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REVISTA 



DE MADRID. 



^^<^^ss^^^ . ^*«s<^^<^« 



TtMt m. 



MADRID. 



IMPRENTA DE LA SOCIEDAD LITERARIA Y TIPOGRÁFICA, 

CALLE BB LA KANZANA , NÜM. 14. 



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ootiAN hace poco tiempo Io^^q6 toú donbcknféritos Mgái'és 
^bablabao <ki goKiehiok y leyes éfisisgüréii' que íio'¿aádi^^ tas' 
repéMcBs.sinoi puébfos viftdoátís, y que i^afrá ^M siii'áúñk 
' efael reptíblidatío éltóejor gobierno pbsiWe • dobtKná hátíidá 
Ae enteMer mal uha máxima de ñfontissq'uieú acerca del bspírí-^ 
tu que á Jas diversas claseá de gotóerrioá aüiriaía ; y qué equivo- 
caba hs Vitliides trfvicas boiíia« ordinariáá. 'Aun de gdbiertiósnó' 
rtipuWk&nos (si de tales úmcaméííte íiieíeceh él nombre áqtíé^ 
líos donde ¿o bafy rey)', pei-o én los duáléá e4 pódeí* j{>ópulát tié-' 
ne iriflaj6 y' peso visibles, y por láá Ifeyés reconocidos y á^égti^ 
íados , ha áido cosa corriente decir lo iiíiáfnbi y fektjüé eálé'ar- 
tícoto escrtbé haoido' mas ¿fe* uña veü á péfsoñká Sénií-fcytrüii- 
dás decir cotí tono doctoral y como por vik de feldiidá ¿éñsutó' 
dfe nriestora 'Constitución de 1812 ', quiB ¿ó érá nuestro pueblo bas- 
tante bueno párá unas leyes acomodada^ sólo á gente depuras 
costumbres. Sin duda aun en esle yerro hay algo de verdad; puek 
sieodo los gobiertiois llamados Ubfés de «ñas soltiíra qáe ¿iros 
para los in¿viduos particulares , claro está qué metios íriáí prcH' 
harán cuanto mejórés^sean quienes viven haciendo u^ó cotí' en-' 
saaoche soficiénte'de sus facultades todas'. Pero iiingün gclbiél'tío' 
supone virtud ¿ompletá*enlos( hombres; pues si entre élíos éxr^' 
tiése cabal- respeto á lo tü|^o y % niib , y dominio éiitei-ó sbbí^ 
sus ptóiotíes, tío tendrían necesidad 'de ser gobernados; ' ' ^' 
• Qué 16 Haínádó virtud por Moriíesquiéu quiere dedír el'ámor' 
álaf patria, ef cuati de la' perSona propia se Olvida, ó'ünicélnAéiitélá' 
considera coñio parte del gran todo del Estado V i que esté peh^' 
Sarniento doáiinafba y este afecto nióviá á íó!s répüblícaiio^'dé la 
antigüedad , es cosa sabida ; coiho' tísLi!nl)ieñ qué étítré' li^mtires" 
modéraos,' ú bien el paMotíámo ánt^uo* ViVe Cotí no ¿brtó^iníflu- 



í^ REVISTA DE MADRID. 

á SÍ mismo impera y gobierna con fuerza mas poderosa. 

Mucho habría que decir sobre las semejanzas y diferencias en- 
tre las virtudes patrióticas ó del hombre público, y las ordina- 
rias ó dígase del boioibre |>rívdda. >Mirabe9ialaj&4€«laró|Opuestas 
una á otra\ ó poco meiíos, cuando soltó isi expresión !'VUa petite 
morale tue la grande»; queriendasuponer que el rigor, los es- 
crúpulos, los melindres si á tanto llegan de los individuos pro- 
fundamente virtuosos , perjudican al desahogo y á la moral un 
tanto laxa con que los negocios de Estado deben tratarse. Mira- 
beau ^ra- vicip&o y degraa t^leato; y si Ciomo j)olítíGo í^sí^ m^ntSi 
cprrpfopido que coo^o partícula, tampoco fué up mo4elo de vir^^ 
tiK^^.pues hasta en venderse paró; y si ensiismá^ma&er^ ^qerta- 
do aunque conarrojo« y en $us intentos se encaminó al bien.au(i-. 
que por maja sepda» daba sin poderlo remediar maestras de si|. 
conciencia nada timorata, .aun predicando medi^naxnente .ssi*^ 
ñas doctrinas. Ciert^unente hay casos en que las ,ot^lig^ooes,del 
particular contradicen á las. del repúblico ; pero el hombre de^ 
bien Jo es en Mo , y si siéndolo peca de ignorancia basta Sf^rite 
gravedad y suma trascendencia si^i culpa, esto no acrectitade. 
faltar la honradez ep quien se ocupa en los negocios del Estada;, 
ú bien prueba que para js^obemar ó intervenir en la ci^usa públi^ 
qa con. propia gloria y provecho común, el liombre ha n^ncísteri. 
sobre las prendas de recto é íntegro ,. estar dptado de ^gq^p ó; 
claro entendimiento, y haber llegado á adquirir nqa dosis de in£r 
truQcíon razonable. , ., , 

. Ü|B las cfDtstuqabres políticas^ para que estas se^iii^ buenas, ban 
de formar parte las virtudes particulares , lo gual es n^esario ^, 
Ip^ hombres bajo todas las clases de gobierno hasta ahora cono?: 
cidds. Pero la parte no es el todo , y así las cualidades del bomr 
brepplítico, sí ha de desempeñar con gloria, su papel , han de^ 
ser mas en número que las de quien vive en su retiro, ú ocupa-; 
do únicamente en jbI gobierno de sm familk y hacienda. Ci^rl^ 
encpg;imiento que en este último si es falta Ip es leyei y sino pa- 
rece del todo bien tampoco le afea en alto gr9do, en aquel se- 
ría un, impedimento á que cumpliese bien y cabalmente qpp su, 
obligación « y una sombra que,, aun Quando no m^base.» empa,- 
Jaría el cristal terso de su fama. > ', 

Pei*o cuando se habla de política la yosp fo»hi^bre;íf^ tiene. 



DB NU£STaA9.C0SIUIIB«E^ ffOtfnCAS. 6 

U9d. .aof^ion h^rto mas lata que cuando se :trata •meramenl^ de 
uegocios. privados, enieadiéíidose f>or<sústualbneB no soto aque* 
Uo que á. la inoral taca *, sino en gran; laaaera lo que: correapon** 
de al inpdoide/nsar .det entendimiento. En suma, pueblo de bue^ 
ñas costumbres políticas quiere decir uno que. müd^ lio solo 
Qg«i probidad. ,9ÍnQ con, tino, los megocios que caen bajo su juHs* 

diCCfOI^V-. . .r h. •■.•;•-' • ' ^ ..•..•. • i '■ ' i: I •' •!' 

< .Si l^ien^f^ (^l$p qyeen los eatf^s, donde oo hay, lo; que se 
llanca si$te^ r^prese;ltati,YO , 9ea $iwpre,el:g«riHeroo|ibísoIuto; 
si j bien ,^. ^ie^tp qu0 hay i i<x»jvHitiiciane3 .en mucho» puebtesi r^ : 
gidos por» gQl)iQrooQ qg^ no llevan ' el joombre de coinatithciona-' • 
les , y si bien aun en estos, con el prí^jo^fÁo del^bOúor'pérscH 
nal. que , á {o^ b<>fnbre$: ] r^ue Y« « . amda . meacbdo olto de< virtud 
p^frí^tka V Ii9|ddy(a. no ^^eíQe d(^> verd;idtliaidoctrinf> qne enbéiai' 
qfiQ to^ .84bdHf>s de/ U9A .mw puruvnecesitait poco de Jo 

UaA^a^P 'C0|i)| ¡^opiftd^d* coa^i^bresk políticas. No* asi en lo» «ata- > 
dos don^Q aun babif^o rey, ^ti miicha.partedeilaidii«íocion<; 
del g9bjerj^0:ea manoS;de,los g(ri)epoadQs.. i mi > s i 
Lf9,qi]|e ipQtiye $M^)i:manena.<^Q'.laa cQ0tumbre9.politÍ6iisvy no > 
qie;to.p^ramejocarlaai ^ lOiqueitíeaereliiiQmbre é^ffv&lueicn. 
Cufandf)uj[|a4^ ^(a^ 1^ ^ verdadera, Umskk elxaráettír de gueivr. 
i;a ci;pda y.al ím j^eneorosa ,. y Jos hombiíes contraen hébitoS'de 
odio y ferocidad^ indispensables en quienes .paüaiguelrrear con fé.' 
y.;bnos,,haii mfM^este^ e^tar impefido^ y dominados; poriMisíoiies 
intensas y asimismo >v^mentes. Y. cuando las. mismas étnicas: 
van ya adelantadas y ¡próximas á su temunacion i U^^iodolesiiii.. 
periodo ,d^ c|^$e^gai)o¿.M d^dai^iy :predominior dpi inteinés^rcoatü 
searyaa las cq^^o^bres^un tanto de la ferocidad pasada ,..hija ya. 
mas.quie»d/B|J^,pa§|on f mrioaa . del rencor conen^ido en la U4, y;> 
con ell^ 4^ 9^1(^(|lp. que mijraameoaaado el propio proirechot y í^ 
yá á Vfíiveír ppr él á.tPdc^ lffiam)ce^: .i ..i . » ! 

. SaljQpdo; y^ d|? ^tásiigeiieiralidades, m^cesanaasta eqriMirgoti: 
al propósito q^e ep.estQs r^glemea se U^ya,^.«omo pdncipíoaié.^ 
los cual^esi h^p d^ ff)lipair^Jaa refle^^ione^^que aigan, foioD^eri.* 
n^itaff, Uf) ppcpi eii^jiuei^aa costumjMrfí^polftícs^en: loft redeai 
pasados y presentes períodos de nuestra historia; tarea. dfiíiabrtda l> 
ei^qup bad^ parecqris^l^rq quien qMÍ!Bni isier joa^>*,> y tanea impoai- 
biede desefip^nar. bi^n en ttf^v€|,^paf(^,¡ por Joeualibade-sar- / 
vjr, d^ dwwijWífl^ trí\tarlar.de pasoj jw ,encima la oona^epacioo' » • 



'i- 



éé qtesoltmdojttd^ ellaalgaims idéfti^ , ptiedcín éstas dat* nrfhr^ 
geDfá mas = detaniüasi ineáitaicioinés y á mas«iii^kiio$b^'a((isb6§ 
mícabeEas>mejorés<y iiMB'piHyridCas de instrace^ y^éñ afttia^ 
de:masifés quQ le-sotí óiestón^l eflténdnrifeMay iél áíiimcí'dét* 
aritor del-artíttilo presentei ' ' : ^ 

En 1^08 *Aní ímpetu de'patridtfetoo , pti&piof' paipai détóofctt^i? 
que aman bien á su patria los subditos de una monarquísf , t'h)^' 
cfrelgpWéraaiespGnblJ éti^'pteí)dlar ; pu^s^'plóptílat Ptté^'étt* gfíado 
sumo ^iqcKitadbmand<!(('á>uir rey, mi6ñti<áfs éi^ ^fóM't^ufiVbl' 
viff&'^iíúxm^íaiotí'úe^gTkn^ apÉM ¡''dé' 

estraópditiaríos ei^uidr^os<y*de«érribl€feni(tlMittíietit(^ dé<pá§^ 
nes-al'pieWoldeiEspíiíBaí'- 1 - ■ i' • '■■ '- • • - •■'• " ■' '•■ ^ ■**' 
) Dígasb eaántO'iseiqüiera^8CÉfre'erfin'qu)&^pmpüíiiah1óké^^^ 
pawDies eniaqoella guéifm'i'<^ que ni-et^a ^dendHo'if); veíaii tlíó^ 
dára^poesiaiiteTédr; váTias cosni^'oonlénttfi y se piíáseiiHafbsl pbi^ 
esoWago:yit:(Mrfus<Q,-lo'tíetit6'>ifiév'qo^^dü!fantfe ella el ¿ifebfA! 
pGsór>d«ii¿beidé¿er{át|[iafidat^i yde nbbuidftí^é ¿e'la cktí^'pú^ 
blica á ocuparse en eHa' 'doii celo aírdíeiitev coft'stóatóVíVági 
con mú^dó • mprtal v y • con^ ntiM qm ca^ no* aflofáb^ ttn püiñd. 

.. Nació 'pueb 4a< i costumbre de^'deséár noñííbi^ d> at[úé)IÓií'á^ 
qmenes se habí» dé oliediécer , dé* descotifiar det que' mándáb^,^ 
de)apur.aír'él motivo de laíidesc6nfíanzá ejefciéftdd^fgilándá elSf 
Idri acto»igui)«malivos. • • 

Al mÍ3n!i<^tieinpo>erá aquél período de 1é\ j^é^sH^gráhd 
deHunjformidadienelíde&óoi lo cuál -parece » qué 'contradtóé' lo 
ameB''afiiti«9»dN)l sobre «deDéai*^ á uft> trenipó cobas varias; V^o" 
muy avenribles; ¡iero senotáliii qué no hay «cóBtradíecibií', ^i ise 
medita que esas mii^obas to^dá dSstiiitas , déscbbfbhtie^ ; apétedt^' 
das eni uAo: se créian no sol<^ cótieiBáblésl', síiió háká 'coMáiliá^ 
da(;»,r'yifonn«!ftdi»<utt<)tddo',' aitqvwtoDaipléjdV'pei^tol 'Sfe péíííiá^'á' 
la sazón la mira en rescatar la patHa>'áel ydgfó'dé'lnk )pé'i*fldof\ Ü 
la par^^fie viólente inYasorr étt túütttt ju^ri Vetíj^afnia J -ó ' df^se 
satiáüM^ion^'ttft'^ravió' y^afr^fnrtá t»ecbds ^'Gspttfiaréñ re^^ 
tartal^ caúAvo>«aonat^a, y en 'ibitai^le enl^ eMtronó 't^raqtref ^6^ 
beniase bién^ sin «entifegar^iá pH>m€lós,'>siti'dés{fet{^^ isib' 

Hadia >ed éstejnHDt^ósitOi éitItorMid;: «^^^ 
y «í sé'usábaidelpedép con'iemp^M y con )iáii¥a:^L^^itná''éá'^ 
qae><ac«riipalió á<edtád<wMs la'>crüelda4;'ácbstiimWáñdb^é! él^ 



.\ 



l)^^Üo4,^4§r^^ac,i%t??ngre4el 1^^ otfas^^partesi qué! 

en CilcaB¡^)q. 4e(i^tí|lla,;^, j,;: ^r .|<.| ^r-' í.- qi/i'í!'*'' 'i-^' Y -iíIí. • 

los bandos llamados liberaloS'>^rMÍ| «^ni^rQ^ji^Ktmr ibüilfo/ det 
Q^o,pptfs,i,iWpj( pti;o§|^a}ftíi#ÍQí^vQí¿í0P2an^ 

lHf;J9a^ p<^f:f;^;^i)^ilQ^,go^íi^f]|«iP^^ 

difif^ta?^ ipi^ lf!f m^Mf ff)iw<wnfá?s(.,qtte| en^B^pmdiMMn él) 

q^^^^j^ifi^^^ (ief?Qi^|iaM#íidQ)mtr»)k)fti^^ 

U persecución .;a(fm«<'919^iQil9|PQrÍo^jseiwa!q^ 
l)j^)^ ¿ .)l9S;:Gff9stígi(riQR9lmi m481iii<Miflrn|ó(jal3^ en 

s^ ;Ci;Mél i|i;of^sf4 /n^iQplQ'iW^'^tes^l^i^ MtoiMld)é>l%fmiabNNNf 
c#9|. AH^ósl^l fgQl^mia!^ j0B«^qdel^4Mili0aíte popolafeii cobiM 

^^ Jj^4^1i;^h^«ttdp d^oomdp |M)9ó dwVeiioodor,(Jldn€hBl oopsetí 
<]^l^l^)i^o^X9. J^f^.e» i|Q«:;iioai0Qt;pi»o)aniaAi<)l(^iGQii6titii^ 

la difere|^^,d^(p§ii^«Sii)0tfi^^ 

WfiP <)B«.fi»Bj^RW»í^ ? ,i?í<ip»^f^lWro^')Míd»5ífflMldadoWiMtedo: 

la^4^F^taft sigillerou^ieodo mpi^l .éDembtAdi áie^da^bora iniMi^ 

..^^$ji}(^ae,,}^^aM^ ftndigft} hiiftfariei40f J M i l i M^ idatfiíis 
s9q^(í^i^,«9f{r^^^¡jrpo^ il90rlir#a94 :lf ué:|^fm)CMtiiiihto)llÍevmr> 
9U|;^cq$ias.^if4mt«)){^iriJ^ ¿IMihíriatéii» 

cf^ I^Afiltw I#lífí^A^)iQc^O»^v 4e)idítMm90giiienMfe Hürai 
*ÍW9¡¥**nf» BMpll» A<Mi^ leihqQwliíbidop.^iidWDipítedjiíotem 

balanza. .oocmii-iai ii')ii-*¿i¿ Bííy *^[sd ¿on 

cabezas. Se disciplinaron, aunque mal, un tanto los partidos: se 



8 REVISTA DE MADRID. 

imbuyó en los ániíÜiálá' \áéd de qde'én lá'^causá'piSblica todos 
lieneft íiiterés' y deben tener empeño. Vteif táfaá' éhn éfelák ; "peto^- 
cortas y tan contrapesadas por los inconvetiiétitéá á cfffás' áhé-' 
josv^yá^ta saz<>n TDay ^éi^}oiies;qae déíl tftío'áácaVón lat liao- 
ral y políticaJmas'dáñó que pi'riVécbo; "'- "' • • ' • '' '^' ' ^ ' 

'k\ misÉM) tiém^;^ equivocó !aíútto1é del gobiériib ¿tiié "áé* 
trataba üe* establecer; tomando fel estado iDíqníeto iiue íéñíaú- las^ 
cesas tlvrdMe la téit6tivá -dé planté^Hé pórlá'situácfeh en 'que' 
drtíérían quedar owíi' ^ktkY'e^U^mi' Nkdá' ^ •p'éhsÓ' ácéítá' 
del niodoide voliw poti-ePi¿ítei*' déiá ifidií§trfá' f\ie\ cotóeríl 
oib ;"pór él fomentty^ las^<¿iei<i¿iá£r y anés, 't^He^léhdb'i^tré'f^^^ 
taba< ídqr derechos pdMdos i'encanimiaK^á y^iehéé antes^'^stáb^ü^ 
ddAfo iobvé qaibiM^ <d<n]p!^n 4)iiesü(» 'iUpérioreb éb; '- Ta 'i^ié^' 
dádv>r enfl^qcwttér y deslttsttiisn^^ 

considerar á España en el caso en que e^táüáh t^thi§-fi^d5tiéÉ;';? 
c«)KMÍrgobiatioá^erandd)ostlp(AKdd^bs Mbí^.'' ' ' ! '' * 
«r ' LA^on4á:d^<iGbbter¿o^¿otístifttCiondl''látí f 
partémasricreeidtHM fiuébla éspiAol ife iitmftatf de'tfh' Vi^-^^^ 
go:i para laimb&^efílétídiáaiyiiiCiMe ui^ Hes^^iltüm'qu^ poi'stít* 
tnáda ' por íiKfQp ^de'exlrailoi'i' trola 'el ^arábtér'de' añréntos^.' 
Erg(dMéKno<«xsiM.cuai}d»imas=se^iaÓ86^ r^ 
á su parcialidad sin sujetarla con t\ itetio 'dé Itt di^i^'Nhá- tñi^' 
Htaff; tebiéndóla^ anDada^laiexcité J Mtttó doMf^* siís'^iiefiftii^os 
eeñiJoD0s;:leirdi6' poder uí", .que* hubo'á Areées de^e^i" j^réciáá^ 
d» á^obedederfa en ^vezde^mandarlia 6'dlrr%iH¿. Cttaf ei^to'tldba'' 
pábutoiat fisegiy'de )) iDtoilerán[cía' en loisiv^needhM^eá etitónties' 
mistbo^en Ics'v^ncUoS' fiara om' futura* éf^ ' '' '^ 

' Guaddo^'ení 1^68' empezó 'ki'Ctida del gt^bierrid llflihádó/áb-' 
soluto 7>ia TeBuriieetíbn del apellidados coálstltüdidúat/lá'gÜeN' 
ra civil coincidió con el nuevo nacimiento y progre^ dét í(e^'^ 
giiflvlOL >Si|l;Meeal p^^ 

CQDpíedái lillas <»6n|a$<'j[iero la^iséríeolrdSarno ife^óáientráf ' 
eoilésiánnam ni Im entrador UMarríajOc^ii^ <$stó ésé^^^ 
teiée smítamigOB^poüícicds y fiél'á 1« bátodeira'^ deiíiéndei ú6* 
oetdtará stoembargo qué'én> su sentir é»tá fia'Hidó Iracé V<^^ 
hrirrovoBftm^nteiinanbhkda con sangre, nb isíirdeáhdnrá'dé qcAs-^ 
nes bajo ella siguen militando. **' ai-.iif 

- IfieMiM^^talgéeira 'segoia; M^abrióla'i^ ^^^óKtttá^en 
1«B Corte» r^n Ids peHódk^osv trUojHildosb ^teM di)résui^dAlii't'' 



coD calor los combatientes. Pare(;ia al prÍ!i(3pio:que,jips.O-„,__ 
t>i'es 'liábiaó mejorado. Ve(ase ^f^r tnas, ilustf^doD. reinar 
mejores doctrinas, sabei-se mas,, aun, que era supei;ficiat e]:Saͻr,;, 
obrarse' con superior acuerdo. Pero pront9 se mudó ,1a fas de. 
las bósas: ii la ferocidad de la fierra con, los epen^igos armados^ 
siguió fúr!á y rehcor eii la Ud polUic^^.y^ á este acompi^Oüsnuí 
otros males. . . , : v 

ta'iri'e^igiÓD Iiabia cu: nosotrf^s.. Nad^ coii^tei^'^ 

cáWméñte la falta de Ja r ) aun el daüo de^u faUa,, 

^ mayor que puede caer gs.l)um9^o,.s9,.n)itiga,,rS| 

iji^n'pocííi', donde viene á 3|,pu^to ^capt«itpa.fiJ(^i 

sr>irfa"i1'ustrádá y dulce', qi dco ,que,tie;tte d(;,t)(>(qa.^lj 

poder (fivirio^'áí cual ha (j io]rpIf?P|brfivfi. Peroí«m(i 

vítib iina'iíbérta'd bestial , ni^pgpia;; ,. ^,^o^j.^p.\:^, 

los ániípos emancipados, de UQ,sa)udat|le yugi>^ ,. ,. , , ,,.,i 
'" X' la ci|idá de los' nombres superiores por^^ gerargifiaj sim 
giii6 lá'de los extiinados jniejóres poi^ sy ta)epto A ins^<;<üpn. 
ET'perlddo de' la dominación de l(>s neos , biffi^ó íU9lOi, w ha 
llégbdo para nosotros, donde la propiedad, y ¡el ^gQtyenDO hacei 
mucho qué yivén separados. Asi faltó toda sj^perip^dad. natural,,! 
Hasta & \i dé 1^ edad se ha dado un golpe i^tjnii^aiiieqte , fl^lpr; 
rando'^ué de los mozos debe ser el mandp, y;CondeD^pdD á.|ps. 
viejos á muerte civil, ni mas ^i ^enós como sueletf, privar á|1os 
ancianófí iiiservibles , donde la fuerz^, moral sQ]aqienta:ea.estí7- 
máda' y'domí^a i algunos pueblos s^lyag^., , . ...■ . 

De ahí se ha seguido introdu<;Írse unas ideas y. JitlácUca las 
maá repugnantes a lo que la fndolé de.,lp^ gobjemos l^a^a^PQ 
constitucionales exige. Estos viven de,|a asof:Ía<^p^. y,q}ii^ldi- 
cé ásóciaclon'díce dependencia ^e ^nps,.pues,ciierpo^;S>P'P3n, 
bezií, tii én Vnióral viven,' y' en los cg«rpps. artifi^^^^.cQoío, 
en los naturales no toáoslos miembros sop de igu^l yaÍ¡oi;,,pi j^ 
loS biismós ñne^ puedei) servir. igualmente. , ,. , ,, .-, . ,,i ¡. 
El empeñó que sé llegó á tomar en la causa pública, Sie ^, 
trucado 'en müchofe'én ijésvio, porque de élseí ha ttecIjQ.inali: 
u'Só yabuso,' porque lian ll^do, atendiéndose ,á la pollticq^ á,¡ 
desatenderá con extremo otros puntos. concernieptesá. |f,fe- 
lícídadáé íós'^oBernaios.' , , '. , ' ., . .| , ,,"., ,, j . :. . ■,.. 
' 'tói caído lÜñ casi eñteraDnente'f Mi^hí)^.€qndpn^¡,|? (íIí^,- 
dé gobierno '^ue existe i.'qiiiéo^ por 'malo ái, si,: ^quiep^.Píir,, 
8bgdiid4*'bpocá;— Toifli m^ ' 2 



« ^. í I y/ ir . J.' 



18 "' MÉViItÁ' de'íIVdL 

stMMle ió' sRleéttáab i riüé^tró' pliebI6Í;^menes ni'Jujf>'|)^!! 
W'^^'PSto M pt>t' úiñi áiíoáiw&ao á'fás circunstancias presentes^' 
éñ-fáS ckteliés'llé^ii á i^i^aMé im'p'ósiKie. Los que le áefíeocípji' 
d'ib'Tláicéh ttori fibiézá', 6' cbñ'ai-dof^rqiié iiiúestl^ap 'querer, p^ 
n#éñ'$b lU^, déjáhdtílé^üii^^ibSstír por Ui^go tiempo, el dé^ 
dífi«é» «WtHb dfe laS i<evóílicione¿ ''" ' i ' ' " 

Si )a ferocidad aun existe, ha faltado lo que la jiastifioária, 
á^á!p]tís?lifib&Aa |ttAÍÍfeé^', y ek el'fapatis^'o d^ '^mpnjs'h 
céAtó jtfetltiá'cotitrá slis ené'míéos, coirib cosa de copyeiijenpa 
á'Xifíí cáBsá'^ sattfS!- Eí* déscfó del propio provecíii) asoma; en e^ 
rdá'^o' dttrtéS&á&myhléí'éricetídido. ele qüiení jiparece j^rr^l^^ 
liástá' Wfuífei iptíí'^ él' délo dfe su secta, viólase sino poca píij^j^^. 
W'BítpóSlüioií d'éf'ridtlátóHk; y que la supuesta faíta'es t'riatadl? 
cótí'5hdti!¿eMantí'cdrilal' ' ' ' '/ ' ' \, 

Reasumamos pues los vicios que en tr^ nosotros, mirados. co- 
ro^ hWttBM jíiMicd!? én'¿étiéHaí ahora r^inan^ áon .los^^^^^ 
esca^áV íéstifeCó í riátíal dfésáilíéhíóVcoáííucta. o 'deseos iñtéresadosM 
' Pdedie flües anrhiarse que no están nuestras costumbres ppi, 
Iftléá^ ' tSléS ' qóe'icle eStas 'pbcfábós envaíiécérnos , ni prpmetei;- 
mte'gtettdéjs véfttisíjás/y| qbe's¡¿uieiido' corno estan.^ cpaiquW. 
gdbié^íiopirbKáM'ítól pbfa nosotros i y no saldrá bien el queíe-', 
rieiliós coii el ' nbnihíre del réí)íesentátivo. 

Peny ért hiédió' denlos males liá^ bWnes ; y ep las siítuacion^s 
dé-ntej déáffidHS^y ajitiro'ViS debe faltar la esperanza^ h pualj,pu-j 
sieron los antiguos coníó ültiíha cónsóíaciqn atlá' al cabo d^,las 
máVorfeá'^é^éntüfáá, y cuya cadencia constituye el mas ejítre-, 

mMó'WcÁfroi- éh ér inñehi'ó. ' .. v ' mih" .1 in.: i^^^ 

" HáJ*'dlfáreñfcía"suiiia éhtiré un extravio ¡íél bupn *ciamino,(|u^,^ 
nrfes'cóiáj;)íet6', y el tetródé'so veráaiáero con casi imi)p^biiíj}^jd[j 
ó'córi'dilfcúítad iírátítfísítóa' de'volvfe'r á axidár 16 antes adéláa-^ 
tádbW perdido. Y aun puede decirse mas , y es que en el extra-, 
vio mismo no ha dejado de adelantarse, a piodo de cuando sa ha 



etHádb pfcli^ un canilbó 'y pb'r él se vá maly ájperderse^ pé^ 
dtoé*lé¿''tlo§jl)!8'vb1vét- á*1á niéjor sénáá/^ j^^^^^ c^si ^ejan-j 
tér dirriarilgfe e!h qu¿ "M' extraviarse se ía ha'abanaohadó.. - ^ 
lltta tosa es indudable , y és que en España se sabe n^as (^ 




ÜE NÜESfiTA!^' CÓSIMiMÉÍ 'l^LÍTICAS. 11 

M geíiáraeioriqúehoy dia está'én'su ihdóbdkdVtífeíiériiuchó 
dé estudiosa' * fe par c(áe' rio píoco db áhrógaAté , y con la¡ edad 
y !a eicperíéritía perder* riaátañfe de eiáté défeíétó, y áhlA'entáVá 
á tó- páir slisf baénaá ciíáBdádesí. " ^ ' " ' \\ 

' Lbs desengaños, áháñacábMb ¿óri la ígverd^^ támbieií 
HSaíl dflfdor un ^olpe ftierté cuando' lió mortá! á mas'^úe uh dog- 
TÁVéBfiW^. Sé' hd'tífeéyértátfb él défeéio dé yj6rás| rfektés'^ 
vgrdkdérafe/'d^ Ite que deshonradas por álgúhds coii el título de 
«tóléríalés / sé veri , 'sé palpári ,' se'sléntefñ' por suá efectóá! Por- 
tftié^ (y ' perd&Kié^ la dígi^sióW) 'eá ttfelk tMnn' de los' ámbibipsó^ 
qti¿ líttda^tietteft' sino' üri^tálehtb tóai 6 ttiénbs* agMd*, Y'á Áu-, 
cfio as^fáñf; fiáblát- dóíi dtspfecio dé tódó ¿uatííc¡'i()óne á|ütíií 
pátté del puéblb ett'mejóf cotiafciótil qué la etí qúéáníés éfetábí' 
cáíifitíSnaolld'dé'grbsero ydéfeti^tiéflír'de'p!^ 
üJkHex'iíSb^: Mi^^dótiltinéá-sbn e^s prédiéaaótíéfy Prahcia que 
en Inglaterra, porque en el pueblo Inglés no son bíien repii)idás« 
¿réjiftídbsé' álH qiie' cdh^áutóéntar lafe coHvehiéñciá'á clií^poráles, 
áK'fiáiité* un^atí set^Viéíó í loi^ pobres; y qüé háálala IhníMezá f, 
el 'aáéó'saícatídó'á láé críátcrras dé la'dégradácíori les'sbn líioral- 
nrehle* prbvechosíás'; 'qiíé cuantó aumenta él büeÜÍ)aW, y facl^ 
Htf él trÁlo' entíé' las ^ñtés'¿s'utf beneficio sócíát; y qué*)[tólr 
cdfidigüietite' tíáy coitaí aanlqtré sí algtina diféfencia'entré los ióí- 
téWSéíl'nlsíteriklés y los itaórálés, sí to' mírica at prótíióvéree 
na pHméróá há' dé dejáis' dé ateíiderisé' á'lós segundos , cosk qué* 
itíéíitíííqaé ótfó ptieblo^éfuñb aprobairía aqiiei; religioso ptirei* 
céléíieiiai. ' ••.••-••''• 

Jpdr^ahf sé'ériláiá^ e^lá qáe pai^écé; y aiiñ eS di¿i^sí(ibV con 
el asunto de este escrito.' A que séáti büehais las cdstnihbrés'po-' 
Mlttó'y hasta Ws prf*ádaS cobtí*uVe'fel' qtiié' vueíVán'tós hom- 
breé póír-erm pflbUcoí'milíeriál; y dotidé así pSáá baf rnétíos* 
ánibi^6(ós, tnéüloiá' de^tíiirnéír, tnenós' exceso^. Gréiiéa en £spañá' 
aljgb la ríqbézAT fóáériteSé con *la1i6fertád' y =!a lliiátrticíoíi lá fe-' 
dérátHá»?' pí¿«pef é nleilianahieilté el cotnefció ', V'éh'Véi'dfe coff-' 
tiñdtí«é^rádtíttínals p6Htí(^s, mfetd^ pfetéit'óá jfíiara'tóai^'la^ 
sofiiis^étítíbá^dosta del público, sé'cónténderá'])óí^^ 
leí V vferdádértísv ptitólá' bondad 'da'gofiietntíVépi^étiÜUW' 
nfóifi^üér eñ^'btiia- cosa concite éfÁÍ qüb pof"61 téng'áá' iriiedlb dé' 
vólvW'ptt-sí'todosItíiílitéréSésJ * ' ' ' ' '' ' ' 

' Esck!ffii<esf')a'de^'dá(d aé'qülé'^éstaímb^ik(^zánab"hac¿'aí^'' 



nqs dí^s; perq a) fin 4^ al^na^ gpz^, y.sí bien bay tefnpres 
4e qu^ ^ese , no deja .de babí^r motivo á esper^^as de .que se 
fQanteiigja. Hay deseo de sosiego, y bs^se.ba. notado últipiaT 
mente algo- que vale mas, y mejores cosas, y^^inaí y es haberse 
yisty en varias reso\\KÍf}f\ de Qomprar la paz. y^m^era con tra- 
bajas pre^ntes.j no . coutentán^pse cg». jgqiBipir y temb^r ppjp 
desórdenes pasados ó futamos,, s^p \im^io esfu^pe parai ,vePa 
¿^r los existentes, jé imp^ir^ 103 qiie. amepj^z^t Qjn que;elde7 
S(Q¡rden ces€| , y, se .cantiga, d^r un tanto deirmez^^al^bíenía, 
qn tai}t(Cj ,de i?egjMi;idi^d á .quienes sírvewjk^s eiopi^p$, un^taij^ 
dpdescqnfianza, á quienes ipíepten logr^rlps. pof. as^ütq , a^ bítp 
^rá*h¿ch^^ f2(vpr de l^s bíiep^s .co^lflphres,^ y si.Pft 

^W?^ i #án fflepps, la? apostasí^s, \^ ,ds^(d9n8S^.lop,6irprp^ 
hipócritas, ^i.onapqi^cos o jdejflíKxíí^ deijóir-. 

den, que.spn la|¡la|;a y desdicha ,de.ñues]Lrí|jppbriei;iacÍoo,My^ 
hah estado Riendo por largos dias. - : ... ., . . \. : , .", 
^ ,1^0 hab)amo,s d^. up siglo, de.pro.,, injfginadq fin.lp.pp?a4o^iy. 
rpmpU) , y de, qu^j np d^n ra^^n los ppn^^ijpppraneps , .pprqu© eu 
k]|? jiopibres es costumbre en ye¿, dp alabar desacreditarla! tiem-, 
ppíjPjre^iente. Eíj tpji9$ tiempo^ y.pueWos.^istajií mucbojascosn 
t|jipb.re$, política y pf¡iva^^i^^íJeJa,perfecQÍon 4 que el bpi^bífl 
en^lo ilustrado, de su razpn y en Iposadpde suimaglnacioas^s*. 
pira. Pe^o b^^te ip^pr^ríbíiste acei:car^.á la;,si^ua(;ipn de.ppen 
blbs menos^ cieisjjicbaclps: que Jq es el auesfro ab^a; ba^te^ yai 
que corrupción ,no|. feUe ,, tenerJ^a w. paenos gr^dp y de u^^o^ 
perniciosa clase: baste que aun en el vicio haya mas fle^rp:» 
^p^e qp^ §Uap; inflas aftes ^no sepujBdea.dg^terfar^ ijp^^os 
no jvjiy^ 41í| p^rcpp..)ajartenajá .. ;. . .{ , ,; . •., 

,jjl^p ,qjue,.algo,popsu^Ía jí- .^uiep se para,,?i4neditar: nuestro.; 
estado. pjf^sen te, es lo.q^e,ya ^ haj.apuntaclo iaptes soíwrp jdo«t¡ 
Ho^ersfl ;ya^ í^opip no. se cppo<;ía lo.qpa ^á.^í^.jcpstupwb^^: 
póyt^ca? si.flo^bifeflas^ medíajias. Bien es yftI;4*<j^ qi>e npb^^ía.sah. 
ber,,sit n^ acompaña )a buena voluntad, al ic)ai;p cqnociii^en^wt 
Pef (j^ (Je .^|a , ignorancia pada pijpde . esperarse , . siendo. ,d^ e^ta ,^\ , 
inp^r p^Jipr^ que ^ .pej^y^r^^ la.qpnpfje, y..s?ibe>»¿arJía;pi(h^ 
Djip^jari^a tepíiWe. . Hoy exislj^n.entreínppctfrp^ b^ptes ,qvie co-.i 
n/j^cáp.lp, ^ue.es jps^o.^ .|p¡.qve . iíH«^.Y,e.cJ)a , . Ip/qufi .s^ ha^., 
necesario, y aun vá pasando á ser,urgentev.y. ^^ ^^ff^^p^r.y í 
*^?8l^n^^M.fl^3í;iA^:We;,S8rí?s^rcw RW.^jar.los.iB^es.^ y 



DE NUESI^ÁS C¡i6sflMlíttó'MLÍtlGAS. l3 

p»r «fiierióis'Utoes de< buya tálid^d'^é^^ 
•'T^atfebMétó dé lá'eótadíictó qüfe ^ éóhvértieiítfe' ádéMójüAtó 

nuestro siglo, engendríicJórfei y Ju^fflcíadbrar dé' fés&téíiidfas'féWí 
césy ciliélei^'tepheéírtias; y ¿emi^á^de dé<íórdénesí qbétó^ 
ce8B0í¿cs(da''dtif»aS ttfniáS "fétOñá/^^ ^^^'"^ ''^'^''' ■''' i .""'N-*' 
' •Tl^ii«tó¿de^«l«é^lonéfe,"te'V¿rt!<kiU« Síí éHüs^rildiaiié-aári 
se 5el'»vóla'6d1aíneift¿'« ííeípdWeós'd^ 
debe^tfrl^ á*taiéítita*éfpos'áüil'^d0tád<)8 de taléntb-^y s'ákbr';''y'qüé 
en cada ochenta de cien casos debe darse á hilíhblrés'be'^éió^,' 
entetadiddá mas ^¿é'^tf fó i^iéndá) del j¡;(ii>iéltio^, étíiái dellalsí va- 
rias ocmtyaeiones'qa^ embeben él tiem)>d, 'cf¡éiyíUb^lá''füél*¿a d 
lá industria dfe las' dasite prodüctorai éniiri estado^. ' '^^ 

> TraláíMfose 'dé gobiéf tic , 3é «rterá qtienocohtieúeitiudarctñif 
frecuencia' de gobernadores, ñiaétHtár los 'filatoá fi lá átiiM^ 
cion; níponerat alcttncíede'lodos^toquevi si todos firétéÉrdeú, fia 
de traer elk^fKDV' condeüctüenciá' ndháber fit*meztt éhlóqéé'e^iéte.^ 

Tmtátidóse d«>lá^ cosas' eti q«é iMs^dé6éh' 'pértsar y afófíár^' 
se los'h^mbres; sé verá qtfe es ta^tíaism la'^fegisUdóir ptftfÜH 
ea que «tí la- civrt'ó'crittiitial; y étíJa éconóáiica vy* tttenos qitó 
en la legislación! en • los :fnedlos ide^^aci'eoeDftar 7"aB{iiiíisto)ó''dé 
distribuir bien la riquefisa< ^ ' ' ' • ' ' ' '» ' . ' • 1 

En suma, menos furores, ymas alebdón á cosas útiles sáftf 
de desear 7 > de esperar asímistfidi. ' ' ,. . . : 

' tjo cabezuda en que aun para niejbraírla^ dostutnbrespclí^ 
ticas, cofiTendría algo y^ aun ttmcho de'éüflye'iída'ett las' prita-<: 
das. Asombra el g>rado' de depravacién ft.qoe las úu^ráis hati^ 
llegado; Por deagrttciá este «s un* mal que • la' legislación no'tí^ 
caoza á <corr€^irv y'^aecoupredUraciofiesiiaiíiipocó seíogi^-des^ 
terrar <; pero como no hay otms medios de- comribcrtr (á eiktiéíí^ 
darlas^que las s^undas<en $^uiia patte, y^enmra toddVfaí maír 
corta la primera,' l^ten es menester con aquella y eBI^S'hacéf 
lo poco queseaiposlble para lograr siquiera muíanos eféctó6¿< 
La publicidad contriburye- rauehoáreinediar este 'grave daño J 
Vei^dad :e5 qu^ eb alguna» ocasiones la> libertad^ de dedr la ver^' 
dad. sirve de in8trliii|«ito á id caljomiiia , que por abi el bien dto^ 
importantes revelaciones y fundada!s« censaras ¡qéeda 'bo^ya^ 
compensadla 3inoideatí:uidocofr'el efecto de mentiras propagadas 



Ifprir^fipf,. ^ ^cíijy|^¡4f la (Hípcjei^áa^ A^iv^i»» tos.cK^sa&iiNiR 
ijai^^ jf^X**pJí^^i •oíi bij^es.ífoia Jog- mates,. - , .. . . .i. .1: > ^ 
. . Úp7«¡?í. qjíft e§ w^yitahle ch»cle }a fu§n» ^9 j^bligaíp? lacw» 
rupcion, y en balde sería quer^ ^^Urplir'^te vicio 4e)it}8c<>^ 
üfli^br^tjpiQjl^tif^ 4^ HP.pwblo 4e los flanmdQ^ übnw^ J^^ro la 
pi4)Uqc(ad,^isf9a qE^.<^ los \id9s fny^dos^, mve d^ 9¡&m tro^ 
DP^|icei qf^^ estjí.,yicip RolíMcQ, de que s/d. mb»A^. \^^,ím 

mei}ps. 4esQMftÍ9* • •• ■ • ••'^'- • • ■ • -■ - • 

. ijpp /^pfi^p}es , , fw^r t^aiai^Q^ l^s cp^tuodipres politicats. ga^o^ 
pi^ dp upp ínoi5i^rquía..^irttÍgua , .dppdp el j^eblo, /^i bíep oo;«Si 
taba sujeto ep .tp^p c^Q:4 )a ,^tprMla^^^üt>9íG^uta.« y sibiea:^^fH 
g^ rp(jij^4a y pcult<8UQi^eiM^ ^ íiaflajp Qalo3 gobfirjpdtwds^iit fin 
^e/im ¥ Q^i^aiHlab^. Dosp^s Aroca^Ki^» astai; i^ostuiobresipofi 
]fi¡f dieiu^rQ^oIiipioa^asus pciJ3pípio&; y abor^^ieasfimps Js^s.^^ 
ux^ xeyg^uAioq ep sif » fípe^,^ A p» i^stadP oucaío cawQai^os.^ y t^m 
él ^(fm^émc^ cQ^tuijQ^s m^\^f Paras d^l todo, no bay.que es- 
p^arlas:; p^rq pabe tiesura m dec<wi|cía eo la Qorrapwn^ f la 
cordura^ <9)f^zfi 4 Y^A^ lo. qi^e 00 puédala jiistipia.. ItanosiP»^ 
sa4o por mo 4^ l^ pecfodos p^on^ que tooaoen suertie ái los 
pueblos , y aun en él estamos todavía, pero oeit:a&os isü ¡ter* 
p4n2^pQ,,.^j8a eiita 1^ quaifaei^e. Alguna- ;veÍHa)a:heia0a de ha- 
ber recogido de la ilustrada experiencia;, y sí esta» easeaaodoá 
a^iA|iQ^, á iP^!cari y gíviíaii: :Qn>;^ iP«(cadO| ba (St^rvido de ^uíbl 
y li^^tfií.á lia QQrírapK^ion , tamb}^o sirve de ensefiar á Jk)&demás 
lia calidad y.Qiodo de las culpas y la'ifidole.da lospecaf^^ 
d^e^ , PiPf j^30 ain lisQQjeariioa demasiado podemo» prometer^: 
n(9^i considerable eomoadaeo nuestras cos^mbres , mayor fx>-> 
lQfi(lfíia,mi^idoQÍUdad, menos aptitud; á servir á los inientos: 
d^. 4ittbi«ÍQ$o% i ma^* aiejñck^^ á.lo.^ue mejor la merece. : No llei- 
Ma §0to á promeler .locas venturas, pei^ tampoco á entregarse i 
upaciega desesperación:» poea mudaqzaslw de haber por 'ser- 
la ooDdijúoo humana [mudarse las' oosas; y ¿quién duda quiaQre^. 
ciendot la; ilustración y viéndose claro un tanto de paz en lo fi>v 
t$iro¡i ban de mejprarnuestiras cosUimbres'pQiítiaasi hoy ciér^^ 
tafiente nadf) recomendabl» ? : '■ " '■ 

AJíTONIO A&QJbLÁ.GiltÁNO. , 



l^íffffljpí á l«íite09»WaflíÍB*ÍIÍri 
l|l|S;pl)n<»;M>PHlaw baMiaii.«dih 

L medj4);,:«|f {Víq (¡nta^MiH; 

\ ■ftt'WÍfi#as.íW(WPttlle-4w»»lar 

'W;fWM4«]l« ilbqilHHM4)en«(i4A 

*fleí, f^^Iffii añl«AoH.gue<;pan»i«iií 



\ 





16 BEVI9TA DE MADRID* 

tados, y precipitándose otra sobre el declive, sobrepujaba todos los 
obstáculos extendiéndose casi en línea recta; se le habría podido com- 
parar á uno de esos caracteres decididos que proponiéndose un objeto 
en la vida dirijen todo su conato á conseguirlo. El riachuelo por el con- 
trario semejante áessM^Mtij^^éMtes4pM^ fácilmente á 
los sucesos, descr^nia éurbal oiedecíÁido éoA 4o(^ad, por decirlo así, 
á los menores caprichos del suelo que le servia de lecho. 

Según su aspecto , el joven que ^caminaba solo en medio de aquel 
pais pintoresco no ofrecia nada de notable en sus vestidos; un sombre- 
ro de paja de anchas alas, una blusa azul, y un pantalón de cutí com- 
ponian la parte principal de aqueUos. Nada mas natural que creerlo 
un aldeano de Alsacia que se dinjia á su pueblo á través de los 
rudos senderos de los Vosges ; pero una mirada mas atenta hubiera 
desvanecido al momento esta conjetura. Hay una manera particukf 
en cada uno paraí llevar sus ro^as^ que^no es ppsibleí (M)ul^,la, ^A- 
¿íónidé la )^ersí)Üií í' cuafquiera qiíe sea la cíase de a^eJlas con que 
qüiei*a* fli^fVa^krké.' Así''t>iiiéá', a' pesar dé, ia escesivV níó^esj^ia ^^ 1^ 
Biüsa «é 'tíiiésb^ WajéW)*,' "la 'Ausencia de algim, ííjero 'W^^^ 
tt^uíflill^^^iyláiiéá 'ó'éhiáhiládk' en eí cuetíó y las ipan^ás óbmo-accjs^ 
túíttbitó •ttsAHócbñ"6ifgliíIor Í6s petimetres ''de aldea , bastaba fái-á 
adíMiitltr ^ufeid' twjé^ de' "riuestiro 'desieohoc¡do'erá',un traje de, caj-;' 
pirlcho, y nd d (Jtífe sdtíári üsáií aquellos habitaiités. Tampoco se ha- 
bría*- necfesibdoISi ingeniosa persp¡¿acíp' de Zi^djg pajía conocer qué 
no habia nitt^iMáesiíede dé rélátíóñenti-e. la figura deí extranjero y 
las de los' moñtáfíteek Era éñ v^erdiid^la d^' aquel bastante expresiva] 
autüque ttd lilclfávy stt édlor tnóréno'^no parecía ser producido por los 
rayo^del* sol ; Mno mais bien que tó^ trabajos de úná vida sédeataria 
habíatt<«ftefatK)^tí éUtts; ;^ deitafnádü^bVe á úná tinta pálida y uni- 
forme': Eníh, SíieomoíiiíMáílugár áÍM)sp^hár^sté^ pensaba 
gi>iai^r'briiic<igñito,']á'bláñ¿ura dé la^ itiaiióá,''^ue parecía bértepej-j 
eéf á'tftiániujtir; lo habría déscubiéiíx> 'cóVn6| a 'Cohdofcét. £s'pueís 
etfd^ite<q«^ ¿1 búhiÁbré ife récela siei^pré'a 'j[>ésaír' de sli' tiraje ; y por'ex- 
trtriBü^ que pate2<^,' ^ é^ 'it± fa' oreja déí léóñ había' sóib^esalído poí; 
encima de-la piel "dé •ateóV^'^ • "'•'; ''; "';/''";'.'; " ."V!.*-^' 

' Las'tlfes'dcílftítáíi^de ^iei^án^aí erícelo Ibá'stante encapotado de»¿fe 
pdrianiañana !^eihál)ial'oscür¿¿iaó'áüü' mas después de algunos ins- 
tante, fottiafiídOitéÉi aspfecVo sombrío \^ espesas nubésjatravesaban rá-i 
pidamdnieiel'firmameÉtto de [Sud állifoirteVémpüjá^^ las unás'soln*e 
las icptrasipor unifieiitó de ttíáf agüero. Nuestro viajéis ^ que acababa 

de enMr énla'^ailte lirái» agbésfte'déf Válfó,^ parecía poco dispuesto a 

llegur 
afnenMkbk 



— 



GERFAUT. - 17 

muy duradero^ porque hallándose al cabo de algunos instantes á la en- 
trada de una plazoleta, donde el camino se dividía en dos tramos, de 
los euales el uno continuaba costeando las orillas del riachuelo , y el 
6tro, que era mas ancho y estaba mejor consitruido, se dirigía hacia la 
izquierda formando un barranco tortuoso. 

Cuái de los dos caminos debería tomar? Nuestro desconocido lo ig- 
noraba absolutamente. La proñinda soledad que reinaba en aquellos 
lugares le hacia temer que no hallaría á quien j[H*eguntar para que lo 
sacase de aquel embarazo, cuando hirieron sus oidos unos acentos 
agudos y vigorosos, que cuando sonaron mas cercs^y se hicieron mas 
perceptibles fué fácil conocer que entonaban el Salmo In.exUu Israel de 
jEqyplo; cuyas paláljras , articuladn^ por una hermosa voz de cabeza, 
hubiera pioporcionaHlo algunas crispaciones á mas de cuatro sopranos 
déla ópera. Su brillante timbre, aunque un poco velado, se prolonga* 
ba tanto en medio del silencio del valle , que ya había concluido unos 
cuantos versículos antes que se hubiera dejado ver el piadoso cantor. 
Al fin, á través de los árboles que guarnecían el camino de la izquier- 
da, apareció una piara de bueyes andando á pasos lentos, conducida 
por un muchacho de nueve á diez años, elcual interrumpía de rato en 
rato su melodía para reunir con su honda al ganado , cuyo movimiento 
ejecutaba con tai precisión , que se sentía- al verle que no ejercítase su 
recomendable vigilancia sobre personajes mas importantes. 

-o-Guál de estos dos caminos conduce áBergenheim? preguntó el 
viaj«;o juego cpue estuvienm bastante cerca el uno del otro. 

— Bérgenheim.^ repitió el mudiaeho dando á este nombre la acen- 
tuacioa enfática de que ilegalmente le había despojado una pronun- 
eiacion parisiense, y quitándose respetuosamente de la cabeza un gor- 
ro de algodón' listado como un arco iris, añadió algunas palabras en 
unpatuá galo-germánico completamente ininteligible. 

— Tu-no eres francés, replicó el extranjero algo disgustado. 
El pastorciüo levantó la cabeza con orgullo. 

' «-^ No ioy francés, no señor; soy alsacio. 
A estfixasgo patriótioo d0 oainfümiario , bastante común en la her- 
mosa provimiia del Rhin, se sonrió el joven vidjero, y conociendo que 
la pantomima era indispensable, señaló sucesivamente con el dedo los 
úú% caminos. 

«--Allí , ¿ altí, dónde está Bergenheim? dijo entonces. 
El mudiaeho á suv^z extendáó silenciosamente su Játigo hacia el 
lado del riachuelo , designando a alguna distancia de la otra orilla un 
pequeño bosque, detrás del cual se elevaban tijeras columnas de humo. 

. — Qué ^antres! murmuró el viajero; esto me incomoda., porque 
si ei castillo está al otro lado, cómo me he de componer para estable- 
eermi^mboficada? - . . 

SEGUNDA ÉPOCA.— TOMO III. 3 



18 REVISTA DE MADRID. 

El mudincho eomprendió el embarazo en que se hallaba su intcrkH 
cutor, y dirijiéndole una núrada llena de inteligencia^ trazó eon la 
punta del pié en 'medio del camino una raya, al través de la cual rodea 
su láti^ figurando el arco de un puente, y desfmes seaalo por «egun* 
da vez la parte alta del riachuelo. 

— Haces honor á tu pais, joven posten* , exclamó el des^onoetdOA; se 
eotioce en tí á un descendiente de las pieles rojas de Cooper. Y al doeúr 
estas palabras echó en el gorro dd muchacho una moneóla , y empezd 
á andar á grandes pasos con dirección al sitio que le hablan iudieadd. 

El habitante de Aiáacia permaneció durante algún tiempo íniriovik, 
eon una mano ^obre su cabeza y los ojos fijos en la moneda de platfft 
que briUaba en el fondo de su gorro , y cuando el desconoeido desi^- 
reció entre los árboles, dio ensanche á su alegría pegando fuertes latín 
gazos i sus bueyes ; tomo dei^ues el camino de la alquería eaiitañdo 
con aire de triunfo : Montes exurtaveruní ul arietes, y dando gran<* 
des saltos. 

Nuestto joven viajero no había andado cinco minutos ma que reoo* 
nociese la exactitud de las señas que acababan de darle. El terreno 
que habia andado durante este tiempo era una pradera rodeada de 
hermosos árboles, &i cuya forma re<k>nda, á la manera de un disco 
regular, era fácil conocer ciKtl habia sidotbrmada por alnviones suee^ 
sivas con los despojos de la otra orilla traídos por la corriente. Esta 
espede de isla se hallaba cortada en línea recta for el caftiinoquese 
a'ejaba del riachuelo, hasta d punió en que apracimándose de nuevo á 
la manera de un arco, y aclarándose después los árboles, dijaban 
percibir de repente una perspectiva tanto ms» notable, cuanto que no 
podía ser esperada. Mientras que era permitido á la vista seguir las 
sinuosidades del torrente, que desaparecía después ea lo praAmdi^de 
una de las gargantas, de la montaña, un nuevo punto de vístase pve^ 
sentaba á la derecha sóbrela otra orilla. Un segundo valle mas peque- 
ño que el primero formaba un ángulo agudo, ó mas bien im anfitea* 
tro , cuya cresta estaba bordada de una franja de rocas cortadas á pico 
y blancas como un osario. Bajo esta corona que lo hacia inaccesible 
casi en su totalidad, ostentaba el valle de que hablamos la riqueza de 
sus pinos siempre verdes , de sus nudosas encinas, y de su fresco y 
florecido césped. Su conjunto en fin componía un fondo digno del 
pintoresco edificio que hería desde luego los ojos, y que el extrsoij^o, 
deteniéndose de repente, se puso á contemplar con extremado in- 
terés. 

En la confluencia, por decirb así, de estos dos valles se elev^bii 
un grande edificio, cuya apariencia tanto tenia de señorial como de 
monástica. En este sitio formaba la orilla en bastante extensión una 
especie de barrancQ, cuyo corte perfectamente vertical llegaba hasta 



d riddbu«)o.'S9br6 69ta solida base veposaliiati el eastíUo y sus diepe<i* 
d^beifts. £1 piso principal se compoiúa de un graa paralelógraino de 
coQstniQcioatmiyftRtigiia, auBcpie reedificado easienterameatealprior 
cipio del siglo XVI. Lasi piedras de graaito gris luezeladas de belasazu- 
les ó color de violeui de que abundan mueho los Vosges, dabaa á su 
fachada un aspecto soixáírío amnentado por la escasez de ventanas, 
die kts cuplés mas estaban enteramente cerradas, y otras eran tan 
sunooinenle estreehas, que piareeian aspilleras. Un teí^ho inmenso cu- 
lúeHo ée tefas rojizas enne^otdas por Ul lluvia, proyectaba al re* 
4edor de todo el edifieioí un sda de muchos pies de aachi«ra eomo se 
vé en ledos los edifieios de les pueblos del Norte; los cuales^ ^aeiaa 
á esta desmesurada cubierta, I9S habitaciones del piso principal se 
hiHaliaai id abrigo de kys rayos indiseretas del sol , á la manera ée las 
personas que para protejer su débil vista de una luz demasiado viva, 
UMB de ima visera veide. 

£( aspecto que ofrecía esta melancólLea nK)rada desde el sitio en 
que el viejero la babia percilndOy era ciertamente el mas desventajjO- 
80 para aña; pc9 esta pairte parecía salir inmediatamente del riachue» 
lo fuíidada como estaba en la misma margen de la pendiente , que en 
este sitie tenía le meaos treinia pies. de. eLevaeíon , á la cual añadida 
la del edificio, daba al conguito una fisonomía imponente, pareciendo 
que la roca formaba parte de la construcción á la cual servia de base> 
ponqué Im piedras hdiÁím temado Ud eoto, que era difícil conocer 
cml era olñ*a del hombre ó cuál de la naturalezai sino hubiese sidio 
indicada aquella por un balcón de' hierro que ocupaba toda el pia» 
bijfiTi y dtede ei cual se podía cémDdamimte pescar en el rio. Dos 
torres redondas con remates agudos encerraban, por decirlo asi',,lQSí 
áagnlofi i0 esla fachada ^pie sa reflejaban en el agjiaeon una especie 
de orgullosa satisfacción. 

Una lai*ga c^Ue: da plátapns colocados desde hi ptíerta de' eslagó- 
ttsa edtficier formaba los extremos de un parque que se desaiirdllaba 
ó se daieavolvia i través de) valle. Un.pu^tecita da madisra fran* 
faeoba deaoilQO que el viejera aicíteba dejteeonrer ; tevo m pareeiéi 
éste muy dispuesto i aprovecharse de aquella invitación;, sin embarga 
de la fuerza que le daban las gruesaa gatas de agtta que empezaban 
ácMT. La cottteBotdáriaaeníCiue él se hattaba sumergido, le ^ímot- 
vía de tal iliedo, que fué prcieíso para ananeérle de ella ^a brusca 
¡aftéipelacion de mía vea riMli: que hiso Oír detrás de él estas pa- 
tafceaK 

««KBstp espa que yo llamo un misiteable castillo; no puede conlpc^ 
rarse á nuestras quintas de Marsella. £1 extranjera se volvió ees pres^ 
tatay y ae-vió en fránte de na hmxdire cubierto de un áonibrero gr/s, 
et cuaMlénabia. su ehaqiBBta sobre e^ binnbnidenKlio seguaaositaia-' 

I 



20 REVISTA Dfi HADRID. 

bran ios obreros del mediodía, y tenia en ia manó xm palo níndÓBO' 
recientemente cortado; la cara de este nue>^ personaje era morena/ 
las facciones duras, y los ojos tan encerrados en sos órbitas, que da-' 
ban a su íls(momía una expresión falsa y terrible. ' 

— Lo que digo; es un castillo miserable, replicó, aiinqtie á decir 
verdad, la JBula es á proposito para el pájaro. 

•^Parece que too queréis muy bien al dueño , preguntó el Tiajéro. ' 

— £1 dueño? repitió el obrero apretando su palo con aire amenaza-' 
dor, el señor barón deBergenheim , como ellos dicen, es rico y noble, 
y yo no soy mas que un pobre diablo. Pues bien, si os quedáis aquí> 
algunos dias, veréis yo no sé que demonio de ceremonia; pero yo te' 
haría comerse los codos á ese Brigand. 

— Brigand? exclamó el extranjero sorprendido , puesíqué ma1os%í»> 
hecho? 

— Sí , Brigand , podéis decírselo de mi parte. Pero á propósito, oohí-* 
tinuó el obrero examinando á su interlocutor con aire desconfiado; itois 
por casualidad el carpintero que debe venir de Straburgo? en ese cáso' 
tendré que deciros dos palabras : Lambemier no sufre que le quiten • 
la "comida «n sus barbas , lo entendéis? 

FJ joven extranjero no pareció ofenderse de esta provocación. 

— Yo no soy carpintero , le dijo sonriendo, ni ambiciono quitaros- 
vuestra comida. 

— Ea efecto , no tenéis aire de haber agarrado muchas veces el Cepí-'' 

lio , ni , según creo , habréis martirizado mucho vuestras manos: tstfi^ 

obrero sois como yo Papa. ^ ' ^ 

Esta obseiTüOíon puso de bastante mal htnnbr i aquel áquien Be* 

hacia. • V 

— Trabajáis en el castillo? le dijo entonces á fin de cambiar de con-* 
versación. • > 

' -—Ya liace seis meses que estoy en él , respondió Lambemier; yo 
soy el q«ie ha hecho esas esculturas de madera ^ y bien se puede decit^ 
que es usa obra áe empeño. Pues bien, ese gran jabalí de Bergen*- 
hetm me ha f latntado en la call<e ayer , como lo hubiera lieohó con uno 
de s»s perros. 

— Sm duda tendda sns razones.... 

-—Sí, sí, razones, tonterías I dicen qne yo haididMi con la canuirera 
de la señora , y que disputaba ^coa los demás criados, un hato- de tu* 
nantes ! No me ha prohibido poner ios pies en sus dominios? pues ahb*: 
ra estoy en ellos: que venga, que venga á echarme, y ya verá como la 
recibo; Veis este palo? pues acaÉK). de corlarlo en ü bosque y no con 
muy buena intencioB. 

Sin que el joven viajot» escuchase á su inférioeutor , continuaba 
este sus amenazas con una íuría verdaderamente mendi^nal. >Los ojos> 



del joven se haiiakai í^i» en ^caátiBo, escudriñando sns mas insig- 
mifieantés.delaltes, CÓ010 si esperase que las piedras se eonviütiesen 
6n vidrios, y le permitiesen ver el interior. Si eáta curiosidad no té- 
íSiia otro ob^to que la dé estudiar la arquitectura del edtfícto, no fué 
en verdad satisfecha. IVinguna fígura humana se prevenid para aot- 
;mar aquélla casa triste y silendiosa. Todas las ventanas permanecían 
•cerradas pomo auceda tú una casa deshabitada. Los ladridos de una 
jauría de perros encerrados probablemente en la perrera int^rum» 
pian solamente aquel extraño sileneio , y rebudian como en tono de 
•qoeia á las Lejanas amenazas de la tormenta, cuyos sordoa truenos re- 
-petidos por el eeo daban á esta escena un carácter siniestro, 

— Guando se habla dal lobo al instante sale del bosque, dijo de re- 
centa el idarero eon cierta eóiocion, que desmentía sus recientes bra- 
vatas; si queréis ver á ese demonio de Bergenheim, volved la cabeza. 
.. Al deeki«s)a9 palabras atranresó de ud salto el foso que se hallaba 
á la izquierda del camino , y selaneó enel bosque. £1 extranjero por 
l8u.{Kirte.|iQrect¿ eápertnwatar una impresión casi semejante al temor 
.ví8i))la de Lambeimier , • cuando al volviarse apercibió un hombre, i ca- 
-ballo.t qve se adeltintaba al|;alo{)6. En lugar deesperarle, se dirigió 
-hacia jd ptAÚQiiv^ regaba elrio, y, se? ocultó detrás de uno -de.losár- 
j3!ola8.dBqueeJftabá:sembrado. . > 

£1 barón « que ap^as üepres^ia^aba de treinta a treinta y tres añoa, 
poseía una de esas ^guras eoérjíoamente bellas , cuyo tipo se aseme- 
ja, i las antiguas raaas militares. Sus cabellos de un rubio subi4o y 
^s ojos azul, claro brillaban vivamente sobre su tez encepdída ; su as- 
lieclD era duro y pera -noble é imponente á pesar del descuido de sus 
vestidos , en loscuales se notaba e^a indiferencia , que llega á ser ha* 
bitual en los propietarios campestres. Su talla, que era bastante eleva- 
da, empezaba á tomar cierta robustez , que aumentaba su apariencia 
atléttca, y se sostenia perfectamente en la silla. 
- Paró de pronto su caballo en el lugar que acababan de dejar los 
dos interlocutores, y con una voz que podia hacer temblar un regi- 
miento de coraceros : 
. — Aquí , Lambernier! exclamó. 

. . A esta llamada tan imperativa , el carpintero vaciló un momento 
entre la emoción de que no podia defenderse , y la vergüenza de huir 
ante un hombre solo en presencia de. un testigo. Al fin si^ió. este 
último pensamiento. Volvió sin decir una palabra basta el borde del 
camino donde se colocó de una manera bastante insolente en frente 
del barón , con el sombrero encasquetado hasta las orejas , y apre- 
tando con precaución el palo nudoso que le servia de arma. 
( —Lambernier , Yeplicó el «eñor del castillo con un tono severo ; no 
ha sido ajustada vuestra cuenta ayer ? se os debe alguna cosa ? 



22 RETISTJl ra UADRID. 

-- Yo no píd(> nada , ra^ndU bnisoaineiité elo^^ 

--En ese caso, porqué venís á rondar los iritededores del oaaiilln 
liabiéndoosio yo prohibido? 

— Yo estoy en el camino qne es eamitn á lodo el mando, j nadie 
me impecfeá akjarme de él. 

— Estáis en ¿Is dominios^ y saiis de mí bosque, re^oodló d i>aron 
insistiendo en estas palabras con la firmeza de uh hombro que no yii*> 
fte ninguna ofensa i sus derechos de propíiedad. 

— La tierra que yo piso es mía, dijo á su rct «i obrero, y pegii 
con la punta de su pato on el suelo del camino como para lx>mar pp^ 
sesión. Este gesto atrajo la atención de Bergenbeim y cayos ojos farih 
Háron de repente á la vista dd palo nudoso que tenia ci obrero. 

— Tunante! exdamd, tó miras también como tnyosniat arbolea. 
Dónde has cortado esa rama? 

—Ahora lo verás , respondió Lambemier , acempafiamdo esta res* 
puesta grosera de una vuelta de molinete. 

IX barón se apeó con la mayw sangre fría; echó la brida sobro d 
cuello de su caballo, y se diríjió al «dsrero, que habla tomado paro 
recibirlo la actitud de un ejerdtado jugador ; sin darle tiempo de sn- 
x^udn* el primer palo, k> desaomo con una fuerte sacudida, que ha*- 
hiera bastado para derribar á dos como Lambernier; pero el banmae 
contentó con desarmarlo, 'agarrarlo por el cuello, hacerle dar varias 
vueltas acompañadas de empujes violentos, y acabar en fin por arro- 
jarlo al fbso, cuyo fondo se encontraba dichosamiente provisto de lan«- 
go , que le impidió romperse una pierna por lo menos. Concluida la 
corrección, Bergenbeim volvió á sñibir á caballo tan tranquilo como 
tabia bajado , y continuó su camino hacia el casillo. 

Desde el sitio donde se h^a ocultado el jóvaí viajero, no habia 
perdido ningún incidente de esta escena, y no pudo menos de sentir 
una admiración artística hacia este enérjico represnatante de las cos- 
tumbres feudales, que sin temor á los tribunales de paz, y otras in- 
venciones populares , ejercía así sobre sus dominios un poder absoluto; 

— El Franco ha sacudido bien al Galo, dijo para sí sonriendo; sí 
todos nuestros nobles tuvieran el puño de hierro de este Bergeiúietm, 
bastantes cosas decididas hoy podrian ponerse nuevamente encueirtion. 

La tempestad por largo tiempo contenida se desencadenó al fin con 
furia. Una cortina negra cubrió todo el valle, y la lluvia caía en el tor- 
rente como un torrente nuevo. £1 barón eseitó á su caballo, atravesó el 
puente, siguió la calle de plátanos, y no tardó en desaparecer. Sin ocu- 
parse de las inprecaciones de Lambernier, que , en el fondo del foso 
donde se enterraba cada vez mas, rugia como' un león enoeirado en 
su jaula, el extranjero iba.á buscar un abrigo menos ilusorio que el de 
las árboles bajo los cuales había tomado posesión ; pero , en este mo> 



. 0EBBA6T. > 23 

inenlxi se üjó su «teacíoBeñ el.castüló. Uaa ventana, ó mas bien 
una puerta vtdmnji qué cáia ai baleon , acababa de abrirse , y una j<> 
ven oQli una bata eplor de rosa bd^a aparei^ido de repente sobre Id 
iMsgrá ¿Eidbada. Es; bnposíbie íma^narse nada tan fresco y tan puro eo-* 
mb af ueMa apárídon én un momento semejante. Apoyando el codo so- 
bre la btttauBtrada, la modenia castellana sostuvo con una niano su 
rostro, dvsfo óvalo era taoi regular como el de la Palas de yelletri, y 
sus dedos acariciaron maquinalmente uno de los bucles castaños que 
eobrii»! «tt irente^ «lí^ilras que sus ojos buscaban en el fondo de las 
nubes los resplandecientes relámpagos. Un poeta hubiera creído ver á 
Mk^anda evocada por la tempestad. 

A esta vista, el viagero apartó las ramas qué casi le cubrían; pero 
en el míamo instante se quedó anonadado por un terrible resplandor 
blsmquedno que encendió* todo el valle, seguido de una detonación 
espantosa. Cuando abrió los ojos, el castillo que creía abismado en el 
fondo del rio estaba en pié firme y sombrío como antes; pero la dama 
^ la bata color de rosa había desaparecido. 



IL 



£1 aspecto del cuarto en el cual había entrado precipitadamente 
lajóven,-e^aDtada por el trueno, correspondía al edificio, del cual 
formaba parte. Era una habitación bastai^te grande, mas larga que an« 
«ba , y alun^brada por tres ventanas que daban al balcón , pudiendo. 
abrirse la de en medio ea toda su altura como sí fuese una puerta. Las 
paredes estabsoí casi cubiertas por la mas rica colección de retratos de 
familia , que pudiese ofirecer un casillo de provincia en el siglo XIV. 

£1 primero de eslosreteatosr colgado en frente de las ventanas, era 
de un caballero armado de pies á cabeza, que, bajo sus .largos vigotes 
rojos, apretaba los dientes de una manera salvaje. Después de esta 
ünlmidable figurarse sucedían u»)S cuarenta cuadros de un tamaño ca* 
si semejante, y colocados por orden de sucesión. Sus miradas severas, 
sus barbas rojas y espesas, y la anclia y robusta contestura de sus 
hombros , denotaban que aquellos hombres hpbiañ sido sin duda va- 
hantes guerreros. 

Después de estos hombres de armas se veían varias^ figuras de as«: 
pécto menos feroz é imponente. £n«stos retratos del siglo XV la bar- 
ba habla desaparecido bajo el acero. En los birretes y en lasgorras.de 
teréiopelo, en las ropas de seda , en los justillos con maugas perdidas, 
en las ricas cadenas de oro macizo que rodeaban el cuello, y de las 
cuales pendía un medallón del mismo metal , se reconocía á los seño- 



24 REVISITA DE MADRID. 

res en quieta y pacífica posesión de los bienes ganados por sus padies, 
á los castellanos un tanto degenerados que lialMan preferido la mono* 
tonía del castillo á los peligros de una vida tan arriesgada. Estos pa- 
cíficos caballeros estaban retratados la mayor parte la inano izquierda 
con guante colocada ¿obre la empuñadura de la espada y ia dcreoha 
desnuda, especie desval dedesarme, que se podía tomar por un epi- 
grama del pintor. Algunosliabian querido compartirlos honores (leí cua- 
dro con algún perro favorito, que saltaba familiarmente sobre. sus oms^. 
los. Todo indicaba en estos grupo$,.que esta familia tenia muchos pun- 
tos de contacto con razas mas ilustres. 

Una media docena de personajes graves con birretes galoneados de 
oro, luengos trajes rojos, guameddos de armiño, y Imeoas' valonas 
concienzudamente almidonadas , ocupaban uno de k» ángulos del sa- 
lón cerca de la ventana. Estos dignos miembros del gran «onsejo del 
duque de Lorena explicaban la iivmera con que ios seuores deleas-. 
tillo habían salido de la inacción en que habian estado sumidos du- 
rante muchas generaciones , para tomar parte en los negocios di^ 
país , y lanzarse en una esfera mas activa. La crónica a<}uí tomaba 
las proporciones de la historia ; no parecía ya en efecto un fragmen- 
to estractado de los anales europeos? ¿no era, pues, una imagen sim- 
bólica de la civilización en progreso de la legislación regular , luchan- 
do contra las costumbres bárbaras , ó mas bien, la poderosa inteligen- 
cia emaucipada de la fuerza material.^ Gracias á estos respetables con- 
sejeros y presidentes , se hubiera podido renovar en su raza la antigua 
divisa: Nwi soltim íogal Pero no pareció que los antiguos barbudos mi* 
rasen con gran reconocimiento el florón parlamentario añadido á sU 
cimera feudal. Desde lo alto de sus cuadros carcomidos parecían mln 
rar á sus descendientes con aquella sonrisa desdeñosa con que debie- 
ron recibir los paires de Francia á los dependientes de justicia la pri- 
mera vez que los vieron sentados á su lado ,. después 4e haberlcj^ teni- 
do tanto tiempo á sus píes. 

Entre ios dos ventanas y casi encima de la ensambladura se v^ian 
en seguida una multitud de lK>mbres de armas en medio de los cuales 
se encontraban aquí y allí alguno que otro abad de báculo y mitra, algua 
comendador de Itialta , ó algún canónigo con sus ocho cuarteles , ra- 
mas todas estériles de aquel árbol genealógico. Muchos de ellos entre 
los militares llevaban en sus bandas y en las plumas de su sombrero 
los colores de Lorena. Se veían también entre estos algunos tenientes 
coroneles de infantería y de caballería, brigadieres y maestres de 
campo de los ejércitos del rey. Algunos de ellos estaban vestidos coa 
la casaca azul , forrada de piel de gamuza con vueltas redondas de tec- 
dopelo negro :|ue eran las que servían de uniforme á los dragones de 
la legión de Lorena. 



.' 'rcmrAt^r: ' 25 

' EtúltíiiMi dfr i8á(».e9lDr'era iiñ^ jévm Ae'figtiib agradable qne 
seureíaeon la^tiftrHidav'euya oábeza'iétaki (mfeíerta de una crecida 
y henoosae c&b«ücra ém^polTiNt. Luefa'vna rdsa en el ojal de su pe- 
llixft'^erde- y colon 'de nardi^. Uó^ póita^iegos ^earñade a^r* 
máo'át fk&€9^óe¡tíst flotaba 'énfro ms^ Isotíkies' níi poco mas a^jo 
deipíifio de'Ai sdble.'^Egtetfrago'ÍBttiedbauíi'oilciarde'Iós hósarésde 
Rog^Nfissati. dolbeado á la izquieítfca^iie lá' puerta de entrada , ' solo 
esiaiejse^affaki do^wKyde'wis ainielos'qtte vivió en 12^7, al cual ha* 
biera debido<dar!Ía'niatH>>s¡:liábh!re oóinrido é a¡^fCiollos venerables 
persGln^les desceader alguna norhedesoB busMlro», para ejecntar las 
londaB'ide Hoiftiíaiin. *•''>.' 

La: fataüdfld había creado una tní^íéa semejanzia entre estas dos 
existencias separadas por mas de cinco siglos. £1 caballero cubierto 
de Idenro babi«> sido muerto en el eombate de la Massoure durante 
la primera i cposada dé 'S. Luis. £1 joven de la ikmrisa indiferente 
habiásubiéo dI «adalso dorante ia tdbminbeion del terror ^ eonservan- 
do entre sus* lalMos ia t^oisa que habia siáo el adorno- habitual de sü 
dolaiini. Ea estos dos hombres sé encerraba lar historia de la nobleza 
fraosesO) onctda «sitre sangre, museta eütre sangre. 

Molduras doradas ron adoraos gótioos lodeaban todos estos retra-* 
tos. <Sobre eada uno de ellos, en el fondo y á lé derecha de la cabeza 
estaba pintado un escudo de armas, que tenia por cimbra una corona 
de baron, ysost^ian dos salvajes armados de mazas. £1 campode guíes 
con- los tres cabezas de toro de plata, anunciaba á las personas versa* 
das ea ia heráidiea que tenían delante de sus ojos las nobles faccio* 
nes de los poderosos señores Reisnadi-Bergen , duques de Reisnach 
enSíHiabe, barones del imperio, señores deSapois, Habresse, Ger- 
bamont, eto. , titulados condes de Bergeafaeim jior I^uís XY, caballe- 
ros de Lorena , etc., etc.... 

No hubiera sidoeri vebdad necesaria tan fastuosa contraseña para 
hacer reconocer el parentesco de todos e^ds nobles personajes. Aun- 
que oonfóndidos con otros retratos, unanvifado ejercitada los habría 
distinguido y 'reunido prontamente. Tan pronuneiaáo era etí todos 
ellosel aire de fbmilia. La mayor fvarie' habían sido pintados enlá 
época de la Vida en qáe la natmalexa se ha desarMNado éompleta- 
mente, l^ada mas admirable que esta coleeeion decábellos tubios ro- 
jizos , aquellos ^niti$ sanguíneos y aquellos rostros cuadrados^. 

w-Loo muebles del salan no eran indignos én ventad de los orgu- 
llosos difantos, coya memoria se qnéria oonservar. Unas sillas de 
espaldar muy alto, enormes sillones del tiempo dé Luis XHI, y ca- 
napés mas modernos; pero cuyas formas annoniziiban cou la de los 
demás nmobles antiguos, guarnecían en su derredor todo el salón. 
Los tojos tapices con bordados de mil colores de que estaban cu- 

SEGUNOA ÉPOCA. ~TOMO lil. h 



29 BE VISTA DEJU9RID. 

biertas las i^areées, halbían éebido tmsfwt Bf^mt 8d pióli|d Mba- 
jo las biaHoais ma&os de des é tres genfl r aew n fe s de oatalaMM» 
La 1/nea de los cuadros estaba lütemifiipida en un lado por. utuí 
inmaisd chiraenea de granito deiíastado elei^ada para ifue hnbiiwtí 
pmtfdo coloear sobre ella algon eapcgo ó «iiai)í|uiér 4i6o nmeUe. £a 
frente se haUaba unH consola de ébano cen embntídas de innrfil, t^ 
bte. la que se veía uno dé aquéHob mágüífioos relojes tan ptimagú* 
sámente cincelados « ^ui» puede ásegjurarae iko Mríaii hoy fimlademe 
imitados* Dos grandes rasos de poróélafeiá del Japob ad^ornt^ñabon al 
reloj , y todos aquellos adornos se H)petiaD en na antigiio espif» eo^ 
locado encima de la consola, cuyos extremos estriMn tallados ala 
inftnara de nn bisel ees la idea sin duda deq«e adiiiiüaMi él efcpe* 
aorddcrital. 

Imposible ora imtiginar uíi contraste inas extraño qaé el que ^bé* 
cían aquella gdlíea babicacion y lá dama de. la liata eoior de rosa, qué 
acababa de precipitarse en ellcí . £1 ñiégo de la obimettea proyectalMi eii 
los viejos retratos reflejos etkp> eúlot «rnientabañ las gruesas oertinaa 
dodamaseo endamado quij gnamecian laS venítanas. Dd»ilit&dosiiÉas 
veces estos reflejos, y avivados otras por la reanimación de la Hania^ 
resbalaban sobre las frentcé plegadas, oiideaban entre sus bad)áS ro- 
jas , tluminábail sus «j^s^ y daban á aquellos lienzos una aniíBaekm 
BoiNrenaítural. Se hubiera dicho que aqnell^as figuras frks y gravea mn 
mban con curioisidad á la jóveti de formas esbeltas, y de ligeros veih 
ttdos que d genio de AiadÚno parecía haber robado de uno de los mas 
^egaútes gabinetes de la Cbausseé d'^Autin, para arrojarla eqiantada 
Kun ejQ medio de aquella extiñña asamblea. 

-^Sois ima iDca, €lemeticia, en dcgár esa véntaaa abierta! égd en 
esfte momento om voz casciada que salia de un ümieBSo sillón cdoea- 
do en el rincón de la chimenea. 

La. persona que interrumpía asi el «ifeanto de está eseeiiá dlMfcio- 
sa » era una mijjer de sesenta á seteafta años. Acostada mas bien qué 
sentada sobre su sHloii de espaldar tendido, era£ácüéáleiddr quosii 
estatura era tan alta cosao delgada. Estaba enrMto enus ibpoñoiH 
lor de hoja Seca. Un rodete decabc^los postizos, cubiertos áe tmgciS 
ro oon cintas encamadas rodeaba prol^anleBile su fretite. Só fignrá 
era seea y eneotillada i y se tela que el brfllo de su pnoiítiva freseiira 
se habia convenido insensiblettieQte en un color d6 eobr« que se {nroí* 
nunciaba maB j^articularmetífe en la nariz y en las mejillas. Habíala 
toda su e&tst al^go de deaafmcible y de áceído como si hubiera aoostunaí** 
brado diariamenUe lavarse ood vinagre. Se veia íicilmelite en cosO^uie^ 
ra de sus acciones que esta figura era sin disputa la de una soltm»^ 
na , sin que ningona nuera señal pudiese desm^tir esté concepto. 

Celáttte de la ciúmenea estaba atiestadci un enoñase dofgo coloí 



4^<8i»'9!lerfM^ qti^lpanttia'lmiiercogUa^slepiieatapara éeirttíren 
Iq fMUrattnMintnHhHi gcordura. Este inferesBifte asÍBial servia dto 
alzapié á sa ama, recostada cooio hemos 4¡clio en su sHloii, cuyo 
grupo recordaba los leones que duermen al pié die km cdtaltoros-en 
los sepulcros gótkos: Marque-dogo y solterona son des'idcias tan^eor- 
«eihtiívasvqiiepMi adlmar el estadio de esta venisra)»le dama, ^ era 
necesario mas que leer la descripción signimtiB, gndMida sobre el do^ 
«ado coHár queserviii aldo^ áétorbaJbanCimiiania á lé señorita 
de C&rastéíUiL . . 

AMes q«»la jóvien, que se bsíbia apojrAdo setoe ei espalda^ de-usa 
silla , sin poder apenas respirar ,: huMeae pedido responder , hakáa re»- 
dfaida yé «ma segunda pregmila.' ... 

'^Peiü» tía, ese raido fea sido espaslosd > dijo al fin ^ no lo lud^eis 
■Oittor.v* 

-*-^No «aley «un tna Isordn, respon^ la mjá solterona. iOnná 
fronto^la TenÉaaa; ¿na sabéis que las conrientas de aire aMen sieob- 
fMriá tormenta? GfomeiieíaobtdéeiD^y dejé caer tas eortinas para 'm^ 
Icceeptar so tista délos rdkúnpáf^que osBitittuaéan aftrasando el fir*> 
•jamuioio; en segnida seacnArcó á la diimenca. 

^*^Slipv«st»qiio fteneís'tanpacomieáa ala tormenta, dífola tia, 1» 
cual entre paréntesis es bastante ridículo para una CorandeuH , qué 
liipriciio os ba dado de asomaros al 1)alcoin? Tenéis una manga de 
^rnestra bala toda majada. Asi es , asi es como se piUdnios resfriados, y 
kiefpoiarabes y cocimientos á mas no poder. i>eberíais mudaros de ro^ 
pa poniéndoos mo «n poco caliente. Ya sevé, á quiéarse le oeurre tos^ 
tirse deesemodo con un tiempo semqanto. 

'-«•Osaségnro, tía, qiie no tengo chispa de frió, sino que com»¥Os to»> 
neis la costumbre de estar siempre animada al íuego...^ 

-^LaeoBtumbnel cuando tcngaint mi «dadlotféis vos lomísmo* Mora 
todo vábien) note e8cndianlos«onsejos,sosalesinpreeattdon alvien- 
m f'í la llavii«on esa leqoila de Áüna i jeomo Tvestro mafejdo no es 
«as juidoio' que su bermañav ÍBd)pemoa'lodosdB paga^ mastatde.*^ 
Peroofiarred, eorredlaa ce É ünae, ya oía Mena, j quiero leer la Gaoetal. 
La jóvíeB obedeeié por'segnndn fez 4 j pcvmariecío'coii la fi^nlo 
aployada contr^loscríatalés. Los sacodiiaíentas dé Iim tormenta 7 cada 
rea mas lejanos, aimnciabaarelin de la tempestad; sis embargo, tá*^ 
gUnós reflujos Manqoooinaa atravesaban aun «I bensontOL 

•^Tia , tia , di|o la j^ven al cabo de «n instante, venid a moar las 
roeasde Montígnj , cnando estm ilumiimdaa por los Klámpagos , pa^ 
rencen una fila de coiomoas dé i^ata, é mas bien una procesión de 
ÍMitasmas blancas suspendidos sobre km bosques de fíresno. 

— Esas son ihises románticas, murmuró la solterona enire diestes^ 
sin dejar de leer el periódico, 

I 



28 REVISTA DCUADRID. 

' — Os ásegam qm^ soy kt mem» rdiriántíeo* M ■ muttá» v^ respoiidid 
Clemencid; creo sotamente que una tehfipestad es muüdÍBtviiMm^jr 

coiiH) aquí Gareeemos de diversí(Hies 

í — Tanto te fastidias? 

' -^Sí , tía , hasta no mas : quisiera me)or morirme: 
i A\ decir estas palabras con un acento que isalta del eomzon se á¡e¡í 
■caer la* joven én un sillón. 

* La señorita de Coranáeuii se quitó los anteojos^ pos» el periódieo 
sobre la mesa , y examinó durante algunos instantes la' ale^^eai^ de 
:sa sobrina, cubierta de prenda iríelañcolía^Se dirigió* evaeguidft ha- 
cia su sillas é inclinándose, un fisco:: ' - 

— Has tenido algún disgusto con tu marheto^^le dije á media voz. 
i- -^tlntonces üo me eoq^arfa, respondió Giemonei!» cen unt ^veza, 
de que sin duda debió arrepentirse muy pronto, porque añadió en-Á- 
fguidac-r^No, tía^ Cristian es bueno, láíHf bueno vestí titaiy«ñide á 
mí, y es muy complaei^ite commigo. Yahabeisifi^tooMiomeho'dejflr 
-dó arreglar mi cuarto según mi caprichos derribondd partdvs y ^a^rieof 
•do ventanas; sin enibargo de quesiteis también el Respeto* que Ime á 
todos los objtetos antigaos de esta' casa. Pero nasatoqué Jiacerpara 
•darme gusto. Es imposible usar de mm ateomnesv ser en ñú mas 
amable.... . ' ; ■ - ■ i -. '.. ■ 

— Tu marido, interrumpió bruscamente lasendríta de €0Faíide9ÍH 
a quien disgustaba mueho oir celebrar á 'otros; tu marido ei^ nsBer^ 
genheim, como todos los Bergenheim pasados, presente» y futuros, 
'inclusa tu cuftaditavque mas bien pareée educada para pa|6 que para 
monja. Es un digno hijo de. su padre 4 á quien tenemos aüí, ceintkiuó 
i^eñalan^ a uqode ios retratos cercanos al del. joven ofidal deRoyal- 
IVassau. 

/ Y era en verdad el mas brutal, el mas insoportable,' y tan abor- 
recido de todos 1Ó6 dragones de Lorena, que- tuvo una yaz en i^ahcy 
tres desafios en un mes; que mató enMetz por una^parüdade dadofi 
•al pobre conde de Megrigny ,.que valia cien Teces-mas que él , y qne 
J»ailaba tan bien. Porqpje quien dice Ber^nbeira , diceoegñlloso como 
im pavo, testarudo como un mulo, y colérico cetno um león. £llos 
pretenden ser caboHeros de Lorena, concedo qtte>lei.SQ9n.; pero no por 
eso dejan de ser una rana villana; villana, sí, villana raza. — Esto qi:e 
te digo, C4lemenoia, es para obligarte, á. que escuses hM defectos de tu 
marido ; porque sería tiempo perdido tratar de corregirlos* Por Ío de- 
más todos los hombres valen tonto como, él , y puesto que tú < eres la 
señora de Bergenheim , es preciso que te acosl»mbres á tu suerte , y la 
soportes del mejor modo posible. Y sittenes disgustossá fé que a lo 
menos te queda una buena tía á quienlos puedes €M»nfíar, que no su- 
frirá que te tiranicen: hoy mismo hablaré i tu, marido» 



A la primer palabra de este párrafo conoció Clemencia que debía 
armarse de resignación. Así pues, se recostó en su butaca para escu- 
char con mas comodidad todo aquel enojoso discurso , y se distrajo 
entre tanto duraba la filípica en acariciar con la punta de su elegante 
p¡éla^ciLjeM<le^im(}delps;mopll^^,de la<á^H3e^^ •• . y . 

— Pero, tía, dijo en nn cuando la bia liubo pasado, y dando'á su 
voz una expresión bastante convincente, no comprendo por qué se os 
ha puesto en la cabeza qi^é; Óflt)^^ .^ Itfíp desgraciada; os repito 
que es imposible mostrarse mas bondadoso para conmigo, que por mi 
parte tengo por él la mas g fw i dg «sHkuaeon, y la amistad mas ver- 
dadera. 

— Pues bien, si es la perla de los maridos, y vivís como dos tortoli- 
tas, lo que á decir verdad no mepa^ de los dientes adentro, de dón- 
de proviene ese disgusto de que te quejas, tan visible á tu pesar desde 
hace algún tiempo? Y no es solamente disgusto, es mas, es tristeza, 
es fastidio. Adelgazas de dia en dia '^ y en este momento estás pálida 
como la cera, como que me vas á poner en cuidado. Dicen que la pa- 
lidez está ahora de moda. Solemne tontería que no durará mucho 
tieiiipo;^ povftilB en.dSDiffQsaéo,de las iDi^ilas ecoastste la hermosura 
demia^Biitjer. , ; • . 

La vieja tía, pronunció esta sentencia como i>eraona que teniai «;us 
rfi3y)nes p^a. que no. le agradasen muclio los rostros pálidos, y que 
apeptab^i con gusto las chapetas de vérrnellon. 

La esposa de Bergenheím inclinó la cabeza en señal de conformi- 
dad , y dijo en seguida con voz melancólica : 



(Se coniiñttam:) '> 



* • * > 









'■\i , 



30 BETISn :BC KkDBID. 



DEL ESTADO ACTUAL DE US BELLAS AKTíS 



« * 



en (Évi^ma. 



ttlkXU SE6ÜM. 



IV. 



i hn:'w^*i 111!-;*"; 



lL.40f«iriiiirÁB£ desenvohieiid^^ 
mis propias observaciones acerca de los artistas españolw, ptt6á> 
por mas templado que sea mi !engtía|é , y por mas Jttáta y sin- 
cera que deba parecer mi crítica A la mayoría de los lectores, no 
puedeocultarseque camino por un terreno resbaladizo y éspi0O-^' 
so, en el cual tendré que mortificar tal vez á cada paso el amor pron 
pió de algunas personas, que no acertarán á apreciar la saña in- 
tención que me dirige. Confieso que me será preciso emplear al- 
gunas veces palabras o^da lisonjeras ; pero sirva al menos para 
aplacar el disgusto que ocasionen el convencimiento de mi im« 
parcialidad , y téngase presente que, tributando yo á las artes 
un culto demasiado ferviente y exclusivo , me es imposible tran- 
sigir con mis principios. El estudio que he hecho anteriormente 
del distinguido talento de Federico Madrazo , puede haber dado 
ya á conocer , que no solo no puede cegarme la amistad , sino 
que ni aun es susceptible de ejercer la mas mínima influencia en 
mis juicios. 

Bien comprendo que no se acostumbra á juzgar en este pais 
con severidad y rigor á los hombres que han llegado á alcanzar 
el beneplácito del público. Existe en la prensa de segundo ór^ 
den de España , y aun en los principales periódicos de Madrid» 
un vocabulario de voces enfáticas y vacías de sentido , un arse- 
nal de lugares comunes aduladores y ciertos miembros de ora- 



DB LAS. BRIM AATSft m ESPAÑA. SI 

dones dotadas d partes benigiKis del dtscttpso, qtie se aptiodn 
iadistJntamdRto ¿ todos tos jakios cpíticos. Dmmas^ cuadros, 
óperas , etc. , son caracterizados la mayor parte de las Teces poi^ 
medio de eslas fórmulas inexactas. Recuérdense por ejemplo los 
artículos d^ Corpesponml y del HertLldOy en que se daba cnen-^ 
ta de las (^u*as expuestas al péblico en la Academia de San 
Fernando en d> aña de 1845, y no se podrá menos de recono-* 
eer la m^oficieocia de semejante crítica. Vese en ella acompéáa^ 
do el nombre de cada ^Q^orde caMfieaeiones tan exageradas» que 
aun susiátuyendo en su logar el de ios mas ilustres maestros del 
siglo XVI, todavía parecería iiupropiQ tan ampuloso lenguaje (1).' 
Todos convienen coi^snigo en este puntó ^ y asi es que cuan-^ 
tas veces he tenido motiyode hacer esta observación á hombres 
de inteligencia , cuyo mérito es^ do gran peso en ia Klerafiura 
nacional ^ siempre he halhdo ea ellos una leal f generosa adhe^ 
skm á mis ideas, ¿lün qpó consiste pues que se nos preseolan tan 
frecoentes ejemplos de estas aberrackmes^? Si a} meiios^ese tono 
entusiasta vhíj<» del espíritu de compañerismo, cuando noesícom-' 
Urado por recíprocas y va^gonxosas ocmcestones , produjese al<* 
gun beneficio á aquellos á quienes se aplica con intefndon de en-* 
aalzarlds ; sí ^i^iendo \^ opinión publica ha^se eaetla un eco 
favorable ; si sirviese para depurar el gusto estragado de las ma*' 
sas, é para despertar siquiera el sentimieal^ de la belleza, el 
mal al fm no senía tan eqnsiderabte ; pero desgraciadamente no 
sucede nada de esto, pues á nadie engañan^ ni alucinan estoá 
programas tan mentirosos , llegando á taj" punto la frialdad con 
que seeseuchaoví que hasta á Jos mismos artistas advertidos 
poír la eqf>erie0c«a les son del todo indiferentes. Persuadidos los 
que trabajan oonciensudamente idguna (ri>Fa notable de que no 
se sabe báeertes justicia , y seguros por otra parte ios que mas 
bien que a^logias necesitarían coáséjos de que les bastan estos 
brillanbes panegíricos para ^ue seasi bien recibidas' sus pnn 

(1) Ea et Heraldo de ttd^oetubre se leía: «Un bellísimo retrato cuya ca- 
beza, además de ser su dibujo admirable, goza de un eicelciite «olerido.» 
^Qué.podcla decíAse'inos de «n tetrab» de Tkáano^ Bahlando de otro, legoias 
«Ha progresado mucbo ea laoorrecetoa del diboj^» perfecdoaiHielo aH m\m^ 
tiempo SU' admirable colorido.» El propio Hfurillo eoYÍdiaría semejaote elo- 
gio; y sin embargo, aquella misma nocbe creia sin duda el Corresponsal de- 
ber insistir per pimtd de bonor en este tajo de lisonjeros epítetos. 



32 BEVISTA DE MAUBD. ' ' 

(lucci^pes mes inferiores, sb desdeuán fodoB de trabajar én la ad- 
quistcioQ (le ciertas cualidades, qttó desgraciadamente, son des-^ 
conocidas.. . . - 

No es este pl modo que tenemos nosotros de comprender la 
cn'üca , como ts^mpoco. el respfsto que á las artes es debido. No 
me toipqré la libertad de entrar aqiu en consideracÍDñes que me 
conducirían sin duda alguna á ideas extrañas áiaicuesiion, y qtie 
exigen un examen atento y especial. Inútil és, por otra parte, el 
recordar la influenoia de 1^ artes y el papel tan importante que 
ellas ejercen en el destino de las sociedades , as( como tampoco 
el enumerar los nobles impulsos que están destinadas á hacer 
germinaren el aUna, Sabido es que el supremo esfucreo del arte 
es conducirnos por medio de la forma y de la belleza á las re-^ 
gionies de lo verdadero y de lo bueno, siendo, de esta suerte 
en cierto modo la introducción , ó si se <^uiére el cómi^Gmento 
deJa ñk>sofi(a y de la moral; Mas para que pueda caminar con 
eficacia á $u im^tla&te désiino , para evitar el peligro de sus 
estravíos,' neoesita ser Ilustrado y .dirigido en su miarcha. A la 
critica le está .confiado, este eno»rgo ; misión no menos augusta y 
honrosa , y que r^qnietie taatafaeczia , buena fé y saber en quien 
á pila se dedica t como abn^gacioíñ de parte dé aqoel á quien se 
dirige, ' ' 

Fácil ^ pues entrever la gravedád^de los deberes del escri- 
tor , que tiene la o$g|día d|e;báder eomqp^ecer ante so IribunaLá 
almas independientes , que frecuentemente no creen ser responr 
sables sino anDesu proi»io capricho, y que considerándose libres 
ÚB toda ^^pecie de yugp, 30 ^suponen autorizadas para traspasar 
descaradamente.las conveniencias artísticas, siei^o n^s ij^rtta^ 
bles que el genusirriHabil^ víUvm. Otra casta de gentes aun mas 
testaruda é. j^exox^ble se presenta á sus ojos con toda clase, de 
susceptibilidades. ¿Deberá haJagaHd?; ¿deberá det0nea^e ante lo 
difícil de la ^mpFe^a?;..¿d^erá Gdf>tarse su benevolencia con el 
halago?; ¿ó vencer en fin su resistencia y todo género de obs- 
táculos por iiiedio de ipsip.uacionps hiedas y rebabadas* ó. de 
francos y r.udos ataques? Vé ahí lo, que no acertara por cierto á 
decidir. Por lo que á mí toca,. considero Como uñ deber el de-, 
cir á las gentes qué estinió mi ftiodo de pensar ,• y probarlas dé 
ésta manera el aprecio que hago ya de aquellas de sus obras que 
han sido coronadas con el éxito, yade aquellas valientes teniati- 



DE LAS^BRIBAB 'mTES^BBI CSPAÑA. }93 

'^i^attiqbelian.laáidiiitotdeKinio^ ssjllivide todo. punta iirfrüc^ 

^¿;i^*SciMil Du ¥4ca«i«>LovEZi • TalY« jcauf^'^IÉi^^ veiv 
•flie bUocartéii'segimdo'idgsr^oii-lioail^re^queiise halteifévékl»- 
HteideiimÉvévsalfapifattSQ'i y^i' ^BÉen ' todos >s6gui*mÉen%i]h]Ué- 
•fttli agíg»adbHiG§í pHmeñb) : ipero *Bvat^ debo * dedb ¡qoeifai «fwtíee 
hoy á la cabeza de estos^ artíiMili^ >pfroQ«iSeiKloiá ana; smeidfe 
-nomliiissi nfiM^vte i <tddsivlar«i> ¡cómpardcídií i4e' mk antágu»! Nputa- 
nnoil,{not)ohieBOidebd crearse qtíelie querido ásigridertmípoe^ 
•46'fijo; pues'U'eaii^ideQte^qfie' ^ fó(fais!lá6 (posas* tef^nibf dftl»- 
^tsA^^ét^estaMt^^ssém dB'd)áiiiák*eádobv «i»ila( oóasionvpreáefl- 
"^1 «neilnibiera^' sidoj absMiilatiieQte>iiinpq9ible. ! TritaBdodéíHtR) 
,quéiha éegaidbuocia lárg^ if iltríllaaie íofl(rr0va sbiMada '<éoa< lAi* 
merosos trianfos que le han valido^fiiüédSiVMMéhtéitoi-ÜIol^ de 
^tiii»np«flUur doHoámárai y fresideiite. dé )á A«adéifi!a<d6 ^Si^Fer- 
7fmQáO),ei éuab<ih)érecé' qboBethagtpL'ide óltfnuyhonerifieafimei^ 
-dbo^ mis) €»y cnanto á mí/quetáie'iiieíprofliHstó jussghr Idel eMi^ 
ído-iaetriai ée lüsiiirtcfs '60 £qwaña\;.i(l<)^a8oiqoeiréoori00có quicial 
'^^pLopenihi'^Ükáo póh mochos' afiop áila"e)b6ifeide^looipiah 
rfiólpeB iéesüipas^j/oreo db mi(>d0beP''dadarfar qae>íea>3e)tdíáí áo 
-éiMEiNle'yailo^inisi9a.^Sí.liubieBé'dtipde^ ésfe^ifflSstá déiddíhace 
íatgÉDiQsailoíi süi gloriosa {teleta ,' me ^hobk!ra'0(mleRla4^ vñh 
p-bütárle'Uihpnienaje de mi respeto v^gih «donspiriSáMiki jaieio^iié 
lÉiiigiiiiai npaola' ifi^ reJ|)r¿Uafóioi]l ; ' pifrú' toda Via* ae piresmi ta^oéMb 
.Qft.íiilsfaíéntia/pde6ri)#ag!iy'f)4»pio<taiiU)ín(ib creó oéntdereokib 
-pávavjuegatfle-éiKebtGÍediieépcoi- •'»• í-' ."■ >^'Mt''-'::i : - - ."^'i kI id 
\ ';.>IüjiSBfeo-sérfa(eñYmiijoíoiO'btacüshrá>un?jiidM^ goaa 

ideiun^ioetelfrídaAílelitirüa/de áep inferior á' sí* diiaaio al^flurde 
'dHioafi^lrav sbi ,i^i0eckn debidaihentel los cnftibriob qaeiipaedk 
'^bboei^ípan» wgaiiDaQh á (le^idelicafasaDOio del tos/afibsíias^ida^ 
y rápidos progresos de los tiempos que sa tsaeedan.^tdi'ialgtiiia 
•<ii»aie§ digna' dé veñefaeitmi <lb setiíaeiertámanteiel Mlbré la- 
-JBiposo Kfoei peraeiiieiw en fe-pkráfilka de* so "áitaii caánd^ pudiera 
(7a« reposar- sobre i pjmaabahrbsamentfe ecnqnlstadaér lüias^noles 
fjtíatq^n eariofiq^^que 'desde» lo alto 'delJ*p0dasta] i^ á'jtondeUe te 
'dteivadoi tetíusta: iadnttra¿i(9i éei utaa^té^oba^ >>ia ^lejaiia ^ ppelefada 
•áhanata* ide dtee^osexclmivo'^ án dii^taírlaa Mb atabantlii qué 
tan escasamente se dispensan á otros émulos mas jóvenes. La 
critica ante todas cosas debe aeri^vM j'BOMto»iá >ki4i'btaéirot«s y 

SBGUHDA BPOGA.— TOMO lU. 5 



-a«inládQimjcp«dHiiosld«i te píÉrsónas^'|»iraSii|lMlas , i y: AoHdpjame 
nunca alucinar por el prestigio de las afecciones de la miil^iiA 
-por itasidBOffltittáasciue pnwláB !^ej\ «iii^taa 4icaBÍbal Hago^tas 
-üAfiímnéii á €ftusa>|deqtie( alguna tiiaflJíentfifiipartidaQkw del •ie^ 
4Miftiop&stk«; fa^nxcaMsadQivnp úbdo ,quft)tti¿ l^apliórade^iá «ts 
oíHinitt tí)na|Aaté8>ténilklos!qQe .iio> Rubiera Ivfléradbt jiijnDctoft- 

«liaHEitMI^ pBm^USÍflM9(»1Mip|rOite V . Mi. '.- {|i; , ,.I r 7- '.i 

i.)iit<^iii^£ktittídid'liahi« dboo4eoir>pa9a;feKt)iiar'«lyaiÉor'dcl(aiiih 
-dMKfleifiaMi^FjIoibéiia!!' nt&l&X" I^opec^ bd Aunifintac|o »bu, fruía 
4M Q8ta[TaenciUa*y ^ttoá^domfom^oai^i' éú /que-sébrautle: ujii elé^ 
4«|^trfmañHÍ0> y;iuaií?oJ<ttviio) ftráf Aind^ á lai|^ar>9MitMmdtadMMÉ?^ 

-flSoiiíde «to^Milo iqiiiaipareco^::^e^ 4e fcl Mouebii4aMVaiiiDtt|(, 

. I > ^Síitn$|aig«i<ft»M)kiigíib, ademán 1^/ oaM|ciiflDtí^ 

-4MifpiidiMiíiocliaiJonaiti> síl.fii«^itOBiadfi í laíkÉranüá tejólMMB 
^l«e>^idfdKi»4 áiwtttfirt4r«l2ttaü>04¡«l(l»iCúakfl»ae>vmiáiiiCQi^^ 
íoiéof) é iaKtpayiar8e))p«}4)tiil cafkúiiMH .es4>eiíi]ditiaft áátmásU 
-Mídfraoi aiAistax (puasté CKid>; baoe mísaltaf ábdehídatneiite. Impme 
(de&ÉttUosaide/sp tritfiltOil Niagunaianalbgfia (exjsfeifnUreiM ¡eetíb 
«óiOOMnáo áeriy-Mi Mk « 6 4e{Píibl(» .Vbn^nés ^ '^i^íl testilo óúsáurif 
•4o dei4)i|i«s^i Ei»»QÍSfiidOi0aiaus{0utKlf<i9:<aa.kifllfr la mapairilWn 
finurüf^eilasilciftcpj^t to dJ^^radaqioQet^cafi» iippmH^íUeil'ila^lás 
(ttta(ldSiiiia)«oi^iiioaih8lbiUdAá deliril<3^^ y<pe]ncfpa]iii8Ql«:ia 
4Jbe6QBl»íaiD ignal dbilasifsam^S(|Kfilpítanlefr)da{vidaide1i>pilíBeto, 
ni la elevada distinción, ni la magiaidei hi4flaideMta9;HMpa»Mh 
mo^ Bc^atoeidallscgDnck):. fili^efdadem; méríl» dd sefioriliopez 
ibOHÚsIa iBBBi.bitoteit.l«il3Ífi9olaGif£^(nltdJÉ| ^úésiiú ifliileeK. ¡en>la 
ábanqueaf» detiditejok^ í3l.'(niaii>.lsi{14enáevei|o, aoJa careecuDiiée 
«l^iaíil¡HdfihA»ildad4 yíOAilaiiabilidadiy destréfla eon-fqpesalriB 
¿oái^rilo&Aotoesorioav '..•• ^.> . ii - : ■>!• ''--n,- * !>•• ¡,m / 
-I 4BdtlÉteMtos9ia«si<meoa(pQ«*rlaparf^^ 
mmÉMii4 plMílO'dÍ9íMbucáooif(rikid<it ^Sfftgi^^ 
caiaiiC80Éo4ftlaiMfinpi^. BliíalRatoiiaiGoyaitifiecbíisiéerai'coflip 
ifii 'i)bmtiOtpita} (eiv9l g^il^l»^ <m]«laiMi»te ^ 
del ilQqit^<t (;)a.iel)ef)<ai>d9li^kDod0la4o ly ;k lanért^ 
<lop |dano(l>d(e4ií MraLviPfMc«i bateo ¡«Ub>sumkv^^ énidgiuitl^ 

i:J ,<'-^\'>/\\ 'f:iii '"'iMii: "' ■• • r. 11 -1 'i'íi' '• '"!. />::».,. f: ir", üi;] 



-^.^ WWPP^W^ ^' '^ Bf Tíi^ JiWiWfiaftí e^p^ .empates, miaiSf 

El émulo mas tejq^^lf^.fii^ i;)u.r9|(j^9^9i<^ B^ fiwv- 

Ua ciudad.. líÍ9,'jj^f^Jífa|^«ip§i}S¡P|^iH*§rfi^ ftflte 

jR'\Wiflrp9»®feÍ!)^ í^íMf i^. ft?»S»)PQt^>fft^ el 

el loque es ñrií^,Y,^\jf;^]a^ 

^I^SÍja(|p.4^,sp.flU)jgft,MeR4^f,flW.fMéiia.P)W« W8 Wi<W!te¿ qui- 
,.|4ijla¡.íipÍQií,.^^ (^ iQpppÍ4er4qqn dfií^Ui ^fipqfi«5iQ»,d§,s«iwl- 
. SfiWPi» y Al ffliswo.MwflO BAP tpa 4p)j^cl9«9 d^^wilá«n,y 4ioa 
cpiwpz§i.aQ jdjlwí^o ,. que.p^^a.^ngp{a(iK;wtfii^t«.qoaifla.N^l8^ 
.4íi4,4p;Síp.piptWaag^e?lerp(teíh^p.. , ;..; , ,, .m| ^^íí* ,1 
, .,,. ,JK1 jpprÍQtej.ijj^^ajivo ^0,í»po<^.E$BaÍtjar ¿á á,wm)09ir igiAl)- 

\.yf^.^^,fi^\}^fá)^ ^j i^^^n, ^^y;)fir)ciiUs,:a)giin«9..oii))e««B4e(«l- 
^ll^^92((,j^pi:e^iop,ifluiet s^gnii^^^H^i^i^^iSoí» verdattosasi inspimeíf»- 
.#íi^.,yrj^up«}p.jli?i^a;eí..exfiew P^^ ideal, d^ k ^nUmcion, 
.A^l yez .^p$qpe4^^i^.)a pr4^t0 ii^^i^iie^íiide^su »pii^l 
; ,y la4P9KÍ^t<Jtf l^.foffPW á b, poética Uadu<)cíooiidd)[)<Afamiéiitf), 
. l9i.,^]i^,id€Ú9^ ,Qi94xev>er; ^Igmas,,)^e<^9i,el.peii6fi0iirabaja jáek 
;;^fK^|pPr,.S|}P Q^fdro» {M^.,)« tpato gaDAo,si»tobQ te seniAUAü- 
Mf(a^;|{ ^ti^Hidí^ lm)UiPQ(tf0H ^eiad€ipr90isQ.HegAir«ñ(lBl ühi- 
i^o-m^ií^m^H]?^ 4mvto asU Aod|is>ldfl> íidiHt»9ÍopeB<d6l^ejclí&- 
.M,,3!^RW4o^d9>J^t^ pK)do ^[.Mommú^nib de.<|aiéaefaUé|ddl- 
'<«Wtti q)}QÍ!^mp»«i^/^lW6.«f»po de^iiuii peu8aipQíl6Dt<i»> peáisíoéoJ y 
.r9iel9Ví^5Í!lli<^oi d«:ifi^y. JUiís^(íe >Leofiv LAatratnátofc deltdanDi^- 
i/lpaU)W;Mei)W (|igni(Í94 > ! i'fíliefvia^t i UoAj eemi^ozqiifiidiiqmf ia^ 
r^ms^Bm^U^.mmtí^^oái^i 19^ pec^^por elfiaisBiaddfeQte^.'q^ie 






á'sti'obí^ desencanto de lá frescura , sin tetiei" t^réséritéqüis, éii 
las arieis'k^bre todo , ló'ittejor és enemigo de lobüéno^ Paird de!- 
sarrollar fes preciosas facultades de este joven artista catalán, 
'solo es necesario ^algah estímulo oportuno, y aügó dé apoyo dé 
'páité'del jgbbieriío , pues hemoií podido fonliarnosiina'idéaexad- 
ta de su capacidíád ala vista de ún cuadró hécHo eti'ftonliá,'dél 
iüñA éá ba apoderado la ItaHa con' premura. " ' ' '^ 
<'í '■ El Sr. Tegeo , aunque xm poco matet^iafistd éh sus cddpos^- 
-dooéS'l' y tem poco duh> y frío eh el cóioiidó ^'háifta'nifestad'o 
eni^ivérsás ocasionen suma ehei^jía en él dibuja,' dighMM- én 
' sos retratos , y' halbilMkid én él relieve de los ropajes; ' ' 
i ' > El St; Gómez compone bastante bfénsn^ obras; VpHnc 
'láente sils dibujos' tío ¿atecen de gracia y 'efédto'; péTo "pof déá- 
•grbcia 'le acontece como á un gran número de sus Colegas,' que 
. ve ¡estrellarse sus' buenas intenciones contra un obstáculo itíven- 
«4Íbte:cuiA es la fieilta absoluta 'de estadios ^fíós. - ' ' 

« lErisie un ^eirdaderoméfitd mucho máyot^ del qtiegénérál- 
-^metítese^imfaghia en Crearse una especialidad; y permanecéis ^á 
ella ('y la*^mbicion. ó st sé qoíére tíí ardor vacilante de los arítfík 
< tas se<entrega frécuanítémenté á una sedé dé ensayos y téntatS- 
-Vás ipie bo puedeil'mébOlí'dé'pefjiidléar á sus piN)gresbk; Dé la 
historia pasan al paisaje, denlos asuntó)» religiosos á1^ escenas 
-de*, costumbres, >á riesgb 'de quedar ^puitados en lá'dscura 
: «ledíáni&'en «cada ui^'de eíltós géneros^ 8bio és dado á loa tá- 
-tentds'tie prfmer<>6rdén «H ábrtóar á la vex esfa sfmnttaAeMhld 
deiesDodiosilAA' diversos, mientras que los que no estaiil de^- 
.inadostiseí^ jefes de uhafetoueta, obtienen muéhd tnayór ven- 
I'ta^Men'-segutp con paciencia el caminó á qiie 1e^di)K}e sú W 
. lAcion: partjcolarj' be'^esle modo. pensaban Ids líaméiiétfsV 1^ 
rciMrfeSkieiicérradoe'enf un campo limitado y estrecho; Uégáiron á 
éblener M pclrfeocíon> en los pormenores , que dá'sumo Valoi' á 
' >sná bbras;' A eUos^ e» debida la cnsaeion del fféMH , pBÍtíbik^ ée 
' traosioioB quédala conocer en la- escala die Vas pred^eclOÉies Se 
lia 'iniiluraiél paso de lásgrandés composiciones^ Mi^rioaí^r, ii<i- 
/ totógícto ó' religiosas i á la descrrpcioni eicacta'^ fiécnicaí, lAenos 
- plremoluésa de la naturaleza y de bs eséenasínléríorés, etf'doti- 
'ilaiiiienfcsiémpreHla verdad local un <pa|[)ei mas ittrpotiatMlé': £1 
Hg^tt^ívtofreee mayor' campo á los talentos individualesit e«>él 
1 M|a elipímoriüm lenr^Mipropofoíonado'á- tanaiftraAsita de^Mis 



es , p^pia,, ^ , sjp , embarazarse 'Cpa l^ ]:e^|as ^ustera^, de 1^ pin- . 
tura elevada, desenvuelve fácilIn(^ntes^s,pe^$apieoto^A y, l^enet. 

.. .Pen^ra^p.^l Sr. ElbQ.a^.pstav^r^^^ Ijí l;^a:a4Qpt^do(:pn^ 
gr^ ventaja ,^perseve|ran4o^ cop un z¿lo,prp(lj^|osD en )a jfpea, 
^e. estu^ipS (ju^'^.hfl V^^^^ , y flíel i s^ ipnaU incl^i^?c% Í'ÍíIj 

^^^íífRW?» .^^ !í^ PQnptitui^o eií PPéf^.cons^^^ 
vido3 hechos de armas ide la plaza y de las ganaderías, Nadie 
sabfj.trj^dupir.qnejor ^u^.él la ga^ls^rcta desenvoltura de los^ Monp, 
tes y Seviil^,,^ pin^uño deptos pqedea^pirár á lainmortalid^^^ 
si nO: C|9n^i|;ue i^h yjid^que.se consagre á él tan hál?U ipincelí.^ Ha 
creído además ej Sr. Elbo deber prestar una atención 90 me-^. 
nps. Severa á los ma^é^tuoaos pdye]r$0rios. de sps, héroes predi- 
lectos^ .bu^án<^olósf en su salvaje retiro , para examinar sus eos-' 
tumbres privadas, sus instintos, su anatomía y sus habituales 
actítpdes. Cada puajdro suyo es un precioso capítulo de historia. 
najiUral^ ^^r^a;j^d9 con la e^rupulosa cqncíepcía qjue empleaba Pa- 
blo íjottej^ jfuan^p pipiaba Ips reyes ¿«^mibírbarps jle, lájs vastas, 
praderas de la Holanda. 

. fjl. artista español noi posee en verdad e\ enérjico toque y el 
cptorído seductor de este último, pero nale.e^ iaferioi: en yér- 
dad; y si sus cuadros carecen de efecto algunas veces, agradan 
en Qambio ^ientprp por el ingen|9^ W^^. ^^. .|<^ P!?!*'H'^'??'^« y 
la tran^^encillez de la expres¡0|iv ,,,,:, •,/ . :, , „ ,,. , : . ,, 
Exist^fl dos, pintores j^yeíies,' fuyo tá'íei),t9,se e^pje^ fe»»é°- 
^^^teppr desgracia en representar pbje^ pocp^ eleyado^, per 
ro.guí '«j'.recppi^nd^p's^papji^p, ep sumo, gradoj»^ l^pri^iinalip] 
*»4,,4e„?i» fiPjPWion y vivézií.de.,sj{S„rasgos, E|, p,rifi|ero el 
Sr. B^^^r, dp. Sevilla,, .(^e^i^es, d? líalj^r, urolja^j}, JK^r^^o 
<j^e. i^guno^ f^lij^ eji^yp^ <im.W^. mm AiR'í?' jPÍff.^l^W/™»' 
?"í'?!'''í?'.;Ví^.JFS?f^'? W5, 59»)ysn^enle,,f si^ ,ifepi|}acj(^|i ,t)er^tt?a^ 
fil . B^mp -ffl ««f,:?H(. P".W.8e ,h^W,a gr?ni«fdp, ya una rposidon 
?9yi#WS-, Sí»s,fsc^n^ de p9^l,io|bi:es íP<jal||za?. esten d^em; 
peñadas siempre con suijio cl^^te^ ipp^do^.ei^ enífs.la^ majfpr 

pular en las naciones extranjeras. En el día, solo de él depen- 
de el consagrar dignamente esta popularidad dedicándose ,á peiw 



tóümitS má'á a¿Hds; ^ío (iiáíiiofe ¿ettá ¿tírtóllisfliem^c/s tfí^^z-^ 
^V^^i" álfeühbá éiccelfentéé rétrátósrqutí &'ñ¿ín'audi alg'iináios' 

sus trabajos con algunos deliciosos caprichos en qué'^cíiii^JiJ^á' él' 
eSilrb', 'si qué tíáciáh es]E>éiíár dé álqué serta ün cohtíhuádóí^ de 




dé^fcíiidádo'up pócó, en mi ¿drióepto,, qÍ fecdíído csii^' güe sié 
ofrecía ante éíVtféspéi-d'íciándb akí colñó'óti'bs mucttós,' cotót/ 
eVS'l^í 6ota¿z plji- ejdinpló, én dibujos inÜignáiiiéHti^ í^e^tókucí-^' 
dos por W '^i^^ííadcl, .Yerdáaefbs tesoiroS dé iñiá^áacíon, ' ' ' ' 
En cüalqViíéi*a escala' qíi¿ sé ejercité lá Jiíiágínáfeíóu del át- 
tís|Ü', síetóipré' son* di^iiáá dé aj)recio síis' producciones; siendo* 
por óltá^ parte 'tanto' más dígháde' elogio ésta éúalldádcuán'dó 
existe ,' ciianlo que , pbf ' mas qué sé djgá'i y por ínás qué íne 
cueste <;ónfésítrlb,é¿ et clon qué más escasamente hallamos en- 
tre lósjpjritorés españoles, tiá espontaneidad, ' la nobleza de lá' 
ííea , lá pureza del. carácter , *ia ^verid^dénía distribución, Ifi);' 
lá simpricidad én los ropajes, el estudio de íbs accesorios, tbdáiá^ 
estas cualidades están distantes de ellos por culpa ^uya. 'É^Htd-^ 
sívamériié ádi¿irádorés )a' mayor pafté^dé lá'idimitabté p^tüYan- 
cíÜ. áeí' jpihcel d'¿ Muñllb , aríast^án jierpétuápfenté las cadenas' 
dé las' aritiguás Iradicibnés, y mii'án con "deisprecib ésái^ííftfeas' 
aufiíéías y ésíudiáídás déiias' bbi^ás^ ttiaéstlraS itaÜianás , ' de aue 
abunda el ijnuseo de Madrid, tllreén bbns'e^úír él éiicanlb dé fa^ 
íacilídad j¡ dé la soltura con el uso desmedido dé un cbior'désor- 
deiiado'; y llevando" hasta el extré'mb las coháécuehclfes dé^ttn' 
sisteiiíá'tan yidiosó , ' Ibs HaV 4^é iii ^lih se dignan smiéiafr 
si. ¿' dítiüjbr ', dátídbáe^ppr bafeíéchos 'con los apládsbs que éi' 
gustó 'infohné' del jíúbltóó'prtídígá'irsti tnilágrosk tecúniáiífííd: '' 
^ APeiiiye^bda^ está^'réfetoné'i' á iid íío'níbré ¿lúe g'ózá éñ* 
espáSk'dé'Jnmeiisó>i^éWi¿'» ^'qu^ éfeel^é'é éíi'SéVillitiflaiiérní'- 
cíosa miluencia etí.iqs jóveneá que le han élegidoicoíno a jefé de 
sil eác'ue)á ; por cuy a ditim^^ ía libertad' ¿"e ne- 

gar 'la. validez* (jlé su éléVádií fépuíación.' ' • •" '^'* 1 
"' ^m olerías péf^¿a¿ dé las cuates ¿Aédtá' trtóájíj Ijte'ii© 

(1) Lo qne llamamos en Franda agtncemmU, 



DE LAS.<HnAB JUIXVSr«!raBSPANA. 38*^ 

vale diooaaaeMPOP'iiedS'estableckte 

qfmi^e>ieMSiáotaMiÉ^^ araiakMi#Bl/iiüaata)qtieip$lsiftr^^ 
décilW«8l/cinebtíd|is m«ierááKtf míenlo géóérai|. M erifoSl en 

ate niaflioi^ aijbnialiirideie^kábla^rlslisimittip^ 
nevQ0ádi1t»(>si'dériet^'faiM^a^^^^ sÉtc^riBnciB'iyi dtíildiíoH 
pBn^idadiid0'AU;'9i^nia «fxkidebe oallaiíseM édar^Itari^am^Mt^ 
por mas costoso que sea, un formal mentís á la opioiMide^te 

' ; HasoTildoptadoiei'liDmiiredf If Su: fisqiilvflií oonlN^^eHn grao 
pmUíí,-'}f apa "bcfioe Aidb áilosobafaitaáteá dftxSeyiHiit^eBi^Iaiefii^ 
sion de su amor de paisanaje , ensalzar sus obras al nivel da rUw 
]iNis>9rand0^iGdnedpoioB6sich< Muríltail^ yfttdájry'iterneitt.íui 
' ' Noi'iNpmRDSí'dedíiBado áMn^^ 

tendUap ofaTOsimiiies<;iti8vy hepiDs MbtdD j fol^GisQiW^^Sff^V^ 
Uitr;>un"poloa9él*itafBn!>e8l)é pibtor, pertí inérit0'MK^fltei9^t)te(, 
ettiÍ:«tgielide>Mbei' éapeUw«<)a^beQsivoknipiaJ>.yiatE^(i»riH>(lfi 

idolatría del pÚbKob*"*^ • ■ I' ••'••! i-i' r» -.i ; •' b ii: -«j <>n;, 'fr.i > 

Fuflnga^ies^oÓRveDir 'en; qii0 esto esi ya ouidiopo^ (tíi fi<^ , y 
tebanoil «ni|e[Hb<pfia^8fKkidÍBra{C3HiipkRs¿^ puMtOfqii^ 

«l>'fln>idcAie téM^^siicípedoÉapentoMGiiitpabagb^iliBMí'VAle tqm'J^ 
ohraB<^ qoeiiio esthnrfd^liiiMas á t vi vk» por im$4i» tiempo #n)4«t 
nenMria'die loK^hqmbreb; repdrtee ásu '«ttotirenpl^idaflfidoi <^ 
})hron«cÍK>qbeigiie4aaÉifaÉH«inart>wi|sioD<l6i Wj 

-tintas '^iké pinato flos escbsívxiB idavechosf q^m )eli,4iail» \»^pUif^ 
^sñÍBfáamsM'tkri^^ oí^)4o;Bií6icíI)t 

^mtodsttipgiapá (kBaiaateictti.ptiigrosatií.l • i'»b tii}Hii(.vn Mrnosuii'U 
i dyh^t8i»8tttÍ8ftKlH>)elbr6slp di 9vMieiitp«Yí<wr^>80 oimh^nfaüi^ 
xm'^zvt^ IHÜ«adan^te<ile^pR]fs ttrilfr><|piiinft)$| MmYQftiégiiP 
i0dfliái)el ifWjseodaíiBrMesttfá sofiíra feceof vfiO0Í9qe9i^ Iqs 

-iipiaaBesídvia'iiinifetaéptiiftiXHiaiidoise^isoHci^ ^i^ 

igo^iHimriifeeriBSfitenerivalúp )p«*a)aoillil■^^l«^^ á itfli^H^ifríi 1^ 
ibipilBenfpjqusisef^rQdamv y ^tm«d«i1Ál(qOi^^^ 
itixlá>4a h^hiijpMiíidfdí^toa 1ariip&isiflíi4^>«lta^l«GÍd0$MfN^ 
ge impunemente en verdad artística 10l4lleHnDM6f)I|»|^<3K|^^|M^ 
>ifadbj«V'aBrfíeaÉ0]tampfop pi«^p0fY«iití«sd(4)ii»amill^>ielfgus« 

<a>ae^9i»iiti8|pátnbt99^ hig»(i p9ffi^fiiieMl^ 



didatéestQiesaáoapndiosas' crentíQQee^ per víais alBia»<pi«lqsasq 
S0clBcid98i<y presá&flXDlaíIiga de aoa falsa* afkarienda'^lwf lesa,: 
másKiemáo de (fiiteren; presentar con osteátecMifi'esBBmfentM 
faatasíftS', justpes «star (lis{iiiest<»á -sufrir »érias<nedba¥Cficieiies^) 
II" Todos \ok ^f)eriédicoS'íte' Madrid hao agbtadoieljYOoaMitrki 
deia»: alabanzas » mbs lekageradas para 'cekiNrarfen ias. «iUniNi»eK«^ 
poádanes^ 1^ píatucap del . Sr^ Ei^uivél.; Uésidleí agiiaciado e6a 
la» idistiüciones mas ha)a9iieñás,ry, e^nno >ya ioineñao&iiidtOt/om 
polrcion de j6 vahes imiiaii su mabeoa.,t yis^iesfueníanl'en^ségiiiq 

MS'hlMíifaSti" ' *' • ■ í...i(< . il!' .»:•-' íj!]» i-.M. fj r-.t .11 i'.q 

Por nuestra parte creemos que el camino que ha sÉk^tbdo 
el Sr¿' Est[ilvve):69 mafot^y taatol pbor <taaató qué aifdstrar^ttpos 
suVo' las •settíejaÁzaá de = >l%'rá£dn, Idé la franqoefeai'y, deb/art 

Enlamiitierosá^istá de su^ cuadros^ no ha..halladO'<ui^'fiQr 
ía idea orig^aAv Déjapdo< apante ! /lEíerta oompbsicieB > preseoftada 
-en un-coneurso 'del| Liceo -qáe representaba v si no «mdequiVbooj 
la reprdbdCMÁi del crimeQ, 'todó^ los demád! tíeneá por>a3ubtf) 
tbotítos f a usados poi^ sus: aliteéesoceis^ Y la<l£»itai<dé ipiagiaa^ 
cion¿no es un defecto en un jefe de escuela?' i| i ; m ;• - i 
' ' 6tt dibujo* es (üoGorrectO' y vulgar; t sus : ropajes, pocaSiVieces 
^tudiados enila 'qatura}eza,MreGueTdlaa>>eD sus.plicigues foraadoa 
^ gmVo afaianerado de <fos nkaestros) «del siglo XVlli , sitiildoibafrr 
fáiifó para tionftretteerBe'de/éstá veMaá' fijav «la vista «n sik.íiIit 
{gel' baido;^Su8 cabezas carecen: de; estHovló pécañ fiar maneift 
puestea '<t¿iatral, délo cual puede iservirid» ejemplo :]|i cabesea^df 
lav Víi^eri deiisii Galrariol Nada nos da á <sdnQter«i^ iét]la,oifiiii- 
tiia de'^a ¡eomposidion i. el< estudio de.iafpérB^ecftivav^M^bifdís^ 
tríbucioD razonada del claro ^scdvo.iTeilasiiBnáifigunasied^-ituiér 
'Vetí éi^iun lafódte'hn^esiMe; Ha querido freéiietaitemeRteí limitar 
<eii;-aildifoadbl3 laibransparekÍYBiá vfi^etft)saiyiaabnadfli{ de\MarW)e^ 
^y'stf'^personajes'^sa destacan : sobre «nfr-dorteQEaHepafpjf/itíia'Ai 
■hsLñ tibné laielwuái de la*«nhoníái El itoileldi8(aus;ba#nea'«8>ttff>- 
'si fti^p^e falso ,'yífiiialtnente'su; cotóridoviconsideradQ'Como >sl 
-principal* mérito que'fe'^tistingiie^ x^onsiste ten Hmiipüajuatoiidé 
-Dótatíees chüldnesi'^ discerdanbest.que aiAgdné»» Hiiintfaí esaitao 
'diSipsllfte'del'queiasfiib'aJ ^ ■ -•) i; í.jJi»/ «c» t.:' ii"m.;.mj «i •/ 
* i'rlios^tMUMiqueebaozaoitsiiyfiBi y ptriocipaknenie iQajdb^ia 
-^oritaifAL^vi; jóveii poQtt|»^MQri>aoaiaddavMlet>Eq|Mt^ 



DE LAS .BtlDA» ARnSIÜll HISPAN A. kt 

Mexa;> Preafábanae'smeiiibfargb es^o^diferenrtes^teedelbspaTQ ba» 
certiMiy bdeiiOB eModios^ por lo cual )oé< he dludo e<m^ pireferencio 
á'«)lnMiiiDQcMosiqtieu)iah lalidoüdQ siüS'iofáiids,^^ ^0'6stati coatav 
B8nádiin^eoni>k)SiiniBnio9defeotbs;'i'''''' '"• '•'!■=•' j» •"'''' »:;'•' "''' ''-*'' 
I» MVerdiid'és'iqiietodas-láS'obttaLs ttolSrl «íqoiYBi Man^pintiadaif 
con an calor y un estro que deben''preoi!íiitiietíte'fa9elmur>á''kaí 
fltilitafd.'^Pa^ i)ibr'>dii¿ de^^'AídUlfts diiiuluides del ai^té^con 
látfto'desdriftídoi K^e^i^e 4iáHeí ana lli^oesto' á «réer ^'aiprtmér 
aspe&to; -i|pi6iiii¿ Ibby tudj^hd park^él>,i y^^é él<púconiai'^fMy^ 
tiM emiíqup sa\dMiteiitasr.é9<teúidoi'por<lá'peifíG<tion <á1osojo^ 
doseoQoairtadm de*8osítido^;i0nles atK>logi9laSi >>> < un ; > í; r 
ii' i9íj i(tespues(idetodo, est0<ai!ti$tav queesjDáidotBdoide taupióv- 
digiosa facilidad de ejecución , facultad preciosísima sin duda* al>^ 
gona^ tuviese á bien penetrarse de -las severas beUezas de loanti-* 
g«i¿ j >fidei k« véttdsKieros modelos 'de '^hiluvsív T f<^^^' ^^^ ^^í- 
g^lite'QOíffiijBD: midmo, fácilmente se* conveneette' déque'iio'es 
tti» mbor et éstiMMo^ p^ >a ibiaginadwtii' piira<: el fuego det 
pensamiento. Si el colorido y Ja franqueza í^dUrioqueiáSaden 
grandeza á la creación artística , sin el trabajo suficiente de la 
inteligencia , semejante creación no saldrá con la fuerza de vida 
conveniente. 

No llevfiiÍTiBal(elSr.i fisquivel el que haya hecho con tanta 
franqueza la crítica desús obras, y guárdese muy bien de atri- 
buir á un pesimismo sistemático , que los españoles imputan á 
veces á mis compatriotas tal vez con razón ; pues solo ha obra- 
do en mí el deseo leal de hacer un servicio al arte , dando cuenta 
de mis impresiones con entera sinceridad. 

Siempre he estado persuadido de que cuando se trata de un 
hombre de reconocido mérito , y yo le considero como tal , es 
mas conveniente una severidad concienzuda, que una estéril 
adulación. Las buenas cualidades pueden pasar sin ser celebra- 
das; pero ciertos defectos que sería fácil prevenir y enmendar, 
señalándose desde luego , se ocultan al ojo del artista , inficionado 
por la lisonja, y principalmente á íos del público, cuyo gusto se 
altera y se corrompe sin conocerlo. 

£1 Sr. Gutiérrez , igualmente de Sevilla, participa también de 
las viciosas tendencias de la escuela moderna de su pais. No se 
vé en él la viveza penetrante de su colega Esquivel , ni posee tam- 

SEGUNDA ÉPOCA— TOMO lU. 6 



róiny:ú»%,fei9Cul^t4eiN)todd^^«fir^ qanrasv 

qnees d»Bioow^áiBL,9í\Mm»\ pBrol por dedgrapia< Mtiooitunáiré 
de no sujetarse á dibujar correataBll^avífl^fiítia laíinatiifbleaau 

l9lsilaYM(Ml'de«iia<OQD4ioraqs(t-d.{; mi,p n-.i-.iiii ^ i..'"' i..i kí -> 
[ £kiSr. B^eraiiO!;i(Ui0$U«ldQli MuscK^ d^ Se^tllp .fuese. lanUfitNi 
ol.niÍ9ip<»tdQÜ90tOí; |iero>se<(idHa«tt UHtos 0»a<^^«bidiite\l^iidwij 
que^realia Ja^ d^iUéi^' delei^tHtN y, dolidlbiíjo^iSÓ Ujoi^e /asfox^ctt 
tM|[a y niüD aaí});)^aqadD left uobíesouela jna» oaaftizaH pifdifm Ueit 
gar á ser un pintoMdaiwér^o; ^uu^¡ñéa\JBiSid'^ú. m^fema^i^iitíh 
vigoj^'M du t>HxMí<|Qe «q*]myti[K>QO^ 

tiWIMlií'í' . .' .-["•' ' . ' !■ "'í". j I / ! •' ' • • !'• »•>!: m"'í í'xo!. if 

Lafpnesenta re:^QPa'dtí(H>HípinU>itesfC)OBt«a*f^ i^i^ifáoi! 
eomplenipnU) ttMwAl^nel 9ftáai9a>iqtte(ire9Qntdnínií9eí^en»iiuflaCfp 
^meranítmlo^di) 1a!e¥p0$Í0Í()ntdl&>ei]adips.(ttt0'd6ha ví^icain» 
eolel'iLicep'dB MÜKlridu p,-'i -.: *•> i- ..•.'!•..]!) .-•'> 

'■' "I» •!"•■■!::'-'>.;.'•'!- • ni . > M 'I' h ■. .'! '»'• > »;! ;; '-a --i.'";. 

('. ■ !• f. V •'•l'i ¡ ! !'i ■•• I,"'!/-; ■;; ; • ''l' • r» • ¡f. .'•!«' t.' mIiJ. ;í*» 'i! 

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Mi« • i.ii.':! • .' •• !• » '•■ t. -.1» . • :i.i !■,.'• >«; M'.í;j^'í ' «f; jíUij'' 
. '* . 'r;1 (!irí( • » 1 1 : .;, ^ •• ■ i / . ; *•• mjm ,,| '•;< /ü.'jm'i ".'i m.-Íh*. .|| 

'r**«'' í : ! .■ ■■r,\. ,í..' ^'t• , m> !»f.|t:í' . ;- r' ;» "tf')'U'>/í'(.*» - t.jii 
-j;'i'!'«i'>'» I'í-' :ii'. i:.' 1 • !» ¡-i ^ tj.i Íí'Ími • '»wi'.m'«I <:vI .m« r h.ÍiíÍmí 
. !l.ín' "'i!.!'» ''¡i'',,,,,. ■ -j't i,'.'- .' •.',r^- (.!.••'!.'» ^..•'¡ •!• o}'>í):^).lt 
«»hi;iii) "!'l I , ' l'-iijr, ■' ;• •► ',; f iii'' ■»'. f.- '.|.<i •«{.-•, |i ■.'«•Irif'.'r.ií-)'' 

• '^l^i'r "firtj • <!,"••• : •;. I f: ')!" '(M|.''';í'«fíi'''| / ,»,' I !•»-•' >,1 'M. j 

'^1- )''"'lf)i;^' .» •': M" '; t'\i--;'r .|, >i,"i¡.,!i i«' i _ ri'iifij.i yu* ;.j 
d .III oi/or~^A:)OM.< A<i/»jr)i^ 



mtcNiA m iinn<'Dii<<ii«HW>'H''iiitini, 



RETISTA DE UADUD. 
Y anduve á calabazadas 
Como otros mucbm , buscando . 
Lo que anos Haoi^ fan^smaSf 
I oMMivianuiídn , 'y~ vfim "" 
Tristes desengaDw llamaii; 
Maldito si , aunque quisiera , 
Puedo oponenne en sustaiu^ 
Al iuTeiMible Glósoro 
'''{;«;«] «oddeÉLfcddaiihibiilnR';'' i: 
El rey es rey, nos dijeron 
Nuestros abuelos , la, España 
Bajo el reinado del César 
Fué grande L$iWi«ttmah«iBcs n¡ 
Puede llegar a alto puestd , 



El 
Qo. 



Entr 
Ala 
Cebí 
-Ym 
El 
Tras 
Yu 
Tu« 
M117 
Con 
Voy 
BieD 



M' '' 



De las béticai„(;(tfiM^:pu,.| ,, ,,., .,. 

Logró alcanzar un ^píoigo ,., ,i 

Qufld 

Aunqi 
Suiíui 
Xtamt 
Yél 



Que a 
Queh 
Abon 



Cuaik , 

De la , 

EnlaE 

^frió en silencio ei apoao, 

Y con desden y co^jcalma 
Siguió la comua cbrriente, 

Y se le apropió por gala. 
Cumplió^ ocl» ¿upt^s^jf^^iombre 
Tomó otra vida; su casa, 



Seresolvió a (mehfUÉmi^iii^*'^' kíoh-íh 
Sobre el HBsttniffoIrfáfttt'-' .i.n.-i<A:ui ^u 
Lo que al peso dflfsía'líKiitilinft -^ > ^ «i' ^^ > 

Y prepotenciaiotimiliifi'*''! in-*¡m *>ii|. í:.» í 

Y averíguaaltommMiola)"'!^' (^ "ü^) 
Lo del apodo 9n(ltiüiiiié»b5*>'i' "i' ' Í!:í ! 
Quesele-díiMiai»^'y>Mi!iido »<| tfit ^-i .n-t 
Queá hombii«tétt.tl«ita^iti[^MMiiMiia«> í 
Fuera terrible diiiulMh».'»? hh ^i .í! i^t - i 
Que Barrabás ]eltiiimmii>"(i >^ im;.«; «i 
£ula cóetei/)d»)lá'iei{vidia'i <>}>>> ^^^ '»;!.> 
Se encarniza coii>ilo<|átfra^ ti< i > < > (>^1 << *^ i^ 
Se decidió áaiD«dMiifarie^ nv^iiiun «.ii-. i 

Y un día , con ^«iáiij(nllni»;iH- '>l <ui\ i 
Paseando paso á;B««^'»-iHi (i<>'tr<')/«> ^, ] 
Con él, le bablólms^ ^«(irMJH i«'<! r 
*DonFrancisco 3É e tgar ^o, "^i>' i»'M>t«} .>r^ 
Vuestra inte§riiaí4(^>««)^'>-''>no!Í lí» •;!! 
En escrúpulos: iiMtmM^i ^''i' M'»<'i<itoi t. i 
Queestánvacías3tta.ttrmsi H' i; i. .li í 
Los tribunales sía^msíMd^ - * -" > >>> n^ i* i 
Los ejércitos sin^swnin^y '• '• » M /o< (. r 

Los consejeroisl«ittÉ»«iHbv:'" '"^'' ''"i' ''' 

Y los marinos sin pigfltsj ■>> !^^ i «:*:'( 

No es la córtetwil'Amlla) >>'- ^- ^' i *«i<;^> 

?ue con VeintlmiiitNMiiiMMMlif^ ' > /<•''•>/ 
en honores recom|íinsá > ( * 'i*'^ • 'i 
Lo queenj[>alMétts»ite)^li9'-i i'> i«. kI 
Sed mi amigo, y (^ámmaltí»^ n 'O ' * ' n i 
Que sois, vuestra «feffigto iuMirM» >')> fi'M 
Ño se mezcle en péqn9ftéb<n^ ^^^ <<> í <> 

?ue dan disgusto'jr iivlittié. f : . , o : n 
enedmas ancha(<Nibdí«iieiir, • <«> > >■ * 

Y pensad que hayienr^lsiéaa» i ' ^^ i > . > t 
De los Guzmanmi^ '^•«9ttiia^ í >|(' •' ' 
Tanto oroy gloriattoniálla;"^ • ^ > i '< >' 

?ue álasosp€ídittld«sdefottV- !<'/>- li" > 
al malicio$o)ti«^bfi^(i >< ":>:<$ .•< > 

Y á laterqu0áad»dM0lteafli;-'\'i ! ui; i'< / 

Y alruinpublioafttsofiftumi» > ' '^ *» '^ 
«Conde-diique^<€b«iPe9J" "^ » ," íh' 
(DijoMelgare]o)»lMataii<^ •*.!..,: íí.j; íií^ / 
NoesmiopimonvitmttMarH . .1: .< «'l 4<t 

•>•'>>/ Litl!lljotcffii(>/Bt-4ÉM^hta^ >>'-v 
De no brillar en riquezas 
Con oprobio acaiiuiui4a». 
Noble soy, y la hidalguía 

Qu9dmmi«»|ftWr^|lirl%r/. ATo.n 
En el corazón a costa 
.1, •••••' '''*»'tfe'ési#iéñHág!jfeh'áihíf^Si'""'"'''*' » ihh. m.ii:ii o/ 



•V. ._ , « j_ ,^|. _ ° J»« V «'linio*! «i'fillo i » 

1 1 / 1 tíf M»/(^M plivares dijo) 



]^9 REVISTA M .MABRID. 

Blasona Tuestnt ja^fuiciar > • •». , 
De hidalguía, coanda OH! jMÉÜNPe : • m >-' 
08dióelbainoii4a<TnaBiá - .. ,. .» i 
Con que adornaréia elirUol . • . ..¡ ( 
Que a Tuesti» abelorío enaika; .. .'>. / 
Cuando diz gue del infiemo !r . 1. 1 
Tenéis un pié eatre Jas aaouaíBi »> > t ^ * • .« > 
«PonMu.jtanivrloseAtraflibm •..::.. nif» 
(Le replicó) me maitliáni : • ... r. , • : : i 
De aquí, sino OMMNneni - • ..•,'! v» n 
Que es muy ^cteisa milestauoia. » r ci 
Si soy Barrabas deapodo^ < > .x > > .i i *>/- 
Ten^o nobleza «dcel alriMh.<. •: .. t . .'; i*^ 

Y mis locuiiStideJÓJireB: . i.'>) .<• . pm r 
Las expiaron miscanaav - < "< * *'' '< 
T por Dioti^ue.ai Sevula; : ..! ii i • <)<> » 
Su procurador, métoaáiiídaf /.<i..i{ ímm 
He de honrar «0010 oo^visne • i- .iisi./ 
La comisión que OMiHMttvgaf . • ^ « ri i 
T he de decir á la iajuifía. . . / u' i< < xu > 
En su mañosa aacKbanzai -¡.ii. .t;^.J 
Yo soy Barrabás, Mf soy n. : «i ^ . I 
El que ineorruptimeilDateha •- - ' . /^ i 
Entre la falange astitfift I i.; • t i "-i / 

?ue las seducciotiea fragua^. > ' 1 1 » / 
o soy el qiiefmando;ionr«Di< • / ..i >,po 
Hice vacilar la auna;. . - mo^.,! ü^ \ 
Demi opinio^ii.y héaabídO''. I > , •*.( 
En la vejez restaurairla,. / .... .1. r. i> /< 
PurificiM^ini ataita ».i - •<./ . .!..y •>.;{> 
Al crisol de la*d«isgracíi|.9>'< ". \ »^ . / 
Dijo así, y loaeoBtesanost^ ' . . :«• 
Que por acasQ-cnusabañ' . i... • r.a'< >! 
Por la galería,. hideaon . > .. . .< i 
PordicnaoorHorsHi^tÁeaj i.«.f -I «<t . 

Y separándose «eMramboA. i.: /.. .» •< >•. i 
Con grandisiiBulo;>«sfiuiAa i- ^ .< ., ,.< > 

?ue nadie alcan^iél a^eveto^ I.' >. I <.. 1 V 
el wdaluzcon.cMatalieia) :> .1 ! 1. / 
Negó su voto eaiiaaeovtWM! m inoi. ^ 
Sin que sufriera aae^hangay • .> i .; .<<< * 
Ysin quenadie su«ip«do.* ....]/ o. <. 
De Barrabás receidáiíaj .> > • : ¡..r -t « / 

F^6r6tioiifo«ilft4&.-mJoftii«iiiÍ Gbualba. 

' I ' ■ " 
•.M) ,¡. ! ' í I / íl^ -il.i •/ 

MOTA lllC''SJL-'»B»ikOÍ0mÍr.'''^' 

No baMéndOM lermlBad^^.Aiui 1^ dMlf enciiii ,<|ne f I .^f evo decreto de 
Imprenta notokllfa á ha^cr'jpara acoñiodar'efttf ^l^nj^ll/eaeloB álascon- 
dlclooM «ne exite, b<m vemoten la» neceslilad ^ sapniíilr por iMy la 
Créplea Mítica. '*• '., / , j' ''^' *.? 



• * 

m ; sisiEus FiLo$0nGQs. ;: 



• > . ^- 



do m, ift |¡ey}síft,.íPi:re3Ppndiei¡Uc á J^ 2." ¡q^in9Q^a. 4©; flDvi^ewr 
br^l po^ ^a .estimúlalo í.cfcedicíar.Ql presente 4.imí, ÍP^Í^^Í? 
>íiijeto^ c^.lá 4¡f?r^ncja^ ¿p fti^^ 1^ obsery^ciofl^ l^e^h^^ fR ^ 
artículo, á (¡Me, ^Judi^o^ FjífflW spj^re, Ia;ÍB<íicafjla, ol?ca,.y las 
. íi^úestras Vjersarán ^obpe. loi^jjqndpiQ^ ,^e legislajC>o?ji.^v.il y. pfEjifftl 
del mismo, autor^. fs, pbr^ esta eme, ba, \^n\áp ,dia^, iile. ((ifai^^bpgs^ 
_^e ha ^.^pffeciada,y Wda.cpiV n^j^y^liQ eftlúísi^ipq.jy.^qup 
.por,dQsgr^fíJa,es ^oa^vía 4 f»t^S9f^r.f<4i^ 

Bept¿^ .^npso.tros.pp; ppdeiflós ?P^P«5# l^ni.aw^Pide p^ea^pa pg- 
;(jaene?,» 4e ti:if)}itarle.el hpm^«p .de^r^pete.yicp^^ide^ 
^ehído? ^ mff;^i&:hf>^i¡^ 

cieociíi de> ^gi^^cjiw.te.^s;<i?U4pr?;40^ i^iiy si¿blf«j^^:^iprííp; 
qpe ásu l^o^^Rar^^ Wy.peqvfppSjF^apglpr^^^ 

fie do^jü-fna,;, 9gq^^to.sa^)Wiy itt» fWií^.dft Wi#5^ 

ble. Pero .9P..mjedifí, de ,$.us Jt)rHlwí^ K; desjuwbpadpí^^t ,p4gipa? 

'b^í u^ veni^ap .w,rt^l que ae yá ¡^0fi^^í^4O;iffSíRS¡]^Je^^fw^^^ 

>^ cu^; ¿p;gi^?fr,^ai4^ble: ijl^.xisíí x^flP,g¥i.s|qiP%pflq,y 

delicaflp,^ (j^e Jley^ .d^n^ro ¡4^ ,sí íi^PffWfWiy 4eJ^,dí#p)ycw^ 

> muerte ffl¡sm^4 PJajíaJfabri^ ,que teisiet.de /j^|,y o^^.pf^j- 

^du^cipijie&'cientffiQa^, .^¡ ^ío bulúeseft 4p,H9^I) fePÍO:í*.«riB^ 

,cioBi de, Íc|^/^f)i<^i» y.de,^j>^fsqp^j)jeu.9Un«ití^*«^ eftjlflft.Sflfr 

dameros, pri^piQ3jm<Í56fic93;. pero flq.p3,a9í.,p9r 4«¥wí»cj«í,,í ^Pr 

dan, también en ,maao6. d^ ^e^diji^, i^^rpdit^,|r(yo|o^, y^á^ 

..un sab^r ^yperfiífia!' y muy 30¥iei;p,,:S,iio.i^^í4íd€ie[iá|$,^4vfir^ 

; tirl^ qu(^ ,|»ár()5ia«. .^bi:e ur ¡ t$(ri;m9 i res^9^^^ y ^ que. . Jj^ 

SEGONDA SPÓGA.— TOMO lU. ' 9 ' 



Sé REVISTA DE ÜAIHIID. 

plantas de aqtiei agradaDie y iroDcToso verjel exnalan un aire 
pestilente que produce el sueño deia muerte. 

Antes de entrar en el examen de los principios de legislación 
civil y penal de Bentham , queremos hablar sobre los sistemas 
filosóficGA||mi|^^^i»W|paia íftm^ítfllém^éí Isiiljii» sobre lo 
que pnaaf9méAá^Mt;kik)DioÍi^ pina; con eso 

el lector podrá imponerse mejo r en las teorías y tendencias del 
filósofo inglés. La escuela de^nlham es la sensualista ; esa es- 
cuela, tan fecunda en desastrosos principios, que deja al hom- 
bre entregado á sus propios instintos , rotos del todo ó en gran 
manera relajados los vínculos que le tenían como encadenaQf. 
-^(É'«M!'^'1«Mk>e'Bd'é¿'m^4^^^ 'ábtíó'e^úém 6e fa 
1tílftbbStóílli;'^feiíiÍaméíbá tántóé seres '$ü¥¥>udtiráñla tíaííúMe^ 

*PoF?u6«dShé úÜáxirgMzácM nd* jifei^fetítá f biftiJéfósa.'íífe'- 
me^i BRÍ8 cjtitf á HkMár' Wfer hbbbrfe ^ ^'ik dé'íñág ¿ríatiírás 

^cfói'V^IÉn^tráií^'én'lpMiBáir'et ¿bstitífo dé qú^-tib bay'ün'syr 








-früc^V áqfiéifa^^ésS(*-áo?éfinrté'f ¿léltító-atííé',- éh Ú'MÍ l(Js 

T«í«aHio#ideiiil (M+ékttMtíf -!i*f-ófctfpáhiiá f^'émty mé:fiíú- 

■m' aM^&smkéa'iiMrkmhi 'eh 'ni m'ti 'loá ItíáslJrífiátítés'taleri- 
'-ési, -f litói'\dd¿>'él''¿á*«eraié4á'Ftórieia1 íé^ 'rib ' paíó '^qlir'él 
-^uéid^dé'üü dféRrktíté {bi]U8fá<;'fíi"e!íaDlélií áény^itiikÜi lié¿6'á ka 

V .111 "KOT — .A^ÍUIJ Afl>!JOJr 



. L0S'm^A^"FÍ¿óá¿Wfc0S. . 'ík 

no, cuando, aqqei inmenso pueblo de París en íneaio de regoci- 
'jos y'fteriSíicas áciialniacioñéáVy con tí^^^ ápíiralo»d y 'Aiáj^iii^ 
"ceréiionia , sé prtó(errió eb él 'teíttpíó atite lá dtóáa dé ía fáiiíh 
"'representada fetf lá persona deí lhad¿ímá Moníónó', "tetijér 'áe'jfli 

'ipipré^ór, . ' . :'•■"'•■ '} "■' :'":'""^^ "[•" '''■'' -i-^i^^ 

\; ' La'caiisá d^ Ibaár riiieátós'ldká; dicé^^^ 'Éí 'éfecíi^tei 

sensualista i es íá seÁsibííidád. £s esi!á-lá '^abultad, el poá!ei^;^áik 

efecib áe nuesti-á oi^gánissácion'iSestá propiedad de riiiéslíftí'áéf, 

eti VÍftüíí'dé ia'cáaííecibíriioíy ímí),résibriés dfe üiuchislér fepbbítíá. 

^%dos sabíamos 'p6f'ei^pét¡feWdáí(^^^ tos cuer^oá (pié tióá' VofléSb 

influyen ¿na^jó ttenol¿ s<ibi*e nuestra B^gáníiacípn, íf 'h6á'!&d¿8li 

sénsáclbnéé itías'ó mémyá ágrk¿able¿; ^egiAi él éiátaüó dé ttiíésí- 

•tro 'ser'^éií áqtíélía:s' círisüñgtslnciás.'' Ná^é puede mí>e(fir'^'lá'íB- 

"flu'énciá 'áé'fos'cueí-poá áotre'íiüé^rris 'órgtóóisiyél stfnldb'8^ 

un cañor/azb 6 dé un órgiánb íroá catfeará ttiia ítaiiresidtí ^ctíáí- 

qüíérá qué tib büdéínbá évííar. Lá ihflaebctó dé lóií duéi^s'^ 

1)re nuestros óiganos lá saberaoá' por é¿pei4encia V ái fói deítííb 

seres la cbñócernds'por sérialeá'mas ó faienós éqtfivdcjtói'áéyit 

los ihedios^qüé' tienen dd^nianifes^rla. Algiiñais dé liüékbs'sá?- 

sac?ottfes son débiles cjue desaparécen'áf mbtoéátcí.'btfaSf'íáíéBtf^ 

trado son fáertéfe, han quedadb' cohió gi^Bádáá 'sbbrt!'lftó^ítt) 

tíémto. \ él tiempo apenas podida bbfrari íd áietnbtía^titífaé'fa 

facilitad dé réptóducirias , y por medio de ¿üeístroá ttirgííbtíi'rfe 

ciertos Iñbvíiíiieiítoá' ftitérlbréá ' dé ^ huéslrb^ 'tíuei^ó^^ <íué WBh 

no conocemos, nos las presenta" dé HüeW, ^ ácásÓestá'Jxriitoéíía 

-séisáóion'^fepróáüc'idií pot la metabiná ¿fea üiás'ftiferfé^^ nos 

-tóüse másplácerS dolor ^^ue fá jii^imert pi^Jáüctóa'pbr 1<^ té- 

■^tos exteribré^J-^Nó feólb lá rtíembriá^nbs'^i^tíáéfaántféytWíá'tiri. 

"inétás sénsacióhds, siho el'juicícl q\!ié fcsÍHróS héfyátóok'iJi^^ 

¿ido sobfeellás, 'las elaciones entré 'diitiritosbbíét^ átítíifilás 

"ttiíprésioriéiá qñe'nos causen núestíbs desébs;'étt*írari!odáy tfuéí- 

"tt^ Meas compuestas; '=' -' " '' "" ■': •;-'--'^^ "'' •^'' '"^^i) 

' Hé aquí reduadp á'su níenóréxpréáíón tí iistíén^ 

"sensualistas en cúafnto al oHgén y fortnacibn dé hbéáti^ais'ilílBtí. 

Següb elloá la éensacíoii y-sóíóíá feétisacion efe'ef^Htoei^éktóábtíh 

laue forma ia larga cadena de íós coñodfíriieritoá'huiilañóii iél 

espíritu es un fántáánfiá ¿jufe íes esiiaiitá, fes ifitói idba''^üé fab'tíáífe 

en su ftiiagination , t de la cuál préátibüéh' enf érkmérfté! tó 'tb^ 

das silsteüTí*; aun trátáidóSé délas tttáS aAátfaíctós^y'StíWHntek, 



! r(r . ?.<>. Tn o? -titi ^/ rrir^Tí-. ' r n. i 



.99Wfi.,á,,R^...de,P!J?,e^u^zof ,y,<le la a^pra de ^M jn^^ip 
taday/a DQ^ alcaliza e^t€»sis^^ma ^paraexplicái; todas las ó{^erácio- 

el papel que nacen esa infinidad de partecitas, esos tejidos tap 
jígljcadoa, ,^^se^ anqúin^ro ,^e fibras 1^ mepqr djvisible hasta lo 
M^ÚflfÚ Ú9:Í'^. H ¡q.iJ^ coijp'pone njiesti-o '^r : que.pari .jina 
^íjcijín, c}f^|qH¡ei;a,es pt;eciso que aeoperéo djeptro de .nosoti¡o,s 

'.Wpyiw^fíP.i ,ffl«l« ,' ct)flp!plic^d9^ 'Cm SufhpaQS , pifjdjficí^cipn^ 
,WW.-,<líy?rsas,, x,gug.,lpda$ Jas.partes ,que cpipp^open, fina obra 

jpe;^ujtí.d.o,s.í^pbi^P| ^dinjrab},^. ,^,.una pal3bj;a^ j^ ^'^["^'■«j. sé- 
^aja^l^i^eia .Sjeíispali^aV no es mas qiae una.naáqu¡n,a, ó pgf 

-YÍ«JeR^5'.fÍ4WíW M? bablar.njáftiwjaííe .peq8af^^lc.,Hí^5;ia 
JP%^,fi|V».í9,s^f^?Íf>S!ídÍ6RÍda|d;,,tM, humilde ]\i?^,.qiíi^r^n fiapr 
j[jfl3l,es^pf ií^ós^P?: d?. •*- pbr^, mais,. perfecta des Ja,naturkle¡^a,, djB 
ílft-íiP'a^.ffl9/pplneA,la qvft'ihriila 4e,upa,}^^^ 
^^^hMm d,^,i!?''íí'd.Wi,J^.^5fi,4.1)e!stpt,de.Tíapy;..3Hto)r aue 
_9pp, iffia§,.i;^e^Tí^,,gja^á,,qH^ ,pingu^;ptFfl, .^a des^AViieit^^ estos 
<flWWPÍfl^rf.y^??¥.Sf?í We9ÍpgÍ4 .. precioso Ijbro pqr otr^,pai;te lí^- 
á'O.ílí^.S'WW.íJf ^4Ísj^i?.9bpfffí^9Í9nes, ,y,,al|í s^ ,v^ái:Con^o 
:Í94finV4-^«WWftío.^ ??pUc?r. ^ npec^i^mp ,deJ^ Xftcn|^í},de 
¿p^jnjs^r ó.,^^r,.,,,í?<;uí|t^,.gu^,cpns¡stje. fiep sen^ seflsajpjpflf?, 

¿mé^93^-^dmm^v^.M^^i -.1- ■:., .-. p. . -. ,.. . ■...■, . u 

:i^flt^pol^^l<^ífoJ)^I^,,cua^ro,§ist0n^^?Xl)Q8ófi^os., el seoíua- 
JlÍfl?M>ieJ,tíÍíí«rt'-Wn>?r,PlP?pep;í,c^^^ 9I ipi,stic¡s^9.,Er íle§^X9|- 
(,XÍifl|eptí)4f,i^Jís»s,4p:fiftoíiÍ9!Wtro,sist^ifla? fn ^u ^isttiria ,4^ ^a 
Jlj(¡»3pgfi|„ es f5^)ri^ult^<Í9 .de.laí^.pb^yaciqn^ y.furo/viidos es^- 
diosde Mr. Goussin, profesor de' la inisnp^.f^cmt«^c| je;r)Ja j^i- 
Jec?fd^,4(^iPacís„J^t^38.c^a^r9¡. sistemas,', ^^gfjn él,j^^res^ntan 
.l%WP?«%.ííí?eflV9ly|éRd<í?e al.trayé? r(ie,lp^ siglos,. .únt|9,yec©i 
^i^l¿!<íSp„píf^3..Q0Píl?jpi?4ps.entre|,sí, ..débiles^ en, un, principia», 
,pob!i:es„fifl,.í>b,swyí|PAone?,y .argiímeiíto?, epriiii^epiép^lqs^ desr 
d»«3( W\ \A,- ^^WR » • y , ftír.tipc4ndosp ,99^ , el ; .^s^p vol yit^^entf 
jpftnA¡PMO,|49,.to<ios.IfiS;ff|e|»wlo$,y de tod9s ^9» pi|f|to§|^^. vistf 



tos 'áí^feMAS%Ilío"á<{Fíhbs. Úi- 

recen siempre sobre la escena de la filosofía, chocándose y na- 
Qiendose la guerra. Eí sensualismo ho cree sino en la autoridad, 
de los sentidos y en la existencia de la materia; el idealismo, 

" -.•■'■■i' ! .-•■ , '^ ■■■, ' íi: ; • .'•;,Svj í <. -') '1 "MÜi'íí- .(•••'' ■íh'-'iji íí! 

por el contrario no cree sino, en la existencia del espíritu, y no 
admite sirio ía' autoridad dé las ideas qiie existen en eirsistemás 
enteramente opuestos, pero igua,lmente imperiosos y sjeguros de 
SI. mismos. Uno y otro están fundados' en un píincipio igualmea- 
te verdadero, pero incompleto. El sensualismo apela ai testimo- 
mo de los sehtidps , el idealismo al de la razón y a la .virtud de 
Ciertas ideas mexplicables por la razón sola; allí es donde. uno 
y Qtrp son fuertes; pero muy pronto, dice Mr, Goussin, ,apa- 
rece.su común debilidaq, cuando con up pnnpipiq v/erdadepo, 
pero ificompteto, quieren apareder como exclusivos y 'doaímañ- 
tes. Del exclusivismo y eterna guerra de. estos dos sistemas, 
resulta el escepticismo que qo es otr^i. co$a que la duda univer- 
sal. Al ver ciertos espíritus atrevidos , las preocupaciones y er- 
rores en que esta envuelto el entendimiento humano, ai cónsí-, 
derar que a pesar de sus esfuerzos le rodean ñor todas partes 
las. tinieblas de la lénorancia, y que siempre sera un arcano 
para su limitada comprensión el completo conocimiento de su 
propjo ser, en vez de. tener una justa y prudente, desconfianza 
de las opiniones de los hombres , y de proceder con severidad 
al examen de sus teorías y sistemas, emprenden un. caminó 
mas llano y mas acomodaqo a la pereza y a 3u vergonzosa inacT 
¿ion. ííí él sistema sensualista , ¿icen *, hí eí íáealisiá lios isaíis- 
facen ; el uno y el otro adolecen del mismo vicio , 'en iiinguno 
se encuentra la verdad ; renunciemos pues a ,eucontrarla Jamas, 
porque no existe , hi hay un criterio q proceduniento, seguro 
para Ifógar hasta ella, De adyertir es que el escepticismo nunca 
puede ser tan general , que se estienda. a todas las partes de la n- 
losofia; en unq se limitara a la ideología, en otros ala ideología 
y metafísica, ei) otros a las ciencia^ morales, etc. , o tai vez, a 
todas éstas cosas reunidas ; pero nunca á íqáQ'ló que pueda ser 
objeto' áe la capacidad ihtéléctúíal.^ Hombres h'a^' á'qii'íéi)és dí^iíI 
seles puede dar eV título de 'cíén^tíflcoáV^'qüfe"fee&^^ afotf 
hablar dé la'méíllcíiíá. y'qiíe'ai.s'e tés' dejaste bfcráf según ^'stó 
preocupaciones", ¿e dejarían' moriV'muytráiliq^^^ 



sentii* ponersisi' Wío 1a difécc'foh' dé' üñ proféfeór ,; cómo. Si 'á tíé- 
íáraé áiá éVróré^ y tósteHbk,'yektar 'sájete ctótotodá^^^ 






54 HEVISTA PB M ApmO. ^ 

cofiAs humanas af imperio ,(!|e la moda, no fues^ la medicina unai^ 
dencia con \sus principios ÍQjos y ciertas aplicaciones segurase 
mfalibies. Estos serían unos verdaderos escépticos. en cuanto a 
la medicina, siendo por otra parte, como suponemos, hombres^ 
profupdós'.én otros ramos del saber. Creemos qiie no puede' 
entenderse dé otro modo' el esceptismo ó la duda üñ¡vers?ií ' 
por considerar imposible que el nombre cierre de t^l modo los 
ojos de su entendiniíeuto , que no .reconozca nmguna clase de, 
verdad,, ni .aun' aquellas que son de dempstracion, ó que están, 
atestiguadas por, la esperiencia constante de todos los siglos. 

El cuarto. sistema filosófico es el misticismo, Sigue, este la, 
majf'ch^ progresiva del entendimieilto humano,. atravesando Ip^j 
áiglo's' y.Uacieíidó también su papel sobre la escena déla fílo- 
sofía. Ciertos espíri tus jno pueden alimentarse en ese íhundosen-, 
áible. Y m^te^ial de los sensualistas; no pueden res^jrar t^ijajpo- 
co eü la atm¿sfera ide las iÜeas, de las dbstraccioxíes y. (le jíá í*^- 
zon pura; la indiferencia v burla que de todas las cosas nacen 
los escépticos les mata también, y descontentos de todos los 
sistemas se replegan dentro de sí mismos , entregándps^ a. sus 
propias inspiraciones y a la contemj)lacion de ,otpis verdades 
mas sublimes, qiié dan viá^, y fortalecen el abatido espíritu. Í^o' 
debe confundirse aquí el misticismo filosófico xon el misticismo' 
religioso ; uno y otro tienen un mismo objeto , que es la con- 
templacion ; pero el punto de partida es diferente : en el imo es 
la revelación , en el, otro esas verdades que Coussin .Imipa cop^ 
múcna propiedad primitivas y eternas, qué éstaií ál. alcance 

Igualmente 4ei Ignorante que del sabio. ,.,/*: ^ 

' \y bfé^^ cuatro sistem2(S¡que jtán ligeramente 

hemos bosquejado es el verdadero? ¿Cuál es él mas acomodado 
aja, naturaleza individuar y soqial del hombre? Todos son igual- 
mente útiles, dice Mr. Coussin, y sin que nosotros suscriba--, 
mps enteramente a su$ ideas, copiaremos sus palabras, porque 
éllW encierran un gran fondo de verdad , y dan bastante luz pa-, 
|!^ la inteiig:eñci^ delos^pun^psen púestioi^. «No q^uiero dest^uir^ 
dice, el sensualismo, quiero sí reducirle. Si le destruís, excluís 
el Único, si^tem^ que puede inspirar y fomentar ^a pasión ar^ 
¿^^^tepor las jinda9aci9nes,fís¡cas., y la vehemente enerjía que 
^\\^ já hacer conquistas pobjre \^ natura^leza, coi;no ía única^ f:ea<^ 



LOS .mmBmm<fws9éirmas. H 

yiíl0 4itt&iaftiaiiiv<DáálÍHip€irlíafita^ c^t&ianalikMalfeini' le^mucm 
¿y(^Ot4jpleik(iíiU8Uai;>>éliedntope9o>i9alttd^^ íB^^oéñtíeñ» 

p(>\i&i^¡JiafMd'ftíí tím]im^\ ^a* eoáítDdhsiisiiüMiqQifisérttiJ; '>^ 
Q^MA $efi|iir(«:qiieielíQ6ti]diéiff. e)>eoinAnfMWloi«spMMal(iiiilfi9i<% 
Sarniento humano y diK;^6t|s''JcyMifs*fcoei irififilt($ci^*(jMeiAá0^et 
SKfo^aikqiO)Jieg^áoap <iiai^sa<ap09tositytifl míMiíaníe ^t^Merá 
en: €ib4i^^nteiite¡insaínUQ8»(tápóft^ fMliqu^reisíiqtt^te^ttP 
aoifoiae seduafaiJHe&pjpitoá^siifiiMlfeDia^Hté ffitaffiaiór, daunfipd 
teriaUsmaiy IfeátaisouMv gdardaos 4e£(}eBtMtiébide9l]8fiin]^i|MitMi 

swpu;iHAiq0( el^i^eüyigfta aohcBícUas^éTÍiÉpkler totnv^ 
olri^ii^fü^ Ibmi9á nrminat bofopletáaMiita l el ^^aee^ieaiipoi j^oo^ 
qiiei(9«4ia<aQittrArb Nidispísnfiable panil4odo) da^niÉtieind.<'ttt«aí 
Hi4>if»*A v:eiMif^i i losi íbotnbptís<f «algudos , qiiai iiioievKi f foreíésíoif )ibq 
qj(4|^^Q,lo4Q,,SMio^.lQ ((|iti»íe»reseQbialtii^^ q^r>bÍHpaiii 

^JaiJk^idóbíNe ^r«(9jonfi'<iclS99 { y^refeMÉéaiádodanlgDiía bun^í 
Q^>^/ qMto krtty^ >p«^0)il)al)m:iiuiy)éffíaúa{er^ paál w 

qMe iwQQ^ai^ia aosfii«iift|pa»irte(ptetcertecaM ^) IpsidUÉnqscÉB 

t^.qu^ } «9^; yeiaiMi><DUi|Ki(l»s ÁiteiH^aíémt)re 
Ut9S p|í$m0s^iHlSíl^eBOxqu^«panH»^yall|ae sealaBUBwátaffdte 
CoAíiar 4ÍatonMi$,j|ffreíili9bajai9QSiá>to inier^encim» 

4/^^sc#iHiOipp)A4íq4ftl ncf pedicán^ueirt&^Nte ki^ Uses^ipnxiBdBorEn 
vei$a)UMtoa4e^nj99&|iOiili^áb^ y «tpieticeoi unéopla^destniii^eliiM 
d^i^^trd^ QdÍI^Í0ii>sÍ!QO le$tó.9apof[aAóneiir!Íai(to9lida«|íy (M»^ 
tg^QA CQ0|. w-inNft«49 .^advteociii l^putíllidailii)deL!inalici8iitiK;ieq 

sQn9pW^ma(m>»A}q[)wdQ .3flitsiM0a;^»íiBgiUrBiiiéatee3fe^ 
cioA}, ^l([^^4ffiíMl> k>in«»« toíí»dp BeniJdQi' vjsid) y»itiktaflbl£hfideKr 
lÍ9i»Q{)^,^i|(Q<^gi^.W_ial ,iMi^)d9{foS:4dKaa4 :<le)la'ífflnoaqa[>^^ 
s^IiQpArum§9l^íe&lal(tbajlpa$pi<»aAélle8wptí(»H)at^^^ 
sfti(K9t^(tÍ(^'l^4««^'4()iQlyokia 8éttaa«úma&'igMia6iiftB(flpni)las 
Í<teP»iÍtJ?iNWJ^ 4.pft>fe^gJ4'ii|drfeBeiwip itiállibnUí yufi MeápfbJ 
ci^dQ.MHÍft$i>l9l3] cQ$dft«<Bsii)ecetoMlquQHahdnisCid^ 
c%!rexÍo4iQ9r tois d^wtoSiiaagmfcM^^eíJaliiHf uradcm», deloaetm 
9Í^ii|Qii,4^:la £t «$íy <ta tosr,toel1|j«daanpo«íUv|a^^^jq^&1IK)ldalv 
te)»fiEi9»QÍpi^«aRÍbtoifitoMa^i^ »ov eíiiWoDeafiiento.uv.Ea.dedp 
iQayprirJHaw^rte(¥»At;^íiQaíataií^ íSi8fiipn»í|isbDtd 



1 



pMrajrecordar^l.liainbre que las oteadas flakas y '^in er il »fi <cbiy 
ana métodos y. daaUíQacioDaa, ^idivitioDes y áuUinBíonea ; y 
aiift métodos. ai^o artífidaieas aoa ate duda may bellos^ peroiqur 
firecuaoteitteQte Alta la vida á estas fdvasBiáesCrBS del aliáis. 1 . . 
y^fu^oftai, bieBseaBcseiitmesia arilá ta ^saotiiario delálnna 
y ,ea eldcíOtm de: la medilaf ioB religiesa^B .1 

t. láeaf un ipooo labatraetas sod astaS' qoe 8& asoapan á la- 
cosopcension, y <^yo valor é ání|>artaiicia^ apeiiaá «se^füápcibe» 
GODiuna . simple y ligera leeHira; es iieceBarió>]Kir lo viisawy 
a8t4]4íarias:!y meditarias paFiaaoarde altas todo él fnito^y las 
müy^iravasliosas verdade^que en^sí-eiK^ieirraD.i^aLréea'á ]^^^ 
ra>tistá.qae estos' siiteinasiití'tieoeB sigaificaciob alganar <iv^ 
son >siaopÍes i^eas y. abstracciones sublimes de> eüCfllidiftifénrté,' 
propias. solo de las esouelasiy de>la juriMíccíon de lossabios^ 
pdrOiDo esa^isegiiFaibeiil)e,-el estrediO' cfrchloénqoé'giraa^éD- 
un.priddpb set ivá> 'agrandando inaeiisiUeiileiiUa.s^ cbnv^rtéa' 
luego eavardadeiD» tochos/ y fid>ierDan despuies ^1 müodi'ooa' 
ttBÍÍBBpem absoluto y tiránioa^fEstio; qfae |iareQe láfiriaiéMivistaí 
oÉa paradbja/es una verdad que* compnLelir la bístoría dé to4' 
daslossiglosy deitodasla^fiáciooes. La<sodedadWsa tásfóH<Mr' 
y^eo^sos formas es la kaágen fiel en qoé estáoi'retnMidas !las^ 
idbas doaaiiiantes ; sesun/sea» estas, psíseráh saB^'toyes,^ sus^ 
oostaimbfes: y aíun. isüs iostitudones ^ y ségiln' q^ ^as ideas p€(^ 
pendan áipoo* de! los dnatnoMsistedias; que fiemos' <réfeHil6f,^ast> 
TCflejnia estos ^bve las leyes y las deslutnbríM'y 'sobté =tdd(>> 
eaanto ri^iy gobierna ai hombrea Volratnosla: vista' á lóS'9ig:loS' 
pasados ,»e0(osideipéikios lotqoé entoifoes eb lai'EM^opa ,' lo'qUé' 
aé héy4 y lo ^ que; pnUnUemenl»!'Sérá'mi£ádaretd)níÑei!im^^ 
HKxnniéntds, sos íéaasv sus tendetídás^, • ác^üéttlót&oá al Hom^^ 
bveeil U koilidof de-^la sodédad <y entel rétirof del hogar' domés^ 
tico V ipeneirenlos con > él en ^s ^t^nplosi , ^gámoste^ «n suárditter^ 
dbnesjytfiasatienipos/yínotarémos que te 'ha verificado tKitíitK 
volud^n mateiSaiK consecuoida necesaria de otra fievolheíofi'ia^ 
ielccluM que hát debido preceder \ observaremos camliiiEidas ims 
kyies y sus.Gostiiinbnes;! altenada so moral, módifibadaij'sad^ 
erecncia^,. en unai palabra veremos un eámbio tal en todas lasf 
instíÉüciones ,: que parece ^asformada la fas de 1A sodedadi No 
quiere dedr«sto que hayan variado enterameáte los prindpios 
fimdaipeat^le» ó esas leyes primHivasúorigitiarlas>cdD<fcidaá dé 



LOS *SÍSltElíí\S'>lt.'óS6í1¿0S. 5V 

tibtfo¿1óktJdéaitís; 'n6\ áuh'^áBiíslieríd^' lób fjrfütíiplbá tíai>t)oa!i^ 
do VaWát Síls áplicafcibíiéé j íé^'tíiíia^ cbrisecuehcias; éoíó^iíétnó-l 
ños'éhét'síétóXlí'dé lá éfá vblgkf , y'Wémoá'íiüé íaTlüfopá feigü^' 

jb á'dbhdé'áteeiiítaítíihái Esi'e tJürifofijó^ ííifeUgioir j éVhoriitífé' 
no-^iSr^Y hb'T^e^ii^ár sihb^tJói^effeVtódáfegtís Ideáis' y jiéhsamfért-' 
litó', tódóá^ü¿iíá^d<;^'y-ácicióhies'l!iáífen poi^ obfetólias Wdades' 
rfeveládas; 1íí i^^ll^íóh'és'ciiároA ÍHWlümí^^^^^ ijiíé ^*Sa Hm^] 
MMh'pérééríh&4iitn^S/é^-é^^ 'íhár i)rocfel()áo dé deiádii^' 
chSá'ir {l^ióhés;'Ctiñ^í§tóéWtí álí)ríncÍFíió"dé' (Jué' és ía'cWaturd' 
pHÍiltegísífe^X' Wás*i)érfeétá* Ijlié' saltó 'dé ti rríáno" dérprtirifpo^' 
teritéi (Jné te^íd*!lamádá'á1á'bifenáv¿ntü^ 
sitírifeg celestes ai íádoí de sú ¿HádtírVy iqué'eñ* vááb'busCa la fé-"^ 
Ifcidá'd , Óü^ty deáeo'éfe' inttatb^eíi Sti- corazón én' és^fe'ttiiifidoí téi^-' 
rtefíál, éh éfetéWklíe'#í'l%tímás'd6h¿e M^ itíáfeqneaé paáb' 
párá'áldalrt2ÍaHd¿6pütlfi éí flri a que fúS éHa'db ; el tbmbre se en-' 
tréga eittéi^ctehtéaéStáá itíék's; sé espiritualiza, jior decirlo á^,'* 
stíliap(fittárldó'd''laíi niisraáé'tbdó büáritó tíéiíe rélábiotí' con üri' 
étiúiifftígkí f^^vúdMo-m ^liifet^' dé^ir'éfeíó qdé^'désati'éíidá^ 
las necesidades de la vida, y qbé présciridai dé los deberes y dé- 
réchbs'áocitfléá' J'íiel» íintiiímérb de !éyéá 'dé lodo ¿éhert néce- 




nl'debeVé^'hf^érécKos propiamente dichos porqué tío hay te-' 
ye§/alrí'alcád¿:á-tatóbieh bu 'íriip'eribi'y'ám sonafcátádafe ¿bfa M'-' 
pét6 f Véiíé^^Ciófí; Tíáai'ifeígfíiaéaA'látílpbd) láá^é^ctípcibriéá,' pbr^' 
qtfe- ^qof h¿Mkffíó^ dé'fó tóárcíiia general , dé és'á' liirecíciori ' espiJ 
ritiarfetít dádk ^l' éhtértdittílebto , 'ségiih-tó^ cuaítodb cede á' ésa' 
iiie^^fdndáiíltlnta! déla teiitíkád éte'rriá ,''siíbbr* 
tádoS^fos^íntérelsiB^'V íáfeéc»n¿ íjUé'títtá^t^n' al' h^Vribrdhácfá' 
fó-tíert-áJi^fidfetiidi fórtiiái^ liria idea dé festá vferdád a^v^er láKs'^' 
pÁfláétnpéñáda eh iiñíá 'luóhíá' obsliniaídá y Sangrienta' contra' f?¿' 
árabes 'por espsício de =cércá déSOií áñbs. Las historias áhtiguás' 
nitóWertíáá'flo'Wfleiiéh éÓsá't)ar^eádá'*ñ^ su autadioh', ri!' 
porlá Constancia éri pelear; ni por bsg'randé^liédhos 'dé arihaS' 
é'jriaitditas haí añas dé valor ocurridas en aqnetlargo jieríodó dé 
satt^i*e y dervaátácionViQué grande aparece la tlSpaña cuando ré- 
plfegáñdósé'á tía rifícóh de Asturía^; representaida por algunos 
«é'^ólshijós'tttaftéáfcfrzádbs'y esélarécidos, prihciplá á hacer la' 

SEGUNDA ¿POCA.— TOMO UI. 8 



1 



i I 



6», ..mf^t>p'í.>H,m^->. 

pel^r Pftf hat!^r§fi es.tp,o^¡4QrlftS ro»s^lffi3P^ r^j^^^íP^,^^ 

lugar ení0ppes;aten4i4p,|?l ,e$p/r^a ^e. j^,.éf|i^„}5.,|a,|Cíyií|jqiflO| 
c|fii Jo?,p.\ieblo8; l)^||geraple3?|iClóm9 l^a^i^jle ti^mj))3í; Ul^rejn^., 

d^,)ápi^ia l^.oa,?,,lpip9íijJí)^,,^^,i(}^p?,^li?P9^.reÍÍ»40^ lo,;;^, 

tp(i.9s lq^,í^r^,Ofi^„ ,pftf;<wq Víí?. sfi,sa<?riOqaba, 4, I^;;^gii«|,^| 
^poriYW^JfWie pleva,?! í|i(p)5qí)rít ,d^. ppl)(9.,í|í!,^,.üefira.Bfff*i 
r^írpr eí?, r^gí^nes, mas e^lwaafs ie| fti^e p«|c«.dQ.lí,xi4?.',clfi-fí*i 
iiWfpr,^|id»)i, .^p p^waee^jj^faj^^d^iqtcf ;{i^ner? ^líipfil^ poí-i 

(^ciiqsi^iiafHOiií^ ,l>,yiW«W, qíí^ipn^n ,al^g^r^,pínji ftfO|Vp9?Fj^, 
sps^er,«na|8:uprr?,^n,fln}rí|def3f, v .,;.,, ,,: ,;, ,.;,:• .•..„; ■,.„• 
... Sigarop?,es,^,n9isí??a,idíif ,,fli)^<íf^pHfi5 <)p4a^i(^p§,|a^,||^ 
limas .(jposecuí,nj;ias, jf ,tia/^njp3l9^ «0|i?yen^p(it^,,ari^9í|C¡iílMí§, 

pi?j|eg}inpp .f(ne„yipne dp, i(;^;san|os, Ji^i^i^,, y .rpAff^ipljpíaíi.frafr, 

^,la Ejurppa e« ,9»^, y ,?nf^^}i?„a ju^^pl^iq^ ^tjri?! 4,0jriwK¡ 
Pfíra;,%9¡er laigifeiT-aá lí^s eaenaigps,^ gfisiprpfi^pslíftgfi^ffi?:.^^, 
qbj^^ ^8 e}eyajr.e|,e?fapdaf;« de )^,C;níJiisal»Tp,lfl? ,i»wq^,t|fi.íep, 

r^l^ .. Ya. pi;9lp99^ pn oü;9, .JHgpf, ;^^ ,|a Jí^ j§ta ^, ,8^fi , l3S , fir«WrT¡ 
4a5,lifil>,i4ií lilí>prjLadf).á l^.fiurppp (leí^íeí.iípppder (d#,Jloftip)jisnJn 

dera|:\9pes, fle .ppjítica . ^d^^ 9eguíJda4,é,jn,(^()9pdfincja.; ,píi>j|-,^ 
reljgipp es^ la^ que, aparece ,^e|pere,:^tt,p|ripier. t^WJPP >i.«|l4^.ilft 
<We,4p^Í?ÍÍS ',?^ e^pí^i^us^ y,,elJ3^,ía,qpí!,4p,íl,«nfli|líiO;»W%. 
sano p^ii? ppa .empiwsa tan ni^r?^v¡l|osfl. AI^ fx^njfufriecpn,^ d^q 
tintoiJtiéippp? rfa4.,todos )o^.g|capde?,yiPríq9ÍfiSfi y,.?pysfif}|9,í;fl*t 

^'^ ..HffllWP ,S?^fi sucp,so,, apo,t^iep4p.,^,i9ij^^e|i,«B(i% 

H ,111 íMÍof — .O'i'a /.(i/ J.).l^^ 



tos Sl$fB¥.AS jFjlLpjSÓjP^CpS. ^, 

d(>fnin^nie;d^.,la Eurojjm;,, el^^i^^l ^i ^^r^ ^aft,gefl^ral,.y^ f^Pi/P^te, 
I)ar,a cpnipoyey ile est?^ macera ^s nacÍQp^,,puchc| n^a^ ]<> se-^ 
rí^ para dirigif las y, gQberná]íla3 en su régimen interior,,. y ^^wáp-^ 
do se encontrasen en un astado Rosegado y. nproiál.» ÉJnfcOníjf^s sgj 
establecieron ren^Éspañá la^scúj^tro Qf-de,ncis inilit$ire¿ ,y ot"!-?!^ ya-j 
ris^S' en $uropa para pelear contra loS;infiele^;P9f entpnces j^ esy^ 
tp.tlecie'fpn tamoien la mayor par te' de los fpsl|.ilutosy.óríten(^s.^p-| 
nasticás que conocemos cpii tanta yariedad, de reglas y dénpipiriá--^ 
cjpn^;yer?^¿¿sij:^^^ 

piedad poaenjy)s llamar e^pintualisf^ Un a^o^itef^imieji- 

to favorable á un individup, á una familia, ó 4 toda uña. napion era 
celebrado con una ofrenda al Señor, la cual copsistia muchsis ve- 
ces^ en la fuqdacioii^ de uc^ convento. ,, de| urja, iglesia , de! ,}>i?sp,Í7^ 
t¿íés'3f|cap^ 

dptar estos establecimientDS.cQn grandeza y pr9fusi,on4Áj^3^te,orí-'j 
8^P A deb?. en gr^n part¿.>pj^ el bu^^ ^stadQ ep, ^u,^ \\fí*};f^/^^ 
conquiSítareh tiempo, del santo réy.í). Fern?indo lU, Ja constrnc-, 
cion déla catedral-de Burgos,,. la^ de.Va|l/adolid.,j.Ja,^^e Os)^^ 
cha parte d^ la de Astprgá v tía suntuosa. sobre todas de,la..¡mTj 
perial. Toledo. S. Jvan de los Reyes de esta jnisn^a ciudad es,un, 
recuerdo que mas. adelante nos dejaron Ips Reyes Católicos por, 
la; toma df ¡Gpan^da , , y ; S, ^ Lorenzo .^le] , Escorial , la obra ^iiaestraf ^ 
diel artCf, la .que quizá con muy jus^ps títulos sé ha Ijan^jadp oc-, 
táva marjavüla del |mu^id,o^.|^ff igj^alp^ent^ uri n^onumétjitp pleya-^ 
do en ¿cciópcl,ég¡rac¡as , yípara co^seryar^jCiterója Ja .meijaoria ¡de: 
la famosa batalla de S. Quíntin. ! : ,. .^J 

.. Jal.eralaE^pañft y^l^E;ír9pa,ep.,losj^a^os.^§!p.s;.;,^^f^^ 
ña y,la ^propaes^p.^oy dq^cpApcícJ^as taplo,en¡ 33 parte fí^^^^^ 
coiño.en su par^e moraj,^ Y tjiep ,^¿.cuál,era ep. estp^aiglp^. ej esry, 
¿do de Ías.cj(Bnc¡as?^(jMé.sis^^^ 

llps tiempos nj ^hajbiá^^istemas.fil^sófiQo^ baí)¡3 cj.^jici^s.prc^. 
píamente djcjias») porque no .^b^^ ^da,víai el es^ql^s-; 

Ijicismp ijésa. ar^ma dpi racipeinjpyqup^, al; decir,,, d^.efl^^ 
escritores contribuyó piuy .ppderosameAte , éi prp^ovpr ,!«( 9Í vi l¡i-| 
ifacipn de Europa. Ciertampn te , siifpprjida es.ta en la ipas pro^^ 
funda ignorancia durante lYiarga.ppch^ d,^ \^ ¿dad ipQdi^.» .ppu-j 
pada en. su ultime período en ^su^ cópqiiistas y.sus jcruijada)^, si- 
guiendo el g^njo inquieto ,y turl^ijlj^ níp !á la.par q^e,.re)ig;\osp.d,9j 



'I ..I 

i I 



60 EETISTA DE MADRID. 

líes del letargo en qué estaban adormecidas , ihs|i)irándo'Ies afi- 
ción al estudio dé los santos padres , á lá fliosioffa y antigua lité-' 
ratura. Puede puei asegurarse que al escolzístfcísmo es deudora 
íá Europa del restablecimiento dé las ciencias: la teología has- 
ta' esta época íío pueíde llamarse tal, y las obras' de los santos pa- 
dres llenas por otra parte dé profundos conocimientos y de fi-j 
Ibsóficas y sublimes doctrinas, mas qué ciencia teológica podría 
decirse que eran los materiales coíi quíe hábia'de crearse. La 
jiirísprudenciá cariónlca, si taípiíede llamarse el confuso haci- 
ñaniieiito dé lós cánones, dé los concilios et) sus distintas épo-; 
cak , sin órdén , sín método, sin tener' ni aun' el enlacé de tas 
materias , seguia la suerxé de la teología confundida con ella, y* 
sin formar una ciencia distinta ; los códigos de los romanos ya- 
cían ¡sepultados entre el polvo én una ciudad de Italia^ y un con- 
fuso recuerdo existía apenas de ja ciudad de Atenas;, centro éh "otro' 
tiempo de lá civilización griega , y patria de tantos genios emi- 
nentes én las bellas létra^, las ciencias y las artes. Tal era la' 
silérle dé las crehcras en Occidefaté cuando nació el escolaisticismo.' 
Eiítórices se íútrodujblá moda dé'diápiílar , de analizar ;, se dió 
díi'fuérte impulsó literario aí entendimiento humahd, sé desén^ 
terraroñ, por decirlo así , los documentos históricos y las obras 
de la antigíiedád; que los móñges híablaíí libertado del naufragio 
u"hiversát, y conservaban cómo un precioso depósito; la Europa, 
en ftni suíríó iiná saludable y íjlenéfi'ca revolución , que produ- 
jUlós mejores frutos en líéneficio dé lá civilización y de la hu- 
inanidad. ' ' ' ' ' ' - 

"' &ésdé ésta épócá principia á cúltívafse'el estudio de la nlo- 
sóifíá ,' pero en uri tfrculo hluy reducido , y únicamente en la me- 
dida necesaria para regiiíari¿ar y ordenar fas creencias religiosas,' 
y ¿)Tpéáidir á" su éxpósídon y eniéiíáfaza. ihára hablar con exactf- 
tüd'éntoñces todavía no había filosofía , porque ía tenia sujeta 
lá refilón ^ la encerraba dentro de sí misma, y con una fé inmó-| 
^restaba reducida á esplanar y desenvolver ^ús doctrinas. La 
Iglesia Católica presentaba las solemínés decisiones de los coh- 
cllibs, de' los romanos pontífices, las verdades consignadas en lá 
escritura y Ik tradición ; y aquella era la verdad; el creerla y ve- 
nerarla un deber í dudar de é\h rio era lícito al entendimiento 
fibhiano, y unidamente sélé pérmitia deducir algunas consecuen- 
cias, y ejerdítiái^lá reflexión para hácei* apíicáciorieá,' yTorriiulary 



LOS SISTEMAS FILOSÓnCOS. 61 



tí ! *" / ♦ 5 ' ! ''J 



desenvolver los sisleirias teológicos^ De manera (jpe ]a revelación 
era el puntó de partida, tanto para la .teología,' como para 'la 'fi- 
losofía irapropiamenle dicha , con la diferencia de quelapríaíe- 
^ra deduciá sus pruebas de los libros santos y de la tradición, 
j¡ la s6g:unda de la simple razón. Se trataba "por ejemplo 'del 
alma , de sil inniortálidad , áe la existencia de Dios , dé las pe- 
ñas de la otra vida ó de. cualquiera otro de los puntos que son 
también de la jurisdicción de la filosofía ,' como estos eran y)a 
artículos ide la r,elig¡on y, de la creencia catoíicfi, la filosoñ'a no te- 
nia mas que aceptarlos y reconocerlos ; y si se' ocupaba dé su exa- 
men, no era porque dudase de su .verdad ', sino para ilustrarlos y 
poner también sobre ellos el sello de la razón. Así marchaíron 
uipidas largo tienipo la filosofía y la religión , encadenada la pri- 
mera, y sin poderse separar del camino qué esta le habia trazado, 
hasta que ciertos espíritus atrevidos rompiendo unas cadenas 
quQ les pesaban demasiado, se emanciparon de aquella tutela, y 
principiaron á obrar por su cuenta y con entera independencia. 
Aquí principia la verdadera filosofía, 3egün Mr. Coussio, y es así, 
porque lo demás es reconocer la religión, es creer en las ver- 
dades reveladas que una áutoríclad infaíible presenta á nu^stro 
entendinpiiento <, lo cuales propio. de la teología ; pero estas mi$- 
was verdades .no entran en ^l dominio de la^ filosofía, mientras 
üQ se: reífonozcan por medio del raciocinio y, por las solas fuer- 
zas de la razón. Desde este instante principia la filosofía á exá- 
minar tpdas las cuestiones.que están a su alcance , desentendién 
_dQse,,^pteraqa.ente.de la rel¡g[ion, de )a iglesw y de toda especje 
j^e.a^tprids^^.vpara ella po hay mas autoridad qué la rázph, ¿i 
was criterio. dé verdad que él raciocipio, con ella sólo trabaía, 
cpt\ qllajq discute y analiza tpdo, no quedatido cosa alguna ^e 
deje de pasar por el acerado íiio de su dialéctica. ¿Se trata de ía 
.existencia del espíritu? ¿De los deberes ^el hombre para con 
PJQ^^ |)ara.j9onsigo mismo y para con sus semejantes,? ^¿Sé tía- 
.bla de Iqi moralidad intrínseca de las acciones? ¿De los premios 
y peinas, de I91 otra yida? etc. El filósofo prescinde de la reve- 
lación,, y de cuanta3,decisiot^es,.por solemnes que sean, le pré- 
sente Iff. iglesia en apoyo de sus doctrinas; él ha proclamado (a 
emancipación del. espíritu liiimano de toda autoridad;^! puhto 
de partida para él es muy distinto que para el hombre relígló- 
m W <f¥m^>. ?í!^.^wiadp por.su^poIa,razpn.y^,en;Vírtyd 4 



62 REVISTA DE MADRID. 

SUS .propias observaciones. se persuade de que ^1 pensaoiienlo 
no puede ser jéfectó de la sófa materia; que hay obligaciones * 
aeIhombre;para con Dios consiguientes alas relaciones de criá- 
,'íura' y criador; que las acciones son buenas ^ maías presciii- 
diendó dje la sanción de las leyqs positivas; que báy un ser in- 
yiáiblé testigo fiel hasta de nuestros pensamientos, que nos^sígue 
Daso á pa^o en la espinosa carrera de la Wda, y que pn d¡^ ños 
fea de pedir. Quenta del uso de huéstra i*azon , y de las fecuíta- 
des con. que nos dotó al venir al mundo. ¿Se trata del dilüVib 
universal í Él filjSsofo no yá á buscar ía Verdad díe este acóritéci*- 
iniento ni eii.las páginas del Génesis, ni en los motivos de'cré- 
¿itiilidaa de ta iglesia católica; desconoce igualmente la tradi'^ 
¿ion que la autoridad del historiador sagrado : él penetra en tas 
'entrañas de la tierra ; desciende á lo mas profundo dé los Valles; . 
sé eleva á lo mas alto de las montañas; atraviesa los mares; 
TBkámina por todas partes el globo terráqueo, y acaso' por fruto 
*de síis observaciones y iaboriosidad cpnsigue reunir ún griáh 
'numero de pruebas que llevan, hasta la evidencia ía certeza de 



-W" 



«. ' M : 



la catástrofe que nos refiere Moisés. ' 

La iglesia no pudo llevar á bien la emancipación déí espifritii 



-£|! I 



humano de su autoridad, porque ellla había sido él único 'Jtl& 
' cóoípéteñté'para dirigir la moral, para interpretar las e¿¿rí turas, 

Í\ la (^u^ coh3ei;vábá eí depósito délas doctrinas tl'asmitfdás p6r 
a iracKcion; así es qiie cuando Galileo sé atrevió á decíir por 
primera vez^^ue la tierra' se movía y no el sol, por de pronto se 

^e ÍAíipuso ^iiehcio en Roma, porque aunque nó erájesle un pütí- 
'fo' ílé fe decidido por la iglesia ,'^ tal era nó óhskanté la crfeéndía 

'¿fe'neral,. fundada aps^rentementé en aquel pasaje d^ la efecritüi^a 
eA'^que se refiere qué Josué mandó al sol que sé parase para' p¿- 

*'der corítinuí^r la batalla contra lo$ Amórreo's; Nadie debe extrii- 
ñ2|rsé, de ía alarma que en un principio debió causar la novedad 
de esta doctrina, porque prescindiendo de lo que pudiera chocar 
con el diqho ,de Josué, ella pareció entonces y parecerá sienipre 
un solemne despropósito á los que no esteri iniciados en los'fun- 

'damento;5 de ía ciencia , y que no tengan mas que ojos pafá véif. 
fin cuanto a la contradicción, los sabios saben muy bíeii que es 
apaléente', ' y que se dá al argumento tina solución Satisfactoria V 
filpsófica. 

Emancipada la filosofía dé toda autoridad del inódó qué be- 



LO^ SISTEMAS FILOSÓFICOS. 63 

«IOS rpfeiTO^, continuo largos anos y aun. siglo? tráDáJaddó por 
¿á '^irí{¿>ik,cü'éríÍa éii Wdás las materias que estuviesen af aícsahck 
■de ' 1^ vkM • HüíJtóife-; '§¡n ¿ararse tií üSlas' cíd¿lrintó' ^4' Íos'¿alí- 




que la religión 

jire féá]{)el!ádV, y qu^ los puntos dogmáticos y de {íui^á ÜreenéiV 
iiüéÜsitófli^oiiAo 3e aMés í)ajo ía g'uarSíi é inspección (Ife los pon- 
tniceá y de la iglesia romana , a .quiénes únicamente comf^etia 
"óonsiWár^'iiifo'é^mtsfcto'e^ deposito ae la ¡Cá!^ Así es (\úe íá"fild- 
sofía lamas se entrometió en averiguar si, los sacramenfós ae Ía 
Iglesia eran cinco o eran siet.e; si teman esta .o la otra virtud; 



pecaaos,,eic. , ^ic. 
cía 'humana, (juedando por consiguiente al cuidado de la igle- 
sia y (áe los teólogos el^ examen dé éstas 'verdájíes, que cónioré- 
"véláHas tíérténeci^^^ alta esfera, Peyh el caímpó'iá" donde 

podían 'ést¿ridérsé las íñveáti'gacioííes filosóficas eraihuy dijáta- 
do,, ei nuijaero de cuestiones que podían examinarse y resoTver*- 
'Se por ias solas híér'za^ de la rázpii íhfinító; la 'Oiosofíá reclamo 
pues 61 dereciio. de penetrar en este campo, el cual, cultivado 
por ella misma, produjo. abundantes y muy delicados irulos. Es 
escusado decir que en los sigIos.de la edad media Tas ciencias 
naturales y de aplicación, o eran del Codo desconocidas, 6 lo 
eraír en una escala. tan reducida que no merecen llamarse tales, 
pudiendó asegurarse que su entero desenvolvimiento , y el elé- 
vado vóeio que han emprendido, es obra casi de nuestros días. 
No haommos de estas ciencias. ¿Quién pi^ede dudar que suco- 
nocimiento, y examen pertenece exclusivamente a la iilosofía? 
tíáy amos efe la metafísica , áé tas ciencias 'áioral¿s,' de Íaide5- 
lona, de la lejislacipn, etc., las cuales las habían tomado los 
teólogos por su cuenta tiempo hacia, como que su conocimiento 
era indispensable' para la forn^acion de sus sistemas, y bara el 
estudio de la pnoral cristiana. La filosofía .no quisó consentir el 
monopolio; conociq que estas ciencias la pertenecían también, 
y se lanzo en medio de la discusión ; para ella no hania reveía- 
cíon, ni auioridad, ni antecedentes de ninguna' dase ,. su única 
arma era el, raciocinio , de ella sola uso en todos. sus proceui- 
miento3 e, investigaciones « y con ella alcanzo los m^s felices 
reáuH^dos para el adelanto y progreso de todas las ciencias. 



6/( REVI.STA DE MADRID, , 

Separada la fijo^fía (Je la religión ¿se paso en p^ij^n^ con ea^ 
ta? ¿Las verdades del cristianismo y las .verdades de la filosof^'a 
se destruyen recíprocamente? Nada de eso , marchando por dis- 
tintos caminos los teólogos y los filósofos vienen á parar á un 
mismo punto, allí se dan la mano, y marchando hacia adelante 
vuelven á encontrarse nuevamente; resultando de aquí queja 
iglesia, que se alarmó algún tanto aí ver qué t¿ Í9 eniáqcipabá 
la filosofía, y que pohia á discusión cuestione^ qué ella tenia ya 
resueltas, encontró eq ella él mas firme y eficaz ^pc^y o. para sus 
doctrinas. ' . 

Con estos antecedentes vamos á ver s¡ podemos dar ta ver»- 
dadera idea He los sistemas filosóficos según nosotros los enten- 
demos, ¿Qué es idealismo? ¿Cuál es. el espíritu y tendencia de 
este sistema? No será muy fácil seguirle en el desarrollo y. pro- 
greso de todas sus teorías y hasta sus últimas codsecuéncias y 
aplicaciones, pero podemos señalar sus cuestiones fundaménta- 
les ó los puntos cardinales sobre que estriba toda la obra de siís 
raciocinamientos para que el lector pueda reconocerle por cu£^l- 
quiera parte donde le encuentre. En cuanto al origen dé las ideas, 
los idealistas desconocen en la niateria la virtud ó principio ac- 
tivo necesario para su formación; la existencia del esp^itu és 
por consiguiente su primera ley , y su indestructibilidad una con- 
secuencia de su existencia. El reconocimiento de un. ser. supre- 
mp invisible y eterno, qué há dado vida á lia toatériá y leyes al 
universo, al cual goblerria con su mano sabía y omnipotente y 
un. principio interno que bajo el nombre' de ley natural ^ dé coú- 
ciencia , de sentido común, de sentido interno, y bajo otras de- 
nominaciones guia al hombre como por la mano alumbrando a 
SU; razón para regularizar siis acciones: En/vlrtud'de éste prin¡- 
cipio ó séritidó común es como explican ciertas leyes generales 
' reconocidas de todos los hombres y de tódós los pueblofe de ía 
' tierra, tales corno el respeto y amor á los padres, y un culto 
' cualquiera que sea aí suprén)o Hacedor, testo en ciiantp á la me- 
tafísica , respecto a la inora j, la idea del bien y del máj anterior 
a todas las leyes humanas es la base de todas sus teorías 'y pro- 
cedimientos, principio humanitario y benéfico, qu^ es él mejor 
apoyo de las sociedades y de todas las instituciones. Porque si 
el bien y el mal moral no existe sino en virtuÜ de disppsicío- 
nes prohibitivas,, si con anterioridad y por cima de las, leyes no 



LOS slfemilÁ^ tti/)iMH(i6s. 65 

h«y ufi «gttl^tor 6-un tipo ¿omdtt;^l'(*tiál fcliébah'cífeffórttÍAríié" 
las Qoéíonei^ ;>qtiél9erá delhoiJIbré f ><}6 ^^ isoéiédád 'i:uaíittb'ild'* 
faheñ las léyéSiCQOrido éstas^séad'tnjiístad,- ó cuándo éhóñibrtf" 
se6i'Baperi¿r'4 ^)ás?Blih6mbré; según tosrÜd^Üstás'/ncyibfoe^'' 
im>8ép'*i^víefnt«<¿uya nMKim1é2á'^aco¿miil eodh'dé'lo^déih^á' 
aíiiiiMileS','es*adJddtfás un'^árYdeiondl, fsüdé^iñb tibé^^fíSatt'^'^ 
ckío' it vegeiai^y hsotíricoftio^'éífa pflánta. Muchéid y tcíúf 'fátíftof'-^^^ 
tanteii>(totia^60iMwi& ^^ks^bllss* á'^lalégísÜEicion' f S lás'^cbiitihi^ ' 
breS'Si» «deduoén'de^ 6sté príncípibv $i6rldb1& pHbci]^l qüb ¿léf^-^ ' 
suadido^ el< *hom^é dédde ^1* siimo-httpéhabtb 'Hasta' eT'i^Úbditó' 
mad'tomffklé^de'ciue en sñ'^iBtencitt'médfan' eistás-übü ébifMidéH^ 
ractofie$rlá soefedady b1^ entendímfénto^Fifaiúánb no píóédén filé«'' 
nosj^ de tomái" tsh mis e«i|)e¿tfláttotfes' una diii^dbh aínálp^'^ fá^\ 

léS ' ideas. ' '*'' • '* '-í ii'-' .'I'. '"'u; .'.¡(I-tir. ;-M,i :- •.•:•;,/•• m. ni 

" Díjliüod ánteifi, qbié separánídói^é láfilósofladieflá réfi|^on;to' 
sépflflo énpui^á con está, y •ajsí'lnembí^ ^jité éní llai^ ¿uéstibhé§^ 
de I^ laetáffbícá) y é« tá('métar v«itt e^téi^aiñébt^ ife acA^rdo. ' Bés^- ' 
deíBafcon^,' que fíié^el primero 'qué pHrlciptóli ctiltevár'W estüdfiíí' 
de^'te Moáoííá'iíb^ delaS' tfflb^s'def^'ábtóriddá/hástáfilíiefs^ 
dbi'^sfgid'XVll' Krefétnes'Cófno tódoS'JloS'fitéyóft^'Jsih btiia güM^ 
que sh > ráíeri'i tuaj^dhaw * eh* m • toMk) ^fbrttíes '(*<Ai ' M 'dbctH^ 
reUgiostts;'!Siehd¿p estafa ígtidtaieMe' que la* 'fitósoflá" dela'^ép¿i^ 
ca»íel ieiídtfdeibíidealisftií^; '9é*á tfO'btefabte miJt fácil' tabí^ 
ál|f(mai>&ifersbéia'<¿n'<la<i^ ^ricíM/tar moral 'Mí^o^ é^ 
mak laústé^ft' quiá '\k fllosAfk^ái,- maá Ví^idb', átá' mas- ál'hoiifriifréf í 
la'Mtéade!>»é^íríluplieyAlé<;^ cotí e^e^''i*!i«w-e'!a'*flfmtéináV1itól¿' 
tanÁyiauWdáitro^iei lüeíto^lo^-g^cbs (de^ioá' sentidos püi^^ dái^' 
ltig&p:'y!ies(yahsl«fil>á1báf del'é^ífilü: EtidéifliüJnb filo^Mficb^ toó' 
ráy*<láw QlDói. Bside mdtat»^taíAt)jten ><^iia ^rai ci^isi}aíílí^^r(6^ 
día inásfqtte 1alfíli»e4fiiM tos» yítídtilos^de'ldicairitdad ;> y^ae^álpáfi' 
á>'qtíe^idn^)záét^ainori|be'H|ebélnv:9s^áni«estrb ^Itbei^ nbs^t^ 
ddenia ''tás'áa|frqdátí>obHgiácioiie9^i|()e^«énemog'pa»^^ 'iútí* éib^Ñ^ 
pbr 'ejemplo 'idemh» ilOs téék)g<« vsigiííendei el' "¿spíírft^ óéUtÜ^ 
dad 'qm iilsplra' eV etangeHé , ^&&gwm i ([¡ne ^la'ifisiivft 'ei^tá )mti{'-^ 
bidtt! pdf iftii«y>mtUrál'{>1eS'fi1¿s«foSvmMtihando )k>r'dti<á'^ 
ú^ltaA e^iidoftd;i'&ftnM9ib qife'tar-usfa^^etsffdtá; 'qüe'^Pbiiéi^ 
d»mb'!caálqbíéra^fotra^'pt^iél[^itiené>«n'Vsllor imii^ééo' ftíw 
s,ttyn')>redÍ)6títo!;''y ittf6'irtfeMr<$s^debeiiés "p^i^ d^obi^títíéstrbs'lséi^ 
iMéjMtes ii^>«eM^>éxtMAét*sttf(hábm^iBhiiuñt^ 

SEGUNDA ÉPOCA— TOMO DI. 9 



uQ^. ^ iiulividp2|lí4ai^6 di6tiQtaf(<, Por eso ^ segm f^l^ev^eaea en. ! 
el,pi^|í)dfx 4e|)98 ideas ^1 e^p(rítu.iHo^ficQ,:P el ^pírUu. reVgior i 
S0it,pni^yfi\c^rá jgualm^QbB 9Qhff^ la^cosiumbres! y 4^ tejMaoion;;; 
a$í,^ qu|^^ sQgupiijas épocas y tes id^^idomip^iUe»^ poideii)984io^> 
t^¡qDf^ Jíiiu^ri^ó'Se prohibe enterai^Mle eantoaiioódigosibajotf 
sex^r^jj^ep^^, 4 f& fiji» I9 ciiqU q«4&,puQd^ ^jüffjsn^v^r )twonc 
del(Pji;^í^mi, lQ,f^udK,.seg:iia fia opiaio» dQ:lQ$.te^H)go$frt solo.ed • 
tolí^ádp poí^ pond^sc^eiiciia á(|a de|)iU4^ I^UinaQa y léJas ne^ 1 
ce^dj^p ftopiali^^ ,^eQdf>. en, realidad vp^ ^eoie¡de<tiraasitc-M 

quQ fji^ir áJps.^QD3M^i8ta^que;k n^ur^eft ilioitaiiy 4|iie!fwede0ii 
fi]af;sG^il(FPM^.4 |a;g?^n^cia resultante cbd pní^Upio; losf pmnoin 
PÍ99 ^^^^:ftsci^la.w;6stQ.Go«i^ efí.todafli s^ teoriza 9om.1q%i 
mas exagerados; mas adelante procuraríamos dar una.i4ea de^( 
^s Jp:«dq^ Qlar^ y tig^^. qae nosr.aoa. ppsíM^. Se vié por lo ¡que 
lÍ¿¿)flft4j|(flío^apíer¡arpie«tp¡qMei ta ^scjuela ideatópta yá de aqu^r-:^ 
do^í^fp l|ü^.<jb9trina^.VQlÍgi|03?w* #p lft/r^e«)ljy|ci(Hi de iaa <wsitíor , 
i^f|i)p^fjp9pmi^,i^ibieqii^ si|^4ltiíiníia qonsepueaíf ias y ajfilir ; 
<SK^^ iHi^A^'l|#^rsalgi;i0a.di{9^^ todtaiMie p^n, 

^iT-9^^^ ^Jila^iq^^Jas.pnei.nii para>cainbí«r4a>4h:eGGÍood)et 
Qi)ji^iiT?ientPiJi^aiam> hái^a m )|iB¡popaw< ¿Y^ qpé ©«.traño ^ 
Q^^.aVyeff. s^e eiirtr^.ilofi;ps«^«ííj)pBi de.,laiinpfai cri^í 
t^^ jiQ. m ep(Q)ifpntra.;íawipQc<o npa-cQiB|jpta cpafoiroidad cpan-. 
c^ 4ps4ep4eB iá,'l9St;hecbpP)yí4 l(^aws,.dpdu(»íioopftTíE«:.w»a^ 

p¡aJí^?,,ief>Ja(^?c«?ta i^pali^ta^.d^l.i»^ qiyi|9QC^.tP4l93 J§fi^ 

aifhfm^i'^lp^ií^^ liSMaUp^at^ qap w,!)^»piíatpristi3|Da,.,p«Prí 
dm» 4i^tlnguHii}Q ,varips;gra4as.HÍp faltan 1 por 4^ 4 Jaid^npnHKarí 
(^rC<ff^P;^ (i..la:.«iaoerf í^ft^.m Qojpr.nQíCkj)arfl,.deMllamar5Pi 
coif|ier<%Hf)d^; n^gr^i^ )0QQ9|rQ94Qi y^gc^ tppr .mas qftipiP9ffipai)ari 
d9i<pQ|i Mpfr^ i;qs0Íí(qq )iDaft)$u9>líwtfl9 6 fteanipoeiíilipofiipano mo») 
pájjdasH }M¡tfiii^ Mífí¡(/^{)S0b^iJ^^qiijíe:t^ ¡d^ 

qatad^.d^.ta £MMrppa«ipq>l9s<^aíg1pa,inPdio$<; aUá'*pwi;te,^Qití»,'de) 
Ia^ij^tua493fiy;4e^p^e9:t iy)'PQcoAU*ará ia- prH^l^ 
a)0)fiap«t)4»qK9);4Padf^! HKvameofce iio^qñí^pi opia¡el ;qit^,prei^ 
qfK^^e^. 'UefQ^Qappfltevipres., y lípri que' la fiapnooiía; que) pffPrf 
9^p)^})ai<$oq^ad.T^gio$ai:bai siMffi^o ajgívflii aHeracH», y qnft 
aíibi^a)]ii^.%qAr9 e^ ite'niiwna t ¡^1 oqtórijdo. jb^ miiM. diatjnto y.mpy» 
d^ii^t«&.tfiml?f6i) toft(«patopnqs y¡acfiw>riiífp d^l enadDí^iíCeiWO 

Vbi^WAliVF^g^íQ^íMj)?^ /im^íp^ ihM^ 9on>y;ÍK9t 



{AJ0det¥im«no6 Áe ^eft sferripre la^mfsínas? eti sü' ^¿tidá^i i'Í^^ 
sarde eskf hí los diíftInftDs i\e!mpQsríoi\eñéi\ ám entera idótá^ 
pMa'Mefeitiddd j quiere decii* qué denth) t!el itibmb 'tAtültí 'dñá^ 
veees* é!toráñ mas etíf él cenítro, y otras hfácia laí círcanférenetái 
yerv^dn-^tfiíse nunca de yii órbita: ABí girando y féNTolviéridd*^ 
geeontífittabieMieVdentro^tai^bieif) déímiémó dfttfio él ideálts^ 
ISae *fi|ofiiAfi<cK>, y ' siéftit^e enf 'cototühuo móV&niétiíto , > )ás íáési íik 
ertn^amv^ sé combinan, sé modifican, resultando! 'dé aquí én'düi^ 
iMHlos tiempo»' e^&'<diferencliás' que no puedeá txíuKárse'á láí^' 
t))o7«tf)eM'«fite''y perspicaz.: Lr iglesia m tí si¿lo'X!I había'fRf- 
^o^íA'hhno gtadb,' áf ápbgéo;t><>^'tféciirl6 asf,'dé lo^üé üo^ 
iMn)8>lliMidmóíf iikiafi^nñío^ó'espint^^ si hütíiera dadó'üA 

pago* mas^^ádlelanté, hubíéhi entrado fá éñ la esféfá dél' mSá^ 
Ücwiów;' 'í •• ■'• • ■■ •'• ' *''^ 

-i ^Heifiosdietiotiáe haáiá qué se ethancip6 el éi^pfi'if d ' htúMáó 
de laiamorfdad el estudio de la filosofía se cúttívó eri un' cípcuA^ 
iñnef iiedncidoy^ áñicámenfe eh la hedida necesaria para regUfá^ 
rieurf' ordenar to créenóía» reH^^ioiátf s , y presidir á su expdsidóín j 
MseQftOZQ; que<de^déf él cañdHerBatio^ tá filoisftyfla principia pM- 
«acuesta -y con entera . independencia á' esfttfdiai* y resolverla 
'd&estíóñés de^u compétendiá,yquede§an4o á^saílvó tés doctrinad 
4«^eHt^s,<cu^ extttíién noestttba al'atctíhcedéla ta2dñ;'to'fifó^ 
•srfftóyi'la réH^bfr'marchílróh dé aÉcuet^flo éh lóá principió*^ fliii^ 
^niétltal^s délh É^áfí^ctf f de la moral, ísiA que 4a^ dif)sréñciia¿ 
iqtse'fiüed^' úatktée en !oá' dislrñfos tlétfapbs seáh báátante' piük 
tiiáíbArWú'tti^iütíé^W^ ál enfehditíüentó htííná^ 

tito; liáliesoiiféltf detesta épó^a é^ lá idealista, que 'durbdéáüé'sá 
«SkéMenté lítfátfa^ todo el siglo XVII; Eii él XViH sube á^á'esceclá 
titfli^a I» llatliafdá» siensualistá , iá <cu«A, si 'ac2ís<y existió '^n'lbs 
siglos anteriores, pasó desapercibida sinhatc* ftffdo y^rf éjéi'- 
Ciá* ihfferjó aígutto¿n la sociedad. Aparece pbbre'Comó tó'db\sis- 
teitia' ñafCiénle , tíéntíftádez', encasa de argumentos y obséíi^ació¿ 
m»; pheséinftaildé tótti cierta fíuiñildiad sus dudaí^ y cbujetúta^aéer-. 
isa' dvlos p^tk^éd^mfetftés Y rebultados ^ 
liasia qwe eniriíjueciéndloáe cott el tiempo y 'desplegando' sóSftféí^ 
M8^>se^ présenla de frente á luchar cuerpo á cuek^é con su áñt^- 
SiMfitai. Lo^'priñcipi^ fundaméntales de e^ta éi^uéla sbilf dialfñé^ 
tralméntéí ic^ttékoi!»!,' y pior éóhsigotenfe íú tienen qué l^er'^ dóh- 
8dQiim^e}d9ly'«i|>Rcadoné^;''Yár Hétiío^ifi^ 



li^p^ i la;^ntra%4e.e^ articulo, ,y , después bemoaipuMola? 
¿ff^el test^Qj^io de,Mr- Goa$sm;.i)ero^(oDQe&ba9Uiile, esee* 
p,esarío cq^letar el cuadro apenas bosquejado* Para lo» ^nauar 
listas el e^'rUu es UAa quimera, el hoipbre np Ip necesita. para 
adquirir SAIS, ideasy. forutar sus .pc^p^^^tos^^itas^^ensaciones^ x 
^speriQnpiasisou,la úoica fueoie delosQopQciini€i^lQs>hiai»dno9;á 
Xuer^acJle. repetirlas. y ^^onapararl^js r^ultaif .]0$>ji^c.iosi;8íaiples.y 
después los cpii\puestos,^ hast^Dpgar alas ideas Ríos abstradasiy 
jQjuetafí3ÍiQ9.$» ,£n ql ouer{>QluiBíiaDo.opihayimsj(|ue(kgfinos; a^^uii 
s^ian ^tosj lípasó uceóos delicados y perfi^toa asirlo Biwin Ja8;S6U« 
sac^iopeSf/iyep igual propo^ciop lo.seráip^ la$ ideas. .Afl(>vati4is!r 
^rri^ódq ^lifi^ nuestro ser l^s(,a formaíT á^ f))oiii)>i^ um máqui- 
na ,; qiqtil^a^Q ^u e^isteucja ppr d^^arie de.^ |^te.iiias no* 
ble y de lo que constituye su dignidad y grandeza. Herrdido Á 
c^PffW}d^(^^,^\ pup^tp despartida, .cqntínpafk[^iei|ipre escarria- 
495^ y Qqapdp. ct^í^rsin Ijipitai;^ á probar á^iosádf^ístas que aii 
jsüsten^fi e$ ^^^agjexadQ:, r<lPi6 ^P *!& foroi^iQp ^ lasr jdea3»d espír 
iriliU e^ el ,V>4p par^ ellos > >y .que no daa á ¡(os^goiaos y iá las bbot 
^ipp^.I^in^rtaopiadel)^ ellos eqbaaá.un.ladoeifespiriUi 
qi^ejíe^ estprba yi qHe. np coinpreQd^ ». y .^afai\9o en exiriicarlo 
tpifjífíjpor 1^ 3^i^^ipj|i^;.y. lo$.4r;g§fH)iS. Los idealistas baUande 
tejjin^tuiial ,d§ ideas innatas, del sentido intedor «• de ese algo 
flfjft Y^. ep. lel . hpjn|)re. que. no lo flá ,pi. la, c^i^cion , ai Jaa Je- 
jfj9^^ Ips.^^osípsiljata^.ni^n ^o ¡es^o, afir/oaa^p par^liCQOíirari» 
fUfi^ elboipbre .vi^ne^ al piundp desti|tui<jk)f4etoido Joqu^ op aqa 
jfl ipsjiinlio. dfi ?Ja conservación, y el deseo de; sii JeH^^dad.iNoibay 
gu€{.bu^^p. ,ep e^e sistema. idfSis. e^eyada^.^ ni .aentima^tios gor 
^pso^,!y,.sQ|[;|ale^ii/V>dQ v^fne 4/reducirsQ,€Híitulti«K>j:esuiAada<á 
la: espoculapipn.y al intorés, 4niQo np^te* ¿ <ipAde vaft en^iaiif 
jiajip^.¿o4o^,sí,^ paso?. : ...,!.. • « ■. . 

- : ¿Qtté pifij^^ai^. lo^ senwaUsta^ acerca 4Q:Ia^iPPri4idfi^idje las 
ftCpiopes.?!¿OuédÍPfift(ícercíi del bjen y 4eíl.ma)ff>ora)?i¿Qttá sobre 
I^^e?íi^t^pia.de pip*, sobre nuestro^ d^bpr^,para' con él^j pana 
Cflft,.iífi?plji;qs mj^flíipp. y pari^con, Ic^ ileqM^.bQiiibrc|s? Para los 
^^iista^ 1)0 hay ^tro bien y cpal .niqral que .0|, q«e pi(ovieM 
i¡(e|J¿s,Jeyo$i. ,p^r Qonsigu¡eqteparíji,pah^ si una acpion i^ buena 
i> ,9p ipala« no. hay m^ que abrir loa.QÓdigoss|y veri si se pfobite 
íf.^ pj^n^itev^i l^s¡.l§y^c;aUaíi,.e) bpodbfp qweda»!). Jibeptad» i 
ie^pili¿.ep,iípj^,f ^.Ij^sAw/ep ú^w^n,'s^4^b^r^^<^oeerta»JP9^ 



ra ifM inoumrenia sancídn peilyal'. ?eto láá leyes nc 'paédéhdé* 
gdir ad hdmbre por todas partes y en todos los atrtos d^ la Vida; ni 
pueden penetraren el santuario delliogat^ doTtiéáti eó V ^n lo iñíé^ 
rior de la sociedad familiar; nó aléakizan tampoco á esa pftrlé 
<iculla y mt^ríosa de 4a vida homaña , y este.es lín escollo' que 
los seosiuilistasjaimás podrán isaWar. Los hombres t^eíígifGfsos re^ 
cuh'e» «n tal cn^o á un ser invisible (}ue todo' lo vé , qu^ todo lo 
eseudriña^ y al tM\ a&mos responsables de nuésf ras' eiocioheáf Y 
h«8t9 de nnéstFoft pensamientos; los idealistas; shi'desentéMérde 
de esta^idlea, haUao de ios deberes naturales, de lá eb^ncieúciá; 
del aflftor del prójímb , ele. , etc. Los sensualistas tienen que recb^- 
fir auna quimera, porque una quimera es hablar del hbnór^ del 
deseo de lá* bueña reputación , y del temor décóntraeif hábitüs vick^ 
sos á'lamayor parte dé tos indivídtiosdela'SocledadiiEil<cuanto & 
la existeocia^de Dios, isi tñatdn de ella los filósofos de esta ^escuela^ 
lo hace» de una manera vagn ; swr interés, sin traer para nada su 
providenícia en los destinos humanos, emancipado el hombi^en- 
terameilte* de* sú poder, y QUicámente sujeto como todos los demáis 
seres é las leyes generales' de'la naturateza; Bn una palabra, ü 
hablan' del Ser Supremo ó dei Criador es por ser wia idea correa 
Mva ái;Hátul>a, y ni mas ni menos que si hablaseti de Júpiter, 
del 'Zodiaco ó de-las estrellas* fijas. Si tan insignificante pape! ha- 
ce eo el sistema sensualista la existencia de Dios , mocho menos 
k> harán nuestros deberes para con él; no hay pues que esperelr 
qoe su idea pese continuamente sobre ^ honíibré , ti se tema que 
coma en el sistema: idealista, y mucho mas en el religioso, se le 
ttame cootínuaipente la ateRcioi> hacia el délo para que no se 
ocupe contínoamente de las cosas.de la tierra. Soni por consi- 
^ente nulos nuestros deberes para con Dios así como: lo sóü 
ignelmeate para nuestros semejantes. Para los sensualistas' no 
hay mas'X|ae leyes positivas , porque |a sanción religiosa dé que 
haUán algimos es iáea tan^aga y de' tan poca' rmportaiicia en- su 
sistema como kt existénda di^ Ser Sfiprenlo, y todo el papel que 
encaso llega áreprései^taFlareligión es el ser considerada co- 
mo amúaUiar y cemo sosten i y apdyo de la legislación. Por conse- 
cuencia de estiis doctriivas: Ici^ deberes de los hombres entre sí se 
rQduceoiá no:liosiifizQirse, á noperturbeír á lo8>ot{t)s>eD el ejer- 
dci6>de sus'derechosl, ano invadir stí propiedad, á tío atentar 
-coúitdi stt-vidaV'á observarla Iby, enukia palabra; Desastrosa teo- 



80 ,'r, mmn^w* Hixmm>¿ i 

^.yínculoi»! dB la fraterpidad moráis y <tue ea vi>2r<de' Hyudf^r 

jH^ros iosÚQtos ^al^s y |>^fico9,'nos leod^rwe yoos iat^púrfi 

ii^^^.friaíndif^eiVJia hacia, lo? dosgr^i^iadoa. - i- 

M ^. La?. deberes para qqn nosoUos misiaoB son ouk» tambietti» 

p$)fqu6 j^piiedeaiUaoiarse tales el instinto ^te: oúeftlra coaservar- 

^oq.y! el deseo de ia felicidad^ únícoa senliníiieatoa^ se^ft eih», 

twa^san el hombre, ¿ Y^uéesp^n deifeücidad te la d^ Iob s«if 

j9iiftli?tas? Bien. 90 d^& conocer cuál séirá 4iO'0atiniiido<elMtepfailü 

(QOipP) parte CQmtituymiBáe mieálra existénciav y ítiembitan friás 

.y^tao.ia^QQaces: ó nv^B Id» Telaiaione6.eiitre'la:cii4aílurí y^anicri^ 

jdor, iLa ffsliieidad d«>tos;sen$^li0la$<ootpu^ oienosi^e senegoi»- 

4aíviÍAdividual, limitada á i(Mi g^oces. rnateria^es Hamado élhom^ 

i>m (soDtíouamente por los aentidos hacia la Mtierra ^ sin' dar It^ 

j^iiúr á riaa subJisnes injspií raciones , m á las dulces es^evanaas, 

iPiáJas emocionéis iip.icna» y : delicada délfcnrazoo^ ni á.nadlü dB 

^^uaoto e» geaode y elavadoeuila^vida humante, ^gumosldspnnoi- 

..piQl» la existencia será ioaignificaAte y despireoiaUe eitaadn nanos 

iproporaiope sino sinsabores, <y an prolongado lormealo cnando 

.«onella 410 podamos adquirirlos goeesque huiuaamos áú desdaaf- 

,90^ y segunda idaa^q^e hipnos fomiadoide lafelicádad.i Es^verdad, 

-dicen, que la esj^eranEadifíeilmente^nós abandona auniéb madfo 

^elos mayores peiig)K)s; que.jel homfareiregiilarmeaftejiufica es 

lian desgraciado que renuncie enterapaentet á •]a< rdea* de ' laMfelicíh 

<ídfd;,qtte en todos los estados y cirniostanoiasáe la vida se «1^ 

><uen.tFaa placeres y penas, y:que está eá á.uieneni ide.ftin largo 

•eamifio: entremezclado de. rosas y maleza*. Pero:¿.y cüáiido e&ioíi^ 

-f)osiblQ'ó creemos noaotrosiqueiK) puéde> variar nnestraideploc»- 

iblesiluaoion?.¿Quó'hiacemas cuando la. felicidad nos ha cerrado 

(todasisua pueptas, y^ntreellay QáMotro&sefaa leraiíitado^un ouif- 

rp dé bronce que jamis podremos traspasar-? üé ai|ai<á. donde 

iGondi«eeo> los principiqsde la escuela aen^oatístá, el suicidio^ es 

ittfiaioensecuenGÍa natural ¡y muy Razonable de eate sistemai. 

-1 ^ : uSi naqueréis-, dice Mr, Coussin^ que lafilosiofía sé'reduBca 

-bien pronto á un ' sistema de fatalismo ^ de oíatemlismo y ée 

tatttsmo f guardaoel de derruir, el idealkiao , porque este « elque 

bacela guerra á estas- tres .consecuencias del aansualismo,» el>qiie 

M vigila; sobne ,ellas é impide f^a. triunfo.» fis esta una verdad que 

-atestígna la aoognento historia de la revohicíon fraüGesa. Elidea- 



#<^tlte átttágiMtstal ttívoí ^é^ t^aHáf tMi' lílgáii tíéíA^o, y mm)- 
nar ai^üK^' iflfbi^cfnácld paid d(yt)^ iio po«liá'<ófriró yá^ü'V^;gtiúíe 
lií'i^Mtosk gritek^ía de aqii^llós energúmenos: QuMábá ¿«rfláKríala 

- teligíomcion: »m dogmas, coiv sü< ník>rfll/ y cM-lshjiÁ' ñ^MíWíhs 

• iWátítticiDne», y €tetóéra mnyig^ridét>bdtíbütó^píái%''éP(íe*íft)R!fo 

- ifiímto 4el' s0iisuaHbiti6. La igieste«pt^$eñiaM'áiftl^!ího8 y■'Sa- 
-g^ad^S'trtukw ftmdfedos é<i la réVtílád<yrt'jeifr riski^^ctóh^yHii 
1 las'décMtí«.^'S0)6mhé¿de m toÁt^^ géneMei,'^ ImtméíOk, 

'ifaay^eé^; h6 Sé^párarón en negar lá'i*évelatió*ifl 'éiy.dés(m»^ltAs 
-tfttdkitohcid; en tMni«t^é dé 10£^>toáetK6s,^'d«íá(i^ili¡rigléÍfÍa 
' h&isia 9D9 éiid€«ii08 y en pérségüíb y diífpéBsIái) dsifokli#lré»v'y 
éiiftorices filé enatido én medio dé lód ^Bgodj6s'y ftiétté^cd^Hcfá- 
madones del poeblo de Partís ise'dió al sensiialism(5^*c6tt gtefnde 
apárdtd y mágtríficft ^lemm'dad aqueHa ridíbufa «y >e^liiávbgfafdte 
ovackm de<<}f!ié hablfiimo^'^l priodípio. |DebgtaeSad(M tiéthpio®! De 
résultasdeeaté IVasConiokrEütiópae^ conmovida; ha iáüfddiíHfti 
gt^tídeBaeiidlitiientd , y'paéKeeéimplardrte'á un péndiild qní^hd- 
biéndo pendido ^-<o«n(itl dé '^t^veddrd itáhájá itítíéÁA^tiétke 
pot« ' volver ást»|MMit(>' de aplobuy. ¡Sítíelsehsükii^d'tJúíMíél ttíiis 
'- 6 mehó^pbr todais'parteí^, piorqbe auhqúeéli f rai^dafUé'lá' elépld- 
*-dtdn, la conmoción ^négeneral/y muy lejos* de mi cr^tefHiégd la 
lava deaquel volcan riOprilfle:Bíén mfirado áu compfóio» tt^hiryfbfUé 

• muy poco duradero^ á láf manera diel raido dé la>tetñpeitafá ^lie 
' padá áobre nuestras cabezas, déla )uz del relámpago qtíé'bHHáy 

• desaparece V porque muy l»égé>vo]viefón'dpar^et Mt)i^ lüédcié- 
-úk liierák-ja* los sistemase filoísófíéoi^,- y volvió tambiéil- á* ápttreéer 

mágc^too^a 7 tinrilldnte la reiíg^o» éei/i:* ifiiitoikbedWbWió'á^ó- 

' menear' de nuevo* la lu<^ha{ en< la que el seh^blismó'ha ido-pé^- 

diend)E>dé diaékidié el terrenoton^áij^tadó'; li»'ftíénE^&xid*^^^ 

- tío atíeta'^e debllitairon bfénpronto ébti sii^ ' éTtti^adMiriai^ibl^ y v«é- 
lentos eáfcíerifos, y hoy por tierra y aig^itárido^ entré efl fWIVo, ack- 

' ba sií exíígleftcih enuna'fergél y^períésa' ag^otííéi'Nb qu¡él*é'déteir 
~estó que el sen^oalisnüo' he ejerza- yá'íriflilehdá álgütia'^óbrete 
suerte dé les ndcióneS'i de íringUna máne^; éjerzé aun pord^^- 
gradé mtts de la qué^fuerist dé' desear** peiV) és Mrén crét^ que 
acainó su éaclusivisé^V que Iva cam1:)rado la di (^dón qiié^n' él 
siglo XVlli ^qtU^'dái^aliefAédMenté humane!, V qQé<foB^^rátí- 



' 



J?2 .., ,pjBV4$TA W.MAD^i>..i 

_des^ bpinl^res.qu^ marcbao al freQl^.46 JascÁeopias y,dQ.la.4^m^- 

.,7i^cU^ del muudo trabajaa coq fruta y.$\o descíaosQ m el e«Mid|io 

. ,y propagacióa de wa iQIosQfía m^ raciona) y. Itnan^oitisucíf^^ : • i 

i„ \ ñ\i3\ Qshoy eí estadp de Iq^sisteoí^^ íiíp^ficq§2 A- QOÍ^iOSfá 

, re^rvadQ el tri^püp? A pipg^np, dice Mr. Cousssiiib* porquenjngu- 

|ip asjtá ei^eoto de eiror^s y¡ p^ijudiQi^lC)^ tendeiic¡,aa« y MgMP 

. car^. (^pipocó de derto nútmri^ 4^ yerdade^ ' m^s^i m&»^- w- 

,.pQrÍaQte3.cme.debeP( aprovechar^ ja^ra la fociaaí(pioQ>d!pi uoi^üaip- 

jufi cop^plqtQ, y tjc^ acomodado á la coDdíQÍQn iodi^idqal y ;$oc4ail 

, det hombre*. La. f u^d ¡d^ tod^S;^ por copsigui^Qiel peoMOii^to 

, djel^^ppca i y lafilosofia llajoí^^da ecléctica .el re|sultado.(iei»s^.f|i- 

. síqiu QMit^iéraiqp&baber4s^o uoajdea ma^dovipleta delmífíti^ 

/mo; pQrp.^1 Jiectar.¡^á.mii^y f^cil.coof poetarla teiMf^^ ()iieQ(a 

Iq ,qu^ .beipos dicho., acarea* d^lesi^ ^y oiapoba ioleleciu^il^de 

)a J^opa ,ea ,lop sigloí>,dQ la edad medpa ,; con. Ia,úaiaa4iieyre»iifia 

d^ q^e aquella tend|9n<;^ia es.bápiael j^isticismo reitigioso, c^y!^.l^- 

86 (^ la reyelaqioa, y el mistjcisiuQ de qu^ siquí b^bU^o^ ^^Ifíip- 

, i$ófif;p»> puyofuiDdameiMo pgir el <x>q^arK) e^:la s^^pn pur^. EjKPua^- 

tp.al.e^ceptícisniío nada teadcíaiBAQs <¡u^ decir$i oenedHÍese 4.una 

duda prudeote y auna desconfianza^ ragioaal. de. Ia3 opiniones de 

, loisf hqa)]prea con laidea ide.prpceder A su exJMAf o^m ipas/tipoy 

n^ditacion; pero : lo, burla y.jeld|e$pi|ecio.poi¡i>queie^sfi|Qa9fos 

mirao. todo^. los ^j^tecpas y f^orías no puede meno^nde ^fm4&^ 

rarseconiouaa.palamidad para lapiorafvpara las cre0ncia&, para 

.]2{$ piQ9iit(^ione$ y para todio géam^ de estudio, ó ínvesü^afiou. 

CQncIpiráDio^ esta ariículo Uamapdo la atandon del le^or bácia 

uD punto muy importante. Ep inediQ dala aparquea inOlj^ptu^l 

eo ^qe^^bpy (^.envuelta )a Europa,, al n^osiderar el &ijo y .re* 

fiujpvtppr decirlo a9í,.det.teorias y:3i$temas |q$. fuas.contradklp- 

.fio3, :al I VjBr.,?^, .fluctuación .continua.. de i ppinionea, yd^líraat^ 

aueños»al..cqntamplar!pQr Jiu.que á pesar, del gran. prc^roso y 

. lDoyimie^to iüiteliectual jdp la éppca , QO:se £orm¿l Mn ppnsarnieipi- 

,to común y gfperaisrtwo pantos, capiu^les. y de,«U€irés.gen^i]al 

, taopd>ieu I el hon^bre. reflexiva no puede qa^nos de .volver l|a vi$ta 

..^ la i religión para admirar en ella la fupfza extraordinaria y se- 

.ductpr^ qpfí 11^ va pn.sí , y.qi^e up se encueQtraao. uiqgqnode los 

poderes déla :tieri;a* a La religión;, dice.Mr« .Gpusain .q^in mMCha 

j.vQrdadii^eslaque hace las. crpencias genérales ^ la que.forjna las 

.costumlpresi, y .basta cierto puifit^ las institucioqes^tt / , >. 

Pkdro Benito Golmato. 



!.':■'•'** 5» /í*/' ."^ ," . • \ )i- 1 .,' «■ . ; . - ' , . ' ♦ '. u'í.- •.'*. «• ^ 'í"' 

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l»,i»r.i,.' I,: Ii'm; »; JK' - (' < •». |i j '•) «'í. I, i»! i ; ' • '^ ':! . :. • 7 . • ;i'. 

I I 

(Continuación.) 

" '.«iM i: •!» 'íj '>{i ! :"í*i >!• '■•i. ) M'i» .i'! ••' ' I*'.' rii • ' '' '• ^' ■ '' r ,» -! •: • •';• 

,. — Bieii sé yp gjie tenigopoco ¿Micio, y no cr^aM gu^ estoy c^pntefijta 

con no poderme sujetar; pero nó puedo vencerme pQfjnas .q^ej^agp; 
..sijento upa, espe^eie.de fa§it¡diq,.ciVie á p^;sa)P,rpw .todo,me^,c.^i)jsa, todo 

.me inqofnoda 4 j jCoijoq ^3119 §in ,du4a es ; uji^. eoferifiéda^ f . c,uy^ ca^sa 

oíoicoipprendo, tamjpQQ<^ pi^e^o p(^ei: i:emedÍQ. Algunas yec.és qui^i^- 
..ra..iftorirm(S{, ys Jo a^^uüp. Sin^pihargo» uote^igo oingup, . motivo 4e 
.^(dlÍ3gW3to \ soy feAiz » soy dichqsa^ .y deb^ía serlo msis aun.,4. . .. ,, 

— Es preciso convenir en que las mujeres de hoy son incQipprjeji^i- 
.,^lí?3,.f4iotroff!tiif»np9Sjbf|l)ifisr|BSi^ryado,/SÍ ^ quiere» up ataque de 
..ífc?ryífxij;>ara tíerí?s.oeí^ííín|es,^.,.JPer9 jwsad^ ,1a i?í;ífá^ 5jb vqlyíá.i ,spr 

amable con todq.cjl niqp^,;.lf9si]í^^illa$^e eprojepian^ y quedaba upa 

,61» 4i$pasipiqii, d? Ár-i^íbaije. jp.efoi^áa» ^Hor^itortp.Sjppaí^ípí^cqndrias, 
,,6i^tidjqs., y lp¡íní)s<lo ixi^Si.afefi^iqnes 4^ e8íówagQ..>^. E«t?íí^son.aipr<w?- 
..pipnea, UQhí\y qup. d^ÍQpIpi ^ tapibiqi^ loíJ-.lHJiPfthres lji^.^ido;pqsn¡- 

4o)S deú roismaiUían/a.vy ban:dafdQj»ip?^4^^V €5^ que U^flaan «s- 
^cp^in^ pl e^pHa! uniAu^yq:d^ú]^rimii9ptq, un^rimporta^i/OA, ingles; 
,.yíp sé,vé.,.9WP ijps .yieqep, ^ft.bueflas, CQ«^,4e Ipglater^r/í,.,. Q^éri- 

4icuJ§ff<í*l t.> -.^i. .;..,.■.,; .^z, •.-....-•. ,^ 

. , , Pn c\iwíiq,á yp¿,.í;Umfíicia„ o$.a.dxieFtp que deb^ pon^ fiuá 
,.i»j^9 cbiquíM(9riaSt'Apfíf^.liacíad<)s q^fi^^ q^e xips ball^l^ai^Qs ^ jPa- 
,,rfe|,y,iío wejk^abíift^^adp dWf^ivwr, ^^^aiquieá^Mifuf^z^ njeh^jB^s 

tiraidc^aquí* $í sftftWf ála.l&iec?5^) porq^p yo twia r?|zoi^^ oiwgíí?- 
., yapara po v(piiir tftu pi;pntQji apí/aebJíM: (p},i?ua?to., íMifrifindp.ami, ja 

jaqueca ! en fin no habéis querido escuchar nada ; ha sido pire^í^ ^- 

.jfit^á,v^^tTQpapiíclH>».y*waT--. > . . I' .: s v 

. rr P^^ í¡a , vqs vpisfsf^ ^abeí^ cqi^pcidp; que, era, ,pr^¡s» que. yjnif «e 
iirfliwira^e.QoaiQi p^ari4p- ^0 er^ y^.deixia^iadó hab^e.jdciadp pf- 
sarj3p)o el in^iepQ ^q^í 1 mientras quje yp ine divertía ,y bailaba ^ 

—Era muy justo, segurame;nte^ yiio ps( f;$pr9ado yo jpQ^ ^sp, ]Pe- 

SÉGUNDA ÉPOCA.— TOMO m. 10 



Ih REVISTA DE MADBID. 

ro por qué lo que deseabais tan vivamente hace dos meses os produce 
ahora tanta tristeza?, En París no se habla sino de Bergenheim, de los 
deberes sagrados que hay necesidad de cumplir al lado de un marido; 
y me atormentan v v me romjpaJ^calipKi con^lanta ternura conyu- 
gal. En Bergenheiráf^ ^{j^VV^^J^f^^f^ ^^^ ^^ París, y no 
se suspira sino por París. No meneéis la cabeza ; yo soy una vieja i 
quien no se la escucha ni se la iuice caso , pero que todavía sabe mu- 
cho ; y á decir verdad , no se me escapa nada. Y sino tened la bondad 
de decirme qué es lo que os hace recordar á París? En esta estación 
en que no hay ni bailes, ní,^,(ijir^f¡^fj(^ una sola figura humana? por- 
que todos los conocidos están en el campo; acaso.... 

La señorita de Corandeuil no acabó su frase; pero pronunció estas 

últimas palabras con tanta severidad , que Clemencia no pudo menos 

' ab'fljdi' ros"ójó^i¿ó(»^é'sü''t¡á,' cromó b'ái^ii''pre^unty^^^^^^ tí y^ttíiicaeion 

áétvi'P^^Mmd.-: '-' '" i •' '::[''■[ -^'^'='-'' • "•••"> 

' ^ Vámós , d}¡0 AuT¿iflcáüdo la yo^ ,* no se trata de qué tornea ése 
aire d¿prtncesiaiV Estamos 'sillas, y'káWé^ qué soy tu'biíeríá tíáí'Vaí^b, 
hablemoá coñ"frani(ue2a ; írabrás déjiadp eti París dlgutó-^oSá',' af^íi- 
idá tíérsonS , éüyo récUet^da té M¿iera'í)áré6erttíbástntb'aüh mas eno- 
joso de ia' quedes/ 'én realidad? Ál^hiios de'ttis ^do^ádóreis de este 
fnvíémb?*' '' ' '■'"'' •• •■•■•.• ^i «i* • :. •"••■ <«':''«m'í - 

—Qué Idéa^tí^fteñgó^ yo" acaso adof¿ldbréSÍ' éíccfimió tivamélile 
'Clemencia', harciéndó )^6t ócvíkstt ¿é>n uña" sótntsa^ufa ddlb^ i4^M6 ^e 
^ Maftikó hiónientáñeak^eñté^lá pyiitíézrdÍB«ti!i mejitías.'^ ' ' ' ' • 
' —Y^VÉáí'ctMniabftiet'A así ; hija' mh ^ cóúéiúS ht Vijl^d- Mtiitóí^, 
-^úyb euH<9<)ittab le htóó tmtíaí''uñ yceñto^pdcéf a^bstúmbrádody ini^o 
"é fñdéflgéitéfá', iñSttñéeiÚ él'^mál? ¿st<4'pr¿yf4idoiagrad^t'?Ce^átído 
Sé dé^fétidé'ae eítiafcütfa ilustré; es i^tñpdi^-viiii' en iBÍiTÍtíñdi¿,'^ 
-teher d i*áii^o en que sé Há incidió. Nd'tiéh^s' todavía- veinte y'ttés 
áñfoi, y mé i^iWé qdé no es edad t)M*aí ViVir'en liA déüéirto ; y'eotóo 
te he dicho, todavía no eres una vieja para no poder ins[)fí^ filo- 
nes; yá eóttipk^áéSé q(ilí?'nb'siítrdl!áiíé hacerla t)tiifebfc: Péh) en 
fin -ere»jóveñ^, bbtt!>(a, yicu^ítaó ^é^^eéñMü^V^uálilAaiiiésVseháeén 
cón^lstfaii FilVólmytaVláméfftii. lütf iéfii' fá^ pi-h^i«fa^^'M 'ftiAiliá^á 
-quien }e siibéda esViV; til flti'i^e^ CoVánJíevíK' VáfriñfM,'iíni' Htteír¿>Ob- 
' in^Ücisi V 4^^ e^^<^l alii^» étí píeiih qüb ^iMé ifllfi fll¿(¡o P<Es^ séñbr 
-éeMátíléortt'/ •'•■■• ■' •' •■ ■"• ••■ • -■* ' • ' •'" *•" ; •■■•i-i 

—El señor de Mauléon! exchiihó la jóvétt soHirüdO una cáMjeldá; 
ér, un tííítíél y en ¡[)énarofc'í 'tifel mía,' le hátjels^démfeirfiáab' honor. 
"El seftor^'de ivfóütóon que és grueso ,' ^ríe tiene «Uaretfta y cmb¿> kftcis, 
y que ^t^ ^i^é! uh'at^^idó qfi'é'eá elballé les áptKt^á fds dédáS^'á 
sus compañeras de una manera bárbara , devorándolas con njlk^dhs 
apasiohád5*.'ttli'Nl'iefíbfdéMáuiétói! ' •"• '. 



igife jcl« ««soMfto^)hMlR que» pá8adMialgdiioÉ>ki8ttG||itWi«pBttbuií: 9^ 
intenrogatoriO. .oi>>. o q 

! I r^iii ! J£L<BclM^ d^:Ar86Qae>|il <cttitefuriaf Imém iiioéftles>ii|uy dl»- 
'tÍAguid(»srpuMle»8er qneina di8i4eñfiiim eonvenueioB-; y '|lorímt'{Mm- 
ti^MqllleatrO''l«su$«ltttaoe8•b1»i ys^e tod»bueagoslii>V'P«hi= ^ 
.dei» estoiiialgwli dfi;(|U6ilé>mMpMiiB»ioéüpf ^éliáe «bá'qfie' jTo^^de^él, 
I^r otcA.j^aft^f .'bten 0aMfliq«e «»> vá{á va¿bP'MDi<la<i5eñoitU^'ifc 

. fi-rJ&llsepart Gfi9fiiii|?l»]^rmgaió:teiflQQoHtá «d&HOqrandMll'v oon^tei 

perseverancia que ponen las.miiyeresiieedMlparvanfl^gMr el <é^^ 

-lo<gQ«taethtti.pt)Q|>iiMeiV y^oooio ci^cfifeikvieMiídeoidléa á'pasar Prevista 

¿lodoSdioa }aae!\ifim jpmm&ái^wkyw elteedretb^iée 

.su-flobridaj i.-- >..•,>: c, ; « . .•> '••» ! •;..•<•.■: ^ •. r» rJ -« ' -i .f --i «-/< 

//£ftai/peniiaiifl6i4 iiniiiMÉfMn|tO'tón;respcNiiAeri < ' <} < 

— Cómo podéis pensar eso, tianliaf dijo al Ifin^itm^honibHeiiefiíi 

•0tal»r(^iitadoo:y.qi]0caciiité obi»8!qiieiqadi6<leé, Ticóincdia^ que no 

jw.ifteiitaiiü.Mo UímíS) oido: decir <« nukbupat' deiJ^ontívei^^, ^«»i«Ha 

ji»|rmi .qoa ilumm tu- lal gOi sii< iref^atadoii im débiá» neeibir 809 'ÜBÍtns? ^ 

- r-n-Matotía déiBdntínfers'j^ iiBai>inogigataiiiisopov|abley iill9Ha'<de 

jpcetcB6Íone& y-ridíoliieees.^i^iiestnoisetlesinfi^ ^ :fáiioibez».ésl»>in- 

/TsenÉoibacier' qne>lá aonnpaúása^á'loidaA pavtés^.iY^'le véspondi, ¡fse 

4ttanudií4eeluurf»ifta¡ai08 ¡y.f^ rflsfBb»^d«ii^ 

para tener .mibdo: 4ci ¿li soiai . .I\nii0( «ornt^ionntersé \ < vaya t f. comb -si 

jeltuviéca ijRa>ellajca«dail.de eiiaqiPámiflDsu 'DeflpMaiai>«ali^6or 'Ger- 

i&afcl.qué; pncisiiQeiotti.^ieaéi «Yertamente i M^^ eiir^ao 

tquetoerpeieocr ri6 fottidioien sa-óasa ; ¡pen^ tíe^íé talento^, yimaclNi. 

iJAmásbeiOomirendida yo'tu arnersEion báéíá álv'ni''la)niÍBi9eDa altanera 

ceta/que !le:reeiUai»ieBr mi'ctea^ sobretxMtó'aates'de'hueatr» partii*. 

'.-«^Tniihiá fBO;Boaios dueñas de nueálras antipatías inide'Bfoeittps 

«fi»toS!;'pei4o<paEa(ffespoiíideride> iiná Tez<á' tuestra^ pregublas'al 

.lnÍtvé8.qiiei:iBaiiifestbíS)-<)stíid flttguraique nin^^iHioi'de esos>«erM- 

rés ^ &ii de lostque /pedierais; nombeaprno,' los ¿ninoría bajo «IM as- 

|iieot(^ ^ué el^mmi ariaiges. Yo>aé'fii9tiéiov porgue^mí ^liaráicier^^s- 

eesita de distracdoBes vy encbte pais lasudistificciooes áovniíiasi. És 

una melancolía involuntaria, y que pasará; yo asíalo «spetoj Pofdeis 

■aaiaij<segnra grisma del mal BO feiislie^ep el emfasoAw 

rp ffis eftiloaoéío jn'seeo^ocínqiíeestasí palabras foerdni 

.diÉs'4 laseíonta^deGoraDdeuU comprendió qne^su scAiriiia ^uéiiftigttttt- 

ídap*8u.s6enlé ysiiai leoiá;. no puddcmrténer'unr móvimieiito'de' nial 

hununr viéndose burlada de tal modo, y eneonlváiidose'taáf ddélanta- 

-da oomoial ptteciftio'tdoia conflreistaoiaBj MaBÜéstó'Su^diaeiifiídb^n*- 



í. r 



76 BEYlSUJMIíiliaDRID. 

tgrumdo^pues f7«4MlabaifnriiUk«Í8aé« ooQ t^^ 
prosiguió. .«ñ- .í- -^•:^'*• 

-— Bueno, ya que me he eqiáfwsaáa^qktn me t ú f i ttWiiito-dlB ado- 
«l!f yiqtt&'itoH'ile «dtóiisi; tpdesto iqueV' «sn^unti fMÍlabiiai,' Osheis el 
4N>in»ifi:'eiitei:a»éiite-Jibjro y<tiBiii4viÍó,;9ues|ra>«dMiiQta''iii» tleMe- 
«mtiéO'^QOoiuit,: jTi «si aconsigo qu«i la^ «ainéirái - flsa 'ianguMetf, 
.^se-ftoatroifaliilo sAiiica^clios^inMpiívtaMeB'parli toa demá»,' os lo 
•^eirekigDu^ijI^iHanikay aqa^qve oajeoiiaaea aof íyo;' parque os'trfe 
educado; y esto no es por dirigiros una queja; me habéis «caosado 
ttiooha5»pftfasvP«o^*toi0iiariper8Énar mae'feüláatii^ la icid)é¿ainas 
^deitoniiMaiy la ntñaiÉiab mal criada... < • : > < ' '• i 

:. r^ Tia-mia', iMérrampió^i€iaBienciav<me bafeiM'()iabiado'muyiimé- 
tedo de- «lis dieftetosipaifitiqtte no JoskcOneaeav T ^' ^y initorrigible 
no tenéis vos la culpa , pues no habéis descuidado vuestras><k6¿ionttP. 
Sino hubiese tenido la'4c8gfaeia::de fepém tan pronl»t¿ iiii-lnádre, 
•no iitohubierbioausádditaiitb trábajdJ .''■-' •!-. «: ^ S •; * « < 

Lfi JÓMMi 8mtk).bajo>8U$ páppspd^aáQ tíigrimav pero tuv^iíastanite 

.jmpve» sobre laéipaoíb íinpddiriiqne :ooiTÍese ptriñl misjiUa ardiente. 

TomBBdo^uBtlianaideÜa' mesa y lo:atHnó pava «cuIuhp su «emodon* 4nh 

•toluAtfiiria/^i. ponina án:á uña^conversaeíoH' que le iba siendo tan-pe- 

•nosii; La scftorítb de €oifnidle»ilyíB:su'Vez'f eblodd seyerementei sus 

«ipie€^ aebre SUS: narioe8..j deibplegó á> l»4i>iteiu;iB' conveniente de tns 

ájoB la CaeéiaSg'Fttaitífiaf que «hacía^rateidesioanaaba Mfée sus «o- 

dilías ^ y SO val vio ájeoLl)en4ereon solemnidad «nisu'billon. ' • > 

• Ün aUeilciOiprofi^ulo remó ducMíte algim 'tiempo im el 6alén¡ La 

YtcJA leiaiimy"at«iCamcnte.«ii la aparioiéia. Su 'solmai perpiáüeela 

.iflknóvil ; Jostojoa ^os: soipre la eobierta an^MIái M numero >de ^fa 

iMada, qH«la odsiialidadiiiabialieelH» quecaj^^a^ensus manos; fin 

.ftif a^líenda'.'de.Bu «lediláeion hcjeórel penddíeo concuna 'dfjadei, 

que pareiiiia'dará«iitcader«l'pQcomteiié8 que tmúa «n lá leetür^eque 

.iba i hacer, Pero, «1 volver laf.príBiera<be}Qft, uo'grilp •de'aocpresa'se 

leescapó) y ísua iojosise fijpronf 'Sobre la portada f»a grai» cpiríosMad» 

SoAire esta, en ' e\ sitio . ea iquei «atan grabiida^s las avmas dé la dn- 
qiieaaí de'Béreyvy'Cii méAi# del cseudo- dé la deve8haí«e'hallaba'dí- 
, bujado cott lápis un ifjpújátoy iciiyq eabeaa estaba iadoinada oobi tana 
'Cúrona'de-moabde. •• '1 .•;--.,- •'■ :••}(!• 

Curiosa de sabet lo que pedia caubari tantaisaviirta^ á sasobEtta, 
-lasewMika de: CorandftUil aeereó la cabeza. v sus ojos raoonrierali un 
-mooieb^la página ata encondrar nada de exítnioirdiftarío s pwoen4Ui, 
! fijando su lateneion sobretel escudó djBseubríoiel nAero blasón, eoaltl 

-eual liihaManteiiriquBeido. . • . , i.i m! 

> *r^lIni:gal4éfiM(«lafflóidéspiie8.de un mooieMto*dp «flqxlont;iiiii gh» 



Uo«bbre.élf<toiidii.dé hilseiohi dwfuésalqaé^^Ia^iie :^rfii<t*e<Acir 
•alovbiiéil Bil>s>?*iio»es*á\^bado:BÍ^litognifln^ dflMm 

jüjdo'.áiiiml.'' • • * • •'•■ ' '■•■•' ^ • ) • ♦ 

- i-rrNb fe8<uaigallo>^ es-wi'gecifiíKeK^oeénado*; ¡df»' (lAéineiimr > • 

• T-^i^igmbit»l Sabéis Jo -^ae es^]l!^nftto?'<Eaí Cerandeuil, «« 
easa d6'V|i6fttrd>8bii6l6'bahiá'una aieoáeráav.y yoiie!nBt04iiiiébiít ^aw 
BÍfiak«a;|Max>iHto.u,. 08t«pja>.que«^uiLga^o', uu'falio ia^giiáévy ilo 
que tomáis por una corona e&una cresta mal dibujada. PorviMuno^ 
fUe este: iM^anaoo.Be)«BCitca1M:«q«lP/!Korquisieri^'saier's» esiefa el 
ociiniMkdiapdeise cMnetesisémeiautei necddjldas/ Quíevoabsoiwtanifen^ 
taide^uMc al álilér.deMU iiiakkdl^ér8Ífin;<|»kznieteM 

f . I :-*£fiiet»iram|Hite< és^may.eiotnmp! • diJo<GI«ikiét<ná'iirando del «okémí 
ortOiiUiaimezay qiijeaiuiÉfeiahapaiAi(épar8ÍBbdéila'iniígiiad«i^«l»itíe« 
noa^deJft cumqidádidésü-.líii» - -:^- .h:' - ->>!r^ (>i>i^ *< -' a .!« m-'jíi 

-9 UA eBÍadOi<H»i' libvea axül y «galoáés iéaebniatios) ^fmtt& «ai el sakm; 

• ^n-QuíéB faiíldo^bojti Keinireihbntíteécaé'loÉ^^kMlioos^iprégu» 
tó'lá seáodta-derGoraádeuák'' ' - - ' «';.<»' nr^' < . ;<. >ii . -•:' 

-iir*«t^Sanonta«t)ba^aido,el padreRottSMMv'i'C'st^^^*^^^ ^ '*' 

-ii^-ttDóttde^está'eL'Sener'deilMvgenlieiiiiP") .>.:;"..- -.; .rJ-; •>' ,«! 

;^ r^£l.aamrtefióiiJiwga»aiii«llar>emrlaisefioriia AMna.' > -¡i 

-s •-''4iaaitQbiriLaQHH!dd>IUMt8WÍet«i':' i:* '•: a -, .. ■•■ 'i)'^:.\\ 

-i Yim panavita da Gorfladeaik se . ceiaróiiiD'.sii: inmenso <8ÍH»n eati If 
dljgiikUid}de.'|in/jUeCvqK«ra'ádarp»ínflí^ d»ün«pilo«é8M 



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ilM :«!'i ' . .: • • i: ' ' ."" ; i •-: :•'" ' ' ' '•'■-: f 

<.i).Xos (yii(dk»«|dd>oaatiHo(]*8iBerg«iih6inií(|^^ 
'yoa miembros «atabtín «mw kip»id«»#ívir:en?.pdiiiotti'flri)Mbáac^'EAib|i;^^ 
«miiíacwudO'miltiirar.él lonsaÉi 'maipiol^eidiKdasi/ «ínfrléete oh ^van 
«ImesQidajoilnalaroav'midas di»tMil*tijovliifa8tdé*doñ)alvqdefa Iftiei 
kaihaeia iledbirblrasdtslaoíihíus'db las que^teÉdríaB'sin'elMj liostvát 
liahoitdos'iHir.su * patte;8éi.raftelabAD! tooCra^lbaiáaeayGéiprnilegiadoBi 
^;mi'l€ff.flfieaseahpn¿o0>nonbDasidA ciihnlildos^r.fíiarisieBseav'&t'INnh 
l^adslB « yeces ideiUi|miñós tnasepEprasirasu EBMtesiafflvittuÉ fnenaí* 
lia8'ltthniOt|rai^iiiclM>i.in0u^.ñuknero8a^^ enodntrafaaiieD'liflía 

pofíiliaB'iwior csftidai:i(Bflia ^smL.loa.desrlaclijrQiBiitfaidbs'itorlaikeñoitíta 
de Corandeuil. Chracias que esta participaba del gusto. dls>Fedeiiíco'te^ 
niendo á su s^rricio hombres altos^y* vigorosos;;! ^pues^iniestb ^HciHes 
{mImMi si^cisálir sanee/y 6álvo8/dei!ladasH>bNi'i«K8fMital^fqiie':díaría» 
aMiMsB^aítuiipBeciaÜéBáifoataierfi 'nw- !> oinm twi'.r. ,-.:.. >{iih / 



n BEYISn M..KADBID. 

•,: , lia.4^ii09júon ;deísii|Miri9rí(MifBlre lastdcs filiníK»'ÍKiliía sido lii 
prúwsra. maASQiui d^ diaeordia;: ' siendo I0&. aolorM t de las KbMis' lai 
enseñas de que cada partido se valia para mofarse y auniMuilaiat^i 

En se^dadel mpirtotfío. ide profócaeioinB ^ se* épn^aban 'la ftir- 
fantlivy'aearvaiieabattlos eabdles. H^ pasaba «imr aamanaviá-que 
va» de:kMgígaiiteiico9 Corandsiiil; no fáéae' desafiaáo>é»^ñ^UBOt 
en eualfiiBtr rineon. del ptiniue per iintBergenbeiíAdai eafltülO'^Ai 
iH.alquenasi . .:••-,'•.•,•. • ...•■•' « :••:•;.' 

i • >En^.mtdío de esta gue^a dvi I gpidadosaB(wnte>dieÜMnhida á'ÍM cyeii 
á0 loaiaoMia ,; ou^a «eveeidad ec leniia i tívíx dn angular • ptrsoHflie^ 
LecMittdo Roua^eU eLpadñ.Miíadalclv eenlo ieiUamalMié éeboi¿ 
lueabre, era;uiit'!ri^Oi|>tcbe^'edJBs^pmNio.de:serloy yiqae hdbía iieeho 
mUiéafuenoaipUraiSdliit. daisai.^stodo', • jíb ütgwjainágvá ^enflenfiei 
Después de haber sido sucesivamente oidal-de f » rt <w| « éio ^ sácriatni^ 
QW^co ^•iM€8ti^4lee8mielA^había.acabadapor;vdlV6r¿edtfw se- 
amta eóoa efieipuniD.de dodde había isálidtt. Eneasaideléeñer dle^r- 
genheím no tenia empleo particular ; él eváeiitiba'iesi.eÉcargea^ «uida^ 
ba del jefdiftiy cüJIaibafeatc^abaUos ; m diaqté'á fe».fMcove»anB'hem- 
bre de elevada estatura , tan j»oftoodadéieii6tis.irestidoSreoiiMi<UÉfrfil* 
mendra seca en.MA^áslMifli* Utiii^poniBeé^esrolm diarianén^ 
pantorrillas, que nadaban en unan liiedioftde:laÍMi>addules^<'yineif Seme- 
jantes áeaiiánagosi.^ue^á pie máfl humfanafc» «tregfe ipiehaeÍB>q»é á me- 
Bttdoi Sos.otNla críadofc itUrieafetáh^niás bioiiMqs . V'lnsiiqué 'Uo aedig»- 
naba responder sino con una sonrisa de desprecio y gruñendo entre 
dientes : plebeyos sin educación ! Esta palabra espresaba el último 
grado de su desden , pues, según el decin , su desesperación le hubiera 
hecho pasar por un hombre mahéríádo. 

A pesar de la confianza que en sí uiistno t(*nia, no fué 8Ínem(k;ion 
como Leonardo recibió el aviso de comparecer ante la persona mas te* 
•mida' del leástíllo^tssf es^eeiaaiiisere^nAa'dé eata Miprebidir; «iiindo 
eptiiiecióiii Aa! pvevt&idelfaiDti v 'doctde ^fHna«eoió ■ 'grane" j • «iléneiaao 
flovoila aotoblñade Qaebi A^cf^aspeelo detesta Bigtira'lieterfoHia^ (fioiup- 
tanta i«eli)valitii< ladrando, coii'lttroit^ yleórrió^' 'airojM^iluieia iaa 
peraaa del entígMiidríado»;ipa0d efitegíder deilnmedra^detana^aáne^ 
jaÉte>á ilin<piel>de>eábello;ctai'«n:béclidO' «algo'dnp paM^oS'^dieÉtea 
peqoeñoe^ aeiviópjues^obligadjiá rrinaMsiar*«stt4iaqféie»yi'iix>iité>taff 
«aeoí» ladlridosiBiitHea ; nvenlrasique el tíejo^lébéyo ;• que 4ilibi>it 
dadoí<mtiÉie8íde>flu lid» ppr. romperle >la qu^ada'eiM' ka -ikiiitil>de en 
oípaf» hehrado t'la:ac&rickibaeoD*'l»iÉaa»y diciendo íoimiHHi'VOB'hip^ 
erítaide»lfilftete.<:- - : *-.:'.•''. ....... 

? ,i-r*]M^y.bien.^ piearíflft; yanoine^conoeea?.< " "i. 1:. 

-•:. ifiataeflfndofita «larMaiia!eiinatovió<el^coraMni deel>peiiie MfdaAj 
y dulcificó algún tanto el aire seiieie que Mkiá 'tafiodi» «a^ rMaaii 



te a los pies de.ttííaftia;:iRou8ek»t^ acensaos. • i • : i ,. • . mim 

I f Kliaiieíaiié liicdedó, hacíepd»; á- cada paia mil ióortesía», fattta 4ue 
peniHMteeiécii nina pagtcra hua híMc ^á ciertti ■ distanoia'éé fi«;aiñir.' ' <>{> 
— Sois vos, replicó la señorita de Corandeuil'^ i qqten se UaenvIüAo/ 
ht^i'áBMniMpBOiit^?' Habéis ejecutado tQidiMibS'epieargos qué-ieoj^han 
dadai?, «,/'.•'.••!'. .'.;.:? '"!''>- '.■^/ •:• '. • ». ^..i ».v . í<j 

— No es enteramente imposible, que me haya dejado alJBiwiMien' l«e 
cifa del^ilvidp; i>i8pandíá>«l. críadetteaiíeBdp eomfnrdiileterée eon/üna 
afiemacMMi'' pifsitíf'á. ' • > .!.-s,': < '- -''*- i<> -*' 'ni --- ^ orsr.ffí 

^mtDttcidaos jai momeátot Cfm los.quebabeis eumpü 4o.. : J • (uo .1 

— ^Yo soy , dijo, el que ha idp esta mañana á la ciudad para<iejecrur> 
tarla^qoeel iacñ«r.banifa.ihaiidóta3fer tanle ; ^oé «acaitia, yt^^-era 
menester que el picador estuviese aquí hoy sin falta > \ yiw^^ 

-'^Bíéii'f pastMMis esos detalles, dya>k»«in0irit»«le'Oorandei|il/ Ma- 
bebido.al<eQfreo?('' '•;-'• .:..•"•- '- . i- ••• • ••!' ». • o/ 

('^Heiidofial eomov donde'iie echado las eartae^ée^la señorita, «de ^ 
la señora , del éenoi^ foaiion^ y una de la aeinerita' Alina p^ra^l'Se^, 

•.,,; -'I" p ')'•,'. II ' • .... ■ t' . . r I.» ¡)-- 

»Aipx' escnbe i tti f nin<^? mhaás eso 9 dijd vivámetite la Tlcja Ht^-^ 
viéndose hacia su sobrina. >> - - ^ • - 'A'-n 

' h^ñituí^ eslaBeBiceln*efpondekKÍd arregiaéa, respimdió ástaeen 
uda^onnsa^qneiparfcia aqadirq*^ na veía ningún- peligí^ en eNo; o/ 

-. Larráejaiiaoliiiólilat cabeza:^! sacando el ¡labio míSerior, paiitoiiiiiii&\ 
qile|aiílirfa:añaáir:.ya< aélaráréntos eaotftra^vea^ ■-. i>< o. .".. -. on: .i 

? iC^epieiieia.ifflfBOÍfnlcl {MNT esta dtgrésioitf / temó:l»^laiA'a>á sawuái 
cmiWfhtQno titio ^ «que* contrastaba' c€DÍafl4|nt¡tud aálemiccde eti(tiai'> 

.'•r-B4>ua9fit^f d%)<^<íttaB4a 4» dieron los ]^eEÍédioo8 habéis orepatedd i 
si'ioSi^K^e^iesl^ibaa'initetosii siloslhabian abierto^ ¡.'i »!.;<% ii 

i)i Ae^ fMregtiiilj^.^hQfU!lida>cDÍadb«sumei;gí¿ la nAtadiideisu'róstrv/ 
«iE;íaiQqrti|^fdi9|^.SKÍIo.D^poadi6 eoik «sibéé embarazo^ql eatodeíaigm 

— Ciertamente, señora.... ea cuanto á los sobres.... yo no culpejialt 
af6or-deÍTConreo.- .>.,•.. .i, i. • .; ; - i.' '•• •.--. •; :-i'mV»^ r..i 

—Si los periódioei eetabamjeerradot. cuando íkwluibeíifirécíbíUo^'naiiJ 
dí0:«iton<»9^6du>vosihapodídli aMiicB. . ..<: :^iJ-- 

." Rofis;selet(8«iettd6«Biíf/«iloda du altnrar J^^^adidaá aaifi|iiifd)lañi»«! 
yikrinxigeltad'tiesttileciii'.-. •> :' i :'• '.i ...íí' : ..."...>•> u i*^''» 

— Salvo el respeto que yo dfibo á. las señora , dijk^don'UB lbno4M>le«4Í 
fte^LMiiirdo.IUMifKséÍetiÉa coilaetdo: .dnéucñta y sielle jmsüeÉfibmt- 
9iámtt\; Yo soyiúw^iiafEdietafaríc lospetiódlcoií. Guando ftéslban kídoi 
^n^eUa^lilV^. üw^laS'^ialidan llevae dlstétíiF eitan)lps*ieQ fmr «toml- 
M lalgiNMi víttiifu^íOtni* i (Pere!víaBtes/4e> tofioB^Milos «n:elf eásMon^ij^l 



89: tEVISTA QB'KftMIOu 

mátl 

ceneia baptísnial; eioeueiitayáeteaDMcn'SlímtAibtrtir 

Xaabkm deBér^eiiiMiiii, aobrai qMo'la awngí áe 
no había pvadéddoigvan efecto, nnHMó Ja cabcHKaon iinpHiaHiii,!; 
y< á^a 0011 ti>BO ÍHlpfrátnta: 

'— rYo OBtoy 4gcrtaqBgl<)o^eri¿dkt»lian-sidofcft to i lw 
penonas á quien tos ios habéis confiado, y eso es lo que yo qtiiitef> 
saber ininediataiDente. ..>../-. 

. RiNiS8elet:abdíeó su poetuna dé-.sóiadar iooaqm; .ptasáádoÉetipi • 
niano por detrás de la oreja con un gesto fiunílíar á.laDpfpMÉiirioa>¿-- 
loeadas en una posicioi» emfaanBqsa4 rflBpoiidié.coii< ñii4ioáo nitaes 
en£íti0oc< • ■ • • - «• - 

.«^A |a vudlaine fao)>ia yo parado en>la H a tean tría » m ^to /Tnaw ag^t 
SamTéíe ' • ;- •• ■ n 

- -^Yqnéjteneisitosqiie.haeér eti Jasüafaftmaa? j n>mu ypí¿fa se- 
ñoríta de Corandeuil con voz severa. Sabéis que los eriadoádel cas^ . 
tUlo.no aeostiunbratt.á freimelitar lug^reii«ilniffaDiea,iqn6*^ 
propíosaíno pm:p«rv«cl»rJaset>aluinbres dásela elaa^ibafÉ^ , • • .i 

— Criados! clase baja!... Vieja aristócrata! gruñó sordamealrBiouS^. 
selcty.pero.kMialremttdúflli i^mOttifitae ím-mak bwtídr^'«rea|MBdk> 
con voz hipócrita. . i* •':*'. - >>. *J )'. ün/ 

MHM.SI la síSñorí^'liublsrajiBdadóci^mípio dcila^dadad por étmáe 
yo aiiéstuB»br0;á'irv'Sabna iquo es pr^cisb: pasar povflatiriiññía'deiJa' 
Jfymme»Smni'Téík^ De <$obsiguiknte'«ntrá'«ltf' á' SdéiBánuác,'4Íni;ifoo- 
mento, cuando la señorita! Acmé ^ la JKÜttOe la/seíivá>OobÉltot), iaf» 
duens^ de lA teüftíDA^^YVi idebéh ceBoecrhbtpeiiretáoiMito; ^pties 
cuando vIuícbiní Ú¡t Barífr páinírcn 'VVt un'monmniio <aHf. 9irtlsi)S0iiMr> 
¡bli»díeíendb*v 1<( MñdrMa ljleiiie'imeipidíó"(iepiniso fiilra >nElirar'<el' pe- 
riódico de la cubierta »ahianilá,doiide hay^iwfeoha» señorai^'ylsiiñ^rér 
vertidoa de:dia/dtt> fiÍBstB;i'yo!rdiuBÓ >ei 'idátMioki; t^ero- tne ^üjé ^ue 
era. lolaoMÉite ipara/aabep M: madasvi^veii'qae '<^á^rd«']^l»p^ 
se ponian en la capital, que batas, y otras tonterías; futiüda^lid^* 

La señorita se recostó en su sillón entregándose. á''irii''tiMiS5>dr 
^ tranquilidad iqtíoileipeÉii^a.raraSreri«a<4idntm^9¿g^ ^<*i v* 

—La señorita Gobillot leyendo ffo illiittol..!> Lo 'Salíorilatí^lMiliii 
haUaildo tdeí ^baías'^i «detehaMnas: y ide<daiAieinm8dt6leiiieilday qu^ di- 
ces á esto?... Ah! Ah!... héahí lo que se llania')ph^|[iie¿o4e:^hiieíi4-( 
liiaekMi<y:«i'iíg]o^de<lDftconoóiniváitoe4liil ' / ;; i<-, •. !s../!.'y- 

- !H«*SoAanMSttte*la»- señorita derGobillb(>ha 8Íd(y^^q«e¿ha'iniiwdolesléí 
nújíñéroiáb'lá iMoetm} No »Hábia|iin^ab8Í'0tya'p«rsiMia<eft (la tbberhfillft 

tmiSeftoríMivi^esiioodió <Biausáeliit/'4A)ligBdotiporitatttai9|Arégant^ 
hai^iai é^ ijóKenes - alasoradindoy 'y-de io^cüiiiccitino i i|iiiia/ iiim< H 



GERFAÜT. ,, 81 

tan' Idrgá como Id ele uñ chibo. La señora me perdonará, si uso estf s 

' etp^«!áiónes tan vulgares; pero ya que todo lo queréis saber*... ^ 
— T el otro? "■'./, 

-^ElotrO) ai contrario, tenía un cutis tan liso como el de,ui)ia j|f- 
ñorita. Él és el que ha tenido el periódico mientras qu<) su 099)^- 
ñero el de los bigotes fumaba á la puerta, i - ~ 

' 'La esposa de Bergenbeim ces¿ de preguntar, y cayo en una me- 
ditación profunda. Los ojos fijos sobre el número de la Moáta^ ppri|- 
í¿iá estudiar las menores líneas del dibiyíto como si espersfse en^- 

* trar ía revelación de aquel misterio. Su respiración irre^lar , la^an}* 
macion cada vez mas viv^ de sus mejillas, hubiesen .anupciado^ un 

' ojo observador una de esas tempestades del alm^, cuya^ ma^f^fs))- 
cion física ofrece síntomas semejantes á los de un acceso de fiebre. • 

'La mefáncolía, contra la cual la joven luchaba .^u Viano» }¡^hifi df;- 
sapareeido como por encanto. ^. . . , t- - 

'' Ún pájárilló adornado con una corona de vizconde bf^ta^te .foal 
dibujado, tal era el talismán bizarro que habia producido estj9 caoi; , 

"bio dé escena. . • í; . 

— Esos son comisionistas, dijo la vieja que tenia la prctjNi^on de 
quererlo adivinar todo; uno de ellos sin duda, al leer sobr^l^ cpbie^»- 
ta el hombre tan conocido de Bergenheim, habrá encontrado wuy 
tK)nito dibujar el animal en cuestión. Estos señores de industria bao 
libido, Un general, tan mala educación! P^ro, esto es. dar ÍBnj¡¡^ 
^iadá ihiportancia á un asunto que no la merece. Leonardo Rpiis- 
selet, 'eontiiiuó alzando la voz, habéis hecho muy mal en ..soltar ,de 
vuestras manos un papel dirigido á vuestro amo. Por esta v^z se os 
perdona; pero cuidado con que se repita en lo sucesivo; ah! y cuan^p 
páfteLs por delante de la taberna de la señora GobiUot, diréis de o^i 
parte á la señorita su hija, que si tiene gana de leer la.JI/fK^,,^ 
redacción está en la calle Helder, núm. 25; me alegrai;é proQurar 
unsi súscrícion á uno de nuestros periódicos. Podéis retírárps* iSi^ 
hacérbéto repetir, Kousselet empezó á andar hacia atrás á If, p[iao|^ 
de un embajador 'cuándo se retira después de una; audij^cia real, 
éisoolt^db por Constanza que hacia el papel dé maestro.,de.icere/|po- 
nia^. ^q habiendo' calculado bien la distancia , tropezó cói^la puerta 
qvk ise abíiÓ bruscamente dando paso á una persona <}tte yen^,^; 
táhdo, y que le impidió salir del salón. . . .. .^ . .., 

'' 'Era eista una jovencita un poco baja, pero cuya^ formas p^rfoct^i; 
menté desarrolladas pr<esagiaban para el porvenir una de es«» gor^Ufrjif 
qué Ireyelan el apego' de la vida con el gjcíce de toda$ la^ ftpmpdid^fSf 
Peiténécia ala ¡familia de Bergenbeim, á juzgaif.por I9 ^emj^japz^4(^.8|af 
fá^éiónes con algunos dé Tos retratos.del $a|on; llevaba ,ijUQ,yes^dp pecra- 
dcldé üii célor Oscuro,^ de cola, como si eis^viese pronta para montar á 

SEGUNDA ¿POCA.— TOMO UL 11 



82 REVISTA yjp.líADRID. 

caDallo. Un sombrerillo de fieltro srís caido bacía mi lado com. Qoaiie- 
rra, aejaba ver unos grandes rizos rubios , de ^J¡;l,/^Qlo;:,,yf,x9^.,^I;^- 
l]ante;'^iiB 'péinadof, y el velo 'verde qué flotaba á <^df|, rpovimien- 
to como el penacho del casco de un guerrero, ^abao un.aireicabaUe- 
résrco ai TOSTro fresco de esta gentil amazona, que blandí^ en lu|rprje 

■íim\xii'tíciiáéMtírr ■■'■ • r ' :" ; , 

— Clemencia, exclamó con iiuá petulancia incomparable., ^ca^K) de 

¡tsÍiiHI¥é Ví^ek 'nfiésás ^ it^isüan: be hec/io la 'encamad9,« .be .h^bada 

Dlaitca y por fin la carambola ^ señorita, acabo de gapsüc a .p^tj^, 

'iJáió'cís 'glorioso, Vó és! verdad? t'ádré !á!ous§elet, aca|)o 4^, b^t;^ á 

-ttferianV Sábela jtíg^^^^ ' '[[ .' '" /, . '; '^ '^; , / ■^;. ', 

'• '4-SWÍdfit!á''Ánáa; nd ló i^üoro del jiodó, r^spo^di^ jCf ^i^dfi .ogp 




señorita de Cora»- 

;. >'> . ,, . i'n,. 1 . ., 

Cuando fué obedecid^, la vieja se volvió gravemente hacia AlínSí 

'qllfe '¿tíiitííitíabuI'BiátfaníÓ éii meiio ¿ei cilaj-to p^ y . qu^e acálbabai ,^c 

' 'ü^lkÁít rá¿ nichos cíe'su cuiíáda para ot)Íigárla a partir C|9J![ie)Íft^uii^ 

fantil alegría. 



que se cuuucuuau cu ci , ^ auiuii uuiiiu uiiu lucar .^iiu^. «^ l^firvi.jV!*' 

'{it^ñto én hS^dlo del s¿¡.to)i^ y se puso un popo encan^ad^; e^:,)ug^ 
'di're^pbÁd^r 'empé¿ó á acariciar á la perrilla, pues salvia qu,<^ ,^^9' 
'tiili^ó hÍéttl¿"A¿ a1)landfár él corazón dé sú ama, PerQ. esta v^.la 

''<• -i:.])jijaft^én ^az í'tíótistanzá , exclamó la víjBJa pomo §í tjubijlf^^ yjs- 
*tb'íáf¿(iA Attóál téváhtadó sobre eí otietó<])e su ternura ; ^o.^cfiri- 
^i^'al'miDre átijmal'. '^aís á mancharía toda con vi^ie^tro^ d^dQS su- 

íAoí»4áaiídd;a¿digü^^^ , .. ;...,; 

'"^*^**Étf JóVéttpen'?íóti1stó; poniéndose cada vez újps ^ei^p^rpa||9\, pi^iró 
ttiísbÓilit^^Vhaíibk', .ün^poco sucias en efecto, y.^e DUSQ .á JJflUliariaB 



feT)A lili Aánüáfó Wflado que sqco del bolsillo de .siu.tragp.,' « ,. 
''••JL-sf "feá'dei Binar, respondió a media voz, pronto se.imiUt,.4 







^^ .111 ulíOT— .7:)ü.4á Ad^rjoa" 



•"■■'■'6EH*AtlV.''"''" ^ 8Í 

tiMie'n»aá'4«'hia1H;''Mé'pMrf!!ee'; él- jtígar'ál'ftifl^t con nii 'tiermano: 
«n el Sagrado Corazón no hay billar, y es taa'di^n'tíiloJllo' mismo 
■ép)é h'^attát^ti-M'Mñb-tí '^éTnpii;'<ffie'k\iÍotiíár'iio deU serme 
HtlO mÜV'iSalbflafile, y'Oistíáh cree <^¿'nie hari ra^cer álsó.^ ' '' 
< uQr4lk'4ué^M bo sois n^sobHuáj'de 16 ^liftae ate^, reptjcó fá 
señorita de Corandeuil, y ' a'déhriás süiy mjfy viejü'j^ra empezar c^ 
illiitivt)'«fi^'édM<Bcii^'V'^i^í^are)élo, 'tehgol»stañ^« con una. Yo 
nineuna autoridad tengo sobre vos, y vues ' ~ i'soj^ata- 

«fitfJvii^se^'KemVálló. LoséóiiSfJjás'qne'^J oSóSamx- 

tettiáñiA; yaé^ñü 'i^traikoiiea no riié ,| parp una 

persona' bteil bd^cÉída'; es '^uy posIbFe que sd de mo;- 

'Oá'f'p^'vóy^ HaBfet^ dié ofr^ i^bsa 'rrla >ns<no ^ue 

TM^iOneía'Mbt^'elló. Ebí'tni niod«diia'\i críbia sino 

'á sn p^^y^^ '^adré; Vuestras eartae :> Artigues 

son una falta que habéis cometido, f o respondáis ; una fáltamela 
'qtie'<)s ácoDteJbqiie'os'cOrrSjáís. '"' '' ' ''■' ' '■■■ ^ 

ija séitoritá de Coraúdeul se' le^ábt^'muf sátisftcha,'sBWeándó 
'(JlplMérqttefe'habta proporáfónado poder regañar á tres perspiias 
'áiÁiiltás, yt^é'^i- t<i¿^gii!eiite rrápod^ decir eo'nioTitó: )l«)^ 
'IfÍ(A>'(^dftó.' A^f fuií como con gran contenió suyo, ^gnal á la máges^ 
fódiá^sutna^tia,saH¿'dél salón escoltada por su pen'a, an volver 
Mqúiera'atrás/lacabézd.'' ' ','"<'.,, 

■ —Qué tía tan Mía tenéis! exctaiiiií lá' señorito aje Berfienhéim, 
cuando se quedó sola con sii cuiiadj'. Cristian mé áicf tjue no íf haga 
. «aso ,' pórqne Uda^ líis tiiujereií que i esa edad permanecen tQ(|air[^ 
sotieras, se'vúeli'en regañonas. Una fiütá! buaifdo ya só '^t>é qu¿ 
decirme , me riñe acerca de mi primo, Ni la j)fna de acordarse ' dé 
Mío MéMK lo 'que' tios e^cribimbs í Én sa última cam ', ÁlfonsQ 90 
ititj IteMff ^d de fas pbrdic^ qiié tUatá y de síí umfórine de éazii^ 
qué niño es! Pero respondedme; estpis septadasin tiab|ar,unap^íál)rá; 
íiésy* tiihbieü'esiSsáiftdada^cífnrtií^o?',' '''"., , ' ,'' 

ED'itifMes'^'üiíereiJ á Cíem^iá,' y quiso sentarse soÍm^ sus ro¿- 
lltl^;''|>ék'cF%^ lié léVádló pdra'evítar está' muesca de tierna f^mí- 

BáHdid.''' ■>'.■'■:■'''■ y ■'■ '■ '!'[',, [\j'\'y:,""'^y_'y^,''^_ 

-^''■¡-!-'é'abÍtí'iíabÁioicAktía^;'íi¡H imn;tono'distraid9. v ahora Wiá 
á mbtitif i'cailalibf tÜ ««ata muy Wen ese. ¿«stíab; "'';' J ^ ', * ' 
—De veras? oh! qué contenta estov! KspoDdioÍ^aJoyen'^cnl<^^ 
'dóS* <(¿Iatftí( 'del ispéjó [líii"i^cóntempÍár;i^'^cÍMá' figura 
'^'|{fo'lt;Wlúcó'¿iénTos ptiegurá'dc;! yf^tidó, ''arreglo ,w.xe1ouuq|¿ótfr 
KH^die^ótrléa^lattedel sómbrerp un i>ocó mas, y se rolvio.DortrBi 
MkkM íí6hi''jill;iaí rfiej'or deí efecto iie sü 'íra'gé, liizoí «i Mapala- 
V^i-m' f/mlráll' ¿■■m' ^Jls"'é'¿^ueíás;"qÍie''l«Ü¿ ^'ini^mi 



1 



^ REVISTA, PS.JUADBin. 

aj^renden al venir .^1 jnyndo. Jí]x fm,. pao^^pió }COi^t|ef^at de.su, wi'^'^fi 
iiníanifest|lndo1p con v^. sonrisa , .qiie.d^fí ei^eyíEi^, mi^P^ 4'f^iilie&4Míiíi 
¿táñeos que el marfil. ,...,}..• „., ,. . . . ,•) 

—Ahora me arrepientp, díjp^ d^ jof) habfíTiqQsPuesjtQ «I sQt|)bcf^ 
negro;' teiigo los cabello^ tpn ,<?larp^,,.qvie..03te gria niíj,3i^te muy 
lyal. Nó te parece asi ? ¿^ro resppttíedine C^le^^f^^^^o^jiaJbtoísuna 
jpalabra Voy ^ tenejs a^ásp,<^^^ cahí^za ? ... t . , , . v •. . . ., 

^— Ün poco, J^espoivdip Ja. e^^ Beirgénhe^, pai^^.c^r^n pr«r 

te|[tpá su preocupación, j . , " ., . , „ . : .. ., ..; .. .,;., 

.— l^ües bi^n, deberíais rqontar i cab^Uo,, y veoir.co^i|0§(^rcVBl)^§f|i 
cl'bósqu^ de' la Corné^ el aire li^re .o^ debej^c^r.i^np^o.prpveí^. 
MíraÁ qué bermbsa .tarde hace \ ^^{^alppajréipos, jppr la pal(^< ({|9 pl4M)~ 
nos; queréis? Ah i* sj, queráis, pío, es as/,? Jp (^,yi^^t\ré^,y.m ciiw 
^niitos, estáis, lista. V^yá|decir que. haga ensillar /Vi^e^ 

tro cabalJb; escucnad, i|ie p^r^,ce que 1^ oi^ ejf^ el cprrefiw ;< siV s^i 

Alma y cogiendo a su cuñada por la mana, ,1^ U^vp .9 pt)ro quac^ 
detrás djBl salpp , ,y abr¡p,una .Yí?ixtf|na p?\ra yer.lp ^u^. pasaba, f^era, 
donde relinchaban jos.cabpllos ya priepar^dois^j ¡sopaba, el cbp^ui^ 
(del iátigoy las voces dp varias p.ersonas. IJ^.cqado pascaba ppr ,lfi 
galería ún «'arrogante caballo ,, que acababa di^ sacar ^e la cuadra ;,«! 
híktOTL tenia por la brida otro mas pequeño < qu? llevaba una .silla de 

■■ 'ÍÍL 11*' !>''' l'**!* .•'.•■'11 -• > ' " 

mujer. Al oír abrir la vehtana por cima de su ^abez^» 9Q volv|o^ y ^ 
inciipó ant^j Cl^rpencia con una afe^taQiQB, 4f ^ajaptc^rip /[^bqílisresca. 
'''^&'|ráciasq'ue os vemos ^y»ja dijo spprjé^^^ .,:¡.m. ... m 
' "— ]vtonta'á'iJitania., Aüná ? preguntó, ma^anpa d.e,jé|e):ge.Qhfin^.l)ap 
dendo un esfuerzo Jpór hablar; e^toy segqra^qu.^OjS ji^gfP'/i.filgUQajQmjr 

• La pensíopísta del Sagrado Corazón, ^qv^^.^m^f)? ,3 ll^m f^qn 
predilección Váolo contesto i Cleip^da qo)[^ up, ajeftQ.n^gi^Lyp; y| xj^j^^ 

sóiirisa. . . .^, ,^^. .^¡^ , ^i.:-»/KV ;-5".. • .'-^''i >.-..i><;, 
' — Aüha no tiene miedo de^ nads^. replico ^^^c^heiqi^, ya,la f]J3% 

ÍL''esta ñamada.; la j¡^ baf:9ppsíj., ,^e ffi.cpgio.,|a pplii 

de su vestido para que nóse le enredara en los pies , y echó f ,|^i;|^ff: 
.<íon "na.7«)«c'f?d |np.re¡b^^^^ Un mqpient^: 4^jf^S(,y^.iept^ba,4? yuel- 
íá' eri el con-édor ^^acariciando e| cuello ^^. ^u gijerf4« jftc? f a«?P^r„ r. 
— A caballo ! grito Cristiap. . „ . ,.t ..,.,,.,> 

Cogiendo entonces el pie de su herm^jcia ,en .u)[;i2|. ipA^p,);;fji;^ ay/^fifi 
*cpiiíli)*un estribo turco ^ (a levantó (joíi el, otro bm(^ ^ y..^;cpJ|i^^ 
IH'* sill^a'tóni ;/ác¡tm^^^^ s¡;íiu%^' sid^^pnftjpiíjp.^P.^^^^ «fñ^s- 



qiie>«fttá^ai|ireparadt, -dip wmXsüpuBmí^JüBmüt^ ím^éB^esptAktws^ú^ 
suicabMlldiy y pm*ti¿iid0i<9l'gátope pronto desapsredó'pot laipHerttf M> 

.ásíc^iw. Im; hulid paidubideiinstav €lemtofría'áiti*d»eili9ii> onarto^ i 
toma iw idial i de stt ¡jeamp v y^ bbjd rápidainaiite'ai'járdin; povi lÉia la^ 

CalClrSK&isa»:* ¡'r < "r í •• . • í» .;. '. •• 'm; i • f//c.f ' I líM f !♦ !M«/i >!".it 

J 

•.fí'' • " '. • ,''^' I- -1 t,; ■•:, M. •" :. . •■.! l,i ••!•"♦! .«ÍHl'Ji-: 'i[> 'JÍV»(}-*1 íWíO 

i iEI» oüattof^e -MadvSde Beri§eBkéim .boMf)ía]tót>el<p¿iiiictiiplsa<ée Jimai\ 
d€i:laa,alas del cabtíllodc|ilada*de'{ió]]i^iKtei.Eif el'fiM h^ú se^encáiMd 
Unbftla bífcliotaca y niiui'fBlft'deiliands. y algoiiiM'miavtíMsiisÍQ'dfstilioit 
actiiai. Las.!vetitalias;:téiiiattiéo! aspecto modtnia ^<p»enD ¿h.séomkIkh 
coii«ltre&tb deliedifieió que ihaibiaial peAedor/ Ái)^(id»í«tojíacfaadati 
se veía un prado cubí«Rtodenaratljo9v rosales/ f)otiiasi<fkiseáj de >fliiirész> 
A tnavé^ deiofi'abetosylcLíbllage'de algunos hilipaheaidéfnmadoí^r 
grupos láe aitesloi5,'^el ojo-pedia <séguip laisiduosídadtos delirioif ue^e»^ 
sapalieeia-fn^fiiiftK-elialto^^Telldi'.. - «^ ^i >' *'>>i * -•! «r <. "•!''^f!'.n 

'Desptiei4ehÜMr:atnai«9ad0| el prado, íá jiken abrid ilai'puertaíde;i 
uoa reja. <pie rodeaba- paitedel jan&á,'y «e enoontrÓ! ba)oJo8tplátaiiai<{ 
á lat.orilla- del! ríos:: Ítala ¡alauaeda! 'de tpbyianos ^be8dribia:uaa<iéurva ai;^ 
rededor del parque foranápiéoiiiiaíespbeié.de.oaJlJBiqiiéUegaba^haiiadaü 
puerta pvinoipal : Por» «miadci el •■ aspecto . «oaotiniD « dek tocrdnlvi; > ^r 
otroiamelaiiü^liá dis lo^bo^ueV) quelan pronfo «bpesfibeti perinola^ i 
dooomo-oolanaban.^riOtitofMd^an'á'estie lugar 4ll«9ráctep de aoledad^ i 
que/ está. pas-zéttiarmoníb cea lamüdiiabioni liaouidieietoeerdaba^ jU 
el paisaje, moiD^litaBeááiéme turbado pbr.lá^tenffecftad'^h^bia.nccot*!) 
biadogii'éereiiifbdj.LashojasIde Iqsávbólesiy eomfysüoedetdespueskle 
la/lluvia^'Ofiwbian iesa :8nifna6ion:ide «ttíitas ; (fne'Jkace>:éaíiefll6s- nio^. * 
imtntos^l «ami^o «emparabfeiá ubleuadroiaGabbido delbarni^r^ £LsoL:i 
en flN «easoi-derrauíaba $uaffajós:átn|vé8 4e> loa plátanos], ^oéyostroi^i / 
eoa»enti$ela8tMkB:sa'd»eine¡aiiati:á.uÍD>bo8que dtíl>Daé áiuafiribisi ) ihi. i 
Glemtnüiá.caitiiiiaba leiitaintatev icón la cabezp bafoi^Josifaraiip^ 1 
cnjstadoefobre^al peohd, «avüeltaiett^ná grdñiBachlemifia ^eadé pquede- / 
subía éetrás desuella bii6tá.elEaaoiiniento?dieJi|véio/^ y ieoaíttliisiáta^eaBÍ! ^ 
tocar al suelo de una maiietoaiiijpoeoirpegüláh£8tatcotocadooeonBÍ»*'i| 
nici^)<al vestido; «nfituralmente 'desairado ^^-eSertaidiktmciott^y'cemedt- 
da solo á eieita clase de mujeres/ €letaenda alfpriaiqr golptoidetirista >i 
apenas parecía beitnoea^ iil 'seguinibf 89^tad)SDiiiiilf átenckwÍQVolU/ila- 
ríai; y al' fin ¡ra ecaidifioiiseparardeiella leeepos'yet^pensamíeiltoolJBa 
siBSUlap;arni0BÍO'«lBiiat<Hnae9DÍfimi|B fiii(iiíoiieB;icple>'biibieMMi>p»re8Í^o»b 



áj^ REYISTA DB;aiii>Rn). 

iiregiillonft-odnaídendaa dsladáflMDte; aü^íniír.dMCQPftet^r ^rtenen 
ckDte á e^( fispnomtt.erftiunft «ofaKoaín ímpodihle^ Los/cabéUos <d»r 
un castaño claro y brillante caían en grandes bucles sobre sus ineji^- 
lias oon eíertedejiMlezyielsgdticia , mieifetrástqtiQ laéioéjasam ipoeo^ es- 
pesas idabn^ áéknfi^nodiíaimiá gravedad /¡oiponenile. ElimlsiiMi» «Mi(*} 
traste reinaba en la boca: la poca distancia que tenia de Ivaliila? Mh' 
biese indicado, según Lavater, una enerjfa viril ; la fresca palidez de 
su rostro la hacía aun mas interesante. 

En este momento, la meditación ac^ Clemencia hacia mas impenetra- 
ble aun el velo misterioso que envolvia ordinariamente su fisonomía. 
Qué especie de sentimiento la hacía inclinar así la cabeza, y dar á sus 
pansésa» Icpitkud ^edilali|nida:?:'Í4^a el ftstídid* (fc^ue^hvbia'.faa- 
blfldoiá 8» Ijaf 'Péipí 68a- desapadblelicobtüMrelttel.alhia «é mahi^'* 
fietfapbríifintauías.semiejantes'á laaplahtaSrqueioreoeDlséhNselia^^n 
estaBica4ki..Ik0Si0fps 4e.i3emeneia:iw haiiiaiftjamás ibrfUado tablé^^d-) 
mdeii iqvLéímAmmapály yoieitos ikrragas>en su tmák aÉiinciabonliisa ^ 
exetlaéidñ'de^eápíritu llevada á'Sii"último. extremó; ' •• 

'(5erfa<ineláDeolía<3'>el' sonido mooofono! del 't(HtonDé,«l canto' 
de>'los>|i¿iai)oi ^> los >.';bii8qnksív 'algunos sonidos. U^mttm. rp^e' qu* 
mentaban aun la calma de la soledad^ todo:patecih>]mimifse'parsiid«r«<'' 
raitaar m'el^^hiiá una 'diilde tristez^Ei!; pero almumMÍllo «del lío, i» la 
sennatá'do lasi^ánrUcas^iá los déMesrfayosdeljSolv irlos nndósva^i 
gés y á los vagoS'OloréSf en in á toda'est«.hati»9lezQ:ele^acá^ Ck^- 
ménGÍ«'iio¿Qncédia;.ni:una micadaniíun sáspíni* ' .; .. : .S . •>>. -n 

!'Si] iBeditacidn!noeFa<aii sueño, «ra uta pénsaníentb; inqiOons^wabaM 
reeacMlad|&;lo'!pasad»ypero: sétnaipreaeppaéioii db l-o. presente; ti«^ 
biá eli los riaiyios ripídtasé inlellgentes'l|á>e'dé6pedían.t¿a8 0jos cuan* 
áo lod levantaba : íalgo eáenoiálménte: acluai v datermnado^ y- '• positivo; 
era^tmaei^leáe'pMilsidn.d^ iHidhnttavBtidñttMaÍI«gdi : '* 

•lIMin^irtieitoidespuea qucl(htibapá9áde> imipuehté dáimadera quoi^ 
estáal-'fiíixie lacalllev ^ hamüte ctebierté'de.iina'blufiai lo atravéróy y i 
laittgiMá.i]áliair detrás^dé eUa Un raido de|iaso8,pneeipitados^ s«>foN<' 
viéfvlói dos pasosal ^xtraafevo qneliabia inútiliñente eilsayadia tÉu**'^ 
rante latómpcsAádatiiacr su!miilada.';Hui)io^.iin'momenlcide écMiíomoi*^ 
£1* Jóvtti iñmdjjttl .pariN;ia Irttobransu réspitractoni i detenida: porcuna 
vifá «qiocitnió tpbr. Járapides de sis márehau €lemei|dia nñ'pocb in^ > 
clhHidftihádift!atñá&, ydáfígiéndo iuná^miifada de aáómbito,' le ebátcwí-i v 
piaba <oon<iui,aitfe mas ligitádoquesovpvendido.i'. >-} 

«m'SMs 'Vos^ «ii0láindé{«on:enioddn,' vos «sois aquella tanto lienÉp0)* 
hace pevdidil, laque enéueñtro ai fin?. í- 

-T*«Qilé locura ^ caballero ! irespondió' con vbz tñBy baja* . 

H^Poc fiENfor UA me inireí» así.* Dejadme icontemplaros y asegUrarmoi i 
de.4uesojSfWM..iHeCftt^to tíeinpd que«ueROiOone8leiniomeBto|:1ilo8'' 






.fililí. •/ -Hi f\''\ ' IM ¿^ 

GERFAUT. ^ ^ \St 

niéses lejos de vos , te^os 4el cieíp! ¿Qs meses '4^ t^s^^^^ 
cacíón; de cíesgrácía !— Pero que pálidk estáis! habéis ^iifri^q.^i^lei^f,, 
— Mucho en este momento. , i «1 

— Clemencia ! , , , , , , . , . 

— S^nór Geriaut. llamadme señora , mterrumpío con tono serig^r 
— Por que 05 desobedecería? no sois mi señora, mi reina? Y se in- 
Olmo doblando la rodilla en señal de sumisión, queriendo tomarla.iua^, 
mano que fué retirada al punto. C!emefjcii^,^s,c.ucy% ¿¿^í'b^^^^ 
cion Tas palabras que le dn-igia ; sus mira4*s¡iiígfj¡.e.{j^^ í5ÍTW3i??\iÍ*^f)J 
dos sentido^, escudriñábanla profundidad de los matorrales,, ,.é inler- 
rogaban los menores accidentes del terreo.; Gerfaurfpinpi^pjwi^ .e^\^, 
pantomima . Estudiando :f su Tez la locali^^^^ 

na distancia del sitio en^^ue se ha^lab^n unlugap ,i)as.,pi;o5ffe¡p,^í}p^^, 
semejante conversación que tá cál|e en mj^clio de Ij^ |fPS{>^fi$i!^^f,'^'ff 
6an. Krauna glorieta casi rodead^ ¿e a^o1^i^.^I^|f i^ápccf-j^ygüi^^p^^ 
dado í)or un enorme tronco de encina paréela l7ab^,^|dj:( c,9ij^|^<^ jí^H ^ 
para el que buscase la soleds^d ó j^ar^^ hablar d|3 2^[n,^r,,p^i^g^^j^.sjtio 
podía versé venív ei; pefigró.;;^^ en .¿«aso ^é \\^^rci^,^\ bó^flu^^fjft^j qftj 
asilo casi seguró. Suficientepiente es{^erim.ent¡ado ^^ii^ lai(fsjt|*ffted^j|a-| 
lante para, elegir las yentojas/de jW^.osicion',.,^í jqy^^ jiacia 

aq\iel sitió sin hfectacipp.^^s¡5i{iendo Jial)Íafldp,^%3 ^r ÍÍ.W.tfpIfl.m 
en una situación interesante nos hace se^uiy i^aqui^Jijíe^te^ílfl MTOq 
so extraño , sea que la húbose as^ltadq .el^ p)jpi^9:pé{^fjai|ni^^^ .J^lf^l^ 
méncia le sígüío a su lado.' . ;t .,.. . ' , '. . ..o^..« 

-Si.pudieseis comprend^r^, le.íem el,^lo^<^\\j^h<»^qfr,id({^^f n^?,fl- 

contraros en París! Áí {jrincipip' no E<?diad^sci^brir d;íp¡ds p^^^.^l^^'fth 
unos decían al^e,en£oran¿emí, mrpp'.^^^^ 
tan re()entina., en e^ ci^idado í¡ue pu^isteis,^ a- p.9vllja,rj,?\^s/Uo^^ 
tra morada, creía. que huíais de mi. ph! deddiii^ gf|e/^^^^^^^^^ 
do; 9. áí es verdad que halieis pensado s«^|irár(j^ c^e íjíji, ^ j^epi^pjp auCj 
esa crue)dád'ha salíáo de vuestra alma, y que me perdonáis el-hane- 
ros seguido. Me perdonáis, no es asi?. Si os inquieto, si os atormen- 
to , no acordaos sino de rni amor , que no. puedo dommar , y que mé 
acx)nseja a veces los proyectos mas extravagantes de este anior msen- 
sato, SI queréis,, pero muy apasionado.. * , , 1 • , ., 

Clemencia no respondió a esjta.tirada pronunciada con sumo jeaior, 
sino sacudiendo su lindísima cabeza comp hace un ninq .criando oye 

. ,.,¡ /. «i*.»,»- ■■.'.:•■■ i;-J r; i.-!H ornU I.M» OJIO» • 4> ^ "'V ^'CM** 

zumbar unaabispa, cuya picadura teme; después cuando habían 11 e- 
gado dfelan^e del banco se apresuro a decir qon uns^ sor,presa afectada:* 




camino 

hubo, fué de ambos. 



88 REVISTA DE MADBID. 

— Escuchadme, por Dios, respondió el amante con una mirada, 
suplicante, tengo tantas cosas que deciros! Por favor, concededmé\ 
un solo momento. 

— Pero después me obedeceréis? 

— Algunas palabras solamente, y haréis de mí lo que queráis. 

Vaciló un momento; después sin duda tranquilizada la conciencia 
por esta promesa , se sentó haciendo á Gerfaut una señal para que sí* ^ 
guierá su ejemplo. 

El joven no se hizo repetir esta invitación, y se colocó hipócritamen- 
te én uno de los extremos del banco. 

Ahora hablemos esí razón, dijo ella con un tono tranquilo. Supon-, 
go que iréis á Alemania ó á Suiza , y que al pasar por mi casa solo . 
habréis querido honrarme con una visita. Debo estar orgullosa por esa ; 
muestra de aprecio de un hombre tan célebre como vos, aunque nos^ 
hayáis ocultado algo vuestras prendas. -, 

•—Bien sabéis que no voy á Alemania ni á Suiza, y que.Bergenheim. 
es el término de mi viaje. 

— Entonces, queréis hacerme el fevor de decirme cuál ha sido vues- 
tra intención al emprenderlo? Y habéis reflexionado bien lo extraño, 
lo inconsiderado y to extravagante que es? 

— Yo no be reflexionado, he sentido. Vos estj^bais aquí; he venido 
porque hay en vos un imán, al cual está unida mi ahna. He venido 
porque tenía necesidad de ver vuestros^ hermosos ojos, de oír vuestra 
dulce voz ; porque vivir lejos de vos me es imposible ; porque vuestra 
presencia es necesaria á mi dicha como el aire á mí existencia . por- ' 
qué os amo , en fin. Por e^ es por lo que he .venido. £$ posible que 
ño me comprendáis? Es posible que no me perdonéis? 
" — No quiero creer que me habláis seriamente, dgo Clehiencía redo- 
blando sil severidad. Qué idea os habéis formado de mí si pensáis que ' 
pueda autorizar una conducta semejante ? Además, biep sabéis qiie es 
imposible que vengáis al castillo, porque vos no conocéis á M. de Ber- 
génhéim, y no seré yo' seguramente quien os presente á él. Y mi tía 
^úe está aquí, y me persigue todo el día con sus preguntas í Dios mío! 
cíiánto me atormentáis! qué desgraciada me hacéis! 

'—Vuestra tia no sale jamás , no me verá pues , á menos que yo sea 
recibido oficialmente en el castillo, y entonces ya no hay peligro. ^ 

•^Pero esos criados traídos por ella! uno de los cuales os ha visto 
en su casa ! Os repito que todo eso es tan peligroso como desatinado, 
y que me vais á hacer morir de miedo y de pesar. 

'' — Aun cuando alguno de ellos me encontrara por casualidad , có- 
mo queréis qiie me conozca bajo este disfraz? No temáis nada, yo 
seré prudente ! Por la dicha de veros á menudo , viviré, si es preciso, 
eñ una cabana de pastor. 



, ^ . I, ' I , !• 



. .CJe^^uiaíwio wi 4^6Ap»>¡£a.9eg!üMa'pr#8igiHi¿: / . : 

— Esta vez, enlugar de,a^)|aras,eii,Qilfl ciükiafi^babAÍ», dasoeiidídoÑ 
hasta Mi^ tabe^ma. No e^ en. U Fauoonneríe donde :hab6úi'e8t»bl«ddo 
vuestra cuartel genierai ? t . - ..J, i 

--^Calilo sabéis eiio?düo, él. .h 

-^^Jíor el singular billete. que, habéis ^«(críto e^ti^ Jtfocto. No comps** ; 
cq yq Isis armas de vuestro sello? .:>;.;• 

A es^s palabras, que ^iludían pix>bablweiijle' á «artas ljBidas,«o ; 
mjapt^ (yolera. ^.GjsirfaMt.col^.espeninzasv '> ^^ ^ 

,-rjSí^ respoj^Q y les^y viviendo en la Fauoonaei^t pero na puedo.. 
pcürman^e^.alUf 1^^ creo que Iok «criados de.vueslTO'jcasítUl^ lasifre-' 
cuentan qmj.á i^e|iudo..|;s preciso que jtome.un.porUdow TungOidosn 
dQp4?t^Pf>C^r;. fíl prim^rQ.,. es,qúc^:0^e pemnitois veros oquí.alifanas}* 
veces; salís sola, eso es muy fácil. • '^ . • : > : * ' i > 

.•7-Yeai|aQs ;^l s^uffdo^ íntefruoipió/ Clemeocia eAoogitedose ide 
hí^flÜMros. .. .-..' 

—Si no queréis concederle mi primera, demanda, os suplico que . 
persuadáis á vuestra tía deque e^tá enferma, y la llev^ con vos. á/ 
PÍombieres ó á Bade.. 14 . estación no está muy adelantada, y aUí al } 
nx^os.mnbien podré vei;0& . . , ., , : . >j . < : 

^Acabemos qfm.esas U>oterw9 refundió. la joven; ya ,os he efr»:) 
cueluidp co^ pfK^íjencia; ahora os U)ca áí vos.el oírme-. %^msk rabona-* > 
ble, j)yo fE|$ verdad? Vais ¿ dcpraney áipartiv* Ire¡a.¿.&uúa;.iM)lvereia i 
á Mosatanvert, don^e me. visteis por primera. vez-No. es así ^ Oota*; 
vip,nó es verdad que vais ¿obedecerme? Badaie.esta pnieba dévujB»;-. 
tra estimación, de vuestra amistad. Demasiado conoceréis ^que eeoeer* • 
der lo que me pedís ¡es una co^ imposible* Así, despedios.; y «este in- 
vierno me volvereis áv^en¡ París; Adios;! r . / » j -• 

.Se levantó y le t^ndíp la. .mano.: él la tiofnó.; pero queriendo. apro>-!i. 
vechar la emoción que sentía (ilemencia en aquel mon^eiito^e^bohimó: , 

«^Nol yonoesperaréi este ix^viei^o. paira teneír Ja, dicha 4e veros. 
Acabo d^ dedros mi i$olunUd; 8t< me 46S(9^baiS9 «Clemenicia, os pre-,* 
vengo ^e mañana estaré en vuestra .C4^ , adiado á vuostva ttiesa,: : 
admitido^ vuestro salón. , •. ; . • i • i, 

—Vos? 

— jTo. 

— Mañana? 

— Mañana. 

— Y cómo haréis?... dijjo con tono de despecho. 

— £s un secreto, señora, respondió friamente. 
Aunque su curiosidad fuese vivamente escitada, Clemencia no pre- 
guntó mas. Solo dijo con una afectación de indiferencia burlona. 

— Puesto que debo tener el gusto de veros mañana , espero que me 

SEGUNDA &POGA.— TOMO lU. 12 



00^ BETISTA iHA"* m^UÚ. 

permitiréis dejaiÍMi%i iSAMl^iíé^páaJícó; jWMmrél^ ihW poca 
aténckm tenermb ttsflfís^lM Itf lyel^a MMéliiaV' ' < ' ' 

chinela, sobre la cual el abundante rocío de quVfslÍft<V¡ji'^lifáMá WJñ'á'- ' 
do el musgo, había depositado cierta ey^fiáiá^ éfé ''^liíis^l/^ídas. 
OM^ 8¿ pirso hiiiiéátá«ftiÍíNA^té''d¿>'^aill<is'; f'saUát(atí'dil'W|lJlusa 
un pañuelo, limpió con prontitud aquél ']frt'étíl[^píéVS>A'iifó^ 
fué-tan tábido que Gléiál^dlIliid'^ríMiíédii'^hMfé^i^to'^ (tir- 

bada; pero cuando sintió su pléN^titmitAo'^V la mmib^détWr'hoW/btiá" 
que>ac{ibárbttide hiíceHtt^mS áé¿lá¥6éii(^ V stf gbi^sa VHi tobldafaün 
sentímilento mezclado de'htptk^éiVcía;, dé.cóléra y'íde pUláór^. Por uíí^* 
nMmmienté repitniliiioioom^^ el TéIáiyi{Íia|bH dió^tnof'paso'ati^á^'rétihA- ^ 
do «I pié. Bor d0sgta«íá'é6C<^!faé'de uniad4y'y'1á>^toelá>éMaiíécÍó" 
en la mano que la oprimía. • .;'!•• ' - '• ' ' ' 

Uiiriitfesti«><#e arMttS>iqué vé(d«¥ribá^Ú sü'VIói'eie éAiéz^^^ébé sa- 
yos por su adversario no experimenta una estupefacción tan^^^ndW' 
com^ la que' sintió «n(ott(9es<lfl'e^stt>déBergeüh^ihti'Stíiíri|iie^^ 
vimieato foé^e'pbni»r <nftl«rra¡iér ptétáiUfúfés^ié^ádáménté <féstludó''' 
perovn ^iedo ittsiiilHtiVi»iáMahtiití«dátÍd(! la tfen^tílii'déM^ á trehV-' 
po. Permaneció pues con una pierna en ef i!¡n?Vpeh]l;ér^0TfibMHb" 
que^eiripeisólo bÍiK)f')iefrclei*>«l 'equilibrio,' y i piítRol'dé caén^',^ dd^ntó 
laniaiM' b«scaii^«iíi!'apO}^.' Es^a^o^o IK) «néétifiNi Militf'óabéj^'^ií'l ' 
Oetavid 'quepénhiinéela d«<>odÚla(s.' OMi^a ^h^éüiH^bn'órdliíMa d' 
los bttAiotM ,-orey8sc^ ooii' diÉré«%ó>'de^ééin>E(lcftar el'IsdéoiViy t]Üé piífé- '* 
ciapedMev r«ill«t^>e»>M^b á^r«dedót'd«»^tatliE;^ééM^ 
nabafaócia^éi/' • • •":■■■ ' " ' •••^ 

ClemieAcia «d* vohtó i énáer<ezál* ftimd^Mb el etítfé<^Jb;^ récord" 
su aplomo, y permaneció sobré ¡irá ^révsbM'ej Sirte af aníbr'dé^^ffahP-^ ' 
d99-0>mó eMe^tuirtt^ipuMitai Á Vdkiff ^nlJi<Hjét«i^á''a^i^<1ya)Íiá'i;n 
esta péstttra liiypMvisidák ' •- ■ • • - " >' '-'•'' 

Bti merfeis' de*>iiii • «eii;«ittd)^ ,< ki ^^fiié^iife<9éHgéMh)>ih1; cóini)réntltó 
que en está oirouAeftan^ta'tift px^áé dbfónrd y árHaWlKTád fét Mñ'^ 
rimr éé a» estlido'étl> fue veí»*^né'pM6 ^i^egülr mirritéhiéndfó^.' A^?' 
dispuesta á la benevolencia, por reflexión ó 'por tlkú:t(li 1^ álp'^óin' 
voz dulce: '.>/-- 

— Octavio, volvadme mi chinela. ^^ 



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* . ' . . ■ r . • ¡ • . .!» ! . . . • . 1 



DEL ESTADO ACTUAL bE^ LAS BELLAS ARTES 



m ©jípana. 



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Jble catiro afios é eslía p&?te> iqtie mim « por dtechio así , á É^pa-' • 
ña: c^O' unatíaevi patria nria, de la cual me falta valor para 
' separarme , adtnüpador femeiite de los encantos buoca perece- 
derosf de esteiKtf)le^paiSi investigador religioso de lois* tesoros 
inteiecttiales 4e •qué rabosa su seno^ y de las bellezas natiifafes > 
y artístíoas que ostenta con profusioiü , ho' cobrado ufí interés^ 
^ sincero á' lodo k> quie se^reiére directamente á sá glóffa, ásu 
bieac»tap>7 desarrollo, Bocesrvo ', ifñeréB ígtol al dé et mías cari- - 
ñoso de sus hijos, y del cual supongo que no dudará ninguno' 
de cuantos mo' conozcan* . . » • i ' 

Loshombr^ apasionados coiiioyo á las arte^ no peconoicen<los 
límites con qbe las saciVIegas exígdliciasde la política y! las itsur- : 
paciones tiránicas det Interés han encarcelado á las razas húina-; 
ñas y á> los imperios. Si iiay un elemento' qué deba soíbdar es»* 
tas mezquinas cuestiones de localidad, lo es sin duda la inda* 
gation de lo bello , nióbil de unión , ley déamor pp'r excelencia 
incrustada en el ^razon humano p¡dr iet in^Ato de-!a frateriti-^ 
dadi El ari^bato de entusiasmo qqe todos sentimos ante las obras 
escogidas de Velazquez, ante la mágica arquitectura de la AHiam-' 
bra,iOomo á la ^ví^tal de las maravillas del Vaticanoí ó déi loa' tem- 
plos misteriosos de Alemania ', es harto espontáneo para qúé'f^ite-^ : 
da abrigar ^segunda intención, perisamiénto alguno oculto é tn- ' 
tefesad^denací^naHdad. Las artes (repitámoslo)' pertenecen á' 
la tmihanidad enteca; y ai ejemplo de .aquellos aipó^olés' fervo- 
rosos ^que noven mas que hermanos aun> en fos seres incultos;' 
á-quienes á través-de los mas remotos mares Van á librar de las ^ 
tinieblas^ de la idolatría!, el que iicej^ta la misión dé predicar' á ' 
las masas d sentimiento y la* escuela! de la belleza, debe hacer 
abstracción de toda preocupación personal. ' • '• 

Si náe atrevoiáiSBiitab^dogmátíeamente estos prindpioscon*« 



90? BEVISTA DE MADRID. 

Guiadores , es por rechazar anticipadamente la nota de incom* 
petencia que pudiera intentarse contra mí, apoyándola en la 
parcialidad natural en un extranjero. ' 

En mi anterior artículo expliqué la indispensable necesidad 
de la ctitkk; p%rMiÍÍ9áQrití.Óár:)áícoÁéctí h¿y fehiféobagí palabras 
sus deberes. 

La crítica ante todo ^^e^e s^r ifi^truída de las fuentes de lo 
pasado, indulgente aunqiie joátó'coíi Id "presente, cuidadosa del 
porvenir. 

Instruida de lo pasado: es decir, que el escritor antes de 
constituirse en panegirista ó acusador de los defectos, debe ha- 
ber estudiado concienzudamiente'i^^ 'obras que la sanción del 
tiempo ha consagrado como tipos; haber vi^to, comparado y 
analizado mucho. Es preciso , en fin , que pueda reunir la refle- 
xión de la teoría á la esperienciaMe la práctica. 

Para ser justo con lo presente debe lanzar lejos de sí aquel 
espíritu parcial y de mala fé que tiende á fijarse mas bien sob^^ 
los defectos qu^'sol^e la3 parles de mérito ád uña obra v ({oe aiiH 
cubre su ignorqtucia' con la pedantetía , deja á un iadojasi obrase • 
superiores para tributar elogios á- hombres sio Utento.'á.quie— 
i>es.se quiere dar una Qelebddad injusta» No. perteDecehá-< un., 
cualquiera el conci^der ó fiegarMla celebridad á.nfK)i6. X^iiorerki^.: 
Vjestir con ella-ásS» arbitrio ¡á.ufl'jndividuoi, sea cupl luciré:^ «S/ 
atribuirse. las pr^rogativas detto historia y dela^cie^df.es.üA^ 
actci ca$i.tai> vituperiab)eGQnK> el. de usurparla partí «UippQpíoi 

IHMXlbret , ,;::..■:•..,..'. í! . • " I './.-_.•:. ;-^ •.■> - :'i 

Colocada como mediadora é intérprete entreoíos que crean: ^ 
y aqueUos ps^a ü^uien^s 36 creas la erttiea ti^neel aaaftrgoide es- 
plicar loqvie podría ser un misterio para ¡lo multitud^ ide atac«r<! 
con constancia y. fírmeza^itas inepiciasi acoíbiiciosas \ ios plagios^; 
impudent^^ los errores rídAQuios, las .lendQncias .perniciosas é.¡ 
inmorales , de d|$tril)uir'á c^da.uae aeguodusMobcasiyiooni^o^ i 
bríedad censaras .y, alabanzas « de ayudar ^bre todo á las» aaUi* > 
ralezas. superiores perQ.dé6Ín(«peaadas:V.niod6^B, que.se ¥efi< 
privadas de Is^ parirte de gloria qi^ Im Gdrrespoadey!4iaft gantiri> 
do concienzudamente* . ; • • ¡ / . -> .• 

Defmjd^ y probada' ya; ía iidpoptancia de la; tarea del.ori tico».! 
procuraré llenar cuiiopUdaineate ia obligación , que de tal me he.; 
impuesto, con la debida. .loalibad y franqueza^ lodependieqtet.ppr.h 
carácter t exe^ito de prevenciones >por mi.cualidad de viajeirOi.aur • t 
xiliado con laesperíQnci^'que a$e|g;mraunest,udiÍQiexclijsibo delts^ i 
artes durante mu^Q^.anoa, mecreQ.autqrizadP prada^^imiopi* • 
niQp sobr^ ips ^rtííitas e$$)^al63 4- clase que tiiabajaeseDcía)iiii9i|t- h 
t^ par^e)jp|iU)íJC((^«,^yique trata de s^jetarle'á8U íinfluedcinw.i ; <: i 
. Yeanv^s pues, siiesta influencia; que ejerce<!Ó:puede ejeroer,»! 
será buena ó mala. Para ello averigiOb^nioscif ates $onlia$>l<eodeoTi*. 
ci^^.domifiant^,.elpen$An))epií()iPfriinordial!qu^ presida áia ma- 



DE LAa<ABUbA$ iATJBBr'lBN.neSPAÑA. M 

Yí^^ de (taeíaai.proáueciQnds ío^Mua se^iofreeett'á.la ^¿taíy >al 
eiLámeu de la «íiuHUtfdv .: - > ! - ; > i. tí:, i 

Pa^a: ya revista á.lo3<pmncípato^pí atores >oonteai|)oráQeaH, 
SQ.iio^ preseMtaíiUiia Qxpo&k&oaenidaade ballaifios-i)!!^ alr 
gMncvs. da )0S(.inÍ9iP0S!4 y.pQdrémo^ juegarisi fuéiá^venlüradojó 
iPo,el ]uiciQ4u^ ant^moroieale asQstiMcqQa ittsepcaí ae «líos. Qtro6 
nombres, y no pocosjp^picieniD »: se nos. ofrecen i6ii<íaB»isiiia 
^xpi>$ici/QnjqQeDOrQon(9cíamos m^.convecMeáteainentBi Lasitídues- 
itrasi.DQ fiS(^aedn; \¿imi\ «s-^d^knaide esta familia de laírtistak, 
.cuyos »d>f^ent€V).fl)ieml>r<)9>piíacaraaio9:&Balizak' iirio pos* íuno ? : 

GM^Iro^aQos.bacefqnfit tDei.be propuesta esterifllieresaiita prai- 
blemf^.i^n ^^ exppskípAiqtie tse; ba/t¿0ldMmd0u bkm ea te Aisai- 
demia de S. f^ernando, bien en el Liceo de Madrid ^'^ysiéqipt^e 
h^q'$^.WS'«íkvegVigaoiorieaH[f)fr(SK:tiK0^ : ..¡m:. t| 

; No. i9B el f^rté , t^; aolo paret idi vertir al ; yüigo:; desposeído 4q 
^/n:^ndato;iiiiMaí)f(te9Jal,.eíipiritiial«^ irediubida al simple $obje- 
tp 4e< bolflgar los .t)e9;tidos,«.isiel?(atuoeínp)fii(r>bienlpot)r6! cki la^ 
i^pidtia4^ biiujianas, ;y^«ii;auívseriYida.pai^:ia8ÍiBÍlar^us profd^ 
U^:CQ9las>QbjeM>».(teiiiera:nece9Ídad/Jebil lesüfriitofe nías .pi:i- 
JI}jtjiY^s.4ijJ|S}g(tifle^^t^:lle/'te iodufitniai ijas;.ai*tei9 tiebéaiimiras 
üj^ijtchQt .in^!i-.dut>lifn^« > BeaUzoaioa ; plásmica , ¡foriaMiia idealizada 
.del£| intelig^i^^diel^i<i)aibre« desteltoyisiiskv que^broladel'cb^- 
^ue; de> ^^i rnas i<^niosa¿) ; facultades ,; debe ó. béblar' ¿I oocason 
ipof su. p^rte'.pqótiea , ÓM jc^eildÁH^ento pori su ipartei utrlitaFi». 

Ahora bien: digásenie si en ese.coi^iintotde ébras.!quei de 
x)(r^^0Q4^p<^(á$jt}lQ'ál>püblicor>a&4€iia/e6tneveh unotiioitfo de 
¡$yíU»$i dp$:ire^|tj^oBv' ¿ÜAy íquiénaedeitíie en la i repetida* >conh 
.teinj¡)í^cion d^^sas. diversas piiiituirfi&?>.¿i^>y'quien encuentire en 
jgllas algurx teiBjsi ifecuado en. suaves mediiacioneá y ^ntimidnii>s? 
^g^rameiHe qui^: ^abí penco alíoiiefito.haUard eV conazonií 
^ ¿l0u4i JQs(r<AQCÍoit traducimees por >otra .parte ^ :ea ésas obras 
jjkumeDosfisí? r¿ q^ié doctrina eaiana* de esas /imágenes jNTodbcidajs 
casi siempre siaief^uer^sOa ¡de imi^iQaKJo» v «in estudio ippelirninan, 
fPA tcabaJ0r;9ériift^?MEl> pensamiento eiM;ueotra.as»lísnB^^ poco^ aiif- 
piei3(oi»(p<>rqv&i)vay le» Jateonoepcioaide taitas- líenlos •eaeasét dB 
meditis^oo^ yiíiU)$pfíaujY/$Kbido es queeUltna taid solo^isa^^tapat 

4e,J^a^aí:'al'alfn^/.-.--!i,i l"'--.!;.. • >.l :■•;;'. -i t-. ■, j,'-.,-i vr.rn ,-:m(|jx. 

1 ..Lo^ iq^e ban.hfiobO'. ui) iduáUm e^eciai deiU dsbuela^ 
i^H i 1^: l^^p^ >^toohabUiiatoente'a>ñsag;r^ 
r^gio^^: iA.ÍU¥ie^;ptír'AQStir)n«tfi)erpbtesia^unlosvn)iat^cos qaa(se 
4)aQ d»^ÍM'Qseií)t^Cí j^r.todOSi tij^itoposM coipoiiaud: boy¿.suQéda^l)(se 
ppd^, /CiiCipi; q\ji^ Ja . ide vOi^ioD) • iiiasi;dsoétijDa iestóba< i ^ ^ries^ del 
día, ^j^\ ^am.,<1ta!il^ifC(mcepto >hai debido s^ieaotroi (^ieolpor^ emif- 
nenten)ente,;dQ^'0ta,laifai«kiMarartí9ttiCa;^xJSitelift em iabís^toríaipirucí- 
Jt^f\$ p^llpq^OjCj^Pt^ít<^ la: sio9drída4*d(^jSiiei»mentiafti>las ideas 
4f\ilm é^f)$^stjep^prüt^lcire$l die»>tes»if|ftt9»í>bai>ii^ebidbii^or<ler 
jgf^ip^.ipñuQOící^ «ut<pü^ti^f(^%id<»aa^p£»lbittTaqp9I^}f»alU eil)(Aij9éh 



loo :de-4as ahstteraa ptitíácM^áA elaiMtfo se'ban Ifíílb ^rtüineer 
hermosas inspiraciones, y si bien se ha ^(Hltdo ifcdsaral arte^Bfi 
Espóñai 4e ^ronpooocniateiriQlistai^n'algüiiásf óc^snones , pheci- 
éo e» conflesar qoeeste defeteto'inastiten'hareisaidie' sobre la fonna, 
qué «obre ei peiisámknto* siendo tombíen^condCM^u^cia (kilca- 
Yádtér^e esia nacios, que 'tiene íiecesidad de avivar úví (& ooii 
^emoBlraGiones pálpitaiaes de la realidad. * > ^ - " 

" En -cuanto á la ge»eracion'presente:, m» me atri^vüréá- deci- 
dir -si Ut eleocioorde los asnntos plardosds^s hijadela 'esp>an9i(>h 
dé una religiosidad ardiente , ó si debe¿rMS''Ooi»ideirar'^ «Ala 
lan sólo la intención ú^ aprovechar el int^rés^que inspínaift ilatu- 
-raltoeÁte materias • de s¿yo<1lena8ide>poesíal^y filerpetiiaiinente 
■siqípáticas, ' .' > ■■' ■' •• ^^ •••.♦•.•. j .; . : . : .' 

De cualquier modo-qoe'geaw estoy lejos de'q«ejdrme de que 
de elijan aauátos i^lígiosos.' La Sagrada Escrítut^a será siempre una 
mitia úpsié ibag6taiMe de tíerhas y paléttctt» inÉipíradtdnes,' yfá 
Tista no [^uode menos, de complacerse^ en la 'ccínietupliacion dé 
s«il>)imps(iiguita8:grandio$aiÍ9ente'^ vestidas^' con toda: lá mágesluó*- 
^idbad de ^o& trajea bMc6sj y en :]e^ sobre la fiéla lá Cradcrc^ 
cion mística de las fdaraviHosas iéyéndaS' del Oraiígelio. Sabre- 
mos, sib eáíUKii^, áqué ^tenemos eni cuanto á'las^l0ten^<MM!ls 
^ esa salnti prqidicaeion', pues recerdamés lialier Tísb'en iá e^ 
cuela de* Dussétéorf áplntores israelitas ofrecer al'púbficoVirge^ 
«es no solamente notiibies por ia nobleza del estilo ; • áWéd^ pot lá 
delicadeza de la ejéoi|(:ion.' ^ i' » ' • '• 

Tampoco desoaéUa ^él pensamiento histórico en :laB>ex^dicio^ 
nes de Madrid. El dictaido de pintor de^ historia es'para'muóbos'cm 
■nombre • genérico, adoptado por la costumbre, f vadío^ di^;amoBló 
así, de sentido; En cuatro años conseouti viob no hembd viwo siqüie*- 
ra tres obras que> se hallen á la altura 'del fiñqueiei arté'seprch 
«pone ei» la reproducción 'de las< magniOcas iradicidneá'dé los 
^sadós siglos; IPodría atribuirse^^ta penuria ata índdle dél'caf^ 
xácter esp^ñdl > que , ' mas' «lírico que positivo eiv sus t:ii3afói(>nes; 'sé 
-phesta poeocálas^exigénoias! técnicas y puranbénie tacíotialés^ide 
lá tiistoria^ pero> salla á lat' vit^tafotra» razón de 'indisputable y 
tri9tÍBÍma verdad ; y' harto< osas cóndluyénie qué la", ancerioi; ; á 
saber, que para emprender tan difícil tarea se^nédesitaíi^eéáll^ 
^dadefT' peculiares I tah solo de uá námere sohiatiientb reducido dé 
4idmbfes^> que pa^á 're^radhieir les* hechos méniotiáliiles' de' lá^ his^ 
toria;, es pif'eoiso ün:géneroi'partíeu(ár de iim^^^cüdh ,'^>k)ib^é 
todo ciencia^ < diré vnas^ < para-^radueir dlgüamenie'heehósldé é§(á 
iolase'*ypo|^lafiis^rioa ,i 'no basta ser hiBíoríadorií led' precia' ^Ir 
-poeta. ' La ficrtüra; apHcadááíciert;oá asuntos histór^eésáélháin^o^ 
poptubte'á^nb elevarse basi á la>al(urá'^>Iá'epopeyav' ' ' <! ''•' 
' < ; Detestas diferentes observácioxM» sé iéíieret que noihiay «íná 
ideacapitaV (^ne«cíngrégue bajó* }a> unidad de'pritícipioslá' la'tbuU 
•tirlud de^ talento^ieqpafcMo9)sobré:eliu'et|[)¿t^afloli finil^^ 



DE LA3r : MOXAS HAT»!!!! üESPANA. rÍ5 

-pf^rno qdkpqKUc» y en IMeraljiíra,, < solo. yflnfiQsüodi visualidades; 

-Pk¿fQi;P2^ 40i3ia(ema fíjo.é mvaria^lQj.Réstanoba^mriguaréqúé 

altura se hallan con respecto á la fomiaj: 



■y* -t "í;;. '-i "mi 



^fBí^imimtJo aulíalioav qué.amina;á:üoddig ios países cb £u- 

,,í:ppa» ao>|>oidy^.»ieiias.dQ:dejarse^^ Efepaqarsobre todo 

.4esde )a,.ép0ca,en (|ii^ bai^dtdo^sondagraiise^ftk.íin^á ubriafiíde 

. ^pagiaacioa; .Hemos señalada < ¡oh pasos ventajoso» tdááos> ipor 

Ikilgujoos jQvet\es de ¡taleoio ep; Ja si^nda de la>;pepfectibiUdadv .y 

qMfirbá^f^-v^ñdaderapentefboo^ á sttit>ai& Eotrq aquéllo» de 

qM6 ^un ümmmQS q{x& MUar , los progresos iloráODtañ:visibtos: 

.a^vpo$., ein I pf^o de sua defectos; aotalnciaciípreoiosas. faduHa-. 

de^ 1 y procnr^écoQS' bacerles áa deb¡(kiijustlk|ai <Las •cihras ex- 

:P^^$t:»i$/en.el,s«k>«<del palacio.>de[ y(illa**heñlnasai.nps pernaken 

.flxtend^rnoStiBaa dí$ lo que nosubaMamos pnopbesto iacetQatdéi 

.^^dpíagiual édM piotuFa^> y toí^réoeif.ála beoevoleücia ,deü pií- 

j>]ip9 ^Igmnv^. nopubties , ^ue ¡$10 esta cincunslaBCta oosíhübiéfia'- 

.piMs. yifíto iprecisadofi á pasar edisilencii»: ! . : . « : : i ' ; n * 

: ' .• .' . 1 • • ■ ■ " Vi ' ' •'■■'''"' / •''■ *••••' 

úCuaDdo pul>líqué nli últítttot articulo i sabía y«í que alguirds 
.(ie iQ^.qifltoceBv^yoi JÉkóritoIraté de examioarf habían enviado 
aueva^'tptoduceiodeft suyas .al < Liceo; Gokrríaa.aDtitüpadanHerite 
ciertoa voces. jeaparqdasfok" laiimpacíenciadelaiaiinstadj piio- 
metii^ndo qMe sería iiid€¿90Ízada,ek;.pitbIiiao por; (canipletp>>Úél 
vacío de las expíoBicipneBianteriorels;; ^of<iin4>áirte¡ confieso Irafi- 
«^f^enO que tieilia.á graá dichaiel pctdei^iicaíinbiar ó impdilícar, 
^f^WE^ifuQse-n^eesario:, el juicio que de elloaibabia. formado^ pb- 
PS> im veO' procísdclo á: confesar; aunque iOoa' seqtimienlo ,' que 
m^ ballio ma» decidido qMo nunca á ipersevehar.en nii opinión. 
La ot^i-a^del Sr^ D. ^VicenteLopeZti detikistire'artüabSNflpieininorh 
4a|jzó, suT nombre, en las bóvedasidel.paljaolo de Madlrái '^'-mh 4ia 
-servido j^ara corru^^var lafi> obseryacibnesi que aoerts deíjél' ^l^ 
toméJa libt^rCad éejiacer ao elirfópieikuQisoe)(áinén'qnedfál fui- 
bKco. El Sf » Giúlieilrezi» de quien conaery>aJia! ataKi.eil ^a snano^- 
^ia el 6fé9í(>')pr0fbieídi>^pfH*.do& UodolsikTetratosiJ uno<dé latneitia 
ií.o|i7Q de* au'augiisllkhermanaii»i Menas lie.iUná fresburM sédoétoi- 
-ra, paff^oe bab^se^cneadb desde lentopces un; síslpnic^ e^etíiál 
4e {rintuflt ^[dninu^áiü.deii oualjsedesvaneceiipda teigDadaidetso 
^peeli;L^iiigqradiseu(YÍstoil(.deíiUha tiiitá ^(^arnníinosaiy rfebríí;, 
i|uein¡nguna»(f^éjfiiiíaitiene cohlas^pameádeiSH iniíoitalbletiiiot- 
40IO MvFkUoi-laadoliiles. aoñ tunas, veoéis^clofiKlatíiyidlra^)Aeuh 
^^r'gfls.r96á9.«9pyi anacliracb. Vitan t¡éO',slandi^ 
<d9t^ne0e qve.keiv0 eiffouJarla.fianfsrn&iy jEbairBceiK'te< saMjKDL^ 
^lOSrJtiutierreziiaeaba.Ida llegar -de/ Sev^^ 
fi0apapadaj|»> laB £eGUttdas^c»U^i(leiliniáriüuHon'del|QdibipaMe 



'M . ' ^ !Rcian'a u^aÁMtiK < 



•»! 



;inae$úro!^ue se ha propuesto perf^etaár, y porlo iaiit¡6 no -pd- 
ideiños meóos de espejar que volverá á levalntarse en ks^- 
meras obras que ejecute. . : ' < ..;:... 

:£h cuanto al Sr. fisqnivel ningún cuadro de ta numeiro^ co- 
lección con que le vemos descollar en el Liceo, p^iede hacernos 
eambiár las ideas que liemos emitido respecto de'é}:en otra oca- 
sión. Nótase en todos ellos la misma fecundidad, la mfisma ha- 
43ilidad en el manejo del pincel, igi^rl' soltura y franqueza de 
ejecución; pero de^übrese ígoalmente'por todas partesí la fíi- 
.neísta^ influencia de un estudio íncom^^o. Causa doK)r<, á decir 
verdad , el que una multitud -dé fragmentos y pormenores^ noía- 
blemeníte de^mpeñados^ «se vean ahogados en* un conjunto poco 
«aniMiínioso y mal dispuesto'; y no puede tirio menos de vitiiperáír 
lá'^un hombre de talento qué prodigue así siii moderación algtf- 
-nai liaá'paca comunes fóoultades de que se halla dotado. La ímá- 
•f^nadioh^ ó nías bien la fogosidad de) artista^ tríunfan siempre 
en él de la severidad del pensador , y sus obras se hallan ya aca- 
badas, aun antes de que la reflexión haya podido formarlas, ma- 
durarlas y llevarlas felizmente á,cabo , resultando de estos par- 
tos prematuros uno de esos frutos precoces é insípidos que cau- 
tivan por un momento nuestra vista , pero que no satisfacen núes- 
«tros deseo94 De esta suerte , por^efecto de una elaboración i*ápi- 
• da y«vioíosd, carecen cosi todos losiCFadroedel Sr. fisqtitvél de 
.cierto mérito s muy at alcance de una naturaleza tan bien orga- 
nizada como' la. suya. Nótase en - él principalmente la áilta de 
dibujo i sin que pueda ocullarse que algunas vecesiefi debido es- 
te^ defecto á ufi descuido y rabandíono inescusafoles. 

La pureza eb el dibujo^; como la han poseido los maestros 
de laesonela romana , y aun el mismo Velazquez, es un don -tan 
-rsipo, «fue no puede menos de tacharse de ambicien; el tratar de ^ 
.conseguirlo con solo el trabajo. Neoesatio es poseer en sí mismo, 
-para I alcanzarte; un sentimiento ináato y ung^nio esbecia); pe- 
ro entre 'este grado de perfección y la ¿gnoranda de los princi- 
pios del' arte existe un téimmo medio , á cpie daremos elnom- 
hv^ déJconreccion , y al cual debe «aspirar todo- el que reconoz- 
ca una volnntaá'firmer ensí mismp. Con sol&íSyar un^^pdco mais 
su> atención v'hubieiia> podido oótieoér el Sr. Esquiyelique él rei- 
^ralode S. A. el iníanfe D. Franoisoo adolece enteranhBnté* de 
Halla de proporciones? qué > el torso descansa sobré tinats pieri- 
nasmuy cortas; que no tiene créheo la babeza del primer liom- 
J^rslen el cuadro de la creación,' aln^mo tiempo «qoelpudi^a 
pasar'él tígre, si-néfoese por el color de la piel; p^run •indfv)<>> 
dúo ^ la fan)iHa.de lasrfocas. Semejantes deformidades nió pue->- 
do menos* de atribuirlas* á la incuria del > artista,' mas brén que 
á iiiiigima otra<causá, ^es veo 'trazados por la misma' 'mai^ 
toti iQ<)ntern08 elegantes- y verdaderos! de una niña tendida* i^obi*e . 
Bkiliaólái^íxiiié no solo iie:di8tíiigtíeD{)kor ilailigereáa-de la e^ 



DE LAS BBLLAS ARTSS EN ESPAÑA, 97 

don, qqe es característica en el autor, sino también por no 
dontener ningún defecto reparable en el dibujo. 

En vano pudiera alegar el Sr. Esquivel, admirador apasio- 
nado de los maestros naturalistas de) siglq XVII , el ejemplo de 
Rubens y Muríllo , los cuales se creyeron con fuerza para cho-* 
car de frente contra las reglas escrupulosas del dibujo , siempre 
que bailaron en ellas una traba al vuelo impetuoso de su ima- 
ginación , pues no se les ocultaban sus extravíos á estos dos hom* 
bres célebres ,, al paso que estaban persuadidos de que aun cuan-, 
do se cometa alguna falta grave contra las leyes del bello ideal» 
si al mismo^tiempó se saben desplegar la magestad del estilo, la 
inspiración del pensamiento, la elevación del asunto, ia origi- 
nalidad de la composición y los tesoros de la armonía, pueden 
hacerse olvidar last e;xigencias del talento con el, brillo del genio, 
/Quién pudiera alzar su voz á vista del Moisés ó de la serpiente 
de bronce contra los lunares qiie se notan en el dibujo de tan 
grandiosas páginas ? ' ' ' .' • .. 

Pero desgraciadamente el'Sr. E^qtíível dé nada cuida menos 
que de hacer brillar eb sus obras la dignidad y la originalidad' 
del estilo. Así pues', en su ángel de la jguarda , en el cual no 
heñios podido ínenos de celebrar la finura del modelado y la 
inorbidez de los ropajes., la vulgaridad de las cabezas y aquel' 
repugnante dragón que con tan cómica verdad desempeña en la 
escena un papel amenazador, serían bastante para quitar su ir- 
resistible encanto á la poética idea que supo imprimirle Murillo 
con suma nobleza. ¿Y qué diremos del retrato de la amable, de 
la pobre Paulina García, condenada á estar colgada eternamente 
de las paredes del Liceo, mirando á todos como, una mujer cu- 
yo semblante ha desencajado la cólera? ¿y qué del de Doña Isa- 
bel n de un aspecto tan poco lisonjero para una reina! Diré 
solo cuatro pa1abras*acerca del cuadro intitulado D, Femando 
rehusando la corona, delante del cual se siente uno desde luego 
atormentado por una falta elemental de perspectiva , siendo las 
figuras del segundo término excesivamente cortas, y de las cuales 
si el tamaño de las cabezas es el que debe ser , no pueden me- 
nos de hallarse enterradas, atendida la altura del punto de vista. 
Al elegir un asunto de historia episódica, que con razón pued^ 
suponerse poco popular, está obligado el artista mas que en nin- 
gún otro caso á reunir cuantos accesorios de verdad local y tra- 
dicional le sea posible presentar para hacer mas fácil á la mul- 
titud su comprensión. Los trajes y armaduras adoptados por el 
Sr. Esquivel de ningún modo hacen recordar el siglo XV; así 
que, la escena que ha querido representar, dejando á un lado 
su poca claridad , ofrece un aspecto teatral á que no poco con- 
tribuye la actitud algún tanto afectada del Infante, y la del pa- 
jecillo que se vé de. rodillas á su lado. 

El Sr. Roldan sigue tal vez sin saberlo las huellas de Esqui- 
vel , cuyo estilo sé retrata mucho en el cuadro que ha presen- 

SBGUNDA ÉPOCA— TOMO HL .13 



98 REVISTA DE MADRID. 

lado. TriÜuta aca$o.,^sté pjiítor ua cutto deipasíáílo ¿xclusiyb á 
l9S.Ji)B]TO0.sas •q^jeaciones de Muriíjo ;' pero s^/ observa éñ él 
q^fta,cl(p|l¡cadezá,|en la coiiipósícion , y uná'frej;cura en los tonos, 
lüiij ipcpmehd.abíp. Es d^ ^éntír qué no este \lan estudmda la' 
(^l)ez^. ¿e 3-.JWÍ3fo!nso com^^ la de la Virgen, .la,cuaí es.ciertfi-. 
cQeñte raiiy graciosa, , y estábecha/^on'awoñDemera aprovechar, 
^ Sr^ l^pldgp el. cpücursp, q¡ae se vá á. abrir en i^ Apadeníia dp, 
S. ,perj^ando.:Pfirf tr¿% .de; obtener e,l premio á^ la. pasión d(f 
RQpaa, puíís ganaría múí?h.o en ir. á esliidií^r jas obras maestras 
dcj ^ñ^ .esciieífi' iQas qof recta, y e{i,es.t{ir al lado de conipaiíeró^ 
de trabajo, ác^átuipbr^dps ya a^juígar c^ (jle Iqs hom-, 

b);és.i[ de Jas cpsás, para perfeccionar uií ialéiio qije sepreisen- 
ta. cQji W ¿f^eiprés augúrÍQ3'.' , . , ,.,...,• 
. ,. El. cuadro del). Ramón vives reunexnahdades que nqdebe- 
ranspiasar.en silencio,, 3a efecto ge^neral es un tanto pauao, si se 
quiere, pero que reina en todo ér un conjunto de tipjtasagraqa- 

' bJfifP.?Ptp;flPPir*S3, ^íf^Pe ^v. 9Í| c\arQ^x)^f v^pM^sía iügé^^^ 
€B^tpn^¡c}p.; .b#ape ja fu^l^ián c^pjirüd^ y se observa. efl;agunQ5, 
Pf/p|pa eUel^. re^uí^aP W ^ti]íí|Q gu^ b^.íiecho el autor. U ca- 

tjófljií!^ la ^piipficion ¡y. l^ e^erjía de las «guras de Qpya; los p'a- 
nbsdé feí cara, son .ponyeniénteg y, estaA'bien indicados: otro tan-' 
tpj)ujBdjp,df5c\rseqe 1^, cabe,za d€;l§ nina que Se ye en l2\ media tm- 

Sfj,;)apfiá)!, ^líi^^i; dp,uppstíj.ó n?My ?1^^^^ por la delica- 

jl^a ys^njcíjlezae \ae.xpres¡pn. La citada obra descabre él piíi- 
cp^.de uii! joven \ ^ ésto íuese así, creemtís poder presagiarle un 
porvenir yenturpso. , i • 

/, .fijLicl\o septiipbspp poder tributar al' Si;. Bucelli en él retrato 
íÜ,¿e¿¡^ral,teon los* efogios á que comunmente és acreédoifasu 
bábui^lád* Los ^pcesoribs dan á condcerd^sJe luego éne^tfi, obra 
Ig aj,rpv¡íl^ firiij^za de su brppha,, asemejáfidóse en n jclias oca-" 
sjgpei?..sif toque ail ae los grandes niáestros^i á los cuales sabe 
c^njp^epdefi y copiar, §i bien sé observa en él Ja falta de solidez 
¿.¿iColóridp ¿9, la xj.d2\,qi^je no es posible trasmitir al Uejpzo sino' 
te;ni^ndo la p^tuñjp^a á la vist^. Sii/ embargo^. aquellos .áquíe: 
li^'s^ha legado ¡^1 n^coe ^ü nombre^ y su memoria, puedeií consiT 
deráráe dfjchpsps en' 'ver reproducidas sas nobles facciones con 
tapia éxapt^tadl El Sr^Bi^e^¡ naturalmente' observador y de un 
tacf¡:j,^9Í|c?¡ip/^podia trasladar al lienzo mejor que otro alguno 
tpdo fói c^ir^cter y yjM^^ . ^ , .. ^ . ,. , ; 

Sig^iet^olá^jistadé los piíjtores de figura., me yéo conducido 
^fj^bl^ar (fe ,uu horiibre que es. a la vez árjqúéójpgo intrépido., crí- 
ti^pl^rudi^ j piptbr concienzudo. D. yalentin Carclereragoz^jdé 
upa ^í^.e^as prgáni^qíones que tapto ^^casean en todos Iqs plises, 
y que jamás descansan d'el trabajo $ino para d^dipa'rse ^ otro g^-! 
1?í9l-df fií^^V!/^;? ^si^ndq uno de los poijos .en Espsina qué ))an da- 
^9v?»'*'f ^§^r^^#^^« tónp pup VA?. ,é fifffliirtap.tes ac.erca de l^s 
bellezas monumentales de su patria. Después de haberlas clasiii* 

'<A .111 • ■./••:' — /.Hrüc /<!/ í.' 



cado.y medido (^omo i^abio, po? las represeolfi como 9|rtista, 
siendo da sentir que no, haya presentado en^ la éx^oáíciori nin- 
guna de las curiosas vistas quQ íia ejeciilado ei sus nuriierosn's 

. viajes, en las cuales nos complacemos principalmente en yér éih - 
pleado su esperto lápiz. Pueden sin emb3i^(> apreciarse en siis 
dos dípticos, á pesar dé lo reducido de la' escaía', la .elev?¿ii!ih 
desusideasy la severidad de su gustó. TJqo de los/dos pHnfciiifí'- 
niente contiene unos compartimentos. enj rainiáiiirá ejfecúfaJds 
con suma maestría. Vise' en cIlos''(}istrilí|iídoc()íi1j¡leli^eiiCia el 

"clAro oscuro; nótase que se ha buscado iafórinai;.cptl'gran'éxác- 
titud, y debe felicitarse con est,e motivo al SrJC^rqei'éra por ha- 
ber probado 9 algunos^ de sus colegas , que pu<^e¡ 
reciamente terminados los contornos sin qiié resiilU 
templando el San Esteban y el San Pablo, en Ci 
clones se vé á la par que un dií^ijjo sumamente < 
mayor delicadeza eii el modelado ,. un carácter prt 
bezas, y nobleza en Ids actitudes, nó puede iui6 
cordarse los maestnts de 1a escuela florentina. ,&h 
el Sr. C^rderera ha sido felizmente inspirado por su 
do de sentir únicamente que no haya conservado 
perioridad en si's demás ensayos.' Pero mp deten^, 
queme había propuesto no ser demasiado exigente, mt'.^hlá- 
siasmo por el arteih^ ha conducido] á pesar inio, áacus^j-'á'Tós 

] artista^ que no EJempre consiguen siSstenerse á la misma' ártiir^, 
'ó que.parecp^gu^ retroceden ante la perfeíjciori., ' '' ".,' '''', 

wii-^ ; .' .; ,■■■,:;":", 

, Muchq me ha llamado Siiempre la atención, el pequeiionñmb- 
, ro de paisajistas, que ha. producido ^paña en tpdos tiempos; cii- 
, rioso serla ü)v^tígar la causade esto; y procuraremos déscubrir- 
,l9 mas larde, cpntentándonps ahora con l^freir.fib^e^'yacaj lector 
'..que ior dos .que se presentan (y debo ^,^cérlp?,la4ifp.ticia,^ci.pecir 
.',que con, eminentes cualidades), ao. t\'^n ,Íjus¿3(io ^su.^,a¿jjjitos ni 
,.su$ iospiracioues en las riqíjiezas isiin^C^? y/^^íid^s^dél^siii^lo 
natali bl Sr. ,Camafoh.,pur ^empÍ<i<.J>ad£|. t^pé.dé, pspaaój.^D 
sus paisajes: hase .creadp , "una natu^álé^a taíea'',¡,i^<\. vegeta- 
ción de capricho y>ÍectíB ,copviea9¡QJW^ délw. .Iflo ha|laii)os 
. en..é| Ip^.puatos de vLsfa ,jlj)s|rados„.por ¡plswdió, ^^^^..I^pre- 

ga ó .Pbussiii^ Jos.^ccideptes.^ei ,te.rípnif 'tales, tiqmO;, los, yelan 
uysdaél óBrughel| sus arí)olé3jiQSon,l|OS.)3U|:j.diaíiainantecre- 
, oeif áT^esifai.vjsta coq itm.yer^jof .tierno' y íppspáféntej'éri'la 
primavera,, sus, ina6ices,M)ceiídi^os y, ina-s. oscuro^ éh',el \Rra- 
PQ, SI), sedu<^^or9 .varita;! de tQi)ps,p,.Io^,ül,^qios.dias^4?l,otp- 
. ,ño; las jocas, jas .agu^s .^.los ,.9c'(:^orio$,tpclo$',d^,.^ c(iá^ros 
, tj,ei^eií,uuí,enloi)ap,jon iinjfórjnei cual, a, i^s^v.iesé(i' l^y^ips ,í;pn 
; .sepiai.y„sín-epíbíiíí'> "<> ¡ífi pupde,(nj^aj-'qué ^st'a.fiípjecieJle 
, ,piatiira nppapcf-pma nfl p^c^ ^.^iract^vo.,^! Sr.,,jC;ámiit;oq,Jj!fí- 



MO REVISTA bE HADKtD. 

ne el singular talento de pintar con una ligereza desconocida; 
dispone bien las masas, distribuye acertadamente el aire y el 
sol , indica con sencillez los pormenores sin sacrificaríos nunca 
al conjunto, y dá acertadamente á cada plano su valor, su 
perspectiva y su carácter propio. Cada uno de sus cuadrítos es 
un hermoso boceto, á los cuales pudiera dárseles á muy poca 
costa vida y frescura. 

El Sr. D. Fernando Ferrantse ha formado en Italia, en don- 
de ha tomado magníficos puntos de vista. ¡Qué alma artística 
se quedará fría al contemplar tan sublimes espectáculos ! Este 
joven paisajista- no aparece inferior á los asuntos que se ha pro- 

f)ue3to, habiendo sabido representar los horizontes vaporosos, 
as varias y frondosas desigualdades de sus impoaentes monta- 
ñas, las ruinas pintorescas, y principalmente aquella vegeta- 
ción tan vigorosa y vanada que hace de las campiñas de Ñapó- 
les el pais mas delicioso de la tierra. «En el que tiene el núme- 
ro 38, los árboles están dibujados, amasados y agrupados 
con pureza y abundancia , de suerte , que dan á conocer perfec- 
tamente la especie á que pertenecen y la naturaleza de su ra- 
maje; los primeros planos están dotados de verdad y anima- 
ción; estiéndese la vista fácilmente por entre los desfiladeros de 
su cadena de montañas; pero tal vez fuese de desear que las 
crestas lejanas se destacasen menos crudamente sobre un cielo 
tan luminoso, lo cual es la única tacha que he encontrado en 
tan excelente y gran composición. £1 interior del convento de 
Amalfi, aunque de otro género diferente del anterior, manifies- 
ta grandes conocimientos de perspectiva: tal vez es el lienzo 
mejor pintado de los que ha expuesto el Sr. Ferrant. La fábrica, 
los arcos y él ángulo de roca cubierto de enredaderas qu€^se 
descubren por cima del pórtico, están empastados con jugo y 
tocados con un vigor de pincel poco común. Si estuviese algo 
mas determinada la montaña que se desploma sobre el edificio, 
nada se podría reprochar á esté cuadríto. Las demás obras de 
este artista contienen , del mismo modo , bellezas dignas de 
atención; pero bien sea que no se ha valido para pintarlas de 
estudios tan acabados, ó que se haya acelerado demasiado para 
darlas al público , lo cierto es que no se halla en ellas la misma 
destreza de ejecución , teniendo además que criticar cierta pe- 
sadez en los pormenores , y alguna falta de transparencia en las 
aguas, defecto inescusable en un hombre que tantas pruebas ha 
dado de habilidad en otras ocasiones. 

La parte defectuosa de este último es una de las cuaHdadés 
que mas sobresalen en D. Antonio Brugada. La mar es en sus 
cuadros generalmente transparente , y si bien deja que desear su 
talento alguna cosa respecto del dibujo , esta falta se halla com- 

Censada con la conveniencia del colorido. El claro de luna está 
ien comprendido, y se halla representado con franqueza , se- 
gún él gusto de José Vernet ; la casa que se vé delante de los 



DE LAS'bÉÍÍLAS artes en ^ESPAÑA. 4 Vi 

rayos luminosos está ingeniosamente representada, observándo- 
se bastante originalidad en su efecto , ai paso que río poca ener- 
jía en el claro oscuro. £1 costado izquierdo del cuadro es tal vez 
un poco monótono , y eistá tocado con alguna frialdad, si bien 
no puede imputársele falta de verdad, ni carece de sencillez, lo 
cual es una cualidad mucho mas digna de aprecio de lo que 
generalmente se cree en un género en que la primera condición 
es la representación fiel de las diversas fases de la naturaleza. 

Hemos reservado para terminar esta lista de Ips pintores es- 
pañoles el nombre de una persona que en nuestro concepto ocupa 
uño de los primeros lugares entre los artistas , y que sin disputa 
es el que se lleva la palma déla exposición. El Sr. Villa-amil por 
si solo hubiera podido llamar suficientemente la atención del pü- 
blic'o boh el considerable número de producciones que ha presen- 
tado , pudiéndose casi decir que ha querido hacer alarde de cierta 
coquetería , mostrando reunidas todas las riquezas de su taller, 
para reconquistar, después de una lar^a ausencia del lugar de sus 
primeros triunfos, la admiración de sus compatriotas, la cual no 
le ha faltado nunca. No extrañemos esta ostentación tan natural 
por lo demás en un artista , pues de este modo tendremos mas 
abundantes materiales para juzgar con conocimiento de causa de 
su privilegiado talento. 

Pocos hombres han nacido con mayor facilidad de ejecución 
■que el Sr. Villa-amil, así coíno también pocos hombres poseen 
un gusto tan ingenioso y una gracia tan cabahpara producir efec- 
to con el mas pequeño capricho. Sus bocetos tomados del na- 
tural, sus innumerables dibujos de álbumes son sumamente bo- 
nitos, al paso qué cuando se abandona á su propio estro. salen 
de su pincel fantasías tan elegantes como las nías deliciosas 
creaciones de Dauzats. Con tales prendas , un artista está segu- 
ro del porvenir. El Sr. Villa-amil hubiera conseguido una repu- 
tación no disputada, aun en el extranjero , á haber renunciado, 
desde el dia que pudo volar con sus propias alas, á los présta- 
mos demasiadamente repetidos por él á la escuela de Bonington 
y de Roberts. 

Después de este período de su vida artística , el Sr. Villa- 
amil se ha formado un género peculiar y característico, que no 
deja confundir sus obras con las de otro alguno; pero conser- 
vando sü miétodo primitivo , su tendencia á imitar á los .ingle- 
ses , ; su costumbre de sacrificar la verdad á la convención de 
^reemplazar la meticulosa copia de la naturaleza con lo que los 
'afranceses llaman chic, palabra muy difícil de explicar, y que 
encierra la ideado «próximamente» ó de «al poco ma^ ó me- 
■ nos , » de transacción en fin coh la verdad , por alcanzar un re- 
sultado mas fácil ó mas seductor. Para apoyar esta observación 
con un ejemplo, diré que éri la vista de Bruselas la aguja de 
las casas consistoriales está pintada con chic. En Vez'deconser- 
' var el^iSi'.'Vina-amil á á^úél mohumeiltó el Viso pardusco, re- 



flejo de la atmósfera cateada del.nprte,, lia, ^p^ferído, inundarle 
de una luz bH(laíiÍe.'y,díirIi' el asgecU) dorado ü^ 1as.lprrectITa3 

de la caledral.de, fifilán.^^f;q^tod4^.^u^,cijp¡(>p^gjpne^, )<)s-,edi0cios 
^t¡<;o3 piei;den él ,it9po„oscivrij qpé Jian^ ré^^j^óifpl , y^mpo, 

^ Mra rtves' ' '' ' ' p.ílp^,,dato .rainaS.'de 

ÍJHenÉe o 1 £iPa,rft,él,Sr,,|Vil);a-[aifiil 

'mas'quéui .P^ra ''^^^fí^i ^f^'^'o 

de sus ciia ^i^^moí^(í¡4ai;ias puvés 

mas somb: l, m^ejitraíLíyi^.nop'pre- 

seola las t ; ]í¡z. 

Y esto, ecpuocer^el colo^ Iqpal, 

, pues el Si lüjesii^tn^fít^ que sabia 

cuando eri dad; pero acc^luuibra- 

dó á no es sámente, ha p(>ncluído 

por engañ'i '^e ^reer^. giie. dejando 

' libre vuek p1e,^do s^br^'^i liefizo 

' todos los .1 .Jas' i;pniD,ü)acipneá, d^l 

'prisma, ái o del cp(orido^,lSO|,soy 

',' por cierto "de eslé riiodo^de ver : nü| ^ret^_pdo.,jle máxjera' ajppa 

■ qne se eailayize'el libtó a|bedi;ÍQ' y^. Iíj' imaf|iij'9cioh.;.^é! frusta 

' esencialniente déstjhado'á crear' ^^'jp^rOipqcreo.tflinpócójjfi^jiue- ■ 
da hacerse nadi¿ colorista por lüédióde la p^c^dígaíidaq o^ [j^nos, 
sino por l^^rmoiiifa.de ellos,, por po<;os"quesefln,,A^^4?fll:^ehu- 
''biél■amós querido élcielo dé la í^ó^la^'de SAí^íJ^-íc^m jnas 601,6- 

' ro y no'íán féc -i . - ^j p^_ 

niente. L^ yisl. a,y,(íi- 

' bujada constan la, d^l 

pHmer plaiiq'ei OTCon 

' un poco mas di ig v,^f- 

dad. ¿Par?' iíu¿ jl>W)- 

"'tes,, y tratirde'riguraf,más délo que s^Véí ^e|,inf^io'r'd¿l^< 

londéÉiíib'Ajadpres dé'MadriáíáafpKJníp (í^pp^recpcf)i\p],rójo 

■ violento dftJaácpIgadura¿/Érims^oáeie,i;l_ó se i^^tóe^ 

"las salpicadas? ra'inayór' parlé d'^ píértós tjjqiiesde'p^fPiOphoijiJe 

' atraen la vista distrayéndola de íá inspección del grái^iopjtríibajo 

^telpHptü áe, est,?',^creto 

,; \?I-,Íue í^o^ 'os MiV'- 

('algunos, pies, ,de, q¿ia.' 
talv;eZ„.(ifl,líí!i,e(i4>or9J)- 

.„ iubterame.guard^uq \í\<^ 

ñ gsíar,firpefri,e?t?;'wp.- 

„ 1"'gn<í^i p^ige^, mientras 

.,j lUÍ9^,enítu|1í;^,al,,íafío,la 

..' . .__ _ ,¿l|RÍflííir*,en.%IW53iJia 



DE LAS BELLAS ARTES EN ESPAÑA. 103 

IfeQf) .y2i4 SU; término^ iip tanto ,por falta de. Jiofopres,.,^^ 
pi^edé cqnocQrs.e;f?ícíIiíiente. pi^es ^un ppdrtáip^s ^c^r ,nien(;iQq, 
dé pfrp:^ ^ucr^os que he^pos encontrado ^^n las. provincias j cpiriqi 
por.',ft9! plisar ^ej^i^síadp ,íi,lo$ leclj^í^e^, .t^níenOí^Jq^^ rj^í^^lj^r 4^ ; 
nuevo lasmi^na^exm-esii^ni^^,, pue^sto qifeaíbiéii.encQnjíjr^rí^ 
ea ellos aíguñascu^hdadés de 133 que ppsigen los q^^í ya l^^cnoi^.aná-r, 
lizaáqf iiidividualmente , versamos que partícipap^qlde lo^^niii^^-*^ 
inf}S ¿jfrQfes. Pqc mi4par|.e nie es piuy.¡penp$(x, poipp y^'.)ie cl.Í9h0| 
en otra (^asibnl, el teij^r que.repíiíür^e^^ dej^redor ipifl. cai¡$cá-|, 
(Sonéis poco )íj5í)nj^,fps,. y,. ma^^^ ;e$t¿s, haii; 

deireqa^r ^pbre una j(d9^^,íié individuos laboriosos,' de,hc!|ñü)re3. 
4SOTSW .¿. tó^feW^Y^S W?^>WM%9^^^ he, 

A : }mm? flHfi:!^,^.? W'^^do aflu^llps^.qjiiene.^ í^ned^ Rai^P9er, un¡ 
poco acre y mordaz, recordando una antigua máxima t^jj^ Q^Ja^ 

le9l;,a4,íP??,fríA?rM; m}^ WW ^^^M^^^^ l^iY W-« 
%PPr^.:!íP/ií?ído Cy;jam^§ we he afr^^ntido,(íe,s)I?a. m ^ , 
P0ífF-W.P^*^^^9^ :«?^e aa^ip es el.mejor.nj^(}fO ^ m^par.a, 
l^^jpersppas.qu^^ pnp .eslimaj.^l.apíecip qu^ se nace de su.. car, 
pacid4-,)í,f?fis# cjii^idat^é^^^^ •;..,;. /:. .^ , ^ , . . ... ,, 
. . , Diré.p^ra reasürpir :, . í ," que la piptura de iEsp9.na np $e, ]ha- 
Ila,iá una ¿rapdejaltura ; 2Í.« que. no l)ega aj ^pu^tp qU^iidébjerja^, 
áui), cpptai^do con 1^ cifciipí?tancías , . y. con Ijp ti;^bas í^, l^pdo 
género ,qüe \iat\ interrumpido ^^ú marcha y , sp íji^senyQlviflplíep-r , 

I lo : 3.'o que él público esta dispuesto a. apasionarse de ^lla .4 $^, 
sabq j>resent4rsela á tiempo y aíjomaría de'toaós sus yerdad/^ros 
atractivos, pero debo añadir, por otra parte, que est^ éstaiío, ^, 
decád^ncia/no puédQ menos de cesar en brevf , porque, éi. pro-: 
greso, aunque lento, es incontestable, y sé manifiesta di^ria^ 
mente. Trabájase con celo, y; discernimiento. A m^s de los hom- 
bres qu^e he citado, y, que. tienen drscípiíilps. áyídps de^^eñalsirse 
á s^ YQz , los museps abundan de principiantes que iiej^en abier- 
to u'p amplio pprvepir.; y dj^ un moménf.o á otrp^ voíy^jrí .4 su 

j pais iií)¿ banda de.efliigrados, npps de nuevas preciosidades 

arifeticás, quQ inpc^lafán eatre sus éiiiúlos el dese,o ,de yiajps. 

'^ tan pfóyeí^hp^cis 4 inst|ri|Ctivos,. La esjtúplda preocu^^á^ipn .que 

hapfa, no ha.mucho tiempo aún,, copsjlder^rja prof^sioiíaé ar- 
tista conip indigna de un Wmbre bien nacido, se desvanece pq- 
co.á poco;. y yeni9S,.ya á jóvené^ distinguidos, tanto ppr^u po- 
sición spcia^ porpo/ppi; su éducaciqp esnaérádá , abrazaríp cpn 
entusiasmo* y, tra^r á ejla cpno^cimientos intelectuales,, precisos 
á esta carrera como á todos los rabaos , cuyos móviles mas po- 
dprp^s son la;imag¡naci(jn y el ge^ip delJip^Jíre.. / 

II Réstanos aún un. del)er que, llepar. L^i jniá¿;in3ÍcioB y.el.géaio 
no son privilegio exclusivo de i^uéí^lrp seío,^,y ántes.de termiT 

i nar este. capítuJo de pintura, un grupo brinante ae mujeres re- 

r clama imperiosamente ' nuestra atencimíL Admirable, fijera en 

efecto que bajó el cíelo inspirador y pmicaclS'^^^ana no hu- 



10/l revista de MADRID. 

biesen destellado algunas generosas tentativas entre tantas al- 
mas ímpt'esionables , espansivas, observadoras, y tan eminen- 
temente propias para concebir y realizar tes condiciones de lo 
bello. Todos los años envían mas de 156 damas al Louvre pro- 
ducciones qué se presentan muchas veces en poderosa compe- 
tencia con las obras de nuestros hombres mas eminentes. ¿Po^ 
demos admitir sin injusticia que la dosis de mérito eslá reparti- 
da entre las mujeres con ilias profusión á la olra parte de los 
Pirineos que en la patria de las Duquesas de Aveiro y de Bejar, 
de Francisca Palommo\ Mariana Cuevas Benavides, Isabel Rite^ 
Mártfi Vajdés, María Lárraga, y tantas otras notabilidades femé-* 
ninas de Jos dos últimos éiglos? En Valencia, Alicante, Sevilla, 
Granada ;y Cádiz hemos visto talentos, i)or desgracia muy po- 
co conocido¿/y podenios afirmar qué la infortunada Weis nose' 
hi llevado ál sepulcro una gloria que no sé' le hábia disputado* 
con Valor. ' - '. . ^ 

' La 'e}¿posic¡on del Liceo me ha hecho conocer* ios, 'ensayos' 
dé algánafe jóvenes ; y ya en esta misma Revista he manifestado 
cfon deína$!áíó qálof lo qiié pienso -aceirca de lo¿ triunfos mo-« 
destos puestos ál álcáttce'dé las señoras, para no apresurarme? 
á rendirles el hojpíiepaje de. mis sinceras? y vivas felicitaciones.- 

Honpr, pues, a bs afórjtunado's esfuerzos de las señoritas de^ 
Odena y de Viado. Honor sobre todo al gusto delicado y gracioso 
de una persona augusta que no ha desdeñado exponer á los ojos 
del público, no conocedor antes mas que de su bondad ,• el fruto 
de sus estudiosos recreos. 

Por fortuna está ya distante de nosotros el tiempo en que las 
princesas, para inspirar sublimes y respetuosos cantos de amor, ' 
no tenian necesidad de recibir de la Providencia mas que el don 
de la belleza. Bien porque los hombres de nuestros días sean me- 
nos caballerescos, bien porque la inteligencia mas ilustrada de 
los pueblos se prénsente con pretensiones mas exigentes , lo cier- 
to es que necesitan ya para cautivarlos un mérito mas sólido y me- 
nos efímero. Aunque hubiese de ser único en mi opinión , creo que 
al contemplar el rostro tan encantador y melancólico de María dé 
Orleans la historia repetirá con orgullo un día que si el nombre 
de la hija del rey de los Franceses no hubiese sido el de una gran, 
princesa, se hubiera conservado gloriosamente como el de una. 
grande artista. ¡Ojalá que mi humilde aplauso mezclado á las 
aclamaciones de una multitud entusiasta no sea acogido con de- 
masiada indiferencia por la magestad de una reina que no necesi- 
ta de otro mérito mas para igualar á un modelo tan puro , noble 
y venerado! 

En el siguiente artículo hablaremos del estado de la escultura, 
analizando los bustos y estatuas que sj han presentado en la ex- 
posición del palacio de Villa-hermosa. 

Gustavo Deville. 

16 de Mayo de 1S44. 



105 



DE NDESTRO SISTEU ELECTORAL. 



Jr AHA juzgar un sistema electoral, y discurrir cual conven- 
ga á un pueblo en unas ú otras circunstancias, bien está y 
aun necesario es sentar de antemano ciertas doctrinas que 
sirvan de fundamento al juicio de lo pasado y presente, ó 
al dictamen sobre esto último y lo venidero. Mala conducta 
sería la del caminante que emprendiese su jornada sin hu- 
ber pensado primero cuál era el punto á que se dirígia, y 
quien vá á disparar el tiro forzosamente ha de haber re- 
suelto, á cuál objeto le asesta. Suelen sin embargo los hotti- 
bres en las empresas intelectuales dar principio á sus tra- 
bajos sin haberse hecho cargo del fin á que se encaminan, 
y esto, mas que en'otra cosa, acontece en la política; cien- 
cia á lá cual muchos niegan la calidad de serlo , y ocupa- 
ción seguida por no pocos que hacen gala de despreciad las 
teorías, esto es, de" proceder sin conocimiento de lo que 
hacen ó lo que quieren. 

Guando ^^ habla de elecciones de los que han de com- 
poner un cuerpo lejislador y deliberante, indispensable es 
para el acierto en quien trata la materia darse razón á sí 
mismo y darla también á los demás dé su doctrina sobre los 
fines á que las elecciones y el cuerpo, hijo de ellas, están 
destinados. Quién pretende que los hombres participen de 
derechos políticos, por ser estos propiedad suya dada por la 
naturaleza y para que ejerza el pueblo su soberanía, ya' salga 
bien,yá mal su ejeroieio;claro está que poüelá mira y emplea 

SEGUNDA BPOGA.— TOMO lU. 14 



;t<)6 REVISTA DE MADRID. 

inedipy dHOTc n tes para parar en otro fin, qneel de aqnidlos 

á quienes mueven al tratar y resolver la cuestión electoral 
muy otras consideraciones. 

Lo que principalmente debe guiar en este punto, así co- 




bernados; no felicidad puramente material y grosera, sino 
intelectual y moral asimismo ; no conseguida á costa de afec- 
tos nobles y altos pensamientos, sino compatible con ellos, 
y de tal manera buscada y obtenida , que lográndola se lle- 
gue á tener, no solamente un buen gobierno, sino un pue- 
4]flp 4ignf> 9 ^el «ucU, po^r tqQer alto eonje^pto de sí ¡propio, ^le 
ni^l^ca 4e Iqs esiti^años; no en su^ ^n^ felicidad con- 
dena4a por los moralistas severos, sino al revi^, la fun- 
daría en. ila práptipa de lo bueno y en €l cujlto de lo gran- 
ate , y cuyo triunfo y predominio viene á i^r el de la 
jupti<?ia: 

^a se entiende que alcanzar ^ta felicidad es imposUde, 
y qu^ á'acprcarsiB á^a jj^beu ir dirigidíK nuestros cona- 
^. y pa^a eisp están andados los gobiernos, y bueno sará 
que JLo feugaucpresente gmeues dicten las leyes políticas, m 
j^Qmo las m^^ ó criuiii>a}es. 

Donde hay in,tervencion de los gobernado^ en los actos 
4e;lQs gob^ypadores J>ien está , y aun necesario ^ que aqu^- 
Uos áiqiii^nes se eocoini^nde el cargo de inJtervenir en el go- 
]tóerno4ol 5s¡ta49, y ^ue ppr esp üm^n en la direccioi]t€lelos 
negocios parte no pequeña, sean por su t^ntQ.|éJip$ti''U^<^^'^ 
jfftpaqfs (Jeeonc^cer do que e^ justo y cwvepi^te, y por su 
in^f^^dencifi talepque de ^ps (Jíibapresupiirse, que sidu íjer 
rejtr^|4Q^ desu.prQp{Ssito<por diosos inlE|iujos, litarán lo que 
^timeu >UpiM). y pyovecjhp^. 

)En ]k58 cuerpos encargadas debaoei* teyes, y jna^ toda- 

yí^ide exaflainar Ips negocios p^lífieoí^, y, §pbre estos deJi- 

4)^^d(vy íesolviendp, de go^par ú^ir^ptpaaieff te por me- 

(^o 4e 1?^ mAjpríftó, residí; cou^taptepente. y e^tómejw- 

^ií^ft Ja intey^n^pu á p? aoflíi)» 4^ tWQq;^^ y^^cepcia. ÍBn 



DE VUESTRO SISTEMA SLEGTOBAL. 107 

la.focHiadoii de dichos ouerpos, elegidos por una parte de 
]06 bombres que componen un estado, ejerce por -limitado 
plaKO 7 para un solo fin la misma intervención el pueblo; 
4M^ todo él en verdad, sino aquella porciotf que obrando 
4 favor de los demás, los representa y vuelve por su inte- 
4?és bien entendido. 

Sin duda está formada con arreglo á este principio la 
ley electoral, hoy vigente en España. Si en cierto modo 
dando el derecho de ser electores con profusión indiscreta, 
se acerca á conceder lo que se llama isufragio universal, 
bien se vé no ser este el fin á que sus autores caminaron. 
En la Connotación de í^íi la parte rdatíva á elecciones 
estaba dictada por otros principios , si bien con indispensa- 
ble inconsecuencia no se ajustaba completamente á la erró- 
nea doctrina que tiraba á. poner en práctica; pues dirigida 
al triunfo del número y no de la calidad de los que com- 
pren el estado, exehiia sin embargo del goce del derecho 
ideetoral á una clmse no poco numerosa ; y aun por multi- 
plicados trámites venia á dqar en muy pocos el hacer la ver- 
dadera y definitiva elección de los miembros de los cuerpos 
legisladores. En la ley electoral hoy vigente tampoco cor- 
responden bien los medios á los fines que se propusieron 
quienes la formaron. Pero como es, en sentir de quien esto 
escribe, cierto y sano el principio de que nace, enmendar- 
la no viene á ser muy dificil. 

De diferentes clases de vicios adolece la ley electoral que 
hoy rige; pi(»rque en señalar el número de electores peca 
, de pródiga, y en calificarlos, aunque no se separa del buen 
comino, tampoco acierta; y en su parte mecánica contiene 
algunas faltas, y otras, que si acaso nó lo eran han veni- 
do á s^lo, á punto de ser necesaria en ellas una reforma 
absoluta. 

H primer ensayo de sistema electoral que se hizo en 
España después del de la Constitución de 1812, fué el de- 
dreio de mayo de 1 834, cón arreglo al cual fué hecha la ele(3- 
áfía 4A Estamento de procuradores que ée juntó en julio 



Ij08 ACYISTA 0(B MAimiD. 

siguiente^ Jira evidente ser aquella una iMra diqposieíeii 
proyi^piial, dada cuando apremiaban 'las circnmtanoms 
por estimarse urgente la con^ocaoiotí de las Ocotes. Átcnr 
díase en ella un tanto á la antigua práctica de que tuvie- 
senparte en el nombramiento de los pr6€iiradore& á Cortes 
los ayuntamientos. Fuera de eso, el número délos que to- 
maban pai te en la elección era por demás reducido , y aun 
tal falta podría disimularse; pero aun así, solo se encomendó á 
aquellos poco^ electores el nombramiento de otros electsores, 
y no el de los diputados. Cuidóse de exigir renta en el que 
hubiese de ejercer el cargo de procurador, pero sin todas 
las precauciones debidas para impedir que se figurase una 
renta cuando no existia ; aunque , dicho sea de paso , á lo-^ 
g^ar esto casi ninguna disposición alcanza. Consiguióse tener 
up buen Estamento de Procuradores ; si bien ello no pro- 
baba absolutamente la bondad dd^ método electoral segui- 
.do> pues* en aquellas circunstancias cualquiera modo de ^e- 
g;ir adoptado habría venido á dar poco mas ó menos di 
mismp producto. Con elecciones hechas según disponía la 
Constitución de 1812 tuvo Espaiaa en 1820 Cortes, que 
para aquel tiempo encerraban no poca dosis de saber y 
aun de juicio. Y no aprovechó la cauta ley de 1834 para que 
á las Cortes abiertas en marzo de 1836 dejasen, de venir 
hombres en abundancia inquietos y faltos de la renta ne^ 
cesaría para desempeñar su cargo; renta que, torpemente 
figurada, pasó por decisión de la mayoría por real y verdade- 
9:4 «Se prestaba á semejantes resultas aquel método elector 
ral, cabalmente por haber reducido demasiado el número 
de electores, de forma que en ellos influía demasiado cual- 
quiera fuerza poderosa, ó la del Gobierno, ó la de una l^an- 
dería prepotente. Bien que por otra parte hay ocasiones «n 
que diversas formas de elegir dan idéntico produqto; con- 
^deracion la cual sin embargo no debe llevar al extremo 
de mirar las formas de una ley eleotoral , y las calidades 
que pide en Los electores y elegidos como materia del todo 
insdif qv^ute, j cuy^ j)9udad,SQlp ppnde. de tos ciocunstoncias. 






DE NÜESTBO SISTEMA ELECTORAL. 109 

Con mejor aciierdo fué trabajado el proyecto de lej 
electoraj presentado á las Cortes en diciembre de 1835. 
Acaso ciegue el amor de padre á quien esto escribe ,- si bien 
confesando su estrecho parentesco con aquel engendro, ayi- 
sa para que se desconfíe de la imparcialidad de su dietámen, 
pero aun hoy le parece que habia en la tal obra á la par 
con graves defectos algunas disposiciones sabias y provecho- 
sas, y que errarop los amantes de un sistema moderado 
y contrarios de la democracia en impugnarla con calor y 
empeño sumos. La idea de encomendar el derecho electoral 
á los mayores contribuyentes no dejaba de tener yentajas. 
De otra clase las tenia la concesión del mismo derecho á 
ciertos hombres de estudios designados con el nombre, de 
capacidades, . y por eso no es tan de extrañar que á ello se. 
opusiesen las gentes poco afectas á alborotos y á quienes los 
promupen ; si bien la doctrina de que tal disposición era 
coasec^encia , completamente contradice á la de donde el 
suJfi[^gip. universal saca sus partidarios. La votación por pro-, 
vincias, y de los diputados que á cada una de ellas corres-, 
ponden.en conjunto ^ en vez de la por distritos que eligiesen, 
cada uno un diputado solo, no carecia de razones que If^ 
abon^iSjBp. Fuese como fuese, aquel mal parado proyecto, sir- 
vió ele ps^uta , aunque variado y no en todo mejorado, á las 
leyes jelectprales posteriores ; inclusa la que hoy está vigíen- 
te y en uso. 

Sin detenernos en la ley aprobada en el Estamento de 
procuradores en mayo de 18.36, y por la cual fueron he- 
chas las inútiles elecciones de julio siguientes, anuladas por 
una dictadura hija de los sargentos de la Guardia Real, 
bien vendrá pasar á la ley electoral que hoy rige. , 

Sentada esta en un principio justo y cuerdo; concede el 
derecho electoral á aquellos de quienes presunie que le 
pueden ejercer con provecho del Estado. Que es esta la 
basa en que estriba , aun sin haberlo conocido algunos de 
los queievftntaron el edificio, se deduce del mero hecho de 
habei'se excluido á las personas de casa abierta en general: 



\^ 



lio ríevistá bs MiJbRm. 

arreglándose de este modo á la doctrina, en virtud de la 
cnal no todos deben por natural derecho tener mas 6 me- 
no^ intervención en el gobierno del Estado. Pero en con- 
cepto del escritor del presente artículo, acierta nuestra ley 
electoral en tomar la presunción de capacidad é indepen- 
dencia por único título legítimo á la posesión del derecho 
electoral, y yerra en algunos puntos suponiendo la capaci- 
dad é independencia donde no están por cierto. 

El principio de que sean electores quienes pagan cier- 
ta cuota de contribución , según se hace en Francia , está 
bien ; aunque adoptado por única regla, como sucede entre 
nuestros vecinos, acaso no es digno de absoluta alabanza. Y 
por otra parte en el pueblo francés las contribuciones están 
harto mejor repartidas que entre nosotros , de modo qpie 
allí , medida la capacidad de ser elector por lo que cada 
cual paga, á lo menos dá resultas ciertas; cuando aquí por 
fuerza ha de darlas erradas y falaces. Esto no obstante, en 
cualquiera ley electoral que se haga debe , según creo, adop- 
tarse esta parte de la ley presente , aunque tal vez conven- 
ga subir un poco la suma que haya de pagarse para ser 
elector. 

Tomar por fundamento de la riqueza de que cada cual es 
dueño, lo que paga por el alquiler déla casa donde habita, 
según se hace en Inglaterra , desde que varió allí el sistema 
electoral la ley llamada de la reforma en 1832, me parece 
asimismo acertado tanto cuanto justo. Lo único que en este 
punto pide alguna y no mucha enmienda en el sistema vigen- 
te, es el modo de asegurar que se paga el precio de alquileres 
que se supone. También convendría quizá fijar cuota mas 
alta para gozar del derecho electoral en las poblaciones 
crecidas. 

No puede elogiarse mucho la idea que une con la po- 
sesión de dos yuntas el derecho de elegir loá diputados de 
la nación. Sin contar con que no es posible cosa én que mas 
quepa el fraude, que en el hecho de acreditar si se tiene 6 
no yuntas propias , difícil sería acertar con la razón que 



BE mUEáÍRÓ SiSUmíÁ ifLÉÓTORAIi. lí Í 

lleva a coiísíáérár, qué quien tieiié dos bue^cé ó íhülás es 
bástante cápá2 é independiente para estar revésüdtí dfel dfe- 
rechó electoral , siíio se fíéb^se eñlo qué son ciertas pi^cu- 
páciones. Lo es sin duda la qtié supone al trabajador del 
campó un ente superior en meréciíniéntos á los qüfe ejéfcén 
otros oficios j sin meditar eñ que para próvecííó propio y tío' 
párábeüefició públii^" trabaja el labrador, ni riías ni menos . 
que el artesano ; nó siendo por ello dé vitupáraf ciértaméii- 
te; y que si'unós contriSuyeñ con sus afanes ^r un joli- 
na! á nuestro sustento, otros por la misma raíorí pfróveén 
á otras necesidades para él hombre que vive en sócicdad'tán 
indispensables cuánto ló es el páíí mismo. Fuera de esto el 
dereého de elejüjír, si por' algo se da á unos, y no á otros , por 
fuerza ha dé ser pcír sup^nérsecapacidiid dé ejercerle bien- 
en aqtróllós á quienes se ¡concede, y lo contrario en aquéllos 
á los eufiíes sé niegái Ahora píiés, quién conozca el' estado 
intélécttíal'dé los pbséedórés de yuntas, mal-poílrá súponert 
qííe'éú'gienéíal sean buenos electores. Es, pues, üh lunar uii 
tatíttí ridícutó de láléy electoral este de que hablo ahora ^ en 
vfirttíid' del cual ha veñid¿*'á ser el número de los eléctóreis 
dé ÉJ^áÉa muy fuera déla justa tasia. Ni supóMendo.á quien 
estoescribeinclinadoálásdóétrinasbautizadáshoyéonelnom^ 
bréf afr conservadoras j sé le puede tachar con justicia porque 
plreteáde reducir elgíteinío'de los electores, descartando dé 
él á los póseedok*es' dé yitítas ; porque con los votos dé éstos 
bien pueden coútar los hombres de la comunión póliticá á- 
qué el autor del- ptéséiité artteüló corresponde, mas qué con 
los de los electores de mediana nota ó iUferibr clase de las 
poblaciones creciáás. 

En cuanto á dá» también el voto electoral á qtiifen po- 
see una méd^ná reíitá^ es cosa tan confirme $ la raEOn qúJé 
nó püéde tacharse. Acaso parecerá disposición, si no - ociosa^ 
dé sobiía , pues' pérí los ali[|uiieres de casas y el iínporte de 
las contribuciones qtüe sé pagan se vieúé en conoc^iiikiento 
de quietíes p6seen^ Mén pasar necesario pál»a ejei^eer bien 
el* (teréchír eíéiítí^Wll B¿ Franela no hay otra' regla pferá 



112 REVISTA DE MADRID. 

poder ser elector ó. el^ido, que la cuota con que. cada indi- 
Tiduo contribuye á los gastos d?l Estado. No así en Inglater- 
ra ; pero allí si las condiciones pedidas á los electores para 
serlo son varias, también haj elecciones ^e, clases diversas, 
y para cada una de ellas se ha menester condiciones diferen- 
tes. Para ser elector por una ciudad^ villa ó burgo solo se 
pide por prueba de capacidad cierta suma pagada por alqui- 
leres de casa: para ser elector de condado cierta propiedad 
en tierras. En España la elección es uniforme ^*y así parece 
que unas solas y las misiiías calidades deberían ser exigid^ 
á loa electores todos. Sin embargo en todas partes , y aquí 
m?is que en otras, por estar mal repartidas las contribucio- 
nes ; así como en el sistema tributario el mejor modp de acer- 
tar con la riqueza imponible para sacar de ella con igualdad 
lo necesario á los gastos públicos, es tener varias y mjay di- 
versas clases de impuestos ; para averiguar por lo que, se 
posee la capacidad de ser elector está bien buscarlo por,m£^^ 
de UA camino. La combinación, de renta propia., cuota de 
contribución, y alquiler de casa como tres medios distintos 
para llegar al fin de descubrir quienes deban ser electores, 
merece pues, en mi pobre concepto, h, palificacion d.e atina- 
da y couíorma á la razón y á la justicia. 

E^to en cuanto á los que deben ser electores; parte la mas 
importante no solo, de la ley electoral sino de tpda la máqui- 
na del .gobierno, llamado repr^entatiyo. El que ge está sen- 
tandp eu Espa^na conyiene que sea. entregado, á la clasq ine- 
dia mezclada con la alta, porque entre e} interés de vna y 
otra de estas no hay. oposición com.o había ^n Francia en 
1 789 , y hoy mismo no .ha dejado de haberla ; porque si aca- 
so en otros puebles conviene cerceiuax el poder sobrado de los 
ricos, aquí es menester aumentarl^para quenosiganlapropie- 
dady el gobierno, óseael. estado soci^ y el político, siendo dos 
co$as , entre las cuales no hay la m^nor copeigiO|íi : y porque 
siendo aqpií la mayor parte, de la nación ig^ors^nte ha^ta de 
^u interés y ppr demás descuidada, es locura darle un poder, 
de que en daño de ella misma usarían como de un Mist^umen- 



DE 1VUESTR0 SISTpiA ELECTORAL. 113* 

to las -atre^idojs. y. ambiciosos. Uu número menor de electores 
puede represjentar y aun representa mejor el interés y has- 
ta la opinión de un pueblo, que otro mas crecido; y por 
cierto turbas dando su voto sin saber que.hacjBn, ó por ma- 
los motivos; ó consintiendo que se suponga que le han dado, 
cuando tai cosa no han hecho ; son mal intérprete de} lo que 
un pueblo quiere ó necesita. 

, . Las condiciones necesarias para ser elegido, ú de inferior 
importancia á las que d^ben exigirse para ser elector, algu- 
na han llegado á; tener en España en nuestros dias. No sin 
temeridad lia sido puesta aquí en práctica una doctrina que 
en parte ninguna, salvo donde ep el derecho de votar de to- 
dos, habja pasado de ser opinión de escritores de mas ó me- 
nos concepto y opinión muy combatida. La capacidad de ser 
elegido no tiene aquí otros límites que los de. la menoi* edad, 
ó de la 'circunstancia de estar procesado, infamado ó fallido. 
Ni siquiera la calidad de elector se exige al dipijitado, y por. 
cierto- muy común ha sido no tener la primera mi^chos de 
los que han tenido asiento en nuestras Cortes desde 1837 
hasta el dia en que estamos. La doctrina de que habiendo 
buenos electores debe dejárseles latitud absoluta para elegir á 
aquel á quien mas digno creyeren , ha sido predicada siem- 
prie con-alguna limitación, y aun aquí,, ¡cosa en que no se 
piensa! las escí^ísimas que tiene acreditan, que, debiendo te- 
ner algunas, cuando es recomendada como cierta sinrestric- 
ciongrande ó pequeña, dista muchodela certeza quesele atri- 
buye. Ha sido general en los autores opuestos á que se exijan 
condiciones de riqueza á los que hayan de ser elegidos, conten- 
tarse con recomendar que todo elector sea elegible ; idea en 
verdad no apoyada en razón alguna robusta , pero nacida 
de encontrarse disonancia hasta repugnante en que, quienes 
por las leyes no tienen el derecho de nombrar , gocen del 
de poder ser nombrados. Pero á esto se dirá. ¿Y por qué ha 
de obligarse al elector á dar un voto á uno.de sus coelecto- 
res? No presume de él la ley, fundando su presunción en las 
fianzas que le. pide , que es capaz de distinguir quienes son 

SEGUNDA ÉPOCA. — TOMO III. 15 



114 heStista de madrüd . 

dignos de ser diputados? Pero si esto fuese de todo punto 
cierto, bien podría consentirse que' los electores pudiesen 
elegir hasta á niños, hasta á delincuentes, hasta á infames; su- 
poniéndose ó imposihle que pudendo hacerlo lo hiciesen, ó 
tolerable (jue llegase á ejercer el cargo de diputado quien, 
no obstante su incapacidad ó culpa, por la opinión de perso- 
nas honradas y entendidas hubiese sido declarado digno de 
tanta honra y confianza. La prohibición nace de la suposición 
de ser posible lo que se veda ; y si de temCT es que aun electo- 
res con prudencia y tino para serlo hagan elecciones hasta de 
gente incapaz y malvada, bien puede autorizar este temor 
á dictar providencias, que los obliguen á dar su voto solo 
á aquellos á quiénes presuma la ley dignos deserdiputadosil 

Ello es que en España hemos visto sentados en los esca-' 
ños del Congreso y aun del Senado gente en verdad de esca- 
sa valía. Por eso me parece, que si lo contrario es justo y 
conviene á otros pueblos y en otros tiempos, en el nuestro 
y en el dia presente no está bien que sigan pudiendo ser 
elegidos hombres á quienes no sé exija calidad alguna de 
propiedad 6 de otra clase, Bien es cierto que calidades se- 
mejantes se figuran donde no existen ; pero ese inconvenien- 
te puede ser estorbado por juiciosas disposiciones légala, 
y si no impedido del todo , lo bastante á lo menos para no 
ver repetida la vergonzosa escena que presentó en este pun- 
to el segundo de nuestros Congresos que llevaron el tftíír<f 
de Estamento de Procuradores. 

Nada vá dicho aquí acerca de si= conviene dar el derecho 
diB elegir ó ser elegido á ios hombres dfe ciertas profesiones 
estudiosas, á los cualeá, tomando el nombré que se les dá 
en Francia, se ha llamado capacidades, ho'^Sin dar margen 
á burlas de mejor ó peor gusto y con mas -6 menos funda- 
mento. Ya se ha apuntado aquí mismo que el mero hecho 
de reconocer la capacidad como dei^echo eqiiivale á una 
doctrina, contrapuesta á la que reconoce en el número la 
legítima soberanía. Pero no obstante, á la admisión de estos 
hombres no rudos , pero tampoco pdf demás entendidos to- 



DE KTJEdirfté SISTÉkl ELECTORAL. 115 

dos ellofe; necesitados, püéé no siéndolo cóino propietáHos 
serian electores; y en lo general inquietos, por avivarles la 
aihbicion sn^ ^tudios, aunque escasos, é impelerlos lá ne- 
cesidad á buscar su elevación y un buen pasar por cuales- 
quiera caminos; se oponen los amantes del orden y enemi- 
gos de disturbios y alborotos. No habría poco que decir en 
este punto , si se tomase en cuenta que á ciertas fuerzas 
existentes en la sociedad, no pudiéndose aniquilarlas, es ne- 
cesario darles desahogo y dirección por donde le tengan. 
Pero al cabo, quizá es ociosa la cuestión presente, pues, 
adoptándose el medio dé buscar la capacidad electoral , no 
solo por la renta que se goza, ó cuota con que se contribu- 
ye al Estado, sino hasta por lo que se paga por la casa qpie 
se habita, la gente de algún respeto y valer entre las cono- 
cidas con el título de capacidades, vienen á ser electores co- 
mo propietarios, contribuyentes, ó inqiülinos un tanto aco- 
modados. 

De la consideración de quienes hayan de ser electores 6 
capaces de ser elegidos, razón será ya pasar á ocuparse en 
la parte mecánica de las elecciones mismas. 

Pocos habrán olvidado la reñida disputa que hubo en el 
Estamento de Procuradores y en los periódicos en Enero de 
1836, sobre si convenia mas que dividiéndose España en 
distritos , cada uno de estos eligiese un diputado , ó que los 
electores de cada provincia nombrasen en conjunto, aunque 
daridb el voto en diferentes lugares, á todos cuantos á la mis- 
ma provincia corresponden . Prevaleció esta segunda opi- 
nión, y pasando á sei^ ley, ño probaron mal al principio las 
elecciones por provincias ; si bien andando el tiempo de tal 
manera se ha embrollado este método de elegir , que hoy á 
abandonarle, -y sustituirle la elección por distritos están in- 
clinados casi todos. Él que escribe el presente artículo suele 
mudar de parecer, y cuando así muda lo dice y obra en con- 
secuencia , curándose poco de oir tildar sus apostasías; pero 
también cuando persiste en una opinión no creyéndola erra- 
da, la sustenta, arrostrando el peligro de ser acusado depá- 



116 REVISTA 0E MADRID. 

gado de sí mismo y terco; En uno y otro caso no es tanta 
su presunción que se crea infalible; pero tampoco puede 
abrazar lo que no llegue á creer juéto y conveniente, si- 
quiera cierre las puertas de su entendimiento á la luz de la 
verdad su incurable rudeza. Sin embargo en la cuestión 
presente participa de converso y de pertinaz, sujetándose 
quizá á que por ambos lados se le inculpe. 

En verdad, elegidos los diputados por provincias tiene 
la ventaja de que suelen recaer las elecciones en sugetos mas 
dignos. Y no vale decir que esto no ha sucedido en España; 
pues de las elecciones por distrito no se ha hecho ensayo; y 
la3 por provincia dieron el Congreso de 1837 y 38, y el que 
se congregó y fué disuelto en 1840 ; y si aun entonces y des- 
pués se han abierto las puertas de los cuerpos legisladores 
á personas poco dignas de entrar en el que debia ser lugar 
mas alto, culpa ha sido del desorden que sin duda se habría 
hecho sentir en elecciones hechas de aquel ú estotro modo. 
Las elecciones por distrito es de temer que llenen los cuer- 
pos colegisladores de gente traviesa de los lugares , que hoy 
solo aspiran á ser agentes de la ambición agena, y mañana 
trajtarán de satisfacer la propia, viendo serles ya poi^le. 
En Francia la ley de 1817, con arreglo á la cual eran ele- 
gidos en conjunto los diputados de todo un departamento, 
probó bien ; y su destrucción fué obra de una parcialidad 
mal avenida con el gobierno representativo , que le sustir 
tuyó, no la ley actual, sino una mixta y con ^1 doble voto. 
En Inglaterra casi todos los condados ó burgos que eligen 
nombran mas de un diputado, y cuatro la ciudad de Lon- 
dr^. Hubieron pues de hablar con ligereza quieues asegu- 
raron que á nuestra elección por provincias no hay cosa 
que se asemeje. 

Esto no obstante, en sentir del autor de estos renglo- 
nes, convendría ahora aquí ensayar la elección por distri- 
tos, .no por ser la mejor posible, sino por haberse viciado la 
otra de tal modo, que el remedio es urgente, y no hay otroque 
pasar á un método nuevo. Congas largas listas de candidatos; 



DE NUESTRO' SISTEMA. ELBOTORAL. 117 

con la inclusión de los suplentes ; y además con las fre- 
cuentes trampas hechas por la habilidad de unos y consen- 
tidas por la general iignOrancia y negligencia , han venido á 
ser las elecciones de lo mas falso que imaginarse cabe. La 
prineipal yentaja de cambiarlas consiste .en la dificultad 
que tendrian quienes se han hecho maestros en las tram- 
pas para aprender á hacerlas en el juego nuevo. 

Sin embargo , es desatino creer que aun adoptado el 
m^)odo de elección por distritos , deben aC[uí recogerse los 
Totos en un solo punto. No se hace así en Inglaterra aho- 
ra y y el darse en diferentes lugares ha provenido de cono- 
cerse losínconvenientes que el darlos en un solo punto traía 
consigo. En España, sea cual fuere la división de distritos 
que se haga , jamás podrán ser ellos tan reducidos , ni con- 
tener facilidades tales para viajar los electores, que llegue 
á ser , no ya cómodo sino posible, ir á dar su voto una parte 
considerable de los que le tienen poi^ derecTio y quieren darle. 

De ahí sin embargo nace el mayor abuso de la ley pre- 
sente según se pone en práctica. Sabido es que al llevarse 
los votos á la capital de la provincia, los * comisionados de 
los distritos unas veces los fingen; y que en la junta de es- 
crutinio se ha introducido la extraordinaria costumbre de 
anular actas de distrito y votos, de lo cual na^e que la 
pugna entre las opuestas parciahdades, y aun el interés 
personal de algunos candidatos y sus favorecedores aspi- 
rando á sacar diputados á los que solo cuentan votos para 
suplentes, de tal manera suele poner las cosas, que rara ver 
es lo que únicamente debe ser la junta de escrutinio , á saber, 
una reunión donde se suma y hace constar de oficio , cuantos 
y á quieiies son los votos dados en los diferentes colegios de^ 
torales. 

Yénse pues aquí dos vicios : uno tapado por quienes le 
cometen, pues por tal le reconocen, y por lo mismo difícil 
de evitar :: otro público , C4)Dfesado , y basta tratado de justi- 
ficar pretendiendo que es cumplimiento de la ley . 

La dificultad de estorbar la conaásion del primei^o es 



»*. é 



granjde, pues consiste en la ignorancia y deseoido de Iob 
electores. Pe estos podría haber quienes tomaren razón de 
los Yolps al momento de darlas, ó cuando á la puerta del 
lugar donde se recogen se flja una lista expresando los que 
se han dado y en quienes han recaído. Y si esto últinio no 
se cumple , también los electores vigilantes deberían fundar 
una reclamación contra el acto electoral en la circunstancia 
de no haberse cumplido. Aun podrían auadirse á las pre- 
caucioiies adoptadas , otras por donde quedase disminuido 
el poder exorbitante de las m^sas ; juntamente con lo isoasl 
deberían ser castigados los electores del distrito donde se 
probase un grave abuso ú omisión, con no coatarse sus vo- 
tos, cuando en las Cortes se examinase el acta de la elec- 
ción donde estuviese el testimonio de aquella falta. 

£n cuanto al vicio segundo de convertirse la Junta de 
esscrutittio en tribunal que juzgue délas elecciones, su cor- 
rección es fácil. Dicho aea de paso, el autor del pr^isente 
artículo, cuando esmbió el proyecto de ley electoral, que 
a*eando las juntas de escrutinio ha servido eu este punto 
de pauta al artículo correspondiente de Ja ley que hoy rige, 
no pensó en dar á las juntas semejantes facultades. Kn ver- 
dad^ las juntas de escrutinio solo tenían á ser un medio de 
((br fé de que la votación era según de cada distrito venia 
hecha, sumando los votos ea todos ellos dados , j. revistien- 
do de autoridad legal la dedaracion de la suma. Que no 
debe ser otra cosa lo dictan la razón y la práctica de <^xos 
pueblos , y una ley electoral nueva debe (expresarlo clara y_ 
termíuautemente. 

No se ha hablado de si los votos deben seguir siendo da- 
dos en secreto. Ciertamente, el darlos así en ios cuerpos le^ 
gisladores, á los ojos de quien esto escribe , es no solamente 
vicien, sino desvariado. Pi^o eu las elecciones el secreto, 
ú no está exento de inconvenientes, tiene ventajas que al 
cobo le compensan , siendo de entender , que ni aquellos 
ni estas son de gran bulto, pues casi siempre el seor^o 
uo pasa de ser una fóirmula vana. Bien es veardad, que las 



i)E ifuiii^^iv) {^i$^£^A Ju:^ ill9 

.fd(|¡cqppes Qp i^n Qiiactp en que los votanteí^ to4o$obr^ 

CQU píeftp €pnocii%iepto jie 'lo que ha<^n, ea cuauto al 

■pfi ,píu:# el ,cíi4 ;fi«8epn rá ^qi^^lfe u esqtra persona para di- 

,pjfttíí4<>j óiW.cu^nto ftl juicio que de los caadidatos for- 

mím. Lop .^lectores u^p de .su libre alvedrío al votar, 

. cuando no. van cohechados ó intimidados; pero le usan 

^iucihp.s,de eUo^ no en el hecho de nonjbrar los diputados, 

.sino;§n ^l de ííbedeper de buena voluntad y dócilmente al in- 

-iftWJQ (Bieie^ idicta á>qiiiene$ han de dar <ó denegar su voto. Así 

,pi|e!B el.secceto que los ampara es provechoso en cuanto los 

l^i^isi un tanto mas de obedecer por miedo ó esperanza de 

recompensa ^ los malos influjos. 

No se pretende aquí negar que todas las precauciones que 
puedan adoptarse serán eludidas, y todas las disposiciones 
legales quebrantadas, y eso no una vez sino con bastante 
frecuencia. Los gobiernos son máquin^js defeotuosas; pero á 
veces con todiQs sus defectos trabajan medianamente, y dan 
productos sino óptimos muy regulares. Así puede suceder 
que un sistema electoral, sin ser la perfección misma , y del 
cui^ se n(^u mucho los defectos yéndole examinando con 
prolijidad, dé un cuerpo colegislador compuesto de mate- 
riales buenos aunque no excelentes. 

La ley electoral que por ahora conviene á España en 
sentir de quien escribe el artículo presente , debe tener por 
fundamento la que hoy rige. Que se conserve en eUa el triple 
modo de averiguar la capacidad electoral es oportuno. Que 
se suban las condiciones para ser elector , descartando de la 
clase de tales la posesión de yuntas, no parece desacertado. 
Que se vote por distritas y un solo diputado cada uno de 
estos es casi necesario en el momento presente. La anula- 
ción ó aprobación de las actas de elecciones debe ser del 
cuerpo legislador y de él solo. Para ser diputado sería bien 
(fue otra vez se exigiese la posesión de cierta renta ó digni- 
dad, y esa bien acreditada. ¿Con estas mudanzas logrará Es- 
paña tener buenos diputados ? Mucho hay que titubear para 
dar la respuesta. Pero al ñn dando alguna , como es forzoso. 



120 . RBVISTA DE MADRID. 

el escritor dé cestas páginas dirá en primer lugar : « que el te- 
ner mejores ó peores diputados en gran manera depende del 
estado de la opinión al elegirlos, y que mientras se quiera 
que todos cuantos se sientan en las Corten sean políticos. y 
oradores, 6 diciéndolo con mas propiedad, habladores, se 
corre peligro de tener Cortes poco útiles y no dueñas de al- 
to respeto ; en segundo lugar que hace á los diputados ya 
elegidos buenos ó malos , lo que de ellos pide el pueblo , y 
que cuando este le pide en vez de mejoras , que le den fun- 
ciones entretenidas, no debe quejarse si sale servido (según 
frase vulgar) aunque mal, á su gusto; y en tercer lugar que 
en los cuerpos legisladores como en todo no debe aunque se 
desee, esperarse perfecciones imposibles, y que los daños de 
tiempos revueltos deben no solo maldecirse sino remediarse, 
conociéndoles el origen , no achacando á otra causa lo que de 
las malas circunstancias proviene, y poniendo los negocios y 
leyes en su asiento y curso ordinario según deben estar y lle- 
varse adelante en tiempos tranquilos. « 

Guales sean los que á nuestra patria esperan , sería te- 
meridad vaticinarlo. Pero si en ella ha de regir el sistema 
que hoy de derecho está rigiendo , dos cosas parecen evi- 
dentes al autor de este artículo; siendo una que la actual ley 
de elecciones debe variarse, y otra que no debe variarse 
mucho, porque sin grandes mudanzas, con la de los tiem- 
pos dará mejores resoltas que hasta ahora ha podido dar 
ó ha dado. 



AnToiíio Alcalá Galtaito. 



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PARA H£ftvqi ku msTomi comipoium. 



^¿Sam^TOBA S1B .184?. 



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ArEKTURA OE LAS COKTfiSi — OtBCUSlO^BS IMPORTANTES.*^ 
TWSÜBIIBCGÍON. . 



: .1 



Abkieboiise las Goi*tes danda- principio, á la lejiíslatam 
de: 1 843 ^ y frustrando las pretenriones de los refróluoioiía- 
ríos que qfuerian la reunión de la junta oonts^d. Ambos 
cuerpos ^ el Senado y el Congreso, t)^i^AQG(^^^n fieles al 
principio de la coalición, que había obtenido la Tidfeorta en 
las luchas -electorales. No* se mostraron al principio ningii-^ 
no dé los bandos intolerantes ni exclusivos. Unos creian d« 
buena fé qué la coalición era jiosiMe y podía ser duradera; 
Otros, aunque la juzgaban un imposible eu' la práctica del 
Gobicfruo, no se atrevían á oponerse á ella , porque las pa4 
labras de tíoncórdia, de conciliación, de oMdo de lo pasa^ 
dó, 'resonaban agradablemente cátodos los oidos, y átaleí 
ideas géi^rosas y notables no podian resistirse los mismos 
^e abrigaban d convenciíniéñto de que todo aquello hn-^ 
bia' de desaparecer muy eii breve. 8e observó^ cierta impiur*- 
ciaüidad y acierto en lais discusiones sobre la aprobación de las 
ítctas, ya e* elnombraftiientó de las comisiones* 'rtefvisoras 
^e se compusieron tnfdistf ntámenté^ de diptitad<(5s de'uno ;f 

SEGUNDA ÉPOCA. — TOMO III. 16 



]{39 REVISTA J>E MADRID. 

otro bando, ya también en la aprobación de las actas. £n 
las lejislaturas anteriores habian sido mas reñidas estas 
discusiones , porque dependiendo de ellas el cpie uno ú otro 
partido obtenga l^m^^|mjdisl^y|;^^gun que se aprueban 
ó rechazan las ao^ 4|^,qj^ g^ y)i^ Petados los de este 
lí otro balido político, en otras ocasiones cada cual tenia 
em^^ ^ ^,^|]^r (;f^f^ f|^ lyijid^d. p^ 90 jucpdió 
así en ésta sazón. ÍWeron frecuentemente loa diputados de 
un partido su aprobación á ias actas en que \enian elec- 
tos diputados del bando opuesto, y en las cuales habia cau- 
sas, sino para resolver la nulidad, al menos para discutir 
la validez. Tamípoéo btlSí) o^osiéíWi! eh admitir algunos di- 
putados, á quienes por cifcuustancias particulares podia 
rechazar el bando opuesto. Así el Senado como el Con- 

ffffssk fKMMTiiiMM m ÑSto iMiato estrfuuick »iwurk9fífimMmy 

aprobando los dictámenes casi sin controveiniift, il^Éta PTP^ 
ba que al principio de la lejislatura dominaba todavía en 
los ánimofi la idea de la coalición ; no se disputaban el can|- 

jí^kiñi^peiiií>^ paivittfi Iqdod p«iM»a^iii tfDísr p^rtAmAdfi- 
bíiHWQ, ¿N^quoriw pdcAf, porque i In^peti de H^^npr^ 
wAgm €» ]ft j^s^ /[)09ti^9 , háSmn U^g»A9 4 (mf^f^m 
te <»m»;rfi«bní^te* S^i \o^ m^» ^g^ices y í^M^to^ det üfi^o^ 

mmm^'mwkA itmQywhlml\fLi mnm^ixu^iw^f^m fií^ 
^%í^§»m^mm^'4e^^é^ m^íhi» qwe ac9inrfArim.ii«§vo»icUih 
Whmt iy mmo. m mim ^ymasm^ fiA^da» mmn tCKtefi 



APUNTES PAR J^, . J^A^ ^ 1|IS'J:QRJ[| . jCpjHTEMPORAWEA . í 23 

^^ ^P^^WWt? ^Ííí»pl9s 4^ e§tp lipftje^pfréce.^a.histpria 
teflf^pofáp^^ j ao,^ e^tr^a^í^EOf tanfp que a])i;iga§eq n^u- 

enemigo .cpfm^p fapiloií^pte cfeesi, qu^ Ij^ unioii ha de ser ^ara,- 
^era^pojo dj??pw» 4e. Ja TjfjtprÁ^ tpc^p, por,(e:^I|erieucia,c{u^ 
^p to5 upifku íijiasi ^}nmlps/me4QR.j^eíl p4ip, 8íj?l e]qíij)ajrgp^.lí^ 
rpyalVj9ioD ^i^ijaprp.ííiuufante ep Espap^.desd^; )ié32,. tenia 
diífííisoí»?^ fa;i, el.Claugre^o^.y ii^n^Pjróutp ,(?ppiepzaípp , ^ 
na^pjíestarpe. los w^f? psa^ ó Ip^ . pfi^ips. /eaijtps., üu s^^a4of. 
qpe .sieíflpTe íiw.p ^lAfide de pr,9fesar; i4?^ ^^nnocrática^ iu- 
terpdó ,e» piu|. de lfis,,i)ríifler^ .s^ii^n^ al Sf . P|Pf5Sfd^p1^ 
del Cp9B?J9...^e )«i^istrp^„,puJJ)á^(^ple d^ 1^ px?didfts;(|fi 

)^ )bi$)toi:ia íie .lóf t;ríbuno§ es. \^ pianos ¡ys^riada ji^ . to- 
d^s . l^s Jilsto^i^s. j ^ipppre han «p^dp. impupi^ad j^^fíi Ip^ 
4eUto&; sienpfpre h?m fincoijitradjí) .disciüpa , gai;íi ]jP^.críme7 
n^:..^tígari|)s gs. jI«í aS^í^dpi; cp^eíprloa es. pajtrjjqtisma: 
Ips r,ebel4es pbr^n sieippr^ cqn.ra^eoí;!, los,gphi^pos,miiL-i 

ca la fi^piep. par$i defen^prsa; nadft l^JÍnpy[>Qr»tA v^l: ¥ea 
d^l pai^: .^tí^^cer &u^ pdios, sust r^ncoijes., j su ai^^ 
qpn,í?s, la \ey siiprem^ del espantpso.alcorán^reypluciopftT 
xifx. Los aa^u&o*. 4^ . la .multitH4 If^ ea¿bi:iag^¿ y . jífüqqftfti 
9en. Por i^a, palmada ^t la,tri))ttn^ ^i^ La suerte; deun^ 
nacio^. iBipiEituosos yarrpjadps.en la.vjijtQr^aj9pi)ció.elíMr- 
cules de la fábula ; mañeros y astutos en el yencimiento, 
como la serpiente de. Ifi Bi^Ua,' los triban,ps ^pnjetl azoté 
de la.sQc^edad como Ip atesüguauniformeme^te lahistqna d^z 
tlgu^, y mod^rn^, flfi^sía ^ gj;ap pé^. jplíB[ia^4^b?i la ipfiuni^ 
^dparA.C;atÍlinft,..c ; ... . , .. ;-, ..•„ .. .:. ,,.5».,. .,, 
. ^ító.raflou^ jep,qsie se fundaba la,in1pn>elawp^. j^ x^di^- 
<5ian ^ ftVP. BqiTp^na ,er^ fli^y .ri^^ ^imjj^ü^tí^paa. y, ^awgPW 
muy í^e|"ó¡cft y, psfppz^^a., J^^tw^^9tfl, pp?r ,ser í^rfi^pBfi m^ 

ovf^^yi,wf ?u.vi4"^tr.ia,^r^,p^s4jgp.pp A^m^H^ te m- 



:: 



124 ' KEVISTA DE aÍADRID.' 

los veneros de su prosperidad. Por lo mismo que Zaragoza 
había inmortalizado su nombre con hazañas heroicas cfran 
má^ delincuentes los que, fadeionadós por algunos hombres 
turbulentos, empañaban el lustre de sus laureles. Cuanto fué 
digna' de elogio la defensa de los zaragozanos en 1809, lo 
era de vituperio el alzamiento de 1843. Entonces pelearon 
por la causa de la independencia y déla nacionalidad espa- 
ñola contra un usurpador insidioso : ahora se rebelaban con- 
tra un gobierno que, por mas que no pudiese oftecer títulos 
de lejitimidad exentos de toda tacha , como sucede siempre 
en los periodos revolucionarios, se enderezaba al objeto de 
sujetar la revolución, que era en aquella época la necesidad 
mas urgente déla monarquía. Demás de esto, ni euBarcelo- . 
na ni en Zaragoza se habian levantado los pueblos , siiio una 
pequeña parte de revoltosos que, como acontece á menudo 
en tiempos en que el poder del Estado enflaquece y se ener- 
va, dominaban por el terror á la gente honrada , pacífica é 
industriosa. Al Sr. D. Joaquín María López, presidente ddí 
consejo, incumbía contestar á esta infundada interpelación, 
y lo hizo de una manera satisfactoria , refiriendo todo lo 
acaecido sobre la cuestión de la junta central en términos 
muy circunspectos, y manifestando la tolerancia de que ha- 
bía Üeclio mo el G<!rbierno con sus adversarios antes de lan- 
zarse á las claras á la rebelión, que hacia por tíerto gran 
contraste con las intrigas y miserables ardides empleados 
por estos. 

El establecimiento de la junta central hubiera sido en 
todo tiempo sobremanera perjudicial al Estado. Era otor- 
gar d poder constituyente en manos de un cuerpo nacido 
en medio de una insurrección y entre el tumulto y desórd^i 
dé las pasiones. Era establecer una máquina dé guerra, 
eúando solo habíamos menester la paz: era dar arñías'á la 
íevrfücion, en vez de fortalecer él gobierno, primera necesi- 
dad i^tí te époica, porque nunca es más necesario dar fuer- 
za al poder qué cuando acaba de sucumbir á los abates dé 
ubU'kl^urreeiótí tictoriósa. Kada ófr^é táfhtos péügroi^ éü 



APUNTES PAEA LA HISTORIA CpJÍTEMPOEANEA. ^25 

las épocas de trastornos políticos como la creaiiion de eso$ 
cuerpos constituyentes que reasumen todos los poderes del 
Estado; siempre son síntomas inequívocos de que la revolu; 
cion va á dar uno de esos pasos atrevidos, á que solo se atre- 
ve cuando, prgullosa de sus victorias y enfurecida con la re- 
sistencia de los obstáculos , cree que puede enseñorearse del 
pais, y. borrar basta los vestigios del poder, ya muy débil 
y vacilante que á^ duras penas la contiene. Solo los revolur 
cionarios apetecían el establecimiento de esta junta con^ániT 
mo de modificar la Constitución vigente de 1837, haciendo 
que el Senado se eligiera en los mismos términos que el Gou; 
greso, y aboliendo el veto absoluto en que consiste la mo- 
narquía. Pretendían, pues, los centralistas hacera la Espa- 
ña por tercera vez el funesto presente de la Constitución d? 
1812, porque no sería otr^i cosa en su esencia la actual sin 
el veto, y naciendo entrambos cuerpos de un mismo origen. 
Solo, repetimos, podían aspirar á tan dañoso intento los re- 
volucionarios,, á quienes la. impunidad presta alientos para 
nuevos escándalos, y algunos pocos ilusos, que acostumbra- 
dos á. investigar la legitimidad de los gobiernos en los deli- 
rios de. la ideología política, y no haciendo caso de las severas 
lecciones de la historia , creían que destruida la regencia del 
general Espartero, era indispensable pedir al principio de la 
soberanía nacional, representado por la junta ó por unas 
Cortes constituyentes los títulos del nuevo gobierno. Si tan 
perjudicial al Estado habría sido el establecimiento de ese 
poder constituyente y que por su origen revolucionario ame- 
nazaba destruir la Constitución y la monarquía , mayor de- 
sacuerdo fué aspirar á semejante propósito , ya reunidas las 
Cortes ordinarias, como lo hicieron los insurreccionados en 
León , Barcelona , Zaragoza y otros puntos ; porque no acon- 
seja la sana política recurrir para la resolución de graves 
cuestiones á un poder extralegal y peligroso, existiendo 
otro legítimo y exento de peligros que las decida. 

Acercábase entre tanto la hora de resolver la mas grave 
de todas, la de la mayoría de la reina Doña Isabel II. El 



Gobierno hábiá tomado la iniciativa : las Cortes nombraron 
uña coniisión qué éú títeVe' espacio dé tléíií|(ó dí6 ixñ dicta- 
men conciso y juicioso, en qué opinaba por está declátatíoil 
que exigia la ley imperiosa de lá necesidad'.' * ' '' ' ' '• * ' 
^ Mientras todo ésto pasaba en las tórtésj la inéurréccióó 
iba indudablemente de vencida. Ló^ irebeHés qué se léi^áñ- 
taronén León con algunas compañías del ejercito y laTtti-í 
líciá nacional de aquel pueblo, nombrando una julitk fevo^ 
lücioñaria^ y apellidando lia central, hubieron de réíidlrsé 
a tropas muy superiores en número, qde acíidiéridó de*ótrá¿ 
ciudades dé Castilla bloquearon y sitiaron la plaza , bbíí^ 
gándola á capitular. ' ' , . / . 

El brigadier Almeller ségüía encerrado en Géi^oria; dotí- 
aé lé tenia muy estrecho el general í^ríin, qué inaMabá 
uña división fuerte de siete mil infantes. 'Á. punto de i'en- 
dirse celebró un armisticio con objeto á dííigir comisiona-- 
dos a la capital de Cataluña,' que le informasen del estado 
*de la insurrección,' y obrkr éü vi¿ta de íás noticiad* que dé 
ellos recibiera. '' ' ' ' • " " ' " * 

Tampoco favorecía la fortuna los proyectos de los rebel- 
des en Barcelona: permaneciári eú la plaza evitando eí tran- 
ce de las armas , y sufrieridf) éñ sus fuertes y bátei^ías el fue- 
go de los sitiadores. Si estos últiinos no habían ya sofocado la 
insurrecion, era á causa dé que ocupadas íás tropas de ÍPrini 
éñ el sitio de Gei^oná \ nú podían unirse á ellos , dándoles 
de este niódó una superioridad numérica, qué éompeniíááé 
las naturales ventajas de lois sitiados. A pesar de estas extre- 
midades y apuros esforzábanse los rebeme^ por Üevár á otros 
puntos deja monarquía él contagio de ía ¡ñsurí'écteton. En 
Jerez de la "Frontera hiibó conatos de efla con la coyunturái 
que ofrecían las elecciones déla' diputación provincial : der- 
ramóse alguna sangi*e: se hicieron t)risioneá', y quedó sofo- 
cada en su origen la rebelión, adiíqüe iio! ctláligados sus au- 
tores con la severidad que lá¿ circunstancias bxigiah. En 
Sevilla y Granada intentaron también los faccioiois sacudir 
él yugo de Ja autoridad del GoBieinó , pero ño pudieron 



APUNTES PARft tlUlá^Fflft iSlíÍTEMPORAPíEA. /f2í7 

■m^ mtíítílhk & IMá 6(ma á tlellri^ t^tr lá j^^rM aMoltto m 

éá^ittílacibñ. (mc^idfó§ d giéhéfál Coi^hty ^ AWldMA 
láft tfWpa^ áltUddi*^ áii átmMMo hüstá tf^ 01 goMérMí I«l- 
^dhWé a<^M ^ m f>te^ f^^tj^ti». E^re tmm %f&á> 1^ 
i^rihdpiés h de ftitfMMét' lá MÍ1MA m«iolM m A miSth 
iúé ténitt étt lá Hi^i^HéMIati ^ t^iértd^ d á^tfHíiimtelltOtlf'- 
beld^ é'tí (él éjer^d'd dé §fi« átíil^lféim^, y pí)t \SMm%iaA^ 
ceder una amnistía absolMfl f 1^ nbií^üdlt líxéépéi^ áf U$Míi 
)M áOM^y&'dOi^. Acé^xm ^ «I «M)tt^flé Ift «te b atdfíistía, 
stü kdiftitít lai^ mtñ^, V/mt^mi^^ iéíklm lá í^tfaMlli. ' 

fMméitfplitívn f dehü támb ^maspte ñi< m «átn'msutmi 
iH ^mSíttá 4el nbfli^»^ 'd6ln l(^ ftebid^i tMábáft «tlol^ 
HiédíitflttflM^ab^ «^éf M ^lif¿i|íi^ d6 te ^(i«rM titll 4 ia ím^ 
;i^WfKHM ^ él ^feríi;UMm«» , t á ohlétiér pi^i#B Ijr iidliii^ 
'éll<la''v«eiJSim. NiliflllAlt ^l^ii^lcí Ké iiA»daHi9 ttgor'^te- 
4)ia'Vl8f^ «iiíi- cOii II^'t*eMilt^«U$miH^ qpild^stifB re^ 
la^láMfeñ^tt liUé^n^'^ lilj^dqiiéist^liaMaim^aídotsUft 
WúiRfftlT^ét^á i Im c6k4iMift y á I<H( qüé'éh éi^tubred» ÍSéí 
nmfá mvm€í^vA ai píÍíT»«to tf<5t)iAiJ^ úé h tari[lad<9 M 

^ T««^^dtl^br KM fá^étíS«»$ lídMaáó'dri la Mfiím^tolie 
Witío él: lAáíi^ dütigini', ir bl ^em^^ A» l<M4n0|iii^,< iNdík 
Bé6«HdO iél<éti^l«inb ¡p^Oi^ y lí^M'd^la^etdiiieiba'tefBrH 
i^ÍL rét a;M E^dcíi iMflé 188> |rttéde<iléfeinfe t(i^ fidUs;- 

la lUff&t d^M¿ 188^1i(^léVáütál»iMloi»1p«püi|ii«riMda^^ 
IM inémtMoiií^, tí^itemrridiidoto tttáo mím li MtétUimth 
im^úíbi se a)Níó «iáfi]^ de las ufeoiíAtiilQi afe Ior pednkft 
HH EUtadd á i¡» eqmtikxMbí^ diinfaátoeü nM pücRMaNyiiiifdvkfali 
m^^íAfktmhéUñ hüMnl d ifmedí#ide ia veMldií! eii|^ 

imüf \k wkk^M j tal tMnlk, habíivéNi ile Miteunrifir 4 



126 . ftEVISIA OB MAPBIP. 

él á riesgo de que les perjudicara un dia para conservar el 
;maBdo9 lo que habiau ¡hecbo para recobrarle. La insurrec- 
ción era todo el código político de la España hacia muchos 
«iños:<oon ella se imponian leyes fundamientales^ se derriba- 
iban ministerios )' se, usurpaba la regencia, del reino, ^sati^^ 
faciaj» las ambiciones mas baja^, se daba pábulo y.íoment^» 
Á lofit rencfiffes. I^si facciosos eucon^^ban au^ldos^. dignida- 
des y> bienestar si triunfoban;: impunidad y .prote^ion.i^ 
eran* ventados. Con estos ejemplos continuos de iMU^oraljdad^ 
de escándalo, y desorden había tomado creqc^ la anarquía, <y 
debilitádosejel poder del GobierBjo;. 

{¡n tan lamentables c^eunsbu^ciaa la primcira.ni^^dad 
de la Espafia a*a impcmer castigos severos á los -rebeldes^ 
cortando la raiz de up. mal. tan aftejo?, ^ueJiacia. imposible 
toda estabíMdad, y frustraba toda espemnxat Las in$titu€ioh 
nes fepresentativas parecian hasta lentpnoes incompatibles 
coa el lórden y la justicia , y era mf)nester que quienes siemr 
pre las habiaín : defendido ^ enderezasen . s\^9 cp^ajbos ,Á; berr 
manarias coa aqi^sUos principilM ^ porque. tqd^lo, que.á 
ellos se opone ea iustablqy perecedero) en=la$ aoqiedade^. tJ 
sin embargo el fGobiierno de aqufíUa.ép^qa^o castig(^ c^pi 
Inanó severa á los facciosos que hacia diez anosn mantenían 
en bontinua. agitación el Estado, sin comprender qui;^ que 
son cómplices de las rebeliones quienes no las castigan pii^r 
dieudo, y que:no meirece di nombre de gobierno ^ que. traur 
sige conlos facciosos. Puede'haUanse un. pais.en tan eq^^aur 
table estaco de disolución que noialceinceii ácontener el torr 
rente de la anarqtlía la severidad y el castigo \ pero> de cieli- 
to la contemplación^ aun ím este caso, conduce mas pronto, á 
perdimiento jt ruina. Pero nosotros que nos propouemeB 
ofrecer en cada página de este nuesijro humilde trabajo pren- 
das de^ absoluta imparcialidad en orden á todos los sucesos 
que historiamos , no haremos omisión de tes iCircun^tancias 
qqe en algún modo disculpan:. al nnnisterio de aquellaépoca 
de la grave falta de haber llevado ^u debilidad y flojeza ha»- 
ta éi punto de admitir capitulacioa á los rdwldes. Si el ser 



APUIVTES PARA h\ 0IS1:QR|A: GOjNTEMPORAÜIEA. 1 29 

iav«ilerada cpsjtumbr^ ¡eatr^ iiQSQtros; la ^ apefai: á l9s arjpaf^ 
y á.los )efvaatainieiitQ8^ debia tenerse ea cuenta par^ casti- 
gar co^ ;ma^or rigor un ftelito, que pov la frec^e^eia de.í^u 
repeticjxia ü>^ perdiiendo su natural carácter , odioso , y smer 
nazaba^por tantp á reproducirá de conj[;uitto, á a^goej^pza de 
^qu^U^ Hidra. iabi^psa de los aptiguos;; también lo es que la 
propensión que mentían Iqs. p^eblo6 á rebeJL^r^e, y la ímH- 
dad.con que,b9st9 entpnces^ lo babian b^o otras veces-, de- 
bi(}¡ inspirar, nataralmeiite tempres del mis^o resultad^ en 
esta cQy untara. Acaso teiiii|ó di . (gobierno qjue si se empeña- 
bf fin jcastigar á los rebeldeH, y. entpar por la fuerza en, Jtee 
plazas ait^í^da^ \ corria , grandf» peligróla die . qif^, durante. . el 
tiempo necesario para Up operaciones militares, j^ig^iesen 
.oJ:rafl cj;iiidades elejepnplo de aquellas, niQYidas.por el badp 
miaterío^ ^pieaJí^apre bfabia propagado p#r toda lai pf núa- 
««Iftsel gmtQ; de una piriinera ii^qrreccíon. Tal .Tez.jcireyó. ?1 
.&obi(vnKc> hallara m la.aUernatiyade c^ns^ptir la ipipiini- 
dfid de ;i|n :nn«\o .proyee^tO: 4e reb^liw;g^n9r9l.,j6 s^pumbir 
.>ictímaideolbra }^ iconsuiinada) decidiéndose, .en tal f^so ppr 
ij|í. partida qu« terparecü^ preferible ^ y que (tusaba anienor 
detrimento al Estado. Avádese ,á e^to, qij|e.aeabá^)amQS.de 
isaUr de. qtra i^au^recciop yictqriqsa, y qu§ el tiempo que 
IffiMiscurrió^dQ una )áioti;aBo fué acaso el siij&eiefite para que 
el Gobierno organizara el ejército, y se proveyera de todos 
,1^ atn)s nidios necesariqspara usar de rijgor «on esperan- 
zas de buaq. éxito. Existían- en jnuchas capitales cuerpos re- 
v^tido&4e' autoiidad y prestigio, enemágos jnrados del po- 
der ¡paeido en el levantamiento de Mayo. Hablase relajado 
muy recientemmteJa disciplina de las tropa» con un nuevo 
ejemplo deinsulxKrdinacion , .premiado con superabandautes 
marcedas. Eí, pueblo, que no sabe distinguirlas caasas que 
basta cierto. punto pueden disculpar una insurreceioa, y que 
.solo 'vé en todas ellas una coyuntura para hacer uso de la 
fucarza, paraisaciar sus instintos de üesórdeny y para gozar- 
se en la humillaeion delosque mandan^ acababa de ser tes- 
.tigo de mk levantamiento ^genfral que ibabia cambiado en 

SEGUNDA ÉPOCA.— TOMO III. 17 



i 36 ifÉVls+A í)K «AftAró. 

pocos ífaei^siei seniMáAfó át lai M^árqüfii. V étá^ «eiMIr 
qhe tátí i^éiént^ ejémpto 'te dití^ááHtk á sépfrí (mía Ver ^ife 
huéÜás én cuaütó M oceb^loH lé$ liriMáítb cofí t)i<M)(lh11Má^ 
déb dfe Tiétóría. l'or úlfiMo él goIiie¥&é de «qtieUá ét^ck 
ífi^a 'taiüMen ptódmíto dé una ftóurrefctíóri, if poiutói^éés 
se frá visVó en la historia (j[ue pongaá término A las üévmijh 
ei6^ loé qti^é iás Uáii dado ^^indpió y prdtiik^dblá^. 

Esfás sbn Iás circo nstAricias que ptíé^eh ifiséUl^di" i^n ál^- 
^üñ ihodó ál Góbietñó ttítétítto éé a^tiéHte épbcav ^i ttl^ 
nók>tros ^n^istMioé m ñ dicbítíeá dé ífae á tdd^ Itálkeé tB^ 
bió valéis dé lá mfóí- ^yériSM ^ p^r^ ' né dáíit^ ft H^ 
tazones éxpíitístati tárifó A^lór» tíóitlO áiéáf^ lé^ i*tHBtrJ^»ítfi 
1o§ )í]ttttstr6s, áÜh^ué^H pá^iS diÉ^ 16 fftpai^éi^rindád'MM^ 
tíea las bfeirioi éxífüestcl édfi td6a k ébérjtá l|bé *f<» BSf*- 
d<y posfÍ)lé. thtre taMo hablan l<^ rd^Mei^ Iritinftdd'éii 
Vijgó éód él lAjIoyO dé álgüttá parte dé tt güdrrtSWWi. H gé- 
Ti^rál D.iéMiü m#ké, ttüié Atabla IMiídO ^ É^^ft é6h 
ó: BSl'dbihei^ ]%pár«e^¿, áboibpáfláátf ble < éñ lli prd^H^- 
l^lon, filió á ponerse á ta freatiB die im tropai» d^lkiks^ W- 
gáni^andé cbñr ellü^ una ((«ólGininá tpié d^fá hiáber iliM «oí^^ 
íérfá ^f tt Oalfciá para SuMmiarla. 

Coá^^Inlda lá ^eirisiotí dé l&i^ ^tím¡ y 'imgó'^UébuMíél 
humero áúKcfé^Ké t!é dipt»dl<j^ e¥l d GotígíiéiM, 'eútím%^ 
fétdnÉt l(fs éúef^pbl k^stedóré^s destMfiséi^db M^ ^é^^éMth 
iás dé lúÁ éni^^o^'dé 'á^vkl érdétí de 'elós^^ qtíe dUígttii 
^s eóhátds áiútpmi^ é^t^ ílctíñt^ljhiénto. i4péilftj^ §é BbMfift 
tióh&titnido ¿ biii!in<totiñdiputád(yftitki^páéá^^ 
ihft'ákcioné^ dé k Uy fémdbtíi^írta) , y nldidte^ MÜlft^ 
álái'Mádó pot péli^ó^ qtíe , táhádiá , áfal^m^Ubtití h é^áM- 
dád y la ihdepend^cSa dé los dipttládc^! Bit dfiM^üiM m 
én eitremo crrlginál en sii ^tsetiüá y ^u^tí^ttfticiiletftiéÉ(¿ Hiié 
mtaiírion de háehás re^ólutínnatriáis , di^íéiidM ^l ilém^hb db 
Ibs pueblos párft llevar al eadal^ á siüs rey^ , p«^rodiaiidK> 
tofpeménte el len^naje dé los orii:dor^ de la e^bre momah 
ña francesa , y d^pué^de^tos^arrán^ue» ftíímáeim^ aeoir- 
técitfle la mayitM^ desj^ifefa que püt^de afligir á^ tm tfibttño, 



/ ; /'I I 



J 



APUNTES parí t'i- MlslíÓlAl tíb^TEMPORAlíEA. \§Í 

íiüál e¿ peortíésí^ U ri^, ék fez dls lUdúdigtifiláüá d» 1« i)I¿M 

iüesüi*ád6s, déftifidi^do kiíhfpWdalhfeiíté y icón áffllddg V-tód^ 
nes IbsaMóádésiíi-rilittiírtertb. *^ ' ' ' 

A^ílátldií , fcdfB» Ib tííití él Si*: ®Krtt&«éu; él fflttiild Sf-i 
zámiéntó 'dé 'Mayo;- ^ ¿eíistíi'ár ti mlMV> tteotpó áí Gttbíb^té 
lE)6r íiifl-accibnéé áe Gtrn^ituclóii , éta üh coAttaséntí^te y 
ábáüMo inrióróéWfWé. EIMüfetétta Ltítíéfe hkM» áirtMíA ál 
podfi? ]^áf a cóilsdliaár fe ttbl-a te'M«taid iálztflriíéhtó, y ^ 
llódlk hiénos '<fe t^tí^li^ ly cótídMtf^^^ ¿ ^üe debiá M m^ 
íéncW; Hli^n góMériío Tíüédfe ¿Wái^'oofatra él ^riÜcipiW 
tjüéílé hkaádo érseír'yá 4üé«ebe iü ótífeén. Naéídb ¿Stá 
de uM^revdlütibtí, tó érá ñécfeÉárlÓ cíAiátfiharta y Ibrtelétíél*-^ 
iá: W'ra élíd ttih^ qtié mblvér tí Senado éh ¿ti tótaMád^* 
úmíkkt ájrüAtáttítótitbg'aé íéal óftltíá'fetí Vafitó capitales, 
háééfr ae^rmes «é Ta íüfficiá riábíonál, y Vallarse dé btm 
Tnédídé liévbWéibtlaWóíí dtí éste liíiíáéé, pbrcpie dfeótí^ ifeíM 
dóhiííteití deí^uífló ^Hiiíimábbk.' ' ' " 

' 'Oiódb gioMtertiy -^üé dfébe' idS titttlbs' tí Úrií iii$ül^reá$iaá 
«e vé píécÍsaá<r»á*bb¿dSéi¿é* U Ittsihlitócls' prtttfet|llbs 4üé éíi 
«llaí se jprócimiMi , y^ cbihó &^ &a!íl' dé ^ Ikécmi^láfiléáli^ 
révt)Ítidotiarlo¿, tieáé í^Ue llé+ai' lá réVoMtíÓü al pbcfcr í>bí 
lo meiios^háátá'^iie (^sóKdé feta'ób^á.^ Vét íjtóñsl^uieáfé iél 
mal coüstótiHái él ádásO, líb eft (jdé él Mlttiáterib Hbjíei adbp- 
tásemedidtó tóttebflslitücibníifes, siáb éií qtíe ífe Habte tíól¿>i 
cádb éli un tferreho éñ qtitípór prétíiábá tenia ^ae í^cürtií 
á ellas, y eb ^e era dé todo ^nrit(y impoMMe lá legalidad: 
BuMerá'^idb hábil y lógica la ¿Oádteéta dé M lebéihigbs dé 
aquél ministerio í^é le líubiéraii dado en rdfeti^b (íott laTs ttféfli- 
das ^üé ádc^tal», ióóñ^eráiíddlás como (5énsei;üeiibiá^ fkta- 
íes y becesatias dé un mal principió á que débiá én éléVaiéion. 
ifero era incbniprénlSble flé^cáeídó átílitítir él pHtiapioy 
liácet éargbs pof las consecuencia^ que dé ¡íl arrüilfca'bab fatal 
y necéisaíiamehte , y ^rfeténdfei* qtié no iufr iiíjá latí léjrés qiiíen 
^é ^éili^üéfatra bn lá átlterMttVá dé iáMhgiiétái» 6 sMicidám. 

Llegó por ultimó tel úik klé pñ^l^der ar hoüibtáinientb 



/ 



132 , BSVISTA D£ HADftIO. , 

d^ los iudíviduos de que habia de constar la mesa, y eu el 
cual, era uecesario se . pusieran de manifiesto los bandos en 
qU9 estaban divididos los diputados , los intereses que re^ 
presentaban, y las pasiones é ideas que los movian. La coar 
lieiqUi que algunos diaa antes parecía completa á los hombres 
ppco previsQres^ se manifestaba cada vez mas relajada, deser*- 
tando muchos. á afiliarse á sus antiguas banderas. Ibase y^ 
formando na partido de oposición compuesto de diputad<^ 
del antigc^o bando progresista que se separaban del parla* 
mentarlo , y de ultra-progresistas que nunca quisieron unir- 
se, á él. Aunque ya muy debilitada la coaliacion, de ella sijji 
embai^.era la n^i^oría. Inútiles esfuerzos hizo esta par^ 
obrar 4e acuerdo con los de la oposición en el nombramieul|Q 
del presideute y secretarios , y aun á duras penas podiaa en;, 
teoderse ^obre este punto los mismos individuos de la mayo- 
riía* J^ mayor parte.de estos últimos se inclinabao á nom'- 
br^r para la presidencia al Sr.. Olózaga con objeto á que fue- 
ra después llamado á la de ungabiiiete que querían sustituir 
al de l'Opez, si bien algunos lo repugnaban, inclinándose á 
Qtro|5 candidatos. Los de la oposición le acusaban de haber 
desertado de las filas del pi^ogreso, y,querian nombrar al se- 
úor Cortina , como hombre mas d^idido y representante 
mas fiel de sus doetrimas é intereses. Llegó el dia de la elecr 
c^)n, y reinaba el mayor desacuerdo. Repitiéronse las vota^ 
ciones, sin que.uipguno de I03 candidatos obtuviera la maypr 
ría. Hubiéronse por último de concertar, viéndose precisados 
á deponer mutuas exisgepcias, y salieron, electos el Sr. Oló^ 
zi^ga para la presidencia y dos candidatos de cada uno de lo^ 
bandos di^identies para secretarios. El Sr. Olózaga era, pues» 
la persona mas popular en el (^iigreso , puesto que quie- 
ta le rechfiKaban al principio hubieron de ceder, viendo I9 
imposible que era cualquiera otro propósito. Este diputado 
habia siempre hecho alarde de profesar doctrinas mas mo- 
nárquicas y templadas que la mayor parte d^ hombres del 
bando progr^ista. En la discu^on d^ la ley fundamental á,e 
18i37. detepdip con elocuencia Iqs principios mas sanos de la 



APUNTES PARA LA HISTORIA COUTEMPORANEA. 13Í 

monarquia constitucional en orden á algunos artículos im-^ 
portantes como d del veto, y lá' facultad del monarca para 
disolver las Cortes. Durante el tiempo en que habia perma-^ 
necido en París como encargado de negocios, con especialidad' 
en octubre de 1843, consiguió bienquistarse con muchos 
hombres de estado de aquella nación , y hacer prosélitos en- 
tre los redactores de varios periódicos de la capital que le 
recomendaban en ellos como el político á propósito páhi dar 
á la España gobierno y paz. Dícese que el ministro Giiizot j 
aun el mismo Luis Felipe lo creyeron así por algún tiempo I 
El gcd)ierno francés que aspiraba á ejercer en la nación es- 
pañola la influencia que habia perdido desde 1840, quería 
no apoyarse de nuevo solo en elpartido conservador , sino que 
este cobrara fuerza y popularidad con la agregación' de los 
mas distinguidos iniembros del bando progresista. £1 señor 
Olózaga le pareció quizás el mas á propósito para dar cima 
á esta empresa, que tendría la ventaja de organizar un parti- 
do que representara la idea de poner término á la revolu- 
ción española, al par que la de huir de todoproyeeto reacok>- 
nario. Carezcan ó no de exactitud estas noticias, es lo cier- 
to que las alabanzas tributadas á este diplomático en los 
periódicos franceses , aun aquellos que defendián el Gabi- 
nete, y pasaban en la opinión pública por sus órganos ofi- 
ciales , contribuyeron en gran manera á fomentar en Espa^ 
ña la idea de que un ministerio presidido por el Sr . Olózaga, y 
compuesto de diputados de la coalición, era en aquellas cir^ 
cunstancias el mas conveniente y hacedero: Creíase que le apc^ 
yarían los moderados, á quienes semejante gaibinete daría 
prendas de estabilidad y de órden;que mantendría á rayaáloiB 
progresistas, desvanecidos de este modo los temores dereacf- 
cion , y que la nación entera le recibiría com júbilo , espe- 
rando de él gobierno , paz y toda suerte de prosperidades. 

Be semejante ilusión se dejaban dominar los espíritus^, 
como siempre acontece en esas lamentables^ épocas en que 
apenas se divisa ninguna esperanza de bien . • ' ^ » 

En eV Congreso existía una oposición revolucionaria' que 



ploorí^; ]^r¡^ :^^ (ií5 temer qne fe, inp^^rárfi lii^rtejp^r sij 

g^i^e |,i^}Ha ^^a^do lel ^rsau^d de h ir^xolftcip^. Sjem^s 4f: 
^tP i|^ i^ayoríii en ^e había di&apoyft^eL Gol^íc^na qft 
fi;^ d^ todo punto unifocm^ y hqmog#iQ$i* Deseaba p^fi/er 
^i^^ipo á los n^otines y Tebelipo^ : quaria qrg^nU^r l^: adr; 
fB|p|6lracioa d^l^t^o; ap^t^i^ conqer^i^ar i^efoppiiaq^. 

í>^« ^pqnfc^ftfiopah^p ^ t^dos ?pt^pi;iwipioíjen;iap7 
chfft ?pmtio»e^ 4e s^lW gr^yedad, dípeirfivii ^u ftlfflu^ 
i>tr9» 4^1 infiyf>r inores « E» ui^.pal?|bra, aq«ell^ n<^pi1<( 
I^t9b{l 4^«wf^^i^ td^ díreceáoii, de P^dMIP^ onecpifocidq? y 
4í diwipiJm* f^m mm$kvn^ ^t9^n unidor, «tan sioípppp V» 
;iííli€iiJc*dril4iQligro:y.d«l WlPar. Jifia fíqil cp^p wi d^^nij^. 
rm :/eq el .dia eii' q^p ea^ 0f9a$ea q se. dv;niipuye§^. ]^ f4r. 
j^l gahísriwiF guando «B «wiíí^ cqu m^i m^yp^rí^ Q9nsidw(i- 
U^ y homog^B^, p^o i»»y difícil oop o^r^ tau p^ducáda J 
4i$CQFde^ 0<HiM> la m q/x^ bjalw de a,poya;;^ pl ministefio ^ 
aquella; Qfiasiou. Cteyóoe que mngiupo de l<^ jefe^ d^l a»íi-, 
gll^ partídp moderado podrid g^treqlifq- loi^ la^ip^. 4^ »»iQn 
mU§ lap diirtint^ fra/ecic^ne.^ len iq^ c slaí)ft.(dÍTiidJ4^ ü^ fiér. 
inwra. Opiottwe qu^el S¡r. íf^rtíwz de I4, Bos^^ ?.l mas 
4Uftf;i»guido de todo? eUos, rjepr^^nta^ía .\ina pró^a re^r 
4q»; qpe/^ S^. Pidal t^ftdíía . grapdi^s r^p\<gfií ^W pqr 
hfkW defewSdP ei^ otra/s lej^slji^upaK ^}gwa^ doatrinas qjjfi 
i<f j^Moa^o de exageradas ^ (^01^0 Xa coiii;iQ»a0Í€^ del diP^i 
4»^ . Ktt ima pííafera , coavimeron todos ó la m^^yor parte 
m que, el 8r. Olíii^ga era ^ias í?9aveni«ute,.popqfle,p¡9^^ 
^ñl^mn^v Á la x^^ la idfft ,dei i^^n y di?l progr^o , . Ift ,d^ 
^l^ftuf F iténoio^ i todo iintenlK) derev^^hiGÍftn amnadf , y la .d^ 
^ir ^e.todo pspoyaqlo Feaccip^wp. ílstja^ fupropjAS ra^p-, 
jaaa4ue ipoyiprpp á M n^oría 4 wtar pw'ft.piiepiíteo^jd*! 
ÍJongwffiQ al 6r. Qtóz4g^. 

^ A l(»;P9CQ».día$.df^ (?o^íítttwrse4f,.wft8a ae.sopiQUft 4 
discusión el dictó9W3n gotoí^ }^ may^^ía d^ :^. .^,,.y,<¿j5?- 

<d^pdWtJ«ftíaomienda».pft«tí¡^jyi¿iá,,^j^ ^eptpí^^/fe. jlfPíi fn el 



APÜMTBS PARA,ftA,«ÍSXqRíA,jg91|fyEMPORASEA. |,^^ 

distífflW» «S* fiWÍR jnflíik gftfSttfis e^VprW» í^. hic|pr#ií| 

Qií8itfrttt>iM «iil»,4íi m^fsm.h hmpfm m^K«m^w>m 

Im ÍW4aí¥efly , y ««» la ÍPPYiífflepqa pi^^^cjf C9nji¡4ffa4ji 
1^ ^ íaap^ya, 4A?«PÍ**P q?» »^HdQ flrdviaíwp aqijif P{i^ ^v^ 
ft^, caiiíiffíft 4í í?P»ll1»<i^ par» ipWWir M* ^^miif»<=m 
^e ^il^a^hf^ If e^ad 4e á,4 ajiíí?» j>4i^ l,a ^ftyor,^ ,dje lo? 

ri^'^; y «?»« I<^ (fíRí^tai^*^ «lUje Jísbifti» jtn-^^o su «^ry^u- 

y^dftr, lifpr?:^ a| pí>4fr ,^íí? Wy iíflPrfldenJe coi^ftr ^ ej^rr 
clf^^f! las f^^ripgifitiya^ Jásales á lifx^ fújín á^ü ppr sus ^pf 
y,f»9F W ?950.' >' pQr últi^ qpe If inayoy^i^ de ^„:^L p;af^if 
e^ psf .^ g^ H dowff ap^w ¥ W RarjtitlQ , «qp ^q^ cpíppro- 

eicf^ m^y liv^iia^,c9mp^i;a<b|8 pyci Ifs ¡gyae ^ pi^pf^^a 6 l|tts 



iié ' " REVISTA DE táADRm. ' ■ " ' ' 

liarías, ]perO líó eit la de 1^37' que entotíceftifegia! Al dis- 
cutirse el proyecto de e«ta ultima no faltó qúi^ deseara 
se sancionase el mismo principio; pero desechóse ^laá Cor- 
tes constituyentes de 1837 seinéjante idea, cómo* poco con- 
forme á las dotiftrinais adoptadas en los gobiernos constitu- 
cionales de Europa. Eran, puies, Con arreglo ál derecho po- 
lítico de España , Vigctite^ en acuella sazón j todas las Cór-t 
tes iguales en facuftades , j podiañ sin necesidad de póde-^ 
res especiales; ya dispensar del cumplüiiiento de Ih Goñsti*^ 
tucion, ya hacer en ella las variaciones queldé cSrcunstAn*^ 
cias ó los eventóá déla suerte exijierán. Está era también ía 
opinión de todos los publicistas de la época , que previendo 
que algún dia puede ser indispensable una reforma en la 
ley fundamental del Estado, y al misino tiempo conside-' 
rando lo peligroso que es todo cuerpo constituyente, ha- 
bían adoptado la doctritia de que las Cortes ordinarias pue^ 
den hacer aquellas reformas sin llamamiento especial , pa* 
ra ún caso determinado. Tampoco convelida la razón dé 
ser peligroso entregar á una niña de 13 años el éjerciéio 
de las prerogativas reales. Para el goMertíó délos eStadois 
son menester ilustración, juicio y grande eqE>eriencia;pero 
para" reinar basta el buen sentido y lína educación digna dé 

• ■ ¡"Ib 

la corona. No queremos decir con esto que ñd ofrezca eii 
¡efecto grandes peligros el reinado dé una niña dé 13 años; 
pero este es uno de aquellos males inherentes á la natura- 
leza humana , y á los negocios de la vida. Para reinálp sé 
necesitan mas sobresalientes cualidades que para adminis- 
trar una corta herencia , y sin embargólas íeyes civiles exi- 
jen más condiciones para lo ultimó qué las políticas pa- 
ra lo primero. Estos son males necesarios con que siemprié 
ha de verse aflijidá la Humanidad qtie los' adopta, huyieii- 
do de otros mayores. las Cortes de aquella época se halla- 
ban eíi la alternativa de confiar él poder real á una niiaa 
de 13 ¿ños, ó hacer nombramiento de otfa regencia , lo 
cual amenazaba sin duda con mas éápantósas calamidades K 
la'Espaíía. Wdá hubiiára sido más peligroso que crear una 



APUNTES PARA' XA 'mSÍeRÍÁ-^tólíTEMPOB ANEA. fS^ 

potestftd'tránMtoria, d^il, sin estabilidad, ni preíitigiüV cíuan- 
áo WM babia menefüter la nación de ^fijeza -^ drraigd eü él 
poder y tktí 4ebililad<r por há torbnlencias ide lina* ne^^hidbij 
y:de «ink nüttoría'dé diez alU». Era además en ¡ei^emó'dlff^ 
di >la decokm de la persona á- qxden selíabia Ide inTestir éótat 
iaa alta* dignidad. 'La i^evolécioñ'^espafibM es'^feeánda eti 
ddBastanes'/ calamidades y 'ann ci4menes', perof.nb en b^breil 
supeiriones) Si en áqadfta éjpoeá híAAése ielistído algano ¡ie tin 
méríta ¿xtty ^tvpetiDT á M demás; ckpiá' de dódinarl^s' y íláí-^ 
eerse teiíier'y'=amar; ese' se ' hubiei^a tejido,' acaso ¿ontrk 
te'Ydiinfiadd^'matblos; poffíipier seBtejantiE^^ béinbres báieéii 
AH^jíeya'sfi dóittinatíoñ'J Onándo ño sé la gfjfr é6en', ib ékijen cidil 
impérid. Peino por foithúá^ =6 poi* desgracia bel eiistia tín- 
gim bombre en^Espáftá dé la raka deús dictadores. '- - 
' La Aretoltifóiotí '^ infecunda en tocfo bastü' en tdfarmas úti-i- 
les, 'nb hBbih próduidldo'iikigiiii hombre superior ni etítre 
los militares; iii entre los ei^tadf^tas. Sólo birillaban algunos 
escritores y jdrfábón^ultm (Jué /hurica ' hablan ascébdidcy al 
podw.' La ñackm llevaba - 1 f ' años dé estar dolnihada pW 
faeciofa^s kás 6 ménois vibtétfCas , ifegíOá píór'tik'anias sticesi^ 
vas ' qtfe ' clltéi'imban ' éú el mandó', servida en io geñéi*al poi^ 
homb^ medianos , si bien entre e^lfoi^'últílnoi»' gállardéabád 
alg9uii6s de talentos notable^ y délib escaso saber. £n tai es^^ 
tadó de cosas', él nombramiento' dé 'Regencia no podiá ine- 
noft -de despei'tar' ámbiddnes, envidias,' enemistades y todo 
género de pasioucülas^ debiendo tenerse en cuenta que estás 
últimas han sido las que mas habian' fomentado dutanté lé! 
última época revohieiónaHá el'fue^o^^é nuestras discordias 
doínMicas: Páráretestil^ á nú hóriibre'cóhtótí elevado tó^ 
rácter eñ un- pais como la España, en que la' concesión 'del' 
desuno niás leve habita ' siénípré despertado envidias y re^ 
sentinücIntM, ei*a indispensable que iel elegido' fUei*a un ge- 
nio con quieü nadie pudiera avalizar ^pói'qílétbdos a^raii* 
& subir^ á la misma últürá qué stó igtiálléfe, jr úo' há^^' coia' 
que i^ugne táñto á los faoUbrés cótno'la ^líéVacion'i'éífyéffti'J 
na, ólafbrttiiÁttcíc^ltedémjúidldsr^ '''^ ' • 

SEGUNDA ÉPOCA.— TOMO III. 18 



te 8eiití|^,^,iiv|fat9J|pl<ív y.m «pa pal«ffi^d,Epi5 of^c^ qp« 
íí^«»^Jf ^^pw^ffl?4^«.flWÍS;de.efío,,eaHftgfi|íií^fnp^^pr 

<ál» «a V» pai^^,aííWPKlH^<»WW<WWB#«¥P.«l..PÍMlpi: 
de los estados moderDos^^^gg^ Ifpc>J«$fivM4cJmm.lieBrfpeii(i, 



APUIYTES PARA LÁ HISTJdAlÁ eO!mBMPORAI!fEA. 19^^ 

ttttiyas^ Ko oansiste' el petigr» de mtBis en ({be sie Oétttefl^ái • 
el .curso, éb las reformas saludables ^ siso 6» qbe se faagaíñ la» i * 
pi^nurtulra» é hD{>]rddehtes.> En-cada épooa. aiueiiaíKafi á im^^ 
estadod pdágvo» dé ona parteó df^ otra, á.lá'(iiiai(éraictiíi$|^ 
en'cada estabieo del'atoilmy tin^Tieüto^taiiiMe para lé!í &a^ ' 
Teganlefi. lEsi esto sígibriha^ ba^dé G|)onérs(j»eJ'l)^e0t;át^ dlér 
la Enhypa.Ia lfemtíiBi^4e les piiéMos'^(iV0|a tiamb^ 

OPoor. otra paiHiev! todas las (ra0Éii€6$iqa)e «se alegabáü én ^ 
colitra! del idiJc14]iii»i, eran: aplícala d^l ^Éiü^moinóddf' á^ -la ^ 
época eúi que la Gtmstítaclott diel'Etrtiadd sandobabala mayo- ^ 
ríftdeSw M. : potqae seifo ¡atoÉrdo' i^tettéft* ctúecorrfa'rieís^ 
gosfk:.rátDd del eslaído kx el'<i^ coná^á una niM i 
de toBtí de tveceiaflés^ eferbicto de^ tas préí^^atí\a§ ihéá^ ' 
les, jikó luego^qm edmpliése'los «éiiftórce, es^ decir,- poe6s'- 
mesés/despMsv;^iislder)eHtido \A' euestíon'po^ ioís abtééé^' 
denles 7 bjeiaplos de la hiitohd >, üiiy «tfk'eéia i»!t afecto mé^ ! 
no&<Teiltai¿sb á la fiiayotía 4ñ &. MU Lá^ léfy dé Pa^fidia qii^ ' 
establece la edad de 20 años pá^ M de Idá^'rlsyés, jstm&^' 
babiá' estado €fr usoen Éspafia. Hbbd en'-algunois titéitt|)os 
costumbre ¡Aer deblararla^ á:l^ 16; "péM ttUai)^bbo sé sipitf^^ 
constíoiteiikeiité): y mnébos' de los^^móbai^ás empezaron 'á ' 
gobeifnaará Ibs odcer., álos^^dóeé, y. aíxtíá Ibs siete años, tib-¿ ' 
niendo -tédos * él mttybr^ interés eií ' abreviar I¿ts minorías' ' 
sicmpte fexmndba» én tüi^l^létimas'y desMi^V üfi faltai^h 
tampoco éjempl)(»«ñ la hi^i4á eontétti^tíi^néa. En el Hra- ' 
sil y en Portugal se declararon rieiciénteímiciíte mayores lo¿ 
monarcas antes-dé lá edad préi^íapdr la^ leyes, i^bte' 
todas eátas naoaes^ésüstid la impéribsa'^ la íiécesldad- ptí^'^ 
mera del Estado, que era la de establecen mi 'gcítóerild'qtíe'' 
organizase la administraícíon', «y pusiera' tétiiiiiió á los aire- 
bato» i^eTOhleí¿üarios>qae^ le fi^n«e!írilGuft^dtil*aíeite una époéat ' 
de mvaé años en iiitertidnablés ^fecdrdfas 'citilés; Y- este gó- '- 
biemoirió podía estaMieeeiM'péf tití'pddeíf trañ^tório y dé- 
bil, sino por <^a atable, dürttdé^o- y Bbñó: dé ínágestadt 
y- prestigio, cual k) siBrf a 'el dé una rtína^íe! ócupaséel' 







140 REVISTA I^ MADRID. 

m 

trono ennoblecido por cien monarcas sus antecesores, y 
que. además estaba exenta de las faltas , j aun de los crí- 
menes con que se ofrecía manchada la historia de la rcTo- 
lucían. Por último, aunque muy accesoria comparada con 
las. anteriores , sel presentaba al ánimo la consideración de 
que Id mayoría de S. M. había de influir en gran muiera ' 
para frustrar las esqpcsranzas de los rebeldes de Barcelona.- 
Porque distinto es rebelarse contra una regencia nacida de 
li^ usurpación , ó contra un ministerio producto de un le- 
vantamiento popular, que contra una reina, heredera de 
tantos reye^ ilustres , por quien se habia vertido tanto san- 
gre. Todas estas rabones se airaran durante la discusión 
ppr hábiles oradores , entre los cuales merecen iñeiidonarse 
los señores Donoso Corté» , y el célebre D. Francisco Martí- 
nez déla Bosa. JEste última, vuelto al seno de«tt patria, de : 
do^de le b^bi^ alejado tantas veces las discordias civiles, 
proscdto durajite la época de la B^eticia usurpadcnra, hi- 
zo valer su elocuencia en esta ocasión solemne, defendiendo 
1^ cau^a de M r^oiL y de la justicia. 

. Beunidos los dos cuerpos colegisladores se sometió á.vo-. 
taicion d diptámen, aprobándose, por todos los vetos don es^ 
c^pcáon de 16. A los pocos días de este escrutinio las salvas, 
el tañer de la^. campanas y el clamoreo y los vitares de la 
iDiUc^iedumbre que se agolpaba hacia el palacio de los reyes 
d^ Cotilla eran ^nuestras de que iba á solemnizarse uno dé 
los acU^ mas memorables de la época* La reina Doña Isa- 
bela II salía de la morada de su3 predecesores para jurar an- 
te [as Cortes guardar y hacer guardar la Constitución de la 
monarquía., recogieodo en su tránsito el homenage y la ado- . 
rapion de sus subditos. 

f^ 9, de npyi^m^re de 1843 díó principio á una nueva 
era en. los f asilos de la revolución españda. Hasta entonces 
y desden .^ caida del ex-regeo,te Espartano no e%iíktia ningún 
poder legítimo, hallándose la monarquía. en una situación.: 
Pfrecaria.y a^ómaIa. £1 trono estaba vacío, sin que la.reina . 
ny;; .poberpasq, i^i ^lístiera ,otríi persona investida df&l, 



APUNTES PAAA.'IiAf/HISrrORIA COflTEMPORANEA.S.Hl 

cádpáeter de ragentei. £1 gobierno^ que á'iíAjt de rey é Ae 
quien hieiera m» ^ec€») dirigiaio» iiegorioi^y «ni psioducto 
de uoa rei^neioa: Im rebeldesiide BaneelofMi, Zai^agoza y 

. óteos poHto» le negaban lá obediencia , y se lerantabant con- 
tra él) alegidndo lo6 unos para ^belaese los míanos títulos 
que los otiw para mandar. A los ejém^oswlierióres'de re- 
budia de los snbdiDos y de insÁbordinaoidn de las tr^q^^se 
había añadido nno» mas. Tal ei^a el estado. lamentable i de la 
monai^qni^. baata ;el ^S de noTiembare de : 1843r^ Pero tkéde 
aquel día el trono estaba oicupado por la legítinia soberana 
de las Españas; existía yann poder cpieino debía su origen de 
las insurrecciones vietori^Qsas , sino de laa antiguas y irene- 
irandas leyes de la nuMiiai^iúa española, que baeen dt troáo 
hereditario, del yoto de las asambleas naeioaales que ba- 

, bian declarado mayor á S. ,M. , y del unánime consentiíDiien- 
to de.lot^ puebtosí que. habían .vuelto los ojos á esta insütn- 
cion ^eperaUe, esperanzados deencontifar en eUa iel téna^- 
no de taptos distnirbios y escándalos como balnan amanei- 
Ua^l^;, durante los últimos años el lustre de- tas grandevas 

.pas^dap^f ' -* • 

. .Sacíeos dias despue» de este memorable -Acontecimiento 
h^;€Í,fninisterío topez dimisión á'S. M^, orenrendo haber 
ya cujeaplido ^u encargo y (que era el de gobernar hasta la. de- 
. clar^^ípn de la mayoría. Pero la reina coi^mó de n^ueyo 
á todos sus ministros j Ínterin ^6 determim^ con la madu- 
rez y detenimiento que el Qaso exigía cnáles hal)ian de sais* 
tituirles. Las Cortes acordaron, tambiea un voto de gracias 
á aquel gabinete , qpe obtuvo la inas absoluta unanimidad 
. en entrambos cu»y^^ colegisladores. 

Mientras las Cortes se ocupaban de la mayoría de^MM., 
el partido centrali$ita.hÍJ^>|lo^ últimos esíu^i^TOS paraf }evan- 
atarse en Madrid y en .1^ provincias. Fragn^óse u^a conjuira- 
cion horrible .par^ asiosi^nar á las autoridai^es qi^.op^nijan 
mayor , resistencia á. la insurrección^. Asesii^ asfilaria^os 
atentaron á la y ida del general ^Narva^z , pagitai^ gc)i^erat de 
Madrid, y,fi la^fte lo;»jef^jaú.Mtar^dei$evilli|, Ció^dc^bay 



íVaioicía f A «éalnpo de» Algecír*». LdB cdfif|iimdoé <io puil^- 

< >roii>d«r «flta á ra empresa^ y ^lo ^pec>6'ett MaMirié d <k>- 
'Tond Seteti.^e aootiapañaba á Nartaea; Eal^ppo^itMto era 
tadui mas horñMe qnecuanilcs alitedse; hattan teodcdSíldo; 
«{tonque los asesniatea ^de los feUgiottfi» «ai <Madtí)¿ tn ' í 934, 
f lite4etaiitaa>otm8»'Víetittiás, cuyo isa«rlfldo infibia tíenado 
dt •eqpanto á 'todee^ los> hcniítypes .üoiiradbfi , Bé Méiéton entre 
iel tumulto de las hisitnfeceioiies'y pctt* etfMMüyóia solda- 
idecíea cóiimóVida. Pero jamás «sehábikn oon»uiiktíd6 á sa&- 

< grrfma, eondelibéraeíDtiíy de «üiáinánera taa Üev^y hor- 
(riUe. Fnn^radks ias «^penu^as qpie ém áttda liljrái'oh los 
rebeldes eaiprojedta taii abommablé, la-instttMedon toda- 
iurá SQ termina. Siitíraroii las^tiiopas sitiadoras enZaragoka 
en virtud! de iaeapitiilácion^ def qile 7a nos heafoé^ '€Íeü|)ado, 
'7 que el ^bíepnoi aprobé., permaneeimido ai'mftda' ^r el 
'prtmlo da Müieia NakíMal <le i^^foella iplai^a , 'si; bien -á los 
fiocós' dias fué * ind&speiifsabíe desalmar á uno ^ sos batalló- 
nesj por 'ObS€^:*v«rse en^él síntomas ostensibles* de sedición. 
M^ general D. Fef^min Marte , qne se' babik puasto cífrente 
de las tropas desleales en Y igo para sublevar la G«d(icia , no 
pudo daif'oabo á í^emfMresa, porque db'pais niores;^ndió á 
«ü Hatúamiento^ Gerí)tía, 'HostalrifehyFigueraspropntóeron 
nttíL ek]^ituteelon A geiieral Frita, aunque este üo-se- bftbia 

' attn réiuelto á aceptarla. Con arreglo á ella los Rebeldes de 
'Holstakieh y 6erona saldrían ariáad^ de éstas plazas para 

- !*cutíir8e'en la de Figuttras, donde se^eionfornítiban á telidir 
las ítfmas.^Efetos^ettiplos continuos de eondesdeBeia y de- 
bilidad c^n lús rebddes nb tíédihn itténoiii die ser iisiiy per- 
niciosos ^ pero ya hemos babíáde pr^lQ^méüle' sobre este 

"fel <Sn Olózaga fué el encatrgíiiib ptíí^ Si'M.^Miie láfor- 

íÉációü'del gá|>Snéte i^e 'Mbi^ tlé^ftcéd^'M del Sr. Ib- 

* ]^«r. Co^fipontosé ésté'últíiiio dé^í'er»6á*á,.qti¿^si bien tb- 

•&ás eUas pértenécian al báMíí pto^áím';^mcúVdkhkn 

i^k eMbbi«^ eb él mbdo (k')¿'«!tt^Íietf^i^^Úái;üáMbti pdlíti- 

•' ca'dél fistádo. €í^iatí ^' '¿íMií^ti^ dé JEliitkdbi delar&tiei^rá y 



\ 



> 



APUNTES PABA¿J|fcÍL^IflSlM>]ltA^mil^EMPOBANÉA. \k% 

ie*^ ««tiánctod^ Ito léü iM^ftM ^«r lé MiiáilikMHiíf ttflk fÉM^ 

la entrada del nueyó ministerio ;'á^«}Wtfd<;§h Itl4liié(lie%li 

-^»l««lljMllMdd^n«t^É^tó p6rlMit^^ eoh 

/m$a«^^<^.<AiUOtt jr &l]^ÉIl%^/CóííoÍSd()'l»«é4áfí^ Ms 

libMábiM^mib» m^ttárqriiaii» y iicmsi^rif^ d»j^b¿t^ iáShr 

»a»<Ili«»fei»*i!li^t¿íli^ly'^ ll¿|^a«^i» ÉoÉíf^é^ 

«ÜVMrfMaciOües ^blhé él ^mi^ 4e4slá <($ll«Éiottl Éii^toNiiMfe. 

PfM^lEtrdlMttMl^litibMlido J^^ Ot<Mfa<«l 

paffidb'^ Ik c^mHcíOH \^f d^M^AM^td'im^icfiiabiftffií^iAo^e 

pr«ÉllDlllte, s»Mra>td($<él ivs «ftfokiy9r^>dél áiidilst^>ky.^tte 

hftbitt'dé pi««silttr, «dltt|MmU^dble«de «U^rftd^^ 

-t^JDf«;áse4tte aiai9i«ífttftiMétab'[^]ibd^'<{Kitáa^ 

'á^«lgtiii^iem]MPcrili4«í¡^0ffty>iió^ 4il'fiif»tid(pbomié- 

déb. VjáUftf^ti d¿ titMÜ^^^dé ^AiiMkláS'^iiiÍK»«B>]^fitr(^, 
tt^ldc[tté' 'de i iásitéÉli«ii(]í>«e'ttly0ii t)ttést»^ll«ií0rdl>^ Í9i i|il|fá- 

d»'^ tk^ta • di>(ffgtt(llMr >^ 

migo coman. Podia también temerse 4Qll<Míi4Mfli4llifl9»i$^ 
-i«lijalM'^rtiiMÍiiÜ&¿'^la{''^ttÍtnOidd^^ la 



oposíciwy qw 0tv(^ ea'qiieiSolo.tuivierw,p<irte4)Qiilbi« 
lfmpl(l4<'^ y: prodentep 4el.l>Mdo pi^greu^to. AñActtose 4 
f^tos iiiao«T6meat6&.la eírci|ii^ncM^4e.qae^t9Ado4d< ibih 
jfH^ <Uyi(UdA.en\aria5'fra(H^ion9sre^^t^4ila)desigiiftqioa 
ildiper^nf^iqucí h&lHap4eicompG(»erXe,-<^da una.4e:ella^ 
p^e9€sitaba up caiidiítotQ £a\(€ii;i[tQ, y temí<i$f ((HHtBazon é un 

jbiníete tía ) ventad = da (1<M» firao^loneei op^pi^^fendafl. Aoisoto^ 
4^ eab|8 ocduudevaeionea sd-ofiTeoievon aláaimoi <teI:Sr* Oló^ 
saga, quieo ; de >wy(^ ^. ciuJbjijkaUw y itracUante- <Hi«iiido.«e Jba- 
illa ea cahna^jasí cpmo nadie le .lleY<a y^atajasen Iiq eoérji- 
4H> y resueltOi 6Q,eL benor de ka pacones. Acaiio tambidü 
ae, abultaron y tomeuron cnaisea ^w su imaginaeíoii todas esta<» 
dificultades. Lo,,€Íerto jes..(iii^ transcurridos muchosdias en 
dju^s y :vaj(;ilaoioBe^, se d^oidió al cabo por la formación 
de. un gabina, eiidusÍYani^nte pr ogi^esi^ta , cowpoaiiéodolo 
,de biunbres de ^ea(e pactido. < . , 

, . £nMs^Garte$ entre tanto' no. se trataba de ningún asun- 
to de grave interés ^ > si. se > lexeeptua el psoyecto de* ley ^paisa 
que él Gobierno siguiera cobrando la^ .contribunionesi bnata 
. el fin d)B i diciembre,, qjue se .aprob<). £1 antiguo. Gabinete 
Lope? se fué,, durante la 4»*íais ministerial para cmipoDíer 
:iel nueYo, inclinándose ^poeo á poeo á la izquierda,. álo-que 
contribuyó.en. gran ; manera í el. ahinco que observó en la 
n^yoría de.las Cortes, para que abandonase el puesto, y 
los. anhelos qiie ponía en ^durle sucesor.. Al obaiervar este 
eamlúo en la opinión. d^J^os, ministros bobo algunos miem- 
bros de la .mayoría que deseaban manifestar .su desaproba- 
ción por un solemue.YOto <te c6nsura;ipen> otvos mas pire- 
. cavidos; querma («uard^r ü n^umdo de la orws^para ajus- 
tartáiél su.4H)iid)Hta. :Sin.embaiigiO;no,ponia! w buen Jugar 
«ali gabinete el haber tó«M»4a las Cortea Ja^ inicifitíva en aaun- 
: i06i d^ntai;^{;ray;(idadcomo;la^su9p(pi^iw d^ 1^ elecciones 
-de ayuntamientos, y: la^£eorg(inÍ!taQÍDni,d€^Aas laoiUciaíf M- 
(áouales' d0swa:«)adA^ ■- ■ - '- ^ • .---> . :;• '\ ,t «m . • . 
i Antesde abandotiai: .su. . pu^to. el >Minií»tairio inopes ., qui- 



APUNTES PAlUsliA; /HISTORIA ^^GONTEMPORAlüEA. 145 

SO poner embarazos al (jue le sucediera, y con este objeto y 
también con el de reparar en ló posible las faltas que hablan 
cometido con la izquierda , dieron dos decretos muy perjudi- 
ciales al Estado. En uno di^ ellos se mandaba reorganizar las 
milicias nacionales en los puntos de la monarquía , en que se 
hablan disuelto ^ consecuencia de los sucesos de Mayo últi- 
mo. En el otro que se procediera inmediatamente á las elec- 
ciones de ayuntamientx)s. por el método electoral de la ley de 
3 de febrero. Notorio es que esta última en que se sanciona el 
sufcagio universal entr^iga 1a autoridad de Iose municipios á la 
muchedumbre inclinada' naturalmente á los disturbios y ré^ 
vueltas, y habituada en España desde el principio de la re- 
volución á rebelarse contra el plodér supremo. Desde el año 
de. 1835 ,JiaJ)iaA sido los jayiintamientos el medio mas pode- 
roso con que cout^UMín las io^urreccione^; Y así habia.de 
suGedefr'preci^ménte, porque puede decirse que el poder 
mas fuerte que hay en España es el local de las munici- 
palidades, y la revolución estaba segura der triunfo siempre 
que logifára.hftcer presít dq él,. Píp fie ha cometido falta mas 
reprensibte poj? ¥n gobierno que al restablecimiento de aque- 
lla ley absurda i^mnpais asolado por lais .guerras civiles y 
combatido por la anarquía. El Gobierno, que habia aceptado 
el principió'dé huir dé las reacciones y de poner término á 
la ijeyplucipn, airm;ada, d?bió pr^ientar á las Cortes \xs\ pro- 
yecto de ley de ay untamieatoa , en vez de mandar el^irlos 
por la antigua; porque no prueba desear el terminó de la 
revolución quíeri establece poderes revolucionarios.... 



José Lorebzo Figüeroa* 






■ ( 



I !■ 



SEGUNDA ÉPOCA. — TOMO III. 



19 



146 Wamsrk DK^IEAMBDr. 





(CottüMMidoa.) 

é\ eon una jBxtwesion de iHlagos }i»£piitil ; sa aainida se átíj^ «a Mgié- 
da pon aire vacilante hacia el trofeo que tenia ep la mano. >£$l;a 
chinela tan pequeña como la de Cendrillon, era encamada , forrada 
interiormente de seda color de rosa, y tan bonita, tan elegante 
que pare¿ÍÁittipoéíMe que'^ dtiéñá pudiera ^tar secamente' 1iic6ihb< 
dftda porqué fa exantltíaban t&ti minuoiésaifliaiile. 

-«^Osüa «volveré, d^o al fin , pero con la condición de que mtlpeniii- 
tiréis ponérosla. 

— A esa condición , respondió ella con tono vivo , prefiero m^or de- 
járosla y volverme así. 

Gerfóut movió la cabeza sonriendo con aire de íncredulidaii. 

—Y el constipado ? y vuestro delicado pi0eho ? y éite iodé? 

Clemencia se i^resuró á responder oon la obstiBacioni de na 0160 
enfadado. 

— Pues bien ! me iré á pié cojito; cuando pequeña saltaba muy bien, 
y todavía debo acordarme. 

Para dar illas seguridad á eáta decisión, dio dos ^Itós con' coia 
gracia y una gentileza dlgnas<d&ia Taglioni* 

Ooiaraoselerenió.. . .' ^ 

— He tenido lalj^u^po 4^. veros bailar, riespondió) pero 09 confieso 
que me agradaría mucho mas asistir á un paso de género mas moder- 
no, ejecutado para mí sólo. 

Al decir estas palabras hizo ademan de ocultar en su blusa el objeto 
inocente de este debate; pero al ver este ademan lá graciosa bailarina 
conoció «que una transapeioil cra)iirgente y de todo punto indispen- 
sable. Obligada, por fuerza mayor, á aceptarlas condiciones que se la 
imponían, Clemencia quiso al menos cubrir esta derrota con una digni- 
dad suficiente, y salir de aquel mal paso con los honores de la guerra. 

— Poneos de rodillas, dijo con tono altanero, y calzadme, ya que 
, lo exigís, para que acabe ya esta escena ridicula. Os creia mas orgulloso 
para envidiar un favor que solo pertenece á mi doncella. 



«satítAirr. 147 

^I>Tn^ftrvdr'q«« (Bi^ríétoídn l(M i^eip^gy reifióiidló OeiñM cNm ima 
to2^taii tierna como hi de Glémeáda había «ido deideñeisa. Dobióuna 
roditla, ooloeó'^ol)ré la otra 'la chínela, y paréelo' esperará su bella 
enemiga . Pero eíi el pedestal que le liabÍK efreeiéo , \iÁ esta* sin ^duáa 
un nueves ^^ink) pues dije eon' lAas ' serenidad : 
'= — ^En'el^isuelOfCeMtero^ yaeabaddeanairez. 

Obedeció sin responder, deSpües^ ée habetlá -dirigido tmá minda 
de qtieja., de la ipie Glemeneiá se oonmovió «Igim tiesto, lo^mismo que 
ide su (¿édíenda. Adelanté enfobces el püé de «oa manera ¡graeiosa v con 
laptiütá l^a, y lo metíóienla 2apatilki/'PatiaserhíBtoriadore9*y^^ 
dieos ^detones c^afesar queiei^ta tez lo 'd^ien'las'fnmos qoe^ie 
oprimian düícekiiente un peoo'de< tiempo «i«9 del ttsées^e. Cuaoido 
Ot;tSrtió hubo eonotuido >Sin a{ire8tn*arsef sebagóy puto tius labios so- 
bre la media, porcuyo ^1adi(^'6eenÍBre?eia unapiel>bla»eaytersa. 

-^Mi Éiayido! eKctamó lé de llirgi^eim lal oír >al ^fin ^ la 
calle'un rttldo deieaballos; y íáiu tii9(adir'<und palabra mas'lmyépre- 
cipltadameftte hacia' eheastillo. Gerftiul se (evamltf vitíamMite '^«0 ít- 
teifñÁ' en dlA^qUe Utt movimleíito defamas que oyó á álguifos pasos 
le bi2o témei' quié má e^c^á hubiese teilidé Un testigo inirf^e^ pero 
se tranquilizó con el silencio que siguió á este ruido. Después de'haber 
dejado pá^dr' al barbh y ^ he^iDáná^- aftfavesé la oálle de plátanos 
coméúdo, y desáfiareeió M ^guida á su Yez ^' el eámiiib tólltlioéo 
^1 otro lado del'íVüente. 



V. 



Una liegaá inás abajo de) caístillo de Be^genheim estaba situada la 
aldea de l^'Fsiieoünerie (hakdneWa), en la €»)afitíéncia= de madsos 
vaffés ,de loa cuales el prinéipal , colocado en uneamino poco frecuen- 
tado, abtia toa cdtBunicacion entre la' Lorena y lá'ixlta Aíslela. Esta 
posición hábfá tañido alguna iitipbi'tancia'düi^aiite ta édáá medía, en 
la época eti qué losYojeá séhalfoban erizados de paitldariosdeios'dos 
plises) proiltos siempi^e á etitrar en batalla , eoirio^U^ede generalmen- 
te éii 't^á^s las ifrontti^s. Sobre utia roca qne dOrtiimiba laf áfidea se 
veiaú las ruinas del castillo pe lé' habi» iddó'tlbnh^rej que^debia 
61 mismo á las arres de ra^priña,' hij^spedé^ ivábftüaíléB'de'Sus elét^das 
icl'estasv Eu' Hgov de jtístíeia debémeis áíisdir 'Que en todds tiempos, 
los h^bitáátés déla FtíU<c»(»^tterie hábiaii ^i^oeütfadiit J^ifiear el títolo 
con que eran conocidos por me,dio de sus hábitos mas belicosos que 
hospitalarios; pero hacia mucho tiempo que eK veéxiMdo^*de^6u» ^oe- 



148 REVISTA' D£ MADRID. 

js«6 loudd<^ dorini«Jba¡o los «scDia)>ros ^ank k rasa de sus morado- 
ros. El eistillo sehábia desmorpnadovsiiique en la aldea se hubiesen 
tíDgraadeeido con sus núnas; el pieo y eli.arcabus de los hombres de 
armas no había sido reemplazado: ni por >la vara d«i niedir del merca- 
der , ni por la caldera de vapor del iahricaiite; la Fatíoojuierie seliahia 
convertido en un pueblo mediano; pero no presentaba de notable sino 
las melancólicas ruinas de so castillOi 

£n medio ée una naturaleea pintoresca era.iinposible imaginar 
nada mas prosaico y imserable: que las casas (lue^ b<Mrdat>aa el cami- 
no de Uña nuemera bastante regular. £1 único piso de <|oe se compo- 
niaoi.) la uniformidad dé sus techos de p^Ja^ ennegvecida por la lluvia, 
los poforesjardÍQÍllo& que rodeaban «na pequeña tapia, y que no te- 
nian mas vejetaeion que un cuadro de coles y algunas arriates con 
judías , daban una idea exacta de la méserable existencia de sus habi- 
tantes. Después de la iglesia, que el ot»spo de Saint-Dié habia hecho 
reedificar casi del todo, una sola casa se distinguia algún tanto de 
las demás; esta era la posada taberna de la (1) Femme-SansrXéte, 
perteneciente entonces á la señora Gobillot, mujer animosa» qMB .no 
participaba en nada por cierto del extraño nombre de su establie- 
cimiento. 

. . Una gran muestra decoraba ia entrada, y justificaba un título que 
hubiera podido mirarse como, poco respetuoso para el bello sexo. £1 
dibujo primitivo habia sido realzado nuevamei^te con colores chillones 
por el artista encargado de las restauraciones de la iglesia, en la cual la 
alianza de lo profano con lo sagrado había escandalizado en verdad al 
teniente cura de la parroquia ; pero no se atrevía á alzar mucho sus 
quejas, porque la señora Gobiilot era uno de los poderes del lugar. 

Una mujer con vestido color de rosa , un gran tcmtillo y unos in- 
mensos chapines ostentaba solemnemente sobre la muestra el reciente 
lustre de un traje corresposidiente al año de 1750; un enorme abani- 
co verdeque^niaenla. mano la ocultaba casi totalmente la cara*, y 
este capricho del pintor le había valido ai establedmienlo el nombre 
con que era conocido. A la derecha de esta. original figura estaba pin- 
tado un pastel , cuya cubierta dejaba salir tres cahezas de chochas ^ lo 
cual le hacia asemejar á la corona de Créquy , foAnada , como todos 
saben, por tres cuellos de cisne. Mas lejos, sobre una camada üe ber- 
ros, nadaba una .especie de monstruo manno^^ carpa o sollo, trucha 
ó crocodilo. £1 lado izquierdo del cuadro no era en verdad menos su- 
culento : un pollo asado tumbado sobre el lomo , con la, cabeza deba- 
jo del ala, y elevadas al cielo con aire piadoso sus patas mutiladas, 
teaia peor acólito un plato de sopa de cangr^os, domasiado rojiza pa- 

• (^) Majer sin cabeza. 



/ 



ra ckiáar qoeesUys habían sido reeíentemente cocidos. En medio de 
todos estos objetos se veian ppoícisameiite mezclados; botellas y vaéos 
llenos devino. En los^ extremos dos frascos de barro, últimos sóida* 
dos de esle pelotcm gastronómico, habían hecho saltar sus tapones, • 
y mientrasTolabaa aun por el espacio, una espuma blanca rebosaba 
por sus estrechos cuellos, á la nianera de la quC brota de las narices 
de un delfin, y caia msgestubsainente después de haber descrito nna>: 
figura cónica.-^Mfiestra falaz! 

ün remordimiento de conciencia, o el deseo mas bien de poneirsei 
al abrigo de toda acusacicm por parte de los consumidores, habí» he-^ 
choi^olocar sobre él antepecho de* una de las ventanas al bdo de la 
puerta una especie de mostrador «sirejado, que daba Una idea más* 
exacta de los recursos-qne ofrecia aquel esíidklecimiento. Al gunois' hue- 
vos en un plato , un pedazo de pan, con el que David hubiera arma- 
do su onda sin dificultad seguro del éxito , una botella de vidrio blan- 
co que dejaba percibir un h'qutdo del mismo color , destinado á re- 
presentar el Kirich indígena , pero que en realidad no era sino agua 
pura , formaban el prospecto de una o^moida de anacoreta, á a&yobi- 
vél no era difícil creer que correspondiesen los' recursos deia cocfna; 

Una puerta cochera conducía al patio y a ; las citadrasv principa^ 
les habitaciones de este edificio; otra, qvté ei^a sobre la que se hallaba * 
la famosa muesti^a , flanqueada por dos asientos de piedra* ^ conducía* 
directamente á la cocina, cuya pieza gozaba los honores de salón ' 
general. Una chimenea enorme, en la cual podía calentarse unffdilataH 
da familia^ ocupaba el centro de^ uño de los lados^, Eñ unio de los^rín* ; 
cones tin homo enseñaba su boca negra , en la que se veían atravesa- 
das ías palas y demás instmihentos necesarios para supuso. Dos <í tres 
jamones colgados de una viga y ahumados coñcienasudambnté, anun- 
ciaban que se piodia sin temor al hambi*e esperar las matanzas gasÁro- '■ 
ubicas de San Martín. Frente por frente á la ventana , tin aparador ' 
de encina encerado, tan gótico en su forma coiiio en su^nombre, os« ' 
tentaba con profusión un surtido de platos, pintan^ajados con^an- 
des'florones,yvasos octágonos que apenas recordaban eonfusamente 
los cristales ¿ Baceairat y la porcelana de Sébres. Un banco de cocina, 
algunas sillas de madera y unas hornillas dotante de la ventana^ com- . 
pleiaban el mtiebliijeí de esta pintoresca habitación. 

Desde la cocina se pasalMC á otra sala, en. la que una mesa perma- > 
nente rodeada de bancos ocupaba lodo h> largo de ella < El papel que 
cttbria sus paredes^ verdeen un i>riiicipio,.pero gnsya á causa de| 
tiempo, estaba adornado^ de «na media docena -de eoadnos en negpo 
represencabdo la historia ded príncipe Punialoski; la cual compartía- 
con las de Pablo y Virginia y Otrillerm^ TeU el honor 'de deoorar laso 
tabernas y pesadas de la» aldeas. ;E]^'>el<]|it80i<snpertor^>por9ae^side 



1 50 : REVISTA DE . MADRID . 

adlievtiF^e este. ^ífieio> tenia varaMpiaiki, muchoB euartuehos iápu)$ 
delo9cavreMo8 p«éa quicoies- «statoi dksliúados, caían ¿ un largo 
cerrtfdar^ que[ ten»inilba en im aposento, dood^ habia dos eamas^ 
hahíílaeíon de iionorreierMada pata toshuéspod^ distínguídos^ cuya 
nials-eíArellft.loaeoBdttoia alguna ves i este ^tmwada pa».« 

En «sta noche )a: posada de la JFemnie'^SftpscTIte ofrecía una anih. ¡ 
maolon deeoenoelda. Los asiaitos de piedm ^peadUMraabaaJa puerta*, 
estaban cubiertos de aldeanos rastrillando didan^o i 4b muebaietos di^í • 
pttcMoy y de tees i cuatro arrieros fimwíndo graveme&te eaunaa pi- 
pan negras como :el carbón. £sta honrada fscieiedad habla da<ti> treguan 
á ÉüspropósitiKs gidaniespartí etcuobacá di^s Dmebaebas que ahullabaun 
á dtto cotí un tono patético, hajBtendocomo que etintiaban el romanee. i 
conoéíáiii en este pai& por toda ciase de. getiles: 

Ju €hate0/i6 dé Befaré 

11 est érmsiolie^ ^ikí, títc- 

El áiego de.la elminm^^ f«e^>brillaba á través ;c|e la piieirU al)ier- 
tas d<^ba é esta grupa entre laü sorofNras, y reflejaba todil sv <$laridad 
sobq^ Atgnnaa figurastique se bo&^ban.eo el intmor de 1^ coe^i^í- £ra 
una de. aquellas U sefiova. Gobü^t en persona , eon> 1« cabf^a cubierta. ., 
de uob idesmelitfodfl cofia y un ditlantalblaneo.pQr.taicima de^sujii-.! 
bon encarnado.^ pálsandoeOft aire nniy importante desde las omitías jal, 
apañador, y desdo letaparadpif ákd¿n«a«A. Una ériad«ííb^a de cuer-» 
pQy ^esn que la ayiMUba.en su foena^ dflsaparecia.freQuentiQfnmteii 
por Ja^piieria del compdar, dondesinduda praparab^ia ntasa paraalr . 
giiA feslin~de>primera clase., Con aqu^la* bsÁiUdad propia d^ .las mk'. 
das palurda hada t»esív«úes pai»i<lliwaiy dos.ptaüos, resoplando.opinfi.; 
unsi ballenai mientras tuA et a^ovado fiQpaqiUia d^ su Iw^a cara > anynri 
ciahuque^ todas las JUwaade.suinleHgQnciaeslabiilisaiPetiidas'en^quei. 
momento á una presión desusAda. 

En las horndlaSit delante de la chimenea < se veían tre^ ó cuatro, 
cacerolas, cuya hervidero interi<ur produeia una especie de armonia. 
culinaria, én to euai'Q«ffmami hid>iera creído oír unasinfonía eom- 
plela< UnpoUo dsehastanfiebuen aspecto daba vve&ta» en un asador^ ó 
por mejor decir, al asador y <s« vístíma ledaba<»Tueilítasw.inuohaQ)mj,j 
cornil de unos d«ea años, que con una mano hacía movier la manigueta, 
y acmada la otra eon. una gran encbara rocíabiSiel aaado .a>nJ)astante,r 
inteligencia. Bero los dos principales (pei^oniúesd^ este cuadro .eran 
sia diapn^auna especie de señorita aldeana, y un j^vev^ sentada enfr^n» • 
te d« ella que parecía oeiipado en hacer su retrato. En las pretension^p 
de^elega«dl^ d^lagóveu se reoonooia .fácilmente á la hija de la posadar 
r^vla aanfritii Reine (^iUoli, ouira pasisH por ion^abadMi de l^í.Meh 



/ 



4iiJialHa)i»9ltfidO'Áitimfljfio,pttiM^l9:.€^^ C^imadeiiiU De- 

bellezas de una cintura que hcAieitttbeeiMt honor i una hm .de Ma* 
boma. 

El joven pintor , por el cotfti^árídív ^tiiba sentado con una especie 
de abandono artístico, coifigéir^íKiidb -^ üfinlibro sobre su silla , de la 
que solo descansaban dos pies en el suelo , y apoyando sus talones 
contra la éMifé&ei^: CótiáMa su VesfivAt énnád'letka e^éetier de 
teioi^li» riegré;' y llot#(a «n la ie abbi:lá'Uínai góprk dc( la tñ^mA tela, 
taá in^Hneáia liada eltedord»reeho i qii^ périiritía v^ por et ótnyíá- 
do UQd' afeHi&dátft« eabelleraí i^tano 'obsicu^ov c^hspartidá S6bi^ m 
frente á lo Perinet-Leclerc. Este peinafci'al 'qu« ádoüij^añAbau gntn^ 
dí)»blgb«», y UH« pé»é^qu« <l«f!^bría'«daa l<a bavba, 4í(b«:á^a figura 
j«v4tahuiia''fiMn!dlMfei'|^pla dé un personaje d«i Ikí edad'^nledia, que 
0Mí preoi^iftn^»t4i'lb ^«l^ái»bkieiMb6.!fóké^afrfiMtti viajera dl^tÁá 
en lín albúth- estocado ((s^brirafi^ rodillos, eiiy0>ti»al$ajo ^J^euDibá cdtt 
fiil ibiim^ndift, 4^^ mdfeabffd^sdte' luago-UQ^ gibn «bbflaiKía mm 
talento. Tin cigarro hábilmente colocado en- mili 'd6>^to8'éxtliemd8^cl 
l^u boca, no le impedia. por cierto tararear. entre las bocanadas de hu- 
mo algunos temas italianos ^ de c|ue parecía poseer un completo re- 
pertorio. A pesar de esía * triple ocupación, spsteuia la conversación 
cmiimí «P<HMa> fi«a toi prqHKÍ^fl ÁCiUHi hffmbrfl que^ «orno Gesar, 
hubúM Ilí«di^idyiQtal|,iiQ^atl99lft0Cff(Mfi 

Deír Assíriá, aíS^midei 
Aspirar.... 

^«-Os he supüoadoya, 9eftomta>^Reine, «fue» no p(»ngai8la boca dé 
CBe)niDé»;f e$o os ékiaú^ Qit« rádicalihente )^lebéyo.> '■ 

-^PiM» qdéaíi|e'«8.el'q«ietmé diÍ'iM!gp0úMlB<Si(M\út cénin^ 
qAiéfuil. 

^UtiairedeWacteau, de Ré^éiHji»^ ¿ de Pompaddur, como^^ 
tois. Tenaisí la beiea gruidé^ y e^pi^Éci^ dej^#ltf eto imesiado^nÁlurák 
' ~-Que tettgo yola boéagMiiidé ? exclaiii¿ Reine con Mria; (¡úé po- 
«Sí pólftl^a tienen tos ^ñoté» déPttirfs^! y flNitieid'iBUs lal^ hiastlí el 
punto de reducirlos á la dimensión de «lia céréiís d« MtotMoré&oy. 
^^Qnítfí^ébé^him^ t(átitíié¡Bmi <$DfaaoBs de jii«g»i^al-'air«rde una 
litattM^taai material>? isiibéd que nada ei^MM iseAíKtor qOéun» boca 
gmkáé¿ La9 beca» grMiáés ^ bétanes dn i^sa ^ bá ! 

' 7tegpfi.d£fiMreai^.y;ddi!ora^ 
QntaididaQfi m|t vbíúAi • 
') , .Man<v«iv«'Mt-p)tin« <<: .. . k •. 



t53 REVISTA DB MADRID. 

— Una veziqtíe^esa es la moda, bueno, muFmüró oon^tono de ooii- 
formidad la Rena de los corazones, y desplegó éonzontalnrtente la 
FH^eza de dos labios de vmmellon qne hubieran podido estenderse 
de ana orefȇ la otra sin gran dificultad. 

Giá viene Toro, , . 
Gií vien TargaAto. . , . 

Canturreó el artista después de un instante de silicio. 
'-rPor4ué no babeis permitido que rae ponga mi collar de oro? 
esto hubiera dado á mi retrata un aire mas propio de mujei: rica. So^ 
fia Mitonf ha hecho muy bien en hacer que le pintm.Cü el suyo un 
pieíne y uno$ zarcillos de ooral. . >i , 

. ---Qs «Mplicoiy mi amable J^inei, quem^ diieÍ8.aQ»bar vuestro :cio* 
quis según. ¡rni capricho; ^ artista .es aiite$ qu^ todcun^seride insr 
pirs^cM)». y de espontaneidad. Vos umm el gusto demasiada .caraoton 
rizado pora quie y4> consista en adulterarlo en lo mds jníniíkio.Y no 
tenéis necesidad de: poneros ttiesia como si o& huhi^s^isi trugado la 
balieua dC/ vuestra corsé... : ' .; ^ . :. i. « . .. ' 



•i ■■■. «¡ . 'I 



l'art n'est pías íait pour tpi. 
Tu n'en á pas bespin. 

'•'^^s lo aseguro bajo palallra^. honor, teneüs^m pecho asombro-» 
so. Rubens puro. Es^enverdadabundanf», protuberante, luf<iriosb...: 
La señora Gobiliot, mtyer austera aunque diseña de una posada, 
cuidaba muy particularmente de que ninguna expresión mal sonante 
ó insidiosa hiriese los oidos de su hija , y atendida la gente que fre- 
epe^taba. sui ca$a,{ e^e «uidadoiino era /&n verdad 4^ fácil realiza- 
ción. Le habian chocado i «Ualiss. últimas ipalftbr,aB del.jóveitpintov 
ájpe^ar de no. haber ceiittiKrei^ido^u sentido t>pero,pior JÍ0}.inis<m> ha> 
bia creido hallar en ellas un veneno oculto mas peligroso ^ra su . 
hya, que I09 terribles, vojtos y.teriips.de los careetero^; sin tambar- 
gp , jio s^ atrevió i. quonifi^taii so. disgusto temerosa 4^ ^per^er Ipa 
ganancias, que se había ^prometido cqi^: aquellos huéspedas, y^ ^gun 
acontece siempre en SQm^antes casos., disscargó su sm\ humor sobi^ 
las p^risoñas de su d^peikdQQcia. . , 

.r-D)espach90s pues, Cat^atina, no acabaréis. nunpa de pogooF ta me- 
sa? 36 l^brá visto wa pesadez igual ! Ya os, he dicho, qu(B poju^aisel: 
servicio de metal de Argel \ estos señ^fts esta^. .«M^tumhrados á comer 
con plata. — Escuchadme cuando yo oshablo. — Con qué agua habéis la- 
vado estos va'sos ? Jesús y qué vergüenza , limpiad^ esto mejor ; parecéis 
un perro rabioso según el nviedo: que teneis^'al^água. — Y tú que estás 
atísbando sin atender al pollo; rocíate eomoi te -he mandado. Déjale 



i 



1 



GERFAUT. 153 

• • ' i ■ - ('. : 

qMemar un poco, y veremos lo que cena$. — Si yo no estuviese en- 
cima de todo, continuo alzando la voz y visitando sucesivamente sus 
cacerolas, todo se echaba áper¿er; un solomillo que estaba tan tierno 
copoo la rosa, y me lo han achicharrado. Ya vá de tres veces que renuevb 
la salsa de este guisado. — Catalina, traedme acá una ñieñte; vamos 
pronto., "' 

— ístoy seguro, interrumpió el artista; que óerfaüt se esia bur- 
lando de mí.'^Por' mas que cavilo no puedo adivinar lo que se ha he- 
cho. Decidme, señora Gobiüot, estáis bien segura de que un arfició- 
nado á todo lo pintoresco, al viajar á estas horas por vuestras mon- 
tañas no correrá riesgo de ser comido por los lolbos ó saqueado por' los 
ladrones. ' * 

-;-iyuestras montañas son mluy seguras, caballef-o, dijo la posadera 
con tono ofendido; excepto ese buhonero que asesinaron hace seis 
. meses, cuyo cuerpo se encontró énla caverna de los zorros.... 

— Ye) carretero que fué detenido hace tres semanas en el foSó? 
anadio la señorita Keine ; lois ladrones no le mataron del todo , pero 
le dejaron tan mal parado con sus golpes , que todavía se halla en el 
' hospital de Renisremont. ' '• 

— pía! vpya ui^a segundad; esto es peor que la selvía de Bdndy. 
£n verdad, que si yo supiese hacía qué parte se había dirigido mi 
amigo esta mañana, iría á buscarle con un par de pistolas. 

. — Ya está aquí Fritz,! dijo la señora Gobillot, que lia encontrado al 
volver del campo a un víajeiro qué le dio medio 'franco al preguntar- 
le por el castillo de Bergenheim. Según las señas que él dá , debió 
ser sin duda vuestro amigo. Cuenta, cuenta, Fritz. ' 

j^l muchacho contó e^ su patuá alsacio su encuentro de aquella 
tarde. Él artista comprendió, pues, que era en efecto Gerfaüt de 
quien se trataba. 

-rrSe habrá extraviado en eívalTe, dijo después dirigiéndose á 
la Gobillot; pero no hablabais de Bergenheim? pues qué hay por 
agu/ algún pueblo con ese nombre.*^ 

-7!Es un castillo, caballero , que está á una legua de aquí Subiendo 

por el río. ' 

•—Y este castillo pertenece por casualidad al barón de Bergeidieiñ? 
[ ,un guapo muchacho , alto y rubio con los bigotes un poco rojizos? 

— £30 es precisamente , excepto que el señor barón no gasta bigo- 
tes desde que ha dejado el servicio. Le conocéis, caballero? 

— Tpma! si le, conozco , y a propósito de señicio, yo le he hecho 
lino que tiene su poco de mérito.-^Kstá aJhota en el castillo? 
j¡ —: Sí ^eñojf^,. y su esposa también. ** . ' 

— Áh! su mujer también; sí,' es una señorita de Cbrandeüil ;' es 

SEGCIIPÁ ÉPOCA. — TOMO lU. 20 



154 REVISTA DE MADHID. 

JWWle, Af gma? i,lím. ¡í?? Jíísftnas .aas. aman as cara& pafi&s como 



maaas. 

^,^éSSm «f,*»^."" im?|?(ll! Jfiflfi;,,Mi¥^tra8,mc¿lla9 í¿ÍÍÍS'y 
.^%if«^n35,e(jp^gto^Sas, dyo a mema ypz el pintor mifandó a su 

'Bfl^'8ifflBi,^»li¥KÍlFHlM.t-„.i.. '\..-rr.;. ■., ■, .: \, „.h 

iniTrS&ití^j llfiBojiaij, f n(;y?n^^p ijjqas bonita á la lí<;rmana ae\ ha- 
^H^jOjg^yp ,l| ,|ej^ GobiMot reaoyandó por'ia quinta Téz'Ía"saÍSa 

del solomillo de vaca. 

buen col%^^vjj^fl^(|^ jjMp tiene los caneTlos tan rubios', tan ruDios, 



dad que me fásUdian con taino Teñir a cantar' en mi óuerta'. PtsHpi- 

■*ÍH'*íbtl 9(ínsu^ioo,y^íÍJncésyo,leint|ica« que sé pápate arSejar- 
"18 "en pa;-" 



para complacer á Su huésped; p«N> apenas había vúíitb Ta itspalda, 

ío. El s^ .1^^ ;^^.,^f^^i^a™^fli^ habja s/áo'ef MÍí||»fn'¿'íie daba 

..««it'iSl^i IWf'^..fefe»r.íí«!t}¿9 JlSCij §ue^noNuiUaía''»^te;;siÍ8 ¿JAs 
azules %íftf^;i6)ií^ y, \f^]f\M^ ara^^to/a^ |a cuaj óaWÜííí sumer- 
gido en una admiración proáind^^peró ál ver '^ie oáHÜ'mé^^^o 

***{iiS^^Í?tS ^4^ ^ ti^^emado,' que dejo eSet V¿ ¿ifcKá^ £dtre la 
ceniza. ■ ri . > . .... ... ^/ _ 

— Eh! truan, tienes gana de acostarte nn cenar comottWflni 



"^áumtláo? d^ eí jrfvcii piütoil, tilteniraB«]aé Itf bella • Heme <pt9eilia- 
ba iteponefie; VaiiHMs , cátitanos ai^uniat caséioíi eB(lug«r' de tiinaifine 
como sí yo fuese ^inis. ^>rieiie bonifuivoz Vnéctro á^rudanfó 4e>ebc)ila, 
*slft«rft Gobiltot? Vamos;, un poeade'>alguiiair9)alf*iaa»rSeíBAre7i^ 
f!Berf^i eatttKs ^hiért^^lBi'íschktfuemtam desgarras los oMes; Sf 4éMaii- 
tó entonces pohieiidosa'albuiii diebajo'de] braM).< . ^ 

!:..^iYiimi4retrato?«telaa)óla jÓTén eob lamqttla encendida amidel 
:6es¿^quéhablbi Yéeibido en «Ha. 

•£! pin<iiNrse'apTei[iiiio riendo, y le dijo con.tono.niiBterfoso: 

'•««-^aáhido ye tiQf;Del retrátóde jAgnnarnincbadkli faoifitoiBOirfoíves, 
no Í0'cieaik>^niHvóa en'ini día. Si qiiereiá eol^cedenne'unli segunda'se- 
«OB 'mañana por la raanana antes que vuestra tnadre de let^aate, os 
prometo aéabalreMe -croquis do'tinanianaá^que no q^edas^-disglis- 
tad»:^' : ' ' • •♦ 

La señorita Reine , á'^uwnmi madre ob8ervito<en este momen- 
to,' se alejó sin decir una* -palabra^ auñqtte.dtspües.'detobi^ respon- 
dido con lina minada, que^no era entalámente- imposible le^ que se 
la ph>ponia. 

— Vamos, tunantuefoj ndelara^ «( avtíáta 'haciendo piruetas con 
aire de triunfo , canconipí^^ ccHX'^tíi^ás^ una , dos ; vamos á ver. 
£1 muchacho comenzó una canción de Alsacia con una voz agu- 
da y sonora. f 

'' '^AguMrda^oiipoeoj en »(]oé¡t6no' estad «U'cantandal escí^ría, /a, 
£¿0 , mi , /a: mi, mi mayor, cuatro sostenidos en<laíelavé,>oélspitatfon 
etnn^faacfad ! hé aquí un «hieáeló qvejcaraoóiéa sobre íoetatiy los do 
sostenidos , como Ossian sobre las subes; idi tei stóreagudo} ooBti- 
HiR)' don- asombro mientra^ que el joven músioo recoiiría la tónica en 
oot2(V« eoñ dnarfoz de cabeza clara eomo un^cristal'i Elartieta aneojó 
al fuego su cigarro que acababa de encender, y se puso ádar slil44>sfior 
la cocina^' isin hacer caaode la señoiifa Gobillót , ' un*'^» picada en 
verdad de vene depreciada por un giilopin. 

— Rarísima voz , decia él pintnr paseándose á gríAndes pasos $ e» una 
voz admirable : pero , y los puntos bajos ? dos octavas y media , un 
timbre puro y brillante y la unión dei la voea Hie pecho con la de ca- 
beza , nO puede ser mas perfecta. Sería un primo músico soberbio. Y 
- éomo<ad>enlá9 eltuáantuelo ticneuiía bontCi^ fignra.i.u vasfioa, vamos, 
después de cenar yo le haré lavar, y me encargaré éd darle ocuspiMion. 
Estoy' 'segoro que en hienos'd^ im año dé votíálmmn debutaría 
eoael'niBS'brH>feinte étító. Pardíez^t esta esiinaiidea>eomootra*oiAl- 
quíera. — Pero este Gerfaut que no viene. — ^Vaya, vaya, quó>bieii4M|rá 
el Pippo de la Gazza , ó el Gemmi del Guillelmo Tell. Pero será 
preciso un papel para que debute ; cual será mejor para un mucha- 
cho? — Este condenado de Gerfaut por qué no vendrá? — ^Entre un mu- 



< 1 56 REVISTA.' 1» ; MADRID. 

''éhSMSho f tttia> muchacha un muchacha v{i|emucho «fias : .Mml por 
ejemplo; t7»i«i>#fii#/; la casta Suama , ópera aéría «i» trea actos. ^— 

' Madame Begrand esCaba iiennoBÍsífliía ea la SusiQia. 

^ Si Majrerher quíaera encargarse de la partidura.; ^mo compatrio- 
"«a le piérteiieee de derecho ^^ hallairia detkie Juegoc la ocasioB de? rem- 

^ per una laoza con Méur yHofsiitt* Diasde luega le daníft xm colorido 

' hebváicóh.. ^^Si esteanimai de Gerfatit volviese.*. r-^Véamoa eua- 
les serían los personajes : soprano^ Susana ( iCónlrcUlú ,:I>aniel ;,los 
viejos, dog'bqfos^ ya me parece esoooliar ua terceto superieií al tan 

'celebrado ée la Onxxa ; en cnanto al tenor A^mi ser naluralmente 
•el marido de Susana. Tendrá «tesde. luego, ima salida soberbia, á su 
vuelta del ejército, Cavatinm gUierriera om ceri.t^Pertt á este, mal- 
dito 'de Gerh|ut>es preciso que se lo>bayan comido k)$ l(dx>s:.si -es- 
tuviese aquí arreglaríamos el escenario entre las peras y el queso. 

• ' Efl eéte memMitD sé abrió. bniscamcnté la puerta. 

< -^Estó prohta la cena? dijo una vos sonora. 

'' -^ Oh! y» esta aquí, ya está aquí este apaigo querida! • 

> ' •' QrandDieu,Ctttlm'wémit,... . i 

— Sano y salvo. 
'^^ -^T bambriesto V dije Gerfaut dejándose caer sobre una siHa al la- 
do* de la chimeDea; 

— Quieres tÚ! escribir la ópera de la C«#to Snmna > drama lírico en 
tres áctos!, música deMayerber? 
••' -^Ijo que quiero es cenar. Señora Gobillot, me recomiendo ente- 
.ramente á vos. Gracias al aire que corre en vuestras mojottanas me mue- 
"fo de hambre.': 

•^Pero seior^ya hace dos horas queos esperamos, reiqxmdió la po- 
sadera poniendo en movimi^to sucesivamente todas sus cacerolas. 

*^Es verdad, dijo el artista, pasemos al comedor. 

■ ' Giá la mensa é prepárate. 

' •— En cenando te explicaré mi plan, acabo de encontrar entre las 

' cerneas á un Daniel... . 
> ***'Mf querido Maríllac , dcya tu Daniel y tu Susana, .respondió Ger- 

Ifant'sentándose ala mesa; t^go que hablarte de ima cosa muy im- 
i> peHMrtCi ■ . / 
í» • 'I '♦ í 1 ' . ' . I ... » . 



i"M íl • » .'ii : .. '.;;'i '..i 'i , ¡ ',.,■• ■ M. 



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' • ...'•!. i, ni 

VI. •'■ ■■■■:• 



Mifatraa.qii0 los dos ami^s se entregaa a ún combate á nii^te . 
con la poeo 'abundante: cena, de la señora GobUlpt^i^o será superfluo , 
qaeexpliflpiemas.enpoeas ps^l^as qué dase de relaciones, exjstjan 
entre, el uno y él otro. ) 

£1 vizconde Qetavio de Oerfaut era uno de esos hQmbres 4tt^^-.,i 
to> que sonlofi vei4adeiK)s ^tadínes 4e un sig(o« e^ qi^ la pl}ux^ . 
mas ligera ftesaniasen la balanza social que la espada ^ xlp^ ui^nos^ , 
dei.«uo4e,nuefitros abueto. Habla; nacido en el Mediodía 4& la F|ran-^ 
cia .4e una de eeas isiratUas. antigMas en las q|ie la.fortupa djsminpr 
ye á medida que aumentan un cuartel en su escudo de armas, y que • 
acaban por poseer un nombre :jim)|xio único título de prqpedad. D^- 
pues de halü^r hecho grandes saorífieios para darle una ,e4Mcaeion4^;- 
na de su «aeimiento, n^pudifron sus parientes, goaar. del fruto, d^. 
sus esfoeoiaSi y G«rfaul^:se enewitró b^^eno en d ippfnento ^u.|$ 
acababa d^ terminar sus estudios de derecho en París, y aban^oi^v. 
entonoefbilaearreraf en la que su padre b^iiia^ñado vqrle revestido 
algi|n:tyacoit)la;toga raiearnada bordada dearmiOQ* Unatimaginacioii., 
veheinflnt».,y: pnanuneiadp , w gusito apasionadct por ^s artes.^ y mas., 
qué tddQieMo algunas relaciones contraídas coO{ varios literatos. 4f " 
cídievQiQ(6u:'VOGaci9n, y Jo lanawon cQpsp un glofbo estragado. «inme. 
dio^dcf la^ literatura. . ,^ * , , v . 

Sin qui^aníe ni desanimare, apuró el ardiente jóy/en ha$|a las.Ue-. 
ocB.el icaliáíTquei dan á beber áitoa nieófitosian la carr/era dpJia$. letras 
losiediionM, les comit^ de lo0Ma , y las x>fioina8 dei^edacoion, Ds^^, 
paso.qae en mui^hos acaba portel suioldlo^ no la jcosto sino MOiailM^f^i 
dosu patrímenio , cuya pendida üoportó oonla r^ignaoion d^nnbi^i^t . 
bra que se siente c(m la fueraa; ¿de. poderla reparar. Su plan estaba,; 
femado, sifpiiiélo, pues, oon perseverancia y presentó, un ejemplo posl- 
tbo4lel irresistíble poder que adquiere la inteligenía cuando se ,unfH, 
á la voluntad. Faraéllaireputacion conduela á profiMidídades oeiilM: 
ba|o. un. suela árido y pedragosQj^ era preciso pues p^ra llegar á eHa 
femiariúia e^[fecie de poae artesiano. GerCaut aceptó. e^ta oeupaciou 
heróiea, y durante, muehos años trabajó dias y nofehe con la frente, 
bonádards un sudor 4al0rQsoi capas dQi secar .cualquiera >aspeii:an^... 
En fin, la sonda del iirfitígaUe trabi^ador hirió el anananl^ial^^iibtorT. 
raneo háoía el que ¡seiinelinían; tantos hombres «^diiQ^tos,; pero.icHT. 
yaiÉeáttaieonsigui^n a|^a«a»íamáA. AieatAgolpa<f¡«t9ria9<) l^^^glori» aur- 



1 9flí REVISTA im ^ABRID. 

gió , y cayendo subdividída en multitud de gotas luminosas hizo bri- 
llar un nombre nuevo, cuya fama había sido demasiado pagada para 
que dejase de ser duradera. , ^ 

En la época de que hablamos habla Octavio hollado todas las es- 
pinas del campo literario , y podía escoger á su sabor las preciosas 
flores que crecen únicamente en este terreno. Con una ligereza de 
talento que i*ecorddba muchas veées el prot<9Ísmó de Y^Haire, trMa- 
há todos los géneros, aunque fuesen Ibsina^ ineon0xO0. A un valor 
poético genersilínente reconocido, reunían m» dramas ad$mqg et» 
mérito positivo que se alcanza en el teatro por medio de tilia elegail«> 
te'foéüdbn. Los empresarios lt> saludaban con respeté, y los^eoIak>- 
rádores pululaban al rededor stíya como- loe gorriones en un- cofrql al 
rededor de un galK> generoso. Los dkeotores de los pepi<ktioos {iág«^ 
ban á peso de oro su¿ artículos y sus folleti&es ; los de las itevistat 
se diputaban las primicias de algún fragm^to «le una de sos neve- 
la$ inéditas ; sus obras, iluSt»*adGís por PiMrec y por Toi^ J el wBm eátj 
Sé veían brillar detrás de tos enlátales en la gal^íj» de Orl^afii| 9 ^rer- 
faut en fin había marcado- su lugáir en medio de esa doceaa de eseri* 
toresí que se nombran á sí mismos-, y hasta' dMrto pnnioieMí justíoia, 
los mariscales de lá Iftéinsrtura francesa , cuyo coiidi|stadl>le es Cha>* 
teaubríand. 

¿Los motivos que habían cOhdficido á. un personaje serin^teá^ 
den leguas de uno de los balcones del lieatro de la glande ópéra:pa« 
ra quitar y poner la zapatilla á una im^p bonita, ^racuguo 4e<(»ós 
caprídios tan frecdeiites cdrifO pasajeros dé la imaginaeion de hm^ 
ai'tistds, 6 era nno deesos sentimieiMoid qiie acaban por gri^afse en 
el corazón y absorven todas las atenciones de la vida?'£sto es pred- 
saínente lo quo nos hará conocer la hilacíonde esta botona» 

Él jdveü sentado en frente de Oerftiut ofrecía moral y fiísieamente 
uH mahiádo contrasté con su éompoft^ro; El*a püe»á esa especié de^ 
maleado esparcida hoy per el baluarte de 6and, á la cual pcrtenti'». 
cía MarHlac, y déla que ofrecía un tipo extremadamente «kdctp. Nd 
hfeftrá nma persona que: no iiaya emSóntraido sobre las (aderas uno de 
esK^ gQa|K>s thnchaohos destinados á «er esoeleníiieq oficiales,. diestros' 
conleroiantesú honrados magíistradoi; P^p á^quienleB' pee. desgracia 
unámanía'artfsticaafiartade su propósito; Ocdiéariiri^etttcf es' el tá* 
leüto do otro el que nos ofrece <ocasioii para ^qrer ségaivi la», mismas, 
huellas. El uno es cuñado de un poeta , el «ocni yéma^e un hásioria- 
ááT^ de cuya diicunstancía sacan el derecho de iier poeta ó historia- 
dor á su Tez. Mticifos se haeen justicia' í^mMás-^^f ao atre^iéádoae» 
a 4evantffir por sí mismos una bandera , bépóttéttl Üajo liifpeteécion de 
un patrono á quienes prestas una -eipeeie Íüki.pleito«l|edveMr|e. 

Marülae, pomyá Ya maneja dé esoa ^ienm #e i^pii^ñw^kaiaBiía- 



wim: .. m 



encontraba remunerai 
JB^ii*?,*!? IPW, 

cudero. Aparte el tal 
líos hasta la exlj^^ii^üh 
jrácter de las que se ui 

'«)«(«» fmwnfí 

mo M. 4p,ifr(líiip pya 

*«ilt»,lf*l,W»Íif 
tinados a dos objeto^^ 

"J,fil(llMlfcPlWÍ("\i 
mo por ígu^c^s de (j 
talento , era un arrog: 
nado de buenas cuali^ 

teffl'íjMi líírHi,. I, , ,. . , , r , ,r¿^ 

— Larga o corta , que te importa , si al fin y al ^Ixi jias dé es- 

ftífi%'SÍ ,. ,,■,-„, ,i..,:,. , '".,.."', 'v^-.tJ"'' 

— Es que eD el pnmer caso haré un ponche y llenare, mj pipá; Ae 
Ojrp nw^ D^ (^fent^ué ojü un ¡^jgarrpt 

— Ola ! Galilea ! exclamo a artiüta corriendo detrás ae Catalinj , nú 
b^e^lg e4^WEip>n Unta precipitación ^ aun lenem'os'neü^^^ Se 
V|jej^^ set;yicioSj t>éró up'teinais naJa . interesa únrllarílcimes , os 
las haneis con jóvenes qiie tienen por principio respe w^a \iniia 'ffé 
l^s cani^i^nraí de niesos. Hacednos el gusto solamente i)í"ti'^fíi<a 
y^^^az'ucar,^aguardien'teo kirscti,' uña 'pohcli&'i'^y"ag'aa oiiieñte. 

— Agua calientel para qiiiií uuerriní ¿í?fáii^lii' eflaSa ■míSléft" 
ám¿' asuntada l^cia' la ijocinai « 'se'ítamán ^'ií^'^ 'iiiiios'*^'^^ 

— ipadle á esos s<éñorM totolo qué pi^én, no seáis' nn'^i'résikin- 

. 1 -Tu <ii .i'iri .firts;- kT i!'ri;i. -jiíji .4 rn vtji ,(rivn ■•t.t: nu iio:. 



i 60 REVISTA 'í>¿ ÁÍdRID. 

díio \h señorita (jokllol ; no veis ^ue qúieréü hacer algtíniá' bebida 
como las que se hacen en parís. . . '^' 

Luego qué . estuvo colocado sobré lá mesa todo lo necesario para 
la confección del ponche, se áceríjó Marillac á ün viejo sillón forrado 
dé tapicería , tomó una silla para extender sus piernas, reemplazó su 
gorra por un pánuejo de seda artfstícaníente colocado , sus botas por 
ünás zapatillas que habían sido r¿gdio de amót^ , y encendió una pipá^ 
de ámbar de tubo. largo y encorbado. ' ' ' ' 

—Ahora, dijo sentándose , te escucharé sin pestañear, aunque du-, 
re tu historia siete dias y siete noches como la creación. 

(rérfaut dio' dos ó tres Vueltas por él cuarto con airé de uñ orador* 
que prepara su exofdio. » . ..,.., 

—Ya tú sabes, dijo, que los fiechos tienen mas ó menos infiúeñcia 
sobre nosotros, según la disposición dé ánimo en que dos encueñ-' 
trán cuando acontecen. Para que tú puedas comprenderla Importan- 
cia que ha tenido en mi vida la aventura que te voy á contar, es 
preciso que té pinté la situación moral én que' mé hairába cuándo 
sucedió; será una especie dé preámbulo filosófico y fiáiológi'éb*. ' ■' 

— Maldito de cocer, interrumpió Marillác, si yo hubiera presumido 
esto , habría pedido avíos para un segundo ponéhe! '/ ' ' 

— Te acuerdas, replicó Gerfaut sin hacer caso de aquella inteiriip- 
cion, de la especie de esplin qué me atacó hace mas de un año? ' 

— Antes de tu viaje á Suiza? . .ü: .. » 

—Precisamente. •..•ti. 

^Si mi memoría no me es infiel, dijo el artista procuraiidÓ buscar 
su respuesta en la espiral di^ humo que se elevaba por encima dé su 
cabeza, tú estabas extremadamente mal humorado y maniático. 'No 
fué e^to en la época del naufragio de tu drama en el teatro de la 
puerta de San Martin? 

— Sí; y podrías añadir también la de nuestra comedia eú el 'del' 
Gimnasia. ' ' ' ;; ; '" ■ " 

— No, amigo mió, ya mé lavo las manos en ese asunto. Tú sabes 
bien que la silba no principió hasta él' secundo, aéto, y yo habia tra- 
bajado únicamente en el primero. ^'' " ' 

— Bien, bueno, admito enteramente la respónsabuíddd' de la ca- 
tástrofe; lo cierto es que sufrí dos derrotas en aquel desgraciado mes 
áe agosto. ' • ' 

, — Dos derrotas preparadas, replicó Marilíac, no me cabe duda 
e^ esto; porque es prciciso que nos hagamos pargo para nuestro 
cp/Di$uelo, que jamás se ha visto una conspiración , mas infame ni 
mejor urdida: cáspita! todav/á mé zumban los óidós! yo estaba vien- 
do desde nuestro palco en una de las lunetas de patio á un pillastron 
con un frac negro, que era el que daba la señal con un pito tan 



gtíiidé coñJo án^^^^plá' de árzób.— Canalla ! si ytr habida pddido 
estrujarlo entré m^ iñanos! — Al decir estas palabras descargo sobre* 
la mesa un puñetazo tan fuerte, c(ue hi2o bailar los tasos j''la8< 
bujías: . . 

' —Conjuración 6 no^ amigo mió, esta tez es preciso confósar que' 
me habían hecho justicia. Imposible parece imaginar dos piezas mú» 
fiiiserables ; pn*ó estas son cosas qué se confiesa unb á si mismo, co- 
mo dice Brid-Oison , y no por eso áos deja de ser desagradable ver- 
nos criticador por un publico a quien suponemos ignt^ante. Aun- 
cuando tenga yo la pretensión de ser el menos susceptible de los au^ 
tores dramáticos de París, es imposible despojarse enteramente d€^ 
la debilidad de hombre ; porque , deseng^iñréitíones , una silba e» 
sreiíipre una srlba. Añadíase también á este siieeso cierta ctte$ti<»i 
dé dinereí'que no d«gaba de inerme importante en aquellascireníistan- 
cias. Tratábase^ pues; sef^n mi cátenlo, de unos veinte üail ftsttxoí^ 
perdidos , que me eran muy necesarios^ para mi proyectado '-i^je á! 
Oriente. • . 

Dícese co¿ justicia que una desgracia no acontece nitíica ^laf.' I^ 
conociste á Melania , aquella á quien yo liabia impedido que represén- 
tase en el teatro dé Vaudeville, separándola de malas compañías, 'eolo-> 
candóla de una manera conreniente, y exigiendo de ella que cootinniase 
trabajando, la había hecho un verdadero sei^icio. Era uña buena mu- 
chacha , tan amable cómo blanca , tan tierna como rubia. Excepto su 
¿usto por el teatro, y cierta indolencia que* no dfjaba de tener sn mé- 
rito , no la conocía ningún otro defecto , y me aficionaba á ella tíada 
diá mas. Algunas veces despueis de muchas horas pasadas á sü lado, 
^é presentaban á mi fentasía las delicias de una vida retirada, los en- 
cantos de la felicidad doméstica. Cómo las^ personas de talento han 
tenido en todos tiempos el privilegio de cometer tonterías, ignoro en 
verdad hasta qué ptínto hubiera yo llevado' la mía ; si un accidente m^ 
previsto no me hubiese preservado de aquel peligro de uña manera 
inesperada. Al entrar una noche en óasa de Meldiiia , me hallédofn l£r 
novedad de que la paloma habrá volado; aquel maldito Fenrusacde 
quien yo no habia desconfiado, permitiéndole la entrada en sa casa, 
la habia trastornado la cabeza , explotando su pasión por él teatro. 
Marchándose con ella á Bélgica ^ lá habia persuadido qoe la sería tídi 
destronar á la Prebost. Después he sabido que un l)anquero de Bru- 
selas me ha vengado suficientemente robando á su vez aquélla nueva 
£lena. Ahora , lanzada ya enteramente en la carrera, vuela con sn& 
pw>pias Alas en el ancha y hafagnéño camino de los bravos, de las co-^ 
rónas, de las guiñeas.... 

—Y del hospital.' A su salud-, dijo Marítlac bebiéndose un'va^de 
pitoche. ' 

SEGUNDA ÉPOCA. — TOMO UI. 21 



ífi^ REVISTA fJ^ füAJDBlD. 

po se alimentaba en mi alma, se desarrollase repentinamente,^^ J^ 

to.al ft9.??«?; uft-caií^fípo s^ce la IJag^, 

— ^fifjd^ Iwce^iez .^q^^que me ocujjp, eftescr/Jj^Vy^una, ^i^^,. 
ya vn^ pqíjBÍa , áiux vaif d^vijji.e , 9 un dr^fp^, ó ^^M f^tipüi^mmh 

ÍBsifimm de *» ^^a)8prcion de lo^ f f nti^os ¡^i ^ i^teHg)enc#. C^«|i|||S( 
y#PQ$ .4fí9P]4e$.|J^ (nucbasiípche% de tiraO^ajo 1^ (^ei^á^ ^ fi(k\ i^rs 

i^mmnm^^^mMm^^,^^ y¡<^í?pia ^ (^^jp^ab^, j^^i^^rii^ 

^SÍ^ y JW) «PP .Mo|)#íi sÍ9A cíJíife^ spnií^fii qjí^dp !a^ t;ft?§l#f. Y, 4 

oíft Rftlwtete míi^ce^(mtf^.^^^mmA^ la n^iur^ie;i^ i^^^ma^r, 

40'fttt nmí^r §fi^*¡?l k MfsW 4«. P^» voíuntad «M^irar jjie$4fí Ip g^ 
pr(tf(MMQ..a^ ^ü ftfr Ip^ «lan^^les, alpent^^dos l^^i^i^lmj^ftfif jbjq^ 
sus vasos camales. Me parecía que sacaba mis ideas del fondo 4fi\¥9d 
mv^^r.m^mff M fm^xk^ ?» la s*i>er(icie <j[,e ifxi fr^^. p)g,<ÍTga- 
nios>n)S|8 i9§|«ri9^ acudían al SQCQrro á^\ primero, 4^ ^Uo^ y¥^.i4^i 
UU^idi. I^a sustanqií^ de mijQpra^oi^ ^biíji h^sta |ni c^^z9 p^^a r^n 
Qi^^)^; \q^ múaonlos de Wi^uerpp ficipius^^a^i 4, l?^s.fihr^ á^\ f^- 
E«}ffP m \^mf>n galvánica, ü^ nervips ^^ c^vertifi^ eo pg^s^je^- 
^tJaSftPgr^i^iiínagjnac^n, la carn^ en qrlift^. Na|da mp, ha ^|X(^bí|^ 
t^ ^is ^p^i|ciasm^ri^U$tf)s como f^ ^eseonppo^ion ^t^4§ '^í 
qpráiipf, 114^ yfí S^tia y perciba 4e ^n^ «W^ visjlílíj. 

Poi^ e$tai^ e;x:periencias fisiológicas y el al^p^Q 4^1 t];fib9J9 h^if yf 
df\st^^iidQ i^i sa^iu^, y abrevja(io quizá^ el pU^p 4^ (ni .e]^fj;ij9i^,.:|;^e- 

W«íttl^iísálí4q^ y mi íípr^?^|i ga^ sip^W^' Y psca q!,if , gí?P,fiÍf|SÍ 

PW? «ft25ftí >9«^49.ina^ dp «B. J»9fffere eCmfflo y e^epi I 

., . ^ffftjaifío^ 4/^.qM ^,&#l9:.e?l3S «epaj^s 4^ 4^*11/^^4 y 4f ^^ 

ejjla ^i¡sm# <c«8ft^:nQ tiftae «^ q^^e i^asc^p , y . e^jjiíir^ftt^lía ^9 
ii^s^o, 1)0 ,4ig^ ^^1 cor^fftft 4pí}d<p' h^cj^ rpu^lnq jj^fl^pp que nada 
n^^a¡^, m%\e3B^mPíim^ ,qm,m e» 4j?í?4« ^e h§l^ ^e^oj^^^tp^dp 
tpd9^ mj vi4g. Lfks fí^l^/fe^ 4p I^Ji alma ^p i?fltrfíg^|Mi,a á un oospbffy^ 
al ON^i yo me ahandionabq algunas yc^^^sQqja ui)^ e^peci^ 4e d^fs- 
peracioi). Mi voluntad ostigabaa }^}\ ip^aglna^ion cpf^ para pbligpHa 
en/ci^tp modp á que repjf;^^ de ^^yo /sps acpstqup^rados p^^^; 
pero mi imaginación permanecía nmda semejanti^ á ui^ gu^rrero, t^ 
dfinril>adp pop W.^versarí^ j^peft^f^ la jftj^ierte ^anjjcs qu^ 4íímíndar- 
le perdón. Muchas veces durante horas enteras permanecía sc^t^^^t 



. < • i 



caniFJAiTk. ' 183: 

esaináfineiívafi queyq hojbkp vistft e&nuia snsñps; (wn» mí íbfEilKcni 
rQaay!^;3fO no ¡poseía «liha6lKr;<)« &fenMirioiiI.acosti]inQÍil*e.- 4c «¿enbín. 
me Amaina dado.ilneíiicüidflá ^^ediioy de.leuGilal w> «qnsefviÉlft' sobj 
uim prtieÍitHj»eaiaric»^rpajo no.ooBéervabni.nras queestotiiE» taim^ 
boBéaha.imipensaínief feo'eni mBdio d» aqu«llft>íra 
tQ< Baji)^.titia.<¿uÍH«ejiiarmas' ó¡«fie¿oa>lNrillmil« el< vérdaÉ»a;arte h«|biaii 
sidp esfiÍDgaido; uli talml^, pufes, «ra iiat-cadsrv«r e»traj« de.bttk. 

La derrota drm» dios dramas mo advirtió «^nfr el péblieé» ]iie-jttz»t,i 
gabarjel mismo modd que me juagaba jría á.mí» miáMio. Me aeeisdéb 
efietonee&de) ^Mraobispb da Granada^ mesparecioteecudiar ¿GH BiJ» 
amiiici)íiidei)i»e lo» f4i4)i» de bns hoonHas. ¥ eoóio. dq es posiiite ar- 
roisrá un táMioOi^ oomo puede haocüjse «m uQ^eeratario , meapüt 
qué una severa justicia á fin de justificar la opinión ée> tos deBÚB; - 
Una idba. binráUe se afipderó entóose^ de ñá espíntu; mi vMl-de 
artista se^ babtaieittingilido «níteramente^ yo éta üii bomfere |fa ,eomMi{ 
otea cnelgniera;. y en una paiatdra jieca pinlacfeiiüsitaflttnim 4e »Bái m^ 
ñera tvivídl^pero eioafota^ yo bafeia-^eíade mi aaoo. £st^ revééaenm > 
y la infidelidad de Melania, á laque en otro tiempo no kébícni da^ 
do nio^na.impoMaiicla, Ikyó al eiltremo mi oÑdii )k)n|ne nd «a 
ya mi corazón el que sufría, sino mi vanidad irritada por aqueUoai 
recientes sinsabores. Tal era el desénlaoe- de.'tahtoa ^iJoybclé6- de 
gloría, détisoiUis^üeRólr de ambicioB. A. los treinta am» no^ tenia ya 
bástasete talento, pjana.iosmbtr un vaiidievilte ^ ni.pfra haeeriiaieí amar 
de una)grifsáa« Uaa mananaienfi^ó en nó^casá liablanahaié. . «. 

H^Uaie^Kelente médico, lo coQoaeo, d^e Marillaa* En Julio^ieetiNk^ 
un' balase á mí lado eutodo ata^ábatno^ al Leu vi^. Después 9» he g^ar** 
dadüeitcnizenelbeieiUo. Oh! «es unbit^ miHl]a!cfaoqiyi$QO€are«ai' 
en Bíos ni en el diablo. • : ., 

«--Mttypmio e»(Bios« Bada e^ eü: diahle* Q^é bac!^ abisme éü». 
viéndome sentado á mi mesa; estudiáis ftCalderoüi^á MontaafilieQ ííi 
á iord dyroa? EBtas.palabirasiDebirienQii ci0mO'Sv4iubieraiL'.9Íd(Min 
pwial.Bso es, d^e para mí, Calderón, MoB]te8quteti,^yrp&;.fev0. 
nun^ase^álGcerj^ikt-^Doctor^crefoque tengo usipoeo de liebre* le 
res|iood;í pr()$«>láiidQle mi iKkano. 

-4-.?i^iiestvo f utoo está a^ado , dyo desfKíes de uu n^omente de (^¿^ 
men ;,pero la fiebre «sita mas biw en vues^a wpiagmffei^ que e& vives^- 
tnrsaifgre. 

Le expHqjttéjeMenees le situaeion e^ queme bailaba , añad^^dor 
legue m(BsentiA'pe«r -qade dia. 

— Trabajáis demasiado, me eon1:is«jbéeon:un.mo¥imifiilt»;dei«ab<^* 
Lid tíua^telK «i^iíitiima de oefebno piodueeal fin«u»a e$ptta$»<N»ique 
piiAile llegar» hs^ta :1o liifitiitik.:fisa .tet|ieza que deaigua táempo ¿ea- 



1 64 REVISTA* D£ MADRID . 

tai parte esperímentais'ién los órganos del pensaimeiito os indica la áe^ . 
cesídad que leñéis de reposa. Este es un consejo que os dá la i misma' 
naturaleza, y h&réis muy mal en no aprovecharos de éL Cuando se;^ 
tiene siiéño es precisa dormir; cuimdo se siente uno fetigado és pre- 
ciso descansar. Id al campOf y observad un régimen- saludable; no 
coüsais mas qué legumbres y aves; tomad leché por lasmañanas; be*, 
bed poco ¿ningún vino, sobre todo no toméis nunca ^^fé. Haced- un - 
ejerddo moderadoi; entreteneos cazando; apartad de vuestra imagi- - 
nación toda idea enojosa ;■ y cuando mas podéis ocuparos en leer el 
Mmeo de FamüUts ó el Jlmaeen Pintoresca. Si encontráis 'alguna - 
aldeana fi^escota y bueña moza, entablad con ella amores platónkor, 
este rég»nen sobre todo ejercerá sobre vuestro cerebro el efecto^de una • 
cataplasma emoliente^ y antes de seis meses os habrá vuelto a vues* • 
tro estado normal. 

— Sm meses !< exclamé yo , podéis acons^avme entonces , doctor, 
que me deje crecer labarbay las uñas contó Nabucodonosor. Seis me- 
ses! ni seis semanas V niseisdias; no sabéis que nada aborrezco tasto • 
como el campa, la caza, y las pastoras? En nombre del Cielo buscad 
otro remedio. 

*— Tenemos la homeopatía , dqo sonriendo. Habnemam está muy. en 
moda. 

'^ Me decido por la homeopatía. 

• --Ya' conocéis el principio de este sistema: Similia SimÜilms.Baí' 
beis tenido fiebre , pues procuraos otra. Estáis ea verdad un poco gas*- ■ 
tado como Ic estamos todos en esta Éobilonia , pues bien, procuraos 
como f>emedio nuevos trabajos que os conduzcan al estado^ que ape- 
tecéis. Vuestra organización fatigada por las pasiones esp^imentá una 
pe^tracion ^neral; procuraos' una nueva pasión que os galvaníze^, 
que caliente vuestra sangre, que irrite vuestros nervios ; hómeopaíU- 
zaás enifin moralmente. Esté podrá «curaros ó podrá mataros; lavo 
mis* manos en cuanto al i^nkado. 

'i^-^ Este' doctor es^omptac^nte , encólame yo cuando se hubo már^ 
chaáo. Següo veOy tra4» á las pasiónos como el Jud^o errante á ios 
cinco cuartos que llevaba en el bolsillo, que solo disponía de cada uno 
de ellos según para lo que los necesitaba.' Sin embargo esta idea aunque 
extraña no había dejado de chocarme. El consejo primero que me ha- 
bla dado Lablanchaié era sin duda muy razonable ; pero yo no pedia 
vencer mi repugnancia hacia ía bella naturaleza y a\ far-niente pasto- 
ral. Sacrificar seis meses de mi existencia á un porvenir incierto, era una 
cosa imposible para mí que habia usado de mi vida como de mis inte* 
resés. Me decidí á probar el segundo medio. 
, Heme aquí, pues, en busca de una pasión, que quería yo apli- 
carme ciomo remedio » mis^m^les. Pénséidesde'lne^'en^el aitiorv, 



poro siü p^ar oontaoffr una melaaoólicaaomása. Hacía mucliMritiMn- 
po que habíanlas, arreglado üMestrasf cuentas, y vivía yo coa éK en 
«na paz sepulcral. Ya se yé, hahi> yo amado tanto! lu^ia yo predi- 
gado tanto la ternura que La naturaleza me había concedido, que 
uiis labios, por decirlo así, baMent apeado el cáliz encanlado desde 
,los imperceptibles perfumeas que sobrenadan en k superficie basto el 
amargo acíbar que contiene el fondo. Halúayo eíscrilo tan.lo sofare esta 
pasión, habia casado tantas muchachas enmisVaudevilles, bahía :se- 
ducido á tantas otras en inis dramas , qu^e tas creaciones quimriQas de 

jiii espíritu, habían consumido ya la encasa llama escapada á la» rea- 
lidades fogosas de mi juventud* 

Existe entre el artista y el auditoria afeelado. por su obra naa 
juimpatía llena de reacciones^ cuya seducción es írreBÍstíh(e. ¡ Cuántas 
veces en el teatco oculto en el fondo de un palco míentraa que. se re- 

. presentaba, qno de. mis dramas, me sentía agitado de las vivas éiiio* 
cipnes que yo uiísmq había producido ! Aquellas miyeres que adcnma- 
ban el salen á h. mauera de una guirnalda de flores, aqueUoB muje- 
res tan distíuiguidas, tap elegant^, taaheripos9sy tanncas, aqqe- 
lias mujeres no pertenecían en 9qújel uaoniento^ni a 8us> maeidos, ni 

. á sus amantes, ni á 9Í propias, me pertenecían) á mí <8olo. To era 
quien fiíndia en el fuego de mi pasi(«i el hielo de nquellos.ieispúrkus 
desdeñosos ó indiferentes; yo era el que hada rodar haiCa el fondo 
de sips corazones el torrente de lava que se desbordaba desde elmio: 
4e mi cabeza ara de la que á la manera de un astm fecundo sallan 
rayos penetrantes, cuyo contActo hacia extremeeer.á las maamdi- 
jferentes, y temblar á las coquetas. Y cuando' palpitaban sus blaooos 
y casi desnudos- pechos, cuando sus mejillas se teñían de un bvill«i- 
te carmín, cuando las lágrimas mucho tiempo contenidas velalnn al 
in sus ojos, los tiros magnéti<K)s de mi ímelígenda se convertían en 
besos que aspiraban con amor aquellos senos palpitantes, aquellas 
m^ilÍ9s encendidas y aquellas lágrnnas abrasadoras* Yo sentiarefluir 
hasta el fondo de mi ser el mar apasionado, cuyas olas Habia yo mis- 
mo irritado. Mi aliento, como la brisa de la^ noche, habia pasad» so- 
bre, todas aquellas flores encantadoras, y ^treabiertos sus cálices' por 
sus caricias exlialaban á la. vez mil perfumes delioíoaas que mí prgdUo 
saboreaba.-T-Oh! aquellas hermosas mujeres á quienes hacia yo JIorar, 
use habrían aborrecido sin duda , si en aquel momento hubieran podi- 
do comprenderme. Hay tantas maneras de poseer á una mujer! Un 
eaffritu afectado en sus fibras masiutimas por los acentos de vuestra 
>^z, una mirada que seanimff ó se turba á.lai visto de.kn cfiadfios 
trazados por vuestra manoi un oorai^m que se une «ntevamente al 
vuestro, aunqueno sea mas que^por un instante,. que seexidta, que 
sifi.tranquUÍTa p que.i^ desesptera c<m ^o»^ y.per .i^esy no sMürenen 



M6 REYIStA M' «ADRID. 

insifAád el mtemcit' alMudono el utio que el (nyoP Rxí^ tin Herenn de 
alisas, cayo niiiten es elgénio. Qoe el' bello seto me perdone per ha- 
ber icreido «l^ijnas veces, bajo la fascinación de mis triunfos, qút si 
yo hubiera ^licitado á algunas de sus huríes, no habrían desdeñado 
etobrresponderme. ¿No había yo* expiado' bastañíte las vottíptúosida- 
deS' de unas pasiones iWvotas eón el aniqullamíenfo de fa' ^*rtáHdad 
iiem<'al«iM8t, <^e habla yb mismo prottüdtidocóü un hunodefTíido 
«bm»? 

£1 «mor era pues para mí un cadáver, cuyas cenizas ehi inútil 
reiBOver Tfome <]uedaba mas que. la amblcióki, pasión ^égoista, es 
verdad, pero poderosa y digna. Sentía yo su germen desarh)ttdii^e en 
mí de una manera deniasiado eQeaz, para que t^isíé^ arriesgar su 

"dbérto ; defándóla estallar preiftaturam^íte. Arrastrarse á fin 'de ele- 
viane^despues me parecía vergoni^eo. Yo no podi^ consentir etf'áUbir 

-'al ivbol por su base, y mis posíeíenes no estaban lomudas paita pbder 
«Ito^Ér de un solo sáUo á la cima, cerno eonvénia á M orgullo. Si el 
'4mor «ra ya para mí una cesa piasada,' la ambléíon! ne era todavía' ^as 
que^ un porvenir.' Yo-i^piet^'aensafyárta por 'medio dé «ttia ^pi^Hleaiela, 
iCMyaloearanoiméera^deecMiobidB. ' 

'fil joésof'^Me'he seWado, etclaiitóen e( morfteictd'qüe me'hubo 
deunrido ésta idea; hé aqui elbálsa^mo que yo ne^éáitaba. Si tío c^b- 

' sigo él odljetb qtie mé propongo, es porque estoy eAfteramente plstri- 

todo V y- entonces no me queda (^ro remedio que ariiojarme at'Seúa. 

£1 juego^ien ^ecto era una pasión de la qué mts órgano^ Sé b^a- 

- Uflban aun' vírgenes. La hebia jtzgado conuy la wm A p(x>pósito para 
emblftitecer á la inteligencia, y habiá evitárdo' siempre ^us ñlhestas 
«fNÉteaciimes , 'Cuyo< poder no me era dé^oonocido. En é oor^ de aiía- 

'rtMBÍa'iiioBal que<yo liabia^ seguido, eoirÁo debe- bá^üerío a M ver* tMlo 
«seríter ^ne desee esliiidíár laJiaturalc^ atite& de pidWla, háftia 
'penetrado muébás veee«en eso^'dnlrós donde cott autoiihtodon del go- 
bierno se* asesina el repe«o y ef honor debíais fstmiHtis. Atlí babiayo 
'^to ojos briHalntss pfor el aniór de una i(!faleHtÜra,'frátiftes ma)*eadas 
Qoolwrcps- profundos V y labie» táuéoniraidosycaddvéri^ qtre hMbia 

' coBEsebido popetrt»s' iugaitfó utf bíoi^t^ pr6ifhndÍ9Ín)0.--^Tu erésben ver- 
^dajddémasiadaaaeñté temible, -demonio infernal, tilabia yo eicclamado 
mudias veeesat sarbr de rigsbois dé aquellos garita, ^optimidá mi 
finupte'oomo si laeíreundaBe'uii aro dé hierro. A este ídolOv' pues, ftié 

' é (pú^n yo demandé mi eiiracion. 

' " A M eineo minutos' habia ya lotizado mi pte^n. Fuf ácafiá* dtt mi 
'banquero, llamé veinte mil fí*aiteos>en billetes de banco, y eÉfré en la 

'• casando jae^o mas dei^tisciftble'que pude^haflIar.'lWé habfa pií^opifesto 

'^m jáajmá^v^ff haM^^é d'hubiese gantfdb cien rfli(frafi«0Sf átiis^lese 

rif)cndlÉa totoMidad'ide mi'^piie^. Etlefpi^imer'Cfiíso t<^¥iábipla j^oMa. 



tiie Vif«a^9{!Síé#fifci^é.td8ÍÍfeaHfm^^^ Mé- 

jicb. la China, el Indostan, á''¿Wáfq|^iclra piarte don tal.de qué yo üo 
4{d^'ílttViWfe^a!gúh tíéfe)^tfálda'^ á Pérís. iJéas ve- 

'i;és'me creta fuiíiando «r^alieVri^f en ladcHozás del salfaje de piel roja; 
Wri/i^nietfgüi'ata'dór^ídiála^ml]/^ en laá Ranunes 

díé^llaíti; ófti^áis á^tféüdb á'Táca^k deltí^e en fós bdéqués de Myso- 
ré. iTk hi^e-pái^ia teiiár «íléfaintfes par cdbaTIOs/négroá por criador, 
ytjáyad6irás'p(ir1i¿etf9dfeís,'y me ^tregafj^á enftn ^^rpo y áfitljl^á 
í6Uy¡kpib^Slk'¿océiñé6^^^^ dqüélla dé$gHae?a 

nié rtíépii'árfá^^iii^úd^ld hecésMad de 'repürárTa, y por cóii§igüieúte 



yeer'en'tef é! ¿tlslo ál jiégó; eé/veMá/d (foé' entorií;^ éorrta 
ef Ufe^Q^de aikSÍáhnel pero'' si se deétrtiíá mí Mima adqiiitíríá'tíl 

.aiáséo'Se'vóH^éría a ÍTCcíiperart^, aüñijbe' ftlese S cc/stítáé \oé íñkpks 
sácriAcíbs: t!áái,'íhíes,(féséiatíaj^á perder, porque me pEH''éb?á^^e'el 
tójíHfo de la ay^HérSife'd'háWa de derramar en itií érnirevoi'get^rhéh^^Ae 
fecúttdB¿e mí táltotó/]vlip/fóyec«o ;meparie(!!i6aídmirábfe,'iíiifeé ñé aíal- 
^níéi^a níianéra*'qiíeflíístfÉíifté se preséntase habia siempre dé'i^iltár 
para'*rth'iríla verdadera gsín'áncla; me ptise pñerf á jWgar'grável'y 
rnalfííenfe. 

'rofiabia ííibrtUiiñado Ütla ma^1!íñgá^lá que no htíbiéra Obtenido *s¿- 
^üráAiente te'apíróbácten dd jugadores de ofido,'perb que sifitííiciába 
af me¿os que yo no quería perder hiidtiierd como un simple estudian- 
te/ Al cabo de uttaf hora dé Mices abares ténfa ganados sesenta ydn- 

"co'niir francos; pero haMa deddidó qué finiesen cíen iiiil, y coütite'üé 
yugando. 

— Merecías, interrumpió »feírl!Fac con vozdéti^ueno , qifé té iábot- 
cástó'y tedesc(iarti?!á!sén,'óte queínaísétí Vivo. Sesenta y . cinto mil 
francos en una hora! tres mil doscientos cMéUefrta tía|^1ei]^^s qtie 

''í*fáffirf'iiftterté etf 'loá'bbianfósr no ei'fes «i^n6 dé'vfvif.^Sesénta y 
cinco mil tfShcóS? 
' -^ta t^ bé aAjfttf 4itó jro néíícsftaba ciéíi mil. ISéigtif-pW» el juego, y 
después de dos horas y cuarenta y dos' minutos, habian vu^Itbfodlís 

"M^ ¿^Shctdk nkáiká^yós l^lá^qnelros, c^m t^ mfís Véidté bille- 

*tÍM ffé báiiéo. 

' -iMe báá ááésíñádo , éx'cláihó dé níiero ét ártí^ : p^tl qué d^Wíó- 
íáóáé itiáttiiifgáía * érá' fesá que' habías riomKtiaWloP-^YdiWie, VoWSIés 
'después' pdr mas fofiídos ¿^|éafsa de tii'batiíquéVo? 

—irán laá seis y medfe-' ^ne M á ct)iAef éoA mtí<#ía cabiiai afl éafé 
'íAf'atffs, 3^de áílPal tíeátró italláftó á ofp e! JWfiafaqtie caílitó Rtibiíii 
ñe'xÉii' iWiilfera áteftftfWe. cAátídó vdht # Wri cfitta , ' hífce exártietf de 
WücleüBlá. ^' Rehalla t^ ^l^piiAóV^moáiités d^rtf espei^fhléA- 
to.'tJií'^áiónqüé vd'hlábíéfl^ké^jliófMKM^ptiMRifo httlt«lr^llftrla<pé^. 



í^ R£VIS'];A JXE, MADRID. 

dldialito Labianchaíé y su ^ís^teiiia, dij> yo al acostai^ne para n^; 
v^ananaser^.preqso eDsaydr otro medio. ¡ ,• 

., — AMia siguíeiite á las jiiete.de la noche caiuipaba enuna silÍ2(,de 
posta ppr: el camino de X^yon. Ocho di4$ despees me p^sQaba ep^im 
.}m(^ po/ ellago de Ginpbra,|-pacÍ4 i»ufího tiempo que deseaba yp.ver 
)a ^Stiíza , y me pareciq que no. podía escoger un mpmento. mas oj^- 
Jtupp, Yoespi^rab^.que el. aire-vivo de Jas. ipontar^as^lacaiíju^ Pi^gfis- 
tuQ^a de los h>e os^ y la$ brisas dulces y puras, de. Ip^ Jagos cpmunic^- 
rían á mi Sflina alguna pequeña parte de ^^ ifresiCia serenada^; pero h^ 
,e^ la vi4a, de. París un ¿o sé .qué de e^c|usivO{ y.desenqantador ^^e 
,apaba por. liacer á u9xqinsen^b|eálas:^ep^dioi^^s3eifcMlasé inocen- 
tes. Ohi exclaipaba yo con ma.<)ama 3taél desde la, altura de Cqppej;, 
.el esp^táqulo de la naturaleza no interesa vivamente ^^ino 4, los e$pí- 
: ritus cpnt^plajivos y religiosos, y el mío np era ni lo uno i^\ Ip otrp. 
iV(is costumbres analíticas y observadoras me hacian hablar pas atra9- 
tívp en unafíisonoiníacaracterizada. que en el paisaje masms^ífíco; 
yo prefería eL ejercicio del pensamiento á los gocéis perezosos del, en- 
tqsiasmp., en una palabra la sangre de la pa$i<^ humana .á el éter de 
la atmósfera mas pura. En Ginebra encontré á un inglés ta^ insensi- 
ble y t^^enitjüime<?ido con^ yp; ^mos, 4uq$|l;ro esplin, y nqs fasti- 
diábamos juntos* Keconrimos de 'este piodo.el Oberland,,)os peque- 
nez cantpD^s y, la Vatlée, casi siern^e envueltos. e^. nuestras capas, 
Tnedio tendidos en el fondo del carruaje y durmiendo profuiid^jnen^e 
-co^iuna emulación sin igual cuando pasábamos q^i^ás.por los puntos 
de vista mas interesantes. De la Yallée nos dirijimos al montee blanco, 
y en una noche llegamos áChamounix...., 

. — Con que has «stado en la Yallée.? interrumpió Marillae Uenando 
.por segunda vez su pipa. 

— Sí; pero te ruego que np me. interrumpas^ ppcque, voy, á entrar 
precisamente en la parte mas interesante de mi ns^nracion.' 

— Dios sea loado! d\ío e) artista arrojando ui;ia bocanada enorme 
de humo. - . . 

. —Al día siguiente por la mañana hizq el inglé^ que le jsirvierán 
el té en la cama , y se volvió del otro lado cuando yo le propuse que 
foé^jEÜnos al mar de hielo. Esta vez np tuve por .^'onyeniejüt^ el imi- 
,^rle, y dejando á mi flemático compañero envuelto en sus. mantas 
hasta la barba, me puse solo en cai^nno para Montanvert. La maña- 
na, fistaha delicipsa- Un sol brillante, resbqlandp sus rayos spbre la 
(Cadepia de aquellas montañas blanca^, les daba un aspecto t^ijii^Jilp, 
.guje ..parecían monumeintos de m^etal puljmeat^4<>, al.p^so qvejse 
jireiantarriMes preeipicios en el fondo de los querellaba una espap- 
-tSK^a lo^lindad. Urna pieWa espesa cubría, tpl^lnaente el fon^od^l ya- 
(lile^ .ymas aliáiidesde.to altm^aidie las j^^\ani!¡$ ppr,e^,,I^e4|lii9,4^.lps 



GÉRFAüT. 169 

X ' • ■ " I-I 

negros abetos se precipitaban las cascadas en lluvias de diaipantejs, 
Los ventisqueros descubrían acá y allá lagos de saíiros agudos y; éói* 
trecortados ; y últimlaníiénte sobre eí azul oscuro del cielo se dib]iji- 
jaban con \á precisión de lá Silueta los picos dé granito y las cinia¡i;( 
cubiertas perpetuamente de nieve. La extremada trasparencia ^e la 
atmósfera permitía examinar con la mayor claridad toda la ríquezii 
y lozanía de los bosques, y dé las rocas y valles qué coQstituian la 
totalidad de aquel admirable cuadro. 

Diversos grupos de viajeros, a pié los unos, y montados en mu- 
las los otí*os, costeaban las orillas del Arve, 6 pasaban ya él flancg 
de la montaña. Yo me hallaba solo: no había tomado guia, porque 
para atravesar aquel pais tan frecuentado , no lo había creído nece- 
sario. Me sentía bastante alegre, y esperímentaba cierta elasticidad 
en mis' miembros desconocida en mí hacia mucho tíempo. Empece 
pues á trepar valerosamente por el áspero sendero que conducía al 
mar de hielo, ayudándome ' con el grueso bordón de qué ipe.habi? 
prevenido en la posada. A cad^ paso quedaba, respiraba con un pja- 
cer nuevo él aire puro y fresco de la mañana contemplando vagamen- 
te los diferentes efectos del sol y de la niebla , y los accidentes del 
camino que unas veces se elevaba casi perpendicularmente , y otras 
descríbia una línea horizontal costeando el abismo abierto a su iz- 
quierda. De momento en momento las cintas de plata del Arve y del 
Aveyron parecían estrecharse, . mientras que las puntas de las rpca$ 
que lo dominaban se destacaban mas vivas y pronunciadas. Muchas 
veces la caída de una avalancha que se desprendía rodando súbitamen- 
te , producía el ruido de una lejana tormenta, cuyo eco se repetía por 
largo espacio de tiempo. Casi encima de mí, una partida de estudian- 
tes alemanes respondía cantando un coro del Oberon á los hielos que 
se desplomaban. Siguiendo las vueltas del camino, percibía al través 
de los abetos y bajo mis píes , por decirlo así , sus levitas teutónicas^ 
sus barbas rubias y sus gorras pequeñas y aplastadas. Abandonado pe- 
rezosamente á las impresiones de aquel aire puro , de aquel hermoso 
paisaje y de aquellas vagas armonías, esperímentaba una sensación 
tan agradable y un placer tan nuevo en mí, que no podía contenerme, 
y manifestaba mí alegría de una manera pueril. Sin deja^f de andar, y 
cuando el sendero era menos escarpado , me divertía en lanzar inj bor- 
dón de piínta de hierro contra los árboles que lo circundaban, y me 
acuerdo que quedaba muy satisfecho. cuando había conseguido m ob- 
jeto , ló cual debo confesar en honor de la verdad me sucedia raras 
veces. En medio de esta diversión mócente, me aproximaba a la región, 
donde comienza el reinado de las plantas alpestres. Percibí de repen- 
te debajo de mí una pradera esmaltada de rhododendnms , cuyas fio-, 
1*6$ semejantes á los copetes que forman los laureles-rosa, producían 

SEGUNDA ÉPOCA. — TOMO ni. 22 



170 REVISTA DE MADRID. 

entre el negro ramage de \o$ abetos un efecto mágico y ^fiiocíac. Con 
titt Jtf dóf Éofañtñ dejé el sendero pa^?;llfigar U\^: Wf^i 9 Ñ9^^ 
^j^ ^^^j{^] W^ «•aiñílílete ,co]^ ?fli}jP% Á%^ ¡ffm^^ l§»?é^i yir 
(^' fyñiki ^éióríosamf nte un águdp chillido j^r^f j^o 4 }^ nW^i^V fW? 
í^'lifleí^fí fbs éstudiaples CQfnpa^eros 4^ i^i e^^<dÍ9JÍ0D' 
' Utí grit^ íé é^papto resjpondjo al mi^. M¡ ^fjif^ dP pwiía ^ 

SéíW hdbia áfrávesá^ el sendero cpn díreccio^i h^q^ jui^ sijtjp /e|]^,fUf 
éitttimó Kiaiéia uh recóao. Én ei mismo j^^^^^i^ yí ^j^^r^r l^fix^^r 
la, cuyas orejas indicaban el fusto que||i ¿Qmip^bi^i.» y W»*e ^llauna 
iñ^e^ {ncTlnaaá y casi a punto 4e ca^ en el a.l>i$ii^o. El e^nto qijif 
^éínf líie dlej^ l^liiotif. Toda especie de socopo era imposible á cau- 
sa ¿é l^^esü*écpe^ 4^t camino, y la yid!^ djB .a<mella 4^^^acáada se 
^ü^i^tlt^afúi á jníieirced enteramente de su den^^^íada ssmgr^ fiia , 9 ^e 
h ínté^g^nciá dieí^animal qu0 la conducid . K9 íin p^r^ip quepis sp- 
$égl|tt^ uti poco, y cpñtinuó marc;^andp fiunque §¡n dpjí^jr de bajíir la 
c|ibé2á éóbío si oyese todavía sllba,r entre sus orejas la tembícjavielj- 
tíSi. llf é precipite iámediatamente des^e lo ^ItQ de 1^ roc^jBQ, ^fxf^ me 
hatlati^, y co^ieñ<Fo á la muía por la hñ^ík , f(C^bé 4^ ^^artarJlf de 
a<^úéVm)&i pasó , cpndúciié^dola ba^ta i^n sitip en qu^ enp;?^Ci^>¿ndo;s^ ^ 
séííi^té' cesaba y^ tbdo peli^o. Dirigí ^^toi^ces i^l ei^usa^ á 1^ pfx- 
soAá cíuya viaja acába])a ^ comprometer c,pi;i jrr^i inip?ii4^cift ^ y pjor 
pnmera vez \gi miré cpn atención. ^^ joven y biejgi armada; unves.- 
ttao;dfe $edip Iiégro dibujaba pertect^mepte UQ t^líe dejgadp y el/egai^ 
té; lleVIíba jcolgadb eñ la silla su sombrero 4^ paj^., y ^us largos ca- 
bellos ca^sláñps, ^in ri^ós ya á| causa del atr^ 4^ )9 ipañana , fif^t^Ím\ 
eú ¿í^ísorden sobre sus pálidas mejítias., Al p\r mi yp^.^brip.lpis oJQ$ 
<)ué ,é1 pell^o le babja becbo, cerrar maqui|ialm^Jl^te»iy inc.pai:eciei 
ron tos^ mfis hermosos que ^abja visto en fn\ vidS- Mijco 5I .preqjpiciq, 
y ibíyiq al instante tembtan4o la cabeza, áu v^isjt^ sé 4^Át^<) f^^^^^ 
sobre iní, y sif ^9 sobre el r9mo^4e íjore^ que yq tfijii^ ^ la qi^ivo^ 
lÍT e^antp recatado pn su fígiir^ de$,ap2pr$ció bj8\io Ifi expre«iÍQU de 
uífia curiosidad infantil. 

^-Wéciosas flores! exclamo con una voz fresca y 3QUpra; decidme, 
caballejo, son por ventura las del rhododeridrof^s? 

— t^ó ta.présejftté el ^ramillete sin responderla ;.pero como vacilase 
én tbmii)*ro , ti| dije en seguida : 

— SS rét^tí$a1s , no qreeré (fu¡e me babeis perdonado. 
Ekirái^te esté tiempo, l?is perspijias ^ue con ell?i K^Qi^n se Uí4íiftn 
réuniííó;^ ñPiSotrbs. l^bta otras dos n^ujeres , tres ó cuatk^ hpmbres á 
caballo y liiucWis guias. A la primer pa1ábr£| de rhQdo^endr(ms que 
liliülii prb^iti^ciadjo, un caballero bastante gifuesp, lleno de prete^isio* 
nék , 'j 'e1t^ie¿ adiviné desde lúeg9, ^^^^^ inplinacion por la l^ella ex- 
tráitjéí*», í^e'apéo de su muía, y emj)ezó á bajar la 'p^Qdient^ e9cai:pada 



ea h\ms^ de las flores que había aquella maoiS^tado d€«;ear ; peeo (ti^ 
el moyneoto ea que éi yolvia bastante sofocado eoo un enoeine manojo^ 
en la jaiaao» la joven jbiabia toimHlO'ya jni ramillete. 

«--Gracia9 , jseñpr de Mauléon 1 1^ .diya cm aire M.QO0O hiufloii:; ofr^r 
cedías á eslas señoras. Después^ sa|iudá^d<Nne.ecin una ligera inejllna-i 
eipn 4e cabej^a, dio un latigazo á su muía , y eontinuó .^ oiafcha..£l 
resto de la conipatíía la siguió, y desfiló por delaBStede.míi.mflrándpine 
al paso como si hubiese aído una animal e^trañp; y el. ^^eso alegan- 
ton, soibre todo , me lan^ó una mirada bastante impertiJietüte; perOrAo 
quise armar cuestión por «wa mirada mas ó menos atenta;. Cuando m 
httbaalfgado la eabals^ta luía tomar nú l)iardon, que haUé clavado en 
el tronco de un enorme abato, suspendidos en el boi^e del predpiaiOi» 
y coitlínué subiendo la montaña eon los qjos fijos sobi^ la elegante 
amazona de n^iiegro^ que caminaba delante de mí con los cabeUoa 
espamdes ai vienliQ, y mi ramillete m la mano. 

Llegué aig«inos> minutos después a4 pabellón de Montanbert 4 dosr 
de se encontraba ya. una numerosa sociedad, compuesta .particular^ 
mente deinglcBes. £n un rincón de la única sala que sitpe de. oonen 
éér y punto de reunión , el via>^o po$tti/vat sentadora una muesa, se 
preparad» con 'Un trozo de salchichón de IMeíaia y una botella denno 
de Mnntmcariant para los goces del mar de hielo; sobre la praáeca, el 
viajero ísentimentalpreseninba su pecho, al aire de los Alfws., y bnsca'^ 
ba.cott ojos estáticos la gamuza i atiravesaaido ia cima de las rocas ó el 
prado defresaaal l)orde. de los hielos; junto áéete, el* viajero estadis^ 
ta con el plano topográfico de. Cbamounix.en la «nano eiiaminaba 
afnellosBitipa punta por punta, roca por ^rooa^ valle pc»r valle; la de 
Dctt , \ñ de Verte, la de Chalrmoz; una sola demeaMKi^. y el viafeiíaTv 
bria perdido para él su mas principail encanto. 

En cuanto á mí debo confesar por segunda .ves la(ftÍTcriidad, á 
mas bien el refinamiento de mi güi&to; el espedáeuAoc verdaderamenle> 
admiíralade 4|ue se presentaba á misiojcis me.inteireseba mm^ho ¡naenes^ 
quela jéi^en e&tranjera , que bajaba en este momento «on^ la.ligére^ 
de una sílSde el pequeniO eaminoíque condncíaal mai^ de iiiele. ¥0^ 
no sé qué mist^ioso instintoupie unió desde luego ájCstafliujer: yo.faa*: 
bia enoonutado otras m^cho mas bellas, y< cuya .vista uie.habia.sidoi 
del todo indiferente ; esta me iiab^i interesado desde iniego , á cuya eiiv*; 
ciinstiffiwia bdbia eontrihuidosin duda la singularidadi de nuestra .prír 
meraéntceviata: Yo esperimentaba cierto placer, en vfn^ que ella habia 
conatirvadormi raadilletief agitándolo c^upamano, y «poyánd<^e con 
la >0lra Bobre. una pica , semejante á )a mia , armft.índi^epsable para 
aquella daae de ej^pedicMm. • 

Las otras deS:sañora^,.y.auntoa,bomlii«8ifuela acompañaban:, sc) 
djBtiOTOMn)<»si á.la onllaí del hielo. < Id ¡señiar lie Mauleon quiso c|pini*> 



^ I 



173 REVISTA D£ MADRID. 

pHr con su empleo de caballero sirviente; pero á la primera tentativa 
se detuvo repentinamente, sin manifestar grandes deseos de luchar 
con los hielos. La jóren parecia esperimentar cierta alegría Aiaüciosa 
ai contemplar la prudente actitud de su acompañante, y lejos de es- 
cuchar las recomendaciones que le dirijia , se puso á correr sobre laí 
superficie helada, salvando con la ayuda de su pica las sinuosidades 
de que estaba cubierto. 

Admiraba yo con alguna inquietud su Hjereza y aturdimiento, 
cuando la tí detenerse de repente. Por una especie de instinto corrí 
hacia ella ; una grieta enorme de inmensurable profundidad estaba 
abierta i sus pies; azul en el borde y negra ea el fondo, parecia la 
abertura producida en el Mar Rojo por la vdra de Moisés. Ddante de 
aquella grieta espantosa habia permanecido imnHivilcon las manos 
echadas hacia delante , como dirigidas por un moviento de horror; los 
ojos espantados, y fascinada como un pájaro por el hálito venenoso de 
una serpiente. To conocía el efecto irresistible qne produce sobre 
ciertos temperamentos níerviosos la magnética íiascinacion de ia vista 
de un abismo. La cogí entonces por el brazo, y lo bmsoo de este mo* 
vimiento hizo que se desprendiesen de sus manos la piea y el ramo de 
flores, que rodaron al fondo del abismo, produdeíndo un sordo es- 
truendo* parecido al de un temblor de tierra. Quise separarte entonces, 
pero ai cabo de algunos pasos la sentí desfallecer; estaba muy pálida, 
y sus ojos se hablan cerrado. Para sostenerla mejor enlacé á su cuerpo 
mis brazos^ y la volví del lado del Norte; el aireíHo que hirió su ros- 
tro en aquel momento lo animó algún tanto , y bien pronto abrió sus 
hermosos o/os negros. Yo no sé qué especie de afeccíoii repentina me 
s<riMreocigió en aqud momento, que estreché contra mí aquel cuerpo en- 
cantador que se abandonaba sin resistencia. Bajo aquel firmamento de 
un azul virginal, en medio de aquellas montañas sublimes que sopor- 
taban al rededor nuestro la bóveda cdeste, semejantes i las columnas 
de un templo, entre las dos muertes, cuyos golpes terribles acababa 
aquel ángel de evttaar, mi corazón se conmovió; una ola de vida rodó por 
todas mis v^as;yo sentí que la amaba, y se lo dije.... Un instante mas 
permaneció apoyada contra mi pecho, fijos «us lángidos ojos sobre los 
mios, sin responderme, sin oirme ta( vez^ cuando los gritos de las 
personas que la llamaban , algunas de las cuales venian ya á su en- 
cuentro, rompieron aquel encanto. Por un movimiento simultáneo se 
alejó ella de mí; pero yo la ofrébí el brazo; como si hallándonos- en su 
salón quisiese acompañarla para bailar una contradanza. Sinembaiv 
go, yo üo pude envanecerme de aquel ñivor, porque á cada paso 
que dábamos (laqueaban sus rodillas; las mas pequeñas hendiduras 
que.habia ella salvado antes con tanta lijereza, la inspiraban un hor- 
ror, que yo adivinaba en el> temblor* de su brazo,' apoyado -sobre el 



g^rfaut. . 173 

mío. Me vi, pues, obligado á dar infinitos rodeos para evitarla aque- 
llos sobresaltos, alargando de este modo el camino, del cual no me 
pesaba en verdad. !No sabia yo que al llegar á la orilla , el mundo , ese 
otro mar de hielo, me la iba á aif^bátar, acaso para siempre. Marchá- 
bamos en silencio, pronunciando cuando mas palabras indiferentes 
con mutuo embarazo , cuando llegamos cerca de las personas que la 
esperaban ; la dige entonces al dejar su brazo : 
—Habéis arrojado mis flores; haréis lo mismo con mi memoria.^ 

Me miró, y nada me respondió; yo aprecié este silencio. La saludé 
respetuosamente, y me volví al pabellón, mientras que ella contaba á 
sus amigas su aventura , de la cual estoy seguro que ocultaría algunos 
detalles. 

Casi todos los viajeros que visitan á Ghamounix se asemejan á una 
O con acento cir(iunflejo. Hay obligación e;n este sitio detener, digá- 
moslo así , un poco de tontería. — No hay un mercader que no obligue, á 
su esposa á que admire á la naturaleza, violentando su pescuezp para 
contemplar ala gran Jorasseó el domo de Goúté; ningún droguista 
que no levante la frente con orgullo bayroniano; ningún procurador en 
vacac^iones que no se desoje como si fuese un Diderot. £1 libro de lo^ 
viajeros, está lleno de frases increíbles de todos .estos señores sobre. el 
poder/Jé ^us sensaciones; la exaltación de sus espíritus, la plenitud 
de su corazón , la inposibilidad de esplicar todo lo que sienten , y so- 
bre ^pequenez ante la grandeza de la naturaleza. — ^La exaltacic^i de 
un rpetcader de paños! La plenitud de un fabrjcahte de velas 1 cosas 
curiosas en verdad. 

£1 lihro.de los viiyero^ en Montanvert es una colección de estupide- 
ces políglotas, al que pocas personas rehusan su tributo; con la dife- 
rencia de que los mas modestos se contentan únicamente con poner 
sus nombres. Esperaba yo saber de este modo el de la interesante via- 
jera , y mi esperanza no se vio burlada por cierto. Muy pronto obser- 
vé al grueso señor de Mauleon .ocupado en estampar su firma sobre 
elrejistro con caracteres dignos 4e Mr. Prudhomme ; los demás indivi- 
duos de la caravana siguieron su ejemplo, y la joven fué en. fin la úl; 
tima que se dirigió á escHbir su nombre. Así, que se alejó me^^proximé 
yo, y tomando el libro con aparente indiferencia, leí ep la última. If 
uea estas palabras , trazadas con preciosa letra inglesa : 

<( La Baronesa de Bergenheím.'.,, / 



■, ÍH>* y \í 



í; iIi i'. <»s 



■ * 

174 REVISITA' Bte ífÁDRID. 



VIL 



r 

-r-La baronesa de Bergenheim ! exclamo MaríHac ; ya, ya caigo ; y 
ahora lo comprendo todo. Por eso es por lo que en lugar de visitar las 
orillas del Rhin como liabíamos convenido én Páris , me has hecho de- 
jar el camino dé Straburgo con el pretexto de recorrer pedestremen- 
te los sitios pintorescos de los Vosges. Pero no has debido abusar de 
ese* modo de la inocencia de un amigo ; y yo tan tonto que me he dé- 
jado engañar ! 

— Déjate de exclamaciones, interrumpió Gerfaut, que aun no he 
concluido ; fuma y escucha : 

iSeguí á la baronesa hasta Genova, á donde había Ido desde París 
con sti tía, y de cuyo viaje se había aprovechado para ver el Monte blan- 
co. Al dia siguiente de su vuelta salió para París sin qué jro la hubiese 
encontrado ninguna otra vez; pero ya conocía su nombre, que por 
ciefto no me era desconocido, pues lo habia oído mentar algunas veceá 
en varias casas del barrio de San Germán , y sabia yo muy bien qué 
durante él invierno tendría ocasiones de verla. 

Permanecí, pues, én Genova entregado á una sensíaelon tan nueva 
como extraña , cu^a a(ícion se sintió bien pronto en mi cerebro. Ibmé 
la pluma poseído de una pasión semejante á un acceso dé rhbfa, y en 
cual!ro días acabé dos actos del drama que escribía entonces. laimás 
había yó escrito con tanto calor y tanta eñerjía. El fuego de la íns- 
pít^ádoá habiá íoiflaitiádb mi sangre , corría por mis arterias , y hervía 
bajo^ nii frente. Mi mano no podía obedecer con prontitud la rapidez 
de mi imájinácioñ, y tuve necesidad de escribir en taquigrafía. — ^Adios 
sueffos pesados producidos por el esplin y las meditaciones de Wertherl 
Él cifeló sé había vuelto azul, el aire puro, la vida tranquila y feliz; 
iñi talento existia aun. ;.!\ 

Cuaúdb pasó este primer transporte , la imagen de la bardnéisa de 
Bergenheim, de quien apenas me Habiá' adóTdad() duí'diitjé esté tiem- 
po, se presentó dé nuevo bajo una felfma menos' vaporosa fesjiéríhien' 
tando un placer extremado cuando recordaba las mas insignificantes 
circunstancias de nuestro encuentro , lá¿' i^actóks formas de sus fac- 
ciones , la elegancia de su vestido y sus distinguidas maneras. Pero 
de lo que yo conservaba una impresión mas viva era de la dulzura de 
sus hermosos ojos , de la sonora vibración de su voz , del agradable 
olor á eliotropo con que estaban perfumados sus cabellos, y de la pre- 
sión en fin de su talle delgado sobre mi brazo y contra mi pecho. Me 



sórpr^íidia áqgühas vécés á mf misino, sab^fé^ndo lp8 jr/e«5}»eidQs^ 4^ 
á^uetlá agrááábie sensación , y ño podía menos entonces dé r^irfi;^ 4^ 
mi preocupa9¡on, digna á la yerd^^d de jn 

Tan convencido me hallaba dé qñi iniposipiíia^í.psrd Oim?!*» ^p/i/B J{i i^ 
de una pasión verdadera iib ociípp ni uii jnoqpt^Ijt^ nji 4n^9|jipd0Jon; 
sin embargo el recuerdo dé mi heriüpsá viajera $^ yjat)^ f^ádfi ok quis 
en mi memoria, y amenazaba ocuparla enteramente. JV]Íe SQixiett ^B^4)- 
ees á un detenido análisis pa^ averiguar el i^r^cXsi;,yj&[{^^TO 4if i^st« 
sentimiento, cuyo yugo éjnpezába ya á seQtjír áMÍíáuf i)iy9)upl4p4~ 
mente. Tiurante álguíi Fieiiipo , todavía ¿stuyepéHu^^^pi^^ 
mas que uiiá exaltación de jiii jcerebró, ó uno de,^quéllÓ9 ordp^ps ^ 
mi imajiüaciori cuy osi efectos pasajeros nábjai ,yó.^éíití4¿ 9^j?^,,y,ec^p^ 
pefo bien pronto conipreridí (Jue el bjéi) o ^I ma|.3e b^bjá ja^ro^iicjdo 
en las regiones de mi ser, y que lo sentía ágit^tp^e.^ji ini (ío^^j;^ fOfr 
mo ua hombre enterrado vivó pugnando jpor ro^Djérla lo$9.fdj^i^tf97i 
pulcro. £{1 medio de las ceiiizá^ del volcan qiie yoi c^Vlfi ^stílfgffi4?i, 
habiá nacido una flor peifümadá con los o]ór(^^,¡m9§ spáves,,y^4^xq^r 
da de Lqs colores iiíás Dritíañtes. Ese entusis^no puro , Asa fé.f^,i^l 
amor, ese cortejo encantador d^ las ttescas ilu^ioi^és 4« ^jMventwdv 
volvió cóuio por encanto á saludar la nueva aurora d^ uii vi4f(; XQ^ 
parÍB(yo, pués^ que se yéri/icaba en roí tina ^egun^f c^f^^^fi^m cre^^^iJL 
supemor á^ aument^^ mi íi^t^ií^q^d^ < yi.9P|íf- 

préndiá mejor sus misterios. ^1 aspectp ¿e epta re^eu^r^ciop^.^lsip^,-* 
!^e en mí puteramente lo p$sado^, 4p, quietando sjíqo pqipq púa spiqí^ia 
en el fondo de un abismo. Me dirigí entonces háci^ |9l,j^v|9pi)) pp^ la 
fé religipsa de un musulmán que S9 arrodilla ^í)i|r^^doM9i^ (9l.j[¡)i}j^nte, 
y iné compadecí de mí mismo ál comprender los sentimieu¿»]^ jji}^ .agi- 
taban nuevamente nii alfna.TTy^^h ! yo pm^^^l , . • , . . . . ..h i 

Volví á íarís , y mi ' primera diligencia f«é tospar 4^ . 9^ 
í^inigó mió que conocia perifectaméhte á to¿as la9 Dptabiii4a^^S ,dj?l 

barrio de San Géhnaii, . .. . , ,. .^,, ., ,^^ 

^La baronesa de Bergeiih%,,me íijp,,,e9|UM JPi^ípí^J^Jft^^íii^ilPi 
muy bella^ perp cóii bastante jaléntó y míJy awJWf; lí? up 4? pjifgr. 
tras coquetas cóñ seis cuarteles en su escudo ae ari^a&y .Y^iAÚf^ati^. 
grados de virtud ; que tiene siempre atados á su c^)*j*<p a ,^^i>^9^P&tes 
ya un tercero bajo su játi^p^ ñero que m ^r)^>^^ V^ i^f{l^^^ 
una palabra ¿cerca dé su ,cohd¡ucta. Eii, ^$¿9 \nm0f^ Matijj^^ j?: ^-r, 
zénac sou los dos pacientes eje que te h^ babla^p^a )4, tftC^jeca,vÍ5^T. 



:b4cfio 3^ue d(is^ feHpyolucío^ ^enjiíio .^e^^^ po^e^'i^a^-. 
do dé sus bosques y matando jabalíes, sin inquietarle lo mas mínimo 



176 REVISTA DE MADRID. 

, I ' » . I 

el cuidado de su mujer. Me nombró en seguida las casas que fre- 
cuentaban precisamente estas señoras , y me dejó diciéndome con aire 
picaresco: ' 

— Vete con tiento , sj quieres probar fortuna con la interesante ba- 
ronesa; mira que su picadura sino mata incomoda. 

Esta descripción en boca de una persona tan mordaz como Casa- 
rans me satisfizo enteramente. La plaza no estaba ocupada , pues si 
bien aparecía como inexpugnable, ya esto era otra cosa. 

Antes de la vuelta de la baronesa de Bergenheim empezé á presen- 
tarme con frecuencia en las casas de que mi amigo me habia bablado. 
Mi posición en el barrio de San Germán no deja de ser singular , aun. 
que aceptable según presumo ; tengo bastantes relaciones de familia 
para poder contar con muchas personas que me defiendan caso de ser 
atacado, y esto es muy esencial. Gracias á mis obras, soy considerado 
eñ verdad como un ateo y un jacobino; pero por lo demás soy recibido 
bastante bien, y como también es notorio que me he negado á admitir 
distintos empleos del gobierno actual y he rehusado la cruz de honor que 
me ofrecian , esto me sirve de compensación, y escusa la mitad de mis 
crímenes. Paso también por poseer cierta erudición heráldica que 
debo á uno de mis tíos, escudriñador acérrimo de toda pretensión 
genealógica, lo cual me atrae una consideración de lar que no puedo 
menos quereirme algunas veces al ver á ciertas personas que me detes- 
tan saludarme afectuosamente como el cura de San Eustaquio saluda- 
ba á Bayle por puro miedo. Por supuesto que en este pais no soy yo 
el Gerfaut de la puerta de San Martin ni el escritor de moda sino el 
vizconde de (jerfaut. 

—Pero ya se vé , con tus ideas plebeyas no comprenderás tú bien es- 
to que te digo. . ^ 

— Plebeyas! exclamó Marillac saltando sobre su sillón, qué estás 
diciendo .>^ quieres que hayamos á rompemos la cabeza mañana antes 
de desayunamos? Haá de saber que yo soy un artista; lo entiendes? 

— No te enfades por eso : he querido decir que , entre ciertas gentes 
ha conservado' el título de vizconde cierto prestigio que no le concede- 
nas tu en verdad atendidas tus ideas artísticas peno plebeyas del año 
de gracia de ÍSZ'2, , . 

—Eso es otra cosa. 

— Á los ojos de esas personas que coniservan aun sus inclinaciones 
á la nobleza, y.todaí^ las^ mujeres son de este número,, el ser vizcon- 
de es una recomendación. Hay en este título yo qo sé qué de distingui- 
do y caballeresco que' sienta perfectamente, á un jóyen célibe. Entre 
todos los títulos , ei^cepto el.de duque , el de vizconde es el mas elegan- 
te: Moliere y Reynard han criticado á los' marqueses. Los condes s^ 
han desacreditado mezclándose entr^ los senadores del imperio., En 



Gl^RFAUT. 177 

cuanto á barones á menos de llainsirse dé Montmorency ó de Beau- 
freinont, los demás valen poco entre la nobleza. A ios vizcondes por' 
el contrarío nada hay que echarles en cara ; porque exhalan cierto per- 
fume mezclado de antiguo régimen y joven Francia, porque Chateau- 
briand en fin es también vizconde. 

En el barrio de San Germán soy considerado además de mi título 
como hombre de talento , suponiendo que tenga alguno, como lo dicen 
los que me adulan. Encuaderno mis obras con mis pergaminos , envuel- 
vo mi talento con mi titulo, como á una pildora amarga con un poco 
de azúcar , y hé aquí mi receta para hacer dijerir mi abominación por 
las damas y caballeros de Coblentz. 

Pero al hablar de esta clase distinguida vuelvo á mi proposito. Ho- 
jeaba yo un dia por casualidad el artículo perteneciente á mi familia 
en el diccionario de Sain-Allais, y me hallé con que en el año de 1569 
uno de mis antepasados , Cristóbal de Gerfaut, se habia casado con la 
señorita lolanda de Corandeuil. — O abuelo mió! ó respetable^ abuelo! 
tenéis extraños nombres de bautismo; pero no importa, exclamé 
yo, os estoy muy reconocido. Vais á servirme de uistrumento de 
abordaje , y seré muy desgraciado en verdad si en la primera entrevis- 
ta la vieja tiano acepta por pariente á mi distinguido abuelo Cristóbal. 

Algunos días después ñií á casa de la manjuesa de Chameiilan , una 
de las casas mas respetables del noble barrio de San Germán. Estoy acos- 
tumbrado cuando entro en una de estas casas, á producir la misma sen- 
sación que produciría Belcebú si pusiese los pies en el paraíso , y en 
esta noche sucedió lo mismo que siempre. Cuapdo me anunciaron ob- 
servé cierta ondulación de cabezas en los grupos de las jóvenes que se 
hablaban al oido, muchas miradas de curiosidad fijas sobre mí, y en 
medio de aquellos hermosos ojos dos mas hermosos todavía; eran 
precisamente los de la interesante viajera de Montanvert. Cambié con 
ella una rápida mirada , una sola , y después de haber saludado á la 
dueña de la casa mé mezclé entre los hombres, y pregunté á un ex-par 
sobre no sé qué cuestión política , evitando dirigir de nuevo mi vista 
hacia el sitio en que se hallaba la baronesa. 

Un momento después vmo la señora de Chameiilan á ofrecer al Par 
cartas para el Whist; pero él se escusó diciendo que tenia que mar- 
charse. 

— 1^0 me atrevo á suplicaros que hagáis la partida á la señorita de 
Corandeuil , me dijo volviéndose hacia mí , porque no comprendo tan 
mal mis intereses ni el placer de estas señoras para que os destierre á 
una mesa de juego. 

Tomé las cartas que me ofrecía á medias con cierto apresuramien- 
to que debió hacerle, suponer que me habia convertido durante mí 
viaje en un Bewerley. 

SEGUIIDA ÉPOCA. — TOMO UI. 23 



178 REVISTA DE MADRID. 

La señorítd de Coraadeuil era en eféeto la fea é impertinente 
persona de que me habia hablado mi s^migo Casaraiis, pero aun- 
que hubiese sido mas horrible y espantosa que las brujas de Mac- 
beth , estaba decidido á emprender su conquista. Empezé, pues, á ju- 
gar prestando una atención extraordinaria , i)orque habiéüdomé tocado 
ser su compañero , sabia yo por esperíencia el profundo horror qtie les 
inspira á las viejas la pérdida de su dinero. Jamás he deseado tanto 
ganar como en aquella noche, y gracias al cielo, ganamos. La señori- 
ta de CorándeuiJ , á quien sin embargo de sus cuarenta liiil libras de 
renta no la era indiferente la adquisición de dos ó tres luises, no pu- 
do menos de dirijirme , al levantarse de la mesa , un gracioso cumpli- 
miento sobre mi mahera de jugar. 

— Arreglaré gustosísima con vos, me dijo, uná^ alianza ofensiva y 
defensiva. 

— ^sa alianza está ya arreglada, señorita , la respondí yo, cogien- 
do, como suele decii'se , la ocasión por los cabellos. 

— De qué manera, caballero? rejplico levantando la cabeza con 
cierto aire de dignidad, como sí se aprestase a rechazar alguna fra^e 
impertinente. 

Erguí yo también á mi vez mi cabeza , y di á mis facciones cierto 
carácter feudal. 

— Señorita , tengo el honor de pertenecer á vuestra familia , aunque 
desde un poco lejos por desgracia ; por eso he hablado de una alianza 
entre nosotros como de cosa ya combinada. En 1569 uno de mis ante- 
pasados, Cristóbal de Gerfaüt, capitán de los -arcabuceros del rey 
Carlos IX , se casó con la señorita lolanda de Corandeuil, tia vuestra 
á lo que parece. 

— lolanda es en efectO'un nombre de mí familia , respondió la sol- 
terona con la sonrisa mas afable que pudo prestar á su fisonomív^; 
tanibien yole llevo. Los Corandeuil, caballero, no han desconocido 
nunca los lazos de familia, y és un placer para mí el reconocer un 
pariente en una persona como vos. 

— Y podr,é yo esperar en sú consecuencia, ía ííje con el tono de 
voz mas insinuante que me fué posible adoptar, qu^ ése título con 
que acabáis de honrarme , me autorice para presentaros inis respetos? 

. La señorita de Corandeuil respondió á mi insmuacion concedién- 
dome el permiso de ir á verla cuando quisíesi? en íps términos mas 
atentos. .,. . ' 

Este diálogo ño habia absorvído tanto mi atención que no ímbiese 
podido reparar á favor de un espejo todo el interés coxx que la barqne- 
sa seguía con sus ojos raj conversación con sii ¡tía ; pero yo conti- 
nué en mi proposito , y la dejé marchar sin dirigirla ima segunda 
mirada. 



GiÉRPAüT. 179 

Tren dias> después M i hacer mi priofierd mitñ, y la señora de 
Bergdnhekn récMó mi saludo- ciHno mujer yft pretenida y por eo&se- 
emenda preparada. Cambiamos de ñuero otra sola mirada rápida y 
prolbnda como la primará y nada mas. Api^ovechándome en seguida 
de ras numerosas visitas ()ue aseguraban á cada cual su libertad, me 
puse á obsertiar con ojos ejercitados el terr^io en que acidaba de po- 
ner el pié. Antes de que acabase la noche habia ya visrto completar 
mente juátifíeádds ios iñfcnrmes de Casarans. Entre todos los kombres 
^ue atli se hallaban no hallé realmente mas que dos pretendientes á 
quiénes pudiese cuadrar con exactitud este tituio; el $r. de Mauteón, 
cuya insignificancia era desde luego i^otoria, y el Sr. de Arze- 
nae que á primera vista podía parecer mas peligroso, porque gra- 
cias á sus cien mil libras de rentas gozaba en él mundo de una 
de las mas envidiables posiciones. Sin tener que ceder á nadie ni en 
nombre ni en fortuna; tan irreprochable en sus costumbres como en 
sus maneras; bastantemente instruido, con una; política esquisita, 
aunque reservada ; conociendo perfectamente el terreno que pisaba, 
«ra «in contradicción la flor de la «ociedad de la señorita de Coran- 
deuil. P^o á pesar de todas estas ventajas, un examen detenido me 
deTnostró que su posidon respecto á la baronesa era desesperada. La 
dte Bergenheim lo recibía muy bien , níuy bien indudablemente. Le 
escnehába con una especie de sonrisa en la que se trasluícia cierto 
grado de reeonodiüíiento por las atenciones que la prodigaba. Veía con 
gnsto que la acompáñase á caballo en el bosque de Bolonia , porque 
al #n ejfa todo un caballero ; y era en ñn su pareja favorita para la 
galop pues la bailaba con una perfección húngara. Pero ha^ta allí no 
mas llegaban stis victorias. 

Al cabo de algunos días cuando hube esplorado perfectamente 
el térráio , y pasado por una criba á todos los pretendientes grandes 
y pequeños , tino después dé otro; saqué por consecuencia que Cle- 
mencia no amab» á ninguno de ellos. 

— Me amará, dije tú para mí , la noche misma qué por efecto de 
mis observaciones había acjquirido aquel convencimiento , y á fin de 
formular de una manera conveniente el plan de campaña que nece- 
sitoba poner en practica para realizar mis deseos , me fijé en las si- 
gtdébtes projidsioiones , que son para mí artículos de fé. 



t • . 



'Ningimá níwjer és inftdible; 
El éñior solo preserva del amor. 



Oe lo éuál'^e diedüce'qüe la mujer qiié ha resiáfido sin amar á 
nueve amantes, cederá al fin al décimo. Consegétr , píúeS , áer é^te 
décimo eía él'pirobTémfá que había qué riestolvér. 



180 REVISTA D£ MADRID. 

L.a baronesa deBergenfaieiin estaba ca^adfi bafiia ,tres años , y su 
marido , jóvea y de bu^na presencia ,. pasaba generalmente por un 
modelo de esposos : si estas últimas consideraciones carecían en. ver- 
dad de importancia , la primera era de gran peso. Según todo cálenlo 
era demasiado pronto el intentar cualquiera empresa. La baronesa, 
sin ser hermosa, agradaba mucho, y á muchos ; segundo d}stáculo; 
porque la sensibilidad en las mujeres se desarrolla casi siempre en 
razón inversa de sus triunfos. Tenia adeniás talento; obs^vacion que 
debia tenerse presente. Era también extremadamente aristócrata , y 
yo sabia bien que si las señoras de tono son mas que otras esclavas 
de sus amantes, se vengan por lo mismo con mas empeño de los aspi- 
rantes á serlo. £n fin , uiiyer muy de moda , muy obsequiada y muy 
codiciada, se hallaba bajo la vigilancia especial de Jas beatas, de las 
solteronas , de las hermosuras jubiladas , y en una palabra de toda 
esa falange femenina cuyos ojos, cuya boca y cpyos oídos parecen en- 
cargados expresan^enté de afligir corazones inspeccionando todo lo 
que se habla. 

Este montón de dificultades que me eran bien conoddas surcaba 
mi trente con tantas arrugas como si me hubiesen encargado de re* 
solver instantáneamente todas las proposiciones de Eudides. / Ella 
nie amará ! estas palabras resonaban sin cesar en mis oídos; pero ¿de 
qué medios valerme para conseguirlo ? I^inguna idea me sati^aeia. 
Las mujeres son tan caprichosas , tan profundas , tan indefinibles que 
con ellas es cosa muy fácil perder el tino á poco que se carezca de 
tacto 6 de inteligencia, y se adelante ó se atrase el oportuno- cuarto 
de hora que debe buscarse en semejantes casos. La única cosa que á 
mi ver era evidente , consistía en desplegar un plan estratégico de 
seducción y galantería; pero ¿cuál debia ser este plan? 

Nos hallábamos muy lejos del paraíso terrestre de Montanbert, 
donde yo había podido durante algunos instantes exponerla á. la 
muerte , salvarla en seguida , y decirla por conclusión : ¡ os amo ! La 
pasión no tiene por desgracia en los ilíones aquellos arranques libres 
y dramáticos ; las flores se marchitan á la luz de las bujías.; el ca* 
lor de la atmósfera de lo$ bailes y de los festín^ oprime con su es- 
pesor el corazón , tanto ooqio lo dilata el aire puro de las montañas; 
en París la escena ocurrida en el mar de hielo $¡e hubiera calificado 
de locura ó atrevimiento; allí habría establecido tal vez desde el pri- 
mer día entre los dos una simpatía ma$ fuerte que» todas las conside- 
raciones ^ocíales. Aquí era ella la baronesa de Bergenheím , y yo el 
vizconde de Gerfaut; era forzoso , pues, adoptar el camino ordinario, 
es decir , .comenzar la novela por la primera página, sin saber de qué 
manera preparar el prólogo. 

¿Cuál sería, en í^., en este casQ mi. plan, de campaña? 



GERFAUT. 181 

¿ Me haría yo el- hombre amable ? ¿ procuraría cautivar su atención 
prodigándola continuamente esas delicadas atenciones y hábiles li- 
sonjas que constituyen lo que se llama arte de hacer la corte? Pero 
Arzenac se había apodando de este papel, y lo desempeñaba con una 
stsperíorídad indisputable: agregándose además que yó coriocia muy 
bien cuál había sido el resultado de su conducta. En fití, á no du- 
darlo, para inflamar aquel corazón se necesitaba de un fuego mas 
activo que el de los galanteos de un mozalbete , los cuales , si bien 
lisonjean á la vanidad, no int^esan al alma. Quedaban todavía el 
sistema apasionado , el amor ardiente , devorante y feroz. Hay muje- 
res á las que los suspiros convulsivos extraídos del fondo del estó- 
mago , las cejas fruncidas de una manera fantástica , y los ojos pues- 
tos en blanco, es lo mismo que decirlas: ámame 6 te mato , lo cual 
produce en ellas un efecto prodigioso. Yo había experimentado tam- 
bién el poder de esta fascinación , y ejercitádola un día, por capricho 
por supuesto, con una muchacha nibia, á la que habría llenado de 
orgullo tener por amante á un Raúl Barbe Bleu ; pero los extremos 
de la boca de Clemencia indicaban algunas veces ana expresión de * 
ironía , que hubiera desafiado al mismo Ótelo. 

Ella tiene talento, y lo sabe, me decia yo á mí mismo; debo 
elfigir este flanco ; las mujeres gustan bastante de estas contiendas 
porque les proporcionan ocasión de manifestar el tesoro de monerías, 
de gestos , de carcajadas y de graciosos caprichos , cuyos efectos co- 
nocen ellas perfectamente. ¿Sería yo, por ventura, el Benedicto de 
esta Beatríz? pero á pesar de todo esto no haría mas que comenzar 
el prólogo , y yo deseaba mucho llegar al epílogo. Pasaba sucesiva- 
mente revista á los diferentes caminos que un amante puede tomar 
para llegar á su objeto; recapitulaba todos los métodos mas infalibles 
de seducción ; y en una palabra , repetia mi teoría como un teniente 
precisado á mandar maniobrar un batallón. Cuando concluí mi exa- 
men me hallé tan adelantado como al principio. 

Vayan al diablo todos los sistemas, exclamé yo; no seré tan 
tonto que adopte con premeditación un papel de hombre taimado, 
mientras que puedo representar con naturalidad el de amante. Sen- 
tir val6 mil veces mas que analizar , y me lancé al torrente de ca- 
beza, sin inquietarme por lo mas 6 menos difícil que me sería luego 

la salida. 

Mientras que combinaba los medios de ataque, la señora de Ber- 
genheimse había puesto en guardia y apercibídose á la defensa. Hos- 
tigada por la reserva que yo guardaba , cuya conducta contrastaba 
singulaimente con las extravagancias de nuestra primera entrevista, 
su inteligencia de mujer le había sugerido un plan con el que ^ 
ptoponi*' conseguir «u objeto. K6 indudable que ella había adivinado 



182 KEVISTA DE MADRID. 

parte de mis inteDciones , pero en cambio yo habia adivinado todas 
las suyas; la veaiafa estaba, pues, de mi parte. 

Pero no pude dejar de reírme al notar su pérfida coquetería cuan- 
do me deeidí á obedecer sencillamente las inspiraciones de mi cora- 
zón , en h)gar de valerme de los cileulos de mi talento. Con la re- 
putación, que bien ó mal me babia yo adquirido, era pues evidente 
que le parecería á ella una conquista de algún valoif , una víctima 
¿I la cual no se debian prodigar las flores para conducirla al altar del 
sacrificio. Como prímer eslabón de la cadena que se quería ecbar a 
mi cuello, Mauleon, Arzenac eí íuU quaníü. íú» fueron sacrificados 
sin que hubiese necesitado mas que de una nurada para obtener aquel 
licénciamiento general. Sin embargo, yo interpreté , como debía, esta 
reforma. Comprendí que se quería concentrar contra mí toda^í las se* 
duccioiies imaginables a fín de no dejarme ningún medio de sal- 
vación. 

Esta conducta me ofendió en un principio; pero la diseui|»é des- 
pués cuando á favor de un examen mas detenido empecé á ^mpren*- 
der mejor el carácter de aquella mujer adorable. I^a coquetería en 
ella no era un vicio del coraron, ai una falta de talento , ^a la tra- 
vesura de un alma inocente , desocupada ; no tenieildo ninguna otra 
cpsB quebacer , se había entregado á esa especie de pasatiempo que 
ella miiraba como legítimo. Como sucede á todas las uuijeres , le gus^i 
taba agradar ; sus triunfos lisonjeaban su vanidad ; el incienso kl, 
trastornaba alguna vez la cabeza ; pero en medio de aqncfl torb^ 
, llino permanecía su corazón en una paz tan candida como pura. H^ 
Haba ella tan poco peligro en aquel juego que jugiaba, que no podía 
creer que otras personas no lo considerasen del mismo modo, y p0c 
eso no se inquietaba. Las pasiones verdaderas no son ciertamenie tan, 
comunes e» los salones de París , que una mujer bonita deba conce- 
bir grandes remordimientos por gustar sin amar; la pistola de Wer-. 
ther no forma parte del equipaje de los elegantes del barrió deGand^ 

La baronesa de Bergenheim era en verdad una coqueta , pevo con 
una ingeuuidad y una confianza indecibles. No habiendo ella oono^-^ 
do el amor en nadie ni ann en su marido , calificaba su conducta 00^ 
mo una coga^ecuencia de gu estado adquirida el día dc.laboda, l<^mi»- 
mo que los ctiamantes y las cachemiras. Habia es el timbre halagüe- 
ño de su voz , en la inocencia de sus grandes ojos que dejaba. repi9sar 
algunas veces sobre los míos sin cuidarse de apartarlos, en aquella 
especie de elasticidad general que parecía redamar su puesto «íiñs 
bien en el baile que en el diván , y en fin, en aquellas mil aberracio- 
nes finas y delicadas que solo un amante sabe apreciar , alguna oosa 
que deeia: «yo no he amado nunca.» 

Aáf pues ,mos de inquidtarflie por el laáo que se iiae tendí» vfQ' : 



^HFAD'^. (83 

, jtrfigdé dócUjaiefBite nij csibeza^ y presenté mi frente al yugo con una 
conformidad que estoy seguro debió divertirla ; pero yo contaba con 
g!;e iQiiy pr^^nto jí^ 3^r(a yo ^lo el quj9 lo soportase. Una coqueta 
,<J|U9 %^ é^^'pof^. fri^^nte al ^I de su^ triunfos, se almeja a esos 
ngdadior^s qyf ^dmir^ i los especti^dpros /?on la diíieultad dé 5us 
pps.tui\a§ ha^ta qi^e- sorprendidos^ por uoa corriente imprevista son ar- 
rastrados! i su pesar, sin que les. sirva la elegancia y ligereza desús 
movimientos para cortar el agua. 

És casi seguro, que el amor triunfa de la coquetería. Tenia yo por 
lo misino tanta fé en el mió, que creía poder apresurar el momento 
en que habia M gozar de la< victoria. 

Y§ \\x sabes q|Ue en ^1 último invierno la tristeza y el mal humor 
eran de rigorosa filiqí^e^a entre ciertas personas cubiertas de luto por 
la revolución de julio» Las reuniones eran muy escasas; no habia bai- 
les ni soiréesi^ permitiéndose únicamente alguna que ptra contra- 
danza bailada al piano en pequeñas reuniones. Una vez instando yo 
(convenientemente en casa djB la señorita df^ Corandeuil , esta circqns- " 
tanbia lejos de incpmodarme me favorecía , pues me permitía ver 
con jntimjdad frecuentemente á Clemenci^. Aprovechándome de su 
coquetería, que la obligaba en cierto modo á aduiitir mi$ obse- 
quios, mi pasibbpor ella fué bien pronto cosa convenida entre xm- 
otros : ella me escuchaba riéndose y mofándose , pero al ün no podía 
despqjatme del derecho de hablar , concluyendo al fin por tomar mi^ 
cartas , á lo cual se vip obligada en cierto modo j)or una multitgd 
de estratagemas de que hice uso con un^ habilidad increíble. .Habi^ 
consf^uído ya ser escuqhado y laido ; era todo cuanto podía apetecer. 

.Desde el primer instante habia sido mi an^r un secreto para ella, 
así como el ^uyo lo habia sido para mí; pero cada 4>a hacia ^o bri- 
llar á sus ojos alguna nueva faz de ese prisma de mil colores, Aun 
después de h^erla remetido cien veces cuánto la adorfiba, mi ternu- 
ra tej;úa aun par^ ella el atractivo del incógnito;. Paremia r6aJm_ente 
ii]i corazón inagotable, y por consiguiente estaba yo seguro de.em* 
bridarla al ün con aquel fíltro que yp vertía incesantemente., y que 
ella bebía juguet.eai:^o,(;omo un niño. 

.tjn día la encontré bastante pensativa. Durante los cortos mo- 
mentos en que pude hablarla no me respondió con la ligereza que le 
era ha^bjtual; la expresión de sus ojos babia cambiado; su briUo sp,. ha- 
bia casi apagado ; en lugar de turbsirnie con su excesivo resptlandor 
cpipo rp,e l\ab¡a sucedido otras veces , me pareció que se amortiguaba», 
íijándpse en los míos , y que mi mirada penetraba sus húmedas pupi- 
las ; tenia los párjpados im poco cerrados como si hubiese experimen- 
tado cierta fatiga ^1 ser contemplada por mí. Al hablarme tenia su voz 
un spnidp sordo y débil. Jamás me había ella mirado con aquellos 



184 REVISTA DE MADRID. 

ojos , ni me había hablado con aquella voz; en este día supe ya que ^ 
me amaba. 

Volví á mi casa loco de alegría, porque yo amaba también; la ama- 
ba con una ternura que hasta entonces me habla creído incapaz de 
sentir. Cuando volví á ver á la baronesa, la hallé completamente cam- 
biada respecto á mí; una gravedad fría; una seriedad impasible; una 
fiereza irónica ó desdeñosa habian reemplazado al abandono encan- 
tador con que antes se me había presentado. A pesar de mi determi- 
nación de amar candorosamente, me era ya imposible volver á aque- 
lla edad feliz en que una señal insignificante de disgusto eñ el ídolo 
á quien se adora inspira la horrorosa idea de un suicidio; yo no po- 
día separarme ni de mi edad ni dé mi expertencía. Mi. corazón se ha- 
bía rejuvenecido; pero mi cabeza permanecia envejecida. No me des- 
esperaba, pues, áh aquel súbito cambio que hallaba en ella , ni de la 
borrasca que me presagiaba ; hacia mucho tiempo quela esperaba, y 
la deseaba. 

Hé aquí ya el momento, decía yo para mí, en que la coquetería 
ha sido batida en todos sus puntos ; en cuanto á esto no debe ya que- 
darme duda. Se ha convencido de que la lucha era demasiado fuerte 
y dudoso su resultado , y quiere , encerrada en la plaza , ocuparse 
solamente de la defensa. Estoy seguro que en este momento ésta ha- 
ciendo ella un llamamiento á todas sus tropas de reserva, y desde 
hoy en adelante deberán entrar en batalla el deber , la fidelidad con- 
yugal, el honor, y los demás sentimientos que exigirían una califica- 
ción de parte de Homero. AI primer asalto harán una salida todos es- 
tos batallones , y si yo lograse hacerlos retirar y colocarme en los fo- 
sos de la plaza , haría llover entonces sobre mi cabeza en guisa de 
piedras y de agua hirviendo, la virtud, la religión, el cíelo, y el in- 
fiernd. 
— Todo el formidable catálogo conyugal , dijo Marillac. 
— Calculaba yo el poder y la duración aproximada de aquellos di- 
ferentes medios de defensa, y en todo ello no veía mas que una 
cuestión de tiempo, cuyo término podría fijar acaso después de pocos 
días, concediendo desde luego tantos para el marido y tantos para 
el confesor. Pero esta presunción merecía un castigo, y lo tuvo al fin. 

Para conseguir una victoria es preciso antes un combate ; mas á 
pesar de todos mis esfuerzos , de todos mis ardides , y de todas mis 
tentativas, no me fué posible obtener este combate. La baronesa *de 
Bergenheim se mantuvo atrincherada en su sistemática reserva con 
una prudencia y una habilidad increíbles, atendido su carácter. Du- 
rante todo el tiempo que faltaba de invierno no hallé una sola vez. la 
ocasión de hablarla sin testigos. En fin, ella me hacía una resisten- 
cia desesperada; pero sin embargó ella me amaba. Sus mejillas pali- 



GEBFÁirr. 185 

deeiaii InsangWcinepte ; el brillo de sus ojos se había oscurecidos^ y 
algunas veces los fijaba en los míos sin apartarlos hasta que yeía <|ue 
laobse^abaa. Hasta allí habla sido coqueta é indiferente, ahora era 
amante pero virtuosa. Yo rae hallaba desesperado. 

Habia llegado ya la primavera , y ñtí una mañana ácasa de la Se- 
ñorita de Corandeuil;, que se hallaba enferma hacia unos cuantos 'días. 
Me recibieron, sin duda por una eqmvocaciott del criado, y al en- 
trar en el sálon lúe hallé con la baronesa que estaba sola bordando 
sentada en su diván! £1 perfame que exhalaban las flores que llena- 
ban multitud de vasos , y la casi oscuridad que reinaba en el sal<m á 
•causa de estar corridas las cortinas, embriagaron dental modo mis 
sentidos , que me vi precisado á detenerme un mstante á fin de apla- 
car los frecumtes latidos de mi corazón. 

La baronesa se habia levantado al oír pronunciar mi nombre, y 
ski hablar ni dejar el bordado me indicó un sillón , y se volvió á sen- 
tar; pero ttn logar de obedecerla me dejé caer de rodillas delante de 
ella, y cogí sus dos manos entre las mias sin que ella las retirase. La 
dije en seguida que la amaba , porque en el estado en que me hallaba 
me hubiera sido imposible pronunciar antes otra palabra. Oh! y es- 
toy seguro de que esta palabra penetró hasta el fondo de su alma, 
porque yo la sentí arder al salir de la mia. Me escuchó sin interrup- 
ción, y sin re^tonderme^ con la cara inclinada hacia mí, como si es- 
tuviese aspirando «1 aroma de alguna flor , y cuando la supliqué que 
me hablase, cuando la rogué que me dijese una palabra, una sola 
qnjíi^ saliese de su corazón, retiró una de las manos , y colocándola so- 
bre mi. frente en ademán de rechazarme, se detuvo mirándome largo 
tiempo. £1 brillo de sus ojos era tan penetrante , que hubo un mo- 
mento en que yo cerré los mios no midiendo soportarlo. Y la taad- 
nación de aquella mirada , él contacto de su mano sobre mis cabellos, 
me produjeron durante un instante una especie de arrebatamiento 
magnético tan dulce y voluptuoso que hubiera deseado morir. 

Un temblor que la hizo extremecer, cuya conmoción eléctrica 
sentí yo también , me hizo abrir los ojos , y entonces vi que su rostro 
se hallaba inundado en lágrimas.... Me levanté entonces impetuosa- 
mente, me senté á su lado , y la estreché en mis brazos. 

— No e» verdad que soy muy desgraciada? me dijo , y se dejó caer 
sobre mi pecho suspirando. 

— ^La señora ciiHldesa de Pontivers, anunció un criado, al cual ha- 
bría yo asesinado de la mejor gana , lo mismo que á la buena de la 
coíadesa de qui«ai era seguido.^ 

No pude ver mas en París ala baronesa. Ál dia siguiente tuve pre- 
•cisionde salir para Burdeos á un negocio de fomilia , y cuando volví 
á las tres semanas ya bada, algún; tventpo que habia marchado la de 

SEGUSDA ÉPOCA. — TOMO Ul. 24 



f SMgwoMm.HMwO 4Hid«i«sa>er 4* fittrftésse telbliáfiáqiií.,'iy qaHDko 
M^.^«m4^. í;Abara>)^o>i9ftl^fft»í^ittitonajd9eié»]pb «i1ea8i|iie'(l»iiki(he 

la noche. He qu^\iiei'hfm^ var.|%tte aeitvtftai«itiii'flBUfliao|d8tiiMnKlo 
skii^K>g(aj[^li»)P#rATmiffá lo 

,. tr-Xe yi^a^K»iír.« dü0)MaviUfe Qontaii^ptMMwó. 
,.' ,(.4nE¡ii 0|]r9P«»&,ai» haq^n ;4a«Bjei}gaahttiin r iinieaManjiBiiá am^ttíí á 
f;tolieQle)MiMi#ifisÁta ;<y'(Httn€ir<esjppDbaiik qf e^'t^ 
. iiaA;¿í(i$^ii;4é(tiip«dii¿s dea<kí^hwg<»'iquadart»á'iooirier,iEiitiniees>iie- 
. ifváa>á(bi £i90o«Harik. ^kwMdeuU^ ^eUñte denla iiue-fitfeftuileíarmTni 
f^ll^Hi4rQi9l(;bftWAV'ide(iaii(«li^ )|^^ m^; ^y tes iiidváabto'tqüe 

antes que llegue la noche. i»eitl)«bi:^<ieiiviado> mí «aneraMé pvima'de 
7 )^9fii9A }MitMíaafpaf«iqUefva)iaiivevla. 

<: l''-1rQ^i9ierai4I|ej.offol!let'Yfirdddflf«l& 1^^ tn|atqaíer*éCtoi|iMBor 

.aq^i«O)6iff60iMe y%Be«|iionáló(€bflrtiÉte >pbscláiidise'|iDi* «I tatito. i>Yo 
r. pé iyw^yiffaidiii 9iie laa*Q«lib^bee^ben(6oak»iieff8e'>b(HilraJo8 4n«0^ 
.;,i9il)f^9yi%uifii[9i(tciiwii«0la]^ia; pqrei>(^^lwiiiniilíde qvéfo ^teügarillr- 
- ^^% reffí^rd^i^QljOftile opocteileia ¡^ «fiDeSi yd^tú sféés «j^ 4ie8lilfbd0Ua 

. ,: • rrT$rfíawiili)teal;^«« • ^ ikasiaí ahora tno éeriA; gBándai^iesge ; jittM •fMlia- 
^;Í^lfin9^9ll^ Q^trctNItlu^iiMit^rm^ée^eateipas^ qiie<¥á»p^ito ^^*e\ 
^,^a(^iAstvc^Miwr i /e^a'tfi'udlfic^ iiiefte)éiMfláio<1Ñxyv,!C^ 

. (Tfr>Si^%^a>!^i|^pena»íquéiseihafde Jntwr ; i]ie^ aeitttíhiyMHos 

otAI»|BS|ri9<)tW^(as<)pii0oiieiqM6 <tnÍHJ^^ 

t^jiy» «»nyzca»iqtteKyaa <ttia w i wrp aoliite Jes ^gees/ '• 
^olh=rHMi^íti<ii^«^^^«mA iia .Iiihidré<y(ii«ii!)a^aQdei41lé'si 

íVlíWfti*l*«^"ÍWW^*|Mt*l»|lñfllia* r r. ;.!.■.; r^ 

I » ,i-.:t • t¡')i- < (í'í't»'» ■ ■ .;■ , .' ■■' <!*''! y" ' '•-;' * • . • ■ *' * 
.iv. , : ' r - •)!• m: • • "ir ' r .*. . i "i . • ' 

I.,. ) l^ tf^svde Ml^iAíS ««ídA,'<)^'{4^<»flkillik)de(^tgdnÉi«ii»«(ifi^ieeta su 
aspecto acostumbrado. La lumbre de la oéiawiiqaieDoáMlldKlfidttl^e 
-if^mP^f^.^y^E9í^iiM9mep^íi\mHiékt qedksér^iy^gHke^ún her- 
f.fnfl^(V,^f¿e /Ot^f^)|9t«lMlflbali jasifionlf «itAieistad.v^iiÉM v* y ^e'^pá)- 
yectaban sobre el pavimento. L'a señoritaideíGonAéeáiiit^bltf t)«iy%u 
.«gjlju^jfUl^p^lapteidei )a .^iwmak mbn XSMAttsñzthá^^m pfettq léTa , se* 
r4i^^9mMl9b9e^fj^9a#eriádiiiJMiq«« Aoab2toUile%0C!ÍMr:<'i6leAkiMi»ien 
9fi^f#4l^f)l^^^6#arjfm)fifli^pMls^ Hc«á»KiinH^<MRtalo^ide^tíipMf(a 



1 1 I \> •• ' % 



GÍBFAUT. 187 

cplocajlo sobre sus rodillas; pero la lentitad de su aguja , y las eqi^- 
.vpqacioujes qae cometía frecueaterneute , indicabauque. su imagvM- 
cion va^ba niuy lejos de las ñores, de isif bordado. Acababan [ureoi«$- 
ine^te. aa este ;Dome^to uua flor de lis d^ bermQsísimo iiegro.qiie^ha- 
cia un extraño contraste coa las demás cuacado entró uo. criado. . ^-c 
Señora , dijo este ; abí es^á una. pei^sona que pregunta por el señor 
.liarqn; 

^ -r7Pues qué, no se baila Bergenbeim en su cuanto? respondió- la 
,.4i^CorandeuU. 

: — £1 señor b^ron ac^ba de salir á o^iballo con la señorita Alitta. 
. . -TjQuién es ese^sugeto? ^ 

— £s un caballero^ pero no le be preguntado su npmbre. 
^ —Pues biei^, hacedle entrar.. . 

AI oir las.primeras palalyras del criado se babia levantado Ctemen- 
cia tirando su bordado sobre la ;$ilia ;.pei;o apenas babia becho un mxh 
vimie^nto p^ra. salir, reflexionó sin duda, y se volvió á sentar [traba- 
jando dejpueyo en la tapicería ,. como- queriendo manifestar la majwr 
indifer juncia á lo q^e.iba a suceder. • .• 

— £1 señor de Marillac , .anunció el Uoi^o abriendo por>segiAnda 
vez la puef ta^ La l;karonesa dii;igió una rápida ojeada al individuo que 
acababa de entrar , y respiró en seguida con mas libertad. 
,,. . X)e^pju^ d^ b£iber restablecido la .armonía de su peinado á lo 
.Perinet, entró el artista en el salón encojiéndose de hombros y do- 
blando su cintura, £mbutido en su estrecha levita de vi^e , y halan- 
eeando con coquetería un pequeño spmbrera gris , saludó respetu^isa- 
mente á las dos señoras, y tomó en seguida ^a actitud de un retrato 
de Van Dyck. 

Al aspect^o. d¿ aquella ügura tan extremadamente barbuda experi- 
mentó Constanza ciejcta expecie de terror, y en lug^r; de saltar com- 
forme acostumbraba á las piernas del recien llegado , se refugió r^ua- 
fuñando sordamente, debajo, del sillón de su an^a^ Jia.cualal primar 
golpe de. vista participó igualmente , sino del terror, de una parte á 
lo menos del disgusto de su perra ;. porque <en medio de sus .outite- 
rosas antipatías es preciso advertir qtxe la señorita de Ckvandeuil pro- 
Jfesaba un odio mortal á las barbas ; achaque muy común á todas las 
viejas á quienes incomodan los, bigotes , porque, sea dicho de paso, 
loís hombres no los llevaban §n 1780. „ ^ 

Lp^s.ojos de Marillac se fijaron. desde lu^go Involuntariamente so- 
bre los cuadros y de^aas objetos pintorescos ^.qne con ra^on.teaian 
derecho á Ijamar la atención de/un conocedor ; pero con^pnendióquie 
no era. aquel inpmento el mas opQrt,uao para entregarse, á una con- 
templación artística, pues lo que coíivenja era dejar á ios mueiüteis 
por los vivos. 



188 REVISTA DE MADRID. 

— Señoras, les dijo, debo ante todas cosas pediros mil 'perdones 
por haber entrado aquí sin tener el honor de ser presentada.;- creía 
encontrar al señor de Bergenheim , con quien me unen estrechas re- 
ladónes , pues me habían dicho que se hallaba en el castillo. 

— ^Los amigos de mi marido , caballero , no tienen necesidad de ser 
presentados en su casa , respondió Clemencia ; el barón no tardará en 
volver; y haciendo un gracioso gesto le ofreció un sillón. 

— ^Vuestro nombre no me es enteramente desconocido , le dijo álsu 
vez la señorita de Corandeuil , después de haber conseguido , aunque 
no sin gran trabajo , calmar la agitación de Constanza ; me acuerdo 
de liaberto oido pronunciar á Bergeaheim mas de una vez. 

— Hemos estado juntos en el colejio de Enrique IV , a pesar de que 
yo tengo algunos años menos que Cristian. 

— Creo además , dijo la baranesa recordando, que existen entre vos 
y el barón algunas mas relaciones que las de compañeros de colejio: 
no ñiísteis vos el que le salvó la vida.^ 

Marillac inclinó la cabeza sonriéndose , y en seguida se sentó; es- 
ta fué una especie de toma de posesión cuyo derecho era incontesta- 
ble. La misma señorita de Corandeuil no podia dispensarse de acojer 
benignamente al salvador de su sobrino , aunque hubiese tenido los 
bigotes mas largos que los de un shah dé Persia , que se ataba los 
suyos alrededor del cuello. 

Después de algunos cumplimientos la señora de Bergenheim con 
la amabilidad propia de una dueña de casa qae busca los objetos de 
conversación mas adecuados al gusto de las personas que recibe, re- 
plicó: como mi marido no gusta hablar de sí mismo, jamas ha querido 
contamos tos pormenores de esa aventura en que corrió tan gran peligro; ' 
quisierais tener la condescendencia de satisfacer nuestra curiosidad? 

Entre otras pretensiones tenia Marillac b de saber contar los su- 
oesos de una manera impreswnabh , como él mismo decía. Así , pues, 
la súplica de la baronesa sonó en sus oídos con tanta melodía como 
la que se hace á «na señorita para que cante un aria. 

Señora, dijo cruzando una pierna sobre otra y recostándole sol^e 
el brazo de su sillón, era el 28 de julio; los desastrosos decretos ha- 
bían producido su efecto ; el volcan que 

— Perdonadme , caballero , si os interrumpo , dijo con viveza la se- 
ñorita de Corandeuil ; según mi modo dé pensar y el de otras muchas 
personas, los decretos eran excelentes y necesarios. La sola falta de 
Carlos X consistió en no tener 50.000 hombres alrededor de París 
para sostenerlos. Yo no soy mas que una mujer , caballero ; pero si 
hubiese tenido á mis órdenes veinte cañones en los muelles y otros 
-tantos en 4os baluartes, os prometo que vuestra bandera tricolor no 
hubiera ondeado jamás sobre las Tullerías. 



GERFAÜT. 189 

— Pitt y Cobourg! dijo entre dientes el artista mirando á la vieja 
con aire asombrado; pero ^u perspicacia le hizo comprender que el 
republicanismo no era allí oportuno, y recapacitando acerca de la 
misión de que se habia encargado, no creyó gravar su conciencia por 
uña pequeña concesión de principios , y maniobrando diplomática- 
mente: 

— Señorita, respondió, si he llamado desastrosos i esos decretos 
ha sido solo por sus resultados , porque no podréis menos de conce- 
derme que lo que hoy deploramos es una consecuencia de aquellos su- 
cesos. 

— En cuanto á eso estamos enteramente acordes , dijo la señorita 
de Corandeuil recobrando la serenidad. 

—Abierto a nuestros píes el volcan replicó Marillac c1)ntinu.an- 

do su interrumpido período , preludiaba con cabérnosos rugidos ía 
terrible explosión de lava abrasadora que habia de vomitar bien 
pronto. La agitación en el pueblo era extremada , y ya habiaa ocur- ^ 
rído muchos choques con la tropa en diferentes puiitos de la capí- 
taíl. Me hairaba yo en el baluarte Poissoniere, á donde habia ido 
á desayunarme , y contemplaba artísticamente la escena dramática de \ 
que era teatro en aquel momento : varios hombres con los brazos 
desnudos y mujeres frenéticas arrancaban las piedras de la calle ó 
derribaban los árboles. Hicieron volcar á un ómnibus, y amontonaron .. 
junto á él cabriolés , muebles y toneles , con Jo cual formaron una es- 
pecie de parapeto. £1 estrépito que hacian los árboles a} caer, el de 
los picos al chocar sobre las piedras, mil voces confusas cantando á la 
vez en coro la Marsellesa , una descarga irregular de fusilería que 
se oyó én este momento hacia la calle de San Dionisio , formaban una 
armonía horrible , espantosa , comparada con la cual una de las tem- 
pestades dé Becthoveu habría parecido los gorjeos de un ruiseñor. 

Escuchaba yo con solemne asombro los rugidos de aquel pueblo 
indómito mordiendo la cadena que habia de rothper tan pronto» cuan- 
do se fijaron mis ojos por casualidad en el balcón de un entresuelo 
que se veia frente de mí : un hombre como de sesenta años con los . 
cabellos bastante blancos, algo grueso, pero fresco todavía, de aspecto 
honrado y tranquilo , estaba sentado delante de una pequeña mesa 
redonda , envuelto en una bata de seda color gris. Como las puertas 
se abrían hasta el pavimento , le veia perfectamente por el hueco cua- 
drado que formaban , pareciendo un retrato de cuerpo entero. En la 
mesa habia una gran taza de café con leche ,. en la cual mojaba tran- 
quilamente sopas, leyendo al mismo tiempo un periódico. — Os ruego, 
señora, que me dispenséis estos pormenores , porque , ya se vé...,, la 
costumbre de escribir 

— ^Nada tenemos que dispensaros , caballero; vuestra narración nos 



190 HEVISTA DE MABMO. 

• '<» * • . • • 

interesa mucho, dijo con amabilidad ,1a señora de B^genh^. 

'—tJn perrito como ese vuestro, señorita, se habia acercado á la reja, 
apoyando en ella sus patitas, y desde allí miraba con curiosidad la re- 
volución de julio, mientras que su amo absorbido enteramente en su 
lectura y en su café permanecia indiferente á todo 16 que pasaba, co- 
mo si líubiese estado en Pekín. — ¡Oh envidiable calma de un alma 
candida y pura! esclamé yo al ver aqi^el cuadro de familia, digno de 
Greuze; ¡oh dulce filosofía I ¡oh serenidad patriarcal! acaso dejitro ^ 
de un instante vá á correr lá sangre á torrentes, y este venerable an-, 
ciano saborea en el entretanto su café con la paz en su corazón. Se 
me figuraba á un inocente cordero paciendo sobre un volcan. 

lifarillac gustaba mucho sin duda de los volcanes, porque,, segui^ 
se ha visto , usaba frecuentemente esta figura par^ terminar sus^ pe- 
ríodos., 

— ^Dé repente una horrorosa conmocío^ se apodero de las turbas^ 
las cuales se precipitan aquí y allá dejando en pocos momentos de- 
sierto el baluarte. Plumeros que ondulaban sobre los altos, chacos, 

I- • '• ' ' i' ' ' 

flameros encarnados y blancos flotando en las puntas de Las lajuas¡, , 
que vi atravesar poí entre los árboles del lado de la galena deí Pá- 
norama , me esplicaron la causa de aquel terror pánico , que se había . 
apoderado de, la multitud,, a la cual daba una carga en este, momen- 
to un escuadrón de lanceros. ¿ISb habéis visto nunca, señoras, una. 
carga dada por lanceros?, 

— Jamás i digeron á la vez las dos señoras. 

-^¡^Ob! es un cuadro horroroso, os lo aseguro.. Figuraos,, señoras, . 
á una legión de demonios corriendo en fila al gran trote de sus caba- 
llos, asestando á derecha é izquiercfa, por delante y por detrás sus for- 
midables lanzas con sus puntas de hierro de diez y ochó pulgadas de 
longitud, y tendréis una idea de lo que ei^ una carga de lanceros. Os 
ruego que iio me tengáis por cobarde; pero. os confesaré con ingenui- 
dad que en este momento participé de la impresión desagradable^ 
qué la llegada de aquellos señores habia producido en el populacho. 
Apenas tuve tiempo de saltar una pequeña barrera que liabian colo- 
cado éñ el borde de la acera, y arrojarme hacía eV.portal de una ca- 
sa, cuyas puertas por desgracia encontré todas cerradas'. Jamás olvi- , 
daré la figura de uno dé aquellos condenados que me pasó por junto 
á la cara la punta de una lanza, capa^ de, atravesar, con ¿Ilá á seis 
.hombres á la vez. Debo confesar que en este momento experimenté 
una conmoción indecible; tos ajinns habían ya pasado..!!! 

—Los qué? interrumpió la señorita, áe'fcorándeuil' poco fami- 

harizada con los orientales. ., 

—Perdonadme,' señora; esto es una reminiscencia. Los lanceros 

•• 'I •■■*■•<"» ' í, ■ ■ » 

habían ya pasado, y descendían como una avalancha la pendiente 



caMto<4tt«^«(dbfi¿bó'i^fépkiiab*i á to^'i^cté^is'^déibs^^é «tíl^éfij %u'V!^-*>- 
tríbo; de modo que c()íÉd^^l<l<álMl¿>n^«^8(tÉ<¥(é'llDi^'^t^ 
go trecho tanto al pobre soldado como á la lanza que llevaba sujeta 
al brazo con ji f^M ni m^ ^¿ 

— i Dios mió , eso es .horrible ! esclamó Clemencia conmovida. 
Satisfecho del efecto que producía la narración , se repantigó de 
nuevo Marillac en su sillón, y continuó con serenidad. 

— ^Yo miraba a todas las buhardillas y á los respiraderos de las cue- 
vas, para descubrir de donde h'abia salido aquel tiro, cuando al di- 
rigir mi vista hacia todas partes con la mayor atención , vi un poco 
de humo que salia por entre las persianas del balcón del entresuelo 

cerradas desde la llegada de los lanceros — ^Voto á perdonad, 

señoras; ¡Dios poderoso! esclamé yo, será el viejo de la bata de 
seda gris que se estará divírtiendo en cazar lanceros , como si fuesen 
conejos? — ^Vol vieron á abrirse las persianas, y volvió á aparecer mi 
hombre , el cual asomándose al balcón estuvo mirando con cara ri- 
sueña durante algunos instantes el lado por donde se había alejado 
el caballo arrastrando el cuerpo del infeliz lancero, y volviéndose á 
sentar en seguida , continuó tranquilamente su desayuno. 

— Ved ahí la manera infame con que fué asesinada la guardia real 
por los héroes de vuestrasL gloriosas jornadas! esclamó con indignación 
la señorita de Corandeuíl. 

— ^Pasada la carga, el populacho se habia enfurecido doblemente, y 
las barricadas se multiplicaban con una rapidez increíble. Dos preci. 
sámente babian colocado en la parte del baluarte , donde yo me ha- 
llaba. De repente vi saltar por encima de la primera un joven á caba- 
llo, en cuyo sombrero flotaba un penacho de plumas de gallo blancas 
y encamadas , cuya divisa me hizo conocer que era un ayudante del 
estado mayor, que llevaba alguna orden importante. En medio de los 
insultos de aquellas turbas, de las piedras que le tiraban, de los pa- 
los que lanzaban á las piernas de su caballo, continuaba su marcha 
sin desnudar su sable con la cabeza erguida ^y la mayor tranquilidad. 
Al llegar á la segunda barricada , detuvo un momento su caballo co- 
mo para consultar si podia ó no saltarla como á la primera , cuando 
yi que cerraban otra vez las persianas del entresuelo. — ¡ Ah viejo mal- 
dito! esclamé; pero el ruido del tiro ahogó mi voz, el caballo que 
acababa de saltar rodaba ya por el suelo, sin que los esfuerzos de su 



192 REVISTA DB MADRID. 

amo bastasen á levantarlo ; la bala le habla atravesado la cabeza. 

— Ese era el pobre Fidel que yo había regalado á tu marido , dijo 
la señorita de Corandeuil , cuyo sentimentalismo se daba á conocer 
siempre hasta en los nombres con que. bautizaba i los animales. 

— ^Y merecía su nombre, señorita, porque el desgraciado pagó por 
su.señor, á quien sin duda habian dirigido el golpe. Un número con- 
siderable de esas figuras atroces que vomita la tierra en días de revo- 
lución, se precipitó gritando sobre el pobre oficial. 



fSe oomHmMñrá.) 



¡ 






%. 



193 



MEMORIAS 

PABi ESGRÜOR U HISTOBU COITEIPORÁflEi 



DE LOS SICTK PRIMEROS ANOS 



IKBL KiniAOO ra KABIL n. 



VOH SL BIARQinÉS DS BOBAIXORSS. 



t 



i 1 es frecuente en España que los hombres que toman una 
parte principal en los negocios públicos escriban sus me- 
morias, refiriendo menudamente aquellos sucesos en que 
han intervenido , é ilustrando la historia de su siglo con la 
revelación de ciertos hechos, al parecer pequeños, que no 
suelen hacerse públicos en el tiempo en que pasan, y sin 
embargo son indispensables para comprender y explicar 
otros de mas bulto y trascendencia. En otros paises, y par- 
ticularmente en Francia , era costumbre que casi todos los 
personajes de grande influjo en el gobierno y en el estado 
escribiesen esta especie de libros, llenos de pormenores cu- 
riosos y de anécdotas interesantes, sobre los personajes y 
sucesos de su tiempo , y en los cuales ha hallado después 
el historiador material abundante para sus escritos. Gracias á 
estas obras se conocen hoy tan bien los reinados de Luis XIV 
y Luis XV, y á no ser por ellas ignoraríamos muchos he- 
chos interesantes de la revolución y del imperio. Pero ahora 
se publica menor número de estos libros , sea porque las bio- 
grafías han venido á reemplazarlos, ó porque han llegado 

SEGUNDA ÉPOCA. — TOMO III. 25 



19^. j REVISTA DE lilUiDRID. 

á creerse menos precisos hoy que cuando la sujeción de 
la prensa impedia la publicación de ciertos sucesos contem- 
poráneos, ó por una y otra causa á la' vez, como nosotros 
creemos. En aquello^ ti^mp^ en, que solamente en la cáma- 
ra de los reyes se deciñiaiddlosdestiiaofi délos pueblos,_y 
en que no pisaban los palacios de los monarcas sino, sus 
cortesanosr y servid^pÉbre, sdo.qs^s.per^n^^fgi^a^^^- 
bir la historia contemporánea , porque ellas únicamente es- 
taban enteradas de acp^Uo^ ^ufseHQis^.paUücos que por su ca- 
rácter y naturaleza no podian pasar ante el público. Mas 
después i^eifl^iíPíiíií^^ g^«^<S?reípN^en||||V||ha 

puesto 'en contacto necesario al monarca con sus subditos, 
dando á esto§ un§^5^|e §n J^<í>i^Á#s^^á»e los re- 
yes han abierto al pueblo las puertas de sus palacios, y los 
actos de la gobernación han caido bajó la jurisdicción de la 
imprenta y de las asambleas populares , el material de la 
historia se lia hecho patrimonio de todos, y las memo- 
ria,, t^g^x yeni^lo, á.ae?.mep9<^rne^^fj^>.:íío 4^6W^ 
to qnf ^n coB^jJ^t^niefttp iiwtU^.,py. quR.qiíjBiiBMWWh BWfu^ 
tan1:q^proscjribir,ias,,pues ,qu^íii^B,.l;p4^yí?ie,n^»Wi>»44e m^-^- 
so^Jii^tor^^pp q^UC^^peJen^ptap^jf eA^^,ppf»s,p^vp9^m^MtMrlmii 
cu^p^ .^as .ú^icjajn^tje ^¡¿plftni est^y. e^tpr^f}^^.o^ flufi^^jifls^ 
deljep guedaj:.^cretos en eJ.l¿wn^po,,enj8^p,qí;^^rJf^p^J4ffl^ 
ta.3^.pu:^.^cid^íi^ ftijando,Jba^^9e?adAf€|l,«^^ , 

A es,t^ ^énerí),pe;};e^^cjei| l^^,negftci^9iftn*s,4ipl(»^#ifl^jr,i(,- 

otrp,^ >?fí}}os,,de.^}^^gí^};i\^í?Aqn^ 4,'rém^mA\ 

la p^c^'si¿|a4.de^l^s,^4p^giorj<^o. CPfl ói^ic^4i|ei^^ifiu4j^ÍM 

qup 3i.^n|tes,.erw^las<iíf^.í^^^^^ 

una desps,p4i]^ipal^.Bafjteí^„, . .. . ,, .;. . 

^íues^tr^ Úter^^ur^ (m^}nfípvm^^9P^^^*¥^^<^i^^ 
es£e^ie de p^o?:. no ^olav^^t^K^gtáj.ppíjijap^,^^^^ hi^ri^,4f / 

los suí^s^s (jkíujf^dos en. Esp^píís,^Prt€í§|d^,^.g4gffjai^^ 

indep^^9(J^n(ji^, sino, quft^lp^ Wí^Ji(íi¿^^.,t¥if?t,.^ft,,quíf,hWs> 
si^í^ )?.ul>^i<?ftdps Il9,^^.a^or,^,s^^>^^yíf^^^^s(írií^ y,,^, . 



MEMORIAS PAHA I^A HJS1;0¡R];A, CQ19TEMPORAICEA. Í9¡¡^^ 

(jumeníjys.piotUjiníj^^^ hatéyf^ ¡i^e 18 J 4 á, 1§20, nO|, 

h^ haUa.49 today/^iünguii croí^sta^ dignp, yeídad^i^jí^^te 
de estj^ jiqiflí)re ; . la, constituciqíial qve teripina en 1823 es 
mucho, mas conocida., gracias al Sr. Marqués de Mii-aflpr^,. 
ciiya^ m^nw^rias para la ,historJi§i de aqpiel tiefupo,^ si, bieu 
no son completas, abrazaivlos supi^p^ mas impQr Jantes dq. 
ella. Del lUtimp período de la vida del rey Fernando no. hay 
tai|OLi|Qco s^no í^lguna r^aciqn tap. parcial como injjoiíij^leta,,. 
y íiwqjtiG;»sobf;e lo6i si^t^ prin^erqs í^ños .de^ rejna^o de. Isa-, 
bel li se han.* pubÜjQado multitud d^ foUetps.yrelaciopí^.. 
interesantes^ queda Jodavía mucho que sab^r^al historiador : 

concien«uíip de esta ép^ca^ jFe<?undísima. . 

El Sr^ Mprqués de Mir^flores ^ puWicaj^dp la obra cuyQ^, 
título eucal^^za es^e artÍQulp, hs^ becbo á la historia,, (5op-. 
teiiypí)rcjn^.]aQ,^^ Ministro pienip9ten(?iayipj 

de.S. % ^C/p ]^o^d^;es,i^a¡.](834j,|emb^^ ei^tíaqr^jií^itt,, 
eíí París y Lqndro3,(?n 1838*. 1339 y 1840; procer y ^^^^r,•^ 
dor en laif épocas .desdel^ji á 184.1 ,. y p^fj^paa ^demás in-. 
fluyenl^ por^u e^ev^cja jp^Q^^^^^ r^l^ciopps. y tqJlei^tQS en |ps 
neg[ociqs ^de^l ^t^df)^ bi^n podia: wminjstrar a la historia ^e,. 
los |)ri|nerps.^ños.^e,,esfce reinado materiales ppfci$>^s <5on^| 
qú^ enriquecer l$i y poriíi^nores interesantes con que expli- 
carla. ¿JiO ha hecho así el wlflr de las memobías? ¿Dujnará . 
su libfo conejo digno ¿e ser consultado w. to^o. tiejppo^ ó , 
pas^r^ como (Hro^ tantos^ qu? no t^eij,dfi otro,méf i^o que 
el qu,^ les dan las cijj'cunstancias,;saboga:es pas^jeí;a y ^u . 
repu,tacj.pn inomentá.fleft? Si el Sr^. Marqué^ de jyKí;aflom,.ífe;, 
hubiera propuesto escribir bt histori,;^ ^. la época 4 que^s^ . 
refiere, diríamos, que su^ lihffo era. incompleto.; p^ro.copfq,, 
su objeto no l^^a .sido otrp. que el ,qu,9 indica^ su^tít^lo , á sa- . 
ber^ escribii^. la relación de aqi^ellos suc^<^s en qpe él mi^- 
mo ha. sido pajrte, preciso es ^ recqi^pcqr qi^e lo bá,JUienadp 
cumplidamente., Cqmo estos sucesos l^an sido mu,9;Jio3 ^ y Iqs 
prj^]picij)ales 4eia éppfja (jonteajij^í ne^j , ^ es interey 

sante al presente ; y Qpmo la ^relejcign que haíje, de, ^üp^ ps , 
imjjafpiaÍ,y^^p^ciení^{U,^j^^ jr ^¿.qo^fluAt^T,. 



196 KEVISTA DE MADRID. 

da en lo futuro por cuantos deseen estudiar en sus fuentes 
la historia del reinado dé Isabel II. Vamos á exponer á 
nuestros lectores las relaciones mas interesantes de estas me- 
MOBíAS, seguros de que hallarán en ellas muchos hechor 
curiosos y hasta ahora desconocidos, aunque han pasado á 
nuestra vista y en estos últimos años. 

Comienza el autor su narración desde la muerte del úl- 
timo monarca, explica el origen y desarrollo del partida 
carlista, expone el sistema político del ministro Zea Ber- 
mudez , y manifiesta las razones de su oposición á este ga- 
binete. «Aquel sistema, dice, era á la sazón imposible. Para 
ejercer un poder absoluto en el siglo XIX eran de todo pun- 
to insuficientes una reina menor de edad, y la regencia de 
uña mujer : nadie podía llenar el vacío que dejó Fernan- 
do y II sino un hombre salido de familia de reyes, ó que de- 
rivase su fuerza de su espada , y ninguna persona en España 
réunia estas circunstancias. indispensables.» Reproducimos 
nuestra opinión sobre aquel ministerio que consignamos en 
otro escrito. Las columnas, digámoslo así, del absolutismo, 
eran los secuaces mas decididos y ardientes de la causa de 
D. Carlos. Urdíase eh secreto una conspiración vastísima, 
cuyos elementos crecían diariamente , y contra la cual era 
preciso oponer otra fuerza acñva y emprendedora , como lo 
era el partido liberal en los primeros momentos de su triun- 
fo, y después de diez años de servidumbre. Tal vez el re- 
sultado de esta política debía ser una revolución devasta- 
dora, como lo ha sido en efecto; pero hay males necesarios 
en la sociedad , contra los cuales nada pueden la voluntad 
ni la previsión humanas. Era tal el estado de las cosas á la 
muerte del rey, que la revolución era inevitable : si el go- 
bierno llamaba á los liberales en su apoyo , como lo hizo, 
ponía en pugna á la revolución con el absolutismo , resul- 
tando de m lucha el triunfo de aquel de los dos conten- 
dientes que mejor había conservado sus fuerzas , es decir, 
de la revolución. Si, por. el contrario, hubiera subido al 
trono D. Garlos , la revolución se habría presentado como 



.i 






MEMORIAS PARA LA HISTORIA GOHTEMPORAHEA. 197 

agresora derribándole al cabo del solio, porque si Fernan- 
do VII pudo sostenerse en él, fué porque nadie le disputó 
su. derecho defendiéndole así los apostólicos como los realis- 
tas moderados, cosa que no h^bia de suceder á D. Carlos, y 
para éso contaba los años de su reinado por el número de 
conspiraciones fraguadas contra su soberanía. Así pues, el 
absolutismo de D . Carlos y el de Doña Isabel II eran igual- 
mente imposibles: solamente la revolución era necesaria. 

De lo dipho se inferirá que disentimos un lanto del autor 
de las MEMORIAS, cuando asegura que el sistema de refor- 
mas administrativas emprendido entonces por el ministro 
de Fomento D. Javier de Burgos y unas (fortes convocadas 
á tiempo y constituidas de tal manera que no arguyesen 
una variación en la .forma del gobierno, habrían quizá sal- 
vado al pais de los trastornos de la revolución y de los es- 
tragos de la guerra. Muchos pensaron de la misma manera 
el año de 1833 ; pero después han reconocido su yerro. Con- 
vocar Cortes era en el concepto de todos los partidos una 
variación importantísima en el régimen de la monarquía , y 
por mas que los ministros dijesen lo contrario, una continua- 
ción de la época contitucional de 1823. Los hechos hablan: 
el Sr. Martínez de la Rosa protestó mil veces que su gobier- 
no y la nueva era política no procedían ni buscaban sus 
antecedentes en los tiempos de la constitución de 1812, y 
sin «mbargo los liberales se obstinaron en creer lo contrario, 
y los realistas le. hicieron la guerra con el mismo encarniza- 
miento que cuando fué ministro bajo el régimen de aquella 
constitución. 

No se engañan menos los que imaginan que si Burgos 
Iiubíera tenido tiempo de llevar á cabo su sistema , habría 
impedido la revolución, pues por buenas y necesarias que 
fuesen las reformas administrativas, por noble y elevado que 
fuese el propósito del Sr. Cea de sobreponerse á todos los 
partidos sin hacerse forzosamente el eco de ninguno, las re- 
formas en la administración habían de traer por necesidad 
las reformas políticas; y mandar sobre todos .los partidos es 



^ 



198 REVISTA DE MADRID. 

Ti/* . ^ • I * : I • ' f 

cosa que. no pueden hacerla sino los gobiernos que son mas 
fuertes que todos y cada uno de ellos : sistema imposible du- 
rante la minoridad de un rey, en los principios de una regen- 
cia, y cuando eran tan contestados los derechos de la augusta 
.huérfana que ocupaba el solio. Así crecian por momentos 
los obstáculos contra el niinisterío Cea. Teníanle mala vo- 
luntad los realistas puros á causa de las reformas que plan- 
teaba y de su predilección hacia el partido liberal: odiában- 
le los apostólicos por servir á una reina que consideraban 
sin derecho al trono; y los mismos liberales le miraban con 
despego y le censuraban agriamente por su obstinación eii 
conservar la forma antigua de gobierno, ttesültaba de aqiií 
que este ministerio no solamente carecia del apoyo de la 
opinión pública, tan necesario en las colitiendas civiles, sino 
hasta de la cooperación de los funcionarios públicos sus ser- 
vidores . pues en cualquier partido que los buscara no veía 
sino enemigos ó personas indiferentes cuando menos. Con- 
venimos pues con el Sr. Marqués de Miraflores en que el sis- 
tema político del Sr. Cea era insuficiente para impedir la 
revoliicion y acabar con la guerra civil ; pero también duda- 
mos que el suyo condujese á este resultado. España estaba 
amenazada de uña revolución que era precisó reprimir ó sa- 
tisfacer: lo primero no ,és posible sino contando, con el 
apoyo deí país y la fuerza de los ejércitos., y ni él país estaba 
bastante decidido, ni el ejército era suficiente, ocupado el que 
existia en perseguir á los rebeldes. Quizá habría sido posible 
reprimir por algún tiempo la revolución, pero reconocien- 
do á P, Carlos y echándose en brazos del partido apostólico: 
era 'tanibien póéible sofocar la rebelioh, pero poniéndose á 
merced délos revolucionarios. Esta era la crítica posición 
del tronó al comenzar el año de 1^34- tal él estado de fes 
cosas cuando la reina se decidió á variarla forma de gobier- 
no. La Providencia quería que el despotismo y la revolución 
viniesen á las manos, y eran por consiguiente inútiles cuan- 
' tos esfuerzos se hiciesen por impeíiir esta liich^. Ün gobier- 
no fuerte la híibiera evitado, pero éste gobierno era énton- 



MEMORIAS piiÜÍ'liÁ'^ historia' tí^NTEMPORANEA. t99 

""'ófes íífa^oi^íé.' Xas tórtes'flé cualquier iuanera cónvocáaas 
''pot A'lMm^ño'ákítt.'Céá hkbHán dado lugar é las refor- 
aiéü VévoMcfoharia^ Cohio To dieVcín las que se convocaron 
' •cbhfonne'^aa''kstá^u'tp. 'Ááí es iíji' digno de crítica aquel 
■ hoifabre'de estado por la inmovilidad de que le acusa el au- 
tor dé las MEMORIAS queknalizamos, como los qué pedian 
^í^uíáibétító jr réfoiriíias políticaiá inas ó méiios aventuradas; 

• ó* por liiejór ^décir , fe historia hará justieia á ambas opinio- 
«litis, y atóoltérá' á los hombres que la& profesaron , porque 

''tddbs |jiigíítí)án por evitar una catástrofe hééésaria contra 
/la cual ño podía hacer otra cosa él Go¥)ierno qué retai'darla 

• tdgiiños DDÍfeseis, 6 hacerla tóenos estrepitosa.' Este fü¿ él 're- 
sultado de^^a •promulgación del Estátiito real, y por éso no 
éreáíiOstíémóéf Sr." Matqiiés que éste cambio de régimen fuese 

"inoportuno. El otorgamiento de e^ ley J)oíítica no se de- 

^M6 ál'caprifeho del Sr. Martiñ'éz, sino que fué obra déla 
Hetesidád , y dé la ftíerza invebcibíe de las cosáis.' ^o estaba 
en el "arbitrio dé úíhgün 'ministro éscogei*' entré -las f orinas 

\^de''godVérno lá que citadrs^áe ttiás Cfóu sus opiniones :' era 
preciso resignarse ^ctm aquella que fuese com'patible con las 
títcuñstancias , y tal -era sin duda alguna la* forma coás- 
'títucioBal: Ésth pblítífca éfa iliáuficíénte , pero la *única 
'póálbte, éicluidá la 'eatlista y la revóluciohária , y su re- 
Wltado había decaer 'el tínico á (Jue dentro de este círculo 
^ébia aspirarse entonces , qiie era dilatar el triunfo definíli- 
vD'dé éualqiitéra tlélos dos'i^istemas qué estaban eh ptignay 
"d'fiü de ijüe ehtre tanto obrasen las bausas ttaturalés, que 
fcfon' el tiempo habían íle llegar á excluirlos á ambos. ' • 
' Cuenta el autor de éátas mibmorias todas las ¿égociácío- 
tees t(ué precedieron ál tratado de la cuádruple alianza*, éíila 
tJÜal^le^étipo la gloria'de tomar tina t)arfe"mtíy tirihcí'pal 

'fe<»mb miniétía t)íefnlpotenclai*lo dé España en Lóndí*es.'í)íri- 

'j^taáe sú^'ÁlislIiil á procurar Ijue el^obíeí'no Inglés tomase 

una parte áctííVa eri la cüri^ioh' éútíe 'tí.lMÍl^uél y 6'.' Pedro, 

• 'porilué't^luéiádo''D. Cári'os eñí>)ttügal, fee óréadizába en 
' tólte téinó tóiáf aéción ^üe deída pl-^cíámarle rey dé 'És^afia. 



200 REVISTA DE MADRID.. 

En su primera conferencia con lord Palmerston , á la sazón 
ministro de negocios extranjeros, mostróse este poco favo- 
rable á las pretensiones del gabinete de Madrid, dirigidas 
á proponer á la Inglaterra un tratado de alianza, según el 
cual se comprometiesen ambos gobiernos á intervenir en 
Portugal forzando á D. Carlos y D, Miguel á abandonar la 
Península. Mas no desanimándose nuestro enviado por esta 
primera repulsa, pasó una nota al gobierno inglés con el 
mismo objeto, la cual, discutida largamente en el consejo 
de ministros, produjo defecto apetecido, esto es, conyc^ncer 
al ministerio de la necesidad de hacer un tratado con Espa- 
ña. La dificultad mas grave que ofrecía este convenio, era 
el designar la parte que habia de darse en él á la Francia. 
Creían lord Palmerston y el ministro español, que esta po- 
tencia deseaba intervenir en España á fijgi de asegurarse su 
preponderancia en la Península : cosa que quería evitar el ga- 
binete inglés por temor de que se menoscabase la suya. Así es 
que aunque convinieron los dos ministros en admitir á Ja 
Francia como parte integrante del tratado, acordaron asimis- 
mo redactarlo de manera, que en ningún caso pudiese inter- 
venir esta potencia, sino en el modo y forma que estipulasen, 
las partes contratantes. Y el príncipe de Tayllerand, emba- 
jador entonces de Francia en Londres , no puso reparo al- 
guno á esta restricción importante, porque su objeto al fir- 
mar el tratado no era otro que hacei: respetar en Europa 
el gobierno de Luis Felipe por su alianza con la Gran Bre- 
taña. El representante español por su parte, no creyendo 
probable el casiis fosderiSy se proponía mas bien robuste- 
cer el trono de Isabel II con el apoyo moral de dos nacio- 
nes poderosas, que combatir con armas extranjeras la cau- 
sa de D. Carlos. Así explica el autor por qué no fué mas 
explícito el tratado de la cuádruple alianza, en cuanto á la 
cooperación estipulada de la Francia , y por qué no fué 
mas exigente nuestro gobierno en esta negociación. 

Este tratado comenzó á tener efecto por parte de In-. 
glaterra, cuando arrojado D. Carlos de Portugal^ fué 4 r^ 



MEMORIAS PARA LA HI8T(^IA COÜCTEM FORÁNEA. ^Ól 

íugiarse á Poftsiousth. Nombró en efecto el gobierno de 
esta nadoQ un comisionado para que en unión con el repre- 
sentante de España persuadiesen al pretendiente á firmio* 
un conv^O) segu|i el cual se le aseguraba á este príndpé 
unai renta de 30.000 libras esterlinas con la condición de 
no irolyer á pertu^rbar el reposó de la península. El rey de 

.la Gran Bretala mandó también deck^le que si desechaba 

: las ofertes del miüistro español, y quería establecerse en sus 
dominios, no podría recibirle ni<MmservaT con él relacioiles 
amistosas. Mas la repentina fi^ de D. Garlos frustró d ob- 
jeto, de esta» negociaciones. El espíritu de jHirtido acusó en- 
tOBceS'de eomplieidaden ^te suceso á los gobienios de In- 
glaterra y Francia. Dio también motilo á serias redama- 
ciones por parte, de nuestro representante en Londres , * el 
embarque en lisboa para Hamburgo de 240 carlistas 'dd sé- 
quito- del pretendiente, verificado con la intervención del 
oiviadoide la Gran Bretaña en aquella corte; mas también 
dieron/ocasíon estos dos sucesos á los artículos adicionales 
al tratado del 22 de abril ^ por los cuáles se* estipuló lampar- 
te que correspondía á cada potencia en su cuiiiplimieuto. 
La Inglaterra ofeséoió su cooperación naval : la Francia pro- 
metió guardar sus frontafas para, impedir que los rebddes 

. recibiesen auxUios, y si no contrajo esta potencia mayores 
compromisos , fué porque todavía se conservaba en Injgla- 
terra la idea equivocada de que d gobierno fi^noés 'desea- 
ría en la primera^ ocasión de intervenir en España* • 
Este caso llegó desgraciadamente en 1835, cudndo de 
resultBS ÓB ios desealábi^os que padederon las tropas, de la 

. rdna, siendo miniiitro dé la guerra y general en jefe Doin 
G^ónimo Yaldá), acordó el gobierno pedir á Frauda su 

■ intervención. El autor de las memorias re^ieife las negoda- 
ciones que mediaron con este motivo cutre los gabinetes de 
Londres 7 París, y explica en nuestro concito ccmbail- 

- t^te juicio la <^usa de babecse negado la Inglaterlra y la 
Frauda á prestar su cooperación. Apenas se habló en Es- 

..paua <^ este importante asunto, algunos agüites diplomá- 

SEGUNDA ÉPOCA. — TOMO III. .26 



I 

i302 SEVISTA VE MADRID. 

ticas •fM Jba^an ^Dedadé «b Madciá eomt^ léhdárgatdbft ^ 
i$t .^f^^pQuckMm !<te #i|S r«qp|eofirae0órtB9, a^ÍBÚrm á tes 
4{^fri|0»Y é trnt^rw ,á \9^ ^iMargiM}^ d« les fle^dcidli de 
^^iB'fi^dQil^s «a Paráá ifia db ^ ^ ^ipnmsan.á este pro- 
jeql4^ l^f9»«r0Bo :el gftbillfto ^rafltoéi^ Aé ijittlir^hr lan el de- 
4llgr#4ÓHle ii^ >pol6ii€»ls del^pi»lev se UmiM á prcgiMar mi 
^SQJÍ^Mi^ bpitái^co rf «l*eia ttégftdo d aasus fmitñHs^ y ñm 
fl im^ 4» íiüd^rveiKirr en los aftiuptoit de ¡Eqiafia rajJieiideBia 
¿99^.^^^!^ te Inglaterra de las écmeeifclMips de eete pasb. 
A9lNPmbaitiifemcas ibúI elreisd «aidoiC^ miriiatél^io IfeeiSNmr-- 
m y eoft^esdaMaiia iiayNnia'eD las «ásHavas*, ^ no toi el «fot- 
dtal 3)eiMfribÍ€tto d«l rejr que silBpatíaÉitti «fa^woii Ibs taryft, 
^iieNlie^&'djsiáiai^doB fdeeste {gatiinélé* Asá b^ (|ue tenuMyo 
de la tQ[)fi$ii3ioa quela?v«««qia á D, fiarhb, y qf eiicnde mcp- 
4wí^ Ja,^b6i^voIliMk drineif ., cMitcaté MdlK^bme al^^oUt»- 
,«K» 6*01^49 fQne m ocmsidbBaba.Uegacfo el «rofti» /Hedmid , yii 
«r^0^{ifUa m sáliéMm de >tes eaüMevünoH» kIb la iatafTen- 
d#Kiw lü íFrabcila miMices ae i!mi§^ á )pvel^idaiy lüeípándcfee 
i^(laiefttie^teBa)€[tteilMbia ooHB^biilo deiatrteiiei>laUi(|!(d)ila*- 
ap.aipififJi. 

. Qmm» ti lohf ete idel libvo «pie ^smlHiániea im '411 •, «é- 
>gijii Ibfmbfe dipfao^ Inferir ito|la k ihistbm ccaitem|iotál^ 
'W anter >pBia IqeBaaaeoíie ísabre tos «acosas leaiqua «¡^ ft^ te- 
«tlio paft^v aamado «cm dMsrupi^kMM^ad é(i«idloa -m -q^ 
ÍAleHkK). .Hültoise tea éste i^aad kb nef oipK^iKtties u^iifó m- 
tabló con los.^iiieipiBkB ibtmqiievos %te Patfe rf<I»otid»es^a- 
m (i^iraporeidlCir recursos á flhnsftro tesfkaustb enn*io ^ duran- 
te tfl mvfásXfíáb rdel Ar. M|rtnfez 4eik ito^^el detfH^atKi de 
.fifias y JtU^de'Oonel faaiicinnleiik)MhiM) y iBliempiifetifo 
4e Affdeil. fiaiibi. soneñlwni» del (mkiisterio <Ü<sl ^s >MéÉ- 
difalMá,^dkia.^ítí£aidiiigabáielé inglés durai»te>est6 Ms- 
^tuo Mtt)$tei%a> Mdpecto á Esfíafia: deila iánnaaicpi de 'las 
ta^oMs ati|ália[res y 'de la jpewUipíon/de 4MS. La íiarpá- 
.^iondtlflBílQitib die lia finaiqa ababdá 0B «porattenovea inlkil^ 
s£mtes ^ W» it)ai)láe8dps bastaAioy,«ntvei(i» «raíales es iflfiily 
^tttahpfi Ja tastestocíon que riÉaron/áik miiui el 4aiiEiiistMH}e 



MEMORIAS PABA ^A. ÜISgrOI^IA 0Qllf£MPORA19EA. 298 

li^at^rii Mr. WilUerft y el agenM francés* Boi« le Cíonte,' 
cufiiuja fpercMd eoosidiados íMAíre lafi woleoto pretensión 
im 4^ kR i^argentos tabet as ^1 motim. DJj^itm aquei^os ^ 
plcmitieas ^que á^sierdueSA la Gobernadora, de' e^dogércb^ 
tr0 s^ ^múmeifl ó Ids exSgtndas de xma. .soldadesca brutalv 
ó la abdicaeion de s«i bi|a/.dfbia baeerla.l)ajar,4Í8a^A 7<dót 
ce(i?osa»ifíirte'4«l trumó, aoKles que :^0n3entír que esle itroao 
1IÚ9PI0 Itt^^ei^Ubíerto dé inmimdicda j def»Q9re/i^eD(^que 
tratátidM^ de oj^tar <^ntre la acq^cida de la ooiuilitupifia] 
y. la üHievte de la n^iMt viuda y 4e iius lujas, la (deedoo 
np p^a j»er dndixia, sotee jbodo euando ni aun d asesiaaftD 
de las. tre$,priiiebsas i|ri|)e(Uría -el r^irttfeledNmiento de la ^on»* 
tituciñu;, ikdoptAda (xmo toimiaeüa d0l%paítido quetuies^ 
tX)^jyto$B|ineute acababa de proufindarse. áñadtero&, que 
bajbíMdo iá virtud de esta^ oonsidaraeioBes i«stableeido ya 
lü !(^eÁna el imperio de la éonstitueion^ tra |>reetso qnie aa 
resigxMeá ^odas las consecueiioias de ^aqÉal t>rimer >acto^ y 
sancionase lo ^e los vewUoaos cpej^esen «ndiapeDsable pa^ 
ra ií&mfk^lo. IhsisUeron wbve lodo e» qvé ii&a registen<^ 
cia inas ó m»os eoérjica de pasto de la Gobek'nadwá piHv 
VDQ%ria de pidrté de los rebeldes desaciertos demas^ menos 
monta, los cuales obligaríaisi ilaLFraneia y ala Inglaterra 
Á netilttr sñ .apoyo é la Espifta attméDiaiido ^si la fuerza 
ite lJ9B oatMsIas , y 4bmiii«Lytnd6 las probab^kdadea del 
trinnfi» deflnitrvo de to causa de Im BúAa. » 

l^tíatíte lewgo el anijior otro líñeádente notable de wápiéi 
asqueroso jiiotia. /* Satisfechas deüpues demedia noelie, di^ 
ce, todas las «igfQiicias de los -sasgentos dril sitio, ibaaqvMá 
mintetrO (Aiandee Vi^) á sldir pasta, Bfaidrtd, euaiido Uegé 
un o^rr^o despachado de esta cafwítal por Isturiz. Apodeié^ 
rottfe 4el |)lkgo los revoltosos, y exigierou <}ue Vigo-ka 
acompa&ase á palacio para ¡enterarse allí i de su «ontenidov 
9[as Á pesar de la aUanerk con jqne«se hioo á la reina está 
iñAei^ iotinacicHi, ^la rehiiSdaibriFlo, y niántió á^sá mini^ 
tro qfke lo abrieíte. Un intteiao.del 4^^)i«giniientoit»ucp> fin 
&.aste.iad08pnte debate^ hacíeíiflo fieriai^ elipUego ; nasio^ 






204 BEVISTA DE MADRIB. 

sargenton j cftbo^ retiñidos en el salón sé opusieron á que 
d mimsiro marchase á Madrid mientras no se sapiese ba-^ 
berse jurado allí la constitneioQ. ¥ como á pesar de tíabét^ 
seles kido de nuevo los decretos , manifeslaseii' deseonfiama 
de su ejecHcion y anii de la lealtad 'de4os adjvntdis que de^ 
hian acompañar á Yigo, propulso la reina que se nombra- 
ran otros, é indicó particularmente al «irgento García. Es- 
ouyóse este, pronunciando en tono compungido las siguien- 
tes palabras, que debe oonsenrar la historia. DefpnJBs qué 
yo he sido el que he hecho la revolución* (ptiefi ya se puede 
decir} no )se fUm de mi , porque d/iten que e»ioif de complot 
con F. üf. para engañarlos: j abatido sollozando se dejd 
caer sobre un sillón, mientras que se hallaban de pié todos los 
circunstantes ^npezando por- la Beina misma.,.. El nuevo 
carácter con que se anunciaba García', obligó á la Beina á 
defenderse áú cargo que se le hada de querer engañar de 
acuerdo con él á los sublevados ; pe9*o intarruiUpiénd^ uno 
de.losi proi^inoiales sostuTo la acusación, alegando no ba^ 
bérsele dado la cruz de Men<ygorría que decía' perteneeerle. 
£1 (ministro ¥igo cortó estas humillantes remmiñaciones^ 
é' induciendo á todos á retirarse á las dos de la mMrugada 
del 10, pudo al fin salir para Módrid.» 

: Mas adrante explica el autor la conducta del gobierno 
feanoés respecto á España , fondándtee en «onsideraeionés 
de mucha fuerza. «La v^dadera importancia. de los actos 
dipUmiátieos, dice, consiste en satisfacer las» necesidades 
del momento en- que se firman, y su cumplimiento queda 
siempre á merced del mas fuerte, qué explota en sn bene^ 
ficio las eventualidades ocurridas en el transcurso del tiem* 
po. Así que la fecha en que los tratados se' hacen , espliea 
mas que nada su verdadera clave: mas esto no básia para 
asegurar' su sincero j leal cumplimiento. Ya he dicho antes 
de^ ahora cual érala situación del gobierno frmstcés, en 22 
de abril de 1834, y cual fué la línea de conducta seguida 
eni aquellos momentos por su embajador el prínd^e de Tñ* 
Uc^rand. Mas la segubdft • aplicación , • pues la príÉiera iné 



MEMORIAS PABiL Uk HISTORIA. COKTEMPORAHEA.. 205 

T€arcUkleraBi^te la estipulación de los artíecúo» adici<makB 
del 18 de agosto de 1834, se pidió en junio de 1835, se volr 
\iá á pedir en setiembre, y se insislió en eUa^en agosto de 
1836; 7 en todas estas fechas ;a la situación del gobic^o- 
iraneés.^a nmj otra que en ^ril de 1834, y aun que ^n 
agosto. La tranquilidad de la Francia se iba consolidando 
üo.dia en día á la par con Srus instituciones^ La dinastía de 
julio Huxada por la £uropa entonces! con recelosa descon^- 
fianfa^ se empelaba á. reputar, sobre todo. m Berlín y. en 
y iena, como sola posible . en Francia, y como el solo dique 
i9i^[>Ki'dee(«itener las/ídeas. reirplucionairias á.que ^vpcmia uu 
mjijuro de bronce k hf^i^ilidad y. talento del. monarca (ranees, 
^urmftott }^abía defapiurecidQ de Portugal^ y cada dia el paiv 
tiáo leg^tiwata 9q desirirtuj»ba y awl^ba bjfibmido abortado 
.todas las tentativas de Ja duquesa 4« Berry: y s^s ^ecmaces, 
_al p9Sp que contenidos p^r la fuerte mano de la administra- 
iHon¡lf^ manfgos.de.los reTOlufsionanos auxiliados por las 
.aeiieíf)4<ld^''i|Qcretas, pii^cipalmeiite por la de los derechos 
<4^,)^iiibir6<que babia ^ibs^yido todas lasiotirasi, ^omo p^ir 
: ]as(iati7igas^ del ap^remdo^ Luis XYII y los ataqnes.destempla* 
i4ofi))deliftprensa. Upa. iHieva Imea de política amistosarcon 
.A^f(tKiaiy: Prusia era tan posible entonces, ál. gabinete, ñraii- 
ei^iODOnq^ imposible en .^il y agosto de 183.4. Ei^ttal sitúa- 
me. ,<eV'tratado de la /Cuádruple alianza era un obsticnio 
. para 4os ^e en esta i^ueya líuea yeian venteras- para Ja Fran- 
cia mil. veces, mas. eCefctivas que¡la« quepudiora reportarle 
la alianza y: la coq^rac^ euciavor dq \^^ Fsipwaao la cual 
flcbia h9^ ser aúpid(i^ xwuno un obstáculo. para.afH^ccai^e 
. á las gcan4es pot^pc^ías:,. tanto mas cuanto qu^ia Bmia» la 
JIolanda, Ñapóles .;^i Gsrde&a auxiliaban. ya, eficazmento y 
con, poco recalp á.l^K. Carlos; y si á esto sa^A^d^ila ji^^a 
. Qon^qiie •la&pQteiiQi^:de .Ultra-Bbin prociifabap por cuai»- 
. tos me^os estabau-á su' alcance vafliúr ya*^ fionii^^ ja 
^^ Pai^ parst desvirtuar la aliau;^ aaa^pOrfrwK^ que t^^i- 

Joles esl«eifesf5íanyi^^to|^^.C!^ 
.]^br^|e(^pfja,,t^n<)w^m)6 la.y^^deraexplif^cipu 4f]leiiíg- 



mí que afréftéüálk Mstoría fftti «sta afAiéácSM tf í4tíéeSSt 
¿píe d rey áe ló^ fraÉk!eí8eB se «pnesBi^ase eúrfiá* dé í^^#;^ 
lk itíiHsple del rey VentaÉdb, é: iTeechiMér á lá- t^tíá m faiji^, 
y éfrecerla co<yperacSori y airiúAe, ^ 18S4 ^ éníbajador 
í^ñ Lmidi^ se áfitnasé t^oi" ser f^^fé iát^itMé déT ctirádfa- 
pie tratado, y eh f88& esquitáis s«r éortififtiálény , y pro- 
eñtím lid éebprditiétt¥ m iftei^ü r^tt^íetoés de M pd^étt- 
ifi^ euro^pél^f) r üo' é& piACá dé eitráflár k eoAdu<5ta éel mi^ 
liisfBrio fráií«és, diy^ débela éf^ edln^ é( ilélédtí^ m ^ 
bieiÉ^os, a¿te^M^ loa Itít^É^éé fráá^^é^ á foé'éé^todá^ las 
Aéiñás. Teia l^ii M A^lftiá líftéá^ctéí <^éli^(5f^ MttiM^MSS' #& 
híMr^ses fíééüM^, y eá tid eá^ pof^' iríaif ^ uH IráMdb 
i#[émné)eim|)ilsiifrá€fbli^a^díi^, tío délúa 6i^ti*a&ttrse péá- 
sárü éh eíütfttia^ c^ti á^gutatétíl^ mds iftgctíídMs' tp^é ^tí- 
dbs, tratátfdo dé dddp^ cótík)» ^tabléciifo ^'priirdpto ab- 
surdo de (pié el t^tttádo dé' 91f (ié áMii m fitfpdblá' ál gMlie^- 
no ficaíncés masí éMrgáéiéífr ^u^ láí guarda dei^ fHoiilér¿iiS éh 
db^ei^néfá M'árK«til^ ti^'dpdkHóttiá, ñh peúsár áqváét^L 
que la TVaiieM diÉMa i^^l", y teiüa ett efécftc) por íeA trufado 
d€f abril, no'HMé' H^ ñitéVa^ óM^g^dOfi^é eétfletfi^y^ éh lés 
artteúlos ádiéiórialeB, áiáo las coátraidas asteriorlftéfite: Cl 
juicio it^ééasaWe del tbúáe déWdlé , jéfe dé loá antinioope- 
radóres fí^ncescs, 16 fijé, y dijo bien en Itís Miüarttír «iettdo 
tóiiiistro dié relaciones eJ?tei*iores, y presidéiHé del eonsejo 
«que los áftfdildá adicióñálél al tratado Üftbfá» Sido ntta 
priníera apRcádóln élfl artícük) -4.^ del ttéWidd i^riMifiYó.» 
A la i^ei^d*, la PkñttSd nd á»6 téáii fo'^bligSl^dñ qiíe 
lá impuso él artícülij^. ádíéSófial, s^ttn se ^Ütíodedí», 
' síh6 ^é tenttfióbllgácüóii 4ii^'btí)iff cJdÉítifttidó 'é«¥ ét artícu- 
lo '«.» del trfetádd'pi^ittlifiTo. méif¡o nb mUiéá sicb, apa- 
tééfáksi úú absüfdo , i!^tiés que ré^ltínW ilb Mbfá '^^Atttráido 
nfííguña éft áqüél trát¿(do. ÍÁ -cáá^^'láif étfdeftM éotíio 
' ^ loa ártíéulós ádiéíónáM áb flitoárSft'éí^lS'ctéHgosto 
dé 18S4, y 'érti^atado í)rlitüti'vlo'»él''!Z2'^^ fflffl,'éi Aetít*, 
¿itótí^o mésés deápes; íaego sÍ'«**tííMitrájd ÍX^WSteíft nin^- 
n» ¿b!Bgá*ci6il bá^ él 18 dé 1íps«6'¿<^ií»"y'^'áía (taé 



] 



M2MORIAS PABA' BU ttsmBil'I^OlMrEVPORAIIEA. Tlflf 

Ibíbé en '6ftoHlilrtD ifM nés pncleido» déjai^ de «(fpatttái^. ¿QM 
ittiiqo tafo Ui reróldmffik ««la «t^ál^ja softf^e Is |)c^i(!fl(^^«é 

¿Basta ^ué pmitót fem pybti^Wb^ «ét(^' «éJ^M^ tijpaj[«lld¿ 

marqués de Mirafloraa; cple úi1^ííhmáyéí4fÁ'i'V¡SÍ9m 
preteil|«b m| dÉBai^iOB'^ciMidl^llegll á t^ím la'H^^lá/ del 
■0kuídi'taí«rahj»yitl/tfal^ a8p^^{brafatettt&llAá*ali'6«ie&v 
kíié de b&aknpMis detSapcllir, tes Mtfé^'AnftérW ^ihÉm 
é^ifBttntd é iak adMi«u«(^s* dt atfM Mmi«^ frift'á MUMS^ 
Bffr foeüAdMa^dindoiHrf^Ja^cuMiDii' éa|Mifi^, 1» áMáSveii 
iK-Hosíb iepoB* foreié (|sMn ít»ntttiivi6 {MM^ 'v#fiti^ én' HiMM 
kv «usfiio. flBti etemtoH i laí pVáMtoMiéfl' 4» la lirmiia' Mk 
eU' dirynlUo «MKkraidotj' laia' he^M tMUMai fliaaiqfiMliM 
ipiCíaRÉaiarijaMhi l(^igp«p{i!iéteroii á Bqmk'^i^m ÜMI^ 
MiUl&U Mml jV^eM ler tea in^ot^^affif^k^iie fe «itau 
éedíÉiqa^ft't t04BnBit)pflta)b déstriüliitatwlt'hi aieoá fhlai^ 
almri^ nms ain«^a delei^Elq^Ma $ ^ .Ofidi» im» t^cü^'dal 
^Mutata M imáeomn^WBá eap^dedtfatiMWéí c^e ho^ Ini' 
Umé oDtelitaEiBttdoíi^^ 

* teolifai de^nicVaiiente al ft^i tnk^i^éá dir MiMlotesiiW 
BflgoGÍatMlÉm^nialiwia» pis^ 1889 ot jMiMnriáy ])m^ coá^ 
Aoalcí 40 los teflbyes Ceaí >Be9itiudaa y <Mafliaiií; Be» él oiifei 
ta éa>abta 'Mpoeiaoíoii ptopdaaD al aowtíiiiqae^aiitaidp 
Jbiiatiía(iésita|)ona}ea da^sti tí^ <Mé lar moht iaaM , > jl 
a]IIíkl(fi»teB:d^MimimvUdllq[M>q)»'kK fKíÉiB>ihd)«nin]éD9 
fttiÜDBÓi ton A^tm^'Aé k Hs^míh; Sia dada^miaiirt^iui 
|»Dlé iha|^: de eaU impere 'a«.«asHia^^ Tgeáqrém'mia 
cuesIMí dá 'aúfeeaüaí^ •irengánidqsé' A wifmsé^timápAi^áB^ i% 
SmÉafiapir aii> tihiewiiátpealbi á'ifiapuñiiViJMUB i^LiHlao^m 
dfi'Meiaiñiqki^BtflMiiiÉ^akonnpdc^ Jf aneimgn'dp ^wtfltmaá 
9ñaÉfmfUiB&^ 4]él^Md^ ategtai* d núga «vUlaBtB'dtí laiaiie^ 
óiatyid kU FiattaUí^^Iiot iii^'««Aafia^MMB>«tM|iB A-^kAm 



í 



208^ REVISTA DE MA9AID/ • r.. 

lo6 negodadores. Llegados estos á Berlin , conwiizaiHm'ipQet 
tratar del reconocimiento de la reina, como cnestion pvbb^f 
mo&r de la^ «Itenoires, y al efecto pubticarcm nn fcdleto, 
dirig^ido 4 probar el derecho. íaeontestáhle de Isabel II á la 
ccNTpua de España. Produjo grande efecto esté escrito én 
toda Alemania, cambiando la opimon de algnuas univerar 
dades^ que tratando la cuestión de España como panto.de. 
d^echo público, y no tenimdo baí^taintes ditos para resol- 
yerkt, se hablan demdido por D. Garlos. . 

Marliani escribió un Memorándum, en qpe dejando á 
an lado la cuestión de derecho, demostró la convenieiiáa 
qm ^ hallaría la Alemania en armncar á España de la in- 
fluencia francesa, bo solwiwte para Ubraiia del /ocmtagio 
horrible de las» revoluciones , sina paara cnear una lu^nEa ea^ 
paz de hacer maios lácilesy mas peligrosos paila Francia 
sus desbordamientos hacia el fihiA. Es muy notable este escri^ 
t^. Losf párrafos que de él insertan las bíemorias, van^todos^ 
eneaminadosá demoeftrar los peligros que correríala Europa, 
si las al*mas francesas interviniese en España. El St. Mar* 
liani hubode lograr enparte el efecto que apetecía ; pues el 
partido antifraneé» prusiano, al cual iba prineípdnieate 
diirigido el Memorándum , se decidió en favor del reoonoei- 
miento de nuestra Beina. Losagentes^spiutotes excitaf on ta«H 
bienal minifiítro de Inglaterria en Berlín^ á que pidiese di- 
cho reoonocimieiito ; pero ante» que este se verüease cour 
testó él gobieno de Prusia. K Ko ñosden ¥ V.^ tanta prisa* li 
quiev:en.que accedamos á sus^deseoa: oseribit'énMis á Yietta.»» 
En tal estado vino Mai^liaiá 4 Londres paana sdicitár que ei 
gobionio bríttoicQ interpusiere ^ñ medMitioii 0«n< el de Pm- 
sia, yiaun()iiella ccoKiguió delard^Patmerstoú, iaú .reniin* 
dando^al pl»yecto> 'de* esponsales*^ conla^a eb^uall^testóel 
galniíete' francés iqMnaas llegó á.9u motíaiap.rVolvió Marliani 
á'Berün, íy de* alUiBe'tmdadó^.ViemoéáiJcompafiíadd; se- 
ñor Gea } pero como éí gobierno^ ausliríieoinp 'ípiisiete en^ 
tonees abordar íla'ouestifm de &spañayniiH|dáfi<i^rri prime- 
ro 'de (1» oapiMil «o« preftesto de mtmt tn- lel iñdiee ^de >la 



MEMORUS PAAA líA' SISTORIAOOlfTEMPORAirEA. 309^ 

da desde el aftor<ie 1621 como oomplicacb en la' revolueioB^ 
del Piamonte. Cea tuvo Mí embargo dos ecmfiBr encías con 
el ptínd]^ de Jlettwmch, el etjú se tiá praoiéado á deev'^i 
leen Ift ákiáia eñ termines muy amaUes y corteses que de- 
jara á Viena ^ porqué su preseojcia era un yerdadero emba*" 
raioipara el golnemo; Así abortó aqudla negociación ir-« 
reguiur, poco meditada por parte del gobierno , y no siem* 
pre Men condudída por los qde de elk se «cargaron. Unr 
bien^tan sedo hieiaron á España los dos negociadores, y fué. 
conMbnir á que fues^ conocida en Alemania la legitimidad, 
de ia reina Isabel. > 

£1 segundo toitio de estas niemoidaso^ntíene ana historia' 
tan coifapieta como irapareiál deleonteitio deVergara . Abun-^ 
dan en él.idocumeatos inéditos basta ahora y pormeMres^ 
eoriostsimofi, que traanitiiífflaDs á nuestiros lectores, si nos 
lo permitieran loa^mtes'de estetescrito. Haae diapntado mu*) 
dx)' sobre iqnien<k)ntribuy6 mas eüoaziDenteá aquella tgvn* 
saccion famosa : uiios se la atribuyen: á Espartero, otros á\ 
Maroto r- aquettos á lord Jcdm Hay, (^ipandante de las fuer- 
zas nabales inglesas en Itó costas áé Cantabria : estos al dies-^* 
tnsimo agente Aviranetá: pero de la relación dd Sf . Mar*- 
qués dé Mirafloores resalta que todos, contribuyeron' á<aque^ 
Ha obra magnánima, sin que ninguno pueda. atribuirse ex-. 
elusivamente 'SU gloria. £1 oonvemode Yogara yíao á ser> 
necesario cdmo efecto indispensable dé la situanÁou'del parw^ 
tído caruata , de los extragos; de la gwerra, del cansancio-do 
los-puisblos y de la laersa irresistible del* siglo. Ln cansa d» 
la. inqüMeion y de D. Garlos no podi» triunfar despufs der 
siete años dé guerra , y cuando sus partidadoSv habiendo 
casi perdido la féensuapropiss opiniones y no tenían otara 
eosa< que conservar sino ¡íü¡r intereses : y como estos no tmie 
de todo punto incompatibles con el triunfo del bandooon^ ' 
trarid, la Iwdiéldebia cesar ten el nsDihento'éil 'que dichos 
intereses- faigrasen avenirse. .' .^«-m. - ;•,- •>! "-.; • • 

Bcfiere después^el áutori los sutíesos posljeriones* al eonvtEH 
nío'de Vorgara: lasnegociacioneaséguidasporélmiQmoecM 

SEGUNDA ÉPOCA.— TOMO III. 27 



]^l'ft(ma4é^&. €arlofi): to fto entablé cito la cMí^daMáe^ 
á(m , y eti ürnti de h9c«Ées 'qudOó otipdlaA lij oaiiÉfat» 
Uáld ^ Ma «lA^i^ j^ísüfi üis^uiBiaram d togadndé ni anot 
^dáct éñ Páríli p«r4 que'se Búmátín^ m Bqna^^ uh iiiié^D «■&. 
cái^a«to4e b (X)n^pf»(kiiifkdrEspiAn.Stetá!9iM^ 
iifip(E^tmtes. tos beéta^s yéóaomntio& q/tA fÉbün ispWb^Ki 
iíe¿oekídoA«i( iwra 4iaébr d^skp «arUetasÜBl BnmciipaiD i«i 
etíévtioh 9^ÉM|iiit% al dé ^érgán.; laapmeióÉ q^lnctwMi 
á él^'pnd}íte4tael.9NMra]i fispáirtaro jniaanqgos^ ]r4atloo«9 
municaciones al gobierno sobre las proYÍdeiioiÉ0r4|iiBiñaígHb 
Ha* djffibiBteiicMúi dicbiaiB ad iipteMa rpata gfiaftgto'la't»tt|ui- 
Hdfid 4eti«f|m/eUieiitfrta]iihUÉi él>a«lQrla.artraááí4t ft; Gain 
l^WÉ¿ Bovifes.^ «a dendtwlá ea cbta: ciudad^ «ra t>r<^etíb)aidfe 
ftí^ á Aieirinilft V ^ iroeñra« — Bf uli M tt i m ea ^^Lpaotíá» étan 
lifM, jE^'Ita Éotrigas enqdeaidaipQtf lea «■ngoa indaaúmAm'^fi 
itifaile h. fraüdisío vpaia tqpOTar él • knalnmdqio «k «b 
dfe Wft'UjM eúQl la rdiut. ' 

il ^hiio ftoafaso que ^SriÉaeÉ ésta? 
tttméidmteÉtto de ieümdhéé y la aMJBaoiwi iéto la jeinai ib>? 
geuié. ibtá panrte dfe la #lBia «s tambian mfáísiaaL en «dÉM 
7 é^oüinaiiloe , y no eMw(a en neflduieaes jwéiasüL Sn^f 
pueden estudiárselas ptamad^^partádo ten d mij i i a arid^tfr: 
de ^ emTeno glo'riosa que imst^ténniílp á<la-gMnni^(la 
rittanzíi 'de esto partido eeÉí «i qadplel feíieralde EspaHeao 
' pka^ dMmái^ él .8iitaN9 ^ ^tdmpnie/^igefatt á la ásaaa;^^ y 
ht' paitle que tám da- está dáláataoir eada íiiái de Ma pe^ao^í 
ttás qaei etttOBtea fatAalnai: es »lee-]i0j|od6s' j^i^^lseaa^^Qilifiiicá 
piév' niUda^^, -qiAclHa.-por ifápnmsipi^ , pootifp iÉuho/opie-iio 

oaálriiñ9«h*aa*lte'dBid|d]tt!4o'nqi» aÉurfoto,:al4fr« 

aaaapaivo 4}d «■tt'Míiia ' inAa , y cdr flrinn^ 
dicíoso: -I 

TU esiel libid dial Sp. taiarquéa de' MUafdMif: idi.láaloit 
juzgará por lo que llevainos dicliii''d0'flO4]isp9rtpÉcía'7Ti^ 
nboj'á i(mar«daM^B imjatim'vtáñÉkM'Ma'tKú' mMáúS co- 
mo iai'pénallt» la flátnqáan'de aate iiiiÉíealo/'Átiiiqde ih^^ 



MEMORIAS PAAJk' tjL tLÍ^tOkíÁ' CtlílfTEMPOBAIVEA/2'fl 

to sin pretensiones literarias, esto es, con sencillez y llaneza, 
como conviene á este género de obras, lo está sin embaído 
con corrección. Así es que á la importancia del asunto cor- 
responde su desempeño : y aunque no convenimos con el au- 
tor^m 4)guji0s;(Í0fuaíuíci(prí y advertimos ep'^imanr^pion 
algunas omisiones y redundancias, lo hemos leido con gran- 
de interés y gusto. La historia contemporánea ha ganado 
considerablemente coii. ^pi^litllppiciwi de fótas memorias, y 
el autor ha hecho á su pais uii nuevo servicio tras los muchos 
que le ha prestado anteriormente como alto funcionario 
público. 

F. C. 



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212 ' RSVISTADE MADRID) 



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DEL ESTADO ACTUAL DE LAS BELLAS ARTES 



m iB»T^aña* 



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VIH. 



LíOTíTATfDO España en los siglos XV y XVI con tantos ele- 
mentos de poder político, de cultura, de grandeza y de de- 
senvolvimiento social , no podia dejar de abrir su seno á todos 
los gérmenes de, gloria que la civilización había extendido 
por las principales cortes de Europa. El carácter de esta 
nación , esencialmente poético y religioso , exaltado aun con 
las recientes victorias obtenidas en la sangrienta lucha con- 
tra los sectarios de Mahoma , apresurábase á construir tem- 
plos suntuosos en los sitios que habian hecho mas notables 
los heroicos hechos de sus hijos, á la manera que se elevaban 
arcos de triunfo en los tiempos memorables de la antigua 
Boma. Muy favorable era este estado para acojer y hacer 
prosperar las producciones de los artistas: así que aquella fué 
la época mas espléndida de la escultura española. Las facha- 
das de piedra de los edificios , así como el bronce de los al- 
tares, revestíanse de innumerables adornos, figuras y bajos 
relieves. Cada tumba formó un pedestal, sobre el que se le- 



DE LAS BEIiLA» ARtBS m( BSPAJI.A. 213 ^|^' 

Taifta^ba rnití* tlstátáh ; tío de taiita impartaücia por d ^erso** 
n«jé tú»tÓYi<k>'i|de 'i^prei^ntabd *, ctoníio pét* la delicadeca dd 
eiüeel qae hábia sido eii<5argado de imnoiisalizar su retrato. 
Pedíanse á los^pdébloi^tééiiiasleocitoesyinaestroí», acttdíen* 
do tallistas alemanes y plateroi^iosx^aáos /los cuates dqaba^ 
modelos, qué enieontrabali muy pronto ingeniosos imitado^ 
res/ En mva pfálabra , -pcír espacio dét dos^^iglos ti amor al ai^ 
te se fanídia eu el sentimiento r^gioso y. piitri6tieo ; de sneft^ 
qiie cada' cftídad lié^cér en m seno millAre» dé estátuaiioe 
bábiles ^ sin tomarse siquiera la píena , ' á eattna de su muobo 
número, de conservar siempre sus nombres; Los lílümos^ 
ipie aoasaíneroií lo9 máB célebres, Berr ugneie y Gooo, murÍ€H 
pon éon la gloria' de baber tenido en supotiBnte'niaiiío éL^triple 
cetro^, depuesto por Miguel Ai^L Desde aquella lípoea ba 
ido ea' decádeoeia el arle' de la estatuará , y aun en iel ticmypó 
«Éismo en que los delnás ramos de kis bdlas artes eslaban to^ 
da^vfabbstttñte'bien^i^presentados, este daba ya ta» solo de 
tarde en tarde algunas señales de existencia. En el sigto'l&YIII 
1á< esesHuim no podía llamai*se yá untarte en la Península, 
siendo estiy tanto má» de adniirav', cüanijoque «e trftta de mi 
pueblo á quien seducen e^itÉaordinaÉiamenle ioi» encantos de 
ki forma , y ^e es erfitciónadr » etií sumó gradó al baile y á las 
posturas idéala. 

Tanipoc»o puecfe abusarse á los españoles de olvidarse 
de " sus celebridad^ nacionales ; pero en vano se buscaría 
un trozo históri<$o moderno que fútse digno de fijar sériamen^ 
te nuestra atención, é'iina estáttiai que pttdiese ^servir de ti|)o 
de gracia y de belleza'. En la-parle.deorftameñtaciotí, y en 
los bajos relieves es en donde cdsi únicamentepuede estüdiar¿- 
se el genio creador de>la esoultui^a desde el tiempo que acaba«* ' 
mos de citar, porque debo decir con franqueza que apenas 
puedo admitid como dignas de interés cfsas figuras inverosír 
miles á ^ietiés ^eeargan' en las iglesias los dias festivos con 
muy preciosos ropajes, arreglando su'tocadoeon pelo verda^ 
dero, peinado y perfumado con el liíayor esmero. 
> 4>eb0sin anbárgo bacer ju&tíoia aMncOntestable^talefflo 



21,4. ; / . ■ #£y«m im i*A»?tto. 

(teif todw;. Eiritte mftí* hd.caWriJmifíki 4 ^a^^h dd e$t¿|o 
d^idMtímie»^ m <immtBi^ ^©filiado > .D. .Jofié Alufww, 
gk^ri^ jde Bftpaña, riv,9J de(}áiiov4 y (ieXhQrwialdsí«y.ftirtqr 

gmiq rp4¥e5|o i^ft^ece qi*e ff W<te i?n |^#ta ^fir* líMPa 4fMKH 
iaebí i# swa fswHari^.í siwdo wíiy |di§pi^'f)^^^otacfiíe ^uW(«am 

m ^m^iík' fwnwfpfes , ' m dwíte Aa:«4íf wwft! é |mei^i)^Q^»K 

tor ^ una Gere*., obm de nníídi^ «lórite* e^ wpy Wtabte por 
1^ grpM^^ Ja^*w«!<WÍQft.;de;J^:tt*ea%,,yÍ 
ííMkOfn0$,, de J* te^al bft Pfiv<wk) é flW«W ilfi ¿QWtaftffc # 
Sutherland; de la estatua de Gervantes, poeo4ÍgW'd^g^Hi^ 
Um¡»\0l f6e;fi^?prf»p»ta^.t y 44 «ru»P * Raoi?,y ;Mvde. 
M^pwliYüar,, jftvwyí^i4ípti»g^HÍo, 4fil^fi9l ni fia JU^wa 4I 

de inuy , b^irl íBJflewiopí; , y rtfkpóu^ WP* )iwUiii.niVP iWft^ 

K 4 

gro» «aosi^di^ di@nK>datodo^f ^ Iw^u ide ]K^?^qm. 

, j^ Higl^im)^^ y A$ídij^ j^v^a ¥il^^^ 4|^e jiiad^la e^ A 

wmia ^€prdl|d^6l3ena^ ji»ragbQtfLles;y;gr^^;^^ la ¥i4a a^d^ 

UitA^ )e9.Ml;wisd deJU[41wa- 

Igual cirf)ttm»^€iarf^pt)§erva lea :9tr^ :i^u^^ ^igiipan 



fmrtM 'fie hn roiainad.lMtt^ii it^twlmeiite.aii Italia, j)or }o 
eÉál Ho «ntatnÉoMs 4 ttattiauí sus. o^s, obUgéftdwo» aolo á 
hafafaÉrde4ds,qabcli)el jüa íse bailaa Mj^fadri^, y btímo» vt9tD 
Juiadxlfiíku la«útt]kiBi«extMMfioiidi»l láceo^ 

£lBr. B. SabiíQO.Me^a se\bft cMio ^ c^foper <h>ii u<ia 
obtQínsaÉnmieDM oota^ile. BU £iiii?idiá^ ymJHQ ^c^ví^ fs^ogios 
d««oit)cr los Hlidigaateiiíaafiidm ^^-aqi)^ ^imvíiiia^ <^ntro 
^ las)art|BBi,\f|Be ^g^ra á Bdnm^l f^tñd94e ciudad ^st^- 
ua^ saiR<fiai.mas jurto (aaMiyo (|uea^ t^iMpáps y mmmm 
sposfattioa. Ikl>h ttreaeiofi ée eala ^ótna mimí^ d^hgfLi^ 
.ffii.dÉáa algfina éimiieDtesóuali<iMa«9$)neaiijiiQ |lPQfu>»(¿.fo- 
tiiaeimiailo'de.loa neorqteeldél aotí^ua }r4^i||,gii9t0 purgado, 
-nánense aü^ÉrisAelfHlo áettoíBoi, iaiwqttí$ ooi^ato y 4mplí0 ñl 
flusma tíeni|>ovpiitaft)ím[|aa4e]&i«aajOF rieigancia^ y^ pttirMH- 
faknénte, una nMátad ÜBÜt qb^ agsad^ bajo todo^aap^elios y 
'áepdeító€ktt.los>[mDtof3 de viata; iQÍdreMa9totic)a df auin»^ jqüériJio 
m líBh fifi;tiiia mth y'd«sii«dd« Tú ^ fuese de d^^ecir en ^^ 
bn pdeo maa de 6x4^681011 en d semblan^>, pM$ «ap^aa^ ^ 
rttriata 0I dolor en Joa lá^)ii^4ela ¿infa, 4I iMl^oqpe si^^jiua- 
up BQtas bien liaroea ifue aalá ¿ti^ft^^ ^n ¥ jsuri^ieníb^ qMe 
la lia «inerdido , que no t9(btafiA» 4e <d£«liaK^Brae lipidia, (Sien 
aé^tte ^los griegos .faon nltrooedldo idgnnaft Hüecesran^e Jo^ Mg- 
•D^ t dejHto^tmüíéaes vitos y jpdliatUes deiaft 9Wsa<mMs fí- 
sicas ; fsco sin embaffgo^ la INtobe, las hi}<wi de I)aoe<HHM¡e , el 
Mancas y «Igladiadín* nwÉ^ibuiitdo, pcnfiftaii ^\^^m faacinn de 
-ello iiai'^ateília, sabi£indoearaotei?i7dr, cufiiido firanfwe^ar^, 
del imodo BMiB palétÉeolaai^^abe:^ demí^ knarttwjUOaas eatá- 
4Bás^ sin qkie pifil:*difisen»aAailedaaoUesa del^^tUo^ n| d^la 
armonía siempre grave del conjutito. kiaibftieijLane Mi^y)sria 
ápbsarvap/SLBolianiiese oaer en níia.oríticaiiikezqtiíiia, que 
«a na ^000 fltfjo ri ^ntebraiBO íderaabiD iSobne ^el onai i^etaanaa 
<lédO riipesodd ciMDpo, ?y*qfe íla teofllan ñer^íaaafque^paca 
toa dalaaidal^né denzdio es ain í^oqoIbtQ aflUñ^mih y Algo ét- 
sagradabie á ia lós^; pero f asa ^olvidar estas jpequeftaads, 
íp9L0&iUé me btrevo áijteniarlas áaiáaa^ basta pasarla vista 
. pftí^ a ti $oB%o ly ipor ^>bra2D 9 , pEÍema jfatquienfhlik, , im «uaka, 



216 REVISTA DE MÁDKID. 

además de su mueba corrección , son de una forma seductora. 
La curvatura de la espina dcnnsal d^ noftarse muy bien 
' la armadura de los huesos, estando ejecutados, los extremos 
principalmente, con la mas esqaisita perfección. Solo es de 
sentir en verdad que un trozo como este tan lleno de vida, 
de gracia j blandura , no haya sido ejecutado en mármol. 

Somos demasiado exigentes con el que desde sus primóos 
pasos nos hace concebir tan lisonjeras esperanzas , y en cier- 
to modo debe decirse que d Sr . Medina se ha perjadíeado á 
sí propio dándose á conocer en la eseena artística- con una 
obra de esta especie. En efecto , de vnelta á su país , bien sea 
que la triste suerte reservada á los jóvenes de corazón y de 
talento en los dias de guerra civil hayan ¿^litado y com- 
primido' su estro y su constancia, ó bien que haya sentido 
apagante en sí la inspiración, lejos de las obras del Vatioáno^ 
lo cierto es que la mayor parte de sus producciones han que- 
dado inferibres á sus primeros ensayos. La estatué del mo- 
numento del 2 de Mayo, aunque mucbomas estudiada y de 
mejor estilo que las de sus colegas, carece algún tanto de ca- 
rácter y nobleza. Bedúcido írecuentamenteá emplear el pa- 
lillo de modelar en la confección de figuras efímeras, destina- 
das á adornar edificios de pasta ó de carto» para las fiestas 
públicas, ha descuidado algun^tanto el estudio, dejando que 
se apodere la apatía de su cincel y de su imaginación. 

La estatuita de Diego León , si bien tiene una actitud enér- 
jica, no está en armonía con el carácter y la fisonomía ele- 
gante y heroica del asunto ; las líneas de la cabeza son de un 
dibujo muy poco severo , y pereíbense mal los músculos bajo 
el pesado traje del general. 

£1 arte del estatuario , mucho mas dispaidioso aun que 
el del pintor, tiene una necesidad indispensable del auxilio 
del Gobierno, ó al menos del apoyo fraoeo y generoso délos 
hombres ricos é ilustrados , sin lo cual se vé condenado á per- 
derse en vanas é infructuosas tentativas, que necesariamente 
han de enervar y extinguir la enerjía del artista. Para dar 
nuevo impulso* al talento probado iddautpr de la Euridice, 



DE LAS BELLAS AUTES EN ESPABA. 2Í^ 

eüntendria encargarie alguna obra de consideración , que lé 
hiciese tolver con fé la vista hacia todo lo que ha producido, 
y «rear lo que aun tenemos dereého á esperar de él. • * 

Áoaso, aunque con un poco tnenosde saberque el anterior, 
esté destinado el Sr. de Picquér á crearse mas pronto que Me^ 
dina una justa reputación, pues naturalmente emprendedor, 
ejecuta con mas facilidad y franqueza que aquel. Si hay quí 
&. menos gusto, hay en cambio mas originalidad. Para su 
estálua ha elegido un noble y bello asunto, lo cual es una 
prueba del tacto que le adorna. Debe estar satisfecho de ha- 
ber procurado abandonar los eternos lugares comunefls, la 
copia servil de la naturaleza mas material , el estilo gastado y 
vulgar en que se arrastra después de muchos siglos el gusto 
de la mayoría de los escultores , y del cual debe estar tan can- 
sado el púMico como nosotros. Si no es dado á la generalidad 
de los artistas llegar á la perfección de los antiguos, ¿no es 
mejor sucumbir acometiendo una idea nueva, ingeniosa, poé- 
tica ó religiosa, procurando incrustar un alma en sus bus- 
tos de piedra, antes que manosear sin fruto ciertos asuntos 
vacíos y frios ;■ que no son de nuestra época , y no hablan mas 
que-á los sentidos? 

Al hacer su San Gerónimo, tipo eminentemente cristia- 
né, acumulando sobre el cuerpo del ferviente anacoreta las 
arrugas de la vejez , la flaqueza causada por los ayunos , y el 
aqf)ecto de postración producido por las inaceraciones , debe- 
ría además haber procurado reproducir el Sr. Picquer el ge- 
nio del diatóctico fogoso y apasionado , cuyos ardientes escri- 
tos han conmovido todoel universo. El ascetismo déla carne 
es únicamente lo que está bien representado ; pero la cabeza 
carece álgttii tanto de nobleza ; el cráneo está demasiado de-' 
prímido , y las manos y pies no dan á conocer el oirígeñ patri- 
do del célebre fundador de la píimeraór den religiosa. A se- 
mejanza de Rivera, que tan bien ha sabido representar este 
mismo asunto freeueiitementé, debiérase no haber salido de 
la verdad, salvando al mismo tiempo la Vulgaridad de las 
formas; pero en cambio dabe- decirse que el Santo manifiestaí 

SEGUNDA ÉPOCA.— TOMO III. 28 



^1§ REVISTA} I^ VA9RIB- > 

to. Lapogt|i»d(^l^]9 €^q^/^^l^|a^i,,y^m^ífá^m}m^^l^ 
enífl^^i^uimiís.iu); jpe^ W^WS' (te WPfe§aii ¡pi»/ n^ parece 
ktPS^mmy Wí c^ia%TOej(yQ^.pfiqp<ircwiP»v rif i^f»^ qu© 
\^ V^^ fiP^^i^^ esbas^^e o^zquiio» qh ^pppa^oí^ii db 

Cioqsifl^clA^ts^ obi^ en ^ conjuntóles mujy: buwfts í 

La i^t§t|uiíto4?^ ^eAazqujdZr dá éi cQi^pcer! a^má^iei); 9I ^ w 
P^Ufar^ MB<s^níwN?lfcc>pipfjflndord0lH»en giwílp de^g^nf 
f^if^y -\JdL f^m^^di^ ?mpd c4tebra artistoir^eyela g^iM(^ idrtí^ 
^ \\fU ^pefl^ti:ají^tp, lo§ ^a^pps esl4ii; l?i€i^'^ofe)!cad(qp, y ^¿ 

tíW ^^^Wcti>J e8t4. además biemeajktfpdid^; pfp?q tal yqíi?» 
If^ (^aí, ajigo ppf§4a,, lo cual dá ^1^ figm5a|U^ ^p0cto piwoi 

gWPW* Pftij Ift ^^a- La t^YoraJ)te afíogidft g»fl b^teftidnii 
e^gf^p8a,q})ya d^l §r.J?jíM|u^r dcíjKiamiwrle 4 p^r^ev^rai) 
en su proyecto de publicar una colección dl^jcf^paAok^ ilua^* 
tr/e^, d^^ t^ipafto ^ IgSi esWtu?H de YQlwqfte^i. 

^cof re¥Bo^4j^8e lii norriw»QP d^l dibujóla tofüwrjía dei 
l^.€ptpi;€5sÍpA, lfísl^w5tí)ft delmi^iW.aWWr se^aneniíi^iiiayDir 
p^tff^obr^ft d^ i^P: ip^ritp upiy ' supftr«)tr jt poli^' ^n dlit^^of » 
íí^qja<u^i©3^traqrcínapift V y ^ le^fettabafe^f^sido^orttodiai* 
dQí|coivi!Wídf!tww«ntq. ííu lo^ dQ io^ §iiefi. ftsniabl^i y^ 
Y?H*> líP. ptenps'de IjM frente y diQ la oapfa'so^ialguft tantode^ 
ip^\kQj¡pH\, ÍQ^.contQppos d« lp«ojasunpoaod|iw»,.y eíMMi^ 
yaípei?(te ap(ffea^ Jipíí Q?fM44as| del v^llkvm ; pen^ debm sin^ em^ 
hftíffW dl^^ÍPWí^^e^t^ iijiperfwcipnes/, t^m^ndo eu«eufiritei 
laaje9Íou>^igM^%dpqi^ e^ii d0ta4ps 1)9<l9a tos or^^^ tan 
gfyu) n^játo, «? «í^bW dar vid» y pfiufamjCTto á^ 1« mbteriav 

Jfp íjí^vé dfi4a estát»aideL$#. Per<l9 que repceseato^ á.< 
cj; anupn df«ífie, 6. Ifí^i /j^ip/tdftd/, pui^ q;^ u|Ba< imiti^dMiÉ pocci» 



DE LAS BELLAS ARTES ES ESPAÑA. 219 

tral)ajo eá metamorfosear una musa pacana en una virtud 
cristiana, éñ lino de los tipos mas determinados y Castos de 
la religión católica? Él Sr. Pérez ha empleado mucho mas 
tiempo y trabajo en estudiar con concienzudo esmero los 
blandos y elegantes pliegues de aquella túnica transparente, . 
del que hubiera tal vez necesitado para buscar en su imagina- 
cion una idea propia no menos poética, y mas en armonía 
con la^ teiidencias de nuestro siglo, una obrá'suya original 
no carecería, ciertamente de encanto ni de interés, á juzgar 
piiriá delicadeza y esmero con que están ejecutadas todas las 
que há concluido. Sü busto de hombre fué el mejor de la ex- 
posición de Yilla-hermosa. X^os ojos , la boca y la nariz tienen 
un dibujo! puro; y la suavidad del modelado de las mejillas 
y la frente , si bien es algo' exajerado , no perjudica á la trra- 
vedad de aquella cabeza expresiva, que representa con tanta 
verdad una austera meditación. 

Tiene jgua,liííienté cosas muy buenas el busto de S. M. la 
Reina Isabel : la parte superior de la cara no carece de pureza 
en los contornos ni de delicadeza en la expresión; la boca y 
la barba no están tan bien acabadas, notándose algún tantD 
de molicie en los músculos, si paso que sería de desear que 
representase un poco menos de edad. No habiendo podido 
probableinente el artista tener á la vista el augusto modelo 
todo el tiempo qué hubiese deseado, ha -tratado de compen- 
sar la del)ilidad del modelado con el prolijo esmero de los. 
accesorios y de los ropajes, en lo cual ha estado taí vez poco 
acertado, pues en un busto, principalmente, d^be cuidarse 
de que los pormenores no distraigan la ^^ista de la contem- 
plación del objeto principal, que és el rostro. El Sr. Pérez 
peca, como vemos, por el abuso de su cualidad primordial, 
qué es el demasiado esmero. Sus obras, por lo general, est^n 
demasiado pulimentadas y apomazadas; pero debe tenerse 
entendido, sin embargó, que cierta especie de aspereza que 
deja tras sí el palillo cuando está manejado con vigorosa fran- 
queza en las obras tomadas del natural, no perjudica á los 
retratos de tierra ó yeso i La antigüedad nos ha legado 



220 hevxsta de madrid. 

ma« de un busto de mármol , que puede servir de modelo en 
el género, que parecen apenas bosquejados, y en los que no 
se ha hecho mas que desbastar. ligeramente las masas; tan 
cierto es , que los maestros saben muy bien que se quita á la 
verdad una parte de su encanto tratando de macizar hasta, 
las menores asperezas, y que por querer escabar con escesiva 
escrupulosidad los pormenores , se incurre á veces en una 
ceguedad desagradable. ^ . 

¿Mas quién se atrevería á acusar á un artista por tratar 
de ejecutar demasiado bien sus obras? Semejante defecto , por 
otra parte , si es que lo fuese , sería de aquellos que inmedia- 
tañaente se corrigen. 

No terminaré esta ligera reseña de las obras de escultura 
expuestas en el palacio de Yilla-hermosa , sin felicitar since- 
ramente á D. Vicente Camarón por su bonito ensayo en un 
arte que no le es familiar. Su niña dormida es una creación 
muy graciosa. La postura es propia de la verdadera inocen- 
cia, y tiene aire gentil; la curvatura de las caderas es 
muy airosa ; las piernas y los pies están indicados con su- 
ma finura , y los pliegues del vestido tienen una ligereza que 
no es fácil obtener en la madera. 

Bien pronto hemos llegado al término de las observacio- 
nes que sugiere el examen de la escultura en España , lo cual 
se concibe fácilmente puesto que ,es un arte que necesita de 
lentos y maduros conocimientos, y que noha transcurrido aun 
el tiempo suficiente de paz y prosperidad para que en medió 
de sus beneficios hayan podido acometer los artistas los rudos 
trabajos de una carrera difícil, que tan pocas recompensas 
promete. Debo confesar al propio tiempo, quehevisto, no coa 
pequeña sorpresa, los progresos y buenos principios délos 
que se han dejado conducir por su generosa vocación, entre 
los cuales hay algunos que no ceden á los escultores de las 
naciones mas florecientes. A estos últimos toca el hacer apre- 
ciar del público en su justo valor la importancia de su arte 
por medio de hermosas producciones, y principalmente puri- 
ficar el gusto de los aprendices , que se dedican á la parte de 



•i 



DE LAS BELtAS AMES EN ESPAÑA. 221 

■ 

adornos de los edificios de arquitectura , evitando á la Tista 
él desagradable espectáculo que le presentan esas tristes sire- 
nas , cómoias que se ven en la fuente Castellaiia , esos grupoii 
como el de Esculapio encima déla fachada déla Escuela de 
Medicina^ y esos bajos relieves como él del frontón del Museo 
real. 

Tamo^ á hablar ahora ligeramente del arte del cincela- 
dor , el cual es sin duda alguna de* la misma familia que la 
escultura. ¿Quién podrá dejar de lamentarse de la triste, de- 
cadencia de la platería, de ese arte en que florecieron con 
tanta gloria los nombres de los Casteluar y de los Arfe, que 
tan brillantes fases ha presentado en España por espacio dé 
mudios siglos, y cuyas producciones han podido rivali- 
zar con las mas suntuosas concepciones de los plateros 
florentinos ! Por desgracia la- época actual no es á propó- 
sito para verle elevarse á su antiguo esplendor , el cual fué 
entériámenté debido á la riqueza de las corporaciones re- 
li^itíéás, y ül generoso fervor de los hermosos tiempos del cá- 
totícismo. 

Si penetramos en alguna Ae esas antiguas' catedrales en 
que generaciones sucesivas han acumulado sus ofrendas, y 
que rcJcúérdan todavía el grado de civilización de una pro- 
vincia entera; y si aun nos acercamos á esas iglesias de po- 
bre aspecto, monumentos sagrados y patrióticos de la devo- 
ción de los siglos' pasados, inauguradas la mayor parte en 
los lugares en que se plantó el estandarte déla fé sobre las 
minas de los alcázares ó mezquitas de los moros subyuga-* 
dos, los encargados del' templo nos harán ver desde luego 
con acento melancólico las predosas obras de pláteHa que 
han podido sustraerse de las sacrilegas espoliaciónes de lai^ 
guerras y de la codicia de los gobiernos. Apenas queda na- 
da en España de esas magníficas custodias , veirdaderós édi^ 
fictos de oro, plata y piedras preciosas^ én las cuales la de- 
Itcádeza, la perfección de Ids figuras y de los adornos hacen 
olvidar* el cdnsiifie^bfe valor de^ la materia; ^e han art^eba- 



332 jiEvisTA. w jiJijfi^i>y 

tftdo por arrobas, por quintales, las cruoQ$, y^fos: ^agp^f^ 
.candelabros y otros mil adornos del culto. 3olo God^^lp^i 
argado carros «ateros d|e e^s^is o))ras ma^síffus íí (j^ci s/d Jrtr 
.butaba suma y^neracioi^ , y gue ,erí^n l?i glori^ <^e jla V\i^ig/fh 
,fica catedral de Toledo, n/) habiendo fsdtaíjo tapap^fjo 4^ 
pues imitadores del príncipe de la Paz, que movidos jppf 
este ejemplo, sino impío, por lo menos antiartístico, han 
propuesto ^ las Cortes ir^ducir de ^ so)[f^ go^P^ ^^ tffi??^^^^ 
del culto aj. estado dp s^ncille;^ primitjLva de la^ pr^B^ ,^HÍ?r 
terr^neas, cuyo úpjjco adoriio .wa el ^speQtáí^i^ djd.pfjiidpr 
de los primeiM>s cristianos. 4 puinto I¡l^bi^ra : dé^i]lp r^jfir 
carnos en verdad el ve?; prepípi^r e^ el crispí de íft.njLopje- 
da tantas maravillas de^l arte, del propio jno^o ^gue yewf» 
ep el dia derrumbarse I03 templos miwo^? sjjp ef cj^ 1^ 
pJ)ríM5 mas perfecta^, con respecto á Ip. cpáistrncpion^ á ifp^ 
pulso de un espíritu esp^ula^or , .sieufio otr^s yec^ deistip^r 
dos filos usos mas inn^^inc^os! IjOSj^e tanto ^e pr^ cian.^ sal^f 
e.nseñar el valor de los íuetajc3 y el producto deío^ escom^ro^^ 
en medio dj? los sisteinas nAilitapios. dcsueíjonomíi^, )ían d€|- 
bido olvidar que el fuego que funde las reliquias :|rQbf^^ 
fd cnlto de los altare^ , np pifj'iJ&pa la crpepcia ^^.]f^s pobla- 
ciones que una vez hap sido dj8 ellas despojadas, y qne qa-^ 
da martillazo qup. rptnml^ sobre el n^ár|)[)oJ ^ íap i¿e?ffis 
cpnnweve y relají^ Qn Ja.,cpnpienciafie^ de,i9u.c]íip^,jjpji^}rp3? 
los principios 4? n^oralid^id, qnQ.spn.pjl naasí ffxrn^ ^ppyo d? 
los estados. No.d^benip^ ja J?í9í5ar en yer^^pyiyijf la.^jjpt^ 
ep que la maño del platero mpdplaba esas pl?r^ nji^pstras^d? 
p^p|encÍA y de imíigin?^cipií, ^mpv^t^ pDiqíjii^ent^'dft fi9fr7 
ijiervaf lo, que todaví?i e:i^iste. ^f^^q^ l^>^n^^9^..9^'^^V^^ 
de ptrp3 íiepipos ba vjenijdo á^spr 9?^firPn:.oÍ}f5Ípjj j,gBe ;;io. ve^ 
mos ^li^, aun de los pbmdores de flja^ nííp^i)íf¿|^,¡piiííp pier 
zas de un estilo vulgaj:, cuyo Xf^QTjjef^ 4^j^í.^9.ü^c^B;eñ^Tfil 
peso de la materia, p gustp dq^ Ií|)í:o 45'Píf( ^ígftWlp poff 
Zí^agoza al vencedor de Lnchai:^^,^;}^ 1^ gfg)^a,gpe,ba i^|v 
yido de premio álp? seviUsw?P4?9r Ru j¡ipjl)lfi.j(?pp^pc^ ?nat 
nifiesí^ el tristei eata^p dpi Rríp,fl9l|?ff¿¿||^¿^fl-,.pijL*I¿pfta^ 




rfan indispensábtek llis éodad: pviÜaéi'k/AlenW, *aná corte rica 
6 baétáíiW stf¿tht»a ^é éiicafgá^ííbilás'aé ftKMic'iá, y 
ensegmido 1 
Úétr fórtnás 

los ttfeuiérifcj, üb t)TÍfe(í¿¿ ínériós 'deiier sdfócááos los'jíue- 
Tttoe deáéds dfel Sr. ^Ckíiíeei»ó y íle susileiiiás coíégas 'porta 
tibHciifi^tólá ckfr&fijetk, S ¿fesair cféla ^iitía^s^tóe cónátaií- 
ciA ¿Te feu 'celó , y rfé í^ük cb^^dfe'feMés ^¿íibfei5s. 

For dtA íparie , los'éábmos délos ^látéM ae ta inaiyor 
páWe dé fespaíses IdéKtfriipa Víeíí^n á 'e^tr^eífersie coníra íói 
flíteiÍK» «ifetóiíülás tpifellfe pffeéferítkü yn fepÁñk. ÍH¿ Vfetii más 
tle úVi'ciii'¿«adbr íñtélí^eílVe ijiife ho t^udíéa^o ^¿esér^^^^^^ 
^ Ái él tié^tro sevétb del kttfe propiamente aicíi,o; lia téní- 
dtí qfafe etttfíégarse iíttüVnííiió'Áe la utilídaá, cloméstíca • p¿ 
dleirdo áxfemffis citat íüti(^c¿ ¿libres escultores fra^cpses (ju¿ 
tíri'WáA %i^idb degt^daVsé-; 'defllcáüao sus manos a moáelar 
tffloS^/sbrtó. péíjdiífós, éh^ss^ cá'nAélábros y haista iníieWes 
af^iKl^^s&4frásiiítfa^ti). 

«8 riiiab hetó 
qjife ft)8 'gi4^<fe riÓs^iíffi lía&o á ^onáeer qd 





ñ& ' fikMR dé áek^^ 



du¿ tos 'ci!ic¡^liaaóre¿ y los 'plateros 



ñ&'' ñkMft =dé deSi'cáFsé' K *c(i^ un Míy esp«btlif, carac- 

m ^^ok sóTi ¿í' Isa ^<ytüña)réS ak ¿íais; ¡^r iúé pú^ 

m (ludirse iide ág''6*}nPí mm sati^a%bh 'á lak KMt- 
a^uy dé tí^ds 'pi:teb1d^'^ lüi 'mía tíérrk é(i '(^4' ^ í^e ^ 
l^mk ■iántó aceité', Üilpéiík ^ háltk tííía ÍÁiÁ^piA ^% tóta^^ 
éft'gb' tfé ga^ i 'dS¿Mrimt: U ímn ^e'se ^KülCi^ ilí»^ 
üffiÜiAeifté éti'<laé tímíá circtMühciák ; ^ i^i^té tó38 
¿ííanfó íi '(k ^iÚm kWMr y 't(f^i)it M'ÁSrmé im¡¿ 
lá #1¿ eiivik'ttfS^iyíiiá; f ^n^vá tMVÍá'ir&n 'bá^ltiá 

la lámpara de pié elevado de bronce ¿ ^M ; '¿Üti^álida 



224 REVISTA BE MAPRIP. , . 

* ' ■ •'• • • 

con delieados arabescos, que UeTan todavía el seUo liistóc^of 
de los hermosos tiempos del imperio rpmauo. .: ^,,{^^ 

El brasero , por ejemplo ^ ese mueble tan popular y tan 
español, podia sufrir esqui^itas é ingeniosas modi|Icaeion^, 
La forma universalmente adoptada no dudo que sea tal vez ia 
mas cómoda, así lo dicen todas las mujeres; j^ero iio por 
eso deja de ser cierto que es de una fealdad proverbial. ¿Qué 
inconveniente habría en tratar de darle otra distiíjita , qine 
sin ser menos á propósito para el objeto á que se desjtiqa, 
tuviese al 9iismo tiempo la ventaja de agradar á. la vista, y 
poder servir de adorno en los salone^, de los cuales^ prc^ 
ciso desterrarle durante dos terceras partes del año? Debo 
decir sin embargo, en honor, de la verdad^ que michos 
han. comprendido en estos últimos^ años la nec^is^dad de 
apartarse del sistema de construcción tradicional: por d&: 
masiado primitivo y mezquino, para el presente siglo. 
Hasta ahora solo los caldereros son los que se.ban dedicadq 
á trabajar por conseguir la reforma indispensable. Esta re- 
novación sería sin embargo de no pequeña fortuna para los 
artistas cinceladores, pues un hombre de talento pqdría 
hacerse célebre para siempre uniendo su nombre á al- 
guna linda y cómoda invención ; pero . hasta ahora nadie 
lo ha intentado. ¿Por qué no los construyen de. bron- 
ce ó plata,, si es <¡ue desprecian el vil metal que la na- 
turaleza ha puesto al alcance de los proletarios, seguros 
de que acudirían á eUos los compradores y los eloj^q^? perp 
¿(jué es lo que sucede en vez de esto? El brasero, esaherenr 
cia de la antigua monarquía, avergoxiz{(<l^ poco ^ poco d^ 
su triste figura, ocúltase y d^saparepe^ Si no acude el artj^ 
en su ayuda, al cabo de cincuenta años será ya .un objeto 
casi imaginario , y dentro de un sig^o, sqrá sqIq .cono^do su 
uso de algún arqueólogo ó auticuarÍQ. La prpsáica aunque 
alegre chimenea francesa habrá destronado al brasero, así 
como-la ignoble levita de lana ha d^t^ifif 4^ i^L. justillo # 
terciopelo, y de sedp ; y h^y quien diga .<ji|e seguidnos la ley 
d^ la perfectibilidad? 



/ 1 1 



1./ . > .11 



DE LAS ^PXAS AI^TIISEH fiSPAJ^A. 32& 

. SH, k)fi pjos.4? cierü^ genios estaoioiwiQS 4liie .s0>hib 
lls^ñ smnamenl^ apejfadoa álos errojre^nde.ptros Vi^pos; 
f|i,e^, i^a.obstápula pam 1^ misJQirai urgente ,qu€s redama él 
bpiseiriiiel yalpr^ rábido del luifyp ^^o^etal^ meparecuBifaejio 
podria decirse lo mismo respecto de otro mueble de pe^iiie^ 
p» \SíU^dáÍQi que t^anJbíen h^ temido su oiigea eii Eq^flaVles- 
dq hac^. mpicbos sig)^^ ^ X ^loiya fisoaomía na4;iva probdile^ 
m^pte up ba.exp^riwffntado mBgfuuk.alterafeiQm<;El objeto 
^M^y^y .á,JtiablAr , os Ja p^^qiieflft<M>pa. llamada chufleta 
f;u jQaftflla,. y. copularen Andalacía. ^orquéoo sé leba 
ocurrido 4f qingun i^rt^st^ qI dar aun. objeto* de tan tÍHfívlIét« 
gji^Q 1180^ ol^a, forma mas caprichosa ¡y :e$beljta^ quefuete 
sft^fje. todQ iOias aprppimia, á su (importante ser^ieio?. ¿Koeftt. 
pm qvUi^^Qp m(Q4erm qu^e. tanto^ Be .prec^a-désus adelan^ 
to^, h%brá.d^ y^T^ predMCida etenmmentei á enñdiar tíguftt 
to; de lo8.turpo$,'y de- los acabes que tan. bien oomprentted 
la,poesí^' de eso» pormmwreí^ 4^ la vida internar ?- No eon^^ 
clu^rJA; 9uoca. a\ bubiiQra4^ seguir bt uomendlttul^a de taú^ 
tos muebles de un uso continuo |qua redaman k mano, hit 
^|1 de un cincel94p]r inteligente^ me^do dff^uoftde que «ón- 
§agrfl;{i.el|os.sus ma^^grayeis o^Heioues. 



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{ . . "■ ; . , ' í • • • , • • f ' . j : , ■ ' t » * • ' • / • . ■ ' ! 

• • ■•■;•"! . • .' • • , '.■'.' I . • » < • 

,E1 giTiiMdp es mi arte de paciisncía y de imilaqkMiy qué 
ep.sn^npsyde lina (Oi^finimion^qnenaestá dotada, de gnin ge^ 
n^0(4e|be permanecer eatacioaariOy por 4)i^a!raaon /estando 
open/dí^, favofecído qué JUt.piíituita y la.eseiiltuija) este ñamo 
i^Q h^ |P^9ducidiO en « España de cuairentR i aAos • A» esta \partd 
9ij^ muy |KM!OB. iriAtos. uu^vca^ aUme«tándo^iúní¿aiilciite 
con los recuerdQ94elO'pa$ado^:liOS»dofiotrés hoMibves^qiiese 
\m 4^iq4p^^w. mapítíto iaL árduD; fQcirQíeip* de>esta noble 
prp|^¥W^, ; .p^^rfmmn á ¡ la, efci*etoí4e Hglú ¡ XVIII y jcseuteb 
rotíA^ia.) fria y. 4esiH>lpi^^J9n(i ^ tenido /b;prat^9ii^ 

SBGUHDA ÉPOCA.— TOMO ni. 29 



étf tíe^nmt él «élto itféál , %lii emptóát \ pMi^oi^ ^ iM»fteH' 

lia, «ii ^ló l^róé^dMMeMb M é^é\bú, ün Ma KpO Há 
omvméim, tim uia V^ MtmM' ít¿ ^ hti¿iet*á ifliiAííffi^ 

ria^iaoÉQediiir á D. Itttftfél B^Ve ii tiueSli^á ^éei^Á iidiffir&i^ 
cióii: lA eBtaqiiNi %1 Ikort^ dfe Miirtttb '«édúce á ^irtñ Ki 
viátaipifrittÉ tebcuAfíid iifltedbtó dé ahiiioftíá; ^ «' ifo ^ '^dt^ 

je 'df »úa báhil^dte ai» lá p^lla MbUHM <M «dáf^filM 
k><IaMdadd6>S«iriIla(. Algükfás i^Hb^áé» 4»ipecéü 'aéds^ ^ 
poco \áeimmmL ; páítletílímktúié'rk ¡del üfBb ^(ie «Éá 'á üSi 
bailo ) !9«r«r loe fondor; los aééeiioriok, los t*tttmjt^, ~f- VBk 
terreno» étítm «tfio, é«tatt |iíeifé«WM^íéme'cdÉi]^dfff^ lüí 
ebM del Sr. Dátete le é&vk^ tHa dl^tíCá , Á kiigé dé Vik^ptí^ 
iÉck*09^gvaliádi»m de Tlttl^^. 

Los |iiirf^os^4eÍ Sr. Pd^^^r ígát^riin ^ !líit>áéUJnáá'Íy 
aparición de la Sattttt isÉtíl^Ae Mútlño, m i^úe "tí^bájilñtá^ 
ce muchos aflos. Conocido ya por varias obras, entre las 
cuales las hay bastante notables, el académico de San Fer- 
nando ha heredado los princi^os de Car mona , pero no el 
buril flexible y yaris^do del infatigable grabador de Gar- 
los IV. En lo que hace al talento del Sr. Pelequér, la magní- 
fiofi cflW(N)*lot¿ií)flet j>»to^dÍB'l« láicWñik imyñLáAátió'eü^um 
ei6pnm siipán«frí>á tosí fbciiwiifit ]^ fWl% "Wtbl^^dimj^tH^ 
nfanté^segavis de 9ttii 'M9ultád«W'h«bi«^éí^d^Si^aé ^^Ml^ 
aiíriidiáeAQ Qpic^he«feiiild«^ éh (fflistr) 4lé>iMÉr<; •^ü't^m^ MIUM 
filriB^zsiy' demMKiflte')Aef estflo^:<«^ m 

nisaltadéB supemPálB mi 8 e^pstmmís^í aa^ alMéttgó' dé Wí^ 
nú íqkñoáeMrá deáite íre»»Í^ 

\B1 to. Oítigósá; i]tiode¿t^ y lálM^t^, plfoíím fié éé^ 

qüei4|neáyofcide'|íÉÍ(^iÍiip^^fil^'Vio» mAumfeíAm 



•/ 






.: -{ "S, » .; •■ . . = ' . , ; í . .1/ . •".<; 



blicacioaes que de alentar las artes, haa,ba}](a^Q,^|l^i^4i^ 

*W W^i^jft mífi^<\,,tr9jffií^ i^e^^^tranjie^q í/í^^^^^^ 

que encuentran en el pais. Un editor activo y empren^^l^, 
I|fiqíí)pjjfa,jífP;y^Jp1i^s|^4iS(ipí}^^es p^»a ^,0? ^sp<jñ,o/f /? ^.ij^- 

4íf^?^.cW5a¥. fi W??^^?Hí^vAte)TOs Pfi:<^ft4ifqrp8,le,J^^ 

.??í^ -qf^,^. ^iBOf;%eflfr 4e ^p?, jp,yfip^^r^a()^rps.j¡ip ^ í^ 
í!^iyp«),ínf^,bpjlfapt^ , ^ ijoi", Í9 . meijfíf, , ¡sfig^pq, , ^^c;íp, pj? 
al^Arífi/^,P9fl,^>; wa,<UF„,q)ftí ,e§tp, gr^ff |^í>^. t{j})i^4<ífl./tf 
,W?iR MWJÍ9;:^ ieaílWfttf í*W«^í^-^ii HiíV^.ííW. 4 M 

la importancia de las empresas ; pero g^^^Ji^i^^l^ ^. ^^ 
fie<Je .^(. ^p 4e tW;gf^í^<Víí i^^}^ icl 4^»id¿ .^l.^ibu- 
íÍPf í<?.,: ,^, i49BÍ^. el 9.cfí^^ mm PW^^ W9l>P$í? a\8«ÍMW 

I 'dij AdUiiio^ye'^c! pótíecottaunménte'ártín de u^ 



228 • HÉvksTA TOE madríbí ' • ' 

gah la conciencia de su profesión; algnnas de sus obras se 
han expuesto en el palacio de Villa-hermosa j y D. Tícente 
Castelló y D. Calisto Ortega son á ini juicio los mejores. 
Desearíamos en el primero tanta pureza y Hñranquéia cómo, 
"tiene de delicadeza y conciencia; sufe láminas, que la tnayor 
parte revelan un fino sentimiento del dibujó, carecen qui- 
zá de efecto y color. 

Entregado el segundo al estudio dé los buenos mae^róís 
"y de la naturaleza antes dé dedicarse ál grabado , ha adqui- 
rido en los viajes que ha hecho para perfeccionar su talen^ 
tó un gusto bastante puro, y cualidades prácticas recomen- 
dables. :..... 

El tipo del barbero eñ Los españoles piñta&oipor* si iíits- 
Wiós, es franco^ limpio, está Ken entendido y dibujado 
¿on firmeza, siendo digno de los buenos grabadores de la épo- 
ca: una niúltitud de viñetas del mismo son igualmente bü&- 
naf>; pero él Sr. Ortega debiera abandonar su tendencia á 
pararse mucho en toques demasiado refinados. Entretiénesé 
(lemasiádo en llenar de pequeños surcos^ su¿ sombras , lo cual 
hace algún tanto pesadas sus láminas. Garbee generalmente 
dé unidad en su ejecución, sus contornos adolecen de moli- 
cie, y estáíi recargados casi siempre, lo cual no conviene á la 
franqueza del conjunto. Nótase también en el toque de sus 
iñdderas gr£d)adas que sus obras están hechas muy dé prisa, 
y es preciso que el Sr. Ortega tenga mas cuidado eñ esto^ 
porque contentándose con/poco es como viene á quedaí^ él 
talento estaciónanos * ' 

' La litografía sé halla tan. áü*asada en España , que aun 
dttdo si debería liablar de ella. En los países en que la afluen>- 
cia de las capacidades obhga á los holnbres, que üolie créeil 
con fuerzas para luchar en primera Itnéá', á hacerse notables 
en un género secundario, se. observa que personas de ver- 
dadero iméfitó no tienen reparo en dedicarse á un trabajo de 
menos importancia, que pronto saben elevar al nivel de su 
propia superioridad. De ^jta suerte^ dedicándose en Aleifia- 
nia, Bélgica y Francia pintores de bastante mérito al dibutt 



DE LAS B^Ifl^S ARTES £T( ESPAÑA. 229 

jo litográfico casi exclusivamente, el perfeptó conocimiento 
que poseen de lo^ recursos del arte, es causa de que reci-. 
ba este de sus manos uá adielantamiento desconocido has- 
ta entonces. No sucede esto en España; pocos artistas hay 
que se dignen aceptar esta misión ingrata, y así es que ape- 
nas merecen mirarse las estampas litográficas que pro- 
ducen las prensas indígenas. Por otra parte, la falta die tra- 
bajo desanima á los impresores, y no procuran estos hacpr-. 
se con las máquinas modernas, ni los instrumentos perfec- 
cionados que en el dia se emplean en otras naciones , descui- , 
dando también por la propia causa el valerse de operarios 
inteligentes. La mayor parte de los que se formaron ¿n fef es- . 
talblecimiénto que se instaló bajo el patronato de Fernán-^ 
do VII, se entregan al descanso de sus trabajos anteriores^^ 
abandonando á sus encargados el cuidado de tirar, ^salgan ^ 
bien ó mal, esas malísimas pruebas de dibujos mucho peo- 
res todavía. Necesaria es pues toda la oportunidad de las 
circunstancias para poderse dar salida á tan débiles produc- 
ciones, siendo,, aun á pesar de esto, muy dificil concebir 
como puedan sostenerse las diversas imprentas particulares 
que existen , atendido él estado precario á que se hallan re- 
ducidas por efecto del poco interés que las dispensa el públi- 
co. Para poder hacer frente á sus gastos se ven precisadas 
la mayor parte del tiempo á emplearse con el 1;irado de bole- 
tines , targetsis de visitas y prospectos ] miserable ocupación 
para uá arte que tan ventajosamente prospera en lospaises 
vécinop. Los ensayos hechos en Barcelona le dierop un bri-' 
lio momentáneo anunciando grandes adelantos las bellezas 
y recuerdos de Cataluña y délas islas Baleares ; pero sin du- 
da alguna habrán sido sofocados en medio de las catástrofes 
que han ocurrido en aquella industriosa ciujdad. Sevilla ha- 
bia contribuido por su parte al desarrollo de la litografía; pe^ 
ro pronto se ha eclipsado el resplandor de tan honrosa ten- 

■ 

tativa , dejando por único trofeo de sus esfuerzos un hermo- 
so albüm de las vistas mas curiosas de la metrópoli de An- 
dalucía. 



}'- í 



23u REVISTA DE MADRID. 

í'ínaímeñte ^ iíáS^^ nó lía dado tín solo pasó en Íós aaes 
laDíQS (Jéia litrografía desdé que se publicó íáí colección áé losi . 
mejores cuadros del Museo Keal , la cual puede rivalizar con ^ 
las mejores producciones de la época presente. Triste es por 
Cierto el que se há}añ visto precisados los Sres. Vula-amif 
y Beéquer á confiar sus trabajos acerca de la España pionu- 
mental y sus costumbres nacionales a artist^ extranjeros. . 
Él Sr. Sensi , reducido coímo los demás ' á jalbandonareí pílis 
que na 'adoptado para publicSaír sus magnuicos estudios de 
las riquezas que encierra la Armería Real, obra de sumo me- 
rito, pero cuyo éxjto no ha correspondido a su importancia, 
na dado. ^ conocer, sm embargo , que con esmero y un coi^o- 
cimiento mas profundo de los procedimientos (jue deben em- 
Idearse, se podrían obtener en poco tiempo muy buebos re- 
sultados^ Preciso es confesar, en honor de la verdad, que la 
estaiApá de íei tdi'dd de Luzbet^ lítograéaaapor el ¿r.'feen- 
sí'ael cuadro' del Sr. Esquiveí', honra las prensas del señor 
BacShílíer, coñíírmándoños én la idea qde líeiiios emitido ¿t 
ptíncipío dé esta reseña, de que él aliattmíento del arte lito- 




de, los recursos 'ínateriálés y de la vcAuntaíd de los iinpre- 



sores. ' 

'tíl Juan Xn¿)nio tdpez; directíor del ^tableeimiento 
llkmado' de los artistias 7 y uAb ' dfe íoí' dibujantes' ¿n piedra 
qué réiihíó' el ^i*. Mádrázó cuaüdo hizo su publicación, 
sé Élálik éá él' día, se^üd^ se'Wos ha asegurado, en í'rán- 
' cía,' á dónde áicátíá d'e ir cóii'éloKjéto'de ponerse al' comen-' 
te* de IOS núévds'^sécrétos deí arte , y reunir todos los eíemen- 
t«5 dé perfección! EÍ Sí', iopéz e^ liñ artista' concienzudo^ 
trabajlE^dor , de biién sentido, y' digno de reunir su nombre 
af de 'los' que se' han propuesto dar riüévo lustre á un arte 
qué ha teñido ya tan buenok tiempos eii Espada. 



t .' 



Gustavo Deville. 



i.( II' . . .,' • •• / ..' 



IZi 



¡I 



uyqxPKramimi 



•'MH'i f>ft' »ij Í'O^'Í*' «Izo • '' ' f 



k II usmuLE UN» EL sf. B: iíiuto lüstli' r kíma. 

■ * * * i ' I I < fe, 



■Tto son estos que ves metros dictados 
De las hijas de Júpiter; no es dio 
La que inspira á mi voz ritmos sag^rados : 

Bebíao en Tos cristales de Hipocrene, 

mÁ:h^..::.^.Á.:¿:;:.::.:.L.:.!j 

Dónde sus aras tiene 



fiadtáh'a tí¥ jiMb'^d^'lllal/a : 

Del Doctor mira de Amescua. 



• I 



I. 



Ante las isMtí^. m UrNimU^ Dtie^^>' < . < / 
Miré^()tBl»8nd^'fffdiigÍ0M^^^pmt^^l <: 
VblaÁo tmimdfindtoiite.fpegd^ . } 
En él, su^fftsaQ <{liWtQ09fff6D;^e^ > > 
D<1 Hliim^€dmvdea(btoiá^*UftS9(> 
Del fi^eite A^oaaí b|:fiii».wriiditv\^ 



3i2 REVISTA J)£ MADRID. 



11. 



' * Habló el Señor ; y á su terrible acento ' 
£d las alas del trueno descendía 
Lanzado el rayo del sublime asiento, 

Y en la extensión inmensa relucía. 
Yo inmóvil en el ancho pavimento , 

, Los altos eoos de su voz oía. 
Que hora anuncio coa labio balbuciente 
Al pueblo infiel y á la futurii gente. 

IH. 

No acepta la oblación , ni los loores 
Del escogido pueblo en la morada, 
Que erigieron un tien^po á sus amores, 

Y hoy con horror se mira amancillada ; 
Ni en ondulantes nubes los olores 

De rica esencia, ante el altar quemada: 
No. quiere sacrificios ; ni en su templo 
En vez de culto abominable ejemplo. 

.} 
IV, 



¡ GkmeraeiOB m^ta ! i^ doblad 
Ante dioses de piedra la rodilla : 
De su 1^ con descaro murmuraste ,. 
También dd que á su nombre te adaudMla : 
Las cojiias del piaoer saboreaste, 
Siempre esquivando tr virtud senoilla, - ^ 
Su alianza de amor - asií rompiendo , • 
Y el polvo i kt'dcMad aiftepoiiii»do; ^ 



LA VOZ DE Uq PKOF^A. i^|3 



No así, tu» padr 
Sus puros votos d 
Yá'al solemoe bra 
Yá en la margen ( 
Ora sobre montaQ 
Dé niebla coronad 
Ora junto á la fué 
Forma entre lirios 



3i 

iOh! recprdab^^-^ije po;? si^p;;e fueron 
La heredad del Señcír, i;iaij lozaojij,^ . . , 
Que de enemigos pueblos abatiej^ot^^, . ; . 
Alentados por él, la furia insana; , ^ . — 
Qne con ígneo buril grabar lo, Yjeron ^ 
En densas nubes de amaranto ; grana i 
"Mi nación jlsrád, de bio;^. elegida; . 
-Su posesión la^tierrfip^ineti^da.' ^ ..... 

VIJ. 

Comovist<)p|Oiiswífld6WÍare», .1.. ^ :j:,/. 
- Que á la9,errapt^,ti^u^ defeiv^H.' . -,<. i 
De Io8rayo8i(id,^liate9Wdow;\,,' I..! .u 
AsuTqifflijbipgí!tifidOíl»edíajil.\,- i-, k'-,j 
Reina del„cíi?10)ifaiwitWf ¡íP9i¿aiHÍw«i .1' 
Q»^fi!.4i!(* ti:i8íjea4e§i^toft aJegraJMíi,;i ¡,, Y 
Y en las on<^ d^.pojfcr jeY«b«>tal»Q.|'5 1 1 

SIODMDA ÉPOCA. — TOHO lU. 30 



m •aemi u ü„M. 

^^ñ. 



T d gttim'i'ífMm isí— -, 
.■,am%',¡iiMm: m' 



■Solo á i 



■».' 

AnchoB naroÉ^fc-lKfegfe flt tf f gg Mg W ' 

Por el íiuflllln'tfelll';'^er]MllMliR: '' 
De BU Toz,«B(lJÉIIHtfc'i^dMM'. ', 
Ce» el iiiibliatI mw i hw lgfMt*'*! ' " ' 
Siiellr«MllÍ«MI HWtlMtlIlMlli^ ' 

¥ en iii«M«1iie«fti^«i>'4M» «MU ' 
UeqMl<MllKn^*álfea:' ' ">' 



LA. Tok d'É un pÉÓFKTA. 2^5 

, íi. 

¡ Pueblo Itigriitoí, de iíaríé "oj^resoíes 
¡Ay! besarás la hiano enskngrentáda: | 
Sufrirás Vejácio¿És y dolores 
Bajo la raza babilonia ajüáda; 
Hónstruo, qn^ respirando ¿olo horl-bres , 
Tieae tu ihihensa túnibá pfeparádK.... ' 
iWillaiítóaní.ñi trístésiemprévivá', ' 
Porque es 14 tiilhba 'dé'b'ei^'d'cáti!tií^! ' ' 

xti'. 

Yénü 
Quedan 
QuecoD 
GbÁU 
En Qufii 
Los ced 
Delmiii 
Caerá'it 

■ ■ 'ÍÁ sbliérbi'á ihtíáaá ai Ái'ért^ Mtb ,' ■ 
En 8u tomó tá¿ víüafe í^Iéfcraá&s j ' ' '' '" 
DoIaleydM'Stíií&ii bríJó ferimiiírb; "' '' 
Veránseíicíí''átóráyb4aiái¿adlá¿:;:'." ■'"" ■' 
i Ob ! por é( 'ÍÜí!¿o , ijuié ^ Üfarasa \ juro i ' . 
Que de las grfmdes turÜks tebéládals i.' ' ' ■* 
Dodelaín^tóoláiüSttíéd'^énciérrá, ' 
1NiuiiOÜtfaitiUltii^aM'¿titá'ÍÍ¿^á! '^ '■ 



REVISTA D£ IfADIlU}. 

Todos perecerán : et trist«, aacú^ . 
Brizada la blanca cabellera, 
Hacia su troop dirigiendo en vano 
La trémula plegaria lastimera ; , , 
De dulce vida en el verdor lozano 
Junto al joven la virgen hechicera ; 
Y perdido el Color de su semblante , 
En los maternos brazoselinfante. 



iifya belleza encanta, . 
>r desaparece, 
rápido la planta, 
la en los desierto^ crece ; 
1 crimen se ievantji, 
[itacion perece , '.■,., 
torna , que violento < .¡ 
Beroelcá en ondas proí:el<KO el yiefito. , , 



Wf 

¿Y á dónde ¡oh pueblo! hi|JrÚ6? ¡Oh! ^ vei^^uza 
Terrible de Jebová lodo lo llena : 
Al eco de su voz do tjuiei; se lanza,. .„, 
Yaun mas allá del universo trinóla',,. .,. , ■ 
Glastroa^iagarádetuesperanEa: ., 
Desquiciará los orbes: la. seren^ ',. ^ , 
T esplendorosalui^queelcieloravia, . „> 
Trocará de re^te f^ niebla un^'^. , , , , 



la' 'voz iÍE im ' ¿rofÍta. 



*u 




iVn. 



Aunque á salvarte Vuelen las naciones |- 
O en las espesas grutas del Carmelo . / 
Te ocultes, 6 en las fúlgidas regiones 
Do gira el sol en el inmenso cielo ; 
Aunque al mar ^ ó á las lóbregas mansionet^ 
De Luzbel te acogieras con anhelo ; 
Sentirás ¡ ay ! en tu manchada frente 
El duro impulso de su rayo ardiente. 



i f 



f) 



xVm. 



¡ £1 Dios de Sabaoth ! . . . Toca su mano , 
El arduo monte, la robusta sierra, 

Y se tornan en humo , en polvo vano , . 
Cual si tocara en su estension la tierra. 
En sus iras sti aliento soberano • ' 
Do quier se estiende, destrucción encierra; 

Y por él con gemido lastimero ' 
Volverá al caos el universo entero. 



W. 



Es su nomI)re \$enor.... Señor lo aclama 
El ángel en sus himnos de armonía : 
Señar la aurora en su naciente llama , 
Y en sus rayos el sol de medio dia ; 
Señor la tempestad , si fiera braína 
En flamígero carro en noche umbría ^ . , 
T repiten Señor con hondo acento 
La tierra, el mar y el alto firmamento. ' 



Del ancho cielp en la zafírea cumbit^, , 
¥ en torno el ser^0q sus ^lorí^s canta_, 
Hendieodo espacios ^ radiante lumbre. 
Tiéndese ¡Mimo aUojnl^a ae su planta 
De los astros U inmensa much^ugunje: 
Sa hmo eleví, y'etérnal djr^ 
El áureo cetro que los n^uiic^w rice. ^ 

Com ^Iwto, 
Qne sa 

Para d o ^ 
A los c 

Deaqn t 

Salvarí '' 

Delpu ^ V'^?»,. 
La vara de Jessé que humilde adoro. 



W- 



,, A3trodeiinu> 
De un reinado f 
Brillará en quét 
De estable paz ; 
Seguirá en pos i 
Colmando de lo¡ 
De gracias mil { 
Del puevó solqi 



Ho coaí M ^ff adu ni a» irtiiiwi»- > 

Los pneblo |i a Hi ,lfl iq fiit|Rtifc «hHUtoi / 



> » r 



íO 



•i » 



¿as lindes ^fiilmá^mfism^ ^ ' t ' - 

Volando B«»ÍM0^ ^^i^«Mb 



í 



De esplendenmi;,¿9^já|Hüa«r<(K||^., ,k> 
Oorad(^M$%«%4Iil»ÍJI^f%l)íin^ ..lí.i r 

¡Oh qibpaitnlM 9i|feiii 9lfppe|i«vi^ ' i;> 



^4& ' IflsViffi'A DE ^MAban»/ ' 

Par&íéme Inirar que á' cielo envía ' 
Yá la saludar pueblo (jue lo ih^;^ '^ 

Y que sáltenlos iñóií tes' de alegría- ' " " ^ 
Sobre fñis cimas lá e^carpadsí roca 5 ' 

Y aái'éñto dé dulélslma &i*moiliíá, ' ^ ^ 
El cedro altivo qué en fas nubiéá toca;' '' ' 
Mientras él hímnd universal résdéiifl , ' 

Y de encantos y amor los orbe* llena; * * 




En vez dé alzarse por do qüier Cubiertos 
De tristeza y de sombras y de horrores', 
Ostentarán los áridos desiertois • ' ' 



k ; 



I > : .♦} 



En las rocas raudales bullidores;' 
Y los tesoro^ de la tierráí abiertos, ' 
En verdes plantas aromosas flores , -^ ' 
Gomo nunca risueña y placentera ' ' • ' 
En sus cumbres lá hermosa primáVérá. ^' 



■^nd&á eiHúyoi de 1al>láúcá' 'átti^ra , 
Oh ciéTos, el benéfico 1^6 ■ ' " ' '" ^^ 
Que el ancbd 'mundo cdñ ür^ór fhipfóVá'j' 
Marchito «ómo el prado 'cd'éréíífio!^'''^'^'^ 
¡ Brote, óh fierra fectíiiaaf teeÜKegHerS;' 
£1 vastago qae anhela A '^\&'tím '''^ 
¡Lloved, liabes, alJiíktb! ¡Yéan' naS<»jb¿ 
Del reinó dé íá ümetü Van dbspojoái "" '^ 



LA Voz DE ta ihtótmk. m 



XXIX. 



': tí 



¡ Sea el nombre del Ungido el solo nombre 
Qae en la tierra, las ialas y los mares 
Resuene , en tanto que extasiado el hombre 
Le erige templos y consagra altares ! 
La mansión triste del Áyemo asombre 
' kefi^dó en W bimn<» y cflínttir es ' 
<2ue ál su gloria con júbiiO'pM^ndó 
Émone el ingel, reMivaéo' el mundo i 



• :.« .'' !i . . ' I • 



r •» ." 



XXX. 



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»• . i . 



f '." - ' «■' ^ , 



• I 



^Jera^en, JefütiaieEi! 'J\i 0oria 
' MiWor anuncia al par que tu Tentara, 
Y del Dios fuerte^la tnmorbd vietolria' 
iSiGlbrÉi tus'Cttmbres en la edad' fotiira. . . . 
¡Tú la 5«nl«i <;#fidad{ |Oh! fúen la historia; 
'Trono *de «n sol de' espléndida hermosum, 
Gtayas hroes, tu' sebo desganando, 
Eettpsáíra áiti viste id ínspio bando ! 



I .• , . 



« • 



VraÍICXSOÓ BODAl€ÍUB£ ZÁPAfÁ. 

?'''••», •» I .'1* 



I ■ 



^ ■. 






r • : 



SIGimDA ÉPOCA. — TOMO ni. 31 






• T 



V : . 7 



■• .'' . ' 









I ha de juzgap9idll[dft^^^aifiMÍ#i|<4% ^i%!fii|rtlo por el 

número de losdémift^ff Qí^íü ^ i%t>]iW^Q)r Vfí9ffS9 ^ ^^' 

fesar que Esi<adb«r(y'lL'iii»vMí»fi)(19Urt^lttmdl* ^^ ^^ 
otros tiempos una gran novedad literaria la publicación de 

una obra nueya: hoy es ya^ un suceso ordinario, del cual 
casi nadie se cura, á menos que la obra se distinga por al- 
guna notable particularidad. En estos últimos años se han 
aplicado á la iiiito!|rwG ÜtñtféfiOl qaggjitol Jllfiensos ; los 
autores han df^uiof cqaí é§fimi^tPlSI!ki^Q»%imtm lo «i^&n; 
la litografía 3i>iB|(vgi«l|ftifi,¿M Tmdfií WtQjrfik^^ ^e la im- 
prenta; y si lAmiiifc jdyifeiej4fíi»i»j<Bifc^qijpiwgBipos de la 
ciencia giÍKrliltei9ltiifdthaíni<99riiMiMli¿yii9( 4 movi- 

miento, jnmmtmm iMkiMf^iit)lt(»tito^llllili^/t^ ciencia 
han ganado mui^UiibiMi^iriÉB^íbasbl ^mkk ífígÜ» popula- 
res. Casi todas QÉi08kr«9i^tigiaAfei9liR|ii iriéií^lhan sido 
reimpresas, adornadas con grabados, y ofrecidas al público 
por ínfimos precios: casi todas las obras notables que la 
prensa francesa ha dado á luz en estos últimos tiempos han 
sido. tiHrtftBdii.JiJi/HK^ sido tan abundantes 

en verdad las publicaciones origínales; pero tampoco es- 
casas en número, si hemos de hacer comparaciones con otras 
épocas. Mas á pesar de todo necesario es decir que la indus- 
tria librera ha ganado mas que la literatura, y qfie las ar- 
tes han sobrepujado en este movimiento á la ciencias. Juz- 
gúese sino de estos progresos por la reseña de las principa- 
les obras publicadas recientemente. 

Por mas que registremos los catálogos de nuestra libre- 



¥ W^iWé JBCIWWI*^ de ft, Xcnaás frujflia {««a^ ttM.vmtf 

dencía que enseña ; conoce perfectamente todos. ftWfciiiJtWHll» 
^^^<l!¥nf» %'9m4q^«ip,#li.fÍ<WH9Q'^^.IHJHHÍ. 

flíftrP/ ¥ » í M c«^ n« .iB«diW «r , p.<w (QM^igiMf^^^ «81^ 
§a (pp^a. E^5 iq dQi#»]^.pql)lAis«^ d# Vflti #«« íW¿p 

i(}» (^ lipiSf m^ojrep Qj;igiii^es,^6jic^, m^[]ff nm.k.w^ 



244 BSVtftTA Bte MAimiB. 

ne M el éía una' voga iümetisa, y éi* considerada 'cóMo iá 
mejor de sa dase que se ha publicado basta abó^a. 

' También debmos haew meneíoii de la CoLC:<!A2iói!t vt 

» 

lK)CUMEHTOS I!f£DITOS PARA LA HISTORIA ÜE ÜSPAÍ^TA qÜé 

pisiblioan los Sres. Salva y Baranda. A la inteligeñeía , era- 
diclon y laboriosidad de estos distinguidos literatos, debe 
nnestra historia materiales preciosos y abundantísimos , lo^ 
cuides servirán para esclarecer muchos puhtos oscuros de 
ella>, y para aumentar el caudal de sus noticias. Esta obra 
importantísima merece ser estudiada con detención , y \k 
Revista de Madrid dedicará á ella un artículo largo y 
concienzudo. 

Otras obras históricas de menor importancia aunque de 
bastante má*itó salen también á luz; entre las cuales mere- 
cen particular mención el Diccionario biográfico dé mü- 

TBÁICS CaSLBRBS , la BIOGRAFÍA D*L 9r. D. ÁGUSTEf ARGUE- 
LLES, acompañada de los discursos mos notables, pronun- 
ciados por el mismo, y la Memoria sórre el convehio de 
Vergara por el Sr. Aviraneta. No citamos las Memorias 
PARA ESCRIBIR LA HISTORIA de los sictc ptímcros áños del 

4 

reinack) de Isabel II porque ya hemos hablado extensamen- 
te dé cuas en otro lugar de esta Revista. El redactor 
del diccionario biográfico de mujeres célebi*es vá reunien- 
do en su obra todas las noticias que se hallan esparcidas 
en los diccionarios históriiM genersdes, memorias é histo- 
rias particulares, acerca dé todos los personajes del Bélío 
"sexo qué banfi'gurádo en él mundo. los autores dé lá bio- 
grafía del 8r. Arguelles harán también ún iservició emi- 
tiente á la historia contemporánea , aunque tememos de ellos 
alguna parcialidad á favor de sü héroe. Es la vida del señor 
Arguelles una parte hauy importante de la historia dé nues- 
tra revolución ; mas el personaje ni es tan eminente como 
le suponen sus amigos, ni tan insignificante como quisieron 
hacerle en vida sus adversarios. La Memoria del Sr. Avira- 
neta no ha descubierto respecto al convenio de Vergara nin- 
gún suceso tan importante que modifique ni altere nuestro 



j9iid(]| . fkoi)¡>xe, I^f fii^Ut^as que i^fluyaroa eu :1a ternünacion de 
la guerra civil. Sabido era ja que.el ^. ,Aviriiueta «wtiñr 
1)\Q^<^ ppa sus¡^re|os manejos á la. sangrieiita divi^ipOídel 
partido carlista 9 la cufil ac^^óla-padiftGaciop del país, pe- 
ro la gloria de aquiel i^acesó .09 debe atribiiirse ^xchi8iya?i 
mente á aad^e» y mucho meaoi» al Sr. Aviraaetaqpie no fué 
n^ (^exmt . Wl^i^te diestro á la verdad , peto secundarío. 

D. Rampo, de Mesonero Romanoi», autoi: tan conocido eo 
toda España por sus escritos de costumbres ^ y por el Sema-^* 
NABio pxNTOB,Esco quc cou tanto acierto, dipgió, acaba de 
publicar una ufieva edidon de su Mah^al histoíiigo to- 

POGflAFIGO, ADMilflISTBATIVO Y A&TIS^IGO DJE MaDRID,, Olbra 

curiosísim^.por lasf abundantes notíi^ias. que ^contiane 1^0^-: 
ca de k historia) monumentos 5 edificios é, institucioiieB da 
estacapjitaly .y venjesaria para tpdo yi^gero que desee . ivifá-^ 
tfii^ dí^tenidamcsi^. Epta ojuira se distingue a^íemáp por Iw 
cuadros de. q>stumbresi que encierra » por la exactitud y bi^T 
Ilantez de sus descripciones, y pcíT- la corveccáoni y» puresa 
de su lengusye. , 

Otro libro, publica al presente S, Serafin Caldeipon, esr 
critor también distinguido , en el mismo género que ,el 
Sr. Mesonero, y cuyo. título esj: Giua d|sl oncuL w» 
Mabrv£Cos, ó (yuadro geográfico ,. est£Mstic0 , hUtínrico, por 
/iiípo.y.míliiar de aquel impisri^- Modesta jQO».pareoe en 
y/eifdad la i^rjan^ra parte de este título: él Ubiro del :Sr». Qür 
derpn i¥> solamente ^puede seryir de giipa' al i^eiajl en Mir ru»f 
eos, sino que deberá ser consultado por los hon)]»!^ dei^es^ 
^do, por. los espritoise^ políticos, por^a dipkwéticpsypor 
tpdos cuantos depeen saber algo acercai.de/la4twimaaoT 
tf^I ^e^ese iinperio vecino. La Revista W MADRinhasido 
19, priinera. qne llamó la^tenqicaa djel >p4bliíQo /H)kKre eVestado 
a^tn^ del reino Mariroqiaí, en un f^rtículosque pMÍblÍK4 'baise 
pocos .me^^bfe este f^suatp: el .Sr* Giddi^ron qoefecpoce 
eLidioma^ árabei, y es ad^m^. mvy:0rjmdito,ba completado 
nfiesti^O trabajo* Si Ifis dctmás enti^egas dfi esta obva coim&r 
Ii^d^.4 lai^.y»/pnUieadA^,.,^;piao lo esparan^oi^, la (ivi^ 



fikt. m/tüiéL -lé i/LKkñtmiíi s^rá u asmó ^dádí^ %ék ilb 

p«lio ««iij^, «Kafkáá: mtiíób Éi« lé4¥, Á^ 1& éÍl«tlMl)Íki^ 

Di tígisüdob y jui'tsphí^éia^ 'ifió Sé faii pü6fi¿áaó iés- 
de hM6 mmpy >ttf6¿itn l«rá dH^cTal íih^i4áiM)¿. WM^ 
M» füritüliSettM 4M tmttdos <9é 'd^tmit» inft^tíbiiia ^ dos 
Mi^&s; tffib dellSir. B§cri<Ae «oliiré ¡A ií^ítocioh tí& irc- 
«M0O', t ott*(> ^ü ii<!)ittÍ»Fé ^ Mitor sólita )á óáéÁÁ'izicRMí 
itt tM 'riftlbtiirAi.Es. £1 pHIniero cóátiené nnk hütbrUL ^¿^ 
tt y o«tldl¿&i!aéá d§ vqa^Mi idstitbtetiA y M ^vaáb ltípá)t~ 
eüi', mas^b6&, t>Mftiüáó dé év^ vltm» , Metttbs é IÍóíÍáíi^ 
^«MK tWlbh «btk éS(éÉbl«ifidá éfa üttpiairrá j^ «^ lññiiyéi&. 
iii'fliÉlttftite «ttnfiSktt de éiaiigé^ la lífit mSMio títlá' üíájí^ 
tÚ(m4i»mklakW^^mfmieáéíMiiÍ^e'ímR^, y %Ís«fibr 
tíK^lMr, '^ %8 lütaé dé Mé lÉdliridt^ , Ifá jn^iMló Üá 
i^ll(»folrifi0Ífód6«s(fesÉfMo«8ci4^. 

Henos entendido que el Sr. Escriche en Ifa iéi^Éí^á dÉ 
d«f«($h6^ «^M» dMlTo^tó ^obré.lÍt cKrgM!^Ék6f<!^ dé tí^bu- 
vitim BofiM^^ «MRfo Ihs t»i<i;6cií{M^i6ti^ i^vcahábtíitriás Ád 
(^l0 XVni , d^fiéÉide el jtorddo iéóiíid Tdst&nddh á'vlllij ^ 

ffitetOd^MNIíft «tufe», «fár se fáttdá éiéiMfüyre «te fidétite rMzMiá, 
y^ttld»%e»MlÍ8 ^ U «fe&efá^ ei(éiadirt<Iá>6t(^'^ 
pttt «té^lüft 4ífi»fes t)6ÍÍfi(3«K i^é •pvimáA ^ ^kñéÜeé mk 

y» ; esoAm Vmfúévi , &ü aülot , ü^ titíó de 1^ ésüMMfi^e» ^ 
fiál» bw^ftn lié^f U lit|frÉrtoi% ^áfticjtear. fli ftitéi^A dé sht 



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Diente la señorita de Avellaneda empieza á cultivar este|lfiifi^ 

eMffk, ^a 3i Va %^éíám ñ pátíét léate tié míimm^ 

kM "^ MktM^ \maii éñ^M mi s». «01*11 v. é¿ei ^Té^ 

ríédieos, pingan libro de esta eM»?'§¿»Ír'«U^4<MiÍ^lttfai 
hace aíranos meses, mas que la primera entrega de una 
obra de'D. Pedro Madrazo titulada poesía bíblica. Pará- 
frasis Y TROZOS ESCOGIDOS DEL AX9TIGUO Y IHUEVO TESTA- 
MENTO. Contiene esta primera entrega tres capítulos del 
libro de Job, dos del de Ezequiel, y otros dos de Isaías. 
El asunto es pues eminentemente poético: los pensamien- 
tos del original están vertidos en nuestra lengua con grande 
exactitud ,7 sin perder nada de su sublimidad la versifi- 
cación es robusta, é imita en cuanto es posible la entonación 
oriental de los sagrados libros. 

Las publicaciones periódicas crecen en vez de disminuirse 
con la nueva ley de imprenta. En los tiempos de mayor li- 
bertad no hubo tan gran número de periódicos políticos como 
hoy. Verdad es que en cambio la polémica, aunque dura, 
es menos acre y mordaz. Todas las opiniones tienen sus ór- 
ganos en la prensa : solamente los republicanos carecen de 
él, y eso es porque no forman en España verdadero parti- 
do. £1 primer número de El Globo habrá visto ya la luz pú- 
blica, cuando llegue á nuestros lectores este escrito, y si 
de él hemos de juzgar por su prospecto, bien puede asegu- 
rarse que será uno de los periódicos mas importantes de la 
época presente. Un rival del antiguo Semanario Pintores- 



24^ tJ^\lBTJk DE MADBID, 

Gp.grdeLLABKEiHTo habrá. salido también á ,1a palestra, 
ciiaa4a esfais lúteas .vean la luz píU)Uoa. La Bevist^ Vvsn 
To&is^ se aaimcia tambiep cfomo publicadoQ de ^aii mé- 
rvta, así, en la parte de su Facción como en la de s^s gra* 
bados: de estos puede decirse, á j^gar por el prospecto^ 
que son los mejores que se hai^ publicado hasta ahora en 
£sp#ña. 

. La ^eyisxa p£ España y im» íbxtbaiijebo ha dejado de 
ser política desde la publicación de la nueva ley de impren- 
ta. La Revista de iHXEassEs mateb^ai^s d^ &r. Lasagra 
continúa defendiendo las doctrinas socialista^qi^e ha b^bid9 
sil autor en los largos viajes que ha hecho por el extranje- 
ro. En nuo jde nuestros próximos .números hablaremos d^ 
tenidaweute de este sistema. 



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TEATROS. 



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Una reían bo. conspira. — Xipanoleí lobra todo.— ^Al Cetai: 
ío qiM •• del Cesar. — ^Alfi^nfo Bfniíio. 



JliS la primera deestas obras de mediano mérito. El autor, Don 
José ttapíA DkkZ) pósele grande inlajinacion y facilidad en con- 
cebiry de$envolif^r sus planes, pero no los medita, en nues- 
tro juicio^ lo baMante. La comedia de qué tratamos adolece de 
una grande oscuridad en la intriga, de inconexión en los inci- 
dentes, do falta de unidad en la acción, y de otros defectos que 
no se perdonan nunca en una obra de arte. Los caracteres solo 
éstáü'débii y someramente bosquejados, apareciendo, única- 
mente en su diescripcion algunos rasgos brillantes y atrevidos 
qu* dan á conocer que el autor comprende lo que se ha pro- 
pué^opintat , y que no lo ha conseguido por falta de estudio, 
de reftexion y de fijeza en sus concepciones. 7alta también á 
la obra aquél interés que debían darle la grandeza y eleyacion 
de las personas. Ninguna de ellas excita ni la compasión, ni 
el odio; ni tímpatía de ninguna especie. La reina es una mu-^ 
jervul^r , sin ánimo, ni valor para sacudir el yugo que le 
imponen, y sin tener tampoco en la desgracia aquella digni-' 
dftd y heroica resignación que asienta tan bien al infortunio, 
y que admiran y contemplan con interés los oyentes. La reina 
ama; pero' su eLíñor no excita ningún sentimiento, porque los 
espectadores no ven ese combate entré la pasión y el deber 
que atdrmentaef alma hasta despedazarla. Llora y sufre; pe- 
ra el auditorio ignora sí sus padecimientos son merecidos ó 
no, si 1^ llanto es oportuno y racional. El marqués es un 
núfiemble ínháistro quéno puede calmar un motin , como ha 

SEGUHDA ÉPOCA.— TOMO lU. 32 



^^§ REVISTA DE MADRID. 

sucedido á muchos de nuestros días. La condesa Elvira es un 
carácter vago , indefinible y ridículo : no se sabe nunca la ra- 
zón que la decide '4ip|p^. 1^ ^f^^ P^ ^^^ enamora de 
Alvarado, por aiÁ! 0QaIc9n2;¡a 1 d|i)^Ya|le: todo es oscuro, 
vago é inverosimil. 

La falta de estudio y de reflexión de que antes hemos 




7^ 

maño. Supone que eñelsigloXVÍÍhabia consejo de ministros, 
y pinta en él instituciones, costumbres, maneras y lengua- 
je, que son solo propios del en que vivimos. Entonces no ,s& 

dp„ 4 ?€|flfP98tab%á losr/^yes cm^ wlof ym^^ dc' hA 
Cí;y(rtp»<>p^ JWd«??íiaft, l^pc^uapl^ élíií,fQPP3W^toy$io;duto 

fc¿94p^ |.% yfl^i6«^ipii ^^flípg bnmft, et.l^)gmj;f![!Q(tt*n^v 



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mfq#<íMBÍP<í»Wfi§lÍ(^«5a3Jteí»f§ft!lí^^B«^ Wt: 

vm^^ ^wjf^m 35 í»tÍT9«?írt.qt^yftw.wi«te,tpi!H»ftfii^ 

en^n^^v^VnWt. vfcíft d^ffl^j f^f^ má^ífíi'^ iWOmviM Wr, • 

<;f. Ti :■ i'" /.-■i'-i /.| ■ I- - 



Á 






lé'fciftíéi*¿iÁó6áímó dé nuestras censuras ó Üe nuestros aplau- 
SOS que le daremos muy sinceramente. Todo se puede demq' 
'érdtizhrm einmúAo m'enps el genio, el la|éntb 'la ¿tande- 
¿a y la elevación der espíritu, dotes que na dado la ^rovldea- 
(era á los fiomMes para dirigir sus destinos, para nnperar ^ 
¡íf é^crffiír leyes a las s^^ ■ 






¿1 m¿rito de Al ÍIesar lo que e§ dí:l CIesaii, deD. to- 
lüás Bodrieuez Rubí , es muy mlen,or al que depio esperar- 
¿e del poeta cómico inas popular d^ nuestros dias. El.arr 
¿tumentó es como sigue. El ingadier Rola? y Osono tiene 
un ÜiiQ qíie sé há enamorado <Je la sonrma de una mujer de 
mundo , y muy busca-mandos sien^pre que posean bienj^ 
de fortuna. Enrique (que así se llama el amante) cree ser 




con animo de dar al traste coa el proyecto conyugal, ya- 
lleudóse de la astucia con que intenta desnudar la mascara 
de tía y sobrina. Cpn este proposito habla c^on mucho cajc^- 
ño á.su hijo, reqúieDra a la novia, .¿alaga á la tia, y manda 
al primero á Madrid para que haga todos los preparativos 
del enlace, que finge querer se haga con, toda pompa y j5Qh 
lemmdad. Durante su ausencia,, el, brigadier pide la maiK) 
dé la prometida a su biio , y consigue fácilmente la permu- 
ta: enteradais tía y sobrina de que el novio viejo es d rica 
y no el jóVen, (^ue soló lo será á^u mue^^te. Ajustado el 
contrató , el brigadier ,m^uda á. Enrique g^e venga ¡al ini?-. 
lanfe, y este queda convencido de que su novia Ío engaíla- 




que es del Cetar. 



^^2 REVISTA DE MADRID. 

El argumento, según se infiere de la brev^ re^efia (¡u^e 
acabamos de hacer ^ no ofrece novedad ninguna. Se reduce 
á un jóveai inexperto que intenta casarse^ y á quien enga- 
ñan, y á un padre experimentado que le impide hacer .una 
locura. La acción es escasa, en terruños de poderse reducir 
á dos actos los cuatro de que consta la obra. Los caracteres no 
están, en nuestro juicio, suficientemente desenvueltos. Hay 
mucl^a exageración en el de D. Cándido. A pesar de todos 
estos defectos, el diálogo es bueno, y tiene algunas esce- 
nas que interesan mucho, entre otras la del brigadier con 
la tía cuando le pide la mano de su sobrina. EL lenguaje, es 
correcto y castizo, la versificación generalmente buena. 
Abunda en gracejo y en chistes, aunque entre ellos hay al- 
gunos de muy mal gusto. 

La tragedia Alfonso Munio de la Señorita de Ave- 

- ' ' ' * ' • 

Ilaneda ha excitado un entusiasmo general, y creemos 
que con razón. La circunstancia de hallarse á punto de 
entrar en prensa nuestra Revista, nos priva del gusto de 
analizar esta bellísima producción . con el detenimiento 
que merece. Pero conmovido aun el ánimo por las impre^ 
siones que nos ha hecho sentir, no podemos menos de ex- 
presar algunas breves palabras spbre ella. 

Considerada como obra de arte , no dudamos que la se- 
veridad de la crítica encontraría algunos motivos de censura. 
Pero abunda en situaciones tan trágicas, en rasgos tan atre- 
vidos, en imágenes tan bellas, en versos tan armoniosos, y 
en descripciones tan animadas y patéticas, que solo des- 
pués de desvanecida la impresión que producen , es cuando 
reposado el ánimo se detiene á reflexionar que la ilustre au- 
tora , dueña del secreto admirable de conmover el alma y 
sorprender la imaginación , no posee en el mismo g;rado el 
muy lilas fácil conocimiento del arte. El triunfo ha sido Coni- 
pleto para nuestra célebre colaboradora. Él público tuvo 
momentos de sentir un entusiasmo inexplicable. Y no fla- 
inos solo en eí efecto que produjo en el auditorio, porque 



no somos nosotros de los ilusos que aplican á la crítica lite- 
raria el principio de la soberania nacional. £1 juicio de los 
literatos y de los poetas ha sido tan favorable á la Señofita 
de Avellaneda como el fallo del público. Sentimos no poder 
continuar en estie número de nuestra ReVisI» en el examen 
de esta tragedia^ y-oondiumos felicitando á la autora. Pue- 
de ésta envanecerse al considerar que desde los tiempos de 
Santa Teresa de Jesús no hay memoria en España de nin- 
guna mujer que haya ilustrado tanto las letras. 



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Jmcio DBL ULTao xnnsTBRio.'EL KMPBisTiTo.— La boua.— Rbfobmai un 

LA ADimaSTBACION DB JUSTICIA. — ^POUTICA DBL ACTUAL iniOSTBIIO. — CUBS- 
TION DB HACIBRDA. — La FACCIOH DBL lÍABlTBAZaO. — ^YuJB DB SS. MM. — 

La cncuLAB db loi fucalbi db la audbhcu DB Gbanada. 



G. 



rUAi^DEs sucesos se han yerificado en el corto espacio que 
ha mediado desde nuestra última crónica : mudanzas de su- 
ma gravedad han acontecido en las altas regiones del Go-* 
bierno , y la Remsta de Madrid debe juzgarlas con la im- 
parcialidad é independencia que tiene de costumbre. Guan- 
do ni una sola voz osaba' levantarse en defensa de ciertos 
principios conservadores que respetaron poco los últimos 
ministros, la Revista de Madrid alzóla suya, si bien con la 
moderación y el de ¡coro propios de sus redactores. Nuestra 
oposición entonces no fué en verdad la censura agria y se- 
vera de un enemigo, sino el lM>nsejo leal y desinteresado de 
quien rehusa ser a idversario. Dimos nuestro débil apoyo á 
todas las providend as útilesy necesarias que adoptó aquel mi- 
nisterio , se lo negai tnos á las medidas imprudentes y á los ac- 
tos inútilmente ilej ^ales, qué si bien obtuvieron por el mo- 
mento el aplauso d e hombres apasionados, no merecerán de 
la historia sino re{ irobacion y censura. Igual será nuestra 
conducta respecto al actual gabinete: aprobamos el prin- 
cipio de su polítie a , mas esto no impedirá que critique- 



1^ éédtí adtó dé sil á^tliytilacion ^¿iaíi¿ W MM 
iiíjiísM ó pdeo iübiiTéiiienté. 

Él lítiiíte^M Aíéí «t*. Güii^é tmo M mó jii^á^, 

éñ faiíesti-ó cóúÁépfo, fíóhp^ jMi&í, Mpí ÚjÍ» áiííigos^, 
edino ]^ol' ¿úb ádv^i^sdi^r^^. !í(iiíg(iíia' áit¿(^cí({{i M difícil f 
, ápíuo^ (}tíé a^élTa é¿- ^é é^ gabinete ¿ui)ld áí j^od^f. 
U cóáUtiibn ^¿abábU dé foibtí'é^ ^e üWa iíí^á^rií- e^ti^é^i- 
tb^: éá M eití-ekio* ds lá' Miíúytíl' MMiHm Ái:S.M6 

#;ta», fihGóhiM^ím^ MMm 'á)%r¿'M rdlM, cúl^ 

á^mim ^ú'^ñh, fM éótikMl) foá ¿itüi^fatbá- lie uaé- 

ámmiáHh iké^ék h'6VM etí Ib Múífo'. M fáltálS'áñ* 
éh^'Émtgfió-G6ii!ÉtíB2fÜ^^ (f^iékeS tÜVlé^Ü ¿ím!/Ü^ 

mél\ tíiltír, dfeéSM', ftMtóá' ttedlári ¿asi «ó'dók-sa^'M?.! 
8lt'^ÍJ6lÍfifca<5 dé'#íl' srf'dl^dydat' «fl' tlki^'ftfe i^'m^' 

tíiuUim-qtié M'Wé* li^cik'tíMieáít»; y ^'p6i^' 

iá^iHk á^í«tt-Mí¿ii<fó; ¿¿ino^en'a'aiíüitlsiMtitíá, <M8 éü' 
p¿^<ftii^. est^i&ii!áteñWc^Hlldí¿^ sifa dÜilá"^é' sa'^rítíi 
«ipti debéf'érá! f épVMi^^í¿< t¿l«tílüao¿; sbfó^hdb Ias''<io^^ 

^moím amm'io&mi á'úmmb , fumu^ (wkgMi 
psM stfmété^táicy'aéÉAKBéFtírr' fds itfáta^é^ m'íw mhtm' 

sos. Elpai^T^-aaMi'^^ igíM^á^'s^M^o^ y'nd¿¿trtí¿- ü($'tí>|:' 



25$ REVISTA t)% MAB^Ip. 

que sobra daña. Que las tropas leales caje^^u. r^49Jn/?}h1 
te sóbrelas plazas sublevadas; que nuestros geu^fal^,nf| 
admitiesen ningún géiier o de transacción qon W í^e^ehiés; 
que los verdaderos conspiradores fuesen per^ejgjaidp^^ cop^ 
todo el rigor de las leyes, y ^1 desarme.de to^í^ Ja.. mi- 
licia nacional eran providencias necesarias p$q:^ ]La, esta- 
bilidad y decoro del Gobierno, las* únicas que en. el mo* 
mentó podian hacer frente al peligro,, y las mas ^decua-^ 
das para prevenir en lo futuro desór^e^es y levantamijentos.; 
Declarar en estado .e:^cepcion?il todas aq^jella^ áudadfis eft 
que se fraguasen conspiraciones era también unckprevencioja 
aceitada ^ pues es sabido que el rigor coii los criminales es 
tanto mas necesario, cuanto mas evidente y duradera ha .^ir 
do su impunidad^ y que las leyes comunes de los pai^ re- 
gidos por constituciones liberales, son d^ ordi^{|r^ . jL^i:^-. 
cientes para proveer á las necesid^d^ de. Ip^. tíj^^ifposi ^-^^ 
tados. Pero el ministerio,, deseoso 4e asegurar su yictftrift,, 
traspasó los límites de la conveniencia y d^ la justicift, .y, 
en vez de limitarse fuera de la legalidad. 4 Ip pusTame^te^. 
cesarlo , igualóse casi en arbitrariedad con los gpbi^rnos r^. 
volucion£^rios de la últimf^ época. Declaró en ^tftdo excpp-, 
cional , no aquellas poblaciones donde amenazaba un levanr 
taimientO) sino todo el reino, hasta, las ^\áe^ y los^ caser 
ríos: en Alicante fueron fusilados ,. no los caí)ezas.4e te.re-, 
belipn, sino soldados miserables y > paisanos insignifiqautes: 
en Madrid fueron presos y encerrados en calabozos inmun- 
dos algunos diputados ^e la oposición, de cuyfi oriipinali-, 
dad nc babia pruebas , ni í^un presunciones legales j y h^r, 
tase tomó el nombre augusto de una reina íjapc^nte para, 
mandar que fuesen al cadalso muchos rel;»eldeSi, que aun- 
que merecedores de este castigo, éranlp ¡ta^ibieiji, de j?er jua- 
gados con arreglo á las mismas leyei^ eis;cep^io.n^^f : ' . . 
£1 mismo buen deseo, pero no mas acierto ,. demostró; 
aquel gabinete en sus providenpi^, aili9iiiiiptra¡tiyas. Los 
ayuntamientos necesitaban una pronta y, radica^ refprpia,, 
tanto para corresponder á los ünefi de^su í^^t^^fK^pn^cuf^nT^ 



to, para. . .que ^a^iu^ (te^mtiarazadA . 1^ aficipn , P9|itj^ iM 
Gobierno; yjd piiaist^riQQft y,ez deAdsMf imaJl67.i)i|^Y^44fl 
8ati$faQÍjBse, W,.pefie^<la4eft.4^/?^ Míu^^ >i./íft,.pftiMr en 
prácttcft la. yQta(to.p9J. Ifu^ Qv'tc» 4e 1^/iO , ;tri (3uali b^lÍH^'fiíh 
do sancionada , .ii^triódicba l^jf <;ai .una.4fii*«íí <^pí^lw9»n 
impprjtaate^,, 4ííÍ¿ídol^ «juin,.pws ,;impeffe(5ta. de Ip, ww^jerí» 
elia Sipr ^í miiima,. Is;o.n)^np?:fiS:¥Í9io&heinp8.aoto49vff^ 9Ujgf4^ 
cj^ietos .sobre la organijí^ipu <j|^l iQii^fpp 4e jfi fidwíníiitTf^ciiftn^ 
djs.^la guz^dip ciTily de la, p^Ucía^jd^.^p^e, {tifian ROir,o>n 
Jeto, repriiwir Jos ;abusps de la ^mprei^ta^, Tod?» e?)ia^ rie^ih 
ifia$ eran indi^p^^nsablas.^. pero el,minJjit9pQ pjO,;afiduyq aja- 
nado, en ordeinar^as^ pues se .adye^ia €in.si;^(4i^Pj^f^P^ 
^^ la falta á^ ,3abei! de.jsois ináiyidux)^» comp su ijx^|:{)^eri^7; 
ci^. de, las epsas.d^l Gol^j.^rnp. .Tp4eri|})le a^rjiaí. p^n^.^ijiel^ 
que, ¡en cif^eun^tai^cias e:i^traprdii)sarias se al;^rcgase uu Mf] 
nist^rio la fajcultí^d legjelativa » ;4emp^e quQ ,im«i ^^yesi lMifS€)iR 
buepas j: 9portunas;.;pef9 lo./qiie «o,. tiene jusl^tic^^ippijiir 
dispi^lp^j^es flue .un ;nii?ástro 5^ Ij^.^D 

l^dad sin proyechpó cpu.daftp de 1;^ r^púl4iqt;,gji^.se,ipfi)>f 
d^ , j^rbitrar4ai]¡i9nte sin remediar . lo^ qiales^ /¡¡fie dan pqasiPA 
^ ^ste .régimen arbitradlo. .Francia, aplajMíd;<^- A Ifij^folpim 
porcj^ue. !^appleon rofnpió la legalidad en su beneficio;. Inn 
glaterra tol^ója .us^rp^pipn d^ CrpmweH, ppntju^ (Gyomw^Uf 
én cambio, de su }i^erta4i ^^^ gpbieri^o. £spaf^ f^lpbr<^. 
tftpxbien al gabinete últinf^). ppr su Jprfflí^^^ppn l,9s>;robfildea 
; su fortuna contra la rebelión ; ,mas m W^fí^ cie^yuen^ 
te fjue .ponsemse. el estadp e^wpcippal^ p^i'a yf^í^ m ííl 
iqacciony é incurr^f. obrando epa grajY^ d^taciertp^, EJi día, w 
que,.cl ,Sr. Goi^l^z Br^ayo .cerró;.lap.Cpfi»$^,se.c^, é, sí 
mismo i^na. jiimensi^ di|lc^lt^d p^ra salíf* «f^inw diel wpis; . 
^ip, pues 3e yi|ó copde^ado-» ó á hsicer. pop: sí solo ujfn, rp^ 
vol^^iop proYechosa , sei^ejante ,á )^ qucj.bwwon lep ptr^ 
i^cippes. los hpmbres, mandados por la. P^oyi4^»Wía ,par«^ 
rqgir.ep, l^ grande? crisi^ ^ocirtf»Jp^.dei|tif>ps.m iwíP^ftbW^^ 
6 á ^uQumbÁr á^ l{|,mitad desu.paipino cpn m^i^guar P^iiA 
Ijftcejr, Ip, Biápifi^p ^; nw*W>ftfl .honrt)i;pdaflii^, aWp.pCTifr- 

SEGUlfDÁ EPOGA.— TOMO lU. 33 



fiéte : íi« aelidá iléif ptki áúáSeá Va «ótiáécoencia. 
' ■■ kan méádi tiSoMb anduvo á<itnfé{ toíüstério eh ^ü§ tiiie- 
díMtt dé MiSéflléa; Émi á m \<ér¿áa' éSéaseb fó^ i«cür^ jr 
pft<{MÍ IM bl>I!ili£^ti¿»'dil Ei'liñb^ íléh> nó etíi cSertitneti- 
^'inMib (Idéi^ftdó ^árá éalir dé ápuM^attmc^teor iestesátr- 

AÜÁ-p^itídl^Adó ¿h éiteüióiteiítb úñVs f^aVés aéüsitéfi^ 
niéi'qfáé batí lietlüo contra ál^üoíi de a^éDdis míáittros dr 

ú'm<Áiói (n^koiímiíái^hk&'mmiu^mká^ dé¿iV- 

«g\íüé'ib-M$téMiá"aé'M^i^a M «do ü^iasídiiil. M<p«JÍI^ 
kÍ8mtí»^{íbfiiá8''dofr'áítd¿fp^i($Jíéy i^i^iAéi ^^iíin^- 
tam' miMó^f ^irbyéííí ¿bh ékiáis^ á M ríe^íáiOá d& 
^mm- m^mñmUtíme^ i>m iiíítiiiÚr las o&ligádbn^ 
túibrüí, títWfiñáat ViimiéháüéH jgiróvtícbb ütiicánleirt^ 
«;'MM' dolHé&á dé aátirefoe; m hñ s^o i fo vendad éf 

otüd:' ^'én- f8SB'kfnciM><ib' ál^tfább ¿tínMtog bdjó ¿óh- 
diifttíhgif ^UJhk^iJ^, y dés^héiJIikii s(^«l6''há^!^aosé con' 




dUdsüI^i^éUaMó'ardiá Váptem ¿MI éh eá^i'ÜUliét las '^W 
yiÉcm- f isa Wíiia¿i6m &éiji ' íñk^M' 'f ■ h&hS'píkmñíá, 

de JtMflfiésaifsé li(>jr\iiie íat; kiMitiUmés Kan ¿Bsminnicfó thíHb' 
dláüte>KMtl átíí&tíélbm m-reñm-.^óy; dmúd srilámetité- esT 
lbdli>|>eíKéíáHe'si^ fkOSlé Mmo'iaíá''áámtém ttíbutMói 

«y- ^1 ptt^'Mai«éi* 'dti<b^ iñeeám «é )^t<)mifi las iiíam^ 

dhdeé'dg'ló pf«8éiit¿. I^tá' deSshtUiiádil cbñdüM&^há'prMáci^ 

t&á fñpoiétmisllds rétítá áá Einml y Aeiík <i[aS^aWé¡fía 
no'lte p^Mbidb'quM fk •é\xém:pmei ipú^ifttirtffle'^ Wéfi^' 
iéi Éias' lítódérudd qAém pAsám'él (m(mit( ht iiáo dé Útí 
70*1^ aOO;Déémkilbí^dsriiib-c»6s ¿ájpítál^fás eon taft etioi'-' 
íDes^tMdái; Kah dft)tMd¿'Mi(fdbdWd<^ éffl<|^«^ rérdav 
dt>i^Uhélitib'iif6!é8 id püiér'V i^éíliimm^lMh'iiéa(Aii6i-; &i 



.til OKOI • - /.M.'l ' / 1./ ».. > 



(fue t^ú^g/i^ h^viqa^i», vAhVm- ^E^o^v^ l9ii|tO;iba^lwáÉVlo- 
se c^ vfíK mas imposible lftreícppiíw^4el iiisteiw tri WftUiflí 
pi]^ qj^^ tiipcA^da^ las rcrnt^s^ uo waw 8us<?^ptilil95 dQ>«rT ^ 
regj<^. ioí/^ntr^a w. Uegír^ 4 (J^miieaarsp , y 1^ épf)^ jmi) . 
qilQ e^. b^bia de. suiqeder , íl]¡a. al^ánd^^ c^ d^& 4 i9f4ÍT! 
da «ue,^ ^ai»0iMjaliR fí(4i|3«^ro 4® 403 c^ 

El Sr.<GftW«<íPP k\ú^ 4e coupcer la«) pelígira? 4e ^ta^iirj, 
tu^pi«n^ y pepí^ó.^f 4:emfi?4sttiM)4;para'0Ío>i¿pi^^ I 

gadf>w» 4e liotea, é biw>;3uWr lo» ifiQqdps (K}i|fliUkvabtei4f^,, 
te,, wa».(5QBW) e^ifi^ «ftifeid»! oo !ie> fof^b^reftQwgup ipp^|Vi% . 

tro 4u<?f^fl[ibtti.^u f^ CflPfPí^sia /descabelMdí^ W siEM^üíVQJiyefií - 
eip^ sp srMÍ^^.la;foplí;^Qft-.í^>^ui«^QP|B||5 íRwUWf Mes ,qftfliS 

uiwiJfi»d|k,8w^^flga^,y; jc^ .««pi^tMQ i>o.U«ó)4,€flutr^tW(W., 

, Mftó ap9rtadPiaiift*imeV^yJIa;S5í^ 
para reformar la administración de justicia^:. fioniiif^ CQi^l) 
pupfíw lomm^ Ijimtftf Pi^rtgUHios;. defectos w sWi 4m^^' 
PiQpOiifíji iwd«dip^ia.*a#eí(e^tft,miííí^tríft:^ %lA^dé)| :eAflMgflT / 

ii^íffte^eft.cí[eiíjii;ii9fonw^;la^^ l^wp en„c¡l /^ffyfmho^u 

< 

pepi^bte, yc»iMdeíáMdrtÁ sw^sQf^W^ea^ft^ 
la w¿gi%t«Mm}a lía^movíb^^ Ano •eon^Q lu^^oo^km iy)*8MWt«( i 
d^l ^Mprí^niio g4>bi^»j»;. H^.eiLig^ido a^toi^mo^ á tos^^^^crjü^atooni > 
q^p^£A;44^0tQ bayai[i,40 reeilMf^ g9imidÁ^40]9ftbtff I iiw^ 
niéa^olefjf. te oWigftíí QO dQ.eft<idiari:<^t«»*a^.d*4eRwtoQ!* i 
Lé0j^Q,,ieí^ íttftídiSiií.ífftyiaBfeihaytt robidudo/otirf gai]fiptli(í 
m»^y,:ifllpfti?taBtje^qWjd0bi«i»»í*preíteií,lc® dqw¿[üiri^08)/<teí[ 
la fé públie^vjy 0$f:ta dimito. láqu^si». Tafabifu m kaideel^ . 
ta4^]9p.i)^gil«rn^9itojpwt^ to)jiiz- 

ga^i^s 4Q/pmfaíifi^.ip&tftiK*fty eiiyi9i viígvpffimí w ^Mw^íUn-r^ 
diíMif^ uiKÍ4Rd(0( .ui)ji|orj9sji^ite.q4#ih««ta| ]tb<H^ 



- "Tal ha'sidó el'óltítao mlüisterio én' $u^áté«iá político; 
adffiiüíirtralivó'y ftehateiéhda. Etié!*jicbv pero im^rtidéttte; " 
át^ño^ó del bien , 'pei*ó desacertado en süs medios para ' cotí- • 
séguMtí'; gastador , despllfárádó , y tt^muyfescrupuíoso^ 
la ffdtüinistkcibn de la cósk ^íúhlica! Dictó algunas provi- ' 
dencias para ttféjóraíí laádMinistt^acion de justicia mas trti- 
nadab éñ sú fl)ñ^ f objeto que en sus pornücnorés : BOfecó 
la^ íiebchón á' cfestá de teilegAUdééy tra^asattdp los Kitii- 
ted'dé la conveniencia: técó áíláadiftluistracSori sin mejo- 
rartó ' tanto cílrtitttohlibieítt podido hácMo, y puso las ren- 
tas^ pfAblicas en ttianbs de los contratii^s por antí^crpaciotícs 
insu'Éciétttes' y cfnerosfeittias. ' Así es ijue amando fueron olv*- ' 
dándose los triunfos de Alicante y Cartagena, dejóse ver fcon 
toda su verdad fó incapacidad" del ministerio; hizóse pro-- 
verbialsU deífecrédito,'y cóübcitíiido él (|ue no podia subisii^-^ • 
tif ittás'tiéiiipto tóañdatído , ofreció sü (tómisioii; y 8. üt! se 
digtíó «dmitória; . r r 

íara sucfederte escogid 8. M. bonibrés de alta capacidad 
yníolübradla políticas, dignos ¡por todos títulos del puesto 
emitiente con que les honraba , de notoria probidad y gran- ' 
de^ infhijo 'en el partido conservador. El anterior gabin^e 
dedia que profesaba las doctrinas de este partido, y sin em- 
bargó no lo componía ninguno de su^ hombres mas nota^ 
bles; ni coiitabá siquiera con el apoyo de sus cabezas. Bésul- 
talía de aquí un ocnupleto desacuerdo^ entre el Gobierno y el ; 
paludo «onseihrador V 1k) pudiendo apoyáis el primero sitio • 
en' el iláterés <fe' sns^ criaturas, y rechazando d segundo la 
re^[N)ll!Sabilidad de los actos ministeriales. Muy distinta^ la 
posición del ■ actéal gabinete : el partido conservador le res- 
pela, >por qué vé en él á lói» que fberon siémpue t^s cám- 
peénes , y porque gobierna con suis doctrinas : el bando pro- 
gresista le teme, porque conoce su capacidad y pa^icia. . 

\ Volver <á la legalidad , xie donde con miás ó menos razón 
sebabiá salido, pero quese hacia cada vez mas necesaria, fué 
el primer aeto del actual' .miáístérití^.' La tebelioik estaba 
vencida ; no habia pues motivo alguno para que la nacsotí 



cqntiuuftse 9om(|tMto, áleyes ¡ejcf^pQ^pnale^ Ua^wlcí p)))Rtp>P9- 
ijli^.teper el pralopgjEtr, e^te altu^cvífa, .; <Qse lo. r.^h#zdb$t.!^l 
roinisteriOr Ta dijiino3 en ojtra.ofai^í^^a to qiiiB, peps^bAUp^B 
>obre el sistema^ de d^rpQr medio dadecjretQslas.^e}[esorg)|- 
úicas y, admiiiístrati\a&. La^ }ey^. (ü^fd^^ de e^ .pinerfi:$i^- 
lea perder en acierto y fuerza lo que gan^^^eq oportjun^- 
!da4*;iLos gobiernos ,que po. resjpetan la& te};^, n^Jlpu^ep 
imponer ^n obedimcia ,á los pue^of. Qrg^z^ ^l}pai^;por 
onedio.de decretos supone ó la du^ff^ura ca]|;i iin ;(yó^pito,.tmi 
.obediente como numero^, ó la revc^uqion con &u^ t^r^ y 
su pppijdacho, armado. A^ es ^ue cuando nf una cosa ai .pt9*a 
existen , es absurdo y hasta imposible semejante. s^^Qma*.Q(m 
justicia lo b«i desechado el actual ministerio,, adoj^tando al 
parecer otro mas conveniente y de r^ultadps mas segu^^q^, 
que consiste en preparar esas mismas leyes, que queria dar 
por sí solo el Sr. González Bravo^.y pedir, aiito>rizaq9n á l^ 
Cortes para.jponerlas en pricüca, sin perjuicio de corr^g^*- 
las siempre que se fuesen adyirtiendo s^ faltas* Se dir4 M 
vez que así perdemos, un tiempo precioso que ; pudiera. en^ 
picarse en la ejecución de estas leyes; pero mas vale agui^n- 
dar tres meses que hacer mal una obra que debe durar cau- 
chos años ; mas yale que tarden unas leyes , contra cuya l^ir 
timidad no ha de poder hacerse ningún argumento,. queha- 
cer otraSy cuya obediencia pudiera negarse con el texjto fie 1^ 
Constitución y de las leyes vigentes. ,. 

£1 otro punto importante de la política del nlievo niini^^ 
terio es el arreglo de la Hacienda, cuestión auA inas,^dui| 
queja primera,, y cuya buena resolución es imposible sii^ 
gran ^ber , enerjía.y prudencia en d ministro, del ramo. 
Ya hemos dicho la situación en que quedó el Erario á lasa- 
Uda dql Sr. Carrasco :,era pues indispensable, d^^^p^eña^ 
las xentas, y cubrir las obligaciones del Estado, $in lastimar 
intereses li^timps. Todas. las rentan públicas no .ba^^itabaff 
para pajgar á los tenedores 4^ 1& deuda flotante , y en tan aput 
rada situación era preciso, que el Gobierno llenase J^ ateiiT 
dones mai» perentonasi^ ^^í es^q^e, 0. medio d? traivsacc|op 



•^Wfn^ ^ el Sir. Kbh érá el úúico aéeptüb^, por ¿rh^ 
défe tjpíie ñicjséh ló6 ibodÜYeiiieátes de una nueva emisión xk 
títtílúk. CoüTirtieiido laá libranzas en deuda del tres ^or cien- 
to, Mjó iel tipo dé S5 k 40, l^édai^ desembarazadas las 
tétítísA^ y podrá refO^Triarsé «1 ¿istefha tríllufarío: / as^* 
i€fl¿'tfé:'ésfá n^érá él ^gó áé hÜ iifteiiése^, dé créér es <¿ke, 
á péÜiír dé! la nueva eúiision, áuiiienté efif Ú boba él pré^o 
Üléiló^ título!^, ihrecédieficló á ésta opéfá<JOn una Kqúüdboí^ 
ákMpdló^ áeáiáá éónltafo, delá cúálrésuKé la cantidfia 
qué étf liriipid debe el Estado, f os^ vé^diiaénróá áVii^eédórés kb 
feUfrírtá gtm péfjUnéliy én Ais iiftéreéés, y ¿tftórirtí Itfe' üh 
gresca dá Eratío. ■ ' 

Unida vá cá cierto üódo á está cuestión la tfe la exisi- 
tétiéiá déla CóUttdftá'dé úAÁctii. Súbastósee^ mítaenútfk 
é¿tiñás¿» vetitfajóSL^ifná' para' lá hadéhdá ,' das dnlér^áse' ti 
¿ÁúiMó ^ÍHiio ci^rtáls ¿ondicA^n^s aStficionátes pi^vadas ¿1- 
métíté ^vóáaS ^aWd Ératib'J Adeúiás éuliré léÉ dii*!- 
^ÁéS' publica.^ hirtíW algunas; 4\ié ¿ónsidferadas fcafo ei 
I^Vknfo dé tist^ d^ lá polítidá, etán tSiiib^^ñieí^dfdialé^'. 
t¡t iSr. Éofa áééptó botóo detóa las' ctthiítóioteá' aflifeitíiíal^i 
fiMtí sfe moséó dispuesto áfator tbdí W cóntt^fa, ^i 
tro d cbúseiitfniielite dfe los aséáfestáy; áotnoá téhenl^s por 
i^W ¿edto'deitíatí an^ieado d^ la^'reiitak púlíífci'í tfil 
j!o?lh«Afe cti'atedb pÓt elfos sádéspreiaé ef eóbrcíno dtí^diiá 
parte de su autoridad, y porteen niaál^ crc ktiá^ i¿()m^áí(ííá 
dé'^RilScüiares los myflíbs de legítiWa ftífluéüiHá (JtifeWoá 
é¥éoirrfe»tlb6(fón: fléáltürpíif qüé^teíieiilbápor imi)bMi«Í'Iá 
ibhtsk\k M tába«ó. Pero cóttd'iid fe¿í fá¿il' qtíé ¿^ rellW 
liWWttzbi^eií'^tbfe prttóéros'áMsIb^ 1 Id inlübnes edífiié'lla 
í«d6'stiB«státtk, ypbi^'ütrH'parté'áiiiíeiíiían tantd Ibs'ipurt» 
dfeír tesoro, juzgaíhols mié' se podrían háfcer taleá miimóteaí- 
cltWi¿Éí'en cl'liliegb dé ieoridltióhiís, que'dódViikcrá' aÍGo-^ 
bieiído ikátfteáérla subafetá! Ilá^ermbmeñtb que eséríbttflbs 
é^Mlítíáis no Héíy nádá deflnftiVaménte resuelto sobre éán 
ctaéííttótt, lii sobftí la alé los cdtttrátcís; mai és^eramlSs que 
tttatf y mú 1^ séi-átf prbntó seguií 16 éÜ^fe l£ jtóíi¿iá';'y 



"NI 



l«DiaihA entrado im é nüiiUt^md oob |dMA$.iMfiipcJflmrifl^ 
firainm» fub KOKljmt^ mUm m. tk^ fH ideo^^ ftndaokisiiH 

«o» 'ineilM pedíeBriM ape«r> fiib .k^ >^ltiQ«ft qno » s^ att&n¡)r«i 
alf iRMYo oÉiniítr e 4lst Estado ste» icleiMiat^: 4[ii¿ f ibí »iiu»Of 
naría hay m Ei^ofia ningiif GoogmiBQ. JkáMtí» tí Se»; ;\(kliir> 
■á , aceptahdo su» carltoá), ha aei^todo .tamhiiiii .la psoütioas 
dfll galHlieie, /pi|eá atno.hiilxieiswí «|Ktod«» .i»iifenm ebíb fiiBa>^ 
daní es q[iie ih>: lid!irki eilptBadft en eL ikiiitiflMrio^ míei^tntai 
continuasen en él los ^a esfiub deoididí» á SQdtanedai^)!»^ 
do trance, y á no abandonarla sino con sus puestos. Espe- 
ramos que cuando SS. HM. vuelcan de Barcelona faltará 
pretexto é la'opesteiOQ para fomentar tan perjudiciales ru- 
mores. Allí recogen las augustas princesas el tributo de ho- 
menaje y yeneracion de un pueblo entusiasmado que todos 
los dias las aclama y bendice; pero Madrid también las es- 
pera ansioso, y la acción y unidad del Gobierno ganarán 
también mucho con su pronto rejgreso. 

La facción del Maestrazgo puede considerarse extingui- 
da. Todos Iqs cabecillas, excepto el Groch, ó se han acogi- 
do al indulto que les ofreció el bizarro general Yillalonga, 
ó han pagado sus crímenes con sus vidas. La conducta de 
este distinguido jefe ha sido la mas adecuada para la paci- 
ficación de aquel territorio. Humano con los arrepentidos, 
firme con los impenitentes , ha logrado atraerse á los unos, 
é imponer á los otros de tal manera , que aquella facción 
carlista que por un momento comenzó á inspirar algún cui- 
dado ya no existe. 

Otro áuceso gravísimo ha llamado en estos dias la aten- 
ción del público, sobre el cual no queremos dejar de apuntar 



SM BEVIffT Ai ' Bfe /HAmiD . 

aiiáftueligCErameiiteiiiiiestro juicio: Lo9 fiscales deiaaudifiii* 
eia dé ífiri^náda tiati pasadlo á los» proniolore^ fisbales uaa cir- 
cnTar llamafodo^u atención sobre los abitsos qüe^dicen come^^ 
ters^^n la adttiiiiistraoiotí de justicia. Fúndase este dooumeiK^ 
to en Una eitposícion que< dirigeri los mismos fiscale&á la f^n* 
Uc de golneirno de la dicha «udienciá, ' en la • cual m censura 
agriamente al ' Ooiriei^ncy ; «e 'asegtt¥an «hechos evidentemente 
falsos, y Sedeelama en tono irevoiueionário so)nr^ el despotis^' 
mo j otros fantasi^Bis de los tiempos |H*eientes« Y'és^ pues que: 
losfisoaks se han excedido evideuptementeée sus iitríbuciones 
j cometido la Mta gra'vísnnaí de oónvértirBO anii sin raM» eh> 
censores 'del Gobierno, cuando por sn aiinisteri«4®benisep 
agietites y funóionariós^ sqyos. El .Gobierno por lo tanto ba 
procedido con acierto snspendiéndbles eñel ejef cioio désoein^ 
pleó, y mandando fomnar oahsa paraí castigar según ella á 
los que resnllen verdaderos culpables. . 



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285 



CURSOS PÜBUGOS. 



^tmto Ire iHalrnU 



LECaONES DE LITERATURA ESPAÑOLA. 



POESfik, 



I. 



Di el estudio de la literatura de todos los pueblos civiliza- 
dos es un manantial fecundo de observaciones importantísi- 
mas para el lejislador, el filósofo, el moralista: si por él 
adijuirimos un conocimiento bastante exacto de las costum- 
bres, leyes, religión é índole particular de diversos pueblos 
y naciones: si el interés que despierta en el ánimo el conjun- 
to admirable de todas las producciones de la imaginación bu- 
mana crece mas y mas á medida que examinamos con mayor 
detención su íntimo enlace con el espíritu social de esos mis- 
mos pueblos y naciones ¿cuan grande no deberá ser el que 
excite en nosotros el examen filosofía) de nuestra literatura 
nacional? Bien patente se ha manifestado, señores, en la 
escogida y numerosa concurrencia que con suma satisfacción 
mia , y una constancia digna de todo elogio , ha llenado esta 
cátedra durante los dos años que he tenido la honra de de- 
sempeñarla . Y no á otra cosa sino á su loable deseo de ensan- 
char la esfera de sus conocimientos debe atribuirse el anhelo 
de cuantos han sacrificado los momentos de su solaz y de^ 

SBGUHDA EPOGiL.— TOMO m. 34 



1 



^§ BEVISTÁ DE MADRID. 

mmm é 4i aa g toneia eenstiiiite con qae me Han favoréei* 
do. Por([ae ¿cómo suponer que pudiera atraerlos eficazmen- 
te lo agradable y deleitoso de la materia de que tratábamos, 
cuando inis observaciones filosóficas recaian sobre antiguos 

monumentos de^P^sÍTg f r^P^í^ f|f!^?t1^' informes, in- 
completos, comcTlo eran la civifizacioú é instituciones so- 
ciales y políticas de los pueblos que los produgeron? ¿Ni 
cómo al lado de la seductora brillantez que acompaña á la 
moderna bterat|ira.|i^cnqnada ^ cusuotai jgp|as puede sumi- 
nistrarle la fantasía de los hombres , nabia de competir la 
antigua, hulmilde, desaliñada, oculta bajo arrugados per- 
gamino^ }tW^^^ '^^ |ps (qi§p <>spvrqp ri$:<^^i&ie!i$ ife nuestras 
bibliotecas, y recordada con desden de cuantos siguiendo so- 
lamente el impulso de la novedad ,' califican las producciones 
del entendimiento humaiM^ i^fe por la osadía y brillantez 
con que salen á pública luz , que por la solidez y exactitud de 
sus doctrinas? Menos aun puefle atribuirse á mi desempeño 
ese anhelo de la juventud que me escucha, cuando de mi pig:- 
í§líW> ?tí ^ infi^YPtí,^?»jE|ate 4^g^ ^ 8pM»t de^ oácíaflC 
4^4g]^l^^ m^ffí^ ^t«fat«ra,»fts *Q Im ftwarias neeeaar. 
if^ jfiv^^ Ü^;Y^ ijmppPaí^eftte ¿ ca})o taa ^^U j HtriA- 

HWf ^^'^s fi?PÍ?Wf » 8e»t^«f? qwftun no se ha ex^giddo 
eg^P^ep^t^ i9R f^fA^ ^ <^§!o4^ s^abw que domioiEtka i 
^W^^Ml9Wi Wf! íwper»»»^^ yiv«í ese interésquedeft* 
5j^ W Pft?ftíf P^ fil WCtt^4» d« we$trft antigua gloria ü- 
t^gfiji q^p f,i{q,,${sj^f]^p (^spu^tios 4 apresarla en «i justo 

^ f^ ^u^q jjlf jfp. p<59 ípwpFP ^ tesoros Uteniirios, que<el 
Iply^ d|Jjí§^ij8l9? )^ WHW*dp ánu^tija yi^te. E^taft ideas 

jg^ p^í^ f^. foR^^p , ¿qji^a dftdií que «» fuerza de mi$ rei- 
t§fja^ ^9^^PW^ ^abr4ufu^U(}|4Q Algunos á consultar va- 
qfe ffe Í9S^»s. ÍBS 1»^ <?itft4p , ^i^prendidos al miO(M|tsar 
ñ ^S^^^l^^^ ^ y^4*á^ Ivmoiam prodaaia** 




sasar de Ja frrtoiigáAilsiéríé denfis dittiiFsbs, y tid' «Ib íumi 
]^p ci^ltfD i4 itfteiffei^e<€íolliri^ He^ di jabáo filaíBóiicd^ 

glMiille til eftáttttiíar iag (íb»m ée nneMm prósfenstó, á^vk 
gMt» Ho «A^m ilegap hacteMo iguMd esáme^ de las pií>- 
t6tíiiéfe¿tÍBs ámié^i^ poetas? ^(»*qfie si bieá e& las ipriDMiia 
^imm el éráéti políUeo , m^rel y religleso ^ue i^aba 4A 
«ádá ^pK)ea nótkMie lie te sociedad: 'si («1 pvidipio iiempó 
vimea «n ellhs el chóqise allernado de «j^^cmes y áó^ 
trinas á que las re^ir^adMes de Ids ^Mos ^eonáueeii 
em tatila #¿aueáda á los bombín ^ » icemos di eltai 
pi»* üHiiiio «I euaiAro variado y skwipre peintiaiieiile w 
\»dm les tiein|)k y t»eUmes de la tniriíaiddad l«(Éíi|ndd 
^tre la TONlad y 'el iévper , ^aif e el ▼ioie y la ^tud, eii* 
tve* la Micídady lad^sgracia^ opiiideiiado ]üora}men|ieoa^ 
da indi<ridiio á*'la eten^a y peiiasa falá^a cte ^slfo^ y á la 
séi de^xMdora de l^intido, en tas obráis Ae im poétab 
várela^ iguyuftente %ée euadáo desconMladó J* ; pcírd 4ub> 
cificadas sus tintas con los encantos de la poeirta ^ dbn la étá- 
gia <&8 esa ^iñjé ¿ncafiítaAeiii qulb sobJre^rtt|aád» á ln' ilflíbra- 
lesa üÉisiiia , sube embeHeeerlá hAcieadó i^e prbdfaizca á^ 
M4fe éft «el ftlMá , ne séle ta pintara de süs tta^ttllas^ ^Aw 
tatiibíéft'Ia de m& mi^oios íiotpores, y luaiAa la Imágéa ^fUe^ 
tiVa de la ftáf^ y misetable ><u)ndiei¿n iMtíufiaa; 

fm (ñtá parie, sdSoves, la poesia lofreee niieiN) fli0tiiifa 
de lnief és rán e<^faKideicada abladaikefite^iJomo ^tto de M 
ütui^bftcion, y ba|e A aspeetb de fritoHUIad que te baioe «étf 
wSktík ebá desdén por siis oeáúAos y seii^roá aétegéábcas: 
PáñÉiltaseiii& masiiéstar estas ideas con mas ámpilti]^ tei> 
firléndMie á la geneHlidad de la poesía , paera^^ cdutriieniie 
p(tt*t!iltímo á 1¿ peéulilir de ndeslra Bspafisi. 

La poesiii,ea todas partes y «a todbs si» géneros^ ái^ese^M 
eosa qM la e^ptesíoa süblitn^ éá ente Aiofal ^e nos adípan^ 
esfat 4«é iJae dbseidireiisa t«iid(iieim ímíltfóU á l(gva»lañM) é 



268 BE¥1STA DS VADBIP. 

pesar d^ nuestras oüserías, hasta el eterno principio de que 
procedemos : es la que en todos tiempos ha servido de miste- 
rioso instrumento de la civilización humana ; porque es el 
lenguaje de la divinidad todo armonía, todo sublimidad, 
todo grandeza. Ella reside en nuestra alma, y por eso se 
la encueátra lo mismo en los pueblos civilizados que en los 
aduares salvajes; así en los palacios de las cortes mas popu- 
losas, como en las chozas del inculto habitante del Cana- 
dá. En todas las r^ones del mundo, en toda la serie de 
los siglos, la poesía ha sido la expresión del placer, de la 
gloria, del entusiasmo: en todas partes ha sido la señal de 
la residencia del hombre : en todas ocasiones ha sido el pri- 
mer eslabón de la cadena que ha obligado á los seres hu- 
manos á vivir en sociedad; porque ella les ha inspirado 
los. placeres elevados, los pensamientos sublimes, el amor 
á la vida, las virtudes en que se funda su conservación, y 
las leyes que deben protejerla y ampararla : én todas oca- 
(¿ones, pues, la poesía, como un suave remanso en medio 
de las tempestuosas oleadas de la vida , ha servido de abri- 
go y solaz al hombre cercado por todas partes de penali- 
dades y dolores. 

£1 libro del legislador, del sacerdote, del moralista, de 
las sociedades primitivas , no otra cosa fueron que poesía : las 
figuras, las galas de la imaginación, la alegoría, el enigma, 
la parábola, la metáfora servían de atavío á la verdad; ha- 
blaban poéticamente á los hombres, porque la poesía ha sido 
ñempre su lenguaje primitivo : con él modificaban sus cos- 
tumbres : con él los bardos civilizaban lentamente á los pue- 
blos célticos : con él los trovadores suavizaron la tendencia 
irascible y belicosa de la edad media : con él los poetas poste- 
riores introdugeron la cultura en las sociedades, haciéndolas 
amantes de la paz, de las virtudes públicas y privadas, de la 
religión y de la patria : con él en fin los hombres y los pue- 
blos perdieron su primitiva rudeza selvática , se inclinaron á 
los placeres dulces y tranquilos , rectificaron y suavizaron sus 
sensaciones , y se dispusieron para la grande obra de la soda- 



bittdad humana, resaltado magnificode la senslbiiidady délos 
placeres de la imagmacion, rectificados por la ^cantadora 
magia del metro y de la armoi^a. Apenas se hallará hombre 
algano en cuya alma no ejerzan un imperio soberano; y ¡des^ 
graciado acpiel que na»ca insensible á los encantos de la poe* 
sía ! Su existencia , desnuda de los deliciosos ensueños de la 
imaginación, correrá lánguidamente á su término sin üusio* 
nes ni placer, como los arroyos que dentro de las simas for*^ 
madas por riscos escarpados corren á perderse y confundirse 
entre las olas del mar, sin haber legado besar en su tránsito 
las flores que engalanan las praderas. ¡Desgraciada, por la 
misma causa, la nación en donde la poesía no ejerza un im- 
perio saludable sobre sus moradores ; porque ni sus riquezas 
bastarán para labrar su felicidad, ni la reUgion ni las leyes, 
abandonadas á si mismas, lograrán afianzar las virtudes que 
solo se conservan á favor del entusiasmo de la razón poética; 
muy diversa, señores, de la razón positiva de las cosas. 

Si la idea vutgar y poco exacta que se tiene de la poesía 
no provocara el pane^ico que de arte tan delicioso y seduc^ 
tor pudiera hacerse, me limitaría á lo que acabo de decir, por 
ser muy suficiente para formar alguna idea de su utilidad y 
ventajas ; pero como vulgarmente solo se juzga á la poesía 
por el aspecto de frivolidad que es propio de algunas de sus 
especies, forzoso será formar un cuadro mas animado de suin- 
fluencia moral, política y religiosa en las sociedades humanas. 
Señores : la poesía ha sido , como ya he indicado , el pri«- 
mer instrumento de la civilización particular y general de 
los pueblos: nadie ignora esta verdad. Si alguno duda de 
ella, que registre los anales de cada pueblo, sus tradicio- 
nes, sus antiguas constumbres, su culto religioso, y ha- 
llará consagradas sus leyes, la memoria de sus héroes, sus 
hábitos morales, y sus ritos, dogmas y creencias, en cánti- 
cos populares, en apotegmas célebres, que de boca ea boca 
han pasado de uñaren otra generación, transmitiéndose con 
la pureza é integridad poética con que fueron diotados por 
los primitivos sacerdotes y legisladores. Tádto, hablando 



899 nmmiMt9K hmh^. 

BpO^i^ cpid! Ifls i^niriúnpib» daban á sustpoett^, tdQmn 

la<Qi viDídad ^n. $«9 oolnpoBf cionciB poéliflaftt Ft^»p€to:ená!^ 
ífcaí, aoomodada» al ettada de mi eiseái^ ciF^iümiácm-. Ii«i 
lljüíi^dw, poeto» d« losf eelbifl) gsraiaiiioav iH'itanoají ^dss^ 
ottinpiMtH con Qj9a ocNadicion comu» á todosi loe pufdilpa.dfrJb 
tierra ;. y. aun en^algiuios mas osieilmf ó-.igaotoas eaasa»iBiifc- 
tltivl de. istes . q9i€t piíeUan la^inmetisidadidel'.OaéaAov es 
l^faa \ví¡wm salvageB. 7^efrtoteBqttelafi>ba)M^ 
tm eí eximia poéiko qaeQaee'OOftli)a.hoflibsea;.y.»radf 
i^frta:OoaiSoiq[)Feaakqaasutiiia;!!sor«giradoide baiteiritiMeflítáieqL 
pupa d^^su iiiBeqsibíUdad y nlenor afickmaJortca11oaBt0at.dE 
i») poeaia;^ Esta naoí^ ana antes (pía sa aleabáratt.dBrfbmif 
las<l90^;ivjia$; mucho antas que Ut* eseritara; coh' suáafeDio^ 
so m^eftiBmismo pudiea» tf aitedar. áí la portañdad loé* sei»- 
^awantOadel hombre» ]Minob0 aoles; de .H6iiiero.hiibo poetas 
Wi Qreieia$ setenta y ohícq se oaeiitan^sag^a FiabrícM^ Paño 
9W ea>itm!soi!pi:eiiitote ballairlas aoteri<N!es-á Moiséa^.siev- 
dcbeate. ^ maaantigaoj qne se concMav fuanadelostcpie^M 
W<9inp.cita,.conH^ Jiij^ de qnientdieeieipimapeBítíQBeik^l 
«y^ítiilo 4v<' del; G^ew ipsiB fuU:pm$t caitrntín^cUhaf^ 
ati or§m0j puesto ' que* debe:infem]rae ^e la.i^M bimuim 
jM: eliin9traip%mt0( primMiye, y que debú^ apcHipafiaif eoiulii 
palfibrc^ 4 los > que doapues^ inyentaroiii 

Pi^io ya; saa ¡ea .^qcas rematas y tradioMwatea y yaieii las 
^«ili^te«eofl%á'laTeHad;bistáne^ la : poesía s^rpn^iMi 
mmpj^eniffvmr Uipmimjúeíoi^e ciyiliaaft^ á>lqs hoi»r 
birés^ iAspír$t^d(oIeSLseaUm\eatosi4eiwtud^ df^respÁo j^Ut 
m9K áj la^di^iaidadi de* amor y eaCusiasiop jipf¡ larpatrüa^ 
stoipce ciOMí»3eapoadiendo ^ ese. prncipio de^acimoníauppreíila^ 
liMAante^;eAilat/ture^cion^aLcuid^ode|Saii Ag^ 
ái^jq^, lOljunirem) , no ' es :oim, eosa qnei ; un p$mmiiái(ma^ 



>-t' .:.#.. 



leo lánifna, qjseé todp'lo foétití^i mctígpdíífté^ fidOASMé 1É 
Mbeio de tos ttombreB»pófr cbá* $ tridSS'lsil^ ÍAm&f pSSUS- 
mientos^ la j^mpal, M gala^iy llí)Ídedd(Moii>dir foi ^^WSAri^^ 
wi« aeeésidad del almb oomo Ite Úhmc&ltó^ td'dM'tfel (^ 

hombre coasiste en no detenerse en lo real y positiy<^/ iSi^ 
te» Men pasior* otes' áfiá dé lo posibte y 4ia0edii>O.^ndo 
«sib' dérto,! nsda mas naturalv ^nxO' ya^he dlcU^,>ipi(9%aL 
Hftr ai lar vendad poética' y enisus^agittéábles^ siif«ic»ttilr mk 
itíemBi ira^^siMible muy? superior 4 la déla vétñM^frmáim. 
Elf üde^lísmd'/ pués^ eng^abded^Mlo Iflps^coBás^^* Mroiteii^ 
fiiea! up poder e&psit de implemr eik el ámpio^, rdiiddé* ^ 
iift|tuji*aleib é Üido lo ({oe porsí mismo tio'!iea<cii|>af deproi- 
dabir eoí A seos^ieióneB faerteü^'y {firiofun^mv IM IhustauMo 
laireafidad^para dominar en nile^t%lb corqzoiM^v b&' ^^db 
predio que la^ imi8gifnaoion<i^ilplai á* &' verdndy y aoturfai^ 
de-ése modo d atierra tendencia límala ai idealkatoi Bái 

teilttbii^iliiylsieñbi'es, la i/Bmos^oémpróbiidftfpbi* h^ésjpein^ 
0¡fei. ¿iSén^acásó las^ cnahdadei^d^ la mayor palrtedelosiob- 
jetps (jpie nüs rodean last qne g#!ítaEiÓ9 ebn« Uss plaeerv^ti 
Mea las-qne en dlo^ imaginamos enooiitánaif? Este'ervet de 
miesttós • sentido» es prédsameate elf oríglm^ de ias ^andé» 
aéc&dnee^qiie: admiramos>en lob^factahi^esí ¿A quéfotri dtasa 
dd)emo6 atribuid el entnsiai^íLOi der nn gbircél-o gié^^iumM^ 
trailailnujerte por alcanzad fama *y rqnoBdaré^ifieiertejmi- 
doia^histcUa'de-Ákjandso se lanuBufeba dk que á^sn^edád 
^ este iíabia«oonq|¡idst8dó dAsia^.miíenln^asi^aJadtiílHdNii 
hecho digno de aplauso. ¿Qisá otra cosa :ireiá ^ndsstbaoh 
fias del ]iiáee4o&ío siné'ltt^k)riaiHiKtar'y^.elaFeiH^^ de 
4!xmq[itÍ6tadjQÉr que tantofllb^ieaba leí amor jmipaaffEli»^ 
esa) lisien nñi^ereátl', r^iíadelínkun^^céBfso^ddUvmaspér 
pftftevdeilaspaaiioáes btímani^v ¿ en qui^ funda Mís>imi9tÉ- 
9MiSKM}:|^lai^re6 siao eb d idéalüsmo de>qllé>I^deaaheaJai(xdb- 
Jbto.<pM^JClflB liiiú£^ de fiüi^flH^sáflás^eans 
4|p|eíialiffdeeaB <pucatra(faiitasfa,^y aiU^dcniíierpnñcífÉarla 



272 REVISTA OB MABIUD. 

dad prosaica dará fin la historia de nuestras ilnsiones. Ni 
la virtud misma está exenta de esa ley poderosa : desde el 
momento en que pierde su idealismo, su atractivo, su en- 
tusiasmo, poético, se apodera .de los hombres el egoísmo, y 
el yo, (Concretado al individuo, no da un paso en beneficio 
de la sociedad ; lejos de eso engendra la inhumanidad y el 
delito. 

Los gobiernos, las leyes., el imperio de las costumbres, 
la fuerza de la opinión ¿ qué vienen á ser para el hombre 
sin ilusiones ni entusiasmo, que solo vé en los primeros un 
mal irresistible ; en las leyes un yugo insoportable ; en las 
costumbres un capricho heredado ; en la opinión pública un 
obstáculo á la presunción individual? Respondan por mí 
las épocas turbulentas en que se cree haber llegado á lo po- 
sitivo de las cosas porque se consigue despojarlas de su idea- 
lismo poético para debilitar su acción en la imaginación 
humana, arrancar á los pueblos sus creencias y con ellas su 
bienestar moral; respondan pues, y digan ¿qué significan 
las palabras libertad , ley , orden , moral , y felicidad pública, 
cuando los objiptos representados por estas palabras desgasta- 
da ya su sublimidad poética , vienen á ser vulnerados por 
cualquiera, reducidos á blanco miserable de amargas diatri- 
bas, de sangrientos sarcasmos, ó bien pasan á recibir un 
culto hipócrita y deslumbrador , preconizado por los labios 
pero sin partir del corazón? Semejantes á la planta agostada 
por el sol canicular que ha perdido la hermosura y fragan- 
cia de la época de su lozanía , conservan un nombre que re- 
presenta lo que fueron , mas no el poder moral de que las 
revoluciones les han despojado. 

La poesía , pues , desde la infancia de los pueblos ha sido 
depositaría ó intérprete de los sublimes principios conserva- 
dores de la sociedad. De ella se valieron los primeros filóso- 
fos y lejisladores para inculcar en los ánimos de sus conciu- 
dadanos las máximas de sociabilidad de que no podian care- 
cer si habían de salir de su estado de barbarie. Comenzando 
por contar las maravillas de la naturaleza para venir á pa* 



CURSOS PtBUGOS. 273 

rar al conocimiento de nna cansa snperíor é inteligente, en 
el lenguaje ordinario dejó su sencillez y lisura para acomo- 
darse á la magestad de los objetos que cantaba, é inspirar 
mayor admiración y respeto bácia la causa preexistente de 
todo lo criado. Este respeto, esta admiración religiosa pasa- 
ron por traslación á los héroes que se distinguieron por sa 
denuedo en combatir por la salvación dé la patria , y á los 
sabios qué habian logrado organizar la sociedad con sus doc- 
trinas ; porque en unos y otros encontraron cualidades supe- 
riores, sobrenaturales, que los hacian semejantes á sus dio- 
ses. No tuvo otro origen la oda que el deseo de perpetuar la 
gloria de los defensores de la patria , y la memoria de los fun- 
dadores de los imperios. No tuvo otro origen el poema didác- 
tico que el confiar los sabios á la armonía poética sus máxi- 
mas de moral , de virtud y respeto á las leyes , como medio 
mas seguro de encomendarlas á la memoria. Los fragmentos 
de Orfeo, llamados páginas de Oro, los de Solón y de Pitágo- 
ras, versos son, cuyas sentencias morales tienen por objeto la 
modificación de las costumbres y la instrucción de los ciu- 
dadanos. No fué otro tampoco el origen de la epopeya que d 
deseo de referir aícciones grandes y memorables dignas de ser 
transmitidas á la posteridad: esa fue la primitiva historia de 
los pueblos. Y como la superioridad de aquellas acciones so- 
bre el común de los hombres no podia' comprenderse sin su- 
poner que en su ejecución prodigiosa habia intervenido un 
poder sobrenatural , y como por otra parte predominase en 
el ánimo la tendencia al idealismo, la poesía épica , arran- 
cando á los dioses de su Olimpo, los obligó á descender á la 
tierra para tomar parte en las querellas de los hombres, 
abriendo de esa manera un ancho campo á la imaginación, 
y poniendo á disposición del ingenio humano todos los do- 
minios del cielo, de la tierra y de los infiernos. Y observa 
de paso, señores, que esa gran creación, el poema épico, 
que parece hija de una época de saber y de civilización col- 
mada , lo es solamente de tiempos que á las creencias popu- 
lares presiden el error y la ignorancia ; porque tan solo él 
sbguuda ípoga.— tomo m. 35 



fpror y I9 ignoraiicia de los pciebloi p]qdí^lw^;4^.$ii 
tQQgpQía na imdimmeiit^ d^ las pasionaB d§ los bpmbf ef., 
pepáenilo como bajóla obediisncia los sem inmortales. Y hfí 
t^í por qaé ja m> nuestra edad presente, mas ilustradas li^s 
creenqias populares ^ la epopeya no pueda sostenerse eon #1 
Uparato manavilloso' de su maquinaria ; así coqio por lo mis*- 

i I 

qio tampo puede concebirse q\ie los puioblos de Eur^^p^,. eq 
los 'Siglos no isemotos de su restauración y cultuira,, cr^eaep 
qgaoen^na^redbnia ga«a*4aba el mijico un espíritu infernal, j 
qiiB en fuerza de sus conjuros obedecían sumisois á su y^ 
t^dos los s^esdela naturakz», y aé repgrodudan todosipsl»- 
aómeuDs del cido y de .la tierra. La epop^a esporlotaoitp 
la^ obra mas grande del ingenio de un hombre; mas no una 
pru^sba déla ilustración general de su siglo. . ^ . 

Lafpoesía,.puésy,dándonos á conocer l(i est^nsion delin- 
gpoáo humano; y la fuerza delafantu^ía, ha43eri4do«4eB|ás en 
t^dee tiempos deérgano podi^osode la moral^.fleteveligíoii^ 
de las leyes. Y nohay duda queese poder clyiljíiador le om- 
s^FvajDi^ si^np^v porque siempre nuestros^ sentidos se presr 
tará]^ dócilmente áílos placeres de la^armonía poética* . 

]SBta<nmma árwnstancit que taip^to ensalza stii^ nobles 
euaMdiidas, xeveiaralobservador filfSMo el uso perniáoofeíiKO 
que puede hacerse de unairmatan pod^osa, euando los^qiiB 
larmanejan'^no reúnen á suitalento laanstruccion neeissafia 
paraf dífstíoi^Qiir et bien del o^al , lü la^ pureza de intenciofi 
indisfif ttsaUiepar»; no convertir esaespadiide dos Alosen dafip 
dertla^ocifidad entem^ Yergomoso es et^uso que dsMta se 
ha' heéhoeBf todes^ tiempos >j« i^ncipalmenM emlosféiglflis 
cultos dfí Europa^; porque yat refinadas ilas.t^tnmbres^ ^¡otíh 
Ufcadosilos placares ,, cbBbiUtada la com^iencia de lo; bujeBiok, 
retajado; el vi^r de las leyes , ; y dudosos los prln^^o^ de 
la oreencln vulgpu?, el ansia de luicir ia.imagíntcioa 4 es- 
pi»ijsas del piídcN^, de la integridad de la iiK)ral, y de la 
tranquitidad de los estados ^ noba encomtrado limite éf^Biffi 
desvarios^, p^urquQ carece, di^t Itaüte d deiwn£renb. db bs 
pasion^^huiíaBas^ «aiijtoiazadasípori la rq^etmbt»'4ci^ 



- > 



pj» ; .1- Mt' «W aw^pia ^iiniiHiQ áfíi 1» lüQittA ji dt» toe rafe- 
gi^ €0 s» aJÍfai), ja 0009 ma^ I^^ poi^» fue oliji^. éé 
pi^a||iM9iÍ[M]^ fi estimula ó la nel^jamiii d» las eostonibíN»^ 

^al b^ar d& tos^ pmnstiB^ m ci cunsío paflaüo ao:<lerf 
<te aeSaiiiP eQ)Qadai ^pom BOtabte la» moáffiotei^iftes iútwf^ 
diMidft9 OH) lasi letnati' pw; el espúritlii dMtkiihiite att^^ oadft 
i|M4!&ellfis^^C!(Hi linas motiiKi' debereiBéoi^bMer aplioamoaBde 
m$;^mi$ma». cAflí^r%£^ioiias: é^ UrpoQ^a,< auoi maf sufetai 
qpiwe la^prottica}! iin||epio/d«; la moda , 4 W vietofr d; las^ c«s^ 
twl^ri^y ^ á laBi rerolwieaies^ de lo» ei^tadosk Yr cuando 
l^§mn(mi ér fcHmar; j«iiqío> de- s»i< canaqtot^ aeluid, . cuando 
cA^aaiiu^niios? su^pcesentes». cualidades y j|: tmtemoa d» aoñahir 
su l«^4eDeíftr mafiifl68ta>). uo podremos hiq^os de^ conoeet* 
qm Ueyuda toi alas$ de- una» regaaecapiob' qmmédita. j¡ de 
imK ampÚtfyL desatoatada, iacottpiftible coi^ la rakon j 
d tuaien guitpt^^apanf^ .llague á »lai meta sañabda . en lei»^ a»»* 
pjM^iQ$ del: d^ríD , i^olveró^por. uaeeaidad á^ suf primer» pum 
.10 de. partída^y eomotú^ca m«dÍ0{de oousaipiir elaflierlOi 
l^ ifl9agHiai3Í<m cuandpjlogva* sacudir el frena, de- la raMO 
^ del giiita^ 86* if^ twde^ó; tempraao' en el caao de iin^^«iO 
qiie4faay0JÍQaia»ifJ6ao!4ii( sii&a»ay4)res.7)8&;eiiUiaga áila^dif 
9|pa#i(Mty al Jübafitiuagt^ ha^ta qiie la edívd^de desengaft^ 
I^ Yu^lvci al. camino de la- YÍrtttdqueimprudeiitamentebar 
bíanftbapAann^. 

Y.sucMíderá i^pc^^c; no puede m^s-de slicodaE; porr 
((a«:€l^riior no:.puedeis«hsistic.lairgd^ tie«ip0$ pov^luf^ik» 
s^9dade8 <se canaan > de; to qu& oo es coav^iiepte jij ütto^ » jr 
etttonceft^lo>dea6fibav 7>la;^pÍ9ion otiiiiiftiopooafuil^Qbitéeiilo 
á>lp^ .dalkri0s< del lingebids. 

Tal e&y seJiDre8^.^broiresipaUbraB)> elcaráetet^^it^ pror 
fl^taeft lai.actUAlldad/lai poesía euro)pMA» He extendlda^mis 
Tií&^%i0^e»r^^^s^&^^m^$m&^^ aunque refiméndooiíe d^aeM* 
jAientefád% poesía f rtaotca ^ parque bO'Otra8(jBei4aQ}lasflQpe' haf 
])m do batíot. sobrehila nuostra, olwdáeiltetfaaMidlMVTtliflMp 
é>laa4Cí89iédh!oaa^ilcye»^ 

íkfié»^}áisií^9iil^^ QMatoa^vlikQiaitQjnrte eksir 



276 REVISTA im MAtitllD. 

gk> XYII, y. al comenzar su restauración en el siguiente por 
las causas que especifiqué al tratar de los prosistas de igual 
época, se anunció desde luego el predominio de escuela que 
hablan adquirido sobre nuestra literatura los poetas france- 
ses del reinado de Luis XIY . Este predominio se manifestó 
mas abiertamente en la poesía dramática, género cuyas íor* 
mas están sujetas á las yariaciones del gusto, y que por lo 
mismo pueden ser aplicadas con mas ó menos exactitud, con 
mejor ó peor éxito , á los varios pueblos de Europa. La refor- 
ma verificada sobre ese género en Francia, fué necesaria y 
oportuna en una época tan notable por su corrupción literaria, 
que amenazaba destruir enteramente el gusto y la razón de 
las naciones cultas. Se verificó, pues, el retroceso al primiti- 
vo punto de partida que poco antes be insinuado ; y las máxi- 
mas de Aristóteles y de Horacio , llevadas al extremo , como 
succede en todas las reacciones, vinieron á regentar el teatro^ 
aunque notablemente modificadas , según lo exigian la or- 
ganización y tendencia de las sociedades modernas. No tardó 
mucho en hacerse general la revolución producida por los 
franceses en la poesía dramática ; y España admitió igualmen- 
te el clasicismo francés , porque no podia menos de admitirle 
en medio del lamentable trastorno de su teatro. No debia su- 
ceder lo mismo en la poesía lírica, y en efecto no sucedió. 
Fundando esta los títulos de su gloria , mas que en la fuerza 
y elevación de los pensamientos, en las galas y lozanía de la 
expi;esion, era imposible que nuestra poesía se desviase de 
la italiana , tipo primitivo de sus variados y elegantes metros, 
así como de los no olvidados versos de los Leones , Herreras, 
y Biojas, para acomodarse al inarmónico metro francés, por 
mas hábilmente que le manejasen Delille, Malesherbes, y 
otros de igual reputación. Permaneció, pues, intacta nues- 
tra poesía lírica , merced á nuestros antiguos poetas , los cua- 
les á manera de un faro luminoso aun sirven de guia á los 
que estraviados por la moda y el mal gusto trabajan sin em^ 
bargo por llegar al término de la perfección; y ellos solos po- 
drán salvar nuestra poesía de la ruina cpie le amenaza por ha- 



CÜ&S09 PÜBLICOS. 277 

berse plegado á imitar la dureza y sequedad del metro fran- 
cés, y lo €[ue e^ peor para la sociedad, por haber suscrito al 
necio filosofisi^ de que hacen ridicula ostentación los poetas 
de la edad presente. ; 

Aunque las ideas hasta aquí emitidas no sean suficientes 
para formar ui^a .apología éompleta de esta parte amena é 
interesante déla. Játeralura^ basta ^in embargo para mirar 
con algún interés el estudio filosófico de nuestra poesía. Espe- 
ro no será estrilen resultados importantes para la religión, 
la moral , las costumbres y la política , el examen de los di- 
yersos caracteres de la poesía en las épocas mas señaladas de 
su gloriosa carrera en España ; y espero también que al ver 
señalados los límites á que puede extenderse la humana fan- 
tasía , nos convenceremos de la impotencia de nuestros esfuer- 
zos por abrir á las amenas letras senderos inusitados, lleva- 
dos del vano ^npeño de rodearla de mayor lustre y esplen- 
dor , y el riesgo inminente á que la exponemos cada vez que 
llegamos á pre^sumir ser este el siglo privilegiado del saber, 
y que antes de nosotros todo fué ignorancia y pobir^a de 
ingenio. 

A fin, pues, de presentar el orden de ideas con mas cla-^ 
ridad y exactitud, habré de seguir un plan enteramente dis- 
tinto del que observé al tratar de los prosistas. Mas confun- 
didos entre sí los géneros en la prosa ; formando esta en cier- 
to modo un todo homogéneo en cada época literaria , me fué 
fácil abrazar cada una de estas en particular , examinar sus 
caracteres , y observar al mismo tiempo el cambio que espe- 
rimentaban las letras en el tránsito de unos siglos á otros. No 
es posible hacer lo mismo con la poesía , aunque de ello ha- 
brían de resultar yeñtajas que á ninguno pueden ocultarse. 
Pero sus géneros se diferencian entre sí notablemente; habría 
de suspender el juicio del uno para formar el del otro , y lue-^ 
go el de otro y otro : las ideas que formásemos de cada género 
y especie se confundirían , y aun tendrían que incurrir en 
frecuentes repeticiones para encadenar las ideas, sopeña de 
dejarlas aistadas y sin darídadni exactitud. 



'^ 



lusí , {Hies, «I píi3Bmf^%et^ por áinéd mnpsíBximí^ 
tH> (máflun filoi6fioo $áii d peetíia i^ce , loas o«roahd ¿ 'k 
Í9dmQía<dedaB «mMadcs trániaiifts, a[»|io 'mnuáéb de Ibs-prir 
mítivos cánticos populares; examinaréim» sos especies, Ifc 
ínáBk pMPtieidar ide oaíáa aBa dj&«llas , y las caucas ^ 8ii de- 
teéenda basta Uegar >al aiglo presente. |ja poesía lírka om 
todas sQS Tariadaií formas ocupará «fiaestra at^ciim en ^ 
gmido lugar , aun eaando reoonÓEca igual origen qaie la epo- 
peya^ jla poesía dramática c(m sus varias especies y ms ilifl- 
nitas tioHsitudes ocupará el último lugar, como ttmy poste» 
ttor que lia sido su aparidon en la república d^ ias letras 
nospécto ^ los demás géneros dé poesía. 

Bé aquí, señores, bosquejad^ el plan de nueslaras pfú- 
xiuuis tareas. Beiicado p^p i^gradaUe en «o ejecución, p»* 
dsá fropocdonarnos con ventajas ai^el piácer fue tantas 
^wes bemos eq[)eriinentado al buscar en Iqs tibios de int»- 
tm^ prosistas cnanto litaba para teaiisar su nombre y lyi^ 
^ aAtigte gloria literaria. Ese j^acer metclado con el ^^r- 
guUo que pecesarianente habrá de -despertar en MSíotni^ U 
idea de ser los únicos que en unión con los italianos con*- 
toibuaios á ia grande (Ara de U teslaiinieiion dp ks letras 
mt Europa , bará oedlier alguoias veces el rigor de ia crMda 
á los estímtdos de la gloria aadonal. ¥ bago esla tngeiaifit 
y autídpoda txm£ission con tanta msjxm tranqueía , cuaái¿ 
%ilf estoy acostumbrado á ver en bs dnras de crítiGOS muy 
^biyido» ^mimoiada una imporcialidBd 4|ue dasapafiscé 
do Ja efiK^fVia apexiasse presenta en eUa la Ikératui-a M país 
latal del ^soritor. 

I^ta pfevf^mon des&v^ráble con que los entlGos. suelen 
quírai* t^da Ute^tura que no «í^ la de su aiuHon, loable 
4Prtwimt0 <euMdo al realzar las glorias btoiBintQ ée éadk 
p^bk) eu particuiar ae satiefaiee ase noble sentimieniai db 

* 

9i;gilU(P patrio , Ueva consigo siu embargo un gravísimo in* 
«^y^PÍfiHt^ PMT» (á títi^o y progresos da la Uberatuca e^ 

Todos sabemos^ a^Afifss» poc^ardeagiyia^wiyitefaayM) 



nétofio él ieáim y ctm él de«p^ecio eott <pie hM lufiblaAi 
d^ teatro atítíguo' ési>ufidl ló& eéixkó^ fráñéedés ñél áp¿ 
X4ir/ y los qub Sesptfes Ae éHoi» al eik&áf düs jtticiéfi soKré 
aquél^ ño baíi heclió otra cosa (píe copiar el ^le Mn suí- 
cíénte examen formaron los mismos qiié tomaiban ée nues- 
tro despreciado teatro, así como del italli&nó, las mas precio- 
sas joyas que iáMiiSm^ñ^ó/l^fk^ii^ 
de los trmeéséá^J fS é^ñ\h dé 'T!ft 'fliievá éJíctiéíft ^iie sus 
mas acreditados «terátofe *afBíttA •fc&eho 'geütt-ál m fihropa, 
daba tanto miiy<OT peso S^fámarr^ceÉstíras^ ctíatifó me- 
nor, iha si^dd'nucStra IbUciíeiícia ^dÚtíca, 7 'iáémi ^oaftitir 
peso podíamos hacer en la l)aianza de la literatura moderna. 
Alanos críticos frahcéses , que por una anomalía ineon^ 
eáMXé son igualmente preeonizaAores de Ids mas gráéSes 
absurdos como dé los mayores ' aciertos , han valftÉfo tá 
impér^neia literaria áe los pueblos por cS mayor é ináoot 
gir^o de Inftuenéia pdlítica de los mfemos ; f si Mén ü» 
fca¿ podido despojar' de su merecida gloria á Italia, cuíia 
de la literatura moderna, én la cual se mecieron un Dante, 
uá Tasso y un Aribsto , á quienes no tienen modleto aüigund 
que oponer, se ban ceba4o én deshojar los laureles' que 
coronaban la freiré de los españoles en su ccbtpetencia lite- 
raria con todas las naciones iiél continente! Sí lálmportanoia 
política entrai ó rio por mucho eñ los juiciois de aqudtes crí- 
ticos, lo declara suñcientemente, no la indt^lgenéiá, ano el 
aplauso con qué ensalzan eñ Sa^espeare los dei^eiei^tofe y 
niánsíruosidades que tan agriamente censuran en 1jopé\ 
Calderón, Moreto, y demás dramáticos españoles, sién^ 
áo así que estds pertenecen como aquél á la época de la 
mas amplia libertad de la poesía dramática. Y no es li> 
peor que los extranjeros formen juicios tan errótieos Se 
ftosoütk, «inoque haya españoles capaces de dejarse Hevár 
de ése falso modb de juzgar de las' c6sas hasta él punto úo 
solo de adoptar y repetir los soñismas frwéeses, áinode GSOr 
plipar todo él esfueí^o dé su ingenio para acomodafíe ií 
(foiil& ^ra^do sügieiridi) por éíá MÉá dtMiky éori ineii* 



¡(80 REVISTA 1>S MA.DRID. 

goa de nuestra nacionalidad y menosprecio de nuestro an- 
tiguo teatro. Solamente una nación europea nos hace justi- 
cia; mas los alemanes menos ocupados en estender la glo- 
ria agena, cpie en asegurar la suya propia, nos estudian, 
nos admiran, se rien de los críticos franceses; pero no pro- 
curan vindicar nuestra literatura con igual empeño que 
aq[uellos han puesto siempre en desacreditarla. 

¡Cuántas Veces, señores, viendo ensalzar hasta las nu- 
bes autores y artistas extranjeros de no mayor mérito que 
algunos de nuestros españoles, digo para mí mismo: si Es- 
paña no hubiera perdido su influencia política y mercantil 
en el continente, sus antiguos poetas líricos y dramáticos 
serían reputados, así como los italianos, por ingenios de un 
orden superior ; servirían de modelos, y se les colmaría de 
las mas lisonjeras alabanzas 1 Si la suerte de las naciones 
hiciese que la nuestra se levantase al estado de grandeza á 
que debe aspirar , tal vez muchas obras de nuestros moder- 
nos escritores , de cuya existencia apenas se tiene noticia 
allende de los Pirineos, serían objeto del sinnúmero de en- 
comios con que diariamente se nos recomiendan en los pe- 
riódicos extranjeros escritos de poca importancia, juguetes 
de ingenio , ó lo que es peor todavía, compilaciones de an- 
tiguas máximas de inmoralidad y de corrupción política y 
religiosa. Mas por desgracia nuestra, esa preponderancia á 
que debemos aspirar se halla demasiado lejana de nosotros, 
y por consiguiente mientras no lleguemos á conseguirla, 
nuestra literatura habrá de permanecer bajo la tutela ex- 
tranjera sin nacionalidad y sin gloria. 

No se crea, en vista de lo que dejo dicho, que mi es- 
píritu de españolismo llega al punto de despreciar todo lo 
que no sea español : tan distante de este extremo ridículo 
como de su opuesto, no menos ridículo también, admiro y 
respeto , como el que mas, las obras maestras de los extran- 
jeros, y deseo que de ellas se haga un estudio muy re- 
flexivo. ¿Ni cómo podría desconocer la justicia con que 
gloriosamente campean en el orbe literario los celebrados 



. l'iUMSCIS PUBLKIOS. 281 

nombres de Feaelon, Bossuet, Yoltaire, Bacine, Corii6iU64 
Boileaa, Chateaubriand, y otros mil antiguos y modernos, 
£Uya9 (duras son éL primer título de gloria de Im Irancesea? 
Solamente deaeo que los críticos extranjeros guardsn respeo* 
lo de nuestros escritores la misma imparciaUdad q«e nioso- 
Iros observamos al hablar de los suyos. Persuadido, poes, de 
^ue la literatura general es conío un vastísimo mercado, en 
([ue cada cual puede adijuirir el género que mas le eouTen- 
ga, mi anhelo no es alejar á la juTontud de un tráfico de 
ideas , que tan proxechoso puede y. debe ser ^para aoel^prar 
los progresos de la literatura nacional , sino el desviarla del 
espíritu de charlatanismo de la escuela moderna, el cual, 
admitiendo los errores que la jsana crítica en todos tiempos 
ha condenado severamente, obliga á los jóvenes á aplaudir 
en los autores de moda los mismos vicios que censura en 
otros QienoB afortunados, poniéndolos en. el caso de ol- 
vidar su Utpratura propia por ^gotr los desaciertoB de las 
íí^traüas. 

I No sé si por ventura lograré ver satisfechos mis deseos; 

^pcH^que^el imperio de la moda es mas poderoso que mi débil 

yoz. y la moda es,- señores, y no la crítica sensata, la que 

ju^ualmente: dirige las opiniones, literarias de £uropa>, -pues 

^ue ahora, en el tieii¡ipo.en que precisamente se pitetende 

.probar que ha revivido, la verdadera crítica; ahora en que 

.tP!(loalos principios se ponen en dudn, en<pie todas las opi* 

niones son tan vagas é inciertas, en que eadé cual e»érliitro 

4^ .establecer ün gusto , un método , nu sistema transitorio, 

ifi^t^te ¿puede ser otra cosa que la moda la reguladora 

^i ingenio y del gusto? No ciertamente : en la actualidad nos 

JbaUamos ra una crisisiiteraria, y preciso es qtte toqamios 

^ los extremos antes de fíjarubs «n^ el centro: ícntimo es 

^ipe ceda la fiebre para que eese. el delirio, y ejma snimpéHb 

la razón. Entre tanto serán inútiles todos misesfuerisos en fa^ 

,\pc. de las. buenfu» doctrinas ; yi si algu na ventaja llego á oM- 

seguir en benelBjcio de las letras,, dcdt^ída será al poderoso 

atrtietiyo de naestra ptosía j á la fuerza irresistible de tantas 

SEGUNDA ÉPOCA. — TOMO III. 36 



¿82 REVISTA DE MADRID. 

proetMks de hecho, que no podrán ser recusadas, y de que ha- 
remos satM^factario alarde. ¡ Ojalá que la reseña de tantos t 
fan ifúmitables ejemplos de buena poesía eu todos sus Tarja- 
4Í0i gáptfroa, aoficeptiblfis de ser colocados sin mengua al lado 
xfe lo aMis escogido de l«s literaturas extranjeras» nos sa* 
quedfilpii^eirrorqueno&dedunihra, y nos obligue á dar á 
•nestMMr {Nietas antignoB j' modernos fat justa estimación de 
^pie jkiaba prívaidii nuestro amortiguado eqpiritn nacional, 
casi estíngnido por eféebo de la dolorosa decadencia polfti- 
ea. y miUtar da auastra desgraciada patria. 



-•»> 



it. 



Cwaado Atemos que loR piie|)l9ft bárbaros y basta- los in- 
cultos saWages acostumbran á cantar coa rústicos y desali- 
ñados versos el poder de sus divinidades, ó bien sus propios 
amares y las basafia&deans héroes, no puede quedamos diida 
:d^ que l^poena es coimatural al hombre ; y lo es en efe^, 
pqrq^§ las pasiones humanas, el placer y d dolor que estas 
.Ma«iwan, no tienen intérprete mas ñel^pie el lenguaje poé» 
1Í0Oi ó hablando eon mas emaetitud , esas mismas pasiones 
y loiAfeetoa ya tiernos ya impetuosos del ccnrazon , en rerii- 
4ad no aun otea cosa quepoesía pur^ , porque todo és poesía 
eq JIa naturatexa apasionada. 

. Ki'dld^ florprendfirnas por k> mismo que sin embargo de 
kmda igiiQf ancia.en que yacía Europa durante la^edad me^ 
dia^ botemos a1 rayar elsi^o XII vestigios de ese espíritu 
pQ^tiQi»^ qoe rBuay pronto Uegó á ser colosal y sublime en 
.>(aisiM.pantoa'dél continente. Lo que sin duda debe cansar- 
Ma^ mujior «idmíracion y sorpresa, es no hallar vestigios de 
i|0i^ nf^uirateva en los siglos anteriores, esto es, en los que 
sjguiaraa á ,1a nana toftal del imperio romfno m Ocoidi«i- 
ta« YiSidad.ea que bien ei^toidida la. historia literaria de ese 
xemrtoy osonmaimo ttonpo, es fteil conocer que come»^ 



Cl] lisos PÚBLICOS. 283 

fli á dejeneraír á la sazón la lengua latina haata entoi^M 
oüial y oorrieute, é introsándoBe á ella Tooes exátieas y 
bárbaras, no babia lenguaje fijo , y si un méstiio inéuMo y 
grosero qiie ádm j^reslarse muy poco á la armóirfa méMn, 
y ^pw biubo de sofocar él espirita poétíeo heredado ^ loa 
momanoa; A^í, pues, solamente en los daastroa, donde pat 
inclinaeion y necesidad predominaba «na lengua sibiá r 
eidtKnva, m dejaba oir el canto de las musas sagisdas; pem 
fiu fine .«os acentos influyesen de manera alguna en Aétíi^ú 
proAmo, adormecido bajo el peso de k oonqnista.yiMdtt^i'l 
regaxo de la ignorancia. 

Y esto están cierto, comoqoesegnn iba í<»iaán4dMe( 
idiooia vaigar, iba también asomando el espirita poMdoo 
peculiar de cada pueblo ; necesario por ser hijo de la natu-» 
ralesa, el cuid s(4o iwede estar <tecardddo enando Mta^ co- 
mo en los^iglos de que hablamos, el toíeo instram^Blo dé 
que puede valerse para la expresión. No existiendo on hm'- 
gnaje determinado, era tmpo«iH)le ipie hubiese poesía Terda- 
dera. 

Nece^riamente debió ser mas lenta y tardía en Espafia la 
formación de nn lenguaje vulgar, por lo mismo que hsMM 
de concurrir á m formación mayor número de componen^ 
tes. Si en ItaHa y Francia se amalgamaron con <i latín 
degenerado ó rocianoe infinitas palabras góticas, en Sspafla 
tenían que entrar á la parte con estas no pocas vocea wábt- 
gas^ medio eficaz sin duda para enriquecer fácil y pronti^ 
mente la lengua, pero tandoien el mas á propósito pan qué 
se retardase el afijar su verdadera índole y su caMcter eaen*- 
cial. Así es que en España no comenzó á darse á eonoenr la 
po«9ía vnlgar basta que sn lengua tomó una forma determi- 
nada, ea^ es, haste el si^ XII ; porque la ooa w gi da mh 
tes4e esta época es indudablemente prestada como TeimnoR 
ahora. • 

El sacudimiento militar y pélttico de los éarópeos con 
«Éotívo de laa célebres empresas de los cruzados comenaaidaK 
á fines del siglo Xlles sacó de aquel estado deemfarutecimieato 






'284 * REVISTA PK MAURIU. 

á qae los h^bia reducido la suerte de la guerra v ht igOíH'aa^ 
eia^de los couquistadorés. Un entusiasmo. inusita4lo (vaUéa* 
domé de las palabraii de un liistoriador ii*aucés; rompió las 
iMirrepas que separaban unas de otras á las naciones ; las reu- 
nid para' emprender conquistas rdigiosas, ;eí*to es, consagra- 
das por un pretexto religioso; las trasladó á la patria de los 
Fidias y de lo^ Horneros, y las .hizo respirar el aire de la 
Toliiptuosa Asia. £n consecuencia de semejante empresa 
•( cuántas nuevas' sensacionesi, cuántas ideas y gustos nup vos! 
¡Fenómeno admirable! La devoción insensata y belicosa de 
las cruzadas contribuyó eficazmente ial renacimiento de lae 
artes y al desarrollo de la razón ; roacurrió al triunfo de las 
musas y de los ingeniosos placeres que debían • nacer de< sus 
íatigas guerreras. . \ . 

J^ cultura de ios orientales , la vista de i aquellos paises 
41enos de i^ecuerdos .grandes v sublimes, y sobre todo la.tea- 
deúCMA de los hombres. á expresar sus s^timiéntos con. todas 
las galas y atractivos poéticos, cuando la multiplicidad de 
agradables y variadas sensaciones enardecen la fantasía y 
engendran ideas y pensamientos nuevos, todo reunido con- 
iriimyó á formar crecido número de poetas que bajo el 
jMmtbre de trovadores nombre significativo que expresaba 
el talento de hallar de inventar^ ó sean las cualidades del 
ingenio) inundaban los pueblas, los castillos,' las cortes de 
ios príncipes , y no solamente gozaban del favor de los mi^* 
aates, sino que también lograban conquistar el amor de las 
hermosas. Este incentivo era sobradamente poderoso * paf*a ' 
•que dejase de producir efectos muy sorprendentes. Efectiva- 
-mente variábanse los metros, pulíase el estilo, pugnaba el 
4ngenió por presentar con novedad los pensamientos, y la 
poesía ganaba un terreno inmenso c(»nparado con 1& escasez 
de medios que para ello empleaban en general aquellos poe- 
táis. Pero como la instrucción de estos era casi nula, y como 
en materia de poesía se halla tan al alcance de todos los que. 
tienen buen oido elajustar losmetrosy concertar consonan- 
cias, en lo cual juzga el vulgo que consiste únieamenle la 



CUtlSOS PUBEICOS. 285 

ciencia del poeta , se multiplicaron hasta lo inñnito los tro- 
vadores cotí notable daño del i^isto y de los progresos del 
arte. 

El reinado de los trovadores duró todo el tiempo que 
tardó en esparcirse por Europa la semilla del buen gusto de 
la antigüedad. El célebre Dante dio principió en Italia á una 
nueva era poética , y cerró para siempre la historia de aqué- 
llos primeros vates de la restauración literaria del continente. 

Pero si bien los progresos de la cultura europea dejaron 
oscurecida la fama de los trovadores, nadie podrá arreba- 
tar á la lengua provenzal la gloria de haber sido la primera 
que sirviese de instrumento á los rudos ensayos del entusias- 
mo poético. Esta lengua que desde muy antiguo conservaba 
hasta cierto punto un tipo fijo , un carácter nías determina- 
do que los demás dialectos europeos nacidos 4^ la degenera- 
ción del latín , se manifestaba ya con esa forma y carácter 
nádamenos que desde el siglo IX al X, como aparece de los. 
mismos documentos que existen de aquel tiempo. Gitarémas 
en prueba un trozo del compromiso que establecieron eui 
Strasbourg los dos hermanos Carlos el calvo, rey de Francia? 
ó de Neustria, ó sea el pais comprendido desde el Meuse al; 
Loire, y Luis, rey de Germania , el año 842 para ayudarse 
recíprocamente contra las empresas de Lotario., Dice así : 

«Kar proDeus amor,et proGhrístian pobló, et nos- 
»tro comum salvament.dist di enavant, en quant Deus savir, 
«et potir me dunat , si salvare jo cist meen frade Karlo, et 
«inadjudba ,* et in cádhuna cosa ; si comhcmi perdreit son 
>{radre salvar dist ; íno quid ilim altre si faret ; et ab Lvid^ 
«has mil plaid nünquam prindrai , qui meoit vol, cist meon 
«(frade Earle in damno Bit.» 

Lo cual traducido al pié de la' letra dice de este modo: 
• «Por amor de Dios y por el cristiano pueblo y inueátró 
«cmñun salvamento , de este dia en idelante , en cüantoDite 
» saber y poder me ha dado, asi salvaré yo á este mi humano 
>^Giu*los,> y seré en su auxilio y encualquier cosa; comió por 
>»4erecho un honíbre debe salvar á su hermano, y noMo que 



2S6 BiiviirrA de MAimiD. 

«otro haría; j eoé Lolario Bonca enprendefé tralo algii* 
•no, que de mí voluntad de este mi heñnano Garios en da* 
»flo sea. » 

Trariadaránoa aquí taadñen obro doeomailoiiotí^ 
stt antiguedaiL , jporqoe pertaioeieitáo á la época de naes- 
tros eondes de Barcelona , oomieiiza ya á darnos luz sobro 
el <Nr^en mod^no de nuestra poena. Este documento /es. un 
epitafio que se puso esa el sepulcro del conde Bernardo, que 
pereció desgradadamente en el año 844 : dice de esta ma* 
aera en letras mayúsculas. 

Assi jay lo Gomte Beruad, 
Fisel credeire al sai^ sacrat , 
Que sempre prud' lumi es estat 
Pregnc» la divina bontat, 
Qu,' aquela fi que lo toat 
Poscua sonaima aber salvat. 

TRADUCCIÓN LITERAL. 

Aquí yace el Conde Bernardo , 
Fiel creyente á la sangré sagrada , 
Que áempre prudMte faomlH^ ha mdo. 
Bogad á la diviña bondad , 
Que aquel fin que le mató 
Pueda haber salvado su alma. 

Examínense estos trozos, y se hallará por hoáe el hrtin 
adulterado con mszda de algunas palabras tsdeseas; pero 
obsérvese con parlieidindad, que raeste dialeelo se encuen- 
tra igualmente la matriz del lenguaje ealalafty viakncíwo, 
y aobnt todo ka del idioiúa firanoés. Loa «utores que se han 
ésdíeadoáiBMBtígard origen del diaieeto^pM^^ que 
algiiHos Uanum kmmmo eon poea propiedad) estas dissor- 
dea en un punto histórioo que no trataréasos de resollar en 
e^te lugar, porque nos desviaría demasiado de nuestro <dH 
jeD>. Baste saber que unos pretenden ser la lengua catalana 



0UH9O6 PUBLlOOlk 287 

la que sirvió ée upo á la pnyvenxri, otros cpie de esta ftn^ 
cede la primera. Lo que notieiie duda, y lo que puede eoa* 
teñir mag á muestro pnqiárito, es que la époea de. mayor lu»* 
tre de la poesía é idioaia provenaal fecha desde- ftaes del ei* 
glo XI en que la PrOYeasa estuvo bajo d dominio de loa con-* 
des de Barcelona. D. Ramón Berenguel^ I de este nombre, 
fijó su corte en la misóúi PfoveuKa, y fué protector entn-- 
siesta de los que mfmifestaban ingaiío para la poesía. En 
tiempo de este príncipe Uegó ó su mayor esplendor la . 
proveníala y de aquí han toHmdo oesiion algunos escri* 
toree catalanes para asentar eomo cimio qoe la pulíctee y cul- 
tora de a^pidla poeria se debió á la lengua catalana. Gues- 
tion esesta puramente erudüa yal mismo tieiq[K> de dificil 
resolueion. No es peeuUar de mi (Ajeto diludchr puntos bis* 
tórieoS) propios tan solo de una obra, ét erudicioif y crí- 
tiea; pero eomo todo lo que puede redundar en homra 
de nuestroí país y luslre de onütra literatura debe esperar 
agradable acogida de cuantoe estiman algo la glooria de.su 
patria, citaré lo que alguaos escritores extranjeros han di« 
eho respecto. de nuestra influencia para el fomento de la 
poesía provennd. PiUan en su historia de la villa de Aix, 
lib< 2:^, eap. &.^, dieeaaí:«£nti» timtasy tattrarascllalida- 
»des como adornaban á nuestros.prineipes catalanes, n^ era 
»la mauT de días el aprecie que hacían de kw literatos; 
«pues á su solicitud debemos baber restablecido d estedi^ 
«délas bellas letraa, Ett en tiempo baUartmmwstcos proven^ 
»2ales<l arte de rimar, y dieilen alparaaso una dédroaom»- 
«pañera, la cual fué á un mismo tienq^^biea recibida de la 
«corte y de la grandeim. » Xoelnidamiie cu la eegmida parte 
delahislMA de Provenm l«yo ei dominio deioa oomlei de 
BatDdooa, y rafiriéndoseá la ^[loea de Berengner II llama-- 
do el joven, oorrrikeealo ya^dieb»;.perD todavíaio hace Bou- 
che de un modo niialflrmtaiaDte y deeieivoiensuhistorade 
Provenía, tomo I, lib. 2.^, hablando de la mismaépoca, dice: 
•^desde el affo 1 1 lOiea ttenq^delos Berengueres condes de 
«Barcelona.... La lengua profvemal'se hizo tan pura, tan 



!2S8 iíí;ví&j:a de MitDHin. 

«culta, y llegó á verse tan emb^ecida con teda saerte dé 
'adornos y hermosas toeaciones^ por espacio de 300 añon,^ 
»que comunmente era preferida á las demás <te Europa, v 
V muchos extranjeros se dédkaban á aprenderla. » Lo mismo 
vienen á decir, con muy corta diferencia, FtKjopoé Jmopa 
Giunti én la dedicatoria del Deeameronáe fíoccacio: «Nada 
»bay que mejor mantengan lustre^dennalen^ia que el favor 
»de los grandes príncipes, á«uya sombra florece y se con- 
»serva en estima : de ella vemos un vivo ejemplo en la proven- 
»zal, en tiempo de los novUísimos condes *de aquella provin-^ 
»cia, especialmente en el dd buen Ramón Berenguer , varón 
«muy celebrado, por qáiea aquella adquirió grandísimo- 
» honor, esparciátidose poco menos que por toda Europa j 
»Fué úioptada y estudiada por nosotros, y después imitada 
» de la la manera mas amplia; pero apenas faltó aqudla corte^' 
»y se vio privada del alimento que la nutría, fué lentamente 
«decayendo, en terminote de qtie ta la actualidad yace poco 
» menos que olvidada. » Casi iguales son á estas últimas las 
palabras de Giambull en sus orígenes de la lengua florentina: 
« Apenas (dice) faltó la corte (en Provenza) por la muerte 
»del conde Bamon Berenguer^... no solamente faltaron los 
«poetas y su celebrada rima, sino que hasta la misma lengua 
«vino á menos, y se oscureció. » 

Estas autoridades probm^án , ya que no otra coHa , por 
lo menos el gran fomento que recibieron así la lengua como 
la poesía provenzal de los eludes de Barcelona , y de los ca- 
tatanes que les aocmipafiaton durante la permanencia de la 
corte en aquellos paisas. ' ! , ' 

Aun pueden añadir nuevos grados de verosimilitud á la 
idea de haber sido la laíigua eatatana la -qué dio todo su valor 
á la provenzal , los siguientes verso» 'escritos én esta última 
por Alberto de Sisteron , en donde se v^ mm determinado el 
carácter del antiguo catalán que no el de Provenza . 

Mónges digatz segons vostrk sciétissa 
Cal valon mais. Cathalan, o Francés. 



i 



GÚmOS »ÜBtK20S. 289 

F.H T^r 4e sai CkíSGO^a é Proénssa . 

KUiBosin, Alvei^a, é Yiaa^s. 

é de lai part la Ierra delsdtis íiéy&. 

Voi U quem digatz eu gali» pías' fios pretzés . 

Redúceiise estos versos á preguntar cuales seaii nías suti- 
les si los catalanes ó Ips íran^iesies. Bajo la primera deuoimna- 
cion comprende la Gascona, Prottoza propiamente dieha, 
Lemosin , Aubernia , y Y ianes : en la s^unda la tierra dé los 
reyes, que era Francia; nombre que jamás llevaba la ptirle 
meridional de aquel reino, Hatnándose á sí mismos sus mo^ 
radores provenzales; Por consiguiente se y¿ que el atitor de 
los citados versos comprendió á aquellos bajo el nombre de 
catalanes, ya con alusión á la poesía, ya á los soberanos qué 
eran los condes de Barcelona. Varios autores así antiguo^ ech 
mo modernos corroboran c^n- ob*os documentos semejantes 
ta opinión de que del lénguajfe éataían formaron el suyo tes 
provenzáles. 

Dejando, pues, á un lado una inviBstigacion que, como 
lie dicho , no corifesponde á este lugaif ; y satisfechos e^ Baber 
que la lengua pro venial fué común á la ínitad del reino • de 
Francia, á una gran parte- de Italta,'y á las provincias dd 
Norte de JBspaña , con leves Tariafeiones en la estructura ma* 
tierial de las palabras, paséiMs ahora á hacar nuevas iiida- 
^clones sobre el origen de lá poesía española. 

Es indudable , según las obserracióiieB d¿ varios autores 
españoles, entre ellos el P. Terreros, que él Idioma gallego 
y portugués, que sustacialmente fueron nao mismo en sus 
principios, tenían suma seraejanta con el prbvenzal. Tal vez 
se debió la introduécion da nuevas voces y Idcucibnes de«ste 
idioma en Galicia al establecimiento en ella ^los condes Doh 
Bamon y D. Enrique de Borgofla, como' ^lípone Aldérétñ;á la 
emigración al mismo punto de muchos provehzaiés éstkMed- 
dos en la provincia de Toledo cuando esta ciudad ftié tomada 
por los moros , y á la multitud de per^rinos extranj^os 
que continuamente acudían á Santiago de Galicia. 

fiEGÜWDA ÉPOCA.— TOMO III. 37 



290 HKVlSi:4 IME MADmu>. 

• Sea lo qae fuere de eitis pm^rtnras, que no bastan poi: 
8Í solas para esclarecer na panto 4eHiasiado oscuro en la bis- . 
loria 4je las letras , no se puede poner en duda que la len- 
gua proYCQial, con alguna» raodifieacíonfs, fué muy común 
á los decidores y trovadoüesdeyario&puntos litorales de Espa- 
lla liaata el siglo XIV, y eon particularidad en Galicia, Portu- 
gal, Cataluña y Valencia. Y dado el supuesto, que no puede 
menos de concederse, de qi|e el gallólo y el provenzal sean en 
•Ifondo uno mismo, no puede tunpoco dudarse que la poe- 
sía provenaal precedió con mocho á la castellana. Sé muy 
hícnque no es fácil proliar esa antigüedad que la poesia ga- 
IbgiHpfovencaltu^oaitre nosotros, porque no exist^ié por 
It meMS no se tiene noticia de códices ó compilaciones de 
aqud género de poesía: poro las otisenraeiones históricas que 
m han indi<tsado, inducm.á creer que existió antes que 
la poesíaverdaderamente caateUana , Prueba esto mismo hasta 
mtío ponto^el diisliodd>marqués.de Santillana oa su carta 
sc^re nuestra poesía, cuando dice: « Estendiéronse > creo, 
««deaqucUaf tienraa é eomarras de los lemosine^ ettas artes 
•i4 loa gálicos é á esta postrimer^ ó occidental parte ^pie es 
'irla nueitraEwalta») y Velaiques ea id orígw, progresos 
y edades, de la pqesía castellana , página 32, hablando de 
pvineijpMNi éá ñglo XU^ no du4a en escorar que habia 
ckn año$ fue tfim wl§úiites m E^faikí lapoaiaprinímMUp 
la portuguesa :g la gaUega. Á$% fui (afiade). que cuando ^n- 
fameníeton la lengua, emf^ná lapoeeia eastelUma» copudo 
eüa.iqiir i/e. Umor mticko de bu offos pon\M» que %iaeran 
tmjgorai, yMm conocidos en la magor parle de la nación. 
Nq e9 fétíi Ufiviir mas «Manta las inYcstigacipnes aoer* 
en de nuasbsi. poesía wUnur: al siglo XII, sin eaú* en la 
oscuridad y eeirfuflioa que.eu este panto ofrece la. historia. 
PonM si por una pwrto Y^noa generaljiad» la poesía pro- 
lEensal, asie^i uMponáoniiíonfiiderable de Europa comooi 
Yaríaa pmtin^íiiadf Espafia; por otra vemos la poesía, ge- 
nuiaam^te castellana , irse formando al paso que se forma- 
ba también la lengua. Y esta, que por derto no tiene por 



raíz iü iprareiuil tíúm la latina (presenta dMe imgi> una 
amalgama dé esa lengua y de mnehés Voem góticas y acábí- 
gaa; como qw l^-ikmiinacíon* de los godos y d6 los.árdies 
ésiiíó ínfliiljP'fKdMreinanem en la ádnHeraeion # la anterior 
Imgiia enmm que ftié la 'rcanana. Peso al rntsmo tiempo 
tam|»ip yueáe deseonoeerse , que en la^ emitirá lengua 
ea9t(dlMa se eneoeatra buen número de palafaras pravemsi^ 
les ; y eAa dremstaneía , que prndiMí lo dídbo por Vdavquieac 
acerdt de la parte qoe pado tener, la poesía provaizal en ht 
formacáoif déla easleüana, no carecerá cicatiimeate déapre* 
dé, aun en el tiempo en que esta- se acercaba A su mayor 
inadiupeí^* 

m 

De todo lo dicho se deduce que la poesía castellana ante* 
rior a) siglo XII nos es desconocida, y qoe setanratilie por 
congetnras pódemoe inferir loque seria ames de dañe ¿ 
lux ^ poema del Cid. 

Que la poeste esMütam no nadé de rq^iMleieott ese 
poefeMí , e» eosa que no pQtfla poneras en dodfr. Aquik^ cm»- 
posídcm, desaltftad» y rin arte^ cMtiene ún cnbario nmg» 
feliees qn^e reirelu nn güito deMininaáOy una- eaenek vqh 
ftMme, enalse lulTi^rte afiíaaismo en loadeAkfttiAroy F^« 
nan Gon<ilet ^ poftenodeotM mm oorta dtferieoda á laiaá»- 
ma época. Y así como la Iliada de Hormazo descubre una i^^ 
ea a^eilór ¿idta y niny poéika, asi loa fslBridei^^ poemas, 
aunque en linea desigual «m los del caiMr deÁfaüéa^ sela^ 
tairuna ^|N)ea antrnter para la fMnmeíon de la pnesía y de 
la lengoaj y tanto mai meeonftmiomtisste^mcio, cnanto 
mayor es k persuasión en cpie estoy do que k« «uÍBtteaa^^ 
pnlarea bcn piÍMidl(fe en todos tiempo» y mcioi^ al poe- 
ma ^i^^, poriMreito'tomMméntéengeiirinda^ 

tí eareettr, pues, de poeato ameriim» á la^ apamsíón 
del pdenMi éA (My prolMi enandd Éias la ínmDria dn lea 
tíeiapee preeid^tia al t«tíidilli^<y de les iqoe ae tígtáesÉoui 
pero no servirá para prtibíít la no exietiflncdA de la poeita 
castellana antes del slgjto XII. BMa refieaüon que mM een^ 
cillamente de la natñrálcEa de las ^eosás nósmas , destruye 






292 RKVISTA DE MADRID* 

el argumento de hecho conque D.TopBtás iSanchez impug-*: 
lió la opinión del P.^ Sarmiaito, Terrerog, VelazqaeE, y 
otros eruditos que han soístenido como probaMe que ia poe- 
sía gallega, procedente dé la provenzal, haMa:8tdo^pBnerirl-- 
menté usad& tti la mayor parte de laaiprovincias de Espada 
mucho rates que apareciese la poeoa castdSaná ; . porque res-^. 
tribando el ai^umento de D. Tomás Sandiec en que si esa 
aserción fuese cierta existirían códices ó oompilacicmes dcf 
cantigas galleas antiguas , es claro que careciendo igualmen-: 
te de poesías castellanas anteriores al poema del Cid, y no 
pudiéndose dudar de su existeucia aunque ignoremos su pa- 
radero, la impugnación de Sánchez carece de sólido funda-* 
mentó. 

Que huho poesía castéUma aüterior á ese.siglo; que' los 
poetas abandonando rápidamente la Imtin^t abrazaban :el ro- 
mance, mezclando con él voces góticas é infinitas arábigas, 
y auft muchas veces einapoiueiido en arabio purp consumo 
escándc4o dé los etialiaaos^ se prudm con leer lo que soWer 
el particular escribieron varios autores de los siglos IX y X , y 
especialmente el cordobés Alvaro en ftu7fidicuh«»ltimttio^tM; 
los cuales se quejaban amargammle de que los cristianos hu- 
biesen casi abandiooiado su l^gua por esmbiv y eomfKmer en 
la arábiga. ; - . » 

La cpasécuteeia , pues ^ de esa mésela de diferentes len^ 
guás fué, co«o ^a naloml, laiormaeíon de una que adoptan- 
do detodaseUas las.voeea eouj^vadae por el wo vulgar ,'oon&- 
tiluyeseMjo una f orma y earéeter detwrmiiuidf » la qie reeíbió 
el nombré da cáataüana. 

Si hubo una lengua que iba foriBéndose^progreilva^ 
mente; si al mismotiempo los árabes babwi ^Hfundiéo la 
afilón á la poesía , coaio ^pmÚp mas, ci vilis^tdo y cnho ; si 
estos .mismos y aun los godos que la tenían. di^ miiy/atíti- 
guo introdujercm el uso de la rima haeta eu^ k» oompo- 
siciones: latinas que constaistemaite careeieron^ de ella du- 
rante el.«íglo de cxo de la literatura romana; y p<>r;últi^ 
mo, si no ha biA>tdo P'Ueblo algnnpcivilizado que por cér^- 



CURSKIS P%}fiU€08. ^93 



^aiHK al esltdo primitivo de. liatáifálesa , y inas ruáiá ¥|ue 
•lóese onf^mmmante m lengua, no haya celebrado eh \er* 
'só laíi.fa«BEaftá»:dé sas iiároeíS^, a el podar de sos dk^ses; es 
«Tideníte qile eiitre loa godos yin mnliíados, deiespíril» vé- 
liQQiOv y «Bvliellaa ea lucha tQáaz<y .iratérofia' con los ara- 
tes,, por neoasidad habrían de existir romances 7 cantigas 
perpulsres', eñ qiie>8e 6nfx>nBase el heroianá) de sus guerreros 
y la proteddon 4e 1« divinidad. 

¿Y cuál fué la forma que diaron á sos «ompoísiciones, 
ícúál d: inétro quansaron'lós castelfamoe «nesas cantigas 
'ó. ranianees populares anteriores al siglo XIf? se 'ignora 
ai)solota]iieiitev.)sefloiw; y esa igooráiíGia na ddw sorprai* 
jderfBos,'cuandó del mismo 6iglQiX]I^:al<eual se crea'pertetteoer 
«r poGúia dd Gkl. nonos queda reltoálginio de ningimotro 
«giénerd ds poedía> popular', : edmo nto" sea latina. 

iS'i.lHliadfin. tener valor Us' bípóftfsis en asnillo* pnra- 
mettlé. eongstwmlrpoi; icarecer dé éoéÉmenlos para la praé-^ 
ha,:m<íaitrBV«ríir'á.deeír qéaelt.exéaiptod lalipo,^y fél Mtrr 
-so^aff^' arábigo, de diá y Iseis riiistaii^qfae úo^sé emao^liom^ 
teiiHe,! hariaií adppfaírieú^enénd'iwi anétoa «amqánlé'oon 
.variedadven elnúnerpufosflatMiS'avasó pmr.snividor pro^ 
3ó^\eq yá .deséondeído pára.aosotroa; yipor.cdiisigtiiente 
4i]ieririadM8 <qné: él metro > usadar pop' el aatcn* det poema 
del ; (Sd' soía tal( vés* el misino queiustam «l^vnlgo en sos 
<)á0tic(^ pofinlafis^ con ht^idfina iprnl^íUMl dhPcoMonMteB 
segiiiilDs.'que sé <vü im las eomporietoiies aiálñgas. r' ^' 

- 'fSea de ésto tonque fnera y desentepéMnioPOs ya dprows* 
iionesi eradüas qna no poeé^n dEuifnos'híz: para reso^vi^r la 
iMqnidipid; eni^uieHa:^ :1a knelMfimí esouñdad de.fosd^ 
gios^ cüámónea por fin á, nñ punto fiyo cdcadeel cnabpfda- 
mos pavür ^ jsintimto.tenmp de extnmamotf d^tfo. ddrtor- 
4.ttOBa;lalíariBl0.dala8;h4>áliem;> « . 

- Jíá siglo XJl,én.«l éomnn sentir. de Ito 

místsa :.yá el: pprsner i testimonio mreensafaie .de latvesdadoi* 
fa:vpB«ñ^.<^urtrik;e8letOilBDw^^ 8i 

sé esaoóna deteiiidamente e«i oomposieicm , autei sé verá 






294 ivEvnrrii be au0Bíi>. 

eti ella d cafácler de lahistori* que Ji0.d de lápoteía^i^ 
€a. Por todas putos rcrtela; aquella. ttjffliiia ettiMUdaipf)^ 
euliar do todas las soeieáade»^ eúado d. roióavíODto do 
lo oaübüica i» ba Uogoéorá^dor i h kiagiMMÍou toda/b olofr- 
ticida4 que, por doórlo moi^ ^dcpatoire /egoád» fatfi-y|g|owBf y 
loo ilMos dd immo w. osfÉrítadásaii y d «MM^i^ d# 
la latilaaía reemplaaa á las soDSodoBoi fo^bidas poi «m^ 
dtteto de los sentidos; eit siwia, eúattdo la ooboia i^cf 
las fojocioiifls dd eoraaoft. 

Harle^wiiqaiooeoÉmlAó.dfQiMftito JBÍnlMft 
qne arte pnede llamarse isutinta. dd atttkipei^K^jpfioi^ii» 
^oeüiraBieiMIe soelo ésto snpttr i oqud.^ .€pnMnÍB0i|4o so 
eolor á nn ontendiadfliito. qiio no seo .ródo^.á ip» okna 
q» iM» soa do hklflf* I^o UMImi roinelAR ^búKsmmtm-ilm 
hazañas del CU iduraote ol tiomffO qo»; estevq difrtofiod^ 
de la eeirte dd foy Alonso YI^ á^mtiffOSMUmaB^ ImmMr- 
ofaa hislótifa ó mas Mea tcadlmiMáy toa cmrbi «UtoiNM 
«orno ofaor», do laapimBGBsddiiátioo doVmr;,y ti^^ 
00» la nraerto de los.iBÉmtes dir Cartton m d «KOto qof 
mÉ^nñerm^ eon los poroiata;^ tíd, por faolip borlodó 
iriMánomonte á ia<,hqw do esto; oampMü. Ha )i»y^ en olla, 
tmm^ oqndla disposteion arttitifiottifiote mgnúono^ por 
donéo priote iofetírso ^oo ya. €ia.oi|fld aí|^ oom^tpciipñ^ 
dos los reglas peeidíttres dd .pMHa qpmo* Sdonü^ito fro^ 
diMSiiavii «olÉfOto^ qoe oapt^ar. al hépas f olfpp»^ JMf^ 
nánimo, y ML^^vi pirttli y i«y m modio do saufdiíiinfBia: 
Iio«OH|Mdoiif8aooHla, ooloi^l) á/yoeoijnida, é 90oas foü- 
mote y oBésjioat.lié ahí te^^fioBilas omnípídoi ddipooom 
ddCídf estas SOR édM*mtméJmk)^:íp$^éf^ 
ooipaoognído: á JiiMitnis mám^ aoostowiihfodas i iqiywr 
oonaoft^/ d fpdasitim tei^paaié ooÉtoDMto.^íiid'fipc.oiadqo 
de esperinmter d ámou> eos lo kBjreodo 4^ l#wl memBOh» 
Ur monooMCito de óncstoa : aiaío Iilirí^ii9»^:€íoctpL odvisa- 
oMm aeradiüriB;dorto .smtiimmito 4o;f«i|Pi^to t^do oso 

Is' «odedad de aMstoq^ ontapasaAas , y trmren.aftammdo 



tmlet^niente distinto del que nosotroe babitamas. Con solé 
la leetnra d^t priineipio de esa composieioii se poede for'- 
laar idea de Mi estilo rudo y singidar instinli'fo caraetnrfe- 
tíeo de aquellos tiempos, desterrado «i €id de la eorCe del 
rey !>« Aloaeo Vi por intrigas de suséniíiles^ el poetiPté- 
^ftere la salida deI4iéfoe eondireerioné Vt^r,<dee^ mantMrá: 

'. • < 

Be los SOS oíos tatt fuerte mievtre loraado ' 

Toi!«alMt la eateca é^Mdia lea eMaiido: 

Vio puertas abiertas e uios sin eaftados , 

AloandiúNMfr ^áeias-sin pielles e sin maslos ; 

E siai Mcottes eaiii' áél»t«s niadidos; 

^So0|^lfi4 aiiio Cid ea «toidio avie grándtt ooldados : 

FaM6 mió Cid Meit e tan mesinrado : 

Grado 4 ti Sdloi* Padl^ qoe eMis en lo idiot: 

Bslo me han bM^to mios Rnetnigoi^ malM : etc.*. 

No es Iseil entenéiHr \m eim^o primehMft veM» , porque 
falla inéndÉMemente et prié<Hpo drf poema^y tiÉ ves eon él 
la exposieioA die los níotlTós, Mlios é 'verdaderos que tuvo 
Alonso H para deoM^f el dcá$tierro del CSd.' ' 

< iia béndflíd de los eametéres qne, según él 'espfritn de 
' AiMélétes, no coill»isle en qoe los personajes de ñna' oMi^ 
síeiansélin bnenos bajoiilM^ecto morM y rrtlgioso, sino en 
que siempre sean eonsoenenlesconsifo nHMios , fdn desmen- 
tirse jaM^sM^lÉrmolivoá dttdÉr de^sn viei«dadirafiidirib;'i^ 
halla observada en el poema de que baldamos emi «a aeiertb 
slnpAqr, dliM di ser'Oitiiifiado^ottn voflbíivr^deten 
QnMiifr se lia.fl|ÉA»wneli(ala oMi^ 
prenda , tal vw la infts seimasM^M M poeHMidri GM ; parb 
noipar w> flsawnoa^skrtavil aignil4efMM Yátftá IM caraca 
Mreiv ^vt%Ai^^$«tíMbí^ eit> id grado demasladb^ f w üftiiá fe efe 
teindad aacMl qno liettMMaftineipiíes tMa^ 
ooÉipoalek*.' Fatts pues el j«i^ óontrttisio de pásümes 
opnestHR^ qneMnloMiilxtbiiifeiaimt^ 
Ua inqniétMl ) prodoeida por^ é^leHlO^¥ la:'€f!^peraili:á, tpi^ 



296 nevisTA »iv mai»rii>. 

es la base principal del interés en ' toda clase de oomposi* 
€M>nes de íngaiio que mas ó menos partteipán de las for- 
mas dramáticas. Sin embargo no carecen absolotamenle áf 
'^riedad y. ann: de emtraste los: caracteres m medio de esa 
bondad c(wiun á todos ellos. El del Cid*«e <fistHlgae de los 
4wi6» por una grandeza de ánimo superior á' todos los reve^ 
ses de la fortuna ; por una severidad de costumbres , una con- 
cieircia triinquila y piadosa, una lealtad invendible á su rev, 
á pesar de los agravios recilñdos de su parte , j un valor indo- 
mable en los iKimbates. Pudiérase soiqpieeluir que el autor tuvo 
presente al b^i^e de la j^eida^ si hubiénmios de juzgar por 
la analogía que. sé encuentra en muchos nu^os comunes al 
conquistador de Yalcaicíji j al veoeedor de Turáo. Vero cuan- 
do se consideran las proporcione» gigantemift del héroe cas- 
tellano, muy iQotabks á pesar de la rústiea erpresían del poe- 
ta, no se puísde menos da conocer que si el Cid hubiera tenido 
por intérprete de sus nobles cualidades al tierno y delicado 
cantor de la desventurada .pasión deDido, el héroe de Casti- 
U<i ,.aisla<bupente.€onsiderado, Ueyaria al fundador de Roma, 
ib«jp igua) aspeoli^, 1^ minnaf» ventiyas que' la importancia 
de este suceso , .aunque fM>uloso, lleva á las.hazafias parciales 
de Bodrigo de^Vivar .. Tal es mi opinión, y oreo será la de to- 
doalos que gusten dedicarse á f<Nrmar un paralelo etílaeeEm$s 
,y el Cid, desmt^ndiéndose de la importaneiii Uslórieay po- 
lítica de cada uno de ellos, y de la diversidad de plomas de 
«los poetas qme ' reqiectivamaite celebraroocsus haMfias y 
virtudes. . 

« • ' 

Al lado d^ Cid , y casi ea primer término, se pMienta 
Minaya Alvar Falles, desesfadiiday reeudto, degnm virior y 
jmjanza: Ibrtin Antcttnez denocMi> y brioso, de.nbble y 
generoso; pechó, pero ^ la calma y la cordura del pruMco; 
Pero BermuQz, ofia4Q y, temerario, cit^ para: lo&ipe^grbfi. 
Por;este orden pudiei»n enumeraraeHis prendas que distín^ 
gueq^ los jefes. coinpafl^»Qs4al Cid, y serhallaría qde t^don, 
aun^p^^conmnes en imiásd) bo dqande:diferéiiciarse4K>r 
rasgos que son pecidiares desuft respectivos caractépesi; : 



crmsós PÚBLICOS. 297 

El estilo y lenguaje de este poema, atendida la época en 
que se escribió, si bien son rudos é incviltos, como ya se ha 
dicho, no por eso carecen de ternura unas veces, de enerjía 
otras, según lo requiere la situación de los personajes; el 
siguiente trozo en que el poeta refiere lá separación dé Doña 
Ximena y del Cid, es sumamente tierno , afectuoso y expresi- 
TO) cuanto puede permitijáo lo informe y tosco de la lengua. 

Por un marcho que despendades, al Monasterio daré yo cuatro:- 
Otorgadogelo avie el Abbat de grado. 
Afevos Doña Ximena con sus fijas do va legando , 
Señas Dueñas las traen é aducen las adelant , 
Antél Campeador Doña Ximena íicó los inoios-amos: 
Loraba de los oios , quisoF besar las manos : ' 

Merced , Campeador , en pra buena fuestes nado : 
Por malos mestureros de tierra sodes echado : 
Merced ya , Cid , barba tan complida : 
Femé ante vod yo é vuestras GJas, 
Infantes son é de Dias chicas , 
Con aquestas mis dueñas de quien so yo servida, 
Yo lo veo que estades vos en ida , . ' 

, E nos de vos partirnos hemos en vida. 
Dadnos conseio por amor de Sancta María. 
Endino las manos en la barba vellida , 
A las sus fijas en brazos las prendía , 
Lególas al corazón ca mucho las quería , 
Lora de los oios tan fuerte mientre sospira : 
Ya^ Doña Ximena , la mi mugiíT tan complida, 
Como á la mi alma yo tanto vos quería : 
Ya lo vedes que partimos tenemos en vida : 
Yo iré é vos fincaredes remanida: • - ■ 

Plega a Dios é á Sancta María 
Que aun con mis manos case estas mis Ojas 
O que de ventura é' algunos dias vida. 
£ vos, mugier ondrada , de mi seades servida. 

Cuando por el contrario describe un combate, su estilo 
y lenguaje adquiere sumo brío y pujanza, como se vé en 
éste trozo. 

SEGUKBA ÉPOCA. — TOMO m. 38 



Quedas sed , ir|esnadas , aquí en este |o^ar : 

Itoil'ftsWaiicft^íib^tíRitá t|ue yb tó áixaá. 

Áq\iuVPep«iBirafíStz-aon I«fnitl9 enduraív^ 

íqa$itti\eae.9amM<t, coapozódf esjwlanar: 

E!cria(ÍftrT^vji|p, CidCpiu¡)eador leql: 

Vct nieter la yupstra seña en aquf la mayor Uqz. 

tis que el debdo avedes veremos como la acdrredfS- 

WwéléaliipKidor; oúá sea por cnridbd. ' ' -''■^ 

&«puso 'Pe^ Bennucz : non rastará (Mr al : 

Espolonó el caballo, é metiol' en el mayor haz ; 

Sloras le recit;en por la s^oá ganar : 

fíSaie gi 

Dijo el C¡ 

Embraza 

Abaxanl 

Entrlioar 

Iban I os I 

A grandt : 

Ferídtos 

Yo 50 ni 

Todos De 

Tresciem 

Sennos ir 

Veriedes 

Tanta ad 

Tanta lor ^ 

Tautos pendones blancos salir bermejos en sangre : 

Tantos buenos caballos siiísus <fuenos'an'(£^r. 

Los Moros laman Mafomát. los c!li i ^'tía nos Sandia gue, 

Cayen en unpoeóae logar llóros'muerfós'mifl'efféeinitos ya, 

NÓ pretpndo , spfiorcs , cksraemizar ibm gn poema <«ie, 
ciertamente, no puede resistir afilA^tísi^', bdi*(iifttiftf|™» 
fué escrito bajo las reglas''áp' 1^^ biíena'crítji;a,' )^^^ 
sivo del ingenio m U9 si^ privado d¿ Ídifll»P, x^W'-' 
defámente poético, sin conocimiento exacto de los buenos 

!'fld^os d^Jji gj^^ig^^a^,; siq educación literaria, sin re- 
^ ^e^^buen &kiP y 3e la óríticá j 'Ío que entonces pro- 
ician los ingenios eu'ropa^, era ciertametitfi ud'I<^^' 



ducian los ingenios europa^, era ciertametitfi un- ienpm&; 
Qo literario, era una prueba de lo mucbo que puede pro- 



ducir la fantasía humana , aun desprovista de los eficacísi- 
mos ausilios que la suministran un idioma cultivado, estu- 
dios escogidos, gusto formado y correcto, y todas las ven- 
tajas de una socie ij^d cylt| ei|j^m}e ^iiupnio, sin neccsi* 
dad de estudio |^^iy| iÉÉNlbfiS^ arte de inven- 
tar y producir obras dignas de todas las edades. 



igS§,.m LA Reviixa. 



I •,! 



- - i 



.-. ' 



•f' • 




ÍP'.' 






30Ó 



BXVIStA Dt itAtítatt. 



MSBVA 




(Continuación. 



Corrí entonces acompañado de otros muchos, tan poco dispues- 
tos como yo á dejar asesinar á un hombre sin defensa , y al acercar- 
me reconocí á Cristian. Tenia la pierna derecha cogida debajo del ca- 
ballo , y hacia esfuerzos con la mano izquierda para ver de sacar el 
sable. Picos , .azadones y palos le amenazaban por todos lados ; y ar- 
rancándole yo e] sable que su posición le impedia desenvainar, excla- 
mé con voz de trueno : el primero que se atreva a dar un paso ade- 
lante le hago dos mitades ; cuyas formidables palabras acompañadas 
de un ligero molinete detuvo por un momento á cierta distancia á 
aquellos cam'bales. 

Los jóvenes que me acompañaban imitaron mi ejemplo ; el «uno 
cogió una piocha del suelo , otro arrancó una rama á uno de los arbo- 
les de la barricada, y otros trataron de sacará Bergeuheim de deba- 
jo del caballo. La turba se aumentaba en derredor nuestro durante 
este tiempo redoblando sus ahullidos y gritando: — ^Mueran los ayudan- 
tes! — ^Estos son gendarmes disfrazados. — Viva la libertad ! — Es pre- 
ciso matarlos! — A la linterna los espiones ! 

El peligro era inminente , y yo comprendí que una arenga patrió- 
tica podría solo salvamos. Así pues mientras levantaban á Cristian, 
salté encima de la barriga de Fidel á fin de que todos me viesen, y gri- 
té con toda la fuerza de mis pulmones. — Viva la libertad! —Viva! 
respondió el populacho. — Abajo Carlos X ! abajo los ministros! 
abajo Polignac ! abajo los ayudantes del estado mayor ! — Abajo, 
gritaron mil voces á la vez. — Por supuesto que esto era un ardid 
estratégico por mi parte para seducir á aquella canalla. — Todos so- 
mos ciudadanos , todos somos franceses , continué , y jamás nos 
mancharemos con la sangre de uno de nuestros hermanos desar- 
mados. No debe haber enemigos después de la victoria. Y ade- 
más, al obedecer e$te oGcial las órdenes de sus jefes ha cumplido con 
su deber; cumplamos nosotros con el nuestro muriendo si es preciso 



ppr la patria y por la conservación de nuestros derecbos. Viva la Car- 
ta! Viva la libertad! contestó la chusma. — ^Tíene razón; este oficial 
cumple con su deber; sería un asesinato ,, gritaron muchas vpc/es.-^ 
Gracias , Mariliac , me dijo Bergenheim , á quien acababa de separar 
de aquel sitio , aprovechándome del efecto que habia producido nii 
perorata; pero no me apretéis por.jue se me figura qpe tengo el brazo 
rotp. A no ser así os suplicaría que jne devolvieseis mi sable, y haría 
ver a esa canalla que no se mata á un Bergenheim como se mata á 
un pollo. — Que diga viva la Carta! tartamudeó un hombre de figura fe- 
roz. — No recibo órdenes de nadie , respondió Cristian con voz altar 
ñera, y mirándole de una manera terrible. ., 

•—Tu marido es en efecto muy valiente, dijo la señorita de Coran* 
deuil. 

— Valiente como el dios Marte , sin embargo de que esta vez su va» 
lar traspasaba los límites de la prudencia; y no, sé yo lo, que, hubiese 
resultado sí no se hubiera dispersado precipitadamente por segunda 
vez la turba á la aproximación de un cuerpo de Idmc^ros que atrave- 
saba el boulevard. Conduje entonces á Bergenheim á un café, y vi 
que felizmente no tenia en el brazo mas que una pequeña dislocación. 
Eneste momento fué interrumpida la narración. de Mariliac por 
un ruido de voces confusas y de pasos precipitados. La puertq se abrió, 
con violencia, y Alina entró apresuradamente en el salón con aqutfla 
impetuosidad que le era tan familiar. 

— Qué os ha sucedido.' exclamó Clemei;icia corriendo hacia su cu? 
nada, cuyo vestido y sombrero estaban llenos de lodo. 

— Nada , respondió la joven con la voz conmovida ; Titania que ha 
querido ajrrojaruie al agua. — Sabéis dónde se halla Rousselet?— Dicen 
que es preciso sangrarle, y solo él puede hricerlo. 

— Mi marido está herido ? dijo Clemencia asustada. 

— No, no es Cjristiau; es un caballero á quien no conozco, piei)o^, 
al cual he debido el no ahogarme. — Dios mió! sino se. hallara, proo-^i 
to á Rousselet.' 

. Alina volvió á salir sumamente agitada , siguiéndola todos bapla- 
los balcones que daban al patio , que era donde se oia la voz de Ber- , 
genheim dando órdenes á sus criados. Muchos de estos se hallaban 
ya junto á.él, y uno de ellos tenia sujeta por la brida á la yegua Ti- 
tania , cubierta de sudor y de lodo , resoplando co|i fuerza , y tem-. 
blando pomo un caballo , que acaba de cometer una mala acciqn. So- 
bre un asiento de piedra unido á la fachada de la casa estaba un ¡irn 
Vjcn enjugando con un pañuelo la sangre que corría dci su frente ; era 
Octavio Gerfaut. Al verlo Clemencia se apoyó contra el qmcío del bal-, 
con, y ^larillaQ bajó precipitadamente. 

£1 tío Rousselet, 9 quien hablan encontrado al fin en la coeina. mx 



Sflftf REVIStI iJf *^}tDIlID. 

rttóís ^é ün pié" dié largó. 

—Acércaos bón dds mít demóhiós , ]é¿¡r)t()BérgéñÍiétíh. í!ii%6l*éág 
cáíídííéro , á quien eété fnaldito ánfmál h^ arrojado bóaiM un írtfófj 
haciéndote féeibii* lih. violentó ^oͧ& iñ la ¿abézá ; no o^ (yatrir6é ^ 
slSi^á coriveiííéntc sangrarle? 

'•^Üha YigévA fl^gbtdmia fió puede méífo^ dé íér fttuy pVAvá;hbitíl 
pfeira déíteifer lá éstrdrál^on. íe sangre en Id ré^ioíi froAtsrf , dijtfél vi^ 
jó fi)vócaüd() eii úi ¿dcórrtí ibdas las paíaíbras técnicasr^iiédábid iiptké^ 
díúé cttandcf esttívo de éilféFiiVéfb. 

— Estnis seguro de que haréis bftfn é'étá áan^ríáí^ 

-^"SU jpérmiiWé út^tir M s^nor barto qné hé iRt^tMíiMé kñ la 
semana úitiuia á Perdreau , y hace un mes á Mascareau, sinqueMW' 
gtfria de éHóá fiífyd téfaitfó &é qté quéjai^stí. 

— Ta io ftréo, dfjd c6h irt)rtía eí ííicaddr, si aínbfos á doíí áe Hafr nrtiéítífe 

A¿^Eá quí^ yo tío soy ni Perdredd ñi Mascaféatí. 
ttoüsáfélét se éndereiilí énü toda sii altura con \á di^iáaiet d^ ilü ISÍ¿ 
léñtd d^scoiMéido , qué ño ^^ digtfa re^oiideé til á \ü ¿Mié» di á íft 
déáríóttfíanjía. 

■i-Cálianéro,re|«icoOtt'fatif dlíriglenddse a!baréfif, M ésUfy eáu- 
, sáfidt^ demnsiada iniitriftiid, f tíú lierfdd én terdtf§htí ín^éíielifátttf^ 
cfóii (pé lé ddík; lid ^é IHédltidda náñs ñhmútWífttñe'. niám tíff 
poco de agua y una toalla, que e^ í(iéo íoqtié ít^éeSftti. Sáttíé figtt^ 
ra Ijuéf íiVe ífáfe¿feór éii %M riWrtténto d tih fróqiife* títípéÍJftf(R^v y mi 
amor propio , ñrtteáii ¿JoiiH^éndclsé , átef résféiite de 1^ tn^é figtira (^ 
dédo^ h»cet^ d^füñte dé a(^eiras señeir¿if$ que* éstntí éiÉ ét b^ldsk.- 
^ -^^Ifué vé6 , és ti vixcónd^ de G^rfaut ! exclamd lá' s^fiíÓHm dé 0mift^ 
deuil hacia la cual habid dirigido ti^\^ éÚs ojoá. 

Octavio la salddty con élegdikíiíi , hddend^ héKbáphff M tMéttiéífiem- 
pS^á nSMM deátfe fá víéjd sMY^óUá á ClefnenrefiJ^, iüt eirál ,* én tefdad, 
mf pHrécfaf feénW fírehjh IWstdtite partf íefpartírsé def éAróf ^]S¥h tñífaíf^ 
se habia apoyado. El barón, después de haber saludado- tftftféi^Kiriinéi]^ 
tétí'lVta^Hfál?, éé^til Máñ é^ürídim déqtfe léfarséddí^diíc^lls^ci. 
rojtí'éi^mrfmilfles/; y conffojó á fos dos dmlgos d $tí éuUMor, mÉí4iM 
dififtí Nállaí^et ^ieñáb t&éh \6 que tiieieesltase. 

^PiíJM qué n^e hits éiitiadcí dé embajadoi", ^ téüla^préf^át^áM'ttxfiii 
etfff^lá tan sdbérBRi? mnrmnrá M:vriltae al tm dé s4 aiüf^. 

•^SfTídiiclb ; i*espo^di9 éáté apretándole 1^ tnanü^i M út%^ iMlI^Mií 
mÉi tjüe éti él dintel. 
' üurbme éfsté^tíáíYpd, Clemencrary ^ t!á hoftiali émáédémhMm 
áüllhabitaéioin. 

^ Y sabremos por On lo que sigámbt «^? éiJÜlaríléádHifa &iÍXfm 




GERFAÜT. , ,^ ..^. ^-^ . 

Ippanao por la orilla del rio, cuando Titania se espáuto con la ramn 

mucho; pero como* él vio que mical^{)|!pj^y;abi|,trf^(afi d<| ^^Mi^qf;, 
fipresurp el su)o p^ara alcanzarme;, Titania eni^^ces ^|.,piri gi^jfPfir de- 
^as,dé|^l?a ^^^de^bpco efectivamente, y dejoa^(}oi;fl(VjiM'^iV^ |(^prirÍ9íC|9B 
gran.veioci^^^^ líprepl>{\ difl.f^4 ®o!ÍW€il 

sí eiripeze a tener miedo.— Figúrate, ClQiWeiiciíi, (jije 4,pg^ nu).VJ;\9Ífl]A| 
^detTU^¡a^íHltal\5\yp^Jji;p la^ §illa » ¿.siplifíe ,<il qu^qi^.ó^;^9brj9 U 
^gipfijpsto^^ifatefpiílle! quise ^lífiar mis pies díf I05 ^^jti;ibQS^,C9«^.ftrjfc 
tjjMíj.ffle íiaj^^a lencargado, pero el pobre, aftímj|| ent¿gces:sie.ve^^ 
pjpti[ji,^l tronco^de un árbol ^ y , ella .y yo^dapipi* ppr,,fí iíi|plq,»4íl| 
eáballerp, ^ qi^j^^n, yó. ii9,habia yíst9,,^yqu^. Piarec^,jií^eíl.w)wto ^ 
^^^¥M íí^^^< ^í^es^co de debaja,4e la siÍJ,f,,4píí4eV^¿¡^ |>abia 
gypedpdo ^uj,eta np se.con qué;pe^o esQ.ní^lf|ita,ÍUw^.^c^ajr);^¿conit 
^^^1 árbpl, mientas (|l mi^ poí^iaen,j[tté,;daspi^ef,vP?9J^Q y<^Fi/á;^ 
r^rí^tj^epi^ Iai?arM,cqbi^i;tq 4e fpi^gre.,-.|(í^i^tiapJ|eg9^.e>U<w;?3^Jl 
®.BÍ9^P.o^''<^ ,<JH^ W»?.»)?e.!iabi9 trecho A|asvD,H^í\l„sft,^e^gfl,^,l;>,íP.95 
bre Titania, y la empezó a castj©j[p ; peiro. d^gué.^^fuiífiírq^pÍQf f3^1.^ 
fí;ei^jg,que If^? lipmhygj^jerftn t9%iqrjuelea¡..Í|pr.Bfiaa que le rogaba que 
la dejase, no manifestaba escucharme siquifu^f). .ims í*^ í^ nv^jh »»'íi ^j-w 

¿]¡^alli^rp^9i ofrece cuídade» mi pobre vestido es el que,, según, vea, 

haes^a.pa^flpeor, . ,,, , . ., . -^ .^ ,^,,.,.. ^ , ,,.,, ..t.., .,„,..,. ^,j[ 

^!.>^ W'íií^í^s.p^^^^^S WP Anna.,el traje ^,.Am2|^íiíi^jqj}fiJiab^ 

^ue^ ^9l}f*,e una ^lia,- y no.pudocQntenc^.un grito de horror al ver el 

— Dios mió ! exclanió y enseñándolo á su cuñada ; y fué todo lo que 

.^Í-Í :f?Ro.r»S? 4§ íri?W Wíwnp^^«" y.?Sifí(^aÍfeiy.^'WffP,cfta un 

íSÍP?;^^^ !^'sí?-P^?8^9* P^^^ FeirsQi^.9Qfi?tqfpbj[q4^,í|,,cg|j^af5^ 

prpi^jjtji^ la ^lanera, dp, re^ne^iar^sta pl?pe de,,4^rpp .*)».í?.íjc(^ 

-r-Es en 1» folda^dijO, y en sacándole un paño no se. ié conocer^ 

^^ ^i^fljse (iq]^yencÍQ,,gi)e el mal no erq del todo irremediable, y la 

seremdíjd.,yolyio ^^ápír^cer sobre sq^^p^tro,., ,.,H..Jn--) í.- »h ntis 

-AW^^^ íi??!?»»»! ¿«^ír,f?.??«Qf^s líflllajwM.I«MíWrlWÍíl?9^ 

que, como se sabe, era demasiado severa en puntos de etiqueta, no 



304 REVISTA DE MADRID. 

juzgó que Titania habia sido un maestro de ceremonias conveniente 
entre su sobrino y el vizconde de Gerfaut, y se dirigió hacia éste á fin 
de liacer su presentación en toda regla. 

— No creo , le dijo , que Bergcuheim haya tenido nunca el honor de 
veros antes de ahora; permitidme que os presente. Barón, el señor 
vizconde dé Gerfaut, pariente mió. 

Cuando la señorita de Corandeuii estaba de buen humor, trataba á 
Gerfaut de primo, atendidas las relaciones de parentesco contraidas 
en 1569. En este momento el poeta esperímentó una profunda grati- 
tud hacia tan escesiva amabilidad. 

— Este caballero no necesita de recomendaciones ^ dijo Cristian con 
Qña franqueza militar; así pues, mi querida tía, sin embargo del res- 
peto que os profeso, no podrá añadir nada éste á mi reconocimiento. 
Sabed que sin el arrojo del señor de Gerftiut nos habríamos visto tal 
vez obligados Á buscar ahora á esta toquilla en el fondo del rio. 

Al decir estas palabras abrazó a su hermana , y la besó en la frente. 
' — Estos señores quieren sacriGcarnos los placeres déla Femnie-Sans^ 
Tete y la amabilidad de la señorita Gobillot, estableciendo aquí su 
cuartel general ; así estarán mas en disposición de entregarse á sus es- 
tudios románticos y pintorescos , porque supongo, Marillac, que con- 
tinuarás con tu afición á borragear papel . 

— En efecto, si he de decir la verdad, respondió el joven pintor, el 
arte me absorde enteramente. 

— Pues eñ cuanto á mí no he podido conseguir nunca saber dibujar 
una nariz que no se confunda con una oreja, ó por el contrario, y á 
no haber sido por ese bueno de Barinier que tuvo la paciencia de cor- 
regir mis planas, corrí gran riesgo de salir hecho un holonio del cole- 
gio. — Por lo demás, señores, cuando os canséis de copiar árboles y 
matorrales, os haré matar algunosjabalíes de grueso calibre. Sois ca- 
zador, señor de Gerfaut? 

— Me gusta mucho la caza, respondió el amante con hipocresía. 
La conversación continuó así sin interés , como sucede ordinaria- 
mente entre personas que se ven por la primera vez, hasta que el ba- 
rón habló de la instalación de sus dos amigos en el castillo. Al oirlo, 
Octavio dirigió una mirada á Clemencia , como implorando la aproba- 
ción de su conducta; pero no pudo alcanzarla. Distraída y sombría 
llenaba Clemencia con marcadas señales de disgusto los deberes de 
ama de casa, continuando así toda la tarde. Gerfaut por su parte no 
intentó nuevamente desarmar la severidad que parecía haber adopta- 
do Clemencia respecto á él, y dirigió todas sus atenciones á la señorita 
de Corandeuii y á Alina, la cual por su parte escuchaba con mal d'si- 
mulada alegría todo lo que decía aquel á quien llamaba su salvador. 
Concluida la cena propuso á Gerfaut la señorita de Corandeuii una 



GEnFAUT, 305 

partida de whist, pues no habia olvidado el talento de su amigo. £1 
poeta aceptó esta diversión con el misino entusiasmo que. habia mani- 
festado por la caza, y con la misma sinceridad Cristian y su hermana 
completaron la partida, mientras que Clemencia, habiendo vuelto á 
ocuparse de su tapicería', escucliaba con aire distraído las ocurrencias 
de Marillac. Habia apurado éste todos los recursos del arte, á cuyo so- 
corro habia apelado poniendo enjuego sus conocimientos de la edad 
medía, sus frases mas favoritas, sus descripciones mas impresionables\ 
pero el éxito no correspondía á sus esfuerzos; por consiguiente quedó 
profundamente convencido al cabo de una hora de que la baronesa de 
Bergenheim no era mas que una mujer de un talento muy vulgar, é 
indigna por consiguiente de la pasión que habia inspirado á su amigo. 

— Aseguro en verdad , decía él para sí, que quiero cien veces mas 
á Reine Gobiliot; mañana daré una vuelta por aquellos contomos. 

Incomodado Gerfaut y herido en su amor propio del recibimiento 
que le habia hecho Clemencia , que traspasaba én verdad los límites 
de cuanto él habia esperado de sus caprichos , la hizo un profundo sa- 
ludo, y la iniró con cierto aire, cuyo sentido podía explicarse de este 
modo: 

— Estoy aquí á pesar vuestro; permaneceré á pesar vuestro; me 
amareis á pesar vuestro. 

La baronesa respondió a esta mirada con otra no menos expresi- 
va que el amante mas propenso á la fatuidad la hubiera explicado de 
éste modo : 

— Haced lo que queráis ; tan indiferente me es vuestro amor como 
enojosa vuestra presunción. 

Este fué el último tiro que se disparó durante aquella escaramuza 
preliminar. 

IX. 



Dicen que hay mujeres a quienes basta una hora de sueño; su or- 
ganización débil, irritable y nerviosa, les dá una especie de facultad 
para velar todo cuanto quieran. Cuando una emoción demasiado vio- 
lenta fíltra sus aguas corrosivas en las arterias de estos corazones im- 
presionables destilando gota a gota hasta abismarlos en un lago de 
turbaciones , cuando el martilleo de una pasión ha herido esas fren- 
tes deliciosas, una vibración infínita se prolonga al través desús plie- 
gues mas recónditos, electrizando á su paso innumerables pensamien- 
tos, que á la uianera de silíides sacuden su sueño obedeciendo con 
prontitud á la primera señal. Entonces en el silencio de la noche mien- 

SEGUNDA ÉPOCA.— TOMO lU. 39 



SoB nETISfi M ftjÍDBID. 

(RiS'li j^íhiííSde lÉÍ'íSlédaá, insomnios extraños óálidecan las mqQ^ 
tí tíísÁ, y apai;añ el fuego dé aquéllos Ójós^ de dianiánte.&iyii^ 
á^Uélra (fetiíe qué árdé biilca la frescura dé ia'btanca álmoliaaa: la 
áljíiotiaáíi ih Éináitii tiíñihiéíi sil) ^ué lá frente se enHbte. Én vano la 
Mtíb éúnipriíHe los Jatidiís de un tótaíoú que tiene déinasiacla vjáq: 
b'JIó ils présiód que quiere sofocar las pulsaciones se asemejan á las 
(tSI AéjJrr^íiiá. fift tiinif busca el espíritu acuellas ideas narcóticas, es- 
(léis'ié éé ddoriíjldéi'is iÜteléctualés que liacéit \a noche agradable; liii 
peBSintiétitáf^it f téíiéz Separa á tú'dos tOs demás á la ínanéra ele up 
dgutíd tÜiÚMó (físpef^a í ÓUA bafldüSü Á% itiinÜos pajarílios paratiaj 
Íet4S úMcA áxxéhíi dé síi {li^'.'T eú vanó ^ recurre á las orácione^. 
S ié írivoéa á íá'Vfrg¿n, niil áiigáí dé ta giíar'da, para ijíie disipé 
áqúéflós p^^samleñfijs ; las oraciones liáh sido pronunciadas solamen- 
te éóñ Íi}s Iabi6's , Iñ Virgen está sóraá, él ángel (lela guarda diierjne. 
i.a baronesa de Ééi^enliéim lui&iá conservado aun en el camÍM la 
¿d^Vun^b'íe cié vélaf liasí'á muy entrada la nóclie. Cuando después dp 
aS¡úétf^^ prolijo^ cuidados y inni'Qc'osos detalles Üé tocador tan br»; 
c*^» ¿níiña niiíjerque'sé respeta ú sí misma, conltaba ella siituer- 
M blanco y terso á su elegante lecho el opto de una nueva novela o 
aHalguiíii ^vi'^fa debáSa lé acát'^alJá ínsénsibtértaemé él sueno. És- 
ta costumbre perniciosa, cuvo uso debía proscH^ir todo niá^ii]o, liatuá 
fiP!íl'(A^V:í(fé¿é^ 'éd él tJasi'il^ó' kt ^ibléini^ dé SÓtniítoni'á separados.. 
¿mtláu l:'¿mo b¿Jé£ séñoi- ée púetild ^éTé'^Khtabá' co^ él sOl ' S (wya 
hora se salla de caza , ó iba á visitar sus bosques, ó vigilaba s'i^aS- 
tajadora empYéiiltfós coüiinti'ámeiJt^ k'a Üivérso's fiijntcís dé su posesión. 
Regularmente no volvía hasta la hora de ccf^ej*', de modo que no véu 
á Ú liiíijér slb'cí dilí'an'ÍA las libt^ís qu'é pa^ábad desdé la comida á la 
cena, al concluirse la cual, cansado, como era consiguiente déldlibcü- 
pacionea que constituyen los placeres de un propietario de provincia, 
se apresuraba á buscar en el su^iié 'el reposo que le era tan necesa- 
rio. Los dos esposos, pues, hablan hallado-tai medio de aislarse vi> 
viendo en horas distintas, á pesar de vivir bajo un techo ,que la nth 

che para el uno era día para 1^ otra. , , ,,,,.. 

' En lá especie de precipitación con que én aquella nocW.abrevip 
lá baronesa los p^liiínnares para irse á recpjer , hubiera podido creer-, 



se que ex'penméutabá los ataques de im. sueiío invencible y no ai^s 
tuhib'rádo. I'efo cuando sé la Iiubierá visto acostada en si 
lá cabeza de^jo del brazo como un cisne con él' cuello I: 
eñ actitud semejante á la de la KÍa^^dalena de ^rreggio 
oj'ós abiertos, hubiera sido fácil adiiinarque Ijáftla aéséh 
sola pora ecf (regarse con mÚÉ lfbér¿id á alguna ibvenciblf 
cWn- Evoco sií éspí'ritu sucesivamente coii ni'ára'víllosa fií 
«fiÜ^&^Máf táÉigníBc^ntes de' á^úel dia,á tos ciíaíés tiaibi 



qué déildé tíiUih ^epélfiétiüi dk\í \ftt^\mt\m M Géffííeft ci»>í(»t6 M 

lá iiHAH^tf cóii ^«is« fiíAla haftitm^ éíi él kam ikuíMó &i Md §§'§» 
úiáñáó éh él Jtff^iné §illé« ^é dtb )9á»]a éfétif^ado á'li,'dilbilMhíéft^ 

qii^riébdd dl$^iíbi4f m ($Íltt QAá {)méb:r dé Mttípimá iUtéfíí^Ü^d jF d^ 
esí) é§jN»déd« iti^pÍPcléfMi (jdé élt^ átípOtíia ^h ü^^i%: lt 0(^k ^i 
gaW i^ eoi^^nérd GéHHüt hüE^ úéíMo ddhfñdF qftíf^ a^lM é^rii el sttKfi 

él como deseaba apédé^fett^^^.éUil imnit. 

Por la primera vez déla vida veía Clemencia il^ttid^ éft 9^ pre- 
^^WM ftbifttmáefmn peffIfiKCiéla f tftfuél á ^Wm g«á§dhubi^a'de- 
^dd |jm«ti««ir f y át 6Ual mlralMf Of «oñsl!^ieht« 6é!M§ ápfWááfc!; ra« 
que por* «á aé^iod^mtettta'dé (mmüímÁ^ vüyo ^edm <m9^Mñh^' 
díímétm^ü^nmi^reíi ^ ha1$ía ékíió putu ^ CH\í\^iím nl^rúa^ lé^e^ 
Méá^^stdy dé^tirá d^ftt^pm^^ér ]íi}tU*tf'^§'alirardil, bféd f^ftédCÍ 

ct^i^dbs prapasIl^Aés ééMaflidbigí élfócorr ffáfiffil1^B1§ i^tiPél^ilA^Riíi^' 
tm»ét púééé la teMá' litfePf^ SKMry^ér mUst utt ««iMétfti^ , ({tMI IH' é«S* 
(|(i«td i1«aí$»'#§IH»r}dti^'IV^ p^cfSédSíd iiiaíÉ<cáF<:dttfÍ^ttqMlf»iíff.' fefffW^ 
marida y su amj[«rér'éiítcl üMkm^f ci^mh ^mdWm^tí^mmém^ 
i^qm fXíi'Wj^áéí^ ^mmtíá imt¿ W ñ^fH m/ñmá f eéKtta de 

im esrpdsíi^tiékM dtt pf^^&i cHtíi^Hmm \m>ñ^/pmm^: mié jfimw 

ñdVéé iriáfaKfttir, f vtífü paa étfatrtí rrfafá tMible; líoféfife Wdd 'H8íiit'* 

dm^^m ^ím.'f iw imi^ itííiicftímésa m^rii m ímm^ni' 
wkmsfiti i aéUMHtóidá'MWef dé élite tíh{JM¿^n^i{Mf%it;¿;^ 

taja parecía favorecer á Cristian, mt^^m Gét^rftirlf da ^¡¿r^ mMé' 
M^idí^UMit^ éé ^m'i^^títUifi poi^tíé m oy^ mú ámátí^ y su 
BbütM^' gi^éitfátt ,' péñ> áüs fl(<SbíMies }fi^«ttilafél^ no (yfrgHaft' nltY^h^' 
d^l09tafdctétip^<éisfiift?^«^>élé lá lier^^üf»; ^Ü Ü^i^ téif la Aáb1t$áY¿ 
mente esa expresión de cansancio qué tfe^éb ^^H^fhí^líKélá^dé J^ASI' 
a^éH<te qH« Hb« vivid6 vAMíb en tM)té ^üémpó , étíyá ciy(!t!rtastáVi'éí^ le 
Iludid ptfreéif Óé Mki'^ááú ff^é él bmñi, sliendo áki cfue ^ éKi'HifáiJMt' 
máájdi^éft". £^ htmm , af t«»#llM'<y, debtó iá sü ciédstiMbM ñW^H 
léada áun*^ ké vid» iálMüMe del eáitipó, utíh á))»rfétti[«íá tfe h&' 



308 REVISTA DE MADRID. 

Obedeciendo Clemencia á sus instinU^ de virtud exageró la superio- 
ridad de su marido sobre su amante, y no pudiendo hallarle tan insig- 
niBcante como quisiera, hasta quiso persuadirse que era feo. Recorrió 
entonces todas las excelentes cualidades del barón: su afecto y su 
% bondad hacia ella, la noble franqueza de su carácter, y recordó la 
- indisputable justicia que en aquel mismo dia habia hecho Marillac á 
su valor, cualidad altamente recomendable á los ojos de las mujeres, y 
en Gn hizo cuanto pudo para exaltar su imaginación, y ver en su nut- 
rido un hombre distinguido , un apuesto caballero , un héroe digno de 
inspirar la pasión mas tierna. Cuando llegó al término de estos esfuer- 
zos de admiración y de entusiasmo se volvió violentamente, hundió 
' su cabeza en la almohada , y exclamó suspirando : 
— !No puedo amarle. 

Lloró amargamente por algún tiempo , y recordando su antigua 
severidad respecto de aquellas mujeres cuya conducta podia juptiOcar 
la indigencia, aplicó a ella misma á su vez la dureza de su juicio, y 
se halló tanto mas culpable quejas demás, cuanto que.su debilidad 
no tenia escusa. Se creyó indigna y despreciable., y anheló mprirse 
para evitar la vergüenza que ruborizaba su frente con los remordimien- 
tos que desgarraban su alma. Cuántas lágrimas de dolor inundan cada 
noche ojos que no debian verter sino lágrimas de felicidad! Cuántos 
suspiros turban el silencio de las tinieblas ! Cuántas escenas tristes y 
apasionadas pasan en el fondo de una alcoba solitaria ! 

Cuando la baronesa se convenció de que ni sus ahogados gemidos 
ni sus ayes convulsivos podian arrancar de su pecho aquella funesta 
pasión que lo devoraba, tomó al fin una resolución desesperada. £n 
el modo con que Gerfaut habia tomado posición en él castillo desde 
el primer día. conoció ella que él era realmente el dueño del terreno. 
La especie de afecto que tenia por él la señorita de.Corandeuil y las 
maneras corteses y hospitalarias de Cristian debian dar la posibilidad 
de prolongar su permanencia todo el tiempo que le pareciese conve- 
Y ^ient^ así es qiie se comparó ella á un general sitiado , cuyo enemigo 
ocuigl^a las murallas de la fortaleza. 

-^Pues bien , me encerraré en la cindadela, dijo ella sonriéndose á 
su pesar en medio de sus lágrimas. Puesto que este hombre insopor. 
tabie se ha apoderado de mi salón , permaneceré yo en mi cuarto; ve- 
. remos si se atreve á penetrar hasta aquí. 

Sacudiendo su linda cabeza con aire de triunfo no pudo dejar sin 
embargo de dirigir su vista hacia los ángulos de aquel cuarto, ilumina- 
do apenas por una lamparilla ; se incorporó en la cama , escuchó du- 
rante algunos momentos concierta especie de inquietud, y miró Ija- 
mente como si los ojos negros de Octavio hubiesen aparecido de repente 
en medio de la oscuridad. Cuando se aseguró que todo estabaítran- 



GERFÁUt: SÓ9 

qiiiló y qae los latidos de su corazón turbaban únicamente e) siiencio, 
contiouó su plan de defensa. Decidió íinjirse enferma al día siguiente, 
y quedarse en la cama hasta que su perseguidor hubiese decidido po- 
nerse en retirada , haciendo al mismo tiempo un juramento solemne de 
permanecer firme é inexorable; en seguida se puso á rezar; eran 4as 
dos de la noche. Durante algún tiempo, la inmovilidad en que se ha* 
liaba hubiera podido hacer creer que estaba dormida; pero derepen* 
tese levantó^ y sin ponerse siquiera lid peinador, encendió una vela 
en la luz de )a lamparilla, echó los cerrojo» déids puertas díe su cuar- 
to, y se dirigié en seguida há^ia los balcones, en- mediO' de tos cuales 
formaba la pared Una espiície de cuerpo saHeiite. Letantó uñ retrato 
del duque de Bürdeosque se hallaba colgado «n élvy tocó un resorte 
oculto entre uno de losYdsetones deona einsambladura. Una 'puerte- 
dta se abrió, y dejó ver un hueco estrecho en la misma pared. En él 
había un cofreeito, 16 abrió, y después de haber sacado un paquete de 
cartas 2^ se volvió a su cama con la avidez de un avaro que va a tour 
templar su tesoro. 

^ ¥ qué, no habia luchado ya bastante? no habia ofrecido en expia- 
ción en el tiránico altar del deiber laslágrtmas de sus ojos, la pafídez 
de sus mejillas, y los tormentos de su alma? no acababa ^caso de 
pronunciar delante de Dios un juramento sagrado que debía protejar- 
la (contra su debilidad? no era en fin una mujer virtuosa, y no habia pa- 
ngado bastante caro uñ momento de triste felicidad? era un crfuYen por 
ventui^a respirar por un instante el aire embalsamado del amor, al triH 
vés de lais rejas de aquel calabozo, cuyos cerrojos habia ella echado con 
sus propias manos? admirable lójica de los corazones tiernos, que, no 
pndiendo dominar á su naturaleza , se dejan vencer por los padecí* 
mirtos, a fin de creer ser menos culpables, y para que cada una de 
sus palpitaciones encuentre un dolor que la perdone. 

Tranquila ya al parecer, y lánguidamente recostada con la fren- 
té apoyada en sus manos sacó sus cartas una por una del pecho don- 
de las habia colocado; las leyó como leen las mujeres que aman, y 
bebió con los ojos y con el alma el veneno de aquellas frases abrasa- 
doras. Respiraba embriagada aquella pasión exaltada, bañándose, 
por decirlo así, con el mayor abandono, en esas ondas májieas, d<e lai9 
que cada gota es una caricia, cada ondulación un placer. Y cuando 
uno de esos gritos de la pasión despertaba los ecos de su ternura; 
cuando una de esas palabras que corren por las venas, como el frió 
de. una calentura hería con un golpe magnético el secreto santuarío 
de su alma , se dejaba caer cerrando los ojos y acercando á sus labios 
aq»el papel frío qtie la abrasaba. En estos momentos creia senür la ma- 
no de Octavio que la oprimía el corazón , y dominada enteramente piír 
aquella ilusión exclamaba* oob v6a'4esfollecida:^te'ain<i^;^til^.tnViiÍ 



J^Mi Bfto$«dD« e»itf Mam ^i^^% 4^ N («mte sp fe'»iww > 4a»' 

«Mw y iip ^m^ er0^»Ui» I |eaia nm que 4» ar4iiiartQ aqui^ 9ir#. 4i 
m^mU^ 4^9 '«" reprffldúi Ufiworita di» iGoraDd«tH|. ParcoU áQuirtt? 
bft Aiafea2<ldo é$ ipujer, jr pMiQtacoiiiA.el á posMr di «n áüfrtx áp^ 
«figiiir á Suma» ó a nib«r «^ lajBO ó su qufnda. Briy&bn «Q tu SiOM* 
mo U «dolesseocia >qoii loé» su iHJa da iosustiiiwialldMi, ik vaguftcM 
^ A» ÍQO«Bnie efipsuuión, 4« cooGanza íliiBltada y de copríohMa ptiOr 
i^iyacm* ^slia» $oaen veiriad las gradfiSiiiifóBtile& qua cotetiiMydi 
tü^üMMr^l^ áé hm jéveoüs, por mas qite nada jdjgaa al» wruMi^ 
pfiKfu^ aon 0prao las Iterta qm náaaa conel dia mastkas de celeíae 
que de perfumes. 

M eaiiteiiiptar «fuellas mejtlfaia; las scmnisada^i a^uailos cyos taft 
Mltej|ta$, aquella ¥ida la* llena, d» p«n'e»¡e, no pidQ manos Cte? 
ite^^deialtogae uo sMSOiro. Sa ac^üdié del tiamp^ ei^qm» dl»fru|a|i 
<teigM«i pii^UsgiOf del tieflfipQ eÁ ^«d' laadisiMsrof: Misabas, ims^ 
4^Hií»ilJP fi^lid§^orla. e^ qu^ las lágriiüas; ^^^mhm iriidi^pr^oder^i 
4ft «m. ^9%i^ t)9<^i)f^^Ainbieii di* doma m, c»)Qada.babia.gaÍRado iswi 
4i^ .^1^81^4^ é msus^»i»ai9ft> esos auHQaaaMoao^dpim de lelíeíd»d# 
. l^pues áí^hajkíeirleipivtseotado ^ioaM bmXft^ á )a inaii^ira da im 
«íppk/iii^ pid^i wi ti#^ qui^a ju^c qíi poieo am eUa emno tenía dacM^ 
tyyi^iif; peraCi^eaieeeio la suplieó pa^wadkiLde^uB j«stv> (pial9d«jaBai* 

•Ti)^taia.nia^7 k ptegu^iá la jóye» cen ioqirietiid aeDtáodqaft^ea 
el borde de su c^in^ 

|.%bAf!Qnefa; Wjte^ uoL^asAA^m^fona ^diwmm. 

itr^^a44«^iM Iq< fjpUft de aalud^ la d^, iwett deiei^iiiadft'ter 
^Í%Q?J6;Vi^^ qn^ta^Jüe^aií }i»DO pfidréWdMddbleiMAiatbajj^e tcam^ 
ymmbpr^^qiia wf^ reempkieeís« lía<sabeisí#aeriii)é üa l».aicSaM 
l»i$lNlifffmpars)i dei eitae^fusf^ioiieafr 

4^\m^mvíñ>QM9,r^nifSíMtifAiff^ hamaun anbteiiieiKa á^jpikvi 
tBi^ga^nde praniot elaaodo doiuoa* dhisiott^ sin quf^ £« oreyef|p 
Q^)A43apa(¿d!\4^1iaieate pAiii^semctHHaf ena^^ 

-r-Ai en^díes^, qm. habli^baísi omx f(iai»aikU4 , i^«po«4iér WtsmíSfm 
fPIfi ir($^ 9bo»i>ipsrnQ)á iiieierma«tnmbi^n aii.laiea«ia. 

riTrl^i^! qoft es. lo que estáis di»M«do? Bues qqá no batda Ilegül 
el din (flk.qiueie^i».dtteíio<da^c$^^plle8cde<estt mad4i<eisikfM nasffe 
^^^^^Mte* Bftuflttt/iMataile Qoaaío*4 3» dtaági^a iiorii^iiitafudakaüea» 



Wi^FÍ' Vi} 

juc v^iciiicuuiu sauía iiiuv uieil 0116 de todos IOS fiicn^H 

UnÜrtid (ié Córandeiiii era el inas temible para Alin^. 



os pon pís mala lioy : leyqntaos, y y^nios á dar ^n pas^Q pO( 
que; et ajre os aliviara, estoy segura, y.... 

*^t j-o'^no me veré obligada a hacer los hqi>ores de Ijl. ,fl[l^?5^f fííjH 
es Ib tiue queréis decir, no es verdad? Jeirpista! 

— -Ten^o iniedo al senbr de Gerfaut. dúo la col£&;uilaJba]andp la voz. 
AI oír pronunciar /este nomBre, permaneció un mcúnenta la paro- 
nesa sm respond'er. 

^ — Qué os iVa'ifitídjo el señor de Gerfaut? Ja dlio en fin; no es una 
ingratitud tenerle miedo, después del servicio oiieps ha prestado? 

—río, yo nO soy ingrata, respon^^^^ la joven con vive^aj ja^ii^as. ^n^ 
daré que le debo la vida, pqrcjiíe es nien segura qu^^ ^jp. él habjc^^^sídi^ 
árríTstrádp h^ ef no ; 'pero tien^ ^nqs ojqs taif n^r^/y t^g j^^ 
traates, que parece que descubre hasta el fondo del alma; y des- 
pues, como diden que tiene tanto talento, temo decir alguna tontería 
que de ocasión a que se burle de mi. Ta papéis <^^e yo cjyiano POCTos 
codos: pues bien, delante de el no abriré la boca.... Por qué habrá 

noinDres CU vas ipifadasnos ha^an tanta impresión? 

^, .•• . , ^r; ,:rj ,: .. T ;?,-q. í •,• :"í.iíT'" in- 
clemencia bajo los OJOS y nada respondió. 




ieríaiit^ 



— Nó en verdad, respondió la baronesa procurando jsqgreirse^ pero 
qué linda estáis, la dijo para mudar de conversación ; sin diidk tenéis 
algún proyecto d^ conquista. CaspitaT traje de chalí a las n^evé de la 
mañana', y peinada como si fuerais á un oaiie! 

-T-Sabeisel cumplimiento que me acaba de hacer vuestra tia 2. 

r- Alguna chanza r 

— Si , pero j)esada ; porque es preciso convenir en q^ie vuestra tia m 
es buena. Me ha dicho que las cintas azules decian muy mal coa los 
cahellos rojos, por cUya razón mé aconsejaba ella que canibiasé los 
unos o los otros. Es verdad que yo tengo los cabellosroios? 

Pronuncio Alina estas palabras óou un tono de voz tan uimiifito. 
que no pudb meno3 su cunada de reiri^e. 

--Va sabéis queí a mi tia'lej^ústa contradeciros, la dijo. Yy^^|rM 
cabellos son preciosos y su color de un ruuio muy vivo pero muy agra- 

aole a la vista; si na es que Justina bate dertiasiadp vuestros Lucjes 

y os los coloca demasiado altoá: os sentaría mucho mejor el bajarlgi 

nias hacia _% sfene^,, y^9^1^ai^o|^i^s^b|en,i^í|j|c;^^íí)|¿^§|jf, 

^os un poco, 
«aoqiivv» 



312 REVISTA DE MADRID. 

Alina se arrodilló delante dé la cama de la baronesa , la cual acom* 
pañando la lección al consejo se puso á modiCcar según su gusto la 
obra de la camarera. 

— Estarán tan ásperos como crines, obser\'ó la joven viendo el tra- 
bajo que le costaba á su cuñada salir adelante con su empresa: lo mis- 
mo me sucedía en el colegio, y esto me desesperaba. Desde luego los 
cabellos rubios están muy mal con este peinado, á pesar de que el 
señor de Gerfaut dijo ayer qué era el color que mas le gustaba. 

— El señor de Gerfaut os ha dicho que prefería los cabellos rubios? 

— Cuidado, hermana mía, que me arrancáis los mios! — Sí, los ca- 
bellos rubios y los ojos azules; eso mo dijo , i propósito precisamente 
de la virgen de Carlos Dolci que está en el gabinete : Marri lac ha 
dicho que á él le gustaban los cabellos rojos porque eran un tipo he- 
breo; pero éste lo diría por cumplimiento; mucho se lo agradecí.— 
Os parece también, Clemencia, ^que son mis ojos tan azules como 
los de la virgen de Dolci? Gerfaut dice que se parecen mucho. 

La baronesa retiró su mano con tanta rapidez, que arrancó de 
nuevo otra media docena de cabellos á su joven cuñada , y'se cubrió' 
hasta la barba con la ropa de su cama. 

— Oh! el señor de Gerfaut es extremadamente galante, y vos sm 
duda estáis muy contenta de pareceros á la virgen de Dolgi. 
* —Ya se vé, como es tan bonita, y además es la virgen.... pero, 
callad ; me parecía haber oido la voz de Gerfuut en el jardín. 

Se levantó con presteza, y se dirigió corriendo á la ventana , desde 
donde oculta detrás de las cortinas podia observar sin ser vista todo 
lo que pasaba fuera. 

— Allí está con Cristian, añadió; ahora entran en la biblioteca. Y 
sin duda han dado un gran paseo , porque traen las botas muy llenas 
de lodo. Si vieseis qué bonita gorra trae puesta Gerfaut! 

— Vamos, no hay duda de que le ha trastornado la cabeza, dijo 
para sí Clemencia con marcadas señales de mal humor, y cerró los 
ojos como si desease dormir. 

Gerfaut acababa en efecto de pagar con su persona y de ofrecer- 
se en holocausto al amor de un propietario; monomanía de que ado- 
lecen todos, y de la cual es imposible sustraerse. Cuál será el des- 
. venturado que habiendo venido á divertirse , posando un par de dias 
en el campo, no ha sido llevado á su pesar de plantel en plantel, 
de invernadero en invernadero, y de cascada en cascada hasta el pun- 
to de parecerse á un perro de aguas cuando vuelve de' la caza de 
patos? — No os dé cuidado por nada; haceos cargo deque estamos 
én el campó, le decía para consolarlo el dueño del castillo enseñán- 
dole sus zapatos cargados con mas de veinte libras de lodo. 

— O raza de propietarios agrícolas , vosotros los que os ocupáis de 



la^. faenas de yi^estras. haciendas, recolectad vuestras míeses, vendi- 
miad vuestras viñas , esplotad vuestras minas , dad pasto á vuestros 
ganados, cuidad dé los' gusanos de seda, perfeccionad la cria de vues- ' 
tros caballos, esquilad vuestras ovejas, íoh raza de electoresy de con- 
cejales, raza de suscritores á la Gaceta dé Francia 6 al Diario de los ' 
Debates!, vosotros sois indudablemente la base de la sociedad, porque 
vosotros nos alimentáis, nos calentáis, y nos vestís por nuestro dine- 
ro; sois extremadamente apreciabies.... pero dé vuestra compañía, /i- 
(>€ra nos^ Domine. 

Gerfaut rezaba entre dientes esta jaculatoria mientras seguia ásu 
huésped , el cual con el pretexto de hacerle ver unos cuantos puntos 
de vista sumamente pintorescos (manía dominante en todos los pro- 
pietarios) le paseaba con el rocío de la mañana por en medio de las 
lechugas de la huerta y de los arbustos del parque ; pero él sabia por 
esperiencia que no se pisan flores en el oficio de enamoi*ado : el tener 
que sufrir la nieve, escalar muros y balcones, un encierro en un ar- 
mario , son inconvenientes mas desagradables que un paseo en sana 
paz con un marido, aunque os haga recorrer y admirar un cercado de ' 
mas extensión que el bosque de S. Germán. Así es que Octavio se 
portó como un héroe: escuchó con el mayor agrado las prolijas expli- 
caciones del barón , tomó mucho interés en la prosperidad de los plan* 
tíos, le parecieron los prados sumamente frondosos, los oquedales 
admirables, y el granito.de tas rocas superior al de los Alpes; le acon- 
sejó que estableciese una máquitia de serrar á orillas del rio , pues 
siendo así mas fácil la conducción de los tablones á todos los 
pueblos de la Moselle, aumentaría considerableiilénte el valor de sus 
bosques ; pronosticó á las cepas una abundante cosecha , y á propó- 
sito de vinos usó de un artificio muy oportuno. Aprovechándose de la 
casualidad de haber conservado una pequeña posesión cerca de Bur- 
deos,^ é invocando en su auxilio á la literatura, le habló de toda la cla- 
se de vinos conocidos, usando de lá misma, nomenclatura como si hu- 
biese sido un gran conocedor en la materia ;'*obl¡gó también á Cristian 
á que aceptase unos cuantos sarmientos de su viña , y éste no con- 
sintió sino con la condición de enviarle en caoibio un caballo escoí2:i- 
do. En fin los dos nuevos amigos fraternizaron tanto como Glaco y 
Diómedes; peroGerfaut esperaba representarel papel del griego, que al 
decir de Homero recibió en cambio de una depreciable coraza de hierro 
una armadura de oro de un valor inestimable. Eii las transaccioueis l^ntre 
un amante y un marido hay siempre un articulo secreto en el cual no 
echa cuentas el último, y que altera singularmente la armonía del 
contrato. 

Cuando entró en el cuarto de su mujer, de cuya indisposición le ha- 
bían advertido, una de las primeras palabras que dijo' fué la siguiente: 

SEGUNDA ÉPOCA. — TOMO IH. 40 



—liste Gemut ñarece un' exceleDté'mgGMSno: mác^ ^ S^SHt^ 
qu|jDer^aü^i^ r^H° ^^'^ '^^ ^^}"^-*^^'^^ H^ijí eFcolw 
»'^^af áfajp^iyMbüepos músicos, 'de níoao qCeano ^uvjiáeSS'n^n'' 



/^-Xno i^er eoQ|esarle que hace mas de uu ano qne GeinAI me 
baMuU ^ró.ofj ayo para sha barones 

^Uq in^iante después eíítró'la sen<HÍta áe Córáú JIAVÍ algjj'ká^íi^' 
za£i,' ; se sénfo en' un sjllon ¿blánte de la cama!' ^ ^ ^^ 



I i 



-Mir*!!** :-,/(.; ^^f. 



Xr 



ffo1»ietibflbi9^t]»4oi(is9r^ut aquella nqqhe en W- PM?^9;ií,íy «M^ 
(#r«Ja chiioftn^ la pfíímatoria (J^ellevabf[ei^ij]\ixiaiip, cgai^^^^^ 
cl|B()H)obiiyb)i ^Mei^I^co ui^4int)ÍAuJtopapeí?le Ueyo^suslabjq^ antfs[^(|e| 
afariclftt fijándasf^eiL se^uíd^ m^ ojos ^d^ el tefribt^^, garai^atq cob^ que.^ 
twmbaba la fBi^kv^ Adioii! ú^imq ^e la oarta. , . . / . í 

^HíIuq! dij<>i€l am^^t^, cuyo eu^^sia$a;iQ se ^abla calmado alguB. 
twto^CfMi^ ^einejaaUt vista^ „ , , . ../,., m 

heyé d«^«i; todo elcppteijidp cpn una ^0|la flijra^a^ ^altjínj^o dé ^ 
ftftjift.enfrawBí wííM»uneprzo,de roaa enrocíj, ^i^ d^ten^erse mas'^u|^ 
en los piintQs,m|i$cuIi)«U^t;?s; vojvíQ^je^PP.ej^ai: d^^^Pfue^i;^^^^ 
ra deletr«í»4© ««|a Sfi^ifea. l^tr^ pei^Jetr^; affalij^el senJÍiSp.^^^^ 
y el sentido místico de cada expres^)^^ Pftip?* }m ^*^}>W^ ^y^W^ ^' 
wm\ñk WWWí y 4fiSflfr9 lo&.ríi^^qs y pifjrjr|le^. coi^ ja^acWpi^ 
ciHd^ 4«,u9 aiitíp^ía^'jo cuíundo Í4}KjfKpta g^^ 
cubrir entre aquellas rayas misteriosas algún fragmento de lá ic&a. 

d»,en «mi palabra, aquel Undo Mlje^e, Iwsta ^s, piá? ¿^{j|e;sf 'i^t^JJJ 
okHim, l9.e$trecb¿ «eo ^ iüq^ú, y se puso á {i¡asieaif.ap^esufadaiiíem^^ 

por su 4{uarto, ij^pi^p d^ti^npq,^ Ú^^J^ WÍf^ ^^R'^"?9?.Í^'Pff) Hi 
latonale» i|o ba da4í^ aufie) Pi^iq^üafio ij^ Ifi Academia ^er,eicii(> ^^ 
ciudadanía; porque to4p9 iQs.enai^rptilos se parecen d Ip^ Icu^rpiíi^ 
fÉ»'<i)tísiin los. pm á S« Qea^ro ^H^Rdp ^^ WTf:^)^^^J^ P^^. ^!!^9 
patQiqup lo XWmn de W)pi»p«r¡:?s ciuiad? c/¿l?í^ Í?P®'' RlgíJftS. 4»í,% 
de 'SU piroeeder, amenazándole ei^tpnces de ^bárle al inijur, ainarrq^^ 

por el pescuezo. Las mujeres son dei^^ ^Sfí ^^'^^^^!^4Íf>l^KP«M?^ ¿ 

apartan casi siempre las piedras que la cólerji .<Jie ji^n ^^*l^p^J^^/¿xm^ a 

48ft esMitM}^«, 4¥^mHp id,^ b^pa gr^/dlo y (íittn Ijjjnduljente 'soj^i^ del 

•^iij|^f»á^rwn)|jip: npjf^yí|ijef;ida. " ^^ 

^ SU i^edio 4ti^^ g^^axj^mo de furor anjorQso sipnaj'on dos o trea 

g0}pff$ e^ iaj^rta, , . „, 

í Tr>£$t«ii7^MPli^e9#7 Fregunj(4 uí^i ^9^^ Seí^^jsi^ íW ^e ux^ ye:^- 

tríloquo; aquí estoy yo. 

cabeza, una palmatoria en una m^ y i^l4P?.«$!^ j?..|?^?. ^ 9'*^sen- 
ié»P'^lr4tÍrtt^.d^tei|ifrlaí If P^ínfliwwW Wpyü -a¿We^^l{5iJMÍo 1^ ma- 

--Chico! qué tÍHMI?'fl¥^.^fWr4^í9tf ^^f^§^4i^/^ 



316 



BEVISTA '• ÚS' MADRID. 



Have you prcaf d to nicht^ Desdenúmaf 

Ger&ut le miró sin responderle frunciendo las cejas. 

-^Apostaría que estás en la última escena de nuestro acto 3.°, aña- 
dió el artista poniendo su palmatoria en la chimenea. Me parece que 
será extremadamente trájico, y que el público del teatro de la Puerta 
de S. Martin puede ir haciendo provisión del vinagrillo de los cuatro 
ladrones. Pero me ocurre una idea ; yo también me siento inspirado, 
y si quieres nos pondremos juntos á devorar papel como ^os culebras 
bobas. Y á propósito de culebras, ¿no tienes tú campanilla.' ah! sí, ya 
veo allí el tirador; voy. á decir que nos hagan un ponche de café, in- 
cendiario y fulminante. Y si no bajaré yo mismo á la cocina : estoy en 
buenas relaciones con Mariana, y me servirá bien.... porque en casa 
de Bergenheím, franqueza y libertad; libertas, £1 café es mi musa 
fovorita; bajo su poderosa influencia me parezco á Yoltaire.... 

•7-I^Iarillac, gritó su amigo viendo que se preparaba á salir. 
. £1 Artista se detuvo dócilmente. 

— Me vas á hacer el favor, le dijo Grerfaut, de marcharte á tu cuarto. 
Trabajarás ó te acostarás, ó harás lo que mejor te parezca; quiero estar 
solo. 

— Dios poderoso! me dices esto como si meditases algún atentado 
contra tu ilustre persona. ¿Se trata de que nos suicidemos.' Veamos si 
tienes oculta algún arma ó alguna sortija con veneno. £1 veneno de 
IpsBorjias; ¡maldición! £sa sustancia blanca contenida en ese vaso 
de porcelana, llamado vulgarmente azucareré, será acaso por ventura 
al^un fatal veneno disfrazado en producto colonial? 

— Déjate de bufonadas , respondió Octavio , y puesto que no puedo 
verme libre de tí, ten presente que si crees que te he traido aquí parar 
que te conduzcas del modo que lo haces, te has equivocado , y abu- 
sas demasiado de mi amabilidad. 

— Pues qué he hecho yo.' 

— Nada, me dejas toda la mañana solo' con Bergenheim; el cual 
me ha hecho contar, según creo, todos los árboles de su parque, y ' 
todas las ranas de sus estanques: anoche cuando esa maldita bruja 
de £ndor propuso el infernal whist, al cual parece que estoy diaria- 
mente condenado , te escusastes con el pretexto de no sabcír , y sin 
embargo juegas tan bien como yo. 

— Pero es que yo no puedo soportar el whist á peseta el tanto. 

— ^¿Y á mí mé gusta por ventura? 

—Ya, pero tú eres muy amable; y tienciís además un interés qoe 
debe hacerte parecer dulces como la miel todos los percances del ófldo. 
¿Querrías tú hacerme representar áBeltran y Ratón? 



,. GERFAUT. , 317 

— Pero en resumidas cuentas qué has hecho en todo el día? 
Marillac se colocó delante de un espejo, se arregló el pañuelo de 
la cabeza de la juanera mas pintoresca ;, se alisó sus bigotes, dejó^ 
exhalar lentamente una. bocanada de humo que le envolvió la cara á 
la manera de una nube; se volvió en seguida hacia su amigo, y le dijo 
con aire satisfecho : 

— Querido, cada cual para sí y Dios para todos. Tú, por ejemplo, 
te entregas á conquistas de alto calibre. Las perlas de tu baronesa te 
han trastornado la cabeza ; te has decidido por la aristocracia , sea. 
en buen hora ; en cuanto á mí tengo otro sistema. Mis opiniones en 
punto de amor son l^s mismas que en punto á política , republicanas. 

— Qué desatinos estás diciendo? 

—Déjame acabar. Sí señor y quiero el voto universal, la concurren- 
cia de todos lo;s ciudadanos , la participación en todos los empleos, 
las bases amplias , el gobierno popular , en íiñ toda nuestra ensalada 
patriótica. Lo cuál , en punto á mujeres significa , que todas tienen 
cabida en mi corazón . que no reconozco en ellas ninguna distinción 
de casta ó categoría. Artículo primero de mi carta. Todas las muje- 
res son iguales ante el amor, con tal qué sean jóvenes, bonitas, ama- 
bles, simpáticas, bien formadas sobre todo y de ningún modo delgadas. 

—Y la igualdad.^ 

—Tanto peor. Aplicando pues ese sistema eminentemente consti- 
tucional y liberal voy recogiendo todas las flores que quieren dejarse 
recoger por mí, sin hallar las unas mas frescas, porque son proceden- 
tes de la alta nobleza, ni menos olorosas las otras porque han naci- 
do entre la vil plebe. 

Simple et naíve bergerette. 
Elle regne.... 

— Gállate, el cuarto de la señorita de Corandeuil está precisamen- 
te debajo de este. 

— Te diré, pues es preciso darte cuenta de mis acciones, que an- 
tes de comer fui al parque á dibujar unos abetos del tiempo de Clo- 
dion-Ie-Chevelu, y mas hermosos que las encinas de Fontainebieau; es- 
to pertenece al arte. — ^Después á comer, y he comido admirablemen* 
te; y esto pertenece al estómago; porque es preciso hacer justicia á 
Bergenheim , se vive en su casa de una manera regia. — Después hice 
ensillar un caballo , y en dos pasos de galope me hallé en la Alco- 
nería donde hice presente mis adoraciones á la señorita Reine Go- 
billot, muchacha del pueblo, pero que goza de todos sus dereclu»; 
esto pertenece al cot^zoií. 

—Maldito! ' 



' 31 8 BEVIsi'Á ' W ifrADRID . 

—Nada le 'ji^iffá ^ ft partee, téatis no lim dí^aer to nrisma 
^íiÚcíop a'^ü^ pnnÜbsas que liacferi correr í úAo tíéiúltfguas 'tígllRndo- 
^las &tn áVries siqüfera á besar b punta fle un dedo A Sti-^tliiflJe. 
' Enas mln'gás'KgiJá's^e 'Clelia no son ptcpiaíi pára'iMí. 

Je siils ECrgent 
'Brthé,;.. 

— Kl^i|n)ens aliar? .;a.«atiies quejaoo ClieDfojii^tq„q^TO]^ 
u«ÍBt>'ebn'«l üttOT de. wa fespetoblq Cu9rieutWE^4ei,{)íso,J;i^jp4,,pÍ44'B 
iMBpcUBSe'que>tBniQnÉm,«q(jf,«Bta e^pisiq.de bw<UM|,#(?^%4^ ^ 
cuarto, me aborrecería de imierte iwñfipi. 

. ... ^Zi^Q,:jitto».piap(t.pi^[^o, 
„^ijza sti;?pU(j Í¡ twmjre, 

,J|(^Iip¿ M^f'i'íífj poni^endo un dedo en su'Wca y oón;*02'mttífll|(a- 

.gQ^.j¿e^r^a^^;loquep.tas'¿iciúi'do;]B(>r'Í9 m^neMi'.tM'tlae^i- 

_^^s el b^^io á lo, señora de Bérgaiüéim pcira '^^'alíífcii'l j 'al'^ánbn 

e<W^H^ ¿e ta, cena tijibiera creído q|]é'éstiib3is^'m^^ 

acuerdo^ Al volverme junto á la escalera pB^a'^n^L''er' n^i'^iitíS irla 

^j^¡l^^:t,ii^epareúf notar cierto movimipito.j ^fá^aüílt^o dema- 

^^^5 e||JÍr^ vosotros que á wyor^dé nii 'mirada dfe ágüífíí ííáftfa-a^^pos- 

.^^O^pnionie l.iámn lltariltac^ue se habla ilesli&idóden^píijiíiRtl}!... 

^'Cerfaut aifroximó á una de las bugías'el'bidéte'qjiü'aun d^&r- 

Vaba arrugado eñ sü mano.'el papéí'ie'ínítim'í, Véfttó'sf Be'uá-^«^ftn- 

do no quedaron de él sino algunas partículas n^os'qii'e 'cá^t^Mi%n- 

' vertidas en polvo sobre el m^mol de )a chimenea. 

— Lo quemas? maí^iééí^ó , (lÍ|''o''¿l art!is1k: en cuanto á m{lo con- 
seno todo, cartas y cabellos; cuantió 's^ viejo liaré encuadernar las 
Uiiaa,,^ tejer cop lo^ otn» un cuadro alegórico que haré colsar delan- 
ie dé ú» buró, a un' ^e léñer'siéíiípré a hií'Vista las^ré'cfitVSos de 
—Y te aseguro que los hátírá "á'e tdéS^^o- 
bMw, mí prinYefa piísion,' que^ránl-ublDS al- 

un papel, dentro del'cüál cóilséi''Fa1)á Óna 
legros como' el carbón! " ' 

II has arrancado estas pocas'de tr^D6s?%re> 
iquéllos cabellos mas bríltaitté^ ^Atms, 

u. I riiñí«i suposición' " " '' 

driaii ser niasfíiios, i'espíirid'ü'ltt^lIrr^^D 
.. . , manosear er'í¡iil!léioMa&"3'^Mtá''rtis- 
poccion, como si se liubiese tratado de ua1[%lS'ijit^(?í^!|il8níbtittfiie- 
n querido analizar. '" ''■,''"- 



Jwíí- lá?' 




úfmi'm, 

mucho de e 
. cgmdi^jtj 



• . tW' K"? v"?íI''P <»SÍ™{..''»8Sá." á?!!; íí.'áS' • í»¥ *' 

— Este es el «lia de k 



gau sean como este ; si 

. i í?ío4#''s.'fífío'PHy..} 

t^ííiM.sftiirws'h? 






,TMm 



-Y., ya ™o"e^jis^ro.^9,0J,J!jf^S no^mjldguenjajte tln 
esta garr^^lAfjdi^a. 

tieiies?Tehatratado.(]^lta|g{^ri^? , ¡ 



320 REVISTA! DE MADRID. 

bia exaltado de nuevo. Me ha tratado como se trataría á tin aprendiz 
de peluquero. El billete que acabo de quemar era la despedida mas 
formal , mas ingrata , y mas indigna que pudiera imaginarse. Esa mu- 
jer es. un monstruo; lo entiendes .!* 

—Un monstruo i Tu ángel un monstruo? dijo, Manílac contenien- 
do aunque con trabajo una carcajada. 

— Ella, un ángel ! un demonio es esa mujer. 

— ¿Con que ya no la quieres.^ 

— La aborrezco, la odio ; me horroriza. Ríete, ríet^ cuanto quieras. 
Al decir estas palabras dio Gerfaut un fuerte puñetazo sobre la 
mesa. 

—¿Te has olvidado de que la señorita de Corandeuil tiene su habi- 
tapion debajo de la la nuestra?, observó el artista con aire burlón. 

— Escucha , Maríllae , tu sistema para con las mujeres es vulgar y 
un tanto grosero. Esas palurdas á quienes enamoras; esas pastoras á 
las que cortas mechones de sus cabellos que pueden servir muy bien 
para rellenar un colchón; esas ásperas hermosuras con sus mejillas 
de peonía , son conquistas dignas cuando mas de un hortera en dia de 
fiesta. Todo eso es puramente galantería de baja especie, y por con- 
siguiente tienes mil veces razón ; al lado raio eres uno de los siete 
sabios de Grecia. 

— Me favoreces demasiado. ^Con que en último análisis no has po- 
dido conseguir ser amado i*, 

— Ojalá fuese así, porque si no hubiera sidoaniado hasta hoy^ ten- 
dría la esperanza de serlo mañana. Pero te equivocas, no es eso lo 
que me encoleriza. Temo únicamente que su corazón sea demasiado 
tímido. Estoy seguro de que ella me ama cuanto puede amarse; la 
desgracia consiste en que este amor no es bastante para mí. 

— Me parece en efecto, que hasta aliora no puede decirse que se 
ha vuelto loca por tu causa. , 

— A.h! loca , ¿conoces tú muchas mujeres que se vuelvan Ibciis por 
amor? estás hablando como un colegial: en cuanto á mí he creído 
siempre muy dííicil hacer concebir una pasión. Lo primero que hay 
que conseguir de una mujer*es hacerla vencer esa preocupación que 
las' desanima, preocupación á que ellas llaman virtud, y yo esclavi- 
tud social. ¿Pero qué importa el i^ombre si el resultado es el mismo? 

— Pero en fin, ¿estás tú seguro de que \n baronesa te ama? replico 
Marillac, pronunciando la palabra te ama con cierto énfasis que no 
pudo menos de llamar la atención á su amigo. < < - 

I —Seguro, respondió éste, ¿por qué me lo preguntas? 

i ^ * —Porque sino estuvieras muy encolerizado te .diría cierta cosa.... 

: Vaciló algunos instantes^ y después añadió: 

— Si supieras que ella prefería á otro, ¿qué harías? ' 



••» 



CERFAirt. 321 

Gérfdüt le miró, y se sonrió en seguida con aire desdeñoso. 

—Escucha, le dijo, acabas dé oírme blasfemar contra esa mujer, y- 
has creido que la aborrezco; pobre hombre! ^isabes tú por qué he pror- 
rumpido en estas quejas? porque conociendo mi temperamento he sen- 
tido la necesidad de desahogar mi corazón del peso que lo abromaba. 
Si yo no hubiera empleado este rertiedio infólible, el disgusto que mci 
ha proporcionado, su billete hubiera irritado mis nervios para toda la 
noche, no habría dormido; y cuando yo ño duermo mi palidez se au- 
menta, y mis ojos se entHstecen. 

— Qué tontería! - ' 

— ¿Cómo tontería? pues qué , ¿no adivinas tú ¡a razón que tengo pa- 
ra desear dormir tranquilamente? de otro modo tendría que presen- 
tarme delante de ella con una triste figura, y sería lo bastante para 
animarla en su crueldad. Me guardaré bien de dejarla entrever.que 
su último mensaje me ha afectado en lo mas mínimo. 

>— Sin embargo , querido , todo lo que me estás diciendo no prueba 
nada que esa mujer te ame; esta es la cuestión. 

— Marillac , he podido durante mi frenesí decir algunas cosas que 
tal vez has interpretado mal ; pero ahora que estoy ya tranquilo, y qué 
mis nervios han vuelto á su estado normal, voy á explicarte mi posi- 
ción actual. 

£s mi Galatea , no lo dudes. Es verdad que no he roto aun el 
mármol con que la virtud, la educación, el deber, las preocupaciones 
y todo lo demás que tú quieras cubren las carnes de mi estatua; 
pero me aproximo al objeto que me propuse', y lo conseguiré; su 
desesperada resistencia en este momento es la mayor prueba de los 
progresos que hago yo, en mt plan. Del no al sí hay un pasa terrible 
paira una mujer. Mi Galatea empieza á sentir eñ la superficie de su 
corazón los golpes de mi cincel, y tiene miedo; miedo del mundo, 
miedo de mí, miedo de su' marido, miedo de ella misma , miedo del 
cielo y del infierno.... ¿no te gustan á tí las mujeres que tienen miedo 
de todoi* — Amar Qlla á otro, jamás. Está escrito que ha de ser mia, y 
lo será; ¿qué tienes tú que decirme ahora? " 

— Nada , pues estás tan seguro como dices. 

— Seguro, sí, tanto como de mí mismo.; pero quiero saber lo que 
tú piensas. 

— Sí, pero no esta noche; es una cosa qué me ha ocurrido hoy, 
una suposición vaga aun, (fue no quiere decir nada todavía. 

—Te advierto que soy poco amigo de enigmas, le dijo Gerfaot «o|i' 
tono seco. 

— Mañana volveremos á hablar de esto. 

—Gomo quieras, replicó el amante con indiferencia tal vez afecta- 
da. Si té has propuesto representar para conmigo el papel'dePésaro, 

seguuda época. — tomo in. 41 



;302 nisvi9fA/.f^rtfADaxD. 

te pr«»(0MMPe^WlPyo9q$>9i<í|ai^^ 

.clP^0c)fe«0FLí,pwqw5WWftRrftinetfii:á ^^s^jMíqrpsi áqu^ 4fíaji|.p|f|eo 

na, adelantándote con ellos todo lo jgo^^oítvM^.t á.fia,4€ ^fiyf^fíS^^' 
da hablar un rato con esa cruel ; ella me íia signiG£^§;}j|)}e ^^ioguna 

•uto .^Ue, » 

,^8Qlo.;liay UA jin^epYIISiPi^ltet yje»: «*e ow^a^^p^tv^^jg^as 
i)je»l©-wíP<m««Á3CWer,:3í ní^i»f4ff^cii|íqae.,^Mea sola-ua ní^^^to. 

—Es yer^^á^cfaífimá íhi^^t if^mm^ 9f>^íM. wmt^w^^ 

><i«HUd(iir99ÓJ»)-^la. 

—¿Te olvidas de .gi^UM<rrit;a jj^fo^j^íií^il, ííppe#», «^fl^i^a- 

.i jp 4^io9mt$M!í^^ 

K«» Ift.nwyoiii^gíjt^i^; ,«iHN§!^o«wf te?!ÍO|ci«9eft.eyfls^^^j^,^2tg|ios 
esos importunos que han devenir mañana á fastidíamos^^y^^^no 
i im q»§-4»riio>?fu^tasviJtefr4aíteS;^8ílf3P por e^a. BpxxnW^Sft serán 
ftítoitotftH*»*^ í^igny i.|»m. pftSíMÍo. wnipa^Jl^^f F W*pó. . 

^ t|]myiAPiN)R^a|atO¥Ía. 

,.S€ trahira..., 

tí * «O;^ •!• . 



x/A,l« 



<:.MídÍ9í úi^mt^fint^ (^^ lar/naifpi^jia|$^0^^o;| J^aMj^ntes del 
castillo Mi^i^tiSPS^ Wk, lí^y^mf^, ^m I^^^M.9MHjf^^ 

.. *ol^íiw.uwii,cte \9(ymi^%id^tj»)ÍP(qi^^4^a^, 9lTPíiT9^e.^3^ubier. 
to hasta la barba con un levitón de viaje guarnecido de B{$}$%|}^e á 
la verdad un poco premálpío» §9r« l«f#t3i(^$ff^^^^^HMí(WtC£u 

..'Í9Mtíi^kA)ekillH(H^.ii^#oi^ ha- 



-<fiáÍKÉ<» f el ptHüits^ fUaásitá le&mfBo dedaiAlcelMría¿fi|bia«]iéa- 

""4(1 todor sésta^imAiQ ^ Ipaso, yinederotí^ aidoc^deboGabullov^el 

ewQil por Ki :firmBsa «tósliea: con qaé ]evm(ftAa «os váiMearBVfm" 

' dar,'pro{6stábaiGoátr% la al]]eeion quehnbiaDirBpuesto á snl^gosklad. 

'I^afécia qií^ eí placer ée la : soledad había sido el ánko imotivoifde 

^masalld) tañada hioñana, y que nkigiia oIfq 'hiteréá teDÍa.«l4Sba- 

Olélro'én 'o^ol)^to^'de süJejxrarsídD; pero iuegó que iiiibe»itlegaí6 a/la 

parte del bosque desde el qoe í^rfaut hobía visto'^^órpriQíera veztel 

'daátiNo d<K^i*g<éiffbeiai9 ise'ittteraó ¡entre los arbolea , y euai^do>ya no 

-*ye'^diVÍ!idb8n *tA' áob lasn'eletasíde las torres del cas<irlio,iopiPÍiiüó<b)s 

%9arés b'%u ce^l, el cual, sin hacerse repetir la invitaofen,' pantiá 

^%1^capé éon tanta diersa, 'que andubooasitre9«cuBrtes> tiéntela 

'^'éin siflojar'tna.ápice^e^Bu earfera*, á fñsor deiás desi^Mades del 

<^^'(^lrifno, y tlub^rá sido muy ^iflícif decidir qué era niás:adBiirable 

si las piernas del anímalo los pulmones dtei'cabaücrofpdifí^jAin 

embargo de una carrera tan rápida , habia tarareado éste , y sin casi 

tomar aliento, 'toda ta:siÉfOttiía' de 'OtiitíermoTelLIPreciso es confesar 

que el falsete con que entóii<^>e( aMonlesé patfécia mas al silbo de 

un mirlo de Siíint^loud que á los dulces tonos del oboe, cuyo canto 

'Ivcíbiá qriM#á'fimtl!ar;itiero en^robio, cuando \\»%ó á\ atkrgro, jtfu voz, 

' '^de M'a'envéfd^ la^d^un btten btfjo, b¡n6'eon1aAta'fuefKa'las>inre- 

^'jds déi dbb^lló,' qfre'N^dt^btó^u vigor, i»)masi aquetlosisoriidosbubíe- 

* Tan pf o<&r^dd séfbre évt» ór^nmm: ati^tWos^elfi^tOi de' ima. eaci|eta 

^^j^evláien^d^hi coreen un 'día. de batatla! 

'Eí pdi^ttífnté dé'qéien' nos* ocupamos, que.ya habrán remníoeido 

'Btie^o§^le¿tdiP(^ ini(testa<proe2aiivíii»eal;,F«eriQinó sovoncierto, pse 

^^ll^t^iá^Wentt^aéáiileHnfa déJas-treslengiietasfiilelF bosque flpieíbaia- 

ban hasta el rio desde lo alto de las rocas, interrumpiendo «aqpBií y 

allí la uniforniidaéde' los^píradérasi '£ra I plreeíslilnenté la última que 

habia que atravesar antes debiiKrd4,l valié,;y/de^e allí hasta la Aleo- 

nería apenas habia dos minutos de camino. Desde lo alto de su silla, 

^^ dirrgicíiido' la vístaDátmr^aqiiella parte, podb distítisiír d Ji«nK>|;de 

"liki ¿asakáeVfüebio, cuyas'ondiriafites^okinHias se<eié«abañ en ibe- 

'" éto^delanfebfó3e la^mañdna, ülpaireciendó entr^ su eoksEibfuiquéci- 

- • jao lóomd nitbe^ de gris azulado. Esta vísta< no pareci<i^ insfíirarie bia- 

"'piñ de^éd!d# ségéii*>ha8ta'aná;'así es qne después de haber re^islra- 

'"^'{)or algtm tieinpo él sitio en que se hallaba para oríeotor» pMec- 

'•t^rtentel iáíé ápartii^dd! earínno, se ooultó enüe ios árboies^há^ía la 

'^d^récha, y-se'd^tuVo<en fm al ptéTde »iio(deeUos,<iiRas:alto;fplelos 

'd^mias^, 'i' iiAíítado en >medio deufipradito, quedando coloeadó cahio 

'■ ' ÉÍ^^éítfiíl^'eá'nna especieide^ puesto d^ honor. 

' ^'^Wt^^ e^e^ árboi iconria- un m^MBuoiarrayuBlov qna a|>so gp^ a 

blandamlHitfi'* jBMntttunuidydiáfilai^f .«M^'^iéi^ su 



324 REVISTA DE MABRID. 

curso , que á corta distancia de él apenas había noticias de su existen- 
cia. Era este, pues, uno de esos sitios verdaderamente clásicos para 
las citas de amor, desde que hay en el mundo bosques, prados^ arroyos 
y amantes; uno de esos sitios que constituyen la parte nías eseiicial 
de una decoración de teatro en un melodrama ó vaudevilie. Nada fal- 
taba en él para hacerlo ameno y agradable ; ni sombras protectoras, 
ni lánguidos murmullos , ni pintadas avecillas revoloteando de rama 
en rama, ni el blando césped por alfombi^a. 

Después de haberse bajado de su caballo, y haberlo amarrado á la 
rama de un árbol según costumbre inmemorial de todos los que andan 
á caza de aventuras galantes, dio dos ó tres patadas en el suelo para 
desentumir sus piernas, y sacó de su bolsillo un lindo reloj de Breguet. 
— Las ocho y diez minutos, dijo; he tardado un poco; pero sin 
embargo he llegado primero. Parece que los relojes de la Alconería 
no andan bien arreglados. 

Au rendez-vous j' arríve la premiere 
Raimbaud , Raúnbaud ! 

El.artista dio dos ó tres voces, que solo fueron contestadas por un 
eco lejano, y todo volvió á quedar en silencio. No le puso de buen 
humor el ver que cuando creía que lo esperaban, era él quien tenia 
que aguardar; y como su temperamento meridional no le permitía ha- 
cer el monote, como se dice vulgarmente, quedándose en una acti- 
tud ínmóbil , en lugar de estarse sobre un pié con la dignidad de una 
cigüeña, se puso á pasear rápidamente por uno y otro lado, silbando 
con tanta fuerza como si tocase un pito de ladrones, el conocido ro- 
mance: 

Quand je quitai la Normandíe.... 

Tattands. . . . j*attands. ... 

que las circunstancias le trajeron á la memoria ; y como se aumenta- 
ba su impaciencia , se entretuvo en cortar con la punta de su fusta 
las cabezas de los cardos que hallaba al paso. Después, cuando se 
aburrió de este pasatiempo, escogió otro; todo lo cual probaba que 
si en la bella á quien esperaba no era la exactitud su principal vir- 
tud, no pertenecía en cambio á esa clase de señoritas demasiado sus- 
ceptibles, á las que la extremada delicadeza de sus nervios las hace in- 
tolerantes con sus amantes. Metió la mano en uno de los grandes 
bolsillos de su levitón, y sacó una enorme petaca de piel de Rusia. lle- 
na de cigarros habanos, y encendiendo ujdlo de ellos en un fósforo, 
principió á fumar continuando su paseo; pero al cabo de algunos ins- 
tantes este paliativo á su impaciencia acaÍM>: como los otro8.| ... 



GERFAUT. 325 

— rLas ocho y veinte y 'dnca minutos, exelamó bruseamente Marí- 
Ikic, etbalando una bocanada de humo, y mirando otra vez su reloj; 
qnidera saber por quién me ha tomado esta i>alurda. ISo merecía en 
verdad que hubiese rebentado aV pobre Beweriey, que. está como si- 
hubiese pasado el río á nado; imposible que no le dé una pulmonía 
que ponga fin á su carrera. Si Bergenheim lo viese en esta deplora- 
ble situación era capaz de romperme una costilla. En verdad que ha 
sido una chanza muy pesada. Vanaos, eBto es una chiquillada , y lo 
que sin duda se habrá propuesto es hacerse desear. Positivamente 
voy á verla llegar de un momento <á otro fresca y rozagante, y tan 
tranquila cbmb si tal cosa. Pues ,^ hija mía, estoes bueno para una 
vez, prima trimsií; pero si hemos de repetir los páseos::por estas al- 
turas, es preciso enmendarse, es precisO' á lo menos aprender á de-' 
cir: Si V, gusta ^ y gracias. Ya,. ya, no sabe la niña con el mosqui- 
to con quien se las entiendei — ^Las ocho y media ! pues si no está. aquí 
dentro de cinco minutos, voy á la Alconería y armo un escándalo 
de todos los demonios; cuanda menos rompo todos los platos de la 
Feme-Sans-Téte : 

Crudele, perche pinora . 

Far mi languir cosif 

Qué inventaría yo para matar el tiempo? Si pudiese combinar el 
pian de la escena 6.* de nuestro segundo acto !~ Escena 6." — Valo- 
ry, Gustavo, Madama de Castelléon. — Queda arreglado el duelo en- 
tre los dos rivales. — Madama de Castelléon-, que todo lo sabe , los 
encuentra juntos en su casa. — Coquetería por su parte; furor recon- 
centrado por la de Gustavo, amante verdadero; conformidad irónicar 
de Yalory. — Perfectamente. — Ilación de la escena. — Principiará por 
la salida de Madama de Castelléon, y deberá concluir en el momenr 
to en que no pudiendo contenerse Gustavo , exclama : Señora, ó él 
óyoty ella contesta : — Ni el uno ni el otro. Contestación noble y 
atrevida, sencilla y enérjica, que vivirá eala posteridad.— Perfecta- 
mente. — Son precisas, sin embargo, algunas mas gradaciones antes 
de llegar á la esplosion; un enredo á lo Scribo y un crescendo á lo 
Rossiní , todo á la vez. — ^Ahora bien, ¿será conveniente pue Madama 
de Castelléon se siente? Varios sillones en semicírculo delante de la 
concha del apuntador serán muy oportunos.... peto un diálogo de pié 
es mas apasionado y dá mas latitud á los brazos y á-lás piernas. Las 
piernas sobre todo representan hoy un gran papePen lances.de pa- 
sión. Sin embargo, acaso, acaso sería mejor que se sentasen al prin- 
cipio, y hacerlos levantar al fin, porque si es Lomaitre el que hace el 
papel de Gustavo , cómo exijirie que diga empaquetado en un sillón 
ai^ella sahume frase: Señora, ó él ó yo? 



3t8€ REVIST^a Sffj I&U)IIID. 

,.. ünibiitlaidD ée nuero la Hianii et ^ luHidAitOliUlP^dftiftttlQritjHb: 
q«e páfemtatt fecÁMfeconHi el dt. Madama. Jigógu»! «Máj^tedUft^^ 
eketíaTez ana. cuartera eo&:lH»inqed.d6'att)iM»iCU|ra«b4jatf.«s|a]M^ 
attEDnaávaiHeat& cubiertas ^ cnoqu», renglones tiv:to<ií^« y apimlRi; 
dapref andidas iaspiraoiQBes aiasiealtai; tma verdad«ra.BAbe| a{:KúitÍQ9^. 
eBduadprnada en taíil^e verde^ Saca despucs m)<lapÍ9.^a£$a^%^dc^ m 
platu, ytsé poso á afilarle con un puñal de Córcega dja. ancolia.. bqj)i« 
del:q««» se baftia armado, probablemente p^rt dar á su ejcpodicioo, 
uitearacter mas atrevido y español. Cuando pNsa la. punta de su la-^ 
pía taa delgada como la de una aguja, metió el aoero e^^ la y9ÍM% 
y- ambas cosqs en su bolsi'lo, y sentándose ai pié deuuárbpji e^crf'* 
bio con moy bueno letra bastiuréa en una dejas hoj^sdajl. albiui9;--r 
Eée^na sexta.-*- Madama de Castelláon, Gustavo y Yalory. Apoyó ^ 
seigrido los codos en sus rodillas y la frehte ^nLli:e&us ipaAOH^ y,pfirr 
nsáiMio absorvido en el laborioso éx^tasisdj^ la copipo^icion.' 

Al oabo de alguñ tiempo levanto Ja cabera, j|)íi?ó..alb^matiy^u)enr. 
te al cielo cubierto de un azul pálido y sembrado de Aul^Mt^J>toA^ 
cas, á los árboles agrupados pkítore^cíukHiikte^sobre la pradera, á la 
niebla que permanecia aun sobre la superiiciei del rio, y á Bewerley, 
cuya respiración y sudor formaban por sí un bumo transparente ele- 
ráio pon ek' aire frió d« (a mañajia. Después d^ h(^l^r d^fnisvi^ado 
inspip&cionfes al délo y áia tierra^ á la naUírat^za muj^m^, y á to Mi 
turaleza viva, adercó al fin <^1 lápú al papel» Dir^ao^ gardl^^l na- 
cieron sneesrvamcnte bajo s«^ Mos, sin que ^haseat fijEidequ^ 
dar satisfecho de su obra. Al entretenerse en aquilas. iaii)erjg¿$^|^ 
ivas caricaturales, obedecía maquinalmente á h ley qu^ fíff am ilpft. 
ssntidos d« la voluntad, y les di una especie da tfH^tíg^ncia w^ri^i 
tete las Veoes qae ei espíntn cacecé do fuerEft para p^Miei; ea dccíoii; 
lá voluntad. 

— 'fia pQfCiontatf eidamó Márillac borrando con dtagustpf s|is ci^ 
qOfaVttóteni^' ideas sino c& la rasmo. Me balM) desdi» Luego ^eoño- 
Mtfd. Estaé:: necesito la primer palabhi ; pero ñii m^^^oEOtcion MÍ 
oluicada, y permanecerá' en estesitio hasta' «1 día< del juicio stii,|]4ll(if 
esa «raNiadada palabra.-^^oé ha de deoit esta mujer cujando s6|Mr«F 
9énté en la eicéiio ?— Hwnos dieu , señores. Eslo es inu(y oHIuraJ ; y* 
sí efla Íes dice buetios diasy señores^ habrán ellos de ciHátesüMrte: 
téngalói ^. muy buenos, éeñoira.,.. -«-Períectdmenle; esto es prodá* 
gteafnente diramático. — Qisé diablo ! si «ae maldito de Gcffont n» eé- 
toviese absenrvido por su paaion de á folio, me sacaría dbl atolHideno^ 
pMÚ fiKóiso liaoarle la jastíqie de «pie iél no aeddtíelie úien la {ifi^ 
ttíi^fpMbum ni «íi le úl«íaia;t{>efO|ielii(p medios de maeíAe á im^ 
son , y estoy seguro de q&e ^icéaüniie caiamesiSiM fliUittP eüj^» 



6«Fl«TÍ 3»^ 

viene.. ^. pero no se trata de esto, trabaj<5tííéi!ÉV-*-*'fi%clafíWifs i*^*^^ 

m^dSS^ itíuéUó de veivs.-^Qúé et dfáfok) ts^íié' c«6í'MadHMntf ^ Í9T 
Cas^léon; me es imposible pasar de aquí.-^'Sé iné1}gd)rtf c^é' ^4^* 
aÁréWqikéinéñístttít, xn^MéMbih^ d^neénMr mi e^itd, y1ír|ar 
mff infíá|jnhci(m ífÁité lin punto ; ?af sfenlo evapéhireé iée hif cárUettdv f 
me parece que la veo atravesar la&^i<irKte^'dlÉ^ Mtf'^^BCnéé,^ éé^úÁd- 

tiáio e6Éíió elK>fiMld^'¿frai§ift4s^V§^IÉl ^is^ lK»tot sé^mpqifib trtrba^. 
jaré muehonie^rííñ^clfm&. ]dílié^'^€Fe^fót$kh«á(«íé^t|i«h^^ 
ui^'^add suíyfáid^yruib^^l^éilifir'de >^^^^^^ 1%«§'^le^M»t)(Nlilé. t>ero 
yo creo.... 

liéf&nté yktlítíéúke (a eatííMi, síittiéMUki ineiNMér éé r6|leirte 
por una lluvia de tierra ; pero este movimiento fué fatal para éti p^ 
q§é^i» (j^bá VéljmiiefóÉ la*<pfi^W áWliiáiciófi'déslMiiéá^'i ^t^ dtítéíhs. 
VéIí püédzoñí <iésa§fMáM(f tHfé tkM en^ e^^lc^ séí TM lúí^^mtút* if 
séfpsdn^; aittí^ íiíé^fft hébét"«ntretisfó oütéft e^ me9íb dé Itt 1M¿ 
be de polvo que los rodeaba la figura de la señorita Reine dé GéM^^ 

\m\ fí^éá y miá^mf^ coim-m qt^n^inv tmm téi%í9h iséginn- 

gtf á eüadroáVe^^^ iná,qlié hheíürfe^ltái^1o^¿n^»md^i^!lilbüá^' 
to en toda su ostentación , 14^VBni^ ál mtib IzqpA^ié^dtd^ m p%ífi^^ 
canasto : circunstancia precisa en señoritas dé cic^ eAjjJíécié', étiándo 
hacen novillos cotii6' rriítíéMdióá dé é^Há: . 

-^Qbédiábroííi(9^ ha sueédiA^eiféflamo MiHI^oftíM^si^ii^o^^ 
hace mas de sesenta mintió ({tié mé té^(48 d<}tí( Hé^lóíitiyil, f iíM^' 
rtñh&ltéiiñÁcSé^ór'^ ^ ¿^utta goKyérdHfta, fo nó ^^ToMw, lo 
entendéis ? 

—Vaya, tanto enfado por un poéd dé^íif^,? dij«~l6eíii« (KMAébdo- 
se encarnada como la grana, y tirando al mismo tiempo el resto de 
tierra que conservaba en su ttíánó'. ■* • 

—Es que m mtíéaé eottio «d diabléyí'dl^á él %tmfái con tono 
mas moderado , comprendiendo todo lo ridículo de su cólera ; y pues 
gMSV^ la que lúé flirbeiiB iiécho el i«áí^ véÉié al ift^Ms á l^j^í¿4o; 
tíéklpé^m fMflMtíí^ «h to» Ofos. 

^tfo , qué me voy. ^o quieto «|ue %e a^ n^jíSíe. 
£1 (Artista meúá alMfén en m bol^il^ y-éelmmi iA%éf)M4ft^ 
naéiHé Hend^que I» jómi %e pr»p«rab6 ú ^aMt'^ le Jl«6> cá^KlfoAÉB^ 
mente el brat» «í r(NMor del taHe ^ y IH dbligí, Aiélll» <fo jgi^iMK», táé- 
M f^fteite, éMallÉ»e]|ini«o i étv 

—No, no, que el piso está húmedo, y voy á manfefritTtflf ^0Ékté8$ 
^0 ^m fPfr lÜtlWalpbiiilénoia. 

Un pañuelo de seda fué inmediatamente extendido sobre %áV<^ 



328 SEVISTA DE MADRID. 

en guisa de tapiz por el amante , súbitamente decidido á p];estarla los 
mayores cuidados y atenciones. 

—Y ahora, mi querida Reine , replicó él , decidme á lo menos, por 
qué habéis venido tan tarde ; sabéis que hace una hora que rae arranco ' 
los pelos de desesperación? 

—Por fortuna el polvo es muy bueno para- evitar que se caigan, 
respondió ella mirando maliciosamente á Marülac, cuya cabeza en 
efecto f stabja atrozmente empolvada. 

— Picarílla, exclamó él riéndose, por mas que sus ojos demostrasen 
quehabia llorado; y trató de darla un beso como para castigar la 
represalia, en verdad menos odiosa en amor que en la guerra. 

—Acabad pues, señor Marillac, bien sabéis lo que me habéis pro- 
metido. 

—Amarte siempre, criatura encantadora, le dijo con una voz de 

crocodilo. • ^ 

Reine se mordió los labios , y obedeciendo á ese instinto femenino 
que prescribe variar de conversación después de una declaración de- 
masiado directa, &m perjuicio de volver al mismo asunto por otro 

camino: 

. —¿Qué hacíais cuando yo llegué.^ le dijo; estabais tan ocupado que 
no me habéis sentido venir. Parecíais un loco; extenc^ais ios brazos 
al aire, y os pegabais porrazos en la frente. 

— Estaba pensando en tí. . . . 

— Pero para eso no era preciso darse de puñetazos. 

— Mujer adorada, exclamó de repente el artista con voz apasiona- 
da, y mirándola con los ojps muy espantados. 

Dios mió ! me dais miedo. Si lo hubiese sabido no hubiera ve- 
nido; pero necesito marcharme al instante. 

— Dejarme, Reine de mi corazón.^ 

Non ! je perdrai plutót le jour 

Que de me degager d' un si cbarmant amour. 

» ' 

— Callaos; puede pasar alguien, y si os oyesen..... dijo Reine 
mirando al rededor de ella. Si supieseis cuánto trabajo me ha costado 
venir! Le dije á mi madre que iba al molino , y después á casa de mi 
tío; pero ese tunante de Lambemier me ha encontrado cuando, en- 
traba en el bosque. ¿Qué haré yo si dice qué me ha visto? Este no es 
el camino del molino, y si él me ha seguido, estoy fresca. 

—Direís que habéis venido á coger fresas ó avellanas.— r¿Y quién es 
. ese Lambemier? 

— Ya le conocéis.... el del molino.... ¿no le visteis en casa el 

otro día? 



GEBFAÜT. 329 

— ^Ah! dijo Marillac con interés, ¿no es ese al que han despedido 
del castillo? 

— £1 mismo; y han hecho bien porque era un holgazán. 

— Ese es el que os ha hablado de la de Bergenheim , según me de- 
cíais ayer cuando nos interrumpió vuestra madre ; seguid ahora con- 
tándome todo lo que os ha dicho. 

— Oh! estoy segura de que son mentiras, no se debe creer nada de 
lo que dice. 

— Pero en On qué era lo que os decia? 

— ¿Y qué tenéis vos que ver con lo que cuentan de la baronesa? res- 
pondió la joven con despecho incomodada de que Marillac no se ocu- 
pase exclusivamente de ella. 

— Lo hago por curiosidad. ¿No os ha dicho que si descubría al ba- 
rón todo lo que sabia le daría éstemucho dinero por su silencio? 

— No quiero contestaros. Preguntádselo á él si queréis saberlo. Por 
qué no habéis permanecido en el castillo, ya que no pensáis en otra 
cosa sino en lá baronesa? ¿Estáis acaso enamorado de ella? 

— Yo no amo á nadie mas que á vos. — Que el diablo te lleve I dijo 
para sí, ahora vá atener celos! ¿De qué medios me valdría para ha« 
cerla hablar?— Estoy tan persuadido como vos, repuso en alta voz de 
que todos son enredos de Lambemier. 

— No tengo la menor duda. En tddo el pais es conocido por una^mala 
lengua que solo se ocupa de espiar todo lo que se dice y se hace para co- 
mentarlo á su manera , y decirlo a todo el mundo. Dios quiera que no 
vayaá inventar un cuento, porque me ha v^o entrar en el bosque.... 

— La baronesa de Bergenheim está fuera del alcance de los enredos 
de un tunante de esa especie. 

— Reine se mordió los labios sin responder. 

— Tiene ella demasiadas buenas prendas para que pueda darse cré- 
dito á ninguno que quiera ofender su reputación. 

—En cuanto á eso, hay mucho que decir. Las señoras de París 
son lo mismo que otras , á cual mas hipócrítas. 

—Magnífico ! dijo para sí Maríllac , ya hemos entrado en la cuestión. 

— Es una mujer tan bonita! tan amable! tan bondadosa.... 

— Dios mío! acabad de decir que la amáis, dijo Reine separándo- 
se bruscamente del brazo con que la había tenido asida hasta enton- 
ces. Ya se vé, una gran señora que tiene coches, caballos y lacayos 
con librea , es una soberbia conquista. Mientras que una pobre aldea- 
na que no posee mas que su virtud.... y bojó los ojos llenos de lágri- 
mas sin acabar la frase. 

— Virtud que dá una cita en el fondo de un bosque á los tres días 
de conocerla!... pensó el artista. 

—Pero no seréis el primero en galantearla. 

SEGUiriU ÉPOCA.— TOMO UL . 42 



389 BEvisxáL m- M^üoniD. 

— Mentiras! pues yo os aseguro que no lo son. Lambárgftr bd íat; 
un embustera^*... 

'— LanH^erAierno es UB ^mbu^ierol repitió «orno vp. «oo muí ¥oz 
á^i^ra ^ue poisecki saiir M tiroaco del árbol dtoiide estaban «catodoé- 
los dos amantes. — Quién. dice que Latüfrbernier «s up tfíAwHeroi' 

£n el mswQ iésWiU^ el !Qari|M0leco>«Bifei^n»!8QÍáó de^4etf6^4el 
árbol donde estaba escondido bacía un momento , y apareeió.'sábi|ai<' 
mente en la escena como el DéU»t$tfnaqmmm^áei9iStxnsfsAia9 ronünas. 
Co».9U jebi^pi^ton )fi^&€cliado alh«ttbw según a«o$t«0ibraba, y «n- 
C2(9|uet^de hmm^ tfts orcjns e| sombreso 4eitkis «Qobas^«e«oloco«ir 
frente de la pareja estupefacta , fijando altertMblivmifiBr» <íB.<iOfto iiao< 
de los inMtoalores. ms i^ bandidos y iioBlipiQs*, y dejoaftlo issea- 
par ai «isctto tÁenopo «n gruñido- sordcK La i^ÉKiivta fteine dióon gn** 
t# «orno «i bfibíese ¥Ís|o á Satanes «n pecvQna salir dfá «entro i4e ia tíer- 
ritb iMarillae dio ui»; s»lto, y empuuá su l«t¡so. 

— Atrevido , inficiente , «sclajttó •haeiendo &m¡x «i hoz de 1mq<)'; w^ 
gsltt Tuestro «atMoto. 

>^l!ío bay <;8lmino que valga ^ irespondió el urtesano ce» sama ; «tfür 
mdsácakiifOTase, y el misioe^^ei^cibo ttoisp para irme ^ne iwe» 

— Si no te vuelves inmediataineaie, repuse el artista., «n^'oe t^ee 
ceM^keban deeóto».» te óbrela esbtza e^ iles portes^ 

««-^Las ineAzonasson las^pe se abren en dos partes, dijo Laoihsr- 
nier mofío4a^^ buen cuidado se me éi á mi de vuestro látigo ni db 
vuestras ütmmuas ; por<me sois un laeponto y yo iml artesane, pen- 
sáis 4iii(í4ariiie «miedos puils babeis 4e saber que á raí se aa^ tiapor- 
ta un pito.... 

No pudo concluir su fraie^ na kitigaae^e ie cmeó et f eslío dee- 
déte ei^a deiiédia ib^sta la piMia 4^ la ncfrÍ£'dtí¡»Mc «Ésangr^nta- 
da toda lá cara le obligé á « etrecetder^ms o ciiallre)pasps^ 

*^lt[atdiciiniJ endamo een una voz que se «seoiejabaá unlahalido, 
que pierda el nombre que fóngo síne me las pagáis todojs junliis. 

dünejó a) aitiele siiaornbreco y suiftAqiieta, -se escnapió la paliim -de 
las manos :£ro|á»dMela8 en seguida, y tetaeólfl posición de tm atleta 
disiM^S!^) á luchar. 

.A^l^dcfno^traoiofi amenazadora, laeecíQnta Gcib^lot que liobia 
preseftcla^o cfsta escena fáíndeck una pajiabra «ifuiera, lanxó des iS tres 
gcitosiioarticulados; pero en lugar de arrojarse entre los combatientes 
coüio las Sabinas , 'ecbó á correr con todos sus fuerzas por 'el basque. 

Aunque las armas de los dos adversarios no liieáen, eaila apana&<> 
ciai,s>i^>iasipaira «efisangt^ntar lel césped, tenia «n continente lía as- 
pecto marcial que hubiera hecho honor ¿ i^abdines antigiAis. iisarittr» 
nier, recogido el cuerpo segwlMbs lasfeelati4€l rájHatey iafr pa- 



iH^f^ pf<eftt(»i $0H9r sofera €iu -prp sa. gl (irtísfa .ppr 31} pqjíp, ficj^ílfe 
4l,Ctt(i^ atráíi, estendidíi Jfl iwn?i izquiírda y j¡sfo^í^^j^\ fl^tf 
inferior (le su rostro en el cuello del ij^vjtpa ob$|er>(^ba ^oijps Iq^ i^^oj^fr 
i^e^Qs 4e $u epiitrano. Coaadp vio venir pl pti^o con el pfjiiQ levanr 
^40 , í^líáfiaiTiJíieui e|. braaM/, y Jie^R|icQ.^l lado j^quier^.ptfp s^gnp^ 
latigazo tan vigorosamente d^do qjme el a^(^$^p ^e r^^ró ^ f^^f^SÍ^ 
{ryjliái|dps# jk)s ojos y gruñeií4p. 

— FuegodiePios! ya m veo cl^rp.... pero aun cuando fue^a ^1 pú^ 
ipof^y , fna ia$ iia de ¡h)^^. 

£«hQ. mano di bolsillo del pant;a|p9 , ^aeó uno de esos coQ;ijp>9f^ qp|3 
«sontos carpinteros, y «garráqdoljoeoo íifría |X)r ei Qie^ro^e ^|(P9Á- 
'ttP ann^o de uva especie de puñAJ, i^f 4p§ PMb^i| qu^ |>laQ4ia ^Qp 
aire amenoKodiCH'. 

A la vista dis este instrumebto, Marillac dip dos pas^g afta?, 4)as¿ 
fl látíj^ á id mano izquierda, y arintoílosQ 4f QU PU$al ¿f,tífp^^^ 
«e poflo ea actitud de defensa. 

— Amigo, dijo sin turbarse, esta n^^ es íwp <?oií^-si|e l^fi^^fjijjr^ 
fwro pincba m^ejor. SI os acerc^ un pasp, $i levantáis la niano^ os 
sangro corno i un cerdo. 

Al ver la firme aotj^ 4ei artista cuya ancha espalda ^i^cifi- 
jl>9 una faerza popo común, y al cual sus vigotes y sus qjos ))ri||(tQ- 
•tes daban en este nv)mento un aire bastante formidable ; y al reparar 
<$Dbre todoja ÍK>ia afilada del puñal, l^amberi^ier se. paró. 

— £a ! exclamó Marillac observando el l^uen ^ecto qa^ sp rcjsqluq^pji ' 
tfcaMa (producido sobire su adversario, soi$ ^jconyijaci^l ; pero yo soy 
i&Qscon. Xeuei^ la mano pronta, caipara^a; pero.... 

— Pero, mil rej iones de demonios! vos ?ois e} que )a tenéis prontíi; 
m^dse^iaiiiis á Utig»?os^omo si fuese vuestro cabadlo.... y.... uff! me 
habéis rebentado un ojo. j^ues qué , ¿0$ imaginajs que yo tengp \a\ pop 
«Mta^^o ^ eeeido o^o voíi, y^q^ n^i ocupacj^qn consiste únifain^p^ 
en hacer cucamonas á las muchachas? yo necesito mis Oj.o$. p^ra U,^- 
i^^^ o^naiíol.Porque vos spis :9i)^eñ9r, y yq un obrero.... 

—Vamos, déjate de tonterías, repuso el arpista mi^v cout^Dttp, JA- 
lí^ipi^aiepte de ver exhal^r$e 9SÍ en palabí:^^ ifi fyxm á^ su adversario; 
iQ^rrad vuestro cogipásy marohadá vuestro trabajo, yaya, to^íá^ .^¡0^- 
ra beber , dijo dándole dos napoleones. Habéis enfado un poco ^)^()(1^- 
le y ye uii PPQP vivó, {^ps ü li&y¡ar ios ojos cqn ün vqsg ^e vipp. 

Lambernier frunció el ceño, y le dirijió una mirada malijgi^^.yjreiji- 
.i99CO$Q. Yaciló up moinento ^l)re I9 que 4ehia hacer, perp al fin, al ca- 
ÍH> 4e olguno^ instantes de reflexión pu4o inas 1^ prudencia ,que \í¡l 
4»lera ♦ oerró el icpnipqs , y se Í9 fivai^ó ijft el bpl§iHo. J^erff ire(^jv?4 ^ 
dinero que el otro le ofrecía. 



332 BEVISTA BB MAOBID. 

—Sois muy generoso , dijo con mía sonrisa amarga: cinco francos 
por latigazo ! Yo conozco algunos que presentarían á ese precio el car^ 
ríllo dos horas al dia ; pero yo no pertenezco á esa especie, yo no pi- 
do nada á nadie. Me batí en Julio. 

No teniendo el artista muchas ganas de prolongar una sesión se- 
mejante, se dirigió á desatar su caballo ; pero al mismo tiempo se le 
ocurrió una idea repentina, y se detuvo. 

— Escuchad , Lambemier, dijo, siento haberos hecho daño, yvoyá 
reparar mi ligereza. Me han dichoque os habian despedido del castillo 
contra vuestra voluntad: tengo alguna confianza con el barón; ¿queréis 
que le hable en vuestro favor? Habíase quedado elcarpmtero inmóbil mi- 
rando á su adversario con cierto furor reconcentrado; pero su fisonomía 
mudó de expresión, y se tomó impasible y helado al verse interpelado de 
nuevo. Antes de responder meneó dos ó tres veces la cabeza. 

— Gomo no seáis el diablo, dijo, os desafio á que hagáis decir al se- 
ñor barón sí, cuando haya dicho que no : me han echado como á un 
perro, y allá veremos como queda este negocio. Todo ello ha sido por 
chismes y enredos; pero tampoco á mí me falta algo que contar. 

-^¿Y por qué motivóos han despedido?, prosiguió Mariilac: sois 
diestro en vuestro oficio. He visto algunas obras vuestras : otras que- 
daban por concluir ; de modo que deben haber sido graves aquellos 
motivos para no ocuparos en un momento en que tanta falta hacéis. 

— Decian que gastaba demasiadas bromas con la doncella, y la 
señora me despidió. Fué muy dueña de hacerlo, si señor , como yo lo 
soy de hacerla arrepentirse. 

— ¿Y cómo podréis conseguirlo? replicó el artista , cuya curiosidad, 
no satisfecha por Reine , iba subiendo de punto. ¿Qué podéis vos te- 
ner que ver con la baronesa ? 

— Porque es una señora , y yo un cualquiera. Eso no importa, y 
con dos palabritas que yo la dijera al oido , estoy cierto de que me 
daría mas luises de oro , que monedas de veinte sueldos he ganado 
desde que estoy en el castillo. 

— ¿De veras? pues á estar yo en lugar vuestro no tardaría mocho 
en decir esas palabritas. 

— ¿Para que me despidan á mogácones esos pillastrones de lacayos 
vestidos de cangrejos? ISo señor , no , yo tengo acá mis ideas , y allá 
veremos lo que resulta. 

£1 carpintero acompañó estas palabras con la risita sardónica que 
acostumbraba. 

— Lambemier, dijo el artista con seriedad, ya me' han hablado 
de ciertas espresiones aventuradas que se os han escapado en estos 
últimos dias. ¿Sabéis que las leyes tienen un castigo para los que in- 
ventan calumnias? 



GERFAUT. 333 

— ¿T es una calumnia cusido se prueba lo que se dicef 

— ¿Qué es lo que podéis probar? exclamó Marillac. 

— Canario! bien lo sabéis, que el señor barón.... No acabo de ex- 
plicarse ; pero completó su idea con un ademan grosero que hizo acer- 
cándose la mano á la cabeza. 

—¿Eso probareis? 

— Delante de la justicia si fuese necesario. 

— Delante de la justicia poco sacaríais en limpio; pero si queréis 
no volver á hablar de esas cosas, y darme á mí solo esa prueba que 
decís , os doy por ella diez napoleones. 
Lambemíer miró fijamente al artista. 

— Ola! ¿con que necesitáis una en la corte y otra en el campo;? 
¿una casada y otra soltera;? dijo con un tono de brutal ironía; ¿y sabe 
la pobre Reine que así os burláis de ella? 

— ¿Qué queréis decir? 

— Oh! sois mas ladino que yo. 

Miráronse los dos, hombres en silencio, tratando mutuamente de 
adivinarse los pensamientos; pero no lo consiguieron sino muy imper- 
fectamente. 

— Este es otro amante de la baronesa, pensó Lambemier con la in- 
solencia cínica de su carácter, si le digo lo que sé dejo en buenas manos 
mi venganza sin necesidad de esponerme. 

-^No es tonto ese tunante , dijo para sí Marillac; pero es vengativo, 
y es fuerza que se explique. 

— Diez napoleones no se encuentran así como quiera , prosiguió el 
carpintero en voz baja: está dicho, añadió en voz alta, me contareis ese 
dinero dentro de una semana. 

— Me probareis.... lo que habéis dicho, respondió Marillac titubean- 
do y algo avergonzado del papel que representaba. 

— Bah! dijo entre sí para tranquilizar su conciencia, si este tuno 
sabe 9lgo que pueda comprometerla , mas vale que sea yo quien com- 
pre su secreto que cualquier otro. 

No abusaré ciertamente, y tal vez pueda servir á esa mujer. ¿No es 
obligación de todo caballero sacrificarse en defensa de la belleza im- 
prudente y amenazada? 

— Os daréla prueba, que yono vendo gato por libre, dijo el carpintero. 

— ¿Cuándo? 

— Acudid el lunes á las cuatro á la entrada del bosque. 

— ¿Dónde acaba el parque? 

— Sí, mas acá de la roca grande. 

»No &ltaré. Hasta entonces no diréis una palabra sobre el par- 
tíenlar. 

» Convenido. Solo vos lo 



§§$ REVISTÍ 'lií iÍADRID. 

—Aquí téíiéfe lá stífláf íléf 'fferfiió dá íídfíti^d', i^tet)(«W¡déllirtista; 
dándole las dos monedáis de á cíúcb fráñéós: V esíü véirtaírtoíliSlláiniber- 
ñfer sin vacilar. 

~Éf lunes, á íás cbáitro. 

— No faltaré, dijo Marillac montando á éáb'allo, y pííttiéhío alirófé 
largo. 

— Diez francos hoy y fliélí ííápdleoriés elTuñé^, qüeéó díciéíláo pa- 
fá'í/taiiil)éfn¡ermieníras Máinllác sé alejaba -bueña tóntófía hubiera 
si¿fo él rétíusar. áih erlibaígo, ésto no es' bastante j)ará pagarme íes la- 
tigazos, pero asi que hayamos ¿justado la cuenta á lós del éas!}|]6,' 
trataré de ajustar la suva. 

¥h seguiría emprendió léntafiíente el éámino dé lá' ÁléÓnená. 



XII. 



'tias"¿'étit&4iíeéátltrí|-bán eñ élcastílld,^aiíftpoñtlnáffsÍÍÍ1fi!á'. 
bian anatematizado anteriormente ios dos amigos, madrug;ard'ú'ljas- 
tíüté, íéguti és costiimbré' eñ el cañVpQVdondeséáTmííéfáá'te^^^ 
Oésdé su habitación donde áe había encerrado cómo Ác/úiTéá en s'ií tien- 
da vio Gerfaut desfilar sucesivamente ócno 6 diez darfüágés' dé' tódSé 
[brillas y hechuras conduciéiidd én'ando menos el ñiímera de convidados 
anunciado por Marillac. Poco á poco se dividid la sociedad éti gtójpófe 
poí los jardines. Cuatro o cinco muctiachas conducidas pof Alma cor* 
ííeron a acoderarse de un coluñdpio (Juépusieronéflmovii'iiiétiió aí^ñoá 
jóvenes condescendientes entre los que Octavio distíngui(?'^róntd'3 s\l 
ííládes. Én eJ Ínterin la cíe Bergeníieim hacia los honores de l3 ca- 
sa á las madres y a las esposas, que calificando aquella diversión dé feá- 
teriipoí-ánea paral su edad, préfefian ún pacífico jpáséo' por fa a'lame- 
Aa del patíjue. ¡Cristian por otro laáo éspTicaba planes dé méjófás' á 
algunos sugetos de fisonomía industrial que le esóuchában con interdi 
á1 párfecer cóñtóncfó iéóñíaifeváMiá. Otros tres o cuáttó"í)6i*'Élfi HSbian 
ítlínado fÍosésio¿ áéí vííibr, alpaso q'ué lá parte venei^alíle d'é Fá* sdcíé'Aád 
sehabia quedado en el salón acompañando a la Séíórfíádé CoíarAideuÜ. 

' —¿íuéaés prestarme ú'ñ pantalón blaú'coi* éxclarña MaríTldc entran- 
do apresuradamente en la habitación de su amigo a tleiiíj^b^^ué la 
campana tóéüba ya af álliioTáíar. 

Un enorme manchón verde en una roUilla hacia sü]^rílü^(6da ex- 
plicación sobre la necesidad de esté ¿KiííbiV de tiraje. 

*'^ííó''ÍPér(f¿¿ él íiéih'po; díJó &krmt mktíáb'ují'MViL ié la có- 
moda. ¿Y cuál de esas bellezas provinciales ha tenido el honor^éf 91^ 
te a sus pies? 



I 



4a(I^L.. amiga; tüsfirtejiia de ^otsmo es el v«nladaró:.ApMpitiile^ 
U burctüesa-fBe preguntorbeoepo^ooon deslio toialkist «atirita&eiUÍBr^ 
^«to^, y ai noilKqarías í áíiñottas. 

— Algo de eso me ha parecido. Esa más^ sabe a i iy eéir ac tde «mi 
iQDBeca>qn0-hflfieiteihhbrr,y bo porqué yotsea. usas tímida «(ua dual- 
qftm ^eo; peco inéior cpiema haeeraolo unvaudevíUe enticaaetao, 
quétfAer.qofi 4írigir(a uáa éoslaraékiD, siJatieniiOBreÍBd*ese mo- 
do^ TtéDé yn modo de etlitar el labio iaferíor:... Deinouio! ¿sibe&qae 
estás muy flaco? ¿ne permitirásique abra la cíniuráde tu petaton? 
9ÍO rey á peder mevermeidepuro apretado. 
.-r^^.lJ el secreto qiie lemas que revelarme? íiiten*atnpi& Oetavio mu 
dar marcadas muesAraaée curiosidad. 

.Marüiiie se revistió de seriedad pqra nlirarásaí-amíDo,^^ hie^ se 
mii(í á veir ann^ue emi «alguna dificultad. 

•--".Di^eflbos para mañana los ne^oios seríps, lo esenqai kefy^e^iéir 
•maUe. La baronesa me ba preguntado si tendría >JBcanvéníiéjiti>-ea 
^110 eontdsemos junten, y yor be aeoedido por supuestQ %áAtoipei) XttQi- 
mopopní^ Mt paréoe que los indígeáas de eíteyaUe-nb habrim oíáé 
didnade^Moid eop los gc^geoei \o Tambatiái: 

. -PrnipUó á quellá asp^io 

■ -««-.¿lefaiMe que' cantemos este 6 el 4el B^befof 
—Lo que W dé la gim>9 odn tal que no empieses a roD|p«RÉoi la 
«libeia. 

..^1^0 tengas ouldado.'Yahe eohiido youna ojeada á la mesa, jr-^o 
' preaenta ittdla perspeelhra; eon que vamos á almoriar. 

lio fstamos ya eü tiempos en que las provincias formaban íragioiiis 
eisi< exf^aüías linas >para otvas, y en que un mocito de LimousÍQ; #e- 
eien désembavoado en Palais-Royal, estaba expuesto a ser tetfíbíde 
como Ifr. de Poureeaugnác. Merced hoy á la rapidez de las oomü*' 
nípadonesi, de las imjportamones de toda especie qtie Hetmán déloea- 
lia á: i» elécttifferencia, sip haber tenida tíen^po^para marohitarad aá 
el eamínd^ París* y el resto de la Franoiano son mas que un ilueviio 
(kunsnio animado por las* mismas opiniones, ataviada eos lastmisalwts 
modas, adoptando los mismos ehistes, y reTOlodanánáose ton las 
fitísmbs barríeádas. 

"hik i^eiitttmbMs •provlftdalés han^perdfdo easí esteramentyi au fr- 
"fOilomíapafCiettlaf,y>etitod^ partea ei igualan salan dp soeíad|id. 
ctüi'Mibárga r* aigófid eseep^BiéÉ* #Ébletwaiea»fcMie< analcompa.' ím|s 



336 REVISTA DE MADRID. 

necesidade&de vecindad imponen condiciones de que no puede desen- 
tenderse la señora mas exclusiva , y aquella sociedad allí reunida ofre- 
cía un ejemplo de esas reuniones heterogéneas en que una duquesar 
puede tener á su derecha á un alcalde de aldea y la dama mas ele- 
gante á un rollizo juez de paz que imagina ser muy amable empeñán- 
dose en achispar á su vecina. 

Las frecuentes relaciones de la baronesa con los propietarios de las 
cercanías hablan establecido entre ellos un trato Gno aunque reservado. 

La de Bergenheim habia llegado á apercibirse del genio quisquillo- 
so de muchos de sus vecinos, de su facilidad en picarse, y habia por 
lo tanto adoptado el partido de reunir, por medio de convites gene- 
rales, á las personas que debia recibir, con el objeto de salir de una 
vez del fastidio de estos cumplimientos. El dia de que vamos hablan- 
do era uno de los destinados i reunión general. 

En medio de todas aquellas mujeres mas engalanadas que elegan- 
tes, de aquellas muchachas de robustos y colorados brazos, de aque- 
llos señores presumidos, medio estrangulados por sus corbatas blan- 
cas; Gerfaut, abroncado ya con el chasco de la víspera, sintióse aun , 
mas dominado por un acrecentamiento de mal humor. En la mesa le 
tocó estar colocado entre dos damas que hablan agotado en sus tra- 
jes todos los colores del espectro solar, y cuya coquetería respectiva 
estaba escitada con la proximidad del célebre escritor. Pero sus mo- 
nadas eran inútiles; el objeto de ellas se condujo con un despego que 
afortunadamente pasó por melancolía romántica: lo cual^cabó de in- 
teresar en su favor á su vecina de la izquierda ; rubia , de veinte y cin- 
,co años, rechoncha y apasionada, según decia, por lord Byron, pre- 
tensión que es muy general en todas las mujeresf gordas. 

A escepcion del saludo que hizo al entrar, Octavio no díóá Cle- 
mencia ni una sola muestra de atención. Con notable hastío aceptaba 
con paciencia los placeres de aquel dia , abusando hasta del privilegio 
de genio caprichoso que todos conceden á un talento indisputable. 
Clemencia por el contrario estaba mas amable , mas risueña que nun- 
ca. A ninguno de sus fastidiosos convidados habia dejado de dirijir 
alguna palabra afectuosa , con todas aquellas mujeres vulgares ó pre- 
sumidas habia hallado medio de ser amable y obsequiosa; parecía que 
la dominaba un deseo particular de ser aquel dia mas seductora aun 
que de costumbre , y que el sombrío continente de su amanto aumen- 
taba su buen humor, la infundía mas viveza, promovía en fin una 
resurrección de su antigua coquetería. 

Una lluvia repentina , que empezó mientras tomaban el café, ba- 
cía impracticable todo proyecto de diversión en el parque. Gerfaut 
reparó á poco en un coloquio bastante animado entre la de Ber- 
gó&beim, que no sabia como divertir á sus huéspedes el resto de 



GERtAUT. $$7 

la tarde , y Maríllac que con su entrometimíento acostumbrado se ha- 
bía constituido en maestro de ceremonias. 

Un momento después se abrieron de par en par las puertas del 

^alon para dar. paso á un enorme piano conducido por tres criados. 

A su vista se estremecieron de placer las muchachas, al paso que Oc- 

•tavio apoyado en un ángulo de la chimenea, desocupaba su taza de 

café con un aire cada vez mas melancólico. • 

— Chico , vino á decirle el artista, quien desde la aparición de aquel 
mueble músico no habia cesado de dar vueltas acá y allá , recogien- 
do una docena de partituras. — Parece que vamos á cantar el dúo de 
Mosé. Ahí están dos ó tres colegialas rabiando por cantar, con que 
ya ves que es preciso que nos sacrifiquemos por animarlas. Además 
un dúo de hombres es de rigor paca dar principio á un concierto. 

— Un concierto ! exclamó Gerfaut cada vez mas aburrido. 

— Cinco ó seis piezas no mas, y en seguida se bailará. To ya es- 
toy comprometido con tu diva\ si quieres una contradanza, y no tie- 
nes, como es costumbre, número reservado, no te descuides en pedír- 
sela , porque andan por ahí cuatro ó cinco chuchumecos , con unas 
ganas.... Después de nuestro /dúo cantaré el terceto de la Dama Blan- 
ca con esas dos señoritas de los ojos redondos y vestidos color de me- 
locotón.... me parece que al fin del primer soto voy á aventurar un 
punto de órgano ! si sale bien, es soberbio! 

— La señora pregunta por vos, vino á decirle un criado. 

— Dolce^i soave amor murmuró entre sus dientes el artista acudiendo 
á la invitación, y esforzándose por recordar su punto de órgano, que con- 
sideraba como uno de los mas bellos florones de su corona musical. 
Así que todo el mundo se hubo sentado, se puso al piano la ba- 
ronesa , escoltada por Maríllac. Eligió el artista una de las particio- 
nes, la acomodó sobre el atríl, tosió, escupió, se colocó del modo 
que le pareció de mas efecto para lucir su hermosa cabellera, y diri- 
jió una mirada de inteligencia á Gerfaut para que vmiese á acompañar- 
le; pero este continuaba sombrío y aislado en el ángulo de la chimenea. 
. — Abusamos demasiado de vuestra complacencia , caballero , le di- 
jo Clemencia cuando acudió á la seña: y tecleando distraída fijó en él 
sus rasgados ojos. Era la primera mirada que en todo el dia le consa- 
graba : ya fuese arranque de coquetería, ó que la tristeza de su aman- 
te le conmoviese el corazón , ó fuese en fin que se arrepintiera del 
' billete que habia dirigido la víspera , es menester confesar que la ex- 
presión de esta mirada nada tenia de severa. 

Inclinóse Octavio, y pronunció algunas palabras tan fríamente cor- 
teses como si hablara con una mujer de sesenta años ; la baronesa 
bajó la cabeza sonriendo con desden, y comenzó con bastante fuerza 
el acompañamiento del dúo. 

seguuda época.— tomo m. 43 



3^ REVISTA irn «bUDBID. 

£1 ^o»0hkKi empela. G«i£uit tma iwa vo» dei'iSBiMr dyhl» js fft- 
brante ; la inaDejaba hábUiUieiite, esquivando k>s pasajes petígroscís, 
«orteando las diCcultades que juzgaba superiores a sus medios d6 eje- 
(WciOD : c¿u)tan4o en una palal>ra coa la prudencia de un aGc^nadc^ 
quje no puede consagrar Quatro horas dÁarias á e«»sayar escalas -^rt- 
n^áticas. No solo cantó con una sencillez que,pajcecia negligencia., sí-, 
no que aun sustituyó además con una suspensión OEíasquemodestá^tl 
aire bastante eomplicado del final. 

Clemencia, para quien habia cantado otras veces eon mas alma, 
rió con disgusto esta afectaci<^n de indiferencia , porque hay momen** 
tos en que todo ofende ; parecíala que en su casa, en su salón, hable- 
la debido Octavio esforzarse mas por consideración á ella, euales^ift* 
ra que fueran sujs di^ustos particulares: se erejó injuriada, y apuHIó 
esta nueva ofensa en el interminable m>ro por partida doble que una 
mujer censagra siempre á las menores aceioneadel hombre que la ga- 
lantea. . 

Marillac, por el contrarío, agradeció mudio á su amigo estafnM- 
dad de ejecución , porgue vio en ella un medio d^t brillar á i»a& esp(«i- 
sas. Era deiiUisiado eonocida la superioridad de Octavio para qiM^<i|p 
aprovechase con afán la ocasión de aventajarle; así que comenzó tu 
solo ei del per noi sereno con esfuerzos insólitos de laringe. , a^flin- 
tuando tan enérgicamente como un calabrés, y mugiendo las nOtaagca- 
ves como si cantara en un tonel ; esceptuando cierta desigualdad y de- 
aainamiento que rara vez falta á los cantantes de afición, no escapó 
mal en la primera parte. Al llegar al punto de órgano final , binehó 
de aire su. pecho, como si tuviera el encargo deponer en movioMen^ 
to todos los molinos de la provincia , y se lanzó con mage^tuosa 
íiiria: las cuarenta primeras notas rodaron y giraron sin accidente 
notable ; pero al descender de la escala faltaron a un tiempo al cata- 
tante respiración y voz ; se debilitó el /a, se ahogó el <qí, el. /a ^ 
asemejó al susurro de un abejorro , y el m\ vólaverunt! 

£1 punto de órgano tuvo cierta semejanza con una de esa^Qsca- 
leras góticas, cuyo esealon superior ofrece una conservación casi com- 
pleta , pero cüyá base minada por el tiempo , deja una solución de 
Gontlnuidád ientre el suelo y el último escalón. 

Esperando Clemencia la conelusion de la peJiigrosa ^$X!^la « no, se . 
'abordó de dar el acorde final : el único sonido qi|$ ^ ^^miÁ 6ié ^ 
rece de la barba del dilettante , qu^ en taño líOttdiera á hl)$e£ir..«(ez 
en las profundidades de su corbata de raso, a(»}mpanado>del benévo- 
lo aplauso dé una vieja sorda que liabia juzgado del mérito de Id eje- 
euoion por las contchrsienes desesperadas del cantante. 

-^Maldita gaigantal mucmuniel artista colonidD oome Ja gián^. 

£1 resto del dúo concluyó sm novedad fiáem gtamk^tíifdumiíí^. 



**-^SiAaotxl esa inklo está med»^ tono maia l»ajo ^tie ^ didpasoD,'dih 
ja el cánilOF ^Loádo. 

r*-Es verdad ! reápolidlo CkMencia sin poder centeDertmaionma: 
tengo i tapa poea vq2 qoe oecesito poner el piano arreglado á misñsk^ 
ebltades. Pero Míb podéis perdonar mi egoisíKio, porque haMs dan- 
tado eomo uik>áagel. ; << " 

Inclinóse Marillac, medio confiado cen este Qun)|)Iii»teQto*;(pen) 
peaáa^do para sus adentros quté el priálier d^ber de toda ama de casa 
ero tener un picfno^ que eslui^ieae á tono^ y no exponer á un bajo á 
ccMiipt ometér su. reputación delante de cuarenta personas. > 

— ^^Mahdais iilga ákos^ Señora? pregunto Gerfaut acareándose í 
kLbartoesa con la ^Onirisa en los labios, pero una sonrisa de puia 
éoi^tei^anía^ ^ • ' • 

> -f^-Tenaieria canear tueibtra amabilidad, le ooBleétó con una vozea 
fflie te trasllieia sa ^e«!f to descontento. 

El poetala^salñdíá en'silenoia, y se alejo. 
. Entondes Clemencia, á ruegos de todos, canté una romanza cían 
mas guato que floreos,^ con mas método, que' expresión. Pareota^que 
los glaciales geltos de Octavio influían en ella, á pesar de sttse^&i^p- 
ios para manteneinseen el tono de buen humor con que empezara. In- 
sensiblemente uña opreaidn singular £^it6.supeclia'y anudo su ivó¡é, 
una. ó dos veces tenliói que le Imitase del todo. Cuando ccüclayó,, le 
pareeieron ^an insoportables los cilmplímientos y aplausos que lé fue- 
ron prodigados, que con dificultad reprimió el deseo de evitarlos. Indi- 
nada de 'SU flaqueza, no pudo menos de lanzar una mirada hacia doti- 
de estaba Octavio-; peifo no halló los ojos de su amante, ocupado en- 
tonces en conversar con Alina. .... 

-r-.Abi dijo para. sí despechada, quizá hice mal en escribirle de 
aquella manera ; pero .si me amaba, ¿por qué se ha resignado tan fa- 
<JÁlmente á o^Qdecerme? Una mujeir en un salón se asepic^^a á un ^- 
dadQ ^n la br^dia: la abnegación, es el pámero de svs deberes^ y pftr 
i)í)ücho'qjue sufra debe presentar a| dolor la frente serena que el guer- 
rero muestra al peligro, y quedar, si es necesario, en el sitÍQ<^:<|(m 
la muerte en el corazón , pero la sonrisa en los labios. Por obedecer 
á esta ley de )a sociedad.') volvió la baronesa á sentarse al piano, 
después de una breve interrupción , con el objeto de acompañar á 
tres ó cuatro muchachas , ansiosas de lucir su habilidad en las pie- 
zas de canto, que llevaban cuatro ó cinco meses de estudio. Mari- 
llac , como soldado prudente , babia ido al comedor á fortalecerse 
con un vaso de rom, y reparó en el terceto de la Dama Blanca, su 
pequeño percance; por último para terminar el concierto, de cu- 
ya especie quiera Dios libertarnos, fué conducida Alina al piano, y 
la pobre niña aturdida cantó con una vocecita trémula y no muy aíi- 



' 340 BEVISTA DE Mia)RID. 

nada una balada del colegio revisada y corregida como las ediciones 
ad usum delphini. La palabra amor había sido sustituida en la letra 
por la de amistad^ y para reparar la ligera falta de prosodia, la sfla- 
ba superabundante se fundía en un hiato., que hubiera espeluzna- 
do la peluca rubia de Boileau. Pero los colegios tienen un sistema de 
versificación aparte; en el cual, primero que dejar pasar una expre- 
sión peligrosa , la virtud asesinará la poesía. 

Acabado el concierto se bailó , y Gerfaut fué á convidar á Alina. 
Ora quisiera combatir su tristeza , ora fuese por esa bondad de alma 
que comprende las emociones de los demás y las compadece , empe- 
zó á hablar con afectuoso interés á la doncella, ruborizada todavía 
de los aplausos. Entre todos sus talentos poseia Octavio en grado emi- 
nente el arte de modular su conversación con arreglo al estado , edad 
6 carácter de sus interlocutores , y según el objeto á donde tendia. 
Diferente de la mayor parte de los artistas qne llevan al mundo las 
preocupaciones de gabinete, y conservan una individualidad, gene- 
ralmente mas escéntrica que elegante ; en un salón era hombre de 
sociedad ante todas cosas. Profundo con las personas formales , des- 
carado con los bromistas , cortesano como un caballero del antiguo 
régimen con las señoras mayores, sucesivamente insinuante, fino é 
irónico con las hermosas ; poseia para el uso de las señoritas una 
especie de gerigonza benigna y reservada, pudorosa y candida, en 
que la madre mas austera nada habría hallado que reprender. £1 
poeta ligeramente inmoral , el dramaturgo que amontonaba en sus 
obras el incesto y el adulterio hallaba en estas circunstancias expre- 
siones medio agrias, medio dulces que saboreaban sin el menor recelo 
jas mas lindas inocencias de quince años. 

Escuchaba Alina con un placer que no procuraba disimularlas pa- 
labras de su pareja ; y la elasticidad de sus pasos ; una especie de tem- 
blor general que la asemejaba á una flor agitada por la brisa, la poesía 
que su sensación interna comunicaba á la sencilla gracia de su apostu- 
ra , revelaba el encanto con que su alma se prestaba á aquella con- 
ferencia. 

(Se continuará.) 



341 



OBSERVACIONES 



SOBRE U VERDADERA INTEUGENCIA DEL ART. 37 



}te la €0nsntii(t0n. 



&«.«. 1. «r^n^ dem<«rt el gr.^« n«g. d. 

qne en las constituciones modernas de algunos estados per- 
maneciesen frente á frente el poder real y el popular , no 
tardó mucho en reconocerse la neces^idad del esjablecimienr 
to de un cuerpo intermedio , que al mismo tiempo que sir- 
viese de antemural al trono contra las exigencias inmodera- 
das y fuerza absorvente de las asambleas únicas, mantuvie- 
se el equilibrio apetecido ; pero este cuerpo intermedio , para 
llenar cumplidamente el objeto de su instituto, es preciso 
que tenga en sí mismo uña importancia propia /un valor 
peculiar y efectivo por la clase de elementos que lo cons- 
tituyan, puesto que en todas las operaciones humanas no 
basta la voluntad de hacer una cosa cualquiera, sino.se 
tienen ó pueden proporcionarse los materiales adecuados 
para su formación. Tanto en el orden físico como en el 
moral no le es dado al hombre crear nada : su misión prin- 
cipal en la tierra es descubrir, combinar, modificar, ó apli- 
car lo creado: si en este procedimiento se dirige por reglas 
fijas que nazcan de la misma naturaleza de las cosas que 
emprenda , ó que tengan una inmediata relación con ellas, 
regularmente consigue el objeto que se propone ; pero si por 
el contrario guiado por su voluntad aislada, por su capri- 



BSS REVISTA DE MADRID. 

cho, sus pasiones bastardas, ó miras mezquinas intenta 
erigir lo que no está en su mano crear, resulta indefecti- 
blemente que no logra lo que apetece, envolviéndose tal 
vez en un verdadero ceos, cniando mas lejos de él se con- 
templaba. Todos los poderes poiíticos ahora y siempre no 
han sido , ni pueden ser otra cosa que la expresión de los 
foáei^ so^i^jps, y c^<j qara<?tpr i^ipo ^ ej tjije cgrjpfiíHi: 
temente les ha dado y les dará en adelante la consistencia 
necesaria para ser estables, y no redecirse á verdaderas 
farsas pasajeras, qué naaá prbduceh ,* iii dejan tras de sí 
mas que el ridículo y el escarnio. Si esta doctrina se ha 
aplicado ó no en todas las constituciones políticas moder- 
nas, el tiempo nos lo irá demostrando, y aún quizás nos 
lo hará mas palpable todavía. Concebir y proclamar prin- 
<Spio6 abstractos en* todas las ciencias, y mas en política 
que en ninguna , no es dificil ; pero el mérito y la^ ven- 
tajas positivas consisten en su aplicación, y para que esía 
imeda calificarse de acertada , es indispensable que sea po- 
isibie, oportuna y conveniente. Tan diflciles qriita'r la in- 
4aáieia en nn estado á las clases que la tienen, tíoínó 
fláreelk á las que de ella carecen, y por mas esfuerzos que 
se hagan ni Ib una, si está incrustada en la masa social 
ecfmo producto de una bien, entendida opihioin públiéá^ 
dejará de prevalecer , ñi la otra pasará jatíiás dé fe super^ 
fioie: ejemplos bien patentes por cierto de esta veitíad nos 
han ofrecido las revoluciones políticas de nuestro tiempo; 
t$ ftecisü descatolizar Im pueblos^ dijo lin diputado ñéH 
convención francesa , y en el accedo del frenesí que enlíMi- 
ces dominaba se pusieron en acción todos los mfedkte ptó*t 
-confitegttirlo; pero los pueblos nóse descatolizaron: jnflaniato- 
di) los ánimids, y trastornando las cabezas con la quimérica 
idea de igualdad absoluta entre los hoiñbres^ se iüteátó sá- 
ear á dases enteras del puesto que las costütíibres y el es!- 
tado social les tenian sedalado , y la desigua'ldad contiiind, 
y ^jásiirá büetsta ^ f^n de los tíglos. 

:RreoiieD]la ^ '«dtt «iftré iiit pa«oM^ «as ihuttMidaB 4m>ii- 



SOBRE EL ASt. ^7/ JM LA i^ÓlirSTITüGIOIf . 3Úf^ 

Ten^r eü: wi fems&asmito fecundo, y diferir en los méfdfdH 
(fe realitarlo hdstá d extremo 4e |Ky|férge€ñí«»ftií*á3iiíc!Íoli 
(xm^^ nusmas:. Ictea generalmente redlédá és p(^ cuáÉí- 
to6 tienen a%uft cónodimicnto de ^<^i'erno la conyéntenbiá 
de establecer "wa dcmsejo de estado, que proporcione lü 
OKiqesaFia unidad ^rdmiitíMmtm , y sin embargo estos nyfs> 
itíesi, 8i se haHtn en posición de 'Hevárló al cabo , ^ no 16 

• piK>cfiran, é si lo int?entan es destruyendo M e^ncia con 
Im f^riaa. Lo mismo sucede en cuanto á la unidad poflftt'- 
ca y se «onviiüo fácilmente en la creacibn de uii senado: toéds 
g€nemliii«iitc efeíJuTiep^n -conforínes en la néce^dad dte '^é 
cuerpo iirtermedio ; pero aft establecerlo se faltó fcaista ciertó 
poivto al pi*incipiio ' ée 4ue se partía ó d^a patrtirse , Jr 
eusAesquiera que fuesen las causas que fnfliyerhn én ello, 
á rebultado po^tivo no pudo corresponder arfin propuesto: 

" No es el objeto de este escrito , ni tampoco cabria ^n 
suB estrechos ií Aiites , analizar todos los puíitós á k^s <!Uk- 
les son aplicables las reflexiones apuntadas ; pero convidñe 
asentar que dañada sirven las mejores bases fundamentales, 

• pwsrpia ó inipropiamente dichas , si én su áplídaciótt preci- 
sa , indispensable ó ño se desenvuelven , ó se desénvtí^ven 
mal poniendo en coirtradiccion las c^lise^ueilcias coü Icá 
piwcipios establecidos. 

La historia de los cuerpos legiiflatávos en Francia, lo 
iHOsmo que la de los nue^ros, dá lugar á una obsei*v^- 
cUm importantfsi^m, que uo se debe perder de vis^^, por 
hallarse fundada en un hediO qtie ba producido ya f uni^- 
tos resultados, y sigue obraaido de un modo, al parecer In- 
sensible , pero 'eicaz , en la marcha política que tal Vte 
inadvertidamente se resiente sin cesar de 16 mismo que en 
tesis general se condena. Una y otra devolución aünq^tíé 
pefr ftistifatas causas y en circufastancias diferentes tSai*- 
tierotí de un principio eiager5do: la república etí iFraíáteiá 
y 4a institución caéi reptíbliéaiiá dé 18 li en Hsperfla : mu 
«tíúm stetfeaias '^ íMroátojeron y adoptarem domo atíomaS, 



344 BEVISTA DE MADEID. 

que ni la caida de aquellos , ni su completo descrédito , ni 
su sustitución ó reemplazo por otros de distinta naturaleza 
han alcanzado á desarraigar. Considérese, por ejemplo, la 
' distancia imensa que media entre el sistema político de la 
dicha constitución del año 1 2 y el establecido por el Esta- 
tuto Real en 1834, y nótese la tendencia constante, ó mejor 
dicho, la obstinación incansable que se descubría principal- 
mente en muchos miembros del Estamento de procuradores 
por asimilar su marcha á la de las cortes anteriores, y se 
confirmará la exactitud de este juicio : los esfuerzos mas es- 
traordinarios y tenaces se hicieron desde luego por intro- 
ducir en aquel los precedentes de estas, y lo mismo puede 
decirse que está sucediendo en la actualidad. Las cortes 
de 1812 y las demás que con arreglo á la misma constitu- 
ción se reunieron , gobernaban mas bien que legislaban , ó . 
por mejor decir, queriendo hacer las dos cosas, no haci&n 
ninguna de ellas, ó ambas las hacian mal. L(>s cuerpos le- 
gisladores sucesivos, ápesar de las variaciones esencialísimas 
introducidas en su forma y naturaleza, no dejan de ofrecer 
repetidamente señales muy marcadas de tan fatal tenden- 
cia: de aquí la falta de equilibrio de los poderes públicos, 
de aquí el efecto perjudicialísimo de invadir ó al menos 
entorpecer el ejercicio de atribuciones agenas, y de aquí 
en fin el resultado funesto de que por esta causa, y otras 
enlazadas con ella, ni se legisla ni se gobierna, prolongán- 
dose indefinidamente el lamentable é imperfecto estado de 
todos los ramos de la administración pública. 

Muchos , quizá la mayor parte de los individuos que 
compusieron las Cortes constituyentes, y sin duda alguna los 
de mas influencia en ellas, conocían los buenos principios^ y 
aun al parecer de buena fé trataron de aplicarlos; sin embar- 
go, frecuentemente impelidos de aquella fatal tendencfia, se 
dejaban llevar y con facilidad se conformaron con variar pro- 
puestas que estaban en contradicción abierta con las opinio- 
nes que hablan antes proclamado, en términos de no poder- 
se negar la razón á los que creen que las conquistas alcanza* 



SOBBE EL AKT. 37 DE LA OORSTITUaOll. 3IS 

dB9 ea alganos casos haciendo prevalecer las sanas doctrinas 
contra el torrente de las ideas políticas del partido entonces 
dominante, se desTirtuaron con la admisión de otras erró* 
neas, cuyas consecuencias tocamos ya de cerca, y se notarán 
aun mas en lo sucesivo, dando lugar á que aquellas no se 
desenvuelvan convenientemente, ó se entiendan y apliquen 
mal, introduciendo costumbres ó precedentes per judieialbi* 
mos y de una trascendencia inmensa, porque destruyen las 
mismas bases fundamentales del sistema político que se ha 
qucprido admitir. 

Una de las consignadas del modo mas explícito y termi*» 
nante, es no solo el establecimiento de dos Cámaras, sino 
también él que sean iguales en facultades; es decir,, que Ja 
mmite dd l^islador en la creación de estos cuerpos fué pré*- 
caver el peligro de que cualquiera de ellos pueda ser dot 
minado por el otro , y para este fin quiso que ambos tengan 
la misma importancia, la misma influencia política, el mis^ 
im> desembarazo y medios en el ejercicio de sus funciones 
legislativas, y por último la misma fuerza moral; pues que 
esto ó nada quiere decir la igualdad que se establece: ¿y 
se verifica así en efecto? ¿es por ventura esto lo que su- 
cede? Díganlo los hombres pensadores al (d)servar la indi^ 
íesrencia con quA generalmente se miran las elecciones con- 
traídas á la propuesta de los individuos en quienes ha 
de recaer el nombramiento de senadores ; dígalo la marcha 
que por lo regular sigue el Congreso de los diputados, y 
tam el lesjkpxtje que en él mas de una vez se emplea , y dí- 
galo en fin hasta lo poco que el Gobierno se ocupa de la 
opinión del Senado , .como con frecuencia lo manifiesta pal- 
pablemepte la insignificante atención que á sus discusiones 
presta; ¿y cual es la causa de estos efectos? ¿será la de qué 
este cuerpo no debe su origen á la influencia social preesi»* 
teote.4 su formación, de las clases que deberían haber eon-i 
currido á componerlo? ¿será que conserva todo su vigor, y 
a$as9 vá eu aumento en el icueqpo popular esa. fuerza de 
aJ^SCQTQÍopj esclnsivásmaqtte sionpredeb^ suponerse enély 

SBGimnA áPOGA..— TOMO III. 44 



346 .^' ^ . i smwisiA má iAmoDr, 

mabati^w tf )»» i ebbtm? ^ecrá -efa i fin' pérqlie la- áiimaiina^» 
túfale» iflel'SemrfoivMnlza la mcmUdád-^e^ lé<tfa«&BdÍl 
|uMÍRf aRdp.dBl'eaFl€tBr^d«otí9l)^i|f ButajoeMiB 

aígiáeRftéienüiiayqF énfiODOírgÉradb? GnnatioBes^soft esta 900 
in8i|ifk7Íait.iihi fiaría exámal^ >y/iAufá vcisoteaien'iie^^ 
4|ibá9.bo,8aQ -CÉsil abtaqeÉrla isilio<l«moittáiidiừltori^fl% 

M A^(mBf^iAt quñise imiA ba|« as» basés^sai^ aÜUHl^ 
bien meditadas , 7 capaces de asegurarle la étUffiMdUv >lp 
impatít9(aciAf^ J)ero 

fliinvlaan qiO esto áosb imiímiie| ^úe sik duda «e ^«éb 
ÉbaD^-v^ '^^'^(^^ ^^ ^ hdiídsire» lis in^ekUrtlfí Iw 
€itf éRidd 4iaBf)e y éi bi «qmielimv jptbdl^ M <llffitfi 
flofir les ttififfptee tpie se leir^enocea^ sin *éavU» lina-ltffl^ 
tn^'^ifEUD'teii)^^ íb» paTnieioscn^. 7a que (de préÉm w 
8eft«pfaBÍJd«frtaq(yi«rlo0/ ... 

>. '(kmtáajmidfr, ipiieer, estas ligviÜB ve^dnimM^i'iSíikytm 
enpBtíon^ .teaimDffiBe «bn détembiimÉd ^ 1^*1/, 3? dé U'lK^ 
^(¡pá&Bkámtíky j f B Yérá teal áAe 9et su TdfdáiAmi íntíK» 
gfmcit^j 7 hgMa tfoé jpuntop^kede ptiBihrsc «n «rmiÉllÉ OM 
eiircn de ismifÉna. 

i ElortírlS' de!la £íaiistitntÉan iotost it]iiB|C(firtite«i^Odlí^ 
ñf^OBmtíáp dos ewÉpdtt .«blegistaláoffto ^KBMtps hi fltebiMtL 
idMe:>el 'SftiBidb 7 tLCongreiD 4» Iob Apuüdos) fiKri> di 
v3i^7r^vtnri|3be3' ^SJas Iffjeik tobre soñtríbbciones 7 «DédUlI 
•»^Uij(» ^qpn9eaentaráfi prütetu al •QongP^ ,^ kns^ldipMI/i^ 
Bñaáj y^rm et Senada stfrierearidgimtdidj^tl^tf^fMli^iiHi 
4iiq eAoÉf^ desilisB»' pesará á la eeniop ItOii Id ^#iMf 41^ 
^wrtÉéoB'iipirriMtrtn: dcftttitwtBHéotei b> B|iá>^4iitti ' é m B j fe t Wt 
daiaireglá ^Qéhd aittes MaUeiwiBtv 7 cfiDtrié tal es )[M>(9(SH 
ewtiiu gitfar «é Miñtaiftai al puntw á que éd' riSefü;^ fdrf^é 
é»atve<(in6dir']iiil ípodhriatt jpépnlá^ íij^ti» l«i Itft^áltáAá 
^ lia doe €absf)<»', ú en OMmlto» ^Idi ) m iM f»^ MaflWA 
pl>r»4narft),i«e dálai¡pqefei|BB«i i uaedUeHü^tk^tes^wn^ 
IjIfeieoeendelio^pR; yéib MeoíeqpiixHMBefoeidl^^^ 

i í- ' ..I. »r,l>í — .í. «UUJ /U'.J.íí''. 



SOBBS EL A». 8? M ]£í! '«aÜTITUGIOir. Ü^ 

tito áa éifÉ«KéKté «ft»>?9i»es^ cmmt áwR^bM gáú^ 

greso de los diputado^ ^ él V;§ai ^WÚift Mt><ti^ ^!^ 
]^^9ÍMIM l^b iñtt^ é/Éíecrntám lat^és^ te^tmaleá^ las 
ofOÜcitféí^ Qé llt ^étterUldaa ^ W« ^élílDikétftAH ^f^\Xé ^ 
tíHm ^«étif- déhre6]M^ lnidftíte il 9eÉkm, ekft> m^ 
gtft b «U'lá^^dHKtíéfe i^múieííá 'éemHúi no IH lalífJi^oeS ik 
MüIM^^t ie \itl% éft eUta di^ dé pUe^iod sé ^- 
t& tefti i^eí^i^é M jH^ifiM]^ dB «ar i&í&;^# Tnfié^^MdRftt 
Al Im i%)kés pi»ttl^ i !la§ IpH^oHÉ ^t ^ol^ i^ cÉ^-¿ 

«ítaitafií^is te «Mwm^biii it^Ég^ i«íi»!)^dáíi i^ tUJáifli» 9^ 

dül >4tt@ )^aM m^ mikñmp; ^lifMA «o» ^1^ éépftó! taii9«» 
di1í&áÁo0vbd^t«^ pliédlfaKdb ^S^D^alt^ U l^j^U^ 
teiÜl^ttÉí ¡hátúMs ni «é^i^Jto Mlidó ^ñ ^mu ó WUh 
pmi^Ú tiép&gm^ íA msiO^ ámA^f a Ms tmá^ fWIÜtb^- 
úiisÉb íxigún&b í»ili1^u$rtfité, n^ eííia@ñllí%t UlÓiil {Mfrá 4j%í«^ 
^ 0ti ^rg<^) y «íÁb álKceím ttdeiias Éf^ jr4r tlüáft^ y )[)6í¿ 
ü»^ QM imia fpMj^iá ^é íf^ bft^ dé wmú M rMlii 
a«láM^ t^ la^MIl »é d@M etíBéi* «(tt^ «(»iiótikiM "á Wis^ 

MuMá »as itttéMs él (fué toAV^ttfté qtke Ms ^épüBAiíf 
iwliéadAs ^ i^^^!Í^Mtiia ^]»üipiiiideí(ft «t «aéÉ|^o4»1fe9^K»¿ 

ecmidib 4iam |l«r «( pdMfti no km» mm^^rei^éíimm^ pii 

91 d^ wtitrifltttlOQeft', ttí (m eoMwtd^oú SMIIfftdMiMlí(M trS^ 
di»»^ fue tqnta tdÉisliii tteotewti la» láii^Éíiki^^ 9fspl^&SíiKm 
á4á liasa igjfattiml d» lo» ({ufe f^ébuQH éKtaÉ d^KMétáMéi^; 
p«ea tes «feQMtém^^ tiolm esla^cdUiid da qm piÜiidflÉj 
Usvw Id ^éafis^k de «ates idepAífltadgi aa inmfMi mU Wt 

|l. eLfienaA» «Él ifepaCA dahélD ^{oe aoil^ 



34$ , .REVISTA DJI^ MiJDIlIQ. > .y 

tas en otras naciones regidas por g(riM^nos represc^taitiTos, 
yaríaba seguramente la cuestión; pero no es así, y por tan- 
to, es indispensable seguir otra senda para encontrar ^fmín 
damento de la excepción que nos ocupa. 
;, Las leyes sobre contribuiciones son por lo común de tal 
naturaleza que no, es conveniente bajo ningún aspecto comi- 
prenderlas en la regla general del arl. 39 de la Gonstittt*^ 
cion , que dice : « Si uno de los cnei:$M)s colegtsladores dese- 
» chare nn proyecto de ley, ó le negare , el Bey su saMíon, 
«pi> puede volverse á proponer un proyecto de ley^sobrcí 
» el mínimo objeto en aquella legislatura.» E^ efeato, por. 
qiuctia.que sea la importancia de una pr/c^uesta semejante 
sobre cualquiera asunto ind^endiente de la marcha ordi-i 
narria ypredsa de la administración pública , nunca puede 
t^eri.un carácter tan urgente, que no permita presmndir. 
de.:su ejecución , si las opiniones de los que han de. con* 
currir ¿sil adopción no se concillasen; pero las «eontribucío^ 
nes de i:^na ú otra forma ^ y en mayor ó menor cuantía, son 
de. una necesidad absoluta, porque indispensable :es.cubrir> 
las caicas del f Estado. £1 recuvso que tienen las Cortes d.e, 
negar; al Gobierno los subsidios en algunas circunstancias 
es , un, remedio que puede llamarse heroico, aplicable úni* 
camentei i CLISOS muy singulares y extremos^ cuando no hay, 
oitro pamino qme seguir para conjurar un mal iomineíaite 
y. de suma trascendencia, y estose ha confirmado de un 
modo bieiL palpable. que no dá lugar á duda,. de que son 
m^uy raras las . ocasiones en que* es permitido apelar á na 
medio. tan violento; y así es que. aun. cuando en la época 
que atravesamos han ocupiado el poder hombres de diiirer-. 
$os y opuestos matices políticos, jamás Los.partidos, poruña, 
especie de instinto ó sentimiento de moralidad que les bon* 
ra han apelado á estemedio; todos han concedido al Go- 
bierno siempre, y algunas voces om profusión, los recur-. 
sos que exi^a ^para gobernar, por c<mtrario que fuese «n. 
sistema á las ideas de aquellos; esta es por éOBsigaitnte mae^ 
aip¡|ia).Ti^Nfjlada^ iCiqro uso «no debe ser lícito sino «en algún 



j 



SOBBB EL ABT. 37 DE tk GOHSTITÜGIOlf. ^4d 

Caso singularísimo, ó como Yulgarmente se dice, á la de- 
sesperada: lo ordinario, racional 7 conyeniente, ómasbien 
lo indispensable , es la concesión d^ subsidios , como prime- 
ra condición de la vida de los Estados, j sin la ctial no pue- 
den existir. Si pues tan absoluta es esta necesidad, no es 
posible por regla general aplicar á ella lo prescrito en el 
art. 39 citado, porque la menor divergencia de los cuer- 
pos- colegisladoreí? produciría el efecto necesario, de que tm 
proyecto de ley de contribuciones , desechado en una le- 
^latura, no habia facultad de proponer otro en la mis-* 
ina, y esto equivaldría á decir, que por causas dé poca 
inonta, ó tal vez livianas, quedase el Gobierno sin medios, 
y la administración paralizada; cosa que jamás ha podido 
caber en la cabeza de ningún legislador. Para salvar este 
inconveniente, y cubrír la absoluta necesidad dicha , en vez 
de admitir cualquiera otro método que precaviese un per- 
juicio tan conocido y trascendental, se adoptó la excep- 
ción prescrita por el art. 37 ,' reducida á que en el referi- 
do casó prievalezca en último término la opinión del Con- 
greso de los' diputados. Pero á esta preferencia no puede 
darsetal latitud, que destruya una de las principales ba^ 
scs del sistema político vigente , cual es la división de la po- 
testad legislativa en dos cuerpos de facultades iguales ; sin 
embargo, hay no pocos sugetos que, ó por no haber refle- 
xionado bastante sobre este asunto , ó bien , y es lo mas pro^ 
bable, porque se hallan mal avenidos con semejante divi- 
sión, juzgan al Congreso de los diputlados casi exclusiva- 
níente revestido 'de la facultad de hacer y deshacer en pun-' 
to á contribuciones y presupuestos cuanto á bieít tenga, é^ 
oíidttdb^ - coú laidjBa de que han de prevalecer al ñn sus 
aéuerdos, si en ellos insiste: oportuno es por tanto dciitos-' 
trar á. los que así piensan el extretíio á que conduciría sü' 
opihion, reducida á práctica con la amplitud qué desean : 
«Todos ios años presentará el Gobierno alas Gbrtes'él 
v^^^upüesto' dé los gastos del Estado para el año slguien^ 
«W,^ y el i^Eib tlé' W contribuciones 7 médiódf i^átü Ueh^' 



1^^ RSPSri' W HMNHO- 

1)^ ^^^ ((K^ttfAmlP^ futí 74 ; 7^ l!98i86ta i^ 1» cliit^ 

iflWii^ ^jtm^/^il^^ Ifi ley, y ios piedio» ^(^Iúhríí; 
BWf^.áDÚI^ 4 e^ Js^flpiOA 1^ q«§ pop «) modt„4fl.«^B9s 

i^dola é (0806 ddaanin&dQSi. 

I#::lqy. U^nR4a.4e prfgRpoflflps ti«»ftdw jm^W» 

imtm^,i ^ TmpT^y mn.fi^ «» ?fnU4i4 #9» lepan ««? 
^M ^fk^f^», fJ^.ú^mss^i 4mf^y ^NiAt ^.Iw ^. 

cianasaiifi llmíiii iioBskia l&JBweht t dinoauD dB Iss 



SOBBB EL 4A«l^ ii' BB IIAr<XIMTITUGIOII. 80S 

iQifl^ i^geimi^ i ' 9Uf> 4itermii|ian>dl /núnfonr 7" d«rs^id»*n|i 
evQikadi»^ «m débowsr j ^ f oqcioiies « xespootÉtaS ^ k» igám 
yiOlMluBie&tosqiiJi lia )íMra]Qí9qnáen),^ 7 d^mésipmrna^^ 

Q9d(i6l#f^uatt)sde i{k$f«DQAriiiuei(mcs,- BQipQdaái deen» qqp 
to84«pri|9'rrtftthmaJ'dÍQho^ objetos s€iiii4eie^^eHHp]xlididAs 
en el art. 37?:e8ittianm>iiaíd0spti(^ásitols ^ -^ '^ 

. Sb#iW<9l ejéjtáto , iAiiáiari4a y^fa^ ve^taaiMintii»! de 
aáiKiiafadvi|cáti|í> jiíKbcML^ eíMlrjicefOBQBttxa'eitanaiiittiriáfto 
jWaPCgáMcafry h>ftta>cierto puiitQ/indppgndjhntBiif <if ibs-igM^ 
t9e|<4W/iiecoiitra(^.IdS Yapiicmie» qqe MB«tfnfállii<nr,« 
iUpSHfttM^«l»il i^xiíifioum ^oDínaidínaaia t á to Ugfeiipifii|:ienteíi 
S^leo^i íáfiSiberaaioa 7 pM ( los {tr^mitei' preserUM^ «gtesiri*» 

9fOtdp»pfQ<ás«9q[)«[raél «miito,>7 qaeppntaBtD semaüiiiteaní 
timpotíéi^ «iipf¿BtidíM«iii Afgoomi'fdftr^aibattaáii^fKtainíai 
^Nileaf§aii(fwlp.$Qmuft tQ4ps'l<>s qa<^ima8«p)ia)e»Íta(fiwlaBfc 
(ÉifaMiiiei'aMeDaiiíf0iriqui$rai6i$ 

fiWMv^taíak «oi)opídieu.Ssf4o8pa0iftiida..piÉi oonaígtiHÉiMfb 
{9Íflii)lidfoilaA<t«e)q:)ean^'qi^e.Qa»#iQi9áQ4eB<)j^Q 
puntal ipiied^rk Gáinmi^tpQpidarieupriiw^iou^^ 
preYenido poind^^nt^ :37;,;oual^(va>iiisHiilt^, «qii>MlQ íA 
MtQi id^te^ar im «pirilós Ja ^/oapttdadé caolidtúco íqmfpara 
wi) ittí$Ac¡ÍMíte SQ k()i»^m»;(.4«>lol c^ntUMdolBaiÁa.pilBeisp 
cttiP&0M»»f9iiel< Giiigrfl$0 de iea^^^d^^ 

eiai*t«3iot0 (filarte flHHAj^xr f de IqíI ab^^ 
... £ii'.l^ ^iratadiiB iiregldot^ $K)r^«i^ifptot»tepy^f»íibttimi9 
oft)miPittq[K«>c0teg^ladi9r^ AQuMiigaid Üa ¿otúiatíYA df lai 
Iq^ f0vm ^woadia-^ti $1 EWtolutQi :Be0 ,t n^ ceiMiM iMi 
fll iiiydaiiiiirt^ disl Jesm d^iatevvmtef^^ 
^i>el^]|tfeítamid£i um Bofiaáfif psTQ^wfiQdo^^daiimQfdfliif 
«mitoisae «q^^«*89pMi€^ píi)iip#iiife 

ittdidteii^es.iüíeibr^» aottv0iii0lit»9'iNivft)afitilftrf>ltt^ 



SS2 acTisTA DE mjLdiiid: 

car ó alterar las establecidas , seria por lo menos toteloMmi^ 
te superfluo conceder un medio incidental é imperfecto á 
quien lo posee propio y completo. Lo que la razón y la con-- 
▼enieneia dictan, es qué semejantes variaciones i^igan los trá- 
mites comunes , j esto es precisamente lo que está confor- 
me con los términos en que se halla <;onoebido el artfeulo 
que sé analiza , en el cual solo se habla de Jas leyes sobre 
contribuciones y crédito público , no de la de presupuestos 
á que se refiere el art. 73, ni de ninguna otra. 

La organización judicial, militar, qivil y económica na- 
cen de leyes especiales; si conviene ó se cree que puede con*- 
venir derogar alguna parte de ellas, ó establecer otras nue- 
vas, es indispensable que se verifique también por leyes espe- 
ciales , sujetas en el curso de su formación á las reglas que 
generalmente se exigen, y que proporcionan el tiempo y 
<^OTtunidad convenientes para discurrir con detenimiento, 
pesar las razones en pro y en contra de lo que se propone, 
y acordar en caso de supresión los medios de que ésta no pro- 
duzca males , superiores á los que se desean remover : este 
fin necesario, indispensable, no se consigue con «1 acU^ sen- 
cillo de borrar líneas en los presupuestos, por lata que^sea 
la discusión que le preceda , puesto que el resultado final 
no podrá satisfacer en el mayor número de casos á las con- 
diéiones que deben acompañar á la supresión. 
> Por inútil que sea cualquiera institución ó parte de las 
que forman el todo de la administración pública^ siempre 
le competen alguna ó algunas atribuciones de necesidad ab-^ 
soluta , y si desaparece la corporación ó funcionario que k» 
desempeñaba , preciso es decir al mismo timnpo que esto se 
acuerda quien ó con quienes han de llenar el vacío que resul- 
ta. Lo sucedido con el tribunal especial de las órdenes ha sido 
una lección viva que no debe perderse de vista: se creyó 
bastante para suprimirlo con no dar las cantidades que su 
permanencia exigía ; pero la supresión no ha tenido ni podi-» . 
do tener lugar sin gravísimos obstáculos, que el Gobierno 
sin duda no ha encontrado medios de allanar j y el tribunal 



SOBRE EIL AAT. 37 DE LA GONSTITUGION. 35^' 

í 

stgoe js^oirá desempeñando sns funciones, hasta qae ú 
conyieaie extinguirlo se verifiqne del modo que corresponde. 
Véase pues palpablemente cómo las leyes sobre contribu- 
dones no tiasen relación con otras de distinta clase, sino 
de una manera muy subsidiaria; y si por esta sola circuns- 
taneia compete al Congreso de los diputados la preferencia 
de que se trata, no habrá una ley, ó por lo menos serán muy 
pocas en las que no tenga lugar, promoyiendo el recelo 
fondado de que el art. 13 de la Constitución se puso única- 
mente para alucinar ó acallar la opinión ilustrada , que exi- 
gia imperiosamente el establecimiento de dos Cámaras ; pero 
q^e en realidad su disposición es en último análisis del todo 
ilusoria. 

En una nación donde faltan leyes orgánicas , ó las que 
existen requieren reformas muy capitales ; donde su fomen- 
to y prosparidad se han mirado con el mayor descuido , y 
donde todo en fin está por hacer, y se debe aspirar á ejecu- 
tarlo si ha de salir alguna vez del lastimoso estado de em- 
brollo, confusión y desorden énque se encuentra ^ muy rara 
será la ley cuya ejecución nolkve consigo gastos, de los que 
om el producto de las contribuciones se satisfacen. 

Fuera de esto, como nuestra administración pública no 
está* organizada, ni probablemente lo estará en mucho tiem- 
po, y por otra parte el examen de los presupuestos propor- 
ciona á los partidos un campo vasto de discusión , en el cual 
puieden de^l^r sus fuerzas y tocar todas las cuestiones 
do' gobierno, es elaro que los dd)ates han de ser lentos; de 
lo que se sigue que aun cuando no está fijada la duradon de 
las legislaturas , estas no pueden menos de tener un término 
radonal , y conforme á la misma naturaleza de los cuerpos 
colegisladores ; y presentándose primero al Congreso de los 
diputados la ley de presupuestos, absorve él misino todo d 
tiempo en* so examen y aprobación, de lo que resulta que el 
Senado se yé en la necesidad de pasar por ellos á ciegas y co- 
mo por mera fórmula, exponiéndose á incurrir en la irrégñ-^ 
iaffidad de ajprébar de este modo inddenbl y ligero cosas que 

SEGinVDA XPOGA..— TOMO UI. 45 



9^ 9¡Sñ^VJ^ mi W^DAPJI^ n^ 

E¡».#SNStQ^^el iQMgr^W £||ffoÍ¥Ít<i|n pr^]ñii^i9tt^«^ 

«MnM>) 49sp^e0idte.J<^tti^mit)9& 0r^niitiioft, l»..ámechéH.y 
üw cmnágttimte 4ebií^ m^^frir l4'Si»fGrtetcpi^,te'i»adab^ A 
%héi9ée^,Cúm^m\oii^ ÚU i&iiiitiMirgQeLiPofigrM) Mtii^ 
eiámdii(4a Im pi$e$iipiic»t06 .dentro ^ delütrnúi^a kgid«taiA 

gobierno adoptado han ocurrido y pueden ocurrir, «aifttdi 
Ift» é(m sa pABMlWPL iej^ fiNiuutorÜM (f. ft^ldratoruisi qMdefr- 

9pif^fimmU^ apUi^eiba;de^ Im prUicjiÁos 4i lmf«« > Wd^Reot 

iiaifirUifQum^idQanmte niae piíedeio^^ esbd)le«idilini 
mHt^%Áe,g^hHmQi ni ppv bii«m>(|ttevSMi<M¡íiodr4ifflnl 
8tt|iiltodQ que su jxn^páo deaetédítoi. 

De nada ml^e quj» «im>cQnstitnoi0a|><itttíúavPot;prfQi|^ 
'toftidftdqs y geiittral«.fin:la lormaiqiie.MMt donaülRicion 
pnndé cim|l»|ifiriésy estabkflita la ilifaiDla^ d^ ettáún iañ* iáém 
pQ]Tlat|mpi»mb|i; pi^wnga qua. haya >di|mtpdiHief groyint 
fatides y ayiiDtajnÍBbt0B ; f»sesQiq^ la iiiiddpéiid<|QGÍa idattoa 

podarMipábUcoft; deei«m. sagrado «1 derecha 4i»i^rQpíi9da4 
y Ifi^afuridad^de^las püraanaa^ y djbcteieb fin, otras ^m]|xb 
lÉaaogtfifirfeile) qü^.ccHiatituyan «Ai8isteiiat4^1 «obleiiim|(iié 
etgMtendt admitir: si d sdraao líempe ó pMiio sataaé 
mqy .iiini€4iata«ifflito'p0D modk» de leyea iMúiid9u;iiMi4i0;0t 
dídseiiinirtv^ bieu estas ppaoi^iiSv cto-A^rfii^ ^quQieii^itMki 
|MMrlms6.penBUia á piM^r^ viate;fl;érd|BB7 fl^ttli«ife^ 
hcabfdesy úa lo^riaconymiaitearf (iniübosqu r«aItaft(fiHñ- 
pre4e la falta de regias fijfistáqae atenenseenla fomat)^ 
UqptM di la apünadoa 4e«iaóQcUfis. 

BwdflomS^fcit^.dA tedas iteaiiAnto éiila 



soBBB SE. Mnv 37 w M^ jQQnsTTiüao^. ^ ati 

política qae requieren dichas leyes, ^muchos, si no carecen 
absc^otamente de ellas , las tienen en gran parte cimtrarias 
al mismo principio que debia servirles de base, ó por lo 
menos son incompletas ^j enceste oaso^se halla el decreto 
délas cortes constituyentes dé 12 dé Julio de 1837 , que es- 
tableció las relaciones de los cuerpos colegisladores entre sí y 

eon^gob|||i^Ta||' !^^^^.$4I'*^^|^T l^^^pl^^i^ clara, 
sencilla f terminante del artículo 37 de la Constitución, y 

así debe'Tenficarse en el nroyecto de la ley mas amplio que 

4os dipatados: este es eLm^io mea. dire^ d^recaTer un 
riesgo ^BÍSiUbSí <íé'o6M(^]i^ des^^^^es y WaJffiSenden- 
íalét entre los cuerpos col^pdadores, así como de que no 
resulte iloswia la igualdad de facultades que se les conce- 
de, y de que sea por último efeetiva la base fundamental de 
f)l^^4« 9tí:«#4 Aa)í«^ lW^%«A <eiftl4« ;(]^lt^,^ 

fi&(i99íte'qwf <^iKY<»H^^ 4«,;?ii^w^; »w> «9f mmáfi 

euMásaa. 






356 i «KWSTA DK MÁDftW. 



'' f t f 



VIAJES científicos 



EH TODO EL IDRDO, 



DSSBS 1822 SULSTA IMZ, \ 



por !D« StanÚBCo Mic})elena |¡ Koiae. 



CüAifDO la marina española era la primera del mundo, y sti 
gobierno uno de los mas poderosos y respetados-, eran tam- 
Bién los españoles sabios y atrevidos viajeros. Por eso' sé de* 
ben á nuestra nación los mas grandes descubriniientos geó- 
gráfiicos, y por eso los que visitan Tioy las tiegióriés aparta- 
das del globo encuentran en casi todals sino los vesti- 
gios dé nutestra dominisicion, labuellaal'menbs de'núéátrá 
planta. Pero como en él tiempo en qué nuestros navegan- 
tes atravesaban los mares en busca dé tierras desconocidas, 
estaba poco estéridido él arte de la impírénta, sus bazañas 
tuvieron pocos (Ct*6ni^s , y las relaciones de sus'viajes no 
fueron escritas con la minuciosidad y detenimiento qrfé se- 
rían de desear para el mayor progreso de la ciencia ; de mo^ 
do que yá no iros quedan de ellos sino sus resultados capi- 
tales. Después cuando se ha aumentado en España el núme- 
ro de escritores , se ha disminuido considerablemente el de 
los viajeros , y así es que no conocemos en nuestro idioma 
ninguna colección de viajes originales como las hay en Fran- 
cia, en Alemania y en Inglaterra. Tenemos sí relaciones de 
descubrimientos parciales, hechas por compatriotas nuestros; 
pero ninguna colección completa y original , y aun de aque- 



YiAJi^iiiar/ TOSO a mvmdo. 35Z 

I]la$» ninguna tiene por objeto las tierras deseulíiertas «n el 
pasado 7 presente siglo. 

La eausa del atraso en <{iie estamos en esto con relacioD- 
á^lQS.extraojeroaes la pobreza é insuficiencia de nuestra ma» 
nna y las escaseces del ^arío. Viajes tan largos , arriesga- 
do^ y €i9stQ6os>na pueden biicerlos, smo los que reciben 
para ellos, auxilios d^ Gobierno, 6 los, que teniendo una 
cuantiosa fortuna, se proponen invertirla toda en satisfa*^ 
^r.waa: curiosidad aventurada. M gobierno espafiol, que: 
carece.ba6la.de los buques necesarios para la defensa de. 
nUiestras costas .y. bt conservación de nuestras colonias^ mal- 
podida destinar á ieslas esLpedieiones la poca marina* que tie^ 
ne.Tan(ibiensim.poeo6íloS'partíe«lares que puedan empreña 
der.por su cuenta tales, correrías; dé modo que seria injuflh 
ticia acusarnos |)or nuestra inferioridad respecto á otras na-i 
CÉonesi eti! la materia de ique. vamos tratando. 
.. £1 autor de la obra, oujno/título vá al frente de esite aiK» 
ticmiot, aunque nacidoen una .de las que íueron nuestra» 
Qíjioim» j nos p^teuece por snlengoa, por sus costumbres^ 
y abora «masque nada, por baber dado á luz sus trabajos eui 
Espaiia. Así es que «onsideramos su libro como espaaiol, y> 
si; bajo. el aspecto literario no, bajo el cieutífico al menos 
como» parte, de^ nuestra literatura en la mas lata acepción de; 
esta palabra. El Sr. Micheleiia< era una de esas poquísimas, 
pcfl^nts que se háUaban* en. aptitud «de empr^ider. tales ex-* 
pediciones^ Joiten, .ideo, ilmtrado, y con una posioi) vebe^ 
mente por los viajes , decidió invertir una parte de su patri- 
Híonio «en dar la voelia al mundo : hízólo en efecto, y el libro 
quei tenemos 4 la vista es el fruto de sus largas, tamas. Nuesr 
tro: propósito es boy mas bien que juzgarlo ci^itífícamente^* 
manifestar á nuestros lectores algunas de las curiosísimas re-> 
kfiiones que- él contiene. 

V Tres puntos bay que considerar en este libro:* los beelMs; 
k» jukios^ y A desempeíio' literario; El mas importante de. 
todoi^ que es el /prünero;, es «también el que principalmen<-. 
t^.Báiá<ocapiffnoflí^ tjiimiereiseimaa uuiMxo&siiioeÉost.elogiQSii 



no cuenta mas hechos que aquellos Cfe i|ij»i tíüISIe^dÉl^ 
tti jfiBÍI^ ote to «oüfó Wm tiél^éS (fe üjfií fe^é^-lf IMhluro 

eami, xpte hoMeáck^ ^sísadó us fM» ái lá ^«tfl^lfr'lHiltWI 
yidtefdeii ipa^^tifilttfettté dl^tb<Mi IlSr céltts '^pSf^lBllécifeDm 
á «Ua? m 8i*i Mipteeléná hi irMteáb ^)r M itetiíAo ^Abé M 
fMje» dvquk liaUtav7 ^^^Áifi» hOQitllls v^r^M ^ t^étó ^S^mm 
fSBgOLTfM 9e que m^Btetiüa lá Yi»8«fl ni «l&^id^ilé lláMMlr tt 
Avfmxm ifoutáado sueéMS iii«tdtS{OiicÍs; du )i))rt «0 á fütf 
de todo Tífi^iiAm en het^ds^ im imw <iisiíri«^toe j^ {M^ 
fl»Éía Tez rit«ffl!, ím ütiím má\ hioMéei i tec^iM^i* Jmkñ:-^ 
tomes lÉBiyerof*. 9f uesht«» lectofus jüígttráti cte la i$bitída4é 
I0 qué decáffiOB ^01* d l^gisr» ^tfaeeé ^ue mím i ^^M^ 

En el priméis lOn^o de I0» tn^.eft fu« Mtt difMMa ll 
dipa tamti d auior cte la PiAyfmía, y tefísfi lB»wMckh 
H6s^ hi ki^torta^ lim ictístumhrefi;^ la r^günñ y «I ^oHíákm 
ii^&áA difes^iiliás tfite, Bs ttotaíMé ^ ámñí^ffim^^ M» (te 

kdeOaba^^Cuirikt fe«Sl^ 18' uom, 9^^)^ ^«^7 90^ 
de loi|pt«i OMte: «A tempNSUirái, #0»; m friMtesi^viaiíi 
agradhihleá lá 14dfi, toii^ais favorvbteá la]^t(M|«c<ftDSÍ^á: 
á'kslo m aftaib^ qifiB tddas lis tüaa de ^^ím» «lelliiiMmi' mEñft 
esda dit()raiteA «te una tettp^rtttuim , i|fie ié éá ui^gádá |l Its 
gfmdés ti«rh», t^iidrrfá boMmiseooiiloli demás vpjeros fM 

esté 6B im lii^ar de delicias \ fá jaMia dd arehé^iékigDi v. : 

• ' . • ' . - ' > 

iltos MfarUaS) dice; sohdioiABi tendal eátucna^ de 
iüterffiíite figura j y d» easi ciAiisiíüls ^r^^ HaéaiBB^ 

QiignHd iftié. I0S téstídi» K{iie aotaáinieate tté^wi^ pneeltpid» 
á los «ios dd recieñ^fleipBdo haflame ih «it eamá^id fiótfli^ 
co; en lugar del tapa-rabo y del manlv^ ifncboft ^i^ i9Di>léni 
4e flkmd, 7 qm üxá todavía 4lmiD:iBBflipB( baiSca «ba ibez- 
elb d» tatos ^eatidkil oim iúá eifitopcea-, dipao^ dé }■»- 
eer rdr d «nreajvdas al Matee «uwMnóqi ctaoii pop ^¡ fe á to 
plot dáinndQg toiiiAitftBto é«n'fl^iy«iiai|iargi^wi¿hla| 



yiÉJÉ»^ím^tútfbi0b'mtíkf)O. MI 

eiierpe^afqiiel il0fii sofo^l^ttt^ 

«ros han qttaMd^í il«v«ii^>pde^*, ttM < gtw taiili^ (^ Él 
enlfté^i^e «1 «urib ba«ta Im pM^iík üihigafta mifit imü^ 
ríor; pero eti cambio di^ÉCi gbrk^^ 6 átféo^llítñ líilB l^afté^ 
emipés^em fik^mi^ y ^si&ftíaíp6X¡t>A. A fi^ép6^t6 Oél bello 

y iqidaes^fM^as iton 1^«^^ Ife'^Ü'^ )pe&|^to i^ii» 

Jawbifin msmo jbl mihnMtsái fAt «laya i'án^A (niMati diM 

calles de Honolulú, capital de ^tte^Mi^ft eXf^Üíé 'kémo ^iÉk 
«er^atM pót iél éMevmo ifo Ite hübi^álltol dííl (OAfl;^^^ y por 
QStm tbdtdfi en ^uati iiife$6r imitdé^.ik U».liMféfid6MaM| W^ 
Vbe «oii, se les ^ eñ gicik^ms i^é^Satü f^tt'iÉtáaíM éftdéÉáS^ 
f «m hl)SgrM#tii^ttt»lr; ckütar ^tt6<á$#«(é; kidéicÉiétes «bi^^^ 
gMtftós td amor f á lil ei^éiiñáiM^^^ ... i ... *. . . . i 

p^ Im^tíMúfíeittk ^eñkmk, q^e ^é <é!átíéMdé tt 9á Épci^ 
éim He )a «ftcHUIta fl U IM^k ^«l fklS^S Jt á IbI íbi^dadi 
ife fálMtttié^ 9^ «teéit^itfartiy^ ^hi*á <Mt Adfiaifla t á tímí^tm 
tfÉ^a^lá BHiM'; dé libros «déltíiMbs de MbpMíi, UgéS^ 

«fftVi^u^tíá, itfáimiüttéaá y mty fm^ tímh m^ñsm... 
füs^ á la dmmmúÁc^^b )á <i%r^^ ihéiñtt ^úmAk di 

lÉaMas efi ipie él agril^hk nmk í^e ^Éta^lHáV^ Hbt«i dS Ü^ 



360 JREVI3TA DE Mi^yaio. 

civilización, fonnáudoles una lengua. escrita, estableciendo 
escuelas por todas partes, generalizando la inatraccien por 
loedio de la imprenta , y distiribuyendo gratis centenares de 
obras elementales traducidas á la lengua nativa ; creando so- 
ciedades protectoras de la instrucción , tanto en Oahu como 
en los Estados-Unidos é Inglaterra , y organizando un go- 
bierno civil , que á pesar de todas sus imperfecciones, mai^ 
tiene el orden, y asegura todaí^ las garantías posibles existen- 
tes en el pueblo mas libre de la tierra. 

«Dicha oi^anizacion consiste, primaro: en un soberano 
jefe de la nación, gobernando según leyes escritas, conjun 
consto compuesta» de les jefes, gobernadores y miembros de 
su familia, ejerciéndose la justicia por aquellos entoda su ple- 
nitud ^excepto en Oahu, en donde bay tribunales especíale^ 
de justicia, compuestos del gobernador, asociado á algunos 
naturales y extranjeros. Gomo una prueba de la natural bour 
dad de aquel pueblo , se cita haber habido cinco causas cri- 
minales en un año; excediendo en mucho las que de. igual 
naturaleza se presentan en el mismo período , de los extraen 
jeros residentes y transeúntes. 

» Estoy informado de que el Crobierno se hallaba en víspe^ 
ras de adoptar algunas reformas, tules como una constitución 
que limitará en sumo grado el poder , y definirá de un modo 
mas positivo las atribuciones del soberano, gobernadores y 
jefes. La forma del juicio por jurados, que antes de esto babia 
sido admitida en los cirímines capitales , entiendo que ahora 
se extenderá igualmente á todos los dditos, comunes; )ia- 
brá áo^ cortes para las apelaciones ; ninguna persona será 
condraada ó castigada por ofensas, sin formal juicio en pre- 
sencia del acusador , y las personas r^acionadas ó intere- 
sadas no son admitidas á actuar como jueces ni á tomar asien- 
to en el jurado ; los ladrones serán, castigados con mas seve- 
ridad que por las leyes existentes ; algunos crímenes hasta 
ahora no definidos en las ]eyes deben ser tenidos como de 
primer orden ; cp^io falsificación, perjurio, robo nocturno, 
f^ponia, ,yiolacionde de^eobos, etc, £ii^.cuftnti>ájkpceseiir 



VIAJES £9 tODO EL MtJirDO. 301- 

te forma injusta de colectar las deudas; se lrA 4 adoptar d' 
sistema de las naciones cultas, por lo menos hasta hacer ial 
deudor responsable por el costo dé la cobranza. 

"Existen yarias imprentas en el archipiélago, de las cuales 
en Oahu hay tres ; los misioneros católicos aun no tienen nin- 
guna. Dos periódicos comerciales y literarios aparecían se- 
manales ; el Mirror y el Polynesian , por supuesto redacta^ 
dos en inglés, que es la lengua de los colonizadores. Un in»^' 
tituto literario, bajo la denominación de Sandmchisland in^ 
titute ha hecho ya grandes servicios á las cienctas naturales \ 
y á la geogriafia. 

«El comercio de tránsito se aumenta rápidamente táéHM 
los dias : la posición ventajosa de las islas de Sandwich ,cmnoi : 
antes he dicho, ha venido á hacer del puerto y dudad dei^ . 
Honolulú un centro de comercio , donde se hacen los cfunbios :. 
de los productos de Europa y América con los indígenas' 
del N. O. de América y del Asia. Bajo este respecto está en. 
relaciones frecuentes : con América , por el grande estable^ 
cimiento del Gobierno de los Estados-Unidos en el rio Gólum- • 
bia, con toda la costa del Noroeste, con California, Mazatlan, 
San Blas y Valparaíso; con el Asia, por la península de' 
Kamtchatka, las islas Aleutinas y Kuriles, Manila y Ghina^ > 
y directamente con Inglaterra y con el Noi^te de la Union 
americana. La peletería, el aceite de ballena, cueros de res, 
palo de sándalo, algodón, azúcar , muchos comestibies y al^ ^ 
gunas otras cosas mas, son los objetos de cambio ' que sa«- i 
can los comerciantes americaiíos é ingleses , que exclusivos 
hacen el comercio de aquellos inares. Honolulú ha venido á 
ser también para los balleneros punto de reuuiimi y de de»- ^ 
canso , muy necesario para aprovisionarse de víveres frescos, 
y reparar sus embarcaciones. El número de estas ó de las que '' 
recalan anualmente allí, aproximadamente puede calcularse: 
en 80. No hay todavía una estadística comercial délas islas; • 
pero por informes tomados en el lugar de personas inteli- ^ 
gentes , los productos todos del comercio de tránsito y de de* 
pósito ; con los de consumo en todo el archipiélago f 

tBOUHIU SPOCil.— TOMO UI. 46 



4tciKJki| 4e tt«Si saáUoBQíi d^ pesos, Estp , ^m 4?l4íífteWWf ««i 
vas pIantaciox]iei»,^4$al£^^ c^fé y^^odo^ cujf^s^cajUds^a^^ 

pocoiidfo^Jis^'a^^i^ii^sste piv»aa i)() v;olYÍá y^lf'.,^mite];iic[(^ 
Iajt9pi«tom4ltdidf»i|Ff^rle.€Oii la fai|iijlia]^da4,qpe 4<^piji^ }% 

p99ip|ilWvtritgiiQli«.asG)irfi, modftífislmpp, a^civtQjCo^ todjjsj 
yfe «m«tt^»Mv>í«?>tdfP t?Wa JTPgala?'; el inglés, y. tepiei\^. 
un talento natural muy despejado, ha apreiijjj.4Q t^p^L^^ 
i9f«)mS)6fti4e(^.ftW9ef^ yi^ jje;ríectf^men^ á la 

iwifi(f$ayifñfM^fiki^ef^iá(^j^ e^el rico de cctrte. 

q|i&fu^:fiil ]^s.i^tpscqi|Bla£;tíqujetaiexije. l^nto» él eoni9 lo^ 
j^ífWyí.giíáwrMÍQre?* jqw^jDwinifestaíQi^ ,su i^lto. 4esajgrado. 4 
TCT'tS^lMifflisian^r^is Ae^cjlarse en V>4^yde$de lai» cosa^.fnasp^ 
^puf Oa»dajlft»«)€bi|ÍBfustra|QÍon ttastali^ ^^i^tos^domésti^ ó en 
Ia>>tjf|aHpniMiflhde)lasii^iJli9^y de bs individuos^ y si^deterr 
mímdfír^a^lHQion, ^^ em^ncipiyrse para sieipjpFe^ Para el|b(^^ 
i^ftAf&mfy mti^ m^^^nq i^pro^^marno^ en lo posible á l|i 
iilfluel)fáA<))i?ifá0ic%, y eiiíC^ajLquier c^q extren^ acp^nc» 
á;mBMOraraB|j¿wi aliapz^.iPpí mi parte, np solo aj^ol^é t^n.. 
pil[tiáf1t(H¿ 4isQw?«Ps ^ Bim <IH^. PPS ^^ pwi^es le^ ei:citata 
á^seilUliiEeimHo i^pjwfi: >t«^n apejrtadfis i^ea^Sji .^qnjirendde cc^^ 
xnate^^of^i^ími^obm]^ ia^l oomóe^te en ks 

ísIm cUr^aia^Á^b, 6s ui^ castiga Tfir^adéro ¿el cielo. » 

^ tand)ien Bjyoy i|otal)|e^Ja rp^cic^ qi^^ ht^^ e)l,iij^e- 
rQ»4^ s6 ififlítiii<^T<4hs%n4f;£ir«^ii-£a.: 

tifee Ipi^f j}Oíl)eoi^di|j^ii. es^ nuesfr^ ejicursion^ q^c; coiisísh- 
tíi^.M Ui0vi^ii^.¿ Ifauna^Siff^ , muna-Lo^r y ^^pne» al 
nUNer vilote, ' ^s^ idoe^ j^rácticos que; cQnsegf)J\p^(]¡s , ,á ía vede 
8e!rtialitfwJaiwipa«a,fleyw,k8^j^^ caf^-^ 



yiAj» KV vcfiiD lOf iHimDO. JSn 

targaib 4ibMietÉ qm teirfadÉiií qné xmpm^i^-BAeadiámáuf 
á dguao^ dias eb ida y rvkltñ. €sre« de' 15' railláBi ItiBmi^ 
dúsB 3^ iH^hb bon iituy ^000 dedíTeysín q^'® di ^fibis hidUe^ 
se- ^ffiMudb éd «tí liriéte a^péctbi Sábitarasiil» IM eseopí sé 
triiisfiívma ál hbecrlo ignalmbite el kielo^ que easiif érpea- 

ptainr oki^tosqué porié «Kp«»o; Ai jñhevie «1 8qI nos* detoff^^ 
niw w una cáiiririte '|ten;pitofr'lá' noshei puedc( steiiiittiéi; 
iewis sich^ maé^m itíi priitaarm aiajados én aqii8Ud'gril« 
te/'delde que íoéibriiiiüb |Kirto&tfilrrentes^ 

•*: ^fiasi sin dopdiiréa toda la neohe por im'lmtnDnroso Mp 
fce kt haftia laa^ lÉsopoitadsIé tas vitato* semejaste^all bAv^ 
dbi^ «MittBoaiiios pueátro canífio doiiaralnadiÉi jé caáiiaifm 
tiga del fuá a&temmr^ y habémte'diefad Bóéfetoqsi^iEÍliaispii 
abceEíavib0cat0ire¿aÉi9 ppra dompldtdr U fjijcttfsianijf ná edU 
bafgQ y réeáMmos ir üasta al piiauv ei*átér , f (ttíTotxdtít Iok 
iwfdialámitiitrf y dgando á ka <pMí tuTiesai mae iíeiÉrpo <jri 
HEaoBT irÍTéréB qae »Í8dtrái; kt^ Ventaja de "físilap' labinoataff 
fias TdJcáiicaB dri BMraü. •....;.. ^ ;wr . 

»&i flñ ^ deipües dá trepar pérpeádknlanÉféáte^f casi itia 
aiieprtd, por ai medid de la pieUe/ ttegamoe ai anocBwéfflr; j 
aeoiejahte á la téptgadoifi qtife se práctita «i flanléanb <dB íBaife 
i;aÉM»lB! ai £flpañá ^ y á la' eual los écalfeB ' Uanai^ :n8vázc^ 
paM'h^HMKe dv uaiésrena lértü^cscatflÉiiidalfB médafloi 
liiBli)cai^oÉHtaraff d suelo naftairal'^ dEdiíaiiBmfii modoíiios fmiq^ 
ÍK)9^ta4^fpoí«qBsfeíd4o.faiaaMrta9Mei^ iaepaiauplajiiáe^ 
con las manos hasta encontrar la.ÉBBri*i^y íéipnqlasioaáHB 
aa eitoa bójae doade deiáameei diboánn»; iJKrd.el^.iilalde: 
mk faaber <4 Tiento qoe 6n la s^glHtdarjbnlaAa, "tínibukBjmá 
aaantaíi.coBaii 1;raiámos paratgfirafatxriioidel/frio'f y «^eptoáR 
badioi por la Tiielta. del 4ila .t[ué tan .dilaiaidari^o^ paaraoiai 
jpkgé éste^ sin <gae.;taaqpóc6.ttub|#leBáos; dormido. ^^obUa 
DÓcfast; (Qitadñtnixidoptt) eá> tal eftádojfueaíMSÉaB penípaoirai 
dar »pai09 talenii tíL ebtdixpetíJniáodtoi de todm i^aaateoe iniemH 
bsoéuPtlrnto iiniiiidi;i8olwá.tti]iBéinarilft;ani%aitpa^ 



SSft .* >^ •lUffnsTA tDB . madhiix / 

qpiéiieí^ roteaba^ jqjofí híirieiidc^ con masftieraa tos ebcam* 

faradoft picos de eternas nieves 4el Mauna-^Kea, Maima-Loa. 

y*lilaukia''Huali&i, eraa^eómoianalessaspendidos en los cié* 

ksique reflejaban su liu á IxmIos loa piuitos de la «montaña^ 

i «J^ingan espectáculd en el monda puede dar una idoa 

ddL I cráter ^k^úre el cual noe < hallábamos. Figúrese ú que 

qiikraí onieapacto de die^ d doce millas de cárcuoferencia 

y dos: mil pics« laproxiouitiTOB de profundidad, conteftieBdo 

en taljiaperñoie mas de sesenta oriteres. cónicos; los imoa 

ja; extinguidos , los* otro» m actividad. Abrácese con la imar 

ginacion el foco interior que agita toda esta siq[Mrficie) ji 

qiie á nuestros ojos parecen otrab tantas- bocas del inftemo 

dcilos poetas^ sosk crestas sulfúricas, grietas profiíndas ser 

mejantes i /otros 'tantos cráteres^ el aspecto . ondüioso de 

aquelfau auperficie inconsiflleQte, y entonces se tendré una 

idea <bien. incompleta del cuadro que teoiamoa delante de 

nosotrosf cuadro ciertameoite' tan serio ocmio. aflictivo , que 

durapá eii mi memoria' como uno de los grandes ienómenoa 

quisten id curso de mi vida han afectado mas mi imagina^ 

cion, y como un testimonio irrefragable de las grandes ren 

mluciones físicas que^haii trastornado á toda la tierra. 

/ <»iás£, pued^ no: ^extraño: que los haweya&os- no.tebgaa 

divÜDiidadmasarevereneiadaque Pele, reina délos volcanes*' 

{Í8\á PelC) según >eUos, á quien Hawaii debe su naiúmieBlOy 

á<Cele> á «(aieli.debe eu transformación; mas aun, Pde^ 

quien -^sada* día* ht amenaza coa modificar su aspecto; agente 

de cDcacion-como de destmcdon, todo^poderosa par» A 

nnd mas que para el bien. 

•••Distinto 4^ oast<todo los Tolcanes que hasta ahora se 
han desorvtoy el dei'Rirau4Ea, en lugar de un cono mas ¡6 
flSenQS trunco^ y terminado * por vm cráter y presenta un» 
InmenM^ depretíon en medio de las tierras situadas en la ba*- 
sé: del Mauna-Jjóa. Se llega á el bajando dos vastas mesetas; 
pero. puede decirse que á pesar de ht proximidad, cuando 
nos acercamos ; sino se pierde del todo la ilusión , mucl^o. se 
diaminiigFe fpor loimeliOB.. Sin ; duda alguna la oresta ívolcán 



TIAJES» sil /TODO EB IfiniDO. 38S: 

moa filé «i otro tiempo, un conodéyado;; perolai cásiiidé' 
por efecto mismo de »u base interior ha ido poeoiá pooo^ 
despl^omándose hasta nivelarse ca&d4X)n las miémasoitettaií; 
confirmando esta congetura las >4o6 plataformasvqae jhabia^ 
mos descendido, <;ayo acontecimiento ha debidot tener la-'» 
garlen dos <^ mas erupcioínes» suGesífvn&. De ^te moc^Oiba 8ím¿ 
do formada la mitad de. la profundid^ del cráter. actual^ < 
como Ib pmeba . un doble borde de lavas; de algunos, pies) 
en unas partes y algunas toesas .en otras^ bordea fue sel 
parooe á vta malecón construido ddantede aquel aliismo^ • 
y < de donde puede observarse sin peligro e) fondo* del . crá-» ^ 
tcr. La configuración de este borde aiuinda que la lava w¡ 
fusión que no ocupa hoy mas que el foido: del abisme! f su-^l 
Ináen otro tiempo basta este nivelf mas.unftoiue^Ra coiirien^) 
te de materias- por un canal subterráneo, disminuyendo -su ; 
altura de algunos oenténares depiest, ha influido poderosas» 
meóte en la actual depresión. ; , i 

• uLos bordes«de algunos de lo& cráteres i estUnvCubierUMf' 
de azufre de diferentes colores: blanquecino ^ amarillo y ! 
verde; todo el resto en la superficie , en los bordes' 71 en el^* 
foüdo es de un negro oscuro; Del lado del Norte y del OesM'> 
té, ks paredes superiores lestan perfoctamente perpendieu^^i 
lares», ^nrojeódas y calcinadas «por los anegos. En llil parte- 
del Este los bordes están tapizados' de azufre dé vivoioolor 
amarillo; la meridional está oscurecida eDtérariientepoP'«l'r 
humo que cubre toda esta paite. ' - ' ''c i "t 

mEI sol ya en toda su fu^za y un ligero 'aldiuerfeo y noe * 
habían completamente restablecido y animado á bajar en 
lo aproximable al fondo del cráter que nos ofrecía mas prae^ ' 
tieabilidad. Apenas habíamos dado oüasrenta pasos, cuan- 
do* se <yfreció á nuestra vista una grieta espantosa qne nosi 
bko: desviarla temiendo «na desgracia; Encovtramos un ' 
. nuevo' camino mas seguido ; pero por donde íbamos en^eltoii'' 
en «na densa mibe de humo infecto y mortífero , y la latai ixp^'^- 
ditoleáipiuteo de no poderla soportar la mano, conduciéiido!^ "^ 
ttostberea de un crátorcónioo en Actividad « Elevado d^ttai^' 



(» 



d¿>iqnr/piés'/^d] ^^eáoi filvmaSMt ana ipua 'intégiifar dd krü» 
ágn^jtada^pcir tdda» pavtes , ' por eayais abertaráf, oémbv por 
¿iMitanti» booas'lgneas/se esoapabtn éoní estriiend» k |h^ 
foraso^ onpzaB^^iUaM» y pfedims en^toma de gatjanw; S» 
eiitátm'«i6i «stiipefMétotdel nuttno modo qpé dudmti^ é^ 
m» ediiilNtflerog'; nfai'oM»vileiqueiiheM|iilM eftaqaeUotiiM^ 
i^faaitt» niaéiioidlM par Um fáif^úámm odeii^ 

tflr)f|a«i>iiie vodbabnv y por la hoi^iíeÉda ma^nrta^ dklam»^ 
Ifiorno^pQ ifae kiieK^faáUaba sumergido. fÜ Etna ¡|r«^ Ycsnbia* 
eprÜÉfia^! yjd BopdeafaB^ette 6 Irntachinai ai .Méjios^/i»' 
seamdtábU» (réstelo, del Káran^fiav siao ló» dps poüneÉoor 
portobmdad|96p«fwki8«i qne «epnltanHi,y losolroápot 
laiJii^tinmf oaál'SfabtalKtia' de^lp eooqimttt idisi paiBien^gue^iNk' 
taa^sitmadm; inweFeo^ p me ati^o á oj^eers* n^'háyd^nÍAH 
gtmodÉroqnéíleíigijuilev ralBiíai -^xeederle, pi «i oantidad^ 
de>m«léri4s<mn&taidasi, Bi*ep di pTodigíoBc> «taéro de tsái*" 
teres y su rara disposición, nien lé<^8<lidmi»tdelae8ilaia* 
(¡Qe-mpoeseidteenlaiyfiotedAdeitddgDa^Éd «itam- 

p^co'tef«iieleiiraeini)«oiiiteel oUel det mar'^iestíandó atua^^ 
db áimiyet riÉvaaion qaeaipifttos icoatm. £1 HahNÉarllea^/ 
cGB)QJáJ¿if^iita^y '9ii^wkiB'é^ loBpbnlosiód^' 

miaanlMr éeí kM^ÚHteioBgi^e^iiMMitañas flppopebs^ipacB pk^ 
Vúfsáq ]Uaiicb,^:|9a$r60idefepdQ8^ apenas cttfÉAa jWi'S.^Mc ^ 
ea<tembkiii )a mÉa:iel€^da da tyida'la Detaaáa, -cécefün la*^ 
ntonta^ft lde>ia.Kt»¥a^íSwiea ó ii^ de flipáas; ;y eÍDQ'«S' 
mayor que los volcanes de «Niéiiiod ya iHtíenaíbnadof', ique* 
tim^]^i)S.33il<leL {oiAero y S\éñfl d aégiiniD^ /Id «s- ta la 
eh^amimi r^l^¥a>i^qu(e «Ai» idtmidcMi gbs lfEldb^l8y^ játim' 

ixémfPftta ¿o»'pontoi «Bjmtiiimtds; .> < > ' ,. 

-.,mMp4«e iaoimUa Yénb mohatít^weaa nfiAa^ ttittH' 
pfm Imí^& 4iií9 fSiosH^iQeaba^ pretendí impimdéntámeatev) 
castra i^>cw6OJ0cle auee^ea guias cpui ^se faaMto endosada' 
sfit pf fitGqy^'iqiift ' tübíi^do^ Ipa pi^ «dasnudos no ípMÜati mr 
8iiltír.el «r9d|»r^d#>to tomy dÍR»9ead» álui pÉnAo de fleMMnrt 
80 j(d0ÍÉ$4A*e(;e»sft|i (f£ígmf^l|paeiQaiúl^f^4peto>l^ 



VSt fic>dillo^ Mbr éélá letftteiMJlád éíi . qftKe 'ioífe ¿«tí^ féife 
veces me he encontrado en maycyr'l^li^l^f'^e'iésl)^!^^ 
aun de recordarlo. Habia bajado solo al sitio designado con 
^íéílidad, feiWíéndóme tes giiáhtyde miíclí^^ 
fjüegól que llegüé/li[^ cdm'liafiei'os ^'ño se ioicápát^ 
tni; Ciáéb iüiáütós no babrian ][>ásado etü '^^ mé skitíébd 
Ifa sufocado ; irnih dé Mbir* con predptta^olí', ^ á^%é ifai- 
t^ ^iedrá^ ^ue babiá trepador, i^ Viétite «obré iftl'b fiñiv 
tk dé btra al' a^o;fárme sobré élM^'pa^tíéiiddíe líóiffc^lfif^ 
idád dé tin' barbón: íné estro^éiet ^^didr €«i^p(^'> y*^}xh 
ehdb un espantoso rvAéo sé j^reeijj^ta eft d^ialAstto'^i^Jh^ 
Voces*, ^ritó y mé desespero, pero nadi«'^fe6c á {$ali^ffii^ 
Puértiementé ' éóhtdso i^ un pié > y pics^im', 5 temiefid^ 4á 
li^évb accidenté^; me era imposible ^bii? pop iftil miiteb. 
AÍédía bora iiabia ya transtarrido én tún kítígttíMMÁ' Hát6íS^ 
éioñ, éiia&do rins comtÍAfter6s8eMáé<Nr3arottié0<^>: ifí«iílv«ft 
al crltet', 1^ refiero el stteéso, y deéj^ads de'ilgtiios tatfttP- 
tí^ aeibáécision, un-katiakk pide mib9M^)álds'{^a)ftff^eied^ 
várse dé la lava , (jeté Isan cediente estaba^* y «arfttdadd dÉ'W: 
te y át otros que-fonnában cadena*, pude í^fittttpaí'dié'dé ^tík 
fttijiérte cia^ta, ahogado póv él humo pi^tilesité ^Ifó #'éM^ 
ler despedía. ■ • • *' •"■' *"' '••■■-♦ ■' '• ■ i •>'-., .;. !hm£i.i 

i «Ll^da lir tí^be, nos.acánypataios^ á ^ássÁÉta á Ui tiddá^A^ 
«lío dé los crál^rqs en actividad, 'pkpár^af'kaé 'al 4i3^ri|^ 
á^l frioi. ^Bé^pties^é unía regular cétia, '^b)S'4iid^áliiii[('<}fM 
fil/iróeiiotí con 'la biistbri^ de sus éié^es iilftítDia3^¿>^' piM* 
der éé Pelé ^bre dios y y< aun el que 'era eéii^íñáé ^f»(M^ 
ta divinidad délos vMéañes,'pr(ne€^^a'dé ldi94ifaWéyiíltc(ft 
y^stls poblaciones; á'su9 propios jefes f y tiMíMiTii^nl|EolfiP> 
Mén r^ jen ksr gpdhdés eimpciobes4é áljáellós, á^bléttll 
innum^aMes sáciúftcios, echando en elléS^piU^iHk, fféti^ 
if áFtttksv y partiéldarinéttle.cor>iá|id(isé bu^áéi^ y'^d§ihi^ 
l6K^kl ciráter; ellos misínob nos ^dijerbn fo hábiaá ádc^ )A 
áia de 'ifiidestpo arribó é Kiraa-Ea. » ^ íj" Vj > 

Al hablar el autor de la isla de BotuáUi eA las^üq^ráflas 



"368 ' JIJSVI81PA DE VADBI0. 

australes y refiere piirticalaridAdes cariasisimas de U$ eos- 
tmnbres desús habitantes. 

« Toda la población del lugar nos espeiraba ya reunida 
mi la playa, atraída, como es muy natural, por la curiosi- 
dad de ver ei^tranjeros diferentes y de superior apariencia 
i la suya. Era un cuadro yerdaderameute interesante. Allí 
4ao se ofrecía á la vista la extrayagancia que aparece en los 
-vestidos de los pueblos recien convertidos á la civilización, 
4!omo en Sandwich, y Tabiti : todos estaban uniformados; 
habia una perfecta igualdad. Desnudos como venimos al 
mundo, solo las suaves hojas de la palma del coco ó las del 
iabanico, corifa umbra^culifera^ atadas graciosamente á la 
cintura , era el único yestido que llevaban para cubrir lo 
406 sin necesidad de convención los hombres han ocultado 
len todo el mondo. Hombres y mujeres tenían pintados la 
cara y el pecho de color encarnado mezclado con aceite. 
Xas mujeres estaban ligeramente dibujada^ en el cuerpo, 
como he dicho de los Polynesios , y llevaban el pelo cor- 
to; mas los hombres tienen un tatuaje (1) admirable por 
su regularidad, cantidad y complicación délas figuras, que 
unido al pelo largo y extendido que usan , dándole por 
medio de la cal de coral una grande aspereza y color rojo, 
agrega al aire verdaderamente, salvaje un todo feroz é 
impcmente. Las jóvenes solteras llevaban un distintivo de 
las casadas, raro también, y se reducía á usar el pelo cor- 
lado á la raíz en forma de calva, enrojecido por la aplica- 
xion del agua de cal de coral, y una capa de esta misma 
im la parte superior; llevando por nombre diferencial de 
las casadas, elde cabezas blancas. Los naturales, pues, sien- 
do tan obsequiosos hasta ofrecer sus hijas á los extranje- 
ros les dicen áestos enlas pocas palabras que saben de inglá: 
do you like lohite headr one, ¿gusta Y. de una cabeza blan- 
ca? En el confuso grupo de espectadores, se notaban dos ó 



(1) nitindela 



yiAJBS E9 TODO m^ UÜKDO. ;3<9 

mas mti|eres que alimentaban con sus pechos á sus criatu*' 
ras; mas esto de un modo singular: el nifio iba á espaldas 
de la madre sostenido por una faja de tejido tosco, y esta, 
por la exhuberancia de sus pechos , los enviaba á las espal* 
das con la misma facilidad que le colgaban has^ el abr 
domen. Uno de los principales adornos de nuestra especie 
en todo el mundo , cualquiera que sea el grado de cultura 
en que se encuentre ó haya podido llegar una sociedad , es 
el que comunmente usan en las orejas , en especial las mu-^ 
jeres ; el cual es común á ambos sexos en toda la Oceanía, 
en el África, en los salvajes de América y en una gran 
parte del Asia ; mas en Soturna , en muchos otros archipié- 
lagos y en la India , se abren las orejas con tal extremo» 
que abraza toda su circunferencia, para llevar en ellas desr 
pues ramos de flores, frutas, caracoles, la pipa de fumar, * 
y cuan;to creen puede contribuir mas á realutr su méritp 
personal.» 

Son dignas de llamar la atención las ceremonias , que 
usan los habitantes de esta isla para contraer matrimonior 

« Guando los contrayentes se quieren espontáneamente! 
no necesitan del coasentimiento de ninguna persona ; otras 
veces el padre puede casar la hija sin su voluntad; pero 
la autoridad del jefe domina sobre todas, y este puede 
darla en matrimonio á quien quiera, ó tomarla para sí. De 
cualquier modo que se haga, el ceremonial es el siguien«- 
te : se reúnen los parientes y amigos en casa . del padre ó 
del jefe , y desde allí se encaminan al mar; llegados á él , to* 
dos entran en el agua; pero solo los novios se sientan en 
medio del círculo ; recíprocamente se preguntan si se quie- 
ren , y con la respuesta afirmativa , toda la concurencia toca 
las pah[nas, y entonan cantos alusivos al acto , mientras que 
echad9s en el agua, el marido lava á la mujer y esta al 
marido. A la salida del agua, algunas muchachas cabezas 
blancas traen á prevei\cion petates finos que rcjgalan á la 

SEGUIDA KPOCA..— TOMO lU. 47 



%7% RÍÍVIs¥a tíE ÜfADBá). 

noria, y que esta usa en el acto éufiriéndbsie con tiíid ¿fé 
éDos. De alli ^ dirijen á la casa del marido, en donde la 
áposa pinta á todos los asistentes en 1^^ mejillas ; e¿ sé- 
^ida se trae tina ^n Tasija de toivá €[üe colocan en d 
medio dd círcnlo, donde bebiendo , cántaiido y báilan&o sn 
danxa pfantomimica , terminan alegres la fiesta nupcial. Bes- 
píies dé esta narración, nos dijo Jobn {*) ,'qae taníbien úoso- 
Itos podíamos casamos temporalmente , si qneriamos , 'j sin 
qbedar obligados á ultmores t'esultas ; esto es, por el tieiá- 
^ qné permanedésémos en la isla. Tíos hizo también una 
Sácinta exposición de este segnndo modo de contraer nfií- 
ttimonio, dé la manera siguiente: teniendo los paídrts 
derecho para disponer dé la voluntad de las hijas, puede 
concederlas mediante un regalo, cuyo valor ó e^mación V¿- 
ria según la calidad de la persona. Por lo regular esté gé- 
nero de alibn^a soló se practica con los extrtojeros qfué yie-" 
nen de paso á la isla. Están, pues, prescritos en ló'^ené^ 
ral los presentes que deben hacerse al padre , ó al jefe si 
és el negociador , consistentes en un fusil con algunas mu- 
luiciones, y ochó varas de bombasí encamado ó amarlÓc», 
ó pañuelos del mismo color. Depende también el vidor del 
presente del mérito de la joven esposa*, y aun también de 
las exigencias del negociador. Hecho el presente, todo d 
ceremonial anterior se dispensa, y la novia, bien se que^ 
(dht en la casa de sus ií^adrés á donde viene á visitarla sil 
marido cuiando le parece, ó bien esta va á verlo á bordo, 
llegado di dia dé la partida del buque, < que de órditíario 
ton diez ó quince dias después de su llegada^ se separan 
en la mejor armonía , y í>ara siempre , no sin sentimiento 
ínuühas vecá^ de las cabezas blancas. Lejos de desmerecer 
por -está e^^é^cié de unión, como podría creerse , y ser lin 
{nconvíjniente para casarse nuevamente en el páis, es al 
ieüntrarió una ¥éc»meiidácloñ párticalar para ser iniáédia- 
iámehte sólidtadá : llevando si¿ miras siempre al entrar en 

Y) 1JnmSrítierd4oglÍM(ÍQelesao6Bpáñaba. 



%« 



i:'r »«./í'í ./ » ' . y 0/ 



odüí^^i^ ifilft^mlMíib cikí el eiCranje^o . ¿1 étttnMiW un ma- 
^¿r^é^U elédétoñ y de HA i^^opio úais. A ]^e|ióiifto ^M c¿&^ 

eúfúi^éú^ éi¿ Éétbttfft, ptKédo tóe^uif^ai'. que tal difórétMk^ 
« gíbépál éú mú ttoia la Péiytaeaía, eh Aótfde lófe eüi^d- 
pMS lid tieúéa égMbIéei|^ilá«¿s á tal gráfló, qife las ñíá- 
4veÉ^*ríttml^ hijas á iíordd, d Vi^eií con «Ifás'pbr é^pe^ 
wladM, á áfi d^ €^tísé^irlés'diei)[itíe§ nláHáó^ entí'esuéi' 
effinjpatiiloCtiá.»'. 

. » B0tá «redl^i» étí la p^itíéá qué Iba Vliíídas hb Yúáyá&'^ 
t'csmfm';^^ en m^ efldd piM^ó parecer Men á otro UbM- 
bcé imaEr, se^apiti Ik esfik^, áj^^a un tizón etitíéndiilil^á 
todpmr^^^oVé fi^ medio de kl^déin qüéthado, 'ftéñ 
Tpádm^ebiiAti^ m hüeÁt iilMdáfe en kiá pécliói^'y'liífa^ 
IOS. ünn de esitfl^Ti €fn/SótQl¿rá, ééfyáe c^cátíHces a^éiñé{§^ 
bftH su pid á la' dd W l^i^, pbr las itíancbáis <$ué lá bá-^ 
bilidejiiifcíel íb^oí^ y ^tíe lá liatikti h^rorasa áíá ybta. ' 
Ba ,los luA^éaltti^de^iL ^é éú el «íe su pñmVti^ itíái&i' 
em iar'««ilumlm^«sta pOféi^s aílteís'hk, 4^ tbdsi^ las íhníi- 
lias qm 68t«Mi báj^ isu^ma^MId^ W réuniéseb en el thafkü^ 
ra, y allí, por elección entre ellas, d^nal^m 'á láoirir'y s^ 
enterrado á los pies del jefe un jóyen de doce años, y si 
era stíáti^jéi^; '^htonces era una jéveíi de lá íoS^Mí édEad.» 

El sAg^ft) libro, dedicado á la Australia, <)oi^né' koti* 
cias Btí iú^M importantes sobre «sta paifte , pédé cÓiÉioi^idas 
de la quinta del mundo. Bien quisiéramos recapitular aquí 
lUHifafia'ae ellas ^Í>^o no lo perinite la est^eéhet de Im ar- 



'I 



£1 fraftor yisüóUmkieá siuestrtis i^ FlüiJinas, y deél- 
cé ¿ dUas una parte muy imj[)OPtaá]le de sii libro tereéi^. 



' K jEa avetfipíé^afi» de Fitípihás, aunque «ompuesto de días 
de saSA ifilasy f-. política y geogiwfieaméute ^ diee ser perle^ 
ne^icM^ál Ibminkí fispañol , esto no pasa mas sino oemo ubt 
pocütiM naouéal) 8|aido a|uy {ocás ^qa^lis qÚB wümia^ 






te lo sean* Liuson ^P^^» ^^^ ^^^ <^f^ p^^ hemos dichas, 
por su extensión, población, riqueza, y ser en la queexiate 
l|t capitanía gen^^ral de todos aquellos dominios 7 los da las 
Marianas, es la mas importante ^ es la parte enciente ó la co- 
lonia propiamente dicha, á la que siguen once ma^ de la» 
principales , qué podrian rivalizar conXuzon ^ sino en tama-^. 
ño, al menos en la riqueza 7 aimndancia de sus producios, 
si estuviesen bien cultivadas. Algunas de estas provincias 
ocupan parte de una isla , otras una entera, 7 el resto abrar 
zan dos ó mas. Todas ellan están subd^vididas en oerea de 
setecientos pueblos, cu7as poblaciones , según el núoMaro de 
tpbutos que percibe el gobierno oolonial, asciende en su tcK 
talidad, según la guia de forasteros de l(is islas Filipinas pa- 
ra el año de 1840, á 3.40Q,00Q indlTiduos, dividklos en las' 
clases siguientes : filipinos indígenas ; m^tizos chinos ó san*' 
gle7es; m^tizos españoles ; chinos propiamente dichos; crio- 
llos españoles, 7 f^pañdes europeos; sin j^nduir. oisro tanto 
mas de población en las islas independientes. Así, pues, la 
población tofal de. las Filipinas. puede estimarse aproxima- 
damente en mas de 5.000,000, 7 la de la Malesia toda ai • 
2p.O0O,O0G!, en esta iorma: 

■*■'"■' 

Posesiones holandesas .12.000,000 

ídem españolas 3.400,000 

Id. inglesas. ........... . , 200,000 

Parte independiente. 4.400,000 

■ . ■ . ' . ■ . 

«La administración civil 7 militar de las islas Filipinas 
se halla á cargo de un jefe militar , que , al título de gobei^ 
nador, reúne los de presidente de la Aiidiencia,' vioe^pátro 
no Real, juei; subdelegado de las rentas de cprreos, postas 
7 estafetas , director de las. tropas, capitán general 7 coman- 
dante general de> marina. Divididas las islas por provincias, 
comojahemos visto, tiene cada una de ellas para su admi- 
nistración int^ior. un >iefe: subalterno que se titula gober- 
nador >é^cal4e«ia7op^ «1 <ci^l ejerce la jurisdicción guber- . 



YIAJBS m ñCOtO Ét ifetJilDO. 373 

nstiTa y contenciosa «n primera instancia: eiscápitan dé guer* 
ra, 7 tiene á su cargo la cobranza del real haber ))ajó res^ 
ponsaMMdad, garantida con fianza á satisfacción del conta- 
éot general ' del ejército y real acienda. Las provincias están 
subdiívididas en pueblos , y cada pueblo tiene un gobernador- 
dUo, con tenientes y alguaciles de justicia, cuyo número 
varia según la importancia de la población; los cuales de- 
sempeñan varias comisiones, entre días la judicatura de 
palmas^ de sámentelas y la de policía. En los pueblos don- 
de ' hay ' soficiente número- de mestizos sangleyes , qué son los 
descendientes de los chinos, forman, cuando obtienen per- 
miso del gobierno, parcialidad separada; con gobernador- 
cilio^ y demás mieúibros de justicia, tomados de su propio 
gremio. Los go^rnadorcillos tienen en sus pueblos tc^ó el 
eüi^o' municipal propio de la autoridad que les confiere su 
nombramiento , con especial obligación de auxiliar á sus cu-^ 
ras párrocos^ en todo lo relativo al culto y observancia dé 
loé preceptos religiosos. Conocen de las causas civiles hasta 
d' vai<>r de^os talles de oro ó de cuarenta y cuatro pesos; en 
los casos criminales proceden á la instrucción sumaria, con 
la cuál dan coentaal jefe de la provincia: tienen obliga-. 
qion de atender á bs icobranzas de real cuenta , y otras que 
previenen las ordenanzas dd gobierno ; y se les permite cb^ 
brar ciertos derechosique están determinados en sus mismos 
títulos. También existen en cada pueblo otí'os municipales 
conocidos con el nombre de fraran^a^,' institución, seguñ.se 
asegura , la mas recomendable y digna de consideración del 
gobierno. Gáda cabeza está obligada á cuidat de 40 á 50 tri- 
butos, que forman otras tantas familias, y es lo que se en- 
tiende por barangay ; deben residir con ellos éñ el barrio 6 
calle designados ; atender inmediatamente al buen orden y' 
armonía dé sus subditos ; repartir entre ellos todos los servi- 
cios que ocurran de comunidad; transigir sus difei^nciá^' y 
recaudar el tributo bajo fianza, para formalizar dei^pues su 
entrega^ al goba*nadorciIlo ó al jefe de la provinci)Gi én* dere- 
chura , cmho sne^e eín la de Tondb. Los cábéá^s de Baraá- 



^H^of ^oqartián á la comuAi4aí(|^ j cdeelores deios ^«nur» 
^rpUlq^ 7 ck^iá» qfifiale^ de justicifi ^ ]w{a i^uja iltipbftaitt 
fp fupcioif IOI0 tieiien YDtp I06 dpc? mas aiitigUoft d^ fsdit pw^ 
MPplo8S|i8tijtjí¿tpp ql^J^,orf)^1|aQZ2tetejctol;ld6«fihlhlfib 
gm)fk9. proyincii|8 lop cabezas wmbí^ soimmM^ loa tra 4IÍ6 
bao 4fi (^mppnei: la tersa para goberm^doroiUw^ j^tími 
q^^gobmf^¿finrá\h qi^e ha de ímWi^x^c^imi kidaefsmi 
^ tos U^R|fp»te$^ ]|}guacife^ 7 ms cQmj^^tesi JU ib8|;ltaiei«| 
^ cj^l^csft^de barafij^ajr esi dejmgen aii}in*ííO¿ á llt ilwqiil$tei 
las.QafQ^ ef:«^ llf^e^itari^ )a.ma¡irpr p«rte de (eAIi^í eQ«i^ 
\^liei^ ei» w ai>tfflrí^4, a^mgnq ^^ P9(|a«Ro» !fto^ «te 
q^llj^ re4Hcidas Ifs tribus^ á la de l^r^fBÓjníjíi» qteeuVíh 
j((t^fi# partes I96 ára^ h(^i^ii jri^e^bili^ido con %n donH 
i¡^cipA, i;aQi)>;)ea boy f|9[i^t^ alguiia^ herfi^itaríaii^ mas ente 
g^c^al ^n elecfiVas. Los eacgos de f[obePiiftdw<»U«a Wmm 
\g^s¡so¿m^ ^¥!^ aAq; y cuandei elgobietuo no mfln j« dfree*i 
^pij^te en fayoi^ de deteviiúiia4as peraonas^ se ^tseo todaa laif 
intrigas e^fc^ales gue se .ponen en j^^gi^ en ^ttaspia^ttb 
^i^ gue e^te e^t^si^t^n^. has^ chpüoa tambiift eManAiitDiirl 
z.^4k^ para ^gir gpl>erfiad9reillo 4p enteft fflis isditidaQÉ 
ej^anp?, en iij^^it^ qi^e pire^^rgebMi«ador-de.i;oiide[f 
l^m^ e^n taqibi^ i^n tf^áe^te Jm^ex }! un^goMít maf> 
Jfifj cujíifr'elep<?íoi3«?,8p^a|)fff*adíwpiare^|^ y e»¡ 

y^f^^ 4fi^^^- e^pedido^ los competentes^ tít^lodifava fOéSt 
€!)^fcer}]ii7^icc^on. >» ,,-, 

>»^ ca^r^r inorja]^4e>^ 9|j(B^ 

rijger^., á, pesa^ ¿^ lag pocí»^ JHf^.#,efi^M;.«^br^,todeik 
pjarl^ purf^ncnte al^rigeiifs» Sfegnff ^ ^^ta4^.)iidi<l)f4 dfc.laiK 
c^if^ , criminales qfie.se, hab¿|ff. prff(sqti#dp, al ^(|ípieA:de> 
los tribgnaie^ en t849i,asemdíeFan^'4|^(«^ al^jÉma 

tjres^^mijjlppj^Siy B?^o:deiSifiibdi*¿^i ^(estarfcffwa.: t3 1 

tfs; ^16 rpbp^ 12 incf^n^jl 6 pop caiisn det iitotweS)^ 4i6l 

di&jiiu^9ralid94t íA'^ ^ ber«dto^. JQ^treitoa defítpiSicwKiifltflft^ 



acgqn el es^d» i^nteripr, que es. 4. pae^bilo de;m^ore>.($fi¡|7, 
tqpobres que he. eQeon1ira4Q en rxm 4ilata4os vjiajes,. ea igu^l 
groporaon 4?. PP^blaefoa. , - i « . * . 

, »|ia primeria ¿p las coa|;ri))uciones. q^e paga e^te.^^e^ 
p^liebl^. es ^ ung capitación ^e^ cinica reales 4e pl^ta d|< ^^o, $. 
seaoi diez reales españoles, hombres y mujeres, l^^prfn^ 
ros^4fs4e |ios 20 auos cumplidos y los seguii|^,des4e.l)0|5 ^ 
q d|es4e ^ue se casaa. Los mestizos de chípos pingan dolite, ' 
tributo, l^s chíñqs son los que miias pagan 4^ todos UKSt.c%«. 
pitados: estos se di\i4en en tres clases se|gui| su l^abef^i^ ][, 
^agan des^e IQÍ). has^ * \^ j^fpjos anualep. ^s^ m}¥m¡9 q»® 
e^ numero de chinos. e^padrpna4o3 QO pass| 4^ l^^QP^t^i^, 
do ^ta clase por su actm4ad , lahQriosidiidyriquezf^^ m^; 
impórtente entre fas. tril^utarias ^ el - prodm:;t«| es prpp)C»rqi%t 
nai4!im^ té mayor. Quqdafa ei^eQtpS; d£ tri|)utos \o)^ ^pi|^ 
1^ ,10» extrai^ros, los criollos :y los ipestizo^deesfps* M2(s 
no eis eite e). solo gravamen que ti^me el.filipiino; paga^ad^ 
ms^s una contribución denomiiiiida 4e comon^dad^ otara para 
e| culto y y una tercerff , d^ que siempre se ab^usfi^ qiji^c^g- 
sii^te e;i servicios personales psira If^ construcción y, cqnser* 
vaoion de* las obras pú^l^s , cpmiGi calzadas^ cambios, puet^r. 
teS|, etc.» A c^tqs pe^bqs^ r^rtidos^ sin proporción et^treel 
acpi99d.ade> y elj 1^4*8?^^^^^ ^ ^egan otr^s^indirectas, fe9^9. 
el ^tánco de artículo^ ¿e g^an consumo y de: fácil prp4,ui;^ 
cipn^ tales coma el labaco y el aguardiente de. coco ; 4^ W|4^, 
q^e< los pocos cuartos que el indígaeía bubie^ podido, guai^ 
dj^^por^un escejsodbe t;raj^aíq, ti^ae. li^ pjreeisi^ c^ iflo^ i 
de^ar al es;(;afico, con el % 4e Ueoar d^ qei^sidadep fact^. ^ 
dtó, e^ivaj^fpt^ éii cÍ€arto:mo4o á la^ d^ primera iM^iBsi^a4< 
Paraqo¥fse|c^var estas projtnbiciones, ícu^Qtas^ v^jacionef no se, 
cometen^; Ips^ guardas arrasf^n toda plantf^ .de t^aoo qne ^ 
cil^ntrstíDL, aunque siea nacida e spon^^eantienti^ opnio f i^^e^ 
en aqnejUas tiernas; penetran en Jo masság^ada de las hMíí^. 
. tacipue^ , j violaii tpdpe lo^ re^tos^y c^Bgid^f^ojprf^iltr 



376 REYISTÜL DC MÍDÍIID. 

do á aquellos habitantes, como á muchos otros pueblos del 
mundo , un testimonio eterno de su paternal solicitud^ y el 
que en las Filipinas es tan abundante , están privados sus 
moradores de destilarlo, como en otro tiempohacian, so pena 
de incurrir en los mas severos castigos. Sin embargo, la renta 
que producen estos estancos, como todas las que forman el 
erariopúblico déla colonia, al pasar por cien manosimpurás, 
quedan reducidas á la mitad ; el gobierno, después de esto, 
estámuy lejosde llenar todassus necesidades, y elpuebloque- 
da postrado con las humillantes vejaciones que incesante- 
mente experimenta. » 

»La industria en las Filipinas no es naciente ni de poca 
consideración : á la llegada de los españoles ya se trabajaban 
los metales, y tejian algunos lienzos finos y ordinarios. Des- 
de entonces , con la ayuda de sus conquistadores y el esta- 
blecimiento de un gran número de los industriosos chinos, ' 
sus manufacturas han recibido grandes mejoras, que las han 
merecido algunas de ellas la estimación de las grandes ciu- 
dades ricas é industriosas del mundo. Entre laS' telas que 
fabrican se distinguen mas particularmente los tejidos de al- 
godón , ftbapa , seda y pifia , haciéndose una grande expor- 
tación de la primera bajo la denominación de cangas^ en las 
que imitan de un modo muy particular el nankin azul. La te- 
la pifia es la mas rica por excelencia, y así por la calidady can- 
tidad que se fabrica , como por el valor que tiene en los mer- 
cados y sü tendencia á aumentarse cada dia. Dicha tela es ex- 
clusiva de la fábrica de Manila, hecha délas fibras de la ho- 
ja de la planta , aleanzando tal grado de finura la calidad su- 
perior que se fabrica , por la tenacidad y sutileza del hilo 
que produce, cual sería imposible obtenerse del liiio. Las 
delicadas manos de las indias son las únicas que trabajan la 
pina en sus casas privadas , en unos telares tan sencillos y 
de tan poca apariencia que verdaderamente causa admiración 
cuanto de ellos sale. Si exceden en este tejido y no tienen ri- 
val alguno en otras partes, no lo es menos, con muy pocas 
exoepcioiies, en la habilidad que muestran en el bordado: es 



VIAJES ;ii^,;TpDO.Ef.^BfUIfpO. 3^1^ 

na prí;D]i9r ; Ip qu^ en este género de industria produce sus 
Humos con tan poca ayuda d^l arte. Los tejidos ¿[e paja e& 
. otra de las ma^^geni^raks^en todas las'islas, y délas que in- 
fluyeii ma^^ en el bienestar público ; esta sp divide en seccio- 
nes 4i?]tint9s, á saber: sombraros, petacas, esteras y pe- 
tete^, y,vpífls.p,ara.las.embarcacione8 del país, deChinay;^ 
de in\icbas otras partes de aquellas regiones. Entrq las mu- 
c^a3^ Pf^lfna^ de que abunde^n las Filipinas , y de las cuales., 
se. sii:ven ^Ue wtivamente para la fabricación de los objetos ' 
dicho^., l?^fiipa es la maspreciosa , y la reservan para los' 
sombreros, y petateas de primera c^id^d : solamenf e li^ ^ 
e^orta^cfipp 4^. estos dos ramios de tejidos, sin cx)ntar la exr 
poil^taeion clandestina , que por Ip ^menos es doble ^ aíc^iaó 
en 1840 á 75,377 sombreros y 15,692 petacas! 

, »Xos metales todps se trabajan con bastante perfección* 
y jiJgpnoSj.pQmo el oro y la plata, sin dejar nada que en- 
vidiar de^otras» naciones. Los progresos de este arte son áe-r 
bid9Sjei^Q]lQS^v2(mente álos chinos; aunque si vamos á exa- 
minstr. Jp^fts^^lii^ otr^s principales, tiebemojs átrü>uírsfila^^ 
también , J.m^ el ejercicio de ellas. La albaüiler^a ,* carpin-: , 
t^í^.y ebaj^isteria guardan una justa proporción con el pro-' 
^eso, ^en.(;ral de las dem^^. artes industriales. Las bellas ^jt-, 
t^; ^íMifPjyi^ríls .ips^p^^r^lgs 4e la rita civilízapíbn ;y,^^% 
riqueza, son casi desconocidas, por lo poco que se c^ltí- 
vwiv Ja imperfección coiji que se hace : la níúsica es 4éte*- 
tabl^; 1^. pintura u^a parodia de esta arte sublime,, y la q^. 
Clisara ^mpleítaipente ignorada. ^, /. /..n i r 

.. nÍ^ii)istxucpion,pi4blic^ en,^das(>-. 

cjijylad .bigp prgpipda , p^ripieír eíepenti) de ór^en ^ bien-í 
est^^Ti, x;e§p^la^ que. coi^duc^ á las nación^ á un aíto grado 
dQ:PQdei:,.no. ^e bal^ efi las, Filipinas ep el. mal estado que 
sfiría de,j^\ip9nQr,jitQndidQ, 9I abai^dono en que todos los 
yiaJer9§,J[A jencueníran ep &p9ua. Por mis propias ybser-! 
v#f?jqn^.ie(?}i^ en Manila, sus pueblps en^^nlo^^ la 
í«8HPft J, Al^ftyi ,| ij¡9 ' .sp^^^tg;|i.e .encpntr^9;di^í?^^^^ 

SEGÜIIDA ÉPOCA.— TOMO Oí. 48 



*'r*< 






quecoii diíícu^taál]¡áW;un.indM^ por faitíiliá' cfifé Í/¿' 
sepanof'lo újeii^ lé'éí ; tanto en taslAíano cofnó en íá¡lafú¡' 
sd ieiii^á'naiivií. Ca^á puiébloJ caüá aldea tiefiíé su eáiiüé^'' 



la gramíta dolada j^oí loai fondos deláspíovinciás; áií cofi- ' 
tal que cada tpasá' eb ana escuela ,' ábbre todo páí^á laí i¿'¿-^ 
chachas. l¡ie suerte que, aun en Europa misma, hay riíay 
p^s ¿iudaiies que excedan á Manila en la pro1\fói(M' é6íi 



én grado taii eitaa- 
sé hiagán éasí iiíú- • 



cien, mpy buenos ^ara cfií^igir el espíritu hacia lín dl^etS 
sánfe) en blj^n pumíco ¿ individual, íoSós conven'ffi'án con- 
migo, l^e consiáérádoé ábstractainénté como füefates dé Vá>' 
daaerK y uM íñsfríicctón é¿ las neceádadés tté lá viáá,' Aó 
sóii^ 'solos tiáíe^ libros los <\ue se necesitan. Estos^, P^i 
íJskfoi ^úih¿s il&e cií^culan entre ellos, j ádeihás nnók éáSk- 
tó¿Í^éif^ds'^^b'erdícos| que exaltando lá imagiéiaciotí c6n Hé^ 
cIf¿i^'pb^JB¿i^s áhíiñhnky íes estraga él guáo pttr&U 
lé^tiTfa (í¿ lo qtie es téal y eíéctiyó, les hace ¿oncebhr idciB 
sis síitlhe ioaas ías' cic^, y osÜnrfóeii en vez tfis ifiteStrS^ 

»TatKÍBien e;¿i^ én lita^ílá^á éhseÜañza sü^é^itír, Ift^^ 
safa^n' lá ináWúcibü üniyekitariá Jmtí^á^ titié rigió ál' 
Espaiki y América hasta prlncipf^m M pi^esén%é éí¿lbi'^ 
jS ií atoi^^^^^^^ íe líeál y ttífatlftcfei ÜtíiTéi^iArtl de 
Spífó i^Rs', cok títi'^le^o ^míiarib ¿he}ó, V l)»ii> k ^ ' 
^mai^iá {¿M^^^ del ari¿obis^o: £& élhí todoí^ I(¿ ^ 
íi^rei <^sl san íkiles; dé 1^ cuairb órálEJües Mt^o^ éiis^ 
tliítl^^ii'la^'filíbiüHé,^^ se fenéeñk latinidad ;flldébflk, tí»¿ 
l¿gii'}f jtó^i^pifuaéncia^^a^^ cdntíhiai. bé la mísnía ütó- 
^MSa^líé^éng^n lok cólegítís dé San Jdéé y Ílé San'VMfi' 



portonteí;. ln. 4fiMl«mil' nÍBlica, J 1», rac|¡f)j, ()(;, (ámf)S,, 
"«•U.BWsri, si ■»> UeosBu, priflsiB^jjjiti^.cjj (jlij, 
niBPM», MMff.al Estaco, 9], issi)ppii(lf,l^,(^lj^_<Sli^j(,p^j 

díi))í«,lritt(i»w,q>^,iifwfi|^^«ii.<)(l)((((¡^,c(|((((qi())5q^ 

8SW».. *"»«» i)4j» nwftw. mm iiwm"v vmimm 

.So,l^n,|)pA» t«)*W llfSÍft 59Hi« ffiliR 45WIIP,%/Ji 
C|)(nqiiisl«i WPlio» esf])|;B(» ílir !)>«?'?? t/h HV'^'Mllik 

cM de Ptuút. de san Scttastiiui d£ <Ialn>Wvi>>p t dé saatt 
m^ '¡¡tu «S P*?.m <«.íe((PÍ# «tJdíS 4« <■%,! fi^ í=?-: 

grande escala todas las necesidades anij;]|^| ^/fi?-i% f^^fSTi 
das de los sentidos, dejando, por la naturaleza de estas,^ 
Wf*>í í« JfWWi» ffln (iiff /ip JlíPSfl, gjy M<k fljje.^yi- 
diwf micJw ÍJ»4n4f6 «HMÍ«f s, U.iplsrjpj 45 las {fsf s de 
If» ie|)f91»o>? Píff" ír.WWfff ?ip* ffl. tJ?5f>.? "Sf^a^ 
«Til jeei), limi (jmio / «w»» ,éHf ■ 
4 *i»rt!'ímdíir* 1» ijpipi Jü^ufff 

»»i)»-tt«WHJPW*l)fFÍS9l'i»iF'WWlíí 
*iH!«PJ» »qv(Í4t#,'WMÍp,JffltfiiSi 



f. 



á la escuela. En cuanto á los otros goces social^ ,- pdr Icís Yre^ 
cuentes ocasiones que tuve de observarlos por mí misino, 
durante mi corta visita á Manila , diré también que siguen 
en la misma proporción: cada ocho dias por lo menoH hay 
sus soirées en diferentes casas nacionales y exti*áh jeras qué 
alternan entre sí, en donde al son de una música paisádeira, se ' 
mezclan cónla contradanza espaílola los rigodones j galops. 
Tuve la oportunidad, además de concurrir á algunas de' 
estas, de asistir á una dé las mas grandes festividades c(ue 
de cuando en cuando tienen lugar , y en doúde el viajero 
encuentra sobrados medios, para juzgar del grado de enU 
tura j bienestar de una ciudad entera: este fué el recibi- 
ihicnto del general Oráa como capitán general de las' 
Filipinas. En ella todo fué grande, suntuoso é inesperado^ 
para el que escribe. Sin liablar de la gran procesión cívica, ' 
en donde cada corporación llevaba su estandarte j cada na-' 
don el suyo, rivalizando en lujo y ostentación , ni tampoco 
del aparato con que estaban engalanadas las calles y las |)Ia-' 
zas , y de Ioíb arcos triunfales que de trecho en trecho real-^ 
zaban mas la grandiosidad de la fiesta ; las comidas y los béti^'' 
les que hubo,' como ofreciendo reunidos en un solo'pun-^ 
to la esencia de la sociedad manileña, con todos sus usos y' 
costumbres^ fué lo' qué mas llamó nuesfra atención U cbu-' 
cujrrencia tan lucida como numerosa, el gustó y 'delicadeza 
con que estaban servidais las mesas , los hermosos y bien ta- 
pizados salbnes de palacio, y el noble decoró iqüe Mnó^én 
todos los concurrentes. 1.» ' ♦ : 



1 / 



£1 autor dé éste libro pertenece á uña escuela ¿Ibsófléií 
que lé hace ser muchas veces apasionado y falso éh sus juicios; 
Por lo que se vé én su obra es deísta como Y oltaire ift republi- 
cano como los girondinos. Así es qUe al hablar de las reli^ 
giones dé ciertos pueblos salvajes las juzga con sobrada li- 
jereza, y porque ha visto algunos isléfioá en lá Óceaútt 
coa pocas prácticas religiosas, cree qué &ay regiones habita^ 
das ái ei ¿loBÓ dóüde no s^ profesa rcOlidón iáutimk^astrí 



VIAJpiS p^ T0p9 3^., ÍW^DO. ^.^1 

to evidentemente falso, como lo demuestran los mismos via- 
jes de que vamos tratando. 

También yerra lastimosamente el Sr. Michelena cuando 
discurre sobre \o& bueaos efectos sociales de la poligamia.. 
Dice que esta cuestión ha sido datada pbr los filósofos con so- 
brada ligereza, y que no es tan cierto como se supone que la 
pol}¿áijlia se& íncompcylibte con la moralidad de las socieda» 
dís y los vínculos de la familia. Proposición abi^rdá, por- 
que la poligamia ba sido profundamente discutida, entre 
otros por los filósofos del siglo pasado , y- aun I<^ mayores 
revolucionarios de aquel tiempo no estuvieron por ella. Sus 
efectos, en los pueblos donde existe, son bien conocidos: el 
estado de su civilización no es por cierto envidiable. 

£1 Sr. Michelena h^a pasado lardos afios en el extranjero, 
por coya razón sin oudk ha cultivado poco el habla caste- 
llana, a^^í es que se ven en su libro notables defectos de 
gramática y de estilo , y mayor número de galicismos que el 
[ g)i^e ffu^lejbaber en nuestros escritores.. Su c^ra, pu^^ran- 
,qi]^e 4c iin mérito poco común, por los h^hos precioso^ y 
d^ubriinieiitps importantes que contiene, puede s^r criti- 
cada con justicia por lo que ^ene de filosófica , y por si^ de- 
I fBPinpefi^o literario. ,j. .. 



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-%2 ' ''^9k9ígtá*'W lüDfflfr: 



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4. 



TíE'OÍS 





HiDftik TBiFasiva(asiiinníoiiiSTi.fiL.8{CLa d&lsokx 




m^lo. 



sol que tramontaba , al paso que la ítaliaiAféKffMlsi^M 01111, 
XIV, XY y XYI era un sol que renaeia. Ea efecto, los restos 
déla antigua sabiduría se hundieron en España con los reina- 
dos délos Álhakemes y Abd-el-Balimanes, y después de laicos 
aflos de ocaso , en que la tierra quedó cubierta de sombras, 
despuntó por el horizonte italiano la clarísima aurora de ana 
nueva Grecia, cuyos rayos se extendieron hasta los pueblos 
del Septentrión , que respiraban en su tenebroso clima los 
hielos de la barbarie. 

£1 dominio de los árabes en Europa dejó pocas hudlas 
notables en la carrera de las artes , efecto sin duda de la pro- j 
hlbicion que hacía pesar el Koran sobre los ingenios capa- 
ces de cultivarlas con mas éxito; aunque si atendemos á la 
' manera con que aquellos pueblos impetuosos y visionarios 
trasmitieron i las escuelas del continente las obras de loa ft- 



j 



.^1^ ^asi^t^d^ í^Iqs artistas porta paaó'deWmjM.de 
^^^ajionfa. ,^ mmó fue^e, es evJdeute ctue. al ,^aso qfieeD 

,fqa^los,fi^ysf^t(f(lo£^los ramos ^el saber humanó redman 
.oiu; poderosos ai^xjlUts de la!> jincansabíe$, acadeinuLs árápi- 
^^Orlí)sp^:^9 , gae (Iptabaa & la íilosoña. cscáláslica con.'el 
^^^[■fif^Hi^i^e ÁWP'Pi ala medicina con Ips escritos de Atí- 
',^^i.á,la jurispfadeDcia con inoi^er^ljljes tratados bráo- 
,.l^fp8,y,leóíicós,§pbre,la moral, j UjusUcia, ep.exWtica y 
^.¡(j^niáiica ; , á la í^plogía con ipíini tas iuve^ti^cioiies foí»"* 
^ po^jiji^d, jpor.^aÁ las ciencias de la Ewno^ 

y doméstica con continuos descubrimientos que aun esui- 
ji^^^gs.Jp^iflijcpíeEposi es evidente, repito, ,q^ 
;,tgd^..^t;08 estudios práf^jcps y espeici,ilat;í,yos 
_.po^r(íso auxilio de 1,08 ilustres c^j^^ips^ d^ la (í 
j.,D^a^mjentc,de la gfau Córdoba, ji^famept^d 

tuvieron que pasar por todas las crisis tardías 
;j5H;BíiPípi¡ p^ci{ijo df^piKs, d§ la cajda^ 4el fii 
■„(;idepte. . ,■'".,' ," "'■' ,,„ 

j j^,j[talia,á jia ca^da, d^l Impejrip ronapo se bailó en po- 
.,fiÍ9Ípum?ByfipfftJ9jíf )|uel(»,dejpáspiwb^,,por^a 
¡jfjat^d? l^islit^ipopas i^ninpp.de eu antifjua civil|z^d.ori. Mobor 
.^ifso. íajtó 4 ,las ^paaás lacibnes el v(^daderóJcimíeiíto '¿e ms 
^ fir^, piics^ 4»)m9 ^bserva in,uy })ien Va^ri, formulando. en- 
^ pocos c^Rglones, i/t(W\ noción ,' por^ derto mi^ común; Ja na- 
_ ,tu^^f ^. Jinisnia es el verdadero principio de todas las artes, 
^^U,,^9f))iel9 la bellísima flábrica del mundo, y el mncstro aque- 
lla centella divina que depositó el Criador' en nosotri» .la 
-!.r -i.i ,r.i . T :-,..! ■•», |.i r_i, - 1,1 .u-jj'- ¡i, í t'tl'Uii. .-ií 
^,cja^j.^o^^lo nos baca superiores á los depas stiimalcs. mas 
.^ bafita d^rto punto ^mcjantes d inismo Dios (2). Pero aun 

{)) No est& comprendida cq esta denomíoacloD la arauilcetnr*. 
' (^>>lHch'dCdliiMt^aerÍDMIí't(féñm«nt«i«>slí«i«MaieKUiatk<i 



ríe. . • > i 



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Li 



384 ' ' láÉVTStA de' MÁbáib.' ' ' ' ' ' 

'cuando en realidad no pueda decirse que las nkcioáes^ktín- 
iñas a la Italia, después de la ruina del ^ágátiisnioj íío cono- 
cían las beílás artes , porque desde que hay mündb y en- 
tendimiento debe haber habido hombres que imiten' los ob- 
jetos estcriorcs, se puede sin embargo dccit^ que' los ^ue las 
cultivaban fuera dé la Italia ló hacían sin buen reánita- 
do á causa de su poca esperiencia , lo que viene á ser 16 mis- 
mo, cuando parala historia dé las arteiá no dejaron íiombtes 
conocidos. Lo mismo sucede cuando decimos q\ie Homei*o fué 

' el primer poeta de la Grecia ', sin que por esto' queramos 
signiücar que antes de Homero no bahía habido póél^s, sí- 

* no que de los que antes existieron se había perdido ya to- 
da memoria. 

Volviendo pues á la Italia, antes de parar lia vista én 
los primeros pasos del arte , examinaremos con la brevedad 
"qué sea posible el espíritu de la sociedad romana éíi lóS si- 

' glos IV y V para dariios razón de sli decaimiéhto ' f rtrfna 
en tiempo de Constantino y de la irrupción de los bárbaros 
cri el continente. ' ' * 

Sería de desear, y lo deseainós con todo nuestro coraíon, 
que los que olvidados de la ley eterna de perfectibilidad 
que rige al ihiindo, solo ven barbarie y desconcierto en 
los primeros siglos que con su clara luz alunibró él 'íván- 

' getib de tlristo, pensaran con alguna detención en lá hísíoria 
de Í6é últimos siglos de la sociedad pagana', para qué se con- 
venciesen del gran beneficio que hacia á la humanidad aquel 
cristianismo al parecer rudo é incivil, moralizándola, á petor 
de los mas invencibles obstáculos, á pesar de la doblé ¿raer- 
te que le amagaba, de la muerte material con los suplicios, 
tormentos y persecuciones 5 de la muerte moral con las' fie- 
regias y el escepticismo. La idea no es nueva, más ahora lo 
parece porque desde la primera educación que recibiiübs nos 
acostuQibramos, por la fé en el solo nombre de Romüy á mirar 
ia antigüedad- como sinQuimo de la hum^a perfcoQioiii «El 
cristianismo nació perailumínar el manklo. «Esta teifditd que 
debiéramos avergonzarnos de poner algútiá ^ 'éii'^dt2d2l;lí)Le- 



HISTOBU' ÜE LA» mSLUkñ 'ABTES« S85 

~ eelitBi'líoy defensores ; mas por fortaDa en ettm iMtmmaÚOB 
yá no'parece mengua promulgarla . El crístíaiDifiio tenía que 
llenar sobre la tierra nn alto deágnio; en vano el empeña 
dor Constancio asoeiaba su suerte á la del arríanismo; en 

^ Vatio él apóstata Juliano pretendió enderezar los derribado» 

'ídolos del potiteismo, y declaró á la multitud de gentes qoe 
corrían á prosternarse al pié de la eruz^ que el emperador , el 

' prnntero entre ellos, creia en Júpiter y e» Minerva. Presenta* 

'' ba á la sazón la soeiedad un espantable caos, un espectácolo 
veMád^erámenle eictraño. El dulce eco de la voz qaehabiandi' 

' difundida los apostóles, que llegaba delOrientecual brisa con- 
sdaéora^y se mezclaba á la atmósfera- abrasada y corrompida 

' ^e^Motíi'd, dispertó un sentimiento nm$vo ai las entrañas de 
aquellos hombres: M pobres se hicieron pacientes; los pode- 
roW)s»liberalc8 y desprendidos ; los ignorantes so hallaron es* 

- éterleciéos; los débiles se leneontraron fuertes, ylosesclavos 
libres y emancipados. La sociedad romana eimtaíBpiaba asom- 

'bradá las^ maravillas de la nueva doctrina que no compren- 
dia, y qite miraba como un trastorno del común senti- 
dd, porqué hasta entonces^ solo la vida material era cono- 
cida.- Pero entonces comenzaba el triunfo del espíritu so- 
bre k materia, y del derecho sobre la fuerza. San Ata- 
•nasio, patriarca de Alejandría, contrastaba con su inalte- 
rable ' impasibilidad todos los ei^uerzos de Constancio el 
arriano: ' San Hilario de Poitiers anunciaba á esle Bifperador 

' desde el suelo de su destierro, que en el hombre hay de- 
rechos independientes de toda fuerza política, y que la vio- 

' lacion deestos derechos es un crimen en d gobierno. En- 
tonces apareció sobre las ruinas de aquella destrozada Nini- 
^0 1& colósaí figura de San' Gerónimo^ que desden el fondo 
'dé "SU i^ledad llegó áiser el oráculo de todo d mundo. To- 
átk^ las nadcfne» aendian a él para ilustrairse en el nuevo 

' ddgtna'í'ías Galias, la- Germaiija,:Ia>Espafla, laltalia^ el 
-Asia y er África enteras. A todos escuchaba, y* todos res- 
pondía. Hablaba de la magestad de Dios con el sublime len- 
guaje de IsaiasM^iEoraba icomo Jeremías sobse.hsícalami-- 

aEOUSBA £POGiL. — TOMO Ul. 49 



9$6 /Bmm^ w iV4#ii^ - 

ialpt hí.ermdeJestmrvao, j i\» tifiosj jafi^j^tnií^^ide 
f lá ti£m la moerte qae babian de sufrir. 

(Predicaban á kit bombresh cai»tín?^cia.7.á.lfis,i^iij<{ipes 

• la Tírgioídad : estaUeeían k ioTÍolabUidad i4^1 matrii^fHífp, 

qnebaata^eotoiices no babia salido déla índole de ccHiti^tp/ 

7 ilamaban á los Mortales todos á aoa ooiaple^ rei|0]Tf|cst^n 

.^esciibriéodoles en el porvenir el cielo ,j {os.'.<)ppost4^,')ps 

f ángeles. S^kHio j Atanasialncbaronwte.b|f|iiLtgndp4.S^ 
tica, qne inTadía los derechos inyío>i^)d«s4e la jui^qs|aji^ 
lAphrosio TiSanJoanCrísó^tomo enseítebiin & Ip^if^^^- 
iipesi SanCerooámo.tíitró en Bmvi'pai^a/iiPiiQnestarfáJ^fe- 
Dadoves,-á los magnates, á las mujeres y á los ^ae^páo^, 
Al trasladamos con el pe&sami^íitai la éiB9í^ njem^F^- 
^< kle en que San fierikiimo instruyendo é las Tíipepes rvHpa- 
ñas se laifientaba de la corrupción de la.nqitMribiiiida^BMPai 
i. qne. veía próxima á ser destruida por las boinJus di^.m^rle, 
' creemos. escuchar aqndlos poderosos aoentost (iVfi H^ffíífi^ 
ndírigía á Jerusalcn: « Sentado»: estea eui tím^a^iy,#9 ffo- 
'üundo silicio los andanosdalabíja de Sion; tiepen cubier- 
tas de ceniza las oabesas ;- yistiéronse de eilicÍQ ; |d)ati^.]^#s- 
-itaJa tierra tienen .su cabeza las Yii^enes de J^irimle^ (J[)«» 
Dos > cosas pñndpalmente no podia eomprifpder',b| so- 
utfiedad.roiMna «n aqucUa- primek^a épcMtdel /ori^tímíWtf): 
> lia humildad y la oontiaeneia parecían, la,. pciip^ra.tojsza 
^fde.espíi;itu,. y la segunda una verdadera Jocura. 

Las oostumbnes ^ aanqoe impregnadas de .i^lupt^fiidAd 
t y «'licmeia, 'Se resenjtían. aun de la. antigua ^Gfm^ Ji^Ñifí&^ 
jtjsntre; las mismas damas de la gran «iu^JAd*. lio .era. pues 
•(•extraño que en aquélla /época se y'w^ áyiifi dQ aquelJI^ jnu- 
)/íeres^ de la masiaUñ categoría, darium gow pplAadA «^^la 
^'áglesiadaSan Pe4ro auna pK^bre que $e abrfiyia ájimpMTtfiBar 
inatención^ ^paes de haber iredbidoi ya liiffiosiia d^j^iji^. 

.ai4i)>c>littacaaccsp.4^«L40i^fadi.átlUtfliáJiiiat;' 'i 



' 



HisTQsu. f aa^ lifts Bsuyu»> aates. 9887 > 

t«oii}inésiceá y OMntoflres'^qtte.atTattii éisos paltoioft.^Tefiíanse 

(de^rojo los labios y 4as< mejillas- ( I ) > y d& blanoo ( laiganganita 

'>l{i8fpfdi6iiinil«ri9US' visnas: málMUiseel cabello ^ » levantando- 

ilq.«biim^ eapitebosas íorauís, y lo trenzaban, ea cedesrde 

eivo. vLlefaabaíQ *6n i las i orejas rpedrerjas > de precio* uuQstiraa- 

úbtey'iyiespMrcía&^por siis> inestidos losmas rioosfper&nnesíy 

-i«roilias.<:Ábeatinr y iflaiir^deistta tooa4ores: ppoo^ 

-iAürte<de€BclaTOSJdeamlK)S/seu»;*qiie cuanta^i^ erasu 

i{iiámero^;mas,rtévadaseTeptitÉba su categoría jSafieaban por 

)ilas plazas^públioas^compafladasde hermoaos y elegantakjó- 

-lYtBes, y ^nlostbéfioailas rodeaban sus mujeres y eu&uoosi Sta- 

ottdHm elíflíieBfiot jntecptedio eniva< los fcstinesy el isuefio^él 

ubaiO) las faibcrarde seda ^>^ata y oro $ 4iie4<« Mlibaío!l<della- 

-"^íHi ann propiedad* esdhisíra^ dd bajoipudUo. 

I } íEnÉre Ia8|yiuda»'yi:)don0elks>!ique en. eomuinidad yxmn 
iTOjpreducíapfiedas mñnas gi8Fa(n|aíaa.socialesi Laa que-ien^él 
> hubian disfiiatadaunapostoilaniiatablapQPisa 7Íqufi7^;6por 
liSúiouna^ tenifiamii toS'ffefectoríotflicM aifanada^daliiPii^^ mas 
ofcala eondteionj EoitaliL^tado iqu¿»nOr|ei)draa <que,UpmQel 
oAiisiianisaM» antesid^ivi» in^tr<MÍiteida en^ias^cortumbim la 
^igualdad yibumaiiidtdiqaeiviao ^paredicaí) al^miindo! 

>)JLasjivisudbs{^«kdfimsasiíB»lyia^ «ooid^parefáa- 

'risblesiti«mntes^io5Hei]Al!esi (estaban lobligados áifigur^r/que 
'^^^ignom^n Llasjitekpio]ie8ifCidpaMesvdii>4iu%;QUij«t9^ 
-fitmn íloideaigr^diti: dünqfKejavs^^ialKaf ^a iM)«>4einiAiido^al 
-écpnute vsd^mian M|)enaó^ib)S>d0dKV0taiOi>líilos oQriK)mpMos 
liifQciaeDiiiialítos'def BiMai sieup» «mimdviitenTalgiiiíiS^ tMon 
•fijpidftofsaBparaijiafi|yai))I»iiieaaan^ híáim y)^^iri^es 

-üipiidte^dasu/AfiÍMeíantjlM onidíanoaiMtre ,toai«0fli(V»rtidp».4)a- 
•figáoBÉ'dqaffleLtiett^^f enetrd San GenáoUw/eoprsii^li^iBi} el 
tíimn^am deiiqiiettQpttenUdoSf cn^antea^ ]{/eonoció, quéMme- 
>iiÍBBvtp ^sladaidei{CQaasjB0íiiJüiniAi(qiie^«9 síffitiiliiro/edd^liinqpe- 



^ji 



"ttf Eiíx f»tttaitilyrriift'|riata«teliíz6d«drá ! 

da lefanUr i« csn al ttelo , caaado Bo las eMMéM)iÉiaia aoélvJ^^ 



*388 ' ! / nfiVtSTÁ DBi MAIDIID; • ' - íl 

-fido. Desecibrid'eii elo<MPazon de lai;Crísttaíiia(SeH)^roiiia los 
Molos del mundo y del dddte, la soberirift'y la coriiopfiion 

• en el pecho délos sacepdotes Joviniano y YigilaiidO) como los 
gérmenes de una dísólueion inevitable en el seno de aquella 
sociedad entera, donde no habiai ni Terdadi, ni justicia , ni 
costumbres, la cual quería conciliar con la nueva ley todas 
las exigencias de los antiguos usos. Parece que en aquella 
edad los clérigos á quienes los paganos no perdian de lis- 
ta y lo» arrianos hacian blanco de sus tiros, :debiefan ba- 

' ber manifestado*, si no irerdaderas virtudes, al menos una 
extremada prudencia énsus costumbres- públicas; mas todo 
lo contrario hacian , y como obscsrvaba iDámaso , «el saeer- 

^ docio era un objeto formal de espectiladoii. para muchos 
de ellos. Nunca faltaban sacerdotes y cenobitas en las reu- 
niones de las damas cristianas , en l«s cuales reiniiba la mís- 

i^muext^a^'^gancia y mezcla de cre^icias, que consiituian 
el carácter del pueblo romano entaro. Otros, al paso que 

* vestían utt saco de estofa ordinaria, rudamente ceñido á 
' la cintura, y la barba* crecida y desaliñada, no se'sq[>ara- 
' ban un punto de las jóvenes de quienes se 4eeian iostruc- 

tores y maestros espirituales , y cohabitaban con las hermo- 
sas sirvientes que tenían. Otros dedicaban un, dia entero 

'én captarse la benevolencia y familiaridad de alguna anciana 
rica, para ser algún dia sus h^ederos. Para remediar tan 
escandalosos '• abusos volVié Dámasoá poner en vigor la ley 

' de Yalentiniano I, promulgada el año 370, la cual probw 
' bia á todo clérigo, cenobita ó seglar que hiciese vida ascé- 

- üch , entrar en las 'casas de las viudas y de las jóvenes que 
^Tiviiesen solas; Prohibíase además que pudiesen adquirir na- 

' da poi* donación, testamento, ni tercera persona, de la mu- 
1 jer con quien se hubiesen unido so pretesto de espiritual di- 
' 'feecion, ó cual<piiera otro motivo rdligioso. Mas aoprodu- 

- JO' esta ley todo el efecto que Dámaso se prometía ; porque 
las leyes son impotentes á reformar de pronto vicios anti- 

„ gttos, y ,l9i.iipÁsw corrupcioq que ^b]liga é darlw , sijgiere 
lotMiHMlMf ds«<dudirlas¿ . .« <.i .i^^iu )&>>:. . 



^ Enceste sensualismo brutal. dé la sociedad romana la ta^ 
teligenciay degradada de so noble condición^ se arrastraba r 
vilmente sobre la materia, y todos sus esfuerzos se eneami* 
nábañalsolo objeto de los placeres terrestres. Este modo dei> 
sentir estrecho 7> mezquino parece que se habia appderaikii. 
detodos los corazones. La vida consagrada á esta>cla8e de« 
plaeer^ solo buscaba el modo de satisfacerlos , y la razea 
adormecida mientras duraba el'sentido tan dispierto babiai 
yá olvidado las altas nociones, cuya aplicación mareó kr épo- 
ca mas floreciente del'pasado imperib. Las reglas eternas d^^ 
jnstídáque tan inmortales hicieron las obr^s de los luriscoc^: 
cultos de la gran Boma , se veinn holladas por losprincipíos,^ 
variáUes y caprichososde la utilidadritpareiite; y laideadeio^^ 
útil no extendía su impmo Cuera del estree&ocíreulo de los^ 
sentidos. I^ noble profesión' de abogado babia>Uegadaá ser lá 
opresión de Boma ,> y los juicios un ver daderp fespectácu^ 
lo. No esesto.de extrañar al' coniHderar .que no había. para 
Boma negocio serio que x no. fuese objeto de «Irivoloipassr! 
tianpo. La:mismainundaG¡on<de}las tribus bávbaoasser&uii 
drama 'interesaiite, cuyo resultado aun no se preMa. < f 

'". '¿Y qué podían ser las artes en . medio de« aquellat gmera) 
(xarrupcion? ¿Dónde podia estar el amor al trabajo^ donde el 
aiHor á lo noble y á lo bello? Huyó »laí idea « de 'la i belleza^ dd 
impuro comeróio de aquellos hombres, porque donde ijai-^ 
ittn la licencia y^ desenfreno, se degtada' el- alma delaber- 
mosura. Nada que tuviese origen divino podia habita|*ien 
las oiudades*que corrompia: él sensualismo. .^ . ^ 

. i Hé aguí la t)riméra causa del^deeaimtentoi de las artes 
en Italia (t)*. El entendimiento había deoaida de su noUe^ 
za^ná razón se perdiaen el labei^into de sutilezas (del pla^ 
tonicislno, la imaginación: habia perdido su wigor ábaüddr 
Bando el objeto «ubltime de k religión, y yacía-.enervada en 
^muelle finamiento > de la vida animal. íEVaguijon de la 

..n • ■ -•« ■•) • . ! ^ . í . :■ ' • ^ I ••••!,; A »l 

-"'I-' .' ' :" ';"tl''' ri,.[r í-.-,.,-j . , ,- ••• -. » r-^ !;.■■»".. .'«^ 

(í) Otras secundarías, como el furor por U vida cenobf tica, el pía(onicismo 
TJélb^o imperio' fVlri'ú^ión'dénoi'ÍÉrtiJ^, Vere^^^ ''•^^'> 



3M^ tcvMStf ins^iciBnDi « 

iamoitaliáBd^ eiliiní' giflthdb,. y^ j^va^- haeíit MiÜCfen 
aqdriln^mfls:d'aHKir' del» patria' 68111^ 
apÍBgo' d* iadhFidfiiiUmo^ U réU¿i«Ei' anfigaá mlniía... iD' 
nrismó tieolpé kr rriigion- d6'€ristol MiUika* áoauatíñémiA 

m 

atáurv J preBctibia' dogmwqse no jÉidiaf oonprtüider iii»r 
paiebia' qoc^ miraba' la- esteríMdad dé bH'.Hurjeves' tonbcilif^ 
fama, lá castidad eomo eslra!Ttiganéia< ó' leerir», y IvImiÍ' 
mimad éM&o poquedad^ de. ámmó; 

Ohéerrueon nmdba \erdad Baoon* (atfln-deUotfp. 9.^ 
lÜ». 4.^ de sot tratidp dé te digiiidBd7^aüiii«to»de BÍ^mi» 
dBB) qúB isa árteff qne se refierén^ á.tti vista yr al oida áa 
tmidas emr ibzoa por libendeí, porqae ac^wattosí sÉntidtar 
Mki los seHítidos ñas eaáx»'áA ho»bre, y iav ciaióM^qw^ 
á éllÓB van ligadas Éoa mas ricas fn* cmodmíbiitidt, Éátíor 
dido' qur las ihatémátibas entran e& Sn ieoidDia i títato da 
sirviimte: T prds^oe el misno despiies de enModrar élno 
de los aroinas, perfameri y vefinamwato j deUcadesa dfe la 
BORsa oeb todos los demás vergoazosos medios qw kieitaal 
d libertinaje, observando con nniofao juimo que al pan 
que 9 dnrante el nacimknta y desarrollo dd las repúMioaa^ 
Jurraperan las artes iúlitares, las artes XMÍtíM y IflieMles 
éeiiálan su mas altó punto de prosperidad, y en las^ooat 
U 8B ifüiáa y deeadénéiá es «balido flérec^ las aftes f»- 
Iñptnhrías. 

!Ek tos siglos lY y Y de la Iglesa todb ánamtiaba lai^uin 
del pndild roinano ; su decadencia era tiaiUe ala solo en «va 
costumbres, que ya bemos descrito^ mas itambiiii eb sn 
pdBtoioB polttioa con rest>e¿tb ai (reato de te fatop^ ^ péir las 
dÉrtínuM iiiVaSieties á.qie estid» ei|Miei9*o , y ^a^ é nana^ 
m de torrestb devafctader ^ piiempHaroil aobve toda el Ma*' 
dibdía los imprudeiates hijos dd gran Xeodoftio. tktiu^ 
«era que las artes überalei, len Ms on'aks ya en titoipo dn 
fioiistantino aunáis se ^eia la alambra de su láMigilti geaá^ 
deza, debian forzosamente, según la citada obsenracioa^ 
completar su decadencia. para abandonar el campo ál ejer- 

acio 46 otx^ jmm rm)^ %^^ ^^mmf^ wtQuces tj^j^ 



HISTORIA" !$»• tus nEl^UA^ áMTES. ^ 30t f 

ea^qü^ urdía lá désfl^radft Boim. Á«í en eft^to itos ló^aAr^ 
nülh^tüdas iWliiftforíasde aqueltíempí», y^ además de lá hib^ 
txTÍ^fó é^itk detestarles, la historia montimefital, que ^aerk 
eátüdlar aq^Uá han tenido á la vista k>s- modéralos '(1): 

líos tiechbs de6l{fi<ík)s y artíáti^ios de «lía Mclori mf/á- 
csñ^füt lo i^alár las costumbres dé la misma: y así oomb^é 
effh^ faeíé tMncirse'sM i^ígro de errar los priiAéroi. El 
lifeiro lk)S()ttejó quié hefmosr hecho éé lásoifeteotodí romana; ^^ 
loií ^^os lY y Y, y el éxámefn de las (^ras artística^ de aqiie^ 
uy sf^os ; ¿e qké nos hablan los historiadores réferiáos^; 
se ^obflrma íáútndtoeAlé él tmo poé el otro/ y no lios l«h' 
m($á Querido cóniéntafc&a refuetir el jnlcio de toa escrilotw 
d^ sirtes sobre laís obrá^ qáé han ^(t^aflo áá iffci^a ¿poi» j 
pt^^é ; como de^ tftf fMneipio á^ttciábttmoR , queráis 
^lúós exponer i^ndf razoln filosófica, una ccíosá áeoeaarui derla* 
dééádencia dé M artes én loa prhiíeros sigkMi det erií^«* 
nlíUiio. 

ÜírStÁ ^usas secundarias ¿célerarbn s« rttiiKi; y ád S6^ 
rtf éá todo fnúül ^at!líréstái4&s. téteos ^tm eófiáo la <^ 
ri^tíoii de las costníiíbres habla beHáo dé mttem H ks «^ 
tei déla ima^nációtí ^tttre los romanos: £^ «rtes* anfl- 
qúk ;^a t)&lid&s y désiigntadí»; hubieran snKÉfsiiftó pétiX* 
gittl tieiiipó, reducidas á serrir como de esclavas á lai i^ 
lfitM:tíarias ^ue eran Itts privilegiadas 4e tas damas, abo^ 
dd¿ f malos cléri^ , si el filosofismo de la se^ta plttlóniea; 
eiMíMU reínattCé, hb htíMcfrtí át^iSórvidé, ^pbt deelrU) é^V 
talladlas fuerzas Intelectuales ^ habían Sébifetittdd al nMh 
tm^ de Ib di^idád hinMiiÉi. En inedB04éia pbüMfé^ 
n^rttl <(aé impulsaba á IM vkVAt^vkAá^ nñfénos eommbs Ü 
oSHdark) todo pata envegarse % las sOÜleiÉás MíMérf idÜMs ^ 
á 1^ difusiones filosóficas; he advi^lie, 4i6)si«i algtma ^ 
m&^ddh, qtiedé ttidüslas tí^dl» fiátüraSessatofcetiAHívi^ 

(1) Ma Yln^ Vatari» EilÚffV MWftiMMí. 



los venenas ;4octíal coBtribuyó. 8ob)í;ej(naner«^|^4o5 gran4i9^ ^ 
adelantos que ó la sazw.se hicieroa en la bptáiiica> ]^te es- , 
tiidio Ucgó á 8er una pi^of^sion ;siAt generi^. La explicación de, 
.este fenÓ9ieáo jmomtFttoso 96 halla en el estudip de las. cos- 
tumbres de los siglos precedentes V en qm k)s «n^peradpres , 
s& jkianifestaban tam favorables á Im enveacinamieatos , ofro- 
ciendo.preinios y privilegios de inivencion á los eavene^^MÍ(>* 
res (1). P^rOjCra este el único rafno: de la ciencia . positiya 
á qiije> se dedicaban algunos pocos wl aquellas épocas. J^a 
íilosofla Platónim, por el contrario, era la gei^ei^al .doctri- 
nít, y ya hemos observado que por. recibir, la, 1^? diviiUa.del 
Evangelio, no secreian los filósofos romanos obliga4op. á re- 
nunciar 4 Platón, que. aun era 1^ grande antorcha de }a os- . 
cuela de Alejandría. Los esfuerzos l^chQs entonces para con- . 
ciliar .y hermanar el genio de Platón copa 1^ 4^0^^!^ ^^^ 
rá y r jgtirosa del cristianismo^, engendr^u^psi . aqu^l ■, }^sfíenss> 
cao&de cuiestiofies abstratas éánioteligibles;, áque debió pres- 
tar tributo el mismo genio de tantos hombres célebres.qae • 
se cooJbamínarQn oon el error y la heregía^Ala ^scu^ldipla- 
tónirn pertenecieron San Justino , Sa^ Clemente de Alejan--- 
dría, Orígenes,. Dydimo el ciego, y otros muélaos lumina^ 
res^ de las sagradas l^crituras. Los hombres instruidos e^ • 
cribiaa ; y dijucuiian, 7 brillando, en la^ escuelas y pael epi^» 
copado; .mas Jos plebeyos y hombres y^ulgar^s de» ^las» .cij*-; 
da4^ y deloampof temaban una djre^ion diversa^ y ¡Qi^p 
no. lB£ibiftn leer ni escribir , su mente limitada solo aperol^^ 
bia la.parte material del msti£^nismo*¡ Su compr,e.n£^ion no p^a-.. 
saba^ pp|;^decirIi(^así^ dp la fi^qma e^jCíterior ; y palpc^ble de. la ^ 
reljigi^m^d^ JeBu<^risto. 1Sq< pudi^iMl/o. pues distinguirse ni w 
lasdiseusionesni ei^.el magisterio; <sc4qpadi4Q' iiap^rai^i 
sus partidarjios en aqjiiieUa. form^, material y exterior ^ y le^to^ 
fqé lo que hiciei?oii pon todo el rigor y;y) jen elsentidp mt$ 
absoliuto. Enitonces aparecieron todas .aquell^is especies. <^ 
püicbíosas de mortificacioii , que i^onstij^ww^Jia Ú4i<^jpcq.-, 

(1) Véase U conrespoBdencii ^^t^^fy^r^mm . ¡ii^^r. 7 / ;rr r. vr i 



BISTOní A'" Ü15 ' LA^ JitLtÁS ARTES. 30Í 

pádoÁ dd inmenso número de hombres que de toibs par*, 
tes acudían á poblar los desiertos del mudo Oríaite. Esta 
nueya cruzada dd ertaiitaños , cuyo único trabajo ^a uní 
mortificación corporal jamás interrumpida, que sé hábia 
propuesto al parecer tomar por asalto la bienaventutanzá 
por medio de un lento suicidio, no era la «ola que tqm 
baba á los trabajos de la inteligencia una parte de bom¿' 
bres' idóneos; porque además de esta irrupción de aluci« 
nados, se extendió por toda la Tebaida y el Egipto la nuo-: 
Ta milicia , que reglamentada por los santos Pacomio , Teo-* 
doro y Oresio, fué el principio de todas las comunidades 
religiosas de lá Europa. ^ - i . 

Con que al mismo tiempo que los impetuosos^ poblado*^ 
res de las orillas del Danubio se prédpititban^ sobre la Ittt^ 
lia , los pobladores de ésta , que querían salTarse del mor- 
tífero letargo en que habia caido el paganismo, corrían* 
hada el Mediodía á buscar en la rusticidad de lá naturales 
za primitiva ásperas mortificaeiones con que amortiguar 
sus sentidos, y dispertar en el alma la oontemplacton' átf 
mas sublime de los seres : aquel gran reflujo del norte m^ 
bre el Mediodía parecía efecto de un sacudimiento sobre-^ 
natural; como si la ley de gravedad del mundo físico hu^ 
biese padecido un súbito quebrantamiento, y orig^mdo 
un verdadero desnivel en la superñcie de la tierra. Aque^ 
lia reacción era necesaria, porque era necesaria la reno^; 
vacion del mundo moral, y esta no podia verificarse sinr. 
que las naciones de la tierra sufriesen un gran trastorno»* 
La Italia, cabeza del mundo entero, debía quedar momea** 
táneamente abandonada al suefio del desfallecimiento , parat 
que pudiese ser sorprendida y conquistada. Huyeron de bi 
peligrosa sociedad romana los hombres menos corrompidos, 
los solos que habían quedado dotados de una v^lunfad po«< 
derosa y enérjica en un temperamento rígido; huyeron de 
las costumbres muelles y afeminadas para acabar su vida 
en las mortificaciones del quietismo : mejor ¡aun , para^^ 
gastar las únicas fuerzas que k. quedaban áJa ItaÜa^^y-de^ 

SEGimilA ÉPOCA.— TOMO III. 50 



«|id)aQt 4«fci<l6 idQi tos A)pim« lA8 iat^ifimP)As.pi;fxi)^gc|^ 
4e(Ia^^Qcpi/«&iOcu|)A))aj¡t/ro safrÁü^r, al ^l<9ff(ÉW9 „ j^ aM 

BMs nyiúfestado^ fla$ cosJhw))ries ^ripqwi^i^ ffp^p.pf^-^] 
utttMta.iAqiiidJfi^bariw^il raint^de la Eor^M^ JdW94(>iM4K 

prtígrps^ loa Dtiw I» wu:9temaft.<in ^rUfs 4«Bwí« ^ 

ilusiones erróneas j en sutilezas de ivpu^f i^^ic^ fj^^^RUWr^ 
d«f)/dci4Mi^ienliiUiHnou U» qMje ¿^Uf4?4a q;^f4^!ti!aft.§^;^^i^ 
tm4f)avfl(tml¥ni^<d<i árfe(>l p^olúl^ído, y^j^ Jir^íí^ ^^e^i$>%. 
dfioqii^>se tbnJiimí b^rtadp, .Ui^storiió «u ^^; nf» j^a.i;ei^ 
di.n«Kgrp>d^iftii madre; 9e>les Qguiraba qu^ lp^,^p(H^f$^ 
dad»! I ffaii Ala vb^O' f^im i m^im iwr!^^ q^ue ü^gi. cim}^r|^< : np^fi 
MMipihftbia di^rotado^ .y que to^ infiete&.^b^rAfMtorflf^f^ 

PMiaM(f 1 renfu i fw yirttiof^^tp. c^ma . aquel > U^éi\w, q[. jpjfgff^ 
cíniHiaM^. ^£«ti»i4^?fidados lúicvs ^r#n.pu<9^, to^qu^Wr 
toflfewiáeL 40^10 dfi floma^ 1 1% 8«ci«ico^ de^ Blw^%^ é Wr 
oitaiit e» rfd^nr 4»aiaA ¡jtí Aoftii^t 49va^«dQi b^^ta .l,^ 
Bsdinl losi^riUs de .Wi^rgía^. j^aiau^teiri^ y^z 4^1(9^anl;^ 
apestóle! ddi<HÉrtiantoma«ip;pqdia;pQ]a?ti^ bftst^ s«vs^/944v». 
jrmettM «oonmovcvi^u leor^xon^ y fíiiCMfUi^f í^^ J,«t4rgo...«f¡ft 
eri»)6Slado<aeiiiaUfthft cHiaiwiolas terríblisis.bprd(if^, c^pit^i 
aoadasrf m >Ajk)[rím^>>s^ demam^rou »edií3nt!^. de bptíq poi; 
tadoj ^lflfedik>día.£Q su impetuoso cursa. atraviesafi^pf)^ el fp-! 
iUzob deia 'IMia 9 yí devastaron y $aqtiearfOn.la gr^i^on;^^ 
. '. (Eqtaí ivru peíoa < acabó coa lo pooo, que á li|s iQtira^. y á b^ 
a0t|»i'iquedaba.4e irida. . 

:-. liOfijdeíligiimideJa Provid£i¥$i9 er^q sin eipabaj^. t^- 
blflsr. ¿^óméíliahia d&sub&istír el imperio row^oQ.^iq luvi 
M|f|iiflnp|oiL queidicise á aqi^sl weiqpaiifafi^^ 

iHÉi6|iu;ÉMÉái^icaii<tHi^T¿Q^ ^f^ubJiW'^/^de 4^ 

• Ti ■ 



bustaé impetuosa, sucede la virilidad Sfflí||^l$^p<^ ^¡^ 
nadpn no puede permanecer inmutable en esta época de su 
4Mftrrfiy«hU«giai)ftdeKiréf>itei8aB«^44iMhMiMiK^^ 




Alejandro? Abandonadas á la barbarie de los pueblos, apenas 
nacientes, ni aun siquian tienen noticia de los restos de su 
prosperidad antigua. Y cuando las naciones que antiguamente 
denominaban bárbaras los muestran á su estúpida mirada, se 
creen afortunados si por ellos les dan con que satisfacer las 
necesidades mas comanes. Mo fué así del imperio romano, 
porque la Providencia no quiso su desaparición de la tierra. 
Guando lo vio decrépito y corrompido, infundió en sus ve- 
nas una nueva sangre , y nuevos espíritus vitales que lo pre- 
servasen de la muerte. Las hordas del norte obedecían sin 
saberlo á este destino, y cuando solo creian satisfacer con la 
devastación y el saqueo las pasiones de la codicia y la vengan- 
za, procuraban la salud de la Italia futura , destruyendo to- 
dos los gérmenes de muerte, escondidos en su seno, la volup- 
tuosidad,la mentira, y el escepticismo. Los visogodos ydemás 
bordas septentrionales que invadieron la Italia tenian delante 
de sí un porvenir inmenso , porque entonces sallan de la in- 



(1) «E quando r dente LoDgolMirdo morte 

la Sania Mieta ....]> 

Dim.— Paiaiao.— Canto 6. 






m 



iLfSVvnik'iite 



fáninéíj j A h itkérttL Ae sus costaml^eft fyúMieais teoniílú láií 
íriKudes peculiares de' todbsloá pueblos, en este primer 
iperíodo' de su desarrollo, y del mismo pueblo romano, en d 
¿omienzo de su república, cuando*d amor á la libertad (I) 
yáh {latría es, por decirlo así, el alma de los ciudadanos, 
lo que de estás dice Tito Livio ponderando m rara frugali«> 
dhd, su economía y la consideración' en que estábala póbre^ 
sa, es exactamente aplicable alas costumbres de ac|uellós; f 
isú sería difícil hallar en Tácito entre los soldados de Ataul- 
íb hontibres análc^ á los de Curio y Fébrició, B^lo , Mtun- 
ttiió 7 Piauio Ehülio. 



(t)' For 1iberltd«iiléiidtoii toi ramaiiM » lo mistM^iié los gricgoc» mi ei¿ 
l|^«9i4itM|yiyBiMfanü«geq^el4elal«7. «endpétU ni»! potoMs 



los ftMDbnMi 



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» 1/4. 



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DQ CARBOH DE PiEBKi 



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rii <0!5))an(i. 






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{Arttala . tcnUidok) 



^TEtti.f vasta ^, colosal, inmensa, es la qu.e jqos ocop^^ 
en el presente artículo: niateria ^ la priinersi de, 1^ príinem 
de la indast,r^i, materia sin la que bubie^ut qif^do in^tir 
le^ y sip efecto las if^us yentajos^s jjLdnürAb.l^^ inyeñcioneii 
de este siglo positivo, y con la cjual y iin poco de agu<^ se imr 
pro;vis|^, donde nías a^moda, uii poder, una, fúerxa mqtiii 
taji;i. gigantesca, como se necesita pfir^ mpver li19m44ainfts.de 
mayor r^steni^ia, que en otro tiempo ^ó hubieran po4ido 
reci^ ente iippulso sino de una g^an cajda de abi(?^d^ntf 
agua, y qu^ después de hajLlada,. babriasidpeii un pii^fito 
donde, ó s|i disl^ncia.á V>s d^ consumo de sus producto, j(^ 
la á los criaderos de las primeras materias elaborables,.h/i7 
brian ii^posibilítado su. utilizacii^n. á los en|pj^fs^íe|i, ó 
ireducidp sus.gamncias, aunque vendiesen qon ma^ esc^o 
sus productos, á una cantidad que no p^njutiqse^ol gnin 
desarrpUp de la industria., Slateria en ífn q^e fip^n, jija in« 
vención del vapor ha causado la revolución liij^usilijriff 
mas, portentosa. que se conoce, ya aproximando. los poiE^ 
\^, w^ ^.¡ptrpa, ;por;,i9edip,jde los f^iftjnpi^ de.hieif- 
KOr. defina fiay^erft tap pa{^?ps^,ppi;,^H,,f^^ 

<»fi«d,,.flWe,||^ar^ pl <HHW jlfiM^^^ m^}fm% 



SM revista pe MADRID. 

superior á la conocida antes de la inyecíon de los yapores, 
j ja en fin por la importantísima mejora introducida en el 
alumbrado jpor medio delgas, y otras infinitas que por sa- 

bida» y (yia^ltajfmejto^ fiSl ^"«'"^ 

radas. £1 minero esplotador que al decUcarse á esta profesión 
no vé mas que el medio Ae creacse una fortuna superior en 

a^nos de los ■'*"''*""°^flg fntitfm de Sierra Almagrera, 
qae en pocos aQos han hecho muchos millones, mira con 
desden ana mina de carbón de piedra, porqae el género en 
la boca de (¡lia se ventfA^^inMmnMt^ses , sin que general- 
mente llegue á real el valor de una arroba en ninguno de 
los criaderos que se esplotan en Espafla y fuera de ella, al 
paso que el mineral de aquella se vetide á 20, 30, j aun 35n 

fii)%<^ éUfiM<bufti^(m'\^yi^iWíui)^o €tw^f¿t%'bdt^iu^ - 

fÁmuM ál!U^Mlk'4ndMyin4fó'«í'-Éa^ ^níiñlfi 

^ ' épSimV ¿n& llttVM^4^ #e 'MM','^' mM 
P^^ P9i,"iSíÉJ'li(sPtti)ite,'T1flMfia<^'iAl)^ékt2 

^S(r^itH8s(, 'Pe<¿l' <fl^«''Ma^íl<é&'máU'^e#y: 'i^ 

Mi^^Uoi^y l^teftias ^1 ffM(i;;'^-id"(iei¥ái%ro ^d&mm 
-^""i?ta'h¿i'k»í^i%r(twcéf #Hio<uü lammo am ^ñi 



jláiMéiiMí 6x^\^VieÍÍítp6XíStít\^, í9iit>(^tftt'«laV!^heee«Maíll9 
atit tib^fiÉ'filéíí'tottsrMét^é, (ibatlió tWfatMd(»étf^baiiAnte 
MhM^tiM di!? f ¡(íiieiú '^úé mg» tf]|fitl{lália; iftl^^Míó^^bé «4&i 

tfifVáio éh^caiiibib'db stís'tnMuftfetieittfS)» Mao tofi^^^^^^^f^^ 
Kridást^féS^nSife áddakitos, y el USbitojte'tr&b^i^^ 
ífáfei éó'h^ifído p¿n pré6ert1Arn(«'Sts' |rt*o*l«t<í8'J ^ - • í>í» 
'Pb> m ])ií^td^'d«'Adi*a y Álmcirífií'hálbéñtrftd^éfin^ 
pKhá''t^d€féláilQí'd% TB2T>in^s'detreiMa'ífmtoYíe«dÉí«i]^$ 
fii' céfiMWó de lóii plóhrá^ qué l^á r^óduéitto ta< Sieif^ai^dk 
eÚ^K^^D' Ifcs Álptrjatrak; éii élMha qd^kdó Vá mtfééí^sé^ 

«f^fdS tra&Hjild(^é^ , y ' ya énf»^ kmiMfrié^áfAiei y ^MftdiQ^ 
r6H^t)¿kítí! ffeha fifecboiíiíia fábi4c^,' üi}ÍArK^ifto{>i^tl^«IMi 
tábldémMtolttll f dimídéro. i^bt^ln ruitta 4tif^teftiltiíMHS|l 
n^^ Mú étífflp^!i^eM!6 ski/ufé^ft los 'camhi0^qtti^«fl<0tM pKrti 
serían de plata, por mas boobornóso que níÉis>0éfii'd<»iteaÍ^ 

iMstrá'itídMéüda. Seiia^^(^ré<!i}dd la'^pMpiddftd^^ >se'% 
iriiéjMdó álgttVifás c«lsa& ,'Y 9ttibeíiVáéfk»W^m^WñttíAw\pf^ 
btifólbh ; pero ^Ijtó iñéjórasr^ü fictCleiás^, (fffmtfi^aüj^ ¿Kepe^m 
¿lyittés de la- prdMcifcidn dé^^las miAas'cfde^dtfpaiié^^ 
¿Ktá, y^iil4AífEi&áKábiUfñés',llt]r]^üdlénd<>Mtt^ 
sMád!é»<q»¿ bby't^b»ti dréáfctoV^ venan ^^i^Ia^pn^t^lMpid» 
íkr^i$t''d¿^aiií pclli^V^ífüe'^^^ 

IH HAáWd^Há' ipxé' Vé^ Ity Méef :< íb^Úii^ató^í^imi^iíktí^Xl^ 
iÚá^i^v^écAiilo'títyh ^poea^eWéptí^^ 

flñ^tüiia^ éé lá'fñ^dtocridifd ó dé^lá Mda^l t<Mfá>el 
«Í^I^Uiéifte un "tíem ai^pébto 'd¿> biédcfi^lár ^»f)rÉ¥o (^Ynd éM 
d^dg^dtf ^16í('<^ódli¿«bs>«é^«^lft«»f»i/y^gá^ 
te se agotan pronto cuando son de mineral preciosa/^ls 
cSlii«lotfWiií«ffil$lal^«c^^]«fi»*(^^ kihmo 



400 nXtSTA DK 1IAD1II0. 

tod 7 100 de latitad ea las de figura regobr, «parado^ 
▼oelvoi los paeblos á su antigua ó mejor decadencia, por- 
que no se lian creado otras industrias que los entretengan. 

Se me dirá que las minas de carbón de piedra están su- 
jetas é las mismas eventualidades ó agotamientos que las de 
otros metales; peno baj la diferencia eulire unasy otras, que 
el:primer género se presenta con mas. abundancia en la na- 
turaleza, y si es un criadero estéril no se puede explotar, y 
además se les conceden por nuestras leyes de minería dos 
partes mas de ta'reno á sus demarcaciones. Este género, que 
Tale muy poco por sí sok), necesita el auxilio de otras in- 
dustrias para utilizarlo, como son: íábricas de fundición, 
de hilados, de tejidos , y toda clase de máquina que necesite 
abundante combustible y económico , ó una gran fueza mo- 
tríd que no pueda propoccionarse de otro modo. Creadas 
aquellas, todas dan trabajo y ocupaciones distintas al hom- 
bre, mejoran su condición, morigeran sus costumbres, 
abren Gomunicacioncs, y reparten la abundancia por don- 
de se establecen. 

En corroboración de estos asertos diremos que en Bélgi- 
ca hay criaderos de bulla, donde se han esplotado ya G2 ca- 
pas , y aun siguen reconociéndose otras nuevas. Alarmado 
el gobierno inglés con el inmenso conspmo que de aquel 
combustible se hacia, ya en sus islas, y ya exportándolo al 
extranjero, nombré hace poco una comisión de los mas pe- 
ritos en la ciencia , para que reconociendo los criaderos de 
que disponía, y suponiendo la estraccion sucesiva igual á la 
díalos últimos aOos, calculara para cuantos contaría con segu- 
ridad ; .practicado el reconocimiento con aquella inteligencia 
y acierto que saben hacerlo en esta nación i^lustrada, dige*. 
ron en. suma, que sin hacer nuevos descubrimientos tenían 
con lo reconocido hasta el dia para 6,000 años, supooiendp 
el consumo en los sucesivos igual al de los últimos ante^ 
riores. 

Si queremos examinar sus efectos en el país que lo pro- 
duce^ no será ttenlurado. decir que fmo en, todo m una 



GABDOlf DE PIEDRA. 401 

.'. • * /":■• . í . ' ••• j; 

^an pairte ^ebe esa misma nación §u poder, $n grandeza ,j^ 
sus adelantos á la abundancia de carbón y bierro de qrue tan- 
to partido ba sabido sacar, Sin estos dos abundantes y tan 
necesarios artículos, no hubiera podido dar á su maquinarla 
el gipntesco al par que sorprendente perfeccionamiento á 
que se ha elevado, y con el que economizando infinidad de 
brazos y jornales produce sus efectos tan equitativos , qu^ 
tiene como amortiguada y sin vidala industria de las nacio^ 
nes que le facilitan sus mercados. Con ellos ba podido rea- 
lizar ese sistema fabuloso en otro tiempo, pero muy posi- 
tivo hoy de caminos de bierro, que tanta economía y cele^ 
ridad ofrecen al comerciante y \iajero, y tanta fuerza dan á 
un gobierno centralizado y bien regido. Con ellos han re- 
gularizado las comunicaciones con sus infinitas posesiones 
ultramarinas, haciendo sus \iajes en un cierto niimero de 
dias fijos, sin estar expuestos, como cuando se hacian en bu-, 
ques de vela, á los retrasos y eventualidades de las caprir 
chosas olas y vientos del mar. Con el carbón han sabido su&r 
tituir el precioso renglón del aceite, de que carecen paria 
alumbrarse, con una economía y abundancia de* claridad 
ipcreiblejaplicadocomo combustible, han economizado el ves 
getal de que solo pueden hacer uso los mas opulentos isleños^ 
y en fin lo utilizan de mil maneras, que ofrecen especial- 
mente á la clase proletaria infinitas comodidades de que sin 
él carecería. 

Si nQs venimos al «continente hallaremos que el primer 
ferro-carril establecido en Francia, fué de Lypn á Saint- 
Etienne para conducir el carbón de piedra de este último 
punt^ al primero, y de allí á toda la nación , como se hace 
hoy , y sin mas que este y el hierro que benefician y modi- 
fican de mil modos , ha tomado la segunda población des- 
de la caida del imperio el asombroso incremento de mas dé 
cien mil babitante,s : población que entretenida con la in- 
dustria fabril y permanente , ó mas bien constituida toda 
ella en nna gran fábrica de distintos ol\¡etos , porque no es 
otra cosa , ofrece á la posteridad un porvenir lisonjero, es-^ 

SmUMUA ¿POCA.—TOMO lU. 51 



¡8^ Rj^^Voriimi^' 

¿uénta^siSWe'cíénio cincueiitíi nnt tíSbíiaiítós , y él Ui^^iio 
ihcrémcritó han teñido los' astilleros de Siiñderland, dbbdfe 
se cpüstruyen mas <íe* 306 buqués por ¿üb, qiie sírvefl,'ied- 
tre o^rás cosas, para exportar Inas dé 3^5 millones dé fenéí-* 
lacias dé biillá, qué' se extraen dé in¿láferirá éri cádá íníif 
dé ellos. 

i^ór éste estilo podríamos ir citando ejéíiíit^lós d¿ ^ft^fef)^ 
rfdSa di^jids' dé imitación en %íca, ÉolaridK , MetóáiiVí ^ 
oirás naciones que uttiizai/dd sus^roauci8¿"háh ¿egéSdáyá 
^ucto ripíelo 'de los adelantamientos industriales WsVeniiiók 
¿n' gran manera' por el'^^ que tíok^ÍiupáÍA¿á';'pd^ 

líendo tád notables y conocidos" dé todos, creemos iüfíécfc 
sano insistir en el particular. 

'Véa!sé la notabílísimia diferencia dé'^lbs étectos ptbdáM- 
di» por los crí adéros enunciados , y los Vicos nuesti^oá Ufe 
Ciliares!^ Giiadalcanal y Almadén; e^ yerdad que estos' fiéí- 
ícnecen al Gobierno; pero no por eso *han dejadó'de jírodübiií 

m ^ 

dé ^ _^ ^^, ^ ^ ^ 

al [iuélilo, miéníi'ás'^lás minas bán éstadoen'iíió'vim'iéhtb; pero 
píáral]zuda!s Üán tenido qiié ir á otra p'drté^'á busbar trhba- 
jH^pé!í^ áiánténérse. Del segiiiido sólo nWiqúédá la mraí¿¿- 
,ría de que en su tiempo produjo mucha plata que se Tféyá- 
tórt á' Alcmáíiia én isü mayor jparíe. f él úítífe^^ 
pbr' todos los extranjeros, y considerado ¿bmó W per» dé 
£b'()áüa , ya por ía excelencia de su mineral , ya pbir sü 
a1)ündánciá, y ya por su rareza , pues siendo' cá'si el úüiiÜ 
ci*tiái)ér6 libundanté qüc se conoce de cinabrio en eT mmidd, 
pirqué eldé ídHá éh Alemania, que ha producido al^litía 
cosa, está ya agbüdo ó inuíllizadó, y el de Almadén, có^ 
ñbcidó ^a^eii tiempo que los romanos ocüpal)an la Península, 
déáfíe^Mytfi'áírbsdél sigto XVII, en qüé'ét^¿olÍt'éfáb se en- 




i i, .uA «.i<ui — .Aau*ia Aacjo'dü 



está ádoce-ym'á'a^ dtiyUei^', Ttléafe xtA'átiiimiüie'amm 

que para hacer aqndttt' t^nl^(^tUhcl^o'>l)S^i( "^mimmf 
mí^WfíÁiSíiéf; 'iatítíifii^"o^é»iMtís'i y «6«¿diMdb*<áittcho 

^oMbh aFfaWlHaá/ '■ 

' ^QÍiéVht'^ttiMá, ^e«; qii!^táif>riá'6üf»l«»'«J(fráta]ei^#tiW 

I^íAütflÜVpíM'iEtlíMky'qut^éiitiellás Haif-jMdttado'stf ^^ 
biifóibh , W Ilirií 'hébKo' liidilát^iV^^ , ó5thef«i^«^ , y ■tvmi 
iS^é^ima eVakéñüi: m'mm, yíddrígm^da-«^Ü8<itt«!VP 

00 hemos cuidado de mejorar un camino, hacer. uii"¿IÉn/ 
aW^i1|^ii»'éb6ií6Mía d'lil^Vál' Iái'pri<héí^'ÁialW!á»>|^ 
M"tíátíá dé (^áiko'ifécldki^M^t^iitrteáaa'bddMír/ jift 8e<áM! 



4^ REyiSX4 D^ M^AlJp*. 

de carbón ^^ piedra» y 2.> si podrán obtenerse de ellpís in^ü 
ventajas qne las q^ue se sacan en la actualidad, ya qiiQ. no 
^n tantas. por dé pronto , como las que reportan otras na-* 
ciones, y en aquel caso y para ello, basta dónde deberá ex- 
tenderse la ififluencia y protección del Gobierno. 

Bc^pectoála primera no podrá menos de resolverla afirma- 
tivamente el que haya reconocido ú oidp bablptr de los granr 
des criaderos de hutía de Asturias , donde dice el dignísimo 
y muy entendido ingeniero individuo de 1^ Dirección geue^ 
ral de, Minas D. Guillermo Schiilz^ qiiehay un depósito de 
mas de 20 leguas de longitud , y del.^cual soIq se extraian^ 
cuando publicó sus observaciones en Junio de 1 838 , 200,000 
quíntales cada verano por los puertos de Jijón y ViUavífr 
oosa ; siendo tají abundantes algunas capas, que en Avila 
se explotaba una de 27 pierde (»pesor. ., 

Bien conoció su importancia nuestro célebre compatrio- 
ta y opulento banquero de París el Sr. Aguado, c^iandlo 
desde el centro de la civilización, y del comercio vino á 
invertir sus .capitales efx aquel pais, que hubiera florecido y 
servido de est'mulo é in:pulHo al resto, d^ la Península para 
salir del estupor y anonadamiento en que respecto á este 
particular se halla, si la desgracia que hace tiempo nos 
persigue en todo, no nos lo hubiera arrebatado y llevada 
á mejor vida, precisamente cuando mas falta nos hacia, 
pues con su muerte tenemps entendido que aquella.. lauc|a* 
ble y útil empresa sino se paralí0, traba j.a con. dolprosfi 
lentitud. 

Con tan inmenso .criadero solo se hancstraido por los pun- 
tos de Gijon, Aviles y Yillaviciosa en el último quinquenio 
de 2pQ y tantos á 4(K) y tanloH.mil quintales de carbón pqi; 
año, dejaiidp al principado u^a utiiida,d da seis, míljion^ 
y pico de reales. ¿Y qué estraccion.es c$t9 para tanto ccmQ 
se oousume hoy c]¡i nuestras fábricas de fundición y copela- 
ción del mediodía de España, d!)nde el poco combustible 
vjQlS€^)^q)ie sfí, gastí^ se hará imppsible,i9u.a4?!laatq por la 
?xí¡«fiy>ii jiotes WPntes, y solp í|^j?ftí|§«jiB}¿8K,¿^q^ 



ea'rbóií qae oí que se extrac dé Ái^arias? En uim zona dé 
pó^s'l^uas de. latitud y en la lon<^ad de Málaga á Bar- 
celona, Mguiendo la coHta, bien se pueden calcular mas de 
den fábricas de todas clisés qué nccasitan abundante coiti* 
hustihIeV y gastando nn propietario solo el que ja bcmos 
referido, véase basta dónde podrá aik;dnder el que uecosi- 
tarán todos reunidos, y basta donde podría elevad' esta 
lúdustriá en Espaila si se protegiera, y consiguiéramos éáian- 
ciparnóá en este particular de los extranjeros. 

También lo tienen en grande abundancia las p^roviñéiás 
del principado de Cataluña, el Aragón á uno y otro lado, 
del Ebro, las islas Baleares, aunque no de superior calidad, 
Castilla , y basta lá misma Andalucía , privilegiada en todo j 
en VUlanueva y Espiel , donde sale á la superficie de la tier- 
ra un depósito de nueve l^uas de longitud y una prpfun- 
didad ó espesor no conocido: y por último ú esto nó bas- 
tase, sobraría con el testimonio del distinguido ingeniero 
D. Joaquin Esquerra, uno de nuestros niéjores minei^alogis^ 
tas, y qíic mas estudiada tiene la Geognosiá dé la Penínsu- 
la, que dice en sus apuntes gcognósticos y mineros, publi- 
cados en' 1838 «que en España tenemos geógnósticamente 
almacenada iantá ó mas cantidad de hulla qué en ninguna 
otra nación del mundo', inclusa la Inglaterra » i ihdúsá la lii- 
glaterra ! Téngase ' presente ésto ; pero téngase táhibien al 
mismo tiempo, que an como de nada servirían aí náufra- 
go arrojado por la borrasca á una isla' inhabitada los tésih 
ros qué llevase cousigo, de nada nos ¡sirven á nosotros'tam- 
poco los ocultos en las entrañas de la tierra, iáiénfras nb se 
extraigan y pongan á precios equitativos en el mercado, im- 
pulsando para el consumo del género que nos ocupa el estable- 
cimiento de grandes fábricas y artefactos que lo consuman, y 
con su auxilio mejoren otras industrias.' Este tesoro Inagotá- 
ble'que poseemos, como'otras muchas cosas en escala superior 
á los extranjeros , y cuya grande importancia conpceréfnos 
ctti> día, necefiílBf mas «que otrosipaca s|i dettrroUo ^mr 
xilio franco, poderoso y decidido del gobierno ; pero'WOK) 



cir,quc no s<^ftíJ^,<;9i)s<;m<iF. <4,iíe^^.i>9^;:p<;tip.4fiJinj;íP- 

(i) Téngase presente que no nos reférf nio0 á nadie én paHtdilír , itíio ál 
éttIeWÜ ÜWiérDO, qneliÉi r^gMo Ite d«M{llo*WU1lÁ9UittK^ BÍiMUMíte- 



GABBOn DE PIEDBA. 407 

naceyüi «segprar la salida de todos sus productos, cosa de 

m^Jf^WJ^^ Wntes, qya por faltad^, mW^^^ 
en iia nuestros medios de transporte son tan imperiectpH y 
CQStP^QS, auQpor mas abundantes que sean nuestros criaderos 
áf hul|a^ aljP,^esenlana en los mercados, j es^ecialmeáte en 
los puertos, no podemos de ningún modo competir iióy con 
u» ingles^, ^ue ban cxtepdid.o lo^ canales y cai¡ni^os de hier- 
ro bd^ta el interior de sus minas, y para los ascensos utih- 
zsmk^ máquinas de vapor al paso que nosotros todo t^nc^ 
mós fme liíacerlo ^ fuerza de nrázos: pero si el Gobierno 
cumplieoop con su deber mantuviera ese derecho proteciot 
eon|ra)^.f^ranierg^, mejorara 194$ caminos ¡l(^ cjamin^os en 
Ipíf.Que solo en ferros-carriles ba gastado la Inglaterra'cinco 
i);^^moo(?;«! y ^n íia protQgieae at^aella industria coa efica- 
cia, .np solo oDiupetiriamos en nuestros mercados con los 
(^qoaes |^xtraiije)i;os, ^inp^ue algún ata riyaiizgiriamos con 
I99 ingii^^, V ftc^ los aventajc^íamos en sus' mismos püér^ 
^vM PMÍ> W.g^«cr^íi#ñíolo ^n fí intenof,,se méjbfa-^ 




^inlpiistible , dpnde á la s3zoa solp tiepeq.aae^ga^ar algu- 
W Wi^J w^mbyí», ?e propprcionaría u^ bi^, m¿^^¿á 
b <)li^ Píolc^m, dig¡na siempre d^ ,íj^gerj?j^|on,^,^. 
^i^^ataría la industria en grande esQajá. 

?¥» f»to ?e n^ito la cooperación ¡J^ to^j^., ¿u^,^^p^ 
^sta /jue «UA eg^pre^ f^]f9»g» sus qajji^^^, M?ie??r 

ijfgtaí aquel género en «el mercado, ^ Ip o^^zca ^. l;c» gpjj- 
li^mWores con venteas, sobre ?! otr(^, sin^.i^ueés^wí^p, 
5{)^rles q.ue priqcip;en á_^n^t^ri}^, j nr9líji}i4|)l^^ ím ^ 
neücips que bau ^e rf^>ortor, vencer> r^^^nancia, ^3^, 




W9. W) e§ wu^ ,^c9l^,,.n^.es D^r|uá,aál á ía ^n^^ i,¡ 
fiH^^ m^9^<) a^;;^^^r|e é^éí. ^^ 



408 hevista de madhid. 

Entré las infinitas empresas qué se formaron para esplo- 
tar toda clase de minerales, al encontrarse los ricos de Sier- 
ra Almagrera, se crearon en esta <M)rte varias con él ali- 
ciente de un poco carbón de piedra que se bailó en la pro- 
víncia de Guadalajara. En ella se ha gastado cerca de 
90Ó0 duros, y las empresas industriales Buenafe, carbo-, 
ñera de Madrid, y otras han trabajado constantemen- 
te en el mismo terreno por espacio de tres años , gastando 
cual mas, cual menos, ségun su dirección y el número dé 
pertenencias que tiene ^ pero todas con la desgracia de no 
haber encontrado hasta el dia una capa de verdadera bu- 
lla, tan potente como del)ería ser, para que tuviese cuen- 
ta su explotación. Por lo mismo no ofrecen mucha vida 
dichas empresas, si se exceptúa la carbonera, que promete 
ál parecer un porvenir lisonjero , porque habiéndose pro- 
puesto desde su instalación, y especialmente desde que se 
encalcó dé la presidencia de su junta directiva el mny ac- 
tivo y buen economista Sr. General Manso, proveer á la 
capital de un combustible tan económico y eficaz , como re- 
clama la industria que de dia en dia se vá desarrollando; 
no se concretó solo á la provincia de Guadalajara , cuando 
víó que en ella no habia probabilidades inmediatas, sino 
qué sin abandonar este criadero, ba reconocido otros tres ó 
cuatro ejecutando en ellos las labores de investigación necesa- 
rias, á jíiicio de i>eritos, para conocer la calidad del ter* 
reno y su importancia, hasta que por último ha tenido la 
suerte de hallar uno en la provincia de Cuenca de verda- 
dera hulla, de escelente calidad,' y tan abundante, que la 
primera capa cortada tiene quince pies de espesor. ])e él han 
traido alguno á Madrid , y principiado á gastarlo los señores 
Bonaplata, Cabrero, Beltran de Lis, y alguno otro de los 
que conocen dicho género ; pero pocos de los que no le co- 
nocen, cosa muy natural en Espafia, donde la fuerza de 
inercia es mayor que ninguna otra, al paso que en el extran- 
jero hubieran acudido en tropel á aprovechar lá ventaja que 
les ofreciera su disminución de precio sobre el otro. Si está 



en^ireisa cónsigcte poner el carbón en el mercado dé Stakrid 
i un. precio mas módico que el fijado én sus primeros' en- 
sayos, como creemos lo realizará cuando baya orilíadó'Iás 
dificultades qtie aun le ofréée el transporte eni ünpais^/ 
dbnde tan pocos buenos caminos se encuentran, y tan: 
lidperfectos son los medios de conducción', no dudáiitic» 
que bará un gran servicio á la capital ^ y obtendrá iiña 
[r^eoompensa por sus desembolsos y aiknes. En aquel ca- 
so, no muy lejano, la empresa contratará con la del alum- 
brado de gas, que debe principiar á trabajar muy luego 
para ponerlo eü la corte, donde una necesidad imperio-^ 
sa reclama ésta mejora^ bija de la ilustración del siglo, y 
dé los adelantalnientos de lá'época/Á la realización dé es-^ 
te proyecto parece que ofrece algubas dificultades el nüevÓ' 
Ayuntamiento de Madrid, apoyado en un celo, si bien efi- 
caz' y laudable en favor de los cosécberos de aceite, no muy* 
bien entendido respecto á los gérieíales de la población',' *p6r-^ 
que aunque dejen de gastarse en el alumbrado general las 
diez ó doce mil arrobas dé aquel género que en la actuali- 
dad se gástáiiv'i^ aj[)licarán á otras' cosas, ó disminuirá su 
precio, que redundará en beneficio de la clase de menos 
recursos ; de modo que en todo caso el perjuicio seria para 
cuatro , y el beneficio para mil , que verían su pueblo me- 
jor iluminado , y con menos costo tal vez , y comprarían el 
aceite mas barato, si tan pequeña cantidad, repito, pudie- 
ra influir en el precio general de él. Así lo ban entendido 
los extranjeros, donde sino tienen tanta abundancia de acei- 
té de oliva , lo tienen extraido de otras materias , que para 
el alumbrado produce el mismo efecto ; y aun en Florencia,* 
donde aquel es mas abundante y mejor que entre nosotros, 
han aceptado la iluminación de gas de carbón por sus ven- 
tajas sobre la de aceite, y en fin porque es una moda útil 
que vá invadiendo los pueblos de alguna consideración de 
Europa , á cuya fuerza nb podremos rcsistñ* nosotros. Con- 
tratará la empresa con los dueños de otras fábricas , y poco 
á poco lo irá extendiendo á otros usosl 

SEGUHBA £FOCA«— TOMO VI. 52 ^ 



DjE^n^pif^iii^i^p^^cjlp loé w ^0 Uenqp^, npt» dú^ 
]^.4e, gájfÁi^^.W (¡w4mw y. cm^ies^ oa sa faaM A 

i^gjjf^, fj tqf jfí^ pplftwoít la mUífpsmt» wae «9 jTaqUMi» 
]^.|(^Pf^f^exo9es :^ ui^a^ proyi^c^s opa ptra^^ qvie Ji# 
hgi ^|jjroi^ cQa^enqs j^U^átm^ mpi^ sí^^u^ eoa«jl<»'t 

I(>9ÍP<^ pir^gtp^;^ y jfofíilüjúo qué % tQjIa su ^imé^^m( 
l^'fi^nfxj^Q^ 4^ H^frOy que ^ una n^eagua P9 fi<^ to^ 
'íi¿% pieft^ie^ jtrpzo 4^ el^, cvfan4p tff4» Jw «ipifi* 

l^eif^s 4a^||^ p^•^e<;^i4ad 4i; la ^po^a^, ^ go^diiH 



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GviiTfcüi Dt oacirÍÍda.— Cusn «imstBRiAi...— Bf AVitiaiomó ¿í tÁ BitÍA.— 

CoRSTITUaOH. — LOf FOUM 9B LAS VUPmUM^ JV^É^km »« l»<flttllil^ 
JEICIfCUMAUlk 



4iA9j 



^AUBO «mr^inup naestm úlüma erónin^ dtgaiiié& flnih 
4ttttttt6 ta enéBÜM ^SQsciUidá entre el fidbiBrm 7 los (¡frm- 
Iwiistas leinre la conirenion ds-ees ovédítn^iiMLtítiilfit.éA 
f p^ 1<)0. Dijimes entesees que eelB pvavidevcía em éufé^ 
mti9íj ei iiebia de i^alir alguna ^es d tcsovo públiee de«iÉ 
^MtiotÉo» apures, é iudieamos el tipd roas justo cu smesWo 
emeeplo pera haeer la converaioii. Al fia se ha li^Tádo á 
ee^esta gran medida de hacienda^ qué tanto Imira al a6» 
taál gel^ete: al fin han quedado desenibaraftadáslaa^Msntaa 
|í(Q>llé8S, jr duefto e) G^iemo de darlas a^ñella invenüah 
fM juigue más eoiyveniNinte á Ips intereses del Estado; d 
Upó dé i5 pof too eonv^de es fai<roral>leai.enirio^ V^mprn^ 
según él, no pagará por las cantidades ya perdbidás eioD 
un into^ reláth^ainetíte moderado^ y no es perjudicial tam* 
fotoá ios contrallstiiSy perqne si Iñen no realzarás cstts 
Aera kis gananoiiB qué algunos de eBos se propuáieron^ le- 
grarán la suficiente pirra qué su negocio pueda eonsidéraose 
iifoiftjesb todavía. Heofia la Hquidacicm con cadauAodo los 
iérednres^sebirt el^obieruo fecantidadíqadefinsiciiédilrejir^ 
iSc^d41a ifiuHilud de garantías qae inddiidaiñtate-estaniMm 
tá^hi úú téM^Of f ú bien se eai^á conona v^ta perj^étoh 
db flUgtUia éélftiémieeiott, bita ^sde la pena eqte pequétosit- 
dMM6el'pddér disponer eniíddabté'é|eiútodBSflas«aÉas 



l412 BEVISTA DB MADRID. 

delEstado, cubriendo con ellaslamajor parte de sos atenda- 
nes. Este era el primer paso que debía darse antes de refor- 
mar el presupuesto , ó mas bien sin él el presupuesto era de 
todo punto impdsiUe: No bastan iioy en Tqrdad las roitas 
públicas para satisfacer como es debido todas las necesida- 
des del Estado; pero creemoft-qoe una.ligera reforma en el 
sistema de impuestos y recaudación y otra en el presupuesto 
de gastos, bastarán para coaseguir este objeto, y nada de esto 
po4ia hacerse mientras dichas rentas estuviesen grairadas con 
4ao enormes ^Uigacioncs « 

Consecuencia inmediata ha sido de este arfegio; la an- 
ticipación de GO millones , que ha hecho al Gobierno el ban- 
co de S. Fernando, con coya cantidad podrán satisfacetse 
-todas las 'Obligaciones pendientes , sin que qneden^graTadab 
-en lo sucesivo las rentas dd £stado. JBste.contaato no tiene 
3il> menor senejanm con los anteriores^ y sefáqoiiáel-piia- 
crpio de un sistemaidui^dero yentajosQ paira la?baeien()a^ M 
hamio anticipará en este mes la cantidad enunciada, haciéur 
-dose cargo de recaudar de las tesorerías el producto lúfuir 
do de todas las rentas libres. Si pasado, el mes resulta ¡aeree- 
doreL Gobierno, 1 abonará al banco é^ saldocoa el inteprá 
'COrpespondíentev <y si lo contrario > suoediíere devioiv^rá ci 
ibanoo/ al Gofaíeimo> la cantidad sofocante.. ¥.st por. este pri- 
liüer bníaya vieren ambas partes que elconciecto le^es m^ 
tuanente ventajoso, espr(d)ableque'8e'renuieve.pi0]ríalgnii 
«mas tiempo. '♦ '. - . j ;. 

- t Annestan pendientesde aiíreglo los ten^oses^e todan- 
da ccntrali2ada «y de las libraneas: -mas ..sobre este puntp 
nada podemos «decir de cierto mientras no se .ptib}iqu0»taB 
condiciones que están ahora •discutiéndose* ...... 

> Pero criando el (ministro de hacienda «e ocupaba emú^ 
-cidif* éstas impoitantes cuestiones^ cuando creiamosiqiaeilas 
.mejoras 'positivas iban á s^r la principal itareaidel gabi&er 
/te^>Ueg^ á! Baredona» el &r. marqués, de Vilujaa, 0^cQi^>^p 
Uegdda' }tttvo principio' una peligrjoisa criste:xyÜAÍ9jt^niiA* I^ 
nwvo nUaiMix) iioepló' eL.cangO' coUhqifai Aoilia)))a; J^iilll4<> 



cagxmtCA. poLUtOAr.* 41|^ 

lai confianza de S. M., y apenas hubo toittado posesión. de él, > 
propaso á .sus compañeros tales providencias , dictó talf» : 
condiciones para gobernar , que provocó, entre lois indivi- 
duos del gabinete un deplorable conflicto, y estuvo á pan* ! 
to. de introducir la discordia en el seno del partido cqusoft 
vector. Mucho se' han exagerado por unos y por.oDrofilóis^ 
niotivos de la última disidencia entre los conséjenos do !la 
corona. Los amigos dql Sr. Viluma han pretendido bfKSfr; . 
creer que las cuestiones debatidas en Barcetona no teniaat 
por objeto los intereses mas importantes, la constítuéien jr i 
las ley es<^^ orgánicas, sino puntos muy secundarios de gober-^ i 
nación: los progresistas por el contrario han tratado detde^i 
mostrar que el nuevo ministro de Estado qi^eria < nada me-, 
nos' que restablecer el absolutismo por medio de un decre- 
to- Nosotros creemos que unos y otros se equivocan ^ por 
mas que ambos teugan razón en parte.. ¡Motivos de mucha 
gravedad debieron dar ocasión á la disidencia entre los mi^* 
nistrosl , cuando obligaron á los individuos del gabinete que 
se hallaban en Madrid á suspender el curso de todos los qe- 
gocios, y marcharen posta á Barcelona. Estos motivos ade-* » 
más debian tener relación con la ley fundamental y las le-* 
yes orgánicas, puesto que á pesar de cuanto ha diobo algún 
periódico, todo el mundo decia y aseguraba que el Sr. Vi- 
luma exigia se reformasen por medio de nú decreto cierto», 
artículos de la Constitución, la ley electoral y otras leyes 
de menor importancia. Pero como de aquí no se sigue qu& 
el Sr.. YUuma quisiere el absolutismo en el verdadero sen- 
tido de esta palabra , tampoco tenian razón los que acusa<^ ' 
han al noble marqués de absolutista. Justo es que: no pese- 
sobre nadie mas responsabilidad que laquahaya m^sreoido.; 
En eL constitucionalismo puede haber muchos grados. : El 
Sr; marqués de Yiluma pudo querer reformar la GonstitU'^ 
cionpor medio de un decreto, sin desear por eso restable- 
cer el absolutismo en^ España. Constitución serila uña iey 
fundamental menos democrática que /la presente, aunque' 
faese'otoigadfi'Pddria'entoinceai^dispittar^ k ¿oifveiiiendai 



7 tfuft to pMlbtUdlid? de Bemejanle CSonstitucioii, pero noel 
títald dé écnstituaional, si bien á m líMniera ár aquel q»\w 
deseara. Tal eiñcemos que fue^e el peosaiiiieiilo del úWmo 
ministm de Estado, y noel que le han atribfaido amigos in- 
dtseretOB é adversarios mal inteneioiíados. El marqoés de 
Vilumd pudo pensar de» mnj buena fé que con te Gónstito» 
ción de t9>7 tú cual eistá boy era impiOslMe gobernar en* 
E^afla, y que para bacteria duradera sería lo mejor r^ 
formarla por < medio de un golpe de Estado. Afuy kjps e»* 
tamwsdeaproliar scmqafite idee; pera la explicamos sin p^- 
judieai? en l& ñna minimo al elevado carácter y. nobleza de so 
aulbr, 

T deetmo» que no aprobamos ciemejante idea, porque si 
bien i creemos que en la Gonstitueton hay mochos pantos 
refi)|*i9ables, y en ks leyes orgánicas necesidad' de una 
completa reforma , nos parece altamente peligrosa la políti- 
ca» éc tos golpes do Estado. Nosotros, que tanto censuramos 
lai conducta itegaV del anterior ministerio, mal* pódiamM 
afm»bar4a'de éste si cometiera la misma felta. Semejante 
cowiuetn seria el principio de una reacción; obligarla al par^ 
tido conservador á negarle so apoyo al Gobierno ; darfo 
ali paíPtído realista mas influjo del que es conveniente en la 
dirección' de los negocios, y Dios sabe cuál sería ék iénsá^ 
no de la lueha que se provocase. 

Arortnnadamente prevalecieron las opiniones de losr im^ 
mstro» que hablan ido de Bhidrid, y el maorqpiés de líilu- 
mn ao' pediendo aceptarlas, se ^ió forzado á haoer renun-* 
cia-dclf ministeriio>. Así termina aqudla azarosa críms, ewhi 
cnak^oearriá el paiikan iriminenle riesgo, y. ostugo á panto 
doíianiragar el gabinete dp Vtíyé: así* se calaMii tamUen* la 
a^iedaH que en todos los ánimo» produjo la nolBcia de 
aqilélk} cuestión importante. . 

IBentras esto sneedia en Barcelona, ó^poeo antea, lisonjeáis 
baiselos earlistaifcon hsvueltade la Ihraflia de D. Ga^bil y sol 
pnqionderaneiKfif eU^obcemb^ Cediendo aquel prfnoipeimr 
prfbD«lxif;vei]dealisps0ke9flibnes airi^ hito profoiicioni' 



IntMbté ometúó pot étítiáíiciú del átiv^ti^fí ^ít á 
eoBMMUU^ de sú bijd mayor con lar téitíii déEspáAa. ¿t^d^ 
láéPtíQi ingfé» edmatíiéá ál nue^i'o e^tás pttlkiikmtÉ';^ ftéi^tí 
«ien^ de <|ü6 elta €í^ú itritai^jéi f uhstííádl^ ^ iíaftia oiriü 
tamn mkA pbderdÉUi ^ra na aditütirlás yféíñt' <[aó ^liití- 
jante énUtie no conseguid el dbfetd (^tfó ádiéáhétátéi átféá^ 
sores. Mo siendo ya una cue&tion dé légitiitatdád lá qd^^oy 
né ákpútÁ en España, d ilfatrimoñio d& Isal^el lí cé>ií xM 
hijo de D. Carlos no podía asegurar la ti^íí^üU1da(d' fiá'^ 
Micaf^ Áiités al contrario podía ser oi^ioú dé 6tí4^^áñNi! 
d^l, porque entroníáfaría á los mas fifeleé tóMdb/tís dlíf 
prefeesiKeiile^ sería el prínd|ria dé ndá ntieiTá reaetiióh;' f 
féi^pemarfa los trastornos y las revnelfós. IlSfictrRadlí^ iábf 
serias ofreeett en nnediro concqpto^ tocios loi^^rfndptü'iéw 
quienes se há surpuesl^y posible el matrimofíio de imé^Mí 
reina) pero un bijo de D. Garlos es sin duda algnúa^^éi^que 
jtm incohvenlefftei^ presenta. Asi lo ha coñáeido IbM i!^i^-^ 
deen al cmitestar á las interpelaetoues de íA iOÁaM^ f étít 
debe baber sido< también la opinión del ministerio én rntídá^^ 
teskaeíoft que suponemos dada al ministro btMíAtíó'^ ' / ^'^ 
^ Otro suceso de mayor importancia y\úb á ¿oitípiitíit^ 
GM kie^sis del ministerio. Sabidos sott los sucesos i|ue^ 
cHeron lugar á serias contestaciooíies con el eihperadtfr det 
Ibrruecds. Esta cuestión ba adquirido gnaiide impOrtoíi^ 
cJa^ desde la úllimta tez que tratamos d^ día, pótifúé f 
HMStraB redasnacione» se ha» jtntado después las- dé^ 
FMncia,Dinamarcfa y 8ueeia. Nosotros fendttos agMtiitf 
qM satisfacer, los* cuales por sf toólos sod mMi^^tíBé^tbí 
pttra la guefta mas |usta. La Fmnícía qniei^é que Abd<^' 
RMflMn I tátgútí sus mimos & Abd-^Eadíei' , y Oo íé^^éí^ 
ntíva levantar tropas ni situarse eñ las fronteras dt str vHi*^ 
pettio^, y la> ArgelM; y Dinamaréa y S^ecia sef müég^á^pá*^ 
gttr él tributo que^ el sultán las' e»gé (íaée ytMMreSrd ÜMp& 
como vmme de píraterfAs y de^íB^ltds. TodM eítéu^tMiSP 
ttée tífétíetaf ratbn coMra Marruecos^, y linéá^á se^h^ pUt^iló^ 
teiiW^ cpM Cejasen va punto en tm^ justMUid' )pmtítíitíieií} 



Baldoa es para la Espafia que en frente dp sus cpstasbabite nú 
pueblo bárbaro, enomígo de su civilización, y á quien es 
preciso pagar un tributo para lil)ertarse de sos depredacio- 
nes. Sin duda está reservado á nuestra nación el concurrir 
con. la FrancÍA á la civilización del África, y lo único que 
nos f^ta para conseguirlo es tranquilidad y gobierno» 

^ Que el imperio de Marruecos no puede resistir una in- 
y^ion de la. Francia y de la España unidas, y aun de la 
España sola, es cosa probada hasta la evidencia. Nación bár- 
l^i:a y diseminada , ignorante de la ciencia militar , pobrí- 
sima de recursos, sin puertos fortificados que la deíiendan, 
mal podria sostener la lucha por espacio de mucho tiempo, 
ármenos que se levantase de entre sus tribus un segundo 
AI)d-cl-:Kader que inflamara sus corazones faná.ticos, y pro- 
dujese una resistencia tan iuQÜcaz como desastrosa. 

Mas para calcular con acierto es preciso antes saber has- 
ta qué punto puede convenir la guerra á cada una de las na* 
dones que han mandado sus buques á la costa de África* 
No está en el interés de la Francia el extender su territorio 
por la parte del imperio marroquí ^ y así Ip ha confesado Mr. 
(JjiM^ot en la tribuna^ pero tampoco puede consentir esta 
potencia que el implacable Marabuto le bostilize á mansalva, 
p^ eso se contentará con que Ab*el-Rhaman le interne ó le 
baga salir de su imperio. También es de presumir que el or- 
gulloso sultán desee dar este paso, porqnela prasencia deAbd- 
el-^ader le causa ya serias inquietudes, y teme el entusiasmo 
qilp iqspira en las tribus de la montaña : de nu)do que un 
rqi^piíniento definitivo entre Francia y Marruecos nospa-* 
TgíCJ^ muy difícil. España es hoy demasiado pobre para em* 
prender -por sí sola conquistas, por mas que pueda dispo* 
ncr de un ejército aguerrido y numeroso. Dinamarca y.Sqe- 
cia lograrán á no dudarlo su objeto sin necesidad de dispa- 
rar UQ cañonazo, y la Inglaterra tiene sobrado interés en 
mantener la paz en esta región del África para consentir que 
Ucgue á empeñarse la contienda. Verdad es que elindiacre- 
tt^ Si^tan ha rei^I;iazado su mediación; pero ella sabrá impo- 



CBOHIGA POLÍTICA. 417 

sérsela^ y Abd-el-%baman no dejará de aceptarla luego que' 
advierta los peligros qne oorre su erario ynu mismo trono» 
parte par la agresión exterior, parte por la iaquietud de 
sus subditos. El Gobierno entre tanto acerca sus tropas álá 
frontera, á fln- de estar dispuesto á todo evento, y «reemos 
que en caso de absoluta necesidad, no obstante los obstácuv 
los que hemos manifestftdo,Uas hará pasar la línea de Ceuta. 

Concluida la crisis pensó el ministerio en la ejecución de* 
su política estableciendo como preliminar la disolueion de 
las Cortes. Era esta proviudencia sumamente necesaria, por-^ 
que no representando ya las Cortesía voluntad delj)ais, erar 
contrario á la índole del régimen representativo el gobernar 
oen ellas, y porque si se convocaran no sería posible formar 
w su SOTO uim verdadera mayoría de gobierno, liosintere» 
ses de la coalición presidieron en las eleceiones últimas: ro- 
ta aquella, las.Cortes que Iiabian sido su producto no repre* 
sentaban nada,-ósi signifieaban algo era un desengailo amai^ 
guísimo. Por eso era indispensable convocar unas Cortes 
nuevas donde estuvitesen representados con la conveniente 
distinción todos los partidos legales, unas Cortes que decidan 
sobre, las grandes cuestiones que están pendientes, y mien-^ 
tras no se convocaran, el ministerio que se habia propuesto 
gobernar legalmente á diferencia del de González Bravo no 
podia comenzar la grande obra de la organización que le es- 
tá encomendada. 

Pero al mismo tiempo que el ministerio convocaba Cor* 
tes, indicaba en el preámbulo de su decreto que era preciso 
llevar á cabo la reforma y mejora ^de la misma Constitucilm 
en aquellos puntos qué no fuesen absolutamente confor-» 
mes conLaíndoledel Gobierno representativo y la experiencia» 
hubiera acreditado que no tenían la flexibilidad necesaria 
para acomodarse á las variadi» exigencias dec»5ta especie de 
gobi^nos. Esto paso ha sidoy está siendo todavía la piedra 
de escúdalo entre los órganos de la oposición, y dá moti- 
vo á gravísimas acusaciones por parte de los progresistas. Se 
ha dicho contra ú partido< conservador que era enemigo de 

SEGiníDA SPOGA.— TOMO III. 53 



k by féndameiitai; qtie el piropósíto^ éel (kfbiMio al^ots-n» 
enif mejorsrla como deeia y sino dcsHbrpipla^j! qaa dste^ mi el 
ptímor faio en la rcnceton q^ dedde tiempo liace teai» '^a^ 
tkiaadq la pareosa de la oposictoa. 

^ Maéa de esto es oiertoftia embarga aun páralos cpieetieeft 
qne hü reíéiima aoiistítuei0iial aiittnoia«h tiene Igvairesiiicont 
YéÉieiiteÉ. Bd Ciobiwna, que por «dstener la GonrtitüfHea 
ba atravesado una< peligroBa orítis^ no puede sos^bárse 
qfiíe qiiiem abc^ destruirla: 7 tampoco es justa seduíiiptflF 
sosp^ha respecto á iiu«part¡do ünym iqtereses f aoit ttjñ. 
existencia están identificados con el régímenieiHreseiiiaAiYo, 
La IfgsUdad dc^ la reforma no puede disputado ^uiem^ 
puesto que las eonstitncionts puedan Tavianse j attoramo 
por los miónos medios que ban sido becbas. Tampoeose puo^ 
dediidar que la Constitución de 1837 tiene» grarvesdéfobtoOf 
porp mae que estén coseignados en ella ossi todos los buenos 
j^kmicipioB de la ciencia política. Así es qne^ w^t ytoL deááUm 
k conveniencia dereformsHPla, nosotroe barianiíés en ella 
algunas alteraciones que la dejeirianí sin duda mas perfecta. 
Pero lo que en nuestro juido- es basta eiarto punto edes^ 
tfionable , es el decidúr si las reformas qoe deben hacerse vm^ 
f eeen que el 6obiemo. arrostre por ellas los ineonvenientes 
qvC' traen sienspre c(msigo las cuestiones constituyentes. IMr% 
vididías están sebve este punto las opiniones del partido con«< 
servador ; unos creen que sin reformar ciertos^ attíoiiloo do 
la ley fmulamental «s imposible el gpbserno, y que por lo 
tanto es indisp^n8abl6 enrostrar los polifilos do una dís^a^ 
star fooserá por fu^za apa6Í0nada y aMientet otros opt^ 
nan que las boenasi leyes orgánicas bastan para eorrsj^irien b 
psáeticalos defectos en teorfaquepuedatenerlaCoiistitiiGiotí) 
^squo p0v lo tanto nobubiera ddHdoproivodaaso por aitoraloi 
cuestioq de reforma, bai^iendo que las^ Corle» so ocup^mi 
on^-otiiosi amsntos de infeipés nñisí iimiediiiita, autoti%Mt(to 
ai Giobtarnp ,para dai* todas las leyes retatcvaa i ta nftpxá-' 
wúAem áA pais^ Bnlvo estaa> des paneoerea, qaei»OiSiiHi eMo^ 
oonlnffinsí, puesto qua no difieren om d^foníiit^ mí 



>.hií^-< i 



•. í , 1 í .- ,. , yf , j ,4 



ncKi^toeii decMIr tf Mi$Dtrc» , sino á las Cortes qué yani i^iiw 
mrsé« Su jfiíteio unté el juicio del país, j como t^l 16 aeata* 
r& el fifobierso, y lo respetBjráBi todos los partidos latimos. 
Á él nos remitimos nosotros. 

El ei^ádo i» las I^r^vinciais Vascongadas rcttlam» tam*- 
bUin' mM nrgonte reforaM. La ley dd 25 de ootabré les 
ooüflrmé sos faeros, sin» perjuicio de la «miad oonsti* 
tndoaal^ mandando al mismo tiempo que 4» acuerdo con 
laf mismas piío^eias se estableciese en ellas b o^gáuizan 
iñtfD gubemalhía, jtMLicml y de baoienda. Gnmpliéfte csü 
mandato respeeto á ta provinria de navarra ^ pero cétt# 
oourñeseBen 1841 lo» sucesos (fe Octubre, tas Yaseoopidas 
pagaron su desobediencia al gobierne del Begente con lá 
ptfrdida cte sus fueros, baciéB#»e ]tus<nria resillo ¿elias 
la >fe^ del 2S de Oelnbre. En tai estado» debe oui»pifr cdi 
G^bielnio la prometa* bécha en Verpra, ipas no ^ pei^jn^* 
ció de los intíeréses- gesefales de la monarquía, lié a^ví la 
gvan^euestioii que debeién resolver le» Cortes, y cvyospre^ 
Iminaras «N^b» de «ntaor el Aofeiemo en su decreto del 4 
de Julio. Posible y conveniente será se consenren algunos 
fueros de loo que guiaban aquellas provincias , ya que asi 
l0 determinaron ks Cortes de 1839 ^ pero otros son absolu- 
tamente incondliables eon los intereses generales del £s^ 
tado. Es necesario que Espuña sea una sola nación; que se 
íigwm é identifiquen en cuanto sea posible los intereses dé 
su» (fiversos territorios, y que el Galerno trabaje asidua-* 
mente para destruir el espíritu de provinotalismo que nos 
bace débiles. Aun falta mucho para completar la obra que 
comenzaren tos reyes católicos, y el arreglo de los fueros de 
las provincias es un paso importante en esta carrera de ci- 
vilizacion y de progreso. 

El ministerio de la guerra ba sido particularmente oca- 
sión de polémica entre los diversos órganos de la prensa 
periódica. La traslación del cuartel de algunos generales 
que se distinguieron en la época pasada por su adhesión al 
Emente y sus compromisos con aquel gobierno ; el bando 



420 REVkSTA UB MADIII9. 

dd baroD de Meer sujetando d los incendiarios de las fá^ 
brieas á la jurisdicción de las comisiones militares, y ofre* 
ciendo el indulto á sus descubrid<H*es; el fusilamiento de 
los tres desgraciados cómplices de , la muerte del general 
Esteller; la declaración del estado excepcional de Zaragoza, 
y d fusilamiento de los tres carlistas presos enXaspe cuan- 
do aun no lestaba concluida su causa, sen hechos demasáa'^ 
do graves, y sobre los cuales nosotros suspendemos núes-* 
tro . juicio, porque ni podemos aprobarlos, ni nos atreva 
mos á calificarlos tampoco mientras no sepamos menuda'* 
mente la historia de todos ellos. Creemos sin embargo que 
aunque algunas de estas medidas puedan ser justificables ea 
el fondo , no lo son en la manera con que se ban llevado á 
efecto. Creemos por ejemplo que el ministro déla guerra haya 
comunicado á los capitanes generales una real orden man« 
dándoles que siempre que las circunstancias lo exijan declar 
ren en esfiado excepcional sns respectivos distritos: y. ha 
habido autoridad militar que fundada en este disposición ba 
tomado medidas extraordinarias que no están justificadas 
por la necesidad ni las circunstancias. En el caso de los 
cómplices de la muerte de Esteller procedía en nuestro jul* 
cío la aplicación del indulto, y S. M. estaba dispuesta á 
otorgarlo ; pero tal vez un error ó el influjo de una prác- 
tica viciosa admitida en nuestra jurisprudencia h9k Impedí* 
do se llevara á efecto: Deploramos tan amargamente estos 
tristes sucesos , que el dolor nos impide el discurrir sobre 
ellos con mas detenimiento. > 

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It de IbUo 4« iS44. • 



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DE un UTtCDlOS GOmUDOS 01 ESTE mCER TMO. 



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Ur-tniestraii eostiimbres políticas; por B. 'Airromo Aicaca GALfAfro.'.'^ S 
4MI««slado«otual de-las bella» arles en Espafia.^o-Artfculo iI;por'D<Mr' 

G|TSTAVO Dbtillb SI 

Bañrabás, anécdola del licmpo del Goñde-Buque de Olivares.— Poesía , 

por D. . JosB DR Grijalba ^ *. 43 

Los sistemas filosóficos , por D. Pbdro Bbnito Golmato 49 

Del estado actual de las bellas arles en España.— Articulo III, por Don 

Gustavo Tbvillb 91 

De nuestro sistema electoral , por D. Autonio Alcalá Gauaho 105 

Apuntes para servir & la historia contemporánea, por D. Josb Lobehzo 

FiGCEROA *• ISl 

Memorias para escribir la historia contemporánea de los siete primeros 
afios del reinado de Isabel II, por el Marqués de Miraílores.— Juicio 
crítico por D. F. db Carobhas , 193 

Del estado actual de las bellas artes en España, artículo lY , por D. Gus» 
TAVo Dbvillb sil 

La voz de un profeta, poesía bíblica, por D. Frabcisco Rodbigubz Za- 
pata t31 

Observaciones sobre la verdadera inteligencia del art. 37 de la Gonslitu- , 
clon , por D. Diboo Mbdrano 341 

Tlajes científicos en todo el mundo> desde 1823 hasta 1842; por D. Fbaii- 

CISCO MlCIlBLBIlA T RoJAS. . 856 

flisloria filosófica de las bellas arles en España , desde el tiempo de Cons- 
tantino hasla el siglo de León X.— Fragmento . . 389 

Del carbón de piedra en España, artículo remitidO| por D. A. Moleao. 397 

CURSOS PÚBLICOS. 

Ateneo de Madrid.— Lecciones de literatura española, por D. Jobb di 
LA Rbvilla i65 

NOVELA. 
Gerfant 15, 73, 146, 



* 



TEATROS. 

Una reina no eottipira.— Eipaflolef lobre todo.-»Al Cesar lo qne ai del 
Gciarw— Alfonao llunlo. . • , ^ « ^ ,. Í49 

CRÓNICA política. 

Jaicto del úlllmó ministerio.— Él empréstiU).— ti bótui.— Heforinaf en 
la administración de justicia.— PolUica del actual ministerio.— Guettlon 
de hacienda.- La facción del Maeslraz^.<«^yia]e de SS. MM.— La cir- 
cular de los fiscales de la audiencia de Granada 154 

Cuestión de hacienda.— Crisis ministerial.— Matrimonio de la Reina.— 
Cuestión de Marruecos.— Disolución de las Cortes.— Reforma de la 

cWP P nalffs. . . . « « • •'..•.• ¿ ».«»•'•«• 1101 



.