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revistjí histórica 



Revista fiistóríca 



Órgano del Tnstítiito Rístótico del Perí 



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DIRECTOR. 



Carlos Alberto Isómero 



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tom:o II 



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cimji--P€Ká 

OficiM tipográfica de **Ia OvMin Itacioiial" 

Gramoe,44i 
1907 



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ei I astltuto Histórico no es respcxxsaWe (Je las oplaloacs emltkkis ix>r 
k>s autores de los trafxiX>s piiWIcodos en su Revista. 






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Kevi$(a Risfórica 



Órgano del mtítuto l)i$t6tico m Perí 



s;SiA.?sAA.» 



8aMHRXO 

Sxaittien de U pnmera parte de los Comentaiios Realce» (contimiaci^) 
por Jcaé de U RCva Hguero. 

& f^edrefUl que fué de Miguel Córdoba, por SmClio Ckitíérrez deQuiitta< 

ttCIU 
Higo sohre el quipus» por 6iirique de €kñiiuraed* 
MígunnB observacCones al articulo precedente» por el Dr* Jñ. dbte* 
Xnédit^ eohre el primer Cúpac Hmaru*— C* H. K. 
Huís Oerói tC mo Oré» por ^osé Coribio polo. 
^I C^pitím JuM% DelgadiUo» por Marco H. Cahero. 
Ha esr6f Cea. en el f>erú» por Max* Clble. 



/S'WWS^SíWWV"^* 



tomo n - tríneitre T 



»VS»> < \^V^<»^.<N»N^V^ 



Ofkhuí tlyogrMca de "Di Opitfta nactoMl" 

OremioSf 44 ^ 
1^07 



Iristitiíto Histórico del Perú 



DIRECTORIO PARA 1 906- 1 907 



PRESIDENTE NATO 

El Excmo. Sr. Presidente de la República 

YICE-PRESIDENTE NATO 

El Sr. Ministro de Instrucción Publica 

PKKSinENTE 

D. Eugenio Larrabure y Unanue 

PRIMER YICE-PRESIDENTE 

Dr. D. Míninno I. Prado y Ilgarteche 

SEGUNDO YICE-PRESIDENTE 

Dr. D. l'ablo Patrón 

SECRETARIO 

D.JoséToribio Polo 

PRO-SECRETARIO 

D. Rosendo Meló 

DIRECTOR DE LA SECCIÓN 
COLONIA Y REPÚBLICA DEL MUSEO HISTÓRICO 

D. José A. de Izcue 

DIRECTOR DE LA SECCIÓN 
ARQUEOLÓGICA DEL MUSEO HISTÓRICO 

Dr. Max. ühle 

DIRECTOR DE LA REVISTA HISTÓRICA 

D. Carlos A. Romero 

INSPECTOR DEL ARCHIYO NACIONAL 

D. Carlos Paz Soldán 

TESORERO 

D. Ricardo García Rosell 



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E^cameri «e la jarim^a barte de ios vomentarios R^al^ 



SUCESIÓN DE LOS INCAS 



(FRAGMENTO DB CN ENSAYO 80BRB LOS EUBTORIADOKBS PERUANOS) 

» - ' ■ . . í ■ . 

{Coatinuacióa) 

Los primeros soberanos incas salieron de la parcialidad 
de Hurincuzco, á la que luego desposeyó y quitó la preemi- 
nencia la de Hanancuzco. Así lo vemos en Acosta y Cobo, 
que nombran como incas del linaje de Hurincuzco á Sinchi 
Roca, Cápac Yupanqui, Lloque Yupanqui y Mayta Cápac; 
3' como de Hanancuzco á todos los restantes desde Inca Ro- 
ca. Hubo, piles, guerras, no sólo entre la tribu de Manco y 
las otras de orgoneá cuzqueños (Sahuasiray, Ayar Uchú, 
etc.)/sino también entre las clos subdivisiones de la tribu de 
Manco. Inca Roca es el fundador de la dinastía de loa Ha- 
nancuzcos; y esto explica éri parte por qué Moíitesinós lo ha 
creído el fundador del imperio de los Inca? (1). Erl ios tiem- 



(1). — Obsérvese que Blas Valera parangona en las siguientes palabras 
á Manco con Roca, como si éste también hubiera sido iniciador de una era 
nueva: "Los indios del Perú comenzaron á tener alguna manera de repú- 
blica desde el tiempo del inca Manco Cápac y del rey Inca Roca, que fué uno 
de sus reyes." 

Vid. igualmente lo que sobre los Huríncuzcos j Hanancuzcos dice el ex- 
\x acto de Polo de Ondegardo en el Confesonario para los curas de indios. 



KEVrSTA HISTÓRICA 



pos dd predominio de los Hurincuzcos debe de haberse cons- 
truido el palacio ó edificio que ocupó el sitio donde después 
se levantó el templo de Coricancha, palacio que estaba en el 
barrio de los Hurincuzcos y que parece que fué la primitiva 
residencia de los reyes incas (1). No es maravilla que Garci- 
laso y todos los otros cronistas nada hayan sabido de estos 
trastornos, puesto que la cautelosa vigilancia imperial pro- 
curó destruir su recuerdo en los anales públicos, y tan bien 
lo consiguió que, según cuenta Cobo, ninguno de los indios 
cuzqueños, ni aun el mismo don Alonso, hijo del príncipe 
Paullu, podía dar cuenta de la causa de esta diferencia en el 
árbol genealógico de los Incas entre monarcas de Hurincuz- 
co y Hanancuzco. No obstante, en Acosta encontramos la 
descendencia de los destronados sinchis 6 curacas de Hurin- 
cuzco: **Tarco Huaman, otro que no nombran y don Juan 
Tambo Mayta Panaca.*' 

Se vé, pues, que la historia de los Incas no es el idilio á 
la vez risueño y grandioso que Garcilaso desarrolla para 
nuestra admiración. Al contrario; abundan en ella, como 
era natural en la historia de un estado despótico y bárbaro, 
las revoluciones, conjuraciones y revueltas. A la muerte de 
cada emperador era inminente una sublevación en las pro- 
vincias conquistadas; y hasta en la misma capital, en la tri- 
bu y parentela incásica. Bien lo muestra el uso de custodiar 
con gente armada la casa del soberano difunto, que todavía 
observaron los indios cuando murió Paullu, el año de 1550, 
como lo cuenta Molina: **Se estuvieron sus indios de guerra 
guardando la casa; y dijeron que era costumbre del Cuzco 
cuando moría el señor natural, porque con la alteración 
de la novedadad no se metiese algún tirano y se enseñorea- 
se de la mujer é hijos del señor, los matase y tiranizase la 
ciudad V el reino." Cieza, las informaciones dé Vaca de 
Castro, y Cabello Balboa, hablan de numerosas rebeliones, 
anteriores algunas á la de los Chancas. Y así tiene que ser. 
Es inadmisible que en los primeros reinados, basta Yáhuar 



(2). — Las Casas, Antiguas j^entes del Pera, cap. VII. — El palacio de 
Collcampata, que la leyenda tiene como ediñcado por Manee Cápac, fué 
probablemente la mansión de los curacas de Hanancuzco, al principio sub- 
ditos de los de Hurincuzco. 



EXAMEN DE LOS COMENTARIOS REALES 7 

Huáccacy Viracocha, no haya ocurrido, como quiere Garci- 
laso, ni una sublevación. 

La materia histórica contenida en la Primera parte de 
los Comentarios reales, ha recibido una triple idealización; 
ó, lo que es lo mismo, una triple alteración: la primera, de 
manos de los propios quipocamayosy oñciales reales, que no 
han podido consignar en los quipos y en los cantares los he- 
chos desfavorables y dañosos al prestigio del trono y de los 
príncipes, que se han visto obligados á disfrazar las faltas v 
á ocultar las usurpaciones y las derrotas, que han formado 
en suma, como ministros del más absoluto de los gobiernos, 
una perfecta historia cortesana; la segunda, de manos de 
los incas parientes de Garcilaso y de los indios en general, 
los cuales, después de la destrucción de la monarquía perua- 
na, se han sentido inclinados, por muy explicable sentimien- 
to, á amar sus leyes é instituciones mucho más desde que las 
habían perdido, y á imaginarlas todavía más suaves y bien- 
hechoras de lo que en realidad fueron; y la tercera, de manos 
de Garcilaso, que inconscientemente ha embellecido también 
el cuadro, llevado del amor á su patria y á su sangre, y del 
encanto que en la senectud ejercen las memorias de la niñez. 
Hay que levantar, con sucesiv'os esfuerzos, estas tres capas 
superpuestas, para descubrir la verdad; (>ero no es empresa 
imposible. De las tres deformaciones dichas que ha padeci- 
do la historia incásica, la primera y la segunda son comunes 
á todos los cronistas sin excepciótn; y la tercera, privativa 
de Garcilaso, es la menos importante y hoy la más fácilmen- 
te reparable con la ayuda de los restantes autores. No sos- 
tenemos que los Comentarios sean una inmaculada fuente 
de la historia de los Incas, ni siquiera que sean la mejor fuen- 
te de ella; sostenemos sólo que es fuente muy valiosa, con 
frecuencia insubstituible, y que es gran ceguedad menospre- 
ciarla y rechazarla. 

Yendo contra la opinión de todos los cronistas anterio- 
res, ha dtinado Garcilaso en el orden de las conquistas de los 
Incas y del paulatino ensanche del imperio. Para él princi- 
pian con Lloque Yupanqui las grandes expediciones guerre- 
ras y se dirigen hacia el Collao. En cambio, para Cieza el 
poderío y las lejanas campañas principian con Viracocha y 



8 REVISTA HISTÓRICA 



Yapanqui Pachacútec; para las informaciones de Vaca de 
Castro, con Cápac Yupanqui; para Betanzos, con Yupanqui 
Pachacútec; y para las informaciones de Toledo, sólo con 
Túpac Yupanqui, padre de Huayna Cápac. Añrman todos 
que antes eran los Incas señores de muy reducidos territorios, 
y textualmente dice Acostar ''El tiempo que se halla por sus 
memorias haber gobernado, no llega á cuatrocientos años 
y pasa de trescientos, aunque su señorío por gran tiempo 
no se extendió más de cinco ó seis leguas al derredor del 
Cuzco.^* Los escritores modernos que acogen esta versión, 
no reparan en la imposibilidad de que en el transcurso de 
sólo tres ó cuatro reinados el minúsculo principado cuzque- 
ño se convirtiera en el enorme imperio de Huayna Cápac. 
Los modestos curacas del Cuzco y de seis leguas á la redon- 
da, ¿cómo y de dónde pudieron obtener ejércitos y recursos 
para conquistar en menos de un siglo casi la mitad del conti- 
nente sudamericano? Si hubiéremos de admitir caso tan sor- 
prendente é inaudito, no habría razón alguna para negar 
crédito á la fábula de Manco Cápac y á cuantas contiene la 
mitología peruana. Al cabo, en la historia vemos que legis- 
ladores y profetas como Mahoma lograron, con artes, aun- 
que menos apacibles, parecidas á las que la leyenda de Gar- 
cilaso presta á Manco, fundar muy extensa» dominaciones; 
pero para que los califas, sus sucesores, ganaran buena par- 
te del mundo entonces conocido, necesitó Mahoma reducir 
primeramente toda la Arabia. Cierto que los Hunos de Ati- 
la y los Tártaros de Gengis Kan y Tamerlán realizaron vas- 
tísimas conquistas con increíble rapidez; pero sus invasiones 
no fueron adquisiciones estables, sino correrías inmensas de 
muchas tribus nómades adventiciamente agrupadas bajo el 
supremo mando de un jefe por el aliciente del botín, en las 
que los guerreros se contaban por centenas de millares; y na- 
da parecido podía salir del reducido distrito del Cuzco. To- 
davía si el resto del país hubiera constituido un solo estado, 
no sería absurdo aceptar que la pequeña nación de los Incas 
hubiera derribado á la clase dominante de ese estado vecino 
y, aprovechándose de la pasividad de los pueblos esclavos, 
se hubiera subrogado en el poder. Así se apoderaron los 
Manchués de la China, Ciro y sus Persas de Media y Babilo- 
nia, y Alejandro y sus Macedonios del Asia. Pero sabido es 



EXAMEN DE LOS COMENTARIOS REALES 



que no era tal la situación del Perú. Desde la caída del im- 
perio megalítico, estaba dividido en infinidad de reinos, 
señoríos y curacazgos, que formaban numerosas confe- 
deraciones más 6 menos poderosas y extensas; y ofre- 
cía aspecto semejante al de Europa en la Edad Media 
ó al de Italia antes de las conquistas romanas. Implica 
completo desconocimiento de las leyes históricas suponer 
que en el corto tiempo que quieren Cieza, Acosta y los otros 
cronistas, los Incas, al principio meros caciques del Cuzco, 
absorbieran la innumerable cantidad de pueblos y tribus 
que se extendía desde Pasto hasta Chile y Tucumán, en el 
espacio de más de mil doscientas leguas. ¿Se concibe acaso 
á Roma como dominadora del orbe antiguo sin lo prepara- 
ción de las dilatadas guerras samnitas y púnicas? Cuales- 
quiera que fueran los residuos de una anterior unidad, que 
indudablemente allanaban el establecimiento de la nueva, 
un imperio tan homogéneo y centralizado como el del Ta- 
huantinsuyu ha sido de seguro obra de un desarrollo gra- 
dual y lento, y ha requerido para su formación, nó el lapso 
de cincuenta ú ochenta años, sino el de dos ó más siglos. 

Garcilaso está, pues, en lo cierto. No es esto decir que 
aceptemos su narración sin reparo alguno. Por las razones 
atrás expuestas, ha de ser narración hermoseada y poetiza- 
da. La sumisión de las diversas provincias no ha podido ser 
tan fácil, ni las batallas han podido ser tan escasas como 
leemos en los Co/nen¿:ar/os. Pero las líneas generales del rela- 
to son muy lógicas y verosímiles. Los incas cuzqueños y sus 
aliados, desde los fabulosos tieinpos de Manco y Sinchi Roca, 
han debido de reducir á los Canchis y á los Canas, en calidad 
de vasallos ó de amigables confederados. Después, las expe- 
diciones se han dirigido á las planicies del Collao. En dos 
reinados sucesivos se conquistan las tierras que rodean el 
Titicaca. Afianzada la dominación en esta parte del Collao, 
expediciones secundarias atraviesan las sierras que encerra- 
ban el naciente imperio, y se dirigen á Moquegua, a Parina- 
cochas y á Arequipa (1). Bajo los reyes posteriores, se agre- 



(1) Libros II y III de la primera parte de los Comentarios. 
2 



10 REVISTA HISTÓRICA 



gan muchas comarcas del lado de Contísuyu, hacia el mar; 
mas la dirección preferida para las ^^uerras y anexiones es 
siempre la del sur. Y es natural que así haya sucedido, no 
sólo porque el antagonismo de raza y el recuerdo de anti- 
guas luchas y expoliaciones, tenía que empujar á los indios 
quechuas ñ la reconquista del Collao; no sólo porque el Co- 
llao es país riquísimo en pastos y ganados; sino también por 
otro motivo importante que expresa Garcilaso: **Por ser 
aquella tierra llana y apacible de andar con ejércitos, se ha- 
llaron bien los Incas en la conquista della, y porfiaron has- 
ta que ganaron todo aquel distnto*' (1). 

Claro que así como no es creíble que el cetro se mantu- 
viera en la misma familia y pasara sin interrupción de pa- 
dres á hijos desde Manco Cápac á Huáscar, y que todos los 
soberanos fueran prodigios de prudencia y bondad, no es 
tampoco creíble que desde el origen del imperio los» pueblos 
atemorizados se rindieran con tan poca resistencia á las ar- 
mas délos Incas. Son éstas las mentiras oñciales de la rela- 
ción histórica que conservaba la familia real peruana y^ que 
trasmitió á Garcilaso. Igualmente es de suponer que no ha- 
3'a escrupulosa exactitud en la atribución de las distintas 
guerras á cada uno de los primeros reyes. La gradación que 
de ellas presentan los Comentarios, es harto simétrica para 
ser verdadera. La tradición ha tenido que olvidar y confun- 
dir muchas cosas. El mismo Garcilaso se muestra en este 
punto algo desconfiado (2); y hasta se contradice en una 
ocasión, porque asegura que al comenzar el reinado de Cá- 
pac Yupanqui se ganaron los valles de Acari, Camana 3' 
Quilca, y luego resulta que se adquirieron al fin del mismo 
reinado, en una campaña dirigida por el príncipe heredero 
Inca Roca (3). Hay que prescindir de estas pequeneces, cu- 
yo recuerdo no ha podido guardarse con fidelidad. Lo que 
importa retener es que en lo substancial de lo tocante al 
principio y á la marcha de las conquistas, tiene razón Garci- 
lazo. Si Lloque Yupanqui y Maita Cápac, Cápac Yupanqui 



(1)— Libro III, cap. XV de la Primera parte de los Comentarios reales. 
(2)— Libro II, cap. XVI, cap. XX; libro III, cap. II. cap. III, cap. V. 
(3)— Libro III, cap. XIII, cap. XVIII. 



EXAMBN DE LOS COMENTARIOS REALES 11 

é Inca Roca hubieran sido tan pacíficos y obscuros como los 
describen otros cronistas, no habrían perdurado tanto sus 
nombres, ni habría subsistido su memoria ante la de sus 
gloriosos sucesores con la intensidad que acredita la relati- 
va conformidad de los autores en cuanto á sus apelativos y 
al orden en que reinaron. El aspecto y carácter de la pobla- 
ción de Puno y Bolivia, en la que tan impreso ha quedado 
el sello de la dominación de los Incas, confirma plenamente 
el sistema de Garcilaso, que le asigna por aquella parte muy 
larga duración, y refuta el sistema de Cieza, según el cual el 
imperio incásico se anexó esos territorios sólo á fines del 
reinado de Túpac Yupanqui (1). 

Se explica muy bien el error de las informaciones del vi- 
rrev Toledo, que dicen: **El dicho Topa Inga Yupanqui fué 
el primero que conquistó y sujetó tiránicamente á todos los 
naturales destos reinos, desde esta ciudad del Cuzco hasta 
las provincias de Chile, y de aquí para abajo hasta la pro- 
vincia de Quito'*. Los indios declarantes no querían dar á 
entender que antes de Tüpac Yupanqui no hubieran existido 
otros incas poderosos y guerreros, puesto que en una de es- 
tas mismas informaciones, hecha en Jauja, se habla de las 
conquistas de Pachacútec, y en otra información, hecha en 
el Cuzco el 17 de Enero de 1572, el licenciado Polo de Onde- 
gardo y los conquistadores Alonso de Mesa, Mancio Sierra, 
Juan de Pancorbo y Pedro Alonso Carrasco juraron que: 
*'habían oído á los indios antiguos del linaje de los Ingas.... 
que Topa Inga Yupanqui, padre de Guayna Cápac, fué el 
primero que por fuerza de armas se enseñoreó de todo el 
Pirú, desde Chile hasta Pasto, recobrando algunas provin- 
cias comarcanas al Cuzco, que su padre Pachacuti Inga ha- 
bía conquistado, que se le habían rebelado,^^ Por consi- 
guiente, no fué Túpac Yupanqui el primer conquistador, ya 



(1). — Cieza acumula en Túpac Yupanqui las conquistas de Yauyos, Ju- 
nín, Bombón, Huánuco, Cajamarca, Chachapoyas, Palta, Huancabamba, 
Cajas, Ayabaca, Cañar, Latacunga, Quito, Tumbes, los estados del Gran 
Chima, rachacámac, Chincha, Huarco, Nazca, lea, todas las Charcas, Chi- 
le hasta el Maule y un gran trozo de la montaña. Si pudiera ser cierto tan 
sorprendente engrandecimiento, habría que declarar á Túpac Yupanqui in- 
mensamente superior á Alejandro Magno y á todos los conquistadores co- 
nocidos. 



12 REVISTA HISTÓRICA 



que se reconoce que Pachacutec había conquistado algunas 
provincias. Resta por averiguar lo que los indios llamaban 
algunas provincias^ y la manera cómo se tradujeron las pa- 
labras de los indios y cómo las entendieron los españoles. 
Para mí no hay duda de que con Pachacutec el imperio ha- 
bía alcanzado ya grande extensión por el sur (1). En el in- 
termedio entre Pachacutec y Túpac Yupanqui (que, como 
hemos de ver, llena el reinado de otro inca) muchas provin- 
cias se sublevaron (2). Fué Túpac Yupanqui quien consi- 
guió someterlas; y los indios del tiempo de don Francisco 
de Toledo, no sabiendo explicarse con claridad, le atribuye- 
ron por completo la conquista de las tierras que no hizo 
sino recuperar. Además, en 1570 ya no po:lía existir nin- 
gún contemporáneo de Pachacutec; los más viejos eran los 
que habían conocido á Túpac Yupanqui; y por debilidad de 
inteligencia y confusión dsí ideas, hacían coincidir el princi- 
pio y grandezas del imperio con sus primeros recuerdos per- 
sonales. Es éste un caso bastante común en pueblos bárba- 
ros y desprovistos de escritura. 

Pero ¿cómo admitir que Cieza, Betanzos, Acosta y en 
consecuencia Ondegardo; escritores todos fidedignos y que 
han tenido las más preciosas ocasiones para averiguar la 
verdad, hayan errado tan groseramente en cuestión de tal 
importancia? Cieza cuenta que el inca Mayta Cápac riñó 
con los Allcavillcas ó Allcahuizas, habitadores de un barrio 
del Cuzco, por una pedradvi que rompió un cántaro de agua; 
V que por esta humilde querella los combatió y sojuzgó. 
Hemos visto repetidas veces que los Allcavillcas se decían 



íl) En las informaciones de Vaca de Castro se confiesa que con Sinchi 
Roca los dominios de los Incas llegaban hasta Vilcanuta, con Cápac Yu- 
panqui hasta Paucarcolla, y con Yáhuar Huáccac hasta el Desaguadero y 
hasta Huancane, por la región de Umasuyu. Todo esto viene en apo3'o de 
Garcilaso. Pero las referidas informaciones yerran cuando, entre monar- 
cas invasores y belicosos, intercalan otros muy pacíficos, como Inca Roca. 
Las naciones guerreras no emprenden conquistas por el mero capricho de 
sus gobernantes, sino porque la guerra es para ellas necesidad social y eco- 
nómica, engendrada por su naturaleza y organización; y no hay suposi- 
ción más improbable que la de que un pueblo esencialmente conquistador 
como el de los Incas, haya interrumpido la serie de sus expediciones bajo 
determinados soberanos. 

(2) La rebelión de muchas provincias con la muerte de Pachacutec la 
atestigua Juan Santa Cruz Pachacuti en su relación. 



EXAMBN DE LOS COMENTARIOS REALES 13 

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descendientes de Ayar Uchú; y no puede dudarse de que has- 
ta Ma3'ta Cápac vivieron en el Cuzco y conservaron una 
semi-independencia, porque lo demuestran de la manera 
más explícita las informaciones de Toledo. ¿Cómo compa- 
ginar estos tumultos de barrios en que interviene el Inca, 
esta capital que ocupan distintas tribus á veces en lucha, 
con la majestad, el poder y las remotas conquistas del May- 
ta Cápac de Garcilaso? Es que los primeros re\-es incas no 
eran, como fueron los últimos, soberanos absolutos de un 
^ran imperio unificado, sino jefes y presidentes de una con- 
federación. Esta confederación comprendía probablemente 
las comarcas del Cuzco, Anta, Urubamba, Andahuaylillas, 
Paruro, Calca, Quiquijana, Canchis, Canas, y tal vez Cota- 
bambas, Aymaraes y Abancay. Las mencionadas provin- 
cias se unían para rechazar las agresiones exteriores, y para 
conquistar el Collao y otras regiones limítrofes; pero en el 
seno de la misma confederación no podían faltar guerras 
particulares y disensiones. Debía de haber entre las tribus 
diferencia de grado, importancia y calidad: vasallas las 
unas y libres confederadas las otras. El primer puesto co- 
rrespondía á la nación de los Incas, establecida en el Cuzco 
y sus alrededores. Algunas tribus incas, representadas en 
la leyenda por los Ayar hermanos de Manco, convivían en 
la misma ciudad del Cuzco con el avilo de Ayar Manco sin 
confundirse con él, como en la antigua Roma los Ticios, 
Ramnes y Luceres, ó los Palatinos y los Quirinos. Ya he- 
mos dicho que á su vez el ayllo de Manco se subdividía en 
Hanancuzcos y Hurincuzcos. El jefe de la tribu de Manco, 
que fué primero el curaca de Hurincuzco y después el de Ha- 
nancuzco, era el presidente de la federación. Cuando á la 
cabeza de las tropas aliadas invadía el Collao ó atravesaba 
el Apurímac, aparecía como un príncipe poderosísimo y te- 
mible; pero en tiempo de paz externa su presidencia tenía 
sin duda mucho de honoraria, 3^ los confederados y vasallos 
podían provocarle guerra A las puertas de su palacio. Su 
posición recuerda la de los emperadores y reyes medioeva- 
les, la de un San Luís ó un Federico Barbarrroja, que acau- 
dillaban la Europa entera contra los Musulmanes, 3^ que, 
sin embargo, en el centro de sus estados se encontraban ro- 



14 REVISTA HISTÓRICA 



oleados de indóciles y peligrosos barones, y á dos pasos del 
castillo de su residencia veían alzarse la altiva torre de un 
señor feudal. Es indispensable acudir á estas comparacio- 
nes, porque la humanidad en todos los países ha atravesa- 
do por idénticas fases de organización social y política. 

Las guerras lejanas robustecieron, como en todas par- 
tes sucede, el poder del jefe de la confederación. La obedien- 
cia militar y el espíritu de subordinación, necesario en las 
conquistas, centralizó el gobierno; y cada campaña remota, 
á la par que ensanchaba el imperio, aumentaba la fuerza de 
los caciques del Cuzco y los elevaba muy por encima de sus 
auxiliares y vasallos. La sumisión de esos feudatarios in- 
dios parece haberse acelerado considerablemente con la di- 
nastía de Hanancuzco; y ya bajo Pachacútec se presentan 
reducidos y obedientes. 

Se concilian, pues, la versión de Garcilaso, y la de Cieza 
de León y los restantes. En las dos hay verdad, aunque 
mucho más en la primera que en la segunda. Cieza, Acosta 
y otros han atendido á la situación interna de los reyes in- 
cas, tal vez porque oyeron de preferencia á los vecinos del 
Cuzco y á los comarcanos, que consideraban las cosas desde 
el punto de vista de la ciudad y sus cercanías. Garcilaso ha 
atendido á la situación externa^ circunstancia extraña en 
un mestizo cuzqueño y de sangre real (al cual se podía su- 
poner enterado sobre todo de la historia íntima y domésti- 
ca), pero debida quizá á esas **relaciones de las particulares 
conquistas que los Incas hicieron en las provincias" que á 
España le enviaron sus condiscípulos (1). 

Tantos indicios quedan en los cronistas de la existencia 
de este primitivo período incásico, que llamaremos período 
feudal, que asombra que nadie haya hablado de él. En el ca- 
pítulo XXXIV del Señorío de los Incas, cuenta Cieza que 
Cápac Yupanqui venció y conquistó á los de Cuntisuyu, y 
qi:.e ellos le prometieron vasallaje y lo reconocieron por se- 
ñor coí230 lo hacían otros pueblos que estaban en ítm amistad. 



(1).— Primera parte de los ComentarioSy libro I,cap. XIX.— Y continúa: 
"Porque cada provincia tiene sus cuentas v nudos con sus historias anales 
y la tradición dellas; y por esto retiene mejor lo que en ella pasó, que lo 
que pasó en la ajena' \ 



EXAMEN DE LOS COMENTARIOS- REALES 15 

— rr rwmm r n r r - - r ~ - - r r i ir i j r -r T r i,i r i_ nr riT ' wi i r r ~ r i i i i r - n- -n - t m ■ r i i - -r i-,ii |- ~ i -i - ti v n 1 " ^ ■ — .-— .. 

De aquí resulta evidente que los Incas no eran ya sólo seño- 
res del Cuzco, sino de otros pueblos que le estaban sujetos 
en calidad de tributarios y vasallos. Más abajo dice Cieza 
que Cápac Yupanqui recibió de paz como confederados á los 
quecbuas de Andahuaylas; y que á la coronación de Inca 
Roca acudió **de muchas partes número grande de gente*'. 
Si los Incas no poseían sino los alrededores del Cuzco, y fue- 
ra de allí eran los curacas independientes 3' no los ligaban 
al Cuzco vínculos de subordinación y vasallaje, ¿qué signi- 
fica ni qué explicación tiene esta pomposa coronación á la 
que acude tan gran muchedumbre, sin duda no por mera cu- 
riosidad sino para rendir homenaje y acatamiento? El mis- 
mo Cieza (á quien cito en primer término, puesto que es au- 
toridad tan respetada), en la vida de un inca Yupanqui, que 
él tiene por sucesor y primogénito de Inca Roca (y que co- 
rresponde al Yáhuar Huáccac de los otros analistas), declara 
que los curacas de Aya marca, de la provincia Cuntisuyu, 
de Vicos y muchos más, eran co. .federados del señor del Cuz- 
co; y refiere que uno de ellos asesinó al inca Yupanqui para 
que no los aventajara á todos en caso de triunfar de los Ha- 
tuncollas, contra los cuales se preparaba el Incaá combatir. 
¿No se revela aquí la existencia de una vasta liga ó federa- 
ción de curacas que llevaba sus expediciones y conquistas 
hasta muy lejos por el lado del Collao, los celos de estos cu- 
racas contra su caudillo, y el convencimiento que abrigaban 
de que las grandes campañas y las adquisiciones de territo- 
rios remotos arruinaban en provecho del general en jefe la 
antigua igualdad de la confederación? 

Continuando en el examen del texto de Cieza, descubri- 
mos que el rey Viracocha somete á confederación á los de 
Calca V á los de Caitomarca,en la otra banda del río de Yu- 
cay. En los hechos de Yupanqui Pachacútec, cuando la inva- 
sión de los Chancas, leemos: **Enviaron [los orejones] mensa- 
jeros por la comarca que todos los que quisiesen venir á ser 
vecinos del Cuzco les serían dadas tierras en el valle, y sitio 
para casas, y serían privilegiados'^ (1). En las palabras trans- 
critas está patente todo lo que hemos dicho de la condición 



(1). — Cieza, Señorío, cap. XLV 



1 6 REVISTA HISTÓRICA 



privilegiada de los ayllos que ocupaban el valle del Cuzco. 
Adelante cuenta Cieza que Yupanqui Pachacútec (que es pa- 
ra él el vencedor de los Chancas) propuso á los Chancas que 
asentaran pacíficamente en el Cuzco y que poblaran con los 
Incas. Por donde se vé cuan frecuente era la costumbre de 
que en el mismo distrito y aun en la misma ciudad vivieran 
varias tribus confederadas. 

En la Suma y narración de Betanzos hallamos que Yu- 
panqui Pachacútec se confedera con los caciques vecinos; en 
la Miscelánea de Cabello Balboa, que por los años de Inca 
Roca todos los alrededores del Cuzco rendían vasallaje á los 
Incas; y, por fin, en Cobo, el siguiente testimonio definitivo, 
que no deja lugar á dudas, y que resuelve la contradición 
entre Garcilaso y Cieza: (1) **Los señores y caciques de los 
pueblos vecinos al Cuzco no estaban sujetos á los Incas, pe- 
ro tenían paz y confederación con ellos de tiempos muy an- 
tiguos; y á esta causa los predecesores de Viracocha, por no 
faltar á la lealtad y fe con que estaban unidos, no se habían 
atrevido á moverles guerra para sojuzgarlos; mayormente 
por no dar ellos ocasión para ello. Por donde, puesto caso 
que el señorío de los Incas se extendía ya á provincias dis- 
tantes del Cuzco muchas leguas, todavía no les reconocían 
vasallaje los sobredichos caciques sus vecinos' \ En este tro- 
zo ha de tomarse el término vasallaje en la acepción de obe- 
diencia absoluta é incondicional, pues claro está que los cu. 
racas confederados reconocían predominio y superioridad 
en quien, como el Inca, retenía para sí todas ó casi todas 
las conquistas hechas en común por las tropas de la liga. 

Si no es insignificante el mérito de Garcilaso en haber 
atinado con el gradual desenvolvimiento de la monarquía 
incásica, no lo es tampoco en haber distinguido las hazañas 
de Viracocha y Pachacútec, confundidas por muchos cronis- 
tas. Para Betanzos, por ejemplo. Viracocha es un rey muy 
afable y pacífico que, acometido intempestivamente por los 
Chancas, desampara la capital. Su hijo mayor y heredero es 
Urco; pero entre sus hijos menores hay uno llamado Yupan- 
qui, al cual se aparece el dios Viracocha y le promete la vic- 

(1). — Bernabé Cobo, Historia del Nuevo Mundo, libro XII, cap. XI. 



EXAMEN DE LOS COMENTARIOS REALES 17 

toria contra los enemigos. Alentado con esta aparición, 
Yupanqui revuelve contra los Chancas y los derrota con ej 
auxilio de escuadrones milagrosos enviados por el dios Vi- 
racocha; regresa triunfante al Cuzco; desposee á su padre y 
á su hermano; 3' se corona con el nombre de Pachacótec. 
La narración es en substancia la que traen los Comentarios 
(1), con la diferencia de que Betanzos llama Viracocha al 
que llama Garcilaso Yáhuar Huáccac, y Pachacútec al que 
Garcilaso conoce por Viracocha; y que el príncipe vencedor 
de los Chancas, que Garcilaso tiene por el legítimo heredero 
del trono, en Betanzos aparece como hermano menor del prín- 
cipe Urco. Betanzos admite también un YáhuarHuáccac, pa- 
dre y antecesor inmediato de Viracocha, de modo que no ha- 
ce sino retrasar .en una generación los mismos sucesos que 
Garcilaso relata. Se comprende por qué ha habido este re- 
traso. Betanzos tradujo literalmente un largo cantar histó- 
rico en loor de Pachacútec; y por eso su estilo es tan bárba- 
ro y extraño, como que es simple traducción de poesías que- 
chuas, casi puede asegurarse que palabra por palabra. Pues 
bien; en la base histórica de estos cantares de gesta perua- 
nos, ha debido de acontecer lo que en la de los cantares de 
gesta de todos los países del mundo; ha tenido que realizar- 
se una verdadera transferencia de tradiciones de personajes 
antiguos y por lo mismo olvidados, á personajes modernos 
y por lo mismo presentes en la imaginación popular. Pa- 
chacútec tué gran conquistador, y ora en persona, ora por 
medio de sus capitanes, redujo muchas naciones del centro 
del Perú y la parte principal de la costa; pero sobre todo fué 
(como su nombre lo dice) gran administrador y legislador, 
semejante (si se me permite comparar una vez más la civili- 
zación incásica con la civilización europea) á los Reyes Ca- 
tólicos y á Felipe II de España, ó á Luis XIV de Francia. 
Su largo y glorioso reinado tuvo forzosamente que apagar 
un tanto los recuerdos del de su padre y antecesor; y los 
poetas y el .pueblo le adjudicaron los hechos de Viracocha, 



(1). — Comentar/os, Primera parte, libro IV, caps. XXI, XXII, XXIII 
y XXIV; libro V, caps. XVII, XVIII, XIX y XX. 

3 



18 REVISTA HISTÓRICA 



del propio modo que en la Edad Media se adjudicaron A 
Cario Magno las leyes de los anteriores monarcas y las 
proezas de los más remotos héroes. 

En Betanzos vemos muy de bulto la causa de la confu- 
sión de la historia de Inca Viracocha con la de Pachacütec; 
pero no es Betanzos el único que ha caído en tal equivoca- 
ción. Lo acompañan, aunque con algunas variantes en los 
detalles. Cieza de León, Juan de Santa Cruz Pachacuti, Ca- 
bello Balboa, Gutiérrez de Santa Clara, Las Casas, Román 
y Zamora, y Acosta que es eco de Ondegardo. Todos ellos 
han debido de inspirarse en cantares históricos (quizá en di- 
ferentes versiones de uno mismo) ó en relaciones orales pro- 
venientes de esos cantares. En cambio, las informaciones de 
Vaca de Castro, como fundadas en los quipos, medio mne- 
raónico mucho menos propenso á alteraciones que la poesía 
de los baraveCy declaran que fué Viracocha y no Pachacíitec 
el vencedor de los Chancas. Es éste un argumento poderoso 
en abono de Garcilaso. No hablan las informaciones de Va- 
ca de Castro de la tan generalizada tradición de la acometi- 
da de los Chancas, que llegan hasta las inmediaciones del 
Cuzco, y de la huida del Inca. Tal vez los quipocamayos 
quisieron encubrir la vergüenza que entrañaban la cobarde 
fuga del Inca y la audacia y pujanza de los Chancas, bien 
fueran éstos subditos rebeldes, como sostiene Garcilaso, 
bien fueran enemigos independientes, como afirman otros 
autores (1). 

Cieza no cree á Viracocha el blando y suave rey que pre- 
senta Betanzbs. Al contrario; lo describe como belicoso y 
aventurero; refiere que penetró en el Collao, para a\^udar al 
curaca Cari contra Zapana; \' unas veces dice que era hijo 
de Yupanqui, el anterior monarca, y otras que era un adve- 
nedizo, al cual tenían algunos por extranjero, aunque Cayo 
Túpac Inca y los orejones aseguraban que fué de pura raza 
cuzqueña. Sospecho por ciertas conjeturas que en este paso 



(1). — Igual silencio sobre la invasión de los Chancas advertimos en Ca- 
l)ello Balboa; pero en él es menos importante, porque su Miscelánea no es 
fuente histórica mtiv de fiar. 



EXAMEN DE LOS COMENTARIOS REALES 19 

de la usurpación atribuida á Viracocha ha habido también 
una transferencia de tradiciones. La usurpación y el consi. 
guiente advenimiento de una nueva dinastía, que en reali- 
dad corresponden á Inca Roca, se han traído á época más 
reciente y se han puesto encabeza de Viracocha. Es muy 
significativo que Cieza coloque el asesinato de Yupanqui, 
antecesor de Viracocha, en el templo del Sol. Dijimos que 
ese templo, actual convento de Santo Domingo, fué el pala- 
cio de los incas de la tribu de Hurincuzco, en cuyo barrio se 
encuentra. Allí debió de morir, asesinado por los insurrec- 
tos, el inca Cápac Yupanqui, último soberano de la dinastía 
de Hurincuzco. La revolución de otro Cápac Yupanqui, que 
Cieza supone contemporánea de Viracocha, debe situarse 
igualmente en el reinado de Inca Roca, y fué una tentativa 
de los Hurincuzcos para recuperar el mando supremo de la 
confederación. **V este pensamiento tenía éste [el rebelde 
Cnpac Yupanqui] porque hallaba favor en algunos de los 
orejones y principales del Cuzco del linaje de los Orencuzcos'^ 
(1). Por otra parte, se hace difícil aceptar que sólo dos cu- 
racas de Hanancuzco hayan ocupado el trono (Inca Roca y 
Y'áhuar Huáccac, que para Cieza es Yupanqui). Si con Vi- 
racocha hubiera ascendido al poder una nueva familia, ha- 
llaríamos señales de este advenimiento, como las hallamos 
de la usurpación de Inca Roca. 

Para resolver la contradicción entre las dos tradiciones, 
la una que atribuje á Viracocha la derrota de los Chancas, 
y la otra que se la atribuye á su hijo Pachacútec, hay histo- 
riadores que acuden al cómodo recurso de atribuírselas á 
ambos, sin ver que así incurren en una manifiesta duplica- 



(1).— Cieza, Señorío de los Incas, cap. XI.— El nombre ó el sobrenombre 
de Cápac Yupanqui se aplica á tantos incas y príncipes de sangre real, que 
produce la más grande obscuridad y confusión. El verdadero nombre del 
caudillo de la rebelión de los Hurincuzcos, pudo ser Tarco Huaman, por- 
que asi llama el padre Cobo al príncipe que encabezó una conjuración con- 
tra su hermano e/ rey Cápac Yupanqui (lo cual acerca mucho dicha conju- 
ración á la época en que verosímilmente debe fijarse la sublevación de los 
Hurincuzcos) y porque el padre Acosta nos conserva el recuerdo de Tarco 
Huaman como el de uno de los más notables de los destronados curacas 
hurincuzcos. Claro que todo esto no es sino un tejido de frágiles hipótesis; 
pero á ellas estamos reducidos en la historia de los Incas, si no nos resig- 
namos á ignorarlo todo. 



•1 



20 REVISTA HISTÓRICA 



cíón de sucesos. El primero que echó mano de tan burdo 
arreglo, parece haber sido el padre Cobo, que reproduce en 
la vida de Viracocha la parte esencial de la narración de 
Garcilaso, y que luego intercala en el reinado de Pachacútec 
una nueva guerra contra los Chancas y la emigración de su 
jefe Ancohuallu. Lorente se inclina á una solución semejante 
(1). Todo el que tenga alguna experiencia de crítica históri- 
ca, advertirá lo inaceptable de tal transacción. Hay que de- 
cidirse por la opinión de Garcilaso, ó por la de Cieza, Betan- 
20S y los demás; pero no repetir en la historia del hijo las 
mismas empresas del padre, y suponer que si Viracocha des- 
tronó á Yáhuar Huáccac, también Pachacútec desposeyó al 
primogénito Inca Urco, regente del imperio por voluntad 
del anciano Viracocha. 

La cuestión debe plantearse en estos términos: ¿quién 
fué el debelador de los Chancas y el salvador del Cuzco, Vi- 
racocha ó Pachacútec? Repárese en que, según el propio Be- 
tanzos y según Acosta, Viracocha tuvo visión del dios de su 
nombre; y en efecto, no se comprende que tomara ese nom- 
bre sino porque el pueblo lo creía familiar y protegido del 
dios. Pero la fábula de la aparición y de la protección divina 
concedida al Inca, no ha podido inventarse sino en momen- 
tos de grande angustia y sumo peligro, como lo fueron pre- 
cisamente los de la invasión de los Chancas. En todas las 
tradiciones la aparición del dios y los milagrosos socorros 
que envía,forman parte integrante de la leyenda de la derro- 
ta de los Chancas y la salvación de la capital, y son su so- 
brenatural explicación. Luego ¿qué es lo más probable: que 
Viracocha, que á los ojos del pueblo era el favorito, como lo 
indica su sobrenombre, del dios defensor del Cuzco en aquel 
terrible trance, haya sido el vencedor de Ancohuallu 3' sus 
chancas; ó que el pueblo le haya supuesto agraciado con 
una revelación divina cu^'O objeto sifi la amenaza de la in- 
vasión no se concibe, y que sea Pachacútec el que haj'a ob- 
tenido la victoria sobre los Chancas, precedida de una nue- 



1^1).— Lorente, Historia de la civilización peruana^ págs. 126 v 132. 



k 



EXAMEN DE LOS COMENTARIOS REALES 21 

va aparición, igual á la de su padre? ¿Quién no reconocerá 
en lo último una evidente duplicación? (1). 

La reconstrucción de la realidad histórica no es en este 
caso muy dificultosa y ardua. En el reinado de Yáhuar 
Huáccac l(»s Chancas acometieron á los Incas y penetraron 
hasta el Cuzco. Es posible que se apoderaran de la ciudad, 
pues Cieza y Betanzos los hacen llegar al arrabal de Car- 
menea. Yáhuar Huáccac huyó, y con él Urco.su hijo primo- 
génito y predilecto. Uno de los hijos menores del rey Yupan- 
qui, logró rehacer el ejército con los contigentes que pro- 
porcionaron los curacas de la confederación; y para intere- 
sar más á los confederados, se puso bajo el particular pa- 
trocinio, no del Sol, dios nacional de los Incas, sino de Vira- 
cocha, adorado por todas las tribus quechuas. ¿Eran tam- 
bién los Chancas pueblos de idioma quechua ó eran pueblos 
de idioma aymará establecidos en las riberas del Apurímac 
3'' del Pampas, resto de las grandes invasiones de los Collas 
en el centro del Perú, 3' después incomunicados desús her- 
manos del Titicaca por el engrandecimiento de la federación 
que presidían los Incas? Si adoptáramos esta ú!tima hipó- 
tesis, tendríamos la explicación de la secular enemistad en- 
tre los Chancas y los Incas y Quechuas propiamente dichos; 
de las huellas de aymará que se encuentran en Ayacucho y 
Huanca vélica; y con la emigración de Ancohuallu alHualla- 



(1).— Cabello Balboa llama sólo Yapanqui al Pachacútec ó Yupanqui 
Pachacútec de todos los otros cronistas. Sostiene que el glorioso título de 
Pachacútec íué impuesto por primera vez á Túpac Yupanqui, padre de 
Huayna Cápac; y desprecia á los autores españoles que creen á Pachacú- 
tec príncipe distinto. La autoridad de Cabello Balboa pesa bien poco. Se- 
guramente, Tópac Yupanqui llevó también el título de Pachacútec, porque 
los sobrenombres ilustres se convierten con frecuencia en común patrimo- 
nio de los sucesores del que primero lo usó. Así como todos los emperado- 
res romanos se intitularon Césares j Augustos, y varios Antoninos, así los 
reyes descendientes del famoso hijo de Viracocha han debido de contar en- 
tre sus apelativos oficiales el de Pachacútec; pero es indudable que uno de 
los monarcas, el mismo que Cabello Balboa denomina Yupanqui á secas, 
ha sido conocido en especial por el nombre de Pachacútec. Según Garcila- 
so. Viracocha quiso que á sí propio lo llamaran Pachacútec, pero no pudo 
lograrlo, porque desde que se le apareció la fantasma, todos sus reinos le 
conocieron por Viracocha; y por esto, impuso al príncipe heredero el re- 
nombre que había deseado tener {Comentarios, Primera parte, libro V, 
cap, XXVIII). La relación no es muy satisfactoria, pero algo de verdad 
puede haber en ella. 



22 REVISTA HISTÓRICA 



ga y al Marañón, de los vestigios que de la misma lengua 
aymará pueden descubrirse en Chachapoyas. Sea como 
quiera, el origen de los Chancas es muy incierto; y su proce- 
dencia colla no pasa de una suposición indemostrable. 

Con el triunfo del príncipe Yupanqui, apellidado 3'a Vi- 
racocha, se hizo imposible la permanencia de Yáhuar Huác- 
cac al frente del gobierno. Viracocha fué aclamado rey; Yá- 
huar Huáccac se vio forzado á abdicar; 3' Urco, que no se re- 
signó á ser desposeído, se sublevó en Canchis y allí fué 
muerto (Cabello Balboa). Para salvar el principio de la le- 
gitimidad, se declaró que Viracocha había sido el hijo ma- 
yor de Yáhuar Huáccac. Al desdichado Urco, que quizá fué 
negligente y remiso, se le imputaron los más feos vicios. 
Posteriormente se condenó su nombre á perpetuo olvido, 
como lo dá á entender Cieza; y por eso Garcüaso no ha sa- 
bido su existencia. Y para explicar la posición secundaria 
que en el reinado de Yáhuar Huáccac ocupaba Viracocha, 
se inventó la leyenda del enojo paterno y del destierro del 
príncipe á Chita. De manera que con Viracocha no se levan- 
ta un nuevo linaje, como podría creerse por el relato de Cie- 
za; pero sí se eleva una rama menor de la dinastía de los 
Hanancuzcos. 

Pachacútec, hijo y sucesor de Viracocha, no fué **de afa- 
ble y suave condición*', como dice Garcilaso (1); .sino, al 
contrario, severo y riguroso. A lo que parece, gustó más de 
reformar y administrar sus reinos desde el Cuzco, que no de 
salir á campaña; y encomendó las conquistas á los prínci- 
pes de su familia. Envió á su hermano Cápac Yupanqui á 
reducir las serranías del centro del Perú; y como lo desobe- 
deciera en la dirección de la guerra, aunque volvió victorio- 
so, lo castigó asperísimamente. Cuentan unos que lo conde- 
nó á muerte, y otros que el mismo Cápac Yupanqui, en vis- 
ta del disfavor del rey se hermano, se suicidó (2). En Garci- 



(1). — Garcilaso, Comentarios. Primera parte, libro VI, cap. XXXIV. 

(2). — Consúltense (^ieza, Cabello Balboa, y las informaciones de Con- 
cepción de Jauja y de Huamanga hechas por mandado del virrey Toledo. 
En Cabello Balboa aparece que otros hermanos del Inca, que con el prínci- 
pe heredero conquistaron la costa, fueron también condenados á muerte; 
pero esta noticia es probablemente una de las infinitas duplicaciones de que 
está plagada la historia incásica. 



EXAMEN DE LOS COMENTARIOS REALES 23 



laso, como era de suponer, no hay rastro de esta desavenen- 
cia entre los miembros de la casa real: ó figuran como un 
mismo individuo el vencedor de los Ruancas, Pumpus, 
Huaillas y Conchucos, y el vencedor de Chincha, Huarco y 
el Chimu, cuando, conforme á lo que hemos dicho, han teni- 
do que ser dos generales distintos. Parece que á ambos 
acompañó Yupanqui, hijo y heredero de Pachacútec. 

Sobre quién fuera este Yupanqui, hijo y heredero de Pa- 
chacútec, hay gran discrepancia entre los cronistas. Cieza, 
Cabello Balboa, Las Casas, y las informaciones de Toledo y 
de Vaca de Castro aseguran que fuéjel propio Túpac Yupan- 
qui, padre de Huayna Cápac; y Garcilaso sostiene que fué 
Yupanqui, padre de Tüpac Yupanqui y abuelo de Huayna 
Cápac. De modo que Garcilaso aumenta con una genera- 
ción y con un reinado la lista de los incas que los autores 
arriba cxpresados»reconocen. Casi todos los historiadores 
modernos siguen la versión de Cieza y de los analistas que 
con él concuerdan en este punto; y hasta Lorente, favorable 
en general á Garcilaso, dice que es muy probable que el po- 
pular cronista haya incurrido en una equivocación (1). Pe- 
ro es el caso que escritores que han bebido en fuentes diver- 
sas de las que han inspirado los Comentarios tratan de un 
inca Y^upanqui que, por el lugar en que colocan, no puede 
ser sino el de Garcilaso. La relación de Santillán, del año 
1572, dice: **Los señores que parece haber sido destos ingas, 
segíín la memoria que hay, son éstos: Pachacoch, Viraco- 
chay, Yupanqui ó Cápac Yupangui, Inga Yupangui, Topa 
Inga Yupanguiy Guayna Cápac, Huáscar Inga, Atabaliba". 
En el texto citado no cabe argüir que el nombre Inga Yu- 
pangui se refiera á los varios incas que lo llevaron, diversos 
del mencionado por Garcilaso, porque precisamente todos 
aquellos á quienes podría aplicarse, están designados por 
sus renombres distintivos: Pachacútec ó Pachacoch, Viraco- 
cha, Cápac Yupanqui y Túpac Yupanqui; y porque es muy 
de notarse que el Inga Yu pangui se encuentre recordado in- 
mediatamente antes que Tíípac Yupanqui j Huayna Cápac. 



(1). — Lorente, Civilización perunna, pág. 115. 



24 REVISTA HISTÓRICA 



No esto todo. El padre Acosta pone entre Pachacútec y 
Huayna Cápac á dos Yupanquis, 3' díx á ambos el título de 
Tápnc (resplandeciente) que, en efecto, como casi todos los tí- 
tulos honoríficos, ha debido de ser común á distintos Incas. 
Henos, pues, á G.arcilaso en muy buena y respetable compa- 
ñía. Aún hay más: Juan de Betanzos, que compuso su Suma 
y narración por el año de 1551, es decir, cuando eran recien- 
tes los recuerdos incásicos; que casó con doña Angelina, hija 
de Atahualpa, y que en consecuencia había de estar mejor en- 
terado déla genealogía imperial que los otros historiógrafos, 
en la Capaccuna 6 lista de los soberanos incas, conque enca- 
beza su relación, inserta, de igual modo que GarciIaso,á Yu- 
panqui entre Pachacútec y Túpac Yupanqui. Después de esto 
¿todavía se sostendrá que el Yupanqui sucesor de Pachacútec 
y predecesor de Túpac Yupanqui no es sir.o un error de Gar- 
cilaso? 

La doctrina de éste recibiría la más alta y expresiva 
confirmación si hubiéremos de leer las declaraciones de Polo 
de Ondegardo para las informaciones del virrey Toledo en 
la forma que pretende Jiménez de la Espada: **Y el dicho li- 
cenciado Polo, demás de lo susodicho, dijo que halló 

la mayor parte [de los cuerpos de los incas], así del ayllo de 
Hanan Cuzco como de Urin Cuzco, y algunos dellos embal- 
samados y tan frescos como cuando murieron; y cuatro de. 
líos, que fueron el Guayna Cápac, Amaro Topa Inga y Pa- 
chcuti Ingciy Yapangui Inga, y á la madre de Guayna Cá- 
pac, que se llamó Mama Ocllo,y los demás, halló enjaulados 
en unas jaulas de cobre, los cuales hizo enterrar secretamen- 
te; 3' con ellos descubrió las cenizas del cuerpo de Topa Inga 
Yupangui\ conservadas en una tínnjuela envuelta en ropa 
rica 3' con sus insignias; porque este cuerpo había quemado 
Joan Pizarro, según oyó, por cierto tesoro que decían que 
estaba con él*' (1). Pero el doctor don Pablo Patrón recti- 



(l). — Tomo X\' I déla Colección de libros españoles raras ó curiosos 
(Madrid, 1882), páginas 255 y 256. Compárele con el capítulo XXIX del 
libro V de la Primera parte de los Comentarios reales. Hay oposición en- 
tre lo que cuenta Garcilaso y lo que cuenta Ondegardo. Garcilaso asegura 
haber visto el cuerpo de Viracocha, que Ondegardo no nombra; y el de Tú- 
pac Yupanqui, (|ue según Ondegardo había sido quemado. Sin duda los 



EXAMEN DE LOS COMENTARIOS REALES 25 

fica el texto leyendo Pacbacuti Inga Yupangui Inga donde 
Jiménez de la Espada lee Pacbacuti loga y Yupangui Inga. 
Patrón prueba su rectificación con palabras de un escrito 
de Ondegardo, en que el licenciado habla de las reales mo- 
mias desenterradas (1). Aunque la colección que el doctor 
Patrón cita abunda de errores, se hace necesario admitir 
que en el pasaje por él alegado el sentido no permite dudar 
de que Polo de Ondegardo tenía por una sola persona á Pa- 
chacutec Inca Yupangui Inca. Esta repetición del apelativo 
Inca para los nombres compuestos de los monarcas, no es 
rara en los cronistas españoles de aquel tiempo. 

De las informaciones de Toledo se deduce con toda evi- 
dencia que Túpac Yupanqui fué hijo de Pachacótec. Garci- 
laso se ha engañado, pues, al aumentar con una generación 
el árbol real de los Incas; pero en lo que no se ha engañado 
ha sido en situar el reinado de un Yupanqui entre el de Pa- 
chacútec y el de Túpac Yupanqui. Ese Yupanqui fué herma- 
nó y no padre de su sucesor Túpac Yupanqui. Como el doc- 
tor P^atrón indica sagazmente, la clave del problema está en 
el Amaru cuyo cuerpo descubrió Ondegardo en medio de los 
de los últimos reyes. 

¿Quién podría ser este Amaru, sepultado entre los incas 
que ciñeron la borla colorada, como si hubiera sido uno de 
ellos? Las informaciones de Toledo dicen que era hermano de 
Túpac Yupanqui (2). Lo mismo dicen el Palentino y Garci- 
laso (3). Juan Santa Cruz Pacbacuti refiere que el inca Pa- 
chacútec abdicó en su primogénito Amaru, el cual también 
renunció el reino, que vino á recaer en Túpac Yupanqui, se- 



españoles no pudieron averiguar con certidumbre cuáles eran los incas ex- 
hu«iiados. Digo esto porcjue las contradicciones no se hallan sólo entre 
Garcilaso y Ondegardo, sino entre otros cronistas que han tratado de las 
tales momias. Para el padre Acosta, verbigracia, que también las vio, el 
cadáver quemado cuyas cenizas se guardaron en una tinajuela, fué el de Vi- 
racocha; y refiere que lo mandó quemar Gonzalo Pizarro {Historia Natural 
libro VI, cap. 20). 'Cobo, con su acostumbrado prtKedimiento de resolver 
las dificultades duplicando los hechos, afirma que tanto el cuerpo de Yira- 
cocha como el de Tüpac Yupanqui fiíeron incinerados. 

(1|.— Patrón, Sucesión de los Incas (Ateneo de Lima, tomo VI). 
— Colección de documentos inéditos de Mendoza Tomo XVII. 

(2). — Colección de libros españoles raros y curiosos, pág. 218. 

Í3). — Diego Fernández de Palancia, Historia del Perú, Cap. \^ del libro 
III. 

— Garcilaso, Comentarios, Primera parte, libro VII. cap. VIII. 

4 



*- 



26 REVISTA HISTÓRICA 



gundogénito de Pachacútec. Y tan cierto es que quedaba 
memoria del corto p^ro efectivo reinado de Araaru, que el 
conquistador Pedro Pizarro escribe que cinco incas ganaron 
el Pcrfi (se refiere sin duda al Bajo Períi, ó sea al centro y al 
norte del Imperio) y que fueron Viracocha, Túpac Inca Yu- 
panqui Pachacuti, Guayna Inga, Amaro Inga y Guayna 
Cápac (1). 

Sobre estos fundamentos, podemos atrevernos á recons- 
tituir la historia, que con fines políticos las tradiciones han 
desfigurado y obscurecido. Por abdicación, ó como es mu- 
cho más probable, por muerte de Pachacütec, subió al tro- 
no el príncipe primogénito y heredero, cuyo nombre íntegro 
fné Amara Túpac Inca Yupanqui. El reino desde la muerte 
de Pachacútec quedó muy alterado y desasosegado por in- 
surrecciones continuas. El nuevo monarca tenía aficiones 
pacíficas, y parece haber carecido de espíritu militar. Garci- 
laso lo llama constantefnente e/ buen inca Yupanqui **por- 
que los suyos le llamaban así muy de ordinario'* (2). Tal 
título revela un carácter más benigno que enérgico. Su 
amor á las obras de paz está patente en las importantes 
construcciones que se le atribuyen: la reparación de la gran 
fortaleza del Cuzco (y nó su edificación como pretende Gar- 
cilaso, pues existía desde mucho antes) y el embellecimiento 
y ornato del templo del Sol. Todas las guerras que en su 
gobierno se emprendieron, fueron desgraciadas. La conquis- 
ta de Chile concluyó con la tremenda derrota que á las ar- 
mas cuzqueñas infligieron los feroces Purumaucas, cuya 
magnitud se descubre á través de todos los disfraces y ate- 
nuaciones de la versión oficial consignada en los Comenta- 
rios, Las expediciones á la montaña contra los Mojos y los 
Chiriguanas, resultaron tan infructuosas como todas las 
tentativas de los Incas por aquella región (3). Con la expe- 



(1). — Relación de Pedro Pizarro en la Colección de Navarretey Baran- 
da (Madrid, 1845), tomo V, pag. 234. 

— Para todo esto consultóse el capítulo XXV de las Antiguas gentes 
del Perú del padre Las Casas. 

(2). — Comentarios. Primera parte, libro YII. cap. XVII. 

(3). — No está demás declarar que lo sustancial de lo narrado por Garci- 
laso en los capítulos XIII, XIV, XV y XVII del libro Vil de la primera 
parte de los Comentarios^ relativo á Ifis jornadas de los Incas en tierra de 



EXAMEN DE LOS COMENTARIOS REALES 27 

dición contra los Mojos aparece íntimamente conexa, tanto 
en Cieza cuanto en Cabello Balboa, una formidable subleva- 
ción del Goliat». Según Cieza, esta insurrección del Collao 
obligó á abdicar al inca Yupanqui (que él confunde con Pa- 
chaca tec). 

Lo verosímil es que alborotados los orejones con el alza- 
miento de los Collas, forzaran á Amaru Yupanqui á renun. 
ciar el mando, para el cual no tenía aptitudes, y dieran la 
borla al hermano del desposeído, el príncipe Túpac Yupan- 
qui, quien había sido tal vez, y nó el manso Amaru, el com- 
pañero y auxiliar de los dos generales que en tiempo de Pa- 
chacutcc redujeron el centro y la costa del Perü. No hizo 
Amaru gran resistencia para la abdicación, y á ello debió 
que se le permitiera pasar el resto de sus días en tranquilo 
retiro (1). 

El reinado de este Amaru Yupanqui ha debido de ser 
breve. No es grave objeción contra su existencia que sus 
descendientes no figuren entre los ayllos imperiales. Desde 
que al caer del trono se desconoció — digámoslo con expre- 
siones modernas— 7a legitimidad de su gobierno^ hasta el ex- 
tremo de que, á juzgar por algunas versiones de los historia- 
dores, en muchos quipos y cantares se decía que era herma- 
no menor de Túpac Yupanqui y no se hacía mención de su 
reinado, no es extraño que no se le concediera avilo especial, 
como tampoco se le concedió á Inca Urco, y que su posteri- 
dad masculina se juntara á la de Pachacútec en la familia 



los Mojos y de los Chiriguanas, se encuentra confirmado, aunque con na- 
turales discordancias de detalles y cronología, en la relación que don Diego 
Felipe de Alcaya, cura de Mataca, presentó al virrey marqués de Montes- 
claros y que se inserta en las informaciones de donjuán de Lizarazu sobre 
el descubrimiento de los Mojos ( En el Archivo de Indias). 

En aquella relación se dice que el Inca comisionó, para la conquista de 
los Chiriguanas, á dos de sus parientes, concediéndoles en calidad de vasa- 
llos y feudatarios el señorío de los territorios que sujetasen. Estos dos 
príncipes fueron desbaratados por una horda de Guaraníes que vino desde 
el Paraguay, 

Garcilaso conviene en que el Inca no se halló personalmente en la cam- 
paña contra los Chriguanas, y en que "envió maeses de campo y capitanes 
de su linaje" {Comentarios, Primera parte, libro VII, cap. XVII). 

(1). — Vid. Las Casas, Antiguas gentes del Perú, Cap. XXV. 



28 REVISTA HISTÓRICA 



llamada Inca Panaca (1). Menos grave es a<5n la objeción 
de Lorente, que consiste en que las empresas atribuidas al 
reinado de Yupanqui riñen con el sistema de conquistas de 
la hábil política imperial^ olvidando por las lejanas y menos 
importantes expediciones á Chile^ Chiriguanas y Mojos, la 
conquista del territorio peruano ya bastante avanzada y 
pendiente en el norte (2). Ante todo, que Amaru Yupanqui 
fuera monarca incompetente, como lo muestra por otra 
parte su obligada abdicación, no es argumento para negar 
su personalidad. Pero la verdad es que la misma objeción 
peca por su base, y que quien la hizo demostró no conocer las 
condiciones del Perú antiguo. Subyugadas las provincias de 
Cajamarca y del Chimu en la época de Pachacótec, lindaba 
el imperio por aquel lado con la provincia de Huacrachucu 
**grande y asperísima de sitio, y de gente en extremo feroz y 
belicosa*' (3); con la de Chachapoyas, cuya fragosidad pro- 
verbial y cuyos valientes habitantes dieron luego tanto que 
hacer á Túpac Yupanqui y Huayna Cápac; con los salvajes 
y caníbales Huancabambas, que vivían ocultos en sus mon- 
tes y cuevas; con los temibles Braca moros, que hicieron huir 
á Huayna Cápac (4); y con los arenales de la costa. ¿No es 
explicable y racional que llegados aquí, antes de intentar 
conquistas de poca gloria y de mucho trabajo, como eran 
las de los pueblos nombrados, y antes de intentar el gran 
esfuerzo de dominar á las naciones que ocupaban la sierra 
del actual Ecuador y que por sus federaciones y alianzas en- 
tre sí podían equilibrar el poderío cuzqueño, convirtieran 
los incas la atención hacia el sur y desearan adquirir el rei- 
no de Chile, vecino del de Tucumán que ya poseían, y que 
principalmente anhelaran con expediciones á la montaña 



(1). — Garctlaso, Comentarios. Primera parte, libro IX, cap. XL. 

"Hubo en ella [Viracocha en Mama Anahuarque] tres hijos: el mayo- 
razgo y subcesor fué Topa Inga Yupangue; los menores fueron Topa Yu- 
pangue y Amaro Topa Inga. I^c estos menores descienden el ayllo llamado 
Jnnacapanaca [sic]". (Informaciones de Vaca de Castro), 

(2). — Lorente, Civilización peruana, pág. 115. 

(3). — Garcilaso, Comentarios. Primera parte, libro VIII, cap. I. 

(4).— Cieza de León dice en la Crónica del Perú: "Y aún los mismos ore- 
jones del Cuzco confiesan que Guaynacapa volvió huyendo de la furia de- 
'llos". 



EXAMEN DE LOS COMENTARIOS REALES 29 

contener y ev itar las incursiones de los salvajes Chunchos y 
Chiriguanas que inquietaban y devastaban las mejores y 
más centrales comarcas, como son las de Yilcabamba, Pau- 
cartambo y Cochabamba? 

El carácter guerrero y conquistador del reinado de Tú- 
pac Yupanqui está fuera de dudas. Túpac Yupanqui dome- 
ñó á los Collas rebelados, aquietó otras muchas provincias 
que se hallaban muy agitadas, y arrebató la última som- 
bra de autonomía á aquellas tribus que en pasados siglos 
Mayta Cápac había expulsado del Cuzco (1). El lauro de 
la conquista de Quito debe compartirse entre Túpac Yupan- 
qui y su hijo maj'or Huayna Cápac. Es muy probable que, 
como añrman Cabello Balboa, Cobo y Santa Cruz Pacha- 
cuti, Túpac Yupanqui muriera dejando á Huayna Cápac de 
poca edad; porque el renombre de Huayna (muchacho ó mo- 
zo) ha debido de imponerse á quien muy temprano subió al 
trono. 

Desde Huayna Cápac las nieblas legendarias se van di- 
sipando en el relato de Garcilaso, y los acontecimientos to- 
man un color histórico y positivo. Las revoluciones, que la 
tradición recogida por Garcilaso oculta siempre en los ante« 
riores reinados, excepto la de los Chancas bajo Yáhuar 
Huáccac, se conñesan en la época de Huayna Cápac: la de 
los Huancavillcas, la de Puna, la de Chachapoyas y la de los 
Caranques. En esta última, que para algunos autores no es 
rebelión sino conquista muy empeñosa y difícil, conviene 
completar la relación de Garcilaso con las de Cabello Bal- 
boa y Santa Cruz Pachacuti referentes á las derrotas del 
Inca y á la deserción de los orejones, aunque separando en 
la de Cabello Balboa lo macho que tiene de novelesca (como 
era de esperar de una Misce/ánea), y en la de Santa Cruz 
Pachai-uti las pueriles exageraciones y las supersticiones 
monstruosas y absurdas que la afean y desnaturalizan. Las 
trabajosas campañas de Huayna Cápac en las tierras de 
Pasto, Caranquey Pasau, que ofrecieron tantos obstáculos 



{\) ,—Iaformaciones de Toledo. Véase la hecha en el Cuíco á 4 de Enero 
de 1572. "Hasta que Topa Inga Vupangui los tomó á sujetar en aquella 
parte á donde se fueron á vivir, por tuerza de armas". 



30 REVISTA HISTÓRICA 



3' tan encarnizada resistencia, demuestran que el imperio ha- 
bía alcanzado sus límites naturales por el norte, del mismo 
modo Que en los reinados precedentes los había alcanzado 
por el este y el sur; que había llegado á su máximo desarro- 
llo; y que se encontraba en situación análoga á la del roma- 
no en tiempo de Augusto óá la del Persa en tiempo de Darío. 

Es curioso descubrir en las páginas de los cronistas las 
calumnias é imposturas con que los bandos de Huáscar y 
Atahualpa procuraron recíprocamente culpar y vituperar á 
sus contrarios. Al paso que Garcilaso es el eco apasionado 
de ¡os rencores de los vencidos, Santa Cruz Pachacuti y Ca- 
bello Balboa nos conservan en sus narraciones las mentiras 
fraguadas por el partido quiteño para desacreditar á Huás- 
car. Lo acusan de impío, ingrato 3' cruel; y Cabello Balboa, 
con su habitual ligereza, toca el último extremo de la invero- 
similitud cuando supone que Huáscar ultrajó á su madre y á 
su esposa por creerlas favorables á Atahualpa, y que vence- 
dor éste, los soldados de Quito humillaron á la cuñada y á 
la madrastra de su señor, las cuales, según acaba de decir el 
propio Cabello, habían sufrido por causa de aquel. Uno de 
los recursos de los de Atahualpa, consistía en proclamar que 
tampoco Huáscar era heredero legitimo, porque no fué su 
madre la primera esposa de Huayna Cápac, Pillcu Huacu, 
llamada por algunos Mama Cusirima3'. Santa Cruz Pacha- 
cuti no vacila en repetirlo y en asegurar que Huáscar hizo 
casará su madre. Mama Rahua Ocllo, con el cadáver de 
Hua3'na Cápac, para legitimarse. Pero la falsedad de todo 
esto era tan enorme 3" tan manifiesta á los ojos de los 
indios, que no podía producir gran efecto; y aun debe de 
haber sido invención posterior á la Conquista. Muy sabi- 
do era, á lo menos entre las clases dirigentes de la nación, 
que muerto de menor edad el príncipe Ninan Cuyut'hi, hijo 
primogénito de Hunyna Cápac (del cual no habla Gar- 
cilaso), la corona por las le\''es incásicas correspondía 
de derecho á Huáscar y nó á otro. Para cohonestar la 
evidente usurpación, propalaron los partidarios de Ata- 
hualpa que su caudillo no era hijo de extranjera, sino de 
concubina cuzqueña. Fingían semejante especie porque efec- 
tivamente lo que más debía de vulnerar las afeccioiií'S dinas- 



EXAMEN DE LOS COMENTARIOS REALES 31 

ticas de la nobleza y de los subditos leales, era la considera- 
ción de que Atahualpa por línea materna provenía de una 
raza distinta de la de los Incas. Acostumbrados estaban, 
como lo hemos probado, á que el estricto orden de sucesión 
se quebrantara y aun á que nuevas familias ascendieran al 
trono (1); pero los usurpadores Inca Roca, Viracocha y Tú- 
pac Yupanqui habían sido de la tribu y sangre incásica, y 
sus madres fueron sin duda cuzqueñas ó naturales de pue- 
blos comarcanos y pertenecientes en consecuencia al cuerpo 
de la antigua confederación. Bastaba eso para que las 
usurpaciones anteriores se reputaran meros trastornos in- 
ternos; )' para que á los ojos de todos, los soberanos arriba 
mencionados se revistieran de una relativa legitimidad. 
Lo que jamás se había visto; lo que tenía que herir el espíri- 
tu de casta, mu\' vivo en la capital y su territorio, era que 
el hijo de una extranjera, nacido y criado en las fronteras 
del reino, comprovinciano y pariente de gentes que acaba- 
ban de reducirse á la obediencia de los Incas y que en conse- 
cuencia eran tenidas todavía como semibárbaras, se apode- 
rara de la augusta borla que hasta entonces sólo habían ce- 
ñido cuzqueños puros. Por eso los del bando de Atahualpa 
ponían ahinco en disipar el recuerdo de su madre la prince- 
sa quiteña, lo suponían nacido en el Cuzco y hasta le daban 
por madre á una india del linaje de Hurincuzco. Se explica 
con facilidad que Santa Cruz Pachacuti y Miguel Cabello 
Balboa, cuyas relaciones provienen de seguro de una misma 
fuente, sistemáticamente hostil á Huáscar, hayan acogido 
tales díceres. Lo raro es que Cieza los prohije con gran fer- 
vor, al propio tiempo que reconoce que á Huáscar asistía 
toda la justicia. Veamos cuáles son las razones que aduce: 
••Lo muestra [ser Atahualpa nacido en el Cuzco] porque 
Huayna Cápac estaba en la conquista de Quito y por aque- 
llas tierras aun no doce años, y era Atahuallpa cuando mu- 



(1). — La frecuencia de estas usurpaciones hizo creer á Zarate que entre 
los Incas no había orden legal de sucesión {Historia del Perú ^ cap. X); y á 
otros autores, que los hermanos heredaban antes que los hijos. Pero la he- 
rencia del primogénito legítimo está atestiguada por la mayoría de los au- 
tores, por la institución de la coya y por el distintivo de la borla amarilla. 



32 REVISTA HISTÓRICA. 



rió de más de treinta años; y señora de Quito, para decir lo 
que ya cuentan que era su madre, no había ninguna, porque 
los mesnios Incas eran reyes y señores de Quito; y Guáscar 
nació en el Cuzco, y Atahuallpa era de cuatro ó cinco años 
de más edad que no él" {Señorío de los Incas, cap. LXIX). 
¡Singular razonamiento, que no honra mucho la lógica de 
Cieza! De que el bastardo Atahualpa fuera ó nó mayor que 
el legítimo heredero, ¿qué conclusión hemos de sacar, favo- 
table ó adversa, á la tesis que Cieza defiende? ¿Por ventura 
no pudo Huayna Cápac regresar al Cuzco después de haber 
engendrado á Atahualpa en Quito, y así nacer Huáscar en 
el Cuzco? Cieza admite tácitamente esta posibilidad, puesto 
que en el capítulo LXV dice: **Unos de los orejones afirman 
que Guaj'na Cápac desde el Quito volvió al Cuzco por los 
llanos" (1). De que los Incas fueran señores de Quito, ¿se 
desprende acaso que los atitiguos señores indígenas á quie- 
nes habían desposeído, no tuvieran descendientes conocidos, 
3' que su parentela se hubiera evaporado? No hay para qué 
entrar aquí en la discusión del crédito que merecen los Sciris 
del padre Velasco (sobre los cuales no dice tina palabra Gar- 
cilaso); pero sea de ello lo que fuere, es muy verosímil y 
aceptable que Huayna Cápac, para congraciarse con sus 
nuevos vasallos, tomara como concubina á una hija del cu- 
raca quiteño. ¿Por qué aseguró con tanta certidumbre Cie- 
za que hacía menos de doce años que Huayna Cápac había 
entrado en Quito, cuando la cronología incásica era para 
todos, incluso para los indios, la cosa más enrevesada y obs- 
cura? ¿No pudieron los indios, al contarle que Huayna Cápac 
hacía menos de doce años que se encontraba en Quito, referir, 
se al último viaje del Inca, después del regreso al Cuzco de 
qué trata el capítulo LXV del Señorío? En este caso la opi- 
nión de Cieza no puede prevalecer contra los testimonios de 
Molina, de las informaciones de Vaca de Castro, de Pedro Pi- 
zarro, de Zarate, de Gutiérrez de Santa Clara y de Gomara; 



(1). — Sin embargo, la hipótesis que he propuesto contradeciría á Garci- 
laso. {juc cree á Atahualpa menor que Huáscar {Coméntanos, Primera 
parte, capítulos I y II del libro IX;. 



EXAMEN DE LOS COMB>!TARIOS REALES 33 






todos los cuales de consuno corroboran la doctrina de Gar- 
cilaso. 

La división del imperio entre Huáscar y Atahualpa por 
voluntad de Huayna Cápac, tal como está en los Comenta- 
ríos, nada tiene de improbable. A este propósito recuerda 
Pí y Margall la frecuencia desemejantes particiones en la 
Edad Media europea. Nosotros citaremos dos ejemplos, 
más pertinentes todavía Que los medioevales de Europa, 
puesto que son de dos estados despóticos cuya constitución 
no deja de presentar analogías con la del Tahuantinsuyu: la 
del imperio romano por Teodosio entre Arcadio y Honorio, 
y la del califato de Bagdad por Harfin-al-Raschid entre 
Amín, Mamún y Motasem. 

No tiene mucho interés averiguar cuál fué exactamente 
la causa ocasional de la contienda entre Huáscar 3' Atahual- 
pa: si fué la pretensión del pleito homenaje ó la posesión del 
Cañar. Lo que importa comprender es que, como suele su- 
ceder en esas circunstancias, estimulaban y sostenían la am- 
bición de los dos reyes hermanos las rivalidades entre los 
subditos de sus respectivos dominios, cuyas enemistades re- 
gionales, que casi podríamos llamar sentimientos áh nacio- 
nalidad, venían á ser un oculto y poderoso factor de la dis- 
cordia. Por eso la guerra fué desde el principio de inaudita 
ferocidad, y por eso los victorios(»s soldados de Atahualpa 
llevaron á su co'.mo el ensañamiento en el Cuzco y preten- 
dieron extinguir la raza de los Incas. Tanto ó más que una 
guerra civil, parece la reacción de los quiteños contra los 
cuzqueños, del norte contra el centro y el sur. Por grande 
que fuera la centralización del gobierno incásico, por mucho 
que las colonias de mitimaes y las vías de comunicación li- 
garan á las provincias con la capital, el imperio, por su mis- 
ma inmensidad, debía tender al fraccionamiento. Quito tan 
lejano, tan importante, tan recientemente conquistado, tan 
favorecido por Huayna Cápac, no podía resignarse á ocu- 
par el secundario puesto de región vasalla. Siempre que se 
presenta una situación parecida, aui entre los pueblos de 
igual raza é igual lengua (como eran los quiteños y cuzque- 
ños), la hostilidad es inevitable, porque está en la naturale- 
5 



34 REVISTA HISTÓRICA 



za de las cosas. Tal fué lo que sucedió con España y Portu- 
gal en la era de los Felipes. 

Puesto que la guerra entre Huáscar y Atahualpa fué la 
explosión de un vivo antagonismo semi nacional, creo de la 
mayor verosimilitud las feroces matanzas que Garcilaso 
cuenta (1), y de ningún fundamento las observaciones que 
contra su relato dirigen en este punto Prescott y Mendibu- 
ru. Atahualpa, cuya índole aviesa y sanguinaria está paten- 
te en la desolación del Cañar y en la ejecución de Huáscar, 
crímenes de que nadie puede eximirlo, no debió de omitir 
medio para aniquilar, ó cuando menos, paralizar y rendir 
por el terror á la aristocracia cuzqueña. Es admirable el 
aplomo con que dijo Prescott y repitió Mendiburu que nin- 
guno de los historiadores primitivos confirma la narración 
de Garcilaso. Si hubieran leído con la debida atención los 
Comentarios^ habrían reparado en que Garcilaso alega en 
su favor á Diego Fernández de Falencia, cuyas textuales pa- 
labras son: **Después que entraron con la victoria en el Cuz- 
co [los de Atahualpa], mataron mucha gente, hombres^ mu- 
jeres y niños; porque, todos aquellos que se declaraban por 
servidores de Huáscar, los mataban. Y buscaron todos los 
hijos que Huáscar tenía, y los mataron, y asimismo las mu- 
jeres que decían estar del preñadas. Y una mujer de Huás- 
car, que se llamaba Mama Huarcay, puso tan buena dili- 
gencia que se escapó con una hija de Huáscar llamada Co3'a 

Cusí Huarcay, que ahora es mujer de [^Sayre Topa Inga 

Hecho esto, y poniendo estos dos capitanes de Atabalipa el 
Cuzco y toda la gente en concierto y razón debajo el mando 
de Atabalipa, volviéronse para su señor llevando preso á 
Huáscar** (2). Ya Lorente advirtió que el relato de Garcila- 
so está confirmado por Cabello Balboa con circunstancias 
agravantes^ como el asesinato en presencia de Huáscar de 
todas sus concubinas, y muchas otras atrocidades (3). El 



(1). — Comentarios reales, Primera parte, libro IX, caps. XXXV, 
XXXVI, XXXVII, XXXVIII y XXXIX. 

(21.— Diego Fernández de Falencia, Historia del Perú, Segunda parte, 
libro III. cap. V. 

(3).— Lorente, Civilización peruana, pÁgina 143, 



EXAMEN DE LOS COMENTARIOS REALES 35 

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licenciado Polo de Ondegardo y los conquistadores Alonso 
de i\Iesa, Mancio Serra de Leguízamo, Juan de Pancorbo y 
Peralonso Carrasco declararon juratoriamente ante el juez 
Gabriel de Loarte y el secretario de la visita Alvar Ruíz de 
Navamuel, que '^entendieron que el dicho Atagualpa, por 
sus capitanes Chalco Chima y Quizquiz, hizo prender y ma- 
tar al dicho Guáscar con toda su generación y decendencia; 
de manera que ningún subcesor le quedó 3' se acabó en él la 
decendencia legítima délos Ingas'* (1). Fabemos que esta 
última aseveración es inexacta, como lo reconoce Garcilaso 
en el postrer capítulo de la primera parte de los Comenta- 
rios; pero por sí misma está probando que las matanzas hu- 
bieron de ser espantosas para que Ondegardo y los primeros 
conquistadores las creyeran un total exterminio de la fami- 
lia regia. Cieza de León, por su parte, dice (2): *'Quizquiz en 
el Cuzco hizo gran daño y mató, según es público, treinta 
hermanos de Huáscar, é hizo otras crueldades en los que te- 
nían su opinión y no se habían mostrado favorables á Ata- 
buallpa^\ Al principio de las informaciones de Vaca de Cas- 
tro se encuentran estas palabras, que copio á la letra: *'Die- 
ron razón que con la venida de Challcochima é Quisquis, 
capitanes tiranos por Atao vallpa Inga, que destruyeron la 
tierra, los cuales mataron todos los quipocamayos que pu- 
dieron haber á las manos y les quemaron los quipos, dicien- 
do que de nuevo habían de comenzar [nuevo mundo] de Ti- 
cciccápac Inga, que así le llamaban A Ataovallpa Inga*\ Si 
tal hicieron con los meros quipocamaj'os, ¿qué no harían 
con los príncipes de la sangre? Estas informaciones de Vaca 
de Castro, tan respetables por su carácter oficial y por ha- 
berse levantado en tiempos muy inmediatos á la Conquista, 
ratifican plenamente todo lo dicho por Garcilaso acerca de 
las crueldades de los de Atahualpa. Ratifican también la 
versión de Cabello Balboa en los siguientes términos: ''To- 
capa Cusí Vallpa, por otro rombre Guáscar Inga, tuvo por 
mujer á Chuqui huipa Coia, ó Coca, la cual fué su hermana, 



(1). — Vid. en las Informnci oncs de Toledo la hecha en el Cuzco el 17 de 
enero de 1 572. 

(2) . — Cieza, Señorío de los Incas^ cap. V. 



36 REVISTA. HISTÓRICA 



y no tuvo más de dos hijos en ella, á los cuales los capitanes 
de AtaoVallpa Inga, que fueron Challcochima é Quisquís, la 
(sic) mataron delante de los ojos del padre, para darle más 
pena, y luego la madre tras ellos" (1). Santa Cruz Pacha- 
cuti, acérrimo atahualpista, confiesa que los generales qui- 
teños hicieron acudir á la familia real y á la nobleza, y la 
cercaron con 6000 hombres; que sacaron á Huáscar mania- 
tado; que Quizquiz mandó mataráloshijos, mancebas y cria- 
dos del pobre prisionero; y que luego Atahualpa, ya preso 
por los españoles, ordenó la muerte de Huáscar y de su ma- 
dre, hijo y mujer con gran crueldad (2). Pedro Gutiérrez de 
Santa Clara trae este pasaje: '^Estando los cuatro capita- 
nes [de Atahualpa] en esta ciudad [del Cuzco] mataron con 
graii crueldad muchos indios principales, muchachos y niños 
de teta, y buscaron todos los hijos y parientes más cercanos 
que el Guáscar allí tenía, á los quales mataron y ahorcaron 
cruelmente con las mugeres que dixeron estar preñadas del. 
Una muger del Inga, llamada Mama Barcay, quando sintió 
estas aceleradas y crueles muertes pusso gran diligencia en 
escaparse con vna hija muy hermosa que tenía del Guáscar, 
llamada Mama Coya Cuxi Barcay, y se fué á esconder á los 
valles de los Andes, que son unas sierras muy ásperas y fra- 
gosas y de mucha nieue*' (3). El padre Molina, de tan gran- 
de y merecida autoridad en la historia incásica, refiere en 
uno de los fragmentos dé su Destruición que han visto la 
luz, que por orden de Challcuchima las tropas de Atahual- 
pa asesinaron á traición á la familia de Huáscar y á muchí- 
simos orejones; describe los suplicios con pormenores repug- 
nantes, como los que trae Garcilaso; y textualmente dice: 
**A las señoras del Cuzco que pudieron haber, mataban; y á 
lasqueestaban preñadas, sacaban los hijos porlosijares, por- 
que este capitán pretendía acabar toda la generación de los 
Ingas''. Pedro Pi^arro, que Prescott asegura haber consulta- 
do en vano sobre estas carnicerías, alude á ellas bien clara- 



(1). —Jiménez de la Espada, Una antigualla peruana, Discurso sobre 
la descendencia y gobierno de los Incas (Madrid 1892). 
(2). — Tres relaciones, pág. 326. 
(3). — Historia de las guerras civiles del Perú, libro III, cap. LI. 



EXAMEN DE LOS COMENTARIOS REALES 37 

mente: "Pues volviendo á los dos españoles que fueron al 
Cuzco, hallaron á Quizquiz en él con no menos crueldades que 
su compañero Challcuchima tenía en Jauja queen enoján- 
dole algún indio le hacía comer tanto ají hasta que moría, 
no obstante otras muertes que daba y había dado á muchos 
capitanes y indios principales de la parte de Guasca r'\ En 
presencia del cúmulo de autoridades que hemos citado, ¿se 
atreverá alguien en lo sucesivo á escribir que la atroz mor- 
tandad de los incas del Cuzco no reposa sino en la palabra 
de Garcilaso? (1). 

Prescott se pregunta: **¿Por qué la matanza, en lugar de 
limitarse á las ramas legítimas del tronco real, se extendió á 
todos los que estuviesen enlazados con él, aun en el grado 
más remoto?*' La respuesta es sencilla; porque la raza de 
los Incas no era sólo el conjunto de los descendientes de 
los reyes del Cuzco; sino algo más: era,— ya lo hemos dicho, 
y el mismo Prescott estuvo á punto de adivinarlo en cierta 
ocasión (2)— un conjunto de tribus qucformaban la clase de 
los orejones] y Atahualpa quería probablemente debilitar 
esa clase, que constituía en realidad el núcleo del partido 
cuzqueño. Todos los orejones, ó á lo menos los de la sobe- 
rana tribu de Manco, se tenían por parientes, porque su 
constitución era la de un clan 6 de una gens, y reposaba por 
consiguiente sobre una vaga y leganísima consanguinidad. 
En este sentido debe entenderse lo que se cuenta de los pa- 
rientes del Inca, y la distinción que establece Garcilaso entre 
los incas con derecho á la sucesión del imperio y los que eran 
incapaces de l¿t herencia (3). Los primeros, que llama tam- 
bién legítimos en sangre, componían la verdadera parente- 
la imperial; los seigundos no sólo eran los bastardos de los 
monarcas, sino todos los individuos de la suprema tribu, 
tanto hurincuzcos como hanancuzcos, á quienes se reputa- 
ba descendientes de Ayar Manco. Fácilmente se compren- 
de que Atahualpa, con el objeto de amedrentar á los cuzque- 
ños y de aminorar sus privilegios é influencia, no redujera la 



(1).— Prescott, Conquista del Pera, libro III, cap. II. 

(2). — En el último párrafo del capítulo I, en el libro I. 

(3} .—Comeataríos. Primera parte, libro IX. cap. XXXVI. 



38 REVISTA HISTÓRICA 



proscripción á la familia real propiamente dicha, sino que 
la extendiera al cuerpo de patricios ó magnates que por 
tradición y confraternidad de origen y sangre era el más ro- 
busto sostén de la causa de la legitimidad. Y no se conten- 
tó con esto, sino que continuó cebándose en los criados de 
la casa real, que eran las tribus inferiores de orejones^ deno- 
minadas por Garcilaso clase de los incas de privilegio, esta- 
blecidas en derredor del Cuzco en espacio de cinco y siete le- 
guas (1). 

** ¿Cómo, prosigue Prescott, si realmente trató Atahual- 
pa de exterminar la raza inca, setenta años después de la 
supuesta matanza existían cerca de seiscientos incas de san- 
gre pura?*\ Porque no logró extinguirla; por la misma ra- 
zón que los jacobinos no lograron extirpar á toda la noble- 
za francesa, ni siquiera á toda la que no emigró; porque ani- 
quilar una raza es empresa casi irrealizable, como el propio 
Prescott observa algunos renglones más arriba. Además, 
aunque la gran mayoría de los orejones siguió, como era 
natural, el partido del Cuzco, no faltaron algunos que, por 
haber acompañado á Huayna Cápac en Quito ó por tener 
mandos y cargos en el norte del imperio, se plegaron á Ata- 
hualpa; y es de suponer que, como en todas las causas des- 
graciadas, no faltarían traidores y tránsfugas que abando- 
naran á Huáscar cuando sus ejércitos principiaron á ser 
vencidos y arrollados por los quiteños. Muchos otros sal- 
varon la vida huyendo ú ocultándose, ó alcanzando perdón 
mediante ruegos é intercesiones de sus parientes 3»^ amigos 
que militaban en las filas contrarias (2). 

*' ¿Por qué incluyó la matanza á las ancianas y donce- 
las, y por qué se les sometió á tan exquisitos tormentos?*' 
Porque de eso 3'' de todo eran capaces soldados bárbaros, 
embriagados por la victoria, seguros de la tolerancia y aun 



(1). — Comentarios. Primera parte, libro IX, cap. XX XIX. 

(2). — "La mesma gente de Atahuallpa, de lástima de ver perecería san- 
gre que ellos tenían por divina, dieron lugar á que se saliesen 3' ellos 

mismos los echaban fuera, quitándoles los vestidos reales y poniéndoles 
otros de la gente común, porque no los conociesen". {Comentarios, Prime- 
ra parte, libro IX, cap. XXXYIII). 



BXAMEX DE LrOS COMENTARIOS REALES 39 

de la aprobación de sus generales. La historia de los impe- 
rios despóticos del Asia, que á trechos se asemeja tanto á la 
del imperio de los Incas, ofrece á cada paso ejemplos de es- 
tas matanzas de serrallos y degüellos de tribus, en que no 
se concede gracia á las mujeres ni á los niños. 

** ¿Por qué se dejó vivir á Huáscar y á Manco; los dos 
hombres de quienes más tenía que temer el vencedor?'* A 
Huáscar se le reservó, no por piedad ciertamente, sino por- 
que, como explica Garcilaso, en calidad de rehén respondía 
con su vida de la de Atahualpa, amenazado de la subleva- 
ción de los cuzqueño3, que podían abrigar la esperanza de 
un desquite. Manco y PauUu no fueron muertos porque lo- 
graron escapar cu dirección al sur, hacia el Coliao y las 
Charcas, á donde, según parece, no tuvieron tiempo de lle- 
gar las huestes de Atahualpa. 

Probada queda, pues, la veracidad de la relación que á 
Garcilaso dieron su madre y su tío don Fernando Huallpa 
Túpac sobre la cruel persecución que de Atahualpa sufrió la 
raza incásica. En cuanto á la superstición que anunciaba 
la venida al Perú de temibles extranjeros, cuya existencia 
niega Prescott (1), no es suficiente motivo para rechazar 
por completo la aseveración de Garcilaso el que se haj^a en- 
contrado igual creencia en Méjico. Ambos países habían re- 
cibido en antiguas épocas grandes emigraciones; y es muy 
creíble que se hubieran transmitido en ellos el recuerdo de 
aquellas invasiones y un confuso temor de que se repitieran. 
Lo de que pensaran que los invasores habían de ser blancos 
y barbados, es más difícil de aceptar, y ha debido de prove- 
nir de lisonja de los indios después de la Conquista ó de la 
mala interpretación de los españoles. Garcilaso dice que la 
profecía de la destrucción del imperio por extranjeros se atri- 
buía al inca Viracocha (2). Si existió, su origen hubo de 
ser muy anterior y pudo nacer en la costa, tan visitada de 
emigraciones marítimas. No cabe duda de que los natura- 
les contaban de Hua\^na Cápac que cuando tuvo nuevas de 



(1). — Historia de la Conquista del Perú, nota del cap. V, libro III. 
{2) .—Comentarios. — Primera parte, libro V, cap. XXVÍIl. 



40 REVISTA HISTÓRICA 



los españoles, se entristeció y auguró guerras y calamida- 
des. Garcilaso cita á este respecto el testimonio de dos ca- 
pitanes viejos, á los cuales alcanzó, llamados donjuán Pe- 
chuta y Chauca Rimachi, y el de los historiadores españo- 
les Gomara y Cieza de León. Éste lo refiere no sólo en la 
Crónica í/e/Pertí (única obra suya que conoció Garcilaso), 
sino en el Señorío de los Incas. También lo refieren las in- 
formaciones de Vaca de Castro. Cuando menos, pues, las 
tales profecías no son mentiras de Garcilaso. El propio . 
Prescott admite que los rumores de la llegada de una raza 
extraña y misteriosa pudieron sembrar la angustia 3'^ la zo- 
zobra entre los indios, é inspirar á Huayna Cápac predic- 
ciones desalentadoras. Tal ha debido de ser el germen de la 
tradición que los españoles hallaron. Prescott y Mendibu- 
ru explican, por lo demás, con mucho acierto las razones 
que impulsaron á los indios á propagar y abultar esa tradi- 
ción: á la vez que los disculpaba de no haber opuesto al prin- 
cipio mayor resistencia á la conquista, halagaba el orgullo 
de los nuevos amos. 

Ya que ha ocurrido nombrar á Mendiburu, haré notar 
que este nuestro erudito compatriota es muy poco indul- 
gente con Garcilaso y que lo hubiera debido ser más para 
no merecer la tacha de ingrato, pues que tanto se aprove- 
chó de él. ** ¿Qué diremos de su inocencia, exclama en una 
ocasión, al contarnos que las enormes piedras de que se for- 
mó el palacio de Tomebamba fueron conducidas desde el 
Cuzco y que se consideraban sagradas como todo lo que era 
de aquella ciudad imperial?" (1). Conviene saber que no 
es Garcilaso el único que ha incurrido en esta inocencia que 
escandaliza á Mendiburu; la comparte con Cieza, quien ha- 
bla de la mencionada tradición en el capítulo XLIV de la 
Crónica del Perú (citado por Garcilaso) y más explícita- 
mente en el capitulo LXIV del Señorío de los Incas: **Tení2:o 
entendido que, por cierto alboroto que intentaron ciertos 
pueblos de la comarca del Cuzco, lo sintió tanto que, des- 
pués de haber quitado las cabezas á los principales, mandó 
expresamente que los indios de aquellos lugares trajiesen de 



(1).— Mendiburu, Diccionario bistór ico-biográfico, tomo I, pág. 380. 

f 



EXAMEN DE LOS COMENTARIOS REALES 41 

las piedras del Cuzco la cantidad que señaló, para hacer en 
Toniebamba unos aposentos de mucho primor, y que con 
maromas las trujiesen; y se cumplió su mandamiento. Y 
decía muchas veces Guayna Cápac que las gentes destos rei- 
nos, para tenellos bien sojuzgados, convenía, cuando no tu- 
viesen qué hacer ni qué entender, hacerles pasar un monte de 
un lugar á otro; y aun áA Cuzco mandó llevar piedras y lo- 
sas para edificios del Quito, que hoy día tienen en los edifi- 
cios que las pusieron'*. Por supuesto, es imposible que todas 
las grandes moles de las ruinas de Tomebamba hayan veni- 
do del Cuzco; pero es muy de creer que, para engrandecer y 
santificar la fábrica, hayan traído algunas piedras desde el 
sagrado suelo de la capital. Este pudo ser el origen de la le- 
yenda. La empresa no era inaudita para el pueblo que ha 
construido sus monumentos con peñascos conducidos á fuer- 
za de brazos desde canterasá veces prodigiosamente lejanas, 
y que rellenó la plaza mayor del Cuzco con arena recogida 
en las arenas del mar. 

En el mismo párrafo á que pertenecen las palabras que 
he analizado, dice Mendiburu: **Garcilaso amplía de por sí 
sus ideas en unas materias, y en otras no advierte que toca 
en lo ridículo al querer dar por ciertas algunas produccio- 
nes redactadas por él mismo, poniendo en boca de sus ma- 
yores, discursos elegantes que nadie pudo haber copiado y 
que él escribe con tanto descanso como si un taquígrafo los 
hubiera estampado'*. Ei verdaderamente intolerable que 
se haga cargo á Garcilaso por haber empleado un recurso 
retórico que usaron casi todos los historiadores hasta el si- 
glo XVIII. Los disensos serán ó no incompatibles con la 
verdad, severidad y majestad de la historia, que esa no es 
ahora la cuestión; pero es una impertinencia maltratar á 
Garcilaso por haberse ajustado á la común costumbre de su 
época. ¿No había leído el señor Mendiburu al padre Maria- 
na y á Solís? ¿No sabía que en el Renacimiento apenas hu- 
bo historiador que se preciara de letrado que no incluyera 
en su obra peinadas arengas para imitar á los maestros del 
género, griegos y latinos? Y téngase en cuenta que, después 
de todo, los discursos de la primera parte de los Comenta- 
rios son generalmente cortos, y que muchos de ellos pueden 
6 



42 REVISTA HISTÓRICA 



reposar en una base tradicional conservada por los quipo- 
camayos (1). ¡Cuánto más ficticios. los de otros cronistas 
incásicos! El padre Cobo, que no por eso deja de ser autor 
estimable, hace pronunciar á Huáscar, antes de la batalla 
de Quepaypa, una alocución harto más imaginaria que las 
de Garcilaso. Nada digamos de las de Cabello Balboa, cu- 
ya Miscelánea sí que es una novela ( y no en manera alguna 
los Comentarios) j aunque compuesta de materiales históri- 
cos muy utilizables, como lo muestra su semejanza con la 
relación de Juan Santa Cruz F^achacuti. Garcilaso jamás se 
hubiera atrevido á insertar en su libro invenciones del gé- 
nero de los cuentos de amores de Curicoillur y Quillaco Yu- 
panqui, y de Efquen Pisan y Chestan Xecfuin; ni á prodigar 
de modo tan alarmante los nombres propios 3' los más pe- 
queños detalles y más nimias circunstancias. Volviendo á 
las arengas, no se encontrará exento de'ellas nial iliterario y 
rudo Cieza de León, el cual trae una en el capítulo XXXV^III 
del Señorío He los Incas, muy inverosímil por cierto, pues en 
boca de un indio vencido, que habla en presencia del Inca, 
pone palabras atrevidas, casi insolentes: no pide perdón por 
la resistencia que él y los suyos han opuesto á las armas de 
los hijos del Sol, sino que explica y disculpa aquella resisten- 
cia. Bien conocida es la humildad y aun la abyección de la 
raza india respecto de sus amos 3'* vencedores, para que no 
resulte absurda en labios de un rendido 3' suplicante la ex- 
presión de los .sentimientos supuestos por Cieza. 

Muchas otras de las inexactitudes que se reprochaii á 
Garcilaso, son déla especie de las que he exami 'ado. Por 
ejemplo: don Marcos Jiménez de la Espada apunta que la 
figura del Sol, según Garcilaso habida 3' jugada por Mancio 
Serra de Leguízamo en el saqueo del Cuzco, pocos meses 
después de la ejecución de Atahualpa, en realidad fué 
ocultada por los indios en las montañas de Vilcabamba, 3' 
que allí la tomaron los españoles cuando la prisión de Tú- 
pac Amaru. Lo cierto es que las dos relaciones son exactas, 



(1 ). — Por su monotonía hacen sospechar que en parte han podido pro- 
venir de una antigua fórmula, repetida en todos los relatos indígenas. 



EXAMEN DE LOS COMENTARIOS REALES 43 



porque se refieren á dos fis:uras diferentes. En el Coricancha 
había varias imágenes del Sol. Una era la efigie que repre- 
sentaba el rostro del dios, hecho de una plancha de oro. De 
ésta dice Garcilaso que tocó á Mancio Serra (6 Sierra) de 
Leguízamo, y la verdad de su aserción se comprueba irrecu- 
sablemente con el testamento del propio Mancio (1). La 
otra era una estatua de oro, de forma humana, llamada en 
especial punchau (el día), adornada con culebras de oro en- 
roscadas en los hombros y cabezas de leones en la espalda y 
entre las piernas; y en cuyo vientre había una cavidad en la 
que se guardaban las cenizas de los corazones de los reyes 
incas. (Vid. Cristóbal de Molina, i?e/ac/dn de las fábulas y 
ritos de los Ingas; y Cobo, Historia del Nuevo Mundo, li- 
bro XIII, cap. V). Esta fué la que se trajo de Vilcabamba 
con Tüpac Amaru. 

Hasta aquí hemos venido dando la razón á Garcilaso, 
porque la tiene en todos los puntos de que hemos tratado y 
porque son injustísimas las inculpaciones que sobre ellos se 
le hacen. Hora es ya de indicar sus errores. 

Es inadmisible su relato de la guerra entre Huáscar y 
Atahualpa, opuesto al de todos los otros cronistas. Lo de- 
bió al anciano Cusi Huallpa, quien seguramente quiso in- 
fundir en su sobrino odio mayor contra Atahualpa, presen- 
tando á éste, no sólo como usurpador y cruel tirano, sino 
como aleve y pérfido que, bajo pretexto de celebrar las exe- 
quias de Huayna Cápac, invadió el Perú y cogió desaperci- 
bido á Huáscar (2). Las cosas han debido de suceder de 
muy diversa manera. El mismo Garcilaso se desdice con- 
fesando que hubo **lances que pasaron en los cpnfines del un 
reino y del otro [Quito y el Perú] entre los capitanes y gen- 
te de guarnición que en ellos había*' (3). Estos lances no 
fueron por cierto insignificantes ni secundarios, pues Cieza 



(1). — "Yo hube la figura del Sol que tenían hecha de oro los Incas en 
la casa del Sol, que agora es convento del Señor Santo Domingo". (Cláu- 
sula duodécima). Publicado en la Revista Peruana^ tomo II, pátf. 258. 

(2^. — Comentarios. Primeraparte, libro IX. caps. XIV, XXXlI, XXXIII 
y XXXIV. 

(3).— Comentarios ^ Primeraparte, libro IX, cap. XXXV. 



44 REVÍSTA HISTÓRICA 



vio en Ambato claras señales de una gran batalla. Por con- 
siguiente, sobre la guerra do los dos hermanos es preciso de- 
sechar la versión de Garcilaso y seguir la de Cieza. Una so- 
la acción, como la de Quepaypa, no basta para explicar la 
sumisión del extenso imperio peruano. La lucha hubo de ser 
larga y dudosa; y la historia de la prisión de Atahualpa era 
algo más que *'una novela*', porque uno de los más antiguos 
escritores asegura que Atahualpa tenía una oreja rasgada 
del tiempo en que había estado prisionero. 

Igualmente es inadmisible que las cojas ha3'an sido siem- 
pre, desde Manco Cápac hasta Huáscar, hermanas de padre 
y madre de sus maridos los reyes incas. El sentido común 
clama que una serie secular de progresivos incestos (puesto 
que cada uno de los esposos reales vendría á ser hijo y nie- 
to, etc., de hermanos) no es posible: después de algunas ge- 
neraciones, la raza se habría esterilizado. Verdad que las 
numerosas usurpaciones que en la historia incásica hemos 
descubierto, atenúan la dificultad indicada; porque Inca Ro- 
ca, fundador de una nueva dinastía, ha llevado al trono 
sangre nueva, y Viracocha y Tápac Yupanqui, hijos meno- 
res de los monarcas, es probable que hayan tenido por ma- 
dres, no á coyas, sino á concubinas pallas. Verdad también 
Que para el Palentino: '*el Inca tenía licencia de casarse con 
sus hermanas, aunque esto no lo hacían cuando entram- 
bos eran de una madre'' (1). Pero ni aun así se puede acep 
tar la constancia y antigüedad del matrimonio entre herma- 
nos en los soberanos incas, porque lo contradicen la mayo- 
ría de los cronistas. Cieza afirma que desde el principio fué 
ley que los incas se casaran c(»n sus hermanas; pero recono- 
ce que Lloque Yupanqui, Mayta Cápac 3^ Y'upanqui toma- 
ron por mujeres á las hijas de los curacas vecinos (Se vé el 
empeño que ponían los incas en atribuir á sus antecesores 
las leyes modernas, para rodearlas del prestigio de lo tradi- 
cional) (2). Los demás analistas explícitamente confiesan 
que las coyas antiguas no fueron hermanas de los incas; y 



(1).— Diego Fernández de Falencia, Historia del Perú, Segunda parte, 
libro III. cap. IX 

(2). — Garcilaso, Comentarios, Primera parte, libro II. cap. IX. 



EXAMEN DE LOS COMENTARIOS REALES 45 



con ma^'^or claridad que todas las otras fuentes, lo dicen así 
las informaciones de Vaca de Castro. En realidad, el matri- 
monio del Tahuantinsu3'u fué endogámico: sólo eran legíti- 
mas las uniones con mujeres de la propia tribu y por consi- 
guiente de la propia parentela, pues cada tribu se considera- 
ba como un solo linaje. Los límites de esta endogamia ve- 
nían á ser muy amplios, porque *'se tenían por parientes to- 
dos los de un pueblo y aun los de una provincia, como fue- 
sen de una nación y una lengua*' (1). Los reyes del Cuzco 
no han debido de tener reparo encasarse con las hijas de sus 
feudatarios, los curacas de las cercanías, desde que todos 
eran orejones^ pertenecían á la raza de los Incas, 3' se trata- 
ban de parientes y hermanos. Bn tal sentido ha de inter- 
pretarse la aserción de que todas las co3'as fueran hermanas 
de sus maridos. Cuando las grandes conquistas 3' la unifi- 
cación del estado redujeron á los curacas on-jones á la con- 
dición de humildes subditos del Inca y levantaron á éste á 
inconmensurable altura sobre los que fueron confederados 
de sus predecesores, principió á aparecer desdeñable la mez- 
cla con toda sangre que no fuera la de la casa real de la tri- 
bu de Manco; y en tiempo de Tíípac Yupanqui, los Incas, en 
el apogeo de su poder y su orgullo, decidieron que la coya ó 
emperatriz, esposa primera y principal, y madre del herede- 
ro debía ser hermana consanguínea del monarca (2). Así 
pues, la institución del matrimonio entre hermanos para los 
re3^es (para los demás estaba severamente prohibido), era 
de origen próximo á la Conquista. Por otra parte, dicha ins- 
titución no carece de precedentes en la historia: bastará re- 
cordar que muchos faraones egipcios fueron hermanos de 
sus esposas. 

(Concluirá) 

José de la Riva Agüero. 



(1). — Garcilaso, Comentfirios. Primera parte, libro ITI, cap. VIH. 
(2).— Vid. Informaciones de Vaca de Castro y la Histona del Nucvt) 
Mundo de Cobo. 






■wV<»>^^ ^'^M^í^^^^*^»^ ^^^n^i'i'r " l^U'l^MM'^ai^'^^r»!'^»"» *■!»■*■■ ^' «»*^I^^>^^^«^—>««W^'''1>»WM>»I^"'*I*I|'«I^«'**I*M» " »I» ■■■ ■ <#W»"* l^»*»« *><■< ■■W>'<^I^^*VI»' 



EL PEDREÑAL QUE FUÉ DE MIGUEL CÓRDOBA 



Señor Director de la Sección Colonia i República del Museo 
Nacional. 

Porque el bandolerismo va floreciendo en haz i en paz, 

**libre de amor, de celo 
de odio, de esperanza, de recelo'*, 

parecióme que auras propicias podrían mui bien remontarlo 
a cojer nidos de águila, i traerlo después a empuñar el co- 
requenque (1) de la moda, i ceñírselo como el mejor sporty 
delante del cual perderían todas sus gracias todos los pelo- 
taris i pilotines, é[ jockey, las turbas del steeple-chase and 
ralley-paper, i los ejercitantes de los demás ejercicios alea- 
torios, jimnásticos, aristo-críticos e hijiérticos. 

A Miguel Córdoba, uno de los escuderos (2) capitanea- 
dos en el Peni porlos bravos Palomo i Fraydia, Chamorro 
i Roso Arce; debo la ocasión de contribuir con ese lejítimo 
pedreñal de bronce, a que el nuevo sport entre en curso, i, a 
poca diligencia, se mude a uno de los palacetes del Paseo 
Colón, desocupando los caminos vecinales, por donde es de 
uso, i se tiene por costumbre, birlar, i mandar a la presen- 
cia de Dios, a todos los incautos que arriesgaron la bolsa i 
la pelleja en la cultura— Agria nacional, con mucho encoji- 
miento de hombro de la Contribución de Predios Rústicos, 



( 1) — Corequenqae. Ave que se cría, -dice Garcilaso,- .en una laguna si- 
tuada al pie del Vilcanota. Dos plumas iguales tomadas de sus dos alas, 
fueron insignia del Inca. 

[2) — Escuderos: cadauno de los que forman una escuadra de forajidos. 




ÉPOCA DB OKBBGOSmoS \ 

Kcdacclún de acuarela de Pan 



EL PEDREÑAL DE MIGUEL CÓRDOBA. 47 

^..■.l. ..I» ..■■,■... I II I I.III......... .^ ...» »......l«. »... .11 I II. ■■! Il-I. I. • ■ . I...... I.l. I.l 

i gran satisfacción de Crevani, Malmborg i La ville de Pa- 
rís, a cuyo cuidado está proveer a la Jendarmeria rural de 
los mejores tarros de unto, los finos botines de charol, los 
altísimos cuellos de dos tapas, i algunos pares de guantes 
de preville, los unos para el paseo i los otros para la visita. 

Si, como es de creer, ese pedreñal de bronce i el abolengo 
que trae, aceleran la afición, no haya miedo de que, cuando 
el bandolerismo sportivo se acuerde de quién fué Roso Arce 
i quién Chacallaza, i desenvaine sus zarpas, i ruja, i se 
lance, i pegue su batida al monte ; no haya miedo, di- 
go, deque los Predios Rústicos de la Cultura-agria nacional, 
i los tarros de unto de la Jendarmeria, no acudan a dar fa- 
vor i ayuda a los mal parados i peor feridos caballeros res- 
tituyéndole sus relojes de oro, sus libras peruanas de lo mis- 
rao, sus monturas i caballos; tal así como fuimos resucita- 
dos, i repuestos en cuanto nos pertenecía, los caballeros que 
tan mala la hubimos en esa de Roncesvalles, i en la otra de 
Atocongo. 

Debo confesar, si tanto es menester, que mucho mas edu- 
cado i entendido parezco en las letras que en las armas; por 
lo que de su peso cae que soi ciego, zurdo, manco i poco vo- 
luntario para manejarlas, i ha de seguirse que no menos lo 
seré para reconocer panoplias, clasificarlas i definirlas. Con 
todo eso, procuraré satisfacer a Ud. en cuanto a que lleve 
décima el negrito, quiero decir que el trabuco vaya al Mu- 
seo con su árbol jenealógico i su partida de bautismo, 
puesto que podrá ofrecerse, allí también, como entre los aso- 
ciados coramvobis, que alguna vez el naipe dé por hacer jus- 
ticia i distinciones entre lejítimos i bastardos, bastardean- 
do a los lejítimos, i lejitimando a los bastardos. 

Atento a la cuenta, digo, pues, que esta pequeña arma 
de. fuego corrió, durante los siglos XYI, XVII i XVIII i 
parte del XIX, por nuestro mundo español i americano 
con nombres varios i aplicaciones diversas, subiendo prime- 
ro de la infantería a la caballería, en los ejércitos reales, i 
del escuadrón a la cofa o gavia de los barcos de guerra, pa- 
ra desplomarse desdeesa honrosa altura hasta la encruci- 
jada \ la cueva de los Míiniferros i Chiquiznaques. Análo- 



48 REVISTA HISTÓRICA 



go destino cupole en Francia e Italia, perdurando en Espa- 
ña como arma clásica del bandolerismo. 

Muí decoroso papel hizo en el año de 1592, durante el 
sitio que Enrique IV puso a la plaza de Rouen; i, no menos, 
en manos de los mamelucos de la guardia de Napoleón 1. 

Prestó en Europa sus últimos servicios militares en las 
acciones de abordaje, junto con las armas blancas. 

En el Perú, i cuando la revolución ajitó los primeros 
veinte años de vida independiente, el pedreñal volvió a la 
guerra, llevado por esas tropas irregulares o bandas indisci- 
plinadas, pero audaces, llamadas montonera. Nuestro ha- 
bilísimo e inculto Pancho Fierro perpetuó el recuerdo del 
casi ilustre montonero Escobar, representándole a la jineta 
i en son de pelea, pedreñal en mano, a punto de jugar su 
gran papel entre las turbulentas facciones de orbegocinos i 
gamarristas. 

Impropiamente solia llamársele esmeril^ nombre reser- 
vado a una pieza de artillería, mayor que el falconete u oc- 
tavo de culebrina. 

Encaro, o carabina de encaro se le llamó en Andalucía, 
a la vez que trabuco; denominaciones tan generíilizadas co- 
mo las de pedreñal j pistolete, tercerola. 

Aun cuando por naranjero se conoció cierto cañón o pie- 
za de artilleria que calzaba balas del tamaño de una naran- 
ja, el mismo nombre se aplicó también a los trabucos. 

Nuestros forajidos se acomodaron mejor con la palabra 
bocón. 

El nombre de pedreñal es, entre todos, el mejor motiva- 
do. Viene, según unos, de piedra, por cargársele con ellas, i, 
según otros, de pedernal, porque con 61, i no con mecha, se 
daba fuego a la carga. En efecto, el golpe de la sílice colo- 
cada en el perro, al caer sobre la batería produce chispas 
que incendiando la cazoleta, determinan el fogonazo. 

Cervantes prefiere este nombre a los demás, en el siguien- 
te pasaje de Do.i Quijote: '* Venía en un poderoso caballo 
** (Roque Guinart), vestida la acerada cota, y con cuatro 



EL PEDREÑAL DE MIGUEL CÓRDOBA 49 

** pistoletes que en aquella tierra se llaman pedreñales, á los 
••lados'' (1). 

Littré admite que la palabra petrinal, aplicada a esta 
arma, viene de la española pedernal, piedra de chispa. Otros 
franceses quieren que la voz poitrine cause el nombre petri- 
nal, por la circunstancia de hacerse la descarga levantando 
el pedreñal a la altura del pecho. 

En Francia se llamó también poitrinal, perríer, espingo- 
le, spingole i tromblon el trabuco de canon de bronce, grue- 
so, corto i de ancha boca, que se disparaba sobre la horqui- 
lla de hierro llamada candelera. 

En italiano se dijo petn'nal, archibuso, terzerolo. En su 
libro Armería antica e moderna di S,M. Cario Alberto (2), 
el conde Vittorio Seyssel iV Aix, describe así las piezas N^ 
1440 i 1441: '*Duc schioppctti, pétrinuls, che erano sp?cie d' 
** arma da fuoco quasi sempre a ruota, ma pifi lunga delle 
*• nostre pistóle usuali, e piíi corta delFarchibuso; la quale 
^* pero aveva cgual forma di quest' ultimo, e che usavasi da 
•' quasi tutta la cavalleria in sul termine del XVI, e per tu- 
•• tto il XVII secólo*'. Refiriéndose a la pieza N*^ 1485, agre- 
ga: *• Es este un pedreñal o mosquete corto, de rueda, con 
*' caja de madera taraceada de marfil i concheperla, i con 
*• chapa cuya cinceladura representa a tres caballeros que 
** están a punto de acometerse. Sobre el canon hai un gue- 
•• rrero cubierto con armadura romana". 

Viene a ser el pedreñal escopeta pequeña mas grande que 
la pistola, arcabuz mas corto que el mosquete, pero de ma- 
3'or calibre. Su cañón de bronce o acero, remata en boca 
cónica que hacia fuera se revuelve a modo de corneta. La 
sección del ánima tanto podia ser circular como elíptica. Se 
le cargaba con piedras, recortadillo, postas o munición 
gruesa, i pólvora que la piedra de chispa inflamaba. La me- 
tralla salía sobre el enemigo en líneas diverjentcs, cubrien- 
do a la llegada, una gran zona que el operador agravaba 
describiendo un pequeño arco de izquierda a derecha, sobre 
su vertical, recostada el arma en el antebrazo. 



il) .--Don Quijote, parte II, cap. IX. 
(2).— Torino, 1840. 

7 



50 REVISTA HISTÓRICA 



Los soldados franceses se lo terciaban sobre el pecho, 
colgándolo de un ancho talabarte. 

En la milicia se le procesó por defecto de puntería, i por 
su corto alcance; demás de que, a poco que se invirtiera la 
boca, se descomponiala carga. Expulsado del ejército, echó- 
se en brazos de los forajidos; jente mas amable, por lo visto, 
que los militares. 

El pedreñal que envío al Museo mide 73 centímetros de 
un extremo al otro. Es de chispa y funciona por el sistema 
de batería, que consiste en una sencilla chapa armada de 
gatillo de tenaza, o perro, cuyas mandíbulas aprietan el pe- 
dernal y caen con él sobre la bateria que cubre la cazoleta o 
pequeño depósito de pólvora, puesto en comunicación con el 
ánima por medio del oido. La chispa del choque produce el 
disparo. La sección del ánima es cónica. Sobre el cañón de 
bronce, que mide 36 centímetros, aparece un letrero grosera 
y graciosamente grabado por manos mucho menos aveza- 
das a las artes del dibujo, que a las del bajamanero, corta- 
bolsas, sacacuartos, matasiete, espeque i turuleque. El tal 
letrero dice: Soí de mi dueño Migel Córdoba, I el tal Mi- 
guel Córdoba fué uno de los finos cachicanes, de los valero- 
sos escuderos con quienes los capitanes Roso, Chamorro i 
Palomo cargaron sobre las ocultas tinajas y petacas del Co- 
loniaje i la Patria nueva, llevándose a mejores arcas diez- 
mos i primicias, censos i capellanías, temporalidades, quin- 
tos del rei, manos muertas, plata labrada, plata de araña i 
plata macuquina. 

Del seno de la tierra suijió, i volvió a la luz del dia, por 
la ribera izquierda del Rimac, aguas abajo, como vamos de 
las Palmas a Monserrate. 

El último sistema de las primitivas armas de fuego, es 
el (le hatería. El primero fué el de mecha, i el segundo el de 
rueda, al cual pertenecen los pctrinals o pedreñales N^ 144u, 
144-1, 1446, 1447 i 1485 a que se refiere el conde Vittorio 
Seyssel d* Aix. 

Dice Cervantes en el capítulo XXII de la primera parte 
ÚQ Don Quijote, que los galeotes eran conducidos por **dos 
** hombres de á caballo y dos de á pié; los de á caballo con 
** escopetas de rueda, y los de á pié con dardos y espadas*'. 



EL PEDREÑAL DE MIGUEL CÓRDOBA 51 

Consistía este sistema en que delante del perro i encima 
de la cazoleta jiraba una rueda acanalada de acero, a im- 
pulso de un resorte que hacia caer, a la vez, sobre ella, el pe- 
rro con su pedernal o silex. La rotación sobre la piedra pro- 
ducía las chispas. La pólvora de la cazoleta ardia. El fue. 

go se propagaba por el oido al ánima del canon, i allá 

van postas. 

Las fechorias un poco andantescas i otro poco miseri- 
cordiosas que practicaron Los beatos de Cabrilla, en Anda- 
lucia, los Cadeíls i Miñones en Cataluña, Testaferro i Pe- 
dro Rocha Guinarda, en toda España, dieron lustre i cele- 
bridad al pedreñal^ trabuco o espingol; con el cual habian 
ellos asaltado tantas veces, los veinte mil ducados que entre 
lanas conducian los entendidos Duques de Estrada, i atre- 
vídose muchas mas, a desafiar a Barcelona i sus Ramones, 
a Lérida i su valeroso guerrero Juan Chico, á Tembleque 
i Madridejos, la Real Casa de Reveque i su custodio Andrés 
de la Calleja. Llegó a tanto la identificación de oficios, co- 
sas i personas, que todo pedreñal había de traer aparejada 
una historia de bandolerismo, una nomenclatura de foraji- 
dos, una relación de crímenes mas o menos vulgares, nove- 
lescos, horrorosos. 

No iba tan descaminado el sentimiento público. Prote- 
jiendo la vida i la propiedad de sus vasallos, las españolas 
majestades diéronse a legislar contra los Niarros de ambos 
mundos, i mui en particular contra los trabucos naranjeros 
1 pedreñales. 

Por pragmática de 1558 prohibió don Felipe II labrar e 
introducir en los reinos de España, arcabuces con cañón me- 
nor de vara, so pena de lo haber por perdido quien lo tuvie- 
re, i de diez mil maravedís para la Cámara de S.M.; porque 
fuéle hecha relación que a causa de haber arcabuces peque- 
ños, con ellos se hacian muertes secretas, matando los hom- 
bres a traición, i que no servian para otro efecto. (Lei 8 tit. 
6, lib. 6. R.). 

En nombre del mismo rei, expidió Su Alteza otra, el año 
de 1591, para que nadie use pistolete que no tenga cuatro 
palmos de vara de cañón, so pena de dos años de destierro, 
de cien mil maravedís, i de perder el pistolete. 



52 REVISTA HISTÓRICA 



La pragmática que don Felipe III dio el año de 1618, 
prohibe de nuevo esos pistoletes i arcabuces, condenando a 
ios contraventores a las penas de muerte, perdimiento de 
bienes, e infamación por alevoso. Previene, ademas, que las 
justicias visiten las Naos para imi)edir su introducción. 

Don Felipe IV confirmó, el año de 1632, sobrecartó i 
aprobó, las pragmáticas anteriores. Dio otra, a 27 de octu- 
bre de 1663, manteniendo la prohibición de pistolas, terce- 
rolas, arcabuces pequeños i carabinas cortas, i abrogando 
todas las excepciones hechas hasta entonces, particularmen- 
te aquellas de que gozaban los marqueses de Cama-rasa i 
los de Pobar, los Guardias de Castilla, los Oficiales délas 
Secretarias de los Consejos de Estado i Guerra, los Asentis- 
tas, Arrendatarios, Guardfis i Ministros de las Rentas Rea- 
les, i los soldados de Levas, Milicias, Armadas i Ejército. 

En la pragmática de 1687. don Carlos II manda guar- 
dar la antecitada, i gradúa las penas según la calidad de 
los contraventores, entre seis años de presidio en África, i 
seis años en Galeras; i en la de 1691 confirma lo ya manda- 
do, e impone doscientos azotes i seis años en Galeras, a los 
arcabuceros i otros oficiales a quienes se sorprendiere fabri- 
cando o aderezando los pistoletes, tercerolas, arcabuces pe- 
queños i carabinas cortas. 

Al reglamentar la vida de los Jitanos, cuidó S. M. de 
prohibirles el uso de las armas cortas de fuego, dentro i fue- 
ra de poblado, so pena de doscientos azotes i ocho años en 
Galeras. 

Don Felipe V confirmó las anteriores prohibiciones, en 
su pragmática de 1713. Las repite don Carlos III en la de 
1761, castigando el uso de pistolas, trabucos i carabinas 
que no lleguen a ]r mares ele vara de eañon^ con seis años de 
presidio i privación de oficio i de puestos honoríficos e inha- 
bilitación para obtenerlos en adelante, si es noble el contra- 
ventor; con seis años de Galeras, si es plebeyo; i con la mis- 
ma pena, más doscientos azotes, si es arcabucero u oficial de 
fábrica donde se hiciesen o aderezaran dichas armas. 

Los caballeros de las Ordenes Militares, capitanes, sol- 
dados, artilleros, criados de la keal Casa, Oficiales titulados 
i Familiares del Santo Oficio, quedaron incursos en las prohi- 



EL PEDREÑAL DE MIGUEL CÓRDOBA 53 



biciones de 1632 i 1663. La pmgmf\tica de 1735 estableció 
el requisito necesario para desaforar a los militares infrac- 
tores. 

Más, como en verdad nada hai encima de la tierra i de- 
bajo del sol, firme, estable i duradero, sino voluble i muda- 
ble, sujeto a cambios i alteraciones, i a la lei, sobretodo, 

de tener principio conocido i acelerado fin ; sucedió que 

don Felipe V comenzó por relajar tanta pragmática i pro- 
hibitiva tensión, concediendo a los Guardas i Visitadores de 
las Renta Reales, el uso de las armas de fuego prohibidas 
(1714-), lo mismo que a los Correos i Conductores de valijas 
(1729). i a los Ministros de la Renta del Tabaco (1739). 

Desde el año de 1716, habian sido repuestos los milita- 
res en el uso de pistolas de arzón y carabinas, en ocasiones 
que rigurosamente se puntualizan, señalan i definen, para 
evitar las infracciones 

Por efecto de su real confianza en la Nobleza, don Car- 
los III la había permitido el uso de las pistolas de arzón, 
bien que manteniendo la prohibición en cuanto a las de cin- 
to, charpa (1), i faltriquera (1761). 

No obstante lo crudo i riguroso de la carrera de vaque- 
ta soportada, nuestro pedreñal remanece en quieta i pacífi- 
ca posesión de las arcabucerías españolas, reclinándose con 
la misma libertad i desenfado en las perchas condales, que 
en el tenebroso vericueto de la extraviada revuelta, donde 
monta la guardia del forajido. 

Lo que efectivamente tuvo virtud para arrancarlo de 
tan contrapuestas manciones, fué el perfeccionamiento de 
las armas. A las de percusión tocó dar dimisorias a las de 
chispa, recomendando sus buenos servicios al Instituto His- 
tórico» i jubilándolas con honores militares i sueldo íntegro. 

Los monarcas, que guardaban la América bajo del ala 
con celos de gallo de cortijo ¡qué habian de tolerar que a la 
guapísima, i no poco avispada doncella, se apropincuase 
ningún trabuco! Allá van leyes. 



(1). — Charpa: especie de tahalí en cuyo extremo hai un pedazo de va- 
queta, o ante, donde se enganchan varias armas de fuego. 



54 REVISTA HISTÓRICA 



Don Felipe II recomienda a los Gobernadores de Indias, 
en 1575, que cuiden de quitar los pistoletes i arcabuses que 
no fueren de medida, por estar prohibido que pasen a In- 
dias, que se tengan, se fabriquen, i se traigan; i manda que 
luego de recojidos, los deshagan. 

Análoga orden se entendió con los Presidentes i Jueces 
Oficiales de la Casa de Sevilla, en lo referente a visita i regis- 
tro de Naos, por entre cuyas cuadernas se escaparon a In- 
dias los susodichos pistoletes i arcabuces menores de mar- 
ca. 

El requisito de licencia para traer a Indias armas ofensi- 
vas i defensivas, quedó establecido desde los años de 1566 i 
1560. 

I, por fin, se rompió la toma, i se metió el rio, quiero 
decir que entraron en América, el Perú i Lima, todos los 
trabucos i pedreñales que hacian de las suyas en España, 
Francia e Italia; i todo entró, hasta la Patría nueva de los 

hijos lejítimos menos la de los bastardos, por tenerla 

aquellos cautiva en razón de no sé qué antigua conchabanza 
que les imputan^ con La Serna, Valdés i Carratalá, tala, ta- 
la. 



Dios guarde á Ud. 



S. D. 
Emilio Gutiérrez de Quintanilla. 

Del Instituto Histórico del Peiij. 



Casa Blanca, a 26 de marzo de 1907. 



^ 



Revista Histókica T. II 



Lámina II 




Vlh QUIPUS DE AnGAKMAKCA 



ALGO SOBRE EL QUIPUS 



Refiriéndose al estudio de los quipus antiguos en el discurso 
que pronunció el doctor Uhle en la Universidad de Pennsylva- 
niaenl897, relativo al estudio de los quipus modernos, que se 
usan aún entre algunos indios déla América del Sur, con refe- 
rencia á los antiguos quipus de la época de los Incas, dice: 

'*La segunda manera por la que podíamos tener es- 
peranzas de aumentar nuestros conocimientos de los valo- 
res puestos antiguamente á los colores, es por un estudio 
completo de los quipus que se usan ahora entre los indios. 
Podemos suponer que se usan en una gran parte del Norte 
del Bolivia, Sur del Perú y quizás en el Ecuador. Me han di- 
cho personas que conocen el interior del Norte del Perú, que 
en los valles elevados de las montañas, los indios guardado- 
res de ganados hacen sus cuentas por quipus muy semejan- 
tes á los de los tiempos antiguos " 

Leído lo anterior é interesado en este asunto, hice las in- 
vestigaciones del caso, y así pude comprobar la verdad de 
lo expuesto por el doctor Uhle, pues el señor doctor Fernan- 
do de Porturas, á quien me dirijí, y que es hacendado de 
Angasmarca en la provincia de Santiago de Chuco, tuvo 
la bondad de enviarme ocho hilos 6 cordones anudados, por 
medio de los cualeslos indios pastores de esefundo, llevan las 
cuentas de sus ganados. Estos cordones son de seis colores 
diferentes; así: dos, de blanco y colorado; dos, de blanco y 
morado; uno, amarillo y blanco; uno, morado y amarillo; 
uno, azul y colorado; y uno, colorado y morado; en la forma 
que se indica en la lámina respectiva (lám. II). 



56 REVISTA HISTÓRICA 



Los nudos que en cada cordón se encuentran, son de di- 
versos tamaños é indican diíe. entes cantidades, así: el pri- 
mer cordón, (blanco y colorado) tiene seis nudos grandes de 
igual taraa^o, constituidos pordiez nudos chicos unidos entre 
sí, que figuran las unidades de millar, ó sea la cantidad de 
mil en cada uno de esos nudos, arrojando en consecuencia 
todos ellos, la suma de seis mil. En este cordón faltan las 
centenas, y las decenas se encuentran indicadas por un nudo 
pequeño 3' aislado, ó sea la cantidad de diez, nudo al que si- 
guen dos pequeños entrelazados, ó sean dos unidades^ su- 
mando, en consecuencia, todo el cordón ó quipus, la cantiáad 
de seis mil doce (6012), es decir, el número de animales de 
que dá cuenta el pastor. 

El otro cordón del mismo color (blanco y colorado) 
a rr oj a 1 a s u m a de: un mil cu /i trocientOi> se te n ta y cinco 
(l^TS) y en él, después de marcadas las unidades de millar 
en la misma forma que la ya descrita en el primer cordón, 
aparecen á continuación, cuatro nudos aislados, de regular 
tamaño, que marcan las centenas, es decir: cuatrocientas, 
siguiendo después siete nuditos^ también aislados, ó sea se- 
tenta, rematando el cordón en un nudo grande formado por 
cinco nuditos entrelazados (cinco) que arroja en todo el qui- 
pus el total que dejo ya expuesto de 1475. 

Enlazados los ocho cordones de diversos colores tal co- 
mo aparece en la lámina, se verá que tiene idéntica aparien- 
cia con el quipus encontrado por el doctor Uhle en Cutusuma 
(Bolivia) (figura 1) quipus existente en el Museo Arqueoló- 
gico de la Universidad de PVnsylvania; pero no así en su in- 
terpretación pues en el quipus de Angasmarca, los hilos c 
cordones no tienen clave alguna y los colores nada signifi 
can (segán lo manifestado por los indios) expresando tan 
sólo todos ellos, diferentes cantidades de ganado, y depen- 
diendo el colorido del gusto del pastoral construir el quipus 
para rendir su cuenta. 

Hay más: el procedimiento empleado para la formación 
de los quipus de Cutusuma y Angasmarca, así como para 
su lectura, es distinto: el primero (como lo describe el doc- 
tor Uhle) consta de tiras blancas de lana de carnero con di- 
visiones en cada hilo de diferente espesor y nudos de diver- 



ALGO SOBRE EL QUIPUS 



57 



SOS tamaños: en el de Angasraarca no existen estas divisio- 
nes, y el color del cordón varía al querer del rindente de la 
cuenta, sin influir en nada para su descifración. Tampoco 
existe en el segundo quipus la formación de cordones con di- 
ferencia en el numero de hilos; y en lo único en que tienen 
completa semejanza ambos quipus, es en la diferencia del ta- 
maño y forma de los nudos para indicar las cantidades. 

El quipus de Angasmarca guarda, pues, así como el de 
Cutusuma, conformidad con la descripción de Garcilaso en 
lo relativo á la formación de los nudos, expresando por su 




Fig 1. — El quipus de Cutusuma 

tamaño y composición, unidades, decenas y centenas, arre- * 
gladas en forma tal, que los números que expresan las can- 
tidades más altas, se encuentran en la parte superior del 
cordón, deduciéndose de aquí su común origen con el quipus 
antiguo. 

Los quipus de que me ocupo, es decir los de Cutusuma y 
Angasmarca, no son sino verdaderos contadores, forma y 
objeto á la que ha quedado reducido el quipus moderno, co- 
mo una degeneración del antiguo, que, en rigor, podía consi. 
derarse como una forma de escritura. 

El quipus moderno, en suma, no viene á ser orta cosa que 

8 



58 REVISTA HISTÓRICA 

una palpable muestra de la falta de instrucción del indio, en 
los lugares donde hace uso de esa forma de ^-ontador, pues 
ignorante de la lectura y escritura, y de los más rudimenta- 
rios conocimientos de la aritmética, se ha visto en la necesi- 
dad de conservar ese sistema empleado por sus antepasa- 
dos, que si bien revela la cultura incásica, no está en armo- 
nía con los progresos de la civilización moderna. 

El quipus antiguo, peruano, uno de cuyos mejores mode- 
los se encuentra en el Museo Ethnólogico de Berlín 
(ñg. 2^ estil constituido por un cordón del grueso de un 
fuerte alambre de unos dos tercios de metro de longitud, col- 
gando de este cordón otros en forma de fleco, y en los que se 



Fig 2.— Quipus antiguo 

encuentran los nudos. Algunos de estos cordones tienen di- 
ferente color, asegurándose que de aquí depende su dis- 
tinta significación y diverso objeto. Estos cordones & veces 
se unen unos con otros, estableciéndose evidentememte re- 
lación entre ellos. Las cifras estdn consignadas por medio 
de nudos sencillos ó complicados: los superiores significan 
las decenas de millar siguiendo después en escala descenden- 
te, los millares, las centenas, las decenas y las unidades. 

La opinión generalmente admitida por diferentes histo- 
riadores, como el padre José de Acosta, fray Bartolomé de 



ALGO SOBRE EL QUIPUS 59 

- I 1 - 1 nr r i --^---^ ■■ ■ n -n- - r -r ir i , , - - r - rrj- i - - i i - - - i n-- n ' 

las Casas, Pedro Sarmiento de Gamboa, el doctor Tschudi, 
Mon. de Nadaillac, Rodolfo Cronau, Garcilaso de la Vega, 
el profesor Bastian, Clemente R. Markham, el señor Larra- 
bure y Unanue, y otros muchos, es la de que los indios llega- 
ron á expresar palabras y conceptos por medio de los cordo- 
nes ó nudos, y en el siglo anterior á la conquista del Perú, 
llegó á alcanzar esta ciencia una gran perfección. 

Pedro Gutiérrez de Santa Clara en su '^Historia de las 
guerras civiles del Perú''; tom. III pág 548. (1544 á 1548) 
dice: **Traen la cuenta (los peruanos) por piedras menudas 
y por ciertos nudos que tienen hechos en unos hilos de lana 
y de algodón que son de muchos y diversos colores, que ellos 
llaman cujrpos, y por esta cuenta tienen en memoria lo que 
se hizo en tiempos passados^ y assí cuentan lo que passó de 
quinientos años atrás y aún de más tiempo. Este género 
de cuypos, son unos ñudos hechos en unos cordones torci- . 
dos y largos, como de una vara, y por ellos contaban los 
días, meses y años, y por esto hacían unidades, centenas, 
millares y cuentos. Assí mismo contaban por estos ñudos 
las sucesiones de los tiempos antiguos y cuántos reyes In- 
gas ubo, y de sus nombres, y cuánto reinó cada uno y qué 
hedad tenía cuando murió y si fué bueno ó malo, y si fué va- 
liente ó cobarde; finalmente lo que se podía sacar de nues- 
tros libros se sacaba de los ñudos de estos cuypos. Ellos 
tenían grandes montones de estas cuentas ó ñudos en unos 
apossentos á manera de registros, como los tienen los escri- 
banos reales en sus archivos, de manera que el que quería sa- 
ber algo, no hacía más de yrse á los que tenían este officio y 
les preguntaban: ¿Qué es lo que passó en los tiempos anti- 
guos entre los Ingas? ¿Cuánto tiempo ha que aconteció es- 
to?; luego mostraba muchos cuypos ó cordones y sacaba de 
entre ellos el que había menester, por el cual y por los ñudos 
daba cuenta y razón de todo lo que le preguntaban; y había 
escuelas de muchachos en donde aprendían estas cosas y 
otras muchas". Antonio de Herrera asegura, que ha habi- 
do indio cristianizado que ha hecho su confesión por medio 
del quipus, al igual que un castellano lo hubiese hecho por 
escrito; y Garcilaso de la Vega, el profesor Bastian, Mon. de 
Nadaillac y Rodolfo Cronau, avanzan hasta el ptmto de dar 



60 REVISTA HISTÓRICA 



sip^iiificación á los diversos colores de los quipus; así afir- 
man: que el color blanco significa plata, paz, el tiempo (día 
que viene); el amarillo, oro; el colorado, guerrero, guerra; 
el verde, muertos en Ja guerra, grano; y así sucesivíimente 
los demás colores. 

Está probado que en el Imperio Incásico existían los 
Amautas (letrados-sabios) que en su calidad de maestros, 
eran losdepositarios déla ciencia, y la trasmitían ásus discí- 
pulos, á la vez que estabm encargados de la enscíianza del 
idioma quechua en todos los dominios del Inca; y que en las 
escuelas, á más de la disertación verbal, hacían explicaciones 
por medio de los quipus. Pero bien se comprende que esta ma- 
nifestación tan imperfecta déla escritura, se encontraba suje- 
t^a á una clave, indispensable para su interpretación, y que 
sólo la poseían determinado número de indios, llamados 
Quipucamayos (traductores ó conservadores de los quipus); 
los cuales iban trasmitiendo esa clave á sus discípulos de un 
modo oral, y éstos la conservaban en la memoria. Desapa- 
reciendo los quipucamayos, evidentemente que la traduc- 
ción de los quipus es imposible, por lo cual no creo que pue- 
dan llegar á traducirse los que existen y los que más tarde 
se encuentren; y no creo, como el doctor Tschudi, que el se- 
creto de esa clave se haya aún conservado y pueda llegarse 
á la descifración del quipus antiguo de los peruanos. 

Los quipucamayos, al igual que los amautas, eran no- 
bles que se ocupaban exclusivamente del estudio y conserva- 
ción de la poca cultura intelectual de los peruanos; estaban 
exentos del trabajo, y eran sostenidos por el Incn, que los 
rodeaba además de muchas consideraciones. La conquista, 
á la par que destruyó los progresos de los peruanos en la 
agricultura, ganadería, hidráulica, etc., no tuvo contempla- 
ción alguna con la Nobleza Inca, que también había sido 
diezmada en la guerra civil sostenida entre los dos últimos 
Emperadores, y aunque los quipucamayos existieron aún 
después de la conquista, lo fueron en poco número y desepa- 
recieron al poco tiempo; y tan cierto es esto, que cuando el 
Gobernador Vaca de Castro envió á Pacaritambo á Juan de 
Betanzos y á Francisco de Villacastín, acompañados del in- 
térprete indio Pedro Calarte, á consultar á los quipucama- 



ALGO SOBRE EL QUIPUS 61 

. ^ 

VOS de ese lugar sobre el origen de la dinastía de los Incas y 
en particular sobre Manco Cápac, fueron muy pocos los qui- 
pucamayos que se encontraron en esa ciudad, en donde, pue- 
de decirse, que había estado establecida la Universidad del 
Imperio Incásico. 

A más de lo expuesto, se explica fácilmente la desapari- 
ción de ese cuerpo profesional, si así puede llamarse, á cau- 
sa de la caída del Imperio, y con éste, de todas sus glorias y 
tradiciones, no habiendo interés, por consiguiente, en conser- 
var recuerdos que no tenían razón de ser y que en nada po- 
dían halagar la imaginación de los indígenas. Agregúese á 
lo dicho, la desaparición de las escuelas y archivos y queda- 
rá perfectamente explicado, que un siglo después de la Con- 
quista, no quedara vestigio alguno de esa curiosa institu- 
ción. 

La forma del quipus antiguo y del moderno es completa- 
mente distinta, no sólo en la posición de las cuerdas, sino 
en la formación de lof nudos, así como también en su colo- 
cación, y esto explica la facilidad que hubiera para la lectu- 
ra de los primeros, siempre que se encontrara la clave res- 
pectiva, es decir, el significado del color, pues este, induda- 
blemente, ha tenido que sufrir muchas variaciones, ó \n que 
es lo mismo, un color con diferentes significados segiün la na- 
rración contenida en el quipus. 

Acá debo hacer notar una especialidad Cjue tiene el qui- 
pus de Angasmarca, 3' es la de que el último nudo que mar- 
ca las unidades simples tiene una forma de puño, 3' está for- 
mado por un número de torceduras en espiral de la cuerda, 
mantenidos juntos por los extremos de ésta que pasan entre 
ellos en uro y otro sentido, representando los más pequeños 
números del sistema decimal, pues cada vuelta especial de la 
cuerda significa una unidad, no pasando nunca el mayor nú- 
mero de estas vueltas de nueve, en lo que está en todo con- 
forme con el quipus antiguo, (fig. 3) 3' con la forma de puño 
(mano cerrada), que hace notar el señor FrankH. Cushing, á 
quien cita el doctor Uhle en su trabajo sobre el quipus de Cu- 
tusuma. 

La existencia de los quipus modernos sólo puede consi- 
derarse á mi ver, como una curiosidad y un recuerdo de lo 



62 REVISTA HISTÓRICA 



que fueron los quipus en el Imperio Incásico; pero no tienen 
ningún valor, ni menos aun pueden servir para aumentar 
nuestros conocimientos de los valores puestos antiguamen- 
te á los colores, y que en esto nos pudieran servir para lle- 
gar á la descifración de los quipus primitivos. Los quipus 
de Cutusuma y Challa no suministran datos para llegar á 
una conclusión de los quipus antiguos, y menos aún el de 
Angasmarca, que queda reducido á un mero contador. 






Fig 3. — Terminación del quipus antiguo 

Cuando el indio pueda tener un libro en la mano y s*ípa 
servirse de él, será elemento de progreso para el Perú; en- 
tonces desaparecerá por completo el uso del cordón con nu- 
dos de que hoy se vale para rendir sus cuentas. 

El quipus moderno tiende, pues, á desaparecer en el Pe- 
rú, en época no muy remota. 



Trujillo. Enero 12 de 1907. 



Enrique de Güimaraes. 



o 



ALGUNAS OBSERVACIONES AL ARTÍCULO PRECEDENTE 



El artículo del señor Guimaraes es una valiosa contribu- 
ción al conocimiento de las varias formas de quipus que to- 
davía están en uso en la Sierra, de las cuales conocemos has- 
ta ahora tres tipos: 1"^, el tipo de la puna del Norte de Soli- 
via (en los Museos de Berlín y San Francisco de California 
hay ejemplares de esos quipus, procedentes de Challa, Titi- 
caca y Cutusuma); 2^, los indicadores del tamaño de las pie- 
zas de jerga de Huaraz; y 3^, los hilos con -nudos que presen- 
ta el señor Guimaraes. Muy útil y conveniente sería dar á 
conocer otras formas de quipus que indudablemente deben 
existir en la Sierra, para lo cual excitamos alas personas que 
se interesen por esta clase de estudios, que envíen ejempla- 
res al Museo Nacional con el objeto de exhibirlos, estudiar- 
los y publicar el resultado de las observaciones que sobre 
ellos se hagan. 

En cuanto á las ideas expresadas por el señor Guima- 
raes en su anterior artículo, voy á permitirme hacer lije- 
ras observaciones sobre algunas de ellas. 

I. — Escritura se llama la reproducción fonética de la pa- 
labra, y nadie podrá afirmar que en este sentido los quipus 
puedan haber expresado escritura. 

IL— Garcilaso, en la Primera parte de los Comentarios 
Reales, lib. VI, caps. VIII-IX, es bastante explícito sobre el 
uso y aplicaciones de los quipus y llama mucho la atención 
el que todas las personas que escriben sobre quipus no to- 
men como base fundamental para sus trabajos las opiniones 
de aquel historiador. Dice Garcilaso que expresaban en quipus 



64 REVISTA HISTÓRICA 



tan solamente aquello que se podía expresar con números. 
De esta manera los quipus servían de substracto mnemotéc- 
nicodecualquiercosa queguardabanenla memoria. Cuando 
de cuentas se trataba, tenían un sistema especial para enten- 
derlas por el orden y color de los hilos (cap. VIII), y cuando 
de tradiciones históricas, asuntos Judiciales ó religiosos, su- 
plementaban los números indicados por los nudos: 

a — por ciertas señales distintivas en los nudos; 

h — pláticas; 

c— cuentos en prosa, y 

^y— versos breves, que todos conservaban en la memoria. 

Expresar números por la cantidad, aunque sea también 
por la forma de los nudos y expresar clases de objetos por el 
color de los hilos y retener todo el resto en la memoria, no 
basta para llamar escritura á los quipus, en lugar de un po- 
deroso auxiliar mnemotécnico. 

III. — Los quipus antiguos no han sido una cosa esen- 
cialmente distinta de los modernos: 

1^ — Porque todos los antiguos eran también un auxi- 
liar mnemotécnico, basado en números; 

2*^ — Porque una grande ó la mayor parte de ellos eran 
contadores, del mismo sistema y de la misma manera de en- 
tenderlos (Garcilaso, cap. VIII), exactamente como se usan 
los quipus modernos, en el Norte de Solivia, por ejemplo. 

Los quipus modernos, especialmente los del norte de Bo- 
livia, son entonces, por decirlo aüí, descendientes directos y 
poco diferenciados de los quipus de contaduría, que forma 
ban la mayor parte de los quipus antiguos. 

Lima, Marzo de 1907. 

Dr. M. Uhle. 



V 4 - < 



INÉDITO SOBRE EL PRIMER TÚPAC AMARU 



Publicamos en seguida un interesante documento inédi- 
to referente á la captura 3' suplicio del Inca Túpac Amaru. 

Fuese que el Virrey don Francisco de Toledo por imitar 
á uno de sus antepasados, que tuvo la fortuna de reducir á 
la vida civil al inca Sayri Túpac, prestando con ello gran 
servicio á la. Corona, como dice el historiador Garcilaso; 
fuese con el propósito de poner fin á los desmanes de los in- 
dios refugiados en Yilcabamba con loa viajeros españoles, ó 
en fin, alentado por la codicia con la esperanza de apropiar- 
se de los tesoros que se suponía conservaba el Inca en su es- 
condite, como afirma el mismo historiador, y que, segura- 
mente es lo cierto, el Virrey se propuso sacar á Túpac Ama- 
na de las montañas, por buenas, si era posible, y si no recu- 
rriendo á medidas extremas. 

Al efecto comisionó al padre dominico Fray Gabriel de 
Oviedo, acompañado de un letrado, para que ofreciese al In- 
ca toda clase de seguridades á nombre del Rey, á fin de que 
se estableciese en la ciudad que le fuese designada. Pero el 
Inca qué sabía lo que valían las promesas de los dominado- 
res y cómo las cumplían, desechó las halagadoras promesas 
del Virrey y se internó en las montañas, dando muerte á los 
emisarios que le habían enviado. Entonces resolvió Tole- 
do recurrir á las armas y al efecto despachó una gruesa ex- 
pedición militar al mando de Martín Hurtado de Arbieto. 

Preso el Inca, se le llevó al Cuzco, se le pusieron capítu- 
los de acusación tan injustos y desatinados como los que se 
habían puesto al desventurado Atahualpa y se le condenó 

al último suplicio. 
9 



66 REVISTA HISTÓRICA 



La Historia, así como ha tributado justiciero elogio á 
Toledo por su sabia legislación, no le ha perdonado este in- 
necesario acto de crueldad, que con tanta dureza le reprochó 
el Rey Felipe II cuando se presentó en la Corte. 

Consérvase este documento en la colección de papeles del 
P. M. Fr. Rafael López, en el valiosísimo archivo del con- 
vento de Santo Domingo de esta ciudad, consta de cinco ho- 
jas y no tiene fecha ni fírma, pero fué escrito por el P. Fr. 
Gabriel de Oviedo, prior que fué del convento de su orden en 
el Cuzco, según se vé por estas palabras: **yo el dicho fr. 
Graviel de oviedo tomé á mi cargo el cathezismo 3' doctrina 
de los que cupieron á nuestra Relixión", 

Por la acción del tiempo, el manuscrito está averiado 
en algunas partes, haciéndose imposible la lectura de unas 
pocas palabras — cuyo lugar hemos llenado con puntos sus- 
pensivos. — Felizmente esos claros son de pequeña exten- 
sión, una ó dos palabras á lo sumo, y no hacen perder el 
sentido del texto. 

C. A. R. 
He aquí la relación del padre Oviedo: 
Relación de lo que subcedió en la ciudad del ctzco, 

CERCA de los conciertos Y BORDEN QUE SU MAGESTAD 
MANDÓ ASENTAR CON EL YNGA TITU CUXIYO PANQÜI Y DEL 
CUSO (SIC) QUE TUVO LA GUERRA QUE EN RAZÓN DE ESTO 
SE L'X HiZO. 

En los 20 de Julio del año 1571 el muy excelente señor 
don francisco de toledo. Virrey de estos Reynos del pirú. 
nipndó llamar á fray graviel de oviedo prior vque) á la 
8a::ón era de la casa de sto. domingo de la dicha ciudad del 
cuzco de la horden de los predicadores, y tracto con él cómo 
por horden de su magestad traía encargado el hacer asien- 
to y dar horden cómo el y^nga que estaba retirado en los an- 
des en la provincia de Vilcabamba saliese de ella de paz; y 
que su magestad pretendía hacerle merced y perdonarle qua- 



INÉDITO SOBRE EL PRIMER TÚPAC AMARÜ 67 

_ , j _- ii I - - 1 n, i ■ - - i m- _ ■ J- I 111 II II i i i nm i ■i .n. m a m u ■ i ' - | -' ' -'■- — ---..-■■- .. -■ .^ 

lesquier daños que uviese hecho á los españoles y que el dicho 

ynga sosiego y bibieseconio cripstiano, como hera razón; 

y^ que para esto le parecía al dicho señor virrey fuese una 
persona eclesiástica de letras y autoridad para que el nego- 
cio la tubiese, 3^ se hiziese mejor lo que su magestad manda- 
ba; y que le parecía que el dicho fray graviel de oviedo lo de- 
bía de hazer por ser persona en quien concurría lo susodi- 
cho y que él escogiese una persona secular, letrado, que fue- 
se en su compañía para que si se ofreciese hacer algunas di- 
ligencias que tocasen al fuero seglar, las hiziese; y así pare- 
ció escoger al Licenciado garcí ríos y aceptando el dicho 
fray graviel de oviedo la jornada la hizo de la manera si- 
guiente: 

Primeramente, le íaeron entregados los conciertos y 
mercedes que el Licenciado castre, governador que fué de 
estos Reinos hazía, en nombre de su magestad, al decho 3'nga 
con la confirmación que traían de españa por los d** su Real 
consejo de yndias y de la Real persona de su magestad. 

Ytem, se le entregó la carta que su magestad escrivía al 
dicho ynga titu cuxi yupanqui, la cual era tan cripstia- 
na y de tales Razones, qual convenía á la bondad de 
tan cripstianísimo príncipe, con ella se le dio un traslado de 
la sustancia de la dicha carta, para que por ella se governa- 
se en los tratos y conciertos que con el dicho ynga avía de 
tener; diósele juntamente la bula de dispensación, que á pe- 
tición de sa magestad se ynpetró,par£i que don phelipe quis- 
pitito, hijo del dicho titu cuxi yupanqui, pudiese casar con 
doña beatriz coya, su prima hermana. 

Ytem, llevó poder bastante del hordinario, el qual le dio 
la Sede Vacante de la yglesia del cuzco, para visitar la dicha 
provincia, predicando, y con ella cierta ynstrución de dicho 
señor virrey donde le dava bastante poder para asentar y 
dar orden en los dichos conciertos, y con estos papeles 3' 
otros que se le entregaron, para el dicho Licenciado Ríos, se 
partieron de la dicha ciudad del cuzco, á los 12 de agosto 
del dicho año. 

En 20 de este llegaron al asiento de guambo, que es de 
los indios de curamba, encomendados en nuyo (Ñuño) de 
mendoga los dichos fr. graviel de oviedo y el Licenciado gar- 



68 REVISTA HISTÓRICA 



cí RÍOS, el qual dicho asiento está dos jornadas de la dicha 
provincia de uilcabamba; y desde allí, á los 22 de agosto, en- 
biaron quatro indios principales del dicho Repartimiento al 
dicho ynga con sus cartas, haziéndoles ber como ellos avían 
llegado allí por mandado de su excelencia, que en nombre 
de su magestad los enbiaba, para tratar con él de lo que 
conbenía á su quietud y cripstiandad y para darle quenta 
de el deseo que su magestad tenía de su bien y que no estu- 
biese en aquellos montes, sino que saliese á tierra de crips. 
tianos, donde viviese como tal y con la comodidad que hera 
razón; y que para tratar de esto viese el borden quma se tu- 
viese, y donde seria bien nos viésenos para hablar en ello, y 
si quería que pasásemos á su tierra que nos embiase yndios 
que aderecen las balsas del Río deacobamba para que lo pu- 
diésemos hazer. 

Los dichos yndios se partieron con este Recado á los 28 
de agosto y estubimos esperando la Respuesta tres sema- 
nas; y bisto que se tardaban enbiamos otros dos yndios que 
baxasen al rrío á saber qué se hazía de los mensajeros que 
habíamos embiado, y tres días después de aber enbiado á 
estos segundos bino el uno de ellos sólo, mal herido en la ca- 
beza y en las manos, y con una lanzada que lo bació de la 
barriga. El qual nos dio nueba que auían muerto los yndios 
del ynga á sus compañeros y que á él le avían querido ma- 
tar sino que se les escapó así mal herido de una piedra. 

Embiamos dos principales y algunos de los cañaris que 
traíamos en nuestra compañía con 50 yndios, para que tru- 
xesen el yndio muerto y biesen lo que pasaba; los que le tru. 
xeron al dicho yndio muerto, y dieron noticia cómo los pri- 
meros mensajeros que auíamos enbiado, auían pasado el 
Río, y no se pudo saber quién fuese los que auían muerto al 
dicho yndio y herido el otro. 

Con esta nueba nos determinamos de baxar al dicho Río 
de acobamba, y así á los tres de octubre del dicho año parti- 
mos del dicho asiento de guanbo, 3^ á los seis del dicho mes 
llegamos al Río con determinación de que si vbiese balsa 
qualquiera que fuese, entrarnos en ella y pasar á la tierra del 
dicho ynga; y bisto que no auía balsa ni cosa en qué poder 
pasar esperamos allí dos días, haziendo de noche hogueras 



INÉDITO SOBRE EL PRIMER TÚPAC AMARU 69 

* ^ -■ r r ■ ■ n -- , -- , ■■■ ----- n bu r - r ■ m i i ■ ■ w ■ \ i \ i i ■ n i ■ ■ ■ - i i . i i " ' J .r r i , , _ . . j l _ .-LrL«_- i .-.nr j i -li m ju -n -i L i u-u-injui-rf 

para que lo biesen los yndios de la otra parte y uiniesen & 
licuarnos, no Respondió nadie á todo esto y así nos vbimos 
de bolber. 

Con este recaudo y mala nueba, los boluimos á la ciu- 
dad del cuzco, donde llegamos á los 18 de octubre; y luego 
su excelencia, para ma3'or justificación, mandó que en lugar 
de yndios fuese por nuestro mensajero un hidalgo que se 11a- 
maua tilano de anaya. El qual era ma3'ordomo del dicho in- 
ga en el cuzco, y con quien tenía contratación y comercio; al 
qual se le mandó fuese por el camino de la puente, que es 
por tanbo, otro camino por donde se uá á la dicha prouin- 
cia de vilcabamba. El qual se partió con cartas nuestras y 
con ynstruciones de su excelencia, y que si hallase aliada la 
puente la hiziese él con dos (ó con los) yndios comarcanos y 
no parase hasta dalle las cartas al dicho ynga. 

Partió el dicho tilano de anaya y llegó á la prouincia y 
halló en ella yndios del ynga que le estañan esperando de 
paz, al parecer, y así le Recibieron con muestras de mucha 
alegría dos capitanes del dicho ynga con hasta 30 yndios 
que trayan consigo; y media legua de la puente, estando el 
dicho anaya ^n su toldo le 9ercaron y le dieron de lanzadas 
hasta que le mataron y hecharon su cuerpo por una barran- 
ca del Río abaxo, y maniataron losyndios que lleuaua con- 
sigo el dicho anaya, y de ellos se escapó uno que bino con la 
nueba al cuzco (1). 

Visto por el señor virrey la muerte del dicho anaya y 
aueriguando ser así verdad, auido sobre ello consejo y pare- 
cer de algunas que allí se hallaron, Domingo de Ramos de el 



(1). — Tilano de Anaya, vecino del Cuzco, fué casado con doña Juana 
Machuca y de su matrimonio dejó varios hijos, el mayor de los cuales lla- 
mábase Bartolomé de Anaya. Vista la pobreza en que quedaron la mujer 
é hijos de Anaya á su muerte, el Virrey Toledo se preocupó de aserrarles 
la subsistencia, asignándoles una reata anual de 500 pesos en la Real Ca- 
ja del Cuzco, por provisión de 9 de octubre 1572. 

Posteriormente Toledo dictó otra provisión en 20 de junio de 1578 
elevando esa asignación á 812 pesos, 6 tomines y 6 gramos é imponiéndo- 
la sobre los tributos del repartimiento de Huaynacota. Esta merced había 
de gozarla por sus días la viuda de Anaya. y á su muerte, también vitalicia 
su hijo mayor Bartolomé de Anaya. 

Véanse estas provisiones en el tomo I de nuestra Revista de Archivos y 
Bibliotecas Nacionales. 



70 REVISTA HISTÓRICA 



año de 72, mandó pregonar la guerra contra el dicho ynga, 
prometiendo mercedes á los que lo prendiesen. 

La guerra se hizo y fué señalado por general, martín 
hurtado de arbieto, vecino d?la dicha ciudad del cuzco, y por 
capitanes martín de meneses, don antonio pereira, El capi- 
tán martín garcía de loyola, cauallero de la horden de cala- 
trava; por capitán de artillería, hordoño de valenzuela, ve- 
cino déla ciudad délos rreyes(l) y por maese de campo juan 
álvares maldonado, vecino deUi dicha ciudad del cuzco, estos 
fueron por el camino de acobamba, que es el camino por 
donde nosotros fuimos, se enbió otra capitanía de gente con 
gaspar de sotelo, vecino de la dicha ciudad, los quales licua- 
ron por ynstrución de su excelencia, que, sin que el ynga lo 
entendiese, antes que se le hiciese guerra, saliese de paz, lo re- 
cibiesen y le diesen toda seguridad de parte de su magestad. 

Yda á la guerra la dicha gente tomaron la dicha provin- 
cia de Vilcabamba y hallaron que el ynga titu cuxi yupan- 
qui era muerto ya cerca auía de un año, y que quando noso- 
tros llegamos al rrío para tratar con él lo susodicho aunque 
se nos encubrió por entonses qué era lo que los yndios pre- 
tendían: conbiene á saber, que no se supiese la muerte del di- 
cho ynga, ya era muerto, súpose también En el dicho pueblo 
de vilcabamba cómo unos capitanes de topa-amaro, que era 
el que quedaba en lugar del ynga, auía muerto Jos primeros 
yndios que enbiamos, y así los hallaron los españoles muer- 
tos debajo de unas peñas. 

En el dicho pueblo de vilcabamba se dio á prisión don 
Phelipe quispi tito, hijo del dicho titu cuxi, con todos los de 
su casa y balía; y el dicho topa amaro por miedo que tubo 
á la furia de los españoles, no osando fiarse de ellos, con un 
capitán general suyo llamado yulpayupanqui se huyó hazia 
la provincia de los manaríes; y el capitán loyola con algu- 
nos de su compañía fué en seguimiento suyo y lo alcanzó y 
prendió en un pueblo de la dicha prouincia. 

Hecha la dicha guerra, su excelencia mandó que se po- 



(1). — Ordoño de Valencia, vecino de Lima, que acompañó al Virrey To- 
ledo en su viaje al Sur, y que, por orden suya, practicó la visita de los va- 
lles y parroquias del Cuzco. 



INÉDITO SOBRE EL PRIMER TÚPAC AMARÜ 71 

blase un pueblo de españoles en la dicha prouincia y que se 
truxesen todos los presos á la ciudad del cuzco. 

Día de san matheo del año de 72 entraron en el cuzco los 
dichos capitanes con losyngas presos, triunphando de ellos, y 
con toda la demás gente que les pertenecía, y con los cuer- 
pos de inamaganga y tutí cuxi, y con las mujeres y hijos de 
los dichos presos; los quales licuaron á la fortaleza que su 
excelencia mandó hacer en las casas de don carlos ynga. 

Y fueron repartidos los dichos presos á las Religiones pa- 
ra que los Cathequizasen y los enseñasen en las cosas de 
nuestra santa fé cathólica,y cupoá la horden de Sto. Domin- 
go para este efecto, don pablo topa amaro y don phelipe 
quispitito y sus mugeres y hijos, los que les fueron enseñados 
el tiempo que se les dio lugar, lo mejor que se pudo hazer, y 
para que se hiziese más cómodamente, yo, el dicho fray gra- 
viel de Oviedo, tomé á mi cargo el cathezismo y doctrina de 
los que cupieron á nuestra relixión, con dos Relixiosos muy 
ábiles en la lengua de los yndios, y fué cosa de espanto, par- 
ticularmente el topa amaro, que con ser ydólatra y nunca 
aver sido enseñado en cosas de nuestra Sta. fie cathólica, 
mostró tanta afición á ellas, que en tres días supo todo lo 
que hera necesario para podelle baptizar; y no solamente te- 
nía estas buenas muestras, sino que nos daba priesa á los 
que le enseñábamos á que le enseñásemos cada día más, di- 
siendo que aunque le Vbiesen de rañtar quería ser xpiano y 
morir xpiano. 

Antes que el virrey hiziese la guerra, aunque después de 
enbiada allá la gente para hacerla, se supo cómo los yndios 
que abían quedado en vilcabamba mataron á fr. diego or- 
tiz, fraile deS. agustín, sacerdote que estuvo doctrinán- 
dolos y á otro mestizo llamado martín y á un negro del 

ynga. 

Después de catethizado topa amaro le setenciaron á 
muerte y le sacaron á degollar á un cadahalso que para ello 
se mandó hazer. murió con gran conocimiento de Dios y con 
gran desengaño de su ydolatría, como dá dello testimonio 
la plática que un poco antes que le cortasen la cávela hizo 
á todos los yndios principales de la comarca y demás j'^ndios 
que se hallavan juntos á su muerte, que fué grandísima can- 



72 REVISTA HISTÓRICA 



tidad; y fué cosa muy de ver el alarido que al9aron quando 
le vieron en el tablado y el gran sentimiento que mostró to- 
da aquella gente por su muerte, á los quales estando todos 
llorando y dando gritos, con sólo estender el ynga la mano 
pidiendo silencio, callaron todos, como si fueran piedras, y él 
le hizo una plática en rra/,ón de la falsedad de sus ydola- 
trías y del falso fundamento dellas y del artificio y borden 
quelo3yngas sus antepasados habían tenido en hacerles 

creer pueblo y exortando á todos á que creyesen al Dios 

verdadero de los cristhianos, que fué maravilla de ver el áni- 
mo y fuerza singular que parece que Dios puso al yndio pa- 
ra aquello haviendo un punto antes (estado) tan turbado 
y desmayado que mi pidió que le diesen la vida y que sería 
mi criado en toda ella, esta plática la tomó el virrey por 
testimonio de muchas personas de authoridad que ahí se 
hallaron, que entendían la lengua; y de letras, y la envió á su 
magestad y á los de su rreal consejo de yndias para que la 
vean, que cierto ha sido la cosa de más importancia, y pa- 
ra que con más facilidad se haga la predicación de los yndios 
que pudiera suceder. 

Después de hecha esta plática le degollaron y se mandó 
poner su cávela en el rrollo y su cuerpo dieron á los frailes 
de Sto. Djmingo para que lo enterrasen y fué cosa de notar 
la multitud de gente de yndios que se estuvo toda aquella 
noche al pié del rrollo llorando á su ynga, tanto que por te- 
merse el virrey que se llegaran allí á adorarla se determinó 
mandar que quitasen de allí la cabe9a y se enterrase junta- 
mente con el cuerpo. 

Hízose también justicia de otros dos capitanes del ynga 
que fueron los más culpados en la muerte del fraile y de 
anaya; 3»^ á otros, cortaron las manos, que pareció tener me- 
nos culpa. 

Tras esto se procedió contra algunos yngas principales 
moradores de la ciudad del cuzco, principalmente contra 
don Carlos ynga, vecino de aquella ciudad, en quien están en- 
comendados por su magestad la provincia de yauiri ( Ayaví- 
ri)y hatuncana y Moyna, y otros yndios con diez mil caste- 
llanos de rrenta, hijo de paulo ynga, que fué uno de los que 
ayudaron á conquistar esta tierra al marqués don francisco 



INÉDITO SOBRE EL PRIMER TÚPAC AMARU 73 

pigarro, y contra don phelipe su hermano deste, y don alon- 
so titu atauchiy don diego cayo y don agustín conde mayta, 
hombres principales del cuzco y parientes muy cercanos de 
los yngas, á los que les mandaron desterrar del rreyno y los 
an enbiado á esta ciudad de los rreyes y á quede aquí vayan 
en cumplimiento de su destierro. 

Juntamente con estos quatro ó cinco niños hijos 

de los yngas de vilcabamba, que el mayor será de quatro 
años, y entre ellos sacaron del cuzco desterrado un niño de 
edad de tres meses, hijo de don pablo topa amaro, el que de- 
gollaron, llamado don martín.uiene también desterrado con 
estos don phelipe quispi tito, hijo de titu cuxi yupanqui, mo- 
zo de diez y ocho años, á quien su padre auía señalado por 
señor y heredero de vilcabamba. 

Todos estos envía el virrey á esta cibdad de lima y no 
se a entendido hasta agora á qué vienen, más de que se cree 
averie parecido conviene no estar en el cuzco por ser estos 
personas principales y que podían ser causa de alguna rrc- 
belión. 

Desto y de lo que cerca dello passo muy en particular y 
de todas las circunstancias del hecho, tiene el virrey hecha 
rrelación á su magestad y á los señores de su rreal consejo 
de yndias; la que aquí vá sólo es lo que toca á estos yndios 
ingas y de algunas cosas que por ser yo instrumento dellos 
y aver pasado por mis manos las sé como testigo de vista. 



O 



10 



eg gaíig ffl : r : r s ? = ,^-;-g a. a g ffr.grsgagjas 



Luis Jeróriirrio de Oré. 



Por su elevación y rango en la Iglesia, por la antigüe- 
dad é importancia de sus obras, y hasta por las raras cir- 
cunstancias de su familia, merece lugar preferente, entre los 
escritores patrios, ese ilustre franciscano; cuyos libros pue- 
den considerarse como el primer vagido de la literatura na- 
cional; siendo algunos de ellos para el lingüista precioso te- 
ma de estudio. 

Al conocimiento de dicho personaje y de sus escritos se 
contraen estos ligeros apuntes, que no corresponden en ver- 
dad á la magnitud del asunto. 



« * 



El encomendero español don Antonio de Oré y Río y do- 
fia Luisa Díaz de Rojas, nobles vecinos de la ciudad de San 
Juan de la Frontera ó Huamanga, fundada por Pizarro en 
1539, fueron los padres legítimos de Luis Jerónimo; lo mis- 
mo que de Antonio, Dionisio y Pedro, y de cinco muje- 
res. 

Por aviso que recibió de un indígena, según unos, ó de 
modo casual, según otros, al excavar su cabalgadura en el 
sitio del camino en que Oré se apeó, encontró éste una rica 
veta de plata, conocida ya en tiempo de los Incas, y que él 
comenzó desde luego á trabajar. 

Llevado Oré de su vivo fervor religioso, sólo pensó en 
consagrar la riqueza, tan de súbito adquirida, á levantar en 



LUIS JERÓNIMO DE ORÉ 75 

Huamanga, desde los cimientos, temploy monasterio de Cla- 
risas; asignándoles renta que bastase para el culto y la sub- 
sistencia perpetua déla comunidad. 

La rica mina de Chumbilla, — que así se llamaba,— á tres 
leguas del pueblo de Canaria (provincia de Cangallo), en el 
que estaba la encomienda de Oré, se explotó con ese ünico 
objeto, durante cinco años, hasta el de 1568, en que cesó de 
producir; cuando ya concluido el Monasterio, é invertidos 
en él más de cien mil pesos, sacados de la mina, debía estre- 
narse; profesando el 29 de mayo de 1569, como fundado- 
ras, cuatro hijas de Oré: Ana del Espíritu Santo, Leonor de 
Jesús, María de la Concepción é Inés de la Encarnación: las 
que fueron abadesas varias veces sucesivamente. 

Doña l-rconor, profesa en el Cusco, enviada de allá á 
Huamanga por el Provincial Fray Juan del Campo, fué la 
primera Superiora del Convento; siéndolo después en otros 
cinco períodos. Murió de 74 años, en 1623; 3' antes que ella: 
Ana del Espíritu Santo, en 1589, de 45 años, en opinión de 
santa; María en 1599, de 50 años; é Inés, en 1614, de 61 
años. 

El mismo Antonio de Oré les enseñó á leer, escribir, algo 
de latín, á cantar y **tocar tecla" (órgano); preparándolas 
para la vida monástica. 

Tuvo también otra hija, que parece fué doña Juana de 
Oré, casada con Pascual Sánchez, caballero principal; cuyo 
hijo Juan de Oré fué religioso de la Compañía de Jesás. 

Poco después del estreno del Monasterio, 3' habiendo si- 
do Oré el20'^ Corregidor de Huamanga, en 1571 ó 72, murió 
tranquilo; alcanzando á las últimas á repetir únicamente 
Dominas tecum. Su viuda, según afirman los cronistas, falle- 
ció poco más tarde, privada del uso de la palabra desde ocho 
días antes de su muerte, diciendo apenas balbuciente — Ave 
María. 

En cuanto á los hermanos Oré, todos cuatro religiosos 
franciscanos, figuraron en su orden; si bien no tanto como 
Luis Jerónimo. 

Pedro fué Custodio de Tierrafirme, Guardián 3- Predica- 
dor del Convento de Panamá, y antes Cura de Huácar en 
Huánuco. 



76 REVISTA HISTÓRICA 



Dionisio obtuvo el curato fie Cajamarca, y luego el de 
Coporaque en el Obispado del Cusco. 

Antonio, que hizo más modesto papel, no existía 3^a en 
abril de 1620; y quedaban sólo, de loshermanos, Luis Jeróni- 
mo y Dionisio. 

Muerto Antonio de Oré, en Huamanga, hacia 1589, se- 
gún conjeturo, al funeral, hecho en el convento de Santa 
Clara, asistieron sus cuatro hijas monjas, y estuvieron en el 
altar los cuatro hijos, en la celebración déla misa y exequias; 
ocupando uno de ellos la cátedra sagrada, para elogiar la 
piedad y las virtudes del extinto. 

La religión, mezclando sus plegarias con las lágrimas de 
los hijos por el eterno descanso de su buen padre; toda una 
familia arrodillada, antes de entregar á la tumba tan queri- 
dos despojos; las clarisas rogando por su fundador, junto con 
el pueblo agradecido: es un cuadro tocante y poco común. 

Por extraño que parezca ver una familia casi entera de 
sacerdotes y monjas, se explica por el carácter de la época. 
Del padre mercenario Fray Francisco Mesia se cuenta, que 
tenía en el Convento de Santa Clara de Lima, en 1670, seis 
hermanas profesas (1). 

En la historia de Chile aparece: que á principios del siglo 
XVII, el capitán Jerónimo de Molina tuvo catorce hijos; de 
ellos, ocho monjas profesas y dos religiosos. 



« « 

Algo de lo que hemos referido lo confirma el mismo Pa- 
dre Oré al hablar de Huamanga, su tierra natal. Son estas 
sus palabras: 

**Cógese vino lo que basta, y tiene en su comarca ricas 
minas de azogue y plata, donde deparó Dios á Antonio de 
Oré mi padre vezino que fué desta ciudad una misteriosa mi- 
na en los pueblos de indios de su repartimiento y encomien- 
da de la qual sacó toda la plata necesaria para la funda- 
ción del Monasterio de Sancta Clara, el qual edificó desde 



(1)— Colomlxí,— ViV/a del Ven. Padre Urraca: pág, 180. 



LUIS JERÓNIMO DE ORÉ 77 

los cimientos á su costa, ó por mejor dezir á la que Dios le 
libraua en esta mina, la qual dio siempre fructo mientras 
duró la obra, y acabado el monasterio cesó la mina, y se 
acabó el metal della que nunca se sacó un real della. Por lo 
qual lasfundadoras (que son quatro hermanas mías que ao- 
ra treinta años le fundaron y entraron en él) y todas las de- 
más reliíj;¡osas de aquella sancta casa deuen dar continuas 
<íracias á nuestro Señor por hauér§ela edificado para servi- 
cio y alabanza de su nombre, y remedio de las doncellas de 
aquella ciudad y de otras que de otras partes han veni- 
do" (2). Sobre la fundación de ese monasterio, y sobre la 
mina de Chumbilla, habla también extensamente Montesi- 
nos, en sus Anales del Perú y que se acaban de publicar. 



ft « 

Vio la luzen Huamanpi^a Luis Jerónimo de Oré, probable- 
mente hacia 1554-; v debió hacer sus estudios en los claus- 
tros franciscanos del Cusco y Lima: lo que no he podido 
comprobar. Sábese sinembargo, que en Lima leyó en su 
Convento con aplauso Artes y Teología. 

En las primeras órdenes generales que hizo aquí el Arzo- 
bispo santo Toribio, en su catedral, se ordenó de epístola 
Fray Luis de Oré^ el sábado 23 de setiembre de 1581; de 
evangelio el 3 de marzo de 1582; y de misa el 31 del óltimo 
mes: siendo de reparar que, junto con él se ordenara el céle- 
bre aimaraista Ludovico Bertonio, de la Compañía de Je- 
sús (3). 

A Fr. Dionisio de Oré, hermano de Luis, lo ordenó de mi- 
sa el mismo santo Prelado, en las órdenes generales que hizo 
el 14 de noviembre de 1584; y tenía á la sazón 25 años. 

Fr. Luis fué desde entonces infatigable en convertir á los 
indios, instruirlos, morigerar las costumbres y combatir los 
vicios; dedicando á estudiar y escribir el tiempo que le deja- 



(2)— Sy'mbo/o Católico Indiano: folio 32. 

(3) — Libro respectivo del Cabildo eclesiástico de Lima, folio 110. 



78 REVISTA HISTÓRICA 



ba libre el ejercicio de sa apostólico ministerio, y conquis- 
tándose respeto y gratitud. 

Entre otros cargos que desempeñó, lo encontramos, en 
1575, como Guardián del Convento de Concepción de Jau- 
ja (en los Collahuas), y después también como Guardián en 
el de Potosí. Llevaba ya, en 1597, treinta años de predica- 
ción en el .\lto y Bajo Perú: no siendo exacto que obtuviera 
el Provincialato, y que lo terminara el año 98. 

En carta al Re^' del Obispo del Cusco don Antonio de 
Raya, de 1^ de abril de 160 4«, le da cuenta del viaje á Espa- 
ña del Padre Oré, conductor del Memorial que á Su Majes- 
tad escribía ese Prelado sobre el gobierno y necesidades de su 
Iglesia: agrega, que dichi Padre tenía el propósito de impri- 
mir los libros que había compuCvSto, para enseñar á los in- 
dios, en sus lenguas, la doctrina cristiana y cosas de la reli- 
gión: por lo que se pide al R^.*y» le mande dar á Fra}' Luis 
grata audiencia, y que se despache favorablemente lo que 
solicitase en nombre del Obispo y de su Iglesia. 

Oré fué pues a Roma, en 1605, como Procurador de la 
Diócesis del Cusco, siendo Sumo Pontífice Paulo V.; 3' du- 
rante su permanencia en Italia editó el libro sobre las indul- 
gencias y el Ritual en cinco idiomas índicos. 

Alcanzó del Papa indulgencias, para los que rezasen las 
letanías de la Virgen, aprobadas por el Concilio limense de 
1583. 

Así consta del Breve Dominicigregis^ fecho en San Pedro 
el 2 de diciembre de 1609; que se imprimió en las Sinodales 
del Arzobispado, en las notas á la Consueta de la Iglesia de 
Lima, firmada por santo Toribio el 7 de mayo de 1593. 

Enviado Oré otra vez á España por sus superiores, en 
1612, partió de Madrid á Cádiz, el mismo año, á despachar 
veinticuatro religiosos á la Florida, para la nueva Provin- 
cia de su orden que allí se erigió. Estuvo entonces de tránsi- 
to en Córdova, á principios del año; donde vio á su compa- 
triota Garcilaso, que le obsequió su Historia de la Florida^ 
y sus Comentarios Reales, publicados hacía poco en Lisboa. 
,'Gran teólogo** llama á Oré el Inca que esto refiere. 



LUIS JERÓNIMO DE ORÉ 79 

Se le encargó por entonces, no sólo la visita de la Florida 
é isla de Cuba, que hizo con éxito, sino que se le nombró 
luego Comisario en Castilla la vieja y Aragón, para enviar 
religiosos á las Indias; y también Vice comisario en Madrid, 
para servir en ausencia del Comisario: puestos que desempe- 
ñó de modo satisfactorio, con su acostumbrado celo. 

El mencionado Obispo Raya suplicó al Rey, en 28 de 
enero de 1604, que por cuanto sus años no le permitían ya 
ejercer debidamente todas sus funciones, se le [diera co- 
mo Auxiliar al docto y virtuoso Padre Oré: lo que quedó 
sin efecto, por haber muerto aquel ilustre Prelado, el 28 de 
junio de 1606, después de ocho años de gobierno. 

Electo Obispo de la Imperial, en la vacante de Fr. Regi- 
naldo de Lizárraga, el doctor Carlos Marcelo Corne, y pro- 
movido éste á Trujilio, el Consejo de Indias propuso, para 
aquella Iglesia, al Deán de Huamanga Pedro de Cárdenas, 
á los Canónigos del Cabildo de Lima, doctor Andrés García 
de Zurita y Licenciado Gaspar Sánchez de San Juan, y al 
Padre Oré. 

El 7 de abril de 1620 Felipe III presentó á éste; y el Pa- 
pa dio el fiat, en consistorio secreto del 17 de agosto de ese 
año. 

Lo consagró el Obispo de Santa Cruz de la Sierra don 
Fr. Fernando de Campo, franciscano, en 1622. 

Oré á su vez consagró, el 27 de diciembre del mismo año, 
al Obispo de Huamanga, ex-Inquisidor del Perú, don Fran- 
cisco Verdugo, en Lima, en la capilla del Tribunal del Santo 
Oficio. 



* * 



Oré, después de consagrado, visitó su ciudad natal, co^ 
mo última despedida; luego se encaminó en 162»3, á su leja- 
na diócesis; y consta, que nombró allí, el 18 de noviembre 
de 1625, al mercenario Fr. Francisco Ponce de León, su Pro- 
visor y Vicario general. 



80 REVISTA HISTÓRICA 



A pesar de la edad, y de los rigores del clima, visitó cua- 
tro veces su obispado; fué á Chiloé en piraguas, acompaña- 
do por los Padres Juan López Ruiz y Gaspar Hernández; y 
trabajó allí durante un año, aunque con escaso fruto, por 
la rudeza y abandono en que vivían los moradores de ese 
archipiélago. Donó á su Iglesia la plata labrada que tenía, 
y todo lo mejor de su casa; é hizo tanto bueno, que Felipe IV 
le escribió, dándole las gracias, el 12 de setiembre de 1628. 
El mismo Monarca le consultó antes, en cédula de 27 de 
mayo de 1623, sobre el modo de someter á los araucanos. 

Escríbese de él: **Gobern6 con todo acierto algunos años 
y fué el primero que pasó á la provincia de Chiloé á visitar- 
la. Descansa su cadáver en esta catedral" (4). 

Oré en carta al Rey, de 4 de marzo de 1627, manifiesta 
con sincera honradez: que el gasto que se hacía de la Real 
Hacienda, en el salario de seis misioneros, se quitaba del so- 
corro que debía darse á los soldados, que '^pasaban gran 
necesidad de hambre y estaban desnudos". — ¿Qué dirían los 
misioneros y los devotos de este juicio del Obispo? ¿Vendría 
en represalia el cargo de que ordenaba sin escrúpulos á to- 
dos los aspirantes? 

El fué uno de los que aconsejó, en 1628, al gobernador 
de Chile Fernández de Córdova, que no provocase á los in- 
dios que estaban á órdenes del Cacique Lientur, envalento- 
nados y resueltos á luchar contra los españoles. 

Atribuyendo el Prelado y los religiosos á castigo del 
cielo la furia de los indios }' su preponderancia, exhortaban 
á hacer públicas rogativas, á la reforma de los vicios y al 
arrepentimiento, para que Dios se apiadara y cesara el con- 
flicto. Por fortuna se dividieron los pareceres de los nota- 
bles araucanos que formaban la Junta de guerra; y habien- 
do surgido entre ellos competencias y sentires diversos, vol- 
viéronse de los llanos de Angol á sus respectivos lugares, sin 
tomar la ofensiva. 



{4r) .—Primer Synodo Diocesana^ celebróla el Utmo. D. D. Phelipe de 
Azúa é Iturgoyen: pág. 35. 



LUIS JERÓNIMO DE ORÉ 81 

-i.«.«.nr r r n i i J-n-" jm m'i i ru i_rLrw^.Tij~ 'itr ri -iri- i i ii j'ui-' i irij ^ . i _- LfMn.n.rLfi -n i ' ltu»' 'L i g' i n .nr -inrj n'Lnr i'ltjxti" "rir nrmrr'MTrtí ~rir^i'lnni~«~~iri — i-l 1 ">i ii-m-i->nr~~i">~~^^r~i r-~~~'^^~^-^^ — ~" ' — ~- -— -- -- - ---■^— — — - ------- ---^ 

El Rey, en cédula de 1630, al .Gobernador de Chile don 
Francisco Lazo, le encargó, á lo que se dice, que exhortara 
al Obispo Oré, para que no aceptase con facilidad en el sa- 
cerdocio, como lo hacía, á incapaces, inicuos, facinerosos, 
hombres sin letras y de vil nacimiento. Al Virrey del Perú le 
previno también el Monarca, que pusiese remedio á este he- 
cho grave; porque, según el jesuita Diego Rosales, **el buen 
Obispo, aunque era un santo, y de loable vida, ya por la ne- 
cesidad que tenía de sacerdotes, ya por la bondad de su na- 
tural, ordenaba sin distinción de personas, y ordenó á mu- 
chos indignos del sacerdocio; lo que movió á personas celo- 
sas para dar cuenta á S. M., para que le fuese á la mano, y 
reprimiese tanta facilidad con su exhortación, que es severo 
mandato. Pero llegó tarde, que ya habia muerto*'. 

A ser cierta, y no falsa ó exagerada, la acusación que se 
hizo al Soberano contra '*el bueno y santo obispo", que or- 
denaba á los peores, deben tomarse en cuenta, no sólo su 
edad avanzada, y que había talvez á su rededor personas 
empeñadas en engañarlo, sino la falta de seminario en su 
Diócesis, y la condición moral de Chile en esa época, sobre 
todo allí donde más se sentían los efectos de la guerra. 

Conviene también no olvidar, que el arma de la calum- 
nia se esgrimió contra Prelados venerandos: no importa de- 
cir ahora quiénes se valieron de ese medio y por qué. 



« 



Varían los autores en cuanto á la fecha de la muerte de 
Oré, que la fijan en 1628, 29 ó 30. Para mí es probado, que 
debió morir del 30 al 31 de enero de 1630; puesto que el 20 
de este mes dio, en Concepción, letras comendaticias, que he 
visto, al diácono Juan de la Torre, suscritas por él y su Se- 
cretario Andrés de Vera, para que se ordenara de sacerdote; 
y al legalizar allí las firmas, el escribano Fernando de la 
Concha dice: **Doy fé que las firmas de suso son: la prime- 
ra del señor Rdmo. de buena memoria don Fray Luis Hiero- 

nimo de Oré que esté en el cielo*' 

11 



82 REVISTA HISTÓRICA 



Medina puso primero la muerte el 21 de enero de 1629, 
equivocando el año; y ya está visto, que ella fué del 28 de 
enero al 4 de febrero de 1630. 

El mismo autor después, en su Diccionario biográñco^ 
rectifica el yerro; pues afirma, que Oré testó el 27 de enero 
de 1630, y murió el 30 de id. 

Encontramos en Fuentes este dato, que no sabemos de 
quien sea tomado: **Fray Luis de Oré, predicador de indios 
é inteligente en muchas lenguas, estando en buena salud pre- 
dijo su muerte un mes antes que sucediese*' (5). 

En el archivo del Convento de Jesús de Lima se conser- 
van las declaraciones recibidas, en 1620 y 21, sobre el Padre 
Oré y su familia, por el Padre Diego de Córdova (6). 

En esa información fueron testigos los ancianos religio- 
sos, Sebastián de Lcsona, Buenaventura Fuentes y IBray 
Diego Sánchez. 

El 25 de mayo de 1621 declaró también el Padre Diego 
de Oré, Guardián que había sido del Convento de Huaman- 
ga, y que estuvo en el de Trujillo. 



* 
• « 

De las obras compuestas por Fray Luis Jerónimo, hay 
algunas que no se publicaron, que pueden reputarse pérdi- 
das, y otras impresas, muy escasas hoy y difíciles de adqui- 
rir. 

Las inéditas son: 

Gramática y Diccionario de la lengua Quechua. 

Gramática y Diccionario de la lengua Aimarú. 
Los libros publicados son: 

Symboío Catholico Indiano en el qual se declaran los 
mysterios de la Fé contenidos en los tres Symbolos Catholi- 
eos Apostólico^ NicenOy y de San Athanasio. Contiene assi 
mesmo una Descripción del nuevo Orbe, y de los naturales 
dely y vn orden de enseñarles la doctrina Christiana en las 



(5) Estadística de L//na.— 1858: pág. 409. 

(6) Registro 35 MS. N9 27: folios 13, 27, 28, 55 y 57. 



LUIS JERÓNIMO DE ORE 83 



dos lenguas Generales Quichua y Aymara^ con vn Confessio- 
narío hreue^ y Cathecismo de la communiotL Todo lo qval 
esta approbado por los Reuerendis^imos señores Arzobispo 
de los Reyes, y Obispos del Cuzco, y de Tucnman (Una vi- 
ñeta de la Santísima Virgen, con una rama de azucena en la 
diestra, y el niño en el brazo izquierdo, con esta leyenda al- 
rededor.— í4uotjs. Sancta María succurre miseris, Juva pusi- 
lanimis refove ñebiles ora pro populo). — Impreso en Lima 
por Antonio Ricardo. — Año de 1598. — A costa de Pedro Fer- 
nández de Valenzuela.— 8^ 192 hojas. — A la vuelta de la hoja 
está la imagen del Salvador grabada sobre madera y en la 
124 un crucifijo. 

Ritvaky sev Manvale Fervanum, et forma brevis admi- 
nistrandi apud Indos sacrosancta Baptismi, Psenitentiae, 
Eucharistise, Matrimonii, et Extremaunctionis Sacramenta. 
Juxta ordinem Sa netas Romanee Ecclesise. PcrR.P.F. Lu- 
do vicum Hieronymum Orerium Ordinis Minorum Conciona- 
torem, et Sacrse Theologiae Lcctorem accuratum: Et quae 
indigent versione, vulgaribus Idiomatibus Indicis.Secundum 
diversos situs Omnium Provinciarum noui orbis Pera, aut 
per ipsum translata, aut eius industria elaborata. (Un escu- 
do que representa una cruz, con esta leyenda: Per crucem 
Christus inimicos Crucis deuicit. Neapoli, apud Jo. Jaco- 
bum Carlinum et Constantinum Vitalem; 1607, 4^—418 pp. 
y 1 h. n. n. del índice. 

Dedicóse este Manual al Cardenal de Benevento don Pom- 
peyo Arigonio: dando licencia, para editarlo, el obispo Ra- 
ya, en el Cusco, á 31 de enero de 1604; y el General de la 
orden seráfica fray Arcángel de Messana, en Ñapóles, el 4 
de mayo de 1607. 

Tractatus de indulgentiis. — Alexandriae Statiellorum; 
1606, 4*^ — Dedicado al Ilustrísimo Maestro Vestrio Ver- 
biano, Datario de Paulo V. 

Condones per annam.— (Sermones para todo el año. ) Es- 
te libro, que no he visto, lo consideran impreso Montalvo, 
Peralta y otros en 1906, en 4*^; pero yo lo juzgo inédito has- 
ta hoy: siendo lo más interesante en él los sermones en que- 
chua y aimará. 

Relación de los Martyres que ha habido en la Florida, y 



84 REVISTA HISTÓRICA 



de los varones ilustres en santidad que han ñorecido en las 
Indias. — Ñapóles, 1607. (En latín). 

Relación de la vida y milagros del Venerable Padre Fr. 
Francisco Solano y de la orden de San Francisco de la Pro- 
vincia de Granada; muerto en la Provincia de los Doze 
Apostóles de LimaelMdeJulio de 1610.— Madrid, 1614; 4°. 

Corona de la Sacratissima Virgen María Madre de Dios 
nuestra Señora. En que se contienen ochenta meditaciones 
de ¡os principales misterios de la Fé: que corresponden á 
setenta y tres Ave Marías y ocho veces el Pater Noster, 
ofrecidas á los felices años que vivió en el mundo. Compues- 
ta y sacada de graves autores por el padre Fray Luys Ge- 
rónimo de Oré Lector de Teología de la Provincia de los do- 
ze Apostóles del Perú, de la orden de San Francisco, comi- 
sario de la Florida. Dedicada á la misma virgen sacrosanta 
concebida sin pecado original, en su Imagen y Santuario de 
Copacavana, Año 1619. (Estampa de Nuestra Señora, con 
esta leyenda alrededor: — Dignare me laudare te Virgo sa- 
crata.) — Con privilegio. En Madrid, por la viuda de Cos- 
me Delgado.— 4°, 172 h. fol.-f4 de prel. y 2 al fin sin nu- 
merar. 

Oré, hacia 1600, pretendía reimprimir el Symbolo, **con 
nuevas y necesarias adiciones*', y dar á luz un Sermonario, 
Arte y Vocabulario en español, quechua y aimará; alegando 
haber enseñado en Lima á los religiosos el quechua, y ha- 
ber sido nombrado lector de lenguas en un Capítulo general 
del Cusco. No sabemos qué causas impidieron se hiciese esa 
publicación, y más cuando ya se había agotado la edición 
del Symbolo. 



« • 



Por su escasez y mérito, y por tratarse de uno de los li- 
bros incunables de la imprenta en Lima, muy poco conoci- 
do, daremos pormenores sobre el Symbolo Catholico In- 
diano. 

El virrey Marqués de Cañete, el 4 de abril de 1596, con- 
cedió licencia en el Callao para la impresión; lo mismo que 
el Santo Oficio, el Ordinario eclesiástico y el Instituto fran- 
ciscano; censurando el libro: — el Canónigo del Cusco Alón- 



LUIS JBBÓNIMO DB ORE 85 



SO Martínez; el padre Estevan de Avila, jesuíta; los domi- 
nicos Fray Juan de Lorenzana y Fray Pedro Corral; el Pa- 
dre Juan Vázquez, Fray Cristóval Chavero; y Fray Juan 
Martínez, Catedrático de quechua en la Universidad de San 
Marcos. Suscribieron las licencias: el Obispo de Tucumán 
Fray Fernando de Trejo, el Comisario general de San Fran- 
cisco en el Perú Fray Juan de Montemayor, y el Provin- 
cial de id., Fray Bernardo de Gamarra. 

Encuéntranse en el libro elogios en verso latino de Fray 
Jerónimo Valera, Fray Pedro de Oré y Fray Juan de Vega; 
un soneto de Fray Jerónimo de Valenzuela; y una poesía 

quechua de Alonso de Inojosa. 

Hay dos grabados en madera: efigie del Salvador, al fo- 
lio 66; 3' un crucifijo al 124. La dedicatoria, al Inquisidor 
del Perú don Pedro Ordóñez Flores, es del 18 de abril de 1596. 

En Magdalena de Cao, en donde estaba practicando la 
visita pastoral, dio el Arzobispo santo Toribio su licencia 
para la impresión del Symbolo, el 9 de abril de 1597: y dice 
en ella: **el padre Fra}-- Luis tan deseoso del beneficio y bien 
espiritual de los indios como es notorio'*. 

En el Symbolo se hallan la **Descripción del sitio, tie- 
rra y población del Perú, y de los ríos, minas, y otras co- 
sas particulares de este Reyno.'* 

Léense también allí, con agrado, himnos y cánticos en 

quechua, usada con propiedad y elegancia, que revelan el 
ingenio del autor, sobre la sacrosanta é indivisible Trini- 
dad; sobre la creación de los ángeles, cielos y todas las co- 
sas; sobre la creación del hombre, su caíday reparación; so- 
bre la ascención del Señor y venida del Espíritu Santo; y ala- 
banzas en castellano á la Santísima Virgen. Completa esos 
cánticos el Cápac Eterno Dios, que es el más vulgarizado. 
Así que con razón merece considerarse á Oré como el primer 
poeta en quechua que tenemos; distinguiéndose entre los 
quechuistas, por el uso del paleo-quechua; y porque ha con- 
servado con más pureza la lengua; excepto cuando se tra- 
taba de palabras relativas á dogmas y al culto, como Dios, 
virgen, sacramento, cruz, santo, etc. 

Medina ha publicado el facsímile de la portada de ese 
libro, por demás interesante y rarísimo, que es ya tiempo 
de reproducir. 



86 REVISTA HISTÓRICA 



El Ritual ó Manual Peruano de Oré contiene el Catecis- 
mo, Símbolo de san Atanasio, muchos himnos del Breviario 
Romano y la Vida de Cristo,en verso: todo traducido en las 
lenguas indígenas, — quechua, aimará, mochicay guaraní. 

Oré ha aprovechado, para el Ritual,de los Catecismos del 
Concilio límense de 1583, de algunos trabajos del Padre 
Alonso Barzana, y de otros del Padre Luis de Bolaños, pri- 
mer apóstol del Tucumán. 

Es de advertir, que en el Ritual está lo único impreso 
que nos queda del puquina, y que han utilizado Hervás y 
Adelung. 

De la licencia del Obispo Raya, para la impresión, apa- 
rece, que tenía Oré prontos, para darlos á la estampa, la 
Gramática y el Lexicón quechuas. Esto se comprueba tam- 
bién con el siguiente pasaje, que vemos al concluir el Symbo- 
lo: **Promete el autor para la intelligencia deste Symbolo 
y para interpretación de los términos difficultosos de la len- 
gua un Arte y Vocabulario muy copioso en las dos lenguas 
generales, y en Romance, que se imprimirá con las demás 
traducciones de sermones que ha prometido en la introduc- 
tion deste libro". 

Pudo pues decir con verdad el Cronista franciscano Fr. 
Diego de Mendoza (7): que el Obispo Fr. Luis de Oreh era 
**el mayor lenguaraz de estos Rey nos". 



« 
* • 

Después de tres centurias de dominación española en el 
Perú, al cesar ésta, existía apenas un millón de habitantes, 
de los diez, por lo menos, que hubo al hacerse la conquista. 

Ya que no las guerras, se han considerado las epidemias 
y la embriaguez como causas de esa despoblación. Pero es 
la verdad, que á ella contribuyeron con más eficacia, el tra- 
bajo de las minas, las mitas, los pongos, el cambio violen- 
to de climas, la falta de asistencia en casos de enfermedad, y 



(7). — Chronica de la Prouincia de San Antonio de los Charcas: 1. 1, c. 
IV, pág. 32. 



LUIS JERÓNIMO DE ORÉ 87 



?1 maltrato que casi todos los encomenderos 3" patronos da- 
ban á los míseros indios. 

En medio de tanta opresión y de dolores tantos, quedá- 
banle á las víctimas su fe religiosti y esperanzas inmortales; 
y eso les hacía, á pesar de su rudeza, elevar en el templo con 
fervor sus preces, en demanda de alivio 3'' de consuelo. 

Nadie alcanzó mejor que Oré á formular esas plegarias 
llenas de unción, cu3''a letra y música melancólicas parece no 
pueden acompañarse sino con lágrimas y suspiros. 

Por eso, después de correr tantos años, en las iglesias, 
aun de los pueblos más apartados de indígenas, se entonan 
hasta hoy el Cápac Eterno Dios, el Ya rae Hostia Santa t 
3' otros cánticos, que no se oyen sin viva emoción, que nos 
hacen pensar en las tristezas y amarguras de esa raza infe- 
iz, 3'' abrigar esperanzas de que será escuchada al fin por el 
Dios de la justicia. 

Oré es uno de los obispos criollos, que ilustra á la patria 
3' á la Iglesia; y siempre será honra para los pueblos ameri- 
canos el haber sido la cuna de Prelados como él, y como. 

Arias de Ugarte, Corne, Villarroel, Cárdenas ; notándose 

en las dípticas de las Diócesis españolas del Nuevo Mundo, 
qne los hijos del, menores en número que los penisulares, no 
ceden á éstos en celo, ni en ciencia, ni en virtud. 

Oigamos lo que decía al Rey sobre Oré, en 1639, Fr. Bue- 
naventura Salinas y Córdova, en el Memorial en que pedía 
se solicitase de Su Santidad la canonización del Venerable 
Padre Fr. Francisco Solano. 

** Aquel ilustre varón Fr. don Luis Gerónimo de Ore, 
Obispo de la Imperial de Chile, Natural 3'' Originario de la 
Ciudad de Guamanca en el Perú, Predicador Apostólico en 
todas las lenguas de los Indios, Padre común de todos ellos, 
y para cu3'^a conversión compuso muchos libros, tradu- 
ciendo en su idioma todos los Hymnos y Euangelios que 
cantan, y les predican. A quien debe la Iglesia innumerables 
almas, que bautizó y dotrinó con raro exemplo de todas 
las virtudes, enseñando los niños á cantar, y á tocar órga- 
nos; quemando ídolos, derribando Guacas, y edificando 
Iglesias. Y aviendo venido á España, por el Memorial tan 



88 REVISTA HISTÓRICA 



i mportante que dedicó á la Magestad Sagrada del Señor 
Rey don Felipe Tercero, en que mostró su celo: mereció la 
mitra de la Imperial de Chile." 

Para que se forme concepto del estilo de Oré, citaremos 
una tierna deprecación á la Virgen, en frases bíblicas; y co- 
mo modelo de la rectitud de su juicio y de la santa libertad 
de su lenguaje, lo que escribió sobre el sacrificio de los 
incas Atahuallpa y Túpac Amaru. 



**¿Quién podrá Virgen explicar ent era y dignamente los 
pregones de tus alabanzas? María madre de Dios y Virgen. 
Sus fundamentos son en los montes sanctos.dondeDios tiene 
fundada esta insigne ciudad, en la qual se hizo hombre .Tú eres, 
Virgen Sancta, gloriosa ciudad de Dios, pues en tí se hizo hom- 
bre,y nunca jamás se ha movido ni moverá de tí.Una grande 
señal y figura se vio de tí en el cielo, que estabas vestida del 
sol resplandeciente, y la luna la tenias debaxo de tus pies, y 
en tu cabeza una corona de doce estrellas. Todo esto de- 
nota tus excellencias y hermosura;porque concibiendo tú al 
hijo de Dios, te vestiste de él y de su gracia, y eres aventa- 
jada á la luna y á las estrellas. Tú eres tierra bendita y 
fértil, monte de Dios hermoso y gruesso, quajado (^e flores, 
azucenas y lirios, monte en quien Dios se agradó de habitar 
para siempre. Los árboles misteriosos, el Aciprés, el Cedro, 
la Palma, la Mirrha escogida,el Bálsamo que distila, y el Te- 
rebinthoentí se hallan. Tú eres fuente y pozo de aguas vivas, 
huerto cerrado, jardín 3' vergel deDios,donde se hallan rosas 
y flores, y arboles aromathicos, encienso y otros arboles. ¡O 
quán hermosa eres, Virgen sancta! y á los ojos de Dios, quán 
hermosa,amada y charisima suya! O dulce Virgen! tus ojos son 
piadosos, llenos de misericordia; tus labios distilan dulzura, 
intercediendo por nosotros. Virgen María,madre de gracia, 
y madre de misericordia, tú nos defiende del enemigo y re- 
cíbenos en la hora de la muerte (8)." 



i^)Symhoío Catbolico: f. 82, vto. 



LUIS JERÓNIMO DB ORÉ 89 

**Hizo matar Atahuallpa á su hermano Guascar, y en 
Caxamarca hicieron processo contra él, bien impertinente, 
los Españoles, y assí al pobre Rey le mataron los conquista- 
dores, los quales desde el Marques PÍ9arro hasta el pos- 
trero de los cómplices desta muerte, la pagaron con 
las vidas, que a todos ellos se las quitaron á puñaladas y 
violentamente, porque ante Dios clama y da voces la sangre 
humana derramada injustamente" (9). 

**A1 último Inca llamado Amaro prendieron en Villca- 
pampa los Españoles, y lo sacaron al Cuzco donde en medio 
de la plaza con gran concurso de indios y con increyble dolor 
y sentimiento de ellos y de los religiosos y Españoles le cor- 
taron la cabeza, por mandado del Virrey don Francisco de 
Toledo'' (10). 

# 

No he logrado averiguar, si aun existe en Ayacucho el re- 
trato del Obispo Oré, que allí se conservaba, hace pocos 
años, en el Colegio Nacional. Es de suponer, que se halle en 
Chile, en la ciudad de Concepción, en la galería de los Prela- 
dos de esa Diócesis. 

Allá por el año 92 pidió para mí á Ayacucho, con inte- 
rés, ese retrato, el finado Dr. Tomás Lama; y en vez de él le 
mandaron una copia al carboncillo de don Manuel Jerónimo 
de R( maní, Obispo del Cusco, nacido en Huamanga hacia 

1675. 

Mi distinguido amigo el Dr. José Sebastián Barranca, 

profesor que fué de dicho Colegio, recuerda: que en él vio el 

retrato de Oré, hasta el año 54 en que se separó del lugar. 

A falta del retrato del humilde religioso, de grata me- 
moria, que honró á su patria, publico el facsímile de su fir- 
ma antes de ser obispo y después. 

Haré también mención en seguida de los autores que 
considero principales, á más de los que llevo citados, y que 
hablan de Oré ó de sus obras. 

Lima, marzo de 1907. 

José Toribio Polo. 



(9).— Ib. fol, 41 VIO. 
aO).— Ib. fol. 42. 

12 



90 REVISTA HISTÓRICA 



CITAS 



Pinelo,— Barcia-B/b//bíeca: tomo II, tit. XVIII, col. 713 y 839. 

Antonio, — Biblioth. Hisp. nova: t. II, pág. 43. 

Garcilaso, — Historia del Perú: 1. VII, cap XXX. 

González Dávila,— Teatro eclesiástico de las Indias: t. II, pág. 158. 

Salinas, — Memorial al Rey... 1646 f... folio 103. 

Córdova Salinas, — Coránica de la Religiosísima Provincia de los Doce 
Apóstoles del Perú: 1. II, pág. 40; 1. V, pág. 428; y 1. VI, págs. 568 y 575. 

Montesinos,— /Ina/evS del Perú: año 1568; t. II, pág. 25. 

Mendieta,— Wda de San Francisco Solano: L I, c. XI, p. 41; y pág. 321. 

Montalvo, — Sol del Nuevo Mundo: pág. 96. 
Id. —Concilia limana: Roniae, 1684. 

Peralta,— Liraa fundada: octava CXXXVI, nota 131, 

Bihliotheca TeZ/cnana .-—Parisiis 1693: pág. 188. 

Carvallo,— fl/stona de Chile.— -En los Historiadores de Chile: t. VIII, 
pág. 312. 

Gay,— Historia de Chile: t. III, pág. 10. 

Eyzagnirre,— Histona de Chile: t. 1, pág. 279. 

Briseño, — Antigüedades Chilenas: págs. 235 y 344. 

Hernaez,— Co/ecc/d/i de Bulas: t. II, pág. 304. 

CiyeizaySaggio de Bibliografía.... San Francescana: In Prato, 1879; 
págs 127 y 439. 

Medina,— Histor/a de la literatura colonial de Chile: tomo II, c. II, 
pág. 80 á 105.— Tomo III, pág. 133. 

Id. ^Biblioteca Hispano Chilena: tomo I, pág. 127—132 y 431. 
Id. —La Imprenta en Lima: t. I, pág. 49. 

Id. —Diccionario biográfico colonial de Chile: Santiago, 1906, í^* 
pág. 612. 

Rosales,— Historia general del Reino de Chile: 1. VII, c. 16 

Barro» Arana, — Historia de Chile: part« IV, c. VII, págs. 214 y 258, 
nota 51. , . ' 

C*ompte,— Varones ilustres de la orden franciscana en el Ecuador.— Qui- 
to, 1885; 2* edición t. I, pág. 98. 

Pérez Pasiorj — Bibliografía Madrileña: parte 2*, pág. 495. 

Sabin. — Dictionary ofbooks relatingto America: tomo XIV, pág 43. 

Mcndiburu,— D/cc/o/jar/o histórico—biográfico: t. VI, pág. 165. 

García I rigoyen,— Sanio Toribio: t. I, págs. 258, 261 v 262. 



O 



LUIS JERÓNIMO DE ORE 



91 



Facsímiles de la» firmas del Padre Oré 





Cl Capitár] Jüar) Delgadillo. 

ENCOMENDERO EN SAÑA 



(APUNTES GENEALOCIGOS) 



En páginas anteriores de la Revista, me he ocupado de 
los primeros encomenderos del repartimiento de Saña. 'Voy 
á hacerlo ahora del tercero de ellos, de quien descienden 
familias de las más ilustres del Perú, Fué este el conquista- 
dor Juan Delgadillo, que reemplazó al capitán Rodrigo de 
Paz, y cuyas armas eran siete estrellas de plata en azur y 
bordadura de oro con ocho calderas de sable. 



I 



Nació Don Juan en Castilla la Vieja y muy joven 
pasó á la conquista del Perú, en la que se hizo notar 
por su prudencia y sangre fría en los combates. El 
Rey premió sus servicios acrecentando su renta de enco- 
mendero de Saña en cuatro mil pesos de á ocho reales. 
Regresó á la Península, y de ella tornó al Perú acompañado 
de su esposa, Doña Francisca de Avila, y de su hijo mayor 
Don Pedro Delgadillo y Avila; lo que se comprueba con la 
Real cédula de permiso para embarcarse en uno de los navios 






EL CAPITÁN JUAN DELGADILLO 93 

próximos á salir para el Pero, que Donjuán presentó en la 
Casa de la Contratación de Sevilla en 1561. En esa cédula 
se expresaba además que le era permitido traer con- 
sigo seis cotas de maya, seis arcabuces, seis alabardas y dos 
pares de coracinas. A su llegada al Perú tomó Don Juan 
parte muy activa entre los expedicionarios al país de la Ca- 
nela, en cuya desgraciada empresa pasó muchos trabajos. 

Cuando Gonzalo Pizarro alzó bandera contra el Em- 
perador, en 1544, el Capitán Delgadillo se hallaba en Quito 
é indignado contra el rebelde, al frente de ochenta hombres, 
fué al socorro del primer Virrey del Perú, Blasco Nuñez Vela 
quien le nombró Alférez Real de su ejército y le ordenó 
la persecución de algunos capitanes rebeldes, á los que 
alcanzó, dio batalla y venció. Sublevada San Miguel de 
Piura por Gonzalo Pizarro, el Capitán Delgadillo la redujo 
al servicio del Rey. Vuelto Don Juan al lado del Virrey 
Núñez Vela, asistió en su calidad de Alférez Real á la desgra- 
ciada batalla de Añaquito, en la que peleando denodada- 
mente en las primeras filas del ejército, cayó herido de una 
lanzada y le robaron cuanto llevaba consigo. Restar>lec¡do 
de esa herida y al frente de treinta hombres que le obedecían, 
salió á incorporarse al ejército del Licenciado Don Pedro 
de la Gasea, á quien acompañó hasta la terminación de la 
guerra civil, en la batalla á: Jaquijaguana el 9 de Abril de 
154S, en cuya acción salió Don Juan nuevamente herido de 
un arcabuzazo, que le atravezó ambos muslos. Sublevado 
Francisco Hernández Girón, el Capitán Delgadillo, siendo 
Corregidor y Justicia Mayor desde 1552, se puso en campa- 
ña en servicio del Rey, hasta que el rebelde fué vencido y 
preso, en 1554 

Por todos estos servicios y por los anticipos que hizo á 
la Corona de Castilla, mereció Delgadillo que el Rey^ le agra- 
ciara con importantes puestos públicos, como el de Corre- 
gidor de Piura, y además le señaló una renta de cuatro mil 
pesos en indios vacos por dos vidas, la suya y la de su hijo 
primogénito; y el Virrey Conde de Nieva, en 1563, le dio el 
repartimiento de Chayanta y otros en Charcas. En 1565 
el Gobernador Don Lope García de Castro, nombró á 
Juan Delgadillo encomendero de Saña, Motupe y anexos. 



94 REVISTA HISTÓRICA 



Emprendida la conquista del Perú por Francisco Pizarro, 
al hacer éste el camino de San Miguel de Piura á Cajaraarca 
(1532), pasó por Motupe (Nistupe), descansando cuatro 
días en este pueblo después de la penosa travesía del desier- 
to de Sechura. La región que formó el corregimiento de 
Saña (hoy departamento de Lambayeque) fué una de las 
primeras que recorrió el ejército conquistador. Consumada 
la conquista y establecido el virreinato, se fundó el 25 de 
Abril de 1563, la villa de Santiago de Miraflores, conocida 
con el nombre de Síiña, en el partido entonces llamado de 
Saña y Lambayeque, territorio que pertenecía á la provin- 
cia de Trujillo, alcanzando de largo 25 leguas Shí. NE. y 14 
de ancho. Por disposición del Virrey del Perú Don Diego 
López de Zúñiga Conde de Nieva, fué comisionado para la 
fundación de Saña el Corregidor y Justicia raaj-or de Tru- 
jillo Don Diego de Pineda Biscuñán, que la levantó á los 6*^ 
45*. En el mismo año (1563) con motivo de la sublevación 
general de los indios, el Virrey Conde de Nieva, separó de 
la provincia de Trujillo el partido de Saña, erigiéndolo pro- 
vincia aparte, á la que poco después el Virrey Toledo in- 
corporó al partido de Chiclayo. Se comprende desde luego 
que la nueva provincia de Saña, no alcanzó toda la exten- 
sión territorial de lo que es hoy el departamento de Lamba- 
yeque, porque cuando( 1570-1 575) Don Francisco de Toledo» 
matriculó las encomiendas de Indios del Virreinato, reunien- 
do en centros poblados á los indios que vivían dispersos, hu- 
yendo de la opresión de los conquistadores, casi todos los 
pueblosque formanactualmente el departamento de Lamba- 
yeque, no estaban comprendidos solo en la provincia de Saña, 
dentro de cuyos límites se hallaban ubicadas las encomiendas 
— Jayanca, con 1248 indios; Lambayeque con 1452; Callan- 
ca ó Monsefú con 716; Ferreñafe con 39H; Reque con 536; 
mimo con 834; Túcumc con 820; Sinto ó Collique con 1162; 
Chérrepe con 114; Saña con 320 y Pacora con 234, sino 
también con la de Piura, en que se encontraban estas otras: 
Motupe con 543 indios; Copis con 41; Olmos, Santo Vélico 
y Catón con 382 y Salas y Penachi con 255. 

Eran, pues, quince pueblos con un total de 9055 indios, 
siendo los centros más populosos entonces: Lambayeque 3' 
Jayanca y los de Sinto y Collique, sobre cuyas comunidades 



EL CAPITÁN JUAN DELGADILLO 95 

más tarde debía levantarse Chiclayo (encomienda de indios 
que el Emperador Carlos V dio en el siglo XVI á los pri- 
meros condes de Chinchón) que, con 15000 habitantes, es en 
el día la floreciente capital del departamento de Lamba- 
yeque. 

Trascurría el tiempo y Saña, capital de la provincia del 
mismo nombre, fué progresando notablemente. Situada en 
fértil valle, residencia de nobles y acaudaladas familias es- 
pañolas, con un pro'2:reso no interrumpido de ciento veinte 
y tres años, Saña parecía destinada á ser en el porvenir un 
centro de cultura y de riquezas. Fatalmente, en 1686, época 
en que los piratas asolaron la costa del Pacífico, Eduardo 
David, que desembarcó por la caleta de Chérrepe, único 
puerto que existía entonces en el litoral de este departamen- 
to, **atacó y sorprendió la villa (Saña) 3' permaneció en ella 
siete días, robando templos y casas con notable perjuicio de 
la población'*, A Dios gracias que dio lugar á que se deplo- 
blara, trasladándose muchos de sus habitantes á Lamba* 
yeque, ciudad situada á dos leguas del mar. Treinta y cua- 
tro años pasaron del memorable saqueo de los piratas, y 
Saña, recuperada de sus riquezas perdidas, continuaba acre- 
centando su florecimiento. Pero vino el 15 de Marzo de 1720 
y la hermosa villa, la lujosa residencia de españoles y crio- 
llos, la extensa ciudad que se enorgullecía, con los siete so- 
berbios templos que guardaba, se vio arrasada y destruida, 
en menos de cuatro horas, por una formidable inundación 
que todo lo arrastró en su corriente, convirtiéndose en rui- 
nas y escombros su progreso y nombradía. 

En tal situación, determinaron los habitantes formar 
nna nueva población; pero las graves discordias que se sus- 
citaron para la elección, hicieron perder mucho tiempo, y al 
fin se vieron obligados ¿l refujj^iarse en los pueblos vecinos, 
quedando la villa en el más deplorable estado. 

Casi todas las familias patricias de Saña, salvo muy 
pocas que pasaron á Trujillo, se establecieron en Lambaye- 
que, ciudad que por el notable adelanto que había alcanza- 
do, por los numerosos recursos de que difrutaba y por haber 
tomado en ella residencia el Corregidor Don Miguel de 
Soraluce, descendiente legítimo de Domingo de Soraluce 



96 REVISTA HISTÓRICA 



conquistador del Perú y uno de los trece de la Isla del Ga- 
llo, quedó erigida en capital de la provincia de Saña. 

Lambayeque, encomienda de indios, que el Emperador 
Carlos V dio en el siglo XVI A los marqueses Jel Carpió, era 
de origen tan antiguo como Saña, y ambas formaban parte 
del señorío de los Régulos del Chimu, cuya dominación co- 
rría desde los confines de la provincia de Chancay hasta el 
pueblo de Tumbes por espacio de doscientas leguas: su ori- 
gen están antiguo, que no se sabe si fué primero que el de los 
Incas; y sólo consta que en tiempo del Inca Pachacfitec, que 
fué el IX de estos monarcas, reinaba en estos > alies, 
como soberano, Chumu Cápac, cuyo nombre propio era 
Chumu Cancha. El encomiado Inca por medio de su hijo 
el príncipe Yupanqui, con un ejército de treinta mil hombres 
empezó á hacerle la guerra en el valle de Parmunca(que hoy 
se dice Paramonga), inmediato ñ la villa de Huaura; y ha- 
llando resistencia aumentó sus combatientes hasta el número 
(le cincuenta mil. Se concluyó en el valle de Santa, quedando 
vencida la altivez de dicho régulo,quien,por consejo y persua- 
ción de sus capitanes pidió capitulaciones,ofreciendo adorar al 
Sol por sudios.y repudiará sus ídolos patrios, que los tenían 
eu forma de peces y animales. Con el pretexto y motivo 
especioso de su f dlsa religión, los Incas extenditrron su Impe- 
rio, siendo ellos mismos objetos del culto que solicitaban. 
Todavía se manifiestan unas casas arruinadas en el ameno 
valle de Chimu y de una extraordinaria fábrica del citado 
Chimu, media legua de la ciudad.junto á un sitio que llaman 
Chanchan. Quedó tributario del Inca, y en memoria de este 
triunfo, mandó hacer el mencionado Yupanqui, en dicho 
valle de Paramonga, un cfistillo 3' fortaleza, cuyas ruinas 
descubren todavía su grandeza y poder: mas no por esto se 
apoderó de estos países, contentándose sólo con el reconoci- 
miento de su soberanía, para cuyo efecto dejó ministros de 
justicia y guerra con que aseguró la obediencia y subordina- 
ción, como lo refieren las historias antiguas. 

Diego Fernández de Córdova,**El Palentino'*, al citar un 
pasaje de los adictos á la revolución de Hernández Girón en 
1553 habla de la existencia de Lambayeque, cuyos pueblos, 
indios y principales confió el Gobernador Don Francisco 
Pizarro,por provisión fechada en Lima el 8 de Noviembre de 



EL CAPITÁN JUAN DELGADILLO 97 

1536, al conquistador Juan de Barbarán, cuyos descendien- 
tes en abatida suerte se avecindaron en Lima cuando el Em- 
perador Carlos V dio en segunda vida esa encomienda, según 
se ha dicho, al Marqués del Carpió. El primer encomendero 
cafsó con Doña María de Lescano y Mendoza,hija legítima de 
Francisco Pérez de Lescano y de Dona María de Mendoza, 
encomendero del repartimiento de Chérrepe y Pacasma^^o, 
y de ellos nacieron Pedro, Gabriel, Juan y Francisco de Bar- 
barán V Lescano. 

La ciudad de Lambayeque fué fundada primero á una 
legua del mar, pero á los pocos años de su fundación la tras- 
ladaron sus moradores al lugar en que hoy existe, 6 ^ 42'. 

Cuando parte de los habitantes de Saña se avecinda- 
ron en Lambayeque, después del saqueo de los piratas, en- 
contraníU á este pueblo establecido en la latitud citada, 
que es la actual, y, lo que es más, la hallaron siendo una 
población de ya apreciable importancia. 

El 14 de Febrero de 1619 sobrevino el espantoso terre- 
moto llamado de San Valentín, que redujo á escombros la 
ciudad de Trujillo. El Obispo se trasladó con su Cabildo á 
Lambayeque y por auto de 10 de Marzo de ese año.estable- 
ció en esta ciudad su Sede; pero el Virrey Príncipe de Esqui- 
lache dispuso que se restituyese á Trujillo. Mas. su Ilustrí- 
sima fray Don F. Díaz de Cabrera, murió en la dicha Lam- 
bayeque el 25 de Maj'o de 1619. Tal hecho demuestra que 
67 años antes que los de Saña llevasen á Lambayeque una 
corriente nueva de vida, este pueblo se hallaba en cierta con- 
dición de superioridad. Concentrados, pues, en Lambayeque 
después de la ruina de Saña (1720), todos los elementos 
de trabajo, á partir de esa época, comienza para la histórica 
ciudad una verdadera grandeza, al punto de convertirse en 
el centro mayor y más opulento de la provincia, y aún de 
toda la costa de Huacho á Tumbes; y fué después de Trujillo 
una de las primeras ciudades que en el Perú proclamaron su 
emancipación política, el 31 de Diciembre de 1820; contribu- 
j^endo, además, á la emancipación con 600 hombres discipli- 
nados, 200 voluntarios, 2.000 acémilas y 300.000 pesos de 
oro. Fueron en gran parte lambayecanos los valerosos 
soldados que, á las órdenes del Comandante argentino Suá- 



98 REVISTA HISTÓRICA 



rez Y de su ayudante mayor el Teniente Don Andrés Rázurís 
dieron la victoria de Junín el 6 de Agosto de 1824. 

Volvamos á contemplar las ruinas de Saña, en la que 
sólo dos años después (en 1722), vino á fundarse la nueva 
ciudad del mismo nombre, cuya preponderancia no pudo re- 
vivir en ésta; fué también perdiéndose el nombre que dio á 
la provincia, á la que iban llamando Lambayeque, que junto 
con ella, estaban sujetas en lo político y judicial al departa- 
mento de la Libertad (Trujillo). 

El General Don Juan Delgadillo fué además vecino feuda- 
tario de Trujillo y allí declarado insigne benefactor del con- 
vento (supreso) de San Agustín, y patrón de su capilla ma- 
yor, en cu3'a bóveda está enterrado, pues murió en Trujillo 
el 28 de Noviembre de 1601. 



II 



Su hijo legítimo y primogénito Don Pedro Delgadillo y 
Avila, pacificador del Perú, vecino feudatario de Trujillo y 
su Alcalde ordinario en 1602, segundo encomendero de Saña 
y Motupc. Por real cédula de 1622, el Virrey dispuso que 
se tuviera presente á Don Pedro Delgadillo y á sus descen- 
dientes para premiarlos, por los importantesy notorios ser- 
vicios que esa familia había prestado a la Corona. Don 
Pedro Delgadillo murió en Trujillo el 14 de Febrero de 
1619, víctima del terremoto que la asoló en ese día, y fué 
casado con Doña Luisa de Valenzuela Loayza, natural de 
Lima, y de ella nacieron en Trujillo: 



III 



Doña Francisca Delgadillo Avila y Valenzuela Loaj'za, 
casada con Don Pedro Cedeño de Arévalo Alvarez, de cuyos 
descendientes nos ocuparemos en la monografía histórica y 
genealógica de Trujillo. 

Viudo Don Pedro Delgadillo, pasó á segundas nupcias 



EL CAPTAN JCAN DELGADILLO 99 

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con Doña Beatriz Céspedes de Paz Olmos de Ayala, natural 
de Trujillo, hija legítima del Capitán Don Lope de Ayala,he- 
gundo encomendero de San Pedro y Xetepeque, cuya primera 
vidala dio por cédula de 8 de Noviembre de 1536 el Marqués 
Pizarro, al conquistador Don Pedro González de A3''ala, pa- 
dre legítimo de Don Lope; casado éste con Doña Elena Cés- 
pedes de Paz Soria, viuda del conquistador Juan Esparsa, 
hija legítima de Don Rodrigo de Paz, natural del Payo de 
Valencia, en Ciudad Rodrigo, y allí casado con Doña Beatriz 
Céspedes de Soria. En 1537 vino Don Rodrigo de Paz á la 
conquista del Perfi y siendo Alférez real del Cabildo de Tru- 
jillo, se le nombró en comisión para recibir al nuevo gober- 
nador del virreinato Licenciado Don Pedro de la Gasea. 
Puesto al frente de las tropas regulares de Cajamarca, se 
incorporó en Jauja al Licenciado Presidente; conservado en 
su puesto de Alférez peleó en la jornada de Jaquijaguana 
con el estandarte de Trujillo, el 9 de Abril de 1548, 
cuya corporación él representaba. Antes de avecindar- 
se se halló Don Rodrigo de Paz con el Licenciado D. 
Cristóbal Vaca de Castro en la batalla de Chupas, en 
1542. Por todos estos servicios, el Presidente la Gasea, 
en Real provisión de 9 de Enero de 1549 encomendóle 
los indios de Saña, vacos por haberlos abandonado su 
segundo encomendero el Capitán Don Juan Delgadillo, 
por auto de 8 de Noviembre de 1536 expedido por el 
Marqués Don Francisco Pizarro. El tercer encomendero de 
Saña Don Rodrigo de Paz, obtuvo permiso para volver á 
España, en donde le encontramos en 1568 en Ciudad Rodri- 
go,rindiendo prueba de su nobleza. Regresó al Perú en 1584, 
á su encomienda de Saña, que la servía nuevamente el Capi- 
tán Delgadillo por provisión de 1565 del Gobernador del 
reino, Licenciado Lope García de Castro. 

Don Rodrigo no solo regresó al Perú acompañado de su 
esposa, sino también por sus hijas legítimas. Doña María 
de Paz Soria, que heredó en segunda vida la encomienda de 
Saña; y 

Doña Céspedes de Paz Soria, á quien dejamos casada 

con Don Lope Olmos de Ayala, y de ellos la dicha Doña 

Beatriz Céspedes de Paz Olmos de Ayala, la segunda esposa 

del Capitán Don Pedro Delgadillo, cuya sucesión continúa. 
11 



100 REVISTA HISTÓRICA 



Doña María López de Ayala y Paz Céspedes de Soria, 
que casó en Trujillo con su tío abuelo materno Donjuán de 
Saavedra, nuevo encomendero de Saña, hermano carnal 
lejítimo y entero del conquistador Rodrigo de Paz, y como 
él, natural de Payo de Valencia en Ciudad Rodrigo. De ese 
matrimonio nació en Saña Doña Bernarda de Saavedra; 
casada allí con Don Bernardo López, natural del Corral de 
Almaguer, en España; y de ellos nacieron en Saña el Dr.Don 
Juan López de Saavedra, el 24 de Junio de 1613, eclesiás- 
tico de notable instrucción y merecimientos. En su carrera 
ascendió hasta la dignidad de Deán de la iglesia Catedral 
de Trujillo. Fué comisario de la Inquisición; juez superinten- 
dente de aguas nombrado por el Virrey Conde de la Mon- 
clova. Invirtió fuertes sumas de su propio peculio en la 
refección y mejora de la iglesia de Huanchaco y en la de San 
José, en el camino de ese puerto á Trujillo. También fundó 
algunas buenas memorias y fomentó el culto del Santí- 
simo Sacramento. Formó y redactó el reglamento de aguas 
de los valles de Virú, Chicama y Santa Catalina, en el 
departamento de La Libertad, y falleció el 13 de Mayo de 
1707, en olor de santidad. Su cadáver, á través de 200 
años, se conserva incorrupto en la iglesia de Huancha- 
co, donde se le guarda lleno de respetuosa veneración. Her- 
manas carnales, lejítimas y enteras del santo don Juan, fue- 
ron Doña Juana, casada con Don Carlos del Pozo Orbegoso, 
de quienes nos ocuparemos más adelante. Doña Isabel Ló- 
pez de Saavedra, natural de Saña, y allí casada con el doc- 
tor Don Juan Carrasco del Saazy Soto Bermádez,natural de 
Lima, cuya ascedencia es la siguiente: 



LOS DEI. SAAZ FERNANDEZ DE TEJADA 



El noble solar de Tejada y la Villa de Valdesera, son ca- 
sas solariegas é infanzonadas, queson de nobles hijosdalgos, 
y lo mismo que los Catanes y Valvaflores en Italia, porque 
vienen de bueno y antiguo linaje y tienen grandes hereda- 
mientos, de que habla la ley 12. Titulo 1*? p. 2^ Santo To- 
más en su opúsculo Regimcne Prínciputn lib. III, cap. final, 



EL CAPITÁN JUAN DELGADILLO ÍOl 



habla de estos oficios, y de los infanzones dice: son los nobles 
señores de algunas villas ó castillos, y como tales, los seño- 
res ó diviseros de ellas han gozado y gozan del señorío co- 
mo caballeros hijosdalgos que prueban lejítimamente des- 
cender de estos lugares; y esta línea y descendencia se 
comprueba por la información que de ella ha dado por línea 
recta de varón el doctor Don José Carrasco del Saaz, Arce- 
diano de Arequipa, á 20 de Abril de 1650, ante Martín 
Martínez Alcalde Mayor de dicha villa y Juan Martínez 
de Tejada escribano, y se le dio la posesión por sí y en nom- 
bre de sus hijos el 22 de Abril del mismo año. Lo que en ella 
prueba es lo siguiente: 



Lope del Saaz, fué el primer caballero de esta familia y 
solares de quien hay noticia. Vivió en la villa de Aljamil y en 
Laguna de los Cameros, donde fué tenido y reputado por hi- 
jodalgo notorio. No hay noticia de con quién se casó; sólo 
la hay de que tuvo un hijo de su nombre, que se llamó: 



II 



Don Lope del Saaz, hijodalgo notorio, y casó con Jua. 
na del Saaz, vecina de Aljamil, y de ellos nacieron: 



III 

Pedro del Saaz, por quien se continúa la sucesión^ 

Diego y Juan del Saaz. 

Estos tres hermanos litigaron su ejecutoria de nobleza y 
ganaron la Real carta de ella en la Real Chancillería de Va. 
lladolid en 22 de Diciembre de 1518. Se pronunció en su fa- 
vor la sentencia de vista, y la de revista en 2 de Juliode 1532 
y en 13 de Julio del mismo año, se despachó ejecutoria en 
forma, como todo consta de ella. 



102 REVISTA HISTÓRICA 



Pedro del Saaz, natural y vecino de la villa de Laguna 
de los Cameros, casado con una señora Quyo nombre no he 
alcanzado; y de ellos nació: 



IV 

Diego del Saaz, natural y vecino de la villa de la Lagu- 
na de los Cameros y allí casado con Catalina Mínguez; y de 
ellos: 



Francisco del Saaz, natural de la Laguna de los Came- 
ros, quien joven aun se avecindó en Trujillo de Extremadura, 
en donde adquirió mucha hacienda y heredamientos. Fué re- 
gidor 24 de su ilustre Ayuntamiento, y casó con Doña Isabel 
Carrasco González, natural y vecina de dicho Trujillo, hija 
lejítima del Dr. Gonzalo García Carrasco y de Doña Beatriz 
González. 

De ese matrimonio nacieron en Trujillo: 



VI 

El Dr. Don Francisco Carrasco del Saaz, por quien con- 
tinúa la sucesión, 

Don Luis del Saaz, que fué proveedor del ejército de las 
Alpujarras por la ciudad de Trujillo, cuando la socorrió Don 
Juan de Austria, y no dejó sucesión. 

Don Diego del Saaz, regidor 24- del Ayuntamiento de Tru- 
jillo, y allí casó con Doña María Ramírez, y de ellos nació: 

Don Francisco Ramírez del Saaz, que sucedió en el ma- 
• yorazgo de esta casa y en la venticuatría del Ayuntamiento 
de Trujillo. Pasó á las Indias por oñcial real y factor de la 
ciudad de Quito, en donde falleció sin dejar sucesión. 

El Dr. Don Francisco Carrasco del Saaz, natural de Tru- 
jillo de Extremadura, se^educó en la Real Universidad de Al- 
calá de Henares, hasta recibirse de doctor en ambos dere- 
chos. Fué nombrado oidor de la Real Audiencia de Panamá 



EL CAPITÁN JUAN DELGADILLO 103 

en los reinos del Perú. Escribió varías obras, que algunas 
se imprimieron, j entre ellas una interpretando y glosando 
las leyes de Recopilación del Reino de Castilla: el trata- 
do de Casibus Caria^ el Nobilus non torquendis y otras. 
Casó el Dr. Don Francisco en Lima, C9n Doña Juana de So- 
to, natural y vecina de esta ciudad, hija iejítima de Don 
Juan Soto y de Doña Isabel Bermúdez, naturales de la ciu- 
dad de Logroño en los reinos de España. 

Del matrimonio anterior nacieron en Lima: 



VII 



El Dr. Don José Carrasco del Saaz y Soto Bermúdez, por 
quien se continúa la sucesión. 

El Dr. Donjuán Carrasco del Saaz, Canónigo doctoral 
de la Santa Iglesia Catedral de Lima. 

Don Fray Andrés Carrasco del Saaz de la orden de 
San Francisco, que murió de prior y vicario provincial en 
Panamá, 

El R. P. M. Don Fray Francisco Carrasco del Saaz, lec- 
tor de Artes y Teología y muy aventajado histólogo y predi- 
cador de la orden de Santo Domingo, donde ocupó los más 
altos puestos en la provincia del Perú, de la cual, el año 
de 1651, fué provincial. 

Doña Isabel Carrasco del Saaz, y 

Doña Inés Carrasco del Saaz, que ambas casaron en el 
Perú. 

Doña María y Doña Mariana Carrasco del Saaz y Soto 
Bermúdez, que ambas fueron monjas en Lima. 

El Dr. Don José Carrasco del Saaz y Soto Bermúdez, na- 
tural de Lima, siguió la carrera de las armas. Fué capitán 
de caballos y corazas lijeras. Se avecindó en la ciudad de Sa- 
ña, y allí casó con Doña Isabel de Saavedra, viuda y con hi- 
jos de don Gaspar Escobar; hermana carnal, Iejítima y ente. 
ra de Donjuán López de Saavedra, Deán de la Catedral de 
Trujillo, y de Doña Juana López de Saavedra, esposa de Don 
Carlos del Pozo y Orbegoso, y los tres hermanos, hijos lejíti- 
mosi de Don Bernardo López del Corral, natural del Corral 



104 REVISTA HISTÓRICA 



de Almoguer en España y de Doña Bernarda de Saavedra, 
natural de la villa de Saña, de cuyos padres hemos hablado. 
Del matrimonio anterior nacieron en Saña: 



VIII 

Donjuán Carrasco del Saazy López de Saavedra, que 
continúa la sucesión. 
Don José, 

Don Diego, (progenitor de los Carrasco en Chile), 
Don Gerónimo, 
Don Fray Francisco, 

El Ilustrísimo señor Don Fray Bernardo Carrasco del 
Saaz y López de Savedra Soto Bermódez, natural de Saña, 
de la orden de Predicadores, en la que fué provincial 
de Lima. El Rey Don Carlos II lo presentó á Su Santidad 
para Obispo de Santiago de Chile en 1679. Su Ilustrísima 
terminó la fábrica de la Catedral de Santiago, ayuda- 
do con las limosnas de los vecinos y con los dos novenos 
reales que para tal fin le cedió el Rey, de los bienes ecle- 
siásticos del reino de Chile. Tocóle, pues, la dicha de con- 
sagrar esa iglesia y pasó á la de La Paz en 1694, donde acá- 
bó sus días en 1697. 

Doña Ana Carrasco del Saaz Soto Bermádez y Arias de 
Saavedra, 

Doña Isabel Carrasco del Saaz, Soto Bermudez y Arias 
de Saavedra. 

Viudo el Doctor Don José Carrasco del Saaz y Soto Ber- 
mudez se ordenó de misa y en 1561 ascendió á Arcediano 
de Arequipa. Pasó á España á tomar posesión del maj^oraz- 
go de su ilustre casa, de la gran casa que fué del célebre ca- 
pitán español Sancho Fernández de Tejada, señor de los 
montes Candines y de Valdeosera, para lo que tuvo Don Jo- 
sé que producir información de su ñlación y nobleza genero- 
sa, y con ella probar ser el único varón primogénito de 
la casa de Tejada; y los oidores, vista la justicia que lé 
asistía, resolvieron en 1651 se pusiese á Don José en tran- 
quila posesión de esos may^orazgos: quien previos los arre-' 



EL CAPITÁN JUAN DELGADILLO JOS 

glos indispensables para constituir apoderados que le admi- 
nistrasen las rentas del mayorazgo, tornó de nuevo al vi- 
rreinato del Perú, en donde á poco de su llegada, se le pro- 
movió á la dignidad de maestre escuela de la ciudad de 
la Plata (Charcas). Sirvió asimismo los empleos de Comi- 
sario Apostólico, Sub-delegado general de la Santa Cruzada 
y gradualmente fué ascendiendo á todas las dignidades de 
la Iglesia, hasta la de Deán del Coro de la Plata; y murió en 
1778. 

Su hijo lejítimo, el Iltmo. Rv. Sr. Dr. D. Fray Bernardo 
Carrasco del Saaz y López de Saavedra, de la orden de Pre- 
dicadores, ocupó los mayores puestos, hasta el de Provin. 
cial de su religión. Fué preconizado obispo de Santiago de 
Chile, y de allí fué ascendido al de La Paz (Bolivia), en don- 
de falleció en 1697 aclamado por otro Santo Tomás de Vi- 
llanueva por sus largas limosnas: varón perfecto por su vida 
ejemplar y penitente y venerado como obispo déla primitiva 
Iglesia, por el celo grande del bien espiritual de sus ovejas. 
Su hermano lejítimo y entero, el Dr. D. Diego José del Saaz 
Carrasco y Lópe2 de Síiavedra, obtuvo por oposición la ca- 
nogía Penitenciaria de la Santa Iglesia déla Plata. Fué gran 
teólogo y eminente orador: imprimió dos libros de sermones 
varios y de discursos morales sobre las dos historias de Josué 
y de David, que corrieron con gran aprobación en la corte de 
Madrid y en todo el virreinato del Perú. En 1699 fué digni- 
dad de Tesorero de dicha iglesia de la Plata y comisario ge- 
neral de la Santa Cruzada. Y por el gran celo con que se 
aplicó á la recaudación de la Real hacienda y aumento de la 
Santa Bula, le hizo el Rey la merced sin ejemplar, á propues- 
ta del Consejo de Indias, de dos mil pesos de ayuda de 
costas; y salió decreto para que los señores de la Cámara 
lo tuviesen presente para proponerlo en las mayores digni- 
dades que vacaren en los reinos del Perú. 

El Maestre de campo Don José Carrasco del Saaz y Ló- 
pez de Saavedra, pasó á los reinos de España, en compañía 
del señor Deán Dr. D. Francisco, su padre lejítimo. Tomó 
posesión en la ciudad de Trujillo de Extremadura de la ven- 
ticuatría hereditaria que sus mayores poseyeron en ese 
Ayuntamiento, y que vinculó á su casa su tío abuelo Don 



106 REVISTA HISTÓRICA 

Diego del Saaz, y de los mayorazgos que fundó Doña Isabel 
González su visabuela. Sirvió en el principado de Cataluña» 
en el sitio de Barcelona, en el puesto de Capitán de infante, 
ría. Concluídfí esa guerra regresó al Pero con cédula 
de recomendación para los señores virreyes, quienes le 
honraron con el corregimiento de las fronteras de Tomina. 
Pasó al reino de Chile, cuando su hermano Don fray Bernar- 
do servia el obispado de Santiago; fué maestre de cam- 
po de sus ejércitos, y dejó allí ilustre prole. 

El Maestre de campo Don Juan Carrasco del Saaz y Ló. 
pez de Saavedra, sirvió á S. M. de corregidor y justicia ma- 
yor de dichas fronteras de Tomina, y se ejercitó en varios 
oficios de la República, acudiendo con sus buenos y virtuo- 
sos procedimientos á las obligaciones de su nobleza genero- 
sa. Casó en la ciudad de Lima de primer matrimonio con Do. 
ña Ana María de Salas y Ley va, hija lejítima de don José 
de Salas y Ley va y de doña Inés de Soto Bermúdez, señora 
de las principales familias de Lima. De ese primer matrimo- 
nio nacieron en Lima dos hijas, que fallecieron de religiosas 
profesas en el monasterio de la Concepción de esta ciudad; y 



IX 

Doña Gregoria Carrasco del Saaz I^pez de Saavedra y 
Salas Soto de Bermádez, casada con el Capitán Don Juan 
de Saavedra Cabero, natural de Saña, hijo del Dr. Don To- 
más Cabero de Francia y Toledo Pancorbo Esquibel y Ortiz 
de Bracamonte, natural de Trujillo, hermano carnal, lejíti- 
mo y entero del ilustrísimo señor Dr. D. Juan Cabero de To- 
ledo de la orden de Calatrava, Obispo de Santa Cruz de la 
Sierra y de Arequipa. Estudió el Obispo en el colegio de San 
Martín de Lima; fué catedrático de Artes y Teología y de pri- 
ma de escritura. Rector de la Universidad de San Marcos en 
1712, 1713 y 1714 y del colegio de Santo Toribio; prebenda- 
do, canónigo magistral y maestre de escuela del coro de esta 
iglesia. Nombrósele Obispo de Santa Cruz de Sierra por el Rey 
Felipe V y fué consagradoen Arequipa por el Obispo Don Juan 
Otárola. Llevó á su diócesis á los padres de la Compañía 



EL CAPITÁN JUAN DELGADILLO 107 



costeándoles el viaje, y les encomendó la instrucción de la 
juventud. Se le promovió al obispado de Arequipa por Real 
cédula de 20 de Marzo de 1725, y tomó posesión de él en 30 
de Setiembre de 1726. Distribuyó muchas limosnas, y con 
preferencia se ocupó de visitar las provincias. Hizo la pila 
de bronce de la plaza de Arequipa, que se terminó y estrenó 
el 20 de Octubre de 1735, y la cañería de piedra que se colo- 
có desde Miraflores. Mejoró algunas calles, puso un muro 
de piedra en el baluarte que une el puente con la ciudad y 
dirijió otras obras públicas y de ornato por encargo del Vi- 
rrey Marqués de Villa García. Al oriente de la iglesia Cate- 
dral edificó en 1736 un templo denominado de San Juan, pa- 
ra el Santísimo Sacramento, donde los curas ejercitasen las 
funciones parroquiales; su puerta principal está á la plaza y 
tiene una vistosa torre. Le fabricó sacristía v baustisterio, en 
que puso una fuente de piedra berenguela^ dos restablos y el 
pulpito; también compró valiosas alhajas para la imagen 
de la Virgen, en cuyas obras y objetos invirtió cuantiosas 
sumas. Gastó como veinte mil pesos en unas andas para la 
Virgen de la Catedral, en las que se emplearon dos mil mar- 
cos de plata. Hizo traer de Cochabamba un nuevo altar 
maj'or dorado, cu3'o costo pasó de treinta mil pesos. Tam- 
bién fabricó la sillería de cedro del coro, con sus elegantes 
tallados, estimada en ocho mil pesos; la sacristía con visto 
sos arcos y media naranja, el coro alto, y una campana con 
peso de muchos quintales. Dotó con un capital de diez mil 
pesos, las fiestas y sermones del octavario de la Asunción. 
Así mismo dotó tres capellanías de coro con el principal de 
cinco mil pesos cada una; y en la Compañía de Jesús con cua- 
tro mil pesos la fiesta de San Francisco Javier. A sus expen. 
sas se hicieron otras obras en diferentes templos y tres salas 
de cal y canto en el hospital de San Juan de Dios. Mandó po- 
ner expedita la obra pía establecida en favor de las mujeres 
recogidas y la socorrió con limosnas. Siguió y venció el rui- 
doso pleito que hubo con los vecinos de Moquegua, sobre si 
se había de fundar allí ó en Arequipa el convento de Santa 
Rosa, cuyo edificio dejó trazado. Legó diez mil pesos para 
que con su producto se distribuyesen limosnas á los pobres 
y falleció el 20 de Marzo de 1741, habiendo consumido las 

12 



108 REVISTA HISTÓRICA 



rentas de sus obispados y su gran patrimonio, que no baja- 
ba de 200,000 pesos fuertes, en los objetos que van puntuali- 
zados. Los restos de este ilustre prelado se hallan en la Igle- 
sia de San Juan, en que él mismo preparó su sepulcro, (como 
los de sus ilustres progenitores se hallan en la de San Juan 
de Zaragoza en España, en donde están las banderas y pen- 
dones que los de esta familia ganaron en la conquista de 
Hspaña). 

Existe su retrato en una sala de la Universidad de Lima. 
El que había en Arequipa, pereció el 1*^ de Diciembre de 1844 
día en que se incendió la Catedral de dicha ciudad. Hermano 
de su ilustrísima y del Dr. D. Tomás, fué el caballero de Ca- 
latrava D. Bartolomé Cabero, de quien nos hemos ocupado, 
y todos ellos, naturales de Trujillo, fueron hijos lejftimos 
del Maestre de campo D. Alvaro Cabero de Francia, del or- 
den de Santiago, Corregidor de Trujillo y Saña, y de Doña 
Úrsula de Toledo Esquivel Pancorbo y Ortizde Bracamonte. 

Del matrimonio de doña Gregoria Carrasco con Don 
Juan Saavedra Cabero, nacieron en Saña: 



Doña Tomasa Cabero y Carrasco del Saaz López de 
Saavedra, por quien se continúa la sucesión; 

El padre jesuíta don Tomás Cabero y Carrasco. 

Viudo Donjuán Carrasco y López de Saavedra de Doña 
Ana María de Salas, pasó á segundas nupcias con Doña 
María de Iñíguez y Góngora; y de ellos nacieron en 6aña: 
Sor María, religiosa profesa en el monasterio de Agustinas 
dclcazas de Lima; 

Doña Tomasa Cabero y Carrasco del Saaz, casó en Sa- 
ña con Don Matías Ripalda, y de ellos: 



EL CAPITÁN JUAN DELGADILLO 109 



XI 



Don Francisco Ripalda Cabero, de quien nos ocupare- 
mos más adelante. 

Doña Antonia Ripalda Cabero, natural y vecina de Sa- 
ña y allí casada con don Manuel Villodas; y de ellos: 



XII 



Doña Ana María de Villodas y Ripalda Cabero, casada 
con Don Antonio Ramón Peramás, padres que fueron de: 



XIII 



Doña Tomasa Feramás, Villodas Cabero de Francia 
López de Saavedra, Carrasco del Saaz y Soto Bermúdez, 
casada con Don Manuel López Osaba de Salcedo. 

Del matrimonio anterior nacieron: 



XIV 



Don Bernardino Salcedo y Peramás Ripalda Cabero, 4 
casado con Üoña María del Carmen Taforó y Zamora, de 
quienes después se dirá. 

Don Manuel Salcedo y Peramás Ripalda Cabero, casa- 
do con Doña Josefa Ruíz. 

Del matrimonio anterior nacieron; 



XV 



Don Guillermo Salcedo y Ruíz. 
Don Manuel Salcedo y Ruíz. 



lio REVISTA HISTÓRICA 



Don Ricardo Salcedo y Ruíz, natural de Lamba^'eque, 
notable industrial y capitalista peruano, casado con Doña 
Isabel Olivares y Camino, hermana carnal, lejítima y ente- 
ra del Dr. Don Salvador Olivares, médico y cirujano de 
las Universidades de París y Lima, y ambos hermanos, hijos 
lejítimos del ciudadano español Don Salvador de Olivares 
y de Doña Isabel Camino Godoy, vecina de Lamba\''eque. 

Del matrimonio anterior nacieron: 



XVI 



Doña María Isabel Salcedo y Olivares, y 
Doña Ana Rosa Salcedo y Olivares. 



XV 

Don Enrique Salcedo y Ruíz, 

Don Carlos Salcedo y Ruíz, 

Don Augusto Salcedo 3' Ruíz, 

Don Eliseo Salcedo y Ruíz, 

Doña María del Pilar Salcedo y Ruíz (monja en Belén) 

Doña Beatriz Salcedo 3'' Ruíz, 

Doña Isabel W. Salcedo v Ruíz. 



XIV 

Don Bernardino Salcedo y Peramñs Carrasco del Saaz 
Cabero Saavedra, casó con Doña María del Carmen Taforó 
y Zamora, hermana carnal lejítima y entera de Don Fran- 
cisco de Paula Taforó, ilustre sacerdote, orador y escritor 
sagrado y servidor público, nacido en Valparaíso en 1S17 
en el seno de su ilustre familia. (*) 



(•). — La familia Taforó reconoce por cepa y tronco á Doña María An- 
tonia Taforó, natural de la ciudad italiana de Velletri, casada en Lima con 
DííH Juan Rodrí^^uezde Ballesteros, Regentede la Audiencia de Chile en 1811, 
y de ellos fué hija Doña María Rodríguez de Ballesteros y Taforó; casó 
con Den José Mfiría Fernández Balmaceda, y de ellos el Presidente de Chi- 
le José Manuel Balmaceda, y el Ministro de Chile en d Perú Don Rafael Bal- 
maceda V Fernández. 



EL CAPITÁN JUAN DELGADILLO 111 



Del matrimonio de Don Bernardino de Salcedo Peramás 
con Doña María del Carmen Taforó, nacieron en Lambaye- 
que: 



XV 

Don Bernardino Salcedo y Taforó, casado en Lambaye- 
qae con su sobrina carnal Doña Laura Pastor Sevilla Soto 
Soraluce y Taforó Zamora, y de ellos nacieron en aquella 
ciudad: 

Doña Ana María, 

Don Bernardino Salcedo Pastor 

Doña Laura Rosa, 

Doña Angélica, 

Don Alfredo Salcedo Pastor 

Don Augusto Salcedo Pastor 

Doña Albertina Salcedo Pastor 

Todos s alteros en 1905. 

Doña Laura tuvo á los siguientes hermanos de padre 
solamente: á Doña Tomasa Pastor Sevilla, soltera; á Doña 
Mariana, casada con Juan Clark; á Doña Angélica y Doña 
Julia Pastor. 

Dona Angela Salcedo y Taforó, natural de Lambayeque 
casada en primeras nupcias con Don Ignacio Romero y en 
segundas nupcias con Don Alejandro J. Puente. 



XVI 

Del matrimonio de Doña Angela con Don Ignacio na- 
cieron: 

Doña Irene Romero. 

El Doctor Eleodoro Romero Salcedo, Senador por Ama- 
zonas, ex-Ministro de Justicia, Catedrático de la Universi- 
dad de San Marcos, casado en Lima con Doña Hortensia 
López de Romana, hija lejítima de Don Eduardo López de 
Romana, ex-Presidente del Perú y de la señora Josefa Cas- 
t resana. 

Don Eulogio Romero y Salcedo, ex-Ministro de Gobier- 



112 REVISTA HISTÓRICA 



no, casado con Doña Sofía Rojas, recién fallecida, hija lejíti- 
ma de Don Guillermo Rojas. 



« * 



Del segundo matrimonio de Doña Angela con Don Ale- 
jandro J. Puente, nacieron: 



XVI 



El Doctor Don Alejandro N. Puente y Salcedo, casado 
en Lima con Doña Mercedes Ayulo Mendívil. 

Doña Angélica Puente y Salcedo, casada con Don 
Manuel Irigoyen Canseco, hijo lejítimo de Don Manuel Iri- 
goyen, Senador por el departamento de Junín, ex-Ministro- 
de Relaciones Exteriores, que casó con Doña Mercedes Diez 
Canseco, hija de Don Pedro Diez Canseco, Presidente que fué 
del Perú, hermana . de Doña Francisca Canseco, viuda del 
Gran Mariscal Don Ramón Castilla: 



XV 



Doña Tomasa Salcedo y Taforó, natural de Lamba- 
yeque, y allí casada con el doctor Don Belisario Piedra 
natural del Ecuador, médico hemeópata, vecino de Li- 
ma; de ese matrimonio nacieron seis hijos; 

Don Belisario, 

Don Alfredo, 

Don César 

Don Bernardino, Leónidas y Leonor, muertos á su nia- 
vor edad. 



EL CAPITÁN JUAN DELGADILLO 113 



XY 



Doña María del Carmen Salcedo y Taforó, natural de 
La'mbayeque, y allí casada con Don Nicanor Leguía y Haro 
natural de la misma ciudad « hijo lejítimo de Don José Le- 
guía, y descendiente de Don Eutaquio de Leguía, fiel de al- 
macenes de las Rentas del Tabaco, Naipes y Papel sellado en 
Lambayeque (1784) (*). Del matrimonio anterior nacieron 
en Lambayeque. 



XYI 

Don Nicanor Leguía Salcedo; 
Don Carlos Leguía y Salcedo. 

Don Augusto B. Leguía y Salcedo, actual Presidente del 
Consejo de Ministros, Ministro de Hacienda y Comercio, 
casó con doña Julia Swayne, hija lejítinia de Doña Virginia 
Mariátegui y de Don Enrique Swayne. 

Don Roberto Leguía y Salcedo. 

Doña Victoria Leguía y Salcedo. 

Doña María Teresa Leguía y Salcedo. 

Don Eduardo Leguía y Salcedo. 



(•). — Hermano carnal lejítimo del señor D. Nicanor, fué de Dr. D. Ger- 
mán Leguía^ Haro muerto siendo vocal de la Corte de Piura-1899-casa- 
do en primeras nupcias con Doña Mercedes Martínez y Leguía, hija de Don 
Martín Martínez y de Doña Eustaquia Leguía Haro; y de ellos hijo único el 
Dr. D. Germán Leguía y Martínez notable educacionista, actual Prefecto 
de Piura, casado con Doña Francisca Iturregui y Martínez Leguía, con su- 
cesión . 

En segundas nupcias casó el doctor Don Germán Leguía y Haro, con 
Doña Ignacia Vargas Machuca y de ellos nacieron: 

Doña Águeda Leguía Machuca, casada con Don Agustín Cúneo Guía, 
hijo lejítimo de Don Simón Cúneo, natural de la isla de Córcega y de Doña 
Juana Guía y Astete Zarate, que también fueron padres de Don Francisco 
etc. y de Doña Carmen Salazar y García; y de ellos nacieron; 

Francisco Cúneo Salazar casado con Doña Clara Lecca y Arbulú Bue- 
naño y Delgado y Soto Soraluce; D. A^stín; D. Salvador; t). Juan, Doña 
Eva; b. Eduardo; D. Alberto; D. Federico; Doña Carmen Rosa; Doña Ma- 
ría Eugenia y Doña Cristina Cuneo y Guía, solteros. 

Don Manuel E. Leguía Vargas Machuca, agricultor del departamento 
' de la Libertad. 



114 REYISTA HISTÓRICA 



XV 



Doña Josefa Nicolasa Salcedo y Taforó, natural deLani- 
bayeque y allí casada con Don Antonio Pastor Sevilla, y de 
ellos: 



XVI 



Doña Laura Pastor y Salcedo, á quien dejamos casada 
con Don Bernardino Salcedo v Taforó, con sucesión. 



XV 

Don José María Salcedo y Nieto, hermano de padre vle 
Don Bernardino Salcedo v Taforó. Casó con Doña Zoila Se- 
minario 3' Vásquez, hermana carnal, lejítima y entera de Do- 
ña Angela Seminario y Vásqucz, lejítima esposa de Don Pa- 
Pablo Odar, natural de Olmos, hijo lejítimo de Don Manuel 
Cipriano Odar y de Doña Gregoria Cornejo; 3' de ellos Don 
blo, Don Próspero, el doctor Don Luis, 3^ Doña Elvira Odar 
Seminario; y ambas hermanas, Zoila y Angela, hijas lejíti- 
mas de Don Rafael Seminario 3' de Doña Carmen Vásquez, 3' 
todos naturales de Motupe. 

Del matrimonio anterior nacieron: 



XVI 



Doña Zoila Rosa Salcedo v Seminario, 
Doña Rosa Amelia Salcedo 3* Seminario, 
Doña Felicia Salcedo 3' Seminario, esposa de Don Juan 
(íamero, hijo lejítimo de Don José Sebastián Gamero. 
Don Carlos Salcedo v Seminario, 
Don Osear, muerto en Lima, 



EL CAPITÁN JUAN DBLGADILLO 115 

Doña Julia Salcedo y Seminario, 
Don José María Salcedo y Seminario, 
Doña Elisa Salcedo y Seminario, 
Don Rodolfo Salcedo y Seminario, 
Don Julio Salcedo y Seminario, 
Don Teodoro Raúl Salcedo y Seminario. 



XV 



Doña Mercedes Salcedo y Nieto, casó con Don Enrique 
Bérninzon y de ellos: 



XVI 

Doña Mercedes Bérninzon Salcedo, casada con Don Bar. 
tolomé Ríos. 

Don Enrique Bérninzon Salcedo, casado con doña Car- 
men Rosa Arancibia y Lastres, natural de Lima, hija lejí- 
tima del ingeniero Don Felipe Arancibia y de doña Rosaura 
Lastres, con sucesión. 

« « 



Tal es la descendenciahasta nuestros días del ilustre doc- 
tor Don Francisco Carbajal del Saaz de Tejada, que trae su 
origen y ascendencia de varón en varón y de lejítimos ma- 
trimonios de Don Sancho Fernández de Tejada, Maestro de 
campo general que fué del Rey Don Ramiro I de León por el 
año de 844, siendo esta familia derivada de los reyes 
godos, y los de ella se hallaron en la milagrosa y decan- 
tada victoria de Clavijo, que ganó Don Ramiro á los mo- 
tos, de cuyo católico ejército era caudillo Don Sancho, 
sangre del mismo rey á quien S. M.eii pago de sus servicios, 
dio la alcaldía de los castillos de Clavijo y Vixera que ha- 
bía gaaado, y con elseñorío de los Montes Cardinas, que 

después tomaron el nombre de Tejada, con el señorío del 
13 



116 KEVfSTA HISTÓRICA 



monte de Valdeosera, que es el solar propio de esta familia 
de Tejada, en el cual tenían jurisdicción civil y criminal, 
horca y cuchillo, mero y misto imperio y término redondo, 
alcalde mayor, teniente procurador fiscal, alcalde ordinario, 
alguacil mayor y diputados. Son caballeros nobles sin con- 
tradicción alguna, de los de devengar quinientos sueldos al 
fuero de España, donde están emparentados con las casas 
más principales y de más conocida nobleza y antigüedad, y 
han servido al Rey en empleos honoríficos, dándole ellos 
la cuenta correspondiente á sus distinguidas obligacio- 
nes, como entre otras casas la de los Excmos. marqueses de 
Toral de León, duques de Medina de las Torres, marqueses 
de Monte Alegre, duques de Nájera, Grandes de España de 
primera clase, por haber casado la hija de Don Fernando Mi- 
guel Tejada con Don Beltrán de Guevara, hermano del 
Conde de Oñate, Grande de España de primera clase, 
habiendo sido varones ilustres de la casa de Tejada, 
Don Manuel de Tejada y Guzmán, que fué del Consejo de su 
Magestad y Presidente de la Real Casa de la Contratación 
de Sevilla; Don Lizón de Tejada del Consejo de S. M., Alcalde 
que fué de los hijos-dalgo en la Real Chancillería de Vallado- 
lid que en 1543 el Emperador Carlos V lo mandó al 
Perú de oidor de la Real Audiencia de los reyes á pacificar los 
disturbios que se ofrecieron en este reino, siendo Virrey 
Blasco Núñez de Vela, en cuya ocasión obró singulares 
hechos en servicio de la Corona. Este oidor era primo 
hermano de Don Pedro González de Tejada y abuelo de 
los Tejada que nos ocupan y pasaron al Perfi; eV licen- 
ciado Don Francisco de Tejada y Guzmán, Alcalde mayor de 
corte de Navarra y después oidor del Consejo de S. M., Presi- 
dente de la Real Casa de Contratación de Sevilla; visitador 
del Real Consejo Supremo de Castilla; el licenciado Don Juan 
de Tejada, consejero de estado de los reyes Don Feli- 
pe II y Don Felipe III; el Ilustrísimo señor don Felipe de 
Tejada,Obispo de Mallorca; Don Alonso López de Tejada de 
la orden de Santiago, embajador en Portugal del Rey Don 
Juan I de Castilla; Don Juan González de Tejada, señor de 
Cevicos, canciller del rey Don Fernando V de Aragón el **Ca- 
tólico;**Don Antonio de Tejada señor de la casa de Tejada; 



EL CAPITÁN JUAN DELGADILLO 117 

Don Francisco B. Parga, natural de Madrid, Arzobispo de 
Santo ^Domingo; Don Francisco de Tejada, consejero de Cas- 
tilla; Don Pedro Fernández de Tejada, que sirvió al rey en 
las guerras de Granada y besó en Santarem con los demás 
ricos -homes la mano del Rey Don Fernando V, Don 
Alonso y Don Juan de Tejada, capitanes al servicio del 
emperador Carlos V; Don Fernando de Tejada, concejero de 
guerra, todos los cuales fueron hijos y descendientes, igual 
mente, que don Pedro González de Tejada y don Fernando 
Carrazcodel Saaz, de la casa de Sancho Fernández de Tejada 
como consta por el árbol geneológico de esta familia y por 
una certificación de linaje y armas, expedida por Don Alon- 
so de Guerra Sandoval, caballero de la orden de Santiago, 
cronista y rey de armas del Rey Don Fernando VI, su fecha 
en Madrid á 19 de Agosto de 1746 y comprobada por Don 
Juan Manuel Miñón, Don Manuel José Odón y Don Tomás 
Nicolás Magunto y refrendado por Don Francisco Verdu- 
go, secretario del rey y propietario del ayuntamiento de 
Madrid y sellada con el sello de sus armas; y por esa certifi- 
cación consta que Don Pedro González de Tejada fué primo 
hermano carnal de Santo Toribio Alfonso de Mogrovejo, 
quien habiéndose perdido en la Gorgona, jurisdicción del ar- 
zobispado de Lima, el navio que condujo á este reino el di- 
cho Don Pedro González de Tejada, en ocasión en que el 
santo hacía la visita de la arquidiócesis, lo reconoció, se lo 
llevó consigo y le solicitó el corregimiento de la villa de Ota- 
valo y la administración de sus obrajes en el reino de Qui- 
to. En otro lugar nos ocuparemos de los descendientes de 
Don Pedro González de Tejada, cuando se escriba la historia 
de los marqueses de Bellavista en el Perú. 

Marco Aurelio Cabero. 
Bten, Marzo de 1907. 








LA ESTÓLICA EN EL PERÜ 

En 1902 el señor F. Krause publicó un artículo impor- 
tante sobre armas y aparatos para arrojar ñechas (In- 
ternationales Archiv fur Ethnographie, vol. XV). Trata en 
ese artículo sobre las varias formas de la estólica 6 tiradera, 
que es un bastón ó tabla en que se adapta la flecha para ser 
disparada. La parte posterior de la flecha se adapta ala par- 
te posterior del instrumento; se toman las dos piezas más 
adelante, y mediante un movimiento circular del instrumen- 
to, se suelta la flecha; es así una arma para arrojar flechas 
apenas menos eficaz que el arco, que está todavía en uso en 
diferentes partes del globo. La estólica actáa mecánicamen- 
te como vna prolongación del brazo y esta circunstancia es 
la que imprime mayor fuerza al dardo disparado. 

En el empleo del arco han podido ponerse en acción fuer- 
zas de la naturaleza ajenas al cuerpo humano; esto es, la 
tensión de una cuerda aumentada por la elasticidad de un 
palo. Bien se vé por esto que más fácil, más sencillo, era in- 
ventar un instrumento como la estólica que el arco, y por 
consiguiente, ha sido aquella de origen más antiguo que és- 
te. En el uso de la estólica el hombre hace un esfuerzo fí- 
sico mayor que en el uso del arco. Por consiguiente, se- 
gún una ley que determina el desarrollo de los instrumen- 
tos, el uso de la estólica se abandonó antes que el del arco. 

Por lo que toca á la América, Krause enumera las dife- 
rentes formas de las estólicas americanas. Estas son: las 
de los esquimales, las de la parte central de América (Mé- 
xico, Florida, California, Colorado), y las sud-americanas. 
Observa que las últimas son de dos tipos: 



LA ESTO Lie \ EN EL PERÚ 



119 



I — En forma de bastón, con dos ganchos: 
en el país de los Chibchas 
en toda la parte alta del Ecuador, y 
en todo el Perü. 
II— En forma de tabla 6 bastón, con un gancho poste- 
rior, y un agujero en lugar del gancho anterior que lleva el 
primer tipo, por el agujero se introduce un dedo al agarrar 

la estólica: 

Este segundo tipo se hallaba, según Krause, en el va- 
lle del Cauca, (lám. V, fig. 3), entre las tribus del Alto Ama- 
zonas, (figs. 4 a b.) entre las del río Purús (paumarí), (figs. 
1 a. b.) y está todavía en uso entre las tribus de los ríos Xin- 
gú (varias) y Araguaya (karaya)del estedel Brasi](fígs. 2). 
En el curso de mis estudios en el Perú, he desenterrado 
también algunas estólicas, que generalmente no se encuen- 
tran en colecciones arqueológicas peruanas; y sólo rae es da- 
do, fuera de las excavadas por mi, dar noticia de una: la que 
se encontraba en la segunda colección del señor Gretzer, aho- 
ra en el Museo de Berlín. 

He aquí las estólicas que he sacado: 

A, Cuatro bastones de estólicas de Moche, cerca de 
Trujillo (lám. III, figs. 1-3). 

jB. Una estólica de Ancón (lám. III, figs. 4 a b) que es- 
tá ahora en San Francisco, en el Museo de la Universidad de 

California. 

C Tres estólicas de Nieveria, valle de Lima. De estas 

hay en la actualidad dos en el Museo de San Francisco (lám. 

IV figs. 1 — 2) y una en el de Lima (lám. IV, figs. 3 a b c d). 

Además, encontré varios ganchos pertenecientes á otras 
estólicas en Nieveria, y estos están en el Museo de Lima. 

Voy á dar en seguida la descripción de los instrumentos 
hallados por mí: 

Estólicas de Moche, Cuatro palos redondos de 39.5,40, 
55 y 59 centímetros de largo; la parte anterior engrosada en 
forma de uno ó dos botones concluye con una punta. La 
parte posterior, en una de ellas (lám. III, fig. 2) posee un 
agujero para la colocación del gancho; otra tiene en lugar 
de éste solamente una hendidura natural. En el terceroy cuar- 
to palos falta aún eso y el gancho habrá estado nada más 
que amarrado. 



/ 

120 REVISTA HISTÓRICA 



Estólíca de Ancón. La estólica (las dos extremidades, 
lára. III, figs.4 a b) tiene la forma de un bastón con dos liga- 
duras, una de ellas cerca de cada cabo. En la parte posterior 
no agujereada tenía amarrado un gancho representando el 
pico largo de un pajarito acuático, el que se encontró junto 
con el instrumento. La otra ligadura indica el lugar donde 
existía antes amanado uu gancho, el cual faltaba al encon- 
trar el instrumento. 

C. — Las tres estóJicas de Nievería. Estas manifiestan 
dos tipos diferentes, representando en un cementerio los 
dos tipos distintos que el señor Krause asignó por separado 
al oeste y al este de Sud-América. 

1. — Una estólica del tipo I, que ahora está en el Museo de 
San Francisco (lám. IV, figs. 1 y 1 a). Palo. 54? centímetros 
de largo; átres centímetros de la extremidad posterior lleva 
embutido un gancho de piedra y de color blanco. A 5cm. del 
otro extremo, á juzgar por las ligaduras, llevaba una pieza 
de hueso, que fué encontrada con el palo. Esta pieza tiene 
la base un poco alargada y acanalada para adaptarla al 
palo. Representa la cabeza y cuello de un gato. A mi parecer 
la pieza estaba colocada con la cabeza mirando hacia atrás. 
Por lo menos esta posición era más ventajosa para servir de 
soporte á la mano que agarraba el palo. Lasfíguras deestó- 
licas con dos ganchos inversos pintadas en vasos de Nazca, 
confirman esta suposición. Como siempre, el gancho anterior 
habrá formado con el posterior un ángulo de 90*^ en el pa- 
lo, hacia la izquierda. 

Habrán existido otros ejemplares de tales estóHcas en 
el mismo cementerio, á juzgar por los otros ganchos part* 
cidos de hueso, que allí se han encontrado. Pero de aquellos 
ya no había otros vestigios más. 

2. Dos estólicas correspondientes al tipo II, estableci- 
do por Krause. El gancho anterior está reemplazado poruña 
parte ancha agujereada del bastón, que tiene la forma de 
un anillo. 

La estólica del Museo de Historia Nacional (lám. IV. figs. 
3 a-d)dá este tipo en toda su perfección. El instrumento mi- 
de 60 centímetros de largo; la parte posterior tiene la forma 
de uii bastón delgado. El gancho posterior es hecho de con- 



LA ESTÓLICA EN EL PERÚ 121 

cha colorada (Spondylus pictorum) y parecido en su forma 
á la cabeza de un pajaro que tiene algo en el pico. La parte 
delantera que sirve pí^ra agarrar el instrumento, con 12 cen- 
tímetros de largo, vá aumentando de grosor hacia adelante, 
lo que facilita su adaptación á la mano. El anillo en el medio 
tiene 1.6 centímetros de espesor, y 1.6 centímetros en el cla- 
ro, suficiente para introducir en él un dedo de la mano de- 
recha. La superficie del anillo está grabada con líneas y á 
derecha é izquierda de él, se proyectan, para atrás, dos fi- 
guras de pájaros, símbolos de la velocidad del dardo dispa- 
rado. El motivo de las plumas partidas de las alas se repite 
en dos fajas grabadas en el mango. 

La otra estólica del mismo tipo, que ahora está en el 
Museo de la Universidad de California (lám. IV, fig. 2), tiene 
solamente 33 centímetros de largo y debe haber sido fabri- 
cada para juego de niños. Una estólica parecida para juego 
de niños fué encontrada entre los Karavas, en el este del 
Brasil, según Ehrenreich,Beitr. zur Volkerkunde Brasil, Ber- 
lin 1891, pag. 19. Toda la estólica es de una pieza; también 
el gancho posterior ha sido labrado de la madera del ins- 
trumento mismo. El anillo corresponde en suposición y for- 
ma con el del instrumento grande del Museo de Lima. 

En suma, tenemos entre lasestólicas que he desenterrado: 

cuatro estólicas del tipo I del valle de Trujillo; 
una estólica del tipo I de Ancón; 
una estólica del tipo I de Nievería, valle de Lima, y 
dos estólicas del tipo II de Nievería, del mismo valle. 

Sucede entonces en el Perú, más ó menos lo mismo 
que en Colombia, donde las estólicas de los Chibchas des- 
critas por mí en 1887, pertenecen al tipo I sud-americano; y 
la estólica de Antioquia, valle del Cauca, descrita porBahn- 
son, al segundo tipo. 

En cuanto á la generalidad del uso de la estólica, no me 
parece suficientemente probado que este aparato se haya 
usado en el Perú de una manera general, sin excepción de 
provincia ó de tiempo. 



122 REVISTA HISTÓRICA 



Encontramos muchas representaciones de estóiicas en 
vasos que generalmente se consideran como pertenecientes á 
la civilización de los Chimus, y unas cuantas más en vasos 
antiguos de Nazca. No quiero poner en duda que quizá se 
encuentre una que otra representación en ciertos vasos ne- 
gros de la región de Trujillo. 

Ahora bien, aquellos vasos llamados de los Chimus per- 
tenecen todos al primer período de civilización de la región 
de Trujillo, que era una de las primeras que conocemos del 
Perú. Solamente los antiguos vasos de Nazca pueden ser 
un poco más antiguos que aquellos, y, según la cronología 
que tengo establecida, son todos estos productos del princi- 
cipio de nuestra era, ó aún de siglos anteriores. Los vasos 
negros de la clase en la cual sería quizá posible encontrar 
algunas representaciones de estóiicas (aun menos claras) 
son de siglos posteriores, pero todavía muy anteriores á los 
vasos negros de aquellos Chimus conquistados por los 
Incas. 

La estólica de Ancón fué encontrada en un entierro, que 
según los objetos encontrados junto con ella, pertenecía al 
período de la civilización de Tiahuanaco (más ó menos con- 
temporánea con aquellos vasos negros más antiguos, en los 
cuales quizá se puede encontrar figuras de estóiicas poco 
claras). De este período es también la estólica del Museo de 
Beriín. 

Las estóiicas de Nievería fueron todas encontradas en 
entierros de un período que podemos llamar el primero de 
la civilización de este valle de Lima, que asigno poco más 6 
menos, hacia los primeros siglos de nuestra era. Esta civili- 
zación tiene innumerables relaciones con la civilización más 
antigua de la región de Trujillo, que en el norte era su her- 
mana. 

Solamente los cuatro bastones de estóiicas de Moche 
fueron sacados de capas más modernas (período de los 
Chimus) aunque en parte al pie de un templo antiquísimo. 
Pero hay que observar que no se encontraron en tumbas si- 
no en lugares destinados al culto religioso. Tres de ellos fue- 
ron encontrados en capas más modernas al pie oeste del 



LA BSTÓLICA EN BL PERÚ 123 

**TeinplodelaLuiia". Bn esta misma capa y en inmediata ve- 
cindad se encontró una capilla con piedras, cristales gruesos 
de cuarzo pintados y otros objetos destinados al culto, y 
todos ellos pintados de colorado. Y por eso es probable que 
las estólicas halladas en ta) lugar estuviesen también des- 
tinadas al culto. 

El cuarto bastón fue encontrado con unas figuras gran- 
des de madera en la cumbre de una peña vecina, el Cerro 
Blanco, que tiene unos 300 metros de elevación sobre el ni- 
vel del mar y cerca de 260 metros sobre el de la pampa en 
que están situadas las huacas de Moche. Las figuras de ma- 
dera y miles de conchas (spondylus pictorum y conus Fer- 
gusoni) de origen centro-americano que las acompañaban, 
daban á sa vez la prueba de que también este lugar era un 
adoratorio. Por consiguiente, aunque es cierto que la estóli- 
ca como arma fué conocida en el período de los Cliimus, di- 
gamos entre los años 1000 y 1400 de nuestra era, nos falta 
la prueba de que se la usaba como armaynó solamente 
para ceremonias religiosas. 

De todo lo anterior colijo: que la estólica era arma co- 
man en los períodos primordiales de la civilización peruana: 
antigua civilización de Nazca, primera civilizacicn del |valle 
de Lima, primera de la región de Trujillo y período de la 
civilización de Tiahuanaco (1), pero que su uso disminuyó 
después mucho, y que quizá falta todavía la prueba exacta 
de "que servía algo más que para ceremonias en los periodos 
que les sucedieron. 

Es cierto que en el ejército de Atahualpa habían tropas 
armadas con estólicas, (Xerez, Verdadera Relación déla Con- 
quista del Perú, 1891, p. 100), y que en la fiesta del Raimi en 



(1). — ^Estamjp probado que el «so de la estólica era comtín en el perío- 
do y en la civilización de Tiahuanaco, el arma que en la mano derecha tien¿ 
la ¿gura principal de la gran portada de Tiahuanaco, fácilmente podría ex- 
plicarse como una estólica. El pájaro sentado en el cabo superior del bas- 
tón, podría ser considerado como la indicación del gancho posterior del 
instrumento. Obsérvese que el gancho posterior de la estólica II de Nieve- 
rfa tiene también la forma de cabeza de pájaro (cuyo ojo está indicado). 
Bl arma en la mano izquierda de la figura principal de aquel monumento 
representaría entonces la flecha lista para ser arrojada con la estólica de 
la mano derecha. La punta de la flecha es bipartida, no sé por qué. Flechas 
con dos y tres puntas se usan para la pesca en el este del Continente. 

14 



124 REVISTA HISTÓRICA 



la plaza del Cuzco, entraron varios capitanes que llevaban 
estólicas como su arma nacional, pero aáa así falta probar 
que estas tropas eran compuestas de indios del Perú y nó 
del Norte (Ecuador), donde la estólica estuvo en uso común 
todavía en el período de la conquista. No quiero negar 
que es probable que la estólica se hubiese usado en algu- 
nas partes en el Perú al tiempo de la conquista; pero es cosa 
inverosímil y no probada que esta arma hubiese estado en 
tan común uso durante los últimos siglos, como el señor 
Krause afirma. 

Aceptando la teoría de que en el Perú el uso de la estóli- 
ca era más común en los períodos primordiales que en los 
que les sucedieron, encontramos en eso una nueva prueba de 
la conocida aserción de que la estólica es una arma primiti- 
va del hombre, más primitiva que el arco, y que poreso suele 
caer en desuso en todas partes antes que este último. 

Hay que dedicar algunas palabras más á la curiosa dis. 
tribución de los dos tipos de estólicas sud-americanas, en 
sentido geográfico y cronológico. 

El tipo I estuvo en uso en la región andina, entre pueblos 
civilizados y semi-civilizados desde los primeros tiempos que 
de su historia conocemos, casi hasta el límite de los tiempos 
modernos. 

El tipo II, fuera de ser encontrado entre las tribus esta- 
cionarias del este en tiempos modernos, ha existido en el 
oeste, como en Antioquia en el valle del Cauca, (lám. V, fig. 
3) también en el valle de Lima, en el primer período que de su 
historia conocemos. 

Me parece que las formas que se encuentran entre lastri" 
bus estacionarias de los bosques orientales, aunque fuesen 
encontradas solamente en los tiempos moderpos, por si mis- 
mas indican origen muy antiguo (1). 



(1).— Entre los Jívaros se ha mantenido la costumbre de cerrar la boca 
•n las cabezas reducidas mediante dos suturas paralelas en los labios. Esto 
es absolutamente idéntico con lo que está indicado en las cabezas de muer- 
tos pintadas en los vasos antiquísimos de Nazca, y de lo cual no hay otro 
indicio más moderno entre los vasos antiguos peruanos. 



LA ESTÓLICA EN EL PERÚ 125 

^111 I . . . . - I I I ii m ■ »Li I I .1 I r I r I i t - - - n -| ni - T i tr — i n- -i 1 n- n-n- - i~i 1 - - i n i r-| r- r - | - | - | - t - - - tt i himiím 

De otro lado, la mezcla geográfica de los dos tipos en el 
Oeste, tne parece indicar por sí misma, que allí uno de los 
dos tipos era más original que el otro, y en este caso no 
puede caber duda de que el tipo II, de la estólica con anillo, 
era más antiguo que el otro. El tipo I, de más exten- 
sión en el Oeste en tiempo histórico, hacía competencia al 
segundo en la misma población de Nievería, y como una co- 
sa más sencilla y primitiva, se daba también al niño como 
juguete una estólica de tipo II y no del tipo I. El tipo II era 
entonces el que fué restringido por la extensión del tipo I. 

Lns estólicas de Nievería del tipo II tampoco fueron una 
invención aislada y casual, porque su forma es casi idéntica 
al tipo de las estólicas de los ríos Xingú y Purús. Tiene im- 
portantes semejanzas con las dos. El tipo de la estólica de 
los Karayas (lám. V, fig. 2) sería absolutamente idéntico, si 
no fuese porel ensanche de la parte delantera del instrumento 
que sirve como de mano. Y la estólica del río Purús, (lám. V, 
ñgs. lab) idéntica en esto, muestra como única diferencia el 
ensanche de la parte posterior como tabla. Igualmente insig- 
niñeante es la diferencia entre las dos estólicas del tipo II de 
Nievería y el de Antioquia. Las relaciones entre las de Nie- 
vería y las otras son tan estrechas que, suponiendo que la for- 
ma de Nievería hubiese representado el tipo primordial, sería 
fácil llegar á todas las otras formas por medio del desarro- 
llo, y quien sabe si éste no ha sido realmente el casocontorme 
á la remota antigüedad de su uso. 

Pero todo esto prueba que la forma II con las otras pa- 
recidas forman una unidad típica, y esta habrá sido una 
que perteneció al continente sud-americano; de la misma 
manera que las tembetas (ornamentos de los labios) en sus 
formas características son un tipo americano (1). 



(1). — Cuanto más penetramos en la etnología y arqueología peruanas, 
tantos más puntos de semejanza encontramos entre las primeras poblacio- 
nes del Perú andino y las del este. La estólica del tipo II entre las prime- 
ras poblaciones del valle de Lima, y las tembetas entre los restos de Tia- 
huanaco y entre las poblaciones más antiguas de la región de los Chimüs, 
son solamente algunos de tales puntos de semejanza. De la misma manera 
se pueden comparar las porras de madera encontradas en Nievería y en An- 
cón (período de Tiahuanaco) más estrechamente con las porras redondas 
de madTa d«í los aborígenes del este, que con las porras de períodos inás 



126 REVISTA HISTÓRICA. 



Con respecto á las estólicas centro-americanas (México 
Florida, California y Colorado) el señor Krause ha descu- 
bierto cierta relación entre estas 3'' las de los esquimales, ba- 
sando la semejanza entre ambas en el anillo en que se aco- 
moda el dardo, que es común en los dos tipos. 

Esté lazo que une el tipo principal de las estólicas de la 
América Meridional, y de otra manera pero paralelo, las es- 
tólicas de la América Central con la de los esquimales, nos 
recuerda otros lazos de unión entre las dos razas: las tembe- 
tas (ornamentos que se ponían en los labios) y la organiza- 
ción polisintética de las len^^uas. 

Las tembetas pasan en formas típicas, que se encuentran 
entre los esquimales, por todo el continente, apareciendo acá 
y allá, aunque no en todas partes en las mismas formas que 
allá tienen. La semejanza, á pesar de todo, es tan grande en 
la mayoría de las tembetas, que un ojo observador no po- 
dría hallar diferencia entre las usadas en Centro y Sud Amé- 
rica, mientras que de remota manera se puede encontrar re- 
lación entre estas y las que existen en otros continentes. 

El organismo particular, tan extrictamente polisintético 
de la lengua de los Esquimales, se encuentra en un grado de 
desarrollo quizá lo más íntimo, entre las familias lingüísti* 
cas de los indios vecinos, también dolicocéfalos como los es- 
quimales; pero está tan extendido por toda la America que, 
aunque equivocadamente, se ha asignado á la generalidad 
de las lenguas americanas, el tipo polisintético. También en 
la América del Sur hay algunas lenguas polisintéticas. 

Siempre son las costumbres y los utensilios de un carác- 
ter antiguo particular y un cierto carácter lingüístico muy 



moderno» en el Perú. La lengua de los Uros tiene más puntos de semejanza 
con varías de las lenguas del este, que con las lenguas andinas conocidas 
del Perü, por decir lo menos á este respecto. En un trabajito que publiqué 
en 1898 (A snuffing tubee from Tiahuanaco) me inclinaba á aceptar una 
distribución del uso de instrumentos parecidos sobre Sud-América desde 
la altiplanicie de los Andes. Observando que los Koniagas y los Ingaliks 
(esquimales ) tienen costumbres absolutamente parecidas (compárese 
Bancroft, The Native Racf^s of the Pacific States, I, 76.134; pruebas existen 
en el ü. S. National Museum, Washington) y teniendo tantas otras prue- 
bas más de costumbres antiquísimas pan-americanas, yo explicaría ahora 
su vasta distríbución enteramente de una manera paralela con la de la rs- 
tólica del tipo II en el Continente. 



LA ESTÓLICA EN EL PERÚ ' 127 

extraño, como el polisintetismo, lo que forma el lazo de loe 
indios de América. Si se inclina uno á tomar á los indios de 
América como una raza compacta, opuesta á los esquimales 
en el sentido antropológico; quizá en el terreno de las cos- 
tumbres y otras formas de cultura, nv) existe una prueba 
que los una más estrechamente que las tembetas, formas 
típicas de la estólicas y el organismo polisintético de ellos 
en general con los esquimales. 

Dos caminos hay para explicar esta armonía fundamen- 
tal de las costumbres: 

Extender solamente la civilización de los esquimales co- 
mo un resto de la civilización de períodos terrestres pasa- 
dos; ó bien considerarlos como una raza primordial de Amé- 
rica, de la cual sobreviven restos de su civilización en dife- 
rentes partes, porque antes han existido también físicamen- 
te. 

En favor de la primera hipótesis podría uno referirse á 
una sentencia de Ranke, Der Mensch II p. 340: 

**Lo que más sorprende en los trabajos de los esquimales 
es sin embargo su identidad con aquellos que nos han lega- 
do como reliquias de la civilización del período europeo. 
Casi todos los utensilios que usan los esquimales en la pesca 
y en la caza, son tan idénticos con aquellos de una remota 
antigüedad que al verlos uno cree tener presente un museo 
prehistórico de aquellos tiempos'*. 

Al presente la antropología moderna se inclina á acep- 
tar q\ie varias razas fundamentales han compuesto la po- 
blación india entera de la América actual. Virchou, por 
ejemplo, dice: Les caracteres physionomiques des tetes emé- 
ricaines montrent une divergence si manifesté qu'on doit re- 
noncer definitivenient a la construction d'un lype universel 
et commun des indigénes américaines (Congreso de Ameri- 
canistas de Berlín). 

Parece que hay que renunciar definitivamente á la uni- 
dad primordial de la raza americana. En las partes más di- 
ferentes del continente se han encontrado tribus dolicocéfa- 
las de tipo esquimoide, que están en oposición estricta á las 
tribus indias típicamente braquicéfalas. Suponiendo una ra- 
za esquimoide como una raza primordial de América, que 



128 REVISTA HISTÓRICA 



paulatimente se ha disminuido y se extingue, la perduración 
de utensilios y costumbres de carácter esquimoide se explica 
rían de una vez en las partes más diferenres del continente y 
de esta manera la hipótesis de Topinard, no parece desacer- 
tada, y que expresa con estas palabras: 

'*En un pasado remoto las dos Américas estuvieron ha- 
bitadas por una raza esquimoide parecida á los actuales es- 
quimales. Otra raza braquicéfala, venida no sé de donde, 
probablemente del Asia, que en la actualidad constituye el 
elemento preponderante de la raza americana, se extendió 
por los territorios que aquella ocupaba, se cruzó y mezcló 
en determinados puntas, la extinguió en otros y arrinconó 
una parte, que se conservo más ó menos intacta, al extremo 
norte y otra al extremo sur. Uno de estos restos fué la raza 
esquimal tal como la encontramos hoy en la Groelandia**. 

Lima, marzo de 1907. 

Dr. Max. Uhle. 



■ > ♦ <: ■ 



Revista Histórica T. II 



EsT*>LiCAS DK Moche (Tkujillo) y Ancón 



Revista Histókica T, II 



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ESTÜI.ICAS DE NlKVEKIA, VAI.I.H Olí LiMA 



Revista Histókica T. !I 



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ESTÓUCAS DEI, HSTE DE SUD AmiÍKICA Y AnTIOQUIA (CoLOMBIa) 



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Canjes y correspondencia, diríjanse al Director de la 
REVISTA HISTÓRICA, señor C. A. Romero, apartado de 
Correos número 1026. 







Revista Rí$t6ríca 



Órgano del instífuio Rístdrico del Pert 



sAAínAA^ 



6xameii de U prim e r a parte de tos Comentarios Reatest— (conctusidn) 

por ^osé de la Rtva H^uero. 
Los restos de pizarro» por ']ío9é Corihio polo* 

61 padre Talera primer historiador peruano, por ^l• González de la Rosa. 
La campaña de 1829, por Ricardo OarciaRoselU 

La masca paicha del Inca» por Ma;t (Xhle. \ 

dn inédito valioso, por Roracio Yi* Urteaga. 
61 p. Diego f^rancisco Hltamirano, por Enrique Corres daldamando. 



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Como n — triMcttre 1T 



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Oficiiui tipográfica de ''£a Opiiil6ii nacional'' 

Gremios, 441 
1007 



Instituto Histórico del Perú 



DIRECTORIO PARA 1906-1908 



PRESIDENTK NATO 

El Excmo. Sr. Presidente de la República 

VICE-PRESIDENTE NATO 

El Sr. Ministro de Instrucción Pública 

PRESIDENTE 

D. Eugenio Larrabure y Unanue 

PRIMER YICE-PRESIDENTE 

Dr. D. Mariano I. Prado y ügarteche 

SEGUNDO VICE-PRESIDENTE 

Dr. D. Pablo Patrón 

SECRETARIO 

D. José Toribio Polo 

PRO-SECRETARIO 

D. Rosendo Meló 

TESORERO 

D. Ricardo García Rosell 

DIRECTOR DE LA REVISTA HISTÓRICA 

^ D. Carlos A. Romero 

«NSPECTOR DEL ARCHIVO NACIONAL 

D. Carlos F^az Soldán 

DIRECTOR DE LA SECCIÓN 
COLONIA Y REPÚBLICA DEL MUSEO HISTÓRICO 

D. José A. de Izcue 

DIRECTOR DE LA SECCIÓN 
ARQUEOLÓGICA DEL MUSEO HISTÓRICO 

Dr. Max. Uhle 






E;(amen gI^ ía jopim^ra joqpÍ^ d^ io¿ QomenWio^ Reales 
RELIGIÓN- ASPECTO GENERAL DEL IMPERIO 



/FRAGMENTOS D£ UN ENSAYO SOBRB LOS HISTORIADOR B« PBRUANOSi 

I Continuación ) 

Donde más flaquea Garcílaso es en la religión indígena. 
Se explica la causa de sus errores. Nacido algunos años des- 
pués de la Conquista, se crió entre indios casi todos bautiza- 
dos; y tanto éstos como los aún paganos recataban la anti- 
gua idolatría, ó la presentaban mejorada é idealizada, y la 
fingían semejante en algunas cosas ala religión católica (1). 
En su infancia y juventud no pudo, pues, Garcilaso, por la 
atmósfera en que vivió, recoger datos muy fidedignos sobre 
los ritos peruanos. Cuando desde España pidió noticias A 
sus parientes y amigos del Perú, ya habían pasadd^etenta 
años de la Conquista; y entre las personas dcalgu^ia signifi- 
cación social, tanto españoles como indios, la i^Iicitud de 
la predicación evangélica había operado un total falsea- 
miento de los recuerdos de la idolatría incásica. Ese falsea- 
miento se palpa en las relaciones provenientes del siglo XVII: 
en las de Montesinos, Santa Cruz Pachacuti y el jesuíta 
anónimo. No es maravilla que Garcilaso, que escribía en el 
mismo siglo XVII y á tanta distancia del país, participara 



(l) Comentarios, Primera parte, libro II, cap. V. 
15 



130 REVISTA HISTÓRICA 



ie tales confusiones. Por aquel tiempo las fábulas y cere- 
monias de la infidelidad sólo parecen haberse conservado 
puras de la amalgama con ide¿is y creencias cristianas en 
los distritos más montuosos y ásperos: en Yauyos y Hua- 
rochirí, por ejemplo. No es aventurado suponer que en la 
idealización y falsificación de la idolatría del Tahuantinsuyu, 
falsificación bien intencionada y á veces inconsciente; en el 
prurito de descubrir dondequiera, rastros de monoteísmo, 
de dogmas cristianos y hasta de peculiaridades jerárquicas 
de la Iglesia Romana, cupiera muy principal parte, entre to- 
dos los misioneros, á los jesuítas, deseosos aquí, como en la 
China 3" la India, de facilitar la conversión harmonizando 
la interpretación de Hs antiguas tradiciones nacionales con 
las enseñanzas católicas, y de corroborar éstas con aque- 
llas. El tipo extremo, caricaturesco, de tal tendencia (de la 
cual participan en mayor ó menor grado los otros autores), 
es el jesuíta de la relación anónima. Angeles buenos ó hua- 
minea, ángeles malos capitaneados por el rebelde Sap^ty, ce- 
libato eclesiástico, supremo pontífice, colegio de cardenales, 
diócesis, prelados 6 obispos {hatanvillca) que piden confir- 
mación pontificia, vicarios y visitadores, examinadores si- 
nodales, confesores de monjas, penitencias sacramentales, 
frailes mendicantes y ermitaños; nada falta en su fantástico 
calco de la teología y de la disciplina canónica, mezclado 
quizás con reminiscencias de las instituciones de los indios 
mejicanos. En verdad, el mentir de este jesuíta fué muy se- 
guro mentir, porque las muchas autoridades que alega (las 
de Francisco Chávez y Juan de Oliva, el licenciado Alvarez, 
fray Mvkcos Jofre, la Apología pro indiis del licenciado Fal- 
cón, el mercenario fray Melchor Hernández, y memoriales y 
quipos de\^cas y caciques), cuyos- esaritos se han perdido y 
aun es prolDable que en alguna parte hayan sido imagina- 
rios (1), resultan incomprobables. 

Garcilaso no llega ni con mucho á los extravíos del anó- 



(I) No pueden ser todos estos escritos imaginario», porque ya el padre 
Valera citn los de Juan Oliva, fray Marcos Jofre, Juan Montalvo, Cristóbal 
de Medina (¿de Molina quizá?), y el libro del licenciado Falrón, que titula 
De Libértate Indorum servanda. Cierto que lo cita en ocasión muy sospe- 
chosa, nada menos que paraconfírmar la inverosímil oración que presta á 
fray Vicente Valverde el dia de la prisión de Atahualpa (Apud Comenta- 
rios. Segunda parte, libro I, capítulo XXIII). 



EXAMEN DB LOS COMENTARIOS REAI^ES 131 

W^ — l ■■»■■<»■■■■■ I^B ■■■■■■ .»■ ■! »»lMl»WX-»'M»' I — ^M^**»^»» !■ ^KI^*«W « ^PM»**^ ■MUÍ ■I W WI M ili» ■ B !■ ■ ■ ll^—<^l W ^I I ■ ■ ^W^^^W^MX M * ■ JlIXHIfc^ln.lB- ■ ■ MI 1 1 >-ll^ >— »^W.I*I » I W .IMM I»!— ■! ■■»■ ■! ■ ■ II 1,1 ■ ■<! ■ I— » ■ ' ^ — ■ ■ ^II H ■ IM^ H ^ 

nimo; pero es preciso convenir en que tiene muy grandes la- 
gunas é incurre en graves equivocaciones; la primera es de- 
clarar á Pachacámac dios supremo, espiritual é invisible, 
adorado sin imágenes y sólo con interior veneración. Cons- 
ta por la relación de Miguel de Estete que Hernando Piza- 
rro y sus compañeros destruyeron en el' templo de Pachaca- 
mac <íl célebre ídolo, hecho de palo, negro y horrendo; y que 
en las calles de su ciudid lo representaban millares de imá- 
genes. No era» pues, tan elevado aquel culto como quiere 
persuadirnos Garcilaso: no era un deismo, sino una idola- 
tría fetichista. Aun cuando en los últimos tiempos del im- 
perio, Pachacámac, divinidad de origen costeño, había al- 
canzado gran auge en todas las provincias, la verdadera 
divinidad suprema de los serranos.}' el dios sumo de la mi- 
tologí'i peruana era Viracocha. Como atrás apuntamos, es 
completamente errónea la aserción de Garcilaso de que Vi- 
racocha fué un dios moderno. Al contrario; todo induce á 

creerlo uno de los más antiguos. 

En el Perú, como en la China y la India, existían varias 

religiones. Al perder los diferentes pueblos su independencia, 
los Incas subordinaron los cultos de los vencidos al culto so- 
lar, que era el oficial del imperio; y para expresar la subor- 
dinación declararon á todos los dioses hijos del Sol, como 
atinadamente ha notado Tschudi. Tal es la causa por la 
que Garcilaso afirmó que Viracocha ftra hijo del Sol (Co- 
mentarios. Primera parte, libro III, cap. XXI), sin com- 
prender que semejante título provenín, no de unn electiva 
creencia de los indios, sino de una hábil ficción política des- 
tinada á simbolizar la primacía del dios de la doininadora 
tribu de los Incas. El sistema de concentración v absorción 
que caracterizó siempre a éstos en lo religioso, eif lo civil y 
en lo miHtar; la poderosa centralización del régimen incási- 
co, produjo á la larga la asimilación y confusión de los dio- 
ses más importantes de las diversas nacitmes que compo- 
nían el Tahuantinsuyu. Con, Viracocha y Pachacámac, res- 
pectivos ídolos mayores de tres distintas razas, tendían á 
unificarse en una sola deidad. Igual fenómeno ocurrió en el 
mundo clásico cuando, por las conquistas romanas, los nú- 
menes itálicos se identificaron con los griegos y más tarde 
con los galos y asiáticos. Por f'^rtuna, el proceso de i.lenti- 



132 REVISTA HISTÓRICA 



ficación no había terminado en el Perú cuando sobrevino la 
conquista. Todavía las informaciones de Toledo distinguen 
perfectamente ñ Viracocha de Pachacámac (1 ). La confu- 
sión se hizo después definitiva, porque los españoles y los 
indios neófitos, cada uno por su parte, se afanaron en apa- 
rentar que un sólo dios había sido adorado bajo los tres 
nombres de Con, Viracocha y Pachacámac, con el objeto de 
probar que los gentiles peruanos habían alcanzado vislum- 
bres del monoteísmo cristiano. Por eso los cronistas reú- 
nen ñ menudo los tres nombres, diciendo Conticciviracocha 
6 Ticci Viracocha Pachacámac (Cabello Balboa y Blas Va- 
lera), ó que *'los del Perú llamaban Hacedor Viracocha y le 
ponían nombres de gran excelencia como Pachacámac^ Pa- 
cha3''acháchic y Usapu" (Acosta, libro V, cap. III). Mas, á 
pesar de todas estas deformaciones (que disculpan á Garci- 
laso), investigando con algún cuidado y algún instinto crí- 
tico se descubre que Con, Pachacámac y Viracocha fueron 
dioses distintos, y que hubieron de tener sus particulares 
teogonias y ciclos de fábulas. Seguramente ninguno de ellos 
careció de imagen ó representación material. 

Parece que Con fué adorado por los primeros invasores 
que ocuparon la costa. Los segundos inmigrantes, que sub- 
yugaron á los anteriores, trajeron el culto de Pachacá- 
mac. Es probable que una porción de los adoradores de 
Con se retirara á las sierras próximas abandonando los 
llanos á la nueva raza, porque en el siglo XVII los indios 
de Huarochirí recordaban que su comarca había sido anti- 
guamente tierra yü/í^a (caliente ó costeña), lo que de segu- 
ro quien? decir que en tiempos pasados habían vivido en el 
litoral; y fn sus fábulas figuraba en primer término el dios 
Con-irayajiteil cual principiaban ya á confundir con Viraco- 
cha (2). 

No hay cosa más falsa que el siguiente aserto de Garci- 
laso: ** Los reyes incas del Perú, con la lumbre natural que 



(1) Tomo XVI déla Colecciónele libros españoles raros ó curiosos 
(Madrid. 1882) pag. 194. 

Vid. tambiéa la información de Yuc.iy publicad i en el tomo XXI de la 
Colección de documentos inéditos de Torres de Mendoza. 

(2) Manuscrito del padre Aviía sóbrelas idolatrías y supersticiones 
de Huarochirí, existente en la Biblioteca Nacional. 



EXAMEN DE LOS COMENTARIOS KEALFS 133 

dios les dió, alcanzaron que había un hacedor de todas las 
cosas, al cual llamaron Pac hacámac, que quiere decir el ha- 
cedor y sustentador del unherso. Esta doctrina salió pri- 
mero de los Incas, y se derramó por todos sus reinos antes 
3" después de conquistados'*. (1) Pachacámac era dios de los 
costeños, y por mucho tiempo hubo de ser ignorado en la 
sierra. Pero al cabo la fama de su culto y su santuario se 
difundió en el interior del país; y los Incas, cuando conquis- 
taron el señorío de Cuismancu, conocían y respetaban ya al 
ídolo, pues según muchos cronistas lo honraron de manera 
excepcional. El nombre de Pachacámac, que parece entra- 
ñar cierto concepto de panteísmo naturalista, es verosímil- 
mente la traducción quechua del nombre originario. Sabe- 
mos que antes de los Incas el valle se llamaba Irma, y tal 
ha podido ser el nombre de su fetiche tutelar. 

De Viracocha dijimos que fué el dios de la primitiva civi- 
lización quechua, y que á él se convirtieron los Aymaraes 
después de la destrucción del imperio de Tiahuanaco. El Sol 
6 Inti era el dios particular de la tribu de los Incas; aunque 
naturalmente es de suponer que haya sido adorado desde 
los tiempos más remotos por otras muchas tribus, puesto 
que en todos los países y todas las razas su culto es el más 
generalizado. Pero fuerun los Incas los que en el Perú lo lle- 
varon al mayor graJo de esplendor y veneración, impo- 
niéndolo como ofícial en toda la extensión de su gran im- 
perio. En los primeros tiempos de la dominación incásica, 
el antiguo Viracocha tuvo que sufrir mucho con la temible 
rivalidad de Inti, dios gentilicio y padre de los nuevos amos; 
y le fué pospuesto. Sin embargo, tan profundamenjte arrai- 
gada estaba la religión de Viracocha que no parece haberse 
interrumpido ni un día; antes al contrario, poqj^ á poco la 
vemos reconquistar la supremacía entre los mismos Incas. 
Al dios Viracocha se encomendaron los Cuzqueños cuando 
la invasión de los Chancas; bajo su protección se puso el 
joven rey que tomó su sagrado nombre, que después de la 
victoria engrandeció el tradicional santuario de Cacha, y 
que puso en el Coricancha la estatua de Viracocha sobre la 



(1) Comentarios, Primera parte, libro VI, cap. XXX. 



134 REVISTA HISTÓRICA 



del Sol 3" las de los otros ídolos. Cuenta Cobo que, además 
de esta imagen en el Coricancha, había en el Cuzco otra de 
Viracocha, en su templo especial llamado Quishuarcancha, 
que lo representaba **en figura humana, del tamaño de un 
muchacho de diez años, toda maciza de muy fino oro" (1), 
Los últimos soberanos no tuvieron reparo en declarar pu- 
blicamente y repetidas veces la superioridad de Viracocha 
sobre Inti; y en este sentid o (y nó en el de un deísmo filosó- 
fico, imposible de concebir en el estado social é intelectual 
del Tahuantinsu3'u) deben entenderse las irrespetuosas pala, 
bras que acerca del Sol se atribuyen á Tópac Yapanqui y á 
Huayna Cápac (2). 

Con, Pachacámac, Viracocha é Inti eran los dioses su- 
premos de los indios peruanos. Supremos, pero nó únicos. 
El sistema religioso era el más amplio politeísmo; y el se- 
gundo y gravísimo error de Garcilaso consiste en haberse 
empeñado en ocultar y ne gar ese evidente politeísmo inca, 
sico. Pero la diferenciación, que es operación esencial de la 
inteligencia humana, obliga siempre á los pueblos politeís. 
tas á imaginar en uno de sus dioses soberanía é imperio so- 
bre los demás; y tal tendencia es incontrastable en naciones 
monárquicas y despóticas como el Perú de los Incas, porque 
la organización social y política se refleja inevitablemente 
en las creencias religiosas. Cada uno de los cuatro grandes 
dioses era sin duda una fuerza de la Naturaleza, que los in- 
dios tuvieron por superior á las otras, del mismo modo que 
los Arios tuvieron al cielo (Dj'^u, Zeus, Júpiter) por rey y pa- 
dre de los dioses. Para Inti, es claro que nó se necesita 
demostraron. Para Con y Viracocha, sería menester que la 
filología de^ntrañanara la exacta significación, hasta ho3' 
desconocida^i de sus nombres. Pachacámac, como ya lo 
apunté, puede significar una obscura é instintiva idea de na. 
turalismo panteísta, semejante al Dion3''sos griego. Es dado 
afirmar con toda verosimilitud que en sus mitos hay una 
inextricable confusión de elementos físicos é históricos, lo 
cual sucede con la mayoría de los mitos de cualquier pueblo 



(1) Cobo. H/stor/a de/ iVuero Afnní/o, libro XIII, cap. IV. 

(2) Comentarios, Primera parte, libro VIII, cap. VIII; libro IX, cap. X. 



EXAMEN DE LOS COMENTARIOS REALES 135 

primitivo. Los adoradores del dios se convierten, por la po- 
breza del lenguaje prehistórico, en hijos del dios; y al cabo 
sus vicisitudes, sus peregrinaciones y guerras, triunfos y 
derrotas, se truecanen la historia de la misma deidad. De allí 
que, según lo hemos advertido en páginas anteriores, se en- 
cuentre un. núcleo aprovechable de tradiciones históricas .en 
las tabulas de Con, Pachacámacy Viracocha. Este último 
tan pronto parece un dios creador como la personificación 
tle una rara primero imperante y después perseguida. No 
obstante, en su origen es de creer que haya sido la deifica- 
ción de una fuerza natural. ¿Cuál de ellas? Imposible es 
responder satisfactoriamente, mientras la filología no aclare 
el enigma. Tal vez sea el propio Sol, que se levanta en el 
oriente^ que disipa las tinieblas, que crea las plantas, que 
anima el universo, que lanza rayos de fuego y que desa- 
parece andando sobre las olas del océano Pacíñco, (1) No 
es insuperable la dificultad que encierra su distinción de Inti 
y aun su contradicción con él. Por cierto que no faltan 
ejemplos en las diversas mitologías, hasta en la más ilustre 
de que un mismo cuerpo celeste haya sido venerado bajo di! 
versas y contradictorias advocaciones (Apolo, Hércules, En- 
dimión, Hiperión) (2). 

Definitivamente probado está el politeísmo de los Incas 
y sus subditos. Reposaba en los propios principios que el 
de todos los pueblos: en la adoración de los fenómenos na 
turales personificados y en la adoración de los muertos. En 
la jerarquía divina, inmediatamente después de los grandes 
dioses Con, Viracocha. Pachacámac é Inti, venían la Luna 
las estrellas, el arco iris, el rayo y el trueno, el mít#'(Mama! 
cocha), la tierra fértil (Pachamama). Entre loíf cadáveres, 
los más reverenciados, como es fácil suponer, er^n los de los 
reyes incas. Además de las momias reales, á las que se tri- 
butaban tan grandes honores como es sabido, cada inca 
estaba figurado en una imagen de oro que recibía oraciones 
y sacrificios. Algunos monarcas, á lo menos los últimos, no 



1) Consúltese en Cieza y Betanzos el mito de Viracocha. 
(2) Más probable es todavía que Viracocha fuera el Cielo, padre y 
creador de los astros según todas las mitologías. 



136 RESVISTA HISTÓRICA 



necesitaron esperar la muerte para ser declarados dioses 
. sino que fueron adorados en vida, á semejanza de los farao- 
nes y de los emperadores romanos. 

Cada tribu adoraba los cuerpos y las imágenes de sus 
caciques y héroes; y (por una idea que es coman á todos los 
grupos sociales primitivos) á montañas, fuentes y árboles 
que creían progenitores suyos (pacarínas). Cada familia 
adoraba á sus difuntos {mallquis). En una palabra, el culto 
de los antepasados era en el Pera indígena, como lo es to- 
davía en la China, la base de la religión y de la sociedad. 

El Cuzco, lugar santo por excelencia, estaba rodeado, 
hasta la distancia de varías leguas, de infinidad de buacas^ 
oratorios ó mocbaderosy en donde se veneraban ídolos su- 
balternos. Algunos de éstos consistían en las sagradas 
piedras que rememoraban á los míticos abuelos de las cua- 
tro tribus incas. Así vemos en el padre Cobo que en el ba- 
rrio de Tococacbi (nicho ó cueva déla sal) adoraban á uno 
de los compañeros de Manco Cápac (Ayar Cachi); y que 
los del ayllo de Antasáyac (descendientes de Quizco Sinchi 
según las informaciones de Toledo) rendían culto á otra pie- 
dra en que se había trocado un gran señor (probablemen- 
te el mismo Quizco). El santuario de Huanacaurí, situado 
dos leguas y media al sur del Cuzco, guardaba la peña en 
que la fábula decía que se convirtió Ayar Uchú, y sin duda 
fué el antiguo templo de la tribu de Ayar Uchú ó de los 
AUcahuizas. Los Huallas, primeros habitadores del valle 
del Cuzco, al principio estrechados y luego expulsados por 
los Incas, recordaban que s\i pacarina o capilla solariega 
era la ho^a de Antuiturco (1). 

Al ladofdel culto á los muertos, encontramos en la ido- 
latría peruij^a el animismo naturalista en la mayor ampli- 
tud que cabe imaginar; la adoración de todos los objetos 
que podían impresionar por su fuerza ó por su rareza, por 
su hermosura ó fealdad, por su bondad ó ñereza, desde ios 
astros, las sierras y los ríos hasta los guijarros de colores y 
las papas de forma extraña (Ilallchuas)^ y desde los leones 



(1) Véanse los capítulos XIII, XIV y siguientes del libro XIII de la 
Historia del padre Bernabé Cobo. 



EXAMEN DE LOS COMENTARIOS REALES 137 

y cóndores hasta las serpientes y los buhos y nitirciélagos. 
Cada conquista aumentaba el número de dioses del impe- 
rio, pues los Incas, lejos de quitar los ídolos á los pueblos 
que sometían, como asevera falsamente Garcilaso, los tole- 
raban y hasta los honraban, y se contentaban con tomar 
en rehenes la principal huaca ó deidad, y enviarla al Cuzco 
en donde le eregían altar y le destinaban sacerdotes y sacri- 
ficios; pero si la provincia de donde era, se rebelaba, azota- 
ban aquella huaca afrentosamente. Parece que, salvo muy 
pocas excepciones, los ídolos particulares de las diversas 
naciones ó tribus no eran venerados y estimados por las de- 
más. Dice Cobo (Libro XIII, cap. I): '*Eran los indios del 
Perú tan grandes idólatras que adoraban por dioses casi 

cuantas especies hay de criaturas Y como las nació- 

nes de esta región, por ser tan extendida, eran muchas, lo 
eran también las maneras de religión é idolatrías que se. 
guían, no sólo antes que fuesen sujetadas y reducidas á un 
imperio, sino también después". 

Constreñido Garcilaso por la evidencia á reconocer que 
en tiempo de los Incas los peruanos rendían culto á muchí. 
simos objetos, distingue entre el culto de adoración, que se. 
gán él no se tributaba sino á Pachacámac y al Sol, y el culto 
de veneración, que admite que se tributaba á la Luna, al 
relámpago, trueno y ra3'0, á las estrellas, á Viracocha y á 
varios oráculos (1). De todo punto es inaceptable y absur- 
da tal distinción, que ridiculamente pretende hallar en los 
indios los conceptos católicos de latría y dulia^y queá la ver- 
dad resulta más digna del autor de la relación anónima que 
de Garcilaso. Lo que el mismo Garcilaso alega par¿megar el 
fetichismo de los Incas, á saber: que la palabra /zuaca no 
sólo significa dios, sino también cosa sagrada •xomo eran 
los ídolos, las peñas grandes ó árboles en que el demonio 
hablaba** (2); y que se aplicaba á los templos, ofrendas, mons- 
truos de la naturaleza, íuentes caudalosas, cordilleras neva- 
das, cerros altos, piedras de extrañas labores ó de colores 



(1) Comentarios. Primera parte, libro II, caps. 1 y IV; libro Y. caps. 
XXI y XXII; libro VI, cap?. X y XXXI. 

(2) Comentarios, Primera parte, libro II, caps. lY y V. 

16 



138 RBSYISTA HISTÓRICA 



diversaSy y en fin á todo objeto raro y peregrino; esto, digo, 
si bien se mira, es la mejor y más contundente refutación de 
la doctrina de Garcilaso, porque es claro que únicamente un 
pueblo fetichista ha podido dar nombre común á los ídolos 
y á los objetos arriba mencionados, y no hay duda que á 
todos ellos los creta dioses (como aseguran los más respeta- 
bles autores) pues los llamaba tales. Sostener que se trata 
aquí de una metáfora, sería de estupenda inverosimilitud. 

Otra cuestión en que Garcilaso ha quedado convicto de 
error, es la de los sacrificios humanos. Niega resueltamente 
que existieran bajo los Incas. Confiesa, es cierto, que á la 
muerte de los monarcas, curacas y principales, gran número 
de sus mujeres y criados se dejaban de grado enterrar vivos 
para ir á servir al difunto en la otra vida (lo cual, como dice 
Tschudi, no puede llamarse en rigor sacrificio humano); pero 
declara de la manera más terminante que los Incas no inmo- 
laron ni consin t ier on enque se inmolaran hombres á los dioses. 
No le falta compañero en su creencia, pero compañero de tal 
condición que antes le daña que le favorece: es el autor de la 
relación anónima, quien asegura que la equivocada opinión 
de los españoles proviene de que los indios aplicaban tam- 
bién cariñosamente los nombres de runa, ynyac y huahua 
(gente y criatura) á las llamas, las cuales substituían siem- 
pre á las víctimas humanas. Por desgracia, la subsistencia 
de efectivos sacrificios de hombres en el imperio de los Incas 
está atestiguada por Cieza de León, Betanzos, Santillán, las 
informaciones de Vaca de Castro, Santa Cruz Pachacuti, 
Acosta, Jerez, Gomara, Gutiérrez de Santa Clara, Román y 
Las Cas^; y no es posible que de tantos escritores, muchos 
de ellos perhos en el idioma quechua, ninguno haya acertado 
á descubrirla confusión de palabras que el anónimo señala. 
En fin, está atestiguada por los indios viejos declarantes en la 
información de Yucay, algunos de los cuales dijeron que ellos 
mismos habían entregado á los niños que habían de sacrificar, 
se. En presencia de este último testimonio, no hay lugar 
para la sutil interpretación metafórica del jesuíta anónimo. 
Lo serio es que Garcilaso, para negar que existieran en el 
Perú incásico los sacrificios humanos, aduce la atestación 
de su propio padre: **Yo soy testigo de haber oído vez y ve- 



EXAMEN DE LOS COMENTARIOS REALES 139 

ees á mi padre y á sus contemporáneos, cotejando las dos 
repúblicas, Méjico y el Perü, hablando en este particular de 
los sacriñcios de hombres y del comer carne humana, que 
loaban tanto á los Incas del Perú porque no los tuvieron ni 
consintieron, cuanto abominaban á los de Méjico **(1). ¿Ha 
de decirse por ello que Garcilaso mintió con descaro? No hay 
por qué Nótese en primer lugar que el pasaje se refiere 
juntamente á la antropofagia y á los sacrificios humanos. 
Es exactt) en cuanto á aquella é inexacto en cuanto á éstos. 
Bien pudo ser que Garcilaso en su vejez padeciera confusión y 
atribuyera de buena fe á las palabras de su padre, relativas 
sólo á la antropofagia, un alcance que no tuvieron acerca 
de los sacrificios humanos. Pero voy más lejos: es creíble que 
el conquistador Garcilaso se refiera en efecto, como lo dice 
su hijo, álos sacrificios humanos. La religión peruana compa 
rada con la de Méjico parecía un prodigio de dulzura: estaba 
exenta del horrible canibalismo y de los espantosos ritos 
aztecas. La misma inmolaciún de víctimas humanas era 
comparativamente rara. Suficiente prueba es la calurosa 
declaración de Cieza: ** Publican unos y otros — que aun por 
ventura algún escritor de éstos que de presto se arroja, lo 
escribirá— que mataban había días en sus fiestas 1,000 6 
2,000 niños y mayor número de indios* y esto y otras cosas 
son testimonio que nosotros jos españoles levantamos á 
estos indios, queriendo con estas cosas que de ellos conta- 
mos, encubrir nuestros mayores y^erros y justificar los malos 
tratamientos que de nosotros han recebido. No digo yo que 
no sacrificaban y que no mataban hombres y niños en los ta. 
les sacrificios; pero no era ¡o que se dice ni con mm¡io, Ani. 
males y de sus ganados sacrificaban, pero criatufas tama- 
ñas menos de lo que yo pensé^ y harto, según c^^ntaré en su 
lugar" (2). 

Las palabras transcritas atenúan la culpa que tiene 
Garcilaso de haber citado á Cieza en confirmación de la doc- 
trina de que en el imperio incásico no se toleraron sacrifi- 
cios humanos (3) Singular equivocación fué ésta, porque la 

(1) Comentarios, Primera parte, libro II. cap. VIII. 

(2) Cieza Señorío de los Incas, cap. XXVI. 

(3) Comentarios^ Primera parte, libro II, cap. X. 






140 REVISTA HISTÓRICA 



Crónica del Perá^ que es la obra de Cieza á que Garcilaso 
hece referencia, está llena de las más rotundas añrmaciones 
de la existencia de los sacrificios' humanos (Caps. LXIII, 
LXXII, LXXXIX, XCIII). Inexplicable distracción sin du- 
da la de nuestro Garcilaso, pero no fraude ni malicia, pues 
no es creíble que se atreviera á estampar una mentira tan 
fácil de descubrir con solo hojear la Crónica del Perú, ya 
impresa y conocidísima por entonces. Pero ha resultado 
que el libro de Cieza que Garcilaso no pudo leer, es menos 
contrario á la tesis de éste que el que consultó y alegó, porque 
Cieza corrige en el Señorío de los Incas la excesiva generali- 
dad de las aseveraciones de su Crónica^ y sin negar que hu-^ 
biera víctimas humanas, reduce considerablemente el núme- 
ro de ellas. 

A Garcilaso le ha debido de suceder lo mismo con el tes- 
timonio de su padre que con el de Cieza: en los dos ha podido 
confundir el comer carne humana con el sacriñcar sangre 
humana; prácticas que en la religión de Méjico estaban es- 
trechamente unidas. Pero, como arriba se ha indicado, es 
probable que en cuanto á su padre la equivocación haya 
sido menor. El conquistador Garcilaso y sus compañeros, 
venidos de Méjico, acostumbrados á las sangrientas carni- 
cerías sagradas de los súbitos de Montezuma, debieron de 
admirarse de la suavidad de las costumbres peruanas y de 
la poca frecuencia de los sacrificios de hombres; y el cronista 
Garcilaso, al cabo de muchos años, pudo interpretar esta 
admiración como una prueba de que su padre y sus compa- 
ñeros creían que en el Perú no se usó derramar en los sacri- 
ficios saqji^re humana. Y aun es posible que no errara en 
ello, porquqí la victimación de hombres y niños se hizo con 
la conquistj^ cosa muy rara y oculta, á causa del celo con 
que la prohibieron los españoles desde el principio; y así el 
conquistador Garcilaso y sus amigos, que no se dedicaron 
como Polo de Ondegardo á inquirir las idolatrías de los in- 
dígenas, pudieron ignorar la existencia de los sacrificios hu- 
manos y creer que jamás los hubo. 

Pasemos al último error de Garcilaso en lo tocante á la 
religión. Los indios del Perú observaron una práctica que 
presenta curiosa identidad con la confesión auricular cató- 



EXAKIEN DE LOS COMENTARIOS REALES 141 

lica: declaraban todos sus pecados á hechiceros llamados 
ichurís, que en algunas partes solían ser mujeres. El confesor 
6 la confesora se obligaba al sigilo, é imponía diversas pen- 
tencias y abluciones (op^cuna). La realidad de esta costum- 
bre se prueba con las autoridades más seguras, como Onde- 
gardo, y con la palabra ichuri 6 ichuiri^ propia del quechua, 
Uno de los pocos que dudan, es Santillán, aduciendo la difi- 
cultad de que el Inca no se confesaba con ningún hombre, y 
que SI la confesión fuertí cosa guardada por ley, también el 
Inca la guardara. Tal dificultad carece de importancia, 
porqut la explican y disipan el superior prestigio monárqui- 
co y el carácter divino atribuido al soberano. Garcilaso, 
encontrándose con un uso tan parecido al sacramento cató- 
lico, sospechó que fuera una de las muchísimas invenciones 
con que los indios y los españoles se esforzaban en revestir 
de semejanzas cristianas la antigua idolatría; y admitió 
sólo las confesiones públicas y excepcionales, que, en efecto, 
como fundados en un natural impulso humano, serían menos 
de maravillar: **Acaeció muchas veces que los delincuentes, 
acusados de su propia conciencia, venían á publicar ante la 
justicia sus ocultos pecados; porque, demás de creer que su 
ánima se condenaba, creían por muy averiguado que por 
su causa y por su pecado venían los males á la república, 
como enfermedades, muertes y malos años, y otra cualquie- 
ra desgracia común ó particular; y decían que querían apla- 
car á Dios con su muerte, para que por su pecado no envia- 
se más males al mundo. Y destas confesiones públicas 
entiendo que ha nacido el querer afirmar los españoles histo- 
riadores, que confesaban los indios del Perú en 9«<|reto, co- 
mo hacemos los cristianos, y que tenían confespres diputa- 
dos; lo cual es relación falsa de los indios, que#> dicen por 
adular á los españoles y congraciarse con ellos, respondien- 
do á las preguntas que les hacen conforme al gusto que sien- 
ten en el que les pregunta, y nó conforme á la verdad: que 
cierto no hubo confesiones secretas en los indios (hablo de 
los del Perú, y no me entrometo en otras naciones, reinos ó 
provincias, que no conozco) sino las confesiones públicas 
que hemos dicho, pidiendo castigo ejemplar'* (1). Demos- 

(1) Comentarios, Primera parte^ libro II, cap. XIII. 



142 REVISTA HISTÓRICA 



trado está que erró Garcilaso, pero erró aquí (imposible pa- 
recerá á los que no lo conozcan sino á través de sus impug- 
nadores) por exceso de desconfianza y crítica. ¿No es su 
error de aquellos que honran y que prueban discernimiento 
y veracidad? 

Sobre la condición de los sacerdotes en el imperio incási- 
co, poseemos vagas y contradictorias noticias. Como exis- 
tían diversas religiones y cada una de ellas contaba con nu- 
merosa jerarquía de divinidades, es seguro que hubo varios 
cuerpos sacerdotales, de naturaleza, organización y prestigio 
muy distintos, conforme á las respectivas deidades que ser- 
vían. Claro es que los ministros del Sol y de Viracocha hu- 
bieron de ocupar categoría harto más elevada y de gozar de 
consideración mucho mayor que los ministros de los otros ído- 
los, sin exceptuar á los del gran Pachacámac (1). El culto del 
Sol (Inti) no perdió nunca el carácter de culto gentilicio; y 
así vemos que en su templo de Coricancha no podían entrar 
sino los de la nación inca, que los sacerdotes habían de ser 
incas de la tribu de Manco, y los acólitos y criados incas de 
privilegio, y que aun en los templos que en las provincias le 
estaban dedicados, el sumo sacerdote había de ser de san- 
gre incásica, si bien los demás eran alienígenas (2). 

El ViJlac Utnu, pontífice del Sol en el Coricancha, era á 
la vez el jefe y prelado de los sacerdotes de todo el imperio. 
Está probado que en los últimos tiempos salía de entre los 
miembros de la familia reinante, y que por lo común era tío 
ó hermano del monarca. Pero antes hubo de ser dignidad 
hereditaria en determinado linaje, porque el padre Cobo re- 
fiere quQ^l^nto el Villac Umu como los restantes sacerdotes 
del Sol períenecían en una épf ca al ayllo de Tarpuntay, 
y que por eju los llamaron tarpantaes. Sin duda el despo- 
tismo regio absorbió en época posterior el pontificado reli- 
gioso, como sucedió en Roma y en Rusia. Quizá también — 
es conjetura débil pero no infundada— el ayllo de Tarpuntay 



(1) Véase en las relaciónesele Jerez y de Pedro Pizarro cómo trató 
Atahualpa, ya \ risionero, al pontífice de Pachacámac. De s'^guro, no ha- 
bría tratado de semejante modo al Sol y á Viracocha, y á los grandes sa- 
cerdotes de éstos. 

(2) Comentarios, Primera parte, libro III, caps. XXI, XXII y XXIV. 



EXAMEN DE LOS COMENTARIOS REALES 143 

haya sido de los Hurincuzcos. Quizá la dinastía de éstos fué 
teocrática; y sus curacas, que residían junto al templo, fue- 
ron simultáneamente sacerdotes supremos del Sol y caudi- 
llos de la confederación incásica. Los Huanancu'/cos, al des- 
tronarlos, les arrebataron el pontiñcado, humillaron y des- 
poseyeron á todo aquel clan sacerdotal, y se arrogaron el 
derecho de nombrar á los Villac Umu entre los más próxi- 
mos parientes de los nuevos soberanos. 

En la relación anónima se habla de una especie de frai- 
les indios, acerca de cuyo instituto, votos y reglas se despa- 
cha á su gusto el anónimo jesuíta, amontonando prodigio- 
sas é imposibles similitudes con los monjes cristianos. No 
hay discusión sobre la falsedad Je tales datos y pormeno- 
res; pero en cuanto al fondo del asunto, á la existencia entre 
los sacerdotes y hechiceros del antiguo Perü de una clase 
de ascetas que guardaban castidad, sería temerario formu- 
lar categórica negación. Podríamos rechazar de plano el 
hecho si sólo reposara en la insegura relación anónima; pe- 
ro la verdad es que se encuentran indicios de él en autores 
más de fiar. Cierto que Ac jsta escribe: **No sé que haya 
habido casa propia de hombres recogidos, más de sus sacer- 
dotes y hechiceros, que eran infinitos"; pero, como se vé, 
Acosta no niega, sino que declara su ignorancia al respecto, 
y en todo caso sus palabras no se aplican sino á recolección 
ó clausura de hombres, semejante á las acllahaasidelas mu- 
jeres, y nó á anacoretas ó penitentes aislados, como los hay 
en la mayor parte de las religiones. Lo positivo es aue San- 
ta Cruz Pachacuti dice que el Inca Lloque Yupanqui creó, á 
la vez que los conventos de las vírgenes ó aellas, uiia orden 
de mozos continentes; y que Garcilaso dice, gratando de 
los indios de Tarma y Pumpu: **Los varones eu los ayunos 
no comían carne, ni sal, ni pimiento, ni dormían con sus mu- 
jeres. Los que se daban más á la religión, que eran como sa- 
cerdotes, ayunaban todo el año por los suyos*^ (1). El as- 
cetismo es aspiración humana indestructible y universal; y 
verdaderamente sería raro que los peruanos incásicos, que 



(1) Comentarios^ Primera parte, libro VI. cap. XI. 



144- REVISTA HISTÓRICA 



conocían y practicaban tan rigurosas abstinencias (sasi), 
qae llevaron á tan alto desarrollo la institución de las ac- 
I las, no tuvieran cenobitas, especialmente dedicados á la' 
mortificación. 

Entramos ya en lo principal y decisivo de este estudio: 
el examen del aspecto general y de la impresión de conjunto 
que del imperio de los Incas nos presenta Garcilaso en la 
primera parte de los Comentarios. 

As! como Garcilaso citó, en auxilio de la negación de los 
sacrificios humanos, la Crónica del Perú de Cieza, que los 
reconoce; asi el padre Blas Valera, en un trozo que Garcilaso 
transcribe y adopta, expuso que **el gobierno suave que los 
reyes incas tuvieron, en que hicieron ventaja á todos los de- 
más reyes y naciones del Nuevo Mundo, consta, no solamen- 
te por las cuentas y ñudos anales de los indios, más también 
por los cuadernos fidedignos, escritos de mano, que el viso- 
rrey don Francisco de Toledo maudóá sus visitadores y jueces 
y á sus escribanos que escribiesen, habiéndose informado 
largamente de los indios de cada provincia*' (1). Bs casi se- 
guro que el padre Valera no llegó á ver las informaciones, 
pues él mismo nos dice que se encontraban en los arehivi^s 
del Estado, de tan difícil acceso en España. Supuso, según 
era presumible, que sus conclusiones favorecieron el régimen 
de los Incas. Pero la publicación de dichas informaciones 
(2) ha desmentido la suposición de Valera. En ellas los Incas 
aparecen como tiranos, usurpadores, crudelísimos, aborreci- 
dos por los]súbditos; y su gobierno, que tan paternal y próvi- 
do nos pintan Valera y Garcilaso, como uno de los más du- 
ros, áspete y desastrosos que recuerda la historia. Puede ase- 
gurarse que las informaciones de Toledo son el arsenal me- 
jor provistoíííe acusaciones y detracciones contra los Incas; 
y que han inspirado de preferencia á los modernos autores 
que, como Tschudi en sus Contribuciones, propenden, por 



(1) Apud Garcilaso. Comentarios, Primera parte, libro V, cap. XII 
(2» Alciiinfts aparecieron en el tomo XXI de 1* colección de Torres de 
Mendoza. Jiménez de la Espada, en 18S2, á continuación del secundo libro 
de las ÁícmortHS de Montesinos, publicó lo esencial de todas ellas, é inte- 
^a la del Cnzco del 4 de Enero de 1572 (tomo XVI de la Colección de li- 
bros españoles raros ó curiosos)' 



EXAMBN DB LO^ COMENTARIOS REALES 145 

reacción contra Garcilaso, ú rebajar y denigrar las institu- 
ciones y costumbres del Tahuantinsuyu. Problema previo 
y esencial para juzgar en conjunto la obra de Garcilaso, es, 
pues, el siguiente: ¿qué grado de confianza merecen las in- 
formaciones de Toledo? Es innegable que una coleción ofi- 
cial de numerosísimas declaraciones de príncipes, orejones, 
caciques y ancianos, tiene que ofrecer en muchos puntos eleva- 
do interés, y en ocasiones suministrar preciosas claves para 
la resolución de cuestiones importantes. Asilo reconocemos, 
y ampliamente nos hemos aprovechado de ellas para desci- 
frar las intrincadas tradiciones relativas al origen de los 
Incas y á la sucesión de sus monarcas. Pero en este mismo 
terreno de historia de hechos, meramente externa y formal, 
del orden de los reinados, de las conquistas y de los sucesos 
de más bulto, su autoridad, como el propio Tschudi lo insi- 
núa, es falaz á trechos; y por nuestra parte hemos demos- 
trado cuan torcidas y erróneas SQn las versiones .que contie- 
nen acerca de la behetría preincásica, del repentino engran- 
decimiento del imperio y de otros asuntos de i^ual impor- 
tancia. Ahora, si se pasa á las noticias y apreciaciones so- 
bre la condición de los indios bajo el cetro de los Incas, sus 
instituciones políticas, moralidad y costumbres, que es de 
lo que aquí tratamos, el crédito de dichas informaciones de- 
crece hasta el extremo de que no vacilamos en declarar que 
todo historiador imparcial y sagaz debe tenerlo por escasí- 
simo y casi nulo. Obvia es la razón: no se hicieron las in- 
formaciones con el noble propósito de allegar materiales 
para la ilustración histórica; se hicieron obedeciendo á un 
interés mezquino y torpe, que inducía á achacar áHfbs Incas 
todo género de tiranías y desmanes: probar que al rey de 
España y á sus representantes correspondía dilpleno dere- 
cho la provisión de los curacazgos en quienes mejor parecie- 
re, sin respetar la sucesión establecida; que igualmente le 
correspondía la absoluta tutela de los indígenas, y la pro- 
piedad de las minas, los tesoros ocultos, los bienes y hacien- 
das de los Incas y los ídolos, y el repartir temporal ó perpe- 
tuamente la tierra á los españoles, **si/2 los escrúpulos que 
hasta aquí se ponían, afirmando que los incas eran legítimos 

17 



146 REVISTA HISTÓRICA 



reyes y los caciques señores naturales^* (1). Para acallar los 
remonJimientos de Su Majestad Católica y de los conquis- 
tadores, para refutar á toda costa las doctrinas del padre 
Las Casas, no titubearon el Virrey y sus ministros en falsear 
Jos hechos y en arrancar á los atemorizados declarantes las 
deposiciones que parecieron más convenientes para el fin 
perseguido. Hubo coacción clarísima, aunque nó material. 
Los miserables indios se vieron obligados á decir, para jus- 
tificación del tributo y de las mitas, "que si agora no los 
llevasen con algún temor ó rigor al trabajo, no lo harían, 
porque aun de propias haciendas no tienen cuidado, por 
ser inclinados á estarse holgazanes". Y á continuación 
añade don Francisco de Toledo con irritante sarcasmo: 
"Pruébase questos naturales es gente que ha menester 
curador para los negocios graves que se les ofrecen, ansí de 

sus almas como de sus haciendas y que si no hubiera 

españoles en esta tierra fueran engañados en todo^ ansí 

en sus almas como en sus haciendas^'. Esta aserción en tiem- 

■ 

pos en que tan notorias eran, y al Virrey más que á nadie, 
las vejaciones é iniquidades de los encomenderos y los justi- 
cias contra los indígenas, dá la medida exacta de lo que son 
3' valen aquellos documentos, animados de tan inescrupulo- 
so espíritu. 

Es posible, y aun muy probable si se quiere, que los ore- 
jones inferiores ó incas por privilegio pertenecientes á los 
ayllos de Sahuasiray, Antasáyac y Ayar Uchú, fueran ven- 
cidos por los incas de la tribu de Manco mediante cruda 
guerra V feroces matanzas; también es probable que hasta 
la época^e la conquista española conservaran el recuerdo 
de su perdida libertad, y guardaran envidia y rencor contra 
sus dominaatres, á pesar de que dichos incas de privilegio 
estaban exentos de tributo y constituían una clase de no- 
bleza muy respetada en el iraperioporquesuministrabagran 
número de gobernadores y capitanes. Pero ¿cómo creer fá- 
cilmente que su falta de instinto de propia conservación He- 
gara á tanto que acogieran á los españoles como á bienhecho- 



(1) Informaciones, pág. 201 y siguientes. 



EXAMEN DE LOS COMENTARIOS REALES 147 

res y libertadores, y que les dieran **el oro y plata que tenían 
en sus huacas, depósitos y escondrijos?" (1) ¿Quién queconoz- 
ca el carácter de los indios no palpa en todo esto una men- 
tira fraguada por la adulación servil? Somos los primeros 
en confesar que los Incas, á fuer de déspotas, se mostraron 
con frecuencia crueles y sanguinarios, y que Valera, Garcila- 
so y otros los idealizaron demasiado; pero las informacio. 
nes de Toledo incurren en el exceso contrario y los calum. 
nian, ó cuando menos los denigran por sistema, ocultan 
sus virtudes y excelencias, y recargan á ciencia cierta los tin- 
tes obscuros y odiosos. 

Una de las cosas que más se afanó en probar el virrey 
Toledo, fué que los curacas, caciques y principales eran nom- 
brados por el Inca y revocables á su voluntad, y que para 
el nombramiento no se tenían en consideración descenden- 
cias ni sucesiones; en suma, que el cargo de cacique no era 
hereditario, y que su adquisición y conservación dependían 
en todo del querer del Inca. Con esto el Virrey destruía por 
su base la legitimidad del áltimo vestigio de autonomía 
india que subsistía: la herencia de los curacazgos, cuya pro- 
visión ambicionaba él dejar al arbitrio de las autoridades 
españolas. La cuestión debe estudiarse con cuidado, porque 
abunda en contusiones. 

En el Tahuantinsuyu encontramos dos clases de goberna- 
dores, de naturaleza)' origen por completo diferentes: los que 
llamaremos gobernadores rea/es, que eran los agentes del 
poder central, que inmediatamente eran elegidos por el Inca, 
y que formaban una inmensa escala desde los cuatro gran- 
des virreyes ó cápac y los tuctiirícoc, hasta loa^efes ó capo- 
rales de millar, de centena y de decena: y los qiie con propie- 
dad deben llamarse curacas, que eran los descendientes de 
los reyezuelos sujetados por los Incas, y que retenían, aun- 
que muy mermada, alguna parte de la jurisdicción señorial 
de que gozaron sus antepasados. Los gobernadores reales 
eran amovibles; si bien, por la constante tendencia á la esta- 
bilidad, inherente á las organizaciones monárquicas, para 



(1) Informaciones ^ pégs. 235 236. 



148 REVISTA HISTÓRICA 



desempeñar los cargos pudieron ser preferidos á menudo los 
hijos de quienes los habían ocupado. Los caracas, al con- 
trario, lo eran por estricto juro de heredad, que en unas pro- 
vincias se trasmitía de padres á hijos, y en otras de herma- 
nos á hermanos, ó de tíos á sobrinos, segán predominara en 
la familia el tipo paternal puro ó quedaran vestigios del 
maternal. La coexistencia de estos dos órdenes de autori- 
dades, el uno que provenía de la dominación de los Incas, y 
el otro que databa de antes, no es una singularidad del im- 
perio peruano; es fenómeno propio de cierto grado de civili- 
zación, de la imperfecta unidad que establecen los primitivos 
estados despóticos y conquistadores. Tanto los Asirlos y 
los Persas, como los Árabes y los Turcos, permitieron que las 
pobiaciones subyugadas continuaran obedeciendo á sus go- 
bernantes particulares, subordinados á un representante ó 
delegado del vencedor. Término de comparación nos ofrece 
Europa en la Edad Media y á principios déla Edad Moderna 
con la autoridad de los señores feudales al lado de la de los 
adelantados, intendentes, oficiales y jueces regios. Hoy mis. 
mo, las naciones cristianas conservan en las colonias la au- 
toridad de los jefes indígenas. 

Tal vez, por lo mismo que los gobernadores reales de 
jerarquía superior eran de la raza de los Incas, las provin- 
cias que primitivamente formaron la confederación incásica, 
no tuvieron esta duplicidad de autoridades, y en ellas los 
curacas hereditarios desaparecieron ante los ministros amo- 
vibles, que allí venían á ser connacionales de sus goberna- 
dos (l)APero en todas las otras comarcas, que no eran las 
de la nacióqli imperante, sino las conquistadas ó vusalías^ lo<5 
dos órden^continuaron sin confundirse hasta la venida de 
los españoles. La distinción se vé de relieve en los siguien- 



(1) Si así hubiera sido en efecto, se explicarían satisfactoriamente los 
dichos de los testigos en las informaciones de Yucay y del Cuzco, que solóse 
refieren á los territorios de la antigua confederación incásica. 

Garcilaso, tratando de Manco Cápac y de los pueblos cuya fundación 
se le atribuye, que pertenecían todos á la confederación de los Incas, es- 
exibe "Para cada pueblo ó nación de las que redujo, eligió un curaca^ que 
es lo mismo que cacique en la lengna de Cuba y Santo Domingo, que quie- 
re decir Señor de vasallos. Eligiólos por sus méritos, los que habían tra- 
bajado más en la reducción de los indios, mostrándose más afables, man- 



EXAMEN DE LOS COMENTARIOS REALES 149 



tes pasajes: **Nunca desciimpusieron los capitanes naturales 
de las provincias de cjonde era la gente que traían para la 
guerra. Dejábanles con 1 os oñcios, aunque fuesen maeses de 
campo, y dábanle s otros de la sangre real por superiores*^ 
(Garcilaso, Primera parte de los Comentarios, libro II, ca- 
pítulo XIII). Como la jerarquía civil era ala vez militar, 
está indicada en las an tenores palabras la diferencia entre 
el maese de campo de cada provincia (caraca) y el gober- 
nador inca ú orejón. **En tiempo de Huayna Cápac, en un 
pueblo de los Chachapuyas, porque un indio regidor ante- 
puso las tierras del curaca, queerasu pariente etc." 

(ídem, Ídem, libro V, capítulo II). Aquí se establece la dife- 
rencia entre el curaca y el //75pecíor de grado inferior, que 
no era inca sino de la sangre común. **Eran libres de los 
tributos que hemos dicho, todos los de la sangre real y los 
sacerdotes y ministros délos templos, y Jos curacas, que 
eran los señores de vasallos, y todos los maeses de campo y 
capitanes de mayor nombre, hasta los centuriones, aunque 
no fuesen de la sangre real, ytodos los gobernadores^ jueces y 
ministros regios mientras ¡es duraban los oñcios que admi- 
nistraban'' (ídem, Ídem, libro V, capítulo VI). Eran, pues, 
amovibles los últirnos; y el padre Valera erró cuando dijo: 
**Los capitanes mayoresy menores, aunque no tenían, como 
los curacas, potestad de hacer leyes particulares ni declarar 
derechos, también sucedían por herencia en los oficios** (Apud 
Garcilaso, op. cit. libro V, capítulo XIII). Es verosímil que 
hubiera, según arriba apuntamos, una decidida tendencia á 
perpetuaren las mismas familias los cargos; pero.í^ heren- 
cia era de gracia 6 de costumbre, y nó de derecho con como 
los curacas. Que tal derecho fué respetado por^s Incas, lo 
prueba Cieza en su Crónica del Perú (Capítulo LXXIV) y en 
su Señoríodelos /ncas (Capítulo XVII), ¿Cómo llegaron los 



sos y piadosos, más amigos del biencomán, á los cuales constitnyó por se- 
ñores de los demás, para que los doctrinasen como padres á hijos. A los 
indios mandó que los obedeciesen como hijos á padres (Comentar/os, Pri- 
mera parte, Libro I, cap. XXI.) 

Esta tradición significa que el Inca nombraba á los curacas de aquellos 
pueblos. En cuanto á los curacas de las otras provincias, Garcilaso repeti- 
das veces asegura que heredaron el mando de sus abuelos, los caudillos 6 
sincbis independientes que sujetaron los Incas. 



150 RErlSTA HISTÓRICA 



españoles á confundir estos dos géneros de autoridades, de 
naturaleza tan diversa, amovibles las unas y hereditarias las 
otras? ¿cómo se equivocaron hasta el excremo de que Cobo 
llama curacas á los jefes de centena y de millar (libro XII, 
capítulo XXV); y de que la mayoría de los escritores atribu- 
ye unas veces la amovilidad y otras la herencia á todos los 
gobernadores del imperio, sin distinguir á los curacas pro- 
piamente dichos de los demás? Cieza nos descubre la causa 
de aquella confunsión: **Muchos gobernadores orejones se 
quedaron, cuando entraron los españoles, con mando per- 
petuo en provincias. Yo conozco algunos dellos. y están 
ya tan aposesionados que sus hijos hereden ¡o que era de 
otros^^ (1). Sin duda los oficiales inferiores imitaron el ejem- 
plo de los gobernadores orejones y se perpetuaron en sus 
oficios. Todos ellos, tanto los orejones como los que no lo 
eran, tenían por consiguiente vivísimo interés en asimilar su 
autoridad á la de los curacas, y en ocultar y borrar las ca- 
racterísticas que los distinguían. A su vez los curacas, en 
aquel indescriptible trastorno, debieron de invadir las atri- 
buciones de los gobernadores, y recuperar muchas de sus 
perdidas prerrogativas. Deliberadamente, pues, se destru- 
yeron las líneas de separación entre ambos poderes. De allí 
resultó que en 1570, cuando la visita del Virrey Toledo, 
estaban tan revueltas y embrolladas las ideas y costumbres 
al respecto, que los testigos, ya por ignorancia, ya por com- 
placer al Virrey y á sus visitadores, que ansiaban abolir la 
permanencia de los curacazgos, atribuyeron á la institución 
de los caracas la instabilidad que bajo los Incas era propia 
de los gobernadores y oficiales reales. Así se resuelve en fa- 
vor de Gan^aso esta grave contradicción entre sus asertos 
V los de las informaciones. 

La mayor y esencial discordancia entre Garcilaso y las 
informaciones^ está en la apreciación del sistema de los In- 
cas, que según Garcilaso fué portentosamente benéfico, blan- 
do y sabio, y según las informaciones tiránico y opresor en 
sumo grado. La fortuna de las informaciones ha consistido 



(1) Señorío de los Incas^ cap. 



examen.de los comentarios reales 151 



en haber sido halladas y publicadas con pocos años de dife- 
rencia de la aparición de historias y relaciones como las del 
padre Cobo, de Juan de Santa Cruz Pachacuti y otras, que 
sugieren la misma desfavorable idea del régimen incásico. 
Acostumbrados por largo tiempo á admirar incondicional- 
mente ese régimen en Gareilaso, los eruditos y aun el públi- 
co en general descubren por fin, y nó sin asombro, lo que 
era natural suponer: que no estaba exento de los deprava- 
dores efectos inseparables de todo despotismo, por más sua- 
ve y benigno que sea. Se ha producido así una reacción cuya 
relativa justicia sería poco honr.'ido negar, pero que ha lle- 
gado ya al último extremo y que importa reducir á debidas 
proporciones. Hoy se desconoce, ó poco menos, la prospe- 
ridad material y moral del antiguo Perú. No nos cansare- 
mos de repetir que Gareilaso y los de su escuela han exage- 
rado mucho. Pero rebájese de sus relatos cuanto se quiera, 
y siempre quedará un fundamento verdadero. 

Si el imperio de los Incas fué como algunos autores mo 
dernos dicen ¿de dónde pudo nacer la leyenda de los Comen 
taríos? Bien harían en explicárnoslo; porque toda leyenda 
aún la más falsa, ha de tener un apoyo en la realidad, que 
le permita surgir y encontrar acogida. Y es absurdo supo- 
ner que Gareilaso y Valera osaran atribuir á un sistema de 
gobierno carácter diametralmente opuesto al que lo distin- 
guió, cuando todavía quedaban de él tantos vestigios, cuan- 
do no hacía sino setenta años que se le había derrocado y el 
país estaba lleno de personas que podían desmentir la fábu- 
la. Y ¡cosa admirable! los documentos que categóricamente 
la contradicen, son tan apasionados y sospechosos como 
las informaciones de Toledo. En cuanto al pjjplre Cobo, 
mal que le pese, reconoce de manera expresa la veracidad de 
Gareilaso: **Ultimamente Gareilaso de la Vega Inca, en la 
primera parte que sacó á luz de la república de los Incas, no 
se aparta casi en nada de las sobredichas relaciones'* (Libro 
XI, capítulo II); y aunque insiste bastante en la sujeción y 
estrecha vigilancia á que estaban reducidos los indios, decla- 
ra **que todo era en bien de los súditos;y el trabajo con mo- 
deración, muy conveniente orden y grandísimo cuidado de 
su salud*'; y habla del orden y concierto que los Incas ponían 



152 REVISTA HISTÓRICA 



en todo. Esa misma servidumbre y sujeción que arrancaba 
justas protestas á Cobo y á Acosta {De procu randa indo- 
rum sálate) (1), en tusiasmaba á otros jesuítas, en especial 
al autor de la relación anónima ^ que abrigaban ya el ideal 
de las futuras r educciones del Paraguay y que lo veían rea- 
lizado punto por p u nto en el Perú de los Incas. No alegaré 
en favor de Garcilaso el ardiente panegírico que de los Incas 
hace el anónimo, porque es la suya autoridad tan insegura 
como atrás lo llevo dicho; ni el de Las Casas, que ha pasa- 
do á Román, p or ser el célebre apóstol de los indios testigo 
tan parcial y re cusablc en este caso. — En general los sacer- 
dotes, y sobre todo los frailes, profesaban gran simpatía al 
régimen incásico: inclinados por su estado á no estimar so- 
bremanera la liber tad individual (aunque hubo excepciones 
notables, como acabamos de verlo), y á apreciar en extremo el 
orden y la disciplina, n » podían menos de considerarcon ad- 
miración y cierto cariño una o rganización tan cuidadosa y 
reñnada,que aplicó por siglos sobre varios^millones de hom- 
bres reglas de obediencia y de propiedad común verdadera- 
mente monásticas. El mismo Acosta advirtió con agradable 
sorpresa que los vasallos de los Incas **casi imitan á los ins- 
titutos de los monjes antiguos, que refieren las vidas de los 

padres Que ciertos si su linaje de vida se tom-ira por 

eleción, y nó por costumbre y naturaleza, dijéramos que era 
vida de gran perfección; y no deja de tener harto aparejo para 
recebir la doctrina del Santo Evangelio". A causa de esta 
decidida afección, de los religiosos por el gobierno incásico 
no citaremos en apoyo de este los m'ichos testimonios que 
aquelloa^resentan. Citaremos el de un soldado conquistador, 
incapaz de ^terar la verdad para acomodarla á una idea pre- 
concebida, mi cronista de ma\'or y más merecido crédito, al 
que conoció y recorrió el territorio cuando en buena parte 
subsistían las antiguas leyes, á Pedro Cieza de León. ¿Qué 



(1) No obstante, el padre Acosta, en su Historia natural y moral de 
las IndiaSy dá el más terminante testiiuonio de la felicidad de los peruanos 
bajo la dominación incásica; *'Concuerdan los que alcanzaron al^o desto, 
que mejor gobierno para los indios, no le puede haber ni más acertado. Y, 
lo que pone admiración, servíase de ellos (el Inca de sus vasallos] por tal 
orden y por tal gobierno que no se les hacía servidumbre sino vida muy 
dichosa". 



EXAMEN DE LOS COMENTARIOS REALES 153 

~i I I I I - ri .1 II r I - - ---.--. -| -|. |- I ■ .1 , u ,-.- -.-|_i I ' - .- _. I __ ! _ j i I, irui -m ij-i»- . «ji n-ni-i ii n on ml i jl _ _ . .ti i . _ . ! _ _ . i l r 

dice Cieza? Textualmente lo que sigue: **üna de las cosas 
que más se tiene envidia á estos señores [los Incas], es en- 
tender cuan bien supieron conquistar tan grandes tierras y 
ponellas con su prudencia en tanta razón como los españo- 
les las hallaron Por manera que, cuanto á esto, co- 
nocido QStfx la ventaja que nos hacen, pues con su orden las 
gentes vivían en ella y crecían en multiplicación, y de las 

provincias estériles hacían fértiles y abundantes 

Siempre procuraron de hacer por bien las cosas y nó por mal 
en el comienzo de los negocios; después algunos Incas hicieron 
grandes castigos en muchas pa rtes, pero antes todos afir- 
man que fué grande la benevolei.cia y amicicia con que pro- 
curaban el atraer á su servicio estas gentes {Señorío^ capí- 
tulo XVII) Y con esto y con otras buenas maneras 

que tenían, entraron en muchas tierras sin guerra, en las 
cuales mandaba á la gente de guerra que con él iba, que no 
hiciesen daño ni injuria ninguna, ni robo ni fuera (Ibidem) 

Con estas dádivas y buenas palabras, había las 

voluntades de todos, de tal manera que sin ningún temor 
los huidos á los montes se volvían á sus casas, y todos de- 
jaban las armas; y el que más veces vía al Inca, se tenía 
por bienaventurado y dichoso Y desta manera ha- 
ba en estos reinos, en los tiempos de los Incas, muy poca 
tierra que pareciese fértil que estuviese desierta, sino todo 
tan poblado como saben los primeros cristianos que en este 
reino entraron. Que por cierto no es pequeño dolor contem- 
plar que siendo aquellos Incas gentiles é idólatras, tuviesen 
tan buena orden para saber gobernar y conservar/tierras 
tan largas, y nosotros, siendo cristianos, hayamos destruí- 
do tantos reinos;. porque por dondequiera que Jjpin pasado 
cristianos conquistando y descubriendo, otra cosa no pare- 
ce sino que con fuego se' va todo gastando (capítulo XXII) 
Entre ellos no se usaba cohecho para poder ha- 
cer su voluntad, ni tampoco jamás se les decía á sus reyes 
mentira en cosa ninguna ni descubrieron su secreto; cosa de 
alabanza grande (capítulo LX)". Agregúese á todo esto el 
célebre testamento de Mancio Serra de Leguízamo, solemne 
confesión de un moribundo, en que no pudieron caber la 
mentira ni el amaño; y tenemos la prueba definitivíi é incDn- 

18 



á 



154 REVISTA HISTÓRICA 



testable de que no es ficción lo que Garcilaso cuenta del es- 
tado de los peruanos incásicos (1). Para repudiar como 
imaginario y antojadizo el concepto que del gobierno de los 
Incas se desprende de los Comentarios^ habría que repudiar 
junto con ellos los más verídicos testimonios y las más pu- 
ras fuentes de historia incásica, que en lo esencial confirman 
aquel concepto. 

No fué por cierto el imperio de los Incas el idilio de la 
historia, como candidamente dijo alguien. En la historia 
no ha\' idilios; en toda condición y en cualquier época, hay 
lágrimas y manchas. Fué un imperio despótico y comunis- 
ta; y tuvo los inconvenientes y las ventajas, las virtudes y 



(1) Quien con mayor empeño ha rechazado y contradicho en nuestros 
días lo que tan paladinamente confesaron los conquistadoras, es el jesuíta 
español Ricardo Cappa (Estudios críticos acerca de la dominación españo- 
la en América, tomo ll, Madrid 1889). Su duro y depresivo juicio sobre la 
civilización de los Incas, sólo cede en aspereza y rigor al de Carrey, cuyas 
palabras transcribe. En su ciego afán por disculpar á España de los estra- 
gos de la Conquista, Cappa no atiende sino á dr'sacreditar á los Incas por 
cuantos medios puede. Se guía casi siempre por Pedro Pizarro, sin conside- 
rar el apasionamiento y la estrechez de miras de aquel soldado cronista. 
Pero vá mucho más lejos que su predilecto histfmador, el cual, si bien des- 
preciaba á los indios, alababa sas edificios y riquezas. El jesuíta moderno 
trata de empequeñecerlo y des'ustrarlo todo. No le importa que .<e le opon- 
gan lo^^concluy entes textos dilos primitivos autores; fácil mente sale delpaso 
explicándolos como exageraciones producidas por la admiración del descu- 
brimiento. Rebaja el valor intrínseco de la moneda á principios del siglo 
XVI y no calcula su valor com;*rcial (inmensamente superior al moderno, 
por la escasez de numerario que hubo hasta el laboreo de las minas de Méji- 
co y Potosí), con el objeto de aparentar que no fué tanta la riqueza del botín 
de Cajamarca y del Cuzco. Con aire de triunfo nos dice que la excelencia de los 
caminos incásicos ha sido muy abultada, pues á po^a distancia del Cuzco 
había ejouapo ds ellos escalones que embarazaron el tránsito á los caballos 
de los españoles; y no repara en que esto nada arguj'a contra su solidez y 
contra sus co^tructores, ya que estaban destina lus para viajeros á pie, 
como eran l^|lel imperio p^raano. Son de ver sus desesperados esfuerzos 
para negar la Despoblación del pMÍs á consecuencia de la conquista y las 
guerras civiles, que con tan grande evidencií^ aparece en los relatos áe los 
cronistas, principalmente en la Crónica del Perú y en el Señorío de los Incas 
de Cieza. La carencia de ciudades populosas en el Tahuantinsuyu, fuera del 
Cuzco.no prueba tampo;:o lo que Caiipa pretende. El pueblo perua'io, como 
agrícola, vivía desparramado en aldeas y caseríos, lo que no demuestra en 
manera alguna escasez de población, sino dispersión de ella. 

El padre Cappa combate rudamente á Garcilaso. no obstante de que lo 
utiliza muchisimo, quizá en demasía, para su bosquejo del Perú incaico. No 
extrañe la inconsecuencia; es ya cosa sabida que los que más se aprovechan 
de los Comentarios, son precisamente quienes más suelen denigrarlos. • 

Por lo demás, poco caudal debe hacerse de la autoridad de un hombre 
cuyo criterio histórico fué tan débil que imagina á Manco Cápac como 
consciente inventor de las instituciones y plan de gobierno de los posterio- 



HXAMEN DE LOS COMENTARIOS REALES 155 

los vicios propios de su constitución. Apreciar si en suma 
fué benéfica ó dañosa su influencia, si en sus resultados pre- 
valeció lo nocivo, es problema cuya discusión no correspon- 
de aquí. Los que reputamos supremo valor moral y socia^ 
el respeto á la personalidad y á la libertad del individuo» 
sostenemos que aquel régimen deprimente hubo de ser de 
efectos desastrosos á la larga y que en mucha parte es res. 
ponsable de los males que todavía afligen el moderno Perú. 
Alas conviene que recordemos, para que nuestras doctrinas 
no empañen la serenidad de la consideración objetiva, que 
fué, entre los que presenta la historia, el quemas se acercó 
al ideal de orden, disciplina y bienestar en la obediencia; 
que ese ideal de tranquilidad en la servidumbre, que era el 



res incas, y á la manera de un Nuina 6 de un Lict rgo (pa^. 167 de la 
obra citada); que cree á Remo fundador efectivo de Koma (pag. 185); y 
que asimila la situación de las tribus salvajes en las selvas amazónicas á 
la de los habitantes de la sieira y la costa antes de Manco. 

Para justificar la conquista y comprobar el amor con que los indígenas 
la recibieron, trae las siguientes palabras, de comicidad irresistible: "Sin- 
número de mujeres se le unieron [á los conquistadores] con lazos masó 
menos fuertes (?¡) y de ellos procrearon hijos". ¡Donoso argumento de la 
bondad de los españoles el que preñaran á innumerables indias! 

Uno de los principales derechos que en favor d e la conquista invoca, es 
la bula de Alejandro VI. Reconoce que el Papa tiene potestad para dispo- 
ner de todos los estados, y muy especiaímente de los mfieles. como los de 
Amórica que "eran ovejas apartadas de aquel rebaño místico, cuyo Pastor 
Supremo, Pedro, vive en sus sucesores" ¿No es curiosísima y significativa 
esta supervivencia de las más genuinas ideas medíovaks? Por supuesto 
que según él no fiíc'ion legítimas las conquistas y colonizaciones de Ingla- 
terra protestante ni de la Holanda luterana, "pues ni el error tiene derecho 
á difiíndirse ni la potestad secular á patrocinarlo". 

En otros pasajes escribe Cappa con impudencia sin igual: "Yugo faé el 

de España en gran manera suave (pag. 36) Los españoles pusieron á 

la América en un estado de adelanto moral y material extra oiillín ario; y 
poco después de estable^ idos en ella, la levantaron á un grado de ''civiliza- 
ción y prosperidad tal que era superior al de no pocas naci(4^s europeas... 

Hicieron de idólatras, cristianos; de incultos civilizad^í? de esclavos, 

ciudadanos libres (!!!); de tribus sanguinarias y belicosas, los pueblos más 

pacíficos del mundo El indio conoció en la raza invasora el brazo 

fuerte que Dios le deparó para (^ue, levantándolo de la abyección, lo subie- 
ra y colocara junto á sí, y le devolviera los derechos de hoxnbre y redimido". 
Mucho amamos á bspaña y muy intensamente sentimos la comunidad de 
sangre; pero si algo pudiera entibiar en nosotros estos poderosos aftctos, 
sería el antipático y repulsivo españolismo de Cappa y sus congéneres, que, 
olvidando toda nobleza y deponiendo toda r ctitud, se encarniza en calum- 
niar á la raza vencida y hollada, responde á vulgares y necias acusaciones 
con otras más vulgares y necias todavía, falsea desvergonzadamente la 
historia, insulta la verdad, y de tan insensata manera se fatiga por excul- 
par á los antiguos cast'íllanos de abusos y violencias muy reales por des- 
gracia y que no son en ellos más perdonables ni más condenables que en 
todos los conquistadores conocidos, sin salvedad alguna. 



156 REVISTA HISTÓRICA 



incásico, ha sido hasta nuestros tiempos el de casi todas las 
grandes sociedades: el de los imperios asiáticos, el del impe- 
rio romano, el de las monarquías absolutas dondequiera; y 
que, por desdicha, áunaorpanización no muy desemejante se 
inclina el mundo contemporáneo con el socialismo vía centra- 
lización. No parece sino que el hombre tiende al despotismo 
como á su centro, y que la libertad es un equilibrio instable, 
una casualidad feliz. 

No hay situación que no pueda juzgarse desde contradic- 
torios puntos de mira, y que á la vez no se preste á la apo- 
logía y á la diatriba. Valera y Garcilaso presentan el lado 
risueño y luminoso del gobierno de los Incas; las informa- 
ciones de Toledo, el padre Cobo y Pedro Pizarro, el lado 
obscuro y disforme. Tan erróneo sería ver exclusivamente 
este último, como lo fué atender sólo al primero. Es menes- 
ter unirlos hasta que se fundan en ese tono gris que es el de 
la verdad. Las dos parcialidades contrapuestas se corrigen 
y completan mutuamente. Sin duda los indios, entonces co- 
mo ahora, eran aficionados á la bebida, aunque el estrago 
debió de ser mucho menor, porque la chicha es bastante menos 
alcohólica que el aguardiente y el ron que actualmente usan. 
Sin duda hubo desórdenes bochornosos contra natura, que 
ni con las más severas penas consiguieron los Incns desa 
rraigar de ciertas com.ircas; pero la sodomía no era vicio 
extendido en todo el país: si bien infestaba los valles de los 
afeminados y perezosos yuncas déla costa, en cambio la sie- 
rra estaba limpia de ella, á excepción de Conchucos y del Co- 
llao (li. Cierto que hubo sublevaciones reprimidas y casti- 
gadas con crueles matanzas; cierto que Valera es completa- 
mente ine3íij[^to cuando asegura que la carga de los tributos 
que imponían los reyes incas á sus vasallos^ era tan liviana 
que parecerá cosade burla (2), y él mismo se contradice lue- 
go, porque refiere que los indios que no tenían mujer é hijos 
que compartieran con ellos el trabajo, enfermaban por el 
largo tiempo que se ocupaban en cumplir con su tributo (3); 



(1) Vid. Informaciones de Toledo.— Cieza, Crónica del Perú, Caps. 
LXI I, LXIV. LXXX y CXVII. Lo mismo dice en el Señorío de los Incas, 

(2) Apiid Garcilasí , Comentarios, Primera parte, libro V. cap XII. 

(3) Apud Garcilaso, Comentarios Primera parte, libro V, cap. XV. 



EXAMEN DE LOS COMENTRIOS REALES 157 



pero no es menos cierto que los autores más fidedignos con- 
cuerdan en que el mayor nómero de las provincias era fiel y 
afecto á la dominación de losCuzqueños,'en que los subditos 
vivían por lo general contentos y satisfechos con sus leyes y 
costumbres, sin desear nada mejor, y en que el gobierno de 
los Incas era para los indios peruanos el más apropiado que 
se podía concebir (Santillán, Acosta). Las instituciones in- 
cásicas encarnaban la natural y perdurable aspiración de la 
dócil raza quechua. Por eso estaba tan bien hallada con 
ellas. No se crea que los Incas fueron los inventores de tales 
instituciones; las más importantes, si no todas, venían pro- 
bablemente desde el imperio de Tiahuanaco, y no habían ce- 
sado de regir, en lo central de la sierra cuando menos. No 
innovaron, pues, los Incas la constitución social de las na- 
ciones y tribus que domeñaron; no hicieron sino reconstruir 
con elementos de análoga civilización una antigua unidad 
cuyos restos subsistían. Esta comunidad de cultura, tradi- 
ciones y leyes, que se conservó entre todos los pueblos de la 
sierra que hablaban el quechua y que aun pudo infiltrarse 
en los invasores Ay maraes, explica la rapidez con que mu- 
chas regiones se amalgamaron con el nuevo imperio y la fa- 
cilidad de algunas conquistas, que no fueron tan incruentas 
como quiere Garcilaso, pero que se realizaron sin encontrar 
gran resistencia y sin dejar tras de sí inextinguibles odios. 

No hemos de imaginarnos el vasto Tahuantinsuyu como 
un cuerpo enteramente homogéneo, en cuyos diversos terri- 
torios tenía el sistema de los Incas igual y perfecta aplica- 
ción. Los pueblos de idioma quechua los practicfllon con 
fidelidad y cariño. Más difícil hubo de ser siempre su funcio- 
namiento entre los revoltosos Collas. Los cost^k)s, de raza 
y tradiciones peculiares, se vieron sometidos de nuevo, como 
en el período de Tiahuanaco, al poder de los serranos; pero 
no pudieron olvidar sus muelles y viciosos hábitos, y mu- 
chos cronistas españoles señalan el notable contraste que 
con los del interior ofrecían. Las brillantes y efímeras civili- 
zaciones de la costa se encontraban en total decadencia y 
decrepitud cuando los Incas bajaron á someterlas. Hernan- 
do Pizarro y sus compañeros pudieron contemplar en Pa- 
chacámac numerosas ruinas que demostraban la vejez de la 



158 REVISTA HISTÓRICA 



ciudad. Si las había junto á templo tan venerado y concu- 
rrido, fácilmente se comprende lo que sucedería en los d^^más 
lugares de la costa. Chanchán y Chincha conservaron su 
prestigio. Pero en definitiva la dominación incásica coinci- 
dió con el debilitamiento y la degeneración de las razas del 
litoral, 3' los Incas las mantuvieron en un pie de dependencia 
y desigualdad respecto de las poblaciones de la sierra. En 
los confines y extremidades del imperio, en Tumbes, Puerto 
Viejo, PastOi Chile, Tucumán y las entradas de las monta- 
ñas, el gobierno del Cuzco hallaba naturalmente ma^'ores 
tropiezos, 3' se ejercía con menos vigor y regularidad. Es 
probable que esos territorios fronterizos gozaran de alguna 
autonomía. A ellos parece referirse Cieza cuando escribe: 
**Muchas provincias hobo que tuvieron sus guerras unos 
con otros; y del todo no pudieron los Incas apartallosdellas" 
(Señorío, Cap. XXVII). Venían á constituir verdaderas sa- 
trapías; y de sus jefes ó gobernadores orejones, que á veces 
debieron de inspirar serios recelos al soberano, queda algún 
recuerdo en la curiosa relación de don Diego Felipe de Alca- 
ya, cura de Mataca, al Virrey marqués de Montesclaros. 

No son las instituciones incásicas tan originaleá como 
Se ha dicho y repetido. La propiedad territorial común, ó 
sea la comunidad entre los miembros de cada tribu, ha exis- 
tido primitivamente en casi todo el mundo; y ho\' mismo se 
preservan el wir ruso, el allmend suizo, la dessa de Java, 
etc. etc. Seguramente en el Perú preincásico aquel régimen 
comunista estaba mu3' extendido. El recurso de los miti- 
maes, óipolonias para asegurar la obediencia de los venci- 
dos, era conocido y empleado por los monarcas asirios 3* 
babilonios.'^Wo hay uso ó ley de los Incas que carezca de 
precedentes en la historia. Nació su imperio de un grupo de 
clanes ó ayllos; pasó por un período de feudalismo, como el 
Japón, como Méjico, como Egipto, como la India y la Chi- 
na, para unificarse al cabo en una monarquía absoluta y 
conquistadora; creció y se engrandeció por continuas guc- 
rras, venciendo á los enemigos uno á uno, porque, como dice 
Cobo, **los cacicazgos y señoríos pequeños no acertaron á 
confederarse unos con otras para defenderse" (Cobo, Libro 
XII, Cap. XXII). Componían la sociedad dos clases super- 



EXAMEN DE LOS COMENTARIOS REALES 159 

•■»■■ II . .■■'■ I... ■ ■■ , I ... lili ■ I . ., >, > 

puestas: abajo, los vencidos ó tributarios; arriba, los vence- 
dores ú orejones, que eran los de la nación inca, los de la 
antigua federación cuzqueña, hijos del dios Inti. libres de 
tributos ó pechos. Entre las tribus incas, la de Manco era 
la primera; y sus curacas, emperadores del Tahuantinsuyn. 
De este modo, la historia de los Incas nada presenta de ma- 
ravilloso y excepcional. Hemos tenido ocasión de indicar 
sus semejanzas con la de los distintos estados, en especial 
con el antiguo Egipto, con la antigua Persia y la Asiria. Po- 
dríamos amplificar sin esfuerzo el tema de estas semejanzas 
tan obvias. Pero la ma^'or es indudablemente con la China. 
**Los Peruanos, escribe Prescott, se parecían á los Chinos 
en su absoluta obediencia á la autoridad, en su carácter 
suave aunque un tanto terco, en la cuidadosa observancia 
de las formas, en el respeto á los antiguos usos, en la destre- 
za para trabajar objetos minuciosos y prolijos, en su género 
de inteligencia mucho más imitativo que inventivo, y en la 
invencible paciencia con que suplían la^falta de un espíritu 
audaz para la ejecución de grandes empresas" (1). Y las si- 
militudes no están sólo en el carácter general, sino en las 
costumbres, ceremonias y tradiciones. La primitiva escritu- 
ra china (si tal puede llamársele), anterior al fabuloso Fo-hi, 
fué la de unas cuerdecillas anudadas, idénticas á los quipos. 
Huang-tí y su mujer nos recuerdan la civilizadora pareja de 
Manco Cápac y Mama Ocllo; los sucesores de Huang-tí, las 
dinastías de que hablan Montesinos y «u escuela; las máxi- 
mas y los discursos que se ponen en boca de los emperado- 
res chinos, los que Valera atribuye á los incas Viracocha, Pa- 
chacútec y Túpac Yupanqui; el mitológico pájáí'o fung- 
huang, el coreqaenqae; la Gran Muralla y el G^n Canal, las 
fortalezas, los caminos y los acueductos incásicos. En am- 
bos países, esencialmente agrícolas, el emperador honraba 
públicamente la agricultura, arando la tierra con sus pro- 
pias manos en presencia de la corte determinado día del 
año; en ambos, el emperador era supremo pontífice de la re- 
ligión oficial y se titulaba hijo del cielo. El Tuhuantinsuyu 
fué lo que la China de las primeras dinastías. A pesar de su 



(1) Prescott, Historia de la Conquista del Pera, libro I, cap. V. 



160 REVISTA HISTÓRICA 



largo pasado, podemos calificarlo (comparándolo con la 
prodigiosa antigüedad del Celeste Imperio), como una Chi- 
na joven que la conquista española detuvo y destruyó en 
¡os primeros grados de evolución; y su juventud relativa se 
prueba con la existencia de la propiedad común y de un po- 
deroso espíritu militar, que igualmente existieron en la Chi- 
na de los tiempos más .remotos y que la civilización indíge- 
na logró destruir en ella poco á poco, como á la postre los 
hubiera destruido de seguro en el Perú de los Incas. Tanto 
el Perú como la China han tenido por ideal una reglamenta- 
ción minuciosa y un patriarcal y manso despotismo; y lo 
han realizado en su vida, aunque con los desmayos, eclipses 
y desfallecimientos inevitables en la realización de todo ideal. 
Pero ni en una ni en otra parte la corrupción de los minis^ 
tros y los accesos de cruel furor en los soberanos— que á ca- 
da momento descubren el fondo bárbaro de estas extrañas 
civilizaciones — han borrado por entero el sello paternal y bon- 
dadoso del gobierno y de las leyes. 

Con frecuencia sucede, lo mismo en los individuos que 
en las naciones, que más interés despierta lo que quisieron 
ser que nó lo que en realidad fueron, lo que sintieron y soña- 
ron que no lo que positivamente hicieron. De allí que la his- 
toria literaria y artística, manifestación de la vida afectiva 
de un pueblo, sea de más rico y fecundo contenido y dé para 
conocer su índole más segura clave que la historia política. 
Los Chinos han expresado su constante anhelo de paz y de 
administración omnipotente y omnisciente en los libros filo- 
sóficos de su copiosa literatura. Los Peruanos incásicos, 
menos adela^atados, faltos de letras, lo expresaron en re- 
laciones otiÉpes de historia idealizada, embellecida; en una se- 
rie de hermosas leyendas, con las cuales ornaban la memoria 
de sus gloriosos reyes. En ellas están patentes la docilidad 
y la ternura, que son las características de los indios del Pe- 
rú, que informan sus hábitos y producciones, y que tan á 
las claras revelan su música y sus cantos populares. Pos- 
puestas ó ignoradas por cronistas que de preferencia aten- 
dían á relatos v" poemas de más rudo acento y más bélica 
inspiración (pero no siempre, como lo hemos probado, de 
más exacto núcleo), habrían perecido en el olvido si el mes- 



EXAMBN DE LOS COMENTARIOS REALES 161 



tizo Garcilaso no las hubiera recogido y expuesto con el in- 
sinuante y amoroso candor que lo distingue. De esta mane- 
ra Garcilaso ha salvado de entre las tradiciones desús abue- 
los las altamente significativas y eminentemente genuinas, 
á pesar de las idealizaciones que contienen, quizá por eso 
mismo; la instintiva epopeya creada, sobre una ancha base 
de recuerdos históricos, por los subditos de los Incas, que 
en ella pusieron lo mejor y más hondo de su dulce raza. Has- 
ta los autores que extreman la desconfianza con los Comén- 
tanos lo reconocen. Prescott afirma que los Comentarios 
son "una emanación del espíritu indio", y Menéndez Pelayo 
que son '*el libro más genuinamente americano que en tiem* 
po alguno se ha escrito y quizá el único en que verdadera- 
mente ha quedado un reflejo del alma de las razas vencidas" 
(1). Bastaría esto para que lo • proclamáramos fuente his- 
tórica de inmensa importancia, y para que le perdonáramos 
equivocaciones y errores mucho mayores délos que en él pue- 
den encontrarse, aun cuando no fuera, como efectivamente 
lo es, como creemos haberlo demostrado, texto de historia 
positiva, de valor muy superior al que se pretende conceder- 
le y sin cuyo auxilio es imposible resolver debidamente gran 
número de problemas de la época incásica. Y si una porción 
de él entra en el dominio del Arte, será de aquel arte del cual 
hemos de decir con Aristóteles que es máÉ verdadero que la 
historia (2). 

José de la Riva Agüero. 

4 

(1) Menéndez y Pelayo — Antología de poetas bispano-Bmericanos, 
t orno III (Madrid, 1894), pá^. CLXIII. % 

(2) Para no alargar demasiado este estudio, prescindo de uesarrollar otras 
consideraciones en favor de Garcilaso: su superioridad, por ejemplo, para 
las etimologías y los nombres propios de personas y lugares, derivada de 
BU conocimiento del quechua, acerca de lo cual dice Tschudi, crítico nada 
indulgente: *'De todos los crcmistas españoles era Garcilaso el que tenía 
más conocimiento de la lengua quechna Las palabras quechuas que trans- 
cribe son por lo general correctas y están aplicadas con discernimiento, ha- 
biéndose dado después explicaciones exactas de la mayor parte de ellas; en 
tanto que los demás cronistas, sin excepción alguna, rarísima vez usaban 
una palabra quechua con su verdadera acepción, haciendo en esto verdade- 
ros destrozos, especialmente Cieza, Betanzos, Gomara, Acosta, Montesi- 
nos, y basta el Yamqui Juan Santa Cruz Pachacnti'*. 

Don José Toribio Polo, en su artículo sobre Garcilaso publicado por la 
Revista Histórica, escribe: 

'*Hay en la historia de Garcilaso un hecho digno de atención, y que 

19 



162 REVISTA HISTÓRICA 



acredita su reserva y patriotismo: el silencio que guarda acerca de los 
tesoros existentes en las huacas, ú ocultados por los indios, á la llega- 
da de los españoles, para quitar á su codicia ese incentivo, y para evitar 
fuera mayor el número de los que vinieran; afianzando así su dominación 
y haciendo más insoportoble la suerte de los naturales del país. Garcilaso 
apenas si repite lo que sobre esto diieron los otros escritores, guardándose 
él de ratificar ó añ dir datos sobre el particular. Lo» caudales no recibi- 
dos á tiempo para el rescate de Atahuallpa, la cadena de Huáscar, las ri- 
quezas de los templos y de los Incas, se pasan por alto en su relato, des- 
Eués de expresarse él con vaguedad estudiada. Observa igual silencio ^o- 
re el Cusco subterráneo, embalsamamiento de cadáveres, yerbas medici- 
nales y otros üecretos de artes é industrias"- No puedo convenir en este 
punto con el erudito señor Polo. Creo que concede gratuitamente á Garci- 
laso misteriosos méritos que no tuvo. ¿Porqué suponer que ocultó aque- 
llos secretos, cuando lo más probable es que no los conociera? Hl único 
{^asaie de los Comentarios que podría dar asidero á esta opinión del vo- 
untarío silencio de Garcilaso, es el del capítulo XXVI del libro II de la Pri- 
mera parte, que sr refiere á los cordeles y pit dras con que los Indios hacían 
sus cuentas; pero leyendo íntegro el pasaje se vé que el cronista, al no ex- 
plicarse detalladamente, no obedece á estudiada leserva, sino á la escasa 
importancia que atribaye al asunto y al temor de no poder darse A enten- 
der: **De la geometría supieron mucho, porgue le^ filé necesario para medir 
sus tierras, para las ajustar y partir entre ellos. Mas esto filé materialmen- 
te, no por altura de grados ni por otra cuenta especulativa, sino por sus 
cordeles y piedrecitap, por las cuales hacen sus cuentas y particiones, que 

?or no atreverme á darme á entender, dejaré de decir lo que supe dellas'\ 
*or otra parte, esos cordeles para las cuentas y particiones debían de ser 
casi la minma cosa que los quipos estadísticos é históricos; y si Garcilaso 
tenía las stgil >sas intenciones que se imagina, hubiera debido recatar con 
gran cuidado estos últim s y nó los primeros, q'^e eran menos importan- 
tes para los españoles. Sin embargo, procuró explicarnos, con la mayor 
claridad y llaneza que pudo el mecanismo de los quipos en general, y espe- 
cialmente de los históncos, como es de ver en vanos capítulos de su libro, 
y sobre todo en el VIH y en el IX del libro VI. Por lo que toca al embal- 
samiento de cadáveres, á las hierbas medicinales v al Cuzco subterráneo, 
bien explícito es (véanse respectivamente cap. XXIX del libro V,caps. XXIV 
y XXV del libro II, cap. XX IX del libro VII); y si no dice más, es que no al- 
canzó á saber más, y él mismo lo declara en los lugares citados: "Yo con- 
fieso mi descuido, que no los miré tanto, y fué porque no pensaba escribir 
de ellos; que si lo pensara, mirara más por entero cómo estaban y supiera 
cómo y con qué los embalsamaban, que á mí, por ser hijo natural no me 
lo negaraiÉ^ 9!omo lo han negado á los españoles, que por diligencias Que 
han hecho, no ha sido posible sacarlo de los indios. Debe de serporque les fal- 
ta y a la tradioMn desto, como de otras cosas que hemos dicho y diremos. 
Los secretos naturales destas cosas, ni me las dijeron ni vo las pregunté". 
Y en otro lugar leemos: *'Se puede colegir la poca tradición que aquellos 
indios el día de hoy tengan de sus antiguallas, pues hoy ha cuarenta y dos 
años ya la tenían perdida de cosas tan erandes como eran las aguas que 
iban á la casa de su dios el Sol", (cap. XXIII del libro III). En cuanto á 
las riquezas de los templos y de los Incas, precisamente es Garcilaso nuien 
mejorías describe y más las pondera. Y de la cadena de Huáscar y de las 
tentativas de los españoles por desenterrarla, ¿no habla acaso con muchos 
detalles en dos ocasiones? (Cap. I del libro IX, cap. XXV del libro III). 



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LOS RESTOS DE PIZARRO 



Muerto por los alniagristas el marqués don Francisco 
Pizarro, conquistador y gobernador del Perú, el domingo 
26 de junio de 154-1, en la noche del mismo día un fiel escla- 
vo y cuatro 6 cinco indios llevaron el cadáver, sin cajón, en 
una manta (1); y io sepultaron como el de un criminal, de 
modo secreto, sin exequias ni ceremonias fúnebres, en un ho- 
yo para hacer adobes, en el patio de **Los Naranjos", ahora 
incluido en el área del Palacio Arzobispal: debiendo enton- 
ces ese terreno, contiguo á la iglesia Matriz, después Cate- 
dral, formar porte del atrio por el lado del norte. 

Fué quizá á poco del 28 de octubre de 1544, en que Gon- 
zalo Pizarro hizo su entrada pública triunfal en Lima, como 
gobernador del Perú y heredero del título de su hermano don 
Francisco, cuando se pensó en honrar el cadáver de éste y 
pasarlo al interior del templo, cuya primera piedra puso eñ 
1535, ó según supone alguno, hízose la exhumación en 1548 
6 49, cuando muerto Gonzalo Pizarro quedó don Pedro de 
la Gasea al frente del gobierno del país, ya pacifíc9(;|<p y tran- 
quilo. 

No conocemos» ningún documento sobre ese cambio de 
sepultura; pero sí consta del testamento de la hija del mar- 
qués doña Francisca, otorgado en Lima el 12 de marzo de 
1551, ante el escribano Alonso de Valencia: que ella institu- 
yó una capellanía con misa diaria por el alma de su padre; 
que se diría en la Catedral, en la capilla mayor que se esta- 
ba construyendo á costa de la fundadora, por don Antonio 
de Rivera ^u tutor: debiendo renovarse de diez en diez años 

el dosel con la encomienda de Santiago, sobre la sepultura 
del marqués. 



164 REVISTA HISTÓRICA 



Las cláusulas textuales del testamento relativas á esta 
fundación dicen así: 

**Iteni quiero, y es mi voluntad, que como dicho tengo, 
que de diez en diez años de la dicha renta de la dicha cape- 
llanía se ponga e compre un dosel de terciopelo negro, el 
qual dicho dosel tenga esculpido en medio del hábito del se- 
ñor Santiago y asencfado en raso cormesí qon su fleco, como 
lo hallaren puesto en la dicha capilla, y se ponga en la se- 
pultura del dicho marqués mi señor y padre*'. 

**En cumplimiento de lo qual don Antonio de Ribera mi 
tutor y curador, a mi instancia ha comenzado hacer la dicha 
capilla y la está haciendo y a traido materiales y puesto 
obreros que la hacen, por tanto quiero y es mi voluntad que 
se acabe de hacer la diclia capilla por el dicho mi tutor y que 
no cese de hacer la dicha obra hasta que se acabe de hacer, 
y que en ello se gaste lo necesario conforme al parecer de di- 
cho mi tutor*'. 

**Y sea obligado el capellán á gastar cien pesos de los di- 
chos quinientos pesos en ornamentos e manteles, y mejo- 
ramiento del dosel que está y estuviere en la dicha sepultura 
e capilla de la dicha capellanía, renovando el dicho dosel de 
diez en diez años, como lo hallare puesto en la dicha capi- 
lla" (2). 

El primer capelján nombrado fué el Chantre historiador 
don Cristóval de Molina. 

De una real cédula, fecha en Madrid á 19 de marzo de 
1552, dirigida al presidente y oidores de la audiencia de Li^ 
ma, pidiéndoles informen detalladamente sobre el edificio de 
la nueva Catedral, aparece: que el dominico Fr. Isidro de 
San Martín )^ ha hecho relación al rey, en nombre del señor 
Loaiza, **que el dicho arzobispo atento que la yglesia Cate- 
dral, dessa ciudad estaba mal hedificada, e no como convie- 
ne a la autoridad del culto divino, la hizo derribar y tornar 
a reedificar lo mejor que pudo, de manera que diz que agora 
la dicha yglesia queda de una nave de cinquenta y cinco pies 
de ancho é dozientos e sesenta en largo y enmaderada de 
madera de mangle" 

Se añacje, que 1^ fábrica costó 15,000 pesos de oro más 
ó menos, "sin la capilla mayor que se hizo de bóveda, para 



LOS RESTOS DE PIZARRO 165 

la qual diz que dio doña francisca Pizarro cinco mil pesos de 
oro, por estar como estaba sepultado en ella el marqués don 

Francisco Pizarro su padre*' (3). 

Cuando se construía en 1552 el nuevo templo, que debía 
servir de Catedral, más amplio y suntuoso que el primero, 
destinado á simple parroquia, ínterin se trabajaba el pres- 
biterio 6 capilla mayor, para la que diera doña Francisca 
los antedichos cinco mil pesos de oro, el cadáver de su padre 
se depobitó en la sacristía. 

Al buen virrey don Antonio de Mendoza, que fué el pri- 
mero con ese título, muerto aquí el 21 de julio de 1552, se 
le sepultó junto á Pizarro, por haberlo él ordenado así en su 
testamento. El cndávcr de Mendoza estaba en una caja cu- 
bierta de terciopelo verde (4), y se la depositó en lo altó del 
altar mavor. 

• « 

Para probar que en 1560 continuaban los restos de Pi- 
zarro allí, citaremos el irrecusable testimonio de Garcilaso 
que los vio. Dice éste: VMuchos años después, sosegadas 
las Guerras que en aquel Reino hubo, pasaron de la sepultu- 
ra los Huesos de este Valeroso Caballero, y por honrarle co- 
mo él merecía, los pusieron en una caxa, en un hueco, que 
hicieron en el Hastial de la Iglesia Cathedral de aquella ciu- 
dad, á mano derecha áél Altar Mayor, donde Yo lo dexé el 
año de 1560, cuando vine á España'*. (5). 

De una acta del Cabildo metropolitano, de 4 de abril de 
1595, consta: que se contradijo y mandó quitar, y que luego 
se restituyó, el escudo de armas de Pizarro, sobre su sepul- 
ero colocado en el altar mayor (6) .4;* 

Después de 1606, en que se estrenó en part«Ja nueva ca- 
tedral, trasladóse á ella, al presbiterio, al muro del lado del 
evangelio, el cadáver de Pizarro. Así lo acredita una cédula 
fecha en Madrid á 3 de febrero de 1607. El re3^ se expresa 
así: "Holgado he de entender, que el edificio de la Yglesia 
Metropolitana de esa ciudad está en tan buen estado como 
me avisan, y que se haya pasado á ella el Santíssimo Sacra- 
mento y se celebren los divinos oficios en la nueva. Y en 
ouanto á lo que decís sobre que el cabildo ha pretendido dar 
algunas capillas de la nueva yglesia á personas que las doc- 
taraíi, áx(ue no se había dado lugar y sóbrelo que toca don- 



166 REVISTA HISTÓRICA 



de se an de poner y trasladar los cuerpos de los virreyes don 
Francisco Pizarro y don Antonio de Mendoza, que están en- 
terrados en la iglesia vitja y resultado ( sic ) que en la capi- 
lla mayor de la iglesia mayor se trasladen los cuerpos del 
dicho marqués don Francisso Pizarro y don Antonio de 
Mendoza, y se pongan según y de la manera que estaban en 
la viexa 6 en lugar equivalente, sin permitir que en el cuerpo 
de la capilla mayor aya bulto alguno, y que en una de las 
dos capillas principales colaterales en la de la mano derecha 
se pueda enterrar los oidores, alcaldes del crimen y fiscales 
de esta audiencia** 

El Padre Calancha, poco antes de 1638, escribía: **Yo 
vide muchos años los huesos del marqués en una cajita en la 
sacristía de la iglesia Mayor de Lima, que aguardando á 
que se acabara la Iglesia, y no determinando después de aca- 
bada, donde le darían sepultura, se estuvo muchos años sin 
merecer un palmo de tierra, asea que envió nuestro Rey á 
mandar una cédula que su cuerpo y el del Virrey don Anto- 
nio de Mendoza, se pusiesen juntos en una bobedita junto al 
Altar Mayor" (7). 

Esta cita hace comprender que, hacia 1638, al cadáver 
descompaginado de Pizarro bastaba para guardarlo una 
cajita^ en vez de una caja grande, como para un hombre cor- 
pulento. 

Por la misma época que Calancha decía Cobo: "Su cuer- 
po (de Pizarro) está sepultado en la Iglesia Catedral de esta 
ciudad, en la capilla mayor*' (8). 

Al e^ri^cluirse, en 1^24-, la nueva catedral, y hecha deba- 
jo del altar mayor la cripta ó bóveda, para la inhumación 
de los prelacfos, capitulares y virreyes, llegó el momento de 
trasladar á ella los cuerpos de Pizarro y Mendoza, y los de 
los Arzobispos Mogrovejo y Arias de Ugarte, por tener Lo- 
bo Guerrero sepulcro especial, en capilla propia, edificada 
tras de dicho altar. 

Fué entonces probablemente, cuando desapareció el es- 
queleto de Pizarro, ya deshecho; y cuando se puso aparte el 
cráneo, en una caja de plomo, contenida dentro de un cajón 
con forro de terciopelo morado. 

El Contador mayor del Tribunal Mayor de Cuentas, 



LOS RESTOS DE PIZARRO 167 

— ■ ri inmnr I i.mriijmjTnru-Lj M^iJUiTLTj.irj.^Lr.Tj- .'uj- - i i l ' 'i ' -in - t ■ ii ■l.ij-.u.j'l .i.i_-.J- )-i. i i lii --|--ii i-i|-l-»íi '- -ii- -| ir -----nr-g ' ' -■ -- 

l^rancísco López de Caravantes, hablando de Pizarro, en la 
Relación 6 Noticia general del Perú, Tierra^-tirme y Chile, 
escrita de 1615 á 1630, que aún permanece inédita, dice: 
**Sus huesos encerrados en una caxa guarnecida de terciope- 
lo morado con pasamanos de oro, que yo he visto *' (9). 

Cuando se trataba de la beatificación del tercer Arzo- 
bispo don Toribio Alfonso Mogrovejo, su sobrino y sucesor 
el limo. Villagómez, el Deán, Doctoral y Penitenciario, co- 
mo Jueces apostólicos, y otros individuos, descendieron á 
las catacumbas de la Catedral, el 18 de enero de 1661, á 
exhumar y reconocer el cadáver del venerable prelado: dili- 
gencia que se practicó con la debida solemnidad, y previo 
juramento de los testigos y médicos: siendo digno de aten- 
ción, que sirvió de testigo el Presbítero Juan Sánchez de la 
Madríz, de 78 años de edad, capellán á la sazón del Monas- 
terio de Santa Clara, y antes Sacristán mayor de la misma 
Catedral. 

Según esa pieza jurídica de valor incontestable, veíanse 
ahí, á un lado del cementerio, cuatro nichos unidos, embebi- 
dos en la pared: uno de don Gonzalo de Campo; otro de do- 
na Grimanesa Mogrovejo de Quiñones; otro de santo Tori- 
bio; y el otro de Pizarro. Como asunto extraño á la visita, 
sólo por incidencia sé habla de dos ataúdes que había en el 
último de esos nichos, v se añade: '*Y una de las dichas ca- 
jas estaba cubierta de terciopelo morado, y se halló abierta, 
y dentro de ella una caxa pequeña de plomo, con una cala- 
vera dentro y una inscripción sobre la cubierta de dicha caja 
que dice así: '*Aquí está la cabeza de el señor Matees Don 
Francisco de Pizarro que descubrió y ganó lo^Reynos de el 
Pirú y pusso en la Real Corona de Castillá'\ i en otra de 
las caxas que estaba abierta y sin forro, se vieron algunas 
cálaberas sin rótulo alguno, ni señales que diesen noticias 
de cuyas son*' (10). 

Paréceme, que este conjunto de cráneos sin nombi;e, al 
lado del de Pizarro, prueba, que no lográndose distinguir ni 
conservar todas las osamentas, por su inevitable destruc, 
ción, y por la estrechez de la bóveda, con no más de treinta 
nichos ó compartimientos para contener tantos cadáveres 
se apeló al medio de poner aparte las cabezas, dejando los 



168 REVISTA HISTÓRICA 



huesos y cenizas en sn primera sepultura, ó enterrados en la 
misma cripta, en el centro, en el osario común. 

O bien: ¿podría suponerse, que sólo se dejara ahí el crá- 
neo del Conquistador, y que se llevara á España sigilosa- 
mente, antes de 1661, el resto del cadáver, para colocarlo 
junto con los de su hija doña Fran.nsca, Hernando su her- 
mano y yerno, ü otros de sus más próximos parientes que 
heredaron los blasones y el nombre de Pizarro? 

Es oportuno recordar: que el cuerpo del arzobispo 
Campo se trajo á la Catedral el año 1627; y que la muerte 
de doña Grima nesa, hermana de santo Toribio, ocurrió en 
1635: siendo la única mujer, — á lo que alcanzó, — que consi- 
guió el honor del entierro en ese lugar. Estimo, pues, proba- 
ble, que los cuatro nichos mencionados en 1661, estaban lo 
mismo desde 1635. 

Don Francisco de Echave y Assu que, como mayordomo 
de la catedral varios años, para publicar su obra, atribuida 
al jesuíta Buendía, debió hallarse muy bien informado, de- 
cía, poco antes de 1688: **Este es el panteón sacro de los, 
venerables arzobispos de Lima. Aquí tiene su depósito aque- 
lla gran cabeza del Marqués don Francisco Pizarro, con- 
quistador destos Reynos'* (11). 

Tomaríase esto como una sinécdoque, sin el documento 
comprobatorio de la visita á la bóveda en 1661, y sin loque 
testifican después otros autores. 

CórdovaUrrutia, investigador diligente, escribía en 1839: 
**Debajo del altar mayor de la Catedral se halla el panteón 
donde a^^onservan los huesos delosilustrísimos arzobispos, 
canónigos y ^ cabeza del conquistador Pizarro" (12). 

Don Manuel Atanasio Fuentes se expresaba así en 1858: 
**En este panteón se encuentra la cabeza de Francisco Piza- 
rro y el cadáver de su hija doña Francisca '* (13). 

El doctor Fuentes se aventuró á aseverar, por cuenta 
propia, que el cadáver de doña Francisca se trajo de Espa- 
ña; cosa que nadie, que sepamos, ha añrmado. Pero en esta 
cita última, como en las dos anteriores, se dice expresamen- 
te, que de Pizarro restaba sólo la cabeza. 

¿De quién tomó la especie Fuentes? de Echave ó de Córr 
dova? 



LOS RESTOS DE PIZARRO 169 

El distinguido publicista chileno don José Victorino Las- 
tarria, después de visitar la bóveda de la catedral, escribió 
al señor Bartolomé Mitre, su Carta sobre Lima, fecha en es- 
ta ciudad eí 6 de enero de 1851; y dice lo que sigue acerca 
del punto en cuestión: 

**Dos luces nos alumbraban (á raí y al sacristán) en aque- 
lla descuidada mansión; los féretros estaban hacinados con 
los huesos y despojos de ropas viejas; y el espeso polvo que 
los cubría mostraba claramente, que no hay en Lima quien 
se acuerde de aquellos restos. Mi guía me mostró en un ni- 
cho un fornido esqueleto cubierto de inmundos harapos, di- 
ciéndome,— gue aquel canónigo era el cuerpo de Pizarro, Me 
acerqué con reverencia; vi que sus íormas y los residuos de 
vestidura que las cubrían no podían estar en aquel estado 
después de trescientos años, y concluí por reconocer un ca- 
nónigo en lugar del guerrero que yo buscaba. En vano me 
esforcé en hallarlo. Pizarro ha desaparecido, y mi guía agre- 
gó, que nadie lo había visto; sin embargo de que aquel robus- 
to canónigo lo representa á los ojos de todos los viajeros 
que gratifican al sacristán. Sin embargo, en el altar mayor 
hay un pequeño dosel, que goza de capellanías, puesto allí en 
señal de que el cuerpo de Pizarro está debajo'* (14). 

Con motivo del estreno del Cementerio General en 1808, 
y del sepelio en él de los cadáveres de arzobispos, obispos y 
canónigos, se clausuró dicha bóveda y permaneció sin uso. 
De allí el descuido y el abandono que hizo notar Lastarria en 
1351. 

Así las cosas, el 14 de junio de 1854 concedió íl^obier- 
no licencia al señor Luna Pizarro, para que scle sepultase 
en la bóveda de su catedral, conforme lo solicitaba; permi- 
tiéndose, en 8 de julio del mismo año, al señor Orueta, alba- 
cea del arzobispo Arrieta, la traslación á ella del cadáver de 
éste; y haciéndose extensiva la gracia á los restos délos ilus- 
trísimos La Reguera y Benavente. Lo que se ha continuado 
con los arzobispos muertos después, y aún con los obispos 
finados aquí fuera de su diócesis, como O* Phelan, Tordoya, 
&; hasta el señor Sales Soto últimamente. 

Si se hubiera reconocido é identificado en aquella ocasión 
el cadáver del marqués Pizarro, de quien, por el cronista mi- 

20 



170 REVISTA HISTÓRICA 



litar Pedro Pizarro, el señor Arzobispo Luna se creía pa- 
riente, ¿no era de presumir, que hubiese procurado realzar al 
Conquistador, poner sus despojos en una caja cerrada; 6 al 
menos, asegurar con llave la reja del nicho, para impedir 
sustracciones y mantener la integridad de los restos? 

Pudo entonces enterrarse, en alguno de los túmulos que 
carecen de toda inscripción, el cráneo de Pizarro; y ponerse 
en el nicho que quedaba vacío, y en que aquel estuvo, el es- 
queleto que ha pasado por el del Conquistador. No sabemos 
hoy, al cabo de cincuenta años, á quién preguntarlo, cuando 
han desaparecido todos los testigos y sabedores del arreglo 
de la bóveda de la catedral en 1854. 

Eduardo de la Barra, también chileno, visitó el sepulcro 
de Pizarro en 1872, veintiún años después que Lastarria; y 
no obstante de recordar las dudas de éste sobre la autenti- 
cidad de los restos, parece aceptarla, al decir en su brillante 
artículo: **E1 cráneo es notable por su desarrollo: la amplitud 
frontal revela un vigor de inteligencia que sorprende, raro 
en un soldado ignorante y rudo. La mandíbula inferiorfuer- 
te y abultada, á estarnos á las reglas craneológicas, denota- 
ría una firme y decidida voluntad, un carácter de fierro. El 
cráneo de María Antonieta fué reconocido por esta misma 
circunstancia. La mandíbula de esa reina infeliz sobresalía 
de entre las demás, como el temple de su carácter'*. 

Antes que la Barra escribió el doctor Carlos Scherzcr, en 
1859, lo que sigue: 

**En las catacumbas de la Catedral reposan los restos 
de Frí^eisco Pizarro. Pocos extranjeros dejan de hacer la 
visita á esejiugar, y con frecuencia experimentan tanta sor- 
presa como placer, al ver que el sacristán les ofrece en venta 
diversas clases de reliquias del renombrado Conquistador 
del Perú; aunque no logren todos ser tan afortunados como 
una señorita de Lima, inglesa, que con toda seriedad me in- 
formó, que ella había comprado á su guía una chinela toma- 
da del ataúd de Pizarro. Si continúan, sin ser reprimidas, e.sa 
afición á reliquias de parte de los visitantes, y esa buena vo- 
luntad de los viajeros, quedará en breve vacía en las cata- 
cumbas la caja en que alguna vez estuvo el célebre Conquis- 
tador. Pudiera ser, sin embargo, que el sacristán especula- 



LOS RESTOS DE PIZARRO 171 

dor se contente, por las gratificaciones, con satisfacer los 
deseos de curiosidad de los que las visitan, empleando me- 
dios parecidos á los del cicerone astuto que acompaña al ex- 
tranjero entusiasta en sus excursiones entre las ruinas de la 
antigüedad clásica*' (15). 

El viajero inglés Hutcbinson escribe: **Durante mi resi- 
dencia en Lima estuve, en dos distintas ocasiones, en la crip- 
ta que hay debajo del coro de la Catedral, con el objeto de 
ver ios que se enseñaban ahí como restos del Conquistador 
Francisco Pizarro. Precisamente me informó el señor Rai- 
mondi, que un dedo había sido arrancado de una de las ma- 
nos El negro sacristán que nos condujo, llevando una ve- 
la encendida, nos mostró el cuerpo de un hombre bien pro- 
porcionado, no sólo con un dedo menos, sino con todos los 
huesos desprendidos del metacarpo hasta el puño. Estaba 
en un nicho, y sobre él había una capa vieja de seda, de la 
cual se me permitió tomar como reliquia nn retazo. Arrojé- 
la, sin embargo, muy luego, por haberme dicho el Rdo. Sr. 
Strongitharm sacerdote inglés, católico romano, adjunto á 
la Catedral muchos años, que él creía, que gran númerodees- 
queletos, y no menor de capas de seda, habían pasado por 
ser el esqueleto y la capa de Pizarro, desde que se acreditó 
que aquí fué depositado el Conquistador'*. 

**No existe, en realidad, prueba incontestable de que sus 
restos hubieran sido traídos nunca á esta Catedral. Todo lo 
que la historia nos dice es: que el 26 de junio de 1541, es de- 
cir, solo seis años después de la fundación de esta ciudad, fué 
asesinado en su propia residencia, — que jamás pudp haber 
sido un palacio, como se le califica por algunos escritores, — 
en un estrecho paraje que conduce del Icido odSídental de la 
plaza á la calle de Plateros en la nianzana inmediata'* (16). 

Al tratar de la Catedral de Lima, en su obra Perú, dice 
Middendorf (17): que los restos de Pizarro, sepultados en la 
antigua iglesia mayor, hecha Catedral posteriormente, fue- 
ron trasladados á diversos sitios; y que, por consecuencia de 
los grandes estragos del terremoto de 1746, se hizo dudosa 
la identidad de dichos restos, por la confusión en que queda- 
ron. Habla poco antes de un letrero, que yo no vi, y de que 
no habla tampoco ningún otro autor; puesto, según él, en el 



172 REVISTA HISTÓRICA 



nicho, y concebido en estos términos: "Aquí yace el cuerpo 
que se dice ser el de Francisco Pizarro". 

Eri cuanto á los errores en que incurren Hutchinson y 
Middendorf, son disculpables en extranjeros que tocan el 
punto por incidencia, y que no están obligados á conocer á 
fondo la historia del país; llenando, á su modo, los vacíos 
que advierten en los libros. 

Otro viajero, Arturo Sinclair, habla de Pizarro, y del 
certificado médico legal de los doctores Muñiz y Ríos; pone 
un grabado del esqueleto y añade: **E1 informe de la comi- 
sión de antropólogos se publicó con recomendable prontitud 
el sábado 27 de junio de 1891, y ocupó cuatro columnas de 
El Comercio, diario de esa fecha. La conclusión á que ellos 
llegan es, que la identidad del cuerpo se halla perfectamente 
establecida, no sólo por las indicaciones generales, sino por 
la evidencia de las heridas en el cuello y en alguna otra par- 
te; quedando visiblemente descubierto el cuerpo momificado, 
después de reposar tres y media centurias. La conformación 
del cráneo tiene en realidad marcada semejanza con el tipo 
criminal de hoy día. La mandíbula inferior, que sobresale 
anormalmente, es signo cierto de un hombre brutal. La ma- 
yor peculiaridad, sin embargo, son las rodillas juntas; cosa 
tan poco común, que puede considerarse como una deformi- 
dad. El largo total de la momia es casi de seis pies'* (18). 



* • 

Tambiénfe^o, llevado de natural curiosidad, y deseoso de 
juzgar por mí mismo, descendí al panteón de la Catedral el 
6 de enero de 1879, conducido por un negro anciano, sacris- 
tán; sin de pronto darme cuenta de ser ese día el aniversario 
del en que se tomó posesión del sitio para fundar la ciudad 
de los Reyes, hija predilecta de Pizarro; hecho que se recor- 
daba aquí todos los años, en la epifanía, al pasear aparato- 
samente el estandarte de la ciudad. 

A la izquierda de la bóveda, al lado del evangelio, repa- 
ré que había seis nichos, en sentido longitudinal, excavados 
en el muro, tres en cada hilera. En el segundo nicho de la se- 



LOS RESTOS DE PIZARRO 173 

gunda fila, con una rejilla de fierro con puerta, vi en un ca- 
jón tosco, que aún se guarda allí, de madera, negro y desta* 
pado, un esqueleto de cosa de 1 metro y 74 centímetros de 
largo, con el maxilar inferior prominente; cubierto á medias 
con trapos blancos y negros destrozados, en los que se per- 
cibía bien 1.1 cruz roja de la orden de Santiago. 

Desde entonces me asaltaron dudas sobre la autentici- 
dad de ese esqueleto, reputado de Pizarro; y que yo no po- 
día, por su buen estado relativo, dejar de comparar con los 
restos de los siervos de Dios, santo Toribio, santa Rosa, 

Forres, Masías^ Castillo, Urraca, Camacho ; muertos 

muy posteriormente al año 1541, y de los que restan tan só- 
lo cráneos denegridos, 3' huesos pulverizados ó destrozados. 
Raros cadáveres se encuentran como el del Licenciado don 
Antonio de Saavedra y Leiva, Dean de Trujíllo, que yace 
momificado, en el presbiterio de la capilla de Huanchaco, des- 
de 1707. 

« * 



Queriendo enaltecer á Pizarro como Fundador de Lima 
pensó en trasladar sus restos el Alcalde municipal, ya fina, 
do, donjuán Revoredo; y el 24 de Junio de 1891 se exhuma- 
ron, de modo solemne, los que se tenían por tales; extrayén- 
dolos del lóculo de la bóveda, 3^ colocándolos, previo re- 
conocimiento médico, en una urna funeraria con vidrios, que 
está visible en la capilla de los Reyes, que es la segunda de la 
izquierda entrando á la catedral. < 

Los médicos que hicieron el reconocimient¿> cadavérico 
(necropsia), y expidieron el certificado profesional, fueron los 
hábiles doctores Manuel Antonio Muñiz y José Anselmo de 
los Ríos; quienes, después de constatar el estado del cadáver, 
y medir su talla (1 m. 673 mm.), determinaron el sexo á que 
perteneció; que fué de raza blanca y de más de 76 años: cre- 
yeron ver huellas de dos heridas, en el cuello y en el pecho; 
advirtieron el prognatismo formal y la profundidad de la 
bóveda palatina; y arreglaron 3' engarzaron el esqueleto, 
para depositarlo en la urna. 

Publicóse entonces un artículo del señor Eugenio Larra- 



174. REVISTA HISTÓRICA 



bure y Unánue sobre la muerte de Pizarro; y fué nuestro his- 
toriógrafo hasta aseverar la mutilación del cadáver; lo que 
le valió un epigrama de la pluma festiva de Juan de Arona. 
Citando una carta de Vaca de Castro á Carlos V, de 15 
de noviembre de dicho año 41, supone el señor Larrabure: 
que á Pizarro se le hirió con un pasador,— especie de flecha 
muy aguda que se disparaba con la ballesta; y cree, que el 
odio fué hasta despojar el cadáver de lieitos órganos. 

No es el objeto de este trabajo relatar prolijamente la 
muerte de Pizarro, sino lo que concierne al enterramiento y 
paradero del cadáver; con todo, por vía de rectificación, ci- 
taremos una pieza poco conocida y de la mayor importan- 
cia. 

Es la causa seguida, en marzo de 1543, contra Juan Ro- 
dríguez Barragán, el último y más despiadado victimario de 
Pizarro; causa publicada por don José Toribio Medina, en 
una obra que revela su laboriosidad incansable. 

En la acusación hecha por el Licenciado León, al formu- 
lar el interrogatorio que debían absolver los testigos, se di- 
ce: — **Item: si saben y asimismo es público y notorio, que 
estando el dicho Marqués caído en el suelo, en la dicha cá- 
mara, de las dichas heridas, puso los dos dedos en cruz so- 
bre la boca y pidió confisión de sus pecados; y el dicho Juan 
Rodríguez Barragán habiendo sido criado y mayordomo 
del dicho Marqués tomó una alcarraza ó cántaro que esta- 
ba allí lleno de agua y de alto dio con él en la boca sobre la 
cruz al dicho Marqués, diciéndole: ¡al infierno, al infierno os 
habéis da ir á confesar! Con el gran golpe, por ser grande 
el cántaro, le ouebrantó la cara, y luego acabó de morir el 
dicho Marq^'' (19). 

En el proceso, uno de los testigos dice: **Dieron al di- 
cho Marqués tantas lanzadas, y puñaladas, y estocadas, de 
que murió luego naturalmente*' (20). 

Lo del cántaro ó vasija de barro (alcarraza) está confir- 
mado por Herrera, Calancha, etc. Mendiburu, con olvido 
de la lengua, y con ligereza suma, asienta, que el golpe de 
gracia á Pizarro fué dado con una alcarraza de plata (21). 

Compréndese bien: que en un recinto lóbrego, pocas ve- 
ces visitado, en que las tumbas no tienen epitafios, placas ó 



LOS RESTOS DE PIZARRO 175 

lápidas con inscripciones, y carecen hasta de número 6 de 
cualquier otra señal, era muy fácil que los cadáveres se mez- 
clasen y confundiesen, y que se hiciese imposible después se- 
pararlos y distinguirlos, por más empeño que para ello se 
pusiera. 

Tal debió suceder con el nicho creído de Pizarro, distin- 
to sólo de los otros por la rejilla de fierro: la que acaso se 
puso demasiado tarde, como defensa, dando valor á una 
tradición desautorizada y contraria á la verdad histórica- 
tradición hija de un error, por no haberse extendido actas 6 
comprobantes de las varias inhumaciones de los restos del 
Conquistador del Perú. 

Los médicos Muñiz y Ríos, sin vacilar, y seguros de que 
el esqueleto que inspeccionaban era el de Pizarro, pusieron su 
conato en encontrar en él las señales del género de muerte 
que sufrió, y los indicios de su carácter; sin parar mientes en 
cómo ese cadáver hubiera podido mantenerse en buen esta- 
do después de tres siglos y medio, y de habérsele cambiado 
cuatro veces de sepultura, desde que se le extrajo de la triste 
huesa en que lo puso Juan de Barbarán; tal vez no muy 
distante de los desgraciados compañeros que con él murie- 
ron. Sin embargo de ese informe médico, aún se puede pen. 
sar: que si el cadáver de Pizarro se hubiera embalsamado, y 
sepultado con las precauciones más exquisitas, no habría 
podido encontrársele el año 91 en esa condición, por el efec- 
to destructor del tiempo y del clima, sin tener en cuenta la 
edad del personaje, la clase de vida que llevó, etc. 

A juzgar por la estatura, la edad provecta, el jtwgar pre- 
ferente que se dio en la bóveda al referic^o, esqueleto el 
hábito santiagués, el desarrollo del cráneo y'fa. firmeza del 
carácter que revela la mandíbula inferior muy pronunciada, 
el que se ha tomado por cadáver de Pizarro pudiera serlo 
más bien del virrey don Antonio de Mendoza. 

Muerto éste once años más tarde que el Conquistador, 
enterrado junto á él en lujoso ataúd, y probablemente em- 
balsamado, extrayéndole las visceras, y excluidas las partes 
blandas y más corruptibles, era más probable se preservase 
su cadáver, que no el de Pizarro, dejado en contacto inme- 
diato con la tierra; en un paraje en que luego se inhumaron 



176 REVISTA HISTÓRICA 



los reos que sufrían la pena capital, y los mendigos y desco- 
nocidos. En ese patio de **Los Naranjos" se erigió poste- 
riormente parte de la iglesia actual del Sagrario, y el resto 
de él, que medía cosa de 16 varas en cuadro, se hallaban 
espaldas de la capilla de la Concepción y de la sacristía ma- 
yor de la Catedral (22). 

Esta conjetura quizá no sea aceptable; pero nada tiene 
que ver con la identidad de los restos de Pizarro que, aun- 
que sostenida con la mayor buena fe, la rechazamos en nom- 
bre déla crítica: una vez producida la prueba irrefragable 
de que el año 1661 existía sólo el cráneo del Conquistador, 
y no el esqueleto completo que aparece después. 

No se trata de una mistificación; sino de un error invo- 
luntario y harto excusable, que provino del trascurso de los 
siglos, del olvido de documentos fehacientes, y de la credu- 
lidad sin examen, por juzgarse en posesión de la verdad. 



» 
• * 



Juegos del destino ó arcanos de la Providencia! 

De los restos del Descubridor y Conquistador del Perú 
no se conoce el paradero preciso: y también se ignora dónde 
están los de Atahuallpa, Valverde, el viejo Almagro, Gonza- 
lo Pizarro 

Esos restos yacen entreverados y dispersos en el terri- 
torio en que se contemplan las ruinas del gran imperio de 
los Incas; cuya civilización secular desapareció, como el hu- 
mo, al embate de la codicia, del valor y del espíritu aventu- 
rero. M 

Hanse perdido los mortales despojos de los conquista- 
dores, lo mismo que los de muchos de los precursores y pro- 
ceres de nuestra independencia. Pero mientras los unos vi- 
ven sólo en la memoria de las generaciones que se suceden, 
los otros perduran en el corazón de su posteridad agradeci- 
da y despertarán siempre general simpatía. 

José ToRiBio Polo. 
Lima, noviembre de 1903. 



LOS RESTOS DE PIZARRO 177 



CITAS 

(1) Oviedo— H/síor/a gen. y nat. de Indias: 1. XLVIII, cap. I: tomo 
IV, página 359. 

(2) Primer libro de Buenas Memorias del Archivo del Cabildo Ecle- 
siástico de Lima: folio 582 á 601. 

(3) Ced alario arzobispal de Lima: t. I, folio 405. 

(4) Relaciones geográñcas de Indias por Jiménez de la Espada: tomo 
III, pág. CLXIII del Apéndice. 

(5) Comentarios reales: 2* parte, 1. III, cap. VII. 

(6) Libro II de Actas y Acuerdos capitulares^ de 1575 á i 605, folio 
134. 

(7) Coránica moralizada: 1.° I. cap. XVII, N.° 8, pág. 118. 

(8) Historia de Lima: 1. I, cap. XIX, pág. 26. 

(9) Historia de la conquista del Perú por Prescott: 1. IV, cap. V, nota. 

(10) Quinto cuaderno del Proceso para la beatiñcación del Bienav. , 
Toribio Alfonso de Mogrovejo: folio 33, (Archivo arzobispal.) 

(11) La Estrella de Lima, pág. 113. 

(12) Estadística de Limaren Odriozola: Doc. lit. del Perú: t. XI, pág. 75. 

(13) Estadística general de Lima: 1* edición, pág. 343. 

(14) "El Comei:cio" de Lima, de 21 de febrero de 1851, núm. 3848. 

(15) Narrative oftbe circumnavigation of the Globe — London, 1863, 
tomo III, pág. 369. 

(16) Twoyears in Pero— 1873: tomo I, cap. XV, pág. 309. 

(17) Tomo I. Berlín: 1898, pág. 280. 

(18) In tropical lands.—Ahtr áeen, 1895, pág. 71. 

(19) Cokc. de Docum. para la Historia de Chile: t. XI, pá^. 289. 

(20) Ib. pág. 288. 

(21) Dic. Hist. Biog. del Perú: tomo VI, pág. 502. 

(22) Informes del Arzobispo de Lima al Virrey sobre ese Cjemeoterio 
de 21 de noviembre de 1789 y de 4 de febrero de 1790. 

4 




21 



178 REVISTA HISTÓRICA 



DOS PALABRAS MAS. 



Para no alterar este artículo, que escribí en 1903. y que 
se ha querido insertar en la Revista Histórica, honrándo- 
me, voy á ponerle al pie estas ligeras anotaciones: 

1' Como el esqueleto tenido por de Pizarro, no es de él, 
debe ser de algún Virrey 6 Canónigo, Caballero del hábito 
de Santiago; porque á los oidores, nobles y empleados de al- 
to rango correspondía otra sepultura. 

De los Virreyes muertos en Lima, los restos de algunos 
se llevaron á España; otros se enterraron en San Francisco, 
Santo Domingo ú otro convento; y es de advertir, que raros 
de esos personajes eran de la orden de Santiago. 

Al Condede la Monclova,si de él fuera el cadáver, lo de- 
nunciaría la falta de un brazo, perdido en la batalla de 
Arras: lo que le valió el apodo de Brazo de plata. 

Pudiera pensarse, que el esqueleto pertenece al Marqués 
de Castel-dos-Rius. muerto apenas en 1710; ya que, entre la 
desaparición de Pizarro y la de don Antonio de Mendoza, 
mediaron sólo cosa de once años: lo que hace más probable, 
que sea osamenta de don Manuel Oms de Santa Pau, que 
no de Mendoza, que finó en 1552. 

En cuanto á los Canónigos, hubo varios Caballeros de 
Santiagíg, á quienes se inhumó en la bóveda de la Catedral; 
tal vez con eh hábito de tales, y no con sus paramentos de 
sacerdotes, según era de suponer, sobre todo en atención á 
la época. 

Recuerdo ahora de pronto al Deán Marqués de Rus D. D. 
Juan de Cabrera y Benavides, muerto en 1671; y al D. D.Joa- 
quín de Carvajal y Vargas, también Deán, muerto en 1802. 

2^ En las Memorias de Llano Zapata sobre la América 
Meridional, impresas aquí en 1904, después de historiar la 
muerte de Pizarro, se halla este pasaje, pertinente á nuestro 
asunto: **Su cuerpo fué envuelto en una jerga, y después de 
liado con una soga, lo llevó un negro arrastrando hasta el 
sitio que en la Catedral de Lima llaman los Naranjos^ quees 



LOS RESTOS DE PIZARRO 179 

donde se entierran los criminales, y lo sepultó en un hovo 
que había la contingencia allí formado. Con el tiempo se 
exhumó el cadáver y se trasladó á la Catedral, donde yace 
en bóveda separada. Asr es falsa la tradición de que en lu- 
gar de su cuerpo se sustituj^ó el de cierto criminar* (pág. 13). 

Repárese, que Llano Zapata escribió su obra poco antes 
de 1761; y lo que pasaba ya entonces en materia de datos 
sobre el cadáver de Pizarro, que aparece completo, y en bó- 
veda separada, cuando de él quedaba apenas la cabeza hacía 
un siglo. 

3* Olvidé consignar en mi artículo: que además de doña 
Grimanesa Mogrovejo de Quiñones, hermana de santo To- 
ribio, se depositó también, en la misma bóveda, entre los 
años de 1622 á 1629, una hija del Marqués de Guadalcá- 
zar: sin duda por no haber otro lugar más digno que de- 
signarle á la hija de un Virrey en ejercicio del mandosupremo. 

4* Monseñor Carlos García Irigoyen, en su reciente obra 
Santo Toribio, ha publicado íntegra el acta á que hice re- 
ferencia; la que comprueba, que en 1661 existía, dentro de 
una caja de plomo, encerrada dentro de otra de madera, tím- 
camente el cráneo de Pizarro, con la inscripción consabida, 
á guisa de epitafio; sin decirse entonces una palabra sobre el 
resto del cuerpo, que se ignora cuándo y cómo desapareció. 

Ese moderno autor, que hace años es Secretario del Ca- 
bildo Metropolitano, y por lo mismo muy bien informado 
en lo que á éste concierne, copió como nota del acta, parte 
del artículo aquí reproducido, en que sostengo que es apó- 
crifo el esqueleto de Pizarro, que hasta hoy existe en la Ca- 
tedral, y agrega: **Sin embargo de esto, desde el 24^q junio 
de 1891 está visible el supuesto esqueleto del Conquista- 
dor, en la capilla délos Reyes de la Catedral, yes objeto de la 
frecuente visita de los extranjeros que vienen al país". 

Testimonio tan concluyente ratifica la antigua sentencia: 
que las preocupaciones extravían a únalos más rectos juicios. 
Prsejudicata opiniojudicium obruit. 

De otro modo no se explica el error en que se incurrió en 
la entrega del esqueleto, en su reconocimiento pericial, y en 
los escritos con los que se intentó acreditar su autenticidad, 
hasta dejarla fuera de duda. 

Josí: Toribio Polo. 






EL PADRE YALERÁ PRIMER HISTORIADOR PERUANO 



SUS PLAGIARIOS Y EL HALLAZGO DE SUS TRES OBRAS 



EL PADRE BLAS VALERA 

No es mi intento ofrecer á los lectores de la Revista 
Histórica un estudio biográfico acerca del primer mestizo 
peruano que trató de trasmitir á la posteridad la historia de 
SUS antepasados. Mi propósito se limita á agrupar primero 
los datos más exactos que quedan acerca de la vida de Blas 
Valera, como mero preámbulo á lo que después diré sobre 
sus escritos inéditos y los que los han plagiado. 

Escasísimas son las noticias que se tienen acerca del 
más antiguo y respetable de los historiadores peruanos de 
los Incas. Parece increíble que habiendo pertenecido á la 
Compañía de Jesús, tan celosa desús glorias, y siendo él 
tan benemérito por sus escritos, no le mencionen sino inci- 
dentalm^te los cronistas de la Orden Oliva y Barrasa. Es 
imperdonabljf sobre todo, que el primero, autor de los Va- 
rones ilustres de la Compañía de Jesús en el Perúy cuyo 
manuscrito autógrafo y completo poseímos (1) y estudia- 
mos hace treinta años, donde consagra extensas biografías 
á personajes secundarios, sólo se limite en la introducción á 
citarlo con encomio y á reproducir dos pasajes de una de sus 
obras. Lo mismo hace el segundo, el Padre Barrasa, en la 
Historia déla Provincia del Perú, en que apenas habla de él 
refiriéndose solo á la parte que tomó en la obra de los Cate- 
cismos del Concilio de Lima y su traducción en las lenguas 
quechua y aimará. 



EL PADRE VALERA 181 



Lo poco que sabemos acerca de Valera es lo que de él 
dice Garcilaso, quien pudo y debió decir mucho máSy repro- 
ducido por el General Mendiburu en su Diccionario Jiistó- 
rícOy y principalmente el artículo que le dedica Torres Salda- 
mando en sus Antiguos Jesuítas del Perú (Lima. 1882-85, 
pag. 20 á 23) 3' que no es sino una biografía incompleta, es- 
crita á vuela-pluma. 

Mucho conocí al autor y mucho contribuí á la prepara- 
ción é impresión de su obra, y aun de sus obras puedo decir, 
pues también le di en mi edición de la Historia de Lima 
de Cobo, cuyas pruebas corrigió, la clave para descifrar los 
libros del Cabildo. Esto no obstante, y á pesar de sus pom- 
posas promesaS; hasta la víspera de mi viaje, no merecí ni 
recibir el obsequio de un ejemplar de su libro, que no exis- 
tiendo aquí en la Biblioteca Nacional, he conseguido com- 
prar á un precio elevado, después de comenzado este artículo. 

Era Torres hombre de poca cultura, pero de gran fa- 
cundia, y de tan prodigiosa memoria como Menéndez y Pe- 
layo, improvisándose historiador de la noche á la mañana 
en sus artículos en la Revista Peruana. Por eso mismo 
sus escritos, aunque repletos de mu^'' curiosos datos históri- 
cos y bibliográficos, adolecen de inexactitudes y defectos de 
todo género, porque leía á escape y redactaba á galope, con- 
fiado en su memoria, lo que acababa de leer en un archivo ó 
en casa de un amigo. Yo que lo conocí á fondo, me explico 
sólo así los deslices de su interesante libro, y especialmente 
en el estudio acerca de Valera, que debía ser muy esmerado, 
y tan extenso como el de Acosta que le precede. ^ 

Los datos que dá Torres Saldamando en s^libro acerca 
del P. Valera, muchos son erróneos, por más que parezca 
haberlos tomado del archivo de los jesuítas (hoy Nacional), 
por cuanto están en oposición con lo que el mismo P. Va- 
lera declara en su obra citada por Garcilaso, donde textual- 
mente dice al hablar de la embajada que mandaron los con- 
quistadores á Atahuallpa: **que nació y se crió en los confi- 
nes de Cajaraarca y que oyó contar dicha, historia muchas 
veces, á su padre Alonso de Valera, uno de los conquistado- 
res" (2). 

De aquí resulta de un modo incontestable que Alonso y 



182 REVISTA HISTÓRICA 



no Luis fué el padre de Valera; que nació en los confines de 
Cajamaroa y no en San José de Chachapoyas, como preten- 
de Torres. Lo mismo podemos decir de hi fecha del naci- 
miento, que él fija en 1551, por cuanto los conquistado- 
res no tardaron 18 años en tener relaciones con las indias 
de la corte del Inca. Por otra parte, Oliva nos dice que V^a- 
lera estudió latín en Trujillo y que entonces leyó atentamen- 
te una relación de Valverde sobre la prisión de Atahuallpa 
(3), y no se concibe esa atenta lectura varías veces por un 
muchacho de 14 á 16 años; y como hay que suponer que de- 
bió pasar algún tiempo hasta que se trasladó á Lima é in- 
gresó en la Compañía, eii noviembre de 1568, no es posible 
creer que tuviera en esta fecha los 17 años que le atribuye 
Saldamando, de lo que únicamente deduce su nacimiento en 
1551: debió pues nacer, por lo menos, diez años antes. 

Podría argtiírse que los novicios generalmente ingre- 
saban en la Compañía A los 16 ó 17 años; pero hay infini- 
tas excepciones, y sobre todo en el caso presente, en que los 
jesuítas acabados de llegar al país en número de seis, trata- 
ban de reclutar por todos 1 s medios posibles nuevos cola- 
boradores, sin detenerse en obstáculos de edad ó legitimi- 
dad de los postulantes. Así sabemos por Oliva y Barrasa 
que en el mismo año que Valera (1568), ingresaron hombres 
de edad madura, como el fiscal de la Audiencia de Lima, Pe- 
dro Messía, el cs;:ribano Gutiérrez y los canónigos Sánchez, 
Toscano, etc. 

La misma conclusión se desprende, si aceptamos la fecha 
que Toíjjjs dá para su nacimiento, al confrontarla con la de 
su muerte, íjues resultaría que solo vivió unos cuarenta y 
siete años y que las tres obras de que vamos á ocuparnos fue- 
ron escritas en su primeraju ven tud, cosa inconcebible en tra- 
bajos de índole histórica, fruto ordinario de la edad madu- 
ra, y además, porque consta que desde el año 1571 fué el P. 
Valera enviado al Cuzco, donde pasó varios años catequi- 
zando á los indios, como conocedor del quechua, y poco 
tiempo le sobraría entonces para escribir historias. 

Resultado de lo que precede y de nuestras investigacio- 
nes en las obras de Garcilaso y Oliva, es lo siguiente: 

Alonso de Valera, uno délos compañeros de Pizarro, que 



BL PADRE YALERA 183 



asistió al drama de Cajamarca, tuvo en su distrito relacio- 
nes con una india de la corte del Inca, quien dio á luz á nues- 
tro biografiado y probablemente á otros hijos, como acaso 
el después franciscano Francisco de Valera. Importa fijar 
la fecha del nacimiento, y no constando precisamente, como 
antes se ha visto, por la's razones aducidas, creo con funda- 
mento que debe oscilar entre 1538 y 40, siendo inaceptable 
la de 1551 que indica Torres. Vivió en Cajamarca y Truji- 
11o hasta pasados los 20 años y en esta última ciudad hizo 
sus estudios de latín (4). Trasladóse después á Lima, donde 
en 1568 ingresó en la Compañía, pocos meses después de su 
instalación de ésta en la capital. En 1571 fué enviado a' 
Cuzco en calidad de catequista con los fundadores del nuevo 
colegio, P. Barcena y otros (5), ignorándose el numero de 
años que allí residió, aunque sospechamos que fueron más 
de diez, hasta que en 1582 pasó á Juli, por haber una vacan- 
te en esta Residencia. Por un pasaje de sus escritos, citado 
por Garcilaso (6), se sabe estuvo en Copacavana y proba- 
blemente en La Paz y otros lugares de la región del Titicaca. 
Tanto aquí como en el Cuzco es segurísimo que reunió Va- 
lera sus materiales y redactó sus obras. Se sabe que en años 
posteriores recorrió el Norte del Perú y estuvo en Quito. No 
hay detalles posteriores de su vida; natural es que regresara 
á Lima para embarcarse para Cádiz hacia el año 1591, pues 
Garcilaso nos dice que fué á España más de 30 años después 
que él, quien, como es sabido, zarpó del Perú en enero de 1560. 
Esta fecha se verá confirmada más adelante, cuando trate- 
mos de una de las obras anónimas de Valera. 

El citado autor nos informa también que Valera .se ha- 
llaba en Cádiz en 1596, cuando ocurrió el fam^o saqueo de 
la ciudad por los ingleses, á que él atribuye la pérdida par- 
cial de los manuscritos del jesuíta, quien murió, según dice él, 
poco después. Hay quesjLipontrforzosamenteque ese después 
se refiere, más ó menos, al año 1598, pues en 1600 él mismo 
declara haber recibido sus destrozados papeles de mano del 
Padre Maldonado. Según esto, es de presumir que el Padre 
Blas Valera vivió unos 70 años. He aquí todo lo que sabe- 
mos, poco más ó menos, de nuestro infortunado compatrio- 
ta y primer historiador del Perú. Cuanto aquí decimos no 
tiene la p retensión de ser una biografía, ni cosa parecida: 



184 REVISTA HISTÓRICA 



son simples datos para comprender mejor cuanto vamos á 
decir acerca de las obras de Va lera, y acerca de los autores 
que se han apropiado el fruto de sus lucubraciones. 



II 



LAS OBRAS DE.VaLERA Y SUS PLAGIARIOS 



GARCILASO 

Según aparece por las repetidas declaraciones del Inca 
Garcilaso v del Padre Anello Oliva, las obras conocidas de 
Valera son: l'^ Historia del Perú, en latín, que Garcilaso di- 
ce poseyó destrozada y hecha pedazos; 2^ Vocabulario histó- 
rico del Perú, hasta la letra H, que consultó Oliva, y que 
trajo de Cádiz y depositó en el Colegio de La Paz en 1604 
el procurador de la Orden, Padre Diego Torres; 3.° De los in- 
dios del Perú, sus costumbres y pacificación según León Pi- 
nelo y Nii^olás Antonio. Como probaremos en seguida, for- 
maba parte de esta última obra el fragmento publicado, sin 
sospecharlo, por el señor Jiménez de la Espada con el título 
de Relación anónima en su volumen Tres relaciones de anti- 
güedades peruanas, Madrid 1879. 

Entre las numerosas veces que menciona la primera el In- 
ca Garcilaso en sus Comentarios i?ec'j/e5, dice textualmente lo 
siguienw, en la pag. 7 (edición Barcia): **Se me ofrece la au- 
toridad de qÍ^o insigne varón religioso de la Santa Compa- 
ñía de Jesús llamado el P. Blas Valera, que escribía la histo- 
ria de aquel imperio en elegantísimo latín y pudiera escribir- 
la en muchas leguas, porque tuvo don de ellas; mas por la 
desdicha de aquella mi tierra que no mereció que su repúbli- 
ca quedará escrita de tal mano, se perdieron sus papeles en 
la ruina y saco de Cáliz (Cádiz) que los ingleses hicieron 
año de 1596, y él murió poco después. Yo hube del saco las 
reliquias que de sus papeles quedaron, para mayor dolor y 
lástima de los que se perdieron (!), que se sacan por los que 
se hallaron; quedaron tan destrozados que falta, lo más y 



EL PADRE YALERA 185 



mejor. Hízome merced de ellos el P. Maldonado de Saave- 
dra, natural de Sevilla, de la misma religión, que en este año 
de 1600 lee Escritura en esta ciudad de Córdova." 

Las diversas generaciones que se han sucedido desde 
1609 en que el inca dio á la estampa su obra, no se han to- 
mado la pena de someter á una crítica imparcial las pala- 
bras que acabamos de copiar y otras semejantes en que re- 
pite la famosa fábula de los papeles rotos de Valera duran- 
te el saqueo de Cádiz, sin reflexionar que todo se reduce á 
mera estratagema de un autor que trata así de apropiarse 
el trabajo de otro. Vamos á probarlo. 

Existen felizmente documentos ingleses y españoles que 
nos han conservado pormenores acerca del saqueo de Cádiz 
en 1596 por la expedición inglesa del conde deEssex; su mis- 
mo médico, Marbeck, relató todos los detalles de la expedi- 
ción en la relación de él que se conserva en la colección de 
de Viajes de Hackluyt (t^ 1^ pág. 607) y consta de docu- 
mentos españoles, que pueden leerse en el tomo 36 de la 
Coleción de Documentos inéditos para la Historia de Es- 
paña etc. (7). De ambas fuentes resulta: que los ingleses 
llegaron á Cádiz el 30 de junio y que allí permanecieron solo 
15 días. El saqueo podríamos llamarlo metódico y pacífico 
si nosespermitidala expresión, puesto que, gracias á la enér- 
jica intervención del canónigo Quesada, los ingleses permi- 
tieron que se pusieran á salvo los habitantes de la ciudad, 
especialmente las mujeres, y aún cedieron dos buques para 
trasportarlos enfermos y las monjas. Consta por los do- 
cumentos españoles citados, que el éxodo comenzó '« 1^ de 
julio y el primer convoy lo componían las níifjeres y los 
jesuítas (sic). 

Omitimos otros detalles que no son del caso, pero ato. 
do el mundo ocurrirá que habiéndose usado de gran consi- 
deración con los jesuítas, particularmente para facilitar su 
salida, era de suponer que habrían podido llevarse sus pa- 
peles personales; y así fué en efecto, porque consta por las 
estipulaciones que se hicieron "que cada uno podía llevar 
dos vestidos y sus papeles y escrituras*^ (8). Estamos pues 
seguros de que el P. Valera, lo mismo que los demás, salvó 

22 



186 REVISTA HISTÓRICA 



todos SUS manuscritos históricos, y el Inca recibió completa, 
y no hecha pedazos, la principal de sus tres obras. 

Si los manuscritos hubieran quedado en el convento, se 
los habrían llevado íntegros los saqueadores: pero no hu- 
bieran dejado pedazos que permiten copiar á Garcilaso gran 
número de páginas. 

Estas páginas son tantas, que hemos tenido la pacien- 
cia de contarlas, examinando de principio á fin la obra del 
inca, y suman 36 columnas, sin contar las veces que se 
aprovecha de él sin nombrarlo. Hay cita que tiene 9 colum- 
nas seguidas, y siempre repitiendo la muletilla de **esto 

encontré en los papeles rotos del P. Valera." 

Por mucha que sea las simpatía que nos inspira nuestro 
compatriota Garcilaso, el amor á la verdad histórica nos 
obliga á confesar que esto de los papeles rotos es una Wenda 
inventada por el astuto inca, cuya historia puede llamarse 
más bien obra del P. Valera que suya. 

El manuscrito, ciertamente, no se perdió en Cádiz; él lo 
disfrutó íntegro, gracias á la generosidad del P. Maldonado. 
Tan no se destruyeron las obras, que el P. Torres llevó poco 
después de Cádiz al Perú la segunda obra, el vocabulario, y 
la 3* se ha conservado en la relación llamada anónima por 
Espada: ó todas se salvaron ó todas se perdieron, y no hay 
razón para que sólo ¡a que llegó á manos de Garcilaso estu- 
viera hecha pedazos. 

El mismo confiesa en diversas ocasiones, incidentalraen- 
te, que el P. Valera había escrito largamente acerca de tal ó 
cual pui#o, lo que prueba que tenía á la vista el original, 
que no cita. Mn un lugar cita unas cuantas palabras del je- 
suíta relativas al inca Cápac Raimi en armonía con lo que 
dice Montesinos, y parecido al pasaje de Valera que repro- 
duce Oliva, y de que después trataremos. Esto demuestra 
que Valera había expuesto extensamente en su historia la 
larga serie de reyes peruanos, que Garcilaso no admite y por 
eso la suprime, limitándose á citar unas líneas. 

Para nosotros, no hay pues la menor duda de que la 
obra de Valera es el núcleo de la de Garcilaso, lo que, aunque 
disminuye el mérito del inca, le presta nueva autoridad, por 
contener los trabajos concienzudos del primer peruano que 



EL PADRE YALERA 187 



escribió la historia de su patria con pleno conocimiento de 
la lengua indígena, de las relaciones de los quipocamayos, y 
teniendo á la vista relaciones históricas, que han desapare- 
cido, como las suyas. 

Torres Saldamando cree posible que hubiera quedado 
copia de la obra de Valera en Lima, porque dice que la cita 
el P. Sandoval en su libro sobre los Etíopes, edición de Ma* 
drid 1646. Hemos consultado la edición orijjinal (Sevilla 
1627) y no hemos podido encontrar semejante pasaje; y si 
existiera nada probaría, pues Sandoval vivió poco en Lima, 
escribió en Cartagena y debió referirse á lo que dice Garci- 
aso en su libro, ya impreso en Lisboa desde 1609 (9). 

No podía ser de otro modo lo ocurrido, cuando es sabido 
que Garcilaso había pasado cuarenta años en España mili- 
tando contra los moriscos, traduciendo á León Hebreo ó 
escribiendo la historia de la Florida, sin acordarse que era 
inca y que antes que todo debía pensar en escribir la histo- 
ria de sus antepasados; pero esperó que sonara el año 1600 
cuando, por rara coincidencia, el P. Maldonado le regala 
los destrozados papeles del P. Valera, y acto continuo se 
lanza á narrarnos la historia de los incas en los Comenta- 
rios reales (1600-1604). £1 anciano de 60 años narra con 
pulso seguro é infinitos detalles, no sólo lo que vio y oyó en 
la infancia, sino lo que pasaba mucho antes de la conquis- 
ta del Perú: empresa muy fácil cuando se copia ó se arregla 
la obra de otro que había examinado atentamente los su- 
cesos en el país, rodeándose de todos los documentos indis- 
pensables; pero no se concibe en un sexagenario. 4jue evo- 
ca al cabo de los años mil los vagos recuerdas de la niñez- 
En tales momentos Garcilaso ya no podía acordarse de na- 
da que pudiera escribirse con el nombre de historia; todo lo 
bebió en la fuente abundante del P. Valera y de los cronis- 
tas que cita. 

No se crea por esto que despreciamos la obra de Garcila' 
so y la tratamos de novela, como aquel señor de tantas 
campanillas académicas, que seguramente no la ha leído; 
muy al contrario, merece doble estima para nosotros, desde 
el momento que tras del inca vemos la sombra del sabio 
jesuíta y escrupuloso historiador. El que Garcilaso sea un 



188 REVISTA HISTÓRICA 



perfecto plagiario no le dá á su obra carácter novelesco, 
pues el que copia historia no puede dejar sino historia, y 
ésta es tanto más respetable cuanto mayor es la autoridad 
del escritor primitivo á quien se copia. 

Para ma^'ores detalles en defensa de lo que se ha dicho 
en España de los Comentarios reales de Garcilaso, remiti- 
mos al excelente estudio que con ese mismo título ha publi- 
cado D. José de la Riva Agüero en el N.^ 4.° de esta Revista, 
en el que, con ocasión de la defensa delinca, nos ha trazado un 
hermoso cuadro de la historia primitiva del Perú y de sus 
fuentes, aunque algunas de sus conclusiones no sean acepta 
bles á nuestro humilde entender. De todos modos, me permi- 
to enviar al autor, á quien conozco por primera vez, mi más 
sincera felicitación desde mi rincón parisiense, deseando que 
desarrolle plenamente los diferentes puntos que toca en su 
trabajo, y que en gran parte coinciden con mis añejos estu- 
dios de peruanista jubilado (10). 



III 



EL VOCABULARIO HISTÓRICO DEL P. VALERA Y MONTESINOS 



Con lo que precede creemos haber suficientemente de- 
mostrado que la Historia del Perú escrita en latín por Va- 
lera no se ha perdido y se conserva en castellano, en gran 
parte, ^ los llamados Comentarios reales de Garcilaso. 
Tócanos ahoiut tratar de su segunda obra, que fué el Voca- 
bulario histórico que el licenciado Fernando de Montesinos 
ha copiado, extractado y modificado sin citarla. 

El P. Oliva, en la introducción ya publicada en Lima de 
su obra, pág. 70, hablando de los reyes que hubo en el Perú 
aparte los incas, dice lo siguiente: '*en un vocabulario anti- 
guo, de mano del P, Blas Valera, que trajo consigo el P. 
Diego de Torres Vásquez de Cádiz, cuando vino al Perú, 
muy inteligente de la lengua quichua (Valera) y gran escu- 
driñador de las antigüedades del Perú y de sus incas y que 
como tesoro escondido teníamos guardado en la librería del 



EL PADRE V ALERA 189 



colegio de Chuquiabo (La Paz), y por buena dicha,Aü6e á 
mis manos, hallo estas razones", etc. 

De aquí se desprende que el P. Valera escribió un vo- 
cabulario histórico, que no se perdió en Cádiz, puesto que 
de allí lo sacó el P. Procurador Torres cuando regresó al 
Perü en 1604?. La aseveración rotunda de Oliva, en este y 
otros pasajes de su libro, no deja lugar á duda de que fué 
el P. Valera y no otro el autor del vocabulario, por lo que no 
acertamos á adivinar con qué fundamento lo niegan los 
señores Patrón y Riva Agüero, en sus artículos publicados 
en esta Revista. Acaso será porque el italiano Oliva, no 
muy fuerte en castellano, escribe en la página 110: "el autor 
del vocabulario de mano que tengo citado en otros lugares 
dice lo que sigue," y aquí copia un pasaje sobre Tito Atau- 
chi, y al terminarlo agrega: hasta aquí el autor incierto, 
lo que evidentemente es una errata del autor, del copista 6 
editor de la obra de Oliva, pues él se refiere al pasaje inser- 
to y no al autor incierto, á quien llama rotundamente Vale- 
ra en las págs, 70, 78, 107, 110. etc. Sólo esta mera erra- 
ta ha debido ser la causa de que los citados escritores duden 
de la autenticidad del libro, de cuya existencia no tenemos 
conocimiento sino por las repetidas referencias de Oliva, que 
lo consideraba como tesoro escondido de la biblioteca jesuí- 
tica de La Paz ó Chuquiabo (11). 

Este vocabulario debió ser una especie de memento ó 
libro de consulta que Valera confeccionó para acordarse 
más fácilmente de los puntos principales que había tratado 
en la historia que sirvió á Garcilaso. Desgraciadamjjpte, el 
manuscrito no llegaba sino hasta la letra fl. según dice 
Oliva que lo consultó; pero las materias tratadas las iba 
desarrollando con mucha extensión, como lo revelan los 
fragmentos citados por Oliva, en que hace referencia á mu- 
chos de los soberanos mencionados por Montesinos y que 
no parecían deber entrar en el orden alfabético de la parte 
conservada de la obra, como Raymi y Lluqui Yupanqui, 
Pachacútec, etc. Esto nos hace suponer que la obra era 
bastante voluminosa, aunque quedó incompleta. 

Por los extractos que hace Oliva de esta obra de Valera 
se vé claramente que su plan estaba fundado en una larga 



190 REVISTA HISTÓRICA 



serie de casi cien soberanos, qu<i reinaron en diversas épocas 
y regiones del Perú, y de ellos menciona en esos pasajes al 
390 450 y 959^ enumeración que con muy pequeñas vanantes 
es la misma que leemos en la serie de reyes mencionados por 
Montesinos, que éste no pudo haber inventado y no hizo 
más que copiar mal del manuscrito de La Paz, sin citar una 
sola vez á su autor, aprovechándose de sus datos gracias á 
la amistad que sabemos le dispensaban los jesuítas. 

Bn la página 2 de la edición de Espada dice Montesinos: 
que copia de un manuscrito escrito bajo la inspiración del 
Obispo Luís López, cosa que parece extraña, pues sabemos 
que ese prelado se ocupó sólo de la historia del reino de Qui- 
to, como lo testifica el P. Jufin de Velasco en la historia que 
lleva el mismo título, en que declara haberse servido princi- 
palmente de la misma fuente. Aquí vemos una prueba más 
para nosotros que el licenciado de Osuna, para disfrazar sus 
plagios y no confesar la verdadera fuente de donde sacó la 
arga serie de sob éranos, alega el tan conocido nombre de 
López para ocultar el de Valera. Ocurre preguntar ¿cómo ha- 
biendo comprado Montesinos en Lima hacia 1^37, el ma- 
nuscrito de López, que llevó á España para componer su li- 
bro, lo pudo disfrutar á fines del siglo XVIII el jesuíta Ve- 
lasco, que escribió en Quito y concluyó su obra en Italia? 
Misterios y tretas de los que se dedican á hurtos literarios: 
el uno escribe un libro en folio con papeles hechos pedazos y 
el otro ha consultado para el suyo los manuscritos del Obis- 
po de Quito, cuando sin comprarlos tenía más á mano los 
de Valeja. Mu3'^ triste experiencia tenemos en materia de pi- 
raterías litemrias, de que hemos sido víctima en tiempos 
pasados y presentes, que debemos callar, y por eso mismo 
nos es más grato devolver á Valera la gloria que á él sólo 
pertenece y que hasta hoy se le había defraudado. 

Nos hallamos en el mismo caso que en el plagio de Gar- 
cilaso. Muchos han atacado á Montesinos como á aquél, 
tratándolos de falsarios y novelistas,* sin pensar en que no 
eran otra cosa sino meros copistas, con la diferencia que el 
primero cita con frecuencia al autor que copia y el otro nó. 

Los aficionados á estudiar la historia antigua del Perü 
lo han hecho hasta ahora á la ligera, y de igual modo, por 



EL PADRE VALERA. 191 



no meditar bastante la materia, han lanzado el calificativo 
de falsario al ver que Montesinos es el único autor conocido 
hasta ahora que hace remontar la historia del país á una 
remota antigüedad y menciona una larguísima serie de so- 
beranos, desmintiendo así la rutina de los doce incas oficia- 
les del Cuzco. 

Los que así han razonado ignoraban que al dar este bo- 
fetón al hijo de Osuna caería en plena cara del benemérito 
P. Blas Valera, y ante semejante figura hay que decir ¡alto 
el fuego! y estudiemos de nuevo este problema. 

El inventor de la teoría es Valera, quien, como dice Gar- 
cilaso, escribía su historia del Perú dividiéndola según los 
tiempos y edades y designando el goI en que había reinado 
cada soberano, como se vé en el pasaje conservado en la 
obra de Oliva. Semejantes cosas no se iaventaa, sólo se 
transcriben por el que conociendo la lengua, relata lo que le 
han referido los antiguos quipocamayos, y el P. Valera era 
más que competente para hacerlo y muy circunspecto para 
no inventar leyendas. El Ldo. Montesinos, que solo llegó al 
Perú en 1628,caracía de las facultades que adornaban al je. 
suíta, que consagró largos años á sus investigaciones histó- 
ricas, en tanto que aquél, más se ocupó de minería y de co- 
mercio en sus interminables viajes, que en interrogar á los 
indios en su lengua. Sin querer aquí trazar la biografía del 
autor del Olír, declaramos que tenemos muy pobre idea de 
él, personalmente considerado, y lo creemos uno de los mil 
clérigos aventureros que pasaban á América, más á hacer 
fortuna que á escribir la historia de los indios; pofio mis- 
mo, creemos que no consagró á estas materias sino el tiempo 
sólo necesario para copiar 6 extractar la obra de Valera, 
escrita muchos años antes, como lo acreditan su trabajo 
sobre los metales, su larga residencia en Potosí y las se- 
senta veces que cruzó la Cordillera, como hombre de ne- 
gocios más bien que de bufete. 

Sea de ello lo que fuere, es evidente á todo el que lea las 
Memorias historiales de Montesinos en las ediciones de Ter- 
naux Compans y Jiménez de la Espada, que con pequeñas 
variantes reproducen la larga serie de soberanos de Valera, 



192 REVISTA HISTÓRICA 



que conocemos por el extracto de Oliva, que tuvo á la vista 
el manuscrito original del Vocabulario. 

En efecto, el orden es el mismo, y si Valera llama trigé- 
simo nono y Montesinos trigésimo octavo á Cápac Raimi 
Amauta, el personaje es el mismo y puede depender esto de 
un error de copia. Lo mismo sucede con el cuadragésimo 
quinto, que es en el otro autor 44^ y sucede lo propio con el 
64^^ y 95*^ de Valera, que respectivamente son equivalentes 
de Montesinos. 

El ext racto de Valera no nombra otros más; pero el P. 
Oliva se refiere á ellos al copiarlo y dice que Valera menciona 
otros más, lo que prueba indudablemente que la serie era la 
misma mutatis mutandis. La misma identidad hay en am- 
bos autores acerca del cómputo de los ciclos, llamados soles 
por los indios, y además de esto sabemos por el capítulo de 
Valera copiado por Garcilaso en la pág. 42, que este autor 
en su Historia del Perú decía que los indios contaban por 
soles, en lo que de paso tenemos una prueba más de que el 
Vocabulario y la Historia del Perú son del mismo autor. 

No será demás recordar que muchas de estas varian- 
tes de orden y de ortografía de los nombres propios desapa- 
recerán el día que se consulte el manuscrito original de Mon- 
tesinos, que se halla en la biblioteca provincial de Sevilla, 
pues todas las ediciones hechas en España y América, inclu- 
sive la de Espada, se han servido de la copia, muy alterada, 
que remitió al historiador Muñoz á fines del siglo XVHI 
fray Joseph de San Antonio Abad, prior del convento de los 
mercenarios de Sevilla. 

Por lo dkho se vé: que no hemos aventurado nada al 
afirmar rotundamente no sólo que la teoría cronológica de 
los soles y la serie de 96 reyes es propia 3* exclusiva de Vale- 
ra, y que ha sido copiada únicamente por Montesinos, y no 
acertamos á comprender en qué puedan fundarse el señor 
Patrón al decir en su artículo que indebidamente se le atri- 
buye, y el señor Riva-Agüero que dice j'a ha probado, no 
sabemos dónde, que el vocabulario no es de Valera. 

No ha llegado á nuestra noticia que se haya tratado de 
este punto en ningún otro escrito, á excepción de la obra del 
P. Oliva, quien rotundamente le dá su nombre y dice haber 



EL PADRE VALERA 193 



consultado el manuscrito, que como tesoro escondido se 
guardaba en la biblioteca jesuítica de La Paz, Ante esta 
afirmación no cabe réplica, y se deduce de ella la segunda: 
que Montesinos también consultó ese tesoro escondido^ sea 
en La Paz ó en Lima, donde lo llevaría acaso el P. Oliva, su 
contemporáneo, y probablemente amigo, pues recordamos 
haber leído que ei Licenciado, no solamente era íntimo délos 
jesuítas, sino que hasta trató de ingresar en el Noviciado de 
la Orden. Así se comprende que los hijos de San Ignacio abrie 
ran sus tesoros al clérigo minero y andariego, que tan 
pronto vemos en Lima como en Potosí, atravesando se- 
senta veces la cordillera, según su propias palabras, cosa que 
no sabemos hicieran sino los famosos chasquis. 



IIL 



La obra DE VaLERA SOBRE LOS INDIOS DEL PeRÚ PUBLICADA 
COMO ANÓNIMA POR JiMÉNEZ DE LA ESPADA 

Después de haber demostrado lo que queda, en parte, de 
las obras de Valera en las de sus plagiarios, tócanos ahora 
demostrar que el fragmento de otra que al cabo de tres si- 
glos se ha publicado con el nombre Relación anónima en 
1879, como una de las Tres relaciones de antigüedades pe- 
ruanas editadas por el Sr. Jiménez de la Espada, es ni más 
ni menos el tratado que desde 1629 anunciaba como obra 
de Valera el conocido bibliógrafo Antonio de León. Pinelo, 
en la primera edición del Epítome de la Biblioírca oriental y 
occidental, título 17, á saber: P. Blas Valera. De los indios 
del Perú; sus costumbres y paciñcación, M. S.: dicen que 
se perdió cuando los ingleses tomaron á Cádiz, (sic, pág. 105) 
Lo mismo repite Nicolás Antonio tomado del mismo autor. 

Consta por este autorizado testimonio, que 30 años 
apenas después de la muerte de Valera, se sabía que él hu, 
bia dejado entre sus obras el libro cu^o titulóse acaba de 
leer; pero como 3'a se conocían los comentarios de Garcilaso 
en los que se repite hasta la saciedad que los libros del je- 
suíta fueron destruidos en el saqueo de Cádiz, León Pinelo 
23 



194 REVISTA HISTÓRICA 



deduce también que este último tratado debió correr la mis. 
ma suerte, «lunque ya han visto los lectores de este artículo 
que sucedió lo contrario, y que toios los manuscritos se sal- 
varon. Solo resta demostrar que la relación de un jesuíta 
llamada anónima por Jiménez de la Espada» es la misma cu- 
3'0 título nos ha conservado León Pinelc. 

El manuscrito, hoy en la Biblioteca Nacional de Madrid, 
proviene de la colección del Sr. N. Bohl de Faber, cónsul ale- 
mán en Cádiz, muerto allí en 1836, y padre de la novelista 
conocida bajo el seudónimo de Fernán Caballero. 

Es muy probable que dicho literato comprase el manus- 
crito en dicha ciudad ó en otra de las ciudades andaluzas 
donde residió muchos años. 

No es esta la principal razón en que nos apoyamos para 
atribuir el manuscrito á Valera. Nos fundamos sobretodo 
en el examen de su contexto, donde encontramos las mismas 
opiniones originales ya enunciadas en Oliva y Montesinos, 
y que no pueden confundirse con las de ningún otro autor. 
Vemos allí muestras de la serie de reyes de que acabamos de 
hablar, deRaimi SQ'' rey, de Pachacú^ec, novenode este nom- 
bre, y otras cosas por el estilo, como el nombre de Pirua é 
Illa Tecce Viracocha, Pacari Manco, etc., que leemos también 
en la obra de su plagiario Montesinos, y no otra alguna en 
esta forma (12). 

Aunque el manuscrito publicado es evidentemente incom- 
pleto, pues sólo contiene la segunda parte, como se vé desde 
la primera línea que sin preámbulo comienza: ''Creyeron y 
dijeroi4(||tie el mundo'* etc. donde se supone que ya habló de 
los indios eí{^eneral. A nuestro juicio esa es la parte que se 
ha perdido, aunque el texto es completo luego hasta el fin. 

No obstante, en esta segunda parte que se ha conserva- 
do hay pruebas incontestables de la autenticidad de la obra 
de Valera, aparte de lo que acabamos de decir. 

Ya sabemos por propia declaración del autor hacia el fin 
del tratado, que se declara jesuíta, y dice que hacía doce años 
"nuestra compañía no ha vuelto á hacer misiones en Cha- 
chap()3'as'*; y sabemos por el P. Oliva que esas misiones se 
verificaron en agosto de 1578, lo que equivale á decir que el 
autor escribía hacia 1591, año precisamente en que se trasla- 



EL PADRE VALERA 195 



dó á Cádiz el P. Valera, donde parece concluyó de escribir su 
obra, pues hace alusión á ello hablando de los estragos que 
ya había hecho el protestantismo en Enropa (13). 

Entre los muchos pasajes que podemos citar á este in- 
tento hay uno, pag. 142 á 44, de fuerza incontestable, que 
puede reemplazarlos á todos los demás, y es el relativo á los 
sacrificios humanos ^ntre los incas, que Valera niega rotun- 
damente en oposición con Polo de Ondegardo, á quien trata 
de desmentir siempre. Abramos los Comentarios Reales, pá- 
gina 47, y leeremos unas palabras de Valera sobre esta ma- 
teria, que conclu\'en así: *'conio falsamente afirmaron Polo y 
los que le siguieron*'. Si miramos ahora la pag. 143 de la 
Relacióa Anónimay en que habla de Polo sobre la materia 
agrega, **más como era juez y docto escribió el primero sobre 
ello, hanse dejado de él otros doctos, que sin examinar cosa 
de las que escribió, las trasladaron en sus libros''. 

El autor de la Relación anónima revela en todas partes 
ser peruano; defiende constantemente á los indios con el calor 
del compatriota; censura los abusos y libertinaje de los es- 
pañoles, y habla como uno de los primeros misioneros que 
en el Cuzco reformaron las costumbres é instruyeron á los 
indígenas: y sabemos que el P. Valera fué uno de los prime- 
ros misioneros jesuítas que se establecieron en esa ciudad 
con el P. Barcena y otros, para fundar el colegio de la Com- 
pañía (1571). 

La lista de los autores que cita son casi todos peruanos 
y todos anteriores á 1600. Cita el vocabulario quechua im- 
preso en Lima en 1586, y no cita nunca el de su étJIéga P. 
González Holguín, impreso en 1608, ni al P. 'ih-iaga; pero 
cita las anotaciones sobre la lengua que escribió su compa- 
ñero en el Cuzco P.Juan de Montoya, así como otros que 
sólo Valera conoció, cuyas obras desgraciadamente se han 
perdido y cuya curiosa lista hemos formado 3' la reproduci- 
mos á continuación. 

En ella se vé que el autor cita como autoridades no sólo 
obras manuscritas sino relaciones de los quipocamayos de 
todas las provincias del Perú, cosa que solo pudo hacer un 
Blas Valera. 

Entre ellas menciona una extensa dada por Titu Atau- 



196 REVISTA HISTÓRICA 



chi á SU deudo y nmigo Luis Valera, quien, sino era padre 
ele nuestro jesuíta, como cree Torres Saldamando, era su tío 
y nos ofrece aquí una prueba indudable de que el autor era 
un Valera que se sirve de los papeles de su familia, como se 
confirma, paralelo de Oliva, en que Valera p. 110—14 cita la 
misma relación dada por Atauchi á sus amigos Chávez y 
Luis Valera. 

Lista de las obras citadas por el P. Valera en la Relación 
Anónima: 

Polo (de Ondegardo): Averiguación, 1553; Relaciones; 
De ritibus indorum. 

Juan de Oliva: Anales (testigo y primer conquistador). 

Fr. Melchor Hernández, de la Merced: Anotaciones de 
la lengua] Interpretación y exposición de la oración del 
Inga, 

Lie. Falcón: Apología pro indis^ contra Polo y León. 

Fr. Mateo de los Angeles, franciscano, (muerto como un 
santo en Cajamarca): De ritibus indorum. 

Donjuán Collque, señor de los quillacas, en sus quipos 
y memoriales; **todos los quipos del Cuzco, Chincha, Con- 
tisuyo y Coyasuyo, Tarama, Quito, Pachacama, Sacsahua- 
na, etc. y otros de que se ha sacado esto". Quipos de Titu- 
Inga y Juan Huallpa, del Cuzco y Pacari-Tampu, antiguos. 

Don Luis Inga: Relación y advertencias en quechua. 
Fr. Domingo de Santo Tomás. 
Fray Jerónimo Román: Repúblicas del Mundo. 
Doi^ebastián Nina Villca, señor de Guarochirí. 
Diego Ro^ Inga- 

Fray Marcos Jofré, franciscano, provincial en el Perú: 
ItinerariOy en latín, 2 vols. 

Francisco Chávez, gran amigo de Titu-Atauchi, relación 
extensa que dio á su amigo y deudo D Luis Valera, pág. 
143. 

Ldo. Alvarez, vecino de Huánuco y encomendero, en su 
libro De titulis regni peruani, 

P. Montoya: Anotaciones sobre la lengua; Vocabulario 
de la lengua, Lima 1586. 



EL PADRE VALERA 197 



Este es un resumen de las notas. 

Debo hacer notar aquí, que al atribuir el señor Jiménez 
de la Espada la citada relación á un jesuíta del siglo XVII, 
por hablarse en ella de la fundación del Cercado en Lima, 
para los indios, no comprendió que se trataba de la funda- 
ción del pueblo de este nombre, que se verificó en 1570 y no 
del Colegio de Caciques que allí se estableció en 1617, lo que 
viene á confirmar que el manuscrito e« de Valera, quien á la 
sazón se encontraba en Lima y ya pertenecía á la Compa- 
ñía de Jesús. 

Creemos haber demostrado con todo lo que antecede los 
puntos principales que nos habíamos propuesto estudiar en 
el presente estudio. 

Valía la pena comunicar á mis paisanos, después de tan 
largo silencio, mis meditaciones acerca de un punto de gran 
trascendencia para apreciar debidamente los sucesos de 
nuestra historia primitiva, y los que se refieren al primer es- 
critor criollo que la estudió en mejores condiciones que nin- 
guno de los cronistas españoles. 

De hoy en adelante sabremos que la teoría de la gran 
antigüedad de la civilización peruana, confirmada hoy por 
la arqueología, no reposa ya sobre la frágil autoridad del 
plagiario Montesinos, sino sobre la autorizada palabra de 
su verdadero autor, que había bebido en la fuente misma, el 
sabio mestizo Blas Valera. 

Garcilaso ha suprimido de su obra todo lo que se oponía 
á la rutinaria opinión de los doce incas, copiando- todo lo 
demás; en cambio. Montesinos, no ha hecho sino compen- 
diar y aún adulterar el manuscrito :le Valera,'pero el fondo 
de su pensamiento se trasluce á través de los plagios y mu- 
tilaciones y se completa con la relación, que desde hoy deja 
de ser anónima, sobre los indios y sus costumbres. 

Hoy poseemos al fin, no todos, pero al menos mucho de 
los elementos para comparar lo que dice Valera con los aser- 
tos de los cronistas que escribieron de prisa y sin conocer la 
lengua y tradiciones de los indios como los criollos; y de es- 
ta, manera comparándolas con los resultados obtenidos por 
los estudios arqueológicos recientes, formaremos el concep- 



198 



REVISTA HISTÓRICA 



to cabal de la historia peruana en épocas remotas y apenas 
estudiadas críticamente. 

Para obtener este resultado no debemos omitir esfuerzo 
alguno á fin de descubrir el paradero de los manuscritos ori- 
ginales de Valera, que no creemos imposible encontrar en 
España, el Perú y BoHvia, si se ofrece alguna recompensa al 
que los halle. 

No pretendemos que Valera sea infalible, pero sí que es- 
tuvo en mucho mejores condiciones que los demás cronistas 
para descubrir la verdad, á cuya investigación consagró él 
casi treinta años, mientras los demás aunque ignoraban la 
lengua, improvisan sus relatos en uno ó dos, inclusive el céle- 
bre Cieza de I^ón. 

Pronto someteremos á los peruanistas un estudio que 
preparamos acerca de la interpretación del monolito de Tia- 
huanaco, en el que se verán confirmadas en globo las teo- 
rías históricas de Valera, aunque muy desfiguradas por 
Montesinos. 



París, 10 de junio de 1907. 



M. González de la Rosa 



EL PADRE VALERA 199 



NOTAS 



(1). El manuscrito de Oliva que poseí era autógrafo y completo, cons- 
taba de dos gruesos volúmenes en 4^, del año «¿e 1631, con todas las apro- 
baciones originales, índices, etc. El 1° lo compré en esta ciudad al librero 
Wieweg, el editor de V. F. López por la suma de 500 francos, y provenía 
de la venta de los libros de Mr. H. Ternaux, con sus armas é iniciales do- 
radas en la pasta. El 2^ en pergamino, lo compré en Lima, en la almoneda 
de la casa del señor José Barrón por 40 soles plata, durante la guerra. 
Sospecho que la obra habrá ido á parar á la Biblioteca Nacional, con los 
demás libros y papeles que dejé en casa de mi familia al salir precipitada- 
mente de Lima en 1882. Sólo en 1900 supe casualmente que ese estableci- 
miento había comprado esos libros á la Librería Francesa. La edición he- 
cha en Lima en 1896 comprende sólo la introducción de Oliva y adolece de 
defectos; pero es la que cito una vez que he perdi i o mi manuscrito. La co- 
pia del Museo Británico, como todas las demás, es muy incompleta y pare- 
ce más bien un borrador. 

{2}. V, Garcilaso Hist. del Perú, (2* P.delosCom.) p. 34. Ed.de Barcia 

(3). A. Oliva Var. Ilast. p. 98 " en especial del P. Blas de Yalera, 

que certificó en sus escritos la había visto y leído algunas veces original- 
mente en un papel del propio P, Fray Vicente de Valverde, estudiando la- 
tín cuando muchacho en la ciudad de Truxillo". 

(4). V. la nota anterior de Oliva, p, 98. 

(5). Torres Saldamando. Ant. jesuítas^ p. 20. 

(6). Coment. p. 104, col. 2. 

(7). V. además Tornerón Hist, de Felipe II, ed. de Barcelona 1884, 
y los documentos que cita sobre el saqueo. — Empóreo del orbe, Cádiz 
ilustrada por Fr. Jerónimo de la Concepción, carmelita originario de Cá- 
diz.— gr. vol. fol. Amsterdam 1690. Trata extensamente la materia aun- 
que con acrimomia; pero confiesa lo de los papeles^ p. 424 y siguientes. 

(8). Empóreo^ etc. p. 424. 

(9) He aquí las citas de la edición Barcia, en folio, á 2 columnas: pág. 
7 columna y media; pág. 13 una columna; pág.67 cuatrocolumnas (poesía) ; 

{)ág. 104 un cuarto de columna; pag. 143 á 51 nueve columnas (leyes de 
os incas); pág. 170 una columna; pág. 216 á 19 seis columnas; pág. 222 á 
26 ocho columnas; pág. 276 una columna; páfif. 281 á 85 cuatro columnas; 
pág. 331 media columna. Las pííginas preliminares y finales not^fOien citas 
de Valera, pues no se refieren á los incas sino á generalidades y á historia na- 
tural. Hay otras en el tomo segundo. I 

En algunas partes dice: EIP. Valera trata 7ar^anie/3tedeeste asunto etc. 

(10).— Hé aquí el título del libro del P. Alonso de Sandoval: Na- 
turaleza sagrada y profana costumbres y ritos etc., de todos los Etiopes. 
Sevilla por Feo. Ley va 1627, 1 vol. grues \ en 49. Es curioso y trata de 
negros de África que llevaban á América. 

(11) .—Revista Histórica, t. 1** p. 515, Examen de Ja Primera par- 
te de los Comentarios Reales. 

(12). — Reí. An. pág. 212, dice: ¿que maravilla, pues en Europa 
vemos reinos enteros apóstatas y en Italia y en España no falta quien ha- 
ya dejado la fé católica? 

(13).— i?e/. i4i2. págs. 138 y 139; 173 y 178 en que habla de Pacha- 
cútec séptimo y noveno de este nombre etc.; pág. 210: en dos mil años no se 
había visto en el reino. 

(14). — Oliva en la pág. 107 repite "en el vocabulario de mano que 
arriba cjíé del P. Valera^ erudito en antiguallas del Perú etc. 



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La carripafía de 1828 



BATALLA DEL PÓRTETE DE TARQUI 



ANTECEDENTES 

• 

En 1826 el Libertador Simón Bolívar, presidende á la 
sazón del Perú y de Colombia, abandonó Lima tirgido por 
graves exigencias políticas: el general José Antonio Páez se 
había sublevado en Valencia y amenazaba segregar Venezue- 
la de la unidad Colombiana. Al frente del Gobierno del 
Perú quedó el gran mariscal Andrés Santa Cruz. En Bo- 
livia, apoyado por las tropas auxiliares de Colombia, go- 
bernaba el gran mariscal Antonio José de Sucre. 

Trascendentales cuestiones embargaban entonces la 
atención de las repúblicas Sud-Americanas, recién nacidas á 
la vida independiente. 

Un decreto expedido en 30 de Noviembre de 1826, man- 
daba jurar en el Perú, la constitución dictada para BoHvia, 
que háÍTá vitalicio el cargo de presidente, concediendo á es- 
te magistrado el derecho de designar á su sucesor. 

Sordas resistencias despertaban aquí y en Bolivia la nue- 
va carta política. Los pueblos no la veían con buenos ojos. 
En Colombia mismo inspiraba recelos. 

Las municipalidades de Guayaquil, Quito, Cuenca y 
Cartagena, manifiestamente sugestionadas por las autori- 
dades, acordaron investir con el carácter de Dictador á Bo- 
lívar y estas manifestaciones que luego se repitieron en Bo- 
gotá, apuraron el descontento. 

El 26 de Enero de 1827, la tercera división del ejercito 
auxiliar de Colombia, acantonada en el pueblo de la Mag- 



LA CAMPAÑA DE 1828 201 



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dalena, á inmediaciones de Lima, resolvió deponer á sus je- 
fes. Sin lucha ni violencia^ acordados entre sí los oficiales, 
separaron del mando á los generales Jacinto Lara y Arturo 
Sanders y proclamaron comandante general al coronel 
José Bustamante. Se pronunciaron en contra de las muni- 
cipalidades que pretendían investir con la dictadura á Bolí- 
var y pidieron al Gobierno su repatriación á Colombia. 

Este acontecimiento tuvo la más alta trascendencia. Sus 
consecuencias pronto se dejaron sentir en una gran parte de 
la América. 

El Gobierno peruano, defiriendo á las exigencias de la 
opinión publica, declaró con fecha 28 de Enero de 1827, que 
la constitución vitalicia no había sido bien recibida y en 
consecuencia convocaba á los pueblos para elegir represen- 
tantes á la Asamblea Constitu3''ente. Este decreto impor- 
taba un cambio completo de faz en la marcha política. Pro- 
vocó la renuncia del general Tomás de Heres,colombiano,Mi- 
nistro de la Guerra; del Ministro de lo Interior, José María 
Pando, y del de Hacienda José de Larrea y Loredo; pero 
fué acogido con general beneplácito por nacionales y extran- 
jeros. 

Atendida la solicitud de la tercera división auxiliar co- 
lombiana, se le proporcionaron trasportes y se dio á la vela 
para el Norte. El 6 de Marzo desembarcaban en el puerto 
de Manta, de la provincia entonces Colombiana de Manaví, 
los batallones Caracas y Vencedores á órdenes del coronel 
Tuan Bautista Elizalde. El resto de la división, compuesto 
de los batallones Rifles y Arauri y del regimiente» ^úzares, 
había quedado en Paita con el coronel José^ Bustamante, 
para hacer la travesía por tierra siguiendo la ruta de Ma- 
cará. 

En Guav-aquil se hacían á la sazón activos aprestos mi- 
litares. El general Juan José Flores, por encargo de Bolívar, 
formaba una batería en el cerro de las Cruces y allegaba nu- 
merosos reclutas; pero notificadas las autoridades del arri- 
bo de la tercera división colombiana, desembarcada en Man- 
ta, y de su presencia en Montecristi, huyeron al interior pre- 
cipitadamente, dejando la plaza abandonada. Reunióse con • 
tal motivo la Municipalidad y eligió como jefe político y 
24 



202 REVISTA HISTÓRICA 



militar del Departamento al general José de la Mar. Por la 
misma fecha, la parte de la tercera división desembarcada 
en Paita, que había seguido su viaje por tierra, cruzando el 
Macará, depuso en Cuenca al coronel Bustamante y se so- 
metió al general Antonio Obando, mandado de Colombi^ 
para el efecto. 

En el Ecuador, lo mismo que en el Perü y Solivia, to- 
maban cuerpo las resistencias fomentadas por la constitu- 
ción vitalicia 3' la dictadura de Bolívar. 

El 4 de Junio de 1827 se instaló la Constituyente en Li- 
ma. Renunció el gran mariscal Santa Cruz y se procedió 
luego á nombrar presidente de la República al general José 
de la Mar. El día 10 del mismo Junio se hacía cargo del 
gobierno, como vicepresidente, Manuel Salazar y Baquíja- 
no, mientras duraba la ausencia del primero. 

El Perú se constituyó, pues, con gobierno propio, libre 
de la influencia extranjera. 

A partir de esta fecha los acontecimientos se complican. 
Bolivia, Venezuela, el Ecuador y Colombia, se agitan en ar- 
dientes contoversias y alientan partidos encontrados y vio- 
lentos, que en ciertas provincias suelen acudir á las armas. 

En Caracas, Cartagena, Julia, Guayaquil y Quito, es- 
critores entusiastas, defienden las libertades públicas y jus- 
tincan todas las insurrecciones; mientras Bolívar, con sus 
parciales y sus tropas, trata de dominar el descontento, su- 
miendo ^ Colombia en un torbellino de anarquía. Guaya- 
quil, sigtritndo el ejemplo de Venezuela, quiere separarse y 
formar repúl^lica independiente. Todas las clases sociales 
con la Municipalidad á la cabeza, acarician idéntica aspi- 
ración. 

El 10 de Junio de 1827, sin embargo, se pacta en Baba- 
hoyo, después de ligeros combates y tras varias negociones 
y amenazas de asalto, la ^entrega de Guayaquil al general 
José Gabriel Pérez y el envío de la tercera división á Pana- 
má y Pasto, para que sus jefes se justifiquen ante el Gobier- 
no de Colombia por su actitud en los últimos sucesos. Se 
acuerda que los buques de guerra y las fuerzas sutiles, no 
puedan salir de la ría y que tropas venidas de Quito guar- 



LA CAMPAÑA DE 1828 203 



nezcan la plaza á órdenes del general Juan José Flores, con- 
servando la Mar ónícamente el gobierno político. 

Los parciales de Bolívar, sobreponiéndose al sentimien- 
to público, dominan todo el Ecuador; pero desórdenes, in- 
tranquilidad y recelos hacen violentísima la situación de Co- 
lombia. 

Los pueblos del Pera, mientras tanto, se mantienen 
tranquilos, exentos de conflictos y desórdenes. 

El General José de la Mar ingresa al territorio y el 22 
de Agosto de 1827 se hace cargo de la presidencia. Casi si- 
multáneamente, ante el Congreso reunido en Bogotá, pre- 
senta su renuncia el vice-presidente de Colombia Francisco 
de Paula Santander, y dice: ** Se me acusa de ser un rival y 
** enemigo del Presidente Libertador. Por mí, se asegura, 
** que no tiene séquito la Constitución boliviana; por mí, se 
** repite, la confederación de Colombia, Perú y Bolivia se ha 
** frustrado; por mi, en fin, á estar á lo que se propala, se ha 
•* libertado á la nación de las delicias de la dictadura; sufren 
** los pueblos, el ejército está desmoralizado, las rentas en 
*' ruina, arden los partidos y marchamos al abismo. Admí- 
** tase mi renuncia y millones de bienes vendrán á reempla- 
** estos males. '* 

La renuncia de Santander no fué aceptada y tal hecho 
pinta á lo vivo la disposición de los ánimos respecto al Li- 
bertador Bolívar, que por entonces se ocupaba en pacificar 
Venezuela. Mientras tanto, en Bolivia cunde la desmorali- 
zación en las tropas auxiliares de Colombia. El mariscal 
Sucre, se vé en la necesidad de repatriar á los batallones 
Voltíjeros y Bogotá, que quieren imitar la conducta'obser- 
vada por la tercera división en Lima, y á la vez se hacen ti- 
rantes las relaciones con el Perú, que comienza á ser objeto 
de aprensiones, recelos y hostilidades. 

Para despejar su situación, una de las primeras diligen- 
cias del nuevo gobierno de Lima, es nombrar en misión es- 
pecial á Bogotá á José Villa, á fin de que arregle un buen 
acuerdo con Colombia. 

El ano de 1827, como pocos preñado de sucesos tras- 
cendentales para las nuevas repúblicas de América, toca á su 
término. Ha corrido casi todo entre intrigas y querellas, 



204 REVISTA HISTÓRICA 



dando lugar en Venezuela, Nueva Granada, Ecuador y Boli- 
via á la sublevación de batallones, pronunciamiento de pla- 
zas fuertes, protestas, cambio de juramentos y enconadas 
divisiones. 

Bolívar se ha hecho cargo de la presidencia de Colombia. 
Desaprobando los procederes del Congreso, ha asumido fa- 
cultades extraordinarias, ha convocado una Convención, 
expide un decreto terrible contra sediciosos y traidores, se 
niega á recibir al Plenipotenciario José Villa que le envía el 
Perú, y manifiestamente se prepara para la guerra. 

La situación de Bolivia, entre tanto, exige que el Perú 
envíe tropas de observación a la frontera y se sitúa al ejér- 
cito del Sur en el Desaguadero, á órdenes del general Agus- 
tín Gamarra. Del lado del Ecuador el general Juan José 
Flores lanza proclamas incendiarias en tono de amenaza y 
desafío, y se manda acantonar en Piura algunos batallones 
pertenecientes alejército del Norte. 

En este estado las cosas, la misión de Villa en Bogotá re- 
sultó ineficaz. Bolívar lleno de intransigencias, formuló los 
siguientes cargos: — Por que retenía el Perú la provincia de 
Jaén y parte de la de Mainas: — Por qué devolvió á Colom- 
bia la tercera división auxiliar:— Por qué despidió al Encar- 
gado de Negocios Cristóbal Armero:— Por que aprisionó al 
edecán del Vicepresidente de Colombia Ramón Márquez que 
marchaba en tránsito para Chuquisaca: — Por qué negó paso 
por su territorio á los batallones colombianos que regresa- 
ban de Bolivia: — Por qué acumulaba tropas peruanas en 
las frotfteras: — Por qué no liquidaba y pagaba los suple- 
mentos heché^s por Colombia durante la guerra de la inde" 
pendencia. 

Vanos fueron los esfuerzos del negociador peruano para 
complacer á Bolívar. Este exigió satisfacción amplia é ine- 
ludible á sus demandas, agregando para llevar al colmo su 
temeridad, la pretensión de que se reemplazara con hijos del 
Perú, las bajas experimentadas por las tropas auxiliares en 
la campaña de la independencia, conforme á una arbitraria 
y defectuosa interpretación del pacto respectivo. 

La guerra se hizo inevitable. Nuestro plenipotenciario 
ué notificado descortésmente para abandonar Bogotá y Bo- 



LA CAMPANA DE 1828 205 



lívar, á la vez que disolvía la Convención Colombiana reu- 
nida en Ocaña y asumía el mando supremo, sin limitación 
é/e autoridad^ lanzaba en 3 de Julio de 1828, una proclama 
ordenando **volar á las fronteras del Perú para esperar allí 
la hora de la venganza.*' 

El ejército del Sur, después de haber avanzado en apo- 
yo de los pueblos hasta Chuquisaca, y derrocado la domi- 
nación colombiana, haciendo renunciar á Sucre, regresaba 
tranquilamente al Perú, dejando á cargo del gobierno en 
Bolivia, libre de toda intervención extrangera, al general 
José Miguel de Velasco, designado al efecto por el Congreso. 

A la proclama guerrera de Bolívar, respondió otra no 
menos belicosa de la Mar. 

Ambas naciones publican manifiestos justificativos del 
motivo por qué apelan á las armas y de una y otra parte se 
hacen rápidos aprestos de campaña. 

El 9 de Setiembre de 1828, la Mar dejó la presidencia, 
pai a hacerse cargo del ejército y el vicepresidente Salazar y 
Baquíjano, expidió un decreto ordenando el bloqueo de to- 
dos los puertos de la costa entre Tumbes y Panamá. 

En este estado llegó al Callao la fragata Porcospin, 
trayendo á su bordo en tránsito para Guayaquil, al gran 
mariscal Antonio José de Sucre, depuesto del Gobierno de 
Bolivia. Ofreció sus buenos oficios para arreglar las dife- 
rencias; pero el Gobierno del Perú le declaró que si se halla- 
ba dispuesto á aceptar y acojer propuestas decorosas de 
avenimiento, no creía prudente ni eficaz plantearlas por 
su parte. Sucre, sin ser molestado, no obstante la situación 
de guerra, su carácter militar y la seguridad de que iba á 
ponerse al frente del ejército enemigo, continuo.su viaje al 
Norte, en buques proporcionados por el propio gobierno del 
Perú. 

El 18 de Setiembre de 1828, á las nueve de la noche, zar- 
paba para Paita la fragata de guerra Presidente^ llevando 
á su bordo al gran mariscal José de la Mar, que iba á po- 
nerse al frente del ejército del Norte acantonado en Piura. 

Comenzaba la campaña. 



206 REVISTA HISTÓRICA 



OPERACIONES 



El 31 de Agosto de 1828, la corbeta de guerra peruana 
Libertady de veintidós cañones, calibre veinticuatro, man- 
dada por el comandante Carlos del Postigo, se hallaba fondea- 
da en la punta de Malpelo, á inmediaciones de Tumbes. De 
improviso se presentaron la corbeta de guerra colombia- 
na Pichincha, y la goleta Guayaquileña con el designio 
maniñesto de intentar el abordaje. Trabóse reñido comba- 
te. El enemigo, premunido con la considerable cantidad de 
tropa y marinería que al efecto había sacado de Guayaquil 
se empeñaba eñ rondar por las aletas, procurando hacer 
presa con sus grampas y cadenas para abordar á la Liber- 
tad. Felizmente, habiendo esta conseguido cortar sus an- 
clas y ponerse en movimiento, rechazó el ataque con vivo y 
certero fuego de artillería. Después de una hora de combate, 
habiéndose declarado incendio á bordo de la Guayaquile- 
ña, los buques colombianos se retiraron con bastantes ave- 
rías. La Libertad tuvo ocho muertos y treinta y dos he- 
ridos. 

Se iniciaban las hostilidades. 

El 9 de Setiembre el Gobierno del Perú decreta el bloqueo 
de la costa colombiana, comprendida entre los paralelos 3*^ 
6' de latitud Sur y 9° Norte, es decir, de Tumbes á Panamá. 
El 14 deiSetiembre S. E. el gran mariscal la Mar, se erabar- 
ca en el Callaqf^á bordo de la fragata de guerra Presidente 
con algunos elementos militares y se dirije á Paita, para 
ponerse al frente (3el ejército del Norte acantonado en 
Piura. 

Las tropas de este ejército, constaban de dos divisiones 
de infantería, una de caballería y una corta brigada de ar- 
tillería, con cuatro mil seiscientos hombres en todo. Los 
colombianos, bajo las órdenes del general Juan José Flores, 
se componían de seis mil. 

El equipo de ambos ejércitos difería sustancial mente. 



LA CAMPAÑA DE 1828 207 

Los peruanos disfrutaban de abundancia y los de Colombia 
escaseaban de lo necesario. 

Para iniciar la campaña, dada la diferencia numérica, 
era indispensable, sin embargo, aguardar al ejército del Sur 
que acababa de pacificar Bolivia. Con tal refuerzo, el efec- 
tivo peruano, se compondría de ocho batallones de infante- 
ría, dos regimientos y dos escuadrones de caballería y una 
brigada de artillería; en total 8,400 hombres, bien armados. 

Todo el mes de Octubre trascurrió en espera, declarado 
cuartel general el puerto de Tambo Grande. Las tropas del 
Sur demoraban más de lo previsto. 

El 11 de Noviembre de 1828, dispuso S. E. el mariscal 
la Mar, que hacía de director general de la guerra, el movi- 
miento de un batallón sobre el pueblo de A3''abaca, inmedia- 
to á la frontera ecuatoriana. El 28 una partida de obser- 
vación, compuesta de treinta y cinco hombres de caballería, 
partió también de Tambo Grande, con orden de penetrar en 
territorio enemigo, á donde llegó el 1.° de Diciembre, sor- 
prendiendo el pueblo de Sosoranga y haciendo prisioneros 
al capitán Juan García y ocho hombres del escuadrón Ce- 
deño. 

El general de brigada José María Plaza, con la división 
de su mando, abandonó Tambo Grande el mismo día 28, 
marchando á ocupar la frontera sobre el río Macará. Tras 
él siguieron escalonados los demás cuerpos del ejército del 
Norte. 

Venían noticias alentadoras de Colombia. fC^ayán 
era teatro de acontecimientos favorables al Eferú. Los co- 
roneles José María Obando y José Hilario López, se levan- 
taron el 12 de Octubre, enarbolando bandera contra Bolívar 
resueltos á sostener la Constitución de Cucuta, que éste ha- 
bía desconocido. En Paita vencieron al coronel Tomás Cipria- 
no Mosquera, tomando mil setecientos fusiles y numerosos 
elementos militares y avanzaban victoriosos sobre el valle 
del Cauca, obligando á Bolívar á destacar al General José 
María Córdoba con mil quinientos hombres, al mismo tiem- 
po que forzaban al ejército de Quito á desprenderse de otra 
fuerza considerable, batallón "Pichincha" v escuadrón Hú- 



208 REVISTA HISTÓRICA 



zares, que marcharon á encontrarlos por el Sur á órdenes 
del general Heres. 

En presencia de tales hechos, el general Juan José Flores, 
á la sazón en Guayaquil, y que mandaba en todo el Ecuador, 
por muerte del general José G. Pérez, superando la escasez 
de recursos y la aversión casi general que despertaba en los 
pueblos la guerra, luego que se supo que habían comenzado 
á moverse las tropas peruanas, impartió órdenes activas 
para que todos los cuerpos de observación en la frontera se 
replegasen á Cuenca. Dispuso que marcharan también so- 
bre la misma plaza los batallones Cauca y Caracas y un es- 
cuadrón que guarnecían Guayaquil, y el batallón Quito que 
ocupaba la capital, dirijiéndose él, personalmente, á poner- 
se al frente de las tropas. 

Al pisar tierra ecuatoriana, el mariscal la Mar, en Gon- 
zanianá, el 22 de Diciembre, lanzó una proclama á los pue- 
blos del Ecuador manifestando que **las armas del Perú eran 
las de la libertad, que la América entera estaba amenazada 
de perder." Este documento que no traducía propósitos 
hostiles, sino más bien cordialidad y afecto por las poblacio- 
nes invadidas, produjo impresión profunda en los poblado- 
res de Loja, cuyas relaciones, hábitos é intereses les vincula- 
ban al Perü, pues de este lado estaban entonces, como están 
hoy mismo, sqs verdaderas conveniencias, su engrandeci- 
miento y bienestar. 

La ciudad de Loja se entregó sin resistencia. Fué ocu- 
pada militarmente el 19 de Diciembre de 1828. El goberna- 
dor MWíuel Carrión que la mandaba, siguió al frente de su 
puesto, cortfc la mayor parte de las autoridades estableci- 
das. En Loja el vecindario todo simpatizaba con la causa 
del Perü 

Aquí se instaló el Estado Mayor peruano por unos cuan- 
tos días, declarada la ciudad como cuartel general. 

El 23 de Diciembre se dispuso practicar reconocimientos 
á la vanguardia. Una compañía de infantería y otra de ca- 
ballería, á órdenes del coronel Pedro Raulet avanzaron sobre 
Saraguro, pueblo de cierta importancia, situado á setenta 
kilómetros de Loja, en el camino real del callejón interandino 
ue lleva á Quito y atraviesa longitudinalmente én toda su 



LA CAMPAÑA DE 1828 209 

extensión el territorio del Ecuador. Los defensores de Sa- 
raguro abandonaron el pueblo á la aproximación del desta* 
camento peruano, poniéndose en íuga y dejando que cayera 
en nuestro poder la correspondencia oficial. 

Éxito tan fácil estimuló el aliento de la comisión explo- 
radora. La misma tropa, habiendo recibido un refuerzo, el 
2 de Enero avanzó hasta el pueblo de Oña, veinticinco kiló- 
metros á la vanguardia de Saraguro. Allí se encontró con 
el general enemigo Brawn, con cien infantes y sesenta hom- 
bres de caballería. Se trabó uh ligero combate, quedando el 
campo por los peruanos, mientras los de Colombia se reti- 
raban dispersos por el puente de Cartajena, hacia Nabón, 

Con estos sucesos, por largo espacio quedó franco el 
paso de las tropas invasoras. Marchaban los peruanos, sin 
embargo, con mucha lentitud. Al salir de Tambo Grande el 
ejército del Norte, las exigencias del equipaje y pertrechos 
habían absorvido casi por completo todos los elementos de 
movilidad de la provincia de Piura. No se procedió al res- 
pecto con prudencia suficiente. Muchos jefes conducían 
grandes catres y voluminosos objetos de pura ostentación; 
de manera que cuando arribó á Paita el ejército del Sur, no 
encontró medios de movilidad. Su marcha se efectuó por 
consiguiente con inevitables retardos. El 18 de Enero llegó 
á Loja el general Agustín Gamarra, precediendo en dos jor- 
nadas á sus tropas venidas del Sur. El 25 recién entraron 
en Loja los batallones 1.° del Callao y 2.° de Zepita; cuando 
la primera y la tercera división ocupaban ya más adelante 
los puntos avanzados de Oña, el Tablón y Ondu^l^pa, á 
la vez que el coronel Raulet, con su pequeño mi^rpo de flan- 
queadores ó comisión exploradora, practicaba un reconocí- 
miento en el pueblo de Nabón y un piquete de veteranos con 
cincuenta cívicos de Cuenca que se habían presentado volun- 
tarios á servir al Perú, operaban otro por la hacienda de 
Susodel. 

Por esta fecha se incorporó al ejército colombiano de 
Cuenca el general Heres, trayendo consigo las tropas des- 
tacadas á Pasto contra Obando. Heres había derrotado á 
una columna de insurrectos mandada por el coronel Paredes 
y pacificado á los pastusos. Las operaciones de Obando, al 

25 



210 REVISTA HISTÓRICA 



principio afortunadas, no habían logrado éxito en el Ca uca 
Por algún tiempo, es cierto, interrumpió las relaciones de 
Bogotá, impidiendo á Bolívar comunicarse con Flores; pero 
á su vez tropezó con dificultades insuperables para enten- 
derse con la Mar. 

Al mismo tiempo que se llevaban á cabo estas operacio- 
nes en el interior, la costa era teatro de importantes suce- 
sos. La corbeta de guerra colombiana Fichincba, se presen- 
tó en Paita á ponerse voluntariamente á órdenes del Perú. 
Despachada de Guayaquil en comisión para Taboga, sus 
oficiales y tripulantes acordaron cambiar de rumbo y venir 
á realizar su entrega. 

La escuadra peruana compuesta á la sazón de la fraga- 
ta Presidente, corbeta Libertad, bergantín Congreso, gole- 
tas Arequipa y Peruviana y ocho lanchas cañoneras, al 
mando del vice-almirante Martín Jorge Guisse, se presentó 
en el golfo de Guayaquil, para cumplir la orden de bloqueo 
en los puertos colombianos. 

Anclaba frente á la isla de Puna el 6 de Octubre de 1828, 
cuando se supo que en el pueblo de Naranjal había una par- 
tida de tropas en marcha para Cuenca con muchos útiles de 
guerra. Se destacaron de la escuadra treinta hombres de 
tropa en cuatro botes bien armados y tripulados, con el en- 
cargo de sorprenderla y quitarle el cargamento. A las diez 
de la noche tomó tierra la expedición. Desembarcó la tropa 
y se internó por entre tupidos bosques tres leguas tierra 
adentr o^ , A las dos de la mañana del día siguiente logró 
efectuar la sospresa que intentaba. Aún cuando no encon- 
tró el total de los elementos en camino, fueron tomados con 
muy poca resistencia los que quedaban, cogiendo prisioneros 
dos capitanes y algunos soldados, que fueron conducidos 
á bordo con los equipajes y pertrechos hallados. 

Algunos días después, en un reconocimiento que practi- 
caba el teniente Manuel Sauri en el río Balao, fué sorprendi- 
do y hecho prisionero el comandante Manuel Barrera, ayu- 
dante de Estado Mayor, con dos soldados, algunos fusiles y 
varios paquetes de correspondencia. Entre dichos docu- 
mentos se encontraron muchos que evidenciaban el estado 



LA CAMPAÑA DE 1828 211 



general de la opinión pública, pronunciada abiertamente en 
contra de la guerra y á favor del Perú. 

El 22 de Noviembre á las cuatro de la tarde, después de 
cortar la cadena que pretendía cerrar el canal á la emboca- 
dura del Guayas, rompió la escuadra sus fuegos sobre los 
fuertes que defendían Guayaquil, manteniéndolos sin inte- 
rrupción por cuarenta y seis horas consecutivas. Los días 
23 y 24 fueron de sostenido combate con la batería de las 
Cruces. £n la mañana de este último, en una de las manio- 
bras, barajando los bajos de la ría, se varó la fragata Presi- 
dente que montaba el almirante. Los fuegos de tierra, todos 
dirijidos sobre la fragata, no le impidieron solver á flote y 
salir de ese sitio peligroso; pero el almirante Guisse, mortal- 
mente herido al cruzar sobre el puente de mando, murió á 
la3 pocas horas. Fué reemplazado primero por el coman- 
dante José Boterín y luego por el capitán de navio Hipólito 
Bouchard, quienes continuaron hostilizando la plaza. 

Quedaron enteramente destruidas las fortificaciones de 
tierra, particularmente la batería de las Cruces, que monta- 
ban veinticuatro cañones, los que fueron inutilizados y redu- 
cidos á ceniza sus montajes. Los artilleros que la servían la 
abandonaron, quedando aniquilada una compañía del ba- 
tallón Caracas que quiso reforzarla Se echó á pique el ber- 
gantín "Adela", que se hallaba en construcción, lo mismo 
que otro buque menor; se varó la goleta "Guayaquileña" y 
se perdieron dos de las cuatro lanchas cañoneras que los 
apoyaban. La población sufrió algún daño, no obstante 
que se procuraba ahorrarle perjuicios, habiendo ceü^o los 
fuegos por consideración á ella. *> 

Las pérdidas de la escuadra, aparte del almirante, con- 
sistieron en dos oficiales muertos, nueve heridos y cuarenta 
y seis hombres fuera de combate, en su mayor parte contu- 
sos, entre la tropa y marinería, siendo de escasa considera- 
ción las averías de los buques. 

Con este golpe, que fué rudo, desparecieron las fortifica- 
ciones y fuerzas navales con que podía contar la resistencia. 
El Perú, teniendo presente la entrega de la Pichincha^ quedó 
dueño absoluto del mar, sin ningún elemento marítimo que 
pudiera oponérsele. 



212 REVISTA HISTÓRICA 



Las poblaciones ecuatorianas del Morro, Santa Elena, 
Máchala, Santa Rosa y otras, hasta Tumbes, se levantaron 
contra Colombia. Habiéndose sublevado luego el cantón 
de Daule, lá escuadra pudo hacer pasar tropas por allí, 
apostando fuerzas sutiles en la boca del río del mismo nom- 
bre, con cuya operación el general Juan Illingrot, defensor 
de la plaza, se puso en condiciones muy angustiadas. La 
guarnición bajo sus órdenes estaba reducida á los batallo- 
nes Yaguachi y Girardo, este último desembarcado reciente- 
mente en Mana vi. Carecía de dinero v de toda clase de au- 
xilio, pues en el departamento cundía el espíritu de infideli- 
dad. Por tal motivo se iniciaron negociaciones. Illingrot 
nombró como representantes á los coroneles Antonio Lusa- 
rraga y Juan Ignacio Pareja y el jefe de la escuadra á los 
comandantes Alejandro Acquaroni y José Félix Márquez. 
Se reunieron á bordo de la goleta Arequipeña y ajustaron 
los términos de una capitulación. Las proposiciones presen- 
tadas se reducían á entregar la ciudad en el plazo de diez 
días, salvo que se tuviera, entretanto, noticia oficial de haber 
ganado Colombia una batalla: á entregar los buques de gue 
rra, fuerzas sutiles y demás máquinas de su servicio, para 
que se mantuvieran en depósito durante el conflicto: y á no 
molestar al vecindario con contribuciones. A estas deman- 
das se añadió únicamente, como contraproposición perua- 
na, que no fueran perjudicados por sus opiniones políticas 
los ciudadanos refugiados en la escuadra. 

No habiendo llegado noticia de batalla perdida ni gana- 
da, el é¡^ 1^ de Febrero de 1828, las tropas peruanas ocupa- 
ron Gaáyaqi^l. Desembarcó una compañía de Ayacucho y 
parte de Marina á órdenes del capitán Casimiro Negrón, 
nombrado provisionalmente comandante militar de la plaza. 

El general Illingrot, con cerca de ochocientos hombres, 
se retiró al cantón de Daule, salvando contra lo estipulado, 
la artillería de campaña, pertrechos y una imprenta. Colo- 
cóse allí en correspondencia con el cuartel general de Cuenca 
y mantuvo sometidos la mayor parte de los pueblos inme- 
diatos, conservando al mismo tiempo fiel la provincia de 
Manaví. 

Las fuerzas de Colombia reunidas en .Cuenca montaban 



LA CAMPAÑA DE 1828 213 



como faemos dicho, á seis mi! hombres. El 27 de Enero de 
1828, el general Flores, quedando de comandante, en jefe, 
entregó el mando superior al mariscal Antonio José de Su- 
cre, nombrado con facultades discrecionales director de la 
guerra por el gobierno de Bogotá. Los dos ejércitos evolu- 
cionaban para operar su concentración, procurando obtener, 
cada uno por su parte, condiciones de ventaja. El de Co- 
lombia, que como recurso de defensa había mandado des- 
truir todos los elementos en los pueblos del tránsito por don- 
de avanzaba la invasión, ocupó los cantones de Cuenca, 
dispuso la formación de destacamentos para guarnecer los 
caminos hasta Quito y se preparó á avanzar al Sur. Sus 
fuerzas, constaban de seis batallones de infantería con cua- 
tro mil ochocientos hombres, seis escuadrones de caballería 
con mil y unas pocas piezas de artillería. El del Pera, ocupa- 
ba fraccionado una extensión de territorio muy considerable. 
Al arribo de Gamarra á Loja se había dictado una orden ge- 
neral nombrando á éste comandante en jefe y distribuyen- 
do los distintos cuerpos en cuatro divisiones, bajo las órde- 
nes respectivamente de los generales José María Plaza y Blas 
Cerdeña y coroneles José María Prieto y Miguel Benavides. 
Se nombró jefe de estado mayor al coronel Pedro Bermúdez 
y se hicieron algunas otras designaciones. 

En los primeros días de Enero se habían ocupado tres- 
cientos kilómetros de territorio sin encontrar obstáculos. 
Las tropas situadas en escalones, se extendían desde Loja 
hasta Nabón. Estaban á menos de cien kilómetrosde Cuen- 
ca que era su objetivo; pero habiendo operado el enemigo un 
movimiento general sobre la vanguardia, abandonando sus 
primitivos cuarteles, se replegó ésta á Saraguro, donde con- 
cluyó por reconcentrarse pronto todo el ejército. Allí se ocu- 
paron buenas posiciones, mientrd-s él ejército colombiano ve- 
nía á situarse en Paquichapa, á corta distancia, separados 
apenas por una quebrada, cosa de cinco á seis kilómetros de 
distancia. 

Reconcentradas las tropas de las dos partes, desde el 2 
hasta el 10 de Febrero, se mantuvieron á la vista, unas en- 
frente de otras, dividieras por un puente, sin decidirse ning'u- 



214 REVISTA HISTÓRICA 



na al ataque por la calidad de las posiciones que ocupaban 
ambas. 

Se entablaron negociaciones. 

El mariscal Sucre nombró al genera! Heres y al coronel 
Daniel Florencio 0*Leary,y la Mar al general Luis fosé Or- 
begoso y coronel José Villa. Se reunieron en los días 11 y 
12 de Febrero en el puente del río Saraguro. entre el pue- 
blo del mismo nombre y el de Paquichapa. No pudieron 
avenirse. Las proposiciones de Sucre, de quien partió la ini- 
ciativa del parlamento, más bien parecían, según expresión 
de la Mar, •'condiciones durísimas impuestas en el campo 
** del triunfo á un pueblo vencido, que no proposiciones he- 
*' chas á un ejército que había conseguido ventajas conside- 
** rabies y que tenía todas las probabilidades de la victoria. " 
Instado el presidente del Perü para indicar términos justos 
de transacción, propuso se devolvieran los peruanos lleva- 
dos á Colombia en calidad de reemplazos del ejército auxi- 
liar, el pago de los gastos de la guerra y la libertad de Gua- 
yaquil para que se pronunciara por el gobierno que más le 
acomodase. Estas bases tampoco convinieron y quedó di- 
suelta de mutuo acuerdo la comisión de paz. 

El día 7 había salido de Saraguro, con doscientos hom- 
bres, el cuerpo explorador del coronel Kaulet, encargado de 
flanquear al enemigo y caer sobre la ciudad de Cuenca que, 
con los movimientos al Sur de sus defensores, la habían de- 
jado á retaguardia y casi desguarnecida. Haciendo una mar- 
cha rápida por el flanco derecho del enemigo, cumplió bri- 
llantem?*hte su cometido. El 10 cayó sobre la plaza, y des- 
pués de una hl>ra de fuego vivísimo, dominó toda resistencia 
obligando á capitular al general Vicente González que la 
mandaba y que se había atrincherado en la iglesia Catedral. 
Tomó prisioneros á treinta oficiales, que remitió á Guaya- 
quil, inutilizó mil doscientos fusiles que existían allí y cum- 
pliendo sus instrucciones volvió á incorporarse de nuevo al 
ejército con los prestigios del éxito. 

Como venían trascurriendo días de inacción, por no pro- 
longar más tal estado de cosas, puesto que al enemigo no le 
convenía atacar en un terreno despejado en que podía ope- 
rar sin embarazos nuestra caballería, ni á nosotros tampo- 



LA CAMPAÑA DE 1828 215 

^'TT~'^M^i-TMTMirwinmi ri-^M-irri — ^wif^ r i Kwii'wM'ryrf r r frrV rrrrn fM in»^ii i im»"»!!» kw^i iHihi i— ift^i» i»ii ■mOii ^^ m !<■ ^rn« » ■» ■ ii«ii»^i i n rir»n 'inri" n'i i'irmnrr^^ -"-^ — .j^___^_j>_^^^..j,^_^^^^j...^_»^»^^j^.jm» 

co lanzarnos por las posiciones que ocupaba, se calculo útil 
un movimiento por su flanco derecho. El 12 de Febrero por 
la noche, se pusieron en marcha las tropas peruanas, en di- 
rección á la hacienda de Papaya, hacia el valle de Yunguilla, 
dejando por la derecha el camino que conduce á Cuenca. Tal 
movimiento tenía en mira sacar al enemigo de su posición 
favorecida, á fin de atraerlo á los llanos de Tarqui, al otro 
lado de la cordillera del Pórtete y precisarlo á recibir ó dar 
la batalla en un terreno propio para las maniobras de la ca- 
ballería. 

Mientras desfilaban la primera y segunda divisiones, la 
tercera quedó en la plaza de Saraguro, encargada de cubrir 
la retaguardia, manteniendo una compañía en posesión del 
puente que comunica las dos orillas del río, al pié del pueblo, 
cosa de uno y medio kilómetros distante, y varios destaca- 
mentos de vigilancia en otros puntos de seguridad. Desgra- 
ciadamente se mandaron retirar con mucha precipitación es- 
tas guardias ó vigías, á las once de la noche, antes de haber- 
se cumplido el movimiento en que estaba empeñado el grue- 
so del ejército. 

El enemigo que se apercibió de la operación, ya sea di- 
rectamente ó avisado por sus e¿pías, ó sea, como aseguran 
los colombianos, que sospechando Sucre que todo el ejército 
debía seguir el movimiento de la columna exploradora de 
Raulet, atravesando el valle insalubre de Yunguilla para 
ocupar Girón; el hecho es que esa misma noche destacó algu- 
nas compañías á órdenes del general Luis Urdaneta para re- 
conocer si se había movido en efecto el campo peru^jjo. Una 
avanzada compuesta de veinte soldados del baj^llón Vagua- 
chi, con el comandante Camacaro, bien entrada la noche se 
presenta en el puente de Saraguro, lo halla inútil y se decide 
á pasar el río por un vado. Adelanta sin ser sentida hasta 
la entrada del pueblo y encuentra á nuestras avanzadas que 
se replegaban. Las acomete y sorprendid9,s éstas por lo 
inesperado del ataque se desordenan por completo. Un ba- 
tallón mandado con tal motivo á tomar posiciones á reta- 
guardia; se encontró con otro, también peruano, que avanza- 
ba al mismo sitio por distinta dirección, y ambos se corta- 
ron recíprocamente en un paso montuoso y estrecho, mez- 
clándose sus filas, haciéndose una masa confusa y dispersan- 



216 REVISTA HISTÓRICA 



dose sin que la oscuridad de la noche permitiese á sus jefes y 
oficiales reorganizarlos. La división dejada de vigilancia á 
retaguardia, se derrotó así sin combatir, huyendo dispersa 
por Quebrada Honda en dirección á Loja. 

Después de este contraste, el enemigo cerciorado de su 
buen suceso, al día siguiente, continuó con sus avanzadas 
por el camino que había emprendido el grueso del ejército 
peruano. A poco encontraron el parque de éste que marcha- 
ba lentamente, casi abandonado por los arrieros, paisanos, 
que lo conducían, el que cayó todo en su poder con doscien- 
tas muías, cien cargas de municiones y dos piezas de artille- 
ría. Con tan inesperado hallazgo se volvieron satisfechos. 

Por espíritu de venganza, el general Urdaneta mandó in- 
cendiar el pueblo de Saraguro, acusando á sus vecinos de 
parciales por el Perú. Se despachó al batallón Robles con el 
coronel Luque y comandante C¿tmacaro, para hostilizar á 
los fugitivos de la división peruana dispersa; pero no se de- 
cidieron los colombianos á acometer por retaguardia al ejér- 
cito que descendía por el valle de Yunguilla. Prefirieron em- 
prender un movimiento retrógrado de Oña á Nabón y desde 
allí por medio de una marcha de flanco, atravesaron la cor- 
dillera, llegando á situarse en Jirón antes que alcanzaran ese 
punto los peruanos. Esta maniobra tenía por objeto cubrir 
Cuenca y el camino de Quito é impedir que la Mar se pusiera 
en comunicación con sus fuerzas de Guayaquil y con los su- 
blevados de Pasto y Popayán. 

Desentendiéndose del contraste que acababa de sufrir, el 
ejército)^eruano continuó el movimiento iniciado, como si 
subsistieran, líespués del fracaso, las razones que lo motiva- 
ron. Siguió su marcha, de flanco, hasta que informado de 
que el enemigo arribaba á Jirón, se cargó hacia el poniente, 
situándose en buenas posiciones entre Lenta y San Fer- 
nando. 

No obstante la buena fortunay ventaja obtenida por los 
colombianos, con la captura del parque, no se decidieron á 
presentar batalla. La aptitud del ejército peruano, les im- 
puso. Temieron dejar descubierto el camino de la capital y 
retrocedieron á cubrirlo, ocupando la parte más alta de la 
llanura de Tarqui, desde donde era fácil vigilar las manió 



LA CAMPAÑA DE 1828 217 



bras y aprovechar cualquier descuido; pero encontrando allí 
que el frío era excesivo y hacia sufrir mucho á la tropa, re- 
solvieron retrogradar aún más todavía, situándose el 21 en 
Narancay, crucero del camino que lleva á Cuenca. 

El ejército peruano en vista de estas maniobras, avanzó 
hasta San Fernando, haciendo reconocimientos sobre Baños 
y Jirón. Allí permaneció catorce días inactivo, esperando se 
reunieran los dispersos de la división de retaguardia, que 
efectivamente llegaron en número de seiscientos, el día 23, al 
pueblo de Jirón. 

Tan larga espera, dio lugar á que el enemigo adelantara 
sus marchas y practicara una de las más difíciles operacio- 
nes del arte de la guerra: el cambio de la defensiva en ofen- 
siva. 

Los peruanos se hallaban imprudentemente empeñados 
en un terreno quebrado y montuoso, sin las municiones ne- 
cesarias para sostener una hora de fuego continuado, cuan- 
do se emprendió la marcha hacia adelante de San Fernando. 
Sin reconocimiento previo, la vanguardia compuesta de dos 
escuadrones y un batallón al mando del general Plaza,tomó 
posesión del Pórtete, llave principal del camino para salir á 
los campos de Tarqui, donde estaba el enemigo, en Guagua- 
Tarqui. 

Con el convencimiento de que una corta fuerza bastaba 
para defender ese estrecho desfiladero, el general Plaza ha- 
bía avanzado las dos leguas que separan dicho punto de 
Jirón. 

Cerciorado, mientras tanto el enemigo de todá« estas 
imprudencias por sus espías, el 26 á las tres de la tarde, bien 
instruido de que Plaza ocupaba el Pórtete y que el grueso 
del ejército permanecía en Jirón, se pone en movimiento con 
5,690 hombres. Una gran lluvia lo detiene y obliga á que- 
darse en Tarqui á las siete de la noche. Mientras descansan 
las tropas, recibe nuevos informes que le confirman su plan. 
Resuelve precipitar los sucesos y al efecto dispone que ciento 
cincuenta hombres escogidos, apoyados por el escuadrón 
Cedeño se adelanten para empeñar la acción con una sor- 
presa. A las doce de la noche continúa su marcha y á las 
cinco de la mañana, la primera división compuesta de los 
26 



218 REVISTA HISTÓRICA 



batallones Rifles, Yaguachi y Caracas, hace alto para espe- 
rar á la segunda y á la caballería que quedaban retrasadas. 

Al rayar el día 27 una descarga de fusilería anuncia que 
comienza el combate. El escuadrón Cedcño ha comprometi- 
do la acción. La tropas colombianas se precipitan y cargan 
por su derecha. 

Los peruanos ocupaban una posición relativamente 
fuerte, en la alta colina del Pórtete, defendidos á su frente 
por una quebrada profunda. A la derecha tenían breñas es- 
carpadas y á la izquierda un bosque espeso. 

Aquí cedemos la palabra al coronel Juan Bautista Elés- 
puru, que describe y explica, en la forma que sigue, esa 
memorable batalla, la primera que daba el Perü después 
de su independencia y que, desgraciadamente, no fué una vic- 
t<M4a: 

** Apesar de que todos los avisos estaban conformes so- 
** bre que el enemigo se hallaba en distancia, el jefe del ejérci- 
** to, agitado de un cierto presentimiento, previno al es- 
*^ tado mayor marchase á las tres de la mañana con la co- 
** lumna volante de cuatro compañías que se había formado 
** en ese día, hacia el punto donde se había situado la prime- 
** ra división; y dicho señor general, puso en seguida en mo- 
** vimiento todo el ejército en la misma dirección. 

** Al subir la cuesta oyó unos tiros que le hicieron sospe- 
** char que el enemigo se aproximaba. El coronel Bermúdez 
** dejando el mando de la expresada columna al mayor Sala- 
** verry, se unió con el general en jefe, y juntos se dirigieron 
" al siti^ que pocos minutos después debía ser teatro de una 
*' obstinada ^pntienda. 

** Mientras tanto, los enemigos principiaron á atacar 
** con mayor denuedo la posición por el frente. El general 
'* Plaza, habiendo hecho sus disposiciones, les oponía una 
** resistencia enérgica. A este tiempo llegó el general Gama- 
** rra con el coronel Bermfidez, y después de haber reconoci- 
" do bien las fuerzas enemigas, tomó dos compañías y cargó 
** con ellas á la bayoneta á la primera división colombiana: 
** esta fué arrollada y dispersa, dejando el terreno sembrado 
** de cadáveres, *' 

** El enemigo, que no se intimidó con este primer suceso, 



LA CAMPAÑA DE 1828 219 



" reiteró un uuevo ataque con su segunda división. El gene- 
'' ral Gamarra,saliéndole al encuentro con otras compañías, 
*' consiguió rechazar la fuerte columna que se le oponía, de- 
'• sorganizándola y haciéndola retroceder. 

'* Entonces los enemigos, conociendo la buena continen- 
** cia de nuestras tropas, y la dificultad de forzar la posición, 
" intentaron un ataque simultáneo por frente y flanco. En 
'• este instante se empeñó un fuego vivísimo, que se hacía 
'* más mortífero á proporción que se acercaba más el enemi- 
** go. En tal coyuntura llegó S. E. el presidente, y recorrió 
" las filas dando á los soldados ejemplos de intrepidez. 

*' Nuestra columna de cazadores apenas principiaban á 
" llegar al Pórtete, cuando el enemigo ganaba ya mucho te- 

•• rreno, principalmente sobre nuestro flanco izquierdo " 

En tal situación el señor general en jefe, de acuerdo con S. E. 
marchó á retaguardia con el doble objeto de situar el ejérci- 
to en buena posición y tomar medidas para contener á los 
dispersos, que eran en número excesivo. Apenas pudieron 
las divisiones comprometidas formar en línea mil quinientos 
hombres. 

El tiempo era urgente y las circunstancias inminente- 
mente críticas. Precisaba un golpe de audacia y de vigor 
para imponerse al enemigo. Con este fin se hizo adelantar 
un cuerpo de Húzares y á su frente el general Necochea cargó 
con resolución. Las tropas que sufrieron el choque, fueron 
lanceadas completamente. Dos compañías de cazadores ene- 
migas que avanzaban con rapidez tiraron los fusiles r se dis- 
persaron. Las columnas que bajaban el Porteteretfograda- 
ron y se situaron en el punto más estrecho de la cuesta. Los 
enemigos, sorprendidos con esa carga tan impetuosa, que- 
daron en inacción, y nuestro ejército pudo entonces formar- 
de tomando posiciones á vanguardia del pueblo de Jirón. 

A las siete de la mañana se había terminado el combate. 

Apenas cesaron los fuegos el general Sucre mandó un 
parlamentario, pidiendo se entablasen negociaciones de paz 
y mandando proposiciones que no fueron aceptadas. 

El ejército permaneció en el llano inmediato á Jirón todo 
el día 27 esperando que bajara el enemigo para continuar la 
batalla. Viendo que ésto no se verificaba y que las posicio- 



220 REVISTA HISTÓRICA 



ties enemigas no podían ser forzadas, pasó el río á las seis de 
la tarde y se situó en una altura á retaguardia del pueblo. 

£1 Perú perdió en la acción casi mil hombres, entre 
muertos, heridos y prisioneros. Sesenta jefes y oficiales que- 
daron en el campo de batalla, contándose entre ellos el biza- 
rro coronel Pedro Raulet. Los colombianos tuvieron ciento 
cincuenta y cuatro muertos y doscientos seis heridos, con- 
tándose entre los primeros el comandante Camacaro, de gran 
reputación como valiente. 

La mayor parte del ejército peruano no tuvo participa- 
ción ni influencia en este acontecimiento desgraciado. 

Se reunió una junta de guerra y mientras deliberaba, el 
ejército retrogradó, ocupando una posición despejada á van- 
guardia del pueblo de Jirón, frente á frente de la del Pórtete 
conservada por el enemigo, quien no intentó ningún movi- 
miento hostil. 

Alh volvieron á iniciarse negociaciones. El 28 de Febre- 
ro de 1829, reunidos en el campo de Jirón los generales Juan 
José Flores y Daniel Florencio 0*Leary, comisionados por el 
jefe superior de los departamentos del Sur de Colombia y el 
general Agustín Gamarra y general Luis José Orbegoso en 
representación del presidente del Perú, pactaron un tratado 
de paz, bajo la base de que las fuerzas militares del Perú se 
reducirían á tres mil hombres, que se nombraría una comi- 
sión para arreglar los límites de los dos estados, liquidar las 
deudas pendientes y disponer la forma en que se entregarían 
los reemplazos del ejército auxiliar independiente; que se so- 
licitaría la ^rar.tía de los Estados Unidos para obviar las 
desconfianzas recíprocas; que se retiraría el ejército invasor 
al Sur del Macará, evacuando el territorio del Ecuador por 
Loja en el término de veinte días, entregando en el mismo 
plazo la ciudad de Guayaquil; que se devolvería la corbeta 
Pichincha, satisfaciendo ciento cuarenta mil pesos para pa- 
gar las deudas contraídas por la escuadra del Perú en Gua- 
yaquil y por el ejército en el Azuay; y que se dejaría en com- 
pleta seguridad á los colombianos residentes en el Perú y á 
los peruanos en Colombia. 

Este tratado fué firmado y cangeado el 1.° de Marzo en 
la noche. 



I.A CAMPAÑA DE 1828 221 



Se emprendió la retirada. 

Al llegar á Cariamanga, se informó el presidente maris- 
cal la Mar que el jefe superior del Sur de Colombia, mariscal 
Sucre, había expedido un decreto otorgando recompensas á 
sus tropas y mandando erigir en el Pórtete un monumento 
con inscripciones ofensivas á la dignidad del Perú. Protestó 
solemnemente del hecho, así como de la conducta observada 
con algunos heridos y prisioneros, que habían sido alevosa- 
mente asesinados. 

El 1,° de Abril, después de una retirada lenta, trayendo 
consigo todos sus almacenes, pertrechos, equipajes, heridos 
y enfermos, entró el ejército peruanoen Piura, sin haber sido 
vencido, ni vencedor. 

Las noticias de la batalla del Pórtete y del tratado ajus- 
tado en Jirón, llegaron á Guayaquil, produciendo impresión 
profunda. En vista de ellas, se convocó en el acto una junta 
de guerra y se acordó conservar la plaza y consultar al go- 
bierno de Lima, por cuanto el presidente de la República ca- 
recía de facultad para aceptar tratados. Caso que fuera ne- 
cesario para la seguridad del ejército en su retirada la pro- 
tección de la escuadra, se acordó igualmente, que se despa-. 
citarían los buques precisos, sin desamparar la plaza, por 
ser la llave de defensa para el Perú. 

En la costa, los acontecimientos, siguiendo rumbo muy 
diverso al de la sierra, habían sido todos favorables. 

El 16 de Febrero, se había hecho cargo del mando de la 
plaza de Guayaquil, como comandante general del departa- 
mento, el coronel José Prieto. El 19 llegaron el general Vi- 
cente González y comandante Federico Valepf ia, hechos pri- 
sioneros en Cuenca por el coronel Pedro Raulet y su colum- 
na volante, siendo remitidos á Paita en la goleta Guayaqui- 
leña. 

Para hostilizar á las fuerzas de Colombia que ocupaban 
cantones inmediatos, se mandaron algunas tropas. El 23 
de Febrero, el general Illingrot se vio precisado á abando- 
nar Daule. En su marcha precipitada, arrojó al río seiscien- 
tos fusiles, cuatro piezas de artillería y considerable canti- 
dad de municiones. Tomó dirección por Balsar al Palenque 
y de allí al Zapotal, siguiendo para la sierra. Los pueblos 



222 REVISTA HISTÓRICA 



de Samborondón, Palenque, Pueblo Viejo, Bodegas, Yagua- 
chi, Balao, Baba, Máchala, Puna, Morro, Santa Ele- 
na, Chauqui, . Chongón y Daule, recibieron con gozo guar- 
nición peruana y se enviaron fuerzas á Manaví, á fin de de- 
jar libre de enemigos todo el departamento. 

El 11 de Marzo se presentó en Guayaquil el coronel pe- 
ruano, ayudante de campo del mariscal la Mar, Manuel Po- 
rras, acompañado de los generales colombianos León de Pe- 
bres Cordero y Arturo Sanders, comisionados por el maris- 
cal Sucre para recibir la plaza, conforme á las estipulaciones 
de Jirón. El jefe de ella, coronel José Prieto, comenzó por po- 
ner á buen recaudo á los comisionados, alojándolos á bordo 
de la corbeta Libertad y convocó de nuevo á la junta de gue- 
rra. Se siguió una breve correspondencia diplomática. Las 
negociaciones duraron cinco días, siguiéndose con toda acti- 
vidad y con discreta é inexorable firmeza por parte de 
Prieto. 

En definitiva, después de cambiarse varias notas, quedó 
establecido que habiéndose suscitado dudas acerca de las 
facultades del presidente de la República para ratificar el 
tratado de Jirón, sin anuencia del Poder Legislativo, los 
jefes de la guarnición y de la escuadra tenían resuelto man- 
tener en suspenso el cumplimiento de los artículos 10, 11 y 
16, hasta tanto que fueran debidamente absueltas sus dudas 
por el Gobierno de Lima. 

Para la resolución del punto eran menester cuarenta y 
cinco días, tiempo indispensable para que fuera y volviera 
la consiíijfea y en que podía pactarse una suspensión de ar- 
mas, evitand<:#que el departamento fuera hostilizado. 

Los comisionados colombianos, sin comprometerse á 
nada, optaron por regresar al ejército de donde procedían. 
Se trató, entonces, del camino que debían tomar en su viaje. 
Por la ruta de Yaguachi operaba el general Illingrot con 
sus tropas, y por el Naranjal y Sabaneta, que ocupaban los pe- 
ruanos, no era fácil el paso con motivo del estado del tiempo. 
Esta dificultad suscitó una nueva discusión, más subalterna 
que la anterior, pero igualmente sostenida hasta que se 
acordó á los comisionados amplia libertad de regresar por 
el camino de su elección. . 



LA CAMPAÑA DE 1828 223 

Tales eran, á los 15 días, los frutos y consecuencias de la 
acción del Pórtete. El Perú, en la infancia de su vida políti- 
ca, se afanaba en vano por neutralizar el efecto de deplora- 
bles errores y debilidades. 

Al llegar á Piuta el mariscal la Mar, reforzando su pro- 
testa de Zosoranga, mandó retener la plaza de Guayaquil. 
Para sostenerla dispuso que los batallones 1.^ de Ayacucho 
y 1.° del Callao y los regimientos Húzares de Junín y Drago- 
nes de Arequipa, marcharan á órdenes del general Mariano 
Necochea. No obstante las razones expuestas por el general 
Gamarra, que se opuso á la medida, manifestando que divi- 
dido en dos puntos el ejército las fronteras quedaban ex- 
puestas, al paso que el enemigo reconcentrado podía batirlo 
en detal; que para la defensa de Guayaquil eran suficientes 
mil infantes y que la caballería se necesitaba de este lado; 
á pesar de esos argumentos, que no produjeron impresión, 
como no la produjeron tampoco las reflexiones sobre el cli- 
ma y enfermedades, la indicada fuerza zarpó de Paita y llegó 
á Guayaquil el 2 de Abril en los buques Guayaquileña y Pí- 
chincha. 

Por esta fecha el Gobierno de Lima desconoce el trata- 
do de Jirón, convoca al Congreso y dispone pasen á engro- 
sar el ejército las reservas de los departamentos de Arequi- 
pa, Cuzco y Puno, al mismo tiempo que ordena una requisa 
en Lima de trescientos caballos y doscientas muías. 

Habiéndose presentado frente á la costa de Máncora un 
bergantín con bandera colombiana acompañado de ^os bu- 
ques másy asaltado á la balsa Mercedes^ tripulada^p(i|lr indi- 1 
genas del pueblo de Sechura, se dedujo por iníel'encias que se 
trataba de la Tipuani, armada en guerra en Panamá y que 
desde el 4 de Marzo anterior venía buscando en vano la go- 
leta Arequipa^ á órdenes del teniente José Boterín; pero esta 
tentativa de Colombia para procurarse elementos maríti- 
mos de guerra, no tuvo éxito. El dominio del mar continuó 
sin competencia en poder del Perú. 

La guarnición de Samborondón informada de que en la 
villa de Baba existía un destacamento de tropas pertenecien- 
tes á las fuerzas del general lUingrot, resolvió ir á atacarlo. 
El coronel José Bustamante avanzó determinado á batirlo 



224 REVISTA HISTÓRICA 



y después de un encuentro y fuego muy vivo, logro dominar 
las trincheras donde se habían parapetado los colombianos 
en la plaza de la villa y tomar cuarenta y cinco prisioneros, ha- 
biendo resultado algunos muertos por ambos lados y serias 
pérdidas en la población, por haberse propagado el incendio 
Con este encuentro terminan los sucesos militares. Acón 
tecimientos políticos resuelven el éxito de la campaña. 

El ejército reconcentrado en Piura, es teatro de encon- 
trados pareceres. Su moral se ha relajado. El mariscal la 
Mar dimite la presidencia y en compañía del general Pedro 
Bermüdez, el 9 de Junio, se embarca en Paita, á donde es con- 
ducido con una compañía de tropa Ixijo las órdenes del co- 
mandante José Llereno y se dá á la vela para el extranjero 
en un buque mercante, la barca Mercedes, por haberse nega- 
do á recibirlo á su bordo la corbeta Pichincha. 

El general Gamarra se queda solo á cargo del ejército y 
dá cuenta al Gobierno de Lima de lo ocurrido, quedándose de 
que estén encontradas las opiniones y de que la división 
acantonada en Guayaquil se titule un ejército, que el general 
Necochea se diga general en jefe y el coronel Prieto jefe de es- 
tado mayor general y que en esa plaza ae manifiesten princi- 
pios de independencia respecto de su autoridad. 

Por este tiempo, renuncia su cargo el vice-presidente Sa- 
lazar y Baquíjano en Lima, y el 6 de Julio la Municipalidad 
invita al general Antonio Gutiérrez de la Fuente, llegado ha- 
cia poco del Sur, el 22 de Mayo, con una división compuesta 
de las rftservas de Arequipa, Punoy Cuzco, para qi?e se haga 
cargo déipoder ejecutivo, lo que efectúa el mismo día 6 con 
el título de jefe supremo. 

En todas partes se advierte falta de concierto. 

El 18 de Mayo á las once del día se declara incendio á 
lx)rdo de la fragata Presidente^ capitana de la escuadra sur- 
ta en Guayaquil. No se logra dominar el fuego y la fragata 
se sumerge, con estruendo inusitado al estallar la santabár- 
bara, privando al Pero de su mejor respeto naval y único en 
aptitud de medirse con la fragata colombiana Cundinamar- 
ca, á la sazón en viaje del Atlántico al Pacífico. 

El Perú dispone de tropas consideiables. Además de las 
ingresadas á Lima con el general La Fuente, cuenta con mil 



LA CAMPAÑA DE 1828 225 



quinientos en Guayaquil, con dos mil que organizó en Junín 
el general Otero y con otras fracciones regulares que se reú- 
nen en Trujillo: pero la falta de unidad y el desconcierto que 
prevalecen, vuelven ineficaces todos sus esfuerzos. 

En Guayaquil aparece un periódico redactado por los ca- 
pitanes Manuel Ignacio Vi vaneo, Manuel Ríos y comandan- 
te Manuel de Odriozola, que con el nombre de Atleta de la 
Libertad, censura las operaciones de la guerra y atribuye 
serias responsabilidades por los fracasos sufridos al general 
Gamarra. 

Se elevan numerosas protestas en el ejército. Renuncia 
su cargo de jefe de la segunda división, en Guayaquil, el ge- 
neral Mariano Necochea al tener conocimiento de la trans- 
formación operada en Piura y lo reemplaza el general Luis 
José Orbegoso, conforme á las instrucciones llevadas por el 
capitán Torrico, mandado al efecto por el general Gamarra 
para que secundaran en esa plaza el movimiento que acaba- 
ba de realizar. 

Los redactores del Atleta de la Libertad, amenazados 
con prisión, se salvan huyendo al Callao en la goleta Yon 
Cato y se inicia otro orden de negocios. 

El general en jefe, Gamarra, ajusta un armisticio y sus- 
pensión de hostilidades por sesenta días. 

Habían cambiado las opiniones. Cansados los pueblos 
de la guerra, lo único que deseaban era tranquilidad y repo- 
so. Circulaban abultadas apreciaciones sobre las pérdidas 
sufridas, la inutilidad de los esfuerzos, lo malsano del clima 
de Guayaquil, la terminación de los tumultos de Pasto, la 
sumisión de Obando y el avance del Libertador Bolívar al 
frente de un ejército de cuatro mil hombres. En medio de la 
abundancia de elementos, con tropas y dmero suficiente, des 
pues de haberse gastado algunos millones, y comprado á 
Chile la corbeta Independencia para reemplazar á la fragata 
Presidente^ todo faltaba, por omisión ó por mala aplicación 
de los recursos. 

La mudanza de gobierno vino á facilitar las negociacio- 
nes con Colombia. Los meses que mediaron entre las fraca- 
sadas diligencias del general León de Pebres Cordero y la 
exaltación del general La Puente, se pasaron en el Norte en 

27 



226 REVISTA HISTÓRICA 



cambio de notas militares relativas todas á la entrega de 
Guayaquil, alternándose de uno y otro lado protestas de 
sostenerla á todo trance y recobrarla á todo evento. 

El Libertador Bolívar constituve un comisionado en Piu- 
ra, coronel Antonio Guerra, y otro en Lima, coronel Demar- 
quet, para que ajusten los preliminares de paz, mientras el 
jefe de estado mayor del ejército de Colombia, general To- 
más Cipriano de Mosquera, presentaba un ultimátum á las 
autoridades de Guayaquil. 

En Piura, el 1^ de Julio de 1829, se ajustaron las bases 
de arreglo entre los comisionados coroneles Antonio Guerra 
y José Agustín Lira que fueron ratificadas ese mismo día, 
ratificación que llegó á Guayaquil el 16, y seis días después 
era entregada la plaza. 

El tratado de paz definitivo se ajustó más tarde, entre 
los plenipotenciaros José de Larrea y Loredo, peruano, y Pe- 
dro Gual, colombiano, en Guayaquil, el 22 de Setiembre de 
1829, siendo perfeccionado en Lima el 10 de Octubre si- 
guiente. 

Lima, Junio de 1907. 

Ricardo García Rosell. 



K 



LA MASCA PAIGHA DEL INGA 



Sabido es que la vestidura del Inca hasta ahora no ha 
sido descrita científicamente. Muchos escritores, aán aque- 
llos que alcanzaron al Inca ejerciendo sus funciones, han des- 
crito el traje que vestía el soberano peruano, pero apesar de 
esto, hasta ahora ha sido imposible dar una buena idea grá- 
fica basándose en esas descripcionei. Conocidas son las ga- 
lerías de retratos de los Incas hechas en el Cuzco durante el 
período de la colonia. Hay muchas seríes de ellas, una de 
las cuales se conserva en el Museo de Historia Nacional, y en 
la Catedral de Lima, en un gran cuadro en donde están to- 
dos los emperadores del Perú, desde Manco Cápac hasta 
Femando VI de España, andan incluidos todos los Incas. 
Don Justo Sahuaraura, exornó su libro Recuerdos de la Mo- 
narquía Indiana, impreso en París en 1850, con retratos de 
los Incas del mismo carácter y de allí también fué toma- 
da la efigie del Inca que servía de emblema á las estampillas 
postales de un centavo de una emisión anterior. Pero to- 
dos estos retratos adolecen del mal de que son pura fanta- 
sia. Ninguno de los que pintó tales cuadros y galerías vio 
nunca un Inca oríginal, en vida; lo que se podría demostrar 
en cada uno de sus detalles. Solo quiero referirme en estas 
líneas á la masca paicba, la borla del Inca. En todos los 
cuadros de que he hecho mención, así como en la estampilla 
de un centavo, está aquella reemplazada por un medallón, y 
creo que he dado los primeros pasos para entender mejor lo 
que era el liautu de los Incas en mi obra sobre PachacámaCí 
páginas 39 y siguientes. Allí he determinado ciertos cor- 
dones negros envueltos al rededor de la cabeza en ciertas 



228 HETIST4 HISTÓRICA 

tumbas incaicas como llautus negros de Incas de inferior 
rango (solamente por títi]lo),comp]etando mi explicación con 
la reproducción de una de estas cabezas con llautu negro en 
el estado original en que la hallé (lámina 7 fíg. 11 a b de la ci- 
tada obra). Allí resulta que el Ilaata era un cordón, tejido, 
de 16 á 32 hilos, del grosor de un dedoy envuelto al rededor 
de la cabeza, adaptándolo naturalmente á la forma redonda 
de ésta, dándole las vueltas hacia la parte superior, pero no 
extendiéndolo en forma como de ana gorra militar alemana 
sino por el contrario pegándolo al cráneo. Todos los retra- 
tos, inclusive e) de la estampi1Ia,equivocadamente le dan esa 
forma más ancha en la parte superior, como de gorra mili- 
tar alemana. 




Ahora bien, claro es que un cordón envuelto al rededor 
de la cabeza, en tal forma, no habría|permitido la adaptación 
de un medallón naturalmente fijo, como aquel que aparece 
en el Haata del Inca en todas sus representaciones. Mi defi- 
nición del //ai/íu incaico coincide muy bien con la forma de 
los ornamentos de la cabeza que tienen muchas fíguras de 
hechura incaica (fig. 1), lo que permite determinar estos úl- 
timos ornamentos como claras representaciones de los llau- 
tus incaicos. 



Revista Histórica T. II 



Inca con el llautd y lA masca pak 



LA MASCA PAICHA DEL INCA 229 

**^~^~~''~~'''~" — ' r nrr - r ii - i ■ i ■ m ir -r i. i .-.-j j. ) -. i . j inn .' ~r,w r ■ i - i n i' n i ii i 1 1 i ii n - i - | - n - - -f ----- - , i-w - - - - i - -rrr - - i - nn - - - i gi 

Entre los Incas había tres clases de llautus: 

1 •— del Inca gobernante: colorado y azul, según Monte- 
sinos (Mem. Ant. del Perú, cap. 17); de muchos colores, 
según Garcilaso (Com. Reales I, cap. 22). 

2 — de la familia real: colorado y amarillo, según Garci- 
laso (compárese Pachacñmac, 1. c ) 

3 — de los Incas inferiores ó de puro título (compárese 
Pachaca mac.) 

¿ Pero qué cosa era la masca paicha, la insignia real de 
los Incas, que, según Jerez (Reí. de la Conq. del Perú, 1891, 
pág. 82) "hacía al Inca mucho más grave de lo que él es'' ? 
Claro está que sin una buena definición de la masca paicha, 
no nos podremos imaginar la apariencia real de este perso 
naje, tan respetado en todo el Perú antiguo como temido en 
el resto del continente meridional. Generalmente se cree que 
era una borlaquecaía sóbrelas cejas y las sienes, sin que has- 
ta ahora nadie haya podido definir su forma. A la amabili- 
dad del señorOscarB.Heeren debo copia de una figura incaica 
(lám. VI) con incrustaciones de madera pintadas de colora- 
do, tomada hace años de un objeto que formaba parte de 
una colección de antigüedades. En esta figura tenemos la 
masca paicha: ésta y el llautu incaico entero, no serán ya, 
de aquí adelante, objeto de discusión. 

Veamos cómo describen los autores antiguos las borlas 
que usaban los Incas: 

Garcilaso III, cap. 2. Las monjas (aellas) '* hacían unas 
borlas pequeñas de dos colores, amarillo y colorado, llama- 
das paicha cosidas á una trenza delgada de una bcaza de 
largo, las cuales no eran para el Inca sino para los de su 
Sangre Real: traíanlas sobre su cabeza, caían las borlas so- 
bre la sien derecha". 

Resumo de estas palabras lo siguiente: 

1*^ que las paichas eran asidas á los llantos, porque las 
trenzas delgadas de una braza de largo no pueden haber si- 
do otras. 

2^ que el llautu de estos Incas de sangre real, daba así 
vueltas al rededor de la cabeza; que la borla terminal podía 
caer de la cabeza. Entonces, del término del llautu, una vez 
envuelto, podía caer libremente la borla. 



230 REVISTA HISTÓRICA 



3^ que la paicha de los Incas de sangre real caía sobre la 
sien derecha. 

Pero veamos ahora la masca paicha de los Incas gober- 
nantes. 

Garcilaso, 1. I, cap. 22: ** Traían los Incas en la cabe- 
za por tocado una trenza que llaman Llautu; hacíanla de' 
muchos colores y del ancho de un dedo y poco menos grue- 
sa. Esta trenza rodeaban á la cabeza y daban cuatro 6 cin- 
co vueltas, y quedaba como una guirnalda" (Pachacámac, 
lám. 7, fig. a b). 

Falta aquí la descripción de la masca paicha, pero la en- 
contramos en el 1. IV, cap. 2: 

*' Lo que el Inca traía en la cabeza, era una trenqa lla- 
mada Llautu ancha como el dedo merguerite, y muy gruesa, 
que venía á ser quadrada que daua quatro ó cinco bueltas á 
la cabeza y la borla colorada que le tomaba de una sien á 
otra. " 

Jerez (1. c. p. 82): **E1 tirajio estaba á la puerta de su 
aposento sentado en un asiento bajo, y muchos indios de- 
lante del, y mujeres en pie que cuasi lo rodeaban; y tenia en 
la frente una borla de lana que parecía seda, de color de car- 
mesí, de dos manos, asida de la cabeza con sus cord(mes que 
le bajaba hasta los ojos, la cual le hacía mucho más grave 
de lo que él es. " 

Montesinos (1. c. cap. 17) se expresa de esta mane- 
ra: *' Ynga Roca se apareció vestido de una camiseta de 
varios . colores y una borla azul con una huincha azul y car- 
mesí, qefe-caía encima de la frente. '* 

En estas pr^labras de dos autores de mucho mérito, cada 
uno en su género, tenemos una descripción exacta déla mas- 
ca paicha del Inca gobernante, que coinciden entre sí y 
también con el ornamento de la lám. VI. De todo lo cual 
observo: 

1^ El color. El ornamento de la ñgura tiene también 
varios colores, entre estos el colorado, y uno de los otros 
puede significar el azul real. 

2^ El tamaño. La dimensión de dos manos (Jerez) co- 
rresponde exactamente con el ornamento de la figura que vá 
en la lámina VI. 



LA MASCA PAICHA DEL INCA 231 

3^ La posición. El ornamento de esta fi^j^ura baja hasta 
los ojos, cae encima de la frente, **tomava de una sien á la 
otra" como está explicado en las descripciones. 

4^ La forma. Borla ancha (Jerez). 

5^ La manera de amarrarla. Recuérdese que Garcilaso 
dice que la borla de los Incas de la familia real era un orna- 
mento terminal del llautu. Sin duda la forma del ornamen- 
to real es la misma, diferenciándose solamente en ligeros de- 
talles en la forma y en los colores del rango. Jerea; dice: la 
borla era asida de la cabeza con sus cordones. El llautu mis- 
mo que envolvía la cabeza (véase arriba) no permitía asir la 
borla á la cabeza como á un gorro; entonces las palabras de 
Jerez significan que la borla era asida á los cordones; que- 
dando, por la naturaleza de éstos, como un ornamento ter- 
minal. 

Échese una mirada á la lámina adjunta. ¿La borla no 
está colgada en la frente, como si estuviese suspendida de un 
cabo del cordón 6 llautu que proviene de las vueltas que dá 
á la cabeza por la parte de arriba como se vé en la fig. 1? 

Aunque no quisiéramos fijar la atención en el carácter 
significativo del ornamento colgado en ia frente de la figura, 
su forma particular y sus raros detalles, nos hacen concen- 
trar el pensamiento en ese objeto, lo que prueba que el escul- 
tor le dedicó interés particular al modelar la figura. Nada 
en ésta es, además, tan bien modelado como la forma trape- 
zoide en el medio, hecha un poco angosta, de este ornamento. 

Tengo para raí por seguro que aquí hay una repr/?senta- 
ción de la masca paicba del Inca, y ahora nos podeilros dar 
cuenta de la apariencia regia de este poderosa personaje del 
Imperio (1). 



te 



(1) La figura es, entonces, la primera representación del inca gobernan- 
_. Es también orejón como lo eran los incas Ccomp. Garcilaso, I, cap. 22.^ 
El jjoncho del inca, sejrín este mismo autor, (IV, cap. 2) llegaba hasta las 
rodillas, tal como está también en esta figura y por las huellas que hay al 
rededor de la cintura, se vé que había allí madera colorada, como tiene en 
los ojos y algunas líneas de la masca psucba, y estas líneas posible es que 
representen una ó dos orlas coloradas en medio del poncho de otro color, 
tai como usaban los incas de rango (comp. Pachacámac. lám, 7, flg. 19). 
Las incrustaciones superiores que aparecen en las piernas pueden haber in- 
dicado la orla ó franja del poncho y las inferiores cerca de la rodilla tal vez 
han sido ornamentos de oro. 



232 REVISTA HISTÓRICA 



La forma del llautu tiene cierta semejanza con una ha- 
ctía, símbolo de autoridad, que en varias partes de América 
han llevado en la cabeza personas de distinción (Colombia, 
Chimu, Estados Unidos, etc.) 

Las vueltas del llautu con el cabo y paicha terminal, que 
pasa y sale luego por arriba, puede tener alguna semejanza 
con la forma de un nudo de quipu, cosa que puede haber re- 
vestido alguna importancia en la concepción mítica de la 
alta autoridad del Inca. 

« 

Ahora bien: sabemos que paicha significa borla, pero no 
sabemos de cierto qué acepción daban á masca. Tengo para 
mí que el nombre de masca recuerda el de una de las tres na- 
ciones quechuas primitivas del dominio de Manco Cápac, 
establecidas al poniente del Cuzco. Esta región es exacta- 
mente la de la cueva santa de Pacaritambo (provincia de 
Paruro), de donde, al decir de muchas fábulas, los Incas de- 
rivan su origen. ¿Han sido, entonces, los primeros Incas ori- 
ginarios de la antigua tribu de los Mascas? En toda la pro- 
vincia de Cuntisuyu los habitantes se ponían llautus (de que 
he dado referencias en mi obra), y derivándose los Incas de 
ese lugar, parece que el llautu ha perdurado como insignia 
incaica en todo su imperio. 

Lima, junio de 1907^ 

Max Uhle. 



1^ 



UN INÉDITO VALIOSO 



La relación que publicamos en seguida, que comprende 
los sucesos acaecidos en Lima de 1808 á 1811, llegó á nues- 
tras nianos al hojear nna serie de inéditos recopilados por la 
paciencia y el esfuerzo de un amigo de la tradición patria, 
tradición tan rica y tan variada, tan sugestiva y tan intere- 
sante, puesto que entraña los sucesos capitales y lejendarios 
de nuestra historia. 

Hace un siglo que una mano curiosa y verídica estampó 
estas relaciones diarias; ¡un siglo! lapso demasiado pequeño 
para la vida humana, cortísimo trascurso de tiempo para 
ser edad de una civilización, y, no obstante, en tan insignifi- 
cante período, ¡cuánta mudanza y cuánto cambio! Podemos 
considerar derrumbado y confundido yá ese siglo quQ abraza 
la relación (1), siglo que á la vez es síntesis de una^dad his- 
tórica, epílogo de una edad media pesada y tétrica. Aquellas 
costumbres, aquellos gustos, aquellas preocupaciones, no vi- 
ven yá; ese pasado casi se puede estudiar como época inme- 
morial. ¡Tan rápido, tan profundamente acelerado ha sido y 
es el progreso en ideas y en costumbres! 

Se distingue nuestra época de la próxima pasada, nues- 
tros siglos XIX y XX del XVIII, en la trasmutación violen- 



(1) Aunque la relación es escrita en los principios del siglo XIX, se vi- 
vía por entonces en pleno siglo XVIII, y, quien sabe si más atrás toda- 
vía. El siglo XIX principia para las colonias hispanas,principalmente para 
el Verúf desde 1821 época de la emancipación. 
28 



234 REVISTA HISTÓRICA 



ta de todos los valores de la cultura humana. Al revés de 
Europa que hizo transición lenta y gradual que, tras las ti- 
nieblas de la Edad Media, esbozó la aurora de una nueva era 
con el movimiento comunal y \o3 cismas en el siglo XIV, con 
el renacimiento en el siglo XV, con los descubrimientos en el 
XVI y con el tílosofismo en el XVII, para después hacer bri- 
llar una cultura ventajosa y robusta; lejos, decimos, de esta 
evolución gradual, nosotros recibimos movimientos bruscos: 
la conquista detiene una civilización original y autóctona, 
llamada á provocar convulsiones profundas; el coloniaje 
amolda la blanda masa moral del neófito hasta el fanatis- 
mo y el culto idolátrico; por fin, la revolución republicana 
nos regala adelanto superior á nuestra constitución moral 
y provoca reacciones y tiranías. 

Esta misma facilidad de recibir de allende los mares for- 
mas nuevas y principios novadores, es una ventaja y un in- 
conveniente: no ensayamos sino adoptamos, no pasamos 
por la gestación dolorosa de las pruebas, en cambio sufri- 
mos las consecuencias de la falta de adaptación y perecemos 
en el ensavo; como á los favoritos ensoberbecidos se nos cas- 
tiga **por haber querido subir demasiado alto". Y como la 
cultura no es obra de imitación sino de adaptación y de 
adaptación profunda y general, de allí nuestro desequilibrio. 
Estos cambios bruscos en nuestra historia, esas mutaciones 
violentas en las gestaciones de nuestro desarrollo intelectual 
y moral explican la profunda diferencia de nuestras épocas, 
épocas con soluciones de continuidad y como rotos eslabones 
de la cultura l\pmana. En el Viejo Mundo, los hombres del 
siglo XVIII no uallaban extraño ni raro el espíritu indepen- 
diente y entusiasta de los hombres que, un siglo antes habían 
escuchado la voz de los enciclopedistas. Allá, en Europa, la 
historia no es gama de colores violentos y contrapuestos, es 
iris donde la intensidad que se desvanece es la suavidad que 
se ilumina y tiñe; todo es allí armónico y lento, lógico y de- 
senvuelto gradualmente. Hasta los cataclismos históricos 
son preparados y esperados. Cuando cayó la República Ro- 
mana, nadie la extrañó; los pocos interesados en su existen- 
cia apenas protestaron ridiculamente en Parsalia. Cuando 
llegaron los bárbaros y cayó el Occidente Romano, nadie sin- 



UN INÉDITO VALIOSO 235 



lió un cataclismo ya esperado, y ¡cómonó! si hasta se había 
tenido un emperador bárbaro en el godo Maximino. 

En el Nuevo Mundo hemos marchado demasiado rápi- 
damente y demasiado lentamente: una época dilatada de 
gobierno autóctono, otra larga época de gobierno colonial 
que interrumpe la primera, por fin, una novedad que derrum- 
ba y crea. Cada ciclo es cerrado y homogéneo y tiene por an- 
tecedentes y consiguientes tiempos y épocas extrañas. Así 
nos explicamos la dificultad que tienen los cronistas de los 
primeros años de la colonia para averiguar el reciente pasa- 
do imperial. Ni Cieza á pesar de su profundidad y su avidez 
investigadora, ni Garcilaso á pesar de su situación y sus afi- 
nidades, pudieron decir cuanto deseaban; una de las capas 
oscuras de su vista histórica era la diversidad de épocas y 
de criterios. Hombres con la cultura y los prejuicios de la 
época apenas si narraban una historia novedosa, poética y 
lejendaria como la de la vieja patria. 



« 
« * 



La época colonial se caracteriza por la homogeneidad de 
su cultura; de Núñez Vela á La Serna apenas si una lijera 
transición, tan lijera que no se nota. Una sociedad inmovi- 
lizada por tres centurias, nada hallaba nuevo ni exti año. 
¡Siempre el Virrey, siempre la Audiencia, siempre el encomen- 
dero, el indio siempre con las mismas prerrogativas, (ron los 
mismos desmanes, con las mismas servidumbres.^-^uando 
leemos en «1 autor anónimo del manuscrito qvk hoy publica- 
mos, la descripción de una ceremonia religiosa: la procesión 
de la Virgen del Rosario de Chiquinquirá (después de su no- 
venario del 24 de octubre de 1808 que coincidió con las fies- 
tas de la exaltación y cumpleaños de Fernando VII) apenas 
si hallamos diferencia, con las que provocaban el fanático de 
Lemos ó el timorato de Auñón. Valverde ha podido alzarse 
de su tumba dos siglos y medio después, y creerse entre sus 
congéneres de la conquista viendo un achicharamiento de 
herejes por los inquisidores dominicanos. Blasco Nunez se 
habría reconocido viendo á Castel-Fuerte en su carga de ca- 



236 REVISTA HISTÓRICA 



ballería contra los frailes Franciscos que defendían á Ante- 
quera. Jáuregui no fué menos injusto que Toledo: hasta las 
víctimas de estos lejanos virreyes tuvieron el mismo nombre 
(1). ¿Quién pudiera negar que la piedad habría elevado á los 
altares centenares de vírgenes y de devotos si el olvido y la 
falta de dádivas no hubieran impedido su canonización, y 

que esa misma piedad vivió 300 años ?, qué digo! vive 

aún hasta hoy anónima y escondida, brillando de tarde en 
tarde entre las ruinas de las pasadas genealogías y linajes 
como la flor del jaramago, nacidas de la esterilidad. 

Pero viene la patria, como se dice por antonomasia, vie- 
ne la nueva era, viene la reforma y todo cae y se derrumba. 
Los hombres de 1808 á 1821 asistieron A una gestación cu- 
riosa. Por debajo de la Colonia hervía la República, á ésta 
todos la sentían, la amaban, la ansiaban, más que por ser 
forma perfecta por ser una novedad: ¡así es el espíritu huma- 
no! el hastío de la colonia mataba, la homogeneidad era in- 
tolerable, la imitación tenía su fiebre, por eso la llegada de la 
patria, la llegada de la libertad era inminente. Cuando ésta 
se esbozó en 1821, había hecho una semi gestación, desgra- 
ciadamente los bajos profundos no estaban preparados, no 
había la educación para la libertad. Al ofrecerse ésta co- 
mo soberana, vino el caos; hoy apenas principiamos á sa- 
lir de él. 

De 1808 á 1811 se vivía plenamente la vida de la colo- 
nia. Cuánta diferencia de aquéllas costumbres, de aquéllas 
formas, de aquéllas ideas, á las que hoy viven y reinan. 

Le<;d este manuscrito y hallaréis corroborado lo que he- 
mos eipiresto: Una profunda antinomia de ideas y costum- 
bres... ¿y de qué épocas? de ayer á hoy. 

¡Camino gigantesco recorrido en medio de convulsiones! 
ojalá marcháramos tan rápido hacia el mañana, pero ha- 
ciendo una verdadera j perfecta evolución. 



« • 



\1) Los Túpac A mam ajusticiados por los virreyes que se citan. 



UN INÉDITO VALIOSO 237 



El nianuscrito,cu\oautorTio se revela, tiene en su porta- 
da el dibujo tosco de un reloj de arena, símbolo del tiempo, 
Y por debajo este título: Relación de varms cosas cariosas 
que empiezan á correr en 1^ de junio de 1808, Un facsímile 
de una hoja del libro que acompaña á la publicación muestra 
el procedimiento empleado por el narrador. Parece que el 
autor debió pertenecer al cuerpo de altos empleados de go- 
bierno, pues no de otro modo se comprende lo bien informa- 
do que está de provisiones de empleos civiles y eclesiásticos 
de noticias políticas y hasta de secretos gubernativos. 

Gran realista, á cada paso revela su afecto por el sobera- 
no y lamenta cuando llega el caso los luctuosos sucesos que 
afligían á España. Su celo religioso es tan vivo que en cier- 
tos momentos se duda al leer la relación si extraño á la Igle- 
sia puede ser el autor- Sin embargo, cuando se sabe que los 
hombres de aquella época tenían una educación religiosa 
tan completa que sólo en sus funciones se diferenciaban de 
sacerdote, no se duda deque es un seglar devoto el que escribe. 

La ortografía no es de las peores y la dicción está puri- 
ficada de los modismos y arcaísmos de los primeros cronis- 
tas. Es escrupuloso en las fechas y en los nombres, pues cada 
vez que algo ignora deja un claro que se supone que pensaba 
llenar después de la averiguación del dato. 

No son sus crónicas tan lejanas que revelen hechos me- 
morables ignorados, lo que escribe puede interesarnos sólo 
á nosotros Irs peruanos, pues los hechos minuciosos que no 
tienen interés capital y que resienten la severidad de la 
Historia, reconstruyen un **momento histórico" y son, á ve- 
ces, una revelación. En 1808 á 1811 se principió áxiraguar 
secretamente la emancipación; esas prisionesj esos tormen- 
tos, esas pesquisas y demás medidas de rigor que»se opusie- 
ron á la tenacidad revolucionaria de los patriotas, se vén 
allí día tras día, mezclados con ceremonias religiosas ó con 
muertes de vecitjos bonus vir ó empleados de gobierno. 
Crónica que parece insustancial y, no obstante, retrata un 
período interesante de nuestra historia: '*De la ñsonomía de 
los añoSf dice Hugo, se forma el rostro de los sig'los^\ 

Horacio H. Urteaga. 
Junio de 1907. 



238 



REVISTA HISTÓRICA 



QUADERNO DE VARIAS COSAS CURIOSAS 

QUE EMPIESA k CORRER EN 1^ DE JUNIO DE 1808 



IHas, Ms. 

Adot 



31 de Mayo 

1808 



1 ." de Junio 

lÜtíR 



2 id. id. 



H id. id. 



Se estrenó el Pantion y Portada de Maravillas 
con asistencia del Excm. S."" Virrey q.* lo era el 
Marisca] de Campo D. fosé Fernando Abascal y 
el S.^»" Arzobispo el limo. 8.°' D/ D." Bartolomé 
M." de las Eras: Los dos cabildos eclesiástico v 

m 

secular sin seremonia de traje; las Religiones, no- 
bleza, cuerpos militares y un concurso general del 
Pueblo: Se trasladaron los guesos del finado el 
Exmo. é Iltmo. S. Larreguera (1) á la Capilla del 
8.°** de las Maravillas desde donde se condujo pro- 
cesional"^, después de haverse dho. misa de Re- 
quien por su alma y todo et clero acompañó. Los 
dos Principes salieron á recibir tan respetables des- 
pojos los q.' se colocaron en una suntuosa Pira q.' 
para tal fin se construyó p.*^ el Ltc.*** D." Matías 
Maestro,y director de toda la obra. Antes fué ben-* 
decido todo el campo S.** y Pantio.** p^ dho. S.' 
limo, y se celebró missa en la capilla dedicada al 
triunfad.' de la muerte y Dios de los exercitos. 

Fué el pri.™° q." se sepultó en el Pantión un po- 
O bre de solennidad en el prim^ Campo S.** 

Set condujo en un coche el cadáver de la prim.' 

monja q."" murió q."" lo fué el de la madre Michaeia 

Salazar religiosa del monasterio de N.** S.' del 

Carmen alto la q.' se colocó en el primer nicho q.* 

[ p.* este fin se han destinado en el Pant." 

Fué el prim.* Religioso que se enterró en el Pan- 
tion el R.*» P. L. F. An.^ Vilela del orn. de N."» 
P. San Agustín q.* murió el dia 6. del presente á 



I 

1 



1 



(1) Ms. desdCf tarjado. 



UN isÉoiro VA MOCO 239 



Día», Mj^^^ las 10 de lanoche cuya muerte fué muy sensible y 
I mucho mas p/ ser conducido su cadáver en el 
Isir"*^ I Campo común como el de un particular. 

^ En dicho dia se dio principio á la obra de el Co- 
legio de medicina q.° se á situado en la Plazuela de 
S.* S.** Ana cuyo principio solo es en el frente de 
la calle con un tabique (1 ). 

Murióla M.^Sor Micaela Religiosa de 

S.** Teresa la q." se colocó su cadáver en su Pan- 
tion el día 12 del mismo. 

Murió el P.*^ Coadjutor Relisfioso de la Buena 
muerte y fué conducid o su cadáver á su Pantión el 
día 15 de dho. v se llamaba el P.* Bernardo. 



u- 



16.. 



Murió el P." L. F. A.°*^ Sespedes y fue conduci- 
do á su Pantion el dia mismo. Dicho dia murió el 
S.'D.'Ant.'' tantos Sarg^ Mayor de Plaza y co- 
ronel graduado de exercito fue repentina su muer- 
te y fué conducido á su Pantion el dia 19 del mis- 
mo. 

MjaHo I Murió el D.^ D". Fran.*' Tafur á la madrugada 
|.y el dia sig.*" fue conducido á su Pantión. 

D.* Bernarda Escolano y Concha comulgó en 
dho. dia en la Iglesia de N. P. S. Agustín y pj un 
caso imprevisto y mal gobernado la forma no tué 
recibida por descuido del ministro q." no la puso 
comodevia, ni mfnos lo aclaró la expresad^ p/ lo 
( q.' suelta de los dedos se resbalo y rodo al gueco 
q.* haze la Salla (2) y p.' dha. abertura de la ma- 
nera se introdujo descansando sre. un pañuelito 
q.* llevaba en ella pendiente en esta circunstancia 
y suponiendo la citada no haberla comulgado re- 
convino al sacerdote q.* la comulgase loque verifi- 



(1) La escuela de medicina llamada de Sn. Femando actualmente se de- 
muele para edificar la Prefectura é Intendencia de Lima. — La Plaza de Sta. 
Ana, hoy desmantelada, recibirá dentro de poco notable refección y osten- 
tará la estatua de Raimondi, cambiando su antiguo nombre de Sta. Ana, 
por el de "Plaza Italia". 

(2) La saya^ traje de la época. 



240 



REVISTA HISTÓRICA 



Días, Ms. 

Años 



16. 



21. 



22 Julio 



>v^ 



24 id. 



id. id. 



c6; retirada del comulgatoriocon la magestad tan- 
to en lo interior del pecho como en la manera (1) 
de la salla practicó alg.* actos religiosos, como 
fueron visitar alg.» altares de indulgencias y otros 
actos y retirada á su casa, en el Portal de votone- 
ros dio'e ganas de sacar el pañuelito y al verificar- 
lo saltó la sagrada forma al suelo dividida en dos 
pedazos lo q.^ visto de ella, asustada llamó á un 
Religioso que casualm.** estaba inmediato el q.* la 
recojio y puso en un platito recojiendo al mismo 
t.p* el pañuelo en q/ estaba la sagrada torma 
descanzando y postrad os en tierra practicados los 
actos reverentes de adoración luego avisaron al 
Sagrario en cuyo caso ocurrieron y sin luces ni 
otra ])revención fue depocitada en el copón poste- 
riormente se reci vieron á dha. d.' Bernarda á pre- 
censia de limo. S.** Arzobispo declaración jurada 
al P.* F. José Origuela su confesor el R.*" Pasos 
de dha. orn. de S.° Agustin y al P.* Capetillo de 
S.^*' Domingo que precenciaron el caso. 

Murió don Carlos Guareti Teniente de asamblea 
y ayudante mayor del regim.^° de Pardos y he- 
chos los honores fúnebres cuya misa de cuerpo 
presente fue conducido su cadáver al Pantion el 
dia siguiente. 

Murió la M.* Michaela de S." Javier religiosadel 
Carmen vajo y el día 23 fue conducido su cadáver 
( al.f antion de su orden. 

En este día llego á mi noticia el numero de 
muertos que se enterraron en el Pantion el mes de 
Junio anto.' y prira.** con que empezó y es como 
se sigue 125 hombres 86 mujeres y 134 párbulos, 
total 340. 

En dho. dia fue muerto de un balaso el negro 
(alias) cambillo (1) ladrón q.' fue de la cuadrilla 
de Guerrero el q." después de haver hecho fu^a de 
la carzel se hallava prófugo en la hacienda de Qui- 



1 



( 



(1 ) manera, una, pieza en el ve»tido de la época por donde aparecía 
(2) Zambillo ? 



UN INÉDITO VALIOSO 



241 



Días. Ma 



24 Julio 



27 Jnlio 



30 id 



2 Agto. 



id. 



10 id. 



Añot ( ros y llendo de paseo D." Antonio Guerra Sub.** 
habilitado del Regi.™^ lo requirió á q.* se diese 
■< preso á cuyo contesto hizo armas y puesto en de- 
fensa el referido Guerra le fue preciso rematarlo 
, de un tiro de fucil q.'' tenía cargado con postas. 

Murió el S." D/ D.° Christoval Morales Digni- 
dad de Maestre de esquela de esta S.^ Iglesia 
Catedral fue conducido á su Pantion el día 29 del 
mismo, en el carro distinguido para perzonas au- 
torizadas y el q.* en dho. día se estrenó. 



Murió el S.°^ D.r' D." José Campoó Capp°. del 
Rl. hospital de S.' S." Ana y fue conducido á su 
Pantion el dia sig.** 

A las dos y media de la mañana recivio el Virrey 
un espreso del de S." Fee con las noticias siguien- 
tes — Cádiz 28 de Marzo de 1808 — Por el correo 
de Madrid q.^ ha llegado hoy se ha recibido noti- 
cias individuales de la renuncia q.*^ ha hecho del 
trono Carlos 4' con su hijo heredero Fernando 
7^ repocisión p.^ este de todos los ministros que 
antes se hallavan desterrados salida de estos p.* 
Badajos; prición con ultraje de heridas y caidadel 
Principe de la Paz cuyas noticias han puesto á to- 
da la ciudad en un gran movim.^ 

En este dia por la noche varios del comercio ce- 
lebraron la caida del Principe con irse al^óliseo y 
aun q.^ en secreto subir á las tablas representar 
con las cómicas, vallar contra— danzas y vrindar 
^ de suerte que los mas no salieron por sus pies. 

En este día varios europeos del comercio pasa- 
ron á la Iglesia de S.^° Domingo de donde vaja- 
ron un retrato del Principe y alli mismo cortaron 
á pedazos con un cuchillo dho. retrato degollándo- 
lo y haciendo otras cosas indecentes. 

J Por espreso comunicado del Gov."' de Gualla- 
( quil se conñrman todas las noticas (sic) que an- 

29 



242 



REVISTA HISTÓRICA 



Días, Ms. 

Años 

10 Agto. 

11 id. 



12. 



15. 



17- 



18. 



V 



7Q. 



31 Agto. 



t.**''mente se han comunicado de la esaltación del 
Principe de Asturias, i caida de Godoi. 

Murió D.° Agustin Mendoza Ten.*« Coronel re- 
tirado y fue llevado al Pantion al día sig /• 

En este día murió el S.^ D.° Juan de Amores 
Capp." del Rl. Cuerpo de Art/ y el dia sig.*« ftie 
conducido á su Pantion. 

En este dia murió D.' Fran.^ Bueno y el dia 17 
fue conducida al Pantion. 

En este dia se conclulleron las disertaciones q/ 
dijeron en la Rl. Universidad, los opositores á la 
cátedra de maestro de medicina q.* se á estableci- 
do p.* el Colegio de Medicina, y en dho. dia se pu- 
cieron los prim.' cimientos p.' el expresado Cole- 
gio. 

En este dia murió á la una de la mañana el S **' 
D." Joaq.° de Subillaga mariscal de Campo de los 
R." exercitos y subinspector de este Reyno, al día 
sig.^ fue conducido su cadáver con pompa acom- 
pañando el féretro cuatro coroneles q.' fueron 
Com.'*^ de Art.' de Ingenieros, coronel agreg.**" 
don Fran.*^ Gil, y coronel Mrq." de Feria, arreta 
guardia un Batallón de Inf.' con el Sarg.** Mayor 
y un escuadrón de Cavalleria comandadas estas 
tropas p/ el Brigadier Marq." de Monte-Mira y 
acabada la función fúnebre fue coducido al Pan- 
tioíi. 

A las cuatro de la tarde este día se publicó por 
un repique general la noticia de estar can onisad os 
49 santos mártires del orn. de N. P. S.*** Domingo 
seg.° se avisa p.' carta de Roma cuya noticia vi- 
no p.*^ el Correo de Valles. 

En este día murió repentinam.** el S.^ D.' D." 
Francisco Amalla Capp.° may.*" del Hosp.^ de N." 
S." de la Caridad y fue conducido al Pantion el 
dia 2 de Se.^" En dicho dia murió D.' Rosa Ca- 
sas y el dia 2 de Sep." fue conducida al Pantion. 



ÜN INÉDITO VALIOSO 



243 



Dias, Ma. t 
Años 



I** Sepre. 



Nota del 31 
de Aj^o. 



9 Setiembre) 



lo. 



16. 



En este día tuve noticia q.* dho.S.**' Amalla ayu- 
dó (1) en la ora de muerte á la expresada S.' Ca- 
sas y separado de la avitación murió repentina-, 
m.^ conduciendo ambos cadáveres en al Pantion 
en un mismo carro. 

Las circunstancias q.* admiraron en la muerte 
del S.*" Amalla fue haber ayudado (2) a una pobre 
pronosticándole su muerte. 

En este dia por la tarde D.° Nicolás Mauro Cor- 
dato empleada» en la Rl. Hacienda sugerido la pa- 
ción de los zelos asesino á una mujer casada con 
q.° tenía trato ílicito p.^ los barrios de abajo del 
Puente, y pedido aucilio de tropa, esta lo persi- 
guió h.** el inmediato cerro donde pretendia refu- 
giarse (3), visto esto y q.* su fuga no lo libertaba 
de ser tomado, sacó una pistola q."traia en la sin- 
tura y abocada esta al pecho se la deserrajó ca- 
liendo al mismo t.*" muerto lo q.*' visto p.' el 
Com.** de dha. tropa de auxilio, lo recojio ya ca- 
dáver de cuyo raro caso se dio inmediatam.^ par- 
te á S. Exa. 

En este dia consultado el expresado Caso dado 
parte al ordinario mando su lima, fuese sepulta- 
do en el mismo citio donde cometió el suicidio y q.* 
se enterrase boca á bajo con una soga al cuello 
como asi se verificó. 

En este dia p.*^ decreto de S. Exa. paso a/^uartel 
del Regim.t° rj ¿e Lima D.°Ma.°^ Rubio Ten.** Co- 
ronel graduado y Jues fiscal en la causa formada 
j contra los oficiales sargentos y cavos de la pro- 
vincia de Maynas q.* p.^ Rl. Orn. se formaron y 
q.« de orn. de esta superioridad se hallavan arres- 
tados á q.°^^ les hizo saver lo siguiente. Al Cap.*' 
^^ D.° Miguel Fundt (Junot ?) q.** en esta fha. queda 



(1) ms. alindo. 

(2) ms. alludado. 
(3j ms. efugiarse. 



244 REVISTA HISTÓRICA 



Años/ sin el expresado empleo y q.* en lo subsesivo no 

i6 Setiembre I P^^^^ obtener níng." empleo político ni militar. 
Que el Tn.*« D." José Pimentel del mismo modo 

queda sin el expresado, si, el ant.^*" de (1) se 

hallava sirviendo en el Regim.*° de Dragones de 
Cavalleria de Lima: Que el sub.*^ D.° Miguel 
Cossio también sese en dicho empleo y con la cir- 
cunstancia de q/ en el dia sea despatriado de la 
Capí i virreynato: Que atendiendo á haver sufri- 
do sepo y arresto tiempo dilatado el Sarg.*° N. 
Palomino quede en su clase, y q.* los cavos y el 
Distinguido D.° N. Pelliser insertos en dho. Proce- 
so los primeros (2) retrocedan al empleo que an- 
torm.** obtenian y el ultimo sirva dos años en el 
Regim.*° Rl. de Lima de distinguido y q.'' sacán- 
dose copia se de parte á S. M. 



id. id. 



ao. 



I 



Con esta misma fha aprovo y decreto S. Exa. 
la propuesta de la junta q.* para nombrar las cá- 
tedras agregadas al colegio de medicina de S.° 
Fernando mando haser con los Sugetos sigte.® — 
Al D/ D.° Ipolito Unanue en la de Prima, Al DJ 
D.° M. Tafur en la de Vísperas. Jubilando con to- 
do el sueldo al D/ D." N. Rúa, Al D.^ D.° José Ver- 
ga. (Vergara ?) en la de Clínica. Al DJ D.° N. Pe- 
set en la de anatomía y Al D.*" D.° N. Paredes en 
la de Geometría. 

En este dia el Presvítero D." Felipe Mata fue 
profaiovido p.*^ decreto de S. Exa. á Capp." de la 
Brigada del Rl. Cuerpo de Art." 

En este día se publico de orn del Rey p.*^ Vando 
su exaltación al trono y se confirmaron p.*" el co- 
rreo del Cusco con gacetas todas las intrigas y 
maldades cometidas contra su Rl . persona y la 
Nación. En este dia hubo ordenes pJ él limo. Sor 



(1) aquí hay una palabra ilegible. 

(2) ms. piros. 



UN INÉDITO VALIOSO 



245 



Dias, Ms. 

Años 

20 Setbre. 



4 0ctre. 



í 



< 



Arzob¡spo*en los q.'' se ordeno de Subdiacono D." 
Man.* Escolano y Concha. 

En este dia llegó p.*" Chile la infausta nueva de 
los graves acaesimto.' Con nJ° Rey actual, las 
intrigas y maldades q.' ha cometido el Emperador 
de los Franceses á su Rl. persona y ultimam.^ q." 
queda como arrestado en Francia y abdica de la 
Corona de España en Napoleón p.^ renuncia de 
Carlos 4^ cuyos hechos se expondrán mas larga- 
m.** todo lo q." a dado mérito p.' la efusión de 
sangre q.* á habido en toda España en ambas na- 
ciones. 



10. 



(En este dia murió á las 3 de la mañana D.° 
Juan de Urquiza Ayudante mayor del Regim.*° de 
Dragones de Lima graduado de Cap." y al día si- 
guien.** fué conducido su cadáver al Pantión. 



(En este dia á las 8 media de la noche llegó ex- 
preso de Buenos-aires confirmando todas las noti- 
cias q.* vinieron p.*" Chile y aun confirmando con 
mayores circunstancias todos los acaecimto." 

/ En este dia llego otro propio q.* fue dirigido de 
Buenos-aires p.^ la Ciudad de Arequipa con plie- 
gos de la Corte para el S.®*" Marq." de Aviles el q."" 
expresa todos los acaecimto." sucedidos con los 
de Buenos-aires con motivo de estas novedades y 
lo entuciasmados q.* están á favor del'S?' D." Fer- 
nando 7' rey actual de las Españas y Emperador 

^ de las Indias. 






En este dia á las cuatro de la tarde fueprocesio- 
nalmente trasladada y con tanta solennidad y 
conbite de lo mas ilustre de la ciudad la venerable 
Imagen de Ntr.' S.' del Rosario de Chinquiquirá 
desde la Iglesia de S.** Maria Magdalena recolec- 
ción de padres dominicos h.** la Iglesia de Ñ.^* 
S.* de los Desamparados donde fue colocada asis- 
tiendo á esta función toda la ciudad: El combite 



246 



REVISTA HISTÓRICA 



Dias, 



Ms. 
Años i 



lo. 



II. 



12. 



13- 



fue tirado á nombre del Exmo S.°^ Virrey q.* lo era 
D.° José Fernando de Abascal y Souza: Asistieron 
los Cavildos Eclesiástico y Secular, Rl. Audiencia 
y Tribunales 1í)s que acompañaron con cera en 
mano é igualmente lo demás de los asistentes en 
tanto num.** q.* llegaron á cubrir tres cuadras. Se 
verificó este acto v los demás á instancias del S.®*" 
Alcalde de Corte D." Juan Moreno y su Mayordo- 
mo D." Vicente Parada las que siguieron y conclu- 
yeron un pleito muy disputado el q.* subsitaron el 
R.**° P. P. M. Prior F. Mariano Solorzano y de- 
mas religiosos de dha. recolección por cuyo moti- 
vo se decidió á favor^dc dho. S.®*" Ministro y Ma- 
yordomo. 

En este día salió vando de todos los sargentos 
de los cuerpos veteranos á publicar en todas las 
plazuelas de dha. ciudad q.* el dia 13 era* la jura 
del S.°' D.° Fernando 7.° Rey de las Españas y 
Emperador de las Indias. 

En este dia se publico y mando p.*" este Exmo. 
é Ilustre Cavildo q.* p.*^ tres dias consecutivos de 
miércoles, jueves y viernes se iluminasen las calles 
y q • para el jueves 13 se colgasen las puertas y se 
aseasen las calles p/ donde devia pasar el señor 
Virrey y acompañam.'*' 

En este dia se juro el 8.°*^ D.° Fernando 7.° en 
ísta Cap.' A las cuatro de la tarde salió S. Exa. 
acompañado de los cuerpos de Cavildo, Rl. Au- 
diencia y demás Jefes 3' Oficiales de la guarnición, 
dio vuelta el paseo p."^ toda la plaza mayor to- 
mando p.** la derecha y dando vuelta subió al ta- 
bladillo q.^ p.* este fin estaba formado frente de la 
galería de Palacio verificado este acto con un vi- 
va general de todo un concurso pleno baxo S. 
Exa. y se dirigió el paceo á la plazuela de la Mer- 
ced, y de esta por la calle del Nazareno vino á to- 
mar la de vodegones y p.' la de Judíos fué á la 
plazuela de S.^* Ana donde se hizo otra igual se- 



ITX INÉDITO VALIOSO 247 



13- 



Días, Ms. . 

Aflo«| remonia, y tomando la calle de Descalzos paso á 
finalisar á la de la Inquisición (1) retirándose á 
su Palacio con dha. comitiva, subió á su galería 
donde ya lo aguardava la señorita su hija y de- 
mas familia. El Cavildo executo lo mismo y de 
ambos, derramaron monedas al Pueblo del peso 
de una onza dos adarmes. Toda persona decente 
de ambos sexos traen el retrato de dho. sovera- 
no, los unos pendiente de la escarapela del sombre- 
ro y las otras del pecho p/ demostración de amor, 
es infinito el regocijo con q.* se a solennisado, ya 
con luminarias y otras diversiones, ya con orques 
tas de música en diferentes parajes de la capital 
los que han continu¿ido por tres dias. 



M- 



En este dia cumple años S. M. y como primero 
de su coronación fue increible el concurso q.' asis- 
tió pues en ia sala de recibir ya nocavian Ibs cuer- 
pos y noblesa; el retrato que se vido del dosel solo 
era de buril gravado en una cuartilla de papel. 
Arengaron los cuerpos de Rl Audiencia, Cavildos 
y Colegios, dijeron prodigios de elocuencia sus 
alumnos encargados en especial el D.' D.° Justo 
Figuprola como comisionado por la Rl. Universi- 
dad, dejando á todos tan movidos, p.*" sus espre- 
siones patéticas, historia, moralidad, y demás cir- 
cunstancias q.* los mas derramaron la^imas de 
amor y de ternura posible de entuciasoíar el cora- 
zón mas insencible. Por el Colegio de S." Carlos 
hablo su Rector el D.^ D.° Toribio Rodríguez q.* 
se expresó tan cumplidam.** que sin embargo 
de lo lacónico de sus ideas dio q* meditar p '' mu- 
chos días, D.' Toribio siguió las mismas guellas 
en todos los anteriores, de suerte q.* luchando en 
el coraz.'* de todos los expectadores, el amor á su 
Rey p.*" su feliz natalicio y p.' otro las actuales 



(1) ms. Inquision. 



248 



REVISTA HISTÓRICA 



Días, Ms. 

Años 



14 Octbre. 



15 id. 



16 id. 



< 



circunstancias en q.*^ se halla fue no se si día de ale- 
gria 6 juvilo 6 dia de dolor y de amargura. En es- 
te mismo dia p."" un propio de ocho dias posterior 
á los anteriores se sabe q.'enteramente quedan ar- 
rollados los franceses q.' se hallaban en la penín- 
sula, los unos muertos 3' entro de ellos el Gran 
Duque de Berg los otros prisioneros y pocos han 
tenido que escapar. El Duque del Infantado se di- 
ze salió prófugo de Francií^ y á llegado á Es- 
paña. 

En estedíaálascieteycinq.** minutos de lanoche 
hubo un temblor de tierra que duró cinq.**y dos 
segundos fue vien temible tanto pJ su duración 
como p.*" sus movim.**'* 

ÍEn este día como á las dies poco mas fue sacada pro- 
cesionalmente la Divina Imagen de N." S.* del Ro- 
sario del trono y conducida á la Iglesia Catedral 
donde por nuebe días seguidos se le da culto en dha. 
Iglesia: El combite fue general y nunca visto en esta 
Ciudad, asistieron el Excmo. S*'*" Virrey, el limo. S.®*" 
Arzobispo El Cabildo Secular y Eclesiástico, todos 
los tribunales juzgados R.* Audiencia, cuerpos mi- 
litares. Nobleza, Religiones, sin escesión de ningún 
sacerdote secular, y en fin todo capaz de presen- 
tarse en publico, el pueblo asistente ni los q.' con 
con cera en mano acompañaban no cavian p.* las 
V calles ni podían andar en la procesión, p.*^ lo q.* 
^ tendidas las religiones p.*" su antigüedad en toda 
la carrera solo quedaron de espectadores, pasa- 
ron de dose mil alms las que se hallaban en aque- 
llas calles y plazas. Colocada la Divina Señora en 
el altar mayor de dha. Catedral y puesta debajo 
de un solio q.'^ se le formó colocados los cuerpos en 
sus asientos y toda la Iglesia coronada de todo el 
demás pueblo q.*^ pudo entrar empezó con golpe de 
música nunca visto, y tan vien executado q^ 
. asombro. Salió á Pontificar el S.°' Canónigo 



(Continuará.) 



E P. DIE60 FRANCISCO ÁLTAMIRANO 



Nació en Madrid el 26 de Octubre de 1625 del matrimo- 
nio del Dr. D. Diego de Altaniirano, Fiscal del Supremo Con- 
sejo de Castilla, y doña Leonor María Altamirano, su deu* 
da, ambos de lo más escogido de la nobleza castellana. Des- 
tinado Diego Francisco por su padre á la carrera del foro, en 
la que le prometían su aventajado talento y contracción 
brillante porvenir, hizo sus estudios con tal aprovechamiento 
que á los 17 años terminaba los de Jurisprudencia en la Uni- 
versidad de Alcalá; mas en vez de recibir los grados acadé- 
micos que lo habilitasen para el ejercicio de la abogacía, vis- 
tió 1« sotana de Jesuíta, en Madrid, el 27 de Marzo de 1642, 
concediéndosela el Provincial de Castilla P. Juan Antonio 
Vclásquez. Pasadas las pruebas á que la Compañía sujeta 
A sus afiliados, ordenado de sacerdote y hecha la tercera pro 
bación, se mandó á Altamirano, en 1647, á la provincia del 
Paraguay. En ésta se le'encargó la cátedra de teotogía en 
la Universidad de Córdova, que regentó con general aplauso 
durante 15 años. El desempeño de la cátedra no le libró de 
otros empleos en la misma Academia, pues fué en ella Minis- 
tro y después, en 1666, por 3 años, su Rector. Nombrado 
Provincial el P. Agustín de Aragón tuvo durante su gobier- 
no desde 15 de Octubre de 1669 hasta 1672 como compañe- 
ro y secretario al P. Altamirano, quien desde que fué Rector 
de Córdova, era Consultor de Provincia, cargo con que con- 
tinuó terminado el provincialato del P. Aragón hasta 1677 
que, elegido Provincial, se posesionó del gobierno. Hasta 
1681, desempeñó Altamirano esa dignidad, y durante ese 
período no omitió esfuerzo para adelantar las misiones y 

30 



250 REVISTA HISTÓRICA 



contribuir al bien general de los indígenas de éstas, conservar 
el fervor religioso entre sas subordinados y dar á los estu- 
dios el impulso y acrecentamiento que los adelantos cientí- 
ficos de entonces exijían. Para satisfacer debidamente las 
necesidades que se experimentaban, recorrió por completo el 
territorio de su jurisdicción, sin que á su cuidado se escapara 
ni el paraje más apartado de las misiones. Con actividad 
asombrosa atendió á todo, de tal manera que al concluir su 
gobierno había logrado hacer prosperar notablemente la Pro- 
vincia. Celebró Altamirano en 1679 la duodécima congre- 
gación provincial y en ella fueron elegidos Procuradores en 
Roma y Madrid, los PP. Cristóbal de Grijalva y Tomás 
Dombidas. Durante su gobierno tuvo por compañero y se- 
cretario al P. Lauro Núñez, quien posteriormente fué, por 
dos veces, Provincial, desde 14 de Enero de 1672 hasta 29 
de Marzo de 1695, y del 31 de Julio de 1702 á igual día de 
1706. 

Habiéndose ordenado, por el General de la Compañía, 
P. Francisco Piccolomini que las provincias de América eli- 
giesen en sus congregaciones tres procuradores en lugar de 
los dos que acostumbraban, el P. Tomás Baeza, que había 
sucedido á Altamirano, reunió en Córdova en 1683 á los PP. 
con derecho de sufragio para completar el nómero antes di- 
cho, eligiendo un Procurador más de los que lo fueron en la 
Congregación que celebró en 1679 Altamirano, y otro que 
reemplazara á uno de estos que había fallecido. La elección 
favoreció á los PP. Altamirano y Gregorio de Orozco. Diri- 
jióse AlUBOirano á Europa á ejercer la procuración de que 
se le encargaba. En Roma concurrió representando su Pro- 
vincia á la trigésima Congregación general, celebrada allí el 
6 de Julio de 1687, y en la que fué elegido General de la Or- 
den el P. Thirso González. En España presentó Altamirano 
diversos memoriales al Consejo Supremo de las Indias, y á 
mérito de ellos, y entre otras concesiones consiguió, que por 
cédula de 17 de Julio de 1684 se declarase á la Compañía en 
Paraguay, Tucumán y Buenos Aires libre de toda clase de 
impuestos en sus propiedades, posesiones y productos de sus 
bienes, como en todo aquello que comprasen ó vendiesen ya 
en el comercio interior ó exterior de esas provincias. Alegó 



i 



EL P. ALTAMIRANO 251 



Altamirano para esta concesión diversos privilegios pontifi- 
cios y á más la posesión tranquila de esa exoneración en que 
se hallaba la Compañía desde su establecimiento allí. Con- 
siguió también que se autorizara á ésta para la venta de la 
yerba del Paraguay, que fué uno de los productos del país 
que mayores rendimientos produjo á los jesuítas. Alcanzó 
asimismo que se declarara á los indígenas de las misiones li- 
bres de toda clase^de tributos, ya correspondieran al Sobe- 
rano, 3'a fuesen eclesiásticos, como diezmos, primicias y de- 
más. Esta real resolución fué confirmada en 1708 á solici- 
tud de otro Procurador de Paraguay, el P. Francisco Burgés. 

JLas especiales cualidades y dotes de gobierno que Alta- 
mirano había desplegado en su provincialato del Paraguay, 
y las particulares prendas de ilustración y talento que le 
adornaban, más la actividad que manifestó en las Cortes 
pontificia y regia en el desempeño de su procuración, le cap- 
taron las simpatías del General Thirso González Este, de- 
seando proceder con más acierto en la división de la Provin- 
cia de Nuevo Reino, que en repetidas instancias solicitaban 
los Procuradores de ella, en cumplimiento de acuerdos toma- 
dos en las congregaciones provinciales, resolvió que antes de 
autorizarse aquella, fuese visitada la Provincia, de'modo que 
pudiera procederse con pleno conocimiento de las condicio- 
nes en que se hallaba y de la verdadera necesidad de esa di- 
visión. Encargo tan importante se confií , en 8 de Febrero 
de 1688, al P. Altamirano, autorizándolo el General para 
que practicada que fuese la visita, procediera coig^ viese 
convenir. 

La Provincia de Nuevo Reino fundada en 1604 por el P. 
Diego de Torres Bollo, abarcaba una inmensa extensión. 
Desde los Hanos del Orinoco hasta las riberas del Amazonas, 
más las extensas misiones de Maynas, comprendía la juris- 
dicción de aquella; es decir la mayor parte de Venezuela, la 
actual Colombia, el Ecuador y las montañas del Perú. Al- 
tamirano visitó prolijamente este crecido territorio, pene- 
trando á los lugares más apartados de él, salvando para 
hacerlo las variadas y casi insuperables dificultades que pre- 
sentan la multitud de caudalosos río.s que la cruzan, las ele- 
vadas cordilleras coronadas continuamente de nieve que se 



252 REVISTA HISTÓRICA 



levantan por doquiera como inexpugnables barreras, las sel- 
vas h:;bitadas de salvajes que interrumpen los caminos y la 
diversidad de opuestas condiciones climatológicas que se ad- 
vierte en aquella extensión. A más del título de Visitador 
llevó Altamirano al Nuevo Reino, el de Provincial, lo que le 
obligaba á atender al gobierno de la Provincia, imponiéndo- 
le mayores deberes. Graves 6 intrincadas cuestiones difíciles 
de solucionar se presentaron á Altamirano en su gobierno; 
pero todas ellas fueron superadas acertadamente. Pero nada 
de cuanto practicó en Nuevo Reino Altamirano, tiene la im- 
portancia de sus disposiciones relativas á Maynas. Fomen- 
tada la conquista de este territorio por orden de los Provin- 
ciales sus antecesores desde 1638, habían avanzado nota- 
blemente cuando Altamirano se posesionó del mando. Al vi- 
sitar esas misiones comprendió que no era posible implantar 
en ellas la autoridad de la Compañía de un modo convenien- 
te, ni adelantar la conquista y reducción de los salvajes que 
las habitaban, si antes no se procuraba explorar los cauda- 
losos ríos que las bañaban. Encontrábase en ellas un sabio 
é ilustre matemático jesuíta alemán, el P. Samuel Fritz, 
quien en dos años de misionero había reducido diversas tri- 
bus y fundadado con ellas 40 pueblos. Altamirano conoce- 
dor de las aptitudes de este religioso para la realización de 
sus dedeos, le ordenó penetrase en el Amazonas. En cumpli- 
piiento de ésta orden, Fiitz recorrió todo el río, levantó un 
prolijo mapa de él, y señaló su verdadero origen en el lago 
LauridOcha en el departamento de Junín,en el Perú, desauto- 
rizanáóTa creencia de nacer en otro de los muchos que con- 
fluyen en él. Ocho años empleó Altamirano en la visita de 
Nuevo Reino, y al fin de ellos y para adoptar las resolucio- 
nes oportunas que debieran poner término á su cometido, 
reunió una Congregación provincial en el colegio de Bogotá 
el 4 de Setiembre de 1695. Se consideró en ella para com- 
probar la urgencia de dividir la provincia, á más de que su 
crecida extensión impedía á los Provinciales visitarla como 
estaban obligados, en solo tres años de gobierno, que de he- 
cho existía la división, pues Quito tenía noviciado como Bo- 
gotá, y los religiosos que allí se formaban solamente servían 
en los colegios y misiones de la jurisdicción de esa presiden- 



EL P. ALTAMIRANO 253 



■ »i#t. WM^^W^X^^^^JXXl^i» ■^r ■ 



cia, cuyo territorio debía comprender la provincia que se es- 
tableciera. Altamirano, meditado el punto, y después de se- 
rias deliberaciones, estando en Quito, expidió un decreto eh 
24 de Noviembre de 1696. creando la Provincia de Quito, con 
parte de la del Nuevo Reino. Nombró Provincial de ésta al 
P. Juan Martínez Rubio y de la que se fundaba al P. Pablo 
Calderón. Constituyeron la nueva Provincia, el colegio má- 
ximo de Quito, el seminario de esta ciudad, la casa de proba- 
ción de Latacunga, y los colegios de Popayán, Cuenca, Pa- 
namá é Ibarra, y -las misiones de Maynas y de los Colora- 
dos. A la Provincia de Nuevo Reino quedaron sujetos el co- 
legio máximo de Bogotá, el de las Nieves, la Universidad de 
San Bartolomé, y los colegios de Cartajena, Tunja, Honda, 
Pamplona, 5' Mérida con las misiones de los Llanos y Ori- 
noco Los de Panamá y Popayán se sometieron á Quito, por 
ser más fácil la comunicación con éste que con Bogotá. 
Cumplido así por Altamirano el encargo que originó su 
nombramiento de Visitador y Vice-provincial de Nuevo Reí- 
no, se dirigió al Perú, para donde el mismo General P.Thirso 
•González, en 26 de Marzo de 1695, le había conferido iguales 
títulos. Por entonces se hallaba dificultada notablemente 
la correspondencia de América y Europa, y el General no te- 
ñía conocimiento exacto de la marcha de la provincia perua- 
na. Ignoraba si el Provincial nombrado por él desde 12 de 
Abril de 1692, P. Diego de Eguíluz, se hallaba ó no, en- 
cargado de esa autoridad. Por estos motivos en la patente 
de Altamirano se le prevenía que si á su llegada al Perfi en- 
contraba á Eguíluz de Provincial, entonces, ducaíite el go- 
bierno de éste, quedara únicamente Visitador, y terminado 
aquél fuese además Vice-provincial, dignidades en cuyo de- 
sempeño entraría inmediatamente si la provincia estuviera 
dirigida por cualquier otro que no fuera el mencionado P, 
Eguíluz, Este, desde 1.° de Enero de 1695, ejercía el provin- 
cialato y como hasta igual día de 1698 le correspondió, Al- 
tamirano, en obedecimiento de las órdenes de su General, 
únicamente estuvo como Visitador, desde 1.^ de Marzo de 
1697, poco días dejjpués de su arribo á Lima, hasta la ter- 
minación del gobierno de aquél, como se ha dicho, en 1? de 
Enero siguiente. 



254 REVISTA HISTÓRICA 



M^M»«MAMn««M«AA*ik 



Los trabajos de Altamirano en el Perú no fueron de me- 
nor significación que los que tenía rendidos en Paraguay y 
Nuevo Reino. Con igual empeño que en éstos procuró el 
adelanto de las misiones de inñeles, ya siguiendo la costum- 
bredesus antecesores de enviar dos religiosos de cada colegio 
de las inmediaciones á esos indígenas para explorar sus tri- 
bus y predicarles el Evangelio; ya actuando diversos expe- 
dientes que sostuvieran las misiones fundadas. La provin- 
cia tenía por aquel entonces la de Moxos, cuyo estableci- 
miento se había logrado pocos años antes. A las atenciones 
que demandaban estas misiones se aumentaron las que exi- 
gían las de Chiquitos. Estas, que se fundaron y eran soste- 
nidas por los jesuítas de Paraguay, se unieron á la provin- 
cia Peruana cuando la gobernaba Altamirano, en cumpli- 
miento de expreso mandato del General, dictado en 6 de Fe- 
brero de 1700, por cuanto por su proximidad á los colegios 
que el Perú tenía en el territorio de la Audiencia de Charcas 
podían ser atendidas más oportunamente que de las casas 
del Paraguay, cuyo colegio más inmediato á ella era el de 
Córdova, del que la separa gran distancia y algunas tribus» 
de infieles aún por conquistar. En la visita que de la Pro- 
vincia hizo Altamirano, comprendió estas nuevas misiones, 
la que como la de Moxos, exploró personalmente, penetran- 
do hasta donde ningún otro jesuíta había conseguid o llegar. 

En la misiones que el año 1698 salieron del colegio del 
Cuzco hizo la Compañía una preciosa adquisición. Afirman 
las tradiciones populares que los apostóles Tomás y Barto- 
lomé prmicaron el Evangelio á los salvajes de América, y 
muchos historiadores acogiendo esta aseveración han pro- 
curado presentar comprobantes del hecho. Un indio de Ca- 
rabuco, en donde se dice que estuvo San Bartolomé, reveló 
á los misioneros que otro indio conservaba la cruz de que 
este apóstol se había valido en su predicación. Negaba el 
poseedor la exactitud del dicho, mas los padres lograron 
vencer su resistencia, y la cruz conducida en procesión hasta 
la iglesia del pueblo fué colocada allí, arreglándosele poste- 
riormente un altar apropiado á joya de tal origen. 

Altamirano deseó establecer un noviciado en el Cuzco, 
para lo que, en 1696, había legado alguna renta el Licencia- 



EL P. ALTAMIRANO 255 



do Juan Vásquez de Castro» Para ese propósito envió al 
P. Gregorio Vásquez y tres novicios, quienes con otros de 
éstos recibidos en aquella ciudad , volvieron á Lima á los po- 
cos meses, porque la renta asignada para el sostenimiento 
de la casa no cubría sus necesidades más premiosas. Enton- 
ces Altamirano de acuerdo con sus consultores, resolvió que 
en el n oviciado de Lima se aceptaran á más de los novicios 
permitidos, todos los que pudieran fomentarse con el legado 
de Vásquez, cuyos novicios después de los votos bienales de- 
bían pasar al colegio del Cuzco para practicar en él sus estu- 
dios. Así se hizo hasta 1716 que, con mayores recursos, se 
fundó un noviciado í*n aquella ciudad. 

Los estudios no fueron descuidados por el Vice-pmvincial 
Altamirano. Consiguió del General Thirso González la erec- 
ción de cátedras de sagrados cánones, en el colegio máximo 
de Lima y en el del Cuzco, única materia que los religiosos 
de la Provincia tenían que aprender fuera de sus claustros 
para alcanzar los grados académicos en la Universidad de 
San Marcos. Nombró Altamirano Catedrático en Lima al 
célebre limeño P. José Mudarra de la Serna, que lo era en la 
dicha Universidad, y en el Cuzco al P. Pedro Romero. 

Finalmente, sin incluir otros muc hos é importantes ser- 
vicios de provecho para la prosperidad de la Provincia, el 
1^. de Agosto de 1699 retiñió en Lima la XXI Congregación 
provincial, á la que asistieron á más de él, 40 religiosos pro- 
fesos de cuatro votos. Terminó la Congregaciód el 13, ha- 
biendo celebrado once sesiones. En ellas fueron secútanos 
los PP. Joséde Buendía y José de Flores, Rectoi^de la' Paz; 
diputados los PP. Gabriel de España y Juan de Sotomayor, 
y resultaron elegidos procurad ores en España y Roma los P.P. 
José de Aguiiar, Catedrático de prima en San Pablo, José 
Pérez de Ugarte, Rector de Pisco, y Fernando Colmenero, 
que lo era de Huamanga. Los dos primeros procuradores 
se dirigieron á Europa. En la Congregación se inició, como 
se había hecho en algunas anteriores, la idea de dividir la 
Provincia peruana. En la discu sión suscitada al respecto se 
aleganm diversos fundam entos en favor de la proposición; 
entre otros,el de no ser posible que los Provinciales visitasen 
con la prolijidad debida la Provincia en el corto período de 



256 REVISTA HISTÓRICA 



SU mando, á lo que replicó el P. Altamirarto que él no había 
encontrado tales dificultades, ni aún én la Provincia del Pa- 
ragua}', cuyos caminos eran más penosos que en el Perú; sien- 
do aquella provincia de mayor extensión que ésta, pues com- 
prendía el Paraguay, Tucumán, las provincias de Buenos 
Aires y el Chaco, todo lo que él había recorrido cuatro veces 
en su provincialato, que duró igual número de años. 

El 21 de Marzo dé 1703 terminó Altamirano su gobier- 
no, entregando la dirección de la Provincia al P. Manuel de 
Herl^ y quedando como Consultor de Provincia y Rector del 
colegio de Lima. Estuvo de Rector hasta 1707, desde cuyo 
año se libró de las tareas de gobierno, siendo solo Consultor, 
cargo que conservó haeta el 22 de Diciembre de 1715, que en 
dicho colegio falleció. Desde su llegada al Perú fué Consultor 
y Calificador de la Inquisición. 

Apesar de las múltiples y variadas labores á que por más 
de 40 años estuvo ligado Altamirano, desde 1666, que co- 
menzó su rectorado en el colegio de Córdova,hasta 1707 que 
terminó él de Lima, y que debieron absorver por entero sus 
atenciones como lo manifiesta el empeño con que llenó sa- 
tisfactoriamente sus deberes, dejó en obras de mérito sobre- 
saliente, irrecusables testimonios de acendrado fervor reli- 
gioso, de su acrisolada virtud, del interés que le animabíl 
porque la Compañía cumpliese debidamente sus obligacio- 
nes, y sobre todo, de su profundo saber y de su dedicación al 
estudio. Así lo acreditan una extensa y erudita carta que 
en 1695, al retirarse de Bogotá á Quito para efectuar la di- 
visión cíe la Provincia de Nuevo Reino, dirigió á los PP. j»- 
hermanos de ésta señalándoles los medios conducentes para 
lograr la perfección religiosa. Lo comprueba también la 
Carta que en 20 de Febrero de 1699, terminada su visita en 
la Provincia del Perú, dedica á los Rectores de los Colegios 
de esta Provincia sobre la manera de gobernar, carta en que 
brillan con esplendidez ampliamente explicadas las doctri- 
nas de los Santos Padres, los consejos evangélicos y los pre- 
ceptos del Antigup Testamento, carta, en fin, que solo ella dá 

m 

título suficiente para considerar á su autor entre los ilustres 
Doctores de la Iglesia. Estas dos cartas están originales é 
inéditas en la Biblioteca Nacional de Lima. Allí hav un vo- 



EL P. ALTAMIRANO 257 



lumen in folio de más de 500 fojas conteniendo circulares ó 
cartas de edificación escritas por Altamirano, aquellas co- 
mo Vice-provincialó Visitador, y éstas como Rector del cole- 
gio máximo de San Pablo, menos la del P. Cipriano Barrase 
compañero del P. Pedro Marbán en la conquista y reduc- 
ción de Moxos, carta que escribió Altamirano siendo Vice- 
provincial y cuando no estaba obligado á hacerlo, solamen- 
te por afervorizar á sus subditos para que se apresuraran á 
ingresar á las misiones siguiendo el heroico ejemplo de Ba- 
rrase. Y fué tal su ere» peño por el progreso de las misiones 
que con el mismo propósito de la carta anterior escribió una 
Breve noticia de las misiones de Moxos. En el Paraguay 
escribió igualmente un extenso informe respecto de aquellas 
misiones. De su gobierno en Nuevo Reino, entre otros docu- 
mentos, hay dos en la Biblioteca de Lima; la Carta sobre 
la dejación del Colegio Seminario de Quito fechada en Bogo- 
tá en 4? de Junio de lG95,y por la que¡contesta á otra que en 
en 13 de Abril de ese año le dirigieron los PP. de dicho cole- 
gio manifestándole los motivos que obligaban á esa dejación, 
y una Relación sumaria del ñn que ha tenido el prolonga- 
do y ruidoso proceso con que el P. Gabriel Alvarez molestó 
por espacio de veintidós años á nuestra Compañía en la 
Provincia del Nuevo Reino de Granada. Este religioso fué 
expulsado, y entonces interpuso reclamación para que se le 
devolvieran los bienes que al hacer su profesión había cedido 
á la Prt)vincia. Altamirano reincorporó en ella á Alvarez y 
así dio término al asuntó. 

No dejó Altamirano de escribir una de las Carta^annuas, 
á que estuvo obligado en sus diversos gobiernos. Lozano en 
la Descripción del Chaco y León Pinelo en su Biblioteca ci- 
tan algunas relativas al Paraguay. En la Biblioteca de Li- 
ma existieron entre los inéditos, las Cartas respectivas á 
Nuevo Reino y al Perú. En la de esta provincia correspon- 
diente á 1701, se hace una notable descripción del lago Titi- 
caca y de los ríos que nacen ó se pierden en él, tratándose con 
minuciosidad de la historia de ese lago y los primitivos ha- 
bitantes de sus alrededores y sus islas. 

Superior á todos esos trabajos es indudablemente la 

Historia de la Provincia Peruana de la Compañía de Jesús , 
31 



258 



REVISTA HISTÓRICA 



que comprende desde 1*^ de Abril de 1568, que llegaron l^s 
primeros jesuítas á Lima, hasta 1703, que terminó Altamira- 
no su visita, para la cual hizo las observaciones necesarias 
en las visitas en la Provincia. Los últimos pliegos fueron es- 
critos poco antes que el autor finalizara su existencia. Abar- 
có esta historia 88 cuadernos en 4°, como parece del recibo 
que en 14 de Diciembre de 1764 dio al Archivo del colegio 
raAximo el cronista de la Provincia P. Victoriano Cuenca, á 
quien se entregaron todos los antecedentes que allí se halla- 
ban respecto de la historia de ésta ,que aquel P. estaba en- 
cargado de escribir. Ese recibo, lo mismo que la Historia de 
Altamirano, pasó en 1767 con todos los papeles de los jesuí- 
tas á los dominios del Estado, v al constituirse el Archivo 
Nacional formaron parte de éste, pero tan notablemente de- 
teriorados y faltos de los primeros y últimos cuadernos que 
D. Mariano Felipe Paz Soldán en su Bibliotecn Peruana, pu- 
blicada la Revista Peruana, en Lima 1879, la consigna 
bajo el número 612 del cap. IV, como anónima y solo con 
72 cuadernos. 

Que la historia reputada anónima por Paz Soldán es la 
que escribió el P.Diego Francisco Altamirano, se comprueba 
fácilmente. A más de estar toda ella escrita de letra de dicho 
religioso, quien no es posible suponer que serviese de escri- 
biente á otro autor, hay en el párrafo 14, del cap. L, lib. III 
de esa historia una advertencia que claramente deja-conocer 
quién es aquél. Refiriéndose allí que en el año de 1685 el Rey 
Carlos II ofreció al General de la Compañía P. Carlos No- 
yelle eijtr^arle todos los curatos de indios en América, á lo 
que respondió^éste que solo aceptaría los que se hallaban en 
frontera de gentiles para que fuesen servidos por los religio- 
sos de dicha orden v facilitar así la conservación v reducción 
de los indígenas, díceseenesa historia: **De todo lo cual pue- 
do yo ser testigo por haberme hallado á la sazón en la Corte 
de Madrid ocupado en negocios pertenecientes á nuestras 
doctrinas del Paraguay, como Procurador de aquella Pro- 
vincia''. Ese Procurador entonces era, como antes se ha di- 
cho, el P. Altamirano, quien elegido para el cargo en 1683, 
lo ejerció en Europa en 1688 que se restituyó á América co 
mo Visitador del Nuevo Reino. 



EL P. ALTAMIRANO 259 



La historia abunda en noticias y datos no consignados 
en ninguna de las que relativas á la época que comprende se 
-han escrito, antes 6 después de ella. Sensible es que el estado 
de deterioro en que sus originales se encuentran, pues están 
completamente carbonizadas sus fojas, no permita trasla- 
dar su contexto; daño éste para la historia patria que ha 
podido cortarse si los encargados de la conservación del Ar- 
chivo Nacional se hubiesen alguna vez interesado en no 
abandonar al tiempo y la polilla los preciosos manuscritos 
que ese Archivo encierra y van deteriorándose cada día más 
por la incuria en que se les tiene. 

A la muerte de Altamirano escribió la Carta de edifica- 
don acostumbrada el Rector del colegio P. Fernando de 
Aguilar, quien la hizo imprimir en un folleto en 4°. En esa 
carta se detiene el Rector en dar á conocer á Altamirano por 
las sobresalientes virtudes religiosas que le adornaron, más 
que por sus merecimientos al gobernar como Visitador, Vi- 
ce-provincial ó Provincial casi en su totalidad los extensos 
dominios de España en la América del Sur, pues solo Chile 
no quedó bajo su jurisdicción. Cuando estuvo de Provincial 
de Paraguay era esta Presidencia, Vice-provincia del Perú, 
y cuando fué Provincial aquí y^a Chile se hallaba constituido 
en Provincia independiente. 

Inútil es consultar aquella Carta , á no ser como 
base de investigaciones, pues no se ha cuidado en ella 
de determinar los sucesos que consigna en el orden que 
acaecieron 3^^ se olvida fijar el tiempo en que pasaron. Del 
mismo defecto adolece la Historia de la Provincia^Mél Nuevo 
Reino por el P. Cassani, en la que no solo falta orden y 
todo en la relación de los acontecimientos, sino que de la ma- 
yor partede éstos se omite señalar el gobierno del Provincial 
bajo el que se efectuaron, de modo que para determinar los 
que corresponden al período de mando de Altamirano,se ha- 
ce indispensable conocer la historia de ese reino y los años 
que aquél religioso ejerció su autoridad. Lozano en la Des- 
cripción del Chaco no es más explícito, en cuanto á Altami- 
rano en lo que respecta á esas misiones, y aún cuando con- 
signa algunos de sus hechos como Provincial de Paraguay, 
no lo hace de modo que pueda formarse cabal concepto de su 



260 REVISTA HISTÓRICA 



gobierno en esa Provincia. Monseñor García Sanz en la 
Historia eclesiástica del Perú trae una h'íograña, de Altami- 
rano, pero tan deficiente que apenas se descubre que corres- 
ponda á ese esclarecido religioso que casi 20 años pasó en el 
Perú y fué uno de sus historiadores. El general D. Manuel 
(le Mendiburu en el Diccionario histórico-briográñco delPerá^ 
los PP. Backer en su moderna obra Biblioteca de los escrito- 
res de la Compañía de Jesús, y los autores de la muy intere- 
sante y extensa Biblioteca eclesiástica olvidan por completo 
á Altamirano, como lo hace Alvarez y Baena ^n Hij»s de 
Madrid, á pesar de que recuerda á cuatro hermanos ilustres 
de aquel eminente religioso, por más que lo merece tanto 
como ellos. Sirva, pues, este pálido bosquejo biográfico para 
restituir, aunque no en todo el esplendor que le corresponde, 
la memoria del P. Diego Francisco Altamirano a la contem- 
pL'uión de los sabios, por las magníficas producciones de su 
ingenio, y á la de quienes veneran la virtud, como religioso 
perfecto. 

Enrique Torres Saldamando. (*) 



(*) Tomamos esta bio^írafia de los inéditos que de Saldamando se con- 
servan en la Biblioteca de Lima, 



Jd 



^^aél 



• ^ ^ ^V«i^»^V » ^W H l« N ^«^^ 



Canjes y correspondencia, diríjanse al Director de la 
REVISTA HISTÓRICA, señor C. A. Romero, apartado de 
Correos número 655. 

Lugar de venta y suscripción: LIBRERÍA FRANCE- 
SA, Unión 632. Lima. 



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Rj$t6rica 






Órgano del Tnstítiito Rístdríco del Perft 



SUMARIO 

Descripción de las Indias, por Pr. Reginaldo de Lizárraga 

Algo de la Colonia, por Luis Várela Orbegoso. 

Un inédito valioso (conclusión). 

Sección Oñcial: 

Memoria del Vice-Presidente D. Pablo Patrón. 

Discurso de incorporación del R. P. P. Domingo Ángulo. 

Contestación del 3r. Carlos A. Romero. 

Conferencia arqueológica del Sr. Max Uhle. 



Tomo li—TrimeHtre III 



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Z^HAJL-T^^HXJ 



Imprenta ^'^jAerioana"— Calle del.|Uuitro. d^fan.Franoieeo, K. 67. 



1©07 



Ir]stitiito Histórico del Perú 



DIRECTORIO PARA 1906-1908. 



PRESIDENTE NATO 

El Excmo. Sr. Presidente de la República. 

VICE-PKESIDENTK NxVTO 

El Sr. Ministro de Instrucción Pública. 

PRESIDENTE 

D. Eugenio lArrabure y Unanue. 

PRIMER VICE-PRESIDENTE 

Dr. D. Mariano 1. Prado y ügarteche. 

SEGUNDO VICE-PRESI DENTE 

Dr. D. Pablo Patrón. 

SECRETARIO 

D. Josa Toribio Polo. 

PRO-SECRETARIO 

D. Rosendo Meló. 

TESORERO 

D. Ricardo García Rosell. 

DIRECTOR DE LA REVISTA HISTÓRICA 

D. Carlos A. Romero. 

INSPECTOR DEL ARCHIVO NACIONAL 

D. Carlos Paz Soldán. 

DIRECTOR DE LA SECCIÓN 
COLONIA Y REPtJBLICA DEL MUSEO HISTÓRICO 

D. José A. de Izcue. 

DIRECTOR DE LA SECCIÓN 
ARQUEOLÓGICA DEL MUSEO HISTÓRICO 

Dr. Max. ühle. 



lá descripción de las indias 

DEL 

R. P. LIZÁBRAGA 



Dos palabras sobre el libro y su autor. 



Por causas para mí inexplicables, ha permanecido inédi- 
ta durante tres centurias la Descripción de las Indias de 
Fray Reginaldo de Lizán-aga, obra llena de interés históri- 
co, que permite apreciar cuál era el estado del extenso Reino 
del Perú durante los primeros años de la definitiva organi- 
zación del Virreinato- El libro no era desconocido, pues lo ci- 
ta muy frecuentemente el cronista dominicano Meléndez en 
sus Tesoros verdaderos de Indias^ dan .noticia de su exis- 
tencia León Pinelo, su adicionador Barcia y otros bibliógra- 
fos, y, además, se han aprovechado de él Barros Arana y 
otros escritores. 

Es esta obra el fruto de las observaciones del autor du- 
rante medio siglo de continuo recorrer el inmenso territorio 
del virreinato, y por eso son doblemente interesantes sus no- 
ticias : porque son observaciones propias y porque las apun- 
taba casi siempre conforme iba realizando sus viajes. "Tra- 
taréloque he visto — dice— como hombre que llegué á este Perú 
iná« há de 50 años ( el día que esto escribo ) muchacho de 
15 años con mis padres, que vinieron á (¿uito, desde donde, 
aunque en diferentes tiempos y edades, he visto muchas ve- 



262 BET18TA HISTÓRICA 



ees lo más y mejor deste Perú. De allí hasta Potosí, que son 
más de 600 leguas, y desde allí al Reino de Chile por tierra, 
que hay más de 500, atravesando todo el Reino de Tucumán 
y Chile, me ha mandado la obediencia ir dos veces : esta que 
acabo de decir y fué la segunda; y la primera por mar desde 
el puerto de la Ciudad de los Reyes. He dicho esto porque 
no hablaré de oídas sino muy poco, y entonces diré haberlo 
oído más á personas fidedignas; lo demás he visto con mis 
propios ojos, y como dicen, palpado con las manos, por lo 
cual lo visto, es verdad y lo oído no menos " ( lib. I, cap. II ). 

El libro está dividido en dos partes : la primera más de 
carácter geográfico que histórico; la segunda de carácter his- 
tórico. En aquella nos hace la descripción del Perú comen- 
zando por Guayaquil, sigue descendiendo por la costa hasta 
Lima; de esta ciudad continúa hasta la villa de Camaná, 
siempre por la costa. Pasa de allí á Arequipa, sale nueva- 
mente á la costa por Arica y se embarca de allí para Chile. 
Vuelve luego al Norte y comienza la descripción de pueblos y 
provincias por Quito, Riobamba, Cuenca, Cajamarca, Cha- 
chapoyas, Huancavelica, Guamanga, el Cuzco, La Plata, 
Potosí, etc. 

En la segunda parte se ocupa de los pi^elados eclesiáisti- 
cos de las iglesias del Virreinato desde (Juito hasta el Para- 
guay; de los vireyes que han gobernado el Perú desde Don 
Antonio de Mendoza hasta el Conde de Mcmterrey, y de los 
gobernadores del Tucumán y (Jhile. Con gran acopio de da- 
tos refiere el gobierno del Marqués de Cañete D. Andrés Hur- 
tado de Mendoza, á quien dá el nombre de Padre de la Pa- 
tria y de quien se declara entusiasta admirador ( 1 ), y la in- 

( I ) Para Licárraj^ era el Marqués de Cañete un dechado de virtudes, "de frran áni- 
mo y ffcneroso, nada amigo de derramar sangre, empero de que se hiciese justicia ". ( Par- 
te II, cap. 17 ). No está de acuerdo con la verdad histórica esta última nfírmación del P_ 
Lisárraga, pues el Marqués fué rigurosÍAimo con sus turbulentos subditos, tanto con los 
fwrcialea de Girón y dem&s rebeldes, por traidores, cuanto con los mismos servidores del 
Rey por sus desmedidas exigencias, á quienes, como el autor dice, "les parecía que para 
cada uno el Perú era poco". Por mano del mismo Marqués sabemos basta dónde llegó 
su exceso de rigor, ó si ae quiere de crueldad, pues en carta al Rey fechada en esta ciudad á 
último de febrero de 1557, dice : "La cuenta que de mf puedo dar es que, loado Nuestro Se> 
flor, me vá en esta tierra bien de salud, por ser de temple muy buena. De lo demás es tie- 
rra tan nueva, que en los ánimos de la gente no cabe paz ni quietud; aunque ya les e dado 
sobre ello algunas reprehensiones, pues serán los ahorcados, degoUmdos y desterrados^ 

detla más de ochocientos después que vine " í Documentos escojidos del Arehiro de ts 

Casa de A Iva. — Madrid. iS^i, pA?. aiS ». 



DESCRIPCIÓN DE LAS INDIAS 263 

fausta entrada de D. Francisco de Toledo á los Chiriguanas, 
& quien acompañó en ella ; sobre cuya expedición consigna 
noticias no dadas basta ahora por ningún otro autor. 

Entre las noticia.s de carácter histórico que contiene la 
Descripción, bay dos sobre que no quiero dejar de llamar la 
atención. I^a primera es sobre la gruesa muralla de piedra 
que baja desde el nevado de Vilcanota, cruza el valle y el ca 
mino real y asciende por la ladera hasta la cima del cerro 
fronterizo. Conócese esta muralla y lugar por donde ella 
pasa con el nombre de la raya, y se dice que sirve de límite ó 
división á los departamentos de Puno y Cuzco. Pues bien; 
nadie hasta ahora ha explicado, que yo sepa, el origen y sig- 
nificado de aquella muralla, y es el P. Lizárraga quien nos dá 
la clave. Después de cruentas luchas entre los Incas y los 
Collas, hechas las paces, se levantó de común acuerdo la mu- 
ralla, comprometiéndose los unos y los otros á vivir en paz 
y á no franquearla. Mas, faltando á lo pactado, los Co- 
llas rompieron el compromiso, invadiendo el territorio de los 
Incas y provocando nuevas guerras, de que resultó la con- 
quista de aquellos por los del Cuzco, quedando la muralla 
para perpetua memoria de la cosa. La otra noticia es la re- 
ferente á la pila de piedra octógona del antiguo templo del 
Sol, existente aún en el convento de dominicos del Cuzco, co- 
nocida por el Baño del Inca, y á la lámina de oro que la cu- 
bría, y que en el reparto del botín de la ocupación del Cuzco 
por los conquistadores, cupo en suerte á Mancio Sierra de 
Leguízamo. Servía esta pila para la celebración de la fiesta 
del Raimi, durante la cual la llenaban de chicha, la que des- 
parramaban luego por el suelo por un agujero que tenía en 
la parte inferior diciendo que el Sol se la había bebido (1). Se 
ha creído generalmente que lo que tocó á Sierra en el repar- 
to fué la gran efigie del Sol que estaba en el templo de su 
nombre, y aunque cabía dudar de la veracidad del hecho da*- 
da la importancia de esa pieza y la obscuridad del soldado á 
quien se le adjudicó, faltaba la comprobación. Según Liza- 

(i) Otro autor (Afanuscrito c/e US se^/ar consultado por Las Casas, que se atri- 
buye al P. Cristóbal de Molina, y publicado como apéndice á Lab antiguas gentes del 
Perút Madrid 1892), trae al respecto lo siguiente: "Tenia el primer patio [del templo del 
Sol] una grande pila de piedra, bien hecha, donde ofrecían chicha, ques un brevaje hecho 
de mafs, á manera de cerveza, diciendo quel Sol bajaba allí á beber'*. 

El Gobierno ha adquirido esta fuente y pronto será traída al Museo Nacional. 



264 REVISTA HISTÓRICA 



rraga {Des. lib. I, cap. LXIII) se cubría la fuente de chicha 
con una lámina de oro, en la cual estaba esculpido el Sol, y 
fué esa la que cupo en el reparto á Leguízarao; "que yo co- 
nocí— dice nuestro autor— de nación vizcaína, y creo pro- 
vinciano, gran jugador, jugó la lámina y la perdió." En 
cuanto á la gran efigie del Sol que estaba en el templo, pare- 
ce que los indios la ocultaron para siempre, pues en el Ma- 
nuscrito citado por Las Casas, de que dejo hecha referencia, 

dice Étsí. ** El bulto del Sol tenían muy grande de oro Es-^ 

te Sol escondieron los indios de tal modo, que hasta hoy no 
ha podido haber sido descubierto: dicen que el Inga alzado 
( Manco ) lo tiene consigo". 

El juicio que hace de los indios el P. Lizárraga es del todo 
exagerado: júzgalos del " ánimo más vil y bajo que ha halla- 
do en nación ninguna" (I parte cap. 91). Créelos hechos para 
servir á los negros; cobardes como pocas razas en el mundo, 
vengativos, hipócritas, borrachos, rufianes, incestuosos, so- 
domitas. En fin "la nación más sin honra que se ha visto". 
Este sombrío cuadro contrasta notablemente con la pintura 
que de la bondad de carácter y costumbres patriarcales de 
los antiguos peruanos nos hacen historiadores dignos del 
mayor crédito, uno de los conquistadores ya, en el trance de 
la muerte y en descargo de su conciencia, tiene un sincero 
arranque de arrepentimiento y en cláusula testamentaria 
(1) quiere que sepa la Magestad de Felipe II que cuando los 
españoles conquistaron el Imperio incaico " hallaron estos rei- 
nos de tal manera que en todos ellos no había un ladrón, 
ni hombre vicioso, ni holgazán; ni había mujer adúltera, ni 
mala, ni se permitía entre ellos, ni gente mala, vivían en lo 
moral y que los hombres tenían sus ocupaciones honestas 
y provechosas "; y de la perversión de estas gentes sencillas 
y honestas echa la culpa al ejemplo que ellos mismos les ha- 
bían dado con sus apetitos desordenados y lujuria insaciable. 
Quizá reconociendo esto mismo, el autor dice en IfneaiS más 
adelante que durante el gobierno de los Incas, los indios eran 
otra cosa. No era el P. Lizárraga un prosador del fuste de 
La Fuente ó del Padre Torres, de modo que su Descripción 



( I ) Mancio Sierra de Leguixama. Véase su testamento en Mendibuní, Dic. Hist. 
Biog. del Perú^ T. Vil, Documento N. c i. 



DESCRIPCIÓN DE LAS INDIAS 265 

está lejos de ser un monumento literario, ni mucho menos; 
pero el caudal de noticias que contiene hacía indispensable 
su publicación. 

« « 

El Padre Lizárraga era extremeño, natural de Medellín 
(1) en la provincia de Badajoz, cuna del insigne Hernán Cor- 
tés, de quien era relacionado, y debió venir á este valle de lá^ 
grimas allá por los años de 1540, pues en carta que escribió 
al Rey desde la ciudad de Concepción en 10 de marzo de 1605, 
le pedía un pequeño beneficio en el convento de su orden en 
Lima, donde había recibido el hábito, con qué poder subsis- 
tir el resto de su vida " que poca puede ser —decía— sobre se- 
senta y cinco años. Tuvo por nombre de pila Baltazar de 
Obando; pero al imponerle el hábito Fr. Tomás de Argomedo, 
Provincial de la orden en el convento de Lima, se lo cambió, 
según tenía de costumbre hacerlo con los novicios. **Si no era 
cual ó cual— dice Lizárraga — nos quitaba los nombres y nos 
daba otros, diciendo que á la nueva vida nuevos nombres 
requerían". 

Vino Lizárraga con sus padres de España á establecerse 
en Quito hacia el año de 1555, y en aquella ciudad D. Garcí 

( 1 ) El lugar del nacimiento del P. Lizárraga, ha sido muy discutido. 
El cronista dominicano Meléndez le hace vizcaíno,8Ín indicar el pueblo don- 
de nuestro autor viera la luz (Tesoros Verdaderos de Indias. Roma, 1681, 
T. I. pág. 590) y siguen á este autor Mendiburu {Diccionario Hist. Biog. 
del Pera, Lima 1885, T. V); Errázuriz (Los orígenes de la Iglesia chilena, 
Santiago 1873, pág. 174; y La Provincia Eclesiástica Chilena. Friburg 1895, 
pág. 244). Barros Arana (Hist. Jen. de Chile III, pág. 405) dice que era na- 
tural de Lizárraga "miserable villorrio de Navarra". Los Echard afir- 
man que era de Cantabria (Scriptores OrdinisProedicatorum.ll, pág. 402): 
y Fontana (Sacram Theatrum Dominicanam, Roma 1666. pág. 171); 
el Maestro Gil González Dávila (Teatro Eclesiástico de las Indias. T.H. 
p, 81); Fr. Antonio de Remesal (Hist. Gen. de las Indias Occidentales y par- 
tictúar de la Gob. de Chiapay Groaíema/a, Madrid 1619, pág. 541; Lozano 
(Hist. de la Conq. del Paraguay^ Buenos Aires 1874, III, pág, 502) y Medi- 
na (Dic. Biog. Colonial de Chile) Santiago 1906, lo hacen natural de Lima. 

El mismo Lizárraga nos da el lugar de su nacimiento. Hablando de 
Alonso Ramos Cervantes y su mujer doña Elvira de La Serna, fundadores 
de la iglesia de Guadalupe en esta ciudad, y naturales de Medellín, dice: "e 
yo nací en aquel pueblo, para que se entienda que sabe Lrios de pueblos pe- 
queños sacar un Marqués del Valle, D. Fernando Cortés, y un obispo, aun- 
que indigno para el cargo " (Cap. 36). 



266 REVISTA HISTÉRICA 



Diez Arias, primer Obispo de San Francisco de Quito, le im- 
puso la tonsura, cuando apenas contaba 15 años {Des. líb. 
I, cap II). De Quito vino á Lima y en esta ciudad i^cibió el 
hábito el año de 1560 en el convento de su orden, de manos 
del Provincial Fr. Tomás de Argomedo, á quien llama varón 
doctísimo, de grande ejemplo de vida y gran predicador. 
(;iimplido su año de noviciado, le dio la profesión el Provin- 
(íial Fr. Gaspar de (/arbajal. Desde entonces Fr. Reginaldo 
ocupó numerosos y elevados cargos en su orden, hasta que 
obtuvo la mitra del obispado de la Imperial en Chile, y des- 
pués el de la Asunción del Paraguay, donde acabó sus días. 
Nombrado vicario de la provincia de Chile, se disponía á em- 
prender el viaje cuando vacó el priorato del convento de Li- 
ma y se eligió Prior de él al P. Uísárraga. Desempeñaba es- 
te cargo cuando recibió las patentes de Provincial de la nue- 
va provincia de San Lorenzo Mártir de (,'hile, de reciente crea- 
ción, siendo Lizárraga, por ende, su primer Provincial. Allí 
se halló presente á la muerte de Fr. Diego de Medellín, Obispo 
de Santiaigo, de quien dice era pariente. Salió Fr. Regi- 
naldo para su provincia haciendo un penosísimo viaje de 800 
l^uas por tierra, en que tuvo oportunidad de acopiar datos 
para su Descripción, Cuando terminó su oficio de Provincial 
volvió á Lima, haciendo el viaje por mar y después de desem- 
peñar tan elevado cai-go, aceptó otros más humildes, como el 
de cui'a de Jauja, en donde escribió buena parte de su Desr 
cripción (1. 1, caps. 43, 71; 1. II, cap. 73) y el de Maestro de 
Novicios en el convento de Lima. Don García Hurtado de 
Mendoza, que supo aquilatar los mei'ecimientos de Fr. Regi- 
naldo, informó de ellos á Felipe II y el Monarca lo propuso 
á la Santa Sede para el obispado de la Imperial, en Chile, va- 
cante por nmerte del Iltrao. D. Agustín de Cisneros. 

Lizárraga recibió la consagración en Lima, el 24 de oc- 
tubre de 1599, pero el estado de alteración en que estaba su 
diócesis con motivo de la recrudecencia de la guerra en Arau- 
co, le impulsó á permanecer por largo tiempo en esta ciudad 
hasta que conminado por enérgica.s reales cédula>s se trasla- 
dó á su Iglesia, á donde llegó hacia fines de 1062. Mas, ape- 
nas había llegado á la Imperial, por auto de 7 de febrero de 
1603, trafilado la sede episcopal de aquella ciudad, total- 
mente destruida por los araucanos, á la inmediata de la Con- 



DESCRIPCIÓN DE LAS INDIAS 267 



cepción. Hacia 1605, Lizárraga pedía al Rey, fundándose 
en la pobreza de su obispado, que se agregase su diócesis á 
la de Santiago j que se le diese algún beneficio en Lima. El 
Rey satisfizo en parte los deseos del Prelado proponiéndole 
en 1606 para el obispado del Paraguay, que estaba vacante 
por promoción del Iltmo. D. Martín Ignacio de Loj'ola al 
arzobispado de Charcas. Llegó Lizárraga á la Asunción á 
mediados de 1608 y gobernó su Iglesia hasta fines de 1611 
ó principios de 1612, en que pasó de esta presente vida, de 
edad de más de 70 años. 

Fué, según el cronista Meléndez, un obispo de la primiti- 
va Iglesia. '*No tenía colgaduras, no gastaba doseles de Da- 
masco en su cámara; en su persona, en su familia, en la me- 
sa usaba de la misma moderación que si fuera un pobre frai- 
le''. Apesar de estos benévolos conceptos del cronista de la 
orden, algunos escritoi'es, especialmente los chilenos, tratan 
á Lizárraga con dureza. Bien es cierto que el Prelado fué un 
tanto batallador en defensa de su jurisdicción eclesiástica. 

Aparte de la Descripción de las Indias, escribió el P. Li- 
3árraga un volumen sobre los cinco libros del Pentateuco; 
otro de los lugares del Antiguo y del Nuevo Testamento que 
parecen contradictorios, poniéndolos en concordia; otro de 
lugai-es comunes de la Sagrada Escritura; tres tomos de ser- 
mones varios y uno comentando los emblemas de Alciato. 

El retrato del P. Lizárraga que vá en este libro, es copia 
del cuadro que existe en la Recoleta de Dominicos de Santia- 
go de Chile. 

Lima, Setiembre de lí>07. 





268 



REVISTA HISTÓRICA 



Pacsímiles de la firma del Padre Lizárraga. 



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Revista Histórica T. II 



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DESCRIPCIÓN 



POBLACIÓN DE LAS INDIAS 



POR FR. REGINALDO DE LIZARRAGA 



CAPÍTULO I. 

DE LA DKSCRIPOIÓX DKL PKBÍ.— DE QUÉ (IKNTE PROCEDEN 

I.OH INDIOS 

Lo más dificultoso de toda esta materia es averig'uar de 
que gentes proceden los indios que habitan estos larguíssimos 
y anchíssinios reinos; porque como no tengan escrituras, ni 
ellos ni nosotros sabemos quiénes fueron sus predecesores ni 
pobladores destas tierras, mucha j)arte dellas despobladas 
6 por la deste:Ti¡)lanza de el calor ó por el demasiado frío, ó 
por los medaños de arena y llanos estériles por la falta de 
las aguas. Porque afirmar lo que dice Platón en el libro que 
intituló Dim^o, que desembocando por el estrecho de Qibral- 
thar en el mar océano, no muy lejos de la tierra firme, se des- 
cubría una islamayor que la Europa y toda la Assia, que con- 
tenía en sí diez reinos, la cual con uaa inundación del mar to- 
da se anegó v destruyó, de tal manera que no quedó más ras- 
2 "^ * 



270 REVISTA HISTÓRICA 



trodf^lla .sino el mar aiiclio que hay por ventura desde el Ca- 
bo Verde al lirasil. Lo cual no es creíble, por no se hallar 
en ninp:ún autor mención dello, ni es posible. Lo que pa- 
rece se puede rastrear de los ]>rimeros genitores de estos 
indios descubiertos desde las ])r¡meras islas: Deseada, Mari- 
gahmte. Dominica, y las demás, Santo Domin<ro, Cuba, Ha- 
bana, Puerto Rico y la tierra firme, Reino de México y del 
Perú, es lleg'arnos á lo (pie dice Floriano de Ocampoenla 
Historín General (pie comenzó de España, que es lo sig-uien- 
te: — 'Hiue cuando los carttag'ineses eran señores de alguna 
parte del Andalucía, des(»mbocando con t;em})oral por el es- 
trecho de (iibraltar ciertos navios de los cartagineses, se 
derrotaron hasta el occidente, corriendo la derrota que 
ahora se navega por aquel mar ancho, y no pararon has- 
ta no descubir unas islas, que })or ventura son las arriba 
referidas. Y viéndolas tan fértiles y ])obladas de arboledas, 
ríos y sábanas, que son llanos abundantes de yerba como 
de vegas de pastos, los más allí se quedaron; volvieron los 
otros á Cartago, los cuales i)roponiendo en el Senado lo que 
habían descubierto y la fertilidad de la tierra, convenía po- 
blar atiuellas islas despobladas. Empero, por los senado- 
res carttagineses fué acordado por entonces se dejase de 
tratar de aquello, mandando con mucho rigor, nadie vol- 
viese á aquellas islas, ponpie tenían por más importante- 
el señorío y riqueza de nuestra España que poblar nuevas 
tierras. De estos pudo ser que navegando y buscando 
tierra Arme diesen con ella, y dellos se poblasen estos reinos. 
Y esto no parece dificultoso de imaginar, porque los car- 
tagineses que se quedaron en aquellas islas con algunos na- 
vios (con algunos navios se habían de quedar), con los cua- 
les pudo ser que navegando para España ó buscando tierra 
firme se deiToraron y dieron en ella, (pie por lo menos en 
aquella derezera dista de las islas cien leguas, y más, y menos, 
como corre la costa, así de las islas como de la tierra firme. 
Porque el día de hoy, como me refirió un español que estu- 
vo preso y cautivo en la Deseada, que los indios de ella en 
sus canoas, que son unas vigas más gruesas que mi buey, 
de madera liviana, cabndns, largas y angostas, atraviesan á 
la tierra firme, ¿i laíiobernación de Venezuela, cien leguas por 
mar, v más, cuando hav viento a la vela v cuando les falta, 



DESCRIPCIÓN Y POBLACIÓN DE LAR INDIAS 271 

á remo: guiándose (1p noche por las estrellas que tienen mar- 
cadas en aquel tiempo que es verano, donde el pobi-e remaba 
como cautivo, hasta que huyéndose al tiempo que las flotas 
nuestras vienen á Tierra Firme suelen aportar á la Deseada 
á tomar a.;rua y leña. Fue su ventura buena que, á cabo de 
pocos días, despulí? de huido y llegado al puerto, surgió la 
flota en el v le tomaron los nuestros. De día estaba escon- 
dido arriba en las copas de los árboles, que son muy grandes 
y al tos. y muy coposos y de ramas espesas, y de noche descen- 
día con no poco temor á buscar algunas raíces de él conoci- 
das, 6 aigúii poco de marisno para comer. Porque si sus 
amos le halhiran, como luego salieron en echándole menos 
en busca dé!, sin duda le flecharan y luego se le comieran. 
Son todos estos indios caribes, que quiere decir comedores 
de carne humana, bien dispuestos de cueri)o, morenotes; así 
los varones como las mujeres, andan desnudos, como si vi- 
vieran en el estado de la inocencia: son grandes flecheros y 
muy ligeros, y el cuero del ouei'po })or el mucho calor muy 
duro. Estas islas son abundantes de muchas víboras pon- 
zoñosas y culebras muy grandes y gruesas, que llaman boas; 
tienen muclias avi\s de monte v críanse en ellas muchos ve- 
nados*'. Lo que eon mucha verdad podemos afirmar es, 
que no se sabe hasta hoy, ni en los siglos venideros natural- 
mente se sabrá, de (]ue hijos ó nietos ó descendientes de Xoé 
los indios de todas estas islas ni tierra firme, ni de México, 
ni del Perú hayan procedido. 

CAPÍTULO II. 

DE LA DESCRIPCIÓN DEL PERt'^ 

Descendiendo en particular á nuestro intento, trataré lo 
que he visto, como hombre que allegué á este Verú más ha de 
50 años (el día que ésto escribo), muchacho de 15 años 
con mis padres que vinieron á Quito, desde donde, aunque en, 
diferentes tiempos y edades, he visto muchas veces lo más y 
mejor deste Perú. De allí hasta Potosí, que son más de 600 
leguas, y desde allí al reino de Chile, j)or tierra, que hay más 
de 500, atravesando todo el reino de Tucumán y á Chile, que 



272 REVISTA hist(5rica 



me ha mandado la obediencia ir dos veiíPH, ésta que acabo de 
decir y fué la segunda, y la primera por mar desde el puerto 
de la Ciudad de los Reyes. He dicho esto porque no hablare 
de oídas sino muy poco, y entonces diré haberlo oído más 
á personas fidedignas; lo demás he visto con mis propios 
ojos» y coino dicen palpado con las manos, por lo cual lo vis- 
to es verdad, y lo oído no meaos. Al^*unas cosas diré que 
parecerá contra toda razón natural, á las cuales el incrédulo 
dirá: que de lai>2^as vías etc., más el tal dará muestras de 
su corto entendimiento, porque no creen los hombres sino lo 
que en sus patrias ven. 

CAPÍTULO 1 11. 

Este reino, tomándolo por lo que habíamos los españoles, 
es largo y angost;í> : comienza ( digamos ) desde el puerto, ó 
por mejor decir playa, llamado Manta, 6 por otro nombre 
Puerto Viejo. Llámase Puerto Viejo por un pueblo de españo- 
les así llamado, que dista del puerto la tierra adentro, ocho A 
diez leguas. No lo he visto, pero sé es abundante en trigo y 
maíz y otras (comidas de la tierra, de vacas y ovejas y es 
abundante de muchos caballos y no malos; el temple es ca- 
liente, aunque teuiplado el calor. Cría la tierra muchas sa- 
bandijas ponzoñosas; y con estar en la línea equinoccial, no 
es muv caluroso : los aires de la mar lo i*efrescan. Llueve en 
él, aunque no mucho. 

Los indios de est/C puerto son grandes marinei-os y nada- 
dores; tienen balsas de madera, livianas, grandes y sufren ve- 
la y remo, los remos son canales. Visten algodón, manta y 
camiseta. Desde este })uerto en viendo los navios que vienen 
la vueltta de tierra, salen con sus balsas, llevan refresco que 
venden, gallinas, pescado, maíz, tortillas bizcochadas. Tienen 
las narices encorvadas y algfin tanto grandes. ( Diré lo que 
vi porque pase por donaire ). Cuando veníamos navegando 
cerca del puertto, llegó una balsa con i'efi'escos,d lósele un ca- 
bo; traía lo que tengo conferido: un criado de mis padres ca- 
tando algunas cosas desttas y no queriendo el indio, que el 
princii)al i)iloto era de la balsa (hablan un poco nuestra len- 
gua) quebrar de la platta que pedía por el refresco, díjole: 



DESCRIPCIÓN Y POBLACIÓN DE LAS INDIAS 273 

" Oh! qué pesado eres, no pareces sino indio". En oj^endo 
esto el indio saltó del navio en su balsa y vira la vueltta de 
tierra : ni por muchas voces que se le dieron para que volvie- 
se no lo quiso hacer; tan grande fué la afrenta que le hizo y 
tanto lo sintió. 



CAPÍTULO IV. 

DE LA PINTA DE SANTA ELENA 

Siguiendo la costta adelante, que toda ella desde la pun- 
ta de Manglares, que sin duda hay más de 121 leguas, corre 
norte sur, está la punta llamada de Santa Elena. Tiene 
pocos ó ningunos indios el día de hoy. Cuando la vi y salta- 
mos en ella eran muy pocos los que allí vivían. En esta pun- 
ta, aunque es playa, suelen surgir los navios que vienen de 
Panamá; toman agua y algún refresco. Hubo aquí antigua- 
mente gigantes y los naturales decían no saber dónde vinie- 
ron. Sus casas tenían ti^es leguas más al)ajo del surgidero 
hechas á dos aguas, con vigas muy grandes. Yo vi allí algu- 
nas traídas en balsas para hacer un tambo, que allí labraba 
el encomendero de aquellos indios, llamado Alonso de Vei-fe 
y del Peso, vecino de Guayaquil. 

Vi también una muela grande de un gigante, que pasaba 
diez onzas y más; refieren los indios por tradición de sus an- 
tepasados, que como fuesen advenedizos, no saben de dónde, y 
no tuviesen mujeres, las naturales no los aguardaban: die- 
ron en el vicio de la sodomía, la cual castigó Dios enviando 
sobre ellos fuego del cielo y asi se acabaron todos. No tiene 
este vicio nefando otra medicina. 

Hay también en este puerto, no lejos del tambo, una fuen- 
te como de brea liquida, que mana, y no en pequeña cantidad, 
de la cual se aprovechan algunos navios en lugar de brea, 
como se aprovechó el nuestro, porque viniéndonos anegan- 
do entramos en la bahía de(.'araques, doblado el cabo dePa- 
sao, ocho leguas más abajo deilanta, de donde se envió el 
bajel con ciertos marineros á esta puntta por esta brea 
(creo se llama Copey) y traída, se desea i-gó todo el navio. 
Diósele lado y con el Copey cocido para que se espesase más, 



274 REVISTA HISTÓRICA 



brearon el navio, y saliendo de allí navega nios sin tanto pe- 
ligro. Dícesp es boníssimo remedio para curar heridas fres- 
cas, como no haya rottura de nervio. 

CAPÍTULO V. 

DEL PUEBLO DE GUAYAQUIL 

De aquí por mar en balsas se vá al segundo pueblo de es- 
pañoles, no sé las leguas que hay, doblando esta i)unta. á 
Santiago de Guayaquil, y también se camina por tierra llana 
y en tiempo de agua es cenegosa. 

Este pueblo Santiago de Guayaquil es muy caluroso por 
estar apartado de la mar. Tiene mal asiento [)or ser edificado 
en terreno alto, en figura como de silla estradiotíi, por lo cual 
no es de cuadrar; ni tiene plaza sino muy pequeña, no cuadra- 
da por la una parte, y por la otra dest? cerro tiene la ribera 
de un río grande y caudaloso, navegable; empero, no se puede 
entrar en él si no es con creciente de la mar, ni salir si no es en 
menguante, tanta es la velocidad y violencia del agua cres- 
ciendo ó menguando. Críanse en las casas muchas sabandi- 
jas, cuales son culebras y alguna víbora, sapos muy gran- 
des, ratones en cantidad. Están cenando, v en las camas v 
vénse las culebras correr por el techo tras el ratón, que son 
como las ratas de España. Al tiempo de las agua.^, infinitos 
mosquitos, infinittos zancudos cantores, de noche infintísi- 
mo8,no dejan dormir. Otros pequeños que 'íe día solamente 
pican llamadas rodadores, porqne teniendo llena la barri- 
ga como no pueden volar, déjanse caer rodando en suelo, y 
otros, y los j)eores y más pequeños, que se llaman jejenes y 
comejenes importuníssimos, métense en los ojos y donde })i- 
can dejan escociendo la carne por buen rato, como pequeña 
comezón. 

Es pueblo de contratación por ser el puerto para la ciu- 
dad de Quito .y por se hacer en él muchus y muy buenos na- 
vios, y por las sierras d(* figua que tienen las montañas el río 
arriba, de donde se lleva á la Ciudad de los Heves mucha v 
muy buena madera. Tiene otras excelencias notables, la pri- 
mera la carne de puerco es aquí saludable; las aves bonísi- 



DEFCRirClÓN Y POBLACIÓN DE I.A» INDIAS 275 

mas y scbíe tcdo el agua del río, paiticulai mente la que ee 
trae de Guayaquil el viejo, que es donde se pobló este pueblo. 
Van i)or ella en balsas grandes eu una marea y vienen en otra. 
Dicen esta agua corre por encima de la zarzaparrilla, yerba 
ó bejuco notísimo en todo el mundo por sus buenos efectos 
l)ara el mal grande, ó bubas por otro nombre, las cuales se 
verán aquí mejor que en parte de todo el Orbe y sana muy 
en breve los pacientes, dejándoles la sangre tan y)urificada co- 
mo si no hubieran sido tocados de esta enfermedad, con sólo 
tomarla por el orden que aquí se les manda guardar. Empe- 
ro, si no se guardan por lo mejios 6 meses, tornan á recaer. 
Yo vi un hombre gajo en un valle, distrito de Quito, llama- 
do Riobamba, que no podía comer con sus manos y lo pusie- 
ron en una hamaca para llevarlo á que se curase en este pue- 
blo, V dentro de seis meses le vi en los Revés tan sano como 
si no hubiera tenido enfermedad algima; y otros he visto 
volver sanísimos, suficiente excelencia para contrapeso de 
plagas referidas. No se dá trigo en este pueblo, mas dase 
maíz muy blanco y el pan que de él se hace es mejor y más 
sabroso que el de nuestro trigo. Dánse muchas naran- 
jas y limas y frutas de la tierra en cantidad, baenas y sabro- 
sas, y la mejor de todas elhis son las llamadas badeas por 
nosotros. Son tan grandes como melones; la cascara verde, 
la carne (digamos) blanca, no de mal sabor; dentro tiene 
unos granillos, pero menores que garbanzos, con un caldillo 
que lo uno y lo otro comido sabe á uvas moscateles; las más 
finas es regalada comida. 

.Por este río arriba se sube en balsas para ir á la ciudad 
de Quito, que dista deste pueblo 60 leguas en la tierra, y 
tierra fría, las veinte y cinco por el río arriba, las demás por 
tierra. Al verano se sube en cuatro ó cinco días; al invierao 
en ocho cuando en menos tiempo, porque cerca de á mulo dé- 
jase la madre del río y delineándose sobre mano derecha á las 
sábanas, que son unos llanos muy grandes, llenos de carrizo, 
f)ero anegados del agua que sale de la madre del río; llévause 
las balsas con botadores, porque el agua está embalsada y 
no corre: es cierto que si la tierra no fuera tan cálida y llena 
de mosquitos, causara mucha recreación navegar por estas 
sábanas. En ellas haj' algunos pedazos de tierras altas, que 
son como islas, donde los indios tienen sus poblaciones con 



276 HEVI8TA HISTÓRICA 



abundancia de comidas y mantenimientos de los que son na- 
turales á sus tierras, mucha caza de venados y puercos de 
monte; que tienen el ombligo en el espinazo; pavas, que son 
unas aves negras grandes, y estas coloradas y no malas al 
gusto. Hay también en estas islas tigres, no poco dañosos á 
los indios, y es cosa de admiración: en estas cabanas hay mu- 
chas casas ó barbacoas, por mejor decir, puestas en cuatro 
cañas de las grandes en cuadro, tan gruesas como un muslo 
y muy altas, hincadas en el suelo; tienen su escalera angosta 
por donde suben A la barbacoa ó cañiz donde tienen su ca- 
ma y un toldillo para guarecersa de los mosquitos. Aquí 
duermen por miedo de los tigres; muchos de estos indios es- 
tán toda la noche en peso sin dormir, tocando una flautilla, 
aimque la música, para nosotros á lo menos, no es muy sua- 
ve. Estas barbacoas no sustentan más que una persona. 

Todo este río, á lo menos en la madre que yo vi, es 
abundante de caimanes ó lagartos, que son los cocodri- 
los del río Nilo, muy grandes, de veinte y cinco pies de largo 
y dende abajo, conforme á la edad que tienen; encima del 
agua no parecen sino vigas, y son tantos que muchas veces 
vi á los indios que renuiban y guiaban las balsas, darles de 
palos con los botadores para que nos dejasen pasar. 

Y pues habemos venido á tratar de estos lagartos 6 
caimanes, será justo decir sus propiedades, las cuales yo he 
visto. Tienen la misma figura que un lagarto, pero tan lar- 
gos como acabo de decir; son velocíssimos en el agua; duer- 
men en tierra y en ella son perezosíssimos, y esto es necessa- 
rio por ser de cuerpos tan grandes y de barriga anchos, los 
pies y manos cortos, el sueño es pesadíssimo, por que lo que 
sucedió con uno destos, en Panamá, é yo le vi muerto en la 
playa, pasó así: que una mañana de San Juan se salieron 
tres mujeres enamoradas, las cuales vi en aquella ciudad, 
con sus hombres á lavarse al río. que es pequeño y cerca del 
pueblo. El tiempo es caluroso y de aguas por ser el invierno, 
aunque por San Juan suelen cesar por algunos días, y así se 
llama el veranillo de San Juan. Llegaron al rio y en unas 
}>ozas entraron á bañar, en la cual se había un caimán que- 
dado, que con una avenida se subió de la mar por el río an-i- 
ba y como cesó la avenida no })udo volverse ala mar, donde 
hay muchos, que en este arroyo no se crian. El caimán esta- 



DESCRIPCIÓN Y POBLACIÓN DE LAS INDIAS 277 

* II I ■ ,- ■■ ^ I . I . I I ■ I ■ » ■ ■ lili I ■ I 11 1^ 

ba durmiendo en tierra; bañáronse estas mujeres y saliendo 
una á enjugarse, pareciéndose peña el caimán dormido, sentó- 
se encima de él una; y saliendo la otra llamóla, convidándola 
con la peña blanda. Salió la tercera y convidándola sentó- 
se más hacia la cola, donde los caimanes tienen unas conchas 
agudas, y como se espinase con ellas, dijo: ¡Oh, quéespirto- 
sa peña! y tentando con la mano (no era aún de día) levantó 
la cola del caimán y conociéndolo dio voces: ¡caimán! ¡cai- 
mán! I^s demás levántansenopoco alborotadas; llamaron á 
sus hombres que se habían apartado un poco, el río abajo. 
A las voces acudieron, y con sus espadas mataron al caimán 
antes que entrase en el agua. El mismo día por la mañana le 
trajeron unos negros arrastrando á la ciudad y lo pusieron 
en la plaza, donde todo el pueblo lo fué á ver. Conocí y traté 
auno de los que iban con estas mujeres, que se halló presente, 
llamado Brachamonte, de quien y de otros oí lo referido. 
Tenía de largo 18 pies. 

Vi también en esta misma ciudad otro caimán muerto 
en el portette de ella, á donde los navios pequeños y fraga- 
tas con la marea entran y con ella palen, que unos iiegros de 
un vecino de aquella ciudad, llamado Cazalla, viniendo de 
una isla de su amo á este poi-tete con la ci ecientte de la ma- 
i'ea al caso, le hallaron, que í-e había quedado en la men- 
guante precedente en la lama ( aquí en esta playa de Pana- 
má crece y mengua la. mar ties leguas y tcdo este espacio es 
lama). Echáronle un lazo y muerto le trujeron por la popa 
de la fragatta. Este caimán era muy grande; tenía de largo 
veinte y dos pies: j'o le vi medir. Víle desollar, y del buche le 
sacaron muchas piedras, que me paiece habría 3 copas de 
sombrero, de las comunes, unas mayores y otras menores; y 
las mayores tan grandes como huevo de gallina. Es cierto 
comen piedras y con el calor del buche las dijieren; estaban 
lisas y por algunas partes gastadas. Vi taml;i(n que de- 
bajo de los brazos (seámetícito decir) del sobaco, le sa- 
caron unas bolsillas llenas de un olor que no paiecía si- 
no almizcle: estocuran al sol, y huele como el mismo almiz- 
cle. Entonces llegó del Pirti un hombre rico llamado líoz- 
mediano y la piel de este animalazo le dieron. ÜK-ia lo 
había de llevar á España y ponerlo en Santiago de Ga- 
licia. 

3 



278 REVISTA HISTÓRICA 



No tienen lengua sino paletilla pequeña con que cubren y 
abren el tragatlero, por lo cual debajo del agua no pueden 
comer. Tienen los dientes por la una parte acutíssimos; por 
la otra encajan unos con otros: hecha presa no la sueltan 
hasta que la han despedazado. 

' Es cosa graciosa verlos cazar ga-viotas, pájaros boV>c)s 
y cuervos marinos y otras aves. ( -uando éstas se abaten de 
arriba abajo á pescar, velas venir el caimán y por debajo 
del a<»:ua vá á donde la pobre ave dá consigo en el agua y vi- 
niendo con tanta velocidad delinear la caída, como el caballo 
en medio de la carrera; entonces el caimán, antes que llegue 
al agua, abre la boca, y {)ensan(lo el ave dar con el agua dá 
en la boca del caimán, y pensando cazar la sardina i1 otro 
pez es cazada, y el caimán la abre afuera del agua, levan- 
tada y trágase la gaviota ó cuervo marino. El buche de esta 
bestia es calidísimo; aprovéchansede él bebido en polvos con- 
tra el dolor de hijada; son amicíssimos de perros y caballos 
y por ésto la balsa donde van la siguen muclms leguas. 

Cuando están cebados y encarnizados en carne humana 
son muy dañosos y hacen el dailo de esta manera: para ha- 
cer la presa en elinlio 6 negro que lava en el río, ó coje 
agua, vienen muy ocultan te por debajo deella,y viendo la su- 
ya vuelven con una velocndad estraña la c:)la y dan con ella 
un zapatazo en el indio 6 negro. Cae el indio en el agua, al 
cual, al instante, le echa nmno con la boca de donde pueden: 
llév^anlo el río, 6 mar adelante hasta qu.^ lo ahogan y sacán- 
dolo á tierra se lo comen. Da esfos caimanes hay mucha 
cantidad en otros ríos, así de esta costa como de Tierra Fir- 
me y México; como el temple sea caluroso en esta del Peni, 
no [)asan del gran río de Montape adelante. 

Por este río de Guayaquil arriba (como hemos dicho) 
se sub(»n balsas grandes hasta el desembarcadero 25 leguas. 
Hasta el día de hoy hay recuas de muías 6 caballos que llevan 
las mercaderías á aquella ciudad y á otros pueblos que de 
Panamá vienen á Guayaquil. Viven en esta ciudad y su dis- 
trito dos naciones de indios llamados Guancavillcas, gen- 
te bien dispuesta y blanca, limpios en sus vestidos y de buen 
])arecer. Los otros se llaman ('honos, morenc^s, no tan po- 
líticos como los Guancavillcas. Los unos v los otros es gen- 
te guerrera; sus armas arco y flecha. Tienen los Chonos mala 



DEFCRirClÓN Y POnLAClÓN DE LAB INDIAS 279 

fnnia en el vicio ueíaiido. Kl caLelIo tiaeri un poco alto y el 
cai)otte lia^quilado, con lo cuul los demás indios los afren- 
tan en burlas y en veras, llánianlos j)erro8 Chonos, cocotta- 
dos como luego diremos. 

Desde aquí, á pocasleguas andadas, se llega á un conven- 
to de San Agustín, fundado en el valle llamado Keque, que tie- 
ne i)or nombre Nuestra Péñora de Guadalupe. Por queFran- 
cisco Lescano, á quien el Marques deCañete, de buena memo- 
ria, por ciertos indicios desterró áEspaña ^volviendo acá tra- 
jo una imagen de Nuestra Sra. del tamaño de la de Guadalu- 
pe de España. Plisóla en la iglesia del pueblo de aquel valle 
que los padres de San Agustín tenían á su cargo, dándola es- 
te nombre de Nuestra Sra. de Guadalupe. 

Luego que se puso hizo muchos milagros, sanando diver- 
sas enfermedades, particularmente á los quebrados. Oí decir 
al padre Fr. Gaspar de Carbajal (el cual me dio hi ¡)rofe- 
8Í6n) que siendo muy enfermo, como también le vi para Es- 
paña de esta enfermedad, fué á tener unas novenas y las tuvo 
en aquel convento, y al cabo de los nueve días se halló sano 
y salvo de su quebradura, como si en su vida no la hubiera 
tenido y nunca más padeció aquella enfermedad, viviendo 
después muchos años. 

Ya. han cesado estos milagros y aun la devoción de la 
imagen, por la indevoción de los circunvecinos. El convento 
es religioso de mucha recreación. Susténtanse en él de 16 á 
20 religiosos con mucha clausura y ejercicio de letras. 



CAPÍTrLO VI. 



DEL VALLE DE CHICAMA 



Pocas adelante leguas, no creo son dos jornadas, corre 
el valle de (.'hicama, abundante. Los hijos de los es])añoles 
que nacen en este pueblo, ])()r la mayor parte son gentiles 
hombres y las mujeres les hacen gran ventaja, y atín á todas 
las del Perú; cré<\*^e que el agua es gran partí» en este parti- 
cular, ponpie donde la hay buena, las mujeres son muy bien 
dispuestas, que donde no es tal. Esto la experiencia lo dice. 



280 REVISTA HISTÓRICA 



Saliendo, pnes, de la ciudad de Guayaquil para la mar en 
una marea ó poso más menguante, se llega ala isla Lam puna, 
cuyo nombre corrompido llamado Puna, cuyos indios fueron 
belicosos mucho; comían carne humana. Estaba basta,nte- 
ment<e poblada: produce oro y mucha comida. Toda su co>ta 
es abundantísima de pescado; produce también cantidad de 
sabandijas ponzoñosa.*», culebras, víboras y otros animales. 
Por la costa de ella, particularmente la que mira la tierra, s? 
ven muchos caimanes; dista de la tierra firme poco más de 
ocho leguas. 

Estos indios se comieron al primer obis|)o que hubo en 
estos reinos llamado fray Vicente de Víilverde, religioso de 
nuestra sagrada. Orden, con otros españoles. Fué obispo de 
más tierra que lia habido en el mundo, j)c>rque desde Panamrt 
hasta Chile se prolongaba por mar y por tieiTa su obispado. 
Era fama en aquella isla hal)?r un t??íoro ricjuíssimo que los 
indios tenían escondido; desi)achóle el Marqués Pizarro des- 
de la Ciudad de los R9yes oii poc*a g^nte para que lo descu- 
briese y sacase. Los indios eran ivcién conquista-<los, los 
cuales recibiendo á nuestro obispo y á los que con él iban 
de paz, y sabiendo á lo que venían, los descuidaron y descui- 
dados, dan en ellos, mátanlos y cómenselos: por esto son 
afrentados de los indios comarcanos, llamándoles perros 
lampuna, come obispo. Estos indios son grandes marineros; 
tienen balsas grandes de madera liviana, con las cuales na- 
vegan y se meten en la mar á {)e.scar muchas leguas. Vienen 
á Guayaquil con ellas cargadas de j)escado, lizas, tollos, 
camarones y otros; suben al desembarcadero, que dejamos 
dicho, del río de Guayaquil. Cuando en este río se encuen- 
tra estOvS indios con los chonos, sa afrentan los unos á los 
otros; los chont)s dícenles:— Ahí perro lampuna, come obispo. 
Los la:npnnas:— Ah ! perro chono cucotarro, notándolos del 
vicio nefando. Esto vi y oí. Hay en esta isla plateros de oro 
que labran una chaquira de oro, así la llamamos acá, tan d »- 
licada. que los más famosos artífices ni los de otras naciones 
la saben, ni se atreven á labrar. De éstas usaban las muje- 
res principales collares para sus gai-gantas; llevóse á Espa- 
ña donde era en mucho tenida. Prolongando la costa y co- 
rriendo norte sur pocas leguas adelante— no son 20— llega- 
mos al puerto llamado Túmbez, que más justamente se ha de 



DEaCRlPnÓN Y POBLAHÓN DE LAS INDIAS 281 

, , - - - - — 

llamar playa y costa bravia. Tiene esta playa un río grande 
y caudaloso de buen ag:na, pero los navios que antig'iiamen- 
mente allí aportaban, no entraban en él por la mucha mar de 
tumbay olas, unas tras otras, que continuamente quiebran en 
811 boca, viniendo má.s de media legua de la mar; por lo cual 
es ditícultuoso entrar en él, afin balsas: y son aguas vivas, es 
imposible so pena de {)erecer. 

El río no tiene otro nombre que río de Túmbez; solía ser 
mucho má,"^ poblado que ahora y los más délos indios tenían 
811 pueblo casi cuatro le;ruas el río arriba, donde ahora están 
poblados. íios pescadores vivían en la costa. Eran belicosos 
y fornidos; llueve rara vezen este paraje, éya desde esta costa 
sino es por maravilla no hay lluvias y (como adelante dii'e- 
mos) h.ista Coquimbo, el jirimer pueblo de Chile. 

Los que no vivían de pescartenían ])or oficio ser plateros 
de oro. Labraban la chaquira que acabamos d^cir en el ca- 
pítulo precedente, tan delicada como los indicas de la Puna, y 
HÚn más. Lábranla de esta suerte, como lo vi, estando en 
aquel ])uertto. El indio que labra, tiéndese de largo á largo, 
sobre un banquillo, tan largo como él; habrá de un geme alto 
del suelo: la cabeza tiene fuera del banípiillo y los brazos ten- 
diendo una mantayencim i i)ünen su^ instrumentos. Fueron 
no pocos: ahora cuasi no hay algunos, hanse consumido y so 
van consumiendo: la causa, las borracheras. 



CAPITULO VIIL 

DKL ufo DE MOTA PE 

Pasando la costa adelante y metiéndonos un poco la 
tierra adentro, j)or ser la costa muy brava, lle;i'am()s veinte 
leguas andadas, ])oco niAs 6 menos, al gran río Motape, don- 
de hay un {)uerto de este nombre, (¿uien antiguamente go- 
bernaba, en esta provincia, que por por*as leguas se estiende, 
eran las mujeres, á quien los nuestros llanmn capullanas.por 
el vestido (]ue traen y traían á manera de capuces. c(m que se 
cubren desde la garganta álos ])ies.yel dia de hoy casi en to- 
dos los llanos usan las indias este vestido: unas se ciñen por 
la cintura, otras le traen en bandas. Estas capullanas, que 



282 REVISTA HIHTOHICA 



eran las señoras en su infidelidad, se casaban como querían, 
porque en no contentándolas el marido, le deseclialían y ca- 
sábanse con otro. Kl día de la boda, el marido eseopdo se 
sentaba junto á la señoi-a y se hacía gran fiesta de borrache- 
ra; el desechado se hallaba allí, |)ero arrinconado, sentado en 
el suelo, llorando su desventura sin (jue nadie le diese una 
sed de agua. Los novias con grande alegría haciendo burla 
del pobre. 

CAPÍTULO IX. 

DEL PUERTO DE PAITA 

De aquí al puerto de Paita debe haber 10 leguas, poco 
más o menos. Es muy bueno y seguro; no le he visto: es es- 
cala de todos los navios que bajan del puerto de la Ciudad 
de los Reyes á Panamá y México y de los que suben de allá 
para estos reinos. Si tuviera agua y alguna tierra fructífera 
se hubiera allí i)oblado un i)ueblo grande. ein{)ero por esta fal- 
ta y de leña hay en él pocas casas. El suelo (»s arena; traen en 
balsas grandes el agua de más de diez leguas los indios po- 
cos que allí viven. Las balsas son mayores que las de Tííin- 
bez y la IMmá; atrévense c(m ellas Abajar hasta la Puna y 
hasta Guayaquil y volver doblando el cabo Blanco, que es 
uno de los trabajosos de doblar, y ninguno más de esta costa 
del Perú. Aprovéchanse de velas en estas balsas y de remos 
en calmas. 



CAPÍTULO X. 



DE LA CirDAD DE PIURA 

I)ea(piínos metemos un poco la tierra adentro, deben 
ser otras 17 leguas, á la ciudad llamada San Miguel de Piura. 
Esta fué la primera (jue edificaron los españoles en este i-eino. 
Era ciudad de rezona bles edificios, casas altas v los vecinos 

t 

ricos, parti(íii)aban de los indios de los llanos y de la sierra. 
Llueve (íu esta ciudad, aunquejjoco. Es abundante de mante- 



DESCRIPCIÓN Y POBLAClrtx DE LAS INDIAS 283 



nimientos, así de los de la tierra como de los nuestros y de 
ganados. Es muy cálida por estar lejos de la mar; la tierra 
produce muchas sabandijas sucias y entre ellas víboras, cule- 
bras y arañas. De las frutas nuestras, cuales son membrillos 
g-ranadas. manzanas y otras de muy buen sabor y grandes 
son las mejores del mundo, pero tiene esta ciudad un contra- 
I)eso notable, que es ser enfermísima de accidentes de ojos y 
son incunibles. porque al que no le salta el ojo, queda ciego 
C(m unos dolores incomparaV)les; apenas vi en aquella ciudad 
hombre que no fuese tuerto. Esta enfermedad es comíin en 
todos los valles qu^* de esta ciudad hay á la de Trujillo, aun- 
que no son tan continuos, ni ásperos, y á (]uien más fi'ecuen- 
te les dá es á los españoles; á los indios raras veces. 

CAPÍTULO XI. 

RÍO DE MOTAPE 

De aquí camina la tierra adentro á 12 y menos leguas de 
la costa de la mar hasta la ciudad de Trujillo, que son 80 le- 
guas tiradas; en cuyo camino hay un despoblado de 12 leguas 
y más sin agua hasta el vallede Jayanca. Este es muy fírtilde 
muchos indios y elírobernador de él muy e-^pañolado. V^ístese 
como nosotros. Sírvese de españoles con su vajilla de plata. 
Es rico V de buenas costumbres. El valle es tan abundante 
de mosquitos, zancudos cantores y de los rodadores que es 
como milagro poderlos sufrir los indios ni los españoles. Yo 
he caminado veces por los llanos y aunque en todos los A'a- 
lles hay mosquitos, no tantos como en éste. 

CAPÍTULO XI L 

DE LOS LLANOS 

Y para que se entienda (jué llamamos llanos y sierra ad- 
viértase qu;» desde este valle de Jayanca, y aún más abajo 
desde Tijnibez, aunípie allí alcanzan algunos aguaceros, has- 
ta Copia])ó,que es el primer valle del distrito del reino deChi- 



284 REVISTA HISTÓRICA 



le, A lo menos desde el valle deSaiita, hasta ropiaj)ó,no llue- 
ve jamás, ni se aonerdan los habitadores de ellos haber lloví- 
do. Todo el camino, diez leonas, en aljrnnas partes 8, en 
otras (i y 4- leguas en otras, hasta la costa de la mar, es are- 
na muerta, aunque hay pedazos de arena ó tierra íija en al- 
gunas partes y á trechos: entre estos arenales proveyó Dios 
hubiese valles anchos, unos más que otros, por los cuales co- 
rren ríos mavores ó menores, conforme á como tienen má« 
cercano, ó vienen de más adentro de la sierra su nacimiento; 
la tierra de todos estos valles es de buen migajón, la cual re- 
gada con las acequias que \o» naturales tienen sacadas para 
regarlas, es abundantísinm de todo genero de comidas, así 
suyas como nuestras. Cójese mucho maíz, trigo, cebada, frí- 
joles, pepinos, etc. Tienen muchas huertas con mucho mem- 
brillo, manzana, camuesa, naranjas, olivos que haman... .mu- 
cha y muy buena aceituna :1a grande mejor que ladeCóixiova 
porque tiene más que comer. En muchas de ellas se dá vino 
muy bueno y la cana dulce se cría, por lo cual son cómodos 
parahigenios de aziicar,en muchos de los cuales los hay, como 
en su lugar diremos. Fuera de la abundancia que los valles 
tienen de mieses, son abundantes de árboles frutales, como 
son huayabas, paltas, plátanos, melones, ciruelas de la tierm 
y otras frutas. Mucho algarrobal;c(m la*s frutas de los árbo- 
les engordan los ganados abundantísimamente, haciendo la 
carne muy sabrosa, pero hay en algunas partes unos algaiTO- 
bos parados por el suelo que llevan una algarrobilla, la cual 
comida de los caballos ó yeguas, luego dan con la crin y 
cerdas de la cola en el suelo, y })or(iue en el valle de Santa 
hay más que en otros valles se llama la algarrobilla de San- 
ta, de donde cuando algún hombre por enfermedad se pela, 
le dicen haber comido la algarrobilla de Santa. 

FÁ rey de esta tierra, á quien comúmnente llamamos el 
Inga, para que en estos arenales no j)erdiesen los caminantes 
el camino, tenía puestas de trecho á trecho unas vigas gran- 
des, hincadas muy adentro en la arena, por las cuales se go- 
bernaban los pasajeros. Ya esto se ha perdido ]H>r el descui- 
do de los corregidoi'es del distrito. ])or lo cual es necesario 
guía.' Entrando en el valle por una parte y otra iba el ca- 
mino real entre dos paredes, á manera de tapias, hechaí* 
.de barro de mampuesto, de un estado en alto derecho como 



DERCK1I»C1ÓN Y POBLACIÓN DE LAS INDIAS 285 

una vira, poique los caminantes no entraben A hacer daño á 
las sementeras, ni co<¿;iesen una mazorca de maíz ni una liua- 
yaba, so pena de Ja vida, que luego se ejecutaba. Estas 
paredes están por muchas partes ya derribadas y los cami- 
nos no en pocas partes van por detrás de las paredes. En 
tiemiH) del Inga no se consintiera ir por los arenales; ya di. 
jinios no se puede caminar sin guía, y lo más del año se 
ha de caminar de noche por los grandes calores del Sol. Los 
guías indios son tan diestros en no perder el camino de día 
ni de noche, que parece cosa no creedera. 

Lo que llamamos y e3 sierra, son unos cerros muy altos, 
muchos de los cuales por su altura, aunque están en la mis- 
ma línea Kquinocial, como es Quito y mucha parte de aquel 
distrito, y desde allí á Potosí, que son tíOO leguas incluidas 
entre el Trópico de Capricornio, porque Potosí está en veinte 
grados, es muy frío; y en partees, y no pocas, las sierras llenas 
de nieve todo el año y otros lugares por el frío inhabitables 
lo cual los antiguos filósofos tuvieron por inhabitable, res- 
pecto del mucho calor por andar el Sol entre estos dos trópi- 
cos de Cáncer á la parte del Norte y de Capricornio á la par- 
te del Sur, 22 grados y meilio apartado cada uno de la línea. 

En esta tierra hay muchas y muy grandes poblaciones en 
valles que hay y en llanos muy espaciosos, como son los del 
Collado. Corre esta cordillera comunmente de 17 á 20 leguas 
de la mar, y lo bueno deste Perú es esta tierra que dista de 
la ('ordillera á la mar y aún de Chile, como diremos. 

CAPÍTULO XIIL 

DEL CAMINO DE LA COSTA 

Volviendo á nuestro propósito, desde Jayanca áTrujillo, 
ahora tres años, pocos más ó menos, se caminaba á la tierra 
adentro ocho leguasy diez de la costa dé la mar, ó se declina, 
ba á la costa. Yo vine por la costa, donde las bocas de los 
ríos eran pobladas de muchos pueblos de indios muy abun- 
dantes de comida y pescado; aquí hallamos gallinaj** ca- 
britos y puercos de valde, porque los nmyordomos de los 
encomenderos (jue en estos pueblos vivían no nos pedían más 



286 REVISTA HISTÓRICA 



precio que tomar las aves y pelallas, y los cabritos deso- 
llarlos, y el maíz desgranarlo. Todos estos indios se han 
acabado, por lo cual ya no se camina por la costa, que era 
camino máíi fresco y no menos abundante que el otro. Los 
indios que quedaban, porque totalmente no faltasen, los han 
reducido el valle arriba, donde los demás vivían. 

Era realmente para dar gracias á Nuestro Señor, ver 
unos pueblos llenos de indios y de todo mantenimiento, el 
cual se daba á todos de gracia : la cansa de la destrucción de 
tanto indio, diré cuando trataré de sus costumbi-es y para 
que aquí sea suficiente decir, las borracheras. Bajando pues 
de Jayanca á la costa y caminando por ella se venía á salir 
á siete leguas de Trujillo á un valle llamado Licapa. 



(^APÍTULO XIV. 



DE LOS DKM.ÍS VALLES 



Volviendo pues á Jayanca y continuando el caminóla 
tierra adentro, apocas leguas unos de otros, ^evá de vaheen 
vahe, lo cual, si bien se considera, no parece sino que desde Ja- 
yanca áTrujillo es todo un valle en diversos ríos; em]»ero, to- 
dos de muy buena agua quelos fertiliza en gran manera. Kn- 
treelloshay uno llamado Saña abundantíssimo, adonde j)ocos 

años á esta parte se ha i)obladoun jmeblode españoles de no 
poca contratación por los ingenios de azúcar y corambre de 
cordol)anes,y i)or las muchasharinasque de él se sacan para 
el reino de Tierra Firme. El puerto no es muy bueno: dista del 
jmeblo algunas leguas; ni en toda esta costa desde Paita á 
Chüoé, que es lo ultimo poblado de Chile, los hay buenos;lo8 
más son ))layas. Con el quetienen embarcan sus mercaderías 
para la Ciudad de los Reyes y para Tierra Firme. Esla pobla- 
ción deSaña destruye á la ciudad deTrujillo, porque dejando 
sus casas los vecinos deTrujillo se fueron á vivir áSaña. 



DESCRlPnÓX Y POBLACIÓN DE LAS INDIAS 287 



rAPÍTULO XV. 

DE NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE 

Abundante, anoho jlarpo, donde había muchos indios 
doctrinados i)or religiosos de nuestra orden, encomendados 
al Capitán Diego de Mora, varón muy principal en este rei- 
no. Entre otros religiosos nuestros de mucha virtud y cris- 
tiandad que en la doctrina de aquel valle se han ocupado, 
fué unoel padre Fr. Benito de Xarandilla, el cual, después que 
entró en él, nunca de él salió ])ara. vivirenotra parte. Aquí se 
consagró á Nuestro Señor j)re(lican(lo el Evangelio á los indios 
con admirable austeridad debidaen todo lo tocante ásu pro- 
fesión, sin ja-más se conocer en él cosa de mal ejemplo, sino 
gran celo á la conversión de aquellos naturales, donde vivió 
más de 55 añosy ha pocos años, no han dos cuando esto escribí 
(jue Nuestro Señor le llevó, como piadosamente creemos, á pa- 
garle sus trabajos. Los indios de este valle tienen dos lenguas 
quehablan: los pescadores unaydificultosÍ8sima,y laotra no 
tanto. Pocos hablan la general del inca. Este buen religioso 
las sabía ambas, y la más dificultosa mejor. Su caridad pa- 
ra con los indios era muy grande, porque curarlos en sus en- 
fermedades, repartir con ellos su ración y quedarse ó conten- 
tarse para su mantenimiento con un poco de maíz tostado ó 
cocido, era como natural. Varón de mucha oración y peni- 
tencia, doquiera que estaba se había de levantar á media no- 
che á rezar maitines, y á cualquiera hora que le llamaban 
para confesar al enfermo, con toda el alegría del mundo se le- 
vantaba, y aunque el río viniese muy crecido no le temía 
más que si no llevara agua, y es muy grande al verano. Este 
es común lenguaje entre los indios, quedecían ))asaba el río en 
un macho (jue la orden le había concedido por sobre el 
agua á cuahjuier hora, y cuando más agua ti^aía el río. Esto 
no lo escribo por milagro sino como cosa comunmente dicha 
entre los indios. 

F]n el valle tiene nuestra sagrada religión un (convento 
priorato que (»ste religioso venerable fundó, dor.de se susten- 
tan de 8 á 10 religiosos y favoreciéndolo Nuet-tio Señor se 
sustentarán más, porque las haciendas v¿inen crecimiento. El 



288 REVISTA HIRTÓKICA 



valle es abnndaiitíssimo de pan, vino, maíz ydeniás manteni- 
mientos; críanse en él admirablemente los olivosqne cai^pran 
deaceitnnas muy buenas. Los demás mantenimientos Ala tie- 
rra naturales, boníssimos. Es famoso por un ingenio de azú- 
car que allí plantó el Capitán I)ie;2:o <le Mora. Una cosa que 
por ser peregrina la diré: que los valles de los llanos abundan 
en moscas y las hay dentro y fuera, de las casas de los indios 
y de los españoles; en la casa que llaman del azúcar y donde 
se hacen las conservas y están las tinajas llenas de todo géne- 
ro de ellas, no se halla una. ni s? vpn; helo visto por eso lo 
digo, pues la miel y el azúcar son madres de moscas. 

CAPÍTULO XVI L (*) 

DE LA CirOAI) I>K TIU'JILLO 

Dista la ciudad de Trujillo del valle de ( -liicama cinco le- 
guas tiradas. La [)rimera vez que la vi era muy abundante y 
muy rica; los ve.íiu os con:] uistadores. unos hombrazos tan lle- 
nos de caridad para con los pasajeros, que en viendo en la 
plaza un hombre no cíuiocido ó nuevo en la tierra ( que lla- 
mamos chai)etón ), á mía sobre tuya, lo llevaban á su casa, 
hospedaban, regalaban y ayudaban para el camino, si allí no 
le daba gusto hacer asiento. Un vecino de aquellos cuando 
salía de su casa ocupaba toda la calle; no había niezón en- 
tonces ni en muciio.n años desjnias, ni carnicería ; á todos so- 
braba lo necesario y aun más y el (]ue no lo tenía no le fal- 
taba, porque los encomenderos les enviaban el carnero, va- 
ca, .y lo demás cada día. Liberalíssimos pai*a con los pobivs; 
sus casas muy hartas y sus cajas muy llenas de oro y plata: 
ya todo ha cesado y sus hijos han qr.cdado pobres. porqiJe 
no siguen la cordura y raras vec\s hinchen las sillas de sus 
padres. 

Dista esta ciudad del puertto, si así se ha de llamar sien- 
do costa brava, dos leguas. Surgen los navios más de legnay 
media de la playa. En el desembarcadero hay mares de tumbo 



(•) Así en el original, del capítulo XV pasa al XVII; probablemente 
por error de numeración del mismo autor. 



DESCRII^IÓN Y POBLACIÓN DE LAS INDIAS 289 



linos tras otros con tantn violencia cuanta experimentan los 
que allí se desembarcan. Acjní hay nn ])nel)leznelo que del 
puerto toma el nombre, llamado Huancliaco: los indios son 
grrandes nadadores y pescadores, no temen las olas ])or más 
que sean. Entran y salen en unas balsillas de juncos grue- 
sas llamados enea, que no sufren dos personas, y las que 
las sufren han d? ser muy «xrande^-;; en lle^*ando á tierra 
cuando vienen depr-scar, toman la b.ilsa á cuestas y la llevan 
ásu casa. donde, 6 en laplaya.,ladeshac?n y enjugan, y cuan- 
do se quieren aprovechar de ella, tórnanla á atar. Conocí en 
esta ciudad, entre otros vecinos y encomendeíos, al cajatán 
Don Juan de Sandoval. hombre muy amigo de pobres, gran 
cristiano, muy rico, casado con una señora muy i)rincipal, 
de no menores ])artes que su marido, nacida en el mismo pue- 
blo, llamada Doña Florencia de Val verde, hija del capitán 
Diego de Mora y de Doña Ana de Valverde. Este caballero 
tenía antes que muriese ca[)ellanías instituidas en todos los 
monasterios. Su enterramiento escogió en el de San Agustín, 
cuya capilla mayor edificó, auuíjue no quiso el althar mayor 
fuese suyo. Al lado del Evangelio hizo un althar. advocación 
de los ángeles, que adornó con retablos famosos y muy ricos 
ornamentos labrados en Esj)aña; dejó mucha renta y poca 
carga de misas, con la cual se va edifí(*ando el convento, ó 
por mejor decir, se ha edificado. En el convento de nuestro 
Padre Santo Domingo se le dice ])eri):^tuame:ite la misada 
Nuestra Sf»ñora todos los sábados del año v cada día la salve 
cantada después de completas, como es antiguo uso en la or- 
den desde su fundación. Dejó balitante renta;en el convento 
de San Francisco también tenía su memoria dn misas a' deió 
renta ])ara <]ue se ])ague la limosna dellas. Mucho tiempo 
del que vivió teuíñ en el puerto desta ciudad indios pagados 
á su costa para que, en llegando el navio al surgidero, (pie ya 
dije es de la playa mas de legua y media, sal¡(»st»n sus balsi* 
llas,fu€»sen al navio y avisasen saliesen ó no saliesen á tieiTa, 
porque como el navio surge tan lejos, no quebrasen con las 
olas en tierra, y avisados no corien riesgo. Antes que este 
caballero tuviese i)agados indios para esta boníssima obra 
perdíanse muchos bajeles y los que en ellos venían, j)orque vi- 
niendo á desembarcar metíanse en tierra no virndo el peli- 
gro. Es esta ciudad, como las demás de los llanos, combatida 



290 KEVISTA HISTÓRICA 



de terremotos, aunque no tan recios como desde el para 

arriba. 



CAPITrLO XVIII 



l)h LX (HACA DE TUIJILU) 

Hállanse en estos reinos, ¡)articula riñen te en los llanos, 
unos enterramientos coinfinmente llamados o-uacas, cjue son 
unos como senos de tierra amontonada á manos, debajo de la 
cual los señores destos llanos se enterraban, y con ellos, se- 
gún es fama, y aun experiencia, ponían t¿ran suma de tesoros 
de oro é})lata, y la mayor cantidad de i)lata, tinajas grandes 
y otras vasijas y tazas j)ara beber, (jue llamamos c()(*:)s. La 
g-uaca más famosa era una (]ue estaba por má.s de media le- 
gua de la ciudad de Tiujillo,d(^ la otra banda del río, de un edi- 
ficio en ])artes terrapleno, en partes de ladrillos grandes, ó 
por mejordecir, de adobes pequeños. Este edificio era muy al- 
to y debía tener (si como marineros nos es lícito hablar) po- 
co menos de media le<iua. (¿uién lo edificase no hay memo- 
ria, nilos indios tal oyeron df^cir á sus ante¡)asados:para edi- 
ficarlo es imposible sinoí]ue se pasaran muchos añosy labra- 
ran en el suma de indios. Si no se ve, no se i)uede creer: siem- 
pre se entendióera enterramiento, y aúnenterramientos 6 se- 
pultura de muchos señores, cuales fueron los señores de aquel 
valle de Trujillo, (pi(^ se entiende fueron mucho antes que los 
Ingasy poderosíssimos.asíen ri^iuezas como en ánimos para 
sugetar mucha i)arte dest(» reino; iK)rque á cuatro leguas de 
la ciudad deíjuanian^aseha hallado otroedificio. aunque di- 
ferente, [HM'o figuras de indios como las de los deste valle de 
Trujillo: d(* donde se colige hasta allí haber llegado el seño- 
río destos señores y aun ])asado hasta el (/ollao, pon]ueen 
un ])uebl() df^ste Collao, Tiaguanuco, se vé otro edificio de 
cantería y piedras muy grandes, muy bien labradas, semejan- 
tes á éste cerca de (íuamanga, (]ue los que allí hacen noche 
lo iban á ver á maravilla. La i)i*imera vez que ])or allí pasé, 
habrá 2í)añ()s. con otros dos religiosos, lo vimos y nos admi- 
ramos, ponjue no teniendo estos indios ])icos, ni escotas, ni 
escuadras paia labrar aquellas piedras, verlas labradas co- 



DESCRIPCIÓX Y POBLACIÓN DE LAS 1NDIA8 291 

■ I- " ■ ■ ■ ■ ^■ » ■ ■--■ ■ ■ ■ ■ ■■ I ■ ^^.■- ■ — - ■■■i» 

iiio 8i cantf^^M'os iiiin'fino^ la hubieran labrado, causaba admi- 
vaoiÓTi. Había ])nertas de tw^^ piedras y <ri'aTides, las dos que 
servían á los lados, la otra de umbral alto. Vimos allí una 
fig'ura de sola una piedra (jue pareijía de «i*i<i*ante, según era 
grande, corona en la cabeza y talabarte, como los anchos 
nuestros con su hebilla. Preg-untar qué noticia se tiene desta, 
gente no hay quien la dé, y porque este edificio es semejante 
al de junto á Guanianga, se cree haberlo hecho un mismo se- 
ñor y que éste era señoi- de Trujillo, (jue para memoria su- 
ya donde le parecía lo manda.ba edificar. (V)sa cierta no hay 
Los señores principales des te valle de Trujillo se llanmban 
como propio nombre(-himu,y de unohasta el día de hoy hay 
memoria deste nombre, añadiéndole otro como por sobre- 
nombre, Cápac, (pie junto se nombraba Chimo Cápac, que quie- 
re decir Chimo riquíssimo. Lo que se colige es (jue destos 
Cliimos era la guaca de Trujillo enterramiento. Los vecinos 
de Trujillo viendo aquel famoso edificio y teniend(3 noticia 
haber allí gran tesoro enterrado, sin que hubiese rastro ni 
memoria quién allí lo puso, ni á qué herederos les hubiesse de 
venir, iuntáronse alg'unos vecinos de indios v no vecinos v he- 
cha compañía, determinaron de cavar á la ventura, como di- 
cen. Dien^n en algunos aposentos debajo de tierra y finalmen- 
te dieron en nnicho tesoro y no en el ])rincipal, como se tie- 
ne por cierto. Cri[)olesámás de ciento y se.-<enta mil pesos, pa- 
gados quuitos. pero no sé que se tenía aquella plata (pie nin- 
guno la gnz6: fuéseles como en humo. Verdad sea (pie gasta- 
ban á su albedrío y sin orden alguna. O t tros cavaban en 
otras i)artes; sacaron alguna i)lata, no tanra como los de es- 
ta com[)añía. Comenzando á sacar i)lata desta guaca, todos 
los valles de los llanos se hundían (*avando guacas y regis- 
trando; sacharon ])lata de la l)(jlsa, pagando jornaleros, (*ava- 
dores y mucha tierra; nunca, empero, halla i'Oii lo (pie deseaban. 
Hubo en este tiempo en (:*! valle de Lima un famoso hereje, creo 
inglés, que junto al pueblo de Surco, (]ue es un puel)kj, él sólo 
caval>a una guaca (jue llaman de Sur(!o y por lo (pie después 
cuando ])res() y des(jubiert() ser hereje se entendió aguardaba 
otros de su herejía (pie habían de venir. Allí se estaba de día 
y de noche cavando y sacando la tierra, él proj)io, mal vesti- 
do. Venía á la ciudad, que dista de la guaca una legua, pedía 
por amor de Dios y llevaba poco que comer, hasta que se des- 



292 REVISTA HISTÓRICA 



cubrió ser hereje. I*res()])or el Santo oficnojiistíhHininmente lo 
quemaron en el primer autto (jue ion señores incjuisidoies hi- 
cieron. 



(WI^fTCLO XIX 



IJICL VALLK I)K SANCTA 

Desde esta ciudad de Trnjillo, 18 leo;ijas más adelante la 
costa en la mano. Herramos al valle y puerto llamado Sanc- 
ta. abundante mucho de todo «renenxle mantenimientos, don- 
de se comienzan á Inuer trai)iches de azúcar v innv buenos. 

I • «. 

Muy cerca, del ])uerto se ha j)oblad() un pueblo de españoles, 
el cual si tu viera indios de servicio fuera en mucho crecimien- 
to. Tiene pocos indios n-iturales, bájanlos de la sierra de la 
provincia cpie Hamamos (iíuailas. Ks en notable daño de los 
indios, son serranos y corren ^ran riesji^fo sus vidas, como en 
todas jiartes y todas las veces (jue á los llanos bajan. Tiene 
niu(?has y muy buenas tierras todas de rieg'o,(*()n acecpiias de 
un río de boníssima a«i;ua y muy grande, que })ocas veces se 
deja vadear. Pásase (Mi balsas de calabazos, y es lo más segu- 
ro. Estas balsas las hacen los indios mayores ó menores, co- 
mo es la gente ó hato que se ha de pasar. Los cala bazos son 
muy grandes y redondos; jxnienlos en una red á la larga 8 ó 
10, otros tantos en otra y así lo ensanchan conforme son los 
que han de balsear. Ilá(tenla de seis, siete y ocho hileras de ca- 
labazos; las redes atan unas con otras; atadas, encima echan 
leña y rama; se meten las personas y el hatto. Luego dos 
indios, grandes na dadores, como lo son todos los délos llanos, 
atan una so^a á la balsa y ciñéndosela )>or el hombro toma 
cada uno su calanazo gi-ande y echándose sobie él nadan, y 
desta. suíMK» ll-^van y [)asan la balsa de la otra i)arte del río 
por ])c)C() prciio (pie se les dá. Kste río desemboca, vinien- 
do dií Trujillo. u;i p.)c-) m:is abajo del ])ue]'to, por cuya boca 
nosepiie.le entrar ni tomar agua,emi)ero de la acequia prin- 
cipal (pie ])asa p )r cima del pueblo, sale una pecpieña que cae 
en la playa del pu(»rto. 



DESCRIPCIÓN Y POBLACIÓN DE LAS INDIAS 293 



CAPÍTULO XX 

DE LOS DEMÁS VALLES Á LOS REYES 

Deste valle al de Chancay ponen 50 leguas, en las cuales 
pasamos por seis valles, todos al)undantÍ8s¡n!OH,8Í los natu- 
rales no hubieron faltado, que los labraban para todo género 
de mantenimientos con bastante riego de sus acequias saca- 
das, pero ya perdidas. El primero esCasma la baja y Casma 
la altü, donde han quedado pocos indios, que apenas pueden 
sustentar un sacerdote. De aquí vamos áGuannej^ mejor va- 
lle y de má,s indios, con puerto no muy seguro {)or la mar de 
tumbo al desembarcar. Tiene mucho pescado, mucha ar- 
boleda, algarrobas que se llevan álos Reyes. Luego entramos 
en el de la Barranca, fertilíssimo de trigo é maíz y de tierras 
muchas y muy gruesas. De aquí se lleva la mayor parte de 
trigo que en los Reyes se gasta. Hay en él dos ingenios de 
azúcar boníssimos; el río es no tan grande como rápido y pe- 
dregoso, por lo cual en todo tiempo es difícultoso de pasar. 
Tiene puente tres leguas arriba, á la cual por no ir algunos 
se han ahogado; aquí hay unos pocos de indios poblados. 
Pasado el río, luego se sigue el de Guaura, que tiene las mis- 
mas calidades que éste con otros pocos de indios, y de donde 
se lleva mucho maíz é trigo á los Reyes, por mar. Tiene 
puerto, no muy seguro. 

CAPÍTULO XXL 

DEL VALLE Y CIUDAD DE LOS REYES 

El valle donde se fundó la Ciudad de losReves, llamado 
Rímac en lengua de los indios, sin hacer agravio á otros, es 
imo de los buenos, y si dijere uno de los mejores del mundo 
muy ancho, abundante de muchas y muy buenas tierras, to- 
das de riego, pobladas de chácaras, como las llamamos en 
estas partes, que son heredades donde se dá tri<:(). maíz, reba- 
da, viñas, olivares; á las aceitunas llamamos criollaiá,8on la* 

5 



294 REVI8TA HISTÓRICA 



mejoren del mundo, camuesas, manzanas, ciruelas, peras, plá- 
tanos V otros árboles frutales de la tierra, membrillos v«:ra- 
nadéis, tan tos é tan buenos como los de Zaragoza. Las legum- 
bres, así de nuestra España como las de acá, en mucha abun- 
dancia en todo el año; el agua del río no es tan buena como 
la de los demás valles de estos llanos, respecto de juntarse 
con el río principal otro no de tan buena que la daña, pero 
proveyóle Dios de una fuente á tres cuartos de legua de la 
ciudad de una agua tan buena, que los mé<licos no se si qui- 
sieran fuera tal. Oí decir á uno de ellos, y el mH« antiguo que 
hoy vive, que la fuente desta iigua le había quitado más de 
tres mil pesos de renta c.vda año, poi'.jue tlespues que el pue- 
blo bebe della, las enfermedades no son tantas, particular- 
mente las cámaras de sangre, que se llevaban á muchos. Es- 
ta agua se trujo á la ciudad y en medio de la[)laza hay una 
fuente muy grande, bastante para darla el agua necesaria, pe- 
ro porque es grande y más sin costal aprovéchase de ella. En 
los barrios hay sus fuentes como en la plazeta de la Inquisi- 
ción, en la esquina de las casas del licenciado Renjifo,en el ba- 
rrio de San Sebastián v en todos los monasterios v en casáis 
de hombres principales y en las cárceles, y en Palacio hay dos, 
porque comolas calles span encuadroy el agua vaya encaña- 
da por medio délas calles, es fácil de la calle ponerla en casa. 

Llamaron los fundadores, que fueron el Marqués Don 
Francisco Pizarro y sus pocos (compañeros á este pueblo 
la Ciudad de los Reyes, ponpie en este día la fundaron. Dié- 
ronle, aunque acaííio auspicatíssimo nombre, porque si mu- 
chos reyes la hubieran ennoblecido en tan breve tiempo co- 
mo diremos, no hubiera crecido más, ni aun tanto nuts co- 
mo el favor del cielo sea mayor que el de los hombres: Nues- 
tro Señor, por intercesión de los santos Reyes, la ha multiph- 
cado. Es la silla metropolitana de todo este reino, de (¿uito 
á Chile. Aquí reside el Virrey con el Audiencia, la Sancta In- 
quisición y aquí se fundó la Universidad. De todo diremos 
adelante más en particular lo que á esto toca, cuando trata- 
remos de los virreyes y {)relad()s t^clesiásticos. 

El río desta ciudad en tiempo de aguas en la Sierra, que 
llueve como en nuestra España, es muv arande v extendido, 
no tiene madre, como no la tienen los demás destos llanos. 
Corre por cima de mucha piedra rolliza, antes que tuviese 



DESCRIPCIÓN Y POBLACIÓN DE LAS INDIAS 295 



puente muchas personas se ahogaban en él queriéndole va- 
dear, porque, aunque tenían una puente de madera de horco- 
nes hincados en el suelo, estaba tan mal parada que no seatre- 
vían á pasar por ella y no podían pasar sino uno solo, y con 
sus pies, lo cual visto por el Marqués de Cañete Don Andrés 
Hurtado de Mendoza , de buena memoria, llamado el Limosne- 
ro, o^i-an amigo de pobres, dio orden cómo se hiciese puente 
toda deladrilloycal,de siete ó ocho ojos, que comiénzase des- 
de la barranca del río, adonde casi llegábanlas casas reales y 
desde los molinos del capitán Gerónimo de Aliaga, secretario 
que fué déla Audiencia, quehaceu casi calle con las casas rea- 
les, alcual diciendo los ofit^iales maestros de la obra que mejor 
se fundaría más abajo, donde estaba la puente de madera que 
acabamos de decir, aunque había de ser más larga, porque ha- 
ciéndola allí el río se iba á su camino sin echarlo á la ciudad, 
lo cual forzosamente se había de hacer, haciéndola donde el 
Virrey lo mandaba, y que la barranca era señal evidente ys, 
el río había llegado una vez allí y había de llegar otra por el 
común refrán: al cabo de los años mil vuelve el ríoásu carril, 
respondió la mandaba hacer en aquel sitio porque los pasaje- 
ros que viniesen de abajo y pliegos de su Magestad de España, 
por tierra, entrasen á una cuadra de las casas reales donde el 
virrey viviese, y por la calle derecha á la plaza, una cuadra 
della; y cuanto aechar el río ala ciudad que no habían de ser 
los virreyes tan flojos que el río la hiciese daño; palabras real- 
mente de gran republicano, como lo era. Con todo eso, como 
diremos, ha hecho daño el río si los virreyes no tienen ánimo 
para remediarlo. No creo ha habido en el mundo ciudad que 
en tan breve tiempo ha\'a crecido en el número de monasterios 
ni igualmente á los religiosos que en ellos sirven á Dios, ala- 
bándole de día y de noche y ejercitándose en letras para el 
bien délas ánimas como esta de los Reyes, habiendo ayudado 
muy poco ó nada los príncipes y gobernadores destos reinos 
á la edificación dellos. El más principal y el primero della 
es el nuestro, llamado Nuestra Señora del Rosario; no ha 68 
añosque se fundó. FA primer fundadorfuéel padre Fr. Juan de 
01ia«;su sitioesuna cuadra de la plaza y muy cercano del río. 
Oí decir á los viejos lo que aquí referiré de su fundación: llegado 
el Marqués Pizarro con los demfis concpiistadorf sueste valle, 
después de haber preso en Cajamarca á Atabali y habiendo- 



296 REVISTA HISTÓRICA 



le muerto, vinieron con él dos religiosos, uno nuestro, el so- 
bredicho, y otrode la orden del glorioso padreSn. Fraacisco; 
eligieron para fundar su ciudad el sitio que ahora tiene, que es 
el mejor del valle, junto al río ala barranca, raí*i del Oriente, á 
ladelSurporlapart-ede arriba, una cequia de agua ancha que 
atraviesa todo el valle de Oriente á Poniente; por la parte del 
Poniente el puerto llamado el Callao, dos leguas de la Ciudad 
de los Reyes carreteras; por la parte del Norte el camino real 
paraTrujillo y dende abajo señalaron sus cuadras 3' sitios 
para casas, y á los dos religiosos dijéronles: vosotros no sois 
más que dos, vivid ahora jun tos en este sit io que os señalamos, 
que es el que tiene ahora nuestro convento. Llana la tierray 
conquistados los indios del valle, que ala sazón eran muchos, 
el quesequisiere quedarcon ese sitio sequedarác(niéI;nlotro 
le daremos el que más cómodo le pai-eciere. Sucedió así, acep- 
tando los dos religiosos ser el partido, que un día vinieron to- 
dos los indios del valle v otros llamados sobre los nuestros, 
los cuales dijeron á los religiosos: padres: vosotros no habéis 
de pelear; tomad en esa bota vmo y bizcocho,y á los que es- 
tuvieren cansados v flacos dadles de comer v beber v á los 
heridos recojedles y lavadles las heridas con vino. Los indios 
llegaron donde los nuestros los esperaban con gran vocería; 
así pelean' EJlpadredeSn. Francisco pareciéndole no le conve- 
níaesperar el fin de la batalla ni hacer lo encomendado, que en 
aquél trance le era muy lícito, puso faldas en cinta, tomó la 
vía del puerto; llega cansado lleno de i)olvo, sudando y á los 
pocosde los nuestros que allí había dejad o el Marqués con dos 
navios V no nmchos soldados con dos caballos dales nueva 
que el Marqués y los demás eran muertos y solo se él había es- 
capado. El capitán de los navios ( creo era el capitán Juan 
Fernández, de quien abají) haremos mención ) con los demás 
hirieron el sentimiento justo, tuvieron por perdido el mejor rei- 
no del mundo y })erplejos no sabían qué se hacer si por ven- 
tura desamparaban el puerto 3' se volverían á Panamá, ó á 
Trujillo ó aguardarían otra nueva. Kl buen padre instaba 
en ser verdad ló por él afirmado; finalmente resolviéronse en 
que dos soldados, los más valientes, con sus armas tomasen 
los caballosy caminando por la ciudad fuesen á ver si era así, 
y cuando lo fu?se, no era p;)sible todos quedasen muertos, 
alguhos escaparían 3' encontrarían en el camino ófuera de él 



üESCRIPClrtN Y POBLACIÓN DE LAS INÍ)LV8 297 



y á estos recojiesen y volviesen al puerto y entonces delibe- 
raríanloqnemá« conviniere. Salennuestros dos valientes sol- 
dados en sus caballo-i, armados, llenos de tristeza, ^ no con me- 
nos temor en el camino que muy poblado era de arboleda, alo 
menos laleg:uay media. Cada hoja que se meneaba l^^s parecía 
ejércitos de enemipros, i)ero prosiguiendo su camino, sin encon- 
trar hombre viviente, llegan á la ciudad y hallan á los nues- 
tros alcanzada la victoria, curando á los heridos, y los sanos 
descansando del trabajo de la batalla. Su alegría fué nmy 
grande cuando vieron cuan al contrario era lo que el padre 
de San Francisco dijo.de lo que por sus ojos vieron. Llegan 
donde estaba el Marqués, dan cuenta de lo dicho y la razón 
por qué vinieron, el cual con los demás estaban cuidadosos 
qué hubiese sido de aquel padre, no imaginando se hubiese 
huido sino que por ventura los indios se lo hubiesen lleva- 
do; empero sabida la verdad del hecho, el Marqués mandó 
embarcarlo y en el primer navio que despachó á Panamá, lo 
llevaron con juramento que hizo qu? mientras viviese no le 
habían de entrar fraile de San Francisco en su gobernación; 
y así se cumplió, no siendo bien hecho ni lícitamente jurado. 
Aquél no fué defecto sino de un fraile particular pusilánime, 
y por este defecto no se había de perder ni carecer del bien 
grande que la religión del seráfico padre San Francisco, 
donde quiera que vive hace. Si los del puerto le desampara- 
ran creyendo lo diclio por este religioso, en gran riesgo lo 
ponían al Marqués y á los demás de perderse; porque como 
el reino sea mnv o;rande y muchos los indios, si les faltaran 
navios con qué enviar á pedir socorro á Tierra Firme, total- 
mente se perdería. Nuestro religioso puso también sus fal- 
das en cinta, arrebató su bota v bizcocho y á los cansados 
dábales de beber y un bocado á los heridos. Curaba como 
mejor podía y así andaba en medio de los que ])eleaban. 
Desta suerte quedamos con el sitio que ahora tenemos, el 
cual entonces pareció el más cómodo; ahora no lo es i)or no 
se ])oder extender tanto es necesario, y por el río que es mal 
vecino en todas partes. Después muchos años, poblaron los 
padres de San Francisco y tienen el mejor sitio del pueblo y 
más que todos los conventos juntos, aunque del río corren 
un poco de riesgo, como nosotros, y se correrá más si no se 
remedia. 



298 líEVIfiTA HT8T(5rICA 



CAPÍTULO XXII. 



DE NCEHTRO CONVENTO 



Quedando pues, eon este sitio, que es de cuadra y media 
de lar^o, de ancho no tiene cuadraentera (porque la barran- 
ca del río no dá lu<í:ar á ello por (íorrer al spsgí))^ se comenzó 
á edificar el convento. Km|)ero. quien con más ánimo fué el 
más valeroso y no menor religioso, gran predicador, gran 
servidor de su Magestad, Fr. Tomás de San Martín, á (juien 
por otro nombre llamaban el Regente, por haberlo sido en 
la Española ó isla de Santo Domingo. K^ite religiosíssimo 
padre siendo provincial en esta provincia, y el primero, á 
quien dio por nombre San Juan Bautista, comenzó el difi- 
cio de la iglesia de bóveda, de tres naves, e hizo la mitad de 
la iglesia, dejando los cimientos de lo restante sacados. Oí 
decir al padre Fr. Antonio de Figueroa, un religioso nuestro 
muy esencial, gran siervo de Dios, verdadero hijo de Santo 
Domingo, que fu^ mi maestro de novicios, que le acaecía á 
este ínclito religioso, siendo como era provincial, salir de ca- 
sa por la mañana con un bordón, á pie, é ir una legua, poco 
más ó menos, á hi (galera y estar allí todo el día en peso has- 
ta la noche que se venía al convento, sin comer y lo que ha- 
llaba en el convento era un poco de cai)ado fiambre, porque 
entonces no se había multii)licado tanto el ganado nuestro 
mayor ni menor (jue hubiese carnero ni se comía en la ciu- 
dad, y con tíuita alegría pasaba este trabajo con)o si tuviera 
todo el regalo del mundo; parecía adivinaba el aumento 
que Nuestro Señor había de hacer en breve tiempo de reli- 
gión, cristianidad y letras en aquella casa. 'Desjmés hié este 
varón heroico primer obispo de la ciudad de La Plata, aun- 
que no llegó á. sentarse en su silla; llevándole la Magestad 
del muy Alto ])rimero á gozar de su gloria. El día de hoy se 
ha acabado la iglesia con la buena diligencia del maestro 
Fr. Salvador de Rivera, hijo (leste convento, aplicando jus- 
tíssimani.:ínte todo cuanto puede de los religiosos que se ocu- 
pan en doctrinar á los indios y tan bien acabada, que en In- 
dias ninguna mejor: sola una falta se le pone, y sin envidia. 



DESCRIPCIÓN Y POBLACIÓN DE IíAB INDIAS 299 



que la capilla mayor es pequeña, la cual tiene un retablo 
muy aA'en tajado. 

CAPÍTULO XXIII. 



DE LAS CAPILLAS 

La capilla colateral es por la parte del Evangelio, la pri- 
mera: se lUnna del Crucifijo. Ksta es del capitán Diejsro de 
Agüero, varón famoso entre los conqnistarlores deste reino, 
el segundo después del Marqués Pizarro. Dotóla vasta- 
mente; dícensele dos misas rezadas cada semana, sp.^ víspe- 
ras y misa mayor el día de Santiago, en el cual día tiene un 
jubileo pleníssimo y cinco aniversarios. Dejó demás desto 
la mitad de unas casas para reparos de la capilla, que hoy 
rentan más de 500 pesos cada año. 8u hijo, el capitán Die- 
go de Agüero, la ha ennoblecido mucho, puso en ella un reta- 
blo grande á i)roporoión de la capilla, con un cnicifijo de 
muy buena y devota figura , y en el retablo muchas reliquias 
de santos en sus medallas, que le dio el convento. Luego se 
sigue la capilla nombrada de San Juan de I^etrán, donde tie- 
ne su enterramiento junto al althar, al lado del Evangelio, 
el capitán Juan Fernández, quien dijimos era caintán de los 
navios (]ue estaban en el puei*to cuando el ])adre de San 
Francisco se huyó de la batalla que tuvo el Marqués Pizarro 
con los indios en la plaza. Dotóla su dueño muy aventaja- 
damente con limosna para dos misas rezadas cada semana 
y con las octavas de todos Santos, vigilia y misa cantada, 
y el día de San Juan Bautista vísperas é misa con sermón, 
con bastante limosna. Y dejó para re|)aro de la capilla y 
oniamentos buena renta, que la cobra el convento y la gas- 
ta en lo susodicho. El arcediano de la santa Iglesia des- 
ta ciudad viene cada año por nombramiento del señor de la 
(^pilla á tomar cuenta en qué se distribuye la renta para el 
ornato de la capilla, y se le dá un tanto señalado por el capi- 
tán Juan Fernández y)or este cuidado y trabajo. Un provin- 
cial nuestro, Fr. Salvador de Rivera, con poco acuerdo, y 
aún con no poca nota, quiso quitar esta capilla y la advo- 
cación de ella y darla á no se qué otras personas. Súpolo el 



300 REVISTA HIST()RICA 



heredero, salió á la eontrnclieión, y viendo el provincial el 
agravio, á lo menos avisado, lo hacía por el señor Arzobis- 
po de México, Bonilla, la volvió á sus herederos. Y no sé 
cómo tal cosa pretendió hacer y cómo los padres del consejo 
en ello vinieron, porque oí decir muchas veces al padre Fr. 
Antonio de Figueroa, que el capitán Juan Fernández trujo 
en sus navios la tierra desta cai)illa desde Roma, |)orque 
en ella todos los que quieren enterrar se les dá sepultura de 
gracias y para que los cuer))os se comiesen pionto trujo es- 
ta tierra. Vi un año de catarro pestilencial que la capilla 
con ser del espacio de dos los que en ella se enterraban, que 
fueron muchos al tercero día los cuerpos están consumidos: 
todos los que a([uí se entieiran g*anan indulg.encia plenaria 
y las gracias (]ue los que se entierran en San Juan de I^e- 
trán en Roma. Para el día de San Juan Bautista hav íubi- 
leopleníssimo. Muchos años vi que el día deste gloriosíssinio 
santo, virrev. Audiencia v toda la ciudad venían á nuestra 
casa á celebrar en este día la fiesta. Luego se sigue la capi- 
lla de Santa Catherina de Sena, muy bien aderezada con re- 
tablo é imagen desta gloriosa santa. Los tintoreros desta 
ciudad la tomaron para su enterramiento v la tienen muv 
bien adornada. Celébrase en ella la fiesta de la gloriosa 
santa virgen Santa Catherina con mucha solemnidad y con 
un jubileo pleníssimo. Por la parte del lado de la lípístola 
es de San Jerónimo; dotóla el capitán Gerónimo de Aliaga 
con dos misas rezadas cada semana, vísperas y misa el día 
de San Gerónimo a^ sus aniversarios. Dejó bastante limos- 
na, y como al tiempo de la rebelión de Francisco Hernán- 
dez fuese á España ])or procurador destos reinos y no vol- 
viere más á ellos, muchos años la vimos muy mal parada, 
que no decíamos misasen ella por no tener ornato, hasta 
que habrá (> años que una nieta suya, doña Juana de Alia- 
ga, hizo un retablo grande á proporción de la capilla, con 
una imagen de la Concepción arriba, que le costó más de 
tres mili pesos, añadiendo paños de seda para las paredes y 
ornamentos. A esta cnjálla se sigue la del Rosario, con un 
retablo he(rho en Es])aña, bueno, y una imagen de bulto de 
Nuestra Señora en el cóncavo del retablo, de las buenas pie- 
zas que hay en todaEsi)aña, ponjue en Indias ninguna llega 
ala redonda déla hnagen, los quince misterios del Rosario 



DESCRIPCIÓN Y POBLACIÓN DE LAS INDIAS 301 



de bulto, cnanto la proporción del retablo lo sufre. En el 
pedestal, la muerte de los nifíos inocentes, que parece cosa vi- 
va, con la adoración de los Beyes al Niño Jesús en e! pesebre; 
y fuera desto tiene en cuatro encajanientos cuatro santos de 
la orden, de bulto, de muy galana proporción y figura. Lo 
alto de la capilla es dorado con unas pifias de yeso pendien- 
tes, grandes, todas escarchadas. de oro: tiene la capilla tres 
lámparas de plata grandes, que, por lo menos, la una arde 
perpetuamente. Todo esto ha hecho la cofradía del Rosario 
con la industria de los devot<j8 y mayordomos. Los prime- 
ros domingos de cada mes se hace una procesión por el 
claustro, que para los que en ella se hallaren cofrades se 
les concede indulgencia plenaria. Sácase una imagen de bul- 
to de Nuestra Señora del Rosario, muy devota, que llevan 
cuatro diáconos; sírvese de mucha cera, concurre mucha 
gente por la devoción grande que se tiene, particularmente á 
la imagen puesta en el althar. El segundo domingo se hace 
procesión con el Niño Jesús por la cofradía de los Juramen- 
tos, fundada en nuestra casa, ni puede fundarse en otra par- 
te por concesión de los sumos Pontífices ó con licencia del 
provincial donde no hubiere convento de la orden, de la ima- 
gen de Nuestra Señora puesta en el althar; y si no fuéramos 
descuidados hubiera muchos milagros escritos que ha hecho. 
Siendo yo prior deste convento pretendí, dándome los se- 
ñores inquisidores licencia para ello, sacarlos á la luz, hacien- 
do para ello las diligencias necesarias, empero el provincial 
que á la sazón era no sé por qué respecto lo impidió. 

CAPÍTULO XXIV. 

DE LA CAPILLA DE LAS RELIQUIAS 

Luego, más abajo, se sigue la capilla de las Reliquias; llá- 
mase así porque tiene un retablo con sus vidrieras tan gran- 
des como un guadameri lleno de ellas, traídas de Roma: t lujó- 
lo elRvdmo. Fr. Francisco de Victoria, primer obispo de Tucu- 
mán, hijo desta casa, varón docto, (}ue fuimos novicios jun- 
tos y condiscípulos en las Artes y Filosoj)hía. Esta caj)illa de 
las Reliquias es celebrada por la multitud que dellas lia3',ma- 



302 REVISTA HISTÓRICA 



yoresy menores, en cantidad defamosíssimos santos. Hay en- 
tre ellas un poquitodel verdadero Ligmun Crucis, dondeí -hris- 
to murió, y un cabello (ie Nuest ra Señora. Luego se HÍpue la del 
glorioso san Jacinto, con retablo dorado y figura del santo 
muy buena. La capilla bien adornada; hízose soleniníssima 
fiesta el día que en esta ciudad se celebró la canonización 
del santo, con admirable adorno de la iglesia y más del 
claustro, con un coloquio amosíssiino de la vida de este san- 
tíssimo hermano nuestro. Aquí se ha juntado la imagen de 
sanRaymundo, ahora nuevamente canonizado por Clemente 
Octavo, que canonizó á san Jacinto, ei^ cuya fiesta fui mucho 
más el ornato del claustro. Debajo del coro, al uno v otro la- 
do, hay do.s capillas, ni de la Epístola una de los indios con 
imagen de Nuestra Señora, de bulto, y otra de los negros, 
asimismo con imagen de bulto, también de Nuestra Señoral 
Los mulatos tomaron otra, que es [)or donde se sale a. 
claustro, esta es la menos adornada- Será Nuestro Señor 
servido se adorne á su servicio v de su Santíssima Madre. 



(CAPÍTULO XXV. 



DB LOS PROVINCIALP:s Qrií HAN' AIMKXTADO KL CONVENTO 

Dijimos arriba que el principal fundador deste convento 
fué el religioso y no menos valeroso Fr. Tomás de San Mar- 
tín, primer provincial, el cual, después de haber comenzado la 
obra de la iglesia fué el que buscó y atrajo todos aquellos 
capitanes y otras personas á que tomasen las capillas y las 
dotasen; buscó v atrajo al convento mucha renta de otras 
partes, como fué queásupersuación el capitán Gabriel de Ro- 
jas hizo limosna á este convento de 6,000 pesos ensayados 
con no más obligación de que le encomendasen á Dios Nues- 
tro Señor en los capítulos, lo cual perpetuamente se hace, y 
en las misas como á principal bienhechor nuestro. 

Fray Domingo de Santo Tomás, maestro de santa Teo- 
logía, fue el primero que im])rimió y redujo á arte la lengua 
general deste reino. Varón de grande entendimiento y pru- 
dencia, en nuestro convento no sé que haya aumentado por 
que siendo provincial le fué forzoso ir á no se qué á España; 



DESCRIPCIÓN Y POBLACIÓN DE LAS INDIAS 303 

'■■■ ■ -■■ ■■■-■ ^i. ■■ ■■ , , ,_ 1^... ■■■■■■I .I.» , 1^ 

pero se conoció tenía poca afición á los bienes temporales, 
ni para el convento ni para otro alguno, como se experi- 
mentó. Y es que había en la ciudad un mercader llamado 
Nicolás Ocorco, hermano de Juan Antonio Ocorco, el rico; es- 
tándose para ir á España con 80,000 pesos y más ensaya- 
dos, dióle el mal de la muerte; envía á llamar al padre nues- 
tro Fr. Domingo de 8anto Tomás, que había pocos días era 
llegado de España, y dice le confiese y que allí tiene 80,000 
pesos y más ensayr.dos, que como le fía el ánima le fía y en- 
trega la hacienda para que haga de ella lo que quisiere, en 
bien y descargo de su conciencia, porque no tiene heredero 
forzoso. No creo otro que apostólico varón hiciera lo que 
este hizo: toda la hacienda repartió entre pobres y particu- 
larmente al hospital de los naturales desta ciudad. Bas- 
tante argumento es del poco amor que á la plata tenía. 
Luego, de allí á poco, le hizo merced su Magestad de la silla 
episcopal de la ciudad de La Plata. 

Lo que allí hizo y su muerte, cuando trataremos de los 
obispos destos reinos lo diremos. 

CAPÍTULO XXV L 

DE LOS PROVINCIALES DE NUESTRA ORDEN 

A este excelentísimo varón sucedió el gran Fr. Gaspar 
de Carvajal, religioso de mucho pecho j no menor, virtud, 
carretera y llana, el cual á todos los conventos que llegaba 
cuando los iba á visitar, en lo espiritual y temporal, favore- 
ciéndolo el Señor, dejaba augmentados: en su tiempo, en par- 
te del, fué prior desta casa el muj^ religioso maestro Fr. To- 
más de Argomedo, varón docto y de mucho ejemplo, el cual, 
el año de 60 me dio el hábito, á quienes si no era cuál ó 
cuál, nos quitaba los nombres y nos daba otros, diciendo 
que la nueva vida nuevos nombres requería; yo me llamaba 
Baltasar, mandó me llamase Reginaldo, y con el que me quedé 
hasta ho3^ Este religiosíssimo varón fué el primero que en 
nuestro convento comenzó aponer orden en el coro, que has- 
ta entonces no lo había por no haber religiosos que lo sus- 
tentasen. En pocos meses tomamos más de treinta el hábi- 



304 REVISTA HISTÓRICA 



to, con los cuales, y los demás sacerdetes del eonveiito, se 
comenzó de día y de noche, como en el más religioso de Es- 
paña, aguardar la observancia déla religión: y lo mismo 
86 comenzó en los demás desta ciudad porque hasta este 
ano de 60 muy corto era el número de religiosos que había 
en los conventos. 

Pava que se vea cuan en breve tiempo la mano del Señor 
ha venido favorabilíssima sobre todos ellos: dióme la profe- 
sión el padre provincial Fr. (íaspar de Carvajal cumplido 
mi año de noviciado, que ojalá y en la simplicidad que enton- 
ces tenía, hubiera perseverado. A este boníssimo varón su- 
cedió el padre Fr. Francisco de Kan Miguel, venerable por 
sus canas y vida ejemplar; nniy afectado á la virtud. Dióle 
nuestro Señor este don; tenía en su mano al auditorio ])aiti 
le alegrar y para le compungir y hacer derramar lágrimas. 
Des{)ues del cual fué provincial el padre Fr. Alonso de la Or- 
da, hijo deste convento, varón recto, de unas entrañas hu- 
maníssimas, gran religioso y de muy buen ejemplo. Siendo 
priorcompró el retablo para el altharmayor, demedie talla, 
de boníssimas figuras, que costó ^^"íOO pesos j)uesto en el al- 
thar; fué el primero (jue comenzó á edificar el convento, ha- 
ciendo una enfermería muv bueiui con muv alegres celdaí? 
altas y bajas, como se re(|uieivn para el regalo de los enfer- 
mos; a^Midó mucho á ésto una legítima que dejó siendonovicio 
el padre P^r. Tomas de Hereilia. Todos los que en esta en- 
fermería mueren ganan indulgencia plenaria, c(mio he visto 
las letras a})ostólicas. Siendo provincial el padre Fr. Alon- 
so de la ( erda, fué prior el |)adre Fr. Antonio de Cribas, doc- 
tíssimo varón y maestro mío en la TeoUígía. y fué desiuié^ 
obispo de Cartagena, en el líeino deTierra Firme, como dire- 
mos. 

Volviendo á nuestro provincial Fr. Alonso de la (Vrda. 
en los cargos que en la orden tuvo fué muy bien quisto de 
los religiosos j)or su llana ccmdición y bondad. Fué despiieB 
obispo (le IMierto Cabello y luego de Charcas, como escribi- 
remos en su lugar. 

Subcedióle en el provincialato el })adre Fr. Andrés Vélez. 
docto y buen predicador, de agudo ingenio; fuese á P'spa fia 
y por eso no tenemos nada que tratar del augmento deste 
convento, á quien sucedió el padre Fr. García de Toledo, va- 



DESCRIPCIÓN Y POBLACIÓN DE LAS INDIAS 305 



ron ríe buono y í^'aL-iTrj ^'iteiidiiniento. pero no amplió en el 
convento como se piMisó y en su elección lo prometió el Vi* 
rrev don Francisco de Toledo, deudo muv cercano suvo. 
Acabó su cuatrienio y fué electo el padre Fr. Domingo de la 
F^arra, también varón religioso v muv observante; fuéá Es- 
paña y no volvió; mas en acabando, fué electo en el Cuzco e^ 
])rovincial Fr. Domingo de Valderrama, maestro en santa 
Teología, buen predicador, el cual comenzó la casa de novi- 
cios, de las buenas qu^ hay en la orden, y fuera tiene cin- 
cuenta celdas altas y bajas. 

Acabado el cuatrienio déste, fué electo en provincial el 
padre Fr. Agustín Montes, presentado en santa Teología, 
hijo deste convento, donde tomó el hábito de 15 años; v^a- 
rón muy religioso y amigo de ampliar con edificios su ca^a, 
el cual acabó la casa de novicios, hizo el claustro bajo, ador- 
nándolo con lien'zos de figuras é imágenes de santos muy 
devotos; augmentó la sacristía con ornamentos y mucho 
servicio de plata y un cáliz todo de oro; augmentó también el 
retablo del al thar mayor; !iizo uncofregraudede plata en que 
en el retablo colocase el Santíssimo Sacramento, porque 
hasta entonces no estaba sino en una cajita de madera. 

• 

A éste subcedió el padre maestro Fr. Salvador de Rivera, 
hijo deste convento, en el cual tomó el hábito de 17 á 18 
años; buen predicador, es hijo de padres nobles de todos los 
cuati'o costados: su padre se llamó Xiculás de Rivera, el viejo; 
su padre fué uno de los de la fama de la isla del Gallo, varón 
liberal, su casa era hospital de todos los de su patria y enfer- 
mería deste nuestro convento. La madre se llamaba doña 
Elvira de Avalos, de cuya virtud en breve no se puede tratar. 
En su tiempo se acabó todo el cuerpo de la iglesia con la 
mayor [)erfeceión;hiciéronse paños de terciopelo carmesí bor- 
dados con oi-o, la (pie cubren de alto á bajo, tan buenos que 
en TniestraEs[)aña se hallan pocos iguales. Acabó el claustro 
y la portería, tan buenos como los mejores de Castilla; sin 
otras cosas tocantes ala sacristía, todo lo cual hasta aquí 
augmentado han hecho los provinciales con lo que han aplica- 
do de los salarios de las doctrinas donde viven los religiosos 

AI sobredicho padre subcetlió el presentado Fr. Diego de 
Avala, hijo también deste convento, el cual por vivir poco é 



306 REVISTA HISTÓRICA 



irse á España, y pasando en Italia murió en Roma, y hay po- 
co que decir d^l. 

Suboedióle el padi-e maestro Fr. Juan de Lorenzana, el 
más docto destoa reinos, hijo, creo, de Salamanca; buen reli- 
gioso, de claro ingenio, el cual, después de haber leído muchos 
años Teología, fué electo en provincial; gobierna á la hora 
que esto escribo; lo que haya augmentado no lo sé. 



CAPÍTULO XXVII. 



DE LOS RELIGIOSOS QUE SUSTENTA 

Y porque dije que en muy breve tiempo se ha multiplica- 
do esta casa favoi-eciéndole la Míigestad del muy Alto, el día 
de hoy sustenta 180 religiosos, lo cual causa admiración, 
porque no hay en toda la cristiandad conventos de4()0 años 
á esta parte fundados, si no son cuál ó cuál, que sustenten 
otros tantos. Celébranse en esta cásalos oftcios divinos de día 
y de noche con tanto concierto como en el más religioso de 
la orden; los estudios con todo el rigor posible y las demás 
ceremonias muy al justo. El coro tiene sillas altas y bajas 
de madera y de cedro labradas, de media talla los respalda- 
res y de admirables figuras de santos que si fueran doradas 
no había más que desear; costaron 18,500 pesos de á nueve 
reales y el oficial perdió mucha plata. 

En este breve tiempo han salido deste convento siete 
obispos, y tres casi á un tiempo juntamente, solo en lo cual 
excede á todos los conventos, no de nuestra orden, pero de las 
demás en España. 

El primero fué el Revdnio. Fr. Tomás de San Martín, de 
quien tratamos arriba y trataremos algo más cuando escri- 
biremos sobre los obispos que en est<? reino he conocido; 
primer obispo de la ciudad de la Plata, el cual obispado do- 
minaba todo el reino de Tucumán y la provincia de Santa 
Cruz de la Sierra. 

El segundo, el Revdmo. Fr. Domingo de Santo Tomás, 
de la misma ciudad. 

El tercero, el Revdmo. Fr. Alonso de la Cerda, primer 
obispo de Puerto de Cabello. 



DESCRIPCIÓN Y POBLACIÓN T)E LAS INDIAS 307 



El cuarto, el Revclnu). Fr. Alonso Guerra, primer obispo 
del Río de la Plata, el (]uinto el Revdnio. Fr. Francisco de Vic- 
toria, primer obispo de Tucumán. Estos tres señores obispos 
son hijos de este convento y todos tres se vieron obispos jun- 
tos en su casa. 

El sexto, el Revdmo. Fr. Antonio de Hervías, obispo de 
Cartagena, en el reino de Tierra Tirme. 

El séptimo, el menor y más indigno, soy yo, á quien la 
Magestad de Dios levantó á obispo de Imperial, reino de Chi- 
le y espero en Nuestro Señor se han de sacar más. 

Demás destos señores obispos, ha hecho Nuestro Señor 
merced á nuestra sagrada religión en nuestros tiempos dán- 
dole en estas partes varones apostólicos que con mucho celo 
del servicio tle Nuestro Señor y de las ánimas, han predicado 
á los naturales la Ley Evangélica con claro ejemplo de cos- 
tumbre y vida. Uno dellos fué el padre Fr. Melchor de los 
Reyes, que después de muchos años vino á morir á nuestro 
convento, y abriéndose su sepultura al cabo de siete años 
se halló su cuerpo enteroylos hábitosy capa de añascóte sin 
lesión alguna, y ésto el señor arzobispo de México, Bonilla, 
Visitador de la Audiencia Real, lo vio, é yo también, y todo 
el convento. 

El padre Fr. Benito de Xarandilla, verdadero hijo de 
Santo Domingo,el cual por más de 40 años en el valle deChi- 
cama, 5 leguas de la ciudad de Trujillo, se ejercitó en la con- 
versión de los naturales sin salir de aquel valle, donde vivió 
con admirable ejemplo. 

El padre Fr. Baltasar de Heredia fué un religioso esen- 
cial, el cual, aunque no se ocupó tanto en doctrinar los na- 
turales, no obstante se ejercitó en muchas obras de virtud y 
caridad que le hallaron muerto hincado de rodillas, en una 
chácara de la ciudad de la Plata, estando para venir al reino 
de ('hile por vicario provincial y visitador, ))or tierra. 

El padre Fr. Antonio de Figueroa. hijo deste conventó, 
fué un varón gran religioso y muy libre de cualquier interés 
humano: fué muchos años superior deste convento con mucho 
ejemplo de vida y costumbres; fué mi maestro de novicios, á 
quien debo más (pie á mis padres. A todos los referidos pa- 
dres conocí y traté mucho de A'ista; otros muchos han habi- 
do buenos religiosos, empero estos, conforme á lo que de ellos 



308 REVISTA HISTÓRICA 



conocíamos, son los más aventajados, que ])ara estos defec- 
tuosos tiempos son afamados. 



CAPÍTULO XXVIII. 



DEL CONVENTO DE SAN FRANCISCO 

Hav en esta ciudad otro convento del Seráfico Padre 
San Francisco que en breves años ha florecido y florece en 
religión, santidad, letras y número de religiosos con admira- 
ble ejemplo, donde yo he conocido famosos vanuies. 

El padre Fr. Luis de Oña, que fun provincial, varón con- 
sumado y no menor pulpito (sic). El padre Fr. Gerónimo 
Villacarrillo; el religiosíssimo Fr. Diego de Medellín, deudo 
nuestro, obispo de Santiago de Chile, donde murió como un 
santo, habiendo vivido en la orden con gran religión más de 
60 años. Hálleme en su muerte, siendo en aquel reino pri- 
mero provincial de mi oiden.no lo mereciendo, y fué Nuestro 
Señor servido hacerme esta merced. El padre Fr. Juau del 
Campo, gran varón en oi)inión de santidad y letras. Todos 
los cuales fueron provinciales y algunos vicarios generales 
ó comisarios, como en esta sagrada religión se nombran. 
Es mucho más moderno que el nuestro, que no creo ha 45 
años se fundó, por lo arriba dicho; ha crecido favoreciéndo- 
lo la mano del Altíssimo; el edificio <le la casa, bueno v ale- 

gre, con muchas fuentes y un estancpie que llaman dado 

por el Marqués de Cañete el Viejo, de buena memoria, el cual 
era como casa de recreación del Marqués Pizarro. Susten- 
ta 180 V más religiosos v estudio: han salido della ti-es 
obisj)os. El Kevdmo. F'r. Diego de Medellín, de quien poco 
ha tratamos; el Uevdmo.Fr. Juan izquierdo, obispo de Puer- 
to de ('abello y aliora ol)ispo de Yucatán; el Kevdmo. Fr. 
Fernando Trejo, ()bis])o de Tucumán, los dos últimos hijos 
de esta provincia, y se espera habrá otros muchos más; el 
padre Fr. (Terónimo Villacarrillo y el padre Juan del Campo 
no quisieron iglesias, enviándoles cédulas dellas Su Mages- 
tad, tanta era la humildad y religión destos venerabilíssi- 
mos padres. 



DERCRIPCIOX Y POBLACIÓX DE LAS INDIAS 309 



CAPÍTULO XXIX. 

DEL CONVENTO DE SAN AGUSTÍN 

El convento de nuestro I^adre San Agustín, ó por mejor 
(let!¡i*, (le nuestro abuelo, es nuls moderno, eni[)ero de buen 
edificio, (■onienzósf» la ijiiesia toda de ladrillovcal v de nniv 
buena traza. Taud)ién lia crecido en ntíinei*o de reb'giosos 
en breve tiempo, ])orqu(» no hace cuarenta y cuatro años que 
se fundó esta orden en este reino; hubiera crecido más si las 
obras de los ediíicios dieran lugar á recibir novicios. Sus- 
tenta 60 religiosos, y nuls, con mucha religión, let ras y ejem- 
1)1(): ha habido famosos varones, los cuales yo he conocido. 
El })adre Fr. Juan de San Pedro fué 4 veces provincial, va- 
rón de gran opinión y crédito; el padre Fr. Andrés de Santa 
María, varón muy religioso, murió siendo provincial; el pa- 
dre Zepeda; el padre Corral, gran predicador, que por predi- 
car la verdad padeció un poco de riesgo en el ('uzeo; el padre 
maestro Fr. Diego (íutiérrez, muchos años lector deTeología 
en su casa; el padre Fr. Juan de Almaraz, maestro en santa 
Teología, discípulo deste sobredicho padre, fué catedrático 
de escritura en la Fniversidad, murió provincial y electo 
obispo del Río de la Plata, hijo deste convento. El Kevdmo. 
Fr. Luis López, obis[)o de Quito, varón docto y predicador, 
maestro de los que ahora. ))redican y enseñan en su orden, 
hombre prudente mucho y de gran ánimo, emi)rendió el edifi- 
cio de la iglesia todo de ladrillo y cal, como acabamos de 
decir, siendo provincial y después prior, varón derechamente 
religioso de gran ejemplo y verdad; el padre nuiestro Fr. 
Alonso Pacheco, ahora ])rovincial y lo ha sido otra vez, hijo 
desta casa, donde tomó el hábito ahora 37 años, siendo de 
1(), varón de letras, pulpito ejemplar, gran religioso. Otros 
nnichos religiosos tiene que la brevedad no dá lugar á tra- 
tar dellos: á su Orden se le (piede este cuidado. 

La cajnlla del Crucifijo délos plateros es muy devota; 
tiene cofradía que siempre es celebrada con mucho concurso 
de gente y mucha cera. 



310 REVISTA HISTÓRICA 



CAPÍTULO XXX. 



DEL CONVENTO DE LA MERCED 

El convento de Nuestra Señora de las Mercedes, despnén 
del nuestro, es el máLs antiguo en esta ciudad. La iglesia es 
bien edificada, aunque no de bóveda, con sus capillas colate- 
rales. Conocí en este convento al padre Orenes y al padre 
Fr. Juan de Vargas, que fueron provinciales; ambos varones 
religiosos y de mucho y buen ejemplo. El padre Ángulo y el 
padre Ovalle, catedrático de IVima de Teología en la Uni- 
versidad, varón religioso. Sustenta este convento 60 religio- 
sos; la sacristía tiene muchos v muv buenos ornamentos. 

CAPÍTULO XXXL 

DEL CONVENTO DEL NOMBRE DE JESÍS 

En nuestros días, siendo ya sacerdotte, se fundó el cole- 
gio del nombre de Jesús de los[)adres de la Compañía, habrá 
30 años. Es para dar muchas gracias á Nuestro Señor y á su 
Santíssimo nombre veren cuan br«ve tiempo ha crecido en nú- 
mero de religiosos y haciendas, porque el día de hoy sustenta 
más de 80 i*eligiosos, sin la casa de los novicios que tiene fue- 
ra de la ciudad. El primer fundador fué el padre Portillo, 
gran predicador y boníssimo religioso, con otros padres que 
con él vinieron, á quienes hospedamos en casa y de allí salie- 
ron para irse al sitio dimde ahora viven, uno de los mejores 
del pueblo. Ayudóle nuestro convento y acreditóles en todo 
lo posible, y reconocen la buena obra que se les hizo, ])orque 
en llegando nosotros á las suyas no hacen toda caridad. 
Después la augmentó el padre Acosta, provincial, gran pre- 
dicador y muy docto, y otros religiosos siervos de Dios y 
con ánimos de se entrar por la tierra á predicar la ley evan- 
gélica sólo con las armas de la fee. 



DESCRIPCIÓN Y POBLACIÓN DE LAS INDIAS 311 



CAPÍTULO XXXIL 

DEL CONVENTO DE LOS DESCALZOS 

De pocosañosáesf aparte seha comenzado áfundar.de la 
otra parte de la puente y río, no son 14 añospaKados.el con- 
vento de los Descalzos, con g:ran abstinencia j' cristiandad. 
Este convento Nuestio Señor lo prosperará como cosa suya 
y donde se sirve mucho á su Divina Magestad. 

CAPÍTULO XXXIII. 

DEL MONASTERIO DE LA ENCARNACIÓN 

El monasterio de la Encarnación, de monjas, que há se 
fundó poco más de 45 años por doña Leonor Portocarrero y 
doña Mencía de Sosa, su hija, es como cosa de milagro ver 
en cuan poco tiempo lo que ha crecido- en toda virtud y en 
religiosas profesas, con favor del Altíssimo Dios, que el día de 
hoy sustenta más de 140 monjas, sin más de 40 novicias, con 
toda religión y ejemplo. Madre é hija fueron las dos i)rinci- 
pales fundadoras, las cuales han gobernado y ahora doña 
Mencía de Sosa, abadesa, con tanta prudencia y discreción 
que parece más que humana. Conmadiv é hija entraron otras 
dueñas y doncellas, Antonia de Castro y Antonia Velásquez, 
doña Juana Girón; dos hermanas, doña Isabel y dona Inés 
de Alvarado, doña Mariana de Adrada, doña Juana Pa- 
checo, todas cuasi viven el día de hoy. Tiene este convento 
una excelencia, que no sé si en la cristiandad se halla el día 
de hoy: el cuidado en celebrar los oficios divinos, la solem- 
nidad y concierto, con tanta música de voces admirables, 
con todo género de instrumentos, que no parece cosa de acá 
de la tierra, y sobre todo los sábados, á la salve, donde 
concurren la mayor parte del pueblo y de las órdenes, 
muchos religiosos á oírlas. Yó, confieso de mí, que si todos 
los sábados, hallándome en esta, ciudad, me diesen mis pre- 
lados licencia para oírla, no la perdería. I^s señores in- 



312 REVISTA HISTÓRICA 



quisidores muchos sábados no la pierden y los virreyes ha- 
cen lo mismo; ha usado Nuestro Señor con este terrestre 
convento como el déla ('oncepción, de su lar<iu{ssima mise- 
ricordia y particular cuidado en ccniservarlas en su servicio, 
que (;on no ser los edificios muy altos, las ha guardado y 
guarda, de suerte que jamas se ha imaginado cosa (jue no 
sea virtud y religión, jiorque ni duerme ni dormirá el (]ue 
guarda á Israel. Guardan la profesión y regla de las monjas 
de San Pedro de las Dueñas de Salamanca, sujetas al ordi- 
nario; pretendieron con todas sus fuerzas ser monjas nues- 
tras, empero, nunca pudieron acabar ?on el padre Fr. (ias- 
par de Carvajal, de quien arriba brevemente tratamos, sien- 
do provincial, que las recibiese, aunque el prior del convento 
el padre maestro Fr. Thomás de Argomedo, las favoiecía to- 
do lo posible, y por muchos días no perdieíoií la esperanza, 
y rezaban el orden de rezar nuestro y guardaban las cons- 
titucicmes de nuestras monjas, hasta (]ue ya perdida toma- 
ron la que tienen y profesan. ( Vlebran en este convento el 
Tránsito de Nuestra Señora. 



(\\PÍTUL() XXXIV 



DEL MONASTERIO DE LA CONCEl'ClÓX 

El monasterio de monjas de la ('oncej)ción habrá 35 años 
se fundó. Fue fundadora del doña Inés de Rivera con gran 
pujanza de haciendas, así en muebles como en raíces; hale 
augmentado Nuestro Señor mucho á su servicio. Susténtan- 
se en él más de 120 monjas de velo y muchas novicias; hay 
en él grandes siervas de Dios, grandes religiosas de mucha 
penitencia, buen gobierno,y entre ellas han gobernado no 
poco tiem])o con título de sub])rioras (hasta que Nuestro Se- 
ñor llevó al Ciclóla fundadora á i)agarle el servicio en su 
favor hecho, y el que se hace y se ha de hacer) María de Je- 
sús, gran religiosa, después de la cual han gobernado dos her- 
manas, doña Leonor de Rivei'a y doña Heatriz de Orozco. va 
con título de abadesa. (p()](|ne acabando la una de ser aba- 
desa, elejían á la otra) con gran eiem])lo, religión, ju-uden- 
cia y blandura y iio i)0(a i)enitencia, con la cual á las deináá 



DESrmiTlÓN Y POBLAÍ'IÓN DE LAS INDIAS 313 

• 

animaban al cumplimiento de lo profesado. Veíanlas en los 
trabajos las primeras, por lo cual nadie se excusaba: hacen 
loque Cristo Nuestro Señor: — el mayor entre vosotros sea 
como me:ior, y el (jue manda sea siervo de los demáuS. (íra- 
cias á Nuestro Señor que ansí no se ha dicho deste monaste- 
rio como ni del otro. Son sujetas al ordinario. En lo que to- 
ca á la celebración de los oficios divinos, si no son ig'uales en 
la música al déla Kncarnación, vánles pisando los calcañales, 
y no les hacemos en esto a^rravio, porque el otro como más 
antipuo y principio, j)rovey61e Nuesti-o Señor de voces y des- 
treza en el canto y todo genero de nrusica para alabará 
su Ma^iestad. No quiero dv^cii* má^ no me apedreen, aunque 
es assí qu(^ en este convento hay religiosas muy diestras y de 
voces admirables, y en el órgano famosas. 

(^APÍTf LO XXXV. 

DKL MONAHTEUIO DE LA TRINIDAD 

Fundóse otro monasterio de monjas llamado de la Tri- 
nidad habrá 20 años, de la orden de San Bernardo; fundado- 
ras fueron madre e hüa, doña Luci-ecia de Soto v doña Men- 
eia. Doña Lucrecia fué casada con Juan de Rivas, vecino de la 
ciudad de la Vaz, por otro nombre llamada el Pueblo Nuevo; 
siendo ambos ya viejos, y lahija viuda, aunque moza, se ccm- 
certaron marido y mujer que se metiesen monjas madre é 
hija y fundasen este monasterio con la hacienda que tenían, 
que era mucha: salienni con su intento la madre é hija. Eli- 
írieron por sitio el que dejaron los padres de San Agustín 
donde írastaron mucha plata ^u un dormitorio alto y bajo y 
en sacar los cimientos de la ij¿irsia, do tres naves, y se muda- 
ron á medio de la ciudad, donde no tienen tanto sitio como 
tenían aquí, que es el sitio muy orande: tiene tres cuadras en 
lariro, una huerta muy es])ac¡()sa y buena; elifíieron para 
fundar su monasterio, pared en medi'o déla parroquia de San 
Marcelo. Vívese aquí con ^ran recoti'imiento: tiene bastante- 
Tuente lo necesario, pueden recibir st*is monjas sin dote y en 
muriendo alí>'una de éstas, Iue<:() reciben otra. Guardan su 
profesional jáéde la letra: el locutorio y libratorio se fre- 



314 REVISTA HISTÓRICA 



cuentaba tan poco que no parecía haber en aquella caea 
monjas. En este tiempo se ha multiplicado porque hay en él 
mñs de 30 monjas? de velo, y novicias se van recibiendo. No 
comen carne en el refectorio perpetuamente; los edificios se 
van labrando y Nuestro Señor lo multiplicará todo; no quie- 
ren música de canto de órgano: su canto es llano y muy de- 
voto y órgano solamente, y proveyóles Nuestro Señor de una 
monja tan hábil en la tecla, que es cosa de admiración. En 
esta Ciudad de los Reyes fué doña Inés de Sosa, hija legítima 
de Francisco de Talavera. de los antiguos conquistadoi'es, y 
doña Inés de Sosa, habiendo sido casada dos veces, del se- 
gundo marido murió y no dejando hijos, toda su hacienda 
dejó para que se instituyese un monasterio de monjas des- 
calzas, debajo del título de la ("oncepción de Nuestra Señora. 
Edificóse junto á la plazuela de Santa Ana y para él salieron 
del monasterio de la Concepción las dos hermanas arriba 
dichas, doña Inés de Rivera v doña Beatriz de Orozco. con 
otras cuatro ó cinco religiosas, donde guardan la observan- 
cia con mucho rigor. Creo es constitución no pueda haber á 
lo más largo, más que 20 monjas de velo. Espero que á Nues- 
tro Señor se ha de servir aquí grandemente. 



CAPÍTULO XXXVI. 



DE LA IGLESIA DE NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE 

Fuera desta ciudad, junto al camino de Pachacamn, fun- 
dó Alonso Ramos Cervantes y su mujer, doña Elvira de la 
Serna, una iglesia con invocación de Nuestra Señora de Gua- 
dalupe, ásu costa, por orden y licencia del Reverendíssimo 
Arzobispo Mogrovejo, á instancia de un religioso de la dicha 
orden de San Gerónimo del monasterio de Nuestra Señora de 
Guadalupe de España, cuya primera piedra del fundamento 
de la iglesia puse yó, ya consagrado obispo. El fundador es 
natural de Medelh'n. éyó nací en aquel pueblo, para que se 
entienda que sabe Dios de pueblos pequeños, sacar un Mar- 
qués del Valle, don Fernando Cortés, y un obispo, aunquein- 
digno para el cai-go, y un fundador de iglesia de Nuestra Se- 
ñora. Todo esto sea á gloria del Hijo y de la Madre. Es cosa 



I)E8CRI1*CIÓN Y POBLACIÓN DE LAS INDIAS 315 

admirable ver en cuan poco tiempo ha ci'ecido la devoción 
á aquella iglesia; tiene un retrato al vivo de la imagen de 
Nuestra Señora de Guadalupe, puestaen el althar mayor que 
retrató el mismo religioso de San Gerónimo arriba dicho, 
con mnchas piedras preciosas; tiene muchos y buenos orna- 
mentos y cuatro lámparas de plata y dos althares colate- 
rales en el encaje de las paredes. Es mucha la frecuencia de 
la devoción de los fieles, porque cada día se dicen allí más de 
doce misas por devoción, con que pobres sacerdotes se sus- 
tentan, y algunas veces sobran las limosnas de las misas. Un 
luien hombre, luego que se puso la imagen, todos los sába- 
dos á cuatro sacerdotes dá á cada uno cuatro reales porque 
canten la sal ve; y un hermano del fundador, sacerdote, llama- 
do Ksteban Ramos, dejó instituida una capellanía en esta 
iglesia de más de doscientos cincuenta pesos de renta. Es cosa 
admirable la devoción que los fieles tienen á la advocación 
de esta iglesia y cómo se vá multiplicando, ponjue hasta en 
la mar los que se hallan en tormentas reciben mil favores de 
Nuesta Señora, y así ningún navio deja de traer limosna á 
esta iglesia. Un religioso del convento de Nuestra Señora de 
Monseri'at fundó también otra iglesia con la misma advo- 
cación. 

El Rvdmo. desta ciudad ha hecho otro monasterio con 
título de Santa Clara en el mejor sitio de ella, con limosna que 
ha pedido á naturales y á todo género de gentes cuando visi- 
ta su obispado y con parte de su hacienda. Cuando esto escri- 
bo debe estar acabado, pero hasta ahora no sabe hayan en- 
trado en él ningunas monjas; tienen nmcho y gran sitio y 
muy bien cercado. Los clérigos han hecho otra iglesia lla- 
mada San Pedro, una. cuadra máls arriba del ccmvento de 
San Francisco, donde se entierran los sacerdotes pobres y 
los curan desús enfermedades. Entiérranloscon mucho acom- 
pañamiento. Fué fundador la cofradía déla Caridad; tie- 
ne una casa de recogimiento del mismo nombre, donde se re- 
cogen algunas doncellas pobres debajo del gobierno de una 
matrona honrada y buena cristiana, y se les provee de lo ne- 
cesario. El día de la Asunción fie Nuestra Señora, sacan des- 
ta casa seis doncellas y las traen en prí)ce8Íón á la iglesia 
mayor y aqueste mismo día se les dan maridos y su dote se- 
ñalado. 



316 REVISTA HISTÓRICA 



La cofradía del Santíssimo Sacramentóos inuy rica, y 
ac()nii)áriase en esta ciudad, cuando sale afuera, con mucha 
"cera ,y mucho concurso de gente; tanto como en cualíjuiera 
parte del mundo. Las varas del palio llevan sa<'erdotes con 
sus sobrepelli(;es y el guión así mismo, y dos maceros con dos 
mazas grandes de plata delante del Santíssimo Sai ramento; 
á los sacerdotes (jue llevan las varas, al del guión y á los ma- 
ceros, les dala cofradía, por cada vez, A cada uno, cuatro 
reales de limosna. Ksta cofradía está fundada en nuestro 
convento con las gracias de la Minerva de Roma. 

La cofradía de la Veracruz asimismo está fundada en ca- 
sa nuestra; tiene bastantemente lo que ha ují^nester con su ca- 
pilla por sí, deti'ás de la capilla del capitán Diego de Agüero, 
bien adornada, (h)nde en los días déla Cruz se sa(*a en pro_ 
cesión un pedacito del Lignum Crucis. en que Cristo Nuestro 
Señor murió, con gran veneración y concurso de todo el pue- 
blo y muchas hachas de cera y de más de á media libra pa- 
ra todos los cofrades. 

En otr()smonasterioshavotras,como en San Franciscola 
de la Concepción de Nuestra Señora, muy rica; en San Agustín, 
la de Santa Lucía y la del Crucifijo que tienen los plateros, 
y to vlm tienen sus cofnides que llaman veinte y cuatros, los 
cuales en los días señalados (pie hacen sus procesiones, llevan 
cirios encendidos, v cuando al<»:uno destt)s veinte v cuatros 
muere, los demás han de aíH)mj)añar el cuerpo con sus cirios: 
le han de mandar decir cada uno una misa rezada. 

Los negros tienen sus cofradías aparte y veinte y cua- 
tros. Es cosa de ver cuánto (úrio sacan en muriendo algu- 
no; yo vi un acompañamiento de una negra que me admiró, 
es cierto (}ue acompañaban el cuerpo más de treinta cirios, 
sin la cera menuda. La ca])illa que llanunn de la cárcel, don- 
de los presos así dt» la cárcel de corte, como los de la ciudad, 
oyen cada día misa, es una de las buenas (!Osas (pie en prove- 
cho (le los pobivs presos se ha fundado en el mundo. Juntá- 
rc^nse algunos pura ])edir limosna para los pobres de la cár- 
cel, y lo tomaron ínn á ]HM*ho, que (mando les faltaba, lo su. 
plían desde sus hacicMidas y casas. Determinaron de entrar 
á pedir limosna al Maiípies (h» Cañí^te, d(* buena memoria, y 
para hablarle no fué necesario airuardar mucho: luego les 
mandó entrar; bésanle las manos, suplícanle les mande dar 



DEHCRIPriÓX Y POBLACIÓN DE LAR INDIAS 317 

limosna para los pobres de la cárcel y de primera instancia 
iiiíindales dar cien pesos, y para cada mes, en adelante, tuvie- 
sen cuidado de pedir á su mayordomo cincuenta pesos, que 
luego los daría, como así fué. Desta suerte los pobres están 
asistidos y la capilla tiene señalado capellán con muy buen 
producto, y el capellán ha de ser graduado de doctor para 
confesar los presos y predicarles, y ])ara los que han de ajus- 
ticiar exhortarlos V salir con ellos. Ahora hav señalado.s ma- 

«- t. 

yordomos y oficiales, que tienen por mucha honra ser de los 
l)rincipales desta cofradía. La advocación de la capilla es 
de San Pedro; celébrase la fiesta el día de su cátedra con mu- 
cha solemnidad, y porque en la capilla no cabe el pueblo, cú- 
brese la plaza, buena parte, con velas de navios y el pulpito 
ponese á la puerta de la capilla, de suerte que, en la capilla y 
plaza cubierta, entra toda la gente que concurre. 

CAPÍTrLO XXXVII. 

DK LA T'XIVERSIDAD 

Su Majestad el Rey Felipe II, de inmortal memoria, celo 
so del bien deste reino, como lo son todos los que gobier- 
nan con tanta justicia y cristiandad cuanta ningún rey ha 
gobernado hasta ahora, mando se fundase una universidad 
donde se leyesen las ciencias, y á los que en e'la se graduasen 
les concedíalas excepciones que gozan los graduados en Sala- 
manca. Por orden de su ilaiestad la instituvó v fundó el 
Visorrey don Francisco de Toledo, donde se lee por muy 
doctos maestros y doctores. Latinidad, Artes, Lógica, Phi- 
losophía. Cánones, Leyes, con suficiente salario, y Escritura 
Divina; Medicina hasta hov no se ha leído, ni Retórica ni As- 
trología. Corren á estudiar de Quito y (.'hile nacidos en estas 
tierras buenas habilidades. Ccm esta universidad ha hecho 
gran bien y merced su Majestad á los reinos, halos ennoble- 
cido y há descargado mucho su conciencia real, gratificando 
V haciendo hombres á los hiios, nietos v tataranietos de los 
conquistadores y pobladores, á cuyos antecesores no se les 
había hecho mercedes, y si hecho, no tanta cuanta sus servi- 
cios merecían. De los nacidos acá, se han graduado, y con ri- 

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318 KKVISTA HISTÓRICA 



^iirosísvsiiiio examen. alo:iino8 doctores y maestros en las fa- 
cultades (lidias, y se ^Tadiiarán muchos más é van g'raduáii- 
do, por lo <iue ni los graduados en otras universidades se 
desdeñan de incorporarse en esta. También por orden de 
su Majestad, se fundó un colefi'io llamado el Real donde sus- 
tentan cierto número de c()le<>iales á costa de su ^íajestail 
I)ara descarg'o de su real conciencia, bien y merced de sus va- 
sallos; llámase San Feli})e, dáseles lo que se suele dar en 
otros coleoicKM. El Arzobispo don Toribio Mog'rovejo, fundó 
otro, que es el S^^minario que manda el Concilio Tridentino: 
hay pocos colegiales. Los j)adres de la (\)mj)anía tienen 
otro colegio, á las esi)aldas de su casa, donde enseñan sola- 
mente latín, nombrado 8an Martín, á devoción del Visorrey 
I)n. Martín Enríquez: por cada muchacho que allí entra pa- 
ga 120 pesos cada año. 

(^VPÍTILO XXXVIII. 

DE I.A CAPIÍ.LA 1)K M'ÍCSTItA SK.^'ORA I)R COPA( ABANA 

En la provincia del (\)llao (como en su lugar diremos) hay 
un pueblo d^» indios llamado ('')pacal)ana:aquí hay una ima- 
gen de Nuestra Sen ora (]ue ha hecho no pocos milagros, aho- 
ra en nuestros días: a devoción de esta imagen, en todos los 
pueblos casi de ^^spañoles y en muchos de indios, se han pues- 
nnágenes de Xuestra Señora (íon la mavor devoción. En esta 
ciudad se hizo una. capilla, del FVrdón, de la iglesia mayor, 
con una. ¡ni ii,vn nombraila \u(v-itra. Señora de ('opacaba na. 
la cual dpbe haber diez años, poco más, se puso donde con 
gran devoción concurre el j)uel)lo, la (nial tiene muy adorna- 
nada, y un cai)ellán que sirve en esta ca[)illa y .se sustenta 
muy abundantemente con las limosnas (pie acuden. 

Sustenta esta ciudad cuatro hospitales: uno de españo- 
les llamado San Andrés, por respeto del Maniués de Cañete 
don Andrés Hurtado de Mendoza, de buena memoria, á (piien 
(\e\6 su hacienda, dio muchas limosnas y crecidas, pasadas 
de 80.000 pesos, como diremos cuando trataremos de su go- 
bierno y virtudes. Aquíse(íuran solamente españoles y ne- 
gros de todas enfermedades con mucho cuidado y regalo. La 



DESriíIPCIOX Y POBLACIÓN DE LAR INDIAS 319 



eiiferniería de las eiifei-iiiedHdes cotidianas, es áiiiodo de cruz; 
el nn brazo iiuiy cfMTaiK) á la puerta, sirve de cuerpo de igle- 
sia: los otros tres ])ara los enfermos, en las j)a redes hechos sus 
enea jes, donde está hicania del enfermo con su cortina delan- 
te, y de donde ])ueden ver misa; el altar se colocó en medio 
destosbrazos. Despuésacá no se(]ue virrey le haya hecho tan- 
tas limosnas. Fueía destas enfermerías hay oíros aj)arta- 
mientos para curar otras enfermedades contagiosas. Quien 
con más cuidado comienzo á tenerse de los pobres hasta que 
la edad no le i)ei-nntió. fue el padre Molina, sacerdote, gran 
celador de los enfermos v aumentador de las haciendas del 
hospital con notable ejemjvlo de vida y cristiandad, con la 
cual a(*abó en el Señor. 

El segundo se llama Santa Ana, donde solam(»nte se cu- 
ran nidios: fundólo á su costa, así la iglesia como la capilla 
mavor de bóveda v lo demás de buenos edilicios, el Iltmo. v 
Kvdmo. Fr. Gerónimo de Loayza, primer Arzol)is|)o desta ciu- 
dad y reinos, de feliz recordación, dejándole bastantíssima 
renta, dondemurió v t-stá enterrado. Kl día de su advocación 
se gana y muchas veces indulgencia pleníssima, mejor diré ju- 
bileo pleníssimo. Criranse aquí los indios detodo el reino que 
caen enfermos cími todo el regalo y cuidado posible, donde ha 
habido grandes siervos de Dios, seglares, (pie sí* han venido 
ellos mismos y dedicado al servicio de los indios y entre 
ellos floreció, en nuestro tiempo, el padre Machín sacerdote 
vizcaíno, v otros muchos. 

El tercero es nombrado el Espíritu Santo; «(juí se curan 
solamente los nuirineros,]K)rque ellos á su costa lohan funda- 
do, han hecho una buena iglesia. Los edificios van labrándo- 
se: cada navio le acude con una soldada, fuera de las limosnas 
que piden en los viajes, y otras que nmrineros é pilotos les 
dejan al tienq)0 de su muerte. Háse fundado otro, que es el 
cuarto, llamado San Diego, de convalecientes: este es muy 
moderno; atpií se da bastante recaudo á los tales hasta que 
enteramente han recuperado la salud y ])uedan trabajar. 



820 KKVIHTA HISTÓRICA 



(WPÍTULO XXXIX. 

DK LA IGLKSIA MAYOK 

Hasta aliora la iglesia mayor desta ciudad era muy pobre 
de edificios, solamente la capilla mayor era de bóveda, del 
Marques d(m Francisco Pizarro, dotada por él con una rica 
capellanía, y al lado del Evangelio, en la pared, tiene su se- 
pultura. Aliora se ha hecho una muy buena, de cal y ladrillo, 
de tres naves donde se celebran los divinos oficios con mucha 
puntualidad y canto de ói'gano. En esta santa ig'lesia está 
fundada la cofradía de las .Animas del Purgatorio, en su m- 
j)illa, con althar ])rivilegiado, donde cada misa que en él se 
dice se saca una ánima del ¡nirgatorio, y son tantas las que 
cada día se dicen, que al cabo del año ))asan de 4,000, y al 
sacerdote que la dice, se le dá luego su limosna-acostumbra- 
da, de suerte que se sustentan sacerdotes |u)bres, j)orque allí 
tienen la limosna cierta. Hay otras capillas, tal como la de 
los carpinteros, la de San José, cuya festividad celebran con 
grande aplauso, y los zapateros, otra con la advocación á 
San Crispino y (Visj)¡niano, que los celebran como mejor pue- 
den; los negros tienen también otra cofradía, como ya diji- 
mos. 



(WPÍTrLO XL. 

i)K LOS K ni Finos 

I^os edificios desta ciudad sonde adobe, pero buenos, y co- 
mo no llueve, los techos délas eiisas son chatos. Las casas ])rin- 
cipales tienen sus azoteas: desde afuera no i>arece ciudad sino 
un bosíjue ])or las muchas huertas que la cercan, y no ha 
muchos años que casi todas las casas tenían sus huertas con 
naranjos, ])arras grandes y oti-os árboles frutales de la tie- 
rra, por las acecpiias (jue })or las cuadras pasan; empero, co- 
mo se ha poblado tanto, por maravilja hay casa que ten- 
ga árbol ni parra. La plaza es muy buena y cuadrada, 
porque toda la ciudad es de cuadras, tiene los dos frentes cer- 



1)p:s(M{ip('i6x y población de las ixdlas 321 

eados de ladrillos y sus euiTodores encima, 6 por mejor de- 
cir, doblados en los portales; arriba mucho ventanaje y muy 
bueno, de donde se ven los regocijos que en ella se hacen. Es- 
tos portales y arquería adornan mucho la plaza y defienden el 
Sol á los tratantes, el cual á su tiempo es muy caluroso. De- 
bajo destos portales hay muchos oficiales de todo genero que 
en la plaza se sufre haya. 

Lo que en esta ciudad admira mucho, y aún se había de 
refrenar, es los vestidos y trajes de las mujeres; son en esto 
tan costosas que no se sab:^ cóiuo lo pueden sufra* sus mari- 
dos; no creo yo hay, en lo descubierto del mundo, ciudad en 
su tanto ni cuatro veces nmyor que á tanta soberbia en este 
particular, como esta nuestra ciudad, llegue. Acuerdóme que 
Ijs años pasados, más hade 38, que llegando un religioso 
nuestro de España, nacido y criado en Toledo á nuestro .con- 
vento desta ciudad, cerca de la fiesta del rori)us (-hristi, tra- 
tando dellay de la suntuosidad, magestady riqueza <]ue aquel 
día en Toledo, en calles y ventanas se mostraba, le decíamos 
que no nos es¡)antase, porque en nuestra ciudad vería cómo 
no le hacía mucha ventaja Toledo: llegó la fiesta, vio la rique- 
za que se mostró en los vestidos délas mujeres, adornos de 
ventanas, althares y calles, y dijo: que la riqueza de Toledo, 
en este día mostrada, no hacía ventajas á la desta ciudad; 
pues es cierto que hay tanta diferencia, de entonces á ahora, 
en lo que vamos tratando, como de vestidos de aldea é ves- 
tidos de corte. Con justo título se podría moderar por los 
A'irreyes esta soberbia; pero no se por qué no se modera, y 
si sé por qué ni los maridos tienen ánimo ])ara moderarlo nj 
los gobernadores tampoco. 

CAPÍTULO XLL 

DEL AÍOMPAÑAMIENTO DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO 

Había en esta ciudad una costumbre muv loable, mas va 
se vá cayendo ])or la mucha codicia, y era: que en tocando la 
campana del Santíssimo Sacramento para se dar á los enfer- 
mos, por maravilla quedaba hombreen su casa que no acudie- 
se luego á la iglesia mayor; las tiendas de los mercaderes se ce- 



322 REVISTA HISTÓRICA 



rraban y ellos y sus criados, con gran fervor, íümu a acompa- 
ñar al Señor del cielo y de la tierra, y á todos cuantos ll(*oa- 
ban, fueran 6 no cofrades, se les daba cera: j)ues en este parti- 
cular,gast() tan excesivo, no sé como se puede agunntnr sien- 
do así que la cera se trae de España. Xoconocenios ciudad en 
ningún reino cristÍHno,(pie tal gasto de cera tenga, cpie hasta 
la.s cofradías de los indios y los negros llevan sus ihiágenes 
de bulto en andas y (H)n sus hachas de cera; esta cofradía es 
muy rica, tiene muy buenas p(.)sesiones de casas y tiendas en 
la plaza, hizo una custodia toda de ])lata de muy buena la- 
bor y muchos pilares macizos de plata, ])oco meiio.s (]ue un 
estado de un hombre, y para llevarla en hond)r(Ks el día del 
Santíssimo Sacramento, son necesarios doce sacerdotes de re- 
muda y se lleva en un carretón. Esta cofradía dimana de la 
que está fundada en Koma, en la Minerva, (]ue es convento 
nuestro. Tiene summa de gracias, indulgencias y jubileos 
más que otra alguna, y justíssimamente ])or concesión apos- 
tólica, tenemosla en nuestro convento. Sucedió, |)ues, así: vi- 
niendo yo en él, recién sacerdote, el domingo siguiente des- 
pués del jueves (pie se celebra la fiesta en la iglesia mayor, se 
celebra en nuestra casa el sábado; antes, tráese la custodia 
de la iglesia mayor á nuestra casa para sacaren ella, en 
nuestra procesión el domingo, el Santíssimo Sacramento, la 
cual se (»elebra con mucha pompa y alegría, saliendo del con- 
vento y andando una cuadra en torno, y una frente déla 
cuadra esla plaza: la ])eana desta custodia sobre que se arma 
toda ella, se fija oti-a custodia de oro toda, muy bien labrada, 
con que el Utmo. Fr. (íerónimo de Loayza, Arzobispo desta 
ciudad, sirvió á la Magestad del Señor, vale tres mil jjesos. 
encima déla cual, en su beril. se [)()ne el Santíssimo Sacra- 
mento. El padre sacristán era un sacerdote muy esencial: yo 
lo conocí é traté mucho: fuimos novicios juntos, en un bufete 
])uso las andas en la iglesia, en la capilla del capitán Diego 
de Agüero, de (pilen habernos arriba sumariamente tratado. 
Cubriólas con unos manteles de los (pie hay sobrados para 
los althares: sudedió. j)ues,así: (jue a(piella noche quien quie- 
ra (pie fué, notó bien dóiich^ se ponía la custodia, y después ó 
antes de maitines de media noche, fuese por la (^ustodia, dés- 
ela ví') la de oro y fué Xi^estríj Señ(jr servido, (jue con «^erla 
peana gesabaday ponjne cuahpiiera de las puertas de los ge- 



DESCRIPCIÓN Y POBLACIÓN DE LAS INDIAS 328 



sabos podía entrar y salir la CMistodia de oro, no se fija en 
este lugar ni está en el sino mando ha de salir en ella el San- 
tíssiino Sacramento, que no acertase aquél infame ladrón á 
sacarla á hurto 6 desclavarla, v no acertó asacarla. Elsacris- 
tan era "ran siervo de Dios, v de Nuestríi Señora muv devo- 
to. llámanla Nuestra Ama, que vio por la mañana la custo- 
dia de oro des(*hivada y que no la pudo sacar aquél más que 
pérfido ladrón, arrimada á unade las puertas del gesal)o,dió 
muchas o'iacias áXuestro Señor v á suMadreSantíssima; vsi 
no fui el priuiero fué el seg'undo á quien lo dijo: este sacrilego 
ladrón debía de ser alg'iln tiempo luterano. 

(v\PfTrL() XLII. 

DE LA CHRISTIANDAD DE ESTE PUEBLO 

I*ues porque di^iamos á gloria de Xuei^itro Señor lo que 
resplandece mucho en este pueblo, anntpie es así, que en los 
trajes es demasiadamente soberbio, con todo eso, es nuiy 
(íhristiano. La cofradía de la rharidad. casa tantas doncellas 
como habeuios dicho, y fuera desto, como en todos los mo- 
nasterios haya tantos jubileos, indulgencias y ])erdones, los 
más de los (pie ])ara ganarse, re(]uieren confesar y comulgar, 
es cosa de gran alegría ver en los monasterios tanta fre- 
(íuencia en confesiones y comuniones. Son, jnies, tantos los 
jubileos (|ue en esta ciudad, á los monasterios, iglesiasy capi- 
llas son ííoncedidos, (pie no sé yo si fuera de Roma hay otra 
en toda la c^hristiandad de tantos, ni (ion tanto fervor se 
acuda á ganarlos, liacieudo y tomando los medios que para 
ganarlos los sumos Pontífices que los (íoncediercm mandan 
se tome. A toda esta ciudad, poruña pártela rodea el río. por 
las otras tres, huertas y viñas, llenas de árboles frutales; como 
dejamos escrito de los de la tierra, si no son })lá taños, ya cua- 
si no hay otros, por ser de tan buena fruta como los nues- 
tros. Kl vino, pan y (*arne (lue se gasta, es cosa increíble. 
Buena población es la que consume en el rastro másde5,000 
carneros, sin los (]ue se gastan en la carnicería: y más de 100 
reses vacunas, (»ada semana: carne de i)uerco no hay quién 
se atreva á darle á basto, dan tantos para cada día. Oficia- 



324 in:vrsTA histórkw 



les, tanto género de ellos c^nio en Sevilla. El puerto, uno de 
los mejores y más capaz del mundo, abundantíssimo á su 
en tiempo de mucho pescado, donde jamás faltan 40 navios 
grandes y pequeños, y dende arriba, de Panamá, México, 
Chile y (juayaipiil. Enii)ero, tiene un gran contrario remo- 
roso y enfadoso, y es los temblores de la tierra, (]ue la suelen 
descomponer, como el año pasado sucedió uno que derribo 
muchos edificios, mas en breve se han tornado á reedificar 
muy mejor que antes, y después que se tomo en suerte por 
abogada la fiesta de la Visitación de Nuestra Señora, ha si- 
do Xuestro Señor servido, por interseción de su Santíssinia 
Madre, no haya venido tend)l()r dañoso. Celebra la. ciudad 
esta fiesta con procesión, que sale de hi iglesia mayor, anda 
en contorno de la phiza íu)n la solemnidad casi (jue se celebra 
la del Corpus ( .'hristi, y con tanto concurso del pueblo. No 
sale el Santíssimo Sacramento, ni las cofradías, ni oficiales- 
IO:i lo demás, la misma solemnidad se guarda. 



CAPÍTCLO XLIII. 



LAS (U)SAS CONTHAKIAS A lOSTA CHÜAO 

Es combatida esta ciudad de enfermedades que de cuan- 
do en cuando Nuestro Señor, por nuestros ])ecnd()s. envía, y 
en otro tiempo lo era de cámaras de sangre, por causa del 
agua del río. Como dijimos, desj)ués de traída la fuente, esta 
enfermedad ha cesado; las (»nfermedad(»s cotidianas son, en 
alcanzando algún nortecillo, romadizo, catarros, juntamen- 
te con dolónos de costado. El viento Noi'te en todas estas 
partes, en Tucumán y Chih». es ¡ícstih n.^ia, porque como es 
de su natural muy frío, en corriendo, son estas enferme- 
dades con nosoti'os, y en todos los (jue habitamos de la tie- 
rra; y de los demás dos reinos no corren otros vientos sino 
Norte ó Sur. El Sur sano, el Norte (enfermo; demás desto, co- 
mo las mercadurías se traían de otros reinos, si en (»llos han 
pasado algunas (Mifermedades contagiosas, nos vit»nen y cán- 
sanos muiího daño, y gi-an disminución de los naturales, como 
ahora lo causa una enfermedad de viruelas, juntamente con 
saranij)ión, llevándose mucha gente de todas naciones, espa- 



DESCRIPCIÓN Y POBLACIÓN DE LAS INDIAS 325 



ñoles, naturales, negros, mestizos y de los demás que en esta 
tierra vivimos, y escribiendo este capítulo, ahora, actualmen- 
te corre otra no de tanto nesgo, acáen la sierra como lo fué en 
llanos, desarampión, solo el cual en secando, sacude un cata- 
rro, que de los muy viejos é niños deja pocos, y en la Ciudad 
de los Reyes liizo mucho daño, particularmente en negros; y 
caen en esta ciudad algunos de los conquistadores viejos, á 
los cuales oí decir que llegados á este valle, les parecía era 
imposible morirse, aunque también decían habían oído decir 
á los indios que no fueran poderosos ácontjuistarlos, si po- 
cos años antes no hubieía venido una enfermedad de roma- 
dizo y dolor de costado que consumió la mnyor parte dellos. 
Las frutas nuestras, como son melones, higos, pepinos, col y 
otras de la tierra, en gente desreglada causa grandes calen- 
turas, á los que si les halla un poco faltos de virtud, los des- 
pacha, pero desto es la causa la incontinencia de los necios. 
Dejo otras particularidades, por no ser prolijo, y no se diga 
de mí que como aficionado las trato. Kerlo aficionado no lo 
niego, por tenerla por patria, en lo demás no digo tanto de 
bien como en ella, por la bondad de Dios, ha crecido en tan 
breves años 



CAPÍTULO XLIV. 



DE LAS CALIDADES DE LOS NACJD08 EN ELLA 

Los que nacen en esta ciudad, meros españoles, son gen- 
tiles hombres por la mayor parte, y de buenos entendimien- 
tos y animosos, y lo serían más si los ejercitasen en cosas de 
gueiTa. Son muy buenos hombres de á caballo y galanos, y 
para otras cosas que adornan la policía humana, no les fal- 
ta habilidad. Cuando Don García de Mendoza, JJarqués de 
Cañete, envió contra el inglés tres navios grandes y otros 
pataches, yo iba en la almirante, 3' cuantos criados iban en 
ella y hombres bien nacidos en entrando en la mar, caye- 
ron como amodorridos y el día ()ue vimos al enemigo, de ma- 
reados que estaban no eran hombres, y en tierra riñeran con 
el gran diablo de Palermo, lo cual si estuvieran hechos á en- 
trar en la mar no les sucediera. Esto no es falta de ánimo si- 
9 



326 REVISTA HISTÓRICA 



no falta de ejercicio niarítinio; que los nacidos en puerto de 
mar y á la lengua del agua, no sepan conocerla, notable des- 
cuido es. De las mujeres na^i'idas en esta ciudad como en \€is 
demás de todo el reino deTucumán yChile, no tengo que decir 
sino que hacen mucha ventaja A los var(mes:i)erdónennie por 
escribirlo, y no lo escribiera si no fuera notíssimo. Dos le- 
guas desta ciudad á la parte de Poniente, demora el puerto 
desta ciudad llamado el Callao, poblado de muchos españo- 
les y otras naciones, con su jurisdicción. Ha crecido mucho 
y crecerá man, por ser temple más fresco y máí< sano que la 
Ciudad de los Revés, á causa de ser fundado á la orilla ó eos- 
ta de la mar; solamente le falta agua, y el suelo todo es cas- 
cajo, y si alguna tierra hay es salitrosa, y de leña no tiene 
sino mucha falta. Tiene su iglesia mayor: sustenta cuatro 
conventos: Santo Domingo, llamado i)or otro nombre nues- 
tra Señora de Buena (íuía, el cual fundó con authoridad de 
la orden el venerable viejo Fr. Melchor de Villa (iómez; des- 
pu^ se ha augmentado de suertf* que es priorato; San Fran- 
cisco, San Agustín, los padres de la Compañía; y se susten- 
tan razonablemente, aunque con pocos religiosos: los más 
son los nuestros, (jue son de seis para arriba, y fué necesario 
fundarlo para que los religiosos que se embarcan se vayan á 
sus conventos, y no á casa de seglares que es inconveniente. 
También es fatigado de temblores de tierra, y de tarde en 
tarde de inundaciones de la mar, ]>orque cuanto ha que le co- 
nozco, que son de mas de 50 años á esta parte, sola una ha 
sucedido, que gobernaba el Conde del Villar, de la cual cuan- 
do de él trataremos, diremos lo que le subcedió. Solo una co- 
sa diré por ser tocante á nuestro convento: antes de la inun- 
dación ó justamente con ella, vino un temblor de tierra muy 
grande, que derribó y arruinó muchos edificios. En el althar 
mavor de nuestro convento está la caja del Santfssimo Sa- 
cramento, v encima desta caja, en un tabernáculo, una ima- 
gen de Nuestra Señora, de bulto, grande: con el temblor cayó 
la imagen, saliendo de su lugar. Todos los hombres de la 
mar tienen singular devoción á esta imagen y convento. 
Los navios que salen, llevan sus alcancías para pedir limos- 
na para Nuestra Señora, y cuando vuelven, acuden con la re- 
cogida con mucho amor. Tiene el puerto abundancia de 
pescado al verano, (pie es desde Noviembre hasta fin de 



DKSC'RIITIÓN Y POBLACIÓN DE LA8 INDIAS 327 



Abril, luego entran las í»'arúas y hace nu poco de frío, y en- 
toncen háiCense los peces á la mar á buscar abrigo. 

CAPÍTULO XLV. 

DE LOS VALLES QUE SE SIGUEN 

Siguiéndola costaadelante, al Sur, llegamos luego al valle 
nombrado Pachacámae, no muy ancho, aunque en partes tie- 
nedosleguasymás de fértil suelo. Hay en élmuy pocíos natu- 
rales: las borracheras los lian consumido, el día de hoy. A 
la entrada del valle venios acjuel famoso adoratorio ó hua- 
ca. que es un edificio poco menos que el de la huacade Trujilo, 
dedicado por los nidios al demonio, que les hacía creer era el 
ci'eador de la Tierra. Es fama en esta huaca haber gran suma 
de tesoro aquí enterrado y ofrecido al demonio: han algunos 
cavado en ella, empero, no han dado en él sino sacado plata de 
la bolsa; hoy la vemos casi cubierta de arena que los a ires sobre 
ella han amontonado. A este valle, cinco leguas adelante, se 
signe e\ valle deChilca, que son unas hoyas naturalmente hin- 
cadas de arena, en las cuales seda mucho maíz y demás man- 
tenimientos de la tierra; de nuestras frutas, uvas, higos, gra- 
nadas, membrillos y melones, los mejores del mundo, y las de- 
más frutas muy sabrosas porque la tierra pica en salitre. 
Este valle ni hoyas tienen agua con que se rieguen, ni del 
cielo ni de la tierra, pero tiene bastante humedad con el 
agua que por debajo de la tierra se trasmina, la cual es po- 
derosa para que las comidas crezcan, se multipliquen y lle- 
guen á sazón. Ilállanseen estas hoyas fagueyes, que son unos 
pozos poco hondos, con la mano alcanzamos á ellos, de 
agua salobre; y hay otros pozos que el agua es un poco mejor, 
con la cual se sustentan los indios y los españoles, que por 
aquí caminan. Para sembrar el maíz, usan los indios una co- 
sa extraña: al grano de maíz lo meten en una cabeza de sar- 
dina y así lo ponen debajo de tierra; es mucha la que dá esta 
costa huyendo délos peces mayores. La costa es abundan- 
tíssima de pescado, lisas, corvinas, lenguados, tollos y otros; 
los indios usan sus balsas de junco como los demás desta 
costa y valles. Puerto ninguno tiene; los naturales se van 



328 REVISTA HISTÓRICA 



consumiendo por la razón en el otro capítulo dicha. Luego 
á cuatro leguas, se sigue el valle llamado Maza, y por otro 
nombre Main, con mucha v muv buena tierra, con un río de 
la mejor agua destos llanos: es río de oro, de aquí se sacaba. 
5 ó 6 leguas máus arriba está un pueblo pequeño de 100 in- 
dios, casados, poco menos, nombrado Talango que lo doctri- 
na nuestra orden. El valle es fertilíssimo de maíz, trigo y 
más mantenimientos, todo acequiado. Cultívase poco res- 
pecto de haberse consumido los indios por las borrecheras. 
Dos leguas adelante, poco mas, se sigue el de Asia, 6 por me- 
jor decir, el de Comillo; tiene pocos indios consumidos por lo 
dicho y malas aguas: el río se sume más de seis leguas antes 
de la mar y junto á ella revienta en poca agua en una lagu- 
na pequeña que se hace cerca del tambo llamado Asia. Tiene 
buenas tierras, aunque es angosto, de riego. Fueron los in- 
dios deste valle ricos de oro y ellos entre los naturales des- 
tos llanos los máus nobles de condición; fué muy poblado y 
ya son muy pocos. 

CAPÍTULO XLVI. 

DKL VALLE DE CAÑETE 

Prosiguiendo la costa adelante, á siete leguas andadas, 
entramos en el valle ancho y fertilíssimo llamado Guarco de 
los indio.-4, y de nosotros Cañete, por un pueblo que en él se 
fundó, llamado Cañete, de españoles, respecto del Marqués de 
Cañete el viejo, de laudable memoria, que fué quien le mandó 
poblar. Tiene puerto, aunque no muy seguro: las tierras deste 
valle son muy apropiadas á trigo y maíz, son boníssinias 
para vinas, obviares y demás árboles frutales y mantenimien- 
tos, así de la tierra corno nupstros, no tiene río que por me- 
dio del corra. Riégíise con dos acequias sacadas desde el 
tiempo de los Inga s.grandi^-i, del río deLunahuaná, y el agua 
es buena: es abundante <le ganados nuestros y de cría^ de 
muías muv buenas. Aquí no hav indios naturales: tiene una 
fortaleza que guarda el puerto fáfilmente. Kl pan de aquí es 
de lo bueno del orbe, por lo cual ya es proverbio: — en Cañete 
toma pin y vt»te: porque como no hay servicio de indios en 



DESCRIPCIÓN Y POBLACIÓN DE LAS INDIAS 329 

el mesón y nuiy poco recado para los caiuinantes no se pue- 
de parar mucho en el pueblo. Pasado este valle hay otro de 
más de tres leguas de ancho y siete de largo, todo acequiado, 
de fertilíssimo suelo si lo hay en el mundo, el cual no se labia 
por se haber perdido unaacequia conque todo se regaba, que 
hizo sacar el Inga á los naturales del río de Lnnahuaná. El 
valle de Lnnahuaná, por donde pasa este río, dista un poco 
más la tierra adentro, cuatro leguas deste valle; es angosto 
pero abundante de mucho y muy buen vino y frutas nues- 
tras y de la tierra. Aquí se han conservado los indios un po- 
co más que en los otros valles, y con todo eso se van apocando. 

CAPÍTULO XLVIL 

DEL VALLE DE CHINCHA 

Sígnesele á este valle de Lnnahuaná el de Chincha, á po- 
cas leguas, muy ancho y espacioso, sino que le falta agua. 
Cuando los españoles entraron en este reino habían en él 30 000 
indios tributarios, ahora no hay 600 y porque no tienen 
agua suficiente para que todos pudiesen labrar la tierra, el In- 
ca señor destos los tenía repartidos desta suerte: los 10,000 
eran labradores, los 10,000 pescadores y los 10,000 mercade- 
res; los pescadores no habían de labrar un palmo de tierra; con 
el pescado compraban todo lo necesario; los labradores no 
habían de entrar á pescar: con los mantenimientos compra- 
ban el pescado, y entre estos labradores había algunos ofi- 
ciales buenos plateros y el día de lioy han quedado algunos. 
Los mercaderes tenían licencia de discurrir por este reino 
con sus mercaderías, que las principales eran mates para 
beber muy pintados y tenidos en mucho hasta la provincia 
deChucuito, en el (^ollao; no se había de entremeter el uno 
en el oficio del otro, no debajo de menor pena que de la vida. 
Con este concierto se sustentaban en el valle tanta cantidad 
de indios vai-one^ c(m sus casas, que por lo menos chicos, 
chicas égrande-í habían de ser mis delOD,000;y el díadehoy 
no se hallan en el 600 indios. A los deste valle les ha cabido 
en suerte, i)or la mayor parte, religiosos nuestros, varones 
muy esenciales que les doctrinasen, y entre ellos dos grandes 



330 REVISTA HISTÓRICA 



siervos de Xiiesto Señor, y aún tres. El ])riniero el maestro 
Fr. I)oininp:o de SantoTliomás^dequien habernos comenzado 
átratar, que en este valle doctrinándolos gastó lo mejor de su 
vida, con admirable ejemi)lo y obras, y desjuiés fué primer 
obispo de los Charcas: el seg'undo Fr. Melchor de los Reyes 
varón apostólico, gran siervo de Dios , libre de todo vicio 
que es contrario á la predicación del Evan^ielio, castíssimo 
abstinentíssimo, varón de grandes partes; el tercero el vene- 
rable Fr. Cristóbal de Castro, el cual, auní]ue no era tan 
docto como los referidos, no le hacían vent.fíja en religión y 
caridad para con los indios; todos tres grandes lenguas. A 
este padre Cristól)al. cotidianamente y aun hasta que mu- 
rió el llnstríssimo Fr. (Jerónimo de Loayza. j)orque conocía 
la entereza de su vida-, le ocupaba en visitai* todo su arzobis- 
pado, por lo cual los indios le Uanmban el hernmno del señor 
Arzobispo. Todos tres acabaron loablemente. Otros religiosos 
han tenido los deste valle, pero no de tanto nombre; y para 
dar á. entender lo poco que á estos indios les entraba la f^ 
é indómitos que eran, diré lo que pasó al padre maestro Fr. 
Domingo de Santo Thomás, en la ciudad de los Heves Este 
padre maestro, siendo provhicial, fué á España á nn capitu- 
lo nuestro general, donde todos los provinciales se habían 
de hallar; volvió y llegado á nuestro convento de los Reyes, 
viniéronle á ver muchos indios de los de Chincha, de los prin- 
cipales; á uno de ellos preguntóle la doctrina; no la supo, ó 
noqniso responder. Díjole el padre maestro:— pues cómo, ¿no 

te enseñé la doctrina cristiana v la sabías muv bien? Res- 

«■ A, 

pondió: — padre enseñándosela á mi hijo se me ha olvidado; he 
dicho esto j)ara que se vea la calidad desta gente. Ix)s indios 
particularmente los señores, eran riqufssimos de oro y los 
que ahora son señores, creo lo son. Tiénenlo enterrado y hay 
en este valle muchas huacas; en algunas de las cuales espa- 
ñoles han cavado, nuishan sacado de ellas tierra, y plata de 
la bolsa. A cinco ó seis leguas llegamos al valle Humay de 
las mismas calidades del deChincha, notan espacioso; no fué 
tan poblado y en él hay muy ))ocos naturales; pasa por él un 
río caudaloso que pocas veces se vadea. 



DESCRIPCIÓN Y POBLACIÓN DE LAS INDIAS 331 



CAPÍTl IX) XLYIII. 



DEL VALLE DE PISCO 

Seis Ipíriías adelante lleoramos al valle de Pisco, ancho y 
espacioso, con puerto y ag:na bastante sacada en acequias 
delríode Yumay. Fue poblado de muchos indios, hanse consn- 
mido como los demás de los llanos; es abundante de todo 
mantenimiento v de muchas heredades, donde va casi está 
fundado un ])uebIo de españoles. Abunda también en pes- 
cado. Entre este valle y el de lea puso Dios aquellas hoyas 
que llanuimos de Villacori, muy mayores que las que dijimos 
haber en Chillca. donde se dá mucho vino, granada, mem- 
brillo, liiíros, melones y demás frutas, sin rieo:o alguno, ni del 
cielo ni de la tierra, algnnas jagüeyes de agua razonable 
]>orque ])or la mayor parte es salobre. Vemos aquí hoyas 
donde se plantan 4000 cepas y es cosa de admiración que en 
medio de unos médanos de arena muerta pusiese Dios estas 
hovas tan fértiles. 

• 

En estos arenales de Villacori, desbarató el tirano Fran- 
cisco Hernández Girón al capitán Lope Martín, y es fama al- 
gunas noches oírse pífanos, ata mbores y grita de batalla, tro- 
pel de caballos con cascabeles que pone no poca grima. Por 
estos arenales no se puede caminar sin guía, yendo ó vinien- 
do á lea, y de noche por los muchos calores. Los indios de 
guía oyendo esta grita y voces, animan á los españoles di- 
ciéndoles que el demonio por espantarlos causa aquellos ru- 
mores. 



CAI^ÍTÜLO XLIX. 



DEL VALLE DE ICA 

Otras seis leguas de la costa de la mar, pobladíssimo de 
muchos algarrobos, con un río no mny grande, de muy bue- 
na agua, y fuera mucho mayor sino se trasminara por todo 
el valle, por lo cual las heredades que hay en él, muchas y 



332 rp:vi»ta hintóripa 



miiv buenas de vinas v deniáw mantenimientos, no tienen ne- 
cesidad de mucho rieíTo. El vinoqueaquíseliaee, alguno es muy 
bueno, poique ya en común sentenina entre los caminantes: 
en lea hinche la bota y pica. Fundóse aípií un pueblo de es- 
pañoles, algunos de ellos son ricos de viñas y chá<*ara8, sus 
casas llenas de todo mantenimiento. Kra valle de muchos in- 
dios, ahora no hay sino dos 6 tres pueblos deellos: vánse con- 
sumiendo como los demás dostos llanos por las razones di- 
chas. Todos los llanos y tierra que se habita desde las ver- 
tientes de la sierra y cordillera nevada hasta lo último del 
reino de Chile, es grandemente combatida de temblores de 
tierra, v este valle lo es mucho, va dos veces lo ha derribado 
un temblor, y la igiesia del convento de San Francisco, que 
era buena, dos veces ha dado con ella en el suelo, lo que desa- 
nima mucho para queá cualquier pueblo no se pase adelan- 
te. De aquí al vallecillo de Guayuri, se i)onen 1 5 leguas de 
despoblado y sin agua. A las 5 leguas á la salida del valle de 
de lea solía haber un jagüey, y aún una ventilla, que con 
un temblor cíiyó y se despobló. Guayuri es muy angosto, de 
poca agua, pero buena; plantáronse en él solas dos viñas, no 
hay espacio para más: la una de 500 cepas y la otra 1,500. 
Cargan tanta uva y de ella se saca tanto vino, (jue si no se vé 
no se puede creer. De las 500 se cogen 1,500 botijas de vi- 
no y délas otras 4,000. Fuera desto. dánsemuy bien nuestros 
árboles frutales,granadas,membrillos, higos, melones y otras 
legumbres. El vino es el mejor de todo el reino. 

CAPÍTULO L. 

DEL VALLE DE LA NASCA 

Saliendo deste valleiíillo, á nueve leguas adelante entra- 
mos en el gran valle déla Xasca, muy ancho y largo. Fué 
muy poblado de indios, ahora le faltan par las causas arriba 
dichas. Es fértil como los demás de los llanos de vino v de- 
más cosas, no de mucha agua, ])ues los indios el tiempo de 
las secas se ai)rove(!han de pozas hechas á mano á trechos y 
en lugares altos, como estan(]ues grandes de agua, de los cua- 
les sacan acequias para comenzar á sembrai' y sustentarse 



DESCRIPCIÓN Y POBLACIÓN DE LA8 INDIAS 333 

de ellas hasta que viene el río. Dista déla mar más de 14 le- 
guas, todas ai-enales y sin aguas; con todo eso en carretas 
llevan el vino al piiei-to, que es seguro. 

CAPÍTUIX) LI. 

DE OTROS VALLES SIGriENTES 

Quince leguas se ponen desde eetevallehasta Acari,de des- 
poblado, gi-andes amnales y sin agua, si no es en una peque- 
ña quebradilla, muy angosta^ á las siete leguas, de muy poca 
agua, gruesa y cenagosa. Es Acari buen valle y de las calida- 
des de los demás; había en él muchos indios, hánse consumi- 
do como los demás y por la misma razón. Luego se sigue el 
valle de Ático, estrecho, y no tan abundante como los demás; 
luego el de Ocaiía, angosto, pero de buenas frutas y viiías y 
abundante de maíz. Los indios son muy pocos y se van dis- 
minuyendo. # 

CAPÍTULO LIL 

DEL VALLE DE CAMANÁ 

( Año de 604, víspera de Santa Catalina mártir, lo destrujó 

un temblor de tierra). 

Sigúese á éste, ocho leguas adelante, el valle Camaná, de 
las mismas calidades de los otros, donde se fundó un pueblo 
de españoles. Su trato es vino, pasas, trigo de lo bueno deste 
reino; es abundante de pescado. El puerto es playa, pasa por 
él un río gi-ande que pocas veces se deja vadear; desde aquí á 
Arica, y aún ha^ta Chile, ya fenecieron los valles grandes y férti- 
les y se siguen vallecillos angostos y no de las calidades de los 
pasados. Desde aquí nos comenzamos á meter la tierra aden- 
tro canimandopara la ciudad de Arequipa, distant/C del veinti- 
dós leguas, y más, donde hay dos valles, uno llamado Siguas, 
angosto, de muy buena agua y mejor vino, ya casi sin indios 
por se haber consumido como los demás referidos. (Mnco le- 
guas delante, entramos en el valle llamado Víctor. Este es más 

10 



334 REVISTA HISTÓRICA 



ancho, (loiule Ion más de los vecinos de Arequipa tienen sus he- 
redades ;cog'en mucho vino y muy bueno, (}ue se lleva al Cuzco. 
di«tnnte 05 leguas, y á Potosí más de 140, y se provee todo el 
CoUao. Esta ciudad fué los años pasados de mucha contrata- 
ción, hasta que don Francisco de Toledo, VisoiTey destos rei. 
nos, le quitó el puerto y lo pasó á Arica. Conocí en este puer- 
to un hombre extranjero residente en él,quetenía tanta expe- 
riencia en la mar, que por distar de tierra donde los navios da- 
ban fondo más de dos leguas, conocía este hombre cuándo (X)n 
toda seguridad se podía hacer desembarco; empero, en cual- 
quier tiempo, como sean aguas vivas, ti-es días antes y tros 
días después es peligroso desembarcar. Tiene este asiento po- 
ca agua; una fuentecilla hay en él, que para deshacer la pie- 
dra de los ríñones, es muy aprobada; es combatido de mu- 
chos tembloi'es de tierra y es cosa de admiración que la 
mar también tiembla. Volviendo á la ciudad de Ai-equipa, es 
del mejor temple deste reino por estar fundada á la falda de 
la sierra, de buen cielo, annque un poco seco. Dentro del pue- 
blo se dan muchas uvas y todas las frutas nuestras, en 
particular peras, no mayores cjue cermeñas: son mal sana^. 
El agua del río es mal sana ])or pasar i)or lugares salitrosos. 
Fundóse al lado de un volcán llamado de Arequipa, á cuya 
causa, y por ser la tierra f^v"ernosa,es combatida de frecuen- 
tes teri^emotos y tantos que acaecen tres y cuatro veces al día 
y otras tantas en la noche, unas ve(íes con más violencia que 
otros. Los años pasados, gobernando don Francisco de To- 
ledo, sucedió uno «y tal que arruinó toda la ciudad: á nues- 
tro convento echó todo por el suelo sin quedar dónde se pu- 
diese vivir ni dónde poder decir misa. Sustenta cinco conven- 
tos: Santo Domingo, San Francisco, San Ag^ustín, la Mer- 
ced y los Teatinos, (]ue aunque llegaron tarde, tienen el me- 
jor |)uesto. lios vecinos viejos eran ricos, sus hijos son pobres 
porque no siguen la prudencia de sus padres y los nietos de 
los conquistadores y vecinos serán pauperríssimos. 



DESCRIPCIÓN Y POBLACIÓN DE LAS INDIAS 335 



CAPÍTULO LIIL 



PEL PUERTO DE ARICA 



Desde esta ciudad al puerto ó playa de Arica hay más de 
cuarenta leguas, en el camino de las cuales hay algunos valles 
angostos, donde se dan las cosas que en los demás, pero no en 
tanta abundancia, por ser estrechos. Vivenen ellos algunos es- 
pañoles que allí tienen sus haciendas, donde como mejor pue- 
den pasan su trabajo; la playa de Arica es muy grande y muy 
conocida por un morro (que llaman los marineros), ó blanco 
que de muchas leguas se vé. Es blanco respecto á los mu- 
chos pájaros que en él vienen á dormir, cuyo estiércol le ha 
vuelto tal; es valle muy angosto, de poca agua y no muy 
buena. Este reino se componía en tres (*): el de los Reyes por 
todo el distrito de las apelaciones para la Audiencia; el de los 
Charcas por el suyo, y el de Quito por el suyo; y porque si en 
Arequipa, que es distrito de la Audiencia de los Reyes, se de- 
sembarcaban las mercadurías de las ganancias, por ser den- 
tro de un mismo reino, no se debían desembarcar, por cuyo 
motivo, pasó don Francisco de Toledo (como ya dijimos) 
la coutnitación á Arica, y puso allí caja real y oficiales, á 
donde van á parar los azogues para Potosí. Reside allí el 
corregidor cotidianamente, y es necesario, porque en este 
pueblo viven de todas las naciones. Aquí hay juegos, figo- 
nes, hay flamencos y ojalá no hubiese entre ellos algunos in- 
gleses y alemanes luteranos encubiertos, y siendo escala don- 
de los navios que vienen de Chile paran, y los luteranos, que 
desde el año 78 han sido (digo han entrado ), que han sido 
tres piratas ingleses que han venido á reconocer y han surgi- 
do en él, ¿cómo dejan vivir allí tanto extranirero? En el mo- 
rro que dijimos está puesta Una atalaya y descubre más de 
10 leguas de mar por una parte y oti-a. Antes que llegue 
cualquier vela al puerto le ha descubierto de más de seis le- 
guas, por lo cual de noche pueden dormir seguríssimos que 
enemigo no entrará en él; hay en él cuatro 6 cinco piezas 

( • ) Probablemente el copista suprimió la palabra distritos. 



336 REVISTA HISTÓRICA 



gruesas de artillería, muy buena, que alcanzan una legua y 
más, bastante para defender la entrada al enemigo. 

Ti-es leguas el valle arriba se dan muchai9 uvéis y buen vi- 
no y frutas de las nuestras muy buenas; el trigo, maíz y hari- 
na se trae de fuera, parte, y por esto vale caro; al tiempo del 
verano es abundante de pescado y bueno; es muy enfermo; 
siempre hubo en 61 pocos indios, ahora no creo hay seis. 

CAPÍTULO LIV. 

DE LQS DEMÁS VALLES HASTA COPIAPÓ 

Desde aquí se vá prolongando la costa derecha al Sur con 
algunos valles angostos en ella, y despoblada de 15 ó más le- 
guas; el camino arenales, y pasadas 60 leguas, lu^o se en- 
tra al valle de Tarapacá. Este solía ser muy buen repar- 
timento y rico de minas de plata, de donde se camina por 
un despoblado de 80 leguas harf^ta Atacama, por el cual sin 
guía no se puede caminar. Ix>s indios de Atacama han estado 
hasta ahora medios en paz y medios de guerra; son muy be- 
licosos y no sufren los malos tratamientos que algunos hom- 
bres ha<íen á los de acá del Perú. No dan más tributos de los 
que quieren y cuando quieren. Desde aquí se entra luego en el 
gran despoblado de 120 legua* que hay desde aquí á Copia- 
pó,que es el primer repartimiento del reino deChile.el camino 
es de arena no muy muerta. En este ti'echo de tierra hay algu- 
nas caletilla« con poca agua salobre, donde se han recogido 
y huido algunos indios pescadores pobres casi desnudos; los 
vestidos son de pieles de lobos marinos y en muchas partes 
desta costa beben sangre destos lobos á falta de agua. No 
alcanzan un grano de maíz, ni lo tienen; su comida solamente 
es pescado y marisco. Llaman á estos indios camanchacaí» 
porque los rostros y cueros de sus cuerpos se les ha vuelto 
como una costra colorada, duríssimo. Dicen les proviene de 
la sangre que beben de los lobos marinos y por esta color son 
conocidíssimos. Caminando por aquí se llegíX á un río, que en 
la lengua délos indios se llama Anchallesllac, que quiere decir, 
río gran mentiroso, porque verémosle correr particularmen- 
te ala tarde y parte de la noche y si luego no se toma el a^ia 



DESCRIPCIÓN Y POBLACIÓN DE LAS INDIAS 337 



necesaria y dá de beber á los caballos, á poco rato no 
hay gota de agua, y no es río pequeño : la causa es que con 
el calor del Sol se derriten las nieves de la cordillera v corre 
el agua á la tarde y parte de la noche, y cuando resfría 
la noche cesa la corriente, por lo cual los que piensan á la 
mañana hallar agua, .hállanse burlados y la madre del río 
seca. Hay otro río que como viene corriendo el agua se vá 
cuajando en sal; por esta parte se mete mucho la mar hacia 
la Cordillera y los tres meses dichos del año hace mucho frío 
y caen nieves. Los indios pocos que habitan las caletillas 
desta costa, desde Arica á Copiapó, que es el primer pueblo 
del reino de Chile, salen á pescar en balsas de cuero de lobos 
marinos llenas de viento. Cósenlos tan fuertemente que no 
les puede entrar una gota de agua; la costura está para arri- 
ba y el ombligo en medio de la balsilla, en el cual cogen una 
tripula de dos palmos de largo por donde la trinchan y lue- 
go la revuelven ó tuercen y enroscan. Cuando sienten que la 
balsilla está floja desenroscan la tripilla y tornan á trinchar 
su balsa. En medio deste gran despoblado, desde Atacama á 
Copiapó, hay un cerro muy conocido, llamado Morro More- 
no de los marineros, al cual, llegando por tierra, parece ser 
el que divide los términos del Pirú de los de Chile. Aquí casi 
fenecen los arenales y la tierra es ya dura pero inhabitable, 
por ser muy ¡seca, sin agua, ni leña más de la que habemos 
dicho: desde este morro comienzan á ventaer 4 su tiempo los 
nortes, desde mediados de Abril hasta Noviembre, unas veces 
un poco más tarde y otras más temprano. Ahora volvamos 
á las ciudades deste nuestro Peró por el camino de la sierra, 
y luego trat>aremo8 de la calidad de los indios de ella j'' de sus 
costumbres. 



CAPÍTULO LV. 

DE LA CIUDAD DE QUITO 

La ciudad de Quito es pueblo grande, cabeza de obispado 
y donde reside una Audiencia Real; su comarca es fértil, así de 
trigo como de maíz y. demás mantenimientos de la tierra y 
nuestros, abundantíssima de todo género de ganados, mayo- 



338 REVISTA HISTÓRICA 



res y menores. Dista de la línea equinoccial un tercio de gra- 
do y con dista^r t^in ])oco es muy fría, destemplada y lluvio- 
sa; que casi todos los meses poco ó mucho, llueve. Háse au- 
mentado mucho esta ciudad; reside en ella la Audiencia Real, 
tiene muchos indios en su comarca vías tierras muv abundan- 
tes, los campos llenos de ganados mayores y menores, de don- 
de hasta la ciudad de los Reyes, que son más de 300 leguas, 
traen ganado vacuno, y aiin carneros. Lo que lian multiplica- 
do yeguas y caballos, parece no ci'eedero. Hay fundados en esta 
ciudad conventos de todas órdenes y un monasterio de mon- 
jas. Nuestros reli<riosos tienen provincial i)or sí. y los del 
glorioso San Francisco, divididos desta provincia del Peni- 
Ios padies de San Agustín y tea tinos sujetos á los provincia- 
les de los Revés. El convento del Seráfico iSan Francisco, fue el 
primero y la ciudad se fundó el día de San Francisco por lo 
cual se llama San Francisco de (¿uito. Esta sagrada religión, 
como más antigua, comenzó á doctrinar á los naturales con 
mucha religión y cristiandad, donde yo coiiocí algunos reli- 
giosos, y entre ellos, al padre Fi*. Fraiuíisco de Morales, Fr. 
Rodoco v Fr. Pedro Pintor. El sitio del convf^nto es muy 
grande, en una plaza, y á más de enseñarles la doctrina, 
enseñan también á Wr, escribir v contar v tañer flautaíí. Ha- 
bían muchachos que tenían muy buenas voces. Conocí en el 
colegio que tenía el (convento de San Francisco mi muchacho 
indio llamado Juan, y por ser bermejo de su naíumiento, le 
llamaban pluan Bermejo, que podía ser tiple en la cai)illa del 
Sumo I^ontífice. Este muchacho salió tan diestro en el canto, 
órgano, flauta y tecla que le sacaron para la iglesia mayor. 
Combaten á esta ciudad y toda su conninía grandes temblo- 
res de tierra, á causa de que la. ciudad, á la parte del Septen- 
trión, tiene unoódos volcanes, yel unodellos que casi siempre 
humea. Toda aquella provincia tiene tantos (pie en lo i-estan- 
te del Perñ no se vén sino cuál ó cuál y allí á cada paso. Los 
años pasados, debe haber 28 ó 24. salió tanta ceniza deste 
volcán cercano á la ciudad que ])()r algunos días no se veía el 
Sol y el puel>lo, campos y paseos llenos de ceniza, por lo cual 
todos los ganados se venían á la ciudad á buscar comida 
bramando. Hiciéronse procesiones y muchas rogativa*;, me- 
diante lo cual fué Nuestro Señor servido, se fuesen descu- 
briendo algunos aguaceros, por donde salía la yerba. Por fin 



descripci(5n y población de las indias 339 

reventó este volcán y declinando á la mar del Sur arruinó 
algunos pueblos de indios y se los llevó el agua que salió del. 
A la parte del Sur desta ciudad, demora la provincia de los 
Quijos ó por otro nombre, de la (.^anela, por se hallar en ella, 
y de allí se trae ya por estas partes buena y mejor que la 
que viene de la India, porque como más fresca pica y quema 
más. 



CAPÍTULO LVI. 

DE KÍOBAMBA Y TUMIBAMBA 

Saliendo de la ciudad de Quito por el camino Real del In- 
ga para venir por acá arriba, á 25 leguas desta ciudad, llega- 
mos al valle llamado Ríobamba, antes del cual hav cinco 
pueblos de indios, l)uenos. Este valle no tiene una legua de 
largo, poco más; de ancho no alcanza á media legua; no era 
poblado de indios, pero fértil de pastos. Por aquí comenza- 
ron dos ó ti'es españoles que conocí á hacer sus estancias de 
ganados, multiplicaban admirablemente, y ahora es un ra- 
zonable pueblo de españoles, rico de todo género de ganados 
y de trigo. Es falto de leñay algún tanto dest-emplado. En es- 
te pueblo (gobernando don Francisco de Toledo) andaba un 
hereje luterano extranjero, en hábito de pobre, y sustentá- 
base de limosnas, que como á tal le hacían, y en este estado 
vivió 3 ó 4 años, que sin duda debía esperar algunos otros 
de su secta y como se tardaron, un día de fiesta, estando la 
iglesia llena de gente oyendo misa, el impío luterano arriba 
junto á la j)eana del altar mayor, donde el cura decía misa, 
así como el sacerdote consagró la hostia y la levantó para 
que el pueblo consagi-ada la adorase, se levantó y con un 
ánimo endemoniado la quitó con sus manos sacrilegas de 
las manos del sacerdote y la hizo pedazos, echando mano á 
un cuchillo carnicero que tenía escondido, creo hirió livia- 
namente al sacerdote. El pueblo viendo este sacrilegio, admi- 
rado, los que se hallaron más cerca, se levantaron las espa- 
das desnudas y llegando al luterano, diéronle de estocadas 
y le mataron. Otras 25 leguas más adelante entramos en el 
valle muy espacioso y abundante, nombrado Tumipampa 



340 REVI8TA HISTÓRICA 



donde ningunos naturales dejó el Inga, por que cuando 
iba conquistando estos reinos llegando aquí, le hicieron 
mucha resistencia, pero vencidos á los que dejó con la vida, 
que fueron pocos, los transportó por acá arriba. En 
el valle de Jauja, que dista deste más de 800 leguas, puso 
algunos pocos descendientes destos; y de allí á poco sucedió 
que cuando se alzó toda la tierra contra los españoles, á 
pocos años después de conquistada y muerto el señor della 
Atabalipa, tuvieron los indios serranos y yungas cercadaia 
ciudad de los Reyes, no poco trecho, y en el valle de Jauja 
mataron más de 30 españoles y en otras partes los que po- 
dían haber, y al Cuzco también cercaron. Vn vecino de Qui- 
to, conocido, llamado el capitán Sandoval, encomendero [si 
no de toda esta provincia de la mayor parte de ella, sabien- 
do el aprieto en que estaban los nuestros, juntó 4 ó 5,000 in- 
dios cañares y vino en favor de los españoles. Púsose en ca- 
mino c(m ellos y prosiguiéndolo, sabido por los indios cerca- 
dores venían los cañares contra ellos, alzaron el cerco, y los 
cercados saliendo contra ellos, los hicieron volver ásus tierra* 
y desde entonces hasta hoy no se han atrevido ase revela r, aun- 
que lo han procurado. Prosiguiendo el camino adelante del 
Inga, á 35 leguas, entramos, en el valledonde la ciudad de Lo- 
ja se fundó, llamado en la lengua del Inga Cusipampa, que es 
tanto como decir valle de placer, y así lo es realmente. Es ale- 
gríssimo, de grata arboleda, por medio del cual corre un río 
de saludable agua; casi en todo el año se siembra y coge en 
él trigo y maíz, uno en un mismo tiempo está en verza otro 
se siega, en otras partes eran para sembrar. No es muy an- 
cho el valle, pero bastante para sustentar la ciudad que no 
es muy i>equeña: tiene muchos indios de encomienda. I^ co- 
marca fértil y má^s templada que la de Quito y más lluviosa; 
en su distrito caen las minas de oro que llaman de Zaruma. 
Sustenta ti'es monasterios de las órdenes mendicantes, aun- 
que no de muchos i'eligiosos; el nuestro es más antiguo. Des- 
ta ciudad declinando el Oriente la tierra adentro, se camina 
á la ciudad de Zamora y gobeniación (]ue llamamos de Sa- 
linas, donde hay ti'es ó cuatro pueblos de españoles, algunos 
de ellos ricos de oro, particularmente lo fué, y ahora no le 
falta á Zamora, en cuyas minas se hallaron dos granos uno 
que pesaba 1,600 pesos y la mitad otro 800. Para ir á esta 



DESCRIPCIÓN Y POBLACIÓN DE LAS INDIAS 341 

gobeniaeióli se pasan uno ó dos páramos despoblados y muy 
frfos, los cuales pasados, lo demás es tierra muy cálida, mon- 
tuosa y de muchas aguas del cielo, llena de sabandijas pon- 
zofiosajs. A esta provincia no he visto, por eso trato breve- 
mente della. 



CAPÍTULO LVII 



DE LA PROVINCIA DE CAJAMARCA 

Saliendo desta ciudad y valle por el camino real del In- 
ga, de la síeira, hasta llegar á la provincia de Cajamarca, 
no sé las leguas que hay, ni las particularidades del camino. 
No lo he visto. I^a. ciudad de Loja si vi, porque viniendo de 
Quito para la ciudad de los Reyes, desde la de Loja, baja- 
mos á Tumbes, cuyo camino es áspero y de muchas piedras, 
para ir á Cajamarca, cuestas y algunos despoblados, hasta 
llegar á esta provincia, donde fué preso Atabalipa, señor de 
todos estos larguíssimos reinos, desde Pasto, 40 leguas más 
abajo de Quito, hasta la ciudad de Santiago de Chile, y aún 
18 leguas más adelante y todo el reino de Tucumán. Es 
bien poblada esta provincia de indios, y abundante de todo 
mantenimiento, porque aunque es por la mayor parte fría, 
tiene algunos valles templados, donde crtjese mucho maíz y 
trigo, y en los altos abundante de papas, que son como tur- 
mas de nuestra tien-a, empero, de mejor nutrimiento. Los 
padres de San Francisco la han doctrinado desde el princi- 
pio, y la doctrinan con mucho ejemplo de cristiandad y reli- 
gión. 

CAPÍTULO LVIII. 



DE LA CIUDAD DE CHACHAPOYAS 

A las espaldar de Cajamarca la tierra adentro, caminando 
hacia el Oriente, se fundóla ciudad llamada comúnmente Cha- 
chapoyas, á los principios rica depro y poblada de gtnle niáe 

bien dispuesta que la del Pei1í, má^i gallarda, pero grandes 
11 



342 REVISTA HISTÓRICA 



ladrones. Es i'eíiióu más cálida que fría, los valles son cáli- 
dos, lluviosos V con abundancia de víboras v otros ani- 
males sucios y ponzoñosos. En la provincia de Bracamo- 
ros, que eslá más hacia el Norte, se fnndó otra ciudad llama- 
da Jaén, no tiene mucho nombre porque no es más que abun- 
dante de comida, es el paraíso de Mahoma, tiene. la« calida- 
des la tierra que la de los (Chachapoyas. Saliendo desta ciu- 
dad y volviendo al camino real, á 30 leíz:nas andadas, entra- 
mos en el valle de Jauja, donde al presente escribimos este 
breve comp^índio, uno de los mejores y más poblados. Es 
abundantíssimo de trigo, maíz y otros mantenimientos de 
la tierra y carnes. Pasa por medio del un río grande y cau- 
daloso al tiempo de las aguas, pero el más desa[)rovechado 
del mundo, porque no se puede sacar del una sola acequia 
para i-egar los sembrados. Llev^a pescado y bueno; susténtan- 
se en él 13 pueblos de indios, los 7 f)()r la una banda, y los 6 
por la otra, poblados con sus cuadras; las iglesias de ado- 
bes y t^ja, adornadas de razonabhís ornamentos. Vánse dis- 
minu^^endo estos indios, á lo menos los varones, por estar 
tan cerca de Huancavillca; la causa diré en el capítulo si- 
guiente. Cásanse en algunos pueblos [locas indias solteras, en 
particular en el que ahora resido doctrinando los llamado/? 
Chongos, porque dicen que si casadas los maridos las han de 
tratar mal, como lo hacen estando borrachos, que más quie- 
ren su libertad y buen tratamiento; y es así que como para 
los indios varones no hay castigo por las borracheras, por es- 
tos malos tratamientos, que á veces llegan á matar las mu- 
jeres, como soy testigo, no hay de qué maravillarse. Tiene 
de largo este valle 9 leguas tiradas, y j)or lo más ancho dos. 
Es falto de leña, qu(» si la tuviera ya se hubiera poblado en 
él un pueblo de españoles; es tem])lado, aunque no sufre na- 
ranjos, ni limones; dánse algunos membrillos y duraznos y 
de las legumbres nuestras, algunas. 



DESCRIPCIÓN Y POBLACIÓN DE LAS INDIAS 343 



CAPÍTULO LIX. 



DE LA VILLA DE OROPESA, POR OTRO NOMBRE GUANCAVILCA 

Cuatro jornadas deste valle, no muy grandes, se descu- 
brieron, creo en tiempo que gobernaba el Marqués de Cañeta 
de buer»a memoria, ó al fin de su gobierno y principio del 
Conde de Nieva, las minas que llaman del azogue, en un valle 
llamado Guancavillca, frío, porque está en .medio de la Cor- 
dillera de las Sierras nevadas que atraviesan todo este reino 
del l*erú y Chile hasta el estrecho de Magallanes, donde se 
pobló un pueblo de españoles, gobernando don Francisco de 
Toledo, por cuyo resj>ecto se nombró Oropesa, C(in título de 
villa. Descubrieron estas minas unos indios vecinos de Gua- 
manga, en cuyo distrito se hallaron, de donde sacó y se vio 
prosperíssimo en ri(]ueza, no murió con tanto y su mujer é 
hijos, ahora padecen necesidad (*). Al principio repartióse el 
cerro á hombres particulares en minas, corno si fueran minas 
de plata; ellos las labraban pagando su quinto al Rey. Des- 
pués acá SuMagestad las quitó justíssimamente y aplicó pa- 
ra sí; solo dejó con propiedad de su mina al descubridor, 
Amador de Cabrera v á sus herederos. Arrienda estas minas 
Su Magestad á cierto número de españoles con condición que 
todo el azogue (]ue sacaren lo metan en el almacén y Su Ma- 
gestad les paga el quintal á cuarenta pesos ensayados. Su 
Magestad les reparte indios de los comarcanos, pagándoles 
sus trabajos los arrendadores conforme á lo que el Virrey se- 
ñala. Este cerro de azogue ha sido la vida deste Perú, por- 
que si no se hubiera descubierto, fuera el más pobrey más cos- 
toso del mundo, (^on los azogues ha revivido, porque toda la 
plata que en Potosí y en I*orco se saca es por azogue y con 
azogue. Los que comenzaron á labrar el azogue fueran pode- 
rosísissimos de plata si tuvieran juicio para guardar y gas- 
tar, faltóles y el día de hoy están alcanzadíssinios, porque 
como el azogue se vá en humo, así sus riquezas se han resuel- 
to en él. Lo mismo que sucede en este valle, sucede en los de- 



(•) Parece que el copista ha omitido acjuí el nombre de Amador de Ca- 
brera, descubridor de la mina de Huancavelica. 



344 REVISTA HISTÓRICA 



más, que de más cercay lejos van á trabajar á estas minas, y 
destos son testigos también los i^epartimentosde Guamanga 
y en particular el del primer descubridor, era uno de los bue- 
nos del reino, del Cuz(»o para abajo; ahora está menoscaba- 
díssimo, que si al socavar hubieran hecho sus respiraderos 
se labraran las minan como antes y no padecieran este de- 
trimentiO la vida de los naturales, lo que viendo los misera- 
bles, huyen por no ir á Guanea villca, como es justóse huya de 
la muerte. No se puede dejar de creer si no que si Su Mages- 
tad fuese sabedor de este menoscabo de sus vasallos, que 
mandaría 6 cesar la labor, rt (|ue se labrase como antes, por- 
que el Rey sin vasallos escomo cabeza shi miembros, y quien 
tanto cela el bien destos pobres con tanto amor y christiau- 
dad, no es posible no lo umndase remediar, y aún castiga- 
ría á quien lo pusiese luego en ejercicio. . 

CAPÍTULO LX. 

DEL ASIENTO DE MINAS UK CHOCLOrOCHA V POR OTRO NOMBRE 

CASTRO VIRREINA 

Quince leguas declinando á los llanos deste cerro Guaa- 
cavillca, dista un cerro deminas llamado Choclococha, al pie 
del cual porque se descubrió y pobló gobernando el Marqués 
de Cañete, por ser casado con la ilustríssima señora doña 
Theresa de Castro que á estos reinos trujo consigo, le pusie- 
ron por nombre Castrovirreina, asiento frigidíssimo más 
que Potosí, no es tan rico, ni con mucho. Este cerro también 
ha consumido parte de los indios que se repartieron para la 
labor de las minas, porque aunque la labor de las minas de 
plata, no consuma la vida como la del azogue, porque los 
indios repartidos vienen por tierras frigidíssimas, y aquel 
asiento lo es y primero que hicieran casas donde guarecer- 
se de las nieves y aguas del «Meló, el temple desabridíssimo 
y malo, los hacía enfermar y morir, como han muerto mu- 
chos. Ya esto ha cesado con el reparo de las casas. 



DESCRIPCIÓN Y POBLACIÓN DE LAS INDIAS 345 



CAPITULO LXl. 

DE LA CIUDAD DE OUAMANGA 

Volviendo al camino real (es necesario hacer estas digre- 
siones por no volver á ellas) desde Jauja á la ciudad de Gua- 
manpa. ponen 36 leguas, no de muy buen camino, en el cual 
no hay pueblo ninguno de indios, si no son los tambos, con 
servicio de naturales para los pasajeros, donde se halla reca- 
do de pan, vino, maíz, carnero y caballos de alquiler de jorna- 
da en jornada, como ya casi en todos los tambos que son 
ventas, desde Quito á Potosí. Dos leguas más adelante de 
Huamanga es el valle llamado Viñaca, en el cual hay algunas 
viñas muy buena-* que dan buen vino, y parece adivinaron 
los indios llamándolo así, Viñaca, por lo que en álse ha plan- 
tado de viñas. Es caliente, mucho, aunque á su tiempo hiela 
no mucho y el río arrecia á mano izquierda; por una parte y 
otra d^l se han plantado y plantan viñas. 

La ciudad de Guamanga e^ de buenos edificios y son los 
mejores que hay en el reino, particularmente las portadas de 
las casas son muy buenas, de piedra, que la tienen junto al 
pueblo y la sacan cuan grande quieren, y la cal no está lejos. 
Los monasterios, que son 3: Santo Domingo, San Francisco y 
la Merced, las tienen buenas; donde en cada conv^ento se sus- 
tentan de ocho á diez religiosos. Es falta de agua, porque no 
tiene río, empero, tiene una muy buena fuente en medio de la 
plaza y de muy buena agua. Edificó un vecino desta ciudad 
llamado Sancho de Orne un convento de monjas de Santa 
Clara á su costa, con una iglesia, lacapilla mayor de bóveda, 
el cuerpo de la iglesia bueno y es el mejor del pueblo. Dejóles 
renta bastante, la cual con las que han entrado se ha aug- 
mentado y crecido; puso en él cuatro hijas que todas profe- 
saron; las 3 viven hoy religiosas muy principales y de mu- 
cha christiandad y gobierno. El fundador no t-enía mucha 
renta de indios, aunque tenía haciendas. Oí decir que mien- 
tras edificaba el convento, le proveyó Nuestro Señor en una 
mina que labraba bastante plata para el edificio, el cual aca- 
bó, cesó la veta y aún las demás del cerro, porque el día de 
hoj'^ nadie labra en él. Fué dichoso en hijos este varón, tuvo 



346 RKVISTA HISTÓRICA 



OTiee: los seis varones y las cinco hembras y de los varones 
los 4 son religiosos del oi'den del Seráphico San Francisco, 
que viven con gran ejemplo de christiamlad y virtud, á quie- 
nes la orden ha encomendado oficios honrosos. Al fundador 
deste convento le dio Nuestro Señor una muerte que fu4 su 
vida, porque ad.^más de la obra famosadestemonasterio era 
hombre de mucha oración y dicii>lina, y en esto su mujer le 
era boníssima compañera, la cual aunque le vio espirar no 
hizo los extremos ni tiMJcedias que otras suelen hacer, sino 
con el sembhxnt/» alegre, ella propia le amt)rhij6; |>uso en el 
átahúd y en su casa a(}uél día no se vieron lágrimas, ni vo- 
ces, sino un silencio, uiui tristeza sujeta á la razón, y mu- 
chas gracias á Xuestro Señor y conformidad con su volun- 
tad; j si lágrimas 6 voces fueron piadosas y christianas, mu- 
rió esta santa como vivió con gran satisfacción de su vida. 

CAPÍTULO LXII. 

DEL RÍO y CAMINOS ÜE (JUAMANGA HASTA EL CUZCO 

De la ciudad de (íuamanga dista la del Cuzco 60 ó 70 le- 
guas, divididas en 12 jornadas. El camino es umlo y destem- 
plado; ])orque en algunas jornadas hay dos temples difei*en- 
tes, salidos de uno templado y llegamos á dormir á donde 
hace un frío insoportable; conu:) saliendo de Guanm-nga y pa- 
rando en los tambillos de Illaguasi. En esta distancia en- 
contramos con tres ríos muy grandes, en valles calidíssimos: 
el primero esen Villcas, a (5 legnasdeüuamanga,entiempode 
aguas poderoso; píusase por i)uente de criznejas en tiempo de 
seca, y esto como deja el vado, que unas veces lo deja pedre- 
goso y otras veces sin ellas, y no se puede hacer en el puente 
de calicanto, por no haber cómodo paj-a ello. Más adelante 
se sigue el valle llanuido Amancay, [kh* unas flores olort)sas 
blancas (pie en él nacen en íibnndancia; y al lado un río, el 
que nunca, se vadea por tener puente de calicanto, mandada 
hacer por el Marqués de Cañete, de feliz recordación, el pri- 
mero. Aquí hay jjor ser templado, uno ó dos traj)iches, 
donde se hacen buenas cosas de azúcar. Más adelante llega- 
mos al río de Aporímac. Este tampoco se vadea, paítase por 



DESCRIPCIÓN Y POBLACIÓN DE LAS INDIAS 347 



una piiente(lerrizneias;to(]osestos tres ríoHse juntan con el de 
Jnuja y otro que pasa cuatro lep:uas del Cuzco por el valle de 
Yucay, no menor que cualquiera destos y hacen aquel gran- 
de y famoso río de Marañón, que desemboca en la Mar del 
Norte con 80 leg:uas de bocas; es el mayor río del orbe. Pro- 
siguiendo nuestro camino adelante, 4 leguas antes dé la ciu- 
dad del Cuzco, entramos en el valle de Jaquijaguaná, donde 
fué desbaratado el tirano Gonzalo Pizarro y sus valedores 
sin rompimiento de batalla, por el Gobernador Licenciado 
Pedro de La Gasea v demás servidores de Su Magestad. Va- 
lie ancho y largo, donde hay dos 6 tres pueblos de indios 
apartados un poco del camino real. Es más frío que templa- 
do, aunque se dá maíz en el y trigo, empero si acierta á he. 
lar un poco temprano, arrebata el hielo al maíz; el trigo su- 
fre TUils y ])or eso no le hace tanto daño. Es abundante de 
ganado, de lo nuestro de todo género; las aguas son malas, 
gniesas y salobres. 



CAPÍTULO LXm. 



DE LA CICDAD LLAMADA EL CT'ZCO 

De aquí á la ciudad llamada el Cuzco ponen 4 leguas bue- 
nas. Era el asiento princi])al de los reyes destos larguíssi- 
mos reinos, á quien llamaban ingas. El sitio es malo y las 
aguas malas; fundaron aquí su ciudad los es])aiioles en el 
mismo sitio donde la tenían los indios. Siembran trigo é 
maíz de riego y dase bien si los hielos no acuden temprano. 
Casi la mayor parte desta ciudad está fundada en una lade- 
ra; no la dividieron los fundadores por cuadras como las de- 
más deste reino, ni tiene calle derecha ni proporcionada. Pa- 
sa por metlio della un arroyo de poca agua el verano: las ca- 
sas de los españoles por la mayor parte son sombrías y tris- 
tes, si no es la del capitán Diego de Silva que la labró alegre. 
Es pueblo muy rico por la gran cantidad que tiene de indios 
de encomienda, los vecinos antiguos todos lo fueron; sus hi- 
jos ahora tienen abundancia de deudas v no les alcanza la 
sal ál agua; gastan sin orden y sin discreción. Sustenta 



348 REVISTA HI8T<ÍRICA 



cinco monasterios de religioHOS y uno de monjas de Santa 
Clai*a. Nuestra casa es la (jue ant¡<ruamente se llamaba, go- 
bernando los inj>as, la casa 6 templo del Sol, á quien adora- 
ban por principal de todos sus dioses falsos. Permanece en 
en nuestro convento una pilagrandedepiedra. ochavada por 
de fuera, que de ancho tendrá por cualquier parte que la mi- 
dan más de vai*a y media v de fondo más de vara v cuarta. 
A esta [)ila henchían con cantidad de chicha escogida de la 
que el inga bebía pai-a que bebiese el Sol y lo que en ella se 
embebía, creía esta gente bárbara que el Sol lo bebía. Cubría 
la boca desta pila ima lámina de oro en la cual estaba el Sol 
esculpido. Cuando los españoles entraron en esta ciudatl le 
cupo en suerteáuno de los conquistadoi-e8,queyo conocí, lla- 
mado Mansio Sierra, de naí*i6n vizcaíno y creo provinciano, 
gran jugador; jugó la láminay i)erdirtla: verificóse en él, que 
jugó el Sol. Tiene nuestro convento la huerta que así mismo 
nombraban del Sol, la (jue antes venían á labrar y cultivar 
los ingas y aún se dice (jue la última vez lo que en ella sem- 
braban eran unas cañas de maíz todas de plata y las mazor- 
cas de oro. Estas no han parecido, ni se sabe donde están. 
Es fama en nuestra casa haber gran suma de oro enterra- 
do, pero no se sabe dónde ni en que paraje. Don Carlos inga, 
salía á este partido: que le dejasen cavar debajo del altar ma- 
yor y de lo que sacase daría tanta parte, y si no hallase cosa 
alguna, tornaría á reedificar lo derribado á su costo, de la mis- 
misma manera que antes estaba. No se le admitió el partido 
y así se quedó. El monasterio de Nuestra Señora de la« Mer- 
cedes tiene el mejor sitio, auncjue los teatinos también, por es- 
tar en la plaza junto á la Iglesia mayor; el de San Francisco 
tiene plaza y bien grande; sustenta más de 30 i'eligio80s;el de 
San Agustín se va edificando, que sustenta 20 i-eligiosos. Des- 
pués de la ciudad de los Reyes y Potosí, es el mejor pueblo 
destos reinos. A la redonda, hay seis ó siete parroquias de in- 
dios que abastecen á la ciudad. El valle es muy poblaxlo de 
muchas chácaras, fuera de que la comarca es muy fértil. Esta 
ciudad es cabeza de obispado y lo era de todo el reino y aun- 
que así se nombra en los contratos y escrituras que en ella se 
hacen, ya vá perdiendo este título, porque la ciudad délos Re- 
yes se lo lleva con la asistencia del Virrey, Audiencia y Santa 
Inquisición. La Iglesia Cathedral es pauperríssimaen edificios, 



DESCRIPCIÓN Y POBLACIÓN DE LAS INDIAS 349 

aunque en i-entas es la má« aventajada de todas las Indias. 
Hay muchos templos en pueblos de indios muy mejores; la cau- 
sa porq,ue no se haya edificado, no la sé; unos echan la culpa 
á personas ya muertas, otros á vivas: no me quiero entrome- 
ter en esto. En oniamentos es rica, pero en lo que más flore- 
cía era en la celebración de los Divinos Oficios, viviendo el 
chantre primero que en ella hubo, porque todas las horas se 
cantaban cada día, el oficio menor de Nuestra Señora á media 
noche. Carece esta ciudad de leña, por lo cual no ha crecido 
más; 3'0 lahevistorepartircomocarneen la carnicería, ni tiene 
de donde le venga, ni carbones. De cuando en cuando le alcan- 
zan temblores de tierra, y á veces son tan vehementes los 
truenos que parecen temblar los cielos. Junto á la ciudad, sa- 
liendo della, caminando para el Collao, hay una fuente de 
agua salada claríssima y abundante, la cual recogida en un 
estanque grande que desde el tiempo de los ingas está hecho, 
se reparte por la tierra en contorno del estanque, la cual den- 
tro de pocos días se vuelve sal blanquíssima. La tierra en que 
cae se dividió por chácaras por los vecinos de indios y conven- 
tos; tenemos allí nosotros nuestra chacarilla. Hacen los in- 
dios desta sal mil pajaritos, leones, tigres y otros animales y 
así la venden. Un poco más adelante entramos en el llano 
donde se dio la batalla nombrada de las Salinas, por ser cer- 
ca destas, entre Hernando Pizarro y Don Diego de Almagro. 
Fué la primera que hubo entre españoles, y los suyos fueron 
vencidos; fué bien reñida, pero tratar del llano hace á nues- 
tro propósito, y ésto cuanto á la ciudad del Cuzco. 



CAPÍTULO LXIV. 



DE LOS ANDES DEL CUZCO Y COCA 

Muchas cosas hacen á esta ciudad muy rica: los muchos 
indios de repartimiento; los que tienen en contorno del pueblo; 
la contratación de los mercaderes, pero lo que más la enri- 
quece es la contratación de la coca que comen los indios. Es- 
ta coca es un arbolillo pequeño que no se levanta del suelo 
cuando mucho una vara, las ramas delgadas, casi como el zu- 

12 



350 REVISTA HISTÓRICA 



maque, aunque es más ancha; esta coca no se dá sino en tie- 
rra muy cálida y lluviosa, siémbrase A nuino. Tres ó cuatro 
jornadas del Cuzco hay una tierra llamada los Andes, donde 
hay estas chácaras de coca, con las cuales los vecinos y mu- 
chos otros han enriquecido, [)orquese sacan, para Potosí par- 
ticularmente, cada año nuis deGOmil cestí)sde coca,quecadíi 
uno debe pesar de 20 á 25 libras. Sá(*anla en cuirneros de la 
tierra y lleva un carnero 4 y 5. Desde Potosí vienen al Cuzco 
con la» barras de plata á comprar esta coca; vale el cesto 
cuando menos 3 pesos. Es imaginación ó esta hoja tiene al- 
guna virtud de sustentar, lo cual los indios si han de trabajar y 
no traen un poco della en la boca, 6 si han de caminar luejro 
desmayan y como la llevan trabajan y caminan todo el día, 
si no es cuando se sien tana comer, qun bn^vemente concluyen. 
Entre estas chácaras de coca hay muchos aninmles ponzoño" 
sos que en ellas mismas se crían y la picadura era irreme- 
diable hasta, de pocos años á(*sta parte que se halló remedio, 
y fué así: que andando á caza de perdices un soldado íjentil- 
hombre, á un perro suyo picóle una víbora en el hocico, hin- 
chándosele la cabeza como una bota; viniéndose tarde para 
su casa, el i)erro veníase así tras su amo, pero en viendo un 
arroyo de agua que cerca de la casa corría, fuese á toda fu- 
ria para el agua. El amo pensando que la rabia de la muerte 
lo llevaba, paróse, viole ¡)oner la cabeza en el agua. Dejóle el 
amo por muerto, pero ya que quería cenar, entra el perro sa- 
no y bueno y halagando á su amo, y aíin para más confirma- 
ción se experimentó en otro perro, que sanó luego de la mis- 
ma suerte. La tierra es muy contraria á la salud de los po- 
bres indios y a(in á la de los españoles, sino que á nosotros 
no nos dá la enfermedad de las narices como á los indios. Es 
tierra llena de montaña, calurosíssima,como habernos dicho, 
y abundantíssima de lluvias, pero el interés la hace habita- 
ble por más indios que en ella peivzcan, lo cual deberían con- 
siderar y aiin remediar los (jue nos gobiertian. 



descripci(5n y población de las indias 351 



CAPÍTULO LXV. 

PROSIGUE EL CAMINO DEL CIZCO A VILLCANOTA 

Volviendo, piie8, al camino realy pasando del llano do fué 
la batalla délas Salinas, vá corriendo el valle del Cuzco en- 
sanchándose un poco más. Si le queremos prolongar hasta la 
rinconada llamada Mohina, terna de lai'go poco menos de 
cinco leguas, por medio del cual el río los ingas llevaban 
acanalado. Ahora j)or descuido de los nuestros á mediana ve- 
nida anega la mayor parte del \alle. Fenecido este valle, diez 
leguas más adelante, llegamos al pueblo ó valle Quiquijana, 
la mitad del pueblo fundado de la una parte del río, la otra 
mitad de la otra. Es ríor grande y pocas veces se vadea, de 
gruesa agua. Pásase por puente de criznejas sin riesgo algu- 
no. Luego proseguimos nuestro camino para el Collao, el río 
arriba, pasando por muchos pueblos de indios que á la mano 
izquierda de él hay poblados, á la derecha uno solo, hasta 
llegar á su nacimiento, que es una laguna llamada Villcano- 
ta, que se hace de nieves que corren de un cerro alto y neva- 
do, antes de la cual hay unos baños de agua caliente que de 
lejos no parece sino que hay allí caiitidnd de fuego, tanto es 
el vapor como humo que de los manantiales sale, y tan ca- 
liente el agua que hierve á borbollones, y confieso que la pri- 
mera vez que vi tanto humo juzgué haher allí muchos indios. 
Tiene virtud esta agua para el dolor de ijada y deshace la pie- 
dra de los riñones bebiéndolatodolo caliente que se pueda su- 
frir. Volviendo á nuestra laguna Villcanota, será tan gran- 
de como seis cuadras; es digno de memoria lo que en ella hay. 
Este asiento es muy alto y muy frío; la laguna 3' camino real 
entre dos cordilleras nevadas, vierte á dos partes del un des- 
aguadero á mano del norte que es el principio deste río gran- 
de de Quiquijana, el que juntándose con el de Apurfmac, 
Amancay, Villcas, Jauja y otros, hace el famoso río de Ma- 
rañan, que dijimos desemboca en la Mar del Norte con 80 le- 
guas de boca. La otra vertiente 6 desaguadero hace el río 
que llamamos de ( •húngara y Ayaviri, que entra en la lagu. 
na de Chucuito, y ésta desagua por una partéala Mar del 
Sur. Cn poco iná^s adelante, como media legua, vemos una pa- 



352 REVISTA HISTÓRICA 



red de piedra de mampuesto que corre desde la nieve del un 
puerto al otro, atravesando el camino i-eal. Esta pared dicen 
los antiguos se hizo por concierto entre los ingas y los indios 
del Collao, los cuales, trayendo guerras muy reñidas entre sí, 
vinieron en este medio que se hiciese esta pared en el lugar di- 
cho, de un estado de un hombre, no muy ancha; la cual sirvie- 
se como de muralla para que ni los ingas pasasen á conquis- 
tar el Collao. ni los Collas el Cuzco. Rompieron por su mal 
los Collas las paces y quisieron conquistar los ingas, mas es- 
tos revolviendo sobre los otros, los conquistaron y no para- 
ron hasta Chile. Esta pared se vé al día de hoy desde la nieve 
de un cerro, v atravesando el valle v camino real sube hasta 
la nieve del otro. 



(WPÍTrLO LXVI. 



PROSKSrE EL (WMINO AL COLLAO 

Puestos en este paraje de Villcanota, luego comenzamos 
á bajar hasta el Tambo de Chungara, donde en todo el valle 
se apacienta copia de ganado vacuno, y á mano derecha no 
í)oco ovejuno y ganado de la tierra. Este tambo es muy frío 
y desde aquí á la provincia de los Charcas ya no se dá maíz 
sino papasyquinua, y ha de ser muy bu9naño, por que si los 
hielos se anticipan, las papas corren riesgo; la quinua mejor 
lo sufre. De aquí vamos al primer pueblo del Collao llama- 
do Ayaviri^ ventoso y frío, pueblo grande y rico de ganado 
de la tierra, como lo son los demás desta provincia. De Aya- 
viri, siete leguas adelante, llegamos al pueblo llamado lauca- 
rá, también pueblo grande, famoso porque aquí se desbara- 
tó el tirano Francisco Hernández üirón. C'ególe Nuestro Se- 
ñor como andaba en deservicio suj'o y del Rey; porque si se 
tuviera 10 días más que no saliera del sitio y fuerte donde 
estaba, siendo señor de las comidas, y teniendo agua y leña 
(jue no se les podía quitar, era inii)osible el real del Rey sus- 
tentarse y se había de deshacer por falta de mantenimientos, 
pero quiso la Divina Magestad le desbaratasen la gente, por 
cuyo motivo se puso en fuga con 160 soldados á la vuelta de 
(iuito; pero llegando al valle de Jauja, ó poco más adelante, 



DESrUIPCIÓX Y POBLACIÓN DK LAS INDIAS 353 



salieron á él dos ca{)itanps de la ciudad de HuAnuco y lo 
prendieron y á los pocos que con él iban. Trujáronle á la ciu- 
dad de los Revés, donde como á tirano v traidor á la Coro- 
na real, le cortaron la cabeza y la pusieron en el rollo, en me- 
dio de la plaza, en una jaula de hierro, á vista de todo el pue- 
blo, con su letrero que decía: Esta es la cabeza del tirano 
Francisco Hernández. 



CAPÍTULO LXVII. 



m: LA LAGrXA de CHUCriTO 



Pasando adelante, por el camino real, á pocas jomadas 
de aquf, no son ocho, dimos en la laguna de Chucuito. Es la 
más famosa del mundo, la mayor y muy poblada; casi á la 
j)laya della son las poblaciones. Los vientos causan en ella 
tormentas como en la mar, y aún más ásperas por no tener 
puerto fondeable; lo que sirve de puerto son totorales que 
son una juncia gruesa como el dedo pulgar; y aimque allá 
dentro se anda con vientos y tempestades, en llegando á la 
juncia la ola, cesa toda la tormenta. El agua es muy gruesa, 
nadie la bebe, con no ser tan salada como la del mar; tiene de 
tra Acesia 40 leguas y de largo 80. Es abundante de peces por 
la una y otra costa; algunas veces se mete la tierra adentro, 
7>ero por el camino real del inga iba muy derecho no lo tor- 
cía, antes por medio de la ensenada, más ó menos conforme 
á la derecera del camino, se proseguían hechas á mano unas 
chuzadas derechas como una vira v á trechos sus oíos llanos, 
por los cuales corría el agua. Hay calzadas de dos leguas y 
más, á lo menos x^or el otro camino llamado de Omasuyo. 
También las hay menores, conforme como es la ensenada, pe- 
ro ya muchas dellas por esta i)arte se han perdido por des- 
cuido de nuestras justicias y se rodean en partes más de dos 
leguas, y ver aquellas calzadas y caminos derechos perdidos, 
causa compasión. Lo que no vi en la Mar del Norte, ni he 
visto en esta del Sur, vi en esta laguna: fue una manga de 
agua, la cual vista me admiró mucho; no había visto otra. 
En la compañía cambiábamos cuatro 6 cinco de conformidad 



354 REVISTA HISTÓRICA 



venía un piloto que huyendo de la mar quiso ver á Potosí, 
pero volviéndose á su inclinación natural, no le había pai-eci- 
do bien la tierra y volvióse. Preguntóle qué era aquello, enton- 
ces me dijo: aquella se llama manga de agua y si cae en navio 
sin puente, sin remedio le anega y de noche son muy peligro- 
sas porque no las vemos; de día huímos della como de la 
muerte. Cae de lo alto de las nubes hasta el agua. Al viso pa- 
recía tan gruesa como un mástil, y (*omo vá descai-gando «e 
vé adelganzando á la cual, delgada, el viento la pone como 
un arco hasta que totalmente la nube queda sin agua. Todo 
esto vi entonces, he dícliolo j)ara probar las tormentas que 
aquí se padecen, por lo cual y por que no hay puertos no se 
puede navegar con bergantines. Uno se hizo y se comenzó á 
navegar en él, \)evo con una tormenta se j)erd¡ó,y nunca más 
se ha hecho otro ni intentado hac^erle. Los indios en sus bal- 
sas también usan y se aprovechan de velas conforme á lo 
que la balsa sufi'e. 



CAPÍTULO LXVIIL 



DE LO? PUEIJLOS QUE HAY EN LA PROVINCIA DE CHITTtiTO 

Tomó la denominación esta laguna acerca de los españo- 
les, llamándola la laguna de (^hucuito,la más rica del CoUao, 
cuya cabeza es un pueblo así llamado y fundado casi á la 
playa desta laguna por la una parte, y por la otra sobre un 
cerro, no agrio de subir. Aquí reside el curaca principal y la 
justicia con título de gobernador. Los pueblos sujetos son á 
dos leguas. Acora, Arvilavi, Juli, Pomata y Zepita; son 
grandes y ricos de ganados de la tierra, y de los nuestros no 
hay faltas. Nuestra sagrada religión la tuvo á su cargo des- 
de que se redujeron á la Corona Real de (bastilla para la doc- 
trinar, en que se ocupó muchos años el padre Fr. Melchor de 
los Reyes, de quien en breve dejamos hecha mención, el padre 
Fr. Agustín de Fonnicedo, que hoy muy viejo vive, el padre 
Fr. Domingo de Narváez, cuyo cuerpo dijimos estar enterra- 
do en el convento de nuestro i)adre San Di^o de los Reyes, 
que pasados 7 años se halló entero su cuerpo y el hábito sin 
lesión, y el padre Fr. Domingo de la Cruz,áquienun demonio 



DESCRIPCIÓN Y POBLACIÓN DE LAS INDIAS 355 

perspf^iiía de día y de noche, con otros muchos grandes reli- 
giosos con cuyos trabajos, artes, vocabularios, cartapacios, 
V sermones, otros el día de hov trhmfan, como si ellos lo hu- 
bieran trabajado. Sucedió que en un pueblo llamado Copaca- 
vana, donde está la imagen deste mismo nombre, había un 
indio casado que á su mujer daba mala vida y aborrecía 
grandemente. Ella era buena cristiana y devot/a de aquella 
imagen de Nuestra Señora; el marido persuadido del demonio 
sacóla al campo pava ahorcarla, echóle la soga á la gargan- 
ta y quísola ahorcar. La india muy deveras se encomendó 
muy mucho á Nuestra Señora y teniéndola ya su marido pa- 
ra lanzarla de un árbol abajo, a{)areciósele Nuestra Señora. 
El indio deja la mujer y pone pies en polvorosa mirando para 
atrás lleno de temor, y la india quedó libre, hallándose en el 
suelo, la cual también vio á Nuestra Señora en su favor. Víno- 
se á la Iglesia, hincóse de rodillas delante del altar de Nues- 
tra Señora dándole gracias: hácese averiguación del milagro 
cogiendo al marido que confesó luego por que aún estaba te- 
merosíssimo; llámase al corregidor de aquel partido, que lo 
era Don Gerónimo Marañón; convocáronse los clérigos co- 
márcanos; hízose una solemne procesión con los indios del 
pueblo y otros que acudieron y algunos españoles. Luego se 
comenzaron á multiplicar milagros que pintaron en las pare- 
des de la Iglesia. Los milagros han sido muchos y notables de 
los que escribiré dos aquí, que oí al bachiller Alontero: el uno 
fué que habiendo falta de agua para las comidas, los indios 
determinaron hacer una procesión á instancia deste sacerdote, 
sacándola imagen de Nuestra Señora y para ésto la parciali- 
dad que llaman hanansaya, quees la más principal, tratólo con 
lámenos principal, que llaman urinsaya. Ustano quiso venir 
en ello; los hanansayas hacen su procesión, y fué Nuestro Señor 
servido, para confundir á estos indios de poca fé, que con te- 
ner las chácaras juntas lloviese en las de los hanansayas y 
no en las de los urinsavas. El otro fué: dos indios, marido v 
mujer trujeron, de más de -i2 leguas, un hijo solo que tenían 
contrahecho á Nuestra Señora que se lo curase. En abriendo la 
puerta de la iglesia por la mañana tomaban su hijo que ya 
sabía hablar— tenía de7 á Sanos— y ponían delante del altar 
de Nuestra Señora; de esta suerte le ponían por diez ó doce 
días. Sucedió que el niño un día comenzó á hablar con la ima- 



356 KKVIHTA HISTÓRICA 



gen (le Nuestra Señora, y decirla: Señora, ya há muchos días 
que mis padrea me ponen aquí adelante de vos para que me 
sanéis y no me sanáis, la comida ya se les ha acabado y es tan 
lejos de nuestra tierra; sanadme ya, Señora, si no volveremos 
á nuestra tierra. Dicho ésto se levantó el niño sano v sal- 
vo, como si no hubiera padecido lesión alguna, y salió á bus- 
car á sus padres que estaban en el cementerio fuera de la 
iglesia, y con ésto se volvieron á su tierra; y las palabras del 
niño los demás que allí se hallaron las refirieron. A la fama 
de esta imagen y milagros concurrían de lejas tierras; hasta 
de 100 leguas venían. VA contador Garnica,queera quebrado, 
ciñéndose la medida de Nuestra Señora sanó; los hechos es 
de más escribirlos porque piden un libro entero. Los padi^es 
agustinos tendrán cuidado dello. El indio que hizo esta ima- 
gen, aunque ha hecho otras, ninguna ha sacado como ella; ha 
sido llamado á muchas partes y las ha hecho, y estando en 
la ciudad de la Plata le llamó el Presidente de la Audiencia 
para cenocerle, el Licenciado Cej)eda, y dióle silla diciendo 
quien hace imagen de Nuestra Señora que obra tanta multi- 
tud de milagros, mei-ece se le dé silla delante de un Presidente. 



CAPÍTULO LXIX. 



DEL FUKHLO I)K ZKPITA V DKSAUIADEKO 

De Copacavana volvemos al camino real sobre mano de- 
i'echa, en demanda del ultimo pueblo de la laguna de Chucui- 
to, ocho leguas tiradas; es pueblo frío y destem[ilado, como 
los demás, y ninguno tanto como éste en toda esta provin- 
cia, del cual dista el Desaguadero desta laguna dos leguas y 
media. El Desaguadero tan ancho como un tiro de piedra, el 
agua parece como embalsada; oí decir que cayendo alguna 
cosa en el agua era imposible salir, y lancé un perro, el que 
que luego salió á nado. Tiene este Desaguadero una puente 
la mejor, más fácil y segura del mundo, es llana y totora 
asentada sobre tres ó cuatro maronms de ichu muy estira- 
radas; hacen los indios unas balsas fuertemente atadas desta 
totora, á manera de media luna, cuando muestra después de 
la conjunción, el combejo que es lomo asientan sobre las ma- 



nKfiCKIPClÓN Y POBLACIÓN DE LAS INDIAS 357 

■ — • — - — - — - ■ - — 

romas muy bien atado, y luego junto á ésta otra, y así las 
multiplican desde el principio al fin, de suerte que son segurí- 
ssimeis tales maromas, y aún yo he pasado muchas veces di- 
cha puente llevando la cabalgadura del diestro. Hay aquí in- 
dios con pescado, los cuales tienen cuidadlo á su tiempo de 
renovarla, y son tan diestros en ello y en saber por lá expe- 
riencia que tienen cuando conviene hacerlo, que no pierden 
punto, porque ya saben cuando han de renovar las maromas 
y las balsas. Des te desaguadero se hace otra laguna que lla- 
man de Pariaó deChalacoUo.por otro nombre no tan grande 
ni con mucho como ésta; desagua contra la Mar del Sur, su- 
miéndose sin que responda á alguna parte por ventura por 
las entraíias de la tierra á dar al mar. 



CAPÍTULO LXX. 

DEL PUEBLO DE TL4GÜANACO 

Seis Ó siete leguas delante del Desaguadero, llegamos al 
pueblo de Tiaguanaco, donde hay apartado un poco del ca- 
mino real, unos edificios antiguos, de piedra recia de labrar 
que parecen labradas con escuadra, y entre ellas piedras gran- 
díssimas. Casi no pasa por aquel pueblo hombre curioso que 
no la* vaya á ver. La primer vez que por allí pasé, con oti-os 
dos compañeros, las fuimos á ver, donde vimos unas figuras 
de hombres de sola una piedra tan grandes como gigantes, y 
junto á ellas de muchachos la cintura ceñida con un talabar- 
te labrado en la misma, piedra, sin tiros, como van los que 
traen tahalíes. Ahora se aprovechan de aquellas piedras pa- 
ra el edificio de la iglesia deste pueblo. De aquí á Calamarca, 
otro pueblo de indios, hay dos jornadas largas, donde se jun- 
ta el otro camino de Omasuyo, que por la otra parte de la la- 
guna pasa, porque es necesario volver á tratar del. 



13 



358 REVISTA HIHTÓRICA 



CAPÍTULO LXXI. 

DEL CAMINO DE OMASIYO 

Desde el {)iiel)lo de Ayaviri, que dijimos ser el primero del 
Collao, tomando sobre mano izquierda, comienza el camino 
y sigue la provincia llamada Omasuyo,que corre por la otra 
partede la laguna deriiucuito. Eyta provincia es muy pobla- 
da y por la otra. part« son abundantes de ganados de la tie- 
rra, y participan de más maíz y trigo que los de la otra pnr- 
te, por tener sobre mano izquierda la provincia de Laríx^aja 
abundante de lo uno y otro. Esta provincia es montuosa, 
llena de sabandijas ponzoñosas; ^sta no la he visto dos ve- 
ces que por ella he caminado, ])orque no he encontrado cosa 
digna de memoria, sino es el pueblo de (luarina, dos leguas 
delante del cual fue la batalla desgraciada entre el (íeneral 
Diego Centeno, que defendía la i)arte del Rey, y el tirano Gon- 
zalo Pizarro, éste con cuatrocientos hombres y Centeno con 
mil V doscientos. Anuí fué desbaratado y la flor de los veci- 
nos y capitanes muertos y presos y enterrados más de cua- 
trocientos hombres en un hovo donde ahora está una henni- 
ta, harto mal parada, sin que los hijos de los que allí tienen 
sus padres la ref)aren, ni aún hayan gastado un real, y son 
algunos de éstos vivosy muy ricos, más de sus padres creo 
se acuerdan poco. 

CAPÍTULO LXXII. 

DE LA CIUDAD DE l.A PAZ 

De aquí, deOunrina á la ciudad de La Paz son dos jorna- 
das, la cual se llamó así por ser poblada en medio de Potosí y 
el Cuzco, donde había los años pasados algunos alborotos, y 
porque aquí se había de salir á apaciguarlos se llama la ciu- 
dad de La Paz, en la cual por la mayor parte hay poca en- 
tre los vecmos de ella. Poblóse en valle hondo por lugar más 
abrigado, junto á un río pequeño de buena agua. No lleva 



DESCRIPCIÓN Y POHLACIÓN DE LAS INDIAS 359 



peces polla frialdad del tenij)le, pero provéese de lalagunaqiie 
la tiene á 8 leonas poco más. En esle valle tienen los más de 
los vecinos sus heredades: el trifro é maíz les traen de la pro- 
vincia de Lai-ecaia vde otro vallemásabaionombrado('ocha- 
pampa; los vecinos de aquí, á lo menos los viejos, eran muy 
ricos, así de plata como de ganados, particularmente oveju- 
no, por los muchos y buenos jíastos que hay en la comarca 
y cerca del pueblo, á cuya causa en el mismo pueblo conocí 
un obraje de paños, donde se hacían blancos y pardos, mejo- 
res que los que traen de Castilla; frezadas y otras cosas. Sus- 
tenta cuatro monasterios: San Francisco, San Agustín, la 
Merced y Teatinos, que en breve se han arrendado y muy 
bien; tienen su sitio en una cuadra de la plaza y en él tiendas 
no pocas para meníadei'es y pulperos. Es pueblo de mucha 
contratación, á lo menos solíalo ser, y donde se remediaba.n 
soldados pobres hasta que se proveyeron corregidores de 
naturales. 



CAPÍTULO LXXIII. 



DEL PUEBLO DE CALAMARCA Y DEMÁS PROVINCIAS DEL COLLAO 

De aquí al pueblo Calamarca, que quiere decir pueblo fun- 
dado en pedregal, y así es, ponen ocho leguas largas y lla- 
nas, á donde no una legua de él se junta con el camino real. 
Fundóse otro pueblo á corta distancia, que llaman los Qui- 
llacas, y éstos son del repartimiento de la ciudad de La Pla- 
ta, provincia más seca, no tan fértil como la otra, pero de la 
calidad misma en otras cosas, y desde el Desaguadero hasta 
los Quillacas todo comúnmente se nombra Pacajes. En todas 
esas naciones hay pueblos de indios grandes y ricos de gana- 
dos, faltos de leña para cubrir las casas, y aún para el fuego, 
aunque les proveyó Nuestro Señor de una que llaman tola, 
que casi la hoja tira íi nuestro romero, y quemada huele bien, 
no mucho. Hay en estas provincias grandes salinas, por lo 
cual ahora pocos años se descubrieron unas minas de plata, 
que por este respecto se llamaron de las Salinas; ya creo ha 
cesado por su pobreza. 



360 REVISTA HISTÓRICA 



( APÍTULO LXXIV. 



DKL TAMBO DE CARACOLLO Y CAMINO HASTA LA PLATA 

De Calamarca al Tambo de Caracollo, asaz, frío y des- 
templado, se ponen cuatro joniadas, en medio de las cnales 
se fundó el i)ueblo llamado Sicasica. Tiene el nombre por 
una fuente de a^ia que le trujo,boníssima,y por un espinillo 
que no crece un palmo, salubí^rrimo, tomando su sahumerio 
para catarros, toses y apretamiento de pecho y para otras 
enfermedades, bebida el agua de su cocimiento, tanto que de 
España se pide como cosa preciada. De aquí á Caracollo son 
12 leguas; las 7 A una ventilla, en tomo en la cual solfa 
andar un mestizo, famoso ladrón de caballos y muías. De 
OarocoUo, tomando el camino por la mano siniestra, 15 le- 
guas andadas, llegamos al valle de Tapacari y pueblo. Esta 
tierra es algo templada, aunciue por estar al pie de la sierra 
es muj' fría. DAse maíz y trigo, duraznos y membrillos en lu- 
gares abrigados. Hay aquí un convento de los padres de San 
Agustín con título de priorato; los padres que en él residen 
son dos ó tres, los demás en otros pueblos. I)e Tapacari hay 
dos jornadas al gran valle de Cochabamba, que quiere decir 
tanto como valle cenagoso, porque todo está lleno de ciftie- 
gas,«i no son á las faldas de los cerros, que por una parte son 
muv altos v nevados. En estas faldas se dá mucho nmízv tr¡- 
go y aún algunas parras, frutas de las nuestras todas, y árbo- 
les. Es este valle el sustento de Potosí: de trigo, maíz, tocino, 
manteca y hará 34 años se pobló un pueblo de españoles, el 
que vá en mucho aumento, cuyos vecinos, algunos ricos de 
plata, pero de ganados nuestros casi todos. Aquí tenía su 
repartimiento el Licenciado Polo con una famosa cría de ca- 
ballos; también se crían chinches pequeñas como las de Es- 
paña, ('ríanse en todos estos valles muchas víboras délas 
de cascabel, de que habemos tratado, y en los altos con otras 
j)equeñas, como las de España, y otras que se abalanzan á 
picar. En las montañas y árboles se suben otras y de allí se 
arrojan á picar á los caminantes. Éstas dicen ser áspides: 
todas las picaduras destas víboras son irremediables si lúe- 



DESCRIPCIÓN Y POBLACIÓN i)K LA8 INDIAS 361 



po no se les acude con el remedio que ya dijimos y enseña- 
mos. 



CAPÍTULO LXXV . 



DE LOS VALLES Y PUEBLOS DESDE CLISA A MIZQUE 

De Cochabamba á f^ocona ponen 15 leguas, en medio del 
cual cae el valle de Clisa, muy ancho, de más de 4 leguas y 
de largo más de 8. En este valle se coge mucho trigo con la 
calidad de muy bueno, y el maíz lo mismo. No tiene agua, 
que si la tuviera, era bastante él sólo á dar trigo y maíz á 
Potosí. El río que sale de (^ochabamba divide estos dos va- 
lles, y no es provechoso para sacar acequias por correr casi 
al fin del. Críanse allí osos muy grandes, que trastornan las 
mujeres, y ellas, viéndoles, ninguna resistencia hacen. Hay 
terribles tigres y ha sucedido llegar un tigre á la casa de mu- 
chos indios, y de en medio de ellos, si había alguno no bauti- 
zado, llevárselo en las uñas, sin hacer daño á los bautizados. 
Esto no es fábula. A ocho leguas de aquí entramos en el va- 
lle de Mizque y antes de llegar á él pasamos por dos valleci- 
Uos pequeños, pero de muchos cedros finíssimos, donde de 
algunas chácaras de españoles y viñas se coge boníssimo vi- 
no. Mizque es valle ancho, con dos ríos, uno mayor que otro. 
El mayor lleva savalos grandes y buenos. Todos estos va- 
lles, con toda la provincia de los Charcas, tienen al cielo por 
contrario, por los grandes pedriscos que sobre ellos vienen y 
descargan. La causa natural es seresta provincia llena de mi- 
nerales y como los vapores que de ellos saca el Sol sean gruesos, 
fácilmente se convierten en pedriscos, y si alguno de ellos es 
combatido, es este valle de Mizque y á la viña que dá ó árbol 
frutal, en tres años no vuelve en sí. Tiene otra plaga, y es 
que se crían así en los indios como en los españoles, papos, 
que acá llamamos cotos, en las gargantas. Yo he visto hi- 
jos de españoles nacer con ellos. El remedio experimentado 
es atarse á la garganta una ó dos cabezas de víboras y con 
esto se disuelven, ('onocí á un hombre llamado Simón Alber- 
tos, con uno muy grande, y sabiendo este remedio se echó 



362 REVISTA HI8T(5r1CA 



(los cabezas de víboras al cuelU) y le vi sano eoino si no hu- 
biera tenido tal en su vida. Pues ¿no hay remedio para apo- 
car las víboras? Si hay, y son los puercos. Estos las apocan; 
[jero en el tiempo de las aguas se crían muchas ¡)or la conste- 
lación del cielo y por la humedad y fertilidad de la tierra. Es 
cosa de admiración ver pelear un puerco con una víbora: en 
viéndola eriza todas las cerdas el cerdo; la víbora, en vién- 
dole, levanta la cabeza cuanto naturalmente puede y ésta se 
queda; el puerco rodéala hosando y guardando con la tierra 
el hocico, no le pique en él. Si le pica, como un gamo váse al 
agua y pone el hocico en ella hasta que se siente sano; vuelve 
con la misma velocidad á la batalla. La víbora se aparta de 
su lugar, el puerco vásele llegando hosando y cuando vela suya 
es prestíssimo, con la una mano pónela encima de la cabeza 
de la víbora y dando con ella en el suelo, le aprieta tan fuer- 
temente con la tierra, que no la deja volver á picar y con la 
boca hácela dos pedazos }■ luego se la come. He dicho esto 
para del prudente lector. 



CAPÍTULO LXXVI. 



DE LA PROVINCIA DE SANTA CRUZ DE LA SIERRA 

Desde este valle Mizque toma el camino sobre mano iz- 
quierda para la provincia de Santa Cruz de la Sierra: esta 
provinciaes abundante de maíz y en algunas partes dá trigo. 
El temple de la ciudad es bueno; dista deste valle más de 120 
leguas, en partes de mal camino, falto de agua. Para ir A esta 
ciudad se pasa por unas montañas, donde viven indios chiri- 
guanos que comen caine humana, y algunas veces suelen sa- 
lir hasta bien cerca del valle Mizque, donde el daño que pue- 
den v á los caminantes lo hacen, saliéndoles de trauco a' si los 
cogen descuidados lo pasan mal los nuestros, como lo pasa- 
ron no ha muchos años, que saliendo de la ciudad de Santa 
Cruz la mujer del General nuestro, Fulano de Chávez, de quien 
luego trataremos; salieron al camino y la quitaron á los sol- 
dados que con ellos venían peleando, mas viendo los solda- 
dos lo sucedido se concertaron como hombres nobles v va- 



DESTIUPCIÓN Y POBLACIÓN DE I-rAS INDIAS 363 



lieiitps, morir 6 recobra rln, y 8Í<2:niendo á los enemigos los al- 
oaiizaron y sin riesgo de las mnjeres quitaron la presa y se 
volvieron á sn camino, sin que los indios se atreviesen más á 
pelear con ellos. Y tienen una especialidad los chirigunnas, 
que no comen carne de español, por que habiéndose comido á 
nno, A todos los que lo comieron les dieron cámaras de san- 
grre y murieron; porque habiéndose extendido este suceso en- 
tre la nación, se abstienen de comer carne de españoles. Pa- 
sadas las montíiñas destos chirriguanas se siguen unas mon- 
tañas, digo unos valles, llanos muy grandes, donde hay gran 
cantidad de miel y mucho ganado nuestro, vacuno. De aquí á 
Santa Cruz de la Sierra, todo ó lo más es despoblado y sin 
agua, sino son unos jagüeyes que lo más del año están sin 
agua, que lo ocasiona el ser tierra llana. Este pueblo pobló 
el General Ñuflo de Chávez hermano del padre Maestro F'r. 
Diego de Chávez, doctíssimo y verdadero hijo de Santo Do- 
mingo, primer confesor del Príncipe nuestro señor Don Car- 
los y después del Rey nuestro señor Don Felipe II. El Gene- 
i*al Ñuflo de Chávez subiendo por el Río de Plata arriba, mu- 
chas leguas de la Asunción, pueblo principal de aquella go- 
bernación, dióeneste asiento, pobló y púsole el nombre suso- 
dicho, en medio de muchos chiriguanas, porque á una y 
otra parte del pueblo los hay. Cercó la ciudad de tres tapias; 
fortaleció las puertas,-— en todo>í estos reinos no hay ciudad 
cercada; y no obstante vinieron á matar al susodicho Gene- 
ral Chávez por confiado y no dar crédito á un soldado que le 
avisó de la celada que los chiriguanas le tenían armada un 
día que salió fuera; porque habiéndole muerto, atajaron el 
camino luego los chiriguanos para que ninguno de los que 
venían con el General jíasase á dar cuenta á Don Diego, su 
cuñado, que era de los Mendozas: el cual luego que tuvo avi- 
so (que no impidieron los chiriguanas) hecho en el real el 
sentimiento debido, marchó con su ejército luego y dando en 
los chiriguanas por una parte los pocos, por otra mató mu- 
chos, y á los que Vinieron á las manos metiéronlos en un bu- 
hío y pusiéronles fuego: castigo merecido por la maldad co- 
metida, por que el General era nobilíssimo y valentíssimo. 
Sucedió esta desgracia gobernando este reino el Licenciado 
I^ope García de Castro. Su Magestad le había hecho merced 
de aquella gobernación, para sí, hijo y nieto. Dejó dos hijos 



364 RKVI8TA HlfiTÓRlOA 



pequeños y tren hijas. El gobierno encomendóse á Don Diego 
de Mendoza hasta que su «sobrino el mayor tuviese edad. 
Después quíteselo Don Francisco de Toledo siendo Vison-ey 
destos i-einos y proveyó en él á J^ian Péi-ez de Zurita, más jja- 
ra |)elear que gobernar. Después tornóse á j)roveer en el mis- 
mo Don Diego, el cual muerto (como dii-emos) quedó un po- 
co de tiempo el gobierno en los alcaldes; después de lo cual 
no sé si por Su Magestad ó |)or qué virrey se ]>roveyó á Don 
Lorenzo de Figueroa, un caballero muy noble y de muy bue- 
nas partes, y no menos christiano, el cual descubrió una pro- 
vincia de gente política como esta del Perú, nniy poblada, y 
que fácilmente se le dieron, y aun le convidaron conla]>az 
porque los librase de los chiriguanas <]ue los comían. Murió 
este caballero; ahora no sé quién la gobierna. 

(^APfTULO LXXVII. 

PROSKsrK KL OAMINO OK MIZQUK A LA TirDAO DK LA PLATA 

Volviendo al valle de Mizque y prosiguiendo el camino, á 
diez leguas andadas, llegamos al Río (írande que corre por 
un valle desaprovechadíssimo, si no es para víboras, tigres y 
osos; caluroso y sombrío respecto de la mucha montaña de 
una parte y otra ;v' los árboles infructíferos, silvestres, los 
más espinosos. Aquí no habitan sino las criaturas dichas y 
no pocos mosquitos. Al tiem[)o de las aguas el río muy 
grande no se puede vadear, y afin al de la seca es necesario 
saber bien el vado, por el riesgo de los que se ahogan y por 
ser camino muy pasajero. La ciudad de la Plata fué uno de 
los ricos pueblos del J^erú y los vecinos della fueron de los 
más aventajados de todo este reino. Aquí fué vecino el Gene, 
ral Lorenzo de Aldana, Don Pedro de Portugal, (i ómez de So- 
lís, el General Pablo de Meneses, Licenciado Polo y otros mu- 
chos capitanes 3^ valerosos varones, de todos los cuales ya 
no hay memoria, sino es de cuál ó cuál. Fueron todos á una 
mano riquíssimos por las minas que tomaron en Potosí, las 
cuales entonces acudían á muchos mareos por quintal. Su 
población es unas lomas llanas, no nmcho, pero como las re» 
quiere la tieri'a donde llueve. Eh cabeza de obiApado,ymuy ri- 



DESCUII'CKÍN Y POÜLACIÓN DE LAS INDIAS 365 

co. Ahora cuatro años, cuando estuve en ella, estaban los 
diezmos solamente del distrito de la ciudad y algunos pue- 
blos recién poblados de españoles, hacia las montañas, en 76 
mil pesos ensayados, y el año pasado en 82 mil, sin los diezmos 
de la ciudad de La Paz y j^rovincia de Chucuito. los cuales, 
todos juntos, ])asan de 1 00 mil pesos. Tiene el señor obispo de 
su cuarta de la masa principal 25 mil pesos, sin lo que le viene 
de la cuarta funeral, que yo aseguro no le faltan mucho para 
40 mil pesos, que no es mal bocado para un pobre clérigo ó 
fraile. Ahora 28 años no llegaba la renta del obispo á 70 mil 
pesos, siéndolo nuestro religioso el reverendíssimo Fr. Do- 
mingo de Santo Tomás. Después vinieron clérigos á ser obis- 
pos, deseados por los clérigos del obi-»pado, los cuales, cuan- 
do vino la nueva para tomar la posesión por el Rvmo. don 
Femando de Santillán, haciendo grandes regocijos de noche 
á caballo, con ha<;ha8 y repiques de campanas, decían: — capi- 
llas afuera, capillas afuera. Empero, sucedióles loque á las ra- 
nas; entablaron estos señares obispas la cuarta episcopal y 
ahora lloran las capillas pasadas y reniegan de sus deseos. 
Es cosa de admiración ver lo presto quB los prelados hinchen 
las cajas de plata. Sustenta seis monasterios, uno nuestro, 
otro de San Francisco, otro de San Agustín, otro de la Mer- 
ced, otro de Theatinos y uno de monjas sujetas á los padres 
agustinos, pero ninguno hay acabado. El monasterio de San 
Francisco es el que tiene más edificado, la iglesia es cómoda, de 
una nave, cubierta toda á dos aguas. Reside aquí la Audien- 
cia Real, necesaríssima para los pleitos de Potosí y más para 
la quietud de la tierra, por maravilla alcanzan en esta ciudad. 
Empero, es toda esta provincia tan combatida (ala entrada de 
las aguas) de truenos, rayos y pedriscos que parece temblar los 
cielos. No sé si hay en el mundo provincia más combatida 
destas cosas; los rayos son muy frecuentes que hacen mucho 
daño, y si no fuera por dilatar tanto estas noticias dijera co- 
sas raras del tiempo que viví en ella. Llueve poco en toda 
esta provincia; es grande y poco poblada de indios. Comien- 
zan las aguas á mediados de Diciembre y por Abril han cesa- 
do; pocas veces el agua es general, son aguaceros con tanto 
ímpetu de vientos, trunos, rayos y relámpagos que es cosa 
temerosíssima. Toda esta provincia de los indios Charcas es 
abundantíssimade miel de abejas. No crían en colmenas como 

14 



366 REVISTA HI8TÓHICA 



en España, porque no se tiene cuidado de recogerlas; crían 
unas en la tierra, debajo deila y por un a/rujero entran y sa- 
len á su labor; ésta suele ser agria. Otras crían en troncos y 
huecos de los árboles; ésta es mucho mejor. Otras hacen sus 
panales colgándolos de la rama de un árbol, sobre la cual los 
fraguan, y algunos como botijas peruleras; ésta es la mejor. 
más blanca, y para muchas (tosas buena. A cuatro leguas de 
la ciudad, al Oriente, entramos en el valle llamado Mojotoro, 
que quiere decir barrio nuevo, angosto, mas tiene algunas 
anconadas, todas de riego, en las acequias que del río sacan. 
Aquí hay muy buenas chácaras y huertas con todos los ár- 
boles frutales nuestros, y muy buenas viñas, á donde de Po- 
tosí vienen, que dista 22 leguas, á compiar con muy buenos 
reales desde las cebollasy ajos hasta lacaniuezay la [)era. To- 
dos estos valles son abundantes de las i)lagas arriba dichas 
de víboras y otros animales ponzori')sos. i)ero proveyó Dios 
de muchas yerbas medicinales y árboles más que en ninguna 
otra parte destos i-einos. Llena esta t ierra mechacán tanbue- 
nocomo el que se traede México; lo que en más abundancia se 
cría son molles; aprobadíssimos para muchas enfermedades 
[rías, y estos árboles son como grandes encinas. Los molles 
dándoles una cuchillada en la corteza y sin que se les dé, pero 
dada, destilan una goma blanca con un poquito de cárdeno, 
al gusto, poco mordaz. Tsan de ella para pui-gar flema; yo 
]a he tomado. Ponenla en un paño limpio, mójanla en agua, 
exprímenla como cuando se hace una almendrada y cuan- 
to hay una escudilla echánle un poco de azilcar y puesta al 
sereno, por la mañana se bebe sin más preparación. Hace su 
efecto admirablemente; llena unas uvillas coloradas que son 
como las majuelas de Es¡)aña, pero son todas redondas sin 
la coronilla que tienen las majuelas. De estas uvillas se hace 
miel y chicha muy dulce y calidíssima. Con la corteza curten 
suelas, y muy buenas. Hay entre estos árboles macho y hem- 
bra: el macho es má>* coposo y más grato á la vista; la hem- 
bro crece más vías ramas uiás extendidas;la fruta del macho 
jamáiS madura, pero la de la hembra la llega á sazonar. Pero 
de lo que es más abundante esta provincia es de toda suerte 
de minerales, á cuya causa son las tempestades tan recias y 
si Potosí faltase, no faltarían otros cerros llenos de plata. 



DE8CKIPCION Y POBLACIÓN UE LAS INDIAS 367 



(^APÍTÜLO LXXVIII. 



DE OTRO CAMINO PAItA LA CIUDAD DE LA PLATA 

Volviendo A Carneollo, de donde pros^rnimos el camino 
para la ciudad de la Plat-a poi* los valles, y tomándolo 
por el más seguido, de aquí una jornada llegranios á la venta 
de las Sepulturas. Ijlámase así, porque se pobló en un llano 
donde hay cantidad dellas, y en todo el camino, particular- 
mente desde Siquisiea, sepulturas de indios, donde en su infi- 
delidad se enteri'aban en estos luj^ares fríos; la causa debía 
ser porque no se corrompieran los cuerpos. Son alta^. de más 
de estado y medio, todas en general angostas, como una va- 
ra, de cuatro paredes; unas puertezuelas, que todas miran 
al Oriente, junto al suelo. Aquí se enterraban los indios y 
sus mujeres y para los hijos hacían otras pequeñas junto á 
éstas, y no dan grima estos cuerpos como los nuestros; y en 
estas sepulturas no come la tierra los cuerpos, sino consú- 
mese la carne y lo demás queda entero, ni se crían gusanos, 
porque la frialdad y sequedad del país no dá lugar á ello. 
Tomando, pues, el camino sobre mano izquierda, 9 leguas 
dista aquí el pueblo llamado (^hayanta, poblado en una llana- 
da bien fría; antes de llegar á él en medio del camino, unarro- 
yoabajode raalaaguacon muc;hos manantiales, con una fuen- 
te de buena agua de una peña viva. De aquí son. ..jomadas al 
pueblo llamado Macha, en dirtrito del cual hay una mina de 
plata que hasta ahora no se ha descubierto ni se espera des- 
cubrirá. Un religioso nuestro, á quien yo conocí en este rei- 
no, siendo seglar, ahora cuarenta años, acaso dio con ella, y 
conociendo el metal, echó alguno en una» alfoi-jas; llevólo á 
Potosí, fundiólo; acudió mucha plata, luego conoció ser la 
mina que tanta fama tiene, empero no lo dijo sino á uno 6 
dos amigos para irá ella y i-egistrarla. Sucedióle en este tiem- 
po, antes que la fuese á descubrir, hacer un viaje forzoso á 
Arequipa, donde se metió fraile nuestro y así se quedó, ya 
•profeso, y viviendo en nuestro convento en Huánuco; y es- 
tando á la sazón allí mismo provincial el padre Fr. Francis- 
co de San Miguel, á quien se lo oí decir muchas veces, llega- 



368 REVI8TA HISTÓRICA 



ron dos hombres que venían de Potosí en busca del religioso 
para que les descubriese la mina y cerro. Encuentran con el 
provincial, dícenle por qué razón tomaron tanto trabajo, via- 
je largo, y que si el religioso les descubi*e cerro y mina se obli- 
garán á hacer un convento entero en la ciudad que el provin- 
cial señalase. Al provincial no le pareció mal el partido; tra- 
tólo con el i'eligioso, y con ser un hombre tosco y no de mu- 
cho entendimient/O, respondió al provincial era verdad sa- 
bía el cerro y mina, p)ero que no convenía descubrirlo, por- 
que los indios de Macha, en cuyo distrito estaba y suya era, 
la labraban para pagar sus tributos y para sus necesidades, 
la cual, si se descubría, la habían de quitar á los indios y que- 
darían privados de su hacienda. La respuesta del religioso 
pareció bien al provincial y respondió A los dos compañeros 
que no la descubría aunque le hiciespn ti-es conventos, y así 
se quedó hasta hoy. Desde este pueblo son tres jornadas á 
la ciudad de la Plata, de muy mal camino, como lo es todo 
el deeta provincia. 

CAPÍTULO LXXIX. 

DE LOS PUEBLOS DE ESPAÑOLES EV VALLES CERCA DE LOS 

(TU RUi TANAS 

Saliendo de la ciudad de la Plata, entre el Oriente v el Sur, 
puso Dios muchos valles, muy buenos y fértiles, donde los in- 
dios nunca habitaron ni entraron. De pocos años á esta par- 
te en dos valles destos se han fundado dos pueblos, recogién- 
dose los chacareros á ellos, uno en el valle llamado Tomina. 
y otro en el valle de la Lagunilla, fronteras de chiriguanas, 
con lo cual se les ha puesto freno para que no hagan el daño 
que solían hacer antes que se redujesen á pueblos, y atSn aho- 
ra también las casas de las chácaras todas eran fuertes v de 
noche los amos y los indios dormían debajo de una puerta y 
llave, y algunas veces se velaban por miedo desta mala gen- 
te, que por la mayor parte sus asaltos son de noche; y porque 
se sepa qué gente es ésta, en breve diré sus calidades. 



DESCRIPCIÓN Y POBLACIÓN DE LAS INDIAS 369 



CAPÍTULO LXXX. 



DE LOS CHIRIGUANAS Y SUS CALIDADES 

Los indios chirignanfis viven muy cerca destos valles, en 
unas montañas calurosas y ásperas, por donde apenas pueden 
andar caballos. No son naturales sino que vinieron allí del 
Río de la Plata; la lengua es la misma sin diferencia alguna. 
Son bien dispuestos, fornidos, los pechos levantados, espal- 
dudos y bienhechos, morenazos. Peíanse las cejas y pestañas; 
los ojos tienen pequeños y vivos, no guardan un punto de 
ley natural; son viciosos, tocados del vicio nefando y no per- 
donan A sus hermanas. Es gente supervivíssima, todas las 
naciones dicen ser sus esclavos, comen carne humana sin nin- 
gún asco: andan desnudos, cuando mucho cuál ó cuál tiene 
una camisetilla hasta el ombligo. Son grandes flecheros, sus 
armas son arco y flecha; el arco tan grande como el mismo 
que lo tira y porque la cuerda no les lastime la mano izquier- 
da, en la muñeca encajan un trocillo de madera y allí da la 
cuerda. Pelean muya su salvo, porque si les parece que el 
enemigo les tiene ventaja no acometen; pocas veces con nos- 
otros pelean en campo, si no es á más no poder. Contra es- 
tos más que bárbaros hombres entró don Francisco de Tole- 
do, Visorrey del Perú; lo que le sucedió diremos cuando trata- 
remos de lo que le sucedió gobernando estos reinos. 



CAPÍTULO LXXXI. 

DE EL CERRO DE POTOSÍ 

Volviendo á nuestra provincia de los Charcas, es esta an- 
chay larga, em¡>ero poco poblada y muy áspera, de malos ca- 
minos; los indios son uíás bien dispuestos que los del CoUao; 
más fornidos, los otros más llanos, v en sus vestidos má»s 
bien tratados. Son muj^ ricos de plata y ganados, aunque los 
del Collao les hacen ventaja en ganados. El Visorrey Don 
Francisco de Toledo, desde Potosí, envió con un yanacona 



370 REVISTA HISTÓRICA 



que le prometió descubrir una mina, un religioso nuestro: 
fué y halló una veta pobre, aunque trujo della una piedra 
pasada toda con clavos de oro; túvose }>or cosa que no se 
podía seguir y así se quedó. Es Potosí de la forma de un 
pan de azúcar; sólo ft la parte del Poniente se le desgaja una 
cordillera de un cerro que no cieo tiene una legua de largo y 
baja; por la parte del pueblo, tiene un cerrillo pegado, á 
quien llaman (íuaina Potosí, como si dijésemos el grande, el 
viejo Potosí. Kste cerro es conocidfssimo entre mil que hu- 
biera: parece que la naturaleza se esmeró en criarle como co- 
sa de donde tanta i'iqueza había de salir. Es como el centro 
de todas las Indias, fin y paradero de los que á ellas venimos. 
Quien no ha visto á Potosí no ha visto á las Indias; es la ri- 
queza del mundo, terror del turco, freno de los enemigos de la 
fee y del nombre de los españoles, asombro de los herejes, si- 
lencio de las bárbaras naciones; todos estos epitectos le con- 
vienen. Con la riqueza que ha salido de Potosí, Italia. Fran- 
cia. Flandes y Alenmnia son ricas, y hasta el turco tiene en su 
thesoro barras de Potosí y se teme son deste cerro en cuyos 
reinos corre aquella moneda. Los enemigos del magno Phi- 
lipo y de los bravos españoles y de su christiandad, en tra- 
yendo á la memoria que es señor de Potosí, no se atreven á 
movei'se de sus casas; los herejes quedan como despulsados y 
cuando los potentados del mundo se quieren conjurar contra 
lamagestad Católica no aciertan á hablar. Esel más bien he- 
cho cerro que se ha visto en todas las Indias y si dijésemos en 
el mundo, no creo sería exageración; del pie hasta la cumbrey 
corona de él hay una legua larga; vése de más de veinte le- 
guas. Por todas partes, Oriente y Poniente, Norte y Sur es 
abundante en vetas de plata, las ricas que se labran y siguen 
son las que miran al Oriente; todo este cerro era una monta- 
ña espesa de árboles que llaman quinuas, torcidos solo 
buenos para leña carbón, en lo cual puede competir con la en- 
cina. Su descubrimiento fué desta suerte; y si no me engaño lo 
descubrieron unos yanaconas de Fulano Zúñiga, hombre an- 
tiguo en este reino, y si no fué thesorerode la Hacienda Real. 
Cuando los españoles entraron en este i-eino, conquistado el 
CoUao y esta provincia de los ('barcas, no la tenían por rica 
más que de miel, por lo cual muchos rehusaron los reparti- 
mientos y encomiendas en esta provincia, diciendo que no 



DESCRÍPCIÓX Y POBLACIÓN DE LAS LNDIAS 371 

querían tributos de niiel. Verdad es que se labraba el cerro 
de Porro, de donde se sacaba plata para el Ing:a antes de la 
venida de los nuestros: acobardábales el temple, en partes 
desabrido, y el cielo áspero con tantas tormentas y porque á 
pocas biazas daba en agua; con todo eso quedaron algunos 
de los conquistadores antiguos. Sucedió, pues, que yendo ó 
viniendf) algunos indios yanaconas deste Fulano Zíiñiga, y 
])asando por las faldas del Potosí (vá por aquí el camino 
real) salió un guanaco, á modo de cabra. Los indios échan- 
le los peños; el guanaco hu^^endo, el cerro arriba, hizo fuerza 
con los pies en una veta en la superficie de la tierra, y de- 
rrumbó un poco de metal. T^os yanaconas que le seguían, co- 
mo quien conocía el metal, viéndolo, dejan de seguir el guana- 
co y comienzan entre ellos si es piedra de plata, ó madre de 
plata. Recojen más piedras, llévanlas á su amo, hacen el en- 
naye. y acudió á muchos marcos por quintal. A la voz vino 
Ztíñiga y vinieron los demás y registraron minas en el cerro. 
Este fué el principio y origen del descubrimiento de Potosí, y 
es verdad que desde entonces dejaron de seguir las minas de 
Porco. La principal veta que se descubrió se llamó veta Rica. 
Luego la del estaño, porque la plata es sobi-e estaño, y estas 
son las que ahora principalmente se labran, de las cuales ha 
salido tanta cantidad de plata, como no hay en el mundo. 

CAI^ÍTULO LXXXII, 

DEL CERRO DE POTOSÍ 

A la fama de tanta plata luego se comenzó á despoblar, 
aunque no del todo, el asiento de Poi'co y se pasó á Potosí, 
y poblaron los españoles desta otra parte un arroyo que pa- 
sa al pié del Guayna Potosí; los indios de la otra parte del 
arroyo, al pié del cerro. P]l asiento, así del pueblo de los espa- 
ñoles como de los indios, no es llano sino en una media lade- 
ra, como se requiere en tierra que llueve; el uno y otro asien- 
to lleno de manantiales de agua que Nuestro Señor proveyó 
allí para el beneficio de los metales. Acudían á mucho más 
que ahora; no los fundían los españoles sino los indios. La 
causa no se sabe; el metal cernido y lavado echábanlo á bo- 



372 REVISTA HISTÓRICA 



ca de noche en unas liornasaH que llaman guairas, agujetea- 
das, del taniañodeuuavara, i'edondaSjVconelaii'e queenton- 
eesesmás vehemente, fundían su metal. De cuando en cuando 
lo limpiaban y el indio fundidor, para guai*ecerse, estábase al 
reparo de una pai-edilla sobre que sentaba la guaira y derre- 
tido el metal limpio de la escoria sacaba su tejo de plata y 
veníase á su casa muy contento, y á este paso, de noche, to- 
do el cerro era luminaria de guairas, fundiendo plata; y se 
hacían procesiones por viento como por falta de aguas, 
cuando se detienen. Cesaron totalmente las guairas desde 
que se empezó el beneficio del azogue, que fué en el segundo 
año del gobierno de don Francisco de Toledo. 

CAPÍTULO LXXXIII. 

LAS VUELTAS QUE HA DADO POTOSÍ 

Ahora 30 años ya casi estaba para totalmente perder 
todo su crédito, si Nuestro Señor no proveyera de que se 
acertase á sacar plata con azogue. Es así que si en es- 
ta sazón llegara un hombi^e con 200 mil pesos, comprara 
todas las minas del cerro. Las costas muchas, los meta- 
les pobres y las minas muy hondas, no parecía se podía sus- 
tentar, em{)ero luego el año adelante se descubre el beneficio 
del azogue y torna á revivir de tal manera, que en estos 80 
años es casi innumerable la plata que de él ha salido. Gozq 
Potosí (á lo menos gozaba) de las mejores mercaderías: pa- 
ños, sedas, linos, vinos, y de las demás de todo lo descubier- 
to de las Indias. Porque como en España se cargase lo 
mejor para la Ciudad de los Reyes, de allí la flor se llevaba 
á Potosí. Ahora no es así, porque como sea tierra de 
acarreo y las mercaderías que sean buena^s, que sean malas, 
se hayan de gastar, no se tiene t;anta cuenta como los años 
pasados. Es })ueblo muy abundante de mantenimientos, por 
que de Cochabamba, que dista del 50 leguas, le llevan el tri- 
go, harinas, tocino, manteca, y de la ciudaxi de la Plata to- 
das las frutas nuestras y mucho trigo é maiz; y de la costa, 
de más de 100 leguas, el j)escado casi salpreso, porque ahora 
cuatro años se obligaron tres ó cuatro de dar el pescado 



DESCÍUPCIÓN Y POBLACIÓN DE LAS INDIAS 378 

salpreso en Potosí, con condición que otro que ellos no lo 
l)udiese meter, señalándoles la villa el pi-ecio, y salieron 
con ello, y tenían en paradas caballos con que lo conducían. 
I>a i)lazaeíi muy proveída, donde casi todo el año se hallan 
uvas, la« demás frutas, camuezas, manzanas, menbrillos, 
duraznos, melones, naranjas y limas, granadas á su tiempo, 
hasta en el mismo cerro hay sus plazas con todas estas co- 
síUíi;y vinos y \n\u, hasta en la misma coronilla del cerro, que 
llevan los indios, donde lo venden, a^f á indios como á es- 
jiañoles. 

CAPÍTULO LXXXIV. 

DE LAS PAnnOQUlAS DE POTOSÍ 

Si no me engaño, deben ser las parroquias de Potosí de 
8 á 10, las cuales dividió don Francisco de Toledo, siendo 
Virrey, cada una con 500 indios tributarios para servicio del 
pueblo, mejor diré del cerro, que todos con hijos ;^é mujeres 
llegan á 30 mil indios y ninguno hay si quiere trabajar, que 
no gane plata. Hasta los niños de 6 ó 7 años & mascar 
maíz para hacer levaxlura para chicha, la ganan. La iglesia 
mayor es buena, de adobe y teja, y de una nave, rica de or- 
namentos y de servicios de plata para el altar, y de esta 
suerte son las demáLs iglesias de los monasterios de todas 
órdenes, ricas de ornamentos y plata para el culto divi- 
no. Susténtanse en cada convento dominicos, franciscos, 
agustinos, teatinos de 8 á 10 religiosos, poco más ó menos. 
Tiene buenas carnes y buena agua si la traben de una fuente 
que llaman de Castilla. Aquí se hacía una contratación que 
llamaban de los asegurosde los metales, aprobada por el Au- 
diencia y dos teólogos, uno agustino y otro teatino de la 
Compañía, tres cronistas y juristas, que era usura clara sino 
que no se había entendido bien; fué Nuestro Señor servido, 
que yendo yo á Chile, contra todo el torrente del pueblo y le- 
trados, se declaró la verdad de ella, y finalmente, de 8 años á 
esta parte no se ha tratado más de ella. Esto se ha dicho 
para comprobar que es necesario tener los provincianos 
hombi-es doctos en este pueblo, por las muchas contrata/cio- 

15 



374 RBVI8TA HISTÓRICA 



nes usurarias que en fl se tratan y se inventan con muy po- 
co temor á Nuestro Señor, y menos á sus conciencias, por 
las cuales debemos, conforme de nuestro estado, mirar v 
alumbrarlas. 



CAPÍTULO LXXXV. 

DE LAS COFRADÍAS 

Las cofradías de Potosí son muchas y muy bien servidas, 
con mucha cera, ven los días festivos, 6 de solemnidad de ca- 
da una, confiesan y comulgan los cofrades, con la mayor asis- 
tencia. Es pueblo donde se hacen muchas grandes limosnas. 
Cuando algún 24 muere (como ya dijimos se nombran) le han 
de acompañar todas las cofradías de que lo fuere con sus 
hachas y cirios. Suelen ser más de 100, que es cosa de ver 
porque aunque se llaman veinte y cuatro el número no es 
solo de veinte y cuatro, sino de cincuenta, y má«. Finalmen- 
te, Potosí podremos decir es España, Italia, Francia, Flandes, 
Venecia, México y China, porque de todas estas partes le 
viene lo mejor de sus mercaderías; de las naciones extranje- 
ras, hay muchos hombres, que si no los hubiera no perdiera 
nada el reino, y puedo decir que quien no ha visto á Potosí. 
no ha visto las Indias, por más que haya visto, como habe- 
mos dicho. 



CAPÍTULO LXXXVL 

DE LA DESTEMPLANZA DE POTOSÍ 

Con tener todo esto bueno, no deja de tener su alguacil 
y contrario como las demás ciudades y provincias, por 
que al tiempo de las aguas, y en particular á la entrada y 
salida del invierno, son muchas las t.enipestades de truenos, 
rayos, pedriscos y nieves. Oí decir allí á una señora discre- 
ta que cuando corrían los vientos, (jue acont-ecen muy 
continuos allí, y salía de su casa á oír misa en los días for- 
zosos, á la vuelta traía un fieltro dentro en e! pecho por el 



DESCRIPCIÓN Y POBLACIÓN DE LAS INDIAS 375 

polvo, lana y cabellos que le hacía tragar toma allí (que 
así se llama el viento) mal que le pesase; con todo esto, la 
cobdicia y diligencia para adquirir y seicar la plata, hace en 
estos días trabajar y pasear las calles á los hombres. 

CAPÍTULO LXXXVII. 

DE LA PROVINCTA DE CHICHAS 

Desteymeblo de Potosí, declinando un poco hacia el Orien- 
te, se entra en las jiroviiicias de los Chichas, á dos jomadas, 
los cuales son indios bien dispuestos, belicosos: su tierra rica 
de oro y plata, sino que no la quieren descubrir. Llega es- 
ta provincia hasta el último pueblo dellos y de la jurisdic- 
ción del reino del Peili, llamado Talina, cincuenta leguas 
buenas de F^otosí. El camino no malo, y los valles donde 
están los indios de moderado temple, á cuya mano derecha 
queda la provicia de los Lipes, donde hay unas piedras me- 
dicinales para el dolor de ijada, pues comenzando yo á 
padecer este enfermedad, tomé dos piedras, que son de color 
de C4xrne de membrillo, y después que la.s traigo cosida>s en el 
jubón, cuatro años hace, no me ha i'epetido el mal como an- 
tes. No dejan fraguar piedra; deshácenla y deshecha se lanza 
por la orina, de que hay experiencia cierta. 

CAPÍTULO LXXXVIIL 

DEL VALLE DE TAmJA 

Quince legua^s á la mano izquierda de Talina, declinan- 
do más al Oriente, entramos en el gran valle de Tanja, an- 
cho, espacioso, abundante de toda clase de comidas nues- 
tras y de la tierra, y de ganados de los nuentros, donde se 
dá buen vino con las demás frutas españolas. Hállanse en 
este valle ala ribera y barrancas del río, sepulturas de gigan- 
tes, muchos huesos, cabezas y muelas, que si no se vé no se 
puede creer cuan grandes serán, por que como estos indios 
no tengan escrituras, la memoria de cosas raras y notables, 



376 REVISTA HISTÓRICA 



fácilmente se pierde. Certificóme este religioso nuestro, haber 
visto una cabeza «n el cóncavo de la cual cabía una espada 
mayorque la mai^ca, desde la guarnición á la punta, que por 
lo menos era mayor que una adarga, y siendo yo estudiante 
de Theologfa en nuestro convento de los Reyes, el Goberna- 
dor Castro envió al padre prior Fr. Antonio de Her\*fas qu'^ 
nos la leía, y después fué obispo de Cartagena, por que ac- 
tualmente estaba leyendo, una muela de un gigante (que 
le habían enviado de la ciudad de Córdoba del reino de Tu- 
eumán, de la cual diremos en su lugar) y lin artejo de un de- 
do, el de en medio de los tres que cada dedo tiene y acaba- 
da la lección nos pusimos á ver que ts.n grande sería la ca- 
beza donde había de haber tantas muelas, tantos colmillos 
y dientes y la quijada cuan grande y la figuramos como una 
grande adarg¿i y á proporción con el artejo figuramos la 
mano y parecía cosa increíble con ser demostración; oí decir 
más á este nuestro religioso, que las muelas y dientes esta- 
ban de tal manera duras que se sacaban de ellas lumbre co- 
mo de pedernal. 

(WPÍTULO LXXXIX. 

DE OTROS PUEBLOS EX FRONTERA V TIERRA 

DE LOS CHIRIOrANAS 

Dos jomadas no largas dest« valle de Tarija, sobre mano 
izquierda, hay un vjille que llaman San Lucas, donde un 
hombi'e poderoso de hacienda llamado Gerónimo Alanis, 
manco de la mano derecha, tenía una gran hacienda de vacáis 
y crías de muías con gente bastante, pero como era muy cer- 
ca de las montañas Chiriguanas, porque no le hiciesen daño, 
pagábales tributo: cuchillos, tijeras, algunas hachas para 
cortar árboles y alguna chaquira; y para refrenar á estos 
enemigos comunes del género humano, se ha poblado aquí 
otro pueblo de españoles, al cual ahora cuatro años, llegan- 
do yo á la ciudad de la Plata, volvían más de 50 hombres 
que con un capitán habían salido á descercar el pueblo por- 
que los chiriguanas le tenían cercado. Estos indios andan 
ahora más soberbios que antes, por que los bandea un j)erro 



DESCRIPCIÓN Y POBLACIÓN DE LAS INDIAS 377 

mestizo, nacido en el Río de la Plata. Yo le conocí, gran ofi- 
cial herrero, llamado Fulano Capillas, ladino como el demo- 
nio y blanco que no parece mestizo, casado y con hijos en la 
ciudad de la Plata. No sé por qué ocasión se fué ó le envió 
la Audiencia, y ésto es lo más cierto, á tratar con ellos no sé 
qué medios de paz, y él decía no le enviasen porque no le 
habían de dejar salir los indios. Fué y quedóse con ellos. Este 
maldito les hace unos casquillos de acero para las flechas. 
Vive este mestizo entre los chiriguanas con las mujeres que 
quiere; anda casi desnudo y para no ser conocido cuando sa- 
le á hacer daño en los nuestros se embija como indio y dice 
al enviado á decir á la Audiencia que de buena gana dejaría 
aquella vida, porque es cristiano si le perdonasen, pero que 
teme si se reduce le han de castigar por los daños que ha 
hecho, pero como desta gente alguna sabe á la pega en ella 
se queda. 

CAPÍTULO LXXXX 

DEL CERRO LLAMADO PORCO 

Volviendo á nuestro Potosí digo, pues, que de aquí sali- 
mos pai*ael puerto de Arica, 100 leguas tiradas. A las 7 ú 8 lle- 
gamos al cerro de Porco, de quien habemos ti'atado im po- 
co, al pie del cual tienen su asiento los españoles que allí vi- 
ven; y pobres respecto de los de Potosí. No he llegado & este 
asiento, pero he pasado media legua del; y quien vive en Po- 
tosí puede decir vive en Porco, así por la poca distancia de 
camino como porque lo que pasa en Porco se sabe en Potosí 
luego y al contrario; es cerro más alto que el de Potosí, me- 
tido entre unos cerros y no tan bien hecho y el metal más fi- 
no. He visto alguno que certificaron á don Francisco de To- 
ledo, Visorrey destos reinos, acudía á 80 marcos por quin- 
tal. Este metal es poco y luego se descubre tanta agua que es 
imposible desaguarla; dicen no son vetas seguidas de donde se 
saca la plata como enPotosí,8Íno pozos. Si estos dos contrarios 
no tuviera, rt la del agua que es la mayor, mucho más rico era 
que Potosí y el metal más suave de quebrar; y una de las exce- 
lencias que puso Nuestro Señor en Potosí, es no haber dado 



378 REVISTA HISTÓRICA 



en agua todo lo que puso al pie del cerro en una pai-te y 
otra del arroyo que divide á los indios de los españoles. 

CAPÍTULO LXXXXI. 

DEL CAMINO DE PORCO A ARICA 

Media legua de Porco, sobre mano derecha, pasa el cami- 
no real de Potosí á Arica, que son 100 leguas muy frías y de 
algunos arenales, no muy pesados para caballos; empero, pa- 
ra carneros de la tierra, cuando van cargados, sonlo mucho, 
por lo cual las recuas de carneros que llevan el azogue á Po- 
tosí, desde Arica, á las 9 del día ya han de tener su jornada 
hecha, que son 3 leguas, saliendo para ello A las 3 de la ma- 
ñana y aún antes, porque en toda hi sierra, con ser en partes 
inhabitable por el mucho frío, son los caloi'es del sol muy 
crecidos, tanto y más abrasan que en los llanos. Habiendo 
tratado con la brevedad que prometimos de las ciudades, ca- 
minos y otras cosas particulares tocantes á los españoles, ya 
es tiempo tratemos de las condiciones de estos indios. Lo 
primero que tienen y es el fundamento de las buenas ó malas 
costumbres morales, es un ánimo el más vil y bajo que se ha 
visto ni hallado en nación ninguna; pai-ece realmente son de 
su naturaleza para servir á los negros. Es gente cobaixle. 
si la hay en el mundo, de donde les viene lo que á todos los 
cobardes: son cruelíssimos cuando ven la suya. Cuando tienen 
necesidad de nosotros en cualquiera que se vean de enferme- 
dad, hambre ú otras, con grandes humildades y sumisiones 
piden nuestro favor; pero si estamos en ella y con palabras 
mansas y amorosas les pedimos nos socprran, hacen burla de 
nosotros, mofando y escarneciendo y aunque sea su amo que 
le haya criado, por lo cual sólo por amor de Dios lea hace- 
mos bien. I^ nación má*s sin honra que se ha visto y más 
mentirosa que se puede imaginar, de que les viene no temer 
levantar falsos testimonios; lo que meadmira es que conocien- 
do los que vivimos en estáis partes destas gentes lo mismo 
que acabo de decir, dígannos mal de éste ó aquél les creemos, y 
esta falta es nuestra, como también la hay en los goberna- 
dores. No es afrenta entre ellos, uno á otro: — mientes. No tie- 



DEHCIUPCIÓX Y POBLACIÓN DE LAS INDIAS 379 

nen veneración á sus padres, abuelos, ni demás parientes, ni 
á sus mayores, contra quienes sucede todos los días volverse 
á palos, puñadas y bofetadas, por cuyos excesos yo he casti- 
do á alg:unos. No tienen vergüenza de hacer á sus mujei*es 
alcahuetas, las cuales, como son pusilánimes, temiendo el cas- 
tigo, se las traen, y todos duermen juntos, porque las casas de 
los indios no tienen apartamiento alguno. Su asiento destos es 
perpetuamente en el suelo. Solo los curacas de los lugares 
usan una como banquetilla de zapatero. No guardan los pa- 
dres á las hijas, ni les buscan maridos ni partido para casar- 
se, ellas se lo buscan y componen como pueden ó les parece. 
Son dados mucho al vicio sodomítico y las mujeres en es- 
tando preñadas lo usan fácilmente, por lo cual A los indios 
yungas los ha castigado Ntro. Señor, que ya no hay casi en 
los valles sino muy pocos, como habemos dicho. Son levíssi- 
mos de corazón, inconstantíssimos, cualquier cosita los ad- 
mira; los mayores pleitistas del mundo, por lo cual de la sie- 
rra descienden á los Reyes, donde mueren ó enferman. En lo 
que toca ala doctrina, cómo aprovechan en ella, no quiero 
tratar, porque no se puede decir sino palabras muy sentidas, 
V estas me faltan. 



CAPÍTULO LXXXXII. 

CÓMO LOS GOBERNABA EL INGA 

Conocida, pues, la calidad de los indios por el inga y su 
ánimo peor que servil, los gobernaba con leyes rigurosíssi- 
mas, porque las penas eran muerte, no sólo al delincuente, 
mas á toda su parentela. El que hurtaba, por leve que fuese 
el hurto, pena de muerte, por lo que nunca faltaba nada de 
unos á otros; mentir no se usaba, ni por imaginación; ver- 
dad se había de decir burlando ó de veras; agravio no se ha- 
cía á nadie, so pena de la xiáñ. Acuerdóme haber oído decir 
á algunos íintiguos que cuando Atabalipa, el último señor 
destos reinos, se vio preso en poder del Marques don Fran- 
cisco IMzarro, le dijo:— el mejor reino tienes del mundo; pero 
cada tercer año, si te han de servir bien estos indios, has de 
matar la tercera parte dellos. El consejo no le alabamos 



380 REVISTA hlHTÓlUCA 



porque es cruelís8Ímo,el cual ni se acepto ui se ha de aceptar, 
sino comprobamos el ánimo servil destos sino es por miedo; 
(le otra suerte no se aplican á cosa de virtud. Después que los 
españoles entraron en el i-eino, mandó el Gobernador Vaca 
de (^a«tro, que vino á pacificar la rebelión de don Di^o de 
Almagro, y á gobernarlo, que los caminos, tambos, puentes 
y recaudo paradlos estuviesen á cargo de los mismos indios, 
como antes estaban; y esto lo conocí y alcancé por nmchos 
anos. Después, el marqués de ('añete, de buena memoria, man- 
dó que el trabajo y comida que diesen los indios se les pagase 
por arancel que los corregidores de las ciudades pusiesen; y 
así se hacía infaliblemente y los indios vendían sus gallinas. 
[>ollo8, carneros, perdices y leña, y iodo se les pagaba. Aho- 
ra los corregidores de los partidos venden todas esta« cosas 
y el vino y lo demás, pan y maíz, y se aprovechan para sus 
grangerías de buena parte de los indios que están repartidos 
para el servicio de ios tambos y ventas, y cuando los indios 
tenían á su cargo los tambos les era no poco provecho y ayu- 
da para pagar sus tributos. Después que los corregidores de 
los partidos se ocui>an en sus grangerías con no poco daño, 
de que soy testigo de vista y hepi^dicado contra ello delante 
de virreyesy audiencias, y en particular les he avisado de sus 
costumbres, no por eso se remedia mucho y los indiosdel ser- 
vicio del tambo son más trabajados. 



(WPÍTrU) LXXXXIII. 



rÓMO SK HAX HK GOBEUNAK EN AUíUNAS COSAS 



Teniendo, pues, consideración á la calidad desta gente, 
parece en ley de buena razón que no deben ser gobemadosen 
muchas cosas como lo» españoles y particular en los pleitos, 
en los cuales, i)or ser tan amigos dellos, gastan sus pobi*es ha- 
ciendas y pierden las vidas si no fuesen de tal calidad que re- 
(luieren sus plazos y traslados y lo demás que el dei'echo per- 
mite y justíssinmmente tiene establecido, porque los más de 
los pleitos son de una chacarilla que no es de media hanega 
de sembradura y destas cosas de poco momento, por lo cual 



DESCRIPCIÓN Y POBLACIÓN DE LAS INDIAS 381 



si el corregidor aunque las aplique al que tiene justicia, el 
otro fácilmente apela ])ara la Audiencia, principalmente los 
sujetos ala délos lieyes, donde van con sus apelaciones j^ 
lo primero que hacen es atestarse de vino, y lo mases 
nuevo. Andan por el sol; son desarreglados; mueren como 
chinches, y si no vayan á las matrículas de los hospitales de 
los indios y verán si tratamos verdad, con no correr allí 
riesgo de la salud, por el temple como el de sus tierras. Co- 
nocí un regidor que se malquistó grandemente con los se- 
cretarios y procuradores (j'^áfeque le costó no poca in- 
quietud) porque pretendió con los demáfl sus compañeros 
que los pleitos de los indios se averiguasen á su modo y co- 
mo era quitar los derechos á los secretarios, levantáronse con- 
tra él y no salió con su intención. Un curaca halló á su mujer 
en adulterio y mató al adúltero y á su mujer, y le condena- 
ron á muerte y le justiciaron, porque aunque sea curaca no 
tienen tanta honra como los españoles áquienesen semejante 
caso no justiciarían sino que le darían por libre, como vemos. 
En lo que era menester poner remedio es en las borracheras 
que éstas van acabando con los indios y pocoá p)OCO no ha de 
quedar ninguno. El daño es evidente, porque si donde habían 
30,000 indios tributarios no hay 600 en tan breve tiempo, 
por qué fio se había de poner remedioyley rigurosacontra este 
vicio? No hay duda que en Flandes, Alemaniayaún en España 
se emborrachen; pero no se mueren á manadas como éstos. 
Si en Flandes y Alemania por las borracheras se despobla- 
ran porque los borrachos se morían, el señor de aquellos rei- 
nos ¿no estaba obligado, so graves penas, prohibir y castigar 
las borracheras? No hay duda, pues, por qué acá no se había 
de hacer lo mismo ¿porque un reino sin vasallos, qué vale? 
Aquel rey ó reino es más temido cuanto más poderoso es en 
vasallos, y la riqueza des tos reinos consiste en que los natu- 
rales se conserven y aumenten. De los demás vicios no quie- 
ro tratar, porque no es de mi intento, baste decir las calida- 
des desta servil gente, para que conforme á ellas se les den 
las leyes que les conviene. 



16 



382 KKVISTA HIHTÓKIC'A 



rAPÍTlLO LXXXXIV. 



EL AZOCÍIJ-: CONSr.MK Ml'CHOS INDIOS 

El anientode his minas de az;);:ne de Hiianoavilca Iiacon- 
sumido y coiLsume muchos indios tributarios; si no se me 
cree, véanse los respartimentos más cercanos y pregriintese 
á este valle de Jauja. I^a causa es labrar las minas por soca- 
vón, porque como no tenga res[)iradero el humo del metal, 
al que lo quiebra lo azofra, sentándoseles en el ])e(!ho. y cor.io 
no curan al pobre azo<;ado. cánsale muchos dolores y muer- 
te. Cuando se labraban (que fué al principio sin socavón) 
ning:ún indio enfermaba, iban y venían los indios (contentos: 
ahora como mueren tantos, dificultosamente quieren ir allfl. 
Avisamos á los que lo puedan remediar, empero no se nos 
responde, y de esto no más, porque tratándose dn (iuancavil- 
ca, no sési decimos más de lo que se quería oír. Lo que hetrn- 
tado de las calidades V condiciones délos indios es verdad, 
y es lo común; si alfíuno se hallare sin ellas será cisne ne- 
gTo, por lo (mallo que dejamos escrito no puede parecer 
calumnia. 



(APÍTrLO LXXXXV. 

CÓMO SKHÍAN LOS HIJOS I)K KSPAXOLKS Ql'K NACEN 

EN ESTE UEINO 

Habiendo di(!ho la razón por qué los naturales se consu- 
men, estamos obligados á decir (pie si los hijos de los nues- 
tros se multiplican, cómo serían; críanlos sus padi-es muy nial 
6 con demasiado regalo, y no ha nacido el muchacho cuan- 
do le tienen hechos los g:recuesc(3s. monteras, y lo llevan á la 
Iglesia (íuando le van á bautizar en fuentes de i)Iata grandes: 
un abuso jamás oído, digno de ser prohibido. Nacido el niu- 
cha(?ho,lo entregan á una india ó negra borracha que le críe, 
sucia, mentirosa, con las demás buenas inclinaciones que he- 
mosdicho, y criándose grandecicos con indiezuelos, ¿cual sal- 



DESCmPCIOX Y POBLACIÓN DE LAS LNDIAS 3H3 

drá este muchacho? Sacará las inclinaciones que niamrt en 
la leche, y hará lo que hace aqu^l con quien pase, como cada 
día lo experimentamos; el que mamó leche mentirosa, saldrá 
mentiroso, v si ladrona, ladrón: v de Cavo Calíírula leemos 
haber salido cruelíssimo por que su ama cuando le criaba 
untaba los pezones de la teta con sangre humana. Tito, hi- 
jo de W^pasiano se crió enfermo porque su ama era enfermi- 
za. Acuerdóme que en los sermones que el iJustríssimo P^r. Ge- 
rónimo de Loayza predicaba en los Reyes cotidianamente 
i-eprendía á los vecinos de Lima la mala crianza de sus hi- 
jos, el regalo con que los criaban, y amas que les daban los 
vestidos é compañías? para que buscan á los hijos de los 
príncipes y reyes, los medios á más de buenas costumbres y 
buena leche? Luego, algo vá en esto, y por que no quiero can- 
nar al prudente lector, le ruego lea el segundo libro del Thea- 
tro del Mundo, donde verá los inconvenientes irremediables 
que de las malas costumbre de las amas han sucedido y ga- 
nado los niños, y cuánta ventaja en este particular hacen los 
animales á los hombres, porque no consienten otros que les 
críen sus hijos, pues aunque me den con una viga en los ojos 
de las que dicen que hay en Roma. Si los que gobiernan este 
nuevo mundo mandasen y con mucho rigor y pena y la eje- 
cutasen en los maridos, que á ningún mero español criase 
negra ni india, otras costumbres experimentaríamos: y de 
esto no más, no se conjure todo el reino contra nos. De las 
costumbres de los nmridos españoles e indios (que llamamos 
mestizos) ó por otro nombre montañeses, no hay qu© gastar 
tiempo en ello. 



{Se continuará). 



ñlgo de la Color]ia 



El 21 de agosto de 1802 contrajeron matrimonio el 
Príncipe de Asturias D. Fernando de Borbon, que después 
había de reinar con el nombre de Fernando VII, y la Prince- 
sa María Antonia Teresa de Ñapóles, primera de las cuatro 
esposan que tuvo ese monarca y que, después de los sinsabo- 
res y desgracias que la corona de Princesa de Asturias tuvo 
para ella, muri6 en 1806, sin ceñirse la corona real. 

Carlos IV, deseoso de solemnizar en el Perú tan fausto 
suceso, expidió en Barcelona, el 4 de octubre del mismo año 
de 1802, una real orden concediendo á naturales de este vi- 
rreinato la gracia de cuatro títulos de Castilla, y encaiveio 
que tales gracias recayesen *'en sujetos beneméritos y de las 
correspondientes circunstancias'', para cuyo efecto dispuso 
que el Virrey del Perú, en unión y acuerdo con la Real Au- 
diencia y el Ayunbainiento de Lima, informase sobre las 
personas que, reuniendo las expresadas cualidades, se hicie- 
sen acreedoras á tan relevante gracia. 

La razón por lacjue tal documento no llegó al Perú no me 
ha sido fácil de conocer, pero es lo cierto que, no recibiendo 
la Corte respuesta á su Real Orden, el Ministro de Gracia y 
Justicia I). José Antonio ('aballero, ofició de San Ildefonso 



AL(íO DE L-V COLONIA 385 



en 27 de se{»r¡enil)re cíe 1804 al Virrey fiel I^erfi, sobrecartán- 
dolé la referida Real Orden y pidiendo su eunipliniiento. 

Lle^r^) la carta del Ministro en marzo de 1805 y el 23 de 
ese mismo mes el Virrey Aviles la mandó guardar y cumplir, 
ordenando al mismo tiempo que en hv Secretaría General del 
Virreinato se bustíase la Real Orden de 1802 y los anteceden- 
tes de ella. Des':»mf)eñaba entonces la Secretaría General, el 
Teniente ('oronel de los Reales Ejércitos I). Simón Díaz de 
Rávaijo V Gutiérrez de Morante, caballero de la orden de 
Santiaofo; éste practicó las más minuciosas investigaciones, 
auxiliado por su segundo D. José de Ureta, y á los cuatro 
días, el 27, maniíestó al Virrey que no existía constancia al- 
guna en la Secretaría de haberse recibido la Real Orden re- 
memorada. 

Kn esa virtud, el 5 de abril pasó la Real Orden al señor 
Fiscal, que lo era D. José Pareja Cortés, caballero de Carlos 
III, y éste, con fecha 17, pidió el cumplimiento de la Real Or- 
den y solicitó que se presentara copia dé la Real Cédula 
dada en San Lorenzo el 13 de noviembre de 1790, y en la que 
se designan las calidades y requisitos que debían justificarse 
para obtener título de Castilla. Esa Real Cédula había 
sido dictada por el mismo Carlos IV á fin de cortar los posi- 
bles abusos que al respecto podrían presentarse y para sn 
confección y estudio se había comisionado á D. José de 
Cistue, Fiscal del Consejo de Indias en lo tocante al Perú, 
Fiscal que había sido de las Audiencias de Quito y Guate- 
mala, V Oidor de la de México. En esa Real Cédula se exi- 
gía: 1°- que el pretendiente fuera hijodalgo desangre ó pri- 
vilegio; 2"^' que, en caso de estar casado, lo fuera con [)ei'80- 
na de igual calidad; 3°- que hubiera prestado positivos servi- 
cios el mismo pretendiente ó sus antepasados, y 4-°- que pose- 
yese mayorazgo ó bienes suficientes para mantener el decoro 
y lustre de su posición y rango. Tales requisitos debían 
comprobarse con las ejecutorias reales y documentos per- 
tinentes; en cuanto á los servicios, debía hacerse constar 
que éstos no habían sido remunerados en otra forma ó ma- 
nera, y en cuanto á los bienes, debía hacerse un estudio deta- 
llado de sus cargos y gravámenes, de su condición y monto. 
Para este efecto debía comisionarse á un oidor que, con el 
mayor secreto, tomase las declaraciones de los testigos, y, 



386 REVISTA HISTÓRICA 



de acuerdo con el Fiscal, diese su fallo, el que, sometido á la 
Audienííia presidida por el Virrey debía ser aprobado por 
ésta. 

Devuelta por el Fiscal Pareja, paso la carta del Ministro 
al Ayuntamiento de Lima y éste, en 28 de julio, reunidos 
los Alcaldes, Teniente Coronel de Dragones D. José Antonio 
de Errea, caballero de la Orden de Calatrava, Tesorero de 
la Ilustre (''on{2:regación de la *'()'' y antiguo ]*rior del Real 
Tribunal del Consulado, y 1). Francisco de Alvarado Vás- 
quez de Velasco, Conde de Cartazo; y los regidores I). José 
Antonio de Ugarte, I). Tomás de Vallejo Zumarán, I). Juan 
Félix de Encalada Tello de GuzmAn, Marqués de Santiago y 
('onde de la Dehesa de Velayos, el Coronel de Milicitis D. Fer- 
nando Carrillo de Albornoz Salazar, Conde de Montemar y 
de Monteblanco v señor del Castillo de Mirabel, D. José (ron- 
íález Fuente, (.'onde de Fuente-(jonzález y de Villar de Fuen- 
t.e y caballero de Santingo, I). Antonio de Elizalde (ionzález, 
D. Javier María de Aguirre, D. Miguel de Oyague Sarmiento 
de Sotomayor, (.'onde del Portillo, Señor de San Salvador de 
Sabucedo, caballero de Santiago, Fiel de la Casa de Mone- 
da y Sub-delegado del partido de Lima, I). José Valentín 
Huidobro y I). Joaquín Manuel Cobo; después de un madu- 
ro estudio, acordaron proponer para las gracias concedidas 
al D. I). Ignacio de (^rúe Mirones, Regidor de Lima y Alcalde 
que había sido en 1801, (juien estaba casado con I)^- Fi^an- 
eisca Teresa Alvarez de Ron y Zúñiga; al I). D. Francisco A- 
rias de Saavedra Santa Cruz, Regidor también y Alcalde que 
había sido en 1789, quien había contraído matrimonio con 
!)*• Petronila Bravo de Lagunas y Zavala, al Coronel I). 
Tomás Muñoz y Jiménez de Lobaton, caballero de Alcánta- 
ra, Regidor de la (ciudad, cuya Alcaldía había desempeñado 
en 1795 y estaba casado con I>- ( -armen Bravo de Castilhi: 
y al D. D. Diego Miguel Bravo del Ri vero y Zavala, caballero 
de Santiago Sub-delegado de Canta y Regidor desde 1797, 
quien era esposo de D*'- Josefa de Aliaga y Borda. 

Elevado en la misma fecha ese acuerdo al Gobierno, éste 
lo remitió el 17 al Fiscal, quien el 18 de agosto dio vista, 
aprobando los documentos presentados y pidiendo pasasen 
á conocimiento de la Audiencia, lo que decreto el Virrey el 
17. La Audiencia, reunida el 19 desetiembre, acordó que, sin 



AUlO DE LA COLONIA 387 



pronunciarse sobre el expediente presentado, se dirigiese eo- 
l)ia de la Real Orden de 1802 á todos los intendentes del Vi- 
rreinato, toda vez que tales gra<íias iban á ser concedidas 
no sólo á naturales de Lima, sino de todo el reino, como se 
desprendía de lo preceptuado por S. M. 

Al efecto, se hizo circular por la Secretaría General la 
Keal Orden de 1802, con fecha 20 de septiembre, no haxíiéndo- 
se tal cosa con Chiloé por su notoria indigencia. 

El 5 de octubre la recibió el Intendente de Arequipa I). 
Bartolomé María de Salamaca y Quintanilla, caballero de 
Alcántara, quien la transcribió á los Cabildos de Arequipa y 
Moquegua para su debido cumplimiento. 

El ('abihlo de Arequipa se reunió el 8 de noviembi'e de 
1805 y presentes los señores D. D. Mariano González de Bus- 
tama n te. Teniente de Asesor; D. Manuel Flores del Campo, 
I). Pedro Domingo Masías, D. Manuel Morante, D. Agustín 
(le Abril y Olazábal, I). D. José Ramírez Zegarra, D. Fran- 
(íÍ8(»o José del Rivero y Benavente, I). Lucas de Ureta y D. 
Juan Antonio González Valdés, acordaron proponer, en pri- 
iner lugar, á I). Manuel Flores del Campo, Alférez Real por 
S. M. en Arequipa, Alcalde Ordinario y de aguas que había 
sido de la ciudad y Síndico Personero de su Cabildo: al D. D. 
José Ramírez Zegari'a, Regidor de ese C-abildo, por cinco ve- 
ces Alcalde ordinario y por otras tantas de aguas y seis ve- 
ces Síndico Personero y Asesor del Cabildo, y en la actuali- 
dad Justicia Mayor de la Provincia; y á D. Francisco José 
del Rivero y Benavente, que entonces era Síndico Personero, 
y que cuatro veces había sido Alcalde ordinario y de aguas, 
seis veces Síndico General, Diputado á Cortes, electo, por 
Arequipa y antiguo Capitán de Granaderos. No dejaban 
los Vecinos de Arequipa de' tener méritos sobrados, segíin 
comprobaron, para aspirar á un título, pero deslucía su ins- 
tancia siendo ellos mismos sus proponentes. El Cabildo de 
Arequipa no se satisfacía con sus tres miembros y añadía en 
su informe que * 'en la ciudad había otros muchos vecinos 
nieritísimos" y citaba al Coronel I). José Menaut, antiguo 
Alcalde de la ciudad, Sub-delegado de Lucanas y Coronel que 
había sido del Regimiento de Pariimcochas en la campaña 
contra Tt5pac Amaru; al Teniente Coronel I). José Manuel 
Bustamante, Regidor (pie había sido del Cabildo, Alcalde or- 



388 RKVI8TA HISTÓRICA 



diliario y de apuíis y Síndico I^ersonero de la ciudad, quien 
también había Inehndí) contra Tupac Anuiru conio ('ai)itAn 
de Granaderos, y á la sazón se encontraba enfermo y balda- 
do; y el Capitán de caballería de Milicias 1). Bernardo Ga- 
mio, Alcalde qne también hal)ía sido de Are(]uipa. 

Sentada acta de la sesión se coniniucó al Intendente 
Rodríguez de Salamanca, quien **echó de menos en la nomi- 
nación á su Teniente Iletrado" y, en su decreto del mismo 
día, previno al Cabildo lo tnviera presente. La pei'sona que 
entonces desempennba la tenencia de Asesor, aunque interi- 
namente, era el I). I). Mariano (íonzález de Bustamante, el 
mismo que, con tal carácter, había presidido la sesión del S 
de noviembre. El Cabildo volvió á reunirse el 2 de diciem- 
bre y acordó exponer que de preferencia había desig*nado al 
Doctor Bustamante, atendidos sus méritos y á la circuns- 
tancia de haber desempeñado los cariaos de Alcalde ordina- 
rio y de aguas de la ciudad, Síndico Procurador General de 
ella y Promotor Fiscal de la Intendencia. i)ero que este ca- 
ballero se había excusado con insistencia, razón por la enal 
no se le había considerado; pero, accediendo ahora á la peti- 
ción del Intendente incorporaba al enunciado Doctor Busta- 
mante en la propuesta. 

El ( -abildo de Moquegua se reunió á su vez, el 13 de di- 
ciembre, y pi'esentes los señores D. Juan Mai*co8 de Ángulo, 
D. Miguel de Espejo. D. José Hilario de Ángulo, D. Juan 
Luis del Solar I^zcano y don Agustín de Mendoza, Alcalde y 
Regidor, acordaron proponer al Coronel D. Tiburcio de Men- 
doza y Maldonado, Alcalde (]ue había sido de la villa; al 
Sargento Mayor D. (íregorio de la Flor y Roa, Caballero de 
Santiago y Alcalde que también había sido de la villa; al 
Capitán D. José Carlos de Mendoza y Arguedas, vecino opu- 
lentísimo y el más rico de Moquegua; y á D. José María de 
Arguedas y Maldonado, quien había desempeñado el car- 
go de Alcalde y era en la actualidad Receptor del Santo 
Oficio, 

El 20 de diciembre remitió Salamanca al Virrey todos los 
expedientes y en su oficio le llamaba la atención á la circuns- 
tancia de ser Arequipa la única ciudad de importancia que 
carecía de títulos de Castilla, en tanto **que esa capital. Cuz- 
co, Huamanga y Trujillo abundan en ellos." 



ALGO DE LA COLONIA 389 



El 19 de octubre de 1803 recibió la Real Orden el Inten- 
dente de Tarma, I). Manuel de Urrutia y Casas, y el 18 de 
enero de 1806 se dirigió al Virrey, proponiéndole al Coronel 
I). Francisco Calderón y Bustamante y al Teniente ( -oronel 
I). Antonio Alvarez Morftn; ambos sujetos no eran tarrae- 
ños, pues el primero era de Santander y el segundo asturia- 
no; ambos eran mineros y muy opulentos, propietarios de los 
minerales de Angascancha, de los que habían extraído plata 
por valor de 3.645.000 pesos, habiendo pagado por esos y 
otros derechos al Real Erario, la fuerte suma de 751,949 
pesos. 

El 28 de enero de 1806 se reunió el Cabildo de Guaya- 
quil, compuesto entonces de los señoi'es Coronel D. Bartolo- 
mé Cucalón y Villamayor, Gobernador político y militar y 
Sub-delegado de Real Hacienda, D. José Julián del Cam- 
po y Ayala, Alcalde Provincial y ordinario de la ciudad, 
I). Manuel Ignacio Moreno, Alcalde y Regidor decano, D. Jo- 
sé Goroatlza, Alguacil Mayor, D. José Moran de Buitrón y 
Castillo, Fiel Ejecutor, D. Andrés de Herrera Campusano, D. 
Manuel Riiíz. D. Juan Bautista Elizalde, D. Domingo Igle- 
sias y D. José Ignacio Gorrichátegui, Regidores, D. Pedro 
Santander, ProcuradorGeneral, 1). D. Luis deSáa, Asesory el 
I). Ü. José Joaquín Pareja, Alférez Real, que fué el único que 
no concurrió, por encontrarse enfermo, y propuso á I). 
Martín de Icaza y á 1). Bernardino Eciheverz, vecinos nobles y 
distinguidos y propietarios de las valiosas haciendas *'San- 
ta Rita'' V '%San Pablo''. El Gobernador Cucalón remitió el 
acuerdo al Virrey con oficio de 6 de abril, extendiéndose so- 
bre los méritos de Icaza, quien se hallaba casado con D*- Ro- 
sa de Silva. 

El 15 de octubre de 1805 recibió en Huamanga la Real 
Orden el Intendente D. Demetrio O'Higginsyla circuló á 
los cabildí>s de Huamanga y Huancavelica. 

El 15 de marzo de 1806 se reunió el Cabildo de Huaman- 
ga, y presentes los señores Teniente Coronel, 1). Antonio Ola- 
no y Quintanilla, Alcalde de primer voto, Coronel, D. José 
Palomino de Mendieta, Alcalde de segundo voto. Teniente 
Coronel D. Francisco Antonio Ruíz de Ochoa y Monreal, 
Regidor decano y Alcalde Provincial, D. Domingo de la Riva 
y Cossío, caballero de Carlos III, Sarjen to Mayor D. Joaquín 

17 



390 RKVIHTA HIHTÓKirA 



del Camino, D. Francisco Hernández, D. Manuel Garcí.i v 
Espinoza y Teniente (^oronel D. José Matías de Cabrera, re- 
g:idores, acordaron que aunque dentro y fuera del Cabildo 
había vecinos nobles y distinjjf nidos, merecedores de ser agra- 
ciados con títulos de Castilla, sus fortunas eran mediocres ^ 
insuficientes para sostener debidamente ese rango. 

El Cabildo de Huancavelica. á su vez, se reunió el 9 de 
marzo y declaró que auncpie había sujetos beneméritos, no 
proponía á ningnno, pues sus fortunas eran reducidas y con 
bastantes atrasos. 

El 13 de octubre de 1805 recibió la Real Orden de 1802 el 
Intendente niterino de Trujillo I). Felipe del Risco Torres, Ca- 
pitán honorario de la guardia de caballería del Virreinato y 
sobrino carnal de la esposa del Virrey Avilftí. El Cabildo se 
reunió el 17 de marzo, concurriendo el Intendente Risco, don 
Fermín de Matos Risco, Alcalde de primer voto, don Juan 
Vicente Mendoza, Alcalde de segundo voto, don Joaquín de 
Luna Victoria, Alguacil Mayor, don Tiburcio de Urquiaga 
y Aguirre, Juez privativo de aguas y don Manuel José de 
(lastro, Síndico Procurador (leneral v habiendo faltado los 
Regidoi'es don Juan José Martínez de Pinillos Larios, Alfé- 
rez Real de la ciudad, Teniente Coronel de los Reales Ejérci- 
tos y Coronel de las Milicias de Trujillo; don Juan Alejo Mar- 
tínez de Pinillos y Larios, Teniente de Alféi-ez Real y don 
Francisco de Bustaniante y Lavalle; y acordó proponer 
á don Fermín de Matos y Risco, soltero, dueño déla hacien- 
da de Mocan, y quien concurría á la sesión: á don Miguel Ge- 
rónimo Tinoco y Merino, Regidor de la ciudad y poseedor 
del mayorazgo de Facalá; á don Mariano Vásquez deGanoza 
y Cañas, Alcalde que había sido en 1798 y 99, Regidor de 
Trujillo, antiguo ('orregidor de Huamachuco, quien estaba 
casado con doña Mariana de Orbegoso y Moneada; á don 
Gaspar de la Vega y Solís, Regidor también, Alcalde provin- 
cial y ordinario que había sido en 1796 y 1801, dueño de 
Tulape y esposo de doña Josefa del Risco y Estrada; á don 
Mariano de Cáceda y Braca.monte, Regidor y Fiel Ejecutor de 
la ciudad y dueño de Bazán y á don Francisco del Corral, 
dueño de Santa Clara. 

El 9 de octubre de 1805 recibió la Real Orden el Presi- 
dente del Cuzco, Conde Ruíz de Castilla, quien la transcribió 



ALGO DÉ LA COLONIA 391 



al Ayuntamiento, el que pidió á su Síndico Procurador for- 
mulase la coi-respondiente propuesta. Este, que lo eradon Ig- 
nacio Francisco de La Puerta, creyó conveniente consignar á 
todo el mundo, y propuso al Cabildo las siguientes personas: 
el Coronel de Milicias don Miguel de Valdés Peralta, Alcalde 
de la ciudad; el Teniente {'oronel don José Mariano Valdés 
Peralta, hijo del anterior; el Doctor don José Mariano Ugar- 
te, Capitán de Milicias, Alcalde de la Santa Hermandad y 
poseedor del más rico mayorazgo del Cuzco; el Coronel de 
Milicias don Martín Concha y Jara, caballero de Carlos III 
y Alcalde que había sido en 1797, quien estaba casado con 
doña Gabriela de la Cámara y Mollinedo; el Coronel de Mili- 
cias don Francisco Picoaga;el Coronel don Pedro deEcbavey 
Mollinedo, que estaba casado con doña María García Flores 
y el Capitán de Milicias don Juan Canaval, minero y azogue- 
ro y ex-Alcalde de la ciudad. A estos siete vecinos unía el 
Síndico los siguientes: el Capitán de Milicias don Manuel de 
Garmendia, ex-Alcalde y la persona más rica del Cuzco; el 
Teniente Coronel don Juan José Gastañaga, ex-Alcalde tam- 
bién; el Sargento Mayor don Fermín de Piérola, Regidor 
perpetuo y esposo de doña Tadea de la Cámara y Mollinedo, 
el Capitán don Matías Martínez, Regidor también y ex-Al- 
calde; y el Teniente de Milicias don Juan José Olañeta, mine- 
ro y azoguero. 

El 28 de diciembre de 1805 el Cabildo se reunió y tomó 
nota, de la propuesta. Viva indignación le causó no en- 
contrarse íntegro en ella ,y acordó expresar al Síndico su 
extrañeza, disponiendo proponerae á sí mismo, con inclu- 
sión del Síndico. La conducta del de Trujillo proponiendo á 
su Alcalde y del de Arequipa pi'oponiendo á sus propios miem- 
bros, le envalentonó seguramente. Ese Cabildo se componía 
del Coronel don Martín Concha Jara, Alcalde de primer voto 
(propuesto por el Síndico); de don Mariano Nanero, Alcalde 
de segundo voto; del Capitán don Miguel Carazas, Alguacil 
Mayor; del Teniente (^orouel don Mariano Campero, Alférez 
Real; del Coronel don Ignacio Francisco de la Puerta, Síndi- 
co Procurador, (Canciller de la Real Audiencia, caballero de 
Carlos III y esposo de doña Gertrudis Mendoza y Jara; del 
Capitán don Antonio Paredes, Alcalde Provincial; de don 
Juan Canaval, don José Miguel Mendoza y Barrios, el Capi- 



392 REVISTA HISTÓRICA 



tá.n don Vicente Ladrón de Guevara, el doctor don Vicente 
Valdés y Peralta, don Agustín Rossel y Valdés, el Capitán 
don Ramón Moscoso, el Sargento Mayor don Fermín de Pié- 
rola (propuesto por el Síndico), el Capitán don Matías Mar- 
tínez (igualmente propuesto), el Capitán don Manuel Valdi- 
via y el Coronel don Pablo de Astete, Regi<lores. 

Avergonzado, seguramente, el Cabildo volvió á reunirse 
el 24 de enero de 1806 y á los veintitrés propuestos añadió 
todo el j)ersonal de la Audiencia, los empleados reales, el Ca- 
bildo metropolitano en bloque, y algunos vecinos. La Au- 
diencia se componía de las siguientes personas: Mariscal de 
Campo Conde Ruíz de Castilla, Presidente; Doctor don Pedro 
Antonio de Cemadas Bermúdez de Castro, caballero de (^ar- 
los III, Regente y Oidor Decano, que estaba casado ccm doña 
Eulalia de la Cámara v Mollinedo; Doctor don José Bustillos 
y Doctor don Manuel Plácido Bemozábal, esposo de doña 
Francisca Alvarez de Foronda Mendivi, Marquesa de Casa 
Jara y Condesa de Valle Hermoso, Oidores; Doctor don Luis 
Gonzalo del Río, Fiscal, y Doctor don José Domingo de Er- 
rasquin, Secretario. Los demás empleados públicos, nomi- 
nativamente propuestos, fueron los Alcaldes de la Santa 
Hermandad, Alférez Sebastián González y Teniente Miguel 
Espinosa y el Seci-etario de éstos, don Bernardo José Ga- 
marra; los altos empleados de la Tesorería don Francisco 
Basadre y Belaúnde, Contador, y don Baltazar Villalonga, 
caballero de San Juan; don Juan Cuenca, Administrador 
la Aduana, y don Antonio Zubiaga, Contador de la misma y 
esposo de doña Francisca Bernales; los Comandantes Te- 
niente Coronel don Luis Hercelles, Teniente Coronel don Ata- 
nasio Sotelo, don Francisco Rebollar, Administrador pro- 
pietario de Correos; don Antonio Méndez, Administrador in- 
terino de los mismos, y los vecinos notables Coronel don 
Pedro de líchave Mollinedo (propuesto por el Síndico), Co- 
ronel Francisco Picoaga (igualmente propuesto). Teniente 
Coronel Doctor don José Mariano Peralta, Teniente Coronel 
don Ramón Trocóniz, Teniente Coronel don Ramón Valer, 
(■apitán don Domingo San tayana de Rosas Infantas, Sub-de- 
legado del Cuzco y esposo doña Mariana Ambrosia de Molli- 
nedo y Villavicencio, Teniente don Juan de Rozas, Alférez 
Fabián de Rozas, Capitán de Granaderos don Felipe Mosco- 



Al.no DE T.A COLONIA 393 



80 y Jiménez de Lobat(')n, Maríjuésí de San Juan de Buena- 
vista, don José y don Juan Cauaval, don José María de la 
Torre, Doctor don Luis de Astete, don Luis y don Cayetano 
Ocampo, don José Olañeta, Capitán don Martín Garmendia, 
Teniente Coronel don Juan Gastañagay Teniente Asesor 
don Manuel Gabiano. 

El (Cabildo Eclesiástico, que también fué propuesto, se 
componía del Obispo 1). Bartolomé María de las Heras, del 
Deán, IX I). Miguel Chirinos, del Arcediano, D.D. José Pérez 
Armendáriz, Rector del Seminario de San Antonio Abad y 
de la Universidad; del ("hantre, D.D. Francisco Javier Alda- 
zábal, del Tesorero, D.D. José Baeza, del Magistral, D.D. 
Benito (^onclia; de los (.'anónigos, D.D. Narciso Dongo, D.D. 
Feliciano Paz Pozo v D.D. Manuel Menéndez; de los Racione- 
ros, D.D. Francisco ( 'arrasco y D.D. Manuel de la Sota, y del 
Provisor y Vicario general D. D. Juan Munive. 

La Audiencia revisrt detenidamente el acuerdo del Cabil- 
do en 10 Jde abril de 190(5, y dejando á un lado la fatigante 
lista propuso srtlo á I). Martín Concha Jara, á D. Francisco 
Picoaga y Arrióla, á I). Pedro de Echa ve y MoUinedo y á D. 
Juan de Garmendia v Picoaga. 

ííl 19 de octubre de 1805 recibió la Real Orden el Inten- 
dente de Puno D. José González y se apresuró á manifestar 
que no le daba curso **por que no hay en esta provincia suje- 
tos que puedan aspirar á tal gracia". 

Reunidos en Lima todos los expedientes, el 6 de mayo de 
1806, el Virrey Aviles los remitió á la Audiencia, que pidió 
vista al Fiscal el 12 de mayo. Encontrábase en esta situa- 
ción el asunto cuando algunos particulares se creyeron con 
derecho á exponer algunas especiales circunstancia. Así, el 
6 de junio de 1806, el D.D. Sebastián de Goyeneche y Ba- 
rreda, se presentó en nombre de su hermano el D.D. Pedro 
Mariano, natural y vecino de Arequipa y exponiendo que 
era hijo del Sargento Mayor de Milicias, D. Juan de Goyene- 
che, nacido en Navarra, y Alcalde que había sido de Arequi- 
pa, y de Da. Mariana Josefa Barreda; que había desempeña- 
do en 1803 la Alcaldía de su ciudad natal y suplido cuantio- 
sas sumas al Real Erario, reclamaba se le tuviese presente 
en el momento de la concesión, lo que se acordó. 



394 REVI8TA HISTÓRICA 



A SU vez, el DA). Ignacio de Orúe y Mirones, ainique esta- 
ba propuesto por el Cabiklo de Lima, se presento el 9 de jn- 
nio recomendándose por sus servicios, así como ])or los de la 
familia de su esposa. 

El 9 de Junio de 1806 reunióse la Audiencia y después de 
maduro examen, acordó proponpi- á S. M., como merecedo- 
res A los títulos de Castilla á los señores It^nacio de Orfie y 
Mirones, Francisco Arias de Saavedra Santa Cruz, Tomás 
Muñoz y Jiménez de Lobatón y Diego Miguel Bravo del Ili- 
vero y Zavala, que habían sido los designados por el Cabil- 
do de Lima. 

Las gracias no pudieron haeerseefectivas, pues en el mis- 
mo año de 1806 falleció la gentil Princesa, cuyo enlace moti- 
vara la generosidad del monarca, su suegro. En Lima se le 
hicieron suntuosas exequias, en la que el I). I). José Joaquín 
de Larriva pronunció una oración fúnebre y fi cuyo etei*to I). 
José Joaquín de Olmedo compuso una elegante oda. 

Pasados algunos años los designados iniciaron gestio- 
nes en la Corte. I). Ignacio de Orne alcanzó que se le invis- 
tiese con el título de Conde de Torre Antigua de Orúe, pero 
murió antes de que viniese la Real Cédula, no llegando j)or 
tanto á usarlo; lo heredó su hija Da. Rosa de Orúe y Ron, 
esposa de D. Eduardo José de Arrescurrenaga, Regidor de 
Lima. 

I). Diego Miguel Bravo del Rivero y Zavala, obtuvo en 
7 de julio de 1807 el título de Marqué-* de Castel Bravo del 
Rivero, fué después Oidor de la Audiencia de Lima, Consejero 
del de las Ordenes v honorario del de Justicia, v en 1824 
Gran ('ruz de Isabel la ( Vitóiica. De su matrimonio con Da. 
Josefa de Aliaga y Borda tuvo nn solo hijo, el Coronel D. 
Pedro Bravo del Rivero y Aliaga, 2.° Marqués de Castel Bra- 
voyí{.° de Fuente Hermosa de Miranda, ('omendador de Car- 
los III, caballero de San PVrnando y de San Hermenegildo, 
quien casó en España con Da. Dolores Boulet y Victoria de 
Ahumada. 

I). Tomás Muñoz y Jiménez de Lobatón obtuvo en 1817 
el título de Marqués de Casa Muñoz y de su enlace con Da. 
('armen Bravo de Castilla tuvo á Da. Josefa Muñoz Bravo 
de Castilla, quien casó 1.^ con D. Francisco Manrique de La- 



ALGO DE LA COLOXÍA 395 



ra y ( •arvaial 4.° Marqnéí? de Lara y caballero de Carlos III 
y en Hegnindas nupcias con el Coronel D. Luis de Soria, Regi- 
dor de Lima en 1820. 

D, Francisco Arias de Saavedra obtuvo en 1820 el títu- 
lo de Conde de Casa Saavedra. De su enlace con Da. Petro- 
nila Bravo de Lagunas y Zavala, nacieron Da. Petronila 
Arias de Saavedra Bravo de Lagunas, que casó con D. Ma- 
nuel de la Puente y Querejazu, Marqués de Villafuerte, caba- 
llero de Santiago y Alcalde de Lima en 1817 (el título de 
Ca^a Saavedra lo usa hoy en España Da. Juana de la Puen- 
te y Risco, Marquesa de Villafuerte y Condesa de Guaqui) y 
Da. Narcisa Arias de Saavedra Bravo de Lagunas, esposa 
del Brigadier D. Juan Bautista de Lavalle y Zugasti, caba- 
llero de Alcántara y Alcalde de Lima en 1814. 



Lima, septiembre de 1907. 



Luis Várela Okbegoso. 



:a f j » j»j g w WM . m mj t s r. sr ¡t ' 




QUADERNO DE VARIAS COSAS CURIOSAS 

QUE EMPIEZA A CORRER EN 1 ñ DE JUNIO DE 18C8 



( Conclusión). 



Días, Ms. 
Años 

i6 Octubre. 

1808 



24 id. 



Descubierta la inagestad pi-edico en esta so- 
lenne función el R. I\ L. F. Jos^ de Talabera del 
orn. de N/° Padre S.*** Doming-o cuya obra inimi- 
table tanto p/ su elocuencia, enei-gria, y asunto 
q.^ toino contra el Tirano Napoleón 1.° y pricion 
de N.^° Soberano hizo drramar higrinias de dolor 
y coinpacion, en los restantes diíis solo se exerxita 
esta ciudad en todas las Ig-lesias letanias descu- 
bierta SM. hasta el dia en que cumplido el novena- 
rio i-egresen á la Divina Señora á su santa Capilla. 

En este día i-egresaron á la Divina Señora á la 
Iglesia del Kosai-io después de dicha misa solenne 
en la Iglesia Catedral y con la misma asistencia de 
tribunales y ( -uerpos, los q.* en todos nuebe dias 
asistieron á las letanias v misa se coloco, en su san- 
ta Capilla no es pocible numerar el concurao del 
pueblo en ese dia ni menos esplicar el consuelo 
q.*^ todos han tenido con semejante función. Suce- 
dió en esta dia que al t.p° de montar en el coche el 
S.*"" Virrey recivio expreso de Panamá confinnan- 
dose en todas sus partes el armistisio con la Ingla- 
teri'a y la derrota de todos los fi-anceses q.* esta- 
ban en España cuyas favorables noticias son devi- 
das á esta Divina Señora. Eran Mayordomos de 
esta Ilustre Archicofradía los S.s. D." Fran.*^^ Inda 
y D." Fran.*^" Iscue. 



rS INÉDITO VALIOSO 



397 



2S Octubre.. 



i 



S Novbrc. 



En este día murió D." Juan Pedro Lj)stnrniiu 
Ayu.^*^ graduado de Cap." del Regim.^** dedra^^ones 
y p/ comicion del govienio ayudante de plaza al 
día fiig:.'*^ hechos los honores fúnebres v misa de 
cuerpo presente fue conducido al pantion. 

Se publico bando de guerra contra el Tirano Sa- 
poleon 1.° y los que le siguiesen sus reprobadas 
infamias en este día se mando que todo francés 
abecindado en este reino ó cap.^ se presente en el 
termino de 15 dias á prestar el juramento de fíde- 
lidad. 

»■» '^ j Kn este día murió I).* María TiOrenzaBoloños, de 

/ edad de 96 años y el día 16 del presente fue condu- 
1 cida al Pantion. 

'5 id / En este día fue promobido á Ten.^* de exercito y 

) ayud.** de Dragones Ten.**^ de milicias D." Mig.^ Ofe- 
\ lan en virtud de orn. de este sup.°^ govierno de al- 
( taen 1.° Dic* 

^'^ I En este día fue electo Provincial de N.'"^ P.*^ S." 

\ Fran,«^° El R.^« P.*^ F. Vicente Morales. 



1 o Dicbre. 



3 id- 



6 id. 



18 



í En este de orn. Sup.**'' pasaron las hended oras y 
] demás de comestibles á situarse como antes en la 

(plaza y se suspendió la posada de la tropa q.^ se 
repartía diaria en ella. 

En este día murió D." José Abascal sobrino del 
actual 8.°*^ Virrey, en el pueblo de Miraflores de 
Pulmonía fue conducido su cadáver p.*" la noche y 
al día sig.**^ fue conducido al Pantion haciéndole 
las exequias en la catedral y honrras en todos los 
conbentos v monasterios. 

[ En este dia como A las 5 de la tarde llego la 
f,.Qgta. Barbara procedente de Valparaíso con las 

I felices noticias de haver sido destrosado todo el 
ejercito francés que se hallaba en España con mas 

^ de 13 Generales de los mas de crédito : q*' José Bo- 



398 KEVIRTA HISTÓKICA 



Días, Ma. 
Años 

1808 
6 Dicbre.. 



t 



ñaparte havia entrado con refuerso de catoníe mil 
hombres en Madrid, y q^- después de once dias de 
estada viendo las cosas mal pai'adas havia huido 
á Burgos donde quedaba cercado con cieu mil es- 
pañoles; estas noticias como todas las demás fa- 
vorables á nosotros estimulo á q*- que elS^*"- Virrey 
mandase repicar general™^*^- con la alegría común 
de fuegos é iluminación del palacio del Viri-ey, Ar- 
zobispo, Cavildo, Inquisición y demás casas cono- 
cidas. 

^»^ ( En este dia llego la Limeña procedente Chile au- 
mentando haver llegado á Madrid el Duque del In- 
fantado nombrado p^- S. M. p*^- su lugar teniente 
del Reino v confirmando todo lo ant^*^- 

" '^^ f En este día llegó á mi noticia que el Capítulo Ge- 
neral de la Religión de Belemitas en q*- salió elec- 
to Gen^- el Rm°- P. F del Carmen se aprovó 

q*- todos los religiosos se quitasen la barba cOmo 
se beriflcó. 

I En este dia murió el Sub**- D" Mateo Donaire del 
Regim^°- R^- de Lima y fue el prini°- oficial que se 
enterró en el Pantion. 

22 id 



i En este dia murió el Cap." y Sub Inspector de 
Pai'dos D.° Manuel Sierra y hecho los honores fu- 
nebi'es el dia sig.^*^ fue enterrado en el Pantion. 

>» id / Kn este dia murió D. Andrés Gallo Com.^* del 

\ Resguardo y en su testamento queda multada su 
viuda si se pone luto y q.*^ su entierro sea humilde 



( 



sm nmguna pompa, 



1 o Enero.. / Kj^ el año pasado se observó ima entrada de ve- 

1809 V rano tan mala q.* h.** el 31 de Dic.*^ no se vido el 

/ Sol: la admosfera nebulosa, húmedas las maña- 

i ñas, ayres frequentes y de estas resultas, enferrae- 

\ dades epidémicas de costado, vicho, y otros mu- 



r.V INÉDITO VALIOSO 



399 



uía«,Ms. / chos unos catarrales tan comunes q.« casi no a 
Años I quHlado solo una perzona de toda la Población y 

1 c Enero., j ggjg ipgua eu contomo q.« no haigan sufrido, mu- 
chos han muerto degenerando en males grabes 
aun q.« el en sí no ha sido de mala constitución co- 
nocido p/ el nombre de abrazo de Napoleón. 



.Sid. 



fi id. 



9 id. 



31 id. 



j En este dia se hizieron ciete oficial.» habilitad.» 
\ p.*' el servicio de la Art.* pj orn: del S.°' Virrey. 

En este dia murió el Sub.*« agreg.^° al regim.^° 
r.* de Lima el de milicias de N.° D.° Tomas Idiarte 
fueron sus exequias en la Iglesia de desamparados 
y se le hicieron los honores fúnebres p."" el de su cla- 
se D." Man.^ Fernandez y después fue conducido al 
Pantion. 



< 



En este dia se hizo la pertura de estudios en la 
R.* Universidad pJ el catedrático de Geometría 
D." José Paredes enq.« se continuaron ht.*q.« pasen 
á estudiar hus disculos al Colegio de S." Fernán- 
do. 



En est« dia como á las 5% de la tarde dio fondo 
de la Peninsula la Fragata de Comercio (alias) la 
Trujillana con viaje 113 dias con noticias bien Ji- 
songeras y entro ellas queda organisadala junta 
central cuya cabeza es el 8.°^ Conde de Florida blan- 
ca haviendo hecho antes el jurainent.° de defender 
la relig.°" y los derechos de X.*'^ Rey el S.***" D." 
Fernando VIL Esta noticia y de quedar cercado en 

^ I^ogroño José Bonaparte ])/ ciento y cinq.**^ mil 
españoles siendo el numero de ellos 45 mil no mas 
han consolado tanto esta Cap.^ q'= n/° actual Virrey 
mandó participarlo p.** un repique gen.* á las lOJí 
de esta misma noche é iluminación p.^ tres dias 
El dia 28 se celebró misa de gracia con asistencia 
del Virrey y tribunales é igualm.^^ hubo besamanos 
á q.* asistiéronlos jefes y demás oficiales de laguar- 

I nicion. 



400 



REVISTA HlHTOmrA 



Dias, Ms. 
Años 
21 Enero. 



32 id. 



25 id- 



id. id. 



39 id. 



3 Febrero. 



í 



{ 



En ente día, Sábado, dio principio el R.* Colegrio 
de S." Fernando sinembai'go de lo informe en q/ 
esta su obra recorriéndose el Vice rector v seis estii- 
diantes á unas viviendas provicionnles q/ tiene {ta- 
radas toda via, los q.* asisten solo á estudiar y dor- 
mir en el dejándoles lugar p.*^ salir A sus precisas 
urgencias h.** la conclusión del claustro alto q.*" se 
está trabajando con mucho emí)eño. 

En este dia llegó á mi noticia los muertos q/ ha 
tenido esta Cap.* en los 6 meses restantes h.** fin 
deDic."^yes como se sigu.* sin incluir el prim/' 
que está restado Julio, Ág-.^^ Sep.^, Oct.^, Nov.^ 
Dic,^. 

En este dia miércoles como á las cinco v me- 
dia de la tarde llegó al Puerto el comicio.**** de la 
Junta Suprema hecha en 1.* instancia p*" la nación 
D." José M.* GoUoneche y el jueves inmediato pa- 
só á ver al Exmo. Virrey y Arzobispo de q."" fue 
vien recivido y cumplimentado, vive en Uelen. 

En este mismo dia volvieron las comedias A su 
pie antiguo las q/ se hallaban suprimidas por his 
actuales circunstancias de n/" Monarca. 

En este dia como á las 3 de latardellegó al Puer- 
to la Fragata el S." Fulgencio se dice regresara inin 
los caudales del donativo p.* las actuales circuns- 
tancias vino en el dho. el Palio del actual S.***^ Ar- 
zobispo y el dia 30 del j).^* huvo á las tres y tres 
cuartos repique gen.* e ingualm.** á las ciete p.*^ la 
expresada investidura. 

En este dia se estrenó el palio S. lima, con misa 
de gracia solenne le puso el palio el S.'''' Dian <le 
esta S,^* Iglesia con asistencia del Virrey y demás 
tuvo un suntuoso banquete de ochenta cubiertos 
del.* mesa en la que comió S. Exa. el S.***^ GoUo- 
neche diputados de la Junta de (iobiemo y demás 
jefes y nobleza brindó S. Exa. pJ la felisf noticia 
q.^ esperaba tener de la Península y dho, comisio- 
nado pJ la Suprema Junta y los dos héroes antíin- 
tes de la nación. 



TN INÉDITO VALIOSO 401 



II id 



I 



Días, Ms. / La Venei-able orn. y cofradía del alumbrado y be- 

Aflos I la continua de N. S. del cinto fundada en la Iglesia 

3 Febrero... - de N. P. S. Ag:u8tin lilzo Togativas y exercicios es- 

í pirituales p/ sus hermanos en q.* predicó su muy 

¡ digno director el l\ M. F.José Calisto Origuela p/ 

; nueve diasq.* princiaron en miércoles 25 de Enr.^ 

y acabaron en dos de Febr.° del mismo cuyo fin 

principal fueron las actuales circunstan." 

En este dia á las cuatro v media de la tarde se 
condujo procesional ra.** al Divino Sacrara.*° de la 
Capilla interior de X.* S.* de la O. á la Iglesia de 
dho. convento de Padres del Oratorio de S." Felipe 
y se colocó en la custodia del nuevo rotablo q.^ á 
su costa hizo un Padre de la expresada congrega- 
ción p.*la función del estreno de dho. retablo q.* es 
el sig.**^ domingo 12 de carnestolendas. Con moti- 
; vo de la guerra actual a advitrado S. Exa. con mu- 
cho modo de recojer 6 aumentar el fondo de dona- 
tivo p.* remitir á España y en cuyo motivo dio li- 
cencia p.* dos corridas de toros en los días 2.° y 3.° 
I de Carnestolendas 13vl4 del mes v en el 11 del 
[ presente por el encierro ó tarde de 8 toros y bolatin. 

"*^ f En este día se comunicó p.*" S. Exa. hal:)erse pro- 
movido de su orn. la Plana Mayor del Regim.*° de 
' Tarma ascendiendo á Com.** v Sarg.**» Mavor del 
expresado regim.^° ypartidoáD." José Moreno de 
i la clase de teniente de la Asamblea de Lima ayud.^ 
t mayordel el Tn**dedha. D" Juaq." Ampueroy Ten.^« 
{ el de Milicias de Dragones D.° Pedro Rolando y el 
cadete» de Milicias Urbanas de dho. regim.^^ I).° Jo- 
sé Cárdenas siendo de admirar que dho. Sor Virrey 
olvide la circunstancia que Rolando es francés de 
nación, libertino, y de baxa cituacion pues fue ex- 
peluquero y de servidumbre de un oficial q.* oy está 
en suerte en el actual Gov."° 

*<*• »<* t En este mismo dia asendio á Ten.**^ de la Comp.» 

de Maynas p.*" orn. del mismo Exmo. 8^^ . el Sud.**^ 

de milicias agreg.^*' al R.* de Lima D." Man.* Fer- 
nandez. 



402 



REVISTA HISTÓRICA 



Días, Ms. 

AfiOB 

14 Febrero 



34 id. 



5 id. 



27 id. 



2S id. 



En ente día llí*gó al puerto del Callao el bergantín 
Corsario (alias) el flecha con una presa Inglesa con- 
trabandista alq.« sehaencontradoen plata sellada, 
pina, oro en pepita y en polvo cuai*enta mil p.* y 
^ lo restante h.** el valor de tresientos mil p." . ]>ues 
traya de principal de Londres veinte 3' cinco mil li- 
bras esterlinas cuyo monto se repartirá á propor- 
ción del principal puerto p/ cada accionista q/ se 
cree lleguen á veinte. 

En este dia, vienies como á las cinco de la tarde 
pasó S. H" al cuartel de Art.* de S.** Catalina 
donde acompañado del Sor. Golloneche diputado 
de la Junta, Com.** de Art.* y barios jefes de la 
guarnición, con motivo de haberse concluido varias 
obras q.* tiene dentro del cuya inspección hecha 
por menor a sido de su agrado, y beriflcada y des- 
pedido pasó el S.®*^ Com.*« á enseñarle á dho. S.^^ 
Golloneche la sala de Armas q.* está situada en el 
palacio del Virrey. 






En este dia le salió el despacho de alFeres de la 
Comp.* deMaynas alSarg.*^ Garzón 1).° José Oya- 
rart>e. 

En este dia se encontró ahogado á un euro|3eo 
nombrado Alonzo Tirado el q.* pasando el río 
grande fue arrebatado del agua: este era de oficio 
toi-ero y banderillero. En este mismo dia se quemó 
un mortero del molino de pólvora con poco estra- 
go, pues solo quemó A un individuo q.* puede pe- 
ligrar. 

En este dia p.*" orn. de la Superioridad fueron re- 
tiradas las milicias del regim.^** del num.° q.* en ca- 
lidad de auxiliares servían en el Regim.*° R.^ de Li- 
ma los q.* asendian á 400 homb.* previniendo se 
renganchasen aquellos q.* volunta riam.** quisie- 
{ ran. Igualmente se retiraron seis sub.*" q.* se ha- 
llaban sirviendo agreg.^°* con sus milicianos desde 
21 de Junio de 805 en q.« el Exmo. S.^*^ Aviles los 
mandó agregar en virtud de una R.* orn. y p.* las 



UN INÉDITO VALIOSO 



403 



Aflo« 
2S Febrero. 



iS Marzo. 



id. id. 



urgencias de la griieira. Pi-eviniendo q.* aunq.* 
fueron 8 los q.* pasaran á servir, uno murió q.* lo 
fue D." Tomas Idiarte y el otro pasó á Ten.** de 
la Comp.*^ de Maynas D." Manuel Fernandez. 

Relación de las ceremonias executadas en la jura 
q.*^ se hizo p.*" el Exmo. 8.°'' Virrej'' á la instalación 
de la Junta Su])i"enia central en esta Cap.* de Lima 
q.*^ ov gobierna á nombre del S.^*" D." Femando 
VII. ^ 

{ Sábado 18 de marzo de 809 á las nueve de lama- 
nana se formaron las tropas veteranas y de mili- 

, cias en la plaza mayor. El Regim.*° veterano R.* 

! de Lima se formo al fícente del Portal de botoneros 
en el de escribanos los dragones pardos montados 
á la vanguardia con 30 pasos se colocaron 15 ca- 
ñones de montaña de á 4 con sus armones respec- 
tivos á 20 pasos distantes y la dota/cion de -45 ti- 
ros y tropa del R.* cuerpo q.* debía servirlos al 
frente de pala<íio el regim.*° de Pardos y en segui- 
da las compañías de morenos libres y al trente del 
Palacio Arzobispal y Iglesia mayor el batallón de 
milicias españolas del N.° A las 10}^ salió S. Exa. 
á la Plaza y dirigiéndose con toda la comitiva á la 
que formo en los botoneros este regim.*** formo en 

\ dos trosos de martillo dijo á todos con claras ex- 
presiones: — Regita,^^ R} de Lima *S." oñciales mu- 
cho tp,° haze tengo recibidas pruebas de vuestro 
amor al Soberano á n.**"* S.^ Religión y á la Pa- 
tria, me hallo satisfecho de todos y de cnda uno en 

I particular nada os encargo pues se vuestra fideli- 
dad y entuciasmo pJ la causa q.^ hoy nos compro- 
mete y asi solo os prevengo prestéis eljuram,^^ so- 
lemne de obedecer á la Suprema Junta Central q.^ 
tan dignam.^^ nos govierna h.^^ q,^ veamos resta- 
blecida las delicias de NJ° amado Monarca en su 
trono y p,^ esta santa causa morir obedeciéndola, 
siendo este el sacrificio mas grande á N.^^ *S.*^ re- 
ligión y ñ la Patria, Concluido este acto pasó al 
R.* cuerpo de Art.*^ q.*^ estaba formado en la van- 



404 



REVISTA HISTÓRICA 



Dias, Mi. 

AñoR 
i8 Mano. 



34 Mano.. 



is Abril. 



19 id. 



{ 



\ 



guardia de los Dragones arengando prooresibaiii.** 
en los mismos términos á estos, Pardos, moi-enos, y 
Num.** retirándose á su palacio y puesto en su bal- 
cón q.* esta fr-ente á la Plaza q.* ya le aguardaba 
su familia. Incontinenti pasó el Kscr.*' de govierno 
q.* lo era I).° Pasq.* Antonio Monzón áler p/ el 
orn. ant.^"" á todos los cueri)(>s la soberana orn. de 
la Junta Suprema y qu instalación y coneluidí) 
pi-esta,ron el juram.^® hasiendo el ceremonial el (le- 
fe repitiendo todos en voces altas q.* juraban lo 
q.* beriftcado acabó el acto el Padre Capp." con 
las ultimas y mas serias palabras sig.^* —Si así hicie- 
reis Dios os ayude y si no Dios os lo demande. Con- 
cluyendo este acto nunca visto con tres descargas 
por la Inf.* y 45 tiros de Art,* y i-epique gen J de 
campanas desfilando al frente de S. Kxa. todas las 
tropas. En esta misma hora y dia fue jui-ado s.«* 
(sobre) los santos evangelios por el Iltmo. S.**' Ar- 
zobispo y su (^avildo en la R.* Universidad de S." 
Marcos continuando en la Catedral el Tedeum y 
subsesibam.** las rogativas, el dia sig.^^ hubo misa 
de gracia con precensia de dho. Sor. Virrey' hubo 
orns. en dho. dia y I).° Mau.^ Concha salió de diá- 
cono. 

En este día se embarcó para el puerto de Huan- 
chacoel Ten.*«dela Comp." de Maynas, Sub.^*^y 
demás tropa p.* seguir el viaje h.** el destino en 
num.*» de 56 homb." 

En este día murió D." Pasq J Ant.® Monzón, es- 
cribano mayor de Govierno y en cuyo día huvo la 
casualidad ha verse mudado & una casa nueva & 
donde murió. 

En este día hizo exercicio gen.^ el R.^ Cuerpo de 
Art.* con la Escuela práctica en cuyo día se con- 
cluvó asistiendo á este acto el Sor. Virrey Jefes y 
Oficialidad de la guarnición y un concurso general 
de todo el pueblo, mandó la Batería el Ten.** Coro- 
nel Jefe de Esquela practica, en dho. campo se apor- 
tó una batería á la Izq.^» del blanco, q.* la man- 



T'N INÉDITO VALIOSO 



405 



I){l8, Ms. 

Años 
19 Abril... 



27 id. 



30 id. 



3 Mayo. 



3 Junio. 



(. id. 



i 
\ 



(ló elSnl).^* D." Fran.*^° Concha poco más adelante 
en una emboscada 6 monte figurado se colociaron 
cuatro cañones de montaña, dos al mando del 
Caj).*" D." Juan Ant.° Dalon y dos al de dha. clase 
D." Ant.** Villar tras del Parque se hallaba, oculta la 
Comp.* de á caballo con sus respectivos oficiales al 
mando del Cap." I)." Juan Subisart y seis cañones 
de batalla ij.* [l** socorrer y sostener, á estos dos 
de montaña al mando del Sub.**^ graduano D." Ig- 
nacio Pedrosa, con estas tropas tanto de á pie co- 
mo de á caballo se hizo una guerrilla donde lució la 
instrucción de los cerranos auciliares q.* solo en 
dos m." han sido diestros. 

En este día se hicieron á la vela p.* el puerto de 
Cadis el navio de guerra S." í'ulgencio en comboy 
de la Astrea y la Portuguesa (alias) los dos ami- 
gos, llevando el 1.° cinco mijlones pertenecientes al 
donativo amortización y hacienda real. 

En este día de orden del Exmo. S.^*" Virrey se 
dieron de baja al (-ap." Vellan y los Sub.*^* Concha 
y Nuñez q.* se hallaban agregados al ('uerpo de 
Ai-t.* quedando p.*^ aora el Cap." Dalon y los 
Sarg.^**» habilitados de Sub.**^* con el solo sueldo 
de 40 p.» 

En este día murió el I).*" D." Graviel Moreno Cos- 
mógrafo May.*" del Reyno Maestro de matemáti- 
cas v D.' de medicina en esta R.^ Universidad. 

En este día llegó expreso con los despachos de 
Ten. ^* general al S.*^*^ Virrey p."" la Junta (-entral 
q.« manda la nación q.* se halla en Sevilla de resulta 
de haber salido de Madrid p.*^ ha verla tomado el Ti- 
rano Emperador Napoleón el dia 4 de Dic." del año 
p.^p.** como consta p."^ gaceta ministerial de Sevilla. 

En este día arribó al puerto del Callao la Frag.^ 
Astrea q.* hacía viaje p.* el de Cadis con caudales 
de S. M. y alg." donatibos la q.*^ llegó vien estro- 
piada de un temporal (1) como á las 5 de la tarde. 



( 1 ) Aquí hay un largo claro. 
19 



406 



KKVIHTA HISTOKIt'A 



Dfas, Ms. 

Años 
12 Junio.. 



í 



id. id. 



id. id. 



2^ id. 



I 



[ 






En este día llegó expivso eomiiniciuido liaver to- 
mado Ior fraiicenes en numero de 500 (sie) y al 
mandodel Gen.* la ciudad delFerrrol v la (V)rufm v 
la mayor i)arte de la Galicia <].« el Emperador Na- 
poleón paso á Pari8 llamado de alg.» atenciones del 
Austria q.' José su herm.« quedaba en Madrid q.^ 
de la Junta se ordenaba 8e vendiesen los azogues 
del rey en solo 50 p.» 

En este día se publicó p/ bando cesar en el todo 
la amortización j)/ dispocision de la Suprema Jim- 
ta Central pidiendo raz." de todo lo ant/ ivmatado 
con distinción délos fondos y áq.* ramos ])erte- 
necen y mandando se ivmitan inmediatam/*. — 
Igualm.** cesa p/ dicha Suprema Orn. los dei-echos 
asignados á las herencias trasversales q.* p/ el an- 
tiguo Govierno se exigian del 2% en el mismo día 
pj oficio comunicado por el Exmo. Sor. Viri-ey & 
D." Juan Vives Intendente de Guancavelica y de 
orn. de la expresada Junta Central queda sepai'a- 
do del expresado empleo, y se asegura, despojado 
del avito y cruz y grado militar q.* gozaba, ccmio 
igualm.^* exiva toda la correspondencia q.* tenía 
con el Exmo. Sor. I)." Antonio Soler q.* traido- 
ram.** emigró á Francia. Se comprende en dicha 
orn. p.* q.* regrese á contestaren la Junta varios 
cargos é igualm.*^ el S*^*" . Molina q.^ está nombra- 
do (/om.^* de Marina son llamados á dicha Junta 
el S.***" Liniei-es Virrey de Buenos Aii^es y el Sor. 
Eliu Gov.^*^ de Montevideo. 

Por R.* orn. con fha. ant.°*^ quedan los azogueH 
mandados hender á 50 p.» q.« estaban á 80 y q.* se 
den en suplm.^^ á los mineros. 

Por el cori'eo del Cuzco vino la noticia de haver 
muerto su presidente q.* lo era I)." Tristan S." ('le- 
mente Brigadier de los R." exercitos y á ocui)ado 
su lugar el <le la misma clase D." José GoUeneche 
Interinan!.*^ p.*" dho. ha llegado R.* orn. p." el Bri- 
gadier D." Man.* Gonzales p.*" lo q.« la Suprema 



TN INÉDITO VALIOSO 



407 



Días, M«. ! Junta lo haze Pre8idente y í.'ap." Gen J de Manila 
Año* : p r (JIjq i,m^ llegado dos despachos de ofícial RJ 

25 J^nio (j(^ Trujillo á D." Domingo 'Casas y el de esta, baja 

I á esta de Lima. 

24 »«i / En este día p.*" la noche murió i-epentinam.** D." 

/ Ignacio Fraga Teniente de Asamblea sin haber al- 
( canzado los santos olios. 

^^^'^ [ En este día de orii. de S. E. se conbocó este Ca- 

bildo p.* elegir Elector seg." manda la Suprema 
Junta el q.^ reunidos todos se sacaron tres de los 
q.^ mas tubieron num.° q.*^ fue el 1.° el S.^*" Marq.* 
! de Casa Calderón el 2.° el S.***" D.° José Baquijano 
) oidor de esta R.* Audiencia de Lima y 3.° el Briga- 
I dier D." José Gollenecheel 1.° con 13 votos el 2.° 
I con 11 id. y el 3.° con 6 id. berificado este tanteo 
I entraron en cántaro ( 1 ) los referidos v salió de 
I elector el ultimo, a llegado ya el «le Guamanga q.* 
i lo es el expresado 8.°*" Marq." de Casa (Calderón. 

V >d / En este dia ha llegado expreso con cartas atra- 

zadas de la Península pero con la noticia de varios 
tumultos y muertes como de 40 personas enChuqui- 
saca en oposición ni Presidente y al Arzobispo 
contra la R.* Audiencia y pueblo comunicando esta 
nobedad a este Virreynato. 



3 Julio. 



En este dia como á las 10 y % de la mañana se 
ejecutó la justicia de horca en esta plaza May.*^ de 
Lima en la persona de Esteban Lara negro naci- 
do en poder del 8.°»" Marq.® de Lara y después hen- 
dido á D." José Marino comerciante en esta ciudad 
y Sub.^* del batallón de Milicias de españoles del 
N.^'q.*^ fue a zesinado ámanos del expresado Lara 

í estando dormido: salió arrastrado metido en un 
serón y sostenido p.^ la S.** Hermandad de la Ca- 
ridad y de muchos sacerdotes seculares y regulares: 

' se extrenó con el un nuevo verdugo q.* lo ator- 
mentó mucho: fue bajado de la horca dho. dia lu- 



( 1 ) Seguramente quiere decir el anónimo en ánfora. 



408 



KEVIHTA HISTÓRICA 



Días, Ms. 
Años 

3 Julio 

12 Julio.... 



20 id. 



21 id. 



id. id. 



id. id. 



id. id. 



\ 

\ 



nes á las 3 y % de la tarde y conducido al citio des- 
tinado en el Pantion p/ ocho pages y aconii)añado 
[ de 4 diputad." de (-aridad. 

En este dia como á la una de la tarde murió el 
S.^*- D.» Ang.» Fuentes Ten.** Coron.» v Ten.»^ 
Gov.**»^ del Callao euyolu^ar ocupó el día 26 del pa- 
sado el Cap." g-ra<luado de Coron.* D." Diego Eseo- 
var le luciéronlos honores fúnebres conforme á 
ordenanza el día siguiente y fue conducido al Pan- 
tion. 

En este dia p.*" la noche murió casi rei>entinani.^ 
el S.***" D." José Larriba Intendente de la }V Mo- 
neda y se a sustituido en su lugar el S.**»" D." Euge- 
nio Valdivieso interinam.**. 

En este dia á sido elegido en caf)itulo y p.*" bota- 
cion canónica en el conbento de N. P. S." Agrustín 
de Provincial el P. F. Graviel Chava rria Religio- 
so simple sacerdote de edad de treinta años y de 
ordenes solo de tren años se hallaba de conlien- 
tual en Chincha y pl mismo dia se le hizo propio. 

En este dia se me notició q.« el dia 12 del pres.** 
en el cafe de bodegones se exedieron á hablar mal 
de la Suprema Junta D." F. Canesa y D.»* F. Gar- 
cía fueron presos y jusga.*'" p.*" delinq.*" y á lo mi- 
litar en seis dias quedaron centenciados á diesaños 
de destierro á un precidio de África uno y otro á 
Chagres. 

De orden de estaAud." de Lima p.*" repi'eHentacion 
hecha p.*" esta Cap.^ se anula la elecsion de diputa- 
do del (-uzeo en la pei-sona Sr. Brigadier D." E. Be- 
rriosabal y se manda debolviendo el nom- 
bram.*° p.* q.* se rehaga nuevam.**en sujetos de 
probidad y naturales del pais cuya orn. salió p.** 
propio. 

En este dia se botó en esta R.^ Universidad la cá- 
tedra de Prima anexa al Colegio de S." Carlos: fue- 
ron opuestos de rigor los colegiales de dho. D." Jo- 



UN INÉDITO VALIOSO 



409 



I)ías. Ms. 
Años 
21 Julio... 



3 AjTosto. 



xS id. 



22 id. 



24 id. 



i 

í 



^ 



( 
{ 

{ 

I 



»f- Torre y l'g:arte y D." Juan Freyí-e lo «acó el 1.° 
0^11 exeso (le 218 botos al 2.° botaron á ella doc- 
toi-en tioloffos id. de artes ¡d. de medicina v confl- 
riéndose vitalicia con la dotación de 600 p.» 

Kn este día se jmso una mesa A n.** ( 1 ) de S. E. 
asistiendo á ella como procnradoi-es y encargados 
los S." brigadier D." ManJ Villalta, id. D." Man.» 
(íonzales, fiscal D." José Pareja Canónigo 8.°' 
Kchagne. id. S.°' Tagle, Prepocito de S.*" Felipe 
P.* Soria, Secretario de S. lima. 1).^ D." Man.* 
Arias Com.^* Art.*^ Sor. Peznela, y por el Comer- 
cio D." Martín Osambela y D." Gaspar rico dha. 
mesa se ]>uso para aliviar y dotar las viudas de los 
buenos Aragoneses q.« han muerto en defensa de la 
Patria: se concluyó á las siete de la noche y se han 
recogido como diez y siete mil quinientos p." inclu- 
sos pelota, gallos, comedia y dha. mesa. ( 2 ) 

En este día fue puesta en capilla M.* Calista Me- 
sa, negra criolla de Villa p.*" el delito de flilicidio,la 
q.* estando embarasada 6 ignorado de la justicia 
fueron informados dhos. S.* p.*" una carta q.* á 
dho. fin presentó su confesor p.*" cuyo incidente se 
mandó p.*" la sala se suspendiera pedir ala cari- 
dad y se sacase de capilla pues reconocida p.*" los 
facultativos declaran ser cierto dha. preñes, lo q.* 
se ver/ficó el día sig.** 

En este día fue ajusticiado Domingo Castañeda, 
negro bozal p.^ ha ver muerto al panadero de la 
panadería de S." Fran.^° 

En este día murió D."- Ant.° Cortig.* Cap." del 
batallón del num.^ y el din sig.** hecho los honores 
militares con una Comp.* del i*egim.*° l>eterano 
fue conducido al Pantion. 



( 1 ) Nombre. 

( 2 ) Juegos de gallos, de pelota, comedia y la erogación de la meta 
quiere decir el narrador ? 



+10 



REVI8TA HI8TrtHICA 



Dias, Mb. 
Años 
id. id 



\ 

4 

i 



En e8te día p/ el eon-eo del Cuzco del jiresente 
mes se ooiimiiicíi de oficio la rendición de la Caj).' 
(le Zarafroza cabeza del reino de Aragón y q.* fue 
el 21 de febrero del pre.** año. 



13 id. 



19 id. 



6 septbre... f Por expi'eso remitido desde Cuenca á esta Cap J 
se comunica de oficio halierse levantado (¿uito y 
formado una Junta con título de Alteza Serenísi- 
ma: siendo vocales los más nobles del lugar, S."*^ 
Obispo y varios oydores, Presidente el Marq* de 
Selva alegre, han dado muchos empleos políticos y 
militares y quitado otros, tienen hechas ordenan- 
zas p.* el gobierno y lebantado ti'es regim.^*>* tod<i 
á n" de Fernando Vil pero negando la obediencia 
á la Junta Central. 



.^ Porim propio benidoálas cuatro de la taixle 
V han lieg.**° los despachos de todos los oficiales del 
/ Regim.^° flxo y alg." otros y R.* Or." p.* q.* pue- 
J da S. E. colocar con motivo cualesq**" individuo en 
y empleo q.^ justam.** le sea aciedor. 

Kn este dia se juntaron los S. S. del acuerdo y 
S. E. seg." un decreto de la Suprema Junta estaba 
mandado para nombrar p.*" dictamen de parecer 
de dicha, tres ó mas sujetos p." sacar p/ suerte de 
cántaro (1) uno que con la representación de Dipu- 
tado del Reyno sea miembro en la supi-ema Junta 
Central en cuyo acto sacaron al S.***" D." José M.* 
(lolleneche con 9 votos, al 8.°*" I).** D." José Baqiii- 
jano con 9» y al S.^ I)/ D." José Silva con 7 y 1)." 
José Kabago con uno por cuyo motivo se toma- 
ron los tres primeros y puestos encantaro metióla 
mano la S.""*^ I).* Ramoncita Abascal hija del actual 
Virrey y sacó al S.'^'" D.*" I). José Silva Dignidad 
de Chantre deesta S.** Iglesia examinador Sinodal 
de este Arzobispado: Rector y Catedrático de esta 
R.' Universidad de S." Marcos: Rector del Colegio 



(1) Por sorteo de ánfora. 



r.V INÉDITO VALIOSO 



411 



Días, Ms. 

Años 
19 Septbre. 



V del Principe de (^asiques Calificador y consultor del 
S.^"" oficio y Capp. délas Monjas Capuchinas: ha 
sido cumplimentado de S. E. llebado en ptiblico al 
paseo daníl ole la d.*^'^* S. 11.»"* en todos los actos 
públicos: vive en el Palacio Arzobispal y se le con- 
tribuye con todos los honores de miembro de la 
Soberana Junta y con el tratamiento de Exíi. Sa- 
lió dicha votación á las 12-10 min^^' del día. 



26 Id. 



i 






En este dia salió el 1.°'' trozo i)ara aucilio de las 
tropas de Guayaquil con el nóm.*^ de 200 mulatos 
y sus respectivos oficiales Cap."** José Campos id. 
José Penal oza. Ten.*** Juan Andradey Sebastian 
Arana, Sub.*" Juan Misset y José Vega. 



Id. id. 



/ El amanecer de este día han sido presos de orden 
I deS. E.y p"" denuncias hechas de unode los compro- 
/ metidos en una conspiración en esta Cap.*** los su- 
\ jetos siguientes: D." Tomás Morales, D." José Sil- 
I va, D." F. Manzanares, D." Bartolomé Mesa, D.° 
\^ José Pardo. 



1 <=> Octbre. 



i 



f lid. 



{ 



I 



En este dia han sido agregados p'^ esta superio- 
ridad al regim.*° R.* de Lima los Sub.*" D.° Ma- 
nuel I*atron, D." Ant.° Velasques, I).° Ant.° Buen- 
díay D." Fran.^° Manrique de Lara. 

En este dia el S/ D.'" D." José Silva diputado de 
este Reyno después de haver comido con S. II.*"* 
salió acompañado de dicho S.*" como á las tres de 
la tarde p." el Callao p.* embarcarse p.* la penín- 
sula, llegó como á las cuatro, entró á la Plaza, re- 
corrió la fortaleza v luesro se embarcó en el navio 
la Guadalupe, le hicieron la Plaza, castillos y bu- 
ques de la baya ( bahia ) una salva gen.' fue acom- 
pañado hasta el muelle de su S. II.'"" el q.* re- 
gresó y se hizo á la vela á. las cinco p.* Guaya- 
quil su País y de ay h.** Cadis con su secretario 
D/ D" Justo Figuerola Abogado de esta K.* Au- 
diencia: Oficial May.»- el Sub.*« D." F.. Felice. 



412 



REVISTA HISTÓRICA 



Días, Mr. 

Años 
ao Octubre, 



Kn este dia p** expreso venido se ha recibido las li- 
sonjeras noticias de (oficio de la derrota de los exer- 
citos franceses pj los Austríacos y Rusos q.* le han 
declarado la guerra en q.*^ lehan muerto más de 50 
mil hombres p/ cuyas noticias se ha hecho misa 
de gracia se ha iluminado la ciudad p/ tres días 
con un repique gen* ; p** el último dia salen las i^e- 
ligiones cantando la letanía, el cabildo eclesias- 
tieo y secular, el S/ Virrey y Arzobispo. A la mi- 
sa de gi-acia q.* se ha dispuesto áN.™ S.* del Ro- 
L sario. 



23 id. 



20 Nbrc. 



22 id. 



27 id. 



j Se conflnnan estas noticias pj otro expreso i-e- 
1^ civido y aun se aumentan otras mas favorables. 

f Por expreso recibido queda suprimido (sic) elem- 

¡ pleo de Intendente de esta ('ap.* y el q.* lo ocupa- 
ba q.* lo era D." Juan M." Galves depuesto de el y 
llamado á España: se dize á continuar la carrei-a 

I militaren el empleo de (Wonel q.* obtiene: Igual- 
m.^*^ Queda depuesto del empleo de contador Ma- 
yor q.^ obtenía!)." José Dufooj' ocupándolo p.^ 

, R.* orden el q.* le seguía é igualm.^ llamado & 
España cuyas disposiciones están tomados razón 

^ en las oficinas (1 ). 

( En este dia murió repentinam.^* el S/ Marq.» <le 
^ S." Felipe. 



En este dia comunicó S. E. de Or." de la Junta. 
por traidor á I)." Agustín Landaure q.* militaba 
en España p.*" cuyo motivo se ha dado or" de se- 
cuestrarle en esta todos sus vienes q^ asenderaii & 
(»erca de un millón comisionándose á. dos ministros 
q.^ lo son S.' Vaso y Berrio. En este día murió la 
sabia S.** Marquesa de Casa Calderón. 



( 1 ) Se robustece con esto último, la sospecha c|.« abrigamos de ser el 
autor de la relación un alto empleado de gobierno. 



UN ÍXÉniTO VALIOSO 



413 



I>fus, Ms. 

Años 
29 Novbre. 



4 IJicbre. 



i 



í 



En este díase publico ánsansa de guerra la Paz Gen' 
con la Gran Bretaña que antesera admisticio: Se di- 
ce q.*^ en estedia se áenibargadoáD." Fernando Ma- 
zo p/ instancias de los S.* de la Comp.* de Fili- 
pinas. 



En este día fueron sentenciados p/ RJ acuer- 
do los reos rebolucionarios en esta Cap.* A. I)." 
Mateo Silva p/ 10 años al Castillo de Vocachica 
recojéndosele g\ tit.** de abogado á D." José Ber- 
nardo Manzanai-es y D." José Santos Figueroa 
por 6 años á Juan Fematidez y á Juan Sanches 
Silva y Pedro Sorrilla y José Gaete p/ 4 años á 
Baldiviayq.^ í).'» Ant.** M.* Pardo,!)." Fran.^'« 

^ Pérez (danesa v I).° José Ant.** García sean re- 
niitidos con partida de registro á España á dis- 
posición de la Suprema Junta gobernativa p.*^ 
q.* se sirva destinarlo seg." fuere de su R.' agra- 
do con la calidad de q.* ninguno de los preci- 
tados pueda bolver á estos reinos, absolvien- 

' do de la sindicación hecha á D." Remigio Silva 

. condenando á todos en costas del proceso man- 

I comn.*'. 



Id. id. 



9 id. 



{ 



i 

< 



En este dia se estrenó la Capilla de el Cuartel de 
art.* el dia antes fue bendecida p.^ el D.*^ D." 
Fran.*^** Xavier de Echague dignidad de Tesorero 
de esta Santa Iglesia, cantó la misa el citado día 
el DJ D." Anselmo de la Canal cura rector de S." 
Lázaro. Predicó el R.*^^ P.* lector F. José Casas 
de la Or." de S." P>an.<^° asistió á dicha función el 
Excmo. S.°' Virrey Jefes y oficiales, dicho Cuartel 
se halla adornado de colgaduras: el día sig.** fue- 
ron sus finados con altai-es portátiles, vien ador- 
nados en su plazuela se jugaron toros con mucha 
concurrencia en dicha función hubieron 3 salvas. 

Sábado salió p.*^ su Presidencia el brigadier !)►" 
Man.^ Gonzales en el navio S." Fernando q.* hizo 
viaje p.* Filipinas. 



Á 



414 



REVISTA HISTÓRICA 



Días, Ms. 
Años 
1810 
1 ® Enero. 



3 id. 



Id. id. 



En este dia se convinieron tres nebros bozales 
pasar por la noche á la alameda y horcarse en di- 
ferentes arboles como lo beriflcaron los dos pri- 
me." lo q.* visto p/el t-erce.** se acobardó, ocu- 
rrieron á cortarle las s()ga>* pero ya estaban muer- 
tos. 

( En este dia se horco un negro en la casa del S.*" 
}^ Marq." de Montemira 

En este dia á la una y media de la mañana mu- 
rió el S.*" D" . Estanislao Cabrejos Com.^ del S.'»- 
batallón del regim.*^ R.^ de Lima y actualmente 
mandando dicho regim.*° p."" falta de Jefes propie- 
tarios de evacuaciones v el día 5 hechos los hono- 
res de ordenanza fué conducido al Pantión. 



13 id- 



23 id. 



Id. id. 



16 Febrero. 



f En este dia se hizo á la vela p.* España la Fra- 
g.** Fuente hermana lleva á su vordo al D.** Mo- 
rales abogado de esta R.^ Audiencia el R. P. L. F. 
José Cabesudo á asuntos de la religión de S.** 
Agustín y en partida de rejistro un cura del Cuzco 
y un otro. La Frag.^ Colorada salió dias antee, 
lleva á su vordo al 8.°*" Intendente D." Juan M.* 
Galves. 

í En este dia salió para Cadis la Frag.** los dos 
j Castill." conduce al Ex-jesuita con comisión i-eser- 



( 



bada de S. E. 
Man.* Dufoo. 



y vajo partida de rejistro D.** 



I En el mismo dia se confirma la pérdida de la 
1^ Frag.** Getrudis q.« salió p.* China. 



i 



En este dia fue preso el famoso ladrón (alias) el 
chileno p.*" la Patrulla del campo en el camino del 
Callao y p.*^ confesión fue sacado un muerto de ca- 
sa de su amacia. 



5 Marzo / En est^ dia murió el S.*" D. »" D.« Pablo Laurru- 

/ naga Arzediano de esta S.^* Iglesia rector del Co- 
( legio de S.*o Toribio, &. 



UN INÉDITO VALIOSO 



415 



Dias, Ms. 
Años 

7 Marzo.. 

ij id 



23 id. 



id. id 



Llegó de Ca (lis p1 navio de guerra el S." Pedro 
conduce al S.** Obispo de Arequipa y alg/ otros 
particulai-es. 

En este día de orn. de la Suprema Junta se ha 
declarado p/ bando á usa nsa de guerra la hosti- 
lidad contra la Dinamarca. 

En este dia de or." de la Supi'ema Junta se han 
confiscado los bienes q.* pertenecían de Patrimonio 
á D." Tadeo lirabo en esta capital haviendose 
practicado lo mismo con los que poseía en España 
donde estaba abecindado. Se dice haver sido 
traidor. 

f Martes á la una del dia al costado de S." Juan 
de Dios murió la herm.* María déla Cruz de la 
S.™* Virg." de la luz, mujer admirable en virtudes 
y dones Hobre naturales, (1) mereció infinitos l)e. 
neficios y gracias del S.*^"^ , de la S.™* Virg." y los 
Sant." su calidad era de. Samba, su edad de se- 
senta años dies me.» veinticuatro dias, fue.**®" sus 
directores 1.° el exemplar y sabio P. Al.'*' Loaysa 
del orn. de N. S. de las Mercedes p.*" muerte de 
est-e gobernó su espirito poco tp.° el respetable y 
Maestro en Mística el R. P. Difiuidor mav.*" del 
orn. de S.° Fran.*=° F. Juan Marimon y ulti- 
man! .** los últimos 22 años de su vida hasta el 
instante que espira el acreditado docto, y exem- 
plar el M. R. P. M.'^° Fr. José ('alixto Origuela del 
orn. de hermitaños, fué conducido su cadáver al 
expresado conbento con la mayor pompa q.* se 
á visto á persona del más alto carácter el día 28 
en cuya Iglesia se le hicieron las exequias el día 29 
que eccedieron á las q.« se le hicieran á un Arzobis. 
po ó Virre}' el concurso no se puede ponderar pues 
eos^de á toda expresión. Concluido todo á las do- 
ce de] día fue conducido tan respetable cadáver ai 
Pantión y colocado en nicho perpetuo con lápida 



( I ) A la margen derecha de estos primeros renglones, el autor ha escrito: — Ncta 
Nació el día j de Mayo de 1743 y murió el 37 de Marzo de i¿i:o. Si tales fueron las fechas 
de nacimiento y muerte, el autor anónimo hace mala cuenta, pues no debía tener su san- 
ta la edad que indica, sino 55 años, 10 mesesy 4 días. 



416 



KKVISTA HISTÓRICA 



Días, Ms. 

Años 
23 Marzo. 



2 Abril. 



4 id. 



! 



\ 

< 

I 



^ inscripción de nombre y feclia de su feliz mnerte 
Heg." jnzírainos, fué tercera de laOr^ de X.^ S.^de 
las Mercedes y otras hermandades: sucedioladistin. 
guida reparación y perp3tuo reposo de sus zenisas 
honorables p/ Hnp."r de-reto de S. ll.'"^ Arzobis- 
po. La noche del 2.S en que fue llevada p/ la di" 
cha comunidad, hermandades, y sujetos distingui- 
dos procesionalmente al citado conbento, acae- 
sieron dos sucesos q.^ aunque casuales, de medita- 
ción: 1.° Que al desiíargar el ferretro en q.« iba 
frente á la ca])illa del S. del Au:ilioq.'= está en U\ 
portería de X. K. de Mercedes, rrompió la ciudad 
p/ su Catedral y todos los conbentos un repique 
gen.' el q.«^ ctmtinuo hasta llegar al citado conben- 
to, electo de unas lisonjeras noticias q.* acaba de 
recibir de la Península el S. Virrey p.'* cuya orn. y 
extraordinario conducto sabidas, dio que admirar 
tal casualidad. 2.° q.*^ diclio cadáver no pudo po- 
nerse en el deprefundis citio común á todos, ]).«" 
halhirse ocupado con el del P. Mro. Fr. Man.' Pé- 
rez ]).*■ cuyo caso (juiso Dios fuese puesto en la ca- 
])illa de Jesús Xazareno y algún.* santos q.^ fue- 
ron en vida de su devoción. Ultiniam.^^ tal ha 
sido el crédito y amor q.* se ha tenido á tan feli^ 
mujer, q.« la señora Bélica (1) Brabo del Rivero 
mandó retratarla, la q.^ coi)io tan perfectam.^* el 
mejor artista d« esta ('ap.' q.<^ lo es el S. D. Pe" 
dro Dias, dejándonos de su baliente pinzel una co- 
])ia viva del original. 

Murió en est^ dia el S. I). Man.' Villar de una 
llasra cancerosa, fué conducido á la Iglesia con la 
raay.*" pompa y al día sig.'*' al PíUitioti. 



En este dia se le hicieron á la herm.^ María de la 
Cruz de la S."^^ Virg." déla Luz honrras en el con- 
bento de S." Agustín con la may.*" pompa y p.*" la 
i noche i)redico á la hermandad de la tercera orn. 



(1) Isabel. 



rx iNí5i)iTo VALIOSO • 417 



Día». Ms. ^ g^, digno rector y director de la ya citada loa más 
Año» I iuiportantes hechos y ejemplares virtudes de su 
^ ^^"' santa vida y feliz muerte seg." jusgamos ha/* q.* 
el S.*" se digne declararlos p/ medio de su vicario 
I en la tierra. 

^^'*^ i p]ii este dia fue asesinado en la cama y con una 

J mujer casada un religioso Francisco y p/ el mari- 
( do de esta. 

/' En este dia murió repentinamente estando en la 
i comedia el Ten.^*^ de navio y Ingeniero hidrauli- 
; co de este apostadero D." José Suasnabar el q.« re, 

Í conocido p/ facultativo se declara estar cadáver 
el día sig.** aldesufallecim.*° fueron sus exequias en 
S. Juan de Dios v conducido al Tantión. 



♦^ Mavo. 



s id 



í Fau este dia como á la una de la tarde llegó 
pn)])io con el despacho de coron.^ del regim.^'' fixo 
á O." Gavinu Gdinza (1) de Ten.^M'oron.* á D." 

; Fran.*^" Gil lia verse entreg.^° Gerona á los france- 
ses haber j)ropuesto losing.* p.' regenta del rey no 

'( á la Inf.** Carlota, dando para alhida de la guerra 
cien mil hombres y dos millón." de p.* s.p*^ q.* la 
nación se conforme y haberse alzado contra Napo- 
león el Gen.* Mazona(Massena?)(iueda nombrado 

y de presidente del Cusco D. Sat.^ Bustamante. 

n J^nio j j]y, estedia murió I). Man.* Inojosa Cap." 2.° y 

1^ Ayud.^* may.^ de Art.*^ . 

"^^ ( En este dia salió p.^ Cadis la Frag.*** S. Pedro 

Alcántara: lleva más de cinco millones p.* la Jun- 
ta p.*^su salida huvo acuerdo p.*" el q.* se determinó 
la salida tocando en los mas j)uertos p."" los q.« se 
i informaseelestadode la Península, llevaen partida 
de Registro á I). Pedro Piolando, Pardo, Canesa, 
García, el Chicliero v otros h.*^ el X.° de 13 indi- 
( viduos. 

(1) Gavino Gainza fué después capitán general en Chile, luchó con O'Hig- 
;íins (1814-) y unido con el general realista Osorio alcanzó contra los pa- 
triotas la victoria de Rancagua, cuya consecuencia fué la reconrjuista de 
Chile. 



418 



REVISTA HISTÓRICA 



Días, Ms. 

Años 
1 o Julio. 



13 »d- 



14 id. 



15 id. 



17 id. 



< 



I 



En este dia fondo (sic) desde Cadis laFrag*.^ S. 
Juan Bautista con la infausta noticia de haber 
entrado los franceses en N.° de 60.000 (1) ala» 
Andahiciash.** Sevilla: q.* todos los pueblos yvillas 
fueron tomados é igualmente dicha ciudad q.* han 
intimado á Cadis la rendición y q.^ quería citiada y 
q.* en persona á ido el intruso José: q.* la Junta Cen- 
tral dio mérito á estas desgracias p/ falta de ener- 
gía y lo q.« es más q.*^ todo p.*" sus intrigas y trai- 
ción.* p.*" lo q.* quedan presos los niá« p.** jusgarlos. 

En este dia ajusticiaron á José Ant.** (.^istellon 
p."" haber hecho una muerte alebosa en la panade- 
ría de Granados. 

En este dia declaró la Audiencia la fuerza á fa- 
bor del Ex-Prov.* de S.^° Domingo F. Agustín 
(vontreras p.*" lo q.* quedaron sui voto y grado 
■ÍS individuos de dicha orn. 

En este dia Di>iningo de orn. de S. E. se sacan 
del batallón del S/^ y de dragones del 1.° 460 hom- 
bres p." reforsarse el regimiento con 400 y la Aii".* 
con 60 y del 2.° 300 p.*' completar dos escua- 
drones á sueldo los oficiales de ambí^s cuerpos 
son lossig.**^* delnf.^ del N."" 4 Sub.^*^*' y de Caba- 
\ Hería. 

En este dia á las 6-% de la tarde llegó p.*^ tierra 
á esta Cap.* el 8.°*" D. Toribio Montes Mariscal de 
('ampo de los R.» exercitos y Sub-Inspector de 
las tropas de este virreynato. En el mismo día 
fueron agi-egados al regiin.^° los Sub.^" 1). M¡- 
vguel Semper, I). José Romero, 1). Remigio Silva 
vi). José Gallo. En este día hizo promocióif el 
Exmo.S. Virrey y fueron ascendidos en el i-egim.*^ 
de Inf.* en empleos en propiedad los q.* abajo 8e 
expresan. 



(1) El manuscrito trae escrito 60, y después de esta cifra la antícnada 
abreviatura de mil. 



VN INÉDITO VALIOSO 



419 



Días. Ms. 
Ailos 

1 8 Jtilio.... 



24 id. 



31 w. 



4 Sepbre. 



Ííln este día murió de aplopegia el Cap." del N.® 
3^ Caballero del hábito de Sautiag:o D. Tomás 
Paaqnel y al día s\g.^ hechos los honores fue al 
\ Pantion. Ea este dia llegaron noticias de haber 
I desalojado de las Andalucías á los franceses con 
(^perdidas de muchos. 

i De orn. de S. E. se han agreg.^° á la Ar ^^ mu- 
/ chos oficial." de marina q.* estaban desembar- 
( cados. 

• f En este dia llegó de Cadis la Frag.** Gerona de 
i Comercio con 140 días de navegación. 

8 Agonto... ( En este día se publicó p.^ bando y á usansa de 
guerra la mstalación de el gob.'*^ de regencia com- 
puesto de su Presidente q.* lo es el Obispo de 0- 
rense D. Pedro Quebedo y Quintanilla I). Fran.^° 
i Xavier Castaños, D. Fran.^° Saavedra, D. Antonio 
Escaños y D. Mig.* de Lardizabal y Oribe y q.* se 
hiciese p.*" su feliz gov.'*^ misa de gracia cantase el 
Te Deura, y solennisas:^ con repique gen.^ p.^ tres 
dias 6 iluminación en toda la ciudad. 

" >^ ^ En este dia domingo fue la misa de gracia y 1.° 

I p.*" la noche de repique é iluminación: hubo besa- 

Í manos y dijo un exelente párrafo el S.^' Marq." de 
Casa Calderón. 

»o*d í En este dia llegó la Frag.** Nicolaza del Comer- 

1 cío q.* salió de Cadis en 22 de Mayo ant.°' 

^ »d í' í]n este dia se nombró p.*^ Diputado del Reyno 

/ al S. D. Fran.^° Salazar Cab.''^ del havito de S. 
( Tiago y Cap." del Regim.*° R.^ de Lima. 

En este dia y p.' el correo de Valles llega noticia 
cierta de haver los quiteños forzado el cuartel p.* 
sacar los reos q.* se hallaban presos en N.° crecido 
de conspiradores de q.* resultó ser muerto el 
Capt." Com.** D. Nicolaz Galup y otro: los reos 
fueron muertos los más v de el Pueblo h.** el N.° 
como de 400 se dize q.* se socegó la conspiración 



420 



REVISTA HISTÓRICA 



Días, Mü. 

Años 
4 Sepbrc.. 



14 id., 
id. id. 



id. id. 



18 id. 



23 id. 



í p/ salir el S. Obispo y Presidente con al<iiinos Sn- 
/ cerdotes de n.*""" tropa se dize han nuierto como 20 

1(1)- 

I En este dia ninrirt I). Juan Paredes. 

Kn este dia murió la S/** Condesa Montb/^ 
(Monte Ulanco). 

•/ En este dia llepó expreso del Cusro pidiench) 
] tropa, armas y municiones p.* contenerlos I\)ríe- 
\ ños q.*^ tratan traerse á su debocion las Pro\ in- 
( cias iinnediatas. 

f En este dia al amanecer se han puesto presos de 
orn. de S, E. el !)/ I). Uamón Anehoris Mavor- 
domo de su lima, otro Jos^, criado de dicho, al 
Editor de la (íaceta 1). (luillermo del Kio, al abo- 
gado Sarabin, al I).^ I). ( ecilio Tagle cura de 
Chongos, al abogado I). Jos^ Tagle, á los conier- 

^ ciantes I). Fran.*^° Minondo y I). Ful.*" Loj>ez. 
al Cai-caman (2) y su hijo que bendian una cos- 

, tosa custodia y á I). Ful.° Estela los q.« se ha- 

¡ lian en calabosos y sin comunicación se dice i\.*^ 
es p.*" q.*^ se hallan en comiuiicación con los Por. 

[ teños. 

( En este dia á las H de la mañana se quemó la 
; bodega de frente a la carzel, id, A las ocho de lama- 
nana murió el celebre cirujano (¡avino, id, llegó de 



(1) La revolución de Quito se consumó el 10 de A^^.^o de 1801) 3'" la 
1.a Junta Patriota la presidió D. Juan Pió Montúfur Marq.» de Selva 
Alegre. Esta Junta cayó después de la batalla de Pasto y la mayor parte 
de los patriotas fueron apresados. Se instauró el juicio y sospechando el 
pueblo que se se les iba á condenar trató de lil)crtar á los presos y atacó el 
cuartel (20 de Ag.^o .) "Su corto númei'o no les permitió consumar el 
atentado y al contrario su actividad dio pretcsto al Presidente (Ruiz de 
Castilla) para ejecutar á los presos, y á la soldadesca para cometer lodo 
género de tropelías y desmanes, después continuó la matanza sin perdonar 
sexo ni edad". (De nuestra Hist: de América Cap, XV'II pag: 183 edi: 
1902 ) . La noticia de estos sucesos llegó á Lima el 4- de Setiembre del mis- 
mo año como se vé por la relación. 

( 2 ) Probablemente era un apodo. 



UN INÉDITO VALIOSO 



421 



Dias, Mb. 

Años 
2S Sepbre. 

¿S id 



•1 o Dicbre. 



lo id. 



24 id. 



iSii 

1 O Hnero. 

2 iri 



id. id. 



12 id. 



la Concepción de Chile el Gobernador S. Ataca (1) 
bullendo de alg.* tumultos acaecido p/ la forma- 
ción de la Junta Principal. 

f Quedan sentenciados los espresados reos Dr: An- 
choris á contestar á la Regencia, Guillermo q.*= no 

; use de la Gazeta, el cura Tagle á su curato no ba- 
jando del sin permiso de ambos Principes, D.^ Sara- 

{ biaá Chile á vivir con su mujer, el abogado Tagle á 

' Buenos-Aires, el de la custodia y su hijo q,* salgan 
en término de un mes del Reyno, y Pancho criado 
del D/ Anchoris en libertad. 

Se han sometido al gob."" de Buenos Ayres las 
Provin.» de Chuquisaca,- Oruro, La Paz, Cocha- 
bamba, y Potosí y han muerto en dichas muchos 
sujetos perdiendo en los principios los nues.°* la 
prim.* acción. 

í Salió á unirse con el exercito el Cap." de Ingenie- 
l ros D.° Man.* I^eon al desaguadero cuyo exercito 
consta de 7 mil hombres. 

A llegado de Cadis las Frag.**" la casualidad y 
buen suceso del Comercio. 

A concedido su lima. Jubileo en todas las Igle- 
cias botando p/ termino de un año p.*" la circuns- 
tancia de hallamos amenazados de anarquía. 

Se ha mandado ipJ el gov.« tomar p.*" las justi- 
cias y alcaldes de barrio todas las precauciones 
contra las imbaciones del tirano q.* p.*" medio de 
emisarios á procurado introducir. 

r Cien hombres del cuerpo de Pardos p.* guar- 
1 necer los fuertes del Callao Cap." Ten.** y Sub.^ 

Ha llegado por tierra el S.** D.*" I). José Silva 
Olabe diputado q.* fue de la Junta Central nom- 
brado p.^ este Reyno del Peró llego á México don- 
de tuvo noticias de hallarse disuelto este gob."" 
de donde regresó y en todo el viaje tardó quince 
m." un dia. 






u 



( 1 ) Debió ser autoridad subalterna pues el Capitán General de Chile 

al estallar la revolución en 1808 fué D. Francisco García de Carrasco. 
21 



422 REVISTA HISTÓRICA 



Día», M». j Hg^ llegado R.^ orn. reponiendo en sii empleo 
13 Eiiero....| ant-^»*" á D. José Dnfoo. 

^ J""° I En este día se hizo á la vela el 8/ D. Fmn ~ Za- 
lazar diputado de cortes p.* Cadis en la Frag.** el 
Archiduque Carlos. 

*7»<> / En estedia fue remitido p/ este S.^*" Virrey en 

I partida de Registro D." Gaspar Rico en la Frap:.** 
/ Castor y p/ la via Ptinamá atropellando lo deter- 

Í minado en acuerdo y S.» fiscales p/ haverlo i-e- 
cusado á dicho S. y A tres oydores p/ el delito de 
escritor. 

»***' f Llegó noticia de ha ver nido nombrado de la na- 
ción vocal del consejo de estado el S. I). José Va- 
quijano, ha sido cumplim.**° de todas las corpora- 
ciones de esta ciudad ht.* el estremo de mandarae al 
sur indirectam.** como sucedió pues á pretexto de 
revolución popular se toman varios presos, provi- 
dencias militares de tropas y cañones á horas ex- 
traordinarias con lo q.* se suspendieron con gran 
dolor del pueblo de Lima p.° gloria de aque- 
llos. 

^'^ f Llegó la Frag.** con pliegos delgov."^ de 

I Reg.* p.' ella ha recibido los de la Gran Cruz 
] de Carlos III y el titu.° de Marq.» de la Concordia 
el S. Virrey: igualm.** han llegado los del S. Baquí- 
I jano: Noticias de venir en el Salvador y otros, 
\ cantidad ci'ecida de tropas españolas p.* contener 
las Américas: los despachos de Director de Taba- 
cos á D. Pedro Trujillo: Ha benido niiebo Com.^ 
de Art.* y Ten.^ Coron.^ , y regresa Arnar y Val- 
[des, y alg.* otr." cosas. (1) 



( I ) Aqní termina el curioso cuaderno manuscrito; le sigue una tola página en blan- 
co, lo que indica que el autor interrumpió su obra. Quizá si la muerte 6 un cambio de resi- 
dencia nos privó de conservar su relación, quizá también si ésta se continuó en otros li- 
bros, perdidos ú ocultos hoy. Lo que sí llama la atención por su extraña coincidencia ca | 
que cierra la narración con fechas clásicas para el Perú; los últimos días marcados en la 
crónica son los del 27, 38 y 29 de Julio, aniversario hoy de nuestra emancipación política. 
Singularidades de la suerte! el realista consumado para aquí su relación como ai la 
Providencia hubiera detenido esa mano sierra en los días faustos que ella en el porvenir de 
su obra á escribir los derechos de los hombres libres. 



■■g*><F^«y>ww<ar 




Seccióri Oficial 



SESIÓN SOLEMNE DEL INSTITUTO 



E3n conmemoración del segundo aniversario de su insta- 
lación, celebró el Instituto Histórico una sesión solemne, el 
día 29 de Julio, en la Sala de Actuaciones del Museo de His- 
toria Nacional, á la que asistió la mayoría de sus miembros 
y una concurrencia numerosa y selecta. Fué presidida la 
actuación por el Excmo. Señor Dr. I). José Pardo, Presi- 
dent^í de la República, á quien acompañaban todos los ^e- 
ñores Ministros de Estado, y á más de la memoria anual 
leída por el Vice-Presidente de la Corporación, se incorporó 
éb su seno como miembro de número el R. P. Fr. Domingo 
Ángulo, y el Doctor TJhle inauguró sus conferencias arqueo- 
lógicas. 



á 



424 REVISTA HISTÓRICA 



MEMORIA DEL. VÍCE-PRESIDENTE 
Dr. PABLO PATRÓN 



Excmo. Señor; 
Señoras; 
Señorea : 

El Instituto Histórico, que no ha podido permanecer in- 
diferente á la celebración de las fiestas patrias, os ha invita- 
do para que solemniséis con vuestra presencia esta actua- 
ción, en la cual, después de sólo un año de existencia, vamos 
á incorporar á un nuevo socio activo y me cabe la honra de 
daros cuenta en breve síntesis de la labor que llenos de fe he- 
mos realizado. 

Creado el Instituto Histórico del Perú por Resolución 
Suprema de 18 de febrero de 1905, y reunida su primera jun- 
ta general el 31 de marzo del mismo año, fué solemnemente 
inaugurado por S. E. el Presidente de la República el 29 de 
julio de aquel año 

Al siguiente se inauguró también por su Excelencia 
en la misma fecha clásica, el Museo de Historia Nacional, im- 
portantísima de{)endencia del Instituto, llamada á prestar 
eficaz concurso en el conocimiento de la historia patria. I^as 
eole(í(*iones se han ido incrementando hasta ofrecer hov una 
cifra halagadora. En el segundo semestre de este año conta- 
remos con los catálogos de las treen Secciones de que consta : 
de las Tribus Salvajes, Arqueológica y de la Colonia y Repú- 
blica. 



SECCIÓN OFICIAL 425 



Desde 811 fundación hasta, la fecha ha celebrado el Insti- 
tuto cinco juntas generales y 17 sesiones de directorio. 

De los 30 miembros de número que se nombraron, re- 
nunció el señor Modesto Basadre, el cual ha fallecido, así co- 
mo los señores Doctor Teodorico Olaechea, José Román de 
Idiáquez y Manuel Jesús Obín. Se han designado para reem- 
plazarlos á los doctores Jorge Polar, Carlos Larraburre y 
Torrea y á Fray Domingo Ángulo, de la orden de Predica- 
dores. 

El Doctor Max Uhle, contratado por el Gobierno para 
hacer estudios arqueológicos, ensemir este ramo y organizar 
en el Museo la Sección del Perú primitivo é incaico, es con- 
siderado como miembro de niimero y forma parte de la Jun- 
ta Directiva del Instituto. 

Hállase pendiente la incorporación de los señores Polar 
y Larraburre, y la del padre Ángulo se verificará en esta se- 
sión. 

Han sido nombrados miembros correspondientes en el 
Brasil, los señores Emilio Augusto Gólding y el Doctor Her- 
mán Ihering; en Buenos Aires el señor Rodolfo W. Carranza 
y en La Paz el señor Manuel Vicente Balíívián. En nuestros 
departamentos han sido elegidos con el mismo carácter los 
doctores Mariano A. Cateriano, Javier Delgado y Manuel 
Silva en el de Arequipa; el Doctor Pedro Ignacio Cisneros en 
el de Ancashs; el Doctor Santiago Polo Campos en el de 
Lambayeque, lo mismo que el señor Tomás Cáceres; el señor 
Doctor Juan de Dios López en el de lea: el señor Vicente Pita 
en el de Cajalnarca; los señores Federico Philips y Adolfo 
Vienrich en el de Junín; los señores Gustavo déla Torre y 

Alberto Larco Herrera en el de la Libertad; los doctores 
Femando Pacheco, Antonio Lorena y José L. Capáró Mu- 

ñiz en el del Cuzco, y el señor Darío Noblecilla en la provincia 

de Tumbes. 

El local del Instituto y del Museo, después de los gastos 
hechos por el Gobierno para dejarlo expedito, solo ha 
menester servicio de agua é instalación de alumbrado eléc- 
trico. El Instituto necesita también dos mesas y estantes 
para colocar su librería, llamada á acrecentarse hasta for- 



426 REVISTA HISTÓRICA 



mar una biblioteca americana ó siquiera peruana, lo menos 
incompleta posible. 

El Archivo Nacional, clei)endencia importante del Insti- 
tuto Histórico, i"e<iuiere el ensíuiche del local que ocupa, i-ecu- 
perando el de la actual Sociedad de Ingenieros, y exige tam- 
bién el arreglo y catalogación de los libros y documentos 
que lo forman. Prescindiendo délo judical y administrati- 
vo, se debe reunir todo lo histórico, procurándose copias, 
sobre todo en España, de cuanto ilustre ó complete la histo- 
ria nacional. 

Al Instituto se le ha concedido el honor de entender en la 
publicación resuelta por el Congreso de los autoi-es perua- 
nos. JParece por esto mismo que no se trata, de obras litem- 
rias y científicas, sino de las históricas, tínicas que por su 
índole pueden intei^esar al Instituto. Escojer los autores, so- 
bre todo inéditos, revisarlos, anotarlos, &., tal es la obra 
que debe emprenderse; tarea que demanda tiempo, comjíeten- 
cia y dedicación especial. El acopio de materiales y su se- 
lección, es la primei*a tarea, f indudablemente la primordial: 
todo lo demás debe obe<lecer á un i>lan metódico y bien 
arreglado para hacer un trabajo digno del país y que condes- 
ponda al designio altamente patriótico de las Cámaras y del 
Supremo Gobierno. 

La Revista Histórica, ói'gano del Instituto, aunque hoy 
es una publicación muy interesante, está llamada á serlo 
aún más y á obtener amplia (circulación dentro del país y 
fuera de ^1. Por todo esto necesita regularizar su publici- 
ción, adornarla con retratos, vistas, grabaclos y mapas, y 
además, procurarle vida propia. 

Nombrado Tesorero el Doctor Julio R. Loredo, é insis- 
tiendo en su renuncia, estuvo desempeñando ese cargo el 
habilitado y Oficial auxiliar de la Secretaría Doctor Luis Vá- 
rela y Orbegoso hasta que en la junta general de 8 de febre- 
ro último se nombró al señor Ricardo üarcía Rosell, que 
aceptó y ejerce actualmente el cargo. 

Los Estatutos que rigen fueron aprobados por el Gobier- 
no el 10 de julio de 1905 y requiei-en un reglamento interior 
conforme al artículo 29, el cual debe ser sometido cuanto an- 
tes á la aprobación de la junta general. 



SECCIÓN OFICIAL 427 



A la munificencia del Gobierno debemos la adquisición 
de libros y valiosos documentos para enriquecer nuestra bi- 
blioteca y archivo especial. 

Merecen mencionarse aquí los extractos de los libros del 
Cabildo de Trujillo, remitidos por el señor Larco Herrera y 
original de uno de los primeros libros de dicho Cabildo, así 
como el reglamento de aguas del Deán Saavedra, próximo á 
recibirse, obsequiado por el señor Gustavo de la Torre. 

Acordó el Directorio en abril último que Monseñor Gar- 
cía Irigoyen, miembro de número, que obtuvo el accésit para 
la segunda vice-presidencia, presidiera las sesiones en caso de 
impedimento délos doctores Prado y Patrón, á fin de que 
así no se interrumpiera la marcha regular del Instituto. 

El Instituto ha absuelto los informes que el Gobierno le 
ha pedido en expedientes ó materias relacionadas con la his- 
toria patria. 

Una comisión de nuestro seno se ocupa de formular un 
proyecto de ley con arreglo al cual se conservarán los mo- 
numentos arqueológicos nacionales, se reglamentarán las ex- 
cavaciones y la exportación de objetos procedentes de las 
antiguas civilizaciones de nuestro país. 

Excmo. Señor; 

Señores : 

El Instituto celebra con doble complacencia esta solem- 
nidad; nacido en estos días magnos, celebra el aniveraario 
de su fundación como sociedad de levantado fin patriótico, 
celebra también el día sugestivo de nuestra autpnomía po- 
lítica. 

El año que termina ha sido para el Instituto un año de 
labor, y al dar cuenta de ello, se pue le decir lleno de or- 
gullo: que no se ha defraudado la esperanza fundada en no- 
sotros. 

El Instituto es una sociedad que honra al país y que se 
afana por ilustrar más aún los clarot- timbres de la cultura 
peruana. 



428 HEVI8TA HISTÓRICA 



DISCURSO DE INCORPORACIÓN 
DEL R. P. Fr. DOMINGO ÁNGULO 



Excmo. Señor; 

Señoras ; 

Señores : 

t"n Keiitiniieiito de <*oiifti.sión y tin apraíleoimíento mny 
{liteiiKO embargan lioy mi espíritu ])or verme en me<lio de vo- 
ííotroR, (jiie hoíh Ioh eHcudriñadoi'eH de nuestra» gloria** pa- 
triti». Xada «oy mas que un niño para figurar entre hom- 
bren que i-ei)reHentan madurez y brillo de eximios eruditos, 
¿(iuí luces podrá dar la pobre luciérnaga de la selva al Sol 
que alumbra loe esi)aci()H? 

Esta misma ))equeñez mía aumenta mi agradecimiento A 
vosotros, por la dignación con que habéis querido elevarme 
hasta vuestra altura. Sois el gigante que en sus brazos to- 
ma al tienio infante i)ara mostrarle el ancho horizonte. 8¡ 
entro en el seno de tan ilustre Instituto, es en calidad, no de 

■ 

maestro, sino de discíjnilo, como un estudioso bedel que des- 
de la pueita del aula ajilica el oído á las enseñanzas del sa- 
bio catedrático. 

Con la frente inclinada y el corazón enternecido acepto el 
fumor que os habéis dignado dispensarme, no para engreír- 
me con él sino para (]ue sirva de lustre al hábito de mi Or- 
den, i)ara el cual, como dominicano y como pei*uano, anhelo 



SECCIÓN OFICIAL 429 



todo linaje de g:lor¡a , porque es el hábito de LaiH Casas, 
Loayza, San Martín, Xavarrete, Santo Tomás, Hojeda y 
Meléndez, astros que eclipsaron al mismo sol de los Incas. 

Duplícase mi gratitud hacia vosotros porque al incorpo- 
rarme á este Instituto me hacéis gozar las delicias que el 
estudio de la Historia proporciona. Pues que si la Historia 
es una gigantesca circunferencia que abarca la redondez de 
la tierra, todos los pueblos y todos los tiempos, el historia, 
dor es el punto céntrico donde vienen á unirse los radios de 
este gran círculo. 

Es para el mundo entero como la bandera de la nación 
donde flamean todas sus glorias, los triunfos de sus ejércitos, 
la sabiduría de sus maestros, las galas de sus artistas, la 
honradez de su pueblo y la sangre hidalga de sus ciudada- 
nos. 

Es punto de cita donde se encuentran para abrazarse los 
siglos que pasaron cargados de laureles y los siglos que les 
suceden matizados por la fantasía de multiformes arreboles, 
de ensueños de mayores bonanzas. Es el regaso donde el an- 
ciano venerando, lleno de días y de méritos, estrecha á los 
pimpollos (|ue han recibido su sangre y su nombre para per- 
petuarlos con crecimiento de honra. 

En el sagrado Panteón donde se tributa culto á todo lo 
que es irradiación de la divinidad, cuyas páginas son otros 
tantos retablos en que al vivo se destacan los santos con sus 
nimbos celestiales, los guerreros, los sabios, los artistas con 
los símbolos propios de su gloria. 

Es como altísima atalaya desde la cual se vé nacer el gé- 
nerohumano v salir lloroso de entre las enramadas del Edén, 
y difundirse las familias por los cuatro puntos cardinales de 
la tierra, llevando al lomo del camello sus viviendas v delan- 
te los rebaños de ovejas que les proveen de alimento y de 
vestido en su vida nómada y errante. De allí se contempla 
tomo surgen los grandes imperios de los Asirios, Persas, Ma- 
cedonios y Romanos, cayendo unos tras otros en el polvo, 
para sucederles gentes extrañas con sus dioses, leyes y len- 
guas hasta cambiar la faz de la tierra. 

Como procesión macabra de esqueletos gigantes se ven 
pasar Nabucos y Ciros y Alejandros y Césares de Oriente y 
de Occidente, con sus ejércitos que hacían temblar la tierra, 

22 



430 REVISTA HISTÓRICA 



con SUS alcázares voluptuosos, con sus anfiteatros ensan- 
grentadps, con sus Cleopatras y Mesalinas, con todo su cor- 
tejo nefando de abominaciones. 

De ahí se divisa, á la luz de la conjunción de los astros, 
en la noche más memorable de los siglos, la aparición de un 
Niño, que los poetas y las sibilas y los druídicos oráculos ha- 
bían vaticinado, entre cánticos de ángeles y ofrendas piado- 
sas de pastores y de reyes, el cual renueva el mundo en todos 
sus órdenes: religioso, políti-o, social, moral y científico y lo 
encauza en dirección á su supremo fin. 

Y se columbra desde la dicha atalaya, cómo después de 
tantos siglos de ignorancia geográfica del orbe terráqueo, 
un soñador ó adivino, un apellidado loco, pero con locura 
sublime, viene sobre el dorso de ignotos mares de Oriente á 
Poniente, buscando ruta para la gran Tartaria y encontrán- 
dose, en premio de su fe y de su arrojo^ con el mejor de los 
mundos, de ríos cual mares, de sierras cual pilares del firma- 
mento, de pampas dilatas y barrancos formidables y oro y 
plata centelleando en la corteza de la tierra: nuestra amada 
América, señores. Fuéaquel el momento más solemne de la his- 
toria humana, después de la Encanuición del Verbo, en quedos 
mundos gemelos que se desconocían, se abrazaron y el orien- 
tal derramó su fe y su civilización sobre el occidental, y el 
occidental envió al oriental sus riquezas, sus ambrosías y 
sus virginales amores. Desde entonces, el que era desconoci- 
do oasis del mundo, vino á ser blanco donde se enfocaron las 
miradas de todas las viejas naciones, como si de acá espera- 
ran recibir ondas de sangre juvenil que detuvieran su decrepi- 
tud. Desde aquella fecha, sin desdeñar los restos de nues- 
tas primitivas civilizaciones, empezamos á emular á los afa- 
mados artistas, pintores, escultores y poetas de Grecia y de 
Roma, y supimos sentarnos sin desdén en la Asamblea de los 
grandes sabios de Oriente, y como la juventud ala vejez, llegará 
día en que la América aventaje á la Europa, y la Europa si es 
madre de entrañas, al encontrarse bajo el peso de la longevi- 
dad, se gloriará de ver que la humanidad retoña vigorosa y 
gallarda en las naciones de los Incas y los Aztecas. 

Descorrer el velo, por lo que al Perú se refiere, de nues- 
tros orígenes, población, leyes y cultura anteriores á la con- 
quista; descifrar nuestros monumentos con sus geroglíflcos; 



SKCCIÓN OFICIAL 431 



estudiar las fuentes y las analogías de los idiomas de nuestra 
nación; penetrar en las cavernas para ver si los muertos nos 
revelan alguna semejanza con las momias de los pueblos pri- 
mitivos que conoce la historia; seguir paso á paso la marcha 
y las hazañas de tan contraria índole, de los conquistadores 
guerreros y de los conquistadores apostólicos; formar una 
galería de los personajes que en cuatro siglos ilustraron esta 
j)orción del globo ccm la aureola de la santidad, con la toga 
del letrado ó con el laurel de los hijos de Marte; tal es el en- 
cargo honroso y patriótico que el Instituto Histórico del Pe- 
rú se ha impuesto. 

Serán blocjues de este soberbio monumento las particula- 
res historias y intmografías que sucesivamente se irán publi- 
<*ando, entre las cuales debe citarse como principalísima la 
Historia completa del P. de Las-Casas sobre el descubri- 
miento de las Indias, que, según noticias, se está imprimiendo 
])or la casa editorial de Hernando en Madrid. 

Las Casas, el hombre más amante y bienhechor que pi- 
sara el Nuevo Mundo, al cual consagró sin reserva cerca de 
sesenta años de sacrificios y de protección paternal; para 
quien eran los naturales de las tierras descubiertas los hom- 
bres más morales, dulces y dóciles del nmndo conocido, has- 
ta sospechar si por este hemisferio habría estado situado el 
Edén de Moisés y de los poetas orientales; el hombre escoci- 
do por la Providencia para ser el terrible acusador de las 
demasías de los armados y de las codicias de los encomende- 
ros, ante los bondadosos reyes de Españay los arteros miem- 
bros del celebre Consejo de Indias, así como el paño de lágri- 
mas délos naturales oprimidosy esclavizados, y como el por- 
taestandarte de las falanges de misioneros, principales autores 
de la civilización americ>ana: ese ser en todo extiaordinario, 
de ciencia asombrosa, de erudición que pasma, cuyo cerebro 
parecía depositario de cuanto se había escrito en todos los 
siglos y en todas las naciones, sin poderse uno dar cuenta de 
dónde y cómo la adquijió. pues bien sabemos que pasó casi 
toda su vida como errante por las selvas y las pampas y las 
Hierras de este Nuevo Mundo en busca de almas que redimir; 
ese hombre en todo gigante nos dice en la parte de la His. 
tona del descubrimiento de las Indias publicada en Madricl 
el año 1875, que se proponía ccmtar cuanto notable ocufrió 



432 REVISTA HISTÓRICA 



en la conquista hasta la reducción de las gentes de México v 
del Perú. 

Su obra, una vez publicada íntegra, será, señores, una 
revelación, y hará una revolución en la historia de América. 
L?yéndola nos vendrán ganas de derribar muchas estatuas 
á hombres funestos levantadas, v de borrar más de un nom- 
bre del catálogo de los hombres célebres, y en cambio sui-gi- 
rán héroes que el polvo levantado por las luchas y las nubes 
formadas por la codicia han dejado en la oscuridad, si no en 
el descrédito. Bastaría para prueba saber la inquina con 
que el Consejo de Indieis le miró y las pesquisas que para 
hallar y arrebatar sus manuscritos practicó y la necia minu- 
ciosidad que en recoger los ejemplares de su opúsculo sobre 
la Destrucción de las ludias empleó; porque á decir ver- 
dad, era el Consejo de Indias enemigo sobornado y bien pa- 
gado por los devastadores de los pueblos descubiertos, y 
Las Casas el fiscal severo de esa corporación de intrigantes, 
á la cual acusaba ante los monarcas v flagelaba en su8 
libros. 

A Las Casas debemos lo que, perdido el Diario de Co- 
lón, jamás el mundo sabría: amarguras .y esperanzas, desa- 
lientos y bríos del Almirante desde su salida de Palos hasta 
el hallazgo del nuevo Continente, las millas verdaderas y las 
simuladas que cada día navegó, la dirección que por los des- 
conocidos mares llevó y los júbilos de su alma cuando cla- 
vando en las costas descubiertas el lábaro de la cruz y el 
pendón de Castilla, tomó posesión de este mundo en nombre 
de la civilización y de la religión cristiana. 

Por ser tantas y tan atroces las crueldades de nuestros 
conquistadores con los sencillos indios, por él referidas, se le 
acusó de injusto y de envidioso de las legítimas glorias espa- 
ñolas, diciendo de él que era francés y como francés escribía. 
¡Un francés cuya familia contaba dos siglos y medio de arrai- 
go en España! Algunos historiadores que jamás estuvieron 
en América y que tejieron no pocos de sus relatos por lo que 
á los mismos aventureros v encomenderos vueltos de acá á 
España habían oído, osaron, así mismo, contradecirle, acha- 
cándole exageraciones de su amor al indio y calificando de 
tragedias fantaseados por él, las narraciones de hechos á to- 
das lucos horripilantes. Ni en el alma de ese hombre á quien 



REGClrt.V OFICIAL 433 



las crónicas, minen aduladoras de su Orden, tributan el título 
de Venerable, podían entrar la envidia, ni la injusticia ni la 
mentira: ni las fuentes de su historia pueden por nadie ser ja- 
más tachadas de impuras. Tres son los géneros de testimo- 
nios sobre que funda sus narraciones: sus propios ojos, que 
estuvieron siempre clavados en los conquistadores hasta lle- 
gar á las costas del Pacífico; las narraciones de hombres gra- 
ves, testigos presenciales de los acontecimientos que él no 
había contemplado, y las piezas de los procesos mandados 
formar por orden de los reyes de Castilla para averiguar crí- 
menes V castigar á criminales. Tales son los datos sobre los 
cuales compuso su gran historia, ratificada en la verdad por 
sus hermanos los frailes Predicadores y por todos los hom- 
bres de corazón sano, la cual quiso él que no se publicara 
hasta pasados cien años de la conquista, sin duda para no 
avergonzar á las familias de los creídos titanes inmaculados 
é inmortales. 

lis tan gigantesca y gloriosa la figura de ese enamorado 
Padre de los indios, que nada excesivo harían las naciones 
de la América latina, si en la cúspide más empinada de los 
Andes le levantaran colosal estatua, á donde no pudieran lle- 
gar las venganzas ultramarinas de los maltrechos por sus 
recriminaciones, y donde pudiera ser de los pueblos de allen- 
de y aquende la Cordillera, mirada, bendecida y venerada. 

Hecha mención de este hombre incom])arable y de su his- 
toria, nada más que en parte conocida, permitidme formular 
lina reseña bibliográfica de otras historias particulares del 
Perú, cuya reimpresión es de absoluta necesidad en orden á 
la acumulación de materiales con que ha de ser construida la 
obra magna de la historia de nuestra Nación. 

Al ocuparnos en el presente discurso de los historiadores 
del Perú, queremos dar el primer lugar al Inca Garcilaso, si 
nó el más antiguo en el orden cronológico, el más célebre, sin 
disputa, de nuestros historiadores, y el más simpático aca- 
so, por ser en su origen el tipo de las razas conquistadora y 
conquistada, circunstancia que él mismo i)arece manifestar, 
cuando tanto se empeña en halagar a unos y enaltecer á 
otros en éste ó aquél pasaje de sus Coméntanos Reales. 
Fuerza es confesar que ésto mismo le dá en más de una oca- 
sión el carácter de fabuloso, parcial, apasionado é injusto, 



4e34 REVISTA HI8TÓKICA 



capitales defectos que logra encubrir con la sinirularidad de 
8u estilo, con la curiosa minuciosidad de sus noticias, y en 
general, con aquel interés fantástico y arabesco que despierta 
su lectura. Con todo, juzgo demasiado severa la crítica que 
de los Comentarios Reales hace Menéndez Pelayo: ''La 
autoridad del inca Garcilaso, dice, anda, ahora por los sue- 
los, y casi ningún escritor serio se atreve á hacer caudal de 
ella''. No, ciertamente, no es acreedor nuestro laborioso com- 
patriota á tan acerba, censura, sobre todo si se trata de la. 
Segunda parte de su Historia, en donde es menester convenir 
que la mayoría de los hombres de la conquista, ai)arecen con 
su propio tinte, como bien lo notó Jiménez de la Esj)ada. 

Por lo demás, la importancia de los Comentarios, no 
ha menester de comento; bástenos tener eu cuenta las repeti- 
das ediciones y traducciones que de ellos se han hecho en las 
tres centurias que cuentan de existencia. Publicóse la Pri- 
mera Parte en la ciudad de Lisboa, el año de 1609, en casa 
de Pedro Craesbeek: 

Primera Parte de los \ Comentarios \ Reales \ que tratan 
del origen de los Incas^ Reyes qve fve \ ron del Per\\ de su 
idolatría, leyes y\gouierno enpazy en guerra: de sus vidas y 
con\ quistas y de todo lo que fué aquel Imperío y \ Su República, 
antes que los ESpaño \ les passaran á el ¡Escritos por el Inr¿i 
Garcilasso de la Vega, n.itural del Cozco^ \y Capitán de Su 
Magestad \ Dirígidos á la Serenissima Prin \ cesa Doña Cata- 
lina de Portugal, Duquesa \ de Barganga &c. — Con licencia 
de la Sancta Inquisición, Ordinario y Pairo \ En Lisboa , En 
la officiná de Pedro Craesbeek \ Arlo de MDC1X'\ 

(264 hojas en folio á dos colms. con su respectivo colo- 
fón en la última página. Todas las aprobaciones y licencia.s 
están fechadas en liisboa. Ostenta en la página siguiente á 
la Tabla de capítulos el escudo de los duques de Feria y 
del Infantado). 

Vio la luz la Segunda Parte en la ciudad de Córdoba, 
donde Garcilaso residía, el año de 1617, y cierto que corrió 
grave peligro de quedar inédita, como que murió nuestro 
autor cuando la obra estaba en prensa: 

'^Historia \ general del\Pcrv \ trata del descvbrimiento 
del; I y como los ganaron los Españoles. Las guerras ciuiles \ 
que buuo entre Pigarros y Almagros \ sobre la partija \ de Ib 



SECCIÓN OFICIAL 435 



tierra. Castigo y leuantamiento de tiranos y \ otrosSacessos 
particulares que en la Histo \ ría se contienen. \ Escrita por 
el Inca Garcilasso de la \ Vega, capitán de Su Majestad etc. 
Dirigida á la limpísima Virgen \ María Madre de Dios y Se- 
ñora nuestra \ Con prívilegio real\En Córdova. Por la viu- 
da de Atidres Barrera y a su costa \ Año M.DCXVIII. 

(Folio. 300 hojtiH á do8 colins. fols). 

La seg^UTida edición de la obra entera de Garcilaso se de- 
bió á González Barcia, quien la sacó á Inz en Madrid el 
año 1722, ''aumentada v añadida'* con la vida de Titu-Cusi 
Yupanqui, el último inca de Vilcabamba. 

Se publicó en Madrid la tercera edición en los años de 
1800 y 1801, en la imprenta deVillalpando, en trece volúme- 
nes en 12.°, precedidos de un prefacio laudatorio del propio 
editor. 

La cuarta y última edición española de la obra de Garci- 
laso salió en Madrid el año de 1829, en 4 volúmenes en 8.° 
en la imprenta de los hijos de Dña. Catalina de la Piñue- 
la, etc. 

Más numerosas anduviéronlas edidiones estranjeras. Sin 
duda que la emulación y envidia á la buena suerte de la no- 
ble España, contribuyó á multiplicarlas con el objeto de po- 
ner en evidencia la injusticia de ésta al asolar un imperio tan 
discreta y sabiamente constituido. En esta singular campa- 
ña cúpole ala Francia una buena parte, por no decir la exclu- 
siva, como que desde 1633 hasta 1830 sb contaron nueve edi- 
ciones, incluyendo las que en 1704, 1706, 1715 y 1737 se hi- 
cieron en Amsterdam, que no fueron flamencas sino france- 
sas. No las enumero por no cansar vuestra atención con re- 
laciones meramente bibliográficas. 

Si á estas ediciones añadimos la portuguesa de 1657, las 
dos inglesas de 1688 y 1869, y la alemana de 1723, tendre- 
mos una bien completa noticia bibliográfica de nuestros ina- 
preciables Comentarios Reales 

Después del Inca Garcilaso, volviendo al orden cronológi- 
co, nos encontramos con Francisco de Jerez, secretario que 
fué de Pizarro v uno de los más verídicos historiadores de la 
la conquista. Dá Jerez á su obra el título de Relación y 
es tal, efectivamente. Se trata de un libro escrito en el cam- 
po de batalla, á raíz de los sucesos misni(js que se narran, y 



436 REVISTA HISTÓRICA 



por un soldado 8in erudición y sin letras, i)or el estilo de 
aquel que nos ])inta Yilloslada en su hermosa leyenda de Do- 
ña Blanca de Navarra. No le pidamos por consiguiente, di- 
gresiones filosóficas, citas ó documentos justificativos y 
conipulsables. El nos cuenta lo que hizo y lo que vio, y cier- 
to que con fidelidad comprobada, salvo tal ó cual lapso de plu- 
ma, que desde luego es bien disj)ensable. 

Diez ediciones se cuentan hasta hov de la Historia de Je- 
rez. La príncipe se di6 á la estampa en Sevilla, en 1534:, 
cuando nuestro autor, convertido ya en opulento perulero, 
se trasladó á aquella capital á disfrutar con quietud de sus 
caudales, i)ues que en la barata acción de Cajamarca le cu- 
l)ieron -iOÍ) marcos de plata y 9.900 castellanos de oro. 

''Verdadera relación \ de la conquista del Perú \ y prouin- 
cia del Cuzco, llamada la nueua Castilla: Conquistada por 
el magnifico \ y es forcado cauallero Francisco pigarro bija 
del capitán (¡onzalo pigarro caua- \ llero de la ciudad de Tru- 
jillo: como capitán general de la Cesárea y catholica mages- 
tad del emperador y rey nto. Señor: Embiada á su mages- 
tad por Francisco de Xerez, natural de la muy noble y muy 
leal ciudad de Seuilla, secretario del ¡sobredicho señor ento- 
das las prouincias y conquistas de la nueva Castilla y r no \ 
de los primeros conquistadores della \ Fue vista y examinada 
esta obra por m¿indado de los señores inquisidores | del arco- 
bispado de Seuilla & impressa en casü de Bartholome perez 
en el mes de Julio. Año del parto virginal mil & quinientos 
y treynta y quatro, 

(í^olio. 18 hojas a dos colms. sin foliar). 

La segunda edición se ])ublicó en Venecia el año de 1535, 
cuando había apenas salido la primera de las prensas sevi- 
llanas. Fué su traductor y editor el navarro Domingo de 
Gasteltí, Secretario de Don Lope de Soria, F^mbajador de Car- 
los V ante el Senado de aquella República (en 4.° 59 hojas 
sin foliar). En aquel mismo año la traducción de Gastelú se 
reprodujo en Milán, y ésta fué la tercera edición de la obra. 
La cuarta vio la hiz [mblica en Salamanca el año de 1 547 
(25 hojas en folio). 

La quinta, formando parte de los célebres viajes de Ra- 
musió, se estampó en Venecia el año de 1555. 



SECCIÓN OFICIAL 437 



Debíase la sexta al infatigable González Barcia, quien la 
incltiyo, como era natural, en sus Prímitivos historiadores 
de Indias, obra que se publicó en Madrid el año de 1749. 
(Tomo III, paos. 169 á 237). 

Las tres siguientes ediciones se publicaron en francés, 
alemán é ingles en los años de 1837. 1847 \ 1872 en París, 
Stuttgart y Londres, respectivamente. 

La última edición que conocemos es no\isima relativa- 
mente. Se dio á luz en Madrid en 1890, y es el primer vo- 
lumen de la Colección de Libros raros y curiosos que tra- 
tan de América, Edición muy completa y ordenada. 

Otro de los cronistas del Peilí más dignos de memoria 
es Francisco López de Gomara, natural de Sevilla, é ilustre 
vájstago de Don Jimeno Lói)ez de Gomara, uno de los con- 
quistadores de aquella capital. 

Publicó Gomara su Historia por vez primera en Zarago- 
za, el año de 1552, en casa de Agustín Millán, y fué tanto el 
interés que desde el principio despertó la obra, que al año si- 
guiente fué menester hacer otra edición en Medina del Cam- 
j>o, en casa de Guillermo de Millis: 

Con privilegio de su Alteza, Por diez años \ Primera y 
segunda parte de la His \ toria general de las Indias con todo 
el descubrimiento y cosas nota \ bles que han acaecido dende 
q, se ganaron asta el año de\ 1551 \ A costa de Miguel gapi- 
la, mercader de libros, vecino de Zaragoga, Fué impressa la 
presente istoria de indias y conquista de México en \ casa de 
Agustín Millan, Y acabóse vis\ pera de Nauidad Año de mil 
y quinientos y cincuenta y dos \ en la muy noble y leal ciu |- 
dad de Zaragoga. 

(Folio, 122 hojas á dos colms.) 

La segunda parte se refiere exclusivamente á Hernán 
Cortez,cuyo más decidido biógrafo sin duda que es Gomara. 

Entrando ahora en la importancia de la obra, bien pode- 
mos asegurar, y sin temor, que el más severo crítico poco 
asidero encontrará en la Historia de nuestro Gomara. En la 
narración, por lo general, es veraz: en la dicción castizo, tan- 
to que bien puede competir con Hurtado de Mendoza, con 
Mariana ó con Moneada; ordenado en el plan, y en tributar 
elogios á conquistadores bastante sobrio, de suerte que sal- 
va admirablemente aquel común escollo, que hien puede 

23 



438 RKVISTA HISTÓIIÍCA 



en occisiones hacer de la historia una continuada lisonja ó 
una intolerable diatriba. Xo obstante, la nimia suceptibilidad 
délos conquistados (juiso ver en estaobra oscurecidas sus ha- 
zañas, sobre todo el célebre historiador de México Bernal Díaz 
del Castillo, quien con el fin exclusivo de desmentir á (loma- 
ra dio á la estampa su Verdadera Relación de la ConquistH 
de México, y aún más, logró que el Supremo de las Indias ca- 
lificase á nuestro historiador de libérrimo y mandase i-ecoger 
la obra con público pregón y diligenciáis de escribanos y al- 
guaciles. 

En cambio, la obra de Gomara, tan crudamente ])erse- 
guida en su patria, en el extranjero ganaba terreno día á 
día, principabnente en Italia. 

Ija primera edición italiana se publicó en Roma, el año 
de 1556, c(m privilegio aj)ostól¡co, en la imprenta de Luigi 
Dorici (en 4.° 211 hojas fols.). 

La segunda edición completa se publicó también en Ve- 
necia el año de 1500, en la imprenta de Francisco Lorenzini 
de Torino (en 12.°, 306 hojas, fols.). 

La tercera edición también completa se dio á luz en la 
misma ciudad de Venecia, el año de 15(54, en la imprenta de 
Juan Bonadio (en 8.°, 812 hojas de texto, fols.). 

La cuarta edición comprendió solo la segunda parte, y 
en esta forma se i)iiblicó en Venecia, en casa de Jordán Zille- 
ti *-Al segno della Stella", en 15(>5 (en 12.° 824 hojas fols.)- 

La quinta se publicó en la misma ciudad de Venecia, el 
ano de 157(), en la imprenta de ( 'anulo Franceschini (en 8.*^ 
806, lioja fols.). 

Del propio modo, las ediciones fram^esas en manera al- 
guna anduvieron escasas. La primera se publicó en París, 
en 1569, y sucesivamente salieron en aquella misma cajátal 
cinco ó seis ediciones de la obra. La de 1(>05 reclama el títu- 
lo de (¡uinta edición Aumentez en certe cinquieme edition^ 
tlato (]ue Leclerc tiene por errado, pues á su juicio esta edi- 
ción fué la sexta. 

Por ííltimo, en 1578 ThomAs Nicholas tradujo al inglés 
la obra (]ue nos ()cuj)a, y en a^juel mismo año la publicó eii 
Londres. 

Necesitaríamos muchas páginas sólo para enumerar y 
refutar los cargos (jue se han hecho á (lónmra, pues aún el 



8ECCIÓX OFICIAL 439 



miamo Garcilaso, que, dígase lo que se quiera, es en mucho 
inferior á Gomara, se en(;ara con el v lo trata de crédulo en 
demasía, sin tener en cuenta que aquel asunto, más vale no 

meneallo Con todo, autoridades indiscutibles dicen, y 

con mucha razón, **que sus contrarios no han hecho otra co- 
sa que aumentar su fama'*. 

En el orden cronológico sigue á la historia de Gomara la 
de Cieza de León, autor de indiscutible mérito, á quien, en 
verdad, no se le haría favor con llamarlo el príncipe de los 
historiadores del Peni, ('onsta su obra de cuatro partes: la 
¡>rimera, ilnica que el autor logró dar á la estam])a. se limita 
A describir el teatro de la con(|UÍsta; como dice Prescott: el 
¡>aisaje en que los bombines de aquel tiemi)o pueden ser más 
fielmente retratados. La segunda trata del señorío de los 
Incas, de sus dinastías y de sus conquistas, y de la consolida- 
ción de su vasto imperio. La tercera, que aun permanece 
inédita, sin duda que tratará de la ccmquista; y finalmente 
la cuarta, toda se ocu])a de las guerras civiles que sucedieron 
á la conquista y precedieron á la organización del Virreina- 
to. El plan de la obra de Cieza es tan extenso como gran- 
dioso; su estilo es y)oco clásico, pero animado y ])intoresco 
(íomo el que máfi, de modo que la lectura de su historia, lejos 
de engendrar aquella monotonía de los viejos cronicones, 
despierta en el lector cierto interés que fascina, y aiin hace 
que el profano juzgue muy superior elocuencia lo que no es 
iná»s que artificio. Por ])unto general, se vé que el autor es- 
taba dotado de un alto espíritu de investigación y de un cri- 
terio nada estrecho, no ol)Stante que en ciertos puntos paga 
tributo á las ideas de su siglo, lo que sin duda es muy discul- 
pable. 

La primera parte de su historia se imprimió en Sevilla el 
año de 1558, en casa de Martín Montesdooa y al año siguien- 
te se hizo otra edición en Amberes. Respecto á ésta, nota 
Medina que unos ejemplares aparecen impresos en casa de 
Martín Nuncio y otros en casa de Juan Bellero, lo que hace 
])resum¡r que en aquel mismo año se sacaron á luz dos edi- 
ciones de la obra de Cieza. 

En ir).").!, traducida la obra al italiano, se publicó en lío. 
iiia con privilegio pontificio, y cuando ya se trataba de ver- 
tirla al francés y al alemán y el público clamaba por su pro. 



440 REVISTA HISTÓRICA 



secución, falleció el autor en España, á los cuarenta y dos 
años de edad. Sus manuscritos fueron recogidos por el Con- 
sejo de Indias y archivados, de suerte que no se tuvo más 
noticia de ellos hasta que el inolvidable Jiménez de la Espa- 
da y el Marques de la Fuensanta del Valle publicaron los 
cuatro tomos que hoy conocemos: el Señorío de los Incas y 
las Guerras Civiles de las Salinas, de Chupas v de Quito. 

Como obra literaria es sin ponderación la historia del 
Contador Agustín de Zarate, uno de los más bellos monu- 
mentos de la América latina. En dicción acaso compita con 
Gomara, autor cuyo clacicismo es indiscutible: erajiero, vi- 
niendo á la veracidad de los hechos, deja nuestro Zarate mu- 
chísimo que desear. Ya, si el mismo no lo dijera, se dejaría 
entender que la mayor parte de su historia, más que á inves- 
tigaciones propias se debía á relaciones agenas. Aun lo po- 
co en que él intervino y que desde luego ])udo relatar de risu» 
parece que solo lo relata de memoria. Tan notables son los 
errores que aún en esta parte se le deslizan. 

Él no permaneció en el Peití m&4 tiempo que el que duiVi 
el tumultuoso gobierno de Nuñez Vela, período corto, pero 
fecundo en hechos, como que determinó la transición del es- 
tado anárquico en que quedó el país después de la conquis- 
ta, al pacífico gobierno de los virreyes. ¿Por qué aún en esta 
parte es tan deficiente la obra de Zarate? Porque, como dije 
antes, habla sólo de memoria; sus palabras son la mejor 
prueV)a : 

•*Cierto capitán, dice, llamado Francisco de Carbajal, 
amenazaba que se vengaría del que fuera bastante temera- 
rio para intentar la n^lación de sus hazañas, etc.*' Xo sé ha^- 
ta que punto sea este motivo justificable; á mi juicio, cierto 
que no sería tan tenaz y extricta la vigilancia de Carbajal, 
que no le permitiese ni aún tomar buenos apuntes y lo indu- 
jesse á h:icer aseveraciones poco exactas. Esto no quiere decir 
que la crónica de Zarate sea inservible; lejos de mí asevera- 
ción tan necia: muchos pasajes oscuros no iluminados por 
otros cronistas, reciben en esta historia más (]ue conii)etente 
luz; su estilo, repito, no desdice de aíjuellos buenos tiemi)Os 
del habla castellana, y si la obra, individualmente conside- 
rada no tiene gran valor, en el conjunto de las historias y 



SECCIÓN OFICIAL 441 



crónicas de la época, disfruta de una autoridad complemen- 
taria é irrein])lazable. 

La primera edición se dio á luz en Ambers, el año de 
1555: 

^'Historia del descubrimiento y conquista de l^s Provin- 
cias del Perú y de los sucesos que en ella ha habido desde 
que se conquistó hasta que el Licenciado de la Gasca^ obispo 
de Siguenga volvió á estos reynos y de las cosas naturales 
que en dicha provincia se hallan dignas de memoria la cual 
escreuia Agustín de Zarate, Contador de mercedes de Su Ma- 
gestad^ siendo contador general de cuentas en aquella pro- 
vincia y en la de tierra firme. Ambers. Martin Nució. 155iV\ 

(En 12°. con 273 págs. fols.) 

La segrunda edición se hizo en Sevilla, el año 1577, y po- 
demos llamar tercera á la que insertó Barcia en sus Histo- 
riadores Primitivos de Indias. Vienen después en numeroso 
Héquito las ediciones francesas, enti-e las que podremos apun- 
tar la de 1706 (dos tomos en 8°. con 360 págs. el primero y 
519 el segundo); la de 1716 vdos tomos, también en 8°. con 
479 págs. fols.)yla de 1775 (dos tomos en 8°. con 360 pags. 
el primero y con 479 el segundo), y la de 1830 (dos tomos 
en 4°. con 317 págs. el primero y 443 el segundo). En 1663 
se publicó en Venecia una edición italiana de la historia de 
nuestro Zarate, ( en 4°. con 294 págs. fols.). 

En el orden cronológico de los historiadores del Perú no 
es posible omitir al Capitán Pedro Pizarro, natural de Extre- 
madura y, por ende, deudo del conquistador. Allá por los 
años de 1571 escribió una: 

Relación del descubrimiento y conquista de los Reynos 
del Perú y del Gobierno y orden que los naturales tenían^ y 
tesoros que en ellos se hallaron, y de las demás cosas que en 
él han sucedido hasta el día de la fecha. — Hechas por Pedro 
Pizarro, conquistador de estos dichos revnos y vecino de la 
ciudad de Arequipa. Año de 1571. 

Juzgando la obra de Pizarro con la mayor equidad posi. 
ble, es fuerza confesar que su Relación histórica, tiene para 
nosotros nniy escaso mérito. No hagamos cuenta de su desa- 
liñado y rústico lenguaje, que para quien busca la verdad en 
este linaje de escritos, esta es circunstancia más recomenda- 
ble, como que hasta cierto punto da á la obra un marcado 



442 REVIRTA HISTÓRICA 



sello de autenticidad: concretémonos sólo á la veracidad del 
relato y el examen de éste decidirá nuestro juicio. 

Comienza Tizarro por las expediciones que precedieron á 
la conquista, la sigue en la arriesgada acción de (Xia^marca. 
en el aniquilamiento del Imperio, en las guerras civiles, y 
concluye con la pacificación del Licenciado Gasea; hechos to- 
dos en que el autor intervino, salvo la rebelión de (lonzalo 
Pizarro, que el viejo y leal soldado siempre reprobó. En to- 
das estas narraciones le es muy difícil ocultar su espíritu de 
parcialidad, como enemigo del rebelde Pizarro; procura re- 
criminarlo y hacer su causa más odiosa de lo que es en sí: 
los pobres indios no le insi)iran más que desdén, y, por ende, 
todas las atrocidades de la conquista son para él perfecta- 
mente justiflcableíi. Con todo, él no pretende inclinar al lec- 
tor á esta ó á aquella parte, y si lo hace es de un modo muy 
sutil y delicado. Xo tiene pretensiones de letrado; i)ero las 
tiene de muv veraz, v así se atreve á atacar á Cieza v á cali- 
ficarlo de escritor venal, en sus narraciones antojadizo, y 
siempre dispuesto á quemar incienso en aras del interés. lis- 
to para mí es uno de sus májs injustificables errores, niáxi. 
me cuando la crónica deCieza aventaja en mucho á todas las 
crónicas de la época. 

Otro autor digno de particular mención, y cuya obra se- 
guramente que no conocéis, pues aun se conserva inéilita, es 
el Iltmo. Don Fr. Keginaldo de Lizárraga y Ovando, natural 
de Medellínen Extrmadura, religioso dominico y Obispo de la 
Im])erial en Chile. Da Lizárraga á su obra el título de Des- 
cripción y Población de las Indias y para con mayor facili- 
dad desarrollar el plan que se propone, la divide en dos par- 
tes, en extensión casi iguales: la primera tiene á la vez el ca- 
rácter de geográfica, política, estadística é histórica, y en 
ésto sin duda que yincho se identifi(ía con la primera parte de 
la ina|)reciable crónica de Ciezas. Este autor nos describe el 
l'eru tal como era cuando los conquistadores entraron en él 
V comenzaron su obra de transformación, v el P. Lizárraga 
nos lo describe cual quedó des])ués de esta transformación, 
poco más ó menos cincuenta años después de la conquista, 
cuando gobernaba el Virreinato el Conde de Monterrev. Co- 
mienza el autor su descripc'ión por la ciudad de Guayaquil, y 



SE(VIÓN OFICIA I. 443 



<le aquí desciende por la costa hasta la Ciudad de los Reyes, 
de la cual se ocupa extensa y minuciosamente; continúa su 
«¿•ira por la costa hasta la villa de Camaná, de donde pasa á 
Arequipa j)ara salir después con rumbo á Arica y proseguir 
su descripción por (.'hile y después volver al Norte y nueva- 
mente principiar por Quito, Riobamba, Cuenca y otras ciu- 
ílades de allende los Andes, hasta llegar al ('uzeo, á la Plata 
V finalmente al Tueumán. 

Es su estilo sencillo y casi vulgar, circunstancia que sin 
duda dá á la obra un sello de autenticidad bien definida. 
Sus relaciones geográficas son, por lo general, exactas, y sal- 
vo éste rt aquél cuentecillo poco serio, constituye una acaba- 
da pintura del estado del Peni á principios del siglo XVII. 

La segunda parte es mucho más histórica que la primera; 
allí nos da razón circunstanciada de muchos Obispos, Virre- 
yes y Provinciales: máxime del Marqués de Cañete, don An- 
drés Hurtado de Mendoza, cuj^a vida, menudamente narra. 

En orden á la veracidad, sin duda que muy poco deja 
que desear, como que él mismo se encarga de advertirnos 

í|ne narra lo que ha visto *'como hombre que llegó á este 

Perú más há de cincuenta años, muchacho de 15 años con 
mis padres que vinieron á Quito, desde donde, aunque en di- 
ferentes tiempos y edades, he visto muchas veces lo más y 
mejor de este Perú. De allí hasta Potosí, que son más de 600 
leguas, y desde allí al Reino de ('hile por tierra, que hay más 
de 500 leguas, atravezando todo el Reino de Tucumán. y á 
Chile me ha mandado la obeciencia ir por dos veces; esta que 
ao^bo de decir y fue la 2*.; y la primera por mar desde el 
puerto de la Ciudad de los Reyes. He dicho esto porque no 
hablaré de oídas sino muy poco, y entonces diré haberlo oído 
más á personas fidedignas, lo demás he visto con mis pro- 
pios ojos, y como dicen, palpado con las manos, por lo cual, 
lo visto es verdad y lo oído no menos; algunas cosas diré que 
])arecerá contra toda razón natural, á las cuales el incré<iulo 
dirá que de largas vías etc., mas el tal dará muestras de su 
corto entendimiento, porque no cn*en los hombres sino lo que 
sus patrias ven." 

A estos ligeros apuntes de crítica bibliográfica bien pu- 
diéramos añadir las Décadas de Hen-era relativi.s al Pei-ú, 



444 REVISTA HI8TÓHICA 



del propio modo que la Historia de Oviedo, la interesante 
Crónica del Palentino y mil otras Relaciones anónimas de 
conocida importancia, dignas de más dilatado estudio, y 
que rehuyen, desde luego, los cortos límites de un discurso 
académico. 

I^as precedentes historias, ademán de darnos algima idea 
de nuestra Patria antes de la conquista, nos servirán de 
punto de partida para formar la verdadera historia del Pe- 
rti. El hombre que con estos sillares emprenda la constinic- 
ción del edificio historial de nuestra Patria, no cometería 
jjecado contra la crítica, si consignara no tan solo las verda- 
des demostradas, mas también las afirmaciones personales 
de los primitivos historiadores, aunque desposeídas de ])rue- 
bas, y hasta lo mismo que hoy nos parece fabuloso y fantás- 
tico. La historia no es obra de un hombre ni de un día; tra- 
diciones hay no publicadas, papeles escondidos en archivos, 
monumentos todavía no descifrados, pueden mañana for- 
mar demostración de lo que hoy nos parece capricho de un 
escritor crédulo ó fantasmagoría de algún iluso. l)el)en, 
pues, ser narradas las cosas y calificadas tal como hoy nos 
parecen: lo cierto como cierto, lo probable como probable y 
lo fabuloso como fabuloso, dejando al tiempo. y á la fortuna 
de los críticos venideros, la prueba última de los presentpj» 
postulados. 

\j8í constancia, que es la gota que cava la peña, nos dará 
])or fruto una obra donde aparezcan grabadas \b» glorias de 
nuestros antepasados, ]mra l)endecirlas y emularlas; lo8 
errores de la fragilidad hunuina para lamentarlos y evitar- 
los, las evoluciones progresivas 6 los retrocesos de la Nación 
en particulares ramos de su vida pública, para continuar la*» 
primeras y remediar los segundos, de suerte que sea nuestra 
historia, á la vez que maestra de la verdad, estímulo de ince- 
sante acrecentamiento, y mirando atrás las genei-aciones, 
bendigan unánimes á los hombres abnegados impulsores y 
cantores de sus bienandanzas, los miembros del Instituto 
Histórico del Perú. 



8E0CIÓN OFICIAL 445 



CONTESTACIÓN DEL SEÑOR CARLOS A. ROMERO 



Excmo. Señor ; 
Señoras ; 

Señoree : 

Un precepto del Instituto me impone el grato deber de 
dirigiros la palabra en estie solemne día en que conmemora 
el segundo aniversario de su instalación y en que tiene el 
placer de recibir en su seno al distinguido bibliógrafo padre 
Fray Domingo Ángulo. 

No titubeó el Instituto al aceptar en su seno como uno 
de sus miembros de número al padre Ángulo, ma^s si algún 
escrúpulo hubiese existido, el conceptuoso discurso que acá* 
bamos de escuchar, lo disipa por completo. 

Tiene el paxire Ángulo predilección por los estudios bi- 
bliográficos, ramo que cultiva con talento y que sirve de 
sólida base no sólo al estudio de la Historia sino al de todos 
ios ramos del saber humano. Así como la rosa náutica mar- 
ca el rumbo al marino, así, la Bibliografía, indica al escritor 
los derroteros de las fuentes de información para sus traba- 
jos, ahorrándole investigaciones fatigosas. El bibliógrafos 
con sus afanes y sudores, acopia libros, escudriña archivos 
coordina sus apuntes á indica el derrotero de ellos para el 
común aprovechamiento. 

Necesariamente, todo trabajo resulta deficiente si antes 
no se consultan todas ó la mayor pai-te de las obras que 
tratan de la materia sobre que se desea escribir. Entonces es 

24 



446 REVISTA HIKTÓHICA 



cuando se palpa la utilidad de la Bibliof^raffa y lo árida y fa- 
tigosa que es la labor del bibliógrafo. 

Hasta mediados del siglo quince, los libros no cii-cula- 
ban sino en copias manuscritas, lo que tendía á hacer limita- 
dísima su cii*culac¡ón y á dificultar la producción intelectual. 
Vino el famoso descubrimiento de (iiittemberg á mediados 
de ese siglo y entonces hubo un verdadero desborde de la 
emisión del pensamiento. Estableciéronse im|>rent;as en casi 
todas la^s ciudades de importancia y los libros comenznron á 
imprimirse por millai'es, desde el abultado infolio hasta el 
minúsculo devocionario. Tal abunbandancia de publica- 
ciones hizo ver la necesidad de formar catálogos de los li- 
bros que salían de las pi-ensas y a«í tuvo su origen la Biblio- 
grafía. 

Se limitó éstaensus principios álaformación de biieves ín- 
dices ó catálogos de libros, sin crítica, sin ilustración alguna. 
Hoy se toma un libro, se descril)e su portada sin alterar ni 
lo más mínimo, se dá el lugar y fecha de su impresión, se ha- 
ce minuciosa.i'elación de sus preliminares, de su tamaño, del 
número de hojas de su texto y de los grabados ó particula- 
ridades que contenga. Luego se enumeran las edicioneis 
que de la obra se hayan hecho; se hnce un juicio crítico de 
ella y se ilustra la descripción con la biografía del autor y 
documentos que con éste ó con la obra misma se i^lacionen. 
Há aquí lo que es la Bibliografía crítica y razonada en el 
sentido moderno de la palabra. La labor del bibliógrafo, 
es pues, fatigosa y junto con una paciencia de benedictino 
se requiere un claro criterio y una ilustración superior para 
hacer apreciable su obra. 

Entre las bibliografías que revisten mayor interés para 
el Perú, tenemos, en ))rimer término, el Epítome de la Biblo- 
teca Oriental v Occidental de dcm Antonio de León Pinelo, 
oriundo de Portugal, pero que vino de tiernos años al Perú. 
Su libro puede considerarse como la primera bibliogi-afía 
americana, á la que el autor dedicó especial atención, pues 
como dice en su prólogo. *(!omienza ]>or lo más curioso y 
abatido (jue s(m los libros de Indias''. Viene en seguida la Bi- 
blioteca Hispano Nova, del sevillano don Nicolás Antonio y 
Bernal, impresa por primera vez en 1 672 y que contiene la re- 



8E0nÓN OFICIAL 447 



lación de los libros impresos desde 1500. Ocúpase en ella de 
muchos libros y autores americanos. 

Tenemos luejro los tres tomos del Epítome de la Bibliote- 
ca Oriental y Occidental publicados por don Andrés Gonzá- 
lez de Barcia en 1737, adicionando la obra de León Pinelo; 
la magnífica Bibliografía de Harrise, que es el verdadero 
fundador de la bibliografía metódica; los cuatro tomos del 
Ensayo de una biblioteca española de libros raros y curiosos, 
de Gallardo; el Diccionario de libros i-elativ^os á la América 
desde su descubrimiento hasta nuestros días, de Joseph Sa- 
bin, del cual llegaron á publicarse en Nueva York hasta 
1872, veinte tomos; la Bibliografía española de las lenguas 
iiidíjenas de América del ("onde de la Vinaza, obra muy nota- 
ble A pesar de las omisiones que tiene; la Bibliografía antro- 
pológica del Perú, de Jorge Dorsey, impresa en Chicago en 
1898; la Biblioteca Peruana de Rene Moreno, que es una bi- 
bliogafía de los libros peruanos que existen en la Biblioteca 
Nacional de Santiago v en la del Instituto Nacional de la 
misma ciuda 1; obra llena de apreciaciones y noticias muy 
valiosas, y otras muchas de menor importancia que sería 
largo enumerar. 

Pero lo que requiere particular mención son las obras 
bibliográficas de don José Toribio iledina, indiscutiblemente 
el más insigne de los bibliógrafos modernos. Son estas, por 
lo que al Perú respecta, su Bibliotefía Hispano Americana, 
en seis volúmenes, conteniendo la descripción de libros rela- 
tivos á América impresos en el Viejo Continente desde 14{>8 
hasta 1810, obra muy notable, preñada de xma erudición 
(jue admira. Sígnese la Biblioteca Hispano Chilena, llena de 
descripciones de libros, citas y noticias que pertenecen á la 
bibliografía peruana y por fin, su magistral obra la Impren- 
ta en Lima, cont/cniendo la descripción de los libros impresos 
en esta ciudad desde 1584 hasta 1810, cuvo cuarto v último 
tomo acaba de ver la luz en Santiago, obra tan notable y 
tan llena de erudición como las anteriores. 

Tin nuestro país, si no se ha dado preferencia á los estu- 
dios bibliográficos, tampoco se puede decir que hayan sido 
echados al olvido. Tenemos la Biblioteca Peruana del recor- 
dado historiador don Mariano Felipe Paz Soldán, que perte- 



448 REVISTA HISTÓRICA 



nece á la categoría de las bibliograffa>s simples, pero que 
presta incalculables servicios á los hombres de estudio. Fa- 
talmente la muerte sorprendió al autor antes que hubiese 
terminado la impresión de la obra y sólo llega á la letra 
P, pues está por orden alfabético. Tenemos luego el trabajo 
bibliográfico del señor Prince sobre los incunables peruanos, 
esto en, sobre los libros impresos en Lima desde 1584 hasta 
1650; la Bibliografía de Santa Rosa de Lima, del señor Coro- 
nel Zegarra, que son apuntes tomados de su espléndida bi- 
bliografía peniana, á que dedicó el autor gran parte de su 
vida y que permanece inédita, según entiendo, depositada en 
la Facultad de letras de la Univeraidad de íáan Marcos; ade- 
más, hay apreciables noticias sobre libros y autores conteni- 
das en las crónicas religiosas y libros de otra naturaleza. 

En pos de todos estos bibliógrafos extranjeros y nacio- 
nales, viene nuestro nuevo compañero el padi*e Ángulo con 
su bibliografía dominicana en el PerfS, obra wpleta de enidi- 
ción y de juicios atinados, próxima á ver la luz, y de cuya 
importancia ha podido penetrarse el Instituto. 

A riesgo de ofender la modestia de los autores, voy á ha- 
cer mención de otros dos tirabajos bibliográficos que están, 
pueíie decirse, listos para la impi-enta: dos piedras preciosas 
en poder del lapidario que han de deslumhrar con su brillo 
cuando salgan de manos del artirsta. Son éstas ]a bibliogra- 
fía eclesiástica del Perú formada con perseverante empeño 
por nuestro Secretario el señor don José Toribio Polo, y un 
tomo de adiciones á la imprenta en Lima de Medina, por 
nuestro sabio Vice-presidente el Doctor Patrón. Cuando estas 
obras hayan salido á luz, el Perú podrá preciarse de tener la 
bibliografía más completa que ningún otro país, hasta me- 
diados del siglo XIX, y no digo perfecta porque en Biblio- 
grafía jamás se llega á la perfección. 

Aquí debiera poner fin á este breve discurso si aún no tu- 
viese que llenar un deber, un delier muy penoso, señores, 
porque á la satisfacción que siente el Instituto al recibir en 
su seno un nuevo miembro que comparta con nosotros las 
tareas que nos hemos impuesto, vá siempre ligado el doloro- 
so ivenerdo de la desaparición de otro de su miembros. Pero 
esta es ley fatal de la Naturaleza y el Instituto Histórico que 
lamente la muerte de cuatro de sus miembros apenas en dos 



SECCIÓN OFICIAL 449 



años de existencia, ha tenido la fortuna de compensar pérdi- 
das tan lastimosas admitiendo en su seno & otros hombres 
no menos bien preparados para llenar los fines que le enco- 
mendara el ilustre Gobernante que deci'etrt su creación. 

Viene el distinguido padre Ángulo á ocupar el sillón que 
quedara vacante por muerte del señor D. Manuel Jesús Obín. 
Fué nuestro lamentado compañero una inteligencia cultiva- 
dísima, periodista notable, muy versado financista, que nos 
ha legado un apreciable trabajo sobre la indepedencia del 
Perú y otro sobre su primer Congreso Constituyente, pero á 
quien la lucha por la existencia y la.8 vicisitudes políticas no 
permitieron dedicar á lucubraciones históricas todo el tiem- 
po que hubiera sido de desearse. 

El Instituto Histórico, señores, lamenta muy sincera- 
mente la prematura desaparición del señor Obín. 



450 REVISTA HISTÓRICA 



CONFERENCIA ARQUEOLÓGICA DEL DOCTOR UHLE 



Excino. Señor; 
Señoras; 

Señores: 

V. Excelencia me honra altamente presenciando la pri- 
mera conferencia, con la cual abro hoy nn cnrso sobre Ar- 
queología. 

Memorable como el 29 de julio del906, dfa en que V. 
Excelencia inauguró en el país el Museo Histórico, es también 
él en que inaugura un curso de conferencias sobre Arqueo- 
logía. 

Poniué el Perú desempeñó tan importante papel entre 
los antiguos pueblos civilizados de América, y es más rico 
que ningiín otro en este continente, quizá más que ningún 
otro de la tierra, en restos de ún glorioso pasado. 

El cui-so debe servir para desa rrollar ant-e la vista de los 
hijos del país en breves rasgos la prehistoria de esta tierra: 
un honor para ellos mismos, un ejemplo para su futura acti- 
vidad civilizadora. 

Porque la Arqueología es la ciencia que recompone las for- 
mas de vida de pueblos desaparecidos, sacándolas de los i-es- 
tosque han dejado, principalmente délos que quedaron ente- 
rrados en el suelo. 

Con la evolución de la Ciencia ha progresado también la 
Arqueología — (jue, en su origen, solamente significábala des- 
cripción y la explicación de los restos de generaciones pasa- 



SECCIÓN OFICIAL 451 



ií:\ 



(la«, como monedas, estatuas,— á una de las ciencias máw 
importantes, que da la mano á la Historia, á la investiga- 
ción de los hechos notables de los pueblos vivos, y penetra 
en profundidades, adonde la hermana mayor no puede lle- 
gar con sus teorías. 

Por los años cuarenta del siglo pasado comenzó Layard 
sus memí)rables excavaciones en Nínive, que llegaron á ser 
el fundamento para la moderna assiriología. 

En el Egipto, apoyados en las investigaciones de Cham- 
pollion, siguieron los descubrimientos de la moderna egip- 
tología. 

En Francia y en el norte de Europa, se formaron socie- 
dades para penetrar en la pre-historia de su suelo. 

En el siglo antepasado, bajo el nombre de Arqueología, se 
entendía la descripción y clasificación de los monumentos 
del arte griego y romano. Pero desde que en él último cuar- 
to del siglo pasado Schliemann inició sus excavaciones en 
Troya, se profundizó también en Europa el estudio de la an- 
tigüedad auna arqueología histórica, al estudio de su ori- 
gen y de su civilización. 

Solamente para los pueblos civilizados americanos ha- 
bía faltado hast^ ahora una arqueología en el mismo sen- 
tido eleva-do. 

En el sentido en el cual escribió en 1889 Siebcld á Jomard, 
el fundador del primer museo etnológico en J^arís: 

'^Investigaciones comparadas ó arqueológicas etnológi- 
cas, y en conexión museos adecuados, — son necesarias por 
el gran parecido que existe entre pueblos pasados y presen- 
tes'' — en Europa comunmente se ha mirado la arqueología 
americana solament/e del punto de vista etnológico. 

Solamente para provee:- de material y de tópicos gene- 
rales á las leyes de la evolución de la humanidnd, debía ser 
litil la arqueología americana. 

Después de 1880 habla el fundador de la etnología en 
Alemania, Adolfo Bastian,— quien viajó en América,— del 
quietismo inamovible de los pueblos americanos, que solo 
raras veces fué sacudido para entrar en un desarrollo apa- 
lea te.— y de la falta de condiciones preliminares para una 
historia— por la ausencia de un lazo que los unía con los de- 
más pueblos de la historia universal. 



452 REVIBTA HISTÓRICA 



Y taleB ideas eran naturales en su tiempo. 

Todos los sucesos en la distancia despiertan en nosotros 
siempi*e la suposición de una estabilidad exterior, porque 
ante nuestra vista se pone demasiado lo jcreneral y pcxjo lo 
particular. Así también para los chino» son los euix)peos 
desde millares de años los bárbaros del Oeste y vice-versa. 

Una segunda razón porque en 1880 Bnstian no percibió 
sucesos históricos en lo» pueolos americanos, era la pobi'ezn 

de los restos de sus antiguas civilizaciones que habían llega- 
do á Kuropa. 

El habla de la miseria de migajas pintarrajeadas de civi- 
lizacionnes americanas en los nmseos, mientras los estudios 
pre-histórieos ya habían adelantado mucho en el suelo de la 
patria. 

Nosotros aquí vemos los sucesos de un modo completji- 
mente distinto. Nos encontramos en medio de los antiguos 
restos, de las huellas de la evolución histórica de los pueblos 
^ue antes han vivido aquí, y manifestando ellos alto grado 
de civilización, la cual es **el medio de facilitar su vida diaria 
por medio de sus fuerzas intelectuales", los suc:esos históri- 
cos en ellos no eran menos importantes,— aunque no fuesen 
escrito» sino sobre documentos arqueológicos, — que en lo» 
pueblos civilizados de Europa. 

Es un deber de honor de estos países destruir el prejuicio 
europeo, que las civilizaciones americanas no hayan tenido 
historia! 

También hay que agregar otra cosa. 

Tan numerosos tesoro» como tengan en restos pre-histó- 
ricos peruanos los museo» europeos, tan brillantes adquisi- 
ciones como hagan, la historia de estos países solamente po- 
drá ser escrita aquí. 

Porque los objetos que traigan los huaqueros, han pei-di- 
do en el camino desde el suelo en el cual se encontraron, has- 
ta los escaparates en los cuales se encuentran colocados, la 
mejor parte de su valor documentario. Aún una gran acu- 
mulación de tesoros de la civilización peruana, si no forman 
directamente documentos de investigación científica, no se- 
rán otra cosa, como lo dice Bastian, sinc — miga jas pintarra. 
jeadas, de las cuales no se pueden construir imágenes com- 
pactas. 



se(x?i6n oficial 453 



Se puede, con un material escojido, tal vez describir su 
civilización, pero jamás se podrá estudiar su historia. Nadie 
lo sabe mejor que yo, porque he trabajado diez años en mu- 
seos europeos y nunca podía encontrar la clave de la evolu- 
ción histórica. 

Por consiguiente, la historia de los países americanos 
debe S'^r escrita en América, la historia antigua del Pero en 
el Perú. No permitiremos que se nos objete que nuestros 
países no han tenido historia, sabiéndolo mejor nosotros. 

En otro respeto, los estudios arqueológicos históricos 
hechos en el Perú tienen un lugar especial en América. 

Aquí se ha logrado á descubrir capas sobrepuestas de 
(ñvilizaciones, que ilustran una continuidad de sucesos his- 
tóricos, y aseguran por lo menos una cronología prelimi- 
narmente general, lo que no se ha logrado en ningún otro 
país de América, hasta ahora ni se ha tentado con éxito ha- 
cerlo. 

La investigación arqueológica de la República Argenti- 
na con hombres como Ambrosetti, Lafone Quevedo, Tur- 
neres muy activa, pero todavía no ha podido descubrir 
ninguna teoría dominante para sus estudios. 

México tiene nombres famosos, como ('havero, Orozco y 
Berra, Foerstemann,Seler, Zelia Nuttall, pero se ocupan úni- 
camente con la descripción de los antiguos monumentos, ó de 
tentativas para descifrar sus geroglíflcos. 

Pero, de todos modos es cierto que la exploración de los 
sucesos históricos es de mayor importancia que el descifrar 
\oH detalles figurativos. 

La arqueología de Norte América, — un campo tan rico é 
importante que posee para el trabajo, — desgraciadamente 
hasta ahora es más descriptiva que histórica. 

Una prueba de ésto dan las pi'imeras críticas desfavora- 
bles que mi manuscrito sobre Pachacámac sufrió en círculos 
particulares, tachándoseme que, en lugar de entrar en conclu- 
siones históricas, debería haber descrito solamente los obje- 
tos hallados. 

Espero que la iniciativa de V. Excelencia, introduciendo 
en este país conferencias arqueológicav^, ^ev& también la se- 
ñal para un cambio en la investigación irqueológica en una 
gran parte de este continente. 

25 



454 REVI8TA HISTÓRICA 



Por la gran extensión del imperio délos Incas, las épocas 
de la civilización cpie i)odemos fijar para el Perú, pasan tam- 
bien á los jjaíses vecinos. 

El período y la civilización incaica, qne pai^ece suelta an- 
te nuestra vista histórica particular del Peiní, también se 
presenta en los i)aíses vecinos, como Bolivia, Argentina, Chi- 
le V Ecuador. 

Por este motivo se construye también, antes de todo, 
para el arqueólogo en la Argentina una época incaica, y, por 
consiguiente, invita por sf mismo á la construcción cronoló- 
gica de las anteriores. 

Lo mismo vale para el Ecuador, en cuya altiplanicie ha- 
bían puesto tan firmement/e su pie los Incas y han dejado 
tantos restos. Los numerosos restos que encierra la alti- 
planicie, con el tiempo se arreglarán cronológicamente de un 
modo parecido á los peruanos. 

Las formas de la civilización de la altiplanicie ecuatoria- 
na tienen mucha analogía y referencias con los pueblos del 
valle del Cauca, donde también tenían sus colonias los Chib- 
chas, y, estando parecidas las circunsta-ncias de estos con 
los de Centro América hasta Nicaragua, llegaremos con el 
progreso histórico de los estudios arqueológicos deSud Amé- 
rica hasta los límites del poder de los Aztecas, que en Costa- 
Rica todavía han tenido algunas colonias. 

Ahí se podrá comprobar el modo como se encontraron 
el movimiento histórico del Norte, de Méjico y Yucatán, con 
el que se efectuó en el Sur. 



II. 



La arqueología de América, ideada simplemente por sus 
fundadores como etnografía, se transforma de este modo en 
una ciencia importante, cuyo puesto está en el medio entre 
la Historia y la Etnología. 

A los pueblos de América ella dirá lo mismo como á las 
naciones de Europa las investigaciones de Europa y de los 
demás países al rededor del Mediterráneo, que, separados 
en su origen, por el aumento de relaciones que entre sitie- 



SECCIÓN OFICIAL 455 



nen, se transforman más y m&» á una historia del origen de 
los pueblos del Oeste del mundo antiguo. 

Por los fines que persigue, por los medios que emplea, 
por los caminos que toma para alcanzar sus fines, posee la 
Arqueología, como todo el círculo de ciencias entre sí, nume- 
rosos puntos de contacto con las demás ciencias relacio- 
nadas. 

Tiene en común con la Antropología el objeto físico y psí- 
quico, — ^al hombre,— con el cual se ocupa. En sus conclusio- 
nes depende muchas veces de la observación de los caracteres 
físicos del hombre, y también, sin esos, nunca puede proceder 
sin las ciencias naturales, en cuanto su cultura en todas par- 
tes es solamente una emanación de las condiciones de su 
milieu. 

En la formación de sus moradas siempre se adapta A las 
condiciones de la naturaleza, y después de su muerte obran 
las condiciones eternamente estables de la naturaleza del mo- 
do mas variado sobre sus restos, lo cual, por este motivo, 
también debe tomarse en cuenta, practicando la investi- 
gación . 

Como ciencia de las civilizaciones, la Arqueología muchas 
veces tiene que pedir consejos de la Lingüística, porque civili- 
sación é idioma casi siempre van mano á mano. Con el cam- 
bio del idioma cambia comunmente también el carácter de la 
civilización. Pero cuanto menos es que ha quedado de las 
lenguas de los pueblos desaparecidos, tanto más valioso es 
el tesoro que se ha conservado en nombres de lugares y dis- 
persos dialectos, y nos da indicaciones sobre los límites divi- 
sorios entre pueblos desaparecidos. 

Cuanto menos tenemos que esperar de aquel lado, tanto 
más valiosas son todas las aclaraciones que nos debe dar el 
método etnológico. 

Al lado de indicaciones históricas de antiguas crónicas y 
de la tradición, que ha quedado entre el pueblo, las fuentes 
principales de su reconocimiento son por esto los antiguos 
restos, monumentos, edificios, hallazgos en las tumbas. 

Un buen arqueólogo del)e ser al mismo tiempo un etnólo- 
go educado. 

Debe tener un conocimiento vasto de las diferentes for- 
mas, las cuales rigen, como lej'es, la vida de los pueblos al 



456 REVISTA HISTÓRICA 



rededor del mundo. Porque tan poco como un pueblo puede 
«alir del círculo freneral de su civilización, entre las forman de 
la cultura del mundo se repite casi cada detalle, más ó rae- 
nos exacto, en lug:are8 y épocas más ó menos distantes, ó 
presenta analogías culminantes. 

Porque como toda la naturaleza, la vida i)síquica de los 
pueblos está sometida á leyes generales de su formación t de 
su desarrollo. 

Al arqueólogo deben ser íntimamente familiares las nuil- 
tiples formas en que armas, útiles, embarcaciones, habita- 
ciones, indumentaria aparecen entre los pueblos del mundo: 
las leyes de ornamentación y las leyes generales del desarro- 
llo délas civilizaciones casi más que á uno que solamente 
práctica estudios etnológicos. 

Porque cuando ya fallen los medios de la observación 
lingüística ó histórica, estas todavía ofrecen un tesoro ina- 
cabable de reconocimiento, y bien empleadas suelen ayudarle 
más de lo que espera de ellos en general el etnólogo. 

Está fuera de toda discusión que el arqueólogo debe co- 
nocer también á fondo las diferentes escalas de la organiza- 
ción social, V las difei'entes formas de la manifestación del es- 
píritu i-eligioso en los pueblos, folklore, y la variedad de cos- 
tumbres, que marcan las diferentes estaciones de la vida. 

Porque como estos se manifiestan en muchas formas 
prá^íticas en la vida de las naciones, así también el arqueólo- 
go, en sus hallazgos, en todas partes encuentra sus efectos, y 
solamente puede darse exacta cuenta de ellos por el conoci- 
miento íntimo de las formas visibles que ellos suelen produ- 
cir en las naciones. 

('on esta preparación científica, el arqueólogo puede po- 
ner la medida á las ruinas, la lampa al descubrimiento de los 
documentos históricos, ocultos en la tierra, y entonces de- 
muestran sus efectos las calidades particulares, los métodos 
es])eciales que debe poseer. 

Debe tener una percepción inteligente para las circuns- 
tancias las más mínimas de lo que encuentra, y clasificarlas 
exactamente. 

Kn el lugar de las excavaciones y en el momento en que 
las praf'tica, debe saber aplicar con precisión las leyes que ri- 
sreii el cará(*ter estilístico v las formas de su desarrollo. 



SECTIÓX OFICIAL 457 



(^omo el cirujano al poner el cuchillo, debe formarse en el 
momento un juicio exacto de las circunstancias que acompa- 
ñan la operación, también el arqueólogo, cuando emprende 
una excavación sin juicio, pierde para siempre el resultado 
de su trabajo. 

Ojalá que el Gobierno fínalmente preste su protección á 
los objetos, en los cuales opera el arqueólogo peruano, para 
que las excavaciones en el país ya no sean en ninguna parte 
carnicerías efectuadas por ignorantes, sino operaciones cien- 
tíficas é inteligentes, que sirvan para su objeto histórico y di. 
cipen las nubes que envuelven el pasado. 

Con medios insignificantes, protegida por el Gobierno, la 
Arqueología está en la situación de producir los mayores 
efectos, y se parece en esto á la Paleontología, que de pocos 
i"e«tOH petrificados está construyendo el colosal edificio de la 
historia de nuestra tierra, que pasa por eones. 

¿Y donde hay un objeto que sea mas próximo al hombre, 
que el hombre? A los pueblos no hay nada mas próximo que 
su propia historia. 

Memorable es, por consiguiente, el día en el cual V. Exce- 
lencia inaugura los estudios arqueológicos en este desde an- 
tes históricamente tan importante país, y con fundadas es- 
peranzas á altos y elevados fines entremos en nuestros es- 
tudios. 



I 




Caires y correspondencia dir^anse al Director 
de la REVISTA HISTÓRICA, seftor C. A. Romero, 
apartado de Correos número 655. 

Lugar de venta y suscripción: LIBRERÍA 
FRANCESA, Unión 682, Lima. 



'mt'mmrm r^mmm m'm^mmmrmrmt^m^^mmmif m'mmm^im ^mmm mrm^^mf mr^ w 



Revista Rístórica 



ÓroüNO del 1n$tttMo Ristórko dtl Ptrí 






SUMARIO 

Descripción y población de las Indias, por Fr. Reginaldo de 

Lizárraj2:a (conclusión ). 
Blas Valera, por José T. Polo. 
La leyenda de Jauja, por M. González de la Rosa. 
Hospital de San Juan de Dios de Arequipa, por Mariano 

A. Cateriano. 
Notas Bibliográñcas. 



Tomo II— Trimestre IV. 



I^HwTA-FBR-TJ 



Imprenta '^Amerioana"— Calle del Baetro de San Franoisoo, N. 67. 



1©07 



Iristitüto Histórico del Perú 



DIRECTORIO PARA 1906-1908. 



PREHIDENTE NATO 

El Exemo. Sr. Presidente de la Reptiblica. 

VICE-iMíEHIhENTE NATO 

El Sr. Ministro de Instrnoeirtn Publica. 

PRESIDENTE 

1). Eugenio Larrabnre y Unanne. 

PRIMEK VICE-PKESIDENTE 

Dr. I). Mariano I. Prado y Upirteche. 

SECiUNDO VICE-PKESIDENTE 

lh\ I). Pablo Patrón. 

SECRETA KIO 

1). José Toribio Polo. 

PRO-SECRETA ino 

1). Rosendo Meló. 

TESORERO 

I). Ricardo Cía reía Rosell. 

DIRECTOR DE LA REVISTA HISTÓRICA 

1). Carlos A. Romero. 

INSPECTOR DEL AKCHIVO NACIONAL 

1). Carlos Paz Soldán. 

DIRECTOR DEL MCSEO DE HISTORIA NACIONAL 

Dr. Max. Thle. 



^^"•^^^ - — ^*^ 



DESCRIPCIÓN 



POBLACIÓN DE LAS INDIAS 



POR FR. REGINALDO DE LIZARRAGA 



D£ LOS PBELADOS ECLESIÁSTICOS BEL BEINO DEL PEBlt 

Desde el Rvdmo. Gerónimo de Loaiza de buena memoria, y de los Virreyes que io 

han gobernado y cosas sucedidas desde don Antonio de Mendoza 
hasta el Conde de Monterrey, y de los Gobernadores de Tucumán y Chile, etc., etc. 



rAÍ^ÍTULO I. 



DE LOS PKELAD08 ECLESIÁSTICOS 

Habiendo tratado con la brevedad posible la descripción 
de este Reino del Perfi, sus cindades, caminos y las costum- 
bres y calidades de los naturales y de los (jue nacen en el, 
nos es también forzoso tratar de los obispos y arzobispos 
que habemos conocido y tratado; y comenzando desde la 
ciudad de Quito, el obispo primero de aquella ciudad fué el 
Rvmo. I). García Diez Arias, clérigo, de cuya mano recibí, 
siendo muchacho, la primera tonsura; varón no muy docto, 
amicfssimo del choro; todos los días no faltaba de misa ma- 
yor ni vísperas, á cuya causa venían los pocos prebendados 



460 REVISTA HISTÓRICA 



que á la sazón había en la ciudad é Iglesia y le acompaña- 
ban á ella y le volvían á su casa. Los sábados jamás faltaba 
de la misa de Nuestra Señora. Gran eclesiástico, su Iglesia 
muy bien servida con mucha míísica y muy buena de canto 
de ói'gano. En esta sazón el Obispo era muy pobre; ahora ha 
subido los diezmos y tiene bastante renta. Era alto.de cuer- 
po, bien proporcionado, buen rostro, blanco, y representaba 
bien autoridad y la guardaba con una Uanezay humildad que 
le adornaba mucho. Murió en buena vejez. Comienza el obis- 
pado desde la ciudad de Pa«to, 40 leguas más abajo de Qui- 
to, hasta el valle de Jaj'anca. Sucedióle el Rvmo. Fr. Pedro 
de la Peña, religioso de nuestra sagrada religión, habiendo 
sido primero provincial; varón docto y muy cristiano. Mu- 
rió en la Ciudad de los Reyes; dejó su hacienda á la Inquisi- 
ción. Después de su muerte, fué gobernado algunos años es- 
te obispado por la sede vacante. ha<sta que se proveyó al 
Rvmo. Fr. Antonio de San Miguel, religioso del orden de 
San Francisco, varón apostólico. A éste sucedió el Rvmo. 
Fr. Luis López, del orden de nuestro padre San Agustín, va- 
rón de gran gobierno y docto, el cual en este Reino fué dos 
veces provincial, gobernando sus religiosos con vida y ejem- 
plo, libre de toda codicia, y finalmente, con las obras ense- 
ñaba en lo que le habían de imitar sus religiosos, porque en 
los trabajo^ y observancias era el primero. 

■ 

(^IPÍTULO IL 



DEL ILUSTKÍSSIMO FRAY GERÓNIMO DE LOAVZA, ARZOBISPO 

DE LOS REYES 

El limo. Fr. (ierónimo de Loayza, Arzobispo de los Re- 
yes, de nuestra sagrada religión, varón de euantíis buenaH 
partes se puedan imaginai*, á quien se puede decir no le hizo 
ventaja su tío, el limo. Fr. García de Loayza, Arzobispo de 
Sevilla, de la misma sagrada religión nuestra, con haber si- 
do uno de los valerosos varones que ha producido nuestra 
España: y en la rebelión y tiranía de Francisco Hernández, 
fué nombrado por Capitán (Jeneral del campo de su Mages- 



DESCRIPCIÓN Y POBLACIÓN DE LAS INDIAS 461 

tad, juntamente con otros dos oidores: el Dr.Saravia y el Li- 
cenciado Hernando de Santillán, hasta que se nombró á Pa- 
blo deMeneses por General. Oí decir que habiendo venido por 
Virrey don Francisco de Toledo, se le ofreció una consulta 
con los obispos, y dícese quedó enamoradíssirao de nuestro 
Rrmo. Loaysa en gran manera. Tenía don Francisco de To- 
ledo unas entrañas piadosíssimas para los pobres, á los que 
recibía y consolaba como padre de los indios de todo el Rei- 
no. Era muy amado porque sabían cuanto en lo justo les fa- 
vorecía, y así con todas sus cosas venían á él, á los cuales 
cuando era necesario reprendía y castigaba como padre 
amantíssimo. Ejecutándolo mismo nuestro Rvmo. en su Igle- 
»ia, que mientras vivió fué muy bien servida, los oficios divi- 
nos, con gran cuida,do celebrados. Adornó su Iglesia de bue- 
nos ornamentos de brocado bordados, á su costa, y mandó 
hacer la custodia que ahora se usa parael Santíssimo Sacra- 
mento, de plata, j' dio la custodia de oro en que se pone el 
Santíssimo Sacramento, que vale 3,000 pesos de oro. En su 
tiempo, gol:)ernando el Marqués de Cañete, de buena memoria, 
lina moza liviana se flingió endemoniada, la cual alborotaba 
la ciudad, y como era ficción, los conjuros y exorcismos de 
la Iglesia no aprovechaban más que en una piedra. Llévenla 
á la Iglesia mayor, á los curas con gran copia de muchachos 
tras ella, en cuerpo, con un rostro muy desvergonzado. El 
ArzobiHpo afiigíase; mandó se la llevasen al hospital de San- 
ta Ana, donde la mayor parte del tiempo vivía, lleváronsela; 
exorcizóla, y era como quien exorciza á una piedra. Sucedió 
que un día le fué á visitar y besar las manos un religioso 
nuestro, Fr. Gil González Dávila; hallóle muy afligido y llo- 
roso, y jireguntándole la causa, respondió: no me tengo de 
afligir que sea yo tan desventurado, que en todo mi Arzo- 
bispado no haya quien pueda echar un demonio del cuerpo 
de una moza, que yo propio la he exorcizado. El religioso le 
dijor—^uplico áV.S.*^ mande que me la lleven mañana á casa; 
vo la exorcizaré. Hízose así, v otro día mandó llevasen la 
moza á nuestro convento, y llamado el padre Fr. Gil á la 
capilla de San Gerónimo, donde estaba la endemoniada fingi- 
da, en viéndole entrar díjole ciertas palabras afrentosas, lia" 
mandóle capilludo, que qué quería ó qué buscaba. El religioso 
luego como halló ser ficción y maldad, y al cura que la lleva- 



462 REVISTA HÍ8TÓRICA 



ba llamado el padre Valle, dícele:— dij^a vuestra merced al se- 
ñor Arzobispo, que esta desvergonzada no tiene demonio, y 
el que tiene se le quitará con muy crudos asote:^. Y acertó en 
esto, porque volviéndola á su casa, no fíngio más el demo- 
nio, y se conoció que por usar de su cuerpo deshonestamente 
con un hombre, fingió aquella maldad y remaneció preñada. 
Muchas cosas (si de años atrasados fuera mi intento hacer 
este breve compendio) se pudieran escribir; por ventura, 
o+^ros las tendrán notadas, las que si por extenso se hubieran 
de tratar, requerían un libro entero: para imestro intento 
sea suficiente decir que fué un Pi*elado en toda virtud consu- 
mado, y que la Magestad de Nuestro Señor provea de que 
los sucesores suyos, sean como este limo, señor. Finalmente^ 
lleno de buenas obran, dio su ánima al Señor y está enterra- 
do en los Reyes, en su hospital, en la capilla, llorado de todo 
el Reino, pobres y ricos. 



(;apítulo iil 



DEL 1LU8TRÍS8IMO MOGROVEJO 



Sucedió en la Silla Arzobispal, el limo. D. Toribio Alfon- 
so Mogrovejo,queal pi^esentejoabilíssimamente vive. Varón 
consumado en toda virtud, celosíssimo de sus ovejas y en 
particular de los naturales, por el bien de los cuales nunca 
deja de andar visitando su Arzobispado: el cual no creo que 
ha vivido en más de 24 años que tiene la silla 8 en la ciudad 
de los Reyes, ocupado en caminos bien ásperos. Es gi-au li- 
mosnero, porque le ha sucedido llegar á pedir limosna un 
buen cristiano que en la ciudad de los Reyes se ocupa en te- 
ner cuidado de buscar de comer, llamado Vicente, para los 
pobres y acudirles con limosna de lo que pide, y llegar y de- 
cirle:— Señor, los pobres no tienen qué comer; y librarle buena 
porción de plata en D. Francisco de (guiñones, casado con 
una hermana del Sr. Arzobispo, y por responderle no había 
plata, que se había dado en limosnas, echar mano el Sr. 
Arzobispo á la tapicería y venderla y socorrer á los pobres. 
Las penas en que se condena á los clérigos descuidados y que 



DESCRIPCIÓN Y POBLACIÓN DE LAS INDIAS 463 



no cumplen con lo que deben, las aplica á un colegio que ha- 
ce en la Ciudad de los Reyes, que será cosa principal. Cuando 
ivside en la ciudad, pocos domingos 6 días festivos deja de 
asistir á los oficios divinos, amicíssimo de que todos los do- 
mingos del año haya sermones en todas partes. Con el Mar- 
quA* de Cañete, el segundo, tuvo no sé qué pesadumbres so- 
bre las cei-emonias que A los virreyes se hacen en la misa, por 
lo cual huyó de entrar en la ciudad: más quería vivir ausente 
de ella en paz, que en ella con pesadumbre; finalmente, hasta 
ahora hace su oficio como un apóstol. 

ÍAPÍTULO IV, 

DE LOS REVERENDÍSSIMOS DEL CUZCO 

I^a (.'atedral del Cuzco también ha tenido boníssimorf pre- 
lados: el primero el Rvmo, Fr. Juan Solano, de nuestra sa 
grada religión, el cual, gobernando el Marqués de Cañete, se 
fué á España y de allí á Koma, donde vivió muchos años y 
acabó loablemente en buena vejez. Sucedióle don Sebastián 
(le I^artaún, doctor por Alcalá de Henares, guipuzcoano, va* 
van doctíssimo, y por sus letras norainatíssimo en aquella 
Universidad. Tuvo muchoH trabajos en este Reino y el mayor 
fué un falso testimonio que le levantaron, diciendo, que en el 
Cuzco había hecho compañía para sacar un tesoro con el Li- 
cenciado Gamarra, médico, y el (.'apitán Martín de Olmos, en- 
comendero de la misma ciudad, del hábito de Santiago; pero 
dejando aparte el extravío que se les causó, Ínterin se hacían 
averiguaciones, se publicó el falso testimonio, que lo habían 
depuesto tres clérigos, que los ti*eH tuvieron muy mala muer- 
te; y hallándose el limo, comprendido en el falso testimonio, 
desterrado en Lima, dióle una enfermedad (de que murió) y 
en su testamento hizo una declaración del tenor siguiente: 

Declaración, — Por cuanto en el Santo Concilio Provincial 
que se celebra en esta ciudad se han tratado y tratan mu- 
chas causas civiles y criminales de parte de muchas personas 
contra su señoría Rvma. y su señoría contra ellas en defensa 
de .su honra y autoridad ei)Í8copal; quiere, y es su voluntad, 
que las dichas causas se sigan y fenezcan en cuanto toca á 



464 REVISTA HISTÓRICA 



la defensa de su honra y fama, y la definición dello quiere 
se lleve anta Su Santidad, y del Rey nuestro señor si fuere 
necesario, para que cíonste de su limpieza; y en lo demás, que 
su señoría perdona de todo corazón á todas aquellas perso- 
nas que le han ofendido é injuriado, por escrito 6 por pala- 4 
bra, ó de otra manera, para que Dios Nuestro Señor le perdo- 
ne sus culpas y pecados. 

Siguiéronse sus causas, y por los señores Obispos y Jue- 
ces nombrados por el Santo Concilio, conviene A saber: don 
Fr. Francisco de Victoria, Obispo de Tucumán, Don Alonso 
Dávalos Granero, Obispo de La Plata, y Don Fr. Alonso 
Guerra, Obispo del Paraguay, se pronunció la sent-encia si- 
guiente : 

Sentejnc/a.— Fallamos, que la parte del Bachiller Sánchez 
de Renedo, fiscal, nu probó cosa alguna de lo contenido en su 
acusación, hecha por la delación del dicho Diego de Sabredo, 
y puesta contra el dicho Rvmo. del Cuzco: damos y declara- 
mos su intención por no probada, y el dicho Rvmo. del Cuz- 
co y sus procuinidores, en su nombi*e (por haber muerto) 
probaron sus excepciones y defensiones cumplidamente, y así 
lo declaramos. En cu va c:)nsecnencia debemos dar y damos 
al dicho Rvmo. Obispo D. Sebastián de Lartáún por libi-e de 
todo lo contra él pedido y acusado en esta causa; y declara- 
mos haber sido injustamente acusado por estar inocente y 
sin culpa de lo contenido en los cajrftulos y querellas que le 
fueron puestos; condenando, como condenamos, al dicho dela- 
tor y al fiador por él dado en las costas y gastos por el di- 
cho Rvmo. Obisi)o hechos, cuya tasación nos reservamos por 
esta nuestra sentencia definitiva, la cual es fecha en los Re- 
yes, á 7 de noviembre de 83. 

Sucedióle el Rvmo. Fr. Gregorio de Montalvo, de nuestra 
sagrada religión. Obispo primero de Yucatán, en los Reinos 
de México, varón religioso y muy docto, que vivió poco en la 
silla, y al presente acaba de llegar de España el Rvmo. de la 
(^ániarav Raya. No le conozco; su fama es mucha de Cristian- 
dad y todo género de virtudes. Nuestro Señor le conserve por 
muchos años. ^ 



DESCIMPCIÓN Y POBLACIÓN DK I.A8 INDIAS 465 



^ 



(WPÍTULO V. 



D£ LOS KEVERENDÍSSLMOS DE LA PLATA 

El primer obispo nombrado para la ciudad de La Plata 
fué el Regente Fr. Tomás de San Martín, de nuestra or- 
den, varón de mucho pecho y valor, y muy docto; después 
del cual, sucedió el Rvmo. Fr. Domingo de Santo Tomás, 
doctíssimo, gran predicador y de todas las demás buenas 
partes que se pueden imaginar. A este santo obispo sucedió 
el Rvmo. 1). Fernando de Santillán, que fué Oidor en Lima y 
Presidente de Quito, donde tuvo muy grandes trabajos y tes- 
timonios falsos que le levantaron. Sacóle Nuestro Señor 
dellos y sublimóle A la Catedral de La Plata. No llegó á sen- 
tarse en su silla porque murió en Los Re^'es. Su muerte fué 
bien llorada; no hacía un mes que se había tomado la pose- 
sión del obispado por él, cuando luego llegó la nueva de su 
¡r muerte. Varón de grandes prendas y de mucha virtud, aun- 

que fué primero casado. 

A este famoso varón sucedió el Rvmo. Granero de Aba- 
les, clérigo; no sé que dejase memoria de sí, mas de haber 
entablado la cuarta funeral en su obispado, y con todo lo 
(jue se aumentó la renta hacia sí, se dice que al tiempo de es- 
pirar sólo había quedado en su casa un candelero de plata 
con una vela ardiendo, sin más prenda de valor, y que llegó 
un criado, y que poniendo la vela entre dos ladrillos, se llevó 
el candelero: v de esta suerte acabó sus días. La hacienda no 
sé qué se hizo. Más vale morir pobremente con bendición del 
Señor, que rico y desamparado. Dicen estaba muy mal quisto 
con sus prebendados y otros, por cuj^a causa se hallaron tan 
pocos en su casa al tiempo de su muerte. 

Después sucedió en esta silla el Rvmo. Fr. Alonso de la 
Cerda, de nuestra sagrada religión, hijo del convento nuestro 
de los Reyes. Acabó loablemente; vivió poco en el obispado, 
varón religioso, ejemplar y limosnero. 

Al Rvmo. Fr. Alonso de la Cerda sucedió el Rvmo. don 
Alonso Ramírez de Vergara, varón de grandes prendas y 



466 REVISTA HISTÓRICA 



muy docto, gran predicador, limosnero, y en su iglesia Cate, 
dral de los (.'barcas labró, seg-ún soy informado, dos capillas 
y las dotó con abundante renta; de quien yo recibí y rae en- 
vió quinientos reales de á ocho de limosna para ayudar á 
venir á este Reino de Chile al obispado de la Imperial, que si 
con ella no rae favoreciera, con dificultad viniera á el. Fué 
Dios servido de llevarlo cuasi súbitamente con una sangría 
que sin discreción de los médicos se le hizo. A la hora que es- 
to se escribe, tengo por nueva cierta, es promovido á aquel 
obispado el Rvmo. de Quito, de quien arriba tenemos hecha 
mención, Fr. Luis López. 

CAPÍTULO VI. 



DK LOS REVERENDÍSSIMOS DE TUCITMÁN Y PARAGUV Y 

RÍO DE LA PLATA 

I^a provincia de Tucura án (con distar lejos del obispado 
de los Charcas por más de 200 leguas, las más despobladas, 
como trataremos adelante) era del obispado de los ('harcAS; 
dividióse hará 30 años, poco más ó menos. El primer obispo 
I). Fr. Francisco de Victoria, de nación portugués, hijo de 
nuestro convento de la Ciudad de los Reyes en el Pei-ú, varón 
docto, fuese á España, donde murió, é hizo heredero á la 
Magestad del Rey Felipe 1 1 de mucha hacienda que llevó. 
Sucedióle el Rvmo. don Fr. Hei-nandoTrejo,que ahora reside 
en su silla, y resida por muchos años. 

De los Rvmos. del Paraguay ó Río de la Plata, después 
que el Rvmo. Fr. Alonso Guerra salió de aquel obi8f)aido, 
promovido á otro en el Reino de México, como dejimos 
arriba, no sé cosa en particular que tratar, mas de que le 
sucedió el Rvmo. I-^iaño, varón apostólico y de grandes virtu- 
des. Fué Nuestro Señor vservido llevarlo para sí dentro de pocos 
años después que llegó á su obispacío, á' quien sucedió el 
Rvmo. don Fr. Ignacio de Loyola, fraile descalzo, que está 
ahora y lo gobierna loablemente. 



DESCRIPCIÓN Y POBLACIÓN DE LAS INDIAS 467 



CAPÍTULO VII. 



DEL LICENCIADO VACA DE CASTRO Y DON ANTONIO 

DE MENDOZA 

Habiendo brevemente tratado, no conforme á las calida- 
dea de las personas, de losReverendíssimos obispos é Ilustrí- 
ssimos arzobispos de este Reino, por no quedar cortos, con la 
brevedad que más se pueda, trataré con toda verdad sin gé- 
nero de adulación de los virreyes que he conocido en esto» 
reinos de cincuenta, años á esta parte. 

El primero que lo goberaó después de la muerte del Mar- 
qués Pizarro por su Magestad, fué el Licenciado Vaca de 
Castro, el cual; cuanto al gobierno de los indios, y españoles 
lo que del se trata que fué buen gobernador porque desembar- 
có en la Buenaventura, y de allí atravesando la gobernación 
de Benalcázar, vino á la Ciudad de los Reyes, vio la tierra 
y la calidad della y de los indios, que es gran negocio para 
entrar gobernando, y halló alterado á don Diego de Almagro 
y tiranizado el Reino. Juntó campo contra él; dióle batalla, 
y venciéndolo le cortó la cabeza como á traidor. 

Sucedióle el Visorrey Blasco Núñez Vela, que por no 
dejar las cosas para su tiempo, perdió en la batalla de Qui- 
to la vida, y puso el Reino de que perpetuamente se aparta- 
se de la Corona de Castilla. Á este sucedió el prudentíssimo 
y boníssimo Visorrey de México D. Antonio de Mendoza, el 
cual por venir muy enfermo y haber vivido pocos días, no sé 
cosa notable que del se pueda tratar, sino que así enfermo y 
tendido en la cama era temido y amado de los españoles y 
naturales. 



468 REVISTA HISTÓRICA 



CAPÍTl^LOVIII. 



DEL MAQRÜÉS DE CA5?ETE 

Al Visorrey don Antonio de Mendoza sucedióle T). An- 
drés Hurtado de Mendoza, cuya memoria permanece con 
alabanza perpetua, varón de muchas y admirables virtu- 
des, dignas de eterna memoria, y porque no es decente que 
muchas ó algunas de sus acciones queden anegadas en el 
río del olvido, diré en breve lo que todo este Reino de su 
gran cristiandad experimentó. Animo generosíssimo, en- 
trañas más que de padi'e para los pobres, afabilidad para lo8 
humildes y pe<^ho para rebatir los Ánimos soberbios, y final- 
mente merecúó ser llamado Padre de la Patria. 



rAPÍTUlA) IX. 



DEL MARQrÉS DE CAÑETE 

I'or el motivo de algunas guerras que se ofrecieron en el 
tiempo de su virreiiíado, sucedió que embarcándose el Mar- 
qués de í'añetp en Pananjá (»on su casa, mucha y muy bue- 
na, y c(m muclios caballeros jK)l)res (jue salieron de Kspaña 
con el Adelantado Alderete para Chile, el cual murió en la 
ishi de Perico ó Taboga, los dejó pobre-íy desamparados- 
nms el buen Marqués los recogió y á la mayor parte dellos 
recibió en su casa, á los demás dio pasaje con próspero vien- 
to en el navio de Balthazar Híos: y en breve tiempo desem- 
barcado en el puerto llamado Mal abrigo se supo la nueva en 
Trujillo, donde á la sazón leestabnn aguardando muchos ca- 
balleros y capitanes de su Magestad que en la guerra contra 
Francisco Hernández le habían servido, v entre ellos el (íeiie- 
ral Pablo <le Meneses, aunque no había venido sino A besar 

las manos al Vii'rev v á darle noticia del estado del Reinoy v 

• • • « 

finalmente fué un hombre el dicho Marqués, que por haber 
injuriado un hijo suyo de palabras á indios de aquel valle 



DESCRIPCIÓN Y POBLACIÓN DE LAS INDIAS 469 



' í 



estuvo para cortarle la cabeza y fué menester mucho para 
haberlo de templar, en que se vino á conocer el fervor con 
que miraba á sus vasallos. 



CAPÍTULO X. 



DEL MARQUÉS LLEGADO A TRÜJILLO 

Aquí eu f hicauía, fué servido el Marqués con todo el re- 
galo posible, por que así lo mandódoñaAnade Val verde, mu- 
jer que filé del Capitán Diego de Mora, en cuyo ingenio fué 
hospedado como se merecía con toda la comitiva que traía, 
adonde se fué A posar el dicho Marqués, á quien hizo doña 
Ana un agasajo no muy pequeño, que fué conociendo le fal- 
taba al Marqués dinero para sus gastos, buscarle 12,000 pesos 
ensayados. Volvióselos de la Ciudad de los Reyes en oro. 

Entre otros caballeros pobres que habían bajado á Tru- 
jillo á matar la hambre, bajo el Capitán Rodrigo Ñuño, que 
á la sazón se hallaba en cama enfermo en casa de doña Isa- 
bel Justiuiano, señora principal, que movida de caridad le 
regalaba y curaba en su casa; el que así enfermo, pidiendo 
albricias que ya el Marqués había desembarcado en la tierra 
y costa del Perñ, preguntó que dónde; respondiéndole que 
en Mal abrigo. -Más quisiera (dijo) desembarcara 500 leguas 
más abajo, porque quien desembarca en Mal abrigo no nos 
puede abrigar bien. Más engañóse diciéndolo, porque lue- 
g"o que el piadosíssimo Marqués supo estaba enfermo y sus 
servicios, le envió con un paje 1.500 pesos ensayados para 
su enfermedad, diciendo procurase por su salud, que su Ma- 
gestad le haría mercedes, como con efecto, mediante el Mar- 
qués, por sus servicios, le asignó 5,000 pesos de renta. 

A la llegada del Marqués luciéronse ñestas de toros y ca- 
ñas y el Marqués como aficionado á caballos y ejercicios de- 
llos, los domingos y fiestas salía á caballo y hallábase en la 
carrera; hízose allí un picón gracioso. En la ciudad vivia 
Salvador Vásquez. muy buen hombre de caballo de ambas 
sillas, pero de la gineta mejor; tenía boníssimos caballos he- 
chos de su mano. Tn día en la carrera trató con el General 



470 REVISTA HISTÓRICA 



Pablo de Meneses v Comendador Mavor de hacer el picón 
y puesto apartecon su caballo, ya se le caía la capa, ya la go- 
rra, ya estaba en las ancas del caballo, ya en el pescuezo; final- 
mente paró y fingiéndose muy enojado vuel vea pasar delante 
del Marques; cuando emparejó, díjole el Marqués: — Bueno es- 
tá, señor, no os pongáis en más riesgo, la culpa fué del caballo, 
no paséis adelante.- Por mi vida, respondió Váísquez: — suplico 
á V. E. sea servido darme licencia para pasar otra vez la ca- 
rrera porque estoy corrido y afrentado. Los que sabían el 
caso suplicaron al Marqués lo dejase volverá pasar la carrera. 
Consintiólo y puesto en ella parte con su caballo como unga- 
mo,y antes de parar el caballo echa mano á lacapa y espada 
y desnuda jugó de ella muy bien y tornó aponerla en la vaina 
y su capa en su lugar. E\ buen Marqués recibió mucho gusto 
y dijo riéndose: — Bueno ha estado el picón; yo me he holgado 
de ver la segunda carrera, porque delante del Príncipe nues- 
tro señor se pudiera hacer. 

(^APÍTULO Xí. 



PARTE EL MARQI'ÉS T)E TRUJILLO 

Partió desta ciudad de Trujillo para la de los Reyes en 
un machuelo bayo que trujo desde Tierra Firme, en el cual lle- 
gando al río de Santa, en todo tiempo grandey pedregoso, lo 
pasó á vado, por máus que le sui)licaron tomavse un caballo. 
Al valledeGuatoney,quees la mitad del camino, le salió á be- 
sarle las manos Don Pedro Portocarrero, vecino del Cuzco, 
Maestre de campo en la guerra contra Francisco Hernández, 
el cual fuéhaciendolacostaal Marqués con todo lo necesario, 
travéndolo todo en sus camellos y muías hasta la Ciudad de 
los Reyes; llegando media legua de la ciudad auna chácara 6 
viña de Hernando Montenegro, de los antiguos conquistadores 
donde le tenía aderazada la casa como se requería. Se detuvo 
hasta el día de San Pedro, que debieron ser dos días, mientras 
la ciudad acababa lo necesario á su recibimiento. Antes de 
llegar á esta viña le hicieron los vecinos viejos una escara- 
muza; holgó muchoel Marqués de verlay dijo así: — Esto hay 






DESCRIPCIÓN Y POBLACIÓN DE LAS INDIAS 471 



por acá? esto hay por acá? Galantíssíraamente han escara- 
muzado, casi parecía de veras. Luego se hizo un combate de 
un castillo por infantería, los infantes muy bien aderezados; la 
cual acabada entró en la viña y estuvo el tiempo que habe- 
rnos dicho. 



CAPÍTULO XII. 



ENTRA EL MARQUÉS EN LOS REYES 

Día de San Pedro i)artió desta viña, después de comer, y 
llegando á la ciudad fué recebido de la Audiencia debajo de 
palio, en un boníssimo caballo muy ricamente aderezado; los 
i-egidoi-es llevando his varas y dos de los más antiguos el ca- 
ballo del diestro, con ropas rozapmtes de terciopelo carmesí, 
con «grande alejaría de todo el pueblo, como aquel que se esj^e- 
raba debía ser Padre de la Patria, como lo fué. Desta suerte 
llegó á la Iglesia Mayor, donde el Deán y ( 'abildo della con 
toda la clerecía le recibió con la cruz alta, cantando el Te- 
deum laudamus, V hecha oración vía ceremonia acostumbra. 
da, fué aposentado en las casas llanmdas de Antonio Rivera 
á una esquina de la plaza, que son las más cómodas. De allí 
á poce 8 días llegaron los Procuradores de las ciudades, y los 
más principales vecinos de ellas, y luego trató de reformar el 
Reino: envió-por corregidor del Cuzco al Licenciado Muñoz, 
que trajo consigo de España, hombre docto en su facultad, 
el cual cortó las cabezas á Ion capitanes Thomás Vásquez y 
á Pedrahita y á otros vecinos porque fueron los principales 
en la tiranía de Francisco Hernández Girón. Esto hizo por 
orden del i\íarqués y éste por orden del Emperador Carlos 
Quhito, degloriosa memoria. Día de San Andrés adelante se 
celebraron fiestasen la ciudad con una sortiia vmuv costosas 
libreas; los más principales del Reino corrieron. Hallóse pre- 
senteel Marqués y dio perdón generala los cul})ados en la tira- 
nía de Francisco Hernández, si no fueron aquellos cuyas caa- 
sas estaban pendientes y presos. Llegó á noticia del Manjués 
que el Capitán Martín de Robles, suegro del General Pablo de 
Meneses, se descomidió (según dicen) á decir que el Virrey ve- 



472 REVISTA HISTÓRICA 



nía mal criado y era necesario bajar á los Reyes á ponerle 
crianza; mandó por una carta al Licenciado Altamirano, Oi- 
dor de la Audiencia, á quien había hecho corregidor de la ciu- 
dad de la Plata y Potosí— entonces este corregimiento, como 
ahora, era uno— que hiciese justicia del. Pi-endiólo y ahorcó- 4 
lo. Que fuese justamente justiciado, ó nó, no es de mío 
juzgarlo; era el Capitán Martín de Robles, hombre que se pi- 
caba de gracioso y decidor, y no perdonaba por un buen di- 
cho, siendo mal dicho y pernicioso, ni á su mujer ni á otro, y 
por eso por donde pecó pagó. Era fama en los Reyes que el 
Marqués enfadado desto decía al General Pablo de Meneses, 
yerno de Martín de Robles:— Escribid á vuestro suegro ven- 
ga á esta ciudad; pero que el General Pablo de Meneses le es- 
cribiese ó nó, no lo sé; A lo menos del ánimo generosíssiino 
del Marques se colige que si bajara no muriera como murió. 
Fué su muerte en Potosí, donde á la sazón estaba. 



CAPÍTULO XIIL 

CÓMO PROVEVÓ POR GOBERNADOR DE CHILE Á HV HIJO DOX 

GARCÍA DE MENDOZA 

Hecho esto, luego determinó remediar el Reino de Chile 
porque demás de la guerra con los indios araucanos, que 
se habían rebelado y muerto al Gobernador D. Pedro Valdi- 
via, entre dos capitanes, Francisco de Aguirre y Francisco de 
Villagrán, había disensiones sobre el gobierno, pretendiéndo- 
lo cada uno para sí, por lo que nombró por Capitán general 
a su hijo Dn. García de Mendoza, de 23 á 24 años, de gran- 
des esperanzas, como las ha cumplido, con quien fueron mu- 
chos y muy buenos soldados, viejos y bisónos, y caballeros 
principales desta tierra, con los cuales y con el favor de Nues- 
tro Señor en breve redujo á la Corona Real los indios rebelados. 
(Compuesto el Reino hizo muchas mercedes ádiferentes capita- 
nes y soldados beneméritos, y que en servicio de Su Magestad 
hal)ían gastado lo poco que tenían, con que aseguró del todo 
la paz en este Reino. Y en esta guerra contra Francisco Her- 
nández nunca se derramó gota de sangre, pon jue con él nunca, 



DESCRIPCIÓN Y POBLACIÓN DE LAS INDIAS 473 






llegaron alas manos, y cuando el dicho Hernández se desbara- 
tó y perdió, como dijimos, no hubo quien contra los traido- 
res echase mano á la espada, de tantos como se mostraban 
leales, pero con su mucha prudencia el buen don García 
les fué dando á cada uno su merecido, enviándolos á España 
como desterrados. 



CAPÍTULO XIV. 

NOMBRÓ EL MARQUÉS GENTILES-HOMBRES 

LANZAS Y ARCABUCES 

Embarcados estos no muy prudentes capitanes, no con 
poco asombro de la ciudad para enfrenar la soberbia de los 
soldados de la necia valentona y para gratificar á otros más 
cuerdos, visto se humillaban, instituyó cien gentiles-hombres 
que llamó lanzas, con mil pesos ensayados cada uno, con 
su capitán general y alférez; por su capitán nombró á don 
Pedro de( V>rdoba, caballero muy principal y discreto, del hábi- 
to de Santiago, su deudo, con 5.000 pesos de renta. Alférez fué 
nombrado Muñoz I)áv¡la,vecino de Los Reyes, con 8,000 pesos, 
estos se pagaban por sus tercios de cuatro en cuatro meses. 
Los lanzas eran obligados á tener caballos y armas y cuar- 
tago; désta suerte procuraban los soldados estar siempre 
á punto de guerra con buenos caballos y listas armas. Esta 
{)aga perseveró todo el tiempo que vivió el Marqués, y des- 
pués algunos años; más ahora no se paga con tanta solemni- 
dad ni tan bien, y un Virrey les quita un pedazo y otro, otro. 
Para esta paga señaló ciertos repartimientos que halló vacos 
y otros que vacaron; de donde bastantemente se pagaba 
dia á diu. A sus cinco capellanes también señaló á mili pesos 
ensayados y se les pagaban el miwmo día que á los lanzas: 
y es cierto que si los lanzas fueran pagados y arcabuces. 
V de hambre los unos no hubieran comido las armas y lan- 
zas, cuando el corsario capitán Francisco inglés entró en el 
Callao, no se saliera riendo, ni robara lo que robó; pero ni los 
unos tenían lanzas ni los otros escopetas ni pólvora, porque 
no les pagaban : habíanselos comido y por eso el enemigo se 



•474 REVISTA HISTÓRICA 



fue riendo. Nombró tambi<?n al capitán Gimeno por capitán 
de la artillería, hombre en quien cabía muy bien el cargo.— 
Esta artillería se guardaba en Palacio con bastante copia 
de municiones para cuando fuese necesaria; desta suerte en- 
frenó los ánimos indómitos y necios deste Reino que les pare- 
cía para cada uno el Perú era poco. 



CAPÍTULO XV. 



EL MARQUÉS QUISO PRENDER AL DR. SARA VÍA 

Gobernando pues el valeroso Marqués con la prudencia 
suya este Reino, no se qué cizaña se comenzó á sembrar en- 
tre fl y el Doctor Raravia. Oidor más antiguo de la Audien- 
cia, por lo cnal el ^Iar(]uéH enfadado, y con razón, determinó 
prenderlo; y una noche envió á don Pedro de Córdoba, Gene- 
ral de las lanzas á llamarle; el Doctor Saravia rpie entendió 
la balada acababa de cenar, y dijo: — Enorabuena, luego salgo 
mientras me visto, levantóse de la mesa donde estaba con una 
ropa de levantar, entróse en su cAnmray por una ventana no 
muyaltadescolgóse ala huerta, y (le allí al río, y dio consigo en 
nuestro convento, donde le ¡jusieron en la casa de novicios. 
Don Pedro viendo se tardaba entró en el aposento; no le ha- 
llando se volvió al Marqués, el cual viendo que no se le trujo 
luego de mañana despachó á C'hancay á nuestro Provincial, 
que á la sazón era fray (íaspar de Carvajal, que estaba en 
una hacienda del convento, dándole relación de lo pasado, que 
luego se partiese y viniese á tratar de las amistades, sin que 
se entendiese que por su parte se comenzaba primero. Nues- 
tro Provincial vino luego; se trató de la confederación; salió 
el Doctor Saravia de nuestro convento; fuese á su casa v de allí 
á la Audiencia sin que más sobre este particular se tratase. 

Hay en este Reino grandes noticias de entradas 3^ nuevos 
descubrimientos, los más son sobre mano izquierda al Orien- 
te. Entre Ins guerras y levantamientos que hubo en aquella 
provincia fué uno el tirano y sacrilego (que así se puede lla- 
mar) Lope de Aguirre, ])ues entre las crueldades é impieda- 
des que ejecutó fué una haceralsacf^rdote que dijese una misa 



DESCRIPCIÓN Y POBLACIÓN DE LAS INDIAS 475 



í 



y cotisa-grase dos hostias y que consumiendo la una, le diese 
la otra, la cual partió con otros dos compañeros suyos ca- 
pitanes de su rebelión, áquienes mató él mismo á puñaladas; 
hasta que cansada la Magestad Divina permitió pagase con 
8U vida tanta* de que era causa y agresor. No trato de las 
cartas que dicen escribía éste á Su Magestad, algunas vi en pe- 
dazos, llenas de mil disparates, aunque daba algiin poco gusto 
leerlas por solo ver el phi-asis, que no se quién se lo enseñó. 
Su Magestad mandó que á todos los que con él llegaron á la 
Venezuela y la Burburata, hiciesen las justicias castigo con 
ellos. También mandó aprestar dos navios en que envió á 
descubrir el estrecho de Magallanes: en uno envió al Capitán 
Ladrillero, vecino de la Paz, y el otro navio lo mandaba el Ca- 
pitán Cáoeres. Salieron del Callao el ('apitán ('áceres pudien- 
do sufrir los temporales de Chile arribó á Valparaíso, el 
( -apitán Ladrillero pasó má« adelante, pero no entró en el 
estrecho, y si entró, por ser el tiempo de nieves, habiéndosele 
muerto marineros y soldados, volvió al puerto de la Concep- 
ción, donde una negra, viendo la tierra y puerto, de alegría 
se quedó muerta; y sin hacer ningún efecto cesó este descu- 
brimiento. 



CAPÍTULO XVL 

EL MARQUÉS MANDÓ TRAER Á LOS REYES LOS CUERPOS 

DE LOS INGAS 

Cuando ac^uel más que impío tirano Lope de Aguiri'e tra- 
taba de hacer crueldades v grandes ofensas contra Nuestro 
Señor, el Marqués de Cañete trataba de componer la tierra y 
quitar á los naturales cualquier ocasión del deservicio de Dios 
Nuestro Señor, por lo cual, sabiendo que en el Cuzco los indios 
tenían en mucha* veneración y como por dioses suyos reveren- 
ciaban los cuerpos de Guainacápacy de otros ingas que fueron 
señores destos Reinos, mandó los safcasen de su lugar y los 
trajesen á Los Reyes para dar á entender á los indios no eran 
más que cuerpos muertos. Hízose así y trujéronlos á Los Re- 
ves enteros sin corrui)ción, á causa de que cuando morían 

3 



476 REVI8TA HISTÓRICA 



con aplicarles unas yerbas que ellos sabían no se corrompían. 
Había un inga entre algunos de que se compone la« montañas 
de los Andes á quien habían persuadido algunos religiosos 
nuestros se bautizase y viniese á Los Reyes, que ellos le ofre- 
cían alcanzar un buen partido, y no obstante que los denifts 
ingas (con cuyas tierras confinaban las de ébte) le habían 
amenazado no cometiese tal, pudieron reducirle las cartas 
que el Marqués le escribió ofreciéndole cualquier partido eii 
nombre de su Magestad, y habiéndose venido el tal inga á 
Los Reyes y entregado su tierra á la Corona Real, se bautizó y 
casó allí, con 12,000 pesos que el Marqués le señaló de renta eu 
nombre de Su Magestad. Los demás ingas que quedaron 
en los Andes y en aquellos valles, luego levantaron por cabe- 
za á otro inga de la casa destos señores, de los cuales tratan- 
do de don Francisco de Toledo y de lo sucedido en su tiempo, 
habremos de volver á tratar dello. 



(WPÍTrLO XVIL 



EL MARQUÉS SE MOSTRÓ GRAN REFlBLirAXO 

p]n todo el tiempo que el generosíssimo Marqués gobernó 
se mostró gran republicano, y quien lo es merece el nombre de 
Padre de la Patria; y al contrario, el que no mira por el bien 
de la república, pues el príncipe lo es tal por el reino; y no 
el reino por el príncipe; de donde luego el buen príncipe con 
todas sus fuerzas procura la conservación de su república y 
augmento della, que se guarde justicia, se haga que los va- 
sallos sean ricos y prósperos. Todo esto pretendía el buen 
Marqués, en esto se desvelaba; la justicia siempre estuvo en su 
punto y los indios muy favorecidos y amparados, y muchas 
veces entre semana iba á las huertas v animaba á los labra- 
dores del contorno á que plantasen; y entre* otras cosas su- 
cedió un año que habiendo mucha falta de trigo llamó á los 
vecinos que lo tenían sobrado, persuadíalos lo trajesen 4 
la plaza y moderasen el precio; hízoles de mal, tomó canti- 
dad de plata, envióla en barcos grandes por los valles, trujo 
bastante trigo, socorrió á su ciudad, hizo albóndigas y los 



DESCRIPCIÓN Y POBLACIÓN DE LAS INDIAS 477 



vecinos quedáronse con su trigo comido de gorgojo. Fué 
amicíssimodeque todo el Reino viviese en servicio de Nuestro 
Senory casó mujeres principales y no principales, y todos los 
casamientos subcedieron bien. Los vecinos que tenían hijos 
diéronselos para que le sirviesen, á los cuales en su casa les 
enseñaba toda buena crianza y policía y les daba estudio 
dentro de Palacio. Muchas veces tomaba un plato y llamaba 
al que le parecía y decíale: — vé á tu madre y dile que porque 
me sabía bien ésto, por amor de mí lo coma. Partía el paje, 
llamábale,y preguntándole— ¿qué te dije? — Señor (respondía) 
ésto y ésto. Decíale más: — mira que cuando entres delante tu 
madre le haz de hacer la reverencia con el pie izquierdo, con 
♦^1 dei'echo á Dios y sus imágenes: y cuando volvía preguntá- 
bale cómo la habló, cómo hizo la reverencia. Parcerá esto 
<^osas muy menudas y no dignas de un Virrey del Perú, que 
es lo mejor que su Magestad tiene que proveer: no es sino 
muy esencial, porque la crianza de los muchachos conviene 
mucho les sea enseñada y mejor la toman del señor que del 
maestro solo, y más le temen. Cuatro años más ó menos 
hacía que gobernaba el MarquéH Padre de la Patria y era 
amado y temido de los buenos y de los malos, cuando Nuestro 
Señor fué servido llevarle para sí, recibido devotíssiraamente 
todos los sacramentos, que muchas veceH frecuentaba, sabida 
ya la- venida del Conde de Nieva por Visorrey destos Reinos, 
Fué muerte muy sentida, y en particular de los pobres. Ente- 
rróse en el convento del neráfico padre San Francisco, de 
donde sacados sus huesos fueron llevados á España por el 
Padre Fr. Juan de Aguilera, comissionado de aquella orden 
en estos Reinos. Era hombre de. mediana estatura, más al- 
to que pequeño, espaldudo y de miembros fornidos, de gran 
ánimo y generoso, nada amigo de derramar sangre, empero 
de que se hiciene justicia. Sucedió que á un vecino del ('uzeo 
se le imputó quería levantarse con mucha gente, y habiéndo- 
le preso y traído á Los Reyes, un día en la AÍsita de cárcel sa- 
lió el pobre muy aherrojado y leída en breve la causa de su 
prissión, llamóle y díjole:— vos os quería des alzar con el Cuzco? 
El miserable re8pondió:-no señor ¿quién soy yo, ni qué calidad 
tengo para eso? Enemigos que en el Cuzco tengo me han im- 
puesto ese t>estiinonio. El Marqués llamó al Alcaide (el pobre 
ya pensó estaba ya ahorcado) y dícele:— quitad las prisiones 



478 REVISTA HI8T()R!GA 



á ese Uonü)re, y al hombre dícele:— andad, id lu^o derecho al 
Cuzco y alzaos con aquella ciudad, si no, por vida de la Mar- 
quesa que tras vos envío para que si no hiciéredes os hagan 
cuartos. E\ tal, en saliendo de la cárcel, no pareció más ni 
fu^ al Cuzco. Bien sabía el magnánimo Marquésdeque no ha- 
bía de ir aquel miserable al Cuzco: en manos de otro cayera 
que por lo menos fuera á remar á las galeras. 



( APÍTULO XVIII. 



DE LAS VIRTIÜES DEL MARQUÉS 

En tiempo que Alivió en estos Reinos fué castíssimo y 
muy amigo que todos los de su casa, como es justo, lo fuesen;y 
miraba por ésto en gran manera, como por el buen ejemplo: 
tratamiento malo, ni desdeñoso ninguno lo experimentaba de 
su Exea, nidesus criados, porque de ello estaban muy adverti- 
dos. Ha biendo muerto nuestro Marqués, su hijo D. García de 
Mendoza bajó de Chile bien pobre, y estando hablando con 
1). Juan de Velasco, dijo éste á Dn. García de Mendoza, co- 
mo baldón y mofándose: — ¿qué hizo su padre de Vmd. en es- 
te Keino? Al que con mucha prudencia respondió I). (Jarcia: 
— un monasterio de San Francisco donde se entierro y un hos- 
pital de españoles donde como pobre me den de comer; y guár- 
dele Diosa Vmd. no muera su padre en el Terú y Vmd. enton- 
ces se hallara en él, porque se verá uno de los más desventu- 
rados caballeros del mundo. Parece le fué profeta, porque se 
vio paupérrimo y con suma pobreza; y ésto que allí le vimos 
y tratamos. Las vísperas de Pascua en las visitas de cárcel, 
jamás ningún Virrey (sin les hacer agravio) dio tantas li- 
mosnas, pagando por los pobres que no tenían, lo cual con 
suma liberalidad hacía. Ninguna destas visitas le costaba 
menos de 1,000 pesos, pues para cobrarlo no era 'necesario 
más que pedirlo al mayordomo, (¿uién ha hecho tal? pero no 
lo echaba en saco roto: Xustro Señor se lo ha dado cien dobla- 
do, y porque para todas limosnas y mercedes que hacía de su 
hacienda no había libramientos, mandó en su testamento que 
no pidiesen á su mayordomo sus herencias más cuenta de la 



DESCRIPCIÓN Y POBLACIÓN DE LAS INDIAS 479 



que el quisiese dar, ni libramiento para lo que hubiese dado 
de limosnas. Bien seguramente lo mandó, porque el Mayor- 
€lomo no le hiciera menos im grano.. 

CAPÍTULO XIX. 



Cl'AN ENEMIGO ERA DE ACRECENTAR TRIBUTOS 

Siempre miró mucho por la conservación de los natura- 
les para que con el descanso posible, pagasen sus tributos. 
Sucedió, pues, que proveyó por cori*egidor de la provincia de 
('hucuito á García Diez de San Miguel, hombre muy cuerdo, 
benemérito y noble, al cual mandó que visitase toda aquella 
provincia; hastaentoncesnosehabíai> hallado másquelTmil 
indios tributarios. Estos pagaban de tributo 24 mil pesos en 
plata ensayadosy 12 mil pesos en ropade la tierra. Visitados, 
parecieron mil indios más, cuyo aumento participó al Mar- 
qués el corregidor, diciendo (que) podía aci-ecentar el tributo^ 
y le respondió que si le escribiera para rebajarles el tributo, 
lo ejecutaría, pero que para acrecentarlo, nó. Fué gran ven- 
gador de juramentos falsos en daño de tercero; mandó qui- 
tar los dientes á un fulano de Quintana porque juró falso de- 
Uinte de la Justicia. Tenía publicado un bando, que niugún 
negro cargase á indio ninguno con botijas de agua ni canas- 
tas de ropa, pena de capMr al negro, y el primero en quien se 
ejecutó la sentencia, porque delinquió, fué un esclavo suyo; y 
de allí adelante no se atrevió negro ninguno á cargar indio, 
porque era muy común el que los negros y negras cargaban, 
como si ellos fueran libres, á los indios de todo cuanto traían 
del río, que era una indecencia, aunque duró poco esta ley, 
no má;3 de cuanto vivió el Marqués. 



480 REVISTA HISTÓRICA 



CAPÍTULO XX. 



DEL CONDE DE NIEVA 

Alliberalíasimoycristrianfssirao Marques de Cañete, suce- 
dió el Conde de Nieva; buen caballero y buen g'obernador, de 
quien no podemos decir cosas notables que en su tiempo su- 
cedieron. No las hubo porque el Reino g;ozó de mucha paz: en- 
tre otras