuntAftio (i KKKA-( OKA) 






i 



COLABORADORES 












AÑO I 



Asunción, Marzo de 1897 



N» 6 



1° DS UIIZO DE 1870 



'STühVV 



(Léanse primeramente los partes oficiales de la batalla, que se encuentran más 

adelante) 

i 



actos del Mariscal López 



Señor Director de «El Álbum de la Guerra del Pa- 
raguay» Don José G. Soto. 

("Carta publicada en 1& entrega 13. Véanse los antecedentes a que se refie- 
re al final de este capitulo.) 

Muy señor mió y amigr*: 

Deseoso de cooperar con el noble propósito de su ¡re- 
portante publicación, ouaí es, ayudar al esclarecimiento 
de la verdad histórica, y, á la vez, enderezar los errores 
que se contienen en las publicaciones hechas hasta el 
presente sobre el combate ú'titnoen Cerro-Corá, escritas 
de datos recojidosde fuentes no siempre fidedigna*, voy 

1*7 La rrvist v ha creído conveniente recoger en este número las diferentes versiones 
publicadas y demás detalles relativos al desenlace do nuestra lacha nacional, con la 
muerto del Mariscal Francisco Solano López. Con esto objeto, suspendemos hasta el 
númoro próximo la < publicaciones que tenenos empezadas, considerando ser de interés 
los detalles en referencia, varios de los cuales son inéditos. Por la premura del tiempo, 
el orden do estos artículos debe verse en el Sumario. 

L\ Rkvista solicita de las personas que tengan algún otro dato á este respecto y quie- 
ran contribuir á esclarecer este notable acontecimiento do la historia patria, se sirvan 
facilitarlos para su publicación [ha Dirección*] 



— *66 - 

á permitirme referirle á Vd. aquel suceso, de que he si- 
do testigo presencial y actor al mismo liemps. 

Lo« restos del Ejército Nacional que acompañaban 
desde Ascurra al Mariscal López, llegaron á Cerro-Corá 
profundamente quebrantados eti su moral y espíritu, pir 
excesivas fatigas y penurias que imponía una marcha 
tan prolongada, llena de todo género de privaciones y 
con escasísimos elementos de movilidad A medida que 
aumentaba la miseria, iba decayendo más y más el áni- 
mo hasta el grado de hallarse todo el mundo dominado 
del más completo desaliento. 

López, sin duda, buscando medio de reanimarlos al- 
gún tanto, aunque era cuestión difícil ruando la causa 
piincipal del ti al era el hambre, concibió la idea de dis- 
tribuirles medallas en premio de la lealtad y constancia 
de que dieron una prueba tan relevante en aquella peno- 
sa campaña. 

Con este propósito, á fines de Febrero de 1S70, mandó 
reunir á los principales gefes y oficiales di 1 ejército, y él 
tentado en una silla, y aquellos sobre la gramilla frente 
al cuartel general formando un gran semi-círoulo, les 
expresó con palabras elocuentes la pena que torturaba 
su corazón al ver que se hacian correr voces de que él 
intentaba pasarse á Bolivia, Rechazó con energía esa 
suposición que, d : jo, importaba un desconocimiento de 
su lealtad y patriotismo, manifestando que él habia ju- 
rado ante Dios y el mundo defenderá su patria hasta la 
muerte y que eataba dispuesto á cumplir su juramento. 
Luego se extendió largamente sobre los deberes y sacri- 
ficios que imponía el patriotismo, en presencia de la san- 
gre aún humeante que humedecía los campos de bata- 
lla, donde, decíí, tantos ciudadanos han sacrificado su* 
vidas en defensa del 6uelo patrio, legando así ala pos- 
teridad un ejemplo de abnegación y un timbre de glo- 
ria que recordará sus nombres en el templo de la in- 
mortalidad. Hab'ó también del enemg>, de las preten- 
siones tradicionales del Imperio sobre estos pueb'oí, em- 
pleando á su respecto algunos chistes para producir hi- 
laridad entre los que le escuchaban. 

En seguida ¡ejó el Decreto que confeiía la medalla 
de Amambay, distribuyéndose desde luego las cintas de 
que dtbería ir pendente del pecho de cada uno de los 
agraciado?. Dicha cinta era de dos colores; colorado en 



- 367 — 

Ia9 orillas y amarillo en el centro. No sé si la adopción 
de esfosi colores de la bandera espartóla eia indiferente, 
ó si ella obedecía á algún pensamiento ó idea que se 
relacionase con las leyendas sublimes de la Península 
Ibérica. Tal vez haya querido recordar ó refrescar en la 
memoria, el ejemplo de los sacrificios heroicos que hi- 
cieron nuestros antepasados en el descubrimiento y con- 
quista de la América, y en defensa de su independencia 
contra el coloso del siglo, cuyos gigantescos esfuerzos 
han s^do y serán tema constante de la admiración del 
mundo. 

El I o de Marzo, por la maílana temprano, (l) algunas mu- 
jeres escapadas de nuestra gran guardia situada sobre el 
paso de un arroyo que cruza el camino que conduce á 
Villa Concepción, distante, una ó dos leguas de nuestro 
campamento, trajeron á López ¡a noticia de que aquella 
se encontraba en poder del enemigo, quien habia podido 
apoderarse de ella fácilmente, evitando los cañones que 
guarnecían el pr so, y llegando á ella por la retaguardia 
por un camino oculto que le habia indicado un desertor 
paraguayo (2) sin que fuese sentido, y en momento en 
que la mayor parte de la gente andaba buscando que 
comer en los montes. 

En seguida despachó unos cuatro bomberos ó espías pa- 
ra traerle noticias del enemigo; pero ya habia sido tarde, 
porque una ó dos horas después se sintieron tiros de ca- 
rtón seguidos de un nutrido tiroteo de fusilería en el pa- 
so del Aquidabá-niguí, donde había dos piezas de arti- 
llería y un batallón de infantes flacos (3j al mando del 
Coronel Moreno. 

Con tan repentina y seria novedad, me llamó apresu- 
radamente y me ordenó que fuera á ver inmediatamente 
lo que ocurría en el Paso, mandando á su ayudante, el 
capitán Riveros, para que me acompañara. Áleíecto és- 
te ensilló y montó en un mulo gordo que tenía el Gene- 
ral Resquín, y salimos al trote á dar cumplimiento á 
nuestra comisión. 

1-T>e 730 á 8 n. m. (¿V. del Autor, 1897.) 
' 2-E1 Coronel Silvestre Cnrmona, vecino do Villa do S»m Pedro. [N- del A J Véanse mas 
adelante las "Deserciones en Cerro Cora". [N. déla D.] 

#-Estos batallones apenas tenían de 25 á 40 hombres, pues el 1° de 
Pobrero solo habia ISO de tropa prontos para entrar en combate según un 
parte original del general Kesquin. Véanse más adelanto los cuadros res- 
pectivos (N. de la D) 



— 368 — 

Cuando llegamos al río, encontramos qne ya el ene- 
migo había conseguido forzar el paso, habiendo matado 
A la mayor parte de los que lo guarnecían. Volvimos á 
todo correr, trayendo yo la delantera, y al aproximar- 
me al cuartel general, en cuyo frente aún se hallaba 
parado López solo, y 6in bajar del caballo, por exiguo 
así la urgencia del caso, le dije en alta voz: *\El enemigo 
ha pasado el paso\> 

Entonces, López, sin decir nada, y dando alginos pa- 
sos al frente y mirando hacia donde se encontraba acam- 
pado el batallón de rifleros, gritó *\Alas armas todosl* 

Cinco minutos despué?, ya venía asomándose tras de 
la mayoría, á distancia de dos ó tres cuadras del cuar- 
tel general, avanzando poco á poco hacia nuestro campa- 
mento, un peloión de caballería enemiga. Como jefe de 
la mayoría y montado en un buen caballo, volé á poner- 
me al frente de las escasas fuerzas de aquel cuerpo, y 
desplegándolas en guerrilla, procuré hacerlas avanzar 
sobre aquel, con la intención, si fuese posible, de hacer- 
las llegar á las mano?, por estar armada la major parte 
de sables y lanzas, y muy poces de armas de f ueg \ para 
poder sostener con ventaja un tiroteo con el enemigo. 

Con este movimiento o> avance, la caballería enemiga 
retrocedió poco á poco y luego, á la distar.cia de una 
cuadra más ó menos, hizo alto, y empezó á romper un 
tuego graneado sobre nuestra guerrilla, que apenas, llega- 
ba á cien hombre?. En esta circunstancia venía llegan- 
do López monta Jo en iu\ caballo bayo, flacón, acompa- 
ñado de su hijo el coronel Fanchito y algunos pocos jefes 
y oficiales á pié. 

Yo recorría mi guerrilla de una extremidad á otra, 
tratando de infundir ánimo á las tropa?; en una de esas 
recibió mi caballo un balazo que le bandró el muslo; 
pero continuaba así mismo sin novedad. Uno de los je- 
fes á pié me advirtió:— Coronel, su caballo está herido » 
— Gracias, le dije, pero parece que no siente la herida.— 
No bien acabé de pronunciar estns palabras, y asi que 
volvía del ala derecha para la izquierda, una bala me 
atravesó la cara, llevando toda la dentadurade la mandí- 
bula inferior de la derecha y la de la superior de la izquier- 
da, quedando la lengua paitida por el medio con la pun- 
ta colgante de una membrana, y otra que vino al mismo 
tiempo, penetró en el ijar del caballo, cayendo conmigo 



— 369 — 

muerto en el acto. Felizmente pude zafarme de é\ y al 
levantarme del suelo, saliendo fuera de la línea, oí que el 
Marisca! preguntaba: <¿Qaién es ese qu3 sale?» — «/?/ Coronel 
Centurión, papó, gravemente hirido* -le contestó su lujo 
Panchito, que se encontraba próximo (4). 

No bien acabó de oir esta contestación, cuando dio 
vuelta y al galopito se retiró dirigiéndose hacia el cuartel 
general por el camino carretero. 

En seguida se produjo el desbande b j> una lluvia de 
balas que cruzaban sobre nuestro campamento los bata- 
llones que venían ja sucesivamente saliendo del monte 
que poblaba las orillas del Aquidabá-»iguf. A vista de la 
derrota avanzaban á pasos precipitados hasta penetrar 
en medio de aquella confusión infernal que levantaba 
polvareda, corriendo hombres, mujeres y niños por do- 
quier, matando á balas y á bayonetazos á cuantos alcan- 
zaban, lo mismo á los que se rendían comoá los que iban 
huyendo casi sin aliento, para escaparse de su furor y 
ensañamiento. 

Hé ahí, Señor Director, sencillamente la verdad de cuan- 
to ocurrió á mi presencia á la llegada del enemigo á 
Cerro-Corá, llegada, que fué, c^mo se comprende, una 
verdadera sorpresa, y que tuvo lugar en Jos momentos 
en que la mayor paite de las tropas se encontraban en 
los montes buscando que comer. 

Al letirarme del combate vi desde lejos al Mauscal 
López estrechamente perseguido por unos cuantos ginetes, 
llevando rumbo hacia la boca de la picada que duba en- 
traba á un brazo del Aquidabá nignf donde solía ir á pes- 
car. 

Todo lo demás que ocurrió después hasta su muerte, 
no me consta personalmente sino por referencias délos 
que lo presenciaron, conforme se lo había manifestado 
en mi reportaje. 

Yo, báñalo en sangre, ron la espada en la mano, iba 
andando ein rumbo fijo hasta llegar á un grupo de árbo- 
les ó isleta, á cuya sombia tomé abrigo para librarme 
de los rayos de un sol abrasador y sufriendo una sed 
devoradora. Sin duda, iebido á esta circunstancia esra- 
pé la vida. 

4 La pregunta del Mariscal obedecía seguramente al juramento colectivo que se ha- 
bía hecho, con ocasión de la distribución de las cinUi, pocos días antes, do luchar has- 
ta morir. [N- del A. 1H97] 



— 370 — 

Serenada la tempestad, y después qne todo se hM (a con- 
sumado, á eso de las 2 1/2 A las 3 de la tirde, unos mol- 
dados desprendidos de un batallón brasilero que te ha- 
bía acampado A la inmediación, fueron recorriendo la is- 
leta como buscando algo, y me encontraron allí tendido 
en el suelo y hoiriblemente desfigurado, y previo el des- 
pojo de todas las pequeñas prendas de valor que llevaba, 
me condujeron á presentar al jefe del batallón, á quien 
tuve que dar mi nombre escrito con lápiz en un pedaci- 
to de papel que me facilitó. 

En seguida me mandó á una guardia donde se encon- 
traban también piisioneros a'gunos de mis antiguos com- 
pañeros. 

Ahoia volviendo sobre la creación de la medalla de !a 
campaña de Amaiubuy, recordará Señor Director, que 
en «1 ¡^portaje de mi referencia, he manifestado duda 
respecto al grado de autenticidad que pudiera t^nere.l 
Decreto que ha insertado íntegro en su narración históri- 
ca don Héctor Decoud, como el mismo que dictó el Ma- 
riscal López creando dicha medalla. 

Me fundaba para ello, en queno me pareen exacti la ins- 
cripción de — A las penurias y fatigas, que contenía, y que 
en lugar de esta, según mi firme creencia, debería decir: 
Venció penurias y fatigas. 

Así me ha parecido, según mi propio recuerdo, el de 
otros que estuvieron presentes en la reunión deque se 
hace mención mas arriba, y sobre todo, según una rela- 
ción que publicó en «Xa Democracia» el I o de Marzo de 
1885, don Igrweio lbarra, uno de los escribientes del Ma- 
lineal, y también testigo presencial de los últimos sucesos 
de Cerro t'orá. Yaun cuando se pretenda quei:ue*tro testi- 
monio sobre los hechos de la guerra, no debe merecer fé, 
eso en nada altera el principio de que cuando los senti- 
mientos y las opiniones de distintas personas concurren 
uniformemente á establecer un hecho, deben ser tenidos 
como la expresión germina de la verdad. 

Sin embargo, en el interés de desvanecer completamen- 
te esa duda que se me había robustecido enormemente 
después de la lectura de la carta del doeU.r AJollo De- 
coud, publicada en el Álbum del 15 de Julio pióximo 
pasado, y en el de esclarecer y constatar la ver Jad 
histórica sobre el particular, me puse en campi.fn, y cábi- 



— 371 — 

me la satisfacción de anunciarle que mi empeño ha sido 
coronado de] más completo éxito. 

En prueba de ello, me permito remitirle adjunta copia 
exacta — I o de la nota original que el entonces Ministro 
de la Guerra Coronel don Ltu's Camino?, dirigió al Co- 
ronel don Panchito López, acompañan Jo testimoniado el 
referido Decreto del Mariscal López, autorízalo con la 
firma áA mismo señor Caminos;— y 2° de la de e¿>te do- 
cumento, el cual es de indudable aufencilad. 

Dichjs documentos, como se vé, confirman la 
verdad que sobre ese punto h^bía consignado en 
mi referido reportaje, y creo que han de ser los úni- 
cos existentes sobre la materia por que todos los de- 
más pápele* de la Secretaría del Marisoal López fue- 
ron devorados por las llamas en Cerro- Cora, y solo 
han podido salvarse los del coronel Panch to, porque 
los tenía guardados su madre, Mma. Lincb. 

Resulta, pues, evidente de este hallazgo, que el so-Zí- 
svU Decreto de López, producido por don Héctor De- 
coud en su titulada histo ia, es apócrifo; permitiéndome 
dejar al ilustrado criterio de Vd. el juicio á. que S3 ha- ' 
ce acreedora la aseveración que co:i tanto énfasis hac¿ 
el doctor Adolf-j Derou i en el párrafo 5° de si citada 
carta, repecto al mismo documento, afirmando hiber te- 
nido oportunidad de ver el original! 

Bisum teneatis? 

Con la exhibición de los verdaderos documento?, que- 
dan aquilatados la autoridad y crédito que debe acordar 
el público á las producciones históricas de tan singular 
historiador. 

P.diendo disculpa por la extensión de esta caí ti, me 
es grato reiterarme á sus órdenes. 
At°. 8. S y amigo. 

Juan C Centurión 
S/c, Setiembre 4 de 1893. 

NOTA:— I), Enrique López, hijo del finado Mariscal López, fué quien tuvo la 
amabilidad de facilitarme las copias que le remito, tn cuyo poder obran los origi- 
nales, para los que gusten cerciorarse de ellos' 

(Copia) ¡Viva la República del Paragí ají 

El Exmo Sr. Mariscal Presidente de la R*púb'iea, ha 
tenido la dignación de acordar una medalla de honra á 



— 372 - 

los defensores de la Patria, que han hecho la campaña de 
Amambay, por el Decreto Supremo que tengo el honor 
de acompañar á V. S. 

S. E. el Sr. Mariscal Presidente, siempre celoso apre- 
ciador de todos los servicios desús compatriotas, no ha 
querido premiar en nosotros aquello que no hicimos 
sino en fuerza de nuestro deber, sino que ha querido lle- 
var su magnanimidad, hasta realzar la Medalla de A- 
mambay por los términos altamente obligatorios para 
nosotros con que está concebido el Decreto de creación 
que acompaño pata sus fines. 

Dios guarde á Vd. muchos años. 

Campamento en AquHabá-niguí, Febrero 26 de 1870* 

(Firmado) Luis Caminos 

A S. S. el Señor Coronel de Caballería, ciudadano Juan 
F.López, Comandante del Cuartel General y Oficial de la 
Orden Nacional del Mérito. 

(Copia) -El ciudadano Francisco Solano López, Ma- 
riscal Presidente de la República del Paraguay y Gene- 
ral en G¿fe dé sus Ejércitos, Gran Cruz de la Orden Na- 
cional del Mérito, etc. etc. 

Queriendo dar un testimonio público de honor y jus- 
ticia á los beneméritos defensores de la Patria, qne con 
abnegación ejemplar y patriótica virtud hicieron la cam- 
paña del Amambay cruzando dos veces l p s sierras de 
Maracujú; 

Decreta 

Art. 1° AcuérJase una medalla conmemorativa de honor 
á todos los ciudadanos que llevaron á cabo la campaña 
de Amambay. 

Art. 2 o La medalla de Amambay será oval de veinte y 
ocho por treinta y siete milímetros de diámetro con la 
estrella nacional realzada en medio, con la palma y oli- 
va abajo y la inscripción circular de 'Venció penurias y 
jatigas» e;i la parte superior del anverso; y por el rever- 
so, la inscripc ón circular de a El Mariscal López» en la 
parte de arriba, y en el centro ^Campaña de Amambay, 
1870>,qgi\ más wna cadena de sierras en la parte inferior. 

Art. 3° La medalla de Amambay constará de I a y 2 a c!a- 
8* de oro para los Genérale-» y Jefes, y de l a y 2 a clase de 
plnía para los oficiales y tropa. 

Árt. 4 o L'\ medalla de los Generales llevará las inscrip. 



. — 373 - 

ciones y geroglíñcos realzados en brillantes; las de los je- 
fes en rubí con la estrella nacional en brillantes para 
los Coroneles, y la de los oficiales con inscripciones y 
geroglífieos de oro. 

Art. 5 o La medalla de Araambay se llevará al lado 
izquierdo del pecho pendiente de una cinta de veinte y 
ciuco milímetros de color de naranja orillada de rojo. 

Art. 6 o Autorízase á los Generales, Gefesy Oficiales á 
llevar la medalla de Amambay sin pedrerías los prime- 
ros y de pura plata los segundos, con grabado?, mien- 
tras las circunstancias no permitan dármeles en la forma 
debida 

Art 7 o Los G fes de divisiones presentarán al Estado 
Mayor General del Ejército lista nominal de los Gefes, 
Oficiales y tropa acreedores á la medalla de Amambay, 

Art. 6 o El Ministro Secretario de Estado en el Depar- 
laraento de Guerra y Marina queda encargado dé la 
ejecución del presente decreto. — Cuartel General en A- 
quidabá-niguí, Febrero 25 de 1870 -(Firmado) francis- 
co S.lopbz.-EI Ministro de la Guerray Marina.— (Fir- 
mado)— Luis Caminos. 

Es copia. 

Caminos. 



Los antecedentes á que se refiere el autor, son las 
publicaciones siguientes: 

!• Muerte del Mariscal López 



("Albun de la Guerra del Paraguay" —Entrega II— Di la "Revista Científica Mi- 
litar" —Buenos Aires.) 



El 26 de Diciembre de 1869, el Marisca! López aban- 
dona el campamento del Panadero y con las reliquias 
de su antes poderoso ejército, se dirija hacia el Norte 



- 374 — 

por un sendero abierto en los bosques qne cubren aque- 
llas comarca?. 

Después de una penosísima y constante ma cha de 47 
dins bajo un sol tropical y torrenciales lluvias, llega el 
13 de Febrero de 1870 a acamparse entre unos cerro3 for- 
mados en círculo, razón porque es conocido el lugar 
por Ceno-Cor á. 

Cuatro dias después, el Mariscal López despachó al 
General Caballero con 43 hombres entre Jefes, Oficiales 
y tropa con orden de ir á Dorados (Provincia de Mallo- 
Grosso) y proveerse de ganados y otros medios de sub- 
sistencia para el ejército. 

Luego dictó un decreto por el cual creaba una meda- 
lla para los Jefe9, Oficiales y tropas, repartiendo pocos 
dias después la cinta que aquella debía sostener. 

Hé aquí ese decreto: 

Campamento en Cerro-Corá, Febrero 24 de 1870.— 

El Mariscal Presidente de la República del Paraguay 
y General en Gefe desús Ejércitos, queriendo premiarla 
lealtad, servicios y sacrificios de los Jenera!es, Jefes, Ofi- 
ciales y tropas del Ejército Nacional que le acompaña 
en la campaña de Amambay acuerda y decreta: 

Artículo I o — Ciéi.se á aquel fin tira medalla que ten- 
drá la inscripc ón siguiente: en el anverso: Campaña de 
Amambay, en la ora y el c ntro el sello nacional; y en 
el reverso: A las penurias y fatigas; distribuidas como 
sigue: para los Jenerales, la plancha de oro cincelada y 
las inscripciones, la palma, oliva y estrella con piedra* 
de diamantes; para los Coroneles, del mismo metal con 
Ja inscripción de ia or'a, palma y oliva de piedras de 
rubíes y la estrella de diamantes; para los Jefes inferió 
res, la misma plancha, con la inscripción de la orla del 
mismo metal y la estrella, palma y oliva de rubíes; pa- 
ra los Oficiales toda de oro y para la tropa, toda de 
plata, debiendo de ser dichas n-edallas sostenidas por 
ui a cinta de dos colores; amarrido en los lados y en el 
centro ormesí. 

Art. 2 o — El Ministro de Guerra y el de Hacienda dis- 
pondrán oportunamente el cumplimiento del presente de- 
creto, autorizándoseles desde ya, para la distribución de 
dichas cintas. 
Art, 3°— Comuniqúese é insértese en el Repertorio Na- 



— 375 - 

oional.-FKANCisco S. López— Luis Caminos, Ministro 
de la Guerra. 

En seguida, manda explorar las montañas de Chiri- 
ffüello y así llegó el 1° de Marzo de 187'\ en cuyo día 
dos horas antes de amanecer, llegaron al campamento 
do9 mujeres, una tras otra, dando parte de que en la 
noche anterior, guiada la vanguardia brasilera por el Co- 
ronel Silvestre Carmona y el Teniente Villamayor, la 
guardia avanzada colocada sobre el arroyo Tacuaras 
había sido rodeada y tomada por aquella sin iiinguna 
resistencia; y aunque López tenía la costumbre de le* 
vantarse al amanecer, sus ayudantes no aguardaron la 
hora, y lo recordaron trasmitiéndole en el acto parte de 
lo ocurrido. 

López inmediatamente convocó á todos sus Jefes prin- 
cipales á un consejo consultivo. Concurrieron al acto 
el Vice-Piesidente Sánchez, el Ministro de Guerra y 
Marina Caminos, el General Re&quín, el Cap tan de cor- 
beta Bareiro, los Coroneles Centurión, Aquiar, Avales, los 
Capellanes Mayores Maíz, Medina, Espinosa, lo» Te- 
nientes Coio eles honorarios Palacios, Benitez (á) Quy- 
chá, Aveiro y otros. 

En seguida, López hizo presente á !a reunión, que los 
había convocado para oir el parecer de todos, sobre el 
temperamento á observar ante los partes que babíareci- 
bido, es decir, les dijo si ms decidimos á esperar aleñe- 
nigo, 6 amontarnos, temando la airección llevada por el 
General Caballero. 

Los concurrentes enmudecieron, y entonces Lójez co- 
menzó á interrogar con su mirada por el orden gerár- 
quico en que estaban formados, hasta que le tocó al Co- 
ronel Aveiro, quién se expresó más ó menos en estos 
términos: E. S.: nuestro deber de soldado nos impene de 
conjofimarnos con cualquiera determinación de nuestro Je- 
1e\ amontarnos importaría un sacrificio oscuro y no seria 
sino una determinación que no implicaría otra cosa que 
prolongar dias más, diets men»$ el resultado apetecido de 
morir por la patria. 

López aceptó gustoso la opinión del Coronel Aveiro y 
después de reprochar pasajeramente el silencio de los 
demás y demostrar la esterilidad de una retirada, con- 
cluyó diciendo: «esperemos aquí, y aquí muramos todos: 
he prometido no abandonar el suelo de mi patria y de* 



— 376 — 

bo cumplirlo; y vosotros que habéis jurado sacrificar a 
vida por la patria debéis ocupar vuestro puesto en este 
momento solemne: preparaos pues». 

Mientras se organizaba el cuerpo de los rifleros man- 
dado por el Mayor Cardoso, que no pasaba de 40 hom- 
bres sanos, y entre los enfermos, niños, asistentes, ca- 
rreteros, etc, presentaba toda lafuerzaun total de 14^á 150 
hombre*, mal armados, y mientras se obligaba á los en- 
fermos á tenerse de pié, una descarga de 4 piezas de 
artil'ería colocada de antemano en el paso de Aquidában 
á 700 metros del cuartel general y á las órdenes del 
Coronel Moreno, anunció la presencia del enemigo. 

Un instante después, y vienpo el Mariscal López que 
no se ota más que un solo tiro, quiso traslucir: ó que 
Jos cañones habían sido tomados, ó que el enemigo ha- 
bía sido íechazado, y con el fin de cerciorarse debida- 
mente, llamó al Coronel Centurión (único de los Jefe* 
que conservaba aún montado) y se le ordenó fuera á ver 
lo que ocurría; pero no bien éste se aproximó á la pi- 
cada que precede al paso, cuando se encontró con una 
descubierta de caballería enemiga y le obligó á regresar 
precipitadamente con el parte á López. 

Entonces éste dá el mando de «á las armas y sígan- 
me», montado en su caballo bayo y avanzando por de- 
lante; la pequeña tropa con un vocerío atronador le si- 
gue: más López, al observar que u i destacamento de dos 
batallones de infantería y seis ginetes de caballería tra- 
taban de envolverle, S9 desprende del cuerpo principal, 
al frente de sus ayudantes y 90 hombres, y pretende 
embestirlos, pero se detiene ante el pedido de sus jefes. 
Con el ruido del movimiento de las fuerzas paragua- 
yas, el enemigo retrocedió, con el fin sin duda de des- 
cubrir las fueizas que se le presentaban á su vista; pero 
logrado este fin ó el que se propuso, la verdad fué que 
á los pocos instantes avanzaron de nuevo haciendo des 
cargasde fusilería, motivando ésta el desbande y matan- 
do ó hiriendo á muchos, contándose entre los primeros 
el Mayor Cardoso y éntrelos segundos el Coronel Cen- 
turión (en la cara.) 

En la proximación de López íí\ enemigo, un ginete 
(que se cree fué el Coronel Carmona) del grupo de ca- 
ballería enemiga, gritó: f aquel que monta el bayo y tie- 
ne sombrero de paja es López; asegúrenlo», por cuya 



— 377 — 

razón sus compañeros le pidieron á aquel se detuviera, 
quien desoyendo todo, seguía avanzando, hasta que 
viendo el desbande de sus fuerzas, retrocedió al galope 
hacia el cuartel general seguido desús piincipales ayudantes. 
En este Ínterin; los Gef^s y Oficiales trataban de con- 
tener á los desbandado*, pero éstos, lejos de acittr las 
órdenes gritaban, chnbiendo huido López no pelearemos 
más»; y viendo aquellos la impo3¡bilidal de contener- 
los, lo siguen al Mariscal á quien lo encuentran cerca 
del coche de la Linch, y de allí todos juntos, inc'uso 
ósta, se dirigen hacia el arroyo Aquidabá-niguí 

Do habían caminado más de cien varas cuando seis 
ginetes de caballería se dirigen á López, qué á galope, 
tomó el rumbo de la oril a del arroyo en la parte mon- 
tuosa, mientras que la Linch, con su hijo el Coronel 
López, tomó el rumbo derecho del camino. 

El Mariscal López siguió un rumbo, con el mismo an- 
dar, entre un pajonal silvestre y yuyales altos, flanquea- 
do siempre, á corta distancia por los seis ginetes ene- 
migos, siendo uno de ellos el cabo conocido por Chico 
diabo, con una lanza media luna y los demás con ter- 
cerolas. 

«En este trayecto, dice el autor de una obra inédita 
que existe en nuestro poder referente á la guerra del 
Paraguay, varios de los jefes sucesivamente iban ganan- 
do el roontiüo, heridos algunos, muertos otros, como el 
Mini-tro Caminos, pero ya por otra fuerza persecutora, 
por que los seis ginetes anteriores lloraban la manifi s a 
mira de aprehender á Lóp-?.; por lo mismo qua no le 
disparaban un solo tiro. 

«A los setecientos á ochocientos metiosde la persecu- 
ción, el arroyo presenta un accidente ó soa uu recodo 
muy pronunciado, y al í los perseguidores le cortan la 
retirada, López sujeta su caballo y con esto, dos de 
aquellos, el cabo, uno y otro más se le acerca », aquel 
por el laio izquierdo y éste por el derecho, pretendien- 
do ambos tomar del brazo á Lóp<?z y entonces éste que 
llevaba su espadín desenvainado, tira atrás su móntalo y 
le dirige un puntazo al cabo, quien á su vez tacó su cuer- 
po del golpe y le tir.i una lanzada que tocó á López en 
el bajovientre, al mismo tiGmpo que el otro, le desea gi 
un hachazo que le hiere en la sien derecln, cortándole 
al mismo tiempo el sombrero que cayó al suelo. Este su 



— 378 — 

oreo enfureció mucho á López que gritaba: «Maten á es- 
tos negros macacos canallas.» 

En esta circunstancia, el Coronel Aveiro y el M^y^r 
Cabreía, trompa de orden que se encontraba á pié como 
á media cuadra del lugar en que nejamos relatado, ap?e 
turan su marcha y se acercan á Lóppz | ara defenderlo 
de otra agresión. El primero (Avein)le alcanza el som- 
brero y le pregunta si estaba mal herido, y Lopes le con- 
testa: t?í, Coronel.»— Entonces le dice: cSfgame V. E.» 
y se internaron en una picada abierta por las merodea- 
doras de frutas, y á poco andar, en una pendiente pro- 
nunciada, cae López del montado en el arroyo, debili- 
tado por la abundante hemorragia que manaba de sus 
heridas. 

Aveiro, Cabrera y el alférez Ibarra, con otros ayu- 
dantes y fugitivos, rodearon al herido y trataron de sal- 
varlo con pa c ar el arroyo, que por ser barrancoso en es- 
te Inga?, presentaba serias dificultades al p saje. En fin, 
y con gran eropefio, consiguieron colocar al Mariscal al 
borde de la opuesta orilla. 

En estos momentos, Ia9 fuerzas enemigas orillan p! 
arroyo, haciendo descargas de fusilería sobre el monte 
lleno de fugitivos y, viendo esto los compañeros de Ló- 
pez, lo abandonan y se presenta momentos después el 
General Cámara y se cambia con López la9 siguientes 
palabras (ambos espada en nano): 

Cámara— Ríndase, Mariscal. 

Lópfz— ¿Me garante jmi persona y bienes? 

Cámara— Sua persona sim, mais euos bieres nro. 

López— (En ademán de ataque)— Entonce* muero con 
mi patria..., .... y cae muerto. 

El cadáver fué extraído del arroyo en medio de vi- 
vas al Imperio y mueras á López y «entregado al furor 
de la se ldadesca» que lo desnudó y mutiló cortándolo 
í'edof, orejas 

El Coronel Lino Cabrizas fué encargado de darle se- 
pultura. 

La Linch obtuvo permiso má9 tarde del Jeneral Cá- 
mara para enterrarlo al lado de su hijo el Coronel 
Francisco López. 

Ese mismo dia, elGeneial Carra* a comunica la muer- 
e de López por él oficio que insertamos á continuación; 



— 379 — 

Campamento en la izquierda del Aqitidabán, I o de 
Marzo de 1870-IUmoy Exmo. Señor: Escribo á V. E. 
desde el campamento de López en medio de la Sierra. 
El tirano fó derrotado, y no queriendo entregarse fué 
muerto al instante. Le intimé la orden de rendirse cuan- 
do ya estaba completamente derrotado y gravemente 
herido, pero no queriendo, fué muerto. Doy los para- 
bienes á V. E. por la terminación de la guerra, por el 
completo drs agravio que ha tómalo el Brasil (no la 
alianza •) del tirano del Paraguay. 

El General Resquín y otros gefes están presos. 

Dios guarde á V. E.— José A. Correia de Cámara. 

Es á conforme:— Alfredo de Escragnolla Tavares— Capi- 
tán. 

— Al Exmo. Mariscal de Campo, Victorino José Ca- 
neiro Monteiro, comandante de las fuerzas del Norte 
de Manduvirá. 



Entre los hechos ocurridos en Cerro-Corá durante el 
tiempo que permaneció allí el Mariscal López y que 
merecen citarse, figuran: el lanceamiento del coman- 
dante Aponte, por el delito de huber vendido algunas 
raciones;— la deserción del coronel Silvestre Carmona, 
el Teniente coronel honorario Cirilo Solalinde, los te- 
nientes Vil'amayor, (1) Quevedo y 42 6oldados;-el casa- 
miento violento que intentara López entre una hija su- 
ya y uno de sus gef<»s que figuró por sus hazañas san- 
grientas en San Fernando y Lomas Valentinas;— la 
mortandad diaria de 10 á 12 personas entre mujeres, 
soldados y niños á causa de las penurias del viije y del 
hunbre;— y la comunicación que recibiera López del co- 
ronel Delvalle (2) que dice: 

iViva la República del Paraguay! 

Kxmo Señor: 

Tenemos el honor de dirigirnos á V. E. con el obje- 

(*) Nota de la D. do "El Álbum". 

(1) Este y Carmona fueron los baqueanos de López nara llegar a Cerro- 
Corá y los mismos que sirvieron después á los brasileros, como queda 
dicho. 

(2) Se encontraba estacionado con sus fuerzas en el paso de u Amam- 
bay" aguardando la b «jante del mismo para seguirlo ¿López, cuando re- 
solvió tomar esta determinación el coronel Delvalle, quien, como se sabe, 
fué sorprendido pocos dias después por las fuerzas brasileras y fusilado 
¿ causa de una falsa delación de sus propios compañeros. 



— 380 — 

to de declarar francamente á V. E. la resolución que he- 
mos juzgado tomar en el último caso en que nos halla- 
mos, en presencia de las dificultades que nos privan 
continuar apoyando á V. E. en la guerra, que desde 
mucho tiempo atrá9 demandábamos bien un golpe de 
armas, que una maniobra semejante con los recursos que 
teníamos y la clase de tropa que disponíamos para po- 
der esperar un resultado favorable á la Nación, cuyo 
sostenimiento había V. E. invocado para reunimos bajo 
su estandarte soberano, y en cuya defensa V. E. nos ha 
hallado ^ siempre á sus órdenes con lealtad y pronta 
obediencia. Pero ahora de que somo9 instruidos de que 
V. E. sigue aún adelantando su marcha, y que sobre to- 
do vemos que la continuación del estado actuai de cosas 
servirá ma9 bien para el mas duro aniquilamiento de 
nuestra Nación, bajo el yugo de uoa voluntad arbitraria 
y caprichosa, sin esperanza de ningún otro resultado, 
que un prolongado padecimiento de aquéllos que aún se 
encuentran bajo los pies de V. E.: nosotros, convencidos 
de que nuestro deber de patriotismo ya no nos obliga á 
niás sacrificios, renunciamos formalmente seguir causan- 
do víctimas en la huella de V. K (y víctimas antropófa- 
gas), pues el patriotismo es un sentimiento que Dios 
aprueba cuando no e9 extremado, ni opuesto al dere'ho 
de Gentes; y Dios no fundó la sociedad civil para destruir 
la sociedad natural, 6¡nó para vigorizarla, y en este 
concepto, y en la esperanza de rendir el mayor servicio 
á la humanidad, nos retiramos en los desiertos con aque- 
llos que manifiestan igual voluntad á buscar nuestro re- 
curso con nuestros propios trabajos, y con el propósito 
firme de que en ningún tiempo serviremos de instrumen- 
to al enemigo invasor de nuestra nacionalidad. 

Sabemos que V. E. tendrá mucho que sentir esta reso- 
lución, pero sabido es tvmbien que la Nación ha sentido 
más que V. E ; y esta sola reflexión b estará para su con- 
suelo, puesto que V. E. nunca ha pensado en su desgracia. 

En los demás, esperamos que el Dios de las Naciones 
bendecirá la obra que nos proponemos con su santa ayu- 
da y protección. 

Dios guarde á V. E. muchos años- Juan G. Delvatle— 
Gabriel Sosa— José Romero. 



— 381 — 

Episodios 

Cuando el Mariscal López volvió á su cuartel general 
después del desbande de su9 fuerzas, al dirigirse de aquí 
al arroyo Aquidábá-miguí, le salieron al encuentro su 
madre y 6us dos hermanas, Inocencia v Rafaela, predas 
hasta entonces en un carretón y vigiladas por un piquete 
de su escolta y aquella le grita «socorro Pancho», y Ló- 
pez sin detenerse le contesta: «Señora, fíese de su sexo». 

En seguida, el Coronel Aveiro, gefe del cuartel general 
bajo cuyo cuidado estaban todos los presos, se le acetca y 
le dice: 

«E S. ¿puedo retirar aquel piquete? (emefiándole el ere 
guardaba el carretón de la madre y hermana*). «Inme- 
diatamente», le contesta— y «las señoras cómo quedar? 
—«Que ellas se avengan como puedan» le dijo y siguió 
su camino. 



El Coronel Panchilo López que ¿eguía el coche de su 
madre la Linch fué atacado por ur os soldados de ca- 
ballería y cayó muerto por una herida en la espina dor- 
sal. 

La Linch se lanza del coche sobre el cadáver de su 
hijo y le envuelve con su vestido, y dirigiéndose á los 
agresores les dice: «Soy inglesa: respétenme.» 



El Vice-Presidente de la República, don Francisco 
Sánchez, viejo octogenario que se encontraba enfermo 
en su carretón próximo al Cuartel General, cuando 
avanzaron sobre los enemigos, de pronto se le acerca 
un grupo y le grita: «ríndase fio da »; el pobre vie- 
jo hace un ademán de levantarse con su espada en ma- 
no y exclama: rendir *ne yoll y allí queda en su propio 
lecho de un balazo en el pecho. 



El valiente General Roa, que se encontraba en las 
montañas del Chirigüelo, con sus cañones tapados á con- 
secuencia de las frecuentes lluvias,, sin poderse mover 
por Ja escasez de bueyes que hacían las conducciones 
por escalas, pocos momentos después de la mueite del 
Mariscal López, fué de improviso asaltado por las fueizns 
brasilera*:- sus pocas fuerzas huyen despavoridas al 
monte, quedando él solo guardando sus piezas. Un o (i- 



— 382 — 

cial se le acerca y le grita: «ríndase, paraguayo dañado: • 
El General Roa con revólver en mano le contestó, «ja- 
más» y cae de una descarga de fusilería. 

El General Escobar (entó ices coronel) que condu^íi 
una carretería incluso un carretón con alhajas de la fami- 
lia de López y que se encontraba al pié de los montes ha- 
cia Cerro-Cora sin poder también adelantar p r la encases 
de medios de movilidad, requerido por el enemigo á ren- 
dición, después de la muerte de López, aceptó y comenzó 
el saqueo de los valores que conducía. 

El General Resquin que había seguido el coche de la 
Linch, a*>í que fué rodeado por los enemigo?, se apeó de 
su montado, arrojó su espada, se arrodilló, levantó las 
manos y gritó: cperdón, perdón, no me maten» y así se 
salvó. El sargento Enrique López, criatura entonces, que 
había visto caer la espada cerca del coch\ la recogió. 
Cuando el General Resquin se hallaba al lado del General 
Cáuara en el Cuartel General, Enrique se le acercó y le 
presentó & aquél la espada luciéndole: «General, aquí tiene 
Vd. su espada que se le ha olvidado cerca del coche.» 

El coronel A guiar fué degollado ignominiosamente por 
hhber pretendido internarle en el monte, (2) después del 
desbande de lab fuerzas paraguayas. 

El cirujano Estigarribia, fué lanceado cerca del lugar 
en que yacía el cadáver del Mariscal López 

El General Caballero, después que tuvo conocimiento 
de la muerte de López, se rindió con sus fuerzas al coronel 
Coronado en el paso del río Apa, abandonando antes toda 
la hacienda que ja tenía juntada. 

Los enemigos victoriosos prendieron fuego á los montes 
y campos de Cerro-Corá, muriendo asi en las llamas los 
que pretendieron salvarse al amparo de los bosques y al- 
tos pajonales del arroyo « Aquidaba-miguí». Centenares de 
inválidos, heridos y muertos fueron consumidos en un mo- 
mento por las devoi adoras llamas del incendio. 

Con la muerte del tirano, se dio fin á la cruenta guerra 
que consumió las tres cuartas (3/4) partes de la población 
del Paraguay, en lucha heroica que inmortalizó el nombre 
del soldado \ araguayo. 



(2j Fud degollado, no al intentar internarle en el mente, ruc* se hallaba ya mortal 
mente herido y adunas tenía una pierna inutili?ada dcfde la batalla del 24 de Mayo. 
Ksto acto sangriento pe cometió como dos horas deepués de haberse terminado toda lu- 
cha, si lucha se puede .Domar. (.Y. déla V.) 



— 383 - 

Cara lección paia los pueblos que entregan sus destinos 
en manos de malvados y ambiciosos! 

Asunción, Marzo de 1893 

Héctor F- Decoud 



2 o REPORTAJE AL CORONEL CENTURIÓN 



A continuación del antecedente artículo y con motivo 
del mismo, publica el Álbum (pág. 168) un reportaje al co- 
ronel Centurión, del cual extractamos los siguientes pár- 
rafos: 

clgnoro qué grado de autenticidad tiene el decreto alu- 
dido que se reproduce íntegro, y quiero suponer, en todo 
caso que se haya padecido alguna equivocación en la 
copia, pues estoy firme en la creencia, que en lugar de A 
las penurias y fatigas, el decreto decía: Vtnció penurias y 
fatigas; lo cual se explica y comprende, teniendo presen- 
te que la idea que presidía á la creación de la expresada 
medalla, era conmemorar las penalidades y sufrimientos 
que ha tenido que soportar el resto del ejército paragua- 
yo en su marcha desde Ascurra á Cerro-Corá, poniendo á 
prueba, en el más alto grado posible, la constancia y fir- 
meza de él en defensa del suelo patrio. 

En otras publicaciones anteriores sobre los sucesos de 
Cerro-Corá, aludiendo á dicho decreto, se ha consignado 
como con espondiente al anverso de la medalla exacta- 
mente la misma inscripción, es decir, Venció penurias y fa- 
tigas.* 

— cEn la reunión consultiva de que se hace mención, no 
estuve yo presente. Supe que tuvo lugar momentos antes 
de los últimos sucesos; de modo que nada puedo decir res- 
pecto á la consulta que hizo López y á las opiniones é 
ideas que surgieron entre los presentes». 

— cLa relación que corre desde la página 142 (folleto del 
sefi^r Decoud) hasta el desbande ó derrota de la pequeña 



— 384 -- 

fuerza desplegada en guerrilla con que habíamos trf tado 
de contener el avance de la caballería enemiga sobre nues- 
tro campamento, es inexacta, y por toda contestación debo 
ratificarme en la que he dado yo, que aunque al correr de 
la pluma y á grandes rasgos, ella está conforme con la 
verdad, como testigo presencial de aquellos sucesos, h*. 
biendo operado esa pequeña fuerza bajo mis inmediatas 
órdenes como gefe de la mayoría. 

El pelotón de caballería enemiga que apareció sobre 
nuestro campamento no retrocedió con el ruido del movi- 
miento de las fuerzas paraguayas; retrocedió sf, al impul&o 
de la guerrilla de la mayoría desplegada en tu frente y que 
iba avanzando sobre él, y cuando aquel hico alto, fué ya 
para dar lugar á que saliesen, como salieron, al campo de 
acción, los gruesos batallones que venían por el camino 
del monte.» 

—«En cuanto á la persecución que la caballería brasile- 
ra hizo á López, con las incidencias referidas, y la muerte 
de éste, nada tengo que observar, por no haberlas pre- 
senciado. Lo poco que he consignado al respecto lo he 
recogido de referencias que después de aquellos sucesos 
hicieron los que los hibían presenciado. 

Sin embargo, no me parece correcto el diálogo ente 
López y el General Cámara, en los términos en que está 
expresado. López nunca habló ó hizo mención de sus in- 
tereses. Cuando se le hizo la intimación de rendirse, se 
concretó á preguntar, si se le garantía todo, y á la contes- 
tación de que solo se le garantía la vida, replicó él: enton- 
ces muero con la patria, haciendo un ademan de descargar 
un go'pe con la espada, en vista de lo cual un cabo ó sar- 
gento que se hallaba presente, saltó arrebatándole de K 
mano aquella y dándole un fuerte golpe con la guarnición 
en la sien, cayó muerto. 

En cuanto á los hechos que se enumeran como ocurri- 
dos en Cerro-Corá, son exacíos, excepto el casamiento 
violento que dice había iníentado López, el cual es una 
invención impropia de un historiador. 

Aquel que quiera narrar, señor, los sucesos de la guerra 
para la, bajo el punto de vista paraguayo, de informes y da- 
tos facilitados por los que fueron actores en aquel gran 
drama, tiene que tener mucha precaución para no incurrir 
en las exageraciones y falsedades que mezclan en sus^ce- 



— 385 — 

latos, los unos por falta de criterio, y los otros, por pasio- 
nes políticas que hacen desaparecer toda imparcialidad». 



3 o REMINISCENCIAS HISTÓRICAS 



(A propósito de un reportaje sobre la muerte del Mariscal López) 



Señor don José C. Soto, Director del c Álbum de la 
Guarra del Paraguay» [carta publicada en la en- 
trega 12 del Álbum). 

Mi estimado amigo: 

En *u interesante revista del último número, al reprodu- 
cir Vd. la versión histórica sobre la muerte del Mariscal 
López, escrita por mi hermano el señor Héctor F Decoud, 
agrega á ella como rectificación y complemento, un lepor 
taje á que fué solicitado y accedió el coronel Centurión. 

Prescindiendo de la autoridad que en la materia atribu- 
ye Vd. á este personaje paraguayo, y dado el créd to que 
el Álbum tributa á sus aseveraciones, permítame, en inte- 
rés de la historia en cuestión, obsorvar que de ese testi- 
monio, no resultan las inexactitudes que Vd. ha creído des- 
cubrir en la trascrita narración. 

De ese reportaje surjen más bien divergencias de apre- 
ciaciones sobre raeros detalles, pero nada fundamental en 
cuanto á los hechos que constituyen el cuadro final de la 
guerra. Es fácil demostrarlo, señalando ligeramente los 
tres punto? que abraza la exposición del coronel Centu- 
rión. 

En primer lugar, ella se refiere á la medalla conm^mo- 
lativa de la campaña de Amambay decretada por el Ma- 
riscal López en 24 de Febrero de 1870, para los gete?, ofi- 
ciales y soldados que lo acompañaron basta Cerro-Cor¿. 
AI respecto el coronel Centurión, solo manifiesta ignorar 
la autenticidad del decreto, aunque no lo pone en duda, y 
tan es así que solo cree haya podido producirse un error 
de copia en la leyenda del reverso de la medalla, y que 



— 386 - 

en vez de A hs ptnurias y fatigas debió decir. Venció pe* 
nurias y fatigas. 

El concepto que encierra una y otra inscripción, si no es 
idéntico, difiere muy poco, y no descubro la razón por qué 
debió decir el decreto lo que no dice cuando por otra parte 
se manifiesta ignorarlo. Puedo afirmar, entre tanto, qne 
ese documento oficial es perfectamente auténtico, pues he 
tenido oportunidad de ver el original. (1) 

El segundo punto del reportaje se refiere á la parte de 
la versión del señor Decoud sobre la derrota de la peque- 
ña fuerza paraguaya desplegada en guerrilla ante el ata 
que de las tropas brasileras en Cerro Coré, que se reputa 
inexacta. Lo curioso es que no se indica dónde y en qué 
consiste la inexactitud. 

El mismo coronel Centurión afirma que el desbande ó la 
derrota tuvo lugar, es decir, el hecho capital que se refiere, 
y en cuanto á sus detalles, apenas se limita á invocar una 
relación publicada anteriormente por él, que desgraciada- 
mente no ha circulado ó que no es conocida. Sus referen- 
cias por los demás no alteran los datos recogidos y con- 
signados por el autor de aqu lia página histórica que se 
pretende rectificar. 

Pero veamos el punto más interesante de la exposisiói 
que se presenta con ribetes de enmienda. Se trata de la 
persecución y muerte del Mariscal Lóp°z. ¿Qué refiere so- 
bre el particular el gefe paraguayo, que en otra parte afir- 
ma haber asistido al campo del último d 'sastre? El no tie- 
ne nada que observar á la narración, porque no se encon- 
tró presente en el acto: solo conoce la versión por referen- 
CÍ75,— cosa que, dicho sea de paso, debe ser verídica pues 
es notorio que bajo la presión del miedo en qne vivían los 
Gefes y Oficiales :rás allegados al tirano, les impedía co- 
nocer los detalles insignificantes de la economía del ejér- 
cito y operaciones de la guerra. (Veáse J. S. Gudoy, Mo- 
nrgrafías Históricas pag. 85 y 103). 

Pero sin embargo de que el coronel Centurión solo sa- 
be de aquella última escena por referencias, se permite 
agregar que no encuentra correcto el diálogo que el señor 
I tecoud pone en labios del Mariscal López y del General 
Cámara en el momento que precedió á la muerte de 
aquél. 

(1) No existió tal decreto, sino el que en este número se publica (X. di la D.) 



- 387 — 

Correcto podrá no haber sido; pero de ahí á que no sea 
cierto, media enorme distancia. Jamás la corrección bri- 
lló en los actos y palabras del déspota, y sabido es, que 
tratándose de sus intereses y comodidades personales, 
siempre les dio seña'ada pr( férencia Así, cuando el Ge- 
neral Cámara avanzando hasta el arroyo Aquidabantni- 
aul,— á cuya orilla López se encontraba ya gravemente 
herido,— le intimó rendición, éste, no solo pidió garan'ías 
para su vid», sino también para sus intereses. 

El coronel Centurión que en sus crónicas alucinaciones 
por la vieja causa, no ha encontrado correcto en boca del 
tirano esas palabras, al afirmar que éste nunca habló de 
sus bienes, agreg.n, empero, que López se concretó (?) á 
preguntar al General Brasilero, si le garantía todo! Qué 
mejor confirmación entonces del diálogo y del aserio es- 
tampado por Héctor Decoud? Acaso en esa, garantía de 
todo que reclamaba el vencido, no et>t*)ba comprendida su 
fortuna, que quería salvar con la vida? 

Queda así en toda su integridad la versión sobre los úl- 
timos momentos del Mariscal López, según el mismo re- 
portaje que se propone rectificarlo. Y es el caso de agre- 
gar que por nuestra parte la escuchamos también de la- 
bios de uiíos de los ayudantes del General Cámara; y él 
mismo, que parecía envanecerse de haber dado el último 
golpe militar al tirano, refería, sin desdoro para éste, que 
sucumbió pidiendo garantías para su vida y sus intereses. 

Esto en lo que el reportaje se refiere á supuestas inexac- 
titudes d( 1 relato en cuestión. 

En lo que respecta á la autoridad que la dirección del 
Álbum discierne á las i eferencias del coronel Centurión, 
permítame dudar de ella y aún oponerle algunas délas 
tachas que lo mismo ante el criterio jurídico, como ante el 
de la historia, hace nulo ó cuando menos sospechoso el 
testimonio de los hombres. 

El cesarisroo asiático de Solano López, como otros de su 
género, ha tenido fanáticos, corifeos y cómplices. En la 
atmósfera vertiginosa en que vivieron y por las responsa- 
bilidades mismas que les cupo en aquella época pavorosa, 
no son ellos, por cierto, los que pueden ofrecernos toda la 
verdad de los sucesos en que fueron actores. Naturalmen- 
te existe la presunción al menos, de que tales testimonios 
proceden bejo la influencia del interés propio, como re- 
sultado de la participación que tomaron en pro de una 



— 388 — 

causa donde se vieron mezclados y comprometidos, ó en 
los hechos áq<ie ligaron su acción. En todo caso, habría 
que empezar por purificar primeramente esas fuentes, so- 
metió dolas al laboratorio del examen para arrancarles 
la dosis de verdad que pudieran contener. 

No me refiero especialmente á este caso: hab'o de tod >s 
los que, en una forma ú otra, han participa lo de las gran- 
des ó pequeñas vergüenzas de una tiranía. Es el criterio 
que he tenido alguna vez para deplorar que el erudito 
doctor Sal días haya apoyado algunas de sus referencia* 
históricas sobre la conducta política de donjuán Manuel 
de Rosas en informes de los que más ardientemente se 
mezclaron á los desvarios del poder personal. 

A propósito de la historia de la guerra del Paraguay á 
que sirve tan dig, lamente el Álbum, no vaya Vd. á incur- 
rir, mi amigo, en la ingenuidad de un estimado compatrio- 
ta suyo, publicista, orador y diplomático, que investigando 
estos mismos asuntos, fué á visitar aquel país, siguió el 
itinerario del ejército aliado, rastreó sus huellas, y luego 
con su facilidad y ventajas de hombre de mundo, se puso 
en contacto con los Gefes de Solano López que tomaron 
parte activa en la memorable contienda. Un día le vimos 
á su regreso, ostentando los trofeos de su expedición. 

—¿Qué ha conseguido Vd?— le preguntamos. 

—Todo, nos contestó. He logrado verdaderas revela- 
ciones. Aveiro, Maíz, Resquín, Caballero, se han confesa- 
doy me han llenado de datos preciosos, ignorados hasta 
hoy. Figúrese Vd. que he llegado á convencerme deque 
en realidad existió una conspiración contra la vida del 
Mariscal López y que dio lugar á las más sangrientas re- 
presiones que se conocen. 

Las convicciones que á este respecto traía el distinguido 
investigador, eran fruto de las co; lesiones que partían de 
los cómplices, interesados en demostrar que hubo motivo 
ó podría resallar justificada la hecatombe de Saint-Barthé- 
lemy ó las tristes efemérides que recuerdan á San Fernan- 
do y Pyquisi-y. 

Nunca con más razón que tratándose de estos asuntos, 
conviene proceder bajo severo beneficio de inventario. 

Siempre afectuosamente. 

Adolfo Decoud 
Estudio, Julio 19 de 1893. 



— :-89 — 

En la página 187, la redacción del Álbum agrega las siguientes lineas i. 

En la presente entrega, con el título de Reminiscencias 
Históricas, publicamos la carta que nos dirige nuestro 
apreciado amigo el doctor Adolfo Decoud á propósito del 
reportaje al coronel Centurión que ya conocen nuestros 
lectores. Sentimos que el doctor Decoud haya atribuido A 
nuestra opinión un alcance que en realidad no tiene. No 
hemos negado la exactitud de la relación del señor Héctor 
F. Decoud, limitándonos á decir que de la del señor coro- 
nel Centurión se desprende que adolece de algunas ine- 
xactitudes, lo que por otra parte no sería de extrañar al 
tratarse de un hecho cuyos actores han desaparecido ya, 
y del cual nos sep: ran veinte y tres años. 

De todas maneras entre la versión del señor Decoud* 
que no ha sido actor, y que, aún admitiendo la exactitud 
del cuadro que nos pinta, no esposóle prescindir de su 
carácter de narrador de segunda mano, y el testimonio del 
coronel Centurión, actor en la tragedia aunque no hnya 
tampoco asistido de visa al acto de la muerte del Mariscal 
López, pero que ha estado dentro del gran cuadro en que 
se producía el desenlace, casi es lógico creer á este mejor 
informado, por contar más facilidades inmediatas de ave- 
riguación. 

Al fin lo que el señor Decoud llama exposición, coi r¡^ 
bete¿ de enmienda, se reduce á un detalle de poca impor- 
tancia, el cual es que el Mariscal López contentara á la in- 
timación del General Cámara ¿me garante mi persona y 
bienes? según su hermano don Héctor ó *¿megaiantetodoh 
según el señor Centurión. 

No podríamos afirmar cuál de estas dos versiones tiene 
más visos de verosímil y en la imposibilidad de la com- 
probación, dejamos á cada uno que juzgué según su pro- 
pio criteriQ; pero se nos ocurre que los momentrs solem- 
nes por que pasaba el Mariscal Lóp"s, herido ya grave- 
mente, abandonado por sus últimos fieles servidores y en 
poder del enemigo, no eran como para asirse á la vida 
con condición de que le garantizaran sus bienes. 

No es más veíosímil la actitud teatral con que, según el 
señor Decoud, el Mariscal, en presencia de la negativa del 
General Cámara, de garantirle los bienes, exclama: < En- 
tonces muero con ¡a patria!» Y se desploma muerto, cómo 



- 390 - 

si no hubiera esperado más que esa contestación para ex- 
balar su último suspirol 

Las cofias en la vida real pasan de otra manera cuando 
se lucha 7 se muere, j no es necesaria la frase heroica 
para hacer má9 interesante una escena como la qus debió 
desarrollarse en Aquidaban 

Por nuestra parte, lo decimos de una vez: ni quitamos 
ni ponemos rey, solo ayudamos á la Historia. 

II 

La maert§ del dictador Lúpez 

Ó CHICO DI ABO 



(PMieado en "El Día"— Año IX, Núm. 1551. fr Época. 25 Enero de 1895 
Buenos Aires) 

(Del 'Jornal do Commercio* de Rio Janeiro) 



Con referencia á U reciente muerte del soldado brasile- 
ño conocido con este apodo, nos dirige el señor Joaquín 
de S A. Pimeutel la siguiente carta: 

«Dos heclns importantes ligados á la guerra del Para- 
guay no han sido tratado? todavía por la historia. Son: 

«1.° Por qué el general Caxias, dejó en Lomas Valen- 
tinas escapar al tirano, cercado como estaba en un recin- 
to fortificado, con toda y cualquier linea de retirada cor- 
tada, mandando ese general desguarnecer el potrero Mar- 
moié, (1) punto único probable pVr donde debía intentar 
evadirse el dictador? 

c2.° Cuál es la convmiencia social y política que acon- 
sejó al general Cámaras (vizconde de Pelotas) á negar que 
furia fl cabo ^e escuadra Jofé Francisco de Lacerda 
(Chico Diablo), quien, bitn montado y persiguiendo de 
cerca al déspota, le asestó los tremendos lanzazos que de- 
bían eliminar del mundo de los vivos al más perverso de 
los hombres de su tiempo? 

(1) Marmol. (N. de la D). 



— 391 — 

Sugiérenos estas observaciones an suelto de la Gazeta 
da Tarde, dando noticia de haber fallecido en Areguá el 
valiente personaje conocido en la historia con el mote de 
«Chico Diabo» . 

Para no entrar en largas disertaciones, varaos á trans- 
cribir aquí la refutación que el general Juan Nunes da Sil- 
va Tavares, dio en el Eco del Sud, al referido general viz- 
conde de Pelotas, en una controversia que tuvieron sobre 
este asunto en 1880: 

«Hace diez años que con la tragedia de Aquidaban ter» 
minó esa epopeya que se llama guerra del Paraguay. 

<Hace diez años que en mi retiro leí las informaciones 
más inexactas sobre el resultado del Aquidaban, guardan- 
do religioso silencio y esperando la palabra fría de la his- 
toria. 

«Pero, en vista de un artículo publicado por el general 
vizconde de Pelotas, el 8 de Marzo corriente, restablecien- 
do la verdad histórica sobre la muerte del general Solano 
López, no puedo guardar el mismo silencio, porque la 
aserción del vizconde de Pelotas diciendo que López tenia 
un*: herida de bala en el bajo vientre, recibida cerca del 
rio, está en contraposición con la verdad de los hechos re- 
latados por mí en el parte oficial del combate del Aquida- 
ban. 

cCúpome el honor de mandar la vanguardia de las fuer- 
zas que encontraron en su antro á las fuerzas del dicta- 
dor; y, sin que pretenda hacer una descripción del com- 
bate que se trabó, referiré únicamente lo que tiene rela- 
ción con Ja muerte de Solano López. 

«Cuando se disponían las fuerzas para el combate, dije: 
I.*oy 100 libras esterlinas á quien matare á López en com- 
bate. 

«Después de empeñada la lucha, conociendo la falta de 
caballería, volví á galope por el sendero por donde venía 
el genera] Cámara, el cual, al verme, preguntó: 

— ¿Qué auiere? 

—Caballería al frente, respondí. 

El general mandó dar el respectivo toque y yo volví in- 
mediatamente. 

AI llegar á la barranca, vi á nuestros soldados ati ave- 
nando el rio: yo lo pa*é también, saliendo al sendero cer- 
eño al campamento de López; mandé al mayor Joaquín 
Kunt s García y mi estado mayor por el camino del Xiri- 



— 392 - 

guelo, tinica calida del dictador y quedé solo en la desem- 
bocadura del sendero reuniendo algunos soldados disper- 
sos, que se retiraban á pié del combate. 

Cuando tenía cerca de 30 hombres reunidos, apareció 
una fuerza mandada por el general Delgado, que quedó 
prisionero: mandé á esos pocos bravos hacer fuego y car- 
gar á la bayoneta. 

Cuando llegué al rancho de López, le vi rodeado de ofi- 
ciales y perseguido; de cerca por el mayor Joaquín Nunes 
García, capitán Antonio Candido de Azumbuja y mi esta- 
do mayor. 

«AI alcanzarnos nuestros compañeros, hubo un pequeño 
ir tcrvalo: López entró en el bosque, diciendo entonces 
Francisco Lacerda: 
- — Va coi* un lanzazo en el vientre, 

L'egó entonces el general Cámara preguntando por Ló- 
pez y se le respondió: 
—Ha entrado aquí. 
— Y Lacerda repetía: 
— Lanceado en la barriga! 

Entonces el general se apeó, entró en el bosque y no* 
tejos encontró á López, recostado en la barranca del rio, 
ron parte del cuerpo metido en el agua, con la espada en 
mano, atravesada sobre la cabeza y asegurando la punta 
de la espada con la mano izquierda. 

intimado López pr*ra rendirse al general comandante 
de la fuerza, respondió ya con dificultad. 

—Muero, por mi patria, con la espada en la mano: y la 
dejó caer por el lado del general brasileño. 

Entonces y habiéndosele tomado de la muñeca para 
ser desarmado, recibió en la región dorsal un balazo. 

En vista de lo dicho por Fian cisco Lacerda, fui perso- 
nalmente á examinar el cadáver de López que, por orden 
del general fué llevado al rancho que le servía de morada: 
por mis propios ojos comprobé que López tenia en el bajo 
vientre una ancha herida de lanza. 

Y para certificarme de su gravedad y de los resultados 
que podía producir, pedí á los ilustres médicos doctor Cos- 
ta Le boy doctor Barbosa Lisboa, que examinaran el ca- 
dáver del dictador y atestiguaran la naturaleza de las he- 
ridas recibidas. 

• Además del testimonio que me entregaron esos médi- 
cos, me dijeron que la herida de lanza era mortal y que si 



— 393 — 

l.ó pez no hubiera estado dentro del *gua, no lo hubiése- 
mos encontrado vivo. 

Dice así el certificado: r 

«Después de exun¡na r !as las heridas del ex dictador y 
tirano de la República del Paraguay, Francisco Solano 
López, encontramos: 

«Una solución de continuidad en la región frontal de 
tres pulgadas de extensión, interesándola piel y el te- 
gido celular otra piodncida por instrumento perforo- 
cortante en el hipocondrio izquierdo, de una pulgada y 
media de extensión, dirigida oblicuamente de abajo arriba, 
interesarlo la piel, el peritoneo, los intestinos y la ve- 
jiga: y otra en el hipocondrio derecho de arriba para aba- 
; o, con de 8 pulgadas de extensión, interesando la piel, el 
peritoneo y probablemente el intestino: 

«También una herida de bala de fusil en la región dor- 
sal, con una sola abertura, quedando la bala en la caja to- 
ráxica.» 

Es, pues, exacto lo que dije en mi parte oficial respecto 
A haber sido lanceado López en el combate por mi cabo 
de órderes. 

¿Puédese dudar todavía que López fué herido en el bajo 
vientre de un lanzazo? 

Con convicción plena de la causa de la muerte de Ló- 
prz, al llegar á Bagé cumplí la promesa hecha antes del 
combate, dando en ganado lo que había prometido en di- 
nero. Y esta fué la única recompensa que recibió Fran- 
cisco Lacerda por su acto de bravura. 

NuSbz de Silva 



— 394 — 
III 

I o fe Imo de 1870 

Cerro-Corá 



(*La Democracia* T de Marzo de 1885 -Asunción) 

Quince aSos atrás, el 1° de Marzo de 1870, tenia lugar 
el últirro hecho de armas que ab ió la tumba al déspo- 
ta y al mismo tiempo coincidió con la muerte del des- 
potismo, 

Etfhernos, aunque sea al correr de la pluma, una mira- 
da alrededor de aquella aciaga época, de pruebas para 
n:uchos, de sacrificios para toaos. 

López, con fu ejército cercenado y pobre, mas por la 
mi?e ia que sufría j por las matanzas que él propio ocasio- 
ba en sus filas, que por las balas enemigas, había llega- 
do á Cerro-Corá, detpues de infinitas marchas y contra- 
marchas, á los seis meses de haber abandonado sus po 
fieioneb en Azcurra. 

Mas de cinco rail hombres y otros tantos de mujeres 
y niños, quedaban hechos cadáveres á lo la»go de la lú- 
gutre ruta que se seguía. En Cerro-Gorá ya no tenia Ló- 
pez sino unos cuatrocientos hombres, roas ó menos, ex- 
clusive una especie de retaguardia compuesta de limita- 
dísimo número de gente* ya enteramente estenuadas por 
el hambre y el continuo trabajar áque las marchas forza- 
das las sometían. 

Cerro-Coi á está situado sobre la fal^a misma, puede 
decirse, de la gran Cordillera de Amambay y Maracayá, 
teniendo por linde s á un lado el Aquidaban y al otro un 
brazo del mismo rio. 

Allí habia instalado López su último campamento, 
donde ya no reinaba más que un profundo desaliento 
por la falta absoluta de víveres para la subsistencia. El 
hambre ofrecía entonces los cuadros mas siniestros y de- 
soladores: aquí se veía á un hombre que p recia Heno de 



— 395 - 

viJa Saqueársele las rodillas y caer ya para siempre; allí 
á otro y á otros acercárseles la muerte tras una lenta y 
desgarradora agonía; mas allá, en fin, á mujeres y niñ03 
convertidos en verdaderos esqueletos luchar aun exáni- 
mes y en vano por alcanzar alguna especie de alimenta- 
ción que les prolongase por mas tiempo la vida que so 
les escapaba ....¡Quien pudiera pintar con sus vivos colo- 
res aquellos cuadros que la adversidad presentaba en el 
seno de unas pobres gentes de continuo heridas por sus 
punzantes dardos! 

López, entre tanto, aparentaba la misma calma y tran- 
quilidad que cuando otros lugares ocupabi. Nada hab : a 
cambiado en él el horrible espectáculo de tanta miseria 
que le rodeaba. 

Su corazón, poco á poco endurecido por la práctica in- 
cesante de atroces crímenes, sin duda estaría ya total- 
mente petrificado en aquel entonces. El hombre ya no se 
paraba en nada: era implacable como la murrte, y bastá- 
banle los mas fútiles pretextos ó las mas ligeras sospechas 
para arrancar á lanzaso?, con pasmosa frialdad, la vida á 
sus subordinados. 

Si cupiera á los pueblos enorgullecerse de la saña y I03 
crímenes de sus tirano*, por cierto que nosotros no no* 
privaríamos de levantar bien erguida la frente entre los 
demás. López, militar adocenado, ha demostrado no per- 
tenecer á la clase de Ioí tiranos vulgares, — propiamente 
hablando, él ha sido un gran tirano, tirano cruel y bá**- 
baio, hasta la última acepción de la pa'aSra, que no ha 
respetado nada, nada absolutamente, ni los mismos 
vínculos de 1 i familia. 

£1 fusilamiento de su hermano Benigno en Piksyri % 
la piisión y los durísimos tratamientos de Venancio y su 
muerte causada por el hambre, asi CiUio las prisiones su- 
tridas por su propia madre y sus dos hermanas; prueba? 
son indisputables d*, que en su pecho no latía el mas apá- 
galo sentimiento de humanidad. 

Ciertas referencias, que á nada conducían, de una anti- 
gua criada de la madre, — referencias que han ocasiona 'o 
la prisión de varios, y últimamente ciertas declaraciones 
arrancadas á e>tos á fuerza de torturas, dieron margen 
á un siniestro proceso contra aquélla y sus hijas. 

López mandó que se le preservara una petición de 
allanamiento contra las mismas, y la proveyó así; 



- 396 — 

Sea interponiendo desde ahora vara su tiempo, todo mi 
valeren favor de mi madre y y en el de mis hermanan, agüe- 
lo que la ley pueda aun permitirme) y pronunció al fir- 
mar esta providencia las siguientes palabras: la copa e±tá 
servida, es preciso bebería. (1) 

Desde estonces llovieron los vejámenes y las torturas 
sóbrelas víctimas del lujo y del hermano. Encerradas en 
un viejo coche y sometidas á continuas declaraciones, 
eran trasladadas de un punto á otro, detrás del ejército 
. desde Curuguaty hasta Uerro-Qrá. Éilas sobrevivieron, 
es verdad, á sus desgracias, mas no por que se hubiese 
ablandado elfénvo corazón del tirano, pues que ya era 
de presumirse que un nuevo y sangriento desenlace aca- 
baría con ellas, sino porque un accidente tal vez ines- 
perado sobrevino en aquellos instantes á restituirlas su 
libertad. 

Era el I o de Marzo, y se aproximaban acelerada- 
mente fuertes columnas brasileras. 

López, tres dias antes, el 25 de Febrero, viendo que 
su gente se encontraba enteramente dominada del mas 
profundo desaliento, y en la necesidad de despertar en 
su seno alguna animación— si es que el hambre pidía 
alguna vez coiciliarse con el entusiasmo— recurrió al 
medio de distribuir medallas ese mismo dia, rodeando 
el acto de toda solemnidad. Formó un gran círculo, ha- 
bló con sus gracias peculiares en contra del enemigo y 
permitió que otros varios le sig lieran en el uso de la 
palabra. Se leyó después el d creto q e confería las me- 
tí) La solicitad a que se refiere el autor es de la fecha 15 de Diciembre 
de 1868 y es del tenor siguiente: 

informado a la voz de que mis hermanas Juana Inocenoia López, espo- 
sa del General Vicente Barrios, y Rafaela López de Saturnino Bedoya, 
aparecen en el proceso de conspiración y traición a la Patria complicadas 
en el crimen de sus maridos, y aunque abochornado y atígido de un pro- 
cedimiento semejante, ea cuanto 1* ley pueda permitirme vengo k pedir 
al Consejo de Guerra que ha de juzgar ía cusa, que tomaedo en conside- 
ración el desgraciado extravio de una débil mujer que las mas veces se 
deja arrastrar a los mas grandes precipicios por la influencia del hombre- 
si del mérito del proceso resultaren tan culpables qv.e la Ley les impon- 
ga la última pena, el Consejo les alivie y conmute en otra, esperando qu¿ 
tanta aberración y tanto olvido de sus deberes para con la Patria, sirvan 
por lo menos para su enmienda en adelante. 

Cuartel General en PiArysyry, Diciembre 15 de 1833. 

Lípez 

Sihettre Aveiro 
Oficial 1* de la Secretaria General 
(K. delaD.) 



— 397 — 

dallas y so distribuyeron las cintas de que debian ir pen- 
dientes al pecho de cada uno de los agraciados. Las ron- 
dallas contenían estas inscripciones: en el anverso, ves- 
ció prnürias Y fatigas; en el reverso, campaña dk 

AMAMBAY Y MARACAYÚ — 1870. 

Y no se equivocó del todo, alguna animación volvieron 
á experimentar sus extenuados compañeros; aunque la mi- 
seria iba acentuándose mayormente de día en dia en sus 
filas. 

Uno de sus espias(2) le dio cuenta el día I o por la ma- 
fiana(3) de la aproximación del enemigo. López manda sus 
órdenes á la artillería que cubría el paso del Aquidabán 
por donde había de penetrar aquel. Pocos instante* ha- 
bían transcurrido cuando dos brigadas— u a al mando 
del comandante Floriano de Peixoto, actual Presidente 
de Matto-Groso, y otra al mando del comandante Martina 
— p. saron aquel río sin la menor resistencia de nuestra 
artillería. Es que ios cañones no valen nada por sí solos; 
necesitan de brazos vigorosos para hacerse oír. 

López forma entonces apresuradamente sus filas, y se 
coloca atrás monta io en su bayo. El enemigo avanza 
eulre tanto, con la infantería en el centro descargando 
desde luego sus fusiles ú la ventura, y ion la caballería 
dividida en columnas guerrilleras á los flancos, intentan- 
do cortárnosla retirada. Llega pocos segundos de -pues 
la primera haciendo nutrido fuego; y López al ver que 
de sus filas chían varios, ya muert soya heridos del 
plomo enemigo, como asi mismo que empezaba á cundir- 
la desmoralización en lo¿ demás en presencia de la in- 
finita supeiioridad numérica de los brasileros, dobla las 
riendas al caballo y pionunciando la palabra-&tyruúfo»e!se 
dirige al galope hacia el monteciüo opuesto por cuyo 
medio corría rapidísimo uno de los brazos del Aquida- 
bán. AI llegar ahí se det ene en la costa y se le acerca un 
bizarro escuadrón de la caballería riograudense, no sin 
antes haber muerto ó dispersado á varios que le impe- 
dían el paso. 

Forman en el acto los brasileros un semi círculo en 
frente mismo á López y le dicen: Mariscal, rendios, que 
tenéis seguros vuestra vida y vuestros intereses— Tirad mi- 

(2) El alférez Ibarra, de Caazapa. (N. del A., q iea ha revisado esta 
publicación J 

(3) Antes de salir el sol, (N. del A 1897/ 



— £98 — 

serábles, les contesta él con enérgica voz, tnuero con la 
Patria. Mas ó menos las mismas palabras se cambian 
otra vez; y López recibe entonces la primer herida en uno 
de los muslos. Siguen á estos algunos segundos de silen- 
cio; los brasileros le repiten de nuevo su intimaciói y él 
vuelve á rechazársela enérgicam3nt?. Dos de aquellos 
avanzan hacia él con ademanes de apoderarse de su per- 
sona; pero se defiende este con su espada y en ese instan- 
te recibe otra herida, leve al parecer, poco mas abajo de 
la sien derecha. Sigue á esto nuevamente el silencio, y 
trascurridos asi algunos segundos, López encana na au ba- 
yo hacia la picada que él mismo había hecho abr'r en el 
montecillo para entretenerse con la pesca, aunque no 
había peces, en el brazo ya cita o del Aquidabán. Como 
que la \ ¡cada era ang sta el cabillo no podía andar, y 
tuvo que apearse entonces para alcanzar el barranco mas 
inmediato del rio. Al dar unos pasos cayó al suelo á cau- 
sa de que la herida del muslo le hacía flaquear una pier- 
na. Dos mas (4) y el que ettas líneas escribe, únicos que has* 
ta ese momento le peguían, lo alzan de los brazos y lo 
vuelven en actitud de andar: pero al dar dos ó tres pasos 
queda enteramente imposibilitado de mantenerse en pié. 
Los tres individuos lo acomodan enton es sobre el mismo 
barranco donde quería alcanzar, y allí presa de las em< - 
ciones y no menos de las heridas que acababa de recibir, 
quedos** solo aguardando la muerte, en tanto que la fusi- 
lería enemiga talaba el montecillo con sus vivas é in- 
cesantes descargas. Antes aun que penetrara el enemigo 
hasta él, un a'ferez Silva (5) que vive actualmente en Cara- 
peguá,'se aproximó á ofrecerle su compañía, pero é! U 
rehusó y lo despidió entregándole como recuerdo un lá- 
tigo que llevaba en la mano. Después entraron los brasi- 
leros y lo masacraron de la manera seguramente como 
ellos misinos lo refirieron en sus correspondencias escri- 
tas desde Humaitá al Jornal do Commercioáe Rio Janeiro 

Así terminó su borrascosa y sangrienta carrera el ma- 
riscal Francisco Solano López. 

Quince años han permanecido ignorados estos detalles 
que acaso también han de contribuir en algo á la histo- 

(4) El Coronel Silvestre Aveiro, reciño d* la Capital, y el Sargento Ma- 
yor de rifleros don Manuel Cabrera, do Humaitá. (tf. del A 1897. y •» 

(5) Alférez Victoriano Silva, ayudante del Ministro Caminos, vecino de 
Carapeguá. (N. de la D.) 



— 399 — 

ria nacional, detalles que, sí bien pobres é incompletos 
por ahora, pueden mas tarde continuarse con los numero- 
sos episodios de la campaña denominada de Amambay y 
Maracayá. 

López, jzgado por muchos bajo las impresiones del mo- 
mento, pasaba por un tirano vulgar á la vez que por un 
cobarde. Una y otra afirmación carecen de peso; pues 
como tirano están sus hechos que lo coloran al mismo ni- 
vel de los mas famosos que presenta la historia, y como 
cobarde prueba lo contrario exactamente !a resolución de 
haber preferido la muerte cuando se le garantizaban la 
vida y los intereses, y cuando, por otra parte, la cobar- 
día podía hacerle aun concebir la fuga para mantenerse 
errante, con un puAado de hombres, por los desiertos de 
nuestros valles. 

En lo que no ha tenido acierto, ó ha dicho una impro- 
piedad es en aquello de morir con la Patria. López ha 
muerto sí, pero la patria aunque desangrada, pobre y 
o» sus territorios desmembrados, ha sobrevivido á la 
catástrofe y permanece en pié, con nuevas y mas felices 
incitaciones, que le dan motivos mejor fundados para 
aspirar al mismo grandioso porvenir que sus demás her- 
manas de América, que llevan sus paso» hoy en dia á la 
vanguardia de la civilización. López ha muerto solo, SIN 
la patria y ha debido mas bien decir que moría POR la 
patria, ó por su palabra de ser el último en morir empeña- 
da en la prote:ta del 30 de Agosto. 

Ignacio lbarra 



IV 
Corro-Cora 

(Narración inédita del Coronel don Silvestre Aveiro, oficial de la Orden del Mérito 

y Gefe de Estado Mayor— Biblioteca de don E. Solano López,— Este 

artículo ha sido corregido por d autor) 



Llegamos al campamento de Cerro-Corá el 14 de Fe- 
brero después de una marcha en que cata día llevábamos 



- 400 — 

lluvias, i que si no eran de mañana, eran de larde ó de no- 
che, i raoi pocos días de tiempo seco, careciendo durante 
«los de agua potable, si no era que encontrásemos en los 
arroyos. 

Tan lurgo como llegamos i tomamos algún descanso, se 
dispuso la expedición del Geneial Cabnllrro á la colonia 
de Dorados á caza de ganados alzados, que no consiguió, 
porque, habiendo errado los aliados el camino del para- 
dero de López, ó sea porque trataron do impedirle seguir 
mas adelante, mientras el grueso del ejéreto marchaba 
sobre él, se encontró con la pequeña fuerza de la expedi- 
ción de Caballero una columna enenrrga que lo aprisionó 
con toda su jente. dias antes del primero de Marzo. 

'Había una vanguardia ó gran guardia en el arroyo Ta- 
cuaras, que según referencia dstará del Aquidaban una 
legua ó poco mas al Oeste. Di Cerro-Üorá (campo rodea- 
do de cerros) se desertaron el Coronel Carmona, el Te- 
niente vaqueano Villamayor, i el Cirujano Solalinde con 
dos practicantes. (1) Estos se habían encontrado con la 
fuerza espedicionaria enemiga. Solalinde no quiso acom- 
pañarles pretestando enfermedad, pero los otros cambian - 
do de uniformes les sirvieron de vaquéanos, así fué que 
antes de amanecer del día primero <ie Marzo, aprovechan- 
do el descuido de la gran guardia la tomaron sin disparar 
un tiro i dos mujeres que se hallaban en el punto se toma- 
ron el empeño de venir á dar avis^ á López, una antes de 
salir el so! y la otra un rato después de la salida del sol. 

Fué entóneos que mandó colocar en el piso del Aqui- 
daban una batería de cuatro piezas á cargo Jel coronel 
Moreno, tomando otras deposiciones en orden á aprestar- 
fe para la acción próxima, la poca fuerza que había. 

Convocó también un consejo para deliberar 6obre lo 
que en la emerjencia era necesario resolver i allí dijo, 
para que le dij°rémos si convenía refugiarnos en las Cor- 
dilleras inmediatas ó que espera- amos el golpe paleando 
hasta morir. 

En esa reunión estuvieron el ministro de la guerra coro- 
nel Caminos, los generales Kesquin i Delgado, el coronel 
Centurión, el padre Maíz, el comandante Palacios, los pa- 
dres Espinosa i Medina, los coroneles Aguiar, Abalos i yo. 

Siguió un silencio i viendo que nadie hacía uso de la 

(1) Ignacio Scgovia y Lázaro Quovedo. W de la D) 



— 401 — 

palabra, yo entonces le dije al Mariscal; que él era el Gefe 
del Khtado i del ejército, nuestro deber era someternos á 
lo que él resolviere, como conveniente á la situación, i en- 
tonces, el Mariscal dijo: 

— Bien, peleemos hasta que muramos todos. 

El cornejo aceptó afrontar el combate para que de una 
vez terroirara la guerra, peleando basta morir. 

Entonces me ordenó que reuniera cuanta jente dispersa 
que había por el cuartel jeneral para estar prontos á reci- 
bir ordenes, aprestándose bueyes para el coche de Mada- 
ma Linch. A eso de las once del día roe acordé de la 
guardia que acompañaba á su madre i hermanas, i fui 
á verla i la hice llamar con el oficial que la mandaba 
por encargo del Mariscal. (2) 

Cuando retrocedíamos, ya casi dispersos del la lo del 
Aquietaban i pasábamos por el cuartel jeneral, pocas varas 
después se encontró López con su madre i hermanas di- 
ciendo la primera: 

— Socorro Pancho! (así se llamaba al Mariscal). 
Y este le contestó lacónicamente: 

— Fíese, 8f ñora de su sexo» i pasamos. 

IJujdndo hacia el arroyo que quedaba al Este i cuya 
costt seguimos hacia Chirigüio, yendo yo como unas 
treinta ó cuarenta varas tras del Mariscal, i á mayor dis- 
tancia, el espitan Cabrera, que era el trompa de órdenes, 
y otros varios mas atrás que fueron desgranándose para 
tomar el monte. 

S.'is eran los enemigos de caballería, inclusive el cabo 
que encabezaba, ármalo de lanza, marchando al galope 
tendido al flanco izquierdo nuestro i en una ensenada 
que forma el arroyo, pudieron cortar la retirada & López, 
á quien intimaron rendición 

En estas circunstancias, el capitán Arguello (3) i el alfé- 
rez Chamorro, caballerizo este de López, que andaban 
únicos montados, fueron también galopando á la altura 
que llevaban los brasileros i en el punto en que pasaron se 
trabaron en pelea á sables retirándose los dos mal heridos 
alguuos pasos de los enemigos, e. tre quienes también ha- 
bían heridos, habiendo muerto aquéllos pocos momentos 
después, según referencia de los que quedaron afuera. 

Ci) Cuando avanzábamos gritó ol coronel Carmona: "Aquel de sombrero blanco,- es 
iópe*. fiV. del A. 1897). 
(3) Francisco (*V. de ¡a D) 



— 402 — 

Antes de la lucha de Arguello i Chamorro los que inti- 
maron rendición, se acercaron á López, el cabo por un 
lado i un soldado por el otro, con ademan de tomarle de 
los brazos i este que llevaba su espadín desenvainado, qui- 
zo tirar de punta al cabo, quien ladeó el golpe al mismo 
tiempo de pegarle una lanzada en el bajo vie tre i el otro 
á fu vez le dio un hachazo en la sien derecha perdiendo 
su sombrero de paja. 

Fué en estos momentos que llegaron allí Arguello i Cha- 
morro. 

Los brasileros después del combate i como á diez varas 
frente á López estaban formados, pero sin intentar ja agre- 
sión i ruando llegué cerca de él, estaba enfurecida mo di- 
ciendo en alta voz: 

— Maten á esos dieblos de macacos! 

Palabras que repitió varias veces, conservándole á ca- 
ballo, en un bajo tomado en la laguna Chichi á los bra- 
sileros. 

Llegué ante él i tocándole en el muslo le dije en gua- 
raní: 

— Síganr, señor, para salvarle. 

— Es Vd. Aveiro, dijo; dob'.ó su caballo i me siguió. 

Yo había llegado al'í sumamente fatigado i sin comnr 
aunque llevaba una espada filosa no tuve aliento para cor- 
tar las raimas de los arboles j así le fui haciendo el camino, 
con empujones del cuerpo, siguiendo la* huellas ó las pi- 
cadas que los soldados habian abierto en busca de frutas, 
i como á diez varas del arrojo, en una pendiente hacia 
este, me caí i pasó el caballo sobre mí felizmente sin pi- 
sarme i en seguida se cajo también López, llevando la 
cabeza hacia la bajada. 

Me levanté enseguida, con loque López me a'argó la 
mano haciendo ademan de que lo levantara. 

Como era petado aunque traté de levantarlo, me falta* 
ron fuerzas, i entonces procuré darle vuelta hacia el lado 
de la altira, i en este momento llegó Cabrera (4) que iba en 
pos de mí i co.i él ensayamos levantarlo, pero tampoco 
pudimos, presentándose ensfguida el joven Ibarra con 
quienes lo alzamos trnjéndolo del brazo hacia el arrojo, 
pt-ro antes de bajarlo, me dijo: 

— cSi quiere voj á traer la jente que hai en esa rincona- 

(i) Vivo en Villa del Pilar hol. (#. del A)- 



— 403 — 

da», señalando bácia el Sur, donde continuaban mas des- 
cargas i tiroteos, i como no supiere después del retroceso 
la distribución de las fueras le di crédito, diciéndole en 
guaraní que fuera á traerlo en la brevedad posible, con lo 
que se marchó para no volver. 

Llevamos á López con lbarra al arroyo que era mui 
resbalaiizo i que corre sobre piedla basta la orilla opues- 
ta, en donde procuramos le\antatlo sobre la barranquera 
que daba hasta el hondo, i no pudiendo conseguir nos dijo 
el Marisca': 

—Vean si no liai una parte mas baja. 

Se quer'ó sostenido en una palmera derribada que en- 
contramos allí que atravesaba un ángulo del arrojo i nos 
separamos de él. 

Cuando me retiré unos ocho pasos empezaron á ?a'ir 
los infantes brasileros á la orilla del arroyo é inmediata- 
mente nos hici *ron fuego. 

Trepé el barranco i me senté al p é de un matorra, en 
momentos que aparecía el jeneral Cámara, por el camino 
que habíamos seguidt ; dando la voz de — alto, fueg I 

Se echó coi.fomie venía en el ánoyo á pié. 

En este momento el cirujano Estigarribia, (5) que anda- 
ba con la pierna llagada i que había entrado también poco 
antes tras de nosotros, iba retroe diendo ( n la canal misma 
dt'l arroyo ante un soldado que con lanza le perseguía i á 
la altura misma de donde yo me encontraba, recibió un 
lanzaso en el pecho, que le hizo caer en el agua para no 
levantarse mas 

Con esto volvió el soldado hacia donde había venido i 
como á cada momento aumentaban las fuerzns á orillas 
del arroyo, me levanté para acercarme al Mariscal, á 
quien ya lo habiau tomado; las tropas que se hallaban 
mas abajo, me dispararon algunos tiros, en vista de lo 
cual volvi á sentarme, cesando el fuego que me dirijian. 

Yo sentí que con el jeneral Cámara, se c*unbiab m 1 1 
gunas palabras, pero no pude bien perc bir, sino una que 
t tía palabra como la de patria, — pero después en Rio J i- 
neiro se publicó, que cuando fué intimado rendición por 
el jeneral Cámara, el Mariscal había dicho: 

Me garante lo que pido? 

(5) Gaspar $. de la />.) 



— 404 — 

Y con la respuesta de que no podía garantirle sino la 
vida, había contestado. 

— c Entonces muero con mi patria» levantando su espa- 
dín, pero enseguida se cajo al agualde donde apoderán- 
dose de él, lo sacaron con vida, i no como se pretende de 
que fué lanceado por un cabo en el arroyo i que allí Labia 
muerto (6) 

Viendo yo que llevaban á López i no se preocupaban de 
mí, me interné al monte i á poco andar tropecé con un 
grupo de mujeres en número como de sesenta, comisioné 
á una de ellas á saber si el Mariscal se hallaba con vida, 
i al mismo tiempo averiguase el paradero de mi familia, 
pero no volvió. Sentí que venía je «te, comprendí que re- 
cien se acordaban de roí, i vendrían en mi persecución. Se- 
guí las huellas de los que me precedieron, pero la arriba- 
da era muy forzada i no pude andar con celeridad. Cuan- 
do talí á la orilla del mor.te encontré un macir gal de es 
padafta i una tercerola cargada, acercándose la jente que 
me perseguía Tomé la tercerola, me escondí en el macie- 
gal teniendo el arma pronta pava defender mi vida. 

Desembocaron del bosquecillo diciendo: 

*E¿capous/ó fího da mai!> 

Retrocedieron, i cuando no sentí ruido alguno, seguí mi 
camino, encontrando mi familia por casualidad, i otros 
compañero?, pasarnos la noche cerca del mismo campa- 
mento al pié de la cenante, de donde emprendimos el ca- 
mino rumbo á Concepción, en cuyo departamento salimos 
á los diez dias i recien supimos en Sanguina, que fué uno 
de los campamentos nuestros, que el dia anterior habían 
pasado dos chasques i estos decían que había muerto el 
Mariscal. 

Con esta noticia i la enfermedad de la pierna me deci \í 
á tomar el camino de la Villa, abandonando el de Cor- 
rientes que pensábamos seguir. Ál dia siguiente A la tarde 
nos alcanzó el jeneral Cámara con su estado mayor. 

Estábamos sentados sobre el canino comiendo naran- 
jas vtrdescon el Comandante Palacios, cuando distingui- 
mos que era el jeneral Cámara, á quien había conocido 
cnt e los parlamentarios cuando era coronel; le dije á Pa- 
lacios no se levantara ni dejara de comer su naranja. 

(6) La vecina de Formosa, Rosalía González, vio todo escondida de tras de ana pal- 
mera, i ha referido al suscrito que lo sacaban con vida asi como una criada de López, 
llamada María Ana, que estuvo junta con aquella (¿Y. del i. 1897)* 



— 405 — 

Al acercársenos el jeneral me interroga si lo conocía; le 
contesté que sí i que él también debía conocerme. Me pre- 
guntó si mi compañero era algún jefe ú oficial, le dije que 
sí i quien era, cm lo que este se levantó diciendo: 

— Yo no 8oi nadie,— señor. 

Hice un movimiento de hombro?, como queriendo signi- 
ficar que ya él le decía. 

Llamó á un capitán ordenándole: 

— «Lleven presos estos hombres» i siguió su camino. 

Mandó que marcháramos i como caminara algo despa- 
cio debido á mi enfermedad, i me apurara el capitán, le 
dije que no podía mas, i que solamente después que mis 
piernas calentaran podría acelerar mi marcha. 

Me amenazó de apalearme, le respondí: 

— Estoi en su poder, puede hacerlo, pero no puedo mas. 

Impaciente me hizo alzar sobre una muía cargada i así 
me condujo hasta cuatro leguas de Villa Concepción, don- 
de había pasado el jeneral Cámara. Allí probé por vez 
primera fariña i carne salada. (7) 

Poco después de nuestra llegada rae hizo llamar el je- 
neral Cámara, recibiendo de él tremendos cargos, pero 
contéstelos con altura, estando resuelto á todo, dudando 
de mi sueite. 

El primer cargo fué porqué habiendo sido yo uno de los 
primeros en tener la facilidad de dar una puñalada á Ló- 
pez, comparándole á Atila, Nerón, Caíígula i otros, que á 
haber procedido a*í habría prestado un gran servicio á mi 
patria, librándola de semejante tirano. 

Le respondí que me era extraño oir de su boca seme- 
jante doctrina, que tampoco á él cuadraba, si mi situación 
fuera la suya i le significara idéntica cosa, porque al fin i al 
cabo, son iguales en legalidad los gobiernos tanto dei Em- 
perador como el del Mariscal, quien tenía á su favor la ad- 
hesión de todo un pueblo, que se ha sacrificado á su lado 
en defensa de una cau9a, de cuya justicia estábamos con- 
vencidos. Me contestó; 

-»6! Nól 

Suspendo aquí este relato dejando para después conti- 



(7) Casa del mayor Páez, ayudante del General Caballero, á quien salvó en Avay auxi- 
liado del presbítero Moreno. (.V. del A. 1*97) . 



— 406 — 

miarlo con otros episodios relativos á lo i sucesos de C ?r 
ro-Corá. 
— 1838 Silvestre Avaro 



Campamento en Cerro-Corá 



(Délas memorias del Jeneral Restpün, Jefe dd Estalo Mayor— Ctpia tomil.i 
directamente del original— Biblioteca de don E. Solano López.) 



El 6 de Febrero de 1870, después do los reconoci- 
mientos, quemando practicar el general en gefe, por los 
campos del Aquidubán, por el paso de arroyo Gttazú A 
Tranquerila, jurislieción de la Villa de Concepción, A 
cuarenta leguas de dicha población; j colocadas las guar- 
dias de obseivación á la márgpn izqirerda del «citado 
arroyo Guazú, como á cin^o leguas de Cerro-Cora; el 
ejército nacional, levantando su campo de Capübarij, se 
puso en marcha á la? órdenes del Mariscal López, repi- 
sando la Cordillera de Mbara:ayú, por lo* fa «gonales del 
estrecho camino de los montes de ( hiriguelo, con el ob- 
j*to de ocupar Cerro-Corá, Ala margen izquierda del río 
Aquidabán, en medio de copiosas l'uvias que continuaban 
de diay noche, después de cuatro ó seis horas de inter- 
valo. 

El 8 de Febrero de 1870. (1) I Mariscal Francisco Solano 
López, Presidente de la República riel P^iaguay, y gene- 
ral en gele de sus ejércitos y el Vice Piesideute Fran- 
cisco Sánchez, con los generales Caballero, Resquin, Dtl* 
gado y Boa; al frente del ejército de la República destro- 

I-Nos inclinamos á creer qae fué el 14, coran lo indica ol coronel Avciro, pues el 11 aun «c 
hallaba el ejército en marcha y lo* partes Han fechado»: cam .amonto en marcha de Chingúe- 
lo. El siguiente, en Aquidabá-nigui, es de fecha 16 (jY(/c la 1)\. 



— 407 — 

zado en su personal material y movilidad, después decin 
ro años de continuos combates contra las ambiciones de 
los gobiernos de la inicua triple alianza; tomó campa- 
mento en Ccrro-Corá, con mil y doscientos hombres y seis 
piezas de artillería ligera, con una porción de apestados 
que no se puede ya contar como combatientes. 

El general en gefe, por la dificuliad que presentaba 
el camino de loa montes del Chingúelo y la falta de mo- 
vilidades, deliberó encargar al general Francisco Boa, 
ocho piezas de artillería que deberá conducirlas en el 
campo de Cerro- Cora, con los bueyc3 que se le devuel- 
van dp, este punto. Asi mismo, ha sido encargado el coro- 
nel Patricio Esctbar paia hacer pasará aquel monte to- 
das las carretas atrasadas en el camino estrecho del Chi- 
riguélo. 

Inmediatamente á la ocupación dtl paso de la margen 
izquierda del rio Aquidaban en Cerro-Gorá, el Mariscal 
López mandó ocupar el paso del arroyo Tacuaras^ como 
á una legua del paso de dicho rio Aquidaban, por un 
destacamento de noventa hombres y dos piezas de arti- 
llería. 

Así mismo, el Mariscal López, despachó al gereral 
Bernardino Caballero, con cuarenta hombres, la mayor 
parte de ellos gefes y oficiales, para la comarca de la Vi- 
lla de Miranda, con el objeto de n coger, y remesar á 
Ceiro-Corá, los ganados que pudiera encontrarse por 
aquellos campos; marchando al efecto por la picada ó ca- 
nino del Chiriquelo, Capiibary, Laguna, Punta-Porá, y 
de allí por el paso del rio Dorado. 

Al mismo tiempo, fué también despachado el sargento 
mayor Julián Lara, con doce hombres de caballería, en 
los establecimientos de los campos del Aquidaban, con 
el mis.no fin de recoger los ganados que pudieran encon- 
trarse prr aquellas estancias, para proveerse el ejército. 



Deserciones en Cerro- Cora 

En Ftbrero de 1870, hallándose acampado el ejército 
paraguajo, en Lerro-Corá, y después de haberse despa- 
chado las comisiones indicadas en procura de ganados de 



— 408 — 

consumo, que con urgencia necesitaban nuestras tropas, 
para levantarse de su postración, á que estaba sumida; 
pues una res de cuen'a se carneaba para quinientos 
hombres, y el cuero se repartía en pequeños retazos. No 
había otro pan de mantenimiento, de nuestros valientes 
soldados, que las frutas silvestres enumeradas anterior- 
mente, cuyas conducciones del corazón de aquellas mon- 
tañas de las cordilleras, de dia en dia, destruían las 
fuerzas de nuestras tropas, y se adelantaba su destruc- 
ción, por diversas enfermedades, después de una penosa 
marcha por mas de cuarenta dias de lluvias sin vestua- 
rios. 

Sumido en esta fatalidad de penuria, se hallaba el 
ejército de verdaderos paraguayos, cuando desertaron 
al enemigo para la villa de Concepción los cirujanos (7t- 
rilo SolaHnde, Ignacio Segovia, Lázaro Quevedo, y el te- 
niente Villamat/or, (2) de la compañía de baqueanos c<m 
tres de los suyos, encabezados por Solalinde; el cual co- 
mo médico del cuartel general, que comía el pan del 
mariscal López, con sus hijos, pidió licencia al mismo 
gtfo superior para irse en los montes del rio Aquidabán, 
á recoger frutas silvestres, pretestando asi la ejecución 
<le sus traiciones, con lo que lograron su fuga con toda 
libertad para la villa de Concepción, á donde se halla- 
ion con los generales enemigos de la triple alianza, y 
pudieron informar de la triste situación del ejército na- 
cional, en Cerro-Corá y de su verdadera posición, faci- 
litando asi la matanza y destrucción de sus conciudada- 
no , como lo hicieron por las armas extrangeras. La his- 
toria de los hijos del Paraguay, dará el epíteto que 
corresponde á tan negra acción. 

Los generales aliados, que se hallaban á la ocupación 
de la villa de Concepción, por defección del comandante 
Vedrueza, (3) que ha comprometido á la mayor parte de las 
familias de dicha población, para plegarse á la escuadra 
enemiga, por cuya causa la hicieron perecer á la mayor 
paite de ellas, cuando fueron descubiertas; adquiridas 
las noticias positivas de la posición de Cerro-Cora, por 
les leferidos prófugos; sin perder tiempo prepararon el úl- 

Í2; Teniente 2° Anaslacio Villamoyor (N. de fu D.) 

(3) Juan Gómez do Pcdrucza; este comandante militar de Concepción, se refugió á bordo de 
los buques brasileros anclados en Pan de Azúcar, criando vio descubierto su plan de entregar 
Villa Concepción al enemigo. En otra oportunidad haremos conocer loa detalles de cata hecho. 
íX.delaU-) 



— 409 — 

timo golpe de mano sobre Cerro-Corá, contando con los 
baqueanos desertados del indigno nombre paraguayo, pa- 
ra acabar con el Paraguay. 

En medio de estos acontecimientos, el valiente coro- 
nel Silvestre n armona, víctima de los furores del de igual 
clase, Ju%n Francisco Lóp°,2, hijo del Presidente de la 
República y general en gefe del ejérc'to nacional, tuvo 
que abando íar el ejército de sus conciudadanos; cuan lo 
fué destituido de la enana división que comandaba, por 
injusticia y perversidad de aquel joven coronel, que sin 
expsriencia de la vi la humaua, combatí* á uno de los 
mejores gafes, que desde la comarca de la villa de Mi- 
randa, tenia dalo pruebas de valor y abnegación por la 
campaña de Corrientes hasta Cerro-Gorá. 

Ultimo combatí del campo dk Cerro-CorA 

El I o de Marzo de 1870, el Mariscal López, acampado 
con la diminuta fuerza de la nació:i paraguaya, y trai- 
cionado por el cirujano Solalinde en las márgenes de la 
izquierda del rio del Aquidabán en Cerro-Corá; con la 
fuerza de trescientos y ochenta hombres; y cuatro caño- 
nes, sin contarse la vanguardia do paso Tacuaras, de no- 
venta hombres y dos piezas de artillería. 

La línea defensiva del paso del Aquidabán, se halla- 
ba confiada por el Mariscal López al mando de los coro- 
neles Juan de la Cruz Avalos, la derecha con ochenta 
lanceros; el centro, al de la misma clase de artillería 
Ángel Moreno, con cien de tropas y cuatro cartones; la 
izquierda al mando de los tenientes coroneles S intos, (4) 
y Ooraez, (5) con cien hombres de infantería á la defen- 
sa de aquella ala izquierda. 

En este estado de atraso se hallaba el ejército de la 
nación paraguaya, cuando á las seis de la mañana del 
primero de M tizo de 1870, llegó un soldado en el paso 
del Aquidabán escapado del paso Tacuaras, dando par- 
te al coronel Moreno, que antes de amanecer de aquel 
dia, había sido sorprendida por los enemigos toda la 
vanguardia, quedando en poder de ellos nuestros dos ca- 
ñones y todos sus compañeros. 

(*) Francisco (N.de la D.) 
(5) Ciríaco (Id.) 



— 410 — 

Con aviso del vergonzoso acontecimiento del Paso-Ta 
ruaras, que dio el coronel Moreno, el Mariscal López, sii 
pérdda de tiempo despachó á uno de sus ayudantes coi 
dos soldados con el fin de recabar la verdad de la notícii 
de Paso-Tacuaias. Pero poco después de haber sitio despa 
chatio el citado ayudante llegó otro soldado escápalo d« 
Paso-Tacuara?, confirmando la primera noticia de la sor 
presa de' Paso-Tacuaras. 

Ei Mariscal López conociendo por los movimientos de 
enemigo el pronto golpe sobre nuestra línea del paso de 
Aquidaban, cuando ellos ocuparon el Paso-Tacuara*, sor 
prendiendo nuestra vanguardia, inmediatamente mandí 
poner nuestras tropas en orden de combate, esperando é 
las fuerzas de la triple alianza. 

Al mismo tiempo despachó al teniente-coronel Solis, cor 
diez hombres á pié sobre la carretera del Aquidaban, ha- 
cia el Paso-Tacuaras con ó dnn de observar la marcha 
del tnemigo sobre el puente de Cerro-Corá, al mismo 
tiempo que otro ayudante marclnba en la picada Chiri- 
gfielo» con orden de ob ervar su marcha el general Fran< 
cisco Roa, con las piezas de artillen i de su comando, para 
entrar en atvión en el paso de Aquidaban. 

Desgraciadamente el comandante Solis con su partida á 
poca distancia del paso de' río Aquidaban, fueron perse- 
guidos por el grueso del en »mig > que venia marchando 
sobre dicho paso, y el valiente comandante Solis con dos 
de tos suyos cayeron g'oriosamente en sus puestos de ho- 
nor. 

E! p:e. eral Francisco Roa sin tiempo de poder incorpo- 
rarse á las fuerzas del pa c o del Aquidaban para hacer 
frente al enemigo como ha recibido órdei del Miriscal 
Lopes, tuvo q fie batirse en el borde del monte del Chiri- 
güeln, con los enemigos triunfantes en Cerro-Corá á don- 
de fié muerto con gloria y honor al pié de su artillería, 
como uno de los mas bravos hijos de la nación para- 
guaya, (6) • 

El Mariscal López Presidente de la República del Para- 
guay, con las noticias de los escapados de U partida del 
IhíLvo comandante Solie, montando á caballo con el Vice 
Pie idente de la Nación don Francisco Sánchez y los ge- 

[í'.í El General Roa, abandonado de sin soldados, montó on unos de suh 
caíiotiGi por no desampararlo, y allí fuó muerto y desnudado— ^*V. de la D.J 






- 411 — 



is Francisco Isidoro Resquin y José María Delgado 
ndo su estado mayor; así como el comandante de la 
w de gobierno, coronel José María Agu : ar y su se- 
i el teniente coronel Atfuilar con setenta hombres de 
>lta; con lo? erales ae dirigió el Mariscal en el citado 
1*1 rio Aquidaban, atacado por gruesa división bia- 

enseñados por los traidores Solalinde y comparsa; 
ide coino á cien pasos antes de llegar al paso, los 
ros esploradotes que aea'taron el paso, se estrellaron 
la pequeña fuerza del Mariscal López y venciendo 
tro de nuestra línea pasaron el paso del Aquidaban 
írecha é izquierda de aquella posición. 
:oronel Ángel Moreno después de dos andanadas de 
¡llena, fuaron derrotados en aquel paso, lo mismo 
s gefes de la derecha é izquierda, Juan de h\ Cruz 
s, coronel de caballería, y los tenientes coronel Fran- 
jantes é I. (jorrez. 

! último sangriento combate, de Cerro-Corá duró 
quince minutas y al cabo de este espacio, el ejército 
nación pat aguaya fué derrotado y vencido por cora- 
despties de cinco años de continuos combates. 

primeros exploradores de la caballería enemiga 
altaron el pabO del rio Aquidaban, fueron batidos 
estado mayor, al ruando del propio Mariscal López, 
fijados á bagazos, volvieron al paso del Aquidaban. 
e ínter* alo el Alaii-cíil López con sus acompañados, 
n n ásu cuartel geneinl de donde ordenando al ge- 
R squir, para que con sus ayudantes siguiera la 
era de eu madre é h jos par* atenderlas, y hacerlas 
arsin demora, con los carruajes, buscando la sal- 
i i 4 e ellas, 

Jariscal I/»p z, con su estado mayor, tomó otra di- 
11, hacia el paso de abajo del Aquidaban, teniendo 
raveaar un pequen» arroyuelo, pero antes de poder 
en este paso del citado arroyuelo, el Mariscal López 
üinzado por un regimiento de caballería enemiga, 
lienes fué herido de Ja iza en el muslo izquierdo, y 
i esta io aperas pudo llegar á la costa del rio Aqui- 
á donde ttié requerido por sus perseguidores brasi- 
iara rendirse á discreción. E 1 Mariscal López, pre- 
e de la ración paraguaya, respondió á los enemigos 
patria; que él no se rinde y moría por su patria. 
Satamente de esta franca resolución del Mariscal 



— 412 — 

López, presidente de la nación paraguaya, que ha jura- 
do á sus conciudadanos de no envilecer al suelo de su 
nacimiento, recibió en su generoso pecho, las balas de 
las fuerzas del Brasil, con lo que entregó su vida á su 
Criador, después de haber defendido con lo posible la pre- 
ciosa sangre de sus conciudadanos en defensa de la inde- 
pendencia de su patria, hollada por tres banderas extran- 
jeras, por ambiciones de los territorios nacionales y la 
maldita idea de aniquilar á la nación paraguaya, como 
han manifestado en sus tratados secretos de Mayo, los 
tres poderes de la triple alianza, cuyo hecho nunca ol- 
vidará el pueblo heroico de la nación paraguaya, para ha- 
cerse justicia del oprobio con que fué prodigado por dos 
repúblicas y el imperio de los esclavos, ya sea por el in- 
terés de la patria, su propio honor, la gloria y la salud de 
todos los verdaderos hijos del Paraguay. 

En esta misma gloria, de morir por la patria, que repre- 
senta no solamente lo que se posea pero también todos los 
objetos de nuestro amor y de nuestro culto: á nuestros 
padres, nuestros parientes, nuestros amigos, nuestro honor, 
nuestra independencia y nuestra libertai; porque todos so- 
mos protegidos y defendidos con participación de la gloria 
y prosperidad de nuestro país, porque defendemos los altos 
principies del estado, las leyes y el gobierno que rige los 
destinos del país para asegurar la defensa de los hijos, las 
familias y los bienes de aquellos que han caido víctimas 
de su adhesión á la patria y en este loable empeño su- 
cumbieron el propio Mariscal Presidente de la República, 
el vico presidente don Francisco Sánchez, el secretario 
general del estado don Luis Caminos, los coroneles José 
María Aguiar, Juan de la Cruz Avalos, Juan Francisco 
López, Bernardino Denis y el teniente coronel Orzuza; así 
como los capellanes mayores Francisco Solano Espinosa, 
J. Medina, J. Adorno, José Ramón González y J. Gonzá- 
lez, sacrificados en cumplimiento de sus deberes, como 
dignos ministros del Dios del Cielo. 

Los ciudadamos generales Resquin y De'gado, tuvieron 
la desgracia de caer prisioneros en podir del enemigo 
en la última acción de Cerro-Corá, con los coroneles Án- 
gel Moreno, Patricio Escobar, Silvestre Aveiro y J, Centu- 
rión a6Í corno los tenientes coroneles, Gómez, Santos, Ve- 
ra, Riveros, Cabrizas, Maciel y Silveiro, correntino, lo 
mismo que otros varios gefes, oficiales y tropas que es ira* 



— 413 — 

posible recordar sus nombres en este acto de escribir este 
bosquejo de la historia de la guerra, después de tanto 
tiempo de abatimiento y penuria que ba sufrido el que 
escribe para informar á la juventud paraguaya á fin de 
formar juicio de los sucesos de la guerra, la mas injusta 
que ha presenciado la América del Sud, por parte de los 
gobiernos de la triple alianza contra el Paraguay. 

Refiriéndome á los ilustres capellanes mayores del ejér- 
to paraguayo que se prestaron al servicio y defensa de la 
República, durante cinco año*, han sido los beneméritos 
sacerdotes del Dios de los ejércitos don Fidel Maíz, Rufino 
Jara, J. Aguiar, J. Corbalan, han polido dar ejemplos de 
virtud y abnegación á todos los valientes del ejército de 
la nación paraguaya en miles peligros, durante aquel 
largo espacio de tiempo, que duró la injusta guerra de 
los poderes de la triple alianza, contra el Paraguay. Los 
capellanes mayores del ejército nacional don Fidel Maiz, 
Rufino Jara, J. Aguiar y J. Corbalan han sido' también 
prisioneros de guerra, por amor de la libertad de su inde- 
pendencia v soberanía nacional, que defendían como ciu- 
dadanos é hijos verdaderos del Paraguay dando ejemplos 
de verdadera abnegación y acendrado patriotismo contra 
los enemigos de su patria y de sus conciudadanos y ami- 
gos. El General Caballero y el mayor Lara con sus parti- 
das, que se adelantaron de Cerro-Corá con el fin de pro- 
porcionar los recursos necesarios al ejército de la nación 
paraguaya; después de hallar sucumbido el Mariscal Ló- 
pez, con la mayor parte de dicho ejército del Paraguay, 
no tuvieron otro remedio que entregarse á los enemigos 
contra quienes combatían aquellos valientes hijos del Pa- 
raguay* 



— 416 — 

teando las primeras serranías, que caen ex-abr&pto sobre 
un terreno accidentado de donde se dirige al rio Guazú. 

De bbí se interna por picadas que se suceden sin inte- 
rrupción, cortadas por arrojos cujas corrientes surcan 
profundamente les flancos de las montañas limitadas por 
las sierras escarpadas de la cordillera, atraviesa los ríos 
Tacuara j Aquidabán j terminando en la planicie donde 
López plantara 6us tiendas de campaña. 

El otro que pasa por Bella-Vista, Dorado?, Capij-bary 
y Punta-Porá, se interna por la picada del Chirigüeio cuja 
extremidad se bifurca y sigue para el Panadero. 
,EI enemigo, en tanto, se había colocado de tal manera 
para no poder evitar un encuentro con nosotros si por ven- 
tura, nado en las probabilidades, nos diera tiempo para 
ocupar el Guazú por un lado j el Chingüelo por el otro. 
En mi espíritu, desde luego, tería resuelta la cuestión 
nagna: López ge vería forzado eu su propio campamento, 
en medio de estas sierras y selvas que buscara como impe- 
netrable abrigo á aceptar el combate decisivo; ó rt tirán- 
dose perseguido, iría encajonarse en la larga picada del 
Chirigüelo, donde su aniquilamiento sería inevitable. 

Me hallaba mucho mas próximo de lo que supuse de 1a 
hora ambicionada de medirme con ese poder que fanatizó 
y aniquiló una nación entera. 

Cambiando inmediatamente de resolución, hice acam- 
par las fuerzas y me diriji bácia Bella-Vista de donde hice 
teguir por el camino de Dorados, al Coronal Bento Mar- 
tins Menezses, cuja fuerza aumenté con dos cañones de 
campaña j parte de un batallón de infantería. 

Al coronel Antonio da Silva Paran h os ordené que mar- 
ha? a sin pérdida de tiempo j ocupara los pasos del tío 
Ntgla esperando en este punto la reunión de mis fuerzas. 
Al Coronel Bento Martins, intimé que se esforzare en 
rcupar la boca de la picaba del Chitigüelo para el día dos 
del corriente, época en que podiía el ex-dictador hallarse 
allí si por acaso sintiere j abandonare su campamento to- 
mando el único camino que le quedaba franco. 

Contramarchando hacia el Negla me reuní con el Coro- 
nel Antonio da Silva Paianhos que allí me esperaba, j el 
25 del pasado mes emprendí nuevas marchas hacia Cerro- 
Corá. 
Al siguiente dia ce me presentaron algunos pasados del 



— 417 - 

enemigo, entre los que se encontraba el Teniente-Coronel 
Solalinde. 

Estos me aseguraron que López ignoraba mi marcha y 
que el enemigo poca vijilancia acostumbraba tener en sus 
posiciones. 

Resolví precipitar mi ir archa hacia el enemigo reducien- 
do mi fuerza en lo posible. La dirección de la vanguar- 
dia con fié. al infatigable y bravo Coronel Juan Nunesda 
Silva Tavares, recomendándole toda prudencia y circuns- 
pección, ordenando la mayor rapidez en sus movimientos. 

En tres dias de marcha hálleme sobre el Guazú cerrando 
de este modo la salida del enemigo. 

Me encontraba á dos leguas de Jatebó. 

Mandé ocupar esta picada por los carabineros del cuer- 
po provisorio décimo octavo ordenando se emboscase á 
fin de apresar los espías ó descubiertas que el enemigo di- 
rijiera por allí. 

De las noticias que recibiera mi esperanza aumentaba 
de sorprender al ex-dictadnr en pleno día invadiendo su 
campamento sin resistencia y haciéndole de este modo me- 
dir su caida antes do pensar en la inminencia de su ruina. 

Por eso hice avanzar esa misma noche al bravo y expe- 
rimentado Teniente-Coronel Francisco Antonio Martins, 
con los carabirerosde los cuerpos I o , 18°, 19° y 21° y el in- 
trépido mayor Floriano Vieiria Peixoto al frente del nove- 
no batallón de infantería del que era comandante dirijién- 
dose hacia el paso Tacuaras á 5 leguas del lugar en donde 
yo me hallaba. 

Impartí órdenes para que se procurase sorprender al 
enemigo que defendía ese paso con dos cañones y alguna 
infantería, debiendo ir por e 1 bosque al acercarse del paso, 
hasta ocupar la margen del rio, y poder converger sus lu<- 
gos sobre la artillería, y' cargar á la bayoneta cuando los 
defensores fueren diezmados. 

Recomendóles, que según fuere la naturaleza del terre- 
no que debían reeorrer, llevasen el ataque sea protegidos 
por la oscuridad de la noche ó al rayar el día. 

Esos dignos guerreros, marcharon toda la noche, inter- 
nados por sombrías picadas y caminos desconocidos, se 
posesionaron de la margen del río Tacuaras sin ser sen- 
tidos, vadeáronlo mas abajo del paso, y por retaguardia 
del enemigo, al romper el dia, se lanzaron sobre la artille- 



— 418 — 

ría, cargando con denuedo, antes que pudieran formarse y 
largar un solo tiro. 

Ni un solo hombre perdimos en esta operación que inau- 
guró ese feliz dia, I o de Marzo. 

Me encontraba próximo á e*e lugar, habiendo levantado 
mi campamento á las tres de la madrugada, avanzando á 
marcha for/.ada, tan luego que el ca niño me permitió. 

Una vez allí, hice emboscar un escuadrón de caballeril 
en la picada que precede al Aquidabá", y allí esperase la 
llegada de la fueiza con que yo iba á atacar el paso de ese 
rio % defendido por tres cañones de pequeño calibre y algu- 
na infantería. 

Nada indicaba que el enemigo nos hubiere sentido, y los 
prisioneros recien tomados, me aseguraron ignorarse mi 
marcha, agregado á la feliz toma de Tacuaras, sin un tiro 
de cañón, para anunciarlo, alentaba mi esperanza de rea- 
lizar mi proyectada operación. 

Tenía por delante una picada que atravesar, un rio á 
vadear, defendido con artillería que vomitaría metralla, en 
cuanto los asaltantes, vencieren las correntosas aguas, tro- 
pezaran con el espacio que ocupaban. 

Si el enemigo tuviese notcia de nuestra proximidad, re- 
forzaría esle punió, y las defensas naturales así aumenta- 
das, frustrarían nuestio intento de cerrar la retirada de 
López. 

El parte que la guarnición de Tacuaras enviaba todaslas 
mañanas, lardaba en llegar, López mandó un ayudante de 
campo á inquirir la causa de tal demora y tan gran falta. 

Los pocos tiros que de su campamento se oyera, no le 
hicieron sospechar que fuerzas superiores eMuvie»en tan 
próximo; y mas bien supuso que habiéndose acercado algu- 
na pequeña partida del pasó, hubiere sido rechazado. 

Al trasponer la picada el ayudante de campo, solo notó 
nuestra emboscada cuando fué sorprendido y hecho pri- 
sionero. 

De tras de éste, después de alguna demora, dos mayores 
y once soldados fueren enviados para hacerse cargo de la 
guardia de Tacuaras. 

Seis eran los carabineros que yo tenia embóscalos en 
medio de la picada. 

La lucha se trabó entre ellos y la nueva guarnición, que 
ora avanzaba, ó reculaba, hastaque recibiendo una desear- 



X 



-- 419 - 

ga y teniendo dos muertos, dispersóse por el bosque, ca- 
biendo casi á todos igual suerte. 

Inmediatamente mandé al Teniente Coronel Martins con 
sus carabineros que asaltaron Tacuara*, y al Mayor Fl j- 
riano Peixoto con el cuerpo de su mando, avanzasen. 

El primero, internándose por el bosqne procuraría ocu- 
par la barranca del rio, á derecha del paso; el segundo por 
fuera de la pecada iiia á ocupar las márgenes izqnierdis del 
mismo punto. " 

Ambos convergerían sus fuegos sobre los cañones con 
que el enemigo pretendeiía resistirnos, cargando sobre las 
fuerza?, tan pronto viera la guarnición é iufantería de- 
bilita! se. 

Los cun a po8 19 1 y 21° que componen la brigada del de- 
nodado Coronel Silva Tavares, formados al extremo de 
la picada, esperarían el toque de avance, para cargar con 
la biza i ría que les caracteriza el paso y la artillería que lo 
defendía. 

Al Coronel Antonio da Silva Parando?, que mandaba 
la columna de infanteiía, ordené se adelantara ala arti- 
llería para que no fuera embarazado en su marcha por los 
obstáculos que esta pudicia encontrar en la picada, y á 
toda prisa marchara á apoyar el golpe que se iba á dar al 
enemigo; por si su auxilio fuere necesario. 

Una vez tomadas estas medida*, mandó tocar la seiHl 
de ataque, tanto los carabineros cuanto la infantería, ven- 
cidas que fueron las dificultades de la marcha, ocupando 
las barí fincas, rompieron nutrido fuego sobre la artillería 
enemiga, que contestaba con metralla. 

Maneé tocar avance. 

Los lanceros, á todo galope por la picada, invadieron 
el paso, al mismo tiempo que los carabineros y la infante- 
ría, se precipitaron á la voz de sus jetes al rio, acometien- 
do al enemigo, cuyas metrallas les pasaba por arriba. 

Ni un solo hombre fué muerto en este combate contra 
a» tilleiía en posición, lanzando metralla; la artillería ene- 
miga quedó en nuestro poder, y de sus defensores pocos 
escaparon. 

A los lanceros habíales ordenado que tan pronto inva- 
dieran el campamento del ex-dictador, contornasen su? flan- 
cos,, y tomaran el camino de Chirigüelo, para impedir que 
algún jt fe de importancia se escapara por ese falo. 

Cumpliendo esta orden, una \ez traspuesto la picada 



— 420 — 

que conducía al campamento, se dividieron, é inundaros por 
los flancos la planicie de Aquidabanigüi, en cuyo centro se 
hallaban las fuerzas enemigas. 

El Coronel Silva Tavares, oficiales de su estado mayor, 
y algunos carabineros que le seguian, y unos pocos intan- 
tes recogidos en el camino del centro, fupron á arremeter 
las fuerzas á cuyo frente se hallaba el ex-dictador. 

El Coronel Silva Tavares no le dio tiempo para respirar. 

Le cargó, diezmó sus defensores, mutiló el piquete de ofi- 
ciales, cegando con la espada de la victoria aquellas vida*, 
cual ángeles del mal, se oponen á la paz y regeneración 
de un pueblo, los llevó envueltos eutre polvo y humo, al 
centro del bosque que cubre el Aquidabanigüi. 

A tan encarnizada persecusion el tirano no pudo hacer 
frente. 

Dióse á la fuga, lanzándose para el interior del bosque, 
seguido de cerca por un puñado de valientes que juraran 
su esterrainio, hasta que herido, desanimado, exhausto, 
apeóse de su caballo, dirijiéndose hacia aquel arrojo, con 
el intento de vadearlo, cayendo de rodillas en la barranca 
opuesta. 

En esta posición lo encontré, cuando á pié seguí sus hue- 
llas. Le intimé se rindiera y me entregara su espada, que 
yo le garantía los restos de su vida, y que yo era el jeneral 
que mandaba las fuerzas. 

Por contestación me alargó una estocada. 

Entonces mandé que un soldado lo desarmase, lo que 
fué ejecutado al mismo tiempo que exhalaba-el último sus- 
piro, librando la tierra de un móstruo, al Paraguay de su 
tirano, y al Brasil del flajelo de la guerra. 

Al mayor en comisión del Estado Mayor, de I a clase, 
José Simeón de Oliveira, miembro de la Comisión de In- 
genieros, á quien yo había ordenado se pusiera á las órde- 
nes del Coronel Silva Tavares en momentos de ser ataca- 
do el paso del Aquidabán, para segundarlo en el combate. 

Los servicios de este distinguido y denodado oficial fue* 
ron importantísimos, siendo uno de los que mas se distin- 
guieron en la derrota del enemigo, persiguiendo al ex-dic* 
tador, y haciendo que los soldados le dirigieran con pre- 
ferencia sus tiros, en su veloz fuga hacia las selvas, siendo 
para n*i evidente que debido á esta persecución incangab e 
debemos el fin del tirano. 



- 421 — 

Felicito á Y. E. por las glorias que en este memorable 
día obtuvieron las armas del Imperio. 

Nuestras bajas aunque sensibles fueron insignificantes. 

Hubieron siete heridos, dos de ellos graves, y entre los 
leves dos oficiales. 

Las pérdidas del enemigo fueron completas: en las pica- 
das donde se libró la primera batalla, los pasos de los ríos, 
en campo dé combate, el espacio recorrido en la huida por 
lá selva y arroyo en que lanzó, quedaron sembrados de 
cadáveres. 

£1 número de prisioneros asciende 4244, contándose en- 
tre ellos los jenerales Resquin y Delgado, 4 coroneles, 8 
tenientes-coroneles, 19 sargento mayores, 3 médicos, 8 pa- 
dres y un escribano. Mine. Lynch y 4 hijos se encuentran 
en el número de prisioneros, y son preciosos trofeos de 
eete triunfo. 

Al lado del coche en que el T a pretendía huir, dispersa la 
escolta que la guardaba, y muerto el Coronel López hijo 
del ex-dictador, quien no quiso rendirse. 

16 cañones cayeron en nuestro poder, dos banderas y 
mucho armamento y municiones que hice inutilizar. 

Quedaron muertos en el campo de batalla el general 
Roa, el Vice-presidente Sánchez, el ministro Caminos, el 
coronel Delvalle (1) y muchos oficiales superiores y subal- 
ternos. 

La madre y hermanas del tirano, que se hallaban presas 
y á quienes había sido notificada la sentencia de muerte, 
fueron libertadas. 

Gran número de familias eran aun las que acompañaban 
las fuerzas del ex-dictador. 

Rescatadas de tan humillante cautiverio, les fueron pro- 
porcionados recunos á fin de acompañar las fuerzas hasta 
esta Villa. 

A la madre y hermanas del ex-dictador proporcioné ca- 
rretas para su transporte y todo cuanto necesitaren á al- 
cance de los recursos de que disponía. 

Cumplo con un agradable deber recomendando á la alta 
apreciación de Y. E. los importantes servicios prestados en 
este memorable dia por el intrépedido y frió Coronel Juan 
Niínez da Silva Tavares. Su devoción á la causa que de- 
tendemos, la infatigable solicitud que desplegó eii el co- 
tí) Recién el 4 de Marzo fué muerto después de rendirse con sus otros compañeros entre 
estos el padre. Justo Román (N. do la O.) 



— 422 — 

mando de la vanguardia, así como el valor en el combate y 
persecución del enemigo y tirano, le hacen digno de la con- 
sideración y aprecio de sus superiores. 

Del mis. 11 o modo mucho recomiendo á Y. E. los servi- 
cios y valor que en mas de una vez ostentó en combate el 
Teniente-Coronel Francisco Antonio Martins, comandan- 
te del tejimiento 21° de caballería, los nmyores Floriano 
Vieira Peixoto, comandante del batallón 9 o de infantería 
} Francisco Marques Xavier, comandante del cuerpo 1° 
provisorio de caballería de carabineros, uno de los prime- 
ros en lanzarse al rio Aquidabán, agregando á su voz de 
mando el mas digno ejemplo de valor, que sus subalternos 
bajan ejecutado: así como el capitán Pedro Rodríguez 
que mandaba á los carabineros del 18° y del escuadrón de 
vanguardia donde dio exhubeíante? pruebas de su activi- 
dad y valentía. 

Es también un deber de justicia, recomendar á V. E. los 
oficiales de mi cuartel general, el capitán del 1 er regimien- 
to de artillería á caballo Antonio losé María Pego Júnior, 
asistente del diputado ayudante general, agregado á este 
comando, al teniente de 31 de voluntarios de la patria Joáé 
Portes de Lima Franco, escribiente de esta repartición, al 
teniente en comisión de caballería Alfredo Miranda Pi- 
nheiro da Clinha, mi ayudante de órdenes alférez de 19 de 
caballería Franküti Alendes Machndo y al alférez del mis- 
mo cuerpo Joaquín da Rosa Castillo, alias Florencio da 
Silva Cáiraa, que sirven á las órdenes de este comando, 
por el valor y calma con que se portaron, trasmitien lo 
con rapidez mis órdenes, lo mismo que al sargento ama- 
nuence de la repartición del Diputado del Ayudante Gene- 
1a 1 , Etelvino José dos Santos. 

Me es sumamente agradable elogiar el empeño y dedi- 
cación con que siempre me segundaron los coroneles An- 
tonio da Silva Paranhos, Federico Augusto de Mesquita, 
así como el teniente-coronel Francisco Bibiano de Castro, 
que mandaba una brigada provisoria, el mayor de artille- 
ría José Clarindo de Queiroz, quienes, si por las circuns- 
tancias no tuvieron ocasión de batirse con el enemigo, mas 
de una vez probaron su reconocido valor, no por eso de- 
jaron de merecer bien de la patria y de sus ilustres jefes 
por los buenos servicios é interés con que coadyuvaron á 
esta operación, alabados siempre en sus respect vo? co- 
mandos. 



— 423 — 

Ese dia hice acampar la infantería en el campamento del 
ex-dictador, haciendo contramarchar la caballería, fuera 
de la picada del Aq'iidaban. 

El 2 de Marzo, recibí parte de que el Coronel Bento Mar- 
tinp, babia traspuesto la picada del Chirigüelo, y el 12» ba- 
tallón de infantería, se hallaba acampado en el lugar don- 
de derroté al enenrgo. 

La rápida march i realizada por ese distinguido Coronel, 
por si solo honra y glorifica á un jefe y en mi opinión esta 
marcha vie.*e á just ficar el bril'ante nombre j reputación 
que ha sabido conquistarse á cosía de valor, perseverancia, 
y conminada pericia. 

No puedo dejar de llamar la atención de Y. E por la im- 
portante comisión cabalmente desempeñada por el Coronel 
Bi nto Martins. 

La confianza que tenía en este y fe, me hacía p r esumir la 
pérdida del enemigo en medio de las sierras que le oculta- 
ban, y éste comprobó mi opinión ocupando el únioo cami- 
no que quedare espedito al enemigo, el dia que yo le fijé 
para el inevitable y decisivo golpe proyectado. 

No menos recomendables son los servicios prestados 
en la ocupación de Bella-Visla por el Teniente-Coronel 
José María Guerreiro Victoria, comandante del 18° cuer- 
po de caballería provisorio. ¿Su perseverancia, sus esfuer- 
zos, el interés y celo con que siempre ejecutó mis intencio- 
nes, privando al enemigo de los recursos que de esa loca- 
lidad retiraba, baténdolos varias veces y aprisionando á 
muchos, lo hace merecedor de elogios como uno de los 
muchos que contríbuyeron para el feliz desenlace de esta 
campaña. 

Debo aún lecomendar á Y. E. los relevantes servicios, 
que con actividad é inteligencia, siempre prestó, sea des- 
tacado en Paso Barre to, como anteriormente en Tacuatí, 
el mayor en comisión de artillería Ernesto Augusto da 
Cunha Mattos. Son dignos del mayor aprecio. 

Es igualmente recomendable el Teniente 2* Cándido 
Leopoldo Esteves, comandante del contingente de ponto- 
neros, que siempre se mostró activo en el cumplimiento de 
sus deberes. 

El mayor del 19° provisorio de caballería Vasco María 
de Azevedo Freitas, que mandaba los lanceíos que se di- 
rigieron por la picada de Chirigüelo, lecorriendo ui a ex- 
tensión de veinte leguas, según una breve comunicación de 



— 424 — 

que me dirigió, encontró y batió una fuerza al mando del 
coronel Delvalle, quien tenía dos cañonea 

Este Coronel y veinte oficiales, casi todos los oficiales, 
quedaron todos muertos en el campo de batalla, la artille 
ría quedó en nuestro poder, fué inutilizada; los que logra- 
ron escaparse se dispertaron en el bosque. 

El camino, que recorrió este mayor, hacia Panadero es 
taba sembrado de cadáveres en tnda su estensión. 

Mas de dos mil muertos, indica la línea de retirada del 
tirano, como cuadro de disolución, hambre, de martirio y 
muerte que legó á sus secuaces como premio de devoción. 

Llamo la atención de V. E. hacia los parces de los Seño- 
res Comandantes de división, brigadas 7. cuerpos que acom- 
pañan á esta espedición, y en ellos están consignados los 
dignos de elogio y aprecio de V. E. 

No puedo remitir el del 9 o batallón de infantería, que 
muchos servicios preitó, tomando parte en el combate por 
encontrarse ese cuerpo en marcha y muy distante de ésta 
Villa. 

Dios guarde á V. E. 

limo, y Exrao. Señor Ma¡iscal de Campo Victorino Jo¡»é 
Carneiro Monteiro. 

Comandante de las fuerzas al Norte del Maaduvirá. 

El Brigadier— José Antonio Correa da Cámara. 



VII 

S. A. el Conde d'Eu y la terminación dé la guebba 
del Paraguay. 

(La Regeneración, Abril 20 de 1870— N° 81 Asunción; dt la biblioteca ele 
don E. ¡Solano Lójwz) 

A la hora en que escribimo?, cortando con su bajel las 
í guas del Paraná y dulcemente at?aido por los recuerdos 
de la patria adoptiva y por los tiernos llamados de su au- 
gusta familia, vuelve el nieto de Luis Felipe á la raanse- 
dumbie de sus hogares para recoger las palmas del triu.ifo 
y las bendiciones del pueblo brasilero. 

Saliendo del Paraguay, el benemérito mariscal que ro 
ha desmentido acá la bravura del capitán en Marruecos, de- 



— 425 — 

ja para la historia el imborrable documento de su heroísmo 
y caballerosidad en la orden del dia con que se despide de 
aquellos que hoy se glorian de haber sido comandados por 
tan venturoso y magnánimo Príncipe. 

Venturoso porque encontró bravos para dirijir el fin de 
la lucha y porque tuvo la misma suerte del grande enemi- 
go de Pompeyo, volviendo ahora al Brasil para decirle el 
veni, vidi, vid, de César; magnánimo porque al retirarse 
del pais extrangero para cuya rejeneración ya tanto con- 
currió con su afortunada é irresistible espada no se olvidó 
de hacer ardientes y sinceros votos por la prosperidad del 
Paraguay, reducido hoy á un inmenso cadáver por la ma- 
léfica y ruinosa presión de la tiranía, 

Así como S. A. no dejó de recomendar la fortuna de 
nuestra Patria al Arbitro supremo de los humanos desti- 
nos, así también jamás ios paraguayos triunfantes de Ló- 
pez dejarán de acordarse de los beneficios traídos por S. A. 
cuyo porvenir á su vez recomiendan á las recompensas de 
Dios sobre la gratitud de cuatro naciones. 

Ccmanio en Ge/e de todas las fuerzas brasi'eras en la 
República del Paraguay 

Cuartel General en Humaitá, 16 de Abril de 1870. 

ORDEN DEL DIA NÚM. 47 

En razón del aviso del Ministerio de Guerra, que ahora 
transcribo, paso en esta fecha al Exmo. Mariscal de Cam- 
po Vieconde de Pelotas el Comando de este Ejército. 

Min^terio de los Negocios de la Guerra, Rio de Janeiro, 
19 de Marzo de 1870. 

Señor: 

Los glorie sos acontecimientos de I o del conienle contra 
las últimas fuer? as de Solano López, desbaratadas por las 
del Ejército Brasilero al mando del General Cámara, hoy 
Vieconde de Pelotas, en la orilla izquierda del Aquidaban, 
pusieron el deseado término á la gu f r.a del Paraguay. 

Hallándose a»í ta'isfeclrt, de la manera mas completa, 
la elevada misión de vuestra Alteza Real en el Comando 
en Gefe de tedas las fuerzas del Brasil en esa República, 



~ 426 — 

(uve orden de Su Magestad el Emperador para declarar á 
Vuestra Alteza Real que puede entregar el mismo co maí- 
do al Mariscal de Campó Victorino José Carneiro Montei- 
ro, y en la faifa de é<te el terabien Mariscal de Campo Vis- 
corde de Pelotas, y volver al Imperio, stgun los deseos 
manifestados por Vuestra Alteza Real, al recibir su ñora- 
bi amiento. 

El mismo augusto se flor manda agradecer y alabar los 
relevantes servicios prestados por Vuestia Alteza Real en 
el dicho comando, y determina que así sea publicado en 
orden del dia. Dios guarde á Vuestra Alteza.— Batan de 
Muritiba—A S. Alteza el Seftor Mariscal de Ejercito, Con- 
de d'Eu. 

No es sin protunda emoción que rae despido de mis 
compañeros de armas. Este sentimiento se mezcla boy 
con el interno placer de conseguir regresar al seno de la 
pa'ria y de te familia y de hacerlo precediendo por peco 
tiempo á aquellos de mis camaradas que aún se hallan en 
esta tierra, y dejando así cumplidas las esperanzas que, 
hace un año anuncié con la misma fecha. 

Fué ese un año de trabajos para todos nosotros y por 
muchas veces de amargos desengaños; pero no fué para, 
asegurar el descanso del Brasil, y completamente aniqui- 
lado el enemigo que se hiciera incompatible con la paz y 
seguridal de nuestro país. 

Soldados del ejército en operación en el Paraguajl 
después que á vosotros roe dirigí en Luque tuvisteis mucho 
aún pue trabajar, mucho, que sufrir para alcanzar el fin 
que deseábamos. 

Vanos fueron, empero, los obstáculos que se nos antepo 
rían, ya los multiplicados por el ardid y actividad de núes- 
tro ad versai io, ya aquellos, por ventura mas temibles, que 
os oponía una raturaleza casi virgen. 

Diez y seis mil hombres tuvo en armas el dictador del 
Paraguay, en el año de 1869 (1) ellos desaparecieron gracias 
á vuestros esfuerzos sin casi dejar vestigios, pero no sin 

(1) Según la declaración de Resquin y de ctros paraguayo», subia i 
13.CC0 h( mores el ejército con que López ocupaba Azcuira y Piribebuv. 
Calculados en S.CCOlcs toldados de que anteiitru ente le habían privado 
las expediciones dfl general Cámara, Ff itinho y Juan Mame), y bien asi 
les destacamentos que aún después él conservaba en los distritos de Villa 
Rica, San Joaquín, San Estanislao, San Pedro y Villa Concepción, se que- 
dará seguí amenté antes atrás que más a?J¿ de la verdad, 



— 427 — 

abrir en nuestras líneas, blancos, sea compaatt vana ante po- 
cos, por demá? sensib'es. 

La desmoralización impresa en el ánimo de lo? soldadas 
de López, por aquella larga serie de victorias con que baj i 
el mando de mis beneméritos antecesores habéis Sdbido en- 
noblecer el nombre Brasilero, mucho contribuyó, sin dula, 
para la rapidez de nuestros triunfos en este último periodo 
de la guerra. 

De nada sirvieron al tenaz dictador mas de cien cañones 
(2) que en breves meses, nuevamente a uontonara su fre- 
nética energía. 

El tenitorio, hasta entonces desconocido de la Repúbli- 
ca Paraguaya, fué recorrido por vuestras armas triunfan- 
tes en lodos los sentidos y basta en sus mis recónditos ex- 
tremos. 

De Mayo á Febrero haJbeis rechazado al enemigo desde 
las puertas de la Asunción desierta, desde las barrancas 
con que en Lapúa él denominaba el caudaloso Paranft, 
ha*ta aquella rejión aún inculta de nuestro Brasil, adonde 
lejos de toda humana habitación, nacen el Apa y el 
A n ambnhy. 

La sierra de Mbaracayú, aquella áspera cordillera, cu- 
yos undosos cerros atraviesan en su largura la República, 
en tres pnntos distantes fué por vos transpuesta impune- 
mente en San J aquín, en Espadín y en >hirigilelo. 

Algunos de los otros sufrieron el frío de Julio en la ori- 
lla de Tebicuary, mayor número arrastró, atravesando el 
distrito de la Concepción, los opresivos calores del vera- 
no de la zona tórrida; o ti 03 bebieron la fiebre en las 
maléficas aguas del Jejuí. 

El hambre á veces no os ahorró y probastes sus sufri- 
mientos con aquel resto del infeliz p *eblo paraguayo, que 
en marchas forzadas, fuistes arrancar á las mortíferas 
soledades. 

Pero vuestro coraje fué superior á aquellos sufrimientos, 
como ya lo había sido á las cargas de lanzas y á las 
metrallas. 

En esta hora de nuestra separación, por mas de una vez 

(2) Gl fueron los cañones que cayeron en nuestro poder, durante las ope- 
raciones de) mes de Agosto; 16 los conquistados en Tupiere. G perdidos pjr 
López posteriormente en las otras expediciones parciales; 4 dejados por 
él en el paso Aguarray, según dechran los pasados; 16 en el Cerro- Cora y 
sus inmediaciones; 2 tomados i Del valle en la picada de Chingúelo. To- 
tal 10&. 



— 428 — 

09 agradezco lo mucho que hiciste por la causa de nuestra 
patria; la abnegación con que I03 oficiales generales, supe- 
riores, subalternos, inferiores y soldados, ya en frente de 
los cañones enemigos, ya en frente de las cordilleras, cura- 
plistes mis órdenes; la inmensa satisfacción que me disteis. 
También las repatticiones no combatientes de sanidad y 
de hacienda contribuyeron para el general triunfo, traba- 
jando en remediar los padecimientos propios de la guerra. 

En la expresión de este sentimiento, no puedo olvidar 
nuesta benemérita escuadra que, por la naturaleza de la 
nueva faz de la guerra, privada de (ornar parte en nuestros 
peligros, ni por eso dejó de sernos un auxilio tanto mas 
esencial y prestimoso, cuanto nuestras operaciones tuvie- 
ron que abarcar, de un extremo á otro lo? rios Paraguay 
y Paraná. 

Mucho debemos á la actividad de sus dignos Gefes Eli- 
sario y Lomba, á la buena voluntad de sus oficiales en de- 
sempeñar el arduo y monótono servicio de trasportes. 

Nuestros aliados siempre ayudándonos en la medida de 
sus fuerzas, nuevamente nos dieron prueba? de su cons- 
tancia y bravura, teniendo derecho á nuestro reconoci- 
miento. Me complazco en asegurarlo aquí. 

Los mas espléndidos resultados coronaron este concur- 
so de esfuerzos por la mas legítima de las causas. 

Las fuerzas enemigas que se ocultaban por detrás de la? 
girgantasde la cordillera de Ascurra, en breves dia9 di- 
solvieron al impulso de nuestra bravura. 

López conociendo que no podía resistir por las armas, 
en su orgullo pensó vencernos por el desierto y por el ham- 
bre; pero gracia? á vuestra tenacidal, el desierto y el ham- 
bre se volvieron contra él, y segaron pir cientos á suj des- 
venturados secuaces. 

No teniendo ya en su derredor mas que bien pocos hom- 
bres de los muchos millares que él había armado, sitiado 
por los nuestros sucHinbió; murió quizás por no compren- 
der la generosidad del perdón ofrecido, perdón que él ja- 
más fuera ca; az de otorgar. 

Libre de su dominio, la población paraguaya, que suce- 
sivamente conseguisteis libertar de los martirios del ham- 
bre y de las persecuciones forzadas, recuperó sus hogares; 
volvió á las ocupaciones de la pnz, y á los ojos del mundo, 
renace de la terrible crisis por que pasó, encaminando 3e si 



— 429 — 

fuera sabiamente guiada, á la venidera prosperidad, firma- 
da en las conquistas de la civilización. 

Como ella fueron por vos sustraídos á los mas crueles 
sufrimientos aquellos de nuestros compatriotas que encar- 
celados á falsa fé, sobrevivieron á las crueldades de su cau- 
tiverio. 

No pocos ciudadanos de naciones amigas también fue- 
ron restituidos al mundo civilizado. 

Las repúblicas nuestras aliadas, no menos interesadas 
que nosotros en la extinsión de un poder que aún roas 
amenazara á el'as, que al Brasil, en la hora del triunfo 
añaden sus espre*iones de regocijo á la nuestra, prenuncio 
cierto de una era de sólida concordia y fraternidad. 

Por fin el Brasil entero á quien conquistastes la paz, alé- 
grase en vuestros hechos. Alégrase con razón por ver fi- 
nalmente regresar á su seno, trayendo I09 laureles de la 
victoria, no pocos millares de sus hijos. 

Ya cerca de siete mil volúntanos de la patria, llenando 
el encargo que habían tomado, tocuron las playas del Im- 
perio ó hacia ellas navegan; mas de tres mil de los valien- 
tes guardias nacionales de la provincia del Rio Grande del 
Sud, cumpliendo igual deber con la misma valentí i, se en- 
caminan hacia el suelo natal (3). 

En breves dias los demás seguirán; y el valeroso y resig- 
nado ejército de línea también no tardará, así lo espero, á 
obtener en la mansedumbre de la patria la compensación 
que tanto merecen sus prolongadas fatigas. 

Al separarme de todos réstame la satisfacción de ver 
que yo no podía entregaros á mas más sabias que á las del 
ínclito general á quien ha cabido la gloria por todos los tí- 
tulos merecidos por él, de escribir la última página de esta 
guerra. 

En la quietud de la paz, restituidos al seno de la socie- 
dad civil, sabréis concurrir con vuestros conciudadano*, 
para el desarrollamiento pacífico de los elementos vitales 
del país y de sus libertades, llevando de esta larga crúzala 

(8) Ya embarcaron hacia el Brasil los batallones de voluntarios, 17, 23, 
26, 27, 80, 88, 86, 89, 40, 41, 42, 44, 46, 58; regulando el término medio de 
un batallón 500 hombres, completan ellos el indicado total de 7.000 hom- 
bres. Siguieron hacia el Brasil por tierra los cuerpos de caballería 6°, 7°, 
9", 10°, 11°, 12°, 13°, 14°, 16°, 18°, 21°, 22°, 28° y 24°, el término medio de ell ;8 
es superior á 200 hombres y por tanto el total a 8000 hombres. 

Queda existiendo en el .Paraguay con órdenes, empero, á seguir en la 
primera oportunidad los batallones de voluntarios 81, 36, 37, 50 y 54/ y los 
cuerpos de cabaUena I o , 15, 17, 20, 25 y 26. 



— 430 — 

el recuerdo de la mucha fuerza que dá la unión y de la 
grande crisis que la Nación Brasilera atravesó' ilesa y ai- 
rosa, y gracias sin duda á los salvos lazos que prenden sus 
diferentes fracciones y añadieron en un común esfuerzo 
sus hijos derramados en la basta zona limitada por el 
Oyapek y el Chuy. 

He buscado en el ejercicio de mi autoridad aliviar, lo 
mas posible, nuestros sufrimientos y hacer justicia, en la 
órbita de mis atribuciones, á los servicios de cada uno de 
vosotros. 

Será para mí la mas grata de las recompensas, si reco- 
nociereis mis intenciones y de ellas conservareis benévolo 
recuerdo. 

Respecto á mí, doquiera que las circunstancias me con- 
duzcan, 8iemp r e conservaré orgulloso la conciencia de que 
tuve el honor de guiaros al término de vuestras fatigas, y 
sean lícito decirlo, la memoria de lo que hice con vosotros 
y de lo mucho que os debo; y si por ventura mi voz aún 
tuviere ocasión de ser oida, nadie con más empeño aboga- 
rá por vuestros intereses que vuestro antiguo general y 
constante amigo. 

Gastón d' Orleans. 

Viva la Nación Brasileral 

Viva Su Magestad el Emperadoit 

Viva la Constitución Política del Imperiol 

Vivan el Ejército y la Armada! 

Vivan los volúntanos de la Pátrial 

Vivan las Naciones Aliadas! 



VIH 



Paraguay— Relato del general Cámara de la sor- 
presa Y MUERTE DEL GENERAL LÓPEZ— ÚLTIMOS 
MOMENTOS DEL JEFE PARAGUAYO. 

(New York Herid— Junio 20 de 1870— Biblioteca de don E. Solano Lopes) 

El general brasilero, Cámara, que comandaba las fuer- 
za] que denotaron y dieron muerte á López, dirigió la si- 
guiente carta aun periódico argentino del cual estracta- 



— 431 — 

mos lo siguiente: cEs duro, muy duro para soldados hono- 
rables que lucharon durante años para restablecer en es- 
tos países la paz perturbada por la tiranía de un déspota, 
verse confundidos con los sanguinarios secuaces del bárba- 
ro, cuyas manos están todavia tintas de la sangie de nues- 
tros heroicos prisioneros asesinados por él cuando los afa- 
nes de la guerra le esforzaban á rendirse. 

Es duio, muy duro, especialmente cuando este déspota 
cayó no debido á una emboscada pero sí en una JeH pelea 
defendiéndose con un valor que— le haré justicia -honra 
su muerte y desdice con su vida. 

El mariscal López no fué ni pudo ser asesinado, ni tam- 
poco fué ejecutado. Todo es falfO. No fué ni pudo ser 
ni por manos de mis distinguidos compañeros de armas ni 
mucho menos por las mía?. 

El general López fué sorprendido al rayar el di», debido 
á un accidente que fué feliz, pero pudo ser contrario para 
nosotros. Tuve la buena suerte de que las disposiciones por 
mí tomadas fueran con habilidad y rapidez cumplidas y 
que más tarde se vio que no adolecían de defecto alguno. 

López, este hombre tan cauteloso y desconfiado, cu va 
prudencia no omitía ninguna precaución ó vigilancia fié 
rodeado y atacado en su campamento antes de que pudie- 
ra rospecbar que sus vanguardias habían sido apresadas. 
Recién nos vio cuando le salimos con ímpetu á través de 
sus metrallas encabezados por los fogosos lanceros del in- 
trépido Silva Tavares, los bravos carabineros del valiente 
Martins, Marques, Xavier y otros, acompañados de unos 
pocos bizarros rifleros del distinguido Mayor Peixoto que 
en ese momento emergía en la llanura sobre la misma guar- 
dia del campamento. Es debido á esto que el Dictador 
aventuró su persona por no tener tiempo de huir; y cuan- 
do ordenó á sus bravos soldados á la carga, espada en ma- 
no procuró salvarse por la retirada, era demasiado tarde, 
había sido reconocido, y su persecución fué feroz. 

E¡ mayor Simeón d'Oliveira y otro oficial á quien Vd. lo 
conoce personalmente, omitieron estos detalles por modes- 
tia; pero la justicia exige que aquí y en todas partes yo los 
proclame como los verdadeíos autores del trágico fin del 
mas que alabado caudillo. Cuando este huía fué persegui- 
do por rifleros montados. 

A) dejar López su caballo en la entrada del bosque, tam- 
bién se apearon ellos dirijiendo sin cesar pu fuego hacia 



— 432 — 

él, cuyas balas pusieron término á la vida de López, hirién- 
dole mortalmente en dos partes. El Mayor Simeón d'O i- 
veira no pudo rendirse cuenta de la eficacia de este seguro 
y persistente tiroteo basta mi llegada, ordenándole que se 
dirijiera bácia otro punto; debido á esto fui uno de los pri- 
meros en encontrarme sobre la bar; anca del Aquidabani- 
gui y ver á López caer casi exánime. 

Al lado de López se encontraban dos oficiales que mu- 
rieron sable en mano defendiéndole basta el último y otro 
oficial que pudo esraparse quizás para rendirse mas tarde. 

Supe después que les dos primeros eran los mayores 
Estigarribia (Gaspar) y Vargas (Antonio) que fueron b - 
leados por los rifleros que me seguían en momentos que 
vadeaban el rio para recibirnos, nó corno á libertadores si 
i o como á implacables y rencorosos enemigos. 

Debo á mi honor como soldado, á mi nombre y á mi 
país, á la historia y á mi conciencia declarar con fidelidad 
que el mariscal López murió lealmente y en posesión com- 
pleta de sus sentidos. Cuando rae agaché para tomarle la 
espada de su mano hizo un movimiento para herirme, gri- 
tando con firmeza y arrogancia:— cMuero espada en mano 
por mi patria» — Entonces ordené á un soldado del batallón 
9° que le desarmara, y en esta lucha expiró sin recibir nue- 
va herida. 



IX 

KtLAClÓN DEL GENERAL JOSÉ LüIS CORREADA CÁMARA 

(El Pueblo -P de Marzo de 1804 N° 13.— Asunción) 

He leido las narraciones que corren impresas sobre la 
muerte del dictador. 

Nunca coi«firmé unas ni refuté otras. 

Ahora, empeio, entiendo que estoy obligado á hacerlo, 
\ isto que la Gaceta de Porto Alegre considera la narración 
iW\ Consejero Schneider como la verdad consignada por 
la historia universal. 

Si no hubiese visto en lo que escribió el autor de la obra, 
Laguoira de la triple alianza contra él gobierno del Para- 
guay, una injusta ofensa á la honra del soldado brasilero, 



~ 433 — 

fiempre valiente delante del enemigo, pero siempre noble 
y generoso delante de los vencido?, por cierto no refutada 
la narración del Consejero Scbneide**, sobre la muerte del 
Mariscal López. 

No lo haría, porque la verdad acaba siempre por domi- 
nar en la historia, y ella tendrá que recojer los documen- 
tos y las pruebas dadas por el patriotismo y por la lealtad 
de los generales brasileros que comandaron nuestras 
tropas. 

Una vez por todas voy á narrar los hechos relativos á 
la muerte del dictador, como realnr ente sucedieron. 

En la maftana del I o de Marzo de 1870, la vanguardia 
del ejército de mi mando, se encontró coa las del enemig >, 
hallándose al frente el Mariscal López, en las márgenes 
del Aquietaban, resultándole rápida derrota en el combate 
que se empeñó. 

El Mariscal López, tf guido de dos ó tres oficiales, huyó 
en dirección á los montes do Aquidabán-tnenguy, siendo 
perseguido por el Sargento Mayor Joíé Simeón d'Oliveira, 
y más dos soldados de cabal leí ía de la guardia nacional. 

Ahí, apeándose, se internó por el monte, y yo llegué en 
ese momento al lugar en que el Mariscal había abandona- 
do el caballo que montaba, siendo entonces informado 
por el referido Sargento Mayor, de lo que había ocurrido. 

Seguí en la dirección que me indicaron, solo, y á poca 
distancia encontré los dos soldados que le habían perse- 
guido; me aseveraron ellos de que por allí se encaminara 
él, pareciendo á los referidos sodados que estada herido. 

Les ordené que me acompañasen, encontrándolo en efec- 
to, un poco alelante en la margen izquierda del Aquida- 
lan-merigut/, caído junto al rio, a pojad o el cuerpo 6obre 
el brazo izquierdo y teniendo en la mano derecha la espa- 
da desenvainada. 

Los dos oficiales que le acompañaban estaban á su lado 
con las espadas empuñadas. 

Entonces diciéndole quien era yo, le intimé que se con- 
siderase prisionero, garantiéndole la vida. 

El Mariscal me contestó que moriría por su patria, ti- 
rándome un golpe. 

El oficial que estaba á su derecha procuró herirme, sien- 
do muerto por un tiro disparado por uno de los soldados 
que me había ucompañado. 



— 434 — 

El otro oficial intentó huir, siendo igualmente muerto. 

Me dirijí de nuevo ai Mariscal, repitiéndole la misma in- 
timación, recibiendo empero la misma contestación. 

Entonces, llegando á su lado un soldado del 9 o bafa'l n 
de infántetia le ordené que le quitase la espada, el solda- 
do obedeciéndome la agarró por el puño para sacársela. 

Era preciso tncer esfuerzos, y por la posición en que se 
hallaba, el Mariscal cayó en el rio, junto al cual tenia los 
pies; el cuerpo quedó debajo del agua pero levantó aún so- 
bre eí-té la cabeza muriendo en seguida. 

Tenía el Mariscal una herida de bala en el bajo vientre, 
que babia recibido, naturalmente, cuando trasponía el rio, 
junto al cual había caido; esa herida seguramente le impi- 
dió continuar la fuga, mandé conducir el cadáver para el 
campamento, poco antes ocupado por él. 

Dispuse sobré su entierro, que se verificó á la vista de 
6ii madre y dos hermana?, debajo del toldo de paño que 
allí existía. 

De esta exposición verdadera nadie tiene el derecho de 
dudar, contradiciendo mi palabra, para creer en lo que di- 
cen los mal informados, como el Consejero Schneidei y 
los detractores de la honra del soldado brasilero. 

Visconde de Pelota. 

Nota:— A pesar de que el general Cámara pretende que 
nadie tiene el derecho de contradecirle, sin embargo, hay 
que con teñir en que su relación, en la parte referente á la 
muerte de López, es poco explicativa, algo reticente, y dá 
lugar á que se formulen las siguientes preguntas: 

¿Cómo se comprende que un hombre malamente herido 
haya podido emprender la fuga? 

¿Es posible crear que un hombre caído junto al rio, apo- 
yando el cuerpo sobre el brazo izquierdo, aunque tenga la es- 
pada en la derecha, hayan exigido departe de los brasile- 
ros, esfuerzos para desarmarle? 

El general Cámara no se explica bien sobre el particu- 
lar; y lo que hubo de cierto fué que, herido López en la 
refriega y caido en la ir árgen del rio, se le acercaron los 
enemigos y concluyeron con él, fuera de pelea y sobre se- 
guro. 

Un testigo, 



— 435 - 



Partb Oficial— Carta del General Cámara 

(La Regeneración— Año II— N° 63— Marzo 6 de 1870— Biblioteca de don 
E. Solano López) 

Campamento en la izquierda de! Aquietaba*, I o de Mar* 
zo de 1870. 

limo, y Exmo. Señor. 

Escribo á Y. E. desde el campamento de López en me- 
dio de la Sierra. El tirano fué derrotado, y no queriendo 
entregarse, fué muerto al instante. Le intimé la orden de 
rendirle cuando ya estaba completamente derrotado y gra- 
vemente herido, y, no queriendo, fué muerto. Doy 109 pa- 
rabienes á V. E. por la terminación de la guerra, por el 
completo desagravio que ha tomado el Brasil del tirano 
del Paraguay. E' general Resquiu y otros gefes están pre- 
sos. 
Dios guarde á V. E. 

Al Exmo Mariscal de Campo, Victorino José Carneiro 
Monteiro, Comandante de las fuerzas al Norte de Mandu- 
vi rá. 

(Fir) José A. Córrela de Cámara 

Está conforme 
Alfredo de Escragnclla Tavares 
Capitán 



XI 

Informe médico 

(Traducción que acompaña al texto brasilero) 

(Biblioteca do E. Solano López) 

Nos los abajo firmados, certificamos á pedido del Iltmo. 
Señor Coronel Juan Núñez da Silva Tavares, que exami- 
nando las heridas que produjeron la muerte del ex-Dicta- 



— 436 — 

dor y tirano de la República del Paraguay Francisco So- 
lano López, encontrados las siguientes: 

Una solución de continuidad en la región frontal con 
tres pulgadas de extensión afectando el pellejo y el tegulo 
celular,. (1} otra producida por instrumento cortante en el 
hipocondrio izquierdo con una y media pulgada de exten- 
sión, dirigida oblicuamente de abajo para arriba afectan- 
do el pellejo, el peritoneo, los intestinos y la vegiga; otra 
en el hipocondrio derecho de arriba para abajo, teniendo 
dos pulgadas de extensión afectando el pellejo, el peritoneo 
y probablemente el intestino. 

Finalmente una herida producida por bala de fusil en la 
región dorsal, (2) teniendo una sola abertura, quedando 
conservada en la caja toráxica la bala. 

Y para constancia pasamos el presente. 

Villa Concepción, 26 de Marzo de 1870. 

(Fir ) Br. Manuel Cardoso da Costa Lobi 

Cirujano de Brigada 
Dr. Melitáo Barbosa Lisb:a 
2 o Cirujano 

Están las firmas reconocidas por Escribano. 

(Fir.) José Marta da Silva 



XII 
Tkatbo db la Guerra— Algunos detalles más 

("La Regeneración:'— Marzo 11 de 1870— Núm. 65— Biblioteca de 
don E, Solano López) 

Hemos recibido otros detalles más sobre los últimos im- 
portantes sucesos que se han desarrollado, con motivo de 
la muerte del tirano López. 

Helos aquí: 

(1) Esta herida fué hecha por el Capitán Juan Pedro Ñuño*, Ayudante 
de Campo del Comandante de la vanguardia, quedando herido en la 
cabeza. 

(2) Esta herida la recibió López en presencia del General Cámara, cuan- 
do se hallaba recostado sobre la barranca del Aq«údab¿n. (Ambas notas 
obran al pié del informe inserto (N. de la D.) 



— 437 — 

Además de López murieron dos de sus Lijos siendo el 
más viejo hijo de Mme. Lynch y el otro de Juana Pesoa; 
el Vice-Presidente Sánchez, el Ministro Camino?, el Co- 
ronel Aguiary otros murieron también. 

Se tomaron prisioneros á los genera'es Resquin y Del- 
gado, á los Coroneles Cabriza, Centurión, Escobar y otro» 
oficiales. 

Vienen en marcha para la Concepción la madre y dos 
hermanas de López, las familias de Caballero, Camino?, 
Gilí, Genes y muchas otras. Parece que López quiso con- 
cluir con su madre y hermanos. 

Los brasileros tomaron 16 piezas. 

El 25 de Febrero fueron sorprendidos por la9 fuerzas 
del Coronel Bentos Martins á dos leguas de la Colonia de 
Miranda en los montes, el General Caballero, 3 gefes 11 
oficiales y 9 soldados. Quedaron prisioneros 6 oñc ales y 6 
soldados, y Caballero perdió todo su bagaje inclusive su 
espada. 

Por momentos esperamos más noticias que si son de 
importancia, las daremos en boletín como acostumbramos 
hacerlo. 



XIII 



GUERHA DE LA TrIPLB ALIANZA POR L. SCHNKIDBR 

Capitulo XXXI— Francisco Solano López, Presidente, dictador y mariscal de 
Campo de la República del Paraguay, 

Traducido al español por primera vez, especialmente pora oste número de la Revista) 



El merecido aunque sensible fin que tuvo López ha pro- 
bado una vez más, mediante el terrible castigo de una gue- 
rra de cinco años, que la excesiva ambición de gloria del 
gobernante puede llevar á la completa destrucción de en 
pueblo. 

López ha unido para siempre su nombre á lo* del Doc- 
tor Francia y del Dictador Rosas de Buenos Aires en la 
historia deJ desenvolvimiento de Sud América, y apesar de 
los numerosos juicios que existen de ou actividad como go- 
bernante y como militar, su muerte, disolución de su obra 
y fin de la cruenta guerra contra él llevada, dio material 



\ 



— 438 — 

bastante para la narración imparcial de su vida y hechos, 

Después que en el aflo 1840 murió el Doctor Francia, pri 
m er Dictador del Paraguay, que quedó independiente, ais 
I ándase de las otras provincias del vireinato de la Plata 
y el abogado Carloa López se apoderó del mando, tenía su 
liljii mayor Francisco Solano, naridj el 24 de Ju'i) d< 
1827, recién trece añ09. 

Efrte babia recibido de su madre una educación má? bier 
cariñosa que cuidadosa y aprendido sólo aquello que e 
Dr. Francia consideraba necesario para I09 jóvene» para- 
guayes. Sus impresiones de la juventud podrán haber side 
solo his de cualquier joven paraguayo preparado para lf 
vida oíic al: veneración ciega hacia el superior que con po 
íter absoluto gobernaba la sumisa república, obediencia 
servil, temor á los espías que penetraban los más íntimo! 
Fccreto^ de la familia y orgullo de la independencia, celo- 
f amenté sos!enida, de su pequeño y bien disciplinado paú 
ante sus vecinos. 

Este más ó menos es el carácter del paraguayo que s< 
conservará hasta ceder á la influencia de la civilización j 
Rilminiffraciones liberales. 

Carlos López, padre, no *ó'o seguía en un todo el régi- 
men absoluto de su antecesor, sino que trataba de perfec- 
cionar este sistema gubernativo á favor de su familia, pen- 
sando sin duda desde el principio de su gobierno en hacer- 
lo hereditario. 

El bien comprendía que bajóla supuesta forma de go- 
bierno republicano, no podía hacerlo directamente, j 
[or lo tanto incluyó en la Constitución por él propuesta 
la determinación de que el Presidente de la República tu- 
viera el derecho, para un caso de muerte, de designar \\r 
interino hasta la nueva elección de Presidente, y como co- 
nocía sobradamente á sus conciudadanos, la ironía d > h 
representación popu'ary la minera corno se hacían e3aa 
elecciones, ca'culaba que el gobernador interino podría 
obtener su elección c n facilidad; c*e manera que estatuí 
seguro del buen éxito de su proyecto. 

Pita e¿to, necesitaba educar á su hjo mayor á fin de 
que estuviera preparado para cuando los acontecimien'o; 
lo ex ; gíeran. 

A este efecto hizo instruirle en la disciplina militar, parí 
lo que el bien organizado ejército paraguayo era la mejoi 
escuela. 






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— 439 — 



Francisco Solano hubo de vestir pronto el uniforme y de 
ha 15 á los 18 años de su edad, ascendió to la 1a escala mi- 
litur, hasta ser General de Brigada, 

El grado de General lo recibió sin duda más pronto de lo 
n^e hubiera perlado sit padre, pues más tarde demostraron 

*s hechos que Carlos López temía el excesivo poder y po- 
laridad de su hijo, 

ti guerra contra Rosas, el dictador de Buenos Aire°, el 
''ítre de Lh Plata, fué causa de la participación en la lu- 
rha de un cuerpo de ejército paraguayo, cuyo man lo el 
padre no quiso confiar á otro que á eu hijo. 

De este modo Francisco Solano se encontró á la edad de 
18 fulos al mando de9 3 00O hombres de tropas bien discipli- 
nada?. 

Aunque no tuvo ocasión de enti ar en acciones de impor- 
tancia, parece haber demostrado táctica militar, pues co- 
nocemos el juicio del general argentino Paz que le es bas- 
tante favoiable, siendo como s ! gue: 

No dudo que el comandante del 11 cuerpo del ejército li- 
bertador, el joven General López, llénelas esperanzas de 
su patria y nos podemos felicitar de haber encontrado un 
compañero de armas de taido lalento como genio. 

Entonces peleó al lado del Feld Mariscal brasilero Ca- 
na*, después su acérrimo enemigo, en contra de Rosas cu- 
yo fin liirn hubiera podido tomar como ejemplo para su 
porvenir. Cuando, después de la caHa de Rosas, volvió al 
Paraguay el joven López, se mostró imbuido de las ideas 
dcadehnto y civilización que aprendió en los estados don- 
de se había batido, como también convencido de que el P*.- 
roguay debiera reformar su régimen militar al estilo euro- 
peo j permanecer alejado de todos sus vecinos. 

Al padre que estaba de acuerdo con esto, empezó á in- 
quietarle el prestigio que ganaba su hijo. 

Sin embargo, no le hizo observaciones cuando el joven 
ae entregó á una vida innoral. 

Como hijo del Supremo, soldado afortunado y de buen 
Lwtosocia', extendía su libertinaje por toda la ciudad y 
ja entonces demostró Francisco tiolano, al tropezar con 
oposicione?, que su crueldad no conocía límites. 

Sin escrúpulos alejaba al padre ó á los hermanos de la 
joven que pretendía ó los perseguía de cualquier modo á 
linde hacer inviiil teda resistencia» 















•j 



— 440 — 

No obelante, parece que el pueblo paraguayo apoyaba 
el comportamiento del hijo del Presidente. 

Pero al mismo tiempo se mostraba tan caprichoso, le 
gustaba aparecer tan independiente y criticar con franquezn 
hechos oficiales, que el padre empezó á mirar coi recelo 
á su sucesor, quien se conducía como si no pudiera espe- 
rar el tiempo de encontrarse en el poder. 

Esto es en Sud-América, para cualquiera que ocupa un 
puesto ó posee algo, un motivo de temer la muerte. 

El asesinato del General Flores en elUruguay y del Ge- 
neral Urquiza en Entre Ríos lo hai probaio durante y 
después de la guerra 

Por consiguiente, era muy natiral que López padre en- 
viara á su heredero á Europa por a'gunos años á prepa- 
1 ar?e para su futura carrera de gobernador como también 
para no estorbarle durante su ausencia. 

Ya en aquella épora principió el pudre á preferir mucho 
á su segundo hijo, Venancio López, lo cual fué causa de 
celos y enemistad entre los dos hermanos. Un suceso de- 
sagradable apresuró el envío de aquél á Europa: 

Francisco Solano López enamoróse de una joven, Car- 
melita R. — hija de padres rico* y distinguidos y aunque 
}¡\ comprometida con un distinguido joven, don Carlos 
Decoud, le hizo las ofertas mas desvergonzada) y recha- 
zado, se vengó mandando apresar á Decoud y su herma- 
no, acusándolos de conspiración contra el Supremo y ha- 
ciéndolos fusilar. * 

Su maldad llegó á tal extremo que mandó arrojar el ca- 
dáver del ase.'inado, ensangretado y desnudo, frente ala 
rasa de la madre de la víctima. 

Carmelita enloqueció á motivo de esto, habiendo vivi- 
do hasta la época de la guerra. Mastermann garantiza la 
completa verdad de este hecho de cuya especie podríamos 
mencionar varios otros que no citamos por no poder pro- 
l arlos. 

Así se embarcó el joven López el año 1853 para Europa 
b en provisto de recursos por el padre, pues disponía del 
icpleto Tesoro del Estado, ó sea, una inmensa fortuna pro- 
pia, eiendo como era el Paraguay el único Estado de Sud 
América que no tenía deudas. 

Su séquito estaba constituido de tal modo que sin cohi- 
bir al hijo en sus placeres, el pidre estuviese siempre bien 
i'formacb de lo que su .hijo hacía, decía y Insta pensabi. 



— 441 — 

Aunque al parecer ocupado solo en divertirse, se mos- 
tró como hábil diplomático y estadista, siendo resultados 
desús gestiones los tratados de navegación entre el Para- 
guay y la Francia, Inglaterra, Ce.-deña y los Estados Uni- 
dos de Norte-América. Uros periódicos dicen de él que 
entró como voluntario en el ejército francés durante la 
campaña contra Rusia en la Crimea, y lo que vio en Se- 
bastopol le inspiró la idea de construir en el Paraguay 
otra fortaleza gual, que realizó en Humaitá; mas no pode- 
mos encontrar en ninguna parte los comprobantes de es- 
te hecho. 

Cierto es que López se dedicó con mucho ahinco al es- 
tudio de las organizaciones militares europea?, y tuvo buen 
cuidado de tomar nota de lo que vio y comprendió quepo- 
dría ser útil á su país: 

Interesante es notar que reconoció el sistema militar 
deieservay defensa de Prusia que debía adoptar y que ase- 
guraría á su país una superioridad sobre sus más podero- 
sos vecinos. Lo que se ha conocido hasta alnra de esta 
sistema, demuestra que eHab:i en vigencia en toda su 
extensión. Piincipalmente reconocía la absoluta inutilidad 
de los guardias nacionales y milicias y demostró siempre 
su desprecio por estas instituciones. 

En este viaje, conoció á Mine. Linch , natural de Ir- 
landa, divorciada de su marido, un oficial francés, y con 
la cual vivió en relaciones hasta su muerte, tiendo de su- 
poner que esta relación proviniera de lo3amoies fác.les. 

No obstante esto y ser Ló, ez veleidoso por raturalcza, 
ha sabido dominarlo basta su fin, lo cual se explica poique 
no ponía obstáculos A otras relaciones de López quien 
siempre volvía á ella y atendía sus consejos. 

Acompañándole en su viaje de regreso al Pa'aguay, hu- 
bo de permanecer en Buenos Aires mientras López vino 
á la Asunción en busca del consentimiento de su padre 
pa»a continuar sus relaciones ilícitas. Le fué concedido 
después de haber prometido en que no pensad \ jamás en 
contraer matrimonio con ella. El futuro Presidente del 
Paraguay d^bía casarse sólo con paraguaya ó a'guna 
princesa. Fué al tiempo de su regreso que se hizo el ensa- 
yo de establecer una colonia europea que fracasó por temer 
López padre la introducción de ideas libérale?; el joven 
López demostró abrigar intenciones de utilizar aquí lo 



— 442 — 

que había visto en Europa. Eran aldeanos de los alrede- 
dores de Bordeaux que poblarían el Chaco. 

£1 Coronel Dn (¿rat-y explica los contratos que celebra- 
ron con el viejo López; pero no habla del muy triste fin de 
dicha colonia. 

A mas de eso, trajo el joven López varios modelos, irá- 
quinas y descripciones, según los cuales estableció fábricas 
para utilizar las nuevas industrias en su provecho. 

Al principiar la guerra (1859) entre la Confederación Ar- 
gentina y Buenos Aires, que terminó con la incorporación 
de Buenos Aires á la Confederación envió Lój ez padre á 
su Irjo para enlabiar negociaciones de pnz, ocasión en que 
aparece como político por primera vez. 

Tuvo mejor éxito que las intervenciones de Inglatenay 
Francia, también ofrecidas, quedando consolidada la for- 
ma de la Confederación. 

Su misión casi tomó un giro iuesperado. 

En ia Asunción se había apresado á un tal Canstatt, 
subdito inglés, residente en el Paraguay desde 1852, por 
suponer López ser cómplice de una conspiración. El cón- 
sul ingles Hendeison tono carta en el asunto y como López 
no quisiera ceder fuese á Buenos Aiies. 

Hendrrson estaba en Bueno* Aires cuando López, des- 
pués de haber hecho el arreglo con buen éxito, se embarcó 
para la Asunción. 

El ¿iguiente telegrama da?á mas explicaciones del su- 
ceso. 

A S. E. José Luis de la Peña, Ministro de Relaciones Ex- 
teriores de la Confederación Argentina: 

Paraná, 18 de Diciembre de 1859— Sr. Ministro: 

Tengo el honor de participar á V. E. un suceso desagra- 
dable que tuvo lugar en aguas del territorio de la Confe- 
deración, el cual ofende A la vez la handera argentina co- 
mo la paraguaya, suplicándole se sirva llevar A conoci- 
miento de S E el Sr. Presidente de la Confederación. 

El 29 de Noviembre quise volver al Paraguay por ha- 
berse terminado la misión de paz que el gobierno de mi 
país me había confiado. 

Antes de partir del puerto recibí la visita de un gran nú- 
mero de distinguidos comerciantes extranjeros los cuales 
me manifestaron su sentimiento porque sabían que un bu- 



— 443 — 

que de guerra inglés que se encontraba estacionado en el 
pue.to de Buenos Aires intentaba atacar mi buque, el «Ta- 
cuarí», y apodeiwr/e de mi persona y escolta. 

Aunque lo había oído de varias partes durante varios 
días no podía creer que la maiina de una nación tan ilus- 
trada como la inglesa podría obrar de este modo contra el 
Paraguay sin haberse hecho primeramente una decla- 
ración de guerra por pirte de Su Magestad Inglesa. Bu to- 
do lo que miraba no podía ver motivo para tal acción por 
parte del Gobierno Inglés. Parecía imposible que ameza- 
ra á un agente diplomático que volvía en su propio vapor 
al Paraguay después de haber conseguido me liante su in- 
tervención establecer la paz que también convenía á Fran- 
cia é Inglaterra que habían enviado sus representantes á 
Buenos Aires. 

Así, no atendí á los consejos, y me embarqué con la in- 
tención de convencerme de si efectivamente los buques in* 
gleses se adelantarían á atacarme porque si hubiera tras- 
í eiido mi partida para más tarde hubiera sido imposible 
comprobar este ataque premeditado Je buques ingleses con- 
tra un vapor paraguayo; así pues, me embarqué. 

Al prenderlos fuegos el Tacuarí, la cañonera Grapper, el 
buque Buzard y los otros buques ingleses también toma- 
ron vapor. 

Se confirmaron las advertencias que me hicieron ho li- 
bres de reputación; pero aun no podía creer que el gobier- 
no inglés intentaría una violación contia los priocipios de 
todos los pueblos civilizados. 

Al ponerse en marcha el < Tacuarí» le siguieron también 
el «Grapper» y « Buzard >; tomé la dirección al brazo d«* 
Las Palmas del Paraná para ver si me seguían también ahí 
como efectivamente sucedió é igualmente cuando hke 
cambiar la dirección al brazo interior del Río me siguie- 
ron de un modo manifiesto acercándose directamente. 

Ya no podía dudar más de las intenciones de los capita- 
nes ingleses aunque me f i ó difícil creer que una nación 
tan poderosa é ilustrada como la inglesa procediera de es- 
te modo contra un buque de la República Paraguaya sin 
mediar declaración de guerra; hice bajar un bote para pre- 
guntar al capitán del «Buzard» con qué derecho ponía obs- 
táculos á la navegación en un rio neutral. 

Al ver esto la cañonera disparó un cañonazo; ya no ca- 



— 444 — 

bía duda, hice dar vuelta al «Tacuara, pasé á la rada inte* 
rior y eché anclas. 

i Los buques ingleses siguieron la persecución y cesaron 
rocíen después de haber echado anclas el Tacuarf. 

Todo esto, Sr. Ministro, sucedió en el puerto de Buenos 
Aires, es decir, en territorio argentino por pertenecer Bue- 
nos Aires como provincia á la conferació i. El comandan- 
te del Tacuarí remitió enseguida al comandante del Bu- 
zard la adjunta nota en la cual consta que este inaudito si> 
ceso tuvo lugar sin motivo alguno, sin anticipada deman- 
da ó declaración de guerra y con pleno conocimiento de 
la presencia de ua agente diplomático á bordo del Ta- 
cuaií. 

De mi parte medirijí al gobierno provincial de Buenos 
Aires por tener que suponer á este como más interesado 
por haber sucedido la ofensa en esta jurisdicción. 

El comandante del Buznrd retuvo la nota del coman- 
dante del Tacuarí algum s días y para no dejar ni la más 
mínima duda sobre sus intenciones hostiles la devolvió en 
otro sobre sin contestación alguna y sin una palabra de 
cortesía. 

V. E. juzgará este hecho como lo merece. 

A mí me indica que el «Tacuarí» no puede abandonar 
su sitio sin exponerse á una lucha desigual y correr el ries- 
go de ser apresado en aguas de una nación cuyos distin- 
guidos ciudadanos me acaban de manifestar su agradeci- 
miento por mi intervención mediante la cual tuve la suerte 
de sellar una paz que hasta Inglaterra ambicionaba y pro- 
tegía. 

AJe dirijo al gobierno de Buenos Aires por ser esta la 
autoridad legal que debe vigilar por la efectividad de los 
derechos de nuetralidad en sus puertos, aun para buques 
pertenecientes á naciones en guerra. 

Este es un principio tan absoluto entre pueblos civiliza- 
eos que hasta se evita la salida simultánea de dos bu- 
ques pertenecientes á naciones en guerra. 

Extendiéndose esto á los buques en guerra, hay ma- 
yor razón en las circunstancias presentes no mediando 
declaración de guerra entre I glaterra y el Paraguay y 
encontrándose los buques de ambas potencias en aguas de 
una nación neutral que debe su paz á la República cuyo 
buque se acaba de perseguir. 

El motivo porque este buque y el agente diplomático de 



— 445 — 

esia República se encuentran en Buenos Aires es por qne 
tanto el Paraguay como Inglaterra procuraron restablecer 
la paz, en lo que el Paraguay tuvo éxito. 

Sucede el ca«o extrafio que el buque del Estalo que in- 
tervino y tuvo éxito en la negociación de paz, no puede au- 
f entarse de las aguas del Estado pacificado por impedirlo 
los buques de Su Magestad Británica. 

El Paraguay ha enviado á esta uno de sus buques con el 
objeto de impedir una guerra entre hermanos y ofrecer su 
intervención para finalizarla. 

Si el gobierno de la confederación no hubiera aceptado 
estos servicios el TacuarL no se hubiera encontraio en es- 
ta y no estaría actualmente expuesto ó ofensas de parte 
de buques ingleses. 

Espero del gobierno de la Confederación que no perma- 
necerá indiferente en vista de esU violación de sus dere- 
chos como también supongo que el gobierno inglés busca- 
rá de disculparse por la ofensa que sus oficiales infirieron 
al Paraguay sin tener motivos efectivos ni supuesto?. 

Existe ciertamente en este momento una diferencia entre 
mi gobierno y el Cóns ul en Asunción, pero no es de tal ca- 
rácter que sea imposible solucionarse de un modo ¿a isfac- 
torio para ambas partes por la vía diplomática. 

Por lo mismo es indisculpable que el gobierno inglés ti- 
me el camino de la ofensa contra el Paraguay al tiempo 
que envía un encargado para negociar la paz por la vía 
diplomática, y elige para este objeto las aguas de una na- 
nación á la que recién intentaba pacificar. 

La República del Paraguay tiene el derecho de pedir 
que Inglaterra no emprenda actos de guerra antes de ser 
agotadas todas las gestiones diplomáticas y espero por lo 
tanto que el gobierno inglés reconozca lo justo.de mi quej *. 

El «Tacuarí» al ser atacado no se encontraba en alta 
mar sino en el río, delante de Buenos Aires y estaba en 
camino al Rio Uruguay que también Inglaterra reconece 
per.enerer ala Confederación Argentina y la República 
del Uruguay, para entrar en el Rio Paraná, río que taii.- 
bien pertenece ala Confederación Argentina. 

Por lo tanto no podía esperar la ofensa de los buques 
ingleses por ser obligación de la Confederación Argentina 
evitar semejantes excesos en sus aguas, como también tit- 
ne la obligación de pio'ejer al envía io paraguayo y ex> 



i- 416 — 

gir de 109 buques ingleses la no violación de las leyes que 
reconoce su gobierno. 

Los buques de naciones en guerra pueden ausentarse de 
un puerto neutral solamente 24 horas uno después de otro; 
este es un principio del derecho común reconocido por t ••• 
das las naciones y toda potencia neutral tie.ii el derech > 
y la obligación de sostenerlo. 

Yo he sido perseguido desde el moma to en que salí del 
puerto y no se me ha dejado ni una hora para evitar el 
ataque. 

Aun trece díasdespuéjy cuando ya hube dejado Bue- 
nos Aires la cañonera inglesa se puso inmediatamente en 
marcha al notar que el Tacuaií abandoraba si fondeade- 
ro para ganai la boco del Riachuelo. 

Como veo que me es imposible navegar en aguas de la 
Confederación sin exponerme á una lucha de uno contra 
cinco, quedaré hasta, que V. E. me pueda dar la segurid.ui 
de que mi viaje no será impedido y que no permitirá qin 
se me ataque en aguas de la Confederación. 

Siento no poder prolongar mi estadía en Buenos Aires y 
por lo tanto ruego á V. E. remitir la contestación de la pre- 
sante á mi gobierno en Asunción, en cuyo nombre me di- 
iij > á V. E.— Aprovecho la ocasión etc. etc. 

Francisco Solano López 

Es interesante ver retratado por completo en este primer 
ensajro político el carácter del futiro Presidente paragua- 
yo; muchas palabras retumbantes, argumentos que no vie- 
ren al casoy poca confianza personal eu el resultado de un 
riesgo. Solía acordarse á veces de este suceso y no podrí 
olv dar que el gobierno de B íenos Aires no le hubiera 
atendido mejor. 

Poco después de su regreso murió su padrp, el 10 de Se- 
tiembre de 1862, en el pleno ejercicio de un gobierno abso- 
luto del cual abusaba únicamente cuando se creía amena- 
zado de conspiraciones. Había llegado á ser el único pro- 
pietario, el único comeiciante y banquero, el absoluto ge- 
íc del ejército y supremo juez, y legó á su hijo un país en 
peifecto orden, hasta contento y habituado á la obediencia 
y fidelidad. 

Las relaciones con su hijo en los últimos aflos no ha- 
bí in sido las mejores y el segundo, su hermano Venancio, 
h bía sido preferido últimamente, pero Francisco Solano 



— 447 — 

había mostrado cualidades de tal modo más apropiadas 
para continuar el sistema de gobierno actual, que no se 
animó á revocar la ya hecha disposición testamentaria. 
Así se declaró Francisco Solano á raíz de la muerte de 
su padre, Regente Provisorio según el artículo ya mencio- 
nado de la Constitución. 

Dispuso en seguida la reunión en la capital de Diputa- 
dos de los 92 partidos, los cuales celebraban sesión en el 
Cabildo para designar el nuevo Presidente. 

Las noticias de de esta Representación del Pueblo nos 
demuestran que fué una completa comedia. El Cabildo 
estaba rodeado de tropas; cada diputado tenía un centi- 
nela al frente de su casa, que debía acompañarle á todas 
partes; se les distribuía rf galos y promesa de que recibi- 
lían más según como votaran. 

En la primera sesión se atrevió uno de los Diputados 
á oponerse á la elección de Francisca S >lano, mani- 
festando que en una República no suele ser hereditario 
el poder, y otro propuso que se aprovechara la ocasión 
de revisar la Constitución y modificar algunos artículos 
que habían resultado poco prácticos, ante3 de elegir el 
nuevo Presidente. 

Al último le gritó López que no había sido llamado para 
modificar la Constitución sino para elegir un Presidente, 
en tanto que á la advertencia del primero nadie se atrevió 
á responder algo. 

El resultado de la comedia, previsto de antemano, con- 
sistió en que López fué electo Gef* Supremo y General do 
los Ejércitos de la República del Paraguay, y la unanimi- 
dad de votos la obtuvo muy sencillamente haciendo desa- 
parecer á los que se habían opuesto en la primera sesión, 
d¿ los cuales nunca se supo nada más. 

No habia tenido necesidad de este rigor ni de emplear 
el aparato de la persuación y de la corrupción. La elec- 
ción del hijo y heredero estaba asegurada bajo todos con- 
ceptos. 

El doctor Francia y Carlos López ya habían ensoñado 
tan bien á los paraguayos y tan bien funcionaba todo el 
aparato gubernativo que no era de esperar otro resultado 
porque efectivamente era Francisco Solano el hombre más 
aparente y capaz para hacerse cargo de esta herencia, 

Sus viajes por Europa le hacían espectable para el pue 
blo y como se había captado sus simpatías merced á su se- 



— 448 — 

veridad en el servicio militar, sus éxitos diplomáticos y 
dotes personales, su elección definitiva era segura. 

Oponerle á la voluntad del Superior era cosa imperdo- 
nable y el que lo hacía, pronto ingresaba en la pequeña 
colonia que se formaba en Buenos Aires, Rosario y San- 
ta Fé, colonia de la que se compuso la legión paraguaya 
durante la guerra y después el gobierno provisorio de la 
República. 

Investido del poder abso'uto no tardó en caer en sus 
tentaciones, y boy se puede asegurar que la idea de una 
guerra con el Brasil la tuvo desde el momento en que se 
hizo cargo del gobierno. 

Encontramos en varios diarios, como también en la obra 
de Burlón, (*) la noticia de que López durante su estadít 
en Rio Janeiro pretendió la mano de la princesa Leopol- 
dina, después esposa del duque Augusto de Sajonia, y fué 
rechazado. 

Natuialmente, fala todo apoyo seguro; pero también en 
el Brasil se habló de esto y se tomó la negativa romo mo- 
tivo del odio que demostró López contra el Brasil hasta su 
último instante. 

Admitiendo este supuesto como cierto se explicaiía 
mucho que bajo el punto de vista de la política parece 
inexplicable, porque para todos los proyectos de López, 
de los que parte se suponen y parte se conocen, para ex- 
tender su país y su poder, hubiera sido útil el contingente 
del Biasil. 

Con el Brasil se hubiera hecho Emperador del Plata; sin 
y contra el Brasil ha perdido poco á poco todas sus fuer- 
zas y basta su vida. 

Al tomar el mando encontró al prís aunque completa- 
mente aislado, tal vez por esto rrrsmo en un estado fl aré- 
nente; sus dos artecesores habian afianzado la situación 
finaiciera de una manera ejemplar como en ningún otro 
otado, con algunos millones de Tesoro Nacional y sin 
deuda externa ni interna, loque no es de extrañar, pues 
los presidentes paraguayos miiaban y administraban 
U s bienes del país como propios y personales. La organi- 
zación militar era mucho mfjor que cualquier otra del 
continente americano, de modo que si López quisiese em- 
prender una guerra contra los eslalos vecinos estaba 

(*) Leters from tho Battle-fields of Paraguay— London— Timloy Brothers. 



_ 449 — 

seguro de la* victoria. Sobre todo, se había convencido 
personalmente de la superioridad de so ejército sobre el 
del Brasil. 

Así con la conciencia de su superioridad y fuerza es muy 
ratural y disculpable que tuviera proyectos para engran- 
decimiento de su poder. Burton dice que tanto Mariame 
Linch como el ubispo Palacios y el Coronel Wisner Von 
Morgen6tern, Oficial austríaco, emigrado de Europa por los 
sucesos del 48 y 49, inducían al nuevo Presidente á hacer- 
se proclamar emperador de la Plata, y cierto es que du- 
rante la guerra se d?comi«ó en Buenos Aires una corona 
que un joyero de París había remitido á la Asunción como 
modelo, para hacer algunas modificaciones. Poniéndose 
de buen acuerdo con el Brasil, el Imperio difícilmente hu- 
biera hecho nada contra sus planes, y teniendo en cuenta 
la debilidad de la Confederación Argentina y República 
del Uruguay, hubiera precisado poco trabajo para levan- 
tar un segundo imperio en Sud-América. Para López exis- 
tían dos posibilidades. El mayor del reino prusiano, Barón 
Von Versen que examinó las cosas como testigo ocular, 
dá la siguiente explicación. 

López ha probado mediante su inexplicable, ó en todo 
cafo, inmotivado ataque contra la provincia brasilera de 
MattoGrosso, que la base de su plan para extenderse, era 
formar un estado separado en el interior de Sud-Aroérica, 
el que mediante el sistema de aislamiento de sus anteceso- 
res se podría preservar de la introducción de ideas libera 
les cerrando las comunicaciones con el exterior. 

Teniendo en cuenta la habilidad con que la familia Ló- 
pez supo manejarse, comercial como industrialmente, y 
mediante el aumento de la fl )ta que excedía en mucho á 
las proporciones de un país tan pequeño, hubiera formado 
una segunda China en el Centro de Sud América, á la cual 
después habría anexado la República de Bolivia corno ve- 
cina cercana de Matto-Grosso, pues poco antes de estallar 
1 1 guerra se había buscado diferencias con el Presidente 
Melgarejo y solo faltaba servirse de ell¿s. 

Según otro parecer quiso anexar la costa del mar y Ló- 
pez hubiera, aunque inconscientemente, seguido la ley du 
la naturaleza, de que cada* país procura y busca poseer el 
desagüí de sus rio3 en el mar. Este caso hubiera sido inmi- 
nente si López conquistaba Corrientes, Entre Rio?, Santa 
Féy Buenos Aires, es decir, las cuatro provincias lindanr 



I 



- 450 — 

tes de la Confederación Argentina y la República de !a 
Bandea Oriental, y las reunía al Paraguay; eMas no tenían 
ni reparadamente ni juntas cómo resistir al golpe del ejér- 
cito paraguayo y hubiera sido esto una combinación que 
apoyan hasta los adversarios mas acérrimos de López, 
pero al fin con las mismas consecuencias, pues la conquis- 
ta y saqueo délas Provincias-Argentinas y Ori^ta'es li- 
gadas entonces con el Brasil, traería igualmente por conse- 
cuencia la Triple Alianza y una lucha encarnizada. 

También podía obtener salida al mar mediante la pose- 
sión de la Provincia brasilera de Rio Grande y parece que 
contó equivocadamente con simpatías en esta provincia. 
O lal vez bubieía obtenido el contingente de los restos de 
la antigua rebelión de Farrapos. Sean cuales fueran estos 
proyectos, y como López ya no existe difícilmente se podrá 
conocer la verdad. Sabemos por cierto que López en se- 
guida de haberse hecho cargo del mando emprendió con 
una energía admirable los preparativos de guerra. Envió 
jóvenes paraguayos á Europa para estudiar la carrera mi- 
litar; hizo venir ingenieros é industriales ingleses par.* 
construir arsenales, fábricas de pólvora; como por el en- 
fajo de la colonia Nueva Burdeos, no le parecía conve- 
niente la colonización extranjera -quería emplear mas bien 
sirvientes pagos de los que creía poder valerse mejor con- 
forme lo comprobara el éxito. 

El campamento de ejercicios en Cerro León fué conver- 
tido en permanente como los de Beverlooy Cbftlons, y allí 
reunía las reservas para adiestrarlas. 

Ja guardia de Humaitá fué transformada en fortaleza, 
aumentaba la ilota á 14 buques armados y desplegaba una 
admirable actividad en todo sentido. 

En Europa aparecían, en Londres, en París y B :rlin, 
agentes que, algunos con mucho tino pero todos con mucha 
voluntad y en disposición de bastantes recursos, se dedica- 
ban á hacer propaganda en favor del Paraguay y su Presi- 
dente. 

En el calendario genealógico de Gotha apareció su re- 
trato que en verdad le era muy favorable ein faltarle la con- 
decoración de la orden brasilera de Cristo, como también 
ui a brillante descripción del estado floreciente del país 
con muchas exageraciones como 60 sabe ahora, y en la 
conocida obia del Coronel Du Giaty en español con una 
traducción francesa al fin, se trataba de ensalzar á López 



— 451 — 

y al Paraguay de todas maneras y á costa de sus vecinos. 

Se recordará que el Coronel Da IGraty en calidad de 
enviado extraordinario entregó en Berlín en el año 1S64 
después de la guerra con Dinamarca uno* quintales de 
mate para los heiidos, obsequio al que pronto siguió el pe- 
dido de ceder un número de cañones rayados que no fue- 
ron concedidos. 

En los mas importantes, diarios aparecieron artículos á 
favor del Paraguay y contra el Brasil al que llamaban el 
imperio esclavagista en antítesis del Paraguay donde no 
( xi. tía esclavitud. Este es un argumento extraño de los 
? gentes paraguayos pues existen documentos que prueban 
la venta de esclavos á 125 francos por cabeza al General 
Báez y la existencia de 1862 esclavos de estado. (1) 

En fin todos los preparativos estaban hechos cuando la 
revolución uruguaya y la participación del Brasil en ella le 
dio la ocasión de realizar sus proyectos. Di antemano se 
aseguró del contingente del anciano General Urquiza des- 
pués asesinado en Entre Ríos, quien por su parte garanti- 
zó su concurso para derrrocar al Presidente de la Confe- 
deración, Mitre, y le prometió un puesto superior en el es- 
tado de La Plata que mediante la nueva agrupación de 
estas Provincias pensaba formar. 

En seguida entabló relaciones con Aguirre, presidente 
del partido blanco del Uruguay, en contra del presidente 
del partido colorado Fi ores protegido por el Brasil y de- 
cíalo en O tubre de 1864 que no admitiría la entrada de 
tropas brasileras al Uruguay lo que consideraba contrario 
á ios inttre.es de los estados sud-amernanos, ó sea como 
casus belli. 

E)ta extraña manera de declarar la guerra— pues como 
tf* I la quei (a considerar en todas Jas faces posteriores de 
la guerra — ni el enviado imperial, recién llegado á la 
Asunción, Chevalier Vianna de Lima ni el gobierno di 
Rio de Janeiro la daban por recibida, era la antítesis comple- 
ta de la política que habían seguido desde 50 años sus ante- 
a sores 7 no sedaba ninguna importancia á la declaración 
de López, máxime cuando la hzo ya después que todo es- 
taba resuelto con la toma de Paysandú y Montevideo, la 
< xpulsión del Presidente del partido blanco, Aguirre, y la 
(o na de posesión del Presidente del paitido colorado, Flo- 

(1) Burton— obra citada pág, 473. 



— 452 — 

res; aparte de que el Paraguay ni lindaba con el Uruguay, 
faltando por lo tanto, toda posibilidad deque López pu- 
siera en prácfca sus amenazas. El i exultado ha demostra- 
do que en Rio de Janeiro se habían engañado tanto res- 
pecto á las intenciones del Presidente López cuanto á los 
recursos que tenia A su disposición para llevar á cabo su 
amenaza y el Brasil ha sufrido durante cinco años las con- 
secuencias de esta equivocación. 

Cuando en el Brasil no se tomó en cuenta la interven- 
ción del Paiaguay inició López las hostilidades con un im- 
psrdonable acto de violencia. 

El vaporbrasilero cMarquezd'Olinda» Uevabaal goberna- 
dor de la provincia de Matto-Grosso á su destino. En Asun- 
ción se detuvo este vapor que llevaba telegramas y dineros 
para la provincia, el gobernador Campos visitó al enviado 
Vianna de Lima sin que ninguno de los dos sospechara lo 
que iba á suceder. López, que se encontraba en Cerro 
Le n, al saber la llegada de este buque, envió orden á la 
Asunción de secuestrarlo. Al llegar la orden el buque yu 
había arribado el Paraguay pero fué alcanzado por los 
buques paraguayos enviados en su persecución, y condu- 
cido nuevamente á la capital; mandó apresar al goberna- 
dor Campos y confiscar los telegramas y dinero y además 
incluir el buque en la marina paraguaya, y al protestar 
ei érgicamentc Chevalier de Lima contra este acto de vio- 
lencia se le remitió su pasaporte con la advertencia de que 
trocas brasileras habían entrado al Urug.iay sin consenti- 
miento del Préndente López v por lo tanto la declaración 
de gueria estaba hechi ipso jacto. 

Jacta fuit alea! 

Después de este primer paso, López demostró una acti- 
vidad extraordinaria y parecía dominar por completo la 
situación; otro mas ofensivo contra el Brasil fué el envío 
de un cuerpo de expedición en buques á la provincia de 
Matto-Grosso, que, después de una heroica defensa de 
400 brasileros contra 6000 paraguayos tomó el fueite de 
Coimbra, ocupó Miranda, Alburquerque y Corumbá,y pau; 
no dejar duda desús intenciones, bautizó la provincia in- 
clu a su capital Cuyabá »Je Alto Paraguay, instaló una ad- 
ministración paraguaya y trató todo como su propiedad. 

Al ver esto,al fin se convencieron en Rio de Janeiro de las 
intenciones hostiles del PresidenteLópez y vieron con rece- 
lo levantarse un ejército como no se había conocido has- 



- 453 — 

ta entonces enSud América, mientras el Brasil en ese tiem* 
po era casi impotente; pero también comprendió en segui- 
da que tras esta ofensa debía reunir todas sus fuerzas pa- 
ra no recibir graves perjuicios de esta situación inespe- 
rada. 

Dos divisiones brasileras, como de 9.000 hombres próxi- 
mamente, se encontraban en el Uruguay; era poco para in- 
vadir el Paraguay y por haber territorio argentino de por 
medio, no tenía cómo encontrarse con el enemigo. 

Seguramente Lope» al hacer la invasión á Matto-Grosso, 
intentó reconcentrar las tropas brasileras hacia el Norte, 
donde estarían privadas del auxilio de su flota, suponien- 
do que el Brasil tralaría de recuperar Matto-Grosso, supo- 
siciones que resultaban falsas pues por el contrario refor- 
zó sus tropas en el Uruguay, envió sus buques á La Pla'a, 
y pidió al Presidente de la Confederación Argentina admi- 
tiera el paso de las tropas brasileras por el territorio de 
Misiones. 

Mitre contestó que se mantendría completamente neutral 
y no se opondría si las dos partes usaban el Paraná y el 
Uruguay para la navegación Esta misma respu >sta reci- 
bió también López al solicitar también el paso. 

López no era hombre que cejaba en sus proyectos por 
pequeneces diplomáticas y dio el paso que debía ser su 
desgracia al arrojar el guante á la confederación argenti- 
na, lo que le costó la vida, originando de este modo él mis- 
ino la formación de la tiip'e alianza. 

Cierto es que sin tomar parte la confederación, no hu- 
biera sido posible una solución definitiva; pero no hubiera 
faltado medios de que tomara parte y eslo en contra del 
Hrasil; más se dejó arrastrar de la pasión y dio urden de 
que su fl)ta tomara los dos buques de guorra argentinos 
que se encontraban en Cimentes, (que eran I03 únicos de 
esta república). 

Esto tuvo lugar de un modo desconsiderado y sin de- 
claración de guerra, como también h toma de la ciudad de 
Conientes y lainstitución de un gobierno provisorio que 
declaró la separación de la provincia de Corrientes de los 
estados de la confederación y la alianza co:i el P.iraguay. 
Cerno las invasiones en Matto-Grosso y Corrienles obtu- 
vieron buen éxito, se vio por entonces en completa supe- 
rioridad sobre sus enemigos. El que se formase la triple 
alianza, que las tropas aliadas se organizaran en Concor- 



— 454 — 

dia y que el Brasil hiciera esfnenos extraordinario», no le 
asustaba, al contrario mandó 18.000 hombres ¿Corriente», 
7C00 al territorio de Misiones con la intención de ocupar la 
provincia de Corrientes 7 Entre Ríos como también la pro- 
vincia de Rio Grande y si hubieía legrado esto, difílmente 
la Triple- A lianza hubiera vencido. Los dos golpes demues- 
tran las valientes disposiciones de López, y como prometía 
éxito proyectó un tercero con cuyo desastre principiaron 
sus numerosas derrotas. 

Al entretener el ejército al ado con los 18,000 paragua- 
yos estacionados en Corrientes, quei (a prestar ayuda al 
partido blanco en Montevideo, mediante* una expedición 
que debía seguir el rio Uruguay, cortar Concordia y dete- 
ner á los aliados, replegarse al Norte y al mismo tiempo 
piotejer la revolución en el Uruguay, como ya lo habíi 
hecho en Entre Ríos, donde las tropas del General Ui quiza 
se habían negado ya dos veces á batirse contiael Para* 
guay; mandó al Coronel Estigarribia al lado Izquierdo y 
el Mayor Duárte al lado derecho del Rio Uruguay hacia 
al Sud con la instrucción de adelantarse hasta la Banda 
Oriental y si fuera posible hasta Montevideo. 

Estas c xpediciones fracasaron con la batalla de Yatai- 
tí y la capitulación de Uruguayana y hemos menciona- 
do que á partir de este momento emp z(J á eclipsarse la 
estrella brillante del Dictador. 

1 La derrota de sus buques en el Riachuelo, la oposición 
al gobierno provisorio de Corrientes y á sus vínculos po- 
líticos con el Paraguay, el fracaso de la insurrección de 
esclavos en la provincia de Rio Grande, la pérdida de 
los 7.000 de la expedición Estigarribia, abatieron su valor 
y comprendió que en la defensiva tal vez sería mas 
afortunado que en la ofensiva y parece que esperó que 
los aliados no le seguirían en su retirada al Paraguay. 

Al entallar la guerra se hizo acordar en una reunión de 
diputados el título de Feld mariscal, dobles entradas y un 
poder dictatoria'; además se le desobligó de exponerse 
persor alíñente á los peligros y si los testigos oculares 
afirman que hasta su muerte nunca tomó parte en nin- 
guna batalla, que siempre estuvo en lugares protegidos 
contra las bombas y que tuvo un respeto terrible al rui- 
do de las balas, pueden decir sus defensores que en esto 
solo seguía el pedido de sus diputados que le obligaron á 
cuidar su vida en bien de su patria. 



: 465 — 

Lo cierto es que nanea tomó parte en ninguna batalla, 
como tampoco nunca se hizo faltar lo más mínimo, mientras 
todo el mundo pasaba hambre y miseria^ que era severo 
con prudencia pero no cruel basta el rechazo de cus cuer- 
pos de expediciones y el adelanto de los aliados; solo de 
este tiempo se observa el terrible cambio de su carácter. 

La primera acción de esta especie fué hacer fusilar al 
General Robles que según su parecer no se habia adelan- 
do con bastante energía en Corrientes. Con esta injusta pi- 
na de un oficial de mérito principian sus numerosos actos 
de violencia y despotismo que duraron toda la guerra y 
que ámiles costaron la vida; ja cuando loa aliados pasa- 
ron el Paraná y sitiaron su fortaleza de Humaitá compren- 
dió que se había equivocado al eligir sus enemigos y justa- 
mente al Brasil que había menospreciado, y que en Rio Ja- 
neiro era decidido derrotarlo á él personalmente. Muchos 
otros motivos contribuyeron á alterar su carácter. 

Había encargado la negociación de un empréstito á 
sus agentes en Europa, los cuales participaron que apesar 
de todos sus esfuerzos no habían tenido éxito, ninguna de 
las grandes bolsas quería tener relaciones con él y la prensa 
de los estados aliados le ofendía con violentos ataques, que 
exasperaban á aquel hombre enojadizo y qu squilloso. Sa 
dice que el motivo de la toma de los dos buques argentinos 
en Corrientes fué el artículo de un diario de Buenos Aires 
qu? le llamó cacique y 4 la Asunción toldería. 

£1 ser severo, muy severo con sus soldados, el castigar 
con la muerte actos de cobardía y errores militares con las 
mas duras penas corporales no implica el que no haya sa- 
bido estimular la buena voluntad de su ejército mediante 
distinciones y honores. 

Pero todos los testigos oculares afirman que trataba á 
sus oficiales, y aun más después de una derrota, de un rao- 
do bestial, migando con suma indifeiencia la vi 'a de sus 
subalternos. Pero hay que reconocer la fuerza de su vo- 
luntad y la ii flexibilidad de su carácter. 

Cuando los aliados le queiían hacer comprender que 
él era la causa de tantos males co no llovían sobre el Pa- 
raguay, insinuándole renunciara á la guerra y al Qobier 
no, él se hacía sordo y ponía aún mas de aquella cons- 
tancia admirable, que le sostuvo á la cabeza de su ejérci- 
to descuartizado, después de la toma de Humaitá, des- 



— 456 — 

pues del desastre de Lomas Valentinas y de la ocupación 
de la Capital. 

Tanto como López, en la resistencia, el Brasil no cejó 
un instante, llevó adelante con verdadero tesón la realiza- 
ción del plan que bahía imaginado en los comienzos de 
la lucha, á pesar de los copiosos sacrificios en hombres y 
dineros que el país tuvo que hacer, á pesar del desconten- 
to y negligencia, de los aliados y del valiente celo con que 
\oí paraguayos se defendían. 

Ura prueba palmaria de cuáles eran las intenciones del 
Gobierno brasileio es el seguiente hecho: después de la es- 
pléndida victoria que obtuvo el General Porto Alegre en 
Curuzú, López solicitó de los Generales de la Alianza una 
entrevista, con objeto de negociar la paz. Mitre, en repre- 
sentación de la Argentina y Flores de !a Oriental, acep- 
taron la invitación y la entrevista se ítectuó. El Ge- 
neial Polidoro declaró entonces, en nombre del Empera- 
dor, que no podía entrar en arreglos de ninguna especie 
con el enemigo, á quien quería aniquilar á toda co3fa. 

Mitre y Flores fueron sorprendidos de aquella vez y no 
pudieron pensar que mientras asistían á la entrevista, los 
paraguayos levantaban nuevos atrincheramientos entre 
Curupaitj y Curuzú. 

El gobierno absoluto de Lópf z explica la resolución con 
que los | aragunyos tomaban ia ofensiva, después de la de- 
rrota. Al dia sigaiente de la de Tayí y Potrero Obella, 111 
vo lugar el bien pensado y al principio bien llevado ataque 
al campamento aliado de Tuyutí;despues del pasaje de Hu- 
maitá por los encorazados brasi'eros, se llevó á cabo, la 
valiente sorpresa de los mis nos por una íl itilla de canoa*, 
tripuladas por soldados paraguayos; después del desastre 
de Lomas Valentinas el ataque con un tren de la línea á 
Villa Rica. Y como rala se ha r, U sin la aquiecencia del 
jf fe supremo, es dable suponer que el Mariscal Dictador 
diese el pl-ui d** todas acuellas acciones, que probaron, 
aunque estérilmente, la valentía de los paraguayos. 

Que López se hubiese manifestado siempre de modo am- 
biguo con lo? agentes diplomáticos de la Gran Hretañ* 
y Noit°-América, Mr. Gould y Mr. VVashburne no es cer- 
surablc, habida en consideración su posición en extremo 
difícil. Para formarse criterio exacto de estas cosas, es 
mencjter haber estado en íntima relación y conocimiento 
de las | ersonas, y sucesos de Aquella época: de este modo 



— 457 — 

se vé como son infandadas ciertas apreciaciones. Los 
mismos Thompson y Kennedey no conocen á fondo I09 
hechos desarrollados, según se desprende de sus respecti- 
vas obras, y sus fallos no son del todo seguros. 

La desconfianza y la sospecha rodean siempre á los po. 
deres absolutos y constituyen el ambiente moral de ellos. 
Con esta anticipada disculpa, si así puede llamarse, va- 
mos á pe ^etrar en la parte mas sombría de la vida de este 
hombre notable, cuando tuvo lugar aquella terrible escena 
de sangre, durante la c¡ al se sucedieron de continuo las 
ejecuciones, siendo muertos por orden del Dictador miles 
de sus mas adictos servidores. 

Después de la ocupación de Humaitá y de haberse reple- 
gado las fuerzas paraguayas sobre la línea del Tebicua- 
ry, no s e oía otra cosa que rumor vago de conspiracio- 
nes, traiciones, interrogatorios, actos de violencia, proce- 
so? de muerte que se multiplicaban día á día, en el campa- 
mento paraguayo. Parecía increíble el número de vícti- 
mas que aparecieron en las listas de sangre; el testimonio 
de testigos oculares, solo, ha po lido convenceime de la 
terrible realidad. 

El ex-Mínistro de R. E. del Uruguay, Dr. Carreras, quien 
después de la caida del par ido blanco, se había traslada- 
do ala Asunción y que siempre se mostró fiel partidario 
del Dictador,, el Obispo Palacios que prostituyó la Religión 
por servirle, el Ministro de R. E. Berges, su hermauo Ve- 
nancio, el Cónsul Portugués Leyte Peí eirá, varios Genera- 
les, Ministro , altos empleados del Gobierno fueran acusa- 
dos por delito de supuesta conspiración, siendo sometidos 
al tormento, unos, fusilados ó lanceado , otros. 

Centenares de personas, pertenecientes á las familias 
mas distinguidas del país y conocidas por su adh-sión á 
López, fueron conducidas al campamento de San Fernan- 
do y fusiladas por orden suprema. 

Cuando los aliados foizaron el paso del Tehicuary en- 
contraron las huellas del martirologio, en el sinnúmero de 
cadáveres esparcidos por el abandonado campamen'o y 
que acusaban toda la triste verdad del sangriento drama 
que allí se desarrolló. 

Subditos ingleses y norte-americanos como Blies y Mas- 
termann fueron obligados en el tormento á acusar al 
Agente de negocios americano, al Dr. Carreras, Berges y 



— 458 — 

oíros, y los prisionero* de guerra eran tratados con la 
fria crueldad. 

Una de las roas tremendas acusaciones que pesa sobre 
López la constituyen estos actos de refinada cntehkut Ue* 
vados á cabo sin formide proceso y en personas de cuja 
inocencia él mismo estabí convencido, f ja verdadera cau- 
sa de muchas exencione?, fué el querer ocultar el Dicta- 
dor á los ojos de todo el mundo, el sitio do'ide enterraba 
6us tesoros, para librarlos del saqueo. Tal vez no sea del 
todo extraño á estos sucesos, y sirva para explicar las 
crueldades de López, la costumbre que tomó por aquel 
tiempo, de entregarse á la bebida. 

Se levantaba de la mesa completamente ebrio. E* in- 
dudable que á este extremo le condujo la situación de- 
sesperada en que se encontraba, rodeado de las reliquias 
de su ejército, un tiempo formidable y envuelto en el tor- 
bellino de ura lucha cuja solución estaba ja escrita en los 
coiazones j que él mismo sentía aproximarse por fro- 
mentos. 

Al hacer pesar sobre la memoria del Dictador estas acu- 
saciones, no de be ti os olvidar, el medio social é histórico 
en que vivió, ni la influencia n ahí raí que fobre su espíritu 
pudieran ejercer las costumbres da estos paises, de sujo 
crueles é ind ferentes á la suerte de sus semejantes. Fran- 
cisco S. López siguió el ejemplo de Rosas, Francia, Oribe 
j Urquiza. Fué consecuente con el carácter del gauchí j 
del guaraní, que considera justificada j hasta necesaria la 
poco filantrópica costumbre de aniquilar sin piedad al ene- 
migo. 

Pero, existió ó nó aquella conspiración contra López? — 
Peligiabasu existencia, para ap'icar la inhumana justi- 
cia de los gaucho*? Si se llegara á comprobar que en efec- 
to fe tramó una secreta conspiración, hubiera motivo para 
atenuar la culpabilidad del Mariscal j fuera posible expli- 
car tanta matanza como hubo, esto, t n la hipótesis de que 
ros guiemos por un criterio adecuado á la época j á los 
paises, porque sería imposible j hasta injusto, medir á los 
hombres y á los hechos, de esta parte del mundo con la 
misma medida con que en Europa se aquilata el valor moral 
de las cosas. Pero aun así, quedarán siempre en pié mu* 
chas de las innumerables acusaciones que pesan sobre el 
Mariscal López; su carácter cruel j sanguinario, que na- 



— 459 — 

die puede intentar justificar será siempre baldón que cu- 
bre su memoria. 

Los actos de López, por otra parte, llegaban muy abul* 
tados á los oidos de los aliados y salían de allí, aún mu- 
cho mas; la prensa recogía noticias sensacionales ador- 
nadas muchas veces con mentiras del género 'irá jico y las 
esparcía por el mundo. Muchas aseicipnes de los dia- 
rios resultaron ser completamente falsas. 

Sin embargo, cuando queremos disculparle en algunos 
catos, también hay que confesar que tantos son los ac* 
tos reprochables que traspasan toda medida y hacen de 
e-e hombre en tu vida de molicie y de cdirupcióu un 
monstruo indigno de vivir en la sociedad humana. Fusilar 
á su hermano; maltratar á su hermana por la mano del 
verdugo, insultar y ofender á su madre;' mandar matará 
millares de prisioneros brasileros ó dejarlos ijriorir <te 
hambre, todos estos hechos, no pueden disculparse ni aun 
teniendo en vista su dificilísima situación. 

¿Cómo es posible que todo un pueblo haya podi lo obe- 
decer ha«ta el último momento á tal hombre y sufrir im- 
pasiblemente y ba&t i con amor, llevando hasta el sacrificio 
sn heroísmo, tah bárbaras cruelda<le*? Este hechi es un 
enigma que presenta siempre la historia de lo* despotis- 
mos, sin que pueda hombre alguno, por mas ingenioso que 
sea, explicarlo. Nosotros no podemos tampoco hacerlo y 
solo narramos el hecho deque los paraguayos se sacrifi- 
caban pasivamente al servicio del tirano, quien á medida 
que iba conociendo esta circunstancia, supo sacar partido 
de ella, abusando ha remordimiento de esta condición de 
los paraguayos. 

" Hay que decir que López era apto para la invención de 
planos y proyectos y era diestro para realizarlos; pero to- 
dos f*acasaroH, á pesar dé sus buenas disposiciones. Nin- 
guna derrota le desanimaba; al contrario, parece que des- 
plegaba después ¿e cada desastre mayor actividad. Per* 
fectameote convencido de que nada podía oponerse á su 
voluntad, ningún medio era n alo para él con Tal de reali- 
zar su propósito. Los adversarios llamaban á este carác- 
t< r de López, obstinación y los amigos, con el mismo dere- 
cho, dirían que era firmeza de carácter. López conocía pro- 
fundamente á sus guaraníes y los gobernaba mejor que nin- 
gún gobierno libeta! de Sud-América, bata este tiempo 
lo ha hecho. La esencia de su carácter, el móvil que guiab 



— 460 — 

toda9 sus acciones era una ambición ilimitada al par que 
un marcado espíritu de venganza. De otras faltas serán indu- 
dablerrenle culpables la educación, el ejemplo, la nació- 
lidad. La vida de López ofrece uu cuadro de disolución, 
indigno de un gobernante de los tiempos modernos y puede 
dar materia para una novela política como la de Sebasto- 
pol, Nena Saihb, Villa Franca. No merece ninguna sim- 
patía; pero á pesar de esto, debe tenerse en cuenta para dis- 
culparle, el país, los habitantes, la9 costumbres, el clima, la 
práctica, es decir el medio en que actuó. Su fuerza de vo- 
luntad era verdaderamente admirable para rehacerse des- 
pués de las derrotas, con pocos compañero*, huyendo del 
campo de batalla en Ir 8 Lomas Valentinas, catorce dia* des- 
pués, ya tiene tres rail hombres y doce cañones. Enrola 
hasta niños de diez años de edad en el ejército; organiza 
batallones de mujeres para el trabajo de fortificaciones y 
para el tiasporte de los heridos. No paga sueldo, no le 
amilana la falta amenazante de los víveres y cae por fin, 
después de cuatro meses de persecución, poco antes de su 
fuga á Bolivia, por desgracia, en las manos de sus enemi- 
gos, quienes hubieran quedado embarazadísimos si se hu- 
biese rendido y tuviera todos los derechos de un prisio- 
nero. 

Sobre su fin dá las mejores noticias el relato siguiente 
por primera vez publicado en Europa: «la caballería 
brasilera mandada por el Coronel Joan Tavaies entrando 
en el campamento del Dictador le vio montado en un 
caballo moreno claro au manchas blancas en la cabeza, 
rodeado de oficiales á pié que estaban, i ai te armados 
de espadas y parte no tenían mas que lanzas. El primer 
choque produjo el desorden; pero I03 paraguayos se de- 
fendieron y los que no cayeron bajo la pisa!» de los ca- 
ballos resistieron muy bravamente, aislados. López mis- 
mo se defendió con su espada é hirió á un oficial brasile- 
ro en la cabeza, recibiendo enseguida del ordenanza del 
Coronel Tavaí es llamado Chico Liavo el primer golpe de 
lanza en el abdomen, justamente sobe el hueso púber 
que interesó los intestinos y que debía ser mortal aunque 
nó enseguida. Pero López, sin caer del caballo, le dio de 
espuelas y huyó, seguido de dos ó tres personas, á un bos- 
que espeso. En este momento salió de otro bosque adyacen- 
te el Sargento Mayor QiimS'i de Oliveiía con unos infan- 
tes; reconoció á López y gritó á su sargento: «Ese es Ló- 



— 461 — 

pez; tírele, mátale con un escopetazo.!— To Jos repitieron 
en el campamento: es «López», «López», y él cala vez 
que oía su nombre volvía atrás la cabeza como si quisie- 
ra conocer el número de sus enemigos. La expresión de 
su cara era del mas grande terror y golpeaba con su es- 
pada ambos lados de su caballo como si intentase defen- 
derse, j or detrás. El sargento largó siete tiros con su ca- 
rabina Sponccr; uno de lo* ginetes cayó de su caballo can 
el cráneo roto: era el Ministro Caminos —López fué otra 
vez herido, pero siguió huyendo con sus dos carapañeíos 
en dirección al bosque; antes de ha b3r alcanzado los ca- 
ballos llegaron á un terreno pantanoso y no pudieron se- 
guir adelante. En seguida López se echó del caballo, tiró 
su chaqueta al sue'o y desapareció ent e los árboles. 

De todos lados los soldados penetraron en el bosque por 
el cual corre el Aquidaba-nigui en un canal muy hondo 
Al mismo tiempo el S rgento mayor Qime&n, se adelantó 
hacia el General Cámara y le gritó: «López está en esto 
bosque y aunque el General dio una señal de duda, bajó 
también de 6u caballo v entró en el bosque. Los dos fu- 
gitivos ja habían pagado el agua baj i; el compañero ya es- 
taba en la otra costa dando la roano á López que se había 
caído en la orilla con la mitad del cuerpo en el agua, cuan* 
do el General Cámara con gente de guerra aparecía en la 
otra (frillagiitando: «ríndase marisca'— Yo soy el general 
imperial Cámara».— L'pez, se defendió con su espada con- 
tra los compañeros del general Cámara que no podían acer- 
carse y en un último esfuerzo salió completamente y c v yó 
en la orilla no pudiendo avanzar un paso má*. «Muer<v :mr 
mi patria > fueron sus últimas palabra 3 . Cámara gritó: 
«Desarmad á ese hombre»— y un soldado del 9* regimieu 
to de infantes se echó sobre él asiéndole del pescuez>, pe. 
ro encontió tanta i existencia que amboa.en la lucha caje- 
ron dos veces al agua; López cor la cabeza abajo apenas 
respiraba ya. En ese momento un soldado de caballería 
le dio el tiro mortal con una carabina cuya boca pus j 
sobre su pecho. López cayó completáronte: torrentes de 
sargre salieron por la boca y las narices: estaba muerto. Lis 
piernas quedaron en el agua mientra* que el cuerpo dos- 
cansaba en la orilla; estaba sin sombrero, tenía pantalones 
azules bordados de oro, fina camisa y botas alta*. 

En el bolsillo del reloj llevaba uno de oro que el Gene- 
ral Cámara envió mns tarde al Museo de Rio Janeiro. En 



— 462 -- 

la tapa posterior de ese reloj estaba grabado el escudo de 
la República Paraguaya: uíi gorro frigio en la punta de 
una lanza que se levanta junto á un león castellano y al 
Jado de este las palabras cPaz y Justicia». En los bolsillos 
del saco encontraron dos cigarreras y un anillo de marfil 
con la inscripción cvencer ó morirt y unos papeles que el 
{Joronel Tavares más tarde entregó al Mariscal de Camp* 8 ». 

Mientras López así terminaba su vida, fué alcanzada 
también la carreta en que Mraa. Linch con cuatro niños 
quena huir acompañada de unos oficiales paraguayos, en- 
tre los cuales, estaba «el joven hijo del Dictador, Pancho 
López, vestido de uniforme de Coronel. El Teniente Coro- 
nel Martíns perseguía á galope á los defensores de la 
carreta y tuvo que defenderse contra dos golpes de sable del 
joven cficial. Martíns le gritó: «ríndete». Y también la 
señora Linch gritó desde la carreta: tríndete, Panchito, 
ríndete»; pero él tiraba con la espada y el revólwer A Mar- 
tina, quien se enfureció al fin y con un fuerte golpe de 
sable echó del caballo al joven ofivial, quien cayó para no 
levantarse mas. (1) Entonces la señora Linch bajó de la ca- 
irela se echó sobre el cadáver de su hijo y ayudó á que se 
le pusiese en el asiento de la delantera de su vehículo-— 
lloiabaá gritos y entre sollozo?, exclamaba: <ph Panchito, 
mi Panchito!» 

El segundo hijo gritó: «no me mates, soy extranjeror yo 
soy hijo d^ una inglesa.» Los otros niños estaban llorando. 

La carreta fué custodiada por un piquete de sóida 'o \ 
brasileros. La Señora Linch iba muy lujosamente vestida 
de seda negra con bordados en blanco, peinada como pañi 
asistir auna fiesta, y llevabaenlos dedos muchas sortijas de 
valor. Su vestido quedó manchado con la sangre de su 
hijo. 

En una segunda carreta iban la madre y hermana del 
Dictador. Cuando las alcanzaron los brasileros, las encon- 
traron, orando de rodillas: daban gracias á Dios por sal- 
varlas del tirano. El guardián de esta caí reta tenía orden 
de matarlas si ee aproximaba el enemigo y no lo hizo por 
lo repentino de la sorpresa. ' La anciana y su hija conta- 
ron qi:e esta! an acusadas de haber querido dar muerte á 
López, enviáirlole en ocasión de una fiesta, frutas secas 

(1) Panchito López fue muerto por un soldado, de un balazo loquo atra- 
vesó el coiazón. (N. de la D.J 



— 463 -r 

envenenadas. Que una mujer á quien atormentaban para 
que hiciese confesiones, era la que habia hablado del tai 
envenenamiento. Cuando López supo la declaración de 
la mujer, reunió en consejo inmediatamente á Resquín, Del- 
gado, Falcón, Caballero, Padre Maíz y Aveiro,e3tanio to- 
dos contex'es, excepto el útirao, que aquella acusación en 
una impostura. López, dirijiéndose A los que habían ne- 
gado la culpabilidad de la madre, dijo: que Áveiro era el 
único que mostraba ser amigo de é). El mismo Aveiro fué 
encargado (Je instruir un sumario, quien en el curso del 
mismo, no escaseó los maltrato?, habiendo abofeteado y 
hasta golpeado con su espada á la anciana eeñora. Esta 
culpaba á la Linch por la conducta de su hijo. Nunca 
aprobó las relaciones de eu hijo con aquella mujer. 

Apenas fué conocida la muerte de López, cuando ya co- 
menzó el saqueo de los equipajes que había en el campa- 
mento: mujeres, oficiales paraguayos, soldados brasilera, 
peleabm por el rico botin: llevaron vestidos, víveres, di- 
nero, papeles, joya9 y todo esto en medió de una algazara 
de salvajes. Hicieron una hoguera en que quemaron mu- 
chos objetos. Entre tanto iban llegando algunos prisione- 
ros. Se creerían próximos á la muerte: Resquín temblaba 
y el Padre Maiz procuraba serenarse y to !os" culpaban á 
López como autor de propias y ajenas miserias. 

El cadáver de López fué colocado en un ataúd de ra- 
mas. Tenia cuatro heridas: tenía una pierna desnuda y to- 
dos admiraron la perfección de sus formas. 

Los soldados brasileros ño acababan de mirar al muerto, 
mientras las mujeres paraguayas bailaban a 1 rededor de él. 
El Teniente Coronel Paranhos prohibió estas demo,tracio. 
nes y ordenó que fuera enterrado con el cuerpo de su hijo 
Pancho, según los deseos de Mme. Linch. Esta había pe- 
dido permiso para cortar un bucle de sus cabellos y el sol- 
dado brasilero que se encargó de hacerlo, llevó¡tanta canti 
dad que repartió entre los compañeros, quienes conserva- 
ron como recuerdo de la guerra. 

Mme. Linch fué muy discreta con los brasieros: una mez- 
cla de arrogancia, y de fina cortesía, la hacía temible al 
par que encantadora. Varias veces expresó la satisfacción 
que le causaba el que López hubiese muerto como héroe y 
su hijo repetía: «Papá murió como debe morir el gefe de 
una República.» 
fe^La muerte de López fué el mejor desenlace que pudo te- 



— 464 — 

ner aquella lucha que (anta eangre derramó y tantos hoga- 
res enlutó. Si López se hubiese escapado, la salvación del 
Paraguay seria imposible. Su caida constituye un nuevo 
tiiunfo de los principios liberales sobre el despotismo. Y 
quien f abe si la muerte del Dictador Paraguayo, y el asesi- 
nato de ürquiza no sería el golpe mortal dado á los gau- 
chos que se han erigido en caudillos de la América del Sud. 
De todas maneras las relaciones internacionales y el esta* 
do social de los paise* que acaban deabandonarlasrrma", 
se mejorarán notablemente después de pasar por el purifi- 
cante crisol de tan tremenda lucha. 

Hemos procurado ser imparciales. Hemos buscado ate* 
nuaciones y disculpas en el juicio de los hombres y no de- 
seamos otra cosa sino que se haga la luz sobre estos suce- 
sos. Estaremos satisfechos de que la Historia de mañana co- 
rrija nuestros errores y complete el cuadro que hemos es- 
bozado, con nuevos datos. Tolo lo que se ha dicho hasta 
ahora sobre 'a guerra lleva el sello del criterio europeo y 
de un juicio | ersonalísimo de las cosas y no tiene sino un 
valor convencional. 

López fracasó en su magna empresa, apasar de sus enér- 
gicos esfuerzos. Quería humillar al Brasil, el tradicional 
enemigo, igua!ar el Paraguay al imperio y aplastarle un 
día. Sus profecí s no se han cumplido. El Paraguay exis- 
te todavía como República y el Brasil no ha perdido su po- 
derío, antes bien lo ha aumentado al par que los países del 
Piafa, abriendo á la navegación y al comercio el caudalo- 
so Rio de la Piala, el Amazonas y el San Francisco. 

La ambición desmedida y el despotismo han sido cruel- 
mente escarmentados en la inocente cabeza de los pueblos 
Que sea esta la última vez en que pueblos cristianos y ci- 
vilizados sufran este tremendo castigo. 

Nota— En la pag. 451, párrafo último, es de advertir, aporte de otras 
inexactitudes que oontinene este articulo, que la toma de Paisandú tuvo 
lugar el 27 de Agosto y el ultimátum ol SU, antea de que aqui se tuviera 
noticia de aquella (N. de la D.) 



- 465 — 

XIV 
Apreciación dkl «Thb Timbs» 

(Ette articulo como los siguientes relativos á Cerro-Cord, son igualmente de la Bi- 
blioteca del Sr. López) 

Londres. Abril 15 de 1870. 

Respecto de López nos inclinamos á creer que es uno de 
esos caracteres que por mas negro que fuese no es tanto 
como se le pinta. Su retrato ha sido hecho por los que ba- 
jo su poder sofrieron y que naturalmente no se encontra- 
ban inclinados á presentárnoslo en sus verdaderas faces. 
No cabe duda, que hizo correr sangre ?orao agua, pero esto 
solo con el fi i de establecer su ascendiente firmemente só- 
brelos suyos á fin de doblegarlos á sus propósitos; propó- 
sitos cuyos fines eran la gloria y conservaron del Ph- 
raguiy. A este culto estaba dispuesto á sacrificar todo, 
incluso la vida. Jugó el todo por el todo y lo perdió. El 
sacrificio fié aceptado, él en holocausto al Dios de las ba- 
tallas, y el Paraguay á las fuerzas inva?oras del Brasil. 

Es difícil prever el destino que le cabrá á estepas de- 
vastado. ¿Será absorvido por el Imperio del B asi:? ¿O 
forma á parte de la Confederación Argentina como pro- 
vincia? ¿O se convertirá en juguete de las hordas de indios 
salvajes? Solo el porvenir lo dirá. 

Respecto á López estamos convencidos de que nadie lia 
despertado igual devoción, apesar de las atrocidades co- 
metHa*, y para esto es necesario que poseyera grandes 
y raras dotes naturales, inmenso poder de mando y una 
férrea voluntad de hacerse lo que en verdad lo fué, es de- 
cir, el Dictador de los destinos de su país. 

XV 

El Paraguay 

(S ir acuse Daily Journal— Abril 23 de 1870— Estados Unidos ) 

Los últimos telegramas confirman la noticia de que Fran- 
cisco S. López fué inhumanamente asesinado por un lan- 



466 — 

cero biasiler\ Estas noticias nos llegan por conducto bra- 
silero, pfro como las diferentes versiones no se contradi- 
cen debemos darlas fé. Aceptándolas como verdaderas 
no podemos menos de considerar que el general CAma -a 
jefe de las fueizas brasileras ha echado un borrón de in- 
famia — que no podrá borrarse - sobre el bíaFÓn de Pedro II, 
con permitir que un valiente fuera muerto cuando pudo ha- 
bérsele hecho prisionero. 

El Emperador del Brasil debía saberque López, preferí 
ría la muerte, ájftfendjción. Cuando este le tiró el guan- 
te de desalío indicando la guerra en mil ochocientos sc- 
seniaj cinco bahía resuelto dedicar su vida á ia causa d«j 
su país. Después de pasar 5 años de luclusy privaciones 
aUoces ¿lubijerq.. sido menos que un hombre si se hubiera 
pendido. ■, J ,.... 

¿Es qréible que se hubiera entregado á sus implacables 
enemigo*? ¿Someterse á su contrario en pi esencia de sus 
tropas y de Jas valerosas mujeres que pocos momentos an 
tes le vivaban en 6u tienda y que habían compartido con 
$1 l(\s fatigas d^l campamento y los trabajos de las trin- 
cheras? . ., ; '< , 

iNp.!¿hq!, ,. , „. 

Don Ped.ro \\ sfabía qus el Presidente del Paraguaj te- 
ij£a otr^3 fibras y conociendo esto debia haber i»rp\rtido 
ónl.enes parq. que lo t matan vivo, pero era demasiado 
Cruel, para haber comprendido acto de tal magnanimidad; 
era mas ansioso de la ¿angre de sus enemigos que déla po- 
sesión de su pegona. 

.Lópfz vi\o,,aunque fuera encerrado en una prisión del 
denegó brasilero, el Emperador temía que con el tiempo 
el, amor , que ¿ps paraguayos tenían hacia su caido Presiden- 
trvtraeiíi iiiw ¿revolución al Gobierno Provisor