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Full text of "Revista de Medicina y cirugia practicas"

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REVISTA DE MEDICINA Y CIRUGÍA PRÁCTICAS 



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REVISTA 



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AULEt K nsTErnaA, «REnrATÍA r p»ATriA (un) 



DIBBOIOB-ntonXTABIO-FDIIDADOB 



p. Rafael U 



APABL ULECIA y LARDONA 



TOMO LXXII 



MADRID 

IMPBENTA T LIBBEBÍA DB NICOLÁS MOTA 

0«r«ilM«, • y OamfeM, •• 
1906 



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Giítoí J. C. Cebriar. 



REVISTA 



MEDICINA Y CIRUGÍA PRÁCTICAS 



OCLUSIÓN INTESTINAL 

GttBEGirmA A UHi FORIA AHATODCA BABA HE BSTEHOSU DEL OmSTUO 

voft n 

DR. D. JOSÉ GOYANES 

Clr^uio d« BÚB^rOy por opotldén, d«l HotptUl proTincUI; ProfMor ftoxlltar d« b FM«ltad 
de Medieinft de Madnd. 



No hace muchos dias fui llamado con toda urgencia al Hospital 
provincial para ver á un pobre paciente, enfermero de la casa, que 
presentaba el grave cuadro de la oclusión intestinal aguda. Las 
particularidades de la lesión del intestino, observadas en el acto 
operatorio, y el gravísimo daño producido al enfermo por un trata- 
miento anterior desacertado, son bastante motivo para exponer el 
caso en la prensa profesional. 

El enfermo era robusto y bien conformado, de cuarenta y dos 
años, que sufría de tiempo en tiempo trastornos gastro-intestinales 
de aspecto de cólico, con estreñimiento, vómito, dolor y meteoris- 
mo, que iba sorteando sin detrimento para la nutrición y demás 
fnnciones. 

«El día 4 de marzo, después de una indigesta comida (lata de pi- 
mientos), comenzó á sentir molestias parecidas á las de anteriores 
accesos, pero con dolor intensísimo en el mesogastrio, meteorismo 
y estreñimiento absoluto para gases y heces fecales. En el trans- 
curso de tres días le fueron administrados tres fuertes dosis de pur- 
gantes salinos y oleosos (aceite de ricino), y como no hablan produ- 
cido deposición alguna, la familia del paciente, por indicación de 
un médico, le aplicó un enema de agua carbónica^ introduciendo para 
ello una sonda de goma en el recto y vaciando en el intestino el con- 
Afio XXX. - Tomo LXXII. - Núm. 0V7. - 7 Julio, 1906. 1 



tMki^é¿ÚA¿ífátii¿tiiv^de Selti enchufado á la sonda, enema que 
produjo al enfermo intolerables dolores de vientre. 

BI día 7 por la tarde vi al paciente en estado de intensa gravedad, 
con vómitos fecalóideos reiterados, descenso de la temperatura 
(36^,4),. facies abdominal, pulso pequeño y frecuente^ y secreción es- 
casa de orina. Los síntomas regionales consistían en meteorismo 
difuso, sobre todo en la parte alta y central del abdomen, zona he- 
pática algo rechazada hacia el tórax y dolor intenso en el vientre, 
sobre todo en el mesogastrio. 

Un enema de aceite á poca presión que puse al enfermo con un 
tubo de goma y un embudo, produjo dolores intensos y no fué de- 
vuelto, por lo cual y visto el estado de gravedad (fleus de probable 
localización en el intestino delgado por su curso agudo y por domi- 
nar el meteorismo en la zona central del vientre, y determinado 
quizás por una estrechez intestinal crónica), decidí practicar la la- 
parotomía, después de reanimar al enfermo con inyecciones de sue- 
ro y cafeína. 

Abierto el vientre por la línea media mesohipogástrica, encon- 
tramos tres ó cuatro asas intestinales meteorizadas y congestiona- 
das, hicimos una punción cbn un trocar fino para vaciarlas de su 
contenido gaseoso y exploramos la zona baja del abdomen, con la 
gran sorpresa de notar un fuerte olor á materias fecalóideas y acei- 
te, y descubrir estas substancias en la porción declive de la cavi- 
dad abdominal. Nos convencimos, por lo tanto, de la existencia 
de una perforación intestinal y para descubrirla mandamos intro- 
ducir un insuflador de termocauterio en el ano; el aire inyectado 
pasaba á la cavidad del abdomen á través de unei per foración de la 
pared anterior del recio en la zona de transición al colon pelviano; 
las paredes rectales estaban rasgadsis en una gran extensión y la 
mucosa perforada se herniaba á través de ellas; estae^ lesiones fue* 
ron evideniemenie producidas por una explosión rectal determinada 
por el enerna de agua carbónica. 

Suturada la perforación de la pared del recto, procedimos á bus- 
car la lesión determinante de la íleus. Esta radicaba en el intestino 
delgado, á unos 50 cm. del ángulo íleocecal, y estaba representada 
por una estreches circunscrita^ rodeada de un anillo lipomatoso ar- 
borescente, que partía de una de las caras del mesen terio para ter- 
minar en la otra. El mesenterio presentaba á todo lo largo de la 
inserción entérica una multitud de lóbulos adiposos arborescentes, 
parecidos á gruesos y apretados apéndices epiplóícos, y en todo el 



resto de su extensión una espesa capa adiposa entre las dos hojas 
peritoneales. Por encima de la estrechez el asa intestinal aparecía 
enormemente dilatada y de gruesas paredes (hipertrofia muscular 
entérica bien conocid% y constante en las estrecheces del intestino) 
y con éxtasis venoso ; por debajo del anillo estrictural el asa se ha- 
llaba yacía, colapsada y de color rosado. Practicamos sin pérdida 
de tiempo una entero-anastomosis lateral, siguiendo la técnica co- 
rriente, y cuando creímos terminado lo más importante de la ope* 
ración, descubrimos á unos 20 ó 25 cm. por encima de la estrechez 
inferior otra segunda, exactamente igual, que hicimos desaparecer 
practicando la enteroplastia á lo HeineckeMikulicz. La incisión 
longitudinal de la estenosis nos permitió observar que el calibre del 
asa á su nivel era igual al de una pluma de ave, que la mucosa es<- 
taba atróflca, pero no ulcerada, la muscular hipertrofiada por en- 
cima de la estrechez y sustituida por tejido esclerótico al nivel de 
-ésta, y la serosa reemplazada por las vegetaciones lipomatosas. 

Después de lavar el peritoneo con abundante cantidad de disolu- 
ción salina fisiológica y colocar un desagüe á lo Mikulicz en el án- 
gulo inferior de la herida hasta la pared rectal perforada y cosida, 
cerramos el abdomen en el resto de la incisión. 

El paciente decayó mucho durante la última fase operatoria y fa- 
lleció veinte horas después. 

Sirva de escarmiento este caso (que quizá se hubiera salvado sin 
la grave complicación de la peritonitis perforativa) para aquellos 
médicos que no se paran en poner en práctica procedimientos ver- 
daderamente brutales. Roturas del intestino determinadas por los 
-enemas de agua carbónica se hallan y a consignadas en la literatu- 
ra médica (casos de Jalaguier y Lebec), y con las inyecciones de hi- 
drógeno, propuestas por Senn, se han producido también en tres 
casos de Bryant. Es en verdad sorprendente que el autor de este úl- 
timo procedimiento alegue, para demostrar la inocuidad de su mé- 
todo, que las paredes del intestino resisten una presión de 4 á 6 at- 
mósferas. 

La posibilidad de una rotura intestinal me obliga, pues, á elevar- 
me enérgicamente contra el empleo sistemático de los enemas de 
agua carbónica á alta presión y de las llamadas mezclas gasígenas 
-en las oclusiones del intestino. 

Pero el caso referido merece también comentarios desde el punto 
de vista anatómico, puesto que, recorriendo la exposición que los 
Pintores clásicos de enfermedades intestinales hacen de la anatomía 



8 

de las estenosis del íleon, no he encontrado descrita la forma ana- 
tómica observada, á la que me atrevo & cAliñesLr áe estenosis anular 
Upomatosa (véase la figura). La lipomatosis del borde mesentérico 
había invadido, como hemos ya dicho, la superficie libre del intesti- 
no en forma de anillo de 2 cm« de ancho por 1 á 2 de espesor; la mu- 
cosa estaba atrofiada y la muscular reemplazada por tejido escleró- 
sico de infiltración. Por lo demás, la invasión lipomatosa mésente- 
rica era perfectamente limitada, y en el resto de la superficie del 
Íleon no se veía vegetación epiplóica alguna, que es lo que en con- 
diciones normales sucede. 

La superficie externa de las estenosis intestinales se halla descrita 
muy parcamente en los tratados. Nothnagel {Die Erhrankungen de» 




Esquema de la estenosis lipomatosa anular. — a, o, anillos lipomatoso» 
estenósicos ; 6, mesenterio ; e, asa aferente ; (2, asa eferente. 

Darms und des Peritoneum^ Wien., 1898, pág. 266), después de algu- 
nas consideraciones sobre las causas, número y longitud de las es- 
trecheces, dice que <en la superficie externa de las mismas existen 
con mucha frecuencia engrosamientos peritoníticos y, con frecuen- 
cia también, adherencias con otras asas intestinales y con otros 
órganos (bazo, hígado, etc.)*. 

Menos explícito es todavía Boas en su conocido tratado {Dianostik 
und Therapie der Darmkrankheiten, 1899, pág. 427), aunque hace re- 
ferencia á los trabajos de Riedel sobre las estenosis producidas por 
la retracción mesentérica, la cual puede originar no tan sólo el vól- 
vulo de la S ilíaca, sino también estenosis del yeyuno-íleon, cuando 
la retracción peritoneal se localiza en el mesenterio del intestino del- 
gado. Pero estas lesiones son completamente distintas de la obser- 
vada por nosotros. 



9 

En un trabajo de los más recientes y completos sobre las estenosis 
intestinales, con especial referencia á las tuberculosas, publicado 
por el profesor Wieting en la Deutsche Zeitschrift für Chirurgie, 
tomo 78, pág. 341 : Beitrag zur Pathogenese und Anatomie der auf 
entzündlicher, namentlich tubero. Basis entstand. Darnistrikturen, 
etcétera, tampoco se halla descrita ni representada en las numero- 
sas figuras del texto esta invasión anular del tejido adiposo del me- 
senterio. 

Bn el tumor ileocecal tuberculoso, las masas adiposas que á ve- 
ces existen, no son de naturaleza productiva, sino restos de los apon* 
dices epiplóicos, y en el intestino delgado la serosa de la estrechez 
puede hallarse ulcerada (estenosis tuberculosas principalmente), y 
desprovista de epitelio peritoneal y retraída. 

Por desgracia, la falta de autopsia no permitió en nuestro caso 
averiguar la naturaleza de las estrecheces, dato que á veces escapa 
aun á la investigación microscópica más detenida, y por lo tanto, 
determinar la índole primaría ó secundaria de la vegetación lipo- 
matosa arborescente. Claro es que no se puede negar ni afirmar que 
en la observación expuesta las estenosis fueran de naturaleza tu- 
berculosa (faltando antecedentes de traumatismo, herencia, sífilis, 
tifoidea, disentería, etc., quedan excluidos los respectivos procesos 
ulcerosos con estenosis subsiguiente), hablando en favor de la natu- 
raleza fímica de la estrechez su localización en el íleon y su multi- 
plicidad (12 estenosis del intestino delgado en un caso de Hofmeis- 
ter: BerL klin. Woch,, 1896, pág. 227; 9 en otro de Wieting, loe. 
cit.; 10 en uno de Soerensen : Deutsche med. Woch., V. B., núm. 2), 
mientras que la falta de tuberculosis de otros órganos y de ulcera- 
ciones tuberculosas en el intestino no la excluyen en modo alguno. 

En definitiva, la lesión observada en el caso expuesto es muy inte- 
resante y rara, y merece la pena dirigir una investigación biópsica 
y necrópsica para descubrir alteraciones análogas. Si la estrechez 
es consecutiva á la invasión de la pared intestinal por los lóbulos 
adiposos del mesenterio (la enorme diferencia que existe entre la 
longitud del intestino en el lado de la inserción mesentérica y la del 
lado libre puede considerarse como un precedente fisiológico), esta- 
mos autorizados á considerar como nueva forma anatómica la este- 
nosis lipomatosa anular. Si la invasión de la grasa mesentérica es 
secundaria y subsiguiente á alteraciones de la serosa de la zona es- 
tenosada, la lesión tiene menos interés, pero el suficiente para lla- 
mar sobre ella la atención. 



10 

En cuanto al tratamiento de las estrecheces^ la enteroplastia debe 
reservarse para las estenosis sencillas y de tejidos relativamente 
sanos; la anastomosis, con exclusión del asa 6 asas estenosadas, 
debe practicarse en los enfermos muy decaídos por afección crónica 
ó aguda (íleus) y la resección, con sutura ó botón de Murphy, en 
todos los demás casos. 



REVISTA DE TERAPÉUTICA Y FARMACOLOGÍA 

DR. D. EMILIO PÉREZ NOGUERA 

Médico d«l Caerpo da Staldftd MUiUr. 



SuMABio t I. Dos nuevos anestesióos locales.» II. Empleo de la sal marina 
oontra el reumatismo crónico. ~III. Acción diurética de las irrigaciones 
rectales.^IV. Los rayos X como remedio de algunas neuralgias.— Y. ün 
buen tenífugo para los niños. 

I. Des nuevos anettótices lecaios.— El importante grupo farmacológi- 
co de los anestésicos locales^ á cuya cabeza figuran medicamentos 
tan activos y de tanta utilidad en la práctica médica, como la co- 
caína, la acoina, la eucaina, el ortoformo, la estovaina y la anes- 
tesina, acaba de enriquecerse con dos nuevos productos sintéticos, 
dotados, al parecer, de gran energía medicamentosa, y que han 
sido introducidos en terapéutica con las denominaciones comercia- 
les de Alypina y Novocaína. 

La primera es un clorhidraio de benzoil-tetrameiil'diamino^penia'' 
nolf que sólo se diferencia de la estovaina {clorhidrato de benzoU- 
dimeiil amínO'pentano[) por contener un grupo amino-dimetilado. 
Az<^^, más que este último, según puede apreciarse comparando 
las fórmulas de constitución correspondientes á dichos cuerpos. 



s 



CH'-Az<ggI CH»-Aí<ggÍ 

C«H»-CÜ-C0C«H».HC1 C»H»-00— C0C«H».HC1 



CH' 



CH»-Az < g^ 



EttOTaCna. AiiplM. 

Se presenta bajo forma de polvo blanco, cristalino, fácilmente so- 
luble en el agua y en el alcohol; fusible á los 169^; que precipita de 



II 

sus disoluciones acuosas por los reactivos generales de los alcaloi- 
des y por el yoduro de potasio; que puede soportar sin descompo- 
nerse temperaturas superiores á 100**,. prolongadas durante diez 
minutos, y que posee una acción fisiológica exactamente igual 
á la de la estovaina, pero mucho más intensa, sobre todo cuando 
se introduce en el organismo por medio de inyecciones intra* 
venosas. ^ 

Introducida debajo de la piel ó aplicada sobre una mucosa en so- 
lución al 4 por 100, produce una completa insensibilidad de todos 
aquellos tejidos con quienes se pone en contacto, por parálisis de las 
terminaciones periféricasde los nervios correspondientes; pero como 
sucede con la cocaína y con la misma estovaina, esta parálisis se 
desarrolla también en los centros y en los troncos nerviosos cuando 
el medicamento de que se trata se pone en contacto directo con ellos. 

Para anestesiar la conjuntiva y la córnea bastan soluciones al 2, 
pero tiene el inconveniente de determinar una intensa hiperemia de 
todos los tejidos del ojo, debida á sus pronunciados efectos vaso- 
dilatadores. 

La acción tóxica de la alipina se traduce por una parálisis más ó 
menos completa del sistema nervioso central (según la importancia 
de la dosis administrada) con iocalización muy especial en el bulbo 
y, sobre todo, en el centro respiratorio. Esta parálisis va precedida 
de un periodo de excitación caracterizado por convulsiones tónicas 
y clónicas, acompañadas algunas veces de alucinaciones é hiperes- 
tesia. La muerte sobreviene en todos los casos por asfixia. 

Sobre el aparato circulatorio actúa disminuyendo la frecuencia y 
la energía de las contracciones cardiacas, pero donde principal- 
mente se manifiesta su influencia es en la presión vascular, que des- 
ciende bruscamente hasta 8 y 10 milímetros de mercurio á los pocos 
segundos de haber practicado una inyección intravenosa con solu- 
ción al 2 por 1.000 de la expresada droga. La dilatación de los vasos 
es un fenómeno que se observa siempre después de la aplicación del 
anestésico, lo mismo que sucede con la estovaina; pero, al contra- 
rio de lo que ocurre con esta última, pueden modificarse sin peligro 
alguno dichas propiedades vasodilatadoras, con sólo añadir á sus 
soluciones acuosas algunas gotas de adrenalina al milésimo. 

La solución diluida al 1 por 100 carece de acción tópica irritante y 
no modifica el estado de la pupila, las funciones de acomodación 
ni la presión intravascular; pero las concentradas al 4 ó 5 por igual 
proporción, irritan fuertemente los tejidos que tocan y dan origen á 



12 
una midriasis bastante pronunciada que suele prolongarse cerca de 
una hora. 

En cuanto á su coeficiente de toxicidad por kilogramo vivo, puede 
evaluarse, según se desprende de los estudios experimentales de 
Impens y Chevalier, en 7 centigramos por vía subcutánea, en 6 por 
vía intraperitoneal y en 2 miligramos bajo forma de inyecciones 
intravenosas. 

Hasta ahora sólo se ha empleado en laringología, urología, oftal- 
mología y operaciones dentarias, utilizando soluciones acuosas 
cuya concentración ha variado entre 2 y 4 por 100. En la práctica 
quirúrgica ordinaria no ha llegado á generalizarse, pues para obte- 
ner una anestesia algo duradera se necesita hacer uso de soluciones 
al 4, las que inyectadas debajo de la piel suelen dar origen á gran- 
des fenómenos de irritación local y hasta algunas veces á verdade- 
ros focos de gangrena. 

Estas mismas propiedades irritantes contraindican formalmente 
su empleo en la práctica de la anestesia medular por medio de in- 
yecciones intrarraquídianas. 

En resumen ; el medicamento de que se trata es un anestésico 
local de acción fisiológica muy semejante á la de los demás com- 
puestos farmacológicos del mismo grupo, sobre todo á los de la 
esto vaina y cocaína, pero de propiedades terapéuticas muy inferio- 
res á las de dichos cuerpos. Del primero se distinguen por desenvol- 
ver mayor irritación local y poseer un coeficiente de toxicidad mu- 
cho más grande ; del segundo, ó sea de la cocaína , por desarrollar 
efectos vasodilatadores bastante acentuados y ser más irritante, 
menos anestésico y algo menos tóxico (sobre todo cuando se admi- 
nistra por vía subcutánea). 

El segundo compuesto medicinal de que hoy tenemos que ocupar- 
nos, es la Novocaína 6 clorhidrato ácido de p-aminO'benzoil^eiil-- 
amino-eihanal^ 

C-NH«.H01 

HC. yQU 

C— COO.C*H*N(C«H»)» 

obtenido por primera vez por Einhorn y Uhfelder, y que se presenta 
bajo la forma de finas agujas incoloras, fusibles á 156, solubles en 



13 

su peso de agua fría y en 30 partes de alcohol ordinario. Las solu- 
ciones acuosas de este nuevo remedio pueden someterse durante 
quince ó veinte minutos á temperaturas de ebullición, sin que se al- 
teren ni descompongan en lo más mínimo. 

Según se deduce de los experimentos practicados por Bíeberpel 
(de Breslau), la novocaína desenvuelve ya una acción anestésica 
bastante pronunciada, con soluciones al 0'25 por 100 ; pero nunca 
produce efectos secundarios desagradables, ni aun haciendo uso de 
soluciones muy concentradas (al 20 por 100). No desenvuelve acción 
tópica irritante, pues puede aplicarse sin inconveniente alguno 
bajo forma de polvo sobre los tejidos más delicados, y no ocasiona 
ningún trastorno de la respiración ni de la circulación cuando se 
administra por vía subcutánea en cantidad de 15 á 20 centigramos 
por kilogramo del animal sometido á la experiencia. 

Dosis más altas desenvuelven los mismos fenómenos que la co- 
caína, la esto vaina,, la alipina y demás medicamentos del mismo 
grupo, pues hacen descender la presión sanguínea y paralizan los 
centros nerviosos, ocasionando la muerte por asñxia; pero para 
llegar á producir tan graves accidentes se necesitan cantidades 
muy elevadas de este nuevo anestésico, desde el momento que su 
dosis tóxica mortal puede calcularse en 35 á 40 centigramos por ki- 
logramo vivo. 

Las indicaciones de la novocaína son, en general, las de los 
compuestos análogos, pero muy especialmente la anestesia quirúr- 
gica y las extracciones de dientes, á causa de su débil toxicidad 
y de carecer casi en absoluto de acción tópica irritante. Brandt ha 
llevado á término 150 operaciones, sin más anestesia que la deter- 
minada por este nuevo producto medicamentoso, no obstante figu- 
rar en dicha estadística algunos casos de uranoplastias, estañlorra- 
flas, gastrostomías y entérostomías. 

Como se trata de un compuesto vasodilatador, es conveniente 
para evitar grandes hemorragias en los actos quirúrgicos, añadir á 
la solución de novocaína pequeñas cantidades de adrenalina, se- 
gún se detalla en las fórmulas siguientes: 

Núm. 1. Novocaína 10 centigramos. 

Bolación salina fisiológica 10 gramos. 

Solución de adrenalina al milésimo. . . X gotas. 

Núm. 2. Novocaína 10 centigramos. 

Solución salina fisiológica 5 cent. cúb. 

Solución de adrenalina al milésimo... X gotas. 



14 

Esta última, que corresponde á una solución al 2 por 100, está 
principalmente indicada en los casos de extracciones dentarias 6 
de operaciones muy largas y dolorosas; en todos los demás bastan 
las soluciones al centesimo, como las representadas por la fórmula 
núm. 1. 

En resumen: la novocaína parece ser un anestésico ideal, de 
acción terapéutica tan duradera y acentuada como la cocaína, 
desprovisto por completo de acción irritante local y mucho menos 
tóxico que todos los demás medicamentos análogos empleados 
hasta ahora, excepción hecha de la esto vaina. 

Esperemos, sin embargo, á que nuevos estudios experimentales 
vengan á confirmar tan halagüeñas promesas. 

II. Empleo de la eal marina contra el reumatismo erinlee. — Hace ya mu- 
cho tiempo que se emplea empíricamente en Rusia por las gentes 
del pueblo un tratamiento muy eficaz del reumatismo crónico, que 
consiste en friccionar las articulaciones enfermas con sal común 
ligeramente humedecida. Dichas fricciones se repiten dos ó tres ve- 
ces al día y se prolongan durante quince minutos, envolviendo des- 
pués la parte friccionada en un trozo 'de bayeta caliente ó en una 
gruesa capa de algodón. 

Teniendo en cuenta los buenos resultados obtenidos con tan sen- 
cillo procedimiento, el Dr. N. Falipie ha hecho uso de la sal marina 
en solución concentracía y bajo forma de compresas, en once casos 
de reumatismo articular crónico. Después de aplicar la compresa 
bien empapada en la solución de^al, sobre la articulación invadida, 
la rodea de franela y de tafetán gomado, renovando las aplicacio- 
nes cada cuatro horas. 

Todos los enfermos tratados de esta suerte curaron por completo 
en un plazo relativamente corto, pues rara vez solfa exceder de tres 
septenarios. Además, el dolor y la tumefacción desaparecían muy 
rápidamente, sin que en ninflUin caso pudiera comprobarse la exis- 
tencia de fenómenos de irritación local. 

III. Acción diurétiea de las irrigaciones rectales. — Según un articulo 
publicado en el British Medical Journal^ los enemas de solución 
fisiológica de cloruro de sodio desenvuelven un efecto estimulante 
sumamente acentuado sobre las funciones renales, determinando 
un aumento tan rápido y seguro de la cantidad de orina como el 
que producen los diuréticos más activos de nuestra materia médica. 

Gracias á esta acción especial se consiguen dos importantes re- 



15 

soltados: el aumento de la cantidad de orina y la disminución de 
las congestiones renales, observándose en el primero dos periodos 
distintos que corresponden á una aceleración refleja de la circula- 
ción sanguínea y & una mayor actividad en la absorción y filtra- 
ción del liquido por parte de }as células propias del órgano. 

La experiencia clínica ha demostrado que cuando la tensión arte- 
rial está muy elevada, las irrigaciones rectales, producen súbita- 
mente un ligero aumento, pero sólo se trata de un fenómeno muy 
pasajero que no tarda en ir seguido de considerable disminución, 
gracias al desarrollo de una abundante diuresis unida á una mayor 
actividad de las funciones intestinales. Dicho descenso de presión 
sanguínea va acompañada de gran sensación de bienestar y á ve- 
ces de sueño. 

He aquí el método que el Dr. Coleman Kemp recomienda: colocado 
el enfermo en el lecho en posición lateral y con las piernas dobladas, 
se introduce en el recto una cánula de doble corriente; se adapta á 
ella el tubo de un irrigador de varios litros de cabida lleno de solu- 
ción décimonormal de cloruro sódico caliente, y se regula la presión 
de manera que, aunque la referida solución entre y salga de conti- 
nuo en el intestino, permanezca siempre en él una cantidad aproxi- 
mada á 500 gramos. Oe este modo deben inyectarse, durante cada 
sesión, unos 30 litros de dicho suero artificial. 

Si fuera necesario, no hay inconveniente en repetir las irrigacio- 
nes cada tres ó cuatro horas, y gracias á tan sencillo procedimiento, 
que bien pudiera llamarse de corriente continua, se obtiene el má- 
ximum de absorción, que el autor ha calcula en 1 litro porcada 3 ó 
4 que se irrigan. 

IV. Los rayes X eomo remodio de algunat neuralgias.— Sabido es que uno 
de los más constantes y valiosos efectos de los rayos Róntgen, cuan- 
do se aplican contra los tumores malignos, es la producción de una 
analgesia más ó menos intensa y duradera, pero que no falta nun- 
ca. Partiendo de este hecho plenamente demostrado por todos los 
especialistas, el Dr. Leonard ha tenido la idea de aplicar dichos 
efectos anestésicos al tratamiento de las neuralgias, obteniendo 
hasta ahora resultados que pueden calificarse de muy satisfacto- 
rios, pues entre oíros éxitos de menor cuantía, cuya descripción ca- 
rece de interés, presenta la observación de dos casos crónicos y re- 
beldes completamente curados, después de haber resistido durante 
mucho tiempo á toda clase de remedios antineurálgicos, tanto ex- 
ternos como internos. 



16 

El primero se reñere á ud enfermo de neuralgia suborbitaria con- 
secutiva á la gripe: después de haber hecho uso inútilmente de mul- 
titud de medicaciones, recurrió al empleo de los rayos ROntgen, ini- 
ciándose la mejoría desde la primera sesión, de tres minutos, y lle- 
gando á curar por completo algunas semanas más tarde. El otro 
corresponde á un individuo que venia sufriendo desde hacia siete 
meses una neuralgia muy aguda de los dos nervios dentales y que 
antes la había padecido en diferentes ramos del trigémino. Tres se* 
siones de á cinco minutos cada una, repetidas un día sí y otro no, 
bastaron para determinar el alivio de los fenómenos dolorosos, y la 
curación fué definitiva, á partir de la octava, sin que en dos años 
hayan vuelto á manifestarse nuevos ataques. 

Además, el autor añrma que la radioterapia puede ser útil hasta 
en ciertas formas de neuritis, fundándose para hacer tal afirmación 
en el caso de una mujer asistida por él, y que no obstante hallarse 
afectada de neuritis del facial con degeneración del nervio, conse- 
guía verse libre de dolores durante toda la tarde y una parte de la 
noche que seguían á la aplicación de dicho remedio. En otro enfer- 
mo con tic doloroso de la cara, cuyas crisis se reproducían cada 
cinco minutos, privándole del sueño y del descanso, la beneficiosa 
influencia de los rayos X se hizo sentir casi en seguida, manifestán- 
dose por la cesación de los dolores y por la desaparición de las cri- 
sis convulsivas. 

El mismo autor ha tenido ocasión de observar efectos análogos 
en otra multitud de dolores independientes de las neuralgias y, so- 
bre todo, en los provocados por la gota y por el reumatismo articu- 
lar crónico. 

V. Un buen tenffugo para Im nlflot. — El Dr. Guida recomienda: 

Aeido salioilioo 60 centigramos. 

Extracto etéreo (le helécho macho 75 ^ 

Qoma arábiga 8 f^ramos. 

Jarabe simple 60 — 

Ai^na destilada • 100 — 

Esencia de canela X Kotas. 

Para tomar toda la fórmala en ayunas en dos fracciones con una hora 
de intervalo. 

Otros prefieren : 

Extracto etéreo de helécho macho 4 gramos. 

Goma arábiga en polvo 4 — 

Jarabe de éter 40 — 

Airna destilada de menta 100 — 

Para tomar por la mañana en ayunas en nna ó dos veces. 



n 

También pueden administrarse las ñores de Kouso(10ól5 gra- 
mos de polvo mezclados con 20 ó 30 de azúcar) ; el semen contra muy 
recomendado por Chaussur: 

Calomelanos al vapor 10 centigramos. 

Semencontra • 20 ^ 

Alcanfor - 15 — 

Jarabe de goma 80 — 

6 la esencia de trementina, que suele dar en ciertos casos rebeldes 
resultados superiores á los dem&s tenífugos: 

Esencia de trementina 6 gramos. 

Poción gomosa 100 — 

Para tomar de una vei. 



bibliografía 

POR K 

DOCTOR RODOLFO DEL CASTILLO 



SioHAOVLA MKDiooBVM ocvLABTOBVM, por Mr. Emílío Espérandiou. 

La epigrafía en todos los tiempos ha tenido gran importancia por 
los interesantes datos que ha suministrado á la historia y á la fllo- 
iogia. En sus comienzos, dio preferencia al estudio de los epígra- 
fes griegos y latinos, pero más adelante y á principio del siglo pa- 
sado penetra en el Oriente, y aquellos pueblos que hasta entonces 
habían sido arca cerrada á nuestras investigaciones, presentan- 
noslo á nuestros ojos con todas las maravillas de su espléndido pa- 
sado. A las inscripciones Coptas debieron Champollion y otros el 
conocimiento de la vida del antiguo Egipto, de igual suerte que á los 
descubrimientos de Layard, en Ninive, debemos á Smith el que nos 
haya revelado la espléndida civilización Asirio-Caldea. 

De todas las inscripciones, las más estudiadas han sido las latinas, 
y á ellas pertenecen las de los llamados sellos de oculistas roma- 
nos, que en poco tiempo ha venido á constituirse en una especiali- 
dad, que ha testimoniado lo que la oftalmología era en los tiempos de 
Augusto, y si bien Sichel, Grotefend, Klein, Villefosse, Thedenat y 
otros habían ya publicado numerosos é interesantes trabajos refe- 
rentes á ellos, es lo cierto que al sabio Mr. Emilio Espérandieu dé- 
bese la obra más completa hasta hoy publicada, con su libro titula- 

9 



18 

do Recueil des cacheta d'oculistes romainn^ en el cual su autor da á 
la estampa todas las inscripciones de aquellos sellos hasta entonces 
catalogados, con los nombres de los oculistas, el de los colirios, sus 
aplicaciones en las diversas afecciones de los ojos, etc., y termina 
su obra con una bibliografía de lo más completa de cuantos traba- 
jos se habían publicado desde los de Juan Smet, en 1678, hasta 
nuestros días. 

Cuando esta obra se publicó en 1893, fué objeto su autor de Iqs 
plácemes más entusiastas, y se le consideró como uno de los epigra- 
Astas más distinguidos de la Francia, pues su obra era la síntesis 
de cuanto se había dicho y discutido referente á unos monumentos 
que venían á esclarecer la historia de la oculística en los dominios 
de Roma. 

No estimamos impertinente el que se diga que Mr. Espérandieu no 
es médico, ni oculista, sino un ilustre oñcial del ejército francés, y 
que los ocios que le permite la milicia los emplea en el estudio de la 
arqueología, en la que, como ya hemos dicho, ha conquistado nom- 
bre y fama, y tan es así, que los alemanes, que son hoy los que ca- 
minan á la cabeza de los estudios de la epigrafía latina, le han con- 
ñado el trabajo de agrupar todas estas inscripciones, que han de 
servir para el volumen XIII del Corpus inscriptionum laiinorum. 

De este trabajo ha hecho Mr. Espérandieu un libro por separado 
que titula Signacula medicarum oculariorum, en el que comienza di- 
ciendo : «Las inscripciones especiales que empleaban los médicos 
oculistas se hallan descritas en multitud de folletos, de los cuales 
sólo haré aquí mención de aquellos que estimo de mayor interés, 
pues de los demás creo que bastará con citar los lemas que llevan 
cada uno de los sellos»; á continuación va enumerando las inscrip- 
ciones de estos sellos, indicando la substancia de que se componen, 
sus dimensiones, forma geométrica, año y lugar en que fueron ha- 
llados, número de inscripciones y sitio en que van grabadas, las que 
se reproducen con exactitud por delicadas improntas. Las inscrip- 
ciones de muchas barras de colirios encontradas en su mayoría en 
una tumba romana en Reims, allá por el año de 1854, como la de mu- 
chos vasos de los destinados por los oculistas para conservar los 
colirios» hacen un total de 231 inscripciones, que son hasta hoy las 
conocidas. Como estos sellos eran muy variados, como ya hemos 
dicho, el autor del libro los describe en capítulo separado, y á me- 
dida que va indicando sus particularidades, les señala el número de 
orden para mejor comprensión del lector. 



19 

Después, y por orden alfabético, da á conocer los nombres y cog- 
nemes de los oculistas que figuran en él, los colirios y las enferme- 
dades en que debían aplicarse éstos. 

Varios capítulos indican después los nombres de los lugares en 
donde fueron hallados, museos y centros científicos en que se en- 
cuentran, como los que se hallan en poder de particulares, y por úl- 
timo, termina tan interesante obra con un atlas de los facsímiles de 
los sellos descritos. 

Para terminar, diremos que el autor ha dado á su libro un corte 
clásico y en él refleja sus profundos conocimientos y gran erudición 
en rama tan difícil de los conocimientos humanos, y por ello no he- 
mos de regatearle nuestra modesta felicitación por tan meritfsi- 
ma obra. 

REVISTA ESPAÑOLA 



SOCIEDADES CIENTÍFICAS 

BEAL ACADEMIA DE MEDICINA DE MADRID 
8e$ión del dia i2 de Mayo de Í90fí. 

Profilaxis de la tuberculosis. — El Dr. Hernández Briz, al reanadarBe este 
debate, dice que en el imporfcaotisimo asuato de la taberculosis había que 
tener presente dos puntos de mira: el primero, la lucha contra el esputo, 
procurando por todos los medios posibles combatir el germen especifíco, la 
semilla tuberculosa, pues sin el germen ó semilla no hay enfermedad, como 
lo prueban aquellas poblaciones donde no existía todavía la tuberculosis, 
por no haber llegado á ellas dicho germen. Al efecto, recuerda lo expuesto 
por el Dr. Larra al hablar de una población que estuvo muchos años siendo 
desconocida esta dolencia, hasta que ahora la padecen por haber llegado 
á ella la semilla de la enfermedad; que lo mismo ocurre en un pueblo de 
la Sierra, Peguerioos, á 1.600 metros de altitud, que no la padecen hasta 
que es llevada por alguno. Que desgraciadamente no habrá ningún pueblo 
quesea refractario á esta plaga, asi como tampoco habrá ninguna edad 
de la vida en que no se padezca esta enfermedad; que desdo el niño recién 
nacido hasta el anciano de más edad, en todas las épocas se contrae y se 
padece esta dolencia, que ataca á todos los tejidos de la economía, y de 
aquilas numaroáisimas variedades que presenta. 

El segundo punto de mira es macho más importante que el primero : es 
hacer estéril el terreno humano para que no germine en él la semilla tu- 
berculosa ; mantener despiertas y activas las defensas orgánicas ; sostener 



20 

la perfecta nutrición celnlar ; rigorízar el organismo y la raza por todoB lo» 
medios. Que hay que combatir el alcoholismo y la si/ilis que contribuyen 
poderosamente A favorecer los estragos de la tuberculosis ; que el sifilítico 
que adquiere la tuberculosis es, como ha dicho un gran clínico, una reía, 
que se consume por los dos extremos para desaparecer rápidamente. 

Para yigorizar y fortalecer al hombre, hay que empezar desde el na- 
cimiento; que la alimentación y crianza del niño tiene que reglamentarse,, 
pues en todas las clases sociales hay un desconocimiento absoluto en toda 
cnanto á este importantísimo asunto se refiera. Dice que mucho antes del 
nacimiento hay que dirigir nuestra mirada por los hijos del alcohólico y 
sifilítico ; son seres raquíticos y miserables, como decía elocuentemente el 
genial Letamendi ; de esos padres ntieerdn borradores de hijos, incapaces de 
ponerlos en limpio la diosa H¡/gea con todo su poder. 

Hay que multiplicar las instituciones de las Chtas de leche^ como la fun* 
dada por el Dr. ülecia; pablicar cartillas y dar conferencias en escuelas y 
colegios, etc., y hacer propaganda de estas ideas. 

Debe combatirse toda enfermedad tuhercuUgena, como el sarampión^ la 
coqueluche y la gripe, las cuales despiertan y abonan el terreno para que en 
él germine la tuberculosis que estuviese latente en la conralecencia d& 
estas enfermedades, pues cree el Dr. Briz que las toxinas del bacilo de 
estas tres enfermedades tienen muchos puntos de contacto con la toxina de 
la tuberculosis. Que hay que ocuparse de la grandísima mortalidad de los 
nifios menores de doce afios, y que por miles se cuentan los que sucumben 
en Madrid de meningitis, probablemente la mayoría de ellos de naturaleza 
tuberculosa y de otras clases de meningitis bulbares, rápidamente mortales, 
que hace falta estudiar, citando lo que ocurría en un colegio de esta corte,. 
' que había producido justificada alarma los casos presentados, pues en horas 
morían algunos nifios sin dar tiempo á que los riera el médico, y con un 
síndrome más ó menos parecido á la meningitis cerebro-espinal. 

Dice que está conforme con cuanto había dicho el Dr. Toloea respecto 
á los sanatorios marinos, que debían multiplicarse, porque contribuían po- 
derosamente á fortalecer al nifio, curándole sus enfermedades pretubercu- 
losas, y que ahora se ocuparía de la acción terapéutica, indicaciones y con- 
traindicación es del clima de montaña. Que la experiencia personal durante 
diecisiete años seguidos en el verano y parte del otoño, en la sierra de 
Guadarrama, zona granítica de la prorincia de Madrid, le había permitido 
observar la acción verdaderamente prodigiosa; que tenia hechos qne veía 
confirmados por los principales clínicos é higienistas de Europa. 

Añade que es tan accidentado el terreno de nuestra península, que no 
teníamos que envidiar á nadie para poseer el clima que nosotros necesitá- 
semos; que sin salir de Madrid, sin perder de vista la torre de Santa Cruz, 
estaban representados los principales climas, pues desde el punto más 
alto, qne es la Peña Lara, hasta el más bajo, que está en la confluencia del 
Tajo con el Algodor, hay un desnivel de cerca de 2.000 metros; que con 
este sólo dato se viene en conocimiento de lo desigual de su territorio. 

La Sierra llamada comunmente de Guadarrama es una estribación de la 
cordillera Carpetobetónica, que se estudia desde saliente á poniente, ce- 
rrando el norte y con exposición al mediodía; que está en la zona graní- 



21 

tica de la provincia y qae tiene namerosos pueblos perfectamente urba- 
nizados; que desde Miraflores de la Sierra, El Espinar, Guadarrama, El 
Escorial, San Lorenzo, basta San Martin de Yaldeiglesias, Las Navas, et- 
cétera, podían utilizarse perfectamente por encontrarse en la altitud del 
clima de montaña. 

El clima de montaña ha de tener una altitud de 1.000 á 1.800 metros de 
altura media, la mejor de todas, según todos los observadores, pues las dé* 
biles disminuciones de presión que corresponden á esta altitud no tienen 
contraindicaciones y es donde deben instalarse los sanatorios de montaña; 
que á esta altura es más amplia y rápida la respiración, que el tórax se di- 
lata mejor, el anhídrido carbónico de la sangre disminuye, y que los actos 
respiratorios son habitualmente mejor estimulados, según las observacio- 
nes de Veragut, Beguerd, A. RobÍQ,.Binet, etc. 

Entre loe muchísimos niños menores de once años, que en los diecisie - 
te años había observado (teniendo en cuenta que sólo á El Escorial con* 
currian en los veranos unos 8.000 próximamente), en todos ellos se obser- 
vaba, hasta por las personas indoctas, la mayor oxigenación de la sangre; 
-que llegaban pálidos, anémicos, y á los pocos días su piel se coloraba de 
carmín, la mirada era más viva, el apetito aumentaba, el sueño era mayor, 
•en una palabra, que la nutrición era más activa. 

Hay que tener presente que en el clima de montaña son varios los facto- 
res quiS le daban carácter y especialización. 

1.* La altitud media ya indicada. 

2.<* La mayor luminosidad de la atmósfera ; que la luz en toda esta re* 
gión es más viva; que los rayos químicos, los ultravioletas, son más in- 
tensos y numerosos; que experimen taimen te había comprobado que la 
placa fotográfica necesitaba mucha menos exposición en esa altura que en 
los sitios bajos. Que es tan importante esta acción del agente luminoso, 
«jerce tan maravillosa influencia en el organismo humauo, que una parte 
grandísima de sus beneficios se debe indudablemente á esto. Cita las ob- 
servaciones recogidas en los artilleros, que subieron á las alturas del Puerto 
de Malagón y meseta del arca de San Juan (1.600 y 1.786 metros), sitios de 
atmósfera fría, y que se observó el fenómeno del desprendimiento de la 
epidermis de la cara. 

La luz solar dice que tiene una acción verdaderamente mineralizadora, 
iónica en alto grado, efectos terapéuticos de todos conocidos. 

£1 tercer factor, y de una importancia excepcional, descubierto reciente- 
mente, es la radio-actividad de la atmóefera. Que el aire atmosférico ha de- . 
mostrado el profesor Saake, en 1904, que contiene substancias radio acti- 
vas, habiendo visto que el aire es de tres á cinco veces más rico en substan- 
cias radio-activas eu estas alturas que en los valles; que como la diferencia 
de tensión eléctrica entre el aire y el suelo aumenta á medida que nos ele- 
vamos, debe haber en las montañas una acumulación sobre la superficie 
del cuerpo humano de substancias radio -activas más considerable que en la 
llanura; añade que si no sería éste el secreto de la influencia favorable so- 
bre el organismo de las altitudes; que empezaban á esbozarse ahora estos 
estudios y que el tiempo lo aclararía. 

El cuarto factor es el suelo y los vegetales que lo pueblan. Que en esta 



22 

sierra el snelo es guHs y granito; qae su regetación es Tariadisíma, exis- 
tiendo 1.062 especies silvestres y asilvestrados de plantas, abundando las 
aromatico-bal(>ámicas y las coniferas; que hay, por tanto, el quinto de la 
vegetación de Espafia; que unido esto d la pureza de sus aguas de manan- 
tial, que procedentes del derretimiento de las nieven que en el invierno cu* 
bren las alturas, y filtradas por el granito, nacen purísimas, casi destiladas, 
por no disolver apenas sales, y muy frescas. Que el aire, impregnado del 
aroma de las plantas resi no-balsámicas, le hace tónico y excitante en ex- 
tremo. 

El quinto factor lo forman los fenómenos meteorológicos. Que la seque- 
dad de la atmósfera en verano y otofto es grande, pues apenas hay lluvias 
en esta época, cayendo algnna agua en otoño, muy poca. Que el cielo es 
despejado y de una transparencia y limpidez asombrosa, que se dibuja el 
contorno de las rocas en sus menores detalles sin bruma alguna. Que en 
invierno cae toda el agna y su primavera es muy desigual y ventosa, sien- 
do, por tanto, el verano y otoño la mejor época, y la que se debe aprovechar 
para la cura de montaña. 

* La acción antiséptica del aire á estas alturas, que no contiene gérme- 
nes ni bacterias, es grande, pues Eoch, Mittchell, Groch, etc., han de- 
mostrado experimental mente la desaparición de los bacilos en los espu- 
tos expuestos á la luz en estas alturas. 

En el Bcal sitio de San Lorenzo el centro de sus observaciones está si- 
tuado á la mitad próximamente de altura de la falda de la sierra Carpe- 
tana, con una altitud de 1.027 metros sobre el nivel del mar, habiendo en 
la actualidad numerosísimos caminod forestales que tienen un recorrido de 
80 kilómetros, construidos unos por la Escuela do Montes y otros por la In- 
tendencia de Palacio, que suben en zis zas por la montaña con pendientes 
muy pocas veces accesibles para las señoras y los niños, y por donde se 
puede s^bir á alturas como el Puerto de Malagón (1.600 metros) la meseta 
del arca de San Juan (1.7d6 metros), teniendo dos caminos horizontales de 
muchos kilómetros de extensión, y si se agrega á esto los millones do pinos 
plantados que para la repoblación de estas faldas tiene puestosia Escuela 
de Montes y la Intendencia de Palacio, que gracias al entusiasmo del mar- 
qués de Borja tantas mejoras tiene hechas que han transformado este Real 
Sitio, con virtiéndolo en un Sanatorio natural de primer orden, se compren- 
derá perfectamente^ las múltiples aplicaciones que pueden sacarse de estas 
ventajas. 

El tratamiento climatoterápico de la anemia, linfatismo, escrofulismo 
(adenoideos, ganglíooares, debilitados, etc.), neurópatas irritables, con- 
valecencia do las enfermedades infecciosas (sarampión, coqueluche, tifoi- 
dea, etc.), estados todos ellos que pueden considerarse como pretubercfdo- 
809, se curan admirablemente, bien por la estancia durante una temporada 
en estos parajes, por la climatoterapia, que es superior á toda clase de dro- 
gas para combatir tales estados. 

Que en los últimos Congresos de Medicina y Pediatría se habían puesto 
de manifiesto estos hechos; qne en Suiza, bajo la genial idea del Padre 
Byon, se han organizado Colonias escolares de vacaciones^ generalizadas hoy 
por todos los cantones; en Inglaterra, con su Convalescen'Insíitution difnn- 



23 

didos por todo el pais; en Francia también con sus Ooloniaa escolares, cayo 
defensor más entusiasta es Oottinet; en Alemania con sos escursiones eaca» 
iarea permanentes á los alrededores de Berlín; en Bélgica sosteniendo las 
Colonias escolares con suscripciones populares, etc., etc.; que' en todos 
estos países se han comprobado las inmensas ventajas y los grandísimos 
beneficios que reportan para la salud pública la vida al aire libre y los cli- 
mas de montaña, haciéndose de este modo verdadera proBlaxis de la tnber- 
oalosis. 

En Espafia se deben aumentar los {Sanatorios marinos y hacerse en diver- 
sas ragiones Sanatorios de montaña^ y que respecto á lo que se refiere á la 
provincia de Madrid, pueden establecerse en cualquier parte de esta extensa 
sierra, verdadero pulmón de Madrid, tan sana y de condiciones tan excep- 
cionales, d fin de que esos pobres niños del Hospicio, Asilo de las Mercedes, 
San Bomardino, etc., etc., pertenecientes á la Diputación Provincial, al 
Municipio, sociedades particulares, etc. , pudieran permanecer durante los 
veranos y otoños en estos lugares, donde se fortalecerían y se curarían todos 
estos estados pretuberculosos, y su organismo fuerte y robusto resistirla 
perfectamente todas las causas debilitantes de las grandes poblaciones y no 
serían víctimas de la tuberculosis, reduciéndose su mortalidad muchísimo 
con sólo hacer esto, que por otra parte resultaría, á la par que muy huma- 
nitario, muy económico, pues el viaje podrían hacerlo á pie, los alimentos 
les saldrían más económicos que en Madrid, y con construir unos sencillos 
pabellones quedaba todo hecho. 

Dice el Dr. Briz que tiene el clima de montaña hasta una acción curativa 
sobre ciertas formas de tuberculosis, citando varios casos clínicos, y de aquí 
la fama que tiene esta sierra, que se la llama el Pao ticosa del Guadarra- 
ma, y de la que el ilustre cirujano Federico Rubio tenía recogidas obser- 
vaciones de curas prodigiosas en esta región. 

Gomo contraindicación solamente ha vistp que los cardiacos mal campen' 
gados y los que padecen de miocarditis les sienta mal esta altura, presen- 
tándose la asistolia que les obliga á regresar á Madrid; que en las formas 
congestivas y kemorrágicas de la tuberculosis también les sienta mal esta 
altara; que fuera de estos casos no ha visto contraindicación de ningún 
género, pues hasta en los ancianos la acción t/^aica y reconstituyente de estos 
climas les prueba admirablemente. 

Para terminar, denuncia una grave falta de policía urbana, cual es 
los millares de verduleros y fruteros ambulantes que encierran en sos 
casas la mercancía, y muchos de ellos no tienen como vivienda más que 
una habitación, y debajo de las camas y en los rincones dejan las banastas, 
cestas, etc., llevan las frutas y verduras expuestas á todas las emanaciones 
de niños con viruela, difteria y enfermos de tuberculosis; que esas verdu- 
ras y frutas que se comen crudas las sacan á la venta al día siguiente. 
I Cuántos casos de contagio no se transmitirán por este medio! Que urge 
que el Municipio habilitase locales donde estas verduras fuesen deposita- 
das por sus dueños para que no se contagien de nada y se conserven bien ; 
y ya que los cobran un impuesto, en aquellos que no pueden guardarlos en 
buenas condiciones higiénicas, se les facilite este depósito gratis. Que se 
Vigilen las tiendas de comestibles, carnicerías, etc., donde ocurre algo 



24 

parecido, y de este modo se «minorarán no poco los casoe de transmisión de 
la tuberculosis. 

El Dr. Espina manifiesta que para que la lucha contra la tuberculosis 
cuente con el apoyo de las clases sociales acomodadas, más que á su ñlan- 
tropia debe acudirse á su egoísmo, haciéndolas entender el peligro que 
corre su salud y su vida estando rodeados de tuberculosos. 

Se muestra partidario de la declaración obligatoria de la tuberculosis, y 
afirma que en el dia nadie admite la tuberculosis sin germen, debiendo, sin 
embargo, darse el valor que corresponde al terreno en que ha de ctoIucío* 
uar la enfermedad; considera como factores indispensables para la lucha 
antituberculosa : 1.% la alimentación, que debe ser sana, abundante y ba- 
rata, toda Tez que la miseria es la principal tributaria de la tuberculosis ; 
2.'*, la construcción de casas higiénicas, acerca de lo cual nada se había 
realizado hasta el presente de verdadera transcendencia, debiendo llevarse 
la acción de la piqueta ai centro mismo de las poblaciones circundadas de 
calles y casas antihigiénicas; 8.", reforma de la legislación en cuanto al 
matrimonio para evitar la tuberculosis hereditaria ó una descendencia 
apta para contraerla ; 4.^, una activa propaganda contra el alcoholismo y 
nicotinismo; 5.°, reforma de la ley de reclutamiento en el ejército y marina, 
en el sentido no sólo de eximir del servicio á los tuberculosos, sino á los 
predispuestos, y que si bien hoy es difícil el diagnóstico precoz de la tuber- 
culosis, tienen gran valor para formar juicio las relaciones entre el períme- 
tro torácico y la talla, entre ésta y las dimensiones del pecho, así como la 
espirometría y la radiografía, que permiten hacer una exclusión racional 
de individuos que no debieran ir á las filas del ejército. 



ACADEMIA MEDIOO-QUIBÚRQIOA ESPAUTOLA 
8«Mn del dia 7 de Mayo dé 1906, 

OHalmoplegia eompliüada.— El Dr. Fernández Sauz dijo que la enferma 
cuya historia expone á la Academia era una mujer de cincuenta y cuatro 
afios, casada, sin antecedentes hereditarios. No ha estado embarazada nun- 
ca. Menstruación regular. Fenómenos congestivos en menopausia. Hábitos 
alcohólicos. 

En diciembte de 1894 notó sacudidas bruscas involuntarias en el brazo 
izquierdo con sensación de adormecimiento, que le daban dos ó tres veces 
al día y le duraban varios segundos. En febrero de 1906 notó de improviso 
adormecimiento en el miembro inferior derecho : los tres dedos internos y 
el borde interno del antebrazo derecho, adormecidos también, se acompa- 
saban dd hormigueo é hiperestesia. En fin de febrero paulatinamente se 
produjo la caída del párpado superior y visión doble, que ha ido en gradual 
aumento; al mismo tiempo dolor en la parte media izquierda de la frente, 
ojo y mejilla del mismo lado. 

Examen, — Buen estado de nutrición. Pulso débil, pequeño, lento; ruidos 
cardíacos normales, sobre todo el primero. 



25 

MoTiLiDAD.— Pt03ÍB paralitíca eii el ojo izquierdo, que está desliado ha- 
oia afuera ; morimientos del globo hacia dentro, arriba y abajo, impoeibles; 
los hacia abajo y afuera, dificiles. Midrians, pupila con rigidez absoluta. 
DeéTíacióu secundaria del ojo derecho (sano) cuando mira hacia la dere- 
cha. Comisura hucal desviada hacia la .izquierda, y surco nasogeniano iz- 
quierdo mis pronunciado que el derecho; no obstante, los movimientos del 
facial inferior izquierdo más torpes que en el derecho. Facial superior iz- 
quierdo, normal. 

Miembros auperiores. — Todos los movimientos son posibles, disminuida la 
fuerza del derecho comparada con la del izquierdo (antes era lo contrario). 
Sacudidas convulsivas rápidas en el brazo izquierdo. 

Miembros iníerioree.— Todos sus movimientos son posibles, pero débiles. 

Lengua. — Desviada hacia la derecha ; movimientos Íntegros. 

Reñejoa, — Los rotulianos y los de Aquiles exaltados, pero mucho más el 
derecho que el izquierdo; clonus del pié en ambos lados (más á la derecha). 
Plantares exaltados (más á la izquierda), con teudencia á flexión dorsal. 
Los del miembro superior (tendinosos, sobre todo el del codo) exaltados, 
más á la derecha. 

Sensibilidad.— Normal en cara y tronco. 

Miembro superior derecho. — Hiperestesia táctil, térmica y dolorosa, más 
marcada en la mano; diferenciación de contactos simultáneos á 5 centíme- 
tros (en la mano). Parestesias, adormecimientos, frialdad, hormigueo en los 
tres dedos internos, borde cubital de la mano y antebrazo. 

Miembro superior izquierdo, — Sensibilidad cutánea normal; dolor en el 
codo sin ningún signo físico; ha tenido picoteo en la mano y antebrazo. 

Miembros inferiores. — Normalidad sensitiva; sensibilidad profunda 
normal. 

Sentido estereognástico. — Conservado en ambas manos. 

Sentidos. — * No hay diplopia más que en el momento de abrir el ojo iz- 
quierdo; fondo del ojo normal en ambos lados; dolor periorbitario sordo in- 
termitente. 

Inteligencia.Sormñí; buena memoria. 

Incoordinación. — No la hay; temblor fino rápido en la mano izquierda. 

A fines de abril afasia transitoria que desapareció á las pocas horas. 

Diagnóstico. — Es imposible explicar todos estos síntomas por una sola le- 
sión ; es preciso admitir por lo menos dos, una cortical y otra en el pedúncu- 
lo cerebral. La naturaleza de estas lesiones cree que sea vascular, de natu- 
raleza alcohólica; fallan toda clase de antecedentes y estigmas sifilíticos. 

El tratamiento ha consistido en la estricnina y aplicaciones galvánicas 
muy débiles. 

Los Dres. Oayarre, Arredondo y Jitarros intervienen en la discusión para 
aeiarar algunos conceptos. 

Stbre ttn ease ile laringetsmla per fraelura de la íarínge y dislseaeión de un 
•artllage arit6neides.--El Dr. Kübda : En mi calidad de laringólogo del Hos- 
pital de la Princesa, encargado al mismo tiempo de un servicio clínico de 
cirugía general, donde los traumatismos siempre están á la orden del día, 
he tenido ocasión de realizar el estudio quirúrgico y laringoscópico de un 
caso de fractura de la laringe, siendo de apreciar muy particularmente el 



26 

Begnndo concepto, paeeto qne la inmensa mayoría de los caeos que la lite- 
ratará registra, ó han sido observados en la época prelaríngoscópica, ó lo 
faeron por cirujanos no expertos en laringoscopia. 

En el caso qae comunico á la Academia aparecen anotados al detalle loe 
signos laringoscópicos que dan plena razón de la marcha del padecimiento. 

ün sujeto de yeintiséis afioe que recibe sobre el cuello y mandíbula la coz 
de un caballo que, seguramente comprimiendo el armazón laríngeo contra 
la columna vertebral, llegó á traumatizarle ein considerable lesión cutá- 
nea, es afectado en el acto de tos, ronquera y espuición sanguinolenta, sin 
perder conocimiento ni presentar signo alguno de estenosis laríngea. 

Ingresa al poco tiempo en la sala de San Joaquín, á mi cargo, con un 
enorme enfisema del cuello, que oculta todos los relieves anatómicos, y or- 
denamos lo que en síntesis podemos considerar, como dieta fonatoria, dieta 
alimenticia líquida y dieta respiratoria, sin realizar intervención alguna 
por estar exento de estenosis. 

Por no molestar la atención, no anotaremos el diario laringoscópico, sig- 
nificando tan sólo que en el primer examen vimos !a mitad izquierda larín- 
gea ocupada por una considerable tumefacción blanda, de color rojo vino- 
so, que encubría aritenoides, repliegue ariteno-epiglótico, mitad izquier- 
da de la epiglotis, ocultando la cuerda vocal correspondiente, aunque po- 
día distinguirse que, por debajo, existía sangre coagulada. Toda la zona 
lesionada permanecía en absoluta inmovilidad. El lado derecho de la larin- 
ge era normal. Comprimiendo la laringe al exterior podía notarse, á pesar 
del enfisema, cierta tumefacción dolorosa y honda correspondiente A la 
zona del cricoides, por lo que desde luego diagnosticamos la fractura de 
este cartílago con equimosis submucoso y rotura de la mucosa á nivel de la 
rima glotis. 

Bien pronto estos fenómenos fueron borrándose, hasta el punto de que á 
los quince días podía apreciarse perfectamente que el cartílago aritenoides 
estaba dislocado y como lanzado hacia el plano medio, viéndose la cuerda 
vocal blanca é inmóvil, y como la voz era normal, habiendo desaparecido 
el enfisema, la tos, la espuición sanguinolenta, y no presentando fenómeno 
doloroso alguno, consentimos la salida del enfermo, aunque advirtiéndole 
nuestro recelo respecto á su estado. 

A los pocos días volvió á ingresar con estenosis laríngea pronunciada, 
siendo traqaeotomizado de urgencia por el médico de guardia, Dr. Flores, 
que ejecutó una traqueotomía alta. 

Pensando en la posibilidad de un secuestro cricoideo y vista la enorme 
tumefacción edematosa intralaríngea que impedía toda intervención por 
vía natural, decanulamos al enfermo para explorar la laringe por la región 
subglótica, en la esperanza de extraer por esta vía los productos necrosa- 
dos , pero no vimos otra cosa que cierta cantidad de pus que descendía á 
lo largo de la tráquea. Diagnosticamos pericondritis supurada del foco de 
fractura, y consideramos indicada una laringofísura, que á las veiticuatro 
horas se hizo de urgencia, porque se declaró un estado bronquial con fiebre 
de 9S^fi y espuición fétida. 

En tal situación operamos el paciente, procediendo primeramente á clo- 
roformizarle por la cánula y realizando una traqueotomía baja, puesto que 



27 

la colocación elevada de la cánula dificultaba la intervención sobre la 
laringe. 

Practicamos la laringofísnra según el ritual, y nna vez abierta la larin- 
ge, colocamos la cabeza en la posición de Rose para evitamos la canala- 
tapón, y taponamos la tráquea con gasa aséptica, viendo qne la mucosa en 
la zona snbglótica estaba desprendida y contenia nn coágulo sapnrado, es* 
tando destruida la mitad izquierda del cricoides, que estaba sustituido por 
fungosidades envueltas en escasa cantidad de pus. Extrajimos el coágulo^ 
raspamos las fungosidades y regularizamos el cric<Mde8, resecando con una 
pinsa las porciones sospechosas. 

De este modo pudimos practicar la operación sin penetración de sangre 
en la tráquea. 

Oonio se trataba de un foco infectado dejamos taponada la tráquea con 
gasa aséptica, y taponamos el foco de pericondritis y hematoma, saliendo 
ambas gasas por la herida, que dejamos sin suturar en evitación de la re- 
infección broncopulmonar. 

Las consecuencias operatorias en el foco laríngeo fueron tan sencillas 
como favorables durante la quincena de historia que siguió; desapareció el 
dolor cricoideo, las gasas, al ser renovadas, salían limpias, la tumefacción 
intralaríngea desapareció totalmente, y en los ensayos de respiración y fo- 
nación comprobamos que ambas podían realizarse con facilidad al cabo de 
una semana en que la aproximación de las láminas del tiroides era comple- 
ta. Pero ya hemos dicho que anteriormente á la laringotomía existían fe- 
nómenos bronquiales pronunciados, significados por estertores mucosos di- 
fusos, aunque más pronunciados al lado izquierdo. Este estado se agravó 
considerablemente á los pocos días de la operación, estableciéndose nna ex- 
tensa pneumonía izquierda que no cedió á tratamiento alguno empleado, 
siendo un caso más que demuestra cómo en la operatoria laríngea el verda- 
dero peligro está en el pulmón. 

En la labor terapéutica realizada consideramos que sólo un punto es dis- 
cutible, el de la oportunidad de empleo de la cánula traqueal. En este caso 
vinimos á emplearla tardíamente, en el sentido de que esperamos á que se 
pronunciase la efitenosis laríngea. 

¿Cuál debe ser el criterio en este punto? Dado el escaso número de ob- 
servaciones que la literatura registra, y la deficiencia en el estudio larin- 
goscópico, es difícil edificar una teoría, y sólo guiándonos por razones cien- 
tíficas a priori, podemos señalar la orientación que en nuestro juicio debe 
ser adoptada. 

Es claro que el hecho de la estenosis, por ligera que sea, impone la tra- 
queotomía de urgencia, porque ya sabemos que las fracturas laríngeas de- 
ben ser en su mayoría consideradas como complicadas con herida de la mu- 
cosa, y es de esperar la rápida tumefacción de los tejidos, haciendo impo- 
sible la respiración; pero, si no existe fenómeno alguno de estrechez, opino 
debe permanecerse en una paz armada, estudiando el caso de cerca sin in- 
tervenir hasta que la estenosis se declare. Ahora bien, en el caso histo- 
riado vino á complicarse la cuestión por la aparición de una pericondritis 
supurada, y nos preguntamos: ¿qué hubiera podido hacer una traqueotomía 
profiláctica realizada en los primeros momentos del accidente, para impe- 



28 

dir la BaparaciÓD del foco de fraotora ? Segarameate nada en sentido faro* 
rabie, paes que hubiera sido un cuerpo extraño más para ayudar á la in- 
fección. 

Más científico nos parece, en el caso de que el examen laringoscópico nos 
demuestre la inminencia de infección del foco de fractura, proceder desde 
luego á practicar la laringofísura, ateniéndonos al principio quirúrgico 
general de la práctica moderna en estos casos; es decir, ejecutar la amplia 
apertura del foco para aseptizarlo conrenientemente, pues que la historia 
actual nos demuestra que, si de un lado podemos estar siempre oportunos 
para la colocación de una cánula traqueal cuando la estenosis se realice, de 
otro lado nos demuestra que la laringofísura puede llegar muy tarde, 
cuando el foco de fractura ha supurado y el pulmón se encuentra en inmi - 
nencia de sepsis. 

En conclusión, dos son los peligros serios en las fracturas de la laringe : 
1.*, la estenosis, contra la que siempre podemos llegar á tiempo por la tra- 
queotomía; 2.*, la infección del aparato respiratorio, contra la que siempre 
debemos temer llegar demasiado tarde, y contra la cual sólo una laringoto- 
mia temprana, con todas las condiciones de la cirugía antiséptica, puede 
constituir una seria profilaxis. 

El Dr. Ootanbs : Mis ideas con respecto á este asunto son radicales: dea- 
de el momento en que se diagnostica una fractura debe hacerse la tra* 
queotomia profiláctica; esta es la opinión de Hiiter, á la que me adhiero, 
porque las complicaciones que sobrevienen, sobre todo si hay rasgaduras de 
la mucosa, son : formación de hematomas, supuración y pericondritis, ede- 
mas lanriogeos, etc., y estas complicaciones se evitan con la traqueotomía, 
que además pone en descanso el órgano. La laringofisura debe hacerse en 
otra sesión, para corregir los defectos ulteriores. 

En suma, el criterio que hay que tener en cuenta es la conservación del 
libre acceso del aire hasta los pulmones, y la corrección de la cavidad la- 
ríngea, si lo necesita, para evitar trastornos ulteriores. 

El Dr. Tapia : Creo que la conducta ha de variar según se trate de frac- 
tura completa ó incompleta, cerrada ó abierta. Si el enfermo respira bien, 
no tiene enfisema ni hay hematoma, creo que es demasiado radical traqueo- 
tomizar para evitar la asfixia por accidentes que pueden no presentarse, 
máxime si el enfermo puede estar bajo la vigilancia armada. 81 hay dislo- 
cación no muy pronunciada de los fragmentos, ó si no habiéndola no puede 
estar vigilado el enfermo, puede empleársela intubación, para reducir las 
fracturas en el primer caso, y como profilaxis en el segundo. Aunque no 
tengo experiencia personal, puesto que no he visto un solo caso de frac- 
tura de la laringe, menciono la intubación, por ser el Dr. Urufiuela el 
primero que la ha utilizado con este fin, y porque me parece útil en ciertos 
casos. 

Si hay enfisema, fractura abierta por dentro ó gran desviación de frag- 
mentos, debe hacerse la traqueotomia, y en la misma sesión la laringofisu- 
ra, para hacer las correcciones necesarias, vaciar el hematoma si le hay, 
extraer trozos de cartílago si están sueltos, etc., etc., evitando así tan gra- 
ves contingencias como las que aparecieron en este caso. 

El Dr. Rueda no se muestra partidario de la traqueotomia en todos los 



29 

caBoe, porque si el enfermo está en nn hospital, siempre hay tiempo de tra- 
qneotomizar. Y en cnanto á la intubación, cree que es más perjudicial que 
útil, porque ha de contribuir á mortificar los tejidos ya inflamados. En 
sumA, dice, no es posible aún hoy indicar una conducta precisa. 



SOCIEDAD GINECOLÓGICA ESPAÑOLA 
8é9Íán eientifica eelebrada él día 9 de M<nfO dé 2906. 

Tas etnvulsiva gripal. — E Dr. Carato dice que no está conforme con el 
contenido del escrito que por encargo del Dr. Cardenal leyó un ilustrado 
socio, pues en él se asegura que el microbio de Pfeiffer es muy difícil de 
tefür, cuando él cree lo contrario, y por consiguiente se ratifica en lo dicho 
en la sesión anterior, aduciendo yarias razones. 

Otra de las razones d^por qué este microbio se encuentra con facilidad 
en los exudados, es nacida de su grandísima abundancia, pues constituye 
verdaderos montones, según Brouardel y Netter, y se encuentra en grandí- 
simas cantidades en los exudados, según Cajal y Hermano. 

Para terminar, dice, que todo microbio qne se tifie bien, como éste, se 
encuentra con facilidad, y si es abundante en los exudados, como el de 
Pfeiffer, en la primera ó segunda preparación qne se haga se encontrará, 
y que es imposible ver un microbio, por muy grande que sea, si no conta- 
mos con substancias que le tifian, y ésto cuenta, según el Dr. Cardenal^ 
con muchas, según la lista que so ha leído. 

Y en cuanto á la fiebre, asegura que en la tos ferina no hay fiebre. 

El Dr. Bemtez dice que no esperaba que su tema diese lugar á esta dis- 
cusión, pues su objeto, como ya dijo y repite, era solamente del diagnós* 
tico clínico diferencial de la tos ferina y tos couTulsiva de la gripe. 

El Dr. Oarazo ha traído citas de autores y esto no basta, pues los párra- 
fos sueltos, muchas yeces parece que dicen lo que no quieren decir, y para 
saber lo que realmente quieren decir, es preciso leer el artículo entero. 
Además, no está plenamente demostrado que el microbio descripto por 
Pfeiffer sea el agente de la gripe, pues este bacilo se encuentra en otras 
enfermedades y es preciso recordar con Pasteur, que para que un microbio 
sea agente específico de una enfermedad, es preciso que sea él sólo el que 
la produzca y siempre se encuentre en la misma enfermedad y sólo en di- 
cha afección. 

Y á pesar de esas lecturas, en la forma que le ha conyenido al Dr. Ca- 
razo, cree que todos los autores están conformes en el tamaño pequeñísi- 
mo inferior al de la septicemia de los ratones, y sobre la opinión de todos 
está la mejor prueba, que es la do que cumpla el ofrecimiento que hizo de 
hacer la preparación, fácilmente yisible á 600 diámetros, pues hoy existen 
muchos griposos y le será muy fácil recoger esputos. Y respecto de la fiebre, 
recuerda que hay casos de gripe con hipotermia y de coqueluche con fiebre, 
pues no sólo los ha yisto, sino que muchos tratadistas lo aseguran, porque 
realmente la tienen al principio del mal. 

En resumen: qne él sólo trató del estudio clínico diferencial de la tos 



30 

gripal, y ya de discutirse las dimensiones del bacilo, lo m¿s práctico es 
traer las preparaciones, como había prometido el Dr. Carazo. 

El Dr. Garda López (D. Adrián) abanda en las mismas ideas del doctor 
Benítez, y dice qae el Dr. Carazo quiso demostrar ana cosa y, desgraciada* 
mente, sólo ha logrado demostrar todo lo contrario. 

El Dr. Carazo se ratifica en lo dicho en la sesión anterior, insistiendo que 
para diferenciar la tos ferina de la coqueluche gripal, puede hacerse primero 
por la fiebre ; la toa ferina rara yez ya acompafiada, dice, de fiebre; ha asis- 
tido el yerano pasado en Miraflores de la Sierra más de trescienios canos (I) 
y en ninguno la fiebre pasó de 87^, ó á lo más S7*,5, y apareciendo en el 
periodo catarral y debido al catarro bronquial que la caracteriza, no pu- 
diendo, por tanto, confundirse de ninguna manera con las temperaturas 
de 88 y 89 ó 40 grados que caracterizan la influenza. 

El Dr. Benitez insiste en manifestar que esa misma diferenciación y no 
otra hizo al exponer su opinión, para lo cual puede yerse el acta del día 18 
(yéase pág. 885 de la RByiBTA db Medicina y CiBonU prAotioab). 

El Dr. Sarabia disculpa su interyención, y lamenta que el Dr. Carazo 
haya traspasado las buenas costumbres de esta Sociedad. 

Desde el punto de yista microbiológico, dice que el bacilo de Pfeiffer no 
se puede yer con un aumento de 600 diámetros, y ruega al Dr. Carazo que 
traiga la preparación para conyencerse de lo contrario; y este punto, ad- 
yierte, no fué el objeto de la discusión, pues el tema del Dr. Benltez era 
puramente clínico y no bacteriológico, y ya que de Clínica se trata, y el 
Dr. Carazo ha asistido á una epidemia tan numerosa, más yaliera que, de 
tantos, trajera sólo anos cuantos de esos enfermos de coqueluche para dis- 
cutirlos en la Sociedad. 

HSl Sr. Presidente dice que esta cuestión, á fuerza de diluirse, ya perdien- 
do su importancia, y, por consiguiente, da por terminado el asunto, puesto 
que éste es solamente cuestión de tamaño, y esto sólo con yerlo basta. 



PERIÓDICOS 



Un naevo ■sofagoscopíti.— En El Siglo Médico publica el Dr. D. Francisco 
Huertas el resaltado del empleo de un nueyo esofagoscopio en dos casos 
do extracción de cuerpos extraños, practicados por él con el nneyo esofa- 
goscopio del Dr. Glücksmaon, eo la clíuica priyada do .este reputadísimo 
médico, antiguo asistente de Rosenheim. 

En el primer caao se'trataba de una mnjor de cuarenta y seis años y en 
completo estado de salad. Había tragado un trozo do clialeta. qne ella cre- 
yó desproyisto de hueso, y que al pasar por el esófago prodújole un dolor 
intensísimo, dolor que á más de grandes difícaltados para deglutir, sufría 
cuando ingresó en la clínica dos días después del accidento. 

Después de quitarla dentadura postiza que usaba la enformí, 'y preyia 
una anestesia todo lo extensa posible, hecha con una solución al 10 por 100 



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de eucain-laetie, introdujo el esofagoscopio y eomenzó á practicar el reeo- 
nocimiento. 

A 28 centímetros d^ loe incislTos, en la parte izquierda del esófago, per- 
cibió ana masa enclavada en ana zona inflamatoria. 

Empujada ligeramente, notó que era morible, y, cerrando la, pinza del 
esofagoscopio, cogiendo entre sus ramas el cuerpo extrafio, se desprenctió 
j salió fácilmente. 

Era un trozo de costilla, de unos 2 centímetros, lleno de aristas, con las 
que se había fijado á la pared esofágica. 

Segundo caso : ün hombre de sesenta y siete años, alcohólico y enñsema^ 
to9o\ refiere que estando durmiendo se tragó dod dientes que tenía postizos 
y que desde entonces notaba gran dificultad al comer y mucho escozor. El 
enfermo fué á la clínica á los cuatro días de haber tragado el cuerpo ez- 
trafto. 

Hecha la esofagoscopia, tío en la parte posterior del esófago y á unos 80 
centímetros de los íucísítos, una zona inflamatoria rodeando un cuerpo en 
ella situado. 

Estaba muy poco movible, pero poco á poco se fué desprendiendo, y por 
fin fué extraído. Era una pieza dental de malísima coustracción y con unos 
rebordes metálicos irregulares. 

Estos casos citados son bastante demostratiyos de la utilidad de una in- 
terrención que, practicada con serenidad^ resulta inofensiva y relativamen- 
te fácil, aunque muy relativamente en su opinión. 

El esofagoscopio, con el que ha practicado estas esofagoscopias, es el re- 
cientemente construido por el Dr. Glücksmann, da magníficos resultados 
y es muy sencillo. 

Consta de nn tubo metálico, dentro del cual va otro tubo, que es el que 
tiene un sistema de lentes y un ocular. 

El primer tu bol le va en an extremo una llave, que sirve para impelir 
agua á una pelota de goma, con la que se dilata el esófago, y dos enchufes 
para coger corriente del acumulador. 

El otro extremo está dividido en dos mitades, y en cada mitad va ence- 
rrada una lamparilla eléctrica de macha potencia; estas dos mitades se 
abren y cierran mediante el tornillo y sirven de pinzas; la forma de las 
lámparas y el cómo están colocadas impiden su rotura. 

Sacando el tubo puede inyectarse agua para lavar el campo, agua que 
entra y sale por la llave. 

Tiene ademáa'este instrumento una preciosa aplicación, y es que, qui- 
tando el tubo, puede introducirse otro tubo en cayo extremo va, en lugar 
de ocular, nn disco giratorio que contieno una máquina fotográfica, con la 
que se obtienen buenísimas fotografías. 

Es necesario reconocer la utilidad de la esofagoscopia, no solamente en 
casos de cuerpos extraños, sino como medio vsual do diagnóstico y explora- 
ción, y es necesario también procurar convencer á los pacientes del poco 
peligro que corren al someterse á una maniobra muy útil, pero que aun 
en estas tierras de promisión científica está muy poco generalizada. 

S A KA BU. 



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REVISTA EXTRANJERA 



SOQEDADES CIENTÍFICAS 

80CISDAD DE OIRUOÍA DE PARÍ8 
8eMñ del dim 80 dé Mayo dé i906. 

Heridas pulmonares por arma de fuego.*— El Dr. Tuffier cree qae en la ma- 
yor parte de loe caeos las heridas del pulmón, por bala, onran sólo por la 
oclusión aséptica de la herida con inmoyilización del herido. En ciertos en- 
fermoe el derrame sanguíneo intraplouritico se infecta y hay necesidad de 
recurrir á la toracotomia esoundaria para eyacnar y desaguar la pleura. En 
algunos casos excepcionales puede imponerse la interrención primitiya, á 
causa del estado dp grayedad ezcesiya del herido. 

En una mujer joyen que había recibido un tiro de reyólyer en la región 
precordial y que presentaba neumotorax izquierdo total acompañado de 
enfisema subcutáneo extenso y de fenómenos asfisicos grayes, el Dr. Tuffier 
fué llamado para practicar una toracotomia de urgencia. En el fondo de la 
herida encontró el pericardio intacto y una gran cantidad de sangre en la 
pleura. Apareció en la herida una lengüeta pulmonar, que cogió y atrajo 
al exterior; esta lengüeta se hallaba perforada por un gran orificio, en el 
que podía introducir el dedo índice, y de cuyo orificio salia sangre en 
abundancia. Ligadura doble, limpieza de la pleura, desagüe, á pesar del 
cual sobreyinieron accidentes septicémicos que ocasionaron la muerte al 
tercer día. Como no pudo ser hecha la autopsia, fué imposible precisar el 
origen de esta septicemia. 

El Dr. Delanne recordó que en 1898 habla aconsejado formar una yentana 
torácica, tanto para el tratamiento de las pleuresías antiguas como para el 
de las heridasdel pulmón complicadas con hemorragias grayes y las del co- 
razón. Estas hemorragias grayes, alarmantes, se obseryan sobre todo en las 
heridas pulmonares centrales ó paracentrales, próximas al hÜio, es decir, 
en las del territorio de los yasos gruesos. En estos casos, pero sólo en ellos, 
cree el Dr. Delorme que el método preferible es la formación de una yen- 
tana torácica y la interyención audaz (liRadura ó compresión directa). 

El Dr. Guiñará dijo que estaba completamente de acuerdo con el doctor 
Delorme, desde el punto de yista teórico; pero ¿qué debe entenderse por 
hemorragia graye? ¿Hay signos que permitan afirmar que una hemorragia 
del pulmón ya á contenerse espontáneamente ó, por el contrario, á matar 
al enfermo? Hace poco tiempo fué conducido al Hotel-Dieu un maestro de 
armas que había recibido una estocada en el pulmón izquierdo. Tenia he- 
morragia por la boca, neumotorax y trastornos respiratorios y circulatorios 
grayes. A pesar de estos fenómenos alarmantes, el Dr. Guinard se decidió 
por la abstención, y el enfermo salió del hospital curado completamente de 
su neumotorax. 



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El Dr. Delhet manifestó qne no es en general partidario de lá interven- 
ción en las heridas torácicas : machos «nfermos cnyo estado parecía grayi- 
simo y alarmante, curaron perfectamente sin operación, y por otra parte, 
DO se les favorece siempre operándoles. En nn joven herido por hala de re- 
vólver en la región precordial^ qne estaha asfíxico y con la cavidad de la 
pleura llena de sangre, el Dr. Delbet abrió una ventana torácica, descu- 
brió una herida de la punta del corazón y otra del pulmón, las cuales sutu- 
ró. El enfermo murió á los dos ó tres días, á causa de una nueva hemorra- 
gia, procedente, según demostró la autopsia, de otra herida situada en la 
parte posterior del pulmón. 

El Dr. Michaux recordó haber referido en el Congreso de Cirugía uno de 
los casos raros de curación á beneficio de la intervención quirúrgica por he- 
rida del pulmón. Después ha observado bastantes casos de heridas del pe- 
cho por arma blanca ó de fuego, y casi todas curaron solas ó sin interven- 
ción quirúrgica inmediata, aunque había hemotórax considerable. La in- 
tervención quirúrgica en los casos de herida del pulmón debe ser, por lo 
tanto, excepcional y reservarse sobre todo, como dice el Dr. Delorme, para 
las heridas de la región del hílio pulmonar, en las que s^ sospecha está in- 
teresado el corazón ó la mamaría interna. En loe casos restantes se tendrá 
al herido en observación, vigilándole con cuidado. Esta abstención es coro- 
nada de éxito las más de las veces. 

Gangrena y .perforación uterina. — El Dr. Picqué leyó un informe sobre la 
observación siguiente, comunicada por el Dr. Lapointe : 

El 7 de febrero último ingresó en el Hospital de San Antonio una joven 
de veintitrés afios, en plena perítonitis generalizada. El interrogatorio y el 
examen de la enferma permitieron diagnosticar una peritonitis post abor- 
tum, consecutiva á la perforación traumática ó á la peritonitis séptica. El 
Dr. Lapointe practicó sin perder tiempo la laparotomía, y encontró asas 
intestinales distendidas y rojizas, que nadaban en un líquido sucio y féti- 
do. El útero, del volumen del puño, presentaba en su cara posterior una 
extensa zona esfacelada. Histerectomía supravaginal ; desagüe por el abdo- 
men 7 por la vagina ; muerte por septicemia á los quince días. Al recono- 
cer el útero extirpado, se- vio que la zona esfacelada tenía la extensión de 
un duro, y presentaba en su centro una perforación de la forma de un crá- 
ter abierto por la cavidad peritoneal, de bordes desiguales y desgarrados, 
por la que podía introducirse un catéter del núm. 27. La escara compren- 
día todo el espesor de la pared y formaba una cufia de base periférica, que 
principiaba á desprenderse de los tejidos inmediatos. 

Eflta observación, dijo el D^. Picqué, plantea dos problemas : 1.^ el del 
mecanismo de la perforaciói^y de la gangrena en este caso; 2.'', el del pro- 
nóstico y diagnóstico de las perforaciones uterinas post abortum y el del 
tratamiento más indicado en tales circunstancias. 

L* Respeto al mecaniémo de la perforación en el caso (eferido, aunque á 
primera vista podría creerse que se trataba de una gangrena circunscripta 
alrededor de una perforación traumática, la reflexión hace admitir más 
bien la existencia de una perforación secundaria á una gangrena circuns- 
cripta primitiva. La perforación fué la consecuencia inmediata, si no me- 
diata de las maniobras intra-uteriuas á que se sometió la enferma para pro- 

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34 

Yoc&r el abo^ : estas maniobras produjeron la metritis séptica, qae termi- 
nó por gangrena circunscripta segnida de perforación de la pared uterina. 
La existencia de esta gangrena perforante post abortiva está hoy perfec- 
tamente demostrada por varias obseryaciones. 

2.<^ El pronóstico de las perforaciones uterinas post abortum varia según 
los autores; unos las consideran como benignas de ordinario (Rebreyend), 
otros como graves (Mauclaire); la verdad se encuentra entre las dos opi- 
niones, puesto que la gravedad depende de varios factores, estado séptico 
del útero, época de la intervención, etc. 

El diagnóstico es evidente en ciertos casos (procidencia del intestino y 
del epiplón). ¿En qué signos debe fundarse el diagnóstico en los casos 
restantes? La fetidez del derrame no constituye un signo de valor ; el ca- 
teterismo uterino constituye un medio peligroso é infiel ; otro tanto puede 
decirse de la inyección intra-uterina ; la comprobación directa de la perfo- 
ración por medio del tacto intra-uterino suele ser muy delicada. En reali- 
dad, la laparotomía es muchas veces el único medio de hacer el diagnóstico 
seguro; en estos casos es á la vez exploradora y curativa. 

La laparotomía tonstituye en la actualidad el único tratamiento de las 
perforaciones uterinas post abortum una vez hecho el diagnóstico : no debe 
esperarse para intervenir, como se hacía antes, á que se hayan desarro- 
llado accidentes perítoneales. Abierto el vientre se procederá de distinto 
modo, según que la perforación esté complicada ó no con infección de la 
pared del útero. 

Guando no está infectada la pared basta en rigor hacer sólo la sutura de 
la herida uterina; pero cuando lo está no es posible la duda y debe extir- 
parse el útero. 

El Dr. Picqué cree que es preferible la histerectomía total á la parcial, 
porque facilita el desagüe por la vagina. 

Los resultados obtenidos hasta ahora por la histerectomía abdominal en 
las perforaciones uterinas post abortum no son muy brillantes : 8 muertes, 
en 12 casos ; pero se debe á que se ha intervenido siempre cuando existían 
ya accidentes perítoneales. Estos hechos abogan, por lo tanto, en favor de 
la intervención inmediata y de la utilidad de la incisión exploradora en los 
casos dudosos. 

El Dr. Potherat dijo que respecto al tratamiento de las perforaciones 
uterinas está completamente de acuerdo con el Dr. Picqné, para aprobar 
la conducta seguida por el Dr. Lapointe. Tocante á las perforaciones cree 
debe sefialarse otro mecanismo más no indicado por el Dr. Picqué : es la 
gangrena determinada por el contacto de líquidos cáusticos con la pared 
uterina. Acaba de observar en su clínica del hospital Broussais un caso 
de gangrena uterina localizada debida, al parecer, á esta causa. 

El Dr. Mauclaire cree que desde el punto de vista del tratamiento debe 
tenerse en cuenta eí sitio de la perforación, que se halla localizada en la 
cara del istmo, en las laterales ó en el fondo del órgano. Estas últimas son 
las más graves y exigen la histerectomía Supravaginal, mientras que las 
otras pueden ser tratadas por la sutura. Ha insistido siempre sobre la ne* 
cesidad frecuente de la laparotomía exploradora inmediata, aunque antes 
se creía que las perforaciones debían ser tratadas por la espectación. 



35 

YeyoNStemía oii Y eon torsión dt la boea del yeyuno, r- El Dr. Guínard leyó 
an informe sobre doe operaciones de este género practicadas por el doctor 
Sonligonx. 

La primera fué practicada en an hombre de sesenta afios, diagnosticado 
de estenosis cancerosa del piloro. La laparotomía demostró qne el estóma- 
go se bailaba invadido por la neoplasia en la dos caras, y que la gastro- 
enterostomia era impracticable en absoluto. El Dr. Souligouz se decidió, 
por lo tanto, á hacer la yeyunoetomia en Y por el procedimiento de Maydl, 
pero, para asegurar la continencia de la boca, dio media Tuelta al cabo in- 
ferior é hizo permanente esta torsión por medio de una sutura con seda, 
aplicando asi á la yeyunostomia el procedimiento que ha ideado hace algu- 
nos afios para la gastrostomla. Durante los diez días que el enfermo sobre- 
títíó (murió de caquexia), la continencia fué perfecta. 

En la segunda obserración se trataba de un hombre de treinta y nueve 
afios, con neoplasia Yoluminosa del cardias; el tumor se extendía por las 
caras anterior y posterior del estómago. La gastrostomia era impractica- 
ble, y el Dr. Souligoux recurrió ?á. miümo procedimiento que en el caso an- * 
terior. En este enfermo tampoco se observó incontinencia de la boca del 
yeyuno mientras vivió el paciente. 

A propósito de estos dos casos, preguntó el Dr. Guinard si cuando est¿ 
indicada la yeyunostomia — operación que sólo debe practicarse cuando es 
imposible practicar la gastro-euterostomia y la gastrostomia— conviene re- 
currir á la yeyunostomia lateral simple ó al procedimiento en Y de Maydl, 
completado por la torsión de Souligoux. Cree, á causa del estado gravísi- 
mo de los enfermos en quienes debe practicarse la yeyunostomia, que la 
operación más sencilla es la mejor: propone, por lo tanto, recurrir —y lo ha 
hecho dos veces con resultado excelente — á la yeyunostomia lateral, com- 
pletada por la torsión de Souligoux. 

El Dr. Terrier cree, como el Dr. Guinard, que no deben complicarse las 
operaciones de yeyunostomia, porque á los enfermos en quienes se practi- 
can se les prolonga poco la vida. Por lo demás, la continencia obtenida á 
costa de ciertos procedimientos complicados no es siempre durable, según 
ha observado varias veces en la gastroctomía. 

El Dr. Delhet dijo que las incontinencias ulteriores son debidas á las son- 
das que suelen dejar aplicadas más ó menos tiempo los enfermos ó los 
que les asisten. En las condiciones ordinarias, es decir, cuando no se colo- 
ca la sonda más que en el momento de la comida, se observa, por el contra- 
rio, más bien tendencia á la estrechez de la boca que á la dilatación. 

AbsciSi erónico intradural. —El Dr. Delbet presentó el enfermo objeto de 
esta observación. Se trata de un absceso intradural desarrollado, sin per- 
foración de la dura madre, á consecuencia de una contusión por bala de 
revólver, que siguió un trayecto oblicuo entre la dura madre y el hueso. 
El pus de este absceso, probablemente poco séptico al principio, era esté- 
ril en absoluto en el momento de la intervención. El absceso se hallaba 
situado en su mayor parte en las meninges, y era difícil decir si penetraba 
en la substancia cerebral. El diagnóstico de absceso intracerebral se hizo 
fundándose en los dos únicos síntomas que presentaba el enfermo después 
del accidente : cefalea predominante en el lado derecho, que se exacervaba 



36 

por la posición horizontal, y ligera midriasis derecha. No habla elevación 
de la temperatura, modificaciones, ni trastornos visuales, auditivos, etcé- 
tera. La trepanación del cráneo y el desagüe del absceso, practicados siete 
semanas después del accidente, fueron seguidos de curación completa, 
f (La Presse Medícale). -^V. Tolbdo. 



SOOIBDAD D£ OBSTETRICIA DE LONDRES 
8uián dd día 6 de Junio de 1906. 

Contracción uterina sin retracción; liiperpirexia nerviesa.— El Dr. Hermán 
narró un caso de parto prematuro en el cual el avance del feto se contuvo, 
durante más de veinticuatro horas, aunque el útero se contrajo con regu- 
laridad, el conducto genital estaba completamente dilatado, la criatura era 
pequeña y las dimensiones de la pelvis normales. La causa del retraso fué, 
según cree, la falta de retracción uterina. Este caso puede considerarse 
como ejemplo de la diferencia que existe entre contracción y retracción 
del útero. El parto fué seguido de elevación de la temperatura, que duró 
más de quince días, sin que existiera signo físico alguno de enfermedad, 
ni debilidad ni demacración, pudiendo ser considerada por lo tanto como 
de origen puramente nervioso. Se han referido algunos casos de este 
género. 

El Dr. Willianuon cree que no hay prueba evidente de que no existiera 
retracción uterina en este caso. Las definiciones de retracción del útero 
dadas por Galabin, Dakin y Pajot son poco satisfactorias. La contracción * 
y la retracción son concomitantes aun en el primer período del parto, se- 
gún se ha observado estudiando los cortes hechos en cadáveres, congelados 
de mujeres que murieron en este período. La retracción es esencial para 
que se dilate el cuello uterino. Si esta opinión es exacta, el Dr. Hermán 
está en un error al decir que hubo falta de retracción del útero en su eu- 
ferma* El simple hecho de estar completamente dilatado el conducto cer* 
vical es prueba de que hubo retracción. 

El Dr. Lewers manifestó que el Dr. Hermán no está en lo cierto al afir- 
mar que la elevación de la temperatura era de origen nervioso. Se trataba 
de un caso puerperal en el que hubo varios calofríos repetidos é hipertermia 
que duró bastante tiempo. El parto no careció de complicaciones, puesto 
que fué preciso extraer la placenta con la mano. Conviene recordar que no 
es posible siempre dejar las manos completamente estériles. Cree que un 
caso que presente los caracteres clínicos que el del Dr. Hermán, debe con- 
siderarse como de flebitis uterina. Esta, opinión era la sostenida hace 
varios afios por el antiguo profesor Sir. J. Williams ; después ha visto 
varias enfermas de esta clase. Los fenómenos característicos son la falta de 
signos físicos, la persistencia del aumento de temperatura y los calofríos. 
En algunos de estos casos el diagnóstico fué después comprobado por la 
flebitis que propagó á la vena principal y produjo la tumefacción del miem- 
bro correspondiente. Varias enfermas se encuentran bastante bien en el 



37 

período que media eatre los calofríos y comen con buen apetito. Una gran 
proporción de casos cura completamente. 

El Dr. Griffith indicó estaba conforme con lo expuesto por el Dr. Wi- 
lliamson. Admite desde hace alganos afios que la retracción es una fun- 
ción de todos los músculos vivos, y que por lo tanto un músculo largo es 
capaz de recobrar su longitud primitiva después de la contracción ó esti- 
ramiento, y otro hueco, de adaptarse á su contenido á beneficio de una con- 
tracción ligera con un mínimum de cansancio muscular, quedando asi dis- 
puesto para> contraerse ó dilatarse de nuevo más fácilmente. El retraso en 
el nacimiento de la criatura, en el caso del Dr. Hermán, fué debido á la 
falta de contracción eficaz más que á la de retracción, como cree este autor. 

El Dr. Horrocka dijo que, en un trabajo publicado hace cuatro años, ha- 
bía discutido el problema de la retracción del útero, la que define como 
c contracción seguida de relajación (es decir, desaparición de la coiHrao- 
ción activa), pero no de extensión'. Todos los músculos del organismo tie- 
nen antagonistas que las más de las veces, aunque no siempre, son también 
músculos. El antagonista del bíceps, por ejemplo, es el tríceps. Además, 
según sabemos, ninguna fibra muscular del organismo, sea voluntaria ó 
involuntaria, estriada ó lisa, es capaz, después de acortarse por contracción, 
de recobrar espontáneamente sus dimensiones primitivas. Esto se consigue 
por BU antagonista. Ahora bien, durante el embarazo el útero se contrae 
sin que la enferma lo note, porque las contracciones no son dolorosas. Du- 
rante estas contracciones aumenta la presión intra amniótica, y cuando 
cesa la contracción activa este aumento de presión entra en juego y obliga 
á la pared uterina á recobrar su estado primitivo. Desempeña el papel de 
un antagonista y no hay retracción. Pero en el parto las membranas prin- 
cipian á ensanchar el conducto cervical y cada contracción del útero es 
segaida de extensión imperfecta y de engrosamiento ligero (retracción). 

El Dr. A* Rotith preguntó si el feto nació con caput succedaneum^ y si al 
practicar la versión se observó retracción del anillo de Bandl. Dijo que 
había observado varios casos de calofríos y de hiperpirexia sin causa evi- 
dente, unos indudablemente de origen nervioso y otros debidos á la flebitis 
uterina. 

El Dr. Boxall cree que la retracción está relacionada con la tonicidad. 
Es muy posible que en ciertos casos falte la retracción, aunque se produz- 
can contracciones. Ha observado que en los casos en que el útero se retrae 
con energía inmediatamente después de terminar el parto, á las doce ó 
veinticuatro horas el útero es menos duro y menos voluminoso, lo que in- 
dica que la contracción no persiste. Ha visto varios casos de infección 
séptica aguda, en los qae las huellas del veneno se encontraron princi- 
palmente en el aparato vascular sanguíneo con manifestaciones locales li- 
geras ó nulas. 

Qlieosuria durante el embarazo. — El Dr. W. H. B. Brook narró cuatro 
casos de este género. En el primero la enferma eliminaba por la orina, en 
el quinto mes de su segundo embazo, 2 y Vt por 100 de glucosa y una can- 
tidad pequeña de lactosa. La orina de las otras dos enfermas, que se halla- 
ban en el sexto mes de la gestación, contenía mucha más cantidad de glu- 
cosa. La segunda enferma era primípara y la última se hallaba embarazada 



38 

por tercera Tez. Lae tres mujeres ilegaron al término de sn embarazo y la 
glneoea desapareció de la orina después del puerperio. Las tres fneron 
sometidas al régimen antidiabético; los medicamentos empleados fueron 
la aspirina, el salicilato sódico, la aniipirina y alguna dosis de masa pilu- 
lar hidrargirica. 

El Dr. Champneys dijo que la diabetes del embarazo es distinta de la 
glucosuria ligera, llamada c diabetes de absorción '« debida á que se ab- 
sorbe el azúcar de la leche retenida en las mamas. La diabetes del emba- 
razo sigue á veces una marcha completamente benigna, pero en otros casos 
produce con rapidez la muerte. Lo diñcil es el pronóstico, y no se conoce 
método alguno satisfactorio que permita hoy por hoy hacerlo con seguridad. 

El Dr. Fairbaim refirió un caso observado recientemente. La enferma 
se encontraba en el sexto mee de so embarazo. El análisis de la orina con 
la fenilhidracina y el polarimetro, demostró que el azúcar era glucosa. La 
cantidad de orina no había aumentado y el peso especifico era sólo algo 
mayor que el normal. Cree también que la glucosuria ligera de la mujer 
embarazada es distinta de la diabetes verdadera. La pequeña cantidad de 
orina eliminada, y la falta de otros sintomss diabéticos, permite incluir 
estos casos en otra categoría completamente distinta. 

El Dr. Griffith citó un caso de diabetes que ha tenido ocasión de obser- 
Tar por espacio de varios años. La enferma quedó embarazada hace cuatro 
meses, y ni en el embarazo ni en el parto presentó signo alguno de peligro. 
Cree que este caso es intermedio entre los de glucosuria temporal referi- 
dos por el Dr. Brook y los gravísimos citados por el Dr. Mattbews Duncan. 

{The Britiah Med. Jaumal),-- F. Toledo. 



IMPKRIAL T REAL SOCIEDAD DE LOS M1ÍDI008 DE YIENA 
8€$ión del dia 4 de Mayo de Í906, 

Priapisme de origen ieoeémics. — El Dr. Víctor Blum presenta un joven de 
veinte afios que se despertó hace seis días con una erección del pene que 
dura todavía. Hace seis meses se cayó de una escalera sobre el periné, su- 
friendo como consecuencia una epididimitis. No ha padecido ninguna in- 
fección venérea. El pene se halla en erección máxima, muy duro y con una 
longitud de 21 centimetros, pero la erección no afecta al glande ni al 
cuerpo cavernoso de la uretra. La piel del pene está intacta, no hay excita* 
ción sexual, poluciones, ni ningún trastorno nervioso. El enfermo está 
muy pálido y presenta infarto esplénico enorme y de los ganglios ingaina- 
les y axilares. En un milímetro cúbico de sangre ee cuentan 565.000 leu- 
cocitos y 8,285.000 eritrocitos. 

En la literatura se registran otros diez casos de priapismo leucémico, 
pero acompañado de grandes dolores, que faltan en el caso actual. Se ha 
atribuido este priapismo á trombosis y otros trastornos circulatorios de los 
cuerpos cavernosos, ó bien á irritaciones de los nervios erectores á causa 
de las condiciones de la sangre ó de presión ejercida por ganglios infarta- 



39 

dos sobre los nerrios del plexo pndendo. En el easo actnal debe de tratar- 
se de una trombosis blanda de los caerpos cayernosos, como también suce- 
dió en el único caso en el que se hizo la autopsia y que refiere Kast. 

El pronóstico es dudoso, puesto que puedea sobrevenir supuraciones de 
loe caerpos caTernosos con piohemia subsiguiente. En este caso, el único 
medio de saWar la yida seria una intervención quirúrgica rápida. El pro- 
nóstico se ajusta al de la enfermedad fundamental. El autor ya á recurrir 
en el caso actual á los rayos X. 

Immtr vesical inflamado. — El Dr. Ifana de Haberer presenta un individuo 
de treinta años que fué operado el año 1902 de hernia inguinal : en marzo, 
del lado derecho, y en noviembre, del izquierdo, sin que en ambas opera- 
ciones hubiese ocurrido nada de particular. En cambio, desde hace catorce 
dias venia sintiendo el paciente una presión continua en la región vesical. 
Nunca ha habido fiebre, pero últimamente , el enfermo se ha demacrado y 
ha perdido el apetito. Nada de antecedentes venéreos. La orina estaba 
clara, pero contenía indicios de sangre. Con la palpación se percibía á la 
derecha y por encima de la sínfísis un tumor del tamaño del puño de un 
niño, de superficie lisa y de bastante consistencia. El tumor se podía dis- 
locar en sentido lateral y no era nada sensible á la presión. Con el cistos- 
copio se vio que la pared posterior y derecha de la vejiga sobresalía en el 
interior de ésta como an tumor mayor que una nuez. En lo más culmi- 
nante del tumor había dos puntos necrosados que sangraban al menor con- 
tacto. Se sospechó un tumor maligno, probablemente un sarcoma intramu- 
ral próximo á abrirse, y como del tumor partía un cordón que llegaba has- 
ta el ombligo, se pensó en cierta conexión con el uraco. 

Previa anestesia espinal de Bier, se practicó la talla hipogástrica y se 
encontró un tumor inflamatorio de la pared izquierda de la vejiga, de cuyo 
tumor partía un cordón calloso que ascendía en la línea media. Incindido 
el tumor, se penetró en una gran cavidad llena de masas necrosadas y de 
pus estéril. A la derecha se tocaba la cicatriz de Bassini. 8e vació la cavi- 
dad con la cucharrilla cortante y se estableció un amplio desagüe. 

tíe trataba, por lo tanto, de un tumor en parte paravesical y en parte 
intramural, de naturaleza inflamatoria, y cuyo origen se puede relacionar 
sin violencia alguna con la cicatriz de Bassini antes mencionada. 

( Wiener klinieche Bundechau). — R. dbl Valle. 



PERIÓDICOS 



La albaminuria desde el punto de vista diagnóstica y terapéutico.— Wright y 

Roes sostienen que puede existir una calbnminuria fisiológica», es decir, 
que puede producirse una trasudación de linfa en los tubillos uriníferos 
sin que existan lesiones renales graves. Aconsejan para corregir esta for- 
ma de albuminuria, aumentar la coagulabilidad de la sangre por la adn^- 
nistración de una sal de calcio. Emplean el lactato á la dosis de 18 decí- 



40 

gramos, en una doeis ó en tres. El lactato calcico sirve no sólo para cnrar 
la albuminuria, sino para hacer el diagnóstico entre la fisiológica y la de- 
bida á una enfermedad renal. La primera disminuye con rapidez ó desapa* 
rece con el lactato de calcio, mientras que si es debida á una lesión del ri- 
lión, este medicamento es completamente inútil. 

(The Therapeinic Gazette^ 15 marzo 1906).— P. Toledo. 

Supervivoneia después de la aparición de ia retinitis albuminArica.— La reti- 
nitis se presenta próximamente en el 80 por 100 de todos los casos de mal 
de Bright. Su pronóstico quoad viiam yaria según se trate de enfermos de 
hospital ó particulares. En los primeros resultó una superriyencia media 
de cuatro meses á contar de la comprobación de las lesiones de fondo de 
ojo, según el Dr. Miley. En loe segundos, dicha supervivencia ha sido de 
unos doce meses por término medio, según el Dr. Snell. 

De todos modos, la retinitis albuminúrica siempre es un signum pesim 
omifUSj si se exceptúan los casos de nefritis gravidarum. 

iíancet).—B,. del Valle. 

Acción de los amarges.^ Los amargos no son suficientes por si solos para 
aumentar la secreción del jugo gástrico, pero si cuando se ingieren á con- 
tinuación alimentos. Este hecho ha sido demostrado experímentalmente 
en el perro por el Dr. Straschenko. Dos médicos de Bucharest, los doctores 
Nano y Nironesko, han observado que los amargos, en particular la tintu- 
ra de quina, administrados al hombre, no sólo aumentan de un modo nota- 
ble el jugo gástrico cuando se hacen ingerir en seguida alimentos, sino que 
dicho jugo contiene mayor cantidad de ácido clorhídrico. Dedúcese de este 
hecho que en la hipoclorhidria los amargos son medicamentos útilísimos, 
según prueban la experiencia clínica y las investigaciones de laboratorio. 

(New York Méd. Journal).— F. Toledo. 

Valer clínloc de la reacción del azul de motliene.— El Dr. Russo cree que la 
reacción del azul de metileno puede sustituir muy bien á la reacción dia- 
zóica de Ehrlich. El azul puesto en contacto con orina patológica la tiñe 
de ñn color verde esmeralda, y esta reacción, que es constante en los casos 
de fiebre tifoidea, no tiene ninguna relación con la reacción del indican. 

La reacción del azul de metileno aventaja, en concepto del autor, á la 
reacción diazóica de Ehrlich, tanto bajo el aspecto clínico, como bajo el 
pronóstico, sobre todo en el tifus abdominal : su aparición marca exacta- 
mente el periodo de la enfermedad y su desaparición la curación de la 
misma. Técnicamente es más fácil y más sencilla que la reacción diazóica, 
y el número de enfermedades en que se presenta es también menor. 

(Ri forma Medica).— B.. del Valle, 



-^"^^^-^^ 



REVISTA 

DB 



MEDICINA Y CIRUGÍA PRÁCTICAS 



GASTRALGOKENOSIS 



DOCTOR D. RAFAEL DEL VALLE Y ALDABALDE 

MMlM, por opodddm d«l Hoipltal Prariadiü. Madrid. 



En la primera decena del mes de julio del año pasado fui consul- 
tado por escrito, por D. M. M., vecino de Cabra, de cuarenta y cinco 
años, interventor de ferrocarriles, casado y con dos hijos. 

Siempre habla estado sano y robusto hasta hace cosa de un año, en 
cuya época, hallándose en Bilbao, tuvo un padecimiento de los in- 
testinos, que quebrantó en alto grado su salud y que le obligó á estar 
sometido á dieta láctea durante seis meses. 

Su padecimiento actual se remonta al 10 de marzo del año pasa- 
do, en cuya fecha sintió, á las dos horas de haber comido, una pun- 
zada ó contracción interior, que el enfermo no puede precisar bien 
si radicaba en el pecho ó en la parte alta del epigastrio. Dicha pun« 
zada fué de muy corta duración, casi intantánea, pero asustó mu- 
cho al paciente, porque en el acto de sentirla parecía que el corazón 
se detenia algo, latiendo después por un corto tiempo con alguna 
celeridad. Esto úo obstante, los tres médicos que asistían al sujeto, 
después de detenido reconocimiento, dijeron que se trataba de un 
fenómeno nervioso sin importancia, puesto que en el corazón no 
habla nada anormal. 

La punzada se repitió después en los meses de abril, mayo y junio, 
pero con menor fuerza que en marzo, siendo de advertir que á los 
pocos dfas de haberse presentado dicho síntoma se alteró el sueño, 
despertando el enfermo muchas veces y pasando algunas noches en 
vela, cuando en estado normal dormía la noche en un sueño. Tam- 
bién empezaron por entonces los trastornos del estómago. 
Afio XXX. 'Tomo LXXIl.-Núm. 998.-14 Julio, 1906. 4 



42 

Segáa el relato del interesado, que estoy copiando casi literalmen- 
te, lo característico de su enfermedad era lo siguiente : 

Necesidad apremiante de tomar alimento con frecuencia, con in- 
tervalos de dos horas cuando tomaba leche, y de tres si tomaba un 
huevo batido y un vaso de leche. 

Gran angustia, desfallecimiento y una especie de temblor en el 
estómago en el acto de entrar el alimento, temblor que duraba unos 
veinte á treinta minutos, irradiándose á veces á los muslos y pier- 
nas y produciendo flojedad. 

La molestia del estómago era constante, pero el enfermo se encon- 
traba mejor cuando la viscera estaba llena de alimento y en la hora 
que seguía á su ingestión. 

Cuando el estómago, á las dos horas de haber tomado la leche, em- 
pezaba á vaciarse, se iniciaban las angustias, el desfallecimiento, la 
intranquilidad, él dolor y una sensación especial gueparecia ser de 
necesidad y que le obligaba á tomar alimento nuevamente. No era 
apetito lo que sentía, sino necesidad ; los alimentos no le repugna- 
ban ni le sabían mal, pero no los comía con gusto ni con la satisfac- 
cióVi del apetito normal. 

A la caída de la tarde y por la' noche, sentía el enfermo llenura y 
abultamiento estomacal muy molestos, como consecuencia de una 
ingestión tan repetida de alimentos casi totalmente líquidos. 

Se acostaba á las doce de la noche, tomando á esta hora un huevo 
batido y un vaso de leche. A. las cuatro ó cinco de la mañana le 
despertaba una gran necesidad, que le obligaba á tomar leche. A 
las siete tomaba otro vaso, y así continuaba alimentándose cada 
dos ó tres horas. 

Todo el epigastrio estaba muy doloroso y con intensa sensación de 
malestar, por cuya causa no le era posible hacer inspiraciones pro- 
fundas, porque al entrar el aire le dolía mucho. 

Bn los tres meses y medio que llevaba de enfermedad no había 
tenido diarrea ni estreñihiiento; el excremento era abundante y 
con olor muy fuerte, distinto del natural. 

Obraba una vez por la mañana, y asi como á la hora otra vez« 
Bn esta segunda solía expulsar sin ningún dolor de vientre unos 
materiales muy parecidos á la clara de huevo, unas veces con chis- 
pas de sangre y otras sin ellas. 

No tenia eructos ni acedías; tampoco le repetía la comida ni tenía 
ardores producidos por el alimento. 

Por las mañanas al levantarse, y á veces por la tarde y noche, ge- 



43 

aeralmente cuando el estómago estaba vacío, tenia muchas arcadas 
y conatos de Vomitar, pero sin echar nada más que saliva; cuando 
tomaba alimento cesaban las arcadas. 

Por lo general, los alimentos que tomaba eran líquidos. A veces no- 
taba en la boca acidez,sobte todo después de tomar leche. También 
solía tomar al medio día puré de habas ó de lentejas, merluza coci* 
da y pollo. Las horas en que peor se sentía el enfermo eran de cinco 
A nueve de la mañana. 

A pesar de tanta molestia, en vez de desnutrirse había aumentado 
de peso, puesto que de 72 á 74 kilos que pesaba en el estado de salud 
ha subido & 78 el 3 de junio, y cuando escribió esta consulta no pe- 
saba menos de dicha cifra. 

De donde resulta que el enfermo, á pesar de estarlo, asimilaba y se 
nutría, tenía buen color y su aspecto general es de sano. Esto no obs- 
tante, estaba inútil para todo trabajo regular, y no podía empren- 
der estudio que requiriesen atención sostenida y continuada. Cuan- 
do pesaba 73 kilos era un hombre útil para todo; ahora que pesaba 
78 á 80, decía el enfermo que no servía para nada. 

En las veinticuatro horas venía á tomar: dos huevos batidos en 
caldo, cuatro yemas también batidas, un plato de puré de habas y 
-cerca de seis cuartillos de leche, distribuida toda esta alimentación 
en diez comidas, comenzando la primera á las cinco y media de la 
mañana y terminando la última á las doce y media de la noche. 

La lengua estaba cubierta de una capa blanca y á veces amari- 
llenta. Las orinas eran normales, según análisis: 

No podía leer alto, porque cuando leía ó hablaba alto, parecía que 
se estrechaba y achicaba la garganta, produciendo molestia y tra- 
bajo los esfuerzos para emitir la voz. 

El médico decía que se trata de una afección nerviosa del estoma* 
go. El médico de Bilbao dice que es una gast^algokenosis. 



A la consulta anterior di la contestación siguiente: 
Se trata, en efecto, de un caso de gastralgokenosis ó vacuidad do- 
lorosa del estómago. (Boas, tomo II, pág. 377 de la traducción espa- 
ñola; Penzoldt y Stintzing, tomo IV, pág. 45(3 de la traducción espa- 
ñola). 

Convendrá investigar si ha habido excesos de trabajo ó de otro 
género, vigilias prolongadas, desórdenes en el régimen alimenticio 
<en cantidad ó calidad, comer precipitadamente, muy caliente ó 




44 

muy frío, trabajar después de comer, etc.), 6 bien si han influido- 
causas morales, como disgustos, preocupaciones, emociones violen- 
tas, etc. Todo ello para alejar en lo posible tales causas, no sólo* 
ahora, sino también en lo porvenir. 

También conviene saber si se trata de\in individuo neurasténico» 
ó por lo menos nervioso, para emplear el tratamiento general ade- 
cuado, á la vez que el que se propone en este escrito. 

Es indudable que la cantidad de alimentos es excesiva, ó por la 
menos que con menor cantidad podría cubrir el enfermo sus necesi- 
dades orgánicas habituales. 

Además, la calidad, mejor dicho, proporción de las distintas subs* 
tancias alimenticias, es anormal; hay sobra de principios nitroge» 
nados y quizá de grasas y falta de principios hidrocarbonados (fe* 
culentos, amiláceos, azúcar, etc.). 

Así se explica que el sujeto engorde, y sin embargo, se sienta mal 
de su estado general. 

Por otra parte, es una alimentación demasiado líquida; de ahí el 
encharcamiento del estómago, que con el tiempo puede acarrear la 
dilatación del órgano ; y como además se trata de alimentos en ge- 
neral de fácil digestión, al acostumbrarse el estómago á ellos, cae 
en cierta atonía, y más tarde podría no digerir bien los alimento» 
de uso corriente. 

Todo esto, además de las molestias que siente el enfermo, son mo- 
tivos que obligan á tratar su padecimiento. 

Para ello se aconsejan tres clases de medicamentos: los opiados^ 
los bromurados y los arsenicales. 

Al emplearlos, como luego se dirá, ademad de calmar las moles- 
tias del enfermo, nos proponemos que el número de sus comidas sea 
menor, y que su régimen se vaya aproximando paulatinamente al 
habitual del sujeto cuando se hallaba en estado de salud. - 



Un cuarto de hora antes del desayuno de las ocho, debe tomar 
una pildora de un centigramo de extracto tebáico y otra de extrac- 
to de belladona. Con esto se espera que el segundo desayuno se pue- 
da aplazar á las once y media, por ejemplo. 

Antes de este segundo desayuno tomará ocho ó diez gotas de una 
mezcla á partes iguales de tintura de canela (ó agua de menta pi- 
perita) y licor de Fowler. 

Un cuarto de hora ó media hora antes de la comida del medio día. 



45 

que 86 podrá aplazar quizá hasta las dos, tomará en un vasito de 
agua uáos polvos compuestos de un gramo de bromuro sódico y otro 
de bromuro amónico. 

Un cuarto de hora antes de la primera merienda, que será á eso de 
las seis de la tarde, las gotas arsenicales que se administraron para 
el segundo desayuno. 

Un cuarto de hora ó media hora antes de los dos vasos de leche, 
que tomará á las ocho y media, los polvos de bromuro. 

A las once menos cuarto, un cuarto de hora antes de lo equiva- 
lente á la cena, una pildora de opio y belladona. 

Desde esta hora hasta el primer desayuno, conviene que tome la 
menor cantidad posible de alimento; pero si no se puede pasar por 
otro camino, tomará un vaso de leche cada tres ó cuatro horas, ó 
aea uno á las dos y otro á las cinco. 

Al principio no se debe variarla cantidad en cada toma, ni la ca- 
lidad de los alimentos ; pero si el enfermo mejora, como es de espe- 
rar, conviene ir reemplazando algunos vasos de leche por leche con 
tapioca ó acompañada de una ó dos galletas, pero no de las llama- 
das Marías ni las de vainilla; son preferibles las llamadas Albert, 
poco azucaradas. 

De este modo también se puede ir disminuyendo la cantidad total 
de leche. 

Como régimen de transición al habitual, hay que mencionar los 
sesos cocidos, no fritos, las criadillas, el pan tostado y los purés de 
patatas, lentejas, etc. 

En resumen : al principio se debe conservar el régimen alimenticio 
actual en su calidad, pero no en su cantidad, puesto que merced al 
empleo de los medicamentos indicados, se espera poder reducir el 
número de las comidas. 

Después se debe pasar á modificar la composición de éstas, aspi- 
rando durante bastante tiempo á establecer un régimen que pudiera 
ser, poco más ó menos, el siguiente :' 

A las ocho : un huevo batido en caldo, un vaso de leche y pan tos* 
tado ó galletas. 

A las once : un vaso de leche. 

A la una ó una y media : sopa de tapioca, de sémola ó de fideos 
{preferibles arpríncipio las dos primeras). 

Segundo plato : sesos ó croquetas de gallina ó jamón en dulce. 

Tercer plato: bisteck muy picado ó merluza ó dos huevos pasados 
por agua. 



46 

Postre : un vaso de leche con galletas, ó mejor, compota ó dulce 
de ciruela ó manzana asada. Además pan tostado. 

A las seis ó seis y media un vaso de leche. 

De ocho y media á nueve una tortilla á la francesa, y mejor aún^ 
souflée, ó un par de huevos pasados por agua ó un plato' de sopa, 
como al medio dia. 

De segundo plato alguno de los citados en la comida del medio á\hy 
y como postre también se tomará alguno de los mencionados en la. 
misma comida. 

A media noche un vaso de leche si es preciso. 

» 
* • 

Claro está que en este escrito no se trazan ni pueden trazarse má» 
que las lineas generales del tratamiento. 

Sólo diré, para terminar, que los medicamentos habrán de irse 
suspendiendo en el orden siguiente : primero los de las comidas del 
centro del dia, y en especial los de las once y merienda; después los- 
del ó de los desayunos; y por último^ los de la cena. 

Pero en esto la observación de los efectos habrá de servirle de- 
guia al médico de cabecera mejor que mis consejos. 

Y lo mismo digo en la preferencia por los medicamentos, por máa 
que yo me inclino á suspender, primero los opiados, después los ar- 
senicales, y últimamente los bromuros. 

« 

Como contestación á este escrito, recibí la nueva consulta siguien- 
te: «El enfermo es de temperamento nervioso, siendo muy conve- 
niente se indique el tratamiento general adecuado para aplicarlo á. 
la vez que el otro. 

Siente excitabilidad nerviosa, creyendo encontrar en ella la cau- 
sa del padecimiento que sufre. « » 

Se desea .saber además si convendrá quietud ó reposo absoluto, 6 
que haga algún ejercicio ó movimiento al aire libre. 

^Será conveniente la asistencia á círculos de recreo ó tertulias? 

El enfermo gusta de ir donde hay poca gente, porque la atención 
continuada á lo que hablan los demás, cuando son muchos,.óel ha- 
blar mucho él, generalmente le fatiga, porque cree que con ello se 
le aumenta la excitabilidad nerviosa y la molestia que siente en el 
estómago. 

BI pulso se encuentra frecuente. 

El sueño lo tiene alterado, como se ha dicho ya». 



47 

Ck>nte8iación á esta segunda oonsulta. 

De la lectura de la segunda consulta se infiere que el enfermo es, 
además de gastrálgico» neurasténico» sin que se pueda deducir de 
los datos referidos cuál de las dos afecciones se ha desarrollado 
primero. Pero lo que es indudable es que hoy tienen que ser tratadas 
las dos simultáneamente, y que influyen la una sobre la otra agra- 
vándose. 

El análisis del jugo gástrico seria conveniente, pero hoy no lo juz- 
go indispensable. Más aún, por la historia del enfermo y por lo que 
96 sabe de estas cosas, se puede afirmar que se trata de un hiperclor- 
hfdrico con más la hiperalgesia, causa de la gastralgokenosis. 

La naturaleza, ó por lo menos la asociación neurasténica de la 
enfermedad gástrica, obligan á rectificar un poco el tratamiento 
farmacológico aconsejado en«l primer escrito. En efecto, como en 
los neurasténicos se deben dar pocos medicamentos, convendrá su- 
primir lo más pronto que se pueda los que había aconsejado, y muy 
especialmente las pildoras de opio y belladona. 

En cambio, hay que dar mayor importancia á los medios de carác- 
ter higiénico. 

(Comenzando por el ejercicio, diré que el enfermo debe hacer ejer- 
cicio físico, pero moderado, al aire libre, sin llegar al cansancio y 
cuidando siempre de no hacerlo después de comer. 

No le conviene á este enfermo frecuentar reuniones, ni hablar 
mucho, ni que le hablen á él mucho tiempo seguido. Pero,sobre todo, 
seria muy conveniente que suspendiera todo trabajo intelectual un 
mes por lo menos para que se restaure su sistema nervioso. 

En el extranjero, y muy particularmente en Alemania, estos en- 
fermos se tratan con mucho resultado en Sanatorios especiales, 
donde todo está regulado bajo una dirección facultativa compe- 
tente. 

En España no hay nada de eso. Sin embargo, existe un estableci- 
miento balneario, el de Solares (Santander), cuyas aguas prestan 
muy buen servicio precisamente en las afecciones digestivas de na- 
turaleza ó con complicación nerviosas. Además, las condiciones de 
clima y de instalación le hacen muy recomendable para tales 
casos. En este establecimiento se deben tomar aguas y baños; las 
primeras para curar la afección digestiva; los segundos para modi- 
ficar el estado neurasténico. 

En el caso presente conviene por de pronto seguir el plan aconse- 
jado, con las modificaciones indicadas en este escrito, por lo me- 



48 
nos durante un mes. Adem&s, deberá* el enfermo tomar un baño ge- 
neral tibio, antes de cenar ó dos ó tres horas después, diario si pue- 
de ser, y sí no al m^nos dos veces por semana. 

Terminado el mes, si el enfermo Vnejora, hay que seguir con el 
tratamiento, mitigándolo en lo medicamentoso, pero continuando 
lo mismo en lo higiénico y en los baños. La discreción del médico de 
cabecera será, sin embargo, la mejor guia para saber cuándo se ha 
de cesar en el tratamiento y cómo se ha de ir suspendiendo de un 
modo gradual. 

Por el contrario, si al cabo de un mes del tratamiento aconsejado 
en estos escritos el enfermo no mejorara, habría que pensar en So- 
lares, sujetándose al plan que trace el médico del Establecimiento 
en lo que se refiere al Usp de aguas y baños, y haciéndole presente el 
plan que lleva en lo relativo á régimen alimenticio y á régimen hi- 
giénico. 

No hay que olvidar que en los balnearios muy concurridos la mu- 
cha concurrencia tiene sus incon venientes para estos enfermos, pero 
dichos inconvenientes se pueden evitar llevando una vida tranquila 
y hasta retirada. 

« 
• « 

En resumen, primero se debe insistir en el tratamiento aconseja- 
do en el escrito anterior, pero procurando usar poco de los medica- 
mentos, adoptando un régimen de vida de reposo en lo psíquico, y 
dé ejercicio moderado en lo físico, y empleando además los baños. 

Únicamente si se ve que con este tratamiento no mejora el enfer- 
mo, ó mejora muy poco, es cuando se debe aconsejarle que vaya á 
Solares á pasar una temporada, que no deberá bajar de tres sema- 
nas si se quiere que produzca algún resultado. 

« • 

Deseando saber el resultado del tratamiento, escribí al interesado 
á mediados de diciembre último, recibiendo como contestación la 
carta cuyos párrafos principales voy á transcribir: 

cBn el día 19 de julio empezó el tratamiento, y gracias á él, aun- 
que con trabajo, se inició la posibilidad de ir reduciendo paulatina- 
mente el número de comidas, que llegaban entonces hasta 10 y 11, 
quedando reducidas el 16 de agosto á cinco. Con estas cinco comi- 
das seguí hasta el 24 de septiembre, y desde entonces, unos días con 
cuatro y otros con cinco, continué hasta el 10 del actual, en que han 
quedado reducidas á cuatro. 



^9 

Los baños tibioB los empecé á tomar el día 26 de julio á 30" centi* 
grados y de diez minutos de duración; diariamente, y antes de la 
cena, hasta el 20 de septiembre, en que se cambió al medio día, antes 
de comer. Desde noviembre el baño es alterno, tomándolo ahora dos 
veces por semana, á 32^ y también de diez minutos. 

La medicación se ha ido disminuyendo paulatinamente á medida 
que se fué aminorando la necesidad de tomar alimento. Los bromu- 
ros los sigue tomando dos veces, pero en menor cantidad. Al prin- 
cipio, según la prescrippión de usted, tomaba un gramo de bromuro 
sódico y otro de amónico en cada papel; después el médico redujo la 
dosis á medio gramo de 'cada bromuro por papel, y ahora esta can- 
tidad de un gramo se divide en tres papeles, tomando uno antes del 
almuerzo y otro antes de la comida. 

De las gotas tomo solamente tres, antes de la merienda. Y de las 
pildoras de opio y belladona, una antes de la cena. 

Bl estado actual es el siguiente: 1.^, el pulso ha vuelto á ser com- 
pletamente normal, según el médico; 2.^ el vientre, natural; obro 
una vez por la mañana sin estreñimiento ni diarrea; 3.", el sueño se 
ha restablecido casi por completo á su estado normal: me acuesto 
á las once y cuarto ú once y media, me duermo y, por regla gene- 
ral, aunque despierto alguna vez, vuelvo á dormir hasta las seis y 
cuarto ó siete de la mañana. Antes de la medicación sólo dormía el 
primer sueño, de tres á cuatro horas á lo sumo, y en despertando 
no volvía á dormir; 4.% el estado general también ha ganado en 
agilidad, ánimo y fuerza; ya empiezo á leer con gusto los periódi- 
cos, pudiendosin trabajo sostener la atención en lo escrito, cosa 
que antes me era imposible; pero aún no puedo, sin cansarme, leer 
alto, ni hablar alto mucho tiempo seguido, ni andar muy deprisa; 
5.^ el peso, que había aumentado considerablemente antes del plan 
de usted, ha disminuido, encontrándome ya casi con el peso que he 
tenido siempre; 6.^ en cuanto al estómago, aunque menos, aún está 
doloroso; casi siempre tengo en él todavía algo de molestia ó dolor. 
Este estado doloroso del estómago se va haciendo más intenso á las 
tres horas y media de haber tomado alimento, ocurriendo con fre- 
cuencia que á las cinco horas de haber comido tengo á veces me- 
nos dolor de estómago que á las tres horas y media. Además, en el 
intervalo de la comida del medio dfa á la merienda, suele estar el 
estómago algo más doloroso que en el intervalo de la merienda á la 
cena. Con el baño desaparece el dolor, tanto que al sentarme á la 
mesa después, parece que no volvería á presentarse. Empiezo la co- 



50 

mida tomando el alimento con mucho gusto y sin casi molestia, 
pero después de la comida reaparece la molestia, que dura unos 
cuarenta á cincuenta minutos. Sin embargo, este malestar que 
siento en el estómago después de comer va siendo menor que an- 
tes, asi como también se va aminorando la intonsidad del dolor de 
estómago cuando éste va quedando vacio. 

La comida me sabe oien, pero después de comer me queda mal 
gusto de boca y noto en la lengua que está asi como áspera. 

La capa blanca de la lengua dice el médico que se va aclarando 
cada vez más y que lleva camino de limpiarse. Cuando se notan 
ruidos dfi gases en el estómago ó en el vientre, disminuye el estado 
doloroso del estómago. 

Mi alimentación la constituyen en la actualidad: puré de habas ó 
de lentejas, sopa de sémola ó de tapioca, huevos batidos en caldo ó 
leche, croquetas de carne de gallina muy picada, merluza cocida, 
almíbar de ciruela ó de cabello, galletas Albert y natillas de leche 
y tapioca ó de sémola y leche. El pan lo tomo tostado, y no bebo 
agua, porque nunca tengo sed. 

Por las tardes, invariablemente, si el dia está despejado, me mar- 
cho al campo á las dos y no vuelvo hasta las cinco, cuando el sol 
se pone Este ejercicio me sienta muy bien. 

Por lo expuesto observará usted que en lo que be adelantado mu- 
chísimo es en la reducción del número de comidas, que es casi el 
normaL Si se llegara á conseguir la desaparición completa del 
estado doloroso del estómago, el triunfo sería colosal, porque el 
trastorno que sentía era muy grande». 

Como contestación á esta consulta, aconsejé al enfermo que no 
abandonara los baños, antes bien que los tomara más á menudo» 
V. gr., dos días sí y uno no, para calmar el dolor constante del estó- 
mago. Y para combatir la exacerbación de dicho dolor, que se pre- 
senta á las tres horas y media de haber comido, le aconsejé que 
tomara á esa hora un papel de magnesia calcinada y creta, aumen- 
tando la cantidad de la primera si hay estreñimiento y la de la se- 
gunda si se presenta diarrea, empezando por 80 centigramos de 
cada cosa y aumentando, si es preciso, hasta medio gramo. Si aun 
asi el dolor se mostrara rebelde, se añadirá á cada papel uno ó dos 
centigramos de clorhidrato de cocaína, disminuyendo ésta y lle- 
gando, por último, hasta suprimir la creta y la magnesia á medida 
que vaya también disminuyendo la mencionada exacerbación del 
dolor de estómago. 



51 

Poco be de añadir & la historia clinica que acabo de exponer. Con 
el nombre de gastralgokenosis, palabra compuesta de y«^P*^Tí>« 
dolor de estómago, y ^eoo^, vacio ó sea vacuidad dolorosa del está- 
mago, designa Boas • á los dolores gástricos ó á 'la sensación dolo- 
rosa de peso en el epigastrio, que se presenta eicciusivamente cuan- 
do el órgano se vacia, y se alivian rápidamente con las comidas». 
La atribuye el autor mencionado á t contracciones excesivamente 
fuertes del piloró, que se exacerban hacia el fin de la digestión des- 
pués que se licúan los ingesta y se retardan verosímilmente cuando 
de nuevo se ingieren alimentos». 

' Los casos que cita el autpr se parecen en sus líneas generales al 
reseñado en este articulo, y hasta se asemejan en el hecho de que, 
gracias á la repetida ingestión de alimentos, que á pesar de todaa 
las molestias se digieren y asimilan, los enfermos llegan á aumentar 
de peso. 

También se conñrma en el caso presente lo que dice Boas, de que 
se encuentran estigmas de neurastenia en esta clase de pacientes, 
pues en el actual el estado neurasténico está bien manifiesto. 

En cambio el enfermo historiado no padeeia^da ejli e & tiniapto,. 
que según el autor mencionado se observa casi siempre en estos 
casos, y por otra parte el dolor de estómago es continuo, aunque se 
exagera con la vacuidad, á diferencia de los citados por Boas, en 
qae sólo se presenta con esta última. 

La afección no debe ser muy frecuente, por cuanto en la literatu- 
ra médica de estos últimos años, se tropieza rara vez con casos de 
la misma. 

Respecto á su patogenia, yo creo que tanto ó más que á las con- 
tracciones dolorosas del piloro, hay que atribuir los dolores de estoa 
enfermos á cierto estado de hiperestesia de la mucosa gástrica, hi- 
perestesia que aun en la misma hiperclorhidria común desempeña 
un papel tan importante, que hoy en día la mayoria de los autores 
llegan á creer que sin este factor no es capaz el exceso de HCl de de- 
terminar los síntomas que se le venían atribuyendo, á no ser quizá 
en el caso de ser muy considerable; más aún, se cree que basta la 
simple hiperestesia, sin hiperclorhidria para ocasionar la mayor 
parte de los síntomas de esta entidad patológica. 

Respecto al tratamiento, creo con veniente exponer las razones en 
que se funda el que he aconsejado en el caso presente. 

Ck>menzando por el régimen alimenticio, eje sobre el que tiene que 
girar siempre el plan terapéutico de todo enfermo del estómago^ 



52 

casi no tengo necesidad de añadir nada á lo expuesto en la historia. 

Basta su lectura para comprender que el enfermo comía dema- 
siado, que ingerta excesiva cantidad de substancias albuminóideas 
y que la alimentación era demasiado liquida. Mas como para corre« 
gir estos defectos de régimen bromatológico era menester calmar 
los dolores que hablan traído al enfermo á este extremo, obligándo- 
le para calmarlos á alimentarse muy á menudo con manjares de 
muy fácil digestión, era necesario aliviar dichos dolores y calmar la 
hiperestesia que lo ocasionaba. 

El opio, el gran calmante, tiene la ventaja de su superioridad en 
este concepto, pero no se puede usar de un modo exclusivo en estos 
casos, por tres razones principales: 1.^, porque habría^necesidad de 
administrarlo, á dosis peligrosas en cuanto al hábito que podrían 
ocasionar, ya que se trata de un estado morboso casi siempre de 
larga duración ; 2.% porque provoca el estreñimiento, que en esta 
clase de enfermos tiene muchos inconvenientes, y 3.^, porque según 
las investigaciones modernas, tanto esperimentales como clínicas, 
el opio y su alcaloide principal exageran la acidez del jugo gástri- 
co, y por lo tanto aumentan la hiperclorhidria. Y aunque el doctor 
Boas dice que muchos de estos enfermos no son hiperclorhídricos, 
no creo que esta afirmación se puüda aplicar al caso actual. El he- 
cho mismo que nos refiere en su última consulta, de que el dolor se 
le exageraba ó presentaba últimamente á las tres y media horas de 
haber comido, es un síntoma casi típico de los hiperclorhídricos, y 
no diré que exclusivo de ellos porque Einhorn, de Nueva York, dice 
haberlo observado también en casos de aquilia gástrica. 

La asociación de la belladona al opio ha tenido por objeto, en el 
caso actual, neutralizar el efecto astringente del primero y también 
su estímulo de la secreción clorhídrica, pues la belladona está pro- 
bado que es antagonista del opio en ambos conceptos, aunque muy 
inferior á él como sedante del dolor. 

Los arsenicales satisfacen también la indicación antigastrálgica> 
por más.que no nos expliquemos bien tal virtud terapéutica, y por 
eso se han empleado para coadyuvar al tratamiento opiado. 

Por último, los bromuros los he aconsejado más que por su efecto 
local, que es inferior al de los medicamentos antes citados, por su ac* 
ción general, sospechando que pudiera tratarse de un neurasténico. 
Sospecha que confirmaron la segunda consulta y también el éxito 
de los baños templados, tan notable, que el mismo enfermo mani- 
fiesta que con el baño desaparece el dolor. 



63 

También para combatir el estado neurasténico influyente en la 
afección gástrica y quizá influido á su vez por ella, era necesario 
prescribir el descanso psíquico y el ejercicio físico, pero moderado. 
Respecto á este último, creí del caso insistir en la necesidad de que 
no se practicara inmediatamente después de comer, porque si el re- 
poso es conveniente en estos momentos á todo enfermo de estóma- 
go, es indispensable á los hiperclorhfdricos y á los gastrálgicos, y 
mucho más á los que reúnen ambas condiciones patológicas. 

Las reglas generales de alimentación no las Toy á razonar, pues- 
to que son las corrientes en todo caso de hiperclorhidria. Sólo sf 
diré que como en este enfermo no había ni sed ni estreñimiento, lo 
cual no deja de ser un poco extraño, no hubo necesidad de hacerle 
ciertas prescripciones. Me refiero, respecto á la sed, á los enemas de 
agua que algunos aconsejan para suplir por la absorción rectal, lo 
que no se debe exigir de la intestinal, ya que sabemos que el esto* 
mago apenas absorbe agua. Por mi parte, rara vez he tenido nece- 
sidad de apelar á este medio; mientras los enfermos están someti* 
dos á dieta láctea ó á su inmediatamente sucesora ( papilla, huevos 
pasados por agua, etc.), porque con ios alimentos ingeridos recibe 
el organismo la suficiente cantidad de agua, y cuando el régimen 
ya puede ser más consistente, porque á estas alturas generalmente 
ha desaparecido la sed exagerada. 

Respecto al estreñimiento, el iiso de las substancias grasas y en 
particular el aceite de olivas, tiene en los hiperclorhfdricos la do- 
ble ventaja de facilitar las evacuaciones albinas y de combatir la 
misma afección fundamental ; pero como en el caso presente no ha- 
bía, por fortuna, necesidlBid de regularizar la función ventral, sólo 
se tuvo en cuenta la posibilidad de que la medicación la pudiera 
perturbar, retardándola, para combinar el plan terapéutico de ma- 
nera que no diera origen á la astricción de vientre. 



" ^ «8' Vi^ " 



54 



bibliografía 

DOCTOR D. JOSÉ CODINA CASTELLVl 

Védleo d« número, por opodelte, d<l Hoapltel PrarlaelaL Kadrld. 



La BIOIBHB DB los COHVALKOIEHTRS MEHBSTEBOBOB BH EsPAtA DUBAHTB LOS SI- 
GLOS XYI T XYII ; DATOS HisTÓBicos, por ol Dr. D. An^el de Larra j 
Cereso. 

No he de presentar al Dr. Larra, de ilustre abolengo en la histo- 
ria de las letras españolas ; por fortuna, él y sus trabajos son bien 
conocidos ; en la Real Academia, en la Sociedad Española de Higie- 
ne, en la Academiti militar, en la prensa profesional y política, en 
todas partes, ha dado y da constantemente pruebas valiosas de la 
gran profusión de sus conocimientos, aunque de un modo particu- 
lar cultive con acendrado amor y prolijo esmero el vastísimo cam- 
po de la higiene. 

Pero sf tengo á grande honor presentar á los lectores de la Re- 
vista un trabajito mtíy pequeño, insignificante si se quiere desde el 
punto de vista material (16 páginas en octavo pequeño), pero muy 
grande, verdaderamente voluminoso por la idea fundamental que le 
informa y por el improbo trabajo que representa escribir aquel nú- 
mero exiguo de páginas, cualidades que le hacen acreedor á que se 
le dediquen algo más que cuatro líneas para dar cuenta de su pu- 
blicación. 

El opúsculo en cuestión trata de un asunto higiénico de los de ma- 
yor actualidad, sobre todo en las grandes poblaciones, aunque como 
su título indica, no dedique ninguna página ala mencionada actua- 
lidad como problema palpitante del día. Y en esto estriba; á mi 
modo de ver, el gran valor que encierra, puesto que á cuantos se- 
pan leer algo más que los caracteres impresos, descubrirán que los 
datos históricos que se mencionan, no sólo sirven para demostrar 
que á España le corresponde la gloria de la prioridad en un asunto 
higiénico de inmensa importancia, sino que, además, pueden servir 
de acicate para que se coloque, ya que no delante, como en aquellos 
siglos, cuando menos al lado de las demás naciones que rinden fer- 
voroso culto á la diosa Hígea. 

De los datos que ñguran en este boceto histórico, que tienen todas 



55 

las garantías de la más escrupulosa precisión, se desprende que en 
Bepana ae fundaron hospitales para convalecientes en Madrid, don- 
de ef famoso hermano Bernardino de Obregón fundó el primero en 
1567,5egovia (1579), Sevilla (1590-98), Barcelona (1629), Madrid (1649), 
Valencia (1670), Zaragoza (1677 á 86) y Toledo (1691), datos que de- 
muestran, en forma irrebatible, que andan bastante lejos de la ver» 
dad histórica aquellos autores que atribuyen la prioridad europea 
de esta clase de tan higiénicos como convenientes y necesarios no- 
socomios al que fundó en París la Sra. Fieubet en el año 1640. 

La oportunidad de tal publicación la considero superior á todo 
encomio, no sólo porque en otras naciones, por la simple pero pode- 
rosa razón de humanidad, se preocupan en la creación de asilos 
para los convalecientes menesterosos, sino porque aquí en España, 
y sobre todo en Madrid, á la par que estos asilos llenarían una mi- 
sión obligatoria por humanitaria, resolverían de^paso el pavoroso 
y antihigiénico espectáculo de la aglomeración, mejor dicho, del 
amontonamiento de enfermos en nuestras salas de hospital. 

Reciba el incansable Dr. Larra mi cordial felicitación. 



REVISTA ESPAÑOLA 



SOCIKDADES CIENTlFIGAS 

REAL ACADEMIA DE MEDICINA DE MADRID 
Sesión del dia i9 de Mayo de 1906 

Relmeiones entre el numero de anquilostomas y el estado de la sangre en la 
anemia de los mineros. — El Dr. Codika : Los datos que presenté el año pa- 
sado en esta Academia con el epígrafe de Resitmen de Casuiatica anquilos' 
tomiáMca^ se prestan á estadios parciales de distiotos órdenes, y el que 
hoy roe ya á ocupar es el referente á las relaciones que existen eotre el nú- 
mero de anqtiilostomas y la composición de la sangre. 

Gn la anquilostomiasis, los caracteres histológicos de la sangre tienen 
unos rasgos tan particnlares qne representan nn factor diagnóstico de gran 
importancia, el qne reúne mayores probabilidades de acierto, descartando 
el yaloT diagnóstico que podríamos llamar especifico y qne está represen- 
tado por la presencia de los liucros de anquilostoma en los excrementos. 
En efecto, tanto en los glóbnlos rojos como en los blancos se descubren ca- 



56 

rActeres, cayo conjunto resolta muy elocaente para presumir el diagnós- 
tico de anqoilostomiasis. 

Por lo qne se refiere á los hematíes, aunque no se encuentran formas 
poikilocitósicas, es común que el estroma sea más blanco y no presenten la 
fisiológica tendencia á reunirse en pilas, ó sea menos manifiesta dicha ten* 
denoia que en estado normal. Pero los factores diagnósticos más importan- 
tes hállanse en su descenso numérico y en el descenso, si no proporcional, 
muy marcado de su ralor hemoglobfnico. El número de glóbulos rojos des- 
ciende á cuatro, tres, dos y hasta un millón, y la cantidad de hemoglobina 
está generalmente por debajo del 60 por 100 y en algún caso ha descendido 
hasta la pequefia cifra del 25 por 100. 

Este descenso paralelo, aunque no proporeionalmente uniforme, puesto 
que hay caaos en que es más notable la disminución de la hemoglobina que 
la de loe hematíes y riceyersa, no es el propio de la clorosis donde lo fun- 
damental de la alteración patológica hállase en el gran descenso hemoglo- 
bínico, sin exagerada disminución globular, trastorno de composición 
análogo en todas las anemias primarias, sin el característico de la llamada 
anemia graye perniciosa, puesto que en ésta el enorme descenso globular 
ya acompafiado de un aumenta en el yalor hemoglobínico de cada hematíe, 
como si los glóbulos rojos que quedan se apropiaran la hemoglobina de los 
desaparecidos. 

Por lo que se refiere á los glóbulos blancos, tanto la cantidad como las 
recíprocas proporciones entre sus distintas especies, suministran factores 
diagnósticos de indudable utilidad. El número de leucocitos está general- 
mente aumentado y oecila alrededor de los ocho ó nneye mil y en algunos 
casos sube á doce, catorce y hasta dieciocho mil, cifra que representa una 
leucocitosis moderada y que la separa de las yerdaderas leucemias, en que 
estos elementos globulares llegan á las altas cifras de ochenta y cien mil. 

En cnanto á las recíprocas proporciones en que se halla cada especie leu- 
cocitaria, llama la atención la constante eosinofilia. El aumento de los 
eosinófilos es pocas yeces insignificante, casi siempre llega al 20 ó 80 por 
100 del total de leucocitos, y en ocasiones sube al 40, 50 y hasta el 60 por 
100 en detrimento constante de los polinucleares neutrófilos. 

Los caracteres histológicos principales de la sangre que en la anquilosto- 
miasis pueden concretarse, pues, en descenso correlatiyo de los hematíes y 
de la hemoglobina, en moderada leucocitosis y muy manifiesta eosinofilia, 
caracteres cuyo coninntonose eneueDtra tal yes más que en otra anemia 
helmintiásica; la anemia botriocefálica, cuya etiología general es muy dis- 
tinta de la correspondiente á la anemia anquilostomiásica. 

Ahora bien; conocidos dichos caracteres hemos tratado de ayeríguar las 
modificaciones que pudieran sufrir en relación con el número de anquilos- 
tomas que cada indiyidno albergara en su intestino. En el cuadro que 
tengo el honor de presentar, del cual ha sacado dos hermosas negatiyas 
mi distinguido amigo y tan excelente médico como amatmír fotográfico, e) 
doctor Hernández Briz ( yéase el adjunto grabado), y que á su yez está di- 
yidido en dos cuadros desiguales, se yen en el mayor los datos de la composi- 
ción sanguínea correspondientes á cada obseryaoión, con la cifra de los an- 
quilostomas que expulsaron al pié de cada una; dichas obseryaciones están 



57 

reanidas en dÍ8tÍDto6 grnpoe, seg^n los centenares de anqailostomas expul- 
sados; y en el cuadro menor, las graneas que representan las cifras de los 
términos medios obtenidos con aquellas observaciones en cada uno de los 
mismos grupos. 

Desde luego llama la atención en el primer cuadro, ó sea en el que están 
gráficamente expuestos los datos particulares correspondientes á 41 obser- 
Taciones, la yariabilidad de las cifras obtenidas dentro de cada uno de los 
siete grupos en que está dividido, partiendo de la base del número de an- 
quilostomas expulsados. En vista de dicha variabilidad, y con objeto de 
obtener datos más significativos y que se prestaran á ser fácilmente inter- 
pretados, dividimos la suma de las cifras de cada grupo por el número de 
observaciones que contenia, y con los cocientes obtenidos, verdaderos tér- 
minos medios, bemos formado las gráficas del segundo cuadro. 

^jJxutímÉS ímítt J Hu^ni^ tU tmjiuíttfmúé u «/ tínOut^ di- ¿A jM4tau 



TamÜr/i^t é!.í^H& di í^j^^tafid^j 



f^dUiái di üj¿a*f4^j 



ú 



l^^MÍe p^i ¿4*^ ^ á^^*tj^fés4t*iA 







Como puede verse y demuestran elocuentemente dichas gráficas, no^son 
idénticas las relaciones que e*xÍ8ten entre el número de anquilostomas y los 
hematíes ó los leucocitos. En efecto ; en el primer grupo (de 1 á 100 anqui- 
lostomas expulsados) corresponde una cifra media de glóbulos rojos muy 
próxima á los cuatro millones ; en el segundo, tercero y cuarto grupos (se- 
gunda, tercera y cuarta centena de anquilostomas expulsados), la cifra me- 
dia está próxima á los tres millones ; en el quinto y sexto grupos se man- 
tiene alrededor de loe dos millones y medio; y en la séptima (1.180 an- 
quilostomas expulsados) desciende á un millón. Por lo tanto, bien puede 
afirmarse que, sin que sea la relación proporcional, el número de hematiea 
éétá en reladán inversa del número de anquUoetomaa albergados en el intestino. 

Por lo que se refiere á la cantidad ^ocentual de hemoglobina, la máxi- 
ma corresponde al primer grupo (52 por 100) y la mínima al séptico (80 por 

5 



58 

100 ; pero en los grupos intermedios hay oscilaciones crecientes y decre- 
cientes qoe no permiten una conclusión tan categórica como la referente á 
los hematíes; de todas modos, las cifras obtenidas autorizan á consignar 
que la hemoglobina disminuye en general, tanto más cuanto mayor es el número 
de anguilostomas, aunque el descenso de aquélla con respecto á éstos es irre- 
gular en los cinco grupos intermedios comprendidos entre 101 y 600 anqui- 
lostomas. 

Ni el número de glóbulos blancos ni el procentual de eosinófílos parece 
que se modifica de un modo muy manifiesto en relación con el número de 
anquilostomas, aunque persifirte, como es natoral, siempre el car&cter gené- 
rico de la moderada leucocitceis y eleyada eosinofilia. Las cifras medias 
leucocitarias varian muy poco, puesto que con 7.000 leucocitos en el primer 
orrupo, sube á 8,000 en los grupos segundo y tercero, desciende á los 7.000 
en los grupos cuarto, quinto y sexto, y sólo se eleva á un nivel superior á 
10.000 en el último; por la tanto, la única conclusión que parece despren- 
derse de estos datos, si es que realmente la autorizan tan exiguas diferen- 
cias, es que cuanto mayor es el número de anquilostomas^ tanto más intensa es 
la reacción leucocitaria. 

Las cifras medias de eosinófilos van progresivamente en aumento del 
primero al cuarto grupo, con los niímeros 18, 22, 28 y 81 por 100, pero en el 
quinto desciende á 28, baja todavía á 10 en el sexto, 'y asciende de nuevo 
hasta 16 en el séptimo, sin que llegue á alcanzar la cifra eosinófíla del 
primer grupo. Si mayor número de observaciones confirmaran estos datos, 
podría deducirse la siguiente conclusión •' La eosinofilia aumenta en razan 
directa al número de anquilostomas, mientras éstos no llegan á medio millar; 
desde esta cifra en adelante, la eosinofilia disminuye. 

Estas conclusiones, como se comprenderá, no pueden aceptarse como 
absolutas y definitivas, sino como un boceto relativo y circunstancial; el es- 
caso número de observaciones en algunos grupos (cuatro en el cuarto y quin- 
to, y sólo una en el sexto y séptimo) y el vacío que existe entre el grupo de los 
600 y el de 1.100, representado por cinco grupos de un centenar de parásitos 
cada uno, son motivos suficientes para no aceptarlas sin reservas y sin ha- 
cer todo géyro de salvedades. Ahora bien; si los resultados obtenidos en 
otro mayor número de casos concordaran con los que he tenido el honor de 
exponer, podría entonces afirmarse que las relaciones que existen entre ol 
número de anquilostomas y la composición de la sangre en la anemia de los 
mineros, no son un supuesto teórico, sino un'hecho real y demostrado, las 
cuales consisten, en tesis general, en una influencia inversa ó progresiva* 
mente decreciente entre los parásitos y los hematíes, y la hemocclobina di- 
recta ó progresivamente creciente entre aquéllos y los leucocitos y los eosi- 
nófilos; en otros términos, y siempre en tesis general, á mayor número de 
anquilostomas, menor número de glóbulos rojos y de cantidad de hemoglo- 
bina, y mayor número de leucocitos y de eosinófilos. 

Como no se ocultará á los Sres. Académicos, los datos que acabo de ex- 
poner y las conclusiones que de ellos se desprenden, se prestan á conside- 
raciones de índole diagnóstica y de índole patogénica, sobre todo en favor 
de la teoría tóxica del proceso anétnico, que no voy á explanar, porque son 
fáciles de inducir y porque no quiero molestar por más tiempo á la Acade- 



59 

mia, quedándole sumamente reconocido por la gran atención qne me ha 
preeiado. 

Profilaxis de la tuberculosis.— El Dr.IglenaB, al reanudar este debate, ma- 
nifiesta que, en su opinión, no hay profilaxis especial de la tuberculosis, 
«ino que aquélla es el resultado del cumplimiento fiel y exacto de los prin- 
cipios generales de la Higiene, considerando como el desiderátum de'dicha 
profilaxis el remoyer y auyentar toda la debilitación orgánica, debiendo 
prestarse tanta atención al terreno como al germen, abogando porque se 
dicten leyes, disposiciones é instrucciones populares y cuanto pueda con- 
ducir á preyenir este verdadero azote social. 

Que con razón se habla lamentado el Dr. Espina de que en el cuadro de 
exenciones para el ejérciso sólo se consignen como eximentes, en cuanto á 
la entidad morbosa de que se trata, la tisis laríngea ó la pulmonar confir- 
ma4a« creyendo que en esto se había sufrido un lamentable retroceso, toda 
Tez que en el cuadro de exenciones de 1855 se consideraban como causas de 
exclusión, no sólo los estados de tuberculosis confirmada, sino la predispo- 
sición orgánica ó hereditaria. 

Termina el Dr. Iglesias manifestando la necesidad de que las Corpora- 
<3Íone8 que tratan de estos asuntos, recaben del Gobierno la modificación 
del cuadro de exenciones para el serricio militar en el sentido de que se 
incluya en él la pretuberculosis y la predisposición manifiesta á la tisis 
pulmonar. 

El Dr. Toloaa afirma que, al tratar de resol yer los problemas médicos se 
oWida la personalidad humana ; qne desde hace quince ó veinte años se 
•está hablando de Sanatorios sin que hayan llegado á implantarse, por cuya 
razón se deja al pobre tuberculoso en el más terrible desamparo, rechaza- 
do por todos y sin tener dónde refugiarse; que en España no tienen eco ni 
resonancia las campañas encaminadas á la creación de Sanatorios que, 
•como las Ootas de Uche y otras instituciones, arrastran en nuestra patria 
una vida penosa. 

Respecto á los Sanatorios marinos dice que, contra lo que generalmente 
ae supone, el mar tiene muy pocas contraindicaciones, puesto qae ni los 
bemoptóicos ni aun los reumáticos empeoran. Ensalza las cQpdiciones tó- 
nicas del mar y su influencia en el organismo, afirmando que uno de los 
factores para la curación de la tuberculosis es hacer resistente el sistema 
nervioso, de donde se deduce la importancia de la vida genésica. 

Abogando por que se evite á todo trance el abandono del niño, relata el 
rasgo conmovedor de una señora que ai visitar la Inclusa de New- York se 
sorprendió al ver que un niño, adelantándose hacia ella, la dijo: 

c¿Eres tú mi mamá?» 

cNo, hijo mío>. 

Y como la señora manifestase su extrafieza á persona del estableci- 
miento que la acompañaba, ésta manifestó que jamás se decía á los niños 
que eran incluseros, sino que estaban esperando á que sus padres fuesen á 
recogerlos. 

Manifiesta además el Dr. Tolosa que allí á los que aprohijan estos niños 
se les exige juramento de que nunca han de revelarles su origen. 

Termina el Dr. Tolosa añadiendo que la profilaxis contra la tubercu- 



60 

losifl debe tener como base el mejoramiento físico, moral y social de la 
raza humana, protegiendo á la mujer y al niño, poniendo al alcance de las 
clases pobres la alimentación sana, propagando los 8anatoriss y los Gon- 
sultoríoe para nifios, emprendiendo enérgicas campañas contra el alcoho* 
lismo, y procurando por todos los medios atenuar el germen de la tubercu- 
losis. 



ACADEMIA MEDIOO-QUIRÚRGICA ESPAITOLA 
Sitian del dia 21 de Mayo de 1906. 

Herida del nervio mediano.— El Dr. Fernández Sanz felicita al Dr. Gayarre 
por su caso, aun cuando ve que no ha dejado el terreno de las hipótesis, de 
que es tan enemigo. Esperaba el Dr. Fernández 8anz haber oido algo 
acerca del estado actual del asunto de la regeneración de los nervios des* 
pues de separados de sus centros tróficos. El afio pasado, con motivo de 
análoga discusión, hizo él consideraciones sobre este punto; entonce^ se 
presentaba como muy fundada la teoría, sostenida como cierta por Van 
Qeutchen, que admitía que los nervios periféricos seccionados ae regenera- 
ban autóctonamente. Los neuronistas, Gajal á la cabeza, se han defendido 
y han publicado trabajos én los que demuestran que 1^ regeneración es de 
origen central; los separatistas, en cambio, ya transigen, ya hacen distin- 
gos, y dicen que experimental mente no han conseguido encontrar cilindros 
ejes en el extremo periférico, y que si se verifica la regeneración, ó sea la 
maduración de Kenedi, es preciso que esté en relación con el centro para 
recibir su influjo por contacto directo ó indirecto. 

Termina preguntando al Dr. Gayarre si se han hecho análisis histológi- 
cos y pidiéndole que explique detalles de la operación. 

El Dr. Fernández Seco interviene en la discusión para poner de mani- 
fiesto que, por regla general, los cirujanos no exploran la sensibilidad 
después de la sección quirúrgica de los nervios, y sería conveniente lo 
hiciesen para dar luz á estos estudios. 

El Dr. Gayarre dice que es amigo de las dipótesis cuando vienen á 
cuento; y precisamente una de las razones de haber presentado su caso en 
porque viene á destruir la moderna hipótesis del autor inglés citado. 

De las ideas de regeneración de los nervios habló de pasada nada más, 
porque ya en otra ocasión las expuso extensamente. 

Y respecto de la operación, dice que el Dr. Goyanes resecó cuatro centí- 
metros del nervio, estiró sus cabos para aproximarlos y los suturó con 
seda ; el trozo de nervio extirpado está pendiente de análisis. Cnanto al 
efecto de la sutura, todavía es pronto para ser apreciado, pues se necesitan 
cerca de quince semanas para ello. 

Gastroontorostomfa por úlcera slmple.—El Dr. Yagüe presenta un enfermo 
de cuarenta y cinco años, casado, de Afcobendas, hortelano y guarda de 
campo. Intemperante de siempre, sólo hacía dos meses que, por el sufri- 
miento que le ocasionaban, había dejado las bebidas. Bu padre murió á 
los setenta afios, de hemorragia cerebral, y su madre de sobreparto. 



61 

Sin antecedentes dignoe de mención, comenzó hace seis ú ocho afios á 
tener á temporadas dolores de estómago al hacer la digestión de la comida 
principal, qae le calmaban con alcalinos; los sufrimientos f nerón irregu- 
lares, progresivos y alguna yez Tomitaba la comida, preyio gran ardor y 
aguas de boca; esto también le calmaba el dolor; nunca ha vomitado 
sangre. 

En octubre comenzó á sufrir gran dolor epigástrico, intenso y continuo, 
después de haber tenido una indigestión, y cuatro dias antes de ser obser- 
Tado vomitó la cabida de una jofaina de liquido obscuro, como café. El 
vientre siempre le ha movido perezosamente, sin sangre ni moco, pero al- 
^na vez de color obscuro, sin medicamento á que atribuirlo. 

Exarmn. — Vientre duro por defensa muscular, sobre todo de los rectos 
superiores derechos, que aumentaba con la presión, que era dolorosisima y 
hacia imposible la investigación del elapotage ; había punto epigástrico y 
dorsal bien^ manifiestos; estómago de dimensiones y capacidad normales 
y ningún infarto ganglionar ; el color y la nutrición eran satisfactorios. 

Diagnóstico.^ÚicertL simple en hiperdorhidrico. 

Tratamiento.— THeíA láctea absoluta, bismuto á altas dosis y alcalinos 
larga mano. Mejoró; pero en seguida, sin causa, como él afirma, ó por 
transgresión del régimen, según aseguran allegados, volvieron los sufri- 
mientos con tal violencia que no fué posible calmarlos ni aun con nitrato 
de plata y los opiáceos. 

La necesidad de su restablecimiento, necesario para que con el trabajo 
pudiera subvenir á su subsistencia, en vista de la ineficacia del trata- 
miento médico y de la intensidad del sufrimiento, que le llevaba á hablar 
del suicidio, ingresó en el Instituto Rubio para ser operado, donde en la 
visita general de los jueves hubo' algún Profesor que creyó percibir una 
tumoración en la parte inferior derecha de la región epigástrica. El riesgo 
del cateterismo en un enfermo que no podía ser vigilado contraindicaba 
las investigaciones químicas; pero una vez hospitalizado se extrajo el jugo 
gástrico, y el Dr. Duran encontró 2^920 de acidez clorhídrica por 1.000 
y S'6 de acidez total, cifra análoga á la encontrada por el Dr. Yagüe al 
mismo tiempo; las dudas se desvanecieron, y el enfermo fué operado por 
el Dr. Cervera de una gastroenterostomía trasmesocólica con yeynnoyeyu- 
noetomía (procedimiento de Rouz). Hallóse una extensa perigastritis 
adhesiva de toda la cara anterior y una úlcera simple crónica en la cara 
anterior del antro pilóríco.' Desde el primer momento cesaron las moles- 
tias, y está curado y trabajando en su pueblo. 

Sería absurdo pretender sacar conclusiones de un sólo caso, y no lo pre- 
tende ; llama la atención acerca de la evolución progresiva de la terapéu- 
tica quirúrgica en los ulcerosos, puesto que hoy se establece como línea de 
conducta el hacer intervenir todas aquellas en que fracasa el tratamiento 
médico severo y largamente establecido, siempre que su estado lo permita, 
/lio dejándoles sucumbir sin intentar su salvación por vía quirúrgica, que 
será precoz si el enfermo es pobre y no puede eximirse del trabajo. 

Avalora los datos del quimismo hiperdorhidrico de este caso la circuns- 
tancia casual de ser hipoclorhídríco otro que estaba al mismo tiempo en la 
sala afectado de estenosis del cardias, diagnosticado clínicamente de úlcera 



62 

BÍmple, pero que la esofagoscopia hecha por el Dr. Tapia demostró ser 
neoplásioa. 

El Dr. GoNZÁLKS Campo: En cuanto á la comprobación áelclapotage, que 
en este caso tenia poco valor, puede hacerse aun cuando estén contraidos 
los rectos; una de las obras clásicas de la especialidad recomienda en tales 
ocasiones empujar con la palma de la mano izquierda el estómago para di - 
rígirlo hacia este lado por debajo del músculo y provocar ese ruido en este 
punto. El enfermo presenta síntomas claros de hiperclorhídrico, á los que 
siguieron los de úlcera, y después de emplear ó recomendar el tratamiento 
médico, por su ineficacia, propuso la intervención. Ya hace algún tiempo 
que se recomienda la operación en la úlcera por si se resiste á un tiempa 
prudencial de tratamiento médico, sin limitarse á operar las complicacio- 
nes (estenosis pilórica, biloculación, perforación, etc.). Esto ha de hacerse 
más en el pobre que en el acomodado, pues aquél ha de vivir de su trabajo 
y no dispone de elementos para costear su alimentación láctea, mientras 
éste puede dedicarse sólo al restablecimiento de su salud. Respecto al casa 
sefialado incidental mente dice que si su historia gástrica era antigua, pudo 
pensarse en una ulceración que degeneró en cáncer, y pudo ser hiperclor- 
hídrico en los primeros 'tiempos, hipoclorhídrico ó aclorhídrico después. 

El Dr. Yagüe manifestó que se viene interviniendo desde hace tiempo en 
enfermos ulcerosos ; pero para ver el progreso que en esta materia se está 
efectuando, dice que Hartmann, en su Oirugia del eatámago, publicada en 
1899, no daba más indicaciones de intervención en los ulcerosos que las 
complicaciones de la úlcera, y en sus trabajos de 1906, da como regla que 
deben ser intervenidas todas cuando fracase el tratamiento médico, lle- 
gando á señalar como tiempo que debe esperarse el de un mes. Claro que 
en esto último hay, sin duda, exageración patente, pues sólo las circuns- 
tancias de enfermo, de proceso y aun de medio social, pueden permitir de- 
terminarlo exactamente en cada caso; pjoro bueno será ir haciendo conocer 
los que se vean para la más exacta delimitación de las indicaciones. En 
cuanto al procedimiento de que habla el Dr. González Campo para inves- 
tigar el bazuqueo, no hubiera sido útil en este enfermo por su sensibilidad 
exagerada y porque la perigastritis no hubiera permitido la dislocación de| 
estómago; esto, no obstante, no cabe duda de que es un procedimiento que 
puede ser útil en otros casos. 

Algunas consideraciones de la anatomía normal del oído. —El Dr. Villa 
(D. J.) hace un estudio precioso de <Kcómo el oído entra en la arquitectura 
del cráneo 3>. En la resistencia á las presiones verticales, el oído es susten- 
tador de la bóveda craneal, toma importantísimo papel en la resistencia á 
las presiones laterales, obrando como una cuña ; tampoco interviene para 
nada en la resistencia del cráneo á las presiones autero- posteriores. Las 
fracturas se transmiten al oído y se propagan en él según la dirección que 
traen de la bóveda; en poco influye la estructura del temporal. 

Caja del tambor. — El 9inu9 timpani se continúa algunas veces (dos en su 
colección ) por dentro de la pirámide y del facial. Ha encontrado la pirá- 
mide, bien terminada abajo en una cavidad puntiaguda, bien redondeada. 
En algunos temporales, terminando muy cerca de la bóveda yugular. Las 
dehiscencias del acueducto de Falopio no han sido encontradas en sus pre* 



63 

paraciones. El músculo del martillo siempre en canal óseo, no en conducto 
como señala Huguier, y si está en conducto, la pared externa seria tan del- 
gada que, prácticamente, es como sí no existiera. 

Posición del facial. — Pasa entre el caracol y el vestíbulo primero, más 
cerca del primero que del segundo, distante unos S milímetros de la extre* 
midad anterior del conducto superior ; el facial pasa por debajo del con* 
ducto semicircular externo, y sólo se hace vertical 2 milímetros más atrás. 
Su posición vertical forma curva de concayidad externa; por lo tanto, huye 
del antro. En sus preparaciones, sólo en los dos temporales, cuyo ainvs ftm- 
pani se prolonga hacia atrás, el nervio se hace completamente vertical y 
queda en un plano más externo que el conducto vertical horizontal ; cree 
que la relación con la membrana está un poco más baja que el centro de su 
contorno posterior. 

Topografía del laberinto, — El conducto semicircular posterior sobresale 
atrás lo menos 2 milímetros del externo, y corresponde á la pared interna 
del antro. El externo está colocado en el aditus, pero de tal modo> que su 
extremidad anterior es más alta que la posterior. El superior por encima 
de éste corresponde al aditus á la pared interna del antro. La extremidad 
anterior del superior está á 2 milímetros del pico de cuchara y á 1 por en- 
cima del facial. La extremidad anterior del externo corresponde al facial 
debajo del anterior. La posterior del externo también al facial 1 milímetro 
más atrás. La extremidad inferior del posterior al sinut timpani. El vértice 
dbl caracol, inmediatamente por debajo del músculo del martillo, á la mis- 
ma entrada de la trompa, en el codo de la carótida. 



PERIÓDICOS 



Caso clínico do placenta previa central.— En el Boletín del Colegio de Mé- 
dicos de Gerona, publica D. Bonifacio Garriga la siguiente observación: 

<( Mujer plurípara, de veintisiete años de edad, y de constitución robus- 
ta, cuyos dos anteriores embarazos y consiguientes partos habían sido muy 
felices. Llegado el octavo mes de su tercera gestación, sin causa apreciable 
(caída, traumatismo, esfuerzo), se le presenta una ligera hemorragia, algo 
más copiosa y de mayor duración, también sin dolor, la cual se cohibió con 
la Suspensión de los quehaceres domésticos y el reposo en cama. Cuatro 
días después sobreviene una tercera hemorragia, en las mismas condicio- 
nes que las anteriores, aunque más abundante, la cual, además de tratar- 
se por el reposo absoluto en el lecho y la aplicación de compresas de oxicra- 
to en el bajo vientre, nos indujo á la administración del hidrastis cana- 
densis al objeto de cohibir más pronto la hemorragia y ver si se lograba 
que la mujer pudiese ir conllevando su estado, sin tener que abandonar 
las faenas domésticas, ni permanecer en cama en completa inmovilidad. 

Cohibida de nuevo la tercera hemorragia, continuó la mujer en estado 
satisfactorio unas tres semanas, después de las cuales, una hemorragia vino 
á turbar su relativo bienestar, acompañada esta ves de dolores en la re- 



64 . 

gión sacra, cuya noredad hizo creer que Be iniciaba el trabajo del parto, 
por haber alcanzado la majer el término natural de su embarazo. 

Para confirmar el hecho, procedió al examen^ señalando la palpación que 
el feto se hallaba en presentación de T¿rtice y la auscultación, que gozaba 
de Yida; el tacto yaginal hizo notar el cuello uterino alargado, reblandeci- 
do, y entreabierto su orificio interno, que estaba cubierto en su totalidad 
por la placenta, cuya superficie inferior pudo tocar con el dedo, indicando 
que la placenta previa diagnosticada desde un principio^ pertenecía á la 
variedad central. 

El pulso, bastante debilitado, era de 95 pulsaciones por minuto ; la tem- 
peratura axilar, normal. 

Atendiendo al diagnóstico formuladp, el pronóstico que siempre es grave 
para el feto en general y algunas veces para la madre en particular, lo era 
mucho más en el presente caso, dada la variedad de placenta previa central 
qne estableció, puesto que no sólo peligraba la vida del feto, si que también 
se hallaba amenazada la de la madre, la cual, habiendo perdido mucha 
sangre, experimentaba ya los síntomas de la anemia aguda : decoloración 
de la piel y mucosas, enfriamiento de las extremidades, zumbido de oídos, 
decaimiento general, pulso filiforme, pupilas dilatadas. Por ello fué qu» 
despuéa de advertida la familia del peligro que corría la parturiente, ace- 
lerando el trabajo del parto, que debía forzosamente aumentar el flujo, re- 
clamamos la intervención de otro comprofesor, para obrar con mayor segu- 
ridad y menor responsabilidad por nuestra parte. * 

Por no disponer de la necesaria cantidad de gasa yodofórmica para prac- 
ticar dicha maniobra, echa mano, para no perder tiempo, del proceder an- 
tiguo mediante el algodón hidrófilo en pequeños . fragmentos sujetos con 
hilos en forma de cola de cometa, y untados con manteca caliente recién 
fundida, para asegurar mejor la obturación y asepsia. Colocada la mujer 
en la posición Obstétrica, y previo lavado de los genitales y desinfección de 
nuestras manos, practica el taponamiento indicado, hasta quedar bien re- 
pleto el conducto vaginal. 

Ejecutado el taponamiento, que resultó algo molesto y doloroso para la 
mujer, quedó cohibida la hemorragia y calmado loe dolores iniciados, du* 
rante algunas horas. A las seis horas de aplicado el tapón, se presentaron 
los dolores expuUivoe, indicando qne el trabajo del parto se adelantaba 
rápidamente. Entonces aplica una inyección hipodérmica de ergotina 
Ivon, para prevenir en lo posible la hemorragia poet partum^ que en estos 
casos suele sobrevenir, y otra dé éter, para evitar ó combatir el síncope que, 
por otro lado, amenazaba la vida de la parturiente. Retirado en seguida el 
tapón vaginal, las contracciones uterinas adquirieron mayor energía, sa- 
liendo pocos momentos después el feto muerto, que se abrió paso á través 
de la placenta, quedando ésta casi partida en dos mitades y expulsLándose 
simultáneamente con aquél en toda su integridad. 

La matriz se contrajo luego rápidamente, sin presentarse nueva hemo- 
rragia, ni sobrevenir durante el puerperio la infección séptica á que de un 
modo especial se halla expuesta la mujer, por estar la herida placentaría 
constantemente bañada por los loquios. Oracias á la limpieza y alimenta- 
ción escogidas, á los veinticinco días la puérpara pudo salir de casa sin otra 



/ 65 

molestia qne U debilidad consiguiente á las pérdidas sanguíneas determi- 
. nadas por la ectopia placentaria. 

Era la lógica conducta seguida en este caso clínico de hemorragia por 
inserción riciosa de la placenta, dejando que terminara el parto por los 
Bolos esfuerzos naturales, puesto que si lo hubiese forzado, desprendien- 
do ó atravesando la placenta, para hacer una aplicación de fórceps, es muy 
probable que la mujer que había ya perdido mucha sangre, hubiese su- 
cumbido, y que tampoco se habría podido salvar la vida del feto>. 

Sarabia. 



REVISTA EXTRANJERA 



S0C1EI)ADES científicas 

ACADEMIA DS HEDICIMA DE PARÍS 
S*$iin dtltUaíSd» Junio de 1906. 

s 

Consulloriot de oiRot dt pecho.— £1 Dr. Budín: Desde la creación de estos 
consultorios, en 1892, se ha procurado que cada semana se vean los niños 
hasta la edad de dos años, con objeto : 1.°, de examinarles, pesarles y. acon- 
sejar á sus madres ; 2.^, de inclinar á la lactancia materna; y S."", cuando 
las madres no podían criar por insuficiencia, de distribuir en cantidad per- 
fectamente determinada leche esterilizada de buena calidad. En las ciuda- 
des de limitada población, si los nifios que acuden á los consultorios mue- 
ren menos, esto debe repercutir sobre la mortalidad infantil de toda la re- 
gión, y los buenos resultados obtenidos son entonces indiscutibles. Esto es, 
en efecto, lo que se observa generalmente. El Dr. Alexandre, alcalde de 
Arques (Pas- de- Calais) fundó un consultorio á principios de 1903; durfinte 
loe cinco afíos precedentes, la mortalidad infantil era de 190 por 1.000, y 
ahora ha descendido á 112 y á 101 ; á SaintPol sur-Mer, la mortalidad des- 
cendió de 288 á 151 por 1.000; á Yarengeville (Seine-Inferieur), de 145 á 
77 por 1.000. Lo mismo ha ocurrido en un gran número de poblaciones del 
Pas-de«Oalais y del Tonne, como lo demuestran las cifras publicadas por 
Yiret y Mavoir, inspectores provinciales. 

Estos hermosos resultados son debidos á muchas causas, y particular- 
mente al restablecimiento de la lactancia materna, que iba desaparecien- 
do por todas partes. Si se demuestra bien á las madres las ventajas que 
pueden reportar á sus hijos, ellas mismas los crian; el Dr. Panell (Rouen) 
ha visto aumentar esta clase de lactancia de 1 á 60 por 100; los doctores 
Bresset y Oarrel (París), de 40 y 61 á 81'4 por 100; Ausset, de 22 á 77 por 
100 en Saint-Pol-sur-Mer; Blin (de ElbeuO, de O á 87*5 por 100; y Pou- 
pault, en Yarengeville-sur-Mer, de O á 75 por 100. EÍ Estado y ciertos 
directores de industrias animan á los personas que emplean á seguir el 



66 

camino de la lactancia materna. Estas ideas se difunden cada día más, y 
hoy se ve en París á nn cierto número de patronos qne antorisan á sn^ . 
obreras á lacUr á sns hijos. Los consnltorios de niños de pecho todavía 
tienen otra ventaja, y es qne pneden adaptarse á mnchas otras institucio- 
nes, por ejemplo, á las casas canas y á la vigilancia de los nifios, en virtud 
de la ley Roussel. Las mutualidades maternales los han fundado en gran 
número en el departamento del Sena, y los nifios se admiten y se vigilan 
durante dieciocho meses. Las últimas cifras publicadas por Poissineau 
demuestran que, en estas nuevas condiciones, el 87 por 100 de las madres 
han lactado á sus hijos; esta proporción es considerable en los medios obre- 
ros, donde se considera en general que las mujeres, por su condición social , 
se encuentran en la imposibilidad de lactar. 

Los consultorios de nifios de pecho prestan, pues, reales servicios ; actual- 
mente existen en gran número en ciertos departamentos; en el Yonne 
(106), en el Pas-de-Calais (IfllX), en la Gironde, etc. Por todas partes se 
fundan algunos, y en particular en el Rhóne, en los Alpes-Maritimes, en 
el Norte, etc. Su difusión invade también el extranjero, como lo demues- 
tran los diversos informes presentados hace tres semanas en el Congreso de 
la Asistencia pública, celebrado en Milán. » 

Sufusién sanguínea brusca á hematoma súbito de la úvula. — £1 Dr. Fabrb : 
En la úvula se desarrolla algunas veces bruscamente una sufusión sangui* 
nea, una verdadera apoplegía local, qne ocasiona una sensación de cosqui- 
lleo, de presencia de cuerpo extrafio, seguida de una necesidad inconscien- 
te de deglutir y, con más frecuencia, de expulsar del fondo de la boca el 
cuerpo extrafio ; entonces se presentan accesos de tos, verdaderas quintas» 
deseos de vomitar, náuseas, violentos esfuerzos de vómito, y el vómito mis- 
mo, con objeto de expulsar aquel falso cuerpo extrafio, representado por un 
pequefio hematoma de forma generalmente globulosa, una verdadera bola, 
una cereza que se encuentra suspendida del velo del paladar. Este acciden- 
te, que he observado cinco veces en treinta y cuatro afios, á intervalos más ó 
menos lejanos, se ha presentado después de quintas de tos ó después de un 
pequefio traumatismo, por nn fragmento de corteza de pan tragado brusca- 
mente ó complicando una angina gripal ; en dos casos se ha presentado sin 
cansa aparente. 

He observado esta apoplegía de la úvula tres veces en el hombre (á los 
diecinueve, cuarenta y cinco y cincuenta y ocho afios) y dos veces en la 
mujer (á los treinta y cinco y cuarenta y ocho afios). Los fenómenos predo- 
minantes que han presentado la mayoría de estos enfermos son, sobre todo, 
de la esfera nerviosa: ligera inquietud primero y después ansiedad más 
marcada, angustia, azoramientOc 

No trataré de precisar la patogenia ni la etiología, y me limitaré á hacer 
constar que, en cuanto al tratamiento, ha bastado tres veces puncionar la 
neoformación vascular para hacerla desaparecer, aconsejando inmediata- 
mente después el uso de gargarismos ¡astringentes con alumbre, tanino ó 
ratania. En dos casos hubo ulceración del apéndice uvular, seguido rápi- 
damente de curación sin otro fenómeno ulterior; no he observado inflama- 
ción de la ÚTula, uvulitis (como dice Morell-Mackenzie), á consecuencia de 
la apoplegía de este órgano. 



67 

En sama: etiología obscura; diagnóstico no. menos fácil; síntomas más 
bien desagradables qne peligrosos; pronóstico benigno, y, en fin, trata- 
miento fácil con los gargarismos astringentes. Esto es á 1q qne se reduce, 
desde el punto de yista nosoiógico, la historia del hematoma de la ÚTula, 
historia qne h^ referido breyemente en razón de su rareza, y sobre todo del 
silencio que guardan los autores especiales acerca de este accidente. 

Tifloeolitis maeomembranosa y apendleítis. — El Dr. Lb Dbktü: £1 error 
que sefiala el Dr. Dieulafoy se habrá cometido indudablemente gran nú- 
mero de Teces, pero desde luego no' tantas como él supone. Los hechos 
sobre los cuales se apoya les falta rigor y precisión. Numerosos casos per- 
sonales me permiten creer en la beneficiosa influencia de la apendicecto- 
mia sobre la tiflocolitis, aunque á menudo dicha influencia es nula ó 
temporal. El examen superficial y macroscópico^'de un apéndice no basta 
para afirmar que no ha sufrido lesiones serias algún tiempo antes de la 
operación, ni que no existan en el momento de verificarla. El diagnóstico 
diferencial entre la apendicitis y la enterocolitis es con frecuencia muy 
difícil; cuando la fijeza de los síntomas permite un semidiagnóstico y 
cuando la salud está muy comprometida, la incisión exploradora es legí- 
tima. 

El Dr. Retitisb: Creo, como el Dr. Dieulafoy, que un dolor agudo en el 
punto de Mác-Burney no bastan si faltan los demás síntomas, para afirmar 
la existencia de una apendicitis; pero, en cambio, difiero de su opinión en 
cuanto á las' relaciones que pueda haber entre la apendicitis y la entero- 
colitis. En muchos casos personales, tres especialmente, una apendiceoto- 
mía ha hecho desaparecer las crisis de enterocolitis mncomembranosa. Y 
es qué esta enfermedad no es una enfermedad del intestino, sino un reflejo^ 
nn espasmo, cuyo punto de origen difiere según los enfermos (útero, ora- 
rio, rifión móril, etc.), y en ciertos casos es claramente de origen apendi- 
cular. El examen microscópico justifica casi todas las interyenciones en 
los casos en que el apéndice no presenta nada de anormal á simple vista. 

El Dr. Richblot: El punto peligroso de la doctrina sostenida por el 
Dr. Dieulafoy está en el antagonismo que trata de establecer eiitre la 
apendicitis y la colitis mncomembranosa. En la sesión precedente he 
citado una observación que prueba lo contrario, y he recibido una de unq 
de mis antiguos internos, del Dr. Mauricio Hepp, que también lo prueba, 
y que tiene más valor porque es su propia historia clínica. Leyéndola se 
asiste á la evolución ordinaria de la apendicitis: infección disentérica en 
primer lugar, contaminación del apéndice después y progresión lenta de 
sus lesiones histológicai>, y por fin, desarrollo de los fenómenos nerviosos 
reaccionales, de la neurosis secretoria y motriz, llamada colitis mncomem- 
branosa, sostenida por la presencia del apéndice enfermo y desaparecida 
con la extirpación de éste.— Codina Castsllví. 



68 



8O0IEDAD DE CIRUGÍA DE PARÍS 
jSéiión d«l día 6 de Junio de 1906. 

YayanattomfiU — El Dr. Quénu dijo que para obtener una boca contínente 
«n la yeyaoostomia aconseja, en yez de desembocar directamente el cabo 
inferior del yeyuno en la piel, cerrarle y bacer después, á corta distancia del 
fondo de saco yeyunal formado asi, una incisión lo más pequeña posible, 
incisión que se fija por cuatro puntee de sutura á uno de loe ángulos de la 
herida cutánea. Esta boca del yeyuno se forma, en resumen, en las mismas 
^condiciones que la gástrica en la gastrostomia, por el procedimiento más 
sencillo y más r^ido. En un caso en que empleó esta técnica obtuvo el 
Dr. Quénu una boca continente por completo hasta la muerte de su ope- 
rado, que falleció de caquexia (se trataba de nn cáncer del estómago 
extendido por las dos caras del órgano). 

Heridas pulmonares por arma de fuogo.— El Dr. Routier cree, en contra de 
los Dres. Delorme y Michaux, que aun en las heridas del pulmón por arma 
de fuego, que van acompañadas de hemorragia abundante, es preferible 
<)asi siempre no intervenir, á causa del estado generalmente grave de estos 
heridos, para los que una intervención como la toracotomia, con ó sin 
ventana, corre el riesgo de ser mortal, ün herido que el Dr. Routier ha 
tenido ocasión de tratar recientemente en estas condiciones, es decir, con 
herida del pulmón por bala de revólver, complicada de hemotórax abun- 
dante, de neumotorax y de entisei^a subcutáneo extenso, hubiera induda- 
blemente muerto á causa de la intervención operatoria, porque al ingresar 
en la clínica se hallaba en un estado casi sincopal. Este individuo sobrevi- 
vió; bastó una simple punción aspiradora, que dio salida á más de litro y 
cuarto de sangre y bastante aire, para que desaparecieran casi por com- 
pleto todos los trastornos circulatorios y respiratorios. Es verdad que hasta 
ahora no puede considerarse como curado á este hombre ; pero el doctor 
Routier cree, cuando menos, que le prestó un gran servicio no operándole 
inmediatamente á pesar de la gravedad de a hemorragia, que exigía, al 
parecer, la operación inmediata. 

Traumatismo doi carpo. — El Dr. Delbet leyó un informe sobre una obeer^ 
vación dirigida á la Sociedad por el Dr. Dujarier, y que se relaciona con 
la discusión sostenida acerca de los traumatiemos del carpo. En esta dis- 
cusión sostuvo el Dr. Delbet que en dichos traumatismos el primer grado 
de la lesión no está constituido, como se dice, por la luxación del semilu- 
nar hacia adelante, sino más bien por la del hueso grande hacia atrás. El 
eemilunar es, por el contrario, el hueso del carpo que conserTa sus cone- 
xiones normales con el radio, mientras que el hueso grande arrastra con- 
sigo, al luxarse hacia atrás y arriba, al escafoides y al piramidal. Es lo 
que ocurrió en el caso del Dr. Dujarier, lo cual apoya la descripción que 
ha hecho el Dr. Delbet de estas lesiones. Este caso es interesante también 
desde el punto de vista terapéutico. El enfermo del Dr. Dijarier fué tra- 
tado en vano, durante más de un mes, por el amasamiento, mientras que 
con la resección del semilunar se obtuvo un éxito completo. Este individuo 



69 

recobró cod gran rapidez la integridad casi completa de los morimiento» 
de la mufieca y él uso de la mano, qne habla quedado hasta entonce» 
inmorilizada, como clavada sobre el antebrazo. 

Iltosigmoidaetomfa con exclHsién dol intestino gruoso. — El Dr. Bazy, pro- 
poniéndose suprimir en uno de sus enfermos un ano cecal establecido de 
urgencia en plena oclusión intestinal, consecutiva á un cáncer del colon 
transverso, practicó la ileosigmoídectomia con exclusión del cabo terminal 
del intestino delgado y de todo el intestino grueso. La operación la prac- 
ticó según el procedimiento de Souiigoux. Este procedimiento, del que su 
autor se ha ocupado recientemente y que sólo se habla practicado en los 
perros, consiste en su esencia en excluir el intestino grueso y en ligar sólo- 
eete último, en vez de seccionarle, á pocos centímetros de la boca ileo- 
rectal. 

En el caso del Dr. Bazy la aplicación de este procedimiento fué segui* 
da de un fracaso casi completo, en el sentido de que, aunque el éxito ope- 
ratorio i\xé feliz, la continuidad del intestino delgado se restableció al 
poco tiempo y los excrementos sallan lo mismo por el ano cecal que por el 
cecal. 

Tamor dol enollo.— El Dr. Walther presentó una enferma que tenia en la 
región del cuello un tumor cuya aparición data de diez años. 81 tumor es 
del volumen de una naranja y de consistencia blanda por igual. Cree que 
hay una sensación falsa de fluctuación y que se trata de un tumor en su 
mayor 4>arte sólido, lipoma *congénito ó linfangioma con mezcla de lipo- 
ma, pero DO de un tumor con gran cavidad quistica. 

Los Dres. KirmUson y Demoulin dijeron qne se trataba de un linfangio* 
ma y que estaba indicada la extirpación. 

El Dr. Broca manifestó que, á su juicio, el tumor era un quiste dermoide 
de pared gruesa y de contenido lactescente, y que era preciso extirparle. 

El Dr. Le Dentu indicó que no admitia el diagnóstico de linfangioma^ 
sino más bien el de tumor congénito complejo, que convenía extirpar. 

(Za Fresae Medícale). —Y, Tolicdo. 



SOCIEDAD DE MEDICINA DE BERLÍN 

8uión del dia 16 de Mayo de Í906. 

¿Es el lilstorlsmo una nonropatfa funcional? — El Dr. P, Kronthal im- 
pugna la opinión corriente de que el histerismo es una neurosis funcional, 
ó sea una enfermedad nerviosa sin causa anatomopatológica demostrable. 
6e ha aducido en apoyo de esta opinión el hecho de que en el histerismo 
se trata de reacciones anormales de las células; sin embargo, ni esta cir- 
cunstancia ni el modo especial de conducirse en la esfera psíquica se pue- 
den utilizar á favor de las ideas hoy en boga. En efecto, el dato de la 
reacción anormal más bien debe interpretarse á favor de una enfermedad 
de las mismas células, que no como una afección del sistema nervioso, y 
como la psiquis debe considerarse ( en concepto del autor) no sencilla- 



70 

mente como ana función del cerebro, sino como sama de los reflejos, tam- 
poco bay motÍTO bastante para explicar el trastorno psiqaico como conse- 
cuencia de una enfermedad cerebral. El cerebro parece estar enfermo en 
los bistéricos, porque las célalas de éstos reaccionan de un modo anormal, 
no á la inversa, como afirman loe que sostienen la opinión contraria. 

Lo que caracteriza al bisterismo es que no está ligado al trayecto del sis- 
tema neryioso. Otro motivo más para creer que no se trata de una neuro- 
patía funcional. También es típico el cambio continuo en los síntomas. 

En resumen : el bisterismo es una reacción morbosa y fácilmente mu- 
dable de las células. 

Consecuencia de esta manera de concebir la enfermedad es que debemos 
atender en ella á la rigorízación de las células, procediendo en la forma 
que se viene baciendo desde bace mucbo tiempo. Nos encontramos abora 
con el becho sorprendente de que el tratamiento tradicional del histerismo 
y que ha consagrado la observación es el acertado, á pesar de no serlo la 
teoría reinante acerca de la patogenia de la enfermedad. 

El Dr. A/. Rothmann está conforme con el preopinante en que en el bis- 
terismo no se ba podido encontrar ninguna lesión del sistema nervioso, 
pero es lo cierto que tampoco se ba encontrado la afección celular de que 
habla el Dr . Eronthal. 

Tratamiento de fa tuberculosis de las mucosas. — El Dr. E. Bollander da 
cuenta del resultado que ha obtenido en diez afios con el tratamiento de la 
tuberculosis de las mucosas. A medida que se ha ido vulgarizando y adop- 
tando su método de cauterización con aire muy caliente, ha ido acudiendo 
un número cada vez mayor de tuberculosos, sobre todo de tuberculosos de 
las vías respiratorias superiores. En contraposición á la tuberculosis se- 
cundaria consecutiva á tisis primitiva del pulmón, ha creado el cuadro 
clínico de la tuberculosis ascendente primitiva, en el que las puertas de 
entrada son la boca ó la nariz, propagándose entonces la tuberculosis por 
la vía linfática y de un modo palatino á lo largo del paladar,, de la fa- 
ringe y de lá laringe, hasta llegar á los pulmones. Este cuadro va acompa- 
ñado algunas veces de lupus de la piel. Las formas anatomopatológicas de 
ambas categorías pueden ser idénticas, de tal suerte que, dada la igualdad 
de la etiología, hay que hacer desaparecer en este caso la diferencia entre 
el lupus y la tuberculosis de las mucosas. El autor llama' además la aten- 
ción acerca del pronóstico, generalmente favorable, que presenta la forma 
ascendente de la tuberculosis, aun después de bien manifiesta. 

De todos los remedios que ha empleado, los que le han prestado mejores 
servicios son el empleo del calor, sin tocar para nada las superficies afec- 
tadas. , 

También en otras partes del cuerpo ha curado el autor un gran númerp 
de tuberculosis de las mucosas, mediante la cauterización con aire muy ca- 
liente: laringe, ojo, recto, articulaciones, etc. 

Mas como quiera que no siempre es posible ni tampoco necesario un pro- 
cedimiento quirúrgico, ha ensayado el autor otros medios químicos, ha- 
biendo conseguido muy buenos resultados con el siguiente método : Duran- 
te uno Ó dos días se hace tomar al interior una disolución de yoduro sódico 
al 5 por 100, y después se aplica calomel al foco morboso. El efecto curati- 



71 

Toee obtiene en los'proceeos olceroeoB por una acción cáustica electiva y 
por la impregnación quimiotáxica con el yodo. Donde se han logrado éxi- 
tos más notables con este medio ha sido en los casos de tuberculosis ve* 
sical. 

Herida ptr arma de fuego del cerebro y de la médula espinal; euraeién. --- 
El Dr. F, Krauie da cuenta de un caso de heridas múltiples por arma de 
fuego, presentando además figuras relatiyas al mismo por medio del apa- 
rato de proyecciones. Una bala habla penetrado por detrás del oído; otra, 
por el cuello. La primera había dado origen á un absceso cerebral; la se- 
gunda á una lesión unilateral de la médula espinal (parálisis de Brown- 
Séquard), supuración de las yértebras cervicales con necrosis de las mismas 
y compresión de la porción cervical de la médula. Extracción de secuestros; 
después de esto vuelven la fiebre y los síntomas de compresión, producidos, 
en concepto del autor, por una meningitis serosa espinal. Curación. 

{Deutsche Medizinal Zeitung).—^, dbl Valle. 



SOCIEDAD ALEMANA DE CIRUGÍA 

Reunían XXXV celebrada en Berlín del 4 al 7 de Abril de 1906. 

(ContinnariAn). 

Estrechez y muerto do origen tfmioo. — El Dr. Rrhn, de Francfort sobre el 
Mein : Los casos de estrechez y muerte de origen timico son muy raros ; he 
observado cinco y operado dos. Han puerto tres, de los cuales dos acaso se 
hubiesen salvado mediante la operación. Respecto á la patogenia, ha sido 
Kopp el primero que en 1829 atribuyó los accesos de laringismo estridnloso 
á un aumento de volumen del timo y á la compresión ejercida por éste so- 
bre la tráquea. Esta opinión, que Kopp manifestó como resultado de algu- 
nas observaciones anatómicas, fué impugnada por otros autores, entre ellos 
por Frídleben en 1858, quien, después de haber examinado el timo en un 
gran número de cadáveres de individuos sanos, sacó en conclusión que di- 
«ha glándula do podía ocasionar tales accesos asmáticos por compresión. 
Ahora bien, ambos autores han exagerado el alcance de sus respectivas 
observaciones, pues por una parte, es indudable que hay casos de estrechez 
producida por el timo hipertrofiado ; lo único que es dudoso es la frecuen- 
cia de esta causa. El timo crece hasta fineá del segundo año y más- tarde 
aún, aumentando de longitud á costa de su espesor. Hacia la época de la 
pubertad suele atrofiarse por completo ó quedar reducido á un residuo in- 
significante. Sin embargo, en casos excepcionales persiste aun en la edad 
adulta, y en los de bocio se encuentra á veces un timo grande. 

El timo está envuelto en una cápsula, situada detrás del mango del es- 
ternón, sobre los grandes vasos de la abertura superior del tórax, y, apli- 
cado á la tráquea, desciende hasta el pericardio. En la literatura he en- 
contrado 28 autopsias en las que se descubrieron en la tráquea impresio- 
nes producidas por la compresión del timo ; en estos últimos tiempos se 
han publicado más casos de esta naturaleza. También puede ser compri- 



72 

mido por el timo el mismo esófago. En 1« mayoría de los casos la glándula 
hipertrofiada dificulta la inspiración. £1 timo asciende y desciende con los 
moTimientps respiratorios ; en la inspiración desciende y obra como una 
oclusión valvular ; en cambio, en la expiración asciende y deja libre el 
paso del aire. Hay casos en los que el timo está muy adherido á la tráquea ; 
cuando tal sucede, también está dificultada la expiración. Una tercera 
forma de asma tímico es su aparición aguda con interralos ; á veces ya 
sobreviene la terminación mortal en el primer acceso. Se trata de un an- 
gostamiento que sobreviene de un modo agudo» en el mediastino. £1 timo 
estrecha la tráquea, y esta estrechez se acentúa mucho más cuando se do- 
bla la cabeza hacia atrás. Aun tratándose de hombres- robustos, pueden 
sobrevenir tales accesos ; en estos casos se trata seguramente de uDa tu- 
mefacción aguda de la glándula, tumefacción que se explica por la dispo- 
sición de los vasos. También se han encontrado quistes en el timo, y des- 
pués de enfermedades infecciosas agudas se han observado tumefacciones 
agudas. En una muchacha joven que había sido operada por padecer mal 
de Basedow, sobrevipo la muerte súbitamente á causa de un timo de ta- 
mafio extraordinario que no se había diagnosticado antes de la operación. 
Se ha hablado de la aparición con carácter familiar del estridor inspirato- 
rio y de la muerte de origen tímico. También están expuestos á este peli- 
gro la segunda infancia y la edad adulta. Yo he visto algunos nifios que ya 
desde su nacimiento presentaban hundimiento de la horquilla esternal en 
el momento de la inspiración ; cuando se excitaban y hacían una inspira- 
ción enérgica, se presentaban cianosis y disnea, y en cambio, tan pronto 
como se tranquilizaba el nifio, desaparecían todos los fenómenos alarman- 
tes. No hubía ningún motivo para pensar en un espasmo de la glotis, y en 
cambio, mostraba el reconocimiento que en el momento de la expiración 
aparecía un tumorcito, el timo. £1 examen radiográfico ilustra todas estas 
particularidades. Todos los casos de estridor inspiratorio hay que atribuir- 
los á una hipertrofia del timo, que seguramente no está exenta de peligros, 
puesto que en estas circunstancias ana simple bronquitis puede acarrear 
la muerte. £n estos casos está absolutamente indicada la extirpación del 
timo, enucleando esta glándula de su cápsula. No es necesario quitar toda 
la glándula, porque esta operación sería muy difícil ; basta con extirpar la 
payor parte. 

£1 Dr. Fr. Eónio, de Altona : He practicado la extirpación del timo dos 
veces. Se trataba de nifios de pocos meses que venían padeciendo desde su 
nacimiento de perturbaciones respiratorias y de accesos de estridor inspi- 
ratorio y expiratorio. Percibí en la horquilla esternal la prominencia pro- 
ducida por el timo ; además, el tórax estaba un poco combado en la part-e 
superior. Después de la operación desaparecieron los accesos. No me atrevo 
á resolver si las perturbaciones respiratorias serían debidas á un aplasta- 
miento mecánico de la tráquea ó á la presión ejercida sobre vasos y nervios. 
En el segundo caso sólo fué resecado el lóbulo izquierdo del timo, pero 
persistieron las molestias y también fué infructuosa la traqueotomía. En- 
tonces se extirpó, en una segunda operación, todo el resto del lóbulo* iz- 
quierdo, habiendo sido necesario quitar tan^bién un trozo del mango del 
esternón para desplegar la glándula. Con esto desaparecieron por completo 



73 

los accesos, pero el nifio quedó con la voz singular que ya tenia. En la ope- 
ración ejecutada el año 1897 se trataba de un nifio de tres meses ; en este 
caso se encontró el timo formando prominencia y adherente al esterno- 
cleidomastoideo. Posteriormente se desarrolló en este nifio un intenso ra- 
quitismo, tanto que hasta los cuatro afios y medio no comenzó á andar. 
Gomo quiera que la función del timo continúa siendo todaTía bastante 
enigmática y es muy posible que se relacione con la formación de tejido 
óseo, creo que no conviene extirpar dicha glándula y que bastará segura- 
mente con atraerla hacia arriba y fijarla, por medio de sutura, en esta 
nuera situación. 

El Dr. Krtmm^ de Oarlsru)ie, refiere el caso de un nifio de tres afios que, 
después de haber pasado el sarampión ó la escarlatina, padeció de disnea 
respiratoria. Con la traqueotomia no se logró ninguna ventaja y el nifio 
sucumbió en un acceso de disnea. En la autopsia se encontró un tumor 
quistico del timo, que contenia próximamente una cucharada de un liqui- 
do viscoso. • 

Una nieva fresa para trepanación.— El Dr. Barehardt^ de Berlín, presenta 
una fresa, por medio de la cual se consigue abrir el cráneo sin que pueda 
aobreyenir una lesión de la dura madre. 

Balazo do la médula ; operación ; curación. — El Dr. Braun^ de Berlín, re- 
fiere un caso de balazo recibido en la médula espinal. Se procedió á la ex- 
tracción de la bala, con lo cual desaparecieron los síntomas de déficit que 
se habían presentado á consecuencia de la lesión. 

Cirugía de la úlcera dol estómago. — El Dr. Kr'ónlein, de Zurich, empieza 
manifestando que el tratamiento médico no consigue en un buen número de 
casos curar la úlcera del estómago, y que en los éxitos inmediatos que pro- 
porciona hay muchisimoe casos en los que quedan obscurecidos más tarde 
por la reaparición de los slntopaas patológicos ó por graves estados conse- 
cativos de la úlcera gástrica. Estos fracasos se pueden calcular, examinan- 
do muy detenidamente ios resultados tardíos, en un cuarto próximamente 
de loe casos tratados, y van seguidos de una mortalidad de un 10 á un 18 
por 100. Está además bien comprobado que muchos de los enfermos que no 
habían podido ser curados con un tratamiento interno, lo hablan podido 
ser después, ó por lo menos habían mejorado considerablemente, con un 
tratamiento quirúrgico. 

Respecto á cuando está indicado este último, se puede contestar como 
ya lo hacia Mikulicz en 1897 : El tratamiento quirúrgico de la úlcera del 
estómago merece pensarse en él, cuando un tratamiento médico continua* 
do, y si es preciso repetido, no da ningún resultado ó sólo proporciona un 
resultado transitorio, y cuando á causa de esto el enfermo sufre grave que- 
branto en BU capacidad para el trabajo ó en el disfrute de la vida, por con* 
secuencia de graves perturbaciones, de los dolores, de los vómitos y de la 
dispepsia. Hay casos en que hay que tener en cuenta, además, las circuns- 
tancias especiales del enfermo. En términos muy diferentes se expresó 
Leube en el Congreso de 1897, en su resefia de 400 casos sometidos á tra- 
tamiento médico. Entonces se limitaba á los resultados inmediatos obteni- 
dos, de cuatro á seis semanas después de terminada la cura. Pero estos re- 
sultados no son base suficiente para una estadística; hace falta para ello 

6 



74 

resultados á más largo plazo. Según Leabe, se sarán definitlyamente tres 
cuartos de los casos y se consiguió una mejoría notable casi en un cuarto; 
sólo 4 por 100 quedan sin curarse y la mortalidad es de 2*4 por 100. Oon es- 
tos datos habría que considerar la úlcera del estómago como una >afección 
de poca monta. Mas es lo cierto que los resultados definitivos son muy di- 
ferentes ; antes no se conocían ; sólo en estos últimos tiempos se han colec- 
cionado. Así Warren, de Boston, refiere que de 125 casos en los que (de 187 
en total) se pudieron conocer los resaltados definitivos, se averiguó que 
las curaciones duraderas fueron el 34*4 por 100, y las recidivas el 43*2 por 
100, es decir, que los éxitos duraderos y transitorios representaron el 77*6 
por 100 y los fracasos el 22*4 por 100. Y Schulz, de Breslavia, refiere qi^e 
entre 291 casos hubo 157 éxitos de carácter permanente, y que después de 
un resultado inmediato obtenido después de la cura, hubo 89 por 100 de 
curaciones y 4 por 100 de fracasos. Resultados duraderos después de seis 
meses por lo menos : resultado satisfactorio 77 por ICO (de ellos 58 por 100 
completamente curados), fracasó un 15*2 por 100 y muertes por complica- 
ción 7*6 por 100, ó sea en conjunto 23 pof 100. 

Las muertes sobrevenidas como consecuencia inmediata del tratamiento 
quirúrgico de la úlcera del estómago han disminuido muchísimo en estos 
últimos afios, y en la actualidad se puede calcular que, según el método 
que se elija y la limitación de la indicación, habrán de ser de un 8 á un 10 
por 100 próxhnamente. Los resultados tardíos en los que se curan de la 
operación son sumamente lisonjeros; la curación completa en 61 por 100; 
una mejoría notable en 24 por 100, ó sea en totalidad un 81 por 100, venta- 
ja positiva si se compara con la alcanzada en afios anteriores. Las muertes 
tardías son muy escasas y debidas en su mayor parte á la aparición, siem- 
pre muy poco frecuente, de un carcinoma en la úlcera (8 por 100). Y no 
hay que olvidar además que, en más de la mitad de los casos, la enferme- 
dad tenía muchos afios de fecha y que únicamente se operaron aquellos que 
habían fracasado con el tratamiento interno, á pesar de que algunos de és- 
tos habían sido tratados por especialistas ó en hospitales. El autor ha ope- 
rado 112 casos en los años 1887 á 1906, de ellos 84 con resultado completo 
después de la operación. Para determinar con exactitud los resultados de- 
finitivos, no ha incluido más que 72 casos, ó sea aquellos que han sido ope- 
rados hasta el afio 1904. De ellos 67 han sido vueltos á reconocer ahora, ha- 
biéndose comprobado que han quedado libres por completo de toda moles- 
tia 41 (61 por 100), con ligeras molestias 16 (24 por 100), y sin curar 8 (12 
por 100); dos fallecieron de complicaciones. Bu los casos del autor, el diag- 
nóstico siempre se había hecho con toda exactitud, quedando dudoso tan 
sólo el punto de si la úlcera existía sola ó complicada con alguna de sos 
consecuencias, y especialmente la estrechez del plloro. En cerca de la mi- 
tad de los casos, se trataba de una úlcera solitaria; en la otra mitad, de 
una úlcera múltiple. 

La curación de la úlcera gástrica, mediante la operación, se refiere por 
una parte á la cicatrización de la úlcera abierta, y por otra al restableci- 
miento de las funciones normales del estómago, tanto motoras como secre- 
torias. De las investigaciones del Dr. Erenzor (Clínica quirúrgica de Zu- 
rich), se deduce en el último concepto lo siguiente: a) Si antes de la opera- 



76 

ciÓD existia gastrectasia^ ésta se rednce casi siempre hasta recobrar el órga- 
no sa Yolumen normal ó poóo más, verificándose esta reducción con tanta 
mayor lentitud cuanto mayor hubiese sido la dilatación estomacal; si per- 
siste una dilatación bieo manifiesta, entonces el resultado operatorio deja 
bastante que desear, b) La función secretoria alterada antes de la opera- 
ción, presenta sus caracteres normales, al cabo dé algún tiempo, en la ma- 
yoría de los casos operados, c) La acidez exagerada desciende en todos los 
casos, á menudo hasta la cifra normal ; en no pocos casos por debajo de la 
misma, pero para volver á ella al cabo de cierto tiempo, d) Si la acidez esta- 
ba disminuida antes de la operación, después de ésta se hace normal ó au- 
menta un poco; es más raro que se mantenga igual ó que disminuya toda* 
Yla más. é) En la inmensa mayoría de los casos también se encuentra ácido 
clorhídrico libre después de la operación, genialmente en menor cantidad 
que antes de ella ; en un pequeño número de casos falta en la primera época 
que sigue á la operación, para reaparecer algún tiempo después. /) En los 
casos en que no había nada de ácido clorhídrico libre antes de la opera- 
ción, se encuentra casi siempre después de ésta, siendo muy raro que siga 
faltando. La acidez subnormal y la falta de ácido clorhí^ico libre, no es 
de rigor que ccasionen molestias subjetivas, y tampoco se las puede califi- 
car como inconvenientes ó perjuicios ocasionados por la operación, puesto 
qué dicha falta no es otra cosa que consecuencia de la mayor facilidad, y 
también mayor velocidad, con que pasa el contenido gástrico al intestino 
por Tirtud de U intervención quirúrgica, g) El reflujo de bilis al estómago, 
que se observa en muchos casos, no produce ninguna molestia ostensible y 
parece que cesa al cabo de mucho tiempo, h) El reflujo de jugo pancreático 
al estomagóse comprueba con relativa rareza. 

Respecto á la elección de método operatorio, hay que preocuparse en el 
caso actual, no tan sólo de eliminar la úlcera por medio del bisturí, sino 
más bien de crear condiciones favorables para que cicatrice rápidamente la 
úlcera y se restablezca la función normal del estómago. Dichas condicio- 
nes se satisfacen de tal modo que se impide la estancación y á menudo tam- 
bién la descomposición del contenido estomacal. Sin embargo, la operación 
que satisface de un modo más cumplido esta indicación, y que además de 
esto la realiza con el menor peligro es la gastroenterostomía, sobre todo la 
posterior retrocólica hecha según el método de v. Hacker. Esta operación 
es, por lo tanto, la que se debe considerar como el procedimiento normal en 
el tratamiento quirúrgico de la úlcera del estómago. Los éxitos consegui- 
dos con esta operación son tanto más brillantes cuanto más se complique 
el cuadro patológico de la úlcera del estómago con las alteraciones antes 
mencionadas de las funciones gástricas (retención y descomposición del 
contenido estomacal, insuficiencia motora, gastroectasia), y, por lo tanto, 
muy principalmente en los casos de estrechez muy graduada del píloro y de 
extensas adherencias callosas del estómago con los órganos inmediatos, ver- . 
bigracia, el hígado, el páncreas, etc. Pero también ha resultado eficaz la 
gastroenterostomía en muchos casos en que existían otras complicaciones, 
tales como en los casos de hemorragia, y especialmente en los de la llama- 
da úlcera callosa del estómago. La excisión de la úlcera gástrica sólo muy 
excepcionalmente habrá de practicarse, bastando para hacernos desistir de 



tal propósito la circaDstancia de que la úlcera gástrica sea múltiple en 
machos casos, la de que sa diagnóstico típico sea del todo imposible, muy 
á misnndo aun después de puesto el estómago al descubierto, y, por último, 
la de que la operación de la excisión puede tropezar con dificultades insu- 
perables. Además de esto, coa la operación se satisface mncho peor la in- 
dicación causal que con la gastroenterostomia, tanto que pata pretender el 
▼alor de un método racional siempre debe ir acompañada de esta última. 
La piloroplastia y la gastrolisis ya no tienen ningún motivo que justifique 
su existencia. La resección del píloro en los casos de estrechez pilórica y de 
úlcera del píloro sólo puede estar justificada cuando la^nduración, el tu- 
mor calloso, nos hagan sospechar la existencia de un cáncer. De lo contra- 
rio, también en estos casos hay que pensar en la gastroenterostomia. 

Toda estrechez pilórica bien comprobada, sea cualquiera su grado, debe 
ser tratada quirúrgicamente. En los casos de insuficiencia funcional ó mo- 
tora de grado considerable (gastrectasia atónica, gastrectasia y gasiropto* 
sis) puede estar justificada una intervención quirúrgica (gastroenterosto- 
mia) cuando se Tea que el tratamiento interno no ha dado grandes resulta- 
dos y, por otra parte, la condición social del paciente exija urgentemente 
una mejoría de su estado. La aparición de hemorragias pequeñas, pero que 
recidiTan muy á menudo, en el curso de la úlcera gástrica, refuerza la in- 
dicación general y exige la gastroenterostomia, y sólo esta operación. En 
los casos de hemorragias peligrosas para la rida y fulminantes, el riesgo de 
aguardar y de aplazar la operación hasta el momento en que el paciente se 
ha repuesto un poco de la pérdida sangaínea, parece ser menor que el de 
la intervención quirúrgica inmediata. Pero, caso de intervenir, también 
hay que hacerlo, en la mayor parte de los casos, con la gastroenterostomia, 
siendo preferible ésta á la tentativa de una hemostasia directa. La opera- 
ción precoz de la úlcera gástrica simple, que tanto han preconizado últi- 
mamente algunos cirujanos, carece de fundamento sólido. 

(DeutMche Meditinal Zeiíung). — R. dbl Vallb. 

(Continuara). 



nCPSRIAL T BSAL SOCIEDAD DE LOS MÉDICOS DE VIENA 
Señan del dia íl de Mayo de 1906, 

Eaolorodornila. — El Dr. Gustavo Singer presenta una enferma en la que 
ya hará unos doce años se hizo notar una tumefacción del cuello, acompa- 
ñada de un aumento de volumen de los ojos. La afección, que ha motivado 
ahora la intervención médica, se ha desarrollado hará cosa de dieciocho 
meses, en cuya época empezó á aumentar de tal modo el volumen del cue- 
llo que se hizo difícil la respiración y al mismo tiempo ruidosa. Dicho 
aumento de volumen proviene de una tumefacción de la glándula tiroides, 
y sobre todo de una hipertrofia del lóbulo derecho. El laringoscopio puso 
de manifiesto una estrechez traqueal. Existe, además, un ligero exoftal- 
mos. Hay indicación del síntoma de Stellwag é insuficiencia en la conver- 



77 

gencift; temblor, de ondulaciones pequeñas, de las manos, glicosuria 
alimenticia y aceleración del pulso. Es indudable que en este caso existen 
los sintomas del mal de Basedow. Pero lo que llama la atención en esta 
enferma es una alteración muy notable que se ha presentado en las mamas 
y en la piel de la pared anterior del tórax, al mismo tiempo que «e acentuó 
el bocio y que se inició la menopausia. Según refiere la paciente, la hin- 
chazón fué más blanda al principio, pero se fué transformando poco á poco 
en una infiltración esclerosante de dureza lapídea, de color moreno, y qué 
ha iuTadido el tejido celular subcutáneo. Afecta de preferencia á la mama 
izquierda, y en menor grado á la derecha ; invade toda la piel de la pared 
anterior del pecho; alcanza por el limite superior hasta la linea que une 
las dos articulaciones escápulohnmerales, marcando dicho limite varias 
placas duras, lívidas y dispuestas por grupos. Hace unos seis meses se 
desarrolló una hinchazón semidura en la extremidad superior izquierda. 

El autor cree que se trata de una alteración esclerodérmica, muy poco 
común, de la piel del pecho. 

En la discusión manifestaron varios clínicos que vienen observando la 
enferma desde hace algunos años, que la afección debe interpretarse como 
nn caso de cáncer primitivo de la mama, con metástasis en la congénere, 
en la glándula tiroides, en los ganglios linfáticos axilares y en las vías 
linfáticas de la piel; todo lo demás es edema por estancación. 

Resseeión y prótesis del maxilar inferior. ^ El Dr. Hans Pichler presenta 
dos enfermos en los que, después de practicada una resección en la conti- 
nuidad del maxilar inferior, se empleó un tratamiento protético. 

En el primer caso se trataba de un hombre de sesenta y cuatro años, que 
padecía un epitelioma del suelo de la boca, de crecimiento muy rápido y 
seguido de invasión de la mitad izquierda del maxilar inferior. El 16-de 
enero último, previa socavación de los ganglios linfáticos submaxilares, se 
extirpó el tumor, haciendo pasar la sierra, en el lado derecho por el alveolo 
del canino y en el izquierdo por el del segundo molar. Terminada la he- 
mostasia, se procedió á la protesis inmediata por el método de Fritzsche. 
Una pieza de estaño, que se había fundido según el modelo de un maxilar 
de cadáver, de forma y tamaño adecuados y de la «extensión del trozo de 
maxilar que se iba á resecar, carece de apófisis alveolar y lleva en ambos 
extremos férulas de hoja de lata taladradas, las cuales, después de cuidar 
mucho de la articulación de los dientes que han quedado con los del maxi- 
lar superior, se cosen firmemente con alambre á los muñones óseos. Dichas 
férulas no están unidas de un modo inseparable con el cuerpo de estaño, 
sino sólo por medio de una ranura y vastagos enclavados de tal manera, 
que si fuera necesaria una inspección minuciosa de la herida es posible 
quitar temporalmente la protesis de estaño. Pero en estos casos el curso 
que siguió la curación no dio motivo para ello. Esta particularidad de estar 
constituida la protesis inmediata de tres partes, tiene también la ventaja 
de que en el caso de una resección más extensa de lo que se pensaba de 
antemano, durante la misma operación se pueden cambiar rápidamente 
las férulas por otras más largas. 

A las cuatro semanas de la operación se quitó la protesis inmediata y se 
colocó la pieza de repuesto. Consta ésta de un duplicado de la pieza de es- 



78 

taño con el que está unida la pieza que sustituye á la apófisis alreolar y á 
los dientes, y llera en ambos extremos prolongaciones en forma de ala, 
hechas con goma dura y que cubren las uniones del maxilar. La protesis 
defínitira consta, según esto, del duplicado metálico de la protesis inme- 
diata y de una placa de goma dura que cubre el maxilar sano y que susti- 
tuye á la apófisis alveolar perdida con sus dientes. Los cinco dientes ante- 
riores que han quedado son rodeados por dos abrazaderas de oro. Estas dos 
mitades de la protesis están unidas entre si por medio de una capa de cau- 
cho blando, con lo cual se evita que en los movimientos de la mandíbula 
sufran los dientes sacudidas y tracciones excesivas. El volumen y el peso 
de esta protesis molestaban al paciente tanto y hacían tan difíciles los ac- 
tos de quitarla y ponerla, que el autor encargó otra de goma dura, que es 
la que lleva ahora el sujeto sin ninguna dificultad. Esta protesis consta de 
dos mitades, derecha é izquierda, que se introducen fácilmente cada una 
de poV sí y pueden unirse después, ya dentro de la boca, por medio de un 
ganchito. Esta protesis ha impedido la derivación y también han conser- 
Tado su forma normal el mentón y el carrillo. La desfiguración se limita á 
las cicatrices cutáneas y á una ligera parálisis facial. También se conser- 
van de un modo muy satisfactorio en los dos casos la palabra, la mastica- 
ción y la deglución. 

El segundo caso se refiere á una criada de veintiocho afios á la que le 
desarticuló Eiselsberg, el 14 de febrero último^la mitad izquierda del ma- 
xilar inferior hasta el canino izquierdo, á causa de un sarcoma de células 
gigantes, exulcerado, que había invadido dicha mitad y que iba acompaña* 
do de metástasis ganglionares bilaterales y submaxilares. En este caso la 
protesis inmediata sólo en un lado pudo unirse al muflón por medio de su- 
tura. El otro extremo, ó sea la apófisis condilóidea artificial se colocó en 
la cavidad articular. 

Extirpación de una gran parta del intestino.— El Dr. Hans Lorem presenta 
á un hombre de cincuenta y cinco afios, que padecía de un neoplasma y al 
que por esta causa le extirpó el 28 de marzo último la mitad del intestino 
delgado y una buena porción del grueso. 

8e trataba de un cáncer primitivo del ciego que había ocasionado la 
formación de un tumor ganglionar metastático, voluminoso, pero perfecta- 
mente circunscrito. Este tumor se había fundido con el primitivo hasta 
formar un todo único; además había invadido el borde libre del omento 
mayor y' la pared anterior del vientre. De las asas intestinales correspon- 
dientes al tumor intestinal metastático, dos muy distantes habían sido 
atraídas por el tumor primitivo y se habían adherido á él de un modo muy 
íntimo; pero todavía quedaban, á partir del pliegue duodenoyeyunal, unos 
280 á 290 centímetros de intestino delgado. Fué necesario resecar el intes- 
tino ciego que albergaba el carcinoma, el colon ascendente y la flexura 
hepática, y además un ovillo de intestino delgado, que ya en estado flácido 
medía 292 centímetros. Las porciones restantes de intestino delgado y 
grueso se unieron extremo con parte lateral. Después de algunas com- 
plicaciones, se repuso el paciente y recobró el apetito tan rápidamente, que 
pudo dejar la cama el día 14 y volver á su país natal pocos días después* 
Además de éste resistió á una erisipela, que le sobrevino con fiebre alta y^ 



79 

calofríos á las cuatro semanas de la operación. El paciente se ve qae tole- 
ra bien la pérdida de una tan gran porción de intestino, como la qne se le 
ha extirpado. La consistencia de las heces fecales es de papilla blanda ó 
espesa, y últimamente parece haber hecho ya deposiciones duras. Además 
el paciente ha aumentado de peso. 

( Wiener kliniscJie Rundschau). — R. dkl Vallb. 



PERIÓDICOS 



Ucaiizaeién final del mercurio en ei organismo. — Dedúcese de los experi- 
mentos de los Dres. Con ti y Zuccola, que el mercurio, sea que se adminis- 
tre por la boca ó en inyección hipodérmica, es conducido por los glóbulos 
blancos de la sangre y depositado princi palme ü te en el hígado, los riñones 
y los intestinos, por cuyo medio se asegura la eliminación y aislamiento de 
los órganos más importantes. En otros órganos — glándulas salivales, pán- 
creas, testículos, etc. — ,el mercurio sólo se deposita constantemente cuan- 
do las TÍsceras referidas están saturadas. El mercurio que se encuentra en 
la saliva bucal y no en la vertida por el conducto de Sbenon, procede de 
los pulmones, desde donde es conducido por los leucocitos. Se localiza en 
el núcleo de la célula más qne en el cuerpo, lo qne corrobora al parecer la 
hipótesis de los que sostienen que el mercurio se encuentra en el organis- 
mo en forma de nncleinato. Las vías principales de eliminación son los in- 
testinos, los pulmones y los riñones; la eliminación por la saliva es de im- 
portancia secundaria.— (i^ft/'ofma Medica^ 17 marzo 1906).— F. Toledo. 

Valor terapéutioo de las emanaoiones dei radio.— Gomo es imposible emplear 
en el interior de los tumores las emanaciones que desprende el radio, el 
Dr. A. Braunstein utiliza en' este caso inyecciones de un agua radio-activa 
obtenida por destilación de una disolución de radio. En los cánceres de la 
laringe, del esófago ó del estómago en que no se pueden practicar tales 
inyecciones, se emplea bismuto, que se ha hecho previamente radio-activo, 
dejándole durante tres á cinco días en un frasco cerrado y lleno de disolu- 
ción de radio. Empleando uno de ambos procedimientos, el de la inyección 
ó el de la ingestión por la boca, observó el autor en ocho casos de cáncer 
una reducción en el tamaELo de los tumores. En un caso, con inyecciones 
repetidas de agua radio activa se consiguió qae un tumor maligno, duro y 
del tamaño de un huevo de palóna, se reblandeciera é hiciera fluctúan te, 
extrayéndose de su contenido un líquido que al principio era sanguinolen- 
to, después amarillo claro y siempre estéril, quedando á todo esto intacta 
la piel. 

Según el autor, las emanaciones del radio tienen sobre las radiaciones 
de este metal las ventajas siguientes : 1.* Mientras con las radiaciones 
no podemos obrar profundamente en la masa del tumor, es posible conse - 
gnir esto inyectando en la trama del neoplasma agua con emanaciones de 
radio. 2.* Estas emanaciones, empleadas en la forma que lo hace el autor, 



80 

DO perjudican á los tejidos normales y no determinan la ulceración de la 
piel saprajacente, como ocurre no raras veces con las radiaciones. 8/ La 
aplicación de las emanaciones es fácil en tumores que no se prestan de nin • 
gún modo al empleo de las radiaciones. 

Por último, las emanaciones poseen las tres propiedades siguientes: 
1/, destructora de los tejidos; 2.% bactericida, y 8/, activadora de las fer- 
mentaciones. — {Therapie der Gegenwart). — R. del Vallf. 

Tratamiento de la neumonía.— En los caso&de neumonía franca, el medica- 
mento ideal, según el Dr. Scheffer, es el alcanfor, que emplea de preferen- 
cia en poción, reservando las inyecciones hipodérmicas para los casos en 
que hay debilidad cardiaca. Aconseja tomar al dia 6 á 16 cucharadas de la 
poción siguiente : 

Alcanfor 1 gramo. 

Tintura de quilaya i . _^ 

GUcerina i 

Jarabe de tolú 100 — 

•— de azahar 50 — 

Agua destilada, c. s. para formar 310 — 

La medicación produce efectos notables y antes de los siete días. suele 
obtenerse la defervescencia, que jamás va acompañada de poliuria, sudo* 
reSi epistaxis, etc. De 18 enfermos en quienes se empleó este tratamiento, 
sólo murieron 2, un brightico y un sujeto de ochenta y dos años. 

(La Medicine Modeme, 21 marzo 1906).— F. Toledo. 

Signifieaeiin elínlsa de la fírmala bacilar tuberculosa.— De las observacio- 
nes recogidas por el Dr. Mircoli, deduce las conclusiones siguientes : 

1.* Los casos en que se encuentran en los esputos recientes bacilos tu- 
berculosos que asemejan estreptococos, siguen una marcha favorable, so- 
bre todo cuando los bacilos son muy delgados y largos. En estos casos hay 
inmunización del terreno nutritivo orgánico y la terminación es por escle- 
rosis. 

2.* Guando los bacilos son cortos y gruesos, la marcha es desfavorable. 

8.* £1 hecho de encontrar un gran número de bacilos tuberculosos pare- 
cidos á estreptococos en el campo del microscopio tiene una significación 
menos desfavorable que el de encontrar pocos bacilos, pero cortos y gruesos. 

4." De las alternativas y cambios de estas formas fundltmentales, ó por 
el contrario, de la persistencia de una de ellas en el campo del microscopio, 
se pueden sacar datos pronósticos, tanto para juzgar de la eficacia de un 
tratamiento, sobre todo especifico, como respecto á la suerte ulterior del 
enfermo. — {Gatt, degli. ospedali). — R. del Valle. 



-^^tB^^- 



REVISTA 



MEDICINA Y, CIRUGÍA PRÁCTICAS 



PRIRCIPALSS niDICACIOHES DE Li CDRA TERIAL BH ROTAT 



rOEBL 



DOCTOR D. FEDERICO LÓPEZ 

(d« Royat). 

Nos hemos propuesto exponer con la mayor brevedad y claridad 
posibles las propiedades de las aguas de Royat, y en un primer ar- 
tículo han de ser grandes sus deficiencias, por lo que pedimos indul- 
gencia al lector. 

En cualquier Guía de Royat se pueden encontrar todos los deta- 
lles que interesen respecto á su situación geográfica y condiciones 
climatéricas; bástenos decir que Royat forma parte del grupo de 
estaciones termales de Auvernia, de las que las principales son el 
Mont-Dore, la Bourboule, Chatel Guyon, Royat, Vichy/etc, 

Situado en un valle al pié de los Montes- Dome, á 450 metros de al- 
titud, la temperatura media de Royat es de 11^, su suelo volcánico 
absorbe con gran rapidez el agua de las lluvias, y una verdadera 
barrera de montañas la protege contra los vientos. Dejemos este 
terreno para abordar la cuestión médica. 

Las aguas de Royat son termales, car^ogro^^oso^, bicarbonatadas 
mixtas y ferruginosas, y además contienen una notable proporción 
de litina y arsénico; más adelante publicamos un cuadro completo 
del análisis de estas aguas. 

Desde hace muchos años Royat ha llamado la atención del cuerpo 
médico, y todas las afecciones que la escuela francesa agrupó du- 
rante algunos años bajo el nombre de neuro-artritismo^ encuen- 
tran en Royat el alivio que ha hecho su reputación. Si bien hoy día 
^1 neuro-artritismo se nos presenta como una familia algo confusa 
Afio XXX:-Tomo LXXII. - Núm. 9».-21 Julio, l»e. 1 



82 

ó poco precisa, las entidades mórbidas persisten, y por lo tanlo, las 
indicaciones de Royat también. 

Hubo un tiempo en el que cada fuente de Royat tenía una aplica- 
ción particular en el decir del público. Ejemplo: Eugenia, para los 
bronquíticos y los diabéticos; Saint-Mari^ para los gotosos; Saint- 
Víctor^ fuente de los anémicos por su arsénico y hierro; y, en fin, á 
César^ cuya mineralización y termalidad estimulan la secreción 
del jugo gástrico y el apetito, se la ha llamado fuente de los dispép- 
ticos. ' 

Pero hoy que el estudio de los aguas termales y de su acción ha 
dado un gran paso y que el descubrimiento del poder radiante de 
las aguas minerales nos abre nuevos horizontes, no podemos admitir 
que en un grupo termal como Royat cada fuente sirva para un cier- 
to número de enfermedades ñjas é inv^iables. La clínica nos ense- 
ña todos los días que la combinación de estas cuatro fuentes y su^ 
manipulación para bebida ó baños constituye la especialidad del 
médico de aguas minerales. Hay, en efecto, en las aguas de Royat 
asociaciones tales como las de las sales de sosa y cal, escala ascen- 
dente de mineralización (2'5 á 5'50 gramos por litro) y presencia del 
ácido carbónico (esta cuestión nos detendrá más adelante) en gran 
cantidad, termalidad variable, etc.; estas condiciones particulares 
hacen que la cura pueda variarse indeñnidamente, según los en- 
fermos. * 

Hasta hace tres años, la gran mayoría de los enfermos de Royat 
pertenecía al antes citado grupo de neuro<artríticos, es decir, ^cata- 
rrosos, gotosos, reumáticos anémicos, neurasténicos deprimidos, 
eczematosos, etc., y el éxito de estas aguas ha sido tal, que de paí> 
ses muy lejanos vienen los enfermos á buscar alivio á sus males. 

El profesor Landouzy, en una conferencia dada en Royat en 1904 
durante el viaje de estudios medicalee^ resume en íos términos si- 
guientes las indicaciones terapéuticas de las aguas de Royat. 

«Es menester tener presente, respecto á las indicaciones de Royat, 
lo siguiente: la especialización general de Royat es la de los aririti' 
eos deprimidos y anémicos; la especialización funcional puede eiiun- 
ciarse en la forma que sigue : en primer lugar los reumáticos y goto^ 
sos con manifestaciones en un punto cualquiera de su organismo 
articular ó visceral, los tabéticos anémicos. 

La especialización que está llamada á tener un gran porvenir es 
la especialización funcional cardiovascular, 

I."* En resumen, los gotosos anémicos^ en el intervalo de las crisis 



83 

agudas, los reumáticos crónicos, sobre todo los que sufren de las 
urtieulaciones pequeñas^ los diabéticos asténicos^ los hiperclorhidri* 
«09, los que tienen manifestaciones en el aparato respiratorio, larin- 
ae^ asmáticos y bronquitis catarrales crónicas^ artríticos con mani- 
lestacíones cutáneas {eczemas^ psoriasis^ acné). 

2.^ La segunda indicación de Royat es la tabes^ y como lo enseña el 
profesor Brissaud^ en el período preatáxico, los baños carbogaseo- 
80S, sobre todo los de César y Saint-Mart, atenúan los dolores y las 
perturbaciones de los esfínteres, y detienen la marcha de la enfer- 
«nedad. 

En el periodo de incoordinación, la piscina de Duchenne de Bou- 
logne, ftdemás de la acción del ácido carbónico y míneralización 
<!el agua, gracias al principio de Arquímedes, permite la aplicación 
del método de Fránkel. 

3.° Finalmente^ las enfermedades del aparato cardiovascular cons- 
tituyen una de las principales indicaciones de estos baños. 

La primera vez que el baño carbogaseoso se empleó de una ma- 
nera científica fué en 1835, en que Aug. Schott (1) publicó la fórmu- 
la, permitiendo preparar un baño carbogaseoso artificial en la casa 
misma del enfermo. La experimentación de este nuevo método tera- 
péutico dio tales resultados, que los principales médicos del mundo lo 
adoptaron con gran rapidez, y no citando sino los principales, men- 
tsionaremos además de los principales médicos alemanes, Heine- 
mann, Thorne, Campbell, Robertson, etc., en Inglaterra; Sakharoff, 
Jakimoff/^tc, en Rusia; Tyson, Sátherwáite, etc., en América; Ba- 
tistini, en Italia. 

En Francia, M. Huchard, en 1897, indicó este nuevo método tera- 
péutico; M. G. Merklen lo emplea desde hace bastantes años en el 
hospital con éxito constante. 

En un trabajo ulterior pensamos insistir sobre esta importante 
cuestión de actualidad terapéutica, y sobre el mecanismo de la ac- 
ción de estos baños en las«cardiopatías crónicas, bástenos decir que 
en todos los casos, y son numerosos^ en los que se desea aliviar el 
<M>razón, permitiéndole vaciarse mejor, la vasodilatación es el modo 
más seguro de obtenerlo, y el baño carbogaseoso indicado, por lo 
tanto, en los casos en que la presión arterial es inferior ó algo supe- 
rior á la normal, el baño carbogaseoso es la medicación que se debe 
emplear, las simples nociones de Fisiología del corazón y de la cir- 

(1) «Zar Therapie der ohromsohen Herzkrankheint . Bérliner JT/tn, 
Woeh^ 1885. 



t 



84 

culacióD bastan para comprender el por qué la presión tiende Á la 
,^ ' / normal por medio de este tratamiento. 

Quiero insistir, antes de terminar, sobre un punto de suma impor- 
tancia; Royat es el único establecimiento, que yo conozca, en el que 
se puedan dar baños, con agua corriente á su temperatura normal,, 
sin ningún artiñcio, y para aquellos que conocen la importancia que 
tiene el administrar las aguas minerales tales cuales salen de las 
profundidades de la tierra, hago esta observación. 

Las deficiencias de este articulo son numerosas; más tarde, si la 
hospitalidad de esta brillante Revista me lo permite, me propongo 
tratar la cuestión del efecto ñsiológico del baño carbogáseoso. 



ANTROPOLOGÍA CpiMINAL 



LAS ANOMALÍAS DE MATEO MOKKAL 

roE 

ANTONIO LECHA-MARZO 

Interno d«l[LtborAtorio d« Medlcin» legal de la UnUenidad de Valladolld. 



Desde el trágico suceso de la calle Mayor se habla constantemen- 
te de la persona de Mateo Morral. Bastante conocemos de su psico- 
logía y algo de varias anomalías reveladas por la autopsia y des- 
critas por el egregio profesor Maestre algunos días después en Et 
Liberal. Creemos por esto oportuno traer á las páginas de esta Re- 
vista algunos datos sobre la frecuencia é importancia de dichas 
anomalías, en la creencia siempre de que otros pudieran haberlo 
hecho con mejor criterio y más autoridad que nosotros. 

Las cejas de Morral, adelantándose sobre el rostro, daban al con- 
junto de la cara un aspecto siniestro (Maestre). Esta disposición, á 
la cual ha asignado Lombroso una importancia característica, re- 
produce en el hombre un carácter anímalesco inferior. Los senos 
frontales muy prominentes se encuentran en los criminales con una 
frecuencia casi doble que en los normales (en 26*7 por 100 y en el 11 
por 100 respectivamente), y según el profesor Carrara (de Turín) (1),. 

(1) M. Carrara : L^Antropologia crimínale nei snoi rapporti oon la medí* 
oina légale. Edición italiana del Mannale di Medicina légale de F. Strast- 
mann, p&g. 1.008. Tarín, 1901. 



85 

son signo de fuerza y de exagerados movimientos del cuerpo, tanto 
•que su mayor desarrollo distingue muchas formas salvajes ó anti* 
^uas de las domésticas ó actuales, el caballo salvaje del doméstico 
y el oso de las cavernas del actual. Y tienen mayor significado cuan- 
do su desarrollo aumenta en perjuicio de la cavidad cerebral. 

Sobre la frecuencia del excesivo desarrollo de los senos frontales, 
Juan Marro (de Collegno) da una proporción algo menor que la db 
Lombroso : un 23 por 100 en los delincuentes. Manuel Mirabella (de 
Favignana) (1), que ha publicado recientemente un magistral estu- 
dio sobre los caracteres físicos y psíquicos de 84 delincuentes, rein- 
cidentes y casi todos asesinos, ha encontrado la prominencia* de los 
■senos frontales en la proporción del 48'88 por 100. En las mujeres 
ssta proporción baja al 18 por 100. 

El mentón era saliente y la mandíbula robusta y bien formada; 
los dientes de ésta rebasaban á los del maxilar superior, que no 
quedaban acabalgados. Esta anomalía, conocida en antropología, 
con el nombre de progeneismo^ se observa en el 38 por 100 de los cri- 
minales masculinos y en el 21 por 100 de las mujeres criminales, no 
llegando entre los normales más que al 28 por 100 en los hombres y 
al 10'30 por 100 en las mujeres (2). 

El gran desarrollo de la mandíbula podría explicarse, según Lom- 
broso, admitiendo, ademáis del atavismo y del mayor desarrollo de 
sus sistemas muscular y ligamentoso, la repetición del gesto espe- 
cial del hombre que se ha propuesto llevar á cabo una resolución 
•enérgica ó madura una venganza, gesto que es en un todo semejan- 
te (Darwin) al esfuerzo que practicamos al apretar la boca para 
prestar á los músculos puntos de apoyo. \ 

Las orejas de Morral eran asimétricas ; la izquierda normal y la 
derecha, dice Maestre, estaba desdibujada en su concha y lóbulo, 
ofreciendo un aspecto pitecoide muy evidente. La ausencia de héli- 
ce y el pabellón liso, es decir, escaso desarrollo de pliegues cartila- 
^nosos, son los rasgos de la oreja de Morel. Se nota por las foto- 
grafías que las orejas no están muy separadas del cráneo (pequeño 
ángulo céf alo-auricular), no son verdaderas orejas en asa^ que se 
encuentran en el 28 por 100 de los reos y en el 25 al 36 por 100 de los 

(1) Mirabella 1 1 caracteri degenerativi di 84 delinqaenti nati. Archivio di 
JPlñehiairia, vol. XXVII, fase. I-II, p&gs. 1-29, 1906. 

(2) Peli : Sal tipo progeneo. Areh. di PHeh., 1896, yol. XIX, fase. L— Cama- 
S6t I De rabsence da chevaaohement abitael de la parte antérieare des ar« 
eadas dentaires como stigmate de dégénéresceDce. Annale$ m¿d, piychoL^ 
1894, voL LII, núm. SJ Areh. di Ptieh., XYI, 168. 



86 

dementes; pero son largas y tienen el lóbulo bastante adherido, ca» 
racteres éstos que se han observado, como la concha lisa, írecuen* 
temente en los criminales. El lóbulo adherente ó empalmado (oreja 
sésil) se observa en el 7'38 por 100, según Mirabella (1) y en el 2*90 
por 100, según Gradenigo (2). Marro (3), que ha observado en los cri- 
minales 11 anomalías de orejas, ha encontrado el 9 por 100 con ore- 
jas larcas. 

La nariz era rectilínea, torcida desde su origen hacia la derecha,. 
y la raíz tan profunda, que, según un descritor de la fisonomía de^ 
Morral, en ella se podía encunar un dedo : estos caracteres, según 
Lombroso, distinguen la nariz del criminal de la del hombre nor- 
mal. La desviación hacia el lado derecho seguramente estaría acom- 
pañada de la desviación del tabique de las fosas nasales, que en 
este caso tendría la cara derecha cóncava y la izquierda convexa. 
Tal desviación ha sido encontrada por el profesor Ottolenghi (de 
Roma) en el 48 por 100 de los delincuentes y en el 23'92 por 100 de loa 
normales (4). 

La cara era asimétrica, carácter al cual Lombroso concede algu» 
na importancia. El tórax estrecho y de mezquino desarrollo (Maes- 
tre). La delicadeza torácica se observa frecuentemente en los estu- 
pradores y en los falsarios. 

(1) Mirabella s Loco eUatOf p&g. 11. 

(2) Grade^go i Le deformaxioni del padiglione del orecchio nei ñor malí», 
negii alienati e nei delinqnenti. Areh. di Psich.f X, 425; XI, 258; XII, 475; 
XlIIy 9. — ídem : Lo svilnppo delle forme del padiglione deiroxecchio con 
rignardo alia morfología e teratología del medesimo. Arck, per la ffCMm* 
mediche^ 1888. — ídem : Le pavíllon de Toreílle an point de vne anthropolo- 
giqae. Annalet de$ mal, de l'oreille et du larynxy 1889. — ídem t Zar Morpholo- 
gie der Ohrmaschel bei gesnnden a. geísteskranken Menschen n. bei Delin» 
qaenten. Arch. U Ohrénheilk,, 1890. — ídem : üeber die Formanomalien der 
Ohrmaschel. Arch, f, Okrenheük,, 1891. — Véase también Frigerio: L'oreille 
externe, étade d'antrhop. criminelle. Arch, de VAnthrop, erimineUet 1888 ; 
Arch, di PHeh,, IX, 296, 680. — Lombroso s Le orecchie nelle atrofie degli 
emisferi. Arch, di Ptich.^ IV, 512. — Pailhast Da payillon de Toreille. Esta- 
dio de antropología criminal. Arch, di Ptieh,^ XVIII, lb97, p&g. 1. — Bilis t 
The ear in crimináis. The Lanceta 1890. 

(8) Marro i Los caracteres de los delincaentes. Biblioteca antropológico- 
jiirídica.tTarín, 1887. 

(4) Ottolenghi: Scheletro e forma del naso nei criminali. Archivio di /Vi* 
chiatria, yol. IX, fase. 8. — Belsanti x Oaratteri regresivi della ossa nasali.. 
Archivio per VAntrop. $ rMnol,^ XVI, fase. 7. — Bertillon : Forme de nez. 
Revue d* Anthropologie^ 15 marco 1887. — Valenti y Oarrara i Ossa sapranu* 
merarie del nasso in an l^dro, Archivio di P«teAta<ría, XIII, p&g. 486.— Morí t 
Alcani dati statistici salla formazione e salí' índice nasale dei delínqaen- 
te italiani. Archivio per VAntrop. e VEtncl,, XXIX, fase! 8. 



87 

Las manos simias, por lo largas y comprimidas, como sucede en 
loe estupradores, ladrones, rateros y estafadores. Claude y Vidocq 
han indicado la frecuencia de las manos gruesas y largas en los 
grandes asesinos. 

La constitución de Morral era robusta y musculosa, especialmen- 
te la de las piernas, pero no dio grandes muestras de agilidad y 







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destreza, como el septuagenario Vilella, el ladrón La vieja^ la la- 
drona y prostituta María Ferino y otros muchos criminales. 

De las anomalías anotadas en Mateo Morral, sólo tres nos pare- 
cen de bastante importancia : el progeneismo, la prominencia de 
los senos frontales y la desviación de la nariz. Estos tres caracteres 
anormales degenerativos hacen de Morral un tipo criminal deLom- 
broso. 



88 

Merecen taint)ién ser tenidas en cuenta las anomalías observadas 
en el pabellón auricular^ pero de ningún modo concederlas un valor 
que no tienen. No llegamos tampoco al extremo opuesto, como Lan- 
nois (1), que después de haber examinado cierto número de deteni- 
dos en la cárcel de San José, de Lyon, hizo la afirmación de que sus 
reconocimientos no le habían suministrado más anomalías de la 
oreja de las que habría encontrado en un número igual de personas 
de conciencia limpia y sin clasificación judicial. A una afirmación 
hecha sin grandes fundamentos, oponemos, además de los estudios 
de Lombroso, las observaciones de Morel, Gradenigo, Frigerio y 
Pailhas. 

Las anomalíae^de Morral, ¿son de una importancia tai que auto-, 
rizan para considerarle irresponsable? Consideramos muy fundada 
la respuesta dada en sentido negativo por el Dr. Maestre ; además, 
en el cerebro de Morral no ha encontrado el distinguido profesor de 
San Carlos ninguna anomalía de carácter atávico ; era un cerebro, 
macroscópicamente, bien conformado. Lombroso, Benedikt, Giaco- 
mini, Tenchini, LegiardiLaura, Varaglia, Ladame, Tovo, Marchi, 
Mondio, etc., no han co inseguido demostrar que el criminal posee 
un cerebro distinto del que tiene el hombre normal, pero han sabido 
señalar ciertas anomalías en la superficie cerebral y aun en la es- 
tructura de la corteza (estudios de Roncoroni) que acompañan fre- 
cuentemente á la delincuencia y á la suspensión de desarrollo, de 
las cuales son expresión. Nada de esto nos ha mostrado el cerebro 
del anarquista de la calle Mayor. 

Las zonas rolándicas, ó sean las zonas motoras del cerebro, se 
muestran bastante desenvueltas^ como signos de una impulsividad 
enérgica y pronta (Maestre). 

Por el desarrollo de sus lóbulos frontales, creemos se puede hacer 
constar, pero sólo probablemente, un buen poder intelectual. No 
puede hacerse tal afirmación de una manera categórica, pues en 
ocasiones se observan lóbulos frontales pertenecientes á individuos 
de pobre inteligencia, con las circunvoluciones largas, anchas, ^^^ 
xuosas y ricamente incindidas. Sordomudos de nacimiento, idiotas 
que no podían hablar (Caiori), locos, criminales, en fin, individuos 
de inteligencia obtusa, presentaban, ^xcepcionalmente y adquirida 
por herencia, una circunvolución de Broca (centro del lenguaje ar- 
ticulado) tan complicada é incindida como la del lado derecho del 

(1) LaDDois : De l'oreille au point de vae anthropologiqne et medioo*lé- 
gal. Arch. dé VAnthrop, eWm., 1887; 



89 

gran orador Gambeta (1). Los cerebros de nuestras sal^s de disec- 
ción presentan generalmente los lóbulos frontales bastante compli- 
cados. En el estado actual de nuestros conocimientos no podemos^ 
pues^ emitir un juicio riguroso, por el examen de varias circunvolu- 
ciones, acerca del poder intelectual de un individuo. 



REVISTA DE HIGIENE 

DOCTOR DON RAFAEL RODRÍGUEZ MÉNDEZ 

Cfttadrático d« Hlfiené en la FaenlUd de Medlcinft de BareelMs, 



SuvABio: L Leo&e fermentada de loa búlgaros. ~ II. Aumento de la morbo- 
sidad diftérica. — III. Relaciones entre las infecciones maternas y las in- 
fantiles. — I?. Tabaco : efectos. ^Y. Campo de aislamiento de emigrantes 
en Hamburgo. — YI. Las moscas como vehículo del cólera y de la disen- 
teria. — YII. Bacilos tuberculosos: sus clases; deducciones prácticas, 

I. Stamen Grigorofí ha estudiado en el Laboratorio de Bacterio 
logia y Seroterapia de Ginebra, á cargo del profesor Massol, una le- 
che fermentada comestible, muy usual en Bulgaria, hasta el punto 
de ser el alimento casi exclusivo de las gentes rurales en unos pun- 
tos y ser consumida durante el verano en otros. 

Eb una leche cuajada, conocida en búlgaro con el nombre de KU* 
sélo-mléko (leche agria) y preparada de este modo: hiérvese la le- 
che, se la deja enfriar hasta 40^ ó 45^ y entonces se la siembra con 
KissélO'mléko del día anterior y mejor de más fecha; para evitar 
que el frío retarde la fermentactón, se rodea la vasija de cuerpos 
malos conductores. A las ocho ó diez horas, según la temperatura 
ambiente, la leche se ha cuajado y forma en el fondo una pasta 
blanca compacta, que cuando está intacta no deja salir ó expri- 
me poco suero. El fermento usado se designa con el nombre Podk' 
wusa y procede de una operación anterior. 

Examinada en el microscopio una preparación teñida de esta le- 
che agria, se nota una flora microbiana variada y abundante, en la 
cual, tras minuciosas investigaciones, ha encontrado Grigoroff, en* 
tre otras varias, tres especies aerobias-anaerobias facultativas: 

Un bacilo largo, inmóvil, aislado ó dispuesto en serie lineal, que 

<1) Herré : La circunvolution de Broca. Tesis de París, 1888. 



90 

86 desarrolla bien en los medios azucarados, coagula la leche por 
formación de ácido láctico, no porque produzca cuajo, tiene su má- 
ximum de actividad |t 45^, á cuya temperatura coagula la leche á. 
las cinco horas (á 37° tarda diez ó doce), á los 50° es menos activo 
y á los 60° muere en una hora. Pertenece al grupo de los denitrijl- 
cantes verdaderos de Grimbert, ó sea á los que, como el piociánico^ 
desprenden nitrógeno en solución pep tonada sin el concurso de 
substancias amideas, mientra&i}ue los deniiriflcantes indirectos ne- 
cesitan de estas últimas. 

Un micrococo, ya solo, ya en diplococos, ya en pelotones, cdQ mo- 
vimientos brownianos, cultivable en todos los medios, también dení- 
trincan te 'verdadero, coagulante de La leche por fermentación lác- 
tica, no por cuajo y capaz de producir por sí sólo la Kissélo^mléko á 
37° y en un lapso no menor de veinticuatro horas; á 45° tiene su 
mayor energía (siete ú ocho horas para la coagulación), resiste á 
50° y muere á los 60° en una hora. 

Un esireptobacilo^ en forma de bastoncillos cortos, reunidos en ca- 
denas de 4, 5, 6, 10 elementos y hasta 15 y 20 en algunos casos. Salva 
en la gelatina lactosada, se desarrolla bien en los medios azucara- 
dos. Coagula la leche por formar ácido láctico, y no produce cuaja 
ni caseasa. Es denitriñcante verdadero, se conduce en cuanto á su 
energía respecto al calor como los precedentes, salvo que no muere 
hasta los 70° {Reoue méd. de la Sutsse romande^ 1905). 

II. G. Mya hace notar (Lo Sperimeniale) que en Florencia, Turin,. 
Siena, Roma y otros puntos va en aumento la morbosidad de la dif- 
teria; el hecho se debe, en su concepto, á que ha menguado con la 
seroterapia la mortalidad y quedan en las vías respiratorias de los 
curados bacilos de Lóffler, que los convierten en nuevos focos d^ 
infección. Este mismo hecho explica las frecuentes recaídas. 

Se evitaría esto no echando en olvido la medicación local. Mien- 
tras no se descubra un suero que, además de and tóxico, sea también 
bactericida, hemos de preocuparnos de destruir los gérmenes en loa 
diftéricos y no limitarnos á curar los enfermos. Mya aconseja: em- 
plear una medicación tópica enérgica y seguir la desinfección naso- 
faríngea hasta que los cultivos sean estériles; obligar al empleo del 
suero como medio preventivo á los que hayan de cuidar diftéricos, 
en tanto dure el período de contagio; prohibir el ingreso en las es- 
cuelas de los niños curados de difteria mientras tengan bacilos de 
Lóffler en la faringe y secreciones nasales. Procediendo asi ha logra- 
do hacer que cese el contagio en el hospital Mayer y que baje mu- 



91 

cho la morbosidad diftérica en el barrio en qu^ se halla instalado. 

III. Es conocida la' frecuencia con que las infecciones maternas 
son transmitidas al recién nacido en los primeros días que siguen al 
parto; pero era conveniente precisar esa frecuencia, y esto es lo 
hecho en la tesis de Quedec, preparada en el servicio de Budin {Rap- 
porU entre les infections maiernelles ei lea infectiona infantilea pen- 
dant lea auiíea de cóuchea^ París, 1905), expresándola mediante cur- 
vas que siguen paralelas los movimientos de las infecciones mater- 
nas é infantiles, hasta en las grandes oscilaciones. 

Los corizas y la oftalmía del niño pueden determinar infecciones 
mamarias en la nodriza, y las galactoforitis de ésta, gastro-enteritis, 
estafllococia y abscesos múltiples en el recién nacido. La grippe de 
las madres puede causar bronco-'pneumonías en los hijos, muy gra- 
ves, especialmente si son prematuros débiles. Las epidemias puer- 
perales de las maternidades pueden causar víctimas también en los 
niños, por paso del germen á éstos, debiendo notarse que, cómo cada 
paso aumenta la virulencia, es en éstos más grave. En todos estos 
casos,, sobre todo en los últimos, es necesario aislar á las mujeres de 
los niños, pues no siempre se sabe el punto de partida de la in- 
fección. 

IV. El pro y el contra del tabaco, todavía en discusión, han sido 
examinados por varios autores ingleses en The Practitionner (1905). 

Lauder Brunton estudió ios efectos en el corazón y la circulación. 
En los animales las dosis pequeñas retardan primero y luego acele- 
ran los latidos cardíacos; á dosis grandes hay retardo pero con un 
aumento de presión cardíaca casi igual á la que produce el extracto 
de cápsulas suprarrenales, y se debe casi sólo á la contracción de 
las arteriolas. Dada la nicotina á dosis tóxicas, hay gran rapidez del 
pulso por parálisis de los ganglios inhibidores intracardlacos. Las 
lavativas de tabaco, antes usadas para relajar los vasos, han sido 
abandonadas por peligrosas. 

Pero el tabaco no es empleado como medicamento. El usado para 
fumar ó en rapé no contiene casi nicotina y los síntomas de intoxi- 
cación han de ser raros. Fumando, la nicotina pura no llega á la 
boca, pero si el [producto de la destilación seca del tabaco, la piri- 
dina y las bases picolinas, cuya proporción varía según el modo de 
fumar: con el cigarro se forma poca piridina, pero sí colidina, y 
con la pipase produce mucha de aquélla; con el narghileh y el ci- 
garrillo se inspira con [más frecuencia el humo, lo cual es nocivo 
con éste, pero nocon aquel que está provisto de una especie de frasco 



92 
lavador; además, los fumadores de cigarrillos suelen consumir ma- 
yoT cantidad de tabaco. 

Fumar moderadamente no parece ser nocivo á los adultos, pero 
«i á los jóvenes. En aquéllos el tabaco parece ser un estimulante ce- 
rebral y un calmante de ciertas excitaciones: la acción estimulante 
«e debe probablemente á la irritación bucal causada por el humo, 
•que obra por acto reflejo sobre los vasos cerebrales; la calmante la 
atribuye Lauder Brunton á la necesidad de respirar rítmicamente 
mientras se fuma. De todos modos el humo altera la circulación, 
•como demuestran las palpitaciones, los dolores delaregión cardíaca, 
que pueden llegar hasta á la angina de pecho, y las irregularidades 
cardiacas frecuentísimas, síntomas que dependen en buena parte 
de la clase de tabaco y que no cesan ha^ta varios meses después de 
haberlo suspendido. 

El humo aumenta la secreción salivar. No están sujetos los fuma- 
dores al catarro gástrico crónico, y no se sabe si el tabaco influye 
•en las secreciones gástrica, biliar y pancreática. Cerso cree que dis- 
minuye las secreciones por obrar sobre los nervios glandulares. 
Paralizando el pneumogástrico, reduciría la motilidad gástrica y 
podría determinar insuficiencia motriz y dilatación; pero hay que 
aceptar estos hechos con reserva, pues no se nota una mayor pre- 
disposición á estos daños en los fumadores. Dalton y Allbutt opinan 
•que*el fumar produce hiperclorhídria, pero por modo indirecto, por 
la abundante cantidad de saliva. Después de las comidas el fumar 
puede comprometer la digestión, porque la llegada de mucha saliva 
después del período amilolítico, puede neutralizar el ácido y dete- 
ner la acción del jugo gástrico. Révillout atribuye al tabaco dos 
•casos de dispepsia nerviosa grave curados con la supresión. No está 
comprobada la idea vulgar de qué el tabaco regulariza las deposi- 
•clones, antes bien es posible que el abuso produzca depresión ner- 
viosa y movimientos irregulares del intestino. 

Respecto al sistema nervioso. James Taylor habla de la gran to- 
lerancia de ciertos individuos y de individuos que sólo dan mués* 
tras de actividad intelectual abusando del tabaco; pero éstos son 
casos excepcionales. Lo ordinario es que provoque trastornos ner- 
viosos muy apreciables. El temblor es frecuente; es ligero, rítmico, 
no constante, pero con tendencia á ser persistente. Causa trastor- 
nos vasomotores, enfriamiento de las extremidades y hasta ciano- 
sis, palidez de la cara, transpiración de la cabeza. Para Rénon, eU 
abuso puede llevar á la arterio-esclerosis. El insomnio no es raro, se 



93 

presenta después del primer sueño^ dura dos ó cuatro horas y luego 
duerme el enfermo con sueño agitado. Taylor cree que el cigarrillo^ 
por la facilidad con que de él se abusa, es el peor para el sistema 
nervioso^ La acción en la mucosa bucal y en la lengua se revela por 
excoriaciones, por glositis superficial, glositis crónica, de que son 
expresión la leucoqueratosis,. la leucoplasia y el psoriasis, por ve- 
rrugas con prolongación de las papilas, entre las cuales prolifera 
el epitelio; por debajo de éste se amontonan células redondas que 
producen ligera induración. Esta y el principio de ulceración indi- 
can el comienzo del epitelioma. También se forman fisuras y cha- 
pas induradas en los labios, sobre todo cuando se usa la pipa, en 
cuyo caso el calor parece aumentarla acción nociva del tabaco. La 
boca debe ser examinada cuidadosamente por si se llega á tiempo,, 
con la supresión, de que no avancen los procesos ; en caso de conti- 
nuar, aparte de la antisepsis» hay que recurrir al tratamiento opor- 
tuno: excisión, no cauterizaciones. 

V. La pequeña epidemia de cólera sufrida en Alemania (Prusia 
oriental, región de Hamburgo) durante el verano anterior^ da mo- 
tivo al Dr. P. Cornet para ocuparse en los caracteres de la zona 
invadida y en el fenómeno de la emigración, una de las circunstan- 
cias más especiales de la misma. {Le Progrés Medical, 1905). 

L^ zona infecta es la inmensa frontera ruso-polonesa, con un 
gran rio de penetración (Vístula), llanuras lacustres cortadas en 
todos sentidos por arroyos y canales, clima versátil y sobre todo 
lluvioso. Este pedazo de tierra está siempre en estado de receptivi- 
dad y reclama medidas higiénicas permanentes, más precisas toda- 
vía ante el gran número de emigrantes que abocan de todos puntos» 

En efecto, hay un ingreso y salida constante de emigrantes, re- 
presentados por grandes masas que proceden de Rusia, Polonia, 
Austria, Galicia, Servia, Rumania, Italia, Grecia y Persia. En 1904 
fueron 107.434 los emigrantes embarcados en Hamburgo, y algunos 
en Cuxhaven y Brunnshausen. El movimiento continuo y progre- 
sivo de estas masas, que convergen hacia las pantanosas llanuras 
del'Elba, está reglamentado por las leyes de Hamburgo (1887) y del 
imperio (Í897) y vigilado por las autoridades locales y un Comisario 
imperial. 

Además de las estaciones de comprobación, instaladas en las 
fronteras y en los caminos, dada la trágica experiencia de 1892, se 
ha suprimido todo contacto de los emigrantes con la capital del 
Estado libre, que como se sabe está gobernado por un Senado bajo 



94 

la tutela y dependencia de Alemania, no de Frusta. Para ello, la 
gran compañía concesionaria de los servicios de emigración, la 
Hamburg-America'Linie (modesta al empezar ^en 1847 y. hoy la ma- 
yor del mundo, con 150 vapores y 160 barcos menores), abandonó 
las primitivas barraca8> instaladas en la pequeña isla del Elba, lla- 
mada Steinvórder y estableció un campo de aislamiento de 25.000 m' 
en otra isla del mismo rio, la Wedder, frente á Hamburgo, campo 
ya insuficiente y que se va á ensanchar hasta duplicarlo. 

Actualmente, los Ausoandererhallen ó depósito de emigrantes 
están unidos por ferrocarriles directos á la estación de llegada 
(Wilhemburg) y al embarcadero de la CoinpañÍa<. Los viajeros per- 
manecen en ellos de cuatro ¿ ocho días en tiempo normal y no se 
permite ni que salgan ni que reciban visitas; es decir^ el aislamiento 
es completo. Caben en ellos 1.000 individuos. 

Están dividiüos en dos secciones distintas. 

Una, de ingreso^ comprende las oficinas de inscripción y de infor- 
mes, la estancia provisional durante veinticuatro horas, los baños 
(12 baños-duchas para los hombres y seis baños-duchas y cuatro 
pilas para las mujeres, con los cuales se puede dar servicio en una 
hora á 120 hombres y 68 mujeres), la desinfección, vestidos y equi» 
pajes. Durante el baño se efectúa el examen médico: los sospecho- 
sos van al lazareto, los enfermos son transportados á los hospitales 
de Hamburgo y los sanos ingresan ^en la segunda sección clasifica- 
dos por nacionalidad, religión y sexo. 

La segunda, campo de aislamiento propiamente dicho^ comprende 
nueve pabellones, ocho de ellos agrupados por pares mediante una 
gran sala común, resultando asi en forma de H; las alas son dormi- 
torios de 20 á 22 camas y la cubicación es de 14 m' por individuo. 

El sistema de desagüe es el de todo á la cloaca, con tres fosos 
para desinfección química (cloruro calcico) antes de comunicar con 
las cloacas de la urbe; la ventilación se hace por el techo y por el 
suelo; el calentamiento es central y el alumbrado eléctrico. En los 
water-closets ha parecido mejor el sistema de letrinas con descarga 
de agua en común para todos los retretes, y no individual, en pre- 
visión de habérselas con ignorantes y torpes. Los tubos abductores 
están provistos de rejilla para detener las ropas, así como los cada" 
veres de niños que pudieran arrojar los emigrantes. 

Los refectorios son distintos para cristianos y judíos. Hay peque- 
ñas tiendas ó bazares, en donde encuentran á bajo precio artículos 
de tocador y de viaje. La iglesia es católica por un lado y pro- 



95 ' 

testante por el otro; los judíos disponen de un local especial para 
sus ritos. 

El servicio entero (alojamiento, comida, baño, criados) es baratía 
simo: un marco diario para los adultos y medio para los niños. Los 
de mejor posición pueden disponer de habitaciones particulares 
con cuartos de cuatro camas, lavabo y toater-cloaets independien- 
tes. Los pobres no pagan nada. 

Cuenta, además, la Compañía, para el caso de epidemia, con 
buques-cuarentena instalados lejos de los puertos, en él Elba infe- 
rior; dura la observación dieciséis días. Esta medida ha sido im- 
puesta por América. En épocas normales, cuando no hay epidemias 
y se ha hecho la inspección en la frontera de los emigrantes proce* 
dentes de países no contaminados, pueden habitar en Hamburgo, 
en casas de huéspedes (Logirhduaer), reglamentadas y vigiladas 
por las autoridades sanitarias. 

VL Chantemesse y Borrell sostienen que las moscas son con fre- 
cuencia vehículo del cólera. Observaciones análogas han hecho los 
médicos de la armada japonesa durante la última guerra, pero con 
relación á la disenteria. Estos insectos invadían los barcos cada 
vez que se acercaban á ellos los transportes con carbón y siempre 
que se inspeccionaba algún junco chino. Hubo 151 casos; peroja 
epidemia fué bruscamente detenida destruyendo las moscas y pro- 
hibiendo el uso de alimentos crudos. (A. Demmler, Le Frogrés Mé" 
dieal, 1905). 

VIL El servicio sanitario imperial alemán ha publicado el resu- 
men de sus trabajos sobre la tuberculosis, hecho por H. Kossel y 
R. V/éber( Deüts. Med, Woch,, 1905). He aquí lo más importante: 

Hay dos clases de bacilos tuberculosos en los animales de sangre 
caliente: los de los mamíferos y los de las aves. 

Los de los mamíferos comprenden dos tipos distintos : el humano 
y el bovino, diferenciables esencialmente por su aspecto morfológi- 
co, cultivos y virulencia. 

La transformación del bacilo tipo aviario en bacilo mamario no se 
ha logrado nunca, como tampoco la del humano en bovino. 

Las gallinas no tienen receptividad para el bacilo de los mamífe- 
ros; no ocurre lo mismo con los pájaro» : en dos loros tuberculosos 
ha sido aislado el bacilo humano. 

En ios bóvidos no se ha visto más que el bacilo bovino y nunca el 
humano, ni aun inoculándolo. En los cerdos tuberculosos casi sólo 
existe el bovino ; en un lechón con tuberculosis de los ganglios me- 



96 

sentérícos fué aislado el aviario; dando grandes cantidades de baci» 
los humanos á cerdos en el período de la lactancia se puede provo» 
car una tuberculosis lenta. 

El bacilo bovino es inoculable á la oveja y á la cabra. 

En 67 casos de tuberculosis humana se vio en 56 el bacilo humana 
solo, en 9 el bovino solo y en 2 los dos juntos. Cuando existía el prime- 
ro únicamente se trataba de localizaciones muy distintas y de indivi- 
duos de edades diferentes; cuando había el bovino sólo se referia á 
niños menores de ocho años, y en seis de ellos se demostró lá puerta 
de entrada intestinal, siendo las lesiones intestinales, délos ganglios 
roesentéricos y del cuello, con más dos casos de granulia. 

Los bacilos bovinos aislados en el hombre son enteramente iguales 
al encontrado en los bóvidos. 

Conclusiones práctteas.—l,* La tuberculosis bovina causada por el 
bacilo bovino tipo se transmite con frecuencia de bóvido á bóvido; 
también puede serlo por el puerco» camero, cabra y más rara vez 
por eí hombre. 

2 '^ La del cerdo procede generalmente del buey y alguna vez 
del hombre. La fuente de infección reside, sobre todo, en los restos 
de carnes de animales tuberculosos y en la leche de vacas tubercu- 
losas. 

3.^ La tuberculosis de los otros animales domésticos es causada 
generalmente por el bacilo tipo humano. 

4.^ En el hombre la transmisión es de ordinario al hombre. El ba- 
cilo tipo bovino puede serle comunicado con la carne y la leche, y sus 
lesiones asientan comunmente en el punto de inoculación y ganglios 
correspondientes, pero se puede generalizar y causar la muerte ; por 
eso, especialmente para los niños, son peligrosas la carne y la leche. 
Se impone la vigilancia de la carne y de las vacas lecheras. La leche 
puede utilizarse después de ebullición prplongada. 



•^ M t^ V ^-a^.^ 



97 



REVISTA ESPAÑOLA 



SOaKDADES CISNTIFIGAS 

REAL ACADEMIA DE MEDICINA DE MADBID 
SeMn del dia Í6 de Mayo dé 1906 (1). 

At«eiaei«ne8 belmintiásieas en la anquilóstsmiasis.— El Dr. Codina: Sabido 
68 que no se coDsidera como an hecho raríaimo la asociaciÓD helmintiásica. 
Aunque no se observe con frecuencia, no es raro encontrar en un mismo in- 
diriduo dos especies de tenia, por ejemplo, y lo que ocurre con los cestodes 
obsérrase tal vez más á menudo, aunque nunca con frecuencia, con los pa- 
ráÁtoB cilindricos ó nematodes. Las asociaciones de estos helmintos menos 
xaras son : la del asearía lumbricoides con el oxiurus rermicnlarís y del an- 
quilostoma duodenal con la angnillula íntestinalis, ó sea la forma adulta 
de la angnillula estercoralis. ' 

Los Sres. Académicos saben que estamos estudiando en nuestra clínica 
1& anqnilostomiasis, y ya podrán suponer que no hemos olvidado la investi- 
gación referente al interesante asunto de las asociaciones del anquilostoma 
coD los otros parásitos intestinales, y habiendo llegado ya el número de 
nuestras observaciones personales á la cifra de 100, creemos que ha llegado 
también la oportunidad de dar cuenta á,la Academia del resultado de 
nuestras investigaciones, las cuales son de todo punto bien sencillas, bre- 
ves para exponer y fáciles de interpretar. 

En efecto, de las 100 observaciones en cuestión sólo en tres hemos encon- 
trado asociación helmintidsica, en la 29, en la 92 y en la 100, con la parti- 
cularidad especialisima de que en cada una de las tres el anquilostoma es- 
taba asociado con un parásito intestinal distinto, aunque en todas ellas se 
tratabade especies comprendidas en laclase de los nematodes; las tres aso- 
ciaciones han sido, pues, de vermes cilindricos. 

La asociación correspondiente á la observación 29 fué la que se conside- 
ra como más frecuente, cuando no única, en los anqailostomiásicos; la del 
anquilostoma con la anguillula intestinalis. La presencia en el intestino de 
este último parásito la descubrimos porque, al lado de los huevos de anqui- 
lostoma, en los excrementos recién expulsados, se encontraban en relativa 
abundancia embriones muy desarrollados y algunas larvas libres que cons- 
tantemente se movían en el campo microscópico; además, el enfermo pade- 
cía diarrea^ fenómeno muy frecuente en la anguilluloéis y muy raro en la 
angtnU>9tamicuia. Se trataba de un individuo con menos de 2.000.000 de he- 
matíes, procedente de las minas de Linares, como los otros dos enfermos, y 
que expulsó 184 parásitos. 

En la observación 92 los anquilostomas iban asociados al oxiurus vermicu- 

(I) En la resefta de la sesión anterior (pág* 22, línea 28), se incurrió en un error al 
decir iioess osees aecesíMes, en vez de muy suaves, accesíMes. 

8 



98 

laris. ExamÍDados loe excrementos del enfermo, sólo se encontraron haevos 
de anqailostoma; se le administró ana medicación que estábamos ensayan- 
do, y que resalta ser may poco eficas, y expalsó an parásito único, y este 
parásito no faó an anqailostoma, sino an oxiaro; más tarde, sin ezptQsár 
otros ozinros, con la medicación apropiada, eliminó 149 anqnilostomas. 

En la obserración 100, los anqnilostomas estaban asociados al iricocefaluM 
diipar. En los excrementos del enfermo no'encontramos los bnevos carac- 
terísticos de este parásito, probablemente porqne en cnanto vemos algunos 
buevos de anqailostoma ya no continaamos la investigación, dando como 
positivo el diagnóstico de anemia anqailostomiásica. 

Administrada la medicación correspondiente, el primer dia expalsó 86 
anqnilostomas* el segando 39 y el tercero dos y an tricocéfalo dispar^ parási- 
to que, por sa rareza entre nosotros, be traído para qne pnedan examinarle 
loe Sres. Académicos. 

Tales son los becbos observados, los cnales no be de aprovechar para des- 
cribir los caracteres de dicbos parásitos y las formas especiales del conta- 
gio respectivo, pnesto qae todo ello lo conoce la Academia macbo mejor 
que yo. Sólo me limitaré á sefialar qae de las tres asociaciones, en doe 
se trataba de parásitos qae viven en tramo intestinal distinto del en qae 
babitan loa anqnilostomas, pnesto qae así como éstos viven en el intestino 
delgado, lo propio qae las angaillalas, en cambio los oxiaros babitan en el 
ciego, en el colon ó en el recto y márgenes del ano y permanece constante- 
mente en el ciego el tricocéfalo. 

Por lo qae se refiere á la intervención patogénica qae esos parásitos aso- 
ciados puedan tener en la anemia de los pacientes, se pnede afirmar con 
toda seguridad que fué nala en las observaciones 92 y 100, tanto por lo que 
se sabe de su acción patógena como por la cantidad exigua de parásitos en- 
contrados, y probablemente muy poco manifiesta en la observación 29, 
puesto que no se concede un gran poder patógeno á las anguillulas si no se 
encuentran en gran número en el intestino. 

Resulta, pues, de los datos expuestos que las asociaciones beimintiásioas 
en la anqniiostomiasis de loe mineros espafioles son muy poco frecuentes 
(8 por 100), carecen de intervención patogénica en la génesis de la anemia 
y han correspondido á gasanos cilindricos, como los anqnilostomas. 

La pelagra.^El Dr. Cortejarena, reanudando el debate acerca de la pela- 
gra, llama la atención sobre los errores de diagnóstico, citando el caso 
de Landouzy que, habiendo venido formando parte de una comisión para 
estudiar la enfermedad, declaró la existencia de ésta en Espafia, no siendo 
exacto, y viéndose obligado el Dr. Cortejarena á rectificar esta idea. 

El Dr. Alonso Sañudo manifiesta que podía referirse la pelagra á ciertas 
formas de mielitis tóxicas combinadas que describen los autores; que la in- 
toxicación pelagrosa comprende muchas variedades, puesto que tiene dis- 
tinta sintomatología en unos enfermos que en otros. 

Que en opinión del Dr. Azúa, persona tan competente en estos asuntos, 
se ha exagerado más de lo debido, pensando que unas veces el alcoholismo 
y otras la suciedad y la sífilis suelen dar á ciertos individuos el aspecto de 
miseria orgánica propio de los pelagroeos y que basta en la piel más fina» 
ó sea en el dorso de las manos, pueden presentarse eritemas. 



99 

Manifiesta despaés el Dr. Safiado que había visto pelagrosos hacia cerca 
de treinta y seis afíos en los hospitales de Madrid, en las clínicas de la Fa- 
cultad y en Aragón, donde hay machos, diferenciándose de los pelagrosos 
italianos en qne éstos más bien corresponden al manicomio qne al hospi- 
tal, ocurriendo con dicha enfermedad lo qne con la fiebre tifoidea cnando 
adopta carácter epidémico, citando un carioso caso de tifas pelagroso 
•que cnró. 

Se hace cargo de la influencia del maíz enfermo y de otras causas debi- 
litantes; trata de la harina de almortas, qne produce alteraciones medula- 
res. Se ocupa de la lucha antipelagrosa, y afirma que las causas de la pe- 
lagra son muy variadas, figurando entre ellas la alimentación insuficiente 
7 sobre todo el uso del maíz averiado, qne contiene un principio tóxico, 
admitiendo una alteración medular con disminución de la presión sanguí- 
nea en los pelagrosos. 

El Dr. Codina manifiesta que, según recordarán los «Sres. Académicos, 
«n la comunicación presentada por el Dr. Huertas llegó este sefior á las 
.conclusiones de que la pelagra existía en Madrid, de que estaba íntima- 
noente unida, desde el punto de vista etiologico-pfitogénico, con la alimen- 
tación de los que se dedican á la hiaca, y después, desde el punto de vista 
«ocial, trata de la lucha antipelagrosa. 

De estos tres punto^, á cual más interesantes, dice que sólo se iba á 
ocupar del segundo, tanto para molestar el menor tiempo posible la aten- 
ción déla Academia, como porque los otros dos puntos habían sido la base 
principal de la brillante disertación del Dr. Sañudo, á la que absoluta- 
mente nada podría añadir, permitiándose únicamente afirmar el hecho de 
que, á su modo de ver, exinte en Madrid la pelagra, que en ios casos por 
^1 observados comienza por eritema del dorso de las manos, eritema que se 
recrudece y que va acompañado de trastornos del aparato digestivo y del 
sistema nervioso, y que la enfermedad va progresando hasta llegar á los 
fenómenos de esas mielitis tóxicas combinadas de qne hablaba el Dr. Sa- 
findo, á la degeneración mental y á la caquexia. 

Respecto á este punto nada más tenía que añadir, aunque sí manifestar 
que, según tenía entendido, el Dr. Azúa, citado por el Dr. Sañudo, esti- 
maba que no existía la pelagra en Madrid, sino que lo que existían eran 
forma» pelagroides ; que de esto se había tratado en una sesión de la Aca- 
demia Medico -quirúrgica por personas en su concepto competentísimas en 
estos asuntos, tales como el Dr. Valle y otros, conviniendo en que no exis* 
tía la pelagra, sino casos de eritema pelagroide. 

Entrando en el segundo puntó, dice es necesario convenir que de todos 
los trabajos publicados se desprendía qne las cansas que producen la pela- 
gra varían de un modo extraordinario, agradándole sobremanera el oir la 
comunicación del Dr. Huertas, en la que se aporta á la etiología de la pe- 
lagra en Madrid un nuevo factor, que era la alimentación especial de les 
que se dedicaií á la industria vulgarmente llamada de la busca. 

Cuando se recapaeita que especialmente Lombroso había defendido des- 
de todos los puntos de vista que la causa de la pelagra era el bacterium 
maidis, y se ve producirse esta enfermedad en regiones donde los enfermos 
no han comido nunca maíz ni sano ni enfermo; en poblaciones donde el des- 



100 

arrollo de la enfermedad se limita á ciertas clases sociales qne tienen una 
alimentación insuficiente, y probablemente alterada, y aquí en Madrid, en 
donde se la ve unida con esa alimentación especial de los que se dedican 4 
la industria llamada de la busca, hace pensar que todas estas condiciones 
etiológicas no efan más que Tehiculos del producto patógeno. 

Estima difícil resolver de plano si el proceso morboso es provocado f)or 
un tóxico ó por un agente infeccioso. 

En contra de la hipótesis de un proceso infeccioso existia para él una 
serie de condicionales que, si no tenia un valor decisivo, cuando menos in- 
clinaba el ánimo en contra de semejante opinión, como lo demostraba la 
limitación y localización en determinados territorios, como ocurre en Astu- 
rias, el desconocerse un periodo de incubación, el ser atribuida á distintoa 
gérmenes (bacterium maidis, penicilluny glaucum, etc.), el curso intermi- 
tente de la enfermedad y otros tantos datos. 



PRESIÓN ARTERIAL EN LA PELAGRA 



NÚMERO 


/Húmero 

de dian d« 

obMrra» 

clon. 


IIÚIERO DE días en QUE U PRESIÓN ARTERIAL FUÉ DE 


DB LAB CAUAB 


9 


10 

i 


11 


12 

V 


13 

9 


14 


15 

1 


16 

3 


17 

9 


IS 


19 

i 


» 


Sala 30, núm. 16. --Pela- 
gra con broDOOlieanionía, 
edemM, derrames en el 
peritoneo y pleura, etc.; 
ún albúmina en la orina 
(bSafios) 


' 


• 


Sala 30. ntlm 17. — Pela- 
gra en período caquécti- 
co (iSaftos) 

/ 


16 


9 


» 


» 


9 


2 


7 


o 


I 1 

1 


3 


9 


w 


Sala 30, nüm. 31. ^Pela- 
gra, con catarro bron- 
quial crónico r63 afios}. . 


97 


9 


» 


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9 


! 


1 
5 


U 


27 


16 


9 


5 


2 



En cambio, más bien hablan en favor de una intoxicación, además délas 
referidas indicaciones, una serie de inrestigaciones experimentales toxico- 
lógicas, el estado de la nutrición de estos enfermos, y hasta su presión ar* 
teriai. Becuérdense, á este efecto, los experipientos de Babés y Manicalide» 
de los cuales parece desprenderse que en el suero de los individuos curados 
de la pelagra existe una S|ibstancia especifica (¿una antitoxina?) que se 
opone á la acción tóxica del maiz averiado, con el cual habíap intoxicado 
á otros animales, y los experimentos de Carlos Geni, de Beggio Emilio, el 
cual, inyectando suero *de pelagrosos en la clara de huevos de gallina, obtu- 
vo una perturbación y retraso en la evolución embriogónica. La nutrición 
de estos enfermos también está perturbada, sobre todo en lo que se refiere 



101 .[■;.: \^^:':Vjy.. 

á las substancias hidrocarbonadas, pnesto que, según se desprende de los 
experimentos de Lacateilo, t aliándose de la acetonnria experimental, exis- 
te en los pelagrosos una alteración real en los cambios de los hidratos de 
carbono, en el sentido de ser incompletamente utilizados. Por fin, la pre- 
sión arterial está generalmente disminuida, según se desprende de las in- 
Testigaciones 4^ Zwilinger primero, de Parhon y Ranitesco después, y las 
que yo he Ueyadu á cabo en mi clínica, á raiz de la publicación de estas 
últimas. 

Gomo se puede Ter en el cuadro de la pág. 100, el número máximo de 
días corresponde en los tres enfermos á presiones arteriales inferiores á la 
normal, en relación con su edad respectiva. 



ACADEMIA MEDIOO-QÜIBÚROICA £8PA!T0LA 
8€nán del dia 21 de Mayo de 1906. 

Un case de mastitis corada por el proeedimiento de Bier.-^El Dr. Ooyaneé 
presenta una enferma curada de mastitis; he aquí su historia y el trata- 
miento empleado: joven de veintiséis años que en diciembre pasado tuvo 
ana mastitis puerperal con formación de flemón y absceso que, al abrirse 
«n la piel quince días después, dejó varios trayectos fistulosos, fuente in- 
agotable de pus, situados en la parte posterior de la mama derecha. A pe- 
sar de emplear iodos los tratamientos recomendados en estos casos, la 
supuración seguía abundante y no se notaba señal alguna indicadora de 
favorable terminación. En vista del fracaso de todos los tratamientos usa- 
dos durante tres meses y medio, comenzó Groyanes á aplicar el procedi- 
miento de Bier-Klapp hace quince días, observando que á la cuarta sesión 
la fístula ya no exudaba nada de pus, sino algunas gotas de sangre, y que 
á la quinta sesión las fístulas estaban cerradas completamente y la lesión 
carada. 

Gomo se ve, los resultados obtenidos no han podido ser más favorables. 
Klapp emplea un aparato especial, pero el exponente, que carecía de él, lo 
improvisó del siguiente modo: en la parte estrecha de un embudo de cris- 
tal enchufó un tubo de goma, y el otro extremo de este tubo en un aspira- 
dor Potain, ó en su defecto en una jeringa de cura. Oon ésta ó con aquél se 
hace enrarecer el aire del embudo aplicado á la superficie fistulosa de la 
mama. De este modo practicó sesiones diarias de media á una hora de du- 
ración. 

Oon el método de Bier puro se hace una hiperhemia por éxtasis (jBtannghi" 
perkemie de los alemanes), en tanto con el procedimiento de Bier-Klapp 
se produce una hiperhemia por aspiración sanghiptrheme). 

Estudia después el mecanismo íntimo de los efectos producidos y las 
teorías expuestas hasta hoy para interpretarlos. 

OftaliBaplegias. — El Dr. 6alas Vaga: Entre los ejemplares que fueron 
presentados en sesiones anteriores referentes á distintas localiza<3Íones 
anatómicas de las parálisis oculares, ofrece verdadero interés una de las 
«nfermas, que observada por los Sres. Académicos pudieron comprobar 



i'.'"- '.;-: ; • ■; 102 

. • •• '• 

UBa lesión unilateral de la base qne, afectando el ócaloinotor común del 
lado derecho, sin respetar ninguna de sus ramas, se acompañó de gran mi- 
driasis paralitica; cosa poco frecuente cuando se trata de una lesión nu* 
dear progresiva crónica que, como en uno de los enfermos ocurría, la 
midriasis es siempre mediana y de marcha progresiva como los demás sín- 
tomas paralíticos. De estos dos enfermos se hace sólo mención para poner 
de relieve su diferencia diagnóstica por la sintomatología visible. 

Bl tercer casó, el más interesante de todos y al que ha de referir su co- 
municación, es un niño de tres años de edad, sin antecedentes patológicos 
por parte de los padres, habiendo perdido dos hermanos de convulsiones y 
ataques á la cabeza ; el enfermo ha padecido, entre otras afecciones de U 
infancia, un sarampión reciente. En noviembre pasado se notó en el en- 
fermo dificultad motora de la mano y brazo izquierdo, hasta el punto de 
quedar imposibilitado de marcha y prehensión ; síntomas que á los pocos 
días se completaron con fenómenos de parálisis ocular del ojo derecho» 
Guando Salas le observó presentaba hemiplegia con brazo péndulo, mar- 
cha difícil arrastrando la punta del pié, reflejos exaltados, integridad sen- 
sitiva. Paresia completa del motor ocular común derecho en su inervación 
extrínseca, quedando indemne la pupila con integridad de reacción á la 
luz, acomodación y acción medicamentosa. Todo el síndrome se acompaña 
de una manifiesta paresia del facial inferior del lado izquierdo. La visión 
es normal y la reacción eléctrica no presenta alteración manifiesta. 

La complejidad sintomática que produce una lesión encefálica origi- 
nando un síndrome de hemiplegia con parálisis ocular 4^1 lado contrario, 
despierta la idea de la asociación paralítica de localización péduncular ó 
síndrome de Weber; pero en él resultan lesionadas las fibras motoras de 
las extremidades antes de su cruzamiento; las del motor ocular común» 
después de este cruzamiento, cuando reunidas ya se agrupan formando laa 
fibras radiculares interpedunculares, produciéndose en todos los casos, por 
' pequeñas que sean las lesiones, la parálisis completa del motor ocular co- 
mún en el mismo lado de la lesión. £1 no ocurrir los fenómenos en el caso 
observado y la asociación rara de la parálisis del facial inferior en el lada 
de la hemiplegia, hace desechar el síndrome en cuestión, por muy atípica 
que pudiera presentarse. 

Ni en la corteza cerebral, recordando Ja probable meningitis responsable 
de la muerte de los hermanos, puede existir una lesión responsable del 
cuadro morboso que intentamos interpretar, puesto que, si bien la hemi- 
plegia con su asociación paralítica del facial del mismo lado pudiera ex- 
plicarse por ella, no habría argumento fácil en que apoyar la parálisis 
unilateral completa del motor ocular común, dado que las oftalmoplegias 
de origen cortical son síndromes paralíticos asociados. 

De igual modo hemos de desechar la lesión en la base, porque en estos 
casos, por el hecho de afectarse el nervio formado ya, puede ser unilateral, 
pero siempre completa, afectando todas las ramas de distribución perifé- 
rica, cual ocurre en uno de los enfermos presentados. 

Wi la región nuclear del óculomotor, porción tegmerUal del pedúnculo, al 
nivel de los tubérculos cuadrigéminos próximos á la línea media y al aoue- 
duoto de Hylvio, hemos de buscar las lesiones, que destruyendo porciones 



103 

aisladas del núcleo, respetando otras, sean las responsables del síndrome 
de este enfermo. 

Siendo esta región la predilecta de las encefalitis hemorrágicas y adap- 
tándose el enfermo al tipo superior de esta lesión, no halla inconyeniente 
en incluirle entre las poco frecuentes oftalmoplegias de Wemioke. Entre 
loe síntomas de foco que producen estas lesiones figuran en primer término 
las parálisis oculares sin regla determinada, que presentándose desde el 
principio ó después de los primeros síntomas de la enfermedad, pueden 
afectar á cualquiera de los motores oculares con predominio de alguna 
de sus ramas periféricas, dejando indemne en algunas circunstancias el 
músculo ciliar y el esñnter del iris, acompañándose, por el contrarío, de 
hemiparesia de las extremidades y del facial inferior del lado opuesto. 

La diferenciación entre esta forma que estudiamos, la de Strummpell y 
la infección bulb|ir se establece por los síntomas de irritación, conrulsio- 
nes curadas, contracturas y movimientos coréicos preparaliticos de hemi- 
plegias y completas monoplegias ; y con la segunda por los trastornos di- 
sártricos, de deglución, laríngeos, parálisis del Telo y nervios faciales que 
caracterizan la forma bulbar. ' 

Los factores etíológicos que integran la oftalmoplegia de Wemicke', si 
bien hay que 'buscarlos en las alteraciones vasculares lentas que producen 
las intoxicaciones, no dejan de intervenir las endocarditis, ligadas á las 
afecciones agudas, entre las que el sarampión, sufrido por este enfermo, 
puede ser responsable. 

El Dr. Mansilla dice haber observado que en la sesión anterior el doctor 
Fernández Banz, y en ésta el Dr. Salas, llaman oftalmoplegia á la parálisis 
de cualquier nervio motor del ojo, y cree él que esto es un error; para que 
haya oftalmoplegia es preciso que estén paralizados dos nervios de un ojo, 
ó de cada lado. Este es el clásico concepto, y el que se debe seguir. 

El Dr. Sterling lamenta que el Dr. Salas no haya dicho'cómo ha explo- 
rado á este enfermo, si con vidrios rojos, para ver si la parálisis es homó- 
nima, etc. Explica la manera de hacer estas exploraciones en la Clínica 
de Lapersone. Respecto al tratamiento, dice que como la parálisis del mo- 
tor ocular común es de origen sifilítico casi siempre, ha debido dar trata- 
miento mercurial. 

El Dr. Sauz Blanco se declara conforme en un todo con el Dr. Salas. 
Dice al Dr. Sterling que el objeto de todos los procedimientos es averiguar 
cuál de los dos ojos es el enfermo, y tratándose de nn nifto de tres afios es 
imposible obtener datos acerca de cuál es la imagen coloreada, etc., etc. 

Oree que es peduncular el sitio de la lesión, y afirma que los casos de 
parálisis de Wemicke se acompañan, como éste, de parálisis del facial 
inferior y son ocasionados por el sarampión ó la escarlatina. 

El Dr. Fernández Sanz interviene para recoger las alusiones del doctor 
Hansilla. Este sefior, dice, ha hecho hincapié en la cuestión de saber á qué 
debe llamarse oftalmoplegia, y sostiene lo de los dos músculos que Brun* 
ner dijo en 1868. Etimológicamente, la palabra oftalmoplegia significa 
parálisis ocular, sin especificar número de músculos ; además, todos loe 
autores modernos la emplean ya en este sentido, y no hay para qué retroce- 
der á lo que se afirmaba en 1858. 



104 

El Dr.^lSalas es de la opinión del Dr. Fernández Sanz respecto á la deno- 
minación de oftalmoplegria en el amplio sentido qae hoy se acepta. Res- 
pecto á Sterling, dice que hablando á nna Academia^ creyó qne bastaba 
decir el hecho obseryado, sin explicar cómo lo averigaó , siendo las parálisis 
oculares un hecho que todo el mundo sabe explorar bien. El esquema y el 
método de los cristales coloreados, expuesto por Sterling, está también en 
la mente de todos. 

Si no empleó el tratamiento mercurial, fué porque creyó y cree que no 
se trata de lesión sifilítica, según claramente e:^uso. 

Un caso de sección del nervio mediano.— > El Dr. Oayarre presentó un caso 
Tulgar en si, pero que resultó interesantísimo por la admirable maestra 
exposición que de él hizo el disertante. Un hoQibre que recibió una puña- 
lada en el antebrazo, que produjo como resultado la parálisis de la terce- 
ra falange del índice y pulgar, la pronación de la mano y toda la zona de 
distribución del nervio mediano. Este enfermo había sido operado pocos 
días antes de hoy por el Dr. Groyanes, que hizo la sutura del nervio. 

Oon motivo de este caso, hizo Oayarre una minuciosa investigación de 
toda la zona inervada por este nervio, examinando la resección de degene- 
ración de los músculos que inerva, del estado de la sensibilidad, haciendo 
notar qne la sensibilidad superficial estaba abolida, pero que la profunda 
persistía en parte : explicóse este fenómeno, recurriendo á hechos fisiológi- 
cos actualmente en estadio, á propósito de la conductibilidad sensitiva de 
los nervios motéres y del simpático, y estudió las hipótesis de un notable 
neurólogo inglés que ha escrito una voluminosa obra acerca de esto, y que 
para comprobar y estudiar los hechos que en ella expone, se hizo seccionar 
su nervio mediano, con lo cual no está de acuerdo el caso suyo. 

Habló después de las teorías para explicar la restitutio ad integrun^ y dijo 
que aún no está devuelta la función del nervio en este caso, porque para 
ello se necesitan de cinco á diez meses. Lo primero que reaparece es la sen- 
sibilidad, después la motilidad, y por último, la excitabilidad eléctrica del 
nervio. Todo esto empleando la electricidad, el masaje y los baños, para 
oponerse á la atrofia muscular. 



SOCIEDAD GINEOOLÓGICA ESPAÑOLA 
Sétián eientifiea celebrada el dia 16 de Mayo de 1906. 

Dos easos do muerto liabitual del foto. — El Dr. Botella dice que ha traído, 
para que puedan examinar los[sefiores socios, unas preparaciones de pla- 
centas, que son interesantes por*lo6 conceptos que va á exponer. 

Se trata de dos casoelde muerte habitual del feto, y aunque desgracia- 
damente no son muy raros estos casos, hace interesante este asunto el que 
en muchas ocasiones no sepamos la causa á que eso obedece y á que la pa- 
tología de la placenta esté por hacer. 

El aportar, aunque sólo sea un grano de arena al'eetndio de este asunto, 
le ha animado á daros cuenta de sus trabajos. En uno de los casos se trata 



105^ 

de una señora qae ha pocos dias ha tenido sa octavo parto. Los siete ante- 
riores terminaron con la expulsión de fetos de término, muertos, que por 
los síntomas observados por la sefiora y lo poco avanzado de la maceración, 
remontaba su muerte á tres ó cuatro dias. Sólo uno nació vivo, el' que ha- 
cia el número seis, y éste nació con enfermedad azul, viviendo sólo treinta 
j seis horas. 

Ni la sefiora ni su esposo tienen antecedentes sifilíticos, ni nada que 
pueda hacer sospechar esta infección ; son personas sanas y bien constitui- 
das, y no existe ninguna de las causas que suelen ocasionar muertes del 
feto, ni el alcoholismo, ni tuberculosis, ni enfermos de corazón; los emba- 
razos son buenos. Como, á pesar de la falta de datos por parte de lós padres, 
los fetos eran voluminosos, de cutftro kilogramos y más, las placentas de 
los que yo pude examinar, ó sean sexto y séptimo, eran grandes, hiper- 
tróficas, y determiné provocar el parto antes de la época habitual de la 
muerte del feto y someter la sefiora de que trato á un régimen específico,* 
El marido consultó con el Dr. Gutiérrez, nuestro querido consocio, y es- 
tuvo conforme. La embarazada ha estado sometida unos dos meses á tra- 
tamiento mercurial y de yoduros, y á los nueve meses justos de su último 
periodo, asegurándome de que el feto estaba vivo, provoqué el parto, pri- 
mero con gasa glicerinada, taponando el cuello é insinuándolo entre las 
membranas y el segmento inferior. No provocó esto sino ligeros dolores, y 
al día siguiente introduje una sonda bien desinfectada éntrelas membranas 
y el útero, y la hice tomar un gramo de sulfato de quinina en dos sellos; 
á las doce horas próximamente dio á luz un feto vivo masculino, de 8.750 
gramos de peso y presentando una hipertrofia del timo, que nos alarmó ios 
dos primeros dias, pues en ciertas posiciones le producía accesos de asfixia. 
Todo fué cediendo, y hoy este niño, que tiene treinta y tres dias, se va 
desarrollando y sólo presenta unas lesiones en la raíz ungual de varios 
dedos, que por parecerme de índole sifilítica he aconsejado lo vea el doctor 
Azúa, cuya competencia en esta materia es de todos conocida. Por torpeza 
de las criadas, no op puedo presentar preparaciones de la placenta última, 
que, microscópicamente, tenia el mismo aspecto que la anterior, de la que 
son los cortes que habéis visto. 

Deseando conocer la opinión de persona competente en histología, ha 
tenido la bondad de ver estas preparaciones el Dr. Sala, y he aquí su pa- 
recer: I."*, la sangre de los vasos y senos maternos presenta gran abundan* 
da de fagocitos, solicitados probablemente por alguna substancia quimio- 
táxica positiva (¿toxina?); 2.'', el tejido placentario materno con gran 
multiplicación de núcleos de las células conjuntivas y disminución del ca- 
libre de los vasos; 8.**, vellosidades córlales que presentan las siguientes 
alteraciones: A^ tejido del estroma con gran cantidad de núcleos, muy 
denso. B, sincitium con tendencia á despegarse del tejido subyacente. 
C7, en algunos sitios el corte de los vasos de las vellosidades deja ver au- 
mento también de fagocitos. X), retracción general de los senos maternos, 
presentando escasa amplitud en relaci|f3n á la mata de vellosidades. Me 
parece notar, además de esas lesiones, que el revestimiento sinsicial de las 
vellosidades es más completa de lo que á término se ven en placenta nor- 
mal, tomando los núcleos la coloración muy fuerte y las vellosidades un 



106 

poco máfl grandes, existiendo tanto en los senos como en los vasos gran 
cantidad de sangre, como si existiera éxtasis sanguínea. 

Como veis, no son los caracteres qae se asignan á la placenta sifilítica.^ 
Begún Fraenkel, si es de origen paterno, las rellosidades son las solas ata- 
cadas, están degeneradas y llenas de granulaciones que producen la obli- 
teración de los vasos ; si es materna, las lesiones son las de endometritiíl 
gomosa. Sinety cree encontrar siempre en la placenta siñlitica, la hiper- 
trofia y la degeneración fibrosa de la vellosidad é islotes caseosos. 

El segundo caso tiene la historia siguiente : sefiora de cuarenta y dos 
afios, sin antecedentes específicos, artrítica y de familia toda con diversas 
manifestaciones de artritismo. Su médico de cabecera, persona muy com- 
petente, cree que su corazón no es un órgano completamente sano, aunque 
no tenga soplo ni alteraciones de sus ruidos, su circulación no es entera- 
mente fisiológica. Primer embarazo, terminado por aborto de cuatro me- 
ses. Segundo embarazo, albuminuria y expulsión á los ocho meses de un 
feto muerto. Persistió la albuminuria en pequefia cantidad algunos meses, 
desapareciendo después completamente. El último embarazo fué normal; 
nose encontró albúmina, ni por el calor ni por el reactivo de Esbach, en 
los múltiples análisis que se hicieron. Los latidos del corazón fetal perma- 
necieron normales hasta seis días antes del parto, que fué la última ves 
que la ausculté. Fui avisado, por empezar á sentir los primeros dolores, y 
al reconocerla no pude encontrar los latidos fetales ; esto, unido á que, se- 
gún manifestó la parturiente, hacía tres días no sentía los movimientos 
del feto, me hizo diagnosticar su muerte. 

Parto de un feto muerto y con maceración incipiente, pequeño, y no tuvo 
apenas líquido amniótico, placenta pequefia y sembrada de infartos blancos. 

Al examen microscópico, según el Dr. Sala, se observa lo siguiente: las 
arterías uterinas en la serótina presentan como modificación esencial la 
formación de tres capas distintas, que, á partir de la luz del vaso, son una 
interna, limitante, constituida de tejido denso donde predominan las fibraa 
conjuntivas y escasean los núcleos; otra zona subyacente que podremos lla- 
mar intermedia, donde el tejido presenta grandes espacios lacunares, infil* 
tractos de materia plasmática, y otra más extensa en que el tejido va pau- 
latinamente apretándose, y podía llamarse zona externa ó de resistencia^ 
porque probablemente ese es su papel ; resiste el empuje del plasma extra- 
vasado haciendo sentir el contragolpe sobre la pared del vaso que, apretado 
entre la capa intermedia y el líquido sanguíneo por dentro^ se condensa y 
forma esa capa de tejido apretado. Avanzando el fenómeno, se observan 
las siguientes modificaciones: 1.*, va haciéndose más densa y apretada la 
zona intermedia ó de infiltración, y por fin queda el vaso obstruido y el te- 
jido de la serótina en una masa esclerosada. 

Las vellosidades córlales tienen una infiltración ó edema visible, espe- 
cialmente por la esponjosidad del tejido coríal ; el sincitium muéstrase muy 
adherido al tejido subyacente y forma con el substratum inmediato una capa 
periférica á la vellosidad, que resalta como una cascara en los cortes de 
las vellosidades. 

Gomo veis, el aspecto macroscópico y en algunos caracteres del micros- 
cópico, parece una placenta de nefrítica, pero en una embarazada que 



107 

nniica preseDtó albúmina por los medios de investigación que he citado/ 
claro que no se pnede negar que existiera alguna albnmosa que podia ha- 
ber precipitado con otros reactivos; pero como no se notara ningún fenó- 
meno que me pusiera en guardia, me contenté con los clásicos de Esbach y 
el calor. Estos cortes, que espero reconozcáis y me deis vuestro parecer, los 
he creído interesantes para ayudar , aunque sea poco, al esclarecimiento 
de las causas de la muerte habitual del feto ; que si cuando se trata de una 
sífilis obtenemos resultados tan brillantes como seguramente habéis obte- 
nido en clientes vuestros, y yo también podría citaros casos notables, no su- 
cede lo mismo cuando desconocemos la causa ó ésta no podemos combatirla» 

El Dr. Eecasens felicita al Dr. Botella por haber traído á la Sociedad Gi • 
necológica un tema tan interesante, como es el de la anatomía patológica 
de la placenta, ya que sobre constituir estos asuntos especulativos, estudios 
Terdaderamente científicos, elevan el nivel de las discusiones de la Socie- 
dad« huyendo de enojosos personalismos. 

Del examen que ha realizado de las preparaciones histológicas presenta- 
das por el Dr. Botella, no puede sacar deducciones coucluyentes sobre la 
naturaleza del proceso que ha determinado en la primera historia relatada, 
la repetición de los partos prematuros, lamentándose que las preparacio- 
nes histológicas hayan recaído en las porciones de placenta más próximas 
al amnios y no en el punto correspondiente á la. serótina, que es donde las 
lesiones sifilíticas se observan con mayor intensidad. Cree que las lesiones 
que en las placentas determina la sífilis, son de diferentes especies, y que 
8Í bien las lesiones descritas por los clásicos como esclerósicas, son muy 
frecuentes, no son las únicas, sino que, como ha observado Frassi, Fraenkel 
y otros, la atrofia de las estructuras deciduales es un fenómeno que se ob- 
serva con gran frecuencia y que á ello es debido la muerte prematura de 
los fetos en las mujeres afectas de esta enfermedad, en tanto que las lesio- 
nes esclerósicas con destrucción del sincitium y de la capa celular de Lan- 
ghaus, son las determinantes de las adherencias placentarias que obligan 
á practicar en muchas ocasiones el alumbramiento artificial. 

En la preparación histológica presentada por el Dr. Botella, no reconoce 
más lesiones'que el desprendimiento á modo de colgajo de algunas masas 
plasmodiales, pero advirtiendo que él ha observado este mismo fenómeno 
en preparaciones de placentas completamente normales, por lo que no se 
atreve á darles en este caso una significación patológica; la existencia de 
leucocitos polinucleados los considera, al igual que el Dr. Botella, como in- 
dicio de una defensa antitóxica del organismo. 

Del segundo caso presentado por el Dr. Botella, dice que no puede hacer 
observaciones por no haber tenido tiempo de examinar la preparación, 
pero reconoce la exactitud de la interpretación dada por el distinguido to- 
cólogo disertante, dados los caracteres anatomopatológicos descritos. 

El Dr. Botella da las más expresivas gracias al Dr. Recasens por las muy 
benévolas frases que ha tenido para su modesto trabajo, hijas de la amis- 
tad que le profesa, y á las que sabe corresponder. 

La preparación, dice, que ha examinado es efectivamente de la cara fe- 
tal de la placenta, pero hay otras más profundas hasta alcanzar la serótina» 
y las lesiones son las mismas. 



108 

Corle epitelloma típico.— El Dr. Outiérrez presentó anas preparaciones 
microscópicas de corio-epitelioma típico, muy cariosas por la historia clíni- 
ca qtie las motivó, y de gran enseñanza reápecto á la génesis de dicha pro- 
ducción patológica. 

El caso se refiere á una cliente del Dr. D. Rnperto Sánchez, socio de la 
Ginecológica; dicha sefiora, de cuarenta y ciniío afios de edad, casada y 
residente en Madrid, ha tenido seis partos completamente normales, como 
los puerperios, habiendo lactado á todos sas hijos. El último parto tavo. 
lagar hace ocho afios (el 20 de jalio de 1898). 

Recuerda bien, y lo mismo el médico que la asistió en su trance, que en 
todos fué espontánea y completa la expulsión de la placenta. 

Nunca tuvo abortos. Sus reglas desaparecieron hace seis afios, pero en 
distintas épocas ha venido notando desde entouces que, sin regularidad, 
pierde pequeñas cantidades de sangre, repitiéndose últimamente las man- 
chas cada diez ó doce días, sin que por ello se haya resentido el estado ge- 
neral de la enferma ni se hayan presentado dolores. 

Hace dos meses consnltó con el Dr. D. Ruperto Sánchez, quien pudo 
apreciar que el cuello uterino estaba muy dilatado, pero sin que ofreciera 
degeneraciones ni trastorno alguno el hocico de tenca, ni ulceraciones, ni 
el cuerpo uterino estuviera excesivamente aumentado de volumen. Enton- 
ces propuso y practicó un raspado, llevando al laboratorio algunos produc- 
tos del mismo para su análisis. El Dr. Duran, jefe del laboratorio del Ins- 
tituto Rubio, hizo algunas preparaciones de las pequeñísimas partículas 
que le remitió el Dr. Sánchez, y pudo notar con gran extrañeza que éstas 
isontenian elementos coriales en diversos estados, por cuyo motivo quiso 
conocer la opinión del Dr. Gutiérrez ; éste examinó dichas preparaciones, , 
y quedó no menos sorprendido que el Dr. Duran, al comprobar la existen- 
cia de un corio-epitelioma típico. En efecto; recomienda todos los cortea 
que presenta al examen de los señores socios: se ven numerosas vellosida- 
des, unas cortadas al través, otras más ó menos oblicuamente, que en unos 
pantos ofrecen una constitución histológica completamente normal, con su 
capa de Langhaus intacta en casi todo su contorifo, iniciándose en otros 
ana proliferación que duplica y aun triplica la línea de los elementos cela* 
lares, pareciendo en algunos como que se verifica la transformación de és- 
tas en sincitium, que, por lo demás, no se observa como formando la capa 
externa de la vellosidad, cual sucede en las placentas jóvenes. En el inte- 
ñor de ésta aparecen en unos sitios numerosas vacuolas formando la tra- 
ma, en cuyas mallas se ven numerosas células conjuntivas; en otros pun- 
tos, la proliferación de los elementos celulares es tan considerable, que 
llena por completo el interior de la vellosidad, habiendo sufrido efraccio- 
nes la capa de Langhaus y aun desaparecido en absoluto, permitiendo la 
proliferación excéntrica y la diseminación de sus elementos aislados, ó por 
^^posó masas que en abundancia se venen todo el campo de la preparación. 
Estas vellosidades, en diversas fases de evolución, están separadas por un 
substratum formado por elementos sanguíneos, y en el cual se destacan 
también agrupaciones celulares desprendidas de la capa de Langhaus, 
constituyendo nodulos más ó menos grandes (y esto es lo notable del caso) 
que, en determinados sitios, llega á adquirir proporciones considerables. 



109 

Estos nodulos, por la disposición de los elementos celulares, que toman la 
forma poliédrica, y por los caracteres de la substancia intercelular, repre- 
sebtan el tipo del epitelioma. 

£lDr. Gutiérrez presentaba el caso como una curiosidad científica, pues 
datando el último embarazo de esta sefiora de ocho afios, no es f¿cil expli- 
car cómo han permanecido dormidos tanto tiempo estos elementos córlales 
en la trama del tejido uterino para erolncionar al cabo en el sentido de la 
malignidad que acusad estas preparaciones. Las estadísticas de todos los 
autores relacionan la aparición del neoplasma maligno, llamado deciduoma 
maligno por unos, sincicioma por otros, placen toma maligno por algunos, y 
corioma j corio-epitelioma, que es la denominación qué cuadra al caso pre- 
sente, con el embarazo (parto ó aborto) y con la mola hidatiforme ; pero la 
fecha de aparición con respecto al embarazo, suele ser en dichas estadísti- 
cas de dos meses á dos años, cuando más, ó dos y medio. 

¿Influiría en este caso la menopausia por los mismos motivos que lo hace 
en las demás producciones malignas del útero? 

El hecho positivo es que en la matriz de esta sefiora se han encontrada 
vellosidades coriales^j, procediendo de la proliferación jdé los elementos 
celulares de la capa de Langhaus, existen también nodulos epiteliomato- 
sos. Y como este hallazgo hace suponer que el proceso está en plena evo- 
lución maligna, aunque no sea posible afirmarlo en absoluto, el tratamien- 
to que se impone es la histerectomía vaginal seguida del examen macro y 
microscópico del útero, como casa más que agregar á los muchos publica- 
dos, y más curioso por las circunstancias que en él concurren y que son ex- 
cepcionales. 

El Dr. Sánchez (D. Ruperto): Los datos necesarios para completar la 
brillante exposición del caso de coríó* epitelioma, aquí traído por el doctor 
Gutiérrez, son los que se refieren á ios recogidos por mí en el acto del ras- 
pado del útero; éstos son los siguientes: el cuello estaba dilatado hasta el 
punto de permitir hacer el raspado, sin previa dilatación, con laminaria^ 
ni ayudarse de los tallos de Hegar, permitía la entrada en la matriz del 
dede índice, y por allí sin dificultad penetró la legra. Al menor contacto 
este cuello daba sangte, pero procedía del orificio uterino, no de la parte 
exterior. La matriz era grande (siete centímetros y medio) para lo que 
corresponde á una menopáusica, y descendía poco y mal al hacer traccio- 
nes con las pinzas. Las paredes del útero eran gruesas y el raspado puda 
hacerle con bastante detenimiento y raspando bastante, á pesar de lo cual 
Bólo salieron pequeñas partículas envueltas en los coágulos, que después de 
bien lavados recogió para llevarlos al examen microscópico, y cuyas prepa- 
raciones histológicas han servido de base á la hermosa conferencia del doc- 
tor Gktiérrez. Después del raspado la enferma ha continuado bien y pien- 
sa aprovechar la enseñanza del caso en beneficio de la enferma, haciéndola 
la histerectomía. 

£1 Dr. Becasens se complace en tomar parte en la discusión del intere- 
sante caso presentado por el Dr. Gutiérrez, ya que la observación de una 
preparación histológica como la que acompaña á la deaeripcióii del aaao pre- 
sentado, reviste los caracteres de una verdadera rareza anatomopatológica» 

Que la preparación corresponde á un corioma, no cabe la menor duda. 



lio 

pues no hay en el orcraDismo normal ningún tejido qne pueda confandirse 
con laB vellosidades que en él se obserran ; la integridad de la capa celnlar 
de Langhaas qne forma en alganas de las rellosidades que en la prepara- 
ción se observan una capa verdaderamente continua, envolviendo' á una 
masa epitelial con sus células poliédricas características, con sus núcleos 
perfectamente teñidos, cree que pueden permitir la aseveración que el co- 
rioma e^ una neoplasia de origen exclusivamente ovular, ya que la inte* 
gridad de la capa de Langbaus demuestra hasta la evidencia que la proli- 
feración es endovellosa y que ninguna parte pueden tener los tejidos deci- 
duales en su producción. La falta de elementos conjuntivales en el centro 
déla vellosidad, le hacen ver una relación entre este proceso y el molar, 
ya que asi en el uno como en el otro es la atrofia y la disolución del tejido 
conjuntivo el que precede y acompaña al proceso de proliferación epitelial. 
Oree asimismo que la pieza presentada en la sesión de hoy, como otras que 
tiene el Dr. Recasens en su colección, permiten afirmar la naturaleza epi- 
telial de las células de Langbaus, desechando la idea sustentada por algu- 
nos de considerarlas como del tejido conjuntivo modificadas en su forma. 
La disolución del tejido conjuntivo del ceutro de la vellosidad se ve bien 
en algunas de las que se observan en la preparación presentada por el doc- 
tor Gutiérrez, hasta el punto que al observar dicha preparación creyó el 
Dr. Recasens que podria tratarse de una mola hidatiforme ; el examen de 
otras vellosidades hizole modificar el concepto diagnosticando un corioma, 
diagnóstico que corroboró la historia del caso expuesto por el Dr. Ou- 
tiérrez. 

Si el corioma es benigno ó maligno, no se atreve á afirmarlo de modo 
categórico, pero atendiendo á la edad de la enferma y al carácter decidida- 
mente maligno que tienen las neoplasiks epiteliales, no vacila en aceptar 
la indicación de la histerectomía propuesta por el Dr. (Gutiérrez, ya que 
según su opinión, practicándole la operación por vía vaginal, tiene un d9 
por 100 de 'pro habilidades de curación, evitándole el peligro que representa 
el esperar, ó sea de llegar después tarde á la misma. 



PERIÓDICOS 



Un cato de pieloeittitlt tratada per el belmitel. — El Dr. Benjamín Romo 
publica en La Clínica Moderna, de Zaragoza, el siguiente caso : 

cC. B., casado, de sesenta años. Sin antecedentes morbosos en el apara- 
to urinario, recuerda tan sólo que hace algún tiempo notaba frecuentes 
ganas de orinar, con ligero escozor al final de la micción, que atribuía á la 
alimentación especiada de ciertos días ó á ligeros excesos en el uso de be- 
bidas alcohólicas. tJn día después' de haberse acostado sin novedad, des- 
pertóse súbitamente con deseos de orinar, pesadez en el bajo vientre y 
ligeros escalofríos. 

La retención de orina era completa y después de varios ensayos infruc- 
tuosos, se acentuaron los dolores hipogástricos, extendiéndose hacia la re- 



111 ' 

gión lumbar y sscrocoxigea. Se aplicaron de momento cataplasmas emo- 
lientes en el hipogastrio, bafios generales y semicupios calientes, y en riata 
de la inutilidad de estofa medios se procedió al cateterismo de la uretra por 
medio de una sonda Porges núm. 10, con todas las precauciones de antisep- 
flia necesarias en estos casos. Sond» permanente. Dieta láctea. Se prescri- 
ben al enfermo unos paquetes con salicitato de fenol (salol), 0*50 centigra- 
mos; benzoato de sosa, 0'50 centigramos; bicarbonato sódico, 0'50 centi- 
gramos de tres á cuatro paquetes al día. 

A los tres días el enfermo no acusa dolores : sigue orinando por la sonda 
fija. Análisis de la orina. Gran cantidad de glóbulos de pus. Algunos he- 
matíes. Reacción alcalina. El examen bacteriológico demuestra la presen- 
cia de estreptococos. 

Se diagnostica de pidocUtiti» aguda con praatalitis. 

Dos días después se retira la sonda fija. El enfermo pasa veinte horas sin 
orinar. Se proceda de nuevo al cateterismo. La orina eliminada es turbia 
y Bangui nolenta. El olor, fuertemente amoniacal. Re acuerda retirar la 
sonda permanente para evitar el contacto de la mucosa de la vejiga con 
el instrumento. La ratección urinaria sigue siendo absoluta. 

Se sustituyen los t>aquetes bemoico-saloladoa por la esencia de sándalo en 
cápsulas. El enfermo sigue en el mismo astado. 

El tenesmo vesical ha aumentado notablemente. 

Es preciso sondar al enfermo cada dos horas y la orina eliminada es en 
pequeña cantidad y con grandes dolores. Hay reacción febril todas las no- 
ches, que llega hasta 89* y décimas, escalofríos y pulso pequefio, frecuente 
y deprimido. Se administran grandes y frecuentos lavados vesicales con lí- 
quidos indiferentes ó ligeramente antisépticos (agua hervida ó boricada). 
Se suprime el sándalo y se prescribe la urotropina en cachets á la dosis de 
2 á 8 gramos por día. 

El tenesmo vesical se acentúa cada vez más. La introducción de la son- 
da produce violentos dolores y el enfermo la desea y la teme al mismo 
tiempo. La orina es escasa y presenta los mismos caracteres indicados. 

La contracción del cuello de la vejiga continúa y como consecuencia la 
retención de orina. Se suprime la urotropina y el enfermo empieza á tomar 
seis tabletas de helmitol de 0*5 gramos, 

A los trece días, seis tabletas de helmitol. Siguen los lavados — régimen 
lácteo— -y administración abundante de líquidos: dos litros diarios de agua 
de cebada al interior. 

Han disminuido las ganas de orinar, así como el tenesmo y los dolores. 
El análisis de la orina acusa una notable disminución en los glóbulos de 
pus y desaparición completa de hematíes. Durante una deposición el en- 
fermo ha expulsado una pequefia cantidad de orina espontáneamente. 

Los deseos de orinar van siendo menos frecuentes cada vez. No se ha 
sondado al enfermo más que para los lavados de la vejiga, pues sigue ori- 
nando espontáneamente, habiendo desaparecido casi del todo el dolor de 
la micción. 

El aspecto de la orina ha cambiado completamente : el color es claro y 
el examen demuestra la presencia de una pequefia cantidad de leucocitos ; 
desaparición del pus y reacción casi normal. 



112 

Desde esta fecha la mejoría es rápida y la dolencia puede darse por do- 
Bxinada. El enfermo continúa tomando seis tabletas de helmitol «hasta los 
treinta y cinco días de haber empezado la enfermedad, en que se da de alta. 

Lo notable de este caso clínico es la eficacia demostrada por el uso del 
helmitol, pues al segundo ó tercer día de su administración y después de 
diecisiete días de retención absoluta de orina, el enfermo orinó espontá- 
neamente y el análisis y examen demostró por primera vez una doble dis- 
minución en la cantidad de pus, que no se había logrado á pesar de cuan- 
tos medios se habían empleado. El enfermo se halla actualmente restable- 
cido del todo y la restitutio ad integrum es completa ^. — Barabia. 



REVISTA EXTRANJERA 



80aEDAÍ)ES CIENTÍFICAS 

ACADBBl^IA DE MEDICINA DE PARÍS 
SeMn dd día 19 de Junio de 1906. 

Tiflecolitit y apendicitis. — ElDr. Dibülafot: He sido el campeón más 
ferviente de la intervención quirúrgica en la apendicitis verdadera, pero 
me he creído en el deber de levantarme contra los errores operatorios y los 
de diagnóstico que la histología se encarga de absolver á espaldas de la 
clínica. Aseguro al Dr. Cornil que tengo en mucha estima á la histología, 
pero yo no puedo tener en cuenta en la clínica lesiones apendiculares que 
no constituyen más que una apendicitis microscópica^ es decir, una falsa 
apendicitis, una apendicitis dinicamenU inexistente. La argumentación de 
loe oradores precedentes se ha movido sobre las relaciones que existen en- 
tre la tiflocolitis y la apendicitis, y me han opuesto una colección de excep- 
ciones á las cuales podría añadir dos nuevos casos. Pero en cambio se pue- 
den citar centenares y más centenares de casos de tiflocolitis mucomembra* 
nosa, que han sido seguidos por sus médicos durante muchos afios y que 
nunca han tenido la apendicitis. Recuerdo la estadística de Potain de 103 
enfermos de tiflocolitis sin haber padecido nunca la apendicitis, y yo afiado 
una estadística personal de 200 casos de tiflocolitis, entre los cuales no he 
encontrado ni una sola vez la apendicitis. Es necesario que las numerosas 
personas que padecen la tiflocolitis y pueden tener una apendicitis, sepan 
que esta asociación constituye una muy rara excepción. Yo pido álos ciruja- 
nos que me digan cuáles son los síntomas que les autorizan á operar una 
apendicitis microscópica; para mí es imposible diagnosticar una cosa que 
no existe clínicamente. Mi comunicación creo, en fin, que ha tenido su uti- 
lidad, como lo han manifestado con su autoridad los Dres. Le Dentu y Bá- 
chelot. 



113 

Valtr del eteaUl y M Indican an la trina. — Los Dres. Dabsmbkr y Ps- 
HOT : El encatol j el indican contenidos en exceso en la orina suponen una 
alteración en las funciones del rifión y del hígado. De 600 orinas ezamina- 
da8« 18 contenían un exceso de indican azul; de estos 18, 10 pertenecían á 
albuminúricos con cantidad de albúmina doeificable y 7 á individuos con 
indicios de albúmina. Por otra parte, de estas 600 orinas, 13 contenían un 
exceso de rojo escatólico; de estos 18, 7 contenían albúmina dosificable y 4 
indicios de albúmina. Por lo xanto, el 95 por 100 de las orinas que conte- 
nían un exceso de escatol ó de indican eran orinas albuminosas. Pero como 
que Sólo un cuarto de los albuipinúricos observados tenían en sus orinas el 
exceso de escatol ó de indican, es de pensar que las alteraciones del rifión 
no bastan para explicar estos excesos pigmentarios. Teniendo en cuenta, 
por otra parte, que dichos excesos se encuentran en las orinas ictéricas, es 
lógico pensar que son necesarias para que se manifiesten alteraciones re- 
nales y alteraciones hepáticas. Por fin, de nuestras observaciones se des- 
prende que el indican y el escatol urinarios no son debidos á fermentado, 
nes intestinales exageradas. 

Uo caso de pié de madura nostras.— El Dr. Rbykixb: Trátase de un caso 
de pié de madura en un hombre que nunca ha salido de Europa; es el pri- 
mero observado en Francia y el segundo en Europa. £1 pié de madura es 
nna enfermedad de los países cálidos, donde los habitantes caminan con 
los pies desnudos, y está constituido por tumores parasitarios provocados 
por micetomas. Los agentes descritos son: el micetoma de granos negros y 
el micetoma de granos blancos, el cual es más frecuente. En el caso que 
he observado se trataba de un hombre de cincuenta y un afios, que estaba 
sirviendo y que nunca había salido de París. En 1892 le apareció una am- 
polla en el pié por la que salió un poco de serosidad ; le vio el Dr. Danlos, 
pensó en la sífilis y le aplicó puntos de fuego. Dos afios después, el pade- 
cimiento fué acompafiado de dolores; en 1908 entró en mi enfermería y te- 
nía una ulceración bastante extmia con fístulas numerosas; las articula- 
ciones estaban libres; este tumor hacía pensar sobre todo en la posibilidad 
de la actinomicosis; pero el tratamiento dio resultados negativos. Hice la 
amputación por el tercio inferior de la pierna y los huesos estaban absolu- 
tamente sanos, al contrario de lo que se observa en la actinomicosis. En 
medio de loe tejidos esclerosados se veían nodulos que contenían en el cen- 
tro un grano rodeado de pos. Cada grano se encontraba enroscado á modo 
de los excrementos de las lombrices terrestres, y estaba constituido por un 
cordón formado por un espeso tejido de tubos de micelio que terminaban 
por un abultamiento. 

£1 Dr. Lavbbák : La denominación de pié de madura debería desapare- 
cer y sustituirse por el de micetoma. Estudiando un tumor no ulcerado de 
esta clase, no he encontrado más que el hongo, y ninguna especie de mi- 
crobios, contrariamente á la afirmación de algunos autores. 

GODIHA GaSTKLLVÍ. 



114 



REAL SOCIEDAD MEDIOO-QUIEÚRGICA DE L017DRE8 
Séiián dü dia 26 dé Junio dé 1906. 

Apendicltia y gangrena del apéndice eemo enfermedades distintas. — El doc- 
tor </. D, Malcolm dijo que en algunos casos de enfermedad del apéndice 
vermiforme, la lesión inicial es la formación de ana placa de gangrena en 
la pared de esta parte del intestino; este estado aa asocia machas reces con 
una apendicitis que principia en la membrana mucosa, pero que puede 
existir independientemente. De una serie de casos de muerte por enferme- 
dad aguda del apéndice vermiforme, en una tercera parte próximamente 
habla perforaciones de su pared sin el menor indicio de localizacíón del 
padecimiento por adherencias. Respecto al tratamiento, conviene vigilar 
loe casos en los que la inflamación del apéndice principia por sú membrana 
mucosa; pero es imposible operar demasiado pronto ó en los casos de gan- 
grena ó complicados con ella. 

El Dr. ÁJha Doran aludió á las causas de gangrena del apéndice, en par- 
ticular á la obstrucción vascular del meso-apéndice, y citó un caso en el 
que existían en el meso-apéndice colecciones de grasa que se atribuyeron 
á la nutrición defectuosa y que originaron la obstracción arterial. 

El Dr. C, B. Lockwood cree que en el 85 por 100 cuando menos de los 
casos, la apendicitis principia por la mucosa. Respecto á la supuesta forma 
que empieza en el peritoneo, necesitan tenerse pruebas evidentes de que 
no existen ulceraciones. Es probable que las bacterias infecciosas pasen 
desde el apéndice por una ulceración superficial de este género y que ori- 
ginen la gangrena. Ko puede ser considerada como gangrena espontánea. 
El aumento del número de pulsaciones, de la temperatura y de la leucoci- 
tosis, son síntomas que pueden existir e%loe primeros periodos de la apen- 
dicitis. 

El Dr. A. Baldwin refirió un caso de gangrena de loe dos extremos del 
intestino, en una anastomosis intestinal, y la comparó á la apendicitis gan- 
grenosa, atribuyendo ambas á las bacterias. 

Extirpación submueosa de iae desviaciones y espolenes del tabique nasal. — 
El Dr. Si, Clair Thomion dijo que el objeto de esta operación es extirpar el 
cartílago y hueso que obstruye las fosas nasales en forma de espolones, 
pero conservando intacta la mucosa en ambos lados. Los resultados inme- 
diatos y remotos de la operación no pueden ser más satisfactorios, porque 
se evita la deformidad, no se reproduce la obstrucción y se consigue así 
la curación, que no es posible obtener por otros procedimientos. 

(Se suspenden las sesiones hasta eltneíde Octubre), 

{The British Med, Journal),— F. Toledo. 



115 

SOCIEDAD DE MEDICINA DE BERLÍN 
8eMn del dia 23 dé Mayo de 1906. 

De la bldretarapia en las enfarmedadet lofaoclatas fabrllee.— El Dr. S. Mun- 

ter, después de haoer una breye resefia histórica de la hidroterapia en los 
tiempos pasados, y de recordar que dicho método terapéíitico do ha venido 
á desarrollarse de ana manera científica hasta qne Brandt introdujo el 
tratamiento de la fiebre tifoidea por el agna fría, hace constar, además, que 
deade entonces se viene combatiendo la fiebre, y especialmente la tifoidea, 
con procedimientos hidropáticos los más variados. Pero el éxito que con 
tales procedimientos se consigne, aunque no puede negarse que es debido 
en parte á la sustracción del calor, tampoco cabe atribuirlo exclusivamen- 
te á este factor. 

Sabemos en la actualidad que la elevación de la temperatura orgánica 
auxilia de un modo muy poderoso i la acción que ejercen las substancias 
defensivas naturales que posee el organismo; sabemos también que aumen- 
ta la alcalinidad de la sangre cuando la fiebre sube de un modo paulatino, 
pero no cuando atiende de una manera brusca. Esto no obstante, ensefia 
la clínica que la fiebre muy alta ó muy persistente significa para el orga- 
nismo un grave peligro. De todo esto sacamos la ensefianza de que, en gene- 
ral, la fiebre no debe ser objeto de tratamiento más que en aquellos casos 
en que es muy elevada ó de mucha duración. 

El tratamiento de la fiebre tiene dos objetos : por una parte disminuir 
la producción de calor ; por otra aumentar la emisión del mismo. Este últi- 
mo objeto se puede eonsegair mejor que el primero, y precisamente para 
lograr tal resultado se presta muy bien el tratamiento hidroterápico. Para 
modificar poco la fiebre sirven las afusiones frías; en los casos de fiebre 
.elevada están indicados los bafios frescos; sin embargo, hay que tener pre* 
sante que estos bafios aumentan la producción de calor y que para un en- 
fermo con gran fiebre siempre constituyen un tratamiento muy enérgico, 
para el que es preciso que esté bien preparado el organismo. De lo contra- 
río se debe ir enfriando gradualmente el baño de 28'' á 20» C. También se 
recomiendan las afusiones frías en el bafio seguidas de frotaciones. A los 
enfermos que se escalofrían con facilidad, les es más conveniente los bafios 
de agua cargada de- ácido carbónico. Es innegable que todas estas prescñp- 
ciones ejercen una influencia favorable sobre el corazón, los vasos y el siste- 
ma nervioso, y también sobre los órganos digestivos. La mejoría en la cir- 
culación se manifiesta por el aumento en la diuresis, que se observa después 
del bafio. A pesar de esto disminuye la excreción de urea y de ácido úri- 
co, porque se corrige el éxtasis de los órganos y con esto disminuye la des* 
tracción de los tejidos. 

El autor termina estudiando extensamente la acción de los baños sobre 
los diferentes órganos. 

RÍBOplastia.— El Dr. J, Israel refiere que en un enfermo que tenía des- 
trucción total de la naríz á causa de un lupus, consiguió hacer desaparecer 
la deformidad del modo siguiente : por medio del escoplo talló y sacó de la 



116 

tibia an colgajo oeteoperióstioo, de la misma forma del eondncto nasal; in- 
gerto diobo colgajo debajo de la piel del brazo, y caando ya habla prendi- 
do bien el ingerto en dicho sitio, transplantó, seis semanas más tarde, un 
colgajo cntáneo perióstico, según el ihétodo italiano, ó sea un colgajo pe- 
diculado con el brazo fijado á la cabeza. Bl éxito obtenido ha sido excelen- 
te. EU método empleado tiene la ventaja de que no deja ninguna cicatriz 
en la cara, que proporciona un armazón óseo y que en caso de necesidad 
puede Repetirse. Por todo lo cual cree el autor que es el método del porre- 
mr.'—{DeuUche Medizinal Zeitung). — E. dbl Yallb. 



IMPERIAL T KKélL SOCIEDAD DS LOS MEDIÓOS DE VIBNA 
SéHAn dddiaiadé ¿fayo de 1906. 

Etelerodermia. — El Dr. Arturo SchülUr presenta una joren de reintiún 
afios que, sin antecedentes hereditarios y hallándose al parecer sana, cayó 
enferma en enero de 1905 con sensación de frío y palidez de las manos y de 
la cara. Atribuyó esta enfermedad á haber estado trabajando por mucho 
tiempo en un local frío. En los meses 9iguientes se presentaron dolores en 
la espalda y en las extremidades, y la piel de todo el cuerpo se puso more- 
na y en muchos puntos rígida y dura. El peso del cuerpo disminuyó mucho 
y se suprimió la regla. En diciembre, la dureza de la piel era tal, que casi 
todo el cuerpo se hallaba rígido é inmóvil. En la clfhica de Nothnagel le 
dieron hasta cinco pastillas de substancia tiroidea al día; con este trata- 
miento, asociado á los bafios y al masaje, se consiguió una ligera mejoría. 
Desde hace dos meses se encuentra la enferma en la clínica neurológica, 
donde le dan dos pastillas diarias de substancia tiroidea y le han. hecho 
diez inyecciones intramusculares de fíbrolisina. Con este tratamiento ha 
mejorado mucho el estado de la enferma; ha disminuido considerablente 
la infiltración rígida de la cara, de los hombros y de los brazos; ha aumen- 
tado la moTilidad del espinazo y de las articulaciones de la mandíbula y 
de las extremidades, y ha ganado también el peso d^ cuerpo. Además no 
se ye que haya avanzado el proceso en ninguna parte del organismo. Oon 
el examen radiológico se aprecia una atrofia difusa y muy acentuada de los 
huesos, incluso de aquellos que están cubiertos por piel muy poco alterada. 
La atrofia interesa más á la substancia esponjosa que á la compacta ; es de- 
bida á una halisteresis muy pronunciada, conservándose la estructura fina 
del hueso. Por último, merece citarse el hecho de que existen en este caso 
el fenómeno de Chwosteck, del facial. 

^Preparaciones de etpirtcete pálido. —El Dr. Salomón Ehrmann recuerda 
que hasta ahora se ha encontrado el espirocete pálido en todos los produc- 
tos sifilíticos, excepto en los gomas terciarios y en la linfangitis primitiva. 
En vista de esto, el autor, asociado con Reines y Lipschütz, se ha dedica- 
do á examinar el cordón linfático en cuatro sifilíticos. Ahora bien ; después 
de exámenes muy detenidos de varias series de cortes, relativas á dichos 
casos, han obtenido resultado positivo en dos; sin embargo, difieren algo 



117 

los oaracteres del microbio de los que se le suelen atribuir, y habrá que 
achacar tales diferencias á productos de modificación ó en su caso de dege* 
neraciÓB del espirocete pálido. 

Aneurisma de la cubital.— El Dr. Hugo dé Frisch presenta una preparación 
procedente del mismo enfermo, que ya había hecho comparecer el 27 de abril 
á causa de un aneurisma de la arteria cubital, fiste ha sido extirpado, y 
para prerenir la objeción de que, por tratarse de un hombre de sesenta y 
cuatro años, el aneurisma había de reconocer por causa la arterioesclero- 
sis, se sacaran radiografías de las extremidades, y se practicaron varios 
cortes en serie del trozo de arteria aferente al aneurisma que se extirpó 
juntamente con éste. Lo mismo estas investigaciones que la exploración 
muy minuciosa que se ha hecho de todo el aparato circulatorio, no han reve- 
lado el menor signo de arterio- esclerosis. Este resultado viene á apoyar la^ 
hipótesis, fundada en la anamnesia y en la locali^ación del aneurisma, de 
que éste debe haber sido producido por traumatismos repetidos con carác- 
ter crónico. 

Tnmer de la perelén eervicai del etplnaze. — El Dr. Rodolfo Sehreiber pre- 
senta un sujeto que ya hizo comparecer hace dos afios con un tumor de la 
porción cervical del espinazo. 

Este individuo cayó enfermo por Navidad de 1902 con dolores en el hom- 
bre izquierdo, que simularon, durante algunas semanas, una afección reu- 
mática. En febrero de 1908 estaban las últimas vértebras cervicales un 
poco sensibles á la presión, y en la misma zona aparecía algo engrosado el 
cuello. Los movimientos de la cabeza estaban limitados. Los dolores no 
tardaron en acentuarse hasta convertirse en neuralgias violentas, que se 
presentaban, unas veces espontáneas y otras al moverse la mitad superior 
izquierda ó al girar la cabeza. Todos los cirujanos que examinaron por en- 
tonces al paciente diagnosticaron el caso de espondilitis. El tumor, que entre 
tanto se fué desarrollando rápidamente sobre las vértebras cervicales infe- 
riores, era bastante consistente y claramente fluctuante. Una corbata, lejos 
de ser tolerada, acentuó los dolores -, el paciente se vio obligado á guardar 
cama. La morfina fué el único remedio que le aliviaba. En el lirazo izquier- 
do se presentaron parestesias, y al poco tiempo una paresia muy acentua- 
da con atrofia notable de la extremidad superior izquierda. Un día se pre- 
sentaron convulsiones tónicas de todo el cuerpo, después de lo cual quedó 
por mucho tiempo una debilidad de todo el miembro inferior izquierdo. A 
todo esto el tumor había crecido rápidamente ; mientras en febrero de 1904 
el perímetro mayor del cuello medía 86 centímetros, en junio del mismo 
afio había llegado á 44 centímetros. Por este tiempo estuvo el enfermo unas 
cuatro semanas en la enfermería de Schnitzler, quien ya hacía mucho tiem- 
po que venía pensando en un neoplasma. Pero éste, en vez de reblandecer- 
se como se esperaba, se fué haciendo más duro, haita adquirir una consis- 
tencia ósea. En otoño de 1908 empezaron á calmarse las neuralgias y el 
tumor ya creció muy poco. 

El paciente pudo abandonar el lecho, desaparecieron todos los síntomas del 
sistema nervioso y el estado subjetivo mejoró de un modo visible. En mayo 
de 1904 compareció aquí el enfermo. El examen radiológico, hecho enton- 
ces por Holzknecht, reveló lo siguiente : en la cara dorsal de la parte infe- 



118 

TÍor de la porcióa cerTÍcal del espinazo se encontró un tumor óseo, oasi es- 
férico, del tamaño de un puño; dicho tumor descansaba por su base en los 
arcos y apófisis espinosas do la porción ceryical del espinazo, y en cambio 
quedaban libres el condacto yertebral, las apófisis transversas y los cuer* 
pos de las vértebras. El tumor contenia en su interior tejido óseo de estruc- 
tura laxa y estaba envuelto por una cápsula ósea y compacta de espesor 
rariablo, que sólo en algunos. puntos era muy delgada ó estaba perforada. 
El estado del enfermo persistió sin ninguna alteración. El tumor desapare- 
ció visiblemente 9in ningún tratamiento; en un año se redujo el perímetro 
mayor del caello de 44 centímetros 4 87'8, que es la cifra actual. El rebul- 
tado del último examen radiológico, hecho en abril dé 1906, es el siguien- 
te: Asi como hace dos afios las últimas cuatro vértebras cervicales estaban 
envueltas por un tumor constituido por un tejido óseo esponjoso con una 
cápsula más compacta, tumor á través del cual era muy difícil distinguir 
las distintas vértebras, del tumor óseo del tamafio de un puño sólo se ve 
una parte correspondiente en lá cara dorsal de este cuerpo yertebral, mien- 
tras que ya no se pueden ver con los rayos X las dos partes que rodeaban 
lateralmente las últimas vértebras. En cambio, las vértebras mencionadas 
ya no se diferencian ahora, sino que se han transformado en una masa ósea 
indescifrable, de grandes mallas y esponjosa. Como en la actualidad pue- 
den excluirse lo mismo la caries qne un neoplasma maligno, debe tratarse 
de un neoplasma benigno, probablemente de una forma mixta de tumor de 
tejido conjuntivo.— ( fFiener klinische Rundichau).'—R. dkl Vallb. 



PERIÓDICOS 



Infartes de It mama. — El Dr. A. Clark ha publicado un trabajo acerca 
del diagnóstico y tratamiento de los infartos de la mama : I."" Neuralgia. 
Rara vez se observa infarto, excepto on las mujeres neuróticas jóvenes, las 
que creen tener un abultamiento mamario. El tratamiento general y el 
convencimiento de que no se trata de un cáncer, son los únicos medios ne- 
cesarios. 2.^ Mastitis, La variedad aguda se diagnostica fácilmente por los 
síntomas generales febriles. Es puerperal, pero puede observarse en el 
cursóle la parotiditis ó durante la pubertad. La mastitis crónica se dife- 
rencia más difícilmente del cáncer. Para hacer el diagnóstico suele ser ne- 
cesario practicar una incisión exploradora. 8.** Absceso. Cuando es agudo 
BU diagnóstico no presenta dificultad alguna. El absceso crónico localizado 
puede simular por completo un cáncer y exige la incisión anestesiando an- 
tes á la enferma. 4.^ Adenoma y fibroadenoma. El primero está compuesto 
de tejido mamario puro, y el segundo de una mezcla de tejido mamario y 
fibroso. 5.° Quistes» Son cansas frecuentísimas de infartos^ mamarios, a) El 
galactocele ó quiste lechoso se observa generalmente en las mujeres que 
amamantan y es un quiste por retención. Su causa más común es una úlcera 
del pezón. Tiene próximamente el tamafio de una nuez, es movible, de 
forma redonda, está situada cerca del pezón y es únice. Puede desaparecer 



119 

j 
espontáneameDte y aparecer de nueTO. Está indicado el desagüe después 
de la incisión. ¿) Quistes de inrolacióiit qne se presentan hacia la meno- 
pausia, y son debidos á la obstrucción de un conducto. Contienen un «líqui- 
do seroso daro.ó pardo rojizo y viscoso. Suelen estar localizados á mayor 
profundidad que el galactocele y su volumen es muy variable. 6.*^ Cáncer. 
Existen dos variedades, a) Cáncer acinoso ó glandular, y b) Cáncer del 
conducto. Los términos escirro y encefaloide no son usados ya por loe pa- 
tólogos. — (British Med. Journal),— ¥. Tolboo. 

Neeesidad de las dosis elevadas en determinados eases. — El Dr. L. Einis 
recuerda que la acción de^ los medicamentos depende mucho de la dosis, ' 
aun en personas de la misma edad y sexo, y qne en aquellos casos en que, 
empleado un medicamento á dosis pequeñas 6 medias, no produce el efecto 
apetecido, se debe aumentar la dosis antes de abandonarlo y de pasar á otro. 

En prueba de lo dicho, cita el autor los casos siguientes : uno de reuma- 
tismo grave, en el que después de muchos tanteos infructuosos, se adminis- 
tró el salicilato sódico, primero á la dosis diaria de 6 gramos y después á la 
de 9, consiguiéndose con esta última una curación completa; un caso de 
cefalalgia que, después de haber sido tratado inútilmente con la fenacetina, 
se curó al fin con este mismo medicamento, con sólo subir la dosis diaria 
de 15 decigramos á 86; un caso de fiebre intermitente larvada de forma ce- 
falálgica, en el que se estufo empleando mucho tiempo la quinina sin re- 
sultado, hasta que se aumentó mucho la dosis del medicamento, con lo cual 
se logró una curación completa. 

También refiere el autor varios casos rebeldes de pleuresía exudativa, 
que se curaron con el salicilato sódico á altas dosis, después de haberlo em- 
pleado sin éxto á dosis medias y por mucho tiempo. Puede citar también 
muchos casos de psoriasis, en los que la afección sólo cedió á grandes dosis 
de arsénico. Por último, refiere varios casos de sífilis de marcha grave que 
habían resistido por mucho tiempo aun tratamiento moderado, y en cam- 
bio se modificaron favorablemente cuando se procedió con más energía. 
(Allgem, Wiener, med. Zeitung), — R. dbl Vallb. 

El hierro vogotai.— En una de las últimas sesiones de la Sociedad de Bia- 
logia^ de París, se han ocupado los Dres. Gilbert y Lerebonllet de las plan- 
tas que~contienen hierro en proporción dosificable, entré las cuales merece 
mención especial el rumex criepus; sus raíces tienen, en efecto, la propiedad 
de fijar del suelo el hierro, que se transforma en la planta en hierro orgá- 
nico en estado de combinación poco estable y se acumula, sobre todo, en la 
raíz; por medio del cultivo, modificando la abundancia de hierro en el sue- 
lo, lo que se consigne regándole regularmente con una disolución de carbo- 
nato ferroso, se consigue aumentar de un modo considerable la cantidad de 
dicho metal transformado asi en la planta. Las raices del rumex criepue tra- 
tadas de esta manera, llegan á contener hasta 15 decigramos de hierro por 
100 gramos. Los Dres. Oilbert y Lerebonllet han empleado el polvo obte- 
nido de esta raíz, á la dosis de 1 á 8 gramos, en la clorosis, las cloro ane- 
mias y, en particular, en la doro-anemia tuberculosa y en las anemias sin- 
tomáticas. Bajo su influencia mejora casi siempre el estado general, ob- 



120 ^ 

seirándose md&ifícftciones hematológicaB importaDies. El rumex crieput^ 
por 8u grao abundaocia de hierro yegetal en combinación poco estable ; 
por la facilidad con que puede aumentarse merced al cultiro, merece «n 
lugar especial entre los agentes de la medicación ferruginosa. 

(Le Bull. Medical, núm. 48, 1906).^ F. Toledo. 

bspral. — Este medicamento, introducido en la terapéutica por Krae- 
pelin y Nihil, y recomendado recientemente por ürsteni, Muthmann y 
otros, es un alcohol triclorítopropilico, y según refiere el Dr. Pini ha dado 
muy buen resultado comq hipnótico y sedante en todos los estados psíqui- 
cos de excitación en que se ha empleado en la clínica psiquiátrica de Piiui. 

La dosis es de 5 decigramos á 2 gramos por dia, y se administra en pas* 
tillas, sellos ó en disolución alcohólica. 

No produce ningú^ efecto accesorio de mal género ni tampoco se acumu- 
la su acción. Esta es notable en los casos de agripnia melancólica, delirio 
alcohólico, delirio hipocondriaco y estados de excitación de naturaleza 
epiléptica. 

Es digna de notar la acción tónica del medicamento sobre las fibras del 
corazón, pues gracias á ella se puede emplear, con buen resultado, en los 
casos de miocarditis degeneratiTa. — iOazz> deglú ospedaliX-^R. del Vallb. 

Prepladtdes da un suerc tntitifeldea abtenlda de la cabra. — El Dr. Alian 
Mac Fadyen ha publicado sobre este asunto un trabajo, cuyas conclusio- 
nes son las siguientes : La inyección intrayenosa de la cabra con los jugos 
celulares tóxicos del Bacillué iyphoeue, en dosis pequeñas y cuidadosamente 
reglamentadas,' produce una endotoxina actiyísima, puesto que Vw centí- 
metros cúbicos del suero, neutraliza 80 dosis mortales de la endotoxina ti- 
foidea; 8 cent. cúb. del suero normal de la cabra no poseen esta propiedad. 
El suero obra cuando se inyecta simultáneamente, pero por separado de 
la toxina, y también inyectado al principio de los síntomas tóxicos. I^ ad- 
ministración subcutánea es asimismo eficaz. El suero posee no sólo pro- 
piedades antiendotóxicas, sino tambi én aglutinantes y bactericidas, y su 
acción es en cierto modo específica, puesto que neutraliza la endotoxina 
tifoidea, pero no la del cólera. 

(Brüieh Med. Journal, 21 abril 1906). — F. Toledo. 

Rapidez de abserclón da las medicamentos togún la vía empleada para su ad- 
ministración. — ^De los experimentos realizados por los Dres. Meltzer y Auer 
con la adrenalina, el curare, la fluorescina y la morfina, resulta que, en ge- 
neral, la absorción por el tejido intramuscular es casi tan rápida como por 
la Tía intravenosa, y muchísimo más rápida que por la subcutánea. 

{Joum. ofexperimen. med,). — (R. del Valle. 



REVISTA 



MEDICINA Y CIRUGÍA PRÁCTICAS 



LOOUEA CONGESTIVA 



DOCTOR D. VICENTE 0T8 Y ESQÜBRDO 

ReofAlofo 7 MenUlliU á» Madrid. 



La doctrina de la unidad etiológica de la parálisis general progre 
siva, defendida en la actualidad valiente y tenazmente por la ma- 
yoría de los mentalistas franceses, parece que va ganando ci^dadia 
mayores prosélitos y tiende con progresivo avance á dominar en 
absoluto la noción causal de la peri- meninge- encefalitis crónica, in- 
tersticial y difusa, entrevista por Esquirol. 

En el último Congreso Internacional de Medicina celebrado en 
Madrid, vimos á Brissaud convertirse en paladín entusista y con- 
vencido de la unidad siñlitica de todas las parálisis generales. No 
faltaron en aquellas sesiones doctrinas más ó menos antagónicas, 
como la emocional del malogrado alienista Sánchez Herrero. 

Mas no siendo mi propósito examinar en la^ presente nota clínica 
los conceptos existentes acerca de la determinación causal de esta 
locura orgánica, voy á limitarme á consignar que la unidad etioló- 
gica sifilítica, aprobada recientemente por la Academia de Medicina 
de París, se encuentra con frecuencia desmentida por la clínica y 
que ésta nos sugiere en la solución de problemas diagnósticos como 
el que planteó la^ necesidad de desenterrar conceptos nosológicos 
sobre los cuales habíamos colocado la losa del olvido, para poder 
explicar hechos no razonados y justificados dentro de estas nocio- 
nes patogénicas. 

Sólo de pasada y como objeción seria contra la doctrina de[la uni- 
dad invocaré el dato aportado por Alrheimer, de que el proceso his- 
Afio XXX.-Tomo LXXII. -Núm. 940.-28 Julio, 1906. 10 



122 

tológico de la parálisis general se caracteriza por la presencia de 
plasmazellen y mastzellen en el inñltrado perivascular, mientras 
que en la síñlissólo existen linfocitos; yeí no menos inconcuso deque 
existen casos do parálisis exentos de antecedentes sifilíticos en sus 
ascendientes: 

Sí« ante estos hechos se invoca el supuesto de que un precedente 
en el árbol geneológico del paralitico haya sido siñlitico, entonces 
la discusión lógica y razonada no es posible, porque con sentar la 
supuesta premisa de que la cromatina de los óvulos de Eva fuesen 
infectados por la espirocaeta pálida de Schaudin, tenemos la posibi- 
lidad de que toda la humanidad puede ser paralitica por previa in- 
fección siñlitica. 

Y voy ahora á circunscribir mi pluma á la enseñanza clínica que 
motiva el presente trabajo. 

Infinidad de veces hevtenido ocasión de observar, en mi práctica 
particular y manicomial, enfermos que ofrecían todos los síntomas 
somáticos de los paralíticos generales y que sólo por mostrar los 
conceptos delirantes de un modo velado y no calcados dentro de 
esas clásicas características psicológicas de Falret, me hacían va- 
cilar en el momento acerca de la índole paralítica del trastorno 
mental y afirmar más tarde en la convicción de que tales pacientes 
debían filiarse en otro grupo distinto de frenopatfas. 

La evolución del padecimiento vino después en todos estos casos 
por mi tratados á confirmar este criterio dualista, marchando la en- 
fermedad progresiva y paulatinamente hacia la curación, sin dejar 
vestigio ni rastro de la pasada perturbación mental. 

Podría insertar aquí varios casos de mi práctica demostrativos de 
este aserto, que no harían otra cosa sino dar mayor extensión á este 
trabajo, y para no salirme de la concisión en que me propongo des- 
envolver mi pensamiento, me limitaré á consignar á grandes rasgos 
una de las historias clínicas más concluyentes. 

Hace dos años traté uu enfermo de cuarenta años de edad, que 
sin antecedentes de familia, ni sifilíticos y con el solo precedente de 
rebelde agripnia y acentuada amnesia, ofrecía la siguiente sintoma- 
tología : exaltación física, acompañada de ligera paresia y temblor 
fibrilar; dificultad en la pronunciación, con fonación algo nasal, y 
temblor del orbicular de los labios; desigualdad pupilar; excitación 
sexual; insomnio; locuacidad extraordinaria; agitación incohordi- 
nada é inconsciente, que le obligaba á no permanecer quieto un mo- 
mento, y conceptos delirantes de persecución y negación. 



123 

De atenerme en este caso á los síntomas somáticos, ligeramente es- 
bozados^ seguramente hubiera llegado á la aceptación del diagnós- 
tico de la parálisis general; pero, como el delirio era lógico y ra- 
zonado, basado en supuesto morboso y en la perturbación cenes- 
tésica sufrida por el paciente y además no revestía ni por asomo la 
filiación de pueril, móvil, contradictorio é incoherente, de aquí que 
yo rechazase de plano la existencia de una parálisis general y me 
afirmase en la convicción de habérmelas con una locura conges- 
tiva. 

Bastaron tres iheses de medicación sedante y revulsiva para devol- 
ver la higidez á aquel cerebro y hoy lleva ya cerca de dos años de- 
dicado á su profesión, sin el menor desorden ó alteración intelec- 
tual, ni aun siquiera con debilitación alguna de su mentalidad. 

Repito que pudiera añadir otros casos prácticos, y considerando 
<iemo8trativo el expuesto, me abstengo de consignarlos. 

La existencia de este dualismo patogénico en las locuras orgáni- 
cas fué defendido elocuentemente por Baillarger en el apéndice á 
la traducción francesa de la segunda edición alemana del Tratado 
de Enfermedades mentales, de Griesinger, y la expresa en los si- 
guientes términos (1): < Es cierto que las locuras congestivas son cu- 
rables en determinados casos y esta posibilidad de curación consti- 
tuye un primer hecho, que será invocado más tarde para separarla» 
<le la demencia paralítica primitiva». 

Esta noción fundamental en la distinción de un grupo de locuras 
similares por la apariencia somática con la parálisis general y di- 
ferenciada por el distinto pronóstico, ya que su característica evo- 
lutiva se marca con frecuencia por una reintegración en la salud 
mental, condición no observada en la otra locura, ha sido en mi 
opinión injustamente olvidada en nuestros días, por supeditar en 
absoluto las dominantes concepciones nosológicas á los dictados y 
enseñanzas del laboratorio, desdeñando y menospreciando el ase- 
soramiento de la clínica. 

No es posible que el progreso de una rama de la medicina, de una 
especialidad, se realice sólo y exclusivamente por las nuevas orien- 
taciones marcadas por el laboratorro. Es preciso é indispensable 
que estos nuevos derroteros se hermanen y compenetren con los re- 
sultados de la observación clínica, para que el avance sea estable, 
duradero é inconmovible, porque si uno y otro caminan divorciados 

<1) TraiU des Moladles Mentalss. Griesinger, Parla, 1865. pig. 786. 



124 

y aislados» cábenos la casi segura probabilidad de no lograr una 
positiva conquista beneficiosa á lc^salud|del paciente, única deman- 
da que la humanidad doliente reclama de nosotros. 

Asi pues^ yo estimo y|afirmo que es necesario en nuestros dias el 
hacer resurgir la doctrina de Baillarger y conceder un puesto aisla* 
do en la nosología frenopática á sus locuras congestivas, si preten- 
demos librarnos de un seguro fracaso pronóstico, porque confundi* 
das dentro del criterio de la unidad etiológica siñUtica, con un gru- 
po de frenopatías incurables y además mortales en breve plazo, e» 
positivo que la ulterior marcha de la enfermedad contradirá nues- 
tras afirmaciones pronóstici^. 

No negaré que entre las locuras congestivas y la parálisis gene- 
ral, existen muchos puntos de contacto y diversos lazos de unión. 
El primer período de esta última enfermedad, y especialmente en las 
que revisten la forma maniaca ó de excitación maniaca, hállase 
marcado por una fase esencialmente congestiva. Ya Doutrebente 
indicó á mediados del siglo pasado que las congestiones [cerebrales 
en los ascendientes se traducen en los descendientes por la determi- 
nación de la parálisis general. Bn el Congreso de Copenhague; de 
1884, demostró Regis la existencia de lesiones orgánicas cerebrales 
en los ascendientes de la mayoría de los paralíticos. Y podría aña- 
dir otros datos y observaciones demostrativos del parentesco exis- 
tente entre ambas locuras, acerca de los cuales no insisto por con- 
siderar sobrados los expuestos. 

De todos modos, é independientemente de este lazo de unión, de- 
muestra la clínica la imprescindible necesidad de individualizar en 
territorios nosológicos no conexos estas dos formas de afecciones 
mentales, y que esta^islinción es importante y conveniente para el 
clínico, bien probado queda con lo indicado anteriormente. 

Para terminar, sólo consignaré á modo de conclusión, que precisa 
reservar en las clasiflciones psiquiátricas un puesto independiente & 
la locura congestiva de Baillarger, para no desmentir las enseñan- 
zas de la observación clípica. 



-^MP<^- 



125 



HEMILARINGEGTOMIA POR CÁNCER LARÍNGEO 

POR KL 

DR. D. LUCIANO BARAJAS 

Oto-rino-Urinfólofo de U B«aefie«nela Maniclpal de Madrid. 



Tiempo hace que el tratamiento quirúrgico del cánper laríngeo va 
tomando en España sólida cimentación, comenzada con grandes 
«.lientos por mi querido maestro D. Federico Rubio en el último ter- 
cio del siglo anterior, y continuada bastante posteriormente por los 
laringólogos y cirujanos modernos Dres. Sota y Lastra, Cisneros, 
Botey y algún otro que sentiré no recordar, imponiendo^sus ñrmes 
convicciones cientiñcas contra el anatema general, que sólo consi* 
deraban estas intervenciones como temeridades quirúrgicas. 

Aunque es un hecho indiscutible para los laringólogos la necesi- 
dad de las intervenciones prontas en los tumores malignos del órga- 
no fonético, voy á molestar brevemente la atelición de los lectores 
de la Revista con un caso clínico que demuestra una vez más las 
ventajÍEis (\o estas intervenciones en enfermos que fatalmente están 
condenados á sucumbir y que pueden sustraerse de tan infausto 
destino si el médico general les aconseja sabiamente una interven- 
ción quirúrgica tan pronta y extensa como se.a necesaria. 

La enferma objeto de esta historia clínica (1) es una muchacha de 
veinticuatro años de edad, natural de Córdoba, mal nutrida desde 
niña, con la triste herencia de haber muerto sus padres tuberculo- 
sos, de treinta y cuatro y treinta y seis años respectivamente, con 
perturbaciones de gran intensidad en su aparato respiratorio; obli- 
gándola á permanecer largas temporadas en el campo, pues en el 
momento en que volvía á la ciudad volvían á presentársele todo el 
cortejo de síntomas alarmantes, de tos, expectoración, cansancio y 
desnutrición, que ponían en grave riesgo su desmedrada natu- 
raleza. 

Posteriormente la ronquera, como síntoma insólito, fué tomando 
ex tensas proporciones, hasta que, coincidiendo con la aplicación de 
un cáustico, aquélla se acentuó de un modo más pertinaz é intenso. 

(1) Faeron presentadas la paciente y la pieza anatómica con sus prepa- 
racionesjhistológioas correspondientes, en la sesión del 29 de marzo de 1906 
del Ateneo üódiooFarmacéatico Municipal. 



126 

En tal estado se trasladó á Madrid en diciembre de 1905, presen- 
tándose en mi consulta pública de la Clínica del Carmen, pudíendo 
conñrmar todo lo anteriormente indicado, á más de intensa deco- 
loración de piel y mucosas, con disfonia muy acentuada y con gran 
disnea laríngea. 

Los datos antedichos, su tos quintosa y expectoración sanguino- 
lenta, darían el cuadro clínico de una tuberculosa, si el laringosco- 
pio no nds proporcionase datos más seguros 6 informes más evi- 
dentes, que hiciesen modificar el diagnóstico. 

Nada faríngeo existía á excepción de la palidez mate de su muco- 
sa palatina; el espejo laríngeo reflejaba un voluminoso tumor duro,, 
liso y redondeado, que ocupaba dos tercios de la laringe, que com- 
prendía toda la porción glótica y subglótica derecha, sin alcan- 
zar al aritenoides ni repliegue ariteno^epiglótico del mismo lado, de- 
jando sólo una pequeña hendidura por la porción izquierda que, 
merced á un movimiento de báscula del tumor, la ensanchaba al- 
gún tanto, en los movimientos respiratorios, para dejar pasar una 
pequeña cantidad de aire que á duras penas servía de fluido vital á 
esta desgraciada. 

Sólo existía, como dato probable de que aquello fuese un tumor 
maligno, la parálisis de la mitad derecha de la laringe (signo de 
Hunter-Mackenzie) y las hemorragias, pues los demás datos objeti- 
vos, euBÍ como la edad, sexo, hábito exterior, falta de ganglios y 
abalonamiento laríngeo, con' los antecedentes enumerados, podría» 
desviarnos del certero camino, como ocurrió á distintos y muy dis- 
tinguidos compañeros que la vieron, cuyos diagnósticos fueron di- 
ferentes y ninguno el de epitelioma. 

Previa difícil anestesia laríngea, se extrajo un tumor bien profun- 
do, que analizado en el Laboratorio de San Carlos por el Dr. Villa,, 
dice así : t Sometido á un atento reconocimiento el trozo de tumor 
laríngeo que se nos remite por conducto del Dr. Barajas, resulta es- 
tar formada su masa por un estroma conectivo y células epitelia- 
les. Estas son grandes y en algunas se ven flguras karioquinéticas. 
Se agrupan en bandas entre el estroma, en las cuales bandas se 
ven algunos leucocitos, y las células tienden á la disposición con- 
céntrica. Por todos estos caracteres podemos añrmar se trata de un 
epitelioma con tendencia á la formación de globoF». 

Con semejante informe propuse la operación radical, que acepta- 
da en principio, acogió con menos valor después de la extracción 
del trozo destinado al análisis, pues la respiración se hizo mucho 



127 

mejor y su estado general prosperó notablemente, hasta que el cre- 
cimiento asombroso del tumor la hizo recaer en un estado tan de- 
sastroso como el primitivo, obligándome á practicar la traqueoto- 
mia como indicación urgente. 

Una vez aceptada y decidida la operación radical, á los diez días 
de la traqueotomia, cuando la enferma no solamente estaba rehecha 
por la nueva y exuberante respiración, sino por el tratamiento di- 
namógeno empleado (suero, cacodilato, etc.), que habían mejorado 
rápidamente su vigor, se practicó la hemilaringectomia el día 1.^ de 
febrero, previa sustitución de la cánula ordinaria por la de Tren- 
delenburg y en la posición del mismo autor. 

Practicada hábilmente la anestesia por el Dr. Redondo, y con 
¿4 aparato de su invención, modificación del de Ricord, que se 
adapta perfectamente á la cánula, y con la presencia y cooperación 
de los doctores y ayudantes Sres. Fábregas, Robles, Sánchez Calvo, 
Díaz Gróngora, Bueno, Prada, etc , se comenzó la operación incin- 
diendo la piel del cuello en su linea media por un corte vertical que 
partía del hioides, llegaba hasta muy próximo de la herida traqueal, 
que previamente se hizo, y con otro corte perpendicular al extremo 
superior del primero, que comprendía la piel, aponeurosis y masas 
musculares hasta el borde anterior del esternocleidomastoideo, se 
fué descubriendo toda la mitad de la laringe á punta de tijera hasta 
dejarla completamente limpia y denudada. 

Partido con fuertes cizallas el cartílago tiroides en su línea me- 
dia y separados los dos trozos laríngeos, anestesiando el fondo 
con una solución de cocaína, adrenalina y fenol, limpiando con esto 
la laringe y evitando los reflejos, pudimos observar la presencia de 
un tumor muchísimo más voluminoso que lo que acusaba el larin- 
goscopio, pareciendo imposible que cupiese en aquella pequeña caja 
cartilaginosa, y prícipalmente en el ventrículo, que era el punto 
más principal de su implantación. 

Con la hemostasia más absoluta se seccionó la membrana crico. 
tiroidea y tirohioidea,se extirpó toda la lámina derecha del cartílago 
tiroides con el aritenoides correspondiente en unión de toda la in- 
mensa masa tumorosa, que próximamente tendría el tamaño de una 
nuez gorda, separando la porción posterior del esófago con gran 
cuidado, para lo cual previamente introduje una sonda esofágica 
que me servía de guía, dejando el cricoides en su totalidad, puesto 
que ni remotamente se hallaba invadido^ y utilizándolo, por tanto, 
como gran armazón para la restante laringe. 



12S 

Cauterizada la superficie cruenta con cloruro de zinc al 10 por 
100, se hizo un detenido reconocimiento de la gran cavidad traumá- 
tica, viendo la perfecta normalidad en los tejidos colindantes. 

Las neumonías por deglución consecutivas á los grandes trau- 
matismos en la laringe, 6 sea el paso de productos sépticos al pul- 
món desde la zona operada, ha sido el mayor contingente que ha 
determinado la mortalidad en estas intervenciones, hasta que Pe- 
rier y Gluck han ideado un método operatorio que aisla ambas zo- 
nas, valiéndose de una barrera orgánica, ya sea con piel en las he- 
milaringectomlas, ya sea suturando la sección transversal de la 
tráquea á la piel del cuello en las extirpaciones totales. 

Aprovechando pensamiento tan laudable, que ha disminuido el 
contingente de mortalidad desde un 52 por 100 por el año 1881, y 
un 46 por 100 en el 91, hasta 8 por 100, según comunicó en el Ck)ngre- 
80 internacional de París de 1900, y que posteriormente ha descen- 
dido á un 5; pero tratando de modificar algo el procedimiento : 
1.^, por ser la zona cruenta más pequeña en virtud de dejar el cri- 
coides; 2.^, para poder cerrar completamente tanto la herida tra- 
queal, como la laríngea, circunstancia que no ocurre en el procedi- 
miento deGlück; y S.^porque exigía menos cuidados, -á mi entender, 
el aparato resoiratorio de esta enferma, que llevaba diez días de 
amplia respiración sin protestas bronquiales, decidí en virtud de las 
razones antedichas, utilizar método tan sabio, empleando, como 
digo, un procedimiento especial, que consistía en trazar un colgajo 
triangular de piel del lado operado con el vértice en la porción in- 
ferior, y después de ran versado, adaptarlo á la superficie cruenta y, 
suturando su base al cricoides y porción posterior de la laringe, lle- 
gando á alcanzar hasta la fosa piriforme. Tal procedimiento, que en 
el cadáver había resultado bien, aquí no pudo utilizarse por retrac- 
ción del colgajo y desprendimiento al segundo día, quedando, por 
tanto, la superficie cruenta dentro de las condiciones normales de 
la práctica corriente. 

Se hizo la cura, colocando tapones de gasa y algodón con fiador 
en el anillo cricoideo, rellenando de gasa la laringe y dejando la 
herida abierta. Alimentación por sonda nasal permanente, y posi- 
ción en la cama con gran declive en la] cabeza y extremada eleva- 
ción en los pies. Sea por la posición, portel buen estado del aparato 
respiratorio, no tuvo la menor perturbación en su convalecencia, ni 
pasó la temperatura de 37^,2, á excepción de una alteración gás- 
trica, que cedió con un purgante. 



129 

Se retiró la cánula de Trendelenburg al quinto dfa^ sustituyéndola, 
por una cánula ordinaria; se suturó la herida laríngea en dos ca- 
pas, muscular con catgut y piel con seda, estando la enferma levan- 
tada, hablando de modo inteligible y con la cánula tapada á los 
quince días, en cuya situación continúa actualmente, habiendo re- 
gresado á su pueblo completamente curada de su laringe y con su 
estado general espléndido, que aleja bien claramente la idea de 
toda tuberculosis, antes sospechada, que ni la clínica ni el micros- 
copio confirmó. 

Este caso tiene una circunstancia especialisima y rara, que es 
precisamente la edad de la enferma, que la distingue de la gene- 
ralidad, y otra también muy especial que he observado en algu- 
nos casos de epiteliomas laríngeos en enfermos jóvenes, que sus 
individuos son endebles y raquíticos, en oposición á las condiciones 
de robustez y vigor que suelen concurrir en los cancerosos de cin- 
cuenta años en adelante, activándose en estos jóvenes todas las es- 
casas resultantes de las fuerzas de su nutrición en la evolución rá- 
pida de la neoplasia, circunstancia por la que he visto con más ra- 
pidez y constancia la reproducción tumoral en ellos que en los vie- 
jos. Esto abona las intervenciones extensas cuanto sea posible, y 
que me declare altamente partidario de las resecciones parciales ó 
totales de la laringe y nunca de las laríngotomías, á pesar de las 
bondades y proclamas de Semon, que seguramente es su más ar- 
diente defensor. 

Como no es mi objeto en la presente historia clínica entrar en 
otras disquisiciones, y solamente utilizar lo que enseña la enferma 
en cuestión, he de hacer constar los beneficios positivos acaecidos 
por dividir la operación en dos tiempos (traqueotomía y resección la- 
ríngea), dejando entre ellos un lapso suficiente para adaptar el apa- 
rato respiratorio á los nuevos estímulos. 

Al molestar vuestra atención sólo me propuse añadir un factor 
más á la estadística de la cirugía laríngea, procurando contribuir 
al convencimiento de algunos espíritus rehacios que miran como 
osados atrevimientos estas intervenciones, olvidándose que con 
sólo restar un individuo á la fatal ley á que se halla condenado el 
canceroso, debe intentarse esta lucha, con más grato entusiasmo 
cuanto mayores sean los éxitos conseguidos, que cada día van sien- 
do más evidentes. 



130 



BIBLIOGRAFÍA 

MR Bt MCTOa 

D. SINFORIANO GARCÍA MAN8ILLA 

OcollttR del Hospital Generml y Hospicio. Profator d« Oftalmoloffa en la Paenltad 
de MedieÍBA de Madrid. 



I 



I. Alouhos datos olíhioos sobbb rl nitrato dr plata, protabool t arot- 
ROL, por D. Emilio AI varado, de Valladolid. 

II. ¿EZIBTRH LA IRITIS T BL OLAUCOMA DIABÉTICOS? por el mismO AUtor. 

I 

El Dr. D. Emilio Alvarado, reputado oftalmólogo de Valladolid, 
ha reproducido en un folleto de 32 páginas un trabajo publicado en 
loñ Archivos de ofialmologia hispanoamericanos^ sobre el nitrato de 
plata y las modernas sales de este mismo metal. 

Este artículo es una rectificación al Dr. Darier, de París, partida- 
rio de que se sustituya ei clásico nitrato de plata, tan eficaz para el 
tratamiento de muchas afecciones de la conjuntiva, por el argirol, 
protargol, etc. 

El Dr. Al varado, deseando conocer la opinión de los oculistas, res- 
pecto á si daban la preferencia al nitrato de plata ó á las sales mo- 
dernas de este metal, se dirigió á multitud de comprofesores, y de 31 
que contestaron, 30 prefieren el nitrato de plata. 

En el folleto que analizamos, el autor expone la opinión de otros 
muchos oftalmólogos que prefieren la vieja sal de plata, entre los 
cuales se citan Richery, Scrini, Morax, Abadie, Soemisch, etc. 

En este trabajo el Dr. Alvarado refuta los argumentos que el doc- 
tor Darier hace para considerar preferible el argirol al nitrato de 
plata, tanto en lo relativo á la intensidad del dolor que estos medi- 
camentos producen, cuanto á su acción microbicida. 

El autor opina que el nitrato de plata es aún insustituible en el 
tratamiento de la oftalmía purulenta de los recién nacidos. 

No obstante la defensa que el Dr. Alvarado hace del nitrato de 
plata, no rechaza el uso de las modernas sales argénticas, sino quei 
por el contrario, las emplea en algunas enfermedades, entre ellas laa 
inflamaciones del saco lagrimal, las blefaritis y las conjuntivitia 
agudas ó crónicas, cuando existen ciertas intolerancias especiales 
para el nitrato argéntico. 

Damos nuestro más sincero aplauso al Dr. Alvarado por la feliz 



131 

defensa que hace de uno de los medicamentos más eficaces que po- 
seemos en la terapéutica oftalmológica, y sin el cual difícilmente 
trataríamos las conjuntivitis purulentas. 

II 

•Otro trabajo del Dr. Alvarado es la comunicación hecha á la se- 
gunda Asamblea anual de la Sociedad Oftalmológica hispano- 
americana. 

El autor hace dos preguntas de gran interés. La primera es la de 
si existen la iritis y el glaucoma diabéticos, y la segunda es la de si 
debe practicarse la iridectomia en el glaucoma de los diabéticos. 

Respecto á la primer pregunta, el autor la contesta en sentido afir- 
mativo, citando tres historias de diabetes C9mplicadas con iritis ó 
con glaucoma. 

Expone además la opinión de Stefan, Lagrange, Chevallereau, et- 
cétera, que han observado también casos de iritis y glaucomas de- 
pendientes de la diabetes sacarina. 

Cuanto á la segunda pregunta, el autor la contesta también en 
sentido afirmativo, apoyándose en la autoridad de Graefe, Stoeber, 
Galezowski, etc., partidarios, no sólo de que«e practique la iridec- 
tomia en los diifbéticos, sino también de que se extraiga la catarata 
en ellos. 

Desde luego opina que no debe operarse á los diabéticos cuando 
han llegado al marasmo. 

Este trabajo del Dr. Alvarado es tan interesante como todos los 
suyos, y debe ser leido con suma atención. 



REVISTA ESPAÑOLA 



80GIRDADES CRNTlFIGAS 



REAL ACADEMIA DE MEDICINA DE MADRID 
Setián del día 2 dé Junio de 1906, 

Etsfagotcopio. — El Dr. Espina, en nombre del Dr. Tapia, presenta nn 
eBofsgoscopio inyentado por este profesor, ocupándose con este motivo de 
loe últimos perfeccionamientos de este aparato, que ha llegado á seryir 
para el diagnóstico á la vez que para el tratamiento. 

Da noticia de un caso de esofagotomia con extracción de una moneda 



132 

deglutida por nna nifia, en la que el cuerpo extraño se había detenido en 
el cardias, manifestando que la extracción habii^3Ído hecha con dicho apa- 
rato por el Dr. Goyanes, en menos de dos n^inutos, sin producir el menor 
traumatismo á la niña, que salió inmediatamente de la clínica, sin necesi- 
dad de someterla á tratamiento posterior ninguno. 

Preséntala fotografía de otro caso, en que se trataba de un tumor de la 
corvadura menor del estómago, operado con buenos resultados. 

Consideracionet pategénicas sobre dos casos de hidrosalpinx. — El Dr. Rb- 
OASBNS : Los motivos que me han inducido á presentar á vuestra conside- 
ración loa dos casos de hidrosalpinx anunciados, son el haber podido se- 
guir el curso de su formación, y si bien el hidrosalpinx es una enfermedad 
frecuentemente observada, no es común poder seguir su evolución forma- 
tiva. Estos casos me han de servir para hacer algunas consideraciones de 
orden anatomopatológico y patogénico, ya que las ideas sustentadas en los 
libros clásicos no tienen ni la claridad ni la unanimidad necesarias para 
poder considerar este proceso como suficientemente estudiado. 

Trátase de dos enfermas reoperadas á los pocos meses de haber sido la- 
parotomizadas por procesos genitales. La primera enferma padecía hace dos 
años una retroversión. adherente del útero, que traté por el acortamiento 
intraperitoneal de los ligamentos redondos; las trompas en aquella fecha 
tenían una situación retrou terina; pero aun cuando afectadas de un proce- 
so per isalpingi tico concomitante con la perimetritis, ofrecían el pabellón 
completamente permeable, por cuyo motivo decidí su conservación. La cu- 
ración operatoria se realizó sin accidente alguno, y aun cuando el útero que 
dó en su posición completamente normal por efecto de la operación, se puede 
afirmar que no llegó á considerarse nunca curada del todo, ya que los dolores 
que la indujeron á venir al hospital continuaron con nna intensidad casi 
igual. Las menstruaciones, que al poco tiempo de operada parecían ser me- 
nos dolorosas, volvieron á producir crisis tales, que á los cuatro meses de ser 
dada de alta volvió á solicitar nueva operación que la librara de sufrimien- 
tos. Reconocida, pude observar que el útero se mantenía en la ante versión en 
que le había colocado yo con el acortamiento de los ligamentos redondos ; 
pero á los lados del mismo se percibían de modo claro dos tumoraciones : 
la derecha ocupando el fondo de saco de Douglas, y la izquierda remon- 
tando hasta las proximidades del ombligo. 

A pesar de reconocer que se trataba de una salpingitis quística, rehusé 
de momento practicar la operación, y sometí á la enferma al tratamiento 
por el reposo, las irrigaciones vaginales calientes y el ictiol intus et extra. 
Ninguna mejoría experimentó la enferma, y cuatro meses después, ó sean 
ocho desde la primera operación, reabrí el vientre, encontrando dos hidro- 
salpÍQX voluminosos : el izquierdo, libre por completo de adherencias, es- 
taj[>a como flotando en la cavidad abdominal, entre las asas de intestino 
delgado, en tanto que el hidrosalpinx derecho ocupaba el fondo de Dou- 
glas y se hallaba íntimamente adherido á los órganos vecinos. 

Como quiera que los ovarios presentaban asimismo alteraciones flogísti- 
cas y que el perimetrio estaba muy alterado por la inflamación, practiqué 
la castración total, curando ton ello completamente la enferma. 

El segundo caso, muy parecido á éste, ha sido operado y reoperado en 



133 

este mismo curso. Se trata de nna joven de dieoifiéis años qne, á coDseonen- 
cia de una gonococia, padecía ana perimetrosalpingitis, qnistica, en el lado 
isquierdo y catarral en el derecho; por tratarse de una joven de tan pocos 
afiOB no quise practicar la castración total, y extirpé la trompa qnistica y 
el ovario de este mismo lado y respeté el lado derecho, reseqné el pabellón 
tnbárico, qne estaba pclnido, y formé uno nuevo, incindiendo ampliamen- 
te la cara superior del oviducto y suturando exactamente la serosa con la 
mucosa, dejé el ovario en su sitio, y después de fijar de modo temporal el 
litero en situaciÓ9 normal, cerré la cavidad del vientre. Al igual que en el 
caso anterior, la curación operatoria fué rápida, pero los dolores continua- 
ron, apareció la menstruación muy dolorosa y á los dos meses se pudo no- 
tar, por el tacto combinado, la existencia de un tumor salpingo-ovaritico 
formado en el troco de trompa quer habíamos dejado y por el ovario 9un- 
tiguo. 

Después de un mes de tratamiento médico, y en vista de su ineficacia» 
procedimos á una nueva operación, encontrando un voluminoso hidrosal- 
pinx formado en la trompa, que conservamos, y un voluminoso absceso in- 
traovárico. Procedimos, en vista de estas lesiones, á la castración total, y 
la curación definitiva se logró, aun cuando signifique ella la mutilación 
genital, sensible siempre, pero mucho más en un caso como el presente, en 
qne casi puede decirse que no habia entrarlo esta joven en el período de su 
actividad sexual. » 

Estos dos casos ponen una vez más sobre el tapete la cuestión tan deba- 
tida de la cirugía conservadora en los casos de lesiones flogísticas de los 
anejos, pero esto será cuestión de otra comunicación; hoy sólo quiero ocu- 
parme del concepto anatomopatológico y patogenético de esta afección, y á 
modo de inciso diré, que cada día soy más conservador en ginecología, en 
el sentido de evitar las operaciones, pero que una vez bien puesta la indi- 
cación y llegados al extremo de abrir el vientre, soy de día en día más ra - 
dical en la exéresis, pues por algunos casos que he logrado con la cirugía 
conservadora que se haya hecho más tarde embarazada la mujer, son mu- 
chos los que han sentido luego remordimientos de no haber extirpado todo 
lo enfermo, pues el fin que se habían propuesto las mujeres al dejarse ope- 
rar no lo han logrado, ya que los dolores han persistido y en algunas, como 
en les casos actuales, han tenido qne sufrir una segunda operación, que se 
hubiera evitado á haber sido más radical en la primera. 

Examinados macroscópicamente, presentaban estos hidrosalpinx la for- 
ma y disposición de todos los tumores de esta clase; sus paredes, adelgaza- 
das hasta el punto de permitir reconocer por transparencia el contenido 
seroso de los mismos con los pabellones tnbáricos ocluidos y con acoda- 
mientos en la porción interna de la tuba, que impedían que se vertiera su 
contenido en la cavidad del útero. 

Examinadas al microscopio sus paredes, no daban lugar á duda alguna, 
respecto á ser la distensión de las paredes tnbáricas las que producían la 
colección quística, sin que interviniera en ello proceso neoformativo algu- 
no. La serosa, ligeramente inflamada, estaba en un hidrosalpinx (el izquier- 
do de la primera enferma) completamente libre, en tanto que los otros 
presentaban adherencias por neoformaciones pentonitiGaa que sujetaban 



134 

la trompa á los órganofi vecinos. La capa muscalar se yeia adelgazada con 
sus elementos oelnlares de fibra lisa distendidos, y los núcleos alargados y 
aplicados exactamente á la cubierta de 1 a célala; muchas fíbrocélnlas pare- 
cían anadeares; el tejido conjantivo no presentaba sefiales de prolifera- 
ción, ni en ningún punto de esta capa se reían agrupaciones celulares de- 
bidas á infiltración inflamatoria. 

La mucosa presentaba el epitelio plano, más parecido por su disposición 
á un endotelio que á la forma cilindrica ciliar de la mucosa de la trompa 
normal ; en algunos puntos se podían ver repliegues mucosos, restos de las 
franjas tubáricas, que se hallaban recubiertas por un epitelio más alto que 
el que cubría el resto de la mucosa. 

En realidad, por el examen microscópico no puede en modo alguno colo- 
carse este proceso anatomopatológico con los que caracterizan la inflama- 
ción, y sin embargo, por la evolución y etiología del proceso no puede ser 
colocado en otro punto más que entre las inflamaciones. 

¿Cómo explicar en el terreno patogenético esta anatomía patológica tan 
distinta del hidrosalpinx con Ips otros procesos de naturaleza fiogística que 
se observan en las trompas? Examinando la anatomía patológica de los 
piosalpinx, vemos que en ellos, si bien el proceso de obturación del pabe- 
llón y de oclusión del extremo interno de la trompa es exactamente igual 
al del hidrasalpinx, en el espesamiento de las paredes del ovidncto, en las 
infiltraciones embrionarias, en la hipertrofia do las paredes vasculares, 
principalmente de la túnica media de las arterias, y en la hiperplasia de los 
elementos fibrocelulares, as diferencias son enormes. Por otra parte, la 
mucosa en el hidrosalpinx ha cambiado su epitelio cilindrico por uno pla- 
no, en tanto que en el pioSalpinx, aparte de las pérdidas que de ésta" cu- 
bierta se encuentran en algnnos puntos, en el resto se hallan las mismas 
célalas cilindricas que en el estado fisiológico; además, él corion mucoso se 
encuentra engrosado y con infiltraciones abundantes embrionarias que se 
extienden más allá de la túnica mucosa. ¿Es posible que con diferencias tan 
marcadas en el sentido anatomopatológico podadnos aceptar que sean pro- 
cesos análogos el hidro y el piosalpinx, sin más diferencia que la intensi- 
dad de la reacción al agente infectante productor? Creemos que no es acep- 
table esta hipótesis. La idea admitida por Robson de que el piosalpinx re- 
presenta la evolución final de un piosalpinx que se produce por reabsorción 
de los elementos sólidos del pus, no tiene justificación clínica ni anatomo- 
patológica ; la evolución de los casos que presento ii|dican de un modo evi- 
dente que los tumores salpingianos que se desarrollaron después de la pri- 
mera operación fueron desde el primer momento de la misma naturaleza 
serosa con que les encontramos al practicar la segunda operación. Por otra 
parte, la reabsorción de los elementos figurados de una colección purulenta 
y la conversión del pus en serosidad, no ee observa en ninguna parte de la 
economía ni en ningún proceso, siendo, por el contrario, lo que se observa 
el espesamiento de las colecciones purulentas por reabsorción de los ele- 
mentos líquidos. 

Examinando la etiología de gran número de enfermas de este proceso, en- 
contramos en muchas datos fehacientes de infecciones gonocócicas y puer- 
perales; en algunos casos hemos visto coexistir el proceso salpingítico puru- 



-4 



I 



135 

lento de un lado con el hidroBalpinx del opuesto. Envarias ocasiones hemos 
hallado datos precisos de peritonitis pelriana de origen apendicular, sin 
antecedente gonocócico ni puerperal alguno, en enfermas que preseotaban 
hidrosalpinz yoluminosos. 

Del examen anatomopatológico de las lesiones, asi como del estudio 
reaccional que las mucosas tienen para los distintos afectos infectivos, prin- 
cipalmente el gonocócico y el estreptocócico, desechamos la idea de qae el 
hidrosolpinx pueda ser una inflamación intracavitaria de las trompas, ya 
que en ningún caso encontramos los síntomas reaccionales que la mucosa 
produce en presencia de los agentes microbianos determinantes de la infla- 
mación. 

Nosotros no podemos en modo alguno negar la influencia que estos agen- 
tes tengan en la producción de la enfermedad qae estudiamos, pero consi- 
deramos su acción como indirecta. En todos los casos de inflamación aguda 
pelri-anexial que hemos operado, hemos hallado, á cierta distancia de los 
puntos en que el proceso floglstico asentaba, colecciones serosas más ó me- 
nos enquistadas, resaltado no directo de los agentes microbianos, sino pro- 
ducidos por la acción qnimiotáxica de los productos segregados por dichos 
agentes ; son exudaciones debidas á agentes químicos de procedencia micro- 
biana, pero no resultado de la acción directa de los agentes yíyos; estas co- 
lecciones líquidas á distancia del foco inflamatorio no dan nunca en culti- 
▼06 apropiados colonias microbianas. 8u naturaleza amicrobiana se com- 
prueba asimismo por la ineficacia de las inoculaciones practicadas en el pe- 
ritoneo del conejillo de Indias, si bien no puede negárseles una acción irri- 
tante manifiesta. 

Ahora bien, dada la existencia de pelriperitonitis y de perisalpingitis en 
la casi totalidad de casos operados por nosotros, y teniendo en cuenta las 
obseryaciones en que una apendicitis ha determinado por vecindad la pro- 
ducción de un hidrosalpinx, creemos que la patogenia de la hidropesía tu- 
bárica hemos de hallarla en los agentes químicos, que ya la secreción, ya la 
muerte de ciertos agentes microbianos, ha puesto en contacto con las es- 
tructuras tubáricas. 

La comprobación de esta patogenia exige nuevas investigaciones de or- 
den biológico que espero poder realizar en breve. Hoy por hoy sólo me 
atrevo á negar la similitud patogenética de los procesos hidrosalpingíticos 
con los del piosalpinx, considerando á éstos como resultado directo de los 
agentes microbianos y á aquéllos como consecuencia indirecta de los mis- 
mos por la acción de los venenos químicos segregados por ellos. 



ACADEMIA MKDICO-QUIRdBGICA ESPAÑOLA 
8é9ián del dia 28 de Mayo de 190C. 

Anatomía normal del oído.— El Dr. Tapia: El estudio hecho por el doctor 
Villa en la anterior sesión es perfecto y de indiscutible utilidad, porque si 
en términos generales se puede ser excelente cirujano siendo mediano ana- 



1 



136 

tómico, tratándoee de oídos hay que ser nn perfecto aDatómico para poder 
ser buen cirujano. 

Conforme con él en lo que se refiere á la posición del facial y de loe con- 
ductos semicirculares, aprovecha las nociones anatómicas para marcar de 
un modo preciso el sitio por donde debe abordarse el laberinto para su tre- 
panación. Analiza los procedimientos de Janeen, Hinsberg y Botey ; en 
atención á las Tecindades anatómicas no es partidario del primero, y afirma 
que el último es el preferible, tanto más si se emplea el protector de Bour- 
gnet, aparato basado en el dato anatómico de que el borde inferior del con- 
ducto semicircular externo está á tres milímetros por encima de la yentanja 
oyal ; por lo tanto, una lámina metálica pequefia que llcTe un tacón para 
' empotrarse en la Tentana oral, punto de referencia, y una escotadura de 
tres milímetros por encima para dejar sitio al trépano, sujeta á un mango 
de curra apropiada, permite caer en el sitio preciso sin temor de herir el 
facial. 

Respectó de la situación de la yugular y de la. carótida, hay que hacer 
constar la frecuencia de sus anomalías, sobre todo de la primera, hasta el 
punto de citarse multitud de casos en que se han herido aun operando con 
las reglas clásicas ; él tiene un temporal en el que la yugular, cubierta de 
finiñma capa ósea, eleva la pared postero inferior de la caja y no habría 
sido posible hacer la miringotomla sin herirla/ 

El Dr. Villa, en vista de la conformidad habida entre Tapia y él, nada 
tiene que decir. 

Dos casos de Alcera gástrica crónica no hallada.— El Dr. Yaque: Los casos 
de que va á ocuparse son los que presentó á esta Academia en la sesión de 8 
de abril. C. L., de treinta y siete afios, de Madrid, soltero, cesante, poco 
ordenado en su vivir, de intemperancia alcohólica anterior habitual y de 
temperancia absoluta actual, obligado pqr el sufrimiento, se presentó en su 
consulta en 18 de marzo de 1908. Su padre murió de cincuenta y nueve 
afios, á consecuencia de angina de pecho, y su madre á la misma edad, de 
cáncer de la mama; tiene como antecedentes personales los infantiles co- 
munes y blenorragia á los quince años; la enfermedad actual comenzó ha- 
cía catorce afios por pesadez gástrica á temporadas y á las tres ó cuatro 
horas de comer, que cesaba tomando bicarbonato de sosa, pero que fué 
luego haciéndose progresivamente mayor, sin que éste las aliviara, apare- 
ciendo vómitos raros, pocas veces alimenticios y casi siempre de aguas 
agrias, cuya expulsión calmaba el sufrimiento; las temporadas de moles- 
tias fueron cada vez más largas y cercanas , teniendo un afio antes de ser 
observado, un vómito negro. Cuando le observó, el dolor era continuo, no 
había vómitos, existía gran estreñimiento, el vientre estaba retraído, había 
puntos dolorosos epigástrico y dorsal, defensa muscular en la parte izquier- 
da y superior del epigastrio, estómago no grande á la percusión y con bazu- 
queo bien perceptible. 

Se le diagnosticó de úlcera simple en plena actividad,' y se le dispuso 
régimen lácteo exclusivo, alcalinos á altas dosis y nitrato de plata en solu- 
ción, advirtiéndole del peligro de una hemorragia si comía. Lo hizo y so- 
brevino ésta en forma de gran hematemesis, y entonces se regimentó seve- 
ramente, obteniendo con ello, y el bismuto á altas dosis, mejoría grande 



137 



I 



pero poco estable, y como no faé posible oonvertir en curación, le indnjo 
á aconsejarle la interTención, practicándole el Dr. Cerrera el 24 de no- 
viembre de 1905, la gafitroenterostomia por el procedimiento de Roax, 
dándosele el alta por curación en 10 de diciembre. Al operar se halló as- 
citis moderada, que aunque no habla oiiT^ulación abdominal subcutáneat 
aumento de bazo, ni síntoma ninguno de hígado, hubo que relacionar con 
algo hepático, por no haber alteración urinaria apreciable; no se encontró 
úlcera alguna. Los resultados operatorios no han podido ser más satisfac- 
torios : las molestias han cesado, aunque reapareciendo con pequefia inten- 
sidad de tiempo en tiempo, no impidiéndole su trabajo, y ha ganado de 
peso notablemente. 

J. G. M., de yeintiún afios, de Madrid, soltero, dependiente de comercio 
y de temperancia absoluta, lo vio Yagüe en septiembre último. Su padre 
murió á los cuarenta y siete afios, de congestión cerebral, y su madre á los 
cuarenta y cinco, de repente; padeció las eofermedades de la infancia, y di* 
cele haber sido gástrico de siempre, pero sufriendo desde hace un afto 
grandes dolores de estómago en cuanto comía, que no cesaban hasta que 
' Tomitaba, derolTiendo' más que tomaba en una sola comida, y siendo al- 
gunos días el YÓmito repetido ; los dolores, sin tener temporada alguna de 
remisión, fueron aumentando en intensidad, sin otra diferencia que la de 
sentirlos en pleno abdomen, en lugar del epigastrio, que los tenía al prin- 
cipio. Se estaba tratando por la electricidad cuando en 23 de septiembre 
tñTO gran hematemesis sin melena notable, que no repitió. 

Bu aspecto era el del anémico agucío, con sufrimiento continuo intensísi- 
mo, puntos dolorosos dorsal y epigástrico, sin defensa muscular estimable, 
estómago enorme, desc^endido, hasta estar su curvadura mayor cuatro tra- 
Teses de dedo por debajo del ombligo, con bazuqueo extenso, fácil, bajo y 
ligeras ondulaciones epigástricas. 

Se diagnosticó úlcera simple en estenósico cicatricial del píloro, y se es- 
tableció tratamiento análogo al anterior; pero ante su ineficacia fué inter- 
venido de igual modo que el anterior por el Dr. Cerrera en fin de diciem- 
bre, curando sin incidente alguno. En la operación se comprobaron esteno 
sis y dilatación, pero no se halló la úlcera. 

El enfermo está completamente curado, grueso, hasta casi la obesidad, 
y la intervención no sólo le ha serrido para cm^arse, sino para ser declarado 
inútil para el servicio militar. 

Las consideraciones han de ser mny breves; fuera de las erosiones gás- 
tricas, secundarias siempre á otras gastropatiaf«, y de las cuales Einhorn 
pretende hacer una especie patológica, casi seguramente con injusticia, y 
de las úlceras sintomáticas que de momento no nos interesan, el estómago 
sufre dos clases de úlcera bien determinadas anatomopatológica y, clínica- 
mente: la úlcera aguda, que Dielafoy ha estudiado y separado con el nom- 
bre de exulcíratio simple^ que sólo interesa la mucosa, tiene bordes lisos y 
blandos y sintomatologia aguda, obscura y poco precisa; y la úlcera cróni- 
ca, el ulcus rodena de Gruveiller, que puede interesar todas las capas del es * 
tómago, es de bordes gruesos y duros y se caracteriza, clara ^precisamen- 
te las más de las veces por síntomas hiperclorhidricos anteriores, dolor 
circnnscrito, intenso y paroxístico, vómitos y hematemesis. 

U 



138 

De la forma aDatomopatoló^ca, que ñi la primera puede no ser hallada, 
la segunda se bailará siempre cuando la hay y si se la busca. . 

Y ahora bien ; como eq estos enfermos el cuadro sintomático era com- 
pleto y típico y no fué hallada la úlcera crónica, cabe preguntar: ¿Es que 
sucede con frecuencia asi? Porque si tal sucediera, habla que pensar que la 
relación actual establecida entre las úlceras y sus cuadros sintomáticos 
podría no ser completamente exacta. 

El Dr. G. Campo: El Dr. Yagüe hizo operar á sus dos enfermos, porque 
en ambos existían signos clínicos bastantes para diagnosticar la úlcera gás- 
trica, no modificada, á pesar del tratamiento médico sostenido y racional. 
Con su conducta está conforme, si bien no lo está tanto con la afirmación 
de que en uno de los enfermos el yolumen del estómago no se hallaba au- 
mentado, según demostraba la percusión; no lo estaría, pero ese medio no 
basta para demostrarlo, y para ello es preciso apelar á la insuflación que 
haga dibujarse el órgano bajo la pie^ del yientre, ó á la repleción con agua 
que por su cantidad indique es majror de lo normal la capacidad de la tís- 
cera; con estos medios y con algún otro podrá hablarse del yolumen del 
estómago, pero no con la percusión. 

A G. Campo no le llama la atención que, durante el acto operatorio, no se 
encontrara la úlcera, eso es lo corriente; no se ye siempre, porque para ello 
seria preciso hacer la antop3Ía del órgano ó inyertirlo totalmente, y el re- 
conocimiento detenido no es prudente en operación que, para dar buen re- 
sultado, reqniere prontitud y ejecutadla y manosear poco los órganos. LSs 
autores citan casos de úlceras en los que se realizó la gastroenterostomía y 
que, á pesar de la interyencíón, sucumbieron los enfermos; en estas oca- 
siones, no habiéndose hallado la lesión en el acto quirúrgico, fué confír* 
mada en la necropsia. 

En cuanto á que en uno de los enfermos continuaran las molestias des- 
pués de la operación, no le extrafia, pues muchas yeces cicatriza una úl- 
cera, se produce otra, ya que con la gastroenterostomía no desaparecen las 
causas generadoras de la enfermedad de Cruyeilhier; además, si el indiyi- 
duo era hiperclorhídrico, según hacían presumir los síntomas que prece- 
dieron á la úlcera, pudo seguir siéndolo y las molestias obedecer exclusi- 
y amenté á la hiperclorhidria. La gastroenterostomía no modifica siempre 
el quimismo primitiyo; si el contacto prolongado de los ingesta determina 
una irritación de la mucosa, causante de la alteración secretoria, ésta se 
normalizará por la operación ; pero si se han producido lesiones glandula- 
res, no retrogradan estas alteraciones y el quimismo apenas se modifica. 

El Dr. Arredondo hace algunas obseryaciones con respecto á los resul- 
tados operatorios en las úlceras de estómago. 8i la úlcera es rebelde á los 
tratamientos médicos porque la circulación del estómago es mala, como 
debía ocurrir en el primer caso, en que el alcoholismo habla producido 
hepatitis, ascitis y trastornos circulatorios, no desaparecerán los trastor- 
nos con la operación, puesto que ésta no los modifica; por eso aquí la in- 
teryencíón merece más reseryas, lo mismo que si su persistencia es por 
razón de causa general. ' • 

una razón de estática* justifica la operación, y es la que hay porque su 
persistencia sea debida á su topografía, pilórica, por ejemplo, pues el estí- 



139 

tuqIo de 1m oontracoionefl la hace persistir, y no hay nada mejor que la 
frastroenterostomía. 

Y ea estos casos hay qne coütar con que en el intestino.se puede produ- 
cir la úlcera péptica, máxime si á él llega el quimo ácido, al que no está 
acostumbrado el intestíno; la diarrea post operatoria indica un estimulo 
exagerado por el quimo áeido. 

La principal rebeldía de estas ei\fermedades por el quebrantamiento del 
régimen, pues no hay que olvidar que estos enfermos tienen buen apetito. 

Ha notado, además, qne el Dr. Yague no ha citado para nada ciertos 
remedios, como la cocaína, belladona, etc., que no sólo calman, si que 
también modifican la secreción. 

El Dr. Goyanea dice «que el haber operado cinco ulcerosos le permite 
aportar algún dato á esta disensión, si bien son tan recientes que no le 
permiten hacer deducciones sobre el quimismo. 

En el aeto operatorio no ha visto la úlcera nunca; y esto, que Yagüe 
créela excepción, él lo conceptúa la regla; sólo se encuentran sus vesti- 
gios: adherencias al hígado, al opiplón, etc. Oeneralmente se cudnta con 
«1 diagnóstico clínico bien hecho, y el cirujano no tiene para qué malaxar 
«i estómago buscando la úlcera. Por otra parte, aun en los casos en que 
hay que buscarla por hemorragia intensísima, cuesta mucho trabajo en- 
contrarla, y eso no contando con lo difícil que es explorar la cara posterior, 
eobre todo si hay adherencias. Todos los autores citan casos en que no se 
pudo encontrar, aun abriendo ampliamente el estómago. 

Otro extremo importante es la influencia del contenido ácido en los in- 
testinos. Todos sabemos que el quimo ácido excita en el duodeno la secre- 
ción biliar, que por ser alcalina le neutraliza; pues bien, en la operación 
de Boux queda un segmento de yeyuno, por el que pasa jugo ácido, que 
puede determinar su ulceración. Con la operación de Eocher no sucede 
esto; el físiologismo queda intacto: esta es una operación ideal que él 
piensa practicar en la primera ocasión que se le presente. 

£1 Dr. Yagüe dice que si los resultados operatorios no han sido tan com- 
pletofken el primer caso, lo explica el que no había estenosis pilórica, con- 
tra cuyos trastornos mecánicos tiene los más brillantes resultados la inter- 
vención. Si las molestias subsistieren no puede atribuirse ala hiperclorhi- 
dria, puesto que el análisis del recogido de la comida de prueba de Ewald, 
i la hora de su ingestión, dio, en 80 de abril último: acidez clorhídrica 
por 1.000, 1'46; acidez total, 1*54; cifras que, sobre todo la segunda, difie- 
ren poco de las normales. 

El Dr. ChmáUs Campo no concede gran valor á la percusión para la 
delimitación del estómago, y sí á la insuflación ó repleción, que facilitan 
la percusión, haciendo más evidente el contraste entre el estómago y las 
partee circunyacentes. 

Es cierto que el estómago no puede ser visto por completo; pero» su ma- 
nualización en lo accesible permite tocar la úlcera crónica, cuando la hay 
j se busca; las menos veces podrá pasar en estas condiciones desaper- 
cibida. 

La hemorragia ¿el primer enfermo no es atribníble á la afección hepá- 
tica, porque no había obstáculos á la circulación porta, y no es posible 



140 

mdmitir el éxtasis de ésta sólo en el s/gmento gástrico, cuando además son 
en las cisórrícas las venas esofágicas las hemorrágicas, y sobre todo porqne- 
entre las hematemeeis y la peqnefia ascitis encontrada habo dos afios d» 
fecha. 

No es posible discutir ahora por completo la determinación del tiempa 
que debe tardarse en apelar al tratamiento quirúrgico de la úlcera; el de 
doB afios, transcurridos en el primer enfermo, si peca, es seguramente de 
excesiyo. 

Sin pretender dar reglas generales, cree que éste puede ser entre tres j 
seis meses, cuando el tratamiento médico no da resultados, siendo el títo 
sufrimiento del enfermo garantía del exacto empleo del régimen y medi- 
camentos. 

Los alcalinos fueron dados á altas dosis en el período dtge8tÍT0,'el bis» 
muto por el procedimiento de Fleiner, el nitrato de plata por el de Ro- 
senheim, y debió decir que había empleado repetidas veces, sin éxito, lo» 
modificadores de la secreción. 



PERIÓDICOS 



Un case^de bemiatrofia facial.— En la Revitta Médica Salmantina, publica 
D. A. del Cafiiso, el siguiente caso clínico : 

cEnferma de treinta afios de edad, es soltera, sirvienta de profesión y no 
no tiene antecedentes patológicos hereditarios y personales. 

Hace seis ó siete afios empezó á sufrir unos dolores neurálgicos, inten* 
sos y .persistentes, localizados en la mitad derecha de la cara é irradiando» 
con violencia suma, á los dientes y muelas del mismo lado, por lo que al* 
gunas fueron sustraídas por un dentista. 

Ninguna presentó huellas de caries, ni alteración alguna ostensible ; las 
neuralgias siguieron y las extracciones también, hasta que, consecutiva- 
mente á una de éstas, se presentó una inflamación de la encía, que termi- 
nó con la formación de pequefios accesos gingivales y la expulsión de algu- 
nos otros dientes. Posteriormente no ha vuelto á sentir dolor ni molestia 
alguna, llamando en cambio su atención la deformidad que, lenta y pro* 
gresivamente, invadía la mitad de su cara. 

Al observarla el Dr. Cafiizo lo primero que se advertía, con sólo mirar 
la paciente, era la desigualdad y falta de simetría de las dos mitades de la 
cara, encontrándose el lado derecho como achicado y hundido, sobre todo 
en sn parte inferior. 

Los relieves óseos del pómulo y la mandíbula aparecían más prominen- 
tes que en el lado sano; por palpación, podía notársela falta del tejido 
adiposo subcutáneo y la piel, tersa y apergaminada, se adhería de tal modo 
á las partes duras subyacentes, que era casi imposible el poder plegarla 
entre los dedos; apreciábase igualmente la atrofia de la mitad derecha de 
la mandíbula, cuyo grosor, sobre todo en la rama horizontal, estaba muy 
disminuido con relación al lado opuesto. 



141 

La oreja j ojo derechos no presentaban alteración, qne tampoco existían 
«n la mitad homologa de la frente, ni en la ceja del mismo lado, siendo en 
«ambio de notarse la pérdida de cabellos qne desde la parte alta y derecha 
del frontal se extendía por nna gran porción del enero cabellndo. 

La mitad derecha de la lengua aparecía sumamente peqnefia y arrugada, 
presentaba desde el surco medio al borde libre, próximamente la mitad de 
Anchura que en el lado isquierdo. Cosa análoga ocdrrla en el velo del pa 
ladar y sobre todo en la úvula, la cual puede decirse que habla deaapare- 
<iido por completo, dejando sólo como vestigio de su existencia un filamen- 
to ó apéndice flácido, constituido únicamente por la envoltura mucosa. 

La sensibilidad, en el lado afecto de la cara, estaba completamente nor- 
mal ; no habla alteración del sentido del gasto y la carótida y temporal de- 
Techos pulsaban con absoluta regularidad. 

No habla tampoco ningún entorpecimiento para la pronunciación, mas- 
ticación ni deglución. 

La exploración general del sistema nervioso, asi como de los demás apa- 
ratos, demostraba su completa integridad funcional. 
A propósito del caso, dice entre otras cosas : * 

cEil cuadro clínico de esta afección, variable en cuanto á rapidez é inten- 
sidad, se reduce en esencia á la atrofia progresiva de una mitad de la cara, 
«n cuyo proceso toman muy variable participación los distintos tejidos y 
4Wl se ve que en unos casos la atrofia invade los huesos y cartílagos, mien- 
tras qne en otros limita su acción al tejido subcutáneo y partes profundas 
del dermis. Los músculos de la cara, excepto los masticadores, son ataca- 
dos rara vez ; la lengua y velo palatino, que constituyen en nuestro caso la 
parte más atrofiada, son también invadidos con poca frecuencia '. 

La cuestión verdaderamente obscura y litigiosa de tan curiosa y extraña 
enfermedad, os la referente á su patogenia, para cuya explicación se han 
invocado teorías muy diferentes : 

Unos admiten una atrofia privada ó aplasia laminosa del tejido conjunti- 
vo, es hoy rechazada por todos porque, á más de dejar oculta la razón de 
-eeta aplasia, no puede dar explicación de aquellos casos en que }a atrofia 
invada los huesos, músculos, etc. 

Analiza luego las teorías nerviosas ó trofoneuriticas ; pueden clasificarse 
•en dos grupos : según unos, la atrofia es producida por alteraciones del 
^ran simpático. 

Todos estos datos, unidos al hecho de que algunas hemiatrofías faciales 
46 acompafian de alteraciones importantes de los vasos del lado afecto, pa- 
recen indicar la importancia que toma el simpático en la patogenia de esta 
Afección. 

tíin embargo, los trastornos de la inervación vascular producen efectos 
•como el edema nervioso, la critomelaigia, enfermedad de Reynaud, etcéte- 
ra, que no tiene ningún parecido clínico con la hemiatrofía facial. Además, 
•cumo ya habla hecho notar V ulpian, las lesiones del simpático no producen 
verdaderas atrofias, sino solamente detenciones al desarrollo y esto cuando 
«e opera en sujetos muy jóvenes y nnnca de una manera constante y acen- 
tuada. 

Según la hipótesis más admitida en la actualidad, la hemiatrofia de la 



142 

cara es prodadda por lesiones que atacan al trigémino; pero mientas qne 
anos juzgan estas lesiones como periféricas (neuritis), otros conceden el 
papel primordial á las alteraciones de los centros bulboprotuberanciales. 

Merece consignarse que en este caso se encontró además una neuritis del 
radial izquierdo y una atrofia bilateral del norrio óptico. 

Por lo tanto, parece lógico admitir que la neuritis del trigémino sea en^ 
algunos casos la lesión productora de la hemiatrofia facial. 

Las lesiones de protuberancia y bulbo, es indudable que también deben 
desempeñar un papel de gran importancia; estas lesiones bulboprotube- 
ranciales, unas Teces acompañan á las tabes y á la siringomielia, enferme- 
dades que con gran frecuencia dan lugar á alteraciones tróficas, iguales en 
BU esencia á la enfermedad que veniamos estudiando. Dejérine y Mirallié 
han visto coincidir la hemiatrofia facial con la siringomielia, y para Bris- 
saud la mayor parte de hemiatrofías faciales serian sintomáticas de la ci- 
tada enfermedad. 

Hay algunos casos de hemiatrofia facial, en que la lesión se extiende 4 
partes que no están bajo la iuervación del trigémino, lo que hace pensar 
que la lesión central se haya extendido á núcleos vecinos (facial, hipoglo- 
so, etc.), que por su alteración explican los síntomas concomitantes. 

'Habrá, pues, que considerar á la hemiatrofia de la cara como un síntoma 
ó conjunto de síntomas, dependientes de lesiones del trigémino, bien sen 
en sus centros ó en sus armas, evolucionando unas veces de manera aisla- 
da y acompañando otras á enfermedades de mayor generalización, tabes j 
siringomielia principalmente '. — Sababia. 

REVISTA EXTRANJERA 



SOCIEDADES aENTlFICAS 

SOCIEDAD DE CIRUGÍA DE PARÍS 
Suión del día 18 dé Junio dé 1906, 

8epticonÍa de tetrágenos. — El Dr. Kirmisson leyó un informe acerca del * 
caso siguiente, comunicado á la Sociedad por el Dr. Tillaye. 

Un joven de veinticuatro afios, sin antecedentes patológicos dignos de 
mención, sobre todo sin el menor antecedente urinario, tuvo durante un 
mes fiebre continua inexplicable, hasta que el Dr. Tillaye descubrió un 
absceso prostético voluminoso, cuya incisión dio salida á más de 150 gra- 
mos de pus espeso y bien trabado. La temperatura descendió aquel mismo 
día, pero al siguiente volvió á elevarse y apareció un infarto doloroso en la 
región parotídea derecha. El enfermo tuvo además por el recto una hemo-^ 
rragia abundante, que se contuvo á beneficio del taponamiento y de laa 
inyecciones de ergotina y de suero. Al día siguiente los signos de supura- 



143 

ciÓD parotidea eran manifiestos; se descubrieron además otros dos abscesos 
peqaefios en sl.braso y antebrazo derechos. Los tres fueron incindidos. £i 
examen 'bacterielógico del pas reveló ia presencia predominante del mi- 
crococo tetrágono y de algunos grupos de estafilococos, pero no colib^ilos 
ni bacilos de Eberth ó de Koch. 

A los pocos días fué preciso abrir dtros dos nuevos abscesos que se ha- 
bían formado en la pardtida izquierda y en la cara externa de la pierna 
derecha. Hubo un nuevo periodo de calma, pero de corta duración, porque 
al poco tiempo se formó un absceso perinefritico issqnierdo, cuya incisión 
dio salida á 250 gramos de pus. Después se formó en el lado derecho un 
nuevo absceso análogq, que se abrió también, pero cuya supuración fué 
más abundante y prolongada. El enfermo, caquéctico, tuvo qae permanecer 
en cama; se le formaron escaras sacras, y por último murió. El proceso 
daró menos de dos meses. 

El Dr. Kirmisson llamó la atención sobre este caso interesantisimo para 
el estudio de las septicemias de origen espontáneo ó interno, por oposición 
á las quirúrgicas, cuya historia es aún mal conocida. £s á la vez un dato 
de gran utilidad respecto al papel patógeno de los microbios tetrágonos 
que se encuentran á menudo en la boca y en las vías respiratorias, y cuya 
importancia, como agenta de septicemia general, está todavía mal demos- 
trada. 

Intsrvencionas en los quistes hidatldlcos pulmentres. — El Dr. Tuffítr leyó 
un informe sobredes casos de quistos hidatídicos del pulmón, operados por 
«1 Dr. Launay. 

El primero se refiero á un hombro de cuarenta y tros aftos, que al ingre* 
sar en el hospital presentaba todos los signos do un derrame pleurítico en la 
base derecha. Varios ataques do congestión pulmonar que había padecido 
este individuo, confirmaban el diagnóstico que se hizo do pleuresía tu- 
berculosa. Pero la punción de este derramo dio salida á un líquido cagua 
de roca', lo qvie demostró se trataba de un quiste hidatídico. Esto quiste, 
situado sólo á un centímetro de profundidad en el parénquima pulmonar, 
fué operado sin dificultad, gracias á las adherencias pleuríticas que oxis- 
iian en aquél. Fué preciso resecar dos costillas é incindir el pulmón. La 
membrana hidatídica fué expulsada durante un acceso de toe. El Dr. Lau- 
nay desaguó la cavidad qaística, y d los dos meses estaba completamente 
cerrada. No obstante, queda una fistula bronquial secundaria. 

En el segundo caso, se trataba de un hombre de sesenta y cinco afios; el 
quiste ocupaba la parte inferior del pulmón izquierdo. En este enfermo se 
sospechó también una pleuresía tuberculosa, á causa de las hemoptisis re 
petidas que había tenido. Lo mismo que en el caso anterior, el diagnóstico 
exacto no se hizo hasta que se practicó la punción. El tratamiento consis- 
tió en la incisión, seguida do desagüe; quedó también una fístula bron- 
quial secundaria que se cerró espontáneamente á los pocos meses. 

Además de estas dos observaciones del Dr. Launay, refirió el Dr. Tuffier 
otra de su práctica que merece ser conocida, porque so incurrió en el mismo 
error de diagnóstico y porque la curación fué retardada también por una 
fístula bronquial secundaria. Los primeros síntomas clínicos de la afección 
no fueron los mismos que en las observaciones del Dr. Launay, porque an- 



144 

tes de los accidentes que obligaron á dicho enfermo á ingresar en el hospi- 
tal no tavo hemoptisis ni ataques congestiyos pulmonares. De repente, á 
consecuencia de un esfuerzo, sintió un dolor fuerte en el codtado izquierdo, 
con disnea intensa, tos, fiebre, etc., síntomas todos que, unidos á la com- 
probación dé un derrame en la base izquierda, hicieron diagnosticarla 
enfermedad de pleuresía. El supuesto' derrame fuó punzado, y sólo enton- 
ces se comprobó que se trataba de un quiste hidatidico. Acto seguido, 
después de vaciado por completo el quiste, se inyectaron en su cavidad 60 
gramos de licor de Van Swieten. A consecuencia de esta inyección tuvo el 
enfermo edema pulmonar gravísimo, que puso en peligro su vida: el quiste 
supuró después, y entonces fué cuando vio el Dr. Tuffíer al paciente. Eíizo 
una refección costal, encontróla pleura adherida y penetró sin dificultad en 
el quiste supurado, lo incindió, lo desaguó, consiguiendo asi que el enfermo 
curara. La curación fué retrasada por una fístula brpnquial secundaria, 
que se cerró espontáneamente. 

Cree conveniente el Dr. Tuffíer reunir estos tres casos, porque demues- 
tran cuan fácil ef confundir los quistes ñidatídicos del pulmón con las le- 
siones tuberculosas pulmonares, en particular con la pleuresía tubercu- 
losa ; ambos padecimientos principian por accesos de tos más ó menos re- 
beldes, por ataques congestivos, hemoptisis repetidas, fiebre y los mismos 
caracteres de derrame á la percusión y á la auscultación. La radiografía 
podrá quizá resolver el problema — como ha ocurrido en un caso del doctor 
Tuftier— al demostrar la forma completamente esférica del derrame. 

En los tres casos referidos no hubo vómica antes de la intervención ope- 
ratoria, complicacii^n frecuente en los quistes hidatídicos pulmonares. Es 
de notar también la frecuencia de las fístulas bronquiales secundarias á la 
operación, cuya patogenia no es muy clara; estas fístulas curan casi siem- 
pre espontáneamente, pero algunas son definitivas. Al terminar insistió el 
Dr. Tuffier sobre la necesidad de proscribir en absoluto, en el tratamiento 
de ios quistes hidatídicos pulmonares, la punción seguida de inyección de 
un líquido antiséptico, á causa de los afccidentes graves que pueden resul- 
tar. La punción evacuadora simple es completamente ineficaz. El verdade- 
ro tratamiento curativo consiste en la incisión extensa* del quiste seguida, 
de desagüe. 

£1 Dr. Foiherat dijo que había operado á un enfermo con quiste pulmo- 
nar, complicado por la presencia de dos derrames pleurlticos, uno seroso y 
otro purulento, que exigieron operaciones secundarias : el enfermo curó. 
Hasta ahora ha operado cuatro veces por quistes hidatídicos del pulmón ; 
dos de estos operados tuvieron fístulas bronquiales secundarias. 

Extirpación dol útero cancereso par la vía vagina-abdominal. •— El doctor 
J, L, Faure leyó un informe acerca del caso aiguiente, comunicado por el 
Dr. Duval. 

La enferma fué operada por el Dr. Quénu, quien practicó la histerecto- 
mía abdominal parcial por anexitis bilateral. Dos afios después volvió esta 
mujer con un núcleo epiteliomatoso en su cicatriz vaginal. El Dr. Duval 
pensó entonces, para extirpar por completo esta vagina cancerosa sin peli- 
gro de inocular la herida durante la operación, de hacerla en dos tiempos : 
on el primero, perineal, desinsertó la extremidad vulvar de la vagina, la 



145 

diBeed y ia preparó, llegando lo máa cerca posible do su fondo de saco; ce- 
rró despnós hermóttcamente por medio de uoa sutura la abertura inferior 
de este eaco vaginal, y paaó al segundo tiempo de la operación, el abdomi- 
nal, que le permitió extirpar fácilmente por arriba toda'la vagina, que 
contenia en su interior el núcleo canceroso. La enferma curó sin compli- 
caciones. A propósito de este ciso j del éxito obtenido, oree el Dr. Duval 
qne seria ventajoso aplicar este procedimiento de e;[tirpación vagino- 
abdominal á todos loe casos de cáncer uterino, en los qne está indicada lá 
ablación del útero; habrá asi seguridad de extirpar todos los órganos geni- 
tales invadidos, sin el menor peligro de inocular la herida operatoria con 
los productos sépticos y neoplásicos que se derraman del cuello uterino. 

El Dr. Fanre no cree qne sea esta la tentaja principal del método reco- 
mendado por el Dr. Dnval; á su entender, es preferible al procedimiento de 
Wertheimer, en el que, despnés'de desinsertar sólo por la vía abdominal la 
vagina lo más extensamente posible, se aplican sobre su extremidad inferior 
dos pinzas-cepos fuertes, que aseguran la oclusión perfecta y pone con más 
seguridad al abrigo la herida de toda inoculación séptica ó neoplásica. La 
gran ventaja del método vagino-abdominal aplicado á la extirpación del 
útero canceroso, es, según el Dr. Faure, que facilita de una manera espe- 
cial esta extirpación. El tiempo más difícil y, por consiguiente, esencial en 
la histerectomia por cáncer, es la preparación minuciosa del tejido celular 
pericervical y la dirección de los uréteres. Cuando se utiliza sólo la vía 
abdominal, este tiempo operatorio es muy penoso, á causa de la profnndí 
dad en que es preciso trabajar, puesto que el cuello queda fijo en el fondo 
de la pelvis por la porción inferior perineal de la vagina. Si en cambio se 
desinserta previamente esta porción inferior eu un primer tiempo operato- 
rio ejecutado por la via vaginal, es mucho más fácil en el segundo tiempo, 
abdominal, sacar al exterior la región del cuello y disecarla de buena 
manera. 

Desde la comunicación del Dr. Duval, el Dr. Faure ha extirpado cuatro 
úteros cancerosos por este procedimiento, sorprendiéndole siempre la gran 
facilidad con que ha conseguido practicar la extirpación. Prueba de dicha 
facilidad es que la operación dura media hora menos (tres cuartos de hora 
en vez de hora y cuarto). Podría reprocharse al método vagino-abdominal 
el inconveniente de que un primer tiempo (vaginal) séptico precede al 
aséptico (abdominal); esta objeción, dice el Dr. Faure, carece de valor 
operando con guantes. Las cuatro enfermas que operó el Dr. Faure por 
este método curaron perfectamente. 

£1 Dr. Walther apoyó' lo indicado por el Dr. Faure: en dos casos de cén- 
cer del cuello uterino complicado con fibroma del cuerpo, en los que el 
acceso á la región cervical hubiera sido diticilisimo por la laparatomia 
simple, pudo, gracias á la desinserción previa de la vagina por abajo, 
practicar sin dificultad la extirpación radical, en bloque, de todas las 
lesiones. 

El Dr. Bartmann preguntó al Dr. Fanre si sus operadas y la del doctor 
Duval padecieron trastornos vesicales á consecuencia de la operación, 
trastornos que se han atribuido á la supresión del punto de apoyo qne la 
pared vaginal presta al bajo fondo vesical. 



146 

El Dr. Faure respondió qne nada de esto habla obseryado en sus enfer- 
mas, pero que en la del Dr. Daval layejiga, intiltrada por la neoplasia, fué 
desgarrada al disecar la vagina. El desgarro, enturado aeio continuo, no 
produjo coinpli<ykción alguna. 

£1 Dr. Aíanprofit^ que no es partidario de la interyención en el cáncer 
del útero más que en los casos incipientes, cuando está limitado al cuello, 
sin infiltración del origen de los ligamentos anchos, cree que la operación 
aconsejada por los Dres. Duyal y Faure es lógica si es necesario intervenir, 
aunque exista infiltración perivascular. Sin embargo, ásn entender, la su- 
tura hermética de la vagina no debe ser fácil, y la garantía que ofrece con- 
tra infección del campo operatorio es quizá ilusoria. 

El Dr. Segond^ que participa en absoluto de la opinión del Dr. Monprofit 
respecto á las indicaciones limitadísimas de la intervención en el cáncer 
uterino, preguntó cómo la técnica operatoria indicada por los Dres. Duval 
y Faure puede facilitar la extirpación del útero, puesto que éste se halla 
sostenido únicamente por el pié de los ligamentos anchos, y su liberación 
en e^te sitio es más fácil por el abdomen que por la vagina. 

£1 Dr. FcLure respondió que el útero está retenido en el fondo de la pel- 
vis, no sólo por el pié de loe ligamentos anchos, sino también y principal- 
mente por la inserción perineal de la vagina; es indudable que el pié de 
los ligamentos anchos debe ser disecado para arriba, pero esta liberación 
es mucho más fácil cuando la vagina ha sido aislada de sus inserciones 
inferiores. — {La Presse MedkaU).—F. Tolbdo. 



80CIBDAD DE TERAPÍÜTIOA DS PARÍS 
Señan del día 13 de Jwkio de 1906. 

De la nedicaeién sngo8tlva.—El Dr. Mathisu : Todos los médicos emplean 
la medicación sugestiva consciente ó inconscientemente, y yo me sirvo de 
ella todos los días y me presta muy buenos servicios, sobre todo en ciertos 
dispépticos nerviosos. En estos casq$ prescribo, á titulo de calmante, el vul- 
gar diente de león, pero como extracto de tareucacan den» Uonia, diciendo á 
loe enfermos que se trata de un medicamento muy activo. De esta suerte 
obtengo curaciones admirables de sialorreas nerviosas. Recurro á las apli* 
caciones de colodión coloreado con azul de metüeno, contra los dolores que los 
neurodispépticos sienten en el estómago. Un gramo de agua clorofórtnica 
hace dormir los enfermos que padecen de insomnio. Este resultado es aún 
más frecuente con un gramo áe /be/ato de tosa que, en loe dos tercios de loa 
casos, obra también como el doral y hasta he llegado á preguntarme si 
este medicamento no poseerla tina acción real soporífera. También empleo 
las inyecciones de morfina P, la cual no es otra cosa que uoa solución fisio- 
lógica de cloruro sódico. Esta misma solución, pero disfrazada con el nom* 
bre de antifimoea^ empleada también en pequefias inyecciones subcntáneaa 
repetidas cada dos días, me ha dado mejorías muy manifiestas en los tuber* 
lóeos, los cuales comían y dormían mejor, cesaban de enflaquecer, especto- 



147 

raban, toflian y Budaban menos, y hasta aoasaban ana cierta mejoría de los ^ 
signos físicos de sus lesiones pulmonares, todo lo cual nada tiene de sor- 
prendente, puesto qae los tubercnloeoe, forzosamente algo descuidados en 
nna sala de hospital, conciben algunas esperanzas desde que se ocupan de 
elloe. 

Hablando de los resultados que me da la medicaoión sugestiva, no pre- 
tendo ensefiaros nada nuero. Mi comunicación más bien tiene un objeto 
patológico que terapéutico. £1 punto sobre el que deseo insistir particular- 
mente es el de que la medicación sugestiya nos permite con frecuencia re* 
conocer la naturaleza puramente nerviosa, psíquica, de una manifestación 
morbosa. He mencionado ya las sialorreas que, cuando son de origen psí- 
quico, ceden á la medicación sugestiva) Desde este punto de vista voy i 
citar un ejemplo referente á una mujer á la vez tabética é histérica. Esta 
enferma sufría crisis gástricas de dos clases diferentes : las unas, de origen 
francamente tabético, acompañadas de disminución en la cantidad de ori- 
na, resistían á las inyecciones de morfina ^; y las otras, de naturaleza his- 
térica, acompañadas de poliuria, cedían á dichas inyecciones. Para termi- 
nar, haré observar que los resultados de mi medicación sugestiva en los tu- 
berculosos dan un criterio para apreciar el valor de los nuevos sueros y 
otros medios preconizados contra la tuberculosis. Para que puedan recono- 
cerse como eficaces es necesario que estos tratamientos hagan más y mejor 
que lo que es posible obtener por la acción psíquica y fisiológica (según Che* 
ron) de las pequeñas inyecciones de cloruro de sodio concurrentementf» con 
la modificación favorable del ambiente de los enfermos. 

£1 Dr. Barbibr : Para apreciar el efecto de un tratamiento en la tu- 
berculosis, es preciso guiarse, sobre todo, por el aumento de las masas 
musculares, la reconstitución de la sangre y la disminución de los esputos 
y de los J[>acilos; tampoco debe olvidarse que la mejoría aparente de los sig- 
nos físicos es con frecnencia el resultado de una simple disminución de los 
fenómenos congestivos de alrededor de las lesiones tuberculosas. 

El Dr. La Gbnobb : Gomo el Dr. Mathieu, estoy convencido de la impor- 
tancia de la sugestión «n terapéutica y en particular en las enfermedades 
crónicas. He curado parálisis histéricas con pildoras de azul de metileno. 
En la medicación sugestiva es necesario distinguir dos elementos : la su- 
gestión común y el efecto psíquico particular de los nuevos medicamentos 
y tratamientos. El hombre es un animal que vive de la esperanza; hay en- 
fermos qae se sienten mejor cada vez que toman un nuevo medicamento ó 
que consultan á otro médico. Convendría que tuviéramos á nuestra diapo- 
sición toda nna gam¿ de agentes de la medicación sugestiva. 

(Le BvlL Méd.y núm. 48).— Copina Gastellví. 



148 

BOOIKDAD DE MEDICINA DE BERLÍN 
8uión del día 30 de Mayo de Í906. 

Tumoras de la médula espinal operados een éxito. — El Dr. H. Happenkeim 
refiere dos caaos que demuestraD cnanto han contribuido loe progresos del 
diagnóstíso ioeal paca ¿arerecer los resultados de laa interrenciones tera- 
pénticas. 

En el primer caso se trataba de una mujer de treinta y tres afios, que se 
presentó en noyiembre del 1905 quejándose de que, desde julio del 1904, 
padecía de dolores entre los hombros y la nuca; en octubre del mismo afio 
se presentaron, además, dolores y sensación de debilidad en el miembro su- 
perior izquierdo. Había estrechez de la pupila izquierda, síntomas de pa- 
rálisis en la extremidad mencionada, más marcada en el tríceps y en los 
músculos de la mano y de los dedos, y muy principalmente en los músculos 
pequeños de la mano. También la había en la porción costal del pectoral 
mayor. Ligera disminución de la excitabilidad eléctrica; moderada reac- 
ción de degeneración ; parestesias y embotamiento de la sensibilidad en el 
brazo; el miembro iiiferior izquierdo arrastra algo al andar y presenta pa- 
resia espasmódica ligera, pero nada de atrofia ni de trastornos vasomoto- 
res. No hay nada de sífilis. En el lado derecho está muy disminuida la sen- 
sibilidad (dolorosa y térmica), hasta el nivel de la segunda costilla. El pro- 
ceso morboso rerela la existencia de una neoplasia de origen meningeo, á 
nivel de las apófisis transversas de las vértebras cervicales sexta y sépti- 
ma. En dicho punto habia también sensibilidad á la presión y debilitación 
á la percusión. 

Los rayos X no revelarotí ninguna alteración en la columna vertebral. 
La paciente no consintió en la operación, pero habiendo empeorado mucho 
después, volvió en septiembre de 1905 con parálisis completa de las extre- 
midades inferiores, más acentuada en la izquierda, gran excitabilidad re- 
fleja, y además, fenómenos espasmódicos en el lado derecho. También es- 
taban paralizados los esfínteres. Por lo tanto, la compresión do la médula 
«ra completa, pero habían cesado los dolores, hecho que no es raro obser- 
var en este período de la enfermedad. 

El 23 de septiembre fué operada la enferma por Borchardt, habiéndose 
encontrado el tumor en ol sitio previsto. Al extirparlo se vio que era in- 
fradural, habiendo sido necesario, para extraerlo, quitar los arcos vertebra- 
les sexto y séptimo. En dicho punto la médula espinal habia sido aplasta- 
da por la compresión, hasta convertirse en una especie de cinta. El tumor, 
cuyo diámetro mayor siempre había sido vertical, resultó ser un fibrosar- 
coma. Al poco tiempo de la operación se inició la mejoría, empezando por 
el tríceps ; la parálisis espasmódica se convirtió en Üácida. A los cuatro 
dias se empezaron á mover un poco las extremidades inferiores, sobre todo 
la derecha. Después se fué acentuando la mejoría hasta tal punto, que la . 
parálisis de los esfínteres desapareció á primeros de octubre, y que la en- 
ferma pudo hacer algunos ensayos de progresión. También mejoró, aunque 
poco, la parálisis del miembro superior izquierdo; posteriormente se pre- 



149 

sentaron contractaraB en flexión de la mano y de los dedos. La enferma^ 
anda ahora perfectamente bien, presentando tan sólo ligeros residnos de la- 
parálisis de Brown-Seqnardp El brazo derecho funciona normalmente, pera 
en el miembro homónimo hay atrofia mnacnlar. > 

El segando caso se refiere á nn inspectoir de. contribuciones, de cuarenta 
y nneye afios de edad, quien se presentó en la policlínica el 28 de julio de 
1905. Enfermó en otoño del 1904, iniciándose el mal con parestesia en las 
extremidades inferiores, seguida más tarde de dolores en las mismas, en la 
espalda y en el vientre, y posteriormente de debilidad y rigidez en dichaa 
extremidades, con debilidad vesical é impotencia. La exploración dio á co- 
nocer la existencia de debilidad en el miembro inferior derecho, con rigi* 
áez muscular y exageración de los reflejos tendinosos. En ambos lados^ 
ataxia motora y alteración de la sensibilidad, especialmente de la térmica, 
que está completamente abolida en el lado derecho hasta el nivel de la 
séptima costilla; en el izquierdo está menos acentuada. Con los movimien- 
tos se presentan dolores en la región dorsal media. También se descubre 
sensibilidad á la presión á nivel de la quinta vértebra 4orsal. 

£1 diagnóstico fluctnaba entre una neoplasia en el conducto vertebral 6 
una parálisis de los cordones laterales posteriores. Con estas dudas el au- 
tor ensayó el masaje y otros procedimientos que proporcionaron una mejo- 
ría muy pasajera, seguida de agravación en los síntomas motores y sensiti- 
vos. Entonces diagnosticó el autor un tumor á nivel de la quinta vértebra 
dorsal y propuso el tratamiento quirúrgico, que fné ejecntado el 22 de 
marzo por Borchardt. El tumor se encontró en el sitio previsto, resultó ser 
un fíbroearcoma y su extirpación exigió resecar tres arcos vertebrales. La 
extirpación del tumor hubo que hacerla á trozos porque era muy delezna- 
ble. En los días siguientes se presentó una gran mejoría, después nn corta 
periodo de agravación con aumento de temperatura é rncontineneia de ori- 
na, pero desde el sexto día, la mejoría fué haciendo continuos progresos. 
Lo que más llama la atención, aun hoy en día, es cierto grado de ataxia» 
pero como sólo hace dos meses que ha sido operado el paciente, es de espe- 
rar que lleguen á desaparecer los últimos restos de parálisis. 

El Dr. Borchardt dice que la operación expone á dos peligtos : el de la 
hemorragia y el de la evacuación de liquido cefalorraquídeo. Para evitar 
una gran hemorragia, se ha propuesto la operación en dos tiempos, pero 
operando rápidamente y teniendo ayudantes que sepan hacer el tapona- 
miento, la hemorragia es peqnefia. Se evita la gran etacuación de liquido 
cefalorraquídeo, colocando al paciente en decúbito abdominal y con la pel- 
vis elevada. Se ha propuesto la resección temporal de los arcos verte brales» 
pero es preferible quitar éstos. El peligro de la infección secundaria es de- 
bido á que á causa de la hemorragia posible y de la salida de liquido ce- 
falorraquídeorhay que dejar abierta la herida, la cual se ensucia fácilmen- 
te con la evacuación involuntaria de orina y heces fecales. Contra este pe* 
ligro no cabe otra defensa que un aseo extremado, y renovar el vendaje tan 
pronto como se humedezca, si es preciso cada dos horas. Para evitar la úl- 
cera por decúbito, que en estos enfermos sobreviene con la más mínima 
presión, hay- que mantener alejada toda causa nociva que pueda ocasionar 
semejante lesión. En estos enfermos, á pesar de la asepsia más rigurosa» 



150 

puede eaceder que el cateterismo uretral dé origen á una cistitis, pero ésta 
desaparece á las pocas horas. 

El primer paciente fué operado el 28 de diciembre del 1905. Hecha una 
incisión yertical desde la cuarta yértebra ceryieal hasta la segunda dorsal, 
y disecada á ambos lados la capa muscular, se taladraron los arcos yerte* 
brales, é introducidos por los orificios los extremos de una pinza cortante, 
se seccionaron y extKjeron dichos arcos. Diyidida la dura niadre, apareció 
á la yista el tumor, y se aisló y desprendió con instrumento romo. Sutura 
de los músculos con catgut y de la piel con seda. 

En el segundo caso, la gran sensibilidad á la presión de la quinta yértc" 
bra dorsal, indicaba dónde había que trazar la incisión. Después de diyi- 
dida la dura madre fué cosa fácil extirpar el tumor, y la herida curó con 
tal rapidez, que pudo darse de alta al paciente á las seis semanas. 

Posteriormente operó el autor otro caso. Se trataba de una sefiora muy 
obesa, en la que trazó una incisión de 25 centímetros de largo, extirpando 
después el tumor, que estaba un poco á la izquierda y á la altura de la sex- 
ta yértebra dorsal, «á. los dieciséis días estaba curada la herida. 

La mortalidad de la operación de calcula en un 50 por 100. 

El Dr. Oppenhéim presenta fotografías de cinco tumores que él había 
diagnosticado y que han sido operados. Las probabilidades de éxito de la 
operación son fayorablea cuando no se aplaza mucho. Los tumores de la 
médula espinal son menos raros de lo que se cree, y á yeces se interpretan 
como CASOS de mielitis crónica, etc. 

El Dr. Fick presenta seis preparaciones de tumores de la médula espi- 
nal. La primera se refiere á un tumor procedente de la misma yértebra, 
que es la forma más frecuente. Este enfermo murió en abril y la autopsia 
confirmó el diagnóstico. El segundo tumor radicaba en el espacio epidural ; 
se trataba quizá de un goma. Los tumores tercero y cuarto prorienen de 
la dura malre, y se han desarrollado en el espacio subdural (fibro-endote- 
liomas). El quinto caso es de gliosis, y el sexto, de tumor melánico de la 
médula espinal, tumo^que hay que calificar de primitiyo porque no se en- 
contró ningún otro en el resto del cuerpo. Esta particularidad se explica 
recordando que la piel, el ojo y la médula espinal se desarrollan á expen- 
sas de la meninge blanda. 

El Dr. Fedor Krausa dice haber operado, de 19 casos de tumor de la mé- 
dula, 18; cinco sucumbieron como consecuencia de la operación, y uno al- 
gunas semanas más tarde de pulmonía. Perjudica mucho á estos enfermos, 
el hecho de permanecer mucho tiempo echados sobre el corazón, por lo 
cual el autor cuida de que descansen principalmente sobre los hombros, 
para que el tórax quede lo más libre posible. Tampoco es partidario de la 
operación en dos tiempos ni de la resección temporal de los arcos yértebra- 
les que reseca, incluso el del atlas, si es preciso, puesto que es injustificado 
el temor á interyenir quirúrgicamente en las yértebras ceryicales superio- 
res, mucho más si se tiene en cuenta que se trata de afecciones que aban- 
donadas á sí mismas, es seguro que terminan en poco tiempo xon la yida 
del enfermo. 

El Dr. Hort refiere que en la Caridad falleció hace algún tiempo un in- 
diyiduo que había sufrido la extirpación de un tumor melánico del core- 



151 

bro, Tiéndoee en la aaiopoi« que habia máB tamoreB en dicho órgano, y qae 
en esinbio no se encontraron en otros donde es frecuente hallarlos (ojo, 
piel^ intestino); en cambio se encontró en nna cápsnla suprarrenal nn tu- 
mor mayor, que sin duda era el primitiyo, siendo digno de mención que en 
los tumores cerebrales descubrió el mierosoopio acumulaciones celulares 
que recordaban la estructura de la cápsula suprarrenal. 

{Deutsche Medizinal ZeUung).--^. del Vallb. 



SOCIEDAD ALEMANA DE CIRUGÍA 
Retmión XXXV celebrada en Berlín del 4 al 7 de Abril dé 1906. 
. (Continuamón). 

Ciragfa de la Aleara del estómago (CbTatnuactV^). — El Dr. Rydioibb (de 
Lemberg) : Gomo no conocemos la causa remota de la úlcera gástrica, do 
hay tampoco ninguna operación que pueda evitar su recidiva. La resección 
no puede compararse con la gastroenterostomia, porque se ejecuta mucho 
menoB, pero en principio no puede negarse que la operación que ofrece más 
probabilidades de curación es aquella que, como la resección, coloca al ór- 
gano en condiciones más normales. Verdad es que hay casos de úlcera múl* 
tiple, pero son los menos frecuentes, y aun en ellos cabe extirpar las úlce- 
ras que presenten peores condiciones. La resección coloca al estómago en 
mejores condiciones de evacuación que la gastroenterostomia; el contenido 
gástrico se mezcla con los jugos pancreático y biliar en el sitio normal ; 
como consecuencia de la gastroenterostomia se observan no rara? veces úl- 
ceras pépticas, y después de dicha operación puede suceder que úlceras con 
bordes callosos determinen la muerte por perforación y hemorragia, y en 
cambio la resección las hace desaparecer. Verdad es que después de la 
resección pueden sobrevenir hemorragia y perforación por úlceras que han 
pasado inadvertidas, pero con la gastrotomia se dejan inteocionalmente 
dichas úlceras. Después de esta última operación es frecuente que queden 
adherencias que provocan estiramientos y fuertes dolores. 

De 8& pacientes á los que practicó Glairmont la gastroenterostomia por 
úlcera gástrica, ocho sucumbieron desda luego. De los 25 restantes, nueve 
recobraron la salud, ocho no se curaron, seis murieron y de dos no se ha 
vuelto á saber de ellos en dos á cinco años. 

En las estadísticas de la gastroenterostomia se ha borrado, sin razón, de 
la lista de éxitos funestos los casos que fallecieron más tarde de carcinoma, 
pues éste pudo haberse desarrollado sobre el fondo de la úlcera, y en esto 
precisamente lleva mucha ventaja la resección, única operación que puede 
prevenir tal eventualidad, cuya frecuencia varia según las estadísticas 
entre un 5 y un 80 por 100. Por lo mismo, es también la resección la ope 
ración indicada en el carcinoma incipiente. Cierto es que los defensores 
de la gastroenterostomia dicen que se debe de hacer la refección cuando 
se sospeche un carcinoma; pero ¿cómo se diagnostica éste? Por otra parte, 
el peligro de la resección en los casos de úlcera no es tan grande como se 



152 

ha afirmado, y do se puede cotnparar con el que implica en los casos de 
tumores malignos; además, con una técnica más perfecta son mejores aún 
loe resultados de la resección. También tiene mucha importancia el trata- 
miento dietético consecutivo. 

Aquí presento una mujer de cincuenta y cinco afios, á la que le he prac- 
ticado la resección del estómago, á causa de úlcera, hace yeinticinco. La. 
función motora del estómago es normal ; la secretoria no tanto. La úlcera 
era muy extensa y penetraba hasta el páncreas. Esta enferma ha tenida 
▼arios hijos después de haber sido operada. 

El Dr. KuMMKLL (de Hamburgo): La resección es una intervención in- 
comparablemente más grave que la gastroenterostomia, y no siempre hace 
desaparecer la úlcera, sobre todo si ésta es múltiple. El peligro de que se 
desarrolle un carcinoma disminuye con la gastroenterostomia, porque ésta, 
al facilitar la evacuación del estómago, suprime la acción irritante que 
ejerce el contenido de la vísccera. Importa mucho alimentar pronto á lo» 
oj^erados. Hay casos en que, después de bien hecha la operación, sucumbe 
el paciente en un estado de nutrición muy deplorable. Por esta razón ali- 
mento muy bien á los operados desde un principio; además, para impedir 
que sobrevenga el vómito post operatorio empleo la anestesia con la esco- 
polamina. Doy desde luego huevos y leche, y con esto he obtenido una 
restauración de fuerzas muy rápida hasta en pacientes que estaban muy 
decaídos. 

He practicado la gastroenterostomia por úlceras 60 veces, con nueve 
muertes á consecuencia de embolia y pulmonía. De cuatro pacientes á los 
que practiqué la resección por tener estómago bilobulado, perdí uno. Con 
los rayos X se establece con bastante seguridad el diagnóstico diferencial 
entre el cáncer, la úlcera y el estómago bilobulado. De 17 casos de perfo- 
ración aguda salvé siete con la operación practicada en las primeras horas 
siguientes al accidente. 

El Dr. Kbluno (de Dresde) : Desde 1899 hasta fin de 1904 he hecho 74 
operaciones por úlcera crónica del estómago, con tres fallecimientos. Pre- 
fiero la gastroenterostomia posterior con enteroanastomosis. Tres cuartas 
partes de los casos se curaron de un modo definitivo. En seis casos sobrevi- 
no recidiva con hemorragia, pero sin terminación mortal.* En seis casos con- 
tinuaron las molestias por tratarse de sujetos neurasténicos. En un caso se 
desarrolló una úlcera péptica del duodeno, y en otros dos se formó más tar- 
de un cáncer gástrico de cuya existencia no se había percibido el menor in* 
dicio durante la operación. 

En el sexo masculino una de las causas más frecuentes de la úlcera es la 
arterio- esclerosis; en el femenino, el espasmo vasomotor en la época del 
desarrollo y en la de la menopausia. Las causas más frecuentes de que no 
se cure la úlcera son : su localización desfavorable en el píloro, las malas 
condiciones de su fondo, v. gr., cuando lo forman el hígado ó el páncreas, 
la gastroptosis muy acentuada y ciertos factores de índole constitucicnal, 
tales como la anemia y la neurastenia. Es evidente que no está en nuestra 
mano evitar con seguridad las recidivas, pero es también indudable que el 
curso de éstas es mucho mejor en los enfermos á los 4ue se les ha practica- 
do la gastroenterostomia. 



153 

El Dr. KooHER (de Berna) : Pnedo dar noticia de loe éxitoe definitivos ob* 
senradoe en 92 casos de gastrotomia operados por mi. Dos fallecieron de he- 
morragia secnndaria por la úlcera, después de la operación; otro de bemo* 
rragia tardía, y otro de carcinoma. Los demás casos, ó sea el 95*6 por 100, 
se curaron. La gastroenterostomia es una operación sencilla y eficaz; la re- 
sección es mucbo más difícil en los casos de úlcera que en los de cáncer, 
porque en los primeros está mucho más difundida la infiltración de la pared 
estomacal. Verdad es que después de la gastrostomía han enfermado de 
cáncer dos pacientes y que cuatro siguen quejándose de molestias, muy no- 
tables en unos é insignificantes en otros, porque la úlcera aún no está cu- 
rada. El método operatorio más sencillo es el que da los mejores resulta- 
dos; en este concepto, el que figura en primer término es la gastroenteros- 
tomia antecólica anterior, le sigue la gastroenterostomia retrocólica poste- 
rior (método T. Hacker), y en tercer lugar la gastrodnodenostomia, con la 
que también se consiguen buenos resultados. El método en cuestión no es 
tan bueno, porque con los procedimientos sencillos son menos de temer las 
complicaciones, y en especial la pulmonía y las adherencias. 

El Dr. Eaüsch (de 8ch{^neberg) : En mi concepto, se han juzgado con 
demasiada severidad la gastrolisis y la piloroplastia de Eronlein. Con am- 
bos procedimientos he logrado buenos resultados en casos en que estaban 
indicados, pero no deben emplearse más que en éstos. Fuera de ellos pre- 
fiero la gastroenterostomia antecólica de Eocher, que es el procedimiento 
que expone menos á la formación de una úlcera péptica. 

El Dr. NoBTZEL (de Francfort, sobre el Mein) : Según las estadísticas de 
los casos de úlcera gástrica en que se procedió á la operación, se salvaron 
próximamente la mitad. También en Francfort se curaron siete y fallecie- 
ron seis. Yo practiqué esta operación en ocho casos; su técnica varía según 
las condiciones de cada uno. En dos de los casos no había peritonitis; en 
los otros ya se había desarrollado. Esta peritonitis es más maligna que la 
cecal. En estos casos se debe proceder siempre á la extirpación de la úlcera 
y al lavado de la cavidad abdominal. Importa mucho proceder pronto á 
alimentar bien al operado, pues de lo contrario sucumbe éste á la postra- 
ción de fuerzas. Seis de los pacientes que se salvaron han podido ser exa- 
minados posteriormente ; en todos ellos existia una sensación subjetiva de 
bienestar; en dos se encontró disminuida la acidez. También se hizo la ex- 
cisión, siempre que fué podible, en los casos de úlcera no perforada, é 
igualmente la piloroplastia. 

El Dr. K'órte (de Berlín) da cuenta de 86 casos de perforación de la úlcera; 
dicha perforación se realizó 24 veces en la cavidad abdominal libre y 12 en 
el espacio snbfrénico. El pronóstico de la operación depende de la prontitud 
con que se ejecute, á partir del momento de la perforación. En las prime- 
ras veinticuatro horas se obtienen buenos resultados ; pasado dicho plazo, 
el pronóstico es malo. Conviene lavar muy bien la cavidad abdominal. El 
autor ha operado en 145 casos de úlcera; en 12 casos hizo la resección por 
sospecha de cáncer y úlcera cólica, con dos fallecimientos. La resección no 
conviene por el peligro de la hemorragia y porque la cicatriz puede ser pun- 
to de origen de un carcinoma. Además, tampoco preserva dicha operación 
del peligro de las recidivas, que el autor ha observado dos veces. 

li 



154 

El Dr. Eatzbnstkik (de Berlin) : Al jazgar del yalor de U gaatroenteroá- 
tomia en los casos de úlcera gástrica, no se ha teoido hasta ahora muy en 
caenta la influencia qne dicha operación ejerce en el quimismo estomacal , 
pues si bien es verdad que alganos autores, como Kausch, han hecho ensa- 
yos con la comida de prueba en sujetos á los que se les había practicado la 
gastroenterostomia, no nos han ilustrado acerca de este punto, porque no 
han seguido los procesos químicos más qre hasta cierta época. Asi que para 
dilucidar este punto, he establecido fístulas gástricas en unos cuantos pe- 
rros y he estudiado en estos animales el quimismo gástrico antes y después 
de la gastroenterostomia. Después de hecha esta operación, sea por el mé- 
todo anterior ó por el posterior, y con botón ó sin él, el contenido del intes- 
tino delgado pasa de un modo regular al estómago y lo hace en períodos 
que se acomodan á determinadas fases de la digestión. La consecuencia de' 
este paso de jugo intestinal alcalino al estómago llenp de contenido ácido, 
no es otra que una disminución ó desaparición de la acides ; pero este pro- 
ceso se debe, según lo han demostrado experimentos realizados od Aoc, no 
sólo á un cambio químico, sino muy principalmente á fenómenos nernosoB 
de naturaleza refleja. 

Como el fermento gástrico que digiere la albúmina no obra masque en 
disolución acida, de aquí que la primera consecuencia de la gastroenteros- 
tomia sea la deficiente digestión de la albúmina, deficiencia que se suple 
en parte con la tripsina del jugo pancreático. Además de esto he encontra* 
do en el estómago, después de la gastroenterostomia, un nuevo proceso, á 
saber, una digestión muy manifiesta de las substancias grasas, digestión 
que reconoce por causas la propiedad emulgente de las grasas, de la bilis y 
el fermento que contiene el jugo pancreático. Según esto, después de la 
gastroenterostomia se conduce el estómago, respecto á la digestión de algu- 
nos alimentos, de un modo distinto á como se conduce el estómago normal, 
pues mientras para éste son de digestión difícil los manjares grasos, el 
estómago gastroenterostomizado los digiere muy bien, tolerando hasta la 
misma mayonesa, que no puede tolerar un estómago normal. En cam- 
bio, los principios albuminóideos puros que este último digiere fácil- 
mente, lo hace con mucha dificultad el estómago que ha sufrido la gastro- 
enterostomia. 

En resumen : 1.^ La gastroenterostomia no determina la curación de la 
úlcera, como se venía creyendo, por el hecho de provocar una evacuación 
más rápida del estómago, puesto que yo he demostrado que los ingesta 
permanecen en el estómago gastroenterostomizado tanto tiempo como en 
el normal. La curación de la úlcera se debe más bien á ciertas modificacio- 
nes químicas y muy principalmente á la disminución ó desaparición de la 
hiperdorhidria antes existente. Según esto, la gastroenterostomia viene á 
ser un tratamiento causal en los casos de úlcera gástrica. 2.^ Gomo trata- 
miento consecutivo, aconsejo, en vista de estos hechos experimentales y de 
otros de carácter clínico, que se dé la preferencia á los alimentos grasos 
(desde el primer día nata, después manteca, tocino, etc.), para que dichas 
substancias grasas se combinen ó neutralicen con la bilis y el jugo pancreá- 
tico existentes en el estómago, disminuyéndose de este modo el vómito post 
operatorio. Además de esto, á consecuencia del abundante desdoblamiento 



155 

de laa grasas qae se realiza en el estómago, se asimilan rápidamente dichas 
snbstanciast y el enfermóse nutre también con mayor rapidez. 

El Dr. Lorenz (de Yiena) se declara partidario de la gastroenterostomia. 
La excisión de la úlcera no conviene más que en casos excepcionales, y no 
da resultado si no va seguida de la enterostomia. Al intentar la resección, 
es muy fácil que pase inadvertida alguna úlcera muy oculta. El orador da 
cuenta, en pocas palabras, de 90 gastroenterostomias practicadas en la clí- 
nica de Hochenegg ; seis pacientes, cuyas fuerzas estaban muy quebranta- 
das, sucumbieron después de la operación ; otros tres fallecieron de compli- 
caciones pulmonares. 

El Dr. Fiebig (de Viena) refiere haber observado el efecto curativo de la 
gastroenterostomia en perros, á los que había hecho contraer una úlcera 
gástrica. La curación se obtenía al muy poco tiempo de haber hecho la 
gastroenterostomia. 

El Dr. Lauenétein (de Hamburgo) hace observar que la nueva aglutina- 
ción de adherencias no se puede evitar por medio de la asepsia; sólo deja 
de presentarse cuando después de cortadas las adherencias queda una gran 
tensión. La multiplicidad de la úlcera puede tener gran significación cuan- 
do existe perforación. Asi, en la autopsia de una joven que ingresó en el 
hospital con síntomas de peritonitis por perforación, pero que no fué ope- 
rada por estar con un colapso extremo, se encontraron dos úlceras perfora- 
das, una en la pared anterior del estómago, y otra en la posterior. El autor 
aconseja, cuando no hay ningún neoplasma, limitarse á la sutura de la úl- 
cera perforada, porque dicha intervención nunca es tan grave bomo la exci- 
sión de la úlcera. 

El Dr. Oraser (de Erlangen) refiere haber hecho 190 operaciones en el 
estómago en los últimos cinco afios. ün paciente con úlcera péptica del 
yeyuno se murió á la media hora, en la clínica, por hemorragia. En estos 
últimos afloe ha renunciado al botón de Murphy en la gastroenterostomia. 
Loe síntomas de la estrechez pilórica no son á veces tan ostensibles como 
suele decirse. Asi en un caso en que se sospechaba dicha estrechez y en 
el que un clínico como 8ahli no se atrevía á establecer un diagnóstico, 
después de seis semanas de observación, se vio al fin, en la operación 
practicada por el autor, que había una estrechez pilórica del calibre de un 
cafión de pluma. 

La operación en ípsilon, de Roux, la ha practicado el autor diez y seis 
veces seguidas y con buen resultado, y aunque es algo complicada, puede 
terminarse en menos de una hora; pero es preciso, para garantir el éxito, 
seguir exactamente la técnica aconsejada por Roux. El autor ha renun- 
ciado á la piloroplastia, porque en tres casos exigió operaciones secunda- 
rias. La resección la ejecuta por el método de Eocher; en tres casos adoptó 
un m'odo mixto de Eocher- Billroth. Como después de una gran excisión 
queda el estómago muy pequeño y es difícil, por lo tanto, unirle á él el in- 
testino, el autor, lo que hace en estos casos, es unir el estómago al yeyuno. 

El Dr. Clairmont (de Yiena) se muestra poco propicio á adoptar las ideas 
de Eronlein, en vista de lo que se ha observado en la clínica de Eiselsberg. 
De 91 casos de gastroenterostomia sólo en un 50 por 100 se logró la cura- 
ción. En un 85 por 100 no se obtuvo ningún resultado. Para el éxito de la 



156 

gasiroeniaroftoiiiiA es de importoneU dedsiTa el sitio de U úlcera; si ésU 
rsdica cérea del piloro, el resaludo es faT<»aUe; si radica más arriba* 
ya 00 lo es, y habrá eotooces que apelar á otros métodos, á ooa comH- 
nseióo con otras interrenciones, tales como la exelosíón del piloro y la ye- 
ynnostomia á las doce semanas. En los casos de hemorragias ¿rayes está 
indicada la resección. 

El Dr. BartA (de Daozig) dice haber operado en cinco casos de úlcera 
del dnodeno; con la gsstroenterostomia se consigne la curación. El diag- 
nóstico diferencial con la úlcera del estómago es dificilísimo; el pronóstico 
de la úlcera no operada es absolutamente desfayorable. 

El Dr. De Backer (de Graz) y en su nombre un ayudante, dice que en 
Meases de úlceras se empleó casi siempre la gastroenterostomia , con 
una mortalidad de un 18 por 100. En los casos de úlcera de la pared ab- 
don^nal está indicada la excisión. La gastroenterostomia siempre fué la 
retrocólica posterior. 

Opcraeisses plásticas sa d slstssii billar. — El Dr. De StubenrauehJiáe Mu- 
nich ) refiere el caso de un hombre de cuarenta y seis afios que, habiendo 
caído enfermo el afio 190é con calofríos, dolores y Tómitos, presentó des* 
pues ictericia. Uás tarde fueron desapareciendo poco á poco todos los sín- 
tomas, pero el 27 de abril de 1905 se presentaron de nuevo dolores muy 
TÍolentos, y el 1.* de mayo fué operado el paciente, encontrándose que ha- 
bía una estrechez del conducto colédoco producida por una pancreatitis. 
El 27 de junio se practicó una operación autoplástica para cubrir la fístula. 
Tratamlsnts qHirúrgiss de la aleara del estémags. — El Dr. Braun ( de Go- 
tinga) impugna la resección á causa de la frecuente multiplicidad de la 
úlcera gástrica. Asi sucedió que un paciente falleció de hemorragia por una 
uloerita que había quedado después de practicada la resección. Los bordes 
callosos de la úlcera tampoco indican esta operación, puesto que desapare- 
cen después de la gastroenterostomia; las mismas adherencias tampoco son 
de gran importancia. 

El Dr. De Wreden (de San Petersburgo) hace algunas obserTaciones res- 
pecto á la técnica de la gastroenterostomia. Es muy común que los pacien- 
tes lleguen á la operación en un estado muy deplorable. En este caso les 
inyecta 15 miligramos de morfina y practica después la gastroenterostomia 
bajo la acción de la cocaína y empleando el botón de Murphy. La opera- 
ción resulta asi muy fácil, y el autor la ha hecho con éxito 28 veces. 

El Dr. Heidenhain (de Worms) llama la atención acerca de la combina- 
ción frecuente de la úlcera gástrica con el catarro de yértice; dicha combi 
nación indica la intervención quirúrgica. Después de la gastroenterostomia 
ha visto sobrevenir recidiva en algunos casos. El hecho de que el operado 
quede sin ninguna molestia no es prueba segura de que se ha curado la úl- 
cera; ésta puede subsistir, aunque latente, y, por lo tanto, convieneVeguir 
examinando las heces fecales por si aún contienen algo de sangre. Sólo 
cuando no se encuentra ésta después de estar sometido el paciente á un ré- 
gimen alimenticio exento do carne y al mismo tiempo de materias no blan- 
das, es cuando se puede deducir con seguridad que está curada la úlcera. 
El Dr. Kadir (de Cracovia) aconseja que después de la gastroenterosto- 
mia se introduzca un tubo blando de desagüe por la nariz, de modo que 



157 

Uegae hasta el intestino. Este tubo se dejará colocado durante cierto tiem- 
po. También recomienda la anestesia espinal con tropococaina. 

El Dr. BrodniU (de Francfort, sobre el Mein) hace observar que, á pe* 
sar de la yeynnostomia, es mny abundante la secreción de ácido clorhídrico 
en el estómago, y que, por lo tanto, dicha operación no preserva á la úlce- 
ra. La gastroenterostomia anterior proteje contra el desarrollo de una úlce- 
ra péptica. 

El Dr. Se€fi$eh (de Berlín) dice que con la gastrolisis rara vez se logra el 
objeto propuesto, sobre todo en los casos de adherencias en superficie, pero 
tampoco suele servir; cuando las adherencias son en forma de brida. En uno 
de estos casos sobrevino recidiva, y también la ha observado á menudo des- 
pués de la piloroplastia. En la gastroenterostomia emplea la sutura; si se 
quiere usar el botón de Murphy hay que adoptarla gastroenterostomia re- 
trocólica; de este modo no cae el botón en el estómago. 

El Dr. Kvhn (de Oassel) insiste en que en la gastroenterostomia tiene 
mucha importancia la magnitud de la incisión hecha en el estómago. No 
debe hacerse una abertura muy grande, porque en el acto de la operación 
se encuentra el órgano en contracción. Las consecuencias de incisiones de- 
masiado grandes son las operaciones secundarias; basta con una abertura 
muy pequeña en el estómago. Después de la gastroenterostomia antecólica 
nunca ha visto un círculo vicioso. ^ 

Trasr pílese del estémgo.— El Dr. De Bramann (de Halle) presenta una 
preparación procedente de una nifia de diez afios, la cual había recibido 
hacía un afio una contusión en la región epigástrica, que estaba muy dolo- 
rosa. Aumentando la sensación de compresión tuvo que guardar cama; no 
había habido vómito ni ninguna perturbación funcional del estómago. 
Poco á poco se fué desarrollando un tumor del tamaño de un puño á dos 
dedos por encima del ombligo. El tumor era poco dislocable, y el sonido de 
percusión por encima de él se percibía obscuro; el apetito y la digestión se 
conservaban bien. Al inflar el estómago desaparecía el tumor y lo mismo 
al inflar el intestino. El autor no acertaba á descifrar la naturaleza de la 
neoplasia. Se hizo la laparotomía, y se vio entonces que la pared anterior 
del vientre estaba adherida al colon, al estómago y al hígado. Una vez des- 
prendidas las adherencias de la pared anterior se incindió el estómago y se 
vio que el tumor contenido dentro de éste, y que representaba un, molde 
completo del mismo, era un tumor piloso que enviaba una prolongación es- 
trecha hacia el piloro y el duodeno. Llama la atención que la enferma no 
sintiera en el estómago otras molestias que una ligera presión al estar en 
pié y que no hubiese salido ningún pelo con las deposiciones. El tumor es 
negro, aunque la enferma es rubia, pero esto se explica porque había to- 
mado muchos ferruginosos á causa de su supuesta anemia. La curación se 
efectmS sin ningún incidente. 

Cierpe extraBe eu el abdomen.^ El Dr. De Bramann (de Halle), presenta 
una aguja de siete centímetros de largo que se había tragado una mucha- 
cha seis meses antes de haberse presentado al orador. Al hacerle la opera- 
ción se vio que la aguja estaba alojada en una infiltración de la fosa ilíaca 
derecha; había salido del yeyuno por el pliegue yeyunal, y con su extremo 
puntiagudo penetraba todavía en dicha porción del intestino. Después de 



158 

extraids 0e eerraron hm orífieios por nedio de satura. Al lado derecho del 
duodeno ezíetia una deairiz ealloaa. Era eiídente qne la agnja haUa pa- 
iado por el eeiómago, que deepaée habia perforado la rama deeeendente 
del daodeno, y que, por último, habia llegado hasta el jejooo. Existía un 
hematoma retroperitoDeaU 

Eiirptsiéfl áe la vsjifa y flfaeiéa ie les válsrss se la flezva. —El doctor 
WiltM (de Leipzig), presenta un hombre al que le ha hecho la operación 
indicada, á cansa de tener un tnmor Tesical. La mayoria de estos operados 
no han sobrerirido á la operación ; sólo mny pocos han TÍTido algunos 
afios más. La operación se hizo sin ningún contratiempo; los uréteres se 
fijaron sencillamente en un ojal practicado en el intestino, de tal manera 
que sus extremos sobresalían de tres á cuatro centímetros en el interior de 
este último, formando alrededor algo de mesenterio para eyitar la flexión 
angulosa y la formación de fístulas. El estado del sujeto es muy satísfac- 
torío: puede trabajar, y es capaz de retener la orina tres ó cuatro horas 
seguidas por el día y sin necesidad de lerantarse durante toda la noche. 

Csetssiéa dsl pásersas; sperscién; esraeiés. ^ El Dr. BUeher (de Bran- 
den burgo) presenta un hombre que hace dos meses habia recibido una 
eoz en el rientre. A las yeinticuatro horas, Tómitos, dolores TÍoIentoS en 
el abdomen y colapso. Guando el orador rió al paciente había síntomas de 
hemorragil^ interior, percibiéndose cierta resistencia en el epigastrio p<Mr 
encima del estómago; no había nada de peritonitis. 8e trataba, por lo 
tanto, de una hemorragia enquistada, procedente probablemente del pán- 
creas. El autor hizo la laparatomía, y después de incindir el mesocolon 
llegó á una caridad hemorrágica, encontrando entonces una rasgadura en 
la cara posterior del páncreas, una vez hecho el taponamiento, el sujeto 
se repuso rápidamente y en la actualidad está perfectamente curado. A 
los tres días de la operación se encontró azúcar en la orina. La mejor ma- 
nera de llegar basta el páncreas es pasando á través delligamento gastro- 
cólico. — [Deutsche Medizinal^Zeitung), — R. del Vallb* 

{Continuará). 



PERIÓDICOS 



Catarata de erigen artrftics. —El Dr. O. Doljan, de Bucarest, refiere tres 
casos de catarata de origen artrítico que se curaron con un tratamiento al- 
calino. 

En el primer caso se trataba de un hombre de setenta y dos afios, que 
▼enia padeciendo de cólicos nefríticos desde hacía seis, habiéndose someti- 
do con este motivo á una cara con aguas alcalinas. Guando interrumpió 
esta cura se desarrolló una catarata doble de color blanco-amarillento. 
Al tomar de nuevo las aguas alcalinas mejoró su estado y á las dos sema- 
nas recobró la vista por completo. 

En el segando caso, relativo á un artrítico de cincuenta y seis afios, hacía 
dieciséis qae venia padeciendo de arenillas en la orina y de cólicos nefríti- 



159 

eoB, y también de cuando en cnando de trastornoB de la TÍsta, qne duraban 
algunas semanaa. Por último, se desarrolló una catarata doble, la cual 
mejoró tanto con el uso de las aguai minerales alcalinas, que el paciente 
pudo dedicarse de nueyo á sus ocupaciones. 

ün curso análogo siguió el tercer caso, en el que se trataba de un enfer- 
mo de cuarenta.y dos afios. — iSpitaM). — R. dbl Valub. 

AlflMBoo prsbiemas relacienades cen el tratamiente de ia neumenla.—La pér- 
dida de la acción rasomotora es, según el Dr. Le Ferré, el peligro princi* 
pal en la neumonía, y conriene poner de acuerdo las opiniones discordan* 
tes respecto al valor de ciertos estimulantes cardiorasculares cuando pier* 
den su resistencia las arterias y arteríolas y se trastorna el equilibrio cir- 
culatorio, aunque el yentriculo izquierdo se contraiga con fuerza relativa. 
La sangre pasa con rapidez al árbol venoso y las arterias quedan casi va- 
cias. £1 aumento de presión en las venas y la rapidez de los movimientos 
respiratorios distienden la aurícula derecha. El ventrículo derecho, debi* 
litado, no puede vencer el aumento de presión sanguínea pulmonar, hay 
dilatación é insuficiencia de las cavidades derechas del corazón, tenden- 
cia á la trombosis cardiaca, edema pulmonar y deficiencia respiratoria. 
Para combatir este estado se aconseja la nitroglicerina, por creer que fa- 
vorece la acción del corazón al dilatar las arterias. Esta creencia es infun- 
dada, y el Dr. Le Fevre ha obtenido malos resultados con el uso de la ni- 
troglicerina y de los nitritos en tales casos. La nitroglicerina sólo está in- 
dicada cuando hay aumento de la tensión arterial y contracciones rápidas 
del corazón, como ocurre en la arterio- esclerosis y en la nefritis. 

Contra la pérdida de la acción vasomotora pueden emplearse dos clases 
de estimulantes: 1.* Los que obran sobre los centros medulares— estricni- 
na, cafeína, atropina, cocaína. 2/ Los que obran directamente sobre el te- 
jido muscular de las arterías— digital, cornezuelo y extracto de las cápsu- 
las suprarrenales. Guando hay además debilidad y extenuación de los cen- 
tros medulares, que se revelan por movimientos respiratorios poco profun- 
dos y rápidos, cianosis y apatía del enfermo, está indicada la estricnina á 
la dosis y con la frecuencia necesaria para aumentar la excitabilidad de di- 
chos centros, pero vigilando sus efectos, que pueden ser contraproducentes. 
La atropina, la cocaína y la cafeína pueden usarse contra los accidentes 
que se presentan en la convalecencia, pero si la estricnina es ineficaz, lo 
son también estos estimulantes. Bi hay insuficiencia respiratoria paeden 
emplearse la cocaína y la atropina, á causa de su acción sobre el centro 
respiratorio. El Dr. Le Fevre prefiere la cocaína, qne aplica sobre el tabi- 
que nasal por medio de una pulverización ó con un pincel. Si el centro va- 
somotor no responde á la estricnina ó si este centro se debilita antes que 
los otros y la estricnina le estimula indebidamente, deben emplearse la 
digital, el cornezuelo ó el extracto de las cápsulas suprarrenales, por su 
acción sobre los vasos sanguíneos. La digital es el medicamento más útil 
contra el colapso vascular, inminente en la neumonía. Si hay, además, sín- 
tomas de extenuación de los otros centros, se emplea combinada con la 
estricnina. El cornezuelo está indicadísimo en la neumonía con descenso 
de la presión arterial. En los sujetos alcohólicos, sin arterio esclerosis ni 



160 

nefritis, el alcohol deprime el centro yaaomotor y traetoma, por lo tanto, 
la circulación capilar. En los neumónicos alcohólicos hay lividez especial 
de la piel, que no depende de la cianosis por insuficiencia circulatoria. £1 
pulso es muy débil y los esputos son sanguinolentos y obscuros, poro no 
del color herrumbroso ordinario. El cornezuelo, al tonificar el sistema Tas- 
cular, corrige los síntomas más alargantes. En algunos neumónicos alco- 
hólicos, la estricnina mejora la circulación, pero aumenta el delirio y la 
agitación ; es necesario entonces administrar el alcohol y los narcóticos para 
tranquilizar y hacer dormir al enfermo, porque dichos síntomas son suscep- 
tibles de trastornar más la circulación periférica. Los narcóticos deben ad- 
ministrarse por la vía hipodérmica, adoptando las precauciones asépticas 
necesarias. £1 extracto de cápsulas suprarrenales ó el cloruro de adrenali* 
na obran sobre los rasos sanguíneos de una manera rápida y enérgica, 
pero sus efectos son fugaces. Están indicados contra el colapso yascular 
repentino, cuando se necesita conjurar el peligro inmediato, porque en la 
neumonía ne debe perderse la esperanza hasta que el enfermo está muer- 
to. Los estimulantes difusibles — alcanfor, almizcle, espíritu aromático de 
amoníaco, anodino de Hoffmann — son medicamentos de urgencia. 

(The Therapeutic. OazetU, 15 mayo 1906).— F, T9LBD0. 

Valor terapéutico de loo climis relajantes. — En concepto del Dr. L. Wi- 
lliams, los climas relajantes, cuyas condiciones meteorológicas son poca al- 
titud, mucho abrigo del viento, muchas horas de sol y un alto grado de 
humedad que favorece la uniformidad de la temperatura, asi como no 
sientan bien á las personas sanas, prestan buen servicio en determinados 
estados patológicos, v. gr., las^afecciones crónicas, pulmonares, cardíacas y 
renales, y las enfermedades crónicas del sistema nervioso que requieren un 
tratamiento más sedante que estimulante. Los climas mencionados convie- 
nen no sólo á los tísicos, sino también y muy especialmente á los enfise- 
matosos. — (Edinhurgh, nied, jour.). — R. del Valué. 

Un signo ffsieo de adherencia de la placenta. — Según el Dr. Strassmann, 
existe un signo que permite conocer si la placenta se ha desprendido ó si- 
gue adherida á la matriz. Basta percutir ligeramente el fondo del útero, 
teniendo sujeto con la otra mano el cordón umbilical. Si la placenta está 
adherida, se nota con toda claridad en el cordón una sensación de ola que 
se transmite desde el punto percutido á lo largo de la vena umbilical, y se 
repite á cada nueva percusión. Lfi falta de este fenómeno indica estar ya 
desprendida la placenta.— (Le Bull. Medical, 12 mayo 1906).— F. Tolbpo. 



REVISTA 



MEDICINA Y- CIRUGÍA PRÁCTICAS 



CONTRIBUCIÓN AL ESTUDIO 

I 

DB LAS 

FORMAS ATIPICAS DE LA ENFERMEDAD DE PARKIN80N 

DOCTOR CÉSAR JÜARR08 

Médico primero do SoaUUd HlUUr. 



La idea de que la parálisis agitante sea una neurose, cada día va 
contando con menos partidarios. Opinase hoy que dicha enfermedad 
puede ser realizada por distintas lesiones que, según el punto donde 
asienten, su intensidad y naturaleza, darán lugar ádiíerentes moda- 
lidades clínicas (Lamarche (1), Martha (2), Valery (3), etc.). Por esto 
tiene gran interés sistematizar, dentro de lo posible, las variedades, 
con el fin de ver si puede lograrse el ideal de conocer qué modalidad 
sindrómica corresponde á cada una de las variantes lesiónales. Las 
formas atfpicas que designó Charcot (4) con el nombre de frustra- 
das, no lo son, sino¡símplemente formas incompletas (Brissaud) (5) 
que pueden multiplicarse indefinidamente, ya que como ha demos- 
trado Valery (6), cada uno de los síntomas puede existir aislado, 
aun los de menor significación clínica, como la facies (Lecorche 
y Talamon (7), Lacoste (8), Rouvillois (9). 

(1) Lamarobe t Th. Montpelher, 1899. 

(2) Martha t Th. París, 1888. 
(Q B. Valery s Th. París. 1004. 

(4) Oharcot t Lepons olíníqaes, t. i. 

(6) Brissaud : LeQons sur les m. nerv., 1896. 

(6) Loe. eU. 

(7) Talamon-Lecorehe : ¿tndes medícales, 1882. 

(8) Laooste i Th. París, 1886. 

(9) BoavíUois: Th. Lyon, 1898. 

Afio XXX.-Tomo LXXII.-Kúin. 9I1.-1 Agosto, 1906. 18 



162 

Bechet (1) es el que mejor ha clasificado las formas atfpicas divi* 
diéndolas en tres grupos. En el primero incluye las formas que se 
apartan del cuadro común por la ausencia 6 modificación de alguno 
de los dos síntomas fui^damentales, comprendiendo tres subdivisio- 
nes : l.'^, las formas sin temblor ó sin rigidez muscular; 2.\ las for- 
mas en que existe el temblor, pero cuya intensidad, ritmo 6 ampli- 
tud y su existencia ó su exageración en loe movimientos volunta- 
rios (2) modifican el síndrome; y 3.^, formas en que la rigidez pre- 
senta caracteres especiales : tipo de extensión en lugar de tipo de 
flexión (Charcot) (3); extensión con la cabeza dirigida hacia atrás 
(Dutil) (4), ó hacia un lado, simulando la tortfcolis (Bechet) (5); ex- 
tensión del tronco y de Jos miembros con flexión de la cabeza y del 
cuello (Bidón) (6). 

En un segundo grupo reúne los casos que se desvian del patrón or- 
dinario por la localización ó modo de invasión de los síntomas; for- 
mas mopoplégicas, hemiplégicas (7) ó paraplégicas (Meneroti) (8), 
Meinard (9), etc., etc. 

El tercero y último grupo de la sistematización de Bechet, es 
aquel en el que se incluyen las formas anormales por la presencia de 
fenómenos raros (10). 

Los casos cuya historia clínica leamos á relatar figuran todos den- 
tro del primero y segundo grupo. 

Observación l.^~M. G., de setenta y tres años de edad, natural de 
Galapagar (Madrid), soltero, pastor (11). Su padre murió de hemo- 
rragia cerebral, su madre en un fuego. Carece de todo antecedente 
neuropático familiar. Durante toda su vida ha gozado de excelente 
salud, salvo el haber padecido dos veces erisipela leve y anginas de 
tarde en tarde. 

Hace tres años, estando una noche guardando el ganado, estalló 
una tormenta qfue le obligó á salir del chozo, para evitar que se des- 

(1) Bechet : Th. Paria, 1892. 

(2) Brisiiaad i Jowr. dé L, Champianniéref 1894. 
— Baymondi 8oo. de Nenrol., 6 julio 1905. 
(8) Charcot i Loe, cü. 

(4) Dátil : Th. París, 1891. 

(5) Bechet : Loe. eit 

(8) Bidón : Retme dé Méd., 1891. 

(7) Berthomiea: Th. Toalouse, 1895. 

(8) Measerott : Rassegna d% aciétuie médiehét 1889 (cita de Giili). 

(9) Meinard : Ocu. de$, »c. méd, de Bordeaux, 1888 (cita de Bechet). 

(10) Baymond : Soc. de neuroL. 6 de jallo de 1905. 

(11) Esta observación y la sif^aiente ñieron recogidas en la clínica del 
Dr. Oodina. 



163 

bandasen las ovejas, permaneciendo una media hora aguantando la 
lluvia. Al retirarse otra vez á su cabana sintió un fuerte dolor en el 
brazo derecho; pero como había tirado algunas piedras con la hon- 
da, lo atribuyó á este ejercicio y no le dio importancia: á ios ocho 
<lfa8 apareció el temblor en la mano derecha y á los dos años en la 
izquierda. 

Desde entonces se han ido acentuando los síntomas hasta llegar al 
•estado actual, en que presenta un temblor menudo y rápido en am- 
bos brazos, completamente característico, de 40 oscilaciones por se- 
■gundo, y que se asemeja á la modalidad que se compara con el acto 
de tocar el tambor. La cabeza no participa del temblor, aun cuando 
pudiera hacer pensar en ello los movimientos que la imprimen la 
agitación de los brazos. El temblor se detiene durante los movimien- 
tos activos ó pasivos, conservándose en estos últimos tiempos du- 
rante el sueño hasta ser causa de insomnio. 

La rigidez existe, aunque muy poco acentuada. Los músculos in- 
-vadidos por el temblor dan al tacto la sensación de estar contraídos, 
4o que se observa también en la región posterior del cuello, proban- 
do asi, una vez más, la certeza de la afirmación de algunos autores 
respecto á que la rigidez puede asentar en músculos respetados por 
«1 temblor. Hay una marcada lentitud y limitación de los movimien- 
tos. La cara de este enfermo, sin ser la característica de los parkin- 
sonianos, la recuerda mucho por la poca movilidad de la expresión 
y la ñjeza indiferente de la mirada. La palabra, aunque lenta, mo- 
nótona, sin matices y obscura, tampoco es la que suele encontrarse 
en la enfermedad de Parkinson. Este mismo carácter de poca acen- 
tuación de los síntomas márcase aún más en la actitud, en que sería 
bastante difícil precisar si es sintomática de la enfermedad ó propia 
de la edad avanzada á que ha llegado el historiado. La marcha no 
tiene ninguno de los rasgos típicos, pues ni los pasos son cortos, ni 
los pies se separan más de lo ordinario, ni está aumentado el ángulo 
de abertura. Los reñejos tendinosos y cutáneos se hallan exagera- 
dos, no existiendo trastornos sensitivos. La necesidad de moverse se 
halla muy poco clara, pues aun cuando en todo el día no cesa de 
traginar, este ir y venir no obedece, al parecer, á una sensación pe- 
nosa de impaciencia muscular. No hay sensación de calor ni de ele- 
vación de la temperatura periférica. No existen trastornos vaso- i 
motores ni sialorrea. Tensión arterial, 11. Las funciones de la vida | 
orgánica parecen hallarse normales. Su estado intelectual corres- ¡ 
ponde bastante exactamente al descrito por Brissaud, estando ca- I 



164 

racterízado principalmente por la falta de exteriorización. La puN 
flión es muy poco ostensible. Existen calambres y hormigueos en am- 
bos brazos. Fuerza dinamométrica en el brazo derecho, 16 ; en el iz- 
quierdo, 13. 

Observación 2.^ — C. G., de sesenta y dos años, natural de León 
soltero, jornalero del campo. Carece de antecedentes hereditarios y 
familiares. A los siete años tuvo viruela^; á los ocho, sarampión; a 
los catorce, escarlatina ; á los dieciséis, meningitis (?); á los veinte, 
pulmonía; á los cuarenta, paludismo (tercianas). 

En marzo del año 1904, llevando un baúl, se paró á descansar 
junto á una fuente, de la que bebió agua sin haber cesado aún de 
sudar, sintiéndose paralizado bruscamente de ambas piernas; tras, 
ladado á una casa próxima se reanimó algo, mediante unas friccio** 
nes, pudiendo ir á su domicilio, aunque trabajosamente; guardó- 
cama ocho días, y al levantarse se encontró con una gran debilidad 
en ambas piernas, que si bien le permitía moverse, le impedía todo> 
trabajo; al año, dicha debilidad apareció bruscamente también en 
ambos brazos, sin causa á que poder ser atribuida. Desde entonce» 
empezó á iniciarse la rigidez. 

Su estado actual es el siguiente : No existe temblor tal como es co- 
rriente describirlo en la enfermedad que nos ocupa, hallándose en 
cambio un ligero titubeo al iniciarse los movimientos voluntarios» 
que recuerda el temblor intencional de la esclerosis en placas. En 
cambio llena toda la sintomatologia la rigidez muscular que ad- 
quiere el valor de síntoma capital; todos los músculos del plano de 
ñexión aparecen contraídos y casi leñosos al tacto el trapecio y el 
biceps braquial, cuyos movimientos son causa de dolor, siendo éstos 
limitadísimos y de una gran lentitud. La rigidez es tal, que permite 
al enfermo conservar una misma posición durante largos períodos 
de tiempo. Su facies es absolutamente característica; la mirada 
fija, indiferente é invariable; el enfermo, como dice Hirt, parece es- 
tar á salvo de toda emoción. La palabra es lenta, obscura, opaca» 
monótona y la actitud obedece á la fórmula clásica de inclinación 
de todos los ejes segmentarios del cuerpo. La mano está desviada 
hacia su borde cubital. Los reflejos, tanto tendinosos como cutá- 
neos, están disminuidos. Existen calambres en la mano y pierna iz- 
quierdas y hormigueos en ambos muslos. La pulsión es muy mani- 
flesta, habiendo la necesidad de moverse, pero no la sensación de 
calor que está sustituida por ramalasoé alternativos de calor y frío 
á lo largo de los miembros, sin elevación de la temperatura ni tras- 



165 
^rno8 vasomotores. Tensión arterial, 18. No hay nistagmus. El es- 
tado intelectual mucho más acentuado aún que en el caso anterior. 
Fuerza dinamomótrica en el brazo derecho, 26; en el izquierdo, 24. 

Sensibilidad normal. Sialorrea, aunque poco abundante. 

Obseroación 3.* (1). ~ S. L., de cuarenta y seis años, natural de 
Toro (Zamora), casada. Su padre murió de pulmonía; su madre de 
un proceso vesical. 

Ha tenido once hijos y dos abortos, que atribuye á impresiones 
morales. Sólo le viven tres, que tienen buena salud. No ha padecido 
otras enfermedades sino paludismo y un cólico nefrítico. Hace cinco 
meses, al levantarse, advirtió que el brazo derecho la temblaba, 
y pasados unos días notó en el mismo una sensación de frío de for- 
ma continua. A los dos meses de su aparición el temblor invadió la 
<2abeza. 

Actualmente se la observa un temblor horizontal típico, que 
asienta en la cabeza y brazo derecho, que no se modifica por in- 
fluencia del acto de cerrar la mano, que los movimientos volunta- 
rios hacen cesar y no In idea de realizar un acto. Bl temblor es de 
oscilaciones menudas y rápidas, que alcanzan la cifra de 30 al se- 
cundo. Al tacto se observa en el biceps braquial una ligera sensa- 
ción ée músculo sano contraído. Los reflejos rotulianos y cutáneos, 
normales. No se observan deformaciones ni actitudes viciosas. La 
oabeza se halla ligeramente flexionada. No hay propulsión, ni debili- 
-dad, ni atrofia muscular. El dinamómetro marca 24 en el lado dere- 
cho y 22 en el izquierdo. Los movimientos del brazo derecho son al- 
agunas veces dolorosos; á la presión despiértanse dolores en el biceps 
foraquial y trapecio del lado derecho y en los extensores del raquis. 
La enferma no acusa calambres, pero si hormigueos en el brazo en- 
fermo si se detiene el temblor. En dicho lado sensación de calor exa- 
gerado, sin aumento de la temperatura periférica, faltando la sialo- 
rrea y los edemas, presión arterial 12. Tres años antes de comenzar 
•el temblor tuvo vértigos, que la han durado hasta hace poco; la ce- 
falalgia que los acompañaba, aún subsiste. No hay elevación de las 
-cejas ni nada de especial en la fisonomía, ni nistagmus, y sí bas- 
tante adelgazamiento. Sensibilidad objetiva normal. 

Obseroación 4.^ (2). — E. M., de sesenta y siete años de edad, natu- 
ral de Robledo (Madrid), casado y de oficio jornalero. Carece de an- 
tecedentes hereditarios, no ha tenido hijos y le faltan todo género 

(1) Observación debida á la bondad del Dr. Oodina. 

(2) Beoogida en la olinioa particular del Dr. Gereda. 



166 

de antecedentes personales^ pues nunca padeció enfermedades de 
ningún género. 

Hace tres años, estando sudamio, se enfrió^ y poco después comen- 
zó á sentir hormigueos en el brazo izquierdo, hormigueos que le du» 
raron cinco meses, presentándosele alternativa y caprichosamente* 
Pasado este tiempo comenzó á perder fuerzas en dicho brazo, y 
coincidiendo con esta pérdida, hizo su aparición el temblor. Hac& 
cuatro meses todos estos fenómenos se fueron instalando en el bra- 
zo derecho. 

Su estado actual es el siguiente : de aspecto algo caquéctico» pre- 
senta un temblor generalizado en ambos brazos. Menudo durante 
el reposo, bastante rápido, consta de oscilaciones verticales, recor- 
dando el clásico «emiettement» del pulgar. Se exagera cuando los. 
miembros no están apoyados. La actitud realiza el tipo de flexión 
con la cabeza proyectada hacia adelante, con el mentón tocando 
casi en el esternón, brazos pegados al cuerpo» antebrazos semine- 
xionados y las primeras falanges flexionadas. Los miembros infe- 
riores y la columna vertebral se conservan intactos. Los movimien- 
tos de los miembros superiores son muy lentos, estando la cabeza, 
casi inmovilizada. No obstante, la cara apentts si inicia elaspecta 
caracterlsco de la enfermedad que nos ocupa. No siente calor ni 
frío patológicos. Las masas musculares de los miembros superiores, 
son poco voluminosas, pero sin llegar á la atrofia. La rigidez es muy 
poco acentuada. Los reflejos tendinosos de los miembros superiores, 
se hallan exaltados y normales los del resto del cuerpo. Nada de 
trastornos sensitivos. Falta la aialorrea y la pulsión. No se apre- 
cian trastornos psíquicos. Todas las demás funciones se reaiizáa 
normalmente. 

La etiología de estos cuatro enfermos tiene varios aspectos suma* 
mente interesantes, pues si bien en tres de ellos parece hallarse de 
acuerd</con lo que, respecto á la edad de aparición, afirman los au- 
tores, rompe en cambio con la idea, bastante generalizada, de que 
la herencia juega en la enfermedad de Parkinson un importante pa- 
pel, dando la razón á Oppenheim (1) cuando dice que la herencia 
no tiene en esta dolencia importancia, no obstante las observacio- 
nes de Weber, Borgherini, Bechet, Clerici y Medea (2), Bury y la 
más reciente de Papinio Pennato (3). 

(1) Oppenheim I Tratado de enfermedades nerviotat (edición española K 

(2) Olerici y Medea: Rév. neurol., 1899. 

(8) Papinio Pennato t Riforma «lédtea, 1906 (B. M.). 



167 

De mucho más interés que la etiología es la comparación de estos 
síndromes con las formas clásicas. )Jna primera particularidad es 
el predominio excesivo de un síntoma sobre los deibás: en las obser- 
vaciones 1.% 3/ y 4.' el temblor, en la 2/ la .rigidez. Claro es que esto 
ino tiene nada de nuevo ni de sorprendente, puesto que Oppenheim (1) 
ha insistido mucho sobre las formas en que falta el temblor, y Ra- 
bot y Bechet (2) sobre aquellas otras que tienen su fisonomía clínica 
basada en la falta de rigidez. 

Mucho más^curioso es la especial manera dé empezar que ha te- 
ñido el proceso en cada uno de los cuatro: monoplégico en^tres, pa- 
raplégico en otro y en tres bruscamente, contra la opinión de Char* 
cot y de Stewart (3), que ha llegado á intentar clasificar los sínto- 
mas prodrómicos y en favor de los casos relatados por Moutier (4), 
Gilli (5), etc. 

Las formas monoplégicas no son muy abundantes ni hay gran 
acuerdo sobre ellas, aun cuando Berber (6) crea que se presentan 
en un 35'7 por 100. Para algunos (7) trátase de una base de Ja en- 
fermedad, y asi parecen probarlos nuestros casos, de un modo de 
comienzo. No obstante, hay ocasiones (8) en que el proceso, lejos 
de generalizarse, conserva siempre su carácter hemiplégico, no de- 
biendo confundirse tales cuadros clínicos con las enfermedades 
parkinsonnianas post hemiplégicas (9), en las que el antiguo paralí- 
tico se vuelve parkinsonniano (10), acaso sin que el segundo sín- 
drome dependa directamente del primero. La observación 2.* es, 
en lo relativo á este asunto, la qíie presenta mayor rareza en su 
comienzo, pues la forma paraplégica es muy poco frecuente, mere- 
ciendo la nuestra figurar junto á las de Messeroti (ll),Mesnard (12), 
Berber (13), Ordenstin (14), etc., etc., con el distintivo de lo brusco 

(1) Oppenheim t Loe, eit, 

(2) Beohet: LoL cU. 

(8) Stewart : Lane§t, 1898 (citado por Grasset). 
(4) Bíoutiers Soo. neurol., 8 junio 1905. 
(6) J. M. Oilli i Th. Paria, 1900. 

(6) Berber: Qax. A«6d., 1891. 

(7) Gilli 1 Loceü. 

(8) Moutier t Loe, eit. 

(9) Bicooz I Th. Nanoy, 1882. 

(10) Mannelides] Club medical de Gonstantinopla, 1904 (Bev. neurol,^ nú- 
mero 6, 1905;. 

(11) Messeroti: In Ila999ffna diseienee médieke^ 1889 (citado por Gilli). 

(12) Mesnard : Gas. de$ te. med, de Bordeaux, 1888 (citado por Bachet). 

(13) Berber : Loe, eit, 

(14) Ordenstein: Th. París, 1867 (según Gilli). 



168 

de la aparición y la relativamente pronta invasión de loe miembros 
superiores. ^ 

De los demás síntomas que señalan los tratadistas, la mayoría 
falta en nuestros enfermos. Asi, por ejemplo, los dolores señalados 
por Ordenstein (1) sólo se presentan en uno y con escaso relieve, 
sin alcanzar la preponderancia del caso tipo relatado por Seint Le- 
ger (2). La caquexia tampoco existe, ni los edemas, ni la sialorrea, 
pues no merece el nombre de tal el aumento de secreción salivar de 
laob8ervac¡ón2.\ con loquesesuma un argumento máa en favor de la 
opinión de Mazataud (3), siendo además digno de hacerse notar que 
se presenten en el que predomina la rigidez muscular, lo que hace 
pensar si será debida á rigidez de los músculos de los labios, men- 
tón, lengua y faringe, como piensa Católa (4) contra la teoría bulbar 
de Bruns. No hay. tampoco en ninguno de los cuatro equimosis es- 
pontáneos de los señalados por Honeix de la Brousse (5) ni asociacio- 
nes reumáticas (Charcot) (6), ni históricas (Dutil) (7), ni trastor- 
nos de la nutrición general (Alquier) (8), faltando en dos la sensa- 
ción de calor sustituida en la observación 2.^ por alternativas de 
calor y frk). La necesidad de moverse no hace más que iniciarse. • 
No se halla elevación de la temperatura periférica. 

Esta misma variabindad, esta separación de los cuatro casos del 
tipo clásico y de cada uno de ellos entre si, viene á probar una vez 
más que el Dúmero de formas puede ser inñnito, acaso porque aquí, 
como en la esclerosis en placas, el síndrome dependa más del asien- 
to y agudeza del proceso, que de éste en sí mismo. Según todas las 
probabilidades, las lesiones del síndrome de Parkinson asientan en 
el istmo del encéfalo, siendo cada síntoma función de una lesión lo- 
calizada (9). 

(1) Ordenstein I Th. Parle, 1867 (según Gilli). 

(9) Seint Lefcers Th. París, 1879 (citado por Gilli). 

(8) Masataud: Th. Paria, 1898. 

(4) Católa: Soc neorol., 12 enero 1906. 

(6) Honeix de la Brousse: Th. Paris, 1888. 
<6) Oharcot: Le^ons da mardi, 1861. 

(7) Dutil t Th. París, 1891. 

(8) Alquier I Th. París, 1906. 

(9) Valery : Loe, dt. 

I 



169 



REVISTA DE OTO-RÍNO- LARINGOLOGÍA 

nm. ML 

DOCTOR D. FRANCISCO RUEDA 

Diraclor d« !• Coualte oto-rlno-lMiafológlc* d«l ÜMpltal d« U PrincMa. 



ñauAMio : I. La aaioplastia del conducto auditivo extemo en la cura radi* 
oal de la otorrea. -^ II. Oontribución al estudio del signo de Oradenigo.— 
III. Origen de los pólipos mucosos retronasales. •- lY. Sobre el uso de la 
parafina en rinologia. -— V. Traqueotomia y tirotomla. — VI. £l cloruro 
de calcio como agente hemostático preventivo. 

I. Aunque la materia de que vamos á tratar parece resuelta por 
la práctica en todos sus puntos, ño nos parece inútil fijar algunas 
ideas en el ánimo de los menos expertos, aprovechando las conclu- 
fliones señaladas por el Dr. Moure en la última reunión de la Socie- 
dad francesa de Laringología, etc., que representan la enseñanza 
adquirida en 700 operaciones mastoideas que lleva ejecutadas. 

Para orientación de los menos enterados en la cuestión, diremos 
que en la operatoria radical de las supuraciones crónicas del oído 
medio, existe un tiempo que consiste en acomodar el conducto audi- 
tivo cartilaginoso, de tal modo, que el conducto óseo, la caja timpá- 
nica y el espacio mastoideo, constituyen una sola cavidad, y de tai 
manera, que, resultando el meato auditivo muy ancho, consienta 
fácilmente por él la curación de la cavidad operatoria. 

Después de varios tanteos en este sentido. realizados por diversos 
autores, cuyos procedimientos de autoplasia del conducto registran 
ios tratados clásicos, resolvió el Dr. Moure hace tiempo 'i*eunir 
completamente, y en el acto operatorio, la herida retro- auricular, 
sea cual fuere la causa de la otorrea, maniobrando sobre el con- 
ducto, de tal modo, que siempre pueda consentir las curaciones por 
tal vfa. 

Para conseguir este propósito, el Dr. Moure ha propuesto en unos 
casos la resección total del conducto, en otros la resección de un col- 
gajo después de haber incíndido longitudinalmente el conducto; en 
ocMiones prolonga la incisión hasta la misma concha, sobre la que 
ejecuta incisión crucial en T, sujetando con catgut los dos colgajos 
resultantes'á las porciones superior é inferior, respectivamente, de 
la herida retro-auricular. Con estas diferentes maniobras bien eje- 



170 

culadas se consigue el espacio suficiente para la curación é inspec- 
ción¡del foco operado. 

En ¡circunstancias especiales, obreros poco cuidadosos, focos de 
colesteatoma, reemplaza Moure el procedimiento llamado de Sie* 
benmann, por la resección pura y simple de4ina porción del carti» 
lago de la concha, con lo que se obtiene toda la amplitud deseada. 

II. La ocurrencia de una parálisis del motor ocular externo en el 
curso de una otitis media aguda séptica, constituye el signo de Ora- 
denigo, del nombre del especialista italiano que más se ha ocupado . 
en la dilucidación de éste fenómeno. 

El número de casos que actualmente registra la literatura, que no 
llega á 30, y la falta de datos necrópsicos, hace imposible edificar 
una teoría que satisfaga, siendo los datos clínicos realmente tan con- 
tradictorios, que más sirven para extraviar que para aclarar la 
cuestión. 

Por esto, el recoger los nuevos casos publicados tiene interés,, 
pues, representan los elementos sobre que el edificio ha de de funda* 
mentarse. 

Contrasta sobremanera en la evolución de la enfeirmedad el he» 
cho de que, en la mayoría de los casos (19 en 2V^^ la curación ha so- 
brevenido sin consecuencias en el transcurso de varias semanas» 
mientras que en unos pocos se ha declarado un estado meningitico 
con terminación funesta. De aquí que unos observadores hayan 
pensado para la explicación del fenómeno en reflejos nerviosos, 
fáciles de traer á la escena, y otros hayan apelado á la meningitis 
serosa ó purulenta, según los casos. 

La observación que el Dr. Jacques (de Nanzy ) publica en el núme- 
ro de junio de los Annalea des maladies de l^oreille, etc., es de inte* 
res á este propósito, aunque, en verdad, tampoco sirve para susten- 
tar una teoría, pues le falta la necropsia, ya que los datos biópsicos 
que aporta no son lo bastante claros con respecto al signo clínico 
en cuestión. 

Encabeza la observación con el siguiente epígrafe: Paresia pro* 

gresioa del elevador del párpado y después del motor ocular externo, 

.en el curso de una otitis media supurada aguda no complicada. Afe- 

ningiiis generalizada con flujo abundante de liquido cefalorraquídeo 

* por el oidOy quince dias después del principio de la parálisis. Muerte^ 

Un niño de siete años sufre los fenómenos corrientes de una otiti» 
aguda que se perfora espontáneamente, y cuya perforación es dila^ 
toda por el bisturí del especialista. Más tarde presenta ptosis, y en 



171 

vista de que se agrega un estado febril que pasa de 39*^ y se presen- 
tan los fenómenos propios de una oftalmoplegia externa, se con- 
cluye que el paciente se encuentra en gran inminencia de peligro 
para la vida, corroborada esta idea por la circunstancia de que los 
tapones de algodón colocados á la entrada del ofdo se imbiben de 
un liquido incoloro, muy abundante, seroso, que se acumula en la 
concha, llenándola en pocos instantes, agregándose á esto una cons- 
tipación absoluta y un vientre retraído, con rigidez de la nuca y 
vómitos repetidos. 

Decidida una intervención de urgei\pia para en lo posible detener 
la invasión de la meningitis que evoluciona, se vacian las mastoi- 
des y caja timpánica sin encontrar acumulaciones sépticas ni tra- 
yecto fistuloso endocraneal que explique lo sucedido, por lo que se 
continúa la exploración resecando la bóveda de la caja y del antro 
mastoideo, con lo que descubriendo sana la dura madre se incinde y 
se procura salida de una notable cantidad de líquido seroso. 

El curso post operatorio ha sido el de una leptomeningitis, que ha 
conducido á la muerte en coma, después de fenómenos convulsivos 
repetidos. 

El examen del líquido raquídeo extraíjdo por la punción lumbaF 
practicada antes de la operación, ha dado leucocitos abundantes 
mono y polinucleares y un cultivo puro de un microorganismo que 
corresponde á la descripción del enterococo de Thiercelin. 

Según el criterio del autor, la causa de la parálisis del abductor 
del globo ocular ha residido en un foco flogístico que ha compren- 
dido la trayectoria del motor ocular externo. 

Concluye que, en el terreno pronóstico, el signo de Gradenigo 
debe ser siempre mirado como un indicio de inminente gravedad, 
que obliga á permanecer armados contra todo evento. 

lII.SEn oposición á los pólipos mucosos de la nariz, que en su gran 
mayoría tienden á salir por la abertura anterior, existan otros que 
son arrastrados hacia las coanas, invadiendo la nasofarínge, donde 
toman cuerpo y donde la rínoscopia posterior los revela apoyados 
sobre el velo del paladar. Bajo ningún concepto científico pueden 
diferenciarse unos de otros, perteneciendo todos á la categoría de 
neoplasiasde estroma fibroso de grandes mallas ocupados por se- 
rosidad infiltrada, y á veces constituyendo verdaderas lagunas quís- * 
ticas. 

Lo que oDliga á considerar estos pólipos en grupo separado es: de 
un lado, 1& mayor dificultad para ser diagnoticados; de otro lado. 



172 

su original punto de procedencia, y ñnalmente la mayor dificultad 
que ofrecen para su extracción. 

Sobre el segundo punto, publica el Dr. Killian (de Friburgo) un 
trabajo en los Annalea dea maladiea de Coreille, etc., del mes de 
mayo, en el que expone ideas con las que mi observación particular 
coincide, por lo que voy á transcribirlas brevemente. 

La experiencia de Killian, que comprende 22 casos, le bace admi- 
tir que los pólipos retronasales son ordinariamente únicos y unila- 
terales, piriformes, muy alargados, cuyo pedículo, como estirado, es 
intranasal, y cuyo extremo terminal, abultado, pende en el espacio 
nasofaríngeo. La observación minuciosa de varios casos le autori- 
zan para admitir que estos pólipos nacen en el interior del seno 
maxilar, donde crecen en estado latente basta bacer su salida por 
el oeiium natural ó uno accesorio, en cuyo punto sufriría una es* 
trangulación, que explica la delgadez del pedículo que se aprecia al 
ser operado, asi como la considerable extensión. 

Para cerciorarse antes de la operación, precisa cocainizar fuer- 
temente la zona del canal medio y emplear el espéculum de Killian 
para la rinoscopia media, con el que, rechazando el cornete medio 
contra el tabique nasal, puede verse aparecer el pedículo lateral- 
mente por detrás de la región de la apófisis unciforme. Con un esti- 
lete curvo es posible rodear el pedículo y cerciorarse que el orificio 
accesorio por donde sale es notable por su diámetro. 

Aplicando el aprietanudos bien sobre la raíz, y procediendo por 
arrancamiento, se nota que la porción antral es á veces considera- 
ble y hasta de 3 y 4 centímetros. 

Ei Dr. Killian ha notado la existencia de un surco transversal en 
el pedículo, así como también la resistencia que opone al arranca- 
miento y la circunstancia de que al verificarse suele ir acompañado 
de un derrame de liquido seroso ; por lo que supone con razón que 
en el interior del antro, el pedículo es grueso y quístico, que resulta 
estrangulado á su paso por el orificio, y que la rotura del quiste in- 
trasinusal explican lo membraniforme del pedículo y el escape de 
líquido seroso 

IV. A pesar del tiempo transcurrido desde que Gersuny inició el 
empleo de la parafina en inyecciones intersticiales, todavía los au- 
tores no llegan á una conclusión uniforme respecto á ciertos detalles 
de técnica, obteniendo resultados contradictorios en muchos casos. 

En la reunión del mes de mayo de la « Société frangaise d*otologie, 
de Laryngologie et de Rhinologie », se han ocupado de esta cuestión 



173 

personas de tanta experiencia en la materia como Brindel (de Bur- 
deos) y Broeckaert (de Gante), manifestándose en discrepancia 
respecto al uso preferente de las dos parañnas, la liquida y la 06* 
lida. 

Bl Dr. Brindel, ensayando el empleo de la paraflna sólida fusible 
de 45 á 50®, tan calurosamente ponderada por Broeckaert, en el tra- 
tamiento del ozena, ha visto frecuentemente producirse la elimina* 
ci6n espontánea de la substancia por esfacelo de la mucosa, aunque 
la cantidad inyectada haya sido muy pequeña. 

De la comparación que establece con la paraflna caliente, ea de- 
cir, inyectada fundida, se desprende la superioridad incontestable 
de ésta en el tratamiento del ozena. 

Bl Dr. Mahn considera que la paraflna sólida, es decir, fria, re- 
sulta superior, si se tiene la precaución de calentar la jeringa y la 
aguja, de modo que siendo la materia pastosa penetra en los tejidos 
sin comprimirlos ni mortificarlos. ' 

Ocupándose Broeckaert del valor curativo de las inyecciones de 
paraflna en el ozena, aflrma que en 39 fosas nasales enfermas, 
ha obtenido 23 curaciones completas, 7 mejorías y 10 fracasos, en- 
tendiendo por curación la ausencia persistente de fetidez y costras 
sin necesidad del empleo de las irrigaciones nasales. 

Se explica este resultado, según el autor, por la producción de 
ana esclerosis de la mucosa que comprime y destruye las glándulas 
origen de la secreción fétida, cuyo resultado aparece comprobado 
por el estudio histológico de cortes de la mucosa. 

Nosotros, revisteros imparciales de toda innovación, cumplimos 
nuestra obligación apuntando estas cifras, sin comentarios, pues ya 
en otro lugar hemos significado nuestro criterio sobre la materia. 

Y. Aunque se trata de un asunto algo manoseado, como nunca lo 
bueno sobra, nos vamos á ocupar en sintetizar las ideas últimamen- 
te vertidas por el Dr. Moure, respecto á la oportunidad de ejecución 
déla traqueotomia, juntamente con la tirotomía; la gran experien- 
cia adquirida poreiste maestro da valor á sus conclusiones. 

Sentando como principio que las circunstancias en que somos lla- 
mados á intervenir son bastante diferentes, piensa que la conducta 
debe ajustarse á cada caso. 

Cuando se trata de cuerpos extraiios enclavados en la laringe ó 
de tumores benignos que han de ser poco hemorrágicos, es posible 
practicar la abertura laríngea sin traqueotomia previa. 

Cuando se trata de tumores malignos de ancha implantación. 



174 

piensa el Dr. Moure que la colocación de una cánula traqueal es 
preliminar necesario antes de incindir el tiroides, proporcionando 
las ventajas de facilitar la cloroíormizaeión y garantir contra la 
penetración de sangre en el árbol respiratorio, pudiendo trabajar 
libremente el operador sobre la laringe abierta y ayudándose de la 
aplicación tópica de cocaína y adrenalina. 

Considera también que la traqueotomfa debe ser temporal, y que 
una vez terminada la intervención, debe precederse á la sutura 
laringotraqueal, exactamente como si la traqueotomfa no se hubie- 
ra practicado. 

Al objeto de facilitar la reunión inmediata de la herida traqueal, 
aconseja el empleo de cánulas aplastadas, que separan poco los ani- 
llos traqueales. 

En ideas semejantes abunda también el Dr. Lermoyez, quien dice 
que la laringotomla sin traqueotomfa es una mediana operación, y 
que la práctica contraria es excelente, sintetizando su criterio en 
una imagen que encontramos excelente : «Cuando se quiera traba- 
jar en seco sobre el lecho fie un rio, se deriva el curso de la co- 
rriente». ^ " 

VI. Como ya hace algún tiempo que por varios experimentadores 
se vienen comprobando los efectos hemostáticos del cloruro de cal- 
cio administrado al interior, no debemos pasarlo en silencio, aunque 
personalmente tengamos que confesarnos un tanto escépticos sobre 
tan relevante cualidad, que. por lo menos dentro de nuestra espe- 
cialidad, serla preciosa, por lo que simplificaría una porción de ope- 
raciones. 

El Dr. Toubert (de Montpellier) afirma haber obtenido resultados 
notables, comprobando la cualidad que este medicamento posee de 
aumentar la coagulabilidad de la sangre. Esta propiedad la consi- 
derada interés, sobre todo cuando son de esperar las hemorragias 
en sábana y son de temer los hematomas post operatorios. 

El cloruro de calcio lo prescribe en poción á la dosis cotidiana de 
2 á 3 gramos, uno ó dos dfas antes de la operación, siendo siem- 
pre bien tolerado. Hace notar el autor su incompatibilidad con la 
leche. 

Su empleo le ha proporcionado excelentes resultados en las si- 
guientes operaciones : trepanaciones mastoideas, fraccionamiento 
de amígdalas, extirpación de vegetaciones adenoideas, operación 
de crestas del tabique nasal, intervenciones sobre el seno maxilar y 
el etmoides. 



• 175 

Ha podido practicar las intervenciones sin interrumpir la manio- 
bra para ocuparse de la hemostasia, sin necesidad de taponamien* 
toa posterioras, reduciendo el número de las ligaduras perdidas y no 
^ocasionándose hematomas en el curso post operatorio* 



bibliografía 

ro» n. 

DR. D. RAFAEL DEL VALLE Y ALDABALDB 

Médico, por opoolelóo, dol HotpIUl ProTlneUl. Madrid. ' 

I 

-\ 
I. OoMPBVoio DI FiszoLoeiA» por E. Hedon, traduooión de la 4.* edición, oo- 

rrei^da y aumentada. Barcelona, ün tomo en 8;* de 624 páginas. 
II. Lbociovib BLaiiBirTALM DB FibiolooÍa t HioxBVB, por Carlos S. Porter. 
Valparaíso.' ün tomo en 4.* menor, de 124 y €8 páginas respeotiyaA 
mente. 

Como la Fisiología, tanto general como humana, ha hecho gran- 
des progresos en estos últimos tiempos, y si no todos, una buena par- 
te de dichos progresos conviene que sean conocidos aun por el mé- 
dico más engolfado en el tráfago de la práctica diaria, es útil la pu- 
blicación de obritas«comp la presente, que en reducido espacio sir- 
ven para refrescar nociones á veces olvidadas de puro sabidas, y 
para dar á conocer las nuevas adquisiciones que se han realizado en 
el domnio de la Ciencia de la vida. 

En general, cumple bien este cometido la obra actual, puesto que 
con claridad y concisión se exponen en ella los hechos y alguna vez 
hasta las teorías que más importan conocer en Fisiología. Un espí- 
ritu suspicaz pudiera echar de menos algunas novedades que pue- 
den tener su utilidad práctica, v. gr., alguna alusión á la digestión 
de las grasas por el jugo gástrico y hasta recordar que los tres co- 
lores fundamentales en la teoría de Young y Helmoltz, son el rojo, 
el verde y el violeta^ no el €uul como dice el autor, pero son detalles 
estos de poca monta que no quitan al libro su valor indiscutible, y 
que es de esperar sean corregidos en ediciones sucesivas. 

Esto mismo debo decir de cierto descuido en la traducción, que 
s\n quitar claridad al texto le hace poco castizo en bastantes oca- 
siones. 



176 



II 

La obra actual consta de dos partes : la primera comprende la Fi- 
siología, mejor dicho, una parte de ella, porque el librito está sin ter» 
minar; la otra, escrita por el Dr. Grossi, trata de la Higiene. 

Ambas tienen un carácter elemental, como escritas para los aspi- 
rantes á oficiales de la Armada chilena. En tal concepto, satisfacen 
cumplidamente su objeto. Bn la Fisiología, además de un texto cla- 
ro y comprensivo de aquellas nociones que debe poseer todo hombre 
de cierta cultura^ y mucho más el que ha de intervenir de un modo 
más ó menos directo en el cuidado y dirección de muchos de susse- 
mejantes,se encuentran bastantes figuras,en mayor número propor- 
cionalmente que en otras obras de más pretensiones. Y debo hacer 
constar, además, que dichas figuras, originales muchas de ellas, es- 
tán muy bien hechas, constituyendo así un buen complemento del 
texto. 

En cambio en la Higiene sólo se encuentra una lámina, pero real- 
mente no puede hacerse por esto ningún reproche al autor, pues 
dado el carácter elemental de su trabajo, no hacía gran falta en él 
semejante complemento. 

El texto, metódico y bien escrito, da idea suficiente de los conoci- 
mientos higiénicos que necesita poseer un futuro oficial de la Arma- 
da, sin que por eso deje de ser también útil á todo aquel que quie- 
ra ponerse al corriente de los conocimientos más fundamentales en- 
tre los que constituyen hoy el dominio de la Ciencia de la salud. 



REVISTA ESPAÑOLA 



SOCIKDADBS CUNTtnCAS 

BKAL ACADEMIA DE MEDICINA DE MADRID 
SéMn dddiaBde Junio dé 190$. 

De la paNiira. -- El Dr. Codina dice que se levantó en la sesión anterior 
después de presentar el cuadro donde resumía las inyestigaciones persona* 
les que habla llevado á cabo acerca de las presiones arteriales en los pela- 
grosoB, y cuando se disponia á manifestar que de todos los datos que habla 
aducido surgía la creencia, no la prueba irrefutable, de que la pelagra no 



177 

er» oü proceso infeccioso sino un proceso tóxico. Ahora bieo, y este es el 
panto cnlminante jdel problema patogénico, ¿se trata de nna intoxicación 
ixógena 6 de- una intoxicación endógenal Pandándonos en las ideas corrien- 
tes, parece resnelto el problema : se tratarla de ana intoxicación exógena 
extema, y cnya paerta de entrada se encontrarla en el aparato digestivo. 

Paes bien, á esta solución corriente y tradicional es á la que creo qae 
paeden oponerse mny grayes y serios reparos, fundados en la característica 
general de todas las intoxicaciones exógenas. Sabido es que, cuando éstas 
son agudas, la supresión del tóxico ya seguida de la curación más ó menos 
rápida de los accidentes, y cuando son crónicas dicha supresión, si no ya se- 
guida de curación, determina por lo menos una mejoría progresiva y per- 
sistente. Asi sucede con el plomo, mercurio y hasta el alcohol, y si en estas 
intoxicaciones crónicas ouedan residuos patológicos después de suprimido 
el tóxico y bien tratada la intoxicación, ligados indudablemente á procesos 
que podríamos llamar paratóxicas^ como los hay parasifíliticos y paratuber- 
culosps (es decir, parainfecciotos)^ siempre se obtiene una mejoría en el 
conjunto del cuadro clínico y la curación absoluta de alguna manifestación 
sintomática, mejoría y curación persistentes, si no Yuelve á obrar de nucTO 
el tóxico; y esto es precisamente lo que no ha sucedido en los casos de pela- 
gra que yo he ñsto, en los cuales la marcha ha sido fatalmente progresiva* 
aunque la duración haya sido más ó menos larga, á pesar de sustraer á los 
enfermos de l&s focos primitivos donde podían haberse intoxicado, á pesar 
de mejorar las condiciones de ambiente y alimentación y á pesar de some- 
terles á tratamiento. 

Estas diferen\BÍas de la c^aracterlstfca patolójgica fundamental me han 
hecho pensar que muy bien podría eDContrarse lácausa de la pelagra en una 
intoocicaeián endógena^ y me parecía vislumbrar argumentos en su favor, 
aunque no argumentos irrebatibles, por una parte, en los grandes vacíos 
que aún existen en la fisiología y en la patología de muchos órganos, y en 
particular de las llamadas glándulas vasculares sanguíneas, y por otra, en 
la semejanza de curso más ó menos intermitente, marcha progresiva, ter- 
minación funesta y trípode sindrómico de trastornos nutritivos, de la piel y 
del sistema nervioso que existo entre la pelagra y machas enfermedades li- 
gadas etiológica y patogénicamente á la patología de dichas glándulas 
(mixedema y enfermedad de Addisson, por ejemplo). Si realmente existiera 
en la alteración de un órgano determinado la fuente única de la intoxica- 
ción pelagrosa, entonces se explicaría perfectamente la pluralidad de cau- 
sas que pueden hacer enfermar aquel órgano, y el por qué unas veces el 
maíz averiado y otras el sano, y otras la alimentación de la busca y otras 
ninguna de estas cansas provocan la pelagra, y el por qué en otras ocasio- 
nes los mismos factores etiológicos no la provocan. Se trataría sencillamen- 
te, como en tantos otros procesos patológicos sucede, de que el órgano, in- 
cógnita en estos momentos, tuviera una aptitud, una susceptibilidad mayor 
ó menor, heredada ó adquirida, á enfermar y hasta á enfermar siempre en 
determinada forma, revelada sintomáticamente, también siempre, por el 
mismo cuadro clínico fundamental. 

De ser, pues, la intoxicación endógena, ocurre preguntar: ¿cuál es el ór- 
gano alterado? ¿Cuál la función alterada? Dificil es dar hoy cumplida con- 

U 



178 

testación á estas pregnotas. Desde el punto xle TÍsta sintomático, no pare- 
ce admisible que los fenómenos de la piel sean la cansa de los del aparato 
digestivo y de los del sistema nervioso ó yiceversa, y en cambio parece mny 
lógico y razonable que todos dependan de nn mismo órgano alterado, que 
todos tengan nn mismo origen orgánico y rayan presentándose sncesiTa- 
mente en la escena patológica á medida que progresad proceso fundamen- 
tal y único en el órgano responsable. Desde el punto de vista anatomopato- 
lógico se conocen perfectamente la atrofia general de casi todos los órga- 
nos, hecho que he comprobado algunas veces, y las lesiones de mielitis en- 
dógena y de la corteza cerebral, especialmente en el lóbulo frontal, altera- 
ciones anatómicas que nada predicen acerca del órgano origen del proceso 
pelagroso. ¿Tendrán, sin embargo, algún valor en la resolución de este pro- 
blema las recientes investigaciones de Finotti y Tedeschi? Sabido es que 
estos autores, inducidos á examinar las cápsulas suprarrenales de loe pela- 
grosos, por haberlas encontrado lesionadas en un caso en que la pelagra es- 
taba asociada á la enfermedad de Addison, las encontraron casi todaacon 
lesiones más ó menos importantes, y que consistían principalmente en una 
infiltración de células pequeñas, en proliferación del tejido conjuntivo y 
algunas veces hasta en necrosis. Aunque no tengan un gran valor demos- 
trativo, por faltarles el aliciente del examen histológico, he aquí los datos 
obtenidos, con respecto al peso de loe principales órganos de un pelagroso 
que falleció en el núm. 16 de mi clínica, y cuya autopsia hice el día 21 de 

enero de 1905 : 

« 

Peso en gramos de los órganos normale$ y del pelagroso. 

Encéfalo ^ I 380 1.230 

Cuerpo tiroides 30 18 

Bazo 195 185 

Hígado 1.450 1.250 

Páncreas * 70 62 

RiAón izquierdo 90 140 

Rifión derecho \ 90 128 

Cápsulas suprarrenales (cada una} 1 10 

I 

Por estos datos vése claramente que dicho pelagroso tenía todos los ór- 
ganos atrofiados, menos los ríñones y las cápsulas suprarrenales, lo cual, 
con no decir nada en concreto, no deja de llamar vivamente la atención y 
ser bastante significativo. ¿Son acaso suficientes loe datos expuestos para 
considerar descubierto el órgano responsable y demostrada la intoxicación 
endógena? Creo sinceramente que no; pero también creo que la nueva 
orientación que loe referidos datos señalan á las futuras investigaciones 
nos llevarán á descubrir la verdadera naturaleza de la pelagra, y nos ex- 
plicarán entonces satisfactoriamente el por qué de la pluralidad de causas 
ante una misma reacción orgánica patológica. 

En resumen : en mi humilde opinión, el maíz sano ó averiado, la ali- 
mentación de la busca^ etc., etc., son causas provocadoras de la pelagra de 
igual valor positivo ó negativo genérico, no específico; para que la provo- 
quen es necesario que obren sobre un individuo que poseía en un determi- 



n9 

nado órgano (no precisable hoy con exactitud) una aptitnd especifica para 
«ofermar en una forma dada, cnya característica sintomatológica seria el 
«nadro clínico de la pelagra, aptitnd específica ó rirtnal enfermedad qoe, 
ana yez conyertida en real proceso patológico, podría curar ó seguir el 
«urso intermitente de mejorías y agrayaciones, ó seguir una marcha fatal- 
mente progresiya, según las circunstancias del ambiente que rodeara al 
•enfermo, según su propia naturaleiEa orgánica y hasta según la mayor ó 
menor oportunidad terapéutica. 

El Dr. Huertas manifiesta que en su comunicación se había propuesto 
demostrar: l.^ que la pelagra existe en Espafia, y sobre todo en Madrid, 
Asturias, Ghilicia y otras regiones; 2.**, que la pelagra no tiene causa espe- 
cífica conocida; y 8.% que negando la influencia maícica se sigue la tradi- 
•oión de clínicos eminentes. 

Afirma la existencia de la pelagra como entidad morbosa, que empieza 
por trastornos cerebroespinales y termina en la parálisis; que la pelagra 
presenta en la clínica el cuadro morboso descrito por Calmarza; que pa- 
decen la enfermedad muchas personas que no comen maíz, y que la pelagra 
•ee un proceso morboso especial distinto de los demás, y que no podía ad- 
mitir las ideas hipotéticas del Dr. Codina. 

El Dr. Codina rectifica, exponiendo que en realidad nada tenía que de- 
cir, pero que se encontraba en una situación anormal, porque el doctor . 
Huertas le había atribuido conceptos que no había expuesto; que si todos 
loe pasos del progreso no se hubieran iniciado por hipótesis y no se hu- 
biera procurado conyertir estas hipótesis en hechos positiyos, estaríamos 
muy atrasados; que decía esto porque todos los grandes descubrimientos 
qae han hecho ayanzar á la humanidad en todos los órdenes han sido ini- 
ciados por una hipótesis, sobre todo puando ésta ya seguida de una serie 
de inyestigaciones. Que al fin y al cabo las hipótesiss, cuando se inician con 
nn serie de argumentos, debían exponerse en sitios como la Academia, 
donde las ideas por él expuestaa en este asunto pueden dar lugar á nueyas 
inyestigaciones. 

Respecto á la lesión histológica, tanto medular como cerebral, princi- 
palmente de corteza del lóbulo frontal, había que confesar que no todos los 
entores estaban conformes en haber encontrado la misma lesión en los ca 
sos de pelagra, y que no repugnaba á la razón el admitir como hipótesis 
U alteración de ciertos órganos, entre los que se hallan las cápsulas supra- 
rrenales y los ríñones. 



PERIÓDICOS 



Eszoma proteíforme, rebelde, curado por los efluvios de alta frocuencia.— En 
la Revista de Ciencias Médicas, de Barcelona, D. José Anfruns publica el 
•iguiente caso clínico: 

c Jaime O., de yeintisiete afios, antiguo obrero de la cerrajería de Ma- 
fiach, con paréntesis corto pasado en los talleres de la compañía T. B. F., 



180 

alumno darante algnnüB afiOB en la Eecaela proTÍncial de Artes y Oficio» 
(clases de noche). Padeció erupción morbilosa en ia infancia, dos ó tres^ 
anginas catarrales y algún trastorno gástrico leTe en lo sncesiyo han sido- 
las enfermedades que le han obligado á gnardar cama media docena de Te- 
ces; pero nunca ha debido parar el trabajo más de una semana: una gono- 
coccia puramente localizada, completa la sección patológica de su yida. 

Su padre, bien desarrollado, albañil, falleció arterfoescleroso en 1908 por 
hemorragia cerebral. Su madre tubo en una pierna una úlcera crónica, de 
la que curó en el espacio de algunas semanas; pasados dos ó tres afios su- 
frió por bastante tiempo gastropatia con hematemesis ; á la vuelta de un 
periodo, no muy largo, en que parecía todo conjurado, se presentaron fe- 
nómenos reumáticos con trastorno cardiaco que duró meses, y disipado esto,, 
se iniciaron fenómenos de degeneración de los centros nerviosos, que na 
han progresado constantemente, si bien los retrocesos han sido cortos en 
cantidad y duración ; hoy tiene el raciocinio debilitado y el moyimiento- 
bastante limitado. 

En mayo del afio pasado se presentó en el joven una mancha roja que 
ocupaba el limite frontal en relación con la región superciliar derecha, en 
la cual mancha no sentía más que ligero calor. 

En una semana se cubrió de películas y aparecieron tres ó cuatro más en , 
la frente; á los quince ó veinte días, á fin de mayo, aparecía una costra 
blanda y amarillenta, no muy gruesa y con varios desniveles. Durante el 
mes de junio se afiadieron distintas placas en la parte superior de la cabe- 
za, que se reunieron hasta el punto de que, á mediados de julio, no había, 
discontinuidad desde los párpados en linea circular hasta la protuberancia, 
occipital. El aspecto en unos sitios, especialmente en los inferiores, era. . 
escamoso seco, de escama grande, de base resistente ; en otros, en el vérti- 
ce, era costroso, adivinándose el asiento exulcerado ; no determina dolor 
la presión, y la sensación subjetiva única era de prurito á ratos. Era rojo 
el color, allá donde se traslucía. 

El tratamiento por loe remedios clásicos establecido flaqueó por su base» 
Durante el verano no se corrigió ni se detuvo la invasión. Los lavados con 
jabones emolientes ó titulados antisépticos; los aceites, vaselinas y gliceri- 
nas; el ictiol, la resorcina, el azufre, etc., poco ó nada influyeron en la. 
marcha de la afección. En octubre ésta so presentó «con mayor empuje in- 
vasor, con inflamación por todo el circuito; placas diversas en las mejillas^ 
en la nariz, en los labios, en las orejas, en el cuello y en el pecho, en 1& 
nuca y en el dorso, con algún puntito en las manos, traían al pobre á mal 
traer y era difícil dominar algo su tremenda inquietud. 

Continuó los remedios aconsejados ó experimentados y racionales; emo- 
lientes, cuando parecieron útiles; reductores y aseptizantes casi siempre^ 
conHa adición de medicamentos interiores, arsénico, etc. Pero ningún efec- 
to obtuvo, y á fin de afio estaba sordo, molestado en la vista por estar en- 
fermos los párpados hasta sus bordes, y enferma toda la superficie de la ca- 
beza, con infiltración que convirtió sus tejidos en inmóviles, el cuello y 
parte del tronco. 

El día 1.* del corriente año principia con los efluvios del resonador mo* 
nopolar con pincel de cinco centímetros de diámetro, colocado á igual día- 



181 

taocia del tegamento y en dirección á la oreja y regiones circandantes, du- 
rante siete á ocho minatos, en cada lado. En estos sitios, muy inflamados 
y dolorosos ya, el eczema era fluente y costroso: en los restantes habla de 
todas formas, maculoso, papulóideo, pitiriásico, impetiginoso, psoriasifor- 
me y seborréioo. Fné bien tolerada la aplicación y sin consecuencias; repi- 
tióse los días 8 y 7 con aplicación de tiempo hasta veinticuatro minutos, y 
de lugar paseando el pincel de una ó otra región mastoidea por la frente y 
por el occipucio. Al volver el enferxAo el día 9, oia la voz ordinaria, y des- 
de entonces el oído ha quedado restablecido. Hasta el 2 de febrero se prac- 
ticaron catorce sesiones, que produjeron la desaparición de los síntomas in- 
flamatorios y la de todas las placas desde el cuello abajo, la de la mayor 
parte de las de la cara y la de la secreción fluida en estas regioned, en la 
mastoidea, en el pabellón y en el conducto auditivo. Por tan notable alivio 
acordamos suspender los efluvios, á fin de economizar el tiempo. Le pres- 
•cribe embrocaciones de aceite con brea, que verificó dos noches, y hubo 
que suspenderlas por reaparecer inflamación y nueva extensión. Fueron 
necesarios nueve días para volver al estado anterior y renovó las apli- 
caciones con exclusión absoluta de todo medicamento, limitándonos á 
las prácticas de limpieza. Doce sesiones idénticas practicadas hasta el 
15 de abril, eu cuyo día cesó el tratamiento, dejaron la cabeza sin otra hue- 
la que la infiltración ligera y la rubicundez que sucede de momento á la 
proliferación y vasodllatación habida en los terrenos fuertemente inflama- 
mado3. A mediados de mayo restaban pocas manchas en los bordes palpe- 
lirales, en el límite inferior del lado derecho de la región frontal y en algún 
otro sitio, y á mitad de julio nada^hace sospechar el mortificante proceso, 
que durante meses se elaboró en los tejidos mencionados. 

En este caso fueron manifiestos los efectos sobre la sensibilidad y la cir- 
•culación; remitieron pronto y a Insolutamente el prurito y los fenómenos 
<M>ngestivoflogistico8. Estos efectos han de tener inmediato eco en la nutri- 
ción, y así se puede ver en corto plazo verificada toda la eficacia comproba- 
da en los efluvios del resonador por el autor citado. 

Los resultados fisiológicos que causa el alta frecuencia son los que han 
de guiar al clínico en la determinación de las indicaciones, y en la comple- 
jidad de ellos hallará motivo para el útil empleo de dichas corrientes alter- 
nativas en procesos de muy diverso origen^. — Sarabia. 



-^^i»^^^ 



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REVISTA EXTRANJERA 



SOaEDADSS CIENTfFICAS 

8O0l£DAD DE CIRUGÍA DE PARÍS 
Suián da día 20 dé Jvnu^^dé 1906. 

Yeyunostomla. — El Dr. IjéjarB lamentó que en la discasión reciente so- 
bre la yeynnostbmfa se hayan tenido en cuenta las indicaciones, juzgán- 
dose el valor terapéutiao de esta operación sólo según los resultados que 
da en el cáncer del estómago, es decir, en las personas afectadas de una 
enfermedad de evolución fatal, que se hallan casi siempre en un estado d» 
caquexia avanzada cuando son operadas á veces in exiremis y en las que 
la supervivencia no puede ser de larga duración. Más interesante hubiera 
sido estudiar el valor de la yeyunostomla en otras enfermedades no neo- 
plásicas, del estómago y del duodeno, en ciertos. casos de quemaduras, d» 
úlcera ó en las gastritis ulcerosas que determinan una intolerancia gástri- 
ca absoluta para todos los alimentos, sean los que fuesen. 

El Dr. Maydl no emplea la yeyunostomla más que en estos casos y es 
partidario entusiasta de ella. El Dr. Lejars la ha practicadoen tres caso» 
de gastritis dolorosa, rebelde á todo tratamiento, obteniendo en dos d» 
ellos resultados muy satisfactorios. En los dos casos se trataba de adultos^ 
que padecían desde algunos meses antes intolerancia gástrica absoluta con 
vómitos casi continuos, pero sin síntomas de estenosis pilóríca. Estos en- 
fermos, que se quejaban de grandes dolores y no podían alimentarse, se 
encontraban en un estado lastimoso. La yeyunostomla, al dejar el estóma- 
go en reposo y permitir á los operados alimentarse convenientemente, co- 
rrigió en poco tiempo los fenómenos gástricos, mejorando el estado general» 
En el primer enfermo dejó el Dr. Lejars cerrarse la fístula espontáneamen- 
te á los cinco meses; en la actualidad, quince meses después de la opera- 
ción, el enfermo se encuentra bien y digiere todos los alimentos. El segun- 
do enfermo abandonó el hospital á los ocho meses de operado, alimentáp- 
dose perfectamente por la boca, aunque persistía la fístula. 

El resultado de la yeyunostomla no fuá tan excelente en el tercer caso. 
Era un enfermo tan caquéctico que casi se imponía el diagnóstico de cán- 
cer del estómago. Al operarle no se encontró neoplasia, pero sí engrosa- 
miento general considerable de las paredes del estómago. Con la opera- 
ción mejoraron algo los síntomas por espacio de algunos meses, pero des- 
pués aparecieron de nuevo los trastornos gástricos, casi con la misma in- 
tensidad, el enfermo enflaqueció y volvió á ponerse caquéctico, y murió á 
las tres ó cuatro semanas, á pesar de haberse practicado una gastroente- 
rostomía secundaria. A la autopsia se encontró la mucosa del estómago 
gruesa y ulcerada, pero sin neoplasia; existía una gastritis alcohólica ul- 
cerosa antigua. 



183 

En estas gastritis ulcerosas las indicaciones de la yeyanostomía no son 
muy ciaras; el resaltado obtenido por el Dr. Lejars en su enfermo prueba, 
entre otras cosas, que no basta dejar en reposo el estómago para contener 
la marcha de las lesiones gástricas. Donde la yeyonostomia da resultados 
verdaderamente brillantes, es en ciertas quemaduras extensas del estóma- 
go, en las que no está indicada la gastrostomia ni la gastro enterostomía. 
Maydl y yon Eiselsberg, han referido casos de operados que signen ali- 
mentándose sin inconveniente por su boca yeyunal. 

La yeyunostomla no debe ser considerada siempre como un c pasatiem- 
po», sino que constituye á veces una buena operación. Queda por determi- 
nar la mejor técnica qne puede emplearse. Precisamente no se hace indica* 
ción en la última discusión, aunque es bastante bueda : es el método de 
Biselsberg, que su autor ha empleado en 68 casos y que el Dr* Lejars ha uti- 
lizado con éxito en ocho^asos. Consiste en aplicar á la yeyunostomla la 
técnica de la gastrostomia por el procedimiento de Witzel. La sonda se 
deja colocada durante unos diez días en el túnel subseroso de la pared del 
yeyuno y después sólo se introduce para las comidas. La fistula que resulta 
de la operación es continente. El Dr. you Eiselsberg ha publicado casos de 
enfermos en los que esta continencia persistía á los quince meses de forma* 
da la fistula. En los ocho operados del Dr. Lejars, sólo hubo un fracaso que 
atribuye á un defecto en la técnica. 

El Dr. Quénu dijo que habla tenido ocasión de practicar una yeyunosto- 
mla en un sujeto que padecía gastritis con hiperclorhidria exagerada y te- 
nia trastornos gástricos exagerados refractarios á dos gastro en terostomias 
consecutivas. La yeyunostomla corrigió los trastornos gástricos por un me- 
canismo distinto del que se creía. 

Estenosis pHórica consecutiva á una quemadura. — Kl Dr. Tuffier leyó un 
informe acerca de un caso de este género, presentado á la Sociedad por el 
Dr. Robineau. 

Un joven de dieciséis años bebió por equivocación un vaso de ácido clor 
hidrico. Tuvo primero faringo-esofagitis intensa que le impidió durante 
varias semanas alimentarse por la boca. Al mes y medio del accidente, 
cuando por el examen directo y por la esofagoscopia no se descubrían le • 
sienes de la faringe ni del esófago, excepto una brida cicatrizal á lo largo 
de la pared posterior de este órgano, el enfetmo principió á presentar sig- 
nos de estenosis pilórica, que se acentuaron hasta vomitar cuantos alimen- 
tos tomaba. Guando lo vio el Dr. Robineau se encontraba en un estado 
lamentable. 

La laparotomía puso de manifiesto una induración pilórica con varias 
adherencias periféricas; no existía lesión alguna en las dos caras del estó- 
mago. £1 Dr. Robineau pudo )'esecar el píloro para restablecer la conti- 
nuidad normal del aparato digestivo, pero la duración mayor la exponía á 
ser peligrosa á cansa del estado de debilidad en que se encontraba el en- 
fermo, y prefirió recurrir á la gastro-enterostomla. La operación fué segui- 
da de éxito completo. 

A propósito de este enfermo y de otros análogos, manifestó el Dr. Tuffier 
que en muchos casos de ingestión de líquidos cáusticos la única lesión 
comprobada es una estenosis pilórica, no presentando alteración alguna 



184 

apreoiable la boca, la faringe ni el esófago. Ea 90 casos de quemaduras del 
aparato digestivo coleccionados por el Dr. Quénu, 83 yeces habia sólo este- 
nosis del piloro y en 7 esta estenosis coincidía con lesiones de la faringe ó 
del esófago. 

Desde el punto de vista de la marcha de las lesiones, indicó el Dr. Tuf- 
tier que la estrechez del esófago se observa en general mucho antes que 
la estenosis pilórica ; ésta, al contrario de lo que ocurrió en el caso del doc- 
tor Robineau, tarda de ordinario bastante en aparecer (cinco afios y me- 
dios, Tuffíer; cinco añoé, Dujardin-Beaumetz; cuatro afios, Quénu, etcé- 
tera). Las e^itenosis pilóricas por quemaduras pueden ser tratadas por t^^es 
clases de operaciones ; la piloroplastia, la resección pilórica y la gastro- 
enterostomia. La primera debe ser desechada, porque expone á recidivas. 
La segunda no es practicable siempre á causa del estado grave en que se 
encuentran algunos enfermos, á los que no debe exponerse á una operación 
tan larga. En realidad, la operación preferible es la gastro-enterostomia, 
con la que se obtienen en estos casos resultados excelentes. 

Hernia inguinal estrangulada de la trompa derocba.— El Dr. Broca leyó un 
informe sobre el caso siguiente, observado por el Dr. Graudier. 

Ingresó en el hospital una niña de cojatro afios y medio, con una hernia 
inguinal derecha, que padecía desde pocos días después de su nacimiento. 
Ocho días después de su ingreso, se observó que el tnmor inguinal se ha- 
bia puesto tenso y doloroso, y tenía el tamafio de un huevo de gallina. No 
había vóipitos ni estrefiimiento. Abierto el sacóse descubrió un volumino- 
so coágulo sanguíneo, de la forma del saco y estrangulada en el anillo in- 
guinal externo la trompa negruzca y del tamaño del dedo mefiique. Rese- 
có la trompa y el saco, y suturó el anillo hemiario; la enferma curó per- 
fectamente. 

A propósito de este caso líarnó la atención el Dr. Broca sobre la rareza 
de las hernias de la trompa en nifias de tan poca edad como la operada por 
el Dr. Gaudier. 

Pericolitis adhesiva y estenosante.—El Dr. Fotherat refirió la observación 
de dos enfermas que padecían, desde hacía más ó menos tiempo^ trastornos 
ntestinaies caracterizados, sobre todo, por estrefiimiento, inapetencia, en- 
flaquecimiento, y en las que el conjunto de estos síntomas, unido á los sig- 
nos objetivos comprobados á la exploración abdominal— tumefacción irre- 
gular, dura, poco móvil eu el colon ascendente—hicieron diagnosticar la 
enfermedad de neoplasia del intestino grueso. La laparotomía reveló como 
única lesión en los dos casos, adherencias, bridas pericolícas, que unían el 
«colon ascendente con los órganos inmediatos : hígado, epiplón. Las dos en- 
fermas curaron perfectamente, bastando para ello romper las adherencias, 
resecando además en un caso el apéndice sospechoso y practicando la ente- 
ro-anastomosis entre el colon transverso y el íleon, á causa de la denuda- 
ción operatoria muy extensa del colon. 

¿Cuál era el origen de estas adherencias patológicas pericólicas, de esta 
ücpericolitis adhesiva estenosante»^ como la llama el Dr. Potherat? El ori- 
gen ,es difícil de descubrir en los dos casos referidos, porque en ellos no 
existia síntoma alguno de inflamación anterior del colon, del hígado ó del 
epiplón, capaz de explicar dichas lesiones. 



185 

TraUnianto de la tuberottiotlt artioular por las inyecciones esoiertgenas.-- 

fil Dr. Walther presentó una mujer de treinta afios, qne padeció en 1891 
tamor blanco de la rodilla derecha y de la izquierda en 1896. El trata- 
miento consistió las dos veces en hacer en la rodilla inyecciones escleróge- 
ñas de cloruro de ainc, según el método de Lannelongue. Hoy pueden juz- 
garse los resultados maraTÜlosos del método. Este enferma anda perfec- 
tamente, los moTÍmentos de ambas rodillas son normales y no existe el me- 
nor signo de recidiTa. 

El Dr. Chapul dijo que un nifio que padecía tumor blanco de la rodilla, 
-que se inmovilizó durante dos afios con un aposito de escayola, curó per- 
fectamente, conservando la articulación sus movimientos. 

£1 Dr. Ltteai-Champiofmiere manifestó que el resultado obtenido por el 
l>r. Walther es excelente, pero qne algunos casos aislados de éxitos obte- 
nidos por un método terapéutico, son insuficientes para apreciar su verda- 
dero valor. 

£1 Dr. Lcíbbé declaró que los casos que ha visto confirman la existencia 
•del método esclerógeno de Lannelongue, aplicado al tratamiento de la tu- 
berculosis articular. 

El Dr. Broca manifestó que en el caso del Dr. Valther se trataba de una 
tuberculosis bilateral de la rodilla. Se ha observado— sin que pueda expli- 
<uir8e la razón del hecho^que las tuberculosis bilaterales de la rodilla son 
por lo general benignas, al contrario de lo que ocurre con las de la cadera. 

iLa Fres»e Medkaleh-'F. Tolbdo. 



SOCIEDAD DK TERAPÉUTICA DE PARÍS 

Suián da día 27 dé Junio de 1906. 
\ 

Estenesit del pilero y riflón flotante. —El Dr. P. Galloib: La patogenia de 
las estenosis del pilero es todavía una cuestión controvertida. Sabido es que 
según Glénard y Bouveret, las ptosis viscerales son susceptibles de determi- 
nar una estrechez pilórica, lo cuál no es admitido por otros clínicos. He te- 
nido, sin embargo, ocasión de observar un caso que parece confirmar la 
opinión de Gléoard y Bouveret. Se trataba de una joven con riñon flotante 
j gastro-ectasia; el límite inferior del estómago estaba situado entre el 
ombligo y el pubis y por debajo del ombligo también se encontraba un ri- 
fión ectopiado que era perfectamente reducible. Practicando la palpación 
del estómago.dilatado sentía cómo este órgano se contraía y vertía después 
au contenido en el intestino, y habiendo aprendido la enferma misma á ha- 
cerse la expresión gástrica y á reducirse el rifión flotante, se libró de este 
modo de las alteraciones gastro-intesti nales y nerviosas que padecía desde 
afios antes. 

El Dr. Lb Gkndhe: La observación del Dr. Galléis ca demostrativa para 
este caso particular, pero no creo que la génesis de este proceso sea el que 
debe aceptarse en general. Siendo la dilatación del estómago más frecuen- 
te que el rifión flotante, no parece lógico considerarla como la consecuen- 
eia de este último. Por otra parte, la ectopia renal, frecuente en la mujer. 



186 

es excepcional en el hombre, j por fin, la mayoría de rífiODes flotantes no 
se ectopian del mismo modo, sino que adoptan toda clase de posiciones, qn» 
hasta Tarian en el curso de an m*ismo día. 

El muérdago en el tratamiento de la bomoptisit. — El Dr. Gaultibr : Ha- 
biendo llegado á mi conocimiento qae se habla cortado la hemoptisis en do» 
enfermos cen el aso del muérdago de roble, empleado por los consejos d» 
una curandera, he emprendido una serie de ensayos de tratamiento por esta 
planta en las hemorragias pulmonares, contra las cuales, según se desprende 
de inis indagaciones literarias, habla sido ya empleada por algunos médico» 
ingleses y americanos. Me he servido del extracto etéreo del muérdago en 
pildoras, que prescribí á la dosis de 0*80 gramos por día á ocho tuberculoso» 
hemoptóicos. En siete, la hemoptisis fué rápidamente suspendida, y sólo una 
vez el resultado fué nulo. En la autopsia de este ultimóse encontró que su 
hemorragia pulmonar era debida á la rotura en una caTerna de un voluini- 
noso aneurisma de Rasmussen, que no podía ser favorablemente influido- 
por ninguna medicación. £n estos enfermos también he obserTado,%ajo la 
influencia de la medicación, un descenso maniñesto de la presión arterial 
con aceleración del pulso ; el mismo efecto he observado en animales á lo» 
que inyecté en las venas un cocimiento acuoso del muérdago. Loe efecto» 
antihemoptóicos parecen, pues, ligados al descenso que provocan en la pre- 
sión arterial. 

El gonosan. — El Dr. Hknaclt : Recientemente he practicado algunos en» 
sayos con el tratamiento exclusivamente interno de la blenorragia aguda,, 
por medio del gonosan. Este medicamento es una combinación de esencia 
de sándalo pura y extracto de kava (Piper methysticum), el cual, como lo 
han demostrado las observaciones del Dr. ¿aveaux, ejerce una acción anes- 
tésica sobre los árganos y vías urinarias. Empleada en combinación con el 
extracto de kava, tampoco la esencia de sándalo provoca fenómenos de in- 
tolerancia de parte de los órganos de la digestión (eructos, inapetencia,, 
dispepsia) y de los rifiones (dolores lumbares), lo cual permite adminis- 
trarla á dosis elevadas y prolongar su uso; al mismo tiempo el extracto d» 
kava ejerce una acción calmante sobre los dolores y las erecciones. He tra- 
tado con el gonosan 10 blenorrágicos agudos con gonococos. En seis días h» 
obtenido en ocho la cesación de los dolores á la micción y las erecciones 
dolorosas, y tres ó cuatro días después la secreción estaba reducida á algu» 
ñas gotas. Dos enfermos parece que han sido completamente curados de su 
blenorragia, puesto que no tienen secreción ni siquiera fllamentos uri- 
narios. — CODINA Castbli.vI. 



XV CONGRESO INTERNACIONAL DE MEDICINA 

Celebrado en Lieboa del 19 al 26 de Abril de 1906, 

(Continuación). 

Contrlbooién al estudio clínico de la parálisis general en EspaAa.— El doctor 
A. Rodríguez Morimi (.Conclusianes) : 1.* El interés que siempre ha desper- 
tado entre los alienistas el estudio de la parálisis general, justifica el apor- 



187 

tar toda clase de datos que pnedan setrii para esolareoer los punios qae 
iodaria están en litigio sobre esta enfermedad. 

2.* Hasta ^ora, los trabajos de médicos espafioles sobre la parálisis ge- 
neral, son tan escasos j tan incompletos, que es muy difícil sacar de ellos 
algnna utilidad. 

8/ Las estadísticas españolas sobre las enfermedades mentales, publica- 
das hasta'el día, no contienen ninguna indicación qne se refiera á la fre- 
cuencia comparada de la parálisis general. Una s¿lo perteneciente al Ma- 
nicomio de San Baudilio (1902), indica el tanto por ciento de los paralíti- 
cos generales existentes en este Asilo. 

4.^ Este trabajo está inspirado en datos recogidos personalmente en el 
Manicomio de San Baudilio y en los proporcionados por los Directores de 
los principales Asilos de alienados de Espafia. Aquéllos comprenden un 
periodo de cinco afios, y éstos se refieren á diferentes épocas. 

5.* Todos ellos están basados en el moderno concepto clínico de conside- 
rar á la enfermedad de Bayle como nn süidrome morboso común á varías 
entidades nosológicas. 

6.* En la mayor parte de los Manicomios espafioles, sólo el 5 ó 6 por lOQ 
de los hombres enajenados ofrecen el síndrome paralítico general. En ios 
Asilos del Norte de la Península, la proporción dé paralíticos aumenta (8 
por 100), debido á la frecuencia del alcoholismo en estas regiones. En las 
mujeres la proporción no pasa del 1 por 100. 

7.* Los síndromes paralíticos generales se desarrollan en Espafia catre 
los treinta y dos y los cuarenta y ocho afios. Son muy raros los casos en que 
la enfermedad aparece antes de los veinticinco afios ó después de los cin- 
cuenta. 

8.^ La frecuencia de la enfermedad es doble en los individuos que pro- 
ceden de las grandes poblaciones, que entre los que proceden del campo. 
También es más frecuente en los casados que en los solteros. En cuanto á 
las profesiones, es mayor entre los que ejercen carreras liberales, y gene- 
ralmente, entre las personas ilustradas. La parálisis general conyugal es 
muy rara. 

9.' La si^lis es el principal factor etiológico en el 90 por 100 de los casos, 
produciendo siempre la forma clásica de la parálisis general progresiva. 

10. El alcohol obra como causa determinante en el 8 por 100 de los en- 
fermos con síndromes paralíticos generales, determinando la mayor parte 
de las veces formas de pseudoparálisis no progresivas, y en las qne no es 
diñcil obtener la curación. 

11. En el 2 por 100 restante no ha sido posible descubrir la causa pro- 
ductora del síndrome paralítico general, habiendo sido probablemente al- 
guna intoxicación infecciosa agnda. 

12. Como consecuencia de la naturaleza sifilítica de la dolencia, el 90 
por 100 de los enfermos con síndromes paralíticos presentan la forma clá- 
sica de la meningo- encefalitis difusa, de evolución progresiva hacia la de- 
mencia y de término fatal en un período de dos ó tres afios. 

18. El restante 8 ó 10 por 100 de los alienados que presentan síndromes 
paralíticos, no sufren la verdadera parálisis general y si sólo ana pseudo- 
enfermedad de Bayle, que en muchas ocasiones no es progresiva. 



188 

CoBÜriiiaeiéo de la iomiinidad de lee yeeeres y ealeree reepeete á la lebereo- 
letie pulnenar. — El Dr. G, Fisac {Canelunones) : A) Las indastrias de loe 
yeseros y caleros haceo iomones á loe obreros empleados en ellas, según 
prnebaD las estadísticas formadas durante los meses de mayo, jnnio y julio, 
y presentadas en octubre al Congreso de la tubereuloeis^ celebrado en París 
el año último. 

B) Esta inmunidad ha sido ratificada con gran número de obseryaciones 
clínicas; y por multitud de estadísticas formadas por varios médicos ru- 
rales. ' 

C) El polTO de cal ó de yeso aspirado es un medicamento de la tubercu- 
losis pulmonar. 

D) El reconocimiento de la fuerza preseryatiTa de este medicamento es 
necesario, puesto que el bacilo de Eoch y los estados de pretuberculons 
abundan bastante y producen yarias yíctimas porlatuberculos¡s,y hay una 
clase social — la que aspira estos polyos — la cual tiene el priyilegio de in- 
munidad, por más que arrastra una yida miserable y tí ye en contacto con 
otras clases de la sociedad, entre Las cuales la aspiración de otra especie de 
polyo produce la muerte de gran número de obreros herreros, molineros, 
carpinteros, jornaleros, etc., que habitan en las mismas localidades y i 
causa de la misma enfermedad. 

* E) Deducimos de esto que el polro de cal y de yeso aspirado es un me- 
dicamento curatiyo de la tuberculosis pulmonar. A causa de su acción ino- 
fensiya para las rías digestiyas y respiratorias, puede ser empleado siem- 
pre en estos casos. 

F) uno de los medios que pueden emplearse para inmunizar las gene- 
raciones y disminuir los casos de tubero ulosis pulmonar, es elegir para las 
colonias y yaeaciones los sitios en que hay hornos ó fábricas de cal ó 
de yeso. 

G) La acción preseryatiya de la aspiración de la cal ó del yeso es inne- 
gable, según conñrman todas las estadísticas, en las que figuran las muje- 
res muertas á causa de la tuberculosis pulmonar y que no pertenecían á 
familias de caleros ó yeseros; es decir, que no sólo éstos, sino sus familias 
están al abrigo de las tuberculosis. El hecho se explica por yiyir en sitios 
en los que se aspira el mismo poWo. 

La inyección liipodérmica de oxígeno. —Los Dres. J. J. Dómivb y J. Cuabas 
{Conclusiones) : 1.^ La inyección hipodérmica de oxigeno fué practicada por 
primera yez en Valencia por uno de nosotros, Dómine, en 1900, y su teoría 
y técnica fué expuesta oficialmente en la tesis de Chabás (1902), y por éste 
al último Congreso internacional (Madrid, 1908). 

2.* La absorción de oxigeno inyectado eu el tejido celular subcutáneo 
es muy rápida y sus efectos muy inmediatos. Estos últimos corresponden á 
la doble acción mecánica (local) y química (general). Nunca hemos notado 
accidente alguno : el método está exento de peligros. 

S.* Todo estado asfítico ó neurítico, local ó general, es justiciable de su 
aplicación: desde el ántrax ó la ciática, hasta la anoxhemia más graye. 

4.^ El método de su aplicación es muy sencillo. 

5.^ El aparato Inyector extractor de líquidos y gases, patente Dámim, reúne 
todas las exigencias de su aplicación. 



189 

laiíalaoiéfi preventiva de la lubereulesit polmenar.^-El Dr. G. Fisac: La inha- 
1 ación preTentiva á que me refiero ea practicada casi continuamente, y á la 
▼es en cortas épocas del alio, por mnltitod de obreros, bien al aire libre 
(hornos) ó en habitaciones cerradas (fábricas) con verdadero éxito y siem- 
pre sin más dirección que la marcada por los recursos de la naturaleza y 
sin más limitación que la debilidad física. 

No desprecio el valor inmenso de las inyecciones, de las inoculacioneSt 
de las prácticas seroterápicas y de otros varios métodos de tratamiento de 
esta enfermedad. El Dr. Verdes Montenegro, ocupándose del estudio de 
loe fermentos orgánicos, ha sacado la convicción de que «disponemos de un 
tratamiento suficiente para aumentar de un modo considerable el número 
de curaciones de la tuberculosis^. Calvo Oambon afirma que da propiedad 
esencial del remedio antituberculoso será la regeneración de la célula le- 
sionada, propiedad que no es exclusiva de las taberculinas y de los sueros, 
sino de substancias de otro origen'. 

(}reo que el problema dificilísimo de la tuberculosis debe ser resuelto 
por todos los medios posibles, en particular por los que están al alcance de 
todo el mundo, y que no exigen manipulaciones ni preparaciones farmacéu- 
ticas costosas; además se recomienda la medicación por sus ventajas en las 
vias de absorción que la naturaleza emplea para prevenir y tratar la tuber- 
culosis y otras enfermedades. Las inyecciones traqueales son siempre efica- 
ces. La medicación directa — decía el Dr. 8ouza — es la más racional que se 
conoce para modificar los padecimientos de los bronquios y de los pulmo- 
nes. Conviene siempre no cansar el estómago, y yo empleo en las bronqui- 
tis pretubercalosas inhalaciones, á partes iguales, de polvo de yeso y de 
cal durante quince á veinte minutos.dos veces por dia. 

Trousseau decía que el fosfato de cal disuelto por el ácido carbónico, 
atraviesa las membranas y organiza todos los elementos del plasma. Hac- 
quer, de Francfort, ha publicado recientemente un artículo interesantísi- 
mo sobre la importancia del yeso en el tratamiento de la tuberculosis. 

¿No sería conveniente emplear la inhalación de estas sales de cal en la 
profilaxis y en el tratamiento de la tuberculosis, á fin de hacer el terreno 
estéril é impedir el desarrollo de la tuberculosis? 

Sigamos el camino que nos ensefia la naturaleza, y digamos que los yese- 
ros y caleros jamás padecen la tuberculosis, y que ésta cura haciendo expe- 
rimentar al tubérculo la degeneración calcárea. 

Necresis del tejido adlpese.—El Dr. Cbiari : Las necrosis del tejido adipo- 
so, sefialadas primeramente por Balzer, en 1882, y después por Fitz, por 
Langerhans y por mí, han sido desde entonces bien estudiadas en lo que se 
refiere á la química, á la histología y á la etiología. La experimentación 
ha demostrado que las necrosis de este tejido son producidas por el jugo 
pancreático, y en particular por sus fermentos proteolítico y lipolítico. Es- 
tas investigaciones han demostrado, además, que las alteraciones patológi» 
cas de que depende al parecer la necrosis del tejido adiposo, hacen posible 
el derrame del jugo pancreático fuera del parénquima glandular. 

¿Cuál es la naturaleza de las alteraciones patológicas susceptibles de per- 
mitir el derrame extraglandular del jugo pancreático? Precisamente en 
este caso interviene el fermento proteolítico, el cual, en ciertas circnnstan- 



I 



190 

cías es capaz de digerir el tejido del páncreas, antodigestión análoga á la 
del estómago y que se produce no sólo después de la muerte, sino durante 
la Tida. El jugo pancreático que se derrama asi es susceptible, á causa de 
la acción especial de su fermento lipolítico, de producir la necrosis del te- 
jido adiposo en el páncreas y fuera de él. Existe, por lo tanto, una rela- 
ción de causa á efecto entre la antodigestión tríptica del páncreas y las ne- 
crosis del tejido adiposo. El fenómeno esencial es la antodigestión del teji- 
do pancreático, proceso aui generia. Creo que las pancreatitis agudas hemo- 
rrágicas y gangrenosas idiopáticas, son en realidad una antodigestión del 
páncreas. Las causas de este proceso son variadas: lesiones traumáticas 
del páncreas, trastornos de la circulación local, falta de excreción del jugo 
pancreático ó aumento de su actividad bajo la influencia de una kinasa« 
Sea lo que fuere, conviene tener muy en cuenta las relaciones que existen 
entre el páncreas y la necrosis del tejido adiposo, porque en este estado 
morboso la intervención quirúrgica es la única que puede salvar al enfermo. 

El Dr. R. DOS Santos: El factor etiológico de la necrosis del tejido adi- 
poso es, indudablemente, el jugo pancreático que obra por sus fermentos 
tríptico y lipolítico. Todo lo que determina la extravasación d^l jugo pan- 
creático activo en el tejido adiposo, puede ocasionar la necrosis de éste con 
descomposición de la grasa contenida en las células. Todo lo que disminuye 
la resistencia vital de este tejido ó aumenta la actividad digestiva del jugo 
pancreático, hace más extensa ó más grave dicha lesión. Las lesiones muy 
. extensas del tejido adiposo suponen un derrame de jugo pancreático tan 
( abundante, que no es sorprendente encontrarlas asociadas á lesiones gra- 
ves y más ó monos generalizadas del páncreas. 

Respecto al papel de la bilis en la necrosis diseminada del tejido adi- 
poso, he podido convencerme de qae el líquido biliar fisiológico es incapaz 
por si sólo de producir esta variedad de necrosis. Sin embargo, es suscepti- 
ble de favorecer la generalización de la necrosis que ocasiona el jugo pan- 
creático. Cuando la necrosis diseminada del tejido adiposo no coincide con 
lesiones extensas del páncreas, existen alteraciones concomitantes de las 
Tías biliares (colelitiasis y derrame de bilis en la cavidad del abdomen). 
Aun cuando no es posible afirmarlo de una manera concreta, hay motivos 
para creer que la bilis favorece en cierto modo la acción del fermento lipo- 
lítico del jugo pancreático. 

Tripanosomiasis. — El Dr. Martini: Creo que conviene unificar la fiebre 
tripanosomiásica y la enfermedad del suefio, designándolas con el nombre 
de tripanoiomiasis africana del hombre. Lo mismo puede decirse del Kala- 
azar, la esplenomegalia tropical febril y la caquexia febril sin hipertrofia, 
que conviene uniñcar y dar el nombre de Kola- atar. 

Respecto á la tripanosomiasis africana, queda todavía por fijar la topo- 
grafía de la extensión de este azote, para lo que conviene examinar el con - 
tenido de los ganglios linfáticos infartados, sobre todo de la nuca, ó la san- 
gre de cuantos se supone padecen tripanosomiasis y todos los insectos que 
ge sospecha están Infectados de tripanosoma. Es preciso también estudiar 
el desarrollo sexual de los tripanosomas en los insectos y determinar el 
modo de producción de las lesiones en el hombre; es decir, si los tripanoso- 



¡ mas obran por acción mecánica ó por producción de toxinas. 



191. 

Desde el punid de rista práctico es necesario encontrar los medios de 
destruir los insectos ó de hacer inofensiyas sus picaduras. Cronriene conti- 
nuar los ensayos con diferentas medicamentos principiados por Layeran, 
Mesnil, Erhlich, Shiga, etc., y ^ntinnar también los ensayos de inocala- 
•ción antitripanosomiásica. 

En cnanto al Kala-azar es necesario resoWer los mismos problemas, es- 
tudiando sus relaciones con la úlcera de Delhi y ayerignando el modo de con- 
tagio y el yehlculo del rirus. 

El Dr. LAysBAV: Creo qne el Dr. Martini ha incurrido en un error al asi- 
milar el Kala-azar á las tripanosomiasis. El parásito de Leishman-Dono- 
Tan (que proáuce el Kala-azar) es endocelulár, y aunque en los cultiyos 
«e obseryan formas flageladas, éstas no tienen todos los caracteres de lo3 tri- 
panosomás, sino que se asemejan más á las Herpetomonas. No me creo au- 
torizado á clasificar el parásito de Leishman-Donoyan entre los tripanoso- 
mas, y me inclino á creer, como Roas, que se trata de un parásito de un gé- 
nero nueyo. 

El Dr. Martini: Mucho antes del descubrimiento de los corpú^ulos de 
Leishman-DoDoyan, los Dres. P. Manson y Leishman manifestaron que el 
Kala-azar es una tripanosomiasis humana. No he creído, por lo tanto, in- 
<siair esta enfermedad entre las tripanosomiasis. 

El Dr. LAyBRAK: Es indudable que Jos tripanosomas tienen foritias her- 
petomonas en los cultiyos ó en el aparato digestiyo de los parásitos chupa- 
dores de sangre qne propagan la tripanosomiasis, pero respecto al parásito 
Leishman- Donoyan no se conoce la forma tripanosomiásica yerdadera. Hay 
qne esperar á que se conozca la eyolución completa del parásito para clasi- 
ficarle debidamente. 

El Dr. A. Kopkb: En cincuenta y do3 casos diagnosticados clínicamente 
de enfermedad del suefio he encontrado siempre el Trypanoeoma gambienee. 

En los cuarenta enfermos que he sometido á la pnnción lumbar, el eza- 
ilien del liquido cefalorraquídeo me ha permitido descubrir siempre en él 
dicho flagelado. Las inyestigaciones practicadas en la sangre han dado re- 
sultados menos fayorables é inferiores de los obtenidos por la punción de 
los ganglios tumefactos del cuello. 

Inoculaciones contra las enfermedades de protozoarios. — El Dr. LAyERAV : 
La inmunización por medio de inoculaciones preyentiyas se relacionan de 
una manera intima con el estudio de la inmunidad natural, y ante todo 
hay que preguntar si las enfermedades de protozoarios (paludismo, piro- 
plasmosis y tripanosomiasis) confieren ó no la inmunidad. 

Respecto al paludismo sabemos que un primer ataque no confiere la in 
mnnidad. El Dr. Koch ha observado la frecuencia de este estado morboso 
en los niños indígenas de Jaya y de la Nueya Oninea alemana y la resis- 
^tencia de los indígenas adultos á la infección en estas regiones y en la costa 
de África, y deduce de estos hechos que los habitantes de los países palú- 
dicos pueden adquirirla inmunidad contra esta endemia. Pero realmente, 
la inmunidad de los negros adnltos no es más qne relativa, porque se trata 
tan sólo de una resistencia particular á la infección. No puede esperarse, 
por lo tanto, inmunizar al hombre contra esta enfermedad^inoculándole nn 
yirus atenuado. Todas las tentativas en este sentido hechas hasta ahora. 



192 

han sido ÍDeñcaces. El Dr. Gelli ba hecho inyecciones con el suero de con- 
valecientes de fiebre palúdica y con el de individuos que habían adquirido,, 
al parecer, la inmunidad contra el paludismo i causa de un primer ataque, 
y los resultados fueron negativos. El misms^ fracaso de los ensayos de in* 
munisación con el suero de bóvidos y los de la opoterapia de distintos ór* 
ganos de estos animales ( baso, médula dsea, etc. ). En resumen : el única 
procedimiento que ha producido buenos resultados consiste en el emplea 
preventivo de la quinina, pero no se trata de una inmunización propia- 
mente dicha, y en cuanto se suspende el empleo del medicamento desapa* 
rece la resistencia del organismo á la infección. 

En lo referente i las piroplasmosis, los mejores resultados se obtienen 
en la piroplasmosis ordinaria ó fiebre de Tejas. 

Se han hecho investigaciones numerosas para descubrir un procedi* 
miento de inmunización conti^a las tripanosomiasis, pero los resultado» 
obtenidos han sido hasta n^olra poco satisfactorios. La aeroterapia ha 
fracasado por completo. La atenuación de los virus es difícil de obtener, y 
los bóvidos inoculados conservan durante mucho tiempo en su sangre tripa* 
nosomas y |pn un foco de infección muy peligroso para los animales sanos, 
si existen en la región moscas susceptibles de propagar la enfermedad con 
sus picaduras. 

El Dr. Mabtini: Oreo que los hechos observados por el Dr. Eoch en 
Nueva Guinea demuestran con toda claridad que lo que el Dr. Laveran 
llama resistencia particular de los negros al paludismo, es realmente una 
inmunidad adquirida durante la infancia. 

Citelegfa dol tofo gotose. —El Dr. ÍSicard: El depósito de urato de sosa 
en los casos de gota humana va acompañado de un proceso de reacción 
doble, local y general. El primero se caracteriza por arteritis, por hemo- 
rragias intersticiales y principalmente por raacrofagia, debida i células 
multinucleares, de tipo gigante y plasmódico, que circunscriben los focos 
recientes del depósito tofáceo y favorecen su absorción, destruyendo por 
fagocitosis en sn interior las agujas uráticas. En cambio, alrededor de los 
focos antiguos no existe dicha lucha, porque los macrófagos han sido sus- 
tituidos por tejido fibroso denso. La reacción general se revela en la san- 
gre por mononucleosis de gruesos mononucleares. 

Tratamiento de la tuberculesis abdeminal. — El Dr. Broca : Para sentarlas 
indicaciones generales del pronóstico y tratamiento de la tuberculosis 
abdominal, hay que dividirla en dos clases: una, en la que sólo está afec- 
tado el pulmón, y otra en que existen i la vez lesiones generalizadas agu- 
das, subagudas ó crónicas. El diagnóstico es fácil, por el examen del pul- 
món, en los casos subagudos ó crónicos, pero no tanto en los agudoe cuando 
predominan los síntomas abdominales, en cuyo caso hay motivos para 
preguntar si existe graniíiia limitada al peritoneo. En estos últimos casoe 
está iüdicada en general la abstención operatoria. La fiebre persistente no 
es un indicio absoluto de una granulia fatal, pero para loe enfermos con 
fiebre y ascitis se necesita una observación minuciosa y prolongada, á fin 
de conocer si está afectado sólo el peritoneo. 

Algunas tuberculosis quirúrgicas pueden asociarse ó sucederse, sin que 
á pesar de esto los casos sean desesperados desde el punto de vista opera- 



193 

torio. La ley de abstención se aplica en realidad aólo i las lesiones pnimo^ 
nares si la peritonitis coincide con taberculosis generalizada, pero no 
siempre, porque toda alteración pulmonar no es una contraindicación ope* 
ratoria. Es preciso admitir dos casos, según que las lesiones pulmonares 
aean primitiras y graves ó secundarías y de poca importancia. Estas últi- 
mas, en yez de constituir una contraindicación, inejoran al curar la peri*- 
tonitis. 

Las indicaciones locales se deducen de la eyolución anatomopatológica 
de la tuberculosis peritoneal. Hay en dicha tuberculosis upa gran variabi- 
lidad de las lesiones en su localización y aspecto clínico, de lo que re- 
sultan formas especiales, limitadas, tanto mis interesantes para el ciru- 
jano cuanto que en ellas se cometen con frecuencia errores de diagnóstico. 
Además, estas formas se complican á veces con oclusión intestinal, por 
ejemplo, que constituye una indicación operatoria absoluta. 

La a£citis, igual que el derrame en la pleuresía, es un mcdo de reacción 
inflamatoria alrededor de las lesiones bacilares y, lo mismo que en la pleu- 
resía, el líquido se absorbe con frecuencia. No debe sorprender, por lo 
tanto, las curaciones numerosas obtenidas después de las laparotomías. 
Los médicos, teniendo en cuenta la curación espontánea, han procurado 
Cavorecerla punzando el abdomen con un trocar. Este método es peligroso, 
porque puede haber algún asa intestinal fija por adherencia. 

Creo, por lo tanto, que en las formas ascíticas no debemos apresurarnos 
á operar: primero, porque en el período inicial, febril, no hay necesidad de 
practicar la laparatomía por una granulia subaguda; segundo, porque en 
el período de estado se obtiene muchas voces la curación por los medios 
médicos; y tercero, porque las investigaciones experimentales prueban que 
la precocidad de la incisión no es una condición de éxito. A los medios 
que se emplean de ordinario contra la tuberculosis deben agregarse en este 
caso, como susceptibles de acción local, las fricciones sobre el vientre con 
ungüento mercurial, con jabón moreno, los toques con tintura de yodo, 
aplicando encima una capa de colodión ; el amasamiento, rechazado por el 
Dr. Pribram, lo adoptan los Dres. Weinster y Durante. Mas, dígase lo que 
se quiera, las indicaciones operatorias persisten en esta forma. La la- 
paratomía no es grave por si misma. Debe consistir en una incisión pe- 
queña, sin lavado del peritoneo y con reunión sin desagüe. Todos los enfer- 
mos que he tratado asi, curaron ; su único inconveniente es la posibilidad 
-de una ulceración fungosa*en la línea de la cicatriz. En tres casos desgra- 
ciados que cita el Dr. Aldibert entre 65, uno fué debido á la peritonitis 
séptica, que pudo depender de la operación practicada del modo referido; 
pero los otros fueron consecutivos á la perforación intestinal por defecto 
operatorio ó por lesiones adhesivas fíbrocaseosas, contra las que puede 
decirse casi nada consiguen los médicos ni los cirujanos. Esta forma es 
susceptible de curar haciéndose fíbroadhesiva, pero la curación no es la 
regla, como en la forma ascítica. 

¿En qué casos justifican la tentativa quirúrgica estas lesiones? A veces 
casi al principio, cuando hay todavía ascitis notable, pero esto es excep- 
cional. En otros casos más numerosos, aunque no mucho, cuando se for- 
man entre las adherencias bolsas serosas ó purulentas que precisa evacuar 

15 



194 

ó desaguar para suprimir los trastornos producidos por la compresión ó los 
fenómenos febriles. Aunque se citan ejemplos de curación por ruptura de 
un absceso en el intestino, oreo que no debe esperarse esta terminación, 
sino que es preferible desaguarle en cnanto se diagnostica. Oontra estos 
abscesos fríos, y más todavía oontra las bolaas de ascitis enquistadas, se 
emplea la punción, método peligroso, porque se ignora con exactitud el 
sitio que ocupan las asas intestinales. 

¿Qué enseñanza puede sacarse de los casos operados por error dediagnósti* 
co ó por accidentes que han obligado á operar? La operación practicada con 
prudencia es relatiyamente poco grave ; además, muchos de estos enferiQOB 
si no han curado, mejoraron bastante, lo que permite deducir que— aunque 
raras veces— cuando el tratamiento médico es ineficaz y se observa que el 
estado general y el de las visceras es excelente, hay derecho á operar cier- 
tas peritonitis fibromas y fíbrocaseosas. El cirujano necesita proceder con 
gran prudencia para descubrir los pequefios focos asciticos y romper las ad* 
herencias. El desagüe está indicado casi siempre. Entre loe accidentes post 
operatorios merecen citarse las fístulas estercoráceas por perforación se- 
cundaría del intestino, ulcerado sin duda de antemano. Algunos de estoe 
enfermos han curado por completo. 

En resumen, no creo que en las peritonitis tuberculosas el cirujano deba 
limitarse siempre á combatir algunas complicaciones especiales ó á come- 
ter errores de diagnóstico. Es verdad que los que creen indicada la laparo- 
tomía en toda peritonitis tuberculosa sostienen un error; pero tampoco 
debe creerse en la eficacia casi constante de los medios médicos solos : la 
cirugía está indicada en las diversas formas anatómicas de esta enfer- 
medad. 

Quizá se me objete no precisar las indicaciones; pero para esto se nece- 
sita estudiar á fondo cada enfermo á fin de saber en cada caso el momento 
preciso en que el cirujano debe sustituir al médico. Los que respondían 
hace quince afios nunca cometen el que los que respondían siempre. 
(Continuará), F. Toledo. 



SOCIEDAD Dfi MEDICINA D£ BERLÍN 

Sétián del día 13 de Junio de i906. 
é 

Prefilaxia y tratamiente de las infeecionet digitales de les médicet. — El doc- 
tor Pablo RichUr recomienda para proteger los dedos, cuando éstos tienen 
lesiones pequeñas, como grietas, heridas superficiales, etc., cubrirlas con 
leucoplasto. Si dichas lesiones están inflamadas y son dolorosas, se cubren 
con paraplasto de Beiersdorf, ó sea un emplasto compuesto de paragoma y 
al que se le ha añadido mercurio y ácido fénico. Sobre el emplasto se ex- 
tiende un dedil de cuero de eo8^ el cual está preparado con un cuero muy 
fino que tiene además las cualidades de ser impermeable al agua y muy 
duradero. 

Determinaeién del azúcar en la erlna.^El Dr. S. Bosenberg dice que al 
poco tiempo de haber dado á conocer Sahli su método de titulación de la 



195 

orina diabética, método que permitirla al médico realizar ia determinación 
enantitatiya del azúcar Bíi pocos minutos, no faltó quien expresara sos da- 
das acerca de la segnridad de dicho método. El autor lo ha sometido á 
comprobación y ha yisto, en efecto, que en un buen número de casos da 
resultados que difieren muchísimo de los obtenidos con otros métodos. En 
lista de ello, se propuso indagar la causa de tales diferencias y someter 
también á comprobación los demás procedimientos que se suelen emplear 
para determinar el azúcar. 

Poniendo el ejemplo de un caso concreto, recuerda el autor la marcha 
que suelen seguir los médicos cuando tratan de buscar el azúcar en la orí-* 
na. Esta, cuando es diabética, presenta un peso específico elevado y da re- 
sultado positivo con la reacción de Trommer. La reacción de Nylander se 
ha visto que es muy poco segura, porque hay otras muchas substancias 
que pueden dar un resultado positivo. Supongamos que ahora se titula la 
orina en cuestión, siguiendo exactamente las prescripciones de Bahli y que 
se encuentra un 6 por 100 de azúcar. En este caso hay dos motivos de 
error : uno, la circunstancia de que el líquido de Fehiing no precipite de un 
modo uniforme ; y otro que se observa diferencia, según que el liquido em- 
pleado para la titulación se deje caer á gotas ó todo de una vez (Soxhlet). 

En efecto, la orina analizada no contiene nada de azúcar, puesto que 
otra porción de la misma que se había sometido i la prueba de la fermen- 
tación, había dado un resultado completamente negativo. En cambio, con- 
tenia pentosas y cociéndola con ácido floroglucinoclorhídríco toma un color 
rojo cereza. 

Las pentosas aparecen también en la orina después del consumo de riño 
hecho con frutas, como lo ha demostrado Jaksch. Tienen tan poca signi- 
ficación patológica como los ácidos glicurónicos, que también simulan la 
reacción del azúcar y que se presentan en la orina con el uso de ciertos 
medicamentos, tales como el alcanfor, el hidrato de doral, é igualmente, 
según lo ha observado el autor, después de hacer colutorios con tintura de 
mirra. 

Las pentosas y los ácidos glicurónicos no sólo pueden influir en el resul- 
tado de la titulación, sino también en todos los análisis de azúcar que se 
fundan en las propiedades reductoras de éste. 8i se quiere determinar 
exactamente la cantidad de azúcar, es preciso titular la orina, hacerla fer- 
mentar y volverla á titular de nuevo. La diferencia entre las cifras obteni- 
das con ambas titulaciones nos da el verdadero valor cuantitativo del 
azúcar. 

¿6on seguros los resultados de la polarización? No olridemos que antes 
de emplear este procedimiento hay que clarificar la orina y que para tal 
clarificación se emplean muchas veces acetato de plomo ó carbón animal, 
substancias ambas que pueden arrastrar consigo parte del aziicar. Este ori- 
gen de error se evita empleando para la clarificación el acetato neutro de 
plomo, no el básico. El hecho de que una orina desvíe la luz polarizada á la 
derecha no es prueba inequívoca de la presencia de la glucosa, porque tam-: 
bien gozan de igual propiedad el azúcar de cafia, que pudo haber ensucia* 
do casualmente la vasija, la lactosa, v. gr. ; cuando hay retención de leche 
en una nodriza, la dextrina, la glicerina, etc. También puede ser alterado 



196 

el resaltado del examen por U presencia de sabstanciás lerógiras, qne en 
el caso necesario Ber¿ menester separar. De todos modos siempre se debe 
hacer fermentar la orina y examinarla do nnero con la luz polarizada, á fin 
de determinar si con la fermentación se modifica el resaltado obtenido y 
hasta qaé panto. 

Al practicar la prneba de la fermentación hay qne cuidar de qae la le» 
Tadara esté bien fresca (comprobación con ana disol ación de azúcar); tam- 
bién tiene importancia la temperatara, paes sucede que á la temperatura 
de Irf incubadora aún sigue fermentando la leradnra» y por otra parte, el 
sacarimetro usual de Lohnstein da cifras demasiado bajas á la temperatu- 
ra de las habitaciones. También hay qoe cuidar de qne la orina no dé reac- 
eión alcalina, puesto que la orina alcalina se apodera del ácido carbónico. 

Bi se tienen presentes todas las particularidades mencionadas, resalta de 
mucha utilidad el aparato de Lohnstein. Oonyiene, además, que sea el 
mismo médico quien haga el análisis, pero á condición de que conozca las 
causas de error en que puede incurrir y que trate de excluirlas en lo posible. 

Oomo demostración de las graves consecuencias que puede traer la omi- 
sión de las prerenciones aconsejadas, cita el autor yarios ejemplos, que ha- 
cen resaltar de un modo patente los errores á que dicha omisión puede dar 
origen. —4^Deiasche Mtdizinal Zeiiung). — R. dkl Vallb. 



IMPERIAL T BSAL SOCIEDAD DE LOS HEDIÓOS DE VIENA 
Sétián dü día I."* dé Junio d€ 190$. 

Qingrona aspeatánea de la pleJ. — El Dr. Oabor Nobl hace comparecer una 
joven de reinte afios, que á fines de mayo de 1905, después de sentir ardor 
y calor, acompañados de rubicundez en zonas extensas de la piel, se le 
presentaron numerosas resiculas en el tórax y en la mama izquierda. A 
las yeinticuatro horas de esto aún existían yesiculas con contenido espeso, 
otras cuya cubierta se había roto y cuya superficie tenia una capa fibrinosa 
y algunas escaras hundidas y obscuras. Había además hemi -anestesia del 
lado derecho, reducción del campo yisnal del ojo del mismo lado y puntos 
dolorosos á la presión en la mama. Al día siguiente nueyo brote de yesíca- 
las en la axila y en el brazo izquierdos, y en cambio la mayor parte de las 
yesiculas del tórax se habían convertido en focos necrosados. El 7 de ju- 
nio otro brote, pero de menos importancia; eliminación de las .escaras. A 
los catorce días de permanencia en el hospital, estaban cicatrizadas las 
superficies ulceradas. Tres semanas después, y con los mismos pródromos, 
nuevo brote vesiculoso en el brazo izquierdo, la mama y la garganta del 
pié derecho. Como se repitieron los brotes, se sometió la enferma á una 
gran vigilancia desde mediados de julio á fines de agosto. Esta vez se cu- 
brió la mitad superior del cuerpo, durante varias semanas, con vendajes 
contentivos que se renovaban cada cuatro días. Por debajo de ellos se des« 
arrollaron repetidas veces focos gangrenosos, cuyos residuos son los que- 
loides que hoy se ven. 

Esta enferma se clavó una aguja hace tres afios en la palma de la mano 



197 

derecha, y íaé neeesario extraerla eo yaríos fragmentos, pero oo es posible 
decir hasta qué panto habrá relación entre dicho accidente y la afección 
actnal. 

Los Dres. Spiegler y WeMechnsr dicen que bien pudiera tratarse de ana 
erupción proTocada artificialmente. 

£1 Dr. Nobl contesta qae en sa caso, lo mÍBmo qne en los experimentos 
de Kreibich, se confirma la posibilidad de ana inflamación de origen an- 
gionenrótico. 

El etplrecete pálido en el tejide nervioso. — El Pr. Salomón Ehrmann re- 
ooerda qae las lesiones comprobadas por el examen histológico inducen á 
creer que el yiras sifilítico se propaga por las lagunas de los tejidos, incluso 
del muscular y del neryioso. También ha yisto corpúsculos de Pacini alo- 
jados en Infiltraciones que contenían muchos capilares de nueya forma- 
ción. Igualmente está probado que los espirocetes. caminan á lo largo de 
las lagunas del tejido conjuntiyo y de las fibras musculares. En prepara- 
ciones presentadas por el autor se yen claramente espirocetes en los ner- 
yioa y en las yainas de éstos. Es posible que siguiendo esta yía neryiosa 
puedan llegar hasta la médula y originar afecciones como la tabes. En tal 
casó, qoizá llegue á estar justificada por esta causa la excisión precoz del 
chancro sifilítico. 

El Dr. Ricardo Paitan fhtkce notar que, al parecer, el espirocete se puede 
encontrar en diferentes células y tejidos. 

El Dr. Oabor Nobl entiende que la localización de los espirocetes en las 
▼ainas de los neryioe no debe mirarse como un hecho excepcional. 

El Dr. Ehrmann contesta á Paltauf que en la sífilis hereditaria el espi- 
rocete se encuentra en casi todos los tejidos, pero en la adquirida está lo- 
calizado. A Nobl le dice qae no se ha encontrado en el tejido conjuntiyo 
que acompaña á loe neryios, sino en el interior de éstos, entre las mismas 
fibras neryioeas. 

Intoxicaeién saturnina do origen torapéatioo. — El Dr. Julio Weisa presenta 
un individuo que padece intoxicación saturnina por haber tomado tres do- 
sis diarias de 8 centigramos de acetato de plomo durante un mes, ó sea 
nnos 27 decigramos, cantidad pequefia comparada con la que necesita un 
obrero para intoxicarse por motiyo profesional. Ello es que el enfermo ac- 
tual tiene una afección cardíaca eyidente, y la orla saturnina en las encías. 
Mas aún; á pesar de que hace un*mes que el sujeto ya no toma plomo, per- 
sisten los síntomas cardiacos, aunque amortiguados. 

Tetania paratirooprlva.^El Dr. Jacobo Erdheim recuerda la historia de 
la tetania consecutiya á las extirpaciones del cuerpo tiroides y de la caque- 
xia estrumipriya estudiada por Veiss, Reyerdin y Eocher. Desde entonces 
se habló de una tetania estrumipriya, cuya existencia fué confirmada por 
inyestigaciones posteriores. Después de esto se empezó á conceder impor- 
tancia á las glándulas paratiroideas ó cuerpos epiteliales, á cuya extirpa- 
ción atribuyeron algunos autores la tetania, y en cambio achacaron la ca- 
quexia á la extirpación de la glándula tiroides propiamente dicha. Pero 
como respecto á esta distinción no están conformes los autores, el orador 
se resolyió á practicar con el galvanocauterio la extirpación de los cuer- 
pos epiteliales en la rata, comparando los resaltados obseryados en estos 



\ 



198 

animales con loe obtenidoe en otras ratas, i las que se les hizo la tiroidec- 
tomia parcial, pero respetando los cuerpos epiteliales. 

El resaltado final de los experimentos ha sido que la tetania es debida* 
no i la pérdida de la glándnla tiroides, sino á la de los cuerpos epiteliales. 

Con la paratiroidectomia total los animales sucumben de caquexia y de 
inanición al cabo de dos á cinco meses y medio, siendo debida la inanición 
i la imposibilidad de ingerir alimentos á causa de trastornos tróficos que 
se producen en los dientes caninos, trastornos que recuerdan la calda de 
pelos y de ufias que se ha observado no rara yea en la tetania del hombro. 
En l^s ratas atacadas de tetania se han presentado también opacidades del 
cristalino que recuerdan la catarata que se presenta alguna yez como con- 
secuencia de la tetania humana. 

En el conejo la extirpación de los cuerpos epiteliales no produce, al pa* 
recer, el mismo resultado, pero es porque además de loe ya conocidos exis- 
ten otros accesorios en la glándula timo que no eran extirpados en dichos 
experimentos. 

En el hombre no se habia podido confirmar hasta ahora que la tetania 
fuese debida á la extirpación de los cuerpos epiteliales y no á la pérdida 
de la glándula tiroides ; pero en tres casos observados por el autor se ha 
podido aducir la prueba anatómica de que la tetania es debida ala extir- 
pación de los cuerpos epiteliales, puesto que en dichos tres casos, en los 
que se habia practicado la estrumectomia bilateral parcial y en que so* 
brerino á muy poco tiempo de la operación una tetania típica seguida de 
muerte más ó menos pronto, la autopsia confirmó la existencia de una can- 
tidad suficiente de tejido tiroideo bien oonservado y la falta ó destrucción 
de los cuerpos epiteliales. 

Según esto ya no se puede hablar de una tetania estrumipríva, sino de 
una tetania paratireopriva, y si hoy ya no se observa con tanta frecuencia 
como antes la tetania, después de la extirpación del bocio se debe esto, no 
á la conservación de un resto de dicho bocio, sino á que con dicho resto so 
conservan también los cuerpos epiteliales, al mends en parte. Oómo resul- 
tado de sus investigaciones anatomopatológicas establece el autor, en 
vista de lo expuesto, la necesidad absoluta de respetar los cuerpos epitelia- 
les aun en los casos de estrumectomia unilateral, puesto que ni hay que 
contar con una hipertrofia compensadora de los cuerpos epiteliales que se 
dejen, ni sabemos tampoco si dichos cuelrpos habrán sido atrofiados por la 
compresión mecánica ejercida por el bocio. 

Además, hay casos en que los tres ó quizá los cuatro cuerpos epiteliales 
están en un solo lado del cuello. 

Para respetar los cuerpos mencionados en el acto de la operación, lo me- 
jor de todo es, según el estudio anatómico que ha hecho el autor, respetar 
bien el nervio recurrente, porque es en la zona de éste donde se encuen- 
tran casi siempre los cuerpos aludidos. Para ello son preferibles los proce- 
dimientos de Mikulicz (resección cuneiforme) y Eocher (resección y enu- 
cleación ), que evitan la zona del recurrente, al de Billroth, que diseca este 
nervio, separando por lo tanto los corpúsculos epiteliales, que por lo común 
se le adhieren de un modo intimo. 

( Wiener klinieehe Rundschau),^ R. del Vallb. 



199 



PERIÓDICOS 



Un remedí» eentra el célere.— Ussher emplea el sulfato de qaiaina contra 
el cólera, fundindose en el hecho obseryado por Koch de que el TÍbrión 
colérico muere á los diez ó treinta minutos en una disolución de quinina al 
1 por 1.000 ó por 2.500. Administra este medicamento i la dosis de 60 cen- 
tigramos de hora en hora, hasta que las deposiciones pierden el carácter 
ríciforme y se hacen biliosas. Contra la anuria emplea el calor, las fric- 
ciones y el nitrato amónico al interior. Si desaparece el pulso de la radial, 
deben hacerse inyecciones salinas. Si persiste la irritacióu intestinal des- 
pués de hacerse biliosas las deposiciones, se administra una poción anti- 
diarréica.' Si continúa la diarrea fétida, se hace tomar al enfermo cada dos 
á cuatro horas una mezcla á partes iguales de sulfofenato de zinc, de cal- 
cio y de sodio. Oon este tratamiento ha curado el 90 por 100 de los enfer- 
mos, algunos de ios cuales se hallaban casi moribundos. 

(Rev. de ther. medico chirurgicale, 1 abril 1906).— F. Toledo. 

RéginaB allnieatlcle en les eatet de Aleera M ottónage.— Mientras t. Leu- 
be y Ziemssen recomiendan mucha parsimonia en la alimentación en los 
casos de úlcera reciente del estómago, Lenhartz aconseja empezar más 
pYonto oon una alimentación muy nutritiva, aunque de poco volumen 
— leche^ hueyos, carne raspada— á fin de robustecer el organismo y de 
apresurar la curación. 

El Dr. Senator, en una comunicación hecha en una de las últimas sesio- 
nes de la Unión médica de Berlín, propoue combinar las ren tajas de ambos 
tratamientos, asociando i pequeñas cantidades de albúmina la gelatina, la 
grasa y el azúcar. La gelatina reúne las ventajas de su gran valor nutriti- 
vo, fácil digeetibilidad y virtud hemostática local ; la grasa calma la irrita- 
ción y obra, por lo tanto, como sedante, y además, lo mismo que el azúcar, 
neutralizando el ácido. Lo mejor de todo es administrar en veinticuatro 
horas un cocimiento de 15 á 20 gramos de gelatina blanca, en 200 de agua 
con 15 á 20 de oleosacaro de limón, administrando además medio cuartillo 
de nata y 80 gramos de manteca, que se toma muy bien congelada. Más 
tarde se emplean la leche, los huevos, y cuando ha transcurrido una semana 
después de una hemorragia, se añade carne raspada. En lugar del cocimien- 
to de gelatina se pueden administrar jaleas de manos de ternera, de cola 
de pescado ó de leche, y en vez de la manteca, leche de almendras ó emul- 
sión de las mismas. — (Zentralblatt fúr innere Mtdizin). — R. dbl Vallb. 

Nueve signe de la arlerie-eseleresis.— En los arterio-esclerosos, sobre todo 
en los que padecen insuficiencia mitral, cuando se comprime la arteria ra- 
dial hasta el punto de suspender sus pulsaciones, siente en la palma de la 
manOy al nivel del arco palmar, un soplo ligero, una especie de picadura ó 
la sensación del paso de una mosca. En los individuos sanos ó con hiper- 
tensión vascular, pero sin alteraciones de las paredes vasculares, nada ano- 



200 

malo se observa en el arco palmar. El Dr. Cappiello, que ha hecho estas 
obserraciones, cree que el origen de dicho signo es doble y depende de las 
alteraciones yascalares y de la compresión de la radial, pnes la sangre, al no 
poder circnlar por el vaso comprimido, reflnye á la radial. Esta nueva can- 
tidad de sangre, agregada i la que lanza al mismo vaso el sistole del ven- 
trículo izquierdo hipertrofiado, acelera en dicha arteria la rapidez de la 
onda sanguinea, aumentando asi la intensidad del roce de la sangre en el 
arco palmar. — (Nueva rivüta cliruco-terapeutica^ abril 1906). — F. Tolsdo. 

Valer prenóstioe de la reacción diazóiea en la fiebre tifsldea.^De las obser- 
vaciones hechas por el Dr. J. B. Rolleston en 65 casos de fiebre tifoidea, re- 
sulta que la reación diazóiea aparece hacia el cuarto día de la enfermedad, y 
desaparece á fines de la segunda semana ó en el cur^o de la tercera; sólo en 
casos muy graves persiste por más tiemjK). El hecho de que sea muy inten- 
sa no indica por si sólo que la afección ha de ser grave. La liéis coincide ó se 
presenta poco después de la desaparición de la reacción. Si á pesar de esto 
persisten fenómenos patológicos muy 'manifiestos, es señal de que hay una 
infección secundaria ó de que los riñónos no son capaces de eliminar las 
substancias diazóicas. En las recidivas y en las complicaciones ocasionadas 
por el bacilo especifico, puede suceder que se presente de nuevo la reacción 
diazóiea. La desaparición brusca de ésta, coincidien<^o con la agravación 
del estado general, es un mal signo pronóstico. — {Lancei^—Tl. del Yaixb. 

Bsbldas talinat en la fiebre tifoidea.^ Uno de los tratamientos más racio- 
nales y eficaces que pueden emplearse contra la fiebre tifoidea, según el 
Dr. J. B. Todd, es la administración de bebidas salinas. Obran favorecien- 
do la eliminación de las bacterias y de sus toxinas, conservando la compo- 
sición molecular de la sangre y rebajando la temperatura. Conservan las 
propiedades germicidas del liquido sanguíneo, aumentando su alcalinidad 
ó bien obrando sobre los albuminatoe del suero. En la fiebre tifoidea es 
preciso prestar una gran atención al sistema linfático, porque el resultado 
favorable depende de la actividad fagocitaria, para la que conviene admi- 
nistrar desde el principio de la enfermedad la cantidad necesaria de líqui- 
dos y sales alcalinas. El Dr. Todd aconseja la siguiente bebida atemperan- 
te : 60 centigramos de cbruro sódico y 80 de bicarbonato de potasa, disuel- 
toe en 240 gramos de agtra, á cuya disolución se agrega una cucharadita de 
zumo de limón,— (l/«iica/ Becord, 14 abril 1906).— F. Tolkdo. 



REVISTA 



DE 



MEDICINA Y CIRUGÍA PRÁCTICAS 



APENDICOSTOM í A 

DOCTOR R. MARTIN GIL 

4« Mál««¿. 



Eeta operación la ideó el Dr. R. W. Weir, de Nueva York, hace 
cuatro, años (1), cuando iba á practicar una cecostomia, y al encon- 
trar el apéndice sano pensó que podia hacer fáciles lavados del in- 
testino por este órgano^ evitando las molestias y lo sucio que resulta 
la existencia de la operación que antes se proponía. 

No fué,^n verdad, muy reconocida ni apreciada la utilidad de la 
apendicostomia, como suele acontecer con los procedimientos nue- 
vos, hasta que Mr. C. R. B. Keetley presentó un importante trabajo 
á la Asociación Médica Británica el año pasado (2), encomiando 
sus ventajas y precisando las indicaciones. 

Por la escasa atención que hasta ahora se le ha prestado, no pa- 
san de una docena las operaciones que se conocen. Recientemente, 
Sir William H. Bennett ha presentado una ^ferma atacada de co- 
litis ulcerosa en una conferencia dada en el hospital de San Jorge, 
de Londres (3), que operó el Dr. Ewart de apendicostomía con buen 
resultado, y ha descrito el modus operandi y sus indicaciones, de 
las cuales me voy á ocupar. 

La operación es, en circunstancias normales, de las más sencillas 
que se practican : 

Se hace una incisión, como de cuatro centímetros de largo, en la 
dirección de las fibras del músculo oblicuo externo, en el punto de 

(1) New' York Medieaí Record, agosto, 9, 1902. 

(2) Brtl. Méd. Júur,, octubre, 7, 1905. 
(8) Thé Lancett febrero, 17, 1906. 

Affo XXX. - Tomo LXXII. - Núm. 949. - 14 Agosto, 1906. 16 



202 



elección para extirpar el apéndice. La aponeurosís y el tejido mus- 
cular subyacente se incinden, y el peritoneo se corta en la forma 
que de ordinario se hace. Los bordes de la herida perítoneal se su- 
jetan con pinzas y se introducen uno ó dos dedos, y sq atrae fuera 
el apéndice. Bien sencilla es la maniobra si este órgano está libre; 
pero si existen adherencias deben destruirse hasta aislarlo del todo. 
Se saca el apéndice por la herida, hasta que su base esté en con- 
tacto con el peritoneo parietal, y se ñja con un punto de seda ó de 
catgut delgado, que pase por el meso- apéndice y los bordes de la 
herida del peritoneo, cuidando que no se doble ni se tuerza sobre su 
eje. El punto de sutura se atará de modo que reduzca la abertura 
del peritoneo. 

Si no es urgente terminar la operación, la abertura del apéndice 
se deja para el dia inmediato, y se fijan dos alfileres de los llamados 
imperdibles, que atraviesen po^ entre las capas muscular y serosa, 
como aparece en la figura adjunta; pero si conviene completarla 
operación en el acto, se fijará entre el apéndice y la pared abdo- 
minal un punto de sutura por 
cada lado. En uno y otro caso 
se corta el apéndice como á 
un centímetro cerca de la piel. 
Los alfileres y los puntos de 
sutura antedichos aseguran 
que el muñón apendicular no 
se retraiga y desaparezca de 
los bordes'de la herida. 
En la enferma operada por Mr. W. Bwart no se presentó reacción 
alguna ni tuvo dolor en la herida, y á los cuatro dias de operada 
no sentía nada anormal en el vientre. Entonces se le introdujo una 
sonda de goma blanda por el apéndice sin dolor alguno, y el esfinter 
cecal la sujetaba, de modo que se hizo un lavado de todo el intes- 
tino grueso sin que penetrara líquido alguno por la herida. 

Los que han hecho irrigaciones por heridas de colotomfas O ceco- 
tomias, recordarán con disgusto lo sucio de estas curas, el mal olor 
que exhalan los pobres enfermos y las irritaciones de la piel, produ- 
cidas por el escape inevitable del contenido intestinal. En la apen- 
dicostomia lo$) enfermos no se ensucian durante los lavados, y se 
mantienen limpios con un simple vendaje abdominal entre las cu- 
raciones. No es indiferente también la ventaja que ofrece la opera- 
<;ión de que me ocupo sobre los otros métodos mencionados, y es 




203 

que la cicatrización de esta boca adventicia es más segura y rápida 
•que todas las otras que se hacen sobre el inteslino. Lo mismo ofrece 
ventajas sobre la cecotomfa, en la que al llegar el contenido intes- 
tinal del íleon á la herida sale al exterior, evitando la completa asi- 
milación de los alimentos, lo cual es motivo de mayor debilidad en 
estos sujetos, caisi siempre extenuados. 

Bajo cuatro aspectos clínicos puede considerarse al presente esta 
nueva operación : 1.^ Para facilitar el tratamiento de ciertas enfer- 
medades del íleon y del colon. 2.^ Para combatir alguna forma 
persistente de distensión intestinal. 3.^ Como un medio de alimenta- 
<;ión' artificial. 4.^ En sustitución de la cecostomía. 

En la colitis mucosa, la disentería, la constipación crónica; en 
la intusucesión íleocecal, las ulceraciones sifilíticas ó del colon 
de otra índole, será la apendlcostomía de positivos resultados. El 
Dr. Ewart ha ideado lavar el ciego por la abertura apendicular y 
penetrar con una sonda de caucho por la válvula íleocecal, para 
tener ¿cceso al íleon y establecer un tratamiento local en la fiebre 
entérica, por ejemplo. Desde luego puede reconocerse el ciego dila- 
tando el apéndice, y ha ideado que con un espéculun, forzando el 
«sfinter del ciego, se puede ver el interior del mismo y apreciar sus 
lesiones, lo mismo que enfilar una sonda por la válvula íleocecal. 
Pero la dilatación forzada del esfinter puede relajar tanto sus fibras, 
•que deje de cerrarse y se produzca la regurgitación del contenido 
intestinal por el muñón del apéndice, cosa que se debe evitar. De 
las experiencias que ha hecho en el cadáver, asegura que es fácil 
introducir una sonda curva por la válvula del íleo, y las fibras del 
•esfinter ceco-apendicular son susceptibles de una considerable dila- 
tación (1). 

Desde luego se me alcanza que con una sonda provista de luz 
•eléctrica, equivalente al cistoscopio, por ejemplo, habrá de facili- 
tarse los reconocimientos y las curaciones que con la apendieosto- 
mia se puedan realizar. 

En la constipación crónica es indudable que la apendícostomía 
puede proporcionar buenos resultados, porque se practicarán irri- 
gaciones eficaces, y se pueden introducir medicamentos que no 
atraviesen todo el tubo digestivo y favorezcan la expulsión del in- 
testino grueso sin tener que practicarse una colostomía. 




(1) De cien exkmeneu poH'mortem practicados en el Hospital de San Jorge^ 
«e han encontrado dos apéndices solamente obstruidos por induración, y 
otros dos reducido sn diámetro & al de una cerda de jabalí. 



204 

Después de algunas operaciones del abdomen se produce un me- 
teorismo extraordinario, á causa de un estado tóxico» que se asocie 
á otra enfermedad aguda, v. gr., & la pulmonía de ciertos operados. 
En estos casos 1& distensión del tubo digestivo resulta intratable» 
porque es una paresia Infecciosa de la fibra lisa del intestino. 

Aquí la apendicostomfa tiene preciada indicación, porque sirve el 
esflnter cecal de válvula, que puede dejar pasar los gases, y con un 
tubo de goma hacer la succión de ellos. Además, puede servir para 
alimentar artificialmente ai enfermo. 

En cuanto á la alimentación por el apéndice, es indudable que 
ofrece ventajas á la que en ciertos estados se hace por el recto, por^ 
que los alimentos se pueden introducir por una parte del intestino 
que tiene más eficaz absorción para mantener y nutrir al enfermo. 

No todos los enfermos soportan bien los alimentos ingeridos por 
el recto, echándolos fuera en seguida de inyectados, y en las opera- 
ciones del estómago, en las gastrostomias y en las afecciones del pi- 
lero, que necesitan dejar por un tiempo determinado en reposo al 
estómago, prestará también esta operación muy buenos servicios. 

Por último, en muchos casos de colostomía cecal debe empezarse 
por practicar una apendicostomla, para hacer lavados del tubo di- 
gestivo hacia el íleon y el colon, que podrán quitar la oclusión del 
intestino, si es una intusucesión. En todo caso, siempre puede con- 
vertirse esta sencilla operación en una cecostomía, haciendo dos in- 
cisiones á los lados del apéndice. 

Tales son, al presente, las indicaciones más sencillas que la apen- 
dicostomía puede reconocer; el talento de los cirujanos y las indi- 
caciones infinitas que la práctica enseña, colocarán esta nueva 
operación en el puesto que deba ocupar. 

Cualquiera que sea el resultado^ aparecerá que un órgano que en 
estos días casi rutinariamente venimos destruyendo por creerlo inú- 
til y perjudicial, se presenta ahora con fueros de permanencia, por 
la utilidad que debe prestar y perlas funciones fisiológicas que se le 
asignan, según acaba de publicar mi amigo el Dr, Yagüe, en la Re* 
vista Ibero* Americana, como muy importantes para la digestión in- 
testinal. 



"^^dfiíVtf ' •^ " 



205 



LA "GOTA DE LECHE,, DE NAOñlO 

Y LA PROPAGACIÓN DE ESTA INSTITUCIÓN EN ESPAÑA 



bforoie leido al primer GoBfnso latenudonal de U "GoU de Leche,, 
verificado en Paria el 20 j 21 de octabre de 19(U> 

D. RAFAEL ULECIA Y CARDONA 

FaBd«dor d«l Piimsr Cootallorlo do aíAot do pocho « (2oU do Loeht • do Madrid. 



Cuando, en 1902, me hicieron miembro de \9. Junta municipal de 
Sanidad de la capital de España, fui comisionado por ésta para re- 
dactar un informe acerca la mortalidad infantil, en Madrid, sus 
causas principales y medios de combatirla. Di por terminada mi ta- 
rea al leer el referido trabajo el 6 de marzo de 1903, y cuyo resumen 
expongo á continuación : 

RESUMEN de la merUlidad, en Madrid, da loa aiaa 1896 á 1902 



Menos de un 
afio 

Delá4.iiños 
cumplidos. 

De 5 años en 
adelante. . 


1896 


1897 


189a 


1899 


1900 


1901 


1902 


TOTAL 


4.086 

8.026 

10.990 


8.184 
2.442 
8.988 


8.484 
2.716 
9.077 


4.4¿d 
1.714 
9.666 


3.278 

8.910 

10.218 


8.780 

8.850 

10.204 


8.094 
2.884 
8.988 


25.289 
19.542 
68.076 


18 102 


14.564 


15.277 


15.868 


17.406 


17.284 


14.411 


112.90? 



Menos de un año 25.289 ó sea 22,09 por 100 

De 1 á 4 afios cumplidos 19.542 ó sea 17,80 por 100 

De O días á 4 años cumplidos ... 44.881 ó sea 89,70 por 100 



Presenté también el cuadro siguiente, que establece la diferencia 
notable que existe en el crecimiento de población de varias capita- 
les* y por el cual se ve que únicamente, en Madrid^ disminuye el nú- 
mero de habitantes en vez de aumentar. 



206 



MOVIMIENTO 
1 de 
poblaelÓB. 

CAPITALES 


POBLACIÓN 
media. 


1898 á 1902 


TOl 

1.000 ha 

Wodm<Mto« 


rAL 

bltantea. 

DtfMMeimm. ' 

1 


Racmieatos. 


Deftuciones 


INfereiicia. 


Londres 


4.614.171 


661.281 


428.088 


4-288.148 


1 28*6 


18*8 


New- York.. 


».562.B12 


458.619 


871.297 


4- 82.822 


1 25*4 


20*8 


París 


2.511.629 


291.094 


250.788 


4- 40.241 


28*1 


19'9 


Berlín 


1.822.409 


287.^51 


159.679 


4- 78.272 


26*1 


17*5 


Viena 


1.688.409 


255.714 


166.852 


-+- 89.862 


81*2* 


20*8 


San Peters 














burgo 


1.191.291 


161.811 


148.450 


4- 12.861 


27*0 


24'9 


Glasgow 


752.817 


121.725 


79.841 


4- 42.884 


82*8 


21'0 


Hamburgo. . 


691.657 


102.544 


60.140 


4-42.404 


296 


17'8 


Bnda-Pesth. 


684.57o' 


116.509 


72.728 


4-48.786 


84*0 


21'2 


VarBOTÍa . . . 


645.415 


128.769 


71.581 


4- 52.288 


88*8 


22'1 


Liverpool . . 


646.096 


118.414 


79.121 


4- 84.898 


85*1 


24*4 


Bruselas . . . 


565.708 


66.286 


46.868 


4- 19.418 


21*6 


16*6 


Manchester. 


546.919 


86.861 


61.810 


4- 25.541 


81*7 


22*4 


BirmÍDghfln. 


519.479 


86.592 


52.706 


4- 88.886 


88*8 


20'2 


MADRID.... 


515J17| 


78.261 


80.228 


— 1.962 


80*8 


81'1 



Al Congreso de Deontologia Médica^ que se reunió en Madrid del 
3 ai 5 de mayo de 1903, presentó un informe referente á. la mortali- 
dad infantil, en el cual hice ver que la mortalidad general en Espa» 
ña^ en el año 1900, fuó la siguiente : 

MartalLdad general. 

En invierno 154.285 

En verano 188.774 

En otoño 5 126.562 

En primavera 122.145 

Mortalidad de loa nlfitt menaret da 6 aflot. 

En verano 68.984 

En invierno 58.496 

En otoño 52.542 

En primavera 49.876 

ó sea un 42J3 por LOO de la mortalidad general. 



207 

Estudiando en los dos trabajos mencionados las causas de esta 
mortalidad excesiva en España, añrmaba que las principales son : 
la ignorancia de las madre», en cuanto á la higiene de los niños se 
reflere, y la falta de recursos para procurarse buena leche cuando 
no pueden amamantar ellas mismas á sus hijos. 

Como medios para combatir esta terrible mortalidad infantil, he 
propuesto en mis escritos, entre otras cosas : 

1.® La creación de Consultorios para niños de pecho^ donde reci* 
ban las madres saludables consejos y donde, además, se les facilite 
buena leche con que criar á sus hijos. 

2.* La publicación de folletos y cartillas con los preceptos de hi- 
giene infantil. ^ 

3.^ La vulgarización de los conocimientos de higiene privada y de 
higiene pública, mediante conferencias populares. 

Deseando'predicar con el ejemplo, me entregué con ardor á una 
campaña en favor de la primera infancia. En un principio redacté 
una Cartilla de higiene para las madres^ en la cual condensé, en for- 
ma breve y sencilla, las reglas más indispensables á que se han de 
ajustar los cuidados del niño, á ñn de que pudiera servir de guia á 
las madres. 

Se distribuyeron gratuitamente en Madrid 60.000 ejemplares, cos- 
teados : 10.000, por el Municipio; 12.000, por la Dirección general de 
Sanidad ; y el resto, de mi bolsillo particular. 

Esta Cartilla obtuvo un éxito extraordinario, pues varios Muni- 
cipios y ñlántropos de todos puntos de España hicieron ediciones 
especiales, y numerosos periódicos, tanto profesionales como politi- 
eos y literai^ios, nacionales y extranjeros, la reprodujeron integra. 

Se puede asegurar que, hasta el día de hoy, se habrán impreso 
más de 500.000 ejemplares de la misma. 

No juzgando suñciente esta campaña por medio de la pluma, de- 
cidí crear en Madrid un Consultorio para niños de pecho, en unión 
con la Gota dé Leche. Hice participes de mi proyecto á dos parientes 
de mi esposa: el marqués y la marquesa de Casa Torre, poseedores 
de una fortuna considerable, que está siempre al servicio de sus 
sentimientos nobles y caritativos. Entonces, seguro ya de que con- 
taba con su protección, me decidí venir á Francia para darme bien 
cuenta de esta Institución, que, como sabéis, debe su origen á nues- 
tros sabios comprofesores los Dres. Budin y Dufour. 

En junio de 1903 realicé mi viaje á Francia, visitando las Gotas de 
Leche establecidas en Fécamp,"en/Rouen, en Versalles y en [Saint- 



208 

Germain^ la Pouponniére de Porchefontaine, la Consulta de niños 
de pecho del Dr. Budín en la Maternidad y la del Dr. Bresset de la 
calle Oudinot, el Dispensario de Belieoille, del Dr. Variot, y, por úl- 
timo, pasé & Bélgica, para visitar la Lechería maternal del Or. Lust, 
en Bruselas, y la Gota de Leche establecida en Hodimont por iní- 
ciatiya de M. Cerehex. 

Con venien cemente informado de todos ios detalles, tanto científi- 
cos como mecánicos, de estos establecimientos, volví & Madrid, con- 
sagrando toda mi actividad á los trabajos preparatorios para la ins- 
talación del primer Consultorio para niños de pecho y Gota de Le* ^ 
che^ en la calle de San Bernardo, núm. 83. 

Mas comprendiendo que esta hermosa Institución, tan humanita- 
ria y caritativa, tenia necesidad del concurso de todas las ciases so- 
ciales, acudí en un principio á S. M. la Reina D.^ María Cristina, la 
cual me ofreció al instante su protección y aceptó gustosa la presi- 
dencia de la Junta de damas protectoras de la Institución, en núme- 
ro de 22. Me dirigí también á Sociedades bancarias, comerciales, & 
Corporaciones y á particulares, obteniendo en todas partes muy 
buena acogiaa. 

La inauguración del Consultorio se verificó el 22 de enero de t904, 
con asistencia de S. M. la Reina, los Príhcipes de Asturias, la Infan- 
ta D.^ Isabel, el Príncipe de Ba viera y su esposa la IrifantaJ).* Paz, 
el Excmo. Gobernador civil de la provincia, el Alcalde de Madrid, 
los Inspectores de Sanidad, altos dignatarios de la Corte, damas de 
la Nobleza, gran número de médicos, etc., etc. 

El acto alcanzó las proporciones de un verdadero acontecimien- 
to; los periódicos literarios, tanto políticos como profesionales, se 
ocuparon extensamente de él con grandes elogios. 



El Consultorio consta de : 
1.® Un vestíbulo. 
2.^ Sala de juntas. 
.S."" Antesala. 

4.^ Sala de pesadas, con balanza de Exupére y báscula. 
5.° Sala de consulta. 

tí.° Gabinete de esterilización, con aparato Hignette para I.OüO bi- 
berones. 
7.^ Salapara llenar ios biberones, con aparato auto-stop de Copin. 



209 

8.^ Sala para la limpieza de los biberones^ operación que se hace 
con el aparato giratorio de Laune, de París. 

9.^ Gabinete para la distribución de los biberones en cestillos de 
alambre. 

10. Una habitación con armarios para envolturas y vestidos de 
niños. ^ 

11. Habitaciones de la Gerente y del personal del Consultorio. ^ 

12. Cuarto-almacén ó depósito de biberones, de harinas^ de medi- 
camentos, etc. 



Los trabajos del Consultorio están distribuidos de la siguiente ma- 
nera : 

Lunes, — A las nueve se recibe á las madres pobres que van en 
busca sólo de consejos para criar á los niños, ya al pecho, ya con 
biberón. Esta consulta dura hasta la una y está á mi cargo. 

Una vez pesados los niños, son éstos llevados á la sala de consul- 
ta, y todas las mujeres escuchan las observaciones que les hago se- 
gún los diíeren tes casos particulares. 

Miércoles.'-'Se recibe á las madres inscritas en la Gota de Leche; 
es decir, á las que' utilizan para la lactancia de sus hijos la leche 
esterilizada de la Consulta. 

' También estoy yo encargado este dia de la consulta, ayudado por 
el Dr. D. Jesús Sarabia, pediatra distinguido, el cual examina al 
niño en casos de enfermedad y prescribe la medicación conveniente. 

Jueves. — Es el dia que se recibe á las madres de la clase rica^ que 
vienen únicamente en busca de consejos, ó que en la Gota de Leche 
forman la primera categoría, esto es, pagan una peseta diaria. 
Siempre está muy concurrida esta consulta, desempeñada por el re- 
nombrado pediatra el Dr. Jules Robert. 

Las señoras dan, como limosna, lo que quieren para la caja del 
Consultorio. 

Además, el martes, jueves y sábado, hay consulta para niños en-- 
termos^ de la cual están encargados : de las enfermedades de los 
ojos, la Dra. Arroyo; garganta, nariz y oídos, el Or. Rueda; cirugía 
general, el Dr. Pérez Ortiz; medicina general, los Dres. Benítez, Sa- 
rabia y Tolosa Latour. 

Las categorías establecidas en la Sección Gota de Leche son : 

1.* Los ricos; 

2.*^ Laclase media; 



210 

3.^ La elase obrera; 

4.^ Los pobres. 

La primera, paga por su ración diaria de leche uña peseta. 

La segunda, (>5 céntimos. 

La tercera, 30 céntimos. 

La cuarta recibe ia leche mediante Bonos que se obtienen por tres 
pesetas, y que son valederos por treinta y un dfa. 

A las madres de la tercera y cuarta categorías inscriptas en la 
Gota de Leche se les suministra además, gratuitamente^ harinas para 
hacer sopas, jugos de carne (á las de lactancia mixta), medicamen- 
tos, etc., y á las que cumplen bien sus deberes maternos, con más 
celo, se las recompensa con envolturas, vestidos, etc., para los 
niños. 

La idea de establecer la consulta especial del jueces ha sido para 
hacer acudir á la consulta á las madres ricas,. á ñn de que éstas» 
recibiendo consejos higiénicos, y al ver por experiencia los buenoa 
resultados obtenidos, se conviertan en fervientes propagandistas de 
nuestra Institución, contribuyendo asi á aumentar el número de 
suscriptores para el sostenimiento de la fundación. Y asi es, en efec- 
to, lo que ocurre. 



Nuestra estadística, aunque no es muy extraordinaria, acusa, sin 
embargo, una cifra ya algo respetable. 

Desde la inauguración del Consultorio {22 de enero de 1904), hasta 
el 30 de septiembre de 1905, hubo el siguiente número de inscrip- 
ciones : 

A la Consulta del lunes 449 

— — del miércoles 258 

— — del jueves 449 



Lo que hace un total de 1 .151 

La clase de lactancia ha sido: 

! Lactancia al pecho 88 por 100 
— mixta 86 — 
— con biberón .... 25 — 



Jueves (clase rica). ■ . 



Lactancia al pecho 66 Vi po' 1^0 

— mixta 24 — 

I — con biberón 9 Vs — 



211 

A la Gota de Leche del miércoles acudieron 255 niños, alimen- 
tados con: 

Lactancia materna 6 

— mixta 111 

— con biberón , 127 

Total 244 

Las que por diversos motivos no tomaron lecbe« fueron 11. 

Como se ve por esta estadística, las madres madrileñas tienen 
una predilección marcada por la lactancia materna ó la lactancia 
mixta; no. recurren á la lactancia artificial sino en casos de absotu- 
ta necesidad. 

El entusiasmo despertado en Bspaña en favor de las Gotae de L«- 
che es tan grande, que ya varias poblaciones importantes poseen 
establecimientos de esta clase; por ejemplo : 

Barcelona, 

Bilbao, 

San Sebastián, 

Logroño. 

Allí donde no fué posible crear esta clase de establecimientos, se 
han fundado Consultas para niños de pecho; por ejemplo : 

En Tortosa, 

En Pamplona, 

En Valencia. 

Además, se han emprendido trabajos preparatorios para estable- 
cerlas en : 

Zaragoza, 

Mahón, 

Vitoria. 

* • 

Aunque el número de los niños criados con biberón sea muy infe- 
rior al de los lactados por sus madres ó criados con lactancia mix- 
ta, la mortalidad infantil en Madrid es verdaderamente aterrado- 
ra, como vemos por los resúmenes expuestos al comienzo de este 
informe. Esto demuestra que una de las principales causas, si no la 
primera, de dicha mortalidad, consiste en la ignorancia de las ma- 
dres. Convencido de la certeza de esta afirmación, proclamo la ne- 
cesidad, ante todo y sobre todo, de propagar la creación de Cónsul' 
torios de niños de pecho^ escuelas educadoras para las madres, don- 
de éstas aprenden el arte de criar bien á sus hijos, no sólo en el pe- 
ríodo de la lactancia, sino también durante los primeros años de la 



212 

vida del niño. Pero como todas las madres no pueden laetv & sus 
hijos, y como, además, la falta de recursos' no les permite tener una 
nodriza ni criar á sus hijos con biberón, conviene fundar, como 
anejo á estos Consultorios, Gotas de Leche^ á fin de suministrarlasHe- 
che de excelente calidad y á precio al alcance de todas las fortunas. 

Nadie podrá negar qué suministrando leche de buena caljdad se 
llega á disminuir la mortalidad infantil; pero yo creo firmemente 
que esta disminución representaría una cifra insignificante. En mi 
humilde opinión, lo esencial, lo que ejerceria una influencia verda- 
deramente notable, seria la educación de las madres y de las nodri- 
zas respecto á la higiene infantil, po^ medio de una campaña muy 
activa sobre todo en favor de la lactancia materna^ á fin de au* 
mentar el número de las madres que amamanten ellas ^nismas á sus 
hijos, siguiendo un buen método en armonía con las reglas de hi- 
giene establecidas por la ciencia. 

Para demostrar de una manera evidente, de modo que no quedé^ 
ninguna duda acerca de lo que acabo de decir, voy á exponer, aho- 
ra, los resultados obtenidos en la Inclusa de Tortosa, ciudad espa- 
ñola de la provincia de Tarragona, en Cataluña. 

El director de este establecimiento, que hace veinticinco años lo 
es el Dr. Vilá, ha tenido la feliz idea de poner en práctica, durante 
el año 1904, las reglas formuladas en mi Cartilla de higiene para las 
madree (1). 

Comparando la estadística del referido año 1904 con la de los vein- 
ticuatro años precedentes, he aquí lo que resulta : 

Estadística hecha en la Casa provincial de Caridad de Tcrtota 
(Dcpartancnto-inclusa) en los 26 últimos aSos. 



RESIDENCIA 



En el Establecimiento. 

En el campo 

Total 



ANTES 



S 



564 
807 



1871 



380 
824 
704 



67^8 
40'04 



51'0 



DESPUÉS 



i3 



88 
188 
216 



21 
17 



11 



24'0 
85*1 



17'5 



TOTAL 



647 
940 



1587 



401 

8n 



742 



8| 

ú 



62*1 
86»2 



467 



(1) Véase la CUnique infantiU (Journ. de méd. de Tenfance^ núm. 18, 15 
septiembre 1904) y el Progré* Medical, núm. 87, 12 septiembre 1906. 



^. , 



218 



1 

JUICIO 
1 tvOCÁ 


¡ 


KNTBBOCOims 


ATBKPSU 


TOTAL 


1 

i 


1 

■3 


á 

i 


4 
1" 


1 


-3 

1 ^ 


Antes * 


88 


427 

14 


757 


S2l 

n 


567 
10'8 


748 
23 


132'0 
27'8 

119'Olj 


DeBpnéa ... * 


* 
Total 


1 


647 


441 68'1 1 

1 




5ro 


771 



Sí>mejante éKilo, confirma mi persuasión de que para restolver 
victonosameDte el grave problema ¡le la mortalidad infariiil es com- 
pletamente necesario é indispensable ! 

I.*' Propagar la creación á^ Consuiiarios de niño^ de pecho, diri- 
gidos por médicos competentes. 

2.^ Fundar, como anejo á cada consulta, uuRGota de Leche^ A ñn 
de suministrar buena leche, ya cruda, hervida y pasleurizada, ma- 
te rn izad a ó esterilizada, á las madres que no pueden amaníantar á 
«US hijos. 

3." Divulgar por medio de conferencias populares, de folleto*? ó de 
opúsculos, ó por intermedio de la Prensa, los conocimientos genera- 
les de higiene, y muy particularmente loí5 qtie tratan de higiene de 
la primera infancia. 

REVISTA ESPAÑOLA 



SOCIEDADES CIRNllFlCAS 

REAL ACADEMIA DE MEDICINA üE MADRID 
Seíión dfl dia 16 de Jnniü de íBOS, 

EAtádJslíca sinitaria del ejército español. — El Dr. Larra hace uso de la 
palabra pam exporipr alíTUM»? conaideríicinnes aci^rca de la estsidi&tica sa- 
Dltaris del ejército espaQrd íti r.Kl4, estadísticas qne &e hacen cq España 
con arreglo á un couTeaiD iiitertiftciorial, siendo ó?ta de qiií' se trata, muy 
t<atÍ9factr7ria eomparadü con la de otros a5os. 

Man i ti estaque desde VM\\ la mortalidad va di^minuveQdo, puoatnqueaa 



"1. 



214 

dicho afio estaro representada por un 6 y pico por 1.000; en 1902 descendió 
á poco más de un 5, y en 1908 á 3*80 y tantos por 1.000, habiendo snbido 
algo en 1904 como consecuencia de nuestras campañas coloniales: 

Compara despnés el estado sanitario de nuestro ejército con el de otras 
naciones, complaciéndose en decir que el estado de nuestro ejército es sa- 
tisfactorio, pues que mientras nosotros hemos pasado poco de una mortali- 
dad de poco más de 4 por 1.000 en 1904, en el ejército de tierra de los Esta- 
dos Unidos fué de un 6*75 por 1.000 y en las tropas de mar un 6 por 1.000 
en el mismo afio. 

Afirma que en casi to^os los distritos de la península ha descendido la 
mortalidad^ encontrándose solamente en Melilla en una proporción de 10 
por 1.000 á causa de una epidemia palúdica. 

En cuanto á la mortalidad en los diferentes meses del a&o á que venia 
refiriéndose, dice que el más favorable fué el de noviembre, en que aqué- 
lla sólo estuvo representada por 24 centésimas por 1.000, y el más desfavora- 
ble el mes de abril, en que la proporción llegó á 50 centésimas, relacionan* 
do esto con las malas condiciones en que se encuentra el recluta por ser la 
época de incorporación á las filas, lo que trae consigo cambio de régimen, 
alimentación y aun aclimatación por pasar de unas á otras regiones de la 
península, ocurriendo lo mismo en todas partes. 

Las enfermedades que en dicho afio habían dado mayor contingente hos- 
pitalario fueron las dermatosis, bronquitis, chancro blando, sífilis y tuber- 
culosis. 

Las enfermedades que diezman á nuestros soldados son : el tifus, la fie- 
bre tifoidea y la tuberculosis, y que aun cuando es un obstáculo en este 
sentido nuestro vigente reglamento de exenciones, se va consiguiendo algo* 
y espera que se llegará á una cifra reducida de mortalidad por tubercu- 
losis. 

Actualmente ha leído un trabajo de un médico militar francés en que 
se ocupa de los déiiles en aquel ejército, en el que se aprecian las mismas 
deficiencias. 

En cuanto al tifus y á la fiebre tifoidea, hace algunos afios causaba en 
España menos estragos que en Italia y en Francia, pero que en estos países 
se han tomado precauciones que han hecho disminuir allí esta enfermedad, 
y que si en nuestro ejército se ha logrado, como queda dicho, disminuir la 
morbosidad y mortalidad de otras enfermedades, no puede decirse lo mis- 
mo respecto á la fiebre tifoidea, porque no-es posible impedir que los solda- 
dos la contraigan fuera del cuartel, y que asi la mortalidad por dicha en- 
fermedad hay que achacarla á las malas condiciones higiénicas de la po- 
blación civil. 

En dicho afio 1904 no murió ningún soldado por difteria, y de viruela 
sólo falleció uno. 

En cuanto á las dem^s enfermedades epidémicas, apenas han producido 
mortalidad, siendo de notar que aun cuando el tifus exantemático castigó 
á algunas poblaciones de España, el ejército sólo perdió dos hombres por 
dicha enfermedad. 

En cuanto á los éxitos de la vacunación en el ejército, ocupamos el se- 
gundo lugar entre las naciones europeas, puesto que sólo nos supera Ale- 



215 

inania, lo enal constituye una honra para el Instituto de Sanidad militar. 

No se había presentado en el ejército ni an sólo caso de tracoma. 

En cnanto al snicidio, está en nuestro ejército en menor proporción que 
en los demis, lo que demaestra que en Espafia el servicio militar no es tan 
penoso y duro como en otras naciones, especialmente en Alemania, que 
tiene fama de ser el pueblo que peor trata á sus soldados, por cuya razón 
allí el suicidio en 1904 alcanzó una proporción de 42 centésimas por 1.000, 
mientras que en nuestra patria, en igual afio, estuTO representado por 14 
centésimas. 

Termina el 6r. Larra afirmando que el ejército que tiene una proporción 
más faTorable de mortalidad es el espafiol. 

Supuesta incompatibilidad deles oalomelanos.— El Dr. Rodríguez Carracido 
recuerda lo que se ensefiaba, en su época de estudiante, respecto á la in- 
C9mpatibilídad de los calomelanos y del cloruro sódico, creyendo que aquél 
se convertía con facilidad en cloruro mercúrico; concepto que le parece «^ 
siempre absurdo, desde el punto de vista de las teorías químicas reinantes 
á la sazón, y teniendo en cuenta además que el organismo contiene ploruro 
de sodio, y ácido clorhídrico el jugo gástrico. 

Alade á las teorías de los equilibrios químicos y de las reacciones par 
cíales ó limitadas, y da lectura á párrafos de una obra en que se sostiene 
la incompatibilidad de los calomelanos y del cloruro sódico, y de otra en 
que se asegura que la formación del sublimado, ni es tan segura ni de pro- 
porciones que inspiren grandes temores. 

Partiendo del hecho, por todos admitido, de que el amoniaco produce 
un precipitado blanco en las soluciones de cloruro mercúrico, da noticia 
de las investigaciones que ha realizado en su laboratorio de química, lle- 
gando á demostrar el cloruro mercúrico en la proporción de 1 por 40.000 
<un gramo de sublimado por 40 litros de agua), formándose un anillo 
blanco; y habiéndose puesto cloruro mercúrico, sin nada de magnesia, no 
ha habido reacción si no se hacía la concentración al décimo, ó sea en la 
proporción de 1 por 20.000, en que se ha presentado un anillo blanco. 

El Dr. Oarracido afiade, como resultado de sus investigaciones, que 
puestas en contacto las soluciones de cloruro sódico con calomelanos, hay 
producción de cloruro mercúrico, pero en proporciones infinitesimales, que 
no pueden ocasionar efectos tóxicos; que empleando un protoplasma rico 
en oxidasa, como la parte más extrema de la patata, se forma igualmente 
cloruro mercúrico en cortas proporciones, y que, por lo tanto, sin y con 
protoplasma, la mezcla de cloruro mercnrioso y de cloruro sódico produce 
cloruro mercúrico, pero en proporciones que no son tóxicas. 

Respecto al ácido clorhídrico, su acción es análoga á la del cloruro só • 
dico, formándose cloruro mercúrico en contacto con los calomelanos, pero 
en cantidades muy inferiores á las de las dosis tóxicas. 

Estudiando la acción de los calomelanos y del cloruro sódico, cuando pe- 
netran en el intestino delgado, sostiene que el cloruro mercúrico que se 
forma excita la secreción de la bilis, en tanto qae los calomelanos estimu- 
lan la excreción y obran como purgante; que para determinar ambos efec- 
tos, será preciso asociar el cloruro sódico á los calomelanos ; que el cloruro 
mercúrico es estimulante de las acciones oxidantes de las cimasas, si ac- 



216 

túa en cantidades may peqnefias ó fraecipnes de gota, sucediendo lo con- 
trario si obra en mayores cantidades, pues en tal caso ya.no será estimu- 
lante de las oxidasas, como sucedía con las pequefias proporciones. 

El Dr. Puerta interyiene en el debate, y dice .que se proponía hacer al- 
gunas obserTaciones á la interesante comunicación del Dr. Carracido, 
aunque no estaba preparado con trabajos de laboratorio, que es como se 
resuelTcn estas cuestionen prácticas. 

La molécula de cloruro mercurioso es poco estable, y fácilmente se al- 
tera por varias acciones. Por la luz se reduce á mercurio metálico, formán- 
dose cierta cantidad de cloruro mercúrico ; por la acción del calor también 
sufre disociación, y en contacto del ag^a caliente se altera igualmente. 

Por la acción de los cloruros alcalinos, especialmente el cloruro amónico, 
se couTierte, en parte, en cloruro mercúrico, é igual transformación expe- 
rimenta por el ácido clorhídrico. 

El ácido cianhídrico, aunque esté diluido, forma con los calomelanos sal 
mercúrica, y de aquí la incompatibilidad señalada por todos los autores en 
la asociación de calomelanos con el looc blanco y agua de laurel cerezo, 
por la mínima cantidad que estos medicamentos contienen de ácido prú- 
sico, observándose, al hacer la mezcla, que aparece un polvillo gris de 
mercurio reducido. 

Además de éstas, señalan los autores la incompatibilidad de los calome- 
lanos con los álcalis, carbonatos alcalinos, bromaros y yoduros, que produ- 
cen descomposición manifiesta, por lo, cual no creo necesario, dice, ocu- 
parme de ellas. También se indica la incompatibilidad con el azúcar y las 
materias albuminóideas en presencia de la humedad, y sobre todo recuerda 
que hace años examinó unas pastillas de calomelanos y contenían indicios 
de cloruro mercúrico, que se reveló por el reactivo hidrógeno sulfurado, 
que es muy sensible. 

El caso concreto expuesto por el 8r; Carracido, de la transformación 
parcial del cloruro mercurioso en mercúrico, por la acción del cloruro de 
sodio, la citan todos los autores, y él mismo nos ha dicho que la ha com- 
probado; pero como la cantidad de cloruro mercúrico que se forma es tan 
pequeña, cree que no hay que temer sus efectos tóxicos. En estas acciones 
debe tenerse en cuenta que la solución de cloruro de sodio disuelve algo de 
X cloruro mercurioso, como disuelve también al cloruro de plata. 

Por fin, en los líquidos del organismo existe cloruro de sodio, y en el es- 
tómago pequeña cantidad de ácido clorhídrico, por lo cual en la ingestión 
de los calomelanos debe formarse algo de cloruro mercúrico, cnya mínima 
cantidad no produce efectos tóxicos, habiendo quien cree que la acción te- 
rapéutica del cloruro mercurioso es precisamente debida á la corta canti- 
dad de cloruro mercúrico que se forma, no tan sólo por la acción «^de los 
cloruros, sino también por las materias albuminóideas del organismo. 

El Dr. Codina manifiesta que, aun cuando tal vez pareciera raro á la Aca- 
demia que pidiera la palabra para intervenir en un asunto que parecía ee- 
pecializado por la Química, era tal, á su modo de ver, el interés qu^ desper- 
taba la comunicación presentada por el Dr. Oarracido, y tenía consecuen- 
cias de tan grande importancia para las aplicaciones médicas y para el ejer- 
cicio profesional, que le parecía que, aun siendo el último de los médicos 



217 

qae se honraba sentándqae en los esoafios de la Corporación, podia ha- 
blar de nn asunto de este género, por entender qne no debían pasar en si- 
lencio dicha comunicación los médicos que, como él, se ocnpan diariamente 
en el ejercicio profesional. 

Qne después de estas palabras de disculpa, las primeras qne había de 
pronunciar las dedicaba á felicitar de todo corazón, y con verdadero entn- 
BÍasmo, al Dr. Carracido, por creer qne estos son los trabajos qne^ más in- 
teresan á todas las Academias, pnesto que se trata de pruebas de hechos 
contrarios á las doctrinas aceptadas en Medicina, por lo que entendía que 
era de la mayor importancia ahondar en esta clase de investigaciones, y 
qne, merced á las que el Dr. Carracido había efectuado, se contaba con un 
medio más sensible para la determinación cuantitativa del cloruro mercú- 
rico en una solución, puesto qne llegó á determinar el 1 por 40.000. 

Con gran oportunidad había manifestado el Dr. Carracido que quería dar 
á sus investigaciones la mayor analogía posible con lo que puede ocurrir en 
el interior del organismo humano, y esto le había hecho pensar en que tal 
vez podrían llevarse más allá las investigaciones, puesto que, si bien las 
consecuencias de estos experimentos se desprenden con toda lógica, le pa- 
recía que habían de encontrar dificultades en la práctica médica por las 
arraigadas tradiciones que existen, fundamentadas ó falsas, en cuanto á la 
combinación del cloruro sódico con los calomelanos. 

Estimaba que el problema se había planteado por el Dr. Carracido en 
condiciones demasiado químicas, pareciéndole qne no estaría demás que se 
hicieran las experiencias, no con cuerpos puros como los empleados por el 
Dr. Rodríguez Carracido, sino con cloruro sódico impuro, como el que ge- 
neralmente se emplea en la práctica usual. Además, señala el Dr. Co- 
dina la necesidad de que se completara la investigación añadiendo á las 
substancias experimentadas los fermentos digestivos y, sobre todo, acu- 
diendo á la experimentación fisiológica ó animal, á la experimentación in 
vivo, única forma de que las conclusiones que se dedujeran pudieran acep- 
tarse en el ejercicio práctico de la Medicina sin dudas ni temores, sino con 
resolución y confianza. 



PERIÓDICOS 



Abtoeto meníngeo oonseoutivo á una otitis media snpnrada. — En la Oaeeta 
Médica del Norte^ publica el Dr. Aparicio el caso siguiente, relativo á una 
nifia de once años de edad, natural de Madrid, de temperamento linfático 
y sin antecedentes hereditarios. 

Como historia personal patológica, sólo aporta la otorrea crónica (siete 
afioe de fecha), que parece ser la causa del presente estado patológico. La 
otorrea dicha ha seguido en este lapso de tiempo el curso propio de este gé- 
nero de efectos; es decir, que han alternado las remitencias y agravacio- 
nes; afirmando la madre que en las épocas de casi supresión del flujo pu- 
rulento, la nifia se encontraba peor. Desde hace diez días la supuración es 

17 



218 

mny escasa, pero los dolores de oídos con irradiación á toda la cabeza son 
tan intensos, que han hecho perder el ape,tito, produciendo náuseas y aun 
algún YÓmiio. La fiebre es de 40°, el pulso frecuente y pequefio. La marcha 
insegura, difícil. La inteligencia está íntegra y en la motilidad y sensibi- 
lidad generales no se nota nada de anormal, aun cuando la marcha parece 
algo difícil ; sin duda obedece al estado febril y de debilidad en que se en- 
cuentra la niña. El examen de la región mastoidea no revela otra cosa 
que un vivo dolor en la parte correspondiente al antro mastoideo y una 
muy ligera tumefacción y enrojecimiento de la piel. 

En vista de lo expuesto, diagnosticó mastoiditis consecutiva á la oti- 
tis crónica, sin afirmar la existencia de absceso purulento en los sitios clá- 
sicos, es decir, meninges, cerebro y cerebelo, por cuanto, como queda di- 
cho, no existia síntoma alguno de foco. 

Acordó practicar inmediatamente la trepanación mastoidea. Afeitada la 
cabeza y aseptizada convenientemente, trazó una incisión horizontal como 
de 4 centímetros, dirigida hacia atrás y cuyo punto de partida era la parte 
más alta del surco retro- auricular derecho. A pocos milímetros de éste 
trazó una incisión, que comenzando en el punto de partida del anterior, 
termina en el vértice de la apófisis mastoidea. Trazado este colgajo angu- 
lar con el perióstomo, desprendió todos los tejidos blandos, periósteo in- 
clusive, dejando al descubierto toda la apófisis mastoidea y parte ósea del 
conducto auditivo externo. Con el escoplo y martillo levantó el cuadrado 
clásico en la trepanación de la mastoidea, esto es, lado interno á 4 milí- 
metros de la pared posterior del conducto; lado superior formando ángulo 
con el precedente y á nivel de la espina de Henlle paralelo á la línea su-r 
pramastoidea; lado externo paralelo al interno y lado inferior paralelo al 
superior : las dimensiones del cuadrado eran próximamente de 6 milíme- 
tros de lado. 

El efecto operatorio inmediato fué curioso ; en seguida que se levantó la 
capa ósea superficial de la apófisis empezó á fluir á oleadas isócronas con 
el pulso un pus amarillo, sanguinolento, botante fétido y en cantidad de 
25 gramos próximamente. 

Terminada la excavación y puesto el antro al descubierto, sondó muy 
suavemente con un estilete, penetrando en la fosa cerebral media, como á 
unos 4 centímetros próximamente. Ni antes ni después del sondaje salió 
substancia alguna que tuviera parecido con la cerebral. Con la cucharilla 
de Vokman, raspó bien las células mastoideas y algo de la caja, sacando 
bastantes fungosidades, terminando la limpieza con abundante irrigación 
de la solución acuosa ^e cloruro de zinc al 1 por 100. Gomo el agua salía y 
entraba bieo, tanto por el antro como por el conducto auditivo externo, 
no pasó á practicar la operación de Stacke. Con gasa yodofórmica se tapo- 
nó el antro y conducto auditivo. No se hizo sutura alguna. 

Al día siguiente de la operación (26), descendió la fiebre para no volver 
más; desaparecieron los dolores, se reanimó la niña y empezó á nutrirse, 
saliendo casi curada y sin experimentar contratiempo alguno, al cabo de 
mes y medio. Quedando una exudación muy escasa, serosa más bien que 
purulenta, continuó asistiendo al consultorio de nifios, en donde completó 
su curación. 



219 

El presente cafio pone de maniñesto una rez máe la gravedad de las oti- 
tis crónicas y la necesidad imperiosa con que se impone la trepanación 
mastoidea, á las menores sospechas de complicación, ya radiquen éstas en 

las célalas mastoideas, en las meninges ó en la masa cerebriil. — Sarabia. 

i 

REVISTA EXTRANJERA 



SOCIEDADES OENTÍFICAS 

ACADEMIA DE MEDICINA DE PARÍB 
8enán del día 26 de Junio de 1906. 

Tillooolitit y apondioitis. — El Dr. Rkolus: Es eridente, como ha dicho 
-el Dr. Dienlafoy, que son sobre todo los médicos los que encuentran más á 
menudo los casos de enterocolitis; pero en Francia y en el extranjero, mé- 
dicos y cirujanos están unánimes en proclamar las relaciones que unen es- 
trechamente enterocolitis y apendicitis. No pudiendo aportar una estadís- 
tica personal, presentaré la del Dr. Bernard (de Plom hieres), quien declara 
que de 1.100 casos de enterocolitis ha encontrado 76 de apendicitis demos- 
trada, ósea una proporción aproximada de 7 por 100. La estadística de Ta- 
lamon da una proporción de 29 enterocolitis en 80 casos de apendicitis; por 
lo tanto, es de pensar que en cada cinco ó seis enfermos se encuentra cuando 
menos uno con enterocolitis y apendicitis. ¿Se operan enfermos por apen- 
•dicitis que no tienen? Esto es absolutamente evidente para mi, que he de- 
clarado varias reces que se opera precipitadamente. Cuando menos, sobre 
-est^ punto, estoy de acuerdo con el Dr. Dieulafoy. 

El Dr. Pinabd: Desde hace veinte años examino á mis enfermos desde 
el punto de vista de la enterocolitis y apendicitis, y en un número conside- 
, rabie de ellos, sólo he encontrado muy pocas veces esta relación. 

El Dr. Dibdlafoy: Me encarga el Dr. Duret presentar á la Academia 
nn trabajo referente á la cuestión que nos ocupa, y en este importante tra- 
bajo cita casos de apendicitis verdadera que deben operarse en individuos 
predispuestos á la enterocolitis, y refiere otros de apendicitis crónica ver- 
-dadera que han sostenido alteraciones intestinales que han desaparecido 
«on la*operación ; pero insiste sobre la tiflocolitis tomada erróneamente por 
apendicitis, y llega á la siguiente conclusión: o: El hecho clínico enunciado 
por el Dr. Dieulafoy, es de una verdad indudable». Mi comunicación no 
lia tenido otro objeto que pedir, en nombre de la clínica, que se prestara 
más atención á los diagnósticos con objeto de evitar errores operatorios. 
Habremos diferido de opinión en cuestiones de detalle ó de interpretación, 
pero hemos estado absolutamente de acuerdo sobre el punto esencial del 
debate, ó sea acerca del gran número de individuos que, sólo padecien- 
do una tiflocolitis mucomembranosa, son inmediatamente operados para 
<ombatir una apendicitis que no tienen. 



220 

La vacunación en ia Guinea francesa. — El Dr. Ebemobgoüt: La yirnela. 
«xiste en el estado endemo- epidémico en esta región del África y es soste- 
nida por la variolización, muj en boga entre los focelahs y los mnsalma- 
nes. En 1905 fné la primera vez qne se vacunó metódicamente en dicho- 
país. El Dr. Martin ha verificado varios viajes, en el curso de los cuales 
nunca le ha faltado la linfa vacuna, gracias á las siembras sucesivas prac- 
ticadas en terneras que le seguían y en las que podía recoger vacuna fresca 
á los cuatro ó cinco días de haberlas inoculado. El número de vacunacio- 
nes practicadas se ha elevado á 19.700, con un tanto por ciento de éxitoa 
que varió entre 70 y 90. 

Los aneurismas de ios grandes vasos y su tratamiento por el suero geiatlniza- 
do. — El Dr. Lakokreaüx: La arterio- esclerosis generalizada ó endarteritis,. 
sólo excepcional mente, va seguida de aneurisma de los grandes vasos. Laa 
condiciones patológicas de estos procesos están ligadas á las periarteritis^ 
que ganan en profundidad y acaban por perforar la membrana elástica de 
las arterias. Descartado el traumatismo, sus causas tienen un origen infec- 
cioso, y las que nosotros desde luego conocemos son los agentes de la tu- 
berculosis, de la sífilis y del paludismo. La rotura es la forma de termina- 
ción fatal de los aneurismas de los grandes vasos, cuando no so verifica la. 
coagulación espontánea de la sangre en el saco aneurismático. Siendo muy 
rara esta coagulación espontánea, la indicación formal es de tratar pro- 
vocarla, y á ella responden el método de las inyecciones de suero gelatini- 
zado. Tehiendo esto método la propiedad de favorecer la coagulación de la. 
sangré en el seno de los aneurismas verdaderos, so opone, en consecuencia^ 
á su rotura si el enfermo tiene cuidado de evitar los esfuerzos muy violen- 
tos. Contrariamente á lo que se ha predicho por algunos autores, el méto- 
do de las inyecciones de gelatina no expone á ningún peligro, á condiciÓD 
de que el suero empleado sea perfectamente aséptico. Su indicación es tan- 
to más' formal en los aneurismas de los grandes vasos cuanto que la inter- 
vención quirúrgica es con frecuencia imposible ó peligrosa, y no se conoce^ 
hasta ahora cuando menos, ningún otro medio de detener seguramente lo» 
progresos de estos graves desórdenes. — Codika Oastkllví. 



80GISDAD DB CIRUGÍA DE PARÍS 
Setión del dia 27 dé Junio dé 1906, 

Pericolitis adiiesiva. — El Dr. Sieur refirió el caso de un soldado joven que* 
desde algunos años antes se quejaba de estrefiimiento rebelde con dolor 
pungitivo en el hipocondrio derecho. Presentó de repente síntomas de 
oclusión intestinal, que por sus caracteres especiales — vómitos líquidoa 
biliosos abundantes, dolor á la presión y macicez en el hipocondrio izquier- 
do, falta de abombamiento abdominal — hicieron creer que la oclusión ra- 
dicaba en la última parte del duodeno. La laparatomía confirmó la exac- 
titud del diagnóstico: el ángulo yeyunoduodenal estaba muy acodado por 
adherencias inflamatorias pericólicas, que al parecer rodeaban completa- 
mente el estómago y el hígado. El Dr. Sieur se limitó á romper estas 



221 

.adherencias lo mejor posible y despaés cerró el abdomen, dejando un tnbo 
<de desagüe para conjurar todo accidente de perforación del duodeno, caya 
pared, mny friable, estaba al parecer lesionada en su vitalidad. 

Loa snceso3 le dieron la razón ; el duodeno se perforó en varios puntos y 
-el enfermo murió á los ocho días. La autopsia reveló la existencia de adhe- 
rencias pericólicas que se extendían desde el codo infrahepático del intes- 
tino grueso hasta el nacimiento de la S. iliaca; el hígado, el estómago y el 
bazo estaban rodeados en parte por estas adherencias. Las vías biliares se 
encontraban en estado normal. En cambio, la mucosa del intestino grueso 
fle hallaba inñamada y ulcerada en ciertos puntos. En la última parte del 
duodeno había cinco perforaciones. En resumen: se trataba en este caso 
•de una peritonitis esolerofíbrosa adhesiva, dependiente de una enterocoli- 
tis crónica, que determinó la oclusión estrangulando el asa yeyunoduo- 
<denal. 

Estenosis pilórica cicatrizal. — El Dr. Quém narró el caso siguiente, que 
Acaba de observar. Se re&ere á una mujer de cuarenta y seis años, que in- 
girió por error una disolución concentrada de ácido clorhídrico. Los pri- 
meros síntomas — dolor, disfagia, vómitos y fiebre — causados por la que- 
madura de las mucosas bucal, faringo-esofágica y gástrica, fueron de 
•corta duración, y al segundo día pudo esta mujer dejar el lecho y alimen- 
tarse por la boca. Mas los vómitos tardaron poco en reproducirse, y sus 
•caracteres indicaban con toda claridad que dependían de una estenosis 
pilórica. La enferma enflaqueció con rapidez, y seis semanas después del 
4u:cidente fué preciso practicar la gastro-enterostomia. Por desgracia, esta 
mujer, que se encontraba estenuada, fué acometida de un síncope apenas 
había hecho el Dr. Quénu una incisión en la pared del abdomen. La res- 
piración artificial y el amasamiento transdiafragmático del corazón fueron 
inútiles, y la enferma sucumbió. Para la cloroformización se empleó- el 
Aparato de Roth Drager. 

Al practicar la autopsia se descubrió, como se esperaba, una estrechez 
4u;entuadísima del piloro, que permitía á lo sumo el paso de un estilete 
metálico; la mucosa pilórica estaba completamente destruida. No había 
otras lesiones macroscópicas aprecia bles del estómago. El esófago era el 
único que presentaba á lo largo de su pared posterior algunas bridas ci- 
catrizales blanquecinas y poco profundas. 

Vólvulo del ciego. — El Dr. Quénu refirió un caso de vólvulo observado en 
un hombre de veinte años. Desde cuatro años antes este enfermo había 
padecido varias crisis abdominales que simulaban por completo las de 
Apendicitis. 8e diagnosticó apendicitis de repetición, y el Dr. Quénu acon- 
sejó esperar á que desapareciera el período de agudeza para operar. 

Se hizo una incisión de Jalaguier y se buscó directamente el recto, pero 
fué imposible encontrarle en su sitio ordinario; la fosa ilíaca estaba com- 
idetamente ocluida. El Dr. Quénu buscó entonces el colon transverso, y 
utilizándole cerno gui^ couclnyó por encontrar el ciego oculto en el hipo- 
condrio izquierdo, debajo del bazo, donde estaba retenido por adherencias, 
envuelto en peritoneo y sin meso. El apéndice se hallaba también retenido 
por adherencias, y fué resecado. Cuanto al ciego, fué vuelto á la fosa 
ilíaca derecha, donde se le fijó en la pared abdominal por medio de algu- 



222 

no6 pantos de satura. El enfermo marió á los pocos días con síntomas d» 
tozemia. 

La aatopsia demostró qae el ciego estaba acodado en ángalo recto sobre^ 
el colon ascendente, enroscado además al colon transverso y distendido por 
materias consistentes y de color obscaro. No había indicio de peritonitis. 
La cara interna del ciego presentaba aiceraciones superficiales de la mu- 
cosa. El apéndice tenía, por el contrario, la mucosa sana, sin más lesión 
que una ulcerilla superficial de la serosa. 

Cree el Dr. Qnénu que la patogenia de los accidentes en su caso ha sido- 
la siguiente: la flexión del ciego estancó los excrementos en su interior, y 
eáta estancación provocó alteraciones de la mucosa, las que á su vez origi- 
naron peritonitis localizada, que se reveló por adherencias persistentes, es- 
decir, por la fijación definitiva del acodamiento cecal. La toxemia, á la. 
que sucumbió el enfermo, fué consecuencia de la coprostasis cecal perma- 
nente. 

Desde el punto de vista de lit terapéutica de estas lesiones, pueden estar 
indicados dos métodos operatorios: la resección del ciego ó la cecopexia. 
El Dr. Quénn recurrió en su caso á'esta última operación porque le había, 
dado buen éxito en otro enfermo con ciego móvil oculto debajo del higado- 
y que se confundió con una vesícula biliar distendida. 8i hubiera podido* 
suponer que en el caso presente estaba ulcerada la mucosa cecal, quizá, 
hubiese extirpado el ciego. — (La Presée Medícale). — P. Tolbdo. 



SOCIEDAD DB OBfi»T£TBIClA D£ LONDBBS 
Sétión del día 4 de Julio de 1906. 

Cáneer primitivo del ovario. — La Dra. L. Me Ilroy dijo que el cáncer pri- 
mitivo del ovario, no sólo se observa hacia la menopausia ó después, sino 
también en enfermas jóvenes; en este último caso es influida la menstrua- 
ción suspendiéndose el flujo menstrual. Los partos no ejercen influencia al- 
guna en el desarrollo de la enfermedad. El dolor no es un síntoma marca- 
do, y lo único que obliga á las enfermas á dejarse operar es el abultamien- 
to del abdomen. En la mayor parte de los casos hay ascitis. Las metastasia 
dependen de la duración de la enfermedad y de la integridad de la cápsula 
del tumor. Las probabilidades de recidiva son grandísimas. El carácter 
maligno de la enfermedad rara vez se sospecha antes de la operación. 

Los dos ovarios suelen afectarse, pero la enfermedad se halla más avan- 
zada en uno que en otro. Al principio la cápsula es resistente, después se 
rompe y el tumor prolifera á través du las aberturas. El epitelio germinal 
suele faltar. No se encuentran folículos de Oraaf ni cuerpos amarillos. Laa 
formas más comunes de cáncer del ovario son la glandular quística y la al- 
veolar con aumento de tejido conjuntivo. La neoplasia se encuentra casi 
siempre cerca de la superficie y en los pliegues. El tumor procede de las cé- 
lulas de los folículos y de las germinales. Los llamados huevos por los pa* 
tólogos alemanes son masas de protoplasma degenerado, productos regre- 
sivos de las células del folículo. La carioquinesis no es muy acentuada ea 



223 

estoa cánceres celnlares. Las oélnlas que se encueotran en el cáncer del ova- 
rio se asemejan á las de las neoplasias benignas, pero difieren por su dis- 
tribución, por su disposición irregular y por sn proliferación. 

Estrechez pelviana.— El Dr. Nepean Longridge leyó un trabajo basado en 
64 casos de estrechez pelviana, observados durante el año anterior en el 
Hospital de la Reina Carlota. El resultado en todos estos casos fué satis- 
factorio respecto á las madres, porque no hubo en ellas ni muerte ni com- 
plicación grave ; murieron ocho niños, tres de los cuales tenían vicios de 
conformación incompatibles con la vida. En 14 casos el parto fué espontá- 
neo, siendo el más notable el de una primípara que dio á luz en diez horas 
un feto vivo que pesaba más de 2.000 gramos. De estas mnjeres nueve eran 
' primíparas y cinco multíparas; nacieron muertos dos fetos, uno macerado 
y uno hidrocefálico. El parto fué provocado por candelillas en 17 multípa- 
ras y en seis primíparas. La fecha de la provocación se determinó calculan- 
do las dimensiones relativas de la cabeza del feto y de la pelvis de la ma- 
dre. Nacieron 17 niños sin auxilio alguno, cinco fueron extraídos con el 
fórceps y uno por la versión; uno de ellos nació muerte y uno murió tres 
días después con imperforación del ano. El tiempo transcurrido entre la in- 
troducción ^e las candelillas y el nacimiento del feto fué, por término me- 
dio, de noventa y dos horas seis minutos. La versión se practicó en seis ca- 
sos, muriendo dos niños. A la operación cesárea se recurrió en nueve casos, 
muriendo un niño y salvándose todas las madres. En una de estas enfermas 
la operación se practicaba por segunda vez. 

En las estrecheces pelvianas sólo puede elegirse entre la provocación del 
parto y la operación cesárea. La estadística del Hospital de la Reina Gai^ 
Iota tiende á demostrar que el primero de estos métodos es satisfactorio con 
un diámetro conjugado de 87 milímetros y medio ó más, y en cambio la ope- 
ración cesárea es el procedimiento preferible en las mujeres con diámetro 
conjugado de 75 milímetros ó menos. 

Adenoma del labio mayor.— El Dr. Wüliamaon refirió el caso de una mujer 
que padecía adenoma de uno de los grandes labios. El tumor, diagnostica- 
do de epitelioma, lo extirpó el Dr. Ghapneys, en 1908, sin que desde enton- 
ces haya habido recidiva. Es probable que estos tumores se desarrollen en 
las glándulas sudoríparas. 

El Dr. Hebert Spencer no cree que estas neoplasias son raras. Ha observado 
dos casos. Su origen es dudoso. El Dr. Lawreñce cree que proceden proba* 
blemente de las glándulas sebáceas en los sitios en que tienen una estruc- 
tura marcadameiite lobulillar, y los tubillos tienen una disposición arraci- 
mada tan típica que no cabe la menor duda de que proceden de glándulas 
tabulares. 

El Dr. Wüliaméan manifestó que los tumores de que habla él Dr. Spencer 
son adenomas sebáceos y pertenecen á una clase completamente distinta 
del que ha descrito. 

(Se 8u»pende las sesiones hasta si mes de octubre)» 

{The British med. Journal).^F, Toledo. 



224 

SOCIEDAD* ALEMANA DE OIBUGÍA 

Reunión XXXV celebrada en Berlín del 4 al 7 dé Abril dé 190$, 

(Oondutión) 

Aii«st«sift «special con la «scopelamina «n las laparatomfas.— El Dr. Krónig 
(de Fribargo), dice que con el solo hecho de ser sajetados y de hacerse cargo 
de las órdenes que reciben los ayudantes y enfermeros, experimentan los 
pacientes nn éhock psíquico, sin necesidad de qae se les haya sometido á la 
anestesia general, bastando tan sólo con la anestesia de Bier, practicada 
con inyecciones en el conducto yertebral. De aquí resulta que este último 
procedimiento, por muy beneficioso que sea, no deja de ser inhumano. 
Para eyitar este inconveniente, emplea el autor una combinación de la 
anestesia especial con el sueño incompleto que producen las dosis peque- 
ñas de escopolamina. Con tal combinación, los pacientes perciben vaga- 
mente lo que ocurre durante la operación, pero lo olvidan por completo 
cuando despiertan de su estado semi-inconsciente. 

8e hace dormir al paciente dos horas antes del momento en que se ha de 
practicar la* laparatomia. Como quiera que las impresiones sensoriales, 
muy vivas, sobre todo las visuales, pueden perturbar el estado de modorra 
en que se halla el sujeto, se aconseja emplear gafas negras para excluir di- 
chas impresiones; también se deben evitar, en lo posible, las impresiones 
acústicas intensas. 

El autor ha hecho 60 laparatomias con este procedimiento, cnyas venta- 
jas consisten en qne las enfermas permanecen muy tranquilas y después 
no se acuerdan de nada de lo ocurrido. Para evitar qne se formen trombos, 
conviene que las enfermas se levanten lo más pronto posible, al segundo, y 
to4o lo más tarde al sexto día después de la operación. No es raro que se 
presenten dolores de cabeza de seis á ocho días después de la operación, 
pero desaparecen por completo pocos días después. En cambio, no se ali- 
vian con los anti neurálgicos. 

£1 Dr. Kader (de Cracovia), dice haber empleado la analgesia espinal 
para practicar la extirpación de bocios y de cánceres de la laringe. Emplea 
siempre una inyección de tropacocaina al 2 por 100 é inyecta media hora 
antes un poco de morfina (1 á 2 centigramos)* Hace ll^punción por debajo 
de la primera vértebra lumbar ó de la décimasegunda dorsal ; la dosis de 
tropacocaina es de 12 centigramos. A los diez minutos se puede empezar á 
operar. El autor no ha tenido que lamentar ningún fracaso ni ha observado 
ningún síntoma desagradable. 

Invostlgacioifes bacteriolágícat acerca de la asepsia quirúrgica.— El doctor 
Doederlein (de Tiibinga), dice que es imposible conseguir una asepsia com- 
pleta; qae en las heridas existen bacterias desde el primer momento, y que 
los guantes de tricot que aconseja Mikuliczse ensucian al poco tiempo con 
bacterias, las cuales provienen, parte de la herida y parte de la piel de las 
manos. El hecho de que, aun así, se curan las heridas por primera inten- 
ción, demuestra que dichas bacterias ya no son patógenas. Los cirujanos, 
no satisfechos con la antisepsia y con las tentativas de asepsia hechas has- 



225 

ta ol dia de hoy, se han decidido por el uso de guantes de goma y de paños 
también de goma para cubrir las partes blandas limítrofes al campo de la 
operación. £1 autor ha realizado investigaciones referentes á este extremo 
en cien laparatomias, y ha visto que la protección que se consigue con 
dicho procedimiento contra las bacterias que se encuentran desde el pri- 
mer momento en las heridas, es próximamente la misma que se logra 
cuando no se emplea la goma en las operaciones asépticas. Aonqne se han 
reducido en lo posible las condiciones de infección, no por eso llegamos i 
hacemos dueños del origen principal de la infección de las heridas, ó sea 
la piel del mismo campo de la operación. Ahora bien; como no hay ningún 
medio que logre librar á dicha piel de los microorganismos que ou ella se 
Anidan, debemos de acudir á otros procedimientos si queremos hacer pro- 
gresos en la desinfección quirúrgica. El autor acabó al fin por adoptar un 
procedimiento que hace inofensivos los gérmenes, confinándolos en la 
misma piel. En efecto, barniza ésta con tintura do yodo, que, como es sa- 
bido, constituye un buen desinfectante, el cual curte además. Encima 
aplica una disolución aséptica de goma. Ensayos de cultivo han demos- 
trado que con este procedimiento se consigue que la piel quede completa- 
mente libre de gérmenes. 

El Dr. Brvhn (de Tubinga) ha hecho experimentos paralelos y ha visto 
que existen diferencias muy notables entre los distintos campos operato- 
rios- Asi, en la operai^ión de bocio, se tropieza con muy pocos gérmenes, 
por cuya razón en este caso no hacen falta medidas especiales de precau- 
<sión ; en cambio, en las operaciones de cáncer do la mama la cantidad de 
gérmenes que se encuentra' es muy considerable. El autor ha comprobado 
«n 60 casos que las medidas qhe se vienen aconsejando hasta la fecha, in- 
cluso la de desinfectar las mados, no son capaces de hacer desaparecer los 
gérmenes del campo operatorio, y que, en cambio, el procedimiento de fija- 
ción de los gérmenes que aconseja Doderlcin da muy buenos resultados. 

El Dr. HeúBner (de Barmen) ha empleado la bencina yodada para la des- 
infección de la piel, y dice estar muy satisfecho con este procedimiento, que 
representa un gran progreso. No es acertado lavar la piel con agua y alco- 
liol, puesto que se observa que cuanto más se lava el tegumento tantos más 
gérmenes salen de él. Por esta razón el autor emplea tan sólo la bencina 
jodada y no usa para nada el agua. Como la bencina quita demasiado bien 
la grasa, y, por lo tanto, no siempre se debo usar, porque la grasa es nues- 
tra defensa natural, hay que añadirle un poco de aceite de parafina. 

El Dr. Dé Oettingen (de Steglitz, Berlín) hace notar que como en campaña 
y en el hospital de sangre no se puede lavar ni desinfectar la piel, se ha de- 
cidido por barnizar las inmediaciones de la herida con una disolución de 
resina, dejando colocada encima una toruoda de algodón. E^te aposito tie- 
ne la ventaja de que no se desliza. Se disuelven íO gramos de almáciga en 
^ de cloroformo y se añaden 20 gotas de aceite de linaza. 

El Dr. Hevsn$r (de Barmen) dice que en vez de dicho líquido conviene 
más una disolución alcohólica de trementina de Venecia. 

El Dr. Herhold (de Altona) hace observar que el primer aposito se com- 
plica con el procedimiento de Oettingen, siendo así que debe ser, por el 
contrario, muy sencillo. 



226 

f 
Lesiones trenmátieas del cerazén; sotara del eorattn. — El Dr. SuUan (d» 

Leipeick) refiere haber tratado dos lesiones traamáticas del coraaóo por 
medio de antara. ün paciente puede presentarlo ya curado; el otro, en 
cambio, falleció de complicaciones. En el primero, que fué tratado por el 
aator i mediados de enero, se encontró entonces nna herida pnnzante á la 
izquierda y por encima de la tercera costilla. No existía ningún síntoma de 
lesión traumática intratorácica: el estado general era bueno, y el paciente 
ya se habla restablecido del desmayo que había sufrido en los primeros mo- 
mentos. Al día siguiente se encontró un hemopneumotórax, el pulso era. 
bueno y los sonidos cardíacos se oían puros. Al quinto día del accidente el 
sujeto se aplanó de pronto, el pulso se hizo imperceptible y la macicez car- 
díaca excedía 2 centímetros del borde derecho del esternón. En el acto se 
practicó una incisión longitudinal por encima de la tercera costilla, se pnse 
al descubierto la pleura y se resecó la tercera costilla, yiéndose entonce» 
que habla una herida punzante en el cuadrante superior izquierdo del pe- 
ricardio. Con las costillas cuarta y quinta se formó un colgajo que se inrir- 
tió; el pericardio apareció muy distendido por un hematoma, y apenas se 
percibía el latido cardíaco. Be ensanchó el ojal que había en el pericardio- 
hasta darle una longitud de 10 centímetros, se extrajeron de él unos 800 
giramos de sangre, y se vio entonces que en el Tentrículo izquierdo había 
una herida de unos 7 milímetros, por la que salía sangre. Be practicó la su- 
tura, pero habiendo cortado los hilos la pared cardíaca fué necesario repe- 
tirla, cuidando de hacer pasar los hilos á bastante más distancia de los bor* 
des de la herida. Con esto se cohibió la hemorragia, se cosió el pericardio y 
se introdujo un tubo pequeño de desagüe que se hizo salir al exterior. Aloe 
seis días de haber quitado este tubo el paciente estaba completamente 
curado. 

En el segundo caso se trataba de un hombre de yeintiocho afios, quien, 
con ánimo de suicidarse, se infirió dos heridas punzantes por debajo del 
pezón izquierdo. Había un considerable hematórax y un colapso profundo. 
El autor talló un colgajo torácico con resección de las costillas quinta» 
sexta y séptima, y se encontró en el pericardio una herida; dilatada ésta, se 
halló una herida punzante en el rentrículo izquierdo. Butura; á las cuaren- 
ta y ocho horas muerte, en medio de un colapso profundo. El paciente su- 
cumbió probablemente de hemorragia procedente de la arteria mamaria 
interna. 

Cirugía del eoraxán.— El Dr. Wendel (de Marburgo) refiere haber cosido- 
nna herida pnnzante del corazón, en el campo y á la luz de una linterna^ 
ün gafián de diecinueve afios se cayó sobre un cuchillo. El médico encon- 
tró una herida, que daba mucha sangre, en el cuarto espacio intercostal iz- 
quierdo; la comprimió, y con esto el paciente, que estaba desmayado, re- 
cobró el conocimiento. A las tres horas llegó el orador, en automóvil^ 
acompañado de un enfermero, y vio que el herido todavía conservaba sa 
conocimiento. Los sonidos cardíacos eran apenas perceptibles, enmascara- 
dos como estaban por un ruido de molino muy intenso; se trataba, por lo 
tanto, de una lesión traumática del corazón. Dilatada la herida cutánea y 
formado é invertido un colgajo torácico, previa resección de las costilla» 
cuarta y quinta, se dilató también la herida del pericardio que apareció 



227 

entonces al descubierto, TÍéndoee asi ana herida punzante en el Tentricu- 
lo izqniq^do. Entonces Y>rocedió el aator, con su mano enguantada, á sa- 
car algo afuera el corazón, y colocó una satura de catgut, operación que 
se realizó con mucha facilidad. Después de anudado el primer hilo cesó la 
hemorragia. Hecho esto, se cerró el pericardio, se colocó un tapón poco , 
apretado que salía en parte al exterior y se atendió debidamente á la he- 
rida operatoria superficial. A los tres días trajeron el enfermo i la clínica; 
en el curso ulterior no hubo el menor contratiempo, y i las cuatro semanas 
pudo el paciente abandonar el lecho. 

Heríilts del eoraztn por arma de fuege.-- £1 Dr. Gobeü (de Kiel) dice que 
la mayor parte de las heridas del corazón, por arma de fuego, que se obser- 
van en tiempo de paz, reconocen por causa una tentativa de suicidio y son 
producidas por un revólrer de calibre de 5 i 8 mm., de tal suerte que la 
bala queda algunas reces alojada en el mismo corazón, como puede demos- 
trarse por medio del examen radiográfico. Otros balazos ni siquiera atra- 
viesan el pericardio, limitándose á hacer penetrar éste en el corazón ; por 
fin, hay casos en que si bien la bala ha atravesado el pericardio, ha rebo- 
tado en el corazón á causa de estar éste muy duro en el momento del 
sístole. 

Acerca del pronóstico de estas heridas no están conformes los autores. 
¿Según una estadística francesa, de 110 heridas de corazón por arma de • 
fuego no curaron más que tres; en cambio Konig refiere que de nueve ca- 
sos de esta naturaleza no sucumbieron más que la tercera parte. Además 
de esto, el diagnóstico es dificil. Aunque el balazo haya interesado la re- 
^ón precordial no siempre afecta al corazón; dada la actitud en que se co- 
loca el cuerpo al hacer el disparo, puede suceder que el corazón se haya 
desviado á la derecha. El ruido de molino se observa también en los casos 
de hemopneumotórax y por lo tanto no es característico de la lesión trau- 
mática del corazón. 

El tratamiento debe de ser siempre conservador, al principio. Si hay 
colapso, púncese el pneumoiórax, porque el colapso puede ser debido á 
éste. 8i la panción es ineficaz, la indicación vital exige la operación. 

El orador presenta un hombre al que operó el 28 de junio de 1905, á v 
causa de una herida cardíaca por arma de fuego ; la bala había entrado por 
el ventrículo izquierdo y había salido por tres centímetros más atrás. Cu- 
ración completa después de haber saturado la herida del corazón. 

El Dr. 2>0 Braekel (de Libau) refiere un caso de lesión traumática del 
pericardio y del corazón, producida por un casco de granada que había 
chocado con el esternón á nivel del cuarto espacio intercostal. El paciente 
llegó al lazareto á los diez días de ocurrido el accidente. La macicez car- 
diaca estaba muy ensanchada, sobre todo á la derecha; el pulso casi no se 
percibía y loe sonidos del corazón no se oían. Se procedió á la operación en 
el acto. El antor hizo la incisión de Kocher á lo largo del orificio de entra- 
da, resecando el lado izquierdo del esternón. Se puso al descubierto el pe- 
ricardio; la lesión de éste se había cerrado por conglutinación y se abrió de 
nuevo, con lo cual se dio salida al contenido, que ya estaba descompaesto. 
En el pericardio se encontraron el casco de granada, trozos de tela que éste 
había arrastrado y la porción de esternón que había recibido el choque; en 



228 

el cono del corazón estaba desgarrada la capa mnacaUr. El palso mejoró 
inmediatamente, la temperatura bajó y el paciente se repuso con bastante 
rapidez. Onando dejó la cama se comprobó la existencia de atia pulmonía 
del lado derecho y de una pleuresía seca simultánea, afecciones que sobre- 
vinieron á los quince días de la operación y siguieron una marcha favo- 
rable. . 

£1 Dr. De Zawadaki (de Varsovia) refiere el caso de un hombre de die- 
cinueve años, que se disparó uo tiro de revólver en el cuarto espacio 
intercostal. Guando le vio el autor, al poco tiempo del accidente, el pul- 
so era regular; después de colocado el vendaje fué llevado el paciente al 
hospital. La radioscopia, practicada tan pronto como llegó, reveló la 
existencia de una sombra en la región cardiaca ; no habia ningún derrame 
sanguíneo en el pericardio. Con un tratamiento conservador se restablecifS 
muy bien el paciente. Un nuevo examen radiográfico, hecho á los catorce 
días, dio á conocer la existencia de dos proyectiles sobrepuestos en la re- 
gión cardiaca. Se trata seguramente de un solo proyectil que se ha partido 
en dos trozos. 

El Dr. Borchardt (de Berlín) dice haber suturado con éxito una herida 
penetrante del ventrículo izquierdo, que se habia inferido un muchacho al 
caerse sobre la punta de upa verja. 

El Dr. Jaífé(áe Posen) hace observar que mientras se está practicando 
una sutura del corazón, sobreviene i menudo una copiosa hemorragia y la 
viscera cesa de latir. Para evitar esta detención, que reconoce por causa la 
vacuidad del órgano, ha inyectado el autor grandes cantidades de disolu- 
ción fisiológica de sal común en el interior del corazón, con lo cual éste 
comienza á latir de jiuevo. 

Estudios experiméntalos sobre la capacidad de la plsura para ser Infecta- 
da. — El Dr. Noetzel (de Francfort sobre el Mein) recuerda que hasta la fe* 
cha se viene creyendo que la pleura posee poca capacidad de resistencia 
contra la infección. Para comprobar este dato ha hecho el autor experi- 
mentos en animales, inyectando en su cavidad pleural estafilococos muy 
virulentos. Ahora bien, con tales inyecciones no se produjo una pleuresía 
purulenta, pero sobrevino, en cambio, cuando se había ocasionado previa- 
mente un neumotorax. Segiín esto, la pleura tiene tanta capacidad de re- 
sistencia contra la infección como el peritoneo. 

Operación de los cánceres reotalos altos.— El Dr. Kraéke dice que los mé- 
todos combinados son los únicos que han permitido alcan;;ar mejores resul* 
tados en la extirpación de los cánceres rectales altos, en los que no basta el 
método sacro, que no consigue extirpar los glanglios. Ya Volkmann había 
hablado de este método combinado, pero sólo se empezó á emplear última- 
mente, aunque más bien como último recurso en casos desesperados, por lo 
cual no es extraño que en tales casos hubiese dado malos resultados. Pero 
cuando se convirtió en método reglado se comprendió la conveniencia de 
empezar por la laparotomía, que facilita la extirpación del cáncer, el ope- 
rar sin ensuciarse las manos y el poder diagnosticar la extensión del tu- 
mor, hasta qué punto ha invadido los ganglios, y por lo tanto, si la opera- 
ción es ó no posible. En este último caso renunciamos á la vía sacra y nos 
limitamos á establecer un ano preternatural. 



229 

La incisión abdominal debe permitirnos unn bnena inspección de la peí- 
▼Í8 menor. El enfermo se colocará con la pelvis elevada, y el corte se hará 
en la linea media, como para el ano preternatural ó combinando ambas 
incisiones. El resto de la operación variará según los casos. En Francia se 
empieza estableciendo un ano iliaco y extirpándolo todo á partir del esfín- 
ter. Este método, que tiene la ventaja de que simplifica las curas de la he- 
rida, no se sigue en Alemania, y con razón, puesto que la continencia y la 
conservación de la función intestinal se conservan mejor con el método 
combinado que con el sacro. 

La resección del recto la aconseja, sobre todo, Trendelenburg. Desde la 
cavidad abdominal se hace movible la porción enferma, se llega á la ampo- 
lla y se amputa. Por desgracia, hay muchos casos en que es imposible em- 
plear este procedimiento, á causa del tamafio del tumor y de los ganglios 
interesados. En estos casos, después de la laparotomía hay que emplear 
también el método sacro, combinación que ha puesto en práctica el autor 
muchas veces desde el año 1899; pero asi como al principio movilizaba el 
tamor sin abrir el intestino, resulta más^ácil la operación cuando, después 
de abrir la cavidad abdominal, se secciona el inteátino por encima del tu- 
mor empleando el termocaüterio. Del extremo superior del intestino se en- 
cargan los ayudantes; el inferior se invagina y cose. De este modo se pue- 
de disecar el tumor con mucha más facilidad por la vía sacra. 8e ligan los 
vasos hemorroidales, y con esto la operación resulta poco cruenta. Se pue- 
den ligar además las hipogástricas, con lo cual so alarga algo la operación. 
Además debe evitarse esta última ligadura, si se conserva la porción infe- 
rior del intestino. Después de movilizado el tumor, se coloca el paciente en 
decúbito lateral y se traza la incisión sacra. Hecho esto se extirpa el tumor 
desde el vientre. La operación es más fácil en la mujer que en el hombre. 
Después de la resección so practica la sutura sacra y se coloca el aposito. 
La operación la han hecho también Sonnenburg,Kümmell,Hotter y otros. 

Por ahora no se puede hablar nada del resultado definitivo ni tampoco 
del inmediato, porque es poco numerosa la estadística. Sin embargo, de 65 
casos recopilados por Schloffer, sobrevino la muerte en 88. El autor ha 
empleado el método combinado en diez casos con cuatro muertes, re- 
Btiltado no muy favorable, pero no hay que olvidar qno precisamente se 
trata de casos gravísimos, que de otro modo estaban abocados á una muer- 
te próxima. Dos de los fallecimientos fueron por colapso, debido sin duda 
á la larga duración de la operación; os de creer que, perfeccionándose la 
técnica y también la práctica del cirujano, se evitará mejor tal peligro. En 
efecto, la mayor parto de los casos mortales del autor pertenecen á la pri- 
mera época; también convendrá abreviarla enestesia, y acaso se pueda pa- 
sar sin la anestesia general, ün enfermo falleció de oclusión intestinal por 
dislocación del omento con torsión del colon. Para evitar esta contingen- 
cia, el autor fija ahora el omento después de hecha la operación. 

En el sexo femenino la intervención es menos peligrosa. De los diez casos 
del autor, tres eran mujeres y ninguna falleció. Según Schloffer, de trece 
hombres, murieron ocho, y de diez mujeres, nada más que una. Esta dife- 
rencia 80 explica por la mayor resistencia orgánica de la mujer y por laa 
mejores condiciones locales que presenta su pelvis. 



230 

El autor termina aconsejando qne se emplee más á* menudo el método 
combinado abdominosacro y que no se lo reserre para loe casos más difíci- 
les, y como último recurso bajo la forma de método sacro*abdominal. Pro- 
cediendo asi, obtendremos mejores resultados y llegaremos seguramente á 
aumentar la cifra de las curaciones deñnitivas, y cuando se haya perfec- 
cionado más la técnica, á disminuir la mortalidad. 

El Dr. Kümmeü (de Ham burgo) dice que el método operatorio tiene que 
variar, porque los casos son también muy diferentes. En loa casos leres en 
que son movibles el carcinoma y sobre todo el mesorrecto, se aconseja dis- 
tender el esfínter, sacar á través de él el tumor y extirpar después éste. El 
autor operó asi en seis casos, todos con éxito; uno de ellos vive aún á los 
once años de haber sido operado. Si el tumor penetra mucho en la excava- 
ción rectal hay que atacarle por abajo y resecar el coxis, tfi el tumor eslá alto 
hay que hacer la laparotomía y ligar el mesenterio. La operación es más fá- 
cil en la mujer y muy difícil en el hombre obeso. El desprendimiento del 
mesenterio debe llegar hasta el colon transverso. Después de dicho despren* 
dimiento, que es fácil, podemos seguir dos caminos: ó el de la invaginación, 
aplicable en pocos casos, cuando el tumor es pequeño, pero irrealizable 
cuando es grande, por el trastorno de circulación que detcfrmina, ó bien en 
estos últimos casos la extirpación previa, talla lateral é incisión pararrec- 
tal. De catorce cados operados asi perdió el autor nueve, y es de esperar 
que, perfeccionando el método, se habrán de obtener mejores resultados. 

El'Dr. Kocher (de Berna) opina que aunque el método combinado repre- 
senta un progreso, no es fácil que sea aplicable á los casos muy graves en 
que expone á un shock muy acentuado. También él lo ha empleado por ex- 
cepción y como método normal cuando el carcinoma radica en el colon pel- 
viano. No hay que olvidar que por la vía inferior se puede llegar muy arri- 
ba. La laparotomía es muy ventajosa cuando se respeta el esfínter. Si el 
tumor se halla en territorio peritoneal se debe no tocar el esfínter y operar 
desde arriba con el botón de Murphy. 

El Dr. Lorenz (de Yiena), en nombre de Hochenegg, manifiesta que el 
método seria un gran progreso si el carcinoma del recto no se pudiera al- 
canzar por el sacro, y si los peligros fueran menores, la intervención más 
fácil y los resultados definitivos mejores, cosa esta última que no sucede. 
Hochenegg ha empleado el método combinado cinco veces con tres falleci- 
mientos, pero la laparotomía se practicó como último recurso por no poder- 
se cohibir la hemorragia por la vía posterior. Según lo que refiere el mismo 
Kraske, los resultados no son mejores qne con el método sacro, por lo cual 
Hochenegg continúa fiel á este último. Sólo estaría indicado el método ab- 
dominal en el cáncer incipiente, que en realidad puede diagnosticarse con 
los rayos X. Pero el cáncer delYecto permanece latente por mucho tiempo 
y de aquí que sea llamado el médico cuando el tumor ya es muy volumi- 
noso. Si los primeros síntomas que preocupan al enfermo son los de estre- 
chez, entonces el cáncer está muy bajo y puede atacarse por detrás. 

El Dr. Foppert (de G^iesaen) compara la resección y la amputación del 
recto canceroso. Después de la resección, los resultados son muy desfavora- 
bles y, por lo tanto, debe sacrificarse el esfínter, á pesar de todos los incon- 
venientes de esta extirpación. Kraske adopta una actitud del todo contra- 



231 

TÍa, y loe hechos ohserrados en U olinica de Giessen le dan razón, puesto 
que para tres casos de muerte, en 85 amputaciones no hubo más que una 
«n 20 resecciones. 

Se dice que con estaa últimas fracasa oasi siempre la unión de los extre- 
mos del intestino; de 20 resecciones, sólo en 10 se logró la curación por pri- 
mera intención, y en cuatro quedaron fístulitas. Según Hochenegg, el re- 
saltado de la sutura intestinal es bueno, pero Qersuny no es tan optimista. 
Parece, en rista de todo lo dicho, que es preferible la resección á la ampu* 
tmeión. 

El Dr. Háckenbruch (de Wiesbaden) se declara partidario de la opera- 
<^ión del cáncer rectal con analgesia espinal, según el procedimiento de 
Bier, que él ha empleado en varios casos. 

Bl Dr. Leopoldo Mayer (de Bruselas) hace notar que el peligro principal 
de la operación es su larga duración, que expone al colapso. Depage hace la 
resección del coxis por el procedimiento de Bardenheuer, para lo cual ape- 
nas se necesita media hora. El enfermo se coloca en decúbito prono ; de 
este modo se inspecciona mejor el campo operatorio, la hemorragia es me- 
nor y la anestesia se obtiene en buenas condiciones. 

El Dr. Küster (de Marburgo) cree que el procedimiento combinado no 
da buen resultado y que es mejor operar en dos tiempos, como él lo ha he- 
cho en un caso con éxito feliz. Se abre ampliamente ^1 vientre para ver 
bien lo que se hace; si el tumor no se puede extirpar por arriba, se esta- 
blece un ano preternatural y en los dos días siguientes se lava el intestino. 
Procediendo asi, resulta muy fácil la extirpación por la vía sacra, que el 
autor ejecuta con anestesia lumbar. En general, siempre que sea posible 
debe hacerse la resección, pero hay casos en que se hace necesaria ta am- 
putación ; tal sucede cuando el intestino se puede atraer fácilmente hacia 
abajo. Aun asi, no debe destruirse por completo el esfínter, excepto en 
aquellos casos en que está invadido por el proceso canceroso. 

El Dr. Bardenhéiier (de Bochum), para defender su método, trata del 
desprendimiento, con instrumento romo, de la porción cancerosa. Con el 
método abdominal ha tenido malos resultados en dos casos. Se pueden qui- 
tar 40 y hasta 50 centímetros de intestino, sin que esto afecte al éxito 
final. lia indicación vital es de suma importancia para la ejecución de la 
operación. Al autor le ha dado buen resultado la amputación, compren- 
diendo en ella el esfínter. Hace la operación en un cuarto de hora próxi- 
mamente, y como nunca ha necesitado más de media hora, se evita asi el 
colapso. Se debe movilizar hasta el colon descendente. Si el tumor no es 
movible, no se debe operar; si lo es, se debe operar por abajo. 

ElDr. Brau (de Oottinga) dice haberse servido del botón de Murphy 
para la operación del carcinoma del colon pelviano, pero no puede aconse- 
jarse dicho botón para todos los casos, puesto que junto á él se endurecen 
las heces fecales. Es conveniente, por lo tanto, hacer una incisión lateral 
temporal, por la que se lava el intestino. El botón sale con facilidad. 

El Dr. Schlcmge (de Hannover) entiende que son muy raros loe casos en 
que no se puede extirpar el cáncer por la vía abdominal ó por la sacra. 
Conviene úiucho establecer provisionalmente un ano preternatural por en- 
cima del tumor, unos diez á catorce días antes de proceder á la extirpa* 



232 

ciÓQ de éste. Con este sistema U operación es más limpia; el cáncer, que 
estaba iomoTÍIizado por consecnencia de la estancación, se hace más mo- 
vible, se pnede atraer mejor hacia abajo y se convierte, de inoperable que 
era en algunos casos, en operable. Después de la extirpación hace el autor 
la sutura intestinal circular, y á las tres ó cuatro semanas cierra el ano 
preternatural. 

El Dr. Jaffé (do Posen) hace notar la gran importancia que tiene con- 
serrar el extremo inferior del recto cuando el cáncer está alto. Sin em- 
bargo, entre sus dO casos ha observado tres de metástasis en la porción 
inferior del recto que aparecieron al cabo de semanas ó de meses, metásta- 
sis que acaso reconozoan por origfen las maniobras de exploración. 

El Dr. Konig (de Jena) so muestra muy sorprendido de la rapidez con 
que Bardcnheuer extirpa el cáncer del recto, puesto que él, en casos do 
adherencias, ha necesit&do hasta hora y media. No ha empleado la sutura 
intestinal circular. Es el primer autor que hace afios ha empezado á utili- 
zar el niétQdo abdominosacro. En la Bí61is rectal es la única operación 
practicable para evitar una fístula procedente de arriba. 

El Dr. Bardenheuer contesta que él ha terminado la operación en na 
cuarto de hora en presencia do KOnig, y que también la ha hecho en pre- 
sencia do otros cirujanos, tales como Depage. 

El Dr. Kortt (de Berlín) dice que cada cual hace la operación en el 
tiempo que puede. La extirpación del cáncer rectal alto es de las opera* 
ciones más difíciles. Sa puedo emplear seguramente el método abdomino- 
sacro, poro exponiendo al enfermo á los peligros del colapso y de la gan- 
grena. Por otra parte, la muerte puedo sobrevenir con cualquier procedi- 
miento. 

El Dr. KrQBhe (de Fribnrgo) dice que de la discusión resulta que hay 
casos en que tampoco sirve el método abdominosacro, cuyo porvenir nos lo 
dará á conocer la experiencia. Kocher y Loreoz se demuestran muy hosti- 
les. £1 primero opera por una ó por otra vía, lo cual os acertado cuando 
son practicables; á ser posible, se el()girá la abdominal. La adición de la 
incisión rectal Se ha recomendado para aquellos casos en que no hay q no 
hacer otra cosa; con ella iio so afecta la función del esfínter. Según Lo- 
renz, el método combinado sólo se presta para los carcinomas incipientes» 
pero entonces no lo necesitamos. Schlange defiende la celiotomia prelimi- 
nar, que ya había recomendado Schede. Pero en general el procedimiento 
no ha satisfecho las aspiraciones}de sus preconizadores; el curso de la he- 
rida viene á ser casi el mismo que cuando no se ha hecho dicha operación 
previa, y la desaparición ulterior del ano preternatural no es tan fáoil 
como^ pudiera creerse. 

Reaccidn hemolftica del tuero sangofnee en Itt cancerosos. —El Dr. Ebllino 
(de Dresde): Si se inyecta á un animal albúmina de un embrión de otro, el 
suero sanguíneo del primero adquiere la propiedad de disolver los glóbulos 
rojos de las especies de donde proviene la sangre inyectada. Este dato bio- 
químico lo utiliza el autor en apoyo de su teoría del cáncer. La reacción se 
funda en el hecho de que los glóbulos de algunos vertebrados, y en especial 
de la gallina, son disueltos con más energía y rapidez por la sangre de los 
cancerosos que por la de sujetos sanos ó afectos de otra enfermedad, y son 



233 

también disueltoe con más rapidez y energía qne loB glóbulos rojos de los 
demás yertebrados. Se ha yisto tan^bién que esta reacción guarda parale- 
lismo con la de la precipitina, y qoe por medio de ella se pueden diagnos- 
ticar en determinadas condiciones tumores cancerosos no apreciable^ por 
la palpación. La capacidad hemolitica especifica es constante en cada su- 
jeto canceroso, y las metástasis reaccionan lo mismo que el tumor primi- 
tÍTO. La extirpación del tumor hace desaparecer la reacción; ésta á su yez 
es independiente de la forma de las células del tumor. La reacción se puede 
obtener también inyectando masas neoplásicas en el cuerpo del animal, 
pudiendo distinguirse en este concepto dos grupos de tumores: unos que 
reaccionan á los glóbulos rojos de los vertebrados, y cuya causa atribuye 
el autor también á células embrionarias de vertebrados, y otros que no 
reaccionan y cuya causa busca el autor en células de invertebrados. El au- 
tnr propone ensayar esta reacción antes de operar enfermos afectados de 
tumores y obtener una estadística de reacciones bioquímicas, según los ór- 
ganos y según las formas tumorales, para adquirir datos de este modo 
acerca de las causas del desarrollo de los tumores. 

Implantaoián de la glándula tiroides en el baze. — El Dr. Payr (de Oráz) ha 
empezado hace tres afios á ensayar la implantación de la glándula tiroides 
en el bazo de perros, gatos y conejos. Empezó implantando tan sólo un ló- 
bulo, el cual se vio que se encontraba en buenas ct>ndiciones de nutrición 
en su nuevo alcyamiento. A las cuatro semanas implantó el segundo lóbulo. 
De esta segunda serie una parte de los animales se murieron, pero los su- 
pervivientes no presentaron ningún síntoma patológico y en especial nada 
de tetania. A los nueve meses se les extirpó el bazo, observándose que ya á 
las doce horas había sobrevenido la tetania. La hemorragia ocasionada al 
abrir el alojamiento en el bazo se cohibía con la misma implantación de 
cuerpo tiroides ; después se cosía la herida espléniea y se fijaba sobre ella 
el omento para evitar la hemorragia secundaria. La glándula tiroides se 
fundía de un modo tan íntimo con el bazo que sólo quedaba un poco de te- 
jido conjuntivo. El bocio del perro se hace siete veces más pequefio después 
de la implantación de trozos de la glándula tiroides. 

En un caso adecuado se decidió el autor á repetir el experimento en la 
especie humana. Se trataba de un niño de seis años con un mixoedema muy 
pronunciado, el cual venía siendo tratado, hacía tres afios y medio, con pre- 
paraciones de glándula tiroides, y sin ningún resultado. La madre cedió con 
este objeto un trozo de su glándula tiroides que tenía una porción pirami- 
dal muy larga. Previa laparotomía fué implan tadftjdicho trozo en el bazo del 
nifio y en la forma antes descrita. La operación se terminó en doce minu- 
tos y la curación ulterior se verificó sin contratiempo, por más que la de la 
herida abdominal se retrasó algo por haberse humedecido sus bordes. Este 
niño, que fué operado el 12 de diciembre último, ha mejorado notablemen- 
te : empieza ahora á a^ndar, toma parte en los hechos que le rodean, los ras- 
gos de su semblante ya revelan cierto grado de inteligencia, y come solo, 
cosa que antes no podía hacer. La técnica del ingerto de la glándula tiroi- 
des en el )>azo es muy difícil y se trata de una operación no exenta de pe- 
ligros, pero justificada seguramente en aquellos casos desesperados en que 
loe demás métodos no han dado resultado. 

18 



234 

El Dr. Kqcher (de Berna) cree que do bay necesidad de hacer tina opera- 
ción tan peligrosa, pneeto qae él ha obtenido bnenoe resaltados implantan- 
do trozos de cnerpo tiroides entre el peritoneo y la pared del yientre en ca- 
sos en qae no había dado tan baen resaltado la administración al interior 
de dicha snbstancia. También se han hecho inyecciones intrayenosas, pero 
generalmente con resaltado fanesto. En Tez de ingertar grandes porciones 
de caerpo tiroides se paeden ir inyectando trozos peqaeños debajo de la 
piel, poco i poco y en dirersos pantos, según lo propone Ohristiani. 

El Dr. Payr (de Oraz) contesta qae el ingerto de peqaeñas porciones de 
glándala en la piel, qae ha aconsejado Ribbert, tiene el inconyeniente, de- 
mostrado por Labarsch, de que la degeneración ocasionada en dichos trozos 
por el traumatismo es muy grande comparada con la sección transTersal 
de dichos trozos. 

Tratamiento de las fracturas artieulares.— El Dr. Bardenhmer (de Colonia) 
dice que en los casos de fracturas del extremo superior del húmero es nece- 
saria la extensión para eyitar una producción excesiya de callo, la cual im- 
pide mucho la moyilidad de la articulación. También es muy eficaz en los 
casos de artritis. En los casos de fracturas articulares del húmero la exten- 
sión se hace hacia arriba; para eyitar la rigidez articular, aconseja el 
autor moyimientos precoces. 

Tratamiento de la fractura tiplea del radio. —El Dr. Lexer (de Kdnigsberg) 
recomienda en este caso reducir la fractura, extensión en el pulgar, coloca- 
ción de la mano en flexión, pronación y abducción cubital, y aplicación de 
una yenda de franela en forma de hélice, de modo que el sitio de la fractu- 
ra quede accesible para el masaje. La curación se obtiene próximamente al 
cabo de una semana. 

Destine ulterior del alambre de plata en la sotara do la rttula. — El doctor 
Brurm (de Tubinga) dice haber examinado 12 casos de fractura de la rótu- 
la en que se habla empleado alambre de plata, y que habían sido tratados 
en estos últimos diez afios. Sólo en un caso había unión, ó sea sin que la 
sutura hubiese cortado los tejidos. En otro los había cortado ó el alambre 
se había roto; en un tercio de los casos habían penetrado porciones de 
alambre en la articulación sin haber ocasionado generalmente ningún tras- 
torno funcional en ella; sólo en un caso, con gran separación de loe frag- 
mentos consecutiya á la rotura del alambre, proyocaron los trozos de éste 
dolores en el seno articular; en otros dos sólo había menor capacidad de ex- 
tender el miembro. En realidad, no es qne se rompa el alambre espontánea- 
mente; se rompe por las muchas inflexiones á que está expuesto.* Por lo 
tanto, en estas fracturas debe desecharse el alambre de plata y emplear en 
en su lugar la seda, como ya lo propuso Thiem en el Congreso anterior. 
{Deutsche Meditinal 2Mung). — R. del Yallb. 



235 

IMPEBIAL Y BBAL 800IBDAD DB LOS BffáDIOOS DB YIBNA 
8éMn del día B5 dé Mayo dé Í906. 

Iltturt del tendin del ontdrioeps.— El Dr. Pablo Álbncht presenta un hom- 
bre de caarenta y naeye aHos, que el 5 de febrero del afio pasado sufrió la 
rotara de loe tendones de los dos caadriceps, por encima del borde superior 
de la rótula. El 8 de febrero se practicó la sutura al descubierto de dichos 
tendones, yiéndose entonces que también se habla rasgado en ambos lados 
la cápsula de la articulación hacia adentro y hacia afuera en algunos cen- 
tímetros, y que también se halóla abierto la bolsa snprarrotuliana. En el 
lado izquierdo se tío claramente que el borde estrecho del tendón, que ha- 
bía quedado junto al borde de la rótula, estaba inyertido hacia adentro, ó 
sea hacia la cavidad articular. Al día siguiente de la operación se empezó 
con la faradisación de ambas extremidades; una semana después, cod masa- 
je suave y hecho ^on mucha precaución, y en la coarta semana siguiente i 
la operación, se comenzó con los primereé ensayos de ambulación. Hoy se 
ejecuta la extensión de ambas piernas de un modo completamente normal. 

Attasia en f erna de ataqne. — El Dr. Sigtnundo Erben presenta nn indivi- 
duo que generalmente puede estar de pié y andar desembarazadamente y 
con seguridad; pero tan pronto como se excita no puede estar en pié y em- 
pieza á temblar y á bailar. La estancia en pié es interrumpida por movi- 
mientos de baile (donismo) ; al cabo de un cuarto i medio minuto ya se 
puede tener en pié; con sus piernas rígidas da unos cuantos pasos cortos 
hacia adelante para no caer. Nuestro enfermo no presenta ningún esfuerzo 
automático de balanceo; lo que hace es dar pasitos en la dirección en que 
amenaza caerse. Se trata, por lo tanto, de un cuadro patológico constituido 
por dos factores : los espasmos temblorosos en forma de ataques, y la inca- 
pacidad de mantener entonces el equilibrio perdido en la forma habitual. 
Estos dos factores constituyen el síndrome llamado astasia, que describió 
por primera vez Blocq hace veinte afios. 

Presentaeién de un nene eon sffiile generalizada.— Loe Dres. Rodolfo Kraus 
y Ricardo Volk presentan un macaco (maoacus rhesus) que sufrió la inocu- 
lacióo sifilítica, por escarificación en la ceja derecha, el 27 de marzo. A los 
veinte días se desarrolló una lesión primitiva, cuyos restos se ven aún hoy 
en día. El 19 de abril, cuando ya se había desarrollado de un modo típico la 
lesión primitiva, fué reinoculado este mono con su propio virus, habiéndo- 
se desarrollado á los catorce días una nueva lesión en el sitio respectivo. 
El 8 de mayo, ó sea pasados catorce días, no se apreció ninguna nueva ma- 
nifestaciÓD. Hace tres días se encontraron en el brazo derecho y en el labio 
superior del mismo lado, dos eflorescencias papulosas cubiertas de costras. 
En el brazo derecho la eflorescencia está cubierta con una costra delgada, 
quitada la cual aparece á la vista una úlcera superficial, plana y con una 
capa lardácea. En el labio, la eflorescencia está rodeada de una areola ex- 
tensa y cubierta por una costra gruesa. Debajo del mentón se tocan gan- 
glios del tamafio de guisantes. En la encía del labio inferior izquierdo se 
ve una ulceración circinada; la lengua aparece cubierta en su punta, en su 



236 

parta anterior y en su borde izqnierdo por una infiltración blanqneeina y 
chata. 

El diagnóstico de sífilis generalizada se f anda en este caso exclnsiyamen- 
te en el coadro clínico. Ulteriores investigaciones precisarán si existen espi- 
rocetes y si él examen bacteriológico y nneyos experimentos habrán ó no 
de proporcionar datos bastante segaros para el diagnóstico clínico. 

Cáne0r del raeto an ana aabaraxada; axtlrpaaién ; curaaián. — El doctor 
HoM Loftnz presenta nna majer de cuarenta y dos afios, que ingresó en la 
clínica de Hocbenegg á mediados de marzo del año pasado, hallándose en, 
el séptimo mes de su décimo embarazo, y con un cáncer rectal muy alto. 
El aator extirpó el neoplasma el 81 de marzo, á los diez de haber provoca- 
do el parto prematnro« en la clínica de Chrobak. Procedió por la Tía dorsal, 
y como encontró ana S ilíaca mny larga y moTible, extirpó todo el recto, el 
colon pelyianoqae contenía el carcinoma y la porción inferior de la 8; en 
junto anos 80 centímetros de intestino. El resto de la flexura lo hizo pasar 
por el esfínter, que había sido respetado (método ¿eHochenegg), y laenfer* 
ma no sólo se curó sin ningún accidente, sino que de desnutrida que se ha- 
llaba, mejoró de un modo sorprendente. Ya hace bastante tiempo que 
cuando las deposiciones son consistentes las puede retener, el esfínter se 
contrae con mucha energía cuando se introduce el dedo en el recto, y es de 
creer, por lo tanto, que poco á poco recobrará la enferma la continencia 
normal. 

Extirpacién tatal del labarinta y aparaeién radical del aída media.— El doctor 
Femando Alt presenta una nifia de seis afios á la que le ha hecho la extir- 
pación radical del oído medio y la extracción completa del laberinto como 
secuestro óseo. 

El secuestro comprende todo el laberinto óseo. La pared del promontorio 
está perforada, y en la región de las rentanas oral y redonda descubre la 
sonda tejido de granulación. Los conductos semicirculares superior y poste- 
rior aparecen abiertos, y el horizontal falta por completo. El conducto audi- 
tÍTO interno está ocupado por granulaciones. Al día siguiente de la opera- 
ción la nifialastaba sentada en la cama y jugando, y tres días después anda- 
ba por la sala, pero con cierta inseguridad, separando las piernas y no pu- 
diendo tenerse sobre un pié ni con los ojos cerrados, aunque se apoya en 
los dos. No hay yértigo, nistagmus, ni trastornos en los músculos oculares. 
El secuestro yiene á ser una preparación del laberinto, y se ha producido 
sin duda por la oclusión de la arteria auditiva interna. El neryio facial 
conserva su conductibilidad á pesar de que pasaba á través del secuestro.' 

Sin embargo, estaba tan reblandecido en el conducto auditivo interno y 
al salir del conducto de Falopio, que el autor pudo extraer el seculdstro sin 
ninguna dificultad, y al mismo tiempo dividir el nervio en dos puntos. En 
la preparación se ve que al salir el tronco nervioso del conducto de Falopio 
está rodeado de granulaciones. 8e comprende que después de la operación 
tiene que haber quedado una parálisis completa del facial, puesto que falta 
una porción de este nervio. Para corregir dicha parálisis se propone el autor 
ingertar el nervio espinal en el tronco del facial pasada una semana. 

Eaibaiia eraérlaa y aérea an ana pnérpara.— El Dr. Maximiliano Richierr^» 
fiare el caso de una primípara de veintidós afios que diez días antes de mo- 



237 

. rirae habla tenido an parto premataro en el octavo mes. En el puerperio no 
ooarrió nada de particular, excepto cierto mal olor de los loquio8,qae con un 
tratamiento adecnado se hizo desaparecer. Fuera de esto, la mujer, que era 
de tipo fino y anémico, se encontraba completamente bien, á los diez días 
del parto; ¡en la tarde del 16 del corriente la enferma estaba sentada en la 
cama y comiendo. Guando casi habla terminado de comer, se puso pálida, 
dijo que se sentía mal, y en el mismo momento vomitó y se cayó hacia 
atrás. La enfermera fue por un vaso de agua, y cuando volvió vio que la pa- 
ciente hacia algunos gestos con la cara, y en esto se quedó muerta. 

Gomo no se pudo establecer un diagnóstico indudable, se hizo la autop- 
sia, viéndose entonces que estaba abultado el pericardio, y una vez abierto 
éste se encontraron muy distendidos el ventrículo y la aurícula derechos, 
teosas sus paredes, timpánico el sonido de percusión de las mismas, y al 
abrir el ventrículo derecho, debajo del agua salieron numerosas burbujas 
de aire, algunas de ellas del tamaño de una nuez. La sangre estaba liqui- 
da, de' color rojo obscuro y no espumosa. La arteria pulmonar y sus ramas 
estaban ocupadas por coágulos consistentes de color gris rojizo, de superfi- 
cie mate ; el mayor de dichos coágulos tenia 6 centímetros de largo y 1 de 
grueso. 

La autopsia descubrió el origen de la embolia aérea y de la cruórica. La 
vena eepermática derecha estaba distendida por un gas, y también lo es- 
taba en parte el plexo pelviano. Desde un vaso de 2 á 8 milímetros de grue- 
so de la pared del útero, y situado á la derecha de la linea media, sé^odla 
penetrar sin ninguna dificultad con la sonda á través de la zona de inser- 
ción de la placenta, hasta entrar en la cavidad uterina. La vena esper- 
mática izquierda contenía muy poca sangre y ésta no estaba coagulada. En 
el plexo venoso del lado derecho, que estaba constituido por cordones del 
grosor de un dedo, se encontraron coágulos de color gris rojizo y muy poco 
adheridos. El útero estaba muy blando, pacido, poco reducido y en ante- 
flexión muy exagerada. 8u percusión daba un sonido vacio, y por el con- 
ducto cervical se podía introducir un dedo. Hay que mencionar, además, 
la particularidad de que esta mujer presentaba la llamada estrechez con- 
génita de las arterias; sus vasos eran de poco calibre, de pared delgada y 
muy elásticos, y el perímetro de la arteria sólo media 8 centímetros. 

En este caso, el primer accidente fué el desprendimiento de coágulos 
procedentes de las venas pelvianas, y el arrastre de dichos coágulos hasta 
la artería pulmonar, accidentes provocados quizá por el acto del vómito. 
Al mismo tiempo fué arrastrado el coágulo de la vena uterina antes men- 
cionada, caso de que en ella hubiera un trombus, y entonces, como quiera 
que al caei^se la enferma hacia atrás penetró aire por aspiración etí el inte- 
rior del útero, sobrevino la embolia aérea. También es interesante en este 
caso la particularidad de que, no obstante estar el eorazón muy perturbado 
en sns funciones por la obstrucción de la arteria pulmonar, aún pudo as- 
pirar aire de la cavidad uterina. 

( Wiener Klinisehe Rundechau), — R. del Valle, 



238 



PERIÓDICOS 



ConsMiiMolas mortates d« nn «rzatlo. — Loe Dres. N. Néstor y Si. Oaln, 
de Bucarest, refieren an caso en el que sobrevino la muerte á consecuen- 
cia de un orzuelo. De éste, del plexo venoso retrobulbar del seno caverno- 
so, que presentaba también trombus, y por último, de varios infartos su- 
purados del pulmón, se pudieron obtener cultivos del estafilococo piógeno 
dorado. 

Se trataba de un nifio de dies afios, en el que siete días antes de su in- 
greso en el hospital habla aparecido un orzuelo en el párpado superior 
izquierdo; á los cinco días el ojo estaba sumamente hinchado y doloroso, 
no se podía abrir y había un quemosis considerable. Sobrevinieron sínto- 
mas meningíticos y lesiones en el ojo derecho, análogas á las de su congé- 
nere, y á los tres días de esto falleció el enfermo. 

(iSSptto¿u¿).— R. DBL Valle. 

El áoMo vanádleo y su omplsa en torapéotiea. — Hasta ahora se habían 
empleado los vanadatos de sosa, de hierro, de litiná, etc., pero no el ácido 
vanádico. Dos químicos distinguidos, los Sres. Witz y Osmond, han de- 
mostrado la propiedad singular que tiene el ácido vanádico cuando se 
encuentra en presencia de una materia orgánica y de un cuerpo oxidante ; 
oxida dicha materia, se apropia eu seguida el oxigeno del cuerpo oxidante 
y le vuelve á ceder á la materia orgánica, repitiéndose estos fenómenos de 
una manera continua. Bl ácido vanádico se convierte sucesivamente en 
hipervanádico é hipovanádico al apropiarse y ceder el oxigeno, pcurriendo 
así un fenómeno análogo al que, según Beind y Schultz, se produce entre el 
oxigeno y el arsénico. 

Bl Dr. Laran ha estudiado, en colaboración con Bernard y Pecourt, las 
propiedades químicas y fisiológicas de las sales de vanadio. Deducen de 
sus experimentos que estas sales obran únicamente por el ácido vanádico 
y que además tienen la desventaja de ser inestables, razón por la cual de- 
ben ser desechadas. Los experimentos que han practicado con el ácido va- 
nádico en el conejillo de Indias tuberculoso, no pueden ser de resultados 
más satisfactorios, puesto que dicho ácido contiene de una manera mani- 
fiesta la marcha de la tuberculosis por transformación fibrosa de las le- 
siones. 

Bl Dr. Le Blond, médico del hospital de San Lárazo, de París, ha em- 
pleado el ácido vanádico al interior y en uso tópico. Al interior lo ha usado 
con buen éxito en todos los estados anémicos y caquécticos, sobre todo en 
la tuberculosis pulmonar, en la que sus resultados son sorprendentes. Ad- 
ministra al día dos cucharadas de una disolución de 15 miligramos de áci- 
do vanádico en un litro de agua. Obra indudablemente en este caso sumi- 
nistrando oxígeno á los elementos del organismo, en particular á las células 
linfática^, permitiéndoles luchar en mejores condiciones contra los bacilos 
y activando el proceso esolerógeno, que ea el modo habitual de curación 



239 

de los focoB tuberculosos poco ayansados. Tópicamente le ha nsado en las 
heridas accidentales ó quirúrgicas, el ántrax, las lesiones tabercalosas ó 
sifilíticas macocatáneas y en el eczema j úlceras varicosas. Emplea la di- 
solución de 50 centigramos de ácido yauádico por 1.000 de agua, disolución 
i la que llama ozidasina, que diluye en diez veces su volumen de glicerí- 
na, para las lesiones mucosas ó de agua, para las cutáneas. Se aplica varias 
veces al día sobre la lesión con un pincel ó por medio de compresas. Los 
resultados han sido bastante satisfactorios. 

Este tratamiento ha sido eficacísimo en las vaginitis. Limpia perfecta- 
mente la vagina con agua oxiginada y seca con algodón hidrófilo asépticos 
se tapona con algodón de la misma clase empapado en la disolusión acuosa 
indicada. El taponamiento se repite á las veinticuatro horas, suspendién- 
dose sólo durante el periodo menstrual. En la nretritis de la mujer ha ob- 
tenido también resultados excelentes con esta medicación. Se emplea por 
medio de vastagos de cobre rojo de 8 á 16 centímetros de longitud, sujetos 
i mangos de acero niquelado. Por medio de una lima se forman en la su- 
perficie del hilo de cobre algunas asperezas para sujetar el algodón, se le 
flamea, se le rodea una pequeña cantidad de algodón formando una espe- 
cie de pincel de la longitud de la uretra, se moja en una disolución de 17 
centigramos de ácido vanádico por un litro de glicerina y se introduce por 
la uretra, imprimiéndole un movimiento de vaivén cuando está ya introdu- 
cido, extrayéndole después. La enferma debe estar echada y en la posición 
del reconocimiento vaginal. Este tratamiento debe repetirse una ó dos ve- 
ces por día. En los intervalos se introduce y deja en la uretra con una pin- 
za de Kocher un tampón cilindrico de algodón mojado en la disolución 
referida. £1 tampón es expulsado al orinar la enferma. 

Ha empleado también en las endometritis, sobre todo blenorrágicas, la 
disolución glicerinada de ácido vanádico á la dosis de 5 centigramos por 
litro. Colocada la enferma en decúbito dorsal sobre el lecho, desinfectada la 
vagina con agua oxigenada, dilatado ó no el conducto cervical según sea 
necesario, y reconocida con el histerómetro la posición del útero y la direc- 
ción do su cavidad, se introduce un vastago de alambre fiameado y envuel- 
to en algodón aséptico mojado en la disolución referida, imprimiendo al 
portatópicos movimientos de vaivén en varias direcciones para que el medi- 
camento se ponga en contacto con toda la mucosa uterina. Después se ex- 
trae el portatópicos y se introduce en la vagina un tampón mojado en la 
disolucióif referida. La operación se practica cada dos días, suspendiéndola 
durante la época menstrual. En los casos rebeldes se recurre cada ocho 
días á un toque intra uterino con ácido nítrico. 

{Le Frogréa Medical, 14 julio 1906).— F. Tolbik). 

Edena anglomiirAtico de las Yías respiratorias snperioros. — El edema an- 
gioneurótico, afección análoga á la urticaria, no suele tener más que un 
interés puramente dermatológico, pero cuando radica en las vias respira- 
torias superiores, puede simular la difteria y hasta provocar síntomas muy 
gravas. 

ElDr. T. Halsted ha observado dos de estos casos. £1 primero se refie- 
re á un joven que de pronto sintió molestia y dificultad al tragar y al res- 



240 

pirar. En las faacea se eDCODtró una tumefacción amarillenta- pálida en los 
pilares del paladar y en la amígdala del lado derecho. La anamnesia dio á 
conocer qne el paciente había notado, en el último mes, la aparición fre* 
cuente de tamefacciones en diversas partes de sn cuerpo, tales como en loe 
brazos, en los pies y en el escroto. Estas tumefacciones no se ponían rubi* 
cundas, no ocasionaban dolor ni picor, desapareciendo en muy poco tiem- 
po, lo más tarde al cabo de cuarenta y ocho horas. El autor escarificó las 
part^ hinchadas de la mucosa, con lo cual desaparecieron en pocas horas 
la hinchazón y las molestias. Al día siguiente estaba cerrado el ojo derecho 
por hinchazón de los párpados, pero también esta hinchazón se disipó muy 
pronto. 

El otro enfermo yiene padeciendo de accesos de obstrucción de las fosas 
nasales, obstrucción que sobreyiene de pronto con intervalos de pocas se- 
manas á algunos meses, yendo acompafiada por lo general de molestias res- 
piratorias. El autor reconoció al enfermo durante uno de estos accesos y 
encontró que la mucosa del paladar y de la úvula estaba ocupada por una 
tumetacción lo mismo que en el caso anterior. Estos accesos, que siempre 
terminan en las primeras veinticuatro horas, suelen ir precedidos de tume- 
facciones en diversas zonas de la piel. Ambos pacientes son neuropáticos. 

La causa de esta enfermedad es rara. Se presenta en personas nerviosas 
y parece provenir de una especie de intoxicación ; se indican como cansas 
ocasionales determinados alimentos, tales como las fresas, el pescado, loe 
helados y también los enfriamientos, los traumatismos y los sustos. 

Tan pronto como sobreviene una disnea angustiosa se procederá á prac- 
ticar escarificaciones que, según el autor, proporcionan un alivio rápido. 
{Ámer.joum. ofthemed. Sciences). — H, del Yallb. 

La pmeba del alcohol on patología gáttrlea.— En una de las últimas sesio- 
nes de la Sociedad de Biología, de París, se ha ocupado el Dr. P. Garnot de 
una nueva prueba clínica, susceptible de suministrar datos importantes 
respecto al valor secretorio del estómago ; consiste en provocar, por la in- 
gestión de una cantidad pequeña de alcohol, la secreción gástrica qne ee 
analizada. Los estómagos normales reaccionan casi de la misma manera, 
segregando un jugo ácido y abundante en pepsina, pero en los enfermos la 
reacción es diferente. En unos, la secreción es hiperácida é hiperpésica ; en 
otros, hipoácida é hipopépsica. En muchos casos (cirrosis atrófica, cáncer 
del estómago), la reacción de las glándulas gástricas con el alcohol es nula. 
En algunos casos hay disociación funcional (gastritis etílica), no siendo 
la secreción acida pero sí abundante en pepsina. Finalmente, en otros, la 
reacción es sólo mucípara. Al parecer la prueba del alcohol puede indicar 
con bastante exactitud el estado de las glándulas gástricas en los diversos 
estados patológicos.— (Za Presse Mediaüe, 19 mayo 1906).— F. Tolbdo. 



-4^taíi^- 



REVISTA 



MEDICINA Y CIRUGÍA PRÁCTICAS 




OH CASO DE CIANOSIS CORGÉNITA COR NECROPSIA 



P. CABRIÓN 

VnImot cliniao d* b Ptemltad d* (Miela*. 



M. ARQUBLLADA 

del Hospital del Nlfto Jetúe y de le Beneftceaele 
mnalelpftl f por opoeielón). 



J. B., de ocho años, natural de Alcobendas (Madrid), ingresó el 
dfa 6 de enero del pasado año en el núm. 21 de la sala de San Juan 
del Hospital del Niño Jesús, á cargo del Dr. Fuentes. 

Antecedentes familiares, — El padre es un sifilftico en tercer perio- 
do, y la madre ha padecido varios abortos. 

Antecedentes individuales. -^ApensíB nacido tuvo una onfalorragia 
intensa, presentando en toda la piel y mucosas un color amorata- 
do; en los primeros años sufría con frecuencia fatiga, cansancio, 
aumento del tamaño de los dedos, frío, etc., lo que obligó á su fami- 
lia á llevarlo al hospital. 

Espado al ingreso en la clínica. — Lo primero que llama la aten- 
ción es el color azulado de todo su cuerpo, más marcado en los la- 
bios y manos. La cabeza grande, el lóbulo de la oreja adherente, 
nariz de Hutchinson (aplanada en su base), bóveda palatina ojival, 
dientes de Hutchinson con inversión de caninos, dedos de las manos 
y pies aumentados notablemente en sus extremidades con el rebor- 
de elevado, sobresaliendo la uña como el vidrio de un reloj. 

Existe disnea, 32 inspiraciones por minuto, que aumenta con el 
ejercicio, lo mismo que el color azul, sensación de frío muy intensa, 
mayor en manos y pies. 

Exploración del corasen. — Por palpación se percibe desviación y 
descenso de la punta del corazón, por fuera de la línea mamilar 
izquierda. 

La zona de macicez absoluta sobresale tres traveses de dedo del 
Aff o XXX. - Tomo LXXII. - Núm. 04a -21 Agosto, 1906. ' 19 




242 

borde derecho del esternón, continuándose con la hepática, que se 
extiende desde el limite normal superior hasta tres traveses de dedo 
por encima del ombligo. 

Existe un soplo cardiaco suave, sistólico, oyéndose con mayor 6 
menor intensidad en toda la zona de macicez, siendo el máximum 
en la parte medía del esternón, al nivel de la inserción del cuarto 
cartílago. 

Tiene 132 pulsaciones por minuto, siendo la presión sanguínea en 
la radial de 10 milímetros. 

El análisis de sangre, hecho por el Dr. Velasco, dio 6.400.000 gló- 
bulos rojos, y seis mil leucocitos por milímetro cúbico. 

En los primeros días de julio aumentó la di8nea,/presentándo8e 
edemas de las extremidades inferiores, seis gramos de albúmina por 
por litro de orina, oliguria, sensación de frío muy intensa, pequenez 
y frecuencia de pulso, aumentando la intensidad de estos síntomas 
asistólicos, hasta que falleció el 29 de julio de 1905. 

El tratamiento á que estuvo sometido se redujo á vida higiénica, 
algunas fricciones de pomada mercurial, pequeña dosis de yoduro 
de sodio, algún tónico cardíaco, etc. 

Necropsia (1).— Levantada la pared anterior del tórax, se encontró 
un corazón aumentado notablemente de volumen, á expensas del 
ventrículo y aurícula derechos, como lo hacían ya suponer los re- 
sultados de la percusión en vida; desproporción entre la arteria 
aorta y la pulmonar, la primera muy dilatada y la segunda tan re- 
ducida de tamaño, que apenas mide medio centímetro de diámetro; 
la prueba del agua demostró que las sigmoideas aórticas eran suñ- 
cientes. La pulmonar estaba obliterada, no dejando pasar un es- 
tilete. 

Hechas las incisiones clásicas para descubrir las cavidades car« 
díacas, se vio, por lo que respecta á la aurícula derecha, un aumen- 
to extraordinario, tanto de su cavidad como del grosor de sus pare- 
des; el agujero de Botal no sufre ningún carácter extraño, pues aun 
cuando pasa un estile por él, esto ocurre normalmente, por lo me- 
nos en un tercio de los casos, según afirma Testut. 

El ventrículo derecho presenta la misma exageración en cuanto á 
cavidad y grosor de sus paredes, notándose en el tabique interven- 
tricular una escotadura que comprende la porción posterior del seg- 
mento anterior y la porción membranosa. 

(1) La piesa anatómica se conserva en el Museo de Anatomía patológica 
del Hospital del Niño Jesús. 



243 

El infundíbulo pulmonar se estrecha hasta llegar á obliterarse en 
«1 punto de arranque de la arteria pulmonar. 

La aurícula izquierda presentaba una notable disminución de su 
cavidad, que viene á ser aproximadamente una tercera parte de la 
derecha. 

Las paredes del ventrículo izquierdo son menos gruesas quo las 
del derecho, y en su cavidad se ve también la escotadura del tabi- 
•que, y que la aorta está desviada ligeramente hacia el ventrículo 
derecho (fig. 1). 

Terminado el examen de cada una de las cavidades, vasos y tabi- 
<{\xe, lo mismo por el ventrículo derecho que por el izquierdo, nos pa* 





Figura 1. Figura 2. 

TOCIO sería muy demostrativo en este caso dar un corte vertico- 
transversal que pasara por el origen de la aorta (como el que se pue- 
de ver en la Anatomie Humatne, de Testut), y fijándonos en el seg- 
mento posterior del corte (fig. 1) veremos que la aorta está á caballo 
Bobre el tabique interventricular, que esta arteria está muy aumen- 
tada de volumen, dejando un buen espacio desde la escotadura has- 
ta el origen de la aorta (17 milímetros), siendo lo que más llama la 
atención la fácil comunicación del ventrículo derecho con la aorta; 
el aumento de volumen y la hipertrofia del ventrículo derecho, que 
indica claramente la importancia que tuvo en el mecanismo de la 
circulación. 

En las válvulas y orificios se presentaban unos nodulitos del tama- 
ño máximo de un cañamón, y cuyo tejido es inflamatorio, como lo 
demuestra el análisis micrográfico hecho por el Dr. Velasco. 



244 

Etiologia.-^Sienáo el padre un sifilítico, y teniendo el gujeto de Ift. 
observación los síntomas de la sífilis hereditaria, es lógico pensar 
que la herencia de esta enfermedad es la que ha producido la de este- 
sujeto. 

Diagnóstieo.-^Por la bóveda ojival los dientes semilunares con in- 
versión de caninos, la nariz aplastada en su base y los antecedente» 
paternos, hay que diagnosticar el enfermo de heredoaiftlia; pero por 
el color azul de su cuerpo, má43 marcado en labios y manos desde el 
momento de nacer, el aumento de volumen de las extremidades dé- 
los dedos en manos y pies, la disnea que aumenta con el ejercicio, 
la sensación de frío, la desviación de la punta del corazón, ef 
aumento hacia la derecha de la zona absoluta de macicez cardíaca, 
hace que diagnostiquemos Cianosis eongénita ó enfermedad azul. 

Ahora bien, como nunca se debe diagnosticar por síndromes 6 
síntomas, es necesario que expongamos nuestro criterio antes y des- 
pués de la necropsia. 

El aumento de macicez del corazón en sentido transversal, la des- 
viación del choque de la punta testifican el aumento de volumen del 
corazón derecho y nos indican claramente que se trata de una lesión 
del corazón y no de cianosis congé.nita sin lesión cardíaca, como su- 
cede en algunos casos (Vaquez). 

El soplo que existía en nuestro enfermo, por sus caracteres y loca- 
lización, no tenía valor diagnóstico. 

Fundándonos en los anteriores datos, dimos como probable el 
que se trataba en nuestro enfermo de una estrechez pulmonar con 
comunicación de tabique interventricular ó interauricular. 

El hecho de no presentar el soplo con los caracteres que se asigna 
á la estrechez pulmonar, no tiene nada de extraño si se tiene en 
cuenta : 

1.^ Que la ausencia del soplo es un hecho bastante común, porque 
en algunos casos es tan pronunciada la estrechez, que la cantidad 
de sangre que pasa no es suficiente para producir el soplo. 

2.° En otras ocasiones, por estar estrechado el tronco de la arteria 
pulmonar hasta su bifurcación, la sangre pasa por este conducto sin 
tener condiciones para producir el soplo, como el caso descrito por 
Variot y Chambord. 

Algunos autores, como E. Weill, dicen que la existencia de hiper- 
trofia del corazón derecho, aunque sea sin soplo, coincidiendo con la 
cianosis congénita, son síntomas más que suficientes para diagnos- 
ticar la estrechez de la arteria pulmonar. 



245 

Para hacer el diagnóstico anatomopatoiógico debemos ñjarnos 
«n el resultado de las necropsias que se han hecho, y asi Fallo! hace 
una clasificación, basada en 55 autopsias de cianosis, que las di- 
vide en cuatro grupos : 

Primero. Caracterizado por estrechez de la arteria pulmonar, 
desviación de la aorta á la derecha, comunicación interventricular 
é hipertrofia concéntrica del ventrículo derecho. De este primer 
^rupo describe 39 casos. 

Segundo. Caracterizado por estrechez de la arteria pulmonar, 
•desenvolvimiento completo del tabique interventricular y persisten- 
cia del agujero de Botal. De este grupo describe siete casos. 
' Tercero, Tiene por carácter un tronco arterial único, que después 
«e divide en aorta y pulmonar. De este grupo describe tres casos. 

Y el cuarto, del cual sólo describe un caso, y que está caracteriza- 
do únicamente por la persistencia del agujero de Botal. 

Además, como apéndice, describe tres casos con obliteración de la 
arteria pulmonar, correspondiendo dos de ellos al primer grupo y el 
otro al segundo. 

La obliteración completa de la arteria pulmonar, la ligera des- 
viación de la aorta á la derecha, la comunicación interventricular 
y la hipertrofia concéntrica del ventrículo derecho que presenta 
nuestro caso, hace que le coloquemos en el apéndice que hace Fa- 
Jiot al primer grupo de su clasificación. 

Debemos, pues, notar la frecuencia del primer grupo de Fallot, 
comprobada por Ranchguss, que en 192 casos encontró 171 veces el 
primer grupo. ^ 

Basado nuestro diagnóstico probable en estos datos, y confesando 
•que no pensamos en la atrepsia pulmonar, vamos á establecer el 
dii^nóstico diferencial y explicar el soplo que podía hacer pensar 
en la enfermedad de Roger. 

¿La comunicación interventricular con estrechez ú obliteración 
•de la arteria pulmonar, da siempre lugar á soplo como en la enfer- 
medad de Roger? No da lugar á ningún soplo en la mayoría de los 
casos, y esta observación, hecha por todos los clínicos, se com* 
prende fácilmente cuando se nota la diferencia que existe entre la 
comunicación interventricular amplia de la porción posterior del 
«egmento anterior y la comunicación interventricular llamada en- 
iermedad de Roger. En ésta se trata de un orificio situado general- 
mente en el segmento membranoso que pone en comunicación los 
dos ventrículos; las condiciones para que se produzca el soplo des- 



(.'. 



246 

<;ripto por Rpger no pueden ser mejores, mientras que en los caso» 
como el nuestro la comunicación se restablece por una escotadura 
que mide más de centímetro y medio en sentido vertical, por otro 
tanto ó más en sentido transversal, con el origen de la aorta á ca- 
ballo del tabique, mirando el orificio de< esta arteria mitad al ven- 
trículo derecho y mitad al izquierdo (como puede verse en las figu- 
ras). Bn casos que corresponden á este tipo, Moussons hace I& 
siguiente observación : colocando un estilete en la dirección del eje^ 
de cada ventrículo, se ve que se cruzan un poco por encima de 1& 
escotadura interventricülar; la dirección dada al estilete representa 
la columna sanguínea ascendente que se forma en cada ventrículo- 
en el momento del sístole, las dos columnas sanguíneas se encuen- 
tran y se fusionan en el punto de arranque de la aorta; ahora bien,, 
por la impulsión adquirida y por ofrecerles la aorta (que está dila- 
tada) la puerta de salida, la sangre debe de tener poca tendencia á 
pasar de un ventrículo á otro, y si esto se efectúa debe de hacerse 
en condiciones poco favorables para la producción de un soplo. 

Sin embargo, en nuestra observación existía un soplo suave> 
pero no tenía los caracteres del que describió Roger (soplo rudo,, 
puesto que empieza en el sístole y enmascara los dos tonos nor- 
males del corazón, que se oye en la parte media de la región pre- 
cordial, propagándose de izquierda á derecha en sentido horizontal 
y acompañado siempre de estremecimiento catarlo). 

Varias interpretaciones se han dado de estos soplos: se habla de^ 
soplos cardiopulmonares, anemocianóticos, como los llama Duro- 
ziez; sin embargo, no es posible considerar al soplo que presen- 
taba nuestro enfermo en esta categoría por sus caracteres de fijeza 
y localización. 

Otros han supuesto que se trataba de soplos que acompañaban á 
la estrechez aórtica, pero en las autopias se encontraba la aorta 
dilatada y no estenosada. 

Moussons da la siguiente explicación, que parece más lógica: dice 
que el soplo nace en el momento en que la sangre que proviene de 
uno de los ventrículos se introduce en la aorta; sabido es que la 
aorta está dilatada, y recordando que está al mismo tiempo á ca- 
ballo sobre el tabique interventricülar, se comprenderá que la por^ 
ción del orificio arterial que corresponde á uno de los ventrículos 
puede estar relativamente estrechada, y la sangre que viene de este 
ventrículo tiene que pasar por un estrecho formado por el borde de 
la escotadura y la parte del anillo aórtico correspondiente á este 



247 
▼entriculo; franqueado este estrecho/ la sangre debe producir el 
soplo. 

Patogenia. — Son dos principalmente las doctrinas que se dispu- 
tan la patogenia de las lesiones congónitas del' corazón : la patoló"^ 
gica y la íeraíolágica. 

La primera, patológica, defendida por Cruveilhier, Lancereaux, 
Grancher, etc., supone que una endocarditis en el feto produce una 
estrechez de la arteria pulmonar; sí se produce antes de la última 
semana, es decir, cuando no se ha terminado el tabique interven- 
tricular, la sangre contenida en el ventrículo derecho está sometida 
& una mayor presión y se escapa al ventrículo izquierdo, impidiendo 
de esta manera que se forme todo ó parte del tabique interven tricu- 
lar. Explican la desviación de la aorta á la derecha, diciendo que 
lo que se desvía es el tabique por el aumento de presión del ven- 
trículo derecho, y termina Lancereaux diciendo que la teratolo- 
gía del corazón se reduce á la patología del árgano en la vida intra^ 
uterina. 

La teratológica, defendida por Rokitansky principalmente y ad- 
mitida en parte por E. Weils y Moussons, explican incluso la estre- 
c(iez pulmonar, haciéndola depender de un defecto del desarrollo 
del órgano. 

Para comprender bien esta doctrina, recordaremos que la divi- 
sión del bulbo aórtico se hace por el desarrollo de un tabique que 
empieza á formarse hacia atrás y á la izquierda, para dirigirse 
adelante y á la derecha, describiendo una curva; de esta manera 
divide la circunferencia del bulbo aórtico en dos segmentos, uno 
del lado de la convexidad, atrás y á la derecha, que forman la aorta, 
y el otro del lado de la concavidad, adelante y á la izquierda, que 
formará la arteria pulmonar. 

Por otra parte, el tabique interventricular se dirige hacia arriba 
al encuentro del arterial, describiendo un movimiento de torsión, 
haciendo abocar de este tnodo el orificio aórtico al ventrículo iz- 
quierdo. 

Veamos ahora, según esta doctrina, cómo se explica la estrechez 
pulmonar y la inoclusión interventricular. 

El tabique arterial, en lugar de nacer en la parte posterior, sobre 
la pared izquierda, puede tener su origen en el centro de separación 
del bulbo y dirigirse en línea recta hacia adelante. Entonces estará 
la aorta á la derecha y la pulmonar á la izquierda, resultando una 
anomalía de posición. 



248 

El tabique puede nacer á la izquierda» pero con la concavidad 
mirando completamente adelante. En este caso la aorta está ade- 
lante y atrás la pulmonar» resultando una interversión. 

Puede ocurrir que se ipodifique la dirección del tabique en rela- 
ción al eje del bulbo» desviándose al descender acercándose á la 
pared anterior é izquierda» y quedará dividido el bulbo arterial en 
dos partes desiguales: la anterior é izquierda (pulmonar) estará es- 
trechada» quedando atrás y á la derecha una aorta aumentada 
tanto más cuanto menor sea la pulmonar. 

No hay más que exagerar esta desviación hasta que la parte an- 
terior é izquierda del tabique se ponga en contacto con la pared del 
bulbo y se tendrá la obliteración de la pulmonar. 

La inoclusión del tabique interventricular la ei^)lican porque la 
dilatación y desviación á la derecha del orificio aórtico hace que la 
porción posterior del segmento anterior (interventricular) sea insu- 
ficiente para contornear el orificio aórtico y separarla del ventrícu- 
lo derecho» y el resto de las lesiones se van formando como/esul- 
tado de las primeras lesiones. 

La misma explicación la aplican cuando» en lugar de estrechef^» 
existe atresia de la arteria pulmonar. 

El mismo Rokitansky explica algunos casos de obliteración de la 
arteria pulmonar» existiendo ai principio una estenosis» y sólo des- 
pués» cuando la sangre encuentra más fácil camino hacia la aorta» 
es cuando la eliminación de función hace que desaparezca la luz de 
la arteria pulmonar. 

ObJecíones.-'A. la teoría patológica la ha hecho Moussons la obje- 
ción de que no se ha tenido en cuenta la sucesión cronológica de 
las diferentes fases del desarrollo del corazón. Los embriologistas 
están de acuerdo en que el tabicamiento del bulbo aórtico empieza 
en la tercera ó cuarta semana del embarazo» terminándose en la 
última; por otra parte» el tabicamiento interventricular se completa 
en la séptima ú octava semana. Para que la arteria pulmonar» y en 
particular su aparato valvular» sufra las consecuencias de una en- 
docarditis» es necesario que ésta esté constituida» pues de lo con- 
trario la endocarditis lesionaría en el bulbo aórtico» aorta y pulmo- 
nar. La arteria pulmonar se forma» pues» pocos días antes que el 
tabicamiento interventricular se termina. Dice Moussons que puede 
suponerse que la pulmonar» apenas terminada» sufra el ataque de 
un proceso fiegmásico y que ésta produzca una estenosis capaz de 
impedirla terminación del septum interventricular por el éxtasis 




,^J 



249 , ' 

circulatorio. Es decir» que la endocarditis estalla en época fija« entre 
la sexta y la séptima semana del embarazo. 

Pero como lo liace notar después, si éste fuese el mecanismo ha- 
bitual de estas lesiones asociadas (estrechez pulmonar é inoclusión 
interventricular), serian muy raras comparadas á todas las que 
pueden desarrollarse durante* el resto de la gestación, siendo asi 
que las estadísticas prueban todo lo contrario. >^ 

No se comprende, pues, una endocarditis que lesione en el bulbo 
aórtico exclusivamente la parte anterior é izquierda (lo que ha de 
ser pulmonar), ni tampoco, como lo hace notar Weill, que la endo- 
carditis aparezca bruscamente entre la sexta y séptima semana, 
produciendo en pocos días una lesión como la estenosis, que aun en 
conductos más estrechos no es obra de pocos días. 

Varias objeciones se han hecho á la doctrina teratológica; así, 
Moussons dice que si bien la manera de pensar de Rokitansky, ha- 
ciendo depender la inoclusión del tabique interventricuiar de un 
defecto en Ift división del bulbo aórtico, es aplicable en algunos ca- 
sos, no debe de^^eneralizarse á todos; no debemos olvidar que exis- 
ten casos de inoclusión del tabique sin otra lesión, pudiéndose muy 
bien admitir dos defectos embriológicos: uno en el tabique del bulbo 
aórtico y otro para el interventricuiar; esto es, el desarrollo simul- 
táneo de varias anomalías. 

Existe un hecho que á primera vista podría hablaren favor de la 
teoría patológica, y es la existencia de lesiones inñamatorias del en- 
docardio encontradas en muchos casos, pero la mayoría de los au- 
tores lo explican diciendo que las malformaciones del corazón son 
un estímulo para la endocarditis. 

En favor de esta manera de pensar está la afirmación de Roki- 
tansky, de que las alteraciones del endocardio son más frecuentes é 
. importantes cuando la autopsia recae en niños de algunos años, con 
más razón en los adultos, y que son muy raras en los niños recién 
nacidos. 

Expuestas esquemáticamente las teorías con sus principales obje« 
Clones, vamos á interpretar la patogenia de nuestro caso. 

Conformes con la objeción de Moussons á la teoría patológica, no 
podemos admitir en nuestro caso una endocarditis primitiva capaz 
de ocasionar las lesiones primitivas. Hay que pensar, pues, que un 
cambio de situación en el tabique del bulbo aórtico, inclinado hacia 
adelante y á la izquierda, dio lugar á una arteria aorta grande y 
una pulmonar pequeña. 



850 

Que la inoclusión del tabique interven tricular se deba al mecanis- 
mo que expone Rokitansky ó que sea una anomalía independiente 
del tabicamiento buíbar, de todos modos su explicación entra den- 
tro de la doctrina teratológica, pero de todas maneras no debe de- 
jarse de tener en cuenta que el aumento de tensión que se crea en el 
ventrículo derecho favorece indudablemente la inoclusión de dicho 
tabique. 

¿Cómo nos explicamos la obliteración de la pulmonar? Estando 
esta arteria estenosada y teniendo la sangre fácil acceso á la aorta 
por la escotadura, la función de este vaso disminuye notablemente 
(Rokitansky); en estas condiciones aparece la endocarditis (hecho 
indudable, como lo prueba el análisis microscópico), que es la cau- 
sa principal de la atresia. 

En resumen: admitimos la teoría teratológica para producir la es- 
trechez y la patológica para la obliteración. 

La desviación de la aorta á la derecha, en este caso no es más que 
aparente. Si en un corte vórtico transversal de un corazón normal 
se suprime la parte .del tabique interventricular que hace abocar la 
aorta al ventrículo izquierdo y prolongamos con una línea de pun- 
tos el tabique hacia la aorta, veremos que entra dentro de la luz de 
este vaso; en estas condiciones, no tenemos más que recordar que 
en nuestro caso la tensión del ventrículo derecho es mayor que la 
del izquierdo, lo que hace que el tabique se incline hacia el ventrí- 
culo izquierdo. 

De manera que la falta de la porción del tabique que normalmen- 
te se dirige de izquierda á derecha y la hipertrofia y aumento de ten- 
sión del ventrículo derecho, dan cuenta de que no existe desviación 
de la aorta á la derecha; nos parecería mucho mejor decir que el ta- 
bique está desviado á la izquierda. 

La hipertrofia del ventrículo derecho se puede suponer debida á liv 
estructura que indudablemente existía al principio en la arteria pul- 
monar de nuestro enfermo, pero aun en estas circunstancias y fiján- 
donos en ia fig. 1, se ve que la sangre tiene por la escotadura una 
gran vía de derivación, por lo cual se explica mejora como lo hace 
Debely, diciendo que el ventrículo se hipertrofia por tener que ven- 
cer el aumento de tensión de la circulación aórtica, como lo de- 
muestra el que la hipertrofia del ventrículo derecho sea concéntrica 
y no exista dilatación, siendo por estas circunstancias el ventrículo 
derecho el verdadero ventrículo aórtico. 

Bn resumen : se hipertrofia, no para vencer la estrechez pulmo- 



251 

nar^ sino para vencer la resietencia de la tensión sanguinea aór^ 
tica. 

PUiologia patológica, — La manera de funcionar este corazón es 
la siguiente: 

La sangre llega á las aurículas con una notable desproporción en 
perjuicio de la izquierda y á favor de la derecha^ pasando por los 
orificios auriculoventriculares á los ventrículos, y por contracción 
de éstos á la aorta. 

Siguiendo en la hipótesis de que la arteria pulmonar al principio 
no estará más que estrechada cuando esto ocurría, lahematosis es- 
tará asegurada en parte. 

En los casos de obliteración, en que no está permeable el conducto 
arterioso, la circulación pulmonar se verifica por las arterias bron- 
, quiales que están, como en nuestro caso, muy desarrolladas. En 
efecto, las anastomosis de las arterias bronquiales con las pulmo- 
nares es un hecho admitido por ios anatómicos Poirier y Testut, des- 
pués de los trabajos de Zuckerkandl. Pero estas anastomosis varían 
mucho de un individuo á otro, considerándose, como opina Zucker- 
kandl, como residuos de numerosas vías de comunicación que exis- 
ten en la vida fetal; es decir, como verdaderos condueíiUos arte- 
riosos. 

Tres factores son los que principalmente se han considerado como 
productores de la cianosis: 1.®, la mezcla de las dos sangres; 2.^, la 
estrechez pulmonar, y 3.°, el éxtasis venoso, y como en este caso se 
reúnen los tres factores, es explicación más que suficiente de este 
síntoma. 

Pronóstico,— Como dice Cadet de Gassicourt, en los casos de mal* 
formaciones congénitas del corazón los años de vida están en razón 
inversa á los obstáculos de la circulación; por lo tanto, la oblitera- 
ción completa de la arteria pulmonar es casi incompatible con la 
vida, pues el 66 por 100 mueren en el primer año. 

También está en relación con la evolución de la enfermedad, pues 
las endocarditis son de mal pronóstico, abreviando rápidamente los 
dias de enfermedad. 

Algunos síntomas, como la precocidad é intensidad de la cianosis, 
sincopes y crisis epilectóideas, hemorragias, sobre todo cuando se 
repiten, las enfermedades broncopulmonares, y por último, la tuber- 
culosis pulmonar, son de pronóstico desfavorable. 

. Otros síntomas hay que modifican favorablemente el pronóstico : 
la falta ó escasez de crisis dispensa la comprobación de una hiper- 



252 

globulia permanente. Cuando el sujeto ha pasado la adolescencia, el 
pronóstico es mucho mejor, siendo muy difícil en estos casos preci- 
«ar el pronóstico, pues algunos llegan á la vejez. 

Traíamiento.-^E\ tratamiento de estos enfermos se reducé ^ cuida- 
dos higiénicos, evitando el frío, haciendo que respiren aire' puro, 
fricciones excitantes de la piel, y poniendo todos los medios para que 
no se tuberculicen. 

En los períodos de disnea, oxígeno, quietud, y como medicación el 
fosfato de cal, el yoduro de hierro, y en los periodos asistólicos los 
tónicos cardíacos, sobre todo digital. 

BIBLIOGRAFÍA 

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(2) Clarrin tt Lenoir: Arch. dephys.^ 1891. 

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(19) Variot et Chamborte: Soo. med. des hóp., 7 mai 1890. 



253 

REVISTA DE HIGIENE 

DOCTOR DO» RAFAEL RODRÍGUEZ MÉNDEZ 

GaUdrátIeo de Hlfira* en Is rMattad d« Medlclaa d« BmmIom. 



SuMABio I I. La senilidad : hipótesi! lobre ■ni caneai.— II. Al^unoi datos 
acerca de la confasa etiología del cólera.— III. El craw-craw y la fllario- 
sis : varias noticias.— IV. Las moscas como vehículo probable del tifo- 
malaria.— V. Epidemias de chancro blando.— VI. Vacuna : peligros é in- 
convenientes; vacuna dénUfiea.^V 11. El tabaco en la infancia y adoles- 
cencia. 

I. Hace cuatro años, Metschnikoff formuló una hipótesis sobre la 
senilidad : las células viejas son ineptas para resistir á los fagoci- 
tos. Esta ineptitud es uno de los muchos defectos que tienen las cé- 
lulas viejas. 

En su concepto son tres las hipótesis que pueden explicar el esta- 
do senil : I.^Las inflamaciones sucesivas y repetidas que sufre la 
célula durante la vida, producen el reemplazo de la verdadera subs- 
tancia de aquélla por un tejido cicatricial, inepto para las funciones 
de esta substancia. 2.* La célula, con el tiempo, queda incapacitada 
de sostener el metabolismo particular necesario á sus funciones pro» 
pías. 3.^ La célula, con la edad, pierde las propiedades que le per- 
mitian resistir á la actividad constante de los microbios y de las 
toxinas. 

Se puede objetar á la primera que las alteraciones seniles se efec- 
túan independientemente de toda flegmasía anterior, y de existir no 
explicaría la pérdida del poder regenerador y de reproducción. Las 
dos últimas contienen parte de la verdad, pues la célula senil es 
deñciente en su nutrición y en su resistencia. 

L. Price (Journal ofthe Amer. med. Ássoc.^ 1905), supone que en 
las primer8U9 etapas de su existencia posee la célula una substancia 
específica, la bioplasmina, esencial para el cumplimiento de sus fun- 
ciones, que se va agotando poco á poco y que es Ja única, de sus 
materiales, que no tiene reemplazo en un periodo avanzado de la 
vida de la célula; cuando desaparece acaba la actividad metabólica 
de ésta. La edad y la duración de I8U9 actividades celulares están en 
relación directa con la cantidad de dicha substancia, y esa canti- 
dad debe ser muy pequeña, pues el análisis no revela diferencias 



254 

entre l8U9 células jóvenes y las viejas. Su naturaleza no cambia du- 
rante toda la vida, pero su actividad disminuye progresivamente, y 
por eso se inclina á una substancia albuminóidea de gran molécula, 
capaz de desdoblar alguna substancia esencial al metabolismo nu- 
tritivo. Su origen debe buscarse en los procesos más precoces que 
conducen á la formación del embrión, antes de que sean evidentes 
las actividades de formación y de crecimiento. Juzgando por analo- 
gía, la bioplasmina, como otras substancia relacionadas con el me- 
tabolismo, cual los enzimas, posee una materia preliminar, un zi- 
mógeno, el bioplasminógeno^ á cuyas expensas se forma. Este apa* 
rece en el momento en que el organismo empieza á vivir como en* 
tidad distinta, es decir, en el acto de la concepción. La gran atrac- 
ción que existe entre los elementos machos y hembras, habla en pro 
de una fuerte afinidad química. 

De acuerdo con Loeb en sus curiosos experimentos sobre los hue- 
vos de los animales inferiores, admite que la primera influencia de 
la célula macho sobre la hembra es acción de ionización. 

A la química fisiológica corresponde la solución de este problema. 
Quizás algún día dé con la fórmula'que haga posible en otros tiem- 
pos venideros, larga, larguísima, la existencia del hombre. 

II. De día en día se proyectan nuevas sombras sobre la aparición 
del cólera. Una observación muy bien estudiada por Prochnik (TFce- 
ner Klin, Wochenschrift^ 1905), constituye un motivo de nuevas zo- 
zobras : el vibrión del cólera puede existir impunemente en el intes- 
tino y salir con las materÍ8U9 fecales dotado de virulencia máxima. 
Así lo ha comprobado en seis peregrinos que se hallaban sufriendo 
cuarentena en el lazareto El Tor, Su estado hígido era completo, no 
presentaban trastorno alguno. Todos los otros peregrinos tenían 
también un estado sanitario excelente. 

III. Sobre el craw-eraw (dermatosis papulovésicopustulosa conco- 
mitante con la filariosis), con cuyo nombre, según Brault, designan 
los negros africanos varias erupciones cutáneas, ha presentado el 
Dr. Antonino Ferrari á la Academia de Medicina de Río Janeiro 
(noviembre anterior), una memoria interesante. 

O'Neill observó en los indígenas de la costa occidental de África, 
una erupción pápulovesiculosa, pruriginosa, que luego se hacia vé- 
sicopustulosa. En las pústulas halló una microfllaria. 

Los primeros casos observados en el Brasil lo fueron por Silva 
Araujo. Tal vez sea más frecuente de lo que se cree, pero el micros- 
copio no es muy usado. 



;1SBp¡w»l'*'*" 



255 

R. Blachard denominó al parásito Rhabditis Niellyi. Parece ser 
originario del antiguo continente y transportado á América duran* 
te el comercio de esclavos. Hoy su gran región geográfica compren* 
de, por el Norte, desde España y Charlestón (Estados Unidos), hasta 
por el Sur, la Argentina y Brisbane (Australia) : en toda esta in- 
mensa zona ha sido vista la fllariosis. En algunas localidades es 
muy frecuente : en la isla Somoa está infecta la mitad de la pobla- 
ción (Brancroft); en algunos distritos del Sur de China, la tercera 
parte (P. Manson); abunda mucho en Argelia, Bajo Egipto, Mada- 
gascar, islas Reunión (Jeanselme). Wucherer la halló en Bahía 
(1865), por vez primera, en las orinas quilosas de varios enfermos 
afectos de la mal llamada quiluria tropical, y Silva Lima y Silva 
Araujo en Bahia y Rio Janeiro. 

Bl profesor Severiano de Magalhftes, de Rio Janeiro, halló en el 
ventrículo izquierdo de un ñipo una filaría distinta de la de Bran- 
croft y de las conocidas, hecho que aceptó Manson y ahora Ferrari 
hace la relación de un nuevo caso, cuyos caracteres presentan al- 
gunas particularidades, tal vez con nuevos estudios, bastantes á ad- 
mitir otra especie filaríósica. (Revista medico- eirurg tea do Bra- 
sil. 1905). 

IV. A. Chantemesse y F Borel han tratado en la Academia de Me- 
dicina de París (sesión del 17 de octubre de 1905), del papel de las 
moscas como vehículo de gérmenes patógenos, especialmente del 
cólera. Este hecho decide al Dr. Thooris, médico mayor de Lille, á 
estudiar el mismo asunto por lo que hace al tifomalaria (Hypothése 
sur la propagaiion de la ihypomalaria par les mouches, — Soc. een* 
irale de Méd, du Nord^ 10 noviembre 1906.— L'^c/io méd, du Nord, 3 
diciembre), pero sólo en el terreno hipotético. 

Se trata de la campaña del Dahomey de 1895, en que hubo 70 
muertos por el fuego enemigo y 8.000 por el tifomalaria, ó sea casi 
la mitad del cuepo expedicionario.' Los insectos que molestaron á 
las tropas, fueron numerosísimos, las moscas entre ellos. 

Divide esta campaña, para su objeto, en tres fases, marcadas por 
la altitud del campo de operaciones. 

Primera fase, — Se realiza en el valle de la Betzibouka ó de Boéni. 
La atmósfera es invadida durante el día por las moscas y durante 
la noche por los mosquitos. Cuando después del crepúsculo algún 
desgraciado habla de bajarse las ropas para hacer una deposición, 
quedaba la piel como frotada con ortig8U9. A los quince días de des- 
, embarcar hubo soldados grandemente afectos de anemia palustre. 



256 
con la cara^ el vientre y las piernas hinchados, accesos comatosos» 
con las manos edematosas y ulceradas por los mosquitos, pasando 
la noche alrededor de las hogueras sin poder dormir y con las ma- 
nos cerca de las llamas para defenderlas de los insectos, de que 
no les protegía el mosquitero rudimentario. 

Como apenas habla diferencia térmica entre el día y la noche, las 
afecciones gastro* intestinales fueron raras, y las moscas no pudie- 
ron encontrar en las deposiciones gérmenes que conducir. El tifo» 
malaria y las otras infecciones de origen intestinal fueron excep- 
cionales y nulos. 

Segunda fase.— Se efectúa en las mesetas, de Suberbieville á An* 
driba. Tiempo muy seco, terreno elevado, gran radiación noctur- 
na, el monzón enfria mucho el ambiente durante la noche : 40^ me* 
día térmica durante el día, 18® durante la noche. 

Cuando todos creían que nó habría fiebres, el paludismo tuvo una 
recrudescencia. El hombre, hasta entonces refractario á la malaria» 
perdió su inmunidad, como la pierde la gallina al carbunclo cuando 
se la enfrían las extremidades. En estas mesetas no hay mosquitos. 
El frío nocturno produjo catarros intestinales y los portadores del 
colibacilo y del bacilo de Eberth, debilitados por las marchas y el 
cansancio, elaboraron la fiebre tifoidea y en sus deposiciones pudie* 
ron las dos moscas que les atormentaban desde el amanecer á la 
noche, la común y la mucafoui, recoger de las materias fecales gér- 
menes infectantes. Para formar idea de lo abundante que eran, 
baste decir que al destapar un vaso con agua para llevarlo á la 
boca, por rápidamente que se hiciera, caían á bandadas en el líqui- 
do, si es que no penetraban en la boca á montones; la siesta era 
imposible; el calor impedia el uso del mosquitero; las moscas se in- 
troducían en las fosas nasales y en los conductos auditivos, causan- 
do molestias insoportables. La mucafoui sólo aparecía en legiones 
imponentes durante los dos crepúsculos y dejaba la cara acribilla- 
da de picotazos, de cada uno de los cuales salía una gota de sangre. 
Todas estas moscas fueron sin duda las diseminadoras de la pri- 
mera explosión tifomalárica en el valle; y ya constituido el foco» 
volvió hacia atrás, donde no había existido, llevado por los enfer- 
mos que retrocedían hacia los puntos de embarque. Mientras tanto, 
en la vanguardia los casos tifomaláricos eran raros : correspondían 
á una zona cuyas moscas no estaban contaminadas todavía. 

No puede acusarse al agua y al polvo, tan abundante y rojizo que 
daba con el sudor á la cara de los soldados un aspecto sangriento. 



267 

pues en el puesto de Andjiéjié no hubo un sólo caso, á pesar de usar- 
se el agua malsana del r!o« que recibía los muertos y las materias 
fecales, y de haber mucho polvo; pero en 61 se tomaron precaucio- 
nes extremadísimas contra las moscas, entte otras, estar á obscu* 
ras por completo en las chozas construidas. 

El tifomalaria atacaba más á las tropas en reposo, que buscaban 
abrigos, que á las tropas en marcha azotadas por los monzones. 
Los oficiales, vestidos y alimentados como los soldados, sufrieron 
menos, indudablemente por tomar precauciones contra las moscas. 
También se vieron libres los que transitaron á distancia de la ruta 
militar, pues las moscas no transportan muy lejos los gérmenes in- 
fectantes (Chantemesse). 

Tercera fase.-^En la meseta de Emyrne. Las mismas condiciones, 
pero la gente estaba seleccionada y más amaestrada. 

Saneada rápidamente la ruta por el sol, las moscas perdieron los 
puntos de carga del virus, y esas malgachas tan temibles en 1895, 
no tuvieron acción morbífica. 

Estos hechos hacen racional la hipótesis del papel de las moscas 
en la transmisión de las infecciones. 

El autor cita, además, en apoyo de tal suposición, un articulo de 
Donrre {Le Cadueée, 1905), en que se da cuenta de los experimentos 
hechos en el África del Sur (junio de 1904), las observaciones reco- 
gidas por Weeder durante la guerra hispano- americana, los estu- 
dios de Netley, Horrocks y Fisth, que demuestran que todo el cuer- 
po de la mosca doméstica puede retener el bacilo tifoideo en su su- 
perficie, y la opinión de Smith, que dice que la mosca puede producir 
por el ano la dotinenteria y la disenteria. 

Malmejac, Bretón y Combemale aducen hechos demostrativos del 
papel de las moscas como propagadoras, 

V. Leconte ( UEeho méd. du Nord, 3 diciembre 1905), refiere una 
epidemia de chancro blando, observada en Lille. Hubo una en 1900, 
con 21 casos, descrita por Bertin y Gillé. Después los casos han sido 
raros. Bruscamente, en agosto anterior, estalló otra, que compren- 
de 39 casos y además 20 en los soldados. En las mujeres las invasio- 
nes fueron raras, sea porque una puede infectar á varios hombres, 
sea porque no se sometieron á la inspección. No se conoce el punto 
de partida de esta epidemia : se sospecha de Is^ feria anual y de una 
casa de prostitución de la más ínfima categoría, en cuyo caso una 
vez más demostrarla el chancro blando su predilección por las cla- 
ses más pobres. 



258 

VI. En Francia se ordena que no se vacune hasta que se haya he- 
cho la autopsia del animal vacunifero, por si sufriera tuberculosis 
ú otro padecimiento infectivo: esto quiere decir que se emplee la 
vacuna de tubo ; pero también se prescribe que el procedimiento de 
elección es vacunar de ternera á brazo. La contradicción es palma- 
ria, pues si se espera á la autopsia no se puede tomar el virus de la 
ternera y la toma directa no es entonces el procedimiento de elec* 
ción« ó si no se espera, por creerlo asi mejor, es inútil sacrificar el 
animal. 

Contra los peligros de la vacunación de ternera á brazo, se han 
levantado voces autorizadas : S. Bernehim (Congreso internacional 
de Higiene de 1900), Barlerin (varias veces, entre otras, en el BulL 
menauel de la Soe. d'Hyg. de Venfance^ 1903), y otras muchas. E. Chau- 
mier, continuando esta campaña higiénica, publica un articulo {Dee 
dangers de la oaccínation de génisse á bras, — La Méd, oriéntale^ 10 
diciembre de 1905), en el que prueba que la vacunación de ternera á 
brazo es peligrosa y anticientífica. 

A. Peligrosa. Lo es por dos hechos : 1.^ por la posibilidad de ino- 
cular el bacilo tuberculoso, estreptococos (erisipela), bacilo tetánico 
(varios casos en la América del Norte), estafilococos y otros (vacuna 
ulcerosa, flemones, fagedenismo, etc.), de que hay numerosos ejem- 
plares, por ejemplo, la epidemia de Estrasburgo y de Alsacia —Gajr. 
méd, du Centre, septiembre 1899 — y que son evitables haciendo que 
la vacuna envejezca en glicerina, según consejo de Leoni, de Roma, 
en 1890 y 1894), la fiebre af tosa, cuya transmisión al hombre se ha 
realizado varias veces, como sucedió durante la epidemia de virue- 
la de París en 1901^y como ocurre á las veces en los Institutos de va- 
cunación, que se ven obligados en conciencia á inutilizar grandes, 
cantidades de vacuna; 2.^ por la posibilidad de inocular vacuna 
inerte ó muy poco activa, hecho más común de lo que parece y que 
se produce aisladamente ó en serie, hasta el punto de haberse teni- 
do que cerrar algunos Institutos (el de Dijón, el de Auzin), de él re- 
sulta la posibilidad de que muera de viruela un vacunado. Por eso 
hoy, antes de entregar la vacuna al mercado, se la ensaya clínica- 
mente. 

B. Aniicieniijlca, tomándola de la ternera directamente, la vacu- 
na puede ser nociva.ó inútil, y es preciso darla : 1.^ exenta de peli- 
gros, ya usando la glicerina que la purifica en un mes ó mes y me- 
dio (Leoni), ya sometiéndola durante algunas horas á los vapores de 
cloroformo, como hace Alan Green, del Instituto vacuno del Estado, 



259 

Londres, el más grande de Europa; 2,°, gran virulencia y virulencia 
siempre igual, valiéndose de la retrovacunación empleada en Ale* 
mania y Austria, del paso de la vacuna por el conejo (Calmette), 6 
por el asno (E. Chaumier); puede demostrarse en la ternera, en- el 
•conejo ó en el niño, siendo éste el mejor reactivo, ya que vacunas 
que son virulentas para aquéllos y no para éste. 

La preparación cientifica de la vacuna debe comprender las si* 
^uientes preparaciones : l.\ inoculación á la ternera de una vacuna 
de gran virulencia; 2 ^ recolección todo lo aséptica que sea posible; 
S,^, análisis bacteriológico para desechar todo la que contenga gér- 
menes nocivos, demostrados en el laboratorio; 4.% purificación, li- 
brándola de los numerosos microbios que en ella existen ; 5.*, pro- 
barla clínicamente, rechazando la que no sea virulenta en el grado 
debido; 6.^ seria coii veniente, en cuanto á la tuberculosis, inyectar 
la vacuna al conejito de Indi8U9 y ver si el animal se tuberculiza. 
Antes debe baberse inyectado la tuberculina á la ternera y, una 
vez hecha la recolección, hay que practicar la autopsia por si su- 
friera una enfermedad infecciosa no sospechada. 

Estas condiciones demuestran que ha progresado la obtención de 
la vacuna y que se acaba el empirismo hasta ahora existente. 

En los 20 ó 80 Institutos alemanes no se practica la inoculación de 
ternera á brazo : la ley no la permite. El Instituto del Estado en In 
glaterra, sólo expende vacuna purificada. En Suiza, Bélgica, Aus- 
tria, Italia, Rusia, Holanda (salvo La Haya), no se vacuna de terne- 
ra á brazo por conceptuarlo peligroso, y se expende únicamente lin- 
fa purificada. En los Estados Unidos, Chile, Perú, Turquía asiática, 
Egipto, etc., está prohibida la inoculación de ternera á brazo. En 
Francia no se ha entrado en la nueva y buena vía, y en España 

VII. G. Petit se lamenta de los graves daños que el uso del tabaco 
causa en los niños y. adolescentes, y pide la prohibición legal antes 
de los dieciséis años. 

Aconseja que el padre aleccione á su hijo sobre los perniciosos 
«fectos del tabaco y que le invite á no (amar, disuadiéndolo si ya ha 
empezado á hacerlo; que en l8U9 escuelas y en la casa se realice la 
enseñanza antitabáquica por todos los medios, como se hace con el 
alcohol ; que se lleve al ánimo del incipiente fumador la convenien- 
cia de la templanza, la inñuencia del tabaco sobre la moral, sobre 
el dinero invertido, sobre la salud y sobre su parentesco con el al- 
coholismo; y que se le incline, borrando el mal hábito, á que se en- 
cariñe con el bien. 



260 

REVISTA ESPAÑOLA 



SOCIKDADES CIENTÍFICAS 

REAL ACADEMIA DE MEDICINA DE MADRID 
Séiián daéUa 23d9 Junio de 1906. 

'Utalatottrapiaan Padiatrfa. — El Dr. Tolosa Latour manifiesta qne 1» 
talaBoterapia es uno de los elementos terapéaticoe más efícacesi dependien* 
do los prejaicios que contra ella existen i su inoportuna aplicación, debida, 
principalmente i que no se yigila y estudia con la atención y yigilancía 
que se aplica á las aguas mineralee. 

Preconiza los excelentes resultados de la atmósfera y el agua marina en 
los estados de astenia, debilidad, pretuberculosis, en las manifestaciones 
tuberculosas, óseas y articulares, que se modifican en absoluto, según afir- 
ma Eirmisson, y especialmente en el raquitismo y escrófula,* en que se ob- 
tienen resultados admirables en pocos días. 

Dicho medio terapéutico no está contraindicado en las cardiopatias. 

Los resultados que se alcanzan en los casos de caries y adenitis supura- 
das son maravillosos, y cita á este propósito un caso notable de un nifio cu- 
rado por el agua del mar. También se corrigen loe estados catarrosos por 
debilidad ó astenia, y pueden obtenerse beneficios en el histerismo. 

Dice que la talasoterapia tiene muy pocas cootraindicaciones cuando se* 
aplicade un modo reflexivo, teniendo en cuenta las condiciones atmosféricas 
y las diferencias que existen entre las costas del Norte y las del Mediodía» 

Se lamenta de qne en costas tan extensas como las de España no exista 
otro sanatorio marino que el de Ghipiona, en donde las temperaturas mí- 
nimas son de 11 á 16 grados, sin descender ntiuca á 0. 

Protesta del proyecto que, según sus noticias, existia de dedicar á sana- 
torios marinos antiguas edificaciones que no reúnen las condiciones nece- 
sarias, pnesto qne han estado destinadas á lazaretos. 

Aboga porque las cantidades presupuestada| para habilitar dichos edifi- 
cios se destinen, procurando ampliarlas, á la construcción de estableci- 
mientos ad hoc, y termina manifestando que por su amor á esta clase de 
instituciones y por el temor de que la mala aplicación de la talasoterapia 
acarree su desprestigio, pedia á la Academia que influyera en las esferas 
oficiales para evitar que so destinen á sanatorios marinos edificios que, por 
su emplazamiento y malas condiciones, carecen de las condiciones nece- 
sarias. 

El Dr. Alonso Sañudo hace presente que, por convenio internacional, Es- 
pafia so obligó á crear dos lazaretos: uno en el Cantábrico y otro en el Me- 
diterráneo, y que elegidos para este objeto el de San Simón y el de Mahon,. 
quedaban sin aplicación ninguna los demás edificios del Estado destinado» 
á lazaretos, que están enclavados en ios mejores sitios, especialmente el de 
Padrón, que lo está en uno de los más bellos que pueden encontrarse en la 



261 

«oeta cantábrica, y qae en tal situacién fué consultado por un señor minís* 
tro y un subsecretario acerca del empleo que podía darse á los menciona- 
•dos edificios, proponiendo por su parte que se destinasen á sanatorios. 

Termina diciendo que sin duda al Dr. Tolosa le habían facilitado noti- 
cias equivocadas, qae le habían inducido á impugnar un proyecto que esti- 
maba beneficioso. 

El Dr. Tolosa rectifica manifestando que, según informes que tenía por 
Tcridicos, pensaba destinarse i sanatorio el lazareto de la Oza, que carecía 
4e condiciones para tal objeto. 

El Dr. Espina presenta á la Academia la' radiografía de uno de los heri- 
<ios en el atentado anarquista del 81 de mayo, cuyo proyectil se hallaba im* 
plantado en la cabeza del astrágalo, para que los Sres. Académicos pue- 
dan apreciar la fuerza de penetración de los proyectiles de la bomba expío- 
4iiva. 

El Dr. Larra lee unas conclusiones de un extenso trabajo del Dr. Sem- 
prún acerca del tratamiento de la tuberculosis por la antipneumokochina. 

Ineompatibilidad de los calomelanos. — El Dr. Iglesias, reanudando el dó-' 
bate sobre la supuesta incompatibilidad de los calomelanos con el cloruro 
de sodio, dice que tanto interés entraña en su opinión las conclusiones so- 
bre la supuesta incompatibilidad de los mencionados agentes, que no se 
podía excusar de exponer algunas consideraciones sobre el asunto, después 
4e unir su felicitación á las que otros Sres. Académicos habían tributado 
a1 comunicante. 

Ante todo había de exponer, que la investigación exclusivamente 
química hecha por el Dr. Rodríguez Carracido, exigía para su aplicación 
Á la terapéutica otras de carácter fisiológico, excitando con este motivo á 
los Sres. Académicos para que no dejasen pasar una materia tan trans- 
cendental sin hacer, en obsequio de la ciencia y esplendor do la Academia, 
experiencias de carácter fisiológico. 

El problema de la incompatibilidad de los calomelanos con el cloruro de 
sodio no es desconocido en Medicina, pues ya en 1868 Capelle manifestó 
que la unión de los calomelanos con los cloruros alcalinos daban por resul- 
tado un compuesto peligroso, y pocos años después, Proust consignó que de 
ia unión de los calomelanos con el cloruro resultaba una cantidad de clo- 
ruro mercúrico. Poco tiempo después, en Alemania, se registró un caso de 
«nvenenamíento por el empleo de los calomelanos unidos al cloruro amó- 
nico. Que Petenkoffer afirmó también que de la unión de los calomela- 
nos con el cloruro sódico resultaban cantidades de cloruro mercúrico, y 
que Mialhe, en 1840, después de un caso de envenenamiento en un niño, 
publicó en el Diario de Farmacia y de Química, de Francia, un interesante 
artículo, consignando igualmente que de la unión del calomel y del clo- 
ruro de sodio resultan proporciones evidentes de cloruro mercúrico. Que 
•el mismo Mialhe, algunos años más tarde, en sus estudios sobre las aplica- 
aciones de la química á la fisiología y á la terapéutica, amplió de un modo 
considerable sus investigaciones acerca de esta interesante materia, y con- 
tiguo el fruto de sus observaciones en un libro que llamó notablemente la 
Atención y del cual existen dos ejemplares en la Biblioteca de la Academia. 

Estas investigaciones de Mialhe dieron motivo al Dr. Asnero para 



262 

sa demostración acerca de loe resultados de la unión de los calomelanos 
con el cloruro mercúrico. Qae despnés de estos estudios no cabe dnda 
acerca de la incompatibilidad de los calomelanos con los cloruros alcali- 
nos, y en tal sentido se consigna en todas las obras modernas en qne se 
trata de este asunto, expresándose también así en el Tratado de Terapéu* 
tica de Trousseau y en el Formulario de dicho ilustre maestro, en la que al 
tratar de la incompatibilidad de los medicamentos, se dice qne los calome- 
lanos son incompatibles con los cloruros alcalinos, con el ácido cianhídrica 
y todos los compuestos que contengan este ácido. Que la misma doctrina 
ha sido aceptada por todos los autores de Terapéutica y de Farmacia, en- 
tendiendo todos por incompatibilidad de loe medicamentos, los resultados 
qne produce la unión de dos ó más substancias que por sn acción química, 
determinan la formación de una substancia inactira ó un cuerpo tóxico y 
peligroso, admitiendo tres clases de incompatibilidades : física, química j 
fisiológica. 

Come consecuencia de esta doctrina, se proscribe en todas las obras la. 
nnión de los calomelanos con los clornros alcalinos, y en esta situación es- 
taba este punto de doctrina cuando en el afío 1850, en la Sociedad de Tera- 
péutica de París (sesión del 25 de julio de dicho afio) se hicieron algunas, 
manifestaciones respecto á este punto de doctrina, declarando que si se for- 
maba cloruro mercúrico por la nnión de los calomelanos con los cloruros 
alcalinos, era por el contacto con el aire, y que la proporción de esta sal 
mercúrica era tan pequeña, que no podía considerarse el cloruro mercúrico 
qne se producía como agente peligroso en el tratamiento de las enferme- 
dades. 

Hay qne considerar que un profesor tan distinguido como Binler, qne 
estudió tan profundamente la acción medicinal de los medicamentos, con- 
signaba que si bien es verdad qne por la unión de los calomelanos y de los 
cloruros alcalinos se produce el cloruro mercúrico, esta acción era muy 
dudosa y que eran muchas las influencias que podían determinar la pro- 
porción de dicha sal mercúrica. 

Si no había entendido mal, el Dr. Rodríguez Carracido manifestó 
que había demostrado, sin género alguno de duda, la existencia del clo- 
ruro mercúrico por la acción del cloruro mercurioso de la disolución fisio- 
lógica del cloruro de sodio, y que aunque no entendió en qué proporción 
se producía esta sal mercúrica, cosa á su entender necesaria, el Dr. Carra- 
cido dijo que la cantidad era pequefia y no llegaba á ser tóxica. 

Qne si el Dr. Rodríguez Carracido había declarado que efectiyamente 
se formaba el cloruro mercúrico por la unión del cloruro sódico con los 
calomelanos, entendía que sus afirmaciones no sólo no se oponían á la in<« 
compatibilidad admitida en la ciencia, sino que más bien eran funda* 
mentó para persistir en tales ideas. No cabía negar que se habían produ- 
cido enyenenamientos por la administración de loe calomelanos unidos 4 
los cloruros alcalinos, y tampoco cabía poner en duda que la experimenta- 
ción fisiológica no ha demostrado lo contrario. 

Tampoco puede caber duda de que en circunstancias especiales pue- 
de producirse en el organismo alguna cantidad de cloruro mercúrico, y 
que la susceptibilidad individual es otro factor importantísimo. De modo 



263 

que, dadas estas condiciones, nadie pnede estar seguro de no contraer 
gran responsabilidad asociando los calomelanos á los clornroa alcalinos; y 
como quiera que el primer deber del médico ^ no hacer daño, habiendo, 
como hay, casos indudables de enyenenamiento por la unión de los cloru- 
ros alcalinos á los calomelanos, hasta no demostrarse por la investigación 
qne esa proporción de cloruro mercúrico resulta inofensiya, entendía qne 
debía mirarse con mucho cuidado un asunto que puede ser de transcen- 
dentales consecuencias; y que para él seguía siendo eyidente, no sólo por 
las doctrinas de que había hecho mérito, sino por las mismas manifesta- 
ciones del Dr. Carracido, que existía dicha incompatibilidad, y que tenien- 
do en cuenta que podía yariar considerablemente la composición sanguínea 
con las circunstancias individuales, y que podían variar también los clo- 
ruros según las cantidades que haya en el jugo gástrico y la alimentación; 
precisa, mientras datos experimentales no demuestren lo contrario, con- 
servar la doctrina admitida déla incompatibilidad, que tenia, en su con- 
cepto, sólido fundamento. 

Por otra parte, hay que tener en cuenta que la acción de los calomela- 
nos, yunque para algunos muy clara, ofrece, sin embargo, grandes dificul- 
tades, porque varían considerablemente las condiciones individuales y 
rarian también de un modo extraordinario las circunstancias en que puede 
encontrarse el sujeto, variación que puede producir grandes modificacio- 
nes en la cantidad de sales de mercurio que dé por resultado la unión del 
cloruro mercúrico con los calomelanos. 

Opina, en resumen, que los datos que con su habitual elocuencia había 
expuesto el Dr. Carracido, no sólo no contrariaban la doctrina admitida 
por la ciencia respecto á la incompatibilidad de los calomelanos con los 
cloruros alcalinos y ácido clorhídrico, sino que antes bien le confirman en 
las ideas que hasta ahora se habían admitido, lo cual no quiere decir en 
modo alguno que los trabajos é investigaciones del Dr. Oarracido no sean 
dignos de toda clase de consideración por parte de la Academia, diciendo 
lo mismo de los estudios que expuso á la consideración de la misma el 
Dr. Puerta, siendo tanto los de éste como los del Dr. Carracido datos pu- 
ramente químicos, pero que los médicos no podían aplicar sin otros datos 
'que son absolutamente necesarios para formar el juicio claro y definitivo 
que se debe tener respecto á un punto de tanta transcendencia. 



PERIÓDICOS 



Un eato de fotforitmo ertfnico. — D. Miguel Castañer y Viñeta, publica en 
la Remata Balear de Ciencias médicas, el caso clínico relativo á un enfermo 
de cuarenta y cinco años de edad, temperamento linfático, constitución 
medianamente robusta, obrero ocupado en la confección de pasta fosfórica 
para cerillas, á cuyo trabajo hacía diecinueve años se dedicaba. 

Hace unoe nueve años adqnirió hábitos alcohólicos, hasta el punto que 
en sus alternativas de mayor ó menor cousiimo de líquidos espirituosos 
llegó á presentar accesos de alcoholismo agudo, persistiendo la costumbre 



264 

con moderación en loB últimoe años, ya que no bebia más qne loe domingos 
y fiestas solemnes. 

Ekce afio y medio, aproximadamente, notó qne el trabajo de su arte, sin 
ser penoso ni reqnerir grandes esfuerzos, le producía fatiga bastante acen- 
tuada y cierto abatimiento, contrastando esto con que anteriormente siem- 
pre lo había sobrellerado sin la menor molestia, acentuándose dicho abati- 
miento lenta y progresivamente en los periodos catarrales qne con harta 
frecuencia padecía; las cosas llegaron al extremo de verse obligado á aban- 
donar la ocupación que era la base de su sustento. Indicó además un fenó- 
meno que experimentaba desde que tomó el cargo de manipulador de pasta 
fosfórica, y era que por las noches, en la obscuridad, su aliento era fosfores- 
cente, cuyo brillo aumentaba en la expiración violenta por sacudida de toe. 

Al observarle el Dr. Castafier, hacía más de un mes guardaba cama á 
conse^^uencia de un catarro bronquial, con disnea ó dificultad respiratoria 
que le obligaba á mantener continuamente día y noche la posición senta- 
da; el decúbito supino le era imposible, porque súbitamente se sentía aco- 
metido de gran asfixia. 

A la inspección era de notar su intensa palidez y la gran dificultad res- 
piratoria, que afectaba la forma de aceleramiento de los movimientos de 
inspiración y expiración, sin acentuarse los rasgos característicos del as- 
mático que dibujan los esfuerzos de los músculos inspiratorios, y sugirién* 
dolé intuitivamente el cuadro que se trataba de un cardíaco. A la aus- 
cultación se observan en ambos pulmones estertores diseminados de gran* 
des y pequefias burbujas, y otros sibilantes, murmullo vesicular poco mar- 
cado, y á la percusión, sonoridad en los ámbitos de los dos pulmones. Tenia 
mucha tos y la expectoración era abundante, viscosa y aireada. 

Explorado el aparato circulatorio, da la noción de aumento pleximétrico 
de la zona cardíaca, con debilitación de sus ruidos en los focos de auscul- 
tación, y amortiguados los latidos; taquicardia, pulso rítmico y sincrónico 
en ambas radiales y con la contracción del miocardio. 

Aparato digestivo: Lengua'saburral, pastosa y sabor aliáceo. La diges- 
tión gástrica y la intestinal en la actualidad se cumplen bien; en otro 
tiempo tuvo diarreas, y en algunas épocas inapetencia. Los anexos del apa- 
rato digestivo ofrecían: el hígado la característica de aumento de volu- 
men, sin abolladuras ni puntos dolorosos, y el bazo estaba ligeramente 
abultado. El aparato renal permanecía intacto; las orinas eran más bien 
escasas, de color encendido y por enfriamiento depositaban un sedimento 
de color rojo. 

En vista de este síndrome, instituyó un tratamiento cardiotónico, que 
en una forma ú otra no dejó de tomar un solo día, y teniendo 4n* cuenta su 
oficio de manipulador de pasta fosfórica, le prescribió la esencia de tremen- 
tina, que tomaba á la dosis de gramo y medio diario. A pesar de todos los 
esfuerzos, la lesión cardiaca fué progresando paulatinamente ; el pulso se 
hizo pequefio, difícil de percibir; lo mismo que el corazón, que casi no de- 
jaba sentir el choque de su punta y apenas si se oían sus ruidos; los tegu- 
mentos cobraron un tinte cianótico, se cubrieron de un sodor frío, hasta 
que por último sobrevino el colapso, que le arrebató la existencia el 26 de 
noviembre de 1905. — Sababia. 



265 



REVISTA EXTRANJERA 



SOCIEDADES CIENTÍFICAS 

ACADBKIA DE MEDICINA DE PAKI8 
8éMn del diaSde Julio dé 1906. 

TNtaeoUtit y apandieitis.— El Dr. Blanoiiabd : Estoy conyencido de que an 
gran número de apendicitis y de enterocolitis no tienen otra explicación 
qne la presencia de lombrices en el interior del intestino. Los huéspedes 
habituales del intestino son loe ascárides lumbricoides, los oxiuros y loe tri- 
cocétalos. El ascárides Inmbrícoides, que normalmente se encuentra en el in- 
testino delgado, puede descender al intestino grueso y hasta penetrar en el 
apéndice. El ascárides no es inofensivo, como ordinariamente se cree, sino 
que puede determinar accidentes debidos á la erosión de la mucosa y á la 
penetración de su cabeza hasta la submucosa; la existencia de lesiones de 
este género es conocida desde hace mucho tiempo. En cuanto al oxiuro, 
también rasga la mucosa y llega hasta la submucosa, y en contacto con 
los filetes simpáticos determina dolores extremadamente violentos, análo- 
gos á los de la enteritis. En los tres interesantes casos señalados por 
Metchnikoff se trataba do enfermos que habían sufrido crisis de apendici- 
tis de repetición; se iba á proceder á la intervención cuando el examen de- 
liberado de las materias fecales permitió descubrir la presencia de huevos 
de tricocéfaloe y de ascárides ; los enfermos curaron por la administración 
de antihelmínticos. Desde entonces se han citado varios casos análogos. 

El modo de acción del tricocéfalo es el siguiente : su parte anterior, muy 
delgada y fina como una aguja, camina por debajo de la mucosa, se man- 
tiene por debajo del epitelio y llega en contacto de los plexos nerviosos y 
de los vasos, cuya sangre absorbe. La teoría helmintiásica de las afeccio- 
nes intestinales explica ciertos casos de epidemias estacionales ó familiares 
de apendicitis, sobre todo en los meses de calor. De estos hechos se des- 
prenden reglas de profilaxis y de tratamiento : 1.^, siendo transmitidos ios 
parásitos de este género por las aguas de bebida, y sobre todo'por las aguas 
de riego y de pozo, conviene evitar su empleo ; 2.**, es necesario someter to- 
doe los casos de apendicitis al tratamiento antihelmíntico. Como que con 
más frecuencia se trata del tricocéfalo, es necesario recurrir al timol, que 
los nifios soportan tan bien como los adultos. Además, conviene oponerse 
á la costumbre que tienen los hortelanos de ciertas regiones de regar las 
plantas comestibles con diluciones de materias fecales humanas. 

El Dr. HcoHARü : En ciertos casos de apendicitis, el dolor se localiza 
anormalmente en la región epigástrica. Desde este punto de vista recorda- 
ré un enfermo tratado durante dieciocho meses por crisis de hipefclorhi- 
dría, cuando lo que tenia era una apendicitis; no existía el. punto de Mac- 
Bumey, y todo el cuadro sindrómico se reducía á dolores paroxísticos en el 



epigaatrio, acompafiados de ninseas y TÓmitos. La operación demostró ud 
apéndice enfermo y el paciente curó. La enterocolitis es con frecuencia una 
neuralgia, un espasmo, una alteración secretoria sin ninguna clase de in- 
flamación, igual que la dismenorrea; sólo existen lesiones superficiales del 
epitelio glandular, sobre todo en las glándulas mucosa». La enterocolitis»* 
síndrome morboso cuyas causas son numerosas y variadas, no puede en tal 
caso propagarse al apéndice; únicamente es capas de hacerlo cuando, ade- 
más de las alteraciones secretorias, hay una infección verdadera del intes- 
tino, pero en este caso la que se propaga es la infección. 

CODIMA GaSTBLLvI. 



SOCIEDAD DE CIRUGÍA DE PARÍS 
8€9ián dadiaédé JuUo dé 1906. 

Mtdificaeiéii de la léeniea de la prostataetoaifa trantvetieal. — El Dr. Le- 

gueu leyó un informe acerca de un trabajo dirigido á la Sociedad por el 
Dr. P. Duval. Este, necesitando extirpar una próstfita por la TÍa transver- 
sal á un enfermo de cincuenta y seis añus, practicóla operación á través 
de la vejiga, ampliamente abierta y mantenida separada ; la próstata fué 
extirpada con tijeras, la uretra fué cortada á la vista y separada con un 
hilo, y, una vez que se extirpó la próstata, suturada á la vejiga de moda 
que la cavidad que resultó de la ablación prostática, quedó cubierta com- 
pletamente de mucosa. Se dejó aplicada una sonda, cerrándose por comple- 
to la vejiga. La reunión se obtuvo por primera intención, la sonda se su- 
primió á los once días y desde entonces el enfermo orina espontáneamente. 

A este propósito hizo el Dr. Legneu una critica severa de la conducta 
seguida por el Dr. Freyer después de su operación. La hemostasia no es 
perfecta, y confiar en el agua caliente para obtenerla es poco quirúrgico; 
de aquí las hemorragias inmediatas y secundarias mortales; además, á pe- 
sar del grueso tubo que coloca en la vejiga, el desagüe está mal asegurado, 
y la cavidad prostática y el bajo fondo quedan abiertos á la infección. Edi 
este sentido, la tentativa del Dr. Duval constituye una buena innovación 
respecto á lo que se ha hecho hasta ahora; cubrir con mucosa las superfi- 
cies cruentas es cerrar las bocas vasculares, oponer una barrera á la infec- 
ción y, á causa do esto, los cuidados operatorios pueden simplificarse. No 
obstante, la maniobra es algo delicada; exige un amplio espacio, y aun asi 
no es posible siempre ó es muy difícil en los enfermos gruesos ó de prósta- 
ta voluminosa. En ocasiones hasta puede ser peligrosa; hay enfermos in- 
fectados que sólo pueden curar por el desagüe. En estos casos, el Dr. Le- 
guen tapona la cavidad prostática para asegurar la hemostasia y evitar las 
hemorragias graves; además coloca en la vejiga el tubo doble de Guyon- 
Perier, con el que el desagüe es excelente ; por último, coloca lo antes po- 
sible una sonda permanente, que es uno de los mejores medios de desagüe 
vesical. Desde que sigue esta práctica no ha observado accidente alguno. 

Sea la que fuere, la posibilidad de la sutura total y de la reunión por 



267 

primera intención constituye ana nneya saperioridad de la prostatectomia 
transresical sobre la perineal. 

Dfvartfculo de la vejiga.— El Dr. Chaput refirió el caso de ana enferma de 
cincaenta afios, que desde algunos meses antes tenia hemorragias abun- 
dantes por la Tagina y deseos frecuentes de orinar. Al reconocerla se ob- 
servó que la Tagina estaba llena )^ot un tumor yoluminoso, duro, desarro- 
llado á expensas del cuello uterino ; por la palpación bimanual se notaba 
que el cuello del útero, duro y aumentado de Yoluroen, sobresalía varios 
trareses de dedo por encima de la slnfísis pubiana. 

Se hizo el diagnóstico de fibromas uterinos. El Dr. Chaput se propuso, 
ante todo, extirpar el tumor vaginal. Pero al incindir este tumor observó 
con gran sorpresa que no se trataba de un fibroma, sino de una bolsa 
qnlstica, cuyo contenido era de olor urinoso fuerte ; la cavidad revestida de 
mucosa análoga á la de la vejiga y, además, infiltrada de sales calcáreas, 
le hicieron pensar se encontraba en presencia de un diverticulo vesical, 
formado en el bajo fondo de la vejiga y que se había introducido poco á 
poco en el cuello uterino por disgregación prog^resiva de los elementos de 
su pared. El orificio de comunicación de este diverticulo con la cavidad ve- 
sical no pudo ser descubierto. En los días que siguieron á la operación, la 
enferma tuvo fiebre elevada y derrame vaginal fétido esfacélico, que cedie- 
ron poco á poco por los lavatorios de la bolsa con agua oxigenada. La bolsa 
fué cerrándose paulatinamente, y en la actualidad, después de varios me- 
ses, todo indicio de diverticulo va desapareciendo ; el cuello ha recobrada 
su volumen y consistencia normales. 

El cuerpo del útero sigue siendo voluminoso á causa del fibroma que 
contiene. 

El diagnóstico que puede hacerse en este caso — rarísimo, pero no úni- 
co — es el de quiste de la vagina abierto secundariamente en la vejiga, y 
que en su desarrollo incluyó el cuello del útero, pero la primera hipótesis 
—diverticulo vesical desarrollado secundariamente en el cuello— es más ve- 
rosímil. 

Fractura supramaleelar víeiotamante consolidada. — El Dr. Chaput narró 
el caso de un enfermo de cincaenta años tratado en el hospital Laennec en 
1904, por una fractura tibioperonea inferior. El enfermo fué anestesiado y 
se colocó un aparato de escayola, que permaneció aplicado cuarenta días. 
Al separarse el aposito el pié se desvió progresivamente hacia fuera, y 
cuando el Dr. Chaput rió al enfermo en 1905, tenía una gran desviación en 
valgus con elevación notable de la región maleolar interna. Hizo una re- 
sección cilindrica del peroné por encima de la articulación y otra cuneifor- 
me supramaleolar en la extremidad inferior de la tibia (8 centímetros), 
una vez extirpados todos los tejidos óseos, fué fácil hacer la reducción. El 
miembro quedó inmovilizado por espacio de cuarenta días. La consolida- 
ción fué perfecta y la pierna conservó la integridad de sus movimientos. 

El Dr. Berger preguntó si en este caso una simple osteotomía transversal 
de los dos huesos de la pierna hubiera permitido la reducción. 

El Dr. Chaput contestó que intentó limitar su intervención á esta osteo- 
tomia simple, pero que fué insuficiente, y tovo que recurrir á la resección 
cuneiforme. 



268 

El Dr. Berger dijo qae convenim haber completado ia OBieoiomia simple 
por la sección del tendón de Aquiles. 

El Dr. Quénu manifestó que había tratado varias deformidades de este 
género, necesitando casi siempre, como el Dr. Chapat, hacer la resección 
más ó menos extensa de la tibia y del peroné. 

La cf mprt sien et mo nedio de tratasHeato del tnasr blanco de la r edilla.-~El 
doctor NéUUon^ á propósito del enfermo de tumor blanco de la rodilla tratado 
con éxito por el Dr. Walther por el método esclerógeno, citó el caso de nn 
joven que padecía artritis fangosa de la rodilla de forma de hidrartrosis 
crónica, en el qae empleó como único tratamiento la compresión simple al- 
godonada, que prolongó por espacio de dieciocho meses. El resaltado, desde 
el panto de vista de las fanciones articulares, faé tan bueno como el obte- 
nido por el Dr. Walther con las inyecciones esclerógenas. Este joven 
acaba de ser incorporado al ejército. 

El Dr. Walther no niega que la inmovilidad y la compresión sean sufi- 
cientes para prodacir baenos resaltados en las formas atenuadas; pero su 
enfermó padecía lesiones articulares y óseas, las que no existían en el del 
Dr. Nélaton, y en estos casos relativamente graves está indicado el método 
esclerógeno. 

Osteocf ndroma de la mandíbula iaforior. — £1 Dr. Mcaidaire presentó un 
hombre de cincuenta afios, al que había resecado la mitad media de la man- 
dibala inferior por nn tumor bastante voluminoso desarrollado en pocos 
meses, y al que se diagnosticó de sarcoma. El examen histológico demostró 
que se trataba de an osteocondroma. 

El Dr. SebiUau^ á propósito de este caso y de lo difícil que suele ser diag- 
nosticar con exactitud los tumores de la mandíbula sólo por los eigndb clí- 
nicos, cree que antes de practicar una operación tan mutiladora como la 
resección típica de la mandibala, conviene primero hacer una incisión ex- 
ploradora y amoldar después la conducta — resección típica ó atípica, eco- 
nómica ó simple raspado—según los caracteres del tumor puesto asi al des- 
cubierto. 

Ha segaido, y no tiene por qué arrepentirse, esta conducta en tres casos 
de tumores de la mandíbula que presentaban signos clínicos de sarcoma y 
que resultaron ser uno fibroma y dos quistes del maxilar. 

Estrocbei cicatrizal del uréter.— El Dr. Legueu presentó una enferma cuyo 
uréter había sido lesionado durante una hieterectomía, y que, á consecaen- 
cia de este accidente, tuvo una fístula ureterovaginal. Esta fístala se cerró 
poco á poco por retracción cicatrizal del uréter, pero además produjo una 
uropionefrosis que obligó á intervenir. El Dr. Legaeu practicó una laparo- 
tomía lateral subperitoneal para descubrir el sitio donde estaba estrechado 
el uréter, pero le faé imposible descubrirlo, y para consegairlo necesitó 
abrir el peritoneo; una vez desea bierto, cerró la herida peritoneal, disecó 
el uréter, resecó su extremo iaferior cerrado é implantó el superior en otro 
punto de la vejiga (nreterocisto-neostomía extraperitoneal). La operación 
dio resultados excelentes; las crisis dolorosas y la fiebre, debidas á la re- 
tención renal, cesaron al punto y para siempre. El estado de estalnujer no 
puede ser más satisfactorio, lo que prueba que el uréter restaurado funcio- 
na perfectamente. 



269 

Efieacia del agua salada en las tubarenlosls artioulares supuradas abiertas.— 
El Dr. ReynUr presentó nn enfermo al que habla resecado el codo por tu- 
berculosis supurada abierta. Para combatir la supuración secundaria 
abundante, consecutira á la operación, empleó los bafios salados y las cu- 
ras con agua salada (dos bafios de brazo por dia, de tres horas de duración 
cada uno, con 5 á 6 litros de agua caliente, mezclados con 50 á 60 gramos 
de ag^as madres de 8aliés ; al salir del bafio el miembro era euTuelto en 
compresas empapadas en la misma disolución). En este caso la acción exce- 
lente del agua salada sobre la nutrición de los tejidos fué maravillosa, y el 
Dr. Reynier recomienda dicho método terapéutico, de preferencia á la re- 
sección, en el tratamiento de las tuberculosis articulares supuradas abier- 
tas, que, en particular cuando se trata del codo, son muy graves. 

El Dr. Quénu dijo que no debe dejarse pasar sin protesta esta última 
afirmación del Dr. Reynier. La resección del codo por tuberculosis no es 
peligrosa ni origina más que supuraciones post operatorias benignas, y sus 
resultados terapéuticos son excelentes. 

Cáncer de la porción inferior yuxtaveslcal doi uretor.— El Dr. Álbarran pre- 
sentó la pieza patológica extirpada la víspera á una mujer de treinta y 
cuatro afios, la que desde dos afios antes padecía hematurias de caracteres 
neoplásicos manifiestos. La citoscopia habla permitido descubrir en el ori- 
ficio del uréter derecho un tumorcillo epiteliomatoso. Existían signos de 
retención renal ; el rifión estaba algo aumentado de voluraen y doloroso' á la 
presión. La operación, que consistió en resecar por la vía abdominal subpe- 
ritoneal la porción de uréter enferma y un collar vesical, fué bastante di- 
fícil á causa de las adherencias de la neoplasia con los tejidos inmediatos. 
Terminada la operación fué imposible pensar en reimplantar el extremo 
inferior del uréter en la vejiga por su poca longitud. El Dr. Álbarran se 
limitó á hacerlo desembocar en el ángalo superior de la herida del abdo- 
men; esta fístula ureterocutánea es provisional, pues el Dr. Álbarran cree 
que se verá obligado á sacrificar el rifión, lo que no ha hecho al resecar el 
uréter por el mal estado de la enferma. 

El Dr. Guiñará preguntó al Dr. Álbarran por qué no había preferido la 
ureterocolostomía. 

El Dr. Álbarran contestó que hubiera sido una operación más larga y más 
peligrosa que la nefrectomia.— (£a Presae Medicóle). — F. Toledo. 



XY C0MQRE80 INTERNACIONAL D£ MEDICINA 

Celebrado en Lisboa del 19 al 26 de Abril de 1906. 

(ContinuaciÓD). 

Tratamiento de la luxación congénita de la cadera. — El Dr. Eirmibson : La 
redúcele^ incruenta de las luxaciones congénitas de la cadera, estando el 
enfermo cloroformizado, aunque da pocas veces resultados anatómicos per- 
fectos, es susceptible de producir, desde el punto de vista funcional, resul- 
tados útiles. Las estadísticas de loe diversos autores difieren bastante 



270 

unas de otras. Según anas estadisticas, los éxitos llegan al 70 y hasta 
al 85 por 100, mientras que, según otras, sólo son de 30 y hasta 20 por 100. 
Aceptando con el Dr. Lorenz el término medio de 52 por 100 para los re- 
sultados anatómicos favorables, nos aproximamos más á la verdad. Con- 
Tendría que en adelante se apreciaran con mayor exactitud los resaltados y 
se llamaran redacciones sólo á los casos en los que la cabeza, situada en la 
«ayidad cotiloidea, tiene con la arteria femoral sas relaciones normales y 
la articulación posee la integridad de sus movimientos. 

Todos los cirujanos, excepto el Dr. Narath, creen que el pronóstico de las 
laxaciones unilaterales es más benigno. En las luxaciones dobles sólo en 
casos excepcionales el resultado es igaalmente favorable en ambos lados. 
Se observa casi siempre que se obtiene la reducción sólo en un lado, mien- 
tras que en el opuesto hay únicamente transposición y hasta nueva laxa- 
ción. Este hecho concuerda con lo que se observa en la evolación de la la- 
xación bilateral abandonada á la naturaleza, pues muchas veces la lesión 
cura espontáneamente en un lado mientras que en el opuesto continúa su 
marcha progreaiva* El examen radiográfico es incapaz casi siempre de ex- 
plicar estas diferencias. 

No es posible precisar en qué edad debe intervenirse, puesto que se han 
obtenido éxitos en un niño de dieciocho meses y en otro de quince afios. 
Puede decirse, en general, que la edad más favorable es el periodo com- 
prendido entre los tres y cinco años. 

Respecto al manual operatorio, creo que los métodos de fuerza, y en par- 
ticular las tracciones violentas, deben desecharse en absoluto. Estos me* 
dios son los que determinan accidentes graves, fracturas, desgarros de los 
tejidos blandos y lesiones nerviosas. Lo mejor es volver á la idea primitiva 
del Dr. Paci, es decir, emplear métodos nada bruscos, como en el trata- 
miento de las luxaciones traumáticas ó patológicas. 

Sigo fiel á la técnica aconsejada por el Dr. Lorenz, es decir, á la redac- 
ción en dos tiempos, siendo colocado el miembro primero en flexión combi- 
nada con abducción en ángulo recto, para llegar, por último, á la exten- 
sión asociada á la rotación hacia dentro. Es el procedimiento más seguro, 
porque permite la retracción de la parte posterior de la cápsula y evita la 
nueva luxación. 

En vez de las tentativas muy violentas ó prolongadas, prefiero repetir 
los ensayos de reducción. Si se comprueba el fracaso, lo mejor es recurrir 
al método cruento. La gravedad en este caso es debida á la formación de 
la cavidad cotiloidea, así que debe evitarse en lo posible, contentándose, 
como lo hago hace mucho tiempo, con la artrotomla. Guando la curación 
es imposible á causa de la edad del enfermo ó del grado de la luxación, 
presta grandes servicios la osteotomía subtrocanteriana, porque permite 
colocar el miembro en posición favorable. 

El Dr. Lorenz : Desde que di á conocer hace nueve afios mi procedi- 
miento de reducción incruenta de la luxación congénita de la cadera, mi 
técnica no ha variado. Las modificaciones introducidas son insignificantes 
ó contrarias al resultado apetecido y, por consiguiente, más bien perjudi- 
ciales. Además, el método empleado para obtener la reducción importa 
^ conviene que el cirujano conozca bien todos los procedimientos para 



271 

que 8i fracasa con ano paeda recurrir á otro ó combinar loa dos si es noce* 
aario. 

En loB nifioB de edad se emplea de preferencia el método de eztensiin. 
Como posición primitiva se elige por medida de precaución la abdncción en 
ángulo recto, aunque la estabilidad permitiera adoptar una posición menos 
molnsta. Sólo en el caso de estabilidad primitiTa insuficiente se inmoTiliaa 
por el pronto el fémur en ligera biperoxteosióncon abducción regular, que 
excede de 90®. Las luxaciones dobles deben ser reducidas, á ser posible, en 
una misma sesión. 

£1 tiempo que debe durar la inmoyilización depende de la edad del nifio 
j de la estabilidad primitiva de la luxación. En una edad* relativamente 
avanzada (cinco años ó más) no es necesario prolongar demasiado la inmo- 
vilización á causa del peligro de anquilosis que corre la articulación; no 
obstante, una mala estabilidad primitiva exige fijar el miembro durante 
algún tiempo. En los nifios más jóvenes, con estabilidad primitiva defec- 
tuosa, la posición en abducción primitiva puede ser mantenida por espacio 
de un afio ó más sin temor á la anquilosis. 

El objeto que nos proponemos alcanzar por el tratamiento post operato- 
rio varia, según se trate de enfermos que tengan ó no más de cinco ó seis 
afios. En los niños de menos de cinco ó seis la abducción primitiva en án- 
gulo recto se corrige, por decirlo asi, espontáneamente en poco tiempo, 
pero esta corrección espontánea, rápida, aumenta el peligro de recaída. El 
tratamiento post operatorio en este caso no consiste sólo en vigilar la co- 
rrección de la posición primitiva, sino también en hacerla más lenta, lo 
que se consigue manteniendo durante bastante tiempo en abducción habi* 
tual la articnlución reducida por medio de un talón de 1 á 2 centímetros 
j medio de altura en el lado sano. Conviene asimismo procurar que la po- 
sición en ángulo recto de la articulación reducida sea siempre fácil de res • 
tablecer. Se emplea con este objeto un aposito de escayola (análogo al que 
se emplea en el tratamiento de la espondilitis) que durante la noche man- 
tenga la pierna en abducción en ángulo recto. La posición primitiva se 
restituye también por la gimnasia.^ Los nifios de poca edad, en quienes se 
ha practicado la reducción doble, pueden sentarse sobre su periné con las 
piernas separadas en ángulo recto. 

En los nifios de más de cinco ó seis afios las articulaciones reducidas sue- 
len ser atacadas de rigidez. El peligro de la nueva luxación es menor, por 
consiguiente, pero en cambio es más difícil corregir la abducción primi- 
tiva. Por este motivo permanecen inmóviles menos tiempo y se principia el 
tratamiento por movimientos acentuados de abducción. A veces no es po- 
sible corregir ésta por los medios gimnásticos ó mecánicos sin peligro de 
producir una fractura. En este caso es preciso acortar el tratamiento prac- 
ticando la osteotomía intertrocanteriana del fémur. Si á consecuencia de 
las malas condiciones de la extremidad superior del fémur (acortamiento 
considerable del cuello que recuerda la configuración del húmero), la co- 
rrección gimnástica de la abducción primitiva expone á la recidiva, es 
preciso hacer la corrección practicando la osteotomía intertrocanteriana. 

Los límites de edad para la reducción incruenta son hoy mucho más ex. 
tensos, gracias á las mejoras en la técnica y á la prudencia con que se em- 



272 

plea; pero la experienoia ha demostrado que eo Iob nifioa de edad relaÜTa- 
tnente avanzada la operación, aunqae eficaz, nunca da tan buenos resulta- 
do0 como en loe más jÓTones. Desde el punto de vista práctico, pueden 
admitirse tres clases de resultados: 

1.* El resultado ideal es la verdadera reducción anatómica concóntrioa. 
Suponiendo la restitución completa de la fuerza muscular, que exige bas* 
tante tiempo para conseguirse, estos casos representan (exceptuando la 
deformidad ligera que persiste) la restitución anatómica ; es la restitución 
funcional ad integrum, Begán diversas estadísticas, la proporción de estos 
excelentes resultados es del 50 por 100 poco más ó menos, de modo que 
puede decirse que casi la mitad de los casos curan por completo. 

2.* En la mayor parte de la mitad restante se observa la posición subes- 
piñal de la cabeza del fémur, la cual, desde el punto de vista funcional, es 
satisfactoria, sobre todo si la musculatara se halla en buen estado. 

3.* En un número relativamente limitado de casos se obtienen resultados 
menos favorables, pero que, en comparación con el estado anterior, repre- 
sentan una ventaja importante desde el punto de vista de la resistencia 
para la marcha. 

Entre estos resultados, en cierto modo deficientes, merece citarse en pri- 
mer término lajcaplícación lateral» de la cabeza del fémur que se dirige por 
debajo y algo hacia fuera de la espina ilíaca anterior superior, y dirigida 
hacia adelante por su polo anterior, mientras que el trocánter se encaentra 
dirigido hacia atrás, de modo que toda la pierna está en rotación hacia 
fuera. La flexión y extensión de la cadera son limitadas, la rotación hacia 
dentro nula, porque la cabeza del fémur, dirigida hacia adelante, se apoya 
directamente contra la cara lateral del hueso iliaco. 

En casos extraordinarios esta aplicación lateral es estable y la cabeza no 
se luxa hacia atrás. La cojera no disminuye gran cosa en esta posición, 
pero la facilidad para la marcha es mucho mayor y llena las exigencias 
moderadas. Es preciso, por lo tanto, aconsejar dicha posición á falta de otra 
mejor en todos ios individuos que se encuentran en el límite de la reductibi- 
lidad ó que le han pasado ya. Es necesario después, por medio de miorrexis» 
de los adductores, colocar la articulación en abducción y en extensión exa- 
gerada por el enderezamiento, mantener el fémur inmovilizado por espacio 
de tres ó cuatro meses en esta posición que, aun en el caso de reducción de 
una luxación doble, permite la marcha. 

En la luxación doble irreducible, la lordosis patológica desaparece en 
gran parte, y hasta por completo, una vez obtenida la aplicación lateral. 

El tratamiento de la luxación congénita irreducible^ que consiste en 
transformar la contractura en adducción y flexión (habitual en la luxación 
inveterada) en actitud contraria (abducción con extensión exagerada), 
puede designarse con el nombre de inversión. Es preferible, desde todos los 
puntos de vista, á la osteotomía subtrocanteriana, que persigue el mismo 
fin, pero que tiene el inconveniente de acortar el fémur por la corrección 
excéntrica de la contractura de la cadera. Es de necesidad absoluta evitar 
todo acortamiento, porque la desproporción entre la longitud del tronco y 
la de las piernas, es uno de los mayores defectos estéticos en los enfermos 
afectados de luxación doble. Además, la osteotomía subtrocanteriana deja 



273 

U cabesa del fémur en bq porción patológioa, mientras que con la inTer* 
0ión incruenta queda en posición más faYOrable y tiene, en parte, un punto 
de apoyo óseo. Finalmente, la inrersión no exige ni operación cruenta ni 
penhanencia en el lecho. 

Bi Dr. G. DB Ldcá : Para que el tratamiento de la luxación congónita de 
la cadera sea yerdaderamente metódico, útil y sistemático, necesita ser 
vprecoz. Es decir, que conviene «e Yulgarice el conocimiento de esta defor- 
midad. En la mayor parte de los casos, el tratamiento preferible es el mé- 
todo de Paci-Lorenz más ó menos modificado. En los casos diflcUes, cuan- 
do las maniobras incni^ntas han fracasado, puede recurrirse al método 
cruento. Cuanto á las luxaciones congénitas irreducibles con todos loe 
procedimientos de tratamiento, consistirá ep corregir ó atenuar la actitud 
deficiente del miembro, bien por amasamiento de loa adductores con inmo- 
vilización en posición opuesta, bien por osteotomía subtrocanteriana por el 
método de Eirmisson. 

El Dr. Rkdard : Los resultados de la reducción incruenta de la luxación 
•ongénita de la cadefa son tanto mejores cuanto menor es la edad de los 
enfermos. En el 70 por 100 de los casos se obtienen reducciones anatómi- 
cas ; en el 20 por 100 transposiciones con resultados funcionales bastante 
buenos, y en el 10 por 100 mejorías ligeras. Insisto de una manera especial 
sobre la importancia de la técnica y sobre la prudencia con que deben ser 
practicadas las maniobras de reducción. OonTÍene también disminuir lo 
posible el periodo de inmoYÜización para evitar la atrofia muscular y la 
anquilosis. He curado algunos enfermos manteniéndoles inmóviles en un 
solo aparato durante tres meses. 

El Dr. Oodivilla: Mi experiencia respecto á la reducción incruenta de la 
luxación congénita de la cadera se funda en 853 casos que he operado des- 
de 1899. Este método debe ser considerado como el tratamiento normal de 
dicha deformidad, y es aplicable á todos los casos siempre que estén com- 
prendidos en la edad más conveniente, según creo entre los dos y los seis 
afios para las luxaciones unilaterales, entre los dos y los cii^co para los bi- 
laterales. Según mi estadística de los tres afios últimos, en el 85 por 100 de 
loe operados á tiempo se obtiene un resultado excelente anatómico y fun- 
cional. Empleo para reducir la laxación las maniobras de Paci y después 
el tratamiento consecutivo según el procedimiento de Lorenz. 

El Dr. Barbabin : Los autores están de acuerdo acerca de los resultados 
excelentes obtenidos por la reducción incruenta, pero hay respecto á ella 
dos opiniones contrarias : unos aconsejan la inmovilidad en abducción for- 
zada, adoptando progresivamente una posición menos exagerada del muslo, 
""y en cambio otros colocan en seguida el miembro en abducción media y en 
flexión. En esta última actitud el contacto de la caji^eza del fémur con la 
cavidad cotih>idea es indudablemente mucho más íntimo, y, por lo tanto, 
ésta se hace antes mayor. Pero decir que en todos los casos debe adoptarse 
dicha posición, es más teórico que práctico. Lo mejor es, después de la re- 
ducción en abducción, disminuir ésta lo más posible, permitiendo á la vez 
al muslo una flexión ligera. Nunca debe colocarse el miembro en abducción 
y en hiperextensión de modo que el muslo quede por encima del plano del 
cuerpo, porque en este caso ó la cabeza del fémur no se apoya más que so- 

n 



274 

bre la parte anterior de la capéala, 6 bien sobresale de la cavidad y queda 
ea traasposición anterior. A propósito de la transposición, conviene adyer* 
tir que la radiografía anteroposterior hace considerar como curación ani^tó- 
mica bastantes casos de simples transposiciones; la cabeza del fémur se 
encuentra bien colocada respecto á la cavidad cotiloidea, pero en un plano 
anterior. 

Es necesario, por lo tanto, radiografiar las luxaciones reducidas, no di* 
rectamente de delante á atrás, sino oblicuamente de atrás á adelante j de 
fuera á dentro. 

El Dr. GouRDON : Creo que las luxaciones bilaterales deben ser reducidas 
en una sola sesión. Con las reposiciones anteriores, á las que es preciso re- 
currir cuando es imposible la reducción anatónjica, se obtienen en general 
resultados excelentes desde el punto de vista funcional y estético. 

Un nuevo síndrome. Hemiplogia de la laringe y do la lengua eoa 6 sin parálisis 
del esternocleidomastoideo y del trapecio. ~ El Dr. A. Gaboí^ Tapia: La 
hemiplegia de la laringe, del velo palatino (faringe) y de la lengua, son 
los elementos esenciales cuya combinación constituye los síndromes estu- 
diados hasta ahora. Hay también un elemento accesorio; la parálisis del 
esternocleidomastoideo y del trapecio del mismo lado, que, sumada á las 
anteriores, amplifica los síndromes sin que sea preciso introducir modifi- 
cación alguna. 

Examinemos á la ligera estas combinaciones. La frecuencia de la hemi- 
parálisis de la laringe, acompañada de la del velo palatino del mismo lado, 
ha dado á dicho síndrome, estudiado á fondo por Avellis, cierta personali- 
dad con el nombre de este ilustre especialista de Francfort. 

A esta combinación sintomática se ha agregado la parálisis del esterno- 
cleidomastoideo y del trapecio (síndrome de Schmidt), que no es sino el 
síndrome de Avellis con participación de la rama externa del espinal. Si á 
la hemiplegia del velo y de la laringe se suma la de la lengua, el síndrome 
constituido así se llama de Jackson, y como los anteriores puede ir ó no 
acompañado de la parálisis de los músculos del hombro. 

No explicaré minuciosamente los casos publicados hasta ahora ; pero sí 
expondré algunos cuya característica es la asociación de la hemiplegia de 
la laringe y de la lengua, pero no del velo palatino. En estos casos pueden 
estar ó no paralizados los músculos del hombro. 

De cuatro casos que he observado, en uno había hemiplegia de la larin- 
ge y de la lengua, y parálisis del esternocleidomastoideo y del trapecio; los 
otros tres sólo padecían hemiplegia de la laringe y de la lengua. Poli cita 
tres casos más en los que se observó hemiplegia de la laringe y de la len- 
gua. En el primero, de Schiffers, no pudo averiguarse la causa de la enfer- 
medad; el segundo, de Leudet, fué debido, al parecer, á una infección; el 
tercero, de Hirt, fué precedido de un ataque de apoplegía. 

En realidad en estos tres casos, aunque el resultado final fué la hemiple- 
gia glosolaríngea, el mecanismo, sobre todo en el caso de Hirt, no es exac- 
tamente igual al de las observaciones que he recogido (lesión periférica). 
No conozco otros casos de esta combinación sintomática; no obstante me 
inclino á creer que no son los únicos, porque en el cuello hay una región 
conocida de todos, en la que los traumatismos y los tumores son suscepti- 



27S 

bles de destruir los nervios que presiden la moyilidad del lado respectivo 
de la laringe y de la lengua. 

¿Los casos referidos justifican la creación de un nuevo sindrome? Gomo 
las oombinacionos de loe síntomas que pueden observarse en la práctica 
son innumerables, el número de sindronies que podría descubrirse no tie- 
ne limites; pero creo que el que propongo tiene personalidad justificada 
por las observaciones, y porque se adapta perfectamente al desarrollo de los 
síndromes estudiados basta abora. En efecto, tomando como guía la hemi- 
plegia laríngea, y no olvidando quet á ésta (casos de Erb, Martius, etc.)« 
igual que á los síndromes conocidos, puede agregarse como elemento aece- 
sorio la parálisis de los músculos del bombro, se tendrá la serie siguiente : 

Hemiplegia de la larÍQge ) j a n- 

~ del Telo palatino { ®''^^~'»^ ^** ^^•"^•- 

Hemiplegia de la laringe ) _ , 

- d.UleDgaa , j Síndrome nuero. 

Hemiplegia de la laringe v 

~ del velo palatino | Síndrome de Jackson. 

— de la lengua . . ) 

81 á las agrupaciones anteriores se agrega la parálisis de los músculos 
del bombro, se tendrán los mismos síndromes amplificados con este nuevo 
elemento. Mas como el síndrome de Scbmidt se aplica de ordinario al de 
Avellis, amplificado por la rama externa del espinal, debe conservarse esta 
denominación antigua. 

Aleebolisma durante el embaraio y la lactancia. — El Dr. A. Muñoz Ruit de 
Pasanié manifiesta que el abuso de las bebidas espirituosas ha sido motivo 
de preocupación constante en todos los momentos bistóricos y pueblos 
del mundo, y en los tiempos actuales más, debiendo merecer preferente 
atención el alcoholismo durante el embarazo y la lactancia, por los graves 
y transcendentales perjuicios que produce; justifica la elección de este 
tema diciendo que está muy arraigada la idea de que el vino es muy con- 
veniente en la lactancia y aun en el embarazo, porque se cree que con él la 
mujer conserva mejor sus energías y se le aumenta la secreción láctea, y 
como, á su juicio, en vez de convenir perjudica, y el error tiene gran trans- 
cendencia social por los peligros que encierra, se permite hacer esta ligera 
comunicación por considerar el tema de verdadera importancia, tanto más 
cuanto que los errores populares son muy difíciles de extinguir, especial- 
mente si participan de ellos las clases más distinguidas y acomodadas, 
como sucede con el uso del vino en las nodrizas, pues no hay casa grande ni 
modesta en que no se les dé, aunque no le tengan afición, á menos de que 
no se haga una propaganda enérgica, bajo la base de lo que se dice y se 
toma en consideración en las Academias y sobre todo en los Congresos in- 
ternacionales, y entrando de lleno en el fondo de la cuestión, afirma que el 
uso del vino en el embarazo y la lactancia puede perjudicar á la mujer en 
algunos casos y al nifio siempre, y la razón es muy clara. 

A la mujer, porque además de poder exagerar la costumbre de beber, si 
la tiene, ó de adquirirla en caso contrario, es fácil que al eliminarse por el 



276 

rifiÓD detennine alteraciones epítélicas y, por oonaigaiente, albaminariaa 
seguidas de nremia, á lo qae está predispuesta toda mujer embarazada, de- 
terminando, por tal motiyo, muchas Tepes el aborto. 

En comprobación de esto último presenta una estadística de mujeres que 
tenían la costumbre de hacer uso del yino con exceso durante la comida, y 
no pudieron conseguir tener ni un solo hijo, pues antes de llegar al séptimo 
mes de embarazo abortaban, yendo precedido el aborto de albuminuria y 
fenómenos urómicos, y que después que perdieron tal costumbre tuYieron 
todas hijos en las mejores condiciones de salud. 

En esta comunicación el Dr. Pasanis aborda también la cuestión de si el 
alcohol es ó no alimento, y después de discurrir sobte la materia, no poco, 
se declara partidario, de que es un estimulante á pequefias dosis, y á gran- 
des un deprimente y hasta un aneetésico. 

El Tino, pues, dice, administrado en cantidades prudenciales á la hora 
de las comidas, y diluido en agua, puede aumentar la secreción láctea como 
la de todos los tejidos glandulares; pero este aumento, ¿es conTeniente al 
nifio? De ningún modo. 

El alcohol que se elimina por la glándula mamaria mezclado con la le- 
che, y que no es poco según los trabajos de Niclouz, puede ser cansa de 
grandes trastornos del aparato digestí yo y del sistema nerTioso, toda Tez 
que el nifio está predispuesto á padecerlos durante la eyolución dentaria, y 
el alcohol los produce en sujetos que no tienen gran predisposición. 

Entra también en consideraciones spbre la posibilidad de que la im- 
pregnación etílica que sufre el organismo del nifio por medio de la leche 
puede serTÍr de fundamento para que llegue éste más tarde á ser alcohóli- 
co, por arrancar el alcoholismo de una necesidad orgánica establecida por la 
costumbre, y más toclaTía si la impregnación comienza en el embarazo, por 
pasar el alcohol de la sangre dría madre á los tejidos del feto ; refiere mu- 
chos casos de accidentes sufridos por los nifios como consecuencia de haber 
sido amamantados por mujeres que hacían uso del Tino en las comidas, y 
termina formulando la conclusión de que el uso de toda bebida espirituosa 
debe proscribirse durante la lactancia y el embarazo, no sólo por ser muy 
perjudicial en todos ios casos á los nifios, y en algunos á las mujeres, sino 
también porque asi se atacaría el alcoholismo en sus orígenes quizá más 
sólidos. - P. ToLKDO. (OanHnuará). 



8O0ISDAD DB MBDIOINA DB BBBLÍN 

Séiián del día 27 dé Junio dé 1906. 

Hernia isquiátiea. — El Dr. SchonBtedt presenta un enfermo que tiene en la 
región del agujero isquiático un tumor que sobresale cuando hace funcio- 
nar la prensa abdominal, y que se puede reducir por completo. A causa de 
las molestias que determina se Ta á proceder muy en brcTC á la operación 
radical. » 

Otteema del etmoidet.— El Dr. P, Heymann presenta una muchacha que 
tiene esta afección, y que á causa de la deformidad que produce en la flso* 



277 

Domift y de U tendencia á crecer qae siempre tienen estos tamores, se hace 
necesario proceder á sa extirpación. 

El Dr. De Bergmann hace observar que en estos osteomas es frecuente que 
se presenten precisamente en loe mismos sitios en donde se obserran cefal- 
hematomas, siendo muy común que subsistan muchos afios después de estos 
últimos. 

Penetraeién de frirutas de hierre en ol o]e.— El Dr. Tütk presenta un hom- 
bre que ha sufrido la penetración de una viruta de hierro en un ojo. * El 
cuerpo extrafio perforó la córnea, el borde de la pupila y el cristalino, y se 
fijó al parecer en la retina. Por medio del electro-imán de Haab se consi- 
guió hacer visible la viruta en la córnea, y desde aquí se extrajo con el 
imán de mano de Hirschberg. Posteriormente fué necesario practicar una 
discisión ddl cristalino. Aun hoy en día el iris presenta una coloración cla- 
ramente herrumbrosa. La vista se ha conservado bien. 

Tamer varioeto de origen traumático. — El Dr. Zondeh refiere el caso de 
una joven de veintiséis afios que hará unos seis meses llevó un golpe en la 
cabera á consecuencia de haberse caído por la escalera, sin sentir por de 
pronto ningún accidente de resultas de dicha caída. Pero después se des- 
arrolló delante del oído un tumor doloroso y del tamafio de un huevo de 
paloma. Es de advertir que este tumor sólo se hace visible cuando la pa* 
cíente inclina la cabeza hacia adelante, y también en el decúbito lateral, 
sobre todo en el del lado iasquierdo. El tumor se deja comprimir, la piel . 
que le cubre está normal, y cuando la enferma está de pié se puede hacer 
visible comprimiendo la vena yugular. Si se comprimen al mismo tiempo 
las venas temporales y craneales exteriores y las venas del cuello, y se hace 
después que la enferma agache la cabeza, también sobresale el tumor, de- 
duciéndose de todo esto que debe de comunicar con las venas intracra- 
neanas. 

La causa de esta dilatación varicosa de las venas es obscura ; probable- 
mente tiene alguna relación con el traumatismo sufrido anteriormente. 
Gomo tratamiento no se puede hacer otra cosa que aconsejar á la paciente 
que se agache poco y que lleve en la parte respectiva una pelota que la 
comprima. 

Espina bfflda.--El Dr. Boekenheimer presenta varios nifios de la clínica de 
Bergmann, que padecen de diferentes formas de espina bífída. En las fisu- 
ras congénitas del dorso hay que distinguir las siguientes variedades: a) la 
raquúguiiis^ que es la falta completa de la cubierta de todo el conducto 
medular; esta monstruosidad no tiene interés clínico, porque los fetos que 
la presentan no pueden vivir; b) el mielocele^ en el que también falta por 
completo la cubierta, pero tan sólo en una parte de la médula. Al mismo 
tiempo existen parálisis que no son capaces de mejoría aun en el caso de 
que por medio de una operación se pudiera curar la espina bífída como tal. 
Estos nifios también sucumben muy pronto ; c) el mielocistocele, que no se 
produce hasta después de cerrada la hoja córnea, y por lo tanto está cu* 
bierto por piel. La dura madre está herniada á manera de diverticulo. 
Oomprimiendo el saco, mientras no está separado del resto del saco dural, 
se consigue provocar la distensión de las fontanelas y la aparición de sín- 
tomas de compresión cerebral. En estos casos no hay parálisis y la piel está 



278 

intacta, mientras no se altere por la compresión. La operación consiste en 
la extirpación del saco; d) meningocele. Sólo se presenta en la cola de caba- 
llo y se desarrolla como tamor pednncnlado de la región sacra. También 
en estos casos está intacta la piel y falta toda parálisisJ 

La espina bifída oculta no merece contarpe como ana forma especial, 
puesto que puede desarrollarse de las indicadas con las letras b^eyd. 

De todas las formas mencionadas, el meningocele es el que se presta me- 
jor á la operación, con tal que ésta se ejecute en tiempo oportuno. De seis 
de estos casos que f nerón operados, todos se curaron. De 20 mielooistoce- 
les operados se curaron 14, algunos de ellos ya de varios afios. 

Luxación del attrágalo.^El Dr. Kulick presenta dos casos de luxación del 
astr^gaio sin fractura concomitante. Ambos casos se produjeron por el he- 
cho de que el cuerpo se cayó hacia atrás mientras "íel paciente quedó colga- 
do con el pié. una de las fracturas fué subscutánea, la otra complicada; 
en la primera se consiguió fácilmente la reducción, en la segunda fué ne* 
cosario para ello proceder por ría cruenta. Sobrevino después supuración 
que obligó á proceder á la extracción del hueso, quedando como consecuen- 
cia una posición de Taro tan exagerada, que fué menester resecar ios ma- 
leólos. A consecuencia de esto se formó una anquilosis con ligera tendencia 
del pié á colocarse en posición de varo. Sin embargo de esto, la enferma 
puede andar perfectamente con una bota provista de férulas. 

{Deutsche Meditinal Zeitung),—^. del Valle. 



PERIÓDICOS 



El radio y el virus rábico.— Según loe Dres. G. Tiszoni y A. Bongiovami, 
las radiaciones del radio actuando á una temperatura de 12 á 15* sobre virus 
rábico contenido en un tubo de reactivo, destruyen su virulencia en muy 
corto tiempo. Si la acción del radio ha durado una hora, los animales in- 
yectados con este virus tardan más en morir que los testigos, y en ves de 
presentar los síntomas ordinarios de la rabia, sucumben más bien de dema- 
cración lenta (diez días), y en cambio los animales testigos mueren con los 
síntomas de la rabia paralitica. 

También son eficaces las radiaciones del radio cuando se somete á ellas 
el animal en el momento de ser contagiado, lo mismo cuando este contagio 
se verifica por oí ojo que cuando se realiza por el cerebro ó por el nervio 
ciático. En estos animales sólo se observa una ligera elevación de tempera- 
tura, una disminución transitoria de peso y un poco de rigidez ó de debili- 
dad en el cuarto trasero, por la misma época ó un poco despnés en que ya 
han perecido los animales testigos. Algunos de los animales del grupo tra- 
tado con el radio, estaban aún completamente sanos á los treinta y ocho 
días de haber sido inoculados. 

Se observó además que la aplicación de las radiaciones del radio al ojo, 
ocho horas en ocho días seguidos, es capaz de obrar sobre focos de infección 
hasta muy distantes (ciático). Se obtiene el mismo resultado usando el ra* 



279 

dio aoa hora despnés de efectuado el contagio, pero no si se dejan trans - 
corrír veinticoatro horas. 

* Después emplearon los autores el radio de modo que su acción fuera más 
intensa, inyectando debajo de la dura madre 04 cm' de yirus diluido con 
caldo en la proporción de 1 al 2 por 100, haciendo obrar después el radio 
á mayor concentración y por más tiempo, sin que por ello se presentara la 
menor alteración de la vista. De esta manera se logró salyar animales que 
fueron sometidos al tratamiento cuarenta y ocho, ochenta y seis y noyenta 
y cuatro horas después de haber sido inoculados, ó sea cuando la enferme- 
dad ya había recorrido V4 á Vs de su camino, puesto que los animales tes- 
tigos murieron generalmente á los seis días de inoculados. El tratamiento 
fué útil hasta en casos en que ya se había desarrollado la enfermedad, «un- 
que en plazo más ó menos largo, según la gravedad de los síntomas. 

De lo dicho se deduce que, en el tratamiento de la rabia, el empleo del 
radio merece tanto aprecio como la vacunación antirrábica. 

(FolicUmqueX — 'R. dbl Valle. 

Slntomatologfa en ios casos gineeológlcei.— Harrison cree que la síntoma- 
t<4ogía suministra datos importantes para hacer un diagnóstico ginecoló- 
gico exacto. La menorragia ó metrorragia indick la hiperplasia del endo- 
metrio, Ó una ncoplasia, benigna ó maligna, ó una dislocación del útero. 
La amenorrea es indicio de oclusión de las rías genitales, de un desarrollo 
rudimentario ó de la falta de útero ó de los ovarios. Significa también una 
enfermedad constitucional consuntiva. La dismenorrea se cree que es una 
neurosis en la que existe una contracción espasmódica del músculo uterino, 
aceptándose la teoría mecánica al menos en muchos casos. La esterilidad 
puede depender de un estado anormal de los órganos genitales de la mujer, 
pero otras veces la causa reside en los órganos masculinos. El estreñimien- 
to, frecuente en las enfermedades de los órganos pelvianos, es un resultado 
más que una causa. El histerismo consiste muchas veces en una enferme- 
dad de los órganos pelvianos y suele curar al extirparse el órgano enfermo. 

Bissell afirma que el dolor lumbar suele atribuirse erróneamente al pri- 
mer signo objetivo que se descubre. Es preciso averiguar cuidadosamente 
las causas y reparar las lesiones verdaderas ó supuestas sólo cuando hay 
cierta seguridad de que tienen importancia. El dolor lumbar, para que sea 
un síntoma de valor, necesita ir acompañado de ciertos estados morbosos. 
Los traumatismos de los órganos genitales pueden constituir este síntoma, 
pero las enfermedades de los apéndices y las dislocaciones uterinas son mu- 
chas veces causas más importantes. 

(Medical News, 2 junio 1906). — P. Toledo. 

Peligros de la sobroaiimentaoián en los tuberculosos.— En concepto del 
Dr. Monisset, la sobrealimentación tiene sus peligros en los tuberculosos, 
sobre todo en los adultos; á veces produce una especia de intoxicación, 
disminuyéndola absorción y la asimilación y aumentando la fermentación 
y los residuos en el intestino. En estos casos puede suceder que el aumento 
del peso del cuerpo coincida con una agravación de las lesiones pulmona- 
res. En un tísico febril se agravó el proceso tuberculoso, no obstante ha- 



280 

ber aumentado de peso 20 libras en seis meses. Debe considerarse como 
suficiente nn aumento de 250 gramos por semana. Algunos tuberculosos 
sobrealimentados se hacen hiperclorhidricos y dispépsicos, presentando 
también, como consecuencia, no del mal sino del régimen alimenticio, al- 
buminuria y bronquitis. 

Son buenos alimentos para el tuberculoso: los hucYoe en cantidad mode- 
rada, la leche, pero sin llegar i los dos litros diarios, y la carne cruda, 
pero sólo en sustitución de la cocida. — (Lyon medical). — R. dbl Vállb. 

Deeinfeecián de las manos. — El Dr. Schumburg deduce de sus experi- 
mentos, que la práctica antigua de lavarse' las manos con agua y jabón, es 
más perjudicial que útil, porque en muchos casos hay más bacterias en las 
manos después del lavatorio que antes, i causa de ser atraídas clesde las 
criptas glandulares á la superficie. El lavatorio con sublimado que acos- 
tumbra á haperse después, sólo sirve para poner áspera la piel. Lavando 
las manos durante minuto y medio ó dos minutos con alcohol rectificado, 
quedan libres casi completamente de bacterias. El éter empleado de igual 
matiera no es tan eficaz. La mezcla de dos partes de alcohol por una de éter 
es más eficaz que el alcohol ó el éter solos; su acción mejora afiadiendo á 
esta mezcla el Vt por 100 de HNO. Para la limpieza son preferibles las to- 
rundas de algodón á los cepillos. El uso de un antiséptico después del la- 
vatorio es poco eficaz, pero la disolución de peróxido de hidrógeno al 5 por 
100 disminuye en ciertos casos el número de bacterias. Los experimentos 
practicados con la tintura de jabón verde prueban que elimina el 90 por 
100 de las bacterias, pero Schumburg cree que este efecto es debido al al- 
cohol más que al jabón. 

(The Therapeutic Oazette, 15 junio 1906).— F. Tolbdo. 

Tratamiento médico do la estreohei diftérica de la laringe. — una parte de 
los casos de estrechez laríngea que se observan en la difteria es debido, no 
á las falsas membranas, sino á la tumefacción edematosa de la mucosa. 
G a ando se emplea el suero antidiftérico pronto y á dosis suficiente, se 
puede confiar en que se llegará á vencer el obstáculo respiratorio en las 
veinticuatro horas siguientes. Con tal objeto, recomienda el Dr. Hecht 
practicar varias veces al día pulverizaciones laríngeas con el pulverizador 
de vapor, y si es preciso con una disolución de cocaína y adrenalina, y para 
calmar la disnea el opio al interior. De este modo se puede evitar la trá* 
queotomía, que tiene, entre otros inconvenientes, el de que suprime la res- 
piración nasal. Esta supresión á su vez favorece la implantación y desarro* 
lio de estreptococos, pneumococos y de otros microbios en la mucosa respi-^ 
ratona, infecciones mixtas que pueden acabar con un organismo, ya sin 
necesidad de esto, bastante debilitado. 

{Therapeutiscke Monatehefte).^^, del Valls. 



REVISTA 



DB 



MEDICINA Y CIRUGÍA PRÁCTICAS 



LA ANESTESIA aOROFÓRMIGA T LAS CARDIOPATÍAS 

f 

»0B n DOCTOR 

D. RICARDO GONZALO MARTÍNEZ 

Médico segando dol Cuerpo d« Sanidad mlliUr. 



Es creencia común y quizá demasiado vulgarizada entre algunos 
médicos, la de que la anestesia clorofórmica'se halla contraindica- 
da en todo cardiaco; creencia indudablemente fundamentada, y no 
sin razón, en los accidentes que de vez en cuando se observan con 
el cloroformo en enfermos cardíacos, y- á veces en otros, que sin 
apariencias de ello, lo son igualmente, 

Pero estudiando detenidamente el gran grupo de las cardiopatfas, 
se ve desde luego que no todas ellas ofrecen idénticos peligros á la 
anestesia, y que precisamente aquellas que lo ofrecen en más alto 
grado, son las de más difícil diagnóstico; razón esta última que tal 
vez explique el por qué de muchos accidentes cloroformices y aun 
el de algunas muertes. 

Bajo el punto de vista del objeto que yo me propongo en este es- 
tudio, podríamos dividir en general las cardiopatías todas en lesio- 
nes de pericardio, miocardio y endocardio, y podría también decir- 
se de un modo general, que las miocardíticas precisamente eran 
aquellas de más difícil diagnóstico y de mayores peligros para la 
cloroformización. 

Rara vez la pericarditis ha sido causa de accidentes cloroformi- 
ces; si es seca, porque entraña escasa dificultad á las contracciones 
cardíacas, y si con derrame, porque éste se diagnostica pronto y 
bien y en tal caso no se anestesia al enfermo. Únicamente en aque- 
llos casos en que la pericarditis, por ser de larga fecha ó haber pa- 
Affo XXX. - Tomo LXXII. - Núm. 944. - 28 Agosto, ISX». 29 



282 

Bado desapercibida en el curso de una enfermedad infecciosa agu- 
da, se ha propagado á la ñbra muscular, y este comienzo ya de 
miocarditis, podríamos decir latente, pudo producir algún acciden- 
te cloroíórmico, rara vez mortal. 

Algo parecido le ocurre al endocardio, pero con la diferencia que 
éste puede propagar su lesión directa, aunque difícilmente, al mio- 
cardio, como lo hacía el pericardio, pero con más facilidad y por su 
especial disposición á las válvulas cardíacas. 

Ahora bien, ¿la lesión valvular por sí sola constituye contrain- 
dicacióoTclorofórmica? Indudablemente no; pues si el miocardio es 
fuerte y potente, si la contracción muscular es enérgica y vigorosa, 
si existe suficiente miocardio^ es decir, si la lesión está bien compen- 
sada, él vencerá los cambios de presión circulatoria que existen en 
los diferentes períodos de la anestesia; pero en el caso contrario, el 
sincope primitivo ó tardío será la consecuencia. 

Por lo tanto, sólo en lin período de la enfermedad valvular es 
cuando estará contraindicada la anestesia y es en el llamado mró- 
valoular; es decir, aqAiel en el cual las cosas han llegado á tal pun- 
to, que el mismo enfermo se diagnostica y ningún médico segura- 
mente anestesia; pues en aquel otro en que sólo exista la lesión val- 
vular más ó menos extensa, pero aun con robusto miocardio y sa- 
nas arterias, muchas veces hasta pasa desapercibida la lesión para 
muchos cirujanos poco avezados á la auscultación, y la anestesia 
se realiza sin peligro ninguno. 

Vemos, pues, que tanto las lesiones pericardíticas, como las en* 
docardíticas y valvulares, sólo constituyen en general verdadera y 
formal contraindicación para la anestesia, cuando su lesión, pro- 
pagada á miocardio en las endo y pericarditis, ó insuficiente éste y 
dilatado, por exceso de presión, en las valvulares, llega á consti- 
tuir un punto de menor resistencia, que muestra su flojedad, cuan- 
do se le somete á prueba con las variaciones de presión sanguínea 
ó exceso de estímulo nervioso, en la anestesia. 

Y de intento dejé para el flnal el estudio de las contraindicaciones 
en las miocarditis, por ser las más frecuentes como dije antes, las 
más importantes, las de más difícil diagnóstico en algunas de sus 
formas y las que podríamos decir, que en sí, resumen las contrain- 
dicaciones todas de la anestesia. 

Ya señalé más arriba algunas de las formas de insuficiencia de 
miocardio de fácil diagnóstico, como la propagada de peri ó endo- 
cardio, la insuficiencia miocardftica de final de lesión valvular, et- 



283 

cétera, todas ellas de grosero y í&cil diagnóstico. Pero existen otra 
porción de ellas, de causa y mecanismo genético distinto, que por 
«er así, y por no ir acompañadas de lesiones extraaas á miocardio 
como aquéllas, sólo dan síntomas de ñbra muscular cardíaca, y 
t^omo es natural, funcionales de circulación ; á más de otros, enla- 
zados coi^ la causa de la lesión, en diferentes órganos; razón por 
la cual son de difícil diagnóstico á la par que de extraordinaria 
gravedad para la anestesia. Y se comprende que así sea, pues sien- 
-do toda la lesión de ñbra muscular cardiaca y la miocarditis el prin- 
cipal peligro de la anestesia, sólo ella será la que responda con la 
-alteración de su función, y en ella es donde más Ajaremos la aten- 
ción, pues que ella será la que n;iayores sorpresas nos producirá, 
cuando sin aparente lesión cardíaca, la anestesia, no obstante, nos 
produzca muertes, para algunos cirujanos incomprensibles é inex- 
plicables por la falta de una detenida y anterior exploración car- 
díaca y el ir acompañadas de síntomas que enmascaran U causa 
verdadera de la muerte. 

En efecto, las enfermedades infecciosas todas, obrando principal- 
mente sobre miocardio, las intoxicaciones y auto-intoxicaciones de 
clase distinta, haciéndolo igualmente sobre mió y endocardio; y 
unas y otras, en especial las últimas, envejeciendo vasos y esclero- 
sando órganos, son causas que siempre debemos investigar y pesar 
su valor, entre los antecedentes de todo enfermo, pero más particu- 
larmente de aquellos cardíacos que tratamos de explorar para la 
anestesia. 

Podríamos decir, en términos generales, que de dichos dos gran- 
eles grupos etiológi'cos de angiocardiopatiaa, cada uno de ellos ofre- 
ce especial importancia en las dos formas principales de miocardi- 
tis, y asi vemos, que la miocarditis aguda se manifiesta en el curso 
de las enfermedades infecciosas (en algunas de ellas con predilec- 
ción, como la tifoidea, por ejemplo) y rara vez ó nunca durante ella 
se ocurre anadie anestesiar, y la miocarditis crónica, la más intere- 
sante á nuestro objeto, es lesión de sorda evolución, como correspon* 
de á su etiología de intoxicaciones crónicas y auto-intoxicaciones 
repetidas, extrasomáticas, rara vez microbianas, antiguas miocar- 
ditis agudas y lesiones valvulares (alcoholismo, tabaco, plomo, siñ- 
Hs, etc., y sus consecuencias arterio-esclerosiM), así como también á 
su especial manera de desenvolverse por sucesivas aunque obscu- 
ras etapas, si un accidente (angina de pecho, rotura arterial, et- 
cétera), no interrumpe su marcha. 



284 

Es, por tanto, la miocarditis crónica en cualquiera de sus perfo» 
dos, la principal causa de accidentes desgraciados é imprevistos eo 
la anestesia, y estudiando, como lo vamos haciendo, su etiología, nos 
convenceremos de la lamentable frecuencia con que la muerte en 
ciertas anestesias se atribuye á procesos que enmascaran la causa 
verdadera; como estudiando luego su sintomatología nos convence* 
remos de las dificultades que encierra su diagnóstico para los no 
acostumbrados á esta clase de minuciosas exploraciones cardíacas» 
no por minuciosa^ desprovistas de una grandísima importancia en 
toda clase de cardiopatlas. 

En efecto, rara vez el conjunto de todas aquellas intoxicaciones 
é infecciones que antes marcábamos (sífilis, alcohol, tabaco, infec- 
ciones anteriores, etc.)» lesionan directamente y por sí mismas la 
fibra muscular cardíaca y su tejido intersticial, como no lesionan 
tampoco de este modo la de otros músculos; sino que, como es bien 
sabido, todos ellos son venenos que por uno ú otro mecanismo de 
los admitidos (1), llegan á lesionar hondamente las paredes vascu» 
lares, originando el proceso general de arterio-esclerosis, regiona- 
lúado luego por la función especial de cada órgano; siendo, por 
tanto, la enfermedad del órgano, en la mayoría de las ocasiones, 
consecuencia de la de sus vasos. Es asimismo bien sabido el por 
qué á proceso tan generalizado como el arterio -escleroso, corres- 
ponde un cuadro morboso á veces tan localizado como la hemorra- 
gia cerebral, la angina de pechó, la cirrosis hepática, la miocardi- 
• tis crónica, la parálisis general, etc., etc.; paradoja explicable por 
el examen minucioso de los motivos que hubo en cada caso, para 
que un órgano manifieste su lesión antes ó á la vez que otros, cuya 
causa de enfermedad es la misma. Por eso, cuando en el curso, al 
fina) ó después de una anestesia clorofórmica en un enfermo arterio- 
escloroso, éste muere, el cirujano suele atribuir la muerte á los sín- 
tomas más ostensibles que manifiesta el primer órgano, á veces va- 
rios á un mismo tiempo, cuando la mayoría de las ocasiones no son 
sino las hondas y silenciosas lesiones de una esclerosis miocarditis 
ca tas verdaderas causantes de la muerte ; pero claro está, como no 
es sólo el miocardio el lesionado en sus vasos, sino que esclerosadas 
están las arterias del riñon, hígado, cerebro, etc., y por tanto en 
ellas también se dejan sentir los efectos de la anestesia, la anuria, 
la intoxicación hepática, las congestiones y hemorragias cerebra- 

(1) VéaDse laí io^epioflas teorías expuestas en los tratados de Medicina, 
para explicar el proceso f^eneral arterio-esoleroso. 



285 

les^ el delíríum tremeas, etc.^son episodios que estallan á un mismo 
tiempo que la miocarditis y tapan y enmascaran la causa más gra- 
ye, y la mayoría de las veces, aunque no todsts, la ilnica que origi- 
na la muerte en tales casos, porque es innegable que en semejantes 
momentos, los bulliciosos y alarmantes síntomas de un delirium 
tremens, por ejemplo, llaman aesde luego mucho más la atención 
que los graves, solapados y silenciosos de una miocarditis esclero- 
sa, y es indudable que ambas lesiones juntas en un mismo enfer- 
mo, como no es infrecuente, porque poseen igual etiología, sea esta 
última y no aquélla la causante de la muerte, y por tanto, la que 
más debe llamar la atención del cirujano para atenderla, á pesar 
<le sus escasas ó nulas manifestaciones exteriores. 

Ahora bien; si en lo etiológico nos hemos convencido de la facili- 
dad con que en las anestesias, procesos más leves, aunque de sínto- 
mas más exagerados y ostensibles, ocultan los más graves y de sin- 
iomatología menos aparatosa; creo que en lo sintomatológico ha- 
bremos de convencernos también de las dificultades que entraña el 
diagnóstico de estos últimos, para precaver sus desastres con opor- 
tunidad, ya que una vez producidos son tan difíciles de combatir. 

Fiel á la etiología y patogenia que se asigna á esta clase de proce- 
sos, la sintomatología de la miocarditis crónica se amolda de ma- 
nera admirable á ellas; y asi como lesión de vasos primero, de ór- 
gano después y parenquimatosos al final, son las etapas y evolución 
general del proceso arterio-eseleroso; de la misma manera el cora- 
zón, dentro de su especial manera de padecer, en la miocarditis cró- 
nica se amolda al plan general y la sintomatología de la arterio*es- 
clerosis generalizada es su preludio, la de sus propios vasos después 
( coronaritis) y la de su parénquima al final, con la propia, claro 
está, de su especial anatomía ( trastornos valvulares). 

Por eso señálanse en Patología y se ven en la clínica con atento 
examen tres grandes períodos en la miocarditis crónica: arterial^ 
cardio-arierial y valvular] cada uno de los cuales posee sintomato- 
logía propia, clara y precisa, y gravedad distinta para las anes- 
tesias. 

Se haría labor demasiado extensa á mi objeto, si de una manera 
detfillada y minuciosa fuese exponiendo los múltiples y preciosos 
síntomas de la miocarditis crónica en sus distintos períodos, por 
otra parte de todos conocidos; por eso sólo haré mención de un 
modo general de los más interesantes, haciendo notar y demostran- 
do los peligros que la enestesia entraña en cada uno de ellos. 



286 

La miocarditis crónica, mejor llamada esclerosis del miocardio 6 
cardio-esclerosis, localización regional en la mayoría de los casoa 
del proceso general de esclerosis vascular, no puede ofrecer en su 
primer periodo, cuando es de tal origen, más sintomatologia que la 
del aparato vascular dominando sobre la suya propia, excepto á la 
que á sus propios vasos se reñere ; por esta razón se le denomina pe- 
ríodo arterial. En él hállase ya constituido el proceso general angio- 
escleroso, quizá habiendo ya lesionado órganos tan nobles como e\ 
cerebro ú otrps de no menor importancia, constituyendo las formas 
asociadas de miocarditis crónica (cardiocerebral,*cardiorrenal, car- 
diohepática, etc.) y la sintomatologia vascular con aún escasa par- 
ticipación cardiaca, á lo sumo con antecedentes que puedan hacer- 
nos sospechar que en el corazón se va á localizar lo escleroso, es lo 
que constituye el cuadro clínico de este primer período. Por todas 
estas razones, su sintomatologia, como es bien sabido, la constitu- 
yen por parte del aparato vascular la hipertensión arterial con to- 
das sus consecuencias y fenómenos arteriales y orgánicos perfecta- 
mente lógicos, que se convierten en preciosos síntomas; razón por 
la cual, el pulso es duro, tenso, concentrado y á veces pequeño, ca- 
racteres que retrata con maravillosa precisión el trazado esñgmo* 
graneo; la orina aumenta en cantidad, hay disnea de esfuerzo, ten- 
dencia á las congestiones viscerales y hemorragias mucosas (epix- 
tasis, hemoptisis ligeras, etc.)» algideces locales, cefalalgias, vérti* 
gos, etc., etc., y por parte del órfi^ano cardíaco pequeñas modifica- 
ciones de auscultación^ que si por si solas nada dirían, unidas á todo 
lo anterior que, como dije, es lo dominante en este período y con- 
secuencia natural de la hipertensión arterial, vienen como á 
anunciarnos el comienzo del proceso miocardítico. Nótase, en efec- 
to, por los avezados á la auscultación, no ruidos anormales, pero si 
modificaciones de las condiciones sonoras normales de los tonos 
cardíacos, el primero de los cuales es más prolongado y fuerte, á ve* 
ees con tendencia al desdoblamiento; siendo el segundo brusco,, 
fuerte, más acentuado y de mayor intensidad; más corto el peque- 
ño silencio y de más larga duración el mayor, y vigoroso el choque 
de la punta en la pared costal. 

En este periodo hállase ya contraindicada la anestesia de una 
manera formal, pues que los cambios bruscos de presión á que la 
sangre se halla sometida en sus distintos períodos, en este estado ya 
hipertensivo suelen ser causa de sincopes clorofórmicos, primitivos 
ó tardíos ; á más de que con certeza no podemos saber el grado ín- 



287 

tensivo de lesión miocardítica que pueda existir, causa verdadera 
del síncope cardíaco. 

Es este el periodo que más sorpresas acarrea á los cirujanos y el 
de consecuencias más funestas, pues siendo, como se ve, el de sin- 
tomatologia más difusa, por decirlo así, es el de más difícil diagnós- 
tico y aquel en el cual, bajo las apariencias de una integridad car- 
diaca casi perfecta, existe una lesión arterial, quizá profunda, cau- 
sante de la muerte en la mayoría de los casos, por el sencillo mecat 
nismo que voy á exponer y de todos perfectamente conocido. 

En este primer periodo arterial de la miocarditis crónica, es decir, 
en este momento de la evolución general del proceso miocarditico, 
en el cual, aunque quizá sin lesión verdadera de miocardio, los va- 
sos que le riegan se hallan ya'lesionados hondamente, prodúcese en 
el corazón, como no podía menos de suceder lo que vemos ocurre en 
todos los demás órganos cuando el proceso general arterio-escleroso 
va lesionando las arterias especiales de cada uno de ellos; la endo- 
arteritis generalizada, primera etapa lesional del proceso arterio- 
escleroso, disminuye notablemente la luz vascular, y por consecuen- 
cia, el riego sanguíneo del órgano que nutren ; escasez de riego san- 
guíneo que no puede menos de traducirse, por una disminución en 
la actividad funcional del órgano, y de aquí las primeras manifes- 
taciones de la lesión esclerosa de sus vasos, con las tan conocidas 
insuficiencias funcionales renal, hepática, cerebral, cardiaca^ etc. ; 
trastornos ligeros, pasajeros, fugaces, al parecer sin importancia, 
como corresponde al mecanismo que los produce, pero lo suficiente 
demostrativos para el clínico experto. 

Ahora bien, si un órgano insuficientemente regado, por lesión de 
^sus vasos, muestra su insuficiencia funcional, ¿no ha de mostrarla 
doblemente y con más riesgo de la función que desempeña, cuando 
el organismo ó nosotros le exigimos doble cantidad de actividad^ 
Indudablemente sí; y si la naturaleza de la función que desempeña 
no es cual la del hígado ó el riñon, sin cuya función puede vivirse 
algún tiempo, aunque poco, sino como la del corazón, indispensable 
á la vida en todos los momentos, comprenderemos claramente el 
por qué de los accidentes, á veces de la muerte misma, en los en- 
fermos anestesiados en su primer período de miocarditis crónica 
(coronaritis) y el por qué estar formalmente contraindicada la 
anestesia en dicho periodo. 

Tal explicación, como se ve, no es sino la misma que Potain daba 
para explicarlas meiopragias orgánicas; los órganos lesionados en 



sus vasos, son órganos ipeioprágieos, cojos en su función, que mues- 
tran su cojera funcional cuando el propio organismo ó artiñcial- 
mente nosotros, se le exige mayor función que la ordinaria. 

Nada vale, pues, en este periodo, como quieren algunos cirujanos, 
que la anestesia se haga con precauciones exquisitas y exigua can- 
tidad de cloroformo, pues los más exquisitos cuidados no pueden 
evitar el sincope cardiaco tardío, como tampoco es posible, en la ma- 
yoría de los casos, el empleo de pequeñas cantidades de cloroformo, 
por tratarse las más de Sas veces de sujetos alcohólicos. 

Y si así es para el primer periodo, itendré necesidad de demostrar 
que doblemente está contraindicada la anestesia en el segundo? La 
ligera exposición del cuadro clínico lo hará notar mejor que nada. 
Ya en él la lesión de miocardio es honda y se traduce por nuevos fe- 
nómenos; el choque precordial violento, y aun fuerte, hace contras- 
te con el pulso, ya débil y pequeño; hállase descendida y desviada 
la punta cardíaca hacia abajo y afuera, y ambas zonas de macidez 
son más extensas, consecuencia todo de su hipertrofia; la lesión de 
la ñbra muscular cardiaca hace igualmente al pulso irregular, de- 
sigual é intermitente; la taquicardia ó labrsulicardia, el pulso bigé- 
mino ó trigémino, etc., etc., son síntomas todos de este período, que 
se refuerzan y complementan con los más preciosos que la auscul- 
tación descubre y no menciono por ser sobradamente conocidos. 

Es este periodo el más rico en terribles y mortales novedades, pues 
el edema agudo del pulmón, la rotura arterial, el agudo dolor pre- 
cordial, cuyo grado máximo se ve en la terrible angina de pe- 
cho, etc., son accidentes mortales que si en cualquier momento pue- 
den ocurrir en un enfermo vascular, se ofrecen sobre todo en este de 
la miocarditis crónica, pero con más motivo cuando por cualquier 
medio exijamos al corazón lesionado mayor trabajo que el que pue- 
da producir. 

Y por último, en vano intentaría demostrar las contraindicaciones 
de la anestesia en el último periodo de la miocarditis crónica; pues 
las lesiones valvulares ya establecidas por mecanismos y evolución 
genera] tan distinta á las lesiones valvulares endocardíticas y de 
todos perfectamente conocidas, es cuadro clínico final miovalvular, 
de la mayoría de las cardiopatlas, en el cual, como dije al princi- 
pio, el mismo enfermo se diagnostica y á ningún médico seguramen- 
te se le ocurre anestesiar. 



289 



NOTAS CLÍNICAS 



I. Tratamiento de las qnemadorae oon el agua oxigenada.— IJ. ün caso 
de polmonia.— IIl. Oomplioación rara del sarampión. 



Nuestro estimado suscriptor, D. Orencio Pellicer, médico titular 
de la Muela (Zaragoza), nos da cuenta del caso siguiente : 

Un sujeto de veinticuatro años se cayó & una caldera de agua hir- 
viendo, y & consecuencia de este accidente, sufrió una quemadura 
de todo el miembro inferior izquierdo, quemadura que se agravó 
por haberle quitado sin precaución la ropa interior y el peal, antes 
de haberse presentado nuestro compañero. 

Por razón de la mucha distancia á la farmacia más próxima, se 
decidió & curar la quemadura con vaselina fenicada, que pudo pre- 
parar en el acto, y al quitar al df a siguiente la cura se apreció el 
levantamiento de la epidermis y la formación de flictenas que abrió, 
desprendiendo dicha epidermis y dejando al descubierto el dermis, 
á fin de favorecer la mejor limpieza de la herida, aun á trueque de 
aumentar ios dolores. Mas lejos de suceder esto último, los dolores 
fueron menos intensos que el día anterior, siendo de advertir que 
además de la vaselina fenicada, se hacía la cura con gasayodofór- 
mica, algodón hidrófilo y vendas de gasa. 

Al día siguiente toda la superficie quemada estaba cubierta de 
pus, y entonces, para facilitar la cicatrización, acudió el Dr. Pelli- 
cer al agua oxigenada, que le había prestado tan buenos servicios 
en una herida por arma de fuego, que consiguió su curación en ocho 
días, gracias á dicho tratamiento. 

Después de limpiar la superficie quemada con una disolución de 
sublimado al 1 por 1.000, la lavó con agua oxigenada, que produjo 
por de pronto un grandísimo escozor, pero en cambio se logró con 
ella que no volviera á aparecer más el pus, iniciándose á los dos 
días la cicatrización y curándose la herida á los viente, sin ningún 
impedimento funcional, retracción ni más deformidad que las se- 
ñales características de estas quemaduras, que en este caso no han 
sido muy ostensibles. 

El Dr. Pellicer no pretende sobreponer el uso del agua oxigena- 



290 

da al de otros medicamentos que también se. han aconsejado en los 
casos de quemaduras. Su único objeto es dar á conocer la utilidad 
que le ha reportado en un caso, y animar á los compañeros á que lo 
ensayen cuando tengan ocasión, á ñn de ver si se confirman sus 
buenos resultados. 

n 

Nuestro estimado suscriptor, D. Daniel Durango, nos da cuenta 
del caso siguiente : 

Un labrador de buena salud habitual y sin antecedentes de im- 
portancia, excepto el del sarampión, que padeció á los seis años» 
quedó de resultas de dicha infección, muy propenso á catarros 
bronquiales. A los dieciseis años tuvo una pulmonía, y desde enton- 
ces le ha repetido esta afección casi todos los años por febrero. Bn 
el mismo mes de este año, nueva invasión que se localizó como casi 
todas las anteriores, en el lado derecho. Todos los síntomas eran 
realmente de tal enfermedad: el calofrío, el encendimiento del ros- 
tro, la tos frecuente, que expulsaba esputos poco abundantes, no 
muy aireados, densos y pegajosos, la gran frecuencia de respiración 
y de pulso, el dolor de costado muy intenso, sobre todo en la tetilla 
derecha, y la ñebre, bastaban para establecer el diagnóstícp. Pero 
además, estaban un poco elevados los espacios intercostales respec» 
tivos, aumentadas en la misma zona las vibraciones torácicas y la 
percusión que, lo mismo que la palpación, era dolorosa, daba un so- 
nido macizo desde el tercer espacio intercostal derecho por delante, 
y desdala «spina del omoplato por detrás. Auscultación : soplo y tos 
tubarios, carencia de murmullo vesicular y broncofonía. Cefalalgia 
intensísima y quebrantamiento general; estado nauseoso y peso en 
el estómago. 

Diagnosticada una pulmonía, pues la falta de expectoración he- 
rrumbrosa y de estertores crepitantes, no eran datos suficientes 
para desechar tal idea, dispuso el Sr. Durango, en vista de las cir- 
cunstancias del caso, una sangría de unos 200 gramos, el tártaro 
emético y papel sinapizado en el sitio del dolor, hasta producir ve- 
xicación. Al día siguiente todo el conjunto de síntomas había dis- 
minuido notablemente, incluso los signos físicos. Se cambió el emé- 
tico, á causa de las grandes náuseas que producía, por la heroína y 
una poción cordial, y por la tarde ya no pasaba la temperatura 
de 37«,5. 

Al día siguiente todo había vuelto á la normalidad, excepto una 



291 

tos que ya tenia el enfermo antes^ como consecuencia de un catarro 
bronquial crónico. 

¿Se ha tratado de una neumonía abortada al segundo día? Nues- 
tro compañero, que sólo lleva diez meses de práctica, no se atreve & 
contestar & tal pregunta, y se limita á publicar el caso|porque lo 
cree merecedor de ello. 

III 

Nuestro estimado suscriptor, D. Ángel Novalbos y Cofrade, mé- 
dico titular de Beas (Huelva), nos reñere el siguiente caso : 

Una niña de tres años y medio presenta los síntomas de una 
amigdalitis aguda catarral, que es tratada localmente con toques 
de resorcina y glicerina, y al interior con antipirina. Propuesta y 
no aceptada la incisión de las amígdalas, el 28 de enero de 1906, & 
los dos ó tres días de iniciada la afección, apareció el 29 un exan- 
tema morbiloso en la cara, que al día siguiente invadió algo pier- 
nas y muslos, pero no el cuello ni el pecho. Con una aplicación de 
sinapismos á las piernas, se hizo bien maniñesta la erupción en és- 
tas, en los muslos y en la espalda. 

La temperatura oscilaba entre 38 y 39^ y con un baño que se di6 
el día 30 á 25® centígrados, de diez minutos de duración y rebajan- 
do á 20^ tres minutos, se sostuvo la temperatura & 38® y la noche 
fué tranquila. Al día siguiente fiebre de 39® ,2, y se inicia la desca- 
mación furfurácea, prescribiéndose la euquinina porque la familia 
no quiere más baños. 

La angina decrece en intensidad, manifestándose entonces una 
estomatitis úlceromembranosa, que se extiende á las amígdalas y 
que se trata con un colutorio boratado. La fiebre se mantiene unos 
cuatro ó cinco días entre 38®,5 y 39® ,3, y se rebaja con dos baños 
diarios. Iniciada una tumefacción difusa detrás de la rama del ma- 
xilar inferior, se trató con sanguijuelas, con lo cual desaparece en 
el lado izquierdo, pero no en el derecho, al que se aplican cataplas- 
mas de harina de linaza laudanizadas. 

Llamado en consulta un compañero, se convino en el diagnóstico 
de amigdalitis flegmonosa consecutiva al sarampión, y en insistir 
en la euquinina y los baños. Propuestas por el nuevo compañero las 
inyecciones de suero antidiftérico, por si acaso inñuyera en el pro- 
ceso el bacilo de Lófler, se emplearon, sin que*á pesar de ello baja- 
ra la fiebre de 39 á 40®. 

Llamado entonces un tercer colega el 13 de febrero, procedió por 



292 

«u propio criterio á hacer una incisióa por debajo y detrás del án- 
gulo de la mandíbula, dando salida á un líquido siruposo; cura seca 
jodofórmica y desagüe con tubo de cristal. Como la fiebre no baja- 
ra con esta operación, dispuso dicho Profesor llevar la enferma á 
su clínica; pero la fiebre continuó siendo alta y la niña se murió el 
día IG, habiendo diagnosticado este compañero la enfermedad de 
pulmonía pasada. 

El autor de esta historia cree : que si se hubiera practicado la in- 
•cisíón de las amígdalas cuando él la propuso, tal vez se hubiese cu- 
rado la angina, y que debió de haberse insistido en la quinina y en 
los baños fríos; en cambio opina que la operación últimamente 
practicada, no tenía razón de ser, dado lo difuso de la tumefacción 
ret rom axilar. 

Termina el Sr. Novalbos haciendo consideraciones de carácter 
profesional, que ya se le habrán ocurrido tambión al lector de esta 
historia. 

bibliografía 

DON JERÓNIMO PÉREZ ORTIZ 

Méd'eo d«t CiMrpo da Suidad mlUtar. 



I. El moEOBio di la bípilib. Oonferenoía dada por el Sr. D. José Diaz y 
Triana en el Hospital Provincial, el dia 29 de marco de 1906. 

II. OOITBIBUCIÓS AL B8TUDIO Ü'K LA ASATOmIa Ji^ L08 ARCOS PAL1CABB8, pOr 

D. Antonio Lecha-Marzo. Valladolid, 1906(25 páginas con grabados). 

III. CbItICA BAZOVADA DB lab causas DB las rlSTULAS UBOOBBITALBS !>% OEl- 

GBB OBSTÉTBico. Memoria premiada por la Sociedad Ginecológica Ea- 
paftola, por el Dr. Julio Larrú. 



Una de las cuestiones más debatidas en la actualidad, es la del 
microbio de la siñlis, el agente etiológico de esta enfermedad que 
viene siendo el azote de{ muchas generaciones, á ¡contar desde su 
aparición en Europa en el siglo xv; parece que llega el término de 
su conocimiento al descubrirse el microbio característico de este 
proceso infeccioso, como ha sucedido con los de la tuberculosis, la 
erisipela y el tétanos, gracias á los diferentes trabajos llevados á 
cabo sobre los pretendidos bacilos del mal de Venus. 



293 

En la conferencia dada en el Hospital Provincial, por el alumno 
interno del Hospital de la Princesa, D. Juan Díaz Triana, este estu- 
dioso joven ha hecho la historia del descubrimiento del Spiroeaeia 
plida y sus métodos de cultivo, sentando por conclusión á su tra- 
bajo, que la sífilis puede considerarse como una espirilosis cróni- 
ca dependiente de este microorganismo. 

Es digno de alabanza el trabajo del Sr. Triana, pues indica labo- 
riosidad y afición al estudio de una especialidad que, como la bac- 
teriología, es hoy la ciencia que más ha contribuido al progreso de 
la medicina y cirugía contemporánea. 

n 

Son pocos los que en España se dedican á los estudios prácticos 
de investigación anatómica, así que, cuando aparece un trabajo de 
esta índole, hay que felicitar al autor. El principal objetivo del se- 
ñor Lecha, es exponer las teorías emitidas por los antiguos y mo- 
dernos anatómicos, como Fort y Testut, acerca de la formación de 
los arcos palmares. 

Creen estos autores que en su constitución toman igual parte la 
cubital y la radiopaimar; otros, como Farabeuf, Dujarier y Poirier, 
niegan hasta cierto punto la intervención de la radiopaimar y de la 
cúbitopalmar. El Sr. Lecha se extiende en consideraciones sobre 
estas dos distintas opiniones, exponiendo las experiencias persona- 
les en comprobación de una y otra. 

Lástima que á lo bien hecho del trabajo no corresponda la parte 
material del libro, defecto de la mayoría de nuestras publicaciones, 
cuando, como la del Sr. Lecha, exigen que vayan acompañados de 
ilustraciones 

III 

El premio otorgado por la Sociedad Ginecológica Española al doc* 
tor Larrú es bien merecido, pues hasta la fecha no se ha publicado 
sobre este asunto un trabajo tan completo como el del reputado to- 
cólogo de la Beneficencia municipal. El autor, al discutir la produc- 
ción de las fístulas urogenitales, demuestra con la claridad necesa- 
ria y la precisión que el asunto requiere, que la distocia puede ser 
por sí sola causa de estas fístulas en partos espontáneos ajenos en 
absoluto á toda violencia, como asimismo que toda intervención 
obstétrica sin las condiciones que exige puede determinar destrozos 



294 

que ocasionan tal lesión^ y por consiguiente, si la responsabilidad 
de su producción corresponde al acto operatorio ó á la distocia. Este 
problema, de sumo interés y que no ha merecido la atención suficien- 
te de los tratadistas, el Dr. Larrú que procura resolverlo, consi- 
guiendo argumentos de gran valor sobre la evolución genética de 
la lesión, la acción técnica, las estadísticas de lo que á cada uno de 
estos factores corresponde, dando á la distocia lo que la distocia es y 
4 la intervención lo que d ésta le corresponde. 

Tal es el plan de la obra, labor extensísima que le habrá costado 
al autor mucho trabajo y mucho tiempo de estudios previos, para 
poder confeccionar un libro tan nutrido en conocimientos especia- 
les eñ esta materia. Basta leer las notas bibliográficas para com- 
prender la verdad de lo que decimos. 

Felicitamos al Dr. Larrú por su hermoso trabajo, y á la Sociedad 
Ginecológica por la justicia con que ha procedido otorgándole tan 
señalado merecimiento. 



REVISTA ESPAÑOLA 



SOCIEDADES CIENTÍFICAS 



REAL ACADEMIA. DE MEDICINA DE MADRID 
Suián dd dia 80 de Junio dé Í906. 

Supuesta ineompatibílidad do fot calomolanot. — El Dr. Puerta : Hago oso 
de la palabra para dar caenta á la Academia de ios experimentos que he 
hecho con motiyo de la comanicación del 'Dr. Oarracido acerca de la in- 
compatibilidad de ios calomelanos. Debo adyertir qae en loe memorables 
trabajos de 'Mialhe> practicados hace más de sesenta afios, y recordados 
aqni con gran oportunidad por el Dr. Iglesias, lo que empleó dicho experi* 
mentador no faé clorare de sodio solo, sino una mezcla de partes igaales 
de dicha sal y de cloruro amónico, que, como diré después, actúa con más 
energía y transforma mayor cantidad de sal mercuriosa en mercúrica. 

£1 primer experimento que he hecho ha sido como sigue : un gramo de 
cloruro mercurioso (calomelanos perfectamente layados), le puse en con- 
tacto con nn gramo de cloruro de sodio puro y 80 gramos de agua destila- 
da, agitándola mésela; al dia siguiente el líquido filtrado dio con algunas 
gotas de amoniaco una ligera nebulosidad, casi imperceptible, y con el hi- 
drógeno sulfurado dio también reacción casi imperceptible. 

En yista de este resultado, a&adi á la mezcla un gramo más de cloruro 



295 

de sodio, y en otro ensayo dos gramos, con objeto de yer si la mayor masa 
de esta sal formaba más cantidad de cloruro mercúrico, y, ¿n efecto, los 
reactivos dieron señales de algo más cantidad, dependiendo, por tanto, la 
transformación de la sal mercariosa en mercúrica de U mayor proporción 
de cloruro de sodio, hecho qae ya fué observado por Mialhe. 

Pero como la cantidad de sal mercúrica resultaba tan mínima, hice otro 
experimento, para ver si la temperatura aumenta la velocidad de la 
reacción, calentando una porción de la misma mezcla, que me había servi- 
do anteriormente, hasta unos 90^, y al enfriarse el líquido y depositarse el 
cloruro mercurioso ya noté, por el ligero color gris, que se había reducido 
algo el mercurio, señal evidente de la transformación de parte de la sal 
mercuriosa en mercúrica. El líquido filtrado después de frío dio con el amo- 
niaco opalinidad perceptible de cloro- amiduro de mercurio, y con el hidró- 
geno sulfurado la reacción tan característica de precipitado blanco prime* 
ro, amarillo rojizo después y, por fin, negro de sulfuro mercúrico. De aquí 
resulta que*en el organismo humano, cuya temperatura (S7<*) es mayor que 
á la que yo operaba (la del laboratorio 20°), puede formarse algo más de do* 
mro mercúrico que la obtenida en frío, que, como he dicho antes, resultó 
casi insignificante. 

Otra enseñanza se deduce, de gran interés, en la administración de loe 
calomelanos, y es que éstos no deben mezclarse con líquidos calientes y sa- 
lados, por ejemplo, con un caldo que, por lo general, está muy caliente y 
contiene sal común, resultando en estas circunstancia incompatibilidad 
clara y manifiesta entre dicho medicamento y el cloruro de sodio. 

Por fin, hice el experimento siguiente : en un tubo de ensayo puse una 
corta cantidad de calomelanos con solución de cloruro amónico, agitando la 
mezcla durante algunos minutos, y filtrado el líquido, dio las reacciones 
propias de la sal mercúrica formada. Resulta de esto que el cloruro de 
sodio, el ton mercurioso en ion mercúrico, y así me explico que Mialhe ob- 
tuviera & miligramos de cloruro mercúrico de 60 centigramos do calomela- 
nos, puestos en contacto con 60 centigramos de sal común y otroA 60 de sal 
amoniaco, disueltos en 10 gramos de agua, durante veinticuatro horas, á la 
temperatura de 20 á 25 grados; y también me explico el caso, citado por el 
mismo Mialhe, de un envenenamiento ocurrido en Alemania á consecuen- 
cia de haber administrado calomelanos asociados á la sal amoníaco. 

La causa de la mayor acción del cloruro amónico que la del cloruro de 
sodio la encuentro en que esta última sal, al disolverse en agua, solamente 
se ioniza, y el cloruro amónico se hidrolíza, separándose cierta cantidad de 
amoníaco y de ácido clorhídrico, y en estas circunstancias se transforma 
más fácilmente la sal mercuriosa en mercúrica. 

Voy á ocuparme ahora de la insolubilidad en agua del cloruro mercurio- 
so ó calomelanos, admitida generalmente, á pesar de que se disuelven algo, 
como otros cuerpos tenidos por insolubles. Llama la atención en las obras 
muy modernas de Química, una tabla con el epígrafe de «Solubilidad 
de los cuerpos insolubles», que á primera vista parece una paradoja, en 
cuya tabla figura el cloruro mercurioso con una solubilidad de 8'1 miligra- 
mos en litro de agua, algo más que el cloruro de plata y el sulfato de bario. 
Cuando se mezclan los calomelanos con agua, y lo mismo otras sales consi* 



296 

deradas como insolnbles, se ionizan en parte, y detenninando la conduotL 
bilidad eléctrica del liquido, que se halla en razón directa del número de 
iones^ se ayerigua la solubilidad de la sal. 

La solubilidad de los calomelanos en agua, aunque pequefia, y la que se 
origina en el organismo por el cloruro de sodio, me hace creer que la acción 
de los calomelanos no es exclusiramente debida á la mínima cantidad de 
cloruro mercúrico que se forma, como dijo Mialhe,y se admite generalmen- 
mente, sino que los calomelanos tienen también por su solubilidad acción 
propia, aunque mAs suave y más dulce que la del cloruro mercúrico que 
pu^e formarse. (PoUaci cree que los calomelanos deben su acción al sul* 
focianato mercúrico muy soluble que se forma, y mercúrico reducido por 
el contacto con loe sulfocianatos alcalinos del organismo). 

Para terminar, recuerdo lo que expuso el Dr. Carracido de los equilibrios 
químicos que se yerifícan en estas asociaciones de medicamentos, diciendo 
que en toda transformación, en todo fenómeno químico, hay equilibrio más 
ó menos perceptible, según la concentración de las masas, y aun creo que 
en estas transformaciones de que estamos tratando podría aplicarse la nue- 
ya ley de las fases, inyentadas por Gibs, que nos aclararla ciertos hechos 
no bien conocidos acerca de la mezcla de medicamentos y de su acción 
terapéutica. Yo me atreyo á hacer esta aplicación sin esperar á que nos la 
apunten del extranjero. Conociendo el número de componentes de un siste- 
ma químico y lo que Gibs llama fases físicamente homogéneas, podemos sa- 
ber las yariantes ó grados de libertad, ó lo que es lo miemo, si el sistema 
es inyariante, uniyariante, biyariante, etc. El equilibrio subsiste cuando 
la suma de las fases y grados de libertad es igual al número de componen- 
tes más 2, esto es, F + L = O + 2, y de esta ecuación se deduce los gra- 
d5s de libertad ó yariantes del sistema : L — > G + 2 — A. En el caso que 
se discute creo que el sistema es biyariante, puesto que hay tres componen- 
tes : el cloruro mercurioso, el cloruro de sodio y el oxigeno del aire, que, 
como demostró Mialhe, interyiene en la transformación; y tres fases : el 
cloruro mercurioso (sólido), la solución del cloruro de sodio (liquido), y el 
oxigeno de aire (gas); resultando: L = 8 -h2 — 8 = 2; y aun dentro del 
organismo podría tener aplicación esta teoría para explicar ciertas accio- 
nes, teniendo en cuenta los nueyos componentes y fases intraorgánicas y 
las yariaciones del sistema por la temperatura, estado eléctrico, presión y 
otras causas tan yariadas en el complicado y misterioso proceso de la yida. 

El Dr. Olmedilla cita á propósito del asunto que se discutía, el caso de un 
niño, pariente suyo, á quien prescribió el médico, para combatir las lom- 
brices que padecía, la administración de los calomelanos á la dosis de 10 
centigramos, mezclados con una pequeñísima cantidad de almidón, encar- 
gando que lo tomara por la mañana en ayunas, que se suspendiera al día 
siguiente, y que al otro yolyiera á tomarlo. 

Que dada la acción conocida de los calomelanos sobre los oxiuros, remi- 
tieron todos los síntomas de la afección después de la primera dosis, pero 
que á las cuarenta y ocho horas, cuando se iba á administrar la segunda, el 
niño se yió acometido de dolor epigástrico acompañado de todos los demás 
síntomas de intoxicación mercurial, lo cual se explica por lo que el doctor 
Puerta habla manifestado, pues que pocas horas después de la primera do* 



297 

sis, el nifio tomó sopa y huevos, estando aquélla seguramente á una tempe- 
ratura de 80 á 90^, siendo el cloruro sódico el que, combinado con los calo- 
melanos, produjo en el organismo del nifio la formación de cloruro mer- 
cúrico. 

El Dr. Rodrigutz Carraeido sostiene el criterio de que para estudiar loe 
asuntos científicos hay que disgregarlos y metodizarlos, empezando por los 
factores primordiales, y que por esto había dirigido sus inyestigaciones en 
el sentido de la unión de los calomelanos con diferentes soluciones de clo- 
ruro sódico y de las oxidasas; que la actiridad de éstas sin la del cloruro 
sódico, puede ser causa de envenenamientos; que lo mismo sucede con los 
alcalinos, pudiendo formarse igualmente el cloruro mercúrico sin la inter- 
Tención de la sal común; que no falta quien atribuya al mercurio que se 
precipita la acción de los calomelanos; y que hay gran dificultad en los tra- 
bajos de laboratorio, tratándose de Asuntos tan difíciles. 

Añade que se había propuesto investigar la cantidad de cloruro mercú- 
rico que se forma al unir los calomelanos y el cloruro sódico; que, según la 
concentración de la disolución del cloruro sódico, variaba la anchura de loe 
anillos característicos; que la cantidad de cloruro mercúrico que se produce 
en tales experimentos, es siempre inferior á las dosis tóxicas: y que en el 
organismo pueden obrar numerosas causas para producir intoxicación des- 
pués del uso de los calomelanos. 

La talasctcrapia en pediatría. -— El Dr. Galatraveño, reanudado el debate 
sobre este tema, manifiesta que durante su estancia en Portugal con moti- 
vo del último Congreso internacional de Medicina, estudió la organización 
de Saüatoríos marinos en el vecino reino; que existen tres situados en Lu- 
tao, Carcabello y Santa Ana, todos ellos bien dotados. 

Lee estadísticas relativas al Sanatorio lusitano de Setubal, que prueban 
los grandes beneficios alcanzados por los nifios sometidos á lá cura marina, 
habiéndose alcanzado una notabilisima disminución en la mortalidad de 
loe enfermitos. - 

El tiempo medio de permanencia en el Sanatorio es de unos setenta días, 
pudiendo calcularse el gasto diario de unas dos á tres pesetas por cada nifio. 

Se observan allí casos de curación verdaderamente maravillosos, citando 
el de una nifia con coxalgia del lado izquierdo, á quien bastaron tres me- 
ses de permanencia en el Sanatorio de Santa Ana para que desapareciera 
la supuración, cerrándose los trayectos y engrosando 20 kilos, eiendo de 
notar que la enfermita, antes de ingresar en dicho Sanatorio, estuvo some- 
tida á tratamiento durante cuatro meses sin experimentar ningún alivio ; 
que es grande el número de estados patológicos que allí se curan, y que en 
los estados pretuberculoeos y enfermedades de la vista, se obtienen resul- 
tados sorprendentes, así como en la escrófula ganglionar y tuberculo- 
sis óseas. 

En general, para obtener tan brillantes éxitos, los enfermitos deben per- 
manecer seis meses, obligándose á los nifios á que hagan vida de playa, sin 
casi emplearse otros medicamentos que la acción del aire marino, el aceite 
de hígado de bacalao y los preparados yodotánicos y una alimentación su- 
culenta y frecuente, pues los nifios hacen cinco comidas diarias. 

De este modo se ha logrado disminuir la mortalidad de manera prodi- 



. 298 

siosa gracias á la campaña vigorosa de los médicos, de la prensa secanda- 
da por las clases pudientes, y sobre todo por la Reina Amelia, que se ha 
poesto al frente de estas instituciones de caridad. 

Termina manifestando que, en resumen, las estadísticas de los sanato- 
rios portugueses muestran la inmensa utilidad de tales instituciones; hace 
rotos por su desarrollo en España y dirige una excitación á nuestras auto- 
ridades sanitarias para que presten ayuda al Sanatorio Marino de Obipio*- 
na y se atienda á la creación de otros. 

El Dr. Tolosa insiste en la beneficiosa influencia de la permanencia larga 
á la orilla del mar para la curación de los niños afectados de los procesos 
morbosos ya enumerados en el curso del debate, y especialmente para ob - 
tener la curación de las lesiones tuberculosas de los huesos sin acudir á la 
cirugía. En Italia se había observado por el Qr. Darclay que muchos de los 
niños sometidos sólo dos 6 tres meses 4 1» cura marina, volvían á recaer* 
por lo que se estudió allí la manera de que los enfermitos pudieran perma* 
necer más tiempo á la orilla del mar. 

Se ocupa de los sorprendentes resultados que se obtienen en el raquitis- 
mo, en las oftalmías y en la influencia de la estancia cerca del mar en la 
segunda dentición, según había podido observarse en niños de nueve á diez 
años, atribuyendo esto á la influencia del cloruro de sodio y á la acción 
aún sin estudiar de la luz. 

Cita una notabilísima observación que hizo en un Sanatorio cerca de 
Amberes, y termina rogando nuevamente que la Academia tome esta cues- 
tión bajo su amparo, para que contribuya con su prestigio á la difusión de 
los Sanatorios Marinos en España. 

Dt la antipneumtkochina.— El Dr. Codina manifiesta que aun cuando el 
tiempo de que podía disponer era tan escaso, ya que había pedido la pala- 
bra en la sesión anterior, después de leer el Dr. Larra las conclusiones del 
trabajo del Dr. Semprún, iba á decir algunas palabras, lamentando no 
poder ser más extenso, dada la naturaleza del asunto. \ 

Que había tenido ocasión de practicar en el Hospital Provincial una serie 
de experimentos en sujetos tuberculosos, á los que trató con el formiatode 
albumen, prbducto preparado también por el Dr. Semprún, producto que 
por ser español, y al parecer petfectamente definido y sin estigmas de ocul- 
tación del modus fadendi, ensayó en los tuberculosos de su clínica, obser- 
vando sus efectos con el mayor rigor científico posible para formar un jui- 
cio completamente imparcial, y que como éste es asunto que hace necesa- 
ria una exposición detenida^ no podía abordarlo en aquel momento por 
estar para terminar la sesión ; pero que sí consignaba que la lectura que 
el Dr. Larra había dado al trabajo del Dr. Semprún, respecto á la anti- 
pnenmokochina, le había impresionado, por una parte, muy favorablemen- 
te, al ver que demostraba el autor grandes conocimientos acerca de la ma- 
teria, y sobre todo de las defensas orgánicas y del proceso curativo del tu- 
bérculo; pero que, por otra parte, le habían impresionado en sentido con- 
trario las sombras que envuelven la preparación del mordiente^ la asocia- 
ción de éste al formiato de cal y á la albúmina, los resultados exparimen- 
tales obtenidos, y el nombre, aunque sea provisional, con que ha bautizado 
al nuevo producto. 



Í99 
PERIÓDICOS 



Dtl ffluttal. — El Dr. F. Berini, publica en la Revista de Medicina y Cirugía, 
de Barcelona, lo siguiente : 

cSe presenta el fluotal (fíao-bromo-fenil bismútico), en forma pulveru- 
lenta, de color ligeramente amarillo, sin olor apenas, insolnble en agua y 
en alcohol. Por las propiedades de sus componentes ya se comprende que 
debe ser un antiséptico. Lo es, en efecto, asi como también ligeramente 
estimulante. 

La particularidad principal está en la presencia del flúor, cuerpo de los 
más enérgicos que se conocen, pues, como todos sabemos, ataca casi todo9 
loe metales, destruye el cristal y la porcelana; etc. Su manejo es suma- 
mente difícil y los ensayos que con este cuerpo se habían hasta la fecha 
practicado, resultaron un fracaso; recuérdese las inhalaciones de ácido 
fluorhídrico contra la tuberculosis. Y sin embargo, todos reconocen en el 
flúor propiedades antisépticas de primer orden. La cuestión estribaba en 
snprimir, ó en reducir á su menor expresión, las propiedades cáusticas que 
posee. Parece haberse logrado en la combinación ó conjugación señalada. 

Mi experimentación se refiere á tres órdenes de procesos : las otitis me- 
días purulentas, la rinitis atrófíca y los abscesos tuberculosos. 

En la otitis media purulenta crónica, cuyo fondo tuberculoso es eviden* 
te en muchas ocasiones, lo he ensayado con buen resultado. Después de los 
lavadoa de rigor en estos casos y cuando los enfermos habían agotado la 
lista de los antisépticos pulverulentos ó líquidos, he ordenado en varias 
ocasiones las insuflaciones de fluotal. No diré que la supuración desapa- 
reciera del todo, pero sí que he visto en la mayoría de casos una modifica- 
ción favorable en la cantidad de pus que sale, en el aspecto de la mucosa 
de la caja, en la desaparición de las pequeñas granulaciones que dan á 
aquélla un aspecto aframl)uesado, etc. Los resultados son, pues, muy ven- 
tajosos dada la cronicidad y rebeldía de la afección. 

En las mismas otitis medias agudas ó subagudas, cuando ya finaliza %\ 
proceso flogistico y acostumbramos emplear la cura seca de Bezold (insu- 
flación de ácido bórico finamente pulverizado), he sustituido el ácido .bórico 
por el fluotal con muy buenos resultados. 

En la rinitis atrófica, este proceso, que, como ya he dicho en otra oca- 
sión, pone á prueba la paciencia del enfermo y del médico, y cuando por 
circunstancias especiales no he podido practicar las inyecciones de parafi- 
na, he ordenado los lavados alcalino antisépticos que se acostumbran, más 
las insuflaciones de fluotal. 

Sin poder dar una opinión categórica sobre su resultado, creo poder re- 
comendar este producto, pues á su nula acción irritante une la de favo- 
recer la secrección de mucosidad, condición favorable para impedir la de- 
secación de las costras, con más la de disminuir el mal olor de un modo 
bastante perceptible. Dos buenas condiciones que creo apreciarán los que 
ensayen este producto. Una precaución quiero, sin embargo, hacer presen- 



300 

te, y 68 la de limpiar bien antes las fosas nasales para expulsar todas la» 
costras y macosidades qoe paeda haber en ellas, ya qae de lo contrarío for- 
man costras y polro que ponemos, nn magma, que desecando mis aquéllas,, 
hace más difícil su expulsión. 

Pero donde mejor resaltado he yisto del medicamento que me ocnpa, e» 
en los abscesos fríos. Dos casos he tenido ocasión de tratar y los éxitos ha» 
superado á mis previsiones. 

El primer caso hace referencia á una mujer de veinticinco á treinta afios^ 
con el cuello lleno de costurones. Hará cosa de mes y medio ture que dilá^ 
tarle un absceso francamente tuberculoso del lado derecho del cuello. Des» 
pues de la incisión toqué la superficie cruenta con una solución d^ cloruro 
de zinc y después taponé con Rasa yodofórmica. Las curas se hacían con el 
cloruro de zinc y la mencionada gasa. A los quince dias, la úlcera atónita,, 
tapizada de fungosidades pequefías y sangrantes al menor contacto, no pre* 
sentaba trazas de cicatrizar. Apelé al lápiz de nitrato de plata y al bálsa- 
mo catiro mangle asociado al bálsamo del Perú. Disminuyó la supuración^ 
presentó la úlcera mejor aspecto, pero no cicatrizaba. Tuve que incindir 
un pequofio recodo y entonces fué cuando apelé al fluotal. No tardaron mu- 
chos días en verse los benefíciosos resultados ; los mamelones presentaban 
buen aspecto, apenas sangraba la úlcera y había tendencia manifiesta á la. 
curación. Está próxima á ser dada de alta. 

En el segundo caso se trata de un nifio escrofuloso con adenitis cervical 
múltiple y con algunos ganglios reblandecidos que incindí. 

Después de tocar el fondo con el cloruro de zinc, espolvoreé las herida» 
con yodoformo y ordené le curaran con una solución de bicloruro hidrar- 
glrico al medio por rail y aplicación de yodoformo. 

Dada la lentitud con que la cicatrización se operaba, sustituí el yodo* 
formo por el flnotal y es de ver en el espacio de ocho ó diez días los cam- 
bios que se han operado. No está, es verdad, curado (y aun le falta mucho),, 
pero no es menos positivo que los cambios operados son notables». 

Sábabia. 



REVISTA EXTRANJERA 



SOCIEDADES CnüNTÍFICAS 

AOADSMIA DE MEDICINA DE PAfifs 
Suión del dia 10 dé Julio dé 1906. 

El paludismo en Madagasear. — El Dr. Blanouard: Las defunciones por 
paludismo en Madagascar alcanzan actualmente una cifra muy -elevada. 
En Tananarive 48 en 1900, 77 en 1901, 104 en 1902, 187 en 1908, 277 en 
1904, 686 en 1900 y, en fin, por cuatro meses de 1906, 980 por 40.000 habi- 



301 

tantea. Por lo tanto, existe en Tananarive, hasta ahora mny salubre dada 
«u altitud, nna epidemia formidable, especialmente en los grandes traba- 
jos públicos ejecutados recientemente (carreteras y ferrocarriles). Los ho- 
yas, que bajaron de las altas mesetas, no eran palúdicos, y han sido diez- 
mados por el paludismo; y poco á poco, á medida que los trabajos avanza* 
ban, el ejército de anofeles aumentaba. Es lo mismo que ocurrió con la 
' fiebre amarilla en América cuando se construía la linea de Veracruz á 
Méjico. A medida que los trabajos se yerifícaban, los obreros eran perse^ 
^dos por dos especies de mosquitos, hasta entonces ignorados en Tana- 
nariye y muy difundidos después: el pyretophorua coétalia y el myiompafu- 
netta. Hasta el presente, las medidas tomadas contra el paludismo son 
insuficientes, y tendrían que tomarse las propuestas en dos ocasiones por 
Layeran, y que aplicadas*en la Habana contra el agente de la fiebre ama- 
rilla, han dado excelentes resultados: 1.*, destrucción completa, por relle- 
no y riego con petróleo, de todos los nidos de mosquitos; y 2.°, colocación 
en las puertas y ventanas de telas metálicas de mallas de un milímetro. 

Prefiltxis del paludisme y de la fiebre anarilla en el Senegal.— £1 Dr. Ksr- 
moroabt: Lia compañía del ferrocarril de Dakar á San Luis (Senegal) ha 
adoptado de algunos afios á esta parte medidas para proteger á sus agen- 
tes contra las picaduras de los mosquitos, agentes mbtores de la fiebre 
amarilla y del paludismo, colocando telas metilicas en todas las aberturas 
<le las estaciones y de las habitaciones de su personal. Al principio ha en- 
contrado entre sus empleados muchos recalcitrantes, pero las dudas de 
algunos no han tardado en desaparecer en presencia de los resultados ob- 
tenidos ; en consecuencia, la compañía se propone generalizar la aplicación 
de las medidas que han dado unos efectos tan brillantes. En Ban Luis, 
•en 1902 1908, antes de proteger las habitaciones con las telas metálicas, 
se sumaron 189 días de hospital y 44 días de incapacidad para el trabajo 
por 10 empleados enfermos de dicha estación. En 1904-1905, después de la 
protección mecánica, el número de días de permanencia al hospital ha 
descendido á 18, y el de días de incapacidad para el trabajo ha sido de 13, 
por dos empleados enfermos ; las mismas proporciones existen en las otras 
estaciones. —- OoDiHA OAsrnxyí. 



8001BDAD DS CIRUGÍA DE PARÍS 
8énándéld44»ííiU JfdiodélSOe, 

Heridas del eerazón. — El Dr. Roohabd: Voy á ocuparme de tres casos de 
este género, cuyas observaciones han remitido á la Sociedad los Dres. Oa- 
mus y Lenormand. No insistiré sobre la elección y formación del colgajo 
torácico. El Dr. Lenormand. ha seguido la práctica de Fonton. El Dr. Oa- 
mus seccionó los cartilagoa de las costillas tercera, cuarta, quinta y sexta, 
para llegar al ventrículo. La última costilla puede ser respetada. En cier- 
tos caaos es preciso seccionar la segunda. En los tres enfermos de los doc- 
tores Camus y Lenormand la herida interesaba el ventrículo derecho. Las 



302 ' 

Butaras se hicieron con seda, empleándose el desagüe. Quizá conrenga su* 
prímirle, porque puede ser cansa de supuración. 

De los 68 casos tratados por la sutura, se citan 17 curaciones, 11 sin des- 
agüe y 6 con él. Algunos enfermos murieron al ser operados, asi que se 
plantea el problema del amasamiento del corazón. Es lo que hizo el Dr. Le-^ 
normand en su enfermo, por haberse paralizado temporalmente la respira* 
ción. Además de los medios ordinarios aconsejados para remediar este ao« 
cidente, practicó el amasamiento del corazón y consiguió que so contrajera 
de nuevo dicho órgano. El enfermo murió cinco horas depués á causa de las 
perforaciones gástricas é intestinales producidas por el proyectil, que habi& 
lesionado el ven trienio cardiaco. 

Volviendo al amasamiento del corazón, puede preguntarse si estará indi- 
cado en todos los accidentes que provoca la cloroformización ó la eteriza- 
ción. Sabemos que pueden seguirse tres vias para llegar al corazón: la es- 
ternocostal, la abdominotransdiafragmática y la infradiafragmática. 

La Tia esternooostal ha sido utilizada en 17 casos ; ha producido 12 re-^ 
sultados negativos, cuatro éxitos transitorios y uno completo. Debe ser 
abandonada, y lo mismo puede decirse de la via abdominotransdiafrag- 
mática, con la que. sólo se consiguen fracasos. La infradiafragmática es 1& 
única que merece aconsejarse, porque de cinco casos se han obtenido tres 
resaltados completos, uno transitorio y un fracaso. Como se comprende» 
no debe emplearse más que después de fracasar los otros medios de respi- 
ración artificial. 

El Dr. Dblormb: He leído que un autor, cuyo nombre no recuerdo, acon- 
seja otro medio para despertar la contracción del corazón, la excitación de 
su pared interna. 

El Dr. QuÉNU : Se ha conseguido, en efecto, que el corazón lata do nuevo 
inyectando en la cavidad ventricular agua salada. 

Tumer gangllonar del pliegue de la Ingle. — El Dr. Broca: El Dr. Gaudier 
nos ha comunicado la observación de un nifio que tenia un tumor volumi- 
noso en la ingle. El tumor ocupaba todo el triángulo de Scarpa. Gomo era 
imposible por los caracteres del tumor hacer el diagnóstico, se extirpó un 
pequeño fragmento para someterlo al examen histológico. Antea de toda 
tentativa operatoria se ensayó la radioterapia, con la que se obturo la cu- 
ración en diez sesiones. A los tres meses no quedaban en la ingle más que 
algunos pequefios ganglios infartados. El examen histológico no fué afir- 
mativo, porque para unos se trataba de simples granulaciones carnosas y 
para otros de tuberculosis sin bacilos. 

Nematema sukperiteneal. ~ El Dr. Tuffieb: El enfermo objeto de esta 
obserración era un hombre de cuarenta años que habla tenido varias crisis 
de cólicos hepáticos sin ictericia. Hace seis afios tuvo dolores fuertes en el 
hipocondrio derecho y sufrió una calda, lesionándose la región lumbar; du- 
rante varios dias hubo hematurias. El dia antes de ingresar el enfermo en 
el hospital sintió de repente un dolor agudísimo en el hipocondrio derecho 
y tuvo además vómitos. Al dia siguiente tenia 80 pulsaciones, estaba muy 
pálido, sentia dolor á la presión, aunque el vientre estaba flácido; en el 
flanco derecho habia tumefacción. 

Veinticuatro horas después, en vista de que eran mayores la palidez del 



303 

enfermo y la debilidad del pulso, decidí practicar la laparotomía lateral. 
Abierto el vientre, descubrí que el peritoneo estaba intacto, pero que el 
colon ascendente y la mitad del transverso eran de color negruzco, debido 
á una infiltración sanguínea. Al separar las bojas epiplóicas ¿alió una ola 
de sangre y una masa friable análoga al sarcoma, que procedía de un tu- 
mor renal. El rifión fué extirpado. 

En resumen: se trataba de un hematoma snbperitoneal espontáneo, de- 
bido á la ruptura de una neoplasia renal. 

El Dr. Bázt: He observado un enfermo con hematoma perirrenal; este 
individuo había tenido alguna? hematnrias. Abrí, limpié y desagüe la bol- 
sa. El rifión me pareció infectado. El enfermo murió á los pocos días y la 
autopsia no permitió descubrir la causa de la muerte. 

£1 Dr. MiCHAUx: He observado un caso de hematoma, pero antenor. 
Produjo accidentes agudos y alarmantes, que obligaron á practicar la lapa- 
rotomía. Entonces descubrí que la sangre procedía de la arteria epigástrica 
ateromatosa. El enfermo murió, á pesar de la ligadura doble que se aplicó 
á la arteria. 

Epididimitit agudas tratadas por el método da Bíor. — El Dr. Chafüt: El 
enfermo objeto de esta observación era un joven de veintisiete afios, que pa- 
decía lesiones tuberculosas pulmonares y epididimitis aguda doble con ca- 
racteres de degeneración tuberculosa. Habla, además, en un lado, funicu- 
litis. Nada de derrame uretral. Como tratamiento se aplicó por la noche 
una ligadura elástica á la raíz de las bolsas, dejándola aplicada de diez á 
doce horas. A los quince días la curación era completa, lo cual me hace du- 
dar respecto á la naturaleza tuberculosa de la afección. 

ElDr. Hartmann : No creo evidente la naturaleza tuberculosa de estas 
epididimitis, y por otra parte, no debe olvidarse que en ciertos casos, aun 
sin tratamiento, se observa una fase subaguda que desaparece on pocos 
días. 

El Dr. TorFiBR: En las epididimitis simples, el método de Bicr es, al pa- 
recer, eficaz; pero en las tuberculosas no es posible precisar su valor. 

El Dr. Walthbk: Hago mía la anterior afirmación, afiadiendo que mu- 
chas veces el diagnóstico es difícil. 

El Dr. MicHAUx : He empleado tres veces este método, manteniendo apli- 
cada la ligadura durante cinco á seis horas diarias. El resultado ha sido 
dudoso. En un caso se formó un absceso y el testículo fué eliminado. 

Herida da la médula. — El Dr. RotmaB: El hombre que presento recibió 
una cuchillada en el dorso, hacia la tercera apófisis espinosa dorsal, y cayó 
inmediatamente en tierra, siéndole imposible mantenerse en pié. A su in- 
greso en el hospital, se observó que todo el lado izquierdo del cuerpo estaba 
paralizado por debajo de una linea horizontal que atravesaba la región ma- 
maria. Supresión completa de los reflejos, hiperestesia acentuada, signo de 
Babinsky positivo. En el lado derecho los movimientos eran, por el contra- 
rio, normales, aunque había anestesia completa. La línea media marcaba 
con exactitud el limite de las dos zonas. Retención de orina. Al día siguien- 
te, por la punción lumbar se extrajo una jeringa de Pravaz de líquido te- 
ñido de sangre. Los movimientos voluntarios reaparecieron casi al punto, 
los trastornos de los esfínteres cesaron, pero persistieron la hemi anestesia 



304 

derecha y la hiperestesia izquierda. JSste estado persiste casi sin yariar des- 
de el 24 de junio último, fecha de ingreso del enfermo en el hospital. Este 
individuo no es histérico. La interpretación del fenómeno es difícil. Creí 
al principio en la hemisección de la médula; pero hoy me parece dudoso 
este diagnóstico, en vista de que la parálisis motora desapareció á henefício 
de una simple punción lumbar. — F. Toledo. 



SOCIEDAD DE PEDIATRÍA DE PABÍ8 
SeMn del dia 19 de Junio de 1906. 

Tratamiento de la parálisis diftérica. ~ Los Dres. Guiñón y FcUer refirieron 
dos casos de parálisis diftérica. El primero se refiere á un niño que padecía 
parálisis del velo palatino, la cual se generalizó con rapidez; sobrevinieron 
fenómenos cardíacos, y el niño murió. Durante los cinco días que perma- 
neció en el hospital se le administraron 50 cent. cúb. de suero de Roux. El 
segundo niño padecía parálisis diftérica; los síntomas paralíticos mejoraron 
con rapidez, y el enfermo curó. En este caso no se hicieron inyecciones de 
suero. Aunque sin pretender sacar de estos dos casos conclusiones genera- 
les contra el tratamiento seroterápico de las parálisis diftéricas, puede 
deducirse del 1 .^ que este tratamiento no impide á las parálisis producir la 
muerte, y del 2." que pueden sobrevenir espontáneamente mejorías bruscas 
de estas parálisis, como las que el Dr. Gomby atribuye á la acción del 
suero. 

El Dr. RÍ8t dijo que el suero antidiftérico es antitóxico únicamente por 
los productos solubles que segrega el bacilo diftérico, porque es el anti- 
cuerpo que se obtiene inyectando á los animales estos productos solubles. 
Jamás ha sido posible obtener experimentalmente parálisis diftéricas con 
dichos productos solubles. Para producirlas en los animales ha sido preciso 
emplear los cuerpos bactéricos que contienen endotoxinas insolubles en los 
caldos de cultivo, y que no neutraliza el suero autidiftérico ordinario. Las 
parálisis diftéricas deben atribuirse á estas endotoxinas, así que no puede 
sorprender que el suero antidiftérico sea incapaz de prevenirlas y de cu- 
rarlas. Es necesario recurrir al anticuerpo de las endotoxinas. El Instituto 
Pasteur prepara, además del suero antidiftérico común, otro suero anti- 
bactérico que se obtiene de los cuerpos bacilares. Según las observaciones 
del Dr. Vincent, que lo ha empleado en Val-de-Gráce, dicho suero es sus- 
ceptible de evitar por completo las parálisis diftéricas. 

El Dr. Comby manifestó que no puede negarse la propiedad preventiva 
del suero respecto á la parálisis diftérica. Esta se ha hecho tan rara que no 
se observa en las clínicas de difteria ; los casos que he observado son de 
parálisis tardías que sobrevinieron después de difterias desconocidas ó 
tratadas de mala manera. 

El Dr. Rist dijo que no negaba la disminución de las parálisiG^desde que 
se emplea la aeroterapia. Se debe á que el suero disminuye la duración del 
período infeccioso; pero carece de propiedad preventiva directa y se citan 
muchos casos de parálisis diftéricas que sobrevinieron, aunque se emplea- 



306 

ron dosis eleyadas de suero. ¿Por qué la parálisis diftérica no es más fre- 
cnente en estas oondiciones? Débese,, sin dada, á las diferencias grandísi- 
mas qne existen entre los diversos bacilos diftéricos desde el panto de vista 
de sa abundancia en endotoxinas. 

Abseroión de li grata y de los albttmlpeldes en les niBes sanos y dispópsicos. 
— Los Dres. Nobbooübt y MuBKLEír : Para estos estadios couriene conside- 
rar comparatiramente la cantidad de grasa ingerida, la absorbida y el 
coeficiente de absorción. En qn primer grnpo de casos, nifios de dieci- 
siete á treinta días que pesan 2.000 á 2.500 gramos, amamantados, qne 
aumentan cotidianamente 21 gramos y que ingieren 20' 17 gramos de grasa, 
absorben 19^92 gramos y tienen un coeficiente de absorción de 97*80 gra* 
moB por 100 de grasa ingerida. En otro segando grupo, niños de la misma 
edad y de igual peso, pero dispépsicos mejorados, que ingieren sólo 15*6i 
gramos de grasa, absorben i5*81 gramop, y tienen un coeficiente de 97*51 ; 
aumentan cotidianamente 20 gramos; su capacidad de absorción de la 
grasa está, pues, disminuida. Esta capacidad de absorción, ligera al prin- 
cipio, mejora poco á poco. La misma observación se ha hecho en un niño 
criado con leche esterilizada; en la primera fase, en la que perdía 5 gra- 
mos diarios de peso, ingería 19*87 gramos de grasa, pero sólo absorbía 
15*81 gramos, ó sea 86*26 por 100; en otra fase, en la que ganaba cotidia- 
namente 47 gramos, los valores eran los siguientes: 21*98 gramos, 20*89 
gramos, 95*28 gramos. Es conveniente, por lo tanto, calcular en los nifios 
dispépsicos la capacidad digestiva para las grasas, á fin de reglamentar su 
oantidad en el régimen. 

Los nifios normales de ocho días á un mes, de 2.000 á 2.500 gramos de 
peso, que ingieren 7 gramos diarios de albúmina, excretan 0*15 gramos de 
4irea en las veinticuatro horas, ó sea 1*86 gramos por 100 de la albúmina 
ingerida y Q*04 gramos por kilogramo de peso. En los nifios que padecen 
trastornos dispépsicos y que ingieren 9 gramos de albúmina por día, los 
▼alores respectivos son los siguientes: 0*46 gramos, 5*10 gramos, 0*18 gra- 
mos; los mismos nifios, una vez mejorados, por 6*67 gramos de albúmina 
ingerida, eliminan 0*68 gramos de urea, ó sea 0*60 gramos por 100 de al- 
búmina ingerida y 0*20 gramos por kilogramo. En los nifios enfermos cria- 
dos con leche esterilizada que ingieran 14*12 gramos de albúmina, eliminan 
2*12 gramos de urea por día, 18*90 gramos por 100 de albúmina, 0*52 gramos 
por kilogramo. En resumen, mientras que los nifios normales eliminan poca 
urea en relación con la cantidad de albúmina ingerida, los que padecen 
trastornos digestivos eliminan una cantidad que es, con relación á esta al- 
búmina, de tres á ocho veces superior; este valor, el más elemental, se en- 
cuentra en los nifios que ingieren una cantidad de albúmina dos veces ma- 
yor que los nifios normales. 

El Dr. Bárbubr: Los análisis de este género dan resultados que exigen 
la interpretación, y para ella es preciso tener en cuenta gran número de 
factores, cuya infiuencia verdadera no puede apreciarse con exactitud. La 
¿antidad de urea eliminada no depende de la albúmina ingerida, sino de 
la digerida y utilizada, y es imposible saber en un caso dado qué propor- 
ción se utiliza. En los nifios dispépsicos ha obtenido el Dr. Nobecourt 
una proporción de urea que corresponde á una cantidad de albúmina su- 



306 

perior no sólo á la atilizada, sino á la ingerida. En dichos niños esta área 
debe proceder de los tejidos: se hallan, por lo tanto, en estado de aui^ofagia 
azoada. Sin embargo, en vez de enflaquecer, la mayor parte de ellos engor* 
dkn unos 10 gramos diarios. Compensan, por lo tanto, y con exceso, su 
pérdida en tejidos azoados por ganancias en agua y en substancias terna- 
rias. El aumento de peso es, por lo tanto, un signo insuficiente del estado 
nutritiro. Puede, por consiguiente, preguntarse si el gasto de tejidos azoa> 
dos es obligatorio para sustituir la grasa, que se digiere de un modo im- 
perfecto, porque se encuentra una proporción elevada en los excrementos. 
Haciendo ingerir substancias sacarinas para compensa^ la asimilación in- 
suficiente de las grasas, quizá disminuirla la eliminación de úrea. 
(Se suspenden las sesiones ka^ta el mes de octubre). — F. Tolbdo. 



XV CONGRESO INTERNACIONAL DE MEDICINA 

Celebrado en Lisboa del 19 al 26 de Abril de 1906, 

(ContíDUaeióD). 

La ••agulaeión da la sangra.— El Dr. J. R. Carbaoido : En el último de- 
cenio, y cada afio con mayor interés, han sido asunto preferente de las in- 
vestigaciones fisicoquímicas los cuerpos coloides, como lo patentiza la 
abundancia de su reciente literatura; y siendo el plasma sanguíneo un 
liquido en el que coexisten materias coloides y cristaloides, como era de 
esperar, los resultados de dichas investigaciones habían de ilustrar el obs- 
curo problema de la coagulación de la sangre, el cual, sin perder todavía 
en absoluto su carácter biológico, va entrando cada vez en mayor propor- 
ción en los dominios de la Fisicoquímica. 

Existen en el plasma sanguíneo tres proteínas : la seroalbúmina^ la sero- 
globulina y el fibrinógeno. 

El calor coagula la primera (ó la mezcla de las varias seroalbúminaa» 
según Halliburton), desde 1^ á dé""; la segunda, desde 6(f á 75% y el ter- 
cero, á 56"*. 

El cloruro sódico no coagula, por saturación, laseroálbúmina; pero al 
80 por 100 coagula la seroglobulina, y al 15 por 100 el fibrinógeno. 

Todos los coloides, según calificativo de Ostwald, son metaestables en el 
seno de los líquidos que los contienen ; pero de loe tres contenidos en el 
plasma, el fibrinógeno, que es el que transformado en fibrina constituye el 
coágulo, es el menos estable en su asociación con el líquido, y, por consi- 
guiente, el que menos resiste á los agentes de la coagulación. 

Pero la del fibrinógeno de la sangre, ni á las acciones dichas de la -tem- 
peratura ni de la concentración salina puede atribuirse, no sólo porque ana 
y otra en el líquido sanguíneo distan de los pantos en que el fenómeno se 
produce, sino principalmente, por no producirse en el interior del aparato 
circulatorio. 

Es unánimemente aceptado qoe la eoagplación del fibrinógeno la deter- 
mina ana aimasa exudada por las plaquetas (y según algunos también. por 



307 

los lencocitoB), cnando las hieren ragosidades ó asperezas de saperfícies 
que destrayen sn deiicadisima organización. Es, ademis, indispensable la 
existencia del calcio en la sangre para que su coagalación se produzca, por- 
que sabido ^ que los oxalatos y fluoruros alcalinos precipitantes de dicho- 
radical metálico convierten á la sangre en liquido incoagulable. 

Arthus y Pagés dedujeron de este hecho que la presencia del calcio era 
imprescindible para la coagulación; pero se les objetó que la causa de no 
producirse el fenómeno quizá no fuese la separación del calcio, sino la ac- 
ción anticoagulante de las mencionadas sales alcalinas. Bordet y Gengou 
patentizaron con nuevos experimentos que los oxalatos y fluoruros impi- 
den la coagulación por el único motivo de precipitar el calcio, confirmándo- 
la conclusión sustentada por los dos investigadores anteriormente citados. 

Las plaquetas heridas no parecen ser las únicas capaces de producir zi- 
masa coagulante, porque los trabajos de Delezenne y más recientemente^ 
los de Oonradi han mostrado que por traumatismo dejos tejidos y por ex- 
presión de los órganos resultan productos coagulantes cuya acción es ace- 
lerada por el cloruro calcico. Según observaciones de E. Duclaux, las can- 
tidades de zimasa coagulante que contienen los tejidos y la contenida en 
los leucocitos, están en razón inversa. 

Supuso Arthus que la zimasa tomaba calcio del plasma para cedérsela 
al fíbrinógeno y convertirlo en fibrina, siendo ésta una combinación calci- 
ca de aquél ; pero Hammarsten patentizó que en las cenizas del fíbrinóge- 
no y de la fibrina está contenida la misma proporción de calcio. 

Ante este hecho, Arthus habo.de aceptar la idea de Pekelharing, según 
la cual la susbtancia exudada de las plaquetas no es la zimasa activa, sino 
un zimógeno que necesita absorber calcio para convertirse en aquélla y 
ejercer su acción sobre el fibrinógeno, de igual manera que la pepsina in* 
activa en medio neutro se convierte en agente peptonizante por la adición 
de ácido clorhídrico. 

El zimógeno es una nucleoalbúmina que, según Pekelharing, puede ais- 
larse por enfriamiento á 0^ del plasma oxalatado ó del peptonado, del cual 
se separa en forma granular. Por la adición de sales calcicas adquiere l& 
propiedad coagulante. 

La zimasa calcica es la verdaderamente activa, la que determina la 
transformación del fíbrinógeno del plasma en la fíbrina del coágulo. 

¿Oómo actúa la zimasa coagulante? Sn acción es la de todos los cataliza^ 
dores que obran provocando ó acelerando el curso de las reacciones, y de la. 
cual nada sabemos respecto á su mecanismo intimo, sólo e<mocemos sus 
efectos. El intento de explicar el proceso de la acción de dicha zimasa sería 
aquí inoportuno, porque este problema especial ha de plantearse junta- 
mente con él de la acción de todas las zimasas, y resolverlo respecto á una 
será poner en claro el hoy obscuro papel de los catalizadores en el curso de 
los procesos bioquímicos. Revelar los mecanismos de las acciones zimási- 
cas será descifrar la clave de las condiciones, al parecer extraordinarias, en 
que se efectúan las mutaciones materiales en los organismos. 

Bemitimos el problema particular de la zimasa coagulante al genera) de 
las acciones zimásicas, cuya resolución despejará la gran incógnita de la 
Biología, y me limitaré á consignar que no debe sorprender que la zimasa 



308 

«n cQeatiÓQ sólo coagali^á un» de las tres proteiaas coezistentes en el plas- 
ma, no sólo por ser la más coaf^olable, según queda dicho, sino también por 
ser especifica la acción de todas las zimasas, como consecaencia de la asi- 
metría de sns moléculas, por la cual ha dicho EL Fisoher que deben ser 
imaginadas en sus relaciones con las materias fermentables como la llaye 
Teepecto á la cerradura. 

Por la acción especifica de la zimasa coagulante sobre el fibrinógeno es 
por lo que se la ha denominado fibrinofermento. 

Para explicar la transformación del fibrinógeno en fibrina, Tolramos la 
yista á los estudios efectuados por los químicos sobre la coagulación de las 
disoluciones (ó mejor dicho de las seudodisoluciones) coloides, y prescin- 
diendo, por conceptuarlas poco aplicables al caso presente, de las teorías 
basadas en la carga eiectroestática de los iones procedentes de la disocia- 
ción de los electrolitos, estimándolas á lo sumo como ezplicatiras de las 
acciones determinantes, pero no de las eficientes, nos fijaremos en las teo- 
rías químicas, y especialmente en la formulada por J. Dnclauz. 

En el estudio de las condiciones de formación del ferrocianuro cúprico 
afiadiendo muy paulatinamente disolución diluidísima de sulfato de cobre 
á otra de ferrocianuro potásico, observó que en el primer momento se ini- 
cia la formación de un ferrocianuro potasicocúprico que queda disuelto, 
constituyendo disolución coloide, en el cual es mínima la proporción de co- 
bre, pero á medida que esta ya aumentando por la adición de cantidades 
sucesiras de sulfato, llega un punto en que se rompe el metaestabilismo 
de la disolución coloide y aparece el precipitado, el cual sigue todavía 
transformándose en el seno del líquido en el sentido de ir perdiendo pota- 
sio y ganando cobre hasta el límite de la total coaversión del ferrocianuro 
potásico (Fe C¡^ K^) en ferrocianuro cúprico {Fe Cy^ Cu*). 

Bsta gradual transformación entré los dos indicados extremos se efectúa 
siempre de manera que en las formas intermedias Fe Cy* KT" Cur las pro- 
porciones de potasio y cobre han de sumar las cuatro valencias correspon- 
dientes á la saturación del radical ferrocianógeno {.Fe Cy*""). 

De este hecho y de otros análogos concluye J. Duclaux que da composi- 
ción química de un coloide es variable entre limites distantes, debiendo 
«er considerada como una función continua de la del liquido intergranular, 
al cual nada se puede añadir sin que el coloide se apodere de algo». 

£1 proceso relativo á la coagulación lo subordina J. Duclaux á las dos 
leyes siguientes : 

1/ La coagulación de un coloide va siempre acompañada de un cambio 
de composición química. 

2.* Este cambio consiste en la sustitución, en proporciones equivalentes, 
de ciertos radicales del coloide por los de la substancia coagulante. 

Tal importancia concede el investigador de las precedentes leyes á dicha 
sustitución, que llega hasta indicar que podrá ser utilizada para el conoci- 
miento de la estructura química de substancias complejas, efectuando la 
sustitución de radicales orgánicos |por radicales metálicos. 

Veamos ahora la transcendencia de las ideas precedentes al conocimien- 
to del mecanismo de la coagulación de la sangre. 

Es verdad que Hammarsten patentizó que el fibrinógeno y la fibrina 



309 

oontienen igaal proporción de calcio, pero al misn^ tiempo paso de mani- 
fiesto que la segunda contiene mayor proporción de materia mineral que el 
primero, aportando con este dato, aanqne sin hacerlo notar, un nuevo tes- 
timonio á lo observado por Frennd respecto á los fosfatos contenidos en la 
fibrina. 

Bn el análisis del fibrinógeno y de la fibrina de la misma procedencia 
encontró Hammarsten las siguientes proporciones de cenizas : 

Oaalna {k 100. GmUmi pb 100. 

Fibrinógeno (a) 0,347 Fibrina (a) 0,432 

Fibrinógeno (b) 0,.310 Fibrina (b) 0,570 

No se ha fijado la atención en estos datos todo lo que en mi sentir debía 
fijarse. 

Siempre forma parto de la materia organizada una cierta proporción de 
náateria miperal, pequeña en los tejidos blandos y grande en los tejidos 
duros. 

Gomo término medio, los músculos contienen 1*2 por 100 de sales mine- 
rales, el tejido cartilagíneo de 8 á 6 por 100 y el óseo 22 por 100. 

Es digno de ser notado que á medida que aumenta la proporción de ma- 
teria mineral se ve más simplificada la constitución quimica de la materia 
orgánica. La del tejido muscular tiene toda la complejidad de las proteí- 
nas, la del cartilagíneo es menos compleja que la de aquél, pero mucho más 
que la del óseo ; la oseina es una fracción del condromucoide. 

Reconociendo que en la materia organizada no existe el supuesto dualis- 
mo de la orgánica y la mineral, sino que todos sus componentes forman 
armónico conjunto, á semejanza de los diferentes radicales que integran 
las moléculas complejas, cabe suponer, aplicando al génesis de la materia 
de los tejidos las precedentes ideas de J. Duclaux, que ec este génesis, 
como en el proceso de coagulación de los coloides disneltos, hay sustitución 
parcial de radicales, reemplazando en proporciones equivalentes los de la 
materia mineral á los de la materia orgánica. 

Aceptada esta suposición que concuerda perfectamente con los hechos 
conocidos, y recordando que la proporción de materia mineral de la fibri- 
na es mayor que la del fibrinógeno, nada violento resulta imaginar la coa- 
gulación de la sangre como un principio de formación de materia organi-» 
ada á expensas del más fácilmente coagulable de los albuminoides circu- 
lantes, motivando el tránsito de la disolución al coágulo un comienzo de 
sustitución de radicales de la molécula del fibrinógeno por radicales metá- 
licos. 

La causa determinante de esta coagulación debe ser la catalizadora del 
fibrinofer meato actuando á la manera de los fermentos intracelulares que 
colaboran en los procesos bioquímicos de la célula, y que según Hofmeis- 
ter realizan en el curso de su producción sucesiva el epigénesis de las for- 
mas organizadas. 

Siendo el fibrinógeno una globulina, y el fibrinofermento un nucleopro- 
teido, Xiueáe considerarse la coagulación de la sangre, según dice Bottazzi, 
como un primer vago indicio de la propiedad plasmadora de las globulinas 



310 

j de los nucleoproteidA Y hasta la birefríngencia de los filamentos de 
fibrina observada por Ekrmana, rebela la producción de la materia anisó- 
tropa formadora de todos los elementos contráctiles, desde las fibras mioi- 
des de los infasorioe hasta las del tejido muscular estriado. 

Guando las acciones de las zimasas que determinan la producción de 
materia organizada tienen el freno de la autorregulación del proceso fisio- 
lógico, sólo se ejercen en la medida de la nutrición y desarrollo de las cé- 
lulas, pero ejercidas extemporáneamente j en las condiciones violentas de 
la sangre extravasada, originan coágulos informes de materia que quími- 
camente se asemeja á^a organizada, pero sin la forma con que se moldea 
«n el seno de los elementos celulares. 

Y como un argumento más en favor de esta conclusión, aunque la ma- 
teria formada es anhiita, también puede tomarse en cuenta la intervención 
,del agua. Los coloides llamados estables (que son principalmente las ma- 
terias proteicas) absorben al coagularse mayor cantidad de agua que los 
llamados inestables (que son los minerales), y el agua retenida en el coá- 
gulo que antes se atribuía á la imbibición se refiere hoy al género de combi- 
naciones denominado compuestos dé absorción. Uno de estos hidratos es el 
que debe formarse en el coágulo sanguíneo, á semejanza de los formados 
en la intimidad de los tejidos, y en los cuales es forzoso suponer que loe 
albumioides y el agua están unidos químicamente para explicar la cons- 
tancia de sus proporciones respectivas en el curso de los cambios materia- 
les del organismo. 

De ser cierta la supuesta sustitución de algunos radicales de la molécula 
del fibrinógeno por radicales metálicos, deben quedar en el líquido en que 
se deposita el coágulo de la fibrina los radicales sustituidos, y la demostra- 
ción de su presencia sería testimonio incontestable de la tesis sustentada. 

Si bien no es posible presentar la prueba directa que en este caso se 
pide, pueden citarse algunos hechos que parecen confirmar por modo indi- 
recto la indicada transformación química. 

• Observaron Fredericq y Hammarsten, y lo ha confirmado Arthus, que 
en las disoluciones de fibrinógeno, cuidadosamente purificada^ de seroglo- 
l)ulina, al ser coaguladas mediante el fibrinofermento, no todo el fibrinó- 
geno se convierte en fibrina, sino que una parte, en la proporción del $0 al 
40 por 100, queda disuelta y convertida en una nueva materia albuminói- 
dea, denominada fibringlobulina coagulable, á 64'' (temperatura distante de 
la de 56'' á que se coagula su generador), y con una composición elemental 
que, según análisis de Hammarsten, aunque difiere poco, no es completa- 
mente igoal á la del fibrinógeno ai á la de la fibrina. 

Por otra parte, la composición elemental de estas dos materias albumi- 

nóideas tampoco es idéntica, según los siguientes datos de Hammarsten, 

referidos á 100 partes : 

O H N S O 

FíbriDÓgeno 52,03 6,90 16,66 1,25 22,26 

FibrÍDa 52,6S 6,83 16,91 1.10 22,48 

Relacionando estas diferencias con la anteriormente indicada de ia pro- 
porción de ceDMatt 7 también con las vistas por J. Duclaux en el proceso 



311 

de la ooagalación de los coloidea disneltos, ¿no resalta lógico admitir una 
sudtitación de radicales orgánicos por radicales metálicos en el tránsito del 
íibrinógeno á la fibrina? Y si esta sustitución es la que produce la materia 
constitutiva de los elementos organizados, resulta que la sangre se coagula 
á consecuencia de la transformación química oorrelatiya á un yerdadero 
proceso fisiológico; pero desarrollado en este caso en condiciones anorma- 
les, de igual manera que el aumento de la destrucción intraorgánica de los 
eritrocitos produce el infarto del hígado, por desempeñar esta glándula en 
estado normal el papel de catabolizar la hemoglobina. 

Podría tratarse aqní de la acción anticoagulante de las al humosas, del 
suero sanguíneo de la anguila, de los extractos de tejidos y del extracto de 
•sanguijuela; pero las acciones de todas estas ^ub^tancia8, cuyos efectos, en 
general, son mucho más notables in vivo que ¿n vitro^ se refieren hoy al des- 
conocido proceso de la formación de los anticuerpos que neutralizan el po- 
der Xsoagulante del fibrinofermento, y la explicación de estos fenómenos 
negativos queda reducida á suponer la anulación del poder catalizador de 
la zimasa, que determina la producción del coágulo de fibrina á expensas 
del fibrinógeno con el concurso de sales minerales. 

Conclusiones : 1/ La coagulación de la sangre es un fenómeno físicoquí- 
mico como el de la coagulación de los coloides disueltos. 

2.* El zimógeno exudado por las plaquetas es el que, unido á la cal, 
forma el catalizador que determina la producción de la fibrina á expensas 
del fíbrinóflreno y de las sales disueltas en el plasma. 

3.* La coagulación de un coloide disuelto es consecuencia de un cambio 
de composición, en el que son sustituidos algunos de sus radicales. 

4.* La producción déla fibrina es consecuencia de un ingreso de radica- 
les metálicos en el fibrinógeno, en igual forma que se produce la materia 
organizada. 

5.* La coagulación de la sangre puede conceptuarse momento inicial de 
un proceso bioquímico, cuyos momentos ulteriores se van sucediendo desde 
el de la formación de la materia de los tejidos blandos, hasta la formación 
del cartilagíneo, del óseo y, finalmente, del dentario. * 

Feefaturla.— El Dr. A. Muñoz Ruit de Faaanis defiere mucho de lo que se 
ha dicho acerca de la natnraleza de esta enfermedad; afirma, como otros 
lo han hecho también, que precede y acompaña á la tuberculosis y á la 
glucosuria, por lo que las pérdidaa fosfáticas son consideradas por Teissier 
como una especie de diabetes sacarina latente, y admite como cierta la hi- 
pótesis de que la fosfaturia obedece siempre á ¿n trastorno nutritivo de 
verdadera importancia, pudiendo aparecer estando el rifión en la mayor in- 
tegridad fisiológica, y creyendo además que las alteraciones del filtro renal, 
de cierto orden, pueden ser causa de que la fosfaturia aparezca cuando los 
sujetos están á ella predispuestos. 

Hace la historia clínica, con riqueza de detalles, de algunos casos de fos- 
faturia sobrevenidos en sujetos con predisposición marcadísima para la tu- 
berculosis, y que padecían de litiasis renal, después de haber sufrido un có- 
lico nefrítico y arrojado gran cantidad de arenillas, como también de otros 
casos de fosfaturia sobrevenida después de una albuminuria, que se hi- 
cieron refractarios, y hasta llegaron á ser mayores las pérdidas fosfáticas 



312 

con el régimen que los grandes maestros recomiendan en esta enfermedad, 
j se cararoD, por lo menos aparen temen te, de la fosfatnria, con el régimen 
lácteo absoluto. 

También refiere qne ha risto snjetos con fosfataría primero y al bami na- 
na después, terminando este interesante trabajo con las siguientes concia* 
siones : 

La existencia de la albuminuria sin antecedentes de enfermedad renal 
debe ser motivo para suponer que puede estar ligada á la fosfaturia, asi 
como la fosfaturia puede hacer sospechar su origen albuminúrico ó alguna, 
alteración renal. 

Cuando la fosfaturia no desaparece, á pesar del régimen higiénico y me- 
dicamentos más indicados, e\ enfermo deberá someterse al uso exclusivo de 
la leche, pues hay muchos casos en los cuales la dieta láctea sola determi- 
na la curación. 

Csfflpesieién de les glóbulos rejes de la sanire. -- El Dr. E. Albrbcht: La 
capa snperflcial de los eritrocitos está formada, en los vertebrados, por unik 
substancia lipoide O^citina), más abundante en los mamíferos. La propie- 
dad principal de esta substancia, como todas las grasas, es una afinidad 
especial por el oxigeno que acumula en disolución sólida y transmite des- 
pués á la hemoglobina. Acumula también y sirve de vehículo á las subs- 
tancias disueltas en el suero sanguíneo que tienen más afinidad por los 
lipoides qne por el agua (alcohol, cloroformo, éter, etc). 

El interior del eritrocito no contiene elementos estructurales; os un 
fluido más ó menos homogéneo en el que está disuelta la hemoglobina; 
para qne ésta quede libre es necesario, no sólo qne se destruya por com- 
pleto ó en parte la capa externa lipoide del glóbulo, sino también que se 
altere su contenido, fil núcleo de los eritrocitos contribuye, según toda 
probabilidad, á la producción de la lecitina superficial y quizá también á 
la formación de la hemoglobina. 

Por consiguiente, todo lo que sabemos actualmente respecto á la estruc- 
tura del glóbulo rojo le hace considerar como un cuerpo oxigenóforo, y en 
general, gasóforo por esencia. — F. Toledo. ^ 

(Continuará). 



SOCIEDAD DS MEDICINA DB BBRLÍN 

S$Mn dü dia 4 de Julio de Í90€. 

Tumer retrefarfngee.^El Dr. Af, Listhauer presenta una joven, que desde 
hace cuatro afios venia padeciendo de dificultad en la deglución ; cuando 
la vio el autor, estaba sumamente demacrada. El globo ocular isquierdo 
estaba hundido, la pupila reducida de tamafio.y la hendidura palpebral ' 
estrechada La paciente estaba ronca y respiraba con mucha dificultad» 
En las fauces había un tumor retrufa* íngeo, que extirpó el autor desde 
fuera por el cuello. La herida se curó sin ningún incidente, aunque sobre- 
vino parálisis de la deglución con carácter transitorio. La mitad izquierda 
del velo del paladar está paralizada todavía, y también persiste aún una. 



313 

paráliflisdel recurrente izquierdo; Ambos aintomas hay que atribairloe á 
i* presión ejercida por el tumor, sobre el tronco del neumogástrico. Igual- 
mente persiste el hundimiento del globo ocular, hundimiento que es debi- 
do á la presión sufrida por el simpático. £1 examen microscópico ha de- 
mostrado que el tumor es un fíbrosarcoma. 

Esplreeetes en la sffilie terelaria. — El Dr. Benda presenta preparaciones 
de espirooetes procedentes de una arteritis cerebral sifilítica, ó sea de un 
caso de sífilis terciaría. Muchos de los espirocetes están deshechos y apa- 
recen como granulaciones ó fragmentos; otros aparecen largos y rectos. 

Cáleulee billares alejados en un divertfeule de Meekei. — El Dr. HoUander 
refiere que en un caso de peritonitis, practicó la laparotomía á las diez ho- 
ras de haberse iniciado la enfermedad, y creyendo que ésta había tenido su 
punto de partida en el apéndice rermiforme se dirigió á buscarlo. En efec- 
to, estaba alterado, pero sus alteraciones y lo mismo las adherencias que 
le rodeaban, eran evidentemente más antiguas y habí^ terminado su evo- 
lución. De la cavidad abdominal salía pus, y al reconocerla por medio del 
tacto, se tropezó en la cavidad de Douglas con una asa gangrenosa, la cual 
al ponerla más á la vista, se vio que no era otra cosa que un divertículo de 
Meckel lleno de cálculos biliares y perforado. Se extirpó dicho divertículo 
y el enfermo recobró su salud, ün meteorismo que se presentó pasajera- 
mente, se hizo desaparecer por medio del lavado del estómago. 

Operación extrema 6 interior de las supuraciones de les senes nasales aeoe- 
sorios.— El Dr. Max Halle dice que para ilustrar la cuestión relativa á las 
indicaciones de la operación extrema ó interior, en el tratamiento quirúr- 
gico de las afecciones crónicas de loe senos nasales accesorios, investigó 
ante todo cómo se efectúa la curación natural en los casos de empiema agu- 
do. Insiste en que debe ser el aire respirado el que, al pasar por las fosas 
nasales, ejerce una presión negativa sobre los senos y aspira el pus, y al sa- 
turarse el aire seco que penetra en las fosas nasales con el vapor de agua, 
deseca también dichos senos y de este modo los desinfecta. Semejante efec* 
to es más intenso aún con la inspiración forzada y en el acto de sonarse. 
Así que, cuando este acto se practica con fuerza y las fosas nasales se ha- 
bían limpiado de antemano, sucede muchas veces que si el pus es muy 
líquido, se le ve salir de los senos. 

El autor juzga necesario que también se tenga en cuenta este efecto en 
el tratamiento de los empiemas crónicos, y se propone examinar hasta qué 
punto obran en el mismo sentido los métodos terapéuticos usuales y su gra- 
do de eficacia para obtener la curación. 

La operación del seno maxilar desde un alvéolo es operación que toda- 
vía se practica mucho. La apertura de la cavidad en el punto más bajo, 
que es el fin de dicha operación para facilitar el desagüe del seno, resulta 
de ilusorios resultados, porque se hace preciso introducir en el acto un ob« 
turador en la abertura practicada, con lo cual el seno vuelve á estar ce- 
rrado por todas partes y sólo se abre en los momentos de los lavados. Pero 
con esto la abertura en el punto más bajo es inútil, en el concepto quirúr- 
gico,, puesto que viene á ser indiferente que una cavidad se la lave desde 
arriba ó desde abajo. Más aún, se dificulta la desecación del seno y obran 
como irritantes los lavados y el obturador. 



314 

Lft únie» TesUjs de máe método^ 1* deqseiepraiU iBC)orá« 
d* por d núaio eof ermo, w pseda eoBS^oir de otre Buaerm coa la i 
eoflBodided j eos m^or reenltedo. En efeeio, ke rcenhedoB del nétodo de 
Cooper mo mm maj DoteUes en loe eeeoe de empienm crónico, pneeto qne 
es mn j freeoente qne loe enformoe eetén tometídoe Teños efioe á tiwtn* 
ndeofto, sin c o n ecg n ír en cnndón definittTa. El antor ha tratado jeorado 
á mnehoe de eetoe enfermos por la Tia endonasal. 

La operación por la íbea canina tiene loe nusmoe iaconTenientes qne la 
de Cooper, pero en ma/or escsli ; en cambio, permite examinar perfecta- 
mente el interior áú seno. Por lo tanto, debe ser considerada siempre como 
mnj adecnada para las operadonee radicales de qne abora se trata; esto 
no obstante, por loe motÍTos antee expresados conriene mnchiaimo qne se 
cierre el seno lo máe pronto posible para qne la cnración se efectúe en las 
mejores condiciones. 

El método de Miknlicz-Exanse, ó sea el de la perforadón por el meato 
nasal inferior, satisface en parte al principio reconocido como de mncba 
importancia, pero el tratamiento consecntiyo es d<4oroso y oUiga dema- 
siado ai paciente á depoider del médico. El antor cree, conforme en esto 
con otros, qne es ma/ conreniente abrir ampliamente el seno por el meato 
nasal inferior para poder lograr nna eracnaeión duradera del pns ó en sn 
caso ana aspiración del mismo j para qne el paciente pueda tratarse á si 
mismo. El aator abre el antro con una fresa de trépano, por medio de la 
cnal también se puede quitar el bueso hasta llegar al suelo de las fosas 
nasales. 

Abre el esfenoídes deede adentro por medio del escoplo y según la ex- 
tensión del proceso morboso quita toda la pared ó tan sólo una parte, em- 
pleando en el primer caso una fresa de extremo romo y morida por la elec- 
tricidad. 

El etmoides es yaciado desde adentro y conrertido hasta donde es posi- 
ble en una gran caridad que después se cura sin grandes dificultades. Las 
células anteriores del etmoides se abren lo mismo que el seno frontal. 

El autor afirma que se pueden sondar todos los senos frontales afectados 
de lesión crónica. Se han hecho dirersas tentatiras para proporcionar de- 
sagüe al pus, bien dilatando el conducto excretor ó creando uno artificial, 
pero hasta ahora han sido poco fructuosas dichas teotatíras. Gonriene re- 
cordar que el conducto nasofrontal siempre está limitado lateralmente, de 
un modo directo ó casi directo por la lámina papirácea y por detrás por la 
lámina interna. Por delante sobresale mucho una espina nasofrontal inter- 
na que empaja el conducto hacia atrás. Esta espina puede quitarse sin 
ningún peligro. Para ello el antor desliza sobre la sonda introducida un 
protector flexible, y costeando éste penetra hacia adelante y arriba con 
uoa sonda morida por la electricidad, procediendo siempre con una rigi- 
lancia muy escrupulosa. 

Oaando la abertura es tan amplia que ya puede pasar por ella la punta 
de la fresa, se cambia ésta por otra de punta roma, se dilata con ella el 
conducto hasta que pueda introducirse en él otra fresa piriforme de extre- 
mo también romo, con la cual sólo se paede quitar hueso hacia abajo. Con 
esta fresa se puede, sin peligro alguno, quitar hueso hasta abrir ampUiH' 



316 

mente el seno frontal y garantizar el desagüe franco de un modo definiti- 
vo. Las prominencias pequefias se qaitan con escoplos especiales. De este 
modo se quitan también radicalmente todas las células etmoidales ante- 
riores y podemos ya orientarnos mejor para operar las posteriores. 

El autor presenta ocho preparaciones de otros tantos casos operados por 
el procedimiento que aconseja é insiste muy especialmente en el principio 
de operar por dentro, reservando las operaciones por afuera para aquellos 
caaos en que no es suficiente el tratamiento interno. 

El Dr. Af . Senator dice que en otro tiempo empleó la barrena movida 
por la electricidad, pero hubo de abandonarla, porque las heridas que hace 
no son lisas, desgarra la mucosa y puede fácilmente dar origen á la forma- 
ción de esquirlas ó de fisuras; además, no es posible orientarse mientras 
se está operando, y por otra pa]:te, como varían algo, según los individuos 
la situación del seno frontal y de su conducto excretor, no deja de tener sus 
peligros el operar á ciegas. Asi no es extrafio que haya habido casos en 
que, con este procedimiento se han producido grates lesiones accesorias 
seguidas en un enfermo de meningitis traumática. 

El Dr. Ritter llama la atención acerca de las dificultades con que tropie* 
za el diagnóstico de las supuraciones de los senos frontales, porque inme- 
diatas á éstos se encuentran las células infundí bulifor mes del etmoides. 
Guando en las autopsias se abren por afuera los senos frontales, se com- 
prueban los errores que se pueden cometer en estos casos. La abertura 
con la barrena desde las fosas nasales no está exenta de peligros, porque la 
forma de los senos frontales es muy variable.' Sólo en un 75 por 100 de casos 
todo lo más, se consigue sondar dichos senos é introducir, por lo tanto, el 
protector. Pero aunque éste se pueda introducir, no protege en realidad, 
porque para ello seria necesario que el conducto nasofrontal fuese vertical, 
y esto no sucede siempre ni mucho menos. Asi que cuando los demás mé- 
todos que acostumbran emplearse para curar un empiema de los senos 
frontales, no sean suficientes para ello, es preferible proceder por afuera. 
De este modo se logra en realidad una curación completa, sin que la ope- 
ración deje en pos de si cicatrices antiestéticas. 

El Dr. Peyeer pregunta qué es lo que ocurre con los empiemas de origen 
puramente dentario y teme que pueda pasar fácilmente inadvertido un tu- 
mor maligno del maxilar superior, si no se abre ampliamente el seno ma- 
xilar. Los senos frontales no siempre se pueden sondar. 

El Dr. Bochner presenta una radiografía que hace ver cómo una sonda 
que se ha hecho penetrar muy arriba en las fosas nasales no se ha introdu- 
cido, sin embargo, en el seno frontal. 

El Dr. Halle rectifica. 

(Deutsche MedUinal Zeiíung). — R. dkl Vallb. 



316 



IMPERIAL T REAL 800ISDAD DS L08 MEDIÓOS DB YIBNA 
SeMn da día 15 de Junio de 1906. 

Tuiíitrot dtMrrolladot después da la aplioaoión da las rayas X. — El doctor 
Otutavo Riehl presenta preparaciones de un cáncer epitelial y de nn sarco- 
ma fosocelnlar, tumores ambos que se desarrollaron en una misma enfer- 
ma y sobre una cicatriz consecntíra al tratamiento de un lupus por medio 
de ios rayos X. 

También presenta un enfermo con lupus vulgar y además con un carci- 
noma rodeado de infiltraciones luposas. Este enfermo parece que ha sido 
también tratado con los rayos Rontgen. 

El Dr. Saloman Ehrmann no niega la posibilidad de que los rayos X pue- 
dan ser causa de un epitelioma; pero también es difícil negar el origen es- 
pontáneo de este último en casos como Ioa presentados. 

El Dr. Ouido Hcltknecht dice que desde el trabajo^ publicado por Unna 
sabemos que pueden desarrollarse cánceres sobre úlceras producidas por 
los rayos X, pero á condición de que estas úlceras contengan restos epite- 
liales, cosa que no sucede en loe casos presentados. 

El Dr. Qahor Ndbl hace obserrar que como no es raro que los rayos X pro. 
Toquen el desarrollo de una afección muy parecida al xeroderma pigmen- 
tario, no debe eztrafiamos tampoco que pueda dar origen á un carcinoma, 
pues sabemos que el xeroderma predispone muchísimo á esta enfermedad. 

La pieoianasa aa al tratamianta da la maniniitis aarabre-asplaal y da otras 
afeaeianea. — El Dr. Teodoro Eicherích recuerda que entre los cuerpos bac- 
tericidas y no nociros para los tejidos se cuentan loe procedentes de la au- 
tolisis de las bacterias. La piocianasa procedente del bacilo piociánico goza 
en alto grado de dicha propiedad. De los ensayos hechos por el autor se 
deduce que no es muy útil en la difteria faríngea; pero que, en cambio, la 
instilación una sola Tez de cinco gotas de piocianasa en cada Tcntana na- 
sal fué útilísima en una epidemia de gripe que se obserTÓ en una enferme- 
ría de niños de pecho. También destruye el meningococo cuando éste se en- 
cuentra en las Tías respiratorias. Igualmente fué útil en inyecciones intra- 
durales de 8 á 5 centímetros cúbicos en casos de meningitis cerebro espinal 
observada en nifios. 

Embaraza axtra-uteriaa aperada. — El Dr. O. Th. Lindmthal presenta una 
enferma que por su anamnesia y por los datos de la exploración se creyó 
que padecía de preñez intra-uterina y quiste OTárico intraligamentoso. En 
la operación se tío que se trataba de una preñez abdominal genuína y que 
el saco embrionario, después de haber desplegado las dos hojas del liga- 
mento ancho del mexosalpinx y del mesorreclo, se había desarrollado den- 
tro de dichos ligamentos. El útero estaba Tacío. 

Tatanla paratireapriva. ^ Los Dres. Adler y Thaller dan cuenta de expe- 
rimentos que han realizado con el objeto de esclarecer la patogenia de la 
tetania de las embarazadas. Para ello, en hembras preñadas se destruyeron 
parte de los cuerpos epiteliales, presentándose al poco tiempo tetania gra- 
Te; en cambio no se presentó, ó sólo en forma muy Ictc, cuando se hizo la 



317 

mismA operación en hembras no prefiadas. Oaando se extírparoo por com- 
pleto los dos cuerpos epiteliales principales sobreyino nn estado grayc de 
caquexia tetánica que excluía la posibilidad de una preñez ulterior. Cuan: 
do no se extirparon todos los cuerpos epiteliales, las hembras pudieron yoI- 
Ter á hacerse preñadas una ó más veces, según la importancia de la lesión, 
la cual influyó también en que apareciera ó no la tetania. Esta fué prece- 
dida siempre dé alopecia, que también se ha obseryado en la tetania huma- 
na, sobre todo en la de las embarazadas. En los animales en los que se ha 
experimentado, nunca se toIyíó á presentarla tetania en la época de la lac- 
tancia. « 

El Dr. Antón de EinUberg reconoce ahora, contra su antigua opinión, que 
la tetania experimental es originada por la falta de los cuerpos epiteliales. 
Pineles explica la aparición tardía de la tetania coincidiendo con la recidiva 
del bocio, por el hecho de que éste llega á comprimir los cuerpos epitelia- 
les; pero como la clínica enseña que en la mayoría de los casos con el nuevo 
crecimiento del bocio desaparece la tetania, hay que admitir, por el con- 
trario, que también se hipertrofian los cuerpos epiteliales. 

Oon este motivo cita el autor el caso de una mujer á la que se le extirpó 
el bocio el año 1886, presentándose al cabo de cierto tiempo síntomas de 
tetania, que fueron reemplazados después por una caquexia crónica. 

El año 1887, embarazo sin ningún accidente. El 1888 nuevo embarazo,, 
durante el cual se desarrolló un tumor en el mango del esternón, desapare- 
ciendo al mismo tiempo los síntomas caquécticos. En 1891, el tumor creció 
rápidamente y se presentaron dolores. En el cuello no había el menor indi- 
cio de recidiva del bocio, pero sospechando que se trataba de un tumor ma- 
ligno se extirpó la neoplasia en el año 1892, viéndose que se trataba de un 
cáncer de células cilindricas desarrollado en una metástasis del bocio. A 
los nueve días de la operación síntomas de tetania, que después de una re- 
misión volvieron á presentarse. Después nueva mejoría, seguida de sínto- 
mas de caquexia, sin que ésta se hubiese aliviado por la aparición de un 
tumor en la escápula. En noviembre de 1898 la enferma dio á luz un niño 
sano, y al poco tiempo de esto sucumbió con síntomas de caquexia. 

En este caso és de creer que el cuerpo epitelial accesorio que estaba co- 
locado detrás del esternón y que se había hipertrofiado después de la pri- 
mera operación, fué extirpado coando la resección esternal. 

El autor dice que en la clínica de Billroth se observaron hasta el año 
1890 doce casos de tetania consecutiva á extirpación total del bocio; de 
ellos, cinco fallecieron de tetania fulminante y tres de tetania crónica; dos 
quedaron con tetania crónica persistente; de los otros dos de tetania tam- 
bién crónica, uno mejoró al recidivar el bocio y otro curó espontáneamen- 
te. En estos últimos cinco años, de 856 operaciones de bocio, sobrevino te- 
tania en 16; en 11, ligerisima; en dos, en que fué algo más persistente, se 
curó con tabletas de substancia tiroidea. En dos casos ya existía la tetania 
antes de la operación. 

Vemos, por lo tanto, que la tetania se ha hecho mucho más rara desde 
que ya no se extirpa todo el bocio, procedimiento con el que se evita tam- 
bién la destrucción completa de los cuerpos epiteliales. 

La disección cuidadosa del recurrente y la ligadura exacta de la arteria 



318 

tiroidea inferior contri buirán Umbién á este resnliado. Se apelará á la enu- 
cleación, á la enacleación con resección, ó á la extirpación, que puede com- 
prender hasta cuatro quintos del bocio, según las circunstancias de cada 
caso. En la actualidad tiene tan poca importancia la tetania post operato* 
ría, que no hay motÍTO para modificar los procedimientos adoptados. 

El Dr. Ricardo Paltauf hace observar que, desde 1901, yiene atribuyendo 
la tetania á la falta de los cuerpos epiteliales y las alteraciones en el cre- 
cimiento, el marasmo y la caquexia 4 la supresión del cuerpo tiroides. El 
autor ha observado la hipertrofia compensadora de los cuerpos epiteliales 
en cabras, 4 las que#e les había extirpado el cuerpo tiroides para admi- 
nistrar su leche 4 enfermos de mal de Basedow. 

El Dr. Max Kassowitt entiende que seria prematuro aplicar los datos 
obtenidos con la tetania experimental para explicar la patogenia de las de- 
más formas de tetania. Así la tetania de loe niños raquíticos, que es muy 
frecuente observar en invierno, sobre todo á su terminación, ataca casi ex- 
clusivamente 4 niños que tienen la edad m4s apta para contraer el raqui- 
tismo y en los que se encuentran casi siempre signos evidentes de dicha en- 
fermedad. Ahora bien; podía suponerse que en todos los casos de tetania 
los centros convulsivos fuesen irritados por substancias tóxicas, pero que 
éstas no habría de ser preciso que turíesen siempre el mismo origen. Así \ 
en la tetania paratireopríva serían de origen endógeno y obrarían á causa 
de no ser neutralizadas por la secreción interna de los cuerpos epiteliales. 
En cambio en los casos no operatorios se trataría quizá de substancias tó- 
xicas aspiradas con el aire exterior, explicándose así el efecto rápido del 
fósforo que, por el contrario, es inactivo en las neurosis de origen no ra- 
quítico. 

Admitiendo la patogenia indicada se explicaría también la aparición de 
la tetania en determinadas estaciones del año, y su mayor frecuencia en 
profesiones y oficios que se ejercen en locales cerrados. 

( WitfTi^r klinische Rundschau). — R. dkl Yallb. 



PERIÓDICOS 



Mode de oemprobar la diiestién del tejide eenjuntive por medie de les rayes 
RSntgon. — En una de las últimas sesiones de la Sociedad vienesa de Medi- 
cina interna y de Paidopatía, el Dr. Gottvald Schwarz dio á conocer el si- 
guiente procedimiento de aplicación de los rayos Rdntgen al estudio de la 
digestión del tejido conjuntivo. 

El paciente traga 15 decigramos de subnitrato de bismuto envueltos en 
una película de tripa. 

Al examen radioscópico el bismuto aparece como una mancha negra 
mientras se conserva la película, pero una vez digerida ésta, aparece el 
subintrato de bismuto como una sombra difusa. Ahora bien ; mientras la 



319, 

pelioaU de tripA se disuelye en el estómago normal á las siete horas, en un 
easo de hiperacidez se disolyió á las dos, y en cambio en otro de ptoeis del 
estómago no se habla disuelto á las yeinte. 

iZentralblaít f&r inaere A/«2tm).— R. dbl Valle. 

Tratanlanto de Ia4|eta. — Entre los medicamentos más útiles para elimi* 
nar el yeneno gotoso, el mejor, dice el Dr. L. Williams, es el yoduro potá- 
sico. Conyiene emplearle á la dosis necesaria y combinado con otros medi- 
camentos. La combinación siguiente merece ser empleada : 

Qnayaoo en poWo | aa^o^^í^ 

Yoduro potásieo .^ I** « ^««gramofc 

Para on sello, tres al düu 

81 el guayaco produce efectos purgantes, se reduce la dosis á la mitad ó 
se agrega á cada dosis 8 á 6 decigramos de creta. Los salicilatos son consi- 
dorados por unos como útiles en la gota, y por otros como perjudiciales. Se 
les objeta producir efectos deprimentes é irritar los rifiones. El Dr. Wi- 
lliams aconseja la aspirina á la dosis de 6 á 12 decigramos. Los salicilatos 
no deben -administrarse con alcalinos, sino solos ó combinados con un me- 
dicamento, como la nuez yómica, que no influya sobre el medio químico. 
El ácido fosfórico es muy recomendado por loe que creen, ateniéndose á los 
experimentos de Joulie, que las manifestaciones gotosas son debidas á la 
retención en la sangre de substancias cuya eliminación es fayorecida, no 
por los alcalinos, sino por los ácidos. El ácido cítrico, en forma de sumo de 
limón, es útil en el tratamiento de la diátesis gotosa y, según el Dr. Wi- 
lliams, puede considerarse como uno de los medios más eficaces para com- 
batir la tendencia á la gota.— (C/i/itca/ Journal), — F. Tolbdo. 

laftueneia faverable de los rayes R9nt|en en las adenopatfas tubereulesas ne 
•upiil'adas. — El Dr. J. Bergonió refiere cinco casos de notable mejoría ob- 
seryada en infartos ganglionares tuberculosos, no supurados, gracias al 
empleo de los rayos Rontgen con interrupciones de una á dos semanas, 
siendo*de adyertir que dichos infartos habían sido rebeldes á todos loe de- 
más tratamientos. En cambio los rayos Rontgen no modificaron en lo más 
minino el estado general de los pacientes. 

(Compt rendua de V Ácad. des «cíencss).— R. dbl Valle. 

Pvbleteinia en el parto.— Según Aubert, la pubiotomía está exenta de las 
objecciones que se hacen á la sinfísiotomia y su mortalidad; aun practicada 
por cirujanos poco hábiles, es la mitad menor que la de la operación cesárea 
ejecutada por operadores competentes. Como la sección no se practica en la 
linea media, los sostenes de la yejiga y del uréter no corren peligro ni son 
sometidos á la tensión tejidos tan delicados como el clitoris. El músculo es 
más resistente que la linea media, y hay menos peligro de desgarro. La he- 
morragia jamás es abundante, porque se eyitan los cuerpos cayernosos. La 
tensión del adductor largo y del recto interno impide la separación exage- 
rada de los fragmentos. La unión del hueso seccionado es rápida, y el re- 



320 

saltado mecánioo siempre perfecto. Es menoe peligrosa qae el parto pre* 
maturo en pelTÍs de diámetro conjugado verdadero inferior á siete centi* 
metros, y puede emplearée sin inconyeniente en miijeres febriles. La ope- 
ración se practica del modo siguiente : se hace una incisión á lo largo del 
borde superior del pubis desde la linea media hasta la espina. 8e deja al 
descubierto el borde superior del hueso, y se introduce detrás del pubis, 
pegada ^ él, una aguja curva montada. 8e hace una pequefia incisión 
en la piel debajo del pubis y se saca á través de ella la aguja. Se une al 
extremo de la aguja una sierra de Gigli, con la que se practica la sección. 
Las heridas pueden cerrarse sin hacer el desagüe. 

(Rev, Afedicale de la SuUse Romande), — F. Tolsdo. 

Eetudlot tebre la c cuarta» enfermodad.— El Dr. O. ünruh cree, por loque 
ha observado, que hay motivo para admitir la existencia de la enfermedad 
que Filatow y Dnkes han denominado c cuarta», por parecerse algo á los 
tres exantemas febriles: sarampión, escarlatina y alfombrilla. Individuos 
que ya habían pasado el sarampión y la alfombrilla contrajeron después la 
«cuarta» enfermedad, y ésta se transmite por contagio siempre con los 
mismos caracteres. 

Sus síntomas son : exantema que palidece al cabo de uno ó dos días, con- 
Üuente en el tronco, más diseminado ó formando grupos en el rostro, cons- 
tituido por manchas de color ligeramente rojo moreno y de un tamafio que 
no alcanza el de las manchas de alfombrilla ; fiebre de uno ó dos días de 
duración, no muy elevada y acompañada de poca frecuencia de pulso rela- 
tivamente, leve tumefacción de los ganglios linfáticos cervicales, incolu- 
midad de las mucosas y falta de enfermedades consecutivas. 

Es enfermedad casi exclusiva de la infancia; la predisposición para con- 
traerla es menos frecuente que para contraer la escarlatina, y su período de 
incubación, que algunos dicen ser de nueve á doce días, fué de quince en 
un caso bien observado por el autor. 

(Deutsche» Árchiv. für klinische Medidn), — R. dbl Vallx. 

Un medie de anmatearar al saber del aceite de rieino. — Lqs árabes, cuando 
desean tomar aceite de ricino, lo vierten gota á gota sobre un vaso de leche 
caliente y agitan la mezcla con una cuchara. A los pocos minutos se forma 
una emulsión perfecta, á la que puede agregarse algo de jarabe de azahar. 
El aceite de ricino tomado de este modo es grato, y además más activo, 
puesto que son suficientes 15 á 20 gramos para un adulto. 

(Journal de med. de Parü). — F. Toledo. 



-4^»V#-- 



REVISTA 



MEDICINA Y CIRUGÍA PRÁCTICAS 



EFECTOS DE LA DILATACIÓN, 

lA VADOS Y DESAGÜE UTEBIKO EN LOS ABORTOS IKOOHFLETOS, 
^ METB0BRA0IA8 8UBIKV0LÜTIVA8 Y EN LAS EVDOMBTBITIS 

IH>R U DOCTOR 

D. ADOLFO MARTÍNEZ CERECEDO 

Tocólofo, por opotlei¿a, de U BeBefteeneU mvaielpal do Madrid. 



La dilatación, irrigación y desagüe en sustitución del legrado en 
tas endometritis y hemorragias post abortum es un tratamiento 
«asi siempre heroico, con el cual se pueden ahorrar muchos raspa- 
dos de la matriz, aun en los casos en que esta intervención parece 
mejor indicada, como ocurre en las metrorragias posteriores al 
aborto ó sintomáticas de endometritis hiperplásicas (OIshausen). 

Por más que el legrado uterino es una operación sencilla y de 
.pronóstico tan íayorable, que puede decirse que resulta inocuo el 
100 por 100 de intervenciones, no obstante puede producir, por más 
que raramente, consecuencias dolorosas, si no se establecen bien las 
indicaciones y contraindicaciones, y sobre todo si la mujer está muy 
<lóbil por pérdidas sanguíneas anteriores á la operación. 

Es indudable que el raspado produce un traumatismo y una me- 
trorragia cuya enervación y anemia rápida ha de tener su eco en el 
organismo, y el colapso puede ser la resultante de la depresión ner- 
viosa y pérdida sanguínea, que en circunstancias de gran debilidad 
de la enferma y de muy poca resistencia orgánica produzca la 
muerte de la operada. 

Por lo tanto, á las contraindicaciones clásicas apuntadas por los 
autores hay que agregar la gran debilidad ocasionada por metro- 
rragias ó por otras causas en que el ginecólogo debe de ñjar su 
atención para no encontrarse con sorpresas sensibles, tanto más 
Afio XXX. - Tomo LXXII. - Nüm. 945. - 7 Septiembre, 1900. S3 



322 

'Cuanto que nadie habla de gravedad post operatoria consecutiva al 
raspado de la matriz. 

La expectación armada ante los abortos inevitables y sus conse- 
cuencias, debe ser la regla de conducta seguida. Si el raspado dé la 
matriz fuese una intervención completamente inocua, el vaciamien- 
to uterino y el legrado sería siempre la operación' que estuviese in«» 
dicada en una gestación interrumpida en los primeros meses. 

La observación de un caso de defunción por ahoeh traumático con- 
secutivo á un legrado practicado en una enferma extenuada por le- 
sión crónica del aparato respiratorio y por abundantes metrorra- 
gias originadas por un pólipo uterino, produjo en mí cierta reacción 
respecto á recurrir á la legra en casos de abortos incompletos ó de- 
hemorragias por subinvolución ó por hiperplasia del endometrío,. 
que hite muy poco tiempo todavía constituían para mí una indica- 
ción precisa y absoluta del legrado uterino. 

Posteriormente á este caso que me sirvió de gran enseñanza en lo 
que respecta á contraindicaciones de índole general, me vi en la 
precisión de hacer un raspado por metrorragias peligrosas provo- 
cadas por restos placentarios en un aborto de tres meses, y dos ho- 
ras después del legrado era tal la pequenez del pulso, el descenso de 
la temperatura y el colapso; en una palabra, que apresuradamente 
recurrí á las inyecciones de suero, pues hubo momentos en que temi 
que no reaccionando la enferma se extinguiera por shock traumá- 
tico y anemia aguda» pues perdió mucha sangre en la operación y 
hubo que dar por terminada ésta, sin lograr producir en la pared 
posterior el grito uterino característico, cuando la legra ha destruí- 
do la mucosa y se halla en relación con la capa muscular. Era tal 
la cantidad de sangre que salía á chorro del útero al legrar la cara 
posterior de su cavidad, que tuve que suspender la operación y ta- 
ponar rápidamente con gasa yodofórmica, con lo cual se cohibió 
inmediatamente la metrorragia. Este caso me ha resultado ta^i- 
bién muy instructivo; primero porque demuestra que no siempre 
el raspado suspende la hemorragia, y segundo porque es un dato 
demostrativo de que el legrado puede ser beneficioso aun sin des- 
truir toda la superficie y espesor de la mucosa, pues la enferma se 
curó radicalmente de sus flujos hemorrágicos, y hoy menstrua nor- 
malmente, estando casi restablecida de la gran anemia adquirida. 
Este caso trae á mi memoria el recuerdo del primer raspado que 
practiqué el 98 en la Princesa, sección del Instituto de Terapéutica 
Operatoria. En aquella enferma que estaba próxima á la menopau- 



323 

8ia y que Bufrla menorragias, tampoco se pudo conseguir al raspar 
la pared posterior el ruido propio del contacto de la legra con Ja 
Capa muscular, y sin embargo se curó de su enfermedad, pues vista 
seis años después no se'habian reproducido las molestias que deter- 
minaron la intervención. También en esta enferma recuerdo que la 
metrorragia fué considerable en el momento del legrado. Lo que en 
ambos casos me quedó sin conocer es la causa de la ausencia del 
ruido especial indicado, y por lo tanto si la mucosa estaba excesi- 
vamente gruesa y vascularizada en dichos puntos, ó si la capa mus- 
cular estaba anormalmente reblandecida, pues por lo menos en el 
primer caso hay que alejar la hipótesis de una degeneración malig- 
na, porque este proceso hubiera continuado su marcha destructora. 
Bn ambas enfermas el legrado ha sido eñcaz, no obstante de haber 
sido quizás incompleto. 

El recuerdo de contraindicaciones de orden general y el de raspa- 
dos incompletos, que fueron, no obstante, eficaces, me animaron á 
extremar la expectación en los tres casos que suscintamente voy á 
referir. 

Hasta hace poco tiempo me he inspirado en la conducta de Dole- 
ris por creerla más razonable y expedita enfrente de las reservas 
sostenidas por Tamier y Pinard, que objetaron que el método reco- 
mendado por aquel autor era imperfecto, inútil muchas veces y en 
ocasiones hasta peligroso; hoy no diré que sea imperfecto ni peligro- 
so, porque el instrumento con que se practica el raspado pueda pro- 
ducir una perforación; pero sí, aleccionado por la experiencia, puedo 
afirmar que es inútil muchas veces y peligroso algunas cuando el 
mal estado general de la enferma lo contraindica, y por lo tanto, 
que antes de decidirse por la operación debe cerciorarse uno del 
modo de ser cardiaco é inervador, esto es, consultar la resistencia 
orgánica de la enferma. 

Bn los casos de aborto complicado con infección ó hemorragia, 
puede ser urente la necesidad del raspado de la matriz, y, sin em- 
bargo, todavía en estos casos puede ser evitable dicha intervención 
si con asiduidad recurrimos al lavado y desagüe de la cavidad ute- 
rina en medio de la más minuciosa y perfecta asepsia, con observa- 
ción atenta del efecto logrado en la fiebre y pérdida sanguínea. 

Desde que el colapso ocurrido en algunos casos de legrado prac- 
ticado en malas circunstancias generales me advirtió el peligro de 
esta pequeña operación, la he reemplazado en dichas condiciones 
por el lavado y desagüe uterino, y hoy puedo afirmar que mu- 



324 

chos raspados son evitables sostitayendo esta intervención por 
aquellas modestas curas, por donde puede y debe empezarse con 
más frecuencia para llegar al legrado en caso de verdadera indica^ 
ción y cuando la irrigación uterina resulte insuficiente. 

Claro está que no se debe agotarla expectación en perjuicio de la 
enferma cuando la infección ó metrorragia no ceden rápidamente, 
ó cuando el mayor volumen uterino, en desproporción con la época 
probable del embarazo, unido á los demás síntomas, nos hace pre- 
sumir la existencia del mixoma placentario ó degeneración de las 
vellosidades coriales, pues en este caso el vaciamiento rápido de la 
matriz puede ser la indicación, y hasta su extirpación, si se tratara 
del deciduoma maligno. 






Voy concisamente á narrar tres casos de aborto incompleto, com- 
pilcados con hemorragia ó ligera infección, curados rápidamente 
sin recurrir al legrado: 

1.^ A las doce de la noche de un día del invierno pasado, fuf lia* 
mado para una consulta con el Dr. D. José Soto, Jefe de la Casa de 
Socorro del distrito del Hospital. 

Se trataba de una embarazada que con una metrorragia conside- 
rable acababa de expulsar un feto de cuatro meses. Intenté despren* 
der la placenta con los dedos, pero me fué imposible practicar el 
vaciamiento uterino. Hícele una irrigación vaginal y coloqué un 
tapón. 

Doce horas después extraje el tapón vaginal, y como la placenta 
no se alcanzaba con los dedos, la hemorragia se había suspendido y 
las siete décimas que tenía al expulsar el feto habían desaparecido, 
no insistí más en el taponamiento y sí exclusivamente en las irriga* 
clones vaginales con sublimado, mañana y tarde, durante dos se- 
manas, para continuar quince días más con lavados con agua y 
ácido bórico. La placenta se fué desprendiendo por pequeños trozos, 
y ni la hemorragia ni la fiebre reaparecieron. Han transcurrido 
seis meses y aquella enferma, debilitada por trastornos digestivos 
anteriores al aborto y por la anemia consecutiva, está hoy comple- 
tamente curada, sin haber empleado otro tratamiento que las irri- 
gaciones dichas y la ergotina. 

2.^ El 16 de diciembre próximo pasado vi en consulta con el doc- 
tor Casuso, de la Beneficencia municipal, una enferma en la calle 
del Salitre, núm. 28, en circunstancias gravísimas, hasta el punto 



326 

que la muerte parecía inminente. Hacia doce días que habla expul- 
sado el embrión, en medio de abundantisima pérdida sanguínea. La 
metrorragia disminuyó sin desaparecer, hasta que el referido día 16 
sufrió una hemorragia tan considerable que perdió el conocimiento, 
creyendo la familia que había muerto. 

La encontramos sin pulso, que sólo después de 300 gramos de in- 
yección de suero se hizo perceptible y ñliforme. 

La cama estaba inundada de sangre, y la vulva y vagina ocupa- 
das por coágulos antiguos y recientes. Desprendí y extraje con los 
dedos los trozos placentaríos que pude arrastrar» y dispuse'que le 
hicieran dos irrigaciones diarias con sublimado. Al día siguiente le 
repetí la inyección de suero, y como al tercer día apareciese ñebre, 
que llegó á 38^, le hice una irrigación uterina, con la que salieron 
restos placentarios muy fétidos. 

La ñebre desapareció y continuó con las irrigaciones vaginales 
con agua sublimada y con el cornezuelo, que le administré para 
favorecer la involución uterina y prevenir así una nueva metrorra- 
gia, que la enferma no hubiera podido resistir, y se fué reponiendo 
paulatinamente de su gravísima anemia, hasta el punto que á los 
dos meses no la conocí al presentarse en mi consulta completamente 
restablecida. 

En este caso, el legrado digital, por m¿s que fué incompleto, por 
cuanto han quedado trozos placentarios que después se fueron des- 
prendiendo, fué suñciente, y la enferma no hubiera seguramente 
sobrevivido al legrado instrumental que su gravísimo estado gene- 
ral contraindicaba. 

3.** A principios de mayo próximo pasado vi con el Dr. Piquer, 
tocólogo de la Beneficencia municipal, en la calle de Campomanes, 
número 6, un caso que diagnosticamos de suspensión de gestación 
con retención fetal, por la historia y los caracteres del útero, volu- 
men, blandura, etc. 

El 6 de mayo abortó, expulsando un feto macerado, y como la me 
trorragia fué considerable y ya empezaba á resentirse el estado ge- 
neral, le extraje la placenta, introduciendo los dedos índice y medio 
de la mano derecha en la cavidad uterina, auxiliando al desprendi- 
miento y extracción con la izquierda á través de la pared abdomi- 
nal, que por su delgadez favorecía la intervención. Continuó la 
primer semana bien, sin hemorragia, y únicamente por las tardes 
subía el termómetro cinco décimas. 

En la segunda semana reapareció el flujo sanguíneo, y continuó 



326 

con dos irrigaciones vaginales diarias con agua sublimada muy 
caliente, y además la sometí á la benéfica influencia hemostática 
del cornezuelo y analgeeina. La tercer semana después de la expul- 
sión fetal y extracción placentaria, mejoró visiblemente, desapare- 
ciendo la metrorragia; pero á principios de junio reapareció de 
nuevo con caracteres alarmantes, limitándome, no obstante, á dila- 
tar, lavar y desaguar la matriz. Pasé fácilmente los diiatadores de 
Hegar hasta el núm. 13, é irrigué y taponé tres días seguidos la 
cavidad uterina con gasa yodofórmica esterilizada, logrando que 
desapareciera la hemorragia. Ck>ntinuó una semana después some- 
tida á las irrigaciones vaginales muy calientes y al cornezuelo, con 
el propósito de que, adelantando la involución uterina, se alejara el 
temor de nuevas metrorragias, que efectivamente no reaparecieron. 
Este es un caso en que parecía clara é imperiosa la necesidad del 
legrado, y no obstante se pudo prescindir de él, siendo sustituido 
con ventaja por el lavado y desagüe uterino. 



Con la dilatación, lavado, desagüe y toques en la mucosa enferma 
con tintura de yodo, fenol yodado ó formalina he tratado y visto 
tratar en el Instituto Rubio con verdadero éxito muchos casos de 
endometritis hiperplásica y post abortum caracterizadas por meno 
y metrorragias, que parecían exigir el legrado para su completa 
curación, según la precisa indicación que da Olshausen para el ras- 
pado de la mucosa uterina. 

Voy únicamente á referir un caso interesante de endometritis se- 
nil. Hace tres años reconocí á una enferma de sesenta y cinco años, 
pluripara, cuya regla había desaparecido á los cuarenta y cinco 
años de edad. 

Estaba demacrada y se quejaba de un ñujo amarillento y fétido, 
que le apareció un año antes de este reconocimiento, y de trastornos 
digestivos, principalmente diarrea. La habían visto dos distinguidos 
especialistas de esta Corte, los que unánimemente le manifestaron 
que había que rasparle la matriz y analizar los productos por si era 
preciso otra operación más importante. Explorada, se notaba la in- 
volución iniciada de la vulva, vagina y cuello uterino con estenosis 
del orificio externo. Practicada la hísterometría, medía el útero 8 
centímetros, y al sacar el histerómetro, salía un liquido purulento 
muy fétido. 

Le puse un tallo de laminaria, y al retirarlo al día siguiente salió 



327 

•del útero una cantidad de pus con los caracteres dichos, que reva- 
«aria seguramen de 30 gramos. Pasó hasta |el número 11 de los di- 
latadores de Hegar, lavó con agua esterilizada, toqué |a mucosa 
iU}n tintura de yodo y rellené la cavidad uterina con gasa yodofór - 
mica, renovando esta cura tres días seguidos y después cada cua- 
renta y ocho horas, habiendo logrado una completa curación des- 
pués de la séptima cura, sin necesidad de recurrir al legrado. La 
diarrea cedió con la dieta láctea, alcalinos, subnitrato de bismuto y 
morfina, obteniendo el completo restablecimiento de la enferma an- 
les del mes de comenzar el tratamiento referido. 
Las consecuencias que se infieren de todo lo referido son : 
1.^ Que el legrado preventivo en los abortos incompletos á titulo 
de medida profiláctica contra la hemorragia, ó la infección debe des- 
echarse porque en muchos casos es innecesario y en otros pueden 
evitarse y combatirse ambas manifestaciones ó complicaciones con 
recursos menos violentos y peligrosos que el raspado de la matriz. 
2.^ Que con la dilatación^ lacado y desagüe uterino se puede y debe 
fiustituir el legrado en muchos casos de aborto incompleto ó com- 
plicado con infección ó metrorragias, que constituyen para algunos 
una indicación absoluta del raspado uterino. 

3.^ Que aun las metrorragias de origen subinvolutivo ó4as pro- 
vocadas por endometritis hiperplásicas, caracterizadas por meno ó 
metrorragias, pueden ser combatidas de un modo heroico por el te- 
oado, la desinfección y el desagüe de la mucosa uterina, debiendo de 
recurrir al legrado si fracasan aquellas curas más modestas, menos 
agresivas y tan eficaces como el raspado de la matriz. 

REVISTA DE OFTALMOLOGÍA 

poa n DOOTOA 

D. SINFORIANO GARCÍA MANSILLA 

OealUU d«l HocplUl General T^Hotpleio. Profesor de Ofulmolof^a de la FaenlUd 
de Mcdieioa de Madrid. 



SüMABio X I. Afecciones de los ojos por aato-intozisaoión gaitro-intestinai. 
—II. La alipina, naevo anestésico ocnlar.— III. Oftalmitis metast&sica.— 
lY. Naevo tratamiento del desprendimiento de la retina. 

L El Dr. Friedrich, de Víena, ha publicado un trabajo sobre las 
enfermedades de los ojos y la auto-intoxicación intestinal. Es un 



328 

hecho conocido que en las enfermedades de la vista quedan por 
descubrir todavía algunas de las causas que las producen. Hay for- 
mas de escleritis, queratitis, neuritis, iritis, neuritis retrobulbared^ 
cataratas, alteraciones del vitreo, hemorragias del vitreo, hemiano- 
pias y o trosj trastornos oculares, en los que la amnesia nada descu- 
bre respecto á las causas que las determinan. ; 

Existen, por el contrario, en individuos afectados de las enfer- 
medades arriba citadas, datos indudables de trastornos digestivos» 
sensación dolorosa en la región del estómago, hepática y esplénica; 
dolores característicos en la región lumbar é interescapular, con 
irradiaciones hacia los hombros; dolor á la presión en los puntos de 
emergencia de los nervios intercostales, del plexo cervical, del ner- 
vio supraorbitario; dolores en las regiones frontal y temporal; ce- 
falalgia de forma frontal, trastornos respiratorios y palpitaciones, 
violentas. 

En ninguna de las afecciones arriba citadas se demostró altera- 
ción alguna de los demás órganos. 

En un caso de hemorragia espontánea del cuerpo vitreo existía 
albúmina en^la orina. Como el indican se produce solamente en los> 
procesos de descomposición intestinal, me creo autorizado para 
creer que en. el organismo de tales enfermos se producen venenoa 
intestinales, que más pronto ó más tarde han de ejercer su perni- 
ciosa acción sobre otros órganos del cuerpo y entre ellos los de la 
visión. 

El Dr. Blschniz presenta algunas observaciones sobre el mismo* 
asunto. 

Desde hace unos diez años ha observado la presencia de indican 
en la orina de enfermos de afecciones gastro-intestinales, el cual 
considera juega un papel etiológico importante en las afecciones da 
los ojos. Hasta ahora, la auto-intoxicación gastro- intestinal sólo- 
en muy pocos casos se ha considerado, excepción hecha de las en- 
fermedades del sistema nervioso, como causa de las afecciones dé- 
los ojos. Según las observaciones del autor, la auto-intoxicación in- 
testinal tiene un importante papel : 

r.*' En las enfermedades del sistema nervioso (oftalmoplegia in- 
terna, músculos externos de los ojos, afecciones del nervio óptico). 
Respecto á estas últimas, las intoxicaciones por el tabaco y el alco- 
hol contribuyen, con los trastornos gastro-intestinales, á produ- 
cirlas. 
2.** Las afecciones corneo-escleróticas, queratitis recidivantes, es- 



329 

cleritis y episcleritis recidivantes pasajeras, hacen su aparición 
como consecuencia de auto-intoxicaciones gastro-ln tes tin ales. 

3.^ Enfermedades de la úvea, iritis recidivante y muchos casos de 
iridociclitis poco manifiestas, reconocen igual origen. En estas dos 
categorías últimamente mencionadas suelen descubrirse señales de 
sífilis hereditaria que no ceden al tratamiento antisifilitico. Parece 
ser que como consecuencia de la sífilis hereditaria, tienen lugar cier- 
tas alteraciones en los aparatos glandulares ó de inervación del in- 
testino, que originan trastornos del quimismo digestivo, descompo- 
siciones anormales en el conducto intestinal, y por consiguiente, au-' 
tO'intbxicaciones intestinales. En los casos en que hace referencia el 
autor, se ha prescrito un régimen dietético muy prolongado y á me- 
nudo se ha repetido la desinfección intestinal, con lo cual siempre 
se obtuvo importante mejoría ó la completa curación.-^La Semana 
Médica, de Buenos Aires, diciembre de 1905). 

II. Los químicos no dejan de hacer progresos en terapéutica, y á 
cada momento nos presentan productos nuevos, cada vez más per- 
fectos y menos tóxicos. 

El éxito de la cocaína ha sido tan grande y tan duradero, que 
cada cual trata hoy de presentar un nuevo anestésico : la holocaí- 
na, la eucalna, la estovaina. Actualmente, la alipina pretende ser 
mejor que los anteriores. v 

La alipina, en solución al 4 por 100, produce la insensibilidad de 
la córnea & los dos ó tres minutos, sin provocar midriasis ni altera- 
ción de la acomodación. 

Estas dos interesantes cualidades han sido ya reconocidas en la 
holocaína, la eucalna y la estovaina. No son, por tanto, cualidades 
nuevas, y la anestesia no es tan profunda ni tan duradera como con 
la cocaína. 

De todos los anestésicos nuevos, cada uno puede llenar distintas 
indicaciones, dadas las múltiples exigencias de la clínica. 

Para darse cuenta del valor de un anestésico, no basta con ensa- 
yarle en algunos casos con una idea preconcebida y sobre enfermos 
que nos hayan oido hablar de las cualidades del nuevo producto, 
que pueden estar más ó menos sugestionados ó prevenidos» como el 
experimentador mismo. 

Véase cómo ha procedido Darier. Durante seis meses reemplazó 
completamente en una sala de la clínica, la cocaína por una solu- 
ción de alipina al 4 por 100, y véase lo que ha observado. Algunos 
enfermos se quejan de un escozor muy vivo; los que anteriormente 



330 

han experimentado loa efectos de la cocaína, encuentran más tívo 
el escozor producido por la alipina, pero esta sensación desagrada- 
ble pasa rápidamente. 

El ojo se enrojece un poco, lagrimea y á los dos 6 tres minutos se 
establece la anestesia, la cual permite la extracción de cuerpos ex- 
traños superñciales, la dilatación del punto lagrimal, etc., pero es 
menestar no olvidar que esta anestesia es de poca duración. Si se 
esperan diez minutos, la anestesia ha desaparecido, y una nueva ins- 
tilación de alipina producirá un nuevo escozor. 

Si se quiere obtener una anestesia más profunda y más dura*dera, 
es menester repetir las instilaciones cuat)ro ó cinco veces, con tres 
ó cuatro minutos de intervalo, con lo cual se obtiene una insensi- 
bnidad casi igual á la obtenida con la cocaína, sin el inconvenien- 
te de la midriasis y de la parálisis de la acomodación. 

Para practicar las inyecciones subconjuntivales, la anestesia por 
la alipina ó la estovalna no es siempre suficiente. Mezcladas con la 
solución que ha de inyectarse, la alipina disminuye el dolor duran- 
te los primeros momentos, pero su acción es menos marcada que la 
de la cocaína y sobre todo mucho menos duradera que la de la 
acoina. 

Cuanto á las operaciones, las que se practican sobre los tejidos 
extrabulbares son susceptibles de ejecutarse con la alipina en in- 
yecciones intersticiales. Darier ha operado chalaciones, estrabis- 
mos, avanzamientos, etc., sin encontrar diferencia con la cocaína. 
Inyecta media jeringa de Pravaz de la disolución al 4 por 100, y 
empieza la operación á los cinco minutos. En estos cIMOs se observa 
después de la operación un poco de midriasis, más marcada del lado 
en que se ha practicado la inyección. 

En las operaciones que se practican sobre el globo ocular, el au- 
tor cree que es preferible la cocainización ó la combinación de los 
dos anestésicos; porque la alipina, como la estovalna, parece que no 
obran sino débilmente sobre la sensibilidad del iris. 

Una catarata podrá ser extraída con la alipina, sin iridectomfa, 
pero para practicar una iridectomía es menester una cocainización 
ai menos de veinticinco minutos, ó hacer una inyección subconjun- 
tival de alipina del lado donde haya de hacerse la iridectomía. 

Darier recomienda esta manera de proceder cuando se trata de 
practicar una iridectomía antiglaucomatosa, donde la cocaína está 
contraindicada á causa de su acción midriásica. Añade en este caso 
una pequeña cantidad de adrenalina. En un caso de este género, la 



331 

inyección de alipina provocó una dilatación papilar, & pesar de una 
instilación simultánea de eserina. 

En suma, la alipina presenta casi las mismas propiedades que la 
estovatna y que la eucafna: acción anestésica muy rápida, sin ac- 
ción sobre la pupila y la acomodación ; su toxicidad es dos veces me* 
ñor que la de la cocaína. 

áu composición química es de las más complicadas. Es un deriva- 
do de la glicerina; un monoclorhidrato de benzoyle l,3,tetramethiN 
diamina 2, y ethylisopropylahool, muy soluble en el agua, con 
reacción neutra. Las soluciones son esterilizables pqr el calor. 

La alipina puede emplearse para todos los casos en que hace falta 
una anestesia de corta duración, del mismo modo que la estovaina, 
que es casi de una acción idéntica. Cuando se quiera una anestesia 
por infiltración se emplean estas mismas substancias asociadas á la 
cocaína á dosis iguales. 

Para la operación de la catarata es preferible la cocaína, á causa 
de su poder anestésico más intenso y á causa de la relajación del 
esfínter del iris, que hace más fácil la salida del cristalino.. 

En resumen, la cocaína, empleada con precaucióii y á dosis mo« 
deradas, es todavía el anestésico local más corriente; para quien 
conoce sus defectos y sabe evitarlos, la cocaína presta servicios 
inestimable» para provocar la anestesia necesaria á toda interven- 
ción quirúrgica sobre el ojo ó sobre los párpados. 

Es menester también saber que es inútil emplearla en colirio á do- 
sis superiores al 2 ó ai 3 por 100 al máximum ; es preferible repetir 
más frecuentemente las instilaciones, lo que tiene ventajas, pues 
obliga á vigilar más al paciente y prevenir la desecación del epite* 
lium corneano. Para las inyecciones intradérmicas subcutáneas ó 
subconjuntivales no se emplearán sino soluciones diluidas al^l por 
100, ó asociada á la acoina, que no tiene toxicidad apreciable.^Da- 
rier. La Clinique Opihalmologique, 1906, núm. 4). 

III. En el Colegio de Médicos de Filadelfia, el Dr. S7!hweinitz leyó 
una Memoria acerca de un caso de oftalmitis metastásica á los 
treinta y un días después del parto. 

Se trataba de una mujer de treinta y nueve años, multípara, quien 
doce días después de uu parto normal tuvo repentinamente una vio- 
lenta hemorragia uterina. Ninguna complicación tuvo durante los 
ocho dfas siguientes, pero al noveno comenzó un dolor violento en 
la región glútea izquierda (que más tarde se extendió á lo largo del 
nervio ciático y también á las caderas, rodillas, hombros y muñe- 



332 

cas. Estos fenómenos iban acompañados de fiebre y dolor de cabeza, 
pero sin escalofrío inicial. 

Hubo mejoría de estos síntomas durante los nueve dias siguien- 
tes, y la enferma entraba aparentemente en convalecencia cuando 
se le presentaron dolores en el oja derecho y en contorno de la ór- 
bita. La visión se nubló mucho, pero no se perdió, y el examen he- 
cho por el módico de cabecera demostró la existencia de depósitos 
grises en el Iris y en la cápsula del cristalino con enturbiamiento de 
la córnea. 

La complicación ocular sobrevino á los treinta y un df as del parto 
y á los diez de empezar los dolores articulares. Empezó rápidamen- 
te y & los cuatro días tenia el aspecto de una panoftalmitis. A los 
doce dfas se rompió la esclerótica y la paciente fué aislada en el 
Hospital de la Universidad, donde se le hizo la enucleación del globo 
ocular. El examen de esta enferma no reveló la existencia de lesiones 
cardíacas ó pulmonares; no había anemia, pero sí una ligera leuco- 
citosis. Había albúmina en la orina, pero no cilindros, y el examen 
de la región pelviana^ hecho por el Dr. Clark, no evidenció la exis- 
tencia de resto alguno, de infección puerperal; el útero estaba nor- 
mal, se movía libremente y no había lesión alguna de los ovarios ni 
de las trompas. No había alteraciones visibles en las articulaciones 
y la temperatura no subía de 39*,5. 

El examen bacteriológico de la materia purulenta del interior de 
ojo demostró la presencia de estafilococos y numerosas cadenas de 
estreptococos. 

Al microscopio se apreciaron las alteraciones que se ven de ordi- 
nario en la panoftalmitis invasora, á saber : infiltración purulenta 
extensa de la coroides, destrucción completa de la retina, infiltra- 
ción notable del iris y de los cuerpos ciliares por células mononu* 
oleares y desprendimiento de estos cuerpos de la esclerótica, estando 
los espacios cistoides así producidos llenos de un exudado albumi- 
noso. El humor vitreo se había transformado enteramente en una 
masa purulenta, siendo las células polimorfonucleares j en un es- 
tado avanzado de degeneración. La esclerótica se encontraba tam- 
bién muy infiltrada, y en los cortes se veían cadenas de estrepto- 
cocus. 

El Dr. Schweinitz, conforme á la clasificación de Axenfeld, consi- 
dera las oftalmías metastáticas purulentas como resultado de: 
a) piohemia puerperal; b) piohemia quirúrgica; e) séptico-piohemia 
criptogenética; d) enfermedades infecciosas. 



333 

El autor cree que el caso examinado puede incluirae entre los ca* 
sos puerperales^ y dice que, aunque el examen pélvico no haya re- 
velado ningún resto de infección puerperal, ésta no puede excluirse 
por el método de examen seguido, pues es bien sabido que puede 
existir un pequeño nido en la pared uterina ó membrana mucosa, 
' de la cual puede haberse desprendido una embolia séptica. 

El trabajo' del autor termina con una revista de la patogenia de 
la oftalmía metastásica.— (Anales de Oftalmologia^ de Méjico, julio 
de ld05). 

IV. El Dr. Stocké ha presentado una comunicación á ia Sociedad 
de Medicina de Gand sobre él procedimiento que emplea para el 
tratamiento del desprendimiento de la retina. 

Esta enfermedad constituye uno de los estudios más espinosos de 
la oftalmología. Provocada por estados morbosos muy diversos del 
ojo, todos los medios de acción hablan/ hac(ta ahora completamente 
fracasado. Actualmente, & pesar de los progresos de la terap&utica, 
el desprenaimíento de la retina es muy temible. 

Segün la teoría de Leber, la retracción del cuerpo vitreo por for- 
mación de tractus fibrosos, constituye la causa esencial del despren- 
dimiento retiniano. 

Se distinguen diversas especies de desprendítniento retiniano : 

á) Las consecutivas & modificaciones patológicas intraoculares. 

b) Las ocasionadas por traumatismos oculares ó perioculares. 

e) Las que sobrevienen en el curso de una miopía elevada, gene- 
ralmente progresiva. 

Los numerosos tratamientos que se han sucedido prueban que la 
afección es rebelde & toda terapéutica. Seria demasiado largo el 
exponer todos los que se han propuesto, por lo cual el autor cita 
solamente la electrólisis, que ha gozado en estos años últimos de un 
favor que parece merecido. 

Pero actualmente las inyecciones subconjuntivales concentra- ' 
das de cloruro de sodio al 10 y hasta al 20 por 100, son las que están 
en más uso, después de los trabajos relativos á las leyes de la isoto- 
nia y de la presión osmótica. 

Existen pruebas ciertas que demuestran la realidad de la acción 
osmótica de estas soluciones concentradas de cloruro de sodio á 
través de la esclerótica y de la coroides. 

El autor ha empleado este método en tres casos de desprendimien- 
to miópico reciente, y ha obtenido tres éxitos. 

Uno de estos casos era una mujer miope; de cuarenta y siete años. 



334 

Tenia desprendimiento de la retina del ojo izquierdo, que ocupaba 
todo el segmento ecuatorial inferior. No tenia opacidades del vitreo, 
porque el desprendimiento era reciente. Tratamiento : inyecciones 
subconjuntivales de cloruro de sodio, primero al 2, luego al 5, por 
fin al 10 por 100. Cada inyección subconjuntival iba acompañada en 
este caso, como en todos los demás^ de una inyección subcutánea de 
1 centigramo de piiocarpina. Reposo completo en cama durante 
tres semanas. El resultado fué el adosamiento completo de la retina 
y el restablecimiento completo de la visión. 

Lo que hay de especial en .el método del autor es el empleo simul- 
táneo de las inyecciones de cloruro d*e sodio y de piiocarpina, sin 
ninguna otra intervención operatoria. 

Este procedimiento es sencillo, fácil de ejecutar, está exento de 
todo peligro y cura en la mayoría de los casos de desprendimiento 
miópico reciente, sin exceptuar otras formas no complicadas de 
desprendimiento de la retina. — (La Clinigue ophialmologique^ 1906, 
número 4). 



bibliografía 

DR. D. RAFAEL DEL VALLE Y ALDABALDE 

Médico, por opotleiÓB, d«l HotptUl ProTlnclal. Madrid, 



I. GsscHicHTB DBR MsDisni, von Dr. Max Neabar^er (Historia de la Medí* 
oina, por el Dr. Max Neabnr^er, en dos tomof : tomo primero, de 40B 
páfcinas. S.tattf^artt 1906). 
II. La TUBBR0DL08I8 PULMOHAR BH SL bjArcito B8PAftoi.y por Pederico Gonzá- 
lez Deleito. Tesis doctoral de 66 p&f(inas. Madrid, 1905. 
III. La alimbntaciók y los réoimbhbs bk bl noyeaB sabo t bb los bkfbrmos, 
por Armando Gantier, traducido del francés por D. Agustín Fnster 
Fernández, ün tomo de 624 páginas. Madrid. 

I 

El ñn que se ha propuesto el Dr. Neuburger, ya bien conocido de 
nuestros lectores, al dar á la luz pública esta Historia de la Medi- 
cina es, como manifiesta en «el prólogo de la obra, estudiar princi- 
palmente la relación que siempre ha existido entre la cultura gene^ 
ral de cada época y la Medicina, Ajándose en la evolución que han 
ido realizando las ideas en esta ciencia y no prestando atención & 



335 

las cuestiones bibiiograflco-fllológieas y & las historico-literarías 
más que en aquellas ocasiones en que se ha hec^o indispensable. 

En este primer tomo de la obra, después de uneis cuantas p&ginas 
dedicadas al estudio de la Medicina primitiva, trata el Dr. Neubur- 
ger de la Medicina del Oriente. En el capitulo dedicado á la Medi- 
cina del 'Antiguo Testamento hace constar el autor que no es cierto, 
como se cree por muchos, que en el pueblo judío estuviera vincula- 
do el ejercicio de la profesión módica en la clase sacerdotal, puesto 
que, por lo menos en tiempo de los profetas, habla médicos propia- 
mente dichos. 

Al estudiar la Medicina de los indios, insiste el autor en la influen- 
cia que aun hoy en dia ejerce la ciencia de aquellos remotos tiem- 
pos en la teoría y en la práctica de los módicos indígenas, de la In- 
dia actual. Recuerda, por otra parte, la participación que ha tenido 
la Medicina de los indios en el desarrollo de ciertas prácticas acep- 
tadas ó por lo menos bien conocideM en nuestros países de Occiden- 
te, como sucede, v. gr., con el hipnotismo. 

En la sección de la obra que comprende el estudio de la Medicina 
en la antigüedad clásica, al tratar de Hipócrates y de la medicina^ 
hipocrática, insiste en que lo que se venía conociendo como «obras 
de Hipócrates», se sabe hoy á ciencia cierta que no son otra cosa 
que el resultado del trabajo de varias generaciones, el producto 
espiritual de autores muy diferentes, cuyas voces ha reunido la ca- 
sualidad para formar un coro no siempre muy armónico. Aun así, 
Hipócrates personiflca la reacción del sentido práctico enfrente de 
teorías superñciales y mal enlazadas ; también le caracteriza el res- 
peto á la tradición en lo que tiene de utilizable para la práctica mé- 
dica. Hipócrates ha sido, además, el primero que elevó la Medicina 
al rango de ciencia independiente, y en su terapéutica ha sabido 
tener muy en cuenta las fuerzas de la Naturaleza sin abandonarse 
á un nihilismo escéptico. 

De Galeno dice nuestro autor que fundó su patología y su diag- 
nóstico en la proposición de que no puede haber trastorno funcional 
sin lesión orgánica, proposición cierta sin duda alguna, pero que 
aun hoy en día no se puede demostrar en una buena parte de esta* 
dos«morbosos. Su aspiración á convertir la Medicina en una Ciencia 
exacta, es ciertamente muy halagüeña, pero también está muy lejos 
de efectuarse, si es que cabe la esperanza de que tal deseo se pueda 
llegar á realizar. 
Creo que bastarán estas indicaciones para hacer comprender el 



m0sn%09 t^jff^itu^ i« ia '.^cft ¿es Dr. 5Sei¿-4xver, j 
\my9í0á^sfkf%M, q«« ▼<* &a :«z p4.'%^tm «¿ ímh> sssrz&i» ie 

n 

parlMdltM^^ü i^lmMl jpí<!>rKiraást«B7ÍAác:aeRrcise^3r»rxospro- 

üo obutaot^ la míe^ur^óo cmAsl vez nuivor ose en bien de Ia hm^a- 
DÍija/i j 4e fa nüima uíí'A^íl pnícú^^^n los méü^os encargmios de 
esc^ cofTi^ti'io, es lo cierto qae eo todos ks ejérriios, j ea ei ncestn» 
eo so menor grado qoe es los demás, son bastante frecuentes los 
casos de tobercalosís pulsMMiar j de defoncioDes por ella oeasio- 
nadas. 

El Dr* Deleito, distinguido médico militar, estadía en su Memoria 
de doctorado la frecuencia de la tabereolosis pulmonar en el ejérd- 
to español, las formas qae saele presentar, sus cansas j el modo de 
combatir el desarrollo j la propagación del mal en la fuerza arma- 
da« Para resolver tan múltiples é interesantes problemas apela el 
autor á su experiencia personal, á las estadísticas, j ea especial» 
como ya se comprende, á las españolas, no siempre tan completas j 
detalladas como seria de desear, j al estudio de la literatura ree> 
pectíTa. 

Además de las conclusiones con que termina la Memoria, y que 
resumen el resultado de los estudios del autor, ha incluido éste al 
flnal de su trabajo un mapa y varias gráficas, donde se ponen más 
de manifiesto la comparación de los distintos datos estadísticos de 
que se ha hecho uso y mención en el texto. 

Bl trabajo del ilustrado médico es muy interesante por su objeto y 
por la forma en que lo ha llevado á cabo. Bien merece que se le imi- 
te por los que puedan y se hallen en condiciones de hacerlo, y sobre 
todo que se preste atención á las enseñanzas que del mismo se de- 
ducen. Sólo asi se podrá llegar á conseguir que el servicio en filas 
no figure entre una de las causas que contribuyen, si no á crear tu- 
berculosos, por lo menos á agravar los que ya lo están al ingresar 
en el ejército. 

ni 

Bl enunciado de la obra es de los que prometen y el contenido de 
la misma de los que cumplen. Así podía esperarse también conocien- 



337 

do el nombre del autor^ reputado como de los más competentes en 
las cuestiones relativas á la alimentación y á los regímenes alimen- 
ticios. ^ 

Y por cierto que el asunto no siempre es de los más fáciles de re- 
solver^ como se comprende recordando que para decidir qué ali- 
mentos convienen más en un caso particular, hace falta conocer, 
además de las idiosincrasias que existen, aunque no con tanta fre- 
cuencia como se había creído, la composición química de cada ali- 
mento, las variaciones que dicha composición experimenta con las 
distintas preparaciones culinarias, su digestibilidad en el sano y en 
los distintos estados morbosos, y su grado de utilidad una vez asi- 
milados ó incorporados sus principios á los distintos humores y te- 
jidos. 

Tres partes contiene la obra del Dr. Gautier: en la primera se tra- 
ta de los principios generales de la alimentación; en la segunda se 
hace un estudio de los alimentos y en la tercera de los diferentes re- 
gímenes en el estado de salud y en el de enfermedad. 

Basta enunciar las tres secciones en que está dividido el libro para 
comprender que se trata principalmente de una obra de consulta 
para ayudar al práctico en la resolución de problemas que en oca- 
siones tropiezan con bastantes diñcultades, si bien éstas tanto ó 
más que del conocimiento más ó menos cabal de la composición y 
cualidades de los diferentes alimentos, provienen en muchos casos 
de nuestra ignorancia respecto, á la patogenia de determinadas en- 
fermedades de la nutrición. 

El Sr. Fuster se ha esmerado en hacer una traducción correcta, y 
además de esto también ha procurado completar el libro del doctor 
Gautier adicionando algunos datos relativos á nuestra nación. Pero 
conflesa él mismo que no le ha sido posible satisfacer tal exigencia 
en el grado que hubiera deseado, por haber sido muy escasos los 
datos que con dicho fin se ha podido proporcionar á pesar de todas 
«US gestiones. 

De todos modos, el libro del Profesor de la Facultad de Medicina 
de París es una obra que también en España no ha de tardar en ha- 
cerse clásica, pues tiene condiciones sobradas para ello. 



338 



REVISTA ESPAÑOLA 



PERIÓDICOS 



Las inyeooienet intratraqnealet. — El Dr. D. H. R. Pinilia, publica en El 
Siglo Médico, lo siguiente : 

cMÍ8 peqnefioe conocimientos en la especialidad otorínolaringológica, 
débelos á mi antigao amigo i carifioso colega el conocido especialista doc- 
tor Gompaired, con qnien trabajé algún tiempo. Y fué en 1895 cuando 
padeciendo yo una traqueobronquitis crónica, me sujeté — por consejo de 
mi amigo — á las inyecciones intratraqueales. 

A cambio de otras excitabilidades, yo poseo una tolerhndiñ extremada de 
mi faringe y laringe. Casi podría considerarme como un laringofantum tí- 
Tiente. Merced á esta cualidad mia y á la pericia del Dr. Compaired, pudo 
éste obscryarme que la tráquea en sus primeros anillos tenia un aspecto 
gris- ceniza, y que la laringe estaba sana. La auscultación demostraba la 
existencia de ligeros estertores mucosos, roncus, diseminados, sobre todo 
en el lado izquierdo. 

Habla tomado á la sazón, y con objeto de curar este proceso catarral, 
los medicamentos aconsejados para el caso; mas la tos continuaba y la 
expectoración de mocopus seguía, preocupándome y produciendo molestias 
positiyas. 

Decidímonos, pues, á realizar las inyecciones intratraqueales por medio 
de la jeringuilla de Ruault, de 10 cent, cúb., con aceite mentolado, pen- 
sando en ensayar si probarían mejor las de aceite y creosota. 

Sin cocainización previa, el Dr. Gompaired procedió á la obra. Sin ele- 
var la temperatura del liquido inyectable — aceite de olivas esterilizado y 
mentol al 10 por 100 — cargó la jeringa con 10 cent, cúb.; procedí yo á 
sujetarme la lengua en suave tracción fuera de la boca, y guiado él por el 
espejillo, condujo la cánula curva traspasando la glotis, y de dos golpes de 
émbolo — para lanzar en dos veces el contenido — inyectó el líquido. 

La primera molestia que sentí fué la ligera sensación de carraspera, pro- 
ducida por unas gotas de aceite en el vestíbulo de la laringe y e^ la boca. 
Pero inmediatamente fué sustituida esa incomodidad por el ahogo. El 
ahogo obliga á levantarse del asiento, buscando otro en medio de la habi- 
tación, si es posible ; tras del ahogo, que si bien incomoda, no da temor, 
surge la necesidad de toser. Pero ante la conveniencia de no expulsar la 
inyección — tiene uno la idea de que se arrojaría todo el líquido; y es que 
la tos provoca en efecto la expulsión de cierta cantidad de aceite, cuyo sa- 
bor disgusta, si es que no provoca náuseas, en cuyo caso se favorecería la 
expuición— se logra, por medio de inspiraciones cortas y rápidas, dominar 
la tos y el ahogo. 

A la segunda inyección fui ya maestro, quiero decir, que dominé mis ner- 



339 

TÍ09. Necesité, como siempre, ponerme de pió ; pero inmediatamente incli- 
naba el tronco á la izquierda, es decir, del lado en que sentia mi catarro ; 
liacia frecuentes inspiraciones por la nariz, y sentia el frió del mentol en 
-el lado izquierdo del pecho, lo mismo que en la tráquea. 

Por curiosidad científica, ó porque Gompaired lo encontrase indicado, 
dos días la inyección fué de aceite creosotado. Recuerdo que me molestó 
más el ahogo, que antes duraba unos diez segundos, y abandonamos esas 
inyecciones. A ello nos incitaba también el éxito indudable obtenido con 
las diez inyecciones que me practicó con el aceite mentolado. 

En efecto, al día inmediato de comenzar el tratamiento, la expectoración 
fué menor, y el color de la mucosa traqaeal menos grisáceo ; á la tercera ó 
cuarta era sonr9sado pálido. Yo quedé encantado del remedio. 

Algún tiempo después, me conyerti de paciente en actuante. Hice yo á 
mis enfermos las inyecciones aludidas, y tras algunas equivocaciones t- re- 
sultaron inyecciones esofágicas muchas reces — dominé á mi yez la téc- 
nica, ese t<nir de main, que aquí consiste en mirar al espejillo, ayeriguar si 
la punta de la cánula ha franqueado las cuerdas yocales, en elerar la mano 
que Ueya la jeringa, para inclinar el chorro hacia adelante, y en proyectar 
el liquido en dos golpes de pistón y no con demasiado apresuramiento. 

Hace, pues, muchos afios que en España se emplea este recurso terapéu- 
tico, y que hemos aprendido á dirigir esa inyección á voluntad hacia el 
lado ó hacia el pulmóá enfermo, y hace ya tiempo que podemos afirmar 
«que tal medicación es útilísima on toda traqueobronquitis crónica, tenga 
el apellido que tenga. 

Sólo afiadiré, para terminar, que me causa mucha extrafieza el no ver 
aconsejado este remedio en el tratamiento de la gangrena pulmonar. Esta 
omisión la cometen al menos los tratados de Brouardel-Gilbert, Ebstein- 
flohswalbe, yon Mering, Peuroldf, Dieulafoy, Bernheim y Zíemsen. Es, 
sin embargo, útilísimo y más hacedero que el tratamiento quirúrgico. 

Sarabia. 



REVISTA EXTRANJERA 



SOCIEDADES CIENTÍFICAS 

ACADEMIA DE MEDICINA DE PARÍS 

Señón dtl dia Í7 de Julio de 1906. 

VteuMoionet y rtvacunaoiones en Francia en 1904.— El Dr. Kblsch: De los 
datos que he tenido ocasión de examinar resulta que 27 proyincias no han 
anministrado ninguna noticia ni estadística, y algunas no han dado más que 



340 

cifras 8ÍD ningún comentario y aun cifras con frecuencia incompletas. Los. 
casos de yirnela observados en las distintas proyinoias, demuestran que la. 
ley acerca de la vacunación obligatoria aún no ha hecho desaparecer, des- 
graciadamente, la yiruela en Francia, sea por la indiferencia de la pobla- 
ción ó sea por la impunidad ó inercia administratiya. 

El paludismo en Madagascar. — El Dr. Blakchabd: Para combatir la epide- 
mia de paludismo, la Administración ha ordenado la desecación do los pan- 
tanos, la destrucción por el fuego de las hierbas parásitas, etc.; además de 
las conferenciae médicas, y cartillas repartidas con profusión, se han em- 
pleado todos los otros medios posibles, y á pesar de ello, la recrudescencia 
del paludismo es siempre considerable en la estación de las llui(ias, recru- 
descencia que también se obserya en el Tonkin y en la Reunión, lo cual es. 
debido á que los anofeles han ido ganando poco á poco las altas llanuras, ün 
buen medio para luchar contra esta plaga es la de colocar las telas metáli- 
cas en puertas y yen tanas; pero esto sólo se puede ordenar para los locales 
colectivos, y hasta en estos casos es algunas yeces irrealizable. En efecto,, 
los mismos soldados no han querido habitar los locales cuyas ventanas es- 
taban protegidas por dichas telas y las han destruido á bayonetazos; con 
más razón, los indígenas no aceptarían esta forma de profilaxis. 

El Dr. Laverán : Boy partidario de las medidas propuestas por el doctor 
Blanchard; pero, en mi opinión, la Academia no puede inducir á los pode- 
res públicos á que deseque y trate con petróleo todos los pantanos de Ma- 
dagascar. Las medidas propuestas por el Dr. Blanchard, son difícilmente 
realizables en un país cuya extensión, superior á la de Francia, es de 
600.000 kilómetros cuadrados. El principal cultivo os el del arroz, que lleva, 
consigo la presencia de aguas estancadas; el petróleo destruiría el arroz, y 
loa malgaches morirían de hambre. Las telas metálicas no pueden tener 
más que aplicaciones parciales. En fin, hay otras medidas más importantes 
y más realizables para los malgaches, que son muy miserables, y esta mise- 
ria es la que se debe combatir especialmente, y en particular trasladando 
ciertos villorrios que están situados demasiado cerca de los arrozales. 

El Dr. Blanchard : Los documentos administrativos del Dr. Kermor- 
gant, confirmando las cifras que he presentado, demuestran la marcha 
progresiva del paludismo en Madagascar. La existencia de los arrozales 
implica la de las aguas estancadas, y claro es que no hay que pensar en 
destruirlos, pero es necesario desecar los estanques situados alrededor de 
las habitaciones y creados por la mano del hombre. La obra de los ameri- 
canos en Cuba ha consistido en destruir los pequeños estanques y las oque- 
dades en donde las aguas de lluvia podía acumularse, y estas medidas han 
ido seguidas de un éxito perfecto. 

El Dr. Roox : Seria conveniente que se nombrara una comisión para que 
nos presentara un dictamen en la sesión próxima. 

El Dr. Chantbmbsse : Como que el Dr. Blanchard propone la lucha dá- 
sica ensayada con éxito en varios puntos, podrían hacerse desde este punto 
de vista proposiciones al gobernador de Madagascar. 

(Le BúLL Med»^ núm. 56).— Codika Castbllví. 



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XV CONGRESO INTERNACIONAL DE MEDICINA 

Cütbrado «n LÍMboí» del 19 al 26 dé Abril de 1906. 

(Cootinuaeión). 

Algniiat consideraciones ebstétricts basadas en el examen ds un certe sagital 
practicado en una primípara muerta en pleno periodo ds expulsión.— El doctor 
43. Rboaskkb: Ed enoro último he podido practicar an corte sagital en el 
cadáf er de una mujer que murió en pleno periodo de expulsión j hacer un 
estudio anatómico é histológico bastante detenido de las condiciones en que 
se encuentra el útero en el momento del parto, y aunque sea un asunto 
bastante discutido, no hay un acuerdo unánime en la apreciación de loe 
hechos observados, y por consiguiente las deducciones que se han sacado 
no son semejantes bajo el punto de yista fisiológico ni del patológico. 

El examen del corte me ha hecho ver ciertas diferencias entre algunos de 
los publicados y el mío, y por consiguiente la interpretación de ciertos 
fenómenos^ patológicos observados en la práctica no puede ser la misma. 
He aquí el motivo que me ha conducido á volver sobre un asunto tan dis- 
•cutido antes y que á pesar de ser tan antiguo no han podido riSunirse en 
tina opinión única la de todos los tocólogos. 

Be trataba de una mujer muerta en pleno periodo de expulsión, con el 
étero completamente borrado y dilatado, o mismo que la parte superior 
•de la vagina. La cabeza llenaba por completo la excavación y la bolsa sero- 
sangui.uoa so encontraba á dos travesee de dedo de la vulva. 

Esta mujer había muerto de un ataque de asistolia, á las catorce horas 
de principiar el parto. Ignoro las circunstancias que impidieron parir á esta 
mujer« lo que he podido saber es que se trataba de una primípara cardíaca 
jqne su trabajo había durado catorce horas. 

. El cadáver se congeló con una mezcla frigorífica de hielo y sal coniún/y 
i las cuarenta y ocho horas pudimos practicar una sección perfecta que 
•dividía exactamente por medio el cuerpo do la mujer y del feto. 

Lo que llamó la atención sobre todo al examinar el corte fué el diferen- \ 
te grosor de las paredes del útero; por detrás, enel punto que corresponde 
al promontorio y en relación también con el cuello del feto, había un en- 
^roeamiento muy marcado, que no es otra coaa que lo que so llama anillo 
de contracción; por encima y debajo de este punto la pared del útero se 
adalgazaba de un modo progresivo, sobre todo hacia abajo hasta el orificio 
externo del cuello, donde alcanzaba el mínimum de grosor. 

El punto más grueso tenía una disposición circular perfectamente apre- 
«iable al tacto, pero aunque circular por completo la diferencia entre el 
grosor de la parte posterior y el resto de la circunferencia era tan acentua- 
da que apenas se podía distinguirle en la pared anterior del corte. 

¿Qué significación anatómica y fisiológica tiene este anillo de contrac- 
ción? ¿Se le encuentra siempre al mismo nivel 7 ¿Esta formación es un he- 
«ho puramente funcional ó marca el limite entre el cuerpo y el cuello del 
útero? He aquí los motivos de las discusiones y de las mayores divergen- 



V 






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pmÍ0t ym f« ^icvt &•« ^tikm fe 

iexú'A ?c« ívrBtto. L» e&^tfom j ^ obs^c feí Seo*: c& lAm^^B ¿i¿ i 

fe liftoL Ert* '^s*enraet'jc« «c W« ^ i-^e ao a» W ¿1*6: »■«■■<« Ia 
c»^ fe >>f «cv>««c tfeM^ ;«f» wfímrJbr'M 

tMmm Mey/rwtm>». ^stp^^jLm^tsAit «a las feí tmoe»: 

U aM»> pWA pmctitM^ «as t^w'^ík. •<« 1 1 i^i ?■■■■» cl cecal» < 
á ■aj''^ Altara* er^rm^/vilfímáfj «ac al p-^sio <a ^ae «¿ feto fe^ aa ^ 
ea <t ''jae |««ifee i^indwáne la» ¿sna ctcRaai qac i 

Co alos''^* caii'Q* 09 ír^mtam taaibíéa aríU-JB de eoasncc^a ( 
timmhnmitatOf caaado ae ha tapoaado e! ditero paia coat e a c í aaa ' 
naipa; d^ade la ^aia ao ^^vaa aa caerpo araj coapacto. 
i;rM eastiiiad fe fibiaa atafcalans j f-Tnsaa aaill^ fe 
pareei <i<4 al qa« «e obaerra en aaeairo corte. 

Ef iadudabl^ qae «Ble eíreiiio coatrfetíl ea aa fea<naeao qae 
al periodo fel parto, pnrqnen bíea aatea de príocipiar cale laa panfes fel 
óiero ao tíeaeo «o groaor asífonae, Ua difereadaa aoa Ua liorna qae, ez- 
eept<> el paoto fe inaereí//o fe la placeota. apenaa «i se laa paefe apreciar 
á ai mple TÍsta. 8í obaenráis IcfS dibajoa de loa cortea aagitalea pablicadoa por 
inaard* Varoler, Barl^oor, Valdejer, 2.* de ftaane, Bajer, Caotoa, Via- 
ft«r, ete«, de majerea nraertaa antea fe príoeípiar el parto, rereis qae es im* 
poaí ble Indicar el panto doofe feberia existir el efiviilo contráetíL Por esto* 
M ha ereído qae el aoillo fe eootraeeiónaiarcael limite exacto entre el cuer- 
po j el eaello fel átero« Analizando coidadoaamente loa hechos y fijando- 
noa en loa cortea poblieadoB, no podemoa aceptar esta interpretaeióa, por 
lo meuff» en lo qoe ce refiere á an gran námero de casos. 

Las medidas tomadas por Mollar y Pínard han demostrado hasU la eri- 
deneia qae el eaello del útero no desaparece antes fe qae haya comenzado- 
el trabajo, y los cortes sagitales nomero8isímos qae se han practicado para 
femo«trar la persistencia del eaello hasta este momento, no dejan dafe al- 
teóos con respect^i á dicho particular. Aceptado este ponto, si recordamos 
la sitaaci^in «1 erada donde encontramos el anillo de contracción en loa 
casos de presen taci/;n traosrersal, abandonada, coando iutrodocimos la 
mano para practicar ana rersión ó ana embríotomia, es imposible aceptar 
qae una distensión tan enorme sea el resaltado exclosíro del estiramiento 
de las fibras del eaello. Eo an caso medimos la distancia entre el orificio 
externo del átero y el anillo de contracción situado por encima de lacabe- 
sa del feto colocada en presentación cefálica izquierda transrersa, sienda 
mayor de 20 centímetros (la majer lleraba dos dias de parto). 

Por otra parte, la disposición anatómica de la rena circular perfecta- 
mente apreciable en la mayor parte de los casos publicados, raria en reía- 



343 

ciÓQ con el anillo contráctil; en el primer corte de Branne, está situada in- 
oaediatamente por encima del panto más culminante del circulo de con- 
tracción, mientras que en el nuestrolo está muy por debajo de él. Esta di- 
ferencia de emplazamiento nos hace creer que si en alg:unos casos el anillo 
de contracción marca el punto correspondiente al orificio int^no del útero, 
no siempre es asi. 

Oreemos que la significación de este anillo de contracción no es de or- 
den anatómico, sino físioli^gico, resultado de la acción mecánica que el 
ovoide fetal determina. En el parto completamente fisiológico, la presión 
uniforme transmitida por el liquido amniótico en primer lugar, y después 
la presión axil cuando está rota la bolsa de las aguas, actúa sobre el úni- 
co punto del útero que no opone resistencia contráctil y determina la pro- 
gresión del feto, y como consecuencia, el estiramiento de la porción cervi- 
cal, sin formar el anillo contráctil hasta que las fibras circulares del istmo 
que han experimentado una distensión enorme encuentran en el ángulo de 
flexión que forma la cabeza y el hombro correspondiente del feto un espa- 
cio ráelo donde introducirse; entonces principia su retracción y se agrupan 
en gran cantidad, formando unengrosamiento que, al contraerse, determi- 
na la aparición del anillo contráctil. En estas condiciones de físiologismo 
absoluto es muy probable que el anillo de contracción y el limite inferior 
del cuerpo del útero se correspondan de un modo exacto. 

Todo lo contrario sucede cuando por alguna irregularidad de presenta- 
ción ó por falta de equilibrio entre la resistencia del cuello y la disminu- 
ción de la cavidad del útero producida por exageración de la retractilidad 
del músculo que principia en cuanto sale el liquido amniótico debe el órga- 
no gestador tomar elementos para su distensión de la misma substancia 
corporal; entonces, las partes más próximas al istmo por ser las que reci- 
ben de un modo más directo la presión axil, pierden su resistencia y se de* 
jan distender, y por lo tanto, el anillo de contracción se forma inmediata- 
mente por encima del punto donde terminan las fibras del cuerpo distendi- 
das; en estos casos, el punto á donde corresponde el orificio interno está 
muy alejado del anillo contráctil. 

En la presentación transversal, la cantidad de elementos contráctiles del 
cuerpo del útero que toman parte qp la distensión de la cavidad, se halla 
aumentada en proporción progresiva á la duración del trabajo, y el anillo 
de contracción se eleva bastante; en estas condiciones, la situación del ani- 
llo no es paralela á los. planos pelvianos, sino oblicua con el punto más 
elevado que corresponde al ángulo de flexión que forman la cabeza y el 
tronco. 

En estos casos, la disposición de la vena coronaria es también completa- 
mente oblicua al plano que forma dicho anillo muscular. 

A veces, el istmo no es el que sufre las presiones del polo fetal que se 
presenta, sino las partes inmediatas ; en este caso se produce una dilatación 
saciforme del segmento inferior del útero, sin que intervengan en su for- 
mación las fibras del cuello; estas dilataciones sacciformes recaen en cier- 
tos casos en la cara posterior del segmento inferior, pero se for/man con mu - 
cha más frecuencia á expensas de la cara anterior del órgano. Las causas 
de estas dilataciones sen siempre anomalías en la dirección de las presiones 



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ovalares: la anteTeraión y la retroTersíóii del útero; la dispodcióii irroga* 
lar del eje uterino por efecto de ana yentro ó taginofíjación ; Us anomalias 
de presentación del feto, etc., son cansas de este cambio de dirección de iaa 
presiones oralares y las'determinantes en las dilataciones saceiformes re* 
feridas. Tene(pios la convicción de que el cuello no toma parte en la dilata- 
ción sacciforme de que hablamos, convicción basada en la adición exacta 
hecha en un caso de la longitud del cuello uterino en los últimos meses del 
embarazo, antes y después de formarse una dili^ación sacciforme de la pa- 
red posterior del útero á consecuencia de una hiateropexia abdominal. 

En este caso, igual que en las presentaciones viciosas, el anillo de con- 
traoción se halla situado bastante por encima del oriñcio interno del útero 
y presenta también una disposición oblicua en relación con los planos de la 
pelvis. 

6i del examen macroscópico que hemos hecho pasamos al microscópico 
de las porciones extraídas de las paredes del útero en el sitio correspon* 
diente al anillo de contracción y á la porción adelgazada que existe inme- 
diatamente por debajo, nos convenceremos cada vez más de que los térmi- 
nos orificio interno y anillo de contracción no representan siempre la mis- 
ma cosa. 

Hemos cortado tres pequeños trozos de la pared del útero en los pantos 
correspondientes al anillo de Bandl y á 2 centímetros por encima y por de- 
bajo de él; después de fijos con una disolución débil de formalina y de bien 
endurecidos en el alcohol, los sumergimos en celoidina durante ocho días; 
hicimos, por último, los cortes, coloreándolos por los medios más diversos. 
Al examen histológico de estos cortes no se notaba diferencia alguna entre 
el perteneciente al trozo superior y los del medio é inferior; igual disposi- 
ción celular de la linea interna; la misma disposición de las fibras masca- 
lares en la capa media, de las que las más internas y las más externas se- 
guían la dirección longitudinal, y las intermedias, en mayor número, la 
transversal y oblicua; la parte más exterior del corte estaba rodeada por 
una fila de células planas pertenecientes al peritoneo que forma la túnica 
externa del útero. 

Esta disposición igual de los cortes hechos con los tres trozos contrastaba 
de una manera notable con la de otro trozo tomado de la porción más adel- 
gazada del cuello, situado dos traveses de dedo por debajo del anillo de 
Bandl. En este último corte se veían únicamente fibras n^usculares corta- 
das al través y en cantidad mucho menor; el corte de células correeptrn- 
diente á la mucosa estaba muy adelgazado, pero no se veían en él las grue- 
sas células de la caduca abundantes en los otros cortes; la diferencia en- 
tre los cortes del cuello y los pertenecientes á las paredes del cuerpo era 
evidente, pero esta diferencia no existía entre las porciones superiores i 
inferiores del anillo de Bandl, sino en las más lejanas. 

Para esclarecer este punto, convendría examinar preparaciones frescas 
después de la disociación de los elementos musculares, pero hasta ahora no 
hemos hecho esta clase d^ investigaciones. 

Debemos indicar otro hecho anatómico que observamos en nuestro cor- 
te, y que se halla en oposición con las descripciones que se haeen general- 
mente del fenómeno de la desaparición del cuello uterino. Hablando de él 



345 

t 

flo dice : cuando el orificio externo del útero liega al máximum de dilata- 
ción, forma un pequefio rodete que se continúa con la ragina distendida. 
Esta descripción se funda en el examen del primer corte sagital publicado 
por Braune; se ye sólo un pequeílisimo rodete circular que marca el limite 
entre la vagina y el útero; no se descubre en él rastro alguno de hocico de 
tenca. En el corte sagital que hemos hecho se notaba que la parte vaginal 
del cuello no había desaparecido; no quedaba un simple rodete, sino toda 
la porción vaginal del cuello, muy adelgazada y perfectamente aplicada á 
las paredes de la vagina con sus fondos de saco fácil de reconocer; el pos* 
tenor muy profundo y el anterior mucho menos. 

Guando sacamos el feto de su lecho uterino, después de la sección sagi- 
tal, el aspecto que ofreció esta parte era el que se describe generalmente; 
una elevación pequefia marcaba el limite entre la vagina y el útero, pero 
haciendo un examen minucioso de las partes vimos qu6 lo que parecía al 
principio una simple elevación estaba constituido por una lámina delgadí- 
sima aplicada con exactitud á las paredes vaginales con una anchura de 2 
centímetros y medio en su porción posterior, dimensiones que iban siendo 
menores al aproximarse á la parte anterior, en la que eran sólo de 8 mili- 
metros. Levantando esta lámina delgada se veía perfectamente que los 
fondos de saco no habían desaparecido por completo; quedaban formando 
una canal profunda que por aplicación exacta de sus paredes forma al pa- 
sar el feto una cavidad virtual. 

Esta persistencia de la parte vaginal del cuello del útero nos explica de 
una manera clara por qué inmediatamente después de salir el feto princi- 
pia á rehacerse del hocico de tenca ; como esta parte no desaparece, y sólo 
la aplicación exacta á la pared vaginal es la que da la sensación de su aplas- 
tamiento completo, tan pronto como la presión del feto desaparece, las dos 
paredes se separan y es posible seguir al momento el contorno del cuello. 

Al examinar los cortes sagitales de von Seaxinger, el de Tibone y uno de 
los de Pinard, se ve ya que las cosas pasan según hemos dicho, aunque por 
referirse á cortes practicados en mujeres en las que la dilatación del cuello 
y de la parto superior de la vagina no era completa, carecen de la claridad 
del que presentamos. 

Fijándonos en los hechos, se ve bien que no puedo ser de otro modo; las 
contracciones uterinas disminuyen la capacidad de este órgano y hacen pre- 
sión sobre el óvulo ; como éste por su contenido liquido no puedo reducirse 
en proporción á la disminución de la cavidad uterina, debe tomar elemen- 
tos de la región cervical para su distensión, y, por consiguiente, la cavidad 
del útero se agranda en la parte inferior proporcionalmente á la disminu* 
•ción que experimenta la porción corporal. 

En cuanto la distensión del cuello llega á las inserciones vaginales, éste 
órgano principia á distenderse, y al separarse la porción del cuello, que no 
está aplastada, es decir, el hocico de tenca, es estirada hacia fuera y se 
hace horizontal, dando al dedo que practica el tacto la sensación de una 
desaparición completa. En este momento la bolsa de las aguas principia á 
introducirse en el orificio externo, y al obrar como una cufia aproxima esta 
parte, al priAcipio horizontal, á las paredes vaginales y la hace tomar otra 
vez su posición vertical. 



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No existe en momento alguno del parto desaparición completa del hocico 
de tenca ; hay únicamente cambio de posición y dilatación máxima del 
mismo. Estos fenómenos no son completamente iguales en la parte ante* 
rior que en la posterior; en esta última el plano resistente que forma el sa* 
oro permite la aplicación exacta de la porción correspondiente del cuello 4 
la pared vaginal, mientras que en la parte anterior la falta de un plano 
óseo permite á la pared raginal su distensión exagerada por delante, y en- 
tonces la porción deí cuello correspondiente forma un pequeño espolón poco 
acentuado. 

La persistencia del canal que forma el cuello de útero y la ragina en el 
parto fisiológico, no tij9ne importancia alguna; su conocimiento es muy 
importante en algunas intérrenciones obstétricas; la existencia de este ca* 
nal profando en los limites de la vagina y del útero, puede explicar al- 
gunas dificultades que se encuentran cuando (con infracción de todas laa 
reglas de aplicación del fórceps) se quiere aplicar una cuchara de éste sin 
ser guiadas por la mano ó por la extremidad de los dos dedos. Algunos 
desgarros cervicales consecutiYos á la aplicación del fórceps que han sida 
considerados como debidos á la aplicación de este instrumento sin estar el 
cuello dilatado por completo, se explican indudablemente por la introduc* 
ción de una cuchara en este fondo de saco que acabamos de describir. 

Del estudio anatómico é histológico que acabamos de hacer deducimos 
que la dilatación y el aplastamiento del cuello es un fenómeno exolusiya- 
mente mecánico, resultado de la acción de la bolsa de las aguas y del polo 
fetal que se presenta ; no podemos aceptar acción activa alguna de las fibras 
longitudinales del cuerpo del útero como determinantes de estos fenóme- 
nos. La dilatación y el aplastamiento son dos fenómenos completamente 
pasivos; la cuña que forma la bolsa de las aguas y el ovoide fetal determi- 
nan el aumento inferior que necesita producirse á medida que la capacidad 
uterina disminuye por la acción de las contracciones del útero. 

En el parto, en cuanto las contracciones del músculo uterino principian, 
se produce una disminución de la capacidad total del órgano; esta dismi- 
nución ocasiona una compresión sobre el huevo que, por acción refleja,, 
obra sobre todos los pantos de las paredes del útero como presión endocavi- 
taria ; las paredes del órgano gestador resisten de modo diferente, según 
su oonstitución anatómica; en el cuerpo, la existencia de fibras longitudi- 
nales y oblicuas refuerzan de un modo considerable las paredes, mientras 
que en el cuello, la casi totalidad de los elementos contráctiles tienen una 
disposición transversal, y por consiguiente ofrecen una resistencia mucho 
menor á la presión que el ovoide fetal ejerce sobre ellos. El acortamiento 
de las fibras se hace en el cuerpo en todos sentidos, y la resistencia es casi 
igual en toda la extensión del cuerpo del útero, mientras que en la proxi- 
midad del istmo hay casi exclusivamente fibras transversales. 

La existencia de un agujero en esta región, la debilita aún más, y en 
consecuencia la presión endocavitaria que el ovoide fetal determina por 
ÍA8 contracciones uterinas, encuentra un punto de menor resistencia en la. 
parte inferior del órgano, y la continuación de las presiones acaba por pro- 
duoir la inercia de estos elementos musculares; entonces el Istmo sumi- 
nistra elementos para la distensión del útero, pero sólo cuando están iner- 



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tes ; la acción de las fibras loogitadioales del cuerpo no contri bnye en nada, 
á est^ efecto; su acción es únicamente la de aumentar la resistencia de laa 
paredes y de disminuir la capacidad total del órgano por so acortamiento. 
. Si examinamos los diferentes cortes publicados, obseryaremos que la 
parte posterior del cuello suministra muchos más elementos de distensión 
que la pared anterior; este fenómeno es debido al hecho anatómico tan co- 
uocido de la menor longitud del fascículo ansiforme en la pared posterior 
del útero que en el anterior, por cuya razón, la resistencia es menor en 
aquélla. 

A medida que las fibras superiores del cuello sou vencidas en su resis- 
tencia entran á formar parte de la caridad total del útero, recibiendo en- 
tonces las inmediatas inferiores las presiones procedentes de arriba; cuan- 
do todas las fibras del cuello, hasta en sus inserciones vaginales han con- 
tribuido á la formación de la caridad uterina, el huevo, al tener necesidad 
de un espacio mayor (si la disminución de la capacidad del. útero conti- 
núa), se intr(Muce en el orificio del cuello y principia á formarse la bolsa 
de las aguas. 

En los casos completamente normales, la bolsa de lari aguas produce la 
dilatación completa; pero cuando las membranas se rompen prematura- 
mente, es la presión trasmitida por el feto la que produce esta dilatación. 
Toda disminución de la cavidad del útero toma el carácter definitivo por 
efecto de la retracción del músculo ; el sitio perdido por el feto no puede 
recobrarle; la retracción aumenta continuamente y el efecto final debe ser 
la expulsión total del feto fuera de la caridad del útero ; en los casos de 
obstáculos extra-uterinos á la progresión del feto (presentaciones transver- 
sas, pelris riciadas, etc.) el efecto de la retracción y de las contracciones 
es el mismo, pero el feto no puede obrar como cufia dilatadora por su si- 
tuación elevada, y el mecanismo de dilatación se produce en sentido inver- 
so; en estos casos es el útero el que sube, y al deslizarse sobre la presenta- 
ción fetal, ocasiona la abertura del orificio del cuello. Este mecanismo 
debe ser considerado como patológico y reclama más tiempo. 

Un caso do sífilis traqueal. — El Dr. A. García Tapia : La enferma objeto 
de esta comunicación carecía de antecedentes hereditarios. En diciembre 
último tuvo una bronquitis y á los pocos días notó dificultad respiratoria al 
subir las escaleras. Persistió la tos seca, expulsó algunos esputos sangui- 
nolentos y la disnea fué en aumento. Las inspiraciones, en número de 11 
por minuto, eran lentas, prolongadas, poco profundas, ruidosas, con sensa- 
ción de roce distinto del de huélfago de la estenosis laríngea. La voz era 
clara. Este tipo respiratorio indicaba un obstáculo en las primeras vías, 
localizado en la tráquea á juzgar por la integridad de la voz. 

El examen iaringoscópico reveló la integridad de la laringe. Coloqué á 
la enferma en la posición recomendada por Killian para ver la tráquea, y 
vislumbré algo profundo que obstruía el conducto traqueal, pero cuyos de- 
talles me fué imposible precisar. Practiqué entonces la traqueoscopia su* 
perior, á la que llamo eatamatodial (etoma^ boca; ocba, vía), empleando la 
espátula tubular, dividida en dos ramas laterales. La maniobra fué algo 
difícil por la longitud excesiva de los dientes de la enferma y por la difi- 
cultad respiratoria. Guiado por la espátula, y después de una profunda 



848 

anestesia local, introdaje un tubo de 9 milímetros. Desmontó y extraje la 
espátula para que no dificultara las maniobras. Como anestésico local em* 
pleé una disolución de 2 gramos de estovaina y de 1 de cocaina en 20 cen* 
timetros cúbicos de agua; después de anestesiada la enferma respiró mejor, 
sin duda por el efecto constrictor de la cocaina. 

Descubrí entonces masas rojizas insertas en las partes posterior y latera- 
les de la tráquea, cerca de su bifurcación ; llenaban casi por completo este 
conducto, dejando sólo un pequeño orificio por el que el aire pasaba con 
trabajo ; sorprende cómo obstrucciób tan grande era compatible con 
la vida. \ 

Observando que la respiración había mejorado bajo la influencia de 
la cocaÍDa , instilé algunas gotas de una disolución de adrenalina al 
1 por 1,000. 

Era preciso reconocer la naturaleza de la lesión. La enferma no habla 
dado antecedentes, ni heridatarios ni personales, y su constitución era 
buena. Al auscultar, sólo se notaba respiración áspera por propagación del 
ruido traqueal. El lóbulo de la oreja izquierda estaba ulcerado y casi des- 
truido. Esta ulceración lúpica me hizo sospechar la sífilis. Encontré los 
ganglios occipitales y sus maxilares de ambos lados infartados y movibles, 
y una cicatriz reciente de aspecto francamente sifílitico. Aunque sólo pude 
obtener datos vagos de lesiones ulcerosas de la boca, recientes y curadas 
por el clorato potásico, prescribí el tratamiento mercurial intenso. 

¿Qué conducta debía seguir ante un estado local tan grave? £1 obstáculo 
estaba muy abajo para suprimirlo por la traqaeotomia, y creí que lo mejor 
era emplear el procedimiento que sigue Piemazeck en el escleroma arterial, 
es decir, el raspado y la extracción por medio de cucharillas largas y de 
pinzas por traqueoscopia infe]:ior ó traumatodial (trauma, herida, odos^ vía). 
No pude encontrar cucharillas para raspar la tráquea y mandé fabricarlas; 
pero no fueron necesarias, porque bajo la influencia del tratamiento mer- 
carial empezó á mejorar la respiración y el peligro inminente desapareció 
en veinticuatro horas. Cuatro días después la respiración era casi normal 
y sólo se oía el ruido áspero traqueal de las respiraciones muy amplias. La 
lesión de la oreja había mejorado de un modo visible. El tratamiento con* 
firmó el diagnóstico de sífilis. 

Practiqué una nueva traqueoscopia, y al hacer abrir la boca á la enferma 
se exacerbó el dolorcillo que sentía en los maseteros. £1 aspecto de la trá- 
quea se había modificado bastante; las masas rojizas habían dismiuuido y 
podía verse parte do la bifurcación del conducto traqueal. Al día siguiente 
tenia esta mujer algo de fiebre, tumefacción y dolor fuerte en los maseteros, 
sobre todo en su inserción, apenas podía abrir la boca. 6e trataba de una 
miositis masetérica que desapareció con el tratamiento yodurado. Esta mio- 
sitis primitiva es rarísima y difícil de explicar. Ko debe atribuirse al tra- 
bajo muscular exagerado durante la traqueoscopia, porque los maseteros 
están relajados durante este examen. Sea lo que fuere, es preciso tener en 
cuenta el terreno como factor primordial en su producción, porque la sífi- 
lis lo explica todo. 

Este caso es interesante, por demostrar una vez más la utilidad de la 
traqueoscopia, por tratarse de una forma nada común de sífilis traqueal. 



349 

por la acción rápida del mercnrio y por el desarrollo de ana complicación 
rara, la miositis maaetérica. 

Oefinieión, comptsiciin química y estructura del protoplasma. — El doctor 
O. Maiin : El concepto de Hago Von Mohl de qae el citoplasma es la sabs- 
tancia primordial de la que proceden la cubierta y el núcleo de la célaUt 
por cuya razón Ia Wñmtk protoplasma^ es insostenible y propongo sustituir 
éste por el de plaitna. 

La eyolución exige, como condición primera, una gran estabilidad de la 
molécula, sin que ésta pierda la calidad de sus reacciones químicas. Este 
resultado es obtenido por la disminución de las cualidades ionizantes de 
cada molécula y por nueyas combiiMciones. Toda substancia inorgánica 
tiende á formar combinaciones coloideas por un número de unidades agre- 
gado en un complejo mayor, cada una de las cuales posea una potencial de 
carga eléctrica igual á la que, en el origen, hubiera podido desarrollarse en 
ca^a una de las unidades constitu tiras. En un grado más avanzado 'de la 
eyolución, cada unidad se hace anfotérica, es decir, posee la propiedad de 
unirse con las bases y con los ácidos. Finalmente, en cada molécula el ra- 
dical ácido puede combinarse con el básico, formando asi una sal interna 
que posee los caracteres pseudo-ácido y pseudo- básico» Esto último com- 
puesto, la sal interna, en presencia de ácidos ó de bases, queda neutro y 
conserva su individualidad. 

Según nuestros antecesores más remotos, las parafinas son, desde el pun- 
to de vista químico, inactivas, pero su actividad aumenta más y más por 
oxidaciones progresivas, hasta transformarse en ácidos grasos de la serie 
inferior, Al convertirse éstos en aminoácidos pueden combinarse entre si 
y con ácidos y bases orgánicas. La formación de sales internas al satisfacer 
en tierto limite las afinidades químicas, las hace inactivas. En estado de 
reposo, ia mayor parte de las células plásmicas son pseudo- básicas y pseu- 
do-ácidas. 

Lo que produce la vida en las combinaciones coloideas es la presencia de 
ácidos más enérgicos que los del grupo carboxilo y de bases más enérgicas 
también que las del grupo amino. Es inaceptable la opinión de Oraham de 
que los cristaloides y los coloides ocupan los dos puntos extremos de la ma- 
teria. Creo que todos los coloides, mientras están en disolución, son verda- 
deros electrolitos, porque en presencia uno de otro se mneven en sentido 
opuesto de la corriente eléctrica y un coloide es precipitado por otro coloide 
de sentido eléctrico opuesto. El exceso de uno de los coloides favorece la 
disolución de los precipitados coloideos. 

Es necesario distinguir entre las substancias que se disuelven y las que 
se ionizan. El azúcar se disuelve por la misma razón que una sal, es decir, 
á causa de existir una diferencia potencial entre el disolvente y la substan- 
cia que ha de disolverse. El azúcar no experimenta más modificaciones 
después de disuelta, pero una sal, el cloruro de sodio, por ejemplo, se di- 
socia en iones. 

Otro punto interesante es la actitud de ciertas células constituyentes» 
las globulinas, por ejemplo, en presencia de sales neutras, entre ellas el 
eloi^uro de sodio. Una sal verdaderamente neutra, como el sulfato de barí- 
j^«4S8Ín8oluble en agua porque sus dos componentes radicales poseen afíni- 



^ 



350 

dadas eléetricM de la miama inienaidad. pero de signos opuestos; pero el 
cloruro de sodio es soluble porque el sodio es un enérgico cat-ion y el doro 
un an-ion. La afinidad elécirica del sodio no satisfecha permite la forma- 
ción de una carga electro-negatiya en las particulas coloides de la globuli- 
na, lo que obliga á estas partículas á separarse unas de otras á causa del 
descenso de tensión de superficie, y forman un agregado inrisible á simple 
TÍsta. En cambio la separación de los compuestos de globulina se obser- 
ran en Tarios casos, principalmente en el núcleo, en los cilindros ejes y en 
ciertas reserras de materia. 

El fenómeno de precipitación de las globulinas, que prueba la facultad 
de perder la ionización, es un ejemplo de la ley general : que las moléculas 
de la misma especie se aglomeran juntas cuando la facultad de ionización 
ba desaparecido, porque no existe entre ellas diferencia potencial. Las mo- 
léculas de globulina son atraídas de una manera pasiva por la acción acti- 
ya del disoWente. Guando se mezclan dos substancias activas y pasiyas, ó 
dos pasivas, se forma una emulsión ó una separación en dos zonas distintas 
que tienen una superficie común producida por la densidad especifica de 
los componentes de la mezcla; los granulos de Nissl de las células nervio- 
sas, los del zimógeno de las glándulas salivales, los depósitos de aleurona y 
de otras substancias de reserva, como el amilógeno y el glucógeno, son 
otros tantos ejemplos. Las fibrillas nerviosas y las radiaciones de los centro- 
somas son aglomeraciones transitorias producidas por la acción coagu* 
lante de los electrolitos. 

. El Dr. E. Albbsoht: La célula animal representa, descartando las dife- 
renciaciones específicas, una cámara pequeña de pared sólida, impregnada 
de lipoides, que contiene un líquido compuesto de coloides, de cristaloi- 
des y de agua. Este líquido tiene el aspecto de una emulsión de gotas, de 
paredes diferenciadas, ó aparece dividida en un número mayor ó menor, de 
pequefias cavidades, de paredes viscosas y que contienen un liquido dife- 
rente. Las paredes intracelulares, en ambos casos, contienen, según toda 
probabilidad, la casi totalidad de las substancias mielinógenas, que proce- 
den en parte de los liposomas persistentes del citoplasma. El núcleo celu- 
lar pertenece á las gotitas celulares de superficie mielinógena y se baila en 
intersección constante con el citoplasma. 

Aeelin fisiológica y patológica del radie sebre el oje. — El Dr. A. Biboh 
Hirhohfbld: Estudiaré la acción del radio sobre el globo ocular, particu- 
larmente en lo que se refiere á la conjuntiva, córnea y retina. Las altera- 
ciones observadas en las cubiertas y medios del ojo después de la aplicación, 
más ó menos prolongada, de pequefias partículas de radio colocadas en con- 
tacto ó próximas al globo ocular, demuestran que no podemos esperar, por 
lo menos actualmente, su utilización en la terapéutica del ojo; en cambio, 
por sus efectos sobre la conjuntiva (conjuntivitis), sobre la córnea (quera- 
titis ulcerada), sobre la retina (infarto, deformación y vacuolización de las 
célalas ganglionares, alteración del núcleo), y sobre el nervio óptico (de- 
generación de la mielina), podemos considerarla peligrosa. 

iSin embargo, se ha intentado emplear el radio en el tratamiento del tra- 
coma, á causa de la acción regresiva manifiesta que ejerce sobre los folícu- 
los tracomatosos; por desgracia, esta acción es muy transitoria: al poco 



351 

tiempo 86 reprodaoen los fol ionios como antes. Las sesiones de aplicación 
más largas producirían qnizá la curación deñnitiva, pero exponiendo el ór- 
gano de l^ risión á graves peligros. 

8l|nos, tratamiente y eonsaooenoias de la úlcera benigna del dnedene. ^Bl 
Dr. M. d'Aboy Power: Las úlceras del duodeno y sus consecuencias no han 
llamado aún la atención que merecen por en frecuencia y gravedad. 

Frecuencia. — Se encuentran en 0*4 por 100 de todas las causas de muer- 
te; las úlceras gástricas se hallan en el 5 por 100 de los casos. La úlcera 
duodenal es tres veces más frecuente en el hombre que en la mujer, mieu' 
tras que la gástrica és dos veces más común en la ihujer que en el hombre. 

$üuacián. — De 149 casos, la úlcera estaba localizada 128 veces en la pri- 
mera porción del duodeno, 16 en la segunda y sólo dos en la tercera. ^ 

Caueae. — Las mismas causas que producen la úlcera gástrica puede oca- 
sionar la duodenal, y ambas afecciones coexisten á menudo. Además, el 
duodeno está expuesto á ulceraciones de la misma naturaleza que los otros 
segmentos del intestino, y no son raras en estos órganos las tíficas y tuber- 
culosas. 

Los estados sépticos ó piohámicos pueden ir acompañados de estas lesio- 
nes; asi es que se pueden encontrar en casos de quemaduras, sobre todo 
cuando van seguidas de una supuración abundante. WíUiam Hunter ha 
demostrado que puede producirse en el perro la ulceración duodenal por 
inyecciones subcutáneas de tolueno-diamina. Al parecer, hay una relación 
mal establecida entre la úlcera del duodeno y algunos casos de lefritis in- 
tersticial ó epitelial; por otra parte, la infección carbuncosa puede afectar 
especialmente al duodeno. 

Variedades. — ^Las úlceras del duodeno revisten tres formas clínicas: per- 
forante, hemorrágica y cicatrizante. Cada una de ellas tiene sus signos y 
tratamiento. 

a) Ulcera perforante. —Tetwintk de una manera dramática. Se produce 
«n sujetos jóvenes que se consideran con frecuencia como sanos y que no 
han tenidp más que signos poco importantes de dispepsia. La úlcera se per- 
fora sin pródromos y en un momento se encuentra el enfermo en peligro de 
muerte. Insisto sobre las dificultades del diagnóstico y la necesidad de una 
intervención inmediata. El pronóstico es muy sombrío, porque más del 
50 por 100 de los enfermos sucumben por colapso, por oclusión incompleta 
de la úlcera ó por error de diagnóstico hasta la aparición de la peritonitis. 
El diagnóstico se hace con la apendicitis, la neumonía, la úlcera gástrica 
pe