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2" Época.— Niiiii. 1 



r de mayo de 1892. 



REVISTA ECONÓMICA 

DEL h - 

RIO DE LA PLATA 

DIRECTOR: DOMINGO LAMAS 



Remta Económica iel Rio íe la Plata 

SEGUNDA ÉPOCA 



I 

Siempre recordaré con satlsíliccjón 
que mi primera iniciativa ha sido la de 
crear la primer Revista Económica 
que se ha publicado en el Rio de la Plata, 
laque apareció el 7 de agosto de i8yo, 
suspendiéndose con su N". 34, el 29 de 
marzo de 1871, cuando, alcanzando á 
su máximum la epidemia de fiebre 
amarilla que entonces asolaba esta ciu- 
dad, me vi privado del personal tipo- 
gráfico parala conlección del periódico. 

Con aquel objeto solicité y obtuve 
el concurso de D. José Vattri, ilustrado 
y noble emigrado italiano, y la colabo- 
ración de las personas más entendidas 
en la materia con que contaba el Rio 
de laPlata, limitando mis tareas, excep- 
tuando alguna colaboración accidental, 
á la parte material de la publicación, la 
que no era pequeña empresa visto lo 
difícil de obtener en aquella época con- 
diciones de vitalidad para una publica- 
ción de este género, y á proveer los 
datos de lasección comercial y financiera, 
en lo que fui generosamente ayudado 
por D. Serafin Polinini, que. tan gratos 
recuerdos ha dejado en ésta plaza, y 
que yá entonces se ocupaba de la crea- 



ción del Banco de Italia y Rio de la 
Plata. 

No obstante las colaboraciones ofre- 
cidas, la regularidad de la publicación 
se hubiera encontrado comprometida, 
ó su interés hubiera decaído sin el con- 
curso de mi señor padre y maestro, el 
Dr. D. Andrés Lamas, quien, después 
de los primeros números, puede decirse 
fué el redactor efectivo de la publica- 
ción. 

En el N'\ 4 se publicó su primer ar- 
tículo en el que hizo el análisis del pro- 
yecto de Banco Nacional presentado al 
Congreso por el Dr. D. Dalmacio Velez 
Sarsfield, Ministro de Hacienda de la 
República Argentina, estudio que am- 
plió en los números siguientes. 

Fué el primer estudio fundamental 
económico, histórico, político que pu- 
blicó La Pevista, y si bien su autor, 
prosiguiendo sus investigaciones cientí- 
ficas, modificó con los años, en parte, 
algunas de las ideas que entonces expre- 
saba, se confirmó cada vez más en lo 
que constituía lo fundamental de sus 
objeciones: hechos producidos en éstos 
últimos años confirman que ya en- 
tonces había levantado la bandera de 
las verdaderas conveniencias naciona- 
les en el orden bancario. 

La propaganda de La Revista tuvo 
el eco que era de esperar que tuviese; 
sus números fueron solicitados por casi 



Kev.'Sta Económica 



todos los miembros del Congreso, y el 
23 de septiembre de 1870 el proyecto 
fué" aplazado por unanimidad en la 
Cámara de Diputados, 'aplazamiento 
que fué definitivo, aunque con el correr 
del tiempo vino, en otra forma, á crear- 
se la institución proyectada. 

"La Nación" del día siguiente de 
aquella resolución del Congreso dice 
que "en esto fué muy feliz el Sr. Minis- 
tro, ]nies si se hubiese resuelto consi- 
derar el asunto hubiera sido rechazado 
por igual número de votos" y refiere 
además la siguiente anécdota: "Ha- 
biéndose enviado decir al Ministro, 
por un empleado de las Cámaras, que 
se solicitaba su presencia en la discu- 
sión del proyecto, parece haber respon- 
dido: "Ya les he dicho que no quiero 
ir. No voy: que hagan lo que quieran 
esos...." 

"No reproducimos, agrega "La Na- 
ción", la palabra, por honor de! Mi- 
nistro". 

Por mi parte puedo decir, que el Dr. 
Velez Sarsfield procedió con la altura 
que le era propia, y á los pocos días 
de rechazado su proyecto fué á visitar 
por vez primera al Dr. Lamas, dicién- 
dole al entrar, con su chispa habitual : 
"Quiero conocer al impugnador de mi 
proyecto". Mi colaborador se consideró 
ampliamente compensado con el placer 
que le proporcionaba la relación que 
desde entonces cultivó con tan emi- 
nente estadista. 

Larga es la relación de los trabajos 
que esa colaboración proporcionó á La 
Revista. 

En la parte industrial tomó la inicia- 
tiva, con un estudio detenido y com- 
pleto, de la fabricación de tejidos de 
lana en el Rio de la Plata. 

En la parte financiera publicó entre 
otros trabajos un estudio retrospectivo 
de las Deudas Públicas del Estado 



Oriental, y en el que se manifestaba el 
temor de que llegásemos. pronto á pesos 
100.000.000 de Deuda y "con ésto á 
la insolvencia, al impudor" todo lo que 
después nos vino conju Pitamente con 
esa ciíra. 

Se ocupó de la cuestión agraria con- 
denando las enagenaciones que se hacían 
en beneficio del agio y con el sacrificio 
del trabajo, y trató otras cuestiones tras- 
cedcntales económinas y financieras. 

Sin desatender el estudio de estas 
materias, la Revista Política, que 
al principio era una simple reseña de 
hechos, adquirió en breve importan- 
cia. La guerra civil ensangrentaba á 
Entre-Rios, donde el General López 
Jordán luchaba con éxito variable con- 
tra las armas nacionales, y dominaba 
también en el Estado Oriental, donde la 
lucha se prolongaba con grave perjuicio 
de la riqueza pública é inminente riesgo 
de nuevas complicaciones internaciona- 
cionales. Pugnó como correspondía por 
las soluciones de concordia, apoyando 
respecto de la República Argentina las 
gestiones del comité de la Paz; y en 
cuanto al Estado Oriental, no se limitó 
á aconsejar la paz á los partidos en 
lucha; sedirijióal Gobierno Argentino 
á fin de que pusiese sus buenos oficios 
al servicio de la paz, y levantó de nuevo 
la bandera del olvido de los rencores 
del pasado, que, aunque tomada por 
robustas inteligencias de Montevideo, 
fué en breve convertida por las estre- 
chas vistas del personalismo, en otra 
nueva bandera de exclusión, de odios, 
de calamidades, y cuando ya La Revis- 
ta no podía protestar contra tan sacri- 
lega degeneración de sus doctrinas. 

A la par de esas cuestiones, las de 
higiene vinieron á absorver la pre- 
ferente atención del colaborador de La 
Revista. La fiebre amarilla aparecía 
en el Mediterráneo, en el Brasil y en 



DEL Rio de la Plata 



el Paraguay ; todo en ésta ciudad parecía 
dispuesto á su ditusión y no se tomaban 
las medidas más indispensables para 
evitar la introducción del germen. 

La propaganda fué tan tenaz como 
consciente; pero, por desgracia, no tuvo 
eco, Y la profecía que hizo de que "en 
en el verano Íbamos á ser devastados 
por la fiebre amarilla", se cumplió al 
pié de la letra. 

Llegaron los tristes días que la in- 
consciencia de las autoridades no evita- 
ron : producido el mal, La Revista se 
dedicó con empeño a indicar los medios 
de evitar su propagación, estimular á 
los que abnegadamente se ponían al 
servicio de la humanidad, y no olvi- 
dando el orden de los intereses mate- 
riales, inició (una vez que el mal se 
había desarrollado, publicando La Re- 
vista al efecto un suplemento), la pró- 
rroga de las obligaciones que el Gobier- 
no de la Provincia de Buenos Aires 
decretó en seguida. 

La última página de la colaboración 
fué una página de luto, única que con- 
tiene esa Revista Económica, y dedi- 
cada no á la necrología de un econo- 
mista, sino á la de un héroe de la 
humanidad, del Dr. D. José Roque 
Pérez, Presidente de la Comisión Popu- 
lar de auxilios á las víctimas de la 
epidemia, y en la que pedía la erección 
de una estatua que todavía está por 
levantarse. 

Tal es el cuadro general de los tra- 
bajos de los ocho meses que duró esa 
publicación. 

Considerando su obra, con la impar- 
cialidad que dá un intermedio de 20 
años, encuentro que fué meritoria su 
labor y que ella impone serias respon- 
sabilidades á los que venimos á inau- 
gurar su segunda época. 



II 



Si fuese á atenerme á lo que sostie- 
nen algunas autoridades en materias 
económicas. La Revista al tomar por 
programa de su segunda época el que 
se desprende de los trabajos de la pri- 
mera, que acabo de reseñar, no sería 
propiamente una publicación econó- 
mica. Autores de la nombradía de 
Víctor Cousin no vacilan en decir que 
la Economía Política, para no falsearse, 
no debe dar entrada en sus dominios á 
las riquezas que llama morales; "que 
debe, só pena de hacerse inquietante y 
aún tiránica para las otras ciencias, ex- 
cluir de su órbita de estudio á la moral, 
la jurisprudencia, la lógica, la metafísi- 
ca etc. y no salir de los antiguos lími- 
tes: que debe circunscribirse á la agri- 
cultura, al comercio, á la hacienda," — 
concepto estrecho, aún desde el punto 
de vista doctrinario, y que haría débil 
é ineficaz la acción de los que se pro- 
pongan estudiar y sostener los intereses 
económicos en general. 

Esto me lleva á tratar, desde las pri- 
meras páginas La Revista, lamas ar- 
dua de las cuestiones de la "Economía 
Política", á fin de justificar el programa 
de esta publicación, dilucidando la 
cuestión que consiste en fijar los límites 
que naturalmente deben corresponder- 
le á 2Ste importante ramo de los cono- 
cimientos humanos. 

No quiero cansar la atención de mis 
lectores con largas discusiones doctrina- 
rias, ni con profusión innecesaria de 
citas, ni hacer aparato de erudición, 
que distrae y estravía el espíritu. Es 
útil en materias, de por sí áridas, cier- 
ta ornamentación, pero debo también 
recordar que una vegetación exhube- 
rantes borra los caminos y cierra los 
horizontes, por lo cual me limitaré á 
las referencias estrictamente necesarias 



Revista Económica 



á la ilustración de los puntos que voy á 
tratar ligeramente. 

Tres escuelas, todas partiendo de 
exactas pero incompletas observaciones, 
llenan la historia de la "Economía Po- 
lítica" y si bien cada una de ellas ha 
traído su contingente de verdades y 
tienen todas el mérito de haber alimen- 
tado en el espíritu moderno el estudio 
de las condiciones en que se desenvuel- 
ve la riqueza, que es base del progre- 
so y prosperidad de los pueblos, se han 
disputado á la vez, sucesivamente, la 
prerrogativa de extraviarlos con erra- 
das generalizaciones é inautorizados 
esclusivismos. 

La escuela mercantil, surgida en el 
siglo XVI, la agrícola en el xvii y la 
industrial en el xviii, que ha prepon- 
derado en el presente, y es calificada hoy 
en Alemania de escuela de Manches- 
ter, por sus impugnadores, se fundan 
todas en el error de elevar á riqueza 
única elementos parciales de su consti- 
tución. 

Para una, los metales preciosos eran 
la riqueza; para otra los productos de 
1?. tierra; y para la que aún predomina, 
el elemento principal es el trabajo, que 
transforme ó transporte objetos mate- 
riales, creando valores de cambio; la 
tierra, para esta escuela es de importan- 
cia secundaria, pero la tiene principaH- 
sima, la acumulación de las riquezas 
materiales producidas, que forman ca- 
pitales. 

Todo sistema fundado en una con- 
cepción incom.pleta es fatalmente erra- 
do, y por lo tanto Adam Smith, si bien 
prestó á la ciencia el servicio de un 
gran caudal de observaciones y de 
principios exactos, lejos de establecer 
las bases científicas de la "Economía 
Potítica," nú hizo más que reemplazar 
un sistema errado por otro que, y por 
análoga causa, lo es igualmente. 



Demostró el error de los fisiócratas 
de considerar improductivo el trabajo 
de los inckistriales y de los comercian- 
tes, pero incurrió en el de clasificar del 
mismo modo á los llamados inmateria- 
les, que, como los del maestro, según 
lo demostró Dunoyer, al preparar una 
inteligencia para el desempeño de fun- 
ciones útiles no produce menor riqueza 
que la que crea el alfarero al dar for- 
ma á una basija de barro, ó como los 
médicos que al restablecer la salud de 
un obrero no desempeñan una acción 
económica menos importante que la 
del herrero que compone una rota he- 
rramienta. 

Los economistas inanchesterianos^ que 
admiten esto que tan evidentemente se 
demuestra, se limitan á ello, sin hacer, 
sin embargo, de los factores inmateria- 
les^ objeto de investigaciones que no 
caben en el cuadro de su escuela, mien- 
tras que la lógica del sistema lleva 
aún á otros á desconocerlo. Van to- 
davía más lejos, y al ocuparse solo 
de los objetos materiales, incurren en 
el doble error de limitarse, además, 
comumente, á los de valor de cambio, 
convertiéndose asi la ciencia en simple 
y secundaria rama del orden de los co- 
nocimientos que debe abarcar. 

A éste sistema corresponde la limi- 
tación de la "Economía Política," cuya 
impugnación voy á emprender. 



III 



Adam Smith dio á su obra monu- 
mental el título de "Investigación so- 
bre la naturaleza y causa de la Riqueza 
de las Naciones." De eso en efecto, 
debe ocuparse la "Economía Política," 
y las divergencias provienen del modo 
de considerar la naturaleza y causa de 
ese orden ds riquezas, que son distin- 
tas de las individuales. 



DEL Rio de la Plata 



Un hombre es rico, desde que posea 
un poder de cambio: créditos, mone- 
das, bienes raíces etc;más ó menos rico, 
no según lo que naturalmente puedan 
producir los bienes que posea ó la can- 
tidad que de ellos tenga, sino según sea 
mayor ó menor su valor venal en rela- 
ción con los demás bienes, mientras 
que desde el punto de vista nacional, 
los créditos de un habitante contra otro 
se compensan, y nó es el valor de las 
cosas lo que interesa, sino la can- 
tidad. 

De la falta de ésta distinción nació el 
problema ante el cual se detuvo Juan 
Bautista Say, ¿"Cómo, se decía, com- 
poniéndose las riquezas de un país del 
valor de las cosas poseídas, puede ser 
una nación tanto más rica cuanto las 
cosas están ámás bajo precio"? Ese pro- 
blema, como lo observa P. Cauwés, 
proviene de que se tenía un concepto 
falso de lo que constituye la riqueza 
efectiva de una nación y "que, agrega, 
depende del valor en uso de lo que se 
posee," en lo que éste distinguido eco- 
nomista incurre también en error. 

Una cantidad de poder de cambio, 
monedas, créditos etc., y el abasto de 
productos, puede constituir un estado 
permanente de riqueza para un indivi- 
duo, pero no así para una nación, cu- 
yas necesidades son expansivas y cuya 
vida es ilimitada, aunque sea esterno 
el poder de cambio, y por grande que 
sea la cantidad de objetos útiles de que 
se disponga. — Lo que constituye la 
fuerza económica de una nación, lo que 
determina su prosperidad, no es el 
abasto, por su naturaleza transitorio, 
sino el poder de producción. 

Adam Smith al decir que la riqueza 
real es el producto anual de la tierra y 
de la sociedad, se ha acercado más á la 
verdad que los que confunden el ca- 
rácter de la riqueza nacional con el de 



la individual y creen encontrarla en el 
simple hecho del abasto. 

Así definida la riqueza, correspon- 
de á la "Economía Política," investi- 
tigar la naturaleza y causa del poder 
productivo de las naciones. 

A éste fin concurren, i" el estado eco- 
nómico ó las condiciones sociales y 
materiales, y i'> la acción directa colec- 
tiva y la individual.- 

El estado económico propio á la 
creación de la riqueza lo constituyen, 
i" Ventajas naturales y mejoras artifi- 
ciales; 2o, condiciones sociales, como 
sean garantías, reglas de equitativa dis- 
tribución, organización propicia para 
el aprovechamiento de las facultades 
personales, disponibilidad de mercados 
y de capital, organización del crédito 
y de la circulación monetaria adecuada, 
y demás beneficios que para el amplio 
desarrollo del trabajo ofrezca la orga- 
nización social; y 3", adelanto moral é 
intelectual, que estimula y aumenta la 
acción económica del hombre. 

Todo ésto sale del orden de lo cam- 
biable, y, sin embargo, constituye ele- 
mentos principales del poder producti- 
vo de las naciones, de cuya apreciación 
no puede prescindirse al investigar su 
naturaleza y sus causas. 

La simple observación nos demues- 
tra, en todas partes y en todas las épo- 
cas, la insuficiencia de los elementos 
cambiables de producción y de la sim- 
ple acción individual, en sus condicio- 
nes naturales, para constituir la prospe- 
ridad de un país, desde que, según los 
distintos centros esos factores dan di- 
versos resultados á la par que dichos 
elementos, por sí solos, no determinan 
ni el progreso, ni la decadencia de las 
naciones, desde que estos hechos se ve- 
rifican sin que preceda alteración sen- 
sible en aquellos factores aparentes. 

En la otra categoría he citado la ac- 



Revista Ecomómica 



ción colectiva é individual, aún cuando 
los economistas ortodoxos, que así se 
llaman también á los que no quieren 
salir de los principios primeramente es- 
tablecidos, cual si ellos fueran un Evan- 
gelio, no ven en la del Estado más que 
una acción negativa, que se apropia y 
consume riquezas y crea trabas al tra- 
bajó, para el cual se le considera el 
menos apto. 

Soy el primero en reconocer con 
Courcelle Seneuil, que el individuo es la 
fuente de la acción y del pensamiento, 
y que el interés individual, como que 
es el directo, es más vigoroso que el de 
los delegados de la colectividad; pero 
esto, que constituye un argumento con- 
tra la estralimitación de la acción del 
Estado, nada prueba cuando ella se 
mantiene en su órbita natural econó- 
mica, que abarca toda la vasta esfera 
de los monopolios naturales, ó no sale 
de los límites accesorios determinados 
por la insuficiencia de la acción aisla- 
da de los individuos ó de las asociacio- 
nes necesariamente limitadas. 

Se reconoce hoy, comunmente, por 
lo más individualistas, que el Estado, 
debe hacer lo que no alcance á realizar 
la iniciativa particular, pero conside- 
rando siempre su intervención como 
un mal menor, aunque ellos mismos 
recomiendan la asociación como un 
factor importante, benéfico y poderoso, 
en lo que no hay lógica, pues, si la aso- 
ciación es una fuerza económica bené- 
fica, el Estado que, al ser la mayor 
asociación, es la mayor fuerza, no pue- 
de ser ni teórica ni prácticamente re- 
ducido á la inacción. 

Tenemos asi que, además del traba- 
jo colectivo é individual, hay como fac- 
tores de riqueza ic- las condiciones ma- 
teriales, legislativas y m.orales que 
constituyen el estado económico, y que 
la ciencia que de ellas se ocupe no pue- 



de dejar de estudiar; y 2° el Estado que 
es una fuente de acción muy directa, 
cuyos límites y naturaleza debemos 
apreciar, en vez de querer fundar la 
teoría de la riqueza pública en las sim- 
ples leyes que rigen la acción indi- 
vidual. 

La riqueza nacional exige, además 
del trabajo, que crea productos mate- 
riales y de la acumulación de objetos, 
los medios y condiciones morales y ma- 
teriales que ya suprimen, disminuyen el 
trabajo, ó promueven, activan y multi- 
plican su acción, y acumulaciones que 
si bien inmateriales, no son menos fe- 
cundas que las de las cosas materiales, 
á la par que conjuntamente con la ac- 
ción individual, actué la social, en la 
esfera que le es propia. 



IV 



La escuela Smitheriana, ó Manches- 
teriana, observa Bagehot, ha estableci- 
do sus dogmas según un tipo especial, 
el del estado industrial de Inglaterra, y 
ellos no pueden convenir más que á 
países que tienen una constitución eco- 
nómica análoga. El mismo autor agre- 
ga "que ha habido época que esos pre- 
ceptos habrían sido funestos, y en las 
cuales los preceptos exactamente opues- 
tos, eran sabios y necesarios." Las di- 
ferencias que ese autor encuentra entre 
distintas épocas, tratándose de Inglate- 
rra, existen entre los diversos países, 
entre cuyos tipos estreñios se presentan 
las divergencias que existen entre las 
distintas edades de un pueblo, conside- 
radas entre sí. 

Con este motivo dice con razón, 
P. Cauwés, que no son sólo las edades 
primitivas las que escapan al imperio 
de las reglas de la economía política 
metafísica, que así llama á la escuela de 
Adam Smith, sino también las otras so- 



DEL Rio de la Plata 



ciedades civilizadas que no están cons- 
tituidas según el sistema industrial de 
la Gran Bretaña." 

Si bien de acuerdo en esta aprecia- 
ción con P. Cauwés, lo estoy también 
en principio con los autores á quien 
éste censura, por decir que la economía 
política especulativa puede formular le- 
yes de carácter universal, puesto que 
es indudable que en el orden económi- 
co los hechos están sujetos á leyes tan 
fatales como en el físico. El mal está 
en deficiencias de observación y en las 
generalizaciones falseadas por espíritu 
de sistemas inadecuados. 

Tomaré por ejemplo, ya que he cita- 
do el orden físico, lo que pasa con las 
nociones sobre los movimientos. Un 
cuerpo impulsado por una fuerza ins- 
tantánea, si no se encuentra Sujeto á 
ninguna otra fuerza ni encuentra resis- 
tencia, seguirá, en virtud de la inercia, 
un movimiento uniforme y rectilineo. 
Esta simple noción, por exacta que 
sea en la hipótesis de esas condiciones, 
nos induciría siempre en error si con 
ella quisiésemos apreciar lo que pasa en 
nuestra esfera, — Admitida la acción de 
la ley de gravedad, pero anulando la 
resistencia del aire, tendremos, según 
sea la impulsión de arriba á abajo ó de 
abajo hacia arriba, un movimiento 
unifórmente acelerado ó uniformemen- 
te retardado. — Según diversas circuns 
tancias, ese movimiento es unifórmente 
variado y crece ó disminuye, y en vez 
de rectilineo es parabólico ó circular. 

Así, en "Economía Política," no 
basta establecer leyes fundadas en la 
concepción de un estado ideal en que 
no se encuentran otros elementos con 
currentes, ó limitarse á estudiar tan solo 
los que se encuentran en determinados 
estados sociales, para fundar una teória 
general, estableciendo, por ejemplo, 
como nociones fundamentales de pros- 



peridad, la libre competencia interna- 
cional y el individualismo absoluto, que 
pueden convenir á la patria de Adam 
Smith, que ya en su época tenía la pri- 
macía industrial y comercial, los hábitos 
del gobierno propio y fuerzas prepon- 
derantes, morales y materiales en el or- 
den individual, pero que en países de 
condiciones distintas, deben producir 
resultados diversos. 

El ser mutables esas condiciones, el 
variar según las épocas y los lugares, no 
excluye la existencia de leyes econó- 
micas fatales, invariables, puesto que 
es permanente la relación entre los 
fenómenos y sus causas, debiendo ser, 
en todos los tiempos y todos los lugares, 
idénticos los efectos siempre que actúen 
iguales fuerzas económicas y en iguales 
condiciones. Los que no pueden ser 
invariables son los regímenes econó- 
micos. 

A ésta ciencia toca analizar las fuer- 
zas que actúan en el orden económico, 
determinar las leyes que imperan según 
sus distintas combinaciones, y las de 
las alteraciones de que, según los casos, 
son susceptibles; materia que requiere 
gran labor de observación, pero que 
permitirá una simplificación y una 
certidumbre no menor, que la que nos 
ofrecen las ciencias hoy más autori- 
zadas. 

Lo demás, las reglas prácticas, el 
grado de protección ó libre cambio, la 
limitación ó extensión de la acción del 
Estado, las reglamentaciones bancarias, 
monetarias, etc., casi todo lo que nos 
vienen dando como preceptos generales, 
corresponden á la vasta esíera del arte, 
la que apreciando los factores que 
actúan en cada época v en cada lugar, 
puede, con la luz de la ciencia, obte- 
ner certidumbre en la ejecución y traer 
á los males que se presentan los reme- 
dios adecuados. 



Revista Económica 



Reducida la Economía Política á 
los extrechos límites que le asígnala 
escuela de Adam Smith, no teniendo 
por objeto más que la riqueza material 
cambiable, y elevándose á principios 
fundamentales y exclusivos, las reglas 
correspondientes á un estado determi- 
nado, como el que le sirvió de campo 
de observaciones, era natural que, cam- 
biados los lugares ó las circuntancias, el 
criterio así formado se trocase en fuente 
fecunda de estravíos, que la práctica 
reprocha. 

En vista de ésto, se busca la escusa, 
ya pretendiendo con Rossi que "la 
ciencia uo tiene objeto", y agregando 
con él, "que desde que se ocupe del 
empleo que de ella puede hacerse se cae 
en el arte", ya con Coquelin diciendo 
que "observar y describir los fenómenos 
reales hed ahí la ciencia; ella no acon- 
seja, ni prescribe, ni dirige", ó con Che- 
buhez que afirma "que las verdades 
que descubre no pueden ser más que 
teorías ó juicios fundados en estas teo- 
rías, no reglas imperativas, no preceptos 
de conducta individual ó de adminis- 
tración". 

Laveleye refuta victoriosa y extensa- 
mente estas escusas, pero creo que me 
bastará para el mismo objeto recordar 
tan solo la definición clara y precisa de 
Bentham que dice "que el arte es llevar 
á cabo una operación cualquiera men- 
tal ó corporal; la ciencia es el conoci- 
miento de los medios de llegar á su 
ejecución". 

Eas ciencias siempre tienen un objeto 
siti lo cual no se justificaría la labor que 
requieren, v en el caso actual, limitán- 
dose arbitrariamente los fenómenos que 
se deben observar y describir, desna- 
turalizándose los objetos y el fin de la 
ciencia, ésta no puede satisfacerlo y que 
si bien no es establecer reglas ó precep- 
tos de conducta, función propia del 



arte, es el de proporcionar á ésta el 
caudal de conocimientos necesarios 
para acertadas deducciones. 



V 



La amplitud que indico no importa 
una invasión de la esfera de las otras 
ciencias, sino el dominio de la esfera 
propia. 

Para comprobarlo me bastará con- 
testar á estas preguntas que, de acuerdo 
con las opiniones corrientes, compen- 
diadas en la frase de V. Cousin, podrían 
hacérseme, en vista del programa prác- 
tico de la primera época de La Revista 
Económica del Rio de la Plata, 
¿qué tiene que ver la "Economía Polí- 
tica", con la salud, la ilustración, la 
moralidad, etc..'' 

Desde que el primer factor de la pro- 
ducción es el hombre, no puede pres- 
cindirse de las condiciones que deter- 
minan su mayor ó menor eficacia. La 
cuestión de higiene interesa tanto á la 
producción como una cuestión de im- 
puestos; el obrero inteligente es para 
la creación de la riqueza superior al 
salvage ó al embrutecido, y el hombre 
moral que economiza, que es estimu- 
lado para el trabajo y que respeta la 
propiedad, tiene, comparado con el 
inmoral, una ventaja, para el poder 
productivo de una nación, tan positiva 
como es éste, por lo común, negativo. 

Stuart Mili, sosteniendo el orden de 
ideas que combato, dice, como argu- 
mento decisivo: "Todo el mundo sabe 
que ser rico es una cosa y otra el ser 
valiente, instruido, humano, etc., y 
todos comprenden que las investigacio- 
nes sobre las causas de la virtud, de la 
ciencia, de la cultura, de las artes, del 
valor de un pueblo son distintas de las 
que tienen por objeto las causas de la 
riqueza". 



DEL Rio de la Plata 



No puede ponerse en duda, que el 
hecho de ser rico es distinto del de ser 
valiente, instruido ó humano, pero ésto 
no importa aseverar que el ser instruido, 
por ejemplo, no sea, en determinadas 
circunstancias, causa directa ó concu- 
rrente para llegar á ser rico. 

Por otra parte, la investigación de 
los efectos económicos, que éstas con- 
diciones pueden producir, es una cosa 
distinta de la investigación de las diver- 
sas causas que puedan dar lugar al 
hecho de que esas calidades existan. 

El mismo Stuart Mili, en su Econo- 
mía Política, se ocupa de las ventajas 
económicas que ofrecen el empleo de 
las máquinas y las vías perfeccionadas 
de comunicación, y para apreciarlas 
desde ese punto de vista no necesita 
considerar como se fabrica un arado ni 
ocuparse de los problemas de la mecá- 
nica y de la ingeniería, y no obstante 
comprende que una cosa es el ser rico 
y otras el arado y las vías de comuni- 
cación. 

Ea "Economía Pohtica", en el orden 
moral, pedagógico ó político, por ejem- 
plo, no debe hacer mas que establecer 
lo que en cada uno de ellos corresponda 
al ideal económico, y apreciar los efec- 
tos económicos de lo que exista ó pueda 
existir, procediendo en sus razona- 
mientos y observaciones con los facto- 
res inmateriales como hace con los 
materiales. 

A su vez, el moralista, el pedagogo, 
el político, tienen que considerar el esta- 
do económico en el que influyen y por 
el que son influenciados, sin que por 
esto se operen invasiones recíprocas 
en las esferas de sus ciencias, que con- 
trarían las especializaciones indispen- 
sables. 

Lo que si hay es identidad final, de- 
biendo encontrarse la perfección ideal 
económica con la moral é intelectual. 



y de esta identidad resulta en vez 
de la confusión en las investigaciones 
de las leyes de unas y otras ciencias, el 
medio de verificar la exactitud de las 
reglas que ellas sugieran, debiendo, por 
ejemplo, ser errado todo sistema eco- 
nómico que nos aleje del ideal de la 
moral y de la justicia, así como será 
forzosamente erróneo todo precepto 
moral y toda disposición legal que 
resulte contraria al progreso econó- 
mico. 



VI 



Ahrens y con él, el eminente Azcárate 
establecen que "todos los bienes espiri- 
tuales, la instrucción, la moralidad, etc., 
favorecen la buena producción y con- 
sumo de los bienes económicos", por lo 
que dice que "toca á la "Economía 
Política" exponer también las relaciones 
de influjo de los bienes expirituales 
sobre los materiales, pero, debe limi- 
tarse, agrega, á desenvolver las leyes 
relalivas á los bienes, cuyo fln directo 
consiste en la satisfacción de las necesi- 
dades físicas. Convendría por esto 
distinguir más claramente entre los 
bienes directos de la "Economía Política" 
y los bienes indirectos que influyen sobre 
las causas de la producción de los otros". 

Convengo en que la "Economía Po- 
lítica" debe establecer los efectos econó- 
micos de los bienes espirituales sin 
entrar en el análisis de las leyes que los 
produzcan, pero en el mismo caso es- 
tán los bienes materiales, pues como lo 
observé replicando á Stuart Mili, si 
bien debe apreciar los efectos de los 
arados y de las vías de comunicación, 
no le corresponde dilucidar las cuestio- 
nes técnicas á cuyas soluciones se deben 
esos beneficios. Hay además evidente 
error en considerar que las causas de la 
producción, son sólo materiales y en 



10 



Eevista Económica 



reducir á una mera influencia directa en 
la producción la que en ella ejerzan los 
progresos inmateriales, cuando éstos 
produzcan en el orden económico efec- 
tos tan directos y predominantes como 
los que tienen en la vegetación los 
rayos vivificantes del sol y la fertilidad 
del suelo. 

¿Qué se debe entender por favorecer 
la producción? ¿Qué es lo que se atri- 
buye á los bienes espirituales? ¿Evitar 
obstáculos? ¿Neutralizar fuerzas nega- 
tivas? — Entonces sí, su acción sería 
indirecta, pero ese no es el caso, desde 
que ellos actúan también para multi- 
plicar los productos, cooperando así 
directamente á la realización de los 
fines económicos. 

Según la escuelaSmitheriana, la rique- 
za era el resultado de la acumulación 
de los productos cambiables del trabajo, 
mientras que el trabajo productivo de las 
naciones se funda principalmente en los 
adelantos de orden inmaterial que dis- 
minuyen subsiguientemente para una 
misma producción, la cantidad necesaria 
de trabajo y de capital. Pongamos 
frente á frente la India que atesora secu- 
larmente y ha aumentado de un modo 
extraordinario los brazos aptos para el 
trabajo, y un país de pequeño capital 
acumulado y poca densidad de pobla- 
ción, pero eminentemente activo é in- 
teligente y tendremos que éste la aven- 
taja debido á sus bienes espirituales, 
que son causa directa de una mayor 
producción. 

Azcárate, después de apoyar esas 
palabras de Ahrens, agrega: "así los 
trabajos del químico ó mecánico que 
presta sus servicios en una fábrica de 
fundición ó de harinas, etc., entran 
ciertamente en el orden económico, y 
por tanto en la economía; pero los tra- 
bajos de esos mismos en la cátedra de 
una Universidad donde tienen por fin 



la cultura de la juventud, pertenecen 
al orden científico y sólo indirectamente 
toca considerarlos al economista". 

Este autor reconoce, pues, aquí, que 
los trabajos del químico y del mecánico 
cooperan en la producción, y no se 
pretenderá por cierto que sea principal- 
mente con el trabajo material sino con 
el caudal de sus conocimientos, que 
actúan directamente. El hecho de que 
el economista no deba ocuparse sino 
indirectamente de los trabajos univer- 
sitarios, no importa establecer que no 
deba ocuparse directamente de los re- 
sultados de esos trabajos cuando ellos 
importen conservar, contrariar ó am- 
pliar los medios de producción. 

Por mi parte no pretendo mas. En 
moral, en política, en derecho, en ins- 
trucción, la "Economía Política" no 
debe, á mi juicio, ocuparse mas que de 
establecer lo que al respecto convenga 
á sus fines, y de determinar lo que 
económicamente represente lo que en 
esas materias exista ó pueda existir, de 
modo á poder apreciar la naturaleza de 
los fenómenos económicos, en cuya pro • 
ducción actúan los hechos de ese géne- 
ro, y formar un criterio exacto de lo 
que, en una época dada, sea lo mas 
conveniente para conseguir el desarrollo 
económico nacional. 

En países nuevos como éstos, todo 
lo que propenda á la constitución de 
un estado económico próspero, que en 
su parte material sale de la esfera de lo 
cambiable y que es en sus otros elemen- 
tos inmaterial, es precisamente lo que 
mas nos interesa estudiar, y pobre sería 
en ellos la misión de la ciencia que no 
lo comprendiese. 

Al mismo tiempo se nos presenta 
otra seria atención en el estudio de los 
sistemas adecuados á nuestras condicio- 
nes especiales y á las necesidades de un 
movimien.to fuertemente expansivo co- 



DEL Rio de la Plata 



11 



mo el que nos corresponde y que no 
se aviene con los moldes importa- 
dos de las viejas sociedades de Europa. 
Si como ciencia la economía política 
no es nacional en el sentido de que sus 
leyes sean locales, lo es por cierto como 
arte, puesto que las reglas deben cam- 
biar tanto como el tiempo y los lugares 
cambien las condiciones que facilitan, 
dificultan ó promueven el desarrollo 
del poder productivo. 

Vil 

A todo lo expuesto me cabe agregar 
la observación de que no trato de una 
publicación exclusivamente doctrinaría, 
sino de una Revista destinada no solo 
al estudio y difusión de la ciencia eco- 
nómica, sino también á promover y 
defender los intereses económicos de 
las naciones del Río de la Plata. 

El "Journal des Economistes" no 
obstante ser el órgano de la escuela 
que sostiene los límites más restrictos 
de la ciencia, reconoce, en el hecho, que 
ella debe tener un objeto, que debe dar 
lugar á un arte, y sostiene sistemas, es- 
tablece, de acuerdo con sus principios, 
reglas generales, y desde el punto de 
vista de sus concepciones fundamenta- 
les, hace la crítica de los trabajos sobre 
derecho, instrucción etc., y sostiene re- 
formas, según lo aconsejan las conve- 
niencias económicas, tales como las 
concibe. 

El carácter de órgano de los intere- 
ses económicos, impone una misión ac- 
tiva en toda la vasta esfera política y 
social. 

Como una garantía de que la publi- 
cación que emprendo llenará debida- 
mente su objeto, debo agregar que ten- 
go ofrecida la colaboración de varios 
de los hombres más competentes en la 
materia con que hoy cuenta el Río de 



la Plata, y espero que ha de aumentar- 
se este concurso, llegando en breve La 
Revista á ser el centro donde se dilu- 
ciden, con el auxilio de todas nuestras 
competencias en la materia, las grandes 
cuestiones que afecten el presente y el 
porvenir de estos países. 

Por otra parte, una publicación de 
este género no interesará solo á los que 
estudien la "Economía Política". La 
compilación de datos retrospectivos y 
su apreciación científica servirá para 
aclarar muchos puntos históricos y rec- 
tificar y ampliar su crítica. No me 
nos útil podrá llegar á ser para los que 
se ocupen de cuestiones de instrucción, 
de legislación y de administración. 

Complementará el interés de esta 
publicación los extractos y comentarios 
que hará de todo lo que más nos con- 
venga conocer de loque contengan las 
diversas revistas y trabajos económicos 
que se publican en Europa y los Esta- 
dos Unidos, y las noticias del movi- 
miento económico y financiero univer- 
sal, y, especialmente, las del Rio de la 
Plata y demás países sud-americanos. 

Los artículos de colaboración serán 
todos firmados, y los que no lleven la 
firma de autor pertenecen al Director 
de esta Revista, salvándose así la res- 
ponsabilidad de las ideas de cada uno. 

Domingo Lamas. 



MI COLABORACIÓN 

Al aceptar el ofrecimiento que se me ha 
dirigido de colaborar en esta Revista, debo 
e;*tablecer, á guisa de programa, en lo que 
hace á mi intervención en sus columnas, 
cuales son los objetos á que me concretaré. 

Alejado durante quince años del Río de la 
Plata, apartado por consiguiente mi espíri- 
tu de la atmósfera tantas veces deletérea de 
las paciones y de las ambiciones locales, me 



12 



Revista Económica 



he habituado, y el hábito forma una segun- 
da naturaleza, á considerar los problemas y 
los intereses políticos y económicos del Río 
de la Plata al través de un prisma eminente- 
mente internacional. 

Tan largos años de voluntario ostracismo, 
no han amortiguado la fibra patriótica de 
mi organización: por el contrario, lejos de 
estas regiones, en una de cuyas orillas vi por 
vez primera la luz, enrojecida entonces por 
el clarear de los disparos de las trincheras 
de la homérica defensa, siendo la otra la pa- 
tria de mis hijos, mi pensamiento y mi co- 
razón no se apartaron jamás de este mages- 
tuoso estuario, puesta siempre mi pluma y 
mi palabra al servicio de sus mas vitales y 
permanentes intereses. 

Tanto en el orden moral como en el mate- 
rial, las Repúblicas del Plata tienen, en Eu- 
ropa, derechos idénticos que defender é inte- 
reses comunes que conciliar con los del viejo 
continente en sus vinculaciones con la Amé- 
rica austral, lo que no exchne, sin embar- 
go, derechos é intereses que son peculiares, 
respectivamente, á la vida política y econó- 
mica de la República Oriental y *dt3 la Ar- 
gentina en sus relaciones, de diversa índole 
con las potencias europeas. 

He estudiado, desde Europa, esas grandes 
cuestiones del Río de la Plata y he adquiri- 
do convencimientos sobre la manera de so- 
lucionar nuestros problemas internaciona- 
le.s, fundados en hechos que diflcilmente se 
pueden apreciar debidamente desde aquí, y 
en observaciones que han sido el fruto de 
largos años de constante labor. 

En el orden económico, por ejemplo, he 
palpado la inmensa utilidad que i'eportarían 
estos países si, dándose cuenta de la impor- 
tancia que han adquirido como centros con- 
sumidores, se prevaliesen de la rivalidad 
existente entre las potencias manufacture- 
ras para consolidar mercados, en condicio- 
nes remunerativas, para los productos agrí- 
colas y ganaderos que constituyen y cons- 
tituirán, por mucho tiempo aún, la base 
principal de la riqueza de estas privilegia- 
das regiones. Con este motivo agregaré que, 
hasta ho3', la legislación rentística del Río 
de la Plata ha revestido un caráctei- casi ex- 
clusivamente fiscal, siendo escasas las dispo- 
siciones en que se ha. buscado conciliar la 



renta pública con la política económica na- 
cional, estando aún por iniciarse lo que he 
llamado política económica internacional, 
esa arma poderosa que esgrimen las nacio- 
nes para fomentar sus industrias y consoli- 
dar la prosperidad de sus transacciones en 
general, garantiéndolas contra los caprichos 
ó las conveniencias exclusivas de otros Es- 
tados en materia, por ejemplo, de legislacio- 
nes aduaneras. 

En el orden político, considerados estos 
países del punto de vista de la posición que 
ocupan en Europa y de la que debieran ocu- 
par, dada su especialidad de naciones ultra- 
marinas, cuyos intereses son tan distintos 
de los que se ventilan entre las grandes 
potencias europeas, en medio de los equili- 
brios de fuerza en que viven y que deter- 
minan la descomposición que observamos, 
mucho tendré que indicar en el sentido de 
garantir nuestro decoro y de conciliario con 
nuestras conveniencias materiales. Es tiem- 
po ya de que las Repúblicas del Plata contri- 
buyan á hacer triunfar eminentes iniciati- 
vas, en el sentido de proclamar y defender, 
mancomunadas en ese exfuerzo con sus her- 
manas del continente, lo que se ha solido 
llamar el derecho internacional americano. 

Es, pues, mi programa, un programa de 
labor tranquila, en el concepto de que es mi 
propósito mantenerme fuera de la órbita de 
los debates locales, al escribir aquí, en el 
Plata, como lo hacía cuando escribía en Eu- 
ropa, sobre las mismas materias que en ge- 
neral acabo de indicar. 

Pedro S. Lamas. 



Extractos y Comentarios 



EL SOCIALISMO ALEMÁN 



f 



¡Singular coincidencia! esta Revista, apla- 
zada por diversas circunstancias, aparece en 
1° de Mayo, el gran día del socialismo; y el 
primer libro de que me cabe dar cuenta, al 
inaug'urar esta sección, es « Le Socialismo 
devant la science sociale* por Edmond De- 
molins, que es la última novedad económica 
que nos trae el correo de Europa. . 



DEL Rio de la Plata 



18 



Las siguientes palabras con que Francis- 
que Sai'cey aprecia este estudio, liace inne- 
cesario todo otro elog-io: «Me dá, dice, sobre 
«un problema muy abstracto nociones netas 
«y. precisas haciendo una exposición lumi- 
« nosa. No tenía después de tantos artículos 
« que había leido de paso en los diarios, mas 
« que noticias confusas sobre el socialismo; 
« hoy puedo discutir con mis colegas. ^^ 

El señor Edmond Demolins empieza por 
establecer que, comolas plantas, los fenóme- 
nos sociales tienen su zona geográfica. El 
socialismo es un producto esencialmente de 
origen y de fabricación alemana: es en Ale- 
mania que tiene su centro de formación; y 
es de Alemania que se extiende en seguida 
en el resto del mundo. 

Aunque requiera alguna extensión, creo 
que mis lectores considerarán que merece 
la pena que resuma el interosante estudio 
que hace sobre el carácter, importancia y 
extensión que el socialismo, cuyos orígenes 
se pierden en la oscuridad de los tiempos, ad- 
quiere en este fin de siglo, en el seno del 
pueblo germano. 

Este movimiento puede ser uno de los de 
más trascendentales consecuencias que en- 
trañe enelorden moral de nuestra época. Los 
extravíos y las exageraciones de la escuela 
filosófica y los erroi-es económicos y finan- 
cieros del antiguo régimen, prepararon en 
Francia la ruidosa convulsión del 89; y la 
escuela autoritaria alemana unida al males- 
tar de una deficiente organización econó- 
mica, prepara no menos extraordinarios 
acontecimientos. 

Pero, dejemos la palabra al distinguiíio 
redactor de la Revista de la Ciencia Social: 

« Puede decirse que en Alemania so en- 
cuentran todas las variedades del Socialis- 
mo: socialistas revolucionarios, socialistas 
conservadores, socialistas evangélicos, socia- 
listas católicos, socialistas de la cátedra fun- 
cionando en las Universidades.— Una esflo- 
rescencia tan general y tan variada prueba 
bien que esta planta encuentra en Alemania 
el suelo más favorable para su germina- 
ción y para su desarrollo.» 

El resultado delaselecciones lo demuesti-a, 
puesto que sólo los socialistas revoluciona- 
rios obtuvieron treinta y cinco diputados en 
el Reischstag y sus candidatos obtuvieron 



cerca de millón y medio de votos. Agregan- 
do á estos los representantes de las otras es- 
cuelas socialistas, resulta que ellos constitu- 
yen la mayoría en el Parlamento Alemán. 

«Estas escuelas no están todas de acuerdo 
en su programa y en sus reivindicaciones, 
pero todas los están en el punto esencial, en 
el punto que constituye el rasgo caracterís- 
tico, la marca de fábrica del socialismo, quie- 
ro decir la necesidad de hacer resolver todas 
las cue.stiones sociales por la acción de la ley 
ó del Estado; todas sueñan una sociedad en 
la cual el Estado reglamentará y organizará 
más ó menos el trabajo, la propiedad, los 
salai'ios, y se encargará de hacer la felici- 
dad de todos y cada uno, desempeñando el 
papel de gran patrón universal. El Estado, 
ó la sociedíul es la nueva providencia del 
socialismo. > 

Demolins analiza enseguida estas diver- 
sas escuelas: 

«Los socialistas revolucionarios son incon- 
testablemente los más lógicos puesto que 
van hasta las TÍltimas consecuencias de la 
teoría; se puede decir que es para ellos que 
trabajan las otras escuelas, puesto que el 
espíritu humano una vez lanzado en una 
pendiente es impulsado á ir hasta el fin. Es 
esto lo que explica sus progresos crecientes. 

«Es de su seno por otra parte que salió el 
grfin Doctor del Socialismo actual, el que 
formuló la teoría más completa cuya in- 
fluencia se hace sentir más ó menos sobre 
las otras escuelas hasta sobre la de los socia- 
listas conservadores y hasta los socialistas 
de cátedra. Se alude á Karl Marx, que expu- 
so su doctrina en su famoso libro Dr/s Á'npi- 
íal, El Uapital. 

«Esta es una obi'a, "tan abstracta como un 
tratado de matemáticas y de una lectura 
bien fatigosa,» únicamente fundada sobre 
una serie de deducciones y de hipótesis. 
Por un primer razonamiento, demuele la 
sociedad actual; por un segundo, la reedifi- 
ca sobre nuevas bases. 

«Según Karl Marx, « solo el trabajo es la 
medida real por medio de la cual el valor 
de todas las mercaderías puede siempre 
api'eciarse y compararse.» Es, pues, única- 
mente el trabajo, i)or consiguiente el obrero 
quien crea el capital. Así pues, el capital, 
tal como está hov constituido, es el resulta- 



14 



Revista Económica 



do de una espoliación. Es preciso pues vol- 
ver á colocar el capital en las manos de su 
verdadero propietario, es decir, entre las 
manos del Estado. Yendo así, de razona- 
miento en razonamiento, el autor llega á 
considerar al Estado como el patrón univer- 
sal encargado de dirigir el trabajo y de re- 
partir equitativamente los pi-oducto-. 

<' Estas teórias fueron formuladas en pro- 
gramas por los socialistas revolucionarios, 
en 1877 en el Congreso de Gotha. Hé aquí los 
principales puntos de ese programa: «El tra- 
bajo es la fuente de toda riqueza y de toda 
civilización. Como el trabajo general pro- 
ductivo solo es posible por la sociedad, el 
producto total del trabajo pertenece ala so- 
ciedad es decir á todos sus miembros, con 
igual derecho, y á. cada uno según sus ne- 
cesidades racionales, estando todos obliga- 
dos á trabajar. 

«En la sociedad actual los instrumentos de 
trabajo son el monopolio de la clase capita- 
lista; la dependencia que de esto resulta pa- 
ra la clase obrera es la fuente de Ja miseria 
y servidumbre en todas sus formas. 

«La emancipación exige que los instru- 
mentos del ti-abajo sean la propiedad colec- 
tiva de la sociedad, con reglamentación por 
la Sociedad de todos los trabajos, empleo de 
utilidad común y justa repartición de los 
producto del trabajo. 

«La .sociedad nueva se constituiría del mo- 
do siguiente: cada obrero, y todos lo serían á 
un título cualquiera, recibirían, por todo 
objeto concluido, tantas veces el precio de 
una hora de trabajo, cuantas en t^^rnlino 
medio se necesiten pai-a confeccionar ese ob- 
jeto. Sería pagado en bonos de trabajo reem- 
bolsables en mercaderías.— Las mercaderías 
serían llevadas á los almacenes públicos, ó 
cooperativos, que entregarían los productos 
contra bonos y bonos contra productos. 

«Por otra parte, como toda propiedad inmo- 
biliaria pertenecería al E.stado, y como cada 
uno debería en adelante vivir del oficio que 
ejerciese, ó de la función que desempeña- 
se, se .seguiría que la facultad de acumu- 
lar sería muy reducida y que las herencias 
debieran limitarse á algunos objetos mue- 
bles.» 

Este socialismo tiene sus raíces en las ma- 
sas populares mientras sus ramas suben al 



través de la burguecía y alcanza las clases 
mñs elevadas de la sociedad. La Alemania 
está más ó menos contaminada de socialismo 
de ariiba á abajo, pero es necesario recono- 
cer que el socialismo revolucionario se reclu- 
ta principalmente en las clases populares. 
La burguesía y la nobleza se'adhieren sobre 
todo á las escuelas más moderadas. 

Los socialistas conserradores, dos palabras 
que, como dice Laveleye, riñen de verse 
juntas, no pien.san llegar como el preceden- 
te á colocar en común en manos del Estado 
todos los in.struraentos del trabajo.— Sin em- 
bargo se llaman con razón socialistas, porqué 
bu.scan también la solución de las cuestio- 
nes sociales en una reglamentación más es- 
trecha, en una intervención más directa y 
más completa del Estado, al que se le encar- 
garía la dirección del trabajo, la reglamen- 
tación de los .salarios y de divei-sos medios de 
producción. Este grupo comprende sobre 
todo á los burgueses que tienen miedo al so- 
cialismo revolucionario y que esperan evi- 
tarlo entregando toda la .sociedad en los bra- 
zos del E.stado. 

Laveleye colocaba á Bismarck entre los 
más ilustres representantes de esta escuela 
y ahora, según Demolins, el Emperador de 
Alemania es el verdadero jefe de los socialis- 
tas conservadores. 

La escuela délos sociali.stas evangélicos es 
así denominada porqué tiene á.su frente los 
pastores de la Iglesia oficial— Se constituyó, 
como el precedente,con el objeto de fortificar 
en el pueblo el sentimiento monárquico y 
estender la acción real con el prestigio del 
socialismo. 

El programa de esta escuela dice: «el par- 
tido cristiano social de los obreros se funda 
sobre el terreno de la fe cristiana y de la ad- 

he.sión al rey y á la patria Reclama del 

Estado la creación de corporaciones de los 
diversos oficios, pero obligatoriamente cons- 
tituidos en todo el Imperio y apocadas en un 
reglamento .severo para la admisión de los 
aprendices. — Se constituirán comisiones ar- 
bitrales y sus resoluciones tendrán fuerza 
legal. Creación obligatoria de caja de soco- 
rros, para las viudas, los huérfanos y los in- 
válidos del trabajo.— Duración normal del 
día reglamentada por el Estado según la na- 
turaleza del trabajo.— Las propiedades del 



DEL lilO DE LA PLAJLA 



15 



Estado 3' de las comunas serán explotadas en 
el interés de los trabajadores y se aumenta- 
rán tanto como sea económica y tácnica- 
mente posible.— Impuesto progresivo sobre 
la renta.— Impuesto muy elevado .sobre el 
lujo, — impuestos sobie las sucesiones, pro- 
gresivo según la importancia de la herencia 
y el alejamiento del grado de paren- 
tesco.» 

- I.a escuela consideiable de los Socialistas 
católicos se constituyó sobre todo á conse- 
cuencia de una publicación del obispo de 
Maguncia, Mon. Ketteler, intitulada: «La 
cuestión obrera y el Cristianismo», que tuvo 
gran repercusión en Alemania. 

Los puntos principales de su programa 
elaborado por el canónigo Moufang, establece 
que «el .salario es insuficiente y que es nece- 
.sario que el E.stado intervenga. — El Estado 
interviene para dar fuerza obligatoria á los 
reglamentos establecidos por cada corpora- 
ción de oficio.— El E.stado debe fijar la ta.sa 
de los salarios. — Debe reglamentar las reía, 
clones de aprendices con sus jefes y de los in- 
dustriales con los obreros.— El Estado debe 
hacer anticipos á las sociedades de los obreros 
y limitar la tiranía del capital. >— «No ataco 
ni la riqueza ni á los ricos, dice Moufang, pero 
lo que yo condeno es el modo como se enri- 
quecen hoy los millonarios y los dueños de 
millares/>. 

Los Socialistas de la cátedra están lejos de 
ponerse de acuerdo y se encuentran en Ale- 
mania, en la cátedra de economía política 
toda la escala délas opiniones desde el socia- 
lismo más tímido hasta el más caracterizado, 
hasta, agrega M'' Demolins, el de Wagner 
que reclama la limitación de la propiedad 
privada y la extensión de la propiedad colec- 
tiva. 

Séame permitiao aquí un paréntesis para 
hacer una observación al distinguido escri- 
tor cuyas páginas he trascripto casi literal- 
mente. —La nacionalización del suelo, tal 
como lo so.-,tiene Wagner, tal como lo han 
pretendido Stuart Mili, Laveleye, Fouillé, 
(íeorge Spencer, y tantos otros distingui- 
dos economistas y pensadores, tal como la 
pretendió Rivadavia y sus más notables hom- 
bres de gobierno, no importa lo que debe en- 
tenderse por Socialismo. 

Demolins investiga en seguida la causa 



en virtud de la cu.<il ese movimiento ha 
tomado mayor extensión en Alemania que 
en otros países, en los cuales la grande in- 
dustria lia originado las nuevas dilicultades. 

«El movimiento obrei'O, dice, surgió en 
el mundo en el mismo momento en que la 
Alemania había realizado la misma evolu- 
ción social que hizo Esprxña hace tres siglos 
con Felipe II, 3' la Francia hace dos siglo--; 
con Luis XIY.— Esta evolución conr.isteen la 
adopción del tipo del poder cenLral absoluto 
sobre las ruinas de la vida local y provin- 
cial.» 

Me parece que Mr. Demolins ha debido lle- 
var más lejos su investigación y estudiar las 
tendencias del pueblo alemán, tan caracte- 
rizadas por sus e.scuelas filosóficas predomi- 
nantss, y al hacerse cargo de estas tenden- 
cias sería lógico con su exacto modo de 
apreciar, el distinto carácter que toma el 
problema obrero en Inglaterra y en los 
Estados-Unidos. 

Estos datos sobre el movimiento socialista 
en Alemania se completan con noticias y ob- 
servaciones sobre las conqui.stas prácticas 
que ha),h«cho allí el espíritu centralista y los 
pr(^-ramas de los Socialistas, una parte de 
las cuales ya encuentra consagradas en el 
código civil prusiano. 

Su título XIX, parte segunda, establece en 
efecto que: 1" el Estado debo proveer el ali- 
mento y conservaciiin á los ciudadanos que 
no puedan con.seguirlos por sí mismos ó que 
no puedan obtenerlo de los que deban darlo 
por la ley; 2" á los que no puedan empleai-se, 
se les asignará ti-abajo en relación con sus 
fuerzas y aptitudes; 3'^ los que por pereza ó 
gusto de haraganería ó por toda otra predis- 
posición viciosa dejen de buscarse medio de 
existencia serán obligados á ejecutar trabajos 
útiles bajo la inspección de la autoridad: &' 
el Estado tiene el derecho y está obligado á 
crear instituciones por medio de las cuales 
se impidan igualmente el desamparo de 
unos y la prodigalidad de otros; 7" se prohibe 
en el Estado todo lo que puede tener por efec- 
to provocar la ociosidad, .sobre todo en las 
clases inferiores, así como todo lo que pueda 
desviai-las del trabajo; 10" las autoridades 
comunales están obligadasá alimen tar á los 
habitantes pobres; 11'^ ellas deben informar- 
se de las causas de su desamparo é indicar- 



m 



Reaista Económica 



las á las autoridades superiores á fin de que 
se remedien. 

En estas disposiciones, que censura en glo- 
bo el autor de la obra de que me ocupo, hay 
mucho que copiar por nosotros, particular- 
mente el inciso 7°. que nos trae á la memoria 
la benéfica propaganda de El Diario sobre 
los frontones y demás elementos de juego y 
de ociosidad. Esto no es socialismo, es cuidar 
de la moralidad y buenas costumbres, de- 
ber de que no delxí pi-escindir ni el gobier- 
no mas individualista. 

Aunque se restrinja lo que se califica in- 
debidamente de socialismo, siempre será evi- 
dente que, como lo afirma la Revista de la 
delicia Social, este ha adquirido en Alema- 
nia una importancia que debe con justo 
motivo preocupar á todos los hombres pen- 
sadores. 

Demolins considera completamente fuera 
de cuestión estos tres puntos: Que la Alema- 
nia es el foco del socialismo,- que son alema- 
nes los que propagan el socialismo en el 
resto del mundo, y en fin, que el socialismo 
no prospera en las poblaciones de iniciativa 
privada, desenvuelta y de poderes públicos 
limitados. 

En efecto, el socialismo alemán tiene mar- 
cada tendencia á convertir su acción en re- 
dentora internacional. Su divisa ya lo dice: 
«Proletarios de todos los países, unios». 

Desde que este nuevo movimiento se ha 
pronunciado, han sido alemanes sus pi-opa- 
gandistas en toda la Europa A' en América, 
y alemana es la doctrina que difunden. 

Justa es también la observación que se 
hace de que esa escuela no progresa en los 
países individualistas, y los ejemplos de In- 
glaterra y los Estados-Unidos que se citan 
son elocuentes. 

En esos países el mal social existe como 
en Alemania; el capital oprime al trabajo y 
•A la inteligencia; y la naturaleza humana 
trata de reaccionar y defenderse contra un 
feudalismo no menos opresor que el de la 
Edad Media, pero busca para ello medios 
adecuados á la tendencia de su espíritu. 
Trata de defenderse poi- la acción individual 
y la asociación. 

Les "Trades Unions) ingleses foimados con 
ese objeto ya cuentan hoy con un n!ill()n y 
medio de socios y una renta de £ 2.000.000. 



Este es un medio poderoso de resisteii'cia^ 
contra las imposiciones de los patrones y 
un elemento á la vez de imposición. 

El Sr. Edmond Demolins vé en esto u 
gran paso paim la solución, pero, por u 
parte, no veo mas que la lucha, que - 
empeña con mayores elementos, y la fuei;, 
que dá la acción colectiva. 

Por una parte las huelgas, que consumen 
los recursos de los «Trades Unions» y pai-a- 
liz.in todos los trabajos y. por otra, los talleres 
que se cierran por falta de remuneración, 
forman un cuadro bajo todos sus aspectos 
poco halagador. 

Esa solución está aun por encontrarse, y 
ella no se hallará ni en el extremo del colec- 
tivismo ni en los del individualismo. 



La situación Econóinica ij Financieía 

DE LA 

REPIBLICA ORIEmL DEL URUGUAY 

Opiniones del Sr. D. Eduardo Casey 



Aprovechando la pi'esencia en Buenos 
Aires de D. Eduardo Case^', hemos creído 
conveniente, para mejor servicio de nue.stros 
lectoi'es, oir su opinión sobre la situación 
económica y financiera de la República 
Oriental que por diversos motivos ha tenido 
la oportunidad de apreciar á fondo. 

La reconocida competencia del Sr. Casey y 
la franqueza que le caracteriza, nos prome- 
tían una conAorsación de sumo interés. 

No nos hemos equÍA ocado, y las contesta- 
ciones que dio á las preguntas que le hici- 
mos, tienen, como se verá enseguida, verda- 
dera importancia. 

Generalmente se considera al Sr. Casey 
como un hombre apa.sionado contra el ac- 
tual estado de cosas de la Hepúl^lica Orien- 
tal, opinión de que por cierto no participa- 
mos. 

Al irlo á ver ya lo sabíamos. Así como 
creemos i'itil y pati-iótico aclarar la situación 
económica del país, i-eprobamos á los que no 
se detienen en sus desahogos personales, 
ante el .sagrario de los intereses generales de 
la República. 



DEL Rio de la Plata 



17 



^ l<esde nuestras columnas sembraremos 
verdades y no pasiones. 
He aquí, mientras tanto, la reproducción 
xacta de la conversación á que nos referi- 
í".os. 

^^ ¿Qué diferencia ha notado Vd. en la situa- 

^ lón de Montevideo, á su reg-reso de Europa? 

—Que ha empeorado mucho. Parece que 

cada día se debilita más; es un estado de 

anemia que asusta. 

Mucho estimaré oír su opinión sobre la si- 
tuación económica y financiera de la Repú- 
blica Oriental. ¿Cree Vd. que se establecerá 
en breve el Banco? 

—Creo que la situación ha de empeorar 
mucho antes de mejorar. Aquel país lucha 
con la desventaja deestai- colocado entre dos 
países papelistas, uno de ellos el Brasil, que 
es el comprador de su mejor producto, la 
carne, pagándola á papel, y el otro la Repú- 
blica Argentina que es su rival en el mismo 
producto y que la supera en campos exten- 
sos y con la facilidad de dinero y crédito á 
papel. 

Para el argentino es poco sacrificio tener 
que vender los productos de su ganadería á 
papel, puesto que atiende á todos sus gastos 
en la misma moneda. 

Sus deudas son á papel y él solamente se 
preocupa de recibiv- mucho papel, sin pensar 
ni un momento en su relación al oro. 

En la República Oriental todos los gastos, 
todos los compromisos del productor son á 
oro, y como no hay crédito hay que sacrifi- 
car los productos á vil precio para poder 
vivir. 

Actualmente en aquel país no hay circu- 
lación de moneda de ninguna clase, ni oro, 
ni papel, ni plata. Es el único país civilizado 
que no tiene moneda, ni sistema bancario, 
y no puede haber mejoría hasta que se es- 
tablezca un Banco poderoso que pueda dar 
la circulación necesaria para el movimiento 
comercial del país. 

No se puede prosperar en un país si hay 
que efectuar los pagos con bolsas de oro, ó 
mandar talegas de metálico á la campaña. 
Estose hace solamente en algunas partes del 
Asia ó del África, pero nunca en un país 
de la importancia del Uruguay. 

Para atender medianamente á las necesi- 1 



dades de todo el país, se necesita cuando 
menos $ ] 5.000.000 en billetes de Banco; y 
como se ha de garantir esa emisión, es el pro- 
blema que hay que resolver. 

Respecto al nuevo Banco proyectado, no 
deseo dar opinión. Creo que todavía no se 
han depositado las £ 50.000 de la garantía 
exigida. 

¿Cree Vd. que en el arreglo de las deudas 
externas, la conducta del gobierno ha sido 
acertada y previsora? 

—Creo que no. Se podía haber hecho un ar- 
reglo bueno para el país y que contentaría á 
los acreedores. Con el arreglo que se acaba 
de hacer, el crédito del país queda perdido 
por veinte años. Por mucho tiempo será mu^- 
difícil conseguir capitales en Europa para 
fundar Bancos ó hacer ferrocarriles en el 
Uruguay, y la falta de esos capitales tiene 
que imposibilitar al gobierno á sostener el 
servicio de la deuda y la garantía de los fe- 
rrocarriles al 3 ]/2 %. El año que viene ha- 
brá que proponer un nuevo arreglo. 



EL BANCO DE LA PROVINCIA 



B-CTEO^OS ^¿^II^ES 



BALANCE DE 31 DE MARZO DE 1892 



Xos proponemos estudiar con detenimien- 
to la situación de los Bancos del Río de la 
Plata, y analizar sucesivamente sus balan- 
ces y memorias, con la imparcialidad que 
tan delicada materia imponq, satisfaciendo 
así la justa curiosidad de los lectores de La 
Revista Económica, puesto que esos esta- 
blecimientos ofrecen ancho campo para las 
más útiles investigaciones. 

Damos lugar preferente en este orden de 
trabajos al Banco de la Provincia de Buenos 
Aires, no solo por ser el decano de las insti- 
tituciones de crédito establecidas en estos 
países, sino también, y muy principalmen- 
te, por la magnitud de los intereses públicos 
.y privados que están vinculados á sus des- 
tinos. 

A esto se agrega la circunstancia de que 
hemos podido conseguir el balance, aún no 
publicado, que insertamos más adelante y 



18 



Revista Económica 



que permite apreciai", comparándolo con el 
del mismo mes de 1891, que fué el último 
de su giro i-egular, las modificaciones ope- 
radas en un año. 

Dividiremos, para la mejor apreciación 
del referido Balance, los créditos y las deu- 
das del Banco, en oficiales y particulares. 

Según el Balance del 31 de Marzo .le 1891, 
el Banco poseía cincuenta millones en fon- 
dos públicos nacionales y debía por emisión 
57.918.200, y en letras entregadas, como sal- 
do del precio de esos fondos públicos, pesos 
14.485.211:28 oro. Estas partidas están ahora 
liquidadas de acuerdo con lo dispuesto por la 
ley 17 de Octubre de 1891, siendo reempla- 
zadas en el balance de 1892 por las partidas 
GobíernoNacional y Ley 17 de Octubre 1891, 
que se compensan en el debe y en el haber. 
No le queda al Banco compromi.so i-eal con 
la Nación mas que el de $ 15.888.000 c/1. 
prestados por la Caja de Conversión, que re- 
cibió del Banco $ 20.680.581:59 c/1. en letras 
de propiedad del Banco, de las que tiene que 
devolver $ 4.792.581:59 como exedente de 
garantía. 

En 31 de Marzo del 91, los préstamos de la 
Caja de Conversión ascendían á 11 millones, 
de donde resulta un aumento de 4.888.000 $ 
c/1. entregados por cuenta del empréstito in- 
terno. 

La cuenta deudora del Gobierno de la 
Provincia se ha aumentado en 2.304.318:23 
c/1., y la acreedora del Gobierno en 799.'7.")G:96 
oi'o, suma que, al tipo actual, representa mas 
que el importe de aquel débito. 

La cuenta del Banco Hipotecario se ha au- 
mentado en ps. 639.229:11 c/1. y 63.766:21 oro. 
En esta cuenta sin duda están cargados los 
intereses impagos. 

Los fondos públicos provinciales han dis- 
minuido en 5.580 ps. c/1. 

Veamos ahora las cuentas particulares. 
El Banco debía, según el anterior balance, 
á sus corresponsales, ps. 123.093:03 oi'o y 
ahora, además de haber saldado esta cuenta, 
aparece con un crédito conti-a ellos de 
15.292:98 oro. 

Las letras y valores á cobrar han dismi- 
nuido en ps. 31.483.759:95 c/[. y 121.764:68 
en oro, de donde resulta que ha realizado en 
un año el 21 op de su cartera de curso legal 
y el 2, 010 de la de oi'o. 



Apesar de esto, su existencia en caja ha 
disminuido en 3.587.541:99 curso legal a- 
24.353:85 oro. En cambio sus depó.<itos apa- 
recen reducidos en | 36.989.324:90 curso le- 
gal y 10.465:70 oro. 

Una suma, que se calcula al rededor de 
millón y medio, de lo que aparece como depó- 
sitos pagos, está representada por clieques 
en circulación, quedeben figurar en la cuen- 
ta de Diver.sos. En todo caso, la suma paga- 
da es considerable, pues de las fuertes su- 
mas que existían en depósitos de cil, ha sido 
efectivamente amortizado en un año, pró- 
ximamente, el 32 o[o. De los depósitos á oro, 
que suman poco, la amortización es de cer- 
ca de 1 12 op. 

Lo que hemos analizado hasta aquí no 
puede ser más satisfactorio, habiendo ade- 
lantado el Banco en sus cobranzas, amorti- 
zación de depósitos y liquidación de sus 
cuentas de emisión con el Gobierno Nacional, 
no ob.stante la situación exepcionalmente 
difícil de la plaza y el espíritu poco benévolo 
que ha habido á su respecto. 

Como único punto negro, tenemos la 
cuenta de deudores en gestión y mora que, 
elevaca á 59.258.118:56 c[l y 3.638.164:61 oro, 
presenta un aumento, en curso legal, de 
23.039.084:24 y, en oro, de 2.084.267:37. 

Esta cuenta ha sido matei'ia de muy es- 
pecial estudio y se ha comprobado que par- 
te importante sei'á realizada sin quebrantos 
sensibles.— En ella figuran fuertes créditos 
contra testamentarias valiosas, de las que se 
obtendrán el pago completo, y firmas de per- 
sonas acaudaladas que dificultades transito- 
rias y morosidad en la realización de sus 
bienes, han colocado en el caso de no poder 
atender con i-egularidad sus servicios. Por 
otra parte, en el deseo de garantirse, el Ban- 
co manifiesta cierto rigor que, si bien resul- 
tará en su beneficio, trae, como con.secuencia 
inmediata, el aumento déla referida cuenta. 

En la partida de Diversos, en la que, como 
se sabe, figuran cuentas de muy distinta 
naturaleza, hay en el activo las siguientes 
disminuciones: ps. 6.934.805:09 curso legal 
y ps. 1.270.251:18 oro, y en el pasivo las de 
ps. 6.420.890:14 C[l y 2. 503.573:13 oro. 

Es de notar que los débitos del Banco á oro, 
incluyendo los depósitos, acreedores oficíales 
y diversos, solo asciende á 3.228.431:83, míen . 



DEL Rio de la Plata 



19 



tras que figuran en su activo 9.187.662:43 oro, 
lo que lo favorece, especialmente en vista de 
la dificultad que existe para las cobranzas á 
metálico. 

En el nuevo balance, en el que como se 
vé, se disminuye tan fuertemente el debito 
de la partida Diversos, y en el que se su- 
primen las de Conversión de monedas, apa- 
,rece el siguiente aumento en el Fondo de 
Reserva: ps. 7.751.053,48 C[I y ps. 5.746.699.82 
oro. 

En el viejo balance, el oi-o estaba calculado 
á 120.62 010 en la partida de conversión. 

La cuenta especial de utilidades no alcan- 
zaba, en el balance anterior, más que hasta 
Diciembre de 1890, mientrar- que el nuevo 
comprende las producidas hasta el dia 30 de 
Abril del 91, aumentándose por esto en 
619.n45.09 cil. 

Si sumámoslas tres partidas, Capital, Fon- 
do de Reserva y utilidades, tenemos ps. 
52.163.390:'o8 en cil y 5.959.230:60 en oro. 

Esto es todo lo que resulta del análisis del 
Balance que publicamos y de su compara- 
ción con el de la misma fecha del año ante- 
rior. 

¿En cuanto deberá la práctica modificar 
sus cifras? ¿Es posible la rehabilitación de 
este Banco, que durante tanto tiempoha ocu- 
pado en América el primer lugar entre las 
instituciones de su género? 

Esto lo estudiaremos oportunamente, con 
toda la extensión que requiere; pero, de.sde 
ya, podemob anticipar la firme convicción 
que abrigamos de que no faltan medios para 
reorganizarlo, de modo que, en breve, pue- 
da renunciará las moratorias, y entrar de 
nuevo á prestar valiosos servicios á la pro- 
ducción de la Campaña, á la industria, y al 
comercio. 

Este es un asunto que debe preferentemen- 
te preocupíu- á los Poderes Públicos de la Pro- 
vincia, asumiendo al efecto laactitud que el 
patriotismo indica. 

A la Prensa 

La dirección de La Revista envia un cor- 
dial saludo á la prensa del Rio de la Plata, 
á cuyas filas se incorpora animada de sen 
timientosde fraternidad y de concordia. 



La bandera de esta publicación es de 
principios, teniendo en mira exclusivamen- 
te el bien público, por medio del triunfo de 
la verdad científica, cuyo desconocimiento 
ha engendrado tantas ruinas y ha produci- 
do tan acerbos desengaños. 

La dirección de La Revista podrá incurrir 
en errores, pero cometerán injusticia los que 
sospechen de su buena fé; ella, por su parte, 
pi'otesta desde ya su respeto por las ideas 
agenas, aún las mas opuestas á las suyas, 
convencida de la utilidad de las controver- 
sias que hacen brotar, al fin, la luz que fe- 
cundiza y que engrandece, cuando el de- 
bate se mantiene en las altas esferas que 
dignifica al periodismo y que lo elevan al 
rango de principal factor del progreso y de 
la libertad. 



REPÚBLICA ARGENTINA 



CRÓNICA DE LA QUINCENA 



El estado de sitio nos obliga al silencio; 
entretanto publicamos á continuación las 
cartas por las cuales consta que el general 
Mansilla, que quizá pudiéramos llamar el 
Girardin argentino, por la vivacidad del 
pensamiento y la fluidez del estilo, se hace 
cargo de la parte argentina de esta sección 
de la Revista. 

Buenos Aires, 25 Abril 1892. 

S'r. Gral. D. Lucio V. MtmsiUa. 
Querido amigo: 

Vo}^ á publicar la segunda serie de La 
Revista Económica del Rio de la Plata, y 
cuento con su valiosa colaboración. 

La primera serie, como Vd. recordará, se 
publicó en Agosto de 1870 hasta Marzo de 
1871, fecha en que la fiebre amarilla me 
obligó á suspenderla. Cuando iba á conti- 
nuarla, Vá. fundó El Mercantil, y la galan- 
tería con que A^d. me franqueó sus columnas 
me indujo á aplazarla, aplazamiento que di- 
versas circunstancias han prolongado has- 
ta hoy. 

Hay más de veinte años desde ese ayer que 



20 



Revista Económica 



creo estará tan vivo en sus recuerdos como 
en el mió. Váse así la vida, pero debe ser- 
virnos de consuelo cuando, como en este ca- 
so, la acción destructora del tiempo ni apa- 
ga las gratas impresiones, ni puede amen- 
guar los lazos de sincera amistad. 

Vd. entonces me entregó la redacción eco. 
nómica de su diario; le pido ahora que Vd. 
acepte la de la parte política argentina de 
mi Revista, con lo cual no solo me favorecerá 
sino también á todos los lectores de esta pu- 
blicación. 

Esta sección de la Revista será exclusiva- 
mente su3^a; y completamente en sus ma- 
nos estará, como debe estar. 

A primera vista puede parecer que las ho- 
jas diarias son la más propias para el debate 
de las cuestiones de carácter político, pero 
no es así sino cuando se trata de propagan- 
da callejera. La actualidad de su país como 
la del mío, requiere obra más trascendental. 

Hay que restablecer muchas doctrinas es- 
cenciales hoy oscurecidas y rectificar errores 
históricos que extravian el criterio público, 
paralo que convienen publicaciones que, co- 
mo las revistas, ofrecen el espacio necesario 
para tratar las materias con toda amplitud 
y dan lugar á lecturas de reposo. 

Ya que usted es militar, le representaré 
uno y otro agente de opinión pública, por el 
cañón Hotchkiss y el cañón Bange. El pri- 
mero multiplica sus disparos mientras que 
el segundo lo aventaja por el alcance y por 
el poder de perforación. 

La coraza del malestar genei-al en el Río 
de- la Plata, requiere el empleo de la artille- 
ría gruesa. 

Con este motivo me repito su af mo. amigo 
—Domingo Lamas. 



Abril 29 1892. 

Mi querido Lamas: 

He leído con mucho gusto su afectuosa de 
ayer. 

Ninguna vicisitud ha interrumpido nues- 
tra amistad, desde el dia en que nos estre- 
chamos la mano, sin egoísmo, coincidiendo 
en apreciaciones sobre más de un problema 
.social. 

Y veinte años de observación me han con- 
firmado en lo que entonces pensaba: que la 



vida debe mirarse como una sociedad de so- 
corro mutuo. Hoy por tí mañana por mí, es 
la mejor regla de conducta social. Lo mis- 
mo que en política no ha;y nada más cier- 
to que el dicho: hoclic míhi, eras iíbi. ¿O la 
mayoría del día de hoy puede no ser la mi- 
noria de mañana y viceversa? O no hay en 
todo lo que es temporal, un interés visible, 
de todos, en garantirse contra las asechanzas 
de la arbitrariedad, que es siempre abuso y 
opresión, vengado donde viniere, aunque 
sea bien intencionada y pretenda ser tutelar? 

Cómo quiere Vd. entonces que vacile en 
decirle: Sí, puede Vd. contar con mi pequeño 
continjente quincenal; sí, espere una crónica 
política de lo que pase, con algunas conge- 
turas de lo que pueda pasar. Tendrá, desde 
luego, se lo anticipo, un mérito: será breve. 

Los que sabemos que los elementos e.stán 
ahí siempre visibles ó invisibles, —que cuan- 
do más seca está la tierra más cargada de 
agua está la atmósfera,— no ignoramos que 
los mismos problemas de hace veinte años, 
con nimias diferencias, son los problemas 
de la actualidad. Qué digo', hace medio si- 
glo que el gran problema argentino está por 
resolverse. 

Don Samuel Lafone, — el que se casó con 
una Quevedo, el padre del distinguido escri- 
tor sobre el Valle Calchaquí, decía cuando 
yo era muy joven, algo que recién ahora,— 
asómbrese Vd.,— entiendo bien. 

«En estos paíse.s, se refería principalmente 
á las Repúblicas Argentina y Uruguaya, 
ningún hombre previsor debe ser propieta- 
tario. Está expuesto á tres cosas: á que le 
confisquen sus bienes, (esto pasó para siem- 
pre, parece); á que lo ejecuten, si debe, y 
está apurado; y sobre todo á que los gobier- 
nos paternales, (que en todo se meten, que 
todo lo quieren reglamentar), de la noche á 
la mañana hagan bajar todos los valores un 
cincuenta por ciento. No! Un hombre pru- 
dente debe tener siempre su dinero en caja, 
para descontarlo bien, aunque el interés sea 
bajo». 

Estamosen estado de sitio, medidaque afec- 
ta hasta el fuero interno, y mi pluma se 
resiste á desleír más «el argumento». 

Yo pienso como el filósofo que más me ha 
hecho meditar, que «las naciones suscepti- 
bles de grandes sacudimientos tienen gran- 



DEL Rio de la Plata 



21 



des recursos», y sé que estando Yd. conforme 
conmigo, cree que la base de la economía 
política está en la no intervención, y que no 
hay reglamento que valga contra la ley de 
la oferta y la demanda. 

Así, pues, hoy como antes, nos hemos de 
entender: aseguremos la justicia y la liber- 
tad; los imbéciles se quedarán rezagados, por 
su culpa, en el camino, y los trabajadores 
animosos no tendrán sino ocasión de felici- 
tarse. 

Ante la prespsctiva del renacimiento de 
La Revista Ecoxr3MiCA, no puedo dejar de 
sentirme dominado por un sentimiento de 
tristeza. Su sabio padre, habiendo pasado á 
mejor vida quizá, no podrá ya nutrir .sus 
columnas con el caudal de su ciencia expe- 
rimental. 

El famoso Moltke, dice, que la guerra ha- 
ce parte de las leyes de la humanidad y que 
en economía es necesaria para el equilibrio, 
ni más ni menos que los jubileos antiguos. 

Que en paz descanse el gran fabricante de 
batallas!, y que la Providencia nos libre de 
gueri-as y de gentes que desconozcan este 
aforismo «pagar es tener crédito». 

El continente americano está dosiei'to aún; 
hay que poblarlo, que civilizarlo y que fun- 
dar en él una nueva cultura. Tener otro 
programa no es obra de estadistas, sino ha- 
cer política filibustera. 

Hasta el 15 de Mayo, si no hay cortapisas 
mentales. 



Su amigo- 



Lucio V. Mcuisilla. 



REPÜBLICi ORIENTAL DEL ¡EÜGIIAÍ 



CRÓNICA DE LA QUINCENA 



En medio de las sombras de la crisis eco- 
nómica y del malestar político, aparece como 
punto luminoso la iniciativa tomada por al- 
gunos ciudadanos para organizar el partido 
colorado y tratar de darle representación 
popular. 

Esto, que tanto nos halaga, no será com- 
prensible para el lector del extranjero, que 
sin duda no concibe que subsistan, en una 



democracia, partidos sin organización popu- 
lar y menos que. en esas condiciones, pueda 
ninguno de ellos ejercer el gobierno del país, 
como equivocadamente se atribuye al par- 
tido colorado. 

La verdad de los hechos, sin embargo, es 
tal como la expresamos. La situación orien- 
tal es una situación siii géneris. 

Después del desborde de los partidos po- 
pulares, en los cuales los hombres de pensa- 
miento se vieron dominados por la influen- 
cia del caudillaje, que arrastrando las ma- 
sas disponía, á su antojo, de los destinos pú- 
blicos, el cansancio y el horror que inspira 
la guerra civil impusieron una especie de 
tregua, durante la cual, sobre la base de la 
supresión del sufragio libre y de la acción 
de los elementos populares, se constitu^^eron 
los poderes públicos con hombres de todos 
los partidos. 

Conjuntamente con esto, se operaron cam- 
bios radicales en las condiciones generales 
del país. 

El perfeccionamiento de las armas moder- 
nas, que disminuyendo la acción del valor 
individual y la eficacia de los elementos po- 
pulares de lucha, aumentan la fuerza de los 
gobiernos; la extensión de los ferrocarriles; 
el alambrado de los campos y el hilo tele- 
gráfico, consumaron mientras tanto la anu- 
lación del caudillaje y establecieron el pre- 
dominio de la capital, centro de los medios 
preponderantes en las luchas armadas; y de 
allí la organización de gobiernos híbridos, 
que no son ni colorados, ni blancos, ni cons- 
titucionalistas, pero que, merced á aquel 
predominio y á aquellos hechos que conclu- 
yeron con el caudillaje, garanten la paz 
pero, desgraciadamente, nada mas que la 
paz. 

La verdad es esa; desde entonces hemos 
tenido y contituamos teniendo un simula- 
cro de gobierno del partido colorado, detrás 
del cual no viene sucediéndose mas que el 
imperio del personalismo que todo lo absor- 
ve y todo lo falsea. 

Recórranse imparcialmente nuestros ana- 
les políticos de las últimas administraciones 
de 1876 en adelante, y se verá que en ellas 
han colaborado hombres de todos los parti. 
dos, siendo rara excepción la personalidad 
sobresaliente que durante este período no 



22 



Revista Económica 



haya participado del g-obierno, entrando á 
formar parte de alguna de las ramas de la 
Administración. 

Ya que incidentalmente hemos tocado es- 
te punto, es bueno que aprovechemos la 
oportunidad para observar que, por eso 
mismo, compartimos todos los que hemos 
actuado en esas situaciones, aunque en pro- 
porciones diversas, de las responsabilidades 
inherentes; y si bien, desde aquella época, se 
ha conservado siempre alzada la bandera del 
partido colorado, este no ha actuado efecti- 
vamente, desde que no ha podido hacerse oir, 
ni votar como tal, ejerciéndose y trasmitién- 
dose el gobierno por inspiraciones y por 
combinaciones de esfera extraña á la acción 
genuinamente democrática y partidista. 

Durante estos dos últimos períodos, la 
tendencia de exclusión del partido que en 
el nombre rige los destinos del país, se ha 
acentuado, sin duda por el patriótico de«eo 
de consolidar la concordia en medio de si- 
tuaciones relativamente difíciles, pero á 
nuestro modo de ver se ha equivocado el 
camino que conduce á la consolidación y á 
la verdad de nuestras instituciones, desde 
que, en las democracias todo es efímero 
cuando no se ré^-^peta el sufragio libre ni gi- 
ran, dentro de su órbita legal y eficiente los 
partidos constitucionales. 

Los males actuales, después de los cambios 
operados, no tienen ya su raíz en la intran- 
sigencia partidista, sino que son la nonse" 
cuencia lógica de la prolongación de una 
vida administrativa sin origen institucio- 
nal. Son los frutos naturales del incondicio- 
nalismo político, agravado con la supresión, 
en que con tanto empeño se reincide de las 
oposiciones que corrigen y estimulan para 
el bien. 

La última modificación ministerial, que dio 
entrada en el gobierno á uno de los miem- 
bro más caracterizados del partido colora- 
do, parece indicar en el Presidente de la Re- 
pública, cuya clara inteligencia es de todos 
reconocida, la alta inspiración de dignificar 
la situación política del país, inaugurando 
con su partido, y de acuerdo con sus com- 
promisos, una nueva era de vida, leal y 
francamente constitucional. 

Si ésto se reahza, como lo esperamos, este 
pe. iodo presidencial, que tiene que luchar 



con tantas y tan graves dificultades econó- 
micas, puede todavía hacerse memorable, 
marcando la era de nuestro renacimiento 
político, base de toda mejora fundamental 
en el orden económico y financiero del país. 

El tiempo ya ha hecho su obra; han desa- 
parecido los caudillos y, con ellos, las pasio- 
nes de carácter sanguinario que el patriotismo 
3^ la civilización han repudiado por completo; 
queda de los partidos históricos tan sólo la 
división radical de sus tendencias primi- 
tivas. 

El blanco es el pai'tido conservador, el 
colorado es el partido progresista; y así ca- 
racterizados, tienen derecho á que se les abra 
de una vez las puertas de la vida democráti- 
ca, con lo que han de volver á su seno todos 
los elementos pensantes de ellos disgregados 
en épocas anteriores, desapareciendo así la 
agrupación constitucionalista, como tiene 
que desaparecer en las luchas democráticas 
toda agrupación que no cuente con elemen- 
tos populares, so pena de no ejercer más ac 
ción política que la que quieran concederle 
sus adversarios ó, continuando el estado ac- 
tual de cosas, de ver reproducir el hecho de 
ingresar sus miembros á las Cámaras, vio- 
lando la Constitución cuyo nombre invocan. 

Tampoco es patriótico privar al país del 
continjente deintelijendascomo las con que 
cuenta esa fracción política; y al realizarse 
ésto, los constitucionalistas no harán más 
que reconocer lo que los hechos han sancio- 
nado.— Cuando en una democracia las masas 
populares no aceptan un programa de par- 
tido, la tentativa que él represente ha fracasa- 
do. Hay además del hecho del fracaso, la mo- 
dificación de las condiciones políticas y 
sociales que motivaron la iniciación del 
nuevo partido. Lo que hoy ellas aconsejan 
ya noesla eliminación sino la reconstrucción 
y la vida regular de nuestros dos grandes 
partidos. 

Ahí está el progreso,del cual el movimien- 
to á que nos referimos al principio es un 
signo favorable. 

En cambio de ésto, en otra parte del hori- 
zonte se presenta la nube de nuevas divisio- 
nes enervantes del partido colorado, que nos 
es traída por el espíritu de intriga de unos, 
y la poca meditación de otros.— Nos referí- 



DEL Rio de la Plata 



23 



mos á la cuestión religiosa, que no puede su- 
citarse con menos oporlanidad. 

No están en discusión ni las preirogativas 
del Estado en presencia del Papado; tenemos 
en práctica el registro civil y la educación 
laica en toda su amplitud, mientras que, 
como ya lo hemos dicho, está por reivindi- 
carse la verdad de nuestro régimen demo- 
crático, á cuyo restablecimiento deben con- 
verjer todas las inteligencias y todas las 
voluntades, objetivo del que no es patriótico 
dejarse distraer. 

Por otra parte, las diversas escuelas socia- 
les deben buscar exclusivam ente en el su- 
fragio libre, que es condición de adminis- 
traciones regulai-es y de dignidad de todo 
ciudadano, las gara ntías para el debate de 
sus aspiraciones, más positivas que las que 
pueden proporcionarles toda propaganda 
de principios en nuestra actual anorma- 
lidad. 

Esa obra que los más elementales deberes á 
todos nosimpone, será degrandesé inmedia- 
tos resultados. 

Quizá algunos quieran tacharnos de optimis- 
tas, pero creemos firn)emente que. la Repú- 
blica Oriental es de las naciones americanas 
la que está mejor preparada para la consoli- 
dación de buenos gobiernos, en medio de la 
democracia. 

La República Argentina, cuyo espíritu pú- 
blico, con sus viriles manifestaciones q" tan- 
to la honran, lucha con las diflcultadesinhe- 
rentesá su extensión territorial, átendencia.* 
discordantes y al hecho deque sus grandes 
centros de ilustración 3^ progreso general se 
hallan eninmensaminoriaproporcionalmen- 
te á las poblaciones provinciales del interior, 
donde el ejercicio de los derechos políticos 
es mucho menos eficiente que en el litoral. 

La situación del Brasil presenta los más 
graves problemas. —Tiene cuestiones de raza, 
antagonismos locales, y divergencias de 
regímenes políticos. 

La República Oriental, en cambio, posee 
un progreso unifoi-me; el respeto del prin- 
cipio de autoridad está consolidado en todo 
el país, y solo le falta el que las clases diri- 
gentes se resuelvan á darle los beneficios de 
lasluchas lealesde lademocrácía,suprimien- 
to el cesarismo y el imperio de los favoritos 
y de las camarillas. 



Se agita y se sostiene con calor la conve- 
niencia de nacionalizar los extrangoros, 
concediéndoles derechos políticos. 

La idea en sí merece apoyo, siempre que 
la nacionalización se efectúe en condiciones 
convenientes; pero hay algo más importante 
que hacer, que es devolver á los orienta- 
les la acción que les corresponde y á los par- 
tidos la autonomía indispensable para que 
vivamos, que ya es tiempo, la vida de las 
naciones libres, que consolidan su existen- 
cia porque inspiran el respeto universal. 



Esta quincena presenta la especialidad de 
iniciativas parlamentarias, cosa á que no 
nos hallamos habituados. 

Además del ya traqueteado proyecto de 
nacionalización de los extranjeros, detrás 
del cual no quieren algunos ver mas que el 
medio con que una agrupación trata, equi- 
vocándose tal vez, de aumentar el número 
de los votantes complacientes, cosa menos 
fácil tratándose de la gran masa de los ciu- 
dadanos naturales, alejados vi rtualmente do 
las urnas, hemos tenido los dos proyectos de 
ley del Dr. D. José Román Mendoza, miem- 
bro independiente del Cuerpo Legislativo y 
uno de los mas caracterizados campeones del 
partido colorado. 

Ambos, aunque de distinto orden, presen- 
tan verdadera importancia. 

El primero tiene por objeto devolver á los 
militares que no están al mando de fuerzas, 
el ejercicio de los derechos políticos. 

No puede desconocerse la conveniencia de 
que los jefes que tengan mando efectivo de 
fuerzas, se con.sideren impedidos para for- 
mar parte de los clubs políticos, y tomar 
participación directa en sus trabajos y en 
sus manifestaciones; pero la inteligencia 
dida por un decreto del P. E., lleva esta in- 
compatibilidad fuera de sus límites raciona- 
les y admisibles. Se ha confundido el man- 
do efectivo de fuerzas con el hecho de figu- 
rai', por la jerarquía ú otras circunstancias 
entre las clases activas y se ha coartado en 
general á todas estas el ejercicio de los de- 
rechos del ciudadano. 

En Buenos Aires no se concibiría, sin 
duda, que un gobierno vedase el ejercicio 
de los derechos políticos á los tenientes ge- 



24 



Revista Económica 



11 éralos Mitre y Boca ni á los g-enerales Man- 
silla, Bosch, Campos y tantos otros, que tie- 
nen, por sus antecedentes políticos, su inte- 
lig-encia y aspiraciones patrióticas, no solo 
el derecho sino también el deber de velar ac- 
tivamente por los intereses públicos y por 
los de sus respectivos partidos: y. sin em- 
bargo, si aquí imperase la interpretación 
gubernativa oriental, ellos estarían coloca- 
dos en el inconcebible dilema de obtar entre 
la posición que les dan sus servicios y el 
ejercicio de sus derechos políticos, ó. lo que 
es lo mismo, el cumplimiento de los deberes 
de ciudadano y de partidista. 

El otro proyecto tiene por objeto dar una 
extensión lógica á la ley que dispone que 
todas las obras públicas se hagan por licita, 
ción, determinando que debe hacerse lo mis- 
mo cuando se trate de entregar á empresas 
servicios públicos remunerados con impues- 
tos, como los faros, etc. 

Es en efecto, una verdadera anomalía le- 
gislativa la que subsiste, imponiéndose la 
licitación hasta para ti-abajos de doscientos 
pesos, mientras se le deja al P. E. facultad 
para hacer conseciones, sin formalidad al- 
guna, que representan á veces el percibo de 
rentas de muchos miles de pesos al mes. 

Verdad es que la lógica que .se busca en 
la disposición legislativa, el P. E. la ha es- 
tablecido á .su modo, prescindiendo de las 
licitaciones para casos en que está por la ley 
expresamente ordenada. 

Según se dice, este proyecto será auiplia- 
do por otro .señor diputado. 

Por nuestra parte, al aplaudir las refei-idas 
iniciativas, debemos manifestar que no nos 
es dado esperar reciban sanción definitiva, 
puesto que todo lo que tiene el carácter de 
autonomía genuinamente parlamentaria, es 
contrario á la esencia del régimen impe- 
perante. 

Las Cámaras son para nuestros gobiernos 
personales, meras dependienciasque ha mon. 
tado para poner el sello legislativo á lo 
que por forma lo requiera; y esta idea está 
tan encarnada, que todo acto que impor- 
te el ejercicio de una atribución propia, 
es con.siderado por el centro cardinalicio del 
P. E. como un menoscabo de facultades in- 
dispensables para el buen gobierno. 

Lo que pasó con el tan opoi-tuno como bien 



elaborado proyecto del distinguido diputa- 
do Dr. D. Luis Mellan Laflnur. sobre la su- 
presión de la enseñanza del latín, es una 
prueba de e.ste mal, que importa no solo de- 
primir una de las ramas del gobierno, sino 
también exterilizar el provechoso caudal 
de las competencias con que cuenta el Poder 
Legislativo. 

Esto no implica un cargo especial á la ad- 
ministración actual. Hay que ser justo ante 
todo; es el resultado de un estado de cosas 
establecido desde mucho antes y fuerte- 
mente arraigado 3' contra el que, es de es- 
perar, los actuales hombres del gobierno 
han de tratar de reaccionar. 



La disposición policial mandando desalojar 
de la ciudad vieja las casas de prostitución, 
viene siendo todavía materia de graves dis- 
cusiones, manifestándose un celo por los 
derechos constitucionales de las prostitutas, 
que se creen vulnerados, cuando la supre- 
sión práctica de los derechos políticos de 
todos los ciudadanos es cosa que no preocupa 
á la prensa en general 3' no dá lugar á nin- 
guna manifestación. 

Considerando la cuestión en sí, nos parece 
que no hay pretexto legal para el alboroto 
que se hace. La Constitución al garantir las 
acciones privadas de los hombre.s, establece 
las limitaciones naturales impuestas por el 
orden social y los derechos de terceros. 

Si bien no puede e.stinguirse la prostitu- 
ción por medio de disposiciones administra- 
tivas, y ellas constituyen actos de carácter 
completamente privado, también es cierto 
que la exhibición del vicio afecta profunda- 
mente el orden social .y causa evidentes per- 
juicios á terceros, que es deber de todo 
gobierno evitar. 

Es oportuno recordar aquí lo que en el 
caso análogo del juego decía Federico Passy: 
«Se puede decir que suprimiendo los gran- 
des establecimientos de juego el Estado 
no los .suprime para los que están poseídos 
de la pasión del juego, á quienes se obliga sim- 
plemente á ir.se hacer desplumaren casas de 
baja esfera en las cuales los fraudes son más 
fáciles. Pero se puede decir también, por 
otra parte, que para ir á jugar en esas casas 
es preciso estar poseído de la pasión dei 
juego, y que el peligro no existe más que 



DEL pjo DE i,A Plata 



25 



para los que van expresamente á buscarlo.— 
\o sucede lo mismo con estas casas que se 
exhiben á todos y se encuentran en el ca- 
mino; ya no es aquí sólo el jugador empe- 
dernido el hombre que deliberadamente va 
á buscar la fortuna ó la ruina y que en esas 
casas entra: es el hombre que nunca ha to- 
cado una carta es el extranjero que pasa y 
una vez en ella toma el vicio, se connatura- 
liza con él».— Aislar,'e vitar la ["ostentación 
del vicio, no es pues masque evitar perjui- 
cios de terceros. 

Esto están elemental, que en las reglamen- 
taciones rudimentarias de las poblaciones 
quichuas, en la época de la conquista, ya 
encontramos establecido lo que en nuestra 
sociedad tan civilizada se quiere desconocer. 

Dejo la palabra al Inca Garcila.'-o que his- 
toriando lasinstituciones quichuas refiere en 
los siguientes términos lo que al respecto 
habíase establecido. 

«Resta decir de las mujeres públicas, las 
cuales permitieron los incas por evitar ma- 
yoresdaños, que vivían en unas malas chozas, 
cada una de por sí, y no juntas: no podían 
entrar en los pueblos, porque no se comuni- 
casen con las otras mujeres. Llámaseles Pam- 
payruna, nombre que significa la morada y 
el oficio, porque es compuesto de Pampa, 
que es plaza, ó campo llano (que ambas sig- 
nificaciones contiene) y de Runa que en sin- 
gular quiere decir persona, hombre ó mujer; 
y en plural quiere decir gente: juntas am- 
bas dicciones, si las toman en la significa- 
ción del campo, Pampayruna quiere decir 
gente que vive en el campo, esto es, por su 
mal oficio; y si las toman en la significación 
de plaza, quiere decir persona ó mujer de 
plaza, dando á entender que como la plaza 
es pública 

«Los hombres las trataban con grandísimo 
menosprecio. Las mujeres no hablaban con 
ellas, so pena de haver el mismo nombre, y 
ser trasquiladas en público, y dadas por in- 
fames, y ser repudiadas de los maridos, si 
eran casadas. No las llamaban por su nom- 
bre propio si no Pampayruna, que es ramera.» 

Como observación desiciva en favor de los 
derechos de la prostitución, se menciona que 
la Constitución establece que ningún habi- 
tante puede ser obligado á lo que la ley no 
mande, agregándose que nuestras Cámaras 



no han dictado ninguna ley al respecto, pero 
esto no tiene base paesto que la misma Cons- 
titución declara en su fuerza y vigor las le- 
yes que rejían hasta entonces en todas las 
materias y puntos que directa ó indirecta- 
mente no se opusiesen á la Constitución ni á 
los decretos y leyes que se dictasen. 

La falta de disposiciones legales de la Na- 
ción, deja en estas materias subsistentes la 
antiguas leyes españolas, y en vista de ellas 
el gobierno, en vez de proceder en este caso 
extralimitando facultades legales, no ha 
hecho todo lo que podría hacer. 



Revista bursátil 

Más de una vez, como hoy, han de ver los 
lectores de esta sección relaciones de hechos 
en pugna abierta con las teorías económicas 
que quizás sostengan los verdaderos redac- 
tores de la especialidad en esta misma Re- 
vista. ¡El oro ha bajado por abundancia de 
papel! !E1 billete se ha apreciado porque está 
menos escaso! Parece un disparate y, .sin em- 
bargo, nada más cierto. La terminación de la 
campaña electoral dando seguridades de paz 
ha hecho más fáciles los descuentos, que se 
han tratado liberalmente entre 10 1/4 y 11 o/o, 
segiín firmas y plazos, y esta baja en el 
interés ha repercutido en la Bolsa, en que se 
han hecho pases de onzas (fin de Abril á fin 
de Mayo) con 30 á 60 centavos, lo que cons- 
tituye una mala colocación para nuestros ca- 
pitalistas, acostumbrados, meses atrás, hasta 
1 li2y 2 puntos en onza, y les ha hecho buscar 
otras inversionesabandonandoel oro, que al 
no recibirse de nuevo, ha ocasionado la baja 
de 56 á 54.70 la onza (336.10 o[o;, precio á que 
cierra con tendencia de seguir bajando en 
Mayo, á poco que ayuden los acontecimien- 
tos políticos que se esperan. 

Algo valorizados los cheques del Banco de 
la Provincia, que la emisión de certificados 
había depreciado exageradamente en los 
primeros momentos, y que noticias de una 
mejor situación del Banco han empezado á 
apreciar. 

En dos puntos ha mejorado el Empréstito 
Nacional Interno, á lo que ha contribuido la 
suscrición en este título de las nuevas accio- 



28 



Eevista Económica 



nesdel Banco delaNación. Fracasada esta en 
el día de la fecha con poco más de 40J)00 ac- 
ciones suscritas sobre 100.000 pedidas, el valor 
de este título será él que merezca como papel 
de renta, é indudablemente no está, eJ que 
tiene hoy, en armonía con el valor del dinero 
en plaza. 

Las acciones de los Bancos Español é Italia 
han mejorado en dos puntes, y expecialmen- 
te por las primeras hay mucha demanda, lo 



que no es extraño dado el movimiento cada 
día creciente que se nota en sus negocios. 

De la Bolsa de Montevideo, los precios in- 
sertos darán idea de su calma y los que fre- 
cuentan la de Buenos Aires, pueden ver 
cada día llegar nuevos corredores de aquella, 
que buscan entre nosotros lo que allí falta: 
comisiones. 

V. 



Movimiento bursátil de la segunda quincena de Abril de 1892 



BOLSA DE BUENOS AIRES 

(DEL 15 AL 30 DE ABRIL) 



Metálico 



Onzas 

Libras esterlinas. 



Cambios 



Inglaterra. 
Francia.. . 

Bélgica 

Alemania. 



Cheques 



Banco Nacional 

Banco de la Provincia 

Banco Hipotecario de la Provincia— bonos. 
Banco Inglés del Rio de la Plata (papel)... 



(oro). 



Cédulas Hipotecarias Nacionales 



Serie 


A 


(oro) 5 % 


de 1 


ent 


» 


A 


m/n 7 % 


» 


» 


» 


B 


» 7 X 


» 


» 


» 


C 


» 7 X 


» 


» 


» 


D 


» 7 % 


» 


» 


» 


E 


» 7% 


» 


» 



Cédulas Hipotecarias Provinciales 

Serie A (oi-o) 6 '''„ de renta sin operación 



sin operación 



F m/n 6 ^i, 



G 


» 


6 «'„ 


I 


» 


8\ 


J 


» 


8 0/ 

o /O 


K 


» 


8 0/ 

o 


L 


» 


8 ó 



HASTA 
ABRIL 15 



55.40 
17.13 



5.08'/, 
5.09 V¡ 
4.11 



30 — 
51. \, 
11 -^¡ 

nominal 



29 - 
95 — 
93 — 
84.50 

85 — 
85 - 



15 — 
30.50 
29.50 
29 - 
29.60 
29.70 
30.50 
29.60 
29.50 



Mas bajo 



54.10 
16.80 



48.1/4 
5.07 
5.08 
4.09 



30 - 

51. Vo 

11 -V¡ 
19 — 
nominal 



27 - 
94 — 
95.50 
85 — 
83 — 
83 - 



12 — 
29.80 
29.20 
28.90 
28.70 
29.50 
30 - 
29 — 
29 - 



Mas alto 



Ultimo precio 

HASTA 
.\BRIL 30 



56 — 
17.35 



48. -/.G 
5.08 
5.09 
4.10 



31 - 
61 - 

11 ^,'4 
19 — 
nominal 



27 - 
97 — 
95.50 

85 — 

86 - 

87 — 



12 — 


12 - 


30 - 


30 - 


30 - 


30 — 


29.50 


29.50 


29.50 


29 - 


29.50 


29.50 


30 - 


30 — 


29.60 


29.30 


29.60 


29.30 



54.70 
16.95 



48.1/4 
5.07 
5.08 
4.10 



31 - 

51.1/0 

11. v; 

20 - 

nominal 



27 - 
97 - 
95.50 

85 — 

86 — 

87 - 



DEL Rio de l.\ 


Plata 






27 




Último precio 

HASTA 

ABRIL lo 


1 

Mas bajo 


Más alto 


Úitimo precio 

HASTA 

ABRIL 30 


Séi-ie M ra n 8 % de renta 

» N » 8 ",(, » T, 


29.60 
29.60 
29.60 
29.60 

57.80 

86 - 

64 — 

26 - 
34 - 

80 - 

27 - 
63 - 
38 - 

125 - 

8.40 

65 - 

51-% 

5.42 
nominal 

4.36 


29.10 
29 — 
29 - 

29.10 

58 - 

85 - 
64 — 
27 ^ 
35 - 

80 - 
29 - 
63 - 
41 - 
125 - 

8.20 
51 — 
89.20 
26.80 
26.40 
34.60 

51.% 
5.41 
5.42 
4.36 


29.60 
29.60 
29.50 
29.60 

59.90 

87.50 
65 - 
27 - 
36 - 

80 - 
29 - 
64.50 
41 — 
125 - 

8.90 
68.80 
40 — 
29 - 
29 - 
35 - 

51.% 
5-41 
5.42 
4.36 


29.20 
29 30 


» » 8 0/.> » » 


29.20 


» P ■-> Q ^¡^ » y> 


29.30 


Fondo.s y Títulos Públicos 




Empréstito Nacional Interno de 1891 

Acciones 

BA^x'os 

Español del Rio de la Plata 

Italia y » » » » (oro) 


59.20 

87.50 
65 — 


Crédito Real 


27 — 


Nuevo Banco Italiano ..\ 

compañías 
La Edificadora 


36 - 

80 — 


La Previsora (Compañia de Seguros) 

La Primitiva de Gas 


29 - 
64.50 


Gas Argentino 


40 — 


Empresa del Ed-iücio de la Bolsa 


125 - 


BOLSA DE MONTEVIDEO 

(DEL 15 AL 30 DE ABRIL) 




Acciones Banco Nacional 


8.20 


Billetes » » 


54.80 


Deuda Unificada 


40 — 


Títulos hipotecarios Serie D 


26.80 


Cédulas hipotecarias » A 

Deuda amortizable. ... • . 


29 - 
34.60 


Inglaterra 


51.% 


Francia 


5.41 


Bélgica ... 


5.42 


Alemania 


4.36 



28 














Revista 


Económica 



























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ONDO DE RESERVA 

EPOSITOS 




CREEDORES OFICIA 
Gobierno de la Provin 

Haia do Cnn\'fiTSÍnn 


IVERSOS 
TILIDADES 

Do 1888 á 30 do Al 
ño. 1891 


ITULOS EN DEPOSIT 
Cédulas Hipotecarias. 
Varios títulos. 


OBIERNO NACIONAL 
EY 17 OCTUBRE DE 

Lz Plata, Abril 8 de i8 


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lí") (le mayo de J892. 



REVISTA ECONÓMICA 



DEL 



RIO DE LA PLATA 



DIRECTOR: DOMINGO LAMAS 



LOS TRATADOSJE COMERCIO 

a l'rol'úsito dk una iniciativa del 
Gobierno Obtrntai. 

I 

Consecuente con el propósito manifesta- 
do en mi articulo programa del ni'imero an- 
terior, en el cual declart' que concretaría mi 
colaboración á las cuestiones de di% ersa ín- 
dole, de carácter intei'nacional. me propongo 
hoy examinar un asunto de máxima impor- 
tancia; me refiero, en g-enei-al, á la celebra- 
ción de tratados de comercio entre las nacio- 
nes americanas y las europeas y, en particu- 
lar, á la actitud que en e.<ta materia le 
convendría asumir á la República Oriental 
del Urug-uay. 

Justifica la preferencia que le doy, para 
iniciar mis tai-eas, k tema de por sí tan inte- 
resante, la resolución de la cancillería uru- 
gua.ya de entablar negociaciones para la 
conclusión, con Franciay .\lemania, de ti-a- 
tados de comercio, resolución de fiue dá no- 
ticia un mensaje i'ecienteinente dirijido por 
el P. E. al Senado Orientaren cumplimiento 
de un precepto de la Constitución. 

Ninguna cuestión reviste mayor impor- 
tancia para las naciones, consideradas del 
punto de vista de sus intereses económicos, 
que la que se desprende de la celebración 
de tratados de comercio, que .suelen equiva- 
ler á la renuncia de preri-ogativas sobei-a- 
nas, cual la de reglamentar periódicamente 
las tendencias y el mecanismo mercantil é 
industrial: y esa importancia adquiere ma- 
yores proporciones tratándose de países nue- 



vos, en plena evolución, dond;^ todo es in- 
cierto y problemático íuín. 

Los pai.ses hispano-americanos ocupan, 
ante la vieja Europa, una posición especial 
creada tanto por el estado constitutivo em- 
brionario á que me acabo de referir, cuanto 
perla distancia que los separa; y la distan- 
cia en materias de comercio, de industrias 
y de productos, es un factor que suele mo- 
dificar í'undi'uientalmente determinadas si- 
tuacione.s, bastando para ello considerar que 
una misma tarifa de introducción aplicada 
á un ai-tículo determinado de costo igual 
de producción, resulta muy diver.sa, mer- 
cantil ó industrialmente considerada, ya se 
aplique á un país limítrofe ya á otro situado 
á 2 ó H mil leguas de distancia. 

Por otra pai-te, la actitud, entre sí, de las 
potencias europeas, en materia de comercio, 
obedece, muchas veces, más á consideracio- 
nes políticas que á intereses mercantiles é 
industiiales, propiamente dichos; las gue- 
rras de iai'ifas, con las peripecias pprlurba- 
doi-asdel trabajo á que dan lugar, son el re- 
sultado, m\iy frecuentemente, en Europa, 
más de una rivalidad política que de un 
antagonismo comercial. IJnstaria pai-a com- 
probar esta opinión el hecho déla enUnte 
aduanera enti-e las potencias aliadas del 
centro eui'opeo y la armonía que, en contra- 
posición, exi.ste, en materia comercial, entre 
Francia y Rusia, etc., etc. actitud que se re- 
fleja igualmente en los mercados monetarios 
ó financieros, siendo reciente el hecho de la 
suscricion exhuberante de los empi'ésíitos 
rusos en París, coincidiendo con la repudia- 
ción de los papeles moscovitas pnr las plazas 
de Berlín \ Haiii burgo. 



m 



Revista Ecunómica 



Por otra parte, más de una vez he mani- 
festado opiniones contrarias á la aplicación 
exagerada ó extemporánea de la doctrina 
Monroe; sobretodo cuando se lia pretendido 
avasallar, por nuestra gran hermana del 
Norte, el comercio de las naciones del conti- 
nente, resucitando, al efecto, el espectro de 
las Santas Alianzas, que han hecho su época: 
el Congreso de Panamá y el tratado CU.y- 
ton-Bullv»-er. pertenecen á la historia. 

Xi compromisos generales con la F.uropa, 
que coharten nue'^tra independencia econó- 
mica; ni tutelaje norte-americano que me- 
noscabe en lo más mínimo nuestra sobera- 
nía; ni intransigencia en principios de pro- 
tección y de libro cambio. Lo (jue deseo para 
mi país y lo que aconsejo á las naciones ([ue 
nos circundan, es no comprometer, á la li- 
gera, su libertad de acción en materias que 
afectan tan profundamente la riqueza na- 
cional, loque no escluye los tratados, siera- 
pi-e que estos se limiten á proclamar pres- 
cripciones pertinentes del derecho de gen- 
tes, y k reglamentar su aplicación; ó que 
satisfagan grandes intereses económicos del 
país, sujetándose á los principios y amol- 
dándose alas condiciones generales que al 
efecto deben consignarse, como regla univer- 
sal de conducta en la materia, en una gran 
ley ad-hoc. 

Es indispensable, á mi modo de ver. tra- 
zar las grandes líneas de nuestra política 
económica internacional, proclamando so- 
lemnemente las condiciones á que se suje- 
tarán en lo sucesivo nuestras relaciones de 
"interés material con las demás naciones, lo 
que, como lo acabo de apuntar, debe ser el 
objeto de una ley. 

Para confeccionar esa ley, debemos empe- 
zar por darnos cuenta en qué consiste, en 
general y en particular, en globo y en de- 
talle, el interés económico nacional. Y con 
éste motivo debemos recordar que el interés 
económico de las naciones no es idéntico en 
todas partes; lejos de ahí, ese interés difiere 
muchas veces diametralmente, desde que 
la ventaja de comprar es muy distinta de la 
de vender; además de que existen para 
nupstros jóvenes y despoblados países inte- 
reses, por ejemplo, como el de la inmigra- 
ción, que cito al acaso, que no lo es por 
cierto para las viejas potencias europeas. 



que luchan, por el contrario, con los inconve- 
nientes de la excesiva densidad de pobla- 
ción, qvie engendra, por medio del hambre, 
la anarquía, que conmueve sobre sus bases 
seculares el edificio social. 

El pensamiento que acabo de enunciar y 
que me propongo desarrollar suficiente- 
mente, que consistiría en legislar y regla- 
mentar nosotros mismos, especialmente res- 
pecto á la Europa,nuestro comercio exterior, 
obedece, por mi parte, á un convencimiento 
profundo, resultado de mis estudios é in- 
vestigaciones en Europa, á saber: la Euro- 
pa actual, dado el estado de desari'ollo do 
sus industrias,-— en presencia de la gran 
masa de 7U millones de hombres que. se 
sustraen de por sí, en los Estados Unido ;, 
con ó sin leyes Mackinley, á la oferta 
europea,— considerando los antagonismos y 
rivalidades políticas que han originado ó 
han sido la consecuencia de los antagoni.s- 
mos y de las rivalidades indu.strialesy ma- 
nufactureras que han dividido y dividen 
profundamente á la Europa, — la Europa 
actual, repito, necesita mucho más de noso- 
tro.s, esto es. de nuestros Estados americanos 
y muy especialmente de los fie la zona tem- 
plada y de la periferia continental, como 
medio de evitar ó tan solo de detener el 
derrumbe social, que nosotros necesita- 
mos de ella. En una palabra defino la 
situación, tal como la entiendo : lo que para 
nosotros es una conveniencia, para la Eu- 
ropa es una necesidad. 

Llevada al terreno práctico la idea que 
presento, y dejando de considerarla con rela- 
ción al conjunto europeo para particulari- 
zarla con una ó más de las potencias que la 
componen, que es el caso positivo, resultaría 
que, como países consumidores, se desper- 
taría á nuestro respecto, si sabemos sacar 
provecho de la particularidad de nuestra 
situación, disputándose nuestros mercados, 
la rivalidad como potencias manufacture- 
ras, entre Francia, Alemania é Inglaterra 
y, en ciertos casos, entre Italia, España, 
Bélgica y otros países de menor impor- 
tancia. 

He tenido oportunidad de desarrollar (*s- 
tensamente esta tesis en Europa, en escritos 
y en conferencias públicas y aun en el seno 
del Parlamento Francés, con motivo de las 



DEL Rio de la Plata 



31 



investigaciones sobre la crisis agrícola en 
Francia (Marzo de 1884). La denuncia del 
tratado de comercio entre Francia é Italia 
me ofreció la oportunidad de publicar un 
folleto (Marzo de 1888) bajo el título de «La 
politique economique internationale de la 
République Argentine», en que puse de 
manifiesto, trayendo á colación, con la elo- 
cuencia de las cifras y de sus lógicas in- 
ducciones, el movimiento comercial del Rio 
de la Plata con las divei'sas potencias euro- 
peas, de cuyo análisis se desprende la riva- 
lidad existente entre dichas potencias para 
suministrárnoslos principales artículos ma- 
nufacturados. 

Copiaré algunos párrafos del referido fo- 
lleto: - 

«Hoy dia Francia, Inglaterra y Alemania 
se disputan los mercados de la República 
Argentina pai-a la salida de los productos 
de sus manufacturas : estas tres naciones le 
venden actualmente por mas de 300 millo- 
nes de francos anuales de dichos productos, 
contra 150 millones cinco años ha y 90 mi- 
llones hace apenas diez años : se vé por esta 
progresión cuál e^ la importancia para los 
países manufactureros, en el presente y so- 
bre todo en el porvenir de los mercados con- 
sumidores de la República Argentina. Va- 
mos á estudiar, números en mano, cual es 
la situación de la lucha emprendida por In- 
glaterra, Francia y Alemania con el fin de 
conquistar la supremacía comercial en las 
regiones del Plata. Veremos por ahí que 
Francia descuida intereses, que para ella 
son capitales, para ocuparse y preocuparse 
de relaciones internacionales que. como las 
que tiene con Italia, son menos considera- 
bles, sobretodo si se tiene en cuenta el por- 
venir. Hoy dia las transacciones entre Fran- 
cia é Italia, ascienden á unos 400 millones 
de francos próximamente, contra 320, poco 
mas ó menos, entre la primera de esas nacio- 
nes y la República Argentina. Dentro de 
cinco años Francia podría duplicar, si lo 
quisiera (concediendo en cambio lo que po- 
dría conceder), sus transacciones con la Ar- 
gentina, mientras que con Italia el importe 
actual de sus operaciones es poco suscepti- 
ble de modificaciones: es, por así decir, una 
cifra estacionaria.» 

Contestando á objeciones que se me ha- 



cían desde las columnas del Ecotiomisíe 
Franmis, del señor Paul Leroy Beaulieu, 
con motivo de una carta que dirigí al señor 
Spuller. Presidente de una Comisión de In- 
formación Parlamentaria, sobre materia eco- 
nómica, sostuve en los siguientes términos, 
en las columnas de la Reviie Sud-Anm-icahte, 
la diferencia de situaciones existentes en- 
tre los Estados americanos y los europeos 
para resistir una guerra de tarifas : 

«Hay naciones que se hallan más que 
otras á merced de los cambios de tarifas de 
sus vecinos, como, por ejemplo, aquellas en 
que sus indu.strias no podrían subsistir en 
el estado de desarrollo á que hubiesen lle- 
gado, 1" sin i-ecibir del extranjero las ma- 
terias primas indispensables á su actividad 
y, 2" sin dar salida á la mayor parte de su? 
productos manufacturados. Es el caso de 
Francia, de Bélgica, etc., y no tanto el de 
Inglaterra, que ha encontrado, gracias á sus 
numerosas colonias como á su táctica finan- 
ciera, el medio de asegurará sus manufac. 
turas los mercados más vastos del universo. 

«Otras naciones, y citaremos en prime" 
ra línea á los Estados Unidos y á la Repú- 
blica Argentina, podrían, en caso necesa- 
rio, bastarse á sí mismos y ser, por consi- 
guiente, menos vulnerables que las otras, 
porque sus territorios se prestan á todas las 
culturas y pueden obtenerse en ellos todos 
los productos imaginables y necesarios á las 
indu.strias modernas. Estas naciones po- 
drán, llegado el caso, bastarse á sí mismas, 
sin esponerse á los cataclismos que. por 
ejemplo, produciría en Francia la súbita y 
considei'ablediminuciónde las transacciones 
comerciales. V 

Más adelante, haciéndome cargo de obje- 
ciones aparentemente fundadas, las destruía 
en los siguientes términos; 

<Se nos dice en Francia: Si bien es verdad 
que vendemos por cerca de 100 millones de 
francos de manufacturas á la República Ai- 
gentina, no es menos cierto que compra- 
mos á esa República por casi 200 millones 
de f ancos de pieles, de lanas, de sebos, de 
carnes y de cereales; una guerra de tarifas 
perjudicaría, por consiguiente, en propor- 
ciones mayores á la industria argentina que 
ala francesa'. A esta argumentación con- 
testaremos con la siguientp proposición, de 



32 



Revista Económica 



irrefutable justificación: «.Sería menos rui- 
noso para la República Argentina eldejarde 
venderá Francia esos 200 millones de lanas, 
pieles, etc. que á Francia el perder una ex- 
portación anual de JOO millones de vinos, 
de tejidos, de comestibles, de confecciones, 
etc.; y esto por las siguientes razones: 1" por- 
que á la República Argentina le sei-ia fácil 
vender á Bélgica, por ejemplo, las lanas y 
Jas pieles que hoy manda á Francia, mate- 
rias primas que serían tejidas, curtidas y 
utilizadas del otro lado de los Vosges en vez 
de serlo de este lado, siendo indispensable su 
trasformación manufacturera para el con su- 
mo universal; 2" porque por otra parte_, los 
100 millones de artículos franceses que de- 
jarían de venderse á la Repiíblica Argentina, 
no se venderían en otra parte: .sería una 
pérdida líquida y absoluta pai'a la Francia.» 
Me consideraría feliz de que el conven- 
cimiento que he adquirido, y que reposa 
sobre los hechos y consideraciones que tan 
ligeramente acabode enunciar, penetrara en 
el espíritu público de mi país, porque nues- 
tra actitud ante el extranjero se modi. 
flcaría fundamentalmente, previniendo Ja 
reincidencia en errores lamentables, como 
los que importan la celebración de los ti-ata- 
düsquenos ligan hoy, en materia comei'cial, 
á Inglaterra y á Italia. 

Formar conciencia de nuestra fuerza, de 
nuestra invulnerabilidad relativa, de nuestra 
superioridad al tratar con la Europa en ma- 
teria económica, que es el término propio, 
sería garantizar al país contra reincidencias 
de aquella naturaleza. 

Y voy más lejos: la conciencia de nuestra 
situación así como el conocimiento sobre las 
verdaderas y permanentes conveniencias 
públicas en la materia, me lleva á procla- 
mar no solamente la imperiosa necesidad 
de reaccionar contra la actitud i|ue hemos 
obr.ervado hasta hoy, al tratar con la Hurupa, 
las cuestiones que directamente afectan la 
riqueza general del paí.s, sino que es igual- 
mente indispensable que legislemos noso- 
tros mismos, sin acuerdo ni beneplácito de 
nadie, como podemos hacerlo y lo pi'obai-é, 
ejerciendo nuestra soberanía, una é indivi- 
sible, indelegable é irreductible como es, en 
cuestiones de que depende la prosperidad 
nacional. Y jmra que podamos ejercer esa 



.soberanía, para que podamos dictar una gran 
ley que fije los rumbos de nuestra política 
económica internacional, dentro de la cual 
negociaríamos, y denti-o de la cual obten- 
dríamos inmen.sas ventajas que garantie- 
sen en el exterior vastos y remunerativos 
mercados para nuestros productos; para que 
podamos conseguir esos resultados, entre los 
cuales se comprenderían la inmigración de 
brazos y de capitales, complementos indis- 
pensables de los factores naturales; para que 
.saquemos provecho de nue.stro privilegiado 
territorio, sacudiendo elmarasmoque nos ha 
invadido, es menester empezar por recupe- 
rar la integridad de nuestra .soberanía, 
denunciando y derogando lo.-^ tratados que 
nos ligan á la Europa, en todo lo qiie cohar- 
ten nue.stra libertad de accionen la materia. 

Por hoy basta con lo que queda dicho; 
abordaré en seguida el análisis de esos tra- 
tados, y apreciando sus cláusulas, la forma 
y el fondo de sus estipulaciones, dilucidando 
la materia á la luz del derecho y de la juris- 
prudencia intei'nacional, trayendo á cola- 
ción las opiniones pertinentes de los trata- 
distas, probaré que podemos recuperar la 
parte de soberanía de que nos hemos de.s- 
prendido y de (jue, como nación, no pode- 
mos considerarnos desprendidos, interpre- 
tando al tj'aves de esta docti-ina los tratados 
existentes. 

Servirá de complemento á mi trabajo, la 
exposición, en forma práctica, de la actitud 
que nos conviene asumir, y que, á grandes 
rasgos he apuntado, en materia económica 
internacional, para garantir nuestro comer- 
cio contra las asechanrvas exteriores, asegu- 
rando al país dias de legítima y durable 
prosperidad. 

isadie másapropósito para realizar la in- 
dicada política que el actual Presidente de 
la República, que señaló su pa.so por la can- 
cillería Oriental, en los albores de su brillan- 
te carrera administrativa, reivindicando 
contra dos potencias europeas, pren-ogati- 
vas esenciales de la soberanía nacional. 

Pedro S. Lamas 



DEL Rio DE LA PLATA 



ás 



Vamos de sorpresa en sorpresa. 

Ayer una nota mal calculada, y una in- 
concebible precipitación ministerial, arroja- 
ron del histórico Colegio Isacional de nuestra 
Capital á su Rector. 

Después, faltó la prudencia necesaria para 
que el mal no tuviese más consecuencias, y 
una dimisión, respetable por el número 3- 
más por lo que ella i-epresentaba, apaga en 
las aulas la autorizada voz de competentes 
maestros. 

Inaug-úranse á luego una serie de intri- 
gas en busca de un nombre y de un hombre 
de reconocido prestigio que se encargue de 
remendarlo que con lamentable ligereza se 
rompiera, y de fracaso en fracaso, por ener- 
gías plausibles, se llega por fin al anhelado 
objetivo. 

Y por último, corona tanto desacierto un 
funesto decreto llamando á concurso á quie- 
nes se crean con conocimientos para desem- 
peñar una cátedra. 

Contra este decreto .-^e puede e.Ncribir, den- 
tro siempre de la ciencia educacionista, un 
tomo de mil páginas. 

Desde luego salta á la vi.^ta que en él se 
rompe la igualdad, base que reclama toda 
ley para ser respetada. Se cubren unas pla- 
zas—con personas cuya competencia no ne- 
gamos ni ensalzamos— sin más trámites que 
la propuesta del nuevo Rector, y para cubrii- 
las otras so exigen los requisitos (|ue son ya 
del domini ) público. 

¿Cree el Sr. Rector, cree el Sr. Ministi-o que 
sale bien librado de sus manos el eterno 
principio de la justicia? ¿Cree el Sr. Rectoi, 
y con él el Sr. Ministro, que los hombres en- 
canecidos en la enseñanza, los verdaderos 
pedagogos, acudirán al llamamiento y con 
su presencia legitimarán tan monstruosa 
injusticia? ¿O es que uno y otro opinan que 
huyó de este país el sentimiento de la dig- 
nidad? 

El Sr. Ministro debe sabei-, como lo saben 
los más jóvenes directores de escuelas y de 



colegios, que para la enseñanza pi-eparatoria 
pueden ser funestas las eminencias y muy 
provechosas las medianas, y que no basta 
rendir un brillante examen de una materia 
para estar en condiciones de dictar una 
cátedra. 

El hombre de brillante talento, de profun- 
da ciencia podrá desempeñar con lucimien- 
to una cátedra de una facultad mayor, ya 
que en estas aulas han de asistir alumnos en 
estado de compi-enderle; pero aquella misma 
profundidad, y aquel mismo talento han de 
ser un obstáculo para él al tener que diri- 
girse á inteligencias en embrión: no podrá 
avenirse á la fatigosa, y muchas veces ram- 
plona repetición, base de la enseñanza pri- 
maria y preparatoria, y en pos de la luz que 
descubre en lo alto, y de los horizontes que 
su mente adivina, volará á regiones esplén- 
dida.s, por él vislumbradas, mientras irá des- 
parramando sombras en el cerebro de sus 
oyentes. 

Y es que la enseiianza si exige teoría, 
exige muciía práctica y muchos conoci- 
mientos (jue no se pueden avalorar en una 
prueba oral. 

Ante los nuevo.'^ tribunales se presentaran, 
si .^e pj-esentan, hombres de ciencia; pero es- 
tos tribu nales ¿podrán averiguar las cualida- 
des educacionistas de cada uno de estos aspi- 
rantes? ¿Qué criterio presidirá la clasifica- 
ción? 

Además, al Estado ha de convenirle que la 
enseñanza sea una carrera, pues siempi-e 
produce mayores beneficios á la masa común 
del puel^lo el homl)re que sólo se dedica á 
una carrera que el que abraza dos ó tres. 
Por esto es que siempre ha de ser preferido 
para una cátedra aquel que á la enseñanza 
consagró y consag-ra su vida, que el que 
busca una cátedra, desatendiendo sus habi- 
tuales faenas, para li'grar la posesión de unos 
pesos mensuales. 

Resumiendo estas atropelladas líneas re- 
sulta que fuimos de error en error siendo 
quizás el de mayor tra.scendencia el decreto 
en que nos ocupamos. 

¡Y pensar que todo se hubiera evitado con 



34 



Revista Económica 



I 



abrir unaamplia información educacionista! 
¿Por qué en las altas esferas del Estado ha de 
haber la presunción de saberlo todo y de 
dominarlo todo? 



Extractos y Conieiitarios 



La crísis argentina y la emigración ita- 
liana PARA LA América del Sud 

Con este título nos llega de Italia un inte- 
resante librito de 120 pág-inas, escrito por 
Adriano Colocci, ilustrado miembro del Par- 
lamento Italiano. Comprende dos estudios 
completamente distintos: el primero trata 
de la crísis arg-entina y de las repúblicas 
Oriental y Paraguaya, que juzga ramifica- 
ciones de aquella, y el segundo aprecia la 
emigración italiana bajo todos sus diversos 
aspectos, atrayendo al lector por el núme- 
ro de observaciones y la vivacidad y ele- 
gancia del estilo. 

Nos limitaremos á analizar la segunda par- 
te de su obra, que se refiere á la emigración 
italiana para Sud-Améi-ica, que es laque 
presenta mayor interés 

«La emigración europea en América, di- 
ce, es el hecho más importante, económico 
y social del siglo diez y nueve; es el pro- 
ducto combinado del empobrecimiento del 
suelo europeo y del mal tipo del Estado 
que nosotros, ya en forma de monarquía ó 
de república, nos hemos dado todos en Eu- 
i-opa, como de las difíciles condiciones de la 
lucha por la vida en el viejo mundo. 

'■ Las malas condiciones económicas y ad- 
ministrativas de la Europa se han agravado 
por el antagonismo político, por la plaga de 
lo.s grandes armamentos y de los consiguien- 
tes presupuestos que la llevan inminente- 
mente á la postración y á la ruina; 117.150 
millones de deudas, 5.343 millones de intere- 
ses y 40 millones de soldados ociosos en la flor 
de la edad y de la fuerza productiva. A esto 
se agrega un millón de europeos que emi- 
gran al año. 

«.En cambio, la América del Norte se desa- 
i-rolla de tal modo que de 4 millones que te- 
nían los Estados Unidos en 1790 alcanzó á 38 



en 1870. á 50 en 1880; son hoy 70 millones y 
serán 100 millones al fin del siglo. En 1800 
la riqueza imponible de Inglaterra era de 
43 millones y la de los Estados Unidos de 5. 
Ho3'-la de Inglaterra es de 216 millones y la 
de los Estados Unidos de 218 millones.» Res- 
pecto de la América del Sud dice: «La Repú- 
blica Argentina con 4 millones apenas de ha- 
bitantes construye 10 mil kilómetros de fe- 
rrocarrile.s, beneficiando una área cuya ex- 
tensión es tres veces la de Italia, mientras que 
el Brasil inicia una unión aduanera ame- 
ricana, para convertirá la América en un 
vasto mercado cerrado á los europeos, con 
lo cual vivirá aún la Europa un siglo ó un 
siglo 3' medio, arañando las costas africa- 
nas, para tener que decidir.se después á vi- 
vir para sí cayendo en inevitable deca- 
dencia. 

« Cela, dice, iuera ceci. » 

Es un hecho natural en los hombres, dice 
Burke, anuir hacia una región rica y pro- 
pia para la industria en la cual, por una 
causa cualquiei'a, la población es esca.sa, co- 
mo es natural que el aire comprimido .se 
precipite en las camadas del aire rarificado. 

Al reconocer esta le\- natural, cree sin 
embargo, que los países originarios de emi- 
gración tienen el derecho de reglamen- 
tarla, raoderai-la .y tutelarla, y cita varios 
casos para comprobar que muchas veces la 
superabundancia de brazos y el malestar de 
algunos países de Europa, ha sido pasag-era 
y que, después de haber provocado la emi- 
gración, han reaparecido las condiciones 
que podrían permitir la vida regular en el 
país aun á los que de ellos se hubiesen au- 
.seutado. 

Cita, con este motivo, la opinión de Sa3% 
que le parece fundada, deque *la salida de 
cien mil emigrantes por año coa sus econo- 
mías, equivale á la pérdida de un ejército 
de cien mil hombres que cada año desierta 
con armas y bagajes. ^> 

«La emigración, agrega, es una ley de 
reconstrucción del equilibrio, cuando se tra- 
ta de la salida de un aumento de población 
que exceda al del capital y producción del 
trabajo, pero cuando es una fuga, manía, 
epidemia, como la que en los últimos años 
lleva centenares de miles al Plata ó al Bra- 
sil, el equilibrio se establece en sentido 



DEL Rio de la Plata 



STi 



opuesto constituyendo un peligro para la 
madre patria. > 

« La inmigración italiana en América es 
de larga fecha, y fué siempre deseada por 
los gobiernos sud-americanos, por la afini- 
dad de costumbres y de idioma, por facili- 
dad de aclimatación, por inteligencia, la- 
boriosidad, etc. Esta emigración se ha ido 
cambiando de libre en reglamentada, y de 
ésta en oficial. 

Primero, se dirigió al Brasil donde se ini- 
ció en el año 1829 la colonia italiana de San 
Leopoldo; después al Perú de 1830 á 1850; 
en Chile en 1850 con la colonia Hanquilme, 
(|ue se componía casi toda d»» oniigrnción do 
Liguria. 

En el Plata, los primeros verdaderos esta" 
bleciraientos de italianos datan de 1865. 
De.sde aquella época la emigi-ación italiana 
creció de un modo asombroso, ha.sta que, 
en la Argentina de.sde 1876 y en el Uru- 
guay de.sde 1887. í^e canalizó en vasta es- 
cala nue.stra emigración, que para la so- 
la Argentina llegó en 1888 á cien mil. 

Desde 1890, debido :': la crisis, la emigración 
italiana al Plata disminuyó, ascendiendo las 
salidas de Italia á 01.94:7 emigrantes, cifra 
que debe aumentarse con un 15 o/" por sali- 
da del puerto de Marsella de emigrantes de 
procedencia italiana. En cambio de esta di.s- 
minución, lamenta el autor un colosal au- 
mento en la cifra de los emigrantes que se 
dirigen al Brasil, que llama la patria de la 
fiebre amarilla y del beri-beri. 

Esta corriente emigratoria á, la América 
tendrá que seguir, no obstante la crisis que 
.se manifiesta en unos puntos y las epide- 
mias en otros, porque, según dice, hay de- 
masiados interesados en que continúe. Solo 
con el Brasil están contratados ochocientos 
mil emigrantes á entregar en cuatro años. 

Para disminuir la emigración el gobierno 
italiano ha impuesto una patente de doce 
mil pesos oro á los agentes de emigración, 
lo que dice que no es nada, dada la vasta es- 
cala en que trabajan ahora valiéndose de 
sus agentes. «La .sola casa G., de Genova, 
tiene cuatrocientos sub-agentes que abarcan 
por su cuenta, toda la carne italiana que 
pueden encontrar.» 

Para reclutar emigrantes se recurre á to- 
dos los medios imaginables, los discursos, 



los libros, los folletos, las noticias de mara- 
villosas fortunas obtenidas por emigrante.-^. 
y que aparecen mezcladas con las informa- 
ciones locales, y. lo que es más, el trabajo 
mefistofélico de los sub-agentes, que todo lo 
facilitan y todo lo explotan desde el pesar 
pasagero, la falta momentánea del trabajo, 
hasta la aspiración natural de mejorar de 
fortuna para inducir á emigrar, y, una vez 
obtenida la conformidad, van pronto, arre- 
glan los pasaportes, toman los emigrantes, 
los ponen en el ferrocarril, y sin darles tiem- 
po para reaccionar contra la sugestión, ]04 
mandan á través del Océano. 

Toda esta emigi-aci('»n, como lo deinueslra 
nuiy bien el autor no es emigración cxpon- 
tánea. 

Traslado á la prensa argentina que califi- 
ca de /^w/^;-^cvV//í'.r/>(?«/rt%(?« la que viene 
al país sin la intervención de los Agentes 
que el Gobierno mantenía en Europa. 

Por estos medios la Italia pierde ahora 
doscientos mil hijos el año sin que, dice, se 
preocupe mucho el gobierno, que al mis- 
mo tiempo toma medidas efectivas (vtn- 
tra las loterías extranjeras que apenas sa- 
can al país uíias cuanta.s liras. 

Para dar una idea de lo que gana el agen- 
te, cita el contrato Taddei hecho con la Re- 
pública Oriental. Hé aquí, dice, la tarifa de 
la carne fresca italiana ; por un jefe de fa- 
milia 5 pesos oro, por un hombre 2 li2 pe- 
.sos, por una mujer 1.60 pe.sos, por una cria- 
tura 1.20 pesos. 

El Brasil desde el 1" de julio de 1890 paga 
veinticuatro pesos oro por cada inmigrante 
adulto. 

Esta trata se hace en toda forma; el ad- 
quiriente determina las condiciones de la 
emigración que desea, y el agente telegj-afía 
á sus corresponsales de mandarle 5. 7, 10 
mil italianos de tal edad, procedencia y se- 
xo puestos á bordo en Genova y pagaderos 
á los tres meses... 

Viene enseguida un capítulo en el cual 
relata el comienzo de la odisea del emigran- 
te: el viaje á través del Océano. 

Las condiciojies en que viajan los emi- 
grantes las retrata el Dr. Ansermino, mé- 
dico de uno de los vapores de las compa- 
ñías italianas, en las siguientes palabras: 
« El trasporte de los emigrantes es una es- 



36 



Revista Ecoxómica 



peculación complexa. El emigrante es á la 
vez pasag-ero y mercadería. Falta el espa- 
cio, fíilta el aire. La hig-iene y la humanidad 
están coníitantemente en pug-na con esa 
especulación.» 

«El aire sobre todo, agrega Adriano Colocci, 
el aire falta y parece un contrasentido tra- 
tándose de un viage en el Océano en el que 
hay tanto espacio y tanto hori/.onte'^. 

"Según el Dr. Ansermino. poco á poco el 
deber profesional del mZ-dicode k bordo tiene 
que ir haciendo lugar al i nterésex elusivo de la 
Compañía, del buque: y el médico se trans- 
forma en realidad en un empleado que está 
á bordo del vapoi'. no por intei'ésde los in- 
migrantes sino como una salvaguardia de la 
Compañía.— Es una Arma necesaria, es un 
complemento del reglamento; en cuyo caso 
los inmigrantes tienen que esperar más de la 
humanidad del capitán y de los marineros 
que de la autoridad del médicO". 

La vida de á bordo de los emigrantes la 
describe con gran acopio de datos, particu- 
larmente en lo que se refiere á las mujeres 
^• niñas de tercera clase, asediadas por los 
agentes de la casa del vicio que buscan ^a- 
cer en los vapoi-es la pesca que les encargan 
por cuenta de casas de Buenos Aires y Mon- 
tevideo y conjuntamente con ellos cooperan 
á la obra de perdición la gente dea bordo co- 
misario, sub-coraisarios, dispensero, mayor- 
domo, cocineros, camai'eros, etc., etc. Hay 
aquí páginas que no podemos traducir, que 
indignan, que contristan. 

En medio del movimiento de tanta gente, 
y de una habladuría sin cesar, nunca se 
deja oir una palabra que revele sentimientos 
por la patria abandonada. 

Al llegar viene al encuentro del buque 
un vaporcito, en e) cual toca una orquesta, 
el himno Garibaldi: y en los mil setecientos 
italianos no se oye un .sólo aplauso!.. 

Abi'umados por los padecimientos que ha- 
bían sufrido en la patria y que se prosiguie- 
ron á bordo, todos parecían que buscaban la 
primera oportunidad para lanzar el grito 
nuevo de: ¡Viva la América! 

La desilusión del inmigrante empieza al 
tocar este la realidad en este lado del Atlán- 
tico: la falta de preparación en la mayor 
parte de ellos para los trabajos agrícolas, 
las deficiencias de nuestras leyes agraiias, 



lo penoso de la vida en algunas colonias 
mal .situadas, los procederes arbitrarios de 
algunos agentes policiales subaltei-nos, aun- 
que genei'almente se les trata con benevo- 
lencia en el libro que reseñamos, .son temas 
trillados, que dejaremos de lado, obligados 
como estamos á limitar esta re.seña, cuya 
extensión ya vá excediendo el espacio dispo- 
nible. 

Entre las consideraciones sobre las condi- 
cionesdpl inmigrante en América seencuen- 
tran algunas ideas justas en medio de chis- 
tosas originalidades y de conceptos que ' 
reputamos injustos y exagerados. 

Merece el autur ser seguido en esta parte 
interesante de .su trabajo. 

Los naturales de éstos países, dice, se 
resienten de la inclinación de los conquista- 
dores, que sólo pensaron en satisfacer su pro- 
pensión al mando y su sed de oro.— «La ten- 
dencia, agrega, en los sud americanos es 
siempre la misma: la de vivir del trabajo de 
otros, para lo que nece.sitan siempre una cla- 
se de ilotas que han sido sucesivamente 
indios, negros ó inmigrante.';'). 

Se queja del desprecio que desde la in- 
fancia se enseña conti'a los llamados gringos 
y <'se considera un alto honor para el italia- 
no el casar.^e con una de las hijas del país 
que, entre paréntesis, son hermosas y honra- 
das, pero que no hacen nada como no sea 
empolvarse y arreglaise. Y éste orgullo de 
casta lo tiene la raza criolla, que no es una 
raza sino una m escola nza->->. 

Ha debido agregar aquí, pero lo demue.stra 
más adelante, que en esta mescolanza entra 
mucho del elemento italiano, que tiene 
abiertas las prerrogativas que solo atribuye 
al hijo del país. 

Entra también á demostrar que .son opti- 
mistas, y tan optimistas como erróneas, las 
siguientes consideraciones que en Italia se 
hacen á favor de la inmigración: «.éstos emi- 
grantes que salen pobres volverán ricos y 
será tanto más capital obtenido sobre el 
exti'anjero. Mientras tanto bu.scarán nue.s- 
tros productos y con.servarán alto en el ex- 
tranjero el sentimiento italiano por su nu- 
mero .y su actividad'. 

Andando en América, visitando 3' obser- 
vándolo tudo. ha llegado á la conclusión de 
que la multitud de italianos que viven en las 



DEL Rio de la Plata 



37 



margónos dol pinta no os una fuerza y \in 
porvenir para la Madre Patria pero si una 
fuerza y un porvenir para las Repúl)Iicas 
americanas y un auxiliar de la eflcasísima 
competencia que ahora la América inicia y 
que en el siglo XX aventajará á la vieja 
Europa. 

Cree que es una ilusión que la emigración 
á América sea temporaria, como lo es la ita- 
liana y la francesa al Egipto, al Túnez, al 
Danubio ó á la Grecia- la emigración italia- 
na á los paí'.pí lie Ultramai- es casi íoila rija. 

Al llegar a(|UÍ, el emigrante por amor pro- 
pi'opio no dice lo que le pasa.— y'A qué satis- 
facer á los que censuraron su resol ucióní"— 
l^speran, para volver, mejorar de suerte. Des- 
pués viene la vejez, sus hijos se han estiible- 
cido en América, tienen nueras a' nietos: 
vínculos de toda clase, de afectos a- de inte- 
reses; es demasiado tarde. 

Aún conc(!diendo que el emigrante haya 
lieclu) fortuna y resuelva liquidar sus l)ie- 
nesen América para volver, después de al 
gíinos años, á Italia, se producen otros fe- 
nómenos. 

Pasada la luna de miel de las primei-as 
emociones en Italia, se encuentra con una 
gran desilusión.— Se creía, al regresar h la 
patria, ser llevado en triunfo, él y su dinero, 
ser desde luego nombrado Diputado al Par- 
lamento ó por lo menos síndico perpetuo.— 
En cambio nadie se ompa de é!. De sus 
antiguos an)igos muchos han muerto, otros 
los encuentra envejecidos, decaídos: los po- 
bi'es lo importunan, los señores lo miran con 
menosprecio como sí se hubieran pasado la 
palabra para ponerlo en cuarentena. El, por 
su parte piensa, siente, juzga y hasta habla 
como americano. Se encuentra' con la barre_ 
ra de las preocupaciones de la noi)leza y 
espuesto á cada paso á que algiin hidalgo le 
diga: tus padres, tu mismo, han sido mis 
sirvientes ó mis peones. — Xo tarda, pues, en 
arreglarsusmaletasy en volverse á América, 
donde no existen las viejas preocupaciones 
sociales, donde no siente el desprecio de las 
razas viejas, donde es libre y puede gozar 
ampliamente de la posición que con el di- 
nero ha sabido conquistarse. 

Combate también el autor la ilusión de fa- 
vores á la industria italiana que propoi-cio- 



ne la emigración. El inmigrnnte trabaja 
en Améi-ica y para la América. 

En los comienzos, los inmigrantes buscan 
algunas especialidades de la industria de la 
madre patria, pero la emancipación\'iene en 
un período rápido.— Empezará, por ejemplo, 
á introducirlos fideos, los fósforos 3- los sal- 
chichones italianos, pero, creciendo el consu- 
mo, ellos mismos fundan en América las fá- 
brica de fideos de Xnpoles, de fó.sforos deTuriu 
y de salchichones Bolonieses. ¿Industria ita- 
i)ána?la verdad es que Io> italianos bandado 
al extranjero sus industrias. Lo mismo 
están haciendo los emigrantes Toscanos.\' 
Piamontesesque, cultivando los viñedos dt? 
San Juan y de Mendoza y elaborando sus 
pi-oductos con los que suplirán los mrjores 
vinos italianos. 

Los hijos de los italianos se infiltran del 
orgullo y de la vajiidad de los criollos y lejos 
de conservar afecto por la madre patria, en 
breve =e transforman en sus peores enemi- 
gos. Xada quiei'en con gringos y los La- 
vnggis se transforman en Levalle, los^NIarti- 
ni en Martines, los Peii'anos en Peyrane los 
( 'ampis en Cnmpos los Cárcani, en Caréanos, 
y así como Pellegrini, nada quieren saber 
de italianos ni e.strangeros. 

Los descendientes de los italianos, agrega, 
son los peores enemigo.s de los italianos. 

El Sr. Adriano Colocci en presencia del 
problema del antagoni.«;mo de la legislación 
americana que establece lanacionalidad por 
i'azón del suelo yin. italiana por la de la ra- 
za, pretende sostener ésta última. 

En apoyo de su doctrina menciona la si- 
tuación singular en que se encontraiúa una 
familia argentina que fuese al Japón en un 
viage de placer, dando allí, á luz á un hijo y 
(jue tuviese qtie considei-arlo, por consecuen- 
cia, japonés, destinado á usmi- una trenza en 
la nuca. 

Cree que las leyes italianas contiibu.'s'en, 
con las penas que establecen con motivo del 
reclutamiento de los hijos deitalianos,áapar- 
tarlosdela nacionalidad de origen, y que lle- 
gan á punto de que italianos ó descendientes 
de italianos establecidos en el Plata den pi;e- 
f(M"encia á coi-responsales en otros paises del 
continente, á fin de no hallarse en el caso de 
tener que pisar el >u<^lo italiano para ;iird- 
.olar sus cuenta>. 



-38 



KhAIríTA Ec.'dNÓAJK.A 



Después del hecho de la iiigentiiia 
que saliese de cuidado en el Japón, di com- 
mo argumento contra la nacionalidad im- 
puesta por el suelo, el siguiente caso.— Una 
mujer llega embarazada de Italia, y al pi- 
sar una de las márgenes del Rio de la Plata 
sale de cuidado, pero ai ir á besar á su hijo, 
concebido en Italia, desenvuelto en un seno 
italiano, tiene que apercibirse que besa aun 
extranjero, á un compatriota de los mulatos 
deTucumanóde los indios del Pilcomayo. 

Cree que en todo esto hay una violación 
de las leyes naturales, pero él mismo, al ha- 
blarnos de la primera generación de los emi- 
grante.?, nos ha dado la prueba de que. ya al 
salir, venian para desitalianisarse y que 
una vez aquí, los afectos nuevos, los intereses 
creados y la educación moral los acaban 
de divorciar de la madre patria. 

El fenómeno acentuado en la descendencia 
no depende de disposiciones legales, de de- 
recho alguno po.sitivo, de modo que lo que 
la le}- natural establece es lo mismo que es- 
tatuye el principio americano. El hijo ctel 
emigrante no es europtv) s\nó del país donde 
recibe la primera cflucacií')!! y di^sarro- 
11a sus aptitudi'>, de njoilo (¡ue el prin- 
pio europeo tiene, en este caso, que escollar.se 
con algo más que las disposiciones constitu- 
cionales que se censni'an: con tendencias 
que el mismo Colocci, considera innatas y 
por lo tanto incontrarrestables. 

Dado este estado de cosas y la importancia 
misma de la emigración europea, no solo los 
pueblos americanos no pueden permitir el 
pi-incipio de la nacionalidad por razas .sino 
que tienen que preocuparse de robustecer el 
espíritu de sus propias nacionalidades, tra- 
tando de crear vínculos homogéneos en me- 
dio de e.sa mescolanza, como la califica el se. 
fior Colocci, de crear verdaderas nacionali- 
dades como la creó muy robusta la Italia, con 
los emigrantes demuy.diver.sos pueblos qiie, 
en los tiempos primitivos, se refugiaron en 
s u península y de que es testimonio vivo 
la diversidad de dialectos que en ella .se 
e ncuentian. 

Si ese hecho es lamentable, esto es, la des- 
italianización, .según el criterio del autor, 
no lo es considerado del punto de vista ame- 
ricano, si bien los desitalianizados se man- 
tienen generalmente en una situación hi- 



boida, esto es, que en el hecho han dejado 
de ser italianos sin haberse incorporado com- 
pletamente á la nación de su residencia. 

<Las patrias, en nuestros tiempo.s, dice, con 
el bañügalvano plástico del utilitarismo que 
metaliza los pueblos 3' los individuos, dada 
la facilidad de di.slocación actual, son ni 
más ni meno.s. escusemos la comparación, 
que otro tantos re.sfai(-ra/ii.s.--R\<¿eíir\m tam- 
bién la competencia: donie uno come mejor 
y .se gasta menos, ahí nos quedamos, Uii 
panem, iii patriam! 

Volviendo á considerar la materia del 
punto de vi.sta italiano, cree el Sr. Colocci 
que han pasado los tiempos en que los ita- J 
llanos de Montevideo ati'avesoban el ( )réan(> \ 
con Garibaldi para servir á su patria, ^' cree 
quede los millares de italianos inscriptos 
en los cuadros del, ejército y de la re.serva, 
que se hallan enla América, muy pocos serán j 
los que. en un caso nece.sario, se iranáhacer | 
matai- en una guerra europea. 

Por último, se hace cargo de otras conse- 
cuencias parala Italia del actual movimien- 
to emigratorio y que juzga trascedental. a 

La emigración se recluta en su mayor \ 
pai'te entre las personas más jóvenes y viri- 
les, así como de bastante coi-aje para afron- 
tar lo desconocido, quedando comunmen- 
te sin emigrar los más débiles de cuer- 
po y de espíritu, de donde debe resultar una 
mala selección para la i-aza italiana. Otro 
hecho económico es que con esta emigración 
viril se van los bravos más productores, que- 
dando con preferencia las bocas consumido- 
ras.— -La Italia del trabajo se va, y la Italia 
del consumo se queda. '^ 

Si algunos brazos ineptos salen mcsclados 
con las masas activas, ahí están las socieda- 
des italianas de reimpatrio, para devolverá 
la Italia sus elementos de pauperismo. 

Concluye demostrando como se equivocan 
los hombres públicos de Italia que, con 
empresas como la de Massaua, tratan de ca- 
nalizar la emigración hacia establecimien- 
tos italiano>. 

Esceptuando algunos agricultoi-es, la ma\or 
parte de la emigración italiana que encuen- 
tra ocupación en paises tan adelantados 
como los del Rio de la Plata, nada podría 
hacer en las colonias africanas. 

¿Como resolverían, en los costas del Afri- 



DEL Rio de la Plata 



3a 



ca Oriental, el problema de la vida, un afi- 
nadoi- de pianos, un pintor, un g-rabador, 
un estucador, un maestro de esgrima, un 
fabricante de billares, un pastelero, un libre- 
ro, una modista, un tipóg-rafo. un depen- 
diente de banco, un vendedor de máquinas 
de coser &? 

Muchínmos años, más de medio siglo, re- 
quiere una colonia nueva para poder absor 
bei- la inmigración. 

El medio más eficaz contra ese movimien- 
to emigratorio italiano, que se opera en una 
escala tan vasta, está en la realización de 
grandes reformas que hagan en Italia más 
independiente el hombre y más fácil y re- 
munerativo el trabajo. 

■ La^indu^tm^ Vencedora^de laCri^i? 

EL AZÚCAR AROENTIMO 

De los síntomas agrupados por ia E>tadís- 
tica se empieza á deducir un diagnóstico de 
reacción favorable. 

La expoi'tación del año 92 no bajará de 
ochenta millones de pe.sos oro, á pesar de la 
depreciación de lo.-< productos, y de esa 
huéspeda, la langosta: mientras que el de- 
sembolso causado por la importación ascen- 
derá solo áunos sesenta y cinco millones de 
pesos oro. 

Quedará, pues, cómo saldo del balance 
comercial un superávit de quince millones 
oro ó sean tres millones de esterlinas— es de- 
cir mucho mas que lo bastante para cubrir 
los servicios públicos externos asi cómo los 
i ritereses y réditos délas empresas y capi- 
tales extranjeros, — dadas las proporciones á 
que se halla temporalmente reducida la 
efectividad de esosti-ibutos. 

Sea dicho, de paso, que algunos econo- 
mistas de escuela oportunista, c©n el propó- 
sito de combatir el proteccionismo aduanero 
y la restricción consiguiente déla importa- 
ción, se empeñan en echar por el suelo la 
rutina, como dicen, del equilibrio comercial, 
y alegan que paisesmuy ricos como Fran- 
cia importan siempre mucho mas de lo que 
exportan y no se arrruinan por eso. Vds. 
-M olvidan, señores, do fine p^rancia tienf 



grandes capitales colocados en todo el mun- 
do y puede llenar cómodamente su déficit 
comercial por aiedio de las rentas percibidas 
de sus deudores externos— y po.see también 
una enorme reserva metálica para suplir 
una falla momentánea en sus intercambio-. 

El país no se halla en las mismas condi- 
ciones,puesto que es deudor en vez de acree- 
dor de los demá'^. y e.stá en el caso de no 
poder comprar anualmente sino algo me- 
nos délo que vende, á fin de que le quede un 
sol)rante para pagar en todo ó en parte la 
renta prometida á sus acreedores. Y debe- 
mos alegrarnos de haber entrado al fin por 
este camino angostito y no haber seguido 
rodando poi- la calle ancha de los déficits cu- 
biertos por los empréstitos, cómo nos pasó 
desde el 8o hasta el 00. 

Sin embargo, el sistemado la reducción 
de las importaciones entrañaba un peligro; 
ia disminución de las rentas de la Nación 
hasta el punto dono poder cubrir las exigen- 
cias del presupuesto. Aqui no haremos sino 
acto de justicia recordando que el Dr. Vi- 
cente Fidel López supo prevenir e.^a ocur- 
rencia, por la reforma de la percepción adua- 
nera y poi- la creación de los impuestos 
internos, a' puede ejiorguUecerse de liab^r 
asegurado, (iii ciicunstancias dificile>, ni 
equilibrio del presupuestoque es una necesi 
dad de la vida económica de los pueblos, ala 
par que el equilibrio de los cambios inter- 
nacionales. 

Lna página gloriosa le ha tocado á la 
Industria Nacional en la campaña repara- 
dora del ahorro general, y de la normaliza- 
ción del Comercio Exterior, porque ha obi-a- 
do á la vez en el sentido de aumentar la 
producciónexportable— y servir el consumo 
interno, eliminando los productos extranje- 
ros que .significan una carga financiera ex- 
terna para el país. 

Quisiera poder contar la historia de cada 
industria, que mas bien pareciera novela, 
por las dificultades y las luchas en medio 
de los cuales han nacido y se han desarro- 
llado y por la suma de audacias y energías 
que se han gastado en ellas. 

Los primeros colonizadores de Santa Fé 
han .sido unos héroes por el estilo de los anti- 
guos Romanos: de i-epente tiraban el arado. 
c^iígabaupl linico raiíoii de la e<">lonia .^obre 



40 



Retiííta Económica 



uij pacilico cari'o de colono, y salían á batir 
á los Indios con ese venerable antecesor de 
los Krupps modernos. 

El argentino es uno de los grandes pasto- 
res del mundo — pero después de la ganade- 
ría, la mas ÍDiportante de su industrias es 
hoy la agi-icultura, cuyo principio fué tan 
arduo y que, después de provisto el pan 
para todos los de la casa, ya embarca un mi- 
llón de toneladas entre trigos, maíz y otros 
cereales para la Europa hambrienta. 

Ganados y granos, esos son los i-amos pri- 
marios de la actividad humana.— Hay otra 
labor que debe mas al ingenio inventivo del 
hombre y produce una gran riqueza — la 
fabricación del azúcar— (|ue se ha desarro- 
llado en esta tierra con la misma fuerza con 
que se crian los verdes caña^•eraIes. 

Por el año 75. en algunos casuchos, gal- 
pones y ranchos tucumanos y sáltenos se 
elaboraban apenas unas dos mil toneladas 
de azúcar «Mulata», y el colmo del ambición 
del escaso producto era llegar hasta Córdova, 
para dulcificar ahí los mates doctorales y 
las beatas empanad a>. 

La molienda de hi caña se hacia por me- 
dio de trapiches, que no tod' s eran de fierro, 
movidos por animales, trapiches (jue, en 
esU' fin de siglo, no servirían ni para moler 
café. 

El cocimientodel jugo, en tacb(ts abiertos, 
como el humilde puchero, podia haljerJo in- 
ventado A' manejarlo cualquier cocinero de 
mediana inteligencia y esmero. 

Hoy ;que distinto! Quantum vnitot/is ab 
Ulol La cosecha del año pa>ado ascendió á 
cuarenta y cinco mil toneladas. En U2. pa- 
sará de cincuenta mil. 

La República cuenta c(;n cincuenta inge- 
nios (de los cuales :35 pfM-tenecen á Tucu- 
nñán^qu^' ocupan veinticinco mi! prniK^s, y 
trabajan ca.^i un millón de tijnt'ladas de ca- 
na pi'oiiucida.'^ poi' \eintM mil beclar"as cul- 
tivadas. 

Cada ingenio es un palacio del trabajo, 
alumbrado por luz eléctrica propia, cada 
peonada es un ejercito, cada caña\'era] un 
jardín francés clásico, regado á gusto } pei- 
nado irreprochablemente. 

En el primer día de la cosecha se despier- 
ta la maquinaria món.-truay empiezan mo- 
ver sus innumerables órgano.-, y durante 



ciento veinte dias y noches trabaja .sin des- 
cansar. 

El trapiche traga, aplasta y machuca la 
caña con sus tres cilindros de fierro, que pe- 
san cada uno casi diez toneladas y devoran 
á un hombre lo mismo que á una caña cuan- 
do por desgi'acia lo agarran. 

Y sale la caña al oti'o lado, hecha gabaso, 
en forma de hilacha seca y chata— mientras 
chorrea por abajo como lluvia de oro el 
rico jugo. 

En muchos ingenios no se contentan con 
uno solo de aquellos juguetes y hay un se- 
gundo trapiche y con la segunda presión le 
sacan uno á uno y medio poi- ciento mas de 
azúcar á la caña— después del cinco por 
ciento poducido por la primera presión. 

Al salir del trapiche las bombas toman 
el jugo para llevai-lo á los tachos donde lo 
clarifican, y se hace la evaporación y coci- 
miento en el vacío, en unos calderos tama- 
ños que le hubiesen gustado á la Inquisi- 
ción para acabar de una vez con todos los 
herejes. 

Finalmente, la miel cocida, (jolorcafé, se 
echa á las centrífugas que dan por cada 
minuto mas vueltas que el demonio, yde ahi 
sacan el azúcar blanco cómo la nieve del 
Aconquija. el gigante do las sierras tucu- 
manas. 

A cada ingenio está agregada de yapa 
una de.stileria qvu" produce de 100.000 á 
500.000 litros de aguardiente, con los resi- 
duos de la miel que no se pueden convertir 
en azúcar. 

Pero la ciencia industrial es una novedad 
perpetua. A los ingenieros se les ha ocurri- 
do aplicar á la caña el sistema de difusión 
(|ue se emplea en la fabricación del aziicar 
de remolacha. 

Y el Roy del aziicar argentino, el señor 
Hilezct, ha inaugurado el nup\o procedi- 
miento en su colosal ingenio de Santa Ana. 

Imagínense Vd.s. una batería de diez y 
ocho teteras de unos ocho metros de alto, 
donde se hace un verdadero té de caña, cor- 
tada en pedacitos delgados. Por el modo 
insinuante de la infusión se consigue ex- 
traer de la caña mayor cantidad de azúcar 
que por la fuerza brutal de los trapiches 
O "\: mas que con la doble presión.) 

Santa Anaelaboi'ará en este añosus seis mil 



DEL Rio de la Plata 



41 



toneladas de azúcar, y el valor de su cose- 
cha andará muy cerca de cuatro millones 
de pesos. 

Es un principado de diez leguas con selvas 
admirablesy tiene de lindero el cielo en la 
cumbre de la sierra. 

No creo que el señor Hileret haya empe- 
zado con un capital maj'or de veinte á trein- 
ta mil posos oro y hoy nadie estimará en 
menos de un millón y medio de pesos oro 
sus dos ingenios de Lules y de Santa Ana, 
que sin apurarlos mucho, le han de dar sus 
trescientos mil pesos oro de utilidad neta. 

Vamos á sacar ahora el Balance General 
de la industiia azucarera. 
Las 20,000 hectáreas de 

plantíos representan mas 

ó menos un capital de.. $ m/n 30.000.000 
Los Ingenios ^ .... v< 30.000.000 

Capital total ;•; m n 60.000.000 

Los pi-oductos son : 

50.000 toneladas do azúcar. S lu, " 2."). 000.000 

100.000 hectól. de aguar- 
dientes « 4.000.000 

S m n 29.000.000 

Los gastos de cultivo y elaboraci(3n pue- 
den estimarse en ps. mn lo. 000. 000. 

Queda una utilidad de ps. m/n 19.000.000 
ó sea mas de 30 "o sobre el capital invertido 
para compensare) interés y el trabajo. 

Son resultados muy favorables sin ser 
abusivo.s y es el pi-eraio merecido por mu- 
chos años de sacrificios y de tanteos. 

El país, es decir, la comunidad, es la que 
sale ganando mas. 

Efectivamente con la producción interna 
de 50.000 toneladas do azúcar y 100.000 hec- 
tolitros de aguardiente— .se evita comprar y 
pagar en el extranjero la misma cantidad 
de productos que repie.sentaría un de^'m- 
holsu amia I. de diez nüUones de pesos oro. 

Por cierto vale la pena, y no han .sido mal 
invertidos los cinco ó seis millones de pesos 
oro que se han gastado en la adquisición de 
la maquinaria azucarera. 

La Refinería del Rosarjo (|ue esta i nsi ala- 
da á la par de los grandes Estabiecimientos 
Europeos ha completado la obra— dandu la 
última mano al producto criollo para entre- 
garlo al consumo en forma de terroncitos 
perfectamente regulares, duros v blancos. 



iguales del todo á los que espende el céle- 
bre Félix Potin, en Paris. 

Dentro de uno ó dos añes— los cañeros He 
garán á hacer las 10.000 ó 20.000 toneladas 
masque faltan para llenar la totalidad del 
consumo interno y se habrá borrado para 
siempre uno de los capítulos del pasivo de 
nue.stros intercambios. 

Corre el torrente de las crisis y suena el 
estrépito de las revoluciones; pero todo se 
remedia pronto con tal que en las llanuras 
frías del Sud como en los jardines tropicales 
del Norte se ai-ranque á la tierra— á fuerza 
de trabajo— el secreto de sus tesoros. 

F. P. 



La naturíalizaciói] de lo^ e^^tí^anÍBíog 
en el Egtsado Oriental 



Se halla en tela de juicio esta cuestión 
trascendental en la vecina República, según 
nos lo han dado á conocer algunos despa- 
chos telegráficos, que si bien lacónicos, re- 
velan las dos tendíincias en las cuales se 
halla dividida la opinión del Parlamento. 

No conocemos la forma concreta de los 
proyectos que en breve serán objeto de de- 
bate en las Cámaras uruguayas, razón por 
la cual no es posible hacer un examen de 
detalle; pero, como la tendencia de cada uno 
de ellos .se presenta en globo bien definida, 
bajo este carácter general no es difícil abrir 
opinión, apreciando con entera imparciali- 
dad la cuestión de que se trata, bajo las faces 
que reviste. 

Estas se condensan así: una parte de ios 
miembros de las Cámaras se muestra par- 
tidaria déla naturalización obligatoria; otra. 
se pronuncia por una naturalización restrin- 
jida, por la concesión al extranjero de meros 
derechos municipales. 

Los primeros conceden la naturalización 
en toda su latitud, sin restricción alguna; 
los segundos la encierran dentro de uu lími- 
te estrecho. 

Expongamos brevemente la naturaleza, 
y resultados posibles de e.stas dos tendón- 
cías. 

* * 



42 



Revista Económica 



La cuestión sobre naturalización viene 
preocupando desde hace alg-ún tiempo el 
espíritu público en toda la América latina, 
especialmente en los Estados del Plata hacia 
los cuales afluye una corriente constante, 
aunque variable, de inmigración europea. 
Esta preocupación procede del criterio apa- 
sionado con que se juzga este asunto, atri- 
buyéndose á la naturalización efectos consi- 
derables, mas imaginarios que reales, y 
exajerados en todo extremo. 

La América, repiten los partidai-ios tanto 
moderados como exaltados de la naturali- 
zación, es un continente rico, portentosa- 
mente rico, pero, despoblado, estérilmente 
despoblado; poblarlo es cimentar su progre- 
so, afianzar la democracia, dar su pedazo de 
pan y su pai'te de dei-echos á esa porción 
desheredada de la humanidad que la Euro- 
pa no puede su.stentar ni protejer. 

Esta idea general viene revestida con el 
ropaje seductor de la oratoria sentimental, ó 
hiende ese lenguaje fresco que se aprende 
en las aulas universitarias, lleno de apoteg- 
mas liberales, grandiosos, atrayentes un si- 
glo atrás, cuando el derecho humano lucha- 
ba contra las prerrogativas del derecho que 
los Papas crearon en beneficio de su poder 
teocrático, compartido con las reyecias ab- 
solutas; pero, vulgares, é in\itiles en nues- 
tros tiempos, en los cuales los hechos hablan 
con elocuencia mas decisiva que las mejores 
doctrinas. Por lo menos, esto es lo que las 
luchas diarias en que se debaten los E.vta- 
dos de hispano-américa ponen en plena 
evidencia. 

Délas fastuosidades declamatorias, filtra- 
ias en el alambique de la lógica serena, se 
e.\ti-ae siempre esto: que en realidad la na- 
turalización no es mas que una cuestión 
económica. Por desviación, algunos espíri- 
tus intentan hacerla también cuestión polí- 
tica, si bien pi'ocui'an ocultar, inútilmente, 
este designio. 

En" cuanto á lo primero, es innegable 
que la América latina necesita población, y 
al procurar atraerla, no obedece, como mu- 
choíí dicen .sin creerlo, al propósito filanti-ó- 
pico de servir á la humanidad desvalida, ni 
menos el de a."egui-ar la e.stabilidad de la 
forma democrática, como las g ntes dadas 
!Í la politicu atirnian. En rigor no hay na- 



dado e.sto; toda esa argumentación es fal- 
sa. Los sentimientos netamente humanila- 
rios son un factor nulo, un ápice, en el 
desarrollo social; pues, lo que realmente 
determina y encamina éste, no es otra po- 
tencia motriz que el interés individual y 
colectivo. Si los pueblos, en su estado de 
descreimiento actual y de relajación moi-al 
alarmante, se entregaran á los brazos de les 
sentimientos humanitarios, esperando algo 
de ellos, no darían un i^olo paso adelante. 
Sobre las sociedades modernas impera el 
impulso podero.so del egoísmo, emergente 
délas crecientes dificultades para la vida, 
de la relajación de los vínculos de la fami- 
lia y de la sociedad misma, por la mezcla 
continua de las razas. 

En la cuestión de la naturalización no 
entra por y para nada ningún sentimiento 
humanitario; afirmarlo es sostener una poé- 
tica y risible paradoja 



En cuanto á que el elemento extranjero 
nacionalizado puede contribuir á garantir 
la forma democrática de gobierno, la aser- 
ción, aunque menos poética y más prosai- 
ca, no es menos paradojal. 

Los patrocinadores de la idea sostienen 
que el extranjero que llega del viejo mun- 
do viene ansioso de libertad, buscando el 
amparo de las leyes que le hagan palpa- 
bles las promesas de igualdad proclamadas 
por las Constituciones del nuevo mundo; al 
arribaí- á él no puede menos de ser un sol- 
dado del derecho común, un auxiliar pode- 
roso en estos pueblos donde todos aspiran á 
ver traducidos en hechos los principios de 
las cartas fundamentales. Acrecentar el nú- 
mero de defensores de estas magnas cartas, 
es asegurar su estabilidad y su perfec- 
cionamiento. 

Escritores y oradores, dada la amenidad 
del tema y su latitud, vierten raudales de 
elocuencia, mas ó menos sonora, pintores- 
ca ó deslumbrante: más, por de.sgracia, ocu- 
rre con e.'^te tema lo que con todos los temas 
de vasta extensión y de poca profundidad : 
la oratoria es excelente, la argumentación 
vacía. Los alegatos de propaganda y de 
defensa so parecen á los sei'mones de nues- 
tros predicadores místicos: todos ellos repi- 



r>EI. KlU iJt: I. A i'l.ATA 



4; i 



tüii el mismo sermón, con las mismas lau- 
datorias para el san^o 6 doncella objeto del 
discurso, el cual ó la cual, para que no caiga 
délas blandas altui-as délos cielos á las ru- 
das asperezas de la tierra, viene siempre 
apuntalado de todos los superlativos posi- 
bles, no faltándole jamás aquello de mila- 
g-rosísimo, virtuosísimo, castísimo, y demás 
calificativos que sin duda deben dejar muy 
contento al santo ó á la doncella celestial 
mas exigente, pero que no lleva convicción 
ninguna al ánimo empedernido de los arro- 
dillados oyentes. 

(^ae la apetecida libertad y la anhelada 
igualdad, son damas que las Constituciones 
prometen colocar como vestales encarg-adas 
(le guardar el fuc'go del derecho |>opu!ar, 
nadie lo niega; pero ([ue, en lo (jue lleva- 
mos de peregrinación, nadie haya visto la 
cara á tan codiciadas virjenes y mucho me- 
nos, sus buenas obras, tampoco hay quien 
lo ponga en duda. 

Cierto es que no faltan espíritus creyentes 
f|ue dan fé de la existencia de esas inmacu- 
ladas doncellas, y. agi-adeíndos á iosíbeiuí- 
liciüs que de ellas reciben, las defienden de- 
nodadamente. Pero, est()s son p(jcos, son 
los que tienen la dicha de opi-iinir en mis 
manos las riendas del gobierno, (jut' suele 
normalmente transiormase, en nombre del 
' orden público », en rudo látigo. Por lo que 
hace á los escluidos del poder, á los partidos 
caídos, no creen en tal virginidad; lejos de 
ello, afirman que las tales mozas se han 
dado á la prostitución. 

Y bien, si en nuestra organización demo- 
ci'ática, relajada, viciosa, los principios cons- 
titucionahvs, tan seductores por lo liberales, 
no pasan de promesas, sin que ellas ja- 
más se cumplan, el mal régimen, la per- 
versión administi-ativa, la tiranía de las ma- 
yorías sobre las minorías, ó viceversa (que 
es el caso regular) ¿el incremento de po- 
blación asimilada corregirá los abusos y lo- 
grará hacer prácticas las tan anheladas pro- 
mesas constitucionales? 

Ingenuamenie, no lo creemos; el elemen- 
to estrangero naturalizado se contajia y se 
contajiará lógicamente de nuestra enferme- 
dad endémica y hará y hace como nosoti'os 
hacemos; unos, los que se ponen de parte 
del partido victorioso, contentí^imos, reco- 



giendo los beneficios del triunfo: los otros, 
los vencidos, gritando y tramando contra la 
gente de arriba. 

Según esto, aumentar el número de acto- 
res en la vida política no es más que aumen- 
tar el número de combatientes. El buen 
derecho no saca gaje ninguno de esto. 

Los políticos de profesión y de cálculo han 
comprendido perfectamente que el aumen- 
to del guarismo electoral es un grande re- 
curso en estos nuestros tiempos en que ya 
s(: vá haciendo difícil resucitar á los muer- 
tos, milagro que se operaba hasta hace po- 
co, mediante el cual se ganaban muchas 
elecciones con el concui'so de las almas dd 
otro mundo. Para dejar en paz á a(|uellns. 
bien se puede echar mano de los vivos mal- 
eando obligatoriamente con el sello de la na- 
cionalidad á cuantos estrangeros pisen el 
territorio del estado y se vinculen h él, ya 
sea por medio del matrimonio, de la adqui- 
sición de inmuebles ó del ejercicio de un 
cargo público. 

El espediente es fácil; pero atentatorio y 
peligroso; atentatorio, porque la n;ituraliza- 
ciíHi obligatoria hiere la libertad individual: 
nadie puede s(»r obligado á renegar de su 
patria, por el hecho de vincularse en teri'i- 
torio estrangero y depravar los nobles sen- 
timientos del amor patrio, es lo mismo; es 
más, un acto de tiranía en pueblos que alar- 
dea,n de amparar, protejer y respetar to- 
dos los derechos individuales. 

Es peligroso, porque, dada la progi'esióu 
inmigratoria, el elemento estrangero pre- 
ponderante puede un día adueñarse del Es- 
tado; sí el inimero decide, el número pue- 
de darle la victoria. Y en tal situación, 
¿que sentimiento prevalecerá ? ¿el de la pa- 
tria adoptiva ó el de la patria de origen ? 
La interrogación despierta en el espíritu po- 
co consoladoras congeturas. Por otra parte, 
el elemento extranjero que se derrama sobre 
América, ni todo él es sano, ni todo él útil; 
á la par del capitalista, del industrial, del 
obrero honrados, vienen confundidos el que- 
brado fraudalento que busca ref ujio en age- 
nas playas, el industrial de mala fé, falsifi- 
cador de cuantos artículos son necesarias pa- 
ra el consumo general, y finalmente, el vago 
y el aventurero, que son un elemento p?rni- 



44 



K E Y isT A Económica 



cioso para la sociedad, así coran ]o'^ nivn< lo 
son para el comercio y la industria. 

Los naturalizadares á todo trance, no quie- 
ren ver las cosas tales como son y para sos- 
tener su tesis atribu3^en al elemento inmi- 
gratorio condiciones morales absolutas que 
está muy lejos de poseer. Un examen de la 
procedencia de ese elemento daría por re- 
sultado que la pai-te sana, honrada, repre- 
senta cuando más. quizá un cincuenta por 
ciento, correspondiendo el resto al merca- 
der agiotista, al industrial de mala f'é y al 
aventurero pelig-roso. 

Y es á esta gi-ande poi'Ci(')n insana á la 
(|Uo, con tal ó cual pi-etexto, bajo tal ó cual 
causa, so la pretende investir con (^1 sello 
(If la nacionalidad ([ue la alberga eji .su se- 
no, porque no puede ceri-ai'le la puerta. 
Que se aspire á radicar el elemento honra- 
do, muy bueno: pero que se coloqueen la 
misma categoría el eltMaento pervei'tido. es 
una ceguedad propia do nue>tro carácter 
americano, precipitado, imprevisor, que nos 
obliga incesantemente á deshacer hoy lo 
que hicimos la v'spera, yá hacer las cosas 
mal, teniendo que buscarle remedio tarde, 
después del fracaso. 



Dejando de lado consideraciones de otro 
orden, conceptuamos que la naturalización 
obligatoria, además de herir el derecho in- 
dividual de nacionalidad, enjendra mayo- 
res males que beneficios. 

Todo lo que las leyes deben limitarse á 
hacer en respeto del uno y en previsión de 
los otros, es otorgar facilidades para la na- 
turalización, exigiéndose como requisitos 
fundamentales que el que aspire á natura- 
lizarse posea un arte ó industria lícita y 
condiciones morales comprobadas, dejándo- 
le en plena libertad para adoptar la nacio- 
nalidad da país de su i-esidencia, .^i asi con- 
viene á sus intereses y afectos. 

Por lo demás, lo hemos dicho en otra 
ocasión, el elemento extrangero, agrícola. in- 
dustrial y mercantil concurreal desarrollode 
nuestra producción y nuestros cambios, por 
lo cual conviene .estimular sin violencia su 
atracción continua, quedándonos como resul- 
tado, no balanceado económicamente, este 
otro: el aumento déla cifrade poblacióii na- 



cional sin apelar al medio tiránico déla natu- 
ralización obligatoria. La familia extrangera 
que ai-riba 3' se domicilia en un Estado, ó 
el exti-angero que contrae matrimonio en 
él, concurren á ese aumento por la filiación. 
Esta filiación nace con el sello imborrable 
del lugar del nacimiento, que todas las 
ficciones del derecho no pueden destruir 
sin apelar á la violencia. 

Bajo de tales conceptos, lo que intere.sa 
al pi'ogreso americano es procurar el in- 
cremento inmigratorio y apoderarse, no 
del liombre que llega, sino i¡el humhre que 
nace. 

Ese incremento de población no se obtieiio 
poi-medios artiíiciales>iii(j pop híH'hos positi- 
vos que lo estinuilen y lo produzcan, esto es, 
mediante la verdad practica délas garantías 
y beneficios que prometen las Cartas cons- 
titucionales ^ leyes administrativas. 

Los pai-tidariosdela naturalización obliga- 
toria, que á la par (jue asegui-an hacer obra 
patriótica con su prédica, no descuidan tan- 
poco hacer ^Wqiicdo lien con el elemento e\- 
tranjero. despertando entusiastas simpatías 
en los candidos (i en los ambiciosos para 
quienes la i-elajación del sentimiento patrio 
es tal, que cambian de nacionalidad más 
fácilmente que de camisa, dichos partidarios 
decimos, por elocuentemente que hablen ó 
por bonitamente que escriban, no lograrán 
jamás hablar ni escribir con más exactitud 
y precisión que los hechos \ las cifras. 

¿Dónde va el hombre de capital y de tra- 
bajo? Allí donde prospera, donde su capital 
puedo producii-le un buen beneficio, donde 
el salario sea lilíeral, donde encuentre segu- 
ridades y garantías para .suvida.su haber 
y su ahoi'i-o. -Si estas seguridades y ga- 
rantías no existen, lo^ hechos y las cifras 
hablan mal y nadie se aventura á largarse 
con sus bagajes en busca de lana para salir 
trasquilado. Si esas seguridades existen, los 
hechos y las cifras hablan seductora mente 
y por sí solas operan la atracción, peculiar 
del interés individual. 

Quiere decir, que tanto la cuestión inmi- 
gratoria, cuanto la relativa á la nat\iraliza- 
ción, son cuestiones, no de verbosa oratoria 
ni de leyes imperativas, .'iino cuestión de 
hechos. Si estos hablan bien, una y otra se 
producen espontáneamente: si hablan mal, 



DEL Rio de la Plata 



45 



se opera la despoblación, aún de los misinos 
nacionales que buscan fuera de su país las 
garantías que en él se les defrauda. 

En suma, el medio poderoso para estimu- 
lar la naturalización, sin lesionar ningún 
derecho, es este: procurar que las promesas 
de las magnas Cartas no sean una mentira; 
que la democracia sea una verdad y no una 
tiranía embozada; que las leyes que prote- 
jen la vida y la hacienda no se adulteren y 
tuerzan, y ijue el ahorro esté asegurado 
mediante un sistema estable. ngíMUí al intlu- 
jo del garito de los agiotistas. 

Todo esto no pasa de azuladas y lejanas 
perspectivas en Hispano-Arnérica, hacia las 
cuales caminan los republicanos bien inten- 
cionados sin lograr arribar aellas, por cuan- 
to el plano se aleja en proporción de la de- 
cadencia del espíi-itu público y de la co- 
rrupción de los partidos. El día en que la 
democracia sea una verdad y las le^'es de- 
jen de sértelas de araña para atrapar mos- 
cas, sobrarán postulantesy la naturalización 
sin que haya necesidad de apelar al sistema 
de marcación forzada que anhelan imponer 
despóticamente los apasionados adoi'adores 
del progreso escenográfico, de improvisa- 
ción fácil, pero de resultados funestos. 

Quedamos, ahora, por examinar la otra 
faz de la cuestión; la relativa á la naturali- 
zación in par/¿hus, ó de carácter local, lo cual 
.será materia de otro esbozo. 

Vaca-Gizmax. 

(Continuar ú.) 



La Hacienda Pública 

DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES 



Pensábamos ocuparnos en esto niimero 
de la Revista del e.stado de la hacienda 
nacional para lo que esperábamos oír la 
palabraj del P. E. en su mensage de apertu- 
ra del Congreso; pero el excepcional re- 
tardo ([ue ha habido en su reunión, nos 
obliga á dejar por ho^' tan interesante tema. 

En cambio hemos tenido el mensage del 
Gobernador de la Provincia de Buenos Ai- 
res, que ofrece materia á diversos estudios de 
no menor importancia. 

Nuestra crisis es doblp, puesto que conjun- 



tamente con la producida en el orden de los 
negocios privados, tenemos la de la Hacien- 
da, tanto Nacional cuanto Provinciales. La 
primera se vá solucionando por sí, pero la 
segunda está aún de pié, sin que se hayan 
dado pasos eficaces para dominarla. 

El mensage del Gobernador de la Provin- 
cia si bien proporciona pocas cifras sobre la 
situación déla Hacienda Pública, menciona 
el hecho halagador de que los presupuestos 
han logrado equililirarse. resultando ya 
n II supfrabit que se destina al pago de la 
(leuda flotante, el que podrá ser aumentado 
por economías en los gastos públicos. 

Se piensa en una nueva consolidación de 
la deuda flotante, cijyos servicios podrán 
atenderse con los recursos normales de la 
Provincia. 

Quedan á é.4a muchas otras atenciones: 
la conclusión de las obras del Puerto, que re- 
quiere cerca de cuatro millones de pesos 
oro masó menos, y algunos trabajos in- 
dispensables para su conservación, que im- 
portarán unos dos millones oro á desem- 
bolsar en el trascurso de cinco á seis años; 
deberá atender, además, el servicio de la 
deuda á oro de la Provincia. 

La cue.stión del Puerto de La Plata, según 
lo anuncia el Sr. Gobernador de la Provin- 
cia, está por arreglarse, entregándolo en 
arrendamiento á los acreedores que tienen 
garantías sobre su producido, y que facili- 
tarán los fondos necesai-ios para la termina- 
ción de las obras; y en cuanto á las demás 
deudas con servicios á oro, anuncia un pro- 
3'ecto de converción cuyo servicio empeza- 
ría á hacerse desde (d 1" de Enero del año 
próximo. 

No puede dejarse de aplaudir el anlK^lo 
que maniíie.^ta el Sr. Gobernador por la re- 
con.strucción de la Hacienda de la Provin- 
cia; pero los términos generales en que se 
anuncia la operación destinada á arreglar 
la deuda que afecta la renta del Puerto y la 
disponibilidad de fondos con que poder ter- 
minar sus obras, así como el arreglo del res- 
to de la deuda externa, no nos permiten an- 
ticipar una opinión .sobre éstas operaciones, 
ni siquiera manifestar la esperanza de que 
se pueda en breve plazo afirmar de nuevo, 
sobre bases sólidas,el crédito de la Provincia. 

Para ésto se necesitará, ante todo, que tan.- 



46 



Ke VISTA ECOXÜ.MK'A 



to la Provincia como sus acroedores so pon- 
¡S-an en la verdad y no celebren nuevos arre- 
glos que excedan la capacidad rentística ó 
coloquen á los Poderes Públicos en el caso 
de tener que desatender, para pagar servi- 
cios, por lo pronto demasiado pesados, fun- 
ciones imprescindibles de la administración 
ó recargar impuestos que contraríen el desa- 
rrollo de la producción, en cuyo caso" los 
propios acreedores, que tienen intei'eses ar- 
mónicos con los do la vitalidad de las fuer- 
zas productivas de la Provincia, resultarían 
tan perjudicados como ésta. 

F.< indispensable no agregará los oi-rores 
fiasados el de arreglos inconvenientes, y ya 
c[ue fvstú piodiicido el nial do la suspensión, 
hay (lue tomarse el tiempo necesario para 
prepari r la reforma rentística, solo después 
de lo cual se podrá tener una idea acertada 
de las obligaciones que la Provincia podrá 
servir con la regulai'idad necesaria. 

Aparte de ¡as atenciones indicadas, tiene 
la Provincia ([ue atender con toda prefe- 
rencia la reliabilit!i(;i('»n do sus instituciones 
de ciédito, que no interesan menos á la le 
pública que los empréstitos exteriores y que, 
debiendo cooperar directamente á la mejora 
de las condiciones económicas de la Provin- 
cia, son base del re.stablecimiento de su Ha- 
cienda. 

En cuanto al problema del sistema tri- 
butario, él es general para todas las Pro- 
vincias Argentinas; y el aumento operado 
en sus obligaciones, tiene que dai'le ma- 
yor importancia que la que ha presentado 
en otras épocas. 

Tres son las fuentes de recursos con que 
puede contar el Erario: el producto de los 
bienes públicos, los impuestos directos y los 
impuestos indirectos. En cuanto á impues- 
tos la práctica ha demostrado que sólo la 
forma de indirectos es la que se aviene con 
las necesidades crecientes de los presupues- 
tos modernos. 

En Francia los impuestos directos en el 
año 1836 eran de 31 oi" y en 1S83 apenas 
ascendieron á 15 o "^ de la renta total, puesto 
que al necesitar aumentai- considerablemen- 
te ¡as contribuciones, hubo que recurrirá la 
forn)a indirecta, no dando la directaaumen- 
to api-eciable, á no ser en el ramo de las pa- 
tentes. En Inglaterra las contribuciones di- 



rectas sólo dan el 21o," del producido total 
de los impuestos. En Italia esa proporción 
es de 86 o/", en Rusia de 25 o/'' y en Prusia 
de 22 f,/". En todos estos países la rela- 
ción de los impuestos indirectos lia ido cre- 
ciendo en la proporción en que los servicios 
públicos han exigido el aumento de las ren- 
tas generales. 

Los principales impuestos indirectos son, 
en éstos países, los de importación 3' de ex- 
portación; esa es la gran fuente de recursos, 
pero ellos pertenecen exclusivamente á la 
Nación, quedando las Provincias limitadas 
al producido de los impuestos directos, poco 
aumentables y sienipre ii<' diríeil cobro en 
épocas de ci'ísis. 

En estas condiciones, de pocos medios pue- 
den disponer las Provincias para su fomen- 
to respectivo y para hacer frente al servicio 
de fuertes obligaciones, como las que pesan 
sobre casi todas ellas. 

Esta situación viene en la práctica em- 
peorándose al absorver la Nación parte de las 
pocas rentas constitucionalmente provincia- / 
les. como sea al imponer el uso de papel se- 
llado Nacional para lasobligaciones que se 
descuentan por las sucursales, en las l'i-ovin- 
cias, del Banco de la Nación. 

Se comprende que en los juzgados nacio- 
nales de las Provincias se use el papel .se- 
llado nacional, porqué es el precio de un 
servicio, y, por otra parte, la facultad de 
imponer los actos judiciales puede llegará 
imposibilitar la distribución de la justi- 
ticia nacional, en los casos que la consti- 
tución lo determina. 

El papel sellado para las obligaciones 
comerciales, es un impuesto local de giro, el 
que debe estar sujeto á cargas uniformes 
y nó á diversas, según se contrate con una < 
institución ó con otra. 

Como impuesto sobre el giro local, los que 
contratan con las sucursales del Banco Na- 
cional no pueden legalmente eximirse de 
su pago, lo que, en caso alguno, perjudica- 
ria los fueros de las mismas, desde que 
el sello provincial en las obligaciones que 
descontasen, no impedirla que las hiciesen 
efectivas por los juzgados de Sección Na- 
cional. 

El empleo de papel sellado nacional, que 
anarqniza el impuesto .sobi'O el giro local 



DEL Rio DE LA PLATA 



17 



comercial y priva á las Provincias de pai'te, 
en alg-unas muy considerable, de una de las 
rentas más importantes con que cuentan, no 
está en manei-a alguna justificado. 

El caso déla Provincia de Buenos Aires es 
particularmente sérioy tiene que aconsejar á 
su Gobierno ser muy parco en las condicio- 
nes para el arreglo de las obligaciones pen- 
dientes. 

La mayor parte de sus recursos provenían 
de las propiedades provinciales: las tien-as 
piíblicas, ya casi agotadas, que solo le ban 
producido el último año 2.670,000 pesos á 
cobrar en largos plazos; sus Bancos, que 
hoy le traen compromisos en vez de 
ser por ahora una fuente de renta dispo- 
nible, y sus feí-ro- carriles, hoy de propie- 
dad inglesa. 

Mientras no se proceda á una reforma de 
su sistema rentístico y no se obtengan re- 
cursos con quehoy no se cuentan, ya, se hace 
mucho consiguiendo el equilibrar los pi-e- 
su puestos adm i nistrati vos. 

No por eso queremos desahuciar la Ha- 
cienda Pública de la Provincia: somos dn los 
que tenemos fé en (^1 porvenir y de los que, 
separándonos de la moda de mirar con 
prevención todo cuanto se hace ó no.-? \ ie- 
ne de La Plata, i'econocemos que se ha em- 
prendido alli una labor que podrá ser fe- 
cunda. 

REPÚBLICAJRGENTINA 

CRÓNICA DE LA QUINCENA 

Mayo 14 de I8U2. 

En ningún país organizado páralos gran- 
des fines de la civilización moderna, — la 
justicia y la libertad, -el ejército, que es la 
nación armada, se identifica tanto con (d 
pueblo como en una democracia. 

Se comprende entonces, y se explica per- 
fectamente, que la atención pública haya 
estado absorbida por completo al empezar el 
mes, una vez que se concentraron todos los 
elementos bélicos, alrededor de los campos 
del Talar,— y que la afluencia de testigos 
oculares le haya darlo tanto realce al espec- 
táculo. 

No haré rriticn. 



Es una vieja verdad que c'est le premirr 
pas qui coute; y que no .se mueven hombre.s 
en paz ni en guerra, sin gastar dinero, es 
otra verdad de Monsieur de la Palisse. 

Diré sí, que como los cañones no estabrtu 
cai-gados sino con pólvora, lo mi.smoque los 
fusiles; que como los sables de la caballería, 
no podian herir y mucho menos lasbaj'one- 
tas,— he podido estar en el fuego y en el 
entrevero, ver y salir ileso con mis impre- 
sione?. 

Agregaré, todavía, (jue como en hjdas las 
maniobi-as, ha habido, en este primer en- 
sayo,— aiinque sin acentuarse mucho, — di- 
vei-sas e.scuelas frente á frente. Quiero decir, 
(jue cada comandante en jefe, ha mostrado 
su temperamento, <iespertando (>ntre sus 
subalternos una emulación saludable. El 
generalCiarmendia me ha parecido pecar 
por el lado «maniobrero» y el general Pala- 
cios por el lado «metódico.» Uno y otro han 
perdido tiempo en tomai- demasiadas pre- 
cauciones, habloen tesis general, recono- 
ciendo, sin (Mubai'go. ()ue esas minuciosida- 
des son uno de los i nconv unientes, que fatal- 
mente, llevan aparejadas todas las opera- 
r;icionesun poco vastas de i'st<;s simulacros 
di? gueri-a. 

lín cuanto al combat",- despucscie iinase- 
riede marclias a' contrarnai-chas, con super- 
fetaciones inusitadas de «espías> y «prisio- 
neros», cambiando unas veces de objetivo, 
casi abandonando otras la base de operacio- 
nes, por ser insuficientes las tropas y el pe- 
i'imetro muy extenso, —en cuanto al cotn- 
Ijato, decía, como desenlace de las manio- 
bras, ha sucedido lo que er& muy difícil evi- 
tar, no obstante haber sido la acción un com- 
bate previsto: situaciones inverosímile.s, que 
no han permitido que los jefes tuvieran la 
libertad de acción de hacer las cosas como 
en la «guerra \'erd adera v. 

Conforme á las reglas, la función bélica 
concluyí) temprano, demasiado temprano 
((uizá, pudiendo las tropas ocupar sus ',\c<>\\- 
tonamientos á buena hora. Pero fué debido 
á que las -^peripecias» se pi-ecipitaron. df 
donde resultó, que cuando apenas se traza- 
ron los más tenues linearaientos del combate 
ya estaban agotadas las municiones. En 
cuanto á los dr^'iiroR. su acción so redujo á 
r''Solv(^r *'pi,-odio> c i ncidenií'S ai-ladiiis. sin 



48 



TíKviSTA Económica 



fallar sobre el terreno, cuál de las dos partes 
debía retirarse primero v-como vencida». 

El Estado Maj'or General del Ejército, ni 
ha intervenido ni estuvo, sino de un modo 
reflejo, en las maniobras y simulacro de 
combate; en cuanto á la caballería, nues- 
tra leg-endaria caballeiúa, tan apta para 
maniobrar, esté bien ó mal montada, por el 
genio nativo de nuestros ginetes, su papel 
se ha limitado á medio descubrir y presen- 
ciar. La pólvora era la vieja, con humo; las 
armas las que ya teníamos. Pero con ellas 
ó sin ellas las cosas no habrían pasado de 
otra manera. ¿Porqué? Por ésta razón: no 
se necesitaban maniobras para .saber que 
nuestras tropas de línea son resistentes, lo 
mismo que nuestra «milicia» tiene entu- 
siasmo y brío. Las deficiencias observadas, 
eran conocidas de antemano. ¿De dónde pro- 
vienen '{ De que la rutina no ha podido aun 
entenderse con el arte. ¿ Se entenderán '. Sí, 
seguramente sí. Pero pasará mucho tiempo 
aun, antes de que se amalgamen la expe- 
riencia y el saber, poniendo de lado cierto 
sedimento, algo como un aluvión impuro, 
que nuestro modo de ser, —la guerra civil y 
las revoluciones han creado. 

A pesar de que la centralización del man- 
do me ha parecido excesiva,— estando todo 
concentrado en el Ministro de la Guerra que 
hacía además de generalísimo, sin apercici- 
bir.se de ello por un exceso de celo y de buena 
voluntad hacia ambas partes,- tendrá este 
ensayo, costoso ó no, su incontestable utili- 
dad, siendo el primer jalón experimental 
puesto en el camino teórico del porvenir. 

Conviene decir y lo diré, como ilustración 
para los jóvenes oflciales, que en la realidad 
de nuestras guerras el ejército lo ha hecho 
mejor que en la Acción. Tenemos algunar- 
campañas y batallas típicas, combates y 
encuentros en los que la táctica y la solidez 
han rivalizado,— desde Chacabuco hasta Tu- 
yuti, desde la Tablada hasta Caseros y desde 
la expedición al Desierto, entieinpode Rozas^ 
hasta la conqui.^ta de la l^ampa por Koca. 
Surjeaquí el problema planteado por Bacón 
en estos términos que <• el arte daña á la 
naturaleza en vez de embellecerla, en cuanto 
pretende dominar»— pi-oblema que 30 re- 
suelvo así : '■ el arte por excelencia es ocultar 
el arte-.-. 



En una palabra y para concluir: la nota 
dominante de nuestras primeras maniobras 
de Otoño, ha sido una serie de esfuerzos in- 
coherentes dislocados. En unos puntos, 
para avanzar; en otros, para retroceder; ya 
para preparar la acción; ya para entrar en 
fuego, y una vez en é.ste,— lo inopinado, lo 
fortuito del un, porque nada quedó definido. 



Los caracteres frívoloo resuelven todas las 
cue.stiones con el criterio de las circunstan- 
cias y al azar. 

La vida no es para ellos más que una 
gran lotería. ¿Qué tiene de extraño enton- 
ces que, hasta el momento de entregar estas 
páginas á la estampa, haya gentes que atri- 
buyan lo que pasa á la casualidad? Me re- 
fiero á la pesadez de ambas cámaras del 
Congreso. Ninguna prisa han manifesta- 
do en constituirse. El marasmo político se 
ha hecho así más letárgico. El aguijón de 
la cláusula 55 <^ ambas cámaras se reunirán 
en sesiones ordinarias todos los años desde 
el 1" de Mayo hasta el 30 de Setiembre», na- 
da ha podido contra los hechos fatales. 

Sólo los excépticos no admiten que haya 
causas y efectos. Pero la ley que «oye sin 
tener orejas, que vé sin tener ojos, que se 
mueve sin tener pies y que toma sin tener 
manos »,— sabe en qué consiste el fenómeno. 
Interrogada por la curiosidad nacional, se- 
ría capaz de contestar en conciencia : todo 
viene de 



El estado de sitio no es, en efecto, una 
remora exclusivamente para los que no son 
inviolables; lo es hasta para los mismos que 
lo son ó pretenden serlo. La masa, oyendo 
decir que el sol gira alrededor de la tierra, 
piensa, — contra el testimonio de sus senti- 
dos,— «así sei-á):». Los otros, los iniciados, ó 
algún fino observador, saben que la política 
no es «lo que se dice», sino lo que se hace, 
3^ que para liacerse necesita andar piano, y 
reposo: y que los cuerpos colegiados no e.s- 
tán exentos de hacer efectiva la regla de du 
ut des, sobre todo cuando un régimen que se 
va quiere ó pretende ligarse á otro régimen 
que viene. Cicerón decía, en una coyun- 
tura difícil, teniendo que morderse la len- 
gua; Xou si'./)i. it<i hchrs tit i-^tn dkam ¿Pue- 



DEL Rio de la Plata 



49 



dpyo ati-everme alo que no se atrevía el 
insig-ne tribuno? Sei'ía algo más que te- 
merai'io; sería obtuso (hebes). Me reduciré 
entonces á una observación : las cuestiones 
de principios que atañen al prójimo deberían 
preocupai-nos sieu.pre, en vii-tud del aforis- 
mo «hoy por tí, mañana por mí». Pero un 
hombre en libertad es un hombre contento, 
que no piensa en la cárcel, sino cuando se 
ve amenazado en su libre albedrio ó en su 
acción. 

Mientras no se conoce públicamente, de 
un modo irrefragable, el por qué de lo que 
ha pasado, sin acabar de pasar, los partidos, 
los círculos, los matices de éstos y sus afi- 
nes,— tienden á disimular sus impresiones ó 
lo que llevan oculto en su seno. Es tan di- 
fícil como tapar el cielo con un arnero. No 
hay hombre ni comunión de hombres que 
no se traicione por la frase. Kl silencio mis- 
mo habla con singular sonoridad.. Ya esta- 
raos, püe»*, enterados. Lo que ha de ser se- 
rá. No porque esté escrito sino porque no 
hay efecto sin causa,— una lógica impla- 
cable. 

¿Estarán las instituciones en í?u solsticio? 

El conflicto que .se ha llamado ve>tudian- 
til», y á ser así estaría una vez más probado 
que pequeñas causas producen grandes efec- 
tos, háse resuelto, dicen, satisfactoriamente 
mediante la creación de un Instituto libre 
de enseñanza. Seguramente, y es cierto lo 
que dice el poeta inglés, más vale que no 
nazca un niño, si lo hemos de ver ignorante. 
Pero el problema social no estriba sólo en 
eso. Ni un cambio de carreta dentro de la 
zona intelectual borra la huella. Queda el 
rastro de la falta de prudencia, por un lado; 
el de la indisciplina, por otro. Nó, hay eji el 
fondo de estas agitaciones algo que se debe 
remover. Hay que reconquistar la fé en la 
moral de nuestros antecesores. La tradición 
es un /W707Í//I' poderoso. El ideal no consis- 
te en parecer. Consiste en ser. ;0 porque 
hemos alcanzado cierto gi'ado de cultui'a, 
ya exclamaremos ; La qaestiuu de Dieu 
manque (racíualUé) Y aquí no se trata de 
.saber cómo pienso yo,— sino de cómo con- 
viene que piense la falange popular,— ó de 
cuál es la fllosof ía eficiente para \o> proble- 



mas futuros que debe resolver la democra- 
cia en paz y libertad, ensanchando siempre 
el radio de las grandes y nobles aspiracio- 
nes ^nacionales, pai'a que el combate del ta- 
lento, del saber y de la probidad se ubre sólo 
en el palenque de la emulación generosa; 
que sólo así, sin darse tregua ni reposo, se 
trabaja por el bien común y se salva el pres- 
tigio de las instituciones. 

Un pueblo libre, que incita á todos los 
hombres de la tierra á compartir su suerte, 
se expone á pasar por impostor si se mistifi- 
ca á sí mismo, por no tener en cuenta, como 
dice el .sabio, que el éxito consiste en una 
severa obediencia á las loA^es del mundo \' 
que si e.sas le^-es son intelectuales y mora- 
les, la obediencia debe ser intelectual y mo- 
ral. 



Los signos del zodiaco político, poco dicen 
respecto del porvenir. ¿Saldrá el Sol por An- 
tequera? ¿Nebuloso ó arrebolado?... He ahí el 
problema. 

Hay sin embargo alguna confianza. El 
candidato es una garantía. Los que creen 
posible una trapisonda no .son perversos, es 
una pe.ste. peor quizá, que los malos: son 
tontos. Hay honor, y el Dr. I). Luis Saenz 
Peña será Presidente de la República. Por 
e.stas y otras causa.s, y porque una crisis es 
una evolución, cuyo ciclo se cierra algún 
dia, los síntomas son de mejora comercial. 
De ahí á una mejora económica y financie- 
ra,— si no se remienda en lo viejo, — no hay 
tanta distancia, como de la tierra al parai.so. 
Si ese "Soberano de los Soberanos^, el oro. 
quiere .seguii- bajando verán mucho bueno, 
bástalos que no alcancen la edad de ^latu- 
salém. 

LrcKi A'. Maxsh.la. 



CRÓNICA DE LA QUINCENA 

Tenemos, al fin, síntomas de vida demo- 
crática, reaccionando vigorosamente el par- 
tido colorado contra el si.sterna que. después 
de haber anulado en la práctica su ijitluen- 



50 



Revista Económica 



cia política, lo amenazaba con el relego á un 
olvido completo. Con su movimiento coin- 
cide el délos elementos sanos de las otras 
fracciones políticas, existiendo plena confor- 
midad en la tendencia más culminante que 
en el país se maniñesta, que es la de volver 
al juego regular de las instituciones, de que 
es base imprescindible la acción democrá- 
tica leal mente practicada. 

Hay además de una cuestión de partido, 
una aspiración unánime nacional: que es la 
de concluir con el cezarismo corrupto)', le- 
vantando bien alto los derechos políticos de 
los ciudadanos, que no pueden abdicarse sin 
menoscabo del país y de la posición ruoral 
de cada uno. 

Por noble y esencial que sea la reacción, 
era lógico que los intereses que medran con 
el régimen personal tratasen, como están 
tratando, de detener el movimiento ó de 
esterilizarlo, sembrando la discordia. 

Entre otros, se nos habla de s^^-ios traba- 
jos hechos en el pai-tido colorado, invocando 
sus altas conveniencÍJiS. en loscuales toman 
parte algunos compatriotas que en éstos 
illtimos tiempos escondían cuidadosamente 
sus divisas. 

La Nación ha puesto la autoridad liuele 
dásu carácter de órgano semi oíicial. al ser- 
vicio de los que quieren, de todos modos, 
evitar el renacimiento de la vida democrática 
y conservar el predominio fundado en la 
disgregación del partido y en el monopolio 
de las posiciones oficiales, dadas por el favo- 
ritismo. 

Hemos mencionado el carácter del colega 
montevideano y debemos agregar, en bien 
del nombro del Presidente de la República, 
(jueesa propaganda no obedece á sus aspi- 
i-aciones. como no puede obedecer á las de 
ningún hombre que verdaderamente se ins- 
pire en el respeto de los principios demo- 
cráticos y en el bien del país. 

Según Zff X ación, wAchx tiene que desear 
el partido colorado: tiene mayoría en el 
cuerpo legi.slativo, tiene el mando del ejér- 
cito, está al f]'ente de todos los servicios ad- 
ministrativos, trinidad de beneficios que no 
podemos dejar pasar sin análisis. 

Empezemos por establecer lo que, ni el 
colega ni nadie podrá negar, y es que desde 
qu" no han liabido elecciones democráticas 



sinosimulácros de representación de parti- 
dos, detrás de los cuales se han producido 
elecciones, ó más propiamente dicho nom- 
bramientos oficiales de miembros del Poder 
Legislativo, ni el partido coloradoni ningún 
partido tiene repre.^entación en las Cámaras; 
á io que se agrega que, siguiendo las cosas 
como están, la reelección de esos miembros 
dependerá, no de la voluntad del partido 
sino del ciiterio del Poder Ejecutivo. 

Es larga la cadena de las consecuencias 
de una primerafalta: anulada por un mismo 
acto la acción efectiva de los partidos y el 
sufragio popular, considérese la posición de 
e.sos diputados que un voto, una palabra 
que desagi-ade al círculo elector determina 
su exclusión en la nueva Legislatura, esta- 
bleciéndose así una dependencia mucho más 
efectiva que la que la Constitución ha queri- 
do evitar al disponer que no .sean elegibles 
los empleados á sueldo, dependientes del Po- 
der Ejecutivo, no ob.stante no poder éí^tos ser 
remoN idos á capricho.como nuestros Gobier- 
nos personales vienen removiendo y selec- 
cionando á los Representantes. 

Encuantoá que el pai'tido colorado tienp 
el mando del ejército, hechos reciente> nos 
comprueban como los jefes se remueven sh- 
gún lo reclamen los enemigos de e.se parti- 
do, de tal modo que es ya de todos sabido 
que para conservar el mando de fuerzas es 
menester el beneplácito de los adversarios. 

Por lo que toca á la afirmación de que 
los coloi'ados están al frente de todos los 
servicios administrativos, es bueno para 
repetido en el Japón. 

Lo que se hace con los jefes do cuerpo, .se 
pretende hacer con los Ministros, á punto de 
convertir en precaria la participación de 
miembi'os del partido coloiado en los conse- 
jos de gabinete, mientras todo es santo, bue- 
no y permitido á los que en él tratan de 
imponer los intereses de los demás partidos. 

Ahora mismo tiene el gobierno dificulta- 
des con el Senado, tan sólo porque á e.ste no 
le pareció conveniente la eliminación total 
de miembros del partido colorado en la lista 
de directores propuestos para el Banco. 

Como no podía dejar de suceder, se invo- 
can también razones de patriotismo. ¿A qué 
promover, dice Lo Xación, agitacione> elec- 
torales con >us perturbaciones inhí'rentes? 



DKi. Rio de la Plata 



51 



¿.\ qué anticiparse tanto, cuando faltan diez 
y ochomeses para laseleccionosde Diputados? 

Esto es considerar las cosas con el más 
extraviado de los espíritus. 

El movimiento democrático que felizmen- 
te se manifiesta, no sólo es base imprescindi- 
ble de un verdadero orden constitucional 
sino también de paz, puesto que, si se cerra- 
^ se esa válvula que acaba de ab'-irseal espíri- 
tu público, muchos y muy serios aconte- 
cimientos podríamos presenciar, pues los 
hombres de todos los partidos sienten nece- 
sidad imperiosa de una reacción, que es de 
desear se produzca en la forma reg-ular 
do que las reuniones priblicri'^ d'M pnrlido 
colorado dan la medida. 

Del puntodevi.stag'eneral. esa es para todos 
cuestión de patria, y del personal cuestión fU' 
honra. ^ 

Patria y honra es la bandera común para 
colorados, blancos 3' ex-constitucionales, 
y esta bandera tiene en nuestra actualidad 
tuerza irresistible. 

En cuanto al partido coloi'ado, no solo tie- 
ne que reaccionar contra el falseamiento 
del rég'imen democrático, sin(') tauil>ién con- 
tra el .'■istema de cacicazgo que se quiere 
perfetuar en su seno.- Los partidos de prin- 
cipios como este, no tienen ni deben tener 
más autoridad superior que las resoluciones 
de las mayorías, libremente espresadas en 
sus reunioiies públicas y genuinas. 

Xo hay para él ni hombres necesarios ni 
menos tutores indispensables. 

Casi ni es necesario observar el olvido que 
hace «La Nación» délas próximas elecciones 
de Senadores, en las que los partidos deben 
tratar, no menos empeñosamente que en las 
elecciones de Diputados, de hacer triunfar 
representantes directos, dando así comienso 
á la campaña que debe llevarnos, con la fu- 
tura elección Presidencial, á una nueva era 
democrática y constitucional. 

No podemos concluir sin espresar los más 
sinceros votos porque la reunión del partido 
colorado, que debe tener lugar en este día, 
corresponda á las aspiraciones generales, 
aunque si los activos trabajos que se hacen 
en su conti-a llegasen á retardar el éxito 
del movimiento iniciado, no estaría por eso 
comprometido su triunfo definitivo. 

No hav términos medios en la vida de los 



pueblos de nuestra raza: ó la compresión 
por la fuerza bruta ó la libertad amplia. 

La primera ya ha concluido su tiempo, re- 
sultando estériles las mas hábiles maniobras 
como la fraseología inconsistente, para pro- 
longar su predominio. 

En cuanto al régimen que se inaugura, 
con el irresistible y esencialmente democrá- 
tico movimiento liberal que analizamos, 
es el que sirve de base á los pueblos que .se 
salvan así mismos en los momentos histó- 
ricos de su existencia. 

La Nación de Montevideo. ocu|)ándose de 
nuestra situación monetaria, atribuye al l)i- 
r(H"tor de esta Revista ideas ultrapapelistas. 
Para ella, no existe término medio, entro 
una circulación á oro exclusiva y con me- 
nor valor legal que el del metal fino, como 
es la oriental, y los asignados que se envile- 
cen en la proporción en que exceden las 
necesidades de medio circulante. 

No diremos que haya malicia de parte de 
este e.stimable colega, sino deficiente dif/es- 
iión respecto de éstas materias, que reciuie- 
ren estudios serios y largas meditaciones, 
que no se suplen ni por la vivacidad del <'>¡)í- 
ritu ni por la brillantez de lafoi-inn. 

Respecto de circulacifjn monetaria no se 
puede preconizar, pai-a todas las épocas y 
pai"a todos los lugares un mismo rég'imen. 
ni declararse nadie orista ni papelista, sin 
teñeron consideración las circunstancias es- 
peciales en que un país se encuentra só 
pena de incurrir en ios mas lamentables 
errores. 

Ya que el colega penetra en este campo, 
permítanos que le abramos la cartilla, cum- 
pliendo así un evangélico precepto. 

Se repite comunmente que la perfección 
en materia de moneda, es la fijeza de valor. 

Pero es el caso de preguntar ¿qué se en- 
tiende por fijeza de valor? 

Es muy fácil afirmar en redondo, así como 
lo es también halagar el interés egoísta de 
gremios con manífe.staciones como las del 
colega, pero lo que .ya no es tantees esplicar 
ciertas cosas que, como éstas, requieren algo 
mas que el arte do hilar palabras. 

Pero vamos á la lección. 

El valor es siempre una relación. El de la 
moneda, es su relación con las cosas que con 



52 



ReVIST.V EC0\('»MI(A 



ellas se cambian, de modo que para obtener 
la fijeza de valor en la moneda, es menester 
poder conseguir que la cantidad de ella dis- 
ponible se harmonice con la que requieran 
las transacciones. 

Si hay moneda de mas, el valor se que- 
branta, ésta vale menos; si Ja hay de me- 
nos, tenemos el mismo fenómeno en senti- 
do inverso, ella vale más y todas las cosas 
menos. 

La moneda de oro se limita naturalmente 
por la parquedad de la producción délas 
minas y su ventajosa exportación : ésto es, 
desaparece á su respecto el peligro de exce- 
so de circulación, pero, subsiste el de su ca- 
rencia, ó rarificacióu, que no es menos con- 
trario al ideal de la fijeza que el de las emi- 
siones exhuberantes de papel inconvertible. 

No hay, pues, que decir, oro, oro, ó papel, 
papel, sino consultar las circunstancias del 
país, según las que habrá que precaver el 
mal de emisiones exhuberantes ó el n ó me- 
nor de la rarificacióu; i-emedio que, pai-ala 
actualidad oiiental, hemos creido uallnr en 
el bimetalismo. 

La Nación al rejuvenecer la propaganda 
orista que nos dieron IT) años de postración 
económica, llama al sistema opuesto de ré- 
gimen cartáceo, y aquí la lección de econoima 
política se complica con otra de lengua cas- 
tellana. 

Si el deseo de aprovechar la literatura eco- 
nómica italiana no nos hubiese llevado á 
cultivar éste idioma, el colega nos habría 
puesto en singular conflicto, con ese térmi- 
no tan estraño que adopta. 

¡Régimen cartáceo! Yaya una alianza 
hispano-italo inadrai.sible. ¿Por qué no dice 
el colega, llanamente régimen de pape! mo- 
neda, que si bien no baria á sus lectores el 
efecto de una cosa nueva, en cambio, sería 
dicha en el idioma en que escribe? 

Cartáceo en este caso es italiano puro, viene 
de carta, papel, y por estoles italianos llaman 
al papel inconvertible -carta monetata->, 
papel amonedado. 

Pero ya que el colega nos hace la trave- 
sura de hablarnos en italiano, en italiano 
le contestaremos, diciéndole, como Antonio 
Oiccone, en sus notables Principi di Econo- 
mía Política. "La carta monetata é un male, 



«má é un male che serve di remedio ú un 
<'male maggiore>>. 

Por nuestra parte, no hemos aconsejado 
éste e.stremo por lo peligroso que es con go- 
biernos que viven fuera de la órbita consti- 
tucional, y no sujetan sus actos á ninguna 
intervención genuinamente popular. En to- 
das nuestras publicaciones sobre la situación 
monetaria oriental, hemosaconsejado la cir- 
culación mixta de plata y oro. aumentán- 
dose la cantidad de aquella, y rectificando, 
respecto de este, los errores de equivalencia 
que hoy favorecen su exportación y perm.i- 
ten combinaciones bancarias contrarias á 
nuestra existencia regular. 

El Siglo, comparte este error de La Nación, 
lo que no es de estrañar y .«;e limita á hacer 
el paralelo éntrela circulación de oro y la 
de papel depreciado por el abu.so, á la que 
asimila indebidamente la de plata, y casi 
trata de insensatos á todos los que pretenden 
establecerla en nuestro país. 

Isos consuela, sin embargo, el ver que 
muchos piensan como nosotros, y conside- 
ran el bimetalismo indispensable para el 
desenvolvimiento de las transacciones, aun 
en países como Inglaterra, que es el que 
puede acapai'ar mayor suma de oro. Y, ya 
no son solamente los hombres de ciencia, los 
los que esto aconsejan, son los repre.sentan- 
tesde los grandes centros comerciales del 
mundo. 

¡Qué bárbaros .son los inglese.s, habráse 
dicho en nue.stras alturas oficiales, al leer el 
telegrama del 6 del corriente que anuncia 
que la Cámara de Comercio de Manchesteij 
se há declarado á favor del bimetalismo! 

Es una de las debilidades humanas, el 
apego á todo lo que se relacione con los 
triunfos juveniles, y ésto esplica como nues- 
tros oristas de antaño, no puedan admitir 
la ciencia y la esperiencia de ogaño, que 
marchita sus laureles. 

De ahí, que casi no se pueda discutir con 
ellos éste punto. 



REVISTA BURSÁTIL 



Si en nuestra anterior dejamos constancia 
de un hecho al parecer en pugna con las 



DKL Rio Dií LA Plata 



53 



teorías económicas, la baja del oro con ma- 
yor abundancia de papel, en esta debemos 
dejarla de haber seg'uido la valorización de 
nuestrq medio circulante basta 52.80 la on- 
za, ósea 324.42 '^[o, mientras empeoraban los 
cambios sobre Europa en casi 2 %,, se 
embarcaban libras (55.000 para el Brasil y 
continuábala baja del interés hasta tratarse 
algunos buenos descuentos abajo de 10 "[o 
anual, señal evidente de mayor abundan- 
cia de papel. 

Si embarg'o la baja es lójica y obiídece ú 
mayor confianza en el porvenir que dismi- 
jiuye el número do compradores de metá- 
lico á plazos larg-üs, ig-ualándose por esta 
causa los precios de contado, ñn de mes y 
casi Un de Junio y provocando la venta al 
contado por los capitalistas (pa.sadores) del 
om que tenían recojido y que comprando 
simultáneamente el importe de sus ventas 
;'i plazo, quedan con su papei disponible pa. 
iH nuevos negocios. 

La baja persistirá síiHK'^e producen acon- 
tecimientos inesperados, porqué de seguir 
ofrecido el oro á plazos, no tardará en ga' 
nar pase y hade entrar en nuestra Bolsa 
una gran parte de la existencia de oro. lla- 
mada por el interés. 

La disminución en las expoliaciones 
ocasionada por la baja del preci ) del oro y 
la esoases que empieza á notarse en lanas 
han hecho empeoi-ar el cambio sobre Kur(r 
pa en uno y. en algunosdiasde hi (juincíuia 
hasta en dos por ciento. 

Noticias de Londres respecto á mejora en 
los precios de las cédulas Nacionales, han 
repercutido aquí y sido causa de lo que ano- 
tamo^. 

El empré.stito Nacional interno, cuyo pre- 
cio aun no guarda armonía con el tipo de 
interés del papel en plaza, ha mejorado en 
3 puntos y continua demandado, pudiendo 
aun la forma en que se resuelva el asunto 
.suscricion de acciones del Banco de la Na- 
ción, ocasionar una vai-iacion sensible en su 
cotización. 

Han aparecido en la pizarra, por primera 
vez, los fondos públicos nacionales de 1892 
dados en cange de las acciones del Banco Na- 
cional en liquidacif)n. Su pi'ecio i'eal ha si- 
do siempre 52 á 53 y la primera cotización 



de 44 sino fué ficticia debió ser una sor- 
presa. 

Especulaciones sin trascendencia, pero 
que facilita lo bajo de sus precios, han ele- 
vado los de las cédulas hipotecarias y bonos 
de interés del Banco Hipotecario de la Pro- 
vincia de Buenos Aires. Algún rumov de 
medidas á tomarse por el Gobierno de La 
Plata se ha revelado en dichas especulacio- 
nes, que si podrán galvanizar un momento 
esos valores, no podrán afirmar sus precios 
desde que, una de dos. (> empeora la situa- 
ción de paisy las cédulas bajarán, ó mejora- 
nuestra posición económica, se valoriza el 
billete y entonces Europa nos remite las 
cédulas que tiene compradas con oro al 
rededor de 400 ■[,., y bajarán también. 
Solo el tiempo y una juiciosa liquidación 
del Banco Hipotecario, que ha.sta ahora no 
podemos calificar de tal, podi-án hacer me- 
nor la pérdida de los tenedores de estos tí- 
tu los. 

Uecíamos en nue.'^tra anterior que hablan 
mejorado y se notaba demanda por accio- 
nes del Banco Español é Italia y Kio de la 
Plata; el precio de Od y 75 que consigna- 
mos ho^-, 10 "[„ de alza, justifica nuestra 
afirmación, que mantenemos con mn^ mo- 
tivo, ho^,^ que .se ha hecho público haber 
excedido el Banco Español la cifra de 
25.000.000 de depósitos. 

Análogo movimienlo aunque no de lanía 
inipoi'tancia, hansí^guido las del Banco Ita- 
liano y Francés. 

En la Bolsa de Montevideo, notamos una 
mejora de 4 "[o en los billetes inconverti- 
bles del Banco Nacional, y en los títulos 
hipotecarios .serie I), orijínado porlos nom- 
bramientos hechos y en via de hacer.se por 
el Senado para la dirección de e.stos esta- 
blecimientos. 

Se ha cotizado por primera vez la Deu- 
da interior á 33.40 "[o y sigue en general 
la paralización en los negocios bursátiles 
de aquella plaza, que espera, como el ma- 
ná, á los proyectistas de banco, anunciados, 
por el cable, en viage desde Europa. 

V. 



líi;\ isTA E('<j.\(i\iic V 



Movimiento bursátil de la primera quincena de Mayo de 1892 



BOLSA DE BUENOS AIRES 

(DKl, 1'^ Al. U 1)K NÍA YO) 



Metálico 




Onzas ¡54.70 ¡52.80 

Libras eslei-liiins I l<'-^''> I K'--''^ 



Ulliiiio precio 

:ilto I H.VSTA 

ilAYO I-t 



54.5(J 



Ó2.80 
16.3(3 



Cambios 



48. 



Ing-latena 

Francia ' ^-^' 

Bélgica. il ^-"^ 



Alemania. 



Cheques 



Banco Nacional 

Banco de la Provincia 

Banco Hipotecario de la Provincia— bono.s 
Banco Infi'lés del Kio de la Plata C papel). 



4.10 



31 
51.' 
11.1 
20 - 



(oro) ! nominal 



Cédulas Hipotecarias Nacionales 



Serie 



A (oro) 5 
A m n 7 
B ■ 7 
U ' 7 
I) > 7 
E 7 



de renta 



Cédulas Hipotecarias Provinciales 



Ser 



ie A (oro) 6 
A $í. 8 



de renta sin operaci<3n 
* > sin opei*aci(')n 



Sel- 

» 



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N » 8 % 

O » 8% 

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30 
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29 
29 
29 
30 
29 
29 
29 
29 
29 
29 



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.30 
20 
30 
20 
30 



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5.02 
5.03'/., 
4.07 



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52 — 



12 
20 

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83 — 

84 — 



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30 - 
29.30 
28.50 
28.50 
29.50 
30 - 
29.20 
29.20 
29.10 
29.10 
29.10 
29.20 



48.'. 
5.015 
5.07 
4.09 



31.5o 
57.50 
17 - 
20 — 
11 — 



30 - 
99 — 
95 - 
89 - 

93 — 

94 - 



12 — 
30 - 
30.50 
30 - 
30 — 
29.50 
30 - 
30.80 
30.70 
30.20 
30.70 
30.50 
30.70 



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5. 03 Va 
4.07", 



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52.50 
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94 



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30 - 
29.50 
30 — 
30 — 
29.50 
30 — 
30.40 
30-50 
30.50 
30.30 
30.40 
30.50 



DKL Rio dk la Plata 




Ulliiiio precio 

HASTA I Mas bajo 
ABRIL 20 



Fondos y Títulos Públicos 

l''oiidos l'iíblico:, .Naciouiílos (l(> ]8HI 
Empréstito Nacional fntPi-no 1M91 . . . 
Id. (ir. 18í>2 , 



Acciones 



BANCOS 



(oroj. 



Espaíiol (iol iiio (It? la I Mata. 
Italia 3' > > » 

Crédito Real 

Nuevo Banco Italiano 

Banco de la Bolsa 

Francés del Rio de La Plata 

Hipotecario de la Capital (Bonos oroj. 

Uonstrucíor de La Plata 

Id. \ú. (oblig-aciones) 

Aerícola Comercial 



.s;.5o 

(j5 — 
27 - 

36 - 

37 - 
3? — 
40.50 

0.70 




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27 — 

40 — 
39.50 
33 ^ 

41 -^^ 
3 — 
0.60 



96 — 
75 — 
27 - 

40 — 
39.50 
37 — 

41 - 
4.50 
0.60 

15 - 



ultimo precio 

IIA.STA 
MAYO 11 



57 — 


. 53 - 


53 — 


53 - 


59.20 


' 59.30 


62.2(1 


62.21) 




!1 


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53 - 



96 — 
75 — 
27 — 

40 — 
39.50 
37 - 

41 - 
4.50 
0.60 

15 - 



CO-MP.VNLVS 



La Ediücadora 

La Previsora íCi.rnpañia de Seeruros) 

La Primitiva Compañía de Gas , 

Gas Argentino , 

Empresa del Edificio de la Bolsa 

La Argentina ^fábrica de pape!) 

Muelle y I)ep(')sitos de las Catalinas 

La Buenos Aires (Compañía de Seguros), . . 



«0 •" 


SO — 


29 - 


29 — 


64.50 


65 - 


40 - 


40 - 


125 - 


125 - 


— 


65 ~ 



BOLSA DE MONTEVIDEO 

(DEL r^ AL 15 DE MAYO) 



Acciones Banco Nacional I 8.20 

Billetes > . 54. SO 

Deuda Unificada I 40 — 

Títulos hipotecarios Serie 1) j 26.80 

Cédulas h i potecarias - A 29 — 

Id. id. < B 'j — 

Deuda amortizable • i 34.60 

Deuda del Interior 1; — 

Deuda Independencia u — 



(•.\ MUIOS 



Inglaterra 
Francia. . . 
Bélgica. .. 
Alemania. 



51.% 
5.41 
5.42 
4.36 



6.90 
30 — 



7.50 
.55.20 
40 — 
28.50 
27.60 
28 — 
33 — 
32.80 
31.20 



1 5D/8 
¡ 5.36 
I nominal 
' 4.35 



80 — 
29 — 
65.50 
40 — 
125 - 
65 - 
7. 
30 



20 



8.20 
58 — 
40 — 
28.90 
29 - 
28 - 
33 — 
33.40 
31.20 



51 . ■■^/g 

5-40 
nominal 

4.36 



80 
29 
65 
40 
125 
65 
7. 
30 



80 



8.2o 
58 — 
40 — 
28.90 
29 - 
28 — 
33 - 
33.40 
31.20 



5.37 

nomina 
4.36 



56 



Revista Económica 











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2* Época.— Núm. 3 



I'' de junio de 1892. 



REVISTA ECONÓMICA 



DEL 



RIO DE LA PLATA 



DIRECTOR: DOMINGO LAMAS 



El men^age del píe^idente de la {Re- 
pública Argeijtina 

Una de las partes mas notables del Men- 
sage con que el Presidente de la República 
acaba de abrir las sesiones del Congreso 
Nacional, es, considerado desde el punto de 
vista económico, la que se refiere al Depar- 
tamento del Interior. 

En el capítulo « Tierras, Inmigración y 
Agricultura, » el señor Presidente empieza 
por decir que la labor del gobiei-no, en cuan- 
to á tierras públicas, ha sido de reparación, 
habiéndose conseguido el rescate de mas de 
tres mil leguas de tierras de manos de con- 
cesionai'iüs que no hablan cumplido, ni pen- 
sado cumplir, las obligaciones de la ley. 

La estension de tierra rescatada, ha po- 
dido ser mayor puesto que, según el men- 
sage, «se ha tratado de conciliar en todo, con 
los intereses del Estado, los de los concesio- 
narios que, por el hecho de haber incorpo- 
rado al suelo algún capital, en una foima 
cualquiera, eran dignos de su protección; 
mientras ninguna consideración merecían 
los que detentaban la tierra pública con una 
mira de especulación, sin poblarla ni culti- 
varla, y esperando su valorización del es- 
fuerzo ageno y no del propio, con desconoci- 
miento de sus principales deberes*. 

El Mensage reconoce que «la legislación 
«agraria es deficiente como lo comprueba 
«una larga experiencia^ y, no obstante esto, 
el gobierno se ha desprendido en favor de 
particulares, hasta el 31 de Marzo último, de 
4.500.000 hectáreas, consiguiendo un pro- 



ducto en efectivo y en letras de 5.682.919:63 
pesos. 

Casi es escusado insistir, pues el hecho es 
de todos reconocido, que la tierra pública no 
puede considerarse solamente como una 
fuente de recursos para el erario, sino que 
hay que buscar en ella una base de aumen- 
to efectivo de población y de producción 
agrícola. 

Ese pedido de 1600 leguas, que es lo que 
representa la tierra cedida en el año, no 
puede corresponder á necesidades efectivas 
del trabajo, cuando no ha habido saldo á 
favor del país en el movimiento de inmi- 
gración y de emigración; sino que es la con- 
tinuación de las especulaciones que, como 
hemos visto, condena sensatamente el Men- 
sage; son tierras pedidas en su generalidad 
«para especular esperando su valorización 
del esfuerzo ageno y no del propio.v. 

Continuar entregándolas tierras en estas 
condiciones, que el gobierno reconoce con- 
denadas por una «larga esperiencia», es es- 
terilizar el rescate que se menciona; dar á 
unos agiotistas lo que se les quita á otros. 

Aunque sea corto el tiempo que le queda 
á la actual administración, ella aun tiene en 
estas materias, la oportunidad de hacerse 
memorable, dotando á la República Ar- 
gentina de un sistema agrario que,' separan- 
do el agio, permita canalizar hacia los ter- 
ritorios nacionales una vasta corriente in- 
migratoria, creándose á la par, para dentro 
de breve tiempo, una fuente de renta que 
permita la consolidación del crédito argen- 
tino. 

Ahí se encontrarán muchas soluciones que 
hoy se juzgan difíciles ó imposibles, como lo 



58 



Revista Económica 



hemos de demostrar en estudios especiales 
que nos proponemos dedicará estas cues- 
tiones. 

El capítulo de ferro-carriles, demuestra 
verdadero celo por parte del gobierno en fa- 
vor de los intereses de la Nación, á la par que 
hace resaltar ia conducta abusiva de las 
compañías de ferro carriles, á las que se les 
venia dando fuertes sumas por g-arantias, sin 
observaí- ni estudiar sus cuentas. 

La Nación habia pagado hasta ahora, diez 
y seis millones de pesos oro por garantías 
de interese.s, que las Compañías debían de- 
volver en una forma ó en otra, y, ahora, ha- 
biéndose hecho el <^cómputo del producto de 
las líneas férreas, y separando la parte que 
ha debido descontarse de la suma gai'antida 
y pagada íntegramente, resulta que las 
empresas adeudan á la Nación mas de diez 
millones de pesos por las cuotas que han ido 
reteniendo sin derecho.»— Hay más, «norma- 
lizada la situación en este sentido y llama- 
da la empresa al cumplimiento de su deber, 
resultará también que el importe de las ga- 
rantías, que este año ascenderían á mas de 
cinco millones de pesos oro, quedaría redu- 
cido en lo sucesivo, por descuento de la parte 
proporcional de sus entradas, en mas de un 
cuarenta ó de un cincuenta por ciento». 

La i-educcion podrá ser todavía mucho 
mayor si los ferro-carriles cumplen, además, 
con su deber de suprimir ga^^tos inútiles, 
entre los cuales, como lo ob.serva muy bien 
el Mensage, están «los dobles directorios que 
disfrutan de estipendios exagerados^>. 

Las concesiones que han caducado en el 
último año, libran al tesoro de una garantía 
CU3'0 importe total, hasta su vencimiento, 
ascendería á treinta millones de pesos. 

Se han entregado al servicio público en el 
año 1.933 kilómetros de vías. 

Hay veinte y ocho ferro-carriles en es- 
plotacion, cuyas lineas siguen estendién- 
dose gradualmente; y veinte y tres ferro- 
carriles concedidos en construcción, «pero 
agrega el Mensage, la mayor parte de ellos 
quedarán felizmente en pro3^ecto>. Los 
ferro-carriles concedidos sin garantía, en 
estudio ó en construcción, íbarcan 5.075 
kilómetros. 

La palabra felizmente con que el mensage 



acompaña la noticia de que la mají^or par- 
te de los feri-o-carriles concedidos con garan- 
tías, quedarán en proyecto, merece ser acla- 
rada. 

¿Porqué felizmente ? ¿ Han sido mal conce- 
bidas é.stas líneas? 

¿Se teme que el importe sea una carga 
excesiva para el tesoro ?¿ Se creé que las con- 
diciones en que han sido concedidas son in- 
convenientes ? 

Nada dee.sto lo expresa el mensage, pero 
no será aventurado decir que tales son las 
consideraciones que se encuentran' detrás 
de esa palabra. 

Pero, si se juzga que sería una felici- 
dad para la Nación el que las empresas no 
puedan todas llevar á término las líneas 
concedidas; sí esas concesiones son un mal, 
no habría entonces que esperar todo del aca- 
so y el Gobierno debería tratar de conseguir, 
desde luego, en condiciones convenientes, la 
rescisión de los contratos, aún tratándose de 
las empresas que tengan facilidad relativa 
para encontrar los capitales necesarios. 

Asunto tan grave requiere estudio y ex- 
plicaciones que permitan formar juicio 
exacto de la situación. 

El Sr. Presidente se manifiesta particular- 
mente .satisfecho del adelanto de las obras 
del Puerto de Buenos Aires, de utilidad in- 
contestable, y enérgicamente pro.seguidas 
en medio de la crisis, asi como de la rescición 
del contrato de arrendamiento de las obras 
de salubridad, que califica de uno de los me- 
jores servicios que la actual administración 
ha podido prestará la Nación, suprimiendo 
muchos abusos á la par que se han podido 
mejorar los servicios para la higiene y redu- 
cir tarifas exorbitantes. 

Todo cuanto menciona el Sr. Presidente 
respeto ala conveniencia de dicha re.scisíón 
es de pública notoriedad. 

Lo que ha pasado con la administración 
de esa empresa, es muy de tenei'se en cuen- 
ta por los que vienen todavía so.steniendo, 
entre nosotros, la excelencia de las adminis- 
traciones extrangeras y la incapacidad pro-* 
pia de los hijos de estos países para cuidar 
directamente de sus intereses. 

Esa no es, 'sin embargo, la única de las 
empresas extrangeras que se hallaba en e.se 



DEL BlO DE LA pLAÍA 



59 



caso, puesto que liay varias administraciones 
de ferrocarriles que se hacen sentir á diario, 
de un modo no menos inconveniente para 
los intereses públicosque la antigua empre- 
de las Obras de Salubridad. 

La parte del mensage que se dedica á la 
Hacienda, es incompleta en sus datos, y no 
suministra ninguna cifra importante que 
no nos fuese ya conocida. No liace ninguna 
indicación sobre planes futuros, loque puede 
explicarse por el hecho de la próxima reno- 
vación del P. E. Nacional, absteniéndose, en 
vista de ésto, el Dr. Pellegrini de trazar pla- 
nes cuj-a ejecución correspondería á su su- 
cesor. 

El comentario de este documento no nos 
llevará pues aun estudio fundamental de 
la Hacienda Nacional y menos á la discusión 
de las medidas radicales que requiere su 
comprometida situación. Otro es el terreno 
al que nos conduce elmensag'e, que si bien es 
parco en cuanto ai estado de la Hacienda, 
se extiende en halagadoras consideraciones 
sobre la crisis, que considera entra en plena 
convalecencia, supliendo la robustez del en- 
fermo la falta absoluta de asistencia médica, 
y dedica todo un capítulo al comercio, aun- 
que en él no seda cuenta al Congreso, de 
un solo acto del Gobierno. 

«La crisis que nos há azotado, dice el men- 
sage, alcanzó el año pasado su mayor inten- 
sidad, notándose especialmente en lo que vá 
corriendo del presente año, señales eviden- 
tes de que ha cedido y de que ya entramos 
en plena convalecencia.» 

Para apreciar éstas líneas, con que se em- 
pienza el capitulo de rentas y gastos, nos es 
foi'zoso saltar al siguiente, dedicado al comer, 
ció, en el que se demuestra que, apesar de la 
gran exportación habida, la importación no 
ha aumentado de un modo sensible, y, para 
nosotros, éste simple hecho basta para com- 
probar que no hay mejora apreciable en la 
situación del país, puesto qué, como lo reco- 
noce el mismo mensage, la población sigue 
con sus gastos reducidos á los más estricto, 
aseveración que contradice la anterior, pues 
reducciones de este género en la masa de 
la población, son síntomas de empobreci- 
miento general. Ese dato no revela mejoría; 
es, por el contrario elocuente reflejo del per- 



sistente malestar económico del país que el 
hecho de cosechas relativamente buenas, no 
ha alcanzado aún á modificar sensible- 
mente. 

En cuanto á las rentas, se menciona el he- 
cho de que ellas ascendieron, en 1891, (i 
71.602.118 pesos, loque importa un aumento 
de 4.128.231 sobre el año 1890. El aumento 
del primer trimcstie en este año es mucho 
mayor, ascendiendo lo recaudado á 25.753.855 
pesos, de lo que resulta un aumento de 
11.500.000 sobre el mismo período del año 
pasado; pero es de advertir que esto se debe 
piincipalinente á que en este año pudo ha- 
cerse más efectivo el impuesto sobre los fru- 
tos del país, habiéndose, en el año anterior, 
apresurado la exportación de la cosecha de 
1890, antes de que entraran en vigencia los 
derechos sobre los frutos. 

Con estos recursos el Gobierno ha podido, 
después de pagar los presupuestos ordina- 
rios y los gastos extraordinarios autorizados 
por leyes especiales, abonar durante los 15 
meses de 1" de Enero del 91 á 31 de Marzo 
del 92, 108.034 pesos oro y 5.093.241 moneda 
nacional de deuda exigible de 1890, amorti- 
zar letras de tesorería y créditos en Europa 
por 1.250.570, pagar por contratos en Euro- 
pa, construcción de buques armamentos, 
etc., 872,592 pesos oi-o y 3.546.906 pesos mo- 
neda nacional, pudiendo además destinarse 
para la quema, por la Caja de Conversión, 
2.502,344 noneda legal. Entre los gastos ex- 
traordinarios están 3.389,000 pagados en di- 
nero para la construcción del Puerto, evi- 
tando la emisión de títulos á un precio 
ruinoso, y 1.403,131 pe.sos curso legal inver- 
tidos en las obras del Riachuelo y en adelan- 
tos á la Municipalidad de la Capital para 
atender á la pavimentación do las calles 
que dan acceso al Puerto. 

Después de dar cuenta de todos estos pa- 
gos, el señor Presidente manifiesta poder 
asegurar que el producto estimado de las 
Rentas será cubierto sin e.sfuerzo, fundán- 
dose en las ma3^ores entradas del pri- 
mer trimestre y la normalidad de la cifra 
diaria de las entradas; pero es de observar 
que, como lo reconoce el mismo Mensaje, lo 
que ha aumentado más las Rentas en el pri- 
mer trimestre de e.^te año, es el cobro de los 



60 



Revista Económica 



derechos de exportación que en el año pasa- 
do se eludió en grande parte , de modo que 
no se observará en los trimestres siguientes 
el mismo aumento sobre el año anterior que 
hemos tenido en el primero. 

El Sr. Presidente espera terminar su ad- 
ministración dejando pagada toda la deuda 
exijible de las anteriores administraciones, 
permitiendo dedicar en adelante todo el ex- 
ceso de la Renta al establecimiento del cré- 
dito exterior. 

Seríamos injustos si no aplaudiésemos ese 
empeño del P. E. Nacional en cumplir con 
sus compromisos internos, pero aun conse- 
guido esto, el problema de la consolidación 
de la Hacienda Nacional queda de pié, fal- 
tándole medios con que cumplir los servicios 
á oro de su deuda externa que se capitalizan, 
y de garantía?, cuya deuda crece con cada 
título que por servicios debe dai-, y por cada 
kilómetro nuevo que se construya. 

El excedente que podría quedar después 
de pagar los compromisos exigibles internos, 
no estará en armonía, conservándose la ren- 
ta dentro de los límites previstos, con lo 
que se requerirá para hacer frente á los 
compromisos externos, que, como una bola 
de nieve, adquiere á cada paso mayores di- 
mensiones. 

El Mensage no toca en esta parte otra cues- 
tión muy importante, que es la del ti- 
po del oro que, al bajar, disminuye el pro- 
ducido de las rentas en papel con el que se 
pagan los presupuestos, hecho realmente se- 
rio, desde que una fuerte valorización, con 
el movimiento actual comercial, podría de- 
jar un déficit en vez del excedente que hoy 
hay entre el producido de los impuestos y 
los gastos de la Administración, mientras 
que el alza del oro hará cada vez más difí- 
cil el pago de las obligaciones externas. 

La parte referente á los Bancos, como al- 
gunos otros puntos del mensaje, se prestan 
á estudios especiales, que oportunamente 
haremos, limitándonos por hoy á afirmar 
que lo que se dice respecto del Banco de la 
Provincia de Buenos Aires, no es en ma- 
nera alguno exacto. 

Durante algiln tiempo se ha venido di- 
ciendo, como dice ahora el Sr. Presidente, 
que el crecimiento que alcanzó el Banco de 
de la Provincia era un hecho extraordina- 



rio, agregándose que no podia tener expli- 
cación alguna científica, pero esa explica- 
ción se dio, comprobándose que con peque- 
ñas modificaciones él podría llegar á cons- 
tituir una institución modelo. 

Con mas tiempo hemos de poder demos- 
trar que las dificultades en qué se vé esa 
institución no provienen de vicios orgáni- 
cos, y pueden ser muy transitorias, en vez 
de constituir sv fin último como lo asevera 
el mensaje. 

Felizmente para la Provincia de Buenos 
Aires, y para hiéndela República toda, esa 
institución tradicional no ha tocado á su fin, 
y mucho menos olfin último del Mensage, 
ni lo tocará en el espacio de tiempo que 
puedan abarcar nuestras previsiones. 

Los tratados de Comercio 

a proposito de una iniciativa del gobierno 
Oriental 

II 

En mi precedente artículo, traté de de- 
mostrar la conveniencia de recuperar núes- i 
tra libertad de acción en materia de co- 
mercio exterior, derogando al efecto los 
tratados que se opusiesen al ejercicio, en 
ese punto, de la soberanía nacional, con- 
duciendo por anunciar que analisaria los 
pactos internacionales que se hallasen en 
aquel caso, fundando finalmente la doctri- 
na, base de la actitud que pregonizo, de la 
derogabilidad de los compromisos llamados 
perpetuos ó inmutables, cuando en reali- 
dad no hay nada inmutable, ni posiblemente 
perpetuo en las cosas humanas. 

Relativamente á pactos internacionales 
que nos liguen, en materia comercial, con la 
Europa, existen actualmente: 

Art. 10 del tratado de Reconocimiento, 
Paz y Amistad con la España, de 19 de Ju- 
lio de 1870, ratificado en 9 de Octubre de 
1882; 

Tratado de Comercio y Navegación con la 
Italia, de 19 de Setiembre de 1885, ratifica- 
do en 10 de Febrero de 1888, y 

Tratado de Amistad, Comercio y Nave- 
gación con la Gran Bretaña, de 13 de Julio 
de 1885, ratificado en 22 de Mayo de 1886. 

El citado Tratado con España, establece 
lo siguiente en su recordado art. 10 : 

«En tanto la República Oriental y S. A. 



DEL Rio de la Plata 



61 



el Regente del Reino de España, no ajus- 
ten un Tratado do Comercio y Naveg-ación, 
las Altas Partes Contratante:? se obligan re- 
cíprocamente á considerar á los ciudadanos 
y subditos de ambos Estados para el adeudo 
de derechos por las producciones naturales 
é industriales, efectos y mercaderías que 
importaren ó exportaren de los territorios 
respectivos, así como para el pago de los 
derechos de puerto, en los mismos términos 
que los de la Nación mas favorecida. Toda 
exención ó todo derecho que en materia de 
comercio, aduana ó navegación conceda 
uno de los Estados contratantes á cualquie- 
ra Nación, se hará de hecho extensiva á los 
subditos del otro Estado, y estas ventajas se 
disfrutarán gratuitamente si la concesión 
hubiese sido gratuita, ó en otro caso con las 
mismas condiciones con que se hubiese es- 
tipulado, ó por medio de una compensación 
acoidada por mutuo convenio. » 

En el § 4P del art. 5° del tratado con 
Italia, se estipula lo siguiente: 

«No se percibirán en los respectivos puer- 
tos sobre la importación y exportación de 
los artículos provenientes del suelo ó de la 
industria de los dos países contratantes, de- 
rechos mayores que aquellos que se perci- 
ben ó percibirán sobre los mismos artículos 
provenientes del suelo ó de la industria de 
las naciones mas favorecidas. » , 

El art. 26 del mismo tr atado establece 
además, lo que sigue : 

«Si una de las partes contratantes acor- 
dase en lo venidero á otro Estado, cualquier 
favor particular ó concesión en materia de 
comercio, de navegación ó de oti'o objeto 
designado en el presente Tratado, éste se 
entenderá ipso fació y de pleno derecho 
concedido á la otra parte. » 

El alcance de esta disposición fué esplica- 
do y, hasta cierto punto, limitado por un 
artículo adicional, que dice así : 

«La nivelación ó asimilación estipuladas 
en el art. 26 del Tratado de Comercio y Na- 
vegación de esta misma fecha, entre la Re- 
pública Oriental del Uruguay y el Reino de 
Italia, no comprende los casos en los cua- 
les el Gobierno de la República Oriental del 
Uruguay creyese necesario, á título de re- 
ciprocidad, acordar favores especiales, exen- 
ciones y privilegios al comercio de frontera, 



ó al ribereño que los Estados limítrofes ó 
vecinos mantienen con la República por los 
rios Paraná, Uruguay y sus confluentes. 
Queda, no obstante, entendido que dichos 
favores, exenciones especiales y privilegios 
no podrán aplicarse á los productos de aquel 
comercio que sean similares á los productos 
italianos, ni estenderse á los bupues de 
aquellos Estados.» 

En cuanto á Inglaterra, el tratado vigen- 
te contiene las siguientes estipulaciones: 

"Art. 1° Las Altas Partes Contratantes 
convienen en que, en todos los asuntos re- 
lativos al comercio y navegación, cualquier 
privilegio, favor é inmunidad, sean los que 
fueren, que cada una de las Partes Contra- 
tantes hubiere actualmente concedido ó pu- 
diere en lo sucesivo concederá los ciudada- 
nos ó subditos de otro Estado, se hará ex- 
tensivo, inmediata é incondicionalmente, 
á los ciudadanos ó subditos de la otra Parte 
Contratante; siendo su intención que el co- 
mercio y la navegación de cada país se ha- 
llen colocados, en todos conceptos, recípro- 
camente, en la condición de la Nación más 
favorecida. 

« Art. 2" Los productos y las manufactu- 
ras así como todas las mercaderías que pro- 
cedan del Uruguay y se importen á los 
dominios y posesiones de Su Magestad Bri- 
tánica, así como todas las mercaderías que 
procedan de los dominios y posesiones de Su 
Magestad Británica que se importen al Uru- 
guay, sean los que se entienden para con- 
sumo, almacenage, reembarco ó tránsito, 
serán tratados del mismo modo y especial- 
mente no estarán sujetos á ningún derecho 
mas alto, ni á otros impuestos, sean genera- 
les, municipales ó locales que los productos, 
manufacturas y mercaderías que cualquie- 
ra tercera potencia, la más favorecida al 
respecto, satisfaga. Ningún otro ó más ele- 
vado impuesto se exigirá en el Uruguay 
sobre la exportación de cualquiera merca- 
dería para los dominios y posesiones de S i 
Magestad Británica, ó en los dominios y po- 
sesiones de Su Magestad Británica sobre la 
exportación de cualquiera mercadería para 
el Uruguay, que se pueda exigir para la 
exportación de mercaderías similares, á 
cualquiera tercera potencia, la mas favore- 
cida al respecto. 



&Z 



Revista Económica 



<í. Tampoco las Partes Conti-atantes estable- 
cerán una pi'obibición, de importación ex- 
portación ó tránsito para la otra que, en 
ig-aaldad de condiciones no sea aplicada á 
cualquiera tercera potencia, la más favore- 
cida á este respecto. 

"De ig-ual manera, en todo lo relativo á 
impuestos locales, formalidades aduaneras, 
corretages, muestras, modelos introducidos 
por viag-eros comerciales y cualquiera otra 
materia que se relacione con el comercio, 
los ciudadanos uruguayos en los dominios 
y posesiones de S. M. Británica y los subdi- 
tos británicos en el Uruguay, serán trata- 
dos como los de la Nación más favorecida. 

"Dado el caso que se introdujere cual- 
quier cambio en las leyes uruguayas, en la 
tarifa de aduanas ó en los reglamentos, se 
dará el aviso suficiente con el fin de habili- 
tar á los subditos británicos para que adop- 
ten las medidas necesarias á fin de some- 
terse á él. 

"Art. 3° Los buques uruguayos y sus 
cargamentos en los dominios y posesiones 
de S. M. Británica y los buques británicos y 
sus cargamentos en el Uruguaj^ de cual- 
quier punto que procedan y cualquiei-a que 
sea la plaza de origen ó destino de sus car- 
gamentos, deberán ser tratados en todo y 
por todo como buques nacionales así como 
sus cargamentos. 

: "Las estipulaciones precedentes son ex- 
tensivas á los tratamientos locales, derechos 
é impuestos en los puertos, radas, diques, 
ensenadas, fondeaderos 3' rios de ambos paí- 
ses, pilotage y en general en todos los asun- 
tos que se relacionen con la navegación, 

'•Todo favor ó exención al respecto ó cual- 
quier otro privilegio en materia de navega- 
ción que cada una de las Partes Contratan- 
tes concediere á una tercera potencia, será 
inmediata é incondicionalmente hecha ex- 
tensiva á la otra parte. 

" Todos los buques que, de conformidad 
con la ley británica, debieran ser considera- 
dos como buques británicos y todos los bu- 
ques que, de conformidad con la ley uru- 
guaya, deban ser considerados como buques 
uruguayos, páralos fines de este Tratado, 
serán respectivamente tratados como bu- 
ques británicos ó como buques uruguaj'os. 

"El cabotage queda exceptuado de las 



e.sti pula cienes del presente tratado y sujeto 
á las leyes respectivas de los dos Estados (por 
notas cambiadas en Junio de 1885, entre la 
cancillería uruguaya y la legación británi- 
ca, se hizo extensiva la excepción del cabo- 
tage al comercio ribereño de los rios Paraná, 
Uruguay y sus afluentes.)"' 



Antes de emprender el análisis de los tra- 
tados que vengo de extractar, conviene re- 
producir aquí una ley, patriótica y previ- 
sora, cuya vigencia no impidió, desgracia- 
damente, que .se ultimasen los pactos cuyos 
términos, en lo que hace al régimen comer- 
cial, propiamente dicho, acabo de repro- 
ducir. 

Hela aquí: 

"Art. 1" En los tratados que se ajusten 
con cualquiera Potencia que cultive ó que 
desee cultivar relaciones con la República, 
no podrá por ninguna consideración admi- 
tirse que las funciones de los agentes diplo- 
máticos ó consulares en nuesti'o territorio 
invadan la jurisdicción nacional, con res- 
pecto á la protección á las personas ó bie- 
nes de sus connaturales. 

"Art. 2*> La proximidad de las fronteras 
ó la existencia de mercadosimportantes para 
los productos nacionales dentro del territo- 
rio del país con quien se trate, decidirán de 
la latitud de las franquicias comerciales que 
.se concedan. 

"Art. 3'^ A no mediar intereses especiales 
de muy señalada importancia, no se podrá 
conceder á la Potencia con quien se trate, el 
derecho de quedar en igualdad de condi- 
ciones con la más favorecida para la Repú- 
blica. 

"Aat. 4'^ Comuniqúese, etc. 

"Sala de sesiones del Senado: en Monte- 
video á 7 de Julio de 1880. " 

Esta ley fué promulgada el día 9 del mis- 
mo mes y año. 

Era, y es, una sabia ley. 

Pero, lo repito, ella no evitó al país, sobre 
todo, el Tratado bi itánico cuyas ratificacio- 
nes se hicieron en Mayo del '^. 



El tratado con España y el que firmamos 
con la Gran Bretaña, son tratados sine die, 
llamados perpetuos ó de duración indeter- 
minada, que es la expresión más propia. 



DEL Rio de la Plata 



63 



desde que la perpetuidad es contraria á la 
esencia misma de las obras humanas. 

El tratado con Italia tiene diez años de 
plazo. 



La redacción del art. 10" del Tratado con 
España, merece un detenido estudio. En 
primer lug-ar, los favores que recíprocamen- 
te se conceden, se refieren á los productos ó 
mercaderías que los ciudadanos ó súhditos 
importeti ó exporten, pero no se aplican á los 
productos ó mercaderías mismas españolas ó 
uruguayas, que recíprocamente importen 
ó esporten ciudadanos ó subditos de otros 
Estados residentes ya sea en España, ya en 
el Uruguay. Por ejemplo :un español resi- 
dente en Montevideo, introduce á esa capi- 
tal, cien cajones de tejidos provenientes de 
Barcelona y paga, en virtud del Art. 10" del 
Tratado entre España y el Uruguay-, los de- 
rechos concedidos á la Nación mas favoreci- 
da; pero si esos mismos cien cajones los in- 
troduce un ruso ó un dinamarqués, pagarán 
en Montevideoel derecho corriente, superior 
al que rija para la Nación más favorecida, 
en el supuesto de la existencia de derechos, 
más reducidos en favor de un Estado cual- 
quiera. 

El segundo inciso del mismo Art. 10", 
sienta una doctrina digna de aplauso, que 
en varios escritos he sostenido en Europa, 
al tratar la importante materia que ho^' 
vuelvo á aboi'dar, doctrina que consiste en 
interpretar la aplicación de la cláusula de 
la Nación más favorecida al través de este 
criterio, á saber: hacer extensivo una exen- 
ción ó un derecho cualquiera á favor de un 
Estado con el cual se haya estipulado la re- 
ciprocidad de las ventajas acordadas ó que 
acuerden á la Nación más favorecida, cuan- 
do dicha exención ó dicho derecho es gra- 
tuito, pero no cuando se ha concedido á un 
tercer Estado en cambio de otras exenciones 
y de otros derechos. Pondré un ejemplo : 
Francia nos concede la tarifa mínima (15 
fr, en vez de 20, los 100 k.) para la intro- 
ducción de nuestras conservas de carnes, y, 
nosotros, en cambio, le acordamos una reduc- 
ción de 25 o/° sobre los derechos generales 
que gravan á los vinos extrangeros que se 
introducen á la República. Pues bien, por 
ese hecho y sin que la Italia nos haga la 



misma concesión estipulada á nuestro fa- 
vor por Francia, ó nos conceda otra unáloga, 
dada la especialidad de nuestras transac- 
ciones con Genova ó Ñapóles, ¿debemos ha- 
cer extensiva á Italia aquella reducción de 
25 o/'' en los derechos que rigen para la in- 
troducción de los vinos extrangeros? De 
ninguna manera! 

Aquel segundo inciso del Art. 10'^ del Tra- 
tado con España, proclama, pues, la sana 
doctrina, racional y equitativa, la única que 
debemos admitir, la única que debemos sos- 
tener, aún ante la Inglaterra, no obstante la 
enormidad del texto del Tratado vigente, 
por medio del cual pretendió substraerse á 
la razón, á la justicia, á la equidad inter- 
pretativa de los pactos internacionales, al 
declarar que se harían extensivas recípro- 
camente,— pero se sabe lo que en la prác- 
tica resulta de esta reciprocidad tratándose, 
por ejemplo, de la marina mercante del 
Uruguay y de la de Inglaterra,— que se ha- 
i'ían extensivas, repito, inmediata é incon- 
dicional ¡nenie las ventajas y exenciones con- 
cedidas á una tercera potencia. 

En el tratado con Italia, las cláusulas re- 
lativas al tratamiento comercial de «nación 
más favorecida», están redactadas en forma 
distinta á la inserta en el pacto con España; 
y su alcance es por tanto muy diverso. 

En efecto, el j? 4" del Art. 5° del tratado 
italiano es absoluto en cuanto á la aplica- 
ción, en favor de las partes contratantes, de 
los derechos, sobre importación y exporta- 
ción de los artículos provenientes del suelo 
ó de la industriado los dos países, queSE per- 
ciben ó SE PERCIBIRÁN de la Nación más fa- 
vorecida. 

Aquí ya no se dice, como en el tratado 
con España, que «se considerarán a los ciu- 
dadanos y subditos de ambos Estados para 
el adeudo de derechos por las producciones 
naturales é industríales, efectos y merca- 
dorias que importaren ó exportaren de los 
territorios respectivos, en los mismos térmi- 
nos que la Nación más favorecida»,— sino 
que se legisla respecto á los productos mis- 
mos, que se importaren ó exportaren de 
uno áotro de los Estados y que provengan 
de su suelo ó de sus industrias, sin tener en 
cuenta para nada la nacionalidad de las 



64 



Reatsta Económica 



personas que operen dicha importación ó 
exportación. 

Las dos redacciones son distintas : en el 
tratado con España se hace depender de la 
nacionalidad de las personas que realicen el 
acto de comercio, ciudadanos y subditos de 
los Estados contratantes, la aplicación de la 
tarifa acordada á la Nación más favorecida, 
mientras que per el tratado con Italia se be- 
neficia exclusivamente á los productos pro- 
venientes del suelo ó de las industrias de los 
países respectivos. 

El Art, 26 del tratado italiano hace más 
clara y absoluta la disposición contenida en 
el §4'' del Art. 5'^ del mismo, y avin la am- 
plía pues establece qi ^ cualquier favor par- 
ticular ó concesión en materia de comercio, 
de naveg-ación ó de otro objeto designado 
en el presente tratado " que se acordase en 
lo venidero á otro Estado, se entenderá ipso- 
facto y de pleno derecho (lo que es una re- 
dundancia de redacción) concedido á la otra 
parte. -í- 

Como se ha visto antes, el alcance de es- 
te Art. fué limitado poruña disposición adi- 
cional, pues seg'rega de la ampliación esta- 
blecida los favores y exenciones que se acuer- 
den al comercio de frontera ó ribereño, 
«.siempre que no se trate de productos simi- 
lares á los italianos, » lo que en parte destru- 
ye la limitación. 

La buena doctrina del inciso 2" del Art, 
lO" del tratado español, no .se consignó en el 
italiano, dejando la puerta abierta á una 
controversia de interpretación con la Italia, 
para el día en que .se dé el caso de la conce- 
sión de una exensión en cambio de otra 
especial por parte de una tercera Nación. 

En cambio, en virtud de aquel art. 26, 
las ventajas concedidas por nosotros á la 
Gran Bretaña, con posterioridad, deben en- 
tenderse acordadas por la República Orien- 
tal á la Italia ; pero lo que no sabemos es 
si la Italia considerará ó nó que, en com- 
pensación, debe concedernos ipsofacto las 
mismas exenciones y favores que en cam- 
bio, por reciprocidad, por muy nominales 
que sean, nosacoi'dó la Inglaterra. 

Y aquí herimos de lleno la cuestión. 

O la aplicación de una exensión cualquie- 
ra al Estado que invoque el tratamiento de 
a Nación más favorecida, trae aparejado el 



deber de hacer una concesión igual, ó equi- 
valente si la naturalizado las ti-ansacciones 
entre los dos paí.ses no la permite, á aquella 
que se obtuvo, en compensación, del tercer 
Estado contratanto, ó la doctrina resulta ser 
una enormidad, que riñe con la razón, que 
subleva el sentí miento público, pues es con- 
traria á la equidad que ) ige universalmen- 
te las relaciones humanas. 

En el primerease impera el principio con- 
signado en el recordado inci.so 2° del Ai-t. 10° 
del tratado español ; en el segundo caemos 
en pleno régimen, contra la naturaleza de 
las cosas y contra la dignidad de las nacio- 
nes, en nuestro caso, del tratado británico, 
esto es, caemos en la concesión inmediata é 
incondiciona! áo\ñsxenta.i?íS que puédamos 
otorgar ú otro Estado, y esto per secuta secu- 
loruhi, pues se trata en el caso presente de 
un tratado de los llamados perpetuos, que es 
otra enormidad, sin poder exigir en cambio 
la condición compensatoria ó determinante, 
lo que equivale al vasallage antiguo, ó á des- 
prendimiento de partículas de soberanía, 
según el derecho moderno. 

Este ligero análisis dá la medida de la 
anarquía en que se hallan nuestras relacio- 
nes con la Europa, en materia comercial; 
de la falta de principios, de docti'inas y de 
miras de parte de nuestra cancillería en 
materias que afectan tan profundamente la 
riqueza pública é hieren tan justamente el 
pundonor nacional. 

Hallarnos colocados por circunstancias na- 
turales, en una posición de innegable su- 
perioridad en materia comercial delante de 
la Europa, dividida en potencias manufac- 
tureras, rivales, y más que rivales enemi- 
gas, 3' firmar, por únicos tratados, los que 
acabamos de analizar; tratados en que ab- 
dicamos soberanía é intereses esenciales, sin 
obtener en realidad más que ficciones de 
compensación, como sea la reciprocidad de 
nivelación de tratamiento, equiparándolos á 
los nacionales, entre los buques mercantes 
uruguayos en Inglaterra y los británicos en 
nuestras aguas,— en que concedemos las 
ventajas acordadas ó que se acordaren á la 
Nación más favorecida para la introducción, 
por nuestros puertos, de las mercaderías ex- 
trangeras, cuando la Inglaterra no tiene, 
propiamente dicho, tarifas aduaneras, y 



DEL Rio de la Plata 



65 



nada nos concede, por consiguiente, mien- 
tras nuestros títulos de deuda así como los 
capitales que se emplean en el Urugua3% 
pagan en Londres derechos é impuestos 
que equivalen á alcabalas que gravan el 
trabajo, la producción y lariqí^eza oriental, 
etc., etc. Hallarnos colocados, repito, en 
condiciones tan ventajosas para ti-atar, y 
hacer tan triste figura! Y al constatarlo, á 
nadie pretendo incriminar, ni k hombres ni 
á partidos, limitándome á consignar el he- 
cho y á llamar la atención pública sobre tó^ 
pico tan interesante, con la esperanza de 
provocar una reacción en las ideas y de des- 
pertar el gusto sobre estudios que han de 
llevarnos ala adopción de una actitud, de- 
lante déla Europa, en consonancia con nues- 
tros más vitales intereses. 

Para ello es indispensable empezar por sa- 
carle al país el dogal de los tratados que he 
analizado, en su parte pertinente, aunque 
someramente para no cansar al lector. 

¿Cómo conseguirlo? 

Dedicaré mi próximo artículo al estudio 
de la cuestión bajo su aspecto jurídico in- 
ternacional, pudiendo desde luego mani- 
festar que el problema es, relativamente á 
la magnitud de los intereses que se hallan 
enjuego, de fácil y pronta solución. 

No hay, por otra parte, nada insoluble 
cuando están de por medio la Patria y los 
derechos de cuyo ejercicio depende la pros- 
peridad nacional. 

Pedro S. Lamas. 



La naturalizacióq de lo? eí^tíanjero? 
en el Estado Oriental 

La segunda faz bajo la cual se presenta 
la cuestión es esta : otorgar á los extranjeros 
el goce de los derechos municipales, lo cual, 
en rigor, no importa conceder los derechos 
políticos (que es lo que propiamente consti- 
tuye la naturalización), sino acordar dere- 
chos que podemos denominar urhanos. 

La naturalización, según las épocas y los 
países en los cuales se ha legislado acerca 
d e ella, ha revestido diversos grados, atri- 
buyéndosela una extensión más ó menos 
vasta. Así, antes de la reforma qu'S r-n ma- 



teria de legislación se viene operando desde 
principios del siglo, se consideraba como un 
grado la concesión del ejercicio de los dere- 
chos civiles alextranjero, lo cual, positiva- 
mente, era un error, pues, estos derechos 
no tienen influencia ninguna en el :>rden 
político, pues su ejercicio es independiente 
del funcionamiento administrativo. 

El error procedía de que la legislación 
civil estatuia sobre ciudadanía establecien- 
do reglas que correspondían esclusivamente 
al derecho público interno. Reformada la 
legislación, el goce de los derechos civiles 
debía dejar de ser una concesión especial 
ó un privilegio, pasando á constituir un 
derecho común, que excluye distinciones 
entre nacionales y extranjeros. Aun que- 
dan algunos códigos retardatarios que man- 
tienen, en esfera menos restringida, el 
exclusivismo de la vieja legislación ; pero, 
la tendencia universal es la de la concesión 
absoluta del goce de los derechos civiles, 
tal cui^l lo han consagrado las legislaciones 
más avanzadas de nuestra época, conformes 
con el desenvolvimiento de los intereses 
solidarios de todos los pueblos vinculados 
por las relaciones internacionales del co- 
mercio. 

* 
* * 

Otro de los grados de naturalización que 
se acordaba, mediante determinados re- 
quisitos, como los de la vecindad ó domici- 
lio por largo número de años, servicios pres- 
tados al Estado en el cu al se residía, etc, etc. 
era el del goce de los derechos de ciudad, 
que es lo que hoy designamos con el nombre 
de derechos municipales. Esta concesión 
puede conceptuarse como un grado de natu- 
ralización, así como puede no serlo, lo cual 
depende de la naturaleza y extención que se 
atribuya á las funciones municipales, ó co- 
mo otros dicen, á los Ayuntamientos. 

El gobierno municipal es susceptible de 
dos formas: en los países unitarios, monár- 
quicos ó republicanos, es y puede ser una 
rama dependiente del Poder Ejecutivo, así 
como es y puede ser, en unos y otros, un 
poder independiente; esto depende de la 
forma constitucional de cada Estado y de 
la verdad practica délas instituciones. 

En los gobiernos unitarios la tendencia 



66 



Revista Económica 



es absorvente, y por consecuencia, la admi- 
nistración en todas sus esferas es acaparada 
por el Ejecutivo en primera línea y por el 
Legislativo en carácter subordinado. 

Establecemos esta gradación, que parece 
chocante, fundados en lo que los hechos de- 
muestran; esos hechos han acreditado que, 
ya sea bajo la forma monárquica ó bajo la for- 
ma republicana, el Ejecutivo impera y tie- 
ne que imperar, como medio necesario para 
su conservación, sobi'e el Poder Legislativo. 
En las monarquías cuando este último se 
halla en mayoría de oposición con el prime- 
ro, desaparece por la disolusión de las Cáma- 
ras; en las repúblicas, por una lucha que, ó 
conduce á la dictadura ó á la revolución 
encabezada por el Parlamento. 

El Poder Legislativo, tal como ha existido 
y viene desarrollándose en la América espa- 
ñola, hasta ahora no es mas que un auxiliar 
eficaz del Ejecutivo; sus decisiones tienen 
que mai'char de acuerdo con este en absolu- 
to; cuando 1.^ disconformidad llega so pro- 
duce el rompimiento. De aquí que cada go- 
bernante, para encubrir lo que los puritanos 
denominan la dictadura, exhibiéndola con 
sombríos colores, procure fabricarse una Le- 
gislatura que le sea propia, que le perte- 
nezca en absoluto, obedeciendo sumisamen- 
te á las órdenes que imparta en forma de 
proyectos de leyes de segura sanción. Por 
este medio se salvan las formas; existe una 
aparente independencia de Poderes; pero, 
en el hecho, lo que hay no es más que dicta- 
dura embozada, medio excelente para hacer 
efecto en la política exterior, funesto, fu- 
nestísimo en la política interna. 

Pues bien, dados estos antecedentes, cuan- 
do eJ gobierno municipal es absorvido por 
el Poder Central, cuando es una dependen- 
cia suya, cuando sus funciones se hallan 
reatadas á la política obligada, la conce- 
sión del derecho municipal al extranjero 
importa una media naturalización, por 
cuanto el naturalizado toma parte, sino di- 
recta, indirecta pero eficaz en la política ge- 
neral del Estado. Esto depende de la latitud 
de facultades que se otorguen al gobierno 
municipal en la esfera política. 

Hay naciones en las cuales este gobierno 
es la raiz del sistema electoral, viniendo á 
ser una repartición de orden auxiliar del 



Poder Ejecutivo. En estos Estados la conce- 
sión del goce de los derechos municipales 
importa una naturalización á medias, como 
dejamos dicho, de la cual se aprovechan há- 
bilmente los partidos imperantes, que, salvo 
el caso fortuito de un confiicto armado ad- 
verso, salen perpetuamente triunfantes en 
virtud de la ley inflexible del imperio de la 
fuerza. 

¿Es ó no benéfica la naturalización en es- 
tas condiciones? Afirmamos que no lo es, 
por cuanto la masa extranjera naturaliza- 
da no sirve el interés general, sino los inte- 
reses de partido. La cifra de adherentes, 
aumenta el número de prosélitos políticos, 
mas no el de espíritus independientes, pues 
los caracteres independientes .son siempre 
excluidos por lo que los políticos victoriosos 
llaman gobiernos fuertes. 

* * 

Otra cosa acontece cuando el gobierno 
municipal reviste los caracteres y condicio- 
nes de un poder independiente. Los demó- 
cratas descentralizadores sostienen que di- 
cho gobierno es un poder autónomo, que si 
bien no admitido todavía entre los gran- 
des poderes legítimos del Estado, lo es y 
debe serlo por proceder de la misma fuente 
que sus otros tres hermanos. Hasta ahora 
se le niega partida de legitimidad, y le 
disputan sus derechos. En justicia, este 
cuarto hermano, ó sea, cuarto poder, puede 
reclamar con buen título su haber y su 
independencia, ya sea bajo la forma unita- 
ria ó bajo la forma federal de gobierno. 

El poder municipal no puede ser otra cosa 
que el gobierno urbano; la administración 
de la ciudad, de la villa ó de la colonia; sus 
funciones son de carácter circunscrito, 
como su objeto; es un poder cuando posee 
independencia, y no lo es cuando carece de 
ella. Como su misión especial no es otra 
que la conducente á garantir la seguridad 
individual y la colectiva de cada centro de 
población, atender á su saneamiento, or- 
nato, etc., esa misión especial se desvirtúa 
cuando se ingieren en el gobierno munici- 
pal funciones que directa ó indirectamente 
se vinculan con la política general. 

La aspiración de los pueblos en el día no 
es otra que la de desligar la institución mu* 



DEL Rio DK LA Plata 



67 



nicipal de toda vinculación que sea conti-a- 
i'ia á sus fines especiales. Tanto Estados 
constituidos bajo la forma unitaria como 
bajo la federa], tienden á la organización 
independiente de aquella institución dándo- 
le el carácter de un verdero poder. 

Una manifestación de esta tendencia, per- 
fectamente fundada, es la ley orgánica de la 
Municipalidad de Buenos Aires, dictada en 
1882, que viene sirviendo de pauta para la 
organización local en las provincias argen- 
tinas, y que, á pesar de sus muchos defec- 
tos, importa un paso adelantado en orden á 
la constitución del gobierno municipal co- 
mo un poder autónomo. 

Por esa ley se otorga al extrangero el 
derecho de elejir y ser elejible, sin otras 
condiciones que las de haber pagado por 
contribución directa, patente comercial ó 
industrial, ó por impuestos municipales la 
suma de cincuenta pesos (por lo menos en 
el año); ejercer alguna profesión liberal; 
haber residido en la capital durante dos 
años con anterioridad al día de la inscrip- 
ción en el padrón municipal y hallarse do- 
miciliado en una parroquia. 

Llenados estos requisitos, el extranjero 
queda equiparado al nacional en cuanto al 
goce del derecho urbano (1). 

En cuanto al nacional, para el goce de tal 
derecho solo se le exige el pago, por cual- 
quiera de los conceptos antes enumerados, 
de un impuestoque alcancecomo minimum 
á la suma de diez pesos el ejercicio de 
una profesión liberal, el domicilio en la 
parroquia en la cual deba empadronarse y 
residencia de seis meses anteriores al dia 
de la inscripción. 

No entra en los límetes de este artículo 
la crítica de la ley citada; pero no esta demás 
observar la diferencia que al respecto 



(1) Designamos con esta expresión lo que comun- 
mente se denominan derechos municipales, que á nuestro 
entender no interpretan con propiedad el derecho y ca- 
lidad de que se trata; por derecho municipal, concep- 
tuamos que debe entenderse, el derecho á los derechos 
cohetitos de la comunidad ; por derecho urbano debe enten- 
derse el del habitante ó morador de la ciudad, villa ó 
centro colonial, según la etimología latina. A este 
derecho se le ha designado en algunos países con la 
palabra ciudadanía; pero el concenso universal concep- 
túa por tal el goce de los derechos políticos, ya se 
trate del nacional ó del extranjero naturalizado. 



establece entre el nacional y el extranjero, 
exigiendo á aquel el pago de un impuesto 
y una residencia mucho menoi es de la que 
se establece para el extranjero, diferencia 
que en la esfera del limitado derecho urba- 
no no debiera existir, siendo justo colocará 
uno y otro en idénticas condiciones, si es 
que la ley haya de ser imparcial. 

Los resultados de la ley de 1882 no han 
dado hasta el presente la medida de su al- 
cance; el padrón electoral de la ciudad de 
Buenos Aires, dio estas cifras en 1890: total 
de electores inscritos: 6574. De estos, eran 
argentinos: 3672; extranjeros: 2902. 

Desde luego, se observa que el número de 
extranjeros inscritos no se halla en pro- 
porción de la población extranjera, pues 
esta supera en dos tercios á la población na- 
cional. Esto manifiesta que el elemento ex- 
tranjero, sea por la causa que fuere, ya se le 
llame desconfianza ó indiferencia, se abstie- 
ne de tomar intervención aun en funciones 
que no compi'ometen en modo alguno sus 
intereses y su independencia, renunciando 
al ejercicio de un derecho que puede serle 
benéfico. Y esto no obstante la prédica y la 
propaganda de varios círculos industriales 
que clamaban antes de ahora por la conce- 
sión de tal derecho. 

El hecho enunciado se presta á este juicio: 
si el extranjero esquiva tomar participación 
activa en funciones que lejos de dañarle 
pueden serle benéficas, el dia en que la na- 
turalización se hiciese obligatoria, ó protes- 
taría contra la imposición de la nueva na- 
cionalidad, ó se abstendría de actuar en la 
política, á menos de pretender imponerse 
por el número y adueñaise del gobierno en 
toda su latitud, lo cual ocasionaría un cam- 
bio trascendentalísimo bajo todos conceptos. 

* 
* * 

Volviendo á la cuestión, después de esta 
referencia que creemos oportuna, juzgamos 
que la concesión del goce del derecho urba- 
no al extranjero, en los países en donde el 
gobierno municipal poséela calidad y con- 
diciones de poder independíente, lejos de 
ser peligrosa, puede ser benéfica para el 
progreso local. Esa concesión, por otra parte, 
en los pueblos que reciben inmigración, 
antes que la ley, la viene estableciendo de 



Revista Económica 



hecho la colonización, por su propia natu- 
raleza. 

En todos los territorios del Rio de la Plata 
despoblados antes de ahora, 3"- fuentes hoy 
de producción industrial y ag-ricola, los cen- 
tros ó villas coloniales son formados, sino en 
su totalidad, al menos en su mayor parte por 
el elemento extranjero; el gobierno munici- 
pal, que se establece sin demora, respondien- 
do á necesidades comunes, se compone de ese 
elemento, aún cuando no ha^'a leyes que 
acuerden al extranjero el goce del derecho 
municipal.— Ejemplo, entre otros, las colo- 
nias de la provincia de Santa Fé, algunas 
de las cuales cuentan ya con importantes 
núcleos de población, cuyo gobierno local es 
ejercido únicamente por extranjeros. 

Esta solución se impone como una nece- 
sidad, como un resultado inevitable, lógico 
en todo territorio que llega á ser ocupado 
por una masa de población, sea cual fuere 
su procedencia. Pues bien, lo que los hechos 
imponen imperiosamente, la ley no debe 
negarlo, porque, en buen análisis, la ley no 
hace más que consagrar en forma explicita 
lo que establecen el derecho consuetudina- 
rio, las costumbres y las necesidades de la 
asociación. 

Si, pues, en los centros coloniales, "que 
vienen multiplicándose rápidamente com- 
prendiendo en conjunto una gran cifra de 
pol)lación, el extranjero goza del derecho 
urbano (municipal) sin necesidad de ley 
escrita, es lógico que en las viejas ciudades 
donde ese elemento crece incensantemente, 
goce del mismo derecho; lo contrario im- 
portaría mantener una esclusión de carácter 
señorial, algo así como un derecho de .semi- 
baronía en favor de los criollos radicados en 
las ciudades, en las que el extranjero carece- 
ría de intervención hasta para entender en 
la provisión del agua ó en la venta de co- 
mestibles en el mercado. 

Juzgamos, por lo tanto, que los miembros 

del Parlamento uruguayo que proyectan la 

concesión de derecho urbano al extranjero 

piensan cuerdamente, colocándose en el 

terreno do lo justo, de lo positivo y de lo 

ütil. 

* 
* * 

Pero, dirán los ergotizadores, una seme- 



jante concesión dará los resultados que se 
han observado en la ciudad de Busnos Aires ; 
el elemento extranjero esquivará inscribirse 
en el padrón municipal, haciendoinefectivos 
los resultados que de la ley se esperan. 

Esta argucia se contesta fácilmente: hasta 
ahora la ley de 1882 relativa á la oi-ganiza- 
ción municipal, no ha revelado toda la po- 
tencia numérica del elemento extranjero, 
porque el padrón abierto en 1890 lo fué des- 
pués de un sacudimiento revolucionario que 
había llevado la inquietud á todos los espí- 
ritus; se ponia en práctica en un momento 
difícil, incierto, en que no se tenía entera 
confianza en la eficacia de ninguna institu- 
ción. El extranjero es, por regla general, 
receloso, sobre todo, aquel que tiene algo 
que perder; el mercader, el industrial, has- 
ta el agiotista que se aprovecha de todas las 
conmociones para medrar, procuran por to- 
dos los medios á su alcance ponerse á cu- 
bierto de todo riesgo, siendo las situaciones 
inseguras su perpetua pesadilla. 

Pues bien, en 1890, cuando se ponia en 
vigencia la citada ley, el extranjero no se 
preocupaba del interés local; su preocupa- 
ción era salvaguardar sus intereses indivi- 
duales; de aquí que la participación que 
debía tomar en la elección municipal fuese 
tan indiferente que llegara á arrojar una 
cifra diminuta en la inscripción electoral. 
El caso es de excepción y nunca la excep- 
ción puede constituirse en regla general. 

Pero, admitamos que en situaciones nor- 
males el extrangero se abstuviese de usar 
los derechos que se le conceden. El mismo 
cargo puede hacerse á los nacionales, por 
cuanto el número de inscritos no correspon- 
de al número de ciudadanos; aquel siempre 
es limitado, lo cual acusa una grande inde- 
ferencia por los intereses públicos. Unos y 
otros quedarían colocados en la categoría de 
mezquinos egoístas, abandonando el campo 
á los astutos, sobretodo, á los políticos que se 
apoderan de todas las reparticiones públicas 
suceptibles de utilizarse en provecho de las 
aspiraciones de partido. 

La abstención, en cualquier caso, traería 
este resultado: revelar la aversión del ex- 
trangero á tomar parte en la jestión de inte- 
reses de carácter común, jestión que. deja 
librada al nacional; la irresponsabilidad mo- 



DEL Rio de la Plata 



6Q 



ral de este en cuanto al desempeño de las 
funciones municipales. 

Los extranjeros acusan siempre á los na- 
cionales de todos los defectos de que adole- 
ce la administración pública; los tachan de 
imprevisores, de autoritarios, de venales, etc., 
etc. Si, pues, se otorga al extranjero el 
derecho de tomar parte en esa administra- 
ción, él puede corregirla con su concurso 
enmendando las faltas que denuncia y 
encaminando escrupulosa y hábilmente la 
gerencia de los intereses locales. ¿No ejerci- 
ta ese derecho ? ¿ No quiere tomar el puesto 
que se le ofrece en bien de sus propios 
intereses? Perfectamente; pero no tendrá, 
tampoco, el derecho de quejarse si la admi- 
nistración es mala; si estale daña, suya es 
la culpa; su negligencia ó su egoísmo reci- 
birán su merecido. 

Y con esto queda contestada la hipótesis 
propuesta. 



A nuestro entender, la concesión, ó mejor 
dicho, la declaración de derechos municipa- 
les á favor del extranjero que se proyecta en 
el Estado Oriental, no es ni puede concep- 
tuarse como una naturalización limitada, 
siempre que la organización municipal sea 
totalmente extraña á vinculaciones políti- 
cas. En tal supuesto, no importa otra cosa que 
el goce de derechos comunes, inherentes al 
hecho de la vecindad, del domicilio, que se 
relacionan con intereses puramente locales. 
Por este medio se concilian dos extremos 
que la naturalización obligatoria pone en 
choque, á saber: el progreso y buena admi- 
nistración comunal, al cual concurren na- 
cionales y extranjeros indistintamente, y 
el respecto que se debe á la ciudadanía de 
cada cual, dejando en libertad al extranjero 
para mantenerse fiel al país de su nacimien- 
to, si así lo quiere. 

Por tal medio, además, se llega al mismo 
resultado que apetecen los partidarios de la 
naturalización forzosa, los cuales, para im- 
ponerla tienen en mii-a, según dicen, el 
progreso nacional. Este progreso se opera 
por una labor múltiple, por esfuerzos aisla- 
dos y colectivos. El desarrollo y el perfeccio- 
namiento de muchos centros do población, 
dan por resultado el desarrollo general, pues 



el desenvolvimiento social es rigurosamente 
solidario. 

Si el extranjero, gozando del derecho 
urbano en toda su plenitud, concurre al 
perfeccionamiento de la localidad en que 
vive, es evidente que su concurso en cada 
centro trae por consecuencia el ñn que ape- 
tecen los que sinceramente se interesan por 
la prosperidad nacional. 

Las condiciones .sociales del Uruguay son 
las mismas que las de la República Ar- 
gentina; las instituciones de uno y otro país 
pueden guardar perfecta analojia, por cuan- 
to no hay entre uno y otro país ni diferencia 
deorijeu, ni diferencia en los elementos de 
colonización que llegan á sus pla^^as. Por lo 
tanto, aquel país, puede sancionar, como ha 
sancionado este, una ley por la cual declare 
al extranjero el pleno goce de los derechos 
municipales, siempre que el gobierno mu- 
nicipal .sea un poder independiente y no 
una repartición político-administrativo, su- 
bordinada al Poder Ejecutivo. 

Si asi se hace, el Parlamento uruguayo 
habrá dictado una ley justa y fecunda en 
resultados. 

Vaca-Guzman. 



Extractos y Comentarios 

Ensayo sobre el Comercio y su organiza- 
ción EN Francia é Inglaterra 



G. Francois, distinguido economista, ha 
publicado con este título una importante 
obra sobre el desarrollo del comercio In- 
glés y Francés y sus condiciones actuales. 

La obra se divide en dos partes, una 
dedicada á la historia comercial de esas dos 
naciones, y, la otra, á la exposición crítica 
de la organización del comercio en ambos 
países. 

El señor Francois es sectario de la es- 
cuela del laísser /aire, laisser passer pero el 
copioso material que reúne, completamen- 
tando los tral)ajos de Scherrer y otr js auto- 
tores que se han especializado en la Historia 
Comercial, sirve para demostrar que tanto 
la Inglaterra como la Francia, solo han po- 
dido llegar á su actual poder industrial y 



70 



Revista Económica 



comercial debido á la aplicación de la teoria 
contraria: &\ faites f aire et developpez. 

Especialmente las pág-inas que dedica á 
la patria de Adam Smlth, son dignas de ex- 
tractarse, pues comprueban que si bien las 
reglas establecidas por la escuela Smitheria- 
na á fines del siglo XVIII, en esa época cons- 
tituía para Inglaterra lo prácticamente más 
ventajoso, esto no habria sucedido en las 
primeras etapas del desenvolvimiento de 
ese país. Por lo contrario, como M"". Fi-ancois 
lo demuestra, la Inglaterra solo ha podido 
cosechar beneficios del libre cambio, des- 
pués de haber desenvuelto sus fuerzas pro- 
ductivas, mediante la aplicación perseve- 
rante del sistema opuesto. 

No basta, como se vé, copiar los sistemas 
aplicados hoy en las grandes naciones para 
obtener la prosperidad que en ellas se observa, 
sino que hay que consultar las circunstan- 
cias respectivas. Tomemos, si se quiere, por 
norma el ejemplo de la Inglaterra, pero de 
la Inglaterra en las épocas en las cuales sus 
circunstancias hayan sido análogas á las 
que hoy tenemos en estos países, y, desde 
el punto de vista doctrinario, distingamos 
bien las leyes simples económicas de los fe- 
nómenos complexos, que se diversifican se- 
gún se combinen los diversos factores. 

«La historia comercial de Inglaterra, dice 
G. Francols, ofrece provechosa enseñanza: 
ella nos demuestra como una nación infe- 
rior al principio á todas las que la rodeaban, 
dependiendo de los extrangeros por sus in- 
dustrias y su comercio, llega á conquistar 
la .supremacía industrial y comercial. El 
movimiento de renovación esbozado por 
Eduardo III, reanudado por Elizabet y des- 
pués definitivamente establecido p©r Cron- 
well, se continuó y pi-oseguiódurante cerca 
dedos siglos. Ni las discuciones, ni las gue- 
rras, ni las revoluciones de que la Inglaterra 
no se ha hallado más libre que las otras 
naciones de Europa, han interrumpido esta 
.serie de esfuerzos en los cuales los gobiernos, 
ya hayan sido liberales ó autoritarios, han 
tenido siempre la Nación de su parte.* 

Con una acción individual amplia y un 
sistema económico en el cual la del Estado 
solo se manifestaba de vez en cuando por 
hechos aislados é incoherentes, la Iglaterra 
apenas llegaba, al final de la edad media, á 



una situación poco más aventajada que la 
que pueda presentar hoy la última de sus co- 
lonias. Todo el comercio estaba en manos de 
extrangeros, particularmente italianos, ho- 
landeses y ansiáticos, cuyos intereses eran 
antagónicos con los del país que esplotaban 
en beneficio de plazas extrangei-as y con el 
propósito empobrecedor de la mayor utili- 
dad inmediata. 

En la época á que nos referimos, empesa- 
ban á despertarse aptitudes nacionales pre- 
paradas y desenvueltas por el ejemplo que 
les daban los extrangeros, no obstante la es- 
clusión que estos hacían generalmente de 
los naturales, ys. por cálculo ó afección á sus 
connacionales, ó por atribuirles menor capa- 
cidad. 

El comercio nacional, para su emanci- 
pación de la dependencia extrangera, te- 
nía que luchar desventajosamente con el 
poder de la influencia que á los extrangeros 
les daba su calidad de prestamistas al Go- 
bierno, al que imponían concesiones y privi- 
legios, como hoy los ingleses á su vez lo ha- 
cen con los que se encuentran en sus con- 
diciones de entonces, y además, se estrellaba 
con el temor de los productores del país de 
ver reducirse, con la limitación del comer- 
cío de los extrangeros, la salida de sus ma- 
terias primas. 

Uno de los actos más efectivos de Eduar- 
do III, fué la protección á las manufacturas 
de la Inglaterra, en beneficio de las cuales se 
prosiguió el sistema de favores de todo gé- 
nero, hasta llegar á las mas extremas y ex- 
travagantes imposiciones, como la es sin 
duda la de Carlos II que, paríi favorecerla 
fabricación de franela, ordenó que los muer- 
tos se envolviesen en mortajas de este géne- 
ro, aumentando por este medio el consumo 
del artículo. 

Las persecuciones religiosas de Feiipe II, 
la grande emigración de industríales com- 
petentes que la revocación del edicto de 
Nantes provocó en Francia, vinieron á coo- 
perar al desenvolvimiento industrial de 
Inglaterra, dotándola de especialistas y 
de competencias de que carecía. 

La navegación comercial se hallaba casi 
totalmente en manos de los extranjero;;, no 
pudiéndolos ingleses, con el laisser faire, 
laisser fasser , competir con las marinas de- 



f)EL Rio de la Plaía 



71 



senvueltas; y no obstante su favorable po- 
sición geográfica, sus barcos se destinaban 
con preferencia á reducidas pesquerías ayu- 
dados y enseñados por los bascos. Para la 
creación de la marina inglesa, preponde- 
rante hoy sobre todas las del mundo, fué 
necesaria la protección iniciada por Elizabet 
y robustecida por el acta de navegación de 
Cronwell, que ha subsistido en todo su ri- 
gor hasta este siglo, y mucho después de 
tener esa nación conquistado el dominio de 
los mares. 

El espíritu proteccionista inglés que ha 
sido consecuente con el principio funda- 
mental de Elizabet, compendiado en esta 
frase: « Todo para la Inglaterra y los ingle- 
ses», se manifestó también de un modo ine- 
xorable contra sus propias colonias, respecto 
de las cuales se adoptó una línea de con- 
ducta no menos depresiva que la inspirada 
por los monopolistas de Cádiz, respecto de la 
América española. 

«Cuando, desde el punto de vista político, 
como observa el Sr. Francois, la indepeden- 
cia de las colonias inglesas era casi comple- 
ta, los productos coloniales se dividieron en 
dos categorías, una de productos que no 
podían trasportar.so .sino á la madre patria 
ó á las colonias inglesas, y otra de productos 
que podrían trasportarse á cualquier parte 
en buques ingleses, estas categorías fueron 
frecuentemente modificadas .según que cier- 
tos productos se juzgaban ó no necesarios al 
mercado de la metrópoli. En 1663 se agregó 
á estas prescripciones la de que todas las 
mercaderías europeas aunque fuesen car- 
gadas en buques ingleses, debían salir de 
puertos ingleses para .ser exportados á las 
colonias. Mas tarde se declaró que sólo los 
ciudadanos ingleses de nacimiento ó por 
naturalización podían establecerse en las 
colonias; ésta medida produjo la ruina de 
numerosas factorías holandesas». Las res- 
tricciones se llevaron á punto de provocar la 
sublevación de Virginia en 1676 y serias 
resi.stencias en otros estados. 

«Otras medidas, continúa M'" Francois, se 
tomaron en favor de las manufacturas in- 
glesas. En 1699, bajo pena de conriscacidn y 
de multa, se pi'ohibió exportar géneros de 
lana de cualquier colonia, y esta prohibición 
fué puesta en práctica en América con 



tal rigor que, para su uso personal, los 
marineros ingleses no podían proveerse 
de artículos de lana por más de cuarenta 
chelines. También se hizo todo lo necesario 
para desanimar las manufacturas de lana 
en Irlanda. En 1719 un bilí prohibió cons- 
truir en las colonias fundiciones de acero, 
más aun, prohibió á los colonos fabricar un 
sólo clavo, un anillo, una herradura, por 
más útiles que fuesen estos objetos. Más 
tarde, en 1732, se impuso á los sombrereros 
en las colonias la obligación de tener siete 
años de aprendisage y de no admitir más 
de dos aprendices, y se prohibió el trasporte 
de sombreros de una colonia para otra; en 
las Antillas, derechos enormes hicieron casi 
imposible la refinación del azúcar». 

Algunas disposiciones, que pueden pare- 
cer favorables á las colonias, no han sido 
inspiradas más que con un fin fiscal ó im- 
puestas por necesidades nuevas de la Ingla- 
terra. La prohibición de la cultura del ta- 
baco en la metrópoli fué dictada con la idea 
de que la percepción de los derechos sobre ta- 
baco sería más fácil en su importación de 
Virginia ó deMaryland;y .si al comienzo del 
siglo XVIII se concedieron primas para la 
importación de materiales de construcción 
de América, fué porque la suba de precios 
de la Compañía Sueca lo hacía indispensa- 
ble para los con.structores ingleses. 

Todas las medidas parecían hechas á pro- 
pósito para detener el desenvolvimiento de 
las colonias. En 1672, año en que se trata de 
crear la pesca de la ballena, los pescadores 
coloniales son gravados con seis chelines 
por tonelada de aceite, mientras que los pes- 
cadores metropolitanos no estaban sugetos 
á ningún derecho. Bajo Jorge II, los buques 
construidos en América son excluidos del 
traficó directo para los azúcares coloniales. 

Actualmente la política colonial inglesa 
no es esa, sin que esto importe probar que 
haya variado su criterio. Es siempre la 
razón de la conveniencia su guía en estas 
materias, concediendo la libertad económica 
en los casos en que la creen necesaria para 
la conservación de las colonias. 

«Desde la separación violenta de la Amé- 
rica, agrega Mr. Francois, los hombres de 
Estado ingleses no han dejado de buscar el 
medio de evitar la reproducción de hechos 



72 



Revista Económica 



semejantes. Después de diversas tentativas 
y de numerosas discusiones, el principio de 
la autonomía ha prevalecido casi por com- 
pleto y, desde iS-iO, se puede seguir, en las 
diversas colonias inglesas, los progresos de 
esta doctrina que ha llegado á permitir á las 
colonias que se administren libremente. 
Ellas son dueñas de sus tarifas. — «Del pun- 
to de vista político la Inglaterra no pide 
hoy á sus subditos coloniales mas que ser 
leales subditos de la Reina y, del punto de 
vista comercial, el que sean buenos, pero li- 
bres clientes». 

Se hace excepción en este sistema de au- 
tonomía econóii.ica, de lalndia, que está bajo 
el gobierno de la Emperatriz Reina y de al- 
gunas otras colonias, generalmente nuevas 
ó de poca importancia. En cuanto á la Aus- 
tralia, Canadá y otras colonias preparadas 
pai-a el gobierno propio, se les deja la men- 
cionada libertad económica. 

El sistema de libre cambio debía segura- 
mente convenir á la reina del carbón y de 
los mares, que es á la par la nación de mas 
estensas y poderosas relaciones comerciales; 
pero aun así, recién en 1846 pudo sancio- 
narse por los esfuerzos de Cobden y Sir Ro 
bert Peel la libertad comercial. 

La competencia de la India y de otros 
grandes productores de cereales, viene aho- 
ra á contrariar su agricutura, y apenas ella 
se manifiesta, de nuevo se produce en Ingla- 
terra un movimiento en favor de la protec- 
ción. 

Véase por esto cuan lejos están de los in- 
gleses nuestros teóricos que citan la libertad 
de cambios y la belleza de los principios 
considerados desde el punto de vista humani- 
tario, como reglas de aplicación para países 
que, como estos, tienen, para desenvolver sus 
fuerzas, que vencer á competidores robuste- 
cidos por un sistema protector secular, y que 
llevan siempre el rigor de la opresión hasta 
donde se lo aconseja el más estrecho egoís- 
mo nacional, reproduciendo con nosotros, lo 
mismo que, en los albores de la civilización 
moderna las exigencias de su desenvolvi- 
miento los indujo á combatir con vigor. 

La historia del desenvolvimiento indu.s- 
trial de Francia y de la creación y prosperi- 
dad de su marina, es idéntica, y, como lo de- 
muestra la interesante obra que recorremos, 



si esta nación ha sido aventajada por la In- 
glaterra, esto no se debe á superioridad de 
raza, sino al simple hecho de que en ese 
país la acción protectora fué más constante 
y ha tenido que luchar con menos contra- 
riedades. 

Antes de la acción protectora del Estado, 
los individualistas ingleses no sobresalían ni 
como industriales, ni como comerciantes, ni 
como marinos, ni se manifestaba en ellos el 
fuerte espíritu de asociación que hoy tanto 
los favorece. 

La inmigración judía primero, la lombar- 
da después de la exclusión de aquella, y, más 
tarde, una y otra, echaron los cimientos de 
su comercio y sirvieron de maestros prove- 
chosos á los naturales; sus industrias se crea- 
ron, se desenvolvieron y se perfeccionaron, 
con la protección y la importación de apti- 
tudes extrañas, como, bajo Colbert, con la 
importación de industriales y con el favor de 
la protección, se creó, desenvolvió y perfec- 
cionó la industria francesa; la acción del 
gobierno y la importación de mineros ale- 
manes perfeccionó el trabajo de las minas; 
la acta de navegación que iba á multipli- 
car el empleo de los barcos ingleses y por 
la que se hacía obligatorio ocupar mari- 
nos nacionales para sus tripulaciones, 
aunque encareciendo transitoriamente los 
fletes y provocando aisladas protestas, con- 
juntamente con la protección decidida á las 
pesquerías, debía crear, como creó, una vasta 
clase de gente de mar, que las estensas y 
multiplicadas navegaciones que se favore- 
cían con todo el poder de la Nación, sin re- 
troceder ante las guerras más sangrientas y 
las imposiciones más inicuas, hicieron en 
breve apta y sobresaliente. 

Además de todo esto, el aumento de com- 
petencias comerciales é industriales, la mul- 
tiplicación considerable que se siguió en el 
número de capitalistas nacionales y el espí- 
ritu de empresa, que crean los negocios en 
condiciones de éxito, estendieron y robuste- 
cieron la acción individual y le imprimie- 
ron el sello que hoy caracteriza las clases 
activas del comercio 3' de la industria ingle- 
sa, haciéndolas sobresalir sobre sus mento- 
res de otros tiempos. 

El Sr. Francois receta el Self Help de que 
se vanaglorian los ingleses, pero lo que 



DEL Rio de la Plata 



73 



recomienda no se desenvuelve y se sostiene, 
como su libro lo demuestra, sin condiciones 
económicas adecuadas. Si qugreraos hom- 
bres enérgicos y activos, espíritu de asocia- 
ción y espíritu de empresa, ti-atemos de que 
la energía no sea inútil pertinacia, la activi- 
dad esfuerzo estéi-il; hagamos que la asocia- 
ción no tenga que convertirse siempre en la 
comunidad del fracaso ó que toda empre- 
sa propia no deba siempre resultar tenta- 
tiva temeraria. Pongámonos en condiciones 
de batallar y habilitemos el mayor número 
para las luchas fructíferas del ti-abajo, y, 
para esto, es necesai-io empezar por cons- 
tituir y robustecer la autonomía económica 
nacional. 

En el orden político sucede lo mismo; de- 
terminadas circunstancias elevan el espíritu 
público mientras que otras lo abaten, lo es- 
terilizan. 

En la segunda parte destinada al estudio 
de la actual organización ael comercio en 
Francia y en Inglateri-a, el Sr. Franrois ana- 
liza sepai-adamente el comercio interior, el 
exterior,— los transportes que comprenden 
la navegación interior, los ferro-carriles y la 
navegación marítima, — los bancos y la en- 
señanza comercial. 

La mayor pai-te de estos estudios los con- 
sideraremos al tratar en otra oportunidad 
las diversas materias en que se especiali- 
zan, y nos limitaremos, por hoy, á dar una 
idea general de la situación del comercio de 
ambos países, en su lucha en los mercados 
extrangeros y en cuanto pueda interesar á 
nuestros lectores, y á considerar las noticias 
complementarias de las que hemos venido 
analizando hasta aquí. 

La situación actual la define el Sr. Fran- 
cois en los siguientes términos : «es solo por 
« la exportación, por los mercados exterio- 
« res, que pueden hoy, la Francia y la In- 
« glaterra realizar pi-ogre.^os comerciales. 
« Se puede sin duda alcanzará proveer más 
« y más, conpioductos propios, los mercados 
« nacionales, esforzándose en hacer mejor y 
« más barato que el extrangero ; pei"o esta 
« salida es á todas luces insuficiente. Basta 
.« consultar un cuadro de comercio exte- 
« rior para adquirir el convencimiento de 
« que la Francia así como las otras naciones, 



« debe recibir productos que les faltan y 
<; que poi- otra parte, sólo la exportación 
'< puede proporcionar un alimento suficien- 
" te para las otras industrias. >• 

Considera que las colonias no constituyen 
más que una parte de ese mercado exte- 
rior, y que no se puede prescindir, tanto pa- 
ra la importación como para la expoi-tación, 
de los mercados extrangeros. Lo que en la 
lucha comercial constituye la superioridad 
de Inglaterra, son sus relaciones estableci- 
das en todo el mundo y sus medios de en- 
sanche, sus comunes intereses con todas las 
naciones, los negocios de todo género en los 
cuales los capitales ingleses tienen una po- 
sición preponderante. 

Entre estos elementos hay que tener pri- 
mei-amente en cuenta el hijo predilecto del 
proteccionismo inglés, que es su marina 
mercante. Pai-a que pueda juzgarse de su 
importancia basta considerar el número de 
toneladas que representan las principales 
marinas mercantes del mundo. Mientras 
los Estados Unidos figuran por 2.951.000 to- 
neladas, Alemania por 2.670.000, Francia 
por 2.501.000, Noruega por 1.827.000, Italia 
por 1.416.000, España por 1.335.000, la Ingla- 
terra cuenta con 24.143.000 toneladas. Es de 
advertir que en este cal ulo, para establecer 
la propoi'ción enti-e los buques de vapory 
los de vela, las toneladas de los buques á 
vapor se multiplican por tres. 

La marina mercante no es solo una fuente 
de renta, es principalmente un gran ele- 
mento para la extensión de relaciones co- 
merciales, lo mismo que el establecimiento 
de casas de comercio diseminadas en todas 
las plazas. Los indu.striales ingleses tienen 
con esto mayoi-es medios de acción exterior, 
mayores facilidades que los de Francia para 
buscar la salida de productos, mayores co- 
nocimientos de los gustos, necesidades ó ca- 
prichos de los consumidores lejanos, y condi- 
ciones especiales pai-a aprovechar, los prime- 
ros y en más vasta escala, de todas las 
oportunidades que puedan presentarse. 

Otro agente eficaz, encuentran los ingle- 
ses en la colocación de sus capitales en el 
exterior, que, al realizar vastas obras de uti- 
dad pública, dan empleo preferente á mate- 
riales ingleses, y que, al fundar Bancos y 
Sucursales de Bancos entodoslos países, de- 



74 



Revista Écoxóaiica 



senvuelven con preferencia las casas ingle- 
sas que en ellos se establecen y extienden y 
multiplican las relaciones con Inglaterra. 

« Los ingleses, como se sabe, agrega Mr. 
Franoois, llevan el amor de su nacionali- 
dad hasta el exclusivismo; y en aquellos es- 
tablecimientos un comerciante inglés está 
siempre seguro de encontrar el apoyo deque 
necesite, siempre que la empresa que pro- 
yecte tenga probabilidades de éxito. -> 

Estas Sucui'sales y Bancos son, adem/is, 
en las colonias, vínculos de sujeción á la Me- 
trópoli, y reemplazan en ellas, en parte, las 
antiguas ligaduras, coadyuvando así á la 
obra nacional de conservar preponderante 
«el interés de la Inglaterra y de los in- 
gleses.» 

La Francia posee, en cambio, la superiori- 
dad de su suelo, la perfección de sus artes y 
de sus industrias y una abundancia de ca- 
pital, que la economía aumenta sin cesar, 
pero, como se observa juiciosamente, ella de- 
be hacerse cargo de que ya no son tiempos 
en que se deba esperar á los compradores; 
hay que actuar directamente en los merca- 
dos de salida, como tan extensa y poderosa- 
mente lo hacen los ingleses. 

Aún cuando estos países no se hallan en 
estado de sentir todo el rigor de la lucha 
industrial impuesta á las viejas sociedades 
do Europa poi el "Strug'glefor 1 i ve», éstas 
observaciones son dignas de meditación, 
aun para nosotros. 

No debemos contentarnos con cuidar de 
ir creando y desenvolviendo entre nosotros 
las industrias que puedan abastecernos en 
condiciones normales, emancipándonos así, 
de innecesarios tributos á extraños, sino que, 
también, hay que cuidar de colocar nues- 
tras industrias de exportación fuera de las 
condiciones precarias primitivas en que 
están, habilitándolas y encaminándolas (i 
actuar directamente en los mercados extran- 
jeros. 

Citaremos un caso que basta para dcmo.s- 
trar la conveniencia de lo que indicamos. 

El tasajo del Rio de la Plata, destinado al 
consumo del Brasil, vá casi todo á la plaza 
de Rio de Janeiro, donde están las más fuer- 
tes casas consignatarias que, mediante bue- 
nas comisiones, .«^e encargan do las veniís y 
hacen anticipos de fondos. 



De Rio de Janeiro, y pai-te desde Ba- 
bia 3^ Pernambuco, se distribuye el pro- 
ducto al resto del país por cuenta ya de 
los comerciantes brasileros. Las consecuen- 
cias de e.sto son fácile'^ de apreciar. Santa 
Catalina, por ejemplo, estáá mitad decami- 
no que Rio de Janeiro y natural era que el 
tasajo del Rio de la Plata llegase allí con 
menor costo que el que tiene puesto en la 
capital; pero no sucede así. El tasajo quese 
mandase desde Rio de Janeiro tendría un 
precio naturalmente mas alto, debido k do- 
bles fletes, dobles comisiones y á recargos de 
utilidades de los diver.sos intermediarios, y 
por eso es, en ese punto, imposible nuestra 
competencia con Río Grande. 

En algunas provincias del Xorte el au- 
mento de precios llega á .ser tan considera- 
ble que el consumo del artículo, que se vá 
resti'ingiendo con la carestía, .se convierte 
en un lujo del que solo pocos pueden gozar. 

Con las importaciones directas á los centros 
consumidores, de modo á suprimir los re- 
cargos innece.sarios, que sufre el artículo, 
su salida para el Brasil aumentaría de tal 
modo que quizá podría llegar á duplicarse. 
Para conseguirlo es imprescindible obte- 
ner lo que para sus productos tienen los in- 
gleses, esto es relaciones en todas partes y 
ayuda de las instituciones de crédito. 

Estos países ya han empezado á compren- 
der que deben oi-ganizar industrias que 
concurran con las extranjeras, pero no .«;e 
han convencido todavía de los beneficios 
que igualmente les produciría el desarrollo 
del comercio y de las instituciones de cré- 
dito, gcnuinamente nacionales. 

Mr. Franoois no considera los bancos y 
los sucursales bancarias inglesas mas que 
como elementos de competencia para las 
industrias francesas, pero la acción que esos 
establecimientos ejercen es mas estensa. 

Kilos prestan muchos servicios que po- 
drían prestar las instituciones de crédito 
nacionales, reemplazándolas en parte, pero 
tienen la tendencia de facilitar mas las 
ti-ansacciones que aumentan el trabajo in- 
glés que las que fomentan y desenvuelven 
á las industrias locales. 

Y si á esos Bancos estranjeros .se les dá, 
como se persiste en dar á uno en la República 
Oriental, todos los privilegios y prerrogati- 



DEL Rio de la Plata 



/5 



vas solo concebibles para las instituciones 
nacionales que sean centi-o del desenvolvi- 
miento Gconómico del país, se viene á creai-, 
por ese medio, en favor de los extranjeros, al- 
go como la Corte de Acero, que la preponde- 
rancia ansiática estableció,y, aún á fines del 
XV'^ siglo, seconsorvaba en Londres, gracias 
á la debilidad de los reyes ingleses que, por 
pequeñas ventajas transitorias, sacrificaban 
las conveniencias de sus pueblos. 

Encontramos, como se vé, aún en la esfera 
económica, la ley histórica de Vico, con la 
particularidad de que la que todavía en la 
época del descubi-imiento do América era 
la víctima, sea en su cuarto centenario la 
opresora. 

Falta ahora que lleguemos también á te- 
ner, en compensación, nuestras Elisabetas y 
nuestros Cromwells, complementándose así 
la similitud histórica. 



EL 



PROYECTO NOETZLIN 

Y EL DOGAL MEJICANO 



I 

81 bien de éste lado del Plata no se nota, 
como lo observa espiritualmente nuestro co- 
laborador el Gral. Mansilla, más movimiento 
que el délas maniobras y revistas militares, 
el otro nos ofrece actualmente, en cambio,las 
más graves cuestiones, sin que el criterio 
que en ellas predomina pueda hacernos con- 
siderar preferible la actual actividad Oriental 
á la transitoria apatía Argentina. 

El asunto que preocupa preferentemente 
la atención de la Repvlblica vecina, es el de 
lacreación de un Banco denominado Nacio- 
nal perlas prerogativas que se le conceden, 
y que, cuando .se di.scutía en las Cámaras, 
combatimos con toda la decisión que nos im- 
puso la conciencia de los perjuicios que de 
ese negociado podían resultar al país; y lo hi- 
cimos no obstante que no se nos ocultaba 
que íbamos á provocar tola clase de hostili- 
dades personales, lasque efectivamente no 
tardaron en ejercitarse. 

Cumplimos entonces nuestro deber, y, una 
vez sancionadas las condiciones leoninas 
y depresivas del negociado, consideramos 
concluida la época de la discusión j^que.^olo 



nos correspondía esperar los resultados prácti- 
cos de loserroresque habí amos señalado; pero 
ahora sabemos que lo (}ue el (gobierno daba á 
entender que tenia en su poder, no existia; 
no había más que las probabilidades de con- 
seguir capitales para una concesión leonina, 
y que el que se presentaba alpaíscomo salva- 
dor de la crisis, no resultó ser más que un co- 
rredorqueseibaálanzarporelmundotratan- 
do de negociar, con boleto Armado de antema- 
no, una especie de venta de derechos sobe- 
ranosde la Nación, en cambiode dos dineros 
para el fisco y de una apariencia engañosa 
de solución bancaria nacional. 

Seis meses se han perdido en medio do 
una crisis ruda, que ha seguido derribando 
los líltimos elementos de progreso que que- 
daban de pié en el país, y se han sacrificado, 
perdiéndose oportunidades preciosas, las so- 
luciones que el sentimiento nacional y el 
sentido práctico aconsejan, volviéndonos el 
agenciador del negocio con la nueva de que 
la banca judía cree que se le debe dar más. y 
que, en cuanto al capital del Banco, hay 
que buscarlo con preferencia en el país. 

Después de descorrido así el velo que de- 
mostraba la poca seriedad con que venía pro- 
cediéndose en asuntos y en circunstancias 
harto graves, hemos tenido el sentimiento 
de ver que á una parte déla prensa Oriental 
que se precia de mas ilustrada, no .se le ocu- 
rre una sola palabra de censura. 

¿Que decimos? 

Ahí están diarios délos más reputados de 
la capital, que dan importancia de personaje 
al señor Noetzlin llegando al estremo de in- 
formar á sus lectores que el gefe del anónimo 
sindicato es rubio, alto y flaco; tratando de 
sorprender, hasta en sus gestos, cual .será 
el destino que reserva al país. 

Sino salvar de la ruina, debemos tratar de 
salvar al país, por lo méno.s, del ridículo en 
que lo e.stán colocando. 

Se quejan los reporters de que el Sr. Noe- 
tzlin há hablado poco, y nosotros eremos que 
ha dicho demasiado, puesto que há venido á 
confirmar todo cuanto sosteníamos en contra 
de su malhadada combinación bancaria. 

Yá que las nuevas pretensiones hacen 
volver el asunto á las Cámara.s, ofreciéndo- 
sela oportunidad de reconsiderarlo, deberes 
nuestro, impresindible, de reanudar núes 



76 



Revista Económica 



tros esfuerzos en el sentido de prevenir la 
consumación de un hecho fatal para el por- 
venir económico y financiero del país. 

II 

Después de manifestar el Sr. Noetzlin aun 
repórter, que tenía algunas modificaciones 
que proponer, ngvegó lo siguiente que 
transcribimos textualmente de «El Siglo»: 
« Traigo redactados los Estatutos con arre- 
<'gloálosque sirvieron de base á los del 
«Banco Nacional de Méjico, que i/ó fundé, y 
«que ha tenido gran aceptación y prosperi- 
« dad, habiendo prestado grandes servicios 
«y respondiendo acabadamente á los fines 
«de su creación». 

Muy equivocado ha estado el Sr. Noetzlin, 
si cree que no hay por estos países quienes 
sigan y estén bienal tanto de lo que se 
relacione, aunque se trate del lejano Méjico, 
con las habilidades con que la banca judía 
viene, só protesto de auxiliarlos, á maniatar 
y k sacrificar á los inexpertos pueblos de 
América. 

Estáticos habránse quedado algunos de 
nuestros candidos aimiradores del oropel, 
al ver que el Sr. Noetzlin se haya dignado 
bajar de las altas planicies del Anahuac 
hasta las márgenes del lejano Plata, aban- 
donando los dones con que le debían colmar 
sus redimidos Aztecas, á fin de no dejar 
menos favorecidos á los Charrúas, sus de- 
samparados hermanos del Sud. 

¡ Cuanta abnegación: haber salvado á Mé- 
jico y abandonarlo para venir á salvarnos á 
nosotros! 

«El Siglo» se ha encargado de dar á sus 
lectores la gratísima noticia de queese señor, 
llamado Noetzlin, no solo ha venido al país 
sino que también ha traído á su familia; y 
los telegramas todos nos anuncian que, 
además, se ha dignado favorecer al Si'. Mi- 
nistro de Hacienda con un diploma do hono- 
rabilidad y competencia, como si no fuesen 
bastantes los títulos que le pudiesen discer- 
nir sus conciudadanos. 
. Tanta liviandad, tantísima inconciencia 
de parte de unos, tanta depresiva audacia 
de parto deotros, contristan y sublevan y 
no estará demás que le demostremos al 
Sr. Noetzlin que harto conocemos las 
cosas de Méjico, y tratemos de preservará 



nuestro país, con el ejemplo de ellas, de una 
repetición del negociado bancario que es- 
plícitamente se anu ncia quererse reproducir 
entre nosotros. 

III 

Empezando la historia de las cosas meji- 
canas, debemos observar en primer término 
que ese «yófu7idéf> del Sr. Noetzlin aplicado 
al Banco Nacional de Méjico, es un tanto 
pretensioso y muy bueno para dicho á la 
distancia. 

El fundador del Banco Nacional de Méjico, 
creado en Noviembre del año 1881, fué el 
Banco Franco-Egipcio, y la verdadera proesa 
del Sr. Noetzlin es del año 1884; pero antes 
de llegar á ella tenemos que entrar en algu- 
nas consideraciones que caracterizan su 
operación. 

Consolidada la paz en la República Mejica- 
na, porlos mismos medios que ha venido 
consolidándose en el resto de la en otros 
tiempos tan agitada América latina, se trató 
de crear allí un nuevo orden económico 
que asegurase su prosperidad; y para huir 
de la absorvente influencia de los Estados 
Unidos, se iniciaron y se realizaron diversos 
negocios europeos, entregándOí.o el país 
inexpeitamente, á los agentes y á los re- 
presentantes de la banca judia. 

De la época de la creación del Banco Nacio- 
nal datan vai-ias empresas de resultí dos fu- 
nestos, como laCompañía de Navegación, cu- 
yos vapores, construidos con nombres tradi- 
cionales mejicanos, tuvieron que venderse á 
vil precio á las Compañías de Genova y que 
bautizados nuevamente en Italia sirven hoy 
en la navegación entre Rio de la Plata y 
el Mediterráneo. 

Establecido el Banco Nacional de Méjico, 
que debía tener un capital de 8.000.000 de 
pesos, con solo un efectivo de 3.200.000, se 
inició la fundación del Banco Mercantil de 
Méjico con un fondo autorizado de 4.000.000, 
el que .^e estableció el 27 de Marzo de 1882. 

El éxito de esta institución del país fué 
coiisidei'able; las tres primeras cuotas de 
SOO.OOO pesos cada una se pagaron todas an- 
tes del plazo señalado, 3' antes do concluir 
el año se pidic) la cuarta cuota de 20 ",o, que 
elevaba el capital realizado á la cifra de 
3.200.000 que es la que tenía el Nacional. Sus 



DEL Rio de la Plata 



77 



utilidades líquidas alcanzAron en el primer 
año ií 12:30 % y se distribuyó un dividendo 
de 11 %. 

Este Banco se irradiaba por todo el país, 
pues seg'iln su memoria del primer año, ya 
había establecido sucursales en Puebla, 
Vera-Cruz, Guanajato, Queretaro^^San Luis 
de Potosí, y se preocupaba en organizar 
otras en Mérida y Zacatecas. 

En cuanto al Banco Nacional Mejicano, 
que era un Banco dedicado á operaciones 
de un círculo de comercio estrecho, agenoá 
todo progreso, una institución análoga por 
sus operaciones al London Bank of México 
ó á los Bancos Comercial y de Londres en 
Montevideo, encontraba en el Banco Mer- 
cantil un concurrente, que lo relegaba á 
institución de segundo orden, sin que de 
nada pudiesen valerle niloslVancos egipcia- 
nos del otro lado del Atlántico, ni el presti- 
gio del extrangerismo de su administi-ador, 
un señor J. Mammelsdorff, ni el de su sus- 
tituto interino, un señor G. Struck. 

La cifra de los estados de ambos Bancos 
que tenemos á la vista, lo comprueban, 
puesto que cuando el Banco Nacional con 
todos sus privilegios solo tenía 1.853.168 pe- 
sos de emisión, con un encaje de 1.498.847:57 
pesos y una cartera de 2.584.667:66, el recien- 
te Banco Mercantil ya circulaba 3.960.165 
pesos y tenia una cartera de 3.307.054:62. 

Entra aquí á actuar el señor Noetzlin, y 
se le ocni-re la operación de beneficiar á 
Méjico haciendo absurver la institución li- 
beral por la banca judía: y fué hábil ne- 
gociador ! 

Presidente, Ministros, Diputados, Senado, 
res, prensa que se preciaba de esperta, todos 
se ofuscaron ante una magna perspecti- 
va : la creación de un grande Banco con 
20.000.000 de capital, y que debía prestar al 
gobierno de 6 á 8 millones; y en 31 de Ma- 
3'0 de 1884 el Gobierno tuvo la desdicha de 
poner su firma en la autorización de la ope- 
ración proyectada. 

IV 

Pasemos ahora al segundo acto, y refle- 
xionen los que están disponiendo del porve- 
nir de nuestro desgraciado país, sobre los 
cuadros que vamos ligeramente á esbozar. 

Se produjo la refundición del Banco Mer- 



cantil en el Banco Nacional, que ya tenían 
entre ambos 6.400,000 pesos de efectivo rea- 
lizado, al que. debía agregarse 800.000, últi- 
ma cuota del Banco Mercantil, 3' lo que inte- 
gi-ase de los 4.800,000 que les faltaba al 
Banco, que mas que Nacional debiera lla- 
marse Egipciano, como el que hoy se le 
brinda á la República Oriental. 

Los Estatutos redactados por el Señor 
Noetzlin, de acuerdo con los cuales, según 
dice ha arreglado lo que nos trae, estaban 
muy bien combinados, de tal modo que los 
resultados, como él también dice, correspon- 
dieron á los fines de su creación, si por esto 
debe entenderse los pingues beneficios de los 
contratistas. 

Los 20 millones quedaron en el papel. El 
Banco no tuvo ni tiene hasta hoy mas que 
8 millones realizados, estoes, apenas 800,000 
pesos mas de los 4 millones del Banco Mer- 
cantil y los 3.200,000 i-ealizados del Banco 
Nacional. En cambio los empresarios reci- 
bieron 3.000,000 de liberadas. Como se vé, los 
Estatutos han sido muy bien arreglados, 
<■■; i'espondiendo acabadamente á los fines de 
la creación» del Banco y deben, en efecto, ser 
muy apoyados por los que ponían el grito en 
el cielo cuando,en cambiode una integración 
de 10.000,000 para un Banco como el anti- 
guo Banco Nacional Oriental, cu^'os privi- 
legios eran limitados, se emitieron 2.000,000 
deliberadas. 

Veamos ahora, con los estados del Banco á 
la vista, los resultados prácticos que en Méji- 
co produjo la institución creada con bases 
como las que, perfeccionadas por la expe- 
riencia en Méjico de la banca judía, nos trae 
ese Mesías financiero. 

Hay que aprovechar la experiencia, te- 
niéndose en cuenta los dos objetivos que se 
persiguen, á saber, el progreso del país y las 
facilidades para la Hacienda Pública. 

La emisión autorizada del Banco Nacional 
Mejicano era de 3 por 1; pero esa expansión 
no correspondía al carácter de las operacio- 
nes de esa institución, debido alo cual no ha 
escedido de la proporción del 1 al 1 \,'¿ sin pa- 
sar á e.sta última. Concentró en sus manos 
el privilegio de la emisión, para restringir 
la circulación en vez de estenderla, y esto 
lo comprueban los balances que tenemos á 
la vista. A los cinco años de gozar del pri- 



Revista EcoNÓaucA 



vileg'io de emisión, el Banco Nacional de 
Méjico apenas tenía ps. 3.243,467, de emi- 
sión sobre su encaje, con lo cual la circula- 
ción del país en vez de ampliarse, como se 
esperaba, se restringió considerablemente. 

Todos podrán apreciar la empobrecedora 
opresión que este importaba para e.^^e país, 
que tiene mas de diez millones de habitantes: 
y todos los que recuerden lo que respecto del 
proj'-ectado Banco Oriental hemos dicho, ve- 
rán su confirmación en los resultados prác- 
ticos del que el Sr. Noetzlin ayudó á esta- 
blecer en Méjico. 

Los accioni.stas del Banco Mercantil no 
resultaron más beneficiados, puesto que el 
.sistema restrictivo no dá jamás utilidades 
como las que pueden proporcionar las insti- 
tuciones liberales que, separándose de la 
) usura, buscan .sus ganancias en la exten- 
sión de sus servicios. De 1882 á 1887 los 
dividendos del Banco Nacional apenas dan 
un promedio do 8.80 0,0, y si alcanzaron á ma- 
yores sumas después, no fué debido al fo- 
mento del país, sino á transacciones hechas 
con un gobierno apremiado y cuyas opera- 
ciones financieras tenía monopolizadas por 
su concesión, como se monopolizan por el 
proyecto oriental. 

Pasemos aquí al cuadro de ios servicios á 
la Hacienda Pública, para la cual ese Banco 
resultó una verdadera institución egipcia- 
na. ¿Hizo crédito al gobierno? Las operacio- 
nes que conocemos no lo son, pues no califi- 
camos de crédito, por ejemplo, la sama que 
un usurero entrega sobre una prenda que se 
reserva realizar como cosa propia. 

Para obtener, por ejemplo, en una ocasión 
pesos 400.000, el gobierno tuvo que emitir y 
darle al Banco bonos recibióles en pago de 
los derechos de Aduana. 

En ese camino llegó un momento en 
que el gobierno tuvo empeñadas casi todas 
sus reutas, inclusives las de contiibuciones 
inmobiliarias y de sellos. 

Para que se juzgue del alivio que consiguió 
el gobierno con la creación de e.se Banco, 
está el hecho de que antes del año- de reali- 
zarse la operación en que intervino el Sr. 
Noetzlin, se vio obligado á hacer i-educ- 
ciones en los sueldos y pen.siones, rebajas 
que alcanzaron hasta un 50 «o, y para pagar 
las pensiones, ya con sus rentas hipoteca- 



das, tuvo que recurrir á un préstamo, que 
se lo hizo, no el Banco Nacional, sino el 
Banco Inglés. 

En cambio las acciones liberadas ya re- 
cibieron en el primer año pesos 96.000 de 
dividendos, suma que fué aumentándose. 
Ha sido, pues, el Banco Mejicano un buen 
negocio para sus concesionarios. 



V 



La Administración que sancionó esta con- 
cesión bancaria, en vez del aplauso público, 
fué considerada como desquisiadora y cala- 
mitosa. El Congreso, por 100 votos contra 55, 
sancionó la acusación del Presidente Sr. 
González y de sus Ministros, acto que por la 
influencia de su sucesor el distinguido 
general Porfirio Diaz, no tuvo consecuencia 
y fué declarado inconstitucional. 

En cambio, trató el nuevo gobierno, en 
cuanto al Banco, de deshacer en lo posible 
el error de haber aceptado el negocio agen- 
ciado por el Sr. Noetzlin, y de poner al país 
en estado de poder desenvolver sus fuerzas 
económicas, no vacilando con este objeto 
ni ante desconocer las cláusulas más esplíci- 
tas de la concesión del Banco Nacional Me- 
jicano. 

Primero se valió el gobierno de que el 
privilegio de emisión era solo para Méjico y 
no para los demás Estados, y, en consecuen- 
cia, se empezaron á autorizar bancos agrí- 
colas y comerciales en todo el país, en el 
cual el Banco Nacional ni había establecido 
igual número de sucursales a las que tenía 
el Banco Mercantil. 

Este recurso para ampliar la circulación 
no lo tiene la República Oriental, según las 
bases del nuevo banco, puesto que el privi- 
legio de emisión que en ellas sejestablece, es 
para todo el país. Para algo debía servirle 
al Sr. Noetzlin su experiencia mejicana. 

No se detuvo ahi el gobierno, y contraria- 
mente al privilegio del Banco Nacional Me- 
jicano, autorizó para la capital, y consul- 
tando los intereses públicos, el Banco de Fo- 
mento Mejicano, con facultad de emisión, 
no obstante las protestas del Banco Nacional. 

Este establecimiento, dominador del mer- 
cado, gracias á sus privilegios, emprendió lu- 
cha abierta para conservar su monopolio 



DEL Rio de la Plata 



79 



consig-uiendo que la suscripción de acciones 
del nuevo Banco no pudiese cubrirse, impo- 
niéndose nuevamente al Gobierno. 

Este, por su parte, sin desistir de crear otro 
Banco que en Méjico emitirse billetes en la 
proporción de tres por uno, recurrió á los Es- 
tados Unidos, á fin de dotar, mientras tanto, 
al país de los elementos de que le privaba el 
Banco Nacional. 

Fué, en consecuencia, creado el Banco 
Internacional é Hipotecario con un Consejo 
de Administración en Méjico y otro en los 
Estados Unidos, compuesto de banqueros y 
comerciantes de >yueva-Yorky de Filadelfia 
al que se le facultó á emitir billetes sobre 
depósitos de monedas y de lingotes de pla- 
ta y oro, que sirviesen para las transacciones 
g-enerales. Desde que en Méjico las transa- 
ciones se hacen á plata y ese país produce 
el 75 % de la plata del mundo, la emisión 
de billetes sobre el depósito de lingotes de 
este metal es un medio muy directo pai'a 
remediar la falta de medio circulante, que 
el Banco Nacional venia imponiendo. 

Perfeccionando sus bases y comprendiendo 
muy bien el Sr. Noetzlin que para que algo 
haga función de moneda es necesario la 
cii'culación general, ha buscado entre noso- 
tros una eñcaz garantía para sus privilegios 
disponiéndose en la concesión Oriental que 
el Gobierno no podrá recibir otro papel que 
no sea el del Banco Nacional que propone. 

Como se vé, nuestros proyectistas han 
aprovechado la esperiencia mejicana y es 
conveniente que nuestro gobierno no deje 
de aprovecharla á su vez. 

Los grandes servicios del Banco Nacional 
Mejicano, que el Sr. Noetzlin encomia para 
recomendar su segunda edición, podrán 
apreciarse por las palabras del Gobierno de 
Méjico, en 1890. 

En efecto, dicho Gobierno lo acusa al Ban- 
co Nacional 4 de imponer tipos usurarios 
• Y de explotar su monopolio con demasia- 
da avidez; de abusar de su posición 

•■; PARA imponerle AL PAÍS CONDICIONES MUY 
« DURAS, CUANDO NO HAY PRIVILEGIO QUE PUE- 
« DA MANTENERSE CUANDO ES CONTRARIO AL 
« INTERÉS PÚBLICO. » 

Ahí está la síntesis práctica de la combi- 
nación mejicana, que se nos ofrece, con la 
añadidura del Barón Hirsch y de su siste- 



ma y elementos, como garantía de liberali- 
dades que han de dar por resultado el resta- 
blecimiento de la prosperidad nacional!.. 



PARTICIPACIÓN DEL CLERO 

Eu la Iiiílependencia Argentina 



Nuestro colaboi-ador D. K. :Monner Sans, 
nos ha facilitado el discurso que sobre el 
tema que indica el encabezamiento de estas 
lineas pronunció el 25 de Mayo en la Aso- 
ciación Católica de Socorros Mutuos. 

Como lo hemos demostrado en el progra- 
ma de esta Revista, las cuestiones sociale.s 
tienen todas, más ó menos, relación con las 
económicas, y el punto especial que dilu- 
cida el distinguido conferenciante está in- 
dudablemente en estocase. 

¿ Hasta qué punto puede considerarse el 
clero en este país un elemento de progreso 
como dicen unos ó un elemento de retroceso 
como sostienen otros? 

Dando la palabra al Sr. Monner Sans, en- 
tregamos tan interesante materia á la dis- 
cusión de nuestros colaboradores, con la li- 
bertad amplísima que les corresponde, sin 
que esto importe renunciar por nuestra á 
entrar á estudiar esta cuestión cuando nos 
lo permitan otros trabajos que por el mo- 
mento nos absorben. 
Señores: 

Dejadme que yo también me asocie á 
vuestro júbilo. Festejáis la patria argentina, 
y estas fiestas no pueden ser indiferentes á 
quienes como yo, si tienen levantado en su 
pecho el altar en que colocaran la imagen 
déla patria ausente, á su lado colocaron á 
otra imagen, á esta esbelta 3^ plateada ma- 
trona á cuyo pié depositamos diariamente 
las flores de nuestro cariño y las siempre- 
vivas de nuestra gratitud. Sin ser cosmo- 
polita entiendo, que si es deber grato al co- 
razón y á la mente pedirle á Dios el creci- 
miento y bienestar de la patria nativa, tam- 
bién es deber gratísimo á la mente y al co- 
razón, elevar preces al Cielo por la ventura, 
prosperidad y progreso de esta Patria Ar- 
gentina, de esta hospitalaria tierra, siem- 
pre fecunda, siempre dispuesta á labrar la 



80 



Revista Económica 



felicidad humana á poco que se la ofrezcan 
los sudores del trabajo ó la ardinnte fiebre 
de las concepciones. 

Por ello es que, queriendo mucho á aque- 
lla España que apoyara al visionario Colón, 
quiero también con sin igual cariño á esta 
patria de Funes, Oro, Castañeda y Castro 
Barros. 

¿Por qué de mi pluma se escaparon los 
nombres de estos cuatro varones ilustres? 

¿Por qué? 

Porque yo quiero hablaros ahora, aunque 
esbozando no más ideas, de la influencia del 
clero en la Independencia Argentina. Sa- 
bemos todo nosotros, pero es muy conve- 
niente que esta creencia se arraigue, que el 
Catolicismo, religión do altos y divinos idea- 
le.s, no puede ser partidario de .sombras y 
mistei'ios, y que si alguien tiene dei-echo á 
levantar en alta la antorcha de la libertad, 
ha de ser forzosamente el representante en 
la tierra de aquel Dios de paz y de amor 
que derribó con su sublime doctrina el cesa- 
ri.smo iri-itante de la época romana, y la 
concupiscente y esclavizadoi-a teaci-acia de 
la edad antigua. 

Alboreaba la libertad en los americanos 
horizontes; destacábase ya en el indiano 
suelo una esbelta matrona llevada en andas 
y fe.stejada por la i-aza anglo-sajona : y de 
esa bandera simpática á todo un hemi.sferio, 
.se apoderan las .sociedades secretas, y en 
conciliábulos que no quiero analizar, y en 
juntas que no pretendo de.scribir, se jura la 
defensa, no quiero averiguar con qué fines, 
de la libertad, de la igualdad y de la fra- 
ternidad humanas. La logia pues, si la 
Religión calla, va á presentar.se como de- 
fen.sora de los derechos del pueblo, de la li- 
bertad humana, del pleno goce de las pre- 
rrogativas por Dios concedidas á nuestra 
i-aza. De enmudecer la Religión, el triunfo no 
le hubiera correspondido á la luz, sino á las 
tinieblas, noá la verdad, sino al error, no á 
la doctrina eminentemente humanitaria de 
Cristo, sino á las demoledoras teorías de la 
Enciclopedia. La Religión, pues, no podía 
callar y no calló. Para lanzarse al combate 
le bastó abrazai-se al divino Madero, y re- 
cordando el sublime «amaos los unos á los 
otros» recabar para estos fértiles y sonríen 
tes pueblos, las mismas libertades de que 



gozaban los pueblo.^ hermanos de la anti- 
gua Europa, ^'o quebrantaba el re.'^peto que 
á la autoiidad se debe porque creyera, si- 
guiendo la marcha de ideas y sucesos que 
no podía detener, que la gran familia ame- 
ricana podía sustraerse á lejanas leyes y á 
egoistas gobernantes emisarios de una Cor- 
te corrompida: no faltaba á sus deberes, 
antes bien los sublimaba, pidiendo la liber- 
tad qu9 engrandece pai'a países ávidos de 
labrar por sí su propia ventura, 

Por e.sto es que, apenas las ideas liberales 
que flotaban en el espacio se condensa- 
ron en los coi-azones argentinos, el Clero, 
que no podía arrancar de su pecho el santo 
amor á la patria, entró en la lid dispuesto á 
emplear las poderosas armas de sus luces, 
de su inteligencia y de su civismo, en pro 
de una idea que no pugnaba con el Credo 
de Nuestro Redentor. 

Y las empleó con brío y las blandió con 
entn.'^iasmo para honra de la patria y de la 
Religión. 

No he de hacerme cargo de intempestivos 
desahogos ni de irreflexivas improvisacio- 
nes, que ni unas ni otras logran empañar el 
brillo de aquellas armas, como una nubeci- 
11a de verano no logra oscurecer los vivifi- 
cantes rayos del a.stro Sol. 

Enumerar uno auno los servicios que á 
la independencia argentina prestaron va- 
rios individuos del Clero, sería tarea en ex- 
tremo fatigosa y sobrado larga para ser tra- 
tada en una ocasión, que como la presente, 
reclama brevedad, para no abusar de vues- 
tra amistosa benevolencia. Conseguiré mi 
objeto, mode.sto y pequeño como mió, con 
solo apuntar algunos hechos históricos que 
corroboren mi afirmación, de que el Clero 
argentino, tomó activísima parte en la fun- 
dación de e.sta nacionalidad, que es hoy 
vuestro orgullo, y envidia de no pocos pue- 
blos, que, por azares de la fortuna y merced 
á exageraciones política?, no han logrado 
aún la estabilidad que caracterizar debe á 
las naciones bien organizadas. 

Repasando el «Diario de Sesiones» del año 
1822, de aquella fecha en que olvidándose 
los servicios á que me voy refiriendo, un 
mal acon.sejado ministro se atrevió á poner 
la mano en asunto que debía respetar, repa- 
sando aquel diario, repito, encuentro en el 



DEL Rio de la Plata 



81 



Dictamen de la Comisión de Leg-islación pa- 
ra la i-eforma del Clero, palabi-as tan signi- 
ficativas como las siguientes: Esa clase de 
ciadadanos que tanto lia contribuido con el in- 
flujo de su ministerio y tamhien con sus sacri- 
Jicios d la causa de la libertad. 

•,Y cuáles fueron esos servicios? 

No he de ser yo, señores, que aunque no 
rae considero extranjero, no aspiro al honor 
de ensalzar á vuestros hombres, quien os 
enumere sacrificios 3^ os detalle servicios 
que todos sabéis de memoria. Mientras lá 
República Argentina exista, vivirán con 
ella el incomparable Dean Funes, el cáusti- 
co Castañeda, el eminente Castro Barros, el 
seráfico Padre Oro. 

La participación que tomara el clero en la 
emancipación argentina, se patentiza con 
solo recordar que de los 30 firmantes del 
acta de Tucumán, once eran frailes ó cléri- 
gos, y si de ambos números se descuentan 
los diputados que representaban provincias 
que no forman hoy parte de la nación ar- 
gentina, resulta que fueron 25 los diputa- 
dos argentinos, diez de ellos pertenecientes 
á la clase que pocos años mas tarde debía 
ser tratada con tanta dureza por quienes 
estaban en el caso de poder apreciar sus ser- 
vicios. 

Estos diez diputados fueron los siguientes: 

Dr. Manuel Antonio Acevedo, pr Cata- 
mai-ca. 

Dr. Pedro Miguel Araoz, por Tucuman. 

Dr. José Ignacio Tames, por Tucumán, 

Dr. Pedro León Gallo, por Santiago del 
Estero. 

Dr. Pedro Francisco Uriarte, por Santiago 
del Estero. 

Dr. José Ignacio de Gorriti, por Salta. 

Dr. Pedro Ignacio de Castro Barros, por La 
Rioja. 

Dr. Fr. Justo de Santa María de Ovo, por 
San Juan. 

Dr. Antonio Saenz, por Buenos Aires. 

Dr. Fr. Cayetano José Rodríguez, por 
Buenos Aires. 

Si mi voz tuviera autoridad, señores, si 
yo pudiera aconsejaros, escudándome en la 
fuerza que dá la razón, os rogaría que estos 
nombres figuraran en letras de oro en este 
salón; y aun debierais influir para que ellos 
se esculpieran en marmórea plancha, para 



que tanto la generación actual como las fu- 
turas, sepan siempi-o que al cloro argentino 
le cabe inmensa parte en la gloriosa funda- 
ción de esta nacionalidad. 

Y aun le cabe otra gloria, la de demo-^trar 
públicamente que representante en la tierra 
de un Dios de paz y de perdón, sabe olvidar 
y perdonar las injurias que se le hicieran y 
aun rogar por los mismos que acibararan su 
existencia con medidas violentas y poco cal- 
culadas. Abone mi aserto, ente otros, el he- 
ctio de que cuando en 1880 la República 
Ai'gentina celebró el centenario de Dn. Ber- 
nardino Rivadavia, el clero, y en su repre- 
sentación nuestro virtuoso Arzobispo, no 
solo se asoció al acio que festejaba el pueblo, 
sino que celebró una misa aplicada por el 
alma del Sr. Rivadavia, de aquel grande 
hombre que tuvo, para no desmentir una 
humana le^', que poner de manifiesto una 
pequenez, la de peí seguir á la clase que con 
mayores bríos y fuerzas dmti'ibu^^era á la 
formación de la nacionalidad ai-gentina. 

Volviendo á tomar el hilo de mi discurso, 
me permitiré preguntaros. ¿Quién ha echa- 
do los cimientos de la historia nacional? 
¿Quién dio vida al periodismo movedizo, 
punzante y ligero? ¿ Quién en la Cámara 
ha representado en los primeros tiempos la 
libertad civil, hermosamente abrazada con 
la libertad religiosa? ¿Quién bendecía las 
armas patrias cuando trasponían las Andes 
ó llegHban á la ciudad de los Reyes? ¿Quién, 
en una palabra, tiene más títulos á la públi- 
ca consideración y al respeto público? 

Apena, ciertamente, el corazón de todo 
católico, observar cuan pronto se olvidan 
los beneficios; y si no supiéramos que es la 
ingratitud vicio de todas épocas y de todas 
edades, nos conturbaríamos aun más al obser- 
var como el Estado argentino ha podido 
decretar leyes que pugnan con la Religión 
y flagelar á los mismos que lo sacaron de la 
pila colonial, lo alimentaron con el salu- 
dable pan de sus consejos, y lo guiaron con 
paternal cariño cuando cruzaba los pedre- 
gosos senderos de su constitución política. 
¡Con cuánta pena pisamos la escuela laica, 
recordando que al Santo nombre de Dios, 
á los trabajos, discursos y peroraciones del 
clero, se debe, en gran parte, sino en su casi 
totalilad, la creación de esta .sonriente 



82 



Revista Económica 



República como Estado independiente! Con 
cuánto dolor no hemos de ver como este 
Estado, ingrato 3' olvidadizo, se recrea en 
campestres diversiones en aquellos días en 
que la iglesia viste fúnebres crespones por la 
muerte de Nuestro Divino Redentor. 

Más cori-amos un velo á cuanto boy, día de 
júbilo, pudiera entristecernos: recordemos 
aquellos días en (¡ue al impulso de patrióti- 
cos pechos, católicos casi todos, levantáronse 
cual sirenas, y como ellas de los mares, las 
nacionalidades americanas, y recordémoslos 
con respeto y orgullo, con respeto, porque 
ellos nos enseñaron como se lucha y se bata- 
lla por la salud de la patria, ycon orgullo 
porque los más entusiastas defensores de la 
libertad argentina, pertenecían á nuestra 
comunión, se arrodillaban al pié de los mis- 
mos altares antes los cuales hoy nos postra- 
mos, y adoraban el mismo Dios, á este Dios 
omnipotente y misericordioso que destruye 
ó crea nacionalidades á despecho de la 
finita voluntad humana. 

Sintetizaré las ideas, que ligeramente he 
apuntado, afirmando que sin el apo.\'o del 
clero argentino la independencia 3' la cons- 
titución política de este país se hubieran 
sin duda retrasado, ya que al logro de una 
y á la alineación de la otra contribuyeron 
los violentos y atrevidos discursos del Dean 
Fune.s, las templadas peroraciones del Dr. 
Agüero, las aceradas diatribas del P. Cas- 
tañeda, los pati'ióticos esfuerzos y cristianas 
virtudes del P. Oro, del inolvidable Gorriti, 
del dulcísimo José Rodríguez, de Zavaleta, 
de Figueredo, de Molina de Pedriel, de Se- 
gurarla, y de tantos y tantos otros ministros 
de aquel Dios, que para afianzar la libertad 
humana y i-omper esclavizadoras leyes en- 
tregó á los hombres su Hijo querido que de- 
bía hechar los cimientos de nuevas socieda- 
des y costumbres nuevas, basadas en el más 
consolador de todos los Credos. 

Y aun agregaré más. 

Agregaré que. siendo cierto como lo es, 
que no se mueve una hoja del árbol sin la 
voluntad del Señor, la emancipación ame- 
ricana y por conííiguiente la independencia 
argentina, son hechos históricos previstos en 
los grandes libros del destino humano, y 
realizados por la voluntad de Dios, lo que, 
aun contrariando ideas por desgracia harto 



vulgarizadas, me trae com.o de la mano á 
asegui'ar que los esfuerzos y los trabajos de 
logia «Lautaro-') se hubiesen esterilizado, si 
el clero, desobediente á inspiraciones divi- 
nas no se hubieselanzado á la palestra. 

Por manera que, yo que no soy argen- 
tino, pero que venero y respeto las leyeá 
argentinas, que quiero á la República Ar- 
gentina, que mesiento feliz al vivir en e.sta 
patria argentina, tras ese escudo que simbo- 
liza la vida, la unión y la libertad de un 
pueblo llamado á grandes destinos, veo, 
.siempre, sin querer y con los ojos del alma la 
Cruz del Redentor, el símbolo del catolicismo, 
ya que gi'acias á él existe la República Ar- 
gentina, y cada día desde aquel en que se 
constituyera, se alzan desde el pié de los 
altares, preces para su prosperidad, su cre- 
cimiento y su desarrollo. 

He dicho. 

25 de Mayo 1892. 



REPÚBLICA ARGENTINA 



CRÓNICA DE LA QUINCENA 



Mayo 31 de 1892. 

Hasta Monseñor Freppel, hablando del 93, 
admite que la Revolución ha hecho mucho 
bien, y sólo disiente con Robespierre en 
cuanto éste afirmaba que desde Clodoveo á 
ese momento la anarquía había reinado en 
Francia. ¿Qué tendría entonces de particu- 
lar que yo pensara que si la revolución de 
Julio no excluye algunos beneficios, — hay 
que imputarle á ella algunas de las moles- 
tias que el país expei'imenta en este momen- 
to? ¿O no es molestia el estado de sitio y su 

prolongación indefinida y éste estrépito 

de maniobras militares, de revistas, de pa- 
radas y de tantas otras cosas por el estilo, 
que hacen pensar en aquel dicho famoso de 
«Bieníót d forcé d'atoir des soldáis, nons 
fi auro US plus que des soldaish> 

Montaigne tiene razón, á no dudarlo, 
cuando dice en los Ensayos, que el ingenio 
humano es un gran hacedor de milagros, y 
si viviera 3^ viniera á saturarse con los aires 
del Plata, aquí podría ver realizado el mila- 
gro de que la supresión momentánea de 



DEL Rio de la Plata 



83 



ciertas preciosas garantías, sirva para dis- 
traer la atención pública,— merced á aconte- 
cimientos de otra índole, de lo que, en pri- 
mer término, la interesa y la preocupa : la 
situación económica, ese escollo contra el 
que se vienen estrellando los teóricos, desde 
luego,— los prácticos también. 

Ut ni sit, vamos andando. 

Mientras haya hombres, ag-rupados, los 
unos arrastrarán á los otros, sin muchas 
\ecQS &'á\>^' porque. En la guerra y en la 
política,— el fenómeno se observa con fre- 
cuencia. ¿Es un bien? ¿Es un mal? yo 
dejo al lector que decida exactamente como 
Monsieur d'Harcourt en su libro sobre «El 
instinto de imitación». El cita el caso, tan 
conocido, déla disparada al día siguiente de 
Solferino, por los mismos vencedores de la 
víspera, y el de un (>rador que estornuda en 
un momento patético. Yo me acuerdo de 
las alarmas de Tuyutí, al día siguiente de 
la gran victoria del 2-4 de Mayo, y de un di- 
putado amigo que no tratándose de cosa de 
risa, hizo reirá toda la Cámara por decir en 
un lapsus lingue : sub pra... por sub pre... 

Y mientras el Congreso no se inaugura, 3- 
no conocemos detalladamente las causas de 
la conformidad nacional, pongo, por razón 
de acatamiento, á los hechos,— dentro de fa- 
cultades ejercidas en nombre de la Constitu- 
ción los puntos suspensivos prudenciales. 



Lamentaré siempre la prematura muerte 
del autor de : Le gowcernement dans Ici demo- 
cratie, obra en prensa aún, y testamento á 
la vez de publicista. La lamentaré no solo por 
que lo leía genei-almente con a,tención é in- 
terés,— sino porque es posible que al fin, hu- 
biera tenido la tentación de visitar nuestra 
democracia, para estudiar nuestra Consti- 
tución y el criterio de nuestros estadistas al 
aplicarla. El Estado Providencia y el Esta- 
do Gendarme habrían sido seguramente uno 
de sus temas, prestándose también á ins- 
tructivas disquisiciones nuestro radicalismo 
revolucionario y conservador, nuestros mass 
meegtings liberales. 



Siempre que se produce un cambio en el 
personal diplomático, sobre todo, siempre 
que se cambia de Ministro de Relaciones 



Exteriores, apai'oce como un refrán: es bue- 
no i-ejuvenecer la diplomacia, sin curarnos 
de si el agraciado es ó no persona grata para 
aquellos con quienes se deben ventilar las 
cuestiones pendientes. ¡Sisólo fuera ésto! 
Xo nos curamos tampoco de examinar este 
otro inconveniente, que la diplomacia no es 
una ciencia sino un habito, que no basta 
iiuestir para ser, por aquello de que, la 
mona aunque se vista de seda, mona se 
queda. 

El mejor profesor de Derecho Internacio- 
nal, puede asi ser un mediocre Ministro de 
Relaciones Exteriores y un pobre embaja- 
dor,— en tanto que, un hombre de mundo, 
acostumbrado á vivir en cierto medio social, 
prudente, discreto, moderado,— aunque no 
se haya despestañado le^'endo á Grotius y 
á Puffendorf,— puede llegar á ser una emi- 
nencia nacional. 

Cavour, es un ejemplo en un sentido y 
Andrass.y en otro— para recurrir sin rozar el 
amor propio de nadie, en la tierra nativa, al 
extrangero. 

Por perder de vista estas particularidades, 
vemos á nuestra diplomacia criolla desple- 
gando un lujo inusitado de frase.-, sin em- 
bozo, lanzando á la publicidad un fárrago 
de parágrafos que hacen exclamar: la retó- 
rica nos mata, porque nos desacredita, mas 
de lo que podemos estar, después de pasado 
oí falso brillo,— por no haber tenido en cuen- 
ta que tarde ó temprano llega el cuarto de 
hora de Rabelais. 

Afortunadamente el «arbitrage» es siem- 
pre posible cuando la querella que surge 
entre dos Naciones no ataca la esencia misma 
de su vida nacional. La Alemania no se ar- 
mará pues contra nuestra toldería (estilo 
inocentemente pintoresco de nuestra can ci- 
lleria),— ni el Presidente de la República sin 
ser un Néstor, carece de la calma necesaria 
en las dificultades que puedan crearle sus 
secretarios de Estado. 

El país desea (¡tiene tantos deseos '.) verse 
libre alguna vez de estos faiseurs d'emlar- 
ras, que se pintan para armar tempesta- 
des como tormentas de verano. 

Lo repito: la retórica nos mata. He aquí 
un asunto sencillísimo, enredado por las 
concomitancias caseras,— á punto de poner 
en duda no solo que hay jueces en Berlín, 



84 



Revista Económica 



(puede leerse Santa-Fé), sino lo que es mas 
gi-ave aiín, si Santa-Fé, pedazo de territo- 
rio arg-entino, es ó no para nuestra diploma- 
cia, provincia autónoma y tierra civili- 
zada. 

El 11 de Abril de 1892, el Gobernador de 
Santa-Fé, contestando \ma nota del Minis- 
tro de Relaciones Exteriores, Dr. Zeballos, 
de fecha 22 de Mai xo anterior, relativa al 
proceso iniciado por heridas inferidas, en 
Colastiné al subdito alemán Metzlaff ( en 
Abril de 1887) le decia entre oti-as cosas, lo 
siguiente: 

Que el referido Metzlaff, marinero del 
buque «Alei'te», hallándose ebrio, produjo 
un escándalo, en tierra, con otros marine- 
ros, siendo requei-ido el auxilio del Comi.sa- 
rio Vichini, única autoridad presente, en 
aquel momento; 

Que el ciudadano Ramón Gai-cia que se 
hallaba conversando con Vichini, fué en 
auxilio de éí-te. al ver que el Comisario no 
tenia arma alguna en el momento del con- 
flicto; 

Que, según afirman varios testigos, Metz- 
laff fué hei'ido por Garcia; 

Que la policía (!e la Capital, una vez co- 
nocido el hecho, levantó un sumario. Ya 
el buque «Alerte», habia zarpado para el 
Rosario; donde desembarcó, enfermo, Metz- 
laff, muriendo algunos dias después, en el 
Hospital. 

A su vez, la Subprefectuj'amarítima habia 
levantado un sumario, que envió al Juzga- 
do Federal de Entre-Rios. Este exijió del 
juzgado provincial la causa iniciada por la 
Policía, sosteniendo que era de jurisdicción 
nacional. El juez provincial sostuvo que 
era provincial. De ahí, conflicto de compe- 
tencia, que dirimió la Suprema Corte Na- 
cional, estableciendo que el caso era de ju- 
risdicción provincial. 

De todo esto, se dio cuenta al Ministerio 
de R. E. en Mayo de 1887, y en Abril del 88, 
se remitía el informe dado por el Supremo 
Tribunal de Justicia de Santa Fé, en la 
causa seguida al comisario Vichini. 

Se siguieron los procedimientos con mas 
ó menos lentitud. El Ministerio de R. E. 
apuraba nota tras nota. El gobierno de 
Santa Fé, las contestaba, diciendo que no 



pedia ingerirse en las atribuciones exclusi- 
vas del poder judicial. 

A todo esto, los danniñcados no se habiaii 
apersonado en autos. Pero he aquí, que en 
Mayo de 1889, el Gobernador de Santa Fé 
recibe una nota del Ministerio deR. E. en 
que se le decia que el Ministi-o alemán ha- 
bia conferenciado con el Sr. Presidenta de la 
República, manifestándole que tenia ins- 
trucciones de su Gobierno para reclamar en 
forma, y que deseando el Sr. Presidente evi- 
tar la gestión, encargaba, á ver si podría evi- 
tarse, anticipándose el Gobierno de Santa 
Fé, á ofrecer expontáneamente como dona- 
ción ala madre de Metzlaff dos mil pesos 
oro. 

El Gobernador de Santa Fé, se negó á la 
proposición; pero Vichini resolvió pagar de 
su peculio los dos mil pesos. Alefecto se 
trasladó á Buenos Aires y con el proceso ala 
vista entregó al Ministro de Alemania, en 
el Ministerio de R. E. la referida suma. 

Al parecer todo quedaba tei'minado. ¿Ter- 
minado? Qué! Nuestra cancilleria no solo 
piensa al revés de qua: ioiit est licii qnifinit 
í¿É^í¿,- sino que ni siquiera piensa que; foííí 
est lien qui Jinit,—y hace renacer de sus 
cenizas, el afare, incitando el exeso de celo 
del nuevo Ministro alemán. 

¿No era mas argentino sostener ésta tesis: 
ese asunto quedó concluido en la forma 
A. B. C? Pero si V. E. piensa al revés, dis- 
cutamos, sin mezclar,— como parte, — á la 
Provincia de Santa Fé, con laque en todo 
evento lavaríamos ?^ Unge sal en familia? 
¿Puede compararse el caso Metzlaff con el de 
Nueva Orleans, en el que se aplica cruel- 
mente á los presos italianos el lynch law? 

Absolutamente nó. ¿Y sin embargo, eu 
aquel; ¿qué sostuvo Mr. Blaine? Sostuvo ésto 
(que era americano): el Gobierno de los Es- 
tados unidos, admite el pi-incipio de una 
indemnización á las familias de las victi- 
mas; pero no puede comprometerse en lo que 
concierne al momento preciso en que actua- 
rá la justicia (local). Valia decir, y lo decia; 
el Gobierno Federal, no puede, por la Cons- 
titución, intervenir en la administración de 
ninguno de los Estados Confederados. 

Fuerte el Gobierno de los Estados Unidos, 
en ese terreno,— el asunto se arregló, sin 
que Mr. Blaine se permitiera decir, ni insi- 



DEL Rio de la Plata 



85 



nüar que: Nueva Orleans era una loldei-ia 
de pieles rojas. 

Lo singular es que, diarios atingentes con 
nuestra actual cancillería escriben: 

« Institucionalmente, somos uno de los 
» países más adelantados déla América del 
» Sud. 

, «Nuestra Constitución, calcada sobre la 
» de los Estados Unidos del Norte, contiene 
» declaraciones y prescripciones que, lleva- 
» das k la práctica, seria garantía de buen 
» Gobierno y de un progreso moral y mate- 
» rial indefinidos.» 

Sin estar conforme con e\ calcado, pregun- 
to, - y entonces en qué quedamos? En lo de 
siempre: en la frase hueca, vacía de s'^ntido 
aplicable al caso ocurrente y en la doctrina 
por complacencia contra el derecho público 
argentino. 

Pero ya que nuestra cancillería no ha 
querido seguir el ejemplo de la de Washing- 
ton, por lo menos, 3a que de cosas alemanas 
se trataba, porqué no siguió el del Irapei'io 
alemán? 

Recordai'é el caso que se ha llamado 
«Schnabclé»,— caso típico de cordura. 

El centinela de ese nombre, mata en la 
frontera á Bignon, hiriendo á Wangen. En 
el acto el Embíijador de Alemania en París, 
avisa que el Gobierno de Berlín admitía sin 
esperar el resultado áerenqueíc el principio 
de una indemnización,— y el Gobierno de 
Francia sin complacerse en discurrir sobre 
si haj' allí justicia y jueces, acepta, — con 
fecha 7 de Octubre de 1887, la nota que 
dice: « Ye prend la liberté de mettre á vó- 
tre dísposítion la somme de 50.000 marlis 
montant de l'indemnité en questión.» 

Y Schnabelé es indultado,— aunque hizo 
fuego y mató sin ser agredido; al contrario 
del caso de Santafé, en el que hay riña, 
desconocimiento ae la autoridad, agresión á 
esta, y a3'uda de un ciudadano á la fuerza 
pública,— ciudadano victimario, sin quei'er- 
lo, es decir, en defensa del fuero de la auto- 
j-idad local y del suelo patrio. ¡Y qué victi- 
mario! (muerto ya), y sin que esté probado 
si Metzlaíf murió después de las heridas 
que recibió, quedando en libertad ó de rí'í- 
lirlum tremens 

Un pueblo pequeño, fuerte en su derecho, 
puede ser altivo, sin baladronada,— y á los 



quede allende los mares censuren, en su ig- 
norancia, nuestra falta de civilización, bien 
podemos redarguirles con los discui-sos del 
mismo Parlamento Alemán en el que hace 
poco se usaba este lenguaje (crónica autén- 
tica.) 

El canciller había sostenido esta doctrina, 
—que yo no acepto: 

«Cuando se trata de redactar un ccidigo 
«penal militar, á los militares y no á los pai- 
<. sanos y legistas, corresponde decir la últi- 
« ma palabra. 

«Si hacer obligatoria la queja de los sol- 
• dados maltratados le parece contrario á la 
-disciplina, más grave todavía encuentra 
« el canciller que se de á los pi-ocesos forma- 
«dos por tal causa la publicidad que piden 
« las oposiciones. En su concepto, con e.=;ti> 
« se dá armas á los socialistas, que las em- 
« plearían para minar los fundamentos del 
" Ejército. 

«Un diputado progresista, Kíchter, recha- 
« za con indignación este cargo. Precisa- 
« mente su partido, al apo.yar la proposición 
«que se discute, persigue lo contrario, quie- 
« re que en el ejército se trate bien á los sol- 
« dados y no se les de tan justos motivos de 
« queja para que la propaganda socialista 
« no pueda hacer pi-osélitos en las filas, 
«como indudablemente los dará, si encuen- 
« tra en ellas hombres decididos á todo, has- 
« ta el suicidio, con tal de escapar por la 
« muerte á los martirios de que se les hace 
« víctimas. 

« El diputado Haussman, demócrata, con- 
« testa con gran energía al canciller. iia1)ía 
« éste dicho que el nivel moral del Ejército 
« baja, porque baja el nivel moral de la 
« creación, y el diputado exclama:— Lo con- 
« trario sí que es verdad. La barbarie que 
« reina en el ejércto invade poco á poco á la 
« nación que pasa toda ella por los cuarteles 
«3' éste es un triste resultado de estos vein- 
« te últimos años. » 

* 
* * 

Abrióse al fin.... el tan esperado Congreso. 
La ansiedad pública soñaba con una sorpre- 
sa: la ha tenido. El Mensage presidencial 
me hace pensar en que si vulgarmente se 
define la palabra « como el medio de 
hacer conocer el pensamiento » un célebre 



86 



Revista Económica 



diplomático ha hallado que era más bien el 
medio de ocultarlo. Nada, pues, ni una li- 
nea,— sobre el estado de sitio, nada sobre las 
causas reales que lo motivaron, absoluta- 
mente nada; sino que aún liay que esperar. 
Esperaremos. 

Yo habría deseado, sin embargo, menos 
extensión en los detalles administrativos. 
Estos documentos deben ser sintéticos. Así 
lo eran antes de la invasión de la frase, que 
es medio, no fin. Así son en otras partes. Así 
son en los Estados Unidos. Y los más gran- 
des Imperios no conocen otro temperamento. 
Un mensage no es una memoria. 

The well come massage, was soon recived, 
exclama Dryden. Un mensage se completa 
por los diversos ministerios. Si es inconmen- 
suraUe-niente largo, hace sospechar que la ex- 
tención «sea solo el martillo que quiere ha- 
cer entrar la noción en la cabeza recalcitran- 
te.» De todos modos se habría preferido saber 
lo que el Presidente ?//c«.<frt y no lo que el 
Presidente dice. Su pensamiento habría si- 
do una novedad tanto más interesante, cuan- 
to que hay sobriedad en su estilo, algo asi 
como una armonía con su temperamento. 
Lo quedice ya se sabía. El paístiene muchos 
ojos que observan. Las cifras reales no son 
jamás para él una revelación. Son mas bien 
un mirage para el que las agrupa. Por eso 
raramente dejan de ser discutidas entre noso- 
tros. Es extraño que un espíritu tan prático 
como el del Presidente de la Repilblica, no 
haya observado el fenómeno. Otra presiden- 
cia viene ya, ya. Habría sido bueno, estoy se- 
guro, cerrar el período de las frases, inau- 
gurando, nó, volviendo mejor dicho, al de la 
sobriedad. Nuestros homl)res públicos de- 
bieran convercerse de que hay muchas ver- 
dades rechazadas de antemano, solo porque 
se pretende sacar de ellas consecuencias exa- 
jeradas; 3^ esto lo aplico á la parte del Men- 
saje que se i-efiere á nuestras finanzas. 

Es inoficioso todo empeño en explicar los ma- 
les económicos y financieros del país. Cuan- 
do todo el mundo sienta la mejoría, el mal 
habrá pasado, y quedará subsistente el afo- 
rismo de que la verdad y el progreso, no se- 
enjendran sino en el dolor,— y que solo bri- 
llan después de la crisis. 

* 



El estado de sitio continúa el Men- 
saje no hace esperar na la al respecto; y está 
cohibida la libertad de discusión ; y las opi- 
niones no concuerdan sobre la eficacia de 
la medida. Yo afirmo empero que vino en 
su hoi-a. Pienso también, que cuando hay 
una proocupación, que perturba, el poder 
publico debe, empleando los medios legales, 
indiscutibles, estirparla. Algo de esto se ha 
hecho. Pero siento que el G oh le r no, em^lQo 
la palabra en el sentido americano del norte, 
no haya sido explícito en su primer Mensage 
desde que no es discutible que es el Presi- 
dente el que juzga en primer instancia de 
las exigencias de medidas, que no por estar 
dentro del radio de sus facultades dejan do 
ser exepcionales. Sí, él es el primor juez. Por- 
qué? Porque el juramento constitucional que 
presta el primer majistrado de la República 
le obliga no solo á ejecutar las leyes sino á 
mantener la constitución,— de donde se de- 
riva una gran libertad de acción, una lati- 
tud inmensa, que nadie puede contestarle. 
No temo por consiguiente los conñictos que 
se anuncian. Habrá cuando mucho una tem- 
pestad dentro de una tetera y como una tenta- 
tiva parlamentaria,— de escatimarle al Poder 
Ejecutivo sus facultades. 

E! estado de sitio, no me permite emitir 
opinión sobre el único punto en que el Con- 
greso tendrá que mostrar tanto saber como 
sentido político: sus inmunidades. 

Sea de ello lo que fuere, y no pensando 
que hemos de descubrir « nuevas estrellas» 
en el actual período, opino que pasará,— con 
esto,— lo que ha pasado en los Estados Uni- 
dos en sus períodos más críticos: no ha ha- 
bido conflicto entre el Ejecutivo y el Con- 
greso que no ha^^a concluido ventajosamen- 
te para el primero. 

* 

El Presidente de la República el mismo 
día en que abría el Congreso,— asistía á una 
ceremonia de las más interesantes: la cola- 
ción de grados universitarios de una pléya- 
de de prestigios en pei-spectiva. .1 ioiU seig- 
neur íout lionneiir. Su discurso sino es el re- 1 
verso de su Mensaje,— tiene algo de caracte- " 
rístico. Hay en esa pieza oratoria nutrida de 
pensamiento, elegantemente fácil lo que se 



DEL Rio de la Plata 



87 



echa de menos en su Mensage. Aquí hechos 
y hechos, los millones que se han movido, 
los hombres que han maniobrado,— lo ma- 
terial. Allí, al contrai'io: el ideal en nombre 
del cual se vive y sojuzga. Hay como se 
vé, una sombra cuando so sube al vasto 
escenaido de la Nación y un ra^^o de luz co- 
mo sise vislumbrara la esperanza al enca- 
rarse con la j uventud 

Hay que vivir de compensaciones: vivi- 
mos pues, y lo repito: esperemos. 

Licio A\ Maxsii.la. 

Post-Scripiii.jii 

En la estampa ya lo que antecede y no 
permitiendo la confección de la Kevlsta es- 
cribir de un dia para otro, tengo que recur- 
rir á esta nota. 

Volviendo sobre la premura de nuestra 
cancillei'ía en el asunto Metzlaff, recordare- 
mos que en los archivos del Ministerio de 
R. E. está el comprobante de otros asuntos 
que han andado con pies tan pesados como 
el de la <Jeuiie Amélie»,— que duró casi 
veinte años. ¿Para qué hablar del caso 
Dreyfus en el Perú, pendiente aún? Para 
eso sirve la diplomacia, que en ciertos casos 
(^%e\2i\'ieáQprocrastinai\ De ahí que, en 
los reclamos comerciales, las partes prefie- 
ran cualquier otro temperamento que no 
sea la vía diplomática. 

Sobre el estado de sitio y sus causas, visto 
el mensaje, no tengo nada que agrega:': 
abundan los documentos, los hechos, de 
mayor ó menor gravedad, las conjeturas, 
más ó menos plausibles,— siendo mi convic- 
ción personal que «cuando el rio suena, 
agua ó piedra lleva», en una palabra, que 
había una conspiración contra el orden legal; 
pero no abunda la doctrina, en virtud de la 
cual, cuando eso caudal de datos se posee 
por el poder publico, la previsión aconseja 
salir de lo «normal», y mucho menos abun- 
da la doctrina en que debe apoyarse la pro- 
longación de un estado de cosas, «anormal». 



REPÜBLICA ORÍEim DEL ÜRIIGÜÁÍ 

CRÓNICA DE LA QUINCENA 

Aún cuando hemos aumentado la canti- 
dad de páginas de este número de la La Re- 
vista, la abundancia de materiales nos obli- 
ga á reducir á poco espacio la presente cró- 
nica de la quincena. Por otra parte, el asun- 
to principal que preocupa hoy la atención 
pública, que es el proA'ecto Noetzlin, lo tra- 
tamos separadamente. 

« La Nación » de Montevideo que, como 
se sabe, es comunmente el eco de las ideas 
predominantes en las altas esferas oficiales, 
se manifiesta de acuerdo con nosotros en 
que es conveniente impulsar el renacimien- 
to de la vida democrática en la República 
Oriental, y solo no está conforme con la opor- 
tunidad, creyendo que no sería conveniente 
en la actualidad un movimiento de este gé- 
nero «dada la situación delicada en que fi- 
nancieramente se encuentra el país.» 

Dice mas, agregando que ha insistido 
numerosas veces por que se opere ese renaci- 
miento con lo que viene á darnos razón, re- 
conociendo que, como lo decíamos, estamos 
fueradel orden institucional, con lo cual se 
comprueba que nuestra divergencia está 
en un solo punto. 

Nuestro ilustrado colega montevideano 
cree que los intereses financieros aconsejan 
aplazar el renacimiento á la vida democrá- 
tica, mientras que nosotros creemos y soste- 
nemos que la efectividad del régimen de- 
mocrático es base imprescindible de una 
mejora efectiva en el orden financiero y 
económico del país, como creemos y soste- 
nemos que mientras no vuelva el país á la 
vida realmente democrática, que dará repre- 
sentación á todas las aspiraciones patrióti- 
cas, hay que aplazar todos los negociados 
que, como varios de los que se pro^^ectan, 
comprometen por una generación los desti- 
nos económicos de la República. 

Harto injustos serán los que quieran en- 
contrar en nuestras palabras un átomo de 
pasión ó de malquerencia, puesto que no ex- 
presamos mas que lo que la ciencia y la 
experiencia enseñan y lo que el deseo pa- 



Revista Económica 



triótico de la felicidad de la patria nos acon- 
seja. 

No somos amigos de ostentar erudición, 
como parece creerlo nuestro apreciable co- 
lega, y si k citas solemos recurrir, ó es para 
autorizar nuestra palabra con la de opinio- 
nes de reconocida competencia ó como, en el 
presente caso, para alejar la idea ó prevenir 
el argument-) de que forjamos principios 
con propósitos de oposición ú Gobiernos ó á 
personas, cuando solo nos preocuparnos del 
bien general. 

Consecuentes con esto no es al Director de 
e.sta publicación solamente á quienes los 
lectores de La Eevista van á oir, sino á pri- 
meras autoridades en el punteen discusión. 
Oigamos íi los maestros de la ciencia: «El 
hombre de Estado, dice St. León en su estu- 
dio sobre Crédito Público, debe ver que hay 
incompatilidad entre el ejercicio del crédito 
público y el sistema autocrático: es preci.so 
escojer entre uno y otro.-> 

«Es preciso convenir, dice Canga Argiielles 
en sus Elementos de la Ciencia de Hacien- 
da, en que solo con un Gobierno libre ó mo- 
derado pueden negociarse con ventaja los 
•préstamos. En el absoluto ¿quien fia? El ca- 
pricho lo decide.» 

«La autoridad, dice Juan Bautista Say en 
su Cur.'ío Completo de Economía Política 
que no está restringida por ninguna forma 
tiene siempre menos ci-édito que los Gobier 
nos representativos.» 

«El crédito, dice Hernández Amores en 
sus Nociones Elementales de Créditos Pú- 
blico, quiere Gobierno representativo,q' con- 
trate por la Nación y para la Nación, y 
no por sí y para sí; quiere la seguridad que 
dk la ley votada por el cuerpo de Represen- 
tantes del pueblo, y ñola débil que puede 
inspirar un monarca, cuya voluntades co- 
munmente esclava de los caprichos de sus 
favoritos» — Atribuye la prosperidad de In- 
graterra y su crédito á la verdad de su ré- 
gimen Representativo. 

«Un sistema de crédito público, dice Pió 
Pita Pizarro en su Examen Económico crí- 
tico de la Hacienda, solo pupde tener esta- 
bilidad en un Gobierno Nacional representa- 
tivo porque es el menos suceptible de abu- 
sar de su autoridad». 

Abrámoslas píiginasde la Historia Fnan- 



ciera de la América y siempre nos encon- 
traremos inexorablemente con que el incon- 
dicionalismo Parlamentario, la autocracia 
del jefe del P. E. ha tenido por consecuencia 
lógica cuando nó la bancarrota, exorbi- 
tantes compromisos para el erario, sin com* 
pensación para el país, y los más funestos 
errores económicos. 

La omnipotencia no solo favorécelos abu- 
sos de los que mandan, sino que en muchos 
casos llevan k estos A los mayores errores 
aun con buena intención, no supliéndose 
nunca ni por las más revelantes condiciones 
individuales las garantías de acierto que 
presenttfi el voto libre y el debate consciente 
délos Representantes genuinos de las aspi- 
raciones, de las tendencias 3- del sentido 
práctico de la Nación. 

Ahí tiene el colega demostrado y com- 
probado como el renacimiento ala vida de- 
mocrática en vez de aplazarse en beneficio 
de las condiciones financieras del país, debe 
anticiparse y hacerse una verdad en vista 
mismo de nuestra actual situación, como 
medio de reparar los males por su base y 
como condición indispen.sable para poder 
adoptar, con garantías de éxito, las medi- 
das' trascedentales que en beneficio del país 
deben tomai se. Un hombre por privilegia- 
do que haya sido por la naturaleza, no pue- 
de tener la pretensión de acierto como la 
que presentaría la opinión del país qup, por 
cierto, no es siempi-e la de cuati'o individua- 
lidades que monopolicen la prensa, é invo- 
can inautoi'izadamente su nombre. 

Tiene siendo igualmente, en el orden po- 
lítico, materia de discusión, los procedimien- 
tos que más convienen para la constitución 
de la Comisión Directiva del Pai-tido Colora 
do, materia ([ue no puede dilucidarse sol 
teóricamente. 

Los procedimientos á los que deben darse 
preferencia .son los que mejor puedan pre- 
servarnos de la acción anti-democrática que 
tan tristes frutos lia dado al país 3' á los par- 
tidos. 

La cuestión de los derechos políticos de 
los militares también tiene y muy ju.sta- 
mente preocupada la opinión pública y 
muy especialmente al Partido Colorado, de 
cuyas delibei-aciones se persiste en quei-er 
mantener separados á numerosos miembros 



DEi, Rio de la Plata 



89 



prestigiosos por sus servicios y probada in- 
dependencia. 

Consecuente con esa tendencia, si nú in- 
tencional, lo que no queremos presuponer, 
al menos, prácticamente contraria á los in- 
tereses de ese partido y al renacimiento do 
la vida democrAtica, la Comisión de Milicias 
de la H. Cámara de Representantes ha infor- 
mado sobre el oportuno y patriótico proyec- 
to del Representante Dr. Don José Román 
Mendoza, y en vezde modificar sustérminos 
sin en algvín punto no lo juzg-ase conve- 
nientes, ó presentar un proyecto sustitutivo 
que satisfaciese el objeto que se tiene en 
vista, se limitó á aconsejar el tradicional 
Archívese con que se vienen anulando las 
iniciativas parlamentarias. 

Entrado el país en un período de franca 
reacción, es de esperar que las Cámaras no 
se queden atrás y no nieguen su voto á un 
proyecto que como ese está destinado no 
solo á beneficiar políticamente al país, sino 
á suprimir una causa de frecuento descon- 
tento, y á colocar á la clase militar en las 
condiciones constitucionales que le corre.s- 
ponden. 

Uno de los resultados de no haberse pro- 
cedido antes en el sentido indicado por 
el Dr. Mendoza fué el de encontrarse el 
Gobierno en el caso de mandar arre.?tados 
álos distinguidos jefes que asistieron alas 
democráticas i-eunionesdel partido Colorado, 
que tuvieron lugar últimamente, y que, co- 
mo democráticas y pacíficas, no están en el 
ca.so de lo que racionalmente pueda pro- 
hibirse á los jefes que, no teniendo mando 
de fuerzas, no están en realidad en .servi- 
cio activo. 

Ya que de esto hablamos, no podemos dejar 
de detenernos sobre el segundo arresto que 
esos jefes han sufrido motivado por el hecho 
de, al concluirse el primero, no haberse pre- 
sentado al Sr. Presidente de la República, lo 
que sentimos tener que decir que no juzga- 
mos que correspondía al caso. 

Lo que las ordenanzas militares en todos 
los países disponen, es que cuando un oficial 
subalterno sea arrestado por cualquier fal- 
ta, él debe, al terminar el arresto, presen- 
tar.se al superior inmediato á fin de comu- 
nicarle que está nuevamente pronto para el 
.servicio. 



Desconociéndose los objetos á que e.sto 
corresponde, se ha extendido la obligación á 
las clases superiores, llegándose, com > en es- 
te caso, á lo que ninguna razón de servicio, 
uingunacon.sideración de buen sentido, pue- 
de justificar. 

Hay más, el Presidente de la República 
no era el superior inmediato de los jefes 
arrestados, de modo que aún en el ca.so de 
deber ellos hacer la comunicación de estar 
prontos nuevamente para el servicio, á quien 
únicamente debían dirigirse era al Estado 
Mayor ó al Ministro de la Guerra, óá cual- 
quier otro que fuese el superior inmediato. 

Para las ordenanzas la falta de parte de 
un Coronel, por ejemplo, no estaba en no 
hacer la comunicación al Presidente direc- 
tamente, .sino precisamente en el hecho con- 
trario, esto es en hacerlo prescindiendo de 
los superiores inmediatos. 

Lo que se ha exijido, además de depre.sivo 
contra quienes tienen títulos á todo género 
de consideraciones, con.stituye una falta á 
los principios cardinales de la organización 
militar. 

Con la imparcialidad que nos caracteriza 
agregaremos que esa errada inteligencia 
que seda á las ordenanzas militares, no es 
obra del actual Gobierno.— Viene de atrá.s. 

El male.star económico se sigue acentuan- 
do como es natural que suceda mientras no 
se remedie la raríficación del medio circu- 
lante, que vá anulando todos los valores, y 
.se prosiga, en estas condiciones, forzándola 
liquidación de todas las obligaciones pen- 
dientes. 

Mientras tanto, los que tienen en sus ma- 
nos sacar al país de ese camino de postra- 
ción 3?^ de ruina, se entretienen en debatir 
abstractamente las excelencias de la circu- 
lación oro, .sin apercibirse deque, como ya 
lo hemos dicho en nuestra Crónica ante- 
rior, no basta que la moneda no se depre- 
cie, sino que es también indispensable tra- 
tar que no se vaya, como pasa ahora en el 
Estado Oriental, á la anulación de todos 
los valore.s, debido á la e.scasez del medio 
circulante. 

Las conveniencias generales de un país 
aconsejan huir en lo posible de uno y otro 
extremo, y considerar no solo á los que de- 



00 



lÍRVrSTA 1m'oX(').MICA 



ban recibii- dinero, sino también á los que 
teng-an compromisos 6 pag-ar. 

De ahí el que no se pueda sensatamente 
obtar por el papel, por la plata ó por el 
oro, sin apreciar las condiciones especia- 
les en que encuentre un país, que son las 
que determinan la conveniencia del medio 
circulante ú que se deba recurrir. 

Desconocer esto importa revelar falta 
completa de toda noción de las funciones 
que A las monedas corrresponden. 



REVISTA BURSÁTIL 



Necesidades del gobierno nacional para el 
pago del cupón de Junio do sus empréstitos 
en servicio, le han hecho fuerte comprador 
de oro en la quincena, y el comercio que ha 
podido descontar todos los documentos de 
su cartera k tipos entre 7 12 «/y y 9 '',>, libe- 
ralmente, ha aprovechado también esta 
ocasión pai'a remitir á sus acreedores de 
Europa sumas de tantas consideración como 
justifica la baja de los cambios sobre Lon- 
dres de47 3;-lá47 3 8. 

Sin embargo, el alza en el precio del me- 
tálico no ha sido mayor de sesenta centavos 
en onza en la quincena, que termina con la 
cotización do 5:1.40 ó sea 328,10 %, lo que 
prueba que la tendencia de valorización de 
nuestro billete sigue 3' eso quo aun faltan 
12 dias para la elección de Presidente de la 
República, heclio que muchos esperan para 
desprenderse del oi'o ¡idquií-ido en los pasa- 
dos dias de susto. 

Se nos dice porpersona generalinonto bien 
informada que lian llegado hoy á dos casas 
inglesas wuy conocidas de esta plaza, órde- 
nes telegráficas de Londres para venta de 
oro fin de Junio é inversión de papel en 
buenas colocaciones. Si la -noticia es exacta 
y repetimos tenerla do buen origen, habrá 
que creer en una gran mejora del juicio in- 
glés S'.'bre el porvenir argentino quo podrá 
influir grandemente en las próximas cotiza- 
ciones delmetálico. 

En diez por ciento han mejorado los che- 
.quesdel Banco Nacional á causa de mejores 
noticias de su liqui(lación y algún movi- 
miento especulativo que acompaña siempre 
tales rumores. 



Notamos un punto de alza en Cédulas Na- 
cionales, consecuencia de la mejor posición 
de todo /o Xacional é invariables las Pro- 
vinciales por las razones expuestas en nues- 
tro número anterior. 

Los empréstitos de 1891 3' 1892 han subi- 
do 2.30 y 5.20 0/'^ respectivamente, siguien- 
do la proporción con el tipo de interés en 
plaza. Haj^ además para estos valores co- 
mo motivo de alza, la reapertura de la sus- 
crición de acciones del Banco de la Nación 
para los días del G al 20 de Junio con títulos 
del 91,. y especulaciones en aml)os conque 
empieza á despertar nuestra Bolsa. 

Diez por ciento de alza en Banco Espa- 
ñol, once por ciento en Banco de Italia, uno 
y medio en Banco Italiano y ©cho y medio 
en Banco Francés justifican nuestras pre- 
visiones en revistas anteriores. Bastos precios 
son firmes, pero nos parecen en general su- 
ficientes por el momento. 

El bclance publicado poi* la Compañía 
Primitiva de Gas ha mejorado la cotización 
de sus acciones en 21 0,'^, así como el de «La 
Ai'gentina» fábrica de papel en 15 o/" no- 
tándose en general mejora en todos los valo- 
res especialmente los industriales que se 
anuncian 3'a como los dueños del próximo 
período de fiebre, y, lógicamente, autores de 
la próxima crisis. Seguirá así la Repúbli- 
ca -Vrgentina su desai'rollo natural: funda- 
ción de la ganadería— crisis de 1874; fun- 
dación de la agricultura— crisis de 1890; 
fiindación de la industria— crisis de. . . ( 

Nada podemos decir de oscilaciones de va- 
loros en la Bolsa de Montevideo desde que 
los pocos que allí se tratan permanecen es- 
tacionarios. Se persiste en creer posible la 
fundación de un Banco Nacional con capi- 
tales exti'angeros, aunque tengan á la vista 
que esos mismos capitales se resisten á en- 
ti-ar en mejores condiciones en un Banco de 
mayor porvenir como es el de la Nación Ar- 
gentina, y se descuida por completo la fun- 
dación ó al menos el estímulo de fundación 
en los departamentos, do bancos locales que 
liijren á la República Oi-iental de la conges- 
tión cerebral que padece con la mitad de su 
población y la totalidad de sus recursos en 
la capital. 

V. 



DKL Rio df. la Plata 



91 



MoYimienlo Mrsátil de h segunda quincena de Mayo de 1892 



BOLSA DE BUENOS AIRES 

(DEL U AL 31 DE MAYO) 



HASTA Mas bajo I Mas alto 
•; MAYO 14 



Metálico i 

Onzas ' ! I 52.80 

Libras e.steriuias. .. ; ' 16.36 

Cambios 

Iníílateri'fi 41 



Fi'íincia 

Bélgica 

Alemania 



5.02' 
5.03' 
4.07' 



Cheques 



Banco Nacional 31 .50 

Banco de la Provinci-i.. I 52.r)0 

Banco Hipotecario cié l.i i'iovjncia— buuu.s. I 14.ri0 

Banco Iñudes dol liio de la Plata (papel)... i 20 — 

» » » (oro) ' 7 — 



Cédulas Hipotecarias Nacionales 

de renta 



Serie A 


(oro) 5 % 


>> A 


m/u 7 "/j 


» B 


» 7 % 


» Ü 


» ■/ "/., 


» D 


» 7 "„ 


■> E 


•' 7 \ 



Cédulas Hipotecarias Provinciales 



Serie A (oi-o) O % do renta 



$L 



8 «/o 
» fi "/o 

min () "i, 
» 6 "/, 
» 8 \ 
» 8 0,, 
» 8% 
» 8 % 
^l ra/n 8 % 
N » 8 "/o 
O » 8 \ 
P y 8 ^' 



Fondos y Títulos Públicos 

Fondos Públicos Nacionales de 1884. 
Empréstito Nacional Interno 1891 . . . 

Id. de 1802 

Loteria Municipal de la Capital 



30 - 
97 — 
95 — 
89 — 

93 — 

94 - 



12 — 
30 — 
29.50 
30 - 
30 - 
29.50 
30 - 
30.40 
30.50 
30.50 
30.30 
30.40 
30.50 



oó — 
62.20 
53 — 
35 — 



52.80 

16.40 



47.'/, 
4.98' 
4.99'; 
4.04 



22 

50 
15 
20 

7 



31 - 

99 — 

90.50 
92.50 
94 — 



12 - 

31 - 
30 . : O 
28.50 
28.60 

32 — 
31.50 
30 — 
30 - 
29.80 
30 - 
30 ~ 
29.90 



53 - 
62 — 

55 — 
35 — 



Ultimo precio 

niST.i. 
MATO 31 



54.70 53.40 
17 — 16.60 



47.% I 47.% 
5.02'/, 4.98 
5.03'/¡ i 4.99 



4.07',V 



31.50 
53 — 
16.50 
20 — 

7 — 



31 - 

99 — 
95 — 
91 — 
93.80 
94 - 



12 - 

32 — 
31 - 
20 - 
29 — 

33 - 
31..^.0 
30.60 
30.50 
30.40 
30.40 
30.40 
30.40 



53 - 
63.50 

58 — 
35 — 



4.03 



21 - 
53 — 

16 — 
20 - 



31 - 

99 — 
95 — 
90.50 
92.50 
95 — 



12 - 

32 - 

31 — 
28.80 
28.90 

33 — 
31.50 
30.20 
30.20 
30.20 
30.10 
30.20 
30.20 



53 — 

64.50 
58.20 
35 — 



92 



R¡^VISTA ErOXÓMICA 



lUltimo precio 

I HASTA Mas bajo 

Mayo 14 



Más alto 



Acciones 



BANCOS 



96 



Español del Rio de la Plata 

Italia y » :>^ » » (oro) 75 — 

Crédito Real 27 — 

Nuevo Banco Italiano i 40 — 

Banco de la Bolsa 39.50 

Francés dol Rio de La Pinta ^.' 37 — 

Hipotecario de la Capital (Bono> uro; ".. 41 — 

Constructor de La Plata 4.50 

Id. id. (obligaciones) ; 0.60 

Agrícola Comercial...^ i 15 — 

Banco Inmobiliario ! 25 — 

Banco de Comercio 1 75 — 

Banco Caja de DescueMitos ¡ 80 - 



Comei-cial de La Plata. 
Comercial 



compañías 



8.50 
30 - 



La Edificadora 80 

La Previsora (Corapañia de Seguros) ¡ 29 

La Primitiva Compañía de Gas '[ 65 

Gas Ai'geníino I 40 

Empresa del Edificio de la Bolsa 1125 

La Argentina (fábrica de papel) 6i 

Muelle y Depósitos de las Catali n;;s 780 

La Buenos Aii-es (Compañía de Seguros),.. 80 

Compañía General de Reaseguros ! 7 

Kid y C'-» - 8 

Telegráfico Telefónica i 6'j 



BOLSA DE MONTEVIDEO 

(DEL 15 AL 31 DE MAYO) 



Acciones Banco Nacional ' 8.20 

Billetes » » 58 — 

Deuda Unificada 40 — 

Títulos hipotecarios Serie 1) 28.90 

Cédulas hipotecarias » A 29 — 

Id. id. - B 28 — 

Deuda araortizable • 33 — 

Deuda del Interior 33.40 

Deuda Independencia 31.20 

CAMBIOS 

Inglaterra 51 . ' ^ 

Francia... 5. 37 

Bélgica nominal 

Alemania 4.36 



100 — 
80 - 
27 — 
41.50 
39.50 
38 - 
41 — 
4. -50 
0.80 
17 — 
30 - 
70 — 
80 - 
8.50 
30 - 



80 — 

29 — 
82 - 
40 — 

125 - 

80 — 

7.70 

30 - 

15 — 
65 — 



7.50 
55.80 
39 - 
28.70 
28.30 
28 — 
33 - 
32.80 
31.20 



50^;, 

5.33 
5.34 
4.30 



110 - 

86 — 

27 - 

43 — 

39.50 

45.50 

41 — 

4,50 

0.80 

17 — 

30.50 

80 — 

80 - 

8.50 

30 - 



80 - 

29 — 
87 — 
40 — 

125 — 
80 - 
8.10 

30 — 
7 — 

15 - 
65 — 



8 — 
64.40 
39 — 
29.50 
29 — 
28 - 
33 - 
33.20 
31 .20 



51.1/, 
5.36 
5.36 
4.32 



HASTA 

MAYO 31 



106 - 

86 — 

27 - 

41.50 

39.50 

45.50 

41 — 

4.50 

0.80 

17 - 

30.50 

80 - 

80 — 

8.50 

30 - 



80 - 
•?9 - 
86 - 
40 — 
125 - 
80 - 

7.80 
30 - 

7 — 
15 - 
65 - 



7.50 
55.80 
39 - 
28.70 
28.70 
28 — 
33 — 
32.80 
31.20 



üO.';« 

5.33 
5.34 
4.30 



2* Época.— Mm. 4 



í.") (le junio de 1892. 



REVISTA ECONÓMICA 



DEL 



RIO DE LA PLATA 



DIRECTOR: DOMINGO LAMAS 



La (Íue^í5ión Monetaria i^r^geníiina 



El rápido descenso del oro que al presente 
se maniflesta en nuestra Bolsa de Comercio, 
es un hecho que no dehe preocupar menos 
la atención pública que la fuerte deprecia- 
ción que la conmovió hace algunos meses 
y que tan honda impresión hizo en el áni- 
mo popula)'. 

Hoy el peso nacional viene valiendo cada 
dia más pero no solo en relación al oro sino 
también, en mayor y menor proporción, en 
relación á todo. 

ün aumento de valor limitado ala rela- 
ción con el oro seria un hecho solo esplica- 
ble por una transitoria importación que de- 
primiese éste metal en los límites estrechos 
délos g-astos é intereses que representa su 
exportación, pero lejos de importaciones de 
metálico tenemos más bien necesidades de 
exportación, de lo que se deduce que la va- 
lorización que presenciamos es consecuen- 
cia de un aumento de ti-ansacciones, de 
una escasez relativa de papel. 

Considerada así, la valoi'ización es un 
buen síntoma, si bien ella lepresenta una 
cantidad negativa para el progreso yel bien 
estar social, pues da la medida de una esca- 
sez de numerario y de una fuerza de com- 
prensión que contrarían el desenvolvimiento 
general al' mismo tiempo que vienen á alte- 
rar las condiciones propicias que tanto han 
favorecido el desenvolvimiento del trabajo 
nacional, y á alterar en el orden privado las 
facilidades escenciales de liquidación de 
los compromisos internos, á la pai* que 
crea, en cuanto á los oficiales, nuevas di- 



ficultades que no se compensarán con los 
beneficios aislados de empresas y casas de 
comercio extranjero que son las que princi- 
palmente lucran con la baja del oro. 

Sabemos bien que en esta apreciación nos 
separamos de las ideas preponderantes en 
el gobierno y en la prensa del país, escepcióu 
hecha de nuestro ilustrado colega «El Dia- 
rio», pero tenemos plenísima conciencia de 
lo que afií-mamos. 

En el orden económico hay que observar 
prolijamente y distinguir con claridad, so 
pena de incurrir en los más graves y per- 
judiciales errores. 

La valorización de los bienes generales no 
es lo mismo que la valorización de las mone- 
das; una y otra son mas bien fenómenos fun- 
damentalmente antagónicos, así como es me- 
nester tener presente el error que encierra 
el considerar el valor escrito de los billetes 
como su par ó tipo normal, puesto que para 
las transacciones, el verdadero tipo á la par 
es el que corresponda á la relación de los 
billetes con los demás valores; de modo que 
toda valorización no importa mas que bene- 
ficiar la situación de los que tengan que co- 
brar á cspensas de los quotenganque pagar, 
al mismo tiempo que, como lo vamos á de- 
mostrar, viene á favorecer á los que tienen 
que importar á espensas de los que tienen 
que producir. 

La experiencia universal ya ha compi-o- 
bado la falsedad del principio de la rcgln- 
mentación natural de la moneda, fundado 
en el equilibrio que se creía conseguir con 
una compensación matemática del aumento 
ó disminución de la cantidad de ésta por el 
alzaóbajade los precios, demostrando quela 



94 



Revista Económica 



primera es elemento de espansión, y que la 
mayor demanda que provoca puede compen- 
sai'lo, mientras que la disminución no ataca 
solo los precios, sino el giro y la solvencia ge- 
neral, aparte de que las espansionesó restric- 
ciones de numerario, actuando sobre las de- 
mandas de distinto modo, y luchando con 
los liábitos que tanto influyen en los precios, 
subvierten las condiciones generales econó- 
micas de la producción y délos consumos, 
con la particularidad de que las valorizacio- 
nes o relativa escasez del medio circulante, 
importan siempi-e una desventaja en la esfe- 
ra de la concurrencia universal. 

Emilio Laveleye establece que la rarifi- 
cación del medio circulante, que en el caso 
Argentino puede traducirse por su valori- 
zación, «importa la baja de los precios nopro- 
ducida por la abundancia de los productos, ó 
lo que es lo mismo, la crisis lenta, insidiosa. 
continua; es el arrendatario que no puede 
pagar sus arrendamientos; es la tierra que 
vuelve á quedar inculta; es el comerciante 
oltligado á pagar mas caro de lo que há 
comprado; es el industrial en el caso de fa- 
bricar los productos con pérdida; es la de- 
presión de los negocios, y, por consecuencia 
la baja de los salarios.» 

El ejemplo de la República Argentina 
es análogo al de la India. La valorización 
del medio circulante sería, en sus con- 
diciones presentes, la pérdida de ventajas en 
que.se funda su actual prosperidad agríco- 
la é industrial. 

Elcaso de la India ha sido detenidamente 
estudiado por las dos comisiones inglesas, 
creadas, la una para investigar las causas 
de la depresión del comercio, y la otra, para 
informar sóbrelas cuestiones referentes á 
la cii-culación deloro y de la plata, asi como 
por numerosas comisiones y autoridades en 
materias comerciales. — Las investigacio- 
nes á que procedieron han comprobado 
que no obstante la baja de un 27 o> en la 
plata, que constituye el medio circulante 
de esa posesión británica, en 1884, los precios 
de la mano de obra, de la tierra, casi todos 
los costos de la producción, no habían au- 
mentado, de modo que los artículos de ex- 
portación vendibles á oro venían á produ- 
cir tanto más á la agricultura y á las indus- 
trias indianas cuanto más ascendía la pri- 



madel oro, al propiotiempoque losartículos 
de importación resultaban, en la moneda de 
la India, sobrecargados por esa prima. 

M. Greenfell, antiguo Gobernador del Ban- 
co de Inglaterra, ha caliñcado esa deprecia- 
ción de la plata de un derecho protector en la 
Indiade27 -'o contra los productores europeos. 
El señor L. R. Everett representante de una 
Cámara de agricultura inglesa, agregaba, 
con e.ste motivo, en el Congreso celebrado en 
Manchesterel 5de Abril de 1888, las siguien- 
tes palabras que recomendamos á los oristas 
extremos de la otra margen del Plata, y en 
esta, á los inconcientes partidarios de la valo- 
rización del papel. 

'Tal es. dice, exactamente la situación en 
que nosotros, agricultores de la Gran Breta- 
ña, nos encontramos enfrente de los concu- 
rrentes de los países con cii'culación á plata, 
que pueden vender sus productos con una 
rebaja de 20 á 2o o o, calculado en nuestra 
moneda de oro, y realizando los mismos 
beneficios que antes.— Es inevitable que la 
cultura del trigo y de la tierra misma en 
todo el territorio inglés perecerá, si este e.s- 
tado de cosas se prolonga.» 

Desde el punto de vista industrial, la opi- 
nión de Mr. Greenfell aparece también com- 
pletamente comprobada, habiendo provoca- 
do en la India, la prima de la depreciación de 
su moneda, tal movimiento industrial que 
hasta para la provisión de tejidos ella se 
emancipó de Inglaterra. Las fábricas de 
Manchester se cierran para abrir.se en Bom- 
bay y. de.senvuelta esta industria, la India 
no.se limita á emanciparse de la importa- 
ción de tejidos sino que va más lejos, .se 
vuelve á su vez exportadora y con mano de 
obra más barata, hace ya concurrencia ven- 
tajosa á la Inglatei'ra en los mercados de la 
China. 

La depreciación de la moneda sólo perju- 
dica en la India á los que tienen que pagar 
servicios exteriores en oro. 

La analogía con lo que entre nosotros su- 
cede es, como se ha visto, tan completa, que 
su ejemplo no puede dejar de aprovechar.'^e. 

Aunque no se haya procedido aquí á tan 
pi'olijas inve'^tigaciones como las délos ingle- 
ses, es de todos notorio que, en general, la 
baja del papel no ha afectado ni los arrenda- 
mientos de los campos, ni las locacioues ur- 



DEL Rio DE LA PLATA 



95 



bañas que se rig-en por la oferta y la de- 
manda local, ni gran parte de los artículos 
nacionales de alimentación, ni los salarios, 
de un modo sensible, mientras que los pro- 
ductos de exportación han visto aumentar 
sus precios en papel y se han encarecido los 
productos industriales extranjeros casi en 
la proporción en que este so ha desvalori- 
zado. 

Tal es la explicación del desenvolvi- 
miento que se nota en la producción ag-rí- 
cola é industrial de todo el país, no obstante 
la crisis que por diversas causas se ha pro- 
ducido. 

La valorización del papel es el cambio de 
estas condiciones propicias; i-especto de las 
industrias agrícolas es la disminución de 
producto sin disminución de costo aprecit:- 
ble, puesto que arrendamientos y salarios se 
pagarán lo mismo, esté el papel á cuatro- 
cientos, á trescientos ó á doscientos, y los 
fletes no han de bajarse tampoco como baja 
el precio de los productos agrícolas en la 
proporción de la valorización; para las in- 
dustrias urbanas, es la baja del costo y la 
baja de los derechos de los artículos de 
producción extranjera concurrente, sin ,1a 
compensación de una baja correlativa en los 
costos de la producción nacional. 

Vemos por esto, en el movimiento de va- 
lorización, el peligro de una crisis que 
afectaría lo único sano y lo único próspero 
que en el orden económico subsiste en el 
pais, y éste grave mal no tendrá compen- 
sación porque, si por una parte se facilitan 
por éste medio los pagvjs al estrangero del 
comercio, por otro se neutraliza el alza de los 
valores nacionales y el aumento de la pro- 
ducción que deben facilitar las liquidacio- 
nes pendientes. 

Considerando el asuntodel punto de vista 
de los compromisos de la Hacienda Nacional, 
la valorización del papel, con el sistema de 
cobrar en éste los derechos según el tipo del 
oro, importará maj'or descenso de rentas que 
ahorros en los pagos á oro que se tengan 
que efectuar. 

Dejándose hacer y dejándose pasar las 
cosas, sin que medida alguna de carácter 
general venga á modificarlas, tendremos 
que la mejora de las condiciones del país, 
que estendiendo el uso de la moneda la va- 



loriza, encontrará en el mismo hecho de la 
valorización una fuerza adversa que com- 
pi'imirá toda reacción favorable en las con- 
diciones económicas de la República, ata- 
cando las fuentes de la producción y la li- 
quidación de los negocios. 

De ahí, de esa lucha, un malestar de una 
parte y por otra un límite forzosamente cir- 
cunscrito al movimiento valorizador. 

Si en vez de tratar de normalizar el tipo 
del papel en los límites en que actualmente 
se encuentra y de remediar toda falta de 
medio circulante, se adoptase como norma 
el insensato ideal de su valorización, de 
modo á acercarlo á su valor escrito, el 
poder industrial del país se vería en bre- 
ve anulado, las linuidaciones pendientes 
dificultadas y, ala crisis comercial y déla 
especulación, tendríamos que se ag-regaria 
la de la producción en toda la esten.si(3n de 
la República. 

Las fluctuaciones de la moneda son un 
mal, pero los movimientos de depreciación 
nunca alcazan á igualar en sus efectos per- 
judícales á los que presenta la valorización; 
aquellas perturban, esta arruina. 

La ci'ísis que sobrevino en Ingiateri-a 
con el alza y la conversión á la par de los bi- 
lletes emitidos durante las guerras con Na- 
poleón L es uno de los grandes ejemplos de 
los inconvenientes y de las ruinas que son 
siempre la consecuencia de la apreciación 
del medio circulante. 

Al tratarse de volver en Inglaterra á la 
conversión, se propuso en el Parlamento re- 
ducir las libras á 15 shelines con el objeto 
de hacer menos sensible la alteración que 
se produciría con el restablecimiento de la 
conversión. La idea no fué aceptada, y para 
que puedan apreciárselos efectos prácticos 
de este error, las consecuencias de la valori- 
zación del papel, trancribiremos las obser- 
vaciones de J. B. Say, que encontramos en 
una de sus notas en las obras de Storch. 

La primera medida adoptada por el Banco 
de Inglaten-a para valorizar sus billetes y 
prepararse para la conversión, fué la de res- 
tringir su circulación, lo que, sin embargo, 
no realizó en vasta proporción. Lo que mas 
contribuyó á la valorización de sus billetes 
fué el aumento de población y de transac- 
ciones. 



96 



Rev/sta Económica 



«¿Cuáles fueron, pregunta J. B. Say, 
los efectos de esa valorización de la moneda 
en la economía social de Inglaterra? » 

«La moneda corriente de Inglaterra (bi- 
lletes de Banco) habiendo aumentado de va- 
lor en la proporción de 100 á 150, próxima- 
mente, todas las personas que contrataron 
obligaciones de pagar 100 durante la de- 
preciación, tuvieron que saldarlas con 150. 
Se comprometieron á pagar un valor que 
conocían con el nombre de 100 libras ester- 
linas, y fueron obligados, con el mismo 
nombre, á pagar un valor mucho más fuer- 
te que el valor estipulado, l'n agricultor, 
por ejemplo, que se había comprometido á 
pagar k su propietario durante diez y ocho 
años un ari-endamiento de 100 libras, valor 
en el momento del contrato, paga ahora con 
el mismo nombre de 100 libras esterlinas un 
valor igual á 150 libras esterlinas. Y como 
los productos de la tierra han bajado en pro- 
porción del aumento del valor de la moneda, 
y todavía más, ya ho\' no vende su trigo 
mas que á 45 chelines el cuarter, mientras 
que el precio corriente cuando celebró .su 
contrato de arrendamiento era de 75 cheli- 
nes. Debido á esto, la mayor parte de los 
arrendatarios se arruinaron, y una vez arrui- 
nados los propietarios perdieron su renta. 

«Lo contrario sucedió con los funciona- 
rios públicos; r.us sueldos habían sido au- 
mentadosen la época de la depreciación de 
la moneda y no se redujeron cuando vino 
la valorización. Los rentistas que habían 
prestado una moneda depreciada cobraban 
sus intereses en moneda valorizada qvie era 
lo mismo que habiendo prestado 200 libras 
recibir el interés de trescientas. El servicio 
de las deudas, los sueldos, las pensiones que 
forman nueve decimos de los gastos del E.sta- 
do, no habiendo sido disminuidos de un mo- 
dosensible,losimpuestosno se disminuyeron 
al valorizársela moneda. Pero ¿con que los 
productores pagaban sus impuestos?, con 
los beneficios etc. que bajaron en la propor- 
ción de la baja de los productos. De ahí 
gran desorden en la fortuna de los pro 
pietarios territoriales y en las clases laborio- 
sas de la sociedad». 

Juan Bautista Say, dice por ultimo, que 
«te reinh'ff ración del valor monetario, fué 
mas funesto d la Inglaterra, aimqiie no se 



irataha más que de tina xalorización de iOO á 
150, que lo que liabia sido su depreciación; 
más funesta que lo que fué para la Francia 
el descrédito completo de los asimilados». 

Economistas distinguidos de nuestra épo- 
ca reconocen los efectos ruinosos, devasta- 
dores del trabajo nacional, y germinadores 
de crisis, que producen las valorizaciones de 
moneda, pero, para no estendernos dema- 
siado nos limitaremos á hacer ver como la 
Austria Hungría, al volver al régimen me- 
tálico, trata de evitar el inconveniente fu- 
nesto de una valorización de moneda. 

El informe de D. Richard Lieben de la 
Cámara de Comercio de Viena sobre la re- 
forma monetaria en .\ustria Hungría .sos- 
tiene que. aiin cuando la moneda metálica 
del Imperio tenga que diferenciarse de la 
de los países vecinos, no debe establecerse la 
alteración de lo que actualmente represen- 
ta el papel inconvertible. 

«Es indudable dice, que los intereses del 
comei'ciude exportación serian gravemente 
pei-Judicados, sí como se cree la reforma mo- 
netaria tuviese por objeto fijar en 2 marcos 
el valor del florín. Una medida semejante 
perjudicaría además muchos otros intere- 
ses. Sucedería todo lo contrario sí ésta re- 
forma consistiese, como debe consistir, en dar 
al florín su valor actual, que quedaría fijo 
é invariable.» 

Courcelle Seneuil no vacila en condenar 
el sistema de valorización del papel adopta- 
do en Inglaterra, al volver de la inconver- 
sión, «por alterar los contratos en perjuicio 
de los deudores como se habian alterado en 
la época de las emisiones en perjuicio de los 
acreedores, agregando que una medida se- 
mejante debe necesariamente deprimir la 
mayor parte de las transacciones, » — Consi- 
dera que fué mas juicioso y mas equitativo 
el preceder de la Rusia cuando, el P de 
Julio de 1839, dispuso la conversión cam- 
biándose los billetes antiguos por billetes 
metálicos á razón de 3 '/, porque era el precio 
del día. 

Ese procedimiento acertado lo adoptó tam- 
bién Buenos Aires cuando convirtió sus 
billetes á 25 por 1, que era el precio co- 
rriente. 

El ejemplo Norte Americano, aunque fué 
muy lenta la valorización, comprueba igual- 



DEL Rio de la Plata 



97 



mente como ésta no puede efectuarse jamús 
sin graves daños para la producción y sin 
provocar g-raves crisis que pueden degene- 
rar en pánicos, como el de 1873 en los Esta- 
dos Unidos y malestares prolongados como 
tuvo ese país, no obstante sus grandes fuer- 
zas de espansión económica, desde esa fech a 
hasta ya entrado el año de I8'i9. 

Es de advertir que la valorización operada 
desde 1865, al finalizar la guerra apenas fué 
en 14: años de 29 c. por dollar. 

La ciencia y la experiencia universal es- 
tán, como se vé, indicándonos como incurren 
en lamentable error los que aplauden y los 
que impulsan la baja de oro como un ideal 
de bien estar y de prosperidad nacional. 

Ella podrá convenir á una minoria del país 
y á los acreedores é introductores estrange- 
ros, pero, en cambio, es la dificultad para la 
liquidación déla mayor parte de los crédi- 
tos aquí pendientes, es detener el traba- 
jo industrial urbano; es restringir la pro- 
ducción agrícola; es disminuir los bene- 
ficios de la ganadería y detener la reacción 
que empieza á manifestarse en el valor ter- 
ritorial; es crear mayores trastornos que los 
que produjeron la depreciación. 

Lo que debemos buscar no es la valoriza- 
ción, sino la normalización del medio circu- 
lante, y, mientras ésta no sea posible, hay 
que evitar que aquella se acentúe, lo que 
el Banco de la Nación tiene en sus manos, 
sin que lo que decimos importe aconsejar 
que deba abrirse de nuevo la puerta á emi- 
siones de papel para entregarlo á la especu- 
lación ó al favoritismo, pues entre el uso 
discreto y el abuso ha^' un abismo. 



la nayegacion del Rio de la Plata 

A COMIENZOS DEL SIGLO XIX 



El Río de la Plata gozaba á comienzos de 
este siglo de los beneficios de la libertad co- 
mercial, habiéndose igualado, por el regla- 
mento de 12 de octubre 1778, su navegación 
á la de los demás puertos habilitados en las 
Indias, medida, cuyo planteamiento se re- 
tardó no obstante haber desaparecido, con 
la estinción de los galeones y de las flotas. 



las razones de fomento de las ferias de Poito- 
belo, y el interés de los monopolizadores del 
comercio del Perú, que sirvieron de base 
para que á pesar de las representaciones de 
Buenos Aires, se conservasen cerrados estos 
puertos con raras excepciones hechas de tar- 
de en tarde. 

Esto, asi como el haberse deíalojado á los 
Portugueses de la Colonia del Sacramento, 
permitió autorizar, á la vez, el comercio ter- 
restre del Río de la Plata con Chile y el Perú 
que se concedió por otra Cédula de 1778. 

Poco antes de éstas franquicias, las comu- 
nicaciones marítimas del Río de la Plata 
habían realizado un progreso notable con el 
establecimiento de los correos marítimos 
españoles que. en 1765, se establecieron con 
Montevideo, y que salían de la Coruña cada 
dos meses, con el objeto de traer la correspon- 
dencia que pasaba al Perú: pero éstos eran 
buques de pequeño porte, como lo eran los 
navíjs de avisos que desde el siglo XVIseex- 
pedían por cuenta del comercio de España. 
Buques que no excedían de cien toneladas y 
llevaban poca cai-ga, teniéndose en vista 
para ello entre otras consideraciones no per- 
judicar «á lo velero y bien regente del ba- 
xel». 

La reforma liberal, tan tardíamente adop- 
tada, debía producir en éste un efecto pro- 
porcionalmente mucho más considerable que 
en los demás vireA'natos. 

Suprimida la Aduana seca de Córdoba y 
libertada la navegación del Rio de la Plata, 
éste vino, desde luego, á ser no sólo el centro 
de todo el comercio del Yireynato, sino tam- 
bién de parte del de Perú y del de Chile, be- 
neficiándose principalmente el puerto de 
Montevideo debido á la superioridad que 
entonces presentaba para las comunicacio- 
nes ultramarinas. 

Esta reforma no sólo beneficiaba á las co- 
lonias sino que también debía dar. como dio, 
por resultado un considerable desarrollo en 
el tráfico de la Metrópoli. 

En 1795, la entrada de buques al puerto 
de Montevideo, procedentes de España, as- 
cendió á treinta y cuatro, y la salida con des- 
tino á la misma, fué de treinta y seis bu- 
ques. 

En el siguiente año la entrada de buques 
procedentes de España a.scendió á setenta y 



08 



Revista Económica 



tres y la salida para España á cincuenta y 
uno, lo que dá un aumento de entradas y 
salidas en un año de setenta y tres por cien- 
to. El aumento en los valores importados y 
exportados fué igualmente muy sensible, 
como puede apreciarse por las sig-uientes 
cifras. 

En 1795, el total del valor importado de 
España por el puerto de Montevideo fué de 
8 f. 1.927.464,02 y el total de la exportación 
$ f. 4.784.114; y en 1796, la importación su- 
bió á $ f. 2.853.944,03 y la exportación k$ 
ftes. 5.058.052,04. 

Es de advertir que ese exeso de exporta- 
ción, no fué en los primeros años, formado 
por la salida de frutos dados en cambio de 
las importaciones sino, principalmente, por 
remesas de oi'o y plata acuñado y en pasta. 

En la exportación de 1795 los frutos ascen- 
dieron á S f. 67-1.766; en 1796. la expoi'ta- 
ción de frutos subió á ^ f. 1.076,877 y. al fi- 
nalizar el siglo, en 1799. la exportación de 
frutos ya habia subido á $ f. 2 162.206,04 
igualando con corta diferencia el valor de 
los metales que se extraían del puerto de 
Montevideo, provenientes en su mayor par- 
te de las minas del Vire.ynato. 

Para tener una idea de lo que ese movi- 
miento representaba para Montevideo ha^'' 
que recordar que según la apreciación de 
Azara, la Banda Oriental no tenía más de 
30.000 habitantes en 1796 y avln concedien- 
do á su Capital un 30 ",o de la población 
total, proporción que sólo alcanza ahora 
debido á una superioridad continuada en el 
desarrollo de la ciudad sobre la campaña, 
tenemos que el valor de la importación y 
exportación anual alcanzaba á la enorme 
relación de 800 ps. fts. por habitante, que 
es aproximadamente cuatro veces la pro- 
porción del movimiento actual. 

II 

Avín cuando, liaciéndose cargo Carlos III 
de la importancia délas estadísticas adua- 
neras, á ün de apreciar el progreso ó deca- 
dencia del comercio y las retbrmas aran- 
celarias necesarias, dispuso, por real orden 
de 2 de Febrero de 1787, la remesa trimes- 
tral de las relaciones de mercaderías que 
entrasen y saliesen por las Aduanas con 
la espresión de su valor, procedenciah ó desti- 



no, pocos datos, y sobre todo referentes al 
Rio de la Plata se han publicado respecto de 
su movimiento comercial hasta fines del si- 
glo pasado, y los que encontramos no nos 
permiten ningún estudio sistemático del 
movimiento de sus puertos. 

Más afortunados somos con los primeros 
años de este siglo, pues hemos podido 
conocer el movimiento diario de los puertos 
de Montevideo, Buenos Aires y la Ensenada 
desde 21 de Mayo de 1803 hasta fines de 
Junio de 1806, en que tuvo lugar la primera 
invasión inglesa. 

Los datos que encontramos comprenden, 
además de las entradas y salidas de buques, 
sus manifiestos, nombres de sus capitanes 
y cargadores, así como la fecha de salida 
y llegada de los buques, lo que permite no 
sólo el estudio que emprendemos, sino tam- 
bién confeccionar una e.stadística del co- 
mercio de importación y exportación tan 
completa como las que se publican aquí 
anualmente, trabajo que nos proponemos 
hacer en otra oportunidad. 

Limitándonos á investigar por hoy el mo- 
vimiento marítimo, estudiaremos ante todo 
las entradas y salidas de los diversos puertos 
del Rio de la Plata, determinando clases y 
banderas y conservando las denominaciones 
diversas que figuran en los registros de 
Aduana. 

Los|siguientes cuadros, que.son el resumen 
del movimiento diario, dan una idea exacta 
delaimportancia de los diversos puertos y 
del comercio que por ellos se hacía. 

NJMEBO Y CLASE D[ BUQUES ENTRADOS Y SALIDOS 

PUERTO DE MONTEVIDEO 

ENTRADAS (1) 

Clase 1803 1804 1805 1806 

1» de Jun. Primer 

á 31 Dic. Semestre 

Zumacas 2 1 6 2 

Fragatas 50 75 51 20 

Bergantines... 20 41 35 19 

Polacras 6 10 1 1 

(\) En 1" de Junio de ISO.^) habla en el puerto de 
Montevideo, á la carga 20 buques, de los cuales, 2 para 
Cádiz, 2 para Barcelona. 4 para la Habana, 2 para Bur- 
deos, 1 para líamburgo, 1 para Málaga, 5 para la ex- 
tranjería y 3 para Rio de .Janeiro. — De éstos eran 11 
fragatas. 4 polacras. 1 zuniacá. 3 bergantines y 1 go- 
leta. 



DEL Rio de la Plata 



09 



Bricks 

Goletas... 
Corbetas . . 
Correos . . . 
Navios . . . 
Balandras 

Barcas 

Lugres 

Místicos . . 
Lanchas . . 



1 — 

1 2 



84 



134 109 



Clases 



SALIDAS 

1803 1804 

]'» de .Tun. 
á 31 Dic. 



Zumacas 4 

Fragatas 30 

Bergantines . . . 28 

Pnlacras 8 

Goletas 1 

Págalas — 

Correos 1 

Paquetes — 

Corbetas — 

Barcas 

Escomas — 

Urcas — 

Balandras — 

Lugres — 



32 

11 

1 



1805 



32 

25 

1 



49 



1806 

Primer 
S emestre 
2 

25 



24 



2 — — 



1 — 



(57 47 73 55 

PUERTO DE BUENOS AIRES 

ENTRADAS 

Clases 1803 1804 1805 1806 



Zumacas .. . 
Bergantines 
Balandra . . . 

Fragata 

Goletas 



1" de Jun. 
áSlDic. 

1 



5 

16 



Primer 
Semestre 

1 

3 



1 — — 



Clases 



10 11 

SALIDAS 

1803 1804 

I" de Jim. 
á 31 Dic. 

Fragatas 2 4 

Bergantines ... 8 21 

Goletas — 2 

Zumacas — 1 



25 



1805 1806 

Primer 

Semestre 



Balandras 
Barcas 



lo 29 16 
PUERTO DE LA ENSENADA 

ENTRADAS 

Clases 1803 



Fragatas . . . 
Bergantines 



Clase 

Fi'agatas . . 
Bergantine; 
Zumacas .. 
Corbetas 



1804 1805 1806 

]" de Jim. Primer 

á 31 Dic. Semestre 

4 2 2 sin iiKiv'to 

2 1 - ■> 



6 3 

SALIDAS 

1803 1804 



2 — 



1805 1806 



V' de .)u)i. 
á 31 Die- 

9 

. 13 

2 

1 



Primer 
Semestre 

sin niov"t« 



25 7 3 — 

N'JM[RO DE BUOÜES SEG'JN BANDERA 
PUERTO DE MONTEVIDEO 

ENTRADAS 

Bandera 

Españoles 

Franceses 

Americanos 

Ingleses 

Portugueses — 
Hamburgueses. 

Prusianos 

Dinamarqueses. 

Holandeses 

Sin especificar. 



Bandera 



Americanos.. . 
Sin especificar. 



1803 


1804 


1805 


1806 


1" de .luii. 
á31 Dic. 






Primer 
Semestre 


78 


119 


47 


16 


4 


4 


— 


— 


1 


4 


20 


15 


1 


3 


4 


— 


— 


3 


30 


14 


— 


— 


6 


1 





— 


1 


— 


— 


— 


1 


2 


— 


1 


— 


1 


84 


134 


109 


49 


SALIDAS 






1803 


1804 


1805 


1806 


1" de Jun. 
á 31 Dic. 






Primer 
Semestre 


64 


41 


34 


24 


11 


— 


— 


— 


1 


-- 


15 


13 





6 


1 


1 



100 



Revista Económica 



Ihiiiilmi'g'ueses. — 
rurtug-Lieses. . . — 
Prusianos — 



lU 



76 47 73 

PlíERTO ÜE BUENOS AIRES 

ENTRADAS 



U 
1 

53 



Bandera 


]Si)3 

1" (!.' Jun. 
áHl I»¡c'. 


1804 


ISOÓ 


1806 

Primor 
Somestre 


Españoles 





14 


19 


4 


Portug-ueses . . 


1 


2 


() 


— 


X. Americanos 


— 


1 


— 


— 


Sin específlcar 


— 


3 


— 


— 



10 20 25 4 

SALIDAS 

Bandera 1803 1804 18(jó 1806 

1" lie .luii. Primer 
á ;-!! I)ic. Semestre 

Españoles 10 23 14 9 

Portugaleses ... - — 2 — 

Americanos — 1 — — 

Haml)ui-g-aeses. — ] __. _ 

l<'i-anceses — 1 — — 

Ing-leses 1 — — 

Sin especiftcaí-. — 2 — — 



lo 



2!» 



16 



9 



PUERTO 1)K LA ENSENADA 

ENTRADAS 



Bandera 


1803 

1" de Jun. 
á 31 Dic. 


1804 


1805 


1806 

Primer 
Semestre 


Fspañoles 


3 


1 


— 


sin mot'lu 


Hamburgueses. 


2 


— 


1 


» 


N. Americanos. 


1 


1 


1 


» 


Sin especificar. 


— 


1 


— 


» 




(•) 


3 


o 







SALIDA 


s 






Bandera 


1803 

!■• il.' .Iiiii. 
a.Hl liif. 


18U4 


1805 


1806 

Primer 
Semestre 


Esp:iñiiles 


12 


1 


2 


s¡U muí "tu 


J^ortugueses.. . 


3 


— 


1 


,v 


Dinamarqueses 


1 


— 


— 


» 


N. Americanos. 


1 


3 


_ 


» 


Sin especificar. 


7 


2 


— 


» 


Hamburg-ueses. 


— 


1 


— 


>> 



24 



En ¡os buques salidos del Puerto de Mon- 
tevideo .solo fig-uran los que son despacha- 
dos con cargra, y no se mencionan los que 
salieron dee.se puerto para verificar su carga- 
mento ú Buenos Aii'es.y á la Ensenada: tam- 
poco en e.stos puntos ellos figuran en las 
entradas. 

Cuando, como se ha visto, la entrada de 
buques en el puerto de Montevideo era, en 
1793 de 34 y en 1796 de 73, ésta ascendió so- 
lamente en el segando semestre de 1803 á 84 
buques y en el año de 1804 á 134, de.scen- 
diendo en 1805 á 109 buques y en el 1er. .se- 
mestre de 1806 á 49, debido á las causas que 
mas adelante espondremos. 

En cuanto á las salidas, que en 1795 fue- 
ron de 36 y en 1796 de 51, encontramos que 
ellas suben en el segundo semestre de 1803 á 
76 buque.s. limitándose en ]804á47, para vol- 
ver á a.scender en 1805 á 73 3^ en el primer 
seme.stre de 1806 á 53 buques. 

El movimiento del puerto de Buenos Ai- 
res, que en el segundo seme.stre de 1803 
presenta una entrada de solo 10 l)uque.s. es 
de 11 en 1804, de 25 en 1805, bajando solo en 
el 1er. semestre de 1806,— Sus .salidas delO 
que eran en el segundo semestre de 1803, 
suben en 1804 á 29, bajando en 1805 á 16 y á 
8 en el primer seme.stre de 1806. 

El Puerto de la Ensenada ofrece una dis- 
minución constante y notabilísima. En el 
segundo .semestre de 1803, tenia una entra- 
da de 6 buques y una salida de 25, dos y me- 
dia veces mas que la de Buenos Aires; pero 
en 1804 las entradas bajan á 3 3- las salidas á 
7, y en 1805, las primeras á 2 y las segun- 
das á 3, suprimiéndose en el primer semes- 
tre de 1806 el movimiento comercial por 
e.se punto, lo que se esplica principalmente 
por la falta en él de un centro comercial 
lo que hacia de.sventajosas las operaciones 
que podrían facilitar las condiciones natu- 
rales del puerto. 

Englobando el movimiento marítimo de 
Montevideo con eljde Buenos Aires y el de 
la Ensenada, tenemos en'el segundo semes- 
tre de 1803. 100 buques entj-ados y 102 sa- 
lidos, en 1804, á 148 entrados y 83 salidos, 
en 1805, á 136 entrados y 92 salidos, y en el 
primer seme.stre de 1806 á 53 entrados^J'' 63 
salidos, lo que regulariza mas el movimiento 
I y hace menos notable la baja en la.s salidas 



DEL Rio DE LA PLATA 



101 



■del Puerto de Montavideo en 1804. que se 
acercau ú las de 1805 debido al aumento de 
espoi'taciones pov Buenos Aires. 

Queda sin embargo subsistente el hecho 
de que el movimiento marítimo que habia 
ido en aumento, se redujo en una fuerte 
proporción desde 1804. 

La clase de los buques destinados al co- 
mercio de los tres puertos, también se presta 
á diversas consideraciones. 

De 316 buques entrados en el puerto de 
Montevideo de Junio de 1803 á Junio de 
1806, 196 eran fragatas, 115 bergantines, y 
65 buques de diversas clases; mientras que 
en Buenos Aires, por las malas condiciones 
de su puerto, de los 50 buques entrados en 
ese mismo tiempo, solo uno era fragata y los 
demás eran 36 bergantines, 9 zu macas, 3 
goletas y 1 balandra. 

El movimiento de la Ensenada, bajo ese 
aspecto se asemeja al de Montevideo puesto 
que de 11 buques entrados 8 eran fragatas, y 
bergantines los 3 restantes. 

En cuanto á las banderas no encontra- 
mos ninguna particularidad que merezca 
estudiarse proveniente de la diversidad de 
puertos, pero, en cambio es notable la dis- 
minución de la proporción de la bandera es- 
pañola desde 1804. 

Analizando el movimiento del Puerto 
de Montevideo, nos encontramos con que en 
el segundo semestre de 1803, de 84 buques 
entrados 78 son españoles y solo 6 extrange- 
ros; en 1804 de 134, son españoles 119; en 
1805, hay solamente en 109 buques entra- 
dos 47 españoles; y en el primer semestre 
de 1806, de 49 buques entrados no hubo 
más que 16 españoles. 

En buques franceses encontramos 4 en 

1803, 4 en 1804, y ninguno en 1805 y 1806, 
Ingleses entraron 1 en 1803, 3 en 1804 y 4 

en 1805, siendo todos presas. De esta bandera 
.solo un buque aparece comerciando en el 
Rio déla Plata, que es una fragata salida de 
Buenos Aires en Septiembre de 1804. Ade- 
más en 1803 ha3' un buque norte america- 
no, bandera que figura por 4 buques en 

1804, 20 en 1805 y 15 en el 1er. semestre de 
1806. 

Los portugueses que empiezan á figurar 
en 1804 con 3 buques: tienen, en 1805, 30 bu- 
ques y 14 en el primer semestre de 1806. 



En 1804 entra un corsario holandas. 

Las demás banderas, que, aiuuiue en me- 
nor escala, comerciaron en ese periodo en el 
Rio de la Plata, fueron la hamburguesa, la 
prusiana y la dinamarquesa. 

III 

Las cifras del movimiento marítimo que 
hemos analizado no pueden esplicarse por el 
simple desenvolvimiento de las leyes eco- 
micas y las reglamentaciones más ó menos 
liberales ó restrictivas del comercio. El Río 
de la Plata, colonia de España que há es- 
tado envuelta en casi todas las complica- 
ciones europeas que ensangrentaron el 
mundo en la última parte del siglo XA' III 
y principios del actual, y con la práctica 
de la guerra de corso, natural era que su 
movimiento marítimo haya estado de con- 
tinuo sugeto á las inquietudes y hosti- 
lidades políticas. Precisamente en el pe- 
ríodo que estudiamos, la navegación co- 
mercial del Rio de la Plata iba á hallarse 
mezclada á ruidosos y extraordinarios acon- 
tecimientos, de todo lo cual no puede pres- 
cindirse en un estudio de nuestro movi- 
miento marítimo Colonial. 

La habilitación comercial del Rio de la 
Plata nació en las condiciones desventajo- 
sísimas que le creaban la guerra entre Es- 
paña é Inglaterra, que declarada en 1776 
solo terminó en 1783. 

Elevada la piratería en medio lícito de 
hostilidad nacional, las escuadras y corsa- 
rios ingleses daban caza á los buques 
que iban ó partían délas Colonias españo- 
las, con todo el ardor que inspiran las dos 
mas grandes pasiones que por lo común 
conmueven á los hombres, el amor patrio 
y la codicia personal. 

Enese estado la navegación comercial se 
hacía en las condiciones más azarosas de- 
biendo proveerse los buques mercantes de 
todos los medios de ataque y de defensa. 
Salían los barcos armados en corso .y en 
mercancía, ésto es, preparados para hacer 
presas y pai-a defender á la vez los caudales 
que transportaban, creándose condiciones 
muy especiales para los intercambios mer- 
cantiles. 

El riesgo de ser apresadas en el mar las 
mercaderías, conjuntamente con ios buques 



102 



Revista Económica 



conductores, tenia para hombres valerosos, 
como son por lo comün todos los de nuestra 
raza. la compensación déla cacería que po- 
drían hacer en el trayecto, razón por la cual 
los armadores 3' capitanes audaces no vaci- 
laban en hacer las espediciones por cuenta 
propia, que eran las que predominaban 
más en las épocas de guerra. 

Hecha la paz después de la Independencia 
de los Estados Unidos tuvo el comercio de 
España con sus Colonias una década de tran- 
quilidad, volviendo á los azares del corso 
en 1793 cuando la prisión de Luis XVI y 
losescesos déla revolución francesa lleva- 
ron á la metrópoli á unirse á los ingleses 
en su guerra con la Francia, cujees corsarios 
se lanzaron á los mares en busca de botin, 
supliendo con su audacia el poder y el nú- 
mero de los corsarios ingleses. 

En 1795 la paz de Basilea puso fia á esas 
hostilidades, pero fué corta la tregua, pue.s 
celebrado el tratado de alianza ofensiva 
y defensiva de San Ildefonso, en 1796, entre 
Francia y España, ésta de nuevo declaró la 
guerra á Inglaterra, que renovó las hostili- 
dades á la marina mercante española hasta 
que el tratado preliminar de Lóndi-es, de 1^' 
de Octubre de 1801, que fué seguido por el 
definitivo de Amiens de 27 de Marzo de 
1802, volvió á restablecer la paz que tan 
favo'.'able f ué al desenvolvimiento comercial 
del liio déla Plata, y que se conservó hasta 
fines de 1804. 

Los siete meses de la estadística del movi- 
miento marítimo en 1803 que hemos extrac- 
tado corresponden á ese periodo exepcional 
de paz. 

No obstante ésta, la tranquilidad del co- 
mercio no era absoluta, puesto que vemos 
queal abrirseenSde Juniode 1803 el registro 
para Cádiz de la fragata el Nuevo Matamoros, 
en el puerto de Montevideo y á cargo de Don 
Mateo Magariños, se anunció como especial 
recomendación el estar el buque armado 
en guei-ra con doce cañones por vanda de cali- 
bre de 4 y 6, y listo para batirse en caso ne- 
ce.sario. 

Esta recomendación se explica fácilmente 
por el hecho de haberse roto de nuevo 
las relaciones entre Francia é Inglaterra, 
estando España unida con la primera por 
el tratado de San Ildefonso, compromiso 



que por diversas circun.stancias no la lleva- 
ron por lo pronto á la guerra con Inglaterra. 

La cesión de la isla de la Trinidad pacta- 
da por Napoleón en el tratado de Amiens y 
la venta de la Luisiana á los Estados Unidos, 
habían di.sgustado á España con la Fran- 
cia y en éstas circunstancias, después de 
evitarse una ruptura entre los dos paises,por 
convención de 19 de Octubre de 1803, se 
reemplazó el auxilio directo, y se obtuvo el 
derecho de conservar la neutralidad me- 
diante una subvención de cuarenta y ocho 
millones de francos anuales. Por otra parte 
la Inglaterra trataba de obtener un acuerdo 
amigable y confidencial con España, y des- 
de 1" de Octubre de 1802 gestionaba en Ma- 
drid el que en caso de una ruptura con la 
Francia se conservase neutral, ó al menos si 
no pudiese evitar de tomar parte en la güe- 
ra contra Inglaterra procediese como <>un 
enemigo perezoso y recalcitrante. » 

Debido á la convención secreta antes re- 
ferida, España creyó poder permanecer 
neutral en la lucha que se preparaba, y por 
neutral se entendía el permitir á ambos 
vender las presas en sus puertos, resguardar 
y armar sus buques. 

La Inglaterra aumentó en breve sus pre- 
tenciones llegando á exigir que se hiciesen 
sacar inmediatamente del Ferrol los buques 
franceses que allí se alistaban, lo que impor- 
taba entregarlos á la escuadra inglesa que 
bloqueaba el puerto. 

Mientras España negociaba con Ingla- 
terra las condiciones en que podría conser- 
var su neutralidad, el gabinete Inglés por 
órdenes de 18 y 19 de Setiembre de 1804, man- 
dó que se impidiese no solo la salida de la 
escuadra francesa del Ferrol, sino también 
la entrada y salida en él de todo buque es- 
pañol, y dispuso que fuesen fragatas á las 
cercanías de Cádiz con el objeto de apoderar- 
se de buques de registi-o, españole.^, que se 
esperaban de América cargados con oro y 
plata y de secuestrarlos hasta nueva orden. 

Las entradas de buques con bandera in- 
glesa en el puerto Montevideo en 1803 y co- 
mienzos de 1804 eran presas hechas por un 
buque francés y otro holandés y que se in- 
trodujeron allí como los ingleses hubieran 
podido introducir presas tomadas á los fran- 
ceses ú holandeses, de acuerdo con ios priii- 



DKL KiO DK I, A l'l.ATA 



103 



cipiosde neutralidad tales como estaban en- 
tendidos. 

En armonía con la orden de apresar los 
buques de registro que se esperaban de 
América, dada sin previa declaración de 
guerra y pendientes negociaciones pacificas, 
una escuadra inglesa al mando del coman" 
dante Graban Moore compuesta de las fra- 
gatas la «Infatigable^) la «Medusa», la <-Brio- 
sa» y la «Anfi(3n» intimó el 5 de Octubre de 
1804, en el cabo de Santa María cercano de 
Cádiz, á cuatro fragatas españolas la «Merce- 
des.» la «Fama,» «Medea» y «Clara» que se 
le rindiesen con los caudales que de Amé- 
rica traían. Este acto de piratería tuvo la 
más tristes consecuencias. 

Las fragatas españolas se resistieron valero- 
samente hasta que al disparar una andana- 
da voló la -Mercedes» con los trescientos 
hombres que la tripulaban, .siendo las otras 
tres apresadas 3' llevadas á Inglaterra. 

El gabinete inglés dijo que no había pre- 
tendido más que obtener una caución para 
los créditos ingleses en España, y que si se 
usó de la fuerza fué únicamente por no ha- 
berse obedecido la intimación de los buques 
de su raag-estad. 

Los diariosingleses de la época avaluaron 
la presa en un millón de libras, y M'' Thiers 
en su historia El Consuladoy el Imperio dice 
que lo apresado ascendía á doce millones de 
pesos que eran desde Méjico conducidos á las 
costas de España. Por su parte el historia- 
dor Mariana estima en seis millones los cau- 
dales apresados. 

Estas cuatro fragatas habían sido espedi- 
das del puei'to de Montevideo de donde sa- 
lieron el 9 de Agosto con destino á Cádiz. 

La «Medea», comandada por el capitán de 
navio D. Francisco de Paula Piedrola y al- 
mando del Gral. D. José Bustamante y 
(juerra había declarado uti registro de ps. 
1.229,087:4 cuartillo reales, y ps. 12.100 de 
caja desoldada. «La Fama» conmandada 
por el capitánde navio D. Miguel de Zam- 
piani llevaba ps. 889.763 12 real, y ps. 39007 
decaja desoldada. --«La Mercede.s» que había 
venido del Callao con 91 1000 ps. 3- alguna car- 
ga entrando en Montevideo el 6 de Junioera 
mandada por el capitán de navio D. Manuel 
Goicoa y declaró como registro en su despa- 
cho para Cádiz ps. 809.000.— «La Clara» man- 



dada por el capitán de navio D. Diego León, 
llevaba igual suma de ps. 809.000. 

El caudal metálico que llevaban los bu- 
ques apresados ascendía pues á pesos ftes. 
2.787.957,4 3/4 y habiendo volado la «Merce- 
des> lo apresado por los Ingleses además del 
valor que en sí tuviesen las tres fragatas 
restantes fué pues de ps. ftes. 1.978.957,4 3 4. 

Ebte suceso, que dio origen al gran desas- 
tre de Trafalgar hizo honda impresión en 
el Bio de la Plata, y particularmente en 
Montevideo, como lo habia causado en Espa- 
ña llevando á su Gíobierno, incieitoj^ timo- 
rato, á la declaración de guerra inmediata, á 
la prisión y al conñscamiento de losbie-. 
nes de los ingleses residentes en el reino. 

Apenas llegada la noticia á Montevideo, 
del acto de piratería cometido, sus princi- 
pales armadores resolvieron lanzarse á la 
guerra de corso la que hicieron con éxito y 
tenacidad, prosiguiéndola hasta la época de 
la primera invasión inglesa. 

Los estados del movimiento marítimo y las 
declaración de los corsarios que figuran en 
las relaciones de entradas y salidas que he- 
mos extractado correspondientes á los años 
1805 y 1806, reflejan toda la importancia de 
esas empresas patrióticas y mercantiles á 
la vez, y que tuvieron gran importancia 
histórica revelando las fuerzas propias y el 
arrojo de los hijos de éstos países. 

La corbeta «Dromedario», alias. La Reina 
Luisa, salida de Montevideo el 23 de Junio 
armada en corso, encontró el 15 de Agosto 
á las 8 de la mañana en las costas de Ambri 
á unafragatayá una balandi'a inglesa que 
estaban completando su cargamento de es- 
clavos y haciendo fuerza de velas después de 
díspararleála primera un cañonazo sefuéso- 
bre ella con el áni mo de abordarla, apre.sándola 
después de dos horas de combate. La fraga- 
ta inglesa llamada el «Nelly» tenía veinte 
.y dos cañones de calibre 18, 10, y 9 y cin- 
cuentay un hombres de tripulación. Esta 
presa fué traída á Montevideo con su carga- 
mento, consistente en diez y nueve negros, 
algunos fardos de géneros ordinarios y ca- 
jones de f asiles y sables. Conjuntamente 
con la «Nelly» aparece la entrada de otra 
fragata la «Elizabet», apresada por el mismo 
corsario. 

El «Dromedario" de.'^pues de remitir am- 



104 



Revista Económica 



bos buques, siguió su corso poi- la costa de 
África, avistando el 27 de Setiembre, pasado 
medio dia, sobre el Loango á tres fi-agatas 
inglesasá la ancla, muy cerca una de otra y 
se dirigió sobre ellas con ánimo de abordar 
á la mayor y batir á las demás. 

La relación quede éste combate tenemos 
A la vista es animada y muestra el brío de 
los corsarios montevideanos. 

«A las 2 3' I [2 dice: hallándose el Drome- 
dario á tiro d3 cañón rompió el fuego acer- 
cándose siempre á los barcos enemigos pero 
dirigiéndose especialnente á la fi-agata de 
mayor fuerzaálaque logró abordary rendir. 

Esta fragata se hallaba armada con vein- 
te cañones, tripulada con sesenta hombres, 
y cargada de efectos propios para la trata 
de aquella costa.» Después se dii'igió sobre 
los dos restantes que rindió igualmente. 
Estos buques tenian á su bordo 366 negros y 
algunos efectos. 

Al dia .siguiente ellas fueron tripulados 
por el «Dromedarios^ con parte de sus hom- 
bres y dirigidos por deri'otas diversas á 
Montevideo, quedándose el <J)romedario» 
con solo cien hombres, y apesar de haber 
rendido el vau presen el abordage continuó 
cruzando hasta que se convenció de que los 
corsarios franceses no habian dejado en la 
Costa de Oro mas que dos barcos ingle.ses in- 
ternados mas de ochenta leguas por los 
rios. 

En publicaciones de esa época encontra- 
mos testimonios del entusiasmo que des- 
pertaron esas valientes espediciones, «ins- 
piradas principalmente según se decia por 
el glorioso espíritu nacional» agregándose 
«que si los habitadores del Rio de la Plata 
vieron con asombro pisados los mas sagrados 
derechos del hombre por el orgulloso inglés 
en el apresamiento de unas naves abruma- 
das con el peso de sus tesoros, y confiados en 
la salvaguardia de la más profunda paz, 
también juraron inundar sus puertos de 
presas enemigas, y de fijar los leones de 
Castilla sobre el pabellón de la Gran Bre- 
taña». 

Conjuntamente con el < Dromedario,» y 
armados por los Sres Berro y Errausquin, sa- 
lió del puerto de Montevideo el 23 de Junio 
de 1805 el corsario «Nuesti-a Señora de los 
Dolores», alias, el Reparador armado de doce 



cañones de á 12, doce carroñadas de á 24 y 
261 hombres de ti-ipulacion. Iba al mando 
del capitán Don Estanislao Courrand. 

Habiendo visto fondeados el 1° de Setiem- 
bre en la rada de Cabanga, en la costa de 
África, á cuatro buques ingleses, la fragata 
«Clarendon» de 24 cañones y carroñadas 
de á 18, con 85 hombres de tripulación, la 
fragata «Activa» de 22 cañones 3^ 77 hom- 
bres, la fragata «Rebeca» de 18 cañones y 
65 hombre.s, y el bergantín «Williams» de 
14 cañones de á 12 y 33 hombres de tripula- 
ción, determinó atacarlos, empezando por 
abordar á la «Activa» que por dos veces lo 
rechazó con su artillería, matándole de una 
sola descarg-a de sus obuses 14 hombres y 
entre ellos el primer teniente. 

Separándose un poco el corsario para re- 
animar á su gente sin cesar el fuego, logró 
dar un balazo á flor de agua que obligó á la 
«Activa» á arrear su bandera, viendo lo 
cual, la gente del bergantín lo abandonó, 
huyendo á tierra.— El corsario fuese en se- 
guida sobre la «Rebeca» á la que rindió 
después de reñido combate.— A la noche de 
ese día se aproximó al «Clarendon» que rin- 
dió sin resistencia. 

El 27 de Octubre siguiente entró de nuevo 
el corsario en el puerto de Montevideo con 
los cuatro buques ingleses que había apre- 
sado. Las tres fragatas tenían á su bordo 
600 negros y mercancías destinadas á su 
tráfico, calculándose el valor del cargamento 
en 200.000 ps. 

Otra pre.sa importante realizó la fraga- 
ta «Nuestra Señora Isiar» alias la Joaquina 
salida del puerto de Montevideo el 28 de Ju- 
lio de 1805 al mando del capitán D. Domin- 
go Ugalde con destino al Callao y armada 
en corso y mercancía. 

Encontró cerca de la isla de San Lorenzo 
al bergantín inglés «Antilop» armado de 10 
cañones de 12 y 6 de 6 y tripulado por 60 
hombres el que rindió, después de reñido 
combate, matándole á 16 hombres éhiriendo 

á 14. 

El cargamento en dinero y efectos del 
bergantín apresado valia 100,000 ps. 

Poco antes de ser apresado el «Antilop» se 

había apoderado de un bergantín español ¡ 

que comerciaba en las costas del Pacífico. j 

1 Dos meses antes de presentarse la espedí- k 



DEL Rio de la Plata 



105 



eion ing-lesa en el Kio de la Plata vuelve el 
corsario de las Tres Berro y Errausquin á sa- 
lir de nuevo al coi-so con 32 cañones y 270 
hombres de tripulación, y al mes siguiente la 
frag-ata «Hoi-tencia» sale hacia á Valparaíso 
y Lima armada en corso y mercadería de- 
biendo dar convoi á un bergantín hasta 
la altura del Puerto Deseado. 

Todos éstos detalles esplican suficiente- 
mente la retracción del movimiento co- 
mercial que indican las estadísticas antes 
transcritas y, sobretodo, la preferencia dada 
á las banderas Portuguesa y Norte-America- 
na, la primera aliada de hecho de la Ingla- 
terra, y la segunda respetada y favorecida 
por los tratados de comercio y de navega- 
ción existentes éntrela Gran Bretaña y los 
Estados Unidos. 

Ya que no podemos estendernos más en 
éste artículo, dejamos para el otro número 
de La Revista el complementar el estudio 
del movimiento marítimodelRiode la Plata 
en la época á que nos referimos con los de- 
más datos estadísticos que al respecto hemos 
podido conseguir. 



m pOCD DE Tim^lK 

A PROPOSITO DE LA CUESTIÓN BANCARIA 

La prensa de Montevideo, al ocuparse en 
los trabajos que se han hecho con el objeto 
de obtener capitales para el Banco Noetzlin, 
ha calificado de elemento católico á los pre.s- 
tamistas del Banco Comercial, y esta deno- 
minación, que corrientemente .se les atribu- 
ye, nos lleva, de la cuestión puramente 
bancaria y sin salir de la esfera económica, 
nada menos que ú las altas regiones de la 
teología. 

El Banco Comercial no es ni puede consi- 
derarse un banco católico, ni un banco de 
católicos. 

Es necesario para pretenderlo desconocer 
en absoluto los principios de la Iglesia ca- 
tólica, que forman un código liberalísimo. 
La religión de la igualdad y de la caridad, 
no puede avenirse con la avaricia que hace 
presa en las desgracias individuales y que 
no encuentra barrera ni en el malestar de 
todo un pueblo. 



Basta para demostrarlo recorrer ligera- 
mente los textos sagrados. 

El Decálogo dice: <' no desearás ni la casa 
de tu prójimo, etc., ni su buey, ni su muía, 
ni oti-a cosa que á tu prójimo pertenezca.» 
Moisés dice, «si prestáis dinero á los pobres 
de mi pueblo que habitan con nosotros no 
los oprimiréis con exacciones y no los abru- 
mareis con la usura. Si tu hermano está 
pobre y si su mano está inválida, ,y si tu lo 
has recibido como un extranjero y un viaje- 
ro, y si vive contigo, tu no le co])rarás inte- 
rés ni más de lo que le hayas dado; teme á 
tu Dios á fin de que tu hermano pueda vivir 
contigo.» 

< Tu no le prestarás tu dinero con usura y 
no le exigirás mas fruto que lo que ha3'a 
recibido.» 

El texto de San Lucas (VI, 35) pi'oscribe 
terminantemente los préstamos de interés 
en los siguientes términos 'ninitnumdatp ni- 
Itií ¡iide syeraníe^y y Benito XIV en su Encí- 
clica Vix pcrcenit, de 1" de Noviembre de 
17-45, condena en la misma forma imperiosa 
que San Lucas, los pré.stamos á interés, sin 
que po.steriormente ella haya sido modifica- 
da, apesar de varias tentativas que se han 
hecho para conseguir una esplicación que 
autorice esa forma cómoda de colocación de 
capital. 

Todos los Concilios, todos los Papas, como 
lo observa muy bien Víctor Modesto, en su 
reciente obra «Le pret á intérét,» á los cua- 
leslesha correspondido espre.sar una opi- 
nión, han renovado la proscripción del prés- 
tamo á interé.s, la prohibición de efectuar- 
lo, la censura y la condenación de los que lo 
efectúan.» — «La proscripción del préstamo 
á interés, agrega, es la doctrina de la Iglesia 
Católica.» 

Una interpretación, sin embargo, cabe 
aquí, y es la que consiste en distinguir en 
el término interés, tres cosas muy distintas 
que son, primero el fruto natural que los 
capitales producen en el giro independíente- 
mente de la parte que corresponde al traba- 
jo del hombre que los beneficie, segundo, 
una prima para el riesgo que pueda correr 
el capital prestado, y, tercero, una utilidad 
independiente de lo primero y délo segundo 
que es lo queconstituye realmente la usura. 
Líi interpeti'ación más favorable para los 



106 



Revista Ecoxómica 



prestamistas, que se ha dado hasta hoy. es 
la del Cardenal Gousset en su Teología mo- 
ral para el uso délos confesores, que admite 
que en los préstamos se cobre el primer ele- 
monto, esto es el producto natural del capi- 
tal considerando, sin embargo, ilegítimas, 
no solo la usura sino la parte correspondien- 
te i'i la prima destinada á compesar Jos ries- 
gos délos préstamos. 

Según los libros de Teología, aprobados y 
en manos de los estudiantes de esta asigna- 
tura, los usureros notorios incurren en las 
penas siguientes: 
!»■ De infamia. 

2* Que no pueden recibir orden sacro ni 
beneficio ú oficio eclesiástico. 

3^ Que no pueden recibir la Eucaristía, 
ni se le puede dar sepultura eclesiástica, \ 
los que se la dieren íncuriirán en escomu- 
nión maj^or lotn. 

4^ Que no pueden hacer testamento y .si 
lo hicieren seda por nulo, .^i no os que pri- 
mero restituyan; y 

5* Que no pueden recibir .sacramento al- 
guno sin que primero .satisfagan. 

Hasta aquí nos hemos ocupado del simple 
préstamo á interés, y ¿que no se podrá decir 
de las operaciones financieras tendentes á 
deprimir valores para adquirirlos ensegui- 
da por poca cosa; de las retroventas hechas 
no solo con el objeto de garantir el capital 
prestado y su equitativa retribución, sino 
también con el de beneficiar con la desgra- 
cia de los á quienes les falle en un momento 
dado, una suma en efectivo?, ¿qué diremos 
de las ventajas que obtienen las imposiciones 
del fuerte por el capital, .•^obi-e la debilidad 
del apremiado? 

La legislación humana hoy reacciona 
contra el derecho de usura, que. en nombre 
de la libertad de contratos, se había dado en 
reconocer y, desde el punto de vista cató- 
lico, no puede haber duda en la repudiación 
de todo eso que, en .'^ana conciencia, impor- 
ta infracción de mandamientos. 

No puede, pues, decirse que sea católico 
todo lo que parece vulgarmente como tal, 
y yk que tocamos tan delicada materia, 
agregaremos, reproduciendo una conoci- 
dísima frase, que los agiotistas y los usu- 
reros .son los mercaderes de que hay que 
librar al Templo, sin que ba.ste para sal- 



varlos, ni cuantíosa.s, ni menos ruidosas 
ofrendas. 

Los diezmos gratos .son las cosechados con 
el noble y bendecido sudor de la frente, y no 
la parte del sacrilego botín arrebatado á la 
desdicha pública ó privada. En el Nuevo 
Testamento leemos, si ^presentáis vue,stra 
ofrenda en el altar y ahí os acordáis que 
vuestro hermano tiene algo contra vos, de- 
jad ahí vuestra ofrenda delante del altar y 
andad antes á reconciliaros con vue.stro her- 
mano, y entonces, volviendo, presentareis 
vue.stra ofrenda. > 

¡Que pensar entonces cuando las ofrendas 
son la parte del despojo del hermano! 

También preceptúan los Evangélicos «Que 
cuando hagáis la limosna no debéis tocar 
la trompeta por delante como lo hacen los hi- 
pócritas en las plazas públicas para ser hon- 
rado por los hombres.» 

• La mano izquierda no debe saber lo que 
haga la derecha.» 

¿En vista de todo esto, puede pretenderse 
que .sean realmente capitalistas clerica- 
les los que entraron en tratos con el Sr. 
Noetzlin? 

Cuando aunque muy sonoras trompetas 
hayan salido de ese banco de estor.sión, po- 
demos decir, con los textos sagrados ala vis- 
ta, y la opinión de los teólogos más eminen- 
tes, que, en vez de ser ese un centro clerical, 
lo que en el Banco Comercial impera es la 
negación del e.'=-píritu y de la doctrina cris- 
tiana 

Para colmo del aljuso que se hace del 
calificativo de católico, tenemos el heclio de 
que e.'^os capitali-stas no hicieron dificultad 
en asociarse con el repre.sentante de la Igle- 
sia judia en la República Oriental ni con 
el Sr. Noetzlin para crear un Banco Hebreo, 
sino que á lo que tan solo se han negado ha 
sido á admitir participación nacional en el 
establecimiento, por el temor de que ella 
pudiera servir en algún ca.so de estorbo á 
la máquina de opresión que se tiene com- 
binada. 

Esa proyectada alianza entre llamados 
capitalistas clericales con los representantes 
del judaismo, á fin de facilitarles á estos su 
negocio, y poner en sus manos el predomi- 
nio financiero de la República, nos ofrece 
un singular contraste. 



DEL Rio de la Plata 



107 



Los judiüs, interpretando al pié de la 
letra la ley de Moysés, no cobran interés á 
los judies, que son sus hermanos, pero se 
desquitan cobrándoles intereses y sobre 
intereses á los católicos, mientras que los 
capitalistas que ent.ie nosoti-os se llaman 
clericales, no sólo cobran intereses con usura 
á los de su pretendida relig-ión, sino que, 
como se ha visto, han estado dispuestos á 
ayudar á los judíos á hacer con católicos 
lo que ellos no hacen, con los únicos á quie- 
nes consideran sus hermanos en la tierra. 

Por otra parte el sujetar á la República al 
madero del proyecto Noetzlin esobra de fari- 
seos, y no, en manera alguna, acto cristiano. 

Definida asi la sit\iación, y recordando 
las palabi'as del ilustre fundador de Monte- 
video, Don Bruno Mauricio de Zabala, que 
decía con intuición profética «no seréis 
felices si dais entrada h judíos, moriscos ó 
mulatos», sólo nos resta agregar, «lú á los 
pretendidos católicos). 



REPÚBLICA ARGEhIT 



CRÓNICA DE LA QUINCENA 



siempre: la paja en el ojo ageno y de la viga 
en el propio, nada. 



* 



El estado de sitio. 



Junio i:> de 1892 

La situación política interna no ha varia- 
do, fallando el proverbio francés; «les jours 
se suivent et ne se ressemblent pas.» 

La fisonomía de) Congreso en la misma. 

El Senado continúa dominado por la «in- 
fluenza» (podría leerse, influencia ó inercia.) 

Senadores electos esperan en el banco de 
la paciencia, ó de los acusados, y los rumo- 
res que salen de antesalas no auguran, 
páralos po.stulantes. el mismo favor. 

La Cámara de Diputados no ha concluido, 
hasta este momento, de examinar dJploma.s, 
—y escarmena .sin piedad los que parecen ó 
son impuros. El proceso sería interesante, 
si no tuviera perfiles sarcá.^ticos, ya poique 
la disputa es entre gente oi'iunda toda de 
idéntico abolengo, por decirlo así, ya por- 
que no puede decirse, en conciencia, que la 
vida doméstica de las pro^•incias no sea pa- 
recida en sus intimidades. Resulta así lo de 



subsiste, á las barbas del Congreso, que, co- 
mo el personaje de Bretón de los Heri-ero.s, 
no sabe con quién quedar.se, enredado en su 
acopio de doctrinas encontradas, y el Poder 
Ejecutivo, más coherente en su acción ixtc- 
lai\ no podi-ía decir.se, sin embargo, si se ha- 
lla satisfecho, ó no. Porque, á la vez que, 
acordándose de que es bueno .soñai-, de 
cuando en cuando, con los que padecen per- 
secuciones por la justicia, no se decide á 
manife.star la urgencia del despacho de su 
último mensage,— en virtud de cu.yos ante- 
cedentes amanecimos un día, en peligro, 
con una colección de garantías suprimidas 
y miembros del Congreso, puestos á buen 
recaudo, sin andarse en consideraciones .so- 
bre si de ello, podía re.sultar, para algunos 
untitulo más, solicitando del pueblo, enhora 
oportuna, nimbos corruscantes de glorifica- 
ción imperecedera. 

Tenemos, entonce.s, ho^^ por hoy, no diré 
confirmada mi previsión,— no .soy augur,— 
pero sí cumplido loque, refiriéndome á los 
Estados Unidos, decía en mi revista anterior; 
todo lo cual, vuelto ahora por pasiva, nece- 
sito traducirlo así: el Poder Ejecutivo es 
mucho más independiente délo queparece3- 
el Congre.so no debe contar con el ¿mpeach- 
ment para dominarlo; el Poder Ejecutivo 
es tan independiente que, en realidad de 
verdad y liasta aquí, no parece responsable 
ante ninguna jurisdicción,— ó lo que tanto 
vale, durante el ejercicio de su poder, niel 
pueblo ni la autoridad legislativa lo alcan- 
zan con su fiscalización. Sería necesario de- 
mostrar que el Presidente ha cometido un 
crimen ó delito determinado por una ley pe- 
nal. De otra manera digo ¿qué digo? digo... 
Y no por temor del estado de sitio, sino por- 
que me parece el mejor comentario de lo 
que sucede; pues, i-epito que la medida vino 
en su hora y que, como dicen las sentencias 
«por sus fundamentos,» el plato fué servido 
cnilápomt. 

La única filosofía que se desprende de los 
hechos es é.sta: no todos ven lo que es. Asi, 
por ejemplo, nuestro ro.stro presenta una su- 



108 



Revista Económica 



pei'ficie tersa: examinado con el microsco- 
pio, se descubi-e que los poros son hoyos ó 
agujeros comolos de un harnero. La vía lác- 
tea aparece como una inmensa nube unida: 
examinada con el telescopio, se observa que 
es un inmenso archipiélago de mundos este- 
lares, separados por espacios, y atmósferas 
inconmensurables. Pues bien, el Poder 
Ejecutivo, con su microscopio y con su te- 
lescopio, instrumentos que no se sabe si ha- 
brá pasado al Congreso, ha visto, como si di- 
jera, las monstruosidades del i'ostro y los 

insondables abismos del vacío 

Esperemos entonces que, como muchos 
ojos ven, por regla general, más que uno, 
á que el Congreso vea k su vez, y que si no 
se ha visto ni divisado bien, por un sólo ojo, 
esperemos, repito, que, como dice el poeta, 
pronto se podrá cantar. 



«Y todo vuelva á su primer estado», y 

que los partidos recordarán, alguna vez, 

que de sus doctrinas puede decirse lo mismo 

que del naturalismo: que más que una 

escuela de principios ha sido en las letras 

una reacción revolucionaria, extrema, como 

todas las reacciones; es decir, que van más 

allá del punto donde debieron quedar. 

* 
* * 

Un incidente, casi cómico, ha dado lugar 
á explosiones parlamentarias patéticas, en 
el Paraguay. El uruiaü no ha cantado ni 
ha llorado; pero ecos varoniles han hecho 
retemblar el cerro de Paraguarí. Alli, en 
aquella República, las gentes han sido 
candidas, desde su prístino origen. Sería 
sensato que los estadistas paraguayos tuvie- 
ran pre.sente que la política es lo que no 
se dice, y que frecuentemente es lo con- 
trario de lo que se dice. El desgraciado 
Napoleón III exclamaba : « L"erapire c'e.st la 
paix»— y fué á Magenta y á Solferino 
contribuyendo á fundar la unidad de Italia, 
para entregarse después prisionero en Se- 
dán. Me parece que el Paraguay debe vivir 
tranquilo. La reconstrucción del virreinato 
no es una paradoja: es una utopia, — é 
hipotecas, ¿para qué queremos más de las 
que tenemos? ¿O Catamarca no es lo que se 
pinta? 

Yo querría que esta crónica, C( ao las 



pasadas y las que han de venir, no tuvieran 
un sello tan personal. Pero ¿cómo es posible 
ser de otra manera? No por fatuidad, sino 
porque viene bien, recordaré que alguien 
ha dicho de Monte.sqiiieu: «II avait tout 
abrégé parce qu'il avait tout vu». Y" ¿ cómo 
he de dejar de ser personal, si tantas veces 
he visto y tantas veces me he mezclado en 
el entrevero? 

Séame entonces permitido cerrar este 
parágrafo con una anécdota, ocultando, 
por discreción, el nombre del interlocutor 
que era un e.stadi.sta brasilero : 

—Nosotros, decía él, lo que debiéramos 
Ijacer es dividirnos el Paraguay, avanzando 
ustedes hasta la margen izquierda del rio 
Igatimí, y nosotros ha.sta la la margen de- 
recha. A lo que yo contesté ; 

—Basta con una Polonia en el otro hemis- 
ferio. Conténtense ustedes con haber plan- 
tado sus mojones .sobre las cumbi-es de 
Amambay y Maracaj'ú, yéndose más allá 
del Rio Apa, hasta el Rio Blanco, y con 
habernos abandonado, en nue.=;tras reivin- 
dicaciones, del Chaco Boreal. El Paraguay 
nos convi'3nemás como vecino consumidor, 
que como factor en nuestra producción. 
Económicamente sería una hipoteca; polí- 
ticamente, un nudo más en nuestra made- 
ja. Agárrenselo ustedes todo entero 

si es que los dejamos, que esa es harina de 
otro costal. 

El estadista se mordió los labios 

¿E.stamos, señores alarmistas del Pa ra- 
gú av? 






Por primera vez, la República acaba, de.s- 
pués df la caída de Rozas, de elegir un 
Pi-esi dente en paz, — si .se exceptúa la elec- 
ción que tuvo lugar .siendo Presidente el 
General Roca. 

El General Urquiza fué electo en pleno 
peligro nacional: Buenos Aires estaba se- 
gregada del re.'íto de las trece provincias, no 
habiendo aceptado el acuerdo de San Nico- 
lás, cuAa consecuencia fué la revolución 
iel 11 de Setiembre. 

Derqui, á quien entregó el mando el Ge- 
neral Urquiza, habiendo fracasado las ten- 
tativas pacificas de reoi-ganización, tuvo 
que aceptar la lucha, cuyo resultado fué la i 
batalla de Pavón. 



DRL Rio dk la Plata 



109 



Victorioso el General Mitre, subió á la 
presidencia. 

La elección de Sarmiento, se hizo en me- 
dio de una g-uei-ra exterior y con anar- 
quía interior. 

Avellaneda fué también resistido por los 
partidos, con las armas en la mano (1). 

Y el General Roca vino después de la fa- 
mosa revolución del 80. 

Juárez Celmán fué electo en paz, y Pelle- 
grini vino como una consecuencia fatal de 
la revolución de Julio. 

De entonces acti, el país vive en estado de 
epilepsis más ó menos grave; y aunque la 
elección de Saenz Peña,— el mejor de los 
candidatos posibles, — haya tenido lugar 
tranquilamente, no me atrevo á decir que, 
porque la superñcie aparezca serena, el fon- 
do esté tranquilo! Yo sé bien que el mundo 
no anda para atrás, que hemos de progresar 
qi'f/nd mime: pero también sé que nuestros 
partidos carecen de disciplina y que hay 
muchos tontos y aturdidos que, sin ser jefes 
de nada, se hacen conductores del desorden, 
teniendo interés en él— ,ni más ni menos 
que pescadores en rio revuelto. 

Así, sería bueno ¿qué digo? es bueno que 
los partidos tengan presente que ha.y más 
que temerle «á la torpeza y á la exaltación 
de los que los sirven que al odio de los que 
los atacan*. 

Hasta este momente, el resultado mate- 
rial de la elección presidencial, que ha te- 
nido lugar el día 12, con arreglo á los pre- 
ceptos constitucionales, es el siguiente: 

Capital— Veinte votos para presidente por 
el doctor Luis Saenz Peña. 

Veintiún votos para vice-presidente por 
el Dr. José Evaristo üriburu. 

El elector Miguel García Fernandez (hijo), 
votó por el general Roca para presidente. 

Córdoba— Unanimidad por Saenz Peña y 
Uriburu. 

Buenos Aires (La Plata)— Resultado elec- 
ción: Dr. Luis Saenz Peña, presidenie; Dr. 
José E. üriburu, vice-presidente. 

Santa Fe— Unanimidad por Saenz Peña y 
üribura. 

Entre Ríos (Paraná) — Electos Dr. Luis 



(1) Ambos tuvieron su apoteosis después. Es bello 
Jnorirse ! 



Saenz Peña, presidente; Di-. José E. Uriburu, 
vicepresidente. 

Corrientes— Saenz Peña-Uriburu. 

Tucuman— Nueve votos por Saenz Peña 
para presidente, cinco por el general Mitre; 
unanimidad por Uriburu para la vice-pre- 
sidencia. 

Santiago del Estero— Saenz Peña-Uriburu. 

San Luis— Saenz Peña-Uriburu. 

Jujui— Saenz Peña-Uriburu. 

Mendoza— Cinco votos por la fórmula del 
acuerdo; cinco por la radical. 

San Juan— Unanimidad Saenz Peña-Uri 
buru. 

Salta — Triunfo unánime Saenz Peña-Uri- 
buru. 

Faltan sólo las provincias de Catamarca y 
la Rioja, cuyo resultado se ignora; mien- 
tras escribo estas líneas. Sea cual sea, él no 
puede alterar el triunfo de la formula Saenz 
Peña-Uriburu, — que es el triunfo de una 
política de conciliación transitoria entre dos 
partidos, el uno orgánico por ser partido de 
gobierno, por estar desde hace años, diri- 
giendo ó influyendo,— y el otro partido de 
opinión, tradicional, con más influencia 
que poder electoral efectivo. Estos partidos 
han sido trabada en su acción patriótica 
por la resistencia de un resto vigoroso y acti- 
vo de la coalición que se formó para derro- 
car al Dr. Juárez Colman,- 3^ en cuya coa- 
lición estaba tino de los partidos á que me 
acabo de referir, tra^^endo también su filia- 
ción de esa coalición el mismo candidato 
triunfante, que se ha llamado «del acuerdo»: 
el respetable ciudadano Luis Saenz Peña. 

Ha de ser instructivo seguir, ahora, las 
evoluciones y transformaciones que en es- 
tas tres grandes agrupaciones se operen, 
dados los antecedentes, y nada edificante las 
composiciones de lugar que presenciemos. 

Algunos órganos sutiles, creen ver en las 
declaraciones del Presidente electo, contes- 
tando á los diversos agrupaciones más ó 
menos representativas que han estado á fe- 
licitarlo,— algo así como un Quos ego: qtie 
los buenos se tranquilicen .y los malos tiem- 
blen ! ! Otros pi-etenden hacerlo pasar por un 
Sixto V, que ya comienza á arrojar las mu- 
letas. Bonito modo de hacer honor á su bue- 
na fe! El futuro Presidente al contestar no 
ha hecho sino repetir en otra forma lo que 



lio 



Revista Económica 



se le había anticipado. En cuanto al anhelo 
manifestado por sujetos aislados, en corri- 
llos, y á los juicios y previsiones de políticos 
superfinos tiempo al tiempo. 

Los partidos del acuerdo han cumplido sus 
promesas, su política ha prevalecido. El fu- 
turo Presidente cumplirá las suyas. Sus 
antecedentes son una garantía segura. Y si 
los partidos ó los individuos se equivocan, 
no sei-á seguramente por haber dado un 
.salto en las tinieblas, desde que un hombre 
como el Dr. D. Luis Saenz Peña no es una 
cifra; será que unos y otros se hahrán pasa- 
do de previsores. Será que no habrán com- 
prendido que la solución del problema ha 
sido aconsejada á los hombres de gobierno y 
de estado por la razón. 

Como siempre sucede en días de especta- 
tiva, tuvieron lugar el 12, pequeñas mani- 
festaciones de índole diversa. Nuestro pue- 
blo no es agresivo, es bullanguero, pertur- 
bador y burlón,— y en vez de tratar deque 
la Policía tenga lo menos que hacer con él, 
diríase que se complace en hacei'la interve- 
nir, siempre que se agrupa,— todo ello con- 
tra su propio anhelo de expansión. Toma 
así el rábano por las hojas y grita que no 
hay libertad, porque no .se dá cuenta deque 
la libertad es un paralelismo entre lo mió 
y lo tuyo. No hace mucho que acaban de 
reunirse en Londres, 300,000 hombi-es en un 
meeting popular. Ningún policeman ha 
tenido que empujar ni que llamar al ordena 
alma viviente. Y el otro día, no más, acaba 
de tener lugar en la República francesa 
e.ste hecho estupendo: 30,000 comunas han 
elegido simultáneamente sus autoridades 
municipales, sin el más mínimo di.sturbio. 
¿No .sería conveniente que la República 
Argentina se mirara en e.se espejo? 

Seguramente, sí. 

El General Man.silla ha dicho en un dis- 
cur.so dirigido, á nombre del partido nacio- 
nal, al Doctor Saenz Peña, entre otras co.sas, 
ésta: 

<'¿Y cómo no ha!)éis de comprenderme, 
cuando pronto vais á empuñar el ba.stón 
simbólico y á sentares en la silla de los pro- 
ceres que en 1810, ya le decían al pueblo, 
en decretos lapidarios: «Un ciudadano ar- 



gentino, ni ebrio ni dormido, debe tener 
impresiones contra la libertad de su país?» 

Estoy seguro que el Presidente futuro de 
la República, se acordó, al oírlo, de algo 
que en estos momentos en que el espíritu 
bullanguero y palaciego,— ambas enferme- 
dades .son antirepublicanas,— suele salirse 
de madre, desbordándose de un modo cho- 
cante, e.stoy seguro, repito, que el Presiden- 
te futuro se acordó de lo que voy á reprodu- 
cir, para que .se vea .si estamos ó no vivifi- 
cados por el .soplo del pensamiento austero 
de nuestros ma^'ores: 

« Gazeia extraordinaria de Buenos Aires, 
sábado 8 de Diciembre de iSiO.—l" El artí- 
culo 8 de la orden del día 28 de Ma^-o de 
1810, queda revocado y anulado en todas 
sus partes. 

2'^ Habrá desde este día absoluta, perfecta 
é idéntica igualdad entre el Pre.sidente y 
demás vocales de la Junta, sin más diferen- 
cia que el orden numerario y gradual de los 
asientos. 

3'^ Solamente la Junta reunida en actos 
de etiqueta y ceremonia tendrá los honores 
militares, escolta y tratamiento que están 
establecidos. 

4" Ni el Pre.sidente ni algún otro indivi- 
duo de la Junta en particular revestirán 
carácter público ni tendrán comitiva, escol- 
ta ó aparato que los distinga de los demás 
ciudadanos. 

5" Todo decreto, oficio y orden de la Jun- 
ta deberá ir firmado de ella, debiendo con- 
currir cuatro firmas, cuando menos, con la 
del respectivo Secretario. 

6" Todo empleado, funcionario público ó 
ciudadano que ejecute ordene.?, que no va- 
yan suscriptas en la forma proscripta en el 
anterior artículo, será responsable el Go- 
bierno de la ejecución. 

7'^ Se retirarán todas las centinelas del 
palacio, dejando solamente las de las puer- 
tas de la Fortaleza y sus bastiones. 

8° Se prohibe todo brindis, viva ó aclama- 
ción pública en favor de individuos parti- 
culares do la Junta. Si e.stos .^on justo.s, vi- 
virán en el eoi-azón de sus conciudadanos: 
ellos no aprecian bocas que han sido profa- 
nadas con elogios de los tiranos. 

9" No se podrá brindar sino por la patria, 
por sus derechos, por la gloria de nuestras 



DEL Rio de la Plata 



111 



armas y por objetos generales concernientes 
ú la pública felicidad. 

10. Toda persona que brindase por algún 
individuo particular de la Junta, será des- 
terrada por seis años. 

11. Habiendo ecbado un brindis 1). Ata- 
nasio Duarte, con que ofendió la probidad 
del Presidente y atacó los derecbos de la Pa- 
tria, debía perecer en un cadalso; por el es- 
tado de embriaguez en que se hallaba se le 
perdona la vida; pero .se destierra perpetua- 
mente de esta ciudad: porque un habitante 
de Buenos Aires, ni ebrio ni dormido debe 
tener impresiones contra la libertad de su 
pais. 

12. No debiendo confundirse nuestra mi- 
licia nacional con la milicia mercenaria de 
los tiranos, se prohibe que ningún centinela 
impida la libre entrada en toda función y 
concurrencia pública á los ciudadanos de- 
centes que la pretendan. El oficial que que- 
brante esta regla será depuesto do su em- 
pleo. 

13. Las esposas de los funcionarios públi- 
cos, políticos y militares, no disfrutarán los 
honores de armas, ni demás pi-errogativasde 
sus maridos: estas distinciones las concede 
el Estado á los empleos y no pueden comu- 
nicarse sino á los individuos que los ejercen. 

14— En las diversiones públicas de toros, 
ópera, comedia, etc., no tendrá la Junta, 
palco ni lugar determinado; los individuos 
de ella que quieran concuri-ir comprarán lu- 
gar, como cualquier ciudadano: el Exmo. 
Cabildo, á quien toca la presidencia y go- 
bierno de aquellos actos por medio de los 
individuas comisionados para el efecto, será 
el que únicamente tenga una posición de 
preferencia. 

15— Desde este dia queda concluido todo 
el ceremonial de iglesia con las autoridades 
civiles: éstas no concurren al templo á reci- 
bir inciensos, sino atributarlos al Ser Su- 
premo. Solamente subsiste el recibimiento 
en la puerta por los canónigos y dignidades 
en la forma acostumbrada.— No habrá coji- 
nes, sitial, ni distintivo entre los individuos 
de la Junta. 

16— Este reglamento se publicará en la 
Gazeta, y con esta publicación se tendrá por 
cii-culado á todos los Gefes políticos, milita- 



res, corporaciones y vecinos para su pun- 
tual observación. 

Dado en Buenos Aires, en la Sala de la 
Junta á 6 de Diciembra de 1810— Cornelio de 
Saavedra — Miguel de Azcuénaga — Dr Ma- 
nuel de Alberti— Domingo Mateu,— Juan 
Larrea— Dr. Juan José Vasso—Secrefario-- 
Dr. Mariano Moveno— Sec re f ario:»- 



Los tiempos lian cambiado, no acuso á 
nadie; pero pregunto si vivimos, pensamos 
.sentimos al unisón de los ideales que enar- 
decían la mente de los fundadores de la Re- 
pública. 

Que cada ciudadano, que cada estante y 
habitante del país, ponga la mano sobre su 
conciencia y conteste. 

La República de tipo moderno, sin aristo- 
cracia; la Kepública igualitaria, democráti- 
ca, popular, no es solamente la mejor forma 
ideal de gobierno sino que es el ideal más di- 
fícil de realizar en la práctica, porque es el 
gobierno de la fiscalización de todos y de ca- 
da uno, por unos y por todos. Así es que 
conviene recordar en todos los momentos, 
que la verdadera, que la buena, que la jui- 
ciosa opinión pública no se forma sino te- 
niendo presente que la austeridad no ex- 
cluye la benevolencia, asi como el talento 
no basta para .ser preferido, si no lleva apare- 
jadas ciertas virtudes. Yo no quiero para 
mi país la dureza granítica de los que i-e- 
dactaban decretos como el que se acaba de 
leer: No! Deseo, sí, que teniendo en cuenta 
el momento difícil en que actuaban los fun- 
dadores de esta patria argentina, no se les 
haga la inju.sticia de creer que no estaban 
llenos de longanimidad, y que en la paz y 
en la guerra, en la buena y en la mala for- 
tuna,— no nos desconozcamos á punto de 
merecer la maldición de Caín. Sí, yo quie- 
ro que siempre que se nos pregunte: ¿qué 
has hecho de tu hermano? podamos contes- 
tar: Está libre, porque ha hecho lo que que- 
ría, no habiendo atentado, ha.sta ahora, 
contra las leyes de su país. 

* * 

Ninguna otra cosa grave ha pasado du- 
rante la quincena, y .sólo tenemos que la- 
mentar que algunos magistrados se enve- 



112 



IIkvista Ecomkmh 'A 



jezcan tan pronto, acog-iéndose á la ley de 
jubilación,— ley que es una délas carcomas 
del presupuesto; tanto que todos los dias se 
acentúa, seg'ün entendemos, en el Cong-reso, 
un movimiento de opiniíjn, tendente á mo- 
diflcarla de una manera sustancial. 



Algunos liedlos militares, de poco momen- 
to, y de mucha crítica, han sido apuntados 
por la prensa diaria con comentarios alar- 
mistas; pero en mi concepto, no siendo el 
ejército una soldadesca, nada hay que te- 
mer de su espíi-itu de fidelidad al Gobierno 
leg-al; y me duele que el afán déla publici- 
dad hag-a que se discutan, á la luz del día 
medidas 3' resoluciones que, en otras partes 
no salen del i-adio administi-ativo. 

Licio Y. Maxsili.a. 



REPIJBLIGA Ülim DEL ÜRGGMI 



CRÓNICA DE LA QUINCENA 



Nada de lo que hemos presenciado en ésta 
quincena tan ag-itada podía sorprendernos, 
puesto que no ha sido más que el comienzo 
de la realización de nuestras previsiones. 

Lo único que extrañamos es que la 
brutalidad de los hechos no haya todavía 
alcanzado á abrir los ojos délos hombres que 
nos gobiernan y aconsejádoles á salir del 
estraviado camino en que los vemos perse- 
verar. 

A comienzos de Noviembre último, apro- 
vechando las columnas de nuestro estimable 
colega El Telégrafo Marítimo, demostramos 
ampliamente el error de persistir en el siste- 
ma de demolición y de restricción en el que 
se había lanzado de lleno el Gobierno, entre- 
gado á los consejos de un círculo de agiotis- 
tas, A- demostramos como, siguiéndose así, se 
iria fatalmente á la insolvencia nacional y 
particular, á lo imposible. 

No fuimos oídos, como es diñcil que se ha- 
gan oír los hombres en nuestro país cuando 
so mueven fuera de ciertas esferas. Lejos de 
eso so nos trató como á enemigos, porque di- 
V ergíamos de opinión, creyendo que la Re- 



pública debía aprovechar de la ciencia y 
la esperiencia universal. 

Ya mucho dañóse habia hecho. Só protes- 
to de combatir el inflacionismo de valores 
se había anulado tres cuartas partes del 
valor de todo papel, se había hecho guerra 
implacable al Banco Nacional hasta llevar 
loa la inconversión; suprimido casi total- 
mente el crédito personal y hecho perder 
más de un 30 <'/o á la propiedad raiz. En 
presencia de tantos desastres, cuando era im- 
prescindible confortar á lo que aún quedaba 
de pié \ cuando, dada la vitalidad del país, 
se hacía fácil detenei' el derrumbe 3' abrir de 
nuevo una época de prosperidad, lo que 
triunfó en los consejos del Gobierno, debido 
á una ofuscación inconcebible, fué hacer 
precisamente todo lo contrario de lo que se 
debía. 

El programa del señoi* Ministro de Hacien- 
da puede resumirse así: P tabla rasa de 
toda Institución Nacional subsistente, 2*. 
la circulación á oro con prima de exporta- 
ción, cuando con la supresión del Banco Na- 
cional y la del Banco Inglés desaparecían 
nueve décimosde nuestro medio circulante, 
30, con la crisis agravada y con la supresión 
de la mayor parte del capital disponible, la 
liquidación en vasta escala de los créditos 
del Banco Hipotecarioy 4", para regularizar 
la Hacienda, rebaja de intereses en los títulos 
de deuda, capitalización de los servicios de 
algunos meses y negociación de un crédito 
de millón y medio dando en cambio todos 
los privilegios del Banco Nacional y las más 
inalienables facultades del E.stado en mate- 
ria de circulación monetaria. 

No puede, en vista de ésto decirse qne no 
hubo un plan. El plan ha existido y se ha 
perseverado en él, pero fué un plan desqui- 
ciador de la fortuna pública y privada, 
como los hechos lo están comprobando. 

Para realizar éste plan en la parte bancaria, 
se contaba con el Banco Comercial á cuya 
dirección pretendíase entregar los destinos 
económicos del país, y la propaganda que 
se empezó á hacer en favor de un Banco 
criollo, no respondía, como lo dijimos en 
nuestra carta económica de 25de Noviembre 
último, más que á ese objeto. 

Esto fracasó porque el Senado, y con él 
el país no admitían la eliminación completa 



DEL Rio DK LA PLATA 



ii:í 



de la iutervención del Estado en un estable- 
cimiento tan enormemente privilegiado 
como el que se proyectaba, y el Banco Co- 
mercial, por su parte, no quería un predo- 
minio que pudiese ser en algún modo con- 
trolado. De éste fracaso nació la aventura 
bancaria del Sr. Noetzlin, que, mientras se 
daba el Banco como un hecho, fué á buscar 
en los judies de Europa lo que no encontra- 
ba el Gobierno en los agiotistas del país. 

Desconociéndose las nociones más ele- 
mentales que rigen los mercados moneta- 
rios, se creía que al conservar nuestro régi- 
men metálico y en las condiciones en que 
colocaban al país, la circulación se provee- 
ría ampliamente de por sí. En valde .sos- 
tuvimos en la prensa que con el sistema de 
restricción, abatiéndose todos los valoi-esy 
suprimiéndose todo crédito, no podia haber 
importación de numerario, que el capital 
en efectivo hu^^e de donde se hace imperar 
la crisis, la miseria; y los heraldos del señor 
Ministro de Hacienda, pregonaron que, por 
lo contrario, de lo que sosteníamos, debíamos 
tener en el verano que acaba de correr, una 
importación de oro de más de diez millones 
como saldo de la balanza comercial. 

Cuando se trataba de la creación del nue- 
vo Banco Hipotecario, demostramos que en 
vez de una solución que concillase los gran- 
des intereses ligados al valor de la propiedad 
territorial, lo que se montaba era una má- 
quina destinada á sacrificar el valor de laS 
propiedades en todo el territorio de la Re- 
pública, puesto que para servir el interés 
de las cédulas aquel tendría que entrar á 
realizaciones en vasta escala, cuando no 
podrían haber compradores, deprimiéndose 
así el único valor que, aunque quebrantado, 
quedaba en el país. 

Van pocos meses que esto escribíamos 
y pei-severándose en el camino que, aunque 
dura, im parcialmente censurábamos, ya el 
plan del Sr. Ministro de Hacienda ha dado 
los resultados que no podia dejar de dar, de- 
mostrando que era cierto cuanto decíamos. 

No había tal sindicato bancario europeo, 
y ha pasado la estación de nuestras fuertes 
exportaciones .sin que la pretendida balanza 
de comercio favorable nos haya, dado un so- 
lo peso de importación metálica de los millo- 
nes que se esperaban, y con cuyo miraje se 



combatió toda combinación tendente á pro- 
veer efectivamente nuestra circulación. 

Otro error ha sido con.siderar que el saldar 
unos cuantos presupuestos mediante la 
falta de cumplimiento del pago de servicios 
de la deuda exterior y una rebaja equiva- 
lente á un 10 0/'^ de nuestras rentas norma- 
íes, hechos conseguidos con nuestro descré- 
dito ante el mundo y con el pago de Ls. 
536.000 como comisión del acto la.stimoso 
podrían ser base de un arreglo de Hacienda, 
cuando la política de depresión de toda fuer- 
za económica del país debía quitarnos suce- 
.sivamente esos y muchos otros 10,,/" mas de 
recursos para el Erario. 

Es el colmo de la insen.-^atez de hacendista 
el creer que, sin fomento de la riqueza pú- 
blica, pueda haber jamás prosperidad ni re- 
gularidad financiera. 

¿Cual es la verdadera situación que tantos 
desaciertes, le han creado al país 3^ al tesoroí 
¿Qué es lo que se trata de hacer envista 
de ella? 

Hay algunos distinguidos colegas monte- 
videanos que todavía pretenden que la si- 
tuación mejora, por que el interés ha bajado, 
lo que creen que prueba que ha cesado la 
falta de medio circulante. 

V'ávecQjyi'iiiKi facie, queloquese abarata 
abunda, pero no es siempre asi, y, en todas 
las crisis, uno de los peores síntomas es, pre- 
cisamente, la baja del interés. Lo que 
revela abundancia de numerario dispo- 
nible es el alza general de valores, y en 
vez de esa alza, lo que en Montevideo se 
manifiesta es la baja cada día mayor. 

Observe cualquiera la situación actual 
y se encontrará que, en vez de disminuir 
la escasez de dinero, ella llega á sus límites 
extremos. 

Pero, ¿por qué baja entonces el interés? 
dicen los que no se cuidan de analizar las 
causas de ese hecho que aparentemente 
contradice la realidad. Por una razón sen- 
cillísima, y es que los pocos que tienen 
capital disponible han abandonado la mayor 
parte de las colocaciones habituales y pro- 
vechosas, preferiéndose al interés las garan- 
tías exageradas. 

En todas partes el máximum de abati- 
miento producido por una crisis ha coinci- 



114 



Revista Económíca 



elido siempre con los tipos más reducidos de 
interés. 

Por la misma lev cuando se maniüesta la 
prosperidad en un país, la confianza se ex- 
tiende y los negocios remunerativos se mul- 
tiplican, sube el interés. 

Uno y otro extremo son malos; cuando el 
termómeti'o marca 40 grados hay fiebi-e y 
cuando desciende de 35 viene la muerte. 

De los pases de 4 y 5 oío caemos 3^a en el 
colapso de una reducción extrema de inte- 
rés. 

Laveleye en uno de sus últimos trabajos 
trae observaciones preciosas al respecto. 
« La misma causa, dice, la estenuación de 
negocios que deprimen los precios, acumu- 
la el oro en los Bancos y hace caer oí tipo 
del descuento. Cuando el espíritu de em- 
pi-esa languidece la materia descontable 
falta y el interés baja. En la crisis lenta de 
la anemia industrial, el capital se ofrece á 
vil precio. Suponed, agrega, una paraliza- 
ción casi completa en el movimiento comer- 
cial: los precios y los descuentos caerán á 
un tipo irrisorio.» Al alcanzar á su máximo 
la crisis de Hamburgo en 1819, el interés 
bajó de 3 ojo á 1 1 23' hechos análogos se han 
reproducido siempre que una crisis no haya 
sido detenida á tiempo. 

Elmvin Nasse ha demostrado de un modo 
incontrarestable como la disminución de 
la existencia monetaria trae la baja de los 
precios, detiene inevitablemente el movi- 
miento comercial y lleva á este estado que 
es el nuestro: de un lado casi todo el país en 
la más completa postración por falta de di- 
nero; del otro, un poco de dinero disponible, 
fuera de las condiciones generales en que se 
necesita, disputándose, en una reducidísima 
esfera, excepcionales papeles y préstamos 
con garantías reales que en su generalidad 
no se avienen con la suma que es impres- 
cindible movilizar sobre las propiedades. 
De ahí el fenómeno de que el interés del di- 
nero baje tanto como se produzca v crezca 
el hambre del dinero, á la vez que la impo- 
sibilidad de que se produzcan importaciones 
efectivas de oro en condiciones como las 
que nos [ha traído el error fundamental de 
la política económica del Gobierno. 

Desde que el mal proviene de la desvalo- 
rización creada por la escasez de moneda y 



aquella á su vez dificulta cada día más los 
medios de adquirirla, el Banco Hipotecario, 
gemelo del Banco Noetzlin, ya empieza á 
producii- los resultados que á tiempo prevei- 
naos. que es impulsar el definitivo derrum- 
bamiento de la propiedad raiz; y para poder 
pagar un par de cupones, anulará más 
de cien millones de valores en todo el país, 
minándose, al mismo tiempo, la base de la 
institución. 

¡Qué y hábil previsora combinación! 

En cuanto á la Hacienda, tenemos el hecho 
de que el ahorro en los servicios comprado 
con el sacrificio del Crédito Nacional, no re- 
presenta lo que ahora se pierde en renta, 
estándose ya hoy peor que antes del arre- 
glo. 

Esta es la situación, y el Sr. Ministi-o de 
Hacienda no vé mas remedio que la realiza- 
ción del Banco, y ¿qué Banco? Una institu- 
ción que privará á la producción de toda es- 
pansión y de todo crédito, durante treinta 
años, si es que el país exasperado no se 
libra antes de semejante monstruosidad. 

En vez de atacar el mal por su base, la 
I ealización del Banco le daría un nuevo y 
poderoso incremento. 

Ya hemos visto lo que es el Banco Mejicano 
que dice el Sr. Noetzlin que toma por mode- 
lo y para que ya no quede duda sobre las 
ideas del Gobierno en vista de la necesidad 
de combatir la crisis, desenvolver el trabajo 
y habilitar las aptitudes nacionales, está el 
hecho de que no ha perdonado esfuerzos pa- 
ra entregar el país á discreción de los hom- 
bres del Banco Comercial unidos a un gru- 
po de agiotistas del extranjero. 

El Senado nos salvó del Banco Comercial, 
pero parece que el país no se salvará del 
Sr. Noetzlin, así como también do nuevos 
bonos y comisiones. Con la consolidación 
de deudas y con el negocio del Ferro-Carril 
del Oeste, el llamado sindicato tendrá quizá 
con que hacer el Banco, al que vendría la 
Nación á dar capital y privilegios, dispo- 
niendo los negociadores de los beneflcio.s, 
de la dirección, y de las liberadas. 

Esa combinación, por la que se hace cues- 
tión de cartera, le permitiría al gobierno 
disponer de un pequeño préstamo que, si- 
guiendo las cosas en el camino en que éstan 
sería absorvido en un par de meses. 



DEL Rio de la Plata 



llr 



y, después ¿que haría el Sr. Ministro que 
no vé mas recurso que ese préstamo para sa- 
lir los compromisos del día, con el sacrificio 
completo del mañana? 

Con el complemento de su plan, tendría- 
mos para dentro de pocos meses, de un lado, 
la crisis convertida en postración definitiva, 
del otro, la Hacienda impotente para cum- 
plir sus compromisos, los déficits de nuevo 
aglomerados, el hambie. la desesperación. 

A eso nos llevan, y es tiempo de que se 
retroceda de tan fatal pendiente; perdida la 
oportunidad de crear el Banco en condicio- 
nes liberales, como se lo ofrecieron los tene- 
dores de títulos de deuda en Europa, que no 
cobraban prima al i-ebajar los intereses, no 
]>ueden faltar todavía ahora, dejándose de 
lado las funestas combinaciones en que tanto 
tiempo y tanto prestigio se han gastado, otros 
medios realmente eficaces para mejorar la 
situación del paí^. 

FA Sr. Ministro de Hacienda que ha encon- 
trado la forma de dejar .sin efecto una ve- 
nuncm iíidecl¿?iaMe, que es retirarla, palabra 
de sonido distinto de declinar, no puede 
dejar de hallar en el Diccionario de la rica 
lengua castellana el medio de adoptar un 
sistema diametralmente opuesto al que ha 
venido siguiendo hasta hoy. 

No se debe, por una pretendida conse- 
cuencia íi principios inaplicables á todas las 
circunstancias, sacrificarse los intere.ses y 
el porvenir de todo un pueblo. 

Los hombres de gobierno no deben sobre- 
poner un mal entendido amor propio íi todo 
amor patrio. 

El general Roca antes de los dos meses de 
haber dicho oficialmente que vendería la 
Casa Rosada antes de modificar el régimen 
monetario, decretaba su modificación en 
vústa de la necesidad pública y los miem- 
bros de la defensa nacional de Francia, poco 
después de la patriótica declaración deque 
no darían una pulgada de su territorio ni 
una piedra de sus fortalezas, entregaban dos 
provincias á fin de salvar el resto del país. 

Salga ol Sr. ministro del círculo estrecho 
en que vive encerrado; abandone las teorías 
abstractas de escuela, deje de continuar la- 
brando el mal, como, sin duda sin quererlo, 
lo vienehaciendo, y consulte las convenien- 
cias reales del país, que seremos nosotros los 



primeros en aplaudí rio y en alentarlo, pues- 
to que, lejos de proceder inspirados por mas ó 
menos fundados resentimientos personales, 
es regla invariable nuestra de conducta es- 
cribir con inexorable imparcialidad cuando 
de los intereses públicos se trata. 



El Senado, procediendo con laindependen- 
cia que tanto lo recomienda á la considera- 
ción de todos losque anhelan que llagamos 
de una vez vida constitucional, interpeló al 
Sr. Ministro de Hacienda por la falta de re- 
misión de los presupuestos que po)- ley de- 
ben elevarse al Cuerpo Legislativo antes de 
primei'O de Abril y que aún no se han remi- 
tido. 

La esplicación dada por el Sr. Ministro no 
fué satisfactoria, manifestando que los pre- 
supuestos no podrían confeccionarse .sin re- 
.sülverse antes el Banco Noeltzlin. 

Todo para el .señor Ministro es el Banco 
Noetzlln; nové masque ese dogal, consi- 
derando la Hacienda y el porvenir del país 
dependientes de un pequeño préstamo. 

La escusa, sin embargo, no era admisible 
puesto que se han podido confeccionar los 
presupuestos consultando la hipótesis de 
obtener el crédito y la de no conseguirlo, 
ó al menos, ha debido oportunamente el 
P. E. pedir á las Cámaras que autorizasen 
la demora. 

Lo que se hizo ha sido evidentemente una 
nueva infi'acción de la ley, como es una 
infracción de la Constitución el no presen- 
tar la relación anual de los Ministerios; las 
del departamento de Hacienda no se pre- 
sentan desde la Administración del General 
Santos. 

Singular contraste hace este proceder de 
parte del P. E. con el rigor que hemos visto 
observar ultimauíente con altas pei-sonali- 
dades del ejército, que no .se ajustaron á la 
letra de un decreto que les priva de sus de- 
rechos con.stitucíonales. 

Parte de la prensa en vez de apoyar y 
alentar la actitud del Senado, ha llegado 
hasta hacer entrever que no es patriótico 
de parte de las Cámaras el contrariar ó lla- 
mar al orden á los miembros del Ejecutivo, 
obedeciendo en esto á la lamentable tenden- 
cia de no querer ver en el Cuerpo Legisla- 
tivo más que un instrumento y un dócil 



116 



Revista Económica 



aplaudidor de todo lo que hagan, proyecten 
ó se les ocurra á los Ministros. 

Las claques están buenas para teatros, 
pero no esa la misión del Poder Legislativo. 

El telégrafo nos anuncia que se trata 
por un grupo de la Cámara de Diputados de 
firmar un compromiso de no votar ninguna 
ley decurso forzoso con efecto retroactivo, y 
nos cuesta creer que ésta idea pueda hacer 
camino, puesto que no concebimos que ha- 
lle eco entre los miembros de la Cámara una 
pretención como ésta que impotaria un po- 
sitivo atentado y una lamentable burla al 
sistema Parlamentario. 

Ningún Diputado ni ningún Senador 
puede comprometer sus votos con antela- 
ción á las discusiones á que según los regla- 
mentos délas Cámaras deba precederse, pues 
délo contrario se vendrían á hacer ilusorias 
las garantías que proporciona el debate de 
las materias sometidas á la consideración del 
Cuei'po Legislativo, y sería ponerse en el 
caso de tener que acallar la conciencia 
cuando argumentaciones decisivas lleva- 
sen el convencimiento al ánimo de los 
coaligados de que lo que formase la base de 
sus compromisos fuese contrario al interés 
público,que todo Representante está obliga- 
do á consultar con prefei-encia.— Compro- 
meterse á votar antes de la discusión, es co- 
meter el acto repi-obado de disponerse á cer- 
rar los oídos á la razón, y á faltar á los dicta- 
dos de la conciencia, que debe ser la única 
norma de sus actos. 

Las Cámaras han proi-rogado sus sesiones 
por un mes má.s, usando de la disposición 
Constitucional, en vez de proceder como se 
nos decía á elejir desde yalos miembros déla 
comisión permanente, entre los íntimos del 
Poder Ejecutivo, sin dar lugar á ninguno 
délos que componen la minoría del partido 
colorado en las Cámaras, lo quehubiei-a sido 
un nuevo error político agregado á los mu- 
chos que se vienen cometiendo. 

El Dr. Herrera y Obes debe sei- el primer 
interesado en que semejante hecho no se 
produzca, y estamos ciertos de que en cuan- 
to de él dependa há de tratar de que las Cá- 
maras nombren una comisión permanente 
compuerta de hombres independientes. 

Los que tienen la conciencia de la rectí- 
tuíl de sus actos, deben repeler el control de 



sus íntimos 3^ menospreciar las fáciles com- 
placencias que pueden ofrecerles, sobretodo 
en circunstancias tan graves como las 
actuales. 

Según los diarios de Montevideo, el Sr. 
Cassel esperaba conocer las condiciones 
secretas de la Ley del Banco para contestar 
definitivamente si entraba ó no en este 
negocio, noticia que importa desautoiizar 
la afirmación que se había hecho de que el 
Sr. Noetzlin trató con aquel del asunto en 
su viaje á Europa y venía representándolo 
cerca de nuestro Gobierno. 

Si se hubiese tratado el negocio con el Sr. 
Cassel, lo natural era que se hubiese em- 
pezado por comunicarle las bases de la con- 
cesión. 

Nuestros colegas de la otra orilla no ha- 
bían pues sido bien informados entonces 
ó no lo están ahora. 

Se nos anunció una refutación á lo que 
dijimos sobre el Banco Nacional de Méjico y 
sus lamentables resultados para la riqueza 
pública de e.se país, pero hasta ahora no nos 
ha llegado la publicación anunciada, que 
nos habría dado oportunidad para ampliar 
los datos de nuestro artículo. 



Los artículos uo firmatlos pertenecen 
al Director de esta Revista. 



EEVISTA BURSÁTIL 



El oro que dejamos el 31 de Mayo cotizán- 
dose á 53.40 (328.10) cierra en la quincena á 
50.50 (310.29 OJO) y bastan estas cifras para 
probar que no nos equivocamos al asegurar 
que la tendencia de valorización del billete 
continuaba ¿Continuai'á en aaelante? es lo 
que querrán saber nuestros lectores y noso- 
tros debemos decir de no limitar esta revis- 
ta al papel de ampliación del cuadro de co- 
tizaciones. Pues bien; no obstante pequeñas 
reacciones que han de producirse en los pre- 
cios de 50 la onza y 300 o/o, que muchos co- 
merciantes esperan para chancelar operado- 



DEL Rio de la Plata 



117 



nes, la valorización del billete seguirá, por- 
que ha de estar más escaso en los meses de 
Junio y Agosto por las cosechas de azúcar y 
la mayor actividad de negocios, y sobretodo 
porque no siendo entre nosotros la moneda 
circulante sino pagarés del gobierno nacio- 
nal, que solo el fuego ha de extinguir, todo 
lo que ponga al deudor en mejores condi- 
ciones tiende á valorizar la deuda. Mejores 
condiciones son la promesa de un gobierno 
honrado y de orden, y el alimento de las 
rentas nacionales consecuencia de la mejor 
posición del contribuyente. 

Para concluir recordaremos un hecho: 
cuando Dr. Pellegrini subió al poder coti- 
zábamos el oro á 217, hoy está á 310 ¿como 
estará el 12 de Octubre cuando asuma el 
mando el Dr. Saenz-Peña con la crisis liqui- 
dada? lógicamente á menor, mucho menor 
precio que hoy. 

Ha seguido la baja en el interés hasta ha- 
cerse descuentos de primeros firmas á6 '/., o,o 
pero son escasos los negocios de e.se género 
que se tratan, por lo escaso de las ventas del 
comercio importador y haberse hecho más 
pesada la cartera de los bancos con los des 
cuentos concedidos á plazo de seis meses. 

Como dejamos manifestado, conceptuamos 
tocando su límite la baja del interés y no se- 
rá difícil que en Julio ó Agosto volvamos á 
ver el papel á lü o/o anual. 

Pocos negocios en cambios aunque en 
precios más faovrables. Algunos arbitrajes 
han hecho viajar libras á Rio Janeiro, que 
no tardarán en hacer uso de su pasage de 
iday vuelta, .si realiza aquella plaza los cam- 
bios necesarios en la operación Rostchild ya 
terminada. 

El balance que publicamos del Banco de 
la Provincia acusa una disminución de $ 
;3(j0.033.64 en la circulación de cheques y 
certificados de depósitos. La Bolsa ha apre- 
ciado esta variante cotizándolos con 9 % 
de alza. 

Una mejor posición del Banco Hipotecario 
Provincial revelada en la discusión de la 
Legislatara ha hecho valorizar las cédulas 
en 4 °/o y los certificados en 8 %. 

Guardando siempre armonía con el valor 
del interés en plaza, han subido el Emprés- 
tito Nacional interno y los Fondos Públicos 
de 1892 4 ';¿ y 5.80 respectivamente. 



Como preveíamos los precios de las accio- 
nes de Bancos continúan firmes pero inva- 
riables, sólo las del Nuevo Banco Italiano, 
que se había quedado algo retardado en la 
pasada valorización, han sido cotizadas con 
8 \., puntos de alza. 

La baja del oro disminuj'e la deuda que 
en esa especie tiene la sociedad Muelle y 
Depósitos de las Catalinas y (3sto esplica los 
2.20 puntos en que mejora su cotización. 

El Banco Nolasco y C-' nos favorece con la 
remisión de su balance en 29 de Febrero 
1892 y nos complacemos en notar mayor 
incremento en sus operaciones y depósitos, 
tan fructíferas cuando era sociedad anó- 
nima. 

La BoLsa de Montevideo, en sus distintas 
operaciones cotiza con baja de 5.80 % los 
billetes del Banco Nacional, 2.50 "/o las cédu- 
las hipotecerias serie A, y 5.80 % la Deuda 
del interior. Causa una sola-, el desengaño 
sufrido al ver que el capital Europeo no 
quiere hacer un Banco en Montevideo para 
ganar menos que haciendo uno en Buenos 
Aires, donde tampoco entra en la suscrición 
abierta para el Banco de la Nación. 

Muchas reuniones de Cámaras Legislati- 
vas y comerciales, boletines á media noche, 
gran barullo alrededor del nombre del 
faíseur (Vaff aires que dice representar á la 
banca Europea, y en resumen el convenci- 
miento de un fracaso que quisiéramos se 
limitara al Banco y no envolviera á los po- 
cos hombres no gastados que conserva la 
Rapública Oriental. 

El esceso de vida Argentina podrá llevar 
otra vez capitales á su vecina Oriental, sino, 
hay que esperar que entren hombres nue- 
vos en el manejo financiero de aquel país. 
Es nuestro amargo convencimiento. 



F, 



118 



Ekvista Econ(3mica 



Movimiento bursátil de la primera quincena de Junio de 1892 



BOLSA DE BUENOS AIRES 

(DEL P AL 15 DE JUMO; 



HA.STA. Mas bajo 
MAYO 31 



Metálico 



Onzas 53.40 

Libras estei'linaí; 16.60 



Cambios 



Inglaterra. 

Francia 

Bélg-ica 

Alemania. . 



Cheques 



Banco Nacional 

Banco de la Provincia 

Banco Hipotecario de la Provincia— bono.s. 

Banco Ing-lés del Kio de la Plata (papel)... 

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Cédulas Hipotecarias Nacionales 



de renta 



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Cédulas Hipotecarias Provinciales 

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Fondos y Títulos Públicos 

Fondos Públicos Nacionales de 1884. 
Empréstito Nacional Interno 1891 . . . 

Id. de 1892 

Lotería Municipal de la Capital 



47.3/, 
4.98 
4.99 
4.03 



21 
53 
16 
20 



31 — 
99 — 
95 — 
90.50 
92.50 
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12 — 

32 — 
31 - 

28.80 
28.90 

33 — 
31.50 
30.20 
30.20 
30.20 
30.10 
30.20 
30.20 



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Mas alto 



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16.72 



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4.98 
4.99 
4.05 



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52 
24 
20 



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92 — 
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90 - 
90.70 



Ultimo precio 

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15.70 



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4.98 
4.99 
4.04 



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24 
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92 — 
92 — 
90 — 
90.70 



12 — 


20 - 


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31 - 


35.50 


35.50 


32 - 


34 - 


34 - 


28.80 


33 - 


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28.98 


31.30 


31.30 


34 - 


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33 - 


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34.30 


30.20 


34 - 


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34 - 


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53 - 


53 - 


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69 - 


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58 - 


64 — 


64 - 


35 - 


40 — 


40 — 



DEL Rio de la Plata 



119 



HASTA 

Mayo 31 



Acciones 



BANX'OS 



Español del Rio de la Plata 106 — 

Italia y ¡> » » » (oi-o) 86 — 

Crédito Real 27 — 

Nuevo Banco Italiano 41 .50 

Banco de la Bolsa 39.50 

Francés del Rio de La Plata 45.50 

Hipotecario de la Capital (Bonos oi'Dj 41 — 

Constructor de La Plata ¡ 4.50 

Id. id. (oblig-aciones) j: 0.80 

Ag-rícola Comercial ¡; 17 — 

Banco Inmobiliario , 30.50 

Banco de Comercio 80 — 

Banco Caja de Descuentos 80 ^- 

Comercial de La Plata ! 8.50 

Comercial ' 30 — 

íianco Sud Americano ¡ 30 — 



COMPAÑÍAS 

La Edificadora 80 

La Previsora (Compañía de Seg'uros) ; 29 

La Primitiva Compañía do Cas ; 86 

Gas Argentino ,\ 40 

Empresa del Edificio de laBoIsn 125 

La Arg-entina (fábrica de papel) 80 

Muelle y Depósitos de las Catalinas 7.80 

La Buenos Aires (Compañía de Seguros;. . . ! 30 — 

Compañía General de Reaseguros i 7 

Kid y C'^ I 15 

Telegráfico Telefónica 65 

Constructora Argentina 



BOLSA DE MONTEVIDEO 

(DEL 1'^ AL 14 DE JUNIO) 



Acciones Banco Nacional . . . 
Billetes » > 
Deuda Unificada 

Títulos hipotecarios Serie D 

Cédulas hipotecarias » A 

Id. id. » R 

Deuda amortizable • 

Deuda del Interior 

Deuda Independencia 

Deuda Consolidada 

Acciones Banco HipoteL-ariu 

CAMBIOS 

Inglaterra 

Francia 

Bélgica 

Alemania 



7.50 

55.80 
39 - 
28.70 
28.70 
28 - 
33 - 
32.80 
31.20 



50.'/s 
5.33 
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4.30 



Mas bajo 



Más alto 



106 — 
86 — 

27 - 
46.50 
39.50 
45.50 
41 — 

4.50 
0.80 
15 - 
30.50 
80 - 
80 - 
8.50 
30 — 

28 - 



74 — 
30 — 
87 — 
40 - 
125 - 
80 — 
7.60 
30 - 



15 
65 
14 



7.50 
50 — 
39 — 
28.70 
25.40 
28 — 
33 - 
27 — 
31. 
37 
12 



20 



50% 
5.32 
5.34 
4.29 



108 — 
86 — 

27 - 
50 — 
39.50 
48 — 
41 — 

4.50 
0.80 
15 — 
30.50 
80 - 
80 — 
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30 - 

28 - 



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30 
87 
40 
125 
80 
10 
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15 
65 
14 



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39 — 
28.70 
28.40 
28 — 
33 - 
31.50 
31.20 
37 — 
14 - 



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5.33 
5.34 
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Itlimo precio 

HASTi 
JUNIO 15 



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86 — 
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50 - 
39.50 
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41 — 
4.50 
0.80 
15 - 
30.50 
80 — 
80 - 
8.50 
30 - 
30 — 



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87 
40 
125 
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10 
30 
7 
15 
65 
14 



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50 - 
39 - 
28.70 
26.20 
28 - 
33 — 
27 - 
31.20 
37 - 
12 — 



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120 



Revista Económica 





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ONDOS PÚBLICOS 
Provinciales y Municip 
les 


ORRESPONSALES 
EUDORES OFICIALES 
Gobierno de la Provincií 
Banco Hipotecario c/c. 


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2» Época. — Mm. 5 



5 de Julio (le 1892. 



EVISTA E 



DEL 



RIO DE LA PLATA 



DIRECTOR. DOMINGO LAMAS 



EL ABSENTEISMO AEÜENTINO 



I 



El tiM'mino absenteismo, que pudiera 
reemplazarse por ausenteismo, es de origen 
inglés y ha sido creado para espresar el ale- 
jamiento dolos propietai-ios de sus tierras 
privándolas no solo de su atención inmedia- 
ta, sinf3, también, y este es el hecho econó- 
mico que más especialmente lo caracteriza, 
pi'ivando á sus respectivas localidades del 
beneficio del consumo y de la acumulación 
en ellas de sjs productos anuales. 

Es tan importante esto, que la ausencia 
do Irlanda de próximamente un 22 °/o de sus 
propietarios territoi-iales, es considerada co- 
mo la principal causa de su pobreza y de su 
abatimiento económico. 

Pero las exportaciones de rentas de capi- 
tales, producen un efecto análogo y deben 
comprenderse *^n la misma denominación, 
puesto que, comoloobserva con mucha exac- 
titud A. Clement, «toda exportación de 
» capital ó de renta que no deba producir 
» retorno.s es perjudicial á los países de 
» donde .se extraen estos valores y ventajo- 
- .^as pai-a aquel al cual se les lleva; priva 
■ al primero en favor del segundo de un me- 
;> dio de trabajo, de beneficio, de acumula- 
» ción de riqueza proporcionado á la impor- 
» tancia de lassumas exportadas». 

Cuando esas exportaciones corresponden 
á una importación de capital que provoque 
un aumento equivalente de producción en 
el paí.s, hay una compensación al hecho ad- 
ver-so; pero cuando no se dá esa compensa- 
ción, el resultado es ruinosamente fatal y 



hay que remediar el nial con energía, si') 
pena de pei-mitir el abatimiento primero, y la 
ruina de la comunidad en plazo más á me- 
nos remoto. 

Podremos comparar, para un país, las im- 
portaciones de capitales debidas á préstamos 
ó empresas extranjei'as con las operaciones 
de préstamos que hacen los particulares y 
los contratos diversos que celebran sobre sus 
bienes, cuyos resultados dependen del uso 
de los fondos recibidos y de la discresión y 
pericia con que .st; proceda. 

Si aquellos se destinan á gastos no sufi- 
cientemente reproductivos ó al pago de défi- 
cits, y si estos no han sido bien meditados 
de modo á garantir un desenvolvimiento de 
producción que, por lo menos, compense la 
parte que en su virtud se apropien los extra- 
ños, el téi'mino fatal del absenteismo, si se 
deja estenderla línea del desvio, es la insol- 
vencia nacional, la postración del país, la 
pérdida total de su autonomía. 

Al término nhscntemno, se opone otra es- 
presión, le de colonización de cajñlales, que 
significa el hecho económico conU-ario y 
mediante el cual la nación colonizadora usu- 
fructúa las producciones extranjeras, y se 
crea, seg'ún la espresión de un moderno eco- 
nomista, especies de pi-opiedades de extra- 
muros. 

La Inglaterra es hoy la mayor nación 
colonizadora por medio de capitales, y la 
República Ai'gentina, en relación á sus pro- 
ductos, la nación que ofrece el ejemplo de 
maj-or absenteismo. 

II 
I Veamos ahora la posición creada para es- 



122 



Revista Económica 



tas dos naciones que se encuentran en am- 
bos extremos, y detengámonos muy espe- 
cialmente en la situación de la República 
Argentina, cuyo problema fundamental 
económico tocamos aquí. 

Según los estudios estadísticos de M. 
Giffen, la Inglaterra tenía, en 1875, una 
renta anual de más de 65 millones de libras 
ó sea 1 millar 625 millones de francos. De 
esta renta, 1 millar 5 millones proviene de 
empréstitos exteriores, 425 millones de be- 
neficios de ferro-carriles extrangeros, 57 mi- 
llones de dividendos de Bancos y71 de divi- 
dendos de Compañías industriales.— Los 82 
millones restantes provienen de Compañías 
de seguros y otras empresas en el extran- 
gero. 

Hay ndemás que agregar como beneficios 
obtenidos en el exterior, otras partidas como 
las de los ñetes etc. que son tributos sobre la 
mayor parte de las mercaderías importadas 
y exportadas en todas las naciones del mu ndo. 

M. P. Leroy Beaulieu, sin incluir los fle- 
tes y solo calculando el aumento de inver- 
.siones operado desde 1875 á 1881 y las colo- 
caciones de capitales en las demás formas 
que no sean acciones de compañías, calcula 
en tres millares de francos, seiscientos millo* 
nes de pesos oro, la renta que del exterior re- 
cibe anualmente la Inglaterra. 

Debido á esto la Inglaterra puede impor- 
tar un tercio y más por año que lo que ex- 
porta, y en vez de tener por esto un dese- 
quilibrio en su balanza comercial, le queda 
siempre un sobrante para nuevas colocacio- 
nes. 

Obtiene, además también, en vasta esca- 
la, desde el punto de vista nacional, esa es- 
pecie de propiedad de extramuros á que 
hace poco me referí. — Ejerce la Inglaterra 
una real influencia, muchas veces muy di- 
recta, sobre los destinos de sus deudores, 
aparte de usar del derecho soberano del im- 
puesto con que grava sus títulos y sus rentas. 

Todos los habitantes de los países que son 
sus deudores, además de la retribución de 
los capitales importados, son gravados, esto 
es, pagan impuestos, en beneficio del tesoro 
de la Gran Bretaña. 

Para apreciar el absenteisrao argentino, 
po solo debemos hacernos cargo de la magni- 



tud de la corriente de sus exportaciones sin 
retornos, sino que conviene caracterizar la 
acción, en el país, de los capitales y servi- 
cios extrangeros que las provocan, valién- 
donos, con este objeto, en una parte de da- 
tos positivos y, en otra, de aproximaciones é 
inducciones, dada la deficiencia de las esta- 
dísticas. 

Las fuentes de ese absenteismo pueden di- 
vidirse en cuatro categorías:— 1^ Comandita 
de capitales, por empréstitos y operaciones 
diversas,— 2^ servicios internacionales, como 
fletes y seguros,— 3^ Capitalistas del país, 
excluyendo los propietarios territoriales, que 
residenen el exterior, subsidios á familias de 
los inmigrantes, e inmigración transitoria 
y,— 4^ Propietarios territoriales establecidos 
en el extranjero. 

En cuanto á la primera categoría, debemos 
fijarnos en la cantidad así como también en 
la calidad de la comandita, que es lo princi- 
pal para la apreciación económica. 

Hay, desde luego, la importante distin- 
ción que hacer entre la importación de ca- 
pitales extranjeros en condiciones de relati- 
va fijeza y la importación mediante inver- 
siones de carácter transitorio. 

La pi-imera, y sentimos que la necesidad 
del análisis nos imponga tantas clasifica- 
ciones, se divide en empréstitos, inversiones 
en el país por Compañías cuyos objetos 
deben distinguirse, y en las realizadas por 
particulares, como halñlitaciones ó créditos 
á casas de comercio, etc. 

La deuda en el exterior de la República 
Argentina, por empréstitos os la siguiente : 

Empréstito de 1881 de 6 oío. L. 2.450.000 
» de 1884de5oio. » 1.683.100 

» de 1886 » 8.290. 100 

» de extensión del 

F.C. del Norte » 3.968.200 

Empréstito Conversión de 
Bonos de Tesorería, 5 0{0. 

1887 » 624.000 

Empréstito de 1888, oro, in- 
terno de 4 li2 oío » 3.973.700 

Empréstito de 1889 de41i2 "/o » 5.290.000 
» de 1889, externo 

de3 1i2oio » 2.659.500 

Empréstito de Moratorias... » 15.000.000 
» de la Provincia 



DEL Rio de la Plata 



123 



de Buenos Aires de 1824, 

deGop » l.OOO.OOÜ 

Empréstito de la Provincia 

de Buenos Aires de 1857, 

de 3 010 . » 1.641.000 

Empréstito de la Provincia 

de Buenos Aires de 1882 y 

1886, de 6 010 » 4.098.300 

Empréstito de la Provincia 

de Buenos Aires de 1883, 

de 6 010 » 2.2ñ4.100 

Empréstito de la Provincia 

de Buenos Aires de 1886, 

de 5 010 » 2.000.000 

Empréstito de la Provincia 

de Catamarca » 600.000 

Empréstito de la Provincia 

de Córdoba, 1886 » 595.200 

Empréstito de la Provincia 

de Córdoba, 1888 » 1.190.400 

Empréstito de la Provincia 

de Córdoba, 1888 » 2.000.000 

Empréstito de la Provincia 

de Corrientes, 1889, 6 010. » 1.000.000 
Empréstito de la Provincia 

de Rioja » 800.000 

Empréstito de la Provincia 

deSalta » 1.000.000 

Empréstito de la Provincia 

de San Luis, 1889, 6 oío . . » 150.000 
Empréstito de la Provincia 

de San Juan de 1886, 6 oyó * 400.000 
Empréstito de la Provincia 

de Santa-Fe de 1883, 1884, 

de6oio » 7.000.000 

Empréstito de la Provincia 

de Santa-Fe de 1888 » 4 . 000 . 000 

EmpréstitoMunicipalSta. Fé » 257.000 
■» de Mendoza » 992.060 

id de Tucumán de 1888, de 

6 010 » 600.000 

Empréstito Municipalidad 

de Buenos Aires, de 1888.. » 1.326.626 
Empréstito Municipalidad 

de Buenos Aires, de 1889. » 1.984.120 



Total Lbs. 78.827.406 

Estos empréstitos si bien tienen fijado un 
interés, en su término medio, de acuerdo 
con la renta media de los capitales nomina- 
les, no representarán préstamos por más de 



libras 50.000.000, de las cuales una pártese 
ha destinado al pago de intereses. 

Las operaciones que figuran como em- 
préstitos nacionales de 1888 y de 1889 son 
simples conversiones de Deudas, emitidas 
por las administraciones que precedieron á 
la del Dr. Juárez Celman. 

De lo venido efectivamente al país á con- 
secuencia de estas operaciones, poco es lo 
que pudo actuar en la República como fac- 
tores de producción. 

Esa es, pues, una fuente de exportaciones 
sin retorno, que en su mayor parte no tie- 
nen compensación apreciable. 

En cuanto á las Compañías, considerare- 
mos primero las que tienen por objeto las 
comodidades y las más ó menos útiles rela- 
tivas á salubrificaciones urbanas, estoes, 
las empresas de confort y de higiene, que son 
las siguientes, según la enumeración que 
encontramosen el último informe del Secre- 
tario de la Legación Inglesa en Buenos Ai- 
res, que contiene los datos correspondientes 
al año anterior: 

AngloArgentineTramways L. 1.066.635 

Buenos Aires amd Belgrano 
Tramways » 217.500 

Bueno« Aires Grand Natio- 
nal Tramways » 450 . 000 

Buenos Aires New Tram- 
ways » 475.000 

Buenos Aires New Tram- 
ways Debentures » 250.000 

City of Buenos Aires Tram- 
ways » 675.000 

Belgrano Gas ^> 600.000 

Buenos Aires New Cías » 700.000 

Rosario City Improvements 
Company » 450.000 

Buenos Aires Water Supply 
( partida suprimida au- 
mentándose, en cambio, 
la Deuda Pública » 5.000.000 



L. 9.884.135 



Estas dos partidas reunidas, que repre- 
sentan un capital de Lbs. 88,721,541, deben 
importar la salida, sin retorno, de la cuarta 
parte de la exportación argentina, sin que 
en compensación nos dispense de importar 
ningún artículo extrangero, ni dé lugar á 



124 



Revista Económica 



que el país produzca una arroba de lana, un 
kilo de carne, ó una fanega de trig-o más. 

Consideremos en seguida los Bancos ex- 
trangeros, distinguiendo los de comercio de 
las sociedades de préstamos hipotecarios. 

Vasta es la lista de los primeros que fun- 
cionan en la República; el Anglo-Argenti- 
no Bank, el Alemán Transatlántico, el Bri- 
tánico de la América del Sud, el Inglés del 
Rio de la Plata, el Londres y Brasil y el 
Londres y Rio de la Plata, que no pueden 
apreciarse por las cantidades que presentan 
como capitales pues son meras sucursales y 
su.s capitales efectivos son comunes á varios 
casas, á la par que no es de acuerdo con su 
capital importado que operan y obtienen 
cuantiosos dividendos. Ellos, por regla ge- 
neral, operan sobre lo base de su crédito, 
con los propios capitales argentinos, de 
acuerdo con la índole de esa clase de comer- 
cio, y lo hacen consultando menos los intere- 
ses país, que lo que, como lo demostraremos 
en otro artículo, está en el carácter de las 
instituciones locales. 

La fuerte contribución que con este moti- 
vo se dá al absenteismo, es más bien un tri- 
buto al prestigio de la etiqueta extranjera 
que la retribución de un aumento de ele- 
mentos de pi'oducción. 

Las sociedades de préstamos hipotecarios 
extrangeras son los siguientes: 

Argentine CréditFoncier Li- 
mited L. 500.000 

River Píate Trust and Loan 
Corapany •> 1.875.000 

Debentures » 1.200.000 

Santa Fé Territorial an.. 
Agriculturai Bank » SOO.OOO 



L. 4.375.000 

Hay además la sociedad inglesahipoteca- 
ria <'Nueva Zelandia y Rio de la Plata* y 
dos emisiones de títulos hipotecarios argen- 
tinos, las Catalinas Warehouses, por L. 
1.000.000 y las Curumalan land, 7 per cent 
Bonds, por L. 750.000. 

A esta comandita debo agregarse, por cé- 
dulas colocadas en el exterior, con valor no- 
minal, próximamente, ps. 15.000.000 en oro 
y ps. 200.000.090 en m\n. 

Estas grandes sumas adelantadas sobre 



las propiedades raíce.S3" que representan otro 
factor importante de absenteismo, han poli- 
do, encambio, dar lugai'á una compensación 
y ha.sta á un va.sto beneficio para el país, si 
hubiesen correspondido á una equivalente 
habilitación de los trabajos agrícolas é in- 
dustriales, pero e.'íta, que debió .ser la regla 
general, ha sido la excepción, puesto que en 
vez del trabajo lo que comunmente por es- 
tos medies se han habilitado han sido el agio 
y los gastos improductivos. 

No exageramos al calcular que dos tercios 
de las .'-entas que corresponden á estas inver- 
siones, no se compensan con aumento algu- 
no de producción. 

Lo que hasta aquí llevamos analizado 
representa una salida sin retorno equiva- 
lente á más de un tercio de la exportación 
total, que queda sin compen.sarse por un 
aumento de riqueza. 

Veamos ahora otra partida, que es la de 
las empresas especuladoras de tierras, que 
vienen á con.stituir el absenteismo origi- 
nario. 

Las empre.sas de este género .son : 

AngloColonisation and Land 
Company L. 200.000 

Land and investiment Com- 
pany » 1.040.000 

Repúblic Land Company... ■» 100.000 

Southern Land Company... » 280.000 

Espartillar Estancias Compa- 
ny » 120.000 

Santa Fé Land Company... » 875.000 

Santa Fé ani Córdoba Land 
Company » 400.000 

L. 3.015.000 

listas empresas inti'oducen capitales efec- 
tivos que emplean en las compras de tierra.s 
y si esos capitales die.sen lugar por sus 
inversiones á un aumento de producción 
equivalente á las rentas suce.sivas de la 
tierra que ellas adquieren, habría com- 
pensación, pero ha sucedido con estas com- 
pras como con las que por mayores cantida- 
des han efectuado particulares residentes 
en el extranjero, algo análogo á los pré.sta- 
mos hipotecarios. La renta de la tierra e.stá 
enagenada y el capital de la venta consu- 
mido, en su mayor parte, de un modo 
improductivo. 



DKL KlO DE LA PLATA 



125 



Esta clase de operaciones son las que he- 
mos colocado en la cuarta clase del absen- 
tcisnio, cu\'os muy trascendentales incon- 
venientes hemos de estudiar mas adelante. 
Nos resta ahora considerar tres clases de 
compañías: las que tienen por objeto facili- 
tar las comunicaciones, realizar diversas 
obras públicas, y las que se dedican á pro- 
ducciones industriales. 

Las divei'sas empresas de ferrocarriles 
establecidas en la Kepüblica tienen un capi- 
tal en acciones y en obligaciones de L. 
07.445.906 que, si bien no actúan directa- 
mente en la producción, la favorecen indi- 
rectamente, facilitando los trasportes,aunque 
no los abarata en la proporción que exige 
una acción de fomento eficaz 3' amplia. 

La inversión de esas sumas es en parte 
reproductiva, y decimos en parte porque, 
no obstante sobrecargar el precio de sus ser- 
vicios, la Nación tiene que pagar y lo tendi'á 
por mucho tiempo, fuertes sumas como 
garantías de intereses. 

En esta cla.se, que compi-ende las empre- 
sas do medios de comunicación, agregare- 
mos las dos siguientes, f[ue se nos quedaban 
rezagadas: 

La Platense flotilla Compa- 

n;, L. 1 .000.000 

iviver Píate Teleplione Com- 

pany » 700.000 

([ue elevan la partida á L. 6Ü.245.90G. 

Como empi'osas de obras de utilidad públi- 
ca sólo tenemos además al Buenos Ayres Ha- 
bour Works Ti'ust, con un capital de L. 
1.300.000. 

Pasemos ahoi-a á las empresas que direc- 
tamente cooperan al aumento de la produc- 
ción; después de tan cuantiosas inversio- 
nes de capitales extranjeros, sólo nos en- 
contramos con las siguientes: 

Argentino Meat Preserving 

Company L. 270.000 

d . 8 u ga r Kefi n e i-.y l^om p a ny . ,^ 425 . 000 

Entre Rios Extrat Meat Com- 
pany » ]^í5.000 

Biecker Brewery Compan3^. » 600.000 

Klver Píate Fre.sch Meat » 200.000 

Que forman un total de solo. L.. 1.620.000 



Agregando á esta suma la parte destinada 
á colonización, la Argentine Coloni.sation 
and Land Company, y la que pueda desti- 
nar á la producción rural la Espartillar 
Estancia Company, apenas formaremos 
$ 10.000.000, destinados directamente á la 
producción propiamente dicha, cuando las 
cifras que hasta ahora hemos analizado del 
capital europeo del que la República Argen- 
tina es tributaria, importan al rededor de 
mil millones de pesos oro. 

III 

Salimos de los datos precisos, por lo que 
formaremos capítulo aparte. 

Hemos dividido la comandita extranjera 
en relativamente fija, cuyas sumas ya he- 
mos dado, y en transitoria, en vLsta de los 
muy especiales inconvenientes que esta úl- 
tima presenta. 

El progresodel país, requiere un aumento 
constante de inversiones fijas en armonía 
con sus condiciones de expansión, pero no 
así la entrada y .'^alida caprichosa da gran- 
des masas de capital disponible, que nada 
permiten desenvolver, á no ser las opera- 
ciones de agio, perturbadoras del trabajo 
reproductivo y generadoras de malestar. 

Si .se hiciese una investigación prolija de 
los orígenes de la actual crisis, se encon- 
trarla indudablemente como uno de sus pri- 
meros factores, esas importaciones transi- 
toriasde capital, en efectivo unas veces y por 
lo común solo en crédito, con cu^'os flujos y 
reflujos no hubieron barreras ni para el alza, 
primero, ni para la depresión de los valores, 
que posteriormente se provocó. 

Esa fué la va.sta comandita del juego, me- 
diante el cual perdía el país todo lo que 
entraba á la circulación del producido de 
empréstitos y déla colocación de títulos hipo- 
tecarios, aumentando, por lo tanto, el saldo 
sin compen.«ar á favor del absenteismo. 

Los alemanes cuando recibíanlas cuotas 
de la indemnización francesa, .se quejaban 
de ([ue los franceses en cambio de fruslerías 
le arrebataban 'simultáneamente ca.si todo 
lo ([ue les entregaban; y algo análogo ha 
pasado poi- aquí. 

El capital importado, cuando no absorbido 
por .servicios sin compensaciones reproduc- 
tivas, se evaporaba poi- el aumento de con- 



126 



Revista Económica 



sumos desenvueltos por el agio que fomen- 
taba, y que, á la par, venia á distraer los 
brazos y las inteligencias del país de sus 
ocupaciones socialmente más benéficas. 

Más eficaz y directamente, sin bien por su 
mala distribución, cooperando también en 
parte á eso, han contribuido á habilitar la 
producción en toda la República, las emi- 
siones de papel, que han sido y continúan 
siendo el capital disponible amplio con que 
cuenta el país. 

Los fletes y seguros marítimos, tienen el 
efecto de un recargo en el valor de las Im- 
portaciones y de una disminución en el 
producto de las exportaciones; lo uno y lo 
otro en beneficio de los extranjeros y en 
perjuicio de la acumulación de capitales 
en el país, 

Los beneficios de los seguros terrestres con- 
tra incendio y los sobre la vida, son otras 
tantas partidas de absenteismo; partidas que 
no pueden justificarse por la necesidad de 
contingente extraño, como se justifican los 
fietes que corresponden á una industria que 
el país no puede todavía desenvolver en 
condiciones suficientes, si bien puede y debe 
intentar algo en ese sentido. 

Las partidas de remesas por inmigrantes, 
constituyen generalmente absenteismos 
compensados con más ó menosamplitud, pues 
son solo, por lo común, parte de los produc- 
tos que ellos crean en el país. No están en igual 
caso las remesas de capitalistas y paseantes 
en el exterior, que representan extracciones 
de la producción preexistente en vez de com- 
pensarse por nuevas fuerzas de producción, 
como las que representa la inmigración. 

Por último, están en el caso de la genera- 
lidad de los capitalistas que residen en el 
exterior, los propietarios territoriales domici- 
liados fuera del país, pero existen respecto de 
esta especialidad otros inconvenientes para 
el porvenir nacional. 

Hay una diferencia fundamental entre las 
inversiones de capitales en el comercio y en 
las industrias y las que se hacen con la ad- 
quisición de la propiedad tei'ritorial. 

Las primeras sacan sus beneficios creando 
valores, mientras que las segundas signifi- 
can la adquisición de la renta natural de la 
tierra y de las sucesivas valorizaciones que 
se crean con el desenvolvimiento social. La 



propiedad territorial, puede decirse, es el 
gran condensador de la riqueza nacional. 

Sobretodo, cuando la tierra se destina á 
simples establecimientos indu.str¡ales ó á 
culturas altamente extensivas que no per- 
miten densidad de población, su enagena- 
ción á individuos residentes en el extran- 
gero importa, para los efectos económicos, 
casi su supresión completa de la comuni- 
dad nacional. 

Supongamos, en prueba de ésto, un gran 
establecimiento ganadero ó un campo des- 
tinado á producir cereales ó forrages de ex- 
portación, y veamos qué pasa en el casode que 
él pertenezca á habitantes del país y en el de 
que sea de propiedad de personas estableci- 
das en el extrangero. 

Esa parte del territorio nacional, si perte- 
nece ú personas vinculadas en el país, ade- 
mas de alimentar un número reducido de 
trabajadores, dará lugar á la venta local ó 
exterior de la cantidad que anualmente pro- 
ducirá en ganados ó cereales etc. cuyo im- 
porte, después de pagar los gastos, relativa- 
mente reducidos, puesto que el primer agen- 
te de la producción extensiva es la tierra, 
debe compensar los impuestos, y dejar un 
reraamente por lo común considerable, que 
se acumula en el país, sirve para entender 
su giro y entra á aumentar el capital na- 
cional. 

En el otro caso, queda solo en el país, de la 
utilidad producida, el pequeño tanto por mil 
de los impuestos, pero el remaniente, en 
caso de exportación, no tiene retorno, y, en 
ca^o de ventas realizadas en el país, consti- 
tu3^e un aumento de deuda con el esterior; 
elementos de extensión de giro y de acumu- 
lación de capital de naciones extrangeras. 

En la época de Rivadavia, el patriotismo 
y la previsión argentinas, evitaron que se 
vendiesen las tierras de la Provincia de 
Buenos Aires á una compañía de capitalis- 
tas con residencia en Inglaterra, y ¿qué hu- 
biera sucedido si semejante operación se 
hubiese llevado á efecto? 

Fácil es comprenderlo. Habría venido al 
país un capital en efectivo que hoy no repre- 
sentaría la diez milésimas parte de lo que 
elprogreso social ha dado de valora ese te- 
rritorio. —Las lanas, los cueros, la carne que ^ 
exporta la Provincia de Buenos Aires, y 



DEL Rio de la Plata 



127 



constituye los dos tercios de la exportación 
total de la República, no tendría retorno; en 
vez de constituir y aumentar las más gran- 
des fortunas que existen hoy en el país, 
irían á aumentar el capital disponible de los 
afortunados compradores en la Gran Breta- 
ña. Estaríamos en peor situación que la Ir- 
landa, y mediante dos dineros se habría efec- 
tuado la adquisición de esta rica Provincia 
de un modo tan efectivo como la que por el 
poder de las armas efectuaron los barones 
normandos. 

Esto que se evitó entonces, se realiza hoy 
y las mosquinas sumas adqueridas median- 
te el despilfarro de las tierras nacionales y 
las compras particulares que la crisis facili- 
ta, importan, además del absenteismo inme- 
diato, amputaciónesdel porvenir económico 
de la República, que es urgente impedir que 
se reproduzcan, reformándose con ese objeto 
las leyes que actualmente reglan la dis- 
posición y la distribución de la propiedad 
territorial en el país. 

Para formar una idea de lo que importará 
la comandita de capitales extrangeros que 
no están representados por títulos de Deu- 
das Públicas ó por acciones de compañías, 
podemos tomar por base el indicado cálculo 
general de P. Leroy Beaulieu, respecto de 
las colocaciones exteriores del capital in- 
glés, y por lo tanto apreciarla en mas de un 
tercio de la suma total. 



IV 



Como hemos visto, el capital invertido en 
la República perteneciente á individuos 
que residen en el exterior, puede calcularse 
en mil quinientos millones de pesos oro, 
divididos así: 

Títulos de renta y Com- 
pañías $ 1.000.000.000 

Otras inversiones » 500.000.000 



$ 1.500.000.000 

Prescindamos de ios fletes y seguros marí- 
timos y, calculando un promedio de 6 á 6 V2 
por ciento de rentas y beneficios que habrá 
que pagar al exterior, tendremos, aparte de 
la retribución de diversos servicios internos, 
por lo menos, un absenteismo anual de cien 



millones de pesos oro, esto es de más del to- 
tal de la exportación argentina. 

La colonización por medio de capitales le 
permite, como seha visto, ala Inglaterra, ade- 
más de importar p'-oductos por más de un 
tercio de lo que exporta, una fuerte acumu- 
lación anual, mientras que la República 
Argentina, en sus actuales condiciones, no 
sólo no puede acumular, sino que, sí paga 
sus compromisos, tendrá el déficit anual de 
todas sus importaciones. 

Ella es, pues, mucho más absenteista, que 
la Inglaterra es colonizadora. 

El optimismo de unos y el empirismo de 
otros, contribuye no poco á agravar esta si- 
tuación y á extraviar á su respecto la 
opinión general del país. Se llega hasta 
creer que basta para crear la prosperidad 
el restablecimiento de una nueva corrien- 
te de importación de capitales, sino por 
empréstitos, por negocios y compras de par- 
ticulares y, en último caso, la prórroga de la 
suspensión de parte de los servicios ex- 
ternos. 

Los empréstitos importan en este caso 
capitalizar deudas, capitalización que sien- 
do, como ha sido liasta ahora más rápida 
que el desenrolvimiento de la riqueza dei 
país, es la agravación en vez de la mejoría. 
Esto, además, no evitaría, como no evita ya, 
la acción del absenteismo. 

Quedan las comanditas particulares y las 
adquisiciones por extranjerosde la propiedad 
territorial, recursos, el primero insuficiente 
y en parte solo propio para producir facili- 
dades transitorias, y, el segundo, además de 
igualmente limitado, inconveniente para 
el porvenir del país. 

En este camino la situación tiene forzo- 
samente que empeorarse como se ha venido 
empeorando en estos dos últimos años. 

El remedio radical y efectivo hay que 
buscarlo en el país mismo, que es donde se 
halla. 

Cerca de quinientos millones de pesos oro 
están invertidos en ferro carriles, puertos, 
etc., esto es en medios de facilitar los trans- 
portes, y ya se ha ido, por ahora, demasiado 
lejos quizá en este sentido, y lo que corres- 
ponde es fomentar efectiva y vigorosamen- 
te la creación de productos; en resumen, la 
reforma de leyes agrarias de modo á poner 



128 



lÍKVlSTA !']( ■( )N(')M1CA 



]a lioi-ra más al alcance de los brazos traba- 
jadores; la reorg-anizacion délos Bancos Na- 
cionales 3' Provinciales, dotándolosde losma- 
dios de reanudar las habilitaciones, que son 
las(iue más efectivamente han contribuido 
al desarrollo de las provincias del interior y 
á la gran riqueza de Buenos Aires, y la con- 
servación de un sistema de protección ra- 
cional á las industrias. 

Tal debe ser el contrapeso que hay que 
oponer al absenteismo que en proporciones 
tan colosales pesa sobre el país, á fln de evi- 
tar la wAini y la postraci()n de la República. 



LOS TRATADOS DE COMERl'íü 

A i'K<u'()í-;rro dk i xa iMciATnA del Gobuíkxo 

OkIEiNTAL 



III 

Analizados como quedan los tratados co- 
merciales que lig-an actualmente á la Kopü- 
blica Oriental del Urug-uay con varias na- 
ciones europeas (España, Italia é Inglate- 
rra); persig-uiendo el propósito, que creo 
haber justificado, de libertar al país de com- 
promisos que cohartan su libertad de acción 
en materias de comercio internacional, y 
sentada la doctrina de la derog-abilidad de los 
tratados llamados perpétuo.s. porque no .se 
les ha asig-nado término ó plazo de dura- 
ción, voy á concretarme ahoi-a á comprobar 
esa doctrina, apoyándome, en g-eneral, en 
los principio.^ elementales de la sociabilidad 
humana y, con especialidad, en las opinio- 
nes de los tratadistas de derecho público in- 
ternacional. 

El tratado celebrado con la Ing-laterra es 
de tal naturaleza, por su forma y por su 
fondo, como he tenido opoi-tunidad do evi- 
denciarlo, que susubsistencia indefinida im- 
posibilitai ía á la República Oriental á go- 
bel-nar s\i comercio, á diiigir y fomentar sus 
industrias, á defender, en una palabra, los 
intere.ses económicos del país, sin el bene- 
plácito de aquella potencia, la que, en cam- 
bio, nada real nos concedió. 

Con ese tratado, la Repiíblica no puede 
adoptai- una política económica internacio- 
nal; no puede consultar las conveniencias 



patrias en materia de importación y expor- 
tación, haciendo uso de una .soberanía de 
que, en parte, se ha desprendido; no puede, 
en definitiva, legislar en asunto tan esen- 
cial con la indispensable y legítima inde- 
pendencia y sin extraña coacción. 

Y esto eternamente, si se so.stiene una doc- 
trina contraria á la que pi'oclamo y defien- 
do, con el calor que se defiende la soberanía 
y la libertad de un pueblo altivo y digno, 
como lo es el oriental, con la conciencia del 
derecho y de la jurisprudencia universal. 

El célebre Bluntschli (Le droil piihlic in- 
(crnulional, 1881, pág. 9), se expre.sa así: 

<!L& perpetuidad ÚQ los tratados, como la 
de la ley, se halla en contradicción con las 
necesidades cambiantes de las cosas huma- 
Jias y. por consiguiente, del Estado. Siempre 
que el derecho no exprese más que los prin- 
cipios permanentes del orden divino del 
universo, él es tan inmutable como e.se or- 
den mismo; pero el derecho que establece 
las relaciones cambiables é ince.santemente 
modificadas délas cosas humanas, gira fa- 
talmente en la órbita de esas transforma- 
ciones, sea cual sea su forma, ley ó tratado.*' 
Pradier Federé {Traite de aroit iiúerna- 
lio/iiU piiMic T. 2, pg. 502), .se pronuncia no 
menos absolutamente contra la pretendida 
perpetuidad de los tratados. 

«E]n verdad, dice, todos los tratados son 
temporariosy no existen tratados perpetuos 
en el sentido absoluto de la palabi-a, porque 
nada se puede imaginar ae más irracional 
que los coi;¡ premisos inmutables, cuando 
no hay nada inmutable en la naturaleza. Xo 
ha}- pues más que los tratados firmados por 
un tiempo indeterminado que pueden .ser 
llamados perpetuos, en el sentido de que no 
habiendo las partes contratantes fijado nin- 
gún plazo, resulta, tácitamente, que ellas no 
.se han ligado sino por el tiempo cjue subsis- 
tan las razones y los intereses que las indu- 
jeron á fií'marel pacto.» 

A propósito de estas últimas palabras de 
Pradier Federé, se me ocurre preguntar: 
¿qué razones y qué intereses indujeron al 
gobierno oriental á firmar el tratado con la 
Inglateri-a!*, ¿subsisten esas razones?. ^^ final- 
mente, ¿deque naturaleza fueron esas ra- 
zones y denué índole los intereses que la 



DEL Rio de la Plata 



129 



llevaron á poner su firma en aquel pacto 
internacional? 

La política tiene sus exig'encias: y más 
de un tratado registra la historia universal 
cuya celebración constituyó tan solo el pre- 
cio de un servicio momentáneamente im- 
portante, extraño á la materia consig-nada 
en sus cláusulas, aparentemente leoninas. 

Hay ra/.ones de Estado que imponen sa- 
crificios dolorosos y en cuyo obsequio se 
abandonan derechos y se comprometen pre- 
i-roprativas esenciales. 

Un ejemplo que confirma esta asevera- 
ción la he palpado yo mismo en una discu- 
sión que sostuve en Europa, en 1<S82, con el 
Barón Aguiar d'Andrade, Mini.stro del Bra- 
sil en Lisboa, sobre las razones secretas de- 
terminantes del tratado del Paraná relativo 
al litig-io de Misiones. 

El Imperio le ofrecía al Hobierno de la 
Confederación importantes contingentes de 
fuerza i)ara someter á Buenos Aires, y este 
Gobierno abandonaba sus derechos secula- 
res sobi-e la verdadera línea de las demarca- 
ciones de Oyarvide. 

Aquello era secreto; razones de Estado; y 
esto era público. 

Felizmente el Cong-reso modificó el trata- 
do ^'. . no hubo tratado en su acepción de 
compromiso internacional. 

Pere tampoco hubo contingentes de fuer- 
za para subyug-ar á la altiva Buenos Aires, 
que bregaba por sus fueros soberanos. 

Estos ejemplos se encuentran á cada paso 
en la historia diplomática de las naciones. 

Ahora, volviendo á nuestro caso, pregun- 
taré de nuevo, ¿qué razones, qué intereses, 
qué exigencias de las circun.stancias indu- 
jeron al Gobierno Oriental á firmar el trata- 
do inglés de 1885, desde que él aparece 
hecho todo en favor de la Inglatera, país 
que somete invariablemente su política, en 
ambos hemisferios, á sus intereses comer- 
ciales? 

¿No habrá en el país quien denuncie, 
como rae cupo denunciar en Europa respec- 
to al tratado del Paraná entre el BrasH y la 
República Argentina, las razones, entonces 
secretas, y en el supuesto de que ya no lo 
sean, que indujeron á nuestra cancillería, por 
ejemplo, á nacionalizar la marina ingle.sa en 
nuestras aguas, á acordar r/ratiiíta é incon- 



dkionalmenle á la Gran Bretaña y á todas 
sus colonias habidas y por haber, los favo- 
res, derechos y exenciones que la República 
otorgue, aunque sea en cambio de favores 
excepcionales, á toda y cualquiera nación, 
y estojjí;' sécula secalorum'i 

Es indispensable que la luz se haga. Si 
las razones de que habla Pradier Federé 
existieron en efecto, en forma de pactos se- 
cretos para garantir, por ejemplo, como se 
susurró en un tiempo, nuestra independen- 
cia contra una asechanza externa y vecina, 
especie que recojo sin darle mayor impor- 
tancia pero que recojo en falta de un indicio 
cualquiera que esplique, aunque quizá sin 
justificarlo, el tratado inglés de que me 
ocupo; si esas razonesexistierony la versión 
que apunto es exacta, y -a no existen hoy, y, 
por consiguiente, desvanecida la causa de- 
be desaparecer el efecto, esto es el tratado 
de 1885, porque hoy vivimos en paz y con- 
cordia universal y en pleno régimen de 
reacción liberal contra el cesarismo, que ha 
muerto felizmente para la República: los 
pueblos realmente dignos de la libertad no 
perecen nunca, y si perecen, resucitan, co- 
mo resucitará aún la Polonia de entre las 
cenizas de sus mártires y de sus patriotas, 
sin necesidad de pactos mercenarios y al so- 
lo impulso de la razón y de la justicia, que 
se impone al fin, á despecho del tiempo que 
pasa y de las cadenas que oprimen; la garan- 
tía de la autonomía y de la independencia 
de las naciones, reside en su voluntad de 
ser libres y, sobre todo, en su capacidad de 
ser libres; y para esto último es menester, 
por ejemplo, no incurrir en errores como el 
de la celebración del tratado con la Inglate- 
rra, áque me vengo refiriendo. 

Hoy que el gobierno Oriental está nego- 
ciando nuevos tratados de comercio con 
l'iancia y Alemania, en cuyas cláusulas se 
ha de intruducir probablemente, porque va 
siendo de cajón, el estribillo de «la nación 
más favorecida,» corresponde al patriotismo 
provocar el debate más público y amplio so- 
bre la materia, como que ella afecta los má.s 
íntimos resortes productores de la riqueza 
nacional. 

El novísimo réjimen aduanero de Francia, 
precedido de un magistral debate periodi>- 
tico y parlamentario, inaugura una nueva 



130 



Revista Económica 



era para para las relaciones económicas de 
los Estados. 

Francia saluda así su independencia co- 
mercial, rota por el tiempo la férrea ligadu- 
ra del tratado de Frankfort, impuesta per 
el vencedor, á raiz de los desastres del 71. 

M. Jules Roche, Ministro del Comercio, al 
esponer la reforma ante el parlamento, jus- 
tificó la adopción déla nueva política adua- 
nera, libre ya la Francia de sus compromi- 
sos internacionales que cohartaban su liber- 
tad y limitaban su autonomía. El presidente 
de la comisión especial de la Cámara de Di- 
putados, M. Meline, abundando en las ideas 
del gobierno, se pronunció, y con él el Cuer- 
po Legislativo, por el réjimen propuesto, 
que reacciona contra las prácticas de los tra- 
tados que crean, á favor de los Estados con- 
tratantes, situaciones excepcionales y privi- 
legiadas por tiempo determinado ó indeter- 
minado. 

El BülMacMnley proclama igual principio 
y, en un notable y reciente documento pú- 
blico, la República Argentina se manifiesta 
favorable á su adopción. 

Entretanto nosotros, en vez de tratar de 
libertarnos de nuestro tratado de Fi-ankfort, 
quiero decir de nuestro tratado con la Ingla- 
terra, negociamos y estamos á punto de 
lig-arnos por nuevos tratados con diversas 
potencias, sin que nada nos compela á veri- 
ficarlo. 

Y para libertarnos de esa ligadura, tene- 
mos en apoyo nuestro el derecho natural y, 
además, el derecho escrito. 

Ya hemos citado dos tratadistas eminentes 
y pudiéramos citar muchos otros. 

Todos condenan, todos refutan los tratados 
perpetuos. 

Pero no estarán demás aquí las palabras 
de algunos otros maestros en jurisprudencia 
internacional. 

Según Stuart Mili, «no se puede razona- 
blemente ligar una nación sino por medio 
de un tratado cuyo plazo no exceda el de 
una generación (1)». 

«La justicia de los conti'atos, dice Pinheiro 
Ferreira, reposa sobre la reciprosidad délos 
intereses de las despartes contratantes, y es 



(1) I. St. Mili, Treaty, Obligntiottí!, en la Fvrtnújhtlij Re- 
view de I" de Diciembre de 1870. 



sabido que ese equilibrio puede desaparecer, 
aún en vida de los firmantes y, desde luego, 
no se podrán continuar invocando, en apo- 
yo de las estipulaciones del tratado, las ra- 
zones de utilidad mutua que le .sirvieron de 
base. Por consiguiente, todo lo que se puede 
pretender razonablemente, cuando se exije 
la observación de un tratado, fundándose 
en que es perpetuo, se reduce á que las par- 
tes contratantes, no habiendo fijado ningún 
plazo para su existencia, la que pretenda 
rescindirlo debe avisarlo á la otra, y aún 
acordarle una indemnización por los per- 
juicios que dicha resolución puede originar- 
le. En este conflicto de intereses deben 
apreciarse de buena fé las pérdidas apre- 
ciables de cada parte y, desde luego, es fácil 
llegará entenderse (1).» 

«Como todas las cosas de este mundo, los 
tratados se debilitan, dice Pi-adior Fodei-é, se 
alteran, caen y desaparecen; llevan en ellos 
mismos el principio de su ruina y terminan 
con las causas que lo produjeron. ¡Y cómo 
admitir lo contrario! Obras humanas, esto 
es mortales, expresan las relaciones que 
existen en el momento de su negociación 
éntrelas fuerzas morales y materiales de los 
Estados contratantes; pues bien, las nacio- 
nes se modifican incesantemente, y de ello 
resulta que las circunstancias cambian y 
que los tratados pierden su razón de ser, 
teniendo contra ellos !a fuerza de las cosas. 
Es así que los tratados que parecían, en el 
momento de su conclusión, necesarios y 
equitativos, acaban, con el tiempo, por ser 
inútiles y abusivos» (2). 

«Todo convenio entre dos Potencias, decía 
el abate Bernier, no puede considerarse sub- 
sistente sino mientras una y otra lo inter- 
pretan con un espíritu de condecendenciay 
coinciden en la apreciación del fondo ó es- 
píritu de sus cla\ísulas, sin dar á las espre- 
siones un sentido demasiado literal. (3)» 

Deben pues los Poderes Públicos Orienta- 
les apartar todo escrúpulo y abordar rgsuttl- 



(1) Nota de Pinheiro Ferreira en el Prítí.v dn droit des 
Gens de G. F. Martens. 1864. Liv. II. pg. 176. 

(2) Pradier l'^deré, Tridit de droit infcrmdin-ndl ¡niliHc, 
1218. 

(3) líriporf de Viúihé Bernier, an premier Confuí mtr le 
projet dUmión propone an fíouvernenienl par le somerain 
pontife Fie VIL 27 imi. 1801. 



DKL Rio de la Plata 



131 



tamentela enojosa cuestión para el país de la 
denuncia del tratado del 85 fií'mada con la 
Gran Bretaña; deben, además, significar á 
Italia la no renovación del pacto comercial 
que vence en 1895 y hacer lo mismo con la 
España, recuperando así la República su li- 
bertad de acción para gobernar su comercio 
internacional, adoptando, mutadis miitandis, 
el réjimen francés, que analisaré en un pró- 
ximo artículo. 

Pedko S. Lamas. 



SOBRE EDUCACIÓN 



CARTA ABIERTA 



Sr. D. Domingo Lamas. 

Mi buen amigo: déjeme Vd. rendir culto 
á la moda: permítame que en letra de molde 
conteste á su pedido, siquiera para que los 
lectores de La Revista no califiquen de atre- 
vimiento lo que es simplemente deferencia 
hacia Vd. 

Me pide que concrete mis ideas sobre edu- 
cación, después de haber oído las que en 
diversas ocasiones expuse con motivo de re- 
cientes sucesos escolares; y aún cuando el 
pedido me alhaga, me veo un tanto cohibido 
por razones que no se le ocultarán. 

Pero, ¡quién dijo miedo! Pasaré sin rozar- 
las siquiera sobre las cuestiones que tuvie- 
ron el privilegio de soliviantar ánimos y 
enardecer pasiones, encarando los diversos 
problemas educacionistas desde el punto de 
vista científico, y aboidaró fran.'a y resuel- 
tamente el estudio de nuestros programas y 
de nuestra organización escolar. 

Notará Vd. que he dicho nuestro, á pesar 
de ser yo extranjero, y es que queriendo á 
la República Argentina, habiendo levantado 
en su seno un modesto hogar, viviendo su 
vida, y participando de sus alegrías y con- 
gojas, no puedo ser indiferente á cuanto con 
su progreso se roce, y si á tal punto me inte- 
resa su porvenir, que si lamento cuantas 
conmociones entorpecen su adelantamiento, 
en cambio bato palmas cuando la veo ca- 
minar con seguro pasj por la hermosa y an- 
cha vía del progreso universal. 

Presto atención preferente á cuanto se re- 



laciona con la educación: por ello es que cen- 
suro con toda la energía de que soy capaz, 
ese empeño en algunos en extrangerizarla. 
Para ciertos pedagogos basta que una refor- 
ma sea alemana, inglesa ó norte-ameiicana 
para que sea buena, sin que se les ocurra 
introducir aquellas modificaciones que acon- 
sejan la diferencia de lugar y la diversidad 
de carácter y temperamento. 

Creo, y lo creo de buena fé, que la ins- 
trucción argentina carece de sello nacional: 
la legislación referente á este ramo reñeja 
perfectamente el titubeo, la falta de un plan 
meditado con calma y apropiado á las con- 
diciones del país. 

Nación eminentemente agrícola y comer- 
cial, carece de buenas escuelas de comercio 
y de granjas modelo: país, en que la indus- 
tria tiende á desarrollarse, no tiene las nece- 
sarias escuelas de artes y oficios; y por con- 
tra tan solo poi" espíritu imitativo, favorece 
aquellos estudios que llenan las ciudades de 
abogadosy las ciudades y campos de m édicos. 
No sé si tiene en cuenta que el exceso de le- 
trados, antes perjudica que beneficia á un 
país, y que con muchos peritos agrónomos 
y muchos inteligentes en las faenas de cam- 
po se desarrollaría hasta lo infinito nuestra 
riqueza agrícola y pecuaria. 

Es axioma pedagógico, lanzado á volar 
por Spencer, que el orden racional de la edu- 
cación es el siguiente: 1" la educación que 
prepara para la propia conservación directa; 
2^ la que prepara para la propia conserva- 
ción indirecta, la cual consiste en adquirir 
los medios necesarios para vivir; 3° la que 
prepara p^-a las funciones paternas; 4'' la 
que prepara para ser ciudadano; y 5" laque 
prepara para los múltiples refinamientos de 
la vida. 

De esta lógica gradación se desprende que 
el Estado argentino no atiende lo suficiente 
al segundo fin; que por exceso de patriotis- 
mo pospone el 4» al 3^ y que finalmente le 
dá excesiva importancia al 5°. 

Ahora bien; en el plan general de estu- 
dios de un pueblo hay que tener en conside- 
ración sus condiciones y su porvenir: cuando 
en un país como la Argentina, sobran hom- 
bres dedicados á las artes liberales y por 
contra faltan los que estén en el caso de ex- 
plotar las fuentes de riqueza de la nación, 



132 



Revista Econóaiica 



cuerdamente ohvarhx el Estado rindiendo á 
la par culto á su conservación y desarrollo, 
obstruyendo la übtencióndo un título que 
ningún bien lo reporta á la masa total del 
pueblo, y favoreciendo por contra el estudio 
de aquellas car!''_^ras que han do foiaentai- 
sus veneros de riqueza. 

Supongo que no entenderá Vd. que pro- 
clámela anulación de ciertas carreras, \'aque 
todas son necesarias, dadas las condiciones 
sociales y las miserias humanas: lo que sí en- 
tiendo, de acuerdo con los hombres pensa- 
dores de todos los países, es que reduciendo 
el número de abogados, por ejemplo, no se 
dará el caso de qut; invadan las oHcinas pú- 
blicas, soliciten cátedras apenas salidos do las 
aulas, con grave perjuicio de la enseñanza, 
ya que carecen de la representación 3^ serie- 
dad que demanda tan sagrado ministerio, ó 
bien, y este no es quizás de los peores males, 
el que invadan el campo político, ansiosos de 
hallar en sus revueltas lo que conseguir no 
pueden, por sobra de competidores, en el re- 
posado ejercicio de su cai-rera. 

Pero noto que esta carta so va alai'gando. 
La suspendo, pues, sirviendo de pi'ulugo á 
las que pienso publicar. 

Kn las sucesivas, trataremos de los progra- 
mas de instrucción primaria y secundaria. 

Le saluda afectuosamente s. s. s., 

E. Mo.NXKU Sanz. 



h iiaif ciói del i k 

\k COMIENZOS DEL SIG^IJ. XIX 



IV 

Hemos analizado en nuestro número an- 
terior el movimiento de entrada y salida de 
buques de los puertos de Montevideo, Bue- 
nos Aires y la Ensenada, desde Junio de 
1803 hasta el primer semestre de 180G, se- 
gún sus clases y banderas. Los cuadros 
sobro procedencias, de.stinos y tiempo em- 
pleado en la navegación, con que comple- 
mentaremos este estudio, no ofrecen menor 
interés para la apreciación d(;l coniei'cio ma- 
rítimo del Rio de la Plata en la éj)oca (lue 
estudiamos. 



Conservaremos, como hicimos en los ante- 
riores cuadros, las denominaciones emplea- 
das en los documentos que tenemos á la 
vi.>ta. 

Número de buques entrados y saliios 
según procedencias y destinos 

PUERTO DE MONTEVIDEO 





lATUADAS 






Procedencias 


18(13 

]■■ de Jan 
áSnjic. 


1804 


180.") 


1800 

T'iime 
Scniestic 


Cádiz 


20 


17 


14 


2 


Barcelona 


11 


11 


- 


— 


Barcelona v 










Ceuta 


1 


___ 






Málaga 


1-2 


13 


— 




Málaga y Bar- 










celona 


— 


3 


— 


— 


Gijón 


— 


1 


— 


— 


Mallorca 


— 


1 


— 


— 


Curníia 


(•) 


11 


3 


— 


Tai-ragona 


2 


(; 


1 


— 


Vigo 


I 


"; 


2 


2 


Santa nde¡- 


N 


'' 




_- 


Bilbao 


1 


— 


— 


1 


Ferrol 


2 

1 


2 

1 


1 





Canarias 


— 


Ha V re 


1 

1 


z 


— 





Marsella 


— 


Dunquerke 


— 


1 


— 


— 


Hamburgo 


— 


— 


3 


1 


Tonningen 


— 


— 


3 


1 


Embdent 


— 


— 


1 


— 


Oporto 


— 


— 


1 


— 


Liverpool 


— 


— 


1 


— 


Virginia 


— 


1 


— 


— 


Nueva-Yorlc . . . 


— 


— 


5 


— 


Montrael 


— 


— 


1 


— 


Filadelfia 


— 


— 


2 


- 


Boston 


— 


1 


1 


2 


Bal ti more 


- 


— 


1 


— 


San Salvadoi'. . 


_. 


— 


2 


1 


San Tomas 


„ 


— 


1 


— 


Madera 


- 


— 


— 


1 


Martinica 


1 


— 


-- 


— 


Habana 


f, 


Ü 


— 


— 


Mauricio 


— 


1 


- 


— 


Isla de Fraiicia. 




1 


1 


_. 


Calcuta 


— 


_.. 


1 


— 


Manila 


— 


— 


1 


— 



DEL Rio de la Plata 



'Eio Janeiro 

Bahía 

Santos 

Santa Catalina. 

Puerto Deseado. 

Deseado y Mal- 
donado 

Maldonado 

Malvinas 

Patagonia 

I.-íla de los Pája- 
ros 

Chile 

Callao 

Callao y Cua- 
yaquil 

(Uia^^aquil 

Costado A frica. 

Seneg-al 

Loango 

(¡orué 

<iuiba 

rrf(lorif!\sl.onr;r 

Costa de Oro. . . 

Congo 

Mozambique. . . 

Sierra Leona... 

Cambié 

Angola 

Cabo Buena Es- 
peranza 

Sin especiíicaí . 



Dfs linos 



Península 

Cádiz 

Coruña 

Santander 

Vigo 

Barcelona 

Málaga 

Bilbao y Pa>a- 

8"es 

Puertos Exíran- 

jei'os 

Burdeos 

Havre 



3 9 

1 — 

1 f! 

1 

1 — 

- 1 

- 1 

- 1 



— 3 

3 4 

— 1 



1 2 

1 — 



12 
-i 
3 



28 

10 

1 

9 



— i) — 



1 - 



84 134 loo 

SALIDAS 

1803 1S04 180.J 

1" de .liin. 
á81 Die. 



13 
4 
9 



1 — _ 



1 

49 

1800 

Primor 
Semestre 



Londres 

Hamburgo 

Embdent 

Tonniengn 

Lisboa 

Oporto 

Kxtrangerua.. 
Colonias Extran- 

geras 

Cliarleston 

Boston 

Xueva York... 

Eiladelfia 

XevrPort 

Habana 

Babia 

Rio Janeiro 

Santos 

Santa Catalina. 

^laldonado 

?i[alvinas 

Mar del Sud... 

Corso 

Valparaíso 

Lima 

Mauricio 

Costas de África 
Mozambique... 

Loango 

Sin especificar. 



133 



2 — _ 

2 

1 



4 — 



i3 : 
- 1 



- r 



1 — 

4 1 

1 - 



1 — 






07 47 73 50 

PUERTO DE BUENOS AIRES 

ENTRADAS 

Procedencias 1803 1804 1805 1800 



1" de Jun. 
á 31 Dic. 



Cádiz 

Barcelona 

Coruña 

Habana 

Rio de Janeiro. 

Babia 

Santos 

C'üvta de África. 
Sin especificar. 
i\Mo Xegi-o 



Priiiipr 
Semestre 



— - 1 



— 1 — 



3 


9 


14 


3 


3 


() 


5 


1 


- 


1 


3 


— 


1 


2 


1 






1 - 
— 1 



10 20(1) 25 



(1) En ol estado de Buenos Aires según cLise de 
buques publicado en ei número anterior iia liabido un 
error que creemos conveniente salvar. En las entradas 
de diclio año rtguran 2 zumaeas eu vez de 4 v lU ber- 
gantines eu vez de lü. Los buciues entradoásou 2(J. 



134 



Revista Económica 





SALIDAS 






Deshilos 


1803 

l» de Jun. 
á31 Dic. 


1804 


1805 


1806 

Primer 
Semestre 


Cádiz 


— 


2 


2 


1 


Cádiz y Barce- 










lona 


2 


— 


— 


— 


Barcelona 


— 


2 


— 


— 


"Vigo 


— 


1 


— 


— 


Europa 


1 


— 


— 


— 


Hambnrgo 


— 


1 


— 


— 


Londres 


— 


1 


— 


— 


Colonias Ex- 










trangeras . . . 


6 


17 


2 


5 


Rio de Janeiro. 


— 


— 


7 


3 


Babia 


— 


— 


3 


— 


Costa de África. 


1 


4 


2 


— 


Isla de Francia. 


— 


1 


— 


— 




10 


29 


16 


9 


PUERTO DE LA ENSENADA 






ENTRADAS 






Procedencias 


1803 

1° de Jun 
á 31 Dic. 


1804 


1805 


1806 

Primer 
Semestre 



Corufia 

Tonningen 

Hamburgo 

Babia 

Santa Catalina. 

Mauricio 

Sierra Leona.. 
Costa de Oro.. 



1 - 



1 - 



6 3 



SALIDAS 



Destinos 



1803 1804 1805 1805 



1» de Jun. 
á 31 Dic. 



Cádiz y Barce- 
lona 

Coruña 

Puntos Extran- 
jeros 

Hanaburgo .... 

Burdeos 

Colonias Ex- 
tranjeras 

Brasil 



Primer 
Semestre 



1 - - 



Rio Janeiro 

Costa de África. 
Angola 



25 7 3 — 

Para que pueda apreciarse más fácilmen- 
te el movimiento marítimo á qué daban lu- 
gar las transacciones con la Metrópoli y las 
diversas colonias americanas, asi como con 
las naciones extrangeras, etc. resumiremos 
los anteriores cuadros, haciendo la clasifica- 
ción que nos permite sus especificaciones. 

Resumen 



PUERTO DE MC 


)NTE^ 


HDEO 






ENTRADAS 






Procedencias 


1803 

V> de Jun 
á 31 Dic. 


1804 


1805 


1806 

Primer 
Semestr» 


Europa 










Puertos españo- 










les 


65 


83 


24 


5 


Id. extranjeros. 


2 


1 


9 


2 


América 










Habana 


5 


6 


— 


— 


Puertos españo- 










les Atlántico. 


1 


3 


— 


4 


Id. Id. Pacífico. 


— 


9 


3 


— 


Estados-Unidos 


— 


2 


10 


2 


Brasil 


5 


16 


41 


19 


Diversas pose- 




siones Europ. 


1 


2 


6 


2 


Costa de .\f rica. 


5 


12 


13 


14 


Sin especificar. 


— 


— 


3 


1 




84 


134 


109 


49 




Salidas 






Destinos 


1803 

1" de Jun 
á 31 Dic. 


1804 


1805 


1806 

Primer 
Semestre 


Europa 










Puertos españo- 










les 


21 

8 


35 
2 


9 
9 


3 


Id. extranjeros. 


11 


América 










Habana 


13 


7 


8 


2 


Puertos españo- 










les Atlántico. 


1 


— 


4 


3 


Id. Id. Pacífico. 


3 


2 


3 


1 



DEL Rio de la Plata 



135 



•Estados Unidos. — 



Brasil 


10 


Diversas pose- 




siones europeas 


1 


Costa de África. 


5 


Diversos desti- 




nos 


5 



24 



67 49 



73 



21 



10 



55 



PUERTO DE BUENOS AIRES 



ENTRADAS 



Procedencias 1803 1804 1805 1806 



Europa. 

Puertos Espa- 
ñoles 

América 

Habana 

Puertos Españo- 
les del Atlán- 
tico 

Brasil 

Costa de África. 

Sin especificar. 



Destinos 



Europa 
Puertos españo- 
les 

Id. extranjeros. 

América 

Colonias extran- 
jeras 

Brasil 

Posesiones ex- 
tranjeras 

Costa de África. 



1" de Jiin. 
á 31 Dic. 



2 5 
1 2 



6 17 

- I 

1 4 

10 29 



Primer 
Semestre 



3 — 

- 1 



6 16 

1 2 

— 1 

10 20 

SALIDAS 

1803 1804 

1" de Jim. 
á31 Dic. 



1 
22 

1 



25 



1805 1806 

Primer 
Semestre 



2 
10 



16 



PUERTO DE LA ENSENADA 



Procedencias 



Europa 

Puertos españo- 
les 

Id. extranjeros. 

Brasil 

Posesiones ex- 
tranjeras 

Costa de África. 



Destinos 



Europa. 

Puestos Españo- 
les 

Puertos Extran- 
jeros 

América 

Colonias Extran 
jeras 

Brasil 

Costada África. 



ENTRADAS 

1803 1804 

1" de Jun. 
á31 Dic. 



1805 1806 

Primer 
Semestre 



3 
2 



1 — 

1 - — 



— 1 — 



6 



SALIDAS 

1803 1804 

1" de Jun, 
á 31 Dic. 



18ü5 1806 

Primer 
Semestre 



8 3- 



6 
3 
2 

25 



- 2 



3 - 



La suma total de entradas y salidas de 
buques en el Rio de la Plata, de Junio de 
1803 á Junio de 1806, es de 789.— De éstos co- 
rresponden 620 al de Montevideo, 123 al de 
Buenos Aires y 46 al de la Ensenada. 

De estos cuadros resalta á primera vista la 
considerable disminución del comercio del 
Rio de la Plata con los puertos españoles 
operada en 1805 y 1806, á consecuencia de la 
guerra con Inglaterra, y el aumento del 
comercio con los puertos extranjeros euro- 
peos, Estados Unidos, Brasil y Costa de 
África. 

De los puertos de España habilitados en 
1778 para comerciar con el Rio de la Plata 
solo diez presentan, en los años de 1803 á 1806, 
algún movimiento, mientras que no ha ha- 
bido ningún comercio directo con Alicante, 
y Cartagena por donde debían expedirse los 



136 



Revjsta Económica 



productos de Valencia y Murcia. En cam- 
bio han habido transacciones directas con 
Vig-o y Tarragona habilitados posteriormen- 
te y con el Ferrol que recien se habilitó en 
1802. 

Como aumento relativo producido en los 
años 1805 y 1806, el más importante es el de 
los Estados Unidos, con los cuales el movi- 
miento, que era nulo en 1803, que fué tan 
solo de 2 buques en 1804, ascendió entre en- 
tibadas y salidas, á 16 buques en 1802 y fué 
de 6 en el primer semestre de 1806. 

En estos dos illtimos años, si bien se con- 
servan las salidas para la Habana, cesan por 
completo las llegadas de esa procedeiicia. 
El aumento del movimiento europeo co- 
rresponde á los puei-tos Alemanes, que ya 
aparecen en 1803 mandando buques á la En- 
senada, expediciones de las cuales las más 
importantes se hicieron por cuenta del Du- 
que de Osuna. 

En cuanto á aumento absoluto de entra- 
das y salidas el más importante fué el del co- 
mercio con el Brasil, y, después de éste, en 
cuanto á entrada.s, es la Costa de África el 
que figura con ma3''or número. 

Ambos aumentos tienen su esplicación en 
el análisis de las constancias aduaneras. 
Por una parte el Brasil reemplazaba las 
importaciones de la Habana y por otra las 
empresas de los corsarios aumentaban con 
pi-e.sas las procedencias Africanas, pero al- 
go más efectivamente cooperó al ensanche 
de ese movimiento marítimo, que era la 
importación de negros do la Costa de África 
y del Brasil, laque nos proponemos estudiar 
en un artículo complementario de éste bre- 
ve trabajo, en vista de la importancia que 
ese tráfico presenta en la historia de nues- 
tra navegación. 

De é.'ítos cuadros resulta también que 
Buenos Aire.s, con su rada abierta y sin si- 
quiera un muelle para efectuar el desem- 
barque, solo tuvo en 1803 tres entradas de 
buques de procedencia europea, con merca- 
derías, una en L'íGó y ninguna en 1804 y 
1806. Su comercio principal era con el Bra- 
sil, cu3'os buques de pequeño porte tenían 
abrigo en el Riachuelo y mayores facilida- 
des para sus operaciones.— En cuanto á su 
exportación directa con líuropa, si bien más 
importante, solo ocupó tres buques en el se- 



gundo semestre de 1803, siete en 1804, dos 
en 1805, y, en 1806 el buque que aparece sa- 
lido con desti no á Europa solo llevaba pro- 
ductos de tránsito y correspondencia. 

La Ensenada, como se há visto, tenia ma- 
yor movimiento comercial directo con Eu 
ropa que Buenos Aires. 

El tiempo empleado en la navegación es 
otra cuestión interesante, cuyo e.studio nos 
permiten hacer los datos que tenemos á la 
vista, puesto que al darse noticiado la.<; en- 
tradas de los buques y de sus manifiestos se 
ha espre.sado .siempre en todos los años que 
analizamos, conjuntamente con lasfechas de 
llegadas las de las salidas, dándose así razón 
exacta délos días empleados en la navega- 
ción, así como la de las arribadas y diversos 
otros accidentes. 

Sobi-etodo en las navegaciones estensas, 
la regularidad en el tiempo empleado en 
los viagesno era tan sensible como pudiera 
esperarsede la navegación ávela en una épo- 
ca que. en vista de la rapidez de los progresos 
de nuestro .siglo, puede parecer relativamen- 
te lejana. 

Las mismas cau.sas que contrariaban el 
comercio en toda la época colonial, la rivali- 
dad de las naciones y su espíritu escluslvo, 
la guerra de corso y la política de contra- 
bando, debian perfeccionar como perfeccio- 
naron considerablemente el arte délas cons- 
trucciones navales. 

El tradicional comercio colonial español 
se hacia por galeones y flotas que foi-maban 
pesados convoA'es. Los pi-imeros debian ser 
todos buques de guerra y los seg-undos bu- 
ques de gran porte, escoltados por naves de 
guerra. 

Se buscaba la seguridad en la agrupaciíni 
do fuei'zas que pudiesen hacer frente á ata- 
ques combinados por los adversarios. 

La garantía que aparentemente propor- 
cionaba el comerciar al abrigo de verdade- 
ras escuadras, debía hacer poco frecuentes la,s 
comunicaciones y favorecer el contrabando 
que tenía gi-an aliciente en la misma falta 
de un comercio activo por parte de la metró- 
poli, a.sí comeen el sistemado monopolio, 
todo lo cual contribuyó á aumentar los estí- 
mulos del comercio clandestino, que opo- 
nía úla pe.'íada policía marítima que pudiq- 



DEL Rio de la Plata 



137 



■ ran hacer los barcos españoles, la ventaja de 
una mayor movilidad. 

Aunque muy tardíamente, España, reac- 
cionando contra las influencias de gremios 
comerciales, que son siempre malos conse- 
geros en la política económica nacional, 
cambió totalmente de sistema, y en 1740, al 
suprimirse los galeones y lasñotas, que que- 
daron suspendidas hasta 1754 en que se res- 
tablecieron estas últimas para suprimirse 
definitivamente poco después, se suplieron 
unas y otras, por los buques de registro suel- 
tos, que no solo debían, por su multiplicidad 
de viages, minorar los alicientes del contra- 
bando, sino también, por la mayor marcha, 
evitar el ser fácil presa de los corsarios. 

Las Leyes de Partidas que proclaman las 
ventajas de las buenas cabalgaduras para 
disminuir los peligros en las guerras terres- 
tres, asimilaban aquellos á los buques. 

«Cavalgaduras, dice la partida segunda, 
ley 8, título 24, son los navios á los que van 
sobre el mar assí como los cavallos que andan 
por la tierra. Ca bien assí como aquel cava- 
lio que es luengo é delgado, é bien fecho, es 
ligero, é corredor mas que el grueso é re- 
dondo, el navio que es fecho de ésta mane- 
ra es mas corriente que el otro» 

La construcción de buques muy veleros 
había sido adoptada para los destinados 
á avisos, que pai-a el servicio de las flotas 
y galeones y urgencias de comercio, se 
adoptaron desde el comienso de las relacio- 
nes mercantiles con las Indias. 

Diversas reales cédulas establecen, desde 
principios de 1500, sucesivas prescripciones 
tendentes á garantir la rapidez de la mar- 
cha de éstos bajeles, con lo que se consul- 
taba entre otras cosas la muy primordial 
I de su segui-idad. 

I La competencia comercial y la propia se- 
guridad hicieron, una vez adoptado el siste- 
ma de los buques sueltos de registro, que 
las construcciones mercantes españolas ad- 
quiriesen en breve un perfeccionamiento 
que no ha sido después sensiblemente sobre- 
pasado. 

Con los datos á que hemos referencia po- 
demos comprobar lo que decimos. 

Entre las llegadas al puerto de Montevi- 
deo de buques salidos del de Cádiz encontra- 



mos una con 153 días de viaje, pero esto se 
debió á circunstancias escepcionales. 

Ese buque salió con objeto de cruzar 
desde la Isla de Trinidad para el Este, te- 
niendo por contratiempos que arribar á Mal- 
donado, de donde fué en un día á Monte- 
video. 

Eliminado este buque, el tiempo mínimun 
de la navegación fué de 45 días y el máxi- 
mun de 98 di as. 

El buque que llegó en 45 días como otro 
que llegó en 46 días eran de condiciones 
especiales: el primero sobre todo, que era 
un místico correo. 

La media en los demás buques propia- 
mente mercantes era de 85 días de viaje, no 
habiendo entre el que llevó más tiempo en 
la navegación y el que puso menos, más de 
un tercio de tiempo de diferencia en los 
viajes y eso tratándose de todas clases de 
buques. 

En las comunicaciones con los Estados 
Unidos aparece un buque con 145 días de 
viaje, pero éste que venía destinado á la 
pesca de lobos había tenido, debido á un 
accidente, que arribar á Rio de Janeiro. 

Otro que aparece con 109 dias de viaje 
tuvo una arribada. 

En los siete buques restantes llegados de 
puertos Norte-americanos uno hizo el viaje 
en 68 dias y los otros seis restantes, que vi- 
nieron en diversas épocas del año, tuvie- 
ron de 87 á 96 dias de navegación. 

En las comunicaciones con Rio de Janeiro 
hay una zumaca que invirtió 121 dias. 
El viaje más corto fué de 12 días; hay dos 
viajes de 43 dias, pero la casi totalidad, hi- 
zo sus viajes con 15 á 30 dias de navega- 
ción. 

Las construcciones alemanas no eran tan 
ligeras y tenemos el caso de un viaje desde 
Hamburgo, en el que se invirtieron 359 dias, 
calculándose al rededor de 100 dias el tiem- 
po del viaje desde puertos alemanes por bu- 
ques de esa nacionalidad. 

Los buques correos de S. M., que salían de 
la Coruña para Montevideo, tenían una mar- 
cha tan rápida como regular, como puede 
verse por las siguientes fechas de salidas y 
de llegadas: 



138 



Revista Económica 



Salidas de la Üormia Llegadas d Montevideo 

1803 14 de Diciembre 

1804 17 de Abril 
•i> 28 de Junio 
» 31 de Agosto 



1803 15 de Octubre 

1804 17 de Febrero 
» 29 de Abril 

y> 22 de Junio 



» 18 de Noviembre 1805 18 de Enero 

El paquete Correo salido en 22 de Junio 
tuvo, como sé ha visto por escepción 70 dias 
de viaje. Los otros cuatro Correos hicieron 
los viajes en 60, 59, 60 y 61 dias, esto es con 
una regularidad que hoy no es exceden por 
las líneas á vapor mejor servidas. 

Estos buques correos se dedicaban con 
raras escepciones, según resulta de las entra- 
das de Aduana, al trasporte esclusivo de 
correspondencias. 

La relación de carga del primero, que 
hemos esmerado, dice así: 10 cajones de cor- 
respondencia y 90 cajones de Bulas; la del 
siguiente, 9 cajones de correspondencia; el 
tercero 9 cajones id. El cuarto buque, ya de 
mayor porte y que empleó como hemos visto 
70, traía además de la correspondencia 1956 
quintales de cacao, y el último, 13 cajones de 
correspondencia y 36 balotes de papel sella- 
do. A su regreso estos buques correos, escep- 
ción hecha del cuarto, llevaron únicamente 
con correspondencia. 

I>esde flnes de 1804, declarada de nuevo 
la guerra con Inglaterra, cesan los buques 
correos de la Coruña y el servicio se hace 
generalmente desde Cádiz, desde donde se 
envían los buques rápidos á que nos hemos 
referido, y para la correspondencia del Rio 
de la Plata para España, se empiezan á 
aprovechar diversos buques mecantes su- 
pliéndose así la falta del anterior servicio 
que, desde 1765, se habia hecho con ad- 
mirable regularidad. 



REPÚBLICAJRGENTINA' 

CRÓNICA DE LA QUINCENA 

Junio 30 de 18f)2 

La situación no ha variado. Aquí en este 
pedazo de América, los hechos pesan mu- 
cho en la balanza de la opinión, de lo que 
parece opinión al menos. 



Nuestros estadistas ó nuestros caudillos, 
les unos con sus doctrinas de circunstan- 
cias, nuestros caudillos con su espada, y 
hasta nuestros mcnciirs han acostumbrado 
al pueblo á la conformidad. 

El sofisma, la f aerza y el charlatanismo 
danse, por decirlo así, cita periódica para 
que los mismos que ayer se estremecían, se 
sientan como aliviados de un gran peso 
poco después... 

Interrogados por un genio misterioso, en- 
cargado de .transmitir las impresiones de 
su conciencia, ocúrreseme pensar que reci- 
biríamos este mensaje: «la vuelta hacia el 
«bien es el producto del cansancio del mal 
«y de la fuerza de las cosas, palabras va- 
«gas en apariencia me diréis, convenido, 
«pero que mejor que otras dan la idea de 
<íun poder, que no se sabe donde hallar ni 
«como definir, aunque en realidad exista y 
«al cual es imposible asignarle una marcha 
«y una voluntad determinadas, no obstante 
«que tiene uno y otro.» 
Ese y solo ese es el estado moral del país. 
Las válvulas de la opinión no están cer- 
radas ni abiertas, aunque el estado de sitio 
continúe. 
En el Parlamento se dice cuanto se quiere. 
Parlamento implica eso, como que viene 
del céltico, 2^arler ó parlier, palabras á las 
que lo^ que sabían leer y escribir agrega- 
ron una terminación latina parlanmitiim. 

Y la diferencia entre los parlamentos de 
antaño y ogaño consiste en que á los de 
antes se concuriía con armas de acero, como 
en Polonia, hasta que se la repartieron, y á 
los de ahora no se concurre sino con la re- 
tórica. Son más bien los que asisten á los 
grandes debates los que llevan rewolvers, 
puñales, toses ó risas. 

Las cpiniones están fundamentalmente 
divididas. 

Un ministro ha declarado en el seno de las 
Comisiones que convenía mantener el esta- 
do sitio; otro ha declarado, en plena Cámara 
de Diputados, todo lo contrario. (1) 

Esta, pai'ece dispuesta á la cesación. La 
mayoría y la minoría solo disienten en 



(I) Ksta crónica se escribía durante el decate. Ya 
concluyo aquí. Ha prevalecido el dictamen de la mino- 
ría. Es un caso raro. Falta el Senado. 



DEL Rio de la Plata 



139 



cuanto á la forma del despacho. La una 
quiere aprobar y suspender; la otra suspen- 
der sencillamente. 

Lo sing-ular es que el dictamen de la ma- 
yoría implicando mdenmidad, parece mas 
bien una concesión política de la minoría, 
en favor de un poder público. La discusión 
sobre el partieular es tan luminosa que 
ofusca. 

* 
* * 

Los desterrados políticos están de regreso, 
habiendo desembarcado sin ruido. Es una 
novedad, debida al estado de sitio, que, 
como acalco de decirlo, parece que cesará 
uno de estos dias. 

Faltan algunos discursos en la Cámara de 
Diputados, que solo se reúne un dia si y 
otro no, no teniendo como no tenemos sino 
una sola casa, como la Convención France- 
sa, para ambas Cámaras del Congreso. Fal- 
ta además el alambique del Senado, en el 
que, según nuestra tradición parlamenta- 
ria, se le saca á la materia su quinta esen- 
cia, siempre que la oratoria frondosa de la 
Cámara de Diputados ha dejado en el ca- 
mino, ya que no espinas, algún principio 
enredado entre las lianas trepadoras de su 
exuberancia meridional. 

De todos modos, lo que resulta es que 
cuando todos esperaban que no lleg-aríamos 
á Julio sin ver otra vez agitada la superfi- 
cie, por la desaparición de toda traba, lo que 
resulta hasta aqui, repito, es la persistencia 
de un hecho, sobre el que vuelvo á pregun- 
tar, lo mismo que en mi crónica anterior, 
¿es un bien, es un mal? 

No quiero cortejar la opinión de ningún 
partido, es comprar demasiado caro unos 
favores, que duran poco, que dejan siem- 
pre algún sentimiento de amargura, de esos 
partidos que provocan los sucesos sin fun- 
dar nada sólido. Así, ñ lo que pasa es un 
mal, hay que convenir en que no es un mal 
tan grande. 

En tanto, que un mal no hace imposible 
la vida, la calamidad es discutible, y á mi 
me llegan rumores de que la situación ma- 
terial mejora, lo que es siempre precursor 
de apaciguamiento en los espíritus. De ma- 
nera que el movimiento vibratorio que va 
del centro á la periferia siendo menos inten- 



so,— nótase en el interior del país cierta ten- 
dencia reactiva dentro de un orden de tran- 
quila evolución. 

Si ese sello se logra imprimirle á la polí- 
tica futura, algo habremos adelantado, cer- 
rando el período epiléptico de las exagera- 
ciones en la palabra y de explosiones en la 
acción. 

Podremos do esa manera ver que se acep- 
ten los diplomas de un Senador,— como ha 
sucedido en los del Dr. Anadón por Santa 
Fé,— sin que se agiten las pasiones, sin que 
se rocen los intereses, y sobre todo, sin que 
el pincel de los partidos llene de sombras 
terroríficos el cuadro doméstico de la vida 
interprovincial, donde de seguro, los hom- 
bres no son peores ni mejores que en la Ca- 
pital, si bien unos y otros, protestando en 
su tendencia nativa contra la hegemonía 
metropolitana,— puede leerse auxilio clan- 
destino del gobierno federal para estar más 
en la verdad del momento actal, y anterior 
á los últimos sucesos, — incurren alternati- 
vamente en el error de retirdar las conce- 
siones. 

La ciencia del Gobierno político estriba en- 
una noción clara de lo que son los partidos 
como vehículo humano para poner en mo- 
viQÜento el rodage institucional. 

Los partidos son un conflicto de intereses, 
según la filosofía de la historia y mi obser- 
vación esperimenltal. 

De ahí que gobernar bien sea i-esistir con 
prudencia á los unos y á los otros, sopeña de 
no poder mantener el equilibrio en un régi- 
men de libertad. De ahí que los partidos que 
no se resignan á cambiar de piel vayan 
quedándose resagados en el camino,— sin 
apercibirse de la decadencia de su orga- 
nismo, á la manera de esas religiones, 
cuyo dogna sistemático no sabe reconciliar 
á sus adeptos con los progresos de la hu- 
mana razón, no obstante que sus docto- 
res contribuyen no poco á iluminarla, pe- 
netrando por el e.5tudio y la difusión de 
los conocimientos en todos los secretos de la 
naturaleza. 

* * 
Aquí llegaba, queriendo hacer una cró- 
nica política,— como el mundo, de la nada,— 
cuando veo en los diarios de la mañana que 



140 



Rev;sta Egünómica 



la Cámara de Diputados, dentro del orden 
de mis observaciones, ha votado lisa y lla- 
namente la supensión del estado de sitio,— 
reiterando el ministro de Justicia. Culto é 
J. P. la urgencia. 

La Camarade Diputados entra, parece, en 
un período de evolución. En nuestros ana- 
les parlamentarios es caro el caso de que pro- 
Talezca el dictamen de la minoría opositora 
dictamen con el que yo estaba,— que es lo 
que ha pasado. 

Conviene tomar buena nota de este fenó- 
meno. Pero más que esto conviene que las 
opiniones comiencen á manifestarse sin am- 
bajes. Diré, por consiguiente, la mia, á pe- 
sar de las trabas del estado de sitio, que aún 
durará; bien entendido que cuando digo 
traba no me refiero á una coacción moral 
de mi espíritu, como se verá. Es lo más 
inocente que puede decirse bajo el estado de 
sitio. 

Entiendo que la Cámara de Diputados ha 
votado con corrección constitucional el dic- 
tamen de la minoría. El de la mayoriía era 
una incongruencia. Pero si esto entiendo del 
punto de vista legal, disiento, por comple- 
to, del punto de vista político, con el crite- 
rio de la mayoi'ía. Es lástima que el minis- 
tro del Interior, enfermo, no haya podido 
repetir, en plena cámara, lo que sin ser rec- 
tificado, se fifirmó por la mayoría: que en el 
seno de las Comisiones, de legislación y ne- 
gocios constitucionales, él había manifesta- 
do la conveniencia de mantener el estado de 
sitio. Es lástima, sí. La superficie está tran- 
quila, el fondo, no. El estado de sitio es, 
pues, á mí entender,— ó no vino en su hora, 
una garantía de seguridad de que el país 
va á ser privado constitucionalmente. Quie- 
ra Dios que los que piensan que «deben 
salvarse los principios, aunque las colonias 
perezcan», no se equivoquen.— y que de- 
vueltas las franquisias del Imleas Corpus, no 
no volvamos á las agitaciones turbulentas 
de marras. Hay partidos orgánicos y par- 
tidos inorgánicos, partidos con forma y 
partidos sin forma; la forma no es un atri- 
buto esencial de la vida, hay seres vivien- 
tes sin forma definida, lo mismo que hay 
sustancias químicas que no se cristalizan. 

Pero de lo informe no puede deducírsela 
ausencia completa de vitalidad. La.s amibas, 



infusorios, con luz ó en plena oscuridad, ha- 
llan SQ dirección, según sus aspiraciones; y 
los partidos inorgánicos que aspiran á to- 
mar forma, aunque más no sea que transi- 
toriamente, necesitan del ruido y del estré- 
pito perturbador del bienestar común. 

Pues allá veremos 

«París está tranquilo. Dormid en paz»! 

Falta aún la sanción del Señalo, y sin es- 
taño hay suspensión posible del estado de 
sitio. 



Una crónica do la quincena, crónica polí- 
tica sin hechos, es lo que caracteriza la fiso- 
nomía de esta Revista] retrospectiva : nada 
en la Banda Oriental, sino malestar econó- 
mico ó inqnietndes; nada, sino lo mismo, en 
el Paraguay; nada en Chile, sino lo mismo; 
nada en el Perú, sino lo mismo; nada en Bo- 
livia, sino Ídem ide7n. Solo el Brasil republi- 
cano, que creyó sustraerse á las leyes hu- 
manas, se agita en convulsiones, cuyas 
consecuencias no es posible prever. 

La tarea que me he impuesto en esta 
revista y la misma índole de mi personalidad 
me alejan un poco de ciertas escursiones por 
el campo déla economía política en su más 
pura acepción. No puedo sin embargo, ya 
que la cosa me ha caído á la mano, sustraer- 
me á la tentación de cerrar estas páginas 
con las siguientes instructivas líneas que 
tomo de un diario italiano, del otro hemis- 
ferio, y cuyas líneas implican lo de siem- 
pre: que el mundo de acá y el mundo de 
allá se parecen, aurique sus caracteres típi- 
cos se diferencien. 

En Roma por lo demás y un poco como en 
otras partes, se iian cometido faltas de mu- 
chachos; se ha gastado demasiado dinero; 
se ha querido hacer demasiado á la vez, poro 
es?i& fautes de jeuneusse, han sido expiadas 
tan cruelmente que ya es tiempo ds reco- 
brar ánimo, de acabar con las recrimina- 
ciones del pasado, y de poner manos á la 
obra para el porvenir. La administración 
actual, presidida por el duque de Sermoneta 
ha hecho cuanto ha podido para restablecer 
el equilibrio del presupuesto. Parece que el 



DEL Rio de la Plata 



141 



objeto se ha conseg-uido, 6 que se conseguirá 
en el próximo ejercicio. Tanto mejor. Pero 
este resultado, una vez adquirido, es menes- 
ter por todos los medios posibles y razonables 
que trabajemos para hacer de Roma, lo que 
no es todavía, es decir, una ciudad, en la 
que, la permanencia sea agradable, no sólo 
para los que vienen á ella á pasar algunas 
semanas para divertirse é instruirse, sino 
también para los que le piden al comercio 
y á la industria el medio de mejorar su 
situación. Lo que caracteriza la vida actual 
de Roma, es que desgraciadamente se tra- 
baja poco en ella. Nos divertimos mucho: la 
sociedad es muy alegre, los bailes siguen á 
los bailes: las reuniones á las reuniones, 
pero casi no .se trabaja. 

Todos los que están en los negocios se 
quejan, todos los comerciantes, los propie- 
tarios, los industriales, piden que se halle 
la manera de recompensar su actividad 3' 
coraje para el trabajo, y que se les dé el 
medio de ganar su vida y de hacerla ganar 
á los otros que ti-abajan como ellos. 

La Administración Municipal po^* sí sola 
el problema, de acuerdo; pero puede ayudar 
enormemente á su solución. Más para con- 
seguirlo debe estar compuesta de hombres 
poseídos de la fé liberal, animados de una 
confianza absoluta en el porvenir de Roma, 
y prontos á hacerla marchar en la via que 
conviene á la capital de un gran país. 

Locura sería, sin duda, querer conseguir 
todo eso, tamaño resultado, en tres ó cuatro 
años; pero por qué no decirlo? sería casi una 
cobardía detenerse indefinidamente á medio 
camino, dejando á Roma en la penosa situa- 
ción en que se halla actualmente. 

* 
* * 

Con que así, nada de cobardías y adelante! 
contando siempre, por supuesto, con que si 
ha faltado el juicio para hacer buenas finan- 
zas, la Providencia querrá que lo tengamos 
para hacer buena política, no saliéndose de 
madre los partidos orgánicos ó los que tien- 
den á organizarse. 

Circulan rumores .sobre la oi-ganización 
del rjabinclc del futuro Presidente,— puras 
fantasías: elDr. Saenz Peña no es solamente 



un hombre de talento y de buena fé, un 
hombre que, como él lo ha dicho, compren- 
de el peso de todas las responsabilidades del 
último honor que ha merecido, sino un 
hombre prudente, reservado y dúscreto, que 
habla solo en la oportunidad debida. 

Lucio V. Mansilla. 




CRÓNICA DE LA QUINCENA 

Habíamos observado en números anterio- 
res que preferíamos la transitoria apatía 
argentina á naesti-a actual actividad; y el 
proyecto ahora en discusión en las Cámaras 
Orientales sobre limitaciones al derecho de 
arrendamiento, nos ratifica en el juicio que 
teníamos formado. 

Lo que ellas discuten importa no solo 
limitar el derecho de arrendamiento sino 
también dificultar los arrendamientos, ha- 
cer precaria la condición de los arrendata- 
rios. 

Los romanistas y los economistas y con 
estos últimos, todos los hombres prácticos en 
cuestiones agrícolas, se hallan en abierta 
oposición cuando se trata del arrendamiento 
de la tierra. 

El distinguido jurisconsulto y al propio 
tiempo hombre competente en cuestiones 
de economía agrícola, Don P. Jacoues de 
Valserres, al referirse á la opinión de Tro- 
plong que considera que el del arrendatario 
es un derecho real, establece en la siguiente 
frase ese antagonismo de criterio. 

«Por nuestra parte, dice, refiriéndose á la 
citada opinión, como jurisconsulto la recha- 
zamos pero como economistas le damos todas 
nuestras simpatías.» 

Estos principios con que Valserres simpati- 
za se imponen hoy en el derecho moderno, que 
en todo lo que con la propiedad territorial se 
relaciona, abandona por completo los añejos 
principios que el proj^ecto de la Comisión 
de Legislación tiende a llevar á sus últimos 
límites. 

Para el derecho nuevo, triunfante hoy en 
Europa, el jus uíeíidi ct alnikndi respecto de 
la propiedad territorial ya va siendo relé- 



142 



Revista Económica 



g-ado á la categoría de su congénere, el de- 
recho de disponer arbitrariamente de las 
personas. 

Les recomendamos á nuestros legisladores 
las siguientes palabras del muy erudito ju- 
risconsulto D. Gumersindo Azcárate. en su 
Ensaj'O sobre el derecho de propiedad y su 
estado actual en Europa: «La tendencia 
de la legislación moderna es en todas partes 
amparar el derecho del cultivador de la 
tierra y darle fijeza y permanencia». 

La tierra debe ser aiites que un artículo 
de comercio, un instrumento de trabajo, y, 
en el conflicto de favorecer la movilización 
ó de beneficiarla cultura, no es en nuestra 
época justiñeable ni perdonable que se opte 
por lo primero. 

Este, como todos los otros errores que he- 
mos venido censurando, se debe en buena 
parte á que se está gobernando según las 
inspiraciones de un pequeño gremio de pres- 
tamistas, sin que en tan densa atmósfera 
logre penetrar un sólo rayo de la luz de las 
necesidades más elementales del país. 

Nuestras Cámaras, tan progresistas aún 
en los días más o.scuros de la tiranía y del 
caudillage, se ran ahora al antiguo dere- 
cho y vienen pretendiendo resucitar el 
anacrónico vente casse rente, que esto impor- 
ta, todavía agravado, la nulidad del arren- 
damiento por el hecho de la hipoteca. 

Si según el derecho moderno, la venta no 
debe resolver el contrato de arrendamiento, 
porque la tierra tiene por objeto primordial 
el ser cultivada y no el ser vendida, siendo 
preferibles los perjuicios en los casosde venta 
que los perjuicios en las culturas, no puede 
pretenderse dar al prestamista hipotecario 
mayores derechos que al comprador. 

Abandonando las altas esferas de la filoso- 
fía jurídica, el miembro informante de la 
Comisión de Legislación de la Cámara de 
Diputados, Dr. Vigil, se estiende por el 
terreno de los abusos que lo3 propietarios de 
tierras hipotecadas pueden consumar, en 
perjuicio de sus legítimos acreedores, sin 
considerar que lo que pro^^ecta puede dar 
lugar á tantas maniobras contra los arren- 
datarios como las que supone que pueden ha- 
cerse en pei'juicio de los prestamistas hipote- 
carios. 

Aún en el terreno práctico de los abusos 



que no pueden evitar por completo ninguna 
combinación ni legislación humanas, los 
pro\-ectos presentados son insostenibles, 
porque si algo se quería hacer en el sentido 
de garantir á los acreedores hipotecarios, 
hubiera bastado establecer la nulidad de 
los contratos sólo en el caso de que los arren- 
damientos establecidos se desviasen muy 
sensiblemente del precio corriente, y res- 
tringir la facultad del pago anticipado del 
arrendamiento por un tiempo que excedie- 
se de dos á tres años. 

Si el contrato de arrendamiento no im- 
pusiese una lesión enorme, aunque no esté 
por escritura pública, es indispensable que 
se respete. 

La legislación moderna permito en estos 
casos hasta que se contrato verbalmente, 
porque el legislador siempre debe tener en 
cuenta los hábitos y las condiciones prepon- 
derantes. Los que se dedican á regar la 
tierra con el sudor de sus frentes son por lo 
común gentes sencillas, que no están al co- 
rriente de los formalismos que tan natura- 
les pueden parecerá á los pica pleitos, .se- 
gún la espiritual calificación de Vülergas. 

La sanción de la ley pi'o^'ectadaen benefi- 
cio de los prestamistas con garantías hipote- 
carias, además de contrariar primordiales 
intereses económicos, importa abrir ancha 
puerta al sacrificio de la clase más digna de 
protección y coartar el desenvolvimiento 
de toda agricultura. 

En vez de pretender limitar las garantías 
de los arrendatarios, ya qvie de estas cues- 
tiones se hubiesen querido ocupar las Cá- 
maras, lo que correspondía hacer era, si- 
guiendo el ejemplo de Italia, Portugal y 
otros naciones, reformar el Código Civil, de 
modo á aumentar las prerrogativas de los 
cultivadores, estender el plazo máximun de 
los arrendamientos, limitados abitrarianien- 
te en nuestras leyes en beneficio de la mobi- 
lización. 



Respecto d(! la cuestión ecunómicu. poco 
se ha adelantado después del fracaso del pro- 
yecto Noetslin que deja abierto el camino á 
soluciones racionales, pero abrigamos la 
esperanza de que el Sr. Presidente, que ha 
asumido toda la responsabilidad de las me- 



DEL Rio de la Plata 



143 



didas á adoptarse, tratará al flu de que se 
consulten los intereses vitales del país. 

Hace año y medio que no viene hacién- 
dose más que seg-uir los consejos del comer- 
cio exportador y de un gremio de coloca- 
dores de dinero, y los resultados son los que 
todos vemos. Sin razón ninguna para crisis, 
el país ha caido en la situación más triste y 
abatida que registra su historia. 

Ese es el fruto lógico del sistema de res- 
tricción y de la utopia de posponer la can- 
tidad ante la calidad de la moneda. 

Nuestro estimable colega El Siglo califica 
de dulcamarismo el pretender buscar la 
cura de nuestro malestar por un solo reme- 
dio, pero, por mucho que nos cueste no com- 
partir su ilustrada opinión, esa no es nuestra 
manera de ver y no la ha sido la de ninguno 
de los hombres prácticos del mundo á quie- 
nes ha cabido minorar ó dominar las crisis. 

V'arias pueden ser las causas de este fenó- 
meno, peí o, una vez producido, se ha encori- 
trado un remedio eficaz que oponerle. Todas 
las crisis traen restricción y, como su conse- 
cuencia, desvalorización; y contra esa res- 
tricción se han opuesto los medios de espan- 
sión que restablecen los valores y con esto 
el bienestar y la actividad social. 

Hace ocho meses que venimos predicando 
la adopción de medidas de espansión, seña- 
lando entre otras la de la acuñación de mo- 
nedas de plata nacional. 

El Siglo, y, cuando decimos El Siglo, deci- 
mos el representante del orden de ideas que 
nos ha traído la situación actual, no ve en 
la acuñación de la plata más que una fuen- 
te de limitadísimas utilidades para el Estado 
y un sustituto de la emisión menor, no de- 
biéndose estender la acuñación so pena de 
cometer el error de querer que la República 
Oriental realizo por sí sola lo que no han 
podido hacer las mayores naciones metálicas 
del mundo. 

El Estado no prospera como un pulpero 
por las pequeñas ganancias directas que 
puede ir acumulando en sucesivas operacio- 
nes: es el refiejo de la colectividad, y su po- 
der financiero solo lo adquiere, lo consolida, 
y lo estiende, por las medidas que crean ó 
desenvuelven el bienestar general.— El do- 
taráunpaís de una circulación amplia y 
espaasiva responde áese objeto y es en vista 



de ésto que hemos sostenido la convenien- 
cia, primero, de proveer la circulación por 
medio de una acuñación amplia de monedas 
de plata, y, segundo, de rectificar nuestras 
tablas de equivalencias de monedas de oro 
de modo á quitarles la prima de exporta- 
ción que tan insensatamente se les ha dado, 
debido á los consejos de los bancos y comer- 
ciantes extranjeros. 

Muy desencaminado está nuestro distin- 
guido colega en toda esta cuestión. 

No vé más que éstos dos términos: la acu- 
ñación ilimitada de la plata ó la limitación 
de ésta á los pagos menores tal com-o la esta- 
blece nuestra legislación monetaria, cuando 
entre el extremo de la acuñación ilimitada 
y el de las simples funciones de vellón, hay 
nada menos que el sistema de Francia, de 
Estados-Unidos, y de otras naciones de pri- 
mer orden y que consiste en la circulación 
con uniforme poder chancelatorio del oro y 
de la plata, limitándose la acuñación de ésta 
á la cantidad que pueda requerir el míni- 
mun délas transacciones mayores del país. 

Para «El Siglo» no hay más valor mone- 
tario que el valor del metal de las monedas, 
anacronismo que yá ningún economista re- 
pite, haciéndose cargo, hasta los más acérri- 
mos sectai-ios de la escuela metálica, que las 
monedas valen no solo en razón de su mate- 
ria sino en relación de su uso. 

Hemos citado especialmente ala Francia 
y á los Estados Unidos, y en estas naciones 
la plata ha alcanzado y ha excedido al oro 
circulante, sin que los dollars y los francos 
de plata hayan valido monos que los de oro. 

En Francia, durante setenta años, el siste- 
ma de los dos metales le ha pemiitido una 
juayor fijeza de cambios que la que ha podi- 
do conservar la monometálica Inglaterra y 
le ha proporcionado el beneficio de evitarse 
restricciones do sus billetes como las que 
con frecuencia han trastornado el mercado 
do Londres. 

Considero á la plata, dice M. Gibbs á la 
Comisión On Gola and Silver, siendo gober- 
nador del Banco de Inglaterra, como un 
medio tan bueno como el oro para asegurar 
la conversión de los billetes de Banco.— 
Ha debido decir más en vista de las leccio- 
nes de la práctica. 

Laveleye atribuye la mayor intensidad 



144 



Revista Económica 



y la frecuencia de las crisis inglesas precisa- 
mente á la esclusión del recurso déla plata 
con circulación equivalente al oro, y cita el 
reciente ejemplo de Noviembre de 1890 en 
que el Banco de Francia, debido á su eiicage 
de plata, no solo no tuvo que sufrir la restric- 
ción de los mercados ingleses sino que toda- 
vía se vio en situación de prestarle fuertes 
sumas en oro al Banco de Inglaterra. 

La circulación amplia de la plátano solo 
no perjudica los cambios y le sirve para 
defender la provisión del oro, sino que per- 
mite su mayor disponibilidad. 

En los Estados Unidos, economistas distin- 
guidos y banqueros prácticos califican á la 
plata de más bancable, fundándose en que 
lo que la hace molesta para las grandes 
transaciones y su actual depreciación, que 
impide su salida, amplía la circulación de 
los billetes y la hace más estable. 

En este último año tenemos de ello una 
nueva prueba, y es la de que las necesidades 
de oro que se hacen sentir en Europa y que 
han dado lugar á la fuerte venta de títulos 
en los E.stados Unidos, á fin de obtener 
metálico, no han debilitado á sus Bancos de 
emisión ni provocado la crisis que se hubie- 
ra producido con un régimen esclusivode 
circulación á oro. 

Nuestro colega agrega que ya se nota en 
los trenvías exceso de plata, de donde dedu- 
ce que su circulación tiene un límite forzo- 
samente restricto y é.sto nos viene á demos- 
trar una vez más que no se ha preocupado 
de la cuestión del aumento de sus funciones 
chancelatorias. 



En cuanto á los rumores de nacionaliza- 
ción del Banco de Londres y Rio de la Plata 
ó de nuestra britaniciación no los juzgamos 
fundados. 

Ese establecimiento no entrará de seguro 
á hacer las funciones de una verdadera ins- 
titución nacional, y, en cuanto á entregar 
nuestro porvenir económico á una institu- 
ción inglesa en las condiciones tan absolu- 
tas como se pretendería por parte de ese 
Banco, para que aceptase la combinación, es 
cosa que no concebimos pueda ni siquiera 
pensarse en aceptar entre nosotros. 



Cuando se trataba délos proyectos banca- 
rios, en nuestro Contra Informe de 31 de 
Diciembre de 1891, publicado en La Tribuna 
Popular, decíamos que el Banco Hipotecario 
<'se fundaba desamparado de recursos efecti- 
vos», y agi-egábamos que era «una institu- 
ción que nacía con un capital inmobilizado, 
y que en todo caso no representa ni una 
pequeña parte de las pérdidas inherentes á 
las liquidaciones forzadas, á que se va á ver 
obligado», que «era una in.stitución que 
nada valdrá ni para sus accionistas ni para 
el país». 

«En resumen, decíamos, se suprimen para 
en adelante las facilidades de los préstamos 
en cédulas hipotecarias, y se levanta, en 
medio de nuestro tan desolado país, con el 
título pomposo de Banco Hipotecario del 
Uruguay, una guillotina para toda la pro- 
piedad territorial se la República; y al de- 
capitar á los deudores del Banco, se van á 
destruir muchos valores que con la espe- 
ranza de reacción sirven aún hoy de base 
á arreglos y moratorias, arruinando á un 
gran número de acreedores y propietarios 
que no han contratado con el Banco. Es 
una máquina de ruina cuya acción se irra- 
diará por todas partes.» 

«Ese proyecto establece con proligidad las 
bases que deben regir para los préstamos 
futuros; muy candidos deben ser los señores 
representantes si las toman en considera- 
ción. En primerlugar la institución no nace 
en condiciones de poder operar, como ya no 
podia hacerlo la Sección Hipotecaria del 
Banco Nacional, que estaba en mejor si- 
tuación; y, en .segundo lugar, al re- 
ducirse por acto de autoridad el interés 
de las Cédulas, cuyo servicio regular de- 
bía de tratarse de garantir, se inutiliza por 
mucho tiempo entre nosotros el meca- 
nismo moderno de la mobilización territo- 
i'ial. — Los actuales tenedores de cédulas 
tratarán de deshacer la mala operación en 
que se vieron envueltos, sacrificando á los 
deudores hipotecarios, pero no se encontra- 
rán, después de esto, tomadores de nuevas 
cédulas, sobretodo cuando, de antemano, en 
los términos del proyecto ministerial, se 
puede predecir irremisible, matemática y á 
brevísimo plazo, la quiebra de la nueva ins- 
titución.— El tiempo dirá quien tiene razón, 



DEL Rio de la Plata 



145 



si el Sr. Ministro y la Comisión que endosa 
sus proyectos, ó el insfrascrito.» 

Poco tiempo ha corrido desde que esto es- 
cribíamos y ya los hechos han empezado 
á confirmar nuestras previsiones. 

Se constituyó el Banco con un Directorio, 
tan honorable como competente, y, á los 
tres meses, al vencimiento del primer cu- 
pón de las cédulas, empezaron las dificulta- 
des para su pago.— Faltaban ps. 50.000 y se 
quizo recurrir para obtenerlos al sacrificio 
de valiosas propiedades, que no hallaron 
compradore.s; se quizo obtenerlos en un Ban- 
co con el Bono de ps. 4.000.000 que con.s- 
tituye su capital y tampoco esto fué posi- 
ble. — Se ha salido al fin del paso, pero 
¿cómo?— Afectando propiedades, el Bono, y 
sobre todo recurriendo al crédito personal 
de los Directores! 

En estas condiciones el Banco está en la 
pendiente del sacrificio de las propiedades 
hipotecadas, que es su ruina y el abate- 
miento definitivo de la propiedad en todo 
el país. 

Algunos aseveran que el Banco podrá 
pagar el cupón de Diciembre, pero lo que 
ni los más optimistas esperan hoy es que le 
sea posible hacer un solo préstamo. Esto por 
sí solo, ya importa reconocer el fracaso com- 
pleto de la institución. 

El Banco, como preveíamos, no ha nacido 
en condiciones de poder operar. 

El fracaso de la combinación Noetzlin, 
sobre Banco de Descuentos, no nos permiti- 
rá felizmente análoga comprobación de lo 
acertado- de nuestras observaciones ásu res- 
pecto. 



Se ha inaugurado con asistencia del ele- 
mento oficial un Club formado por miem- 
bros del partido colorado.— Es un Club so- 
cial al que se le quiere dar alcance político. 

Nos alegramos de que los miembros del 
Partido Colorado empiezen á agruparse, 
pero ese Club no compensa la paralización 
de los trabajos tan ruidosamente iniciados 
para organizar el partido. 

No basta que unos cuantos se reúnan, 
conversen, formen círculo; son necesarias 
las reuniones genuinamente democráticas. 



Están por terminar las .se.siones ordinarias 
de las Cámaras y deberá precederse antes de 
nuestro próximo número á la elección de la 
Comisión Permanente, que indicará el grado 
de mejora en el orden político. 

Es indispensable que la compo.sición de esa 
Comisión se harmonice con sus fines consti- 
tucionales. 



En un mes, se han firmado dos tratados 
de comercio, el primero con Alemania y el 
segundo con Francia, y aunque no nos es 
dado todavía conocer sus bases generales, 
abrigamos serios temores de que puedan re- 
sultar le.sionados intereses primordiales de 
la República, puesto que en estas materias 
no se debe contratar sin .serios estudios y 
detenidas investigaciones, que no conocemos 
que se hayan hecho. 

La tratadomanía de los años anteriores 
nos ha sido grandemente perjudicial, y es 
sensible que no se aproveche la lección. 



La huelga de los verduleros ha pi-eocupa- 
do la atención pública y ha dado lugar á 
serios conflictos. 

Las huelgas son poco comunes entre noso- 
tros y, desde luego presumimos que para 
que ese hecho se produjese debían haber .se- 
rios motivos. 

Llevado el asunto á informe de la Asocia- 
ción Rural esta ha demostrado, con su reco- 
nocida competencia, que los hortelanos déla 
Capital estaban siendo .sobrecargados con 
impuestos exhorbitantes, que es indispen- 
sable que se modifiquen, y perjudicados por 
reglamentaciones inconvenientes. 

La Dirección de Mercados ha considerado 
estos como una fuente de renta, un nego- 
cio municipal, cuando la concentración de 
las ventas, además de las razones de fiscali- 
zación higiénica, tiene por objeto abaratar 
los artículos de consumo general por medio 
déla más eficaz competencia. 

Pero no sólo se contraría uno de los fines 
á que responde la creación de los mercados, 
sino que se viene hacer pesar sobre la po- 
blación impuestos no autorizados por l-a ley 
y contrarios á toda equidad. 

Deseamos que los distinguidos miembro^ 
de laJ.E. Administrativa de Montevideo, tra- 



146 



flE VISTA ECONÓMICA 



ten de que este asunto tenga la solución satis- 
factoria que es de esperar, y, dejando á un 
lado susceptibilidades, reconozcan á los 
huelguistas la razón que les asiste. 

El asunto tiene en sí mucha importancia 
pues se trata de una contribución estable- 
cida con prescindenciade lasCámaras,que es 
el vínico poder á quien constitucionalmente 
le corresponde crear impuestos. Al obser- 
varlo no queremos hacer una censura espe- 
cial á la Junta actual, puesto que el hecho 
inconstitucional viene de muy atrás. 

Aparte de esto, el impuesto es excesivo é 
importuno pues no solo disminuye los ali- 
cientes de la horticultura en el Departa- 
mento de la Capital, sino que tiene que ac- 
tuar para el encarecimiento de artículos que 
forman base principal de la alimentación de 
las clases pobres. 

Aun en épocas de prosperidad, los im- 
puestos de este género son inconvenientes, 
sobretodo si se tiene en cuenta que los ar- 
tículos de primera necesidad que se im- 
portan están ya muy sobrecargados en la 
Aduana. 

Entre nosotros es sobre las clases pobres 
que pesan la mayor parte de los impuestos 
mientras que los grandes capitalistas son es- 
pecialmente favorecidos. 

Esta es otra cuestión sobre la cual no se 
nos ha querido oír, por mas que hemos insis- 
tido en diversas ocasiones. 



REVISTA BURSÁTIL 



Buenos Aires, Junio 30 de 1892. 

Cotizamos el oro á 50.50 (310.29 oñ igual 
precio que en nuestra revista anterior. 

Decíamos en ella que la valorización del 
billete continuaría, con pequeñas reaccio- 
nes al tocar los precios de 50 y 48.60 (300 ol") 
que el comercio esperaba; y se ha cumpli- 
do la primera de nuestras previciones, tocó 
49.90 subió á 50.90, bajó hasta 49.20 para ce- 
rrar á 50.50 hoy, flojo, pues es más precio 
de arreglo de descubiei*tos de última hora 
que real del mercado. 

Se han seguido tratando descuentos con 



tipos en baja y algo se ha hecho hasta 5 1/2 
o/" por firmas de primer orden. La escasez 
de documentos por la paralisación del mer- 
cado importador, tiene más parte que la 
abundancia de papel en esta cotización. 

En cambios no se ha notado variación sen- 
cible en la quincena y solo se observa algu- 
na mayor abundancia. 

Han vuelto las cédulas y certificados hi- 
potecarios de la Provincia á perder el terre- 
no ganado y quedan á 32 y 15 respectiva- 
mente, que parece ser el eje de la liquida- 
ción del Banco mientras no se abandone el 
sistema de misterio que se viene usando 
hasta en la publicación de balances, que se 
liace con 4 meses de atraso. 

El arreglo de la deuda municipal lia va- 
lorizado en 10 o/" los títulos á cangearse del 
empréstito Lotería. 

Las acciones de Bancos continúan inva- 
riables pero firmes en sus precios, solo el Sud 
Americano ha mejorado su cotización en 
siete puntos. 

La Bolsa de Montevideo sigue haciendo 
escasas transacciones y con precios en baja 
aunque pequeña. Absorvida la atención de 
los capitalistas por los rumores cada día dis- 
tintos de proyectos oficiales sobre bancos, 
emisiones, acuñación de plata etc. se com- 
prende se limiten los negocios á las ventas 
que obliga la necesidad y que son pocas por 
estar casi todos los papeles en manos firmes. 



-s^ 



^■^"^^ 



A NUESTROS SUSGRIPTORES 



Para el mejor servicio de las diversas sec- 
ciones de esta REVISTA, ella se publicará 
los días 5 y 20 de cada mes en vez de los 1" 
y 15. 



Los artículos no firmados pertenecen al di- 
rector. 



Revista Económica 



147 



Movimiento bursátil de la segunda quincena de Junio de 1892 



BOLSA DE BUENOS AIRES 

(DEL 15 AL 30 DE JUNIO) 



Metálico 

Onzas 

Libras esterlinas 

Cambios 

Inglaterra 

Francia 

Bélg'ica 

Alemania 

Cheques 

Banco Nacional 

Banco de la Provincia 

Banco Hipotecario de la Provincia— bonos 

Cédulas Hipotecarias Nacionales 

Serie A (oro) 5 % de renta 

» A m/n 7 % » » 

» B » 1 % » » 

» C » 7 % » » 

» D » 7 ''/o » » 

» E » 7 % » » 

Cédulas Hipotecarias Provinciales 

Serie A (oro) 6 % de renta 

» A $í. 8 % » » 

» E » 6 % » » 

» F mjn Q \ » » 

» G » 6 % » » 

» I » 8 O/o » » 

» J » 8 % » ;> 

» K » 8 "/o » » 

» L » 8 % » » 

» M » 8 ^/,j » » 

^ N » 8 "/o » 7' 

» O » 8 ^/o » » 

» P » 8 "/o » » 

Fondos y Títulos Públicos 

Fondos Públicos Nacionales de 1884 , 

Empréstito Nacional Interno 1891 , 

Id. de 1892 , 

Loteria Municipal de la Capital 



HASTA 

JUNIO 15 



Mas bajo 



50.50 
15.70 



47.'/io 
4.98 
4.99 
4.04 



22 - 

44 — 
24 - 



32 - 

95 — 
92 — 
92 — 
90 — 
90.70 



20 - 
35.50 
34 — 

33 — 
31.30 

34 — 

33 — 

35 — 
35 — 
34.30 

34 — 
34 — 
34 - 



53 - 

69 - 
64 — 
40 — 



49.20 
15.25 



47.V4 
4.96V. 
4.98 
4.03 



20 — 
37 — 

15 V4 



32 - 

95 — 
92 - 
92 — 

90 - 
90.70 



19 - 
34.90 
32.50 
31.30 
30.50 
33 — 
33 - 
31.20 
32 — 
32 - 
31.50 
31.50 
31.50 



53 - 

68.40 
61.50 
48.50 



Mas alto 



51.20 
15.88 



47.'/. 
4.98 
4.99 
4.04 



22 - 

47 — 
22.50 



32 - 

95 — 
95 — 
92 — 
90 - 
90.70 



20 - 
35.20 
32.50 
34.30 
34. ¿O 
33 — 
33 - 
33.10 
33.20 
32.30 
33.50 
33.50 
33.50 



53 - 
71.70 
64.50 
50 — 



Ultimo precio 

HASTA 

JUNIO 30 



50.50 
15.58 



47.1/., 
4.98 
4.99 
4.04 



20 - 
44 — 

15 V4 



32 - 

95 — 
95 — 
92 — 
90 — 
90.70 



20 - 
34.90 
32.50 

32 - 

31 — 

33 — 
33 — 
32.20 
32.10 
32.20 

32 - 
32 — 
32 - 



53 - 
71.70 
64.50 
49.50 



148 



DEL Rio de la Plata 



Acciones 



BANCOS 



Español del Rio de la Plata 

Italia y » » » » (oro) 

Crédito Real 

Nuevo Banco Italiano 

Banco de la Bolsa 

Francés del Rio de La Plata 

Hipotecai'io de la Capital (Bonos oro). 

Constructor de La Plata 

Id. id. (oblig-aciones) 

Agrícola Comercial 

Banco Inmobiliario 

Banco de Comercio 

Banco Caja de Descuentos 

Comercial de La Plata 

Comercial 

Banco Sud Americano 

Banco Nacional 



compañías 



La Edificadora 

La Previsora (Compañía de Seguros) 

La Primitiva Compañía de Gas 

Gas Argentino 

Empresa del Edificio de la Bolsa , 

La Argentina (fábrica de papel) 

Muelle y Depósitos de las Catalinas 

La Buenos Aires (Compañía de Seguros),. 

Compañia General de Reaseguros 

Kid y C'a 

Telegráfico Telefónica 

Constructora Argentina 



BOLSA DE MONTEVIDEO 

(DEL 14 AL 30 DE JUNIO) 



Billetes Banco Nacional 

Deuda Unificada 

Títulos hipotecarios Serie D 

Cédulas hipotecarias » A 

Id. id. » B 

Deuda amortizable • 

Deuda del Interior 

Deuda Independencia 

Deuda Consolidada 

Acciones Banco Hipotecario 

CAMBIOS 

Inglaterra 

Francia 

Bélgica 

Alemania 



Ultimo precio 

HASTA 
JUNIO 15 



IOS — 
86 — 

27 - 
50 — 
39.50 
45 — 
41 - 

4.50 
0.80 
15 — 
30.50 
80 - 
80 - 
8.50 
30 — 
30 — 

28 — 



80 
30 
87 
40 
125 
80 
10 
30 
7 
15 
65 
14 



50 — 
39 - 

28.70 
26.20 
28 - 
33 — 
27 - 
31.20 
37 — 
12 — 



50.-Vs 
5.32 
5.34 
4.29 



Mas bajo 



108 - 
86 - 

27 — 
50 — 
39.50 
47.50 
41 - 

4.50 
0.70 
20 — 
30.50 
80.50 
80 - 
8.50 
30 — 
34 — 

28 - 



79 — 
30 - 
87 - 
37 - 

150 — 

80 — 
9.30 

30 — 



15 
65 
14 



50 — 
39 — 

27 ~ 
26.30 

28 - 
33 — 
28.20 
31.20 
35 - 
10.20 

50 

5.32 

i. 33 

29 



Más alto 



110 - 

86 — 

27 - 
50 — 
39.50 
47.50 
41 - 

4.50 
0.80 
20 - 
30.50 
80.50 
80 — 
8.50 
30 — 
37 - 

28 - 



79 — 
30 - 
87 — 
40 — 

150 — 

80 - 
10.80 
30 — 

7 - 
15 - 
65 — 
14 - 



53 - 
39 — 

27 - 

28 — 

28 — 
33 - 

29 — 
31.20 
36 — 
11.20 



50.3/, 
5.32 
5.34 
4.30 



Ultimo preio 

HASTA 

JUNIO 30 



109 - 
86 — 
27 — 
50 - 
39.50 
47.50 
41 — 
4.50 
0.80 
20 - 
30.50 
80.50 
80 — 



50 



8. 
30 
37 
28 



79 — 
30 — 
87 — 
40 — 

150 — 

80 - 
9.90 

30 - 
7 — 
15 — 
65 — 
14 — 



53 - 

39 - 

27 — 

28 - 

28 - 
33 — 

29 — 
31.20 
36 - 
10.30 



5.32 
5.33 
4.30 



2^ Época. — Núm. 6 



20 de Julio de 1892. 



REVISTA ECONÓMICA 



DEL 



RIO DE LA PLATA 



DIRECTOR: DOMINGO LAMAS 



LA BOLA DE NIEVE 



Al ocuparnos del absentoismo argentino 
hicimos el cálculo de lo que importa el ca- 
pital extranjero del cual la República es 
tributaria, é indicamos lo que en el orden 
económico en general correspondía hacer, 
dejando para tratar en otra oportunidad la 
cuestión especial de la situación de la Ha- 
cienda de la Nación y de las Provincias, lo 
que, dada la deficiencia y la irregularidad 
con que se publican todos los datos al res- 
pecto, impone largos y muy penosos traba- 
jos de investigación. 

Aún cuando no hayamos terminado tan 
penosa tarea, que tendrá por lo menos el 
mérito de proporcionar los elementos nece- 
sarios á los llamados á solucionar los pro- 
blemas financieros del país, cuya gravedad 
todos presienten, podemos, con las cifras 
que tenemos por delante, apreciar hasta qué 
punto el mal se está agravando cada día 
m^s en el orden nacional, debido á una po- 
lítica económica que sentimos no estar en el 
caso de aplaudir. 

Una vez producida la crisis y demostrado 
por la práctica que era exesivo el peso de 
los servicios exteriores á los que no podía 
hacer frente la Nación, mientras la rique- 
za pública no adquiriese mucho mayor de- 
senvolvimiento, lo natural era adoptar, por 
una parte, las medidas tendentes á robuste- 
cer los elementos de producción y, por la 
otra, ya que había que declarar la imposi- 
bilidad de hacer frente á las obligaciones 
pendientes, tratar de realizar arreglos que 
consultasen las exigencias del presente y 



del porvenir; pero nada de esto se tuvo en 
cuenta adoptándose la más extraviada de las 
políticas económicas. 

Al decirlo no es nuestro propósito censu- 
rar especialmente á personalidad alguna; 
se trata de los frutos lógicos de la tendencia 
de anteponer á las necesidades de la produc- 
ción, las exigencias de los acreedores extran- 
jeros y las conveniencias inmediatas del co- 
mercio internacional, que el celo por el cré- 
dito del país é interesados consejos del co- 
mercio exterior hicieron predominar en el 
Gobiernoy en parte de la opinión más in- 
fluyente. 

Si bien se ha procedido con nobles propó- 
sitos, ha habido evidente inexperiencia, pues- 
to que, aún para consultar las exigencias 
del crédito de la Nación, que solo puede re- 
habilitarse y consolidarse por el aumento 
efectivo de la riqueza pública, se ha hecho 
todo lo contrario de lo que debía hacerse, de- 
bilitando en vez de robustecer el poder eco- 
nómico del país, dejando caer sus institucio- 
nes más importantes de fomento, y sacrifi- 
cando las conveniencias de la producción á 
las déla liquidación de los negocios de de- 
terminados gremios, ala par que se tomó el 
temperamento de capitalizar en proporcio- 
nes más rápidas que el que presenta el de- 
senvolvimiento del país, las deudas con 
cuyo peso no se podía. 

Hay más, la República había alcanzado á 
hacer empréstitos á 4 V2 0/°, los que no pudo 
pagar, y al aumentarse la deuda, se fijó el 
interés de 6 0/° sobre todas las sumas capita- 
lizadas! 

Aparte de ésto, ya para satisfacer exigen- 
cias exteriores, fuera de la posibilidad fl- 



150 



Revista Económica 



nanciera de la Nación, ya para reconstituir 
lo mismo que se derribaba, el capital de las 
deudas públicas vino á acrecentarse en la 
forma que vá á verse. 

El Gobierno y el Congreso comprendiendo, 
á fines de 1890, que se debía apoyar con toda 
preferencia íi las instituciones do crédito, 
crearon 25.000,000 de billetes para el Banco 
Hipotecario y 25.000,000 para el Banco Na- 
cional, los que fueron desviados de su desti- 
no y aplicados á anticipar pagos exteriores, 
que la Nación no iba á poder continuar. 

Para atender créditos diversos se emitie- 
ron además 16.000,000 

Privados los Bancos de los recursos vota- 
dos; heclia conciencia en el público de que 
el Gobierno no daría ni al Banco de la Pro- 
vincia, ni al Banco Nacioual, el papel que ne- 
cesitasen en momentos de apremio, el páni- 
co se produjo, como debía pi'oducirse, y ad- 
quirió mayor fuerza con las gestiones del 
Empréstito Popular, que resultó ineficaz 
no obstante crearse fondos públicos por 
30,000,000. 

El siempre fune.^to principio de las res- 
tricciones en tiempo de crisis, impuesto por 
el sindicato inglés, así comola esperanzaque 
resultó defraudada de obtener la creación 
de una poderosa institución extranjera sobre 
la ba.se de la ruina de las nacionales, llevó 
al gobierno á admitir y á sancionar la caída 
de éstas. 

Conocido poco después el error, .se trató 
de remediarlo y, con el objeto de reemplazar 
al Banco Nacional, y hacer oficialmente la 
liquidación de éste, se emitieron 50.000.000 
en papel como capital del Banco de la Na- 
ción y 30.000.000 de Fondos Públicos para 
adquirir las acciones do los particulares; 
despartidas que representan 80.000.000, en 
cambio de no poderse, con este sacrificio, 
suplir los servicios de los Bancos oficiales 
que se dejaron caer, .y de no compensar la 
adquisición de las acciones de los particu- 
lares, lo que valían en plaza las que la Na- 
ción pierde al liquidar e.se e.stablecimiento. 
, En cuanto á. la deuda externa, ella ha 
aumentado: 1** con pfs. 75.000.000 oro con 
6 "/o por capitalización de intereses y 2» con 
ps. 37.000.000 para la adquisición de las 
obras de salubi'idnd, por los cuales liabrA 



que exportar en sei'vicios, por lo menos, tanto 
como lo que impoitarían los dividendos de 
la empresa. 

No hay en todo esto, como se vé, la ad- 
quisición de ningún nuevo elemento de 
producción para el país, á no ser el indirecto 
de la mayor amplitud en la circulación que 
proporcionan las emisiones de papel. 

Las cifras que damos, inducen á muy se- 
rias consideraciones. 

Hemos visto en nuestro artículo anterior 
que la deuda del país con el extranjero no 
podía calcularse en menos de 1.500 millones, 
de pesos oro y que el servicio de sus inte- 
reses y utilidades representaba más que la 
exportación total déla República y, en pre- 
sencia de esto, en vez de minorar los .sacri- 
ficios y las inversiones improductivas, se 
ha forzado la máquina, liaciéndola seguir, 
con rapidez creciente, por el extraviado 
camino del aumento estéril do los compro- 
misos de la Nación. 

Sumando indistintamente el oro y el 
papel, las Deudas Públicas emitidas en 
éstos dos últimos años, sin compensación de 
fomento de la riqueza pública, importan 
$ 288.000.000, que representan un aumen- 
to diario de 400.000 pesos, y si calculamos el 
valor del oro, ese aumento resulta ser de 
más de 600.000 pe.sos por día : más de 400 
pe.sos por minuto! 

E.sta es como una bola de nieve que crece 
con progresión asombrosa, pero con la 
diferencia de no ser, como aquella, fácil de 
di.soIver. 

Las cifras que damos importan la conde- 
nación de un si.stema contra el cual es nece- 
.sario reaccionar pronta y vig()rosamente. 

No es, ni con pequeñas economías para 
con los de casa é inso.stenibles concesiones 
para los de afuera, ni con medidas parciales 
é incoherentes, ni con la multiplicación y 
elevación de impuestos con propósitos fisca- 
le.s, (|ues9 obtendrán los medios de mejora 
de la situación de la Hacienda Nacional. 

Si bien notamos el mas completo antago- 
nismo entre las exigencias de los acreedores 
extranjeros y lo que aconseja el desenvol- 
vimiento de la riqueza del país, hay en el 
fondo la más completa armonía en las con- 
veniencias de todos, puesto que es solo fo- 
mentando la pi'oducción, desenvolviendo las 



DEL Rio de la Plata 



151 



industrias y aprovechando la fertilidad de 
las inmensas zonas de tierraque existen aún 
incultas en todas las provincias, que la Ee- 
pública podrá dominar sus actuales conflic- 
tos, como los Estados Unidos, en peores cir- 
cunstancias, han dominado los suyos. 

Tenemos, por delante el reciente mensaje 
de Santa Fé con motivo de la apertura de 
las Cámaras, 3" basta ojearlo ligei-amente 
para apreciar todo lo que puede ofrecer el 
trabajo aplicado á la cultura en el \ asto 
territorio argentino. 

Las cifras que presenta, alientan y hacen 
vislumbrar lo que produciría una política 
de amplio y despreocupado fomento. 

En 1863, empezó el movimie?>to coloniza- 
dor de Santa Fé y solo tenía entonces 8437 
hectáreas cultivadas; en 1872 la zona culti- 
vada era de 62.548 hectáreas; en 1882 de 
232.3C7 hectáreas; en 1891 de 656.277 hectá- 
reas y en 1892 de 848.648 hectáreas en las 
Colonias oficialmente reconocidas, pudien- 
do calcularse el total de la extensión cultiva- 
da en la Provincia en 1.000.000 dehectáreas. 

Solo en el año 1891, se han creado diez y 
siete colonias nuevas con 156.003 hectáreas. 

La superficie cultivada es de cerca de cator- 
ce veces más de la que era hace veinte años. 

La progresión en el valor de las cosechas 
no es menos notable, puesto que ascendió 
en 1890 á $ 29.896.987; en 1891 á $64.371.836 
y en 1892 á $ 75.000.000, próximamente á 
11.000.000 más que el año anterior; todo 
ésto no obstante la crisis y en parte debido 
á lo mismo que se há querido evitar por los 
consejos interesados de parte del comercio. 

Por un fenómeno de compensación, dice 
el mensaje, al referirse á la crisis, «resulta 
que la depreciación de la moneda fiduciaria 
ha venido á fomentar la producción nacio- 
nal, poniéndola en condiciones de .soportar 
ventajosamente la ccmpetencia extranjera.» 

En cuanto á movimiento industrial, el 
mensaje suministra los siguientes datos, que 
vienen á demostrar cuanto en esa esfera de 
acción puede conseguirse en el país. 

La refinería del Rosario ha elaborado, 
desde su instalación, en el 1° de Noviembre 
de 1889, hasta ahora, 26.631,895 kilogramos 
de azúcar bruta, produciendo 22.669,990 ki- 
logramos de refinada, ó sean como diez mi- 
llones de kil(')gramos por año, empleando de 



350 á 400 personas para el funcionamiento 
de la fábrica. La destilería de alcoholes « La 
Rosario, » ha fabricado durante el año 1891, 
1.435,054 litros de alcohol, repartiendo á los 
accionistas un dividendo de 20 op. 

En un artículo debido á uno de nuestros 
distinguidos colaboradores, que hemos pu- 
blicado en núraei'os anteriores, están los da- 
tos que demuestran los elementos de riqueza 
que paralas provincias del norte representa 
la industria azucarera; agregúese á esto el 
considerable desarrollo de la vinicultura 
operado en estos últimos años y las de- 
más fuentes de producción que poseen las 
Provincias, y severa cuanto ha}' que espe- 
rar, con tal de que, abandonándose el régi- 
men de las restricciones y los expedientes 
del crédito exterior, se complementen las 
medidas de protección aduanera, con buenas 
leyes agrarias y un sistema racional y am- 
plio de crédito de habilitación. 

En una palabra, en vez de seguir aumen- 
tando deudas, trátese de aumentar los pro- 
ductos, solo con lo cual se podrá llegar á 
cumplir efectivamente los cotnpromi.sos 
públicos; antepónganse las conveniencias del 
trabajo nacional á todas las demás exigencias 
y con.si aeraciones, aprovechando así la ex- 
periencia de los dos últimos años. 



La inoneáa y el curso forzoso 



I 

Un colaborador de la «Nueva Época» de 
Santa Fé, que se firma Ubururí, seudónimo 
de un distinguido caballero de Buenos Ai- 
res, e.studia con erudición y competencia la 
ley argentina de Octubre de 1885, que dio 
á los billetes inconvertibles el curso legal 
en vez del curso forzoso, lo que considera 
un error científico y la causa de muchos 
males y abusos que la práctica ha compro- 
bado. 

La materia puede decirse que es una de 
las que más se han debatido en ambas már- 
genes del Plata, desde el memorable Con- 
greso de 1826 hasta la fecha, no obí^tante lo 



152 



liEVISTA ECOXUiMICA 



cual nos hallamos hoy tan lejos como en el 
primer día de un acuerdo razonable. 

Las soluciones mas recientes lo confir- 
man. En los conflictos entre la falta de me- 
tálico para constituir el medio circulante, y 
los intereses de los que creen que pueden 
imponer en sus transacciones los pagos á 
oro en vez de los pagos en moneda legal, se 
ha dado en adoptar, en las Repúblicas Orien- 
tal- y Argentina, el término medio del curso 
legal que, por una parte, monetiza el papel, 
mientras que, por otra, lo reduce íi una 
simple mercadería y obliga á pagar el equi- 
valente del metálico. 

Nada más falso que el in medio ver Has, por- 
que si bien las exageraciones nos separan de 
la verdad, el punto intermedio entre lo 
cierto y el error nos deja fatalmente en este 

último. 

El temperamento del curso legal esta- 
blecido con el propósito de armonizar una 
circulación inconvertible con los pagos á 
metálico, nos recuerda la siguiente anécdo- 
ta. Se disputaban con calor dos individuos 
.sobre si eran mejores las ovejas negras ó las 
blancas, y no pudiendo entenderse, recu- 
rrieron aun tercero que, para cortar toda 
dificultad, resolvió, recordando á un espiri- 
tual escritor, que las mejores eran las de 
color ceniza, término medio de las preten- 
ciones de uno y otro. 

Los partidarios de los pagos á metálico, 
aun en los casos de su falta para las necesi- 
dades de las transacciones, invocan la fé de 
lo pactado, la libertad de los contratos, la 
no retroactividad de las lej'es y los altos in- 
tereses sociales que con estos se vinculan, 
así como también la limitación de la facul- 
tad del Poder Legislativo en materia de cir- 
culación monetai'ia, á todo lo cual el colabo- 
rador de la «Nueva Época» opone las muy 
oportunas consideraciones que van á verse, 
y que creemos conveniente estractar, á fin 
de dar una idea del estado del debate, al que 
nos proponemos entrar en vista de su ac- 
tualidad y trascendental importancia. 

El Sr. Ubururí empieza por decir «que el 
billete de curso legal que circula en la Re- 
pública, que produce su completo desqui- 
cio, que consagra el agio y todas las irregu- 
laridades que de él emanan, es una creación 
híbrida del consorcio entre la ignoi-anciu de 



los principios económicos y de la falta de 
energía que ha caracterizado nuestras últi- 
mas administraciones». 

Los Bancos emisores de los billete? ofrecen 
pagar en moneda nacional, y ¿que es esa 
moneda nacional? 

¿La moneda no existente en plaza que se 
podia acuñar antes? ¿Que importa entonces 
esta promesa? 

El Congreso al declarar el cur.so legal ha 
querido crear una moneda. El Congreso, 
agrega, tiene facultad soberana de crear el 
papel moneda como representativo de mo- 
neda de ley que haya acuñado y que entre- 
gará al portador de aquel cuando se lo 
exija, y para casos extraordinarios plenamen- 
te justificados, en los que rige la suprema 
le^^ de la necesidad, de acuñar moneda na- 
cional sobre papel ó sobre cualquier pasta 
sin valor intrínseco, dando á esa moneda va- 
lor fijo chancelatorio. 

Emitir papel moneda lo considera una 
facultad incontestable é incontostada del 
Cuerpo Legislativo, « pei'o el billete de 
cui-so legal, dice, sin valor fijo chancelato- 
rio autorizado por nuestro Congreso no es 
papel moneda. Carece de la condición in- 
dispensable del valor fijo chancelatorio que 
lo caracteriza.» 

En apoyo de ésto cita la opinión de Dallóz, 
que dice que *el papel moneda no existe 
sino en virtud de una dispo.>ición legal de 
ios Poderes Políticos que confieran curso for- 
zoso, y la de Aubrí y Rau, según los cuales 
«los valores en papeles no podrían desempe- 
ñar un rol de moneda sino bajo el imperio 
de una \qy que les atribuya curso forzoso». 

Establecido ésto, aplaude el decreto del 
Gobierno Nacional de 9 de Enero de 1885, 
que al decretar la inconversión por dos años 
daba ú los billetes el curso forzoso, si bien 
usaba el término de curso legal, desde que 
ordenaba que fuesen admitidos como pesos 
oro por las oficinas nacionales y por los par- 
ticulares, y censura lógicamente la ley de 
13 de Octubre del mismo año que, al sancio- 
nar la inconversión, establecía, poi- su artí- 
culo tercero, que las obligacionescontraidas 
á moneda nacional oro, anteriores á la fecha 
de aquel decreto, podían ser chanceladas en 
billetes de curso legal por su valor escrito, 
pero que las contraidas con designaciini de 



DEL Rio de la Plata 



153 



moneda especial lo serían en los mismos 
billetes por su valor coi-i'iente en la plaza 
el (lia de su vencimiento. 

Nos detendremos aquí en el extracto, y 
transcribiremos integra la crítica que so- 
bre esa disposición hace el señor übururi, 
no queriendo privar á nuestros lectores de 
la lóg-ica y del vigor de su argumentación. 

«Recuérdese que todos esos billetes, para 
tener circulación, y ser considéranos como 
moneda nacional, tenían que ser revestidos 
del sello de la Nación.— Pues bien; ese bille- 
te, e.sa moneda así acuñada, en virtud de la 
Sobei'anía Nacional, fue revestida por el 
Congreso de un doble carácter, que lo anu- 
laba por su misma contradicción. 

«Al que, sometiéndose á la ley dictada por 
el mismo Congreso, había ajustado obliga- 
ciones en moneda nacional acuñada sobre 
papel, y á los que, prescindiendo de nues- 
tra ley monetaria, hablan ajustado obliga- 
ciones en otra moneda, les acordaba el dere- 
cho de exijir el pago en oro efectivo, 6 en 
billetes que la misma ley había revestido 
con el carácter de moneda ?iacional. pero 
con la depreciación que les hubiera dado 
el agio. 

«Es decir; el Congreso por ese funesto art. 
3" imponía al billete el carácter de moneda 
nacio7ial, con fuerza chancelatoria por su 
valor escrito, como se lo había dado el De- 
creto de inconversión, y lo despojaba almis- 
mo tiempo del carácter de moneda, quitán- 
dole el valor fijo chancelatorio indispensable 
para su acuñación. 

«El que, con toda buena fé, había deposi- 
tado en los Bancos onzas, libras, condores, 
recibiéndola nota del depósito por tantos 
pesos nacionales oro, que aquellas monedas 
representaban al hacerlo, se le podía abonai" 
su crédito con papel que no era moneda 
desde que no tenía valor fijo chancelatorio; 
y al que, por hábito, ó por sistema de con- 
tradicción con lo ordenan nuestras leyes, 
habían determinado en sus obligacienos 
otras monedas de valor equivalente al de 
nuestra moneda acuñada, á estese le debie- 
ra pagar nn oro ó plata, ó en tanta cantidad 
de billetes, cuantos fueran necesarios para 
comprar la especie á los agiotistas que, cual 
creaciones espontáneas, surgieron de aquel 
monstruoso enc:endro. 



«AI qufi violaba la ley de moneda se le 
premiaba, haciéndole pagar en oro efectivo. 
obligaciones que, ajustándose á aquella, de- 
bían determinar tantos pesos nacionales oro 
en vez de tantos pesos fuertes, tantas onzas 
ó tantas libras.» 

II 

Siempre que se ha querido dilucidar esta 
cuestión, ya en las Cámaras, ya en la Tribu- 
nales, se ha tenido que recurrir á la defini- 
ción de la moneda, cuyo concepto es, en 
efecto, imprescindible para tratar con acier- 
to la materia.— Sin una idea clara al res- 
pecto, es imposible cualquiera apreciación 
justa, ya desde el punto de vista económico 
y legal, ya desde el especial de las faculta- 
des constitucionales. 

Nos es, pues, forzoso empezar por aclarar 
ésta cuestión fundamental. 

La escuela contraria á todo régimen de 
curso forzoso, no vé en la moneda más que 
una materia común, materia de comercio 
y no de legislación, no queriendo conceder 
al Estado más atribuciones al respecto que 
las de certificar la cantidad y la calidad 
del metal. Es un artículo de comercio que, 
según ella, debe darse ó recibirse libremen- 
te, pudiendo compi-ometerse las partes á 
entregar tantos billetes ó tantas monedas de 
oro y de plata, según crean conveniente y 
de acuerdo con el mismo derecho con el 
cual pueden comprometerse á entregar 
tantos litros de vino, fanegas de trigo ó 
kilos de azúcar. 

Esta similitud se funda en el desconoci- 
miento de la naturaleza de la moneda, de 
sus funciones naturales y de su importancia 
legal. 

La función más fundamental de las mo- 
nedas es la intermediario de los cambios 
función capitalísima y predominante en la 
sociabilidad económica. 

En un estado primitivo de las sociedades, 
los hombres para efectuar sus cambios tra- 
taron de obviar la dificultad que les presen- 
taba la múltiple variedad de los productos 
y la desharmonía de las necesidades de 
unos y de otros. Esta dificultad se suprimió 
adoptándose una mercadería intermediaria, 
entrándose á efectuar cambios dobles ó los 
medios cambios, según la expresión de 



154 



Revista Económica 



Molinari; el del producto disponible por la 
mercadería intermediaria ó la venta, y el 
de la adquisición con él de los productos 
necesarios, ó sea la compra. 

Estas operaciones pueden ser sucesivas, 
inmediatas ó diferidas, según los cambio^ 
entre los productos se perfeccionen parcial ó 
totalmente en un corto tiempo ó queden por 
perfeccionarse en otro más largo é indefi- 
nido, en cuyo caso llegan á tener ma^'or 
importancias determinadas condiciones del 
intermediario de los cambios. 

Esta duplicación de operaciones en vez de 
complicar simplifica, y en vez de dificultar 
facilita y aumenta la rapidez y el poder de 
los cambios, hecho que nos recuerda como 
en mecánica la multiplicidad de las ruedas 
aumenta el efecto. 

Por el hecho de convertirse toda la oferta 
de un producto en pedido de la mercadería 
intermediariay de hacerse efectiva la deman- 
da por medio de la oferta de ésta, se suprí- 
mela falta de coincidencia entre los artícu- 
los determinados y múltiples que de parte 
á parte pudieran disponerse y, según la 
cantidad que se pida ó se ofrezca de la mer- 
cadería, fácilmente se establece la equiva- 
lencia necesaria. 

La moneda, pues, suprimiendo la falta de 
coincidencias y de equivalencias que impe- 
ran en un estado primitivo, permite la am- 
plia división del trabajo y reemplaza las 
ofertas y demandas aisladas por la vasta de 
la producción y del consumo general, á la 
par que proporciona un abasto tanto más 
económico y abundante, cuanto más es- 
tensa sea su acción. 

El régimen monetario se caracteriza así 
por el uso de un intermediario común; la 
elección arbitraria para los cambios de di- 
versas mercaderías, es el régimen de la per- 
muta; es un orden social distinto y primi- 
tivo. 

La permuta es el aislamiento perlas difi- 
cultadas constantes y muchas veces insalva- 
bles para la relación de los hombresen la es- 
fera de sus conveniencias ordinarias, mien- 
tras que la institución de la moneda, como 
el idioma, es la sociabilidad ampliamente 
facilitada y fecunda. Este promueve el 
cambio de ideas y de impresiones, aquella 
el de las producciones materiales y de ser- 



vicios recíprocos. De ahí el que ambos ele- 
mentos surjan, se perpetúen y se perfeccio- 
nen con la sociabilidades humanas. 

De ésto resulta, pues, que todo lo que tien- 
da á quebrantar la unidad del agente mone- 
tario es contrario á su esencia y á las bases 
del orden económico moderno. 

De ahí el que la institución de la moneda 
sea una atribución soberana, y la conserva- 
ción de su unidad, deber ineludible de los 
Poderes Públicos. 

La función de intermediario general de 
cambios dio origen á la accesoria do término 
de comparación de valores. 

Para el desempeño de una y de otra fun- 
ción, lo que se requiere no son condiciones 
físicas ni composiciones químicas determi- 
nadas sino el ser un valor, ó, más propiamen- 
te espresado, el poder de adquisición que éste 
implica. En los dobles cambios inmediatos, 
se dan productos contra el poder de adqui- 
sición con el cual se obtienen los que á su vez 
requiera el vendedor, y, en las operaciones 
de préstamo, se dan y se reciben las monedas 
en vista de ese poder que representan. 

Tal es la moneda, que no resulta una sim- 
ple mercadería cuyo fin es el consumo ó un 
mero signo desde que es de esencia que sea 
un valor. 

Así, pues, al Estado corresponde imponer 
y conservar la unidad de un régimen mo- 
netario que es excluyente del régimen de 
las permutas, como la extensión que se ha 
pretendido dar, partiendo de un concepto 
falso, á la libertad de contratos, es excluyen- 
te del régimen monetario. 

III 

Dana Hoi'ton, Lavelej^e y otros economis- 
tas distinguidos pretenden fundar la in- 
tervención de la ley en materia de moneda, 
ya sea en el hecho de que el Estado tiene 
que fijar la forma en que se le abonen sus 
impuestos, ya en el de que le correspon- 
de establecer los medios en que se cum- 
plen las obligaciones, y, por último, en las 
consideraciones del interés general en casos 
de apremio del Tesoro ó de rarificaciones 
de numerario. 

Ya en el memorable Congreso Argentino 
de 1826 se había hecho la distinción legal 
entre los contratos de entrega de merca- 



DEL IvIO DE LA PLATA 



15- 



derías y los de entrega de dinero, estable- 
ciéndose, por ejemplo, que una letra de 
cambio importaba la obligación de entrega 
de lo que la ley declarase moneda y no de 
cualquier mercadería que las partes quisie- 
ran estipular. 

Nosotros nos permitiremos ir más lejos 
diciendo que desde que la unidad del interme- 
diario de los cambios es rasgo caracteris" 
tico de la moneda, con lición de esencia de 
todo el orden económico, es la ley y no el 
arbitrio individual el que debe regirla. 

Desde el concepto fundamental que hemos 
establecido, no seguí rem.os así a Robert Peel, 
que decía que una libra esterlina son tantos 
miligramos de oro, sino que sostendremos 
que el peso nacional no es la expresión de 
tantos miligramos de metal y que estos son 
condiciones de forma, como lo es el emble- 
ma, el cordón, etc. ó los gravados y las bases 
de emisión del papel, etc. La ley al determi- 
nar lo que debe representar el peso nacional 
no hace más que establecer las condiciones 
de su representación material y en esto 
debe consultar las exigencias de las leyes 
naturales, que determinan el valor de las 
cosas, siendo la moneda más perfecta la que 
logre conciliar el valor real con la represen- 
tación legal. 

Contribuye á extraviar las ideas en el 
pueblo y en los legisladores el hecho de 
admitir.se en la circulación monedas espe- 
ciales extranjeras; pero hay que tener pre- 
sente que, simultáneamente, seles asigna un 
valor en moneda nacional con lo cual se 
salva siempre el principio de la unidad. 

El decirse tantas libi-a.?, es lo mismo que 
decir tantos pesos nacionales álos efectos de 
la circulación del país, de donde resulta la 
asimilación completa á los efectos de la 
ejecución de los contratos entre la libra y los 
pe.sos nacionales, similitud contra la cual 
no pueden oponerse las cotizaciones bursá- 
tiles. 

Legalmente, hoy como antes, una libra 
debería pagarse con cinco nacionales, puest j 
que ante las leyes monetarias, que son le3^es 
de orden público, y muy fundamentales en el 
orden económico, ellas no representan más. 

La ley de 1885, que con razón critica el 
colaborador de la Nueva Época, ha descono- 



cido e.stos principios cardinales y de ahí las 
injusticias y las anomalías que hace notar. 

Si la moneda debe ser de metal ó de papel 
es cuestión de conveniencia y nó cue.stión de 
esencia y por lo tanto está sujeta á conside- 
raciones prácticas. Ya no es la cuestión 
fundamental de principios: es materia de 
buen criterio. 

El ideal de perfección en la materia es la 
ñjeza de valor, y el valor no depende ni de 
ninguna condición química ni de ninguna 
pi'opiedad física; es una mera relación entre 
la cantidad ofrecida y la cantidad deman- 
dada de cualquier cosa. 

Esta ya es una verdad de antiguo recono- 
cida pue.sto que el notable jurisconsulto 
Paulus la ha manifestado, como se vé en el 
Digesto, de un mi do preciso. 

Hablando de la moneda, dice: «eaque 
materia forma publica percussa, usum do- 
oiiniunque, non tam ex substantia praebet, 
quam ex quantitate» «Esta materia, seña- 
lada con una marca oficial, obtiene su uso 
y su poder de pago no debido á su sustan- 
cia pero ásu cantidadi>. 

Un notable economista norte americano A. 
Del Mar, de acuerdo con éste concepto fun- 
damental del valor dice «The unitof money 
!s all money*. 

El valor de una moneda de oro no depen- 
de de la ma^'or ó menor cantidad de metal 
fino que contonga cada disco, sino de la to- 
talidad de metal que circule como moneda, 
y la importancia de los pedidos de ella que 
puedan hacerse efectivos, salvedad ésta 
última que hacemos á fin de que no se 
confunda la necesidad que no pueda actuar 
con la que se manifieste en condiciones de 
pi omover demandas reales. 

La única superioridad que la práctica ha 
podido atribuí rala moneda de metales la de 
que su costo y su fácil exportación evita los 
exesos de oferta, pero, en cambio, está suje- 
ta á la insuficiencia de su provisión, siendo 
fácil demostrar que, .si maloes lo primero, lo 
segundo tiene aún peores con.secuencins 
prácticas. 

Es contrario á la equidad que el que ha- 
ya entregado un poder de adquisición, que 
por ejemplo, se represente por cien de artí- 
culos generales, se vea obligado á recibir lo 
que solo equivalga ochenta en estos artícu- 



156 



Revista Económica 



los, pero es, á la vez, igualmente injustoque 
en los casos de rariflcación del oro, que lleve 
los productos generales á la mitad de su va- 
lor comparado al del metal amarillo, tenga 
el que ha recibido el equivalente de cien 
que entregar el valor de doscientos para 
cumplir su obligación; que pagar en rea- 
lidad dos por uno. 

Esto se impone con el curso legal tal 
como aquí se le entiende, debido á la abe- 
rración de considerar la moneda una canti- 
dad de metal en vez de un mero interme- 
diario; un representante de la generalidad 
de los valores, en vez del representante 
del valor del oro. 

Si de esto pasamos á considerar el orden 
de los intereses generales, veremos que no 
se les consulta bien cuando se quiere dar 
un privilegio á favor de los capitales mo- 
netarios tan extenso, que no solo los preser- 
ve de todo perjuicio de las calamidades de 
carácter general, sino que puedan aún re- 
sultar gananciosos en medio de los mayo- 
res cataclismos y á expensas de la agrava- 
ción de la ruina de las clases directamente 
productoras. 

Es sin duda de gran utilidad pública ga- 
rantir á los prestamistas y acumuladores de 
capital en moneda, á los que en forma de 
ésta hayan acumulado su trabajo pasado, 
pero hay que considerar también el trabajo 
presente y animar de preferencia las inver- 
siones reproductivas. 

Otra consideración haremos, por último, y 
es que si bien la abundancia de moneda 
perjudica á algunos gremios favoreciendo á 
otros, su escasez afecta, perturba, abate todo 
el organismo económico; sale de la esfera de 
los males parciales para contrariar las más 
altas y vitales conveniencias generales. 

De ahí la necesidad de que el Estado vele 
por la suficiente provisión de moneda dándo- 
le preferencia la sobre cuestión de materia. 



IV 



Por más que ha^^amos querido evitarlo 
ésta cuestión nos ha llevado ya muy lejos y 
es el caso de que resumamos nuestras 
ideas. 

El curso legal tal como lo entiende la ley 
de Octubre del 85 es contrario á la noción 



clara de la moneda, que es la de intermeda- 
riogeneral en los cambios, y de fuerza chan- 
celatoria de todas las obligaciones sin que 
en contrato alguno por dinero puedan lícita- 
mente imponerse condiciones contrarias á 
éste concepto. 

Loque la lej' citada hace importa permitir 
quebrantar la constitución moneteria,base 
de nuestra sociabilidad, autorizando el régi- 
men de las permutas, y no solo imponer los 
perjuicios aislados que tan claramente re- 
fiere el colaborador de la «Nueva Época» 
de Santa Fé, sino que permitiendo limitar el 
uso de'la moneda de papel, ataca su base de 
valor y perjudícala generalidad, así como 
desvirtúa la inteligencia lógica y científica 
del curso dado á las monedas extrangeras 
que no puede representar en obligación al- 
guna nacional más que el valor legal ó no- 
minal que tengan asignado, y en virtud 
del cual circulaban y no en virtud de su ma- 
teria. 

El Señor Ubururí hace además, accidental- 
mente, una observación importante de la 
que extrañamos no haya sacado todas las 
consecuencias á que se presta. Dice muy 
bien que el Congreso puede mandar acuñar, 
si quiere, Argentinos de cobre. 

Guillermo III de Inglaterra dio un ejem- 
plo análogo haciendo acuñar libras esterli- 
nas con caserolas viejas. Las libras primiti- 
vas francesas que en la época de Cario Mag- 
no eran el equivalente de 87 francos en 
oro, se convirtieron por alteraciones en su 
metal al equivalente de un franco; los ma- 
ravedíes de oro se acuñaron más tarde en co- 
bre y después de poder adquirir un valor 
en oro de 17 á 18 francos, apenas son hoy un 
valor igual á un centesimo en oro. 

Los copeks que eran de plata, los hizo acu- 
ñar el Czar Alexis en cobre. 

No queremos por ésto decir que los Ar- 
gentinos deban hacerse en cobre, pero sí ha- 
cer resaltar el significado del inciso 10 artí- 
culo 67 de laConstitución, que establece, en- 
tre las facultades del Congreso, la de &hacer 
sellar moneda, fijar su valor y el de las ex- 
trangeras» loque es excluyente del princi- 
pio erróneo de que el Estado en materia de 
moneda solo debe certificar el peso y fino 
que ellas contengan, quedando su represen- 
tación monetaria al arbitrio del comercio. 



DEL Rio he la Plata 



157 



Para la Constitución la fuerza chancelato- 
ria de una moneda nacional no depende del 
valor del metal de que se componga y las 
monedas extranjeras á que sedé curso na- 
cional solo serán representativas del valor 
nominal que la ley del Congreso les asigne. 

La Suprema Corto de Justicia de Estados 
Unidos en una resolución de Marzo de 1884, 
ha i-econocido al fin la facultad del Congre- 
so, cuestionada antes, para emitirbilletes con 
curso forzoso y no solo en los casos de gue- 
rra sino también en plena paz, como medio 
de proveer la circulación. 

El Congreso, dice, «tiene la facultad de 
emitir las obligaciones de los Estados Uni- 
dos en esa forma y darle las condiciones de 
moneda para la compra de mercaderías y el 
pago de deudas, de acuerdo con las prácti- 
cas de los gobiernos soberanos. Ese poder 
como consecuencia de la facultad de hacer 
empréstitos y de emitir letras y billetes del 
Gobierno con ese objeto, de imprimir en 
esas letras ó billetes la facultad chancelato- 
ria de las deudas particulares, es un poder 
que era universalmente reconocido como 
perteneciente ala soberanía en Europa y en 
América en la época en que se hacía y se 
adoptaba la Constitución de los Estados Uni- 
dos. 

«La facultad de sellar billetes de los Esta- 
dos Unidos con curso forzoso para el pago de 
las deudas privadas, estando incluida en la 
facultad de tomar dinero en préstamo de 
provee)' á la circulación nacional, no es per- 
judicado ni restringido por el hecho de que 
su ejercicio pueda afectar el valor de los 
contratos privados. Si de una justa y since- 
ra inte:"pretación de toda la Constitución 
resulta el Congi-eso revestido de un poder 
especial ó autoridad, no es objeción constitu- 
cional contra su existencia ó su ejercicio la 
de que la propiedad ó contratos particulares 
puedan ser particularmente afectados. » 

«El Congreso, agrega, como la legislatura 
de una nación soberana, estando expresa- 
mente facultado por la Constitución para 
«crear y hacer cobi-ar impuestos á fin de 
« pagar las deudas y proveer á la común 
« defensa y al bienestar general de los Es- 
«tados Unidos» y «para sellar moneda y 
« determinar el valor de ellas y de los cuños 
«extranjeros», y estando claramente auto- 



rizada, como consecuencia del ejercicio de 
éstos grandes poderes para emitir títulos 
de crédito, crear Bancos Nacionales y pi-o" 
veer á una circulación nacional para todo 
el pueblo en la forma de moneda sellada, 
notas de Tesorería y billetes de Bancos Na- 
cionales y siendo el poder de dar á los bille- 
tes de Gobierno fuerza chancelatoria de las 
deudas privadas uno de los poderes inhe- 
rentes de la soberanía y no expresamente 
restringido al comercio por la Constitución; 
somos irresistiblemente llevados á la conclu- 
sión de que el dar á las notas de Tesorería 
de los Estados Unidos la condición de fuerza 
chancelatoria en los pagos de deudas privadas 
es un medio apropiado, conducente y com- 
pletamente adaptado para la ejecución de 
los indudables poderes del Congreso que 
resultan de la letra y del espíritu de la 
Constitución y de acuerdo con el cual es 
necesario y propio para la efectividad de 
los poderes de que está investido el Gobierno 
de los Estados Unidos». 

«Siendo tal nuestra conclusión respecto de 
la ley, la cuestión de sí en cualquier tiempo 
en guerra ó en paz, la exigencia es tal, por 
extraordinarias y premiosas necesidades de 
parte del Gobierno, ó de insuficiencia de 
provisión de oro ó de plata para proveer las 
necesidades de la circulación, por parte del 
Gobierno del pueblo, esta es una materia de 
hechos que debe ser determinada por el Con- 
greso cuando se presente y no una materia 
judicial que pueda someterse á la Corte». 

Dada la analogía de las instituciones que 
rigen á la República Argentina y á los 
Estados Unidos, nos parece concluyente, 
para la dilucidación de la materia de este 
artículo, la jurisprudencia contenida en la 
sentencia de la Suprema Corte norte-ameri- 
cana que acabamos de reproducir. 



CARTA ECONÓMICA 



EXPANSIÓN Y RESTRICCIÓN 



Hace pocos meses que, en presencia de la 
crisis que se ha dejado ir agravando en la 
República Oriental, dirigimos al Telégrafo 
Marítimo de Montevideo la carta que á 
continuación publicamos y que ofrece por 



158 



Revista Económica 



lo menos el interés de los datos 3^ de las opi- 
niones de primeras autoridades en materia 
de crisis. 

Este estudio es hoy de actualidad no sólo 
para la Repviblica vecina, que vemos perse- 
verar en el mal camino, sino también para 
la República Argentina donde se viene im- 
poniendo el mismo errado criterio, que des- 
graciadamente ha predominado allí de un 
modo tan funesto como absoluto. 

Señor Director de El Telégrafo Marítimo. 

I 

■ Las falsas concepciones en materias eco- 
nómicas constituyen el mayor flagelo que 
puede azotar á un pueblo, puesto que lo 
ataca en las condiciones esenciales de su vi- 
talidad y lo inducen á los más funestos ex- 
travíos, como lo comprueba el hecho de que 
bastó una apreciación equivocada de la mo- 
neda para abatir el más grande de los 
imperios modei-nos, ahondar en la Europa 
civilizada los antagonismos nacionales, y 
crear un estado de gueiTa que subsistió tan- 
to como perseveró el error que las provo- 
caba. 

Nuestra historia, como la de todos los otros 
pueblos, está también llena de ejemplos de 
la calamitosa influencia que tienen los 
errores de este género, habiendo quizá daña- 
do más á nuestra riqueza pública los falsos 
profetas económicos y los hacendistas teóri- 
cos, que las montoneras de las guerras civi- 
les, cuya crudeza y mayores devastaciones, 
no han alcanzado nunca á producir largos 
abatimientos como el que, por ejemplo, se 
originó con la caída de los Bancos sacrifica- 
dos á nombre de erróneos principios. 

Ahora mismo, si investigamos las causas 
de la crisis que nos postra, hemos de encon- 
trar que el mal proviene del predominio in- 
teresado de falsas ideas, tal vez más intere- 
sadas que falsas, de unos pocos que lucran 
con la ruina general, ideas que, por igno- 
rancia ó espejismo económico, son admitidas 
por la masa general del vulgo. 

II 

A diario se repite que es conveniente que 
termine la liquidación, con lo cual, volvien- 
do la confianza, los capitales entrarán de 



nuevo en su giro habitual y, nuevo fénix, 
renacerá el país de las cenizas de la crisis. 
Toda medida que tienda á impedir liquida- 
ciones les parece á los teóricos contraprodu- 
cente, sirviendo no más para prolongar el 
mal y alejar la resurrección. 

Este singular modo de ver las cosas, no le 
deja al Gobierno más función que la de pre- 
sidir el doloroso espectáculo que presenta- 
mos, y animar con sus aplausos la faena del 
sacrificio de los elementos del trabajo, entre 
gados completamente inermes ala voracidad 
de la más cruel usura. 

Las liquidaciones efectivas en épocas nor- 
males obedecen, ó al retiro de la actividad 
comercial de los que en ella no encuentran 
un estímulo, ó á las quiebi-as de los que 
sean víctimas de desgraciadas operaciones. 

Todo esto se realiza en número limitado y 
simultáneamente con la presencia de nue- 
vas fuerzas activas que las sustituyen en la 
acción, y en la mayor parte de los casos con 
ventaja respecto de las últimas, verificán- 
dose una especie de selección benéfica en el 
mundo mercantil é industrial, mediante la 
cual el elemento menos apto ó imprudente 
es eliminado, y las especialidades supera- 
bundantes ó menos reproductivas desapare- 
cen para dar lugar á otras más convenien- 
tes. 

En estas circunstancias no le corresponde 
al Gobierno crear obstáculos que vendrían á 
alterar las leyes del desenvolvimiento de las 
transacciones. 

Esa es la vida normal y el juego regular 
y benéfico de la acción particular que le co- 
rresponde facilitar y garantir. 

Pero cuando las liquidaciones exceden de 
cierto número; cuando la ley del pánico 
anula los valores y aleja los capitales; las li- 
quidaciones vienen á presentar un carácter 
totalmente diverso y excepcional, que im- 
pone, según su grado, apreciaciones distin- 
tas y deberes también excepcionales. 

Presentada la crisis, ya no es solo el im- 
prudente ó el menos apto el que cae; ya no 
es la mala distribución del trabajo lo que so 
corrije; es la situación especial que compro- 
mete, abate é arruina la acción productiva 
en relación directa con su mayor importan- 
cia; es la subversión de todo el orden econó- 
mico de modo á burlar los cálculos mejor 



DEL Rio de la Plata 



159 



fundados, y las esperanzas más legítimas, 
y. creciendo el mal, llegado á cierto grado, 
es el caos social, es la pérdida, de todos los 
factores más esenciales al desarrollo de la 
producción, y, finalmente, como desenlace 
la distribución de la riqueza acumulada que 
se opera violando todo principio de equidad 
y de un modo opuesto al interés general. 

A medida que excede el número de las li- 
quidaciones, los precios se envilecen ; se 
multiplica la oferta al propio tiempo que en 
progresión geométrica tiene que disminuir 
la demanda ; los precios bajan sucesivamen- 
■te disminuyendo el grado de la solvencia 
general, y otras liquidaciones se provocan. 
Es el incendio que .se propaga y aumentan- 
do rápidamente su intensidad lo avasalla y 
lo destruye todo. 

En e.se camino, observa un banquero in- 
glés, se llega al punto de que no haya una 
firma buena, ni nadie que pueda presumir 
salvarse de la catástrofe; caen unas tras 
otr s las casas más resistentes y previsoras; 
los mayores colosos del comercio y de la in- 
dustria. 

Se vá al estado de liquidación general de 
que nos hablan como de cosa natural algu- 
nos teóricos, sin fijarse en que ese término 
expresa la imposibilidad de toda liquidación, 
puesto que importa la oferta al máximun y 
la demanda á cero. 

La Inglaterra cuando ha querido ensayar 
el dejar hacer al pánico, ha tenido al fin que 
retroceder ante un abismo, que hubiera con- 
sumido todo su poder económico, haciéndo- 
la descender de la escala de nación de pri- 
mer orden. 

Ese término extremo caracteriza loque el 
egoísmo de ulos y la inconsciencia de otros 
no vacilan en recomendarnos y fomentar; y 
cuanto más sigamos en el camino en que 
no^) colocan, mas nos acercaremos al abismo; 
pero, aun en el supuesto lisonjero de que 
no lleguemos á él, todo el camino que ha- 
yamos recorrido en ese sentido será contra 
las más claras conveniencias económicas del 
país. 

III 

Los que sostienen las liquidaciones en las 
presentes circunstancias arguyen que el 
dinero no desaparece con la crisis, sino que 



se esconde para volver á reaparecer después, 
cuando pase la borrasca, con lo cual creen 
que el país encontrará sus anteriores fuer- 
zas económicas y el beneficio de una situa- 
ción mejor asentada. 

Esto importa el más grave de los errore.s, 
y la i-eproducción de la idea de que el nu- 
merario constituye para los pueblos la esen- 
cia de la riqueza, aberración fundamental 
de la escuela mercantil que, en valde ex- 
tirpada en unas partes, viene, como la mala 
hierva, reproduciéndose siempre. 

Es el olvido de que el primer agente 
de la producción es el hombre; de que de 
sus tendencias, de su práctica, del aliento 
de su espíritu depende soberanamente la 
acción efectiva del dinero, simple herra- 
mienta que produce según el brazo y la 
inteligencia del que la maneja; palanca de 
Aquimedes ó mísero barreno según los ca- 
sos. 

No estará nunca de mas insistir sobre éste 
punto, si es que no queremos ver sacrifica- 
dos los mas caros intereses del porvenir del 
país, alas estrecheces de los espíritus mez- 
quinos. 

El dinero como todo elemento de acción 
vale mucho ó vale poco, según el valor in- 
telectual que lo dirija, como no es el núme- 
ro de soldados sínó su organización y el ge- 
nio de los capitanes lo que prima. 

Como elementos económicos, hay después 
del hombre, y, á mas del dinero, el crédito, 
cuya vasta acción relega á este en la vida nor- 
mal de los pueblos progresistas, á unasitua- 
ción secundaria; y las instituciones, que, 
como las máquinas industriales, aceleran el 
movimiento y, concentrando las fuerzas, 
multiplican el poder. 

La Inglaterra, que es hoy el país mas 
importante por su comercio y su industria 
es á la vez el que tiene relativamente menos 
cantidad de dinero, fundando su poderío en 
sus elementos intelectuales, en la extensión 
del crédito, y en el poder moral de sus ins- 
tituciones bancarias. 

A la creación y conservación de todo é.sto 
se opone la selección que se opera con la cri- 
sis que compromete y abate al industrial de 
aliento, al comerciante en la proporción de 
su crédito y á los establecimientos banca- 
rios, tanto mas fácilmente cuando estén 



160 



Rev/sta Económica 



mas vinculados con los intereses genemles. 
Séneca podía decir con razón en su época 
que la insolvencia era siempre el resultado 
de la dilapidación ó de la incapacidad, lo 
que era natural entonces cuando el crédito 
era rudimentario y el aislamiento completo; 
pero en las sociedades modernas, fundadas 
en el crédito y en la solidaridad, sujetas á 
las grandes expansiones y restricciones, las 
crisis derriban y comprometen en relación 
de la importancia de los factores económi- 
cos, de la misma manera que las conmocio- 
nes volcánicas echan por tierra las altas 
torres y los más grandes edificios, cuando 
muchas veces no alcanzan á conmover las 
construcciones mezquinas. 

IV 

Tocamos aquí una de las más grandes 
llagas de la situación económica, y uno de 
los mas tristes frutos de nuestras calamida- 
des pasadas, que es la lamentable distribu- 
ción de los capitales que la selección de la 
crisis ha ido haciéndolos pasar de las manos 
progresistas y emprendedoras á las de los 
pesimistas y timoratos; de las de los que 
han cooperado y tenido fé en el porvenir y 
manifestado espíritu creador á las de los 
que son rehacios á todo adelanto ó buscan 
hacer presa en los que contribuj^en directa- 
mente á la labor productiva. 

De ahí una dislocación de elementos que 
trae el predominio de la tendencia nega- 
tiva de todo adelanto, que tan tristemente 
caracteriza á nuestra plaza, un mal que con- 
traría en sus fundamentos, nuestro desen- 
volvimiento económico. 

También bajo el supremo punto de vista 
de la justicia social, las liquidaciones fuera 
de su esfera normal constituyen un grave 
daño, puesto que la expresión monetaria 
de las obligaciones se falsea con la depre- 
sión de los valores generales. 

Puede usarse una mercadería cualquiera 
como moneda, pero según lo observa muy 
exactamente Laveleye, su esencia no es 
esa. Ella es tomada y dada no según sus 
condiciones físicas sino como un poder 
determinado de adquisición; es una medida 
de valor, un denominador común; un peso, 
por ejemplo, significa de acuerdo con la 
relación de aprecio de los diversos objetos 



el poder de adquisición de una mayor ó 
menor cantidad de cada uno de ellos, según 
sea su valor normal. El recibir ó dar un peso 
significa recibir ó dar ese poder de adquisi- 
ción. 

Ahora bien; cuando un exceso de medio 
circulante deprecia la moneda, se disminu- 
ye su poder de adquisición; los que tie- 
nen á su favor obligaciones por dinero se 
encuentran lesionados, pues aunque se les 
entregue nominalmente lo pactado no reci- 
ben efectivamente el mismo poder de adqui- 
sición que prestaron. 

Con la rarificación del medio circulante 
se produce en sentido contrario el mismo 
fenómeno; los que tomaron el equivalente 
de una fanega de trigo; de dos varas de gé- 
nero ó de tantas horas de trabajo de su pro- 
fesión, etc., se encuentran en el caso de 
devolver el doble, el triple ó más de lo 
que efectivamente recibieron, arruinándose 
mientras que enriquecen al acreedor, debi- 
do al azar de una contracción general, y tan 
injustamente como se hubiera arruinado 
los acreedores por una desbordante emisión 
de asignados. 

El caso no puede ser más idéntico, no obs- 
tante lo cual entre nosotros, al propio tiempo t 
que se ha creído que era violar la buena fé 
de los contratos el pagar con una moneda 
que tuviese 10 ó 20 % de depreciación, y los 
tribunales así lo sancionaron, parece la cosa 
más lícita y regular el que se contimíe y se 
agrave una situación en la que los deudores 
tienen que dardos ó diez veces más objetos 
que los que efectivamente representaban, y 
ordinariamente deben representar, las obli- 
gaciones cuyo cumplimiento se les exige. 

Para evitar el falseamiento de la medida 
de lo que debe darse ó recibirse, Adara 
Smith había indicado el adoptar como uni- 
dad en las obligaciones á plazo, el equiva- 
lente de un día de trabajo; otras han pre- 
tendido de una fanega de trigo y ahora, 
como base más cierta se projjone el valoi 
relacionado de los diversos artículos, que, 
rectificando los desvíos del valor monetario, 
permita en unos casos exigir mayor número 
de piezas metálicas y, en otros, dar menos, 
según sea necesario para armonizar el valoi 
nominal con la representación efectiva, tan 
evidente es desde hace tiempo la perturba- 



DEi. Rio de la Plata 



161 



ción que las alteraciones de la circulación 
monetai-ia introducen en la ejecución de las 
obligaciones, unas veces en perjuicio del 
capital, y, en las épocas como la que atra- 
vesamos, con detrimento del trabajo y es- 
plotación ó ruina de todas las clases produc- 
toras. 

Podrán encontrarse defectos en todas esas 
innovaciones; considerar algunas hasta fan- 
tásticas, pero lo que es indudable, es que 
hay ahí un grave vicio social que remediar, 
y que las liquidaciones forzadas en épocas 
de depresión lo agravan y extienden, ale- 
jando á la sociedad de las condiciones en 
que la justicia y el interés general determi- 
nan la distribución de la riqueza. 

Vemos, sin embargo, con dolor, que se está 
muy lejos en las esferas dirigentes de com- 
prenderlo, y que los mismos órganos de la 
opinión que creían deber levantar la voz pa- 
ra prevenir contra todo exceso de valoriza- 
ción bursátil, provocadora de compras que 
á la larga pudieran resultar con quebrantos 
y aun boy se sublevarían á la solo idea de 
un medio circulante que pudiese originar 
el más leve perjuicio al acreedor ó al rentis- 
ta, miran, como cosa natural y alentable, el 
que títulos como los del Banco Nacional, que 
además de sus privilejios tienen un 30 % 
más de activo sobre su pasivo, según cálcu- 
los pesimistas, se tengan que vender á 8%; 
que por causas ajenas á sus actos, p^r acon- 
tecimientos de orden general, los propieta- 
rios se vean obligados para pagar diez, á 
vender por eso, su campo que les represen- 
taba el triple y que, vueltas las cosas á su 
normalidad, volverá á su anterior precio, en 
beneficio de los acapadores de dinero. 

tíi mala es la exageración del alza ó el in- 
flacionismo, como por usar un término ex- 
traño se ha dado en llamarla, peor es la exa- 
geración de la baja, ese nihilismo charrúa 
que tan tenazmente viene oponiéndose á 
todo lo que no sea la forma primitiva de la 
usura y la desnudez completa de todo ele- 
mento progresista. Si son respetables los 
derechos de los acaparadores del dinero, res- 
petable debe ser también la posición de los 
que lo hacen socialmente utilizable. 

V. 

No pretendo traer aquí novedades ni los 



extremos de los espíritus adelantados que se 
han ocupado en estas materias; antes al 
contrario, voy al terreno trillado de la ex- 
periencia universal, y á fundarme en las 
observaciones de los hombres más compe- 
tentes, que sobre ellas encontramos. 

Gilbart, autoridad de primer orden en ma- 
terias económicas y de espíritu práctico, co- 
mo lo comprueba el hecho de ser gerente 
del Banco de Londres y Westminster, que es 
el primero de Inglaterra, dice lo que vá á 
leerse contra el sistema de restricción en 
medio de las calamidades de una crisis y en 
refutación á la teoría de Loyd que ha fraca- 
sado en la práctica: 

<'^ Sostenemos, dice, que el fin de un Banco 
es «prestar auxilio al comercio en tiempo de 
apuro,» y después de establecer éste princi- 
pio contesta al señor Loyd que afirma que el 
Banco debe prestar esos auxilios con sus 
fondos propios. «¿Pero según el sistema de 
«ese escritor, agrega, solo podría el Banco 
«prestar vendiendo valores; ¿y qué alivio 
«daría vendiendo papeles con una mano y 
«tomando dinero con la otra? además ¿habrá 
«seguridad de ser vendibles esos papeles en 
«momentos de precisión? pero insiste Loyd 
«hay individuos que pueden prestar esos 
«auxilios. En tiempo de crisis hay pocos que 
«tengan más fondos que los necesarios para 
«sus propias urgencias.... Cuando el mal 
«proviene de una contracción del medio cir- 
«culante, solo por medio de una expansión 
«puede ser remediada, y muchos casos hay, 
«como por ejemplo el del Banco Central del 
«Norte, en que el auxilio sólo puede ser efl- 
«cáz presentándose en esta forma.» 

«Entendemos que todo sistema de regular 
«la circulación, que prohiba á las institucio- 
«nes bancarias del país aliviar á las clases 
«comercial y fabril, debe ser vicioso. Lo re- 
«chazamos in limine aun que no pudiésemos 
«descubrir de donde provienen sus vicios. 
«En la economía política, no se pueden juz- 
«gar los principios sino en vista de sus efoc- 
«tos prácticos y el sistema que lo produz- 
«ca malos no puede ser boeno. Cuando sobre- 
«viene una época de apuros no es al Banco 
«Nacional al que le corresponde exclamar 
«Salive qui peiU. Es de su deber cooperar 
«con el Gobierno para aliviar la presión y 
«mantener la tranquilidad del país.» 



162 



Revista Económica 



Refiriéndose á los malos efectos de la res- 
tricción que impone el acta de Sir Robert 
Peél agrega: «se podrá decir que hay 
siempre un remedio pronto, y que ya ha 
sido aplicado, el de suspenderla. No hay 
duda que sea cual sea el Gol)ierno siempre 
aparecerá quien tenga el valor suficiente 
para aplicar el remedio. No deshará esto el 
mal causado, pues mientras se demora la 
suspensión se multiplicarán los desastres.» 

Macleod, eminente economista inglés, y 
el más notable de los tratadistas modernos 
sobre materias bancarias, estudia el sistema 
del deja7- hacer las crisis y de las restriccio- 
nes, compi'obando con la historia sus resul- 
tados negativos. 

Lo seguiremos en sus ejemplos más re- 
cientes. 

En 1825 tuvo lugar en Inglaterra una 
gran crisis. Durante dos dias el Banco ob- 
servó rigurosamente \v. teoría restrictiva, y 
la consecuencia fué la caída de vai'ios Ban- 
cos que resultaron muy solventes: la ruina 
universal era inminente cuando al tercero 
día el Banco cambió completamente su re- 
gla de conducta y descontó con la mayor 
profusión, y el país se salvó.» 

Se echó mano con este objeto hasta de los 
l)illetes viejos de una libra, retirados de cir- 
culación que se encontraron en un armario. 

« En 1837 el Banco anticipándose á adop- 
tar la teoría expansiva, hizo emisiones libe- 
i-ales para ayudar á las casas solventes, con 
lo que evitó que la presión monetaria dege- 
nerase en una crisis. 

« En 1847 el Banco ligado por el Acta de 
Sir Robert Peel e.staba inhabilitado para 
adoptar la teoí'ia expansiva á fin de reme- 
diar la crisis; y cuando era inminente la 
cesación de pagos de todo el mundo banca- 
rio 3' comercial, el Gobierno lo autorizó de 
golpe para emitir á disci-eción; y el pánico 
se desvaneció en diez minutos. 

« En 1857 tuvo lugar otra gran crisis que 
fué todavía para el piopio Banco más seria 
que la de 1847. 

«El 12 de Noviembre el Banco tenía 
exactamente L. 580.751 para hacer frente á 
L. o9.391.098 pagaderas á la vista. El Banco 
no podía el día 13 tener una hora abiertas 
sus puerta?, si el Gobierno no lo hubiese au- 
torizado para exceder los líniitos dr- la loy. 



Tan pronto lo hizo, pasó el pánico. De 
acuerdo con esa autorización el Banco emi- 
tió cerca de L. 8.000.000 de billetes y salvó 
así al comei'cio. 

«La crisis de 1866 fué aun n.ás grande 
que las anteriores. En ésta ocasión también 
fué necesario abandonar la teoría restrictiva 
y la teoría expansiva salvó de la cesación al 
mismo Banco 3' á varios otros del país^>. 

En 1857 tuvo lugar en Hamburgo un pá- 
nico monetario semejante, 3' no pudiendo 
el banco emitir billetes para ayudar al co- 
mercio en la crisis, las autoridades se vieron 
en el caso de emitir bonos de la ciudad para 
anudar el crédito de los comerciantes y 
evitar la quiebra universal, como lo había 
hecho 3^a el gobierno inglés en 1793, emi- 
tiendo billetes de Tesorería que facilitó al 
comei'cio. 

La experiencia de los otros países confirma 
la de Inglaterra. El Banco de Turin fué 
creado de acuerdo con los principios de li- 
mitación; pero en 1857 se cre3'ó necesario 
suspender sus disposiciones orgánicas y 
autorizarlo á emitir billetes para ayudar al |J 
crédito. 

El mismo principio fué plenamente com- 
probado en 1873. En Austria, Alemania del 
Norte, 3^ en los Estados Unidos, los bancos 
están fundados en acuerdo con los principios 
de la limitación de sus emisiones, pero, en 
los serios pánicos monetarios que tuvieron 
entonces lugar en esos países, fué también 
necesario suspender sus disposiciones orgá- 
nicas y autorizarlos á emitir billetes á dis- 
creción conquesostenerel crédito comercial. 

VI 

Los anteriores ejemplos son la comproba- 
ción más completa de las razones con que 
nos oponemos á la prédica que se viene ha- 
ciendo, de que en vez de evitar por medidas 
oportunas que continúen produciéndose los 
derrumbes 3^ liquidaciones impuestas por la 
crisis, que siguen desti-U3'endo lo que aun 
se conserva, hay que dejar hacer ú la restric- 
ción del medio circulante, que se acentúa 
cada día más, estableciendo arbitraria y 
ruinosa i-elación entre lo que representan 
ias obligaciones \' el haber general. 

Si nuestra rudimentaria organización 
comei"cial nos preserva de los furores ile un 



DEL Rio de la Plata 



J63 



.pánico como el del Viernesnegro de Lóndi-es, 
no por eso, el camino en que nos han colo- 
cado, puede sernos menos funesto; si la debi- 
lidad que nos es propia nos libra de un 
arrebato, no por ésto nos preservará de que 
caig'amos en la consunción. 

La experiencia de lo que importan las 
liquidaciones en la crisis ya la hemos pro- 
longado demasiado. 

El retiro de los fondos de las Sucursales 
llevado á efecto para convertir unos cuantos 
cientos de railes de pesos que en nada con- 
taron, significó para la cana paña volver á las 
condiciones primitivas del crédito, entorpe- 
cer su gii'o y arrebatar de las fuentes prin- 
cipales de la producción un capital que le 
era necesario, y, en los momentos en que más 
convenia fomentarla; la ejecución en plena 
restricción de propiedades importantes, que 
nada eficaz han proporciona lo al Banco, ha 
impulsado la depresión que en toda la Repú- 
blica se opera en el valor territorial; lacaida 
de los títulos de renta á la mitad, y á menos 
del valor que corresponde á sus responsabi- 
lidades aun en medio de la crisis, ha supri- 
mido por falta de toda base el crédito 
prendario cuando ya no existia el personal, 
y se hace cada vez más reducido el que 
pueda obtenerse sobre la propiedad, agra- 
vándose así, día á día, la situación general, 
con perjuicio, desde la hacienda pública 
que ya no puede hacer frente á los compro- 
misos de la Nación, hasta la del último 
obrero cuyo trabajo escasea, por falta de 
fondos de salarios y la restricción de con- 
sumos. 

¡Y se quiere niAs! falta dicen, con evi- 
dente ofuscación, que desaparezcan los 
últimos restos de los organismos nacionales 
de crédito á fin de que dejen campo para la 
creación de otros, á la parque hecha la tabla 
rasa volverá el capital escondido á restable- 
cer la prosperidad. 

Aquí en Buenos Aires se tuvo la misma 
ilusión y se cometió ese ei'ror, dejando caer 
los Bancos oficiales para crear otros nuevos 
cuando hubiera sido fácil reconstruirlos y 
reorganizarlos; resultó imposible no obstante 
valiosos privilegios, encontrar fuera y den- 
tro capitales en condiciones compatibles con 
la autonomía y el decoro nacional, y no 
quedó mas camino para fundarlo que emi- 



tir papel moneda; y ese Banco nuevo por 
masque se haga, no volverá á adquirirla 
importancia que tuviei"on los anteriores, 
desde que al permitir que se cerrasen, se 
quitó para todos la confianza de los deposi- 
tantes. 

Entre nosotros pasará lo mismo. Déjese 
por ejemplo caer la Sección Hipotecaria del 
Banco Nacional; no se pague el servicio de 
las Cédulas y si log'rásemos después de ésto 
formar un nuevo Banco Hipotecario, por 
mas capital que tuviese, por mejor que fue- 
se su administración, tendríamos durante 
mucho tiempo una institución raquítica, 
puesto que le faltaría su base, la confianza 
de los rentistas. Los beneficios de las Cédu- 
las, ese medio perfeccionado de crédito, es- 
taría por largo tiempo perdido para el país. 

Otro error es el de creer que el ti-abajo de 
demolición es medio de restablecer la con- 
fianza cuando, como lo demuestra la histo- 
ria de todas las crisis, la deconfianza ha cre- 
cí do y continuará creciendo tanto como se 
persevere en las liquidaciones ruinosas, para 
renacer solo con las medidas de expansión 
que puedan detenerlas. 

La razón es obvia; los capitales se i'etraen 
con las perspectivas de bajas para reapare- 
cer en todo movimiento de alza sólido, que 
se presente, y por lo tanto el medio deatraer. 
los no son efímeras declaraciones, sino me- 
didas eficaces, tan enérgicasy amplias como 
lo requieran las circunstancias. 

Pero no se haga nada de esto; lleguemos 
á la tabla rasa, y ya sabemos lo que es el 
numerario sin espíritu de empresa, sin base 
de crédito y sin medios de fomento. Ya he- 
mos tenido una tabla i'asa con la caída de 
los Bancos á que nos hemos referido, y la 
noche económica de quince años terminada 
en 1887, fué su consecuencia lógica. 

Por mi parte, al combatir que se prosiga 
en el camino de las demoliciones, no dejo de 
reconocer que, al conservar nuestro Banco, 
como han conservado los suyos las otras na- 
ciones apesar de haberse encontrado algu- 
nos de ellas, entro estos el de Inglaterra, en 
peores condiciones que las en que este se en- 
cuentra, es necesario que, aprovechando de 
las lecciones de la experiencia, se introduz- 
can en su organización fundamentales re- 
formas, así como también, ci-eodpl caso an- 



164 



Revista Económica 



ticiparme á decir que, al sostener como 
necesidad imperiosa la expansión del medio 
circulante, no pretendo que sea ahora im- 
prescindible para llevar ese objeto, abrir 
las puertas á las emisiones inconvertibles. 
Saluda al señor Director S. S. 

Domingo Lamas. 



LA E^pAM DE HOV 

No quiero calificar de ig-norancia, lo que 
estimo simplemente olvido, y aun ese olvi- 
do no es de lo antig-uo ni casi de lo moderno, 
es de lo contemporáneo. Se sabe lo que fué 
España en el siglo de las grandezas y de 
las heroicidades, de los artistas y de los 
trovadores; se recuerda su decaimiento, y á 
plaza salen al menor empellón, inquisito- 
riales tormentos, palaciegosvicios y popu- 
lacheros devaneos; se conoce tal cual, no en 
toda su sublime magnitud, el heroico es- 
fuerzo hecho por los peninsulares para 
sacudir el yugo francés, cuando al piafar 
del napoleónico caballo, retembló aquel 
pedazo de tierra, mansión en todo tiempo 
de nobleza y valentía; más ¡ay! quédela 
España actual poco se conoce, y aun ese 
poco no aquello que contribuye al engran- 
decimiento de un pueblo. Casi, al ser esto 
cierto, siéntome tentado á creer que ello 
puede redundar en beneficio de mi patria, 
pues demuestra que siendo muy celosa de 
lo bueno, para ella lo ansia, y en cambio, 
arroja á las fronteras cuanto puede perju- 
dicar su paulatino pero constante progreso. 

Pero no; que España tiene derecho á que 
se la conozca, y á que se la respete, no por 
viejos pergaminos, que el tiempo hubiera 
podido apolinar, pero sí por lo que vale 
actualmente, no por pasadas gi-andezas, que 
van i-esultando fabulosas vistas al través del 
tiempo, pei'O sí por la inñuencia que ejerce 
y la activa parte que toma en el progresivo 
avance de la humanidad. 

I A qué se debe este olvido? 

Con el decaimiento de las fuerzas físicas 
vino en el pasado siglo el decaimiento de 
las fuerzas intelectuales; y con los reales 
deseos de preservar á los españoles del fu- 
nesto contagio de reformistas y enciclope- 



distas, se cerró la puerta á científicas, 
aunque expuestas averiguaciones, pero no 
se cerró tan herméticamente que por sus 
resquisios no pudiese peneti-ar El Contrato 
social, y con él todo el enjambre de utopias 
y de ensueños, todo el mejunje de sociales 
disoluciones, y todo el bodrio de revolucio- 
nes en fermentación. Penetró, pues, en 
estos países, ansiosos de libertad, la literatu- 
ra francesa, atrevida, descocada, provoca- 
dora, y por esto mismo simpática, j'a que al 
compararse con triduos, devocionarios, cate- 
cismos y novenas, resultó, lo extraño sor- 
prendentemente nuevo, aunque no se com- 
prendiera, y lo de casa, extremadamente 
insulso, y por lo tanto desprovisto de todo 
atractivo. 

Por el mismo requicio fueron penetrando 
otras obras que la Inquisición prohibía, 
pero que la curiosidad devoraba, y cuando 
los ejemplares de esa literatura se sintieron 
sobrado fuertes, se agolparon á la puerta, 
descorrieron el cerrojo, echaron el puente 
levadizo, ó lo que equivale, suprimieron 
todo derecho de entrada, y al gran portón 
déla ansiedad pública acudieron las obras 
francesas, tan en tropel, que por muchos 
años ha interceptado el paso á la buena lite- 
ratura española, no solo á aquella que presta 
grato solaz y esparcimiento, sino á laque 
demostrar debía que no quedábamos envuel- 
tos en las irritantes oscuridades de la igno- 
rancia, ni en ciencias, ni en artes, ni en 
industrias. 

¿Pero hay arte, hay ciencia, hay industria 
en España? dirá todo aquel que no conozca 
mis anteriores trabajes. Y aun temiendo 
que este a(2itel me resulte la casi totalidad 
de los argentinos, por mi torpe mano en 
vestir ideas y ataviar conceptos, no voy á re- 
petirme, ó este es al menos mi pro prósito; 
vamos á conversar de la España de hoy, de 
la que 3^0 conozco, de la que veo en mis 
ensueños, enlazada á esta hospitalaria y 
queiida tierra por la luminosa est-ila de la 
nave, los tenues hilos del telégrafo y las 
corrientes de simpatía que engendran siem- 
pre el continuo comercio y el frecuente tra- 
to; y yo no dudo, que sí fuese posiljle la 
encarnación de esas dos matronas, la Argen- 
tina y España, y yá con carnal vestidura se 
agrandaran hasta verso, la una como A'e- 



1 



DEL Rio de i, a Plata 



165 



ñus saliendo del mal, la oti-a cual hada de 
plateado rio, yo no dudo, repito, se fundi- 
rían en extreciio abrazo, y en el mismo 
idioma darían gracias á üios que tales afec- 
tos crea y que tales corazones hace palpitar. 

II 

.Hablemos, pues, de ogaño, ó lo que es lo 
mismo déla presente centuria. 

El país clásico de los azahai-es, el do trans- 
parentó cielo, el de las fuentes del Generali- 
fe, cuyos muí mullos semejan- cánticos de 
hadas; el de atrevidas montañas concoronag 
de nubes, y risueños valles con alfombra^ 
de flores, la legendaria tierra de la luz, de 
la aroma y de las rosas, debía ser manantial 
fecundo de inspiración para sus hijos é in- 
menso taller donde aprisionarse pudiese la 
vida, el sol, la naturaleza entera, y trasla- 
dándolo al lienzo, perpetuar el arte que á 
borbollones brota de aquella exhuberante 
vegetación y de aquella irradiación cons- 
tante de las espléndidas tintas del arco iris. 

No podía, pues, raoi-ir en esta tierra el 
arte de Murillo, ni era posible que la nacio- 
nal paleta en que se fundieran las celebra- 
das vírgenes, llenárase de sombras y dejara 
de reproducir la belleza que se descubre en 
los más oscuros rincones del hispano suelo; 
y así con el siglo vivió el inmortal Goya, y 
después de él, y á despecho de los pesimistas 
que vaticinaban negruras donde hubo colo- 
res, y sombras donde jugueteaban rayos de 
sol, vinieron al mundo para gloria del arte 
y de su patria. Rosales y Palmai'oli, Gisbert 
y Fortun}^ Madrazo y Pradilla, Serra y Lu- 
na y tantos otros, demostrando con sus obras 
justicieramente estimadas en los mercados 
artísticos deEuropa, que el divino arte, si se 
alejó momentáneamente del suelo español, 
fué para reaparecer en él rejuvenecido con 
rica paleta y ati-evidos pinceles; y ho}^ con 
patrio orgullo lo consigno; la pintura espa- 
ñola alcanza en el viejo mundo el preemi- 
nente lugar, segiín lo atestiguan recientes 
exposiciones y más recientes p'-emios. 

Y si de la pintura pasamos á la escultura, 
junto á los nombres de los más afamados 
modeladores del arte europeo, hallaremos 
á Benlliure, el admirado autor de «El Mo- 
naguillo» áSusillo, áMélida, á Vallmitjana, 
el iniüoital autor de La belleza dominavdo d 



la fuerza, al inspií-ado Querol. autor de la 
inolvidable Tradición, á Pagés. cuyo cri.s- 
tiano cincel ha llenado de hermosas imáge- 
geues los templos de Buenos Aires, y á tan- 
tos y tantos otros que escapan en este mo- 
mento á mi memoria. 

En arquitectura, si el arte antiguo supo 
levantar las Catedrales de Burgos y de Se- 
villa, el San Lorenzo del Escorial, los mo- 
nasterios de Ripoll y Santa Crens, el arte 
moderno hasabido re.-^taurar con admirable 
pulcritud la Alhambra de Granada, ha em- 
bellecido con singular maestría áSan Fran- 
cisco él Grande; ha aprisionado las aguas 
en hermoso canal de Lozoya; j Palacios, 
ideando grandiosos monumentos, y Marto- 
rell, levantando templos en que se conserva 
la majestad cristiana, con el atrevimiento 
descarado del genio, y Falques, convirtien- 
do en regio palacio lo que fueran destarte- 
ladas' naves de aborrecido cuartel, han de- 
mostrado que las presentes generaciones 
si hallan hermosa y por consiguiente la es- 
tudian, la curva línea de turgente seno y 
las sinuosidades que doquier presenta el es- 
tudio de la naturaleza, hallan también her- 
mosa la severa línea que se convierte en 
elegante columna, en saliente friso ó en bien 
ideado capitel. 

No, el arte no ha muerto en España, no 
podía morir, ya que la península enteraos 
enorme museo abierto siempre al genio fe- 
cundo de sus hijos; y en templos y en pala- 
cios, en señoriales moradas y en olvidadas 
aldeas, el arte se muestra rico, atrevido, lle- 
no de vida, como llena de vida está la ima- 
ginación española, bajo aquel cielo que 
sonríe y aquel sol que vivifica. 

No quiero hablar de ciencia española des- 
pués de las muchas lineas que en otro tiem- 
po dedicara á este asunto; pero sí renunció 
á este tema, séame permitido decir algo de 
esa literata ra, fresca, espontánea, á veces 
juguetona como primaveral cierro, á veces 
magestuosaé imponente como las tempe.sta- 
desquese fraguan en los elevados picachos 
délos penínsulai'es montes, y casi siempre 
seductora por la esplendidez de su ropaje. 

Recordar los pasados siglos en que con el 
arte éQ. la guerra se aprendía el arte de tro- 
var, y en que nuestra literatura trasponien- 
do fronteras.se aclimataba en todos los paí- 



166 



Reyista Económica 



ses, sería perder el tiempo, y emplear]^can- 
tinelaya vieja y por lo tanto fatigosa: ha- 
blemos del presente siglo. 

Quintana, Espronceda, Zorrilla, Becquer, 
Campoamor, Núñez do Arce, liras son de tan 
vibrante eco (esto por no citar más que al- 
gunas) que su sonido ha de repercutir per- 
durablemente en los campos del arte, y vi- 
brar armoniosamente al oído de las infinitas 
generaciones sucesoras de estos sesenta mi- 
llones de almas que piensan en el majes- 
tuoso idioma de los Lope. Este siglo, pues, 
positivista, árido y concupiscente, que como 
positivista se postra ante Mercurio, como 
árido arranca tiernos ideales, y como con- 
cupiscente abomina de la cristiana moral 
fecunda madre de las grandes obras, no ha 
podido arrancar del corazón español el gusto 
de lo hermoso, de lo grande y de lo sublime, 
y al compás que tendía, segvín veremos lue- 
go, espléndida red de ferrocai-riles, que 
plantaba en sus campos y montañas los pos- 
tes del telégrafo, como mudos pero siempre 
perennes representantes del progreso, que 
aprisionaba el vapor, para convertirlo en 
fuerza motriz, que ponía, en ñn, en movi- 
miento todas las fuerzas para reconquistar 
su puesto en el universal concierto, .se elec- 
trizaba con Quintana, soñaba con Espronce- 
da, tenoriala con Zorrilla, lloraba con Bec- 
quer, sufría con Campoamor y dudaba con 
Núnez de Arce, que por tan diversas emo- 
ciones ha pasado el corazón español al sono- 
roso vibrar de tan opuestas pero hermosas 
melodías. 

y con Doncso Cortés, Balmes y Ceferino 
González .se engolfó de nuevo en el estu- 
dio de la cristiana doctrina, y mien- 
tras admiraba la profundidad de Azcárate, 
la estoica, pero brillante lógica de Pí y Mar- 
gall, la precisión matemática de Echegaray 
y la precisión geodísica de Ibáñez, mientras 
aplaudía el gracejo de Vital Aza, las terro- 
ríficas concepciones del duque maestro, 
las invenciones estupendas del atrevido dra- 
maturgo creador del Galeota moderno, se 
dormía al arrullo de la moderna tribuna es- 
pañola, de esa tribuna no igualada en el 
presente siglo, y de la que han brotado tor- 
mentas sin cuento, creadas por las fogosas 
peroraciones de exhaltadas mentes, como 
han brotado haces de luzjy coronas de liores 



de los labios|:de Aparici y Guijarro, Rivero, 
Pidal y Mon y Castelar. 

Con el teatro que aun no ha muerto, ni 
lleva trazasde morir, aun á despecho detris- 
tes agoreros, y con la tribuna española sin 
i'ival en el orbe, se ha cultivado en la patria 
tierra la novela, y hoy podemos presentar á 
las naciones todas á escritores como Valera, 
Pérez Galdós, Pereda, Pardo Bazán, Palacio 
Valdé.s, Matheu, Castro y Serrano, yete, etc, 
pues la li.sta es .sobrado larga para trans- 
crita en este lugar. 

Claro está que nación tan rica en recuer- 
dos y no pobre de creaciones nuevas, ha de 
tener archivos y museos, encanto de los 
eruditos y envidiado los extraños. Solo visi- 
tando estos templos del arte y del saber, 
solo pasando de Simancas al Escorial, de 
Madrid á Sevilla, de Barcelona áGranada, se 
puede apreciar con loque fué la España de 
Carlos el de Gante, la España de hoy, solo en- 
toncesse advierte que en la península ha vi- 
vido siempre, el arte y la ciencia ensanchan- 
do el círculo de los humanos conocimientos, 
construyendo con la paleta material atre- 
vidos templos, y con la paleta intelectual 
imperecederas obras que demuestren á las 
futuras generaciones la fuerza pen.sadora 
y creadora del presente siglo. Yo no dudo 
que el siglo XX será más justiciero que el 
que .se nos marcha con muchas luces mate- 
riales pero esparramando sombras en el 
camino que sigue la humanidad: 3*0 creo 
que no han de pasar dos lustros sin que en 
esta risueña tierra se propale el valer espa- 
ñol, y sin temor á lo que venir no puede, 
sedé la preferencia á cuanto prodúzcala 
península en la esfera del arte y de la lite- 
ratura. 

Pero no hablemos de arte y literatura 
peninsular; no nos dejemos tiranizar por 
tan hermosas deidades, admiradas ya y 
ensalzadas por los argentinos eruditos; 
vamos á espigar en más áridos campos y 
por lo mismo que son más áridos menos 
recorridos. 

III 

«Pero .si en España no tienen Vds. ferro- 
carriles» decíame un día entre bromas y 
veras un diplomático argentino y por ende 
ensalzado escritor y aplaudido poeta. Y si 



DEL Rio de la Plata 



167 



de aquella idea se descarta la exag-eración, 
siempre queda en el fondo cierto dejo muy 
semejante á la compasión que inspira un 
ser inferior, compasión que se refleja en 
alguna que otra obra de olvidadizo ó poco 
leido autor, al aseg-urar que ciertas cosas 
sólo acontecen en Marruecos y en España. 

Rudimentario aforismo es, que para juz- 
gar con acierto es menester conocer y cono- 
cer bien aquello que se pretende juzgar, y 
en verdad que no me canso de admirar la 
lijereza de quien habla de la península es- 
pañola sin haberla estudiado ni pisado, ó de 
aquel que la describe con obras extranjeras 
en mano. 

Restablezcamos la verdad sin exageracio- 
nes. Comencemos por la población. 

El censo verificado en 1768 siendo ministro 
el Conde de Aranda le dio á la península 
española una población de 9.309.814 habi- 
tantes. El acrecentamiento rapidísimo de 
esta población puede verse en el siguiente 
estado : 

1.787-10.409.879 
1.857—15.464.340 
1.860-15.673.336 
1.877-16.634.345 
1.887-17.550.246 

Dije rapidísimo, y aunque parezca el su- 
perlativo aventurado, no me retracto, pues 
hay que tener en cuenta que según apun- 
té en mi estudio de la Industria esjpafwla, 
durante el corriente siglo, España hasoste- 
tido dos guerras extranjeras, largay sañuda 
la una, corta relativamente la otra, pereque 
exijieron ambas millares de vidas para que 
los laureles de la victoria se mostraran más 
verdes y más lozanos; tomó participación en 
otra guerra extranjera, que llevó allende los 
mares con la hispana bandera, el patrio ho- 
nor y una sutil diplomacia que iba siendo 
ya rara en la raza latina, y cuatro formidables 
guerras civiles, que oscureciendo intelijen- 
cias, cegando miradas, y apagando afectos, 
asolaron durante doce largos años la penín- 
sula española, llenando el aire de alaridos, el 
suelo de cadáveres y la diáfana atmósfera de 
mortíferos miasmas, convirtiendo toda la 
hispana tierra en enorme cementerio de ro- 
bustos cuerpos y productivas energías. 

¡Quién es capaz de contar los que cayeron 
defendiendo la patria independencia! ¡Quién 



puede recordar los que en africano suelo 
duermen el sueño de la eternidad. A quién 
le es dado averiguar las vidas arrebatadas 
al chocar de realistas y carlistas, al pelear 
de carlistas y liberales, al combatir españo- 
les y filibusteros, unitarios y federales! 

¡Y sin embargo de tantas guerras y de 
estragos tantos, la patria española ha dobla- 
do su población en un siglo! 

Si á la cifr^ citada se agregan nueve mi- 
llones de habitantes diseminados en su aun 
importante imperio colonial, tendremos que 
España cuenta con una población peninsu- 
lar é insular muy cerca de 27 millones de 
habitantes, cifra que algo puede pesar en el 
movimiento general de la humanidad. 

Se ha dicho, no sé si con razón, aunque 
me inclino á creer queel aserto tiene un gran 
fondo de verdad, que los presupuestos gene- 
rales de un Estado, son datos dignos de ser 
tenidos en cuenta para apreciar su vida ma- 
terial. 

El presupuesto de 1870-1871, era el si- 
guiente: 

De gastos, 627.397.023 pesetas. 
De ingresos, 588.686.671 idem. 
El de 1882 á 1883 fué de: 

789.326.090 pesetas de gastos. 
780.995.225 idem de ingresos. 
Y en estos mismos presupuestos que ha- 
bian llegado en 1886-87 á 906.274.687 pesetas 
de gastos y 933.285.380 de ingresos, se re- 
ducen en 1890-91 á 811.413.416 pesetas de 
gastos y 805.551.387 de ingresos, demostran- 
do las anteriores cifras, con el avance del 
hispano progreso, que las ideas de economía 
se abren paso, convenfíidos los gobernantes 
de aquel país, y ojalá de todos pudiera ase- 
gurarse lo mismo, que la pasimoniaen los 
gastos es por lo general prenda de bienestar 
y de calma. 

Se vá perdiendo el recuerdo de la espa- 
ñola marina; casi ya no se tributan alaban- 
zas á aquellas naves que en Lepanto aba- 
tiei'on el musulmán orgullo, ni se glorían 
aquellas catalanas velas que señoras del 
Mediterráneo mar concluyeron por vencer 
al veneciano león; y si hoy se reconstruyen 
las débiles carabelas en que Colón se lanza- 
ra á través los mares desconocidos, es por- 
que la oportunidad del centenario las trajo 
forzosamente á la memoria de las presentes 



168 



Revista Económica 



generaciones. De la marina española se 

sabe que la de guen-a se hundió en Tra- 

falgar al peso de su propia gloria, y que 
la mercante estuvo muchos años sin refle- 
jarse en las argentinas aguas. 

Pero si es bueno recordar que la marina 
catalana tiene imperecederas glorias, que 
el marino español no tiene rival en Europa, 
luchando lo mismo con la terrible galerna 
que contra quien intente sometéft'la á su po- 
derío, es conveniente saber también que la 
armada española no están pobre como mu- 
chos creen, pues se compone de 182 buques 
de todas clases (18 en construcción) con 825 
cañones y 114 tubos lanzatorpedos. 

En cuanto á la marina mercante que con- 
taba en 1852 con 5.205 buques de vela y 40 
de vapor, podrá apreciarse su progreso le- 
yendo las siguientes cifras que arrojan las 
últimasestadísticas que he podido consultar. 
Buques de vela menores de 50 to- 
neladas 35.831 

Buques de vela mayores de 50 to- 
neladas 807 

Buques de vapor menores de 50 to- 
neladas 151 

Buques de vapor ma3''ores de 50 to- 
neladas 337 

Dista, pues, mucho de ser mísero el estado 
déla marina española al cumplirse cuatro- 
cientos años que se puso al servicio de Colón, 
acontecimiento histórico que conmemora el 
orbe entero, enviando cada nación sus re- 
presentantes á Madrid y á Santa María de 
la Rábida; que cuando se trata de festejar 
acontecimiento de tal mag-nitud, no cabrían 
estrechas miras. Si á España por feliz hado, 
y por desprendimiento sin igual en la hi.sto- 
ria, lecupola suerte de completar el Uni- 
verso ¿quién se atreverá á negarle sus 
aplausos? 

La apoteó.sis que .<e prepara es tanto para 
Colón como para España. Contribuir á que 
en aquellas fiestas ondeen sin excepción los 
pabellones de todas las naciones americanas, 
es no .sólo concurrir á enaltecer la gloria de 
Colón y de los Reyes Católicos, sino acudir 
al cumplimiento de un deber Sagrado de 
gratitud, que á la postre, del apoyo moral 
y material de los hispano.s monarcas, surgió 
expléndida y hermo.sa, sino del fondo d- 1 
mar, del fondo aun más oscuro de innume- 



rables centurias, la seductora América, y 
del soplo fecundo de las hispanas leyes han 
brotado las colombinas naciones, orgullo de 
sus hijos y admiración del antig-uo conti- 
nente. 

Quedábamos, pues, antes de esta pequeña 
digresión, que la marina española gigante 
ayer, no es hoy tan pigmea que no merezca 
los honores de una mirada cariñosa : nación 
que se mira en tan diversas mares — y que 
posee tan dilatadas co.stas, nación que cuen- 
ta con tantas marítimas glorias, — y tan 
atrevidas empresas, no podría vivir si al 
correr á la playa no saludara al patrio pabe- 
llón que vá á lejanas costas— llevando en los 
pliegues de sus velas el aura peninsular, ó 
no viera llegar á las patrias naves portado- 
ras con preciados frutos de pueblos amigos, 
los caluro.sos besos y los fuertes abrazos de 
sus hijos, quizás más queridos porque e.stán 
ausentes. 

Tarde comenzó á tender las vías férreas 
que acortando distancias tanto contribuyen 
á estrechar los familiares lazos entre habi- 
tantes de una misma nación. En 1845 se con- 
cedió el primer permiso ferroviario, de Bar- 
celona á Mataró, y tres años más tarde el 
estridente silvido de la locomotora, repei'cu- 
tió por la española tierra, y al magestuo.so 
andar del reluciente mito, y al ronco bufido 
del endemomado monstruo, cayeron popula- 
res preocupaciones,— entonándose doquier 
cánticos al progre.so, á la paz, y á la prospe- 
ridad española. 

Desde época relativamente tan cercana, 
es decir, en menos de cincuenta años, Espa- 
ña pei'forando montañas, salvando abismos, 
echando puentes,— subiendo colinas, y ba- 
jando valles, ha cruzado .su suelo de negras 
sierpes de veloz andar, atando á los topes de 
las locomotoras prendas de paz y de cariño 
para sus hijos y convirtiendo el silvido de 
las máquinas en amoro.?o saludo, nuncio de 
civilización y de progreso. Desde entonces 
acá se han tendido en la península 17.500 ki- 
lómetros de via féi-rea por los cuales circula- 
ron en 1888, 23.U74.77S viageros, teniendo 
las diver.sas empresas en que tan estensa red 
se halla dividida el siguiente niatiiriul nuivil 
en 18S9. 

ICIO locomotoras con una fuerza de 
460.410 caballos. 1311 teuders. 



DEL Rio de la Plata 



169 



4632 coches de viageros. 

31650 wngoiies de mercaocías. 

Para mejor apreciar este desarrollo ferro- 
viario, á más de tener en cuenta la rapidez 
con que se efectuara, ha3^ que recordar lo 
quebrado y montañoso del suelo español, 
que sobre dificultar el delineamiento del 
camino férreo, aumenta prodigiosamente su 
precio de costo. Se comprenderá mejor el 
esfuerzo que ha debido hacerse si se sabe 
que el capital que en 1888 tenían consigna- 
das las diferentes compañías ferrocarrileras 
en sus estatutos ascendía h la respetable 
suma de 4.737.173.869 pesetas, suma sobrado 
elocuente para que ha^-a necesidad de glo" 
sari a. 

¿Vé mi bromista contendor como en Es- 
paña tenemos ferrocarriles? 
(Conlinuard) 

E. MONNER SaXZ. 



"^^">~^— ^ 



REPÚBLICA ARGEÍ^TINA 



CRÓNICA DE LA QUINCENA 



Junio 19 de 1892 
La actualidad, aunque tenga el sello de 
cierto marasmo, es de espectati va é Inquietud. 
¿De donde proviene ésta inquietud? El libro 
de los proverbios dice: que es la multitud de 
sabios, la que hace que el mundo esté sano 
{multitudo auiemsaj)ientium sanüas orlis te- 
rranon). Carecemos, sin duda, de esa raul 
titud,— y de ahí quizá, nuestras api-ensio 
nes sobre el porvenir. Ha^^ por otra parte 
que tomar en cuenta que á fuerza de mos- 
trar nuesti-a llaga, la hemos agrandado en 
realidad, y que, la imaginación, factor ine- 
vitable en las cosas humanas, la ha magni- 
ficado todavía. Para qué hablar del espíritu 
de partido pesimista, cuando está abajo, 
optimista cuando está arriba? Unos y otros, 
empujan á veces, hacia el abismo, .sin darse 
cuenta de su complicidad. Pero qué hemos 
de hacer, ¿coronarnos do rosas como los Ro- 
manos del l)ajo imperio, empuñar la copa, 
.v abrazando nuestras queridas, dejar ((ue 
avancen saliendo del Asia y de los bosquesde 
la Germania, lashordasde Marico y Atila? 
iOh! nó, ápesarde todo, laesperanzase alber- 



ga en el corazón. Estamos convencidos de que 
nohemosdesucumbirenlalucha3'sembran- 
dopara el porvenir; pero á una condición,— 
la reacción moral fuera de la cual no hay sa- 
lud posible; y luchamos. Al menos ésto es 
lo que observo, ó lo que deduzco, cuando me 
encuentro con gentes que creen en la posi- 
bilidad de una tregua reparadora, en todo 
orden, bajo los auspicios de la Presidencia 
futura. El Dr. D. Luis Saenz Peña, es en 
efecto una garantía personal inapreciable. 
Pero la escuela de errores antiguos y mo- 
dernos que constituye la servidumbre eco- 
nómica y financiera, política y social,— no 
se puede prescindir de la sociología en estos 
casoí?, y en países en formación,— es tan 
grande, que aquel ciudadano tendrá que 
desplegar tanta enei'gía como longanimi- 
dad, para decirles á los unos y á los otros: 
<de aquí no pasareis y lo que es á mí, jamás 
me arrastrareis^). Yo no dudo, y hoy por hoy, 
lo único que querría es, que se disiparan al 
soplo del buen consejo, algunas nubéculas 
preñadas de oscuridad, que se destacan .so- 
bre el horizonte. 

Latan debatida cuestión sobre el estado 
de sitio, que se levantó sin que sus efectos 
hayan consistido en otra cosa que en una 
vuelta á las andadas de espasmos de la pala- 
bra escrita 3' en ciertos movimientos mimosos 
del oro, que no se resuelve decididamente á 
subir ni á bajar, — la tal cuestión decia hun- 
dió en el silencio al Parlamento. Pero como 
en un Parlamento se necesita parlar ya es- 
tamos en vísperas de lo indiscutible, que se 
discutirá no obstante estensamejite, ó no so- 
mos de raza abundo.sa?. Me refiero á la cues- 
tión de si, nuestro poder público, el Cong-re- 
so, y las unidades que lo componen, son ó 
no son, en nuestro sistema de gobierno, 
sistema con órbita de facultades, derechos 
y garantías, determinados netamente, ata- 
cables fuera de los casos previstos para el 
todo: conceder «facultade-í extraordinarias;^) 
y para las partes ser sorprendidas infraganli 
cometiendo un delito que merezca pena de 
muerto infamante ú otra aüictiva. 

*• 
* * 

Partieron para España rumbeando hacia 

el puerto de Palos, para a.si&tir á la gran 



170 



Revjsta Económica 



revista naval consabida, con motivo del 
descubrimiento de América, tres de nuestros 
barcos, en vez de uno,— que estamos acos- 
tumbrados á hacer las cosas en grande,— 
y partiei'on con encanto del Congreso reu- 
nido, el cual había olvidado ó no había 
leido el inciso 25, articulo 67, de las atribu- 
ciones que le corresponden. Y seguramente 
que, sí en vez de partir tres, hubiera partido 
uno, no hubiéramos perdido ninguno; y 
seguramente que habiendo partido tres no 
hubiéramos perdido ninguno... (casi le hago 
cargos á nuestra oficina meteorológica), si 
sehubieraobservadoque el barómetro anun- 
ciaba, y la luna á su vez, una tempestad 
infalible como la salida del sol por donde 
sale, aunque ocultándose aveces á la mirada 
del observador. 

El suceso, no ha podido ser más lamenta- 
ble: hemos perdido vidas preciosas y en el 
momento de escribir estas lineas, todavía 
se abriga una remotísima esperanza, de que 
no haya perecido la mayor parte de los 
náufragos. Los juicios contradictorios, que 
los marinos y los aficionados á la mai'ina, 
emiten sobre hecho tan doloroso, son tantos, 
que yo me abstengo de dar mi opinión al 
respecto. Me reduzco á pedir consuelo para 
los deudos de los que hayan perecido, y 
á exigirle al arte naval, que la « Rosales » 
que nos devuelva, sea de un tipo mejor que 
la perdida, tragada por las olas del mar, si 
es que se la tragaron.— que así no queda- 
rá defraudada la espectativa nacional, 
en busca en este momento, del dinero de 
todos, en la forma de suscrición que se 

conoce. 

* 
* * 

Sea de todolo dicho, lo que fuere, y como 
no hay hechos, y como no he de inventarlos, 
repito, lo que al principio y asi como para 
concluir: la situación es de inquietud y na- 
da floreciente, para qué ocultarlo, á pesar 
de las buenas cosechas y otros prospectos. 
Pero acaso, la situación actual del resto del 
mundo, particularmente de la Europa, es 
mejor ? Yo sé bien que no es consejo de sabio 
consolarse con los males del vecino. Obser- 
varé, sin embai'go, que los países más ricos, 
experimentan algo de nuestro malestar,— 
contrastando ésta situación, con la properi- 
dad general de 1850 á 1870, aunque durante 



ese periodo tuvieran lugarla guerrradeCri- 
mea, ladeltalia, ladeDinamarcay Alemania, 
la prusiana con el Austria, la Franco Prusia- 
na, por allá; 3^ por acá, en este nuevo mun- 
do, la gran guerra de los Estados Unidos 
del Norte, la gran guerra del Paraguay, la 
de Chile con el Perú seria de no aca- 
bar, y continuando, quedaría plenamente 
probada la tesis de que la guerra, es el 
estado natural del hombre, en su eterno 
martirio por alcanzar ?a felicidad. 

Dios nos asista siquiera á nosotros, hasta 
el último dia, Jin de siéclel 

Lucio V. Mansilla. 




CRÓNICA DE LA QUINCENA 



Nos detenemos siempre con especial aten- 
ción en los artículos económicos de « El 
Siglo» de Montevideo, no solo por la impor- 
tancia de ese colega y la reconocida ilustra- 
ción de su redactor, sino también por la cir- 
cunstancia de reflejai" las ideas del círculo 
de capitalistas que hace tres años viene lle- 
vando al gobierno por el extraviado camino 
de la restricción, en cu3'0 término solo se en- 
cuentra el abatimiento de toda vitalidad 
nacional. 

La estadística de las hipotecas realizadas 
en el primer semestre del presente año y 
que comprueba la verdad de lo que decíamos 
en una carta económica al «Telégrafo Mari- 
tino» que hoy reproducimos, en vez de ha- 
cerle ver que es tiempo ya de que se adopte 
una política económica diametralmente 
opuesta á la seguida hasta ahora, le dá tema 
para descargar la responsabilidad del ma- 
lestar que se siente sobre los proyectos de 
circulación expansiva de que se ha habla- 
do de vez en cuando, y para instar de 
nuevo sobro la conveniencia de mantener 
inexoi ablemente las fuei'zas comprensoras. 

v<El Siglo» argumenta con cifras truncas, 
y con las cifras completas le haremos la más 
categórica de las impugnaciones. 

« El descenso rápido, dice, el retiro del 
capital de la hipoteca se acentúa después 



DEL Rio de la Plata 



171 



I 



de Julio de 1891, precisamente cuando, al 
caer el Banco Inglés y por segunda vez el 
Banco Nacional, empezaron á circular con 
insistencia los rumores sobre alteración del 
régimen monetario.» 

Ahora bien, el hecho de que la disminu- 
ción del capital dado en hipoteca se haya 
acentuado desde después de Julio de 1891, es 
completamente inexacto, y se lo vamos á 
probar. 

Las hipotecas realizadas en el primoi* se- 
mestre de 1889 ascendieron á ps. 12.516.903 
mientras que en el primer semestre de 1891 
ya habían descendido á ps. 7.271.374 lo que 
acusa una progresión de descenso análoga 
á la continuada después de Julio de 1891. 

El descen.so se ha producido y se ha ido 
acentuando en la proporción en que la es- 
casez de medio circulante ha deprimido los 
valoi-es. 

Llega después de esa inexacta afirmación, 
á las conclusiones siguientes: 

« No cabe duda, dice, de que si no se ha- 
cen hipotecas no es porque no hay dinero, 
pues es absurdo suponer que en 1891 podía 
haber mucho más, el doble, que en 1892. 
El tipo del interés es por el contrario menor 
e.ste año que el pasado, signo evidente de 
que el capital no escasea y que solo es rea- 
cio para colocarse sin garantías especiales 
contra un malón legal.» 

Empieza nuestro distinguido colega por 
no hacerse cargo de las diversas causas que 
pueden influir y que han influido en res- 
tringir fuertemente la cantidad disponible 
para colocar en hipoteca. Los prestamistas 
hipotecarios no son en su generalidad indi- 
viduos desvinculados de todo el orden eco- 
nómico; por lo contrario, en su mayoría son 
comerciantes, especuladores etc, que divi- 
dían su giro y que, anulado el capital de 
reserva que colocaban en papeles, viendo 
incobrable la mayor parte de sus créditos y 
estando privados de toda facilidad en los 
Bancos y en la plaza, han ido sintiendo ásu 
vez necesidades de dinero. 

La baja de intei'és, como lo hemos demos- 
trado en una de las crónicas anteriores, no 
es signo en las crisis de abundancia de dine- 
ro, sino prueba de depreciación de valores. 

Pero, tomemos de nuevo la estadística, que 
nos prueba que no es el temor de malones 



legales lo que ha hecho disminuir la suma 
invertida en hipotecas, pues en ella encon- 
tramos estos datos omitidos por El Siglo. 

En el primer seme.stre de 1889 se hicieron 
1.327 hipotecas y en el primer semestre de 
1892 1.749, esto es cerca de un tercio más de 
operaciones. 

No ha habido pues restricción por temor 
de malones legislativos, sino disminución 
en las sumas prestadas en hipotecas que de 
un promedio de 9.425 ps. por préstamo, se 
ha bajado al de 2.400 ps. 

Las desconfianzas en los malones legisla- 
tivos podi-ían hacer que no se prestase nada, 
pero no que se prestase menos sóbrelas pro- 
piedades. 

El dato sobre el número de hipotecas que 
contradice toda la argumentación de «El 
Siglo», refleja además la situación creada 
con la restricción del medio circulante que 
anula los mejores valores; nos prueba que 
apesar de hacei'.se más prestamos hipoteca- 
rios que antes, hoy apenas se con.sigue en la 
República la cuarta parte de lo que sobre 
las pi'opíedades se obtenía, hace tres años. 

¡ Y se quiei-e que sigamos bajando!... 

— Vemos con sentimiento las divisiones en 
el seno del Partido Colorado, que refleja uno 
de nuestros distinguidos colegas de Monte- 
vídeo, y cuyas causas no alcanzamos desde 
aquí. 

La distancia no es sin embargo una 
desventaja; creemos más bien que favorece, 
pues si no deja apreciar las cuestiones de 
detalle presenta, en cambio, de un modo 
más completo, el conjunto, dá idea de las 
conveniencias capitales, mejor que lo que 
pueden concebirlas los que se encuentran en 
las malesas de las pasiones y las disidencias 
per.sonales. 

Los momentos actuales son de extrema 
gravedad para el Partido Colorado, y ellos 
aconsejan á la par de una acción enérgica 
la mayor unión, el prestigio y la concordia 
de todos sus hombre.s, como tratan de con- 
servarlas las fracciones políticas que le dis- 
putan el terreno. 

—Ha terminado el segundo período ordína 
río de la actual Legislatura sin dejar el 
rastro de ninguna ley útil, ni de ningún 
acto de independencia por parte de la ma- 
yoría de los Re p re.se ntante.s, y, al concluir 



172 



Revista Económica 



sus sesiones, ]as Cámaras Iiau aelegado el 
cuidado de velar por el cumpliuiiento de la 
Constitución y de las leyes, en una Comisión 
compuesta de los más íntimos amig-os del 
funcionario cuyos actos les corresponde 
fiscalizar. 

Comprendemos, colocándonos en su lugar, 
toda la mortificación del Sr. Presidente de 
la República, al verse así revestido de una 
especie de dictadura totalmente innecesaria, 
pero no nos pasa lo mismo en cuanto á la 
mayoría de los designado?, que ha debido 
escusí'rse como deben siempre escusarse los 
que se encuentren en su caso. 

Las condescendencias políticas y la defe- 
rencia con las votaciones de la Cámara, no 
pueden ni deben nunca llevará lo que no 
permitan ni el prestigio de las disposiciones 
constitucionales, ni la susceptibilidad per- 
sonal. 

— Se ha nombrado la Comisión liquidadora 
del Banco Nacional, no obstante la sensata 
oposición del ilustrado Senador Dr. Don 
Ángel Floro Costa, quien sostuvo que una 
vez fracasado el proyectado Banco del Uru- 
guay, con el que poco acertadamente se le 
quería reemplazar, era el caso de tratar de 
rehabilitarlo en vez de emprender su liqui- 
dación. 

Sentimos no haber visto al Gobiei-no en el 
mismo terreno que el Dr. Costa, pei'O, on cam- 
bio, ya que el Gobierno estaba en el orden 
de ideas opuestas, consideramos digno de 
aplauso que se haya anticipado á pedir el 
acuerdo al Senado para nombrar la espresa- 
da Comisión, evitándose así el desprestigio 
que traerla el nombramiento hecho con la 
venía de una Comisión de amigos. 

— Se acerca la época de la elección de varios 
miembros del Senado, que serán electores de 
Presidente, sin que se manifieste ningún 
movimiento democrático, y la prensa que se 
llama de principios, y tanto ha hablado so- 
bre cuestiones cómelas de la calle de Santa 
Teresa ó la huelga de los verduleros, no se 
preocupa de este hecho anómalo que revela 
hasta que punto estamos fuei-a del sistema 
democrático. En cuanto á la prensa colora- 
da su silencio no e» menos censurable, pues- 
to que, al fin y al cabo, el partido vá á cargar 
con la responsabilidad y con las consecuen- 
cias de lo que pasa. 



Nuestro ilustrado colaborador el General 
Don Lucio V. Mansilla, en su Crónica de la 
quincena pasada, decía, refiriéndose á la Re- 
pública Aigontina, «nuestros estadistas ó 
nuestros caudillos, los unos con sus doctri- 
nas de circunstancias y los otros con su es- 
pada, y hasta nuestros r/ie/ieurs han acons- 
tumbradoal pueblo á la conformidad. » 

Entre nosotros sucede lo mismo; esa con- 
formidad, cuyo verdadei"0 sentido todos íú- 
canzarán, se impone de tal modo modo que 
son ya muy pocos los ciudadanos que se 
acuerdan de que lo son. 

Mientras los colorados se dividen ó se 
aislan, algunos diarios no pierden ninguna 
oportunidad que se les presente para comba- 
tir á los miembros de esto partido que aun 
conservan puestos de importancia. 

La víctima que hoy eligen es el Coronel 
Escobar á quien lo quieren hacer responsa- 
ble de la inevitable participación que en 
las cuestiones de Rio Grande tomen algunos 
brasileros establecidos en la frontera y, con 
el propósito de combatir á ese funcionario, 
llegan hasta dar razón á los que se permiten 
invadií' nuestro territorio. 

Esto es llevar demasiado lejos la política 

partidista. 

— Se anuncia la presentación de los proyec- 
tos financieros elaborados por el Sr. Presi- 
dente de la República, y si como se dice 
ellos tienden á aumentar el medio circu- 
lante y á darle mayor estabilidad, es indu- 
dable que podrán contribuir á una mejora 
efectiva de la situ-ación de la plaza. 

Aprobamos en general la idea, pero nos 
falta conocer sus detalles, de los cuales 
puede depender el éxito déla combinación. 

Todas las medidas económicas adoptadas 
desde hace dos años, cuando no han sido 
por sus tendencias fundamentales total- 
mente opuestas á las necesidades de la si- 
tuación creada, han resultado malas ó es- 
tériles debido á condescendencias con las 
preocupaciones de un estrecho círculo de 
capitalistas. 

Mucho tememos encontrar lo mismo en 
los proyectos anunciados y que, participan- 
do del sentimiento genera!, esperamos con 
impaciencia. 



DEL Rio de la Plata 



173 



REVISTA BURSÁTIL 



Si bien en la quincena han habido en algu- 
nos días manifiesta tendencia de alza debido 
á rumores de diversos género, los precios 
tienden de nuevo á la baja para mantenerse 
al rededor de 300 «/o á 310 °¡o que son los 
tipos que en las condiciones actuales se 
imponen, de tal modo que todo cuanto se 
exeda éste último es considerado anormal 
asi como sería generalmente considerada 
como artificial toda baja del primer tipo. 

Los descuentos siguen tratándose en ti- 
pos bajos, loque se explica por la paralización 
que persiste en los negocios. 

En los cambios no han habido variaciones 
sensibles. 

En compensación, ha habido grande ñuc- 
tuación en los títulos del Banco Hipoteca- 
rio de la Provincia, bajando sus cédulas de 
las diversas series y valorizándose sus bo- 
nos hasta alcanzar á 18. 

Los cheques y certificados del Banco de la 
Provincia, han continuado valorizándose 
como es lógico que suceda dada la mejora 
que revelan sus balances mensuales, y que 
hacen vislumbrar un próximo renacimiento 
de ésta importante institución de crédito. 

Basta comparar el nuevo balance que 
publicamos hoy con el correspondiente al 
mes de Mayo para encontrar la comproba- 
ción de lo que decimos. En un sólo mes el 
Banco ha realizado $ 873.088:05 de su cartera 
y sus cheques y certificados en circulación 
han disminuido en ^ 278.064:55, lo que se 
explica por la mayor confianza en los depo- 
sitantes. 

La mejora que día á día se opera en situa- 
ción del Banco, las fuertes cobranzas que 
realiza y la disminución de cheques y cer- 
tificados en circulación, deben ir valorizán- 
dolos hasta alcanzar y mejorar los precios de 
los cheques del Banco Nacional. 

En favor de éstos ha venido influyendo el 
hecho de la menor cantidad de depósitos que 
habían en este establecimiento, pero no se 



tenía en cuenta que por la ley él no puede 
forzar sus cobranzas como lo puede y lo está 
haciendo el de la Provincia. 

Las acciones de Bancos continúan siendo 
objeto de limitadas operaciones, debido á lo 
cual han podido elevarse en éstos últimos 
meses por los directamente interesados las 
cotizaciones de las de algunos. 

Por ésta razón no hay que alucinarse los 
tipos que puedan fijarse en las pizarras. 

Están próximaslas reuniones délas asam- 
bleas de varios de esos Bancos y sus balan- 
ces y sus memorias severamente analizadas 
como deben serlo, dirán más que lo que pue- 
den revelar los tipos bursátiles en épocas de 
calma como la actual. 

La Bolsa de Montevideo sigue encalmada 
de tal modo de que todas las operaciones en 
títulos verificadas en 1» quincena no al- 
canzan á 300.000 ps. efectivos. 

Basta esta cifra para comprobarla supre- 
sión casi total de negocios que allí impera, 
debido á la política de demolición con que 
incesantemente se están anulando todas las 
fuerzas vitales de la República vecina. 

A pesar de lo reducido en que quedaron 
en la pasada quincena los precios de todos 
los títulos, la tendencia de baja ha continua- 
do acentuándose. 

Las Cédulas que estaban á 28 han bajado 
á 25.10 y en los títulos de Deuda Pública se 
nota lo mismo. 

La Deuda del Interior, que estaba á 29 
después de bajar hasta 25.80, ha quedado en 
27.80, y la Deuda Consolidada bajó de 36 á 
34.80. 

Las Acciones del Banco Hipotecario que- 
dan al tipo irrisorio de 10.60, 

Esta depresión es el fruto lógico de le 
que hemos venido censurando desde hace 
tiempo. 

Sígase un poco más prestando oídos á 
nuestros mentores del Banco Comercial y 
en breve veremos en las puertas de la Bolsa 
el siguiente letrero: «Esta casa se alquila.» 

No puede haber Bolsa donde no se dejan 
valores. 



174 



DEL Rio de la Plata 



Movimiento bursátil de la primera quincena de Julio de 1892 



BOLSA DE BUENOS AIRES 

(DEL 1" AL 15 DE JULIO) 



Metálico 



Onzas 

Libras esterlinas. 



Cambios 



Inglaterra. 
Francia — 
Bélerica. 



JUNIO 30 



Mas bajo 



50.50 
15.58 



47-V2 
4.98 
4.99 



Alemania 4.04 



Cheques 

Banco Nacional 

Banco de la Provincia 

Banco Hipotecario de la Provincia— bonos. 

* 
Cédulas Hipotecarias Nacionales 



Serie A (oro) 5 '^/u de renta 

» A m/n 7 % » » 

» B » 7 % 

» C V 7 o/o 

» D » 7 X 

» E » 7 "/o 



Cédulas Hipotecarias Provinciales 

Serie A (oro) 6 % de renta . . 

» A $L 8 % » » - - 

» E » 6 % » » . . 

» F m/n 6 o/o » » . . 

» G » 6 o/q » » . . 
8 



I 
J 
K 
L 
M 
N 
O 
P 



0/ 
/o 

/o 

0/ 
10 

/o 
/o 



8% 
8 °/o 



Fondos y Títulos Públicos 

Fondos Públicos Nacionales de 1884. 
Empréstito Nacional Interno 1891 . . . 

Id. de 1892 

Lotería Municipal de la Capital 



20 - 

44 — 

15 W, 



32 - 

95 — 
95 — 
92 — 
90 — 
90.70 



64.50 
49.50 



50.40 
15.68 



47.^/iG 
4.97 
4.98 
4.03 



20 - 
41 — 

14 1/, 



33 - 

92 — 

88.80 
86 — 
85 - 



63 

47 — 



20 — 


20 - 


34.90 


29.80 


32.50 


29.70 


32 - 


28.20 


31 - 


28.20 


33 - 






33 - 


30.80 


32.20 


29.30 


32.10 


28.80 


32.20 


29 - 


32 - 


28.80 


32 — 


29 - 


32 - 


29 — 


53 - 




71.70 


68.80 



Ultimo precio 



Mas alto 


HiSTA 




JULIO 15 


54.80 


53.80 


16.87 


16.66 


47. 1/2 


*'• /8 


4.98 


4.97 


4.99 


4.98 


4.04 


4.04 


21 - 


21 - 


46 Vo 


42 - 


18 - 


18 - 


33 - 


33 - 





95 - 


96 - 


96 - 


90 - 


88.80 


86 - 


86 - 


85 — 


85 - 


20 — 


20 - 


33 - 


30.50 


32.. 50 


29.70 


31 - 


29.20 


32 - 


29 - 


— — 


33 - 


31 - 


31 — 


32.30 


29.70 


33.10 


29.60 


32.50 


29.60 


32.30 


29.60 


32.40 


29.70 


32.30 


29.60 



72.50 
65.50 
50 — 



53 - 
70.90 
63.30 
49.50 



Revista Económica 






175 




Último precio 

HASTA 

JUNIO 30 


Mas bajo 


Más alto 


Último preio 

HASTA 

JULIO 15 


Acciones 

BANCOS 

Español del Rio de la Plata 


109 - 

86 — 

27 - 
50 - 
39.50 
47.50 
41 - 

4.50 

0.80 

20 — 

30.50 

80.50 

80 - 

: 8.50 

1 30 - 

I 37 - 

28 - 

79 - 
30 - 

87 - 
40 — 

150 — 

80 - 
9.90 

30 — 

7 - 

7 - 

65 - 

14 - 

53 - 
39 - 

27 — 

28 - 

28 - 
33 - 

29 - 
31.20 

i 36 — 
10.30 

50.% 

1 5.32 

5.33 

1 4.30 


108 - 

86 - 

51 - 
46 - 

0.70 
16 - 
27 — 

80 - 

30.50 

27 — 

87 - 

9.10 

51 - 
39 - 
25.40 
25 - 

33 - 

25.80 
31.20 
34.20 
10.30 

50.% 
5.32 
5.33 
4.28 


109 - 

86 - 

52.50 
47 — 

0.80 
16 - 
27 - 
85 - 

30.50 

27 - 

87 - 

9.80 

54.50 
39 - 
26.10 
25.10 

33 - 

27.80 
31.10 
34.80 
10.60 

50.% 
5.35 
5.37 
4.33 


108 - 


Italia y » » » » (oro) 


86 — 


Crédito Real 


27 - 


Nuevo Banco Italiano 


52.50 


Banco de la Bolsa 


39.50 


Francés del Rio de La Plata 


46 — 


Hipotecario de la Capital (Bonos oro; 

Constructor de La Plata 


41 - 
4.50 


Id. id. (obligaciones) 




Agrícola Comercial 


16 — 


Banco Inmobiliario 


27 - 


Banco de Comercio 


80 - 


Banco Caja de Descuentos 




Comercial de La Plata. . 


8.50 


Comercial 


30 - 


Banco Sud Americano 


30.50 


Banco Nacional 


28 - 


COMPAÑÍAS 

La Edificadora 


79 — 


La Previsora (Compañía de Seguros) 

La Primitiva Compañía de Gas 


27 - 
87 - 


Gas Argentino 


40 - 


Empresa del Edificio de la Bolsa 


150 - 


La Argentina (fábrica de papel) 


80 - 


Muelle y Depósitos de las Catalinas 

La Buenos Aires (Compañía de Seguros),. . 
Compañía General de Reaseguros 


9.70 
30 - 

7 - 


Kíd y C'^ 


7 — 


Telegráfico Telefónica 


65 - 


Constructora Argentina 


14 - 






BOLSA DE MONTEVIDEO 

(DEL PAL 15 DE JULIO) 




Billetes Banco Nacional 


52 - 


Deuda Unificada 


39 - 


Títulos hipotecarios Serie D 


27.70 


Cédulas hipotecarias » A 


25.10 


Id. id. » B 


28 - 


Deuda amortizable • 


33 — 


Deuda del Interior 


27.80 


Deuda Independencia .. 


31.20 


Deuda Consolidada. . . . 


34.80 


Acciones Banco Hipotecario 


10.60 


CAMBIOS 

Ing'laterra 


50.% 


Francia 


5.33 


Bélgica 


5.33 


Alemania 


4.31 



Revista Económica 




2" Época -Núm. 7. 



5 de Agosto de 1892. 



REVISTA ECONÓMICA 



DEL 



RIO DE LA PLATA 



DIRECTOR: DOMINGO LAMAS 



La fuerza motriz ile la iiiooeila 



La crisis económica oriental que he- 
mos observado de cerca, presenta la par- 
ticularidad de haber sido provocada arti- 
ficialmente, como nos proponemos de- 
mostrarlo en otro artículo, dando hoy 
preferencia al estudio de las causas de su 
agravación, que es lo que puede indicar- 
nos mas directamente cuales sean los 
medios de mejora á que sea urgente re- 
currir. 

Quebrantados los valores, disminuida 
la circulación, provocadas liquidaciones 
ruinosas de los negocios mas prósperos, 
se dijo con razón que era menester res- 
tablecer la confianza, y para conseguir 
esto, lo racional era detener el derrumbe 
proveyendo á la plaza por los medios que 
al efecto se requiriesen. 

Así lo entendíamos; en vez de esto pre- 
dominó, impuesto por parte de nuestra 
prensa, el programa que podemos resu- 
mir en los siguientes términos: 1° Man- 
tener la Hacienda separada de la gestión 
del partido colorado. 2'' Hacer tabla rasa 
de las instituciones de crédito nacionales, 
escepcion hecha del Banco Comercial y 
3° Conservar inalterable el régimen mo- 
nometálico oro, con la base de monedas 
extranjeras apreciadas por menos del 
valor del metal fino. 

Esto importaba, 1" No solo un padrón 
de indignidad á toda una colectividad 
política, no justificado, sino también pri- 
var al país del servicio de los hombres 
que habían adquirido en el desempeño 
de puestos públicos la práctica necesaria, 
2" Aumentar el mal promoviendo incon- 



sideradamente una mayor baja de valo- 
res y derribar los elementos liberales, 
dejando solo en pié el espíritu usurario, 
retrógrado y pesimista y, 3« Imponer el 
empobrecimiento constante de la circu- 
lación, privando á la vez al Gobierno de 
todo medio de moderar las restricciones 
qne las crisis producen. 

Los tristes frutos de estas aberraciones 
[tueden apreciarlos todos. La receta se 
siguió al pié de la letra, y, comoera natu- 
ral que sucediese, la crisis creció y con- 
tinuó desenvolviéndose, no obstante lo 
cual, en la cabecera del postrado país y 
por sus mas autorizados órganos en ía 
prensa, ya que no se podía insistir res- 
pecto de los dos primeros puntos, en vis- 
ta de los resultados negativos de la eli- 
minación colorada en la Hacienda y del 
hecho de haberse agi-avado la situación 
destruyéndose el Banco Nacional sin po- 
derlo reemplazar; se sigue aconsejando 
el tercero, como panacea niilagrosa, rccur- 
riendose sucesivamente á las considera- 
ciones tan infundadas como contradicto- 
rias que vamos á analizar. 

Primero se decía, no nos falta me- 
dio circulante, porque el oro que teníamos 
no se lia ido del país; está escondido, y 
sí le damos tranquilidad para que vuelva 
á salir, haciendo eso que indican los au- 
gures del Banco Comercial, tendremos 
una circulación de mas de veinte pesos 
por habitante. Además las liquidaciones 
que la crisis promueve, restringiendo los 
consumos, nos darán un saldo favorable 
en el comercio internacional de pesos 
10.000.000, que nos vendrá en oro al país. 
¡Errores de hecho y errores de apre- 
ciación! 

La idea de una fuerte provisión de oro 
en el país proviene de que las sumas que 



178 



Revista Económica 



hasta fines de J889 figuraban como enca- 
jes en los Bancos, aparecen hoy reduci- 
das á la mitad, habiéndose operado esa 
disminución conjuntamente con el retiro 
de la mayor parte de las emisiones que 
entonces circulaban, de lo que se dedu- 
ce, agi-egan, que ese metálico que dejó 
de figurar en los Bancos y es apreciado 
en unos diez millones, ha ido á manos de 
los particulares que lo guardan eu sus 
cajas ó lo encierran en botijas. En apo- 
yo deesa creencia citan el hecho de que 
en vez de exportación de metálico lie- 
mos tenido un pequeño saldo á favor en 
estos ti*es últimos años. 

Como lo ha demostrado mu}'- bien El 
Siglo contradiciendo lo que había hasta 
ahora sostenido, el aumento de los enca- 
jes de los Bancos, hasta la cifra con que 
figuran á íines de 1889, se debió al hecho 
de que se incluía como oro, eu los balan- 
ces, el papel convertible de los otros 
Bancos, emitiendo cada uno papel sobre 
el papel de los demás. La circulación 
monetaria adquirió así amplitud sin au- 
mento real de metálico en el país. 

Hoy se dice que no puede haber dis- 
minución de la existencia metálica por 
que no hubo exportación, y con igual 
criterio deben los mismos afirmar, que 
no era real el aumento de existencia 
metálica que indican los balances ban- 
carios de 1889, porque en los años ante- 
riores, en vez de venir oro al país, hubo 
exportación debido á pérdida de cose- 
chas, interrupción del comercio con el 
Brasil y otras causas. 

Por otra parte, hay un medio de com- 
probación al alcance de todos de que la 
disminución de la cifra del encaje de los 
Bancos, no corresponde á un aumento 
de oro en poder de los particulares, y 
es la comparación de las diversas cuen- 
tas de sus balances, de las que resulta 
que si bien esos establecimientos han 
recojido emisión y pagado una parte de 
los depósitos que tenían, por otra, han co- 
brado, algunos tanto y otros mas de lo 
que han pagado. No ha habido, pues, 
provisión real del mercado; los Bancos 
han convertido y han pogado depósitos 
con sus carteras . 

El poco oro que existia fuera de los 
Bancos, no podía alcanzar, como no al- 
canza, ni para suplir) para las transaccio- 
nes mas reducidas, el vacío producido 
por el retiro del papel y el que eu los 
Bancos está, se encuentra en las condi- 



ciones de circulación muerta en el senti 
do que le dá Bonnet, puesto que no pue 
de actuar en plaza, en las actuales 
cunstancias en que constituye reser 
imprescindibles. 

Otra prueba, y concluyente, podemos 
dar de que la falta de numerario no pro- 
viene de temores de quebrantamiento del 
monometalismo oro y de que se ha esta- 
do perdiendo un tiempo precioso con 
prescripciones formuladas sin la obser- 
vación mas somera de los hechos. 

El temor de curso forzoso solo podría 
producir directamente un efecto limitado 
que era restringirlos préstamos á cambio 
de alentar las inversiones de compra de 
propiedades; y, en la República Oriental, 
las compras se han restringido aun en 
mayor proporción que los préstamos. 
Casi podemos decir que la propiedad te- 
rritorial es en ella hoy invendible. 

Y ¿qué tienen que ver sus ricos cam- 
pos con el curso forzoso? ¿Es por 
temor de que las monedas dejen de ser 
de oro con prima de expoi-tacion, que 
nuestros capitalistas no paguen por ellos 
lo que corresponda á su poder de produc- 
ción; producción que es oro, y por con- 
secuencia la mayor garantía contra las 
inconversiones ? 

Basta considerar por un momento el 
carácter del mal que aqueja al país para 
ver cuan poco meditada es la receta del 
monometalismo oro á outrance. 

Por lo que respecta á la importación 
de oro, que se esperaba como consecuen- 
cia de la restricción, ahí está la estadís- 
tica que ha venido á justificar que tenía- 
mos razón cuando hace un año decíamos 
que en el camino en que íbamos y en el 
que hemos perseverado, ó no la tendría- 
mos ó solo la habría en proporciones 
mezquinas. 



mti- \ 
jue- Y 
cir- \ 
L'vas 1 



II 



Convencidos nuestros augures de que 
no existía en el país esa considerable can- 
tidad de oro escondida, y no habiendo lle- 
gado los millones que se creían atraer 
destruyendo los valores, ahorase dice que 
el mal proviene de que el oro no se mue- 
ve, y se agrega que la disminucioo de 
movimiento produce el efecto de una re- 
ducción de cantidad. 

En esto tienen razón; un wagón que haga 
cien viajes en el mismo tiempo que una 
carreta de igual capacidad haga uno, es, 



DEL Rio de la Plata 



179 



páralos objetos del transporte, igual á cien 
carretas. Pero ¿qué se deduse del hecho 
de que el poco numerario que tenemos 
haya dejado de ser movido por el vapor 
para ser arrastrado por los medios colo- 
niales de tracción? ¿Qué es lo que en 
presencia de este hecho nos corresponde 
hacer? 

¡Parece increíble! Ahora se repite como 
antes, «inspírese confianza sosteniendo el 
monometalismo oro», y así, el numerario, 
agregan, volviendo á circular con rapi- 
dez, se multiplicará, reanimando todo el 
organismo social. 

Ya hemos visto que es nimio hablar de 
la confianza que inspire un régimen mo- 
netario como medio directo y esclusivo 
de combatir un mal que hace que las 
propiedades territoriales no tengan com- 
pradores, como si el monometalismo, el 
bimetalismo ó la circulación papel, dis- 
minuyesen ó aumentasen las garantías de 
la propiedad, la fertilidad del suelo, la 
procreación del ganado ó la exportación 
de nuestros productos naturales; y estu- 
diemos ahora la influencia que el régi- 
men monometálico oro puede ejercer en 
beneficio de la rapidez de la circula- 
ción. 

Esto nos lleva al análisis de lo que po- 
dremos llamar la fuerza motriz de la mo- 
neda. 

Nada es mas general ni mas vulgar que 
el dinero, y nada mas difícil de apreciar 
debido á la conplexidad y á la ti-ascen- 
dencia de sus funciones, que, como todas 
las mas importantes en el orden social, no 
se hacen comunmente sensibles á la apre- 
ciación vulgar, cuya observación se difi- 
culta por lo regular en razón directa con 
la estension de sus efectos y lo primordial 
de su acción. 

Recurriendo auna imagen de Schiller, 
podríamosespresai-(lo que pasa en el mundo 
económico, diciendo que al propio tiempo 
que afectan á la imaginación las flores lo- 
zanas y los frutos aprovechables de un 
árbol, escapan, á la observación gene- 
ral, sus raices profundas y las condicio- 
nes del suelo en que se alimentan. 

Las leyes de la circulación son las mas 
fundamentales del orden económico, y es 
insensato pronunciarse á su respecto, co- 
mo viene haciéndose entre nosotros, sin 
análisis, sin mas caudal que las voces 
corrientes ó los consejos interesados de 
gi'emios. 
Para formar una opinión en la materia 



debemos ante todo establecer que las mo- 
nedas no caminan por impulsión, sino por 
atracción; que su circulación no depende 
de sus condiciones materiales sino de las 
condiciones generales. No circulan con 
mayor ó menor rapidez según sean de 
oro, de plata, ó de papel, sino según exis- 
ta en mayor ó menor grado el poder indi- 
vidual de adquisición. 

El refrán de que el «dinero atrae el 
dinero» tiene un fondo de verdad aunque 
no esplique por completo el fenómeno. 

El dinero en la esfera económi a pasa 
de unas manos á otras movido por una ú 
otra de estas dos operaciones: préstamos 
y compras; unas y otras hechas con la 
perspectiva de lucro. Así como la utili- 
dad lo atrae, el temor de la pérdida lo 
retrae. «El Siglo» llamará á esto último 
falta de confianza, pero viene demostrán- 
donos que desconoce en que consiste. 

La base de la perspectiva de lucro es la 
estabilidad ó la espansion de valores, 
mientras que la tendencia de desvaloriza- 
cion establece condiciones opuestas que 
alejan ó dificultan los actos que lo prime- 
ro alientan ó facilitan. 

Los valores, hé aquí la base del poder 
de adquisición, como fundamento de sol- 
vencia y elemento de cambio. Su au- 
mento acrecienta las responsabilidades 
individuales, amplia el crédito, hace mas 
fáciles las ventas y mayor su efecto, á la 
par que el hecho primordial de la mayor 
facilidad de adquirir el dinero disminuye 
la tendencia de retenerlo. Sus movimien- 
tos se multiplican en relación con la ma- 
yor fuerza de atracción y menor resis- 
tencia. 

Se reproduce aquí la ley fí,sica de que 
las resistencias disminuyen con la rapi- 
dez del movimiento. 

Con las bajas de valores ó el quebranta- 
miento del crédito, esto es, con las dismi- 
nuciones del poder general de adquisi- 
ción, sucede todolo conti-ario, debido á un 
menor poder de atracción y á una mayor 
resistencia; la circulación se hace mas 
lenta. 

Ahora bien; ¿de qué depende el au- 
mento ó baja de la sama total de valores? 
De la abundancia ó escasez de numera- 
rio conti-a el cual se cambia toda la ma- 
teria ofrecida. Establecido esto resulta 
claramente que el sistema monetario que 
permítala mas amplia provisión es el que 
propende á la mayor alza general de va- 
lores y, por la misma razón, el que es, 



180 



Revista Económica 



por su uatu raleza, el mas restricto, como 
el monometalismo oro, en las actuales cir- 
cunstancias, debe propender á acentuar 
la desvalorizacion en vez de valorizar, y, 
por lo tanto, á disminuir la rapidez de la 
circulación en vez de aumentarla. 

Por eso, á medida que se ha ido restrin- 
giendo la circulación y nos hemos que- 
dado con la moneda de oro exclusiva, no 
solo se ha rarificado la circulación sino 
que ella se ha ido haciendo mas lenta, 
multiplicándose los efectos de su escasez. 

III 

En el reciente Mensaje del P. E. sobre 
la cuestión económica hemos encontrado 
una observación nuiy exacta de que «El 
Siglo» ha debido tomar nota. 

«Las crisis, dice, llegan á alimentarse 
de su propia sustancia, transformando en 
causas sus mismos efectos.» 

Quebrantados los valores, restringida 
la circulación al suprimirse la mayor 
parte de los billetes bancarios, la restric- 
ción se acentuó por la disminución de la 
eficacia de las monedas; y las ruinas sub- 
siguientes fueron á su vez causa de 
mayores deficiencias en la circulación 
monetaria, cuando no en cantidad en ofi- 
cio circulatorio, que para sus efectos es 
lo mismo. 

Así, los efectos volviéndose á su vez 
causa de nuevos males, las condiciones 
económicas del pais se han ido agravando 
con una rapidez que se multiplica por los 
cuadrados de la distancia. La restricción 
trae desvalorizacion, y la desvalorizacion 
creciente restricción. 

Este es un hecho que se ha reproducido 
en todas partes y que esplica las agrava- 
ciones délas crisis, hasta que se haya en- 
contrado un medio ó se haya resuelto 
adoptar el medio adecuado para dominar 
la restricción. 

En el Mensaje á que acabamos de refe- 
rirnos, se dice que la mayor parte del 
oro que se cree que existe en el país no 
actúa, habiendo en plaza absoluta caren- 
cia de medio circulante. «El Siglo» reco- 
noce, como hemos visto, la disminución 
considerable de movimiento monetario, 
que produce el mismo efecto que una 
disminución considerable en la cantidad 
de monedas, y la consecuencia lógica de 
lo uno como de lo otro debería ser sos- 
tener la conveniencia de ensanchar la cir- 



culación del mejor modo posible, ya para 
suplir las monedas que se jiretenden es- 
condidas, ya para compensar la menor 
eficacia de las circulantes, en lugar de ha- 
cer de esto un nuevo motivo para pro- 
clamar una vez mas la oportunidad de 
sostener el régimen de restricción. 

Se insiste en este propósito principal- 
mente por el deseo de no imponer á los 
que tengan títulos por dinero una mone- 
da que pueda despreciarse en relación al 
oro, lo que se cree contrario ala equidad, 
sin advertir, todos los que esto pien- 
san, que no hay solo que medir el 
papel ó la plata con el oro, sino que tam- 
bién el oro debe medirse con los valores 
generales contra los cuales se cambia. 
Si esto hiciesen verían que el oro en la 
República Oriental, en los momentos ac- 
tuales, está á 400 % de premio, ó lo que 
^s lo mismo, que se impone una equiva- 
lente depreciación á todos los valores 
generales, afectando esta una suma vein- 
te veces mayor á la de las obligaciones 
por dinero existentes. 

En cuanto á «El Siglo», que nos viene 
sosteniendo la moneda valorizada co- 
mo medio de activar la circulación, no 
nota que esa valorización se hace á es- 
peusas de la fuerza circulatoria y que 
cuanto mayor sea la inferioridad de 
las condiciones de los que necesiten di- 
nero mas se acentuará esa situación; me- 
nor será el poder de atracción y mayor 
la resistencia. 

Recapitulemos; es menester levantar 
los valores con lo cual se restablecerá 
también el crédito, y, con éste, los dos ele- 
mentos del poder de adquisición, que es 
la fuerza motriz de la moneda; y los va- 
lores solo se levantarán supliendo por au- 
mento de cantidad lo que de ésta falte 
debido á menor existencia y lo que lo 
mismo importa, á menor actividad de giro; 
en una palabra, dando al país elementos 
de expansión. 

Persistir todavía hoy en el sistema que 
hemos seguido estos dos años con los re- 
sultados que todos sienten, es no solo opo- 
nerse á lo que la razón indica sino tam- 
bién menospreciar las lecciones de la 
experiencia. 



Del Rio de la Plata 



181 



EL BANCO DE LA. PROVINCIA 

DE BUENOS AIRES 

y SU CRÉDITO ímu e um hipoteürio 



La inmensa carga de las deudas que en 
la República Argentina pesan sobre los 
gobiernos y los particulares, ante la cual 
se sobrecogen espíritus timoratos, debe 
constituir un estímulo para el trabajo 
que, bien encaminado y enérgicamente 
desenvuelto puede, en un porvenir no le- 
jano, Ixjrrar hasta el último rastro de los 
errores pasados. 

Ancho campo presenta la Provincia de 
Buenos Aires para ésta tan viril como 
salvadora tarea; el capital extranjero le 
ha dado ya todo lo que con venia pedirle: 
una red completa de ferro-carriles y las 
obras que hacen de la Ensenada elmejor 
de los puertos de la Ptepública, con lo que 
ella está como ninguna preparada para 
poner en explotación hasta las mas apar- 
tadas zonas de su territorio, y dar ven- 
tajosa salida á sus productos. 

Le falta, en cambio, el ca[)ital de explo- 
tación que solo pueden proporcionarle en 
forma amplia, eficaz, conveniente, las 
instituciones del país que, como la prác- 
tica lo demuestra, son las que se atreven 
á salir de los gi-andes centros comercia 
les, para ir á habilitar directamente la 
producción. 

Y estas necesidades de capital ya hoy 
muy sensibles en la campaña, tienen que 
aumentarse tanto como adelante la trans- 
formación de la ganadería primitiva en 
perfeccionada, se hagan mas vastas ó mas 
extensas las explotaciones agrícolas y se 
desenvuelvan las industrias accesorias 
que su progreso exige. i 

De ahí el que la rehabilitación del tra- j 
dicional Banco de Descuentos se imponga [ 
como el primer paso para toda mejora de i 
las condiciones generales de la Provincia i 
de Buenos Aires y para la reconstrucción \ 
de su Hacienda Pública. Ni la iniciativa i 
individual debilitada por el quebranta- 
miento del espíritu de asociación, ni las 
sucursales del Banco de la Nación consti- 
tuido con limitados recursos, que deben 
dividirse por toda la Re[)ública, pueden 
suplir el vacío de la institución provin- 
cial y mucho menos atender alas exigen- 
cias de un mayor desenvolvimiento. 



Al recomendar la reconstrucción y la 
rehabilitación del Banco de la Provincia, 
no pretendemos que se realice una obra 
por lo pronto imposible ni siquiera difí- 
cil; los grandes recursos de ese estable- 
cimiento y la labor de su primer año de 
moratorias la facilitan á punto de que, 
mediante fáciles operaciones y la liquida- 
ción de cuentas como la del Banco Hipo- 
tecario, podría en breve renunciar á los 
beneficios de la moratoria y emprender 
de nuevo su giro ordinario. 

Aunque prescindamos délos beneficios 
generales que de ésto deba resultarle á la 
Provincia y nos limitemos á los mas rex- 
trictos de las conveniencias fiscales y de 
las especiales del Banco Hipotecario, aún 
así, la rehabilitación del Banco resulta un 
interés capital, puesto que fomentando y 
extendiendo la producción se acrecientan 
las reutas, se facilita su percibo y se valo- 
riza la propiedad, dando base de garantía 
efectiva á las cédulas en circulación. 

Hemos visto por ésto, con sorpresa, que, 
además de no manifestarse en la Legisla- 
tura de La Plata, nada que indique la mas 
mínima preocupación por el Banco de la 
Provincia, se presente por distinguidos 
diputados un proyecto sobre el Banco Hi- 
potecario en el que no se hace mención de 
la deuda que con aquél tiene, que importa 
$ 14.470.712:84 moneda nacional y pesos 
J)09. 157:23 oro, suuux considerable sobre 
la cual no paga intereses y que representa 
la tercera parte de lo que el Banco de 
Descuentos adeuda al público. 

Esto revela, no solo desconocimiento de 
las conveniencias primordiales de la Pro- 
vincia, siu(') también no hacerse cargo 
l(^s autores del proyecto, ni del carácter 
del crédito ni de la'obligacion en que está 
el Directorio do ese establecimiento de 
hacer valer los derechos que le corres- 
ponden. 

Se confunde vulgarmente esta institu- 
ción provincial con la provincia misma y 
por eso se cree natural que se postergue 
indefinidamente su crédito en beneficio 
del Banco Hipotecario. Esta confusión ya 
le ha sido fatal al Banco de la Provincia, 
quebrantando su prestigio al hacerlo en 
medio de la crisis pagador de los cupo- 
nes de las cédulas y responsable, aparen- 
temente, de una suma que excedía á las 
fuerzas de la institución mas poderosa. 

Esta identificación del todo contraria á 
las conveniencias y á la naturaleza de 
ambos establecimientos, que tienen obje- 



182 



Revista Económica 



tos diversos y cuyos recursos correspon- 
dian en primer término á compromisos 
distintos, es hoy todavía más insostenible 
desde que bajo el réjimen de la moratoria 
la administración del Banco representa 
ante todo á sus depositantes. 

Las Cámaras, si quieren ser munificen- 
tes, podrán disponer de los derechos y de 
los' caudales de la Provincia, pero no 
ser generosas con los fondos de los depo- 
sitantes, por cuenta de los cuales está el 
Directorio en el caso de hacer efectivo ese 
enorme crédito, y además con el fin de 
poder, á su vez, dar movimiento á sus ope- 
raciones. 

Una suma aproximada á la deuda del 
Banco Hipotecario, debe el Banco de la 
Provincia á la Caja de Conversión, á la 
cual, no obstante la moratoria, tiene que 
hacer el servicio de una fuerte suma de 
intereses, mientras el Hipotecario no solo 
no amortiza su crédito, sino que no 
paga ni un céntimo de interés conti- 
nuándose así á sacrificar la primera insti- 
tución de crédito que tenia el país y su 
primer elemento ae progreso con el es- 
téril y mal entendido propósito de favore- 
cer aquel comprometido establecimiento. 

Basta analizar el carácter del crédito 
del Banco de la Provincia, para compren- 
der que las contemplaciones con que á 
éste se sacrifica, no favorecerán á los te- 
nedores de las cédulas y que por lo tanto 
se dificulta una positiva mejora que á 
todos interesa, sin beneficiar efectiva- 
mente á nadie. 

El Banco Hipotecario no es mas que un 
intermediario entre los deudores hipote- 
carios y los tenedores de cédulas, que 
como lo expresa el Presidente del Banco 
de la Provincia D. Félix Soriano, en su 
reciente nota al señor Ministro de Ha- 
cienda, haciendo ver los inconvenientes 
del proyecto, recibieron, de este estable- 
cimiento, la expresada suma, como anti- 
cipo de las rentas de las propiedades afec- 
tadas á las cédula.?. 

Este es, pues, un crédito de preferen- 
cia; el Banco de la Provincia tiene que 
cobrarse con las garantías afectadas al 
Banco Hipotecario lo que á éste anticipó 
sobre el servicio de las hipotecas. 

Establecido ésto, es evidente que á los 
propios tenedores de cédulas les conviene 
la liquidación de esta cuenta en vez de la 
capitalización de intereses. 

El proyecto, pues, á que nos referimos, 
tal como está concebido y que contraría 



las exigencias de la situación de la Pro- 
vincia, no favorece los bien entendidos 
intereses del Banco Hipotecario y desco- 
noce los deiechos por los que debe velar 
no solo el Banco de la Provincia, sino 
también el P. E. y la Legislatura. 

Se está todavía en tiempo de evitar que 
se consume ese nuevo y funesto error que 
importa el proyecto á que nos referimos, 
resolviendo las cuestiones entre ambos 
establecimientos, de acuerdo con el dere- 
cho y la equidad. 



LA ESPAÑA DE HOY 



IV 



Situada la península española en la zo- 
na templada, tiene sin embargo clima 
tan variado, que le permite cultivar en 
su extensión territorial lo mismo los pro- 
ductos propios de Europa, que otros de 
Asia y América; que si al calor del sol 
andaluz se encierra en dorado gi'ano el 
suave néctar, delicia del mundo bebedor, 
y en los alicantinos campos se cimbrea 
ia esbelta palmera acariciada por el afri- 
cano viento, en cambio en las regiones 
del Norte se desarrolla el árbol que no 
le teme á los ventisqueros ni á las cru- 
das heladas de la invernal estación. De 
suerte que, pasando de ondulación en 
ondulación, desde las elevadas cumbres 
del Pirene y las heladas comarcas soria- 
nas, hasta la l)enigna playa malagueña ó 
la espléndida huerta jerezana, el suelo 
español le ofrece á sus hijos cuanto darle 
puede al hombre la madre tierra como 
recompensa á sus sudores y trabajos. 

De los 50.()00.0C)0 de hectáreas que tie- 
ne el suelo español solamente se cultivan 
30.000.000 de hectáreas de las que única- 
mente son de regadío 1.200000, dato que 
es fuerzatener presente cuando se hable 
del iwoncehihie atraso de la agricultura 
peninsular. 

La aridez de algunas provincias, lo her- 
mosamente quebrado de otras, la facili- 
dad con que los fecundantes ríos y to- 
rrentes se convierten en elementos de 
desolación y de muerte, son noticias dig- 
nas de ser tenidas en cuenta al tratar de 
la producción agrícola española. Cierto, 
que el campesino apegado á la rutina. 



DEL Rio de la Plata 



183 



apático en no pocas comarcas, es refrac- 
tario al uso de nuevos abonos y al em- 
pleo de la moderna maquinaria para el 
laboreo; pero también es cierto que lo 
quebrado del suelo, imposibilita on la 
mayoría de los casos el empleo de esa 
maquinaria, obli^^ando al campesino á 
radas faenas en las abruptas montañas 
asturianas, gallegas y catalanas, en las 
áridas y ¡¡edregosas tierras de Guipúz- 
coa, Navarra, Vizcaya y Cataluña, en los 
anegados arrozales de Valencia y en las 
abrasadas llanuras de Extremadura y de 
Andalucía. 

Sin tiempo para detallar los productos 
todos del suelo español, me limitaré á las 
tres produciones principales. 

La producción de cereales en un año 
normal, es la siguiente: 

Trigo 33.000.000 de hectolitros 

Cebada 17500.000 

Centeno 7.500.000 

Maiz 7.000.000 

Avena 2.5OC03OO 

La cosecha de vino en la península é 
islas adyacentes alcanza un [)romedio 
anual de unos 33.000,000 de hectolitros 
aunque la de 1870 fué tan solo de 
33.672.336 figurando en esta cifra la re- 
gión catalana con 6.321.110 hectolitros. 

Y íinal mente con respecto al aceite, 
bueno es consignar que España es el 
país del mundo que lo produce en ma- 
yor abundancia, pues mientras Francia 
.solo obtiene una cosecha media anual de 
300.000 hectolitros é Italia á 1-300.000, 
la península ha producido en 1890 la res- 
petable suma de 3.070.300 hectolitros. 

Renuncio á ocuparme hoy de industiia 
y paso á decir algo del comercio español, 
de ese comercio que, á la par del arte, 
dominó en otro tiempo el mundo cono- 
cido. Traíicantes y mercaderes, enrique- 
cían la patria tierra con sus comerciales 
especulaciones; las catalanas naves cOn 
su participación en el cargamento al 
hombre de mar, eran verdaderas socie- 
dades mercantiles en las que para que 
nada faltare habla también e) previsor 
seguro; y en fin, el hispano comercio, lo- 
gró con su actividad é inteligencia eclip- 
sar el genio emprendedor de marselleses 
y venecianos. 

No podia pues esperarse una anulación 
absoluta de este comercio, ni que se 
eclipsara de modo tal que sus esfuerzos 
no debieran figurar en el universal mo- 
limiento. 



La balanza general de valores del co- 
mercio en España, que en el periodo de 
1827 á 1862 y según el promedio anual 
ascendía tan solo á 536 millones, subió 
de 1863 a 1868 á 760 millones; en 1869 á 
1874 á 1028 millones; en 1875 á 1879 á 
1051 millones; en 1889 á 1763 millones; y 
en 1890 según datos oficiales á 1879 mi- 
llones; por manera que, desde el año 1862 
hasta la fecha, lia triplicado y aun con 
risueño sobrantes el valor total del co- 
mercio de im[>ortacion y de exportación 
y aunque sea enfadosa la repetición, per- 
mitáscme recordar que durante este lap- 
so de tiemi)0, se han derrumbado dos 
tronos y una república; se han sostenido 
tres guerras civiles formidables todas, y 
dos de elhis de larga duración, causas to- 
das mas que suficientes para detener el 
crecimiento industrial ó mercantil de un 
pueblo. 



Han pasado muchos años desde que el 
sol no se ponia en los dominios de Casti- 
lla y esto que aun siendo una vulgaridad 
se repite con fricion por los enemigos 
de los descubridores de América no de- 
ja de ser una tontería como [)aso á de- 
mostrar. 

Conviene asegurar desde luego, y aqui 
está la historia para demostrarlo, que va- 
rias de las naciones europeas han tenido 
sus épocas de engrandecimiebto y retro- 
ceso, probando los hechos que la debili- 
dad ó enflaquecimiento de una nación ha 
producido el crecimiento y predominio 
de la otra, sin duda para que resultara 
mas patente el equilibrio universal. Sin 
movernos de esta centuria, podría seña- 
lar el progreso de dos naciones realizado 
a costa de la anemia nacional de otras 
dos, de modo que el decaimiento relativo 
de España no es caso aislado en la histo- 
ria general de la humanidad. 

Apuntada esta idea, que no ansio hoy 
diluir para no alargar mas de lo regular 
este escrito, puedo añadir que como en 
tiempo de Carlos I, el sol no se pone en 
los españoles dominios, y que aun des- 
pués de realizada la independencia sud 
americana, España continua siendo una 
de las primeras naciones coloniales de 
Europa, esto sin contar que por hermosa 
sucesión que la conveniencia política no 
ha podido romper, la sangre y el genio 
español circulan aun hoy y se agitan y 



IS-Í 



Revista Económica 



crean en la vastisima extensión territo- 
rial comprendida desde el civilizado im- 
perio azteca, hasta la misteriosa Pata- 
gonia. 

España ha hecho algo mas que descu- 
brir las americanas tierras; y mientras 
están existan, quizas porque han sido 
tumba de héroes y de genios, la heroicidad 
y el genio español, y con ambas grande- 
zas las flaquezas peninsulares, germina- 
rán, brotarán y se desarrollarán en el 
hemisferio colombiano para demostrar 
sin duda que no se boiTa fácilmente 
cuanto le diera á la civilización y al pro- 
gi-eso la España de Fernando de Aragón 
y de Isabel la Católica. 

Mas dejando aun lado que el idioma, 
los usos y las costumbres españolas han 
de ejercer siempre tradicional influencia 
en la libérrima vida de las naciones ame- 
ricanas, sin que ello pueda implicar en 
tiempo alguno arrasamiento de fronteras 
ó esfumacion de deiinneadas nacionalida- 
des, la España de hoy, figura aun, como 
antes digera, por su imperio colonial en 
primera línea entre las naciones euro- 
peas. 

Léanse con detención los siguientes 
datos y se convencerán mis lectores de la 
veracidad del aserto: 

Isla de Cuba, extensión 119,000 kiló- 
metros cuadrados. Población 1.521.684 
habitantes. 

Id de Puerto Rico, extensión 9620 kiló- 
metros. Población 810.934 habitantes. 

Archipiélago Filipinas (1400 islas) ex- 
tensión 293.7:36 kilómetros cuadrados. Po- 
blación 6.173.633 habitantes. 

Archipiélago de Joló, extensión 2456 ki- 
lómetros cuadrados. Población 100.000 
habitantes . 

Islas Marianas (17 islas) extensión 1140 
kilómetros cuadrados. Población 8665 
habitantes. 

Carolinas y Palaos(700 islas) extensión 
14.50 kilómetros cuadrados. Población 
36.000 habitantes. 

Fernando Poó Annobón y Coriseo, 
extensión 2105 kilómetros cuadrados. 
Población 45.000 habitantes. 

Territorio de Ifni, extensión 40 kiló- 
metros cuadrados. Población 1000 habi- 
tantes. 

Rio de Oro, extensión 700.000 kilóme- 
tros cuadrados. Población 100 000 habi- 
tantes. 

Costa occidental de Muni, extensión 



180.000 kilómetros cuadrados. Población 
500.000 habitantes. 

Total 1.309.537 kilómetros cuadrados. 
Población 9.296.915 habitantes. 

Por manera que mientras el imperio 
colonial de Francia es de 840 810 kiló- 
meiros cuadrados con una población de 
8.524.600 habitantes (según estadística 
de 1882) España, este paistan olvidado y 
tan mal juzgado por los que no se toma- 
ron el trabajo de estudiarlo, tiene una 
extensión colonial como se ha visto de 
1.309.537 kilómetros cuadrados con una 
población de 9,296. 915 habitantes, cifras 
que deben ser recordadas no solo por los 
españoles, sino por nuestros amigos los 
argentinos que no se dejan tiranizar por 
extrañas influencias y ansian por otra 
parte que la verdad se vaya propalando 
en bien de aquella heroica nación, que 
si á algo pudo rendirse, fué al enorme pe- 
so de su gloria y poderlo. 



VI 



Resumiendo estas ya largas líneas, 
complemento de trabajos anteriores, re- 
sulta que la gigantesca España de ayer, 
no quedó tan pigmea que no merezca 
ser estudiada, ni fué su letargo tan ener- 
vador que la dejara sin fuerzas para lu- 
char por su progreso y engrandecimien- 
to. Déjeseme por contra creer, basándo- 
me en la abrumadora ciencia de los nú- 
meros, que la que fué cuna en todo tiem- 
po de hidalguía y nobleza, esplendido ta- 
ller de todas las artes, y albergue siem- 
pre de héroes y de genios, no desempeña 
papel desairado en el concierto de las 
naciones europeas. 

Afortunadamente para los peninsula- 
res, España se vá engrandecimiento á los 
americanos ojos. Aquella alberca que 
agitada por violentas manos alzaba olas 
de sangre en que se mezclaba el lodo de 
torpes pasiones, aquietóse en buena hora 
al besarla el céfiro de dulces afectos y 
cariñosas simpatías; y hoy, en su superfi- 
cie, limpia como azogada luna y tersa 
como la hispana hidalguía, se retlejan 
amorosamente enlazadas y ciñendo igua- 
les laureles, España y América; que si 
en España soalzan sonoros cantos al fa- 
buloso desarrollo de estas nacionalidades, 
y se estudian, y se admiran, y se aplau- 
den sus vertinigosos progresos, en Amé- 



DEL Rio de la Plata 



185 



. rica se nos festeja, se nos abraza y se nos 
estudia. 

¡Bien haya este pugilato de nobles ideas 
y de tiernos afectos! Benditas mil y mil 
veces las horas que americanos y penin- 
sulares dedican al estudio del mutuo co- 
nocimiento! 

No se si hay lirismo en estas ideas que 
sustento; pero si lo hubiere, que no lo 
creo; si fuese pura idealidad el recorrer 
la esplendida via de la confraternidad 
hispano americana, sea en buena hora, 
que no hade resultarme fatigoso el ca- 
mino con acompañantes como Mitre, La- 
mas, Samper, Huneus, Barriga, Cánovas, 
Fernandez, Duro, Aseusio, Castro y tan- 
tos otros americanos y españoles, que co- 
mo yosienteu, y mejor que yo defienden 
lo que se va trocando en realidad. 

Lo dije en mi poema argentino, y lo 
voy á repetir ai terminar este ya largo 
escrito. Ni el mar es barrera, ni la distan- 
cia obstáculo, y por cima del acuático 
elemento, van y vienen cariñosos abra- 
zos y los vientos llevan á nuestros oidos 
rumor de besos, que aseguran mas y mas 
cada dia los dulces lazos de la confrater- 
nidad hispano americana. 

R. MONNER SANS 



y 



'IOS 



La democracia triunfants por Andrew Carnegie 

No abrimos uno de estos libros cuya 
tinta fresca todavía revela su reciente 
impresión. The Triumphant Demo- 
cracy se publicó en New York en 1888, 
pero aparte de que las publicaciones 
Norte Americanas son escasas en el Rio 
do la Plata, ésta obra es una de las que 
mejor compendia todo lo que se relacio- 
na con los progresos morales y materiales 
de los Estados Unidos, cuyo cuadro debe 
ser para nosotros un estímulo en los dias 
sombríos porqué atravesamos. 

Llamamos la atención sobre la obra y 
nos detendremos en nuestros extractos y 
comentarios, únicamente en el interesan- 
te capítulo dedicado á la agricultura, de- 
mostrando con su ejemplo todo lo que 
pueden esperar estos paises doblemente 



favorecidos por la benignidad del clima 
y la fertilidad de la tierra. 

La diosa Céres, dice con exactitud An- 
(Irew Carnegie, es la primera divinidad 
délos Estados Unidos de Norte América. 

Eq 1880 la producción agrícola en la 
gran república alcanzó á ps. 3,020.000.000 
suma que en este ramo la coloca á la ca- 
beza de todns las naciones. La Rusia con 
su enorme territorio y cien millones de 
lial)itaiites tiene una producción agrícola 
(lo pesos 2.280.000.0(K); Alemania' pesos 
2.2B0.000.000; Francia 2.220.000.000 de 
los cuales 225.000.000 corresponden á la 
vinicultura. 

La rapidez con que la agricultura nor- 
te americana se ha desenvuelto no es 
menos sorprendente que la altura á que 
ha alcanzado, y se explica no solo por las 
condiciones materiales que han favoreci- 
do su desarrollo sino también por la de- 
cisión y constancia con que se'le ha impul- 
sado, siendo los principales hombres de 
los Estados Unidos los primeros en pres- 
tigiarla con la palabra y el ejemplo. 

Washington en medio de todas sus ocu- 
paciones buscal)a tiempo para cuidar de 
los trabajos y experiencias agrícolas. La 
importancia de la agricultura para la ci- 
vilización fué la materia principal de su 
último mensaje anual al congreso y lo úl- 
timo que escribió, una semana antes de 
su muerte, fué una carta de 32 páginas 
en folio dirigida al administrador de sus 
granja, con las instrucciones para el cul- 
tivo durante varios de los años siguientes. 
Jefferson uno de sus mas distinguidos su- 
cesores fué el inventor de un arado. 
Adams, CalhouuL Clay, Webster dedica- 
ban á sus granjas todo el tiempo que les 
dejaban disponibles los asuntos públi- 
cos. 

De 1850 álSBO se duplicó la extensión 
de los establecimientos agrícolas, que de 
293.560.614 se elevó a 536.081.835 acre.s. 
La extensión cultivada ascendió de 
113.032.614 á 284.771.042 acres, mientras 
que la proporción del número de esta- 
blecimientos se triplicó, elevándose de 
1.449.073 á 4.008.907 acres, lo que com- 
prueba una disminución del promedio 
de 203 acres f>or explotación a 134, obe- 
deciéndose en ésto á los perfecciona- 
mientos de las culturas que á la vez que 
aumenta la intensidad tiende á reducir- 
la extensión de las explotaciones. 

El capital total invertido con este ob- 
jeto era en 1880 de ps. 10.600.000.000 mas 



186 



Revista Económica 



de tres veces del destinado en indus- 
trias manufactnrerus que son inmedia- 
tamente las mas importantes. 

De 1870 á 1880 la extensión cultivada 
en los Estados Unidos aumentó en 297000 
millas cuadradas es decir un territorio 
igual á todo el de la Gran Bretaña y el 
déla Francia reunidos. Y este progreso 
continuó. Únicamente en Dagota la ex- 
tensión entregada á la cultura en 1883 
excede de seis millones de acres, un ter- 
cio de la Escocia. 

Otro aspecto interesante es el de las 
condiciones en que se encuentra la direc- 
ción de las explotaciones agrícolas. De i 
los 4.008.907 establecimientos cerca de 3 j 
millones son cultivados por sus propieta- j 
rios y 8 op del total por medianeros. Los ■ 
establecimientos cultivados por arrenda- i 
tarios son por lo común los de menor' 
extensión, y su número tiende á dismi- j 
nuir y es especialmente en el sud don-i 
de subsiste debido á la subdivisión de las ¡ 
grandes plantaciones para arrendarlas á i 
los negros antes ligados á ellas por el : 
yugo de la esclavitud. ' 

El valor de la tierra adecuada á 
la agricultura se calcula en ps. 19:21 
por acre, que es poco nuis de la renta 
anual de las tierras en In^ílaterra. Varia j 
deps. 34, en el grupo norte del Atlántico | 
hasta 7,35 en el grupo central del sud. | 

Desde 1870 á 1880 aumentó 37 o[0, es ■ 
decir 7 op masque la población, de- . 
mostrando asi que la valorización de la ' 
tierra crece todavía mas pronto alli que ; 
el número de habitantes. ; 

El Sr. Carnegie no e.studia las causas ¡ 
de éste incremento, pero las hallamos I 
evidentemente demostradas por los re- 1 
sultados que las mejoras y el material ! 
agrícola han producido en la agi-icultura 
norte americana, que elevan sus produc- : 
tos y atraen asi más y más los ca[)itales 
y los brazos á esta clase de explotacio- 
nes. 

Ko menos importantes son los detalles ' 
en que entra respecto á las clases de 
cultura. La producción de granos eo i 
1880 fué de 2.617.000.000 bushels de los ' 
cuales 1.7.50.000.000 bushels de maiz, | 
460.000.000 de trigo y 407.000.000 de ' 
avena. i 

La mayor parte del maiz se consume 
en los Estados Unidos sirviendo en bue- í 
na parte para la alimentación de los cer- I 



dos, caballos y ganado, no obstante lo 
cual su exportación en 20 años subió de 
10 á 50 millones. 

La producción de la cebada aumenta 
rápidamente. En 1870 la producción fué 
de 29 OOO.OíXJ de bushels subiendo en 
1880 á 44.00.0000 de bushels. El pa.sto es 
la mas importante de las culturas; en 
1880 la producción fué de 36 millones de 
toneladas destinándose á su producción 
30 millones de acres. 

El sorgo es la única planta importante 
de reciente introducción, y el desenvol- 
vimiento de su cultura fué tan conside- 
rable que en 1880 se obtuvieron mas de 
28 millones de galones defmelaza,lo que 
dá nuis de medio galón por habitante 
del país, hombres, uiujeres ó niños. 

La producción del algodón ha crecido 
también de un modo considerable. En 
1830 ella ascendió á 976.845 fardos y en 
1880 fué de 5.757.397 fardos, que repre- 
sentan un valor de ps. 275.00(3.000. La 
del tabaco ha aumentado 80 o[o. 

La cantidad de fruta que se consume 
en los Estados Unidos es prodigio.sa, y no 
obstante su baratura la producción de 
1883 se calculó en ps. 52..5U0.000. 

La estadística de semovientes re- 
vela no menos progreso asi como 
presenta verdadero interés el estudiar to- 
dos los [irovechos que de su explotación 
se' obtienen. 

La cantidad de cerdos existentes en 
los Estados Unidos, en 1880. ascendía á 
56.750.000, ésto es á un número un poco 
mayor todavía que el de la población 
que en esa fecha teníala gran república. 
En este país, observa en consecuencia el 
Sr. Carnegie, cada hombre, cada mujer, 
cada niño, tiene un cerdo y un poco mas. 

El número de cabezas de ganado va- 
cuno es de 46.000.000 de los cuales 18 mi- 
llones y medio son vacas lecheras, resul- 
tando mas de una vaca por cada familia 
de tres personas. La cifra del ganado la- 
nar es de 45.000.000. 

El producto anual de lechería se cal- 
cula en ps. 100.0rX).(X)0. La fabricación 
de manteca en 1880 fué de 40 i.OOO tone 
ladas y la de quesos de 120 000 tonela. 
das. 

La exportación de tocino y jamen que 
en 1860 era de ps. 2.050.000 subía en 
1883 á ps. 50.000.000. Los cerdos produ- 
cen anualmente 85.000.000 de pesos. 

La producción de lana ha seguido una 
progresión constante. En 1830 fué de 



DEL Rio de la Plata 



187 



18.000.000 de libras; en 1850 de 5:2000000 
en 1860 de 6000UOO0; en 1870 de 100000000 
y en 1880 de 240.00(3.0a0 de libras, pro- 
(iaciendo asi mas que el doble de toda la 
lana que produce la Gran Bretaña. 

La exportación de carnes conservadas 
ha seguido una progresión considerable, 
subiendo de ps 17.500.000 á que ascen- 
dió en 1870, á ps. 70.000.000 en 1875 y 
ps. 117.500.000 en 1880. Este aumento 
de exportación y los beneficios que ella 
proporciona ha dado lugar á un fuerte 
encarecimiento, en los Estados Unidos de 
la carne de buey, de carnero y de cerdo, 
que son los únicos artículos de consumo 
que subieron durante los últimos años. 

Las siguientes cifras demuestran la 
importancia de esta alza. El valor de ex- 
portación de una cabeza de ganado va- 
cuno era en 1870 de ps. 20 y en 1880 ha- 
bla subido á ps. 75; el valor del carnero 
apreciado del mismo modo era en 1871 
de ps. 2 subiendo 1880 á ps. 4:45. Los 
cerdos vivos alcanzaron en 1874 el máxi- 
mo de su valor, costando cada cerdo ex- 
portado ps. 10. 

Las leyes restrictivas en varios países 
q' interrumpieron el tráfico dieron lugar 
á una l)aja deprecio reduciéndose éstos 
en 1880 á ps. 5 por cerdo, baja que aun 
sin esa circunstancia debia producirse en 
mas (') menos tiempo á consecuencia de 
la extensión que puede adquirir en los 
Estados Unidos la cria de cerdos. 

El Sr. Caruegie, inglés de nacimiento y 
naturalizado ciudadano norte americano, 
escribió su libro con el objeto de demos- 
trar la superioridad que tienen las insti- 
tuciones democráticas de su nueva patria 
y los progresos con ellas realizados en los 
últimos 50 años, y es en la agricultura 
donde encuentra los rasgos mas sobresa- 
lientes para pintar lo que llama el triun- 
fo de la democracia. 

«Las granjas de América dice, ocupan 
« 837.628 millas cuadradas, área proxi- 
« mámente igual á la cuarta parte de 
« Europa exceptuando la Rusia, y ma- 
« yor que estas cuatro naciones europeas 
« reunidas, Francia, Alemania, Austria- 
« Hungi-ia y España. El capital emplea- 
« do en la agricultura bastaría para 
« comprar toda la Italia con sus ricos 
« olivares y viñedos, sus antiguas ciuda- 
« des históricas, catedrales y palacios, 
« sus reyes, y su aristocracia, su papa y 
« sus cardenales y demás restos feuda- 
« les.» 



« Sí los chacareros norte-americanos 
(( quisiesen comprar afuera de su país 
« podrían adquirir toda la península es- 
« pañola con todas sus tradiciones de 
« grandeza medioeval y las tierras que los 
« holandeses han disputado al mar con 
« las viejas ciudades edificadas en ellas.)) 

« Si quisiesen poner de lado sus aho- 
« rros durante tres años podrían com- 
(( prarla pequeña Suiza como un refugio 
a para el verano, sin tocar su capital des- 
« de que sus utilidades anuales exceden 
« de ps. 550.000.000. 

« La cosecha de cereales en 1880 exce- 
« dio de 2 billones y medio de bushels. 
« Puesta en carros se requeriría para 
« moverla todos los caballos de Europa 
« y un millón mas desde que cada caballo 
« puede arrastrar un peso de dos tonela- 
« das. Sí se pusiesen en fila los carros que 
« llevasen la cosecha de cereales ellos 
« darían una vez y medía la vuelta al 
{( mundo. 

< Su valor es déla mitad de todo el oro 
« extraído en treinta y cinco años de las 
« minas de California. 

« El total de lo exportado en un 
« año, entre carne fresca y conservada 
« en diversas formas, ascendió á ps. 
« 1.175.000.000 y en 1884 se exportó para 
« Europa medio millón de anímales en 
« pié- En el mismo año la exportación 
« de quesos subió á 113.000.000 de lí- 
« bras. » 

La población del viejo mundo está 
aumentando sin que puedan crecer sus 
medios de alimentación. Desde el co- 
mienzo del siglo los europeos han au- 
mentado de 172 millones á 320, aumen- 
to que habría sido imposible sin las 
enormes remesas de artículos de alí 
mentación. El déficit anual de cerea- 
les en Europa es de 380.000-000 de bu- 
shels, mas de un bushel por habitante y 
el de carne asciende á 835.000 tonela- 
das. El futuro aumento de la pobla- 
ción en Europa viene á depender sobre 
todo de la adquisición de materias ali- 
menticias de afuera, especialmente de 
América. 

Mr. Giffen e.stima en 12 millones, una 
tercera parte de la población, los que en 
la Gran Bretaña se alimentan con produc- 
tos importados. 

Mr. Carnigíe, apreciando los progresos 
operados en los últimos treinta años, en 
la agricultura Norte-Americana, concluye 
afirmando que en cincuenta años mas esa 



188 



Revista Económica 



gran nación podrá proveer á la Europa 
de la totalidad de las materias alimenti- 
cias que pueda requerir toda su pobla- 
ción . 

Estos resultados no son, sinembargo, el 
simple fruto de la democracia; demócrata 
es la Francia casi estacionaria, y modelo 
de democracia tradicional es la Suiza cu- 
yas condiciones económicas no aventajan 
por eso á las de algunos paises vecinos 
sometidos al régimen monárquico, son la 
revelación de lo que puede esperarse en 
estos paises de América del fomento del 
trabajo y de un espíritu [»ráctico y pro- 
gresista. 

Para la República Argentin-a ]iarticu- 
larmente el ejemplo del desarrollo eco- 
nómico de los Estados-Unidos tiene capi- 
tal importancia, pero, cuando ella tanto se 
afana en tratarde copiar todo lo que se re- 
fiera á su régimen político váá buscar sus 
inspiraciones económicas en el Lombart- 
Street, sometiéndose al tutclaje de los ex- 
plotadores del dinero, cuando lo que re- 
quiere es consultar las necesidades de la 
explotación de Ja tierra. 



REVISTA DE LA ASOCIACIÓN DE NAVIEROS 
DE RaRCELONA y el TASAJO 

La asociación de navieros y consigna- 
tarios de Rarcelona se ha dirigido al 
ministro de fomento pidiendo la reduc- 
ción de los fuertes derechos que se han 
establecido sobre el tasajo en su impor- 
tación á Cuba y que importan un recar- 
go considerable sobre los anteriormente 
existentes, como lo demuestran los si- 
guientes párrafos de su exposición. 

«Que la partida 333 del nuevo Aran- 
cel, dice, para las islas de Cuba y Puerto 
Rico establece para el tasajo los siguien- 
tes derechos por 100 kilos:' 
Isla de Cuba: Naciones no 

convenidas ^ 4.40 

Isla de Cuba: Naciones con- 
veniencia " 3.60 

Puerto Rico naciones no con- 
venidas " 2,65 

Puerto Rico naciones con- 
venidas " 2.35 

Por el Arancel, todavía vi- 
gente, paga hoy el tasajo 
por cien kilos en la isla 

de Cuba " i).iO 

Mas el 20 por 100 adicional. ^' 0.42 

Total ^ 2.52 



Y en Puerto Rico paga en jun- 
to " 2.395 

«Resulta pues que la importación del 
tasajo en la Isla de Cuba que estaba ya 
muy gravada por el Arancel vigente, 
experimenta en el nuevo un recargo in- 
comprensible de cerca de 80 0[o, lo cual 
viene á causar considerables perjuicios 
á los intereses nacionales, beneficiando 
tan solo con ello intereses extranjeros.» 

í^a asociación de navieros considera el 
asunto desde el punto de vista de la na- 
vegación á vela que hasta hoy ha benefi- 
ciado con la importación del tasajo á la 
isla de Cuba. 

«En efecto, agrega, si ese aumento se 
mantuviera causaría irremediablemente 
la inmediata desaparición y consiguien- 
tes ruinas de los exiguos restos de la 
marina de vela, que se dedica á este ne- 
gocio marítimo comercial, y que aun lo 
realiza por sus especíales condiciones de 
ser esos l)uques mas que vehículos de 
transporte, verdaderas factorías dotantes 
por lo cual es la única que puede dedi- 
carse á ese tráfico, que tiene para dicha 
marina de vela una importancia excep- 
cional para su sosteinmiento, pues seria 
I casi imposible su subsistencia si se limí- 
tase á vivir con los exiguos fletes que 
actual iT. ente se obtienen en los viajes de 
ida á America y regreso directo á Eu- 
ropa. » 

El gol)ierno español no se ha limitado 
á elevar los derechos sobre el tasajo sino 
que ha venido á favorecer la concurren- 
cia norte americana con la exhoneracion 
completa de derechos pjira sus salmue- 
ras . 

Sobre este punto que evidencia, no ya 
un fin rentístico sino una política- econó- 
mica contraría á los intereses del Río de 
la Plata, dejaremos también la palabra al 
gremio de navieros y consignatarios de 
Rarcelona: 

«Estudiando este asunto con la deten- 
ción (¡ue por su importancia merece, esta 
asociación ha tratado de explicarse este 
asunto atribuyéndolo á la laudable in- 
tención que quizás ha tenido el gobierno 
de S. M. de establecer por medio de un 
derecho tan gravoso como una verdade- 
ra represalia contra los [)aises ])roductores 
de tasajo (pie en eíécto ínq)Onen á algu 
nos artículos españoles derechos tan cva- 
cidos que [¡ueden considerarse realmente 
prohibitivos. Comprendemos que la Re- 



DEL Rio de la Plata 



189 



pública Argentina y la República Orien- 
tal del Urogna^y tratan nuestras importa- 
ciones con extremado rigor y casi llegan 
¿imposibilitar la concurrencia de nues- 
tros vinos en aquellos mercados. Pero 
aún reconociendo cuan justiñcadas están 
las represalias para obligar á esos paises 
á concertar con nosotros esos convenios 
comerciales, no creemos que la elevación 
de los derechos del tasajo en las Antillas 
sea el medio mas adecuado i)ara hacer 
sentir aquellos Estados las consecuencias 
de la falta de reprocidad arancelaria. 

«Después de todo, si esto en realidad 
les perjudica, también resulta perjudicial 
en alto grado para nosotros, como ya he- 
mos indicado, pues no hay que olvidar 
que se trata de un artículo de primera 
necesidad ])ara ciertas clases en las Anti- 
llas. El establecerse solo esas represalias, 
no obligará ciertamente á aquellas na- 
ciones á variar su actual política mer- 
cantil; pues contrarias en su principio á 
los convenios internacionales, tienen su 
mayor y |u-incipal fuente de ingresos en 
la renta de aduana, lo cual exi^lica los 
elevados derechos que exigen á algunos 
artículos, y solo estudiando sus exporta- 
ciones á Europa, podrán las represalias 
ser eficaces y obligar (juizá á aquellas 
Repúblicas á ciertos convenios especiales, 
sin ver perjudicada de un modo inq^or- 
tante la ex[)ortacion de sus productos. 

«Pero hay aún algo mas grave en la 
cuestión que tratamos y es que el aumen- 
to de derechos al tasajo que tan perjudi- 
cial es para los intereses de las clases po- 
bres de Cuba, para la marina mercante 
y l)ara el tesoro público, resulta altamen- 
te beneficioso para los Estados-Unidos, 
pues si bien las carnes carnes frescas 
no están comi)rendidas en las franquicias 
otorgadas |)or el último convenio á dicha 
nación, en cambio la carne en salniuei'a 
y demás clases tienen entrada libre en la 
isladeCul)a. y se coili prende fácilmente 
que aprovechando su proximidad á las 
Antillas se envíen grandes cargamentos 
que perjudicarán notablemente los inte- 
reses de la ganadería cubana y los de la 
marina mercante española, que desde 
hace muchos años está dedicada á tan 
importante tráfico». 

Estos párrafos de la exposición que nos 
' ocupa nos imponen una rectificación. Ni 
la República Oriental, ni la Argentina 
han desfavorecido especialmente á Espa- 
ña con sus tarifas aduaneras. Rieu al con- 



trario, puesto que los derechos sobre los 
vinos ordinarios y aguardientes cuya re- 
baja se pretende son inqniestos generales 
para todas las procedencias, y mas redu- 
cidos que los que existen en las principa- 
les naciones consumidoras de artículos 
españoles; además los aceites y sobretodo 
los vinos finos españoles están especial- 
mente favorecidos. 

Otra consideración paraprobar que Es- 
paña no estaba en el caso de tomar una 
resolución de tan abierta hostilidad al 
tasajo del Rio de la Plata la ofrece el he- 
cho de que á éstos paises arriba una mi- 
tad mas de productos españoles que lo que 
de ellos importa España. 

No es pues España ni la que puede im- 
poner ni la que debe quejarse. 



La coloilizadoii en Santa- 



Hemos tratado de demostrar, en estu- 
dios anteriores, la importancia trascen- 
dental de las industriiis que se empeñan 
en reconquistar el mercado de los consu- 
mos internos y disminuir progresivamente 
el tributo impuesto al país bajo forma de 
i m portacio n extranj era. 

Hoy nos proponemos reseñar, aunque 
imperfectamente, el desarrollo de una 
fuerza ya no defensiva, sino definitiva- 
mente ofensiva, la producción agrícola 
que, en el espacio de quince años, des- 
pués de desterrados para siempre los gra- 
nos de afuera, ha llegado á ser el segundo 
factor de la exportación argentina. 

Hacen quince años entraban al Puerto 
de Buenos Aires cargamentos de trigo 
chileno y partidas de harina norte-ameri- 
cana. 

Por el año 80 se ensayó tímidamente la 
exportación con unos millares de bolsas 
de trigo, como quien manda muestras ó 
artículos de curiosidad. 

En 86 se exportaron 40 mil toneladas, 
en 87 y 88 alrededor de 200 mil, en 90 y 
91 se planteó la cifra en 300 mil toneladas 
aproximadamente en cada año. 

En el 92 se exportarán muy cerca de 
500,000 toneladas, contribuyendo con 800 
mil toneladas la sola provincia de San 
ta-Fé. 

Dicha exportación de 500,000 toneladas 



190 



Revista Económica 



supone una producción total de 900,000 
toneladas, para que quede pan para todos, 
en esta tierra privilegiada, donde el ham- 
bre no ha sentado aún sus reales. 

Pues bien, comparémonos con nuestros 
hermanos del Norte, quienes han hecho 
de los Estados-Unidos el granero inagota- 
ble del mundo. 

Los Estados-Unidos han exportado en el 
año 91 alrededor de cinco millones de to- 
neladas, es decir: siete toneladas mas ó 
menos por cada cien habitantes, mientras 
que nuestra exportación de 500,000 tone- 
ladas, significa un «mínimum» de lOtone- 
ladas por cada cien habitantes. 

Y con muchos meses de anticipación 
los Bancos de Inglaterra y de Francia y 
los economistas europeos han estado ca- 
vilando para buscar el modo de pagar á 
los norte americanos los treinta millones 
de libras de su cosecha, sin perturbar los 
cambios, sin reducir demasiado las reser- 
vas metálicas de Londres y de Paris, que 
son las columnas del sistema monetario y 
del crédito universal. 

¡Ojalá lleguemos pronto nosotros tam- 
bién, á qnitar el sueño á los colosos guar- 
dianes de esos Tesoros! 

Estamos en buen camino, porque el 
maíz rivaliza con el trigo. En el gran año 
del maíz, que fué el año 90, se despacha- 
ron para el exterior 700,000 toneladas de 
este grano, que el Buen Lafontaiue lla- 
maba el Trigo de Turquía. 

En el 92, no andamos muy lejos de la 
cifra del 90. 

La calidad del maíz argentino es repu- 
tada como snperior por lo general. En 
cuanto al trigo que no habia merecido 
una clasificación muy honrosa hasta en- 
tonces, no quiso quedarse atrás, mejoró 
de repente en la cosecha del 90/91, y cayó 
en gracia á los consumidores europeos. 

Detrás de esos dos potentados signen 
otros artículos, señores 3'a de menor im- 
portancia, como el lino, el pasto, la ha- 
rina, el afrecho. 

En resumidas cuentas, el embarque de 
cereales del presente año alcanzará un 
valor de veinticinco á ti-einta millones de 
pesos oro — en una exportación total de 
cien millones oro. 

La lana que simboliza la antigua rique- 
za pastoril, queda aún dueña del primer 
puesto con sus 350,000 fardos, cuyo valor 
asciende á 40 millones de pesos. Pero 
antes de muchos años hemos de ver la 
nevada montaña de las lanas sobrepasada 



por las inmensas pilas de trigo y de maíz, 
en cuanto al valor exportado, se entiende. 

Porque ya el bulto de las bolsas supera 
por mucho al de los fardos, pudiendo ca- 
ber todos estos en un centenar de los va- 
pores que parecen ciudades andantes, 
mientras que ni con quinientos monstruos 
marinos de esos nos libramos del sobrante 
exportable de nue.stras parvas. 

Y si en vez de considerar solo el valor 
de lo exportado, agregáramos al activo 
de los agricultores los productos que que- 
dan en el país para el consumo déla gen- 
te, de los animales y de las fábricas, es 
una friolera de veinte millones mas, que 
desde ya resuelve la preponderancia nu- 
mérica á favor délos granos, colocándolos 
arriba de la lana en la escala de la pro- 
ducción general. 

Ahora veamos bajo qué impulso y qué 
sistema ha podido realizarse este milagro 
déla multiplicación tan rápida, ya no de 
los panes, sino de los gi-anos. 

Estudiando el proceso déla agricultura 
en la Provincia de Santa-E'é, es como po- 
demos darnos mejor cuenta de las causas 
y circunstancias del éxito adquirido y de 
las promesas del porvenir. 

Porque el tiúgo es la especialidad de 
Santa-Fé, como la uva de Mendoza, el 
azúcar de Tucuman, la lana de Buenos 
Aires. Esta hermana mayor de las pro- 
vincias sabe ser agrícola también y si no 
produce tanto trigo como Santa-Fé, puede 
reivindicar como suya casi toda la cosecha 
de maíz. 

Buenos Aires tiene la milicia veterana 
de sus chacareros del Norte y de la costa 
desde la capital hasta la campaña y des- 
de la campaña hasta San Nicolás, que es 
la Ciudad Santa de las papas como lo es 
del maíz el Baradero — por el Oeste han 
alcanzado Chivilcoy primero, después el 
Bragado, y en fin, el Nueve de Julio. Ha- 
cia el Sud han ocupado el valle del Sala- 
do, se han extendido hasta el Azul, y de 
ahí han empujado el arado hasta dar con 
el Puerto de Bahía Blanca. 

Buenos Aires cuenta también con sus 
Centros Agrícolas. Pero ese organismo 
nuevo imperfectamente aplicado no ha 
producido aún los resultados anhelados. 

Mas compacta, mas metódica, ha sido la 
evolución colonizadora en Santa-Fé y por 
eso esta Provincia, que representa quizás 
la tercera parte de la otra como población 
y como territorio, ha podido igualar la ri- 



DEL Rio de la Plata 



191 



queza agrícola del gran Estado del Sud. 

La colonización en Santa-Fé ha lanzado 
sus vanguardias y desplegado sus masas 
con la misma audacia fria y corrección 
matemática con las cuales Zola caracte- 
riza en la Débácle, la invasión científica 
de los ejércitos alemanes. 

Duros y áridos han sido los principios 
cuando se fundaron las primeras colonias, 
Esperanza y San Carlos, cuando llegaron 
los primitivos colonos ignorantes del cli- 
ma y del suelo, y de esa langosta para 
ellos desconocida, los indios. 

Han de saber Vds. que apurada por 
la lanza de esos indios picaros la Capital 
de la Provincia tuvo que retroceder des- 
de Cíistayacito donde se habia estable- 
cido primero hasta su actual ubicación 
casi insular, y estratejica en medio de 
los riachos del Paraná y de los bañados 
del Salado. 

Esperanza y San Carlos sirvieron de 
núcleos para las colonias que brotaron 
en el Norte — bajo el amparo de la Capi- 
tal de la Provincia. 

En el año <i3 el número de las hectá- 
reas cultivadas alcanzaba 8000 hectá- 
reas, sea menos de dos leguas— en el 72, 
60,000 hectáreas. 

Rosai-io empezaba entonces á colonizar 
por su lado tomando como eje de su co- 
lonización la línea del Central Argentino 
y en el 82 ya eran 230,000 hectáreas. 

En el 91 subimos á 650,000 y en el 92 
á 850,000 — cómo quien dice ti-ecientos 
cuarenta leguas cuadradas — labradas, 
sembradas, y cosechadas. 

El asombroso progreso que se observa 
en el ])eriodu trascurrido aesde el 82 has- 
ta el 91 solo puede explicarse por el fe- 
cunde movimiento de construcción de 
ferro-carriles, subía yjconstantemente ini- 
ciado ú ayudado por los ilustrados go- 
bernantes de Santa Féel Dr. Gal vez y el 
Dr. Cafferata. 

Basta mirar el mapa: los rieles han si- 
do los brazos de fierro de que se ha vali- 
do la colonización para estender su red, y 
cada línea ha venido á ser una calle de 
colonias y cada avanzada de los rieles ha 
producido la fundación de un nuevo cen- 
ti'O colonial, como centinela del ejercito 
labrador. 

El ferro carril Provincial, gráficamente 
bautizado con el nombre de ferro-carril 
á las Colonias, dio así la vida á Pilar, Ra- 
faela, Lehmams, Umberto I", llevando su 
hnea principal hacia el Noroeste hasta 



San Cristóbal, que se consideraba hace 
tres años como el polo Norte de la Colo- 
nización, y donde empiezar, los inmen- 
sos dominios déla Compañía Inglesa de 
Tierras, seiscientas leguas cuadradas. 

Al mismo tiempo con su ramal á la 
frontera de Córdoba llevaba una invasión 
de colonos á la Provincia vecina fundan- 
do de paso las colonias de Clucellas, Jo- 
sefina, y varias otras. 

La línea á Reconquista, de la misma 
red, está terminada desde hace tres años; 
Esa rica faja de tierra, lomada paralela 
al Paraná, no contaba una sola colonia 
antes de tendidos los rieles. Hoy la ter- 
cera parte del camino esta colonizada: 
por lo demases preciso dar tiempo á que 
se arranquen los grandes montes de ma- 
dera dura. 

El Central Argentino ha formado las 
colonias de Carcaraña Cañada de Gó- 
mez Armstron y Tortugas. 

El Oeste Santafesino — ^ Candelaria— 
después dio otro ataque á la Provincia de 
Córdoba para ir á fundarla colonia Juá- 
rez CelmanenCruz Alta. 

En fin, last not least, el último pero 
no el de menor valía el ferro-caiTÍl de 
Buenos Aires á Rosario, cuenta con las 
colonias Aldao, Irigoyen, Galvez, que se 
ha hecho todo un pueblo, y Súnchales 
que pareció iba ser el último límite de la 
colonización por ese lado -Pero hace un 
año surjió la Colonia Ceres, veinticinco 
leguas mas afuera, sobre el mismo ferro- 
carril, casi en la frontera de Santiago del 
Esteró, y ha sido un éxito estupendo 
puesto que, en el espacio de un año, se 
han vendido en concesiones á los colo- 
nos doce leguas, de las cuales están sem- 
bradas ya tres leguas. 

Esta Colonia Cores fundada en campos 
de los señores Casares y Malbran — y las 
Colonias de Llambí Campbell y del Ban- 
co Territorial y Agrícola de Santa-Fé en 
el Tostado, forman las puntas exti-emas al 
Ñor Oeste del vasto sistema colonial y 
bien merecían el nombre de Far West 
Santafesino- 

El Tostado era un antiguo fortín— hoy 
destruido — pintorescamente defendido 
por el Rio Salado— uno délos mojones de 
la línea de frontera del Chaco. 

Hoy — cedant arma togae — es esta- 
ción del ferro-carril recien inaugurado 
de San Cristóbal á Tucuman. 

Pero de tiempo en cuando los indios 
vuelven á las andadas— el pueblo que se 



192 



Revista Económica 



compone de tres ranchos coiTe á las ar- 
mas, el bombero de la estación se con- 
vierte en héroe, y conqnista por el pres- 
tigio de la victoria el corazón de una 
italiana bien parecida de veinticinco 
años de edad, que maneja sola un boliche 
en esas alturas, con bromas y sonrisas en 
los labios y revolver en la cintura. 

Cuando volvamos alli, dentro de un 
año, el Tostado tendrá cincuenta casas 
y doscientas ó trecientas concesiones sem 
bradas. 

Hablando en números redondos, el mi- 
llón de hectáreas cultivadas en Santa-Fé 
produce 500,000 toneladas de trigo, 
40,ÍXJ0 de maiz, 40,000 de linó, 40,000 de 
papas, 400,000 de alfalfa y de 10,000 de 
man i. 

Los colonos santafesinos se dedican con 
preferencia al trigo porque les parece mas 
seguro, y de menos trabajo para cosechar- 
lo que el maiz; cosechan el mani en los 
cami)os bajos y arenosos déla costa del 
Paraná, donde produce muy bien, y está 
fomentada la producción por las fabricas 
de aceite. 

Se estau haciendo ahora grandes ensa- 
yos de siembra de tártago para el mismo 
objeto. 

Si la cosecha fuera realmente favore- 
cida por el tiempo — y no fuera perjudi- 
cada por la langosta, los ])roductos exce- 
derían mucho los números que acabamos 
de indicar. 

Una buena cosecha como la del 
1889 y 1890 daria mil kilos de trigo por 
hectárea en vez de los 500 mas ó menos 
que han sido el promedio del año 91 á 92. 

El precio común alcanzado debe con- 
siderarse de 7 ps. aproximadamente dan- 
do lugar á una utilidad de dos ó tres pe- 
sos por 100 kilos sea de diez á quince pe- 
sos por hectárea, al rededor de trescien- 
tos pesos por concesión de 25 hectáreas. 

Dicha utilidad si bien es modesta para 
la familia que traljaja una o dos conce- 
siones, — le])erniite sin embargo después 
de pagados los gastos y deudas de todo el 
año, amortizar una buena parte de lo 
que quede adeudando del precio de la 
tierra dentro de los largos plazos de tres y 
cuatro años que concede el vendedor del 
campo. 

Para los colonos emprendedores y ca- 
pitalistas que ya tienen veinte, cincuenta 
y hasta cien concesiones, cada cosecha 
es la creación de un nuevo capital que 



vuelve á emplearse en tieiTa y en siem- 
bras. 

No todos los colonos compran la tierra, 
los que no tienen elementos suficientes 
para comprar, trabajan sea como arren- 
datarios, sea como quarteros, tcrcianeros 
ó medianeros, enti-egando un tanto por 
ciento de los productos de la cosecha en 
calidad de alquiler y de remuneración y 
devolución de adelantos. 

Bajo una forma ú otra aunque no ten- 
ga mas capital que sus brazos}^ sus hijos, 
nunca le faltan al colono los medios' de 
trabajar, la tierra, el arado, la semilla, la 
subsistencia, hasta que la cosecha dé pa- 
ra pagar todo. íso hay crédito organiza- 
do, no hay Bancos, pero hay la protec- 
ción y la habilitación recíproca, el pa- 
riente, el amigo, el paisano que ayuda. — 
Es uu admirable ejemplo de mutualismo 
espontáneamente generalizado. 

Debido á la fertilidad del suelo, á la 
perseverancia del esfuerzo humano, tan 
felizmente aplicado, la crisis no solo ha 
pasado desapercibida en las campañas 
de Santív-Fé sino que ha sido la época de 
mas desarrollo y de mayores conquistas. 

Mientras que el Balance general de la 
inmigración denunciaba un saldo en con- 
tra del país durante los dos años pasados 
la población de la Provincia de Sauta-Fé 
ha sido aumentada con 18000 inmigran- 
tes en el 90 y 6500 en el 91. 

Siguen llegando y cada vez que vuelve 
el invierno, van abriendo millares de mi- 
llones de surcos en las pampas invioladas 
para que pueda brotar engalanándolas, 
cual brillante velo de terciopelo verde, 
el trigo nuevo, tierno y frágil, como son 
las esperanzas. 



GroRGiCüs. 



CRÓNICA DE LA QUINCENA 

Agosto 4 do 18'J2. 

La historia enseña, — y esto, á juzgar 
por sus efectos, mas bien parece un mo- 
do de decir que otra cosa,— que las épo- 
cas de un gran desarrollo en las artes y 
en la industria, en las construcciones ar- 



DEL Rio de la Plata 



193 



quitectónicas, en los ti*abajos que mas 
parecen indicar é interesar la prosperidad 
pública, son el preludio de faces de per- 
turbación y de desorden. Hemos podido 
observar el hecbo fenomenal entre no- 
sotros, donde una coalición de hombres, 
pertenecientes á todos los partidos, empu- 
ñó las armas en Julio del 90 alzándose en 
rebelión, contra las autoridades legal- 
mente constituidas. 

Todo parecia concluido con la caída, 
diré asi, del Dr. D. Miguel Juárez Cel- 
man . Los sucesos que se Tienen enca- 
denando de entonces acá, — tanto en el 
orden político-social, como en el econó- 
mico-financiero, y no obstante, haberse 
electo en paz el futuro Presidente de la 
República, hombre esencialmente de ley 
y de reconocida probidad, están diciendo 
que hay en el país causas permanentes 
de desorganización. 

Cuando no se oye un estallido lejano 
como en Salta, siéntense sordos rumores de 
anarquía en otra parte; y cuando nada de 
esto sucede, aparecen declaraciones por 
la prensa que ponen en labios de aquel 
magistrado en perspectiva, palabras que 
nadie contradice, sin duda porque son 
una fantástica interpretación de su pensa- 
miento. 

Pero siempre resulta de lo enumerado 
en pocas frases, que hay mal estar, inco- 
herencia en los propósitos, perturbación 
en los espíritus, y para decirlo todo de 
una vez, exaltación furiosa, precursora de 
trastornos; por manera que, la fisonomía 
característica del momento en que escri- 
bo, es la misma de hace quince dias: 
hay inquietud. 

Nuevas causas ó motivos sin ser preci- 
samente de orden político, relacionándo- 
se con ello, hacen subir la marea, como 
por ejemplo: denuncias oficiales y parti- 
culares de despiltarros vergonzosos de la 
cosa pública en reparticiones nacionales 
y en provincias, como Córdoba, — siendo 
el cúmulo de las explotaciones enormísi- 
mo, á tal punto, que estoy tentado de de- 
cir, recordando á Voitaire: «Cuando la 
« acusación es tan grande como la de que 
« me he robado la torre de nuestraSeñora 
« de París, en el bolsillo, es inútil la de- 
fensa. )) 

Mas ésto, no quiere decir que ensam- 
blando los hechos reales con las inven- 
ciones no aparezca la República ante 



propios y extraños ni mas ni menos, que 
una inmensa guarida de malhechores. 

Los intereses nacionales por un lado, 
los internacionales por otro, todo lo que 
constituye el ser deun pueblo en el pasa- 
do, en el presente y en el porvenir, pade- 
cen así extraordinariamente como se 
comprende; y el pleito de nuestro honor 
se falla, por decirlo así, ¿pso fado, por- 
que no hay necesidad de llamar testigos 
que depongan: confesión de parte, releva 
de prueba. 

Hay sin embargo, y no puede dejar de 
haber, mucho exajerado que eliminar, y 
mucho real que apartar. Las fuerzas vi- 
vas del país son considerables. La reac- 
ción se ha de operar poco á poco, lenta- 
mente, — que en estos asuntos no es muy 
matemática la ley, como en física, la acción 
no es igual á la reacción. Es decir, que el 
error de un minuto tarda años en ser cor- 
regido. 

De modo que, para que con la lentitud 
inevitable aunque en el menor tiempo po- 
sible, equilibremos el debe con el haber, 
se requieren varias circunstancias, coinci- 
diendo, un propósito y un fin común en- 
tre gobernantes y gobernados: en éstos, 
calma y juicio; en aquellos, energía y 
fidelidad. De lo contrario nuevas zozobras 
nos esperan. 

Lo diré una vez mas. El nuevo magis- 
trado llamado á regir los destinos de la 
Repúbbca, me inspira confianzay fé. No 
di^o lo mismo de los círculos, de los par- 
tidos, cualquiera aue sea su filiación, sus 
tendencias, su creció, su responsabilidad 
en el pasado, ó su ideal en el futuro. Así 
es que, hay que esperar y que ver, pa- 
gándonos lo menos posible de palabras, y 
teniendo presente que si hay alguna ilu- 
sión verdadera,— es la que se traduce en 
el grito tantas veces repetido: principios, 
no hombres. Las instituciones y las leyes 
en manos de los incompetentes para solo 
decir ésto, son como juguetes preciosos 
en manos de niño. 

Hé ahí en brevísimo resumen la histo- 
ria de estos quince dias, y los argentinos 
para quienes escribo principalmente, 
pueden mirarse veluti in spéculo. 

Quemas quieren los lectores de la Re- 
vista, que se les diga, si no hay esa suce- 
sión de hechos ruidosos que, conexos ó 
inconexos, constituye látela mas ó menos 



194 



REVISTA Económica 



enmarañada de una crónica verdadera? 

Que les anuncie que el 12 de Octubre 
se hará el escrutinio presidencial? 

Ya está dicho; en ese hecho próximo 
venidero, creo. Faltan pocos dias y vere- 



mos. 



Lucio V. Mansilla. 



Ijlica 



CRÓNICA DE LA QUINCENA 



La cuestión económica continúa preo- 
cupando la atención pública y el ma- 
lestar general se agrava cada dia mas de- 
bido á la restricción del medio circu 
lante. 

El mensage acompañando los proyectos 
que ya anunciábamos en nuestro número 
anterior, es un documento notable por la 
franqueza con que el P. E. expone la si- 
tuación y dá cuenta documentada de las 
negociaciones del célebre Banco Noetz- 
lin-Ingouville, con cuyo mirage se han 
perdido diez meses, sacrificándose mien- 
tras tanto las oportunidades que se han 
presentado para mejorar efectivamente 
las condiciones generales del país y este- 
rilizando los esfuerzos que se han hecho 
con ese objeto. 

Esos documentos son la comprobación 
mas completa de la exactitud de nuestras 
apreciaciones sobre el alcance de la com- 
binación bancaria, cuyas bases hemos 
analizado cuando se discutía en las Cá- 
maras, á fines del año pasado, y comprue- 
ban inconcebible pertinacia en mante- 
ner al país encerrado en un estrecho 
círculo, cuyas pretensiones depresivas 
eran tan imtantes como injustificadas, á 



la par que demuestran que el Banco que 
se presentaba como cosa hecha no tenia 
ninguna base sólida que le diese se- 
riedad 

También están completamente confir 
madas nuestras posteriores afirmaciones- 
en esta Revista. El Banco proyectado era 
la copia fiel del dogal mejicano. 

La base de la negociación era crear un 
Banco en condiciones análogas al Banco 
de Méjico, con la particularidad de que el 
Gobierno no conocía los Estatutos Noetz- 
lin que para el caso se adoptaban y cuyos 
resultados prácticos fueron tales que, como 
lo hemos historiado, dieron lugar á que 
el Congreso Mejicano acusase al gobierno 
que lo firmó. 

Enti-e las bases estaba, por ejemplo, 
la de que el Gobierno que entregaba de- 
pósitos judiciales, privilegios de emisión 
y varios otros monopolios y favores, no 
pudiese tener en el Bauco un solo peso 
de crédito, sin dar garantías especiales. 
Estas garantías, según el precedeote meji- 
cano importaban, nada menos que el des- 
cuento de las rentas futuras, con lo cual, 
en pocos meses, se podría dejar á la Na- 
ción, como quedó Méjico, sin tener con 
que atender los servicios mas ordinarios, 
no obstante haberse rebajado allí á la mi- 
tad los sueldos y recurrido á otras medi- 
das análogas. 

Léanse los telegramas con los proyec- 
tistas y el memorándum de éstos de Ene. 
ro del corriente año, que demuesü-an los 
elementos con que se pensaba hacer el 
Banco y el alcance de las disposiciones 
que oportunamente hemos censurado, y 
se verá que en vez de proceder con pa- 
sión, tergiversar los hechos y tratar de 
echar sombras sobre bases tan claras co- 
mo convenientes, nos habíamos hecho 
cargo de la realidad y defendíamos los in- 



DEL Rio de la Plata 



195 



tereses del país, apreciando las cosas co- 
mo ha resultado que eran. 

Una vez aclarado por los proyectistas 
el significado de las bases, el propio Pre- 
sidente de la República no yaciló en re. 
chazarlas, después de votada la ley que 
combatimos, aunque pudiese con esto fra- 
casar el negocio que tan empeñosamente 
se quería realizar. 

No estamos conformes con las con- 
clusiones del mensage sobre la cuestión 
monetaria. 

Si bien encontramos en ese importan- 
te documento principios exactos, brillan- 
temente espuestos, vemos al señor pre- 
sidente persistir en el monometalismo 
oro y en el sistema de restricción, si- 
guiendo en ésto un error corriente entre 
muchos de nuestros hombres ilustrados, 
que buscan sus inspiraciones en un re- 
ducido gremio de colocadores de dinero 
y del comercio de importación, no siem- 
pre acordes, y ti-atándose de circulación, 
opuestos á los intereses generales del 
país. 

Es un caso de exti'avísmo que esplica 
á la vez todo el empeño con que se trató 
de realizar el Banco Noetzlin, amonto- 
nando privilegios sobre privilegios y 
abandonando uno tras otro los intereses 
generales á que las instituciones de este 
género deben responder. 

En el artículo que publicamos hoy 
sobre la fuerza motriz de la moneda, 
nos hacemos cargo de algunos de los 
errores corrientes que se reflejan en el 
mensage y de acuerdo con los cuales 
es que se llega á las conclusiones lógicas 
que combatimos, sin seguir la moda de 
especializarnos con el Presidente que, 
aunque bien intencionado, se deja llevar 
por los que por tradición se juzgan los 
mas peritos en estas materias. 



Algunos párrafos del mensage pare- 
cen revelar deseos de emancipación de 
parte del señor Presidente, que compren- 
de que hasta « el curso forzoso, como ca- 
« si todas las cosas de este mundo de re- 
« latividades, no es ni absolutamente ma- 
« lo ni absolutamente bueno; tiene ven- 
» tajas y tiene inconvenientes según el 
« punto de vista desde el que se le es- 
« tudie, y produce en la práctica males 
« ó beneficios, según la oportunidad de 
« su aplicación y el uso que de él se 
« haga. » 

Estas palabras son de hombre de Es- 
tado, pero es difícil emanciparse de las 
ideas prestigiadas cuando se tiene la res- 
ponsabilidad del gobierno y se ha par- 
ticipado de ellas durante largos años. 

No se Je oculta á su espíritu ilustrado 
que mas vale tener una mala moneda 
que no tener ninguna, sin embargo no 
se atreve ni á establecer el bimetalismo 
y al aconsejar la acuñación de plata la 
deja limitada como moneda de bellon á 
un cinco por ciento en los pagos. 

Respecto de emisiones de billetes de 
curso forzoso, á que á falta de oro ó de 
plata, (la que sea dicho de paso puede 
la República obtener en cantidad nece. 
saria) las conveniencias públicas aconse- 
jarían recurrir, dice el señor presidente, 
que es imposible darlo cuando carece de 
objeto á qué aplicarse, queriendo decir 
con esto cuando falta una emisión circu* 
laute. 

Creyendo posible la provisión de una 
circulación de plata con los recursos de 
que dispone el pais, no nos parece que es" 
tamos en el caso de emisiones de curso 
forzoso, pero aún así no dejaremos pasar 
sin rectificarla, la afirmación á que nos 
referimos. 

Para destruirla nos bastaría citar un 
ejemplo: el de los Estados-Unidos quehi- 



196 



Revista Económica 



cieron sus emisiones de curso forzoso, pri- 
mero en algunos estados durante la época 
colonial, y después para la guerra de la 
Independencia, cuando no tenían billetes 
en circulación; y ésta se proveía con las 
libras y shelines ingleses y los pesos me- 
gicanos. Podemos agi*egar muchos otros 
ejemplos que comprueban la posibili- 
dad práctica de lo que se llama imposible 
pero iremos mas lejos 7 demostraremos, 
con las consideraciones que la ciencia 
sugiere, que lo que la práctica comprueba 
se justifica por la mas sana teoría. 

El eiTor económico que al respecto en- 
contramos en el mensage proviene de 
que se aprecia el punto con los hechos que 
con el llamado curso legal se han produ- 
cido entre nosotros, cuyos inconvenien- 
tes no pueden presentarse con el régimen 
del curso forzoso, siendo una verdad de- 
mostrada que los trastornos de la incon- 
version crecen en razón directa con la 
parte que se deje á la arbitrariedad parti- 
cular, que al disponer del uso, dispone del 
valor, lo que no puede suceder con el cur- 
so forzoso que, al hacer de un papel el 
agente exclusivo en las transacciones, al 
darle amplia fuerza chancelatoria, le dá 
dentro del pais el uso general, y estey nó 
las condiciones físicas son las que al oro 
ó á cualquier metal que se amonede le dá 
el valor con que actúa en la circula- 
ción. 

Es el uso la base del valor de una mo- 
neda, el que se gradúa según la oferta y la 
demanda y, establecido esto, lo que inte- 
resa para que un billete pueda represen, 
tar en los caml)ios un valor mas aproxima- 
do al nominal, no es la existencia de una 
cierta cantidad de papel, que es un factor 
negativo, un concurrente á la cantidad de 
papel á emitirse, una causa de disminución 
de valor del que se emita. 



Así, pues, toda vez que á una emisión 
de billetes se le dé el carácter de inter- 
mediaria obligatoria en todas las transac- 
ciones, y la fuerza chancelatoria de todas 
las obligaciones existentes, la falta de un 
papel concurrente en vez de imposibilitar 
favorece su circulación, en vez de que- 
brantar aumenta su valor. 

¿Porqué? Si es necesario contestar á 
tan elemental pregunta, 'contestaremos 
que debido á la ley fundamental de la 
oferta y la demanda, á esa ley en virtud 
de la cual el cobre, en algunos momentos, 
y ahora la plata, que tiene hoy treinta 
y tantos por ciento menos de valor como 
metal que el oro, obtiene en nuestra circu- 
lación prima sobre éste. 

Rectificada esta apreciación y volvien- 
do á la cuestión práctica, hacemos votos 
porque el señor Presidente aprovechando 
las lecciones de la experiencia de estos 
dos últimos años, en que ha seguido las 
inspiraciones, por no decir imposiciones 
egoísticas y extraviadas de los círculos 
patentados, dé á la cuestión económica la 
solución que fluye de las premisas que es- 
tablece su Mensage, abriendo nuevos ho- 
rizontes al país, y procediendo de acuerdo 
con las tendencias progresistas y prácti- 
cas de la colectividad política que lo llevó 
á la primera magistratura de la Repú- 
blica. 

Es singular como se suceden los hechos 
que mas extraordinarios pueden parecer: 
un suicidio sigue á otro; un crimen horren- 
do encuentra casi siempre un imitador in- 
mediato. Se dirá que esto se produce por 
una especie de simpatía, que los ejemplos 
son contagiosos y la explicación seria 
plausible siempre que se tratase de actos 
humanos ó deliberados, pero es el caso 
que lo mismo se observa respecto de ac- 
cidentes naturales, de los incendios casua- 



DEL Rio de la Plata 



197 



les y de los siniestros marítimos, etc , lo 
que viene á hacer incomprensible la ley 
de sucesión de hechos análogos. 

Esta quincena ha sido la quincena de 
las renuncias. 

La primera y muy sensible fué la del 
doctor Mellan Lafinur, fundada en la 
convicción « de que en la situación polí- 
« tica por que pasa la República el sa- 
« crificio individual"es estéril, é inútil de 
« todo punto la actitud de un Diputado 
« independiente. » 

El doctor Mellan Lafinur, además de 
un carácter era uno de los mas inteligen- 
tes y laboriosos miembros de la actual 
Legislatura. 

Muchas veces en nuestra vida parla- 
mentaria se nos ocurrieron análogas pa- 
labras, pero recordamos oportunamente 
el lema favorito de nuestro amigo el ge- 
neral Mansilla: Chi dura vince. 

Sentimos que el doctor Mellan Lafinur 
no haya perseverado y continuado pres- 
tando al país el valioso contingente de su 
patriotismo é inteligencia. 

Otra renuncia fué la del señor Jackson 
de Presidente de la Comisión de Caridad, 
fundada en que el Gobierno no se habla 
apresurado, dando á éste preferencia so- 
bre los demás asuntos, á desligar aquella 
corporación de los gastos que le impone 
la escuela de Ai-tes y Oficios. Tratándose 
de caridad y de sostener la escuela de 
Artes y Oficios, llamada á dotar de medios 
de vida á los niños que en ésta se educan, 
lo natural era que el Presidente de la 
Comisión tratase de suplir la falta de re- 
cursos, apelando al patriotismo y á la ca- 
ridad pública, que aún en las circunstan- 
cias peores porque ha pasado el país, nun. 
ca han negado su óbolo á la necesidad. 
La ciudad de Montevideo es tradicional- 



mente caritativa, el mas caritativo de los 
pueblos del Rio de la Plata. 

Otras serán las causas reales de la re- 
nuncia del señor Jackson. 

También ha renunciado el doctor don 
José Pedro Ramírez de Presidente de la 
comisión del centenario de Colon. En su 
lugar se nombró al doctor don Juan Car- 
los Blanco, literato distinguido y orador 
brillante. 

El conílicto déla liquidación del Ban- 
co Inglés se encamina á una solución 
conveniente no obstante la oposición que 
á la prórroga de moratorias se ha hecho 
por algunos acreedores. 

Es indudable que la comisión interven- 
tora que tanto se ha empeñado en apre- 
miar á los deudores nacionales, no ha ma" 
nifestado igual celo respecto de los deudo- 
res del exterior, que era lo que en primer 
término correspondía hacer, pero no obs" 
tante estolas Cámaras serán consecuentes 
con su anterior sanción y tendrán en cuen- 
ta que la próroga es indispensable á fin de 
evitar una quiebra que no beneficiaría á 
nadie, en cambio de contribuir á hacer 
peor la situación actual. 

Según algunos, el plazo será de cuatro 
meses, según otros de seis, pero es de 
esperar que se opte por éste último á fin 
de que no se encuentren el gobierno y las 
Cámaras en el caso de tener que volver 
sobre éste asunto. 

Por otra parte la nación tiene moti- 
vos para considerar especialmente al Ban- 
co Inglés que de los establecimientos par- 
ticulares de su género ha sido el que ma- 
yores facilidades ha proporcionado al 
gobierno y al público, en los dias de su 
prosperidad. 

La prensa montevideana, conjuntamen- 
te con el problema económico, viene ocu- 



198 



Revista Económica 



pandóse de las pequeñas cuestiones y de- 
jando de lado las muy fundamentales del 
orden político. 

Ayer era el conflicto de las moradoras 
de la calle de Santa Teresa; después fué 
la huelga de los verduleros, y ahora es 
una subvención ala compañía líricaloque 
enl los diarios mas importantes prima 
sobre el hecho tan deprimente como fe. 
cundo en males de la supresión de toda 
vida democrática. 

Es necesario reaccionar sobre tan triste 
estado de cosas y que la opinión pública 
se manifieste como corresponde á un pue- 
blo libre y pundonoroso y lo exigen las 
dolorosas circunstancias porque atraviesa 
el país. 



Les artículos^ no firmados pertenecen al director 
de esta Revista. 



REVISTA BURSÁTIL 



De poca importancia han sido las fluc- 
tuaciones del oro durante la presente 
quincena, no obstante lus rumores que de 
vez en cuando se han hecho circular y las 
chispas que han cruzado por el horizonte 
deaígunasde las provincias del interior, 
siniestros síntomas de una anarquía la- 
tente. Estudiando la plaza no se puede 
dejar de conocer qne la tendencia es de 
baja en el oro. 

Los descuentos se mantienen á tipos 
que revelan una fuerte paralización en 
los negocios. La plaza de Buenos Ai- 
res se está nivelando con las principales 
de la Europa en cuanto á la baratura de 
dinero, pero con la diferencia tan funda- 
mental como lamentable de que en ellas 
el interés baja por abundancia de capi- 
tal mientras que aquí, por falta de nego- 
cios. 

Los Bancos particulares descuentan pa- 
garés de comercio entre 5 1/2 y 6 1/2%, 



anual, lo que se reduce para los de poco 
plazo hasta 5 %, creándoles una situación 
bien poco provechosa para esos estableci- 
mientos desde que la falta de colocacio- 
nes les obliga atener desocupada la mitad 
de los depósitos, por los pagan intereses. 

Aunque la situación de nuestra plaza 
ha mejorado en general, debido á los arre- 
glos hechos con los acreedores particula- 
res de Europa, esa baja que se acentúa 
en el interés, es un síntoma de un males- 
tar que persiste y amenaza agi-avarse. 

En el orden económico como en el fí- 
sico, las calmas suelen ser las precurso- 
ras de las tempestades. 

Los cambios quedan algo mas flojos. 

Ba habido mejora en los precios de los 
cheques y en los bonos del Banco Hipo- 
tecario de la Provincia; las cédulas nacio- 
nales, los títulos de los empréstitos inter- 
nos de la Nación y de la lotería municipal 
de la capital han mejorado todos, como 
se vé por los cuadros de cotizaciones que 
publicamos; pero esta mejora no halaga, 
si se tiene en cuenta la baja del interés 
en plaza, en vista de la cual resulta ma- 
yor que en los meses anteriores el exceso 
de premio que se pretende en los títulos 
de renta mas prestigiados, sobre el de las 
demás colocacionos. 

En cuanto á las cédulas hipotecarias de 
la Provincia, después de algunas flactua- 
ciones, los precios en que ha cerrado la 
última qnincena, son todavía algo más 
reducidos que los de la anterior. 

—Las acciones de los Bancos han teni- 
do todas una fuerte alza después de la pu- 
blicación de sus balances y de los infor- 
mes á sus respectivas asambleas de ac- 
cionistas, excepción hecha de las del Ban- 
co llamado Español. 

—La redacción de esta Revista, se re- 
serva estudiar detenidamente esos docu- 
mentos, en vista de lo cual nos limitamos 
á consignar lo que resulta de las cotiza- 
ciones bursátiles. 

— La Bolsa de Montevideo revela la 
misma paralización de negocios que la 
quincena pasada y la acentuación de la 
baja de todos los valores. 

— La campaña de demolición tan insen- 
satamente iniciada en medio de una épo- 
ca de prosperidad y las teorías monetalí- 
ticas oro predominantes, producen sus 
frutos lógicos. 



DEL Rio de la Plata 



199 



Movimiento bursátil de la segunda quincena de Julio de 1892 



BOLSA DE BUENOS AIRES 

(del 16 AL 31 DE julio) 



Metálico 

Onzas 

Libras esterlinas 

Cambios 

Inglaterra 

Francia 

Bélgica 

Alemania 

cheques 

Banco Nacional 

Banco de la Provincia 

Banco Hipotecario déla Provincia — bonos 

Cédulas Hipotecarías Nacionales 

Serie A (oro) 5 % de renta 

« A n^ 7 % « « 

« B « 7 % « « 

« C « 7 % « « 

« D « 7 % « « 

« E « 7 % « (( 

Cédulas Hipotecarias Provinciales 

Serie A (oro) 6 % de renta.. , , 

« A $f. 8 % € « 

a E « 6 % « « 

« F n^'i 6 % « « 

« G « 6 % « « , 

« I « 8 % « « 

« J « 8 % « « 

« K (( 8 % « « 

« L « 8 % « « 

« M <■ 8 % « « 

« N « 8 % « « 

« O « 8 % « « 

« P « 8 % « « 

Fondos ) Títulos Públicos 

Fondos Públicos Nacionales de 1884 .... 

Empréstito Nacional Interno 1891 

Id. de 1892 

Loteiia Municipal de la Capital 



último rnclí 






último Precio 


HASTA 


M.as bajo 


M.1S alto 


HA.^TA 


JULIO l5 






JULIO 31 


53.80 
16.66 


52.20 
16.25 


53.90 
16.75 


53.10 
16.45 


47.3/8 

4.97 

4.98 
4.04 


47.1/4 
4.96 
4.96 
4.02 


47.1/2 
4.98 
4.99 
4.04 


47.V/16 
4.971/2 
4.981/2 
4.031/2 


21 - 
42 — 
18 — 


20 - 
38. ':: 
17 — 


21 - 
41 — 

19.1/2 


20.*<; 
39 — 
19 — 


33 — 

95 — 

96 — 

88.80 
80 — 
85 - 


90 — 
89 — 
88 — 


90 - 

89 — 
88 — 


33 — 

95 — 

96 — 
90 — 

89 — 
88 — 


20 — 
30.50 
29.70 
29.20 
29 — 
33 — 
31 — 
29.70 
29.60 
29.60 
29.60 
29.70 
29.60 


30.50 
29.20 
28.50 
28.50 


31 — 
30 — 
29.30 
29.50 


20 — 
30.50 
29.30 
29 — 
29 — 
33 — 
31 — 
29 10 
29.10 
29.10 
29.10 
29.10 
29.10 


29.10 
29.10 
29 — 
29 — 
26 90 
29 — 


30 — 
30 — 
30 — 
30.10 
30 — 
30 — 


53 — 
70.90 
63.30 
49.50 


71 — 
63 10 
49.50 


72 — 
66.90 
59 — 


53 - 

72 — 
66.80 
59 — 



200 



Revista Económica 



Acciones 



BANCOS 



Español del Rio de la Plata 

Italia y « « « « (oro) 

Crédito Real 

Nuevo Banco Italiano ... 

Banco de la Bolsa 

Francés del Rio de la Plata 

Hipotecario de la Capital (Bonos oro). . 

Constructor de la Plata 

Id id id (obligaciones).. 

Agi-ícola Comercial 

Banco Inmoviliario 

Banco del Comercio 

Banco Caja de Descuentos 

Comercial de la Plata 

Comercial 

Banco Sud-Americano 

Banco Nacional 



compañías 

La Edificadora 

La Previsora (Compañia de Seguros). . . . 

La Primitiva (Compañia de Gas) 

Gas Argentino 

Empresa del Edificio de la Bolsa 

La Argentina (fábrica de papel) 

Muelle y Depósitos de las Catalinas 

La Buenos Aires (Compañia de Seguros)., 

Compañia Feneral de R.easeguros , 

Kidy Ca 

Telegráfico Telefónica. . 

Constructora Argentina 



BOLSA DE MONTEVIDEO 

(del 15 AL 31 DE julio) 



Billetes Banco Nacional . . . . 
Títulos hipotecarios Serie I 
Cédulas hipotecarias « i 

Id. id. « J 
Deuda del Interior 

Id. Independencia 

Id. Consolidada 

Acciones Banco Hipotecario 



CAMBIOS 



Inglaterra 
Francia. . . 
Bélgica. . . 
Alemania . 



Ultimo Precio 

HASTA 
JULIO 15 



Mas bajo 



108 — 

86 — 
27 — 
52.50 
39.50 
46 — 
41 — 

4.50 

0.80 

16 — 

27 — 
80 — 
80 — 

8.50 
30 — 
30.. 50 

28 — 

79 — 
27 — 

87 — 
40 — 

150 — 

80 — 
9.70 

30 — 

7 — 

7 — 

65 — 

14 — 



52 — 
27.70 
25.10 
28 — 
27.80 
31.20 
34.80 
10.60 



50.5/8 

5.33 
5.33 
4.31 



Mas alto 



108 — 
85 — 
32 — 
55 — 



4 — 
0.80 



87 - 
30 — 



87 — 
38 — 

80 — 
9.60 



52 — 
24 — 
23.30 

23.40 



9.30 



50 5/8 
5.32 
5.33 
4.30 



108 
89 
32 
60 



92 
30 



90 — 
42.50 

80 — 
10.10 



10.10 



51 - 

5.35 
5.36 
4.31 



Ultimo F&ecio 

hasSa 
JULIO 31 



108 — 
89 — 
32 — 
60 — 
39.50 
46 — 
41 — 
5 — 
1 — 
16 — 

27 — 
91 — 
80 — 

8.50 
30 — 
30.50 

28 — 



79 — 
27 — 
85 — 
42.50 

150 — 

80 — 
10 — 
30 — 

7 — 

7 — 

65 — 

14 — 



54 — 52.80 

24 - 24 

25.10 23.30 

26 - I 25 - 



9.30 



50-5/8 

5.32 
5.32 
4.29 



2* Época -Küm. 8. 



20 de Agosto de 1892. 



REVISTA ECONÓMICA 



DEL 



RIO DE LA PLATA 



DIRECTOR: DOMINGO LAMAS 



analogía 

DE LAS 

CUESTIONES DE LÍMITES DEL BRASIL 

cox 

LAS REPÚBLICAS FRANCESA lARGEHlM 

El arbitrage d?l Presidente Harrison 



El Brasil había desechado sistemática- 
mente las propuestas de arbitraje, como 
medio de solucionar sus cuestiones de 
límites, actitud que dio lugar á la que asu- 
mí en Europa, desde el año 1882, especial- 
mente en las columnas de la Revue Sud- 
Americaine. 

Están en la memoria de los que han 
seguido las últimas peripecias de es- 
te debate secular, la polémica que sos- 
tuve con el Barón d' Andrade, plenipoten- 
ciario brasilero, mi larga prédica perio- 
dística en París, y los esfuerzos que hice, 
coronados por el éxito, tendentes á resuci- 
tar la cuestión delímites entre el Brasil y la 
Francia, con el lin de traer á composición 
al Imperio, dada la analogía de los liti- 
gios que mantenía con motivo de la 
demarcación de la línea divisoria, en el 
norte con la Guayana francesa y en el 
sud con la República Argentina. 

Esta polémica tuvo repercusión en el 
parlamento francés y en el brasilero. En 
el primero, se incitó al Poder Ejecutivo á 
abrir de nuevo las negociaciones, sobre 
la base del tratado de Wricht y, en el 
segundo, se provocó, por parte del sena- 
dor Alfonso Celso, que el Gobiernolm- 
perial pidiese al argentino que me exho- 
nerase del cargo público que desempe- 
ñaba, por considerarlo el interpelante 



incompatible con mis funciones de perio- 
dista independiente. 

Pero el tiempo pasó, y el arbitraje con- 
siguió una sanción más, solemne, civiliza- 
dora y pacífica. 

Se cerró la ardiente polémica secular 
iniciada entre las coronas de España y 
Portugal, y heredada por sus colonias 
independizadas de esta América atlántica 
meridional, con el sello del tratado Boca- 
yuba-Quirno Costa. 

El Presidente Harris".)n ha aceptado el 
honroso cargo de juez inapelable y, ante 
él, las partes litigantes vana sostener sus 
derechos. 

Esto en cuanto á Misiones. 

Respecto á la Guayana, la decisión del 
arbitro norte-americano vá á influir consi- 
derablemente en la solución del litigio, 
como van á influir no solamente su deci- 
sión sino también la argumentación del 
plenipotenciario brasilero y las doctrinas 
que sostenga, tal es la analogía de las 
dos cuestiones, como lo probaré en se- 
guida. 

Hay analogía no solamente en la raiz 
de las cuestiones, esto es, en el origen y 
naturaleza de los litigios sino también en 
circunstancias especiales, posteriores, en 
las que las partes se a¡joyau para deducir 
derechos. 

En la controversia internacional de 
Misiones, el elemento inicial, de cuya 
interpretación surgió el desacuerdo, es el 
tratado de 1777, sustitutivo del de 1750. 
La cuestión de límites entre el Brasil y 
la Guayana francesa, arranca del tratado 
de Utrechtdel7i3, cuya ratificación, en 
la parte pertinente, por el Art. 107 del 
tratado de Viena (1815), dio margen á 
nuevas dificultades de interpretación 



202 



Revista Económica 



pues existe entre ellos el tratado de Bada- 
joz de 1800. 

¿Cuales son los verdaderos Pepiri, Fe- 
piriguasüy San Aiito/iío?; ¿A que rios o 
arroyos corresponden estos nombres? 

Esto es lo que constituye, para el Brasil, 
su litiííio en elsud. 

¿El ^Yapoc y el Oyapoc, son una y 
misma cosa? ¿El Vicent Fingon y el 
Avamanj, á que corrientes de agna co- 
rresponden en realidad? 

Hé ahí todo el litigio del norte, entre 
la Francia y el Brasil. 

Tanto en la región amazoniense como 
en la del alto Urngua.y, la topografía 
])arece haber sufrido alt(>raciones, cam- 
biando de cauce determinadas corrientes 
llnviales. 

De ahí dificultades sin fin, pretendiendo 
cada una de las partes interpretar los 
hechos á su favor. 

La chicana diplonuitica, no menos es- 
|)eciosa y fecunda en ardides que la 
legaleya, ha tratado de colocar la cuestión 
en un terreno mas propicio, toda vez que 
ha encontrado asidero para ello. 

Así es que el Brasil, tratando de sacar- 
le el cuerpo á la demarcion de Oyarbide, 
de 17W, complementaria de la de 1788, 
en ejecución del tratado de 1777; en la 
imposibilidad, ante el más trivial análisis, 
de resucitar el pacto de 1750, por el 
texto categórico del tratado del Pardo, de 
1761, y aún de pretender, con visos de 
seriedad, que las demarcaciones de 1759, 
anuladas de hecho ])0r la rescisión del tra- 
tado de 1750, eran las mismas de la línea 
consignada en el de 1777, cuando son en 
realidad completamente diferentes; en 
esta situación, la diplomacia brasilera, 
alijerando su bagaje, y escapando á la 
presión de la dialéctica argentina en la 
que se refiere á los textos originarios y á su 
racional y ])erentoria interpretación, se 
refugió, como base de derecho, en el texto 
del tratado de 14 de Diciend)re de 1857, 
firmado en la ciudad del Paraná entre el 
señor Paranhos, ministro del Brasil y el 
Gobierno de la Confederación, tratado 
que, como se sabe, no fué ratificado, pero 
en el que según capciosamente sostiene el 
lU'asibel gobierno argentino le reconoció 
la línea de los demarcadores de 1759, lo 
que, si bien no constituye, por la fiílta de 
aquella ratificación, un hecho espreso, 
tiene por lo menos la fuerza del recono- 
cimiento de un derecho por parte de la 
República Argentina en favor del Brasil. 



Esta táctica resulta ser peligrosa para 
el Brasil y constituye, para él, una espa- 
da de dos filos, que imprudentemente 
saca á relucir, toda vez que se le j)reseuta 
la oportunidad de sostener, á su modo, 
sus pretensiones a la posesión del territo- 
rio contestado. 

Y lo esplicaré, recurriendo á las analo- 
gías de diversa índole entre la cuestión 
de Misiones y la de la línea divisoria con 
la Guayana francesa. Si constituyen i'eco- 
jiocimiento de un deredio las estipula- 
ciones de un tratado no ratiflcado ó las 
declaraciones y concesiones que se cam- 
bian en el curso de una negociación sin 
darles la íorma definitiva, la única que 
hace ley, de un tratado cuyo texto se 
canjea y, por tanto, se ratifica y promul- 
ga en su carácter de pacto internacional; 
si el Brasil, invoca, ante el arbitro norte- 
americano, el referido tratado de 1857, 
fundando en él su derecho á la línea 
divisoria que pretende; si, más aún, el 
arbitro acepta esa doctiúna y se vale 
de ella para fallar el litigio en conti-a de 
la República Argentina, el Brasil habrá 
perdido, ipsofacto, su pleito secular con 
la Francia, que verá realizadas sus pre- 
tenciones, pues llevará su frontera guaya- 
nesa hasta el Calsoene, esto és, hasta la 
margen izquierda del Delta amazoniense. 

El Brasil habrá ganado 20 mil kilóme- 
tros de territorio al sud pero habrá per- 
dido 500 mil kilómetros al norte! 



E! hábil diplomático imperial, José 
María da Silva Paranhos, mas tarde 
Vizconde do Rio Brauco, se aprovechó, 
en 1857, de la situación interna argentina 
y obtuvo, de parte del Ejecutivo de la 
Confederación, que se le firmara un tra- 
tado de límites que virtualmente le daba 
al Brasil la línea divisoria de los demar- 
cadores de 175!) 

El Congreso nuxlificó el tratado, aunque 
adoptando una reducción relativa á la 
designación de los límites, que abando- 
naba el derecho á la abrogación del tra- 
tado de 1750. 

¿Cuáles, fueron las razones que induje- 
ron á los Poderes Públicos de la Confede- 
ración á consentir en semejante pacto? 

En un artículo de la Revue Sud-Amé- 
ricaine., número del 15 de Octubre de 
1882, que forma parte de la polémica que 
sostuve en las columnas de dicha Revista, 
con el plenipotenciario brasilero, esplique 



DEL Rio de la Plata 



203 



acabadamente la actitud del Gobierno 
del Paraná. 

Por compromiso secreto, el Brasil, á 
cambio del abandono por parte de la 
Confederación de sus derechos á la línea 
trazada por Oyarbide, prometía sn coope- 
ración moral j material para someter 
á la provincia rebelde de Buenos Aires. 

Ahí está, para confirmarlo, la nota de 
don Elias Bedoya, de 14 de Jimio de 
1859, dirigida, como ministro de Relacio- 
nes Exteriores, al plenipotenciario ar- 
gentino. 

El Barón Aguiar d'Andrade me sostuvo 
que aquella pretensión del gobierno de 
la Confederación se manifestó postj'ac- 
tian, lo que no es cierto desde que dicho 
gobierno invocó ante el Congreso, para 
obtener la aprobación, aunque modifica- 
da, del tratado, el compromiso tácito y 
correlativo á que me refiero. 

Pero el hecho es que el tratado del 57 
no se perfeccionó, habiéndose negado la 
Confederación á canjear sus ratificaciones 
hasta tanto que el Imperio cumpliese su 
compromiso, lo que felizmente, bajo va- 
rios conceptos, no se verificó, quedando, 
por tanto, sin efecto, esto és, sin conse- 
cuencia jurídica internacional, el proyec- 
to de tratado del 57. 

No obstante, el Brasil en todas sus ne- 
gociaciones hace hincapié é invoca, con 
aires triunfales, dicho tratado. El Barón 
Agniar d'Andrade escribía en 1882: «la 
falta de ratificación no impide que el go- 
bierno argentino haya reconocido, como 
reconoció, el derecho del Brasil á los lími- 
tes de los demarcadores de 1759, en eje- 
cución del tratado de 1750, y no puede 
negar hoy loque reconoció entonces.» 

Dejando atrás la disputa entre las coro- 
nas de España }'■ de Portugal, la diploma- 
cia brasilera cree pisar firme, como se vé, 
invocando los reconocimientos y compro- 
misos morales que, según ella, se des- 
prenden de las negociaciones del Paraná; 
y por cierto que este será el plato de 
resistencia del menú que vá á ofrecer al 
Presidente Harrison. 

Pero, como lo he dicho antes, esta acti- 
tud se convierte, para el Brasil, en una 
espada de dos filos. 

La doctrina de que un país reconoce 
derechos y se liga, por lo menos moral- 
mente, por todo aquello que se consigna 
en tratados, aun que estos no sean ratifi- 
cados, y en memorándums de conferen- 
cias de negociaciones que no producen 



resultados reales; esa extraña doctrina, 
repito, trae aparejada para el Brasil la 
[)érdida, desdo luego, de dos terceras 
l)artes de sus pretensiones al territorio 
amazónico, cuya posesión le disputa se- 
cularmente Francia. 

Veamos como. 

Q,ueda esplicada la analogía de orí- 
gen y de naturaleza de los litigios, por 
las vagas nociones que se tenían, en 
los siglos pasados, de la topografía ame- 
ricana; de la confusión de las denomina- 
ciones geográficas; de la controversia 
sobre su aplicación á tales ó cuales co- 
rrientes de aguas, montañas ó cordilleras, 
y, para aumentar los elementos de dis- 
conformidad y perpetua disputa interna- 
cional, la movibilidad ó cambio de cauce 
de ciertos rios, de escaso volumen, fenó- 
meno frecuente en la hidrografía ame- 
ricana. 

Deseoso el Brasil de solucionar su 
cuestión de límites con Francia, envi(') 
á París, en 1855, al ilustre Vizconde del 
Uruguay, el negociador brasilero, con mi 
Padre, de las estipulaciones que derri- 
baron á la tiranía de Rosas, punto de 
partida de la conquista definitiva do las 
libertades públicas y de las expansiones 
económicas del Rio de la Plata. 

El gobierno de Napoleón tuvo por ple- 
nipotenciario al señor Hiz de Butenval. 

Las conferencias, que fueron quince, 
duraron del 80 de Agosto de 1855 al 1.'^ 
de Julio de 1856, consignándose en proto- 
colos toda la interesante negociación. 

En esos protocolos se consignan los 
sucesivos ofrecimientos del Brasil, en los 
que poco á poco fué abandonando sus 
pretensiones á la línea de 0>/apol\ que 
se encuentra á cinco grados de latitud 
norte, hasta ofrecer solemnemente el ple- 
nipotenciario brasilero, invocando ins- 
trucciones especiales que acababa de 
recibir del Emperador Don Pedro, la 
línea del Calsoéiie, que queda á 2 grados 
10 de aquella latitud y constituyo uno de 
los brazos septentrionales del delta ama- 
zoniense. 

Francia pretendía el Araguarij, si- 
tuado á lo 20 N y se contentaba última- 
mente con el Cararaporis, que corre 
únicamente á 25 minutos más al norte- 
De suerte que Francia solo abando- 
nó un cuarto de grado, mientras que el 
Brasil ofreció el abandono de cerca de 3 
grados de sus pretensiones originarias. 

Hay que advertir que, según la Cons- 



204 



DEL Rio de la Plata 



titucion del Imperio brasilero, el empera; 
dor perfeccionaba cou su firma los pactos 
internacionales, que no se sometian ni 
quedaban pendientes de sanciones legis- 
lativas, lo que dá mayor fuerza á los 
ofrecimientos ó reconocimientos consig- 
nados en los protocolos de las conferen- 
cias de París de 1855 á 56, por parte del 
plenipotenciario brasilero, que inA^ocaba 
al efecto, como ha quedado consignado, 
órdenes é instrucciones de su soberano. 

Así, pues, si el proyecto de tratado del 
Paraná le dá al IJrasil derechos á los 
límites de los demarcadores de 1759, los 
protocolos de Paris que acabo de recor- 
dar le aseguran á Francia la línea del 
Calsoéne. 

Dada la hipótesis de que triunfe la doc- 
trina, invocada por la diplomacia brasile- 
ra contra las pretensiones argentinas, el 
Brasil gana 20 mil kilómetros en Misiones 
pero pierde 500 mil en la región del 
Amazonas. 



No hay que olvidar que el arbitro e- 
un norte-americano, y que el criterio de 
los hombres se subordina fatal y necesa- 
riamente á la atmósfera que se respira. 
Y aunque se trate de un juez, por honrado 
é imparcial que sea, ese juez obedece 
instintivamente á ciertas influencias de 
educación, de tendencias y de escuela, de 
las cuales es difícil que llegue á emanci- 
parse. 

Los norte-americanos tienen una creen- 
cia política, por interesada que resulte 
ser en realidad, que es la base de su 
criterio internacional, proclamada por 
Mouroe: la América debe ser de los ame- 
ricanos. 

El tratado Clayton-ljullver es una de 
sus manifestaciones. 

El P)rasil hará bien, por consiguiente, 
no invocando los derechos que, según él, 
pueden darle el tratado del Paraná, para 
pesar en el ánimo del Presidente Harri- 
son y, si los invoca, el Plenipotenciario 
argentino puede destruir esa influencia 
haciéndole comprender al arbitro que, 
ipso Jacto, la admisión do aquella doctri- 
na entregaría á Francia la espléndida 
zona comprendida entre Oyapok y el 
Amazonas, sin que los Estados Unidos 
pudiesen oponer nada á la legitimidad 
del título invocado por el gobierno de 
Paris. 

Así, pues, el Brasil cometería un grave 



error proclamando soberanamente una 
doctrina que, además de no surtir electo 
alguno ante el arbitro, que la rechazaría 
tanto por razones de buena jurispruden- 
cia internacional como por los motivos 
de amei'icanismo que acabo de enunciar, 
agravaría profundamente su situación 
ante Francia, que haría suya, aplicán- 
dola á la cuestión del Amazonas, aquella 
doctrina, imprudentemente sostenida úl- 
timamente por la diplomacia brasilera 
para oponerla al buen derecho argentino 
sobre la fracción disputada del territorio 
de Misiones. 

Pedro S. Lamas. 
Ao-osto de 1892. 



LOS GOLD POINTS 



INDUSTRIA ARGENTINA 



Nos encontramos en el caso de usar de 
un término nuevo á fin de precisar lo que 
constituye la materia de este ai-tículo, y 
esto nos lleva, no solo á justificar las ex- 
presiones que empleamos, sino también 
á la cuestión general de la necesidad de 
definiciones especiales en materias eco- 
nómicas, demostrando que no procede- 
mos con el propósito trivial de singulari- 
zarnos. 

Para ampliar y perfeccionar el criterio 
económico, es menester ante todo, discer- 
nir, sustrayéndolos de la aparente nebu- 
losa de las infinitas manifestaciones de la 
vida económica, los diversos factores de 
sus fenómenos, permitiendo así investigar 
sus leyes y precisar sus efectos, como el 
químico separa los cuerpos á fin de poder 
ciarse cuenta de sus propiedades. 

Las definiciones económicas, al distin- 
guir y caracterizarlos hechos, materia de 
investigación, les dan formas en nuestro 
espíritu y fijan la atención sobre las di- 
versas series de fenómenos cuyas leyes y 
cuyos efectos deben estudiarse. 
, Si recurrimos, como se habrá visto, por 
el título (le este artículo, á una espresión 
de la terminología l)ancaria, aplicándola 
á una materia estraña, es siguiendo la 
acertada recomendación de Pascal, que 



DEL Rio de la Plata 



206 



aconseja que para definir no se debe em- 
plear más que los nombres completamen- 
te conocidos ó definidos. 

El Gold-Point, el punto de oro, está en 
este caso; es un término universalmeute 
admitido para expresar los puntos estre- 
ñios en que pueden variar los cambios, y 
fuera de los cuales la moneda metálica ' 
de un país se importa ó se exporta. 

El Gold-Point se forma combinando el 
valor del metal de las monedas, el costo 
del trasporte, en el que se comprenden 
fletes, seguros, etc., y el de amonedación, 
cuando las que puedan remitirse no tengan 
curso legal en el pais á que se destinan, y 
deban ser en él reselladas. Establecido el 
Gold-Point de una plaza sobre otra, su 
cifra indica cuando conviene hacer los 
pagos en metálico en vez de hacerlos en 
letras. 

En el caso actual nos referimos áotra 
cosa: á los precios del oro, que es la ma- 
teria en la que la República Argentina 
paga sus importaciones y en que vende 
sus productos de exportación, que harían 
imposible la competencia délos diversos 
artículos nacionales con los similares de 
importación extranjera, ó suprimirían la 
remuneración de las industrias de pro- 
ductos de exportación; esto es, a los tipos 
del oro en que al extranjero le conviene 
pagar remitiendo productos similares á 
los de las industrias argentinas ó en que 
ya no sea posible producir, en la Repú- 
blica, determinados artículos para el con- 
sumo exterior. 

De ahí el término que adoptamos para 
precisar, no ya los puntos en que según 
los diversos países convenga hacer los 
pagos en metálico, sino los tipos del oro 
que determinan la conveniencia de ha- 
cerlos en artículos que produzcan las 
industi'ias argentinas, aumentando en 
unos casos la competencia interna ó, en 
otros, permitiendo á los productores del 
país hacerla en el estrangero. 

No es el Gold Point que limita el agio 
de los cambios, es el Gold Point que limi- 
ta las industrias nacionales; no es el pun- 
to abajo del cual empieza á salir el oro, 
pasado el cual viene su importación; es 
el punto abajo del cual cesan las produc- 
ciones nacionales y pasado el cual co- 
mienzan á desenvolverse. 

En materia de salarios, la ciencia econó- 
mica tiene el término de ley de hierro 
para indicar el punto extremo de su baja, 
que se determina por los costos de subsis- 



tencia, variables según las épocas y luga- 
res, y que constituyen una barrera insal- 
vable. Ahora queremos expresar, por el 
término (pie adoptamos, límites no menos 
inexorables para la producción nacio- 
nal. 

11 

Las sanas doctrinas económicas y la 
experiencia han demostrado lo inconsis- 
tente de la antigua teoría de que los 
cambios de representación de las unida- 
des monetarias no alteraban las condicio- 
nes de la producción, fundándose en la 
creencia de que al valorizarse ó desva- 
lorizarse una moneda, debían modificarse 
en exacta proporción todos los valores, lo 
que no sucede jamás ni puede suceder: 
A: por los hábitos cuya fuerza es, en unos 
casos mas intensa que en otros: B: por lo 
más ó menos directa de la acción de la mo- 
neda, en la oferta 3^ la demanda de las di- 
versas materias de cambio. En todas las 
altas y bajas de los precios, operadas co- 
mo consecuencia de las oscilaciones del 
valor de la moneda, se ha observado 
siempre diversidad de gradación según 
las diferentes clases de artículos. 

Además de los efectos que produce 
naturalmente en la distribución y en los 
destinos de las industrias internas, !as 
alteraciones monetarias de un país cam- 
bian laposicion desús producciones frente 
de las de los mercados concurrentes, que 
no siendo afectadas por ellas quedan en 
mejor ó peor situación. 

Én otro artículo, sobre la Cuestión 
Monetaria Aryentina, publicado en 
nuestro número 4.", hemos extractado las 
conclusiones de las comisiones inglesas 
nombradas para investigar las causas de 
la depresión del comercio, é informar 
sobre las cuestiones referentes á la circu- 
I lación del oro y de la plata, de las que 
¡resulta comprobado que los costos de 
I producción en la India no han subido, no 
obstante la fuerte baja de su medio circu- 
lante en relación con el oro, de loque ha 
resultado, por una parte, una prima equi- 
valente para la producción de artículos 
exportables para países de circulación 
oro, y un equivalente derecho protector 
contra las industrias de estos, que, al 
favorecer la producción local, contraria 
proporcionalmente la producción extran- 
! gera. 

T/ie Standard de Londres, según un 
! telegrama del 16 del corriente publicado 



206 



Revista Económica 



en La Prensa dice, ocupándose editorial- 
meute de la cuestión monetaria: «que la 
adopción de la moneda de oro en la India 
en vez de la de plata, hoy desvalorizada, 
daría por resultado el restringir sus ex- 
portaciones con grave perjuicio de la 
producción.)^ 

Esta influencia de las valorizaciones 
del medio circulante en perjuicio de las 
industi-ias de un país, es un hecho que ya 
no puede ser hoy controvertido, y por 
lo tanto conviene hacerse cargo de los 
efectos que en las diversas ramas del tra- 
bajo nacional, deben producir los tipos 
de cotizaciones del oro y lijar los puntos 
pasados los cuales tendrá sucesivamente 
que ir limitándose la producción del 
país. 

III 

8ería ímproba labor la de establecer es- 
te Gold Point, respecto de todas las espe- 
cialidades industriales y sus alteraciones, 
según las distintas localidades, pero vale 
la pena que se emprenda respecto de las 
principales industrias. 

El cálculo, por otra parte, no es difícil. 
Hay que determinar las alteracir)nes que 
con los cambios de representación mone- 
taria deban producirse por una parte en 
los costos de producción }• por otra en los 
precios de venta. 

Los costos de producción los constitu- 
yen en su generalidad materias del [laís 
y salarios ajustados en moneda nacional 
según la oferta y la demanda local, y, por 
excepción ó en menor proporción, mate- 
rias de importación extranjera que, por 
lo tanto, siguen las oscilaciones del oro, 
aumentando ó disminuyendo según éste 
aunr.ente ó disminuya, pei-o, en cuanto á 
lo primero, no es el alza ó baja del oro lo 
que directamente los hace aumentar ó 
bajar, sino la mayor oferta ó demanda 
que la producción promueve. La baja de 
esta parte de costos de producción solóse 
verifica por el rigor de la ruina, lenta- 
mente, debido á naturales resistencias, y 
es contrariada y limitada por la menor 
oferta que toda reducción de precios tien- 
de á promover. 8e prefiere en muchos 
casos dejar inculto un terreno antes que 
venderlo con quebranto; en otros, se 
opta por variar la producción ó ir á 
buscar en centros económicos mas propi- 
cios, los medios de vida. 

En cambio, los precios de venta se mo- 
difican proporcionalmente y sin dilación 



con las cotizaciones del oro. Si se trata de 
artículos de exportación, su precio se 
regula por el de los grandes mercados 
extranjeros, y como se vende á oro, la 
cantidad en papel es el resultante arit- 
mético de la cotización bursátil, y si se 
trata de artículos de importación, dada la 
competencia de los productores extran- 
geros, los precios se reducen tanto como 
lo permitan las cotizaciones del oro; de tal 
modo que si éste desciende de un tercio, 
en otro tanto disminuye el precio en de- 
pósito de los principales artículos estj-an- 
geros concuiTentes, y, además, los llama- 
dos derechos protectores, cobrados á oro, 
que se rebajan en la justa proporcionen 
que se manifiesta la necesidad de prote- 
jer, quedarían también reducidos en un 
tercio. 

Por vía de ensayo trataremos de esta- 
blecer algunos Gold Points. — Tomaremos 
en primer término, la industi'ia azucare- 
ra. )Son conocidos en general, sus costos 
de producción y sus beneficios, lo que 
hace fácil determinar aproximadamente 
el precio del oro que, en Uis condiciones 
actuales, suprimiría el mínimo del benefi- 
cio indispensable y pasado el cual, sería 
forzoso que ella empezase á restringir su 
producción. 

Según un balance general de esta 
industria que hemos publicado en nuestro 
número 2.'^ y que fué confeccionado por 
unade las personas más entendidas en este 
ramo, la industria azucarera tiene inverti- 
do en la República un capital de60. 000.000 
de pesos nacionales; ha producido en el 
último año, pesos 29.000.000, con un cos- 
to por cultivo y elaboración de pesos 
10.000.000. Si calculamos en un 8 o/o el 
interés y amortización del capital, resul- 
ta como utilidad 15.200.000 neto á favor 
de los empresarios. 

El producto está calculado á los pre- 
cies medios que se obtienen en moneda 
nacional con el oro á 330 %. Una valo- 
rización del oro que lo reduzca á 168 " „ 
haria que esta indu.stria empezase á de- 
jar de ser productiva. 

Dos cosas modificarian este Gold Point: 
la reducción de los fletes y la disminu- 
ción en los costos de producción. En 
cuanto á lo primero nos cabe observar 
que la baja de 100 puntos en el precio 
del oro operada en pocos meses, no ha 
sido acompañada de ninguna reducción 
en los fletes, y, respecto á lo segundo, que 
no solo es difícil y lenta toda reducción 



DEL Rio de la Plata 



mt 



en los salarios, en los arrendamientos, 
y en el precio de la materia prima, sino 
que, todo esto no se [)0dria operar mas que 
á consecuencia de fuertes reducciones en 
la demanda y dentro límites relativa- 
mente poco considerables. Estas reduc- 
ciones, importando disminución en la 
cantidad de producción en las respectivas 
fábricas, tendrían en su contra el aumen- 
to en la proporción de los gastos fijos, 
que absorveria lo que se aventajase. Pa- 
gando menos la caña y los peones, un 
ingenio de azúcar puede, al reducir su 
producción, producir más caro. 

Una investigación fácil y cálculos sen- 
cillos pueden, pues, como se ha visto, 
permitir establecer de antemano el tipo 
del oro con el cual debe cesar, en las con- 
diciones actuales, la expansión de la in- 
dustria azucarera en la República, así 
como el tipo con el cual se hará ruinosa 
su explotación. 

Respecto de la agricultura, que se es- 
tiende en zonas diversas, que suponen 
costos variables de transporte y en las 
que se diversifica naturalmente el precio 
de la tierra, el cálculo debe subdividirsc 
no solo en vista de la clase de productos 
sino también de las distintas localidades. 

La estadística de exportación anual de 
productos agrícolas, nos permite una 
apreciación general. Las remesas de ce- 
reales argentinos empieza, no en el pe- 
ríodo de la conversión; viene después 
con la depreciación del papel y crece 
con ésta, que ha venido aumentando la 
proporción de los beneficios que produ- 
cen las diversas culturas que encuenti-an 
en los mercados estrangeros las salidas 
necesarias á su expansión. 

En 1880 se hizo, por vía 
una pequeña cxportaci(')n de 
ducto que pocos años antes 
importar del extrangero; pero solo años 
después tuvo este ramo importancia; des- 
de 1887 y 88 ya se exportaron 20Ü.0Ü0 
toneladas de trigo, suma que fué crecien- 
do, alcanzando en 1892 á 500.000 tonela- 
das, esto es, á dos y media veces más que 
cuatro años antes, habiendo crecido pro- 
porcionalmente con la desvalorización 
del papel, en que se pagan la tierra y 
los salarios, los estímulos para la agri- 
cultura y los medios de expansión, puesto 
que el gi-an beneficio neto que ha crecido 
con la depreciación del papel ha ido 
constituyendo nuevos capitales, con los 



de ensayo, 
tr¡g(j, pro- 
habia (|ne 



cuales, de un año para otro, han podido 
los colonos aumentar sus sementeras. 

La relación de causa y efectos está 
aquí bien establecida. La producción 
agrícola no se ha desenvuelto como con- 
secuencia inmediata de la liberalidad de 
los bancos, ni de la extensión de las vías 
férreas, ni <'omo resultado directo de 
la inmigi-ación. Todo esto ha facilitado 
sin duda ese movimiento, pero no ha sido 
su condición esencial, puesto que ni au- 
mento de vías férreas, ni servicio de cré- 
dito bancario, hemos tenido en estos dos 
últimos años, y la inmigración ha retro- 
cedido en vez de avanzar, y, sin embargo, 
son en esos años en los que se ha operado 
mayor ensanche de producción, y era 
natural que así sucediese, desde que es 
en ellos que la agricultura ha encontrado 
mayor retribución, y, con esto, mayor es- 
tímulo y mayores elementos. 

La valorización del papel que tiene por 
consecuencia directa la reducción equi- 
valente del precio de los productos sin 
actuar de igual modo sobre los costos de 
producción, debe originar el hecho inver- 
so; la disminución de las culturas. 

El promedio del precio del trigo de 
Santa-Fé obtenido en el último año, ha 
sido de 7 pesos nacionales por 100 kilos, 
y el costo medio puede calcularse en 4 
pesos, dando así una utilidad de 3 pesos 
los 100 kilos con el oro á 330 /.,. Estas 
cifras las tenemos de persona competen- 
te, y aun que pueden ser en algo rectifi- 
cadas esto no desvirtuará lo que en prin- 
cipio afirmamos, ni alterará sensiblemente 
el íxold Ponit que vamos á establecer. 

Si en conjunto el trigo de Santa-Fé, 
vendido á razón de 7 pesos los 100 kilos 
con el oro á 330, ha tenido de gastos un 
término medio de 4 pesos, los 100 kilos, 
en estas condiciones de costo de produc- 
ción no hubieran dado ninguna utilidad 
si la cotización del oro hubiese estado 
abajo de 188. 

Estas cifras se alteran según las diver- 
sas localidades, siendo el producto neto 
en unas mayor que en otras, á donde las 
condiciones prósperas de estos últimos 
años ha permitido que se estiendan las 
culturas. 

Otros productos, como el maíz, por 
ejemplo, no pueden actualmente permi- 
tir una baja tan considerable del oro, sin 
la ruina de los productores, una vez que 
se exceda los límites del consumo lo- 
cal. 



208 



Revista Económica 



Es del caso recordar aquí una célebre 
imagen de Turgot, «Se puede, dice, com- 
parar el precio del interés como una espe- 
cie de nivel arriba del cual todo trabajo, 
toda cultura, todo comercio cesan, Es 
como la mar desparramada sobre una 
vasta zona: las cimas de las montañas se 
levantan sobre las aguas y forman islas 
fértiles y cultivadas. Si la mar baja, á 
medida que las aguas se retiran, las fal- 
das de las montañas y después las llanu- 
ras empiezan á aparecer y se cubren de 
producciones de todo género. Basta que 
las aguas suban ó bajen un pié para 
inundar ó entregar á la cultura playas 
inmensas.» 

Estas palabras pueden aplicarse mas 
bien al caso actual que al del interés á 
que se refiere Turgot y que solo podría 
producir los resultados que indica, cuan- 
do al aumentar los costos de producción 
no enconti'ase una compensación en un 
aumento correlativo de beneficios, mien- 
tras que la baja de precios de los artícu- 
los de exportación, producida por la va- 
lorización del oro, no es seguida nunca 
por una equivalente rebaja en los costos 
de producción. 

Así, pues, subir el papel como se pre- 
tende hacer, considerando el beneficio 
exterior en vez de considerar el beneficio 
propio, mirando á la Inglaterra y dando 
las espaldas al país, tendrá fatalmente 
los efectos de ese desborde del Océano; 
obligará necesariamente á abandonar 
vastas extensiones de tierra hoy entre- 
gadas á la labor fructífera, y solo que- 
darán algunas zonas privilegiadas por su 
ubicación, que aparecerán como oasis en 
medio de la devastación general. 

Otras industrias como la ganadera 
pueden subsistir con la par del oro, pero 
aun así la valorización del papel impor- 
tará la ruina de todos los ganaderos que 
tengan campos arrendados sobre la base 
de los precios que se obtienen por sus 
productos con el oro á 330, á la par que 
esto actuaría en la baja de toda la pro- 
piedad territorial, como produciría una 
disminución equivalente á la valoriza- 
ción del oro, en los beneficios que reci- 
ben los estancieros propietarios. 

IV 

Un cónsul inglés en el Brasil, señor 
don Walter R. Hearn, en un reciente in- 
forme, aprecia en los siguientes términos 
los efectos de la baja del papel en esa 



vecina República. «Ha sido, dice, muy 
favorable para todos los ramos de las in- 
dustrias locales á expensas del comercio 
extrangero.» 

Esta observación, como se vé, coincide 
por completo con lo que demuestran las 
estadísticas argentinas y con lo que ha 
pasado en la India, al desvalorizarse su 
medio circulante, y que, como hemos di- 
cho, ha sido oficialmente comprobado en 
Inglaterra. 

Cuando un hecho, como en este caso, 
produce en todas partes idénticos resulta- 
dos, es que responde á una ley natural 
contraía cual no debe irse, y lo que men- 
cionamos debe indicar á los hombres de 
gobierno de este país, una política ten- 
dente á la normalización, si se quiere, 
pero no á la valorización del medio cir- 
culante. 

En vez de esto, .sin embargo, la línea 
de conducta adoptada no es la de norma- 
lización, sido la de alteración del valor 
del medio circulante, tomándose como 
ideal la aproximación mayor posible á la 
i par del oro, siguiéndose en esto las ins- 
. trucciones del sindicato Rostchild, que 
receta para este país lo queeu Inglaterra 
no se quiere para las Indias, fundándose, 
entre otras consideraciones, en que, si 
bien favorecería al comercio importador 
inglés, disminuiria la producción de aque- 
llos dominios. 

Los consejeros británicos del gobierno 
argentino son, sin duda, lógicos en 
esta aparente conti-adicción, puesto que 
tratándose de las Indias, ellos deben con- 
sultar no solo las conveniencias del co- 
mercio sino también las déla producción 
de la que depende la prosperidad y el en- 
grandecimiento económico, de sus posi- 
ciones, consideración esta última que no 
hay razón ]>ara que la tengan en cuenta 
tratándose de un ])aís extrangero. 

El fijar los Gold Points de la industria 
argentina, no solo evitará emprender tra- 
bajos que pueden resultar con pérdidas; 
sino que servirá para hacer evidentes á 
los legisladores las malas consecuencias 
que deben tener, para el país, las valori- 
zaciones del medio circulante, que se 
quieran producir restringiendo la circula- 
ción. 

La quema de papel no es solo quema 
de moneda: es destrucción de sementeras 
y de fábricas, y, para colmo, ahí están en 
el Congreso, proyectos de impuestos so- 
bre los productores de azúcar, de vinos, 



DEL Rio de la Plata 



209 



etc., con el propósito declarado de au- 
mentar la cantidad del papel destinado á 
la quema, lo que inijtorta imponer á esas 
indusü-ias con el objeto de obtener me- 
dios con que combatir su desenvolvi- 
miento y llegar á consumar su ruina. 

Ningún contribuyente, en parle algu- 
na, se habrá encontrado en tan duro y 
tan singular trance, así como jamás se 
habrá visto nada tan abiertamente oi)ues- 
to al derecho de imposición. , 

Los industriales argentinos deben ha- 
cerse oir en estas circunstancias, y una de 
las demostraciones más prácticas á que 
pueden recurrir, será la de espresar en la 
forma en que lo hemos ensayado, los lí- 
mites fuera de los cuales la valorización 
de la moneda irá privando á la producción 
nacional de la retribución necesaria. 



Los Ferro-carril 



Los ferro-carriles, ese medio perfeccio- 
nado de comunicación que tan poderosa- 
mente actúa para el desenvolvimiento 
económico, ha creado casi en todas 
partes dificultades económicas ó financie- 
ras mas ó menos serias, inmovilizando los 
capitales disponibles, aun en las naciones 
donde es mas importante la acumulación 
de economías, fuera de la proporción en q' 
lo permitía el desarrollo de las transaccio- 
nes, produciendo con este motivo, en la 
propia Inglaterra, crisis como la del año 
de 1848, ó sobrecargando á los países 
nuevos con fuertes servicios exteriores 
que contrarían su balanza comercial ade- 
mas de imponer pesadas cargas al tesoro 
público. 

Al ocuparnos del absenteismo hemos 
dado una idea general del tributo que 
por obras públicas de este género y por 
otros conceptos tiene que pagar anual- 
mente la República Argentina al capital 
extrangero, pero tuvimos que reservar 
para el estudio especial que ahora em- 
prendemos, las condiciones de producción 
en que se encuentran los ferro- carril es 
garantidos por la Nación y el determinar 
la suma del servicio del capital en ellos in- 
vertido, que tiene que atenderse con las 
rentas generales. 

El siguiente cuadro detalla las diver- 



sas líneas, su extensión, capital y garan- 
tías, incluyendo en él las nuevas líneas y 
ramales, cuyo servicio habrá que hacer 
en 18í)3, ampliando y complementando los 
estados oficiales publicados: 



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COOOOOOCC'CJtClJCO 


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ni' 
o 


M- hi*-^^ 




CO*S'i^COI-i.<{>fí'Hí.COO 




QOI-í-Ot-^CO*>GOOGOOi 


w; O 


OM>CX)CO*>COOOO*— CO 


oj 5 


CO O CO wt iO ^ Oj O Hi> ►-^ 




C)iCjK-^0C:iÍ^004í'i*í- 


O = 


ita-COtOOOOiOSOM-^í 




00 co O O oi O c;' O C7t O 




bi \ 1 1 1 1 --1 1 ClCCi 




6J 1 1 1 1 1 00 1 *>c:i 






^ :r 


-a OT o OT OT 05 -a oi -1 — I 








wwííSÍ»s:s;5íwJ\ 


-1 ^ 

o • 




^ 


W^ 


o 


tO W IsS CD ¿^ CO O '-O <l 


a, 


o: O 4i- Üi CO 4^ >í^ C7I CD lO 


^ S" 


C; Ut 4-^ Cí <l O l^i) O Oj CO 


• c^ 


roOiCO^i-^GDOO^tNÜ 


O S 


*>COCCOTC04i-OOOCDO 
G0 4.-><íOO^^OC0C0 


O «5 


ZCCthC \ fcO 1 G5 1 H^ Oi 


a 


-3 0T O 


1 


•ji \ -ai o 4--- 


a' 



La extensión total de las líneas garanti- 
das asciende á 3.841.405 ks.; el término 
medio de costo por kilómetro es de pe- 
sos oro 21.984.73; el capital total que re- 
presentan esas 1 íneas, asciende á 84.4fj2.273 
pesos oro, y el término medio del interés 
garantido es de 5.91 o[o.; importando el 



210 



Revista Económica 



total de la garantía 4.993.587.78 pesos 
oro al año. 

A esta suma habrá que figTeo;ar el ser- 
vicio de £ 500.000 del empréstito mora- 
torias, enti-egadas á fiíi de chancelar la ga- 
rantía del ferro-carril Central Enti-e-Ría- 
no,y que asciende á pesos 176.400 anuales 
con lo que se forman 5.169.987.78 pesos 
oro, como suma total de los compromisos 
que para el año enti-ante pesarán sobre 
el tesoro público nacional, procedentes 
de garantías de ferro-carriles 



damos en el siguiente cuadro el importe 
de las garantías, conjuntamente con el 
total de las entradas brutas de esas líneas, 
demostrando así la insuíicíencía de sus 
productos: 



Lineas 
N Argentino 


Garant. anual 

97.130.25 
224.987.20 
205.534.65 


P'to. hruto 
5.737.49 


Villa Mariu á Rufino... 
Babia Blanca y N. 0.... 


31.027,33 
62.980.29 



De esto resulta que estas tres líneas 



Las 500.000 £ dadas por chancelación ' ^^® tienen garantido un interés anual de 
de la garantía, unidas á los pesos 650.000 ! 547.652.10 pesos oro, solo cuentan con 

' una entrada bruta de 99.745.11 pesos oro 




a 3.170.000 pesos oro, lo que en definitiva 
viene á costar al tesoro nacional esa lí- 
nea, y si se tiene en cuenta lo poco que 
se ahorra por diferencia entre el servicio 
anterior de la garantía y el de los nue- 
vos títulos, resulta que la operación no se 
ha hecho en condiciones convenientes 
para el país. 

El aumento de servicios de garantías 
para el año entrante que hemos tenido 
en cuenta, proviene de nuevas secciones 
o ramales délas .siguientes líneas: 



San Cri.«tóbal 

Trasandino... 

Babia Blanca y Nor.Ooctc 

Entro otras líneas.. . 



Tucum.in Pg. oro 



504.125 
76.435.67 
30.132.65 
7.-332.35 



Formán.lü.íe un total de ps. oro . 618.025.67 

El importe de estas garantías será en 
parte disminuido, haciéndose efectivas 
como se propone el ministro del Interior 
y la Dirección de Ferro-carriles, con em- 
peño digno de todo elogio, las condicio- 



ai ano. 

Solo nos faltan los datos del producto 
I anual del Ferro-Carril Este Argentino, 
conociendo únicamente el del mes de 
mayo, que dá un exceso de entradas de 
pesos 1.500 oro, de modo que su renta en 
e.ste año no alterará sensiblemente las ci- 
fras que obtenemos. 

Las líneas que están obligadas á entre- 
gar una parte de sus entradas brutas, son 
las que vamos á expresar, detallando el 
tanto por ciento fijado como gastos, el 
producto bruto apreciando el oro á 300 .y 
sobre la base de las entradas de 1891, así 
como lo que en consecuencia se tendrá 
que deducir de la suma de las garantías 
de que gozan las diversas empresas: 



Lineas 

Bs. As. al Pacífico. 
G- 0. Argentino.... 


Gastos 

.... 50 o[0 

. .. 50 . 


Ent. brutas 

966.287.20 
808.654.68 

.52.9.34.85 
708.299.06 

38.697.72 
7.145.40 


DevoV n. 

483.143.60 
434.327.31 


N. E. Argentino.... 


.... 50 . 


26.467.42 


C. Córdoba-Sec. C. 
Trasandino.. ..... . 


N. 55 . 
..55 » 


318.734.57 
17.413.97 


S. C. á Tucuman.. 


... 55 . 


3.215.43 



El total á deducir de la suma que re- 



ues ae ios conti-atos de la mayor parte de presentan las garantías nacionales, es, 
las lineas, que les obliga á entregar, de I pue.s, de pesos oro 1.283.302.33, quedan- 



las enti-adas brutas, lo que esceda e^n unas 
de 05 % y en otras de 50 r.' en que se cal- 
culan los gastos 

Tres son las líueas que no se hallan su- 
getas a este cnmpromíso que son; el N. O 
Argentino, Villa María á Rufino y Kahia 
Blanca y N, O., ninguna de las cuales se 
costea, como lo demuestra lo reducido de 
sus entradas brutas, en relación con el 
capital de las líneas y extensión de 
vicios. 



ser- 



do así un saldo de pesos 3.710.285,45 
oro que habrá que pagar en 1893, por 
este concepto. A esta suma hay que agre- 
gar el servicio de las 500.000 £ del em- 
préstito moratorias, entregadas por chan- 
celación de garantías del ¥. C C. Entre- 
Ríano, con lo cual se forma un total de 
3.886.685.45 pesos oro, que es lo que re 
presenta en la actualidad el servicio 
anual y efectivo que tiene la Nación que 
atender á consecuencia de las diver-sas 



^^^?57Í^'®"*^°J^ moneda legal al tipo I concesiones' de ferro-carriíes en explota - 
de dOO, los productos brutos de estas 11- ción. 

neas en 1891, que podremos tomar por Por mucho que prospere el país, esta 
uase para apreciar sus actuales entradas, | suma en vez de reducirse tendrá, en los 



Revista Económica 



211 



años próximos, que ir creciendo á conse- 
cuencia de las secciones y nuevas líneas 
concedidas que se construyen. 

Si nos detenemos en las cifras del pro- 
ducido de los diversos ferro-carriles vere- 
mos que la mayor parte tendrán que pesar 
por mucho tiempo sobre el tesoro nacio- 
nal y que algunos de ellos no han debi- 
do concederse como lo demuestran los 
escasos servicios que prestan, lo que debe 
indicar al gobierno la conveniencia de 
someter á nuevo estudio las diversas lí- 
neas concedidas, no construidas aun, áfin 
de evitar mayores inversiones de capital 
sin perspectivas de retribución. 

Prescindiendo de los errores parciales 
que lámanla ferro- carrilera ha hecho co- 
meter, y apreciando en conjunto el total 
de las líneas garantidas, que exijen una 
contribución anual de un peso oro por ha- 
bitante, no podemos dejar de reconocer 
que la importancia de los servicios que 
prestan compensan el sacrificio. 

JKl mal, prescindiendo de algunas líneas 
construidas donde debía faltar todo tráfi- 
co importante, no está en lo que cuestan 
los ferro-carriles, está en las condicio- 
nes en que han sido concedidos y que 
no permite á la nación que, en resumi- 
das cuentas, es la que los paga, minorar 
los gastos de explotación, sobrecargados 
con sueldos regios á Directorios de Lon- 
dres, etc., etc., y tener en la confección 
de las tarifas y organización en general 
de los servicios toda la intervención que 
le corresponde. 

Hemos de estudiar en otra oportunidad 
y con mayor espacio tan importante cues- 
tión. 



LAS FINANZAS ARGENTINAS 

Está en prensa con este título un im- 
portante libro de D. Sixto J Quesada, 
en el que recopila y amplía los diversos 
estudios que durante varios años ha he- 
cho sobre cuestiones de hacienda, bancos 
y circulación monetaria. 

El señor Quesada con la competencia 
que sobre estas materias le es general- 
mente reconocida, y una laboriosidad 



ejemplar, ha reunido y analizado las cifras 
que sirven para apreciar el movimiento 
financiero de la República, durante la úl- 
tima década, acompañándolas de niu}^ 
fundadas observaciones. 

Tenemos á la vista los pliegos que co- 
rresponden á la primera parte, de su li- 
bro, que lleva por título, «Presupuesto y 
Administración.» La segunda, cuya im- 
presión se ha comenzado, se dedica alas 
cuestiones de «Bancos, Moneda y Circu- 
lación.» 

A nuestro pedido el señor Quesada nos 
ha permitido reproducir en este número 
de la Revista uno de los capítulos, y 
esperamos poder publicar otro de la se- 
gunda parte, antes de terminarse la im- 
presión de la obra. 

Mientras tanto, recomendamos á nues- 
tros lectores las siguientes pajinas, que 
dan idea del mérito del nuevo libro que 
anunciamos. Aunque hayan sido escri- 
tas hace algunos años no por eso carecen 
de actualidad- 

ADMINISTRACIÓN DE LAS FINANZAS 

Sumario — Paz y administración — Lo que es admi- 
nistración — Deficiencias — Mala costum- 
Ijre de querer hacer rápidamente grandes 
obras, cuando los recursos son escasos — 
Errores cometidos — Los créditos abier- 
tos en acuerdos do Ministros — Falta de 
publicidad y falta de datos — Ignoran- 
cia completa de la situación financiera 
del país -Falta de estadística — Traba- 
jos de Agote, Coni y Latzina. 

La mala situación de las finanzas na- 
cionales se debe en gi-an parte á la falta 
de una administración correcta; y esa 
falta ha traido por consecuencia la gran 
anarquía que en ellas reina, y el que se 
ignore la verdadera situación financiera 
de la Nación. 

El General Roca declaró al hacerse 
cargo del Gobierno que su período sería 
de paz y administración; estas mismas 
palabras las ha repetido en todos los Men- 



212 



Revista Económica 



sajes qne ha presentado al H. Congreso, 
eri los cinco años trascumdos desde que 
subió al poder. 

¿Se han cumplido estas promesas, que 
hubierau sido su mayor timbre de gloria? 

En cuanto á la paz no es de nuestro 
resorte examinar las causas que la pro- 
ducen, y en cuanto á la administración 
política' otras plumas mas autorizadas 
que la nuestra, han señalado y señalan 
diariamente los defectos de que adolece 
é indican los medios para subsanarlos: 
nos concretaremos pues á la administra- 
ción financiera. 

¿Hay administración financiera en la 
República Argentina? 

Decididamente respondemos que no 
lo hay, ni la liabrá por el camino que 
se sigue, máxime si subsisten las ideas 
que sobre ella tienen los miembros del 
Gobierno. 

¿Qué es administi-acion? 

Administración, se entiende buena ad- 
ministración, es el funcionamiento regu- 
lar de todos los resortes que componen 
la máquina del Estado; es la claridad y 
el orden en todo lo que se relacione con 
la cosa pública; es el cumplimiento es- 
tricto de la Constitución y de las leyes; 
es la previsión y el tacto en todos los 
actos del Gobierno, y el pleno conoci- 
miento que los miemlu'os de éste deben 
tener del estado del país, tanto político 
como financiero, para podei- aplicar efi- 
cazmente las medidas que sean necesa- 
rias al mantenimiento del equilibrio, 
salvando así las malas situaciones pro- 
ducidas por los casos fortuitos. 

¿Se observa algo de esto entre noso- 
tros? 

Absolutamente no, en lo que respecta 
á las finanzas, que son de las que nos 
oeupamos. Empezando por el Presiden- 
te de la República, que ignoraba el esta- 
do financiero del país, por cuya causa 
aseguró que no decretaría la inconver- 
sion, viéndose forzado á decretarla á Jos 
pocos días á pesar de sus declaraciones, 
— siguiendo por el Ministro de Hacien- 
da, cuyos errores como administrador son 
conocidos, los que están revelados en su 
Memoria presentada al Congreso como 
lo hemos demostrado en artículos ante- 
riores, que no fueron refutados, lo que 
prueba que no tenia conocimiento de lo 
que mane;iaba. Continuando })or la ne- 
gociación de los empréstitos en Europa, 
que por la forma en que fueron negó- j 



ciados han muerto nuestro crédito exter- 
no, el que ha sido manoseado por judíos 
usureros, y que ocasionó el envió de un 
Comisionado para enmendar los errores 
cometidos. 

Los deseos de querer hacer en un mes 
lo que se podría hacer en un año, si- 
guiendo la costumbre de ejecutar todo á 
la vez, cosa que no hacen naciones mas 
adelantadas que la nuestra y con mas re- 
cursos, hicieron qne el Gobierno, olvi- 
dando toda previsión tomase sumas al 
crédito aquí y en Eluropa, dando por mu- 
chas de ellas cauciones de los valores que 
tenia en cartera como las acciones del 
ferro-carril Central Argentino, etc., para 
empezar (') continuar, con esos fondos, 
obras que debían realizarse con el pro- 
ducto de la negociación de los emprésti- 
tos votados. 

Estas sumas que pasan de 15 millones 
de pesos moneda nacional, y que son exi- 
gibles á cortos plazos, porque están en 
la condición de la deuda flotante, tienen 
que pesar sobre la negociación de los 
empj-éstito.T pendientes, porque de los 
apuros en que esta deuda pone al Go- 
bierno se prevalen los prestamistas, y 
ello ha dificultado los trabajos del doctor 
Pellegrini, que no ha podido realizar su 
negociación sino en condicione.? honerosí- 
simas y deprimentes para el honor y cré- 
dito de la República Argentina, que ha 
cumplido siempre fielmente los compro- 
misos contraídos, y que no hay razón 
alguna para que sea tratada al igual de 
las naciones que han hecho bancarrota, 
exigiéndole, como lo hacen, la [garantía 
de su principal fuente de recursos y que 
el servicio sea hecho por el Banco Na- 
cional; demostrando así los prestamistas 
la poca fé que les merece la Nación, que 
no ha ahorrado sacrificios antes de ahora 
para cumplir los compromisos contraidos. 
Esto se habría evitado si el Gobierno pro- 
cediendo con mas previsión, no hubiese 
contraído esas deudas, dejando las obras 
para empezarlas cuando se hubiesen ne- 
gociado los empréstitos; ó no haberlas 
emprendido si estos no se negociaban en 
condiciones decorosas, lo que nos hubie- 
ra evitado la vergüenza de ver á nues- 
tra patria tratada al igual de las naciones 
mas desacreditadas. 

Los presupuestos votados con déficit, 
sin plan, sin estudio y sin consultar el 
poder i)roductivo del país; el déficit au- 
mentado con los créditos suplementarios 



DEL Rio de la Plata 



213 



y extraordinarios, sin arbitrar recursos 
para cubrir esas nuevas erogaciones, que 
el hábito ha ido anualmente aumentando 
sus proporciones, y contra el que se debe 
reaccionar, resti-ingiendo esos créditos á 
lo estrictamente necesario, porque si así 
se continúa jamás se liquidarán los ejer- 
cicios equilibrados. 

Los créditos abiertos en acuerdo de 
Ministros, de los que tanto se ha abusa- 
do, cuando no tenia el Gobierno facultad 
para ello, sino en situaciones sumamente 
urgentes, como lo establece el artículo 23 
de la ley de contabilidad para los casos 
del artículo 6 y 23 de la Constitución, es 
decir, cuando en receso del Congreso se 
produjese una conmoción interior ó un 
ataque exterior; y que sin embargo, en 
época de completa tranquilidad se ha 
hecho inmoderadamente usos de ellos 
para adquisición de cosas que lo que me- 
nos tenían eran de urgentes, habiendo 
traído ese abuso, en unión de los créditos 
suplementarios y extraordinarios el que 
la deuda flotante producida por déficits 
de presupuesto suba á más de 14 millo- 
nes, según demostraciones que hemos 
hecho en artículos anteriores. 

La demora de todo dato que se rela- 
cione con la hacienda pública, como su- 
cede hoy con el pedido que ha hecho la 
Cámara de Diputados hace dos meses del 
estado de la deuda flotatite, y que toda- 
vía no ha sido remitido, lo que prueba el 
desorden que reina en la contabilidad 
administrativa, pues datos de esa natu- 
raleza tardan más de dos meses, cuando 
debían haber sido remitidos inmediata- 
mente, porque el Ministro debía tener 
perfecto conocimiento del estado de ella 
por los balances de la Contaduría. 

De todo esto se deduce la urgente ne- 
cesidad de que este estado de cosas cese, 
cuanto antes, que el orden sea el que im- 
pere en todo lo que se relacione con la 
administración de las finanzas, que haya 
claridad, que se organice un sistema 
completo de contabilidad, que se ejerza 
el control en todas las operaciones que 
se practiquen, en fin, que tengamos ad- 
ministración, no en el nombre sino en los 
hechos. 

Debe tenerse presente además, que el 
mejor régimen para las finanzas de una 
Nación es el de la publicidad la más am- 
plia, para que el pueblo conozca los me- 
nores detalles relacionados con la ha- 
cienda pública y pueda juzgar el destino 



dado á los dineros que entrega. Así lo 
comprendió León Say cuando siendo Mi- 
nistro de Hacienda, creó en Francia en 
1877 Le Bulletin de Statistique et de la 
législation comparée, editado por su Mi- 
nisterio; así lo ha comprendido la Italia, 
que es la nación que ha dado más ex- 
tensión á los datos sobre sus finanzas, y 
así lo han comprendido los Estados-Uni- 
dos, la Inglaterra y la Bélgica. 



Entre nosotros son muy poco conoci- 
dos los datos que se relacionan con la 
administración de las finanzas, y es muy 
difícil llegar á saber algo e^acto sobre 
la situación de éstas, con los elementos 
de que se dispone. 

Nos preguntamos: 

¿Hay alguna persona que pueda decir 
hoy, yo me encuentro al corriente de'la 
situación financiera y económica de la 
República Argentina? 

Sin excepción, empezando por los 
miembros del Gobierno, decimos, que 
no, porque no se tienen los datos in- 
dispensables para formar un juicio exac- 
to sobre esa materia, y por consiguiente 
todos los planes financieros que se pre- 
senten han de adolecer de esa falta y 
no han de ser eficaces. 

Es indispensable dar una organización 
uniforme á todas las oficinas del Estado, 
estableciendo un control prolijo en to- 
das ellas, para que sus datos sean cla- 
ros y exactos. 

Nos falta una estadística completa que 
abarque todos los ramos, á fin de que 
ella pueda suministrar lo indispensable 
para conocer con exactitud la situación 
del país. Para llegar á ello seria nece- 
sario crear una oficina central que re- 
fundiese los datos que deberían sumi- 
nistrar todas las oficinas, nacionales y 
provinciales, y para su sistema nos po- 
dría servir de modelo el que se observa 
hoy en los Estados-Unidos y en Italia que 
son de los más perfectos. 

Poseemos dos oficinas excelentes en 
su género, cuyas publicaciones permiten 
que se conozca parcialmente la situación 
del país, y podrían servir de base para 
la oficina que indicamos. 

Sus directores reúnen á la competen- 
cia con que las administran, una dedi- 
cación á toda prueba y sus publicacio- 
nes, el Anuario Estadístico de la Provincia 
de Buenos Aires por el Dr. Emilio R. Co- 



214 



Revista Económica 



ni, y la Estadística del Comercio Exterior 
y de la Navegación Interior y Exterior 
de la República Argentina por el señor 
Francisco Latziua, han prestado 3' pres- 
tan valiosísimos servicios; pero esto no 
es suficiente. 

Nos hace falta conocer, exactamente, 
los bienes de la Nación y de las Provin- 
cias, las empresas nacionales y provincia- 
les, ferro-carriles, bancos, etc., los valores 
en ellos empleados, el rendimiento que 
dan, el valor de la riqueza privada, el 
desenvolvimiento de las industrias, su 
valor y las cantidades con que están gra- 
vadas, la población, la deuda pública, el 
monto de los presupuestos, los graváme- 
nes que pesan sobre la población en ge- 
neral, tanto por impuestos directos é indi- 
rectos, como por los nacionales, provin- 
ciales y municipales; é infinidad de datos 
que son otros tantos elementos que con- 
curren á facilitar los estudios sobre el 
poder productivo de un país y sobre su 
riqueza é indu.strias, como están consig- 
nados en las Estadísticas de los Estados 
Unidos y de Italia, ya citadas. 

Al logro de estos propósitos concun-e 
con valiosos elementos el Sr. D. Pedro 
Agote, Presidente del Crédito Público 
Nacional, que con loable y decidido em- 
peño se ha puesto á la obra salvando toda 
clase de dificultades, trabajando asidua- 
mente y sin que le arredrase la mala 
voluntad con que en muchas partes aten- 
dían sus pedidos de datos, ha formado los 
dos tomos que comprenden la Deuda 
Pública, los Bancos y acuñación de mo- 
neda en toda la República, y hoy prepara 
la continuación hasta 1884, con un agre- 
gado de los presupuestos, cálculo de 
recursos, inversión y producto de estos y 
cantidades con que son gravados los ha- 
bitantes. 

Esta obra de capital importancia que 
descorrerá en parte el velo que oculta la 
situación financiera 3^ económica de la 
República, ha conseguido formarhi el 
Sr. Agote á fuerza de inteligencia, de 
constancia y de lucha, salvando en lo 
posible las omisiones y falta de datos que 
son la consecuencia del deplorable estado 
administrativo de toda la República, lo 
que hará que su nombre sea considerado 
como uno de los primeros que entre noso- 
tros lian empleado el sistema financiero, 
con base numérica, que será el si.stema 
del porvenir, porque hemos de conven- 
cernos de que á la ciencia económica no 



se llega con extensos discursos llenos de 
elocuencia algunos, ni con largos escritos 
deforma literaria irreprochable, pero fal- 
tos de esencia, á los que hemos estado 
acostumbrados, y en los que se colocaban 
los números como adorno y no como fun- 
damento. 

Estos importantísimos trabajos del Sr. 
Agote, si bien de gran utilidad, tampoco 
son suficientes, porque no habiendo sido 
puras las fuentes donde ha tenido que ir 
á beber una parte de los datos que le han 
servido para formar sus cuadros, tienen 
que adolecer de faltas que no le ha sido 
posil)le salvar por las causas 3'a dichas. 

A las obras que dejamos citadas debe- 
mos agregar también la publicada por el 
Dr. Gabriel Carrasco que se titula De.s- 
cripcion Geográfica y Estadística de la 
Provincia de Santa-Fé, la que contiene 
preciosos elementos. 

Estas obras que dejamos enumeradas, 
son de gran utilidad, pero falta comple- 
mentarlas, purificarlas 3^ refundirlas, para 
lo cual es necesaria la Oficina General de 
la Estadística, 3' la organización de todas 
las oficinas tanto nacionales como pro- 
vinciales, para que así siendo exactos y 
ordenados los datos que suministrasen á 
la Oficina Central, esta á su vez pudiese 
presentar un trabajo homogéneo y exacto 
que permitiese juzgar del estado econó- 
mico y financiero cíela República. 

Las infinitas reformas que ha3^ que em- 
prender para llegar á establecer una ad- 
ministración correcta en toda la Repúbli- 
ca, no son obra de un día, es necesario 
gran fuerza de voluntad y patriotismo 
en los que dirijen los dfi.stinos del país, 
para recuperar las fuerzas perdidas en la 
desorganización porque ha pasado 3" pasa, 
y para plantear las nuevas medidas que 
han de traer ese beneficio. 

Si el Gobierno Nacional está animado 
de esos propósitos de orden, para llegar á 
esos resultados, sería conveniente que 
nombrase una Comisión de Personas com- 
petentes para que indicase las reformas 
que ha3^ que practicar. 

Entre tanto; es necesario empezar por 
algo y ese algo más urgente en este 
momento, es sin duda la Íe3^ del presu- 
puesto; — de esto nos ocuparemos en un 
próximo ariículo. 

Sixto J. Quesada- 
Buenos Aires, 1885. 



Del Kio de la Plata 



215 



CARTAS SOBRE EDUCACIÓN 

OARTA II 
LOS AIAESTFIOS 

Sr. D. Domingo Lamas: 

No pretendo escril»ir una obra pedagó- 
gica, ni corro tras aplauso más ó menos 
duradero: ansio conversar sobre educa 
ción, ya que este problema, de largo tiem- 
po planteado, tratado con parsimonia por 
los menos, manoseado por los más, dista 
mucho de ser resuelto conforme exigen 
el objetivo á que tiende y las consecuen- 
cias que reporta- 

Hablaremos primero de los catedráti- 
cos, profesores y maestros; trataremos en- 
seguida de los exámenes como base se- 
gura de sólida y conveniente ilustración; 
conversaremos mas tarde sobre progra- 
mas de enseñanza, y finalmente nos ocu- 
paremos de las obras de texto. 

Como usted vé, amigo mió, el plan 
aunque corto, dá materia para llenar 
unas cuantas cuartillas, y voy á desar- 
rollarlo confiando más que en mis fuerzas, 
por mi desgracia débiles, en la bondad de 
la causa que defiendo. 

¡Los maestros! 

Hé aquí el bú de la cuestión, el pro- 
blema que recientemente ha preocupado 
al Ministerio de Instrucción pública. 

En varios países se ha partido de un 
error funesto, del de suponer que el que 
sabe puede enseñar, espejismo puramen- 
te ideológico que la práctica se ha encar- 
gado de disolver. 

Si para ser médico se necesita cursar 
clínica en algún hospital, si para dedi- 
carse á la farmacia se exige cierto Tiem- 
po de práctica ¿porqué al maestro no 
hay que exigirle práctica? Basta acaso 
saher para dominar la ciencia de ense- 
ñar? 

¿No le parece á usted que tendríamos 
buenos maestros si previo el examen de 
competencia se les observara en la prác- 
tica? 

Yo no puedo enseñar al que no me 
ama, dijo un gran filósofo de la antigüe- 
dad, y esta frase, que es todo un código 
para el maestro, nos dá á entender que el 
profesor ha de aspirar, con el orden y 
compostura en clase, con el respeto á 
Que se hace acreedor, al afecto de sus 
discípulos. 



En vano una eminencia científica se 

afanará si su carácter bilioso y atrabilia- 
rio le enagena la simpatía de sus alum- 
nos, como inútilmente trabajará el cate- 
drático cuya faltfi de carácter ó excesiva 
blandura, amengüe el prestigioso respeto 
de que debe estar rodeado. 

Esto que es elemeutalísimo se ha es- 
capado á no pocos de los que legislaron 
en materias de educación, sin observar 
que á la prueba de capacidad debe unir- 
se la de especiales condiciones de carác- 
ter, y aun la de una moralidad sin ta- 
cha. 

No se me oculta, concretando ideas, 
que si las improvisaciones son siempre 
difíciles, lo son masen materia que, como 
la instrucción, demanda, por su excesiva 
importancia, parsimonia y cautela, y 
partiendo del supuesto, exactísimo, que 
los profesores no se improvisan, so cayó 
en otro error, el de fomentar el favori- 
tismo, esto es, huimos de Scila para caer 
en Caribdis. 

Pero no hagamos ciencia retrospectiva 
y preveamos el porvenir. 

¿Cómo tener un personal docente, aptc, 
idóneo, inteligente? 

¿Cómo? De una manera facilísima y 
poco expuesta á errores. 

En el Ministerio de Instrucción públi- 
ca, ó en la Inspección, que para el caso 
es igual, se lleva, si no estoy mal infor- 
mado, un registro no solo de todos los 
colegios particulares, sino de los profe- 

: sores que dictan las clases en ellos abier- 
tas. Y si en el Colegio Nacional se lleva 

i también un riguroso registro de exá- 
menes, fácil es averiguar, por las notas 
generales de los alumnos, la competeu- 

; cia del profesor. 

Para los tres primeros años, que pue 
deu estudiarse en colegios particulares, 

I es fácil encontrar, con solo una detenida 
consulta, de documentos, profesores idó- 
neos. 

Nos queda por averiguar ahora las cou- 
d i clones de carácter y la moralidad del 

, futuro catedrático. 

Para lo primero, la misma aplicación ó 

I el aprovechamiento del alumno es buena 

: fuente, como lo es también la seriedad 

I del establecimiento en que el profesor 
dicte sus clases; y para lo segundo hay 

I sobrados medios para que me entretenga 
en detallarlos. 

1 Réstanos hablar de los últimos años, 



216 



Revista Económica 



que por no ciarse en colegios particulares 
nos inutilizan el recurso anterior. • 

Para dictar una cátedra en estos años, 
exíjase capacidad suficiente probada ante 
un tribunal imparcial compuesto de cate- 
dráticos de la misma asignatara, y ya que 
no podamos adivinar sus condiciones edu- 
cacionistas, nómbreseles con carácter in- 
terino, durante un curso tiempo masque 
suficiente para apreciar aquellas dotes. 

Es menester que cunda el convenci- 
miento de que el carácter y la experien- 
cia son condiciones indispensables para 
dictar una cátedra, huyendo como de un 
grave mal de dos tendencias que en di- 
versos paises se han manifestado, ambas 
opuestas pero las dos igualmente perjudi- 
ciales; la de rendir exagerado culto á^ los 
teóricos, y la de llevar al magisterio jóve- 
nes recien salidos de aulas, estos, si muy 
aprovechados, faltos del aplomo que exije 
tan imponente tarea, y aquellos excelen- 
tes para trabajos de bufete. 

Leibuitz decía: «Hacedme dueño de la 
enseñanza, y yo me encargo de cambiar 
el mundo»; y yo parodiando el pensa- 
miento, en lo que tiene de profundo, diría: 
«Arréglese el personal docente y habre- 
mos dado un gi-an paso para el futuro 
progreso de la instrucción.» 

Claro está que al hombre dedicado á la 
enseñanza con idoneidad, competencia y 
moralidad, hay que retribuirlo expléndi- 
damente, recordando que «lo que se aho- 
rre en educación se gastará en metrolla.» 
Pretender que al Estado se le sirva poco 
menos que gi-aciosamente, es pretender 
un imposible; Y si al educacionista se le 
retribuye bien, si de su carrera se hace 
una carrera independiente alejada de 
imposiciones y del hálito emponzoña- 
dor de la política ¿no le parece á V. que 
el Estado podría ser más exigente con el 
profesor, y que á la enseñanza no se dedi- 
carían sino aquellos qne realmente hu- 
biesen nacido pedagogos? ¿Qué diría V. 
del médico que solo ejerciera su carrera 
durante una hora al día, y las restantes 
las empleara en estudiar la agricultura? 
Qué del abogado que solo trabajara en 
una demanda durante una hora, y las 
otras libres, las empleara en el tentador 
estudio de la a.stronomía? Pues, V., y yo, 
y el resto de la humanidad, no recurriría- 
mos ni á aquel médico, ni al astrónomo 
abogado, convencidos de que para ejercer 
con ñuto una profesión cualquiera hay 
que dedicarle todas las horas hábiles del 



día. No de otra manera se forman los es- 
pecialistas. 

Aplique V. el caso á la enseñanza, y 
saque de estas líneas la consecuencia que 
se le ocurra. 

Oti'o día continuaremos conversando 
ya que el tema es tentador. 
Suyo. 

MoNNER Sans. 



RIO GRA.NDE DEL SUD 

El Estado de Rio Grande del Sud ocu- 
pa una extensión de 236.000 kilómetros 
cuadrados, es decir, un quinto más 
que la República Oriental, pero, es de 
notar que comparada la posición geográ- 
fica de uno y otro territorio, el segundo 
aunque menos extenso, debe, por la su- 
perioridad de sus condiciones naturales, 
permitir con el tiempo mayor producción 
y densidad de población. 

Según el censo del Brasil de 18S8 la po- 
blación de Rio Grande ascendía á 968.931, 
la mitad de la cual es compuesta de ex- 
trangeros, figurando en primer término 
los italianos y en seguida los alemanes 
que ascienden á cerca de 200.000. 

La mayor parte de la población es 
mas bien rural que urbana y no tiene 
el Estado ninguna ciudad que pueda 
compararse con la de Montevideo. Su 
centi'O mas importante es Porto Alegre 
que tiene 52.186 habitantes; viene ense- 
guida Pelotas con 33.249; Rio Grande 
con 22.944 y Bagé con 22.000- 

Como puerto marítimo posee el de Rio 
Grande, que si bien tiene en su barra 
ordinariamente canales hasta de 16 pies 
de profundidad, está sugeta á interrup- 
ciones caprichosas por la formación de 
movedizos bancos de arena que le cier- 
ran la entrada. Con el objeto de poder 
regularizar las comunicaciones maríti- 
mas del Estado suprimiendo demoras y 
peligros para los buques, se proyectaron 
obras, que fueren contratadas en 20. 000 
contos, ó sea 10.000.000 de pesos, con la 
«Sucieté Franco Brésilienne de Travaux 
Publics», que se comprometió á realizar- 
los en el término de siete años, obra 
que, á pesar de su importancia y de todo 
el entusiasmo que despertó, está hoy inte- 
rrumpida. 

La empresa contratista tomó, por base 



DEL HlO DE LA PLATA 



217 



de sus cálculos, el papel del Brasil casi á I 
la par, y cuando ya habla empezado á ¡ 
dar impulso á la obra y levantar una ; 
pequeña ciudad, con edificios para sus 
oficinas y casillas para los trabajado- i 
res, empezó el descenso del valor del 
papel brasilero, encontrándose la socie- 
dad constructora, con que no se les paga- 
ba en realidad la mitad de lo que habia 
servido de base para sus cálculos. Pro- 
seguir las obras era la ruina cierta, ine- 
vitable, y mientras solicita una modifi- 
cación del contrato, prefiere, paralizando 
las obras, perder los 100.000 pesos que 
depositó en garantía y lo ya invertido an- 
tes que sufrir algunos millones de pér- 
dida si continúa los trabajos. 

El Estado de Rio Grande tiene 901 ki- 
lómetros de ferro-carriles. De estos uno j 
pertenece al gobierno el q' parte de Ta- 
cuarí, que está á 10 millas de Porto Ale- 
gi*e con el que se comunica por el rio 
por medio de vapores, y llega á Cace- 
quy, recorriendo un trayecto de 377 ki- 
lómetros, consti"uido por compañias in- 
glesas, tiene la línea de Rio Grande á 
Bagé con 283 kilómeti'os, la de Porto 
Alegre á Nuevo Ham burgo de 2T millas 
y un ramal á Rio Grande de 18 kiló- 
metros y la línea entre Cuaraim á Itaquí 
de 175 kilómetros. Esta línea debe pro- 
longarse á San Borja, pero después de 
haberse terminado las obras de tierra se 
paralizaron los trabajos. 

El gobierno construye nuevas líneas 
que deben ligar la de Rio Grande á Bagé 
con la de Cacequy, que debe extenderse 
á Uruguayana y unirse con la línea de 
Cuarain á San Borja. En estos trabajos 
se ha manifestado empeño haciéndose 
gTan parte de las obras de tierra y tra- 
yéndose gran número de puentes de hier- 
ro y rieles de Europa, asi como tren ro- 
dante de Norte-América. 

La linea Bagé ha sido favorecida por el 
establecimiento de un saladero cerca de 
esta ciudad, creado por una compañía}^ se 
trata de establecer otros dos mas á inme- 
diaciones de la vía férra que lleve la car- 
ne á los puntos de embarque, haciendo 
ventajosa competencia á los saladeros es- 
tablecidos en la costa, puesto que esos es- 
tablecimientos obtienen el ganado mas 
barato y en mejores condiciones. 

El comercio riograudense ha tenido 
naturalmente que sufrir las consecuen- 
cias de la suspensión, de las fuertes tarifas 
diferenciales con que antes se le favore- 



cía. Desde 15 de Marzo á 30 de Junio de 
1890 la diferencia de las tarifas de Rio 
Grande con las del Brasil se rebajó 
en un 30 op; desde 1'=' de Julio á 31 de 
Diciembre en 20oio, mas, quedando des- 
de 1^ de Enero de 1891 uniformadas to- 
das las tarifas aduaneras del Brasil, lo que 
importa un fuerte recargo de derechos 
para las introducciones á Rio Grande; 
aumento de tarifas que se acentuó por el 
hecho de cobrarse á oro esos derechos. 
La rebaja especial de derechos para 
las importaciones á Rio Grande, tenia 
por objeto evitar el contrabando, fácil de 
efectuarse por sus extensas y abiertas 
fronteras terrestres. Para combatirlo no 
solo se ha llevado el rigor hasta castigar 
con pena de prisión perpetua á los con- 
trabandistas, sino que se ha reforzado la 
vigilancia en las fronteras. En esta cam- 
paña contra el contrabando figura como 
elemento activo, la empresa del ferro- 
carril á Bagé que vé en cada bulto intro- 
ducido clandestinamente en la zona fron- 
teriza de la República Oriental, un flete 
menos que cobrar. 

La fuerte alza de los derechos aduane- 
ros es en efecto un estímulo poderoso 
para el contrabando, pero este se limita 
á los artículos de procedencia europea, 
que no se fabrican en el país, debido á 
la depreciación del papel en el Brasil que 
aumenta los beneficios de las produccio- 
nes locales y encarece las estrañas, de 
modo que no es la República Oriental, 
país á oro, la que podrá introducir á Rio 
Grande artículos similares á los de su pro- 
pia producción. Respecto de éstos, el con- 
trabando se hará en sentido inverso; de 
Rio Grande á la República Oriental. 

Pelotas es el gran centro saladeril de 
Rio Grande, Estado que produce el 23 oío 
del tasajo que se elabora. El número de 
saladeros establecidos en Pelotas es ac- 
tual monte de trece, que faenan alrede- 
dor de 400.000 cabezas de ganado vacuno 
al año, cifra que se cree excederá en el 
actual, debido principalmente á la venta- 
josa condición en que están los saladeristas 
riograndenses de poder comprar las ha- 
ciendas con el papel en que se vende la 
carne elaborada. Lo faenado hasta el 15 
de Abril ascendía ya á 300.000 cabezas, y 
si se tiene en cuenta que los trabajos se 
prosiguen de Diciembre á Junio se podrá 
calcular este año un aumento de 27 ojo. 
No hay en Rio Grande mas que una 
1 fábrica de extracto de carne, la que per- 



218 



Revista Económica 



tenece á una compañía iuglesa. Se halla 
establecida en el Paredao, en la vía férrea 
ds Porto Alegre á Cacequy. 

Sin duda debido á la poca importancia 
de sus centros urbanos, era hasta hace poco 
algo reducido el movimiento bancario 
de ese Estado, que no contaba mas que 
con la sucursal de «London and Rrazi- 
lian Bank» en Rio Grande y el «Banco da 
Provincia» en Porto Alegre, fundado con 
un capital de 2.500.000 de pesos. Ahora 
cuenta además con sucursales del «Banco 
da República» establecido en Rio Janei- 
ro y del «Banco deParis y Rio». 

Éstos cuatro Bancos tienen hoy casas 
en la ciudad de Rio Grande y además, 
los tres primeros en Porto Alegre y Pe- 
lotas. 

Las rentas percibidas por el gobierno 
federal en 1889 fueron de 7.196.841.000 
reisy los pagos hechos por el tesoro nacio- 
nal ascendieron á 9.983.173,000 reis Las 
rentas especiales del Estado fueron de 
2.340.181,000 reisy los gastos ascendieron 
á 2.743.346,000 reis resultando un défícit 
en ambos presupuestos de 33 o^o. 

Reuniendo las rentas generales y las 
especiales del Estado, resulta que á pe- 
sar de sus fuertes derechos aduaneros el 
Estado de Rio Grande no tiene la tercera 
parte de la renta normal de la R. O. del 
Uruguay. 

No pesa sobre Rio Grande como deu- 
da local gran parte del pasivo que han 
dejado las guerras en que ha tomado par- 
te, así como otras erogaciones importan- 
tes, todo lo cual está cargado en la deuda 
general de la República. La deuda espe- 
cial del Estado ascendía en 31 de Diciem- 
bre de 1890 á 5.103.489,000 reis cuyos in- 
tereses son de 5, 6 y 7 o{0, de lo que 
resulta que el fuerte déficit no proviene 
del sobrecargo en el servicio de la deuda. 

Tales, son á grandos rasgos, las condi- 
ciones económicas y financieras con que 
el vecino Estado brasilero entra en la agi- 
tada vida de la democracia sud-ameri- 
cana. 



CRÓNICA DE LA QUINCENA 
Ago.sto20del892. 
No vamos bien . El país no sigue un 



camino derecho, y la vía en que han 

entrado los políticos, ámás de ser tortuo- 
sa, está llena de malezas; en una palabra, 
veo al porvenir, erizado de dificulta- 
des. 

La esperanza está encarnada en el 
futuro Presidente de la República. 

Con él se espera que habrá mas pruden- 
cia y previsión en el gobierno, el gusto 
sencillo del bien, equidad en los negocios 
públicos, — celo decidido y atento en la 
administración de los intereses naciona- 
les, menos ruido, poca jactancia y en vez 
de violencias, algunas virtudes modestas 
y liberales que se consagrarán por entero 
al país. 

Con eso, no haremos grandes cosas; las 
haremos útiles, en todo caso serias, y se 
servirá honradamente á esta patria tan 
vapuleada en su crédito. 

Pero es que, la imprevisión anterior, la 
confusión, los excesos de partido, han 
sido de tal naturaleza, que el pasado se li- 
ga al presente y encadenando el porvenir, 
constituye una masa tan grande de res- 
ponsabilidades, que se necesitan espaldas 
de Atlas para soportarla, y puños de 
Hércules, para romper ciertas ligaduras. 

Y la interrogación se presenta necesaria- 
menie, porque si nadie duda del carácter 
del hombre, abonado por una existencia 
sin tacha, ya se le examine en el hogar, 
en la sociedad, ya en la majistratura y en 
la política, hay sin embargo dudas respec- 
to de su energía, y estas dudas se compli- 
can, y aumentan la inquietud y oscurecen 
el horizonte del futuro,— por los amaños 
de círculo tendentes á predominar esclusi- 
vameute: porque está visto, que las ense- 
ñanzas de la historia y hasta las lecciones 
de los hechos contemporáneos, poco ó 
nada aprovechan á los impacientes del 
poder. 

De aquí, que la política llamada bien, 
«el acuerdo patriótico», si nos ha dado ya 
el fruto de un presidente proclamado, se 
encuentre, hoy por hoy, como trabada; 
no precisamente en su acción dirijente, 
desde que nada tiene que dirijir, sino en 
la proyección de aquel ideal que quería 
apaciguar, calmar, cohonestar, lo que sin 
mengua de la moralidad política se pu- 
diera inducir, coordinar y armonizar, en 
un propósito común. 

En resumidas cuentas, tenemos una 
situación escabrosa, de sospechas, de 
temores, de dudas, de desconfianzas, de 
inquietudes, y los días corren y corren, y 



DEL Rio de la. Plata 



219 



esta quincena presenta más acentuada la 
misma fisonomía que la anterior; y tien- 
do la vista á todas partes, sin prevencio- 
ciones, sin preocupaciones, sin ninguna 
molestia inveterada y buscando el genio, 
los genios tutelares, — para ser más llano 
en la forma de la espresion, !os hombres 
representativos en cuya eficacia se creín, 
lo que hallo, es un trabajo sórdido contra 
esas influencias y á ellos, como cruzados 
de brazos, casi desalentados, y como 
dejando que los sucesos se vayan por 
donde quieran ó por donde el empirismo 
los empuje; y como una consecuencia de 
ésto, solitario al futuro Presidente de la 
República en medio de una confusión 
universal, pues es raro encontrar dos 
hombres que se entiendan sobre cosa 
alguna. 

Así seguiremos hasta el 12 de Octubre- 
llegando por fin á la meta el distinguido 
ciudadano en cuyas proverbiales virtudes 
todo se ha cifrado. 

Mientras tanto continuaremos, los unos 
inteiTOgando la Sybila silenciosa; los 
otros, haciéndola hablar en su favor; éstos 
alejándose, y aquellos, los que no se 
atrevieron áacercarse, acercándose fasci- 
nados por el éxito del que sube, — en tanto 
que, la yjequeñezy el olvido humanos le 
aumentan dia á dia. y cada vez más el 
vacío al que se vá. 

También veremos repetirse, en el Con- 
greso, los incidentes como el de ayer, y 
postergadas ó aplazadas muchas leyes 
que se imponen, porque las camarillas, 
los círculos y los partidos, no entendién- 
dose, pierden su tiempo en estériles dis- 
putas y en inacabables recriminaciones. 

Por lo demás, el país se arrastra jadean- 
te y el dinero abunda, aunque la descon- 
fianza no encuentre cosa suficientemente 
segura sobre que colocarlo. Y ya empie- 
za á susuiTarse, que el Banco déla Nación 
se convertirá, — eso nos faltaba, — en Banco 
puro deE.stado. 

Con que así, vaya echando sus cuentas 
el lector y no se le exija al cronista la 
enumeración de hechos no acaecidos; 
porque eso es tan difícil milagro, como el 
que parece ser que la República entre en 
quicio, normalizando de golpe su situa- 
ción, después de tantas equivocaciones 
cuyo origen se imputa á unos cuantos 
pecadores..... los otros, la masa enorme 



de todos los que pecaron, descontando el 
porvenir en sus devaneos de riqueza y 
poderío, — esos se ocultan discretamente. 

Lucio V. Mansilla. 



Í|EYISTA DE LA QUINCENA 

El Gobierno se preocupa de la negocia- 
ción un tratado de comercio con el Brasil, 
materia siempre grave desde que las 
convenciones de éste género vienen á 
modificar las condiciones industriales y 
comerciales de los países contratantes. 

Para celebrar un tratado que consulte 
los intereses económicos de la República 
en sus relaciones con el Bn^sil, se necesita 
ante todo un perfecto conocimiento de las 
condiciones y de las necesidades de am- 
bos países. Solo así se puede tratar sin 
riesgo de incurrir en los mas lamenta- 
bles errores, razón por la cual no acom- 
pañamos á nuestros colegas de Montevi- 
deo, que tan complacidos se manifiestan 
por las negociaciones iniciadas, cuando 
no se han hecho los estudios previos que 
permitan apreciar ni el alcance de lo que 
se ofrece, ni la importancia de lo que 
quieran darnos- 

Como si todavía no fuera bastante 
gobernar el país cerrando los ojos á sus 
más vitales necesidades internas, nos lan- 
zamos ahora á celebrar, á oscuras, trata- 
dos de comercio con todas las naciones. 

El gran beneficio que los colegas, á que 
nos referimos, creen que se obtendrá con 
ese nuevo tratado, es el de restablecer la 
prosperidad de nuestra ganadería por 
medio la rebaja, que se espera conseguir, 
en los derechos de importación de tasajo 
en el Brasil. 

Nuestra ganadería ha prosperado duran- 
te algunos años no obstante los derechos 
de importación que han tenido nuestros 
tasajos en el Brasil, y la crisis ganadera ha 
venido, ha crecido y sigue creciendo, ,sin 
que mientras tanto se hayan aumentado 
ni modificado los referidos derechos. 

Estos son, sin duda alguna, graváme- 
nes que refluyen sobre nuestros produc- 
tores de ganado, pero es evidente que no 
son la causa original del mal que se hace 



220 



Revista Económica 



sentir, así como también que éste excede 
considerablemente la importancia de esos 
impuestos. 

La causa de la crisis ganadera no está 
ahí; está en lo que dá origen al abati- 
miento en el país de todas las demás 
ramas del trabajo. 

Déjese el Gobierno de seguir como 
hasta hoy, los consejos extraviados de un 
gremio de agiotistas, dé expansión al 
medio circulante, y encontrará en el país 
mismo lo que inútilmente se vá á buscar 
al Brasil, con aventuradas negociaciones. 



La actual legislatura estaba en el caso 
de concluir este su segundo periodo sin 
sancionar en los dos años que lleva de 
funcionamiento el presupuesto general 
de la administración, que debe confeccio- 
narse anualmente, cuando la laboriosidad 
del señor Presidente de la República 
Tiene á sacarla del compromiso, haciendo 
él personalmente el trabajo que corres- 
pondía á la Comisión de Hacienda de la 
H. Cámara de Representantes. 

No conocemos todavía en sus detalles 
el despacho presidencial, sabiendo sólo 
que se proponen fuertes rebajas á todos 
ios sueldos, excepción hecha de los de 
menos de 20 í§ mensuales, pensándose con 
esto beneficiar al tesoro con una suma 
igual al importe de las rebajas. 

Se suele entre nosotros querer desvir- 
tuar toda crítica atribuyendo á los que la 
hacen propósitos de oposición personal. 
Por nuestra parte somos completamente 
imparciales y no veuimos á la prensa á 
combatir personalidad alguna y mucho 
menos á la del señor Presidente de la 
República cuyos esfuerzos para dominar 
la mala situación del país reconocemos. 

Podemos contrariar, pero con esto, siem- 
pre estemos en la razón, prestaremos 
mayor servicio que el de los que vienen 
estimulando con aplausos desleales los 
más reconocidos estravíos. 

Nuestro camino está trazado; cumpli- 
mos nuestro deber de periodista, siendo 
ineficaz recurso para desviarnos de él las 
mezquinas hostilidades que mas mezqui- 
nas entidades, vienen ejercitando contra 
nosoti'os. 

Las reducciones en el presupuestóse 
aplauden debido al equivocado criterio de 
que con pequeños medios se i)ueden 
paliar grandes males, y esta es también 
otra manifestación del fenómeno de estra- 



vismo á que nos referíamos en nuestra 
crónica anterior. 

El mal no proviene de los gastos de la 
administi-acion, puesto que, á pesar de la 
escepcional disminución de las rentas, hay 
relativo equilibrio financiero; no estamos 
en presencia de una crisis de la Hacienda 
sino de una crisis general, que si afecta 
el tesoro público es porque afecta antes á 
toda las clases sociales, restringiendo el 
trabajo, abatiendo los valores, poniendo 
á la mayoría del país en los dinteles del 
hambre. 

Se yen*a también el camino sancionan- 
do contribuciones como la inmobiliaria 
sobre avaluaciones exageradas y capri- 
chosas, que harán mas precarias las con- 
diciones de los propietarios sin ventaja 
correlativa para el fisco. 

No queremos, lo repetimos, que se haga 
de nuevo valer contra nuestras i m parcia- 
les observaciones el argumento de que 
por espíritu de oposición tergiversamos 
los principios para criticar cuanto hagan 
ó piensen hacer nuestros hombres de 
gobierno, y preferimos por esto dejar la 
palabra á reconocidas autoridades en la 
materia. 

No iremos á buscarlas entre teóricos ó 
exigentes reformadores; nos limitaremos 
tan solo á invocar lo que ya en la época 
de la conquista aconsejaba el buen senti- 
do de los hacendistas de la madre patria 
y que, como verdades reconocidas, están 
hoy incorporadas á la ciencia moderna. 

La condición primera para tener fuer- 
tes rentas, fué claramente establecida en 
la junta de Arbitrios celebrada en la casa 
del marqués de Poza en 1595, diciéndose: 
«que consistía en enriquecer al contribu- 
yente, porque de las piedras no se podía 
sacar aceite.» 

Osorio y Rendin en su «Extensión Polí- 
tica», decía también en esa época, «que se 
debía atender mas al aumento de toda la 
monarquía que al de las rentas, habién- 
dose disminuido por haber hecho poco 
caudal del alivio de los contribuyentes, 
pues, solo agregaba Martínez de la Mata 
si á estos les faltaba la renta, el arte, la 
traza y el modo de vivir, ¿sobre que re- 
caerán los tributos? los sacarían del cau- 
dal que tienen y con el tiempo se les 
acabaría y si les falta la ganancia sobre 
que se carga?» 

En el mismo sentido se pronunciaba 
el célebre marqués de la Ensenada en su 



DEL Rio de la Plata 



221 



«Semanario Erudito)) (tomo 12 folio 260) 
diciendo «que un ministro de hacien- 
da dotado de honor y discernimiento lejos 
de caminar al dia, "sembrará para coger 
en adelante» y pensando de igual modo 
observaba el citado Mata en sus «La- 
mentos apologéticos» (suplemento al apén- 
dice á la Educación Popular), «\)OvqnG 
así como el corazón toma lo más de la 
mejor virtud antes que otros miembros, 
toma el erario lo mejor en contribucio- 
nes.» 

Saavedra,en sus Empresas decia, «que 
debían aliviarse los pechos en cuanto se 
pudiera; procediendo como hace el pastor 
que se vale de la leche y lana de sus 
ganados, pero con tal consideración que 
ni les saca sangre, ni les deja tan rasa 
la piel que no puedan defenderse del frío 
y del calor», ó siguiendo la pintoresca 
espresión de Solorzano a como la abeja 
que saca la miel de las flores sin des- 
truirlas.» 

Otra observación muy del caso, la hace 
Gándara en su Almacén de frutos litera- 
rios (tomo 1-0 folio 31) diciendo que 
«cuanto más se acrezcan los impues- 
tos, y mas cuantas contribuciones se exijan 
á la nación, otro tanto bajará su im- 
porte.» 

Además de lo exajerado de la avalua- 
ción, se trata ahora también de no dejar 
al contribuyente defensa efectiva contra 
la arbitrariedad fiscal, y es bueno que, con 
este motivo, recordemos también la pala- 
bra de Cabarrus en su Elogio del conde 
de Gauza. «Se debe, decía, refrenar á 
un tiempo los fraudes délos contribuyen- 
tes y las vejaciones del exactor». 

Si se necesitan rentas para atender á 
los apremios del tesoro, el medio de con- 
seguirlo no es abrumar una clase de 
contribuyentes sobretodo cuando quedan 
otros sin imponer. Los impuestos sobre 
consumos sobrecargan no en relación 
con la posibilidad de cada uno sino en 
proporción con el mayor número de 
miembros en las familias; las patentes 
gravan el trabajo industrial, y nuestra con- 
tribución inmobiliaria auna clase especial 
de ex-capitalistas; y, cuando exageramos 
todos estos impuestos, dejamos exhonerado 
el capital ususario y los rentistas, violán- 
dose con esto el precepto que, desde anti- 
guo, estableció Sancho Moneada, diciendo, 
que los impuestos «deben satisfacerlos 
todos; porque siendo un peso importa que 
se cargue en los hombros de todos para 



que se lleve á gusto», y Alcázar de Arrias 
en sus Medios Polificos, que agrega 
-que se evitarán de este modo los daños 
de la desigualdad, que así los hace más 
sensibles.» 

No somos, como se vé, muy exigentes, 
cuando únicamente, pretendemos que se 
observen entre nosotros tan elementales 
principios, ya enunciados por la antigua 
sabiduría española, y nos duele que al 
celebrarse el cuarto centenario de Amé- 
rica, nos encontremos, en materia de im- 
puestos, mucho más atrás de lo que esta- 
ba la madre patria en los días del 
descubrimiento, sobre todo cuando ellos 
interesan no solo las condiciones de pros- 
peridad de las naciones, sino también los 
más primordiales derechos del hombre, 
la igualdad y la propiedad. 

¡Cuan sin razón en esa gran fecha his- 
tórica vamos á enconti-arnos en tan triste 
condición! Con elementos para prosperar, 
decaemos; con espíritu liberal y progi'e- 
sista, presentaremos ante el mundo la 
realidad del retroceso, en cuestiones tan 
fundamentales para toda sociedad civili- 
zada. 

revIstIbuSatil 

Pocas oscilaciones ha ["presentado esta 
quincena, tanto en oro como en cambios. 

En cheques, los de más movimiento 
son los del Banco de la Provincia, que 
siguen gradualmente valorizándose, sien- 
do corriente la opinión de que en breve 
se pondrán al nivel de los del Banco Na- 
cional. 

Como prueba de la mejora notable de 
ese establecimiento, está el hecho de que 
en el mes de Julio, según resulta del ba- 
lance que publicamos, ha realizado de su 
cartera S 1.393,692'48 m/n, habiendo dis- 
minuido los malos deudores en más de 
$ 1.000,000. 

En cédulas se ha manifestado un movi- 
miento de baja en las nacionales, mien- 
tras las provinciales, después de algunas 
oscilaciones, quedaron en general un poco 
mas altas que en la quincena anterior. 

El empréstito nacional de 1891, después 
de algunas fluctuaciones, cerró con una 
alza de centesimos 30; el de 1892 con una 
de S 1.20, y la Lotería municipal con la 
de .« 3. 

Algo más activa estuvo en esta quince- 
na la Bolsa de Montevideo, manifestán- 
dose un fuerte descenso en todos los títulos. 



222 



DEL Rio de la Plata 



Movimiento bursátil de la primera quincena de Agosto de 1892 



BOLSA DE BUENOS AIRES 

(del 1° AL 15 DE agosto) 



lúltims Precio 

I HASTA 

I JULIO 31 




Metálico 



Ouzas 53.10 

Libras esterlinas ii 16. 45 



Cambios 



Inglaterra I 47.7/16 

Francia '.'.'. '.'.\ 4.971/2 

Bélica J 4.981/2 

Alemania ' 4.031/2 



Cheques 



Banco Nacional 

Banco de la Provincia. 



20.^^ 

39 — 

Banco Hipotecario de la Provincia— bonos.l 19 — 



Cédulas Hipotecarias Nacionales 

Serie A (oro) 5 % de renta 



A 
B 
C 
D 
E 



"níi 



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33 — 

95 — 



Ce'dulas Hipotecarias Provinciales 



Serie A (oro) 6 

« A $f. 8 

E « 6 

« F n-^ 6 

« (t « 6 

« I « 8 

« J « 8 

« K (( 8 

« L « 8 

« M < 8 

« N « 8 

« O « 8 

« P « 8 



de renta. 



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Fondos ) Títulos Públicos 

Fondos Públicos Nacionales de 1884. 
Empréstito Nacional Interno 1891. . 

Id. de 1892 

Loteiia Municipal de la Capital 



53 - 

72 — 
66.80 
59 — 



52.30 
16.30 



47.3/16 

4.96 

4.961/5 

4.— 



20 — 

38.— 

17 '.: 



96 — 


94 — 


m — 


86 — 


89 — 


85 - 


88 — 


85 — 


20 — 




30.50 


30.50 


29.30 


29.20 


29 — 


28.50 


29 — 


28.50 


33 — 


29.50 


31 — 


30.10 


29 10 


29.10 


29.10 


29.10 


29.10 


29.10 


29.10 


29.10 


29.10 


29.10 


29.10 


29.10 



71 80 
68 80 



Míis alto 



53 70 
16 75 



47 7/16 

4 97 
49 81/2 
4 03 



21 — 
39 — 

18 1/2 



94 — 
86 — 
89 — 

85 - 



31 — 
30 — 
29 20 
29 20 

29 50 

30 10 
29 50 
29 30 
29 70 
29 70 
29 70 
29 60 



72 90 
68 20 
62 — 



último rneio 

HASTA 

ago't. 15 



51 30 
16 30 



47 3/8 

4 97 
4 98 
4.021/2 



20 1/2 


38 1/2 


18 40 


33 — 


95 — 


94 — 


86 — 


85 — 


85 — 


20 — 


30 50 


29 70 


28 50 


29 — 


29 50 


30 10 


29 20 


29 30 


29 20 


29 20 


29 20 


29 30 


53 — 


72 30 


68 — 


62 — 



Revista Económica 






223 




último Precie 

HASTA 

JULIO 31 


Mas b»jo 


^las alto 


Últii: Precio 

HASTA 

ag'to 15 


Acciones 

BANCOS 

Español del Rio de la Plata 


108 — 
89 — 
32 — 
60 - 
39.50 
46 — 
41 — 
5 — 
1 - 
16 — 

27 — 
91 — 
80 — 

8.50 
30 — 
30.50 

28 — 

79 — 

27 — 
85 — 
42.50 

150 — 

80 — 
10 — 
30 — 

7 — 

7 - 

65 — 

14 — 

52.80 

24 — 
23.30 

28 — 

25 — 

9.30 

50-5/8 

5.32 
5.32 
4.29 


104 — 
91 — 
33 — 

56 — 

40 - 

4 50 

0.80 

29 50 

28 — 

76 - 

85 — 

43 — 

130 — 

9.60 
13 — 

38 — 
22 30 

21 30 

22 80 

29 70 

7 — 

50.5/8 

5 30 
4 29 


106 — 
92 — 
33 - 
60 - 

45 — 

4 50 

90 

30 — 

31 — 

78 — 

85 — 

50 — 

130 — 

10 90 
13 — 

52 60 
23 20 
23 — 

23 60 

33 - 
9 40 

50 5/8 

5 32 
4 30 


105 — 


Italia y « « « « (oro) 

Crédito Real 

Nuevo Banco Italiauo . 


92 — 
33 — 
57 50 


Bauco de la Bolsa 


39 50 


Francés del Rio de la Plata 


45 — 


Hipotecario de la Capital (Bonos oro) ... 
Constructor de la Plata 


41 — 
4 50 


Id id id (obligaciones).... 
Agrícola Comercial 


80 
16 — 


Banco Inmoviliario 


27 — 


Banco del Comercio 


91 — 


Banco Caja de Descuentos 

Comercial de la Plata 

Comercial 


80 — 

8 50 

30 — 


Banco Sud-Americano 

Banco Nacional 

La Edificadora 

La Previsora (Compañía de Seguros) 

La Primitiva (Compañía de Gas) 

Gas Argentino 


35 — 
31 - 

78 — 
27 — 
85 — 
50 — 


Empresa del Edificio de la Bolsa 

La Argentina (fábrica de papel) 

Muelle y Depósitos de las Catalinas 

La Buenos Aires (Compañía de Seguros).. 

Compañía Federal de R.easeguros 

Kidy C» 


130 — 

80 — 
10 80 
13 — 

7 — 
7 — 


Telegráfico Telefónica 

Constructora Argentina 


65 — 
14 — 






BOLSA DE MONTEVIDEO 

(del 1° AL 15 DE agosto) 




Billetes Banco Nacional 

Títulos hipotecarios Serie D 


38 — 
23 30 


Cédulas hipotecarias « A 


23 — 


Id. id. « B. 


28 — 


Deuda del Interior 

Id. Independencia 

Id. Consolidada 

Acciones Banco Hipotecario 


22 80 

29 70 
7 30 


cambios 
Inglaterra 


50.5/8 


Francia 


5 32 


Bélgica 


— 


Alemania 


4 29 



224 



05 

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DEL Rio de la Plata 



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2* Época -Núm. 9. 



5 de Setiembre de 1892. 



REVISTA ECONÓMICA 



DEL 



RIO DE LA PLATA 



DIRECTOR: DOMINGO LAMAS 



LA PRESTACIÓN DE SERVICIOS 



Bancos 7 Se^ros, nacionales 7 extranjeros 



UNA FAZ DEL ABSENTEISMO 

Los países nuevos, como este, han de- 
bido recurrir, para la realización de sus 
obras públicas j para el utillaje de sus 
industrias, al capital extranjero, que su- 
pliese la falta de acumulación propia 
de riqueza en forma monetaria; pero hay 
que distinguir el tributo pagado como 
premio de los préstamos destinados á 
estos objetos, de la retribución al ex- 
tranjero por meros servicios de in- 
tervención en las transacciones locales. 
Estos pueden y deben ser desempeñados 
por'instituciones del país, ya, por ejemplo, 
tratándose de seguros, para evitar un 
injustificado absenteismo, ya, tratándose 
de Bancos, por esta consideración y las 
bien entendidas exigencias del giro na- 
cional. 

Don Bernardino Rivadavía, así lo com- 
prendió desde su primer gobierno, ini- 
ciando, en el año 1811, la formación de 
una compañía de seguros y de un Banco 
de descuentos. 

Aún cuando se realicen en forma de 
prima fija, los seguros no son, en el fondo, 
más que una asociación mutua. De acuer- 
do con las proporciones de los riesgos 
se gradúan las primas, de modo que los 
asegurados vengan á pagar el importe de 
los siniestros á que están sujetos, no sien- 
do las compañías que las realizan, más 
que meros intermediarios,'no dependien- 
do la importancia denlas operaciones ni 
las garantías de pago del capital efectivo 



de que dispongan, que es siempre^limita- 
do en relación á los riesgos. 

Donde existe una masa de valores su- 
ficiente subdividida de modo á que pue- 
dan subsistir los promedios que resultan 
de los grandes números, ahí están todos 
los elementos constitutivos de las Compa- 
ñías de Seguros, y no hay motivo alguno 
que justifique que el país que los posee 
se haga tributario del extranjero en cam- 
bio de servicios de este género, y deje 
que se vayan á consumir ó á acumular á 
fuera las comisiones ó beneficios que pro- 
porcionan á las empresas. 

Los Bancos son también, por su natu- 
raleza, simples intermediarios para la 
colocación de los capitales locales, y 
agentes para los cobros y pagos dentro 
y fuera del país, siendo la excepción el 
que las instituciones de crédito sean pres- 
tamistas de fondos propios, como ha 
pasado, en vasta proporción, con nuestros 
Bancos oficiales. 

En cuantos á los Bancos extranjeros, 
ellos se limitan á la función tradicional 
de operar con capitales ajenos que, en 
este caso, son los fondos locales, sin 
aumentar de un modo apreciable los 
recursos efectivos de que dispone el país, 
como lo demuestra lo exiguo de sus 
capitales realizados, subdivididos, ade- 
más, entre las casas matrices y sus nume- 
rosas sucursales. 

Lo que nos ti-aen efectivamente esos 
Bancos no es más que la etiqueta extran- 
jera en vii-tud de la cual hacen refluir en 
beneficio de los capitalistas del exterior 
las utilidades que proporcionan el mane- 
jo de los capitales nacionales y los servi- 
cios de liquidación de las transacciones 
mercantiles. 

Habría alguna compensación si las 



226 



Revista Económica 



nstituciones extranjeras estuviesen habi- 
I itadas para prestar los servicios á la 
producción y al comercio, en mejores 
condiciones que las instituciones delpaís; 
pero este no es el caso, y llamamos muy 
especialmente la atención de los legisla- 
dores tanto de este país como de la Re- 
pública vecina, sobre las consecuencias 
desventajosas que resultan del carácter 
especial de sucursales que presentan los 
Bancos extranjeros establecidos en el Rio 
de la Plata. 

El fin de los Bancos es dar á los capi- 
tales de que disponen el giro más prove- 
choso. 

Como centros de transaciones moneta- 
rias ó de crédito, está en sus conveniencias, 
siempre que se trate de instituciones del 
país, el armonizarlas con las necesidades 
generales de la plaza; pero si lasque 
operan son meras sucursales, no son ya 
esas necesidades las que determinaran 
su giro. Las condiciones de las otras casas 
principales, deque dependen, situadas en 
el exterior, pueden imponerle restriccio- 
nes cuando, localmente, se requiera ex- 
pansión; la mayor utilidad de afuera 
puede inducirles á sacrificar los intereses 
de adentro y á dar á los capitales del país, 
confiados á su gestión, un giro contrario á 
las conveniencias del país mismo. Son 
satélites de otros centros planetarios que 
no obedecen al criterio propio, determina- 
do por el espíritu, por las conveniencias y 
por las inspiraciones locales,y que, en vez 
de constituir, en momentos dados, ele- 
mentos reguladores de la marcha finan- 
ciera local, pertuiban la economía gene- 
ral, y, por eso mismo, contrarían, en vez 
de beneficiar, los intereses del país y, 
derivativamente, el de sus incautos clien- 
tes. 

Lo que ha trastornado el giro en la cam- 
aña de Buenos Aires v en las provincias 
peí interior, es el hecho de hacerse sus 
dnncipales servicios bancarios por medio 
pe sucursales de Bancos establecidos en 
da capital. 

1 Estas sucursales, arruinadas en parte, 
por las malas operaciones de la capital 
habían, sinembargo, llevado capitales 
etectivos que las sucursales extranjeras 
no nos traen. 

Los siete Bancos sucursales enti-anjeros, 
que funcionan en Buenos Aires, acapa- 
ran la mitad de todos los depósitos activos 
pues tienen 10 millones oro, y 60 millo- 
nes de curso legal, cuyo giro viene por 



este hecho á ser determinado teniéndose 
en vista, no ya solo el servicio de la ])laza 
sino también las combinaciones que en 
beneficio de estraños puedan sugerir las 
condiciones de los mercados extranje- 
ros. 

En cuanto á las relaciones internacio- 
nales, ellas no exíjen las dependencias 
de las sucursales, siendo lo corriente, para 
las mayores operaciones de cambios que 
se realizan en el mundo, los simples 
convenios de giros, entre casas indepen- 
dientes. 

Los Bancos sucursales extranjeros, no 
compensan pues, bajo ningún aspecto, ni 
el tributo con aumentan las fuertes 
partidas del absenteismo, ni los inconve- 
nientes que resultan de la desharmonía y 
de la dependencia que imponen en la 
circulación nacional. 

Lo que indicamos debe ser objeto de 
medidas especiales, aún cuando no se q uie- 
ra considerar más que la necesidad de 
libertará estos países de prestaciones de 
servicios que pueden hacerlos ellos mis- 
mos, cuando todas sus producciones son 
pocas para pagar los tributos délas habi- 
litaciones del capital externo. 

Esto está también dentro de las ideas 
corrientes, puesto que todos admiten que 
deban fomentarse las industrias locales 
para evitar el tener que pagar artículos 
extranjeros de consumo, y es natural 
entonces que no se ponga tampoco en 
dúdala utilidad evidente de suprimir los 
fuertes pagos á empresas extranjeras, 
para que vengan á hacernos los servicios 
de intermediarios de seguros, de distri- 
bución de capitales, que son, como queda 
esplicado, casi exclusiva;uente locales y 
de liquidación de cuentas. 



EXTRACTOS Y COMENTARIOS 



Li S3;i3dad 



.::i3r!ia— 33ti:iiDS ÜDrilss 7 Políticas 

Cou:c2ll3 SsüS'jil 



El señor Courcelle Seneuil acaba de 
publicar un nuevo y notable libro con el 
título con que encabezamos estas líneas, 
destinadas á dar una idea general de las 
materias de que trata y hacer apreciar, 
mediante breves extractos, su importan- 
cia y originalidad. 

El autor, sin espíritu de escuela que 



DEL Rio DE LA PLATA 



227 



considera idea vieja é impropia, se preo- 
cupa de la iuvestigacion de los principios 
en que descansa la sociedad moderna. A 
fin do desarrollar los conocimientos mo- 
rales y políticos, que en tres siglos no 
han (lado un paso mientras que tanto han 
progresado las ciencias físico-naturales, 
cree indispensable que se los someta al 
método rigoroso mediante el cual han 
adelantado esta clase de estudios. 

En la práctica razonada, dice, no he- 
mos liecho progresos sensibles desde los 
filósofos griegos: en teoría pura estamos 
quizá menos adelantados que ellos. Si 
vemos un poco mejor las cosas sociales, 
lo debemos á los cambios que los progre- 
sos industriales han introducido insensi- 
blemente en las sociedades humanas. 

Cree, con razón, que el estudio de la 
actividad humana no debe ser una conti- 
nuación ó una dependencia de la biología 
ligada á la auti'opología; se trata de estu- 
diar el hombre social, pensando, sintien- 
do, queriendo y obrando por grupos, y 
censu;-acomo prematuras las conclusio- 
nes morales y políticas, sacadas de las 
ciencias naturales que «son hipótesis, sin 
otro fundamento más que la fantasía de 
sus autores y el deseo demasiado ardiente 
de combatir las doctrinas tradicionales.» 

«Estas conclusiones, agrega, llevadas á 
la política han ejercido una influencia 
perniciosa y exagerada fuera de toda 
razón. No mencionemos más quedos, las 
menos temerarias; la de la concurrencia 
vital asimilando los hombres á los anima- 
les y á las plantas, y la de las razas; ellas 
han sido acogidas, tanto la una como la 
otra, con avidez por todos los odios- La 
primera está mal comprendida; la se- 
gunda es una hipótesis no bien estudia- 
da y poco definida. No proporcionan por 
otra parte más que conclusiones negati 
vas que conducen á la guerra sin fin.» 

Para estudiar la actividad humana co- 
mo ciencia, la que ha sido denominada 
sociología, término que propone se reem- 
plase por el de poliología, la divide en 
tres ramas principales, á saber: la filo- 
sofía, la economía política y la historia. 

Esta última, no la considera una ciencia 
sin alguna vacilación. Es la memoria del 
genero humano, y tiene todas las imper- 
fecciones de la memoria individual; es 
todavía más olvidadiza que esta. 

«La historia, dice, tiene por fin, recor- 
dar á los hombres las relaciones diversas 
que han tenido, sea con la naturaleza, sea 



entre sí, sea en la vida privada, sea en la 
vida pública durante el transcurso de los 
tiempos Es una obra humana y, bajo este 
punto de vista, podría ser considerada 
como un arte; pero ella tiene por objeto 
el conocimiento de la verdad sobre he- 
chos realizados, que nuestra voluntad no 
puede modificar, fuera y aiTÍba de toda 
})asión lo que es propio de la ciencia. Una 
historia completa y de conjunto, es im- 
posible, y las historias especiales son sin 
número. La historia más general que 
pudiéramos concebir, sería la de los des- 
cubrimientos industriales y los políticos, 
en la moral y en el derecho. La historia 
de las revoluciones y de las guerras, po- 
dría encerrarse en una tabla cronológica, 
en la que solo se mencionasen los resulta- 
dos. La historia anecdótica cuyo atracti- 
vo seducirá siempre al gran número de 
hombres, quedará siendo lo que és, una 
ol)ra de arteá la que no habrá que pedir 
más que una cualidad, la de la exactitud. 
La estadística, es una de las numerosas 
ritmas de la historia.» 

El arte social que en esa ciencia se 
inspira, lo divide en cuatro ramas, bien 
diversas, á saber, 1." política propiamen- 
te dicha, cuyo fin es dirijir lo mejor po- 
sible, un grupo humano, establecido sobre 
un territorio determinado- 2.o la moral, 
ó conjunto de reglas de buen vivir, que 
nace del poder espiritual. 3. o el derecho 
ó conjunto de reglas, establecidas por go- 
biernos civiles y que se distinguen de los 
preceptos morales, en que su observancia 
es impuesta á los individuos por la fuerza 
material y sus infracciones castigadas por 
otro modo que el de sus consecuencias 
necesarias y 4.o la pedagogía, que es el 
arte mediante el cual los conocimientos 
y las costumbres que constituyen la civi- 
lización, se trasmiten de padres á hijos, 
conservados, propagados entre los adulto 
y aumentados- 

Los conocimientos morales y políticos 
comprendidos en esta clasificación los 
considera una materia de estudio supe- 
rior á las fuerzas de un solo hombre. 

Pero, agrega, lo que es imposible para 
uno solo, no lo será para varios que ca- 
minen en una dirección común observan- 
do el mismo método y ayudándose los 
unos á los otros en la tarea desinteresada 
de buscarla verdad. 

E\ contingente que ofrece el sefíor 
Courcelle Seneuil es copioso, y constitu- 
ye el fruto de muchos años de trabajo 



á28 



Revista Económica 



facilitado por una inteligencia poderosa. 

Expuesto así el objeto de la obra, hare- 
mos apreciar á nuestros lectores su mérito 
y su espíritu, entresacando algunas de 
las ideas y observaciones de que están 
llenas las 537 páginas de que consta el 
libro. 

Una de las proposiciones formuladas 
hasta hoy, que considera más inexacta es 
la de que los hombres nacen iguales. Son 
semejantes por los órganos del cuerpo y 
las facultades intelectuales y morales y 
por estar sometidos á las mismas necesi- 
dades naturales, las mismas enfermeda- 
des, agitaciones, errores y debilidades, 
como están dotados de la misma voluntad 
para obrar y de la misma razón para 
guiarse. Pero no son iguales- Si se poneu 
frente á frente dos de ellos y se les con- 
sidera bajo un ciento ó un millar de as- 
pectos diferentes, no se les encontrará, 
decimos, nunca iguales, ni por las calida- 
des físicas, ni por las calidades morales, 
ni por las calidades intelectuales. No 
tienen mas que calidades comunes, varia- 
bles en fuerza y en grado al infinito, 
debido á una ley natural. Las facultades 
y las calidades naturales, siéndoles comu- 
nes, la justicia admite entre ellos la 
igualdadjurídica, pero no hay más que 
eso. 

Estudiando la democracia, dice que, 
como todas las formas de gobierno, ésta, 
la más racional de todas, está destinada á 
perecer, como las otras formas; ella pere- 
ce, por la injusticia, cuando los hombres 
sienten que ya no les dá lo que de ella 
tienen derecho á esperar y la rechazan 
por cansancio, por la fatiga de las agita- 
ciones estériles y por abandono de si 
mismos. 

€ Desde que se conoce el gobierno de- 
mocrático, su sucesor natural es el tira- 
no. > «El gobierno democrático perece 
cuando los deseos injustos crean disen- 
ciones entre los ciudadanos á que no 
pueda dar término por la justicia, sea por 
que no la conozcan, sea porque no tengan 
el coraje ó la fueizade hacerla respetar. 
Crear ó fomentar las diseuciones á cual- 
quier título que sea entre los ciudadanos, 
es encaminarse á la ruina del gobierno 
democrático. Algunas veces llega el tira- 
no por conspiración ó por traición. Algu- 
nas veces solo por la iiocosidad de la 
situación, nunca sin esto.» 

Pasando de l;is cuestiones generales 
referentes á la constitución del gol)ierno 



á la de las condiciones necesarias en el 
gobernante, encuentra que, bajo cualquier 
aspecto que se las considere es muy difícil 
encontrarlas reunidas. 

«Todo gobierno, dice, está rodeado de 
hombres que son ó que pretenden ser sus 
partidarios, sus apoyos, sus servidores. 
En los países de instituciones libres, estos 
hombres están reunidos con el nombre de 
partidos. En los países en los cuales el 
poder lleva el nombre de uno solo, estos 
hombres constituyen lo que se llaman 
cabalas de corte. Estos grupos, tan 
diferentes en la forma se parecen todos 
en el fondo: asedian á los que tienen el 
poder y no dejan llegar, sin mucho es- 
fuerzo más que á los de quienes esperan 
ventajas particulares, es decir injusticias. 
Así la primera condición que hay que 
observar para llegar al gobierno por el 
camino más corto es la de mostrar que 
se carece de las calidades necesarias 
para gobernar bien. Algunos hombres 
han podido alcanzar el gobierno por 
otros medios, por escepcion y por acci- 
dente; algunos otros, después de haber 
llegado á este por medios bastantes ma- 
los, han gobernado bien, ó casi bien.» 

«Estas consideraciones nos esplican 
porque los verdaderos hombres de estado 
son tan raros en la historia. > 

Analizando los deberes del gobierno 
considera que el primero es el de conser- 
varse. Los hombres débiles llamados al 
gobierno están casi esclusivamente ocu- 
pados de la oposición, que siempre grita, 
exajera y se queja de daños reales ó ima- 
ginarios, y se empeñan sea en combatirla 
sea en atraérsela. Con lo primero se ex- 
ponen á extralimitar la ley, salir de la 
justicia, convertirse en tiranos, lo que 
subleva la conciencia pública y engruesa 
con pacíficos ciudadanos el ejército délos 
políticos opositores, mientras que al recu- 
rrir al otro medio, ó se dan puestos sin 
considerar el mérito de los agraciados y 
las necesidades del servicio, ó se gravan 
á los contribuyentes con distribuciones 
indebidas de los dineros públicos, ense. 
ñando que el oficio de opositor es un me- 
dio de lucrar, con lo que se aumenta el 
número de los opositores de oficio. 

Un gobierno ilustrado, dice, debe saber 
que la oposición no tiene por si misma, 
fuerza para voltearlo sino mediante los 
errores que oí mismo cometa. Debe te- 
ner siempre los ojos fijos sobre la masa 
del pueblo, que hui)ia poco y bajo, pero 



DEL Rio de la Plata 



229 



que decide en definitiva de la vida ó de 
la muerte de los gobiernos. Es esta mul- 
titud paciente hasta la resignación, casi 
siempre silenciosa y habitualmente dis- 
creta, que es preciso satisfacer. Ella no 
conoce bien cual debe ser la dirección 
del gobierno y es casi siempre incapaz de 
indicarla, pero en muy poco tiempo ella 
siente si una dirección es buena ó mala, 
justa ó injusta. 

•La buena gestión de la hacienda pú- 
blica aumenta el poder del gobierno y 
del pueblo, la mala gestión debilita y 
arruina al uno y al otro. 

«La mala gestión tiene raras veces por 
causa la rapacidad personal y las malver- 
saciones de los que administran la hacien- 
da; proviene algunas veces de una bene- 
volencia personal poco ilustrada, de la 
debilidad indiferente y las más veces de 
un cálculo inepto y culpable inspirado á 
los que gobiernan por el deseo de aumen- 
tar el número de sus parciales.» 

Esto último, además de evidentemente 
injusto desde el punto de vista de los 
contribuyentes, lo considera una tontería, 
porque los favorecidos no se lo agradece- 
rán. La gratitud es una virtud rara, por 
otra parte, no hay motivo de agradeci- 
miento cuando se dá lo ageno; se apro- 
vecha la injusticia y se desprecia al que 
ha faltado á sus deberes. Por último, la 
satisfacción de un deseo, crea otro nuevo; 
los hombres no se atraen por los benefi- 
cios recibidos, sino por la esperanza de 
recibirlos. 

«Toda dilapidación de este género, 
agrega, llama un gran número, y un nú- 
mero que crece á medida que las malver- 
saciones se multiplican. De este modo se 
forma la pendiente que conduce al go- 
bierno á la ruina del estado. 

«Cuando las malversaciones de este 
género toman importancia y el malestar 
se hace sentir, los opositores j los que 
desean mas ardientemente dilapidar, tra- 
tan de ladrones á los hombres que gobier- 
nan y las multitudes creen en esta acu- 
sación. Ellas se dicen; «si hay malestares 
que se han desviado los fondos de su 
aplicación; alguno lo ha hecho; este al- 
guno es un ladrón. Este raciocinio carece 
de exactitud, porque califica á un hom- 
bre según el resultado de sus actos sin 
tener en cuenta su intención, pero es de 
seguro especioso para los espíritus ligeros 
ó prevenidos, y la euvídía lo acei)ta sin 
dificultad; no se puede por otra parte 



negar que para el paciente, que es el 
contribuyente, poco importa que los fon- 
dos hayan sido robados, ó entregados á 
los que no tenian derecho, porque para él 
el resultado es igual.» 

Los deberes cívicos los considera de 
dos categorías distintas, según se refieran 
al poder espiritual ó de opinión ó al go- 
bierno. 

La mas alta función del ciudadano, di- 
ce, es la de concurrir por su palabra ó 
por sus escritos á la formación de la opi- 
nión pública sobre las doctrinas, sóbrelas 
instituciones y las personas. Esta función 
requiere imparcialidad y la reflexión que 
aléjalos juicios lijeros ó injustos. Tratán- 
dose de particulares no deben mencionar- 
se actos censurables antes de verificar los 
hechos con cuidado, ni deben hacerse 
juicios temerarios sobre la vida íntijna y 
las intenciones, siempre difícil de conocer 
con exactitud. 

El espíritu de partido, de grupo, que dá 
lugar á afecciones y á odios colectivos, 
llevan al error y ala injusticia, estimu- 
lan la calumnia y extienden su círculo de 
acción. «Los hombres que no tienen ho- 
rror á la calumnia, que se acostumbran 
á ella, se hacen tan ciegos y crédulos co- 
mo injustos; se exponen" á caer en las 
trampas mas groseras, por rebaños, más 
como bestias que como hombres. > 

Al ocuparse de la libertad de manifes- 
tar el pensamiento por la palabra ó por 
escritos públicos, distingue, cuando se 
trata de doctrinas, del caso de apreciación 
de actos personales, justificando que en 
estos debe limitarse, no permitiéndose la 
injuria, «porque la calumnia tiende á. 
inducir al error, á viciar la opinión pú- 
blica y perjuidica así directamente el 
interés de todos.» 

«El primero y el más penoso de los de- 
beres del buen ciudadano es el de perse- 
guir la calunmia y los calumniadores en 
todas partes donde se les encuentre, por 
más desagradable que le sea el cumpli- 
miento de este deber.» 

En cuanto á los deberes que nacen de 
la relación del ciudadano con el gobierno, 
los divide el autor en dos categorías, se- 
gún sea el ciudadano gobernado ó parti- 
cipe del gobierno. 

Como gobernado, su primer deber es 
el de elector, acto en el que es soberano 
y del que dependerá la felicidad ó la des- 
gracia de la patria, pero para desemi>e- 
fiarlo con acierto le es indispensable 



230 



Revista Económica 



conocer algunos principios generales, sa- 
ber cuales son las funciones del gobierno 
y las dificultades qne presentan su cons- 
titución y dirección, y preservarse de los 
varios medios que se ponen en juego pa- 
ra extraviarlo y atraerlo. 

No debe desinteresarse de la elección 
ni abstenerse de ella, lo que importaría 
deso!)edecer una ley justa y faltar á un 
deber honorable. Es incurrir también en 
la responsabilidad de las consecuencias 
de la abstención. 

Como medio de orientarse, acons(\ia 
que se sigan las discusiones relativas ala 
cosa pública, para lo que da un consejo 
poco práctico, que es de no leer un diario 
ni escuchará un orador que haya sor- 
prendido en mentira, con lo cual difícil- 
mente tendrá diario que leer, ni oradores 
que escuchar. 

También recomienda que en las elec- 
ciones no pretendan nombrar mandata- 
rios, lo que responde á la teoría que 
sostiene con lucidez, de que no debe crin- 
fundirse al elejido con el mandatario, 
confusión en la que descansa el princi- 
pio de las representaciones de minorías, 
siendo los elegidos los destinados á go- 
bernar á todos consultando el interés 
público. 

Como medio de preservarse contra los 
engaños haciéndoles discernir, entre los 
candidatos, los que se mueven por intere- 
ses privados recomienda que se haga 
ateución á lo que sigue, «l.o piden la 
mayor parte una reforma completa déla 
sociedad ó cuando menos del gobierno, 
buscan quejas, despiertan y conservan 
descontentos, soplan la discordia con to- 
das sus fuerzas; 2.o atacan las personas 
que ejercen el gobierno con la última vio- 
lencia, injuriándolas siempre y calum- 
niándolas con frecuencia; 8.0 no discuten 
nunca y están siempre apurados, muy 
apurados como todos los intereses priva- 
dos. La reunión de estos tres signos pro- 
porcionan una indicacien infalible; el 
último, [)or si solo, constituye una pre- 
sunción muy fuerte.» 

Observa que el elector se encuentra 
débil en el aislamiento y busca consejo 
en un grupo llamado partido y agrega 
que <en un pais donde la práctica de la 
elección es antigua, no hay más que dos 
partidos y dos programas relacionados 
con las cuestiones á resolverse durante 
el trascurso de una legislatura. Este es 
el estado normal. La multiplicación de 



los partidos es un mal síntoma, indica la 
multiplicación de estados mayores pre- 
tendientes, el olvido del interés público. 
Por lo que concluye recomendando que 
el elector desconfie de los que crean gru- 
pos separados; obedecen á intere.';es pri- 
vados, colectivos quizás, pero distintos de 
los del país y opuestos á este. 

Si malos son los privilegios en la sim- 
ple esfera económica, no lo son menos los 
que se introducen para el desempaño de 
las diversas funciones que requiere la 
administración, la distribución de la jus- 
ticia y la difusión de la enseñanza, ni las 
diversas otras trabas puestas á la liber- 
tad. 

El Sr. Courcelle Seneuil es partidario 
de que se supnmím las l)arreras de la 
edad, de los diplomas y de los concursos, 
con que se ciérrala entrada de diversas 
carreras á los que podrían desempeñarlas 
igualmente, ó mejor de los que resultan 
favorecidos por restricciones de este gé- 
nero. No vé razón alguna para (¡ue se 
coloque á los empleados del Estado en 
distintas condiciones de los emjiieados 
del comercio. En cuanto á los di[)lomas 
3'- concursos, no eré que proporcionen ga- 
rantía alguna. 

«Ellos solo atestiguan, dice, que el 
candidato ha pasado los diez años du- 
rante los cuales el carácter se forma 
fuera de la piáctica déla vida ,esclusi- 
vamente ocupado en ejercitar su memo- 
ria. ¿Hay en esto una garantía de apti- 
tud? Nadie se atreverá á sostenerlo seria- 
mente. ¿Hay al menos una garantía de 
saber? No; ni siquiera la garantía que 
posee el saber más elemental. Se ha 
ejercitado más ó menos á hablar <le un 
modo más especioso del que sabía, o 

Expone lo que llama el mandarinaje 
moderno. 

«Los pueblos del alto Oriente, dice, nos 
presentan hoy todavía los dos tipos prin- 
cijiales en que se pueden agrupar todas 
las desigualdades artificiales; son el man-: 
darindje y la casta. En China la ge- 
rarquía social se establece por pruebas . 
literarias que comprueban los quelais 
hacen con satisfacción, un conocimiento 
profundo de los libros antiguos y de la 
tradición conservada por un cuerpo de 
letrados; es el mandarinaje. En la In- 
dia, como en el antiguo Egipto, los indi- 
viduos están clasificados pur nacimiento, 
que dá derecho á ciertas fuuciones,y sobre 
todo que gradúa la estimación debida á 



Del Rio de la Plata 



231 



cada uno. Nunca el que ha salido de los 
pies de Brahama, podrá igualarse á los 
que han salido de su cabeza ó de su pe- 
cho; hé ahí la casta. » 

Hay actualmente cinco gerarquías de 
mandarines, á saber los judiciales, los ad- 
ministrativos, los militares, los clericales y 
los enseñantes. Las cuatro primeras ge- 
rarquías, tienen sus raices en la quinta, 
encargada especialmente de la conserva 
ción y la propagación del espíritu man- 
darín. 

Todas ellas están bien caracterizadas, 
antei)Oniendo siempre el espíritu de cuer- 
po á la realización de los fines de utilidad 
pública. 

Entra á analizar estas diversas gerar- 
quías, empezando por la judicial; los 
jueces son inamovibles é irresponsables 
en la práctica, porque el espíritu de 
cuerpo no permite que sea efectiva la 
responsabilidfid que tienen en casos de 
falta. «Eli juez honrado, dice, tiene en 
Francia un mérito que está fuera de todo 
encomio, puesto que nada le obliga ni le 
estimula á ser honrado, y su interés le 
aconseja no serlo, su mérito es apenas 
conocido de los abogados, procuradores y 
otras gentes de justicia, demasiado ocu- 
pados en sus intereses para aj)reciarlo, y 
demasiado dependientes del juez, sea el 
que sea, para no expresar en voz alta su 
opinión acerca de él, sea la que sea. 

«En cuanto á la organización que colo- 
ca el juez en una situación semejante, es 
claro que ella es detestable.» 

«La orden de los abogados, constituye, 
hace tiempo,numandarinaje de otra clase; 
sus miembros sereclutobansin compra del 
cargo ni favor del príncipe, entre los que 
producen pruebas literarias;por otra parte 
el abogado no recibe del estado el precio 
de sus servicios; es el litigante quien los 
paga, y esta corporación viene sosteniendo 
en cuanto á los honorarios de sus miem- 
bros, doctrinas muy especiales y fantásti- 
cas alas cuales no ha renunciado aún . > 

Después de ellos viene la corporacióu 
de los escribanos, procuradores, oficiales 
de justicia, etc., que son otros tantos man- 
darines, «colocados en las avenidas de 
los tribunales como los antiguos señores 
feudales en los caminos. Los litigantes, 
no tienen contra ellos ninguna garantía. 
En un país en que la opinión es mas que 
severa contraía difamación de la prensa, 
un abogado puede litigar con la más ex- 
tremada licencia, y esta licencia que di- 



vierte á los jueces, ha pasado á ser costum- 
bre, de modo que se entrega á ella ya 
sin apercibirse. Se consienten las demo- 
ras más perjudiciales álos litigantes, para 
la mayor comodidad de los abogados, y 
no se ponen obstáculos á la multiplica- 
ción délos gastos inútiles por los procu- 
radores. La razón es sencilla: los aboga- 
dos y los procuradores, constituyen para 
los jueces, toda la opinión pública; estos 
no quieren encontrarse en hostilidad con 
ellos. Que importa el interés del litigante 
que no tiene ningún poder, ni siquiera el 
de quejarse.» 

Después de retratar así las condiciones 
de la administración de justicia en Fran- 
cia, pa -a á la gerarquía administrativa. 
Aquí los hombres están agrupados por 
divisiones y oficinas, militarmente, con 
una serie de jefes sobrepuestos los unos á 
los otros. Los empleados, no tienen nin- 
gún estímulo en trabajar bien, la opinión 
no los puede fiscalizar; lo que le importa 
es la buena voluntad del jefe inmediato, 
y esta voluntad puede adquirirse, conser- 
varse y aumentarse por mil otros medios 
que no sean el celo y la conciencia en el 
trabajo. El singularizarse queriendo ha- 
cer más y s\iprimir así ocupación para 
otros, es contrario á la conveniencia y al 
espíritu de cuerpo. En cuanto á los jefes, 
el mejores el que se ocupa más del inte- 
rés desús subordinados,y si alguno quiere 
introducir reformas, el espíritu de cuerpo 
le opone la inercia en el interior, y, á 
fuera, la guerra de intrigas y de calum- 
nias. 

En la gerarquía militar, predomina de 
igual modo el es[)íritu de rutina y las fal- 
tas de estímulo para el servicio eficaz. 
Después del trabajo mediocre que exijen 
las pruebas para obtener grado de oficial, 
una vez obtenido, ya nada tiene que 
hacer, ni con el estudio, ni con las cien- 
cias. El espíritu de cuerpo exije todo el 
rigor para el soldado, mientras que toda 
la libertad para el oficial, que pasa por 
impecable con tal que no se quiera sin- 
gularizar estudiando y preocupándose de 
lo que no estudian ni se preocupan los 
demás. De ahí el que la preparación de 
los jefes, su alcance intelectual, no siga, 
en general, su ascenso en la gerarquía 
militar. El género de vida, aleja la activi- 
dad intelectual y vá quitando el gusto y 
la facultad de trabajar. 

La gerarquía clerical, constituye un 
mandarinaje aparte en el que el espíritu 



232 



Revista Económica 



de cuerpo y disciplina es más fuerte toda- 
vía que en los demás. 

En mandarinaje enseñante, del cual 
surjen los demás, lo estudia considerando 
la universidad, los seminarios y las escue- 
las especiales. Los dos primeros absorven 
largo número de años con el estudio de 
las lenguas, las ideas y la literatura de 
las sociedades antiguas, y entre los va- 
rios hábitos que desenvuelve, citaremos el 
de exitarla emulación, dirijida de tal mo- 
do que todos sus esfuerzos sean sometidos 
al juicio del maestroy soberanamente apre- 
ciado por él, á desenvolver la memoria á 
expensas de la inteligencia, y sobre todo 
á impregnar álos estudiantes con las ideas 
los y sentimientos de la antigüedad y á 
considerar el mérito literario como el fin 
más elevado que pueda alcanzarse, des- 
preciando todo lo demás. 

Su crítica sobre la educación no es 
menos acerba, particularmente la que 
se refiere á la de las mujeres. 

«¿A que debe tender la educaeión de 
las niñas? A formar mujeres capaces de 
comprender, ayudar y suplir en caso ue- 
necesario á sus maridos en los trabajos de 
la vida, capaz de educar sus hijos y de 
darles ideas sanas sobre su posición, sus 
deberes hacia la familia y hacia la patria. 
¿A que tiende, agrega, ia educación ac- 
tual? A formar mujeres de placer, capa- 
ces de exitar, lo más posible, y de estimu- 
lar en los hombres grandes pasiones 
materiales. En efecto, la mayor parte de 
ellas salen del colegio ó del convento, con 
un conocimiento más ó menos profundo 
de las artes de solaz, un conocimiento 
bastante nulo de todo lo demás, el des- 
precio al trabajo y, como consecuencia, 
un amor desenfrenado por las riquezas 
y el bienestar material. Si las tradiciones 
del hogar y la práctica déla vida, no las 
mejora, toda familia se hace imposible.» 
Estos trozos sobre diversas cuestiones 
de la sociedad moderna, bastan para dar 
idea del libro. Nos volveremos á ocupar 
de él al tratar oportunamente de los siste- 
mas de educación y otras cuestiones de 
interés social. 

11 Censo i Deparlaiiieiitfl (le lloiileviJeo 

El Censo de Montevideo, levantado por 
encargo de la Junta Económica Adminis- 
trativa de ese Departamento, es una obra 



que dá una idea acabada de su impor- 
tancia actual y de ios elementos de ex« 
pansión de que dispone. 

Los cuadros que contienen las cifras 
obtenidas, van acompañados, en el libro 
que acaba de publicarse, de una intere- 
sante sinopsis general hecha por el doctor 
don Carlos M. de Pena y de una reseña 
del plan de las operaciones censales á q'se 
procedió, así como de informes parciales 
sobre los censos de edificación, escolar, 
población é industrial. 

Aparte del interés que presentan los 
datos numéricos que proporciona el Cen- 
BO que nos ocupa, y que han de ser 
apreciados por todos los que comprendan 
la importancia de investigaciones de este 
género, el trabajo realizado por la Comi- 
sión departamental de Montevideo, deberá 
llamar la atención de todos los estadígra- 
fos, puesto que constituye la comproba- 
ción del éxito que en la práctica se ha 
obtenido con el sistema de boletines in- 
dividuales, además de haberse introduci- 
do algunos perfeccionamientos sobre lo 
ideado antes, como medio de simplificar 
los operaciones censales. 

En vez de limitarse á un recuento por 
los procedimientos rudimentarios, la Co- 
misión del Censo de Montevideo, á la 
vez de obtener, al levantarse el censo de 
edificación, los datos sobre la población 
según los procedimientos antiguos, re- 
solvió poner en práctica los últimos ade- 
lantos en la materia, adoptando el sis- 
tema de los boletines individuales y la 
auto enumeración. 

Los siguientes párrafos de la nota de 
la Comisión del Censo, esplicativa de sus 
trabajos, darán idea de la importancia y 
novedad del método seguido. 

«La ventaja, dice, del sistema adopta- 
do consiste principalmente, en cuanto á 
lo primero, en facilitar el despojo y en 
reducir los gastos, }■ en cuanto á lo se- 
gundo, que es el método de censar la 
población por la población misma, en 
ahorrar el empleo de un número consi- 
derable de personal rentado, y en facili- 
tar la obtención de los datos. Las Comi- 
siones de vecinos no despiertan las des- 
confianzas que encuenti'an los delegados 
administrativos, y están más habilitadas, 
por sus conocimientos personales, para 
obviar cualquiera dificultad. 

«Laautoenumeración, si bien no adop- 
tada aún por países adelantados, como 
los Estados-Unidos, ha sido aceptada en 



DEL Rio de la Plata 



233 



muchas naciones de Europa, y se puso 
en práctica en el último Censo de Bue- 
nos Aires. 

«No sucede asi con el empleo de los 
boletines individuales en sustitución de 
las cédulas de familia, por haberse co- 
munmente juzgado que el éxito de su 
empleo requiere un grado adelantado de 
cultura en la generalidad de la pobla- 
ción. 

«Recientemente, al discutirse el mejor 
sistema para levantar el último Censo 
italiano, el Director General de Estadísti- 
ca, señor Bodio, no pudo hacer tiiunfar 
la idea de emplear los boletines indi- 
viduales, por predominar en la mayo- 
ría el temor de que era inaplicable por 
la poca ilustración de las masas del 
pueblo. 

«Igual preocupación hizo que no se 
adoptase para el Censo de Austria en 
1880, no obstante el éxito con que, en 1875, 
fué llevado á cabo en Berlín el ensayo 
de ese mismo sistema, por iniciativa del 
distinguido estadígrafo Engel. 

«Lo mismo sucedió en la República 
Argentina, no atreviéndose las Comisio- 
nes encargadas del levantamiento de los 
censos nacionales y provinciales á intro- 
ducir los boletines individuales. 

«El señor Latziua,al estudiar los censos 
de población, dice con motivo del Nacio- 
nal Argentino; «que el estado de cultura 
de las masas populares del país, no per- 
mitió el adelanto en los programas de los 
censos, y mucho menos aún, practicar 
el empadronamiento por cédulas indivi- 
duales.» 

«Este mismo recelo, sin duda infundado 
es el que ha privado á la ciudad de Bue- 
nos Aires, hasta en su reciente Censo, 
de los beneficios de este sistema. 

«El Congreso de Estadística de San Pe- 
tersburgo también ha considerado: «que 
la población de hecho, que es el objeto 
del Censo, debe ser constatada por cédu- 
las individuales, si el grado de instrucción 
de los habitantes y las circunstancias 
V particulares del país, lo permiten^ en el 
caso conti-ario, hay que emplear cédulas 
de famiha.» 

No solo la Comisión del Censo, no se li- 
mitó á adoptar laautoeuumeracion y bole- 
tines individuales, sino que dio un paso 
más, parala simplificación del trabajo de 
recuento y despojo. Mary W. Rawzou, 
recomienda la adopción de diversos colo- 
res para la distinción de las tarjetas des- 



tinadas á los despojos, y la Comisión 

aplicó este procedimiento, directamente 
á loí. boletines individuales, haciéndolos 
de cuatro colores, distinguiendo los se- 
xos y condiciones de nacional y exti'an- 
jero. 

Por este medio, al recojerse los bole- 
tines, bastaba colocar aparte los cuatro 
colores, con lo cual ya quedaba hecha la 
división de varones nacionales y varones 
extrangeros, así como de mujeres nacio- 
nales y mujeres extranjeras. Siendo uni- 
formes los boletines, é igual la clase del 
papel y sabiéndose cuantos boletines, for- 
maban un kilo, con solo pesar la cantidad 
de boletines recibidos, anotando el peso 
que correspondía á cada uno de los co- 
lores, ya se tenía el primer dato del 
número de población, y las cuatro clasi- 
ficaciones principales. 

El Censo de población, realizado con 
todos estos perfeccionamientos, tuvo el 
éxito más completo, como lo comprueba 
el hecho de obtenerse una cifra total de 
215.061, cuando la cifra conseguida por 
el sistema antiguo, puesto pocas semanas 
antes en práctica, al levantarse el Censo 
de edificación, solo dio la de 192.696. 

Un resultado semejante, obtenido con 
los medios más perfeccionados, deberá 
ser en todas partes tomado en cuenta, 
haciendo desaparecer todos los temores 
que hasta hoy se habían opuesto á su 
aplicación. 

Como lo comprueba la sinopsis, el 
crecimiento de la ciudad de Montevideo, 
ha sido en los últimos ti-einta años to- 
davía más rápido que el de las otras 
gTandes ciudades de América, que se han 
hecho notar por su desenvolvimiento. 

El siguiente cuadro comparativo de e 1 
aumento de población, basta para com- 
probarlo: 

Montevideo. . . . 1860-89 9'11 o/o anual 
Buenos Aires. • . 1869-87 7 '31 » » 

Chicago 1870-80 6'83 » » 

Rosario • 1869-87 6'65 » * 

La población de Montevideo, goza de 
notables condiciones de alojamiento de- 
bido al extraordinario desarrollo en la 
edificación, que eu treinta y seis años ha 
aumentado en 333 o/o. De 1872 á 89, este 
aumento fué de 253 «/o, cifra cuya impor- 
tancia resalta si se compara con la de la 
edificación en Buenos Aires, que es una 
de las ciudades que más se hacen notar 
por su crecimiento. El número de edifi- 



23-4 



Revista Económica 



cio.« en Buenos Aire^, que en 1869 era de 
20.858, había ascendido en 1837 á 33.804; 
esto es en igual número de anos á 162 o/o. 

El total do edificios en el departamea- 
to de Montevideo es de 20.788, y en la 
parte propiamente urbana de 18-174. 

El informe especial sobre el Censo de 
edificación hecho por don Jacobo Várela, 
entra en detalles prolijos é interesantes 
sobre las condiciones de edificación en el 
departamento y en estudios comparativos 
que revelan, ademas del aumento de 
edificación, mejoras en sus condiciones. 

Según los cuadros generales del Censo 
de las 20.783 casas,hay 4.397 con sótanos; 
16.874, son de un piso; 3.516, de dos pi 
sos; 339, de tres; 25, de cuatro, y 4 de 
cinco. La totalidad de edificios tiene 
136.769 piezas, y resulta en las secciones 
urbanas cien piezas por cada 160 habi- 
tantes. En el dia del levantamiento del 
Ceuso estaban ocupados 19.257 edificios, 
de los cuales 6,72'> directamente por sus 
propietarios y 12.537 mediante alquiler, 
cuyo importe representaba una renta 
anual de 7.699.500 pesos oro orientiles, 
lo que da un promedio de pesos 51.18 de 
alquiler mensual por cada casa. Aplicán- 
dose la misma proporción de renta á las 
casas ocupadas por sus propietarios, el im- 
porte de la renta correspondiente á los 
edificios ocupados, resulta, aproxim.ada- 
meute, de 1.000.000 de pesos oro orienta- 
les al mes. 

El informe del Dr. D. Eduardo Aceve- 
do, entra en interesantes consideraciones 
sobre la población. 

El QÚmero total de 215.081 se divi- 
de asi: nacionales, 114.322; estrangeros, 
100.739. El número de varones es de 
116.494 y el de mugeres 98.567; siendo 
esti-augeros 62.947 varones y 37.792 mu- 
geres; y nacionales 53.547 y mugeres 
60.775. ' 

De la población total, sin distinción de 
edades, el número de los que no saben 
leer ni escribir asciende solo á 83.182; 
de esta población, 179.468 son católicos, 
10.982 protestantes y el resto, ó no han 
declarado religión, ó son de otras ó afir- 
man no tenerla. 

La subdivisión por colores dá los si- 
guientes resultados: personas blancas 
212.441, negras 128, mulatas 700 y mes- 
tizas 632. 

Declaran profesión 95.291 personas, de 
lo cual resulta una proporción de 44 0[0 
de población activa. Están en esta cate- 



goría 26 OJO de los nacionales y 44 o{o de 
los estrangefos, siendo sin embargo de 
notar que en la población nacional figura 
la mayor parte de los menores, y el ma- 
yor número de las mugeres. 

Pero volramos á la notable sinopsis 
del Dr. D. Carlos M. Pena y en ella encon- 
traremos algunas otras cifras que reve- 
la el movimiento comercial é industrial 
que alimenta esta población. 

Sobre un movimiento de importación 
total en 1889 para toda la República, 
que ascend'ó á pesos 36.823.865 oro orien- 
tal, correspondió al puerto de Montevideo 
más del 90 o[o, y sobre el total de la 
exportación de pesos 25.957.107 el 67 oro. 
Aparte de los artículos que se despachan 
para el consumo y figuran en la estadístico., 
hay los que van á depósito, y s^n luego 
reembarcados. El número total de per- 
misos en 1889 fué, en la aduana de Mon- 
tevideo, de 144.141, referentes á 4.678-463 
bultos de mercaderías entrados y 4.669,970 
salidos. La existencia de 1888 era de 
541.167 bultos. 

Las entradas y salidas de vapores de 
ultramar en aquel año fué de 2.300 y la 
de buques de vela de 1-420. El inovi- 
miento de cabotage fué de 3.802 buques 
de vela, y 3.450 vapores. La carga efec- 
tiva entrada en el puerto en 1889 fué de 
1.773,610 toneladas. 

El número de patentes comerciales é 
'industriales de Montevideo ascendií) en 
1339 á 9.368 que es el doble de las que 
se espidieron en 1863. 

En este departamento, las contribucio- 
nes anuales representan pesos 14. 130.657, 
siendo pesos 12.957.631 impuestos nacio- 
nales y pesos 1.172.976 impuestos mu- 
nicipales- Las contribuciones cobradas 
en Montevideo, repre.sentan el85o[o de 
las rentas generales. 



Los dos grandes Bancos 
Brasileros 



El «Banco do Brazil» creado por D. 
Juan VI. .según los consejos del tan ilus- 
trado como progresista vizconde, de Cay- 
rú, es ¡a institución bancaria tradicional 
del Brasil, como lo es en la República 
Argentina el «Banco de la Provincia». 

La similitud que mencionamos se com- 
prueba por la historia de una y otra 



DEL Rio de la Plata 



235 



insíituciou, sobre la que echaremos una 
ráfiida mirada. 

Una y otra no representan el desen- 
volvimiento de una compañía, sino un 
elemento de poder nacional y una fuer- 
za esencial de fomento que ha perseve- 
rado y se ha ido desenvolviendo merced 
á la sucesión de diversas empresas. El 
primer Banco del Brasil, como el Banco 
de Buenos Aires, fué convertido en centro 
de ]'ecursos para la guerra sostenida en- 
tre ei Imperio y los pueblos del Rio de 
la Plata, siendo ambos víctimas del mis- 
. mo hecho; después de un interegno en el 
que aparecen, en el Bra'.il, el «Banco Co- 
mercial do Rio Janeiro» y, en Buenos 
Aires, la «Casa de Moneda», se forma en 
1852 de nuevo, el «Banco do Brasil» fun- 
dado por el que fué vizconde de Mauá, 
que fusionándose con el «Banco Comer- 
cial do Rio de Janeyro» constituyó en 
1854 el Banco que hoy lleva aquel nom- 
bre, mientras que en Buenos Aires, en 
los ¡nismos dias, se reorganizaba sobre la 
bas(^ del «Banco Nacional» y de la «Casa 
de Moneda» el actual Banco de la Pro- 
vincia. 

E;) los años sucesivos fuérouse perfec- 
cionando y extendiendo las atribucio- 
nes y las operaciones de una y otra 
institución, que en la guerra del Para- 
guay volvieron á ser fuente de recursos 
para ambos gobiernos, como durante la 
paz, en mas de una ocasión, fueron auxi- 
liares poderosos del tesoro público, crecien- 
do la importancia de ambos estableci- 
mientos, en el Brasil, hasta el término de 
la monarquía y, en Buenos Aires, hasta la 
ley que hizo ele esta ciudad la capital de 
la nación. 

A consecuencia de lo primero, en el 
Brasil, se trató de disminuir la importan- 
cia de la institución llamada imperialista 
y se creó, otorgándole grandes favores, 
y como un elemento del nuevo régimen, 
el llamado Bimco da R.epública, mien- 
tras que, en Buenos Aires, so pretexto de 
que su institución de crédito histórica era 
un poder localista, se limitaron sus atri- 
buciones, y se trató de reemplazar su 
influencia por la de un Banco de la Na- 
ción. 

Conocida es la historia de los dos Ban- 
cos rivales en Buenos Aires; veamos 
ahora la situación en que se encuentran 
las dos instituciones brasileras. 

Al crearse el Banco da República, 
el do Brasil fué limitándose á operaciones 



'^le crédito comercial, y no vaciló en ven- 
der al Banco da República su derecho 
de hacer nnevas emisiones, lo que la per- 
mitió aumentar los dividendos de los ac- 
cionistas, y, adem.ás, elevó su capital. 

Según los balances de 30 de Junio del 
corriente año, la situación de los dos 
Bancos es la siguiente: 

Capital: 

Banco do Brasil Suscrito 100.000:000 S 

» )) Realizado 66.500:000 » 

Banco da Rep. Nominal 200.000 000 » 

» » Realizado 150.000:000 » 

Fondo de Be- 
serva: 

Banco do Brasil 45.872:000 S 

» da República 21.044:000» 

Deudores ge- 
nerales: 

Banco do Brasil 264.521:000 S 

» da República 258.564:000» 

Estas carteras se dividen asi: 

Banco do 
Brasil 

Cauciones 168.522:000 ^ 

LetTas descontadas 74.380:000 » 

Pasado á cartera hipote- 
caria 21.389:000 » 

Banco da República 

Cauciones 167.425:000 » 

Letras descontadas 91.139:000 » 

Los acreedores generales del Banco do 
Brasil representan 18S.588:000 S v los 
del Banco da República 78.223:000 S cu- 
yos detalles son los siguientes: 

Banco do Brasil 

Depósitos en cuenta cor- 
riente 78.619:000 S 

Letras á plazo 54.781:000 » 

Crédito del Tesoro.. ..... 33.131:000 » 

» por préstamos á la 
agriculiura 5.000:000 » 

Emisión en descubierto. 
Ley 1886 9.057:000 » 

Banco da República 

Depósitos en cuenta cor- 
riente 3.680:000 S 

Letras á plazo 3.450:000 » 

Compra en la facultad de 
emisión del Banco do 
Brasil 9.296:000 » 



236 



Revista Económica 



Crédito del Estado por di- 
versos contratos 23.963:000 $ 

Id. con pequeño interés.. 2.5-232:000 » 
Id. depósitos sobre caución 
(auxilio á los Bancos).. 12.595:000 » 
No figuran entre estos acreedores las 
emisiones del Banco da República, como 
no han figurado en sus créditos que he- 
mos detallado, las garantías especiales 
que le sirven de base. 

Las emisiones de papel ascienden en el 
Brasil á 522.084:000 S de los cuales 
227.042:000, pertenecen al Banco da Re- 
pública. Éstas tienen una garantía, ó, 
siguiendo el término adoptado en el Bra- 
sil, un lastre, de 128.014:000 S de los 
cuales, en deuda pública 53.500:000^7 en 
oro 74.514:000 S. En vista de la depre- 
ciación del papel, la venta de este metá- 
lico, permitirla el rescate de toda la emi- 
sión del Banco. 

El encaje general de ambo3 bancos, es 
el siguiente: 

Banco do Brasil 23.406:000 8 

> da República 12.518:000 > 

De la comparación de ambos balances, 
resulta, como hecho principal el siguien- 
te: que el «Banco do Brasil» 'desenvuelve 
sus operaciones, además de su capital, 
con los depósitos que de 188s a la fecha 
han subido de 21 .000:000 S á 78.000:000 8 
y con el uso de su crédito por emisión de 
obligaciones á plazo: mientras que, el 
«Banco da República», además de tener 
doble capital efectivo, reemplaza la de- 
ficiencia de depósitos y compensa lo li- 
mitado de la colocación de sus obliga- 
ciones, con mayores depósitos públicos y 
una considerable emisión de papel incon- 
vertible. 

Estas instituciones, además de rivalidad 
comei'cial, responden á rivalidades polí- 
ticas, empezando á ser las corrientes que 
hoy imperan mas favorables para el 
«Banco do Brasil», que lo que lo han sido 
en los últimos años. 

Seria de desear que la interrumpida 
ley de similitud en la historia de las dos 
tradicionales instituciones de crédito sud- 
americanas, volviese á reanudarse, repro- 
duciéndose también á favor del Banco 
de la- Provincia, la reacción que en be- 
neficio de su institución tradicional se 
manifiesta en el Brasil, y^ '|ie In d':?si- 
parecido aquí el p »Jigro d ? i;illueu :i i :ib- 
soi'vente por parí' ú.\ la ])l- ivincia, v )ino 
allá el de una seria reacción mouár- 
quica. 



Una y otra no son ya mas que facto- 
res de desarrollo económico, y como tal 
imponen al buen sentido el mismo espí- 
ritu de protección y fomento. 

Nuestras esperanzas, pues, no se fun- 
dan en un mero fatalismo, sino en la 
lógica de los hechos. 



LAS CRISIS ORIENTAL 

Y LOS CONSUMOS 



Se ha publicado la estadística del co- 
mercio de importación oriental duiante 
el primer semestre de este año que ha as- 
cendido á 9. 116. 729.59 ps. La impor- 
tación en 1891 fué de 9.958.785.21 ps. 
en el primer semestre, y la de 1890 en 
igual período, subió á 18.141.826.37 ps. 

Tenemos pues un descenso de 50 0{o 
en las importaciones operadas en estos 
dos años, que revela por sí solo el ma- 
lestar actual, sobre todo si se tiene en 
cuenta que el año 1890 puede conside- 
rarse de importación normal. 

Los defensores de la circulación res- 
tricta, del sacrificio de la propiedad raíz 
y de todas las inversiones reproductivas, 
tratan de desvirtuar la elocuencia de 
estas cifras, que sintetizan los resultados 
de esa política económica que se viene 
imponiendo al país. 

Con este objeto hacen notar que en 
1891 se introdujeron ps. 6?7.531.20 en 
ganado en pié, y que en 1892 la impor 
tacion de hacienda solo alcanzó á 
53.422.20, reduciéndose con la elimina- 
ción de esta partida, que se considera un 
buen síntoma, la disminución en lo im- 
portado á unos 200.000 ps. Establecido 
esto, deducen que la decadencia del país 
ha concluido; «después de este estaciona- 
miento de la importación, el país empe- 
zará por sí solo á reaccionar. 

«Nada es mas fácil que mentir con los 
numeroso, decia César Cantú, y en efec- 
to, basta alterar un factor, omitir una 
cifra, para poder llegar á los resultados 
mas opuestos; y los defensores de la cau- 
sa de nuestro malestar y creciente ruina 
incurren en todo esto. 

Hliipezaremos por observar que la im- 
portación de ganado revelaba fuerzas 
económicas, expansión de los estableci- 
mientos rurales; hoy, si todavía se impor- 



DEL Rio de la Plata 



237 



ta algo, se exporta mas; en vez de com- 
prar ganado barato, ya estamos malba- 
ratando y, en vasta escala, el escaso que 
teníamos, como consecuencia natural de 
la irradiación de la crisis, que se ex- 
tiende á todo el país, tan cruelmente 
sacrificado á miras estrechas y á falsas 
teorías monetarias. 

Las cifras estadísticas que reproduci- 
mos, si bien bastan para demostrar un 
considerable descenso operado de 1890 
á J892, no nos permiten apreciar en toda 
su latitud la agravación del mal, de 1891 
á 1892, y, al explicarlo, haremos ver todo 
lo que no tienen en cuenta los propa- 
gandistas de los óptimos frutos de la 
crisis. 

Hasta 1890 la existencia de mercade- 
rías despachadas se mantenía á una altu- 
ra mas ó menos uniforme, correspon- 
diendo, por lo tanto, al consumo, el 
despacho anual. Viene en seguida la 
disminución de los consumos, las dificul- 
tades en las cobranzas, la restricción del 
crédito de menudeantes y de mayoristas 
y, con todo esto, la reducción considera- 
ble de las existencias. Todo este con- 
junto de circunstancias dio lógicamente 
por resultado que en 1891 no se repusie- 
sen las fuertes existencias que quedaron 
de 1890 y el consumo fué en este año 
naturalmente mucho mayor que la suma 
de las importaciones. 

De ahí que el descenso de los consu- 
mos en 1892 sea mucho mas fuerte que 
lo que se desprende de la comparación 
de las cifras que nos proporcionan las 
estadísticas aduaneras de 1891 y 1892. 

Otra cosa se deja también de tener en 
cuenta por los que se limitan á observar 
la introducción ó la exportación por 
nuestras aduanas, y es la parte que en 
ellas corresponde al consumo y á la pro- 
ducción de Rio Grande. 

Sentimos que nuestro ilustrado com- 
patriota el Dr. D . Eduardo Acevedo no 
haya dado aún á la prensa un interesan- 
te estudio que tiene hecho sobre las es- 
tadísticas de exportación de la República 
Oriental, del que resulta que parte 
importante de lo que figura como expor- 
tación nuestra son productos de proce- 
dencia riograndense. Lo mismo sucede 
con muchas de nuestras im¡)ortaciones. 

R.ecordado esto, os del caso agregar 
que el año 1891 debe haber sido el de 
menor comercio de importación á Rio 
Grande, á la par que el de 1892, por el 



contrario, debe haber sido uno de los de 
mayor exportación y, por lo tanto, uno 
de aquellos en que nuestras estadísticas 
de importación revelan con menos exac- 
titud la cifra de nuestro consumo real. 

Desde el 1 '^ de Enero quedaron su- 
primidas en Rio Grande las fuertes re- 
bajas de derechos de aduana de que 
gozaba ese Estado, y el comercio, siem- 
pre celoso por sus intereses, trató de 
aprovechar el plazo concedido é introdu- 
jo en 1890 artículos para el consumo de 
cerca de dos años. Tenemos á la vista 
las cifras de la importación inglesa y ale- 
mana, de las que resulta un aumento 
escepcional en ese año de 95 oyó para las 
primeras y de 80 op3 para los segundos. 

Quedó así Rio Grande abarrotado de 
mercaderías europeas para todo el año 
1891; pero fué muy distinto el caso en el 
primer semestre de 1892. Agotada la 
existencia despachada anteriormente, no 
pudo proveerse por su puerto marí- 
timo, sin los fuertes derechos aduane- 
ros ahora en vigor, y á esto se ha unido 
la guerra civil que dificultaba los tras- 
portes desde Rio Grande y facilitaba el 
contrabando por las fronteras orientales, 
debiendo todo esto contribuir á aumentar 
las cifras de nuestras importaciones, ale- 
jarlas de la representación de nuestros 
consumos reales. 

Por otra parte; los optimistas comenta- 
dores de nuestras estadísticas no se hacen 
cargo de que el descenso de los consumos 
se dificulta á medida que la crisis se 
agrava. Producido el malestar, es fácil 
á todos restringir una suma importante 
desús gastos, que representan los refina- 
mientos del gusto, ciertas comodidades 
prescindibles, pero eliminado esto, las 
disminuciones ya van importando la pri- 
vación de lo mas necesario para la vida. 
T antes que esto se produzca, se sacrifica 
ya el capital, ya las mas humildes pren- 
das del hogar. Llegado á cierto punto, 
al que nos han conducido, las reducciones 
solo se operan con la ruina, la desgracia 
y los apremios llevados al seno de las 
familias; se llega al término fatal de la 
emigración ó del hambre. 

Se nos invoca ahora la estadística; y 
los promotores de los intensos como do- 
lorosos males cuyo espectáculo nos pre- 
senta el desdichado pueblo oriental, no 
dejan por esto de volver á mencionar el 
año 1875, como época excepcional de 
desgi'acia y malestar público. 



238 



Revista Económica 



Pues bien, con la estadística y con el 
cartabón del año 1875 vamos á medir la 
situación á que nos han llevado las aber- 
raciones que venimos combatiendo. 

Tenemos á la vi.sta los cuadros de im- 
portación de 1872 á 1875, desde los 
años de mayor expansión hasta el que se 
quiere presentar como el prototipo del 
abatimiento. El descenso general de la 
importación de 1872 hasta 1875, fué 
apenas de un 36 op y no de un 50 oío 
como tenemos hoy. Si de las cifras ge- 
nerales pasamos a las agrupaciones nos 
encontramos con este hecho: si bien hu- 
bo disminución en la importación de te- 
jidos tinos, de confecciones, de materia- 
les de edificación y de mil artículos de 
fantasía, no hubo reducción en las im- 
portaciones de bebidas, comestibles, ta- 
bacos y cigarros, géneros coinunes, etc.; 
no se encontró la población en el caso 
de resti'ingir sus gastos necesarios, mien- 
tras que ahora en bebidas, comestibles, 
tabacos, géneros y ropas, la población ha 
tenido que rebajar sus consumos de 
9.500.000, á 6.Ü0Ó.000, aún dando como 
consumo la mayor exportación para Rio 
Grande que está incluida en nuestra ac- 
tual importación. 

Lo que no alcanzó á producir la crí.sis 
en 1875, lo produce en 1892 la ofusca- 
ción de nuestra política económica. 
Agreguemos algunas cifras, comparati- 
vas de la población con la totalidad de 
lo importado en diversos artículos cuya 
disminución no pueda atribuirse á au- 
mento de industria nacional. 

En 1875 la importación de comestil)les 
en relación con la población de Montevi- 
deo representaba 16 ps. por habitante en 
un semestre; la misma proporción se con- 
servaba en 1890, mientras que en 1892 el 
consumo se ha reducido á 10.50 ps. Si- 
gamos la comparación y tendremos que 
cuando los habitantes de Montevideo po- 
dian consumir dos pesos de tabuco en 
UE semesti-e, hoy no pueden consumir un 
peso, término medio; y dígase aliora cual 
es el año verdaderamente terrible que 
está registrando nuestra historia! 

Otro mas terrible tendremos, que nos 
espanta el preveerlo, que es el de 1893 
si seguimos en el extraviado camino de 
restricción, en que con dolor vemos que se 
quiere perseverar. 



REílTIFICACIONES 

Á LA MEMORIA 

DE HACIENDA DE LA íiEPCBLlCA ARGEMIM 

La Memoria de Hacienda Xacional 
presentada al Congreso Argentino de 1892 
es un documento notable en el cual el 
ministro señor Don Emilio Hansen, se 
ocupa de las diversas cuestioues que 
se relacionan con las condiciones econó- 
micas y financieras de la República, de 
modo que su análisis excede los límites 
de un simple artículo de Revi.stn. 

Ella nos proporcionará materia para 
muchos estudios, y nos limitáremos por 
hoy á hacer algunas rectificaciones en 
la parte eu que ti-ata de los capitales 
extraugeros, cuyos servicios y beueficios 
tiene que pagar el pais y que constitu- 
yen una suma á restar de su producción 
anual. 

Eu nuestro número 5 ^ hemos ti-atado 
de este punto, que el señor Ministro 
reconoce que es muy de tener en cuen- 
ta, pero existen algunas diferencias en- 
tre su apreciación y la nuestra dei capital 
extrangero, y euti'e sus cálculos y los 
que hicimos sobre las extracciones á que 
da lugar. 

Las cifras que hemos tomado yov base, 
las habíamos en parte extractado de las 
publicaciones y e.stados que al respecto 
se hacen en Inglateria y las complemen- 
tamos con los datos que aquí hemos po- 
dido obtener, y, comparándolos ahora 
con los de la Memoria, vemos que son 
mas exac'tos que los que esta ofrece, 
como lo vamos á demosti-ar. 

El capital extrangero lo divide el se- 
ñor Ministro, como nosotros, en dos ca- 
tegorías, comprendiendo la primera, los 
que están representados por títulos co- 
tiza! des, cuyo importe puede conocerse 
con fijeza, y los que no se hallan en estas 
condiciones, como las comanditas parti- 
culares, etc. 

Los de la primera categoría, los hemos 
apreciado al rededor de 1 ,000,000,000 de 
pesos oro, y el señor Ministro solo los 
calcula en *8ñ6.804,36ü. pesos oro. Aun 
cuando la diferencia no es muy conside- 
rable, es útil rectificar los errores que 
encontramos en las cifras, antes de en- 
trar á ocuparnos de los mas importantes 
que observamos en la apreciación del 



DEL Rio de la Plata 



239 



monto del tributo que ella representa y 
en !os medios de remediar la situación 
creada. 

Los títulos cotizables, los divide, el 
señor Ministro, en tres i «artes. Primera: 
Deuda Pública. Segunda: Ferro carriles 
y Tercera: Empresas Industriales y 
comerciales. 

La Memoria calcula las deudas públi- 
cas por su capital actual, cuando los ser- 
vicios de interés y amortización se pa- 
gan sobre el capital primitivo, y tiene no 
en cuenta mas q' loemitido del Empréstito 
Moratorias, en los primeros meses, en los 
que solo se entregaron 15()00,030ís de los 
15,000,000 de £ cuya emisión se contrató, 
es decir, que de esta gruesa partida, solo 
calcula la quinta parte. El señor Ministro 
pretende que solo habrá que emitir, para 
para el servicio de deudas y garantías, 
43.000,000, de lo que resultaría el capí- 
tulo de deuda pública exterior aumen- 
tado en 28.000,000 más, cou lo cual im- 
portará pesos 401,604,360. A esta cifra 
hay que agregar los intereses impagos 
de los empréstitos i)rovinciales y muni- 
cipales, no servidos, ni por los deudores 
directos, ni cou bonos del Empréstito 
Moratorias. 

En la apreciación del capital invertido 
en ferro-carriles, la Memoria incurre tam- 
bién eu error. El ca|)ital de los ferro 
carriles garantidos, dice ser de pe.«os 
81.800,000, cifra que corresponde á dos 
años antes, mieutra-í que ahora, apesar 
de haberse cbancelado la garantía de! 
F. C. C. Sntre-Riano, el capital garan- 
tido asciende á pesos '84,452,273. Los 
ferro-carriles sin garantía, los hace íigu- 
rar con un capital de pesos 230,7O0,Ó0'3, 
cuando, aun sin tener en cuenta las pro- 
longaciones y otras iuverciímes hechas 
en el último año, ellos representan pe- 
sos 272,113,192-75, formando ambas par- 
tidas, pesos 356,565,465,75, en vez de 
pesos 312,500,000; resultando asi un ex- 
ceso de p3S03 44.035,46575 sobre lo cal- 
culado en la Memoria. 

Entre las compañías industriales, no 
incluye, el cálculo ministerial, las si- 
guientes: ;< La Platense Flotilla Company», 
capital libras esterlinas 1000,0 1;\ «La 
Biecker Brewery Company». capital li- 
bras esterlinas 600,000. «La Rosario City 
Lnprovements Company» capital libras j 
esterlinas 4.50,000 y «La Buenos Aires 
Habour Works Trust» capital libras es- ; 
terlinas 1.300,000. I 



A las Compañías de Tramways les 
calcula un capital de pesos 15,300,000 
mientras que la cifra real es de pesos 
15,793,040,40. ^ 

A las Empresas de Gas, les atribuye 
un capital de pesos 4,900,000, cuando 
entre «La Belgrano Gas» y «Buenos 
Aires New Gas» tienen libras esterlinas 
1.300,090, de capital, ó sean 6-552,000 
de pesos. 

No se calculan además, en los estados de 
la Memoria, las empresas de tierras, las 
emisiones de títulos hipotecarios, hechas 
por empresas estrangeras, y el capital de 
las sociedades constituidas para opera- 
ciones de este género, todo lo cual re- 
presenta en títulos cotizables un valor de 
libras esterlinas 9.140 000. 

Reuniendo estas diversas partidas, cor- 
respondientes á empresas industriales y 
comerciáis, resulta omitida una suma 
de pesos 65,097, 640'40 oro. 

Agregando las sumas, que faltan en 
el estado, á la total que arroja, llegamos 
auna cifra muy aproximada á los 1000 
millones, como vamos á ver: 
Suma total del capital cx- 
traugero, representado 
en títulos cotizables se- 
gún la Memoria 
A emitir del Empréstito 
Moratorias para com- 
pletar el minímun de 
43,000,000. 
Calculado de menos en el 
Capital de los ferro- 
carriles 
Id id en el capital 
de empresas indus- 
triales y comercia- 
les 



$ 836,804,360 



28000.000, 



$ 44,065,465 75 



$ 65,097.640 40 

Total $ 973.967,466 15 

En esta cuenta no están incluidos los 
servicios atrasados de los empréstitos 
provinciales y municipales, no atendidos 
con los bonos del empréstito Moratorias; 
y las cédulas nacionales y provinciales 
á papel, colocadas en Europa por un va- 
lor en conjunto de 260,000,000 solo figu- 
ran ¡)or 86,000,000 oro, calculándose este 
á 300; de manera que estábamos en la 
verdad cuando apreciábamos ese capital 
extrangero al rededor de 1000 millones. 
El señor Ministro prescinde de calcu- 
lar Ijs capitales extrangeros colocados 
en otras formas, considerando que no 
hay base cierta para estimar su injpor- 



240; 



Revista Económica 



tanda, en lo que no estamos de acuerdo. 

La cifra no puede precisarse, pero las 
estadísticas inglesas, hechas sobre las de- 
claraciones para el cobro del impuesto 
sobre la renta, dan la proporción en que 
está el producido de los capitales ingle- 
ses colocados en el exterior, en una ú 
otra forma. Al adoptar como base este 
cálculo, se obtiene un mínimun; que será 
en la República Argentina muy excedi- 
do. Decimos mínimun porque las coloca- 
ciones en títulos cotizables están sujetos 
á una fiscalización efectiva, mientras 
que el fraude, por declaraciones inferio- 
res á la renta recibida, es fácil en las 
inversiones de la otra categoría, á la 
par que las relaciones de la Inglaterra 
con este país, tan estrechas y numerosas, 
han debido dar por resultado el que, en 
vez de bajar la cifra media de esta 
clase de colocaciones de los capitales in- 
gleses, ella debe haberse excedido aqui. 

Es, pues, ponerse abajo de la realidad, 
en vez de correr el riesgo de una exa- 
geración, el decir que si la República 
Argentina es tributaria de la renta, que 
corresponde á 1000 millones de pesos 
oro de títulos cotizables, tendrá que 
que atender también al pago de los be- 
neficios ó de los intereses de unos 500 
millones mas de pesos oro, provenientes 
de otras inversiones. 

Después de eliminar esa partida, tan 
importante, el señor Ministro, que habia 
comenzado por abordar la cuestión fun- 
damental de las condiciones económicas 
de la República, que es la del grado de 
dependencia en que está el país respecto 
de los capitalistas extrangeros, se esfuer- 
za en ocultarse á si mismo la verdad de la 
situación, ya disminuyendo con cálculos 
optimistas el importe anual del tributo, ya 
recordando los medios con que se apla- 
zan las dificultades que puedan surgir, 
y que se le presentan como soluciones del 
porvenir, aun cuando no importan, en 
realidad, mas que la perspectativa de la 
capitalización de saldos contra el pais; 
la agravación cierta del mal, en vez de 
los remedios radicales que éste exige. 

La salida que, en condiciones de ser- 
vicio regular, debe originar la coman- 
dita de capital extrangero, representada 
por títulos cotizables, la estima el señor 
Ministro en 40 millones de pesos oro, 
anuales, y para llegar á esta cifi-a, des- 
pués de tomar solo por base 800 millo- 
nes de los 83tí millones que detalla, adopta 



como término medio máximo de renta, 
el 5 op, alejándose en todo de la rea- 
lidad. 

Use llamado máximo, merece anali- 
zarse: las deudas públicas, que represen- 
tan el 40 0|o de las inversiones en títulos 
argentinos cotizables en el exterior, las 
calcula, como hemos dicho, por su capi- 
tal actual, en vez del capital primitivo 
que es sobre el cual se pagan los servi- 
cios. El promedio de la renta podemos 
estimarlo en 5'20 o]o; á esto hay que 
agregar las amortizaciones, comisiones, 
etc, que elevan los servicios á cerca de 
6 1[2 o[0, como promedio sobre el capital 
primitivo, y á mas de un 7 o[0 sobre 
el que sirve de base para los cálculos 
del señor Ministro. 

Los ferro carriles garantidos, reciben 
del Tesoro un promedio de 5'93 0{0, 
ademas de exportar los sueldos regios 
de los directores, y el importe de otros 
gastos en Inglaterra. Los sin garantía ven 
mermados sus dividendos por la baja 
del papel, no obstante lo cual podemos 
calcular en este año su renta en 2 3 {2 o[o, 
á lo que hay que agregar, puesto que 
para el pais tiene el mismo efecto, el im- 
porte de sus gastos en Inglaterra. 

Nos restan por considerar las compa- 
ñías industi'iales y comerciales y los prés- 
tamos bancarios é hipotecarios, y los in- 
tereses y beneficios que representan no 
pueden calcularse abajo de 6 á 6 1|2 ojO. 

Tenemos asi, por los capitales de esta 
categoría, en vez de una obligación anual 
de 40 millones, por lo menos de 60 á 65 
millones que pagar; mientras que la ren- 
ta proveniente de las otras inversiones y 
de servicios, como seguros, etc. no pue- 
den en conjunto estimarse en menos de 
la mitad. 

La verdad, que no conviene ocultar, 
ni desfigurar, á fin de que no se poster- 
guen las medidas que la situación re- 
quiere, ó no se adopte un temperamento 
ineficaz ó conti-aproducente, es que las 
inversiones de capitales extrangeros, he- 
chas en la República, representan una 
renta, por lo menos equivalente á toda 
la exportación. La valorización del papel 
que impoitaría un aumento de beneficios 
para gran número de empresas, elevaría 
todavía mas esta suma. 

La solución le parece sencilla al señor 
Ministro, bastando para ella dos cosas; 
la reducción del interés sobre las deu- 
das y cédulas á un 2 1^2 ó 3 ojo anual, 



DEL Rio de la Plata 



241 



y el restablacimiento de la interrumpida 
corriente de importación de capitales ex- 
trangeros. 

Lo primero, dice, representarla una 
reducción de 12 á 15 millones anuales, 
limitando asi de 25 á 30 millones la suma 
de servicios exteriores. 

Si se agregan los 20 ó 25 millones de 
renta de títulos cotizables, que el opti- 
nismo oficial suprime, aun después de 
realizarse esta rebaja, las sumas de ser- 
vicios anuales por esta parte de capitales 
extrangeros, no bajaría, pues, de unos 
50 millones, los que unidos á las rentas 
de otras procedencias sumarian 85,000,000 
oro. 

• En cuanto á las nuevas importaciones 
de capitales como medio de compenzar 
la salida de las rentas de las inversiones 
extrangeras, que se viene considerando 
como e\ álesiaeratum pura umi mejoría 
efectiva, para conseguir el cual quieren 
valorizar el papel, aun que sea con per- 
juicio de la producción, importa rein- 
cidir en el exti-aviado criterio que ha 
conducido al país á la situación actual. 

El modo de cambiar el estado econó- 
mico de la República abrumada por 
enormes deudas extrangeras, no es, evi- 
dentemente, compensar las rentas con 
nuevas importaciones de capitales, sino 
robustecer la producción aparte de obte- 
ner las quitas que las circunstencias im- 
ponen. 

Para desenvolver la producción, no es 
el capital extrangero el que directamen- 
te actúa. Ya hemos estudiado el punto, 
en nuestro artículo sobre el «Absenteis- 
mo Argentino» y demostrado plenamen- 
te en él la exactitud de esta afirma- 
ción. 

En los 1000 millones, cuyas inversio- 
nes ó hemos analizado, solo hemos en- 
conti'ado 10 millones entregados directa- 
mente á la producción. La mayor parte 
del capital extrangero, que no ha venido 
por empréstitos, ó capital de empresas, 
ha sido principalmente habilitador de 
especulaciones, elemento de agio, de mo- 
vimientoartificial urbano y no de fomento 
industi'ial, y mucho menos de desarrollo 
agrícola. 

El mismo señor Ministro lo demuestra 
en su Memoria, atribuyendo, con razón, 
parte principal de los desvarios que han 
preparado la situación actual, á la co- 
niandita de ese capital, cuya corriente, 
sinembargo, presenta como medio de res- 



tablecer un equilibrio que, si transito- 
riamente se produce, será á expensas 
de la agi"avación real de las malas condi- 
ciones en que está colocado el país y de 
la acumulación de otros elementos para 
una nueva crisis. 



CRÓNICA DE LA QUINCE1S[A 

Setiembre 5 de 1892. 

El país se arrasti-a penosamente. 

No tengo nada nuevo, nada bueno, 
mejor dicho, que apuntar, á no ser hechos 
sintomáticos de que no nos dirijimos 
hacia la senda que conduce á la ancha 
vía apetecida. 

Los grandes partidos se dislocan. Para 
estar dentro de la esti'icta verdad, — pier- 
den algunos elementos de los que dispo- 
nían con toda seguridad y hay una ten- 
dencia marcada á organizar nuevos cen- 
tros de acción dirigente. 

Esto determina una política de absten- 
ción en unos, de disimulo en otros, — y 
como consecuencia inevitable, una at- 
mósfera de sospecha y desconfianza en 
todos los círculos. 

No le veo á la evolución que se inicia 
más que un lado provechoso para el país; 
y digo provechoso, porque hay coyuntu- 
ras en las que el observador más fino, 
más penetrante, más imparcial, dificil- 
meute acierta á calificar con propiedad 
el hecho en gestación ó el consumado ya. 

Quiero decir, que en medio de esta 
anarquía en los propósitos, — de donde 
resulta un malestar visible y un descon- 
tento que se traduce en todas las conver- 
saciones, — la Unión Cívica Radical parece 
inclinada á renunciar á sus miras revo- 
lucionarias. 

Este temperamento es prudente. La 
paz es un anhelo. 

La mayoría del país la quiere. 

Y que partido, conteniéndose dentro 
de límites puramente de opo.sición, está 
llamado á crecer, reclutando los descon- 
tentos de todos los otros partidos, soca- 
vados en este momento por un espíritu 
disolvente, — casi morboso. 

Su manifestación más característica,^ es 
, lo que se llama «modernismo», aleación 



242 



Revista Económica 



que funde hombres y cosas pasadas, 
elementos recalcitrantes y nuevos intere- 
ses en una coalición de aspirantes, cuyos 
móviles no se han traducido hasta ahora 
en un programa; pero cuyos actos reve- 
lan para el observador, que no se ofusca, 
una triple combinación: Dislocar el par- 
tido Nacional, cuyo jefe es el general 
Roca; minar el partido Unión Cívica 
Nacional, cuyo jefe es el general Mitre; 
resistir el radicalismo, sin perjuicio de 



se abría para los argentinos una nueva 
era de esperanzas é ilusiones, — solo te- 
nemos en el horizonte nubes de inquietud 
y que el único acto del Presidente electo, 
que 63 como una promesa, se reduce al 
nombramiento, mejor dicho, á la desig- 
nación para la cartera de Hacienda del 
Sr. Dr. D. Juan José Romero. Este dis- 
tinguido ciudadano goza merecidamente 
de considerable suma de confianza por su 
talento, su competencia y su integridad, 



tomar hombres sueltos de sus filas; y con mientras que los otros candidatos, hechos 



esos despojos, abigarrados, enemigos 
ayer entre sí, formar un nuevo partido 
de gobierno alrededor del Presidente 
electo, que asiste á estas maquinaciones, 
—otra cosa no son,— con la beatitud in- 
consciente de un alma bien intencionada. 
Este partido, llamándose impersonal, 
lo es sinembargo, átoias luces, desde su 
momento inicial, y más personal que 
ninguno de los que antes de ahora hemos 
tenido durante nuestro largo proceso ins- 
titucional, ó sea la lucha por el gobierno, 
pues, es el único que si llegara á orga- 
nizarse definitivamente habría nacido 
como Minerva del cerebro del padre de 
los Dioses,— de algo menos mitológico, 
más real, más humano, más candido es 
cierto, y, por esta circunstancia atenuan- 
te, menos culpable de los males que 
pueden acarrear tales encarnaciones. 

Sus procedimientos han sido precipita- 
dos. El país está apercibido, y algo así 
como una valla se alza contra 'este ^^¿o- 
tismo mal aconsejado,~que sería escusa- 
ble si tuviera peligros que conjurar. Pero 
la verdad de los hechos es que esos 
peligros no han existido y que esta vez, 
como otras, no ha habido sino pretestos 
que se han ostentado y causas ó motivos 
mconfesables que se han ocultado. 

En efecto, son antipatías tradicionales 
de un lado y pasiones ó resentimientos 
de moderna data, por otro, los esenciales 
móviles que han inspirado estas concep- 
ciones majaderas. Oti-o calificativo no 
merece una empresa que quiere luchar 
contra una política que, siendo un acuer- 
do patriótico, - pudo conseguir que se 
hiciera una elección en paz, afianzándose 
hasta su postrer momento el gobierno 
legal, sean cuales sean sus responsabili- 
dades, y conteniendo la explosión revo- 
lucionaria de un partido intransigente. 

Serán erradas estas vistas; es posible, lo 
PJ^^^i'^o es, que cuando creíamos llegar al 
12 de Octubre con la seguridad de que 



sea el grado de 
que disfruten, 



según parece, sea cual 
consideración social de 
no satisfacen sino á los círculos interesa 
dos en su elevación. 

En resumen: solo el partido radical 
medra bajo los auspicios de estas anoma- 
lías y si su dirección llega á ponderarse, 
por prudentes consejos, tendrán que coa- 
ligarse las fuerzas conservadofas para 
resistirle en la Capital . 

En las provincias no es fuerza electo- 
ral, — ni siquiera en la de Buenos Aires 
con la que están al habla. 

Esta provincia es teatro de dramas 
singulares y de conflictos de intereses 
encontrados, — intereses que si llegaran á 
coordinar su acción harían en extremo 
precaria la subsistencia de sus poderes 
públicos, ó la de sus influencias dirigen- 
tes vinculadas muchas de ellas al mo- 
dernismo disolvente. 

Esto es todo cuanto tiene que decir la 
crónica. En quince dias, como se vé, no 
liemos adelantado nada. Más bien hemos 
ido para ati-ás. 

Lucio V. Mansilla. 



m mM 



Í|EYISTA DE LA QUINCENA 

La atención general continúa siendo 
absorvida por la cuestión económica, — 
primo é vívere, — y el rasgo característico 
de esta quincena es la alternativa de 
esperanza y desencanto, según las noti- 
cias favorables ó adversas que han ido 
circulando sobre la operación iniciada 
para obtener 4.200.000 S en efectivo, en 
cambio de una emisión de 10.800.000 en 
obligaciones amortizables en 36 años, con 
los derechos de Aduana. 



DEL Rio de la Plata 



243 



Muy diversas han sido, por nuestra 
parte, las impresiones que estos hechos 
nos han producido: ni hemos dado como 
realizada esa operación, ni le hemos atri- 
buido la importancia salvadora, con la 
que se ha querido presentarla. 

No se trata de una operación propia- 
mente de empréstito; tal como se pro- 
pono, es más bien la de descuento 
de rentas, á pesai- de lo cual encontra- 
rá, de seguro, grandes dificultades para 
realizarse, en la situación abatida de 
nuestro crédito en Europa. 

Aunque aquí ya no sería el Estado el 
que pagaría, sino los acreedores los que 
se cobrarían, entregando los timbres 
volantes en vez de dinero, no por esto 
las condiciones financieras del gobierno, 
su mayor ó menor respeto por las obliga- 
ciones contraidas, pueden dejar de ser 
tomadas en cuenta por los capitalistas. 

Operaciones análogas se hicieron en 
Méjico en aquellos buenos tiempos del 
señor Noetzlin, y habiéndose encontrado 
el gobierno con que no recibía las rentas 
indis¡)eusables para funcionar, por un 
simple decreto, las revindicó, ordenando 
que vn adelante no se recibiesen los tales 
títulos en pago de derechos. Acto en el 
fondo análogo ha hecho nuestro gobier- 
no al ordenar que no se reciba en pago 
de derechos el papel del Banco Nacional, 
después que se le había dado expresa- 
mente ese uso. 

Pero, admitamos que la operación se 
realice, si no se modifica la política res- 
tricci» mista, que ha imperado en estos dos 
últimos años, los cuatro millones doscien- 
tos mil pesos no nos ÍTaeráu más que un 
alivio pasajero, á la par que sin ellos ó 
con ellos, la situación puede mejorarse 
radicalmente si el gobierno reformase la 
legislación monetaria y proveyese al país 
de un medio circulante autonómico y 
expansivo, como le es fácil hacer. 

La Memoria de Hacienda de la Repú- 
blica Argentina, recientemente presenta- 
da al Congreso, trae una interesante 
página que reproducimos á continuación 
sobre la cuestión monetaria, y en la que 
se hace una justa crítica de nuestro ré- 
gimen. 

La recomendamos á nuestros lectores 
que encontrarán en ella la confirmación 
de mucho de lo que hemos venido soste- 
teniendo. 



Dice así, la Memoria á que nos refe- 
rimos. 

«Es fuera de cuestión que, hoy poi hoj, 
la única moneda internacional es el oro 
y que el espíritu de las naciones co- 
merciales en general es resistir toda re- 
forma en su sistema monetario que po- 
dría debilitar su «stock» de oro. Pero 
con todo, se ajita siempre el pensamiento 
del padrón doble, y no solamente en los 
Estados Unidos de Norte América, cuyo 
interés en el asunto es perfectamente 
esplicable, como que es en la actualidad 
el mayor productor de plata en el mun- 
do; sino también en la India Inglesa, 
donde intereses de otro orden completa- 
mente distinto recomiendan la reforma 
que valorize su moneda de plata. En la 
Inglaterra misma, existe un grupo de 
hombres de espectabilidad en el co- 
mercio y las finanzas, que abogan con 
decisión por el restablecimiento del pa- 
drón doble. 

Estos son síntomas que pueden ser 
precursores de una gran revolución en 
la materia, y tienen especial significa- 
ción á la luz de los últimos aconteci- 
mientos, que revelan la lucha perma- 
nente entre las grandes naciones comer- 
ciales por aumentar su propio encaje, 
quitándoselo al vecino, siempre que tal 
operación no traiga perjuicio propio. Se 
vé claramente que la producción actual 
de oro es insuficiente para las variadas y 
complejas funciones que tiene que llenar, 
ya como moneda 6 ya como metal, y 
que salvo el caso poco probable de nue. 
vos importantes descubrimientos de ese 
metal, casi se puede afirmar que las na- 
ciones se verán obligadas á recurrir nue- 
vamente al padrón doble. 

En el año pasado, por ejemplo, el 
juego de arbitrajes y cambios ha hecho 
salir de los Estados Unidos con directo n 
á Europa unos setenta millones de 
dollars en oro, á pesar de que era sabido 
que la necesidad de importar en mayor 
escala que nunca los cereales norte ame- 
ricanos, obligaría á devolver todo ese 
oro y aún mandar otras sumas conside- 
rables. 

Pero convenia á las combinaciones de 
la alta banca europea que ese oro viaja- 
ra y viajó. 

Ahora bien, este es justamente el pe- 
ligro que ofrece el oro como base de una 
circulación bancaria, y es mayor en un 
país como la República Argentina, don 



244 



Revista Económica 



de la moneda de oro no se usa en las 
transacciones y, por consiguiente, en su 
mayor parte, estaria siempre depositada 
en los bancos. 

El poder de atracción que pueden ejer- 
cer las grandes plazas europeas es enor- 
me, y pienso que seria irresistible para 
este mercado, una vez que tuviera una 
existencia que mereciera ser tomada en 
cuenta. 

Montado nuestro sistema monetario 
como lo está, se puede afirmar que, 
vuelto el país á la conversión, no podría 
desenvolverse con menos de cien millo- 
nes de pesos en billetes, y pienso que no 
seria excesivo pedir para esta suma un 
encaje de treinta millones de pesos oro, 
Pero ese oro, ¿por cuánto tiempo se po- 
dría contar con él? Es muy evi- 
dente que Qu solo año malo nos lo 
quitaría todo, precipitándonos nueva- 
mente en la inconversion, ó de lo 
contrarío sería necesario reducir la cir- 
culación de billetes hasta que ya no fue- 
ra materialmente posible reducirla mas. 
Es decir, disminuirla á cuarenta ó cin- 
cuenta millones, para que cada peso es- 
tuviese representado por el 50 0[0, por lo 
menos, en oro. Y para que no se tache 
estas apreciaciones de exageradas, basta 
echar una mirada sobre la situación de 
la vecina República, para darse cuenta 
de lo que significa para estos países el 
réjimen del oro. 

Pero hay todavía otra objeccion á la 
remonetizaciou de la plata y es que la 
República no produce este metal en can- 
tidad suficiente para sus necesidades mo- 
netarias, y entonces, debiendo comprarlo 
con productos es mas sencillo comprar 
oro, cuyo valor es estable y que no cos- 
tará mas que aquella. Pero á mi enten- 
der no necesitamos ni oro ni plata como 
moneda internacional, porque los saldos 
de nuestro comercio exterior deben arre- 
glarse con productos y no con moneda, 
y tan producto y negociable es un 
metal que el otro. Necesitamos un me- 
tal para dar base fija á nuestra cir- 
culación fiduciaria, para que esta no esté 
eternamente pendiente de garantías no- 
minales^ y para este objeto la plata nos 
conviene mas que el oro, por esta razón; 
que no es probable que nos la saquen. 

Se nota siuuipi-o en este morcado cierta 
resistencia á las extracciones de oro; aún 
en estos tiempos cu que el oro, es una 
simple mercancía, el comercio en general 



prefiere sacrificar alguna pequeña frac- 
ción en el cambio, antes de embarcar 
oro, y si esto sucede tratándose de un 
metal tan movible como es este, comer- 
cial mente, sucedería eu escala mucho 
mayor respecto de la plata, hasta garan- 
tir casi su permanencia en el país. 

Por otra parte, sí hoy la plata se halla 
deprimida hasta solo cotizarse al 70 olo 
del valor que le atribuye la Liga Latina, 
esa circunstancia puede atribuirse en 
gi-au parte á la política errada de los Es- 
tados Unidos de Norte América, que 
buscando valorizarla, la ha desvaloriza- 
do. Ese Gobierno se ha impuesto la obli 
gacion de comprar meusualmente una 
cantidad de plata que no puede acuñar, 
pagando un precio general, y asi dá mar- 
gen á que continúen en explotación una 
multitud de minas que de oti*o modo 
estarían abandonadas, y estimula la pro- 
ducción cuyo exceso deprime el mer- 
cado. 

Se sostiene con mucha generalidad, que 
si ese Gobierno suspendiera sus compras 
el metal experimentaría inmediatamente 
una gran baja; pero si bien eso podría 
suceder en el primer momento, es evi- 
dente que al poco tiempo vendría la rea- 
cion por la restricción en la producción 
que esa misma baja traería, obligando á 
susi)ender el beneficio de todos los meta- 
les de baja le}^ que hoy se explotan. 

Mirado de este modo el asunto, no deja 
de presentar aspectos favorables como 
una posibilidad futura, prescindiendo del 
aspecto mas amplio del restablecimiento 
general del doble padrón, que quizá se 
imponga á la Europa antes de tnuchos 
años.» 

La ley de contribución inmobiliaria 
será sancionada dejándose subsistentes 
los aforos de los años anteriores, de valo- 
rización de la propiedad, no obstante la 
fuerte oposición que ha'encontrado en la 
Cámara de Representantes y en la de 
Senadores. 

Dos consideraciones han asegurado la 
mayoría á tan inconveniente disposición; 
la de interés político y las convenien- 
cias rentísticas, ambas á cual menos fun- 
dadas. 

Viene de atrás la tendencia que pre- 
domina eu nuestras Cámaras de conside- 
rar liostibdad política toda objeción que 
se llaga á los |)i()yectos del P. E., aun 
que no se trate mas ([ue de intereses ma* 



Del Rio de la Plata 



245 



teriales y se consulten las bien entendi- 
das conveniencias del gobierno. De igual 
modo se ha dado en mirar toda iniciativa 
que hagan los diputados o senadores que 
se separen del incondicionalismo.En el 
caso actual ha sido llevada demasiado 
lejos esta intransigencia, que importa la 
supresión de la verdadera vida parla- 
mentaria. 

Hemos seguido atentamente la discu- 
sión, y creemos que los que combatieron 
el artículo 6 ° de la ley de contribución 
inmobiliaria defendían mejor los inte- 
reses del gobierno que los que, por mal 
entendida consecuencia política, le pres- 
taron su apoyo. 

Los gravámenes excesivos, siembran 
el descontento y, en esta ocasión, el dis- 
gusto, los apremios, la ruina de los pro- 
pietarios, no será compenzada por una 
mayor renta. En el Senado, por ejemplo, 
los partidarios del proyecto han sostenido 
como principal argumento que rebajar 
un 20 0{0 los aforos seria quitar un 20 o[o 
de la renta; pero no se han hecho cargo 
de que el peso de ese impuesto dificulta, 
cada dia más, su cobranza, desapare- 
ciendo asi en las entradas, parte de lo 
que se carga en la ley. Ademas no 
hay que olvidar la disminución en los 
consumos y en el giro general, que es 
una de las consecuencias de la inconside- 
rada trasquila de los propietarios. 

Se acerca la época de la elección de 
Senadores y el partido colorado no se ha 
organizado todavía, y mucho tememos 
que ella nos encuentre fuera de las con- 
diciones necesarias para un verdadero 
movimiento democrático. 

La Comisión Directiva provisional del 
partido sigue, mientras tanto, preocupán- 
dose de los trabajos que le han sido en- 
comendados, y trata de obtener del P. E. 
la derogación del decreto de 14 de Se- 
tiembre de 1891, que priva á los militares 
del ejercicio de los derechos políticos que 
les corresponden. 

Es de esperar que el Sr. Presidente de 
la República accederá á este pedido de 
su partido, tanto mas cuanto que lo que 
se solicita es de estricta justicia y de 
buena política. 



Según se dice las reducciones en el 
presupuesto general de gastos no tendrán 
la importancia que les había atribuido 



parte de la prensa. Es inútil querer en- 
contrar ahí la base del equilibrio de la 
Hacienda, como lo es también buscarlo 
por medio de recargos de los actuales 
impuestos. 

En vez de reducir la suma del presu- 
puesto hay que aumentarla agregando 
muchas partidas de gastos fijos y necesa- 
rios que figuran como extraordinarios, 
y sin lo cual será ficticia toda nivelación 
enti-e las erogaciones que se voten y las 
entradas calculadas. 

Hay que tomar por base de todo 
plan de hacienda, lo que ha invertido en 
el último año el gobierno en gastos de 
Administración, pues debemos todos ha- 
cer justicia al P. E. reconociendo que ha 
sido tan económico como es posible 
serlo. ■ 

El mal no está ahí; está en las condi- 
ciones generales del país que es impres- 
cindible modificar, empezando por refor- 
mar su sistema monetario, sin lo cual 
toda tentativa de expansión será estéril 
ó de efi meros resultados. 

Predomina entre nosotros la tendencia 
de personalizar y de hacer cuestión polí- 
tica de todo, estraviándose asi la opinión y 
entorpeciéndose las soluciones necesarias. 

Para unos, el Presidente es el autor de 
todos los males; para otros, es necesario 
negar que no estamos económicamente 
bien, puesto que esto parece dar razón 
á los enemigos del Presidente, hacién- 
dole con este modo de ver las cosas no 
envidiable servicio, pues la crisis y 
su agravación no puede ni debe racio- 
nalmente imputarse á un hombre ó á un 
partido. 

Estamos cosechando los frutos lógi- 
cos de aberraciones arraigadas en ma- 
teria de circulación monetaria, de las 
que se hacen eco varios de nuestros 
mas autorizados diarios, sin que en cam- 
bio ninguno de los otros se coloque en 
el terreno de la solución práctica y sen- 
cilla que las circunstancias aconsejan. 

No son, pues, divagaciones, ni recrimi- 
naciones lo que las circunstancias exijen 
sino estudio imparcial y energía para 
saltar la barrera de las preocupaciones 
corrientes. 



Otro hecho notable de la quincena es 
la resolución de reducir á la mitad el 
capital del Banco de España y Rio de 
la Plata, que es una de las instituciones 



246 



Revista Económica 



de crédito de la República mas sólidas y 
bien maDejadas- 

Poi' nuestra parte la lamentamos y 
apreciando el sentido i)ráctico de los Di- 
tores de ese establecimiento, vemos en 
esto una prueba mas de que se equivo' 
can los que pretenden modificar las 
condiciones actuales del pais creando 
un nuevo Raneo de Comercio con el 
nombre de Raneo Nacional. 



REVISTA BURSÁTIL 



El precio del metálico, en la última 
quincena ha oscilado, debido á las limi- 
tadas especulaciones de qne es objeto, y 
no á modificaciones de la situación de la 
plaza. 

Es voz corriente que la solución del 
problema presidencial inñuirá en una 
fuerte baja pero, por nuesti-a parte no 
creemos" que el precio del metálico, se 
altere por ninguna causa de este género, 
desde que no teníamos oro escondido 
por temores políticos. 

Como elementos que favorecerán la 
baja, tenemos las fuertes cantidades de 
frutos que quedan ])ara exportarse y la 
proximidad de las nuevas cosechas; pers- 
pectiva que tiene en su contra el riesgo 
de una epidemia. 

El mercado de cambios ha estado poco 
activo, siendo sin embargo de notar una 
creciente abundancia de giradores. 

Las Cédulas Nacionales, no obstante la 
mejora del Raneo de que dá cuenta la 
Memoria de su Directorio, continuaron 
con la misma tendencia de baja que se 
manifestó en la quincena anterior. FjU 
cuanto á las del Raneo Hipotecario de la 
Provincia, se han sostenido alrededor de 
los precios anteriores. 

Los Fondos Públicos Nacionales han 
bajado de 30 centavos á 1 punto, después 
de algunas pequeñas oscilaciones. 

En títulos y acciones de Compañías, el 
movimiento más notable ha sido en Cons- 
tructor de la Plata, y en las Catalinas. 
Las acciones del |)rimero subieron hasta 
S 5.50, quedando á -í^j 5^ y sm obligacio- 
nes subieron de S 0,90 á l!80; habiéndose 
fundado esta especulación en la perspec- 



tiva de ^a revindicación de fuertes valo- 
res que tiene promovida el Raneo. La 
sobre Catalinas, también ha tenido por 
base las gestiones que se hacen para diri- 
mir ventajosamente las dificulta<les crea- 
das á esta compañía por los actos del go- 
bierno nacional. 

Las acciones del Raneo Español mejo- 
raron dos puntos; y otros tantos el Agrí- 
cola Comercial. Las de la Compañía de 
Gas, «La Primitiva» un punto mientras 
que las del Gas «Argentino» bajaron 1[2 
punto. 

El movimiento de todos estos papeles 
continúan siendo escaso. 

Las cotizaciones de la Rolsa de Monte- 
video, que publicamos, revelan las diver- 
sas impresiones, ya optimistas, ya desa- 
lentadoras, qne producen las noticias 
sobre el empréstito. 

Los billetes del Raneo Nacional son 
los que han sufrido ma^^ores oscilacio- 
nes y de 37 á que estaban al fin de la 
quincena anterior j-eaccionarou hasta 
quedar en 50. 

Las cédulas que ya hablan baja¡lo á 23, 
llegaron á cotizarse á 2220 y quedaron 
á 25.70. 

La deuda Interior subió á 26.50 y la 
Consolidada á 31.10 lo que representa 
para la primera una mejora de 3.70 y 
para la segunda de 1.40. 

Las acciones del Raneo Hipotecario 
subieron de 7.30 á 9.60. 

Tales son en resumen los efectos de 
una ráfaga de optimismo y sentimos no 
poder esperar que ella persevere en la 
próxima quincena y mucho menos que 
adquiera mayor vigor. 

La falta de medio circulante es un 
inconveniente que hace imposiI)le todo 
movimiento serio de alza y mientras el 
gobierno continué con el sistema de cir- 
culación esclusiva de oro con premio de 
exportación nuestros bajistas han de salir 
siempre con la suya. 



Los artículos no firnuulos pertenecen 
al Director de esta «Revista». 



DEL Rio de la Platía 



247 



Movimiento bursátil de la segunda quincena de Agosto de 1892 



BOLSA DE BUENOS AIRES 

(del 15 AL 31 DE agosto) 



Metálico 



Onzas 

Libras esterlinas . 



Cambios 



Inglaterra . 
Francia. . . 
Bélgica . . . 
Alemania. 



Cheques 



Banco Nacional 

Banco de la Provincia 

Banco Hipotecario de la Provincia 



bonos 



Ce'dulas Hipotecarias Nacionales 



Serie A (oro) 

« A n>(i 

« B « 

(( C K 

« 13 « 

« E (' 



de renta. 



Cédulas Hipotecarias Provinciales 



de renta. 



/o 



Serie A (oro) 6 ^ 

« A $f. 8 ^ 

« E « 6 "/ 

« F "^i 6 y, 

« G « Q y, 

« I « 8 >; 

« J « % y 

« K (( 

« L « 8 

« M « 8 

« N « 8 

« O « 8 

« P « 8 

Fondos ) Títulos Públicos 



Fondos Públicos Nacionales de 1884. 
Empréstito Nacional Interno 1891. 

Id. de 1892 . 

Loteiia Municipal de la Capital 



Ultimo 7 recia 

HASTA. 

ago't. 15 



51 30 
16 30 



47 3/8 

4 97 
4 98 
4.021/2 



20 1/2 
38 1/2 
18 40 



33 
95 
94 

86 
85 
85 



20 — 
30 50 
29 70 

28 50 

29 — 

29 50 

30 10 
29 20 
29 .^!0 
29 20 
29 20 
29 20 
29 30 



53 — 

72 30 
68 — 
62 — 



M.18 bajo 



52.90 
16.43 



47.1/4 
4.96 
4.97 
4.61 



20 1/2 
34 1/2 
18 % 



32 
94 
94 

88 
85 
82 



19 — 
30 — 
30 — 

28 — 
28.50 
29.50 

29.10 
29.10 
29.10 
29.20 

29 — 
29.10 



70 70 
67 40 
59 50 



■-.'.iaa Precio 

MílS alto '' HiSTA 

ago't. 31 



o4 — 
16 70 



47 7/16 

4 971/^ 
4 981/2 
4 03 



21 — 

38 1/2 
20 1/2 



33 — 
94 — 
96 — 
88 — 
85 — 
87 — 



19 — 
35 — 
30 — 

28 50 

29 20 

29 — 

30 — 

29 20 
29 30 
29 20 
29 30 
29 20 



72 20 
68 40 
61 — 



53.50 
16.56 



47.7/16 

4.971/2 
4.981/2 
4.03 



21 — 
37 — 
20 15 



32 

94 
94 
88 
85 
82 



19 — 
35 — 
30 — 
28 — 

28 50 
30 — 

29 10 
29 10 
29 20 
29 20 

! 29 — 
29 20 



53 — 

72 — 
67 60 
61 — 



2i8 



Revista Económica 



Acciones 



BANCOS 



Español del Rio de la Plata 

Italia y « « « « (oro) 

Crédito Real 

Nuevo Banco Italiano ... 

Banco de la Bolsa 

Francés del Rio de la Plata 

Hipotecario de la Capital (Bonos oro) . . . 

Constructor de la Plata 

Id id id (obligaciones)... 

Agi'icola Comercial 

Banco Inmoviliario 

Banco del Comercio 

Banco Caja de Descuentos 

Comercial de la Pl&ta 

Comercial 

Banco Sud-Americano 

Banco Nacional 

compañías 

La Edificadora 

La Previsora (Compañía de Seguros) 

La Primitiva (Compañía de Gas) 

Gas Argentino 

Empresa del Edificio de la Bolsa 

La Argentina (fábrica de papel) 

Muelle y Depósitos de las Catalinas 

La Buenos Aires (Compañía de Seguros).. 

Compañía General de Reaseguros 

KidyCa 

Telegi'áfico Telefónica. . 

Constructora Argentina 



BOLSA DE MONTEVIDEO 

(del 16 AL 31 DE AGOSTO) 



Billetes Banco Nacional 

Títulos hipotecarios Serie D. 
Cédulas hipotecarias « A. 

Id. id. « B. 
Deuda del Interior 

Id. Independencia 

Id. Consolidada 

Acciones Banco Hipotecario.. 



CAMBIOS 



Inglaten-a 
Francia. . . 
Bélgica. . . 
Alemania . 



Ultima Precio 

HASTA. 

ag'to 15 



50 
80 



105 — 
92 — 
33 — 

57 50 
39 50 
45 — 
41 — 

4 

O 

16 — 
27 — 
91 — 
80 — 

8 50 

30 — 
35 — 

31 — 



78 — 
27 — 
85 — 
50 — 
130 — 
80 — 
10 80 

13 — 
7 — 
7 — 

65 — 

14 — 



38 — 
23 30 
23 — 

28 — 
22 80 

29 70 
7 30 



55 .5/8 

5 32 



Mas bajo 



106 — 



45 — 
40 — 

5 — 
- 90 



49 — 

80 — 
10 40 



29 



40 — 
23 30 

22 20 

23 — 

28 50 



50.5/8 

5 31 
5 31 1/ 
4 29" 



Mas alto 



107 — 



45 — 

41 — 

45 50 

1 80 



86 — 
50 — 

81 — 
12 20 



50 — 

25 80 
25 90 

27 — 

31 20 
10 50 



51 - 
5 34 
5 35 
4 34 



intimo Precio 

HASTA 

ag'to 31 



1107 — 

92 — 

33 — 

57 50 

45 — 

45 — 

40 — 

5 — 

1 70 

18 — 

21 — 

90 — 

80 — 

8 50 

30 — 
35 — 

31 — 

78 — 
27 — 
86 — 
49 50 
130 — 
80 — 

12 10 

13 — 
7 — 
7 — 

65 — 

14 — 



50 — 


25 20 


25 70 


26 50 


31 10 


9 60 


50.3/4 


5 32 


5 33 


4 30 



2* Época — Núm. 10. 



20 de Setiembre de 1892. 



REVISTA ECONÓMICA 

RIO DE LA PLATA 



DiHECTOH: DOMINGO Llamas 



DERECHOS ESPECÍFICOS 

El ministro de hacienda nacional, 
(Ion Emilio Hansen, en el mensaje, 
notable bajo más de mi concepto, ele- 
vando el presupuesto y leyes de im- 
puesto para 1893, se ocupa de la con- 
veniencia fiscal que presentan los 
derechos específicos, y propone que 
se hagan extensivos á algunos artí- 
culos además de los ya existentes, y, 
con este motivo, se extiende en algu- 
nas consideraciones que creemos del 
caso justificar y ampliar, tratando 
esta importante materia desde los di- 
versos puntos de vista que su estudio 
requiere. 

Si exceptuamos el papel sellado, 
creado en medio de los apremios de 
la Holanda en su heroica lucha con 
las armas preponderantes de Felipe 
II, todos nuestros impuestos actualeh 
tienen tan lejano origen, que se pier- 
den en la oscuridad de los tiempos, 
limitándose los progresos en la ma- 
teria, á la elevación de la suma y 
á la extensión y perfeccionamiento 
de las imposiciones. 

La naturaleza de las cosas los ha 
creado, y la investigación de las con- 
diciones sociales en las diversas eta- 
pas del desenvolvimiento de la civili- 
zación, así como la lógica de lo que 
de ellas fluye, sólo podrá suplir la 
deficiencia de la tradición, reconstru- 
yéndose los fragmentos que hasta 
nosotros llegan, como con los princi- 
pios del arte se restauran los perdidos 
monumentos, ó con las leyes del des- 
envolvimiento orgánico, se estable- 
cen las formas y dimensiones del 
monstruo anti-diluviano, del cual sólo 



nos alcancen algunos restos disper- 
sos. 

En cuanto á impuestos aduaneros, 
podemos tener como un hecho eviden- 
te la existencia de tributos de entrada 
percibidos en especies, como hasta 
época cercana se han percibido varias 
contribuciones internas, lo que en 
esencia importa la contribución gra- 
duada según la cantidad, y taml)ién 
nos es dado presuponer en épocas re- 
motas, el cobro hecho parte en dinero 
y parte en especies, según el valor de 
las cosas, como hasta en nuestros dias 
se ha estilado en algunos pueblos de 
África. 

En los primeros tiempos de nuestra 
civilización, lo que predominan son los 
derechos ad va/orem debido, sin duda, á 
las ideas falsas que prevalecen sobre 
la mayor equidad del gravamen, en 
esta forma establecido. 

La incidencia del impuesto, es un 
conocimiento que requiere adelanto en 
la materia; entra en el dominio de lo 
que, siguiendo la exacta expresión de 
Bastiat, debe colocarse en la categoría 
(le Zo que no se vé. 

Aparentemente el impuesto de adua- 
na, es un gravamen para el que lo 
paga y cualquier contribución que se 
exija al comerciante que introduzca ó 
extraiga alguna mercadería, parece 
una exacción sobre su capital, y la 
equidad aconseja entonces, que no se 
le cobre lo mismo por la íntroducci(3n 
de un artículo cuando valga uno 
como cuando valía dos, á la par que 
esta uniformidad no es bien mirada 
por el fisco, en los casos en los cuales 
la alteración del precio se opere en 
un sentido opuesto. 
En la antioua Atenas, se cobralia la 



350 



Revista Económica 



cineuentésima parte, ó sea el 2 % de 
las mercaderías que entraban ó salían 
de su puerto. Los romanos, con el 
nombre de portorium, cobraban dere- 
chos de importación y exportación, 
que eran de la 40=^ parte del valor, es 
decir, de un 2 i 7o- El sistema fué 
perfeccionado por los árabes, que 
graduaron el almojarifazgo, ó derecho 
de aduanero, primitivamente de un 
10 %, creando un arancel en el que, 
conservando los derechos ad valorem, 
lo variaban de un 5 á un 15 %. 

El derecho específico moderno, es 
decir, el cobrado en dinero según la 
cantidad y no el valor de las cosas, 
viene después, traído naturalmente, 
ya por la dificultad de apreciación del 
valor de las diversas especialidades 
de los artículos, ya para cortar los 
fraudes y las dificultades incesantes 
con los mercaderes. 

Como arancel específico, clara y 
}>erfectamente establecido, podemos 
mencionar la tarifa de derechos lla- 
mados uniformes de 1667, confeccio- 
nada por Colbert. Del mismo género 
fué el contenido en la ordenanza del 
Comercio libre para las colonias espa- 
ñolas, sistema que perseveró en Bue- 
nos Aires hasta años después de la 
emancipación, en que se reemplazó 
por el ad valorem, que ya había sido im- 
portado de Inglaterra al Brasil, por ini- 
ciativa del vizconde de Cayrú. 

En todos estos casos, se trata de la 
implantación ó la sustitución, de un 
modo excluyente. de unaú otra forma 
derechos, excepción hecha de las tari- 
fas de Colbert que, respecto de algunas 
especialidades, se refieren al valor. 

Esto proviene de que unas veces se 
ha procedido con la lógica de una 
falsa concepción en materia de im- 
puestos aduaneros, y en otras se han 
extremado las condiciones de más 
fácil fiscalización. 

Entre los defensores de los derechos 
ad-valorem, que sostienen que ellos con- 
sultan la justicia, que se juzga gene- 
ralmente menoscabada con los dere- 
chos específicos, encontranrios autori- 
dades europeas de primer orden en 
materia de hacienda. 

Vemos así al delegado belga Mr. 
Léon Chaussette Delgouffre, en el con- 
greso internacional del comercio y de 
industria, celebrado en París en Sep- 



tiembre de 1889, decir muy convencido 
que: «si por algún medio fuese posible 
cobrar los derechos ad-valorem en su in- 
tegridad, esos derechos debían ser ele- 
gidos, porque son los más equitativos. 
¿Qué más justo, que gravar un pro- 
ducto según su valor exacto? Parece 
que colocar así la cuestión, es ya re- 
solverla». Paul Leroy Beaulieu, de- 
fendiendo el mismo orden de ideas 
menciona, como primer inconveniente 
de los derechos específicos, el que si 
una mercadería llega á subir ó á ba- 
jar de precio, esos derechos no repre- 
sentan la misma proporción del pre- 
cio de las mercaderías, lo que dice 
que es un inconveniente harto grave». 

Si el derecho aduanero fuese un 
impuesto sobre el capital invertido en 
las mercaderías, sería, en efecto, una 
injusticia el cobrar el mismo impuesto 
cuando bajase el precio que cuando 
subiese, por que aquel pagaría en 
unos casos más y en otros menos, 
pero ese no es el carácter del impues- 
to, porque lo que se grava es el con- 
sumo, respecto del cual, con los 
derechos específicos, el gravamen se 
mantiene fijo, no obstante la oscila- 
ción de los precios, con ventaja positi- 
va para los consumidores, que son los 
que efectivamente los pagan, como 
puede verificarse en cada caso. 

Supongamos un derecho de 40 so- 
bre un artículo que valga 100. Si este 
artículo sube á 1-50, el consumidor no 
solo tendrá que pagar ese 50 más como 
aumento de costo, en la aduana, del 
artículo, sino también, por razón de 
esa alza del precio, un recargo de 20 
en los derechos, lo que importa au- 
mentar el gaavámen si más razón que 
tener que pagar más caro. Suponga- 
mos ahora el caso opuesto, el de la 
baja del artículo; y tendremos que 
cuando el menor costo lo favorece y 
le permite por lo tanto pagar más 
desahogadamente el derecho, es pre- 
cisamente, cuando, con el sistema ad- 
valorem. se rebaja. 

Véase pues, cual es el resultado 
práctico de graduar los derechos, se- 
gún el valor'exacto. Se aumenta asi 
su peso cuando el que verdaderamen- 
te lo paga está más sobrecargado y 
en la proporción de su sobrecargo, 
mientras que se reduce precisamente 



DEL Río DE LA PlATA 



251 



cuando la baratura del artículo le de- 
ja más medios disponibles. 

Mientras tanto, con los derechos es- 
pecííicos, la falta de fijeza de relación 
con el valor, se compensa por la fijeza 
de relación con los consumos; ellos 
ni suben cuando ei consumidor se 
encuentra agobiado por el alza, ni se 
reducen cuando la baja de los artí- 
culos le dá más facilidad para pa- 
garlos. 

Agrega Leroy Beaulieu que, «los de- 
rechos específicos moderados en su 
origen, }:>ueden transformarse con el 
tieriipo, por la fluctuación de precio de 
las mercaderías, ya en excesivos, ya en 
insignificantes», todo lo cual lo ratifica 
en los inconvenientes del sistema. Kn 
esto reincide en el error de ver en el 
derecho aduanero un derecho sobre 
el capital invertido en mercaderías, 
porque, si bien cobrar cinco en un ar- 
tículo que vale diez, es un derecho 
enorme en relación á su costo é insíg- 
licante si el precio es de cien por el 
encarecimiento accidental, la tasa re- 
sulta uniforme para el consumidor que 
paga por el artículo que necesita, sea 
cual sea la fluctuación del precio, el 
mismo impuesto. 

El otro argumento que se hace co- 
jnunmente. contra los derechos es|)e- 
cíficos, es el de que. según las palabras 
del mismo autor, «ellos son general- 
mente módicos para las mercaderías 
de gran valor destinadas al consumo 
de las clases ricas, mientras son. por 
lo contrario, pesados para los artículos 
comunes, baratos y que sirven para 
las clases laboriosas de la población». 

Esta observación importa confundir 
el englobamiento con los derechos es- 
pecíficos, puesto que estos pueden de- 
tallarse tanto como se detallan las ta- 
rifas ad-valorem. Tomemos por ejemplo, 
la tarifa de Colbert y encontramos, 
entre otras, las siguientes especifica- 
ciones: 

«El par de medias de seda, pagará 
• los libras: la docenas de medias de 
lana, ocho libras; la docena de medias 
de algodón, cuatro libras». Detallando 
así, los artículos destinados al con- 
sumo de las clases ricas vienen á pa- 
gar seis veces más que los destinados 
á las clases pobres, tal como resulta- 
ría con un derecho ad-valorem. No su- 
cedería la mismo si el derecho espe- 



cífico implicase, como no implica, lui 
derecho único sobre una clase de 
artículos, é hiciese necesario, jjor ejem- 
plo, establecer un solo derecho para 
las medias de todas clases, en cuyu 
único caso, aun considerando esta con- 
tribución desde el punto de vista del 
valor, en vez del de la cantidad de 
consumos, podría ser exacta la objec- 
ción. 

No hay mayores dificultades en gra- 
duar los derechos específicos según 
la calidad de los artículos que en 
formar tarifas de valores de cada es- 
pecialidad y, podremos agregar, <j[ue 
es intangible el ideal del derecho oá- 
valorem puesto que la diversidad de 
artículos y la fluctuación constante de 
los precios, hace que en las tarifas ad- 
valorem hay -d. siempre una gran parte 
de derechos específicos. 

Tómese la tarifa que se juzgue más 
perfecta de derechos ad-valorem y se 
encontrará que, por mayor que sen su 
especificación, tendrán que ser im- 
puestos de igual modo objetos de muy 
distinto costo, á la par que los precios 
más exactos en un momento dadu 
dejan de serlo en el siguiente, resultan- 
do así siempre una parte de la contri- 
bución graduada según la cantidad. 

Esta materia, debe ser además con- 
siderada, primero, desde el punto de 
vista industrial, y, segundo, desde el 
rentístico, pues no basta que un im- 
puesto sea equitativo en su distribu- 
ción, es menester conciliario con las 
exigencias del desenvolvimiento so- 
cial y con los fines á que responde su 
creación. 

Ocupándonos, como miembro ile la 
Legislatura Oriental, de los derech(3S 
específicos y ad-valorem, observábamos 
que las fluctuaciones de los derechos 
ad-valorem en la entrada importan 
las oscilaciones de una escala móvil 
opuesta al desarrollo del trabajo na- 
cional. 

Cuando los precios, decíamos, de los 
artículos importados bajan, que ee 
precisamente cuando á las industrias 
nacionales más les conviene que exis- 
tan derechos altos de importación, és- 
tos se reducen; y cuando los precios de 
los productos extranjeros suben, y se 
hacen menos necesarios los derechos 
altos para permitir la producción in- 
dustrial del país, ellos aumentan. 



'K^-> 



Revista Económica 



En la exportación, los derechos ad- 
valoi-em, si bien inconvenientes para el 
fisc»), favorecen la producción nacional 
con la baja de derechos, proporcional 
á los movimientos adversos de los pre- 
cios, no aumentándose sino en las pro- 
porciones en que éstos se presenten 
más favorables. 

En cuanto á los englobamientos que, 
como hemos visto, no son más de esen- 
cia en el sistema especifico que en el 
ad-valorem^ convienen, desde el punto 
de vista hidustrial respecto de unos 
artículos, á la par que perjudican, tra- 
tándose de otros que no sean de pro- 
ducción nacional y se importen ya 
como elementos, ya como materias 
primas de producción. 

Sea con una ú otra forma, ad-valorem 
ó específica, el derecho de importación 
sobre una clase de artículos, sin dis- 
ceiuir la ordinaria ó la fina, graduado 
según su valor medio, es más fuerte 
en relación con el costo de producción 
del artículo ordinario que del fino y, 
por' lo tanto, actúa más como derecho 
protector respecto de aquellos, de don- 
de resulta una escala harmónica con 
las- (íondiciones del desenvolvimiento 
industrial de los países nuevos, en los 
cuales, antes de producirse las artícu- 
los más perfeccionados y costosos, la 
industria debe empezar i\ producir los 
más comunes. Por este medio la pro- 
tección se puede hacer vigorosa sin 
presentar los alicientes al contraban- 
do, que resulta de los altos derechos 
en relación con la calidad de los ob- 
jetos. 

Ku el segundo caso, que hemos su- 
puesto, es decir, en el de derechos so- 
bre elementos industriales ó materias 
primas, la incidencia del impuesto va- 
ria: ya no es el impuesto individual 
sobre el consumo, es el gravamen 
que encarece las condiciones de pro- 
ducción y que exige que. no solo sea 
tan minimun que no alcance á colo- 
car el trabajo nacional en condiciones 
en general inferiores á las del extran- 
jero, sino que no altere la proporcio- 
nalidad en el costo de sus diversos ele- 
jneiitos de producción, consultándose, 
no ya la cantidad, sino el valor venal 
de ios objetos. 

Los más decididos partidarios de 
los derechos ad-valorem^ como siste- 
ma exclusivo, no dejan de reconocer 



las ventajas que, desde el punto de 
vista fiscal, presentan los específicos; 
admiten que, por este medio, se fa- 
cilitan las operaciones aduaneras, se 
suprimen fraudes y dificultades pro- 
venientes de las falsas declaraciones 
de valor: establecido el derecho según 
los litros, kilos ó metros, todos saben 
lo que deben cobrar y deben pagar: 
no hay controversia que pueda sub- 
sistir. Este sistema, además, presenta 
una doble ventaja: la de permitir á 
los legisladores fijar con certeza el 
cuantum del impuesto que deben en 
la aduana pagar los diversos artícu- 
los y formar una idea más exacta de 
su ]iroducto normal, desde que la can- 
tidad total de los consumos es menos 
incierta que el valor total de las 
importaciones, que no solo depende de 
las condiciones variables de los mer- 
cados extranjeros, sino tamlñen del 
mayor ó menor refinamiento de los 
consumidores, cpe no alteran nunca 
la cantidad, como según las circuns- 
tancias prósperas ó adversas, varían 
sensiblemente la calidad de sus con- 
sumos. 

Según el proyecto del Poder Ejecu- 
tivo Nacional argentino, y de acuerdo 
con los principios que acabamos de 
exponer, se propone adoptar un sis- 
tema mixto, específico y ad-valorem^ co- 
mo el implantado en la República 
Oriental en su reforma aduanera de 
Enero de 1888, con el cual se ha con- 
cillado este triple resultado: dar la 
mayor fijeza posible á las rentas, fo- 
mento á la industria y facilidades pa- 
ra el movimiento comercial. 

El sistema mixto, tiene hoy además 
á su favor la autoridad de las conclu- 
siones del Congreso internacional de 
Comercio é industria, celel)rado en 
París en Setiembre de 1889. y al que 
ya nos hemos referido. 

Se encontraron en él, frente á fren- 
te, los hombres teóricos, con las ma- 
yores especialistas en la materia; y li- 
mitándose, por último, á las ventajas 
capitales de facilitar la imposición y 
dificultar del fraude, que arruina al 
comercio legítimo y á las industrias 
más prósperas, se sancionó con gran 
mayoría, lo que ¡jresentaremos como 
la última palabra autorizada sobre la 
materia. 

«Considerando que los derechos ad- 



DEL Rio i>E LA. Plata 



253 



valorem, son de una aplicación difícil 
y facilitan el fraude, el Congreso emi- 
te el voto de que los derechos espe- 
cíficos sean adoptados con preferencia 
en las tarifas aduaneras, salvo el caso 
de irtiposibilidad absoluta». 

^^ 

CARTAS ECONÓMICAS 

I;L INDlVIDLiO, EL ESTADO V LAS 

compañías anónimas 

Con motivo de las felizmente fraca- 
sadas combinaciones para crear un 
nuevo Banco Nacional en la Repúbli- 
ca Oriental por medio de una sociedad 
anónima, nos hemos ocupado en la 
prensa montevideana de la cuestión 
que es hoy aquí de actualidad, de los 
inconvenientes ó ventajas que pue- 
den ofrecer los Bancos de Estado ó 
las instituciones centrales, constitui- 
das i»or compañías anónimas. 

Las mismas preocupaciones que 
combatimos entonces, las vemos aho- 
ra predominar entre los que, en la 
Repiíblica Argentina, se preocupan en 
dilucidar ese importante problema 
para (Vi desarrollo económico. 

Tratamos entonces la materia desde 
el punto de vista científico, sin dejar- 
nos llevar por pasión de ningún géne- 
ro, de modo que podremos reproducir, 
aplicándolo al caso actual, todo cuan- 
to dijimos entonces. 

Hemos estudiado la cuestión doctri- 
naria y práctica en tres cartas: la pri- 
merii, tiene por objeto demostrar el 
error en que incurren los que com- 
baten la acción del Estado asimilando 
á la individual, la de las comjja- 
fiias anónimas; la segunda, estudia los 
diversos grados de intervención del 
Estado en los Bancos centrales en 
las naciones mas adelantadas, y la 
tercera se ocupa de determinar los 
intereses sociales, que son afectados 
por el orden banca rio y monetario. 

Publicamos en seguida la primera, 
reservándonos reproducir las siguien- 
tes en los próximos números. 

I 

íSeñor Director de La Tribuna Popular. 

Muy señor mió: 
l>a acción individual, libre y respon- 



sable, es activa, celosa y provisora. El 
hombre que maneja lo suyo, luchan- 
do por atender sus necesidades del 
presente y conquistar una mejora 
para el porvenir, tiene un estímulo 
poderoso que despierta su ingenio, que 
lo alienta al trabajo y lo hace econó- 
mico y prudente, en un grado que di- 
ñcilmente alcanzan los que no arries- 
gan ni comprometen lo suyo. 

Esta mayor eficacia de la acción in- 
dividual en el orden económico, que 
constituye el principal fundamento 
de los que pretenden cercenar, en la 
mayor escala posible, las facultades 
interventoras ó dirigentes del Estado 
en la esfera de la actividad comer- 
cial, industrial ó financiera, no se con- 
sigue por medio de empresas que, co- 
mo las asociaciones anóminas, son 
colectividades mas ó menos extensas, 
cuya acción ya no es la individual, 
directa, sino que se ejerce por delega- 
ción, esto es, ellas son gobernadas, co- 
mo sucede con las naciones, por me- 
dio de representantes que no manejan 
lo su)^o sino lo de todos y general- 
mente muy numerosos miembros de 
una colectividad mercantil, cuya de- 
signación se realiza por medio de su- 
fragios expresados en forma análoga 
á la adoptada para el nombramierito 
de los mandatarios ó funcionarios 
públicos, dentro del régimen demo- 
crático. 

Demostrado como queda, que los 
administradores de las sociedades 
anónimas en vez de ser individuos 
que administran lo propio, se asimilan, 
por sus cndiciones de simples man- 
datarios transitorios de una comuni- 
dad mas ó menos vasta, con los fun- 
cionarios públicos, las ventajas de 
la acción de esas sociedades sobre 
la que puede ejercer el Estado, solo 
podrá atribuirse á aquellas, invocán- 
dose en su favor el mayor acierto en 
la elección de sus mndatarios. 

Lejos de ser esto exacto, la simple 
razón demuestra y la práctica com- 
prueba, frecuentemente, que en uno 
como en otro caso subsiste el interés 
de recurrir al fraude y se disponen de 
medios de llevarlo á cabo. Como en 
el orden político hay partidos y cama- 
rillas que luchan por alcanzar el po- 
der y monopolizarlo en provecho suyo, 
en las sociedades anónimas hay tam- 



'254 



Revista Económica 



bien círculos igualmente interesados 
que se suelen imponer en las eleccio- 
nes de administradores. Además de 
esto, y en favor de las elecciones po- 
líticas, podríamos invocar que el vín- 
culo que une al ciudadano con la 
patria y con sus destinos es perma- 
nente é inestinguil)le, mientras que la 
calidad de accionista es transitoria y 
que, por tanto, la presunción de acier- 
to, resultado del celo y del interés del 
votante, está del lado del ciudadano y 
nó del accionista. 

La fácil trasmisión de las acciones 
y el aliciente del agio lo inducen al 
accionista, generalmeute y muchas 
veces insensiblemente, á seguir las 
huellas de los especuladores audaces 
y temerarios casi siempre, que acaban 
por convertirlos en instrumentos de 
juego, imprimiendo, á veces, al sufra- 
gio'de las asambleas de accionistas el 
mas extraviado erará cter. 

Por mi parte no vacilo en preferir la 
peor elección política democrática, á 
la mejor que pueda verificar un Mon- 
te-Cario cualquiera, por pomposos, 
engañosos ó pretenciosos que sean 
los" oropeles de su organización. 

Aun cuando á este extremo no se 
llegue, y se conserven las acciones en 
manos del público rentista, no por eso 
podrá invocarse la presunción de su- 
i:)erioridad en las sociedades anóni- 
mas, como la que se atribuye á la 
acción directa individual y que. por 
una aplicación indebida, se viene opo- 
niendo como argumento para justifi- 
car la eliminación de toda ingerencia 
del gobierno en una compañía anóni- 
ma, á la que se pretenda entregar los 
recursos de la Hacienda, y la suerte y 
la dirección de nuestro desarrollo eco- 
nómico. 

Gilbart, á pesar de ser gerente de 
uno de los principales Bancos por 
acciones de Inglaterra hace, entre 
otras, las siguientes observaciones, en 
su Tratado sobre los Bancos: 

«La organización de los Bancos por 
acciones, es teóricamente absurda. 
El gerente, es decir, el banquero que 
se presume que tiene algún conoci- 
miento y experiencia en las operacio- 
nes bancarias, está subordinado á un 
directorio cuyo conocimiento y expe- 
riencia en esta materia se presumen 
inferiores á los suyos. Este directorio 



se encuentra á su vez sometido á la 
fiscalización y á las instrucciones de 
una corporación de accionistas, cuyos 
conocimientos bancarios quedan toda- 
vía mucho mas abajo que los del pro- 
pio directorio.» 

Agrega, poco después, el mismo ( xil- 
bart, que los directorios suelen ser 
extraviados por los aplausos de los 
accionistas. 

«Es natural, dice, que todos los ac- 
cionistas deseen grandes dividendos 
sobre su capital empleado . Ellos 
aplauden, pues, mas calurosamente á 
los directorios que mayores dividen- 
dos ordinarios y extraordinarios dis- 
tribuyen, que mantienen las acciones 
con mayor premio y que distribuyen 
mas acciones á la par. 

ttLos directorios. sal)iendo que estos 
son los deseos de los accionistas, tra- 
tan de satisfacerlos, pero las transac- 
ciones que dan grandes utilidades 
inmediatamente traen consigo, ó el 
riesgo de grandes pérdidas ó el empate 
de capitales. La utilidad, sin 'embar- 
go, es inmediata y lejano el peligio. 
Los aplausos de los accionistas al lle- 
gar á sus oídos, entorpecen las fecui- 
tades de los directores, que se mues- 
tran incapaces de reflexión y' aturdi- 
dos, se precipitan por despeñaderos 
que conducen á la ruina.» 

«También algunas veces las censu- 
ras de los accionistas inducen al direc- 
torio á proceder imprudentemente. 
Nadie que entienda algo de opera- 
ciones l)aricarias ignora que es impo- 
sible evitar una vez ú otra pérdidas ó 
quebrantos. Un banco administrado 
de modo que nunca tenga pérdidas, 
tampoco tendrá grandes utilidades. 
x\lgunas veces estas pérdidas absor- 
ven gran parte de las utilidades del 
año. El fin de un fondo de reserva es 
proveer estas contingencias, á linde 
que se puedan pagar los dividendos 
de costumbre. Pero cuando se dá el 
caso de recurrir con este objeto al 
fondo de reserva, se convierten mu- 
chas veces en tempestuosas las asam- 
bleas, y los accionistas se retiran rene- 
gando y descontentos. Esto produce 
mal efecto en el espíritu de los direc- 
to i -es. 

«Es un gran error suponer que estos 
permanezcan indiferentes á los aplau- 
sos ó censuras (ie los accionistas. 



DEL Rio de l.\. Plata 



2o5 



Como regla general sucede el inverso 
y esto conduce á estreñios desgracia- 
dos. Se ha visto apoderarse de los di- 
rectorios un miedo tal de la asamblea 
general que les quita el coraje para 
presentar memorias concienzudas.» 

«A vei es el directorio se deja des- 
viar del buen camino por recomen- 
daciones é instrucciones de los a(;cio- 
nistas.» 

Bageliot, hablando de los inconve 
nientes que habria en la elección de 
un gobernador, de un gran banco con 
amplias facultades por una asamblea 
de accionistas, dice que se producirían 
los mismos abusos que se observan en 
las elecciones americanas: se compra- 
rían acciones para tomar parte en la 
elección, y el designado se encontrarla, 
alocuparVu puesto, «con que sus prin- 
«cipales defensores, sus agentes elec- 
«torales mas activos, eran al mismo 
^'tiempo deudores del Banco por sumas 
" considerables, lo que lo pondría en 
«contlicto para conciliar sus deberes 
"hacia el banco propiamente dicho y 
«el agradecimiento debido á los que lo 
'diayan elegido. Probablemente, si es 
«un hombre hábil, buscará términos 
«medios de transacción: no prestará 
(danto dinero como el que le pidan los 
«electores, y acabará por desconten- 
«tarlos: al propio tiempo su condescen- 
«dencia producirá quebrantos y, por 
«consecuencia, los beneficios del banco 
«se reducirán proporcionalmente. Una 
«reunión considerable de accionistas 
«del banco no constituirá mas que un 
«deplorable colegio electoral para un 
«puesto de gran prestigio; esta reunión 
«no elegirá de ordinario la persona 
«mas apta para el puesto, y la persona 
«elegida se encontrará ligada por com- 
«promisos que aumentarán aún más 
«su insuficiencia.» 

Estos inconvenientes que se mani- 
fiestan en la esfera de las sociedades 
anónimas, son menos sensibles cuando 
se trata de simples obras públicas ó de 
rentas fáciles de controlar, pero cre- 
cen á medida que se aborda la esfera 
de las transacciones mercantiles en 
vasta escala y se invade el anchuroso 
espacio de las especulaciones, pues 
aumentan correlativamente las facili- 
dades del abuso y se multiplican los 
riesgos á que se exponen las adminis- 
traciones delegadas. 



Además, la intervención del gobier- 
no en el Banco Nacional, que se quie- 
re eliminar en el que se proyecta, no 
daba lugar á los azares de las eleccio- 
nes directas populares; los directores 
del gobierno se nombraban por el P. 
Legislativo, en la misma forma y con 
iguales garantías de acierto con que 
se designan los miembros de la admi- 
nistración superior de justicia. 

81 los directores asi nombrados no 
presentasen las garantías morales para 
una buena gestión, como la que pueda 
presentar el mejor directorio teórica- 
mente nombrado por una comunidad 
de accionistas, y, prácticamente, por 
una camarilla bursátil; si esa fuente de 
designación de los directores del go- 
bierno fuese desquiciadora ó inmoral, 
como oficialmente se proclama, la eli- 
minación del Estado en el Banco no 
modificaría la situación general, pues- 
to que no habria en el país garantías 
ni para los intereses, ni para la vida, 
ni para la honra de nadie. 

Continuemos prolongando la Hiiea 
y veamos hasta dónde ella nos lleva. 

81 para velar por los intereses ban- 
carios y monetarios, hay que escluir 
como deaquiciador átodo director nom- 
brado por el P. Legislativo; si para ma- 
nejar un capital de 4.000.000 de pesos 
hay que alejar como elementos per- 
sonales dirigentes á todos los (lue 
tengan ese origen, y buscar como 
única forma de buena administración 
los mandatarios de una asociación de 
tenedores de títulos bursátiles; si el 
prop