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Full text of "Revista histórica"

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Cl Instituto Histórico no es rcs{>onsaW6 de las opiniones enxltkkis por ^ 

los autores de los trabajos publicados en su Revista. 






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Revista l)í$tóricd 



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l^os KJoektonnoc d Cnga dd perú» por el t>r. ^lax dhlc 

dn Quccbuiata, por ^oeé €• p6lo. 

LaTírrdm eobcmadora» por Carlos H* Romero. 

K^ nt(z Kam» por José Sctastián Barranca. 

Cbi inídito flolnpt Bartolomé Riiiz» por C H. R* 

r^otlda de la ciudad de J^oqiaegua» por el T>r* ^uait Hntonio Montenegro 

Seoddn Oftcial— Creación i inauguraddn del X^tituto IHstMco» 



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OfMM tfyetrMica «c "C« OrinMii ItacioMl' 

Orcmios. 441 



Iristítiito Histórico del Perú 



DIRECTORIO PAR.A 1906-1907 



PRESIDENTE NATO 

El Excmo. Sr. Presidente de la República. 

VICE-PRESIDENTE NATO 

El Sr, Ministro de Instrucción Pública* 

PRESIDENTE 

D. Eugenio Larrabure y Unanue. 

PRIMER VICE-PRESIDENTE 

Dr. D. Mariano I. Prado y Ugarteche. 

SEGUNDO VICE-PRESIDENTE 

Dr. D. Pablo Patrón 

SECRETARIO 

D. José Toribio Polo 

PRO-SECRETARIO 

D. Rosendo Meló 

DIRECTOR BEL MUSEO HISTÓRICO 

D. José A. de Izcue. 

DIRECTOR DE LA REVISTA HISTÓRICA 

D. Carlos A. Romero. 

INSPECTOR DEL ARCHIVO NACIONAL 

D. Carlos Paz Soldán 

TESORERO 

Dr. D. Julio R. Loredo. 



I 



Revista Histórica 



) 



T 



TOMO! } LIMA, MARZO DE 1906 ' NÚM 1 



fídvertericia 



^i" í" 




"i^^l^ON el presente número inicia La Revista Histórica su 
publicación normal. La feliz iniciativa del Presidente 
de la República Excmo. Señor Doctor Don José Par- 
do, al fundar el Instituto Histórico del Perú, no habría dado 
todo el fruto deseado, si no hubiese tenido bruñida lámina 
de oro en donde se reflejase cuanto constituye su organismo 
y las funciones de su existencia. Es su principal objeto difun- 
dir los conocimientos históricos por cuantos medios estén á 
su alcance y acumular materiales á fin de facilitar la labor 
de los que en adelante se dediquen á levantar el edificio de 
nuestra Historia. Por eso, aunque la Revista es órgano ofi- 
cial del Instituto, acojerá en sus páginas las producciones 
que estén en conformidad con su índole, siempre que el mé- 
rito de ellas las haga acreedoras á tal distinción, aunque sus 
autores no sean miembros de esta Corporación. 

La Revista Histórica se publicará, por ahora, trimes- 
tralmente, en cuadernos de no menos de 125 páginas, de ma- 
nera que cada cuatro números forman un tomo de 500 ó más 



REVISTA HISTÓRICA 



páginas y su material será siempre inédito, salvo la repro- 
ducción de trabajos de suma importancia, que por estar pu- 
blicados en libros rarísimos, bien sea por su antigüedad ó 
por otra causa cualquiera, se haga necesario reimprimirlos. 
La Dirección de La Revista Histórica pondrá todo em- 
peño á fin de que ella sea una digna manifestación del ade- 
lanto de los estudios históricos y del grado de desarrollo in_ 
telectual que ha alcanzado el Perú, y que al hojear sus pági- 
nas se pueda apreciar que no echó semilla en tierra estéril el 
ilustre fundador del Instituto Histórico del Perú. 



• > * < • 




Fundador del Instituto Histórico del Perú. 



LOS "KJ0EKKENM0EDDIN68" DEL PERÚ 



Si nos fuesen conocidas todas las condiciones á que estu- 
YO sujeta la vida del hombre prehistórico, sabríamos encon- 
trar también sus huellas en una extensión mucho más gran- 
de y en épocas mucho más remotas de las que actualmente 
conocemos. 

El hombre prehistórico dependía con mayor amplitud de 
las condiciones de la naturaleza que el hombre civilizado, 
pues la civilización es el dominio del hombre sobre la natu- 
raleza, y nos es preciso tener presente los tiempos en que 
aquél era esclavo de ésta, en proporción infinitamente mayor 
que ho3% para comprender las leyes casi matemáticas que de- 
terminaban la forma de su vida y de sus moradas. Habita- 
ba, en el sentido más amplio, las orillas de los ríos, cada cue- 
va que encontramos en las sierras nos induce á creer que ha 
sido morada del hombre en tiempos más ó menos primitivos 
del período prehistórico, y las cumbres de los cerros eran lu- 
gares admirablemente adaptados para su culto. 

En países como el Perú, los bordes secos de los valles son 
lugares en donde encontramos en mayor abundancia huellas 
del hombre prehistórico: pero ¿qué elemento podía haber da- 
do más facilidades al hombre de aquellos tiempos para su 
existencia que el mar? Desde las más lejanas épocas se había 
arriesgado á embarcarse en un frágil tronco para pescar en 
él, aunque para esto no le era indispensable lanzarse á las 
olas. Gente que habita las costas del norte del Perú pesca to- 
davía con redes y anzuelos, parada en la orilla; y en el sur del 
Perú, la hay hasta ahora que pesca empleando arpones, con 
los cuales arponea los pescados desde la playa. Másfácilaún 



REVISTA HISTÓRICA 



era sacar el pulpo de su escondite. Cuando baja la marea, 
hombres, mujeres y niños de las poblaciones que hay en las 
costas, acuden para sacar de las peñas las conchas, cangre- 
jos y otros mariscos. Esta práctica no e^ sino restos de la 
manera de vivir de la humanidad prehistórica. 

En las obras que tratan sobre arqueología del Pero, se 
busca sin fruto alguno noticias sobre las íntimas relaciones 
de una parte de las poblaciones prehistóricas con el mar, tan- 
to en lo que se refiere á su sustento como á sus habitaciones. 

Se ha encontrado vestigios de esta coaligacion en las cos- 
tas más apartadas unas de otras; tal vez en la mayor parte 
de las costas del mundo. En la literatura arqueológica esos 
vestigios son conocidos con los nombres de "Muschelhüger' 
ó "shellmounds", ó (en el Brasil) **sambaqui'', esto es, más 
ó menoá. ''montón de conchas*' (1). En el idioma danés se 
les llama *'Kjoekkenmoedding'*; en inglés ''kitchen midden", 
estos últimos términos equivalen á "residuos de cocina". Se 
significa con ellos ciertas acumulaciones de conchas estrati- 
ficadas, bien sean todas esas acumulaciones de conchas ó sólo 
en parte, y que son restos allí depositados de la comida del 
hombre prehistórico que habitaba en las costas del mar, que 
como restos dejados por él, son sumamente característicos 
en las diversas partes del mundo. Por ejemplo, en las costas 
europeas: en las islas de Dinamarca, en las costas del noroes- 
te de Francia, en las costas de la península Pirinea, etc. En 
el continente asiático también se han observado, entre otros 
lugares, en las costas del Japón. En los Estados Unidos la 
costa atlántica, desde el estado de Maine, poco más ó menos, 
hasta el golfo de México, está llena de estos residuos; 3' en la 
costa del Pacífico desde los estados de Washington y Oregón 
hacia el sur hay numerosísimas acumulaciones de ellos. Co- 
nocida es la frecuencia de tales restos en la América Central 
y su existencia en las costas de Venezuela y el Ecuador, así 
como la de los grandes depósitos de las del Brasil, de donde 
se ha derivado el nombre de ''sambaqui*'. También s^^n co- 
nocidos los montones de conchas que existen en las costas 
chilenas 3^ en la Tierra del Fuego. Como no es de importan- 



• :l La explicación de la palabra "sambaqui" ^Tupi) véase dada por G. von 
Koenigswalden Globns 1905, LXXVII p. 349. 



LOS **KJOEKKENMOEDDINGS'' DEL PERÚ 



cia.para el asunto que tratamos aquí, la relación anteceden- 
te es incompleta, y no tiene más valor que el de citar algunos 
ejemplos. Lo que sí importa saber es que en la literatura 
geográfica y arqueológica del Perú es desconocida la existen- 
cia de esos montones de conchas y **residuos de cocina'* en 
las playas peruanas; y sin embargo son muy numerosos. 
* Hasta ahora no se ha prestado la debida atención á esos 
montones de conchas, y si se ha parado mientes en ellos, no 
se les ha dado su verdadero valor: el de restos ó huellas del 
hombre prehistórico, que en esa forma ciñen tantas costas 
en diversas partes del mundo con carácter uniforme; no fal- 
tando ocasiones en que han sido enteramente desconocidos. 

El hecho de que las conchas están diseminadas en lugares 
ribereños, cerca del mar, por lo general despierta la idea, en 
quien no conoce el origen de este hecho, de que son vestigios 
de alguna inundación ó salida del mar. En este caso tal vez 
se recuerda el diluvio ó se supone que desde aquellos remotos 
tiempos el mar se ha retirado de la costa, sin observar que 
en tales casos las conchas están mezcladas con fragmentos 
de ollas y con cenizas, indicios seguros de haber existido ha- 
bitaciones humanas. En lugar de derivar de una causa común 
lo que se encuentra unido, prefieren explicar la mezcla de las 
cosas por un hecho casual. 

Para llegar á conclusiones lógicas sobre el común origen 
uumano que tienen esos montones de conchas, se requiere tam- 
bién el conocimiento del valor arqueológico que se dá á esos 
residuos hallados en diferentes partes del mundo. Solamen- 
te así se entienden las conclusiones dadas por Charles 
Darwin— Journal o f Researches into the Natural Histtjry 
and Geology, 1860, p. 370— sobre las diversas capas que 
contienen conchas, ceniza y fragmentos de ollas, cerca de Be- 
llavista, al sur de la Huerta. Supone Darwin que los frag- 
mentos de ollas hallados en aquel lugar provienen de una fá- 
brica de alfarería de los^ntiguos indios habitantes de la co- 
marca, y que las conchas han sido arrojadas allí por el mar. 
La verdad es que en aquel punto de la costa, á una altura de 
17 metros sobre el nivel del mar, poco más ó menos, vivían 
indios que cocinaban conchas extraídas del mar para susten- 
tarse, en cuya operación era natural que con frecuencia que- 



6 REVISTA HISTÓRICA 



brasen ollas del frágil barro de que estaban hechas. La iuun- 
dación de aquellas costas en diversas épocas, como en 1713 
6 1746, no tiene relación alguna con la existencia de aque- 
llos residuos; ni tampoco es lógico suponer que de la presen- 
cia de las expresadas conchas se derive el hecho de que aque- 
llos terrenos estuviesen á más bajo nivel cuando ocurrió la 
supuesta inundación. 

JLejos estamos de conocer todos, ó á lo menos los más 
prominentes depósitos de conchas existentes en la costa del 
Perú. Para eso, sería no solo necesario desembarcar en to- 
dos los principales puertos de ella, sino también registrarla 
extensa y minuciosamente. 

Para el hombre prehistórico no eran necesarios puertos 
y radas abrigadas de las condiciones que requieren en la ac- 
tualidad las grandes embarcaciones: él hacía vida en diferen- 
tes puntos de la costa por consideraciones muy diversas. 

Por eso encontramos algunas veces montones de conchas 
de considerable extensión lejos de los lugares que actualmen- 
te sirven de puertos, y ocasionalmente hemos hallado esos 
depósitos en sitios que distan algunas leguas de la costa. 
Limitámonos, pues, á ofrecer unos cuantos ejemplos típicos 
de la existencia de montones de conchas en la costa peruana, 
entre Supe y Chala. De estos se puede desprender el carácter 
típico de tales acumulaciones, lo mismo que el carácter ge- 
neral de todas las que exjsten en otros lugares de la costa 
del Perú, que aún no nos son conocidas. 

Los montones de conchas existentes en la costa peruana 
difieren de los hallados en otras partes del mundo, por lo 
menos, los que hemos examinado; pues se observa cierta ten- 
dencia á agrupar un número diferente de montones á mane- 
ra de poblaciones extensas, lo cual se observa menos en 
otras regiones. 

Parece que este hecho obedece á la configuración de las 
costas peruanas. En muchas, tal vez en las más de las otras 
costas del mundo, el hombre prehistórico salía á la ¡flaya 
plana, blandamente bañada por el mar, escarbaba y sacaba 
his conchas dentro de la arena, con las manos ó valiéndose 
de bastones, para que le sirviesen de alimento. La costa del 
Perú no prestaba tanta facilidad al hombre para conseguir 



LOS '*KJOEKKKNMOKDDINGS" DEL PERÚ 



el sustento. Como la sierra comienza á poca distancia de la 
costa y el ascenso es casi violento, y como los ríos se preci- 
pitan en curso corto y rápido al mar, faltan, por largos tre- 
chos, las playas suaves y accesibles; las olas revientan con 
cierta violencia y las aguas son profundas cerca de las playas. 

Pocas son las clases de conchas que sirven de alimen- 
to al hombre que viven internadas en la arena de la pla- 
ya; en cambio, los peñascos escarpados que en varias partes 
de la costa se internan en el mar, son lugares donde se ha- 
llan innumerables conchillos, de las clases más diferentes y 
útiles para el sustento del hombre. Y es tal la abundancia 
de ellas, que en esas peñas se halla tantas conchas como las 
que están diseminadas en tantas otras costas del mundo; 
por lo cual el hombre prehistórico del Perú se avecindaba en 
grupos más grandes cerca de las peñas, en donde encontra- 
ba en abundancia sus alimentos. Lo que parece consecuen- 
cia de una civilización más adelantada de las tribus indíge- 
nas, tal vez, así originalmente, no es sino el resultado de las 
diferentes condiciones de los lugares que ocupaban. 

En muchas ocasiones los montones de conchas se encuen- 
tran cerca de lugares que al mismo tiempo permiten con más 
facilidad botar embarcaciones á un mar manso y poco pro- 
fundo, y teniendo este hecho en considera-ion las poblacio- 
nes antiguas no eran demasiado exigentes; una encorvadu- 
ra de la costa, de pocos metros de ancho muchas veces, era 
considerado bastante y lo que se aceptaba como lugar de 
arribaje, y aún acepta la población indígena costeña, no se- 
ría suficiente en los actuales tiempos para el tráfico maríti- 
mo ó las necesidades sociales de una población civilizada. 

Algunas de esas poblaciones tenían también más dotes 
marineras que otras: hemos visto caballitos, balsas de ma- 
dera y botes fabricados de un solo tronco en el norte del Perú. 
Las embarcaciones antiguas del sur del Perú quizá han sido 
de clase muy diferente; su estilo ya no se vé y nos inclinamos 
á creer que ha desaparecido por completo. 

No carece de interés la cuestión de saber qué se puede de- 
ducir, estudiando los montones de conchas, sobre la forma 
que en remotos tiempos tuvo la costa del Perú. Si la tierra 
se hubiese elevado considerablemente en tiempo prehistórico. 



REVISTA HISTÓRICA 



después del período paleontológico, sería necesario encon- 
trar los montones de conchas alejados de la orilla, más hacia 
adentro. Esto no sucede generalmente. Los montones de 
conchas de **La Josefita*' cerca de Chala vieja, más ó menos 
á dos leguas de la orilla del mar, y á unos 220 metros sobre 
su nivel, nunca han estado más cerca de la playa, porque hay 
restos del mismo carácter mucho más abajo, al pie del mar. 

Los montones de conchas que ciñen ahora los pantanos 
cerca de San Nicolás [Supe], más ó menos á media legua de 
la playa, habrán estado en otro tiemqo en la misma orilla; 
pero esto no tiene gran importancia en vista de que en estos 
montones en la actualidad están, cuando mucho, de tres á 
cinco metros sobre el nivel del mar. 

De este hecho de aproximarse las aguas marinas hasta 
tres á cinco metros de donde comienzan los montones de con- 
chas, se querrá, tal vez, derivar el que el mar ha avanzado 
hacia tierra, pero lo cierto es que ocasionalmente lava par- 
tes de las capas de conchas. 

En Ancón, en donde suponemos que alguna parte del de- 
clive de los médanos ha sido aprovechado para construir ca- 
sas, allí las capas de conchas que cubren la falda del cerro re- 
matan bruscamente y de una manera extraña. 

Una parte del campamento antiguo, cerca de la playa de 
Bellavista, ha sido destruida por el mar, y aún suponiendo 
que una faja ancha hasta el borde de los bancos frente al 
mar, hubiese pertenecido antes á este campamento, que tie- 
ne como trescientos metros á lo largo de la orilla, resultaría 
angosto, lo cual mueve á pensar que otra parte de ese cam- 
pamento ha desaparecido en el mar. 

Apartándose d¿ estas modificaciones, tan poco conside- 
rables, no hay razón para suponer dados los lugares en don- 
de están en la actualidad los montones de conchas, la teoría 
de un levantamiento de la tierra ó sumersión de la costa de 
cierta consideración en el período prehistórico. 

En la siguiente enumeración de los restos antiguos trata- 
dos aquí preferiremos hablar de **residuos de cocina", lo que 
corresponde con los **kitchen middens'* del inglés, en lugar de 
**montones" ó **cerritos de conchas", porque no es caracte- 
rístico el que los antiguos residuos de cocina formen mcmto- 



LOS **KJOEKKENMOEDDINGS*' DEL PERÍJ Ó 



nes (en algunos lugares prevalece la estratificación horizon- 
tal á la formación de montones) ó los restos á veces solo for- 
man capas en las faldas de los cerros; esto es, no formando 
ellos cerros aislados.^Por otra parte, no siempre las conchas 
forman el cuerpo principal de esos depósitos ni están siempre 
fácilmente visibles. 

Ahora bien, hay, como es natural, pequeñas acumulacio- 
nes de restos de cocina en lugares donde habitaban los indí- 
genas un tanto apartados de la costa; pero nunca alcanzan, 
á lo menos en el Perú, una extensión tal ó poseen una aprien- 
cia semejante áios situados cerca de la costa. Estos últimos 
contienen siempre conchilios de varias clases, en mayor ó me- 
nor número unas que otras, según los casos. Conforme á esto, 
ellos deben ser el resultado de una manera especial de vivir 
que observaban las poblaciones de la costa. 

Como en lo restante de este trabajo se tratará sólo de 
"residuos de cocina'*, en lacosta, bastará expresar * 'residuos 
de cocina", en razón de que estos depósitos tienen especial- 
mente marcado este carácter. 

Siguiendo de norte á sur, entre Supe y Chala, conocemos 
por el momento, más ó menos, estos depósitos de cierta ex- 
tensión: 

Cerca de Supe, el espacio de una falda angosta entre ce- 
rros áridos, al lado del faro, cerca del puerto. Calculamos la 
extensión de los restos en unos 200 metros de largo por 150 
de ancho; muchos montones chicos alternan con capas estra- 
tificadas que se extienden por la base y parte baja de los 
cerros. 

Cerca de Supe, más ó menos, entre media y tres cuartos 
de legua hacia el sur, la talda meridional de los mismos ce- 
rros, que separan la planicie de San Nicolás de la pampa de 
Barranca. Hay allí una depresión poco honda, en forma de 
semicírculo, de unos GOO metros de largo por 300 de ancho 
( ateniéndonos á la memoria para estas medidas ) cubierta 
enteramente con capas negrillas, huecos en forma de embudo 
y montones de ceniza. La parte superior de las faldas de los 
cerros de los alrededores, así como también las cimas de al- 
gunos montículos, han quedado libres de ceniza, como cuan- 

2 



10 REVISTA MlSTORIÓA 



do un incendio devasta nada más que algunas partes de ni- 
vel igual. 

Ancón. Los cerritos ubicados en la pampa cerca de aquel 
balneario y algunas partes llanas que confinan con ellos, son 
conocidos en la arqueología del Perú con el nombre de **Ne- 
crópolis de Ancón*', por los trabajos de exploración allí he- 
chos y decritos en la monumental obra sobre esas ruinas por 
G. Reiss y mi querido amigo y maestro A. Sí ü&e/, des- 
graciadamente arrebatado á la ciencia el año de 1904. En 
la plancha numero 1 de la inmortal obra se hace mención de 
**capas superficiales de estos cerritos, compuestas de una tie* 
rra negrilla, que es rica en residuos de cocina, fracmentos de 
ollas y restos de otros artefactos humanos'\ Una explora- 
ción más exacta de estos 50 ó 100 cerritos, algunos de los 
cuales alcanzan hasta 10 metros de elevación y que cubren 
una área de 1100 metros, más ó menos, de largo por 800 de 
ancho, demuestra que están formados por residuos de cocina 
hasta su base, salvo algunos de ellos hacia el Sur y el Oeste, 
y que, por consiguiente, toda esta formación de cerritos no 
motivada por razones geológicas, debe su origen exclusiva- 
mente á la acumulación de tales residuos. Hicimos un foso 
en uno de aquellos montones de 10 metros de alto, en el ve- 
rano de 1904, desde la cima hasta la base y observamos que 
consistía solamente de capas de conchas, más ó menos grue- 
sas y finas, mezcladas con ceniza en todo su perfil, siendo se- 
mejante en todo á los '*kjokkenmoddings'' más caracterís- 
ticos de otras costas del mundo: de California, del Este de los 
Estados Unidos, etc. 

Poco conocido es también el hecho de que las faldas de 
los cerros en donde está asentado el pueblo, hacia el oeste y 
sur de él, en una extensión de 300 metros por 170, están cu- 
biertas por una cortezo de residuos de cocina de unos tres 
metros de espesor, por término medio. La falda del cerro pa- 
rece de origen natural. Aparentemente no se desprende nada 
concreto, pero haciendo un rorte en las capas superficiales se 
vé que son residuos que han sido acumulados porunapobla- 
ción que vivió allí en tiempo inmemorial. Además, las capas 
superficiales están descubiertas en un lugar donde ha ocurri- 
do un derraml^e y dejado el cerro casi escarpado, frente alas 



LOS "kjoekkenmoeddings" del perú 11 

últimas casas del pueblo, lugar en donde están á la vista ce- 
niza, fragmentos de ollas, conchas y numerosos esqueletos. 

Según informaciones del señor ingeniero Adams, se en- 
cuentran también extensas acumulaciones de conchas y ceni- 
za en cierta parte del camino de la costa, en la región com- 
prendida entre Chilca y Mala. 

En la BOCA del río de Ica. Durante una corta estadía 
en ese lugar en 1901, vimos dos montones enormes compues- 
tos de conchas, arena, fragmentos de ollas, etc., en la playa, 
más ó menos á cinco minutos de distancia de la orilla del 
mar. Calculamos la altura de estos montones en 50 metros 
y el diámetro de la base en 200 metros, sobre poco más ó 
menos. 

Lomas. El puerto de Lomas está ubicado hacia el sudes- 
te de un morro aislado y que se comunica con la costa por la 
parte de atrás por una angosta faja de tierra. Los lados oes- 
te y norte del peñasco están cubiertos con residuos de coci- 
na, en forma de capas sucesivas y de montones. Principian 
más ó menos á 200 metros de distancia tras del actual pue- 
blo, y su área se puede estimar en 300 metros de largo por 
unos 230 de ancho. 

Quebrada de la vaca, á legua y media al norte de Cha- 
la, aproximadamente. Los lados sur y norte de la bahía, que 
es angosta, están ocupados por un pueblo pequeño, separa- 
do en dos partes, que está muy bien conservado, de una ma- 
nera que no es común, especialmente en la parte sur. Lasdos 
divisiones del pueblo están llenas de residuos de cocina; las 
hay también en los patios de las habitaciones y en los cami- 
nos del pueblo. 

La josEFiTA, cerca de Chala vieja, en la banda izquierda 
del río de Chala, distante unas dos leguas del mar. Las rui- 
nas muy destruidas de un pueblo se extienden en la falda de 
un cerro, hacia arriba, en un trecho de unos 200 metros de 
largo por 150 de ancho. Los patios están cubiertos de una 
capa como de un metro de espesor, formada de ceniza y con- 
chas. Hay, además, una serie de montones de residuos de co- 
cina, parecidos á los de Ancón, que se extienden en la falda 
del cerro, al oeste del pueblo. 

Además de estos acumulamientos de residuos de cocina 



12 REVISTA HISTÓRICA 



de tamaño mayor, se observa una multitud de otros más pe- 
queños, muchos de exten<=ión considerable, á lo largo de la 
costa, que relataremos según nos van acudiendo á la me- 
moria. 

En Supe, en una hondanada situada entre dos cerros, 
hacia la parte de la espalda del puerto, ha3' residuos de coci- 
na estratificados entre los restos de moradas antiguas. 

Aisladamente, algunos montones pequeños de residuos 
ciñen los pantanos al noroeste de San Nicolás, que, aunque 
son mucho más pequeños que los montones de residuos ha- 
llados en otras costas, como por ejemplo en los alrededores 
de la bahía de San Francisco de California, tienen cierta se- 
mejanza con ellos por el orden en fila, guardando ciertas dis- 
tancias. Esta semejanza debe haber sido causada por el ca- 
rácter especial de la costa llana. 

Al norte de Vegueta y cerca de la caleta de Carquín, en 
el valle de Huacho, hay residuos de cocina estratificados en- 
tre restos de moradas antiguas. 

También se encuentran residuos estratificados cerca del 
puerto de Chancay. 

Capas de conchas y cenizas con fragmentos de ollas y 
piedras puestas en fila, debajo de una capa gruesa de tierra 
fértil, hasta una profundidad de un metro más 6 menos de la 
superficie, se hallan en la costa alta cerca de Bella vista, en 
el valle de Lima. 

Residuos de cocina estratificados en la playa de la isla de 
San Lorenzo, frente á la Punta. 

Varios montones de residuos sobre los que aun se venios 
restos de una población pequeña, antigua, en la playa cerca 
de Chaviña, al sur de Lomas. 

Algunos montones chatos de residuos y capas estratifi- 
cadas cerca de las ruinas de la población pequeña de Tana- 
ca, á corta distancia de la playa, entre Atiquipa y Yauca. 

En LA BOCA DEL RÍO DE Chala véusc vcstigios de resi- 
dúos de cocina. Cerca del puerto de Chala se pueden obser- 
var residuos de cocina, que cubren en estratificación moradas 
antiguas y las pendientes de peñas vecinas. 

La composición de los residuos de cocina presenta bas- 
tante variedad. Los elementos principales, por lo general, 



LOS '*KJOEKKENMOEDDINGS" DEL PERÚ 13 

son conchas y ceniza; las conchas son los restos botados al 
tiempo de la preparación de la comida, la ceniza esel residuo 
del fuego con que la preparaban. Es raro hallar conchas que- 
madas y no sería extraño que faltase la ceniza arrastrada 
por el viento, pero los restos de artefactos mezclados con las 
conchas, constituyen una prueba palpable de que la acumu- 
lación de las conchas es obra del hombre, como sucede enr 
la boca del río de lea. Los conchilios en depósitos de exten- 
sión más grande pertenecen generalmente á una serie de di- 
ferentes especies; muchas veces una docena ó más de ellas, 
pero en los residuos de cocina existentes en el Perú, todavía 
no se ha encontrado ningunas que pertenezcan á especies ex- 
tinguidas. Estas van acompañadas de una manera subordi- 
nada, por restos de otros animales del mar ( balanus, echi- 
nus, cangrejos, etc.,) vértebras de pescados, huesos de aves, 
mammalia,comociervos, venados y especies de auchenia, que 
hacen suponer que esos hombres tenían cierta variedad en 
sus comidas. Todavía se encuentran venados en todas par- 
tes, en lugares ño muy apartados de la costa, pero faltan las 
especies auchenia (huanacos), sobre todo en el norte. 

Estos residuos de su alimentación el hombre, solamente 
semiconsciente de su actividad, los amontonaba encapas es- 
tratificadas y en montones. Por eso, un corte hecho en un 
cerrito de conchas mezcladas con ceniza, nos demuestra una 
multitud de rayas angostas de diferentes colores y tamaños, 
generalmente poco extensas. Esto proviene del cambio de 
comidas y del cambio de conchas que empleaban en su ali- 
mentaci6n;quizá también del grado de cocimiento que daban 
á las conchas y de la cantidad y calidad de la leña que en 
ello empleaban. Los huesos quemados dan rayas amarillas, 
pero*estas rayas amarillas faltan aquí en la proporción que 
tienen, por ejemplo, en los montones de conchas de Califor- 
nia, donde era costumbre quemar los muertos. En los cortes 
practicados en algunos montones de conchas se ha observado 
un fuerte olor á amoniaco. Además, estos residuos de coci- 
na están mezclados con muchos vestigios de habitaciones; y 
no pocas veces con restos de esqueletos humanos, que mani- 
fiestan que allí enterraban sus muertos. 

Las piedras ennegrecidasydeseminadas por todas partes 



14 REVISTA HISTÓRICA 



y mezcladas con restos de conchas, son las que habían serví- 
do para abrir éstas 6 para formar los fogones. En varias 
partes se observa entre las capas de conchas filas de pie- 
dras, á manera de empedrado superpuesto. No faltan ho- 
gares antiguos, y de vez en cuando se descubre un mole- 
dor 6 un palo, cuya parte inferior está clavada al lado de 
filas de piedras grandes que bordeaban una choza. 

En todas partes están entremezclados con la negruzca 
tierra fragmentos de ollas, pedazos de caña, trozos de made- 
ra; de vez en cuando se vé también pedazos de trapos y de 
redes. 

No es raro encontrar de esos artefactos intactos, como 
útiles para hilar é instrumentos hechos de huesos. 

Muchos restos demuestran una manera de vivir relativa- 
mente cultivada, como por ejemplo, los útiles para hilar,aun- 
que también suele encontrarse ciertos instrumentos hechos 
de huesos humanos (cerca del faro de Supe), 6 fragmentos de 
cráneos y canillas htimanas partidas (en las inmediaciones 
de la boca del río de lea). 

Entre los residuos de cocina se hallan entierros cerca de 
la superficie, y, en los demás cementerios antiguos, se les ha- 
lla junto con algunos objetos. En este caso puede suponer- 
se que han sido formados los entierros después de haberse 
suspendido la acumulación de los residuos de cocina. Otros 
entierros, generalmente pobres, se encuentra á mucho ma- 
yor profundidad, hasta diez metros de la superficie. Una 
parte considerable de ellos son de criaturas y han sido he- 
chos mientras se iba formando la acumulación, y la profun- 
didad á que se les encuentra responde al tiempo que ha pa- 
sado después que se les enterró. 

La superficie de los residuos de cocina es, por lo general, 
desierta. Las mismas cosas que forman su interior se en- 
cuentran á veces encima, como fragmentos de ollas, hilos, 
restos de tejidos, útiles, cuentas de piedra, etc. y á veces,por 
casualidad, se encuentra un moledor, palos parados y res- 
tos de paredes de chozas; y también terrazas de habitacio- 
nes antiguas, hechas en la superficie. Siempre ha sido mo- 
tivo de admiración cómo se ha podido hallar im número tan 
infinito de entierros, una civilización tan rica en las tumbas 



tos **KJOEKKENMORDDINGS'' DEL PERÚ 15 



de las áridas playas de Ancón, á no pocas leguas de las po- 
blaciones de los valles. En esos entierros los muertos eran 
sepultados con rica indumentaria de lana y algodón, canas- 
tos, adornos, instrumentos y armas de oro y de cobre, fru- 
tas de las más variadas clases, yuca, camote, maíz, pallares, 
lúcuma, ají, pacay, maní etc. No había escasez de madera, 
como se puede ver por los palos contenidos en los entierros. 
¿Cómo ha sido posible verificar miles de entierros en esta 
desolada playa, que apenas habría dado lo suficiente para 
sustentarse alas aves marinas? I,os arqueólogos G. Reiss 
y A. Stübel (c. descripción de pl. 2) no quisieron negar la 
posibilidad de que hubiese existido allí una población, en ra- 
zón de existir un cementerio, cuyas tumbas se cuentan por 
niiles;pero encuentran el hecho extraño dada la escasez de re- 
cursos ese lugar. Ch.Wiener {Perú et Bolivie p.54)no acier- 
ta á explicar la ausencia de casas en la vecindad de los nume- 
rosos entierros que allí existen, sino por la hipótesis de que en 
Ancón sólo se daba sepultura á las víctimas déla guerra du- 
rante muchos años. También se ha sentado la teoría de que 
la ciudad de donde procedían los cadáveres sepultados en ta- 
les,tumbas ha sido arrasada por el mar,lo mismo que las cha- 
cras que proporcionaban alimento á sus habitantes, ó que 
los pobladores cultivaban las tierras que hay al lado de la 
necrópolis, donde no hay ni una gota de agua en la superfi- 
cie. Que existía ella en cantidad suficiente para la pobla- 
ción, se vé claramente en los pozos de agua, un tanto salu- 
bre, que hasta hoy hay en Ancón. ¿Pero, de dónde sacaba 
la gente la enorme cantidad de leña que ha sido indispensa- 
ble para acumular tan inumerables montones de ceniza? 

Que una población puede sustentarse, aún en el Perú, vi- 
viendo sobre montones de conchas,se comprueba con la exis- 
tencia de restos de chozas hallados en el interior de los mon- 
tones de esa naturaleza que hay en Ancón, y de las piedras 
de moler que en parte aún existen diseminadas en el suelo 
que aún podían formar pueblos organizados, de algunos res- 
tos como casas bien dispuestas, con patios; de la muralla 
construida al norte de los montones de residuos y de las 
construcciones que hay al sur de ellos, en la cumbre más al- 
ta del cerro, que tiene el aspecto de una fortaleza. La agri- 



16 REVISTA HISTÓRICA 



cultura no era necesaria al hombre que vivía sobre monto- 
nes de conchas. La tierra está completamente árida al re- 
dedor de Lomas, en una distancia de seis leguas y resul- 
ta que ni ahora hay, ni pueden haber existido antes cha- 
cras; por eso tampoco las chacras eran de una necesidad in- 
prescindible para la subsistencia de la población antigua de 
Ancón. Ni aún es dable suponer que los pobladores dividie- 
sen su tiempo en las poblaciones de los valles y aquellas for- 
madas en los montones de conchas. ¿Con qué propósito, 
pues, habían enterrado sus muertos en Ancón? Si precedie- 
sen de una población de los valles los habrían enterrado de 
preferencia en el valle de Chillón, por ejemplo. 

La población que vivía en las peñas de Lomas ¿cómo 
habría podido cultivar chacras en Chaviña, cuando este lu- 
gar dista como seis leguas de Lomas ? Tenemos que acep- 
tar, por estas razones, para los montones de conchas exis- 
tentes en el Perü, poblaciones que tenían residencia fija enci- 
ma de ellos. Todo lo que no les prestaba el mar y los al- 
rededores en carne, etc., tenían que recibirlo por el intercam- 
bio con los agricultores de los valles, á quienes, por su par- 
te, proveerían de pescado y conchas para su alimentación. 
Quizás esto explique también el que se encuentre conchas 
marinas en las tumbas hechas en los valles. En el del Rímac, 
hacia el interior, hasta Cajamarquilla, y en los pueblos an- 
tiguos del valle de lea, se hallan numerosos restos de con- 
chas diseminadas en la superficie del suelo, á una distancia 
de doce y más leguas del mar. 

También tenían los pueblos remotos otros recursos pkra 
su sustento. En varias partes de la costa se encuentran 
prolongados trechos de peñascos llenos de hovos de poca 
profundidad. Así, los hay cerca del puerto de Supe, cerca de 
Lomas y en otros lugares más. Cavando y buscando en es- 
tos hoyos nada se encuentra, pero cortando senderos traza- 
dos por la planta humana, no es difícil hallar un hilo, una 
pita antigua ó una coronta de maíz, que solo puede haber 
sido dejada allí por indios que frecuentaban esos lugares. 
Atravesando con una lampa los puentecillos no escarbados 
entre algunos de los hoyos, se puede descubrir yacimientos 
pequeños, hasta de uno ó dos centímetros de espesor, de sal 
de piedra, que se ha criado en las grietas de las peñas. Es la 



I.OS **jkoekkenm6eddings" del perú 17 

busca de la sal lo que, según nuestro parecer, movió á los 
indios á escarbar estos railes de hoyos superficiales, que á 
menudo se encuentran juntos en un lugar. La buscu de sal, 
aparte de los alimentos proporcionados por el mar, habrá 
inducido muchas veces á los indios á establecerse cerca de es- 
tas peñas, fijando su residencia allí. 

La sal era un artículo importante del comercio. Apro- 
vechando del intercambio de este artículo con otros que fal- 
taban en la costa árida, una población bien podía mante- 
nerse en esos lugares. De esta manera los pobladores de los 
montones de conchas poseían agua, alimento de conchas y 
carne, frutas y géneros para la indumentaria, etc. Pero ¿de 
dónde sacaban las grandes cantidades de leña, cuyo consu- 
mo se puede apreciar por el volumen délos depósitos de resi- 
duos de cocina ? Apenas se puede creer que hayan traído to- 
da esta leña de los lejanos valles. Tal cosa habría sido trabajo 
más penoso que el de las Danaides; y es casi pueril suponer 
que los ríos en sus crecientes hayan llevado tal cantidad de 
troncos al mar para abastecer de leña á las poblaciones de 
la costa durante todo el año. ¿ Para qué servirían las algas 
marinas que se encuentran en los depósitos de conchas, no 
sólo en el Perú sino también en los de las demás partes del 
mundo ? R a n k e , Der Mensch, II p. 352, supone que tal vez 
hayan sido quemadas para estraer sal; pero, por ejemplo, en 
Lomas se puede observar claramente todavía que se usan 
algas marinas en lugar de leña [aracantos, una especie que 
tiene unos globitos que revientan cuando se les presiona]. 
La manera de usarlas es ésta: se hace una pira de unos 50 
centímetros de alto por 80 de diámetro 3^ la olla, cuyo con- 
tenido se quiere hacer hervir, se acomoda adentro. El éxito 
es completo. 

En algunos lugares, como en Ancón, es posible^ que se 
haya empleado con idéntico fin las tillandsias, que crecen en 
los ciirros vecinos. Fuera de duda está que este combusti- 
ble deja más ceniza que la leña corriente. Este es uno de los 
hechos que contribuyen á explicar el aparentemente rápido 
crecimiento de los montones de conchas. 

La determinación de la edad de los montones de conchas 
es una de las tareas más difíciles de la arqueología. Los pri- 
meros residuos de conchas que han sido materia de estudio, 
3 



18 REVISTA HISTÓRICA 



fueron, según parece, los de las islaá danesas. Poco A poco 
los sabios que se dedicaban á esos estudios han convenido 
en que su origen data de unos 3000 años a. de C, en el pri- 
mer período neolítico de Europa. Más tarde sé ha notado 
que los residuos de cocina debían ser atribuidos al hombre 
prehistórico en general, y que fueron habitados por él en al- 
gunas partes del mundo, al límite del tiempo histórico. Pero 
con cualquiera de los montones de conchas que recién se en- 
cuentra, la cuestión de la fecha de su origen es un problema 
que sé plantea de nuevo y entonces hay que volver sobre la 
discusión de los que existen en las costas de los Estados Uni- 
dos, tanto del Pacífico como del Atlántico, para compren- 
der cuan difícil puede ser la cuestión. Así, pues, estaríamos 
en él Perú en la misma difícil condición sino nos hubiésemos 
adelantado mucho, relativamente, en la asignación de la 
data de las ruinas y de los diferentes restos prehistóricos del 
país. Una cosa nos ayuda mucho en esta tarea: el arte de 
hacer ollas, que alcanza en el Perú millares de años de exis- 
tencia. Las producciones de este material flexible, la arci- 
lla, se prestan de una manera admirable para guiar nuestro 
juicio en la fijación de las fechas á los lugares de hallazgos 
antiguos, por la variedad de los caracteres, que casi varían 
con los siglos. Hasta ahora se ha encontrado fragmentos 
de alfarería en casi todas las acumulaciones de residuos de 
cocina antiguas. A ésta, y á un cierto número de otras cir- 
cunstancias parecidas, debemos el poder fijar con bastante 
claridad, relativamente, la época ú épocas en que los monto- 
nes de conchas peruanas han tenido su origen. Y esta cir- 
cunstancia es de sumo interés para el estudio de los residuos 
de esa clase de todo el mundo, porque los de este país» pue- 
den servir como ejemplo, y contribuirán á establecer la edad 
de muchos otros residuos de conchas esparcidos en los cinco 
continentes. 

El primer resultado que nos ofrece la observación de los 
residuos de conchas del Perú, es que no son de manera algu- 
na, todos ellos, producto de un mismo período. Hay entre 
ellos algunos depósitos que han sido acumulados en tiempo 
bastante reciente prehispano, durante la época incásica, 
cuando los incas dominaban ya en la costa. Tenemos nume- 
rosos depósitos de conchas de origen igualmente reciente, 



LOS **KJOEKKENMOEDDINGS" DEL PERÚ 19 

pero anteriores á los de la época incásica. Todos estos resi- 
duos, junto con los mencionados primero, quisiéramos com- 
prenderlos bajo la denominación de residuos de posición ero. 
nológica más reciente. Fuera de estos, hay otros residuos 
mucho más antiguos, separados de los que hemos tratado 
antes cuando menos por un millar de años. Los que tal vez 
existen en el Perü de un período todavía más antiguo, aun- 
que no mezclados con alfarería, necesitan determinaciones 
aún más claras. 

Como los depósitos de conchas más antiguos que cono- 
cemos y en los que se encuentra vestigios de- alfarería, consi- 
deramos los de la talda de los cerros colindantes con las úl- 
timas casas del pueblo de Ancón y los dos extensos depósi- 
tos que hay^ en las inmediaciones de Supe, cerca de la oril'a 
del mar. 

Aunque nos inclinamos á creer que en su primer origen, 
esto es cuando comenzaron á formarse, eran más antiguos 
que los vestigios más remotos de civilización verdadera en 
el Perú, es seguro que en su fin han sido contemporáneos con 
ellos. El período más antiguo, ahora conocido, de la civili- 
zación peruana es, para nosotros, el de los vasos más anti- 
guos del valle de lea, que hemos estudiado con detención du- 
rante el año de 1901, y sobre los cuales hemos escrito con 
cierta extensión al congreso de americanistas ' reunido en 
Stuttgart en 1904. Estos vasos y las célebres vasijas en- 
contradas después en la región de Nazca y Palpa, pertenecen 
al mismo período. 

Este mismo período antiguo fué representado por colonias 
de gente civilizada en la región de Chancay, loque está com- 
probado con el resultado de las escavaciones que practica- 
mos allí por cuenta del Museo de la Universidad de Califor- 
nia. Las cosas llamadas **de los chimus'* en la región de 
Chimbóte, Trujillo, etc. que en verdad no son de los chimus, 
como expusimos detalladamente al citado congreso de Stutt- 
gart, pertenecían á otra civilización emparentada con la de 
la misma época en el sur. 

Varios dibujos grabados en las ollas en los depósitos 
más antiguos oe Ancón, dependen directamente, por su ori- 
gen, de los ornamentos del período más antiguo de Nazca ^ 



20 REVISTA HISTÓRICA. 



lea. La alfarería hallada en los dos depósitos cerca de Su- 
pe, de que ya hemos hecho mención, tiene un carácter idénti- 
co con los más antiguos de Ancón. La antigüedad de ella 
fué confirmada por el hallazgo de un fragmento de alfarería 
de los depósitos de cerca del faro de Supe, que, evidentemente» 
había pertenenecido á un vaso del período civilizado más 
antiguo de Chancay. Ahora bien, tenemos que fijar con to- 
da precisión la fecha antes de Cristo del período más anti- 
guo de lea (Pisco y Chincha) y Nazca. Naturalmente, al 
principiar á dar fechas retrospectivas, no es posible fijar si 
este período no ha sido más antiguo por millares de años, 
pero una fecha **ante quod", segura, de la cual se pueda des- 
prender alguna enseñanza, reviste, por el momento, más im- 
portancia que una determinación absoluta, la que ahora se- 
ría imposible fijar. Están representados en los entierros an- 
tiguos de Ancón, el período de Tiahuanaco y sus epígonos 
(démosles aquí la fecha, relativamente mínima, de 500 años 
de la Era Cristiana) así como también el de los vasos 
blanco-negro-colorados; pero faltan, tanto en Ancón co- 
mo en otros lugares, residuos de cocina con origen cla- 
ro de estos períodos; y aquellos hallazgos en cementerios 
seculares son las únicas pruebas, hasta ahora, de que gente 
de esos períodos ha vivido en el Perú bajo condiciones que 
podrían haber conducido á la formación de residuos estrati- 
ficados. La presencia de algunas capas y montones de tie- 
rra morada en Ancón, nos inclina á atribuirla á hombres del 
último período de menos edad, mencionado más arriba. 

Como se vé por la exposición precedente, somos de opi- 
nión de que el oriejen de los depósitos de residuos de cocina 
de posición cronológica más moderna, data desde 900 años 
a. de C, según la clase de cronología tomada aquí por ba- 
se. Al rededor de tal fecha principió, ateniéndonos á nues- 
tro cálculo general, la producción de los vasos blanco y ne- 
gros, que ha sido desarrollada con extensión típica, especial- 
mente en el valle de Chancay, pero que se ha podido observar 
también en Huacho, en el valle de Chillón, en la isla de San 
Lorenzo, y, tal vez, en sus términos hasta el valle de Lurín. 

Una verdadera evolución se verificó junto con el princi- 
pio de la producción de los vasos negro y blancos en toda es- 



I.OS **JKOEKKfc;NMOEDDINGS" DEL PERÚ 21 

ta región en el género de vida, y los pobladores de ella vol- 
vieron á habitar, de preferencia, los montones de conchas. 

Todos los innumerables montones de esta naturaleza 
que hay en la pampa de Ancón provienen de este período. 
Puede cortarse cualquiera de ellos en diferentes partes de la 
necrópolis, ó escavarse desde la cima hasta hallar el suelo 
firme, en una profundidad como de diez metros, y no se en- 
cuentra otra clase de vasos que los del período de los blanco 
y negros de Chancay. Está comprobado ésto por la serie 
de escavaciones que allí practicamos. Cementerios enteros, 
hechos á poca profundidad del suelo firme, han sido cubier- 
tos luego con grandes montones de residuos. Por eso es que 
se encuentran entierros en las extremidades de los montones 
de conchas, que parecen pequeños cementerios aislados y 
que, en realidad, pertenecen á un vasto cementerio cubierto 
con el trascurso del tiempo por las grandes acumulaciones 
de residuos. 

Una conclusión se puede derivar de la producción enor- 
me de residuos de cocina durante un solo período en la pam- 
pa de Ancón: ó todo el período debe haber tenido una dura- 
ción muy larga, ó las acumulaciones deben haber crecido 
muy rápidamente. Pero aán suponiendo esto último, no 
se puede menos que atribuir á todo el período una duración 
normal, cuando menos, de unos 400 á 500 años. Atribuímos 
el origen de este mismo período y la pertenencia á la misma 
civilización, á todos los otros depósitos de residuos de coci- 
na d*e toda esta región, que no fueron eximidos arriba; á los 
que existen detrás del puerto de Supe, en la falda del cerro; á 
los que bordean los pantanos cerca de San Nicolás; álos que 
hay cerca de Vegueta, Huacho, Chancay, Bellavista, Chorri- 
llos y también á los de la isla de San Lorenzo, donde, al 
practicar unaescavación, se puede encontrar vasos negro y 
blancos del período de Chancay. 

Cierto es que los vasos negro y blancos no se encuentran 
en el suelo del sur del Perü,pero allí hubo otras formas deci- 
vilización, que no sólo fueron contemporáneas con aquellas, 
sino también paralelas en el nivel general del grado de desa- 
rrollo. Esta era la civilización local de origen más moderno 
de los valles de lea. Chincha, etc. hasta Chala, que parece 



22 REVISTA HISTÓRICA 



haber sido determinada especialmente por el tipo que domi- 
naba al rededor de lea. Por eso, no será sin razón el que 
hayamos encontrado muchas conchas diseminadas por to- 
das partes en el suelo de poblaciones de este período en el 
valle de lea, provenientes de los alimentos que usaban. 

Varios grupos de residuos de cocina, en la región de la 
costa, pertenecen á este período y forma especial de la civi- 
lización. Así, los grandes montones formados de conchas y 
arena en la boca del río de lea, los fragmentos de ollas di- 
seminados en la superficie de estos cerritos, pertenecen á este 
período, que, según nuestro parecer, se extendía, más ó me- 
nos de 900 á 1400 años de la Era Cristiana. 

No hay vestigios que indiquen una cierta relación con la 
civilización de los incas, de manera que se puede conjetu- 
rar que estos cerritos fueron abandonados al principio del 
período incásico de la costa. Pero todo en ellos tiene una 
apariencia tan intacta que parece hubiesen sido abandona- 
dos ayer; los fragmentos de redes, piedras labradas, trapos, 
pedazos de madera, etc., que yacen diseminados por el suelo, 
tienen una apariencia enteramente reciente y hay todavía 
parados palos de las chozas que existieron en uno de aque- 
llos cerritos. Al verlos viene á la memoria el recuerdo deque, 
cuando recorrieron las costas del golfo de México, los espa- 
ñoles descubridores de América, divisaron á los habitantes 
en sus chozas levantadas sobre montones de conchas. Sin 
una exploración minuciosa es difícil decir si en estos cerritos, 
que nos parecieron tener una altura de cerca de 50 metros 
cuanao los visitamos por primera vez,los vestigios del mis- 
mo período de civilización se hallan en ellos desde la cum- 
bre hasta la base. Según la experiencia adquirida en el es- 
tudio de los montones de conchas del Perú, no es muy pro- 
bable que las capas inferiores de estos cerritos pertenezcan á 
un tipo de civilización distinto del que representan las capas 
superiores, pues y^a hemos observado que, por lo general, la 
gente de cada período nuevo, comenzaba á hacer montones 
de conchas propias, sin continuar la acumulación de perío- 
dos anteriores. Téngase presente las experiencias hechas en 
Ancón y Supe. 

A este mismo período pertenecen, según los objetos en- 



LOS **KJOEkKENMOEDDlNGs'* DEL PERC 23 

centrados en los entierros, los residuos de cocina de la Jose- 
fita, cerca de Chala vieja; los vestigios de residuos de la bo- 
ca del río de Chala, y, tal vez, los restos antiguos, muy des- 
truidos ahora, cerca del puerto de Chala. 

Con más seguridad se puede afirmar que los montones 
de residuos de cocina de Lomas, Chaviña, Tanaca, Quebra- 
da de la Vaca, etc. alcanzan al período incásico. Las pobla- 
ciones, como la de la Quebrada de la Vaca, tan bien conser- 
vada, cu3''OS caracteres no se ven con frecuencia en las po- 
blaciones de alguna antigüedad superior, con una abundan- 
dancía de objetos incásicos, que tal vez no pueden ser encon- 
trados in situ, porque las tumbas antiguas han sido destrui- 
das por los aficionados á la huaquería, dejando en la super- 
ficie fragmentos de toda clase, hacen la impresión de haber 
tenido un origen moderno, casi exclusivamente incásico. Las 
tumbas construidas en forma de cópula sobre la superficie 
de la tierra (que en la actualidad están todas destruidas y 
robadas), traen á la memoria ciertas tumbas halladas cerca 
de Challa, en la isla de Titicaca. Al lado de éstas se encuen- 
tra una construcción con muchas celdas, que parece que hu- 
biese sido un cuartel, y que, aparentemente, data del perio- 
do incásico. Construcciones de idéntico tipo hemos encon- 
trado á una y dos leguas de distancia, en las inmediaciones 
de **La Caleta** [entre la Quebrada de la Vaca y el puerto de 
Chala] y en el mismo valle de Chala. El camino de los in- 
cas, que por largos trechos está muy bien conservado, pasa 
cerca de alli. ¿Eran aquellas construcciones cuarteles erigi- 
dos por los incas? ¿Eran colonias militares de mitimaes, en- 
viadas alli por aquellos para poblar y dominar la región y 
para protejer el camino? ¿Era, quizás, toda la población 
acomodada por los incas en este desierto, donde no es pro- 
bable que antes del tiempo de su dominación estuviese po- 
blado, y que manteniéndose con conchas y pescado, presta- 
ban, tal vez, servicios al soberano y contribuían á la seguri- 
dad del imperio? 

Dr. Max Uhle. 



un QUEcnuim 



Entre los claros varones dignos de ocupar una página 
en nuestra Historia literaria, por hal^er honrado las letras y 
al clero nacionales, figura Fanciscpde Avila; cuyo recuerdo, 
al cabo de dos y media centurias de su muerte, nos compla- 
cemos en renovar. 

Es tardía la gloria que se tributa á las cenizas, en sentir 
de un poeta latino: Cineri sero gloría venit, Pero al fin, 
cuando es pago de deuda de gratitud imprescriptible esa glo- 
ria diferida, exime á los pueblos de un cargo fundado, y 
siempre produce estímulo saludable en los contemporáneos 
y en los pósteros. 

Son títulos de Avila, para que se conserve su memoria: 
sus escritos contra la idolatría de los indios, que pueden con- 
siderarse como históricos, por los datos que suministran, 
sobre cultos y mitos del Imperio Incaico; 3' sus sermones en 
quechua, en los que lo usa con destreza tal, que permite 
apreciar la perfección y bellezas de ese idioma. 

En este ligero estudio haremos conocer primero al hom- 
bre y luego al escritor. 



Nació en la ciudad del Cusco hacia 1573, de padres ig- 
norados, de raza española, que se supone eran impedidos, y 
aún nobles. Expúsose al tierno niño en la puerta de la casa 
del Ensayador allí, Cristóval Rodríguez, cuya consorte era 
Beatriz de Avila. Dióse al expósito el nombre de Francisco; 
tomó el apellido de Avila^ probablemente de la mujer de Ro- 
dríguez; y se le agregó después un otro apellido, — Caftrera, 



UN QÜKCHUISTA 25 



que no usaba al firmar: no sabiéndose más pormenores de 
una extracción que convino ocultar, (a) 

En lucha con la pobreza y la orfandad hizo Francisco, 
en cosa de cuatro años, sus cursos de Artes y Teología mo- 
ral, en el mismo Cusco, en las aulas de los Jesuítas; y logró 
sobresalir entre sus condiscípulos, por su mucha aplicación 
y conocido provecho, teniendo varios actos literarios en que 
se expidió muy bien. El cuenta, que el Padre Pedro Casti- 
llo, de la Compañía de Jesús, fué su primer maestro de Gra- 
mática latina. 

Tonsurado por el Obispo de esa Diócesis, Fray Gregorio 
de Montalvo, el 21 de octubre de 1591, y ordenado de ostia- 
rio el 26 de abril de 1592, decidióse á venir á Lima á conti- 
nuar su carrera, «aunque no contaba aquí con parientes, 
amigos ni dinero. ¿ Recibía, tal vez, secreta protección desús 
padres ?— No lo sé. 

Parece que el mismo año 92 ingresó á la Universidad de 
San Marcos, célebre ya por sus miembros eminentes. El te- 
naz cusqueño hubo tiempo en que oía y recibía siete leccio- 
nes diarias: cinco en los generales de dicha Escuela; una du- 
rante dos años, del afamado Jesuita Estevan de Avila, sobre 
la materia Z>e censuris; y otra De simoniay dictada por el 
Dr. Carlos Marcelo Corne, ilustre obispo después de Truji- 
11o, su patria, y fundador del Seminario Conciliar que lleva 
su nombre. 

De regreso al Cusco Avila, en 1596, le confirió los gra- 
dos de lector, exorcista y acólito, el 8 de marzo, en Chall- 
huanca, provincia de Aimaraes, el Obispo de Tucumán don 
Fernando de Trejo. El mismo Prelado lo ordenó allí de sub- 
diácono el sábado siguiente; de diácono en la catedral del 
Cusco, el 30 de marzo, víspera de la dominica de Pasión; y 
de presbítero^ el 13 de abril, en la iglesia de San Francisco 
de esa ciudad. 

El vehemente deseo de Avila de concluir sus estudios, y 
graduarse, lo trajo de nuevo á Lima: cursó cánones y le3'es 

(a) Avila acabó por firmar DávUa, contracción de — De Avila ; siguien. 
do el ejemplo de otros individuos del mismo apellido como Dávila aparece 
siempre en su volumen de sermones, en el título, prólogo, licencias y cen- 
suras; j así lo llaman también varios autores, y entre ellos Pablo José de 
Arríaga, en 1621, en su Extirpación de la idolatría. 
4 



26 REVISTA HISTÓRICA 



en la misma Universidad; tuvo muchos actos sabatinos de 
esas facultades, y varios generales ante el claustro de docto- 
res y maestros. Logró recibirse de Bachiller el 12 de febre- 
ro de 1597; y mucho más tarde,— quizá por el gasto excesi- 
vo que se requería,— de Licenciado y Doctor, en 10 y 12 de 
julio de 1606. 

En la visita que hizo, por orden del Rey, á la Universi- 
dad de Lima, el Arzobispo de México don Alonso Fernández 
de Bonilla, el doctor Alsiha, Catedrático en ella de vísperas, 
encomendó á Avila un acto, y conclusiones del capítulo Ex 
lítterís — De jure patronatus, para que se viese el adelanto de 
ese cuerpo literario, y tuvo aquello el mejor éxito. 

Domiciliado en la Arquidiócesis. logró Avila en concurso, 
en 1597, el curato de San Damián, perteneciente á la provin- 
cia de Huarochirí, en donde se le ofreció vasto campo para 
mostrar su celo en predicar á los indios, y desterrar la idola- 
tría, que conservaban por ignorancia, y por natural apego á 
las creencias y prácticas de sus antepasados. 

Hecha la visita del curato por Santo Toribio, declaró á 
Avila exento de toda responsabilidad, por auto expedido en 
Quinti el 9 de octubre de 1598. Iguales sentencias se dieron 
en las visitas que después realizó el bachiller Fernando Mar- 
tínez, visitador general del Arzobispado, que son fechadas, 
respectivamete, en Chorrillo, el 18 de marzo de 1600, y en 
Santiago de Tumna, el 24 de setiembre de 1601. 

Avila fué nombrado vicario del pueblo 3' doctrina de San 
Damián, Quinti, Santa María de Jesús, el Chorrillo, Sisicaya 
y San Bartolomé de Suey acancha rdióle el título el licenciado 
Miguel de Salinas, Visitador general de la Arquidiócesis, en 
Huarochirí, el 26 de octubre de 1598. 

Nuevo nombramieto de vicario le libró el mismo Santo 
Toribio, el 2 de julio de 1603, en el pueblo de San Pedro de 
Huaricairi; 3' el Deán y Cabildo en sede vacante le confirieron 
también el vicariato el 16 de junio de 1606. 

Véase en qué términos se expresa sobre Avila el visitador 
Martínez, al pronunciar su veredicto, en la causa de visita 
que siguió: **Fallo atento á los descargos que dio, queledebo 
absolver y absuelvo, y doy por libre de los dos cargos que le 
fueron fechos, y de todo lo en ellos contenido, y debo decía- 



UN QUECHUISTA 27 



rar y declaro al dicho licenciado Francisco de Avila por sa- 
cerdote muy honrado, docto, estudioso y honesto, de mucha 
virtud y recogimiento, y que ha acudido y acude assi al offi- 
cio de cura, como al de Vicario, con mucha diligencia 3* cuy- 
dado, y merece que su señoría Iltma. le premie, y haga mer- 
ced en lo que se le oflFreciere. Y por esta nuestra sentencia de- 

ffinitivamente juzgando asi lo pronuncio y mando** 

En 1607 presentó Avila, al Cabildo en sede vacante, una 
solicitud, para que se instruyera una sumaria información 
sobre su vida y costumbres, á tenor de las once preguntas 
contenidas en el interrogatorio que formuló: pedía también 
copias de los títulos de su ordenación, de los grados de li- 
cenciado, bachiller y doctor; y de las visitas por él hechas en 
San Damián, Chaclla y Mama: á fin de que, en presencia de 
esos documentos, el Rey y el Consejo de Indias le concedieran 
una Dignidad ó Prebenda. 

Fueron declarantes: el Dr. D. Bernardino de Almanza, 
Tesorero de la iglesia de Cartagena; el Licenciado Alonso Me- 
nacho y el Bachiller Diego González Chamorro, curas de la 
Catedral de Lima; y los doctores Carlos Marcelo Corne, Ma- 
gistral, y Francisco de León Garavito, Catedrático de Pri- 
ma de leyes en San Marcos. El expediente original, en 29 ho- 
jas, de dicha información, se conserva; y merced á él se cono- 
cen detalles sobre la vida del Cura Avila hasta entonces. Di- 
cho expediente concluye con este parecer: 

*' En la ciudad de los Reyes. A diez y siete días del mes de 
mayo de mili seiscientos e siete años, el señor doctor don Pe- 
dro Muñiz, Dean de la Sancta y Cathed ral Iglesia déla dicha 
ciudad. Provisor e Vicario general en ella e su arzobispado. 
Por su señoría Dean e cavildo sede vacante y en birtud de la 
comisión que tiene de su señoría para lo aquí contenido 
abiendo visto estos auctos e ynformacion — dixo que a los 
testigos, que en esta ynformacion an depuesto, conoze de 
muchos años a esta Parte y los tiene por hombres Prencipa- 
les, temerosos de dios, E tiene por cierto, que Por ningún, ín- 
teres depondrán más de lo que supieren, Y entendieren, con 
toda Puntualidad, Y que al dicho Doctor Francisco de avila 
conoze desde niñoexpuesto, á la puerta de xpoval Rodríguez. 
Ensayador del Cuzco, y de beatriz de avila su mujer, y con 



28 REVISTA HISTÓRICA 



aberse criado con grande Pobreza fue desde niño tan yncli- 
nado a la virtud y estudios que en su buena ynclinación. a 
mostrado siempre ser hijo de Padres nobles, y se a dado al 
estudio, Con tanta, codicia E curiosidad sin deRamarse. En 
vicio ninguno, que en los dichos sus estudios, así de gramá- 
tica como En cánones, asta graduarse de doctor a hecho Ben- 
taja siempre a todos, los estudiantes que con el concurrían. 
En el estudio. E asi fué siempre tenido. Por el mexor estu- 
diante absolutamente de los. de la Unibersidad de su tiempo 
y a el susodicho le encomendaban, común mente los maestros 
los actos generales, de Exercicio del argüir y después, de 
aber alcanzado el sacerdocio y acabados sus estudios. Con 
el Probecho virtud, y diligencia que tiene Referidos, se ence- 
rró en una doctrina de yndios. Donde tiene cierta Relación 
su merced Y save que a servido a dios en la dicha doctrina 
de yndios Enseñándoles nuestra santa fe católica y adminis- 
trándoles los sacramentos con muy buen exemplo y celo del 
aprobechamiento E salbación de los yndios. Y con lo que a 
ganado en la dicha doctrina bino á esta Unibersidad. y se 
graduó de licenciado. E dotor. con grandes muestras de su 
abilidad E letras, y se opuso a la calongia Doctoral que su 
magestad mandó se Proveyese por concurso enbiándole tres 
nombrados, para Presentar, el que mas su magestad se sir- 
biese. E en el qual dicho concurso mostró bien sus letras, y 
erudición, leyendo. Respondiendo. E arguyendo. E dio mu- 
cho contento al arzobispo E prebendados. Y al oydor seña- 
lado por el señor don Luis de Velasco virrey destos Reynos. 
Para asistir al dicho concurso, aunque no le cupo la suerte. 
Por las quales. causas. El arzobispo don Thuribio mogrove- 
jo que sea en gloria y después de sede vacante su merced co- 
mo Dean E Provisor deste arzobispado, le tiene Encomenda- 
do, y echo vicario de las provincias al Rededor, muchas le- 
guas, de su benefficio. E que por las dichas causas. E razo- 
nes, tiene por cierto será serbicic» de dios nuestro señor que 
su magestad se sirba de hacerle merced En cualquier digni- 
dad. O calongia deste Reyno como sea de las Yglesias más 
prencipales e más Ricas porque así se Premiará la birtud E 
letras, y estudios y se animarán, otros, pobres, y desampa- 
rados como el dicho Doctor francisco de avila a sido desde 



UN QUECHUISTA 29 



SU niñez a seguir la virtud y estudios, y esto es lo que le pa- 
rece En su conciencia E lo firmó. BI Doctor Muñiz, — Ante 
mí Crístóval de Villanueva, secretario y Notario público.*' 

El inolvidable americanista Jiménez de la Espada, que 
equivocadamente creyó limeño al Cura Avila, hace su mere- 
cido encomio; lo llama famoso, por su diligencia, habilidad 
y predicación, y por su pluma; dice, que era un varón cu^'a 
modestia rayaba con sus talentos y virtudes; y cita en parte 
lo que, sobre sus servicios y méritos, expuso al Rey, en 610, 
al oponerse á una Canongia de la Iglesia de Lima. Avila di- 
ce así: **Soy persona de letras, y que las profeso y me precio 
de ellas; doctor en cánones por esta universidad, donde fui 
graduado, rigurosamente examinado y aprobado, habiendo 
estudiado siempre con extremada pobreza y no más ayuda 
que la de Dios, que fué servido alimentarme, y me he ocupa- 
do más de trece años en curatos de indios, enseñándoles y 
doctrinándoles en nuestra santa fe católicaf Soy asimis- 
mo hijo expuesto de esta tierra, de padres naturales de esa 
y nobles, aunque no conocidos; gozo de los privilegios de los 
que el derecho llama expuestos, quorum parentesignorantur, 
y por el consiguiente soy. hábil para cualquier oficio, digni- 
dad, canongía y beneficio^ así por derecho como por indulto 
que concedió la Santidad de Clemente octavo á los tales ex- 
puestos, y para mejor cautela y abundancia, tengo particu- 
lar dispensación en caso que fuere necesario. Aunque alo que 
he entendido, el ser expuesto, que es lo que más me había de 
ayudar, me ha dañado cerca del Cabildo de esta iglesia, en la 
nominación que hizo, si no me puso en buen lugar." 



« 
* « 



Cuando el Párroco de San Damián disfrutaba de más 
crédito, entregado al estudio y al servicio de su doctrina, en 
setiembre de 1607 inicióse contra él un expediente de 24 ca- 
pítulos; acusándolo de exacciones contra los indios, de re- 
cargo del trabajo de éstos, y de algunas otras faltas graves 
en el ejercicio de su cargo. Era Procurador general de los in- 
dios Francisco de Avendaño. 



30 REVISTA HISTÓRICA 



Avila fué enjuiciado y estuvo aquí preso; absolviéndolo al 
fin, el Racionero Dr. Baltazar de Padilla, Juez, Vicario y Vi- 
sitador general del Arzobispodo, por el Venerable Cabildo en 
sede vacante. Confirmó la sentencia, el 24 de diciembre de 
1609, el Dr. Feliciano de Vega, Provisor y Vicario general; 
quien en ella dice: **Fallamos, atento los autos y méritos de 
esta causa, que debemos de absolver, y absolvemos, y damos 
por libre, al dicho Dr. Francisco de Avila, de los dichos capí- 
tulos y de lo demás pedido contra él en la dicha razón, aten- 
to á la retractación y apartamiento de los dichos indios y 
testigos que contra él se pusieron en la dicha causa, contra 
los cuales le reservamos su derecho á salvo, para que en ra- 
zón de su calumnia y lo demás, pida y diga en justicia como 
le convenga.'* 

Así terminó, después de trascurrir más de dos años, este 
ruidoso proceso, que puso á prueba la honorabilidad y la 
paciencia del Dr: Avila; y que consta de 144 hojas en folio 
español. En una declaración que prestó el acusado, el 3 de se- 
tiembre de 1609, afirma: que contaba 36 años de edad y 13 
de sacerdocio: habiéndome servido este dato, para fijar el 
año 1573 como el de su nacimiento. 

Conviene no olvidar lo que asevera él mismo, en la Pre- 
fación de sus Sermones: que los indios forjaron en complot 
esa querella calumniosa, por sus prédicas frecuentes, impug- 
nando la idolatría; y sobre todo, por el sermón que les hizo, 
en la más solemne de sus fiestas, el 15 de agosto de 1609 con- 
tra Parínccacca y Chaupiñamocc, divinidades de primer ran- 
go en la comarca. 

A causa de lo mucho que había sufrido Avila en San Da- 
mián, por las imputaciones de que fué víctima, debió preten- 
der otro curato. El Rey lo nombró para el de Huánuco en 
1610; cuyo beneficio aceptó, poniendo un interino mientras 
él desempeñaba otro cargo. 

El 13 de diciembre de 1609, ante selecto auditorio, recitó 
el Dr. Avila, en la catedral de Lima, una elegante oración la- 
tina, felicitando por su reciente llegada al Iltmo. Arzobispo 
Lobo Guerrero, y llamando su atención sobre la idolatría de 
los indios. El virtuoso Prelado, lleno de celo, lo nombró pri- 
mer Visitador de idolatría, en 1610; y con este carácter co- 



UN QUECHUISTA 31 



nienzó luego la visita de los pueblos de San Damián, Mama, 
San Pedro de Casta, Huarochirí y San Lorenzo de Quinti: 
poniéndose tan grave en Casta, que tuvo que venir á Limaá 
medicinarse. 

Continuó la visita á su costa, siempre de Cura de Huá- 
nuco, hasta 1618, en que lo nombró el Rey Canónigo de la 
iglesia de la Plata, y después Maestrescuela de ella hasta 
1640. Restituido á Lima, tras larga ausencia, fué Canónigo 
de su Cabildo, del año 32 al de su muerte. 

En los nueve años cotitinuos de su visita no hubo día que 
pasase sin predicar siquiera una vez, 3'' en muchas ocasiones 
eran más de dos los sermones al día. En Charcas predicó á 
los indios en su lengua todos los domingos y fiestas, por es- 
pacio de dos años; y en Lima hasta 1643, en que se lo impi- 
dieron la sordera y achaques seniles que sufría. 

El Dr. Avila fué uno de los siete primeros visitadores de 
idolatría que de^^ignó el Arzobispo Yillagómez; á pesar de la 
incapacidad en que 3'a estaba de ayudar de otro modo que 
con sus consejos y experiencia. 



Nuestro Avila, al ver cómo los indios, sus feligreses, ocul- 
taban y disimulaban su idolatría, tomó el interés más vivo 
en extirparla, con virtiéndolos y destruyendo los ídolos, los 
adoratorios, y afin los mallquis ó cuerpos de sus progeni- 
tores. 

Ufano de sus hechos, próximo á su fin, hace él mismo la 
narración de ellos en esta pregunta de sus Sermones: ** ¿ Yo 
proprio no saqué más de treynta mil ídolos por mis manos 
abrá treynta años de los pueblos del Corregimiento de Hua- 
rocheri, Yauyos, Xauxa, y Chaupihuaranccas, y otros Pue- 
blos, y quemé más de tres mil cuerpos de difuntos que ado- 
raban? Esto es muy público en este Rey no, y oy pienso que 
todos han buelto á lo mismo.'* (T. 1., pág. 236). 

•• En concepto de algunos, dice Jiménez de la Espada, es- 
tas visitas fueron un estrago, una desolación, donde queda- 
ban para siempre destruidas, con los id oíos y adoratorios in- 



32 REVISTA HISTÓRICA 



díanos, y con los vasos, vestidos, útiles é insignias de su cul- 
to gentílico, infinidad de monumentos interesantísimo é in- 
dispensables á la historia de aquellos pueblos Pero la 

indignación que esa ruina pudiera excitar se atenúa bastan- 
te, considerando que la mayor parte de aquellos adorados 
objetos eran simples piedras del campo ó del camino, que ios 
infieles tenían por divinas y milagrosas, á fuerza de empe- 
ñarse en que lo eran." 

Pero el Dr. Avila no se limitó á predicar persistentemen- 
te contra la idolatría, y á destruir todo lo que sirviera á con- 
servarla y propagarla, quiso que así la iglesia como el gobier- 
no pusieran el mayor conato en que los indibs aborreciesen, 
y hasta olvidasen todo aquello. 

Su primer trabajo se titulaba: 

Tratado y relación de los errores^ falsos dioses y otrras 
supersticiones, y ritos diabólicos en que -[vivían antigvamen- 
te lifS indios de las provincias de Huarocheri, Mama y Chac- 
lia, y hoy también viven engañados con gran perdición de 
sus almas. Recogido por el doctor de personas fidedig- 
nas y que con particular diligencia procuraron la verdad de 
todo, — Año de 1608. 

En 1611 escribió una memoria sobre su primera visita 
con este epígrafe; 

Relación que yo el doctor Francisco de Avila, presbítero, 
cura y beneñciado de la ciudad de Guánuco hice por man- 
dato del Arzobispo de los Reyes acerca de los pueblos de in- 
dios de este arzobispado, donde se había descubierto la ido- 
latría y hallado gran cantidad de ídolos que los dichos indios 
adoraban y tenían por dioses. 

Otro trabajo suscinto de Avila, que ha publicado Medi- 
na, en su reciente obra, La Imprenta en Lima, es la 

Relación que hizo por mandato del señor Arzobispo de 
los Reyes acerca de los pueblos de indios de este arzobispado 
donde se ha descubierto la idolatría y hallado gran cantidad 
de ídolos que los dichos indios adoraban y tenían por sus 
dioses. 

Queda también, en el archivo del convento grande de San- 
to Domingo de esta ciudad, un otro escrito de Avila, sobre 
la idolatría de los indios. Se titula: 



UN QUECHUISTA 33 



Parecer y arbitrio del doctor Francisco Dávila^ beneficia- 
do de Guanaco y Visitador de la idolatría j para el remedio 
della en los Indios deste Arzobispado.— MS, f^ de 3 pág.; fe- 
chado en Lima, el 16 de febrero de 1616. 

Este breve trabajo en que su autor propone seis remedios 
para extirpar la idolatría, forma parte de un interesante vo- 
lumen de diversos documentos antiguos: lleva el núm. 124, y 
está en la pág. 272. 

El docto americanista Clemente R. Markham tradujo al 
inglés la primera obra de Avila quehe mencionado, publicán- 
dola en Londres, en 1872, con el título de 

A narrative ofthe errors, false Gods, and other supersti- 
tions and diabolical rites in wich the indians of the Provin- 
ees ofHuarochiriy Mama and Challa lived in ancient times, 
and in wich they even now Uve, to the perdition oftheir 
souls 

El mérito de esta traducción, no consiste sólo en la fide- 
lidad y acierto para interpretar el texto, sino en las notas 
con que se la ha ilustrado. 

Hay de Avila además una aprobación, fecha en Lima el 
8 de octubre de 1646, de la obra de Bartolomé Jurado Palo- 
mino— Dec/aracíd/7 copiosa de las quatro partes más esencia- 
les y necessarias de la doctrina christiana; obra que es el ca- 
tecismo del Cardenal Roberto Belarmino, vertido al quechua. 

La obra más importante de Avila, la que le ha conquis- 
tado un nombre que perdura, son sus Sermones para todo el 
año, en quechua, y vertidos por él mismo al español. Son 122: 
del primer tomo 95 y 27 del segundo. Después del tema, y 
de la exposición clara y rápida del Evangelio del día, hace 
las reflexiones morales del caso, y acaba con una ligera ex- 
hortación: siendo dignas de observar la claridad y sencillez 
del estilo, apropiadas á la incultura de los indios. 

En esa época, en que los escritores de todo orden en el 
Perú hacían gala de pretensiosa y forzada erudición, usando 
un estilo alambicado, y á veces ininteligible, hacinando con- 
ceptillos, extravagancias y ridiculeces, Avila fué uno de los 
pocos que se dirigía al pueblo en lenguaje llano y á su alcan- 
ce, con cierta unción, y sin olvidar la majestad de la cátedra 
sagrada y la altura de su ministerio. Se sustrajo al mal gus- 
5 



34 REVISTA HISTÓRICA 



to dominante, y esto hace su elogio y explica el éxito de sus 
homilías. 

El libro á que me refiero se titula: 

Tratado de los Evangelios que Nuestra Madre la Iglesia 
propone en todo el año desde la primera Dominica de Ad- 
viento, basta la vltima Missa de Difuntos, Santos de España^ 
y añadidos en el nuevo rezado. Explicase el Evangelio, y se 
pone vn sermón en cada vno en las lenguas Castellana, y Ge- 
neral de los Indios deste Reyno del Pera, y en ellos donde dá 
lugar la materia, se refutan los errores de la Gentilidad de 
dichos Indios, Dedicado al Santíssimo Predicador de las Gen- 
tes, y Apóstol Pablo, y al Illustríssimo Señor Doctor Don 
Pedro de Villagómez, Arzobispo desta ciudad, y á todos los 
Señores Obispos del dicho Reyno, 

El tomo primero **contiene desde la primera dominica de 
Adviento, hasta el sábado de la octava de Pentecostés'*, sin 
indicarse el año ni lugar de impresión; pero fué impreso en 
Lima en 1646. Después de una lámina de San Pedro, con 
unos versos latinos y un anagrama epigramático del nom- 
bre del autor (6) están los autos del Virrey y Arzobispo so- 
bre la idolatría de los indios; el discurso latino del Dr. Avila 
al mismo Prelado, sobre ese tema; las aprobaciones de PvRy 
Miguel de Aguirre, agustino; Francisco de Contreras, jesui- 
ta; Juan de Arguinao, dominico; y Dr. Andrés García de Zu- 
rita, obispo electo de Huamanga; — las licencias para la im- 
presión; y la Prefación al libro por el autor: — 44 hojas de 
prelim. y 564 páginas. 

El tomo segundo, publicado en 1648, muerto Avila, por 
su buen amigo y albacea, el Licenciado Florián Sarmiento 
Rendón, capellán mayor del Monasterio de Santa Clara, fué 
aprobado por los mismos censores, padres Aguirre, Contre- 
ras y Arguinao; y consta de 6 hojas n. n., 143 páginasy 3 h. 

b) — Como cosa curíosa publicamos el anagrama latino que se formó 
del nombre de Avila, y un epigrama de su elogio. 

ANAGRAMA 

Dominus Franciscus de Avila 

Indis corde, ac manv salvs fui. 

EPIGRAMA ANAGRAMATICO 

Ule ego, qui miseris sucurrens vt pater INDIS, 

CORDE AC sepe MANV vita SALUS que FYl 



UN QUECHUISTA 35 



del índice. — Las licencias para la impresión fueron dadas, 
en agosto de 64-8, por el Arzobispo y el Virrey, s 

Se cita también, como impresa por Avila, una Relación 
de la vida de la Madre Estefanía de San José; con un discur- 
so de él, que se considera modelo. 

Dejando á un lado, entre los quechuistas, á los gramáti- 
cos y lexicógrafos Domingo de Santo Tomás, González Hol- 
guín, Figueredo, Huerta, Martínez, Ocón quedan los es- 
critores en quechua, que conocían mejor la índole 3' fraseolo- 
gía de esa lengua, y la hablaban con facilidad y corrección; 
como Oré, Pérez Bocanegra, Avendaño y uno que otro más: 
entre los que Avila ocupa lugar prominente. 

Debióse á su crédito como quechuista, que escribiera, el 
18 de agosto de 1615, la aprobación del Arte de la lengua 
Quecbuay por el Dr. Alonso de Huerta, huanuqueño. Cate- 
drático de ella en San Marcos; y que tuviera Avila hasta su 
muerte, esa cátedra y la capellanía que debía servir, predi- 
cando á los indios los domingos y días festivos, en su idioma, 
á la puerta de la Catedral: en cuyos cargos lo sustituyó el 
Cura del Sagrario, Dr. D. Alonso de Osorio, nombrado por 
el Arzobispo Villagómez, el 23 de noviembre de 1647. 

El Canónigo Avila presentó un recurso al Cabildo, el 27 
de marzo de ese año, pidiendo se le exceptuase de la asisten- 
cia á coro y de los oñcios de su canongía. Alega que está sor- 
do, á punto de no oír en absoluto nada, ni el toque de las 
campanas; que no puede dar un paso; ni tiene hora segura, 
desde que se encuentra muy enfermo, y abrumado por sus 74 
años. El Cabildo sometió la resolución de este asunto al Ar- 
zobispo señor Villagómez. No embargante ésto, asistió Avila 
al Cabildo de venia^ el martes 16 de abril; hallándose tam- 
bién en él dicho Prelado: luego no se encuentra ya después su 
nombre en las actas capitulares, pues le llegó el descanso fi- 
nal el 17 de setiembre del mismo año 47. 

El 4 de este último mes testó ante el Escribano público 
Antonio Hernández de la Cruz. Mucho antes, desde 1633, 
había fundado aquí una memoria, en la iglesia del Convento 
grande de San Francisco, para una misa solemne en el altar 
mayor y procesión, el 17 de setiembre, día de las llagas del 
santo; con asistencia del Arzobispo y del Cabildo eclesiásti- 



36 RKVISTA HISTÓRICA 



que, para concurrir, adelanta las horas 3" la misa conven- 
tual. El principal impuesto fué de 2,400 pesos, que debían 
producir 120 de renta al año. 

El célebre padre Miguel de Aguirre, en su censura del se- 
gundo tomo de Sermones de Avila, de quien fué amigo ínti- 
mo, dice: **Parece quiso Dios nuestro Señor premiar el zelo 
al autor con muerte tan piadosa, y christiana, y tan preve- 
nida que muchos días antes la hauía predicho é muchos, 
afirmando que moriría el día de las llagas de nuestro glorio- 
so Padre San Francisco, su singular devoto, y en cuyo culto 
y loor hauía fundado, y dotado la solemnidad con queste 
día van en procesión, y asisten á la fiesta el lllustríssimo se- 
ñor Arzobispo, y Cavildo insigne, en el Convento del santo 
Patriarca de esta ciudad y espiró el Dotor Avila al primer 
golpe del doble de campanas, que para recuerdo, y sufragio 
suyo anticipado, hauía ordenado catorce años antes."— De- 
be recordarse que era hermano de la tercera orden. 

El mismo padre Aguirre asegura: que Felipe III escribió, 
al margen de una consulta del Consejo de Indias, en 1618, 
que para todos los obispados vacantes de ellas íuera consi- 
derado Avila, por ser digno, según la relación que de él se le 
hacía. 



Así acabó su carrera mortal este venerable sacerdote, 
predicador apostólico durante cincuenta años en los arzo- 
bispados de Chuquisaca y Lima; que fué infatigable en extir- 
par la idolatría de los indios, y en procurar luciesen entre 
ellos las creencias y las virtudes cristianas. 

La acción individual de Avila cesó con la muerte; pero en 
su libro de Sermones dejó trazado el surco, para que pudie- 
ran con facilidad seguir su ejemplo los curas y doctrineros de 
los indios, que necesitan, para ser comprendidos, evangelizar 
á éstos en su idioma. 

Asistieron á su entierro el Virrey, la Audiencia, los Ca- 
bildos, las religiones y un gran concurso: justo homennje á 
ese humilde expósito, cuya vida fué tan fructuosa. 



« 
« « 



UN QUECHUISTA 37 



Para concluir: en confirmación de algo de lo que dejo es- 
crito, voy á copiar parte de los informes, por su naturaleza 
reservados, que dieron á la Corona acerca de Avila, con dis- 
tancia de 23 años, un Virrey y un Arzobispo: el Marqués de 
Montesdaros y don Fernando Arias de Uga.rte, personajes 
meritísimos. 

El Virrey, en carta de 31 de marzo de 1610, recomenda- 
ba á Avila para una canongía; calificándolo de ^'hombre de 
moderadas letras, buena opinión en sus costumbres, criollo 
deste reino, y aunque hay opinón que son conocidos sus pa- 
dres, él se cuenta por expuesto, y en cualquiera destos dos 
caminos es mestizo, según se tiene por más cierto." 

El digno Prelado escribía al Rey, en estos términos, el 
13 de mayo de 1633: **E1 Dr. D. Francisco de Avila, natural 
de la ciudad del. Cuzco, hijo expósito, es de edad de 60 años, 
es doctor en cánones, docto y bien entendido; ha sido doctri- 
nante en este arzobispado y visitador general; trabajó con 
provecho en la extirpación de la idolatría, fué canónigo y 
maestrescuela de la iglesia de los Charcas algunos años; ha 
un año que es canónigo de esta Iglesia, asiste al coro con 
cuidado; siendo yo indigno arzobispo de los Charcas, se si- 
guieron contra él causas niu>' graves, de que fué dado por 
libre/' 



« * 



Entre los autores que lo elogian y consignan sobre él da- 
tos, citaremos: á Diego de Córdova Salinas, en su Crónica fran- 
ciscana (1. V. cap. XXVIII, pág. 536); á fray Bernardo de 
Torres, en la Crónica de la Provincia Peruana de San Agus- 
tín (1. I, cap. XXXXIII, pág. 24.1); á Gil González Dávila en 
el Teatro eclesiástico de las Indias (tomo I, págs. 20 y 68); 
al Padre Arriaga, en la Extirpación de la Idolatría de los lu- 
dios del Pera (cap. I); á Montalvo, en el Sol del Nuevo Mun- 
do (pág. 85); á Mendiburu, en el Diccionario histórico-bio- 
grático del Perú (tomo I, pág. 411); ajiménez de laEspada, 
en las Tres relaciones de Antigüedades Peruanas (pág. 



38 



REVISTA HISTÓRICA 



XXXII); á Tovar, enlos Apuntes para la Historia Eclesiásti- 
ca del Perú (pág. 105); á Medina, en La Imprenta en Lima 

(tomo I, págs. 116, 383 y 386 Pudiera aún mencionar 

otros autores, que no dicen nada de nuevo; pero sí recorda- 
ré el Catálogo cronológico de los obispos del Cusco , publica- 
do en 1831; y la obra de Bermúdez sobre las Actas del Ca- 
bildo Metropolitano de Lima (pág. 72). 



Lima, marzo de 1906. 



José Toribio Polo 



FACSÍMILE DE LA FIRMA DE AVILA EN 1607 




¿^y? 



c:i==^-^^-C>^^ 




La Virreina Gobernadora 



Así como los grandes artistas dedican especial atención 
á determinada parte de sus obras inmortales, así, el Creado , 
al modelar el globo terráqueo, hizi) objeto de todos sus es- 
meros, de todas sus predilecciones, á esta parte que se llama 
Perú, y derramó sobre ella con pródiga mano, abundantes 
dones para singularizarla y distinguirla de las demás regio- 
nes de la Tierra. Baña sus extensa? costas un mar, el Pací- 
fico, cuyas bravezas apenas pueden compararse con las agita- 
ciones de otros mares, y en ellas las tempestades son desco- 
nocidas. De Norte á Sur la cruza la colosal cordillera de los 
Andes, que sirve de espina dorsal al más grande de los cinco 
continentes del globo, y cuya médula fórmanla metales pre- 
ciosos, en abundancia y riqueza no igualadas en ninguna 
otra región; y tan ricos, variados y abundantes como su rei- 
no mineral, son sus reinos vegetal y animal. Su clima es una 
eterna primavera, y serp^tean por su territorio, en todas 
direcciones, hermosos ríos navegables, que contribuyen á 
formar el magestuoso Amazonas, el rey de los ríos de la 
Tierra. 

En el orden moral, no menos predilecciones ha tenido con 
el Perú el Ser Supremo. Por su bondad de carácter y vivaci- 
dad de ingenio, los peruanos gozan de fama universal, así 
como la gozan sus mujeres por su belleza y discreción; y para 
singularizarlo más aún de las otras naciones del Continente, 
concedióle dos preeminencias que no han tenido la dicha de 
gozar los demás pueblos americanos: en el Flos Santorum fi- 



40 REVISTA HISTÓRICA 



guran tres santos peruanos, dos nacidos en lejanas tierras, 
pero que florecieron y murieron aquí, Santo Toribio Mogro- 
vqo y San Francisco Solano, y una nacida en Lima, Santa 
Rosa, honra y orgullo del Continente Americano, por más 
que la emulación hiciera aparecer una Azucena de Quito, en 
el Ecuador, y una Santa Rosa del Mapocho, en Chile; y en la 
nómina de gobernantes del Perú figura una mujer, hecho ca- 
si desconocido en los anales de la Historia patria, que es lo 
que motiva este trabajo. 



Junto con la noticia de la muerte del Conde de Santiste- 
ban, abultando sus proporciones de manera alan nan te, llegó 
á la Corte la de los disturbios de Laycacota, por lo cual la 
Reina regente Doña Mariana de Ncuburg, que gobernaba 
dwrante la menor edad de Carlos II, resolvió el nombramien- 
to y envío inmediato de nn nuevo virrey, que se encargase, 
ante todas cosas, de la pacificación del reino; y después de 
muchas vacilaciones y consultas con el Consejo de Indias, 
halló el personaje que buscaba. 

Y fué éste el Excelentísimo Señor Don Pedro Antonio Fer- 
nández de Castro Andrade y Portugal, de real estirpe, terce- 
ro del mismo nombre, décimo Conde de Lemos, por gracia 
otorgada por el Rey Don Enrique IV en 1457 á Pedro Alva- 
rez de Osorio, séptimo Marqués de Sarria, octavo Conde de 
Villalba, sexto Conde de Andrade, señor de las casas y esta- 
dos de las Marinas y Biedma, Grande de España de la pri- 
mera clase y antigüedad, octavo Conde de Castro, Duque de 
Taurisano y Barón de la Mota de Santa Ágata, etc. etc., na- 
cido en su palacio de Monforte de Lemos ^1 29 de Junio de 
1632, hijo de Don Francisco Fernández de Castro y Portugal, 
Legnano de Gatinara, noveno Conde de Lemos, insigne pro- 
tector de las letras, Mecenas que fué del inmortal Cervantes 
y á quien éste dedicó PérsiJis ySigismunda, encabezando la de- 
dicatoria con la conocida copla: 

** Puesto ya el pie en el estribo 

Con las ansias de la muerte, 

Gran señor, ésta te escribo ''. 
y de la Condesa Doña Antonia Téllez Girón, hija de Pedro 



LA VIRREINA GOBERNADORA 41 

Téllez Girón III Duque de Osuna, y viznieta del conquista- 
dor de México Hernán Cortés. 

En Madrid, el 20 de Julio de 1664, y previas capitulacio- 
nes, había el Conde contraído matrimonio con Doña Ana, 
Francisca-Hermenegilda-Justina-Josefa-Benita-Vicenta de 
B<»rja y Centellas, Doria y Colonna, prima suya, nieta de 
San Francisco de Borja, lo mismo que el Conde su marido, y 
por ende, ambos descendiente^? del célebre Rodrigo de Boija, 
ó sea el Papa Alejandro VI; nacida en Gandía y bautizada el 
22 de Abril de 1640, hija octava de Don Francisco Pascual 
de Borja y Centellas, Doria y Carreto, octavo Duque de Gan- 
día, y de la Duquesa doña Artemisa María Doria y Colonna, 
hija del célebre Almirante Andrés Doria, Principe de Malfi, 
vencedor en Lepanto, y de la Princesa Juana Colonna. En 
primeras nupcias, y sin haber logrado sucesión, estuvo doña 
Ana casada con Don Enrique Pimentel Enríquez de Guzmán 
Luna y Osorio, quinto Marqués de Távara, tío suyo, viudo 
dos veces, y que sólo del primer matrimonio había logrado 
sucesión, femenina. 

Nombrado Virrey del Perú el Conde de Lemos, y exigien- 
do los sucesos del Virreinato su pronta presencia en el lugar 
de su gobierno, se embarcó, con su esposaydos hijos, en uno 
de los galeones de la flota mandada por el General Príncipe 
de Monte Sarcho, que salió de Cádiz el 3 de Marzo de 1667, 
haciendo una feliz travesía hasta llegar á Tierra Firme. 



Fué el sábado 6 de Agosto de 1667 que se tuvo en Lima 
la primera noticia del nombramiento del Condede Lemos co- 
mo Virrey del Perú, y su arribo á Panamá, junto con su es- 
posa, niños y personas de su séquito, y trájola el Capitán 
Don Nicolás Zerrano, Días después, el 28 de Septiembre si- 
guiente, vino desde Paita, haciendo el viaje por tierra, un 
soldado de á caballo, quien manifestó que el nuevo Virrey ha- 
bía llegado á ese puerto el día 14 de aquel mes y que saldría 
para el Callao el 25 del propio. 
6 



42 REVISTA HISTÓRICA 



Dijo el soldado que el Conde traía preso en la nave capi- 
tana al Presidente de la Audiencia de Panamá, Doctor Don 
Juan Pérez de Guzmán (*). 

El alegre repicar de las campanas anunció al pueblo de 
Lima una grata nueva el 23 de Octubre de aquel año, y, en 
efecto, á las 5 de la tanie entró en esta ciudad Don Jacinto 
Romero Caamaño, Embajador del Conde de Lemos para 
anunciar oficialmente á la Audiencia su nombramiento de 
Virrey del Perú y próxima venida. El Embajador se dirigió 
luego á la Audiencia y fué recibido en la sala del Acuerdo, 
fuera el sitial y quitada la mesa. Componían el augusto Tri- 
bunal el Doctor Don Bernardo de Iturrizarra, que lo presidía 
y los oidores Don Bartolomé de Salazar, Don Pedro Güemes, 
Don Femando de Velazco, Don Diego Cristóval Messía y Don 
Juan de Munibe Munibe. 

El Embajador tomó asiento ala derecha del Presidente y 
halagó los oídos de los magistrados haciendo una larga rela- 
ción del viaje de sus excelencias y de su prosapia, que, como 
he dicho más arriba, era de la flor de la nobleza española. 
Terminado su cometido, el Embajador se retiró al alojamien- 
to que se le había preparado, en la plazuela de San Diego 
[que después se llamó de San Juan de Dios] al lado de la casa 
que habita el Presidente Iturrizarra. Iba su merced á pié, 
acompañado de todo el Regimiento y de todos los caballe- 
ros de la ciudad, llevando á su derecha al Alcalde Don Juan 
de la Presa, y á su izquierda al otro Alcalde Don Joseph de 
Torres. 

El Embajador fué objeto de mil atenciones departe de la 
sociedad limeña, no faltando la indispensable corrida de to- 
ros, que se lidió en su obsequio el miércoles 2 de Noviembre. 
Y desde la llegada á Lima de este personaje todo era prepa- 
rativos para recibir al nuevo gobernante. Damas y caballe. 
ros se esmeraban á porfía en hacer nuevos y lujosos vestidos 
para el día del recibimiento; y los gremios, el Tribunal del 



(*) El Consejo de Indias desaprobó la conducta del Virrey y lo multó 
en 12,000 patacones, ordenando la restitución del Presidente á su puesto. 
Mendiburu hace una lamentable confusión de este suceso. Tomo III art. 
correspondiente al Virrey. 



LA VIRREINA GOBERNADORA 43 

Consulado, la Universidad etc., no se descuidaban por su 
parte. 

Esperábase por momentos la llegada de la armada y la 
animación de la ciudad era grande, cuando en la mañana del 
miércoles 9 llegó un propio de Chancay anunciando que á la 
vista de aquel puerto había pasado la esperada flota. La 
noticia se esparció rápidamente y el pueblo comenzó á diri- 
jirse al vecino puerto del Callao, pero un trágico aconteci- 
miento vino á turbar la general alegría. Iba al Callao á re- 
cibir al Virrey, el Presidente de la Audiencia Don Bernardo de 
Iturrizara, en su carruaje y escoltado por tropa de á caballo, 
cuando en la calle de Juan Simón llamó al Capitán de la Sala 
de armas, Don Nicolás Vélez de León, y le ordenó que la tropa 
que iba delante se detuviese y marchase detrás de su carroza. 

El Capitán trasmitióla orden al Teniente del piquete Don 
Juan de Azáldegui, en esta forma imperativa, como si fuese 
disposición suya y no emanada del Presidente; 

— ¡Deténganse y no pasen adelante! 

El Teniente Azáldegui le respondió: 

— V. merced no me tiene que mandar nada, que yo sé lo 
que tengo de hacer y lo entiendo mejor que vuestra merced. 

Y diálogo subió de punto hasta que el Capitán Pérez sa- 
có la espada, arremetió contra el Teniente Azáldegui y de 
una mortal estocada le hizo caer del caballo con las ansias 
de la muerte. La tropa que impasible había presenciado el 
altercado entre los dos oficiales, apresó al Capitán y por or- 
den del Presidente se le condujo á la cárcel de Corte, mien- 
tras el desdichado Azáldegui exhalaba el último aliento re- 
costado en el estribo de la carroza del atónito Iturrizarra, 

Muerto Azáldegui el mando de la tropa recayó en el Te- 
niente Lucas Almeira; pero éste tampoco obedeció la orden 
del Presidente; al contrario, picó espuelas y al frente de la 
tropa se encaminó al trote largo al Callao; y el débil Presi- 
dente tuvo que seguir su camino solo, vejado y con la visión 
de un espectáculo sangriento. 

Almeira murió misteriosamente treinta días después del- 
suceso que dejo apuntado. 

Las tres de la madrugada eran cuando el estampido del 
cañón anunció á los habitantes del Callao la proximidad de 



44 REVISTA HISTÓRICA 



las tan esperadas naves, señales á las que contestaron una 
hora después las baterías de tierra y los buques fondeados 
en el puerto. El lejano tronar del cañón se percibía clara- 
mente en Lima; las gen tes se alborotaron y luego, en calesas, 
caballos y mulos, y muchos á pie, se encaminaron al Callao 
para presenciar la entrada. Pero la capitana había dispa- 
rado su artillería cuando estaba aún muy distante de la is- 
la de San Lorenzo y sólo al medio día se acercó al Cabezo. 
De allí bordeó hasta frente á la boca del río, de donde, como 
inmensa gaviota que revolotea, volvió á virar hasta dar 
fondo, y al soltar el ancla hizo una salva de nueve cañotia- 
zos. Eran las 7 de la noche. 

En tierra, mientras la nave maniobraba, las baterías 
disparaban sin cesar sus piezas y lo mismo efectuaba la nao 
**San Francisco Solano", que estaba fondeada en el puerto 
y hacía el oficio de capitana. 

No era ya la hora oportuna para efectuar un desembar- 
que, en tiempos en que esa operación, por falta de elementos, 
era sumamente penosa, y así el Virrey resolvió pasar la no- 
che á bordo, en donde recibió á encumbrados personajes de 
la ciudad que fueron á ofrecerle sus respetos. 

Al día siguiente, jueves 10, al despuntar el alba, toda la 
artillería de la plaza hizo una salva y la muralla se cubrió 
de damas y caballeros, que habían pasado la noche en el Ca- 
llao, y que, como dice la relación de donde tomo estos minu- 
ciosos detalles, **parecía un jardín de flores sugún la varie- 
dad de mantillas y vestidos lujosos que se hicieron expresa- 
mente para el recibimiento del Conde, tanto las damas co- 
mo los caballeros, como jamás se había visto." 

Y llegó la suspirada hora del desembarque, para cuyo 
efecto se había construido una balsa muy grande, cubierta 
con un toldo y en la cual se había arreglado un estrado, con 
seis cojines de terciopelo y un sillón forrado en tela de igual 
clase para el Virrey. Esta gran balsa venía remolcada por 
dos chinchorros, de seis remos cada uno, y ocupábanla más 
100 personas. 

Al desatracar la balsa de la capitana, la artillería de es- 
ta nave hizo una salva de nueve cañonazos, que fué contes- 
tada por todas las piezas de tierra. 



LA VIRREINA GOBERNADORA 45 

Para facilitar el desembarque del Real gobernante se ha- 
bía construido en la orilla del mar una gran plataforma, á 
donde atracó la balsa que traía á los condes y en la cual los 
aguardaban dos sillas de manos; una de terciopelo verde, 
que ocupó la dueña con un niño, hijo de aquellos, Don Ginés 
de Castro y Portugal, que apenas contaba un año. La otra 
silla, forrada en tela muy rica, tachonada de clavos dora- 
dos, la ocupó la Virreina con otra hija suya, tierna niña de 
dos y medio años de edad, Doña María Alberta. Luego de- 
sembarcó el Virrey, y^ venía descubierto, mirando á la mura- 
lla, donde había tal concurso de bellezas y caballeros, que lo 
aclamaban incesantemente. Entonces el Conde, profunda- 
mente emocionado, sacó su pañuelo y lo agitó, correspon- 
diendo á las cariñosas manifestaciones que le hacían. La 
Virreina y su séquito ocuparon tres carrozas y en ellas se 
dirijieron al palacio, mientras el Virrey continuaba su mar- 
cha á pie. Al llegar á la puerta de la muralla llamada de la 
Mar, el general del Callao, Don Baltazar Pardo de Figue- 
roa, le entrego las llaves de la ciudad en una salvilla dorada 
y un riquísimo bastón con puño y regatón de oro, engasta- 
do en brillantes, y cuyo costo era de más de 4,000 pesos. 

Antes de tomar descanso los Condes se encaminaron á 
la Iglesia mayor, donde oyeron misa. Luego se dirijieron á 
palacio, en donde recibieron la visita del Arzobispo Don Pe- 
dro de Villagómez. 

Y no dejó de llamar la atención de los presentes la ma- 
nera cómo el representante de la Corona recibió al prelado 
limeño. Al tener noticia de su venida, el Conde de Lemos sa- 
lió á recibir al Arzobispo hasta la escalera y **al besarle la es- 
posa se humilló mucho, que le taltó muy poco para poner la 
rodilla en el suelo". Más tarde el pueblo se acostumbró a 
las extravagancias que cometiera el Conde, impulsado por 
la aguda neurosis mística que le aquejaba. 

Durante su estadía en el Callao el Virrey fué muy feste- 
jado. La noche de su llegada hubo fuegos artificiales y el 
martes siguiente, que se contaron 15 de Noviembre, hubo li- 
dia de toros, en que salieron á la arena 15 cornúpetos. 

El 16 vino el Conde á Lima por primera vez, comió en 
palacio y regresó al puerto en la tarde; y el 19, acompaña- 



46 REVISTA HISTÓRICA 



do de la Virreina y su séquito, se dirijió á la chacra de Don 
Sancho de Castro, cerca de esta capital, en donde estuvo 
hasta el lunes 21 á medio día. que hizo su entrada solemne 
en Lima. 

La entrada pública del Conde de Lemos en la capital del 
Virreinato fué una de las más brillantes hasta entonces, y 
muy pocas veces superada después por los virreyes que le 
sucedieron. 

Sin galanura en el estilo, toda disquisición histórica re- 
sulta árida y pesada, y á riesgo de cansar al lector, vamos á 
continuar apuntando infinidad de detalles exhumados de 
viejos manuscritos, perdidos y cubiertos de polvo durante 
dos y media centurias. El día aquel el Virrey se encaminó 
desde la chacra de Castro á esta ciudad bajo palio y lo reci- 
bieron los dos alcaldes, Don Juan de la Presa y Don Joseph 
de la Torre y Zúñiga, y todos los regidores vestidos de elegan- 
te tela carmesí. Ambos alcaldes tomaron del diestro el ca- 
ballo que montaba el Conde, que era un hermoso potro 
blanco, con una silla toda bordada de plata. Llevaba pues- 
to su Excelencia un vestido de tela columbina, todo bordado 
de oro. Formando el cortejo venían todos los tribunales, la 
Universidad, las compañías del batallón Real de Lima, de 
las cuales una era mandada por el Capitán Don Luís de San- 
doval, y por el de la misma categoría Don Luís de la Cueva 
la otra; las dos compañías de los gentiles-hombres lanzas y 
arcabuces y las de los indios cañares. 

Las calles por donde su Excelencia debía dirijirse á pa- 
lacio, estaban primorosamente engalanadas, con colgadu- 
ras de seda y damasco y los balcones llenos de los agracia- 
dos rostros de las sin igual limeñas, de donde se arrojaba 
multitud de flores al pasó del Virrey. 

En la esquina de las calles de los Mercaderes y los Espa- 
deros se había levantado un arco muy costoso y elegante; 
pero lo que dejaba absorto era el otro arco, levantado en el 
crucero de las calles de los Mercaderes y de las Mantas. Es- 
taba hecho este arco, todo él, con vajilla de plata; y todo el 
espacio por él cubierto se había empedrado con 550 barras 
del mismo metal, cada una de las cuales pesaba 200 mar- 
cos y representaban en conjunto más de un millón de pesos. 



LA VIRREINA GOBERNADORA 47 

Al pasar el Virrey debajo de este arco, las ttopas que es- 
taban formadas en la plaza, que se componían de doce com- 
pañías de infantería y doce cañones, hicieron tres salvas. 

La Virreina presenció desde un balcón la entrada del 
Conde y luego se hizo conducir en silla de manos hasta la 
Catedral, por las mismas calles por donde había pasado su 
esposo, y en donde fueron recibidos por el Arzobispo y coro 
Metropolitano con un te deum y canto de órgano. 

Terminada la ceremonia religiosa, el Virrey salió á la 
plaza por la puerta principal, montó á caballo y se puso al 
frente de las tropas, las cuales le batieron las banderas; y la 
Virreina se encaminó á Palacio, saliendo por la puerta la te- 
ral de la iglesia. 

* 
« « 

Las noticias que á su llegada á Lima recojió el nuevo Vi- 
rrey sobre los acontecimientos de Puno, no podían ser más 
graves y le convencieron de la imprescindible necesidad en 
que estaba de ir personalmente al teatro de los sucesos para 
su más rápida pacificación, y en tal sentido comenzó á dic- 
tar sus disposiciones. 

De enormidad eran, sin ejemplo, los cargos que pesaban 
contra los Salcedo. Acusábaseles de los delitos de lesa ma- 
gestad y de impiedad, pues el grito común en los diversos 
tumultos realizados en Laycacota era Muera el mal gobier- 
no^ el Rey y el Papa!; y que se burlaban descaradamente de 
las disposiciones de la justicia, exclamando sarcásticamente: 
Allí viene el bando !,Qxx3,náo oXgxxnost promulgaba, que, des- 
de luego, no acataban; que á consecuencia de los disturbios 
habían muerto de muerte violenta más de 450 cristianos; 
que habían hecho matar al gobernador don Angelo de Pe- 
redo para hurtarle las causas que les seguían sobre sus deli- 
tos; que habían desobedecido las órdenes del Virrey Conde 
de Santisteban y una provisión real de Felipe V para que 
viniesen á Lima; que habían levantado tropas, erigido fuer- 
tes y fabricado artillería para resistir á las autoridades, y 
oti;p.s no menos graves. (*) 

(• ) Baeza — Compendio del becbo etc. 



48 REVISTA HISTÓRICA 



Dispúsose, pues, el Conde de Lemos á emprender el viaje 
al Sur y el sábado 2 de Junio de 1668, á las 12 de la noche, 
salió un auto de la Sala, en que se notificaba á Don Gaspar 
de Salcedo y á Don Juan de Salazar para que fuesen á Puno 
á dar sus descargos de las tremendas acusaciones que se les 
hacía, y que nombrasen los letrados y procuradores que la 
prosecución del proceso demandaba. 

A tan desusada hora se notificó el auto á Don Gaspar en 
el cuarto de palacio en donde estaba preso, quien se hallaba 
entregado á tranquilo sueño y al enterarse de la disposición de 
la Audiencia, comenzó á dar grandes gritos, pidiendo justi- 
cia y negándose á vestirse para ir al Callao. Acudió á la vo- 
cería el Virrey, le animó con buenas razones, alentándole pa- 
ra que se vistiese y fuese á Puno y ofreciéndole que en todo 
se le haría justicia. 

A la mañana siguiente. Salcedo y Salazar, después de mi- 
sa, salieron de Palacio con destino al Callao, escoltados por 
un destacamento de caballería, y luego se les embarcó en la 
capitana, que estaba lista para zarpar. 

Horas más tarde salía también de Palacio el Conde de 
Lemos y se diríjíaal mismo puerto para embarcarse igual- 
mente para el Sur. Iba su Excelencia acompañado de bri-* 
liante séquito. Para dar pábulo á sus místicas prácticas se 
detuvo un rato en la Iglesia mayor y luego siguió para el 
puerto, en donde fué recibido con las acostumbradas salvas 
de artillería. Pero el Virrey experimentó un desagradable 
contratiempo, pues soplaba un fiíerte viento contrario y la 
nave no pudo salir aquella tarde. Pasó á bordo la noche su 
Excelencia esperando salir á la mañana siguiente, pero el 
viento soplaba siempre con violencia y el Virrey se vio preci- 
sado á desembarcar el miércoles y volver á Lima. Por fin, 
mejorado el tiempo, el jueves á las 8 de la mañana regresó 
el de Lemos á bordo, y á las 12 del día la capitana levó an- 
clas y se hizo á la mar. 

« 
« • 

Al ausentarse de Lima el Virrey no encomendó el gobier- 
no del Virreinato á la Audiencia, como estaba obligado á 
hacerlo, segfin disposiciones vigentes, sino que lo puso en ma- 



LA VIRREINA GOBERNADORA 49 

nos de su esposa, cuyas prendas y dotes especialísimas para 
desempeñarlo con acierto, conocía á fondo el Conde, quien 
para proceder así estaba autorizado por una Real cédula, fe- 
chada el 12 de Junio de 1667. Prrece que el Virrey había 
previsto el viaje á Puno para remediar personalmente lagra- 
ve situación creada allí por los Salcedo, y solicitó y obtuvo 
del Soberano la cédula que dejo mencionada. El historiador 
Mendiburu, que no tenía noticia de ella, se extraña de que 
los oidores, lejos de reprobar y oponerse á semejante arbi- 
traria oovedad, se sometieron á ella. El hecho es, pues, que 
la Condesa de Lemos empuñó las riendas del poder y comen- 
zó á ejercerlo el lunes 4 de Junio de 1668, no mereciendo sino 
aplausos sus actos gubernativos, estaba dotada la Conde- 
sa de indomable energía y de una sa^^acidad poco común. 
Como una muestra de ella conserva la tradición el siguiente 
hecho: 

Llegó á esta ciudad un fraile geronimita, portugués, y 
la Virreina recibió una denuncia anónima expresando que el 
tal sujeto no era fraile sino un espía, que para el mejor de- 
sempeño de su misión se había disfrazado con el santo hábi- 
to de San Gerónimo. La Virreina expuso el caí o á los oido- 
res y éstos opinaron por la inmediata prisión del geronimi- 
ta; pero la sagaz señora se opnso á la violenta medida y re- 
solvió tomar el asunto á su cargo, Al efecto, invitóle á co- 
mer, lo mismo que á los oidores; los cuales, como también la 
Virreina, por ciertas glotonerías propias de frailes de que 
dio muestra el sospechado personaje, quedaron convencidos 
de lo falsa y calumniosa de la denuncia y dejaron al santo 
varón en libertad. 

Veamos ahora los actos practicados por la Virreina en 
el ejercicio de su cargo y cómo su conducta llegó hasta me- 
recer agradecimientos del Soberano. Fué el primero un 
bando contra los franceses, que hizo promulgar el 16 de Ju- 
nio, ordenando que fuesen denunciados á la autoridad, lo 
mismo que los bienes que tuviesen ó compañías comerciales 
en que tuviesen participación, tanto en este Reino como en 
los demás dominios españoles de América. Este bando, co- 
mo todos los despachos y documentos emanados de su go- 
bierno, estaba encabezado con este título: Don Pedro Fer- 
7 



50 REVISTA HISTÓRICA 



nández de Castro y Andrade, Conde de Lemos de Castro y 
Andrade y Villalba^ Marqués de Sarria^ Duque de Taurisano 
Virrey, Gobernador y Capitán General de estos Reinos y 
Provincias del Pera, Tierrañrme y Chile, etc. y Doña Ana de 
Boija su mujer, Condesa de Lemos, en virtud de la facultad 
que de su Excelencia tiene para gobernar estos Reinos etc.; y 
firmado **La Condesa de Lemos", segfin el facsímile que va 
en seguida, tomado de un despacho que se conserva en el to- 
mo VII de Manuscritos de La Biblioteca Nacional, con la 
respectiva refrendación del Secretario Don Sebastián de He- 
rrera: 




La llegada de buenas noticias de Chile ofrecieron oportu- 
nidad para que la Virreina asistiese á una ceremonia públi- 
ca con todo el esplendor que acostumbraban los represen- 
tantes del Soberano en casos semejantes. El miércoles 4 de Ju- 
Vo de aquel año llegó al Callao el navio **San Juan de Dios" 
anunciando que en Santiago de Chile se había recibido por 
Gobernador el Marqués de Navamorquende, quedando preso 
el antecesor, que lo era Don Francisco de Meneses. El día si- 
guiente asistió la Virreina á una misa cantada en la Catre- 
dal, que, en acción de gracias por ese suceso, dijo el canónigo 
Balcázar. I, a Condesa, que estaba en avanzadísimo estado 
de preñez, se hizo conducir en silla de manos é iba acompa- 
ñada por los oidores, alcaldes de Corte, contadores mayores 
y Cabildo secular. 

Otra noticia decarácter muy distinto ala anterior llegó á 
esta ciudad el 31 de Agosto, y sirvió para poner de manifies- 
to la energía y varonil denuedo de la insigne señora, aún 
cuando no tenía sino 45 días de parida; y fué que por un bu- 
que llegado de Panamá en la noche de aquel día, se supo que 



LA VIRREINA GOBERNADORA 51 

el 11 de Julio anterior los piratas habían ocupado Puerto 
Bello (Portobelo) haciendo prisioneros á todos sus habi- 
tantes. 

Luego que tuvo noticia del grave suceso, la Virreina 
mandó juntar á Acuerdo General, el cual, después de confe- 
renciar sobre el punto hasta las cuatro de la madrugada, re- 
solvió que la Gobernadora enviase los socorros necesarios, 
dejando la disposición á su arbitrio. La actividad fué tan- 
ta, como nunca se había visto antes en este Reino, según 
Mugaburu, que seis días después, el 6 de Septiembre, salie- 
ron del Callao dos bajeles, conduciendo cerca de cuatrocien- 
tos soldados,en gran parte negros y zambo-, fundándose pa- 
ra estoen que **la experiencia ha mostrado de cuanta impor- 
tancia es en aquel Reyno los pardos y los morenos, en las 
ocasiones en que el enemigo de Europa ha tratado de inva- 
dir aquella ciudad.** (*) Iba, además, abundante cantidad 
de armas, municiones, pólvora, víveres, vestuario y 150,000 
pesos en reales. 

**La eficacia de la Virreina y Gobernadora premió Su- 
Magestad, conforme le fué representado por el Consejo de 
Indias, con su carta Real de 24 de Junio de 1670, donde, 
entre otras expresiones de alta consideración, se consigna 
haber sido sin ejemplo su manera de acudir á prevenir aque- 
lla invasión; y después de este documento escribió el Rey 
Don Carlos II de su propia mano lo siguiente: 

Condesa: de ha verse executado por vuestra mano^ y ze- 
loy estas disposiciones del socorro de Puertovelo con la bre- 
vedad que pedía, hame dado mucho gusto todos los buenos 
efectos que han resultado de ello, de lo cual quedo con toda 
satisfacción, y muy en mi memoria onraros, y favorezeros 
como esJusto.^\**) 

Los socorros, sin embargo de la actividad con que se les 
despachó, fueron innecesarios, pues el 20 de Octubre se tuvo 
noticia por otro buque llegado del Istmo, que los piratas 
habían abandonado Puerto Bello después de haberlo ocupa- 



(•) Relación del socorro que remitió á Tierrafjrme la Exctna. Señora 
Condesa de Lemoe etc. 
(♦•) Bethencourt. 



52 REVISTA HISTÓRICA 



do 32 días, mediante una indemnización de 100,000 pataco- 
nes, dejando el castillo intacto y á los prisioneros en liber- 
tad; noticia que causó indescriptible entusiasmo y que fué ce- 
lebrada con repiques de campanas, misa de pontifical, lumi- 
narias y ''una mascaiitaen la plaza en la noche de aquel 
día/' 

Plaga insoportable era entonces el gremio de mercachi- 
fles en Lima, y en distintas ocasiones dictáronse diversas 
disposiciones reglamentándolo; una de ellas fué el bando que 
en 22 de Septiembre hizo publicar !a Virreina,limiiándo á 40 
su número, bajo penas severísimas, como eran multa de 50 
pesos y enrolamiento por dos años en las tropas que gue- 
rreaban con los indios araucanos. 

Otro bando hizo publicar la Condesa el 30 de Octubre, 
anunciando que el día 11 del mismo, el Virrey había manda 
do cortar la cabeza y hacer cuartos por mano del verdugo á 
Joseph de Salcedo, por traidor, secuestrándosele todos sus 
bienes que, según Mugaburu, ascendían á 400,000 pesos en 
barras y reales, aparte del v41or de las minas. Mandaba el 
bando que todas las personas que tuviesen tratos con Salce- 
do, de palabra ó mediante escritura, lo. manifestasen en tér- 
mino de cuatro días, so pena de la vida y, además, declarár- 
seles traidores del Rey. 

La cera podía considerarse en aquellos tiempos como ar- 
tículo de primera necesidad, tal gasto se hacía de ella en fes- 
tejos diarios á santos y bienaventurados, y su expendio se 
reglamentaba frecuentemente para reprimir la especulación; 
así, el 31 de Octubre,dictó un bando la Virreina para que los 
cereros no la vendiesen á más de 140 pesos el quintal. 

Y fué éste el último acto de gobierno de la Condesa de 
Lemos, pues el domingo 2 de Noviembre, á las 2 de la tarde, 
fondeó en el Callao la capitana, á cuyo bordo venía el Virrej^ 
después de una ausencia de fteis meses menos cinco días. 
Había hecho su Excelencia un viaje bastante rápido. El 4 
de Octubre estuvo en el Cuzco; el 11 asistió al suplicio de 
Salcedo y sus compañeros en Puno, exageradísimo acto de 
crueldad que ha merecido general reprobación, y el 2 de No- 
viembre llegaba al Callao. Allí permaneció el Conde hasta 



LA VIRREINA GOBERNADORA 53 

el lunes 3, en que vino á esta ciudad con gran acompaña- 
miento y recibió el gobieruo de su consorte. 

Gobernó, pues, este privilegiado Perú la Excelentísima 
señora Doña Ana de Borja, Condesa de Lemos, desde el lu- 
nes 4 de Junio hasta el lunes 3 de Noviembre de 1668, esto 
es, seis meses menos un día. 

Desde entonces los condes compartían el tiempo entre 
las atenciones del Gobierno y dar pábulo á la aguda neuro- 
sis mística que aquejaba al de Lemos, heredada, sin duda, de 
la que, con manifestaciones eróticas, adolecía el común 
abuelo de ambos, el Papa Alejandro VI; bien fuese pasan- 
do largas temporadas en las diversas haciendas que los 
jesuítas poseían en las cercanías de la capital, ó fomen- 
tando fiestas religiosas, pues como muy acertadamente dice 
Lorente, **tuvo la devoción su edad dorada en el gobierno 
del Conde de Lemos, hechura de los jesuítas, y á quien para 
serlo perfecto, sólo le faltaba la sotana.** 

En los primeros días de Diciembre de 1672, aguda dolen- 
cia se apoderó del Conde: el domingo 4 su estado inspiraba 
temores y se le administraron los últimos auxilios espiritua-. 
les, que le llevó el Arcediano Don Juan Santoyo de Palma, 
llevando las varas del palio los canónigos. La gravedad 
del ilustre enfermo se acentuó y el martes 6, á las 3 de la 
madrugada (así consta en el testamento), testó el Conde de 
Lemos ante el escribano Pedro Pérez Landero, que no fué si- 
no un poder general para testar dado en favor de su esposa, 
en el cual no olvidó perdonar lo que le debía personalmente 
la iglesia de los Desamparados; y á las ocho y media de la 
noche murió, triste acontencimiento que fué anunciado al 
pueblo por lus dobles de todas las iglesias. 

Había dispuesto el Virrey que su corazón se conservase 
en la iglesia de los Desamparados y que su cuerpo se sepul- 
tase en la iglesia del Colegio Máximo de San Pablo (San Pe- 
dro) hasta que se trasladasen sus restos á Monforte de Le- 
mos, donde reposaban sus mayores; y así se cumplió todo. 

Verificóse el entierro del Conde con la magnífica pompa 
en tales casos acostumbrada, el día 10; díjosele misa de 
cuerpo presente el 12, con asistencia de la Virreina viuda, y 
se le hicieron solemnes honras fúnebres el 19. 



54 REVISTA HISTÓRICA 

Muerto el Virrey, la Audiencia se encargó del gobierno 
del Virreinato y la Condesa se retiró á vivir á una casa par- 
ticular, que no indica el minucioso Mugaburu, en donde per- 
maneció entregada al cuidado de sus cinco penqueñuelos, ro- 
deada de la consideración y respetuoso afecto de todos, has- 
ta el miércoles 12 de Tunio de 1675, víspera de Corpus, que 
salió para Panamá la armada compuesta de 9 navios, á 
bordo de uno de los cuales se embarcó de regreso á España 
la Condesa de Lemos con sus hijos y personas de su séquito. 
Iba por general de esta armada Don Joseph de Alzamora y 
por almirante Don Florián de Luzuriaga y conducía en sus 
bodegas veintidós millones de pesos en barras. La presen- 
cia de piratas había casi suspendido el tráfico marítimo en 
el Pacífico y por eso ni la Condesa viuda había vuelto á Es- 
paña, ni durante tres años se había despachado el tesoro 
real y el del comercio, que llegaron á montar suma casi fa- 
bulosa. 

En Tierrafirme se embarcó la Condesa en la flota que 
mandaba el general Don Nicolás de Córdova, la cual llegó á 
Cádiz el 17 de Marzo de 1676. 

« • 



Según lo declara el Conde en su testamento, de su ma- 
trimonio con Doña Ana de Borja, tuvo los siguientes hijos: 

I.— Doña María-Alberta-Antonia- Ana-Teresa- Francisca- 
Sotera-Caya- Ventura-Ignacia-Domiga-Pascuala Fernández 
de Castro y Portugal^ venida á este valle de lágrimas en 
Madrid, á 22 de Abril de 1665, y bautizada el 29 del mismo. 
A la tierna edad de doce años pasaron su.'i capitulaciones 
matrimoniales, el 22 de Septiembre de 1677, y casó con 
Don Manuel-Joaquín-Diego López de Zúñiga Sotomayor y 
Mendoza, XII Duque de Béjar, muerto en el sitio de Buda en 
1686. Sobrevivióle la Duquesa viuda 20 años y pasó á mejor 
vida el 20 de Julio de 1706. 

II. — Don Ginés-MigueUFranciscO'María de la Concep- 
ción-IgnaciO'Marcelo-Domingo - Biviano-Buenaventura-To- 
más-Diego-Pascual-Fernando Raíz de Castro And rade y Por- 
tugal Osorio Enríquez Legnano de Gatinara, heredero de to- 



LA VIRREINA GOBERNADORA 55 

dos los títulos de su casa, Grande de España de la primera 
clase y antigüedad, que alcanzó en el Reino los más encumbra- 
dos puestos, nacido en Madrid el 16 de Septiembre de 1666. 
Llamábase Marqués de Sarria y sólo contaba 14 meses de 
edad cuando, en 1667. vino al Perfi por haber sido su padre 
designado para el gobierno del Virreinato. De tiernísima 
edad, aún no cumplidos los seis años, fué nombrado coronel 
del regimiento de la Nobleza de Lima, que el Conde de Le- 
mos organizó en esta ciudad, y pocos meses después, en 22 
de Mayo de 1672, recibió el título de Teniente de Capitán 
General de Mar y Tierra y Gobernador del presidio del Cá- 
lao, puestos que habían vacado por fallecimiento del Mar- 
qués de Navamorquende, que los desempeñaba. 

Este nombramiento originó la tierna y curiosa escena 
que voy á relatar en seguida: A recibir al nuevo Virrey Don 
Baltazar de la Cueva, Conde de Castellar y su esposa, que 
llegaron al Callao el domingo 5 de Agosto de 1674«, fué has- 
ta Bocanegra, en su carroza, la Condesa de Lemos con sus 
dos hijos mayores. El Conde y su esposa bajaron de las lite- 
ras en que venían, saludaron afectuosamente á la Condesa 
viuda y llenaron de caricias á lo« niños, de quienes era pa- 
riente el Virrey entrante, por descender también los Lemos 
de los Duques de Alburquerque. Tomaron todos asiento en 
la carroza y siguieron al Callao. Al llegar la comitiva á los 
límites de la ciudad, se mandó hacer alto y el Maestre de 
Campo del presidio entregó las llaves al condecito de Lemos, 
como á general que era de Mar y Tierra, quien, á su vez, las 
pasó al Virrey y su Excelencia las volvió á entregar al Maes- 
tre de Campo. 

Vuelto á España, por vez primera, y cuando iba á cum- 
plir 21 años, casó el Conde Don Ginés, á 18 de Septiembre de 
1687, con la Condesa Doña Catalina María Lorenza de Sil- 
va y Haro Mendoza de la Vega y Luna, hija segunda de Don 
Gregorio María Domingo de Silva y Mendoza Sandoval de 
la Vega, IX Duque del Infantado, y de la Princesa y Duque- 
sa Doña María Teresa de Haro y Córdova, hija segunda del 
célebre Conde-Duque de Olivares. Falleció esta señora en 
Madrid el 18 de Enero ds 1727 sin haber dado sucesión al 
Conde; el cual no guardó mucho la viudez, ansioso de tener- 



56 REVISTA HISTÓRICA 



la, pues el 3 de Septiembre del propio año llevó al altar á la 
Condesa Doña Mariana de la Piedad Osorio y Guzmán, hija 
mayor de Don Manuel José Alvar Pérez Osorio y Vega Enrí- 
quez de Almanza, Marqués de Alcañices, etc. y de la Mar- 
quesa Doña Josefa Antonia de Guzmán y Spínola, hija del 
Marqués de Montealegre. Murió la segunda esposa de Don 
Ginés estando en cinta, sin haber tenido antes sucesión, el 9 
de Diciembre del año de 1732, á los 24 de su edad. 

Todavía casó por tercera vez el Conde de Lemos, tenien- 
do ya casi 70 años, á 7 de Agosto de 1735, con su sobrina 
nieta Doña María Josefa de Zúñiga y Castro, hija mayor de 
Donjuán Manuel López de Zúñiga Sotomayor y Mendoza 
XI Duque de Béjar, y de la Duquesa Doña Rafaela de Castro 
y Centurión, su tercer mujer. 

Apesadumbrado por no haber tenido la deseada sucesión 
de ninguno de sus tres matrimonios, murió el anciano Con- 
de Don Ginés en Madrid el 30 de Septiembre de 1741, cum- 
plidos ya los 75 años. 

III.— Don Salvador Francisco de Borja Ruiz de Castro y 
Portugal, nacido en Lima el miércoles 11 de Julio de de 1668, 
y bautizado el 23 del mismo mes en la iglesia Catedral por 
el Arzobispo de esta ciudad Don Pedro de Villagómez: tenién- 
dolo como su padrino de pila, el padre Francisco del Casti- 
llo, que era director espiritual de los condes y que tan pode- 
rosa influencia ejercía en el ánimo del Virrey. 

Nació este niño mientras su madre ejercía el gobierno del 
Virreinato, como he referido más arriba, y la ceremonia del 
bautizo fué motivo de grandes festejos, en que no faltaron 
los indispensables toros y luminarias. 

En Madrid, el viernes 11 de Marzo de 1689, cuando sólo 
tenía 21 años, se unió en matrimonio Don Salvador con Do- 
ña Francisca Josefa-Leonor Centurión de Córdova Carrillo 
de Albornoz Mendoza Aragón y Mesía, por su propio dere- 
cho cuarta Marquesa de Almuña, hija de Don Francisco Ce- 
cilio Centurión, IV Marqués de Estepa, y de la Marquesa 
Doña Luisa Antonia Mesía y Portocarrero, de la casa de los 
condes de Medellín. 

Falleció Don Salvador en su villa de Torralba, á 18 de 



LA VIRREINA GOBERNADORA 57 

Octubre de 1694, apenas de 26 años de edad, dejando tres 
tiernas niñas de su matrimonio con }a Marquesa de Almuña. 
IV. — Doña Rosa Francisca de Castro y Portugal, nacida 
también en Lima, el jueves 18 de Septiembre de 1669, y bau. 
tizada en la Catedral de esta ciudad el 1*=^ de Octubre del 
propio año, con gran solemnidad. Le puso el agua el Arzo- 
bispo Villagómez y fué su padrino el venerable Padre Casti- 
llo. Púsosele por nombre Rosa, entonces muy en boga, por 
cpanto se celebraba la canonización de la santa limeña. 

Y hubo grandes festejos con motivo del bautizo de la ni- 
ña: toros, luminarias y carreras en la plaza, en que el Virrey 
corrió tres de ellas, ginete en un hermoso caballo blanco. 

Esta niña murió de tierna edad, después del regreso de 
la Condesa á España, sin que me haya sido posible dar con 
la fecha de su muerte. 

V. — Don Francisco Ignacio Femáxidez de Castro y Por- 
tugal nacido en esta ciudad, como los dos anteriores, el 
Martes Santo 12 de Abril de 1672, y bautizado en la Cate- 
dral con el brillante ceremonial de costumbre, sirviéndole de 
padrino el mismo padre Castillo. Púsole el agua el Provi- 
sor del Arzobispado en sede vacante Don Esteban de Ibarra. 

Y buena oportunidad se me ofrece para dejar en claro un 
hecho un tanto ridículo atribuido al Conde, para poner de 
manifiesto su exagerado misticismo, y el cual ha encontrado 
acogida en el circunspecto Mendiburu y en el galano Lava- 
He; y es que hizo padrino de pila de este su quinto hijo á un 
negro cocinero de San Francisco, quien, por virtud, no había 
puesto los pies en la calle durante más de 20 años. El hecho 
es completamente falso, como se comprueba con el libro pa- 
rroquial y con la relación de Mugabura, testigo presencial 
del bautizo del niño. 

Sirvió Don Francisco, y muy lucidamente por cierto, en 
Flandes, y murió soltero y cuando apenas contaba 20 años 
de edad, el 4 de Junio de 1692, en el sitio de Namur, siendo 
Maestre de Campo. 

« « 



58 REVISTA HISTÓRICA 



La Condesa de Letnos testó en Madrid el 15 de Diciem- 
bre de 1701, ante Benito de Figueroa, disponiendo en su 
testamento que se le amortajase con el hábito franciscano 3" 
que se le diese sepultura definitiva en el convento de las 
Franciscanas de Monforte, junto á los restos del Conde su 
marido, que ella había traído y enterrado allí á su regreso 
del Perú. 

Murió esta insigne señora en su palacio de la plazuela 
de Santiago en Madrid, el 23 de Septiembre de 1706. 

Dos retratos, que yo sepa, se conservan de la Condesa 
de Lemos: uno en el palacio de los duques de Alba y de Ber- 
wick, actuales poseedores del título' de condes de Lemos, y el 
otro en el convento de San Francisco de Cajamarca. Bien 
haría quien mandase tomar copia del primero ó hiciese 
traer el segundo [si es que aún existe] para darle colocación 
en la galería de gobernantes del Perú, en el lugar que le co- 
rresponde. 

Carlos Alberto Romero. 
Lima, Marzo de 1906. 



Libros consultados para este trabajo 



Mugaburu— iVoticias dianas de Lima, 1640-1686-Ms, 

Compendio del becbo y apuntamiento de los derecbos 
del Fisco sobre las sediciones y tumultos del Asiento de Mi- 
nas de Laycacota, por el Dr. Diego de Baeza, 1669. 

Claudio Clemente.— TaWascronoWá^/cas. Valencia, 1689. 

Testamento del Conde de Lemos. (Testimonio tomado 
en 1773.— Afs. en la Biblioteca Nacional. 

Boletín de la Academia de la Historía de Madrid, t. XL 

Lorente.— fljsíona del Perú bajóla Dinastía Austríaca, 
1598-irOO-París 1870. 

MendibuTVL.— Diccionario Histórico Biográñco del Perú 
ts. ILUL Lima 1876-1878. 



LA VIRREINA GOBERNADORA 59 

Betheticonrt. — fíistona Genealógica y Heráldica de la 
Monarquía Española, t. IV, Madrid 1902. 

Relación del socorro que t emitió á Tierra Firme laExcma. 
Señora Condesa de Lemos, Gobernadora deste Reino, -Odrio- 
zola: Documentos literarios del Perú, 1. 11, Lima 1877. 

Lavalle. — Galería de Gobernadores y Virreyes del Perú — 
Lima 1891. 

Diversos autos y provisiones expedidos por la Virreina^ 
existentes en la Biblioteca y Archivo Nacionales. 

Buendía.— yjV/a del Padre Castillo,— Madrid 1693. 

Gándara.— Nobiliario y Armas de Galicia.— Madrid 1677. 



< > » C i 



La raíz kam y sus derivados en el Kichua, 

como medio 

de investigación de la Historia antigua del Perú 



Pertenece esta raíz al grupo de las monosilábicas, com- 
puestas de consonante y vocal, 6 viceversa; 6 bien de vocal 
entre dos consonantes. Es de esta última combinación, que 
vamos á ocuparnos en seguida, por razón de existir térmi- 
nos de la Mitología autóctona que la llevan y cuya impor- 
tancia está fuera de duda para la investigación de la proce- 
dencia de los Kichaymarás; problema éste cuya solución, 
hasta el presente, está rodeada de serias dificultades. 

Raíz Kam: bramar, hacer ruido, animar. 

Con el fin de conocer fundamentalmente su filiación, co- 
menzaremos por ella, para revisar los componentes aue ten- 
gan analogías entre sí, por su forma y sentido. 

Sus derivados son voces simples ó compuestas; aunque 
en corto número, las dividiremos en dos clases y trasmu- 
tación. 

a. VOCES SIMPLES 

Kaw-a-kif zorro que brama en los desiertos, durante la 
noche, cansando espanto. 

Kam-cba^ maíz tostado; se dice, por el sonido que pro- 
duce cuando es manipulado. 

b. VOCES COMPUESTAS 

Pacha-Kámaky se presenta como se vé, la raíz, en la se- 
gunda parte del compuesto, que dice, el que anima á la tie- 



RAÍZ KAM 61 

■. ■'■■■ .-..^ ..,..l.........,....— .■,-,. W ,l.,..l..l, ,.. . I .,-.. . > I. » i ■ — ~. 

rra, acepción vulgar, cuando con más propiedad sería que 
brama 6 hace ruido, según los dialectos del Centro y Norte 
del Pero: convienen, pues, estas acepciones en el fondo, va- 
riando solo en la forma. 

C. TRASMUTACIÓN DB KaM 

Kam, puede cambiarse en otra raíz más moderna, que 
es Kotiy la cual posee el mismo sentido que aquella, que se- 
ría el de temblor 6 su personificación. 

Kon, se deriva de Kam, por alteración nada arbitraria; 
la m de Kam, se convierte en n— que es forma nueva de 
aquella, j, a en o por ser 2Q, primitivamente u — que unida 
con á, resulta o, siendo por fin n final característica del pre- 
sente Kon: tiene igualmente muchos derivados que dividire- 
mos también en dos clases, que no dejan de ser numerosas 
palabras, todas del Kichua, 

a. Voces simples, que indican bramido, sonido ó tem- 
blor. 

Koa-a-na, nombre de la mano del mortero ó almirez, y 
así mismo el de estos aparatos, sin duda por el ruido que su 
empleo produce. 

Kan-ka, 6 Konka, garganta, órgano de la voz 6 del so- 
nido, su principal asiento. 

Kan-unan, ruido espantoso, que causa el trueno en las 
deshechas tempestades. 

Kon-unan-niyy temblor, bramido. 

íTon-u, glaciares, hielos; lugar ó asiento de ruidos ó 
truenos como sucede en aquellas regiones, en donde tienen 
su centro las nieves perpetuas. 

Kon a-ka, ruido subterráneo; hay sitios en donde se 
presentan con frecuencia. 

Kan-pa, galga ó canto rodado que produce ruido formi- 
dable por la caída ó descenso de las alturas. 

Kon-pa-pa-ia, meseta de ruidos ó truenos. 

Kon-cham, notable por la resonancia de los temblores. 

, Kon-O'pas, dioses lares protectores del hogar. Deriva su 
nombre, de Kon\ w, que es germen; pa, pertenencia; literal- 
mente, los hijos ó descendientes de Kon, 



62 REVISTA HISTÓRICA 



Kon-kor, rodilla, que produce ruido por el chasquido 
que dá cuando se le percute con violencia. 

Kon^ es por fin, deidad, personificación del temblor, 
adorada en Pachakámak y lugares vecinos, en pasados 
tiempos, con todos los atributos del movimiento seísmico. 

Nótase, en estos ejemplos y otros más que pudieran a- 
ducirse, la existencia de la raíz Koa, constantemente con la 
acepción de ruido ó temblor, lo que dá á nuestra opinión, 
sólido apoyo. 

b VOCES COMPUESTAS 

Kantinamarca.— Región situada en los Andes de Colom- 
bia, cuyo nombre, según nuestro modo de ver, es de origen 
incásico; como se puede demostrar, si le descomponemos en 
sus simples, y tendremos: Kon+ti+na+marca; Kon, raíz 
fundamental, ti, convertirse; na, partícula instrumental; 
marca, pueblo; todo dirá: región convulsiva ó visitada, no 
rara vez, por temblores. 

Cun+ti+suyUf era la provincia occidental del Imperio 
ó de los temblores, según puede colegirse de la etimología 
de la palabra Konti, temblorosa y suyu provincia. 

Como los Incas tenían intuición clara de los grandes 
fenómenos de la naturaleza, dividían el Tahuantisuyu ó su 
imperio en cuatro zonas, aplicándoles el nombre más signi- 
ficativo, en relación con ellos. Así, además de la llamada 
región tembloroso, Kuntisuyu, denominaban á la oriental 
Rintisuyu 6 de las nieves perpetuas; KoUasuyu, ó del lago, y 
la de Chincbaysuyu, la de la luz ó del calor, según la etimo- 
logía de Cbi 6 tsi, como son en efecto, las regiones tropi- 
cales. 

Se puede notar, que esta división del imperio, no obede- 
cía á la presencia del sol, que marca los puntos cardinales, 
como lo hacían los clásicos, sino únicamente, á los fenóme- 
nos naturales más característicos. 

Hay otro nombre que lleva la raíz; es la divinidad, ado- 
rada por los pueblos primitivos de Huarochirí, mencionada 
sin mayores atributos. Kon+ila+ya que descompuesto el 
nombre en sus simples, tendremos. Kon, i7a, luz y ya con- 
vertirse, es decir, luminoso ó resplandeciente, Kon. 



RAÍZ KAM 63 

No debe pasar por alto esta afinidad lingüística, porque 
ella pone en evidencia el origen común de los naturales de 
Huarochirí, Pachakámak y otras poblaciones de la costa. 

La presencia de la luz en el temblor, en el caso de Kon- 
luminoso, no es extraño que suceda; aunque no siempre 
acompañe ó preceda los movimientos seísmicos; como el 
terremoto que asoló al Callao en la noche, víspera del 28 de 
Octubre de 1746. Los presidiarios de la isla de San Lorenzo 
vieron esta luz que se levantaba del Castillo en forma de 
llamaradas, antes de estallar la catástrofe. 

Los mitos no son, pues, más que la personificación ó 
deificación de las leyes físicas. 

Según el genio del Kichua, la palabra determinada vá 
antes de la determinante; no es extraño que la famosa frase 
de Montesinos se traduzca, Kon-tice Wiracocba, por Wira- 
cocha fiíndó á Kon; es decir que este último es el efecto y el 
primero la causa; siempre Kon, desempeñando su rol en la 
obscuridad de la tradición primitiva. 

No sorprendería que sus prosélitos, que según los cro- 
nistas, pasaron del Norte al Sur, fueran arrojados, tal vez, 
de las regiones volcánicas, diseminadas en aquellas comar- 
cas, en tiempo remoto, á otras más tranquilas en donde vi- 
viesen sin zozobras. 

Decimos esto por los muchos volcanes situados en los 
Andes de Colombia ó del Ecuador, con nombres cuya etimo- 
logía se explica muy bien por raíces Kichaymarás, según 
vamos á probarlo. El Cumbal, situado en la misma cadena 
á la altura de más de 4.000 metros sobre el nivel del mar, 
es uno de ellos. Descomponiendo el nombre en sus elemen 
tos, tendremos: Kon, bramido, ruido, y equivalente; pa 
partícula posesiva y / de repetición; esto es, lugar de repeti 
dos temblores. 

Otro que tiene también componentes interpretables por 
la misma lengua es el volcán Chiles, como el anterior de la 
misma región; su etimología viene de C6/, resplandecer, //, 
repetición y s desinencia, es decir, que alumbra con frecuencia. 

Hay otros dos más en el mismo sistema, notables por 
su elevación que, aunque no tengan la raíz Kon, sin embar- 
go, puede compulsarse, su etimología por medio de las raí- 



64 REVISTA HISTÓRICA 



ees, tomadas del Kichaimará. El Purasé, tiene sus raíces 
simples; po^ elevación y raso, monte elevado. 

El Tolima con altura de más de cinco mil metros, cuyo 
nombre descomponiéndole en sus simples, será: Talima; tu, 
destruir ó matar; //, partícula de repetición, y, ma, fuerza, 
es decir, poderoso destructor. No puede dejar de serlo, si se 
recuerda la terrible erupción del 12 de Mayo de 1595. 

Podríamos citar aun numerosos ejemplos de nombres 
análogos: otro tanto se puede decir de los volcanes del E- 
cuador, con nombres que se explican por medio de aquel 
idioma. 

Tenían los Muiscas como los Kuichuas un dios de los 
temblores, que llamaban Chibcba-kua, que castigado por 
Bochica á sustentar la tierra con sus hombros, tiembla ésta 
cuando el dios la pasa de uno á otro. Su etimología resal- 
tará más descomponiéndole: Chipcbakun; de Chip brillar; 
cba, convertirse; es decir, kon luminoso. Este mito concuer- 
da con el de Kon en que la tierra es el centro coman de ara- 
bos, pero que se diferencia en los detalles. 

Por último, saliendo del nuevo al antiguo continente, 
hallamos la raíz sínica, Kaa, que significa ruido, sonido de 
la misma acepción Kon 6 cbipcbakun. Notable semejanza 
de raíz que entre idiomas distintos tengan la misma forma 
y el mismo sentido, no obstante de las enormes distancias 
que los separan. 

Chorrillos, 23 de Diciembre de 1905. 



José S. Barranca 



• > ♦ < > 



6^<S>;Si<S>5Sí*Sí<©5^S><S><S^<3><S><S>^S>íSí^S*^Sí<Sí«S>^S><©í«SxS>^*-9 



UN INÉDITO SOBRE BARTOLOMÉ RUÍZ 



Dos poderosos factores contribuyeron, por ig^al, al des- 
cubrimiento del Perfi. La tenacidad de Francisco Pizarro y 
la audacia y pericia de Bartolomé Ruíz. La vida del gran 
capitán, salvó algunos puntos obscuros relativos á sus pri- 
meros años, está, desde remotos tiempos, magistral y supe- 
rabundantemente escrita; pero los primeros años y últimos 
días del insigne piloto han permanecido completamente igno- 
rados; pues desde su último viaje trayendo los refuerzos de 
Almagro, ningún historiador ni cronista le vuelve á mencio- 
nar hastsí que documentos por mí descubiertos, y que utilicé 
para escribir su biografía, inserta en la monografía sobre los 
de la Isla del Gallo, arrojaron alguna luz sobre el fin del va- 
liente marino. 

La provisión del Virrey don Francisco de Toledo conce- 
diendo mercedes á un nieto de Bartolomé Ruíz, que publico 
más abajo, me permite fijar ahora, con diferencia de pocos 
días, aquél en que Ruíz entregó su alma al Creador. 

Vino Ruíz de Panamá, y era el quinto viaje que hacía, 
tray^eiido los refuerzos que aportaba Almagro para la con- 
quista del Perú; los cuales desembarcaron en Tumbes y con- 
tinuaron el viaje á San Miguel de Piura, á donde llegaron á 
mediados de Diciembre de 1532, saliendo de allí á fines del 
mismo mes para Cajamarca. 

Ni la fecha de la salida de Almagro de San Miguel ni la 

de su llegada á Cajamarca, se han fijado hasta ahora con 

precisión, y hay manifiesta contradicción entre historiadores 

antiguos y modernos. Jerez dice que el Mariscal entró en 

9 



66 REVISTA HISTÓRICA 



Cajaniarca el 14 de Abril del año de 1533, víspera de Pascua 
Florida de Resurrección, y, entre otros, Mendiburu y Cappa 
aceptan esta fecha. Prescott acepta la de mediados de Fe- 
brero, sin fijar día, que dan otros historiadores, y que, á pe- 
sar de la autoridad del secretario de Pizarro, me parece más 
conforme con la verdad histórica, por las razones que aduzco 
en seguida. 

Pizarro salió de San Miguel de Piura para Cajamarca el 
24 de Septiembre, por caminos enteramente desconocidos, 
rodeado de mil precauciones, como quien marcha por tierra 
enemiga y espera un ataque intempestivo, y llegó á esa ciu- 
dad el 15 de Noviembre, empleandoen el viaje 53 días. Cuan- 
do Almagro salió de San Miguel, ya se tenía noticia del ofre- 
cimiento de Atahualpa para obtener su libertad y que la tie- 
rra estaba toda de paz; de manera que ha debido hacer el 
viaje más que lijero, estimulado por el deseo de llegar antes 
del reparto de los tesoros del Inca y sin las precauciones que 
le fueron indispensables adoptar á Pizarro. En ejitas condi- 
ciones y habiendo salido las tropas del Mariscal á fines de 
Diciembre, es imposible que ha3'an empleado los 120 días 
que supone Jerez, y con su autoridad otros historiadores, si- 
no igual tiempoal que emplearon las de Pizarro, y, como di- 
ce Prescott, han debido entrar en Cajamarc a del 12 al 18 de 
Febrero, esto es, 52 á 54días después de su salida de San Mi- 
guel. En apoyo de esta hipótesis viene el texto del documen- 
to que aquí publico, que dice que Ruíz murió á **cuatro le- 
guas de donde habían preso, pocos días había (á) AtabaH- 
ba''; y se recordará que la captura del Inca fué el sábado 16 
de Noviembre. 

Así, pues, el insigne piloto Bartolomé Ruíz ha debido mo- 
rir entre el 12 y el 18 de Febrero de 1533, en las ásperas fal- 
das orientales de los Andes, á cuatro leguas de Cajamarca;* 
y no es raro suponer que su cuerpo fuese llevado y se le diese 
cristiana sepultura en el cementerio de la iglesia que comen- 
zaba á edificarse en la histórica ciudad. 

He aquí la provisión: 

DON FRANCISCO DE TOLEDO, Mayordomo de su 
Magestad, su Visorrey, Gobernador y Capitán General des- 
tos reinos 6 provincias del Pirú, Presidente de la Audiencia 



UN INÉDITO SOBRE BARTOLOMÉ RUÍZ 67 

Real que reside en la ciudad de Los Reyes, etc.— Por cuanto 
por parte del Licenciado Nicolás Ruíz de Estrada, me fué hecha 
relación que es nieto de Bartolomé Ruíz de Estrada que vino 
al descubrimiento destos reinos con los capitanes Pizarro y 
Almagro y que como hombre muy hábil en las cosas de la 
mar, fué uno de los que más y mejor sirvieron; y se halló en 
todos los trabajos y guazavaras y recuentros de indios que 
los susodichos pasaron; y demás desto dio la mayor parte 
de su hacienda para hacer navios y aderezarlos, en cantidad 
de más de diez mil pesos; é que sin esta ayuda no se pudiera 
hacer el dicho descubrimiento, y que fué uno de los trece de 
la Gorgona, cuya constancia é virtud fué causa que estos 
reinos se descubriesen y conquistasen; y que se halló en 
la conquista de esta tierra y murió en Caxamarca, cuatro 
leguas de donde habían preso pocos días antes había Ataba- 
liba, sin recibir pago ni premio alguno por lo que había ser- 
vido y de lo mucho que había gastado, porque hasta enton- 
cesno había cosa que poderle dar; y que atento á lo que sir- 
vió á su Magestad del Emperador, de gloriosa memoria, le 
hizo merced del alguacilazgo mayor destos reinos y otras 
mercedes que con su muerte no usó de ellas. Y que Martín 
Yáñez de Estrada, padre del dicho licenciado Estrada, fué 
conquistador de la provincia de Cartagena, donde sirvió con 
sus armas y caballos, y por sus servicios le fueron dados en 
la dicha provincia indios en encomienda; y que cuando el 
Marqués don Francisco Pizarro volvió á este reino, á instan- 
cias del dicho Bartolomé Ruíz de Estrada vino con Hernar- 
do Pizarro el dicho Martín Yáñez de Estrada por mejor ser- 
vir á su Majestad, dejando los indios que ya tenía en la pro- 
vincia de Cartagena; y se halló en la conquista deste reino 
con cargo.de Alguacil mayor de todo él; cargó en las guaza- 
varas y rencuentros que se dieron á los indios; y que visto 
que Bartolomé Ruíz de Estrada era muerto después de preso 
Atabaliba, y atento á lo mucho que había servido y que con 
su muerte no podía gozar de las mercedes que se le habían 
hecho; y que cuando el alzamiento de Francisco Hernández, 
por ser viejo y estar impedido para la guerra le mandaron 
quedar en esta ciudad por justicia, siendo regidor de ella, y 
envió á su hijo mayor con armas y caballos en la dicha gue- 
rra, en la compañía del capitán Cáceres, hasta que fué desba- 



68 REVISTA HISTÓRICA 



ratado el tirano. Y que venido el Marqués de Cañete á este 
reino, enviando á don García de Mendoza á la pacificación de 
Chile, fué con él dicho Bartolomé Ruíz de Estrada y á su cos- 
ta, sin que se le diese pago ni socorro, y se halló en toda la 
pacificación del dicho reino de Chile, trabajando en ella como 
buen soldado y servidor de su Ma/j^estad; éque viniendo á 
curarse de las enfermedades que había tenido en el dicho rei- 
no, murió en esta ciudad. Y que atento á lo que su agüelo, 
padre y hermano habían servido en este reino, el Conde de 
Nieva, Visorrey que fué destos reinos, le hizo cierta merced en 
la Caja Real y después en un repartimiento que por no ser vaco 
no hubo efeto, y después se lo situó en el repartimiento de 
Parinacocha; los cuales usó é posej'ó hasta que llegó aquí el 
Licenciado Castro, Gobernador que ha sido destos reinos; y 
que en confianza de esta merced, él se ha casado y trata plei- 
to sobre ella, la cual está remitida á España y él quiere ir en 
seguimiento del, y^ me pidió y suplicó que atento á lo que su 
agüelo, padre y hermano han servido en este reino, le hiciese 
merced de le mandar situar alguna cosa para que su mujer se 
pudiese sustentar, en el entretanto que él iba y venía á Espa- 
ña, en seguimiento del dicho negocio. É visto por mi, acan- 
tando los servicios de los dichos agüelo, padre y hermano 
del dicho licenciado Ruíz de Estrada, he tenido por bien de le 
hacer merced, como por la presente se la hago, en nombre de 
au Magestad, épor virtud de los poderes é comisiones que pa- 
ra ello tengo, que por su notoriedad no van aquí insertos, 
de le señalar y situar, como por la presente le señalo j»- sitúo, 
setecientos é cincuenta pesos de plata ensayada é marcada 
de á cuatrocientos é cincuenta maravedís cada uno, en cada 
un año, por el tiempo y espacio de tres años, primeros siguien- 
tes, que corran y se cuenten desde el día de la fecha desta en 
adelante, en los tributos del repartimiento de Vilille, que es- 
tá vaco, en términos de la ciudad del Cuzco, por fin y muerte 
de Doña Mariana de Guevara, para que los haya é goce, se- 
gún é por el tiempo que dicho es. Y mando á los oficiales 
reales de la dicha ciudad del Cuzco, que al presente son y los 
que de aquí adelante fueren, que de los tributos que cobraren 
del dicho repartimiento, acudan y hagan acudir al dicho li- 
cenciado Ruíz de Estrada, ó á la persona ó personas que su 
poder hubieren, en cada un año, de los dichos tres, con los 



UN INÉDITO SOBRE BARTOLOMÉ RUfZ 69 

dichos setecientos é cincuenta pesos de plata ensayada é mar- 
cada, para los alimentos y sustentación de la dicha su mujer. 
Lo cual mando que así hagáis éxumpláis, so pena de qui- 
nientos pesos de oro para la cámara de su Magestad. É 
otro sí: mando que desta mi cédula é situación tomen la ra- 
zón en los libros de su oficio para que con ellos y con carta 
de recibo del dicho licenciado Ruíz de Estrada, ó de quien su 
poder hubiere, se le pasen é reciban en cuenta los dichos sete- 
cientos é cincuenta pesos ensayados, en cada un año, de los di- 
chos tres años.— Fecho en los Reyes á diez y seis días de Abril de 
mil é quinientos 3' setenta años.— Don Francisco de Toledo. 
—Por mandado de su Excelencia.— Dfe^o López de Herrera. 

Lima, 1906. 

C. A. R. 



í (otlcia de ía ciudad de ^^nta vatalina de yuadaicágap 

DE MDQUEGUA 



CABEZA DE LA PROVINCIA DE COLESUYOS 



Moquegua, antiguamente llamada Moquechua, grande 
país situado al sur de la América meridional, fué la primera 
provincia que los incas conquistaron en la costa del Mar del 
Sur, y por donde vinieron primero á conocer dicho mar. 

Fué reducida á vida civil por el Inca MaytaCápac, cuar- 
to Emperador del Perú, hacia el siglo trece. 

Antes de esta dominación adoraban por dios al mar, 
pues colocaban su suprema deidad en aquel ente de donde re- 
cibían ma^'or beneficio. 

Esta vasta provincia, escasa de carnes, se mantenía con 
la pesca y el marisco. Creyeron sus habitantes en la resu- 
rrección universal, pero tan groseramente que se persuadie- 
ron había de ser á vivir otra vida natural como la presente. 
En fe de esta creencia labraban sus sepulcros constru3'éndo- 
los con aseo, de piedra y barro de tierra, dándoles una figu 
ra piramidal; su ancho, por lo regular, de una vara 3' otra 
de alto, cubriéndolos con grandes lozas para precaverlos de 
cualesquier injurias del tiempo; y donde no podían propor- 
cionarse éstas, los cubrían con tejidos incorruptibles: tales 
eran la caña brava y el mimbre. 

Cuando morían eran enterrados con sus mejores vesti- 
dos, alhajas, ollas, tachos y otros utensilios y vasijas llenas 
de algunas providencias, como maíz, habas y otras. 

Por su local situación eran pobres, pues carecían, y aún 



NOTICIA DE MOQÜEGÜA 71 

no conocían, las produ.ciones, metales y otras preseas, que 
obtenían otras provincias del interior. 

En aquellos sepulcros así labrados por sí mismos, que- 
daban los cadáveres asentados, con las rodillas algo levan- 
tadas y aún al presente se ven y en cuentran varios de estos 
sepulcros en toda la extensión de este valle. 

Es del todo ridicula la fábula, pues carece de todo funda- 
mento, de creer — aún algunos hasta el presente — que estos 
gentiles se enterraban vivos, persuadidos del demonio por 
temor de un segundo diluvio, y que allí murieron por no po- 
der forzar sus tapas y el peso de una vara, poco más ó me- 
nos, de tierra que les cubría. 

La naturaleza, aún de un bruto salvaje, repudia por sí mis- 
ma perder el ser que le vivifica, mas si todos se sepultaron 
por sí ¿quiénes los cubrieron con aquellas lápidas y tejidos? 
Y si fueron estos sepulcros para los vivos ¿dónde se enterra- 
ban los muertos 3' quiénes ejercían este acto de caridad con- 
natural á nuestro ser? 

Igualmente carece de fundamento el decir fué este valle 
de Moquegua en la antigüedad presidio de delincuentes, don- 
de morían los más, ya por las fuertes» tercianas, ya por el ex- 
tremado calor. Si esto fuese así, todo valle es tercianiento y 
caluroso y muchos más que el presente. Luego todo valle se- 
rá presidio de malévr^los. ¡Mala consecuencia! pues por loco- 
mnn, suelen ser los valles más fecundos, más deliciosos y tem- 
plados para la salubridad que las cimas, riscos, cordilleras y 
escarpadas sierras. 

Esta suposición no tiene, en buen sen tido, otro origen que 
la expresión de Garcilaso en sus Comentarios, donde dice: 
*' Que después de haber conquistado esta provincia los ge- 
nerales del Emperador Mayta Cápac, le pidieron colonos y 
que convenía dejar presidio para resguardar lo ganado." 
Donde claramente se infiere que por este nombre de presidio 
quiso decir, según la natural, clara y específica significación 
de la dicción, guarnición para custodia del lugar, término de 
que se vale en todos los lugares de su historia para sensibili- 
sar dicha seguridad. 

Así es, pues, que los que incipientemente sienten ó dicen 
que fué Moquegua presidio de los emperadores incas, no lo 



72 REVISTA HISTÓRICA 



caliñcan con la más tenue remisión de algán delincuente por 
aquellos antiguos reyes, ni hay historiador que lo indique 
Es común en el victorioso poner guarnicionesen la plaza ven 
cida; luego ¿porque pone guarnición y seguridad á lo adqui 
rido, se dirá que pone presidio para castigo? No, por cierto 
pues entonces todas las ciudades vencidas serían presidios 
lo que es un absurdo, y de aquí es que los que tal asientan 
tienen mente y no comprenden. 

Por otra parte, en la Relación Histórica del viaje á la 
América Meridional, hecho por orden del Rey D. Felipe V, 
por D. Jorge Juan y D. Antonií» de Ulloa, impreso en Madrid 
en 1748, tomo III, parte II. cap. 12, folio 186, n. 324, y tomo 
IV, parte II, f. 21 n. 36, en donde en una y otra parte trata 
menudamente del corregimieiito de Moquegua y de la con- 
quista de esta provincia, nada dice, ni la más ligera expre- 
sión de tal presidio de delincuentes. Así es que los envidiosos 
á la fertilidad, amenidad y proporciones que el Supremo Ha- 
cedor de la Naturaleza ha dotado á este país, le sahieren y 
anhelan mancillar con fábulas apócrifas y hechos suposi- 
ticios. 

En efecto, estando el Emperador MaytaCápac en las pro- 
vincias del Oriente llaniadas Caquiaviri, Cuaquicuras, Ma- 
llama y Huarina, que se le subordinaron, estas tres últimas 
voluntariamente, después que se le rindieron al cerco que les 
puso á un cerro que había en una llanura, á quien veneraban 
como á dios, á donde se reunieron para que los favoreciesey 
defendiese del conquistador. 

Desde aquellas provincias envió el ejército con sus oficia- 
les generales para que adelantasen las conquistas porla par- 
te del Occidente á la otra parte de la Grande Cordillera, nom- 
brada por aquellos Huaca. Puesta su marcha en ejecución, 
atravesaron dicha cordillera, donde pasaron crueles traba- 
jos por haber sido hasta entonces inaccesible á huella algu- 
na humana. En efecto, consiguieron estas provincias sin opo- 
sición, llevándolas hasta los confines del Mar del Sur. 

Al pie de Sierra Nevada, hacia las cabeceras de este valle 
de Moquegua, encontraron á sus habitantes naturales aper- 
cibidos de una débil fortaleza, cuya provincia se llamaba an- 
tiguamente Cochana. Pasados los requerimientos de paz. 



NOTICIA DE MOQUEGUA 73 

acostumbrados á nombre del Inca, hizo alguna resistencia, 
pero estrechados por un fuerte cordón de combatientes, tu- 
vieron sus habitadores que rendirse, hostigados del hambre 
y de su indefensa, después de treinta días de cerco. 

Allí fabricaron los del Inca dos poblaciones: la una se lla- 
mó Cocbvna, conservando el nombre que había tenido el 
fuerte, por estar fabricado en el mismo sitio; y la otra se lla- 
mó Moquechua. 

Esta población llamada Cochuna que fabricaron los ge- 
nerales del Inca, probablemente es hoy la villa de San Agus- 
tín de Torata, distante cinco leguas de Moquegua; porque, 
dice Garcilaso, que los conquistadores bajaron del valle, don- 
de, en distancia de cinco leguas, fundaron otro pueblo. 

Otros intentan que el pueblo de Cochuna se fundó por di- 
chos conquistadores en Tumilaca, valle arriba de díte río de 
Moquegua, en donde, en la antigüedad, hubo un pueblo con 
su pequeña iglesia, presbiterio y sacristía, denominado San 
Mateo de Tumilaca, cuya noticia suministran los archivos 
públicos de Moquegua. Pero, se debe notar que esta opinión 
no tiene fundamento, pues este pueblo de Tumilaca no dista 
cinco leguas de Moquegua, sino sólo dos á tres leguas, cuan- 
do más. Y así no debe entenderse éste por Cochuna sino To- 
rata, que es el que, en efecto, dista las cinco leguas á Mo- 
quegua. 

El otro pueblo que fabricaron los generales del Inca, co- 
mo dicha historia de Garcilaso dice, es Moquegua, único ob- 
jeto de esta breve noticia. 

En este estado es de advertir que desde la más remota 
antigüedad han habido dos pueblos en este valle de Moque- 
gua: el uno en donde hoy es fundada, poblada y fabricada la 
ciudad de Santa Catalina de Guadalcázar, valle de Moque- 
gua, á la parte del Sur, y el otro al Norte, ala otra banda del 
río primordial que baña este valle, el cual en lo primitivo se 
llamaba el pueblo de San Sebastián de Escapagua, á la par- 
te de Cochuna (como en efecto está al lado de Torata) en cu- 
ya iglesia fué donde, por la primera vez, se celebró el santo 
sacrificio de la misa por el sacerdote que, naturalmente, 
traían los trece conquistadores que, por parte de la nación 
Española, vinieron á Moquegua. Después, ya por los años 
10 



74 REVISTA HISTÓRICA 



de 1615 y siguientes hasta 1624 ó 25 se llamó, la villa de 
San Francisco de Esquilache, á causa de que el Príncipe de Es- 
quiladle D. Francisco de Borja y Aragón, Virrey XVI del Pe- 
rú, fué quien le dio á este pueblo el título de villa, llamándola 
villa de San Francisco de Esquilache. 

En esta villa residía el Corregidor de esta provincia de 
Colesuyos, el Cabildo, que creó dicho señor Virrey, un escri- 
bano público y muchas familias nobles. Con el curso del tiem- 
po, como en este lado y pueblo de Señora Santa Catalina 
habían también muchas familias nobles, se trasladó la villa 
á este lado, quedando aquella antigua villa de San Francis- 
co de Esquilache hasta hoy con sólo el nombre de el Alto de 
la villa viejay ó bien con el nombre de el Pago de la Villa Vie- 
ja^ según obra en todos y cada uno de los instrumentos, cuan- 
do ha necesidad de nombrarse dicho paraje. 

Cuál de estos dos pueblos fundarían los generales del 
cuarto Emperador Mayta Cápac, no se sabe; pues así el pue- 
blo de Señora Santa Catalina Virgen y mártir como el pue- 
blo de Señor San Sebastián de Escapagua, después mudado 
su nombre en villa de San Francisco de Esquilache, á la par- 
te que llaman Cochuna, ambos distan cinco leguas al pueblo, 
hoy ya villa de Torata. A más de estos dos pueblos princi- 
pales, conviene á saber: el pueblo de Santa Catalina V y M 
y el pueblo de San Sebastián, uno á un lado y el otro al otro 
lado del río principal, éste en una llanura alta, amena, de 
buen temperamento, hermosa vista, sin sabandijas enemigas 
de la humanidad, y mil ventajas apreciables; aquél — que es 
el que hoy se habita, — caluroso, terreno en ladera, y muchas 
desventajas á la primera villa. Habían en la antigüedad 
otros dos pueblos menos principales en este mismo valle: el 
uno en el pago de Yaracachi y el otro enelpagodeSamegua; 
los que, como el de San Sebastián de Escapagua, ya no 
existen. 

Estaba muy en uso entre los cochunaes el uso del male- 
ficio, que llamaban y denominaban hasta hoy cara. Y es el 
valerse de una especie de veneno con el que tomaban vengan- 
za los que estaban dados á esta perversa costumbre, de aque- 
llos de quienes se sentían agraviados. Su efecto era desfigu- 
rar al sujeto totalmente, enflaqueciéndolo, afeándolo y te- 



NOTICIA DE MOQÜEGÜA 75 

niéndolo penando el resto de su vida, y aún quitar ésta álos 
que cogía en debilidad. 

El Inca, instruido de esta maldad por medio de sus ge- 
nerales qae le dieron razón de las proezas de su conquista, 
mandó quemar vivos á todos los que se pudiese averiguar 
manchados de esta perversa vengativa crueldad, de cuya 
justicia recibieron un grande alborozo los mismos cochu- 
naes, concurriendo á delatar á los cómplices y á gecutar en 
ellos la sentencia. El castigo se extendió á las casas, gana- 
dos, mieses, árboles y cuanto pertenecía á los malhechores, 
de cuyos sitios no quisieron los demás indios volverse á ser- 
vir en adelante. Y así quedó extinguido el malvado uso de 
este tósigo. Así el referido Garcilaso. 

Hasta ahora se advierten algunas reliquias de esto, pues 
en Torata y Tumilaca, que distan entre sí una legua, de 
cuando en cuando se aparecen unos indios que se precian de 
adivinos y dicen ponen tal cara, sin duda engañados del ene- 
migo común. 

Vuelto el Emperador Mayta-Cápac, después de conquis- 
tar las provincias deCaquiaviri y sus adyacentes, y recibido 
á sus generales que conquistaron esta provincia de Cochuna 
(hoy llamada provincia de Colesuyos) hasta las playas del 
mar, que fué primer punto por donde conocieron los del In- 
ca el Mar del Sur); puesto en su capital del Cuzco pasó con 
sus tropas á conquistar las provincias contiguas á Arequi- 
pa, entrando y conquistando hasta el mismo Arequipa, que 
fué la última provincia de sus conquistas. 

Dice la Razón Histórica que siendo la admirable disposi- 
ción del terreno y su agradable temple para dar mayor fo- 
mento á sus naturales y hacerlo más poblado, dispuso que 
pasasen de las provincias inmediatas y de otras que no lo- 
graban igual fertilidad, hasta tres mil familias, y con ellas 
fundó allí cuatro ó cinco pueblos bien numerosos. 

Según esto, es consiguiente que en el número de estas 
tres mil familias fuesen algunas de esta provincia de Cochu- 
na, que es una de las más limítrofes á Arequipa y de conquis- 
ta más antigua. .De todo lo que se deduce, naturalmente, 
dos perentorias consecuencias: 

Primera: que la provincia de Moquegua fué reducida del 



76 RRVISTA HISTÓRICA 



estado salvaje al estado civil primero que la de Arequipa. 
Segunda: que de la provincia de Moquegua es congruente 
físico que fueron á poblar la provincia de Areíjuipa. Luego 
los moqueguanos son más antiguos en la. vida civil que los 
arequipeños. Luego, aquellos son padres, no sólo en lo ci- 
vil sino aún en lo natural de éstos. Luego, éstos deben de- 
ferencia, consideración y reconocimiento respetuoso á aque- 
llos. De aquí el enlace de familias que ha habido entre am- 
bas provincias desde el tiempo de los reyes incas y permane- 
ce hasta el presente. 

Catorce fueron los grandes emperadores incas del Períí. 
I, Manco-Cápac; 11, Sinchi-Roca; III. Llocque-Yupanqui; 
IV, Ma\-ta-Cápac, el cual regalan gobernó treinta años; V, 
Cápac-Yupanqui; VI, Inja Roca; VIL Yáyuar-Hu^cac; VIII. 
Viracocha-Inca; I Y, Pachaca tec; X, Yuyanqui; XI, Tú pac- 
Yupanqui; XII, Huayna-Cápac; XIII, Huáscar-Inca y XIY 
el hermano bastardo del anterior, Atahualpa. 

No se sabe de cierto el tiempo que corrió desde la forma- 
ción del imperio del Inca hasta la conquista de él por los es- 
pañoles, pero según refiere Garcilaso, lib. I, cap. XYII de los 
Comentarios Reales del Perú, intervinieron más de cuatro 
cientos años desde uno a otro sucedo. 

Reyes de España que han sido emperadores del Perú 
desde la coníjuista por ellos hasta la feliz independencia de 
ellos: 

I, Carlos I de España, V Emperador de Alemania y XV 
Emperador del Perú; II, Felipe II de España y XVI Empera- 
dor del Perú; III, Pelipe III de España y XVII Emperador 
del Perú; IV, Felipe IV de España y XVIII Emperador del 
Perú; V, Carlos II de España 3' XIX Emperador del Perú; 
VI, Felipe V de España y XX Emperador del Perú; VII, Luís 
I de España y XXI Emperador del Perú; VIII, por segunda 
vez Felipe V de España 3' XXII Emperador del Perú; IX, Fer- 
nando VI de España 3' XXIII Emperador del Perú; X, Carlos 
III de España y XXIV Emperador del Perú; XI, Carlos IV 
de España 3" XXV Emperador del Perú, y XII Fernando VII 
de España y XXVI Emperador del Perú, último de todos. 

Rijiendo la Santa Iglesia de Dios Nuestro Santísimo 
Padre Clemente VIII, la España Carlos I de España y V Em- 



NOTICIA DE MOQUEGUA 77 

perador de Alemania y el Príncipe Atahuaípa XIV Empera- 
dor del Perú, en el siglo XYI de la Era Cristiana, en el año 
1530, vinieron de España don Francisco Pizarro (primer 
gobernador del Perú) y don Diego de Almagro el viejo, á 
conquistar este vasto continente del grande imperio de los 
incas. 

En el año de 1540 se fundó la ciudad de Arequipa por 
don Pedro Anzúriz de Campo Redondo, gobernando el Perü 
dicho don Francisco Pizarro. 

De la fundación de Moquegua no se tiene la menor noti- 
cia de quién la fundó: sólo se sabe fueron 13 sus fundadores, 
descubridores ó conquistadores. El uno de ellos fué don Pe- 
dro Cancino, que vino de los reinos de España, casado con 
doña Josefa de Bilbao. Tuvieron varios hijos, entre ellos á 
don Pascual y don Juan Cancino, que llevaron el apellido de 
su padre; á doña María de Bilbao, que llevó el apellido de 
su madre y casó con don Andrés de Espinoza, natural de 
España, de cuyo matrimonio descienden, entre otras fami- 
lias, el cura primero y vicario actual de Moquegua. 

En el instrumento de Abril 3 de 1713, que obra en el li- 
bro primero de actas capitulares, consta que el Maestre de 
campo, general Juan de la Torre, es uno de los trece de la 
Gorgona, á quienes se debió la conquista de este reino y de 
quien es cuarto nieto don Diego de Espinoza y de la Torre, 
que hace relación de su filiación este citado instrumento. 
Algunos ponen la fundación de Arequipa en 1539; poca es la 
diferencia á 1540, y en atención á lo limítrofe y cerca de es- 
tas dos provincias, pues sólo median de capital á capital 
cincuenta leguas, es de deducir que por estos mismos años, 
igualmente fué la conquista, descubrimiento ó fundación de 
Moquegua. 

El protocolo más antiguo que se halla en el oficio 
público más antiguo de los varios oficios de esta ciudad, es 
del año 1587. En él recuerda algunos sucesos del año 1583, 
actuado ante Diego Dávila, escribano de su Magestad. 
Consta que el pueblo y valle de Moquegua es de la jurisdic- 
ción de la provincia y antigua ciudad de Chucuito, del Pa- 
trimonio Real del Perú,cuya expresión se encuentra en todos 
los instrumentos hasta el mes de Abril de 1625. 



78 REVISTA HISTÓRICA 



En otros instrumentos consta que las causas de apela- 
ción se sentenciaban en la Real Audiencia de Chuquisaca. 

El sínodo á los curas se pagaba en las Reales cajas de 
Chucuito. 

El gobernador de Chucuito tenía su teniente goberna- 
dor en el pueblo de Señora de Santa Catalina de Moque- 
gua. Varios hubieron hasta el año de 1625, como se dirá 
después. 

En el otro pueblo de San Sebastián de Escapagua, al 
lado de Cochuna, había el corregidor y á veces el teniente 
de corregidor, y ambos pueblos están en el valle de Moque- 
gua. 

En el protocolo de 1610 hasta 1615, ya aparece y cons- 
ta el grande y ruidoso pleito que tuvieron los vecinos del 
pueblo de San Sebastián y villa de San Francisco de Esquila- 
che con los vecinos del pueblo de Señora Santa Catalina 
Virgen y Mártir de Moquegua, sobre en qué lado había de 
ser la población y villa principal. Mucho pleitearon este ne- 
gocio. El capitán por parte del pueblo de San Sebastián, 
fué el Almirante don Juan de Olea; el capitán por parte del 
pueblo de Señora Santa Catalina fué donjuán Rodríguez de 
Ves, ambos españoles y hacendados de este valle. 

El Ilustrísimo señor doctor don Pedro Perea de Grimal- 
do, segundo Obispo de Arequipa, en el año de 1662 vino de 
santa visita y trabajó en reconciliar estos vecinos. No lo 
consiguió y se fué desairado de estos habitantes, más no se 
cansó su celo y mandó desde Arequipa misioneros de la Com- 
pañía de Jesús, á los RR. PP. Diego de Miranda y Juan Bau- 
tista Chacón, quienes hicieron su misión, cuyo fruto fué re- 
conciliar estos vecinos. Hicieron varios tratados y condi- 
ciones y últimamente se convinieron en la decisión del señor 
Virrey, que lo era don Diego Fernández de Córdova, Mar- 
qués de Guadalcázar, XVII Virrey del Perú, en tiempo del se- 
ñor Felipe IV Rey de España, y gobernaba la Iglesia de 
Dios, nuestro Santísimo Padre Urbano VIII, en Mayo 25 de 
1624. 

En esta época fué cuando dicho señor Virrey dirimió la 
controversia, decidiendo fuese la población en este lado don- 
de hoy está y aquí se fundase la villa con el título de Villa 



NOTICIA DE MOQUEGUA 79 

de Santa Catalina de Guadalcázar, valle de Moquegua, ca- 
pital de la provincia de Colesuyos, separando á este pueblo 
de la jurisdicción de Chucuito y haciéndolo cabeza de pro- 
vincia y que sus causas fuesen en apelación ala Real Audien- 
cia de Lima; le concedió treinta fanegadas de tierra de sem- 
bradura; que los indios de mita y los que se llamaban yana- 
conas trabajasen dimidiados, unos en los haciendas de estos 
vecinos y otros en las de los otros vecinos del Alto de la Vi- 
lla vieja. Le concedió cinco leguas de jurisdicción; creó el 
cabildo de un alcalde ordinario, un alguacil mayor, un alcal- 
de provincial, un fiel ejecutor, un depositario general y vein- 
ticuatro regidores perpetuos y un síndico procurador, y pos- 
teriormente se crearon dos alcaldes; uno de aguas y otro de la 
Santa hermandad. Años después se creó otro 2^ alcalde or- 
dinario; años después se le facultó nombrase un asesor. Des- 
pués nombraba un defensor de pobres y un capellán. Nom- 
braba también un portero de cabildo y un ministro de justi- 
cia. 

Las referidas varas les costaban á los hijos del país tres 
mil, cinco mil y hasta siete mil pesos, cual todo consta de 
sus remates. 

El señor Virrey dio á la villa el título de su marquesado 
de Guadalcázar, que es el que lleva hasta hoy. 

En el protocolo que comprende los años de 1625, 1626 y 
1627, se denomina esta población pueblo y valle de Moque- 
gua del Patrimonio Real del Pera hasta el mes de Abril del 
citado año de 1625. Más, en 10 de Mayo de dicho año de 
1625, hay instrumento en el que aparece y consta que co- 
mienza por la primera vez á nominarse esta población la Vi- 
lla de Santa Catalina de Guadalcázar, valle de Moquegua, 
con cuyo nombre siguen todos los instrumentos, así de este 
protocolo como de todos los demás, así de este oficio públi- 
co de cabildo, como de todos los demás oficios públicos y li- 
bros parroquiales. 

Evidenciándose que por los meses de Abril y principios de 
Mayo de 1625, tuvo Moquegua conocimiento de habérsele 
hecho la gracia de denominarse Villa, aunque hasta hoy no 
aparece el título y Real cédula de su erección; de donde se 
concluye que en tiempo del señor Virrey Marqués de Guadal- 



80 REVISTA HISTÓRICA 



cazar se creó de villa y el que ésta no tenga en sus archivos 
su título ó Real cédula de su confirmación, lo manifiesta la 
acta siguiente: 

** En la villa de Moquegua, á 4- de Enero de mil seiscien- 
tos cincuenta y tres años se juntaron á cabildo, como lo tie- 
nen de uso y costumbre, para tratar y conferir del servicio 
de Dios Nuestro Señor y de su Magestad, conviene á saber: 
el Castellano Antonio Bernardo de Quiroz, Corregidor y jus- 
ticia mayor de esta villa y su provincia de Colesu3''o por su 
Magestad; don Diego Rodríguez Trejo, Alcalde ordinario; ti 
veinticuatro Pedro Martínez de Cuéllar; Cristóval Carbone- 
ra, Alcalde provincial; don Lorenzo de Vizcarra, Fiel ejecu- 
tor; Rodrigo de Mireles, Regidor, y José Rodríguez de Ves, 
Procurador general, y se trató y confirió lo siguiente: 

**En este cabildo se trató y confirió se saquen las treinta 
fanegadas de tierra de propios que tocan á esta villa y de 
que le hizo merced su Magestad, y para conseguirlo es preci- 
so desempeñar la merced y cédula que de esto trata, que 
está en la ciudad de Los Reyes, en poder de los señores jue- 
ces oficiales reales de ella, don Pedro Xarava y Bartolomé 
Astete de Ulloa, conforme al memorial de suso, que es del te- 
nor siguiente'*: 

^^Excelentísimo Señor:— Pedro Martínez de Cuéllar, veci- 
no y Regidor de la villa de Santa Catalina de Guadalcázar, 
procurador de ella y en su nombre, dice: que su Magestad con- 
firmó y aprobó la confirmación de la dicha villa y la cédula 
está en poder de los oficiales reales de esta ciudad, y aunque 
en nombre de la dicha villa se les ha pedido diferentes veces, 
no la quieren entregar. Y supuesto que la dicha confirma- 
ción es instrumento y título de la dicha villa y que lo tuvie- 
re esta en el archivo de sus papeles — A su Excelencia pide y 
suplica se sirva de mandar que los dichos oficiales reales me 
entreguen en merced de la dicha villa, la dicha confirmación, 
pues es justicia que pido, etc.— Pedro Martínez de Cuéllar.'^ 

/decreto.- **Lima, 5 de Octubre de 1631. — Proveyó su 
Excelencia: Los oficiales reales informen si es cierto que tie- 
nen en su poder esta confirmación y la causa porqué no se la 
entregan. — D, Joseph de Cáceres/^ 

Respuesta. — [Recibo] Excelentísimo Señor: Queda en 



NOTICIA DE MOQUEGUA 81 

nuestro poder el título de su Magestad en que hace merced 
de título de villa á Santa Catalina de Guadalcázar del valle 
de Moquegua. — Y por otra fechada en Madrid en diez y nue- 
ve de Julio de mil y seis cientos y veinte y nueve, manda se co- 
bren de la dicha villa un mil pesos de á ocho reales, y que ha- 
bibiéndolo hecho se le entregue el dicho título.— Contrata- 
ción 4 de Noniembre de 1631. — Don Pedro Xarava. — Barto- 
lomé Astete de Ulloa. 

Decreto. — **Lima, 7 de Noviembre de 1631. — [Proveyó 
su Excelencia]: Cúmplase lo que su Magestad tiene mando- 
do. 

**Y conferido, mandaron que saquen los mil pesos del em- 
peño de prorrata entre los vecinos de esta villa, á el respeto 
de la memoria de las alcabalas y los que no estuvieran en ca. 
bezón, se les repartirá por el señor Alcalde y don Fernando 
Calderón, Alférez real, lo que pareciere justo. Y de uno y otro 
se hará memoria para la cobranza, cuya cantidad quede en 
poder del dicho Alférez real para el efecto referido del desem- 
peño de la confirmación que hace su Magestad de la pobla- 
ción y propios de esta villa. 

*'Con lo cual se acabó este cabildo y todos unánimes y 
conformes la firmaron.-— Antonio Bernardo de Quiroz— Pe- 
dro Rodríguez de Ves — Fernando Calderón— Pedro Martínez 
de Caéilar— García de Máznelo — Cristóval Carbonera y Vi- 
IlUrroel— Lorenzo de Vizcarra y Estrada — Rodrigo de Mire. 
les—José Rodríguez de Ves— Ante mi. — Gerónimo de Villalo- 
bos, escribano de su Magestad." 

De esta acta capitularse infiere que, en efecto, el Rey con- 
firmó y dio título de villa Santa Catalina de Guadalcázar á 
este pueblo de Moquegua. En qué fecha se extendería esta 
merced, no se sabe, pero según la respuesta de los oficiales 
reales de Lima, debe ser antes del día 19 de Julio de 1629, 
porque la segunda Real orden con esta fecha, en que manda 
su Magestad dé Moquegua mil pes<:)S por el título, confirma- 
ción ó Real cédula de villa, supone hecha la gracia anterior- 
mente. 

Segundo. — Que hubiese sido ya villa por gracia del señor 
Marqués de Guadalcázar, á nombre de su Magestad, lo indi- 
can todos los instrumentos públicos, así de los oficios como 
11 



82 REVISTA HISTÓRICA 



parroquiales, que se denomina villa desde el día 10 de Mayo 
de 1625, diciendo en la villa de Santa Catalina de Guadal- 
cazar valle Moquegua,y lo comprueban los títulos de los re- 
gidores que en este año se creó el cabildo, conferidos unos 
por el Rey y otros por el Virrey, en que se les llama regidor, 
alférez real, alguacil mayor, etc. de la villa de Santa Catali- 
na de Guadalcázar de Moquegua. Y le mismo consta en los 
títulos de los curas vicarios de esa época, que se denominan 
cura vicario de la Villa de Santa Catalina de Guadalcázar 
de Moquegua. Igualmente consta esta denominación de los 
títulos de los ministros, notarios, comisarios, tesoreros y 
otros oficios de aquella sazón, de los tribunales de Inquisi- 
ción y Cruzada, como también en los títulos de maestre de 
campo y otros; de todos los que, como también de los corre- 
gidores, se ven copiados unos, y otros tomada razón, en 
los libros públicos de esta hoy ciudad de Moquegua. 

III. — Que la petición del título de villa hecha al señor Vi- 
rrey por el síndico procurador de la villa en Octubre 5 de 
1631, supone dos ó tres peticiones anteriores, pues dice que 
en nombre de la dicha villa se le ha pedido á los oficiales rea- 
les diferentes veces; lo que prueba que el Cabildo no descuidó 
en ningún tiempo, recoger el título en forma de tal villa. 

IV.— Que para dar los mil pesos que manda su Mages- 
tad se prorrateó el lugar con arreglo al cabezón de alcabalas 
que pagaban los hacendados, y los que no eran, á prudencia 
del señor Alcalde ordinario. 

V.— Que este título en esa sazón existía en la secretaría 
de los oficiales reales de la Real Aduana de Lima. Que Mo- 
quegua hubiese dado los mil pesos de su empeño, para mí es- 
toy en que se darían muy luego, pues he visto mayores can- 
tidades en muchas ocasiones que ha dado la villa á su Ma- 
gestad,en distintas épocas, según consta de estos archivos; \' 
así es muy verosímil que dieron tales mil pesos, y que si por 
varios curiosos se ha buscado este título y no se encuentra, 
se habrá perdido ó quemado en un incendio, que por tradi- 
ción sabemos sufrió este archivo, ó, tal vez en, muchos papeles 
que se llevaron á la ciudad de Chucuito hubiese ido este real 
título. Es cuanto se puede exponer en este punto. 



NOTICIA DE MOQÜEGUA 83 



CONVENTO DE SANTO DOMINGO 

En Marzo de 1652 predicaron las ferias los miércoles y 
viernes de cuaresma dos piadosos religiosos del sagrado or- 
den de Predicadores [que después se dirá quiénes fueron] 
que vinieron de Arequipa á llamado del Cura vicario don 
Melchor Fernández de la Cuadra Laso de la Vega, en estn 
santa iglesia Matriz. Sembraron la Divina palabra, reco- 
gieron abundante fruto, confesaron la gente, auxiliaron los 
enfermos, consolando á unos y ayudando á otros hasta su 
muerte; enseñaron á la juventud, y, en fin, cual verdaderos 
operarios en la viña del Señor, trabajaron con celo, amor y 
constancia. 

Se reunió Cabildo abierto y todos á una voz proclama- 
ron lo conveniente que era en el lugar esta fundación. El Ca- 
bildo les dio sitio cuanto quisieron, fuera de tres vecinos 
nobles que cedieron sus casas, y son en las que hoy es iglesia 
y parte del claustro; se les dio posesiones para su funda- 
ción; se ocurrió al señor Virrey concediese licencia para hos- 
pedería, y en Diciembre del mismo año de 1652 la concedió 
el Virrey, á nombre de su Magestad. En Febrero 26 de 1653 
se presentó con ella concedida por el señor Virrey Conde de 
Salvatierra el reverendo padre prior in capite, fray Antonio 
Morales. Se obedeció por el Cabildo, se celebró esta merced 
y se fabricó la iglesia y hospedería. 

En Marzo 10 de 1717 se dignó su Magestad Católica el 
señor don Felipe V, dar, como dio, Real cédula de confirma- 
ción de esta hospedería de Nuestra Señora del Rosario de la 
orden de Predicadores en convento y monasterio de esta 
orden. 

El Excmo. señor Virrey don Carmine Nicolás de Carrac- 
ciolo, Príncipe de Santo Buono,en 9 de Septiembre de 1718 
dio el pase y obedecimiento á dicha Real cédula y la remitió 
al Iltmo. Obispo de Arequipa. 

El Iltmo. señor don Juan de Otárola, XI Obispo de Are- 
quipa, dio su pase y obedecimiento, refrendado por su se- 
cretario. Doctor don Alfonso Diez Coronel. 

El Cabildo, Justicia y Regimiento de la Villa de Mo- 
quegua dio su obedecimiento en 23 de Noviembre de 1718, 



. 84 REVISTA HISTÓRICA 

á quien presentó esta Real cédula el R. P. Maestro fray Cle- 
mente Cuéllar Berocochea, ministro del Santo Oficio, Juez 
comisario y Prior de esta hospedería de Predicadores de es- 
ta villa de Moquegua. 

En esta época fué provincial de esta orden sagrada, el 
R. P. Maestro fray Juan Moreno. 

, El Cabildo y vecindario.de Moquegua coadyuvaron en 
los gastos de dicha confirmación. 

Una de las principales condiciones de esta hospedería, 3'' 
últimamente convento monasterio, es la que estos RR. PP. 
enseñen á la juventud de Moquegua las primeras letras y la 
latinidad. Así consta de varias actas del Cabildo y de esta 
Real cédula de confirmación. Antiguamente lo hacían, más 
hace muchos años que no lo hacen. 

El fundador de este convento no es otro que el Cabildo 
abierto y toda esta ciudad que le dio haciendas, casas, ren- 
tas, censos y gastó su numerario para la erección, así de la 
licencia para hospedería como para la real confirmación en 
convento y monasterio. 

El pueblo y sus párrocos anhelan, reclaman y piden que 
estos RR. PP. cumplan el fin de su fundación, para que los 
pidió la villa, gastó en darles casa y rentas; así, pues, que 
pongan la escuela que tenían antes, y en quantum potest ó 
alcance el numero de religiosos, pongan estudio de gramáti- 
ca. Una porción de instrumentos, cuyas apuntaciones son á 
la villa, tratan de esto. ¿Y qué mayor instrumento que la 
licencia para hospedería y real confirmación en convento 
que les pone esta cíilidad? Pedimos, pues, el cumplimiento 
de esta obligación, útil al pueblo y á su pastor y á ellos mis- 
mos, que no logren en el aire lo que la villa tan generosa- 
mente les concedió. 

COLEGIO DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS 

Fué su piadoso fundador, con el título de Señor San Jo- 
sé, el Capitán don José Hurtado Zapata y Echagoyen, fami- 
liar del Santo Oficio de la Inquisición; hijo legítimo del Ca- 
pitán don Pedro Hurtado de Mendoza y de doña Antonia 
Zapata y Echagoyen, de estado soltero, por su testamento 



NOTICIA DE MOgUEGUA 85 

otorgado en Septiembre l*^de 1708, y en la cláusula IX man- 
da esta fundación se haga en espacio de ocho años; cumpli- 
dos, si no se hiciese, se funde la recoleta de N. P. S. Francis- 
co. Deja al colegio de la Compañía de Jesús sus cuantiosas 
haciendas y mucho caudal, sin máfe calidad que lo enco- 
mienden á Dios, hagan bien por su alma, prediquen, hagan 
bien por los pobres y enseñen la Santa ley, segfin su institu- 
to y obligación. 

Se dio noticia al reverendo P. Provincial Luís de Andra- 
da del Colegio grande de San Pablo de Lima, como lo man- 
dó el fundador. Este reverendo Padre escribió al Cabildo 
para que pidiese la gracia de esta fundación al señor Virrey 
y á su Magestad Católica; el Cabildo así lo prometió hacer: 
así obra el acta de 17 de Enero de 1709. 

EnJuliolOde 1709, se entregó la hacienda y cuantas 
preseas dejó el piadoso fundador, con toda su casa para la 
fábrica del colegio al R. P.José Flores, religioso sacerdote 
de dicha Compañía de Jesús, por ante Luís de Ulloa Tave- 
ra, escribano publico y de Cabildo [f. 62] ; cuy a entrega la 
hicieron el Doctor don José Fernández Maldonado y Padi- 
lla, presbítero, abogado de la Real Audiencia de Lima, y D. 
Pedro Hurtado y Zapata y Echagoyen, hermano del funda- 
dor, sus albaceas. 

El Cabildo eFcribió al señor Virrey, quien contesta en 
Septiembre 9 de 1709, acompañe el Cabildo informe del ve- 
nerable Deán y Cabildo de la ciudad de Arequipa 3" del Sín- 
dico procurador general de la villa ser útil esta fundación 
y de tener suficientes fondos para ella. Así en la acta de 
Cabildo de Noviembre 1^ de 1709. 

En la acta de Cabildo de Agosto 25 de 171 L obra^ cons- 
ta y parece está ya en uso y ejercicio de su instituto en 
esta villa el colegio de Señor San José de la Compañía de 
Jesús. Y para la mejor comodidad del pueblo en su concu- 
rrencia á sus ejercicios espirituales y enseñanza de la juven- 
tud, ordena se abran tres calles travesías de la calle del 
medio á la calle del Colegio de la dicha Compañía de Jesús. 

De donde se infiere que en Agosto de 1711 ya estaba en 
colegio, residencia, hospicio ó misión esta casa de los reve- 
rendos padres Jesuítas. Es cuanto se ha podido investigar 



86 REVISTA HISTÓRICA 



en esta materia. La Real cédula de confirmación y licen- 
cia del Reverendísimo Padre Propósito General de la Com- 
pañía de Jesús, debe obrar en el archivo del colegio nacional 
de La Libertad, que hoy ocupa esta casa. 

Lo único que se sabe es, que después del año 1766 sirvió 
de hospicio á los RR. PP. azules de la observancia de San 
Francisco. Después sirvió de colegio á los PP. de Propa- 
ganda Fide del colegio de Tarija, en Bolivia; después sirvió 
de colegio en propiedad de Propaganda Pidt con misiones 
que en distintas épocas vinieron de España, siendo una de 
ellas, ó tal vez la primera, la que trajo el venerable P. fray 
Tadeo Ocampo en Octubre de 1798, natural de la ciudad 
de Tacna, de buena memoria, quien trajo á Moquegua la 
insigne reliquia del cuerpo íntegro de Santa Fortunata már- 
tir, con muchos libros y utensilios sagrados para el colegio. 
Últimamente sirve de colegio de Ciencias y Artes para la ju- 
ventud de todo este departamento. 

La noticia de estos sucesos puede darla el Rector actual 
de este colegio de La Libertad, á cuyo cargo está dicho ar- 
chivo, en el que obrarán muchas temporalidades. 

Dichos RR. PP. de Propaganda se fueron á España en 
Marzo de 1825, abandonando su colegio, sin que nadie los 
botase de él. 

CONVENTO HOSPITALARIO DE LA SAGRADA RELIGIÓN 

DE LOS REVERENDOS PADRES BELEMNITAS 

Fué SU piadoso fundador el presbítero don Antonio Isi- 
dro Maldonado y Raya, hijo legítimo del Alcalde provincial 
don Agustín Fernández Maldonado, y de doña Juana de la 
Raya, quien testó en Diciembre 4 de 1726 ante don Juan 
Francisco de Bustíos, Escribano público é interino de Ca- 
bildo, á f. 53 de este protocolo. 

Instituye por sus universales herederos á los reverendos 
padres de la sagrada orden hospitalaria Belemnita de Lima, 
con condición de que instituyan y funden en esta villa una 
hospitalidad, para siempre jamás. 

Se nombra por patrón de este convento, y después de 
sus días, á su sobrino el Coronel de estas milicias don Bal- 



NOTICIA DE MOQUEGUA 87 

tazar Fernández Maldonado; y después de éste, á los hijos 
legítimos de su hermano el Alférez real don José Fernández 
Maldonado, prefiriendo el mayor al menor, y el varón á la 
hembra; y terminada esta línea, el último pueda nombrar 
á la persona que le pareciere, con plena facultad para que 
así mismo lo pueda hacer. 

Este piadosso fundador logró en su vida ver la hospi- 
talidad de los padres belemnitas, cimentada en esta villa en 
Enero 2 de 1725, en cuya fecha les hace absoluta donación 
de todos sus bienes, reservando para sí el usufructo. 

Más, en Diciembre 17 de 1731, estando los reverendos 
padres belemnitas en esta villa edificando la iglesia y hospi- 
cio, cuyo prefecto de la fundación es el reverendo padre fray 
José de la Cruz, les hizo el fundador entrega de todos sus 
bienes, haciendas preseas y cuantos tuvo, sean de la cali- 
dad que sean, con condición de que lo mantengan durante 
su vida, que será muy corta. Así consta á f. 87 de este pro- 
tocolo, por ante el Maestre de campo y Alcalde ordinario 
don Juan Bautista Jiménez Urbano y Ortega, cuyo alcalde 
en el mismo día, dio posesión de todos ellos al referido R. 
F. Prefecto de la fundación, fray José de la Cruz, quien go- 
bernó hasta más del año de 1744. 

En 1729 el Cabildo y vecindario hicieron su prorrata 
de limosnas para la fábrica de este hospital beleranítico en 
esta villa. Se reunió mucho dinero, vino y aguardiente. 

En el instrumento de Septiembre 20 de 1729, á f. 154, 
dice que hace tres años que vinieron á esta villa dichos 
reverendos padres belemnitas á fundar el hospital; luego, es 
claro que en el año de 1726 se hizo esta fundación. Esta no- 
ción que indica dicho instrumento es conforme con la noti- 
cia que se dio al reverendo Padre fray José de Santa Ger- 
trudis y Cabello, hijo de Moquegua, prefecto de este hospi- 
tal belemnítico desde Mayo de 1809 hasta 24 de Junio de 
1834, en que murió, habiendo gobernado más de veinticin- 
co años esta casa hospitalaria de Belem. Este reverendo 
padre Prefecto me dijo que en 1726 se fundó este hospital, 
en cuyo año estaba de general de la orden Belemnita el M. 
Rmo. P. Licenciado en Derecho fray Bartolomé de la Cruz, 
natural de Cajamarca. 



88 REVISTA HISTÓRICA 

Este venerable fundador, don Antonio Isidro Fernán- 
dez Maldonado, es tradición en Moquegua, que desde los 
primeros años de su sacerdocio formó hospital en su propia 
casa, en su hacienda de Locumbilla de este valle (cuya ha- 
cienda es el fundo del hospital belemnítico). Allí alojaba los 
enfermos, principalmente indios, que se enfermaban en todo 
el valle, de los que venían de la provincia y sierra interior 
á trabajar estas viñas. Allí les ponía médico, medicinas y 
ayudantes, siendo él el primero en su asistencia. Si morían 
algunos, los hacía enterrar en la parroquia, costeando su 
sepelio. 

Tal era su caridad y adhesión á este sagrado orden que 
tomó el hábito de religioso en 1731; profesó canónicamente 
en 1732 3' se llamó fray Antonio Isidro del Espíritu Santo. 

Murió el año de su profesión y su cuerpo se depositó en 
la bóveda del clero del presbiterio de esta Iglesia Matriz, y 
concluida la Iglesia del hospital, se trasladó allí, así como él 
lo había mandado. 

El patrón del hospital es San Antonio de Padua, santo 
del nombre del pío fundador, quien así lo dispnso. 

El señor Virrey Don José Armendáriz, Marqués de Cas- 
telfuerte, dio licencia á nombrede su Magestad, el señor Don 
Luís I. de España, para la fundación de este hospicio de 
hospitalidad Belemnítica de esta villa en el año de 1726. 

Después, su Magestad el señor Don Felipe V, por su Real 
cédula de Diciembre 7 de 1743, obtenida por su Excelencia el 
señor Virrey Don Antonio Joseph de Mendoza Caamaño y 
Sotomayor, Marqués de Villagarcía y Conde de Barrantes 
en Marzo 17 de 1745, obtenida por el Iltmo. señor Dr. Don 
Juan Bravo del Rivero, caballero del orden de Calatrava, en 
Septiembre 22 de 1745, y obtenida por el Corregidor, Justi- 
cia y Regimiento de esta villa de Moquegua en Noviembre 11 
del citado año de 1745, donde confirma su Magestad dicien- 
do: *'con calidad de que en lugar de convento sea casa hos- 
pitalidad, que ha de estar al cargo y cuidado de los padres 
belemnítas, bajo de las reglas y forma que se halla estableci- 
da por la administración de los hospitales que se le han 
puesto al cargo y cuidado de esta religión." 

En Marzo 19 de 1819 se extrenó la famosa enfermería 



NOTICIA DE MOgüEGUA S&i 

de crucero de piedra y cal á expensas del Capitán de ejército 
Don José Carlos de Mendoza y Arguedas y actividad del R. 
P. Prefecto, fray José de Santa Gertrudis y Cabello. Predicó 
el reverendo Padre fray José Maldonado, de Propaganda fíde 
de este colegio; hoy ya exclaustrado ó secularizado y se lla- 
ma el Doctor Don José Cayetano Fernández Maldonado, 
Rector actual del colegip de Ciencias y Artes nacional de la 
Libertad de esta ciudad. 



SERIE DE LOS CORREGIDORES QUE HAN HABIDO EN ESTA PRO- 
VINCIA DE COLESUYO, CUYA CAPITAL FUÉ DESDE EL PRIN- 
CIPIO DE LA CONQUISTA ESPAÑOLA, EN EL AÑO DE 1540, EL 
PUEBLO DE SAN SEBASTIÁN DE ESCAPAGUA, AL OTRO LADO 
DEL RÍO PRINCIPAL, Á LA PARTE DE COCHÜNA. 

Después quedó su iglesia, (la que, según indican los do- 
cumentos públicos, se viene en positivo conocimiento estaba 
en el terreno 6 llanura que hoy es la hacienda del Carmen,, 
propia de la familia de los Fernández Cornejo) con el nom- 
bre de iglesia de San Sebastián, desde el año de 1615, poco 
más; y el pueblo se llamó desde este año, hasta el año de 
1625 villa de San Francisco de Boija de Esquilache: y desde 
este año de 1625 se reunieron ambos pueblos en uno, esto es, 
la villa de San Francisco de Esquilache y el pueblo de Seño- 
ra Santa Catalina Virgen y Mártir, ambos en el valle de 
Moquegua; uno á un lado y otro al otro lado del río; aquél 
en una llanura, en alto, de buen temperamento, buena agua, 
sin sabandijas, vista agradable, amena y deliciosa. El otro, 
en lo bajo y ladera de los montes que se denominan Chen- 
chén, centro de enfermedades, calor excesivo, lleno de insec- 
tos perjudiciales á la humanidad, terreno quebrado, doble 
trabajo para los primeros y demás pobladores hasta hoy 
para delinear sus casas y edificios, y se denominó en este la- 
do inferior, en el que hoy es la ciudad, villa de Santa Catali- 
da de Guadalcázar valle de Moquegua, quedando la antigua 
villa de San Francisco de Esquilache hasta hoy con solo el 

nombre de El Alto de la villa Vieja, ó Pago de la Villa Vieja, 
12 



90 REVISTA HISTÓRICA 



que una y otra denominación obran indistintamente en to- 
dos los instrumentos públicos, desde el año de 1625 para 
acá, hasta nuestros días. 

El primer corregidor más antiguo de que se tiene noticia 
por los protocolos de Cabildo y oficio público, es el Capitán 
Don Diego de Vizcarra, casado con Doña Beatriz Bueno de 
Arana, corregidor en el año de 1583. 

2.— Don Cristóval González Cuaresma, corregidor en 
1585. . 

3. — Don Juan Vasco de Saavedra, gentil-hombre de la 
compañía de los lanzas de estos Reinos en la capital de Li- 
ma, en 1588. 

4.— -Don Miguel de Contreras, corregidor en Colesuyo y 
Moquegua, en 1590. 

5.— Capitán Don Acasio de las Casas, corregidor en 

1595. 

6.— Capitán Don Lope de Agüero, corregidor en 1598. 

7. — Capitán Don Pedro Vergara y Muñatones, corregi- 
dor en 1601. 

8.— Don Luís de León y Mendoza, casado con Doña Ge- 
rónima de Zúñiga, corregidor en Colesujo y Moquegua en 
1603. 

Don Gabriel de Chachas, corregidor en 1607. 

Donjuán Segura de las Roelas, corregidor en 1609. 

Don Diego de Vargas y Carbajal, caballero del hábito de 
Calatrava, corregidor en 1613. 

El Almirante y Capitán Don Juan de Olea, señor de los 
pueblos de Ante, Dehesa y Río de los Conejos, en el reino de 
España, y regidor que fué en la villa de San Francisco deEs- 
quilache, al lado de Cochuna, en este valle de Moquegua, co- 
rregidor en 1613. 

Capitán Don Francisco de Salazar, esposo de Doña An- 
drea Gascón, corregidor en 1614. 

Don Juan de Zegarra y Casaus, corregidor en 1616. 

Don Diego Cáceres de Ulloa, corregidor en 1619. 

Capitán Don Juan de Náxera, corregidor en 1620. 

Don Pedro de Záldegui, corregidor en Colesuyo y Mo- 
quegua. Este es el segundo corregidor que reunió el gobier- 
no de ambos pueblos, San Francisco de Esquilache y Santa 
Catalina de Moquegua, en 1621. 



NOTICIA DE MOQÜEGUA 91 



CORREGIDORES DE MOQUEGUA CUANDO SE REUNIÓ Á COLESUYO 

Capitán Don Diego Cáceres de Ulloa, segunda vez, corre- 
gidor, en 1625. 

El Almirante Don Lázaro de Gamboa, corregidor en 
1626. 

Capitán Don Diego Benavides, corregidor en 1628. 

Capitán Don Rodrigo Carbajal y Robles, corregidor en 
1630. 

Don Fernando Ordóñez y Valencia, muy viejo y enfermo, 
murió el mismo año de su recibimiento de corregidor, en 
1635. 

Don Lázaro de Avila Carrera y Jerez, corregidor en 1636. 

Don Francisco Arias de Ugarte, esposo de Doña María 
de Espinoza, en 1638. 

El Sargento mayor Don Pedro López de la Rocha, corre- 
gidor en 1640. 

Don Juan de Luchen, corregidor en 1643. 

Capitán Don Francisco de Obando, corregidor en 1646. 

Capitán Don Alonso Mujica y Buitrón, corregidor en 
1647. 

Capitán Don Juan de la Torre y Cárdenas, corregidor en 
1649. 

El Castellano Don Antonio Bernardo de Quirós, esposo 
de Doña Josefa Vélez de Guevara, corregidor en 1651. 

Capitán Don Juan de Acevedo, corregidor en Julio 27 de 
1653. 

Capitán Don Juan Sáenz de Arámbulo, caballero del or- 
den de Santiago, corregidor en Diciembre 11 de 1655. 

Capitán Don Andrés del Castillo y Ayala, corregidor en 
1661. 

El Maestre de Campo Don Vicente Suárez de Sayavila, 
corregidor en 1670. 

Donjuán Vargas Machuca, corregidor en 1673. 

Don Cipriano García Náxera, corregidor en 1677. 

Capitán Donjuán Tomás de Ayala y Astudillo, corregi- 
dor en Noviembre 20 y recibido en Marzo 8 de 1679. 

Don José de Roa, Alguacil mayor del Santo Oficio de la 



92 REVISTA HISTÓRICA 



Inquisición de la ciudad de La Paz, español, corregidor en 
1682. 

Capitán Don Francisco José Carrillo de las Torres, co- 
rregidor en Agosto de 1685, 

Capitán Don Fernando Alfaro de Arguedas j Usquiano, 
natural de Tudela, casó con Doña Josefa Gutiérrez Dasa, 
viuda del Alférez Don Andrés de Montanches Matamoros, 
corregidor en Enero 25 de 1688. 

Don Bartolomé Gil de la Bentosa, corregidor en 1690. 

Don Ramón Cerdán de las Torres, corregidor en 1693. 

Don Domingo Maldonado y Sotomayor, caballero del 
orden de Alcántara, corregidor en Septiembre 14 de 1695. 

Don Juan Antonio de Musquis y Ascona, caballero del 
orden de Calatrava, esposo de Doña Ana Chávez, corregi- 
dor en 1698. 

Don Alonso de Paz y Ori huela, Duque de Estrada, caba- 
llero del orden de Calatrava, corregidor en 1703. 

Don Pedro Alvarado y Angelo, corregidor en Junio 26 
de 1706. 

Don Antonio García y Guzmán, corregidor en Abril 24 
de 1708. 

Don Alfonso Martínez de Almagro y Toledo, corregidor 
en Abril 25 de 1715. 

Donjuán José Gallegos, corregidor en 1717. 

Capitán Don Félix de Ángulo Gil de Salazar, mayordo- 
mo de la cofradía del Santísimo Sacramento y de la fábrica 
de esta Iglesia Matriz, casó con Doña María Fernández Mal- 
donado Gutiérrez Dasa, corregidor en Noviembre 3 de 1718. 

Don José Carrasa, corregidor en 1722. 

Don Baltazar Pastor de Velasco Martínez Fernández de 
García, natural de la vil'.a de San Cipriano de Campos, 
obispado de Falencia, reino de España, corregidor en 1725. 

Don Diego Hidalgo de Cisneros, esposo de Doña Fran- 
cisca Castellanos, corregidor en 1731. 

Don Francisco José Carrillo de las Torres, segunda vez, 
corregidor en 1735. 

Don Francisco Julio Espinoza y Rospgliosi, corregidor 
en 1740. 



NOTICIA DE MOQUEGUA 93 

Don Francisco José Carrillo de las Torres, tercera vez, 
corregidor en 1745. 

Don Felipe Bustamante y Benavides, corregidor por tres 
años, y habiendo muerto, continuó con el gobierno su her- 
mano, en 1751. 

Don Francisco Bustamante y Benavrides, corregidor en 
1754. 

Don Felipe Zavala Vozmediano, corregidor en 1760. 

Don Juan de Vinatea y de las Torrres, corregidor en 
1763. 

Don Pedro de Ceballos, caballero del orden de Santiago, 
corregidor en 1765. 

Don Pedro Remigio Fernández Maldonado y Churruca. 
A este corregidor se debe la fuente pública en la plaza de Mo- 
qnegua, de donde es hijo; corregidor en 1770. 

Don Miguel de Perochena y Espejo, corregidor en 1775. 

Don Mariano Antonio de Oribe, corregidor en 1777. En 
tiempo de este corregidor fué la rebelión del indio José Ga- 
briel de Tópac-Amaru. Dio acertadas providencias para la 
seguridad de la villa, de la que salió copiosa expedición de 
gente con el señor Conde de Alastaya, don Antonio Nieto, y 
varios capitanes á contener la violencia de los indios en las 
provincias interiores de la Sierra. 

Don Juan José de Santa Cruz, corregidor en 1782. En 
tiempo de este corregidor, con el gran terremoto de Mayo 
13 de 1782, cayó en tierra nuestra iglesia Matriz, y se acabó 
su reedificación en 1792. Fué el último de los corregido- 
res. 

SUB-DELEGADOS 

El Coronel de caballería del Regimiento de Lima, don 
Manuel Modesto de Artieda, natural de Lima, casó con do- 
ña Nicolasa Cabello y León; sub-delegado en 1785. 

Don José de Pradas, sub-delegado en 1793. 

Don Raymundo Alvarez y Jiménez, sub-dclegadó en 1795. 

Don Francisco de los Ríos Salazary Tamayo, Coronel de 
caballería del Regimiento de Lima, Marqués de Villahermo- 
so y Conde de San Donas, sub-delegado en 1801. 



94 KBVISTA HISTÓRICA 



El Doctor don Francisco de Paula País, abogado de los 
Reales consejos de su Magestad Católica, natural de España, 
sub-delegado en 1809. En tiempo de este sub-delegado se 
rebelaron los negros de este valle de Moquegua, que supo 
apaciguar; se pusieron veredas á las calles, se empedraron 
otras, se compusieron los caminos y portillos de Cupina y 
Yarachachi. 

Capitán don Miguel Fernández Maldonado, sub-delega- 
do interino en 1812. 

Donjuán Antonio Bustamante, sub-delegado en 1813. 

El Capitán don Fernando Landay Vizcarra, sub-delega- 
do en 1814. 

Don Anselmo Gago, Teniente coronel de ejército y último 
sub-delegado en 1821. 

INTENDENTES 

Don Basilio de la Fuente y Bustamante, intendente, has- 
ta 1825. 

En tiempo de este señor sub-prefecto se juró la gran car- 
ta de la Constitución Peruana. 

Coronel de ejército don Manuel Muñoz, sub-prefecto has- 
ta 1826. 

Don José Clemente Arguedas y Landa, sub-prefecto has- 
ta 1827. 

En tiempo de este sub-prefecto se concluyó la capilla y es- 
pacioso zaguán de la cárcel; se empedró y puso veredas en 
dicha cuadra. 

Don Victoriano Joaquín Cornejo y Montenegro, aboga- 
do de los Tribunales del Pero, sub-prefecto en 1830. 

Don Tomás Ordóñez y Vizcarra, sub-prefecto en 1833. 

El Coronel de ejército don Narciso Bonifaz, sub-prefecto 
en 1835. 

El Doctor don Tadeo Ordóñez, sub-prefecto en 1835. 

Don Marian •> Calderón Portocarrero Pérez de Tudela, 
sub-prefecto en 1836. 

Don Ezequiel de Mendoza Iramátegui, sub-prefecto en 
1839. 



NOTICIA DE MOQUEGUA 95 

Don José Clemente Arguedas y Landa, segunda vez, sub- 
drefecto en 1840. 



SERIE DE LOS TENIENTES DE CORREGIDOR Y JUSTICIA MAYOR 
EN EL PUEBLO DE SAN SEBASTIAN, DESPUÉS VILLA DE SAN 
FRANCISCO DE ESQUILACHE, PROVINCIA DE COLESUYO. 

El primer teniente de corregidor de que se tiene noticia 
es don Pedro Ladrón de Guevara y Sisa, el mozo, hijo legí- 
timo de don Pedro Ladrón de Guevara el viejo, conquista- 
dor y pacificador de estas vastas regiones, y de doña Cata- 
lina de Sisa, vecinos de la gran ciudad del Cuzco, corte del 
Imperio de los incas, esposo de doña Luisa de Silva y Cos- 
tilla y Rodríguez del Pozo, palla del Cuzco; fué corregidor 

en 1595. 

Capitán don Diego Fernández Godines Maldonado, na- 
tural de la villa de üseda en España, hijo legítimo del Licen- 
ciado don Agustín Fernández y de doña Francisca Godines 
Maldonado, esposo de doña Isabel de Vizcarra, hija legíti- 
ma del Capitán don Diego de Vizcarra y de doña Beatiiz 
Bueno de Arana, en 1593. 

Don Juan de Izaguirre, en 1598. 

El mismo en el año de 1601. 

Capitán don Cristóbal de Arana, teniente de corregidor 
en Colesuyo y teniente de gobernador en Moquegua, cuan- 
do este pueblo pertenecía, á la ciudad de Chucuito, en 1606. 

Capitán don Andrés de Espinosa, en 1611. 

Don Diego Fernández de Avila y Adrada, en 1618, 

Donjuán Chacón de Cabrera, en Colesuyo 3" Moquegua, 
en 1614. 

Capitán y Sargento mayor don Francisco de Arteaga y 
Sotomayor, alcalde de la Hermandad en la villa de San Fran- 
cisco de Esquilache, en 1616 

Caoitán don Juan Rodríguez de Ves, en 1620, 

Capitán don Juan de ligarte, en 1622. 

Capitán donjuán de Meza Montalvo, en 1624, 

Don Hernán Velásquez de Avila, alcalde de la Herman- 
dad y teniente de corregidor, en 1625. 



96 REVISTA HISTÓRICA 



Capitán don Diego de Máznelo, teniente de corregidor 
de San Francisco de Bsquilache y teniente de gobernador en 
Santa Catalina de Moquegua, en 1601. 

Don Pedro de MezaMontalvo, en 1611. 

Capitán don Diego Fernández Godines Maldonado, se- 
gunda vez, en 1610. 



SERIE DE LOS TENIENTES DE GOBERNADOR EN EL PUEBLO DE 
SANTA CATALINA VIRGEN Y MÁRTIR DE MOQÜEGUA, CUAN- 
DO PERTENECÍA AL GOBIERNO DE LA CIUDAD DE CHUCUlTO- 

Don Pedro Xaraba, teniente de gobernador, en 1596. 

Capitán don Diego Fernández Godines Maldonado, te- 
niente de gobernador, en 1597. 

El Alférez Gonzalo de Máznelo, teniente de gobernador, 
en 19 de Enero de 1600. 

Don Juan Ponce de Salazar, teniente de gobernador, en 
Septiembre 19 de 1600, 

Don Juan de Izaguirre, teniente de gobernador, en No- 
viembre 4 de 1600, 

Capitán don Diego de Mazuelo, teniente de gobernador, 
en 1601. 

Don Gerónimo de Villalobos, teniente de gobernador, en 
Diciembre 16 de 1602. 

Don Román Hurtado de Mendoza Pérez del Pozo, en 
1606. 

Capitán don Diego Fernández Godiness Maldonado, se. 
gunda vez, en 1608. 

El Alférez don Pedro de Meza Montalvo, en 1611. 

Capitán don Diego Alonso de Vizcarra Bueno de Arana, 
en Noviembre 4 de 1611. 

Don Juan Chacón de Cabrera, en 1616. 

Capitán don Toribio de Castañón, en 1618. 

Capitán don Rodrigo de Arteaga y Sotomayor, en 
1619. 

Don Pedro Rodríguez Carbonera, en 1625. 



NOTICIA DE MOfiUEGXJA 97 



MOMENCLATURA 

de los tenientes de corregidor y Justicia mayor cuando los 
dos pueblos t el de San Sebastián de Escapagua y después 
villa de San Francisco de Esquilacbe, hasta este año de 
1625, y el de Santa Catalina Virgen y Mártir de Moque- 
gua se reunieron bajo de una sola jurisdicción y corregi- 
miento con el titulo de villa de Santa Catalina de Gua- 
dalcázar, valle de Moquegua. Es a saber: 

Capitán don José Fernández de Córdova y Aguilar, te- 
niente de corregidor y justicia mayor, en 1626. 

Don Gerónimo Quintana y Benavides, en 1627. 

Don Alonso de Useda, en 1628. 

Capitán donjuán de Mesa Montalvo, en 1628. 

Don Diego Fernández de Avila y Adrada, regidor 1*=^, en 
1631. 

Don Melchor Maldonado de Saavedra, en 1635. 

Don Luís de Vizcarra, en 1640. 

Don Sebastián Fernández Zapata, en 1650. 

Don Francisco Máznelo, Alcalde ordinario, en 1653. 

Don José Hurtado de Mendoza Pérez del Pozo Máznelo 
y Villamísar, en 1655. 

Don Francisco Ramírez Zegarra, en 1682. 

Don Lorenzo de Vizcarra y Tapia, en 1682. 

Don Antonio Rodríguez del Cuadro, en 1683. 

Don Juan José Rodríguez de Ves, en 1685. 

Don Manuel Xiraénez Urbano y Ortega, regidor, en 
1693. 

El capitán don Luís Vélez de Córdova y Vélez Ladrón de 
Guevara, síndico, procurador general, esposo de doña Inés 
Salgado y Araujo Perea de Grimaldo, en 1695 hasta 1698, 
por Real despacho de su Magestad. 

Don Bernardo Carbonera y Sotomayor, regidor, en 
1718. 
Don Francisco Nieto de Peñalosa, regidor, en 1749. 

13 



98 REVISTA HISTÓRICA 



CATALOGO 

de los Curas y Vicarios foráneos que han habido en esta du- 
de Santa Catalina de Guadalcázar de Moquegua, cuyo 
curato comprendía en la primitiva antigüedad cuatro 
pueblos, y son el ya referido de Santa Catalina de Mo- 
quegua, el de San Sebastián de Escapagua, á la parte de 
Cocbuna, el de San Agustín de Torata y el de San Mateo 
de Tumilaca, como igualmente á los indios Capangos, 
boy residentes en el pago de Yacango, valle de Torata, y 
se denominan Yacangos en lugar de Capangos; en cuyo 
pago de Yacango hay hoy una vice-parroquia dedicada á 
San Isidro Labrador, de nueva erección, en el año de 
1827, poi el Iltmo. señor Doctor don José Sebastián de 
Goyeneche y Barreda, Obispo de Arequipa, correspondien- 
te á la doctrina de Torata. 

De estos cuatro pueblos no subsiste vestigio alguno de los 
de Escapagua y Tumilaca, más que la memoria. 

Este curato y vicaría de Moquegua tué un solo curato 
desde su descubrimiento, (cuando este obispado pertenecía 
al del Guzco, hasta el año de 1611, en que ya hubo obispo en 
Arequipa, y lo fué el primero el Iltmo. Sr. Dr. D. fray Cristó- 
val Rodríguez, que no llegó á su capital, pues murió en la vi- 
lla de Camaná, que en esa sazón era ya villa) con el de Tora- 
ta hasta el año de 1619, en que lo dividió el Iltmo. Sr. Dr.D. 
Pedro Perea de Grimaldo, segundo Obispo de Arequipa; ha- 
ciendo de Torata, Yacango y Tumilaca una doctrina; el pue 
blo de Santa Catalina V 3' M con todo el valle de Moquegua 
otro curato, constituyendo la iglesia Matriz y vicaría de la 
provincia en Moquegua. 

Cura primero de este valle y^ pueblo de Santa Catalina V 
y M de Moquegua y pueblos de San Sebastián de Escapagua 
en el valle de Cochuna, junto al de Moquegua, San Agustín 
de Torata y San Mateo de Tumilaca, con los indios Capan- 
gos, hoy llamados Yacangos ó Yacangueños, que se encuen- 
tra en los protocolos de los archivos públicos de esta ciu- 



NOTICIA DE MOQUEGUA 99 

dad, á falta de los libros parroquiales, el Licenciado D.Alon- 
so de Cañete y Valleumbroso, natural de la villa de Aguilar, 
del marquesado de Priego; rigió esta iglesia por los años de 
1588. 

El Licenciado D. José de Andrada, en 1589. 

D. Luís Fernández Barchilón, en 1592. 

Atenta la pobreza de este curato, los vecinos de él otor- 
garon escritura de dar al cura trescientos pesos para su ma- 
nutención, cuya práctica duró hasta Mayo 25 de 1624, en 
que unos y otros vecinos de Escapagua y Moquegua se amis- 
taron por escritura pública. 

El Licenciado D. Juan Alonso de Tapia, Canónigo de la 
Santa Iglesia Catedral del Cuzco, en Marzo 4 de 1597. 

El Bachiller D. Juan Rivera de Villalta, hace oficio de cu- 
ra, en 1598. 

El Licenciado D. García Silvestre de la Cueva, cura y vi- 
cario, en Diciembre de 1598. 

Licenciado D. Christóval de Aranda y Ayala, natural de 
la ciudad de Málaga, en Julio 18 de 1600. 

Licenciado bachiller D. Juan Guerrero de Vargas y Oso- 
rio, natural de la villa de Teba, en Sevilla, en Septiembre 25 
de 1605. 

Este cura, en Mayo 5 de 1618, pasó á cura vicario de la 
ciudad de San Marcos de Arica, cuando ya pertenecía al 
• obispado de Arequipa. 

Licenciado D. Gerónimo Castaño de Aragón, de cura y 
vicario de Arica pasó á cura y vicario de Moquegua, en Ma- 
yo 22 de 1618. 

Licenciado D. Diego Ortiz de Gatica, en Febrero 2 de 
1619. 

En tiempo de este cura se dividió Torata de Moquegua. 

Licenciado D. Diego Pérez, Comisario del Santo Oficio, en 
Enero 2 de 1622. 

El Bachiller D. Gaspar de Espinosa y Bilbao, cura coad- 
jutor, natural de Moquegua, en Diciembre 13 de 1629. 

Bachiller D. Pedro Moran y León, natural de Arequipa, 
cura el primero que fué creado en Torata y cura vicario en- 
cargado de Moquegua, en Septiembre 2 de 1639. 



100 REVISTA HISTÓRICA 



D. Melchor Fernández de la Cuadra Laso de la Vega^ en 
Noviembre 22 de 1640. 

En tiempo de este cura se celebró acta capitular, en Abril 
16 de 1633, y patentizó el Cabildo la extrema pobreza, ruina 
é indecencia de esta iglesia Matriz, primordial, parroquial 
de la provincia, y la pobreza é incongrua de su cura; 3' se pi- 
da á su Majestad alguna asignación del noveno de diezmos 
para sufragar lo incongruo, así del cura como de su iglesia, 
pues así lo declaró el Iltmo. Sr. Dr. D. Pedro de Villagómez, 
siendo Obispo de Arequipa en el año de 1631 y siguientes, 
por pertenecerle esta iglesia y su cura. Así consta de dicha 
acta capitalar, por ante Gerónimo de Villalobos, escribano 
publico y de Cabildo. 

D. José de Raya y Pareja, en 1655. 

El Bachiller D. García Hurtado de Mendoza Pérez del Po- 
so y Villamísar Bueno de Arana, natural de Moquegua,cura 
interino, en Julio 28 de 1671. 

Licenciado D. Juan Antonio de Peralta, Comisario del 
Santo Oficio de la Inquisición, en 1672. 

Este cura pasó á ser canónigo de Arequipa. 

D. Andrés Bueno de Arana, cura ínter, en Agosto 29 de 
1682. 

D. Andrés Velásquez de Avila y Espinosa, cura ínter, en 
Enero 7 de 1683. 

Dr. D. Antonio Coronel Cáceres de üllon, en Enero 26 de 
1683. 

El Bachiller D. Ambrosio Xavier Rodríguez Corterreal, 
cura ínter, en Agosto 2 de 1691. 

Este cura ínter pasó á ser cura propio de Torata y lo fué 
más de treinta años. 

Dr. D. Antonio de Echevarría y Vera, calificador del San- 
to Oficio; de cura propio de Torata pasó á cura vicario de 
Moquegua, en 1692. 

Este cura ppsó A canónigo magistral de Arequipa. 

D. Juan Marcelino Fernández Dávila y Máznelo, cura ín- 
ter, en Mayo 23 de 1701. 

Dr. D. Juan José Suárez de Tineo, Comisario del Santo 
Oficio de la Inquisición, en Marzo 20 de 1702. 



NOTICIA DE MOQUEGUA 101 

D. Miguel Cornejo de Daza, Comisario de la Santa Cru- 
zada, cura ínter, en Diciembre 16 de 1709. 

Dr. D. Juan Bautista Bernedo, Comisario del Santo Ofi- 
cio, en Marzo 31 de 1712. 

D. Miguel Cornejo de Daza, Comisario de la Santa Cru- 
zada, segunda vez cura ínter, en 10 de Febrero de 1714. 

Bachiller D. Francisco Ximénez Urbano y Ortega Sea y 
Cuéllar, Comisario de la Santa Cruzada, cura ínter, en Julio 9 
de 1716. 

Dr. D. Alonso Diez Coronel, Comisario del Santo Oficio, 
secretario del Iltmo. Sr. Dr. D. Juan de Otárola, en Noviem- 
bre 1 6 de 1718. Este cura pasó á canónigo doctoral de Are- 
quipa. 

Bachiller D. Francisco Xavier Ximénez Urbano y Ortega 
Sea y Cuéllar, Comisario de la Santa Cruzada, segunda vez 
cura ínter, en 1722. 

D. Juan Cayetano Rodríguez de Ves y Fernández Dávila, 
Comisario de la Santa Cruzada, cura ínter, en Diciembre 10 
de 1730. 

Dr. D. José Cabero de Francia, Calificador del Santo Ofi- 
cio, mayordomo mayor del Iltmo. Sr. Dr. D.Juan Cabero de 
Toledo, en 1733. 

D. Juan Cayetano Rodríguez de Ves y Fernández Dávila, 
Comisario de la Santa Cruzada, segunda vez, cura ínter en 
1734. 

Bachiller D. Lorenzo Ximénez Urbano y Ortega y Aspe, 
ministro familiar del Santo Oficio, sacristán mayor y mayor- 
domo ecónomo de esta iglesia Matriz, cura ínter, en Julio 8 
de 1738. 

Bachiller D. Domingo de Castro, Consultor del Santo Ofi- 
cio, visitador de las provincias de Moquegua y Arica, Exa- 
minador sinodal de este obispado por el Iltmo. Sr. D. Juan 
González Melgarejo, en Julio 10 de 1740. 

Dr. D. Francisco José de Espinosa y Mendoza, Abogado 
de la Real Audiencia de Lima, Comisario del Santo Oficio, 
Provisor y Vicario general de este obispado, en Octubre 24 
de 1740. " 

Este cura pasó á canónigo doctoral, provisor y vicario 
general de la Santa Metropolitana iglesia de Lima. 



102 REVISTA HISTÓRICA 



Bachiller D. Lorenzo Ximénez Urbano Ortega y Aspe, cu- 
ra encargado, en IT^l. 

El maestro D. Luís Seano de Valer, cura encargado, en 
Septiembre 6 de 174.4. 

Dr. D. Gabriel de Emagarai Aspe y Dasa, Examinador si- 
nodal de este obispado, cura ínter, en Diciembre 24 de 1754. 

Dr. D. Juan Manuel de Moscoso y Peralta, se ordenó de 
presbítero á título del curato de Moquegua; natural de Are- 
quipa, dedonde fué Alférez real y Alcalde ordinario de primer 
voto, comisario de ambos tribunales, de Inquisición y de 
Cruzada, examinador sinodal de este arzobispado, en Enero 
8 de 1755. 

Este cura pasó á prebendado y canónigo magistral déla 
Santa iglesia Catedral de Arequipa; después Obispo de Trico- 
mi y Obispo auxiliar de Arequipa; después Obispo de las san- 
tas iglesias Catedrales de San Miguel Arcángel de Córdova 
del Tucumán y de Santiago el Mayor de la gran ciudad del 
Cuíco, y después Arzobispo de la Metrópoli santa de Grana- 
da, en el Reino de España. 

Dr. D.Gabriel de Emagarai Aspe y Dasa, Examinador si- 
nodal de este obispado de Arequipa, segunda vez cura ínter, 
en Noviembre de 1760. 

Dr. D. Antonio de Otazu, Comisario de la Santa Cruzada 
Examinador sinodal de este obispado, último cura y vicario 
solo de esta iglesia Matriz, en 1766. 

Este cura pasó á prebendado de la Santa Iglesia Catedral 
de Arequipa, en Diciembre 1*^ de 1774. 

Dr. D. Lorenzo de Vizcarra y Hurtado, natural de Mo- 
quegua, Comisario del Santo Oficio, cura ínter, en Diciembre 
28 de 1774. 

En 1777 gobernando la Santa Iglesia de Arequipa el 
Iltmo. Sr. Dr. D. Fr. Manuel Abad y Llana, XVIII, Obispo 
de Arequipa, se pusieron dos curas en esta iglesia Matriz de 
Moquegua, con la denominación de cura I'' y cura 2^; aquél 
de Moquegua y éste de la Rinconada. 

Dr. D. Clemente Antonio Galdós de Arellano, Hurtado 
de Mendoza, Comisario de la Santa Cruzada, cura propio 
de Ilabaya; pasó á cura primero y vicario foráneo de Moque- 
gua en Julio 14 de 1777. 



NCÍICIA DE MüQUEGUA 103 

Este cura renunció una prebenda en el coro de la Santa 
Iglesia Catedral de Santa María la Mayor de la ciudad de 
Guamanga. 

Dr. D. Mariano Abril y Olazábal, cura segundo, en Julio 
de 1777. 

Dr. D. Lorenzo de Vizcarra y Hurtado, segunda vez cura 
ínter del primer lugar, en Agosto 24 de 1790. 

Dr. D. Ildefonso José Velarde, cura de Pampacolca; per- 
mutó con el Dr. D. Mariano Abril y Olazábal el curato 2*^ de 
Moquegua, en Febrero 12 de 1792. 

Dr. D. Lorenzo Vizcarra y Hurtado, comisario de ambos 
tribunales, de Inquisición y Cruzada, cura 1^ y vicario forá- 
neo en propiedad, en Noviembre 17 de 1792. 

Este cura reedificó la iglesia, gastó ingente caudal, le de- 
jó cuatro ricos ornamentos y muchas preseas y murió en 3 
de Abril de 1721. 

Don Ignacio José de Iramátegui Meabe y Carbonera, 
cura segundo interino, en 1804. 

Doctor don Luís Prieto y Zeballos, natural de Moque- 
gua, cura de Acarí y San Felipe de Carumas, pasó á cura se- 
gundo de Moquegua, en 1805. 

Doctor don Manuel Inocencio Hurtado Zapata Vizcarra 
V Hurtado, abogado de la Real Audiencia de Lima, cura 
coadjutor, en Enero de 1813. 

El mismo Doctor Hurtado y Zapata, cura ínter en el pri- 
mer lugar, en Abril 15 de 1821. 

Pasó á prebendado de Lima, examinador sinodal, provi- 
sor y vicario general de dicho arzobispado. 

Don Baltazar Mugartes y Nieto, cura segundo interino, 
en Agosto de 1821. 

Este cura segundo ínter pasó á Tarata, en donde fué des- 
pués en propiedad, en 1826. 

Doctor don Baltazar Zeballos Ardiles y Beltrán, cura se- 
gundo interino y rector del colegio de la Libertad de esta 
ciudad, en Octubre 26 de 1823. 

Doctor don Narciso. Velásquez y Bentrellat,cura primero 
encargado, en 1824. 

Este cura fué rector de este colegio de la Libertad en 
1831, cura rector de la Santa Catedral de Arequipa, interi- 



104 REVISTA HISTÓRICA 



no, gobernador eclesiástico de este obispado en 1832; en el 
mismo año, rector del colegio Seminario y hoy prebendado 
de dicha Santa Iglesia Catedral y rector de dicho colegio 
Conciliar de Arequipa. 

Doctor don José María Delgado, naturul de Lima, bene- 
mérito á la Patria en grado heroico y eminente, condecora- 
do con las medallas de las batallas de Junín y Ayacucho, cu- 
ra segundo, en Junio 15 de 1826. 

Doctor donjuán Antonio Montenegro y Ubaldi, natural 
de Moquegua, abogado de las repúblicas de Bolivia y el Pe- 
rú, Examinador sinodal de este obispado de Arequipa, cura 
primero y vicario foráneo de esta ciudad de Moquegua, en 
Noviembre 11 de 1826. 

Este cura fué cura ínter de la Santísima Trinidad de Co- 
nayca, obispado de Guamanga,en 1818 hasta 1821; después 
cura ínter en San Pedro de Ilabaya, en 1825; y siéndolo en 
propiedad en Junio de 1826, lo renunció; de donde, en el mis- 
mo año, fué promovido á esta Matriz de Moquegua, que hoy 
obtiene (1). 

El último comisario del Santo Oficio, fue el Doctor don 
Juan Cabello y Hurtado, presbítero; y su notario, el presbí- 
tero don Pedro del Cuadro y Castañón. 

En Marzo 2 de 1687, á f. 29 vta., el Cabildo dio mil pe- 
sos de donativo á su Magestad, siendo Virrey el señor Du- 
que de la Palata, y se libró á Moquegua del derecho de sisa 
de la carne que se vendía en el vecindario de esa villa. 

En Octubre 20 de 1687, hubo en esta villa un terremoto 
grande, con el cual se arruinó la iglesia Matriz y la mayor 
parte de la villa. 

En Octubre 10 de 1688, sedeclara no tener esta iglesia 
parroquial rentas suficientes para su reedificación, y el^Capi- 
tán don Miguel Fernández Maldonado el viejo, dá 300 pe- 
sos, y cada un año, hasta su conclusión, 300 pesos; y el cura 
don Antonio Coronel Cáceres de Ulloa y el fabriquero. Capi- 
tán don Pedro Antonio de Salcedo, aceptan esta escritura 
de obligación. Así á f. 419 vta. 

En Enero 8 de 1687, el Corregidor don Francisco Carri- 



( 1 ) EsU cura es el autor de esta relación. 



NOTICIA DE MOQUEGÜA 105 

lio de las Torres, habilita el papel sellado para que no se per- 
judique el erario, ni paren los negocios. F. 487 vta. ' 

En el año de 1689, á f. 27, consta que ha estado esta vi- 
lla despacio de veinte años sin escribano, por cuya causa y 
haber andado los papeles de esta dicha villa rodando en po- 
der de personas particulares, se han menoscabado y adulte- 
rado, con perjuicio de esta república. 

Y he aquí el motivo por lo que faltan muchos instrumen- 
tos de entidad, aun protocolos enteros. 

En Abril 18 de 1689, á f. 41, consta que en los términos 
del pueblo de San Pedro de Tacna se ha descubierto un mi- 
neral de ricos metales de plata. 

• Y en Marzo 20 de dicho año de 1683, se escripturan va- 
rios vecinos nobles de esta villa á trabajar y piden sitios pa- 
ra hacer ingenios, casas y trapiches. 

CONQUISTADORES DE ESTE REINO 

El Capitán don Hernán Bueno de Arana, feudatario de 
la ciudad de Arequipa y encomendero del pueblo de Tacna, 
cuya encomienda le dio el señor Virrey don Luís de Velasco 
por su calidad y servicios señalados en la conquista, y á 
quien los señores virreyes de su tiempo honraron como á tal 
coaquistador. Casó con doña Mariana de Saavedra, y^ es 
contenido en la Real provisión dada por el Excmo. señor 
Virrey don Luís de Velasco, su fecha en los Reyes, Octubre 
13 de 1601. Así obra en la información de hidalguía que 
produjo el Capitán don Juan José Rodríguez de Ves, en No- 
viembre 15 de 1690 y auto pronunciado por el Capitán don 
Antonio Pérez del Cuadro, Justicia mayor de esta villa, 
por ausencia del señor Corregidor don Bartolomé Gil de la 
Bentosa, ante Tomás de Valcárce:, escribano público, á f. 
460. 

Don Alonso de Velásquez de Avila y Arce, conquistador. 
Se le señalan mil setecientos pesos en el repartimiento de Pa- 
cha, en los términos de la ciudad de la Plata, en cumplimien- 
to de la Real cédula de su Magestad. Así consta de la cita- 
da Real Provisión. 

14 



1 



106 REVISTA HISTÓRICA 



Don Juan de la Torre, Maestro de Campo, conquista- 
dor. Así el instrumento de las actas capitulares. Abril 3 de- 
1713. 

Don Pedro Cancino, esposo de doña Ana de Bilbao, con 
quistador. Así se sabe por tradicción constante en esta vi- 
lla: ambos consortes naturales de España. 

Don Fernán Velásquez Dávila, consta ser uno de los con- 
quistadores y pobladores de esta villa, en cuya virtud su hi- 
jo, don Fernán Velásquez Dávila y Máznelo pide al Cabildo 
un sitio y solar, que se le concede. Así el instrumento de 
Agosto 3 de 1689. 

Don Martín Pizarro, es hijo de conquistador y doña 
Beatriz de Casillas, su mujer, es nieta de otro conquistador. 
Así consta de la Real Provisión antes citada. 

Don Juan Martín de Ley va, se le señalan cuatrocientos 
pesos en dicho Tacana. Así dicha Real Provisión. Si es- 
te señor sea conquistador ó hijo de conquistador, no se 
sabe rií lo dice tal Real Provisión; más bien se puede én" 
tender ser conquistador, atento á que no hace la distinción 
del hijo 6 nieto de conquistador, que se vé en la presente dic- 
ción. 

Don Pedro Ladrón de Guevara, el viejo, esposo de doña 
Catalina de Sisa, conquistador, poblador y pacificador de 
estos reinos; vecinos de la gran ciudad del Cuzco. 

Así obra en libro impreso de genealogía y título de Cas- 
tilla del señor Maques de Cumbres Altas. 

En Junio 6 de 1700, á f. 69, consta que en 1693 concedió 
su Magestad á la villa de Moquegua, que no pague alcabala 
del cabezón de las haciendas de este valle por espacio de seis 
años, atento sus servicios. 

En Enero 1'' de 1701 se desafiaron y aceptaron el desa. 
fío dos señores alcaides; el uno que lo era y el otro que lo 
acababa de ser. 

En 1698 el bachiller don José Rodríguez de Ves murió en 
el colegio de una estocada que le dio otro colegial, y el pa- 
dre del difunto le perdonó \Solemnemente la muerte. F. 11 
vta. 

En Septiembre 9 de 1701, á f. 148. se dá noticia haberse 
por la primera vez, sacado aguardiente del vino de estas vi- 



NOTICIA DE MOQUEGÜA 107 

ñas, y lo fué en la hacienda del Carmen, en el Alto de la Villa 
Vieja, propia hoy de los señores Fernández Cornejo. 

En Septiembre 2 de 1701, á f. 122, consta que las calles 
rectas de las iglesias Matriz de esta villa y Flospedería de 
Santo Domingo, hacia el portillo para salir al valle de Cu pi- 
na, poco antes del dicho portillo, que es entre dos montes, 
había un sitio llamado Calvario, y en él tres cruces, á donde 
la gente iba el jueves y viernes Santos con sus estaciones y 
vía sacras y encendía muchas velas, así estos días como to» 
dos los viernes del año. Hoy ya no existen tales cruces ni 
hay memoria de tal Calvario. 

En Diciembre 15 de 1700, f. 195 vta., y Enero 26 de 
1702, f. 284, consta que en la antigüedad había una huerta 
espaciosa, propia del convento de Santo Domingo de esta vi- 
lla; hoy ya no existe y todo es casas y habitaciones de sus 
vecinos. 

En Junio 26 de 1708, á f. 190, consta que existía aún en 
esa sazón la iglesia de San Sebastián de la antigua villa de 
San Francisco de Esquilache, y así es. En el inventario del 
capital de bienes que hace el Capitán Maestre de campo don 
José Montenegro, por haber muerto su mujer doña Constan- 
za de Penal osa, entre otras cláusulas es la siguiente; — *'Item 
un pedazo de tierras junto ala iglesia de' esta Villa viga, 
que éste con otro que tiene plantado mi hijo don Bernardo 
Montenegro, se los tengo vendidos al dicho mi hijo en ciento 
y cincuenta pesos, que tengo recibidos." Cuántos años des- 
pués de esta fecha subsistiría esta primera iglesia de este va- 
lle, en la que por la primera vez se celebró el santo sacrificio 
de la misa, no se sabe. 

Las familias de los Fernández Cornejo, Montenegro y 
Peñalosa con los Hurtado de Mendoza conservan en su co- 
razón la devota memoria de haber tenido limítrofe á sus he- 
redades, el primer pueblo, y primera iglesia de San Sebas- 
tián de Escapagua, antigua villa de San Francisco de Borja 
de Esquilache, cuya traslación á esta parte donde hoy existe 
la ciudad, se llorará eternamente, quedando de aquella villa 
solo la memoria del Alto de la Villa vieja, hasta hoy. 

En Septiembre 29 de 1709, á f. 351 vta., consta que en 
el pueblo de la Corona Real de Ubinas, de esta provincia de 



108 REVISTA HISTÓRICA 



Colesuyo, y cerro de San Bortolomé dé Tasa, hay un asien- 
to de minas de plata, llamado San Francisco Xavier de 
Tasa. 

En Enero 20 de 1711, á f. 294?, obra ser una mina de oro 
descubierta en el asiento de San Antonio deSanchuli, propia 
del Capitán donjuán de Theos y Ortega, familiar del Santo 
Oficio. 

El Capitán don José del Alcázar y Padilla y su mujer do- 
ña Ana María de Peñalosa son los fundadores del monaste- 
rio de Santa Rosa en esta villa, dejando para ello cuantio- 
sas fincas, su fecha 2 de Junio de 1710. Esta fundación se 
la llevaron á Arequipa con grave perjuicio á Moquegua y 
solo tienen las moqueguanas el privilegio de ser colocadas 
primero que otras para monjas; en tiempo del Iltmo. señor 
don Juan Cabero de Toledo, caballero de la orden de Cala- 
trava duodécimo Obispo de Arequipa. 

En Abril 27 de 1712, á f. 420 vta., consta una escritu- 
ra otorgada porel R. P. Predicador Fr. Clemente Cuéllar, 
prior actual de esta Hospedería de Predic adores de esta vi- 
lla, en que por sí y á nombre de sus sucesores se obliga á en- 
señar á la juventud de esta dicha villa y su jurisdicción á 
leer, escribir y la gramática, según es y ha sido costumbre 
desde la erección de esta hospedería, una de las principales 
cláusulas constitucionales bajo las que los pidió y rentó la 
villa, y así consta de la cédula Real de su confirmación; Mar- 
zo 1^ de 1717. 

No lo hacen al presente y muchos años ha que faltan á 
este lleno y condición para lo que vinieron á Moquegua y se 
desea lo verifiquen para bien y provecho de la juventud, pues 
dice nuestro Santísimo Padre Benedicto XIII en su constitu- 
ciór (Roma, Marzo 30 de 1726), tales esse ciyes qual es 

EDUCATIONE INFORMANTUR. 

En Agosto 17 de 1731, á f. 126, el Cabildo, Justicia y Re- 
gimiento jura solemnemente á Nuestra Señora de Lore- 
to por patrona de Moquegua, á causa de los temblores y 
pestes, y en Octubre 31 del mismo mes confirma este voto el 
Iltmo. señor Doctor don Juan Cabero de Toledo, del orden 
de Calatrava, ante Ignacio de Goyzucta, notario mayor; y 



NOTICIA DE MOQUEGUA 109 

el Cabildo se obliga á hacerle su fiesta el día 15 de Agosto de 
cada año. 

En 1767 fueron expatriados de esta villa los RR. PP. de 
la Compañía de Jesús y en 1787 se les dio posesión de este 
colegio por Real Cédula á los PP. de Propaganda ñde del 
colegio de Tarija. Así consta de un expediente girado por el 
P. Comisario Fr. Tomás Nicolau, ante el señor Virrey A vilés^ 

Dr Juan Antonio Montenegro y Ubaldi. 

( Se continuará ) 



^ > » < > 



Seccióri Oficial 



FUNDACIÓN DEL INSTITUTO HISTÓRICO 



EL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA 
Considerando: 

Que conviene propender á la formación de la Historia 
nacional; 

Decreta: 

Artículo 1^— Créase el Instituto Histórico del Perú. 
Artículo 2^— Son sus objetos: 
1*^ Reunir, descifrar, organizar, anotar y dar publici- 
dad á los documentos relacionados con nuestra historia; 

2^ Iniciar y recompensar la redacción de obras histó- 
ricas, monográficas ó generales sobre el país; 

3^ Proponer al Gobierno lo que considere útil para el 
conocimiento, difusión y progreso de las ciencias históricas; 
4^ Informar al Gobierno sobre los asuntos en que se 
juzgue oportuno conocer su opinión; 

5*^ Conservar los monumentos nacionales de carácter 
arqueológico ó artístico. 

Artículo 3*=* — Tendrá el Instituto como órgano una Re- 
vista. 

Artículo 4^— El Archiivo Nacionalepe dnderá del Institu- 




Ministro de Justicia é Instrucción, inaugurador del Instituto Histórico. 



SECCIÓN OFICIAL 111 



to y quedará sujeto á las disposiciones que éste dicte para 
su debido funcionamiento. 

Dado en la Casa de Gobierno en Lima, á los diez y ocho 
días del mes de Febrero de rail novecientos cinco. 

José Pardo. 
Jorge Polar. 



Nombramiento del personal 



Limay 8 de Marzo de 1905. 

Habiéndose creado por decreto de 18 del mes próximo 
pasado el Instituto Histórico del Ferá. 

Se dispone: 

Artículo 1^— Formarán el Instituto las siguientes perso- 
nas: 

Barranca José Sebastián, Basadre Modesto, Benites En- 
rique, Cabero Marco Aurelio, Cornejo Mariano H., Dan- 
cuart Pedro Emilio, Eléspuru Juan N., Gálvez Aníbal, Gar- 
cía Irigoyen Carlos, García Rosell Ricardo, Idiáquez José 
Román de, Izcue José A. de. Lama Miguel Antonio de la, 
Maúrtua Víctor M., Meló Rosendo, Obín Manuel Jesús, 
Olaechea Teodorico, Patrón Pablo, Paz Soldán Carlos, Por 
lo José Toribio, Prado y Ugarteche Javier, Prado y Ugar- 
teche Mariano I., Puente José Agustín de la, Quintanilla 
Emilio Gutiérrez de, Romero Carlos A., Vargas M. Nemesio, 
Wiesse Carlos y Zuleta Celso. 

Art. 2^. — Serán miembros natos los correspondientes en 
el Perfi de la Real Academia de la Historia, de Madrid,. y los 
de otras Academias ó Sociedades extranjeras dedicadas al 
estudio de la Historia. 

Art. 3^— Serán igualmente miembros natos: el Rector 
de la Universidad de Lima, el Decano y los Catedráticos Prin- 
cipal y Anjunto de Historia de la Civilización Peruana de la 
Facultad de Letras; los Catedráticos Principal y Adjunto de 



112 REVISTA HISTÓRICA 



Derecho Peruano de la Facultad de Jurisprudencia; los Ca- 
tedráticos Principal y Adjunto de Derecho Diplomático é 
Historia de los Tratados de la Facultad de Ciencias Políti- 
cas y Administrativas, el Director de la Biblioteca Nacional, 
el Director General de Instrucción, el Director del Archivo 
Nacional, el Jefe del Archivo de Límites y el Profesor de His- 
toria del Perú del Colegio de Nuestra Señora de Guadalupe. 

Art. 4^— El Instituto funcionará provisionalmente en el 
salón de conferencias de la Sociedad Geográfica y mientras 
se consigna una partida especial para él en el Presupuesto 
General de la República, los gastos que origine su instala- 
ción, la impresión de la Revista que le sirva de órgano y su 
servicio de Secretaría, se aplicarán á la partida de gastos 
extraordinarios del Ministerio de Instrucción. 

Art. 5*^— El Ministro de Instrucción presidirá la sesión 
en que los miembros del Instituto elegirán una mesa provi- 
sional, compuesta de un Presidente, un Inspector del Archi- 
vo Nacional, un Director de la Revista y un Secretario. 

Art. 6^— El Instituto formulará su reglamento y lo ele- 
vará al Supremo Gobierno, para que sea aprobado. 

Regístrase y comuniqúese. 

Rúbrica de S. E. 

Polar. 



Fundación 6^éí Mnseo Histórico 

Lima^ 6 de Mayo de 1905. 

EL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA 

Considerando: 

Que la cultura del país exige la formación de un Museo 
en que se reúnan, conserven y exhiban al público, debida-' 
mente expuestos y catalogados, los objetos que se relacio- 
nan con nuestra historia en la época anterior á la domina- 



SECCIÓN OFICIAL 113 



ción española, en la de esta dominación 7 en la de la Repú- 
blica; 

Decreta: 

1^ — Fúndase el Museo de Historia Nacional, bajo la de- 
pendencia del ** Instituto Histórico del Perú " y sobre las ba- 
ses de las colecciones existentes, que sean de propiedad pú- 
blica. 

2^— El Instituto presentará el plan de organización del 
Museo y un primer presupuesto de sus gastos de instalación 
y funcionamiento. 

3^— Insértese una partida igual al monto de ese presu- 
pnesto en el proyecto general de la República para el año 
próximo. 

José Pardo. 
Jorge Polar. 



BstatntOB del Instituto Histórico del Perú 

aprobados por resolución suprema de 10 de julio de 1905 



CAPÍTULO I 



objeto y trabajos del instituto 

Art. I''— El Instituto Histórico del Perú, creado por De- 
creto Supremo de de 18 de Febrero último, es un cuerpo que 
tiene por objeto cultivar y promover el estudio de la Histo- 
ria Nacional. 

Art. 2"^— Cumplirá sus fines: 

1^ Recogiendo y conservando ordenadamente do* 
cumentos y manuscritos d9 importancia, originales y en co- 
pia, libros, cartas geográficas, estampas y materiales úti- 
les par^ dicha Historia; 

15 



114 REVISTA HISTÓRICA 



2^ Fomentando el cultivo de la Historia patria; pa- 
ra lo cual abrirá certámenes cada dos años, 3" otorgará pre- 
mios á los autores de los mejores escritos que se le presen- 
ten, conforme á los programas y temas designados previa- 
mente por el Directorio; 

3^ Organizando y reglamentando el Museo Nacio- 
nal, que se halla á cargo del Instituto; 

4*^ Publicando una Revista y documentos históricos 
inéditos, como así mismo obras de mérito, y reimprimiendo 
otras raras, que contribuyan á ilustrar la Historia Nacio- 
nal y á propagar su conocimiento. 

El Instituto tiene la obligación de rectificar en su Re- 
vista los errores y las falsificaciones que se publiquen sobre 
la Historia del Perú y monumentos de ella; 

5^ Dando los informes y satisfaciendo, previo estu- 
dio,todas las consultas que tenga á bien hacerle el gobierno, 
acerca de materias relativas á su instituto; 

6^ Cuidando de la conservación de los monumen- 
tos arqueológicos nacionales y fijando las condiciones y las 
reglas á las que deberán sujetarse la extracción de objetos 
de esos monumentos y de las huacas. 

Art. 3°— Corresponde al Instituto la resolución de to- 
dos sus asuntos de régimen interno. 



CAPÍTULO II 



DB LOS MIBMBROS Y SUS OBLIGACIONES 

Art. 4^— Compónese el Instituto de cuatro clases de 
miembros: 1*=*, natos; 2"^, de número; 3*=*. honorarios y 4*=" 
corresponsales- 

1^ Son natos: 1^ los individuos correspondientes en el 
Pera de la Real Academia de la Historia de Madrid; 2"^ los 
de otras academias análogas que establézcanla reciprocidad 
con el Instituto; y 3^ los funcionarios públicos y catedráti- 
cos que se expresan á continuación: estos ocho miembros de 
la Universidad Mayor de San Marcos: el Rector, el Decano 



SECCIÓN OFICIAL 115 



de la Facultad de Letras y los catedráticos titulares y ad- 
juntos, respectivamente, de Historia de la Civilización Pe- 
ruana, de Historia del Derecho Peiuano y de Derecho Diplo-^ 
mátíco é Historia de los tratados; los Directores de Instruc- 
ción Pública, de la Biblioteca y del Archivo Nacional, el Jefe 
del Archivo de Límites y el Profesor de Historia del Perú en 
el Colegio Nacional de Guadalupe. El Presidente de la Re- 
pública y el Ministro de Instrucción son Presidente y Vice- 
presidente natos del Instituto, y presidirán, respectivamente, 
las juntas generales, cuando asistan á ellas. 

2^ Son de número: los designados por el Gobierno en, 
el decreto de creación del Instituto, y que constan de la lista 
que se halla á continuación de estos estatutos. 

3^ Son honorarios: los que se elijan con tal calidad 
por la Junta General del Instituto, por h^ber publicado tra- 
bajos de verdadera importancia, ó prestado servicios espe- 
ciales al progreso de las ciencias históricas. 

Art. 5^— Los miembros de número no excederán de trein- 
ta; siendo ¡limitado el de los corresponsales y honorarios. 

Art. 6*=*— Encaso de vacancia de un miembro de número, 
la elección se practicará mediante propuesta hecha por tres 
miembros de igual carácter al Directorio, y la de éste, en ca- 
so de aceptación, á lá Junta General; igual procedimiento se 
observará para los honorarios. Los corresponsales serán 
elegidos sólo por el Directorio, mediante propuesta de dos 
individuos de su seno. 

Art. 7^— Toda elección se hará por mayoría absoluta de 
los asistentes y en votación secreta. 

Art. 8^— El elegido para miembro de número tomará 
posesión en el término de tres meses, y leerá un trabajo su- 
yo, inédito, en el acto de su incorporación; y deberá contes- 
tarle el miembro que oportunamente designe el Presidente. 

Art. 9^— Es obligación ineludible de los miembros natos 
y de número contribuir con sus trabajos históricos á los fi- 
nes del Instituto, desempeñar las comisiones que se les en- 
comienden, asistir á las juntas á que fueren citados y votar 
en todos los asuntos que lo requieran. 

Art. 10^— Los honorarios y corresponsales deberán con- 
currir al mismo objeto; con trabajos y noticias de interés 



116 REVISTA HISTÓRICA 



histórico; y cuando estén en Lima, podrán tomar parte, 
sin voto, en. las sesiones á que fueren citados por el Presi- 
dente. 



CAPÍTULO III 



CARGOS y JUNTAS DEL INSTITUTO 

Art. 11 '^-^ Para la dirección de los trabajos y representa- 
ción del Instituto, habrá un directorio compuesto de: 

Presidente, 

Secretario, 

Inspector del Archivo Nacional; 

Director de la Revista, 

Director del Museo Histórico, y 

Tesorero. 
Habrá, además, un primero y un segundo Vice-presidentey un 
Prosecretario, que formarán parte del Directorio cuando en- 
tren como sustitutos, respectivamente, del Presidente y del 
Secretario. 

Estos miembros serán elegidos en Junta General, entre 
ios natos y de númnro, y pueden ser reelegidos. 
Los cargos serán todos bienales. 

Art. 12^— El Presidente del Instituto lo presidirá; cui- 
dará de la ejecución de los Estatutos, reglamentos y acuer- 
dos; mantendrá correspondencia con el Gobierno, funciona- 
rios públicos é instituciones nacionales y extranjeras sobre 
asuntos relativos al Instituto; señalará los días en que se 
han de celebrar las juntas extraordinarias, y atenderá á 
cualquier caso no previsto, con cargo de dar cuenta al Direc- 
torio. Al fin de cada bienio, leerá una Memoria sobre el es- 
tado y los trabajos del Cuerpo y respecto de los que se ha- 
yan publicado en el Perú, ó en el extrangero, conexos con la 
Historia Nacional. 

Art. 13^— En la primera quincena de Julio de cada año, 
á partir de 1906, se celebrará una junta general ordinaria, 
á fin de practicar elecciones, ésto es completar el Directorio, 
si faltaré algún miembro, 6 renovarlo, si se cumpliera el 



SECCIÓN OFICIAL 117 



bienio, y resolver los asuntos que le someta dicho Directo- 
rio. 

Art. 14^ — Las juntas generales serán convocadas con 
tres días de anticipación y celebrarán sus sesiones con el nú- 
mero de miembros que concurran; salvo los casos de tratar- 
se de elecciones, 6 de asuntos económicos, para los que se re- 
quiere la presencia de un tercio de los miembros. Si después 
de 1* citación, en el último caso, no concurriese el tercio 
indicado, se abrirá la sesión con los presentes; siendo obliga- 
torias para todos los miembros las resoluciones que se adop- 
ten. 

Art. 15. — El Directorio celebrará dos sesiones al mes, sin 
perjuicio de las extraordinarias que disponga el Presidente. 

Art. 16. — El quorum para las sesiones será de cuatro 
miembros, después de lá primera citación. 

Art. 17. — En el caso de impedimento del Presidente^ pre- 
vio aviso, presidirá las sesiones el primer Vice-presidente;yá 
falta de ambos el segundo Vice-presidente, ó el miembro que 
el Directorio previamente designase. 

Art. 18. — El Vice-presidente desempeñará las funciones 
de Presidente por muerte ó impedimento de éste, y el segun- 
do Vice-presidente remplazará al primero en caso preciso. 



CAPÍTULO IV 



DE LAS SESIONES Y COMISIONES 

Art. 19. — Para el mejor desempeño de las tareas propias 
del Instituto, se organizarán varias secciones con el número 
de socios que determine el Directorio y que correspondan á 
los principales ramos de las ciencias históricas. 

Art. 20. — Las secciones tendrán un presidente y un se- 
cretario cada una; celebrarán las juntas que necesiten para 
llenar sus labores; evacuarán los informes que les pida el Di- 
rectorio sobre asuntos de su competencia; formularán sus re- 
glamentos, y los someterán previamente á la aprobación di- 
rectiva. 



118 REVISTA HISTÓRICA 



Art. 2i. — El Presidente del Instituto nombrará, asimis- 
mo las comisiones especiales que sean convenientes para otros 
asuntos del Cuerpo. 



CAPÍTULO V 

DE LOS FONDOS DEL INSTITUTO 

Art. 22. — Constituyen los fondos del Instituto: 

1^ — La cantidad que le designen los presupuestos del 
Estado, 6 que le acuerden las autoridades ó instituciones na- 
cionales. 

2^ — Las sumas extraordinarias que el Gobierno, ó los 
donadores y fundadores particulares, quieran ofrecerle para 
iniciar 6 proteger algún objeto especial, dentro de los fines 
que persigue el Instituto. 

3' — Los productos y utilidades de sus publicaciones. 
Art. 23. — El Instituto aplicará sus fondos: 

1*=^ — Al pago de los gastos votados en su presupuesto. 

2^ — A la adquisición é impresión de trabajos, como se 
expresa en el artículo 2^ 

3"=^ — Al fomento, catalogación y clasificación de su bi- 
blioteca y archivo históricos. 

49 — A la adjudicación de premios, de conformidad con 
lo indicado en el inciso 2^ del artículo 2^ y en el artículo 11. 
Art. 24. — Los fondos del Instituto serán percibidos é in- 
vertidos por el Tesorero, mediante cuenta detallada y com- 
probada, con arreglo á las disposiciones del Directorio y re- 
glamentarias. 

Toda orden de pago será firmada por el Presidente y vi- 
sada por el Secretario. 

Art 25. — Los gastos no presupuestados que excedan de 
cincuenta libras (Lp. 50) serán votados por el Directorio; los 
que pasen de esta cantidad lo serán por la Junta General. 

Art. 26. -T En la Junta General ordinaria anual el Presi- 
dente presentará la cuenta de ingresos y gastos habidos, des- 
pués de sometida por el Tesorero á examen y aprobación del 
Directorio; é igualmente el Presupuesto para el año siguiente. 



SECCIÓN OFICIAL 119 



DISPOSICIONES TRANSITORIAS 

Art. 27. — Quedan confirmados todos los miembros na- 
tos y de número actuales. En caso de renuncia aceptada 6 
vacancia, el Instituto procederá á proveer las plazas hasta 
el número designado en el artículo 5"^ 

Art. 28. — Los presentes Estatutos entrarán en vigencia 
inmediatamente después de aprobados por el Supremo Go- 
bierno^ 

Art. 29. — El Directorio formulará el Reglamento inte- 
rior, á fin de someterlo á la Junta General. 

Art. 30. — La reforma de estos Estatutos no se podrá 
solicitar del Gobierno sino por acuerdo de una Junta Gene- 
ral convocada con tal objeto; á la cual deberán asistir dos 
tercios de los miembros natos y de número; y caso de no "ha- 
ber quorum, éste lo formará la mitad más uno de los miem- 
bros. 



-^' ^^< * 



Primera sesión del Instituto 



( Viernes 31 de marzo dk 1905 ). 

Bajo la Presidencia del Sr. Ministro de Justicia, Instruc- 
ción y Culto, Dr. D. Jorge Polar, y con asistencia de los se- 
ñores Aranda Ricardo, Dancuart Pedro E., García Irigoyen 
Carlos, García Rosell Ricardo, Gálvez Aníbal, Idiáquez J. R. 
de, Izcue José A. de, Larrabure y Unanue Eugenio, Larrabure 
y Correa Carlos, Loredo Julio R., Meló Rosendo, Paz Soldán 
Carlos, Polo José Toribio, Romero Eleodoro, Romero Car- 
los A., Salazar Manuel Marcos, Salazar Constantino, Var- 
gas Nemesio y Wiesse Carlos, en el salón de actuaciones de 
la Sociedad Geográfica, siendo las 9 y 15 de la noche, se abrió 
la primera sesión del Instituto Histórico del Perú. 

El Sr. Ministro manifestó que la sesión tenía por objeto 



120 REVISTA HISTÓRICA 



elegir la junta directiva provisional á que se refiere el artí- 
culo 5^ de la Suprema Resolución de 8 del actual. 

El Director General de Instrucción, Sr. Izcue, dio lectura 
al Decreto Supremo de 18 de Febrero de 1905, por el que se 
crea el Instituto, á la Suprema Resolución de 8 del presente 
mes, por la que se designa el personal de que debe constar, 
así como á las diferentes notas de contestación que se han 
recibido hasta la fecha. De ellas aparece que aceptan el car- 
go los señores Javier Prado y Ugarteche, José Toribio Polo, 
T. Olaechea, Manuel J. Obín, Rosendo Meló, Miguel A. de la 
Lama, J. R. de Idiáquez, Ricardo García Rosell, Carlos García 
Irigoyen, Aníbal Gálvez, Juan N. Eléspuru, Pedro E. Dancuart, 
Mariano H. Cornejo, Enrique Benites, Carlos A. Romero, Ne- 
mesio Vargas, Carlos Wi^sse, Celso N. Zuleta, Ricardo Palnaai, 
Julio R. Loredo, Constantino R. Salazar, Carlos Larrabure y 
Correa, Adolfo J. Quiroga, Ricardo Aranda, M. I. Prado y 
Ugarteche, Eugenio Larrabure y Unanue, Eleodoro Rome- 
ro, Isaac Alzamora, Manuel Marcos Salazar, Pedro A. del 
Solar, Francisco García Calderón, Emilio Gutiérrez de Quin- 
tanilla y Carlos Paz Soldán. Se han excusado de pertenecer 
al Instituto los Sres. Nicolás de Piérola y Modesto Basadre. 

Se leyó también el oficio del Presidente de la Sociedad 
Geográfica, cediendo su local para que funcione el Instituto 
mientras éste dispone de un local propio. 

A continuación el Sr. Ministro suspendió la sesión du- 
rante algunos momentos, para que los señores asistentes 
prepararan sus cédulas, con el objeto de elegir la Junta Direc- 
tiva de que se ha hecho mención. 

Reabierta pocos momentos después, se llamó como es- 
crutadores á los doctores Manuel Marcos Salazar y Eleodo- 
ro Romero. 

El: resultado de la votación fué el siguiente: 

Para Presidente 

Sr. Eugenio Larrabure y Unanue, 17 votos. 
„ Doctor Manuel Marcos Salazar, 2 votos 

Para Secretario 

Sr. José Toribio Polo, 16 votos. 



SECCIÓN OFICIAL 121 



,, José A. de Izcue, 1 voto. 

,, Luís Várela y Orbegozo, 2 votos. 

Para Inspector del Archivo 

Sr. E. Gutiérrez de Quintanilla, 16 votos. 
,, Carlos Paz Soldán, 1 voto. 
„ Ricardo García Rosell, 1 voto. 
„ Carlos A. Romero^ 1 voto. 

Para Director de la Revista 

Sr. Carlos A. Romero, 16 votos. 
,, Polo, 1 voto. 
„ Paz Soldán, 1 voto. 
„ Aníbal Gálvez, 1 voto. 

En consecuencia, el señor Ministro proclamó Presidente 
de la Junta Directiva provisional al Sr. Eugenio Larrabure 
y Unanue, Secretario al Sr. José Toribio Polo, Inspector del 
Archivo Nacional al Sr. Emilio Gutiérrez de Quintanilla y 
Director de la Revista al señor Carlos A. Romero. 

El Sr. Ministro dijo que debía designarse una Comisión 
para que formulase el proyecto de los Estatutos que serían 
sometidos á la aprobación del Instituto y del Gobierno. A 
indicación del Sr. Wiesse, apoyada por el Sr. Idiáquez, se 
acordó que el proyecto de que se trata fuese presentado por 
la misma Junta Directiva provisional. 

Acordóse también que una vez aprobada esta acta, la 
firmaran todos los miembros presentes, para constancia per- 
manente de la instalación del Instituto. 

Jorge Polar. 
José A, de Izcue. 

E. Larrabure y Unanue— Ricardo Aranda — Pedro E, 
Dancuart— Carlos García Irigoyen—R. García Rossel— Aníbal 
Galvez—J. R. de Idiáquez — Carlos Larrabure y Correa— Ju- 
lio R, Loredo— Rosendo Meló— Carlos Paz Soldán— José To- 
ribio Polo—Eleodoro Romero— Carlos A. Romero — Manuel 
Marcos Salazai — Constantim/ Salazar— Nemesio Vargas- 
Carlos Wiesse. 

16 



«^;S>^S>^S><S><©^^Si<3><Sí<S><S><S><©í<S>*S><SííS^<S5<SsSí<S>A©xSí6^ 



Instalación solemne e) 29 de Julio de 1905 

Con asistencia de S. £. el Presidente de la República Dr. D. José Pardo, 
Ministros de Estado, Magistrados. Cuerpo Diplomático y Consular y 
personas invitadas. 



DISCURSO DEL PRESIDENTE DEL INSTITUTO 

SEÑOR DON EUGENIO LARRABURB Y UNANUE. 

Excmo. Señor: 
Señores: 

Nada más interesante que la evolución histórica del Pe- 
rú. Dueño de tradiciones indígenas gloriosas, que se extien- 
den desde la América Central hasta Chile, y cuya última ex- 
presión fué el Imperio de los Incas, vemos al Perú, en su ino- 
cente ignorancia, sorprenderse primero ante la presencia de 
los europeos y luchar débilmente con la civilización cristia- 
na, pugnar por asimilarse poco á poco á ella, durante el ré- 
gimen colonial, hasta sentirse con vigor bastante para in- 
corporarse entre las naciones. Libre entonces de las trabas 
del tutelaje, emprende onsigo mismo otra lucha más terri- 
ble, debida á su educación defectuosa y á los elementos hete- 
rogéneos que componían su incipiente nacionalidad: la de 
constituirse de un modo definitivo, en condiciones que le die- 
ran estabilidad y progreso. 

Toda esta evolución, medíante sucesos que se desarrollan 
con una lógica admirable, está llena de muy útiles y sabias 
enseñanzas. 

Reunir, ante todo, los materiales de información sobre 



SECCIÓN OFICIAI. 123 



estas tres épocas; analizarlos con recto criterio y levantar 
en seguida el monumento de la Historia nacional, cons- 
tituye una verdadera necesidad; porque es un axioma que 
pueblo que no conoce bien su propia vida jamás puededarse 
cuenta exacta de la misión que le toca desempeñar en el mo- 
vimiento humano, ni fijar con acierto el rumbo que debe con- 
ducirle á su desarrollo y engrandecimiento. 

Así lo ha comprendido sin duda VE. cuando hace un nue- 
vo esfuerzo, después de las iniciativas, más literarias que his- 
tóricas, del Marqués de Castell-dos-Kíus, de la sociedad 
'•Amigos del país'*, del coronel Odriozola y otros, al crear 
este Instituto. Sea, por consiguiente, mi primera palabra 
para tributarle un sincero aplauso por tan ilustrada resolu- 
ción, que el Gobierno de VE. abriga seguramente el propósito 
de sostener é impulsar; á la vez que expresarle la profunda 
gratitud de los miembros del cuerpo que me honro en presi- 
dir, por la confianza que se ha dignado depositar en ellos. 

En la ardua labor que vamos á acometer no estaremos 
solos. De treinta á cuarenta años acá, háse despertado en 
el mundo el amor á los estudios americanos; y numerosos 
sabios é instituciones siguen el camino trazado desde fines 
del siglo XV, por el mismo Cristóbal Colón y su íntimo ami- 
go Pedro Mártir de Angleria, por Fray Bartolomé de ias 
Casas y Fernández de Oviedo, por José de Acosta y Pedro 
Cieza de León y tantos otros que pusieron las primeras pie- 
dras de ese gran edificio. Entre los modernos, por no citar 
sino algunos, Robertson y Markham, Fernández Duro el sa- 
bio Presidente de la Sociedad Geográfica de Madrid y Jimé- 
nez de la Espada, nos muestran la ruta que debemos seguir. 

España, Francia, Alemania, Inglaterra é Italia ofrecen 
una serie de notables escritores; y la hermana mayor de las 
repúblicas americanas, los Estados Unidos, nos presentan 
historiadores cuyos trabajos proyectan brillante luz sobre el 
pasado de América, como Washington Irving, Prescott, el 
celebrado autor del descubrimiento y de la conquista del Pe- 
rú, Bancroft con sus estudios sobre etnografía americana, y 
más recientemente Justin Winsor, de Harvard, cuya obra, 
grandiosa en su concepción, es un modelo en su género. 

A la pléyade de ilustrados contribuyentes de los princi- 



124 REVISTA HISTÓRICA 



pales países, ha seguido una institución internacional que 
hace activa propaganda, se reúne periódicamente, discute 
las cuestiones más difíciles y contribuye á rectificar no pocos 
errores. Bien comprenderéis que me refiero al Congreso de 
Americanistas. 

Reunido por vez primera el año 1874 en Nancy, ha cele- 
brado sus sesiones cada dos años en Luxemburgo, Bruseles, 
Madrid, Copenhague, Turín, Berlín, Huelva, Stockolmo, 
México, París, (dos veces) New York y Stuttgart, (*) y ha 
publicado sus trabajos, inapreciables algunos, que marcan 
los períodos que ha recorrido dicha asamblea. 

A pesar de tratarse de su propia historia y de sus pro- 
pios intereses el Perú no ha asistido, con alguna excepción, 
á esas reuniones; mientras que México, la República Argen- 
tina, el Brasil y otros países de este continente se han hecho 
representar y tomado parte en los debates. Indiferencia in- 
explicable es ésta, que afecta nuestro amor propio nacional. 
Pero es una omisión fácil de remediar; porque con los títulos 
que poseemos, por haber sido el asiento de la cultura indíge- 
na en la América del Sur, podemos atraer al Congreso de 
Americanistas á nuestra capital, é invitar á sus miembros á 
que vengan á estudiar los orígenes de los pueblos aimará, 
yunga y quechua en su misma cuna. 

Al incorporarnos en este movimiento universal en favor 
de las ciencias históricas de América, es necesario que, como 
el viajero obligado á recorrer un campo vasto que requiere 
conocimiento para llegar al fin y esfuerzo para vencer todas 
las dificultades del camino, nos detengamos un instante á 
meditar sobre la empresa que vamos á acometer, examinan- 
do los elementos de que disponemos y fijando con claridad'el 
plan á que debe someterse nuestra marcha. 

Este plan no es arbitrario. Lo imponen el estado actual 
de los conocimientos y la experiencia de los que nos han pre- 
cedido. Principiaré por declarar que antes que la historia, 
propiamente dicha, está la bibliografía. Hay que rehacer la 
Historia del Perú, casi íntegra; y para rehacerla, necesita- 
mos reunir, ordenar cuidadosamente y conocer sus fuentes; 
esto es, formar la bibliografía, que tampoco existe organiza- 

(*) La próxima sesión del Congreso será en la ciudad de Quebec, Canadá. 



SECCIÓN OFICIAL 125 



da. Medios son estos no del agrado de los aficionados á es- 
cribir historias improvisadas; pero únicos de descubrir la 
verdad y de fijar las versiones históricas. Fuera de este sen- 
cillo programa no existe en la mayor parte de los casos sino 
la duda y la exageración, cuando no la fábula y el error. 

No deben preocuparnos los medios de investigación. Los 
tenemos en abundancia. Si el Perú es proverbialmente rico por 
sus minas, sus tierras feraces y la variedad de sus climas, lo 
es más aún por sus monumentos arqueológicos y sus fuentes 
históricas. En efecto, á partir del descubrimiento, á la feliz 
iniciativa del Gobierno Español, que dio á sus capitanes y 
gobernadores instrucciones para que describiesen los nuevos 
países y averiguasen sus tradiciones, religión, gobierno, re- 
cursos y costumbres, agrégase la de escritores voluntarios, 
algunos de vasta ilustración para aquellos tiempos. Ambas 
iniciativas produjeron multitud de escritos que constituyen 
los primeros y más preciosos materiales. 

Y permitidme hacer notar que en presencia de esa gran 
riqueza de informes, relaciones, noticias y aún cartas geo- 
gráficas, se desvanece una acusación muy generalizada con- 
tra España y que siempre que he podido he juzgado honrado 
levantar. 

No fué sólo la sed de oro lo que movió á los españoles. 
Vasco Núñez de Balboa, precipitándose á cruzar el istmo an- 
tes que nuevas expediciones vinieran á disputarle esa gloria; 
el soldado Alonso Martín y tras él Blas de Atienza, llaman- 
do á sus compañeros como testigos de ser ambos los prime- 
ros europeos que entraban en el Mar del Sur, ú Océano Pa- 
cífico; Hernando de Soto, el cumplido caballero, defendiendo 
indignado á Atahuallpa contra la conducta cruel de los que 
le alejaron para que no impidiese la ejecución; Oviedo, en 
busca de todos los soldados de Cajamarca que pasaban por 
la Isla Española, á fin de someterlos á interrogatorio y exa- 
minar con esmero las artísticas piezas del botín, para ilus- 
trar su Historía; Cieza, cruzando el suelo de los Incas en to- 
do sentido, á veces descalzo y hambriento, poracumularda- 
tos y materiales históricos sobre el Perú, sin contar al após- 
tol fray Bartolomé y á tantos otros, nó, no se agitaron por 



126 REVISTA HISTÓRICA 



la sed de oro y la codicia, sino movidos por un noble senti- 
miento en favor de la humanidad y de la ciencia. 

Difícil era que en aquel entonces gobierno algunoeuropeo 
hubiera hecho más por conocer y describir los países descu- 
biertos. Desde las instrucciones dadas á Cristóval Colón en 
1502, á Hernán Cortés y sus capitanes; á Simón de Alcaza- 
ba para descubrir 200 leguas de Magallanes hasta Chincha 
y á Sancho de Hoz para las costas é islas peruanas hasta el 
mismo Estrecho; al gobernador y oficiales del Perú en 1533 
por la Reina doña Juana, etc., nótase, en repetidos documen 
tos, el vivo afán de conocer la historia y la geografía. Can- 
sado sería recordar las órdenes que se expidieron respecto de 
esta tierra; pero no resisto á la tentación de copiar, como 
simple muestra, algunos de los encargos contenidos en lacé- 
dula de 19 de Julio de 1534? á Fray Tomás de Berlanga, en 
sabroso castellano del siglo XVI: 

** Llegado que seáis (al Pera)... vos informad 

qué poblaciones de indios hay en la dicha tierra, y qué ma- 
nera tienen en su población y gobernación y policía, y qué 
ritos y costumbres tienen, y qué arte de casas, y cómo tra- 
tan á sus famihas, y de qué viven y su manera degrangería, 
y si son ricos y qué manera de hacienda tienen, de sus ritos 

y ceremonias y creencias, y de su capacidad y en qué 

cosas se han ocupado hasta aquí y se deben ocupar adelante 
para vivir en policía, según su habilidad.** 

Y nada digo de otras reales cédulas, como la circulada 
en 1577 clasificada por acápites, para la descripción de los 
pueblos americanos y que es un modelo eñ su género; ni del 
inmenso tesoro acumulado por clérigos y frailes, ni del de la 
Casa de Contratación de Sevilla, que apenas principia á ver 
la luz. (1) 

Es claro que al interés literario y geográfico estaba uni- 
do el económico; pero extraño sería que hiciéramos un capí- 
tulo de acusación de ese amor al metal, en este tiempo de re- 
finada cultura, en que los amigos y hasta los hermanos em- 

(1) Estudios Españoles. — Los trabajos geográficos de la Casa de Con- 
tratacióíij por Manuel de la Puente y Olea — Sevilla — Escuela tipográñca 
y librería salesianas — MCM. 

Es una curíosísima publicación de algunos legajos de la casa, eon refe- 
rencias á la Historia del Nvevo Mundo del jesuíta Bernabé Cobo, confesor 
de Santa Rosa. 



SECCIÓN OFICIAL 127 



prenden guerras sangrientas y sin cuartel por la supremacía 
del comercio, ó por adueñarse de un pedazo de terreno. 

Apesar de todos los datos y noticias recogidas en el Pe- 
rú, la época más obscura y difícil de conocer es la anterior 
al descubrimiento, por carecer los indios de escritura y no 
emplear otros medios de trasmisión sino el oral y el quipus; 
pero éste era deficiente é inútil cuando moría el quipucca- 
májoc, encargado de hacerlo y descifrarlo, ayudado por una 
memoria prodigiosa que se ejercitaba de padres á hijos. Pa- 
ra salvar el vacío de la falta de letras, los españoles reunían 
á los indios más viejos, generalmente en la plaza principal 
del pueblo, y les hacían detenidas preguntas. 

A este sistema, ocasionado á errores, debemos las no- 
ticias anteriores al siglo XVI, recogidas por los primeros 
cronistas. El príncipe de estos escritores es Pedro Cieza de 
León, y vienen en seguida nuestro gran Garcilaso de la Ve- 
ga, Jerez, Zarate, Polo de Ondegardo, etc.; aparte de las 
inapreciables relaciones oficiales y privadas que sirvieron al 
cronista Herrera para sus Décadas^ á don Juan Bautista 
Muñoz, á Fernández' Navarrete y á Torres Mendoza, para 
sus CoIecciooeSj V al último y más notable de ellos, cuyo 
nombre está íntimamente ligado á la bibliografía peruana, 
el inolvidable don Marcos Jiménez de la Espada. [*) 

Estos medios de información sobre la época más intere- 
sante del Perú serían, sin embargo, muy deficientes si no vi- 
niera en su auxilio la arqueolo^iía con sus chulpas, palacios 
y fortalezas; sus caminos, canales, armas, tejidos, y objetos de 
cerámica, que á medida que se examinan ofrecen revelacio- 
nes sorprendentes. Ya el Perú no está encerrado dentro del 
marco estrecho del grupo de personas que acompañaron á 
Manco-Cápac en la fundación del Cuzco. Los indios de 
Chincha se reían cuando los conquistadores españoles les 
hablaban de la antigüedad incaica. 

Y tenían razón. Hoy un criterio claro y libre de prejui- 

(•) I>ébese á este bibliófilo, excelente amigo del Perú y conocedor co- 
mo pocos de su historia antigua, entre otras producciones, las Cartas de 
Indias^ Madrid 1877.— Tres relaciones de Antigüedades peruanas, Madrid, 
\S1^.— Relaciones Geográficas de Indias, Madrid, 1881, 1883, 1897. Pró- 
ogos y anotaciones á las obras de Cieza, Madrid, 1880, etc. 



128 RF,VISTA HISTÓRICA 

cios ha abierto horizontes más amplios y su tendencia es á 
separar lo que antes resultaba mezclado y confuso. Si es 
cierto que la aparición del hombre en el Perú sigue siendo 
un misterio, apesar de nobles pero estériles esfuerzos por 
arrancar su procedencia del Asia, no sucede lo propio res- 
pecto de una serie de civilizaciones que se sucedieron en este 
país. Es un hecho que la navegación marítima de los perua- 
nos alcanzó hasta las costas de Colombia }- de la América 
Central; como no es menos evidente que dos ó tres épocas 
de cultura precedieron á los aimarás; que á éstos siguieron 
los Incas, heredaros, no creadores de un estado de organiza- 
ción admirable; y que varias civilizaciones, sobre todo, las 
de Chimu, Pachaccámac, Huarcu y Chincha, se desarrolla- 
ron, si no paralelamente, con muy pocas distancias de tiem- 
po, en las costas peruanas. 

Hay motivos poderosos que vienen en ap03^o de estas 
afirmaciones. Porque una civilización nueva no nace aisla- 
da y se impone de golpe: se desenvuelve lentamente y abar- 
ca siglos para perfeccionarse. Además, la genealogía incai- 
ca es demasiado corta para el largo período que abraza. De 
suerte que no solamente necesitamos separar las épocas prein- 
caicas, sino disipar las tinieblas que envuelven los cinco si 
glos que duró esa dominación. Más aún: hay que poner los 
fundamentos de la cronología indígena, lo cual nos permiti- 
rá introducir algún orden en esos diversos períodos que se 
nos presentan tomo capas, ó estratificaciones geológicas. 

Cuando se medita en estas cuestiones, se comprende que 
no puede ser más acertada la disposición gubernativa que 
crea un Museo histórico, auxiliar poderoso que completa la 
idea que ha presidido la formación del Instituto. 

España posee, sin perjuicio de sus tesoros bibliográficos 
buena parte de los objetos arqueológicos llevados de aquí 
por sus conquistadores y magistrados; Berlín tiene más 
de 3,000 piezas, y entre ellas las magníficas colecciones del 
Doctor Macedo y de Gretzer; Francia conserva en el Tro- 
cadero, entre otras, la recogida por Wiener durante sus in- 
cursiones en el Perú y las formadas, lo mismo que Inglate- 
rra, por sus viajeros y marinos; los Estados Unidos poseen 
parte de la colección Muñiz, de Squier y del doctor Uhle; Chi- 



SECCIÓN OFICIAL 129 



le, en fin, ha adquirido recientemente las famosas cabezas dt 
cerámica reunidas por don Nicolás Sáenz, verdaderas joyas 
en su género. 

Y permitidme, señores, una pregunta que no juzgaréis 
indiscreta: nosotros, los dueños de las inagotables fuentes 
que han producido esas reliquias históricas, ¿qué poseemos? 
La respuesta es muy sencilla: nada! 

Entre tanto, si recorremos nuestras huacas, 6 cemente- 
rios indígenas, ¡cuanta belleza en las vajillas de Recuay;qué 
adaptación, en los trajes, al clima y á los arenales en las de 
Piura; que inmensa variedad en los objetos del Chimu, cuan- 
to gusto y maestría en las telas y las piezas metálicas de 
Ancón y del Cerro del Oro, en Cañete; y que originalidad é 
intencionado simbolismo en los buacos de lea, sobre todo 
de Nazca! Si el Cuzco y las regiones andinas sobresalen por 
sus trabajos en piedra, desde el grano de maíz y la hoja de 
coca hasta el edificio ciclópeo, la costa no tiene rival, en el 
Perú ni fuera de él, por sus objetos de tierra cocida y sus te- 
jidos de lana y algodón. Desgraciadamente, las colecciones, 
cuando llegan á formarse, duran poco tiempo entre nosotros, 
3'- son motivo, no de estudio, sino de especulación. 

Aquí, cansados estamos de verlo, llega cualquier viajero, 
toma una cuadrilla de peones y se echa á desenterrar mo- 
mias y objetos, sin permiso de nadie, como si estuviese en 
casa -propia, para no dejar más que el recuerdo de su pa- 
so Creo que ya es tiempo de poner remedio eficaz á esternal 
si no prohibiendo en absoluto la exportación, como sucede 
en países muy adelantados de Europa y América, á lo me- 
nos reglamentando y vigilando esas exploraciones, y contra 
cuyos efectos destructores, curioso es decirlo, protestan des- 
pués en el extranjero los mismos que los han producido en el 
Perú. (•) 

(*) En 1872, siendo director del diario "La República", inicié la 
formación de un museo arqueológico y reglamentar las excavaciones. 
("La República*' de 17 de Junio de 1872), idea á la cual se asoció un dis- 
tinguido cónsul inglés. V. Two years ín Peráf with expío radon o fíts an- 
tiquities, by Thomas J. Hutchinson etc. etc. — London. — 1873. Yol. II 
pág. 279. 

Pero, pocas medidas se han dictado sobre el particular, siendo la más 
importante un decreto del distinguido escritor don Cipriano C. Zegarra, 
siendo Ministro, obligando á los exploradores á entregar algunas piezas 
para el proyectado museo. 
17 



130 REVISTA HISTÓRICA 



La mayor parte de los objetos arqueológicos correspon- 
den á épocas muy anteriores al descubrimiento, porque en 
esta última las nociones científicas y las artes estaban en 
decadencia. Observad que la débil resistencia que los perua- 
nos opusieron á la conquista española, á diferencia de Méxi- 
co, debióse en gran parte A que el país ya se había gastado, 
como sucedió en circunstancias análogas, en Asia, Grecia 
Roma y todos los grandes Imperios. Era una grandeza que 
se eclipsaba rápidamente, si hemos de atender al testimonio 
de los mismos indios. 

Y si al retroceso general del Perü, se agrega la guerra ci- 
vil que desvastaba el país, por la sucesión que se disputaban 
Huáscar y Atahuallpa, se explica fácilmente que un grupo 
de aventureros, presididos por un capitán audaz y enérgico 
como Pizarro, asegurase en pocos meses la dominación de 
tan vasto y rico imperio. 

Después de la rápida campaña de la conquista y pasado 
el choque sangriento entre pizarristas y almagristas, por 
ejercer la supremacía, asistimos á uno de los espectáculos 
más interesantes para la filosofía de la historia: el de dos ci- 
vilizaciones muy diferentes que pugnan por mezclarse y fun- 
dirse con todas sus virtudes y sus vicios. La vencida tenía 
que convertirse en un pálido reflejo de la vencedora, y sin 
embargo de conservar algunos de sus caracteres distintivos, 
marchar humildemente tras ella, sometiéndose á su in- 
fluencia. 

La época del Virreinato tuvo que ser de abnegación y 
de sufrimiento para los pobres naturales, á la vez que de 
preparación para entrar en el concierto europeo. Las supers- 
ticiones religiosas del pueblo indígena, con la intolerancia y 
el fanatismo de los vencedores; el absolutismo político délos 
Incas, frente á la administración complicada y voluntariosa 
de virreyes, corregidores y encomenderos; la sencillez en las 
costumbres de los unos, con el lujo y el boato de los otros, 
formaron un conjunto nuevo y heterogéneo que se prolongó 
hasta la época de la Independencia, y cuyos resagos duran 
todavía. 

Más que de la metrópoli, cuyas órdenes rara vez eran 
acatadas, el impulso principal partía de virreyes, arzobis- 
pos é instituciones religiosas, produciéndose un desacuerdo 



SECCIÓN OFICIAL 131 



casi constante entre ambos poderes, tema que llena las pági- 
nas de las memorias gubernativas. 

Tratándose de los personajes que gobernaron el Perú 
durante el virreynato, tan falso sería decir que fueron verda- 
deros tiranos como adornarlos con grandes virtudes. Así 
tenemos á un don Francisco de Toledo, quien, salvo cortos 
errores, dio una dirección saludable al país; sus sabias pro- 
videncias sirvieron para introducir el orden en la adminis- 
tración, proteger á los indios, impulsar á la Universidad y 
emprender nuevas obras; gobierno organizador y laborioso 
del Virrey á quien Pinelo llama el Solón del Perú; pero frente 
á este magistrado, que no fué el único, como lo prueban la 
sagacidad y tino de don Francisco Gil de Taboada y la ilus- 
tración del Marqués de Castell-dos-Ríus, y de don José de 
Abascal, protectores de las letras, se alzan otros que, como 
Blasco Núñez de Vela, que premunidos t)or la distancia que los 
separaba de la Corte, fueron un obstáculo á la unión y al 
adelanto de los colonos, cuidándose más de allegar cuantio- 
sos caudales que de mejorar la condición de los subditos. 

La vida de la colonia se concentró en la Capital. La 
Ciudad de los Reyes, con su nobleza, sus graves oidores y su 
Cabildo, sus conventos donde las enclaustradas se contaban 
por millares y sus autos de fé, sus fiestas universitarias y 
sus magnificentes procesiones que rivalizaban con las de Se- 
villa, sus corridas de toros y su pueblo que denunciaba el 
cruzamiento de varias razas, Lima opulenta, la Perla del 
Pacífico, llegó á adquirir una fisonomía muy especial. 

Poco á poco en algunos círculos sociales penetraron las 
ideas modernas de Europa; al Perú llegaron las noticias de 
la emancipación de los Estados Unidos del poder británico y 
los principios proclamados por la Revolución Francesa, hasta 
que los mismos hijos de españoles pensaron en obtener su li- 
bertad á pesar del fracaso de las tentativas hechas anterior- 
mente y de las cuales fué la más importante la encabézala 
por Gabriel Túpac Amaru, en 1780. (•) 



(•) Hé aquí las principales tentativas hechas por la Independencia, 
sin contar, por supuesto, los esfuerzos de Gonzalo Pizarro y otros durante 
la conquista, que tuvieron un carácter personal, ó de bandería. 

Calatayud, [1730]; Lorenzo Farfán y Tápac Catari [1780]; Felipe Ve- 
lazco T^pac Inca [1783]; José Gabriel Aguilar y José Manuel Ubalde, ahor- 



132 REVISTA HISTÓRICA 



Del Virreinato nos quedan \eis Memorías oficiales.las cró- 
nicas conventuales, entre las que se cuentan las de Vásquez 
3" Rodríguez Tena,aún inéditas, las Cartas y trabajos de los 
jesuítas (**), los elogios y anales de San Marcos, la gran 
Biblioteca Oriental y Occidental y los Apuntes manuscritos 
de León Pinelo, las obras de Peralta y Barnuevo. una serie 
de folletos curiosos sobre recibimientos de virreyes, misiones 
religiosas, oraciones fúnebres, lenguas indígenas y gacetas 
oficiales, sin contar con los registros municipales y de notaría, 
que son otros tantos manantiales históricos. Viene luego el 
Mercurio Peruano, manifestación de adelanto superior, don- 
de se encuentran los últimos destellos del período que termina 
y los albores del que se abre, con las señales de la influencia 
ejercida por La-Condamine y la expedición francesa en que 
tomaron parte don Jorge Juan y don Antonio de Ulloa, por 
el barón de Humboldt, y otros sabios que visitaron el país. 
Allí tenemos materiales, algunos envueltos en el polvo y el 
olvido, sin cuyo auxilio es imposible trazar con fidelidad el 
interesante cuadro de la colonia. 

Así se explica que el grito sagrado de libertad no partie- 
ra, en los albores del siglo XIX, de la raza indígena, sino de 
las clases más cultas y del seno de catedráticos y estudian- 
tes, figurando en primera línea los de la Escuela de Medicina. 
La circunstancia de ser el Perú el centro de los dominios es- 
pañoles tenía necesariamente que atrasar su acción, hasta 
obtener el auxilio de las armas de Chile, la Argentina y 
Colombia, que le ayudaron, en reñidos combates, á ganar 
su emancipación. 



cados en el Cuzco el 5 de Diciembre de [1805]; don Antonio María Pardo y 
otros [1809]; los argentinos Anchoris y don Cecilio Tapie etc. [1810]; don 
Francisco A. Zela v Neira [1811]; Nf orales y Duárez :i812) don Mateo Pu- 
macahua, en el Cuzco (1814); don José Gómez, don Nicolás Alcázar y don 
Casimiro Espejo ahorcados en la plaza mayor de Lima el día 2 de Enero de 
1819. 

(•*) A la numerosa colección de Cartas publicadas, deben agregarse 
los manuscritos inéditos que^e conservan en España y el Perú y que han 
sido poco consultados. 

Del P. Anello Oliva (napolitano) que murió en Lima ya viejo en 1642, 
háse publicado aquí recientemente su Historia del Reino de Pera. Del P. 
Jacinto Barrasa, orador notable, existe un manuscrito de 1680, acerca de 
la Historia de íosjesuitasy que perteneció á Monseñor García y Sanz y re- 
galó éste á los P. P. de la misma Compañía en Lima. 



SECCIÓN OFICIAL 133 



Lord Cochrane abre la campaña marítima, San Martín 
la terrestre y el libertador Bolívar cierra la porfiada lucha» 
venciendo en Junín y Ayacucho, batallas que consolidaron 
la independencia del continente. Época de sobresaltos, de 
persecusiones y fusilamientos, de generosos sacrificios; en 
que ancianos, mujeres y niños rivalizan por conquistarse una 
patria; época en que el alma entera de un pueblo vive agita- 
da, abrigando las más grandes esperanzas y espectativas, 
divisando resurgir en el horizonte al Perü de las gloriosas 
tradiciones indígenas, pero rehecho por la civilización cris- 
tiana. 

Los actos de la vida peruana, como en los tiempos remo- 
tos, después de un largo paréntesis, se revisten de un carác- 
ter continental. Además de Venezuela, en el Perü se dieron 
cita los pueblos que participaron de los beneficios de la anti- 
gua civilización indígena, restableciendo vínculos de fraterni- 
dad que debían ser eternos. De suerte que los acontecimientos 
de nuestra independencia están íntimamente ligados á la vi- 
da de Colombia y el Ecuador, de Bolivia, Chile y la Repú- 
blica Argentina: y no es posible escribir la historia de la li- 
bertad de uno de ellos sin relacionarla con la de los otros. 

Su estudio requiere una labor dilatada, para lo cual, 
gracias á la libertad de imprenta, abundan las fuentes de in- 
formación. 

Cada uno de estos países posee valiosas colecciones. Ve- 
nezuela sus Anales, sus Documentos para la historia del Li- 
bertador y los trabajos de su Academia de la Historia; Co- 
lombia los Documentos inéditos publicados por don Antonio 
Cuervo y algunos libros de carácter oficial; el Ecuador nos 
ofrece las obras de González Suárez y de don Pedro Fermín 
Zevallos; Bolivia tiene los conocidos trabajos de Rene Mo- 
reno y de Ballivián y su Archivo Boliviano', Chile cuenta 
con diferentes publicaciones, entre las que sobresalen la Co- 
lección de documentos para la historia de Chile y las de don 
José Toribio Medina; lo mismo que la República Argentina, 
que contribuye con la abundante cosecha de sus biblófilos é 
historiadores, á cuya cabeza figuran De Anjelis, con su vo- 
luminosa colección, Trelles y el General don Bartolomé Mi- 
tre con su Historia de Belgrano y su muy erudita de San 
Martín y de la emancipación sud-ameircana. 



134- REVISTA HISTÓRICA 



En el Perú este ramo de la ciencia está por formarse. 
Nuestras publicaciones son desordenadas y relativamente 
pobres, por ausencia de método en la elección y falta de plan 
bien raejitado. Si exceptuamos los Documentos literarios é 
históricos del Perú por el Coronel don Manuel de Odriozola, 
las Memorias de los virreyes, El Libro Primero de Cabildos 
de Lima (*) y los cinco tomos de la Revista de Archivos y 
Bibliotecas Nacionales, carecemos de colecciones impresas: y 
hay que buscar los documentos en obras extranjeras, en for- 
ma aislada y deficiente. Tarea es ésta no de una sola volun- 
luntad, sino del concurso de varias inteligencias y que se 
puede realizar, con decidida protección de las autoridades. 

En medio de la variedad de papeles que corresponden á 
la gran epopeya hispano-americana, de tan trascendental 
importancia por sus resultados, nótase empero, entre el rui- 
do de las armas y el entusismo general, ciertos temores mor- 
tificantes acerca de la marcha de estos países. El virtuoso 
guerrero San Martín, al despedirse del Pero, en su última 
proclama, recomendaba encarecidamente á sus habitantes 
entera confianza en los poderes constituidos, agregando 
**si nó, la anarquía os va á devorar," y uno de sus principa- 
les colaboradores, presintiendo, poco tiempo después, que se 
iba á abrir el período de las guerras civiles con todos sus ho- 
rrores, se retiraba al campo, con los méritos de una vida 
consagrada íntegra al servicio de la patria, para confiar al 
papel el sentimiento que embargaba su ánimo por la suerte 
futura del Perú. (**) Análogos sufrimientos amargaron los 
últimos días de Bolívar y de otros prohombres de la época. 

La tempestad que asomaba era un mal que no tenía re- 
medio; porque correspodía á una evolución fatal.. La asimi- 
lación de razas no estaba terminada; la educación colonial 
no podía conciliarse tan pronto con una libertad casi abso- 
luta; y latentes estaban en la sangre indígena el carácter le- 
vantisco y los atavismos de los conquistadores. Los escán- 
dalos de los pizarristas, con su cohorte de tenientes ambi- 
ciosos, tenían lógicamente que repetirse, después de la calma 



(•) 1888— París. 

(*•) Dr. D. Hipólito Unánue, Apuntes^ en la hacienda de Sanjuan de Aro- 
na, Cañete. 



SECCIÓN OFICIAL 135 



aparente del Virreinato. Nuestros facciosos, y los ha habi- 
do de todos los colores, gritaban ¡viva la Constitución!, 
exactamente lo mismo que los conquistadores exclamaban, 
¡viva el Rey! al rebelarse contra el orden establecido y pro- 
vocar la matanza. 

Ley histórica es ésta, á la cual ninguna nación puede 
abstraerse; y los extraños que señalan esa época como un 
crimen tratando á los peruanos de ingobernables, no se 
acuerdan de las crisis violentas, tal vez peores, porque han 
pasado, en circunstancias análogas, sus propios países. 

Felizmente ese período, después de setenta años, parece 
ya cerrado, para iniciarse otro de respeto al principio de au- 
toridad, de tolerancia y de trabajo. Como medio de facili- 
tar la transición saludable que todos sentimos, toca á nues- 
tros congresos dictar leyes oportunas, siguiendo el ejemplo 
de las naciones que nos han precedido en el camino del pro- 
greso, como los Estados Unidos y la República Argentina; 
esto es, atrayendo una corriente de inmigración sana y dan- 
do el más amplio desarrollo posible á la instrucción pública 

Triste es el cuadro que ofrece el Perú durante las guerras 
civiles. Hemos visto disolver la Legislatura, arrasar los cam- 
pos de cultivo, destruir é incendiará cañonazos las ciudades, 
arruinarse el Tesoro, surgir un semillero de reclamaciones di- 
plomáticas y, gastadas las fuerzas sociales, ser impotente 
el país para detener la marcha triunfal del invasor. 

Fuimos vencidos, es cierto, á pesar de heroicos esfuerzos, 
en la guerra más encarnizada que han visto las costas de 
Sud-América; pero no existe rubor en confesarlo, cuando ve- 
mos á un puñado de valientes, presididos por Bolognesi, ne- 
garse indignados á rendirse y resistir, en la cumbre del Mo- 
rro, contra fuerzas superiores, hasta caer en vueltos en la ban- 
dera nacional; y al inmortal Grau trabar combate en un dé- 
bil barquichuelo, relativamente en una cascara de nuez, con- 
tra una escuadra poderosa de blindados, hasta volar hecho 
pedazos á las regiones de la gloria. 

Desprendiéndose de todo espíritu de parcialidad, por pe- 
queño que sea, es preciso hacer con calma la relación crítica 
de todos estos acontecimientos, investigar sus verdaderas 



136 REVISTA HISTÓRICA 



causas, deducir sus enseñanzas, é inculcarlas en el corazón 
de la juventud. 

Obra es ésta de verdadera importancia y para la cual 
existen abundantes materiales, desde la hoja volante y la co- 
rrespondencia epistolar, hasta el folleto, el libro y el catálo- 
go, constituyendo el periodismo un inmenso registro donde, 
comoen un espejo, se refleja díaá día el movimiento nacional. 
La bibliografía cuenta además con buenas bases, como el 
archivo formado por don Mariano Felipe Paz Soldán, autor 
de la Historia del Perú Independiente. **Es desconsolador, 
dice, que casi nadie sabe apreciar el mérito de esta clase de 
obras [las bibliográficas], sino los muy pocos que han em- 
prendido una semejante*'. Pero el nombre de este obrero in- 
fatigable será siempre recordado. 

Permitidme pronunciar también con cariño y con pro- 
fundo respeto el nombre inmaculado de otro escritor, que 
consagró cuarenta años á levantar un monumento á la pa- 
tria. El autor del Diccionario histórico-hiográfico del Perú, 
sin desalentarse por la escasez de recursos y temeroso siem- 
pre de que quedase olvidado su trabajo por falta de editor, 
ha producido una de las obras más notables que existen en 
América y que lo cubren de gloria. (*) Del General don Ma- 
nuel de Mendiburu sólo quiero recordar este consejo: '*Es 
muy necesario no abandonar, ni descuidar siquiera, los tra- 
bajos históricos, por indiferentes que parezcan. Desdeñar- 
los es imponerse la misma pena para el porvenir y renunciar 
los muchos títulos honrosos que en las cosas más antiguas 
encontraron siempre las generaciones*'. 

Los mismos desinteresados consejos hallaréis en las 
obras de dos ilustres profesores que, nacidos el uno en Italia 
y el otro en España, debemos considerar como á peruanos, 
por haber venido aquí muy jóvenes, formado familia, ama- 
do mucho á esta tierra y educado á la juventud: Raimondi 
(lue escribió la historia de la Geografía del Perú y don Sebas- 
tián Lorente. 

Y ninguna oportunidad mejor que la actual, cuando se 



(•) El tomo 1 contiene un Catálogo de las obras y los manuscritos que 
deben consultarse para la historia de la América latina y particularmente 
del Perú. 



SfíCCiÓN OFICIAL 137 



agolpan á nuestra memoria los principales sucesos de la vi- 
da peruana y de los escritores que han contribuido á cono- 
cerla é ilustrarla, para rendir un tributo de admiración á 
nuestros compatriotas que han dejado una huella, más 6 
menos profunda, como fruto de sus investigaciones históri- 
ricas. A este numero pertenecen el limeño Llano Zapata, 
autor de las Memorias histórico-geográñcas de la América 
Meridional, Santiago Tá vara, cuya íí/síorja de losPartidos, 
casi olvidada en *'E1 Comercio** de Lima, debemos reunir en 
un libro; Córdova y Urrutia; el sabio Doctor don José Casi- 
miro Ulloa, á quien se debe la fundición de la Academia Na- 
cional de Medicina: José Antonio de La valle, que escribió las 
biografías de Juan de la Torre, Olavide, de los virreyes Abas- 
cal y O'Higgins y del oidor Bravo de Lagunas: Cipriano 
Coronel Zegarra, el querido compañero y amigo, desapare- 
cido tan temprano para las letras nacionales, autor de un 
inapreciable trabajo bibliográfico sobre Santa Rosa de Li- 
ma y de una Historia literaria del Perú, que se guarda inédi- 
ta; Torres Saldamando; (*) nuestro colega Ricardo Palma» 
cuyas Tradicciones Peruanas deleitan á los lectores, Pablo 
Patrón, José Toribio Polo, González La Rosa, Manuel Mar- 
cos Salazar, los dos Prado y Ugarteche, Vargas y tantos 
otros, con quienes ha contraído la patria una deuda de gra- 
titud. ^ 

Dentro del rápido bosquejo que precede se halla nuestro 
programa. Nuestro trabajo tiene que ser, por ahora, de pre- 
paración y de clasificación; acumulando ordenadamente los 
materiales, sin miras egoístas, para que los futuros historia- 
dores, con el cabal conocimiento de los hechos, levanten el 
edificio. Reunir las obras antiguas, cuya rareza aumenta 
cada día; organizar el Archivo Nacional, enriqueciéndolo con 
colecciones que están dispersas y descuidadas; sacar copias 
de los archivos de España; formar un Museo histórico; pu- 



(•) Muerto este escritor en Chile su familia obsequió ala Biblioteca 
Nacional de Lima una cantidad de papeletas biográficas. Entiendo que po- 
co hay que aprovechar de ellas, pues la mayor parte sirvieron á su autor 
para su obra Los antif^aos jcauitns del Perú. 
18 



138 REVISTA HISTÓRICA 

blicar preciosos manuscritos inéditos (*); promover certá- 
menes, como los celebrados con buen éxito por el Ateneo de 
Lima; y encaminar, en fin, á los intelectuales por la senda de 
los estudios serios y de importancia— he aquí el concepto que 
tenemos de nuestra misión. 

Señores: 

Desde las civilizaciones indígenas más remotas hasta el 
Imperio de los Incas; así en los acontecimientos de la cpn- 
quista y en una asimilación etnográfica, lenta y ^defectuosa, 
durante el Virreinato; en los combates de la Independencia 
y por la libertad y en el regreso inmediato de las antiguas 
guerras civiles—todo obedece en el Perú á lej'es sucesivas que 
el hombre no puede alterar, por más que á veces logre modi- 
ficar sus efectos. 

Palpables se nos presentan las ccnsecuencias de los resor- 
tes que han dirijido su existencia. El aislamiento y la falta 
de comercio le hicieron siempre retroceder,'y el contacto cons- 
tante con los pueblos cultos ha impulsado su marcha; la ig- 
norancia creó ciertos vicios y arraigó graves errores, y la 
instrucción, iluminando su sendero, le ha dado la concien- 
cia de sus deberes y fuerza bastante para levantar su nom- 
bre y su prestigio: la discordia interna trajo consigo una co. 
rriente de abusos, de expoliaciones y de corrupción; y el or- 
den y la paz, la bendita paz, le han hecho siempre restablecer 
sus servicios administrativos y los fueros de la moral. En 
fin, solamente la verdad, la justicia y la tolerancia, han co- 
municado firmeza y progreso á sus instituciones. Lecciones 
elocuentes de nuestra vida son éstas, que necesitamos apro- 
vechar. 

Y no fatigaré más vuestra atención con el presente dis- 
curso, sin hacer con toda el alma votos que responden sin 



(•) Para formarse una idea cíe la fjran cantidad de manuscritos so- 
bre la historia antigua del Perú, perdidos unos y extraviados otros, basta 
revisar el Epítetnc de la liihliotcca Oricntnl y Occidental^ náutica y geográ- 
ñca^ de Antonio de León Pinelo (Madrid 1723 ), obra de gran mérito cuyo 
erudito autor dá cuenta de muchos de ellos hoy completamente desconoci- 
dos. ¿No podrían encontrarse algunos haciendo un detenido registro en 
los archivos y bibliotecíis de Europa y América? Sería un hallazgo de ina- 
preciable valor. 



SECCIÓN OFICIAL 139 



duda á vuestros sentimientos y á vuestras honradas aspira- 
ciones: que nada venga á perturbar el resurgimiento político 
y económico del Pero, hasta hacer de él una nación querida 
y próspera; porque por sus antecedentes históricos, por la 
inteligencia de sus hijos y los ricos elementos que posee, tie- 
ne perfecto derecho para serlo. 



DISCURSO DEL SEÑOR MINISTRO DE JUSTICIA, CULTO É INSTRUCCIÓN 
DOCTOR DON JORGE POLAR. 

Excmo. Señor; 

Señores: 

Honor de los Gobiernos es que en su tiempo florezcan las 
ciencias y las artes. Procurando alcanzar ese honor, ha 
creado el Gobierno el "Instituto Histórico del Perú". En la 
Historia se aunan fácilmente y florecen, el arte y la ciencia, 
la verdad y la belleza. 

**Maestra de la vida" llamaba Cicerón á la Historia: 
mas, para que en realidad lo sea, es necesario sacarla del pa- 
sado ahondando mucho en él por la ciencia, por las ciencias, 
casi todas indispensables hoy al estudio de la Historia, y to- 
das ellas obligadas al mismo tiempo, á seguir el método his- 
tórico. 

Y el arte, el arte de la palabra, signo supremo de cul- 
tura, es necesario también á la Historia, que nunca fué ocu- 
pación vulgar ni mediana. El que no tenga claro decir, se- 
rá justamente excluido del trato de la Historia; no le dará de 
beber del ánfora sagrada, la musa Clío, severa y pulcra. 



140 REVISTA HISTÓRICA 



Y, SÍ por ser habilitadora de la ciencia y directora de la 
vida y del arte amiga, tanto necesita la Historia ¿por qué la 
nuestra, tan dilatada y misteriosa, no ha de tener su corpo- 
ración sabia que la depure, que la limpie y fije y dé esplendor, 
como hace con la lengua la otra Academia? 

Dilatada es nuestra historia, tanto, que se pierde en la 
penumbra de las más remotas edades, y tan misteriosa que 
no es posible aún establecer acerca de ella, sino apreciacio- 
nes muy generales y sujetas á revisión tal vez, las más de 
ellas. 

No fué la América, sin duda, la primera morada de los 
hombres; algo más, el hombre en Europa había llegado has- 
ta la Lombardía y el Cantal y aún no había penetrado en 
América. Pero cuando el gran invierno geológico, en la épo- 
ca cuaternaria, vino á sustituir rápidamente, con una tem- 
peratura polar, la dulzura de un clima análogo al de la Ca- 
lifornia, entonces las viejas tribus asiáticas del Nor-Oeste, se 
vieron obligadas á emigrar. Cierto número de ellas se aven- 
turó, sin duda, sobre el puente de hielo extendido por el frío 
entre las dos orillas, y así llegaron á América, acompañadas 
del reno, como con el reno llegtiron á Francia sus hermanos 
de Occidente. 

En los terrenos de América, en los del período intergla- 
ciario, al Sur como al Norte, vánse encontrando los sílex tos- 
camente tallados, los sílex amigdaloides ó de forma de lau- 
rel, con los que el rudo abuelo cuaternario amansaba la tie- 
rra y se ganaba la vida. 

No se ha podido determinar aún el curso de las emigra- 
ciones de esas primeras tribus, como se ha determinado para 
la Polinesia, por ejemplo; pero lo que parece casi seguro, es 
que los habitantes de América y los antiguos peruanos, por 
lo tanto, quedarían aislados, por una muy larga serie de si- 
glos, de los hombres del nuevo continente. 

El hombre cuaternario, en América como en Europa, es 
dolicocéfalo. Pero en Europa, desde la época neolítica, apa- 
rece el braquicéfalo, venido 6 ido del Asia Menor, encontrán- 



SECCIÓN OFICIAL 141 



dosele mejjclado primero al de cráneo alargado, dominándo- 
lo después. 

En América el delicocéfalo sigue sólo, no se han encon- 
trado aquí restos de los cráneo-redondo. Si estos hubieran 
venido, habrían traído loque á todas partes llevaron, porque 
era su mayor tesoro, habrían traído el trigo, el noble cereal 
que cría las razas fuertes. 

Las inmigraciones procedentes del Asia Meridional ó de 
la Menor, posibles y aún probables, por pocas y por recien- 
tes, no parecen haber dejado huella profunda en la América 
antigua, en el antiguo Perú. Sólo así se explica la dirección 
que aquí tomó la evolución social, tan diferente de la que en 
el Viejo Mundo tomaba, por lo cual ha dicho algún historia- 
dor, que hubiera sido muy interesante dejar al imperio de los 
Incas entregado á sí mismo, para ver á donde llegaba esa 
organización social tan original y diversa de los demás 
pueblos. 



¿Dónde, en la historia, hay un imperio semejante al nues- 
tro de Tahuantinsuyo? 

De una parte, aquel soberano casi divino, adorado y te- 
mido al mismo tiempo, á quien nadie osa mirar de frente, 
porque vive envuelto entre los rayos de su padre— Sol; 
aquella corte espléndida, formada con los domados reyes de 
las provincias conquistadas; aquel fuego sagrado que en lo 
recóndito del templo alimentan vírgenes de sangre imperial; 
esas morenas princesas de breve pié y de talle esbelto como 
vara de junco, sueño de amor de los nobles generales que 
por ellas arriesgan vida y honra; y de otra parte, debajo de 
toda esa pompa y apesar de ella, un pueblo casi feliz, con sus 
grandes fiestas del trabajo, semejantes á églogas por lo sen- 
cillas, un pueblo que tenía reglametitados todos los pasos de 
su vida, pero al que, en cambio, su Inca le aseguraba el sus- 
tento y la Fatisfacción de sus necesidades, y que vivía, por 
lo tanto, sumiso, absolutamente sumiso, pero tranquilo, 
ageno de cuidados, tranquilo hasta el punto de olvidar su 
libertad, que es cuanto hay que olvidar en el mundo. 



142 REVISTA HISTÓRICA 



¿Cómo pqdo llegar á establecerse ese imperio teocrático 
y comunista, y constituirse un pueblo así, donde el colecti- 
vismo se practicaba sencilla y naturalmente, sin dificultad, 
sin esfuerzo casi? 

La explicación de ese fenómeno, ónico en la historia, es- 
tá probablemente en esa autoridad del Inca, absoluta, pero 
al mismo tiempo paternal, profundamente paternal. 

Por haberse realizado esa antimonia de un poder abso- 
luto que, lejos de explotar á su pueblo le cuida y defiende, 
por eso fué posible el colectivismo incaico. 



• « 

¿Qué nacionalidad creó ese socialismo autoritario? ¿Qué 
valía como patria el imperio de los incas? 

La idea, el sentimiento de la patria, no podían ser pro- 
fundos en esa organización comunista en que el Inca era la 
razón suprema de todo. 

La nacionalidad en el imperio, era todo lo sometido al 
dominio de los incas; no tenía por fundamento el parentes- 
co, la sangre, que es lo que crea poderosamente el sentimien- 
to de la nacionalidad. 

La patria es el amor á la tierra, el amor á la gente en 
ella nacida. Los subditos del imperio sentían, sin duda, ese 
doble confundido amor; pero acostumbrados á que toda ac- 
ción partiera del Inca, cuando este faltó, todo fué abando- 
nado y perdido. Los que no son libres sienten el amor, do- 
loroso en ellos, de la patria; pero no tienen toda la fuerza, 
todo el poder de defenderla. El poder del hombre, para de- 
fender su patria como para todo lo grande y bueno, crece á 
medida que crece la libertad de que goza. 

El socialismo incaico tenía, por lo tanto, que crear una 
nacionalidad débil como patria; creó hombres sin iniciativa, 
sin aspiraciones; preparó por lo mismo, carne de servidum- 
bre, carne de explotación, carne de dolor, para cuando el 
primer Inca desapareciese. 

« 
» * 



I 



SECCIÓN OFICIAL 143 



A la raza quechua, buena,paciente, resignada, vino á 
unirse la brillante raza española del siglo XVI, en lo que te- 
nía de más intranquila, de más excitada. 

Los conquistadores, los españoles, eran latinos de junto 
al África, de los que se rozaron con los árabes del desierto, 
de los más exaltados, en fin, de los más irritables de esa ra- 
za latina, toda fuego. 

Y de entre los españoles eran los más aventureros, natu- 
ralmente, los que salían en. las históricas cara velas en busca 
de esta tierra de América que, envuelta en brumas, surgía 
del fondo de los mares, como si ellos, los dos mares, se la hu- 
bieran forjado á fuerza de empujar sus arenas y de juntar sus 
conchas, para luego recrearse en ella. 

El blanco español, mitad cristiano ó caballero y mitad 
brutal, bautizó, holló, desgarró á la pobre tierra cobriza. 

El español, arriesgado, hermoso, sobrehumano casi, amó 
á la india mansa, rendida, fascinada, como si se sintiera 
atraída por un semi-dios. 



» 
« i 



Y comenzó la colonia. Los indios pasaron á ser más 
siervos, mucho más siervos quedantes y, ya sin el pan seguro, 
ya sin la paz del alma, comenzaron á sufrir, á callar á mo- 
rir. 



« 
« I 



Pero como la raza conquistadora, á la vez que desdeña- 
ba y oprimía á la raza vencida, mezclábase á ella, resultó 
otra gente. 

La sangre española levantisca, penetrando en la sangre 
quechua mansa, fué inquietándola, y surgió al fin la nueva 
gente peruana, en cuyas entrañas, removíanse, junto con las 
sumisiones, con los dolores y los rencores del vencido, las im- 
paciencias, las osadías, las rebeldías del vencedor. 

Así se explica cómo los peruanos, cansados de inacción, 
de servidumbre, al oír á los libertadores, al semi-dios, á Bo- 



l44 REVISTA HISTÓRICA 



lívar, proclamar el derecho, la justicia, la igualdad, se fura- 
ron realizar inmediatamente todos esos ideales, sin pensar 
que á ello se opondrían el hábito de la servidumbre sufrida 
durante siglos y los resentimientos de la larga humillación 
y las impaciencias por el poder, y las veleidades de carácter 
que solían turbar á la nueva gente. 

La vieja sangre latina, romántica, provocada por la glo- 
ria de los libertadores, reanimada por la generosidad juve- 
nil, se sobrepuso á todo, y comenzó la Era de la independen- 
cia, comenzó la república, liberal, generosa, coronada de en- 
sueños, con toda la ligera sangre subida á la cabeza! 

El PerCí quizo y debía ser una patria; pero para serlo 
plenamente, necesitaba, necesita, vencer obstáculos que su 
propio pasado le opone. 

La patria está en el corazón: es amor á la tierra en que 
se nace, á la tierra madre. Pero este amor que debe ser un 
goce, una confianza, una seguridad, la de ser realmente nues- 
tra la tierra en que nacimos, no es nada de esto para mu- 
chos de los aquí nacidos, no lo es, sobre todo, para el indio 
que, á fuerza de ser tratado en su tierra como extraño, no 
como dueño de ella, apenas si tendrá ya una visión confusa 
y dolorosa de lo que es la patria, de lo que ella vale, de lo 
que ella nos hace gozar por ser tierra nuestra, tierra madre 
nuestra. 

La patria está en el corazón: es el amor que se tienen to- 
dos los que en ella nacen. Y bien, con la mano sobre el co- 
razón puesta, preguntémonos si hemos amado como debía- 
mos, como á hermanos, tratándolos como á tales, á todos 
los hijos de esta tierra; pregutémonos si no hay en ella 
muchos desdeñados, ó tenidos en menos, y si estos han po- 
dido sentir otra cosa que temor y recelo de los demás. 

Nuestra historia nos ha legado esa separación, ese des- 
dén de los unos, ese recelo y^ desconfianza de los otros, y ne- 
cesitamos, por lo tanto, luchar en esto con nuestro propio 
pasado y vencer por el amor que une, que estrecha, que redi- 
me. Impulso traemos ya para lograr este triunfo de nues- 
tro, corazón felizmente. 

El calor, el movimiento, la agitación de nuestra vida de 
pueblo independiente, deben haber preparado ya la mezcla, 



SECCIÓN OFICIAL 145 



la fusión en un sólo sentimiento, de'todos los elementos de 
nuestra nacionalidad. Y las guerras por defender esta pa- 
tria tan combatida, la mutilación misma de la patria que 
•tanto duele, han debido preparar la formación de la grande 
alma nacional en el Perú. 

Dióle el General San Martín al Perú, una bandera blan- 
ca y roja; blanca en su centro, símbolo de idealidad, roja en 
sus flancos, como presentimiento de la sangre que por defen- 
derla había de derramarse. Y tanta sé ha derramado \'a, 
que no se sabe como no está roja también, como la de sus 
extremos, la faja blanca de su centro. 

Y esa sangre ha sido la de todos los peruanos y aquellos 
que han dado la suya sin haber conocido el goce, el orgullo 
de la patria y sí sólo sufrido por ella, esos son los más he- 
roicos, los más grandes ante ella, ante la patria. 

El Perú quiso ser una república, una democracia. 

Oponíanse á la democracia, aquí, sin pensarlo, sin duda,, 
los mismos ilustres capitanes libertadores, que la habían 
proclamado. Cuando ellos pasaban por los pueblos, en- 
vueltos en leyendas, fabulosos, sobrehumanos casi, despren- 
diendo gloria hasta de los pliegues de sus rojas banderolas 
y hasta de los crujido-» de sus recias corazas., al .pasar, c^esi- 
lumbraban, fascinaban á la gente^ con esa fascinación de la 
gloria que tiene el temible poder de hacer olvidar al corazón 
la libertad. . s . , . • 

Pero á pesar de ese brillante obstáculo y de otros que AM 
democracia se han opuesto, nuestra evolución ha sido, e3, 
hacia ella, hacia ala democracia, como que aquí.ho tenemos 
pueblo bravio que moderar, y hay masas . enormes desgra- 
ciadas que necesitan que.se les levante la frente, que.se les 
-caliente el corazón. La humanidad, toda, marcha ha<;iá.la 
democracia, porque ell^ traduce la solidaridad, esap^-ojiri- 
dencial condición de las sociedades humanas que.hace que el 
sufrimiento del más débil de sus miembros se repercuta y. re- 
fleje, aunque de ello no se den cuenta, ^Qbre stodós los demás. 






19 



146 REVISTA HISTÓRICA 



No puedo detenerme, aunque quisiera, en éstas ú otras 
consideraciones sobre nuestra sociolog-ía. Tal vez he ido 
demasiado lejos en este discurso de instalación, que podía 
haberse limitado al elogio de la Historia, á la recepción de 
honor á sus nobles mantenedores. 

• * 

Debemos estudiar nuestro pasado, para adquirir la con- 
ciencia clara de nuestros destinos, y mantenernos en la vía 
de nuestro generoso ideal histórico. 

üii pueblo no debe olvidar jamás sus tradiciones, los 
ejemplos de sus mayores, sus glorias, sus infortunios y para 
esto es necesario que haya quien se los recuerde, pero quien 
se los recuerde, no con algfin espíritu estrecho de división ó 
de partido, sino con alto espíritu nacional. 

La Historia es la reconciliación suprema de todos los hi- 
jos de una patria. Cuando recordamos los hechos de nues- 
tros mayores, en ellos nos sentimos profundamente unidos 
todos los peruanos. 

Fortificar la nacionalidad, es alta misión de la Historia. 
Cuand(^ nos hablan de nuestras glorias, cuando por ejemplo, 
nos hablan, con palabra emocionada, de aquella mañana de 
Julio en que San Martín, inspirado por Dios, dijo: **desde es- 
te momento el Perú es libre é independiente por la voluntad 
de los pueblos y la justicia de su causa que Dios defiende"; 
cuando nos hablan con palabra desgéirrada, de aquella otra 
trágica mañana en que Grau, el héroe sin tacha, caía en el 
"Huáscar", la pequeña nave que se dejó hacer pedazos antes 
que rendirse, mostrando así como deben caer los buques de 
gfuerra, pedazos del corazón de la patria, tablas hechas pa- 
tria; cuando nos hablan, como debe hablarse, con toda el al- 
ma, de Arica, del Morro, y evocando el sublime sacrificio, 
nos parece ver el alma de Bolognesi subiendo al cielo envuel- 
ta en el humo del último cartucho; cuando de esas glorias, 
de esos sacrificios, de esos infortunios nos hablan, entonces, 
sacudido el corazón de las ligaduras del presente, sentimos 
que todos los hijos de la patria, todos, somos hermanos. 

La historia tiene de esas dominaciones supremas, que 
todo lo depuran y engrandecen. 



SECCIÓN OFICIAL 147 



El Presidente de la República ha hecho elevado acto de 
gobernante, creando el Instituto Histórico del Perú. 

Esta institución va á realizar, ella también, su progra- 
ma de gobierno, su vivo anhelo por la educación nacional, 
porque la Historia es poderoso factor de educación. Lo es 
en la escuela, cuando, con palabra rápida, salida del cora- 
zón, como para los niños, les cuenta á los pequeños los he- 
chos de sus mayores; lo es en el liceo, en la universidad, pe- 
netrando, para darle realidad, en la Filosofía, en la Sociolo- 
gía, en toda la alta cultura científica. Es sobre todo, la his- 
toria poderoso agente de educación nacional, porque ins- 
pira, porque guía el sentimiento. Reconocido está por to- 
dos el gran principio pedagógico de que no son las ideas si- 
no los sentimientos, los que impulsan; los que arrastran á 
los pueblos. 

Por eso, hoy, en ninguna parte abandona el Estado el 
cuidado de la Historia al esfuerzo individual, sino que crea, 
que estimula, que honra corporaciones que presten ese alto 
servicio al país. 

Señores miembros del Instituto Histórico del Perú, co- 
menzad, ó más bien continuad la obra en que ya, individual- 
mente, todos vosotros habéis noblemente trabajado. Ma- 
terial inmenso tenéis. No hay historia más accidentada, 
más interesante, más instructiva que la del Perú, de este 
pueblo idealista, generoso, intranquilo. El Perú, gran co- 
razón, cabeza soñadora, vida dolorosa, necesita, más que 
ningún otro pueblo, que su historia, enseñándole el camino 
de la realidad, lo aparte, aunque le duela, de los peligrosos 
del idealismo impaciente. 



14-8 REVISTA HISTÓRICA 



niSCURSO PRONUNCIADO POR EL EXCMO. SBROR PRESIDENTE 
DE LA RBPÚRUCA 
í DOCTOR DON JOSÉ PARDO 



Señores: 

Si diez años de paz comprueban que se ha cerrado para 
siempre en el Perú el período agitado de profundas conmo- 
ciones que absorvieron las inteligencias más claras, avasa- 
llaron las voluntades más firmes y consumieron, en fin, las 
energías de la Nación entera en constituir sus instituciones 
políticas, ha llegado el momento de que el Estado pueda lla- 
mar con éxito á esas inteligencias, á esas voluntades y á 
esas energías á la región serena y fecunda de la labor inte- 
lectual, colectiva, metódica y persistente. 

Muy premioso deber es, por otra parte, el que tienen los 
gobernantes de despertar la vida del pensamiento y estimu- 
lar la culttira de su país, con el mismo ahinco con que deben 
fomentar sus intereses económicos; procurando, sí, conser- 
var paralelamente ambas manifestaciohes de la vida nacio- 
nal, porque su desquilibrio produciría ó el dominio de los 
retóricos, que persiguen un estado social irrealizable, al cual 
sacrifican sin medida sus intereses económicos; ó el dominio 
de los positivistas, que al interés de sus provechos inmedia- 
tos sacrifican tradiciones, esperanzas y las previsiones más 
claras del porvenir. 

En la labor de estímulo de parte del Estado á la cultu- 
ra nacional, el estudio de la Historia patria es el que debe 
tener lugar preferente; porque de las ramas del saber, es la 
que tiene mayores vínculos, la que concurre con mayor in- 
fluencia á formar el carácter nacional. 



SECCIÓN OFICIAL 149 



Su origen y sus tradiciones; las hazañas de sus héroes, 
sus glorias y sus desastres; sus experiencias que le presentan 
valiosas enseñanzas; todo lo que forma los recuerdos y los 
ideales de un pueblo; su presente y su pasado; el secreto de 
su porvenir — es el vasto campo donde se desarrolla el estu- 
dio de la Historia nacional. 

Estos son los pensamientos que explican la iniciativa de 
mi Gobierno para crear el Instituto Históricc» del Perú. 

El digno personal que lo compone garantiza que esta 
iniciativa ha de convertirse en halagadora realidad, y que 
este Instituto será en breve estrella de primera magnitud en 
la intelectualidad peruana. 

Queda inaugurado el Instituto Histórico. 



1 



Canjes y corespondencia, diríjanse al Director de 
LA REVISTA HISTÓRICA, señor C. A. Romero, aparta- 
do de Correos número 1026. 



Revista fiístórica 



Orflano dtl instituto l^mdiKo dtl Peif 



A, 



BUIVIHRXO 

St corre gímunto de S^ifat y ct probUnu histórico de la fundación de 

Cnijitto, por l^larco H* Cabero. 
Instrvción contra tas cer e m o nias» y Ritos que vsan tos Xndios conforme 

at tiempo de su infidelidad.—Los errores y supersticiones de tos Indios, 

sacadas del tratado y aueri^uación que hizo et licenciado polo Ondegardo 
€1 Xnca Oarcitasot por Jooé tloKtño poto. 
]HoHcia de la ciudad de ]^oquegua» por el Dr. 3uan Hntonio IVÍontencgro 

y Obatdi. (Continuación.) 
dn Quechuista, por Job¿ €• poto. 
Disturlños religiosos en Lima en el Siglo XVXX» por Carlos H. Romero. 



tomo T-trinmre TI 



C111UI-P€Rá 

WiciM timr«iM tlt "Ca opMta ItadoMl" 

6mnios. 44 < 
I9eé 



íristitiíto Histórico del Perú 



DIRECTORIO PARA 1906-1907 



PRESIDENTE NATO 

El Exctno. Sr. Presidente de la República. 

YICE-PRESIDENTE NATO 

El Sr. Ministro de Instrucción Pública. 

PRESIDENTE 

D. Eugenio Larrabiire y Unanue. 

PRIMER VICE-PRESIDENTE 

Dr. D. Mariano I. Prado y Ugartcche. 

SEGUNDO VICE-PRESIDENTE 

Dr. D. Pablo Patrón 

SECRETARIO 

D. José Toribio Polo 

PROSECRETARIO 

D. Rosendo Meló 

DIRECTOR DEL MUSEO HISTÓRICO 

D, José A. de Izcue. 

DIRECTOR DE LA REVISTA HISTÓRICA 

D. Carlos A. Romero. 

INSPECTOR DEL ARCHIVO NACIONAL 

D. Carlos Pa?: Soldán 

TESORERO 

Dr. D. Julio R. Loredo. 




de las Reales Academias de la Lengua y de la Historia de Madrid, Enviado Extraordinario 

y Ministro Plenipotenciario del Perú en el Brasil y Deleitado al Con|fre«o 

Pan-Americano de Río Janeiro, primer Presidente del Instituto Histórico del Perú. 



EL CORREGIMIENTO DE SAfJA 

Y 

EL PROBLEMA HISTÓRICO DE LA FUNDACIÓN DE TRUJILLO 



I 

CAXAMALCA— BREVES NOTICIAS DE ESTA CIUDAD 




RA Caxamalca (1 ) un lugar bastante grande, con una 
población de casi diez mil habitantes. Las casas en su 
mayor parte eran de adobe con techos de paja ó de 
madera. Algunos de los edificios principales eran de piedra 
tosca y por labrar; había también una casa de las vírgenes 
del Sol y un templo dedicado á la misma deidad tutelar; este 
último estaba medio oculto entre un bosquecillo de los subur- 
bios de la ciudad. Porel lado inmediato al campo de los indios 
había una gran plaza de forma triangular, rodeada de edificios 
bajos, que eran unos espaciosos salones con anchas puertas 6 
aberturas á la plaza; seguramente estarían destinados para 



(1) Caxamalca en lengua de los indios significa "lugar de hielo", porque 
aunque su temperatura es por lo común benigna y agradable, está sujeta á 
unos vientos fríos de levante, muy perjudiciales á la vegetación. — W. H. 
Prescott **Historia de la conquista del Perú", tom. I, pág. 444. 

1 



152 REVISTA HISTÓRICA 



cuarteles de los soldados del Inca [1]. A un extremo de la 
plaza, mirando hacía la campiña, estaba una fortaleza de 
pidra y tenía una puerta falsa para el campo. Había, igual- 
mente, otra tortaleza de piedra, adonde se subía desde la ciu- 
dad por unaescalera, también de piedra, V tenía como la ante- 
rior, una puerta falsa para el campo. Había así mismo otra 
fortaleza de piedra tosca en un terreno elevado que dominaba 
la ciudad v estaba rodeada d^ tres cercas circulares, ó más 
bien dicho, de una sola que daba tres vueltas en espiral. Era 
obra mu3'^ fuerte y ninguna de las que hasta allí habían visto 
los compañeros de Pizarro les pareció de mayor mérito, tan- 
to en la idea como en la ejecución material. Al caer de la tarde 
entraron los conquistadores á Caxamalca, Era el 15 de No- 
viembre de 1532. El cielo, que se había mantenido sereno du- 
rante todo el día, comenzó á entoldarse y llegó á caer alguna 
lluvia mezclada con granizo, porque el frío era mayor de lo 
acostumbrado [1?]. A pesar de eso, don Francisco Pizario 
deseaba tanto cerciorarse de las verdaderas intenciones del 
Inca, que resolvió enviar inmediatamente una embajada á 
su campo. Escojió para esta comisión á Hernando de Soto, 
á quien dio por escolta 15 caballos; pero reflexionando des- 
pués que hubo partido, que aquella fuerza era muy corta, en 
caso de que los indios intentasen algún ataque, dio orden á 
su hermano Hernando Pizarro, para que fuera á reforzarle con 
otros veinte jinetes. Este capitán y uno de los que fueron con 
él, nos han dejado^una noticia de su expedición (3). Al día 
siguiente, sábado 16 de Noviembre, á la caída de la tarde y 
previas las precauciones que la difícil situación de los espa- 
ñoles requería, fué capturado el Inca Atahualpa á las voces 



[1] Oviedo "Historia de las Indias", part. 3^ lib. 8^, cap. 15. 
Xerez ''Conquista del Perú*' ap. Barcia, tum. 3, pág. 195. 

[2] Oviedo—Historia de las Indias; part. 3, lib. 8 cap. 15. 
Xerez "Conquista del Perú", ap. Barcia, toni. 3, pág, 195. 

(3) Carta que Hernando Pizarro dirije á la Real Audiencia de Santo Do- 
mingo. El infatigable Oviedo que cuando llegó esa carta se hallaba en San- 
to Domingo, conoció su importancia y pv>r fortuna incluyó ese documento 
en su gran obra 'Historia de las Indias", part. 3. lib. 8, cap, 15; }• 
por último, la dicha carta de Hernando ha sido publicada por el señor Quin- 
tana en el tomo II de su "Vida de Españoles célebres", apéndice 59. Y tam- 
bién la traen A. de Zarate "Conquista del Perú", libro 5, capítulo 4, 3' Na- 
harro en su "Relación Sumaria". 



EL CORREGIMIENTO DE SANA 153 

de ^^ExsurffeDoniine^\ que en coro con los soldados, repetían 
sin cesar los ministros del altar [1], 



Parecía que concluida la repartición del rescate del Inca 
Atahuallpa, que se verificó con toda solemnidad en la plaza 
mayor de Caxamalca, [según aparece del acta de repartición 
otorgada por el escribano Pedro Sancho á 17 días del mes 
de Junio de 1533 [2], ya nada detenía á los españoles para 
proseguir sus conquistas y emprender sn marcha al Cuzco. 
Pero ¿qué se había de hacer con la persona de Atahuallpa? 
Para resolver esta cuestión todo lo que era provechoso era 
justo [3]. Ponerle en libertad, era dar suelta al hombre que 
debía ser precisamente su mayor enemigo: al que por su na- 
cimiento y dignidad real reuniría en derredor suyo toda la 
nación, dispondría de tcdos los recursos y arbitrios del go- 
bierno, y aún con sólo su palabra reuniría todo el valor de 
su pueblo contra los españoles, retardando de esa manera, 
si no impidiendo del todo, la conquista del país. Por otra 
parte, el mantenerle cautivo era acaso igualmente perjudi- 
cial, porque para custodiar un prisionero de tanta impor- 
tancia era preciso dividir las tropas de tal modo que vendrían 
á quedar muy debilitadas; y era de temer que toda su vigi- 
lancia no alcanzara á impedir que les quitasen elpresoenlos 
peligrosos pasos de las montañas, máxime aún, que el Inca 
por su parte pedía con insistencia su libertad [4], pues se 

[1 J Tratábase nada menos que de tender una red al IncR y hacerle pri- 
sionero á la faz de todo su ejército. Era un proyecto lleno de peligros y casi 
parecía un aborto de la desesperación; pero la posición de los españoles era 
también desesperada (¡165 hombres contra 50,000 indios armadosy ague- 
rridos!) A donde quiera que volviesen la vista sólo descubrían inminentes 
riesgos, y valía más hacer frente como hombres al peligro, que huírdeélco- 
bardemen-te, cuando no les quedaba arbitrios para escapar: rogaron al Dios 
de las batallas que cubriese ron su escudo á los soldados que peleaban por 
extender el imperio de la cruz, y lodos á una voz entonaron la antífona 
•'Exsurge Domine, et judicam causam tuam" Naharro — **Relación suma- 
ria". 

[2] M. de Mcrdiburu ' Diccionario Histórico Biográfico del Perú", tom. 
3, pág. 377. 

[3] A. de Herrera "Historia general" déc. 5, lib. 3, cap. 4. 

[4J Prescott "Conquista del Perú", tom. 1, cap. 7. 

Xerez — "Historia de la Conquista", edición española de 1534, y ap. 
Barcia, tom. HI, págs. 530 y siguientes. 



154 REVISTA HISTÓRICA 



detenía á pensar que, la vida de un monarca cautivo, es por 
lo común bien corta, y la suerte de Huáscar debió servirle 
de ejemplo para convencerle de la verdad de esta aserción; 
de allí lo mucho que se lamentaba de la ausencia de Hernan- 
do Pizarro [que había partido á la Península con la parte 
que tocara al Emperador Carlos V del rescate del Inca], pue?, 
por extraño que parezca, aquel altivo hidalgo se compadecía 
de la suerte del real cautivo, y le trató siempre con tal aten- 
ción que ganó de un modo particular el afecto y confianza 
del desgraciado monarca. Desgraciadamente para el Inca, 
cuando los hombres se hallan atormentados porel miedo, no 
suelen pararse en los medios, con tal de que desaparezca la 
causa que lo produce. Comenzáronse á oír murmuraciones 
mezcladas con amenazas contra el Inca, [supuesto autor de 
atrevidas maquinaciones], y muchos empezaron á pedir que 
fuese sacrificado á la seguridad del ejército. Señalábanse en- 
tre todos á Almagro y sus soldados, pues como no habían 
presenciado la captura del Inca, no les causaba compasión 
su desgracia, 3' sólo lo miraban como un estorbo, ansiosos 
como estaban de ir á buscar fortuna en la tierra adentro, ya 
que tan poco les había tocado del oro de Caxamalca. El te- 
sorero Riquelme y los demás oficiales reales, les ayudaban. 
Pizarro había dejado á estos señores en San Migue', porque 
no le agradaba tener sobre sí aquellos espías; pero se habían 
venido al campamento de Almagro, y pedían con empeño la 
muerte del Inca, como indispensable para la tranquilidad 
del país, y ventajosa para la Corona [1]. Pizarro escucha- 
ba ó fingía escuchar con disgusto estas siniestras sugestio- 
nes, y aunque mostraba gran repugnancia á adoptar medi- 
das extremas contra su prisionero, acabaron por sugestio- 
narlo, ordenando al efecto que se organizase el tribunal que 
debía juzgar de la traición del Inca (2). En consecuencia, 
organizóse presidido por los dos capitanes Pizarro y Alma- 

[1] Pedro Pizarro "Descubrimiento y Conquista". 

Relación del primer descubrimiento. MS. 

Pedro Sancho, Miguel de Estete, Reí. ap. Ramiisio, tomo III, folio 400. 

(2) "Aunque contra voluntad de dicho gobernador, que nunca estuvo 
bien en ello." Relación del primer descubrimiento MS. 

Igualmente Pedro Pizarro. Descubrimiento y Conquista. 

El Veedor Es tete y Pedro Sancho, Relación de un Capí taño Spagnolo, 
ap. Ramusio, tomo III, pág. 400. 



EL CORREGIMIENTO DE SANA 155 

gro, en calidad de jueces: se nombró un fiscal que pidiese por 
la Corona, y se señaló defensor al reo. Doce eran los cargos 
presentados contra el Inca, extendidos en forma de interro- 
gatorio. Los principales eran que había usurpado la coro- 
na y asesinado á su hermano Huáscar; que había dilapidado 
los caudales públicos desde la entrada de los españoles, pro- 
digándolos á sus parientes y favoritos; que era idólatra y 
adúltero, pues vivía públicamente con un gran número de 
mujeres, y, por último, que había tratado de fomentar una in- 
surrección contra los españoles [1]. Pronto se dio fin á la 
información, y según dice el secretario de Pizarro, Pedro San- 
cho, **Siguióse una discusión muy acalorada sobre el daño 
** ó provecho que podría resultar de la muerte de Atahuall- 
" pa.*' Aquello se reducía ya á una cuestión de conveniencia. 
Declaráronle al fin reo, aunque no nos dicen si de todos los 
delitos que le imputaban, y fué condenado á ser quemado vi- 
vo en la plaza principal de Caxamalca, debiendo ejecutarse 
la sentencia aquella misma noche. Era conveniente conseguir 
que el padre Valverde aprobase lo hecho, y así le enviaron 
una copia de la sentencia para que la firmase, lo que hizo sin 
vacilar, declarando **que en su opinión el Inca merecía la 
muerte" [2]; y aún dos de los miembros de esa junta opi- 
naban de insuficientes las pruebas presentadas, y negaban 
que semejante tribunal tuviese autoridad para llamar ajui- 
cio á un príncipe soberano en el centro de sus propios domi- 
nios. Si se empeñan en formarle proceso, añadían, sería pre- 
ciso enviarle á España para que el Emperador conociese de 
su causa, pues es el único que tiene poder para sentenciarle; 
pero los diez miembros de la mayoría desvanecieron estas 
objeciones declarando que no cabía duda de que Atahuallpa 
era delincuente, y que estaban prontos á cargar con la res- 

[1] Garcilaso de la Vega "Com. Reales", parte 2, libro I, cap. 37. 
especifica los cargos hechos al Inca. 

Oviedo en su "Historia ce las Indias", parte 3, libro 8, cap. 22 lo califi- 
ca de "un proceso mal compuesto y peor escrito, seyendo uno de los Adali- 
des un inquieto, desasosegado é deshonesto clérigo, y un escribano falto de 
conciencia, é de mala habilidad, y otras tales que en la maldad concurren"; 
pero la mayor parte dp l^^ autores concuerdan en los dos casos principales 
á saber: el asesinato de íluáscar y la conspiración contra los españoles. 

[2] Herrera "Historia general", déc. 5,lib. S.cap.^dice: "Respondió que 
firmaría, que era bastante para que el Inca fuese condenado á muerte, por- 
que aún en lo exterior quisieron justificar su intento.** 
2 



156 REVISTA HISTÓRICA 



ponsabilidad de su castigo. En consecuencia se intimó al In- 
ca la sentencia y al oírla perdió enteramente el ánimo, y con 
lágrimas en los ojos exclamó: **¿Qué hemos hecho yo ó mis 
** hijos para que me traten de esta manera? Y que lo hagáis 
** vos** añadió, dirigiéndose á Pizarro, **vos á quien mi pue- 
** blo ha tratado con tanta amistad y benevolencia, con quien 
** he partido mis tesoros y que no habéis recibido de mi sino 
** beneficios". Pidió luego con las expresiones más patéticas 
que se le perdonase la vida, ofreciendo dar cuantas prendas 
se le pidiesen para la seguridad del último español del ejérci- 
to, y prometiendo dar un rescate doble del entregado con 
sólo que se le diese tiempo para reunirlo [1]. Viendo Ata- 
huallpa que le era imposible ablandar el ánimo del conquis- 
tador, recobró su habitual entereza y se resignó á su suerte 

con todo el valor de un guerrero americano 

La sentencia del Inca se publicó á son de trompeta en la 
plaza principal de Caxamalca; y dos horas después de ano- 
checido se juntaron los españoles en ese lugar á la luz de las 
teas, para presenciar la ejeccción de lo mandado. Esto pasa- 
ba el 29 de Agosto de 1533. Sacaron á Atahuallpa con gri- 
llos y esposas, porque lo tenían cargado de cadenas desde 
que se alborotó el ejército por los anuncios del ataque délos 
naturales, [pretexto que alejó del lado del Inca á su mejor 
amigo y defensor, el muy noble y muy leal capitán español 
Hernando de Soto, cuya vuelta no quiso el jurado aguar- 
dar porque tenía la evidencia de que los informes que este 
trajese, habían de ser muy útiles para corroborar ó desva- 
necer los rumores que corrían del alzamiento de los indíge- 
nas]. Iba á su lado el padre fray Vicente Val verde, tratan- 
do de consolarle y conseguir al mismo tiempo, si era posible, 
que, en esta hora postrera, abjurase sus errores y abrázasela 
religión de los castellanos. Quería que el alma de su víctima 
se librase en el otro mundo de la terrible expiación á que en 
este había condenado con tanto gusto el cuerpo mortal. El 
dominico hizo la última tentativa en esta hora solemne, y 
cuando vio á Atahuallpa atado al poste y rodeado de los 
haces de leña que iban á alimentar la fúnebre hoguera, em- 



[1] Pedro Pizarro. "Descubrimiento y Conquista*' . 
Herrera "Historia general'*, déc. 5,lib. S.cap.^. 
Zarate "Conquista del Perú", lib. 2, cap. 7. 



EL COKREGIMIENTO DE SAÑA 157 

puño la cruz y le pidió que la abrazase y recibiese el bautis- 
mo, ofreciéndole que de hacerlo así, la cruel muerte á que ha- 
bía sido condenado se le conmutaría en otra más suave, por 
medio del garrote [1]* El desdichado monarca preguntó si 
aquello era verdad, y confirmándolo Pizarro, consintió en 
renunciar su religión y recibir el bautismo. El Rvdo. Padre 
Valverde desempeñó la ceremonia, y el nuevo converso reci- 
bió el nombre de Juan de Atahuallpa, por celebrarse la fiesta 
de San Juan Bautista el mismo día en que se verificó este su- 
ceso [2]. Atahuallpa manifestó ser su voluntad el que sus 
restos fuesen llevados á Quito, su patria, para que reposa- 
sen allí junto á los de sus antepasados por línea materna. 
Volviéndose luego á Pizarro le pidió, como por última súpli- 
ca, que cuidase de sus hijos pequeños y los tomase bajo su 
protección. Recobrando entonces su estoica serenidad, tur- 
bada por un momento, se entregó en manos de sus verdugos, 
mientras que en derredor su3''o los españoles rezaban en voz 
baja el Credo por el descanso de su alma (3). ¡De esta ma- 

[1] El ganóte es un género de suplicio que se ejecuta por medio de una 
cuerda que rodea el cuello del criminal con un palo atravesado en la parte 
de atrás, y dando vueltas á este palo se aprieta la cuerda y resulta la sofo- 
cación. Probablemente se verificaría así la ejecución de Atahuallpa. En 
España, en vez de cuerda se emplea un collar de hierro que por medio de un 
tornillo oprime la garganta del paciente — Prescott "Conquista del Perú", 
tomo I, libro III, cap. 7, folio 549. 

[2] Xerez--"Conquista del Pera" ap. Barcia tomo III. pág. 234— P. Pi- 
zarro, descubrimiento y conquista. 

Pedro Sancho: ^'Relación'* ap. Ramusic, tomo 3, pág. 400. 

Vclazco— "Historia de Quito", tomo I, pág. 372. 

(3) Sancho ap. Ramusio: tomo III, folio 399. 

Pedro Pizarro — "Descub. y Conq." 

A. de Zarate, "Conquista del Perú", libro 2, cap. 7. 

W. Prescott, "Conquista del Perú", tomol, pág. 551; concluye diciendo: 
"La muerte de Atahuallpa tiene muchos puntos de semejanza con la de Cau- 
polican, el gran jefe araucano, según se halla referida en el poema histórico 
de Ercilla. Ambos abrazaron en el cadalso la religión de sus conquistado- 
res, aunque Caupolicán no logró tan buena fortuna como el monarca pe- 
ruano, porque su conversión no le libró de las torturas de la más inhumana 
muerte: fué empalado y asaetado. Ercilla "LaAraucana",part. II,canto24. 

Jerez, el secretario particulpr de Pizarro y cuya "Historia de la con- 
quista del Perú", se imprimió en España en 1534, dice "Los grandes males 
y crueldades que en sus vasallos había hecho, así pagó; por que todos auna 
voz dicen, que fué el mayor carnicero, y cruel que los hombres vieron: que 
por muy pequeña causa asolaba un pueblo (¿Los cañaris?), por un peque- 
ño delito, que un r.olo hombre de el hoviese cometido; y mataba diez mil 
personas." 

Pedro Sancho que sucedió á Jerez en el oficio ruando éste marchó á 
España, paga un tributo más decente á la memoria del Inca, quien confía 
"habrá alcanzado la gloria, pues murió arrepentido de sus culpas y en la 
verdadera fe de cristiano. Ramusio, tomo III, folio 399. 



158 REVISTA HISTÓRICA 



ñera y como un vil malhechor, pereció el ultimo de los 
Incas! 

El cuerpo del Inca permaneció toda la noche en el lugar 
de la ejecución. A la mañana siguiente fué llevado á la Igle- 
sia de San Francisco, y allí se celebraron sus exequias con 
toda solemnidad. Pizarro y sus principales oficiales se vis- 
tieron de luto, y las tropas asistieron con devoto recogimien- 
to al oficio de difuntos que dijo el Padre Valverde (1). 



* 
« « 



De inmensa e^ravedad eran las reflexiones que agitaban 
el ánimo del afortunado guerrero; y de mucho peso las difi- 
cultades que se agruparon en torno suyo y le ponían en ar- 
dua perplegidad para la prosecución atinada y segura de 
una grandiosa empresa. Había deshecho un ejército y aprisio- 
nado al soberano del país, haciéndole morir en el cadalso; 
pero con tan extraordinarios acontecimientos sólo estaba 
vencida una parte de la conquista, y para completarla era 
indispensable subyugar un territorio de colosal extensión, en 
que habría sobra de elementos bélicos y caudillos que los su- 
pieran aprovechar. Faltábale someter la poderosa capital 
del Cuzco, centro de todos los recursos y donde residían va- 
rios príncipes descendientes de Huayna-Cápac. Debía espe- 
rarse le hiciese una cruda y porfiada resistencia; y que los 
magnates de- Quito pusieran también en acción los medios 
conducentes á la defensa de aquel reino y á tomar venganza 
de la muerte de su Rey. 

Contra estos azares y temibles conflictos, y para tratar 
de que desaparecieran, agusaba Pizarro la fecundidad de su 
ingenio, que al cabo le sugirió la adopción de un pensamien- 
to oportuno y apoyado en buenas bases. Juntó á los nobles 
y á los militares notables que vivían atormentados por la in- 
certidumbre y esperando un fatal porvenir; y para darles la 
mejor prueba de que no era su intención disolver el Imperio 
de los Incas, les expuso necesitaba saber quién sería la per- 



(1) Gomara — "Historia de las Indias", cap. 118. 
Pedro Pizarro — "Descub. y Conq." 



EL CORREGIMIENTO DE SAÑA 159 

sona más digna de recibir la corona real. Como ellos habían 
tenido á Atahuallpa por soberano, y eran hechura suya, pro- 
pusieron á un hijo de éste, que era muy joven y respondía al 
nombre de Toparpa, prescindiendo de los que existían de 
Huayna-Cápac y sin mencionar á los de Huáscar, que había 
muerto. Pizarro lo aceptó con franqueza, y congregando á 
todos los señores que debían intervenir en la ceremonia au- 
gusta que iba á celebrarse, fué el príncipe Toparpa instituí- 
do, saludado y reconocido por Rey con las demostraciones 
acostumbradas; bien que no estuviesen revestidas de la so- 
lemnidad que se observaba en el Cuzco, según los rituales in- 
herentes á la magestad de acto tan clásico. De esta manera 
y con semejante arbitrio, pensó Pizarro impedir que tomase 
cuerpo la resistencia que ya empezaba á sentirse y las hosti- 
lidades que al fin pudieran ser desastrosas. Era en verdad 
un rey de burla el que se había erigido: una potestad fiicticia 
y de autorizada farsa que servía de instrumento á los planes 
del jefe de la conquista y de activo y eficaz resorte para con- 
tener á los habitantes y someterlos, sofocando unaalarraan- 
te conflagración [1]. 

Ya sólo pensó entonces en-llegar cuanto antes al Cuzco, 
de cuya ciudad corrían entre las tropas las descripciones 
más brillantes; decíase que sus templos y palacios reales des- 
lumbraban con el brillo del oro y plata de que estaban cu- 
biertos. Con la imaginación exaltada por tales noticias salie- 
ron Pizarro y sus compañeros en la madrugada del 6 de Se- 
tiembre de 1533 de la ciudad dcCaxamalca, lugar para siem- 
pre memorable, por haber sido teatro de las escenas más ex- 
trañas y sangrientas que menciona la Historia. Irían en todo 
casi quinientos hombres, pudiéndose calcular la caballería en 
cerca de una tercera parte. Todos emprendieron la marcha 
llenos de entusiasmo: los soldados de Pizarro porque espera- 
ban aumentar las riquezas que ya poseían, y los de Almagro 
porque contaban con que en lo sucesivo tendrían en los des- 
pojos la misma parte que los **primeros conquistadores." 



[1] M. de Mendiburu "Diccionariü Histórico BiográficodelPeró", tom. 
6, pág. 438. 

Garcilaso de la Vega — "Com. Real", parte I, libro 7, cap. 9. 

Pedro Pizarro. "Descubrimiento y Conquista" . 

Naharro — "Relación Sumaria" . 

Pedro Sancho — Reí., ap. Ramusio, tom. III, folio 400. 



160 REVISTA HISTÓRICA 



El joven Inca y el viejo general Challcuchima marcharon tam- 
bién en sus literas con una numerosa comitiva de vasallos, 
con tanta pompa y aparato como si todavía gozasen de una 
autoridad efectiva [1]. Después de una fastidiosa marcha 
en la que pasó por varios pueblos y ciudades de alguna con- 
sideración, siendo las principales Guamachuco y Guanaco, 
dio vista Pizarro al rico valle de Xauja. Durante la marcha 
aunque harto penosa, no pasaron muchos trabajos, excepto 
al vencer las erizadas crestas de las cordilleras, que aveces se 
les atravesaban en su camino; asperezas en que se ven engas- 
tados como perlas los hermosos valles esparcidos por estas 
regiones elevadas. En los puertos de las sierras les molestó á 
veces el frío, pues que para caminar más á la ligera sólo lle- 
vaban consigo el bagaje muy necesario, y ni aún siquiera ve- 
nían provistos de tiendas. Los vientos helados de las mon- 
tañas penetraban por entre las gruesas armaduras de los 
soldados; pero los pobres indios vestidos más á la ligera y 
acostumbrados á un clima caliente, padecían mucho más. 
Parece que en los españoles era igual el esíuerzo del cuerpo j 

[1] Prescott "Conquista del Perú", tom. 1, pá/?. 567, se expresa del ca- 
mino real de los Incas en los términos siguientes: ''Su anchura era casi siem- 
pre la misma, aunque según la clase de terreno se advertía en su construc- 
ción más ó menos esmero. Pasaba á veces por valles llanos y hermosos 
donde la naturaleza puso pocos estorbos al viajero; otras veces iba siguien- 
do el curso de un torrente que rodeaba la base carcomida de alguna roca, 
donde apenas podía asentarse el pie: en otras cuando la sierra era tan es- 
carpada que ya parecía imposible el pasar más adelante ei camino se aco- 
modaba á las desigualdades naturales del terreno é iba rodeando las altu- 
ras que no podían subirse en línea recta. Pero aunoue todo estaba construí- 
do con mucho tino, era sin embargo un paso muy difícil para la caballería. 
Había escalones abiertos en las montañas; pero los ñlos de las piedras cor- 
taban los cascos á los caballos, y á pesar de que los gmetes echaron pie á 
tierra y les llevaban del diestro, padecían mucho los animales en sus esfuer- 
zos para afirmar los pies. El camino fué construido para gente de á pie y 
para el ligero llama, y la única bestia de carga propia para transitar por 
él, era la firme y sagaz muía de que por entonces carecían los aventureros 
españoles. Por una rara casualidad, la España era el país de las muías, y 
de este modo se proveyeron muy pronto en el Perú del animal que parece 
hal^er sido criado expresamente para los difíciles pasos de la sierra. Trope- 
zaban también á menudo con otros obstáculos, en los caudalosos torren tes 
que se descolgaban con ímpetu de los Andes. Para atravesarlos sólo había 
puentes colgantes de bejucos, cuya débil materia se fué rompiendo á poco 
tiempo con el tránsito de la caballería, y quedaron llenos de agujeros que 
hacían mucho más peligroso el paso. Por todo el camino encontraron tam- 
bos ó casas de postas para alojamiento de los correos reales establecidos á 
distancias fijas; y almacenes de granos y otras cosas acopiadas en las ciu- 
dades principales para el consumo de los ejércitos indios. Los españolescui- 
daron de aprovecnarse de la prudente previsión del gobierno de los Incas." 



EL CORREGIMIENTO DE SAÑA 161 

el del espíritu, lo que les hacía casi insensibles alas variacio- 
nes del clima. 

Ya á cinco leguas de Jauja, con sesenta y cinco caballe- 
ros mandados por tres capitanes, seguidos de indios carga- 
dos de oro y bagajes, derrotó Pizarro las tropas de Quis- 
quis. Llegó á Porci sin novedad y después de una jornada 
de una legua penetró en el pueblo y Tambo deHatun Sausa. 
Allí por las noticias que se tenía de las buenas provincias 
circunvecinas y de las muchas, ciudades que había por todo 
el contorno de ella, resolvió fundar una colonia española en 
nombre de Su Magestad, pues consideraba aquella posición 
muy ventajosa para mantener sujetos á los indios de la sie- 
rra, y que serviría al mismo tiempo para facilitar las comu- 
nicaciones de la costa. En el entretanto determinó enviar 
á Soto con sesenta caballos para que se adelantase á explo- 
rar la sierra é hiciese reponer los puentes que el enemigo ha- 
bía destruido [1]. Ya los indios habían quemado parte de 
la ciudad [2] **porque los españoles no se aprovechasen de 
ello é como estos indios viesen venir los españoles se retruxe- 
ron de la otra parte del río que por esta ciudad pasa, que 
iba á la sazón creciendo; los españoles lo pasaron é rompie- 
ron los indios con muerte de todos ellos que por averigua- 
ción se dio no haber escapado cinquenta. Vuelto los españo- 
les á esta ciudad é reposado aquel día é parte de la noche ve- 
nideros por que estaban todos muy fatigados, é loscabnllos 
cansados ynformado el Gobernador de la comarca, é vis- 
to ser este asj-ento convenyente para asentar pueblo despa- 
ñoles con acuerdo del padre fray Vicente [Valverde] éconlos 
oñciales de S. M., fundó pueblo en este asiento, al que puso 
por nombre la ciudad de Jauja, como entre los naturales se 
llama, é porque no obo españoles que tomasen en ella vecin- 
dad é por ir á evitar los daños que la gente de guerra faziaá 
los naturales, no tuviendo tiempo conveniente para íazer el 
depósito de ellos, el Gobernador fechos sus Alcaldes é Regi- 
dores que administrasen justicia é ochenta ombres, los cua- 
renta de caballo que quedaban en guarda de esta cibdad é 
del oro de Vuestra Magestad é de los españoles, que aquí 

[1] A. de Herrera "Historia generar' Déc. 5, lib. 4, cap. 10. 

[2] Torres Saldamando — "Cabildos de Lima", tom. I, pág. 289. 



162 REVISTA HISTÓRICA 



quedó para seguridad de la comarca dexando por su Tenien- 
te al Thesorero de Vuestra Magestad se partió para el Cuzco 
con ciento de caballo é treinta de pie, llevando consigo al ca- 
pitán Chalicochima (Chalcuchímac)/' De los testimonios in- 
dicados se deduce que Pizarro dejó establecida, pero no fun- 
dada, la nueva ciudad de Jauja en su primer viaje al Cu^co. 
Por eso Pedro Pizarro coloca la fundación en 1534, cuando 
Francisco Pizarro volvió de la capital del Imperio (Cuzco), 
á Jauja. Y, como dice Jiménez de la Espada, no hay docu- 
mento firmado en esa ciudad antes del 24 de Mayo de 1534. 
Dejamos dicho que Pizarro envió á Hernando de Soto 
con sesenta caballos para que se adelantase á explorar la 
Sierra y que verificado el reconocimiento y previas las pre- 
cauciones requeridas, continuaron sobreel Cuzco, ciudad que 
ocupó Pizarro el 15 de Noviembre de 1534, al año justo de 
haber ocupado la ciudad de CaA-ama/ca. La tropa de Pizarro 
se entregó libremente á recojer el oro, plata y alhajas que 
apuntaban por todas partes; 3' á escudriñar lo mas oculto, 
sin reserva ni délos sepulcros, para descubrir y apoderarse de 
cuantas especies valiosas encontraron. El Gobernador man- 
dó la reunión de todo para extraer previamente el quinto 
del Rey y pasar, desde luego al repartimiento. Hecho así se 
advirtió lo mucho que habían robado los yanaconas y de- 
más indios amigos en momentos en que los españoles llega- 
ron á hastiarse á la vista de tan crecida riqueza que ya esti- 
maban poco. Se ha asegurado, fué mucho más lo que escon- 
dieron y sepultaron los indios, y que solo la ropa y telas que 
desaparecieron valían 2.000,000 de pesos oro. Para la dis- 
tribución del caudal se fijaron 480 partes y cada una montó 
á 4,000 pesos de oro: algunos han escrito que dos mil con 
más setecientos marcos de plata; y que la pedrería la tomaba 
cualquiera á su voluntad. La ciudad del Cuzco era la más 
suntuosa y magnífica del imperio como principal residencia 
de sus monarcas. Había en ella templos, palacios y casas de 
admirable construcción formadas de piedras de extraordi- 
narias dimensiones, cuyas casi imperceptibles junturas, puli- 
mento y labores, por lo difícil y esquisito del trabajo, se re- 
putaban obras maravillosas y de misterioso ingenio, sin 
que pueda conocerse los medios empleados para su ejecu- 



EL CORREGIMIENTO DE SAÑA 163 

ción. El oro y plata que entraba en el Cuzco no salía de 
allí, y numerosos artífices lo reducían á láminas y curiosos 
artefactos, que revestían y ornaban el interior de los tem- 
plos, palacios reales y estancias de los grandes dignatarios. 
Ofrecíase á la contemplación lo soberbio y espléndido de la 
fortaleza destinada á la defensa de la ciudad; monumento 
gigantesco que al mismo tiempo perpetuaba el prodigioso 
poder de los soberanos que lo erigieron. En los palacios rea- 
les se halló oro mezclado con la argamasa que unía las pie- 
dras, sin duda para eterna memoria de los autores de tan 
portentosos edificios. Al presenciar los habitantes del Cuz- 
co los desastres de su nación, destruida y esclavizada por la 
tiranía y crueldad de extranjeros implacables, quejábanse 
de sus dioses, que habían permitido el acabamiento de su re- 
ligión y de las cosas más sagradas: lloraban amargamente la 
pérdida de sus haciendas, de sus mujeres é hijos y maldecían 
á Huáscar y Atahuallpa, culpando á sus desenfrenadas pa- 
siones tan lamentables infortunios. 

El lunes 23 de Marzo de 1534 se levantó el acta de la 
posesión y fundación del Cuzco. En ella consta que Francis- 
co Pizarro autorizó aquel acto solemne en las gradas de la 
picota que días antes mandó hacer en medio de la plaza, y 
pidió se le diese testimonio y pusiese que él con un puñal su- 
yo labró algo de las dichas gradas y cortó un nudo de ma- 
dera de la citada picota, en presencia de los concurrentes. 
Que practicó los trámites de la fundación de la ciudad dán- 
dola por título **la muy noble y muy grande ciudad del Cuz- 
co", todo en nombre del Rey y sujeto á su aprobación. Apa- 
rece firmado el mstrumento en forma por Francisco Pizarro, 
frav- Vicente Valverde, los capitanes Gabriel de Rojas, Fran- 
cisco Godoy, Juan Pizarro, Gonzalo Pizarro, el Bachiller 
Juan de Balboa y Alonso Medina, ante Pedro Sancho Ton- 
cino, escribano y secretario del Gobierno. (1) 



Hallándose todavía en el Cuzco el Gobernador, le llega- 
ron las nuevas de un suceso de más gravedad para él que 
todas las guerras de los indios. Lo que le anunciaban era el 

(1) M. de Mencibuí-u "Dic. Hist. Biog. del Perú" Tom. VI, pág. 443. 
3 



164 REVISTA HISTÓRICA 



arribo de un crecido número de españoles conducidos por el 
Adelantado don Pedro de Alvaiado. 

Dejaremos advertido que antes que Benalcázar salió de 
Caxamalca (1) el piloto Juan Fernández, que desde Nica- 
ragua había sido su compañero de negocios y con quien es- 
taba ya enemistado. Este siguió su viaje á Guatemala y 
allí ponderando la gran ooulencia del Perú, fomentó la am- 
bición del Adelantado don Pedro de Alvarado, excitándole 
para que, en oposición á las órdenes del Empera lor, expedi- 
cionara á la conquista que hacía Pizarro. (2) 

Era el Adelantado don Pedro de Alvarado [3] el mis- 
mo capitán que á las órdenes de Hernán Cortés, acababa de 
ganar tan alto renombre en la conquista de México. Este 
caballero, después de hacer en España un brillante casa- 
miento, cual merecía por su nacimiento y su grado en la mi- 
licia, había vuelto á su gobernación de Guatemala y una 
vez allí, los lisonjeros informes que el piloto Juan Fernán- 
dez y otros le llevaron de las conquistas de Pizarro, llega- 
ron á despertar su avaricia. Aquellas conquistas,según le de- 
cían, se limitaban hasta entonces al Perü, permaneciendo 
todavía intacto el reino de Quito, antigua residencia de 
Atahuallpa, donde, sin duda tenía, guardada la mayor narte 
de sus tesoros. Fingiendo creer que este país caía fuera de 
la jurisdicción del Gobernador, hizo tomar el rumbo de la 
América Meridional á una numerosa flota que destinaba 
para las islas de la Especería, y en Marzo de 1534, tomó tie- 
rra en la bahía de Caraques, con quinientos hombres, la mi- 
tad de á caballo, y todos perfectamente provistos de armas 
y municiones. Hasta entonces no se había visto en los ma- 
res del sur un escuadrón tan numeroso, ni mejor pertrecha- 
do [4]. Aunque aquello era una invasión manifiesta del te- 



(1) M. de Mcndiburu, obra citada. Tom. 6. f. 444. 

(2) M. de Mendiburu, *'Dic. Hist. Biog. del Perfi" tom. 6 pág. 438. 
[3] Prescott, '*Conq. del P^rú" tom. 1 pág. 606. 

[4J Prescott, tom. 1 pág. 607. 

Los historiadores no convienen en el número; pero de una información 
judicial hecha en Guatemala, resulta que eran por todos 500 hombres; de 
ellos 230 de caballería— Santiago, Stbre 15 de 1536 —M. S. 



EL CORREGIMIENTO DE SAÑA 165 

rritorio concedido á Pizarro por la Corona, no tuvo escrú- 
pulos Alvarado en marchar directamente sobre Quito. Con- 
tando con el auxilio de un guía indio se determinó á tomar 
el camino recto por las sierras; travesía sumamente difícil, 
aún escogiendo la estación más favorable. Pasando el río 
Dable se le huyó el guía, de manera que Alvarado se halló 
en breve perdido entre las tortuosas sendas de la sierra, y 
como iba subiendo cada vez más, se vio al fin rodeado de 
nieves y hielos, que su gente, sacada la mayor parte de las 
tierras calientes de Guatemala, no era capaz de resistir. 
Crecía el frío, y llegó á ta! extremo, que paralizaba sus mo- 
vimientos y apenas les permitía el andar. Los de á pie algo 
se aliviaban con la fatiga de la marcha; pero algunos gine- 
tes llegaron á quedarse helados en las sillas. Los miserables 
indios sin abrigo y más sensibles al frío, perecían á centena- 
res. Venida la noche se abrigaron como pudieron los espa- 
ñoles con las pocas tiendas que traían, recogiendo para en- 
cender fuego la escasa leña que hallaron; de este modo y ca- 
si sin aliento, aguardaron sumidos en triste silencio la llega- 
da del día. Más la nueva luz no les trajo ningún consuelo, y 
al iluminar con sus pálidos rayos aquella escena de desola- 
ción, no hizo otra cosa que presentarles con más claridad 
los desastres de la terrible noche. 

Siguieron, sin embargo, esforzándose por vencer los 
puertos nevados, quedando tristemente marcado el camino 
que seguían, por las armas, vestidos, preseas y otros despo- 
jos de la campaña, que dejaban tirados, y además, por los 
cuerpos de los muertos ó de los infelices que dejaban aban- 
donados á perecer en aquella soledad. Mas, los caballos 
muertos no permanecían por mucho tiempo en el suelo, por 
que los hambrientos soldados se echaban al punto sobre 
ellos y los devoraban medio crudos. Estos infelices, á seme- 
janza de los voraces cóndores que revoloteaban á bandadas 
sobre sus cabezas, se abalanzaban á los más inmundos ali- 
mentos, para satisfacer las insufribles exigencias del hambre. 
Deseoso Alvarado de salvar el botín que había adquirido 
en los principios de la jornada, hizo pregonar públicamente 
que cada uno podía tomar de las cargas el oro que quisiese 
pagando tan sólo el quinto real. Pero los soldados no se 



166 REVISTA HISTÓRICA 



aprovecharon del permiso y sólo respondieron burlándose: 
**que el verdadero oro era comer*'. Viéronse, sin embargo, 
en aquella extremidad en que parecían ya rotos hasta los 
vínculos de la naturaleza, varios ejemplos de lealtad que 
conmueven: de soldados que perdían la vida auxiliondo á 
sus camaradas 3^ de padres y esposos (porque algunos caba- 
lleros traían consigo sus mujeres) que en vez de pensar en su 
propia salvación, prefinan más bien quedarse y perecer se- 
pultados en la nieve con los objetos más queridos de su co- 
razón. Para colmo de desgracias, durante muchos días no 
cesó de llover sobre ellos arena y cenizas, que les cegaban y 
les impedían casi del todo la respiración. (1) Seguramente 
provendría este fenómeno de alguna erupción del lejano Co- 
topaxi,el más el hermoso y el más terrible de los volcanes de 
América, que á las doce leguas al üudeste de Quito, levanta- 
ba su orgullosa cabeza mucho más allá del límite de las nie- 
ves perpetuas. [2] Al tiempo de la expedición de Alvarado 
se encontraba precisamente en erupción, la más antigua de 
que hay memoria, aunque no la primera, sin duda. 

Los companeros de Alvarado, ignorantes de la causa de 
este fenómeno, al verse medio enterrados en la nieve, cosa 
nueva para ellos, y rodeados de una atmósfera de ceniza, 
perdieron el tino en medio de esta confusión de los elementos 
que parecían haberse conjurado para acabarlos. Había en- 
tre ellos algunos antiguos soldados de Cortés, endurecidos 
por mil penosas marchas y más de una sangrienta batalla 
contra los astecas; pero confesaban que esta guerra de los 
elementos era superior á todo. 

Alvarado. en fin, después de fatigas inauditas que pron- 
to iban ya á rendir aún á los más robustos, salió de los 
Puertos Nevados y entró en las elevadas llanuras cerca de 
Riobamba, s»,uadas á más de nueve mil pies sobre el nivel 
del mar. Pero K. úarta parte de su lucido ejército y más de 
dos mil indios auxiliares, quedaron en los montes para ali- 
mento de los buitres. De los caballos pereció también el ma- 



(1) Oviedo "Historia de las Indias" Parte 3, lib. 8, cap. 20, dice: •'Co- 
menzó á llover tierra del cielo, que cej^aba á hombres y caballos, de manera 
que los árl)oles y matas estaban cubiertos de polvo. 

[2] **Conq. del Perú", tom. I, lib. 3, cap. 9. 



EL CORREGIMIENTO DE SAÑA 167 

yor número, y los que escaparon con vida, tanto hombres 
como caballos, salieron todos, más 6 menos, estropeados 
por el frío, el hambre y la extrema fatiga. Tal fué el terrible 
paso de los Puertos Nevados, que he referido suscintamente 
como un episodio de la conquista del Perú. [1]. 

Así que Al varad o, después de dar un deseanso á sus aba- 
tidas tropas, comenzó á marchar por la inmensa llanura, se 
quedó asombrado al descubrir en la tierra, frescas huellas 
de caballos. Era claro que ya antes habían llegado allí espa- 
ñoles, y que después de trabajar y padecer tanto, otros se le 
habían adelantado en la conquista de Quito!! 

Más, conviene que nos detengam(/s un poco á explicar 
cómo sucedió ésto: 

II 

Meditando Pizarro que la nueva ciudad de San Miguel, 
por su situación cercana á la marina, tenía que ser el primer 
punto á donde había de acudir la gente que viniera de Pa- 
namá y costa del Norte, dictó varias providencias á fin de 
que esa población se pusiese en el mejor pié de orden y con 
los preparativos convenientes. Para hacerlas efectivas, nom- 
bró por su lugar-teniente gobernador, al capitán Sebastián 
de Benalcázar. [2]. 

Dejamos advertido más arriba, que antes de Benal- 
cázar salló de Caxamallca el célebre piloto Juan Fernández, 
que desde Nicaragua había sido su compañero de negocios y 
con quien estaba ya enemistado. Este siguió viaje á Guate- 
mala, y allí, ponderando la gran opulencia del Perú, fomen- 
tó la ambición de Alvarado, exitápgiole á la conquista de 
Quito, conquista que, como acabamos de demostrarlo, fué 
un verdadero desastre para el Adelantado. 

Volviendo á don Sebastián, á quien dejan "ys en marcha 

[1] A. de Herrera "Historia general", déc. 5, lib. 6, cap. 1, 2, 7, 8, y 9. 

—Oviedo Hist. de las Indias. Parte 3, lib. 8, cap, 20. 

—Carta de Pedro de Alvarado al Emperador Carlos V., fechada en San 
Miguel de Pinra, el 15 de Enero de 1535, en viaje á Guatemala. 

[2] M. de Mendiburu "Dic. Hist. del Perú", tora. 6, pág. 438, distin- 
gue á Don Sebastián, con el apellido de Benalcázar [así], y Prescott, Hist. 
de la Conq. del Perú, tom. 1. pág. 61, le apellida Fenalcáaar [así] Noso- 
tros seguiremos llamándole Benalcázar. 



168 REVISTA HISTÓRICA 



sobre Piura, destinado á gobernar esta provincia, no es in- 
dispensable decir que este denodado capitán, de genio belico- 
so y emprendedor, concibió el plan de invadir y dominar el 
reino de Quito. Mas, apenas había tomado posesión de su 
gobierno, cuando llegaron, lo mismo que á Alvarado, tales 
noticias de las riquezas de Quito, riquezas que había dejado 
Huaina— Cápac, y las que era cons¡>^uiente existiesen en 
una capital poderosa, de la cual no llegó á recibirse en Ca- 
xamallca caudal alguno para el rescate del Inca. Resolvió en 
consecuencia emprender esa conquista, con las fuerzas que 
mandaba, aunque no tenía órdenes para ello. 

Aceleró sus aprestos Benalcázar, excitado también por el 
Cabildo de San Miguel de Piura; se puso en camino á fin de 
ocupar antes que Alvarado el territorio que codiciaba, y, á 
la cabeza de unos ciento cincuenta soldados de á pié y de á 
caballo y de un crecido número de amigos de la tribu de los 
Cañaris, que le ayudaron con gente armada, encumbró la 
Cordillera hasta salir á las llanuras de Quito, por un cami- 
no más breve y seguro que el escogido por Alvarado. En los 
llanos de Riobamba encontró al general indio Rumiñahui 
(Rumiñavi lo llama Prescott), y tuvo con él algunas refrie- 
gas convario suceso, hasta que siendo el valor igual, triun- 
fó la disciplina; y el victorioso Benalcrázar enarboló el estan- 
darte de Castilla en los antiguos torreones de Atahuallpa, 
cu3'a ciudad fundó el 15 de Agosto de 1534, y, en honor de 
su general Francisco Pizarro, dio á la ciudad el nombre de 
San Francisco de Quito. Causóle, no obstante, harta pesa- 
dumbre el advertir, que, ó bien eran falsas las noticias de 
sus riquezas, ó éstas habían sido escondidas por los habi- 
tantes. La ciudad fué lo único que ganó con sus victorias; 
la concha sin la perla, á que debía todo su valor. Mientras 
sobrellevaba este golpe, lo mejor que podía, recibió nuevas 
de que su jefe, el Adelantado don Diego de Almagro se acer- 
caba. (1). 



(1) A, de Herrera "Hist. general, déc. 5, lib. 4, capts. 11, 18: lib. 6, 
capts. 5 y 6- 

— Oviedo " Hist. de las Indias — Parte 3, libro 8, cap. 19. 

—Carta de Benalcázar á Carlos Y; su fecha en Quito, á 15 de Agosto de 
1534 M. S. 



EL CORREGIMIENTO DE SAÑA 169 

En los días en que Benalcázar organizaba sus tropas 
para emprender por su cuenta la conquista del reino de Qui- 
to, llegó de Nicaragua el Capitán don Gabriel de Rojas y le 
dio avisos ciertos de que el Adelantado don Pedro de Alva- 
rado, realizaba su expedición al Peiú, decidido á ocupar el 
dicho reino de Quito, en el concepto de que la autoridad de 
don Francisco Fizarro, no comprendía ni abrazaba ese te- 
rritorio. Una noticia de tamaña entidad impresionó sobre- 
manera á Benalcázar, quien dispuso que Rojas, bien acom- 
pañado, marchase sin tardanza donde estuviese el Goberna- 
dor Pizarro, con el objeto de que le trasmitiera cuanto co- 
municaba sobre el particular. 

Alvarado había arrebatado á Rojas, dos navios que con 
200 hombres tenía listos para auxiliar á Pizarro, de quien 
era muy amigo y partidario. (1). 

El Capitán don Gabriel de Rojas, en su marcha al Cuz- 
co, al pasar por Andahuaylas, se presentó al Adelantado D. 
Diego de Almagro, de retén en ese lugar, y lo puso al co- 
rriente de las graves noticias de que era portador. Almagro 
le ordenó entonces que sin pérdida de tiempo fuese al Cuzco 
á verse con el Gobernador. 

Pizarro, después de conferenciar con el Capitán Rojas y 
de enviar sus órdenes á Almagro, se hallaba lleno de inquie- 
tud y recelo con la venida del Adelantado Alvarado. 

Almagro, sin desperdiciar un instante y previas las ins- 
trucciones que había recibido del Gobernador, se puso en 
camino para San Miguel de Piura. Dejó al Capitán Hernan- 
do de Soto la tropa que estaba á sus órdenes, y aconsejó á 
Pizarro no se moviese del Cuzco. Ya en Piura le alcanzó el 
Capitán D. Diego de Agüero y Sandoval, con órdenes é ins- 
trucciones de Pizarro. 

No quedó poco asombrado cuando llegó á la ciudad y 
supo que no estaba en ella su teniente de gobernador, Se- 
bastián de Benalcázar, que ya era calumniado por haber ¡do 
á Quito sin autorización; hecho que justament^í había tras- 
tornado las miras de Alvarado, á quien, sin razón ni criterio. 



(1) M, de Mendiburu "Dic. Hit. del Perú", tom, Vi, páginas éiS 
y 447. 



170 REVISTA HISTÓRICA 



se le suponía unido, con daño de sus propios derechos; dudo- 
so, pues, Almagro de la pureza de las intenciones de D. Se- 
hastian, no vaciló, con la fogosidad propia déla juventud, 
algo apagada en verdad por los achaques de la vejez, en 
meterse por las montañas en busca de Benalcázar, á quien 
hizo llamar. [1] 

Venciendo el resuelto veterano con su acostumbrada 
energía las dificultades de la marcha, dentro de pocas sema- 
nas, se halló con su tropa en las elevadas llanuras de Rio- 
bamba, aunque en el camino hubo de resistir más de un ri- 
guroso ataque de los naturales, cuyo valor j constancia re- 
saltaban más, comparados con la indiferencia de los perua- 
nos. ¡Pero aún no había llegado para éstos, la hora de 
manifestar el fuego que en sus pechos ardía! 

Obedeció Benalcázar al llamado del Adelantado Alma- 
gro y en Riobamba se le presentó con su tropa y le negó, 
acaso de buena fé, el haber llevado ninguna intención torci- 
da al emprender, sin órdenes, aquella entrada. Ya con este 
refuerzo y al frente de 185 hombres esperó tranquilamente 
el capitán español la llegada de Alvarado. Las tropas de 
este último, aunque más maltratadas, eran superiores en 
número y en equipo á las de su rival. Cuando se hallaron 
frente á frente en las inmensos llanos de Riobamba, parecía 
inevitable un combate sangriento, que procurara á los na- 
turales la satisfacción de ver vengados sus agravios por 
los mismos que se los hicieron. Pero Almagro no quería que 
las cosas viniesen á tal término. 

Mientras tanto ¿qué pasaba en el ánimo de los dos Ade- 
lantados? Lo siguiente: 

El General don Manuel de Mendiburu al escribir de don 
Diego de Almagro dá noticias detalladas de los principales 
hechos que pasaron hasta que Alvarado desistió de su em- 
presa; los marcaremos aquí sólo en estracto, desde que el 
lector tiene en su mano examinarlos en aquel artículo y en 



[1] Prescott ''Conquista del Perú", tomo I, libro III, capítulo 9, pá- 
ginas 613—614. 



EL CORREGIMIENTO DE SAÑA 171' 



el del mismo Alvarado. (1): 1^ Este encontró ocupadoel 
territorio que pensó estuviese expedito para conquistarlo. 
2° Almagro, que á precaución había fundado la ciudad de 
Quito, dirigió una protesta enérgica, le intimó se volviese á 
Guatemala y le hizo ver 'que el Rey le destinaba el territorio 
al sur de Chincha para que lo gobernase. 3*^ Envió comidió* 
nados para tratar, encargándoles tentar hábilmente á los 
soldados de Alvarado, ya muy desanimados, para que le 
abandonaran y se quedasen en el Perú, lisongéandolos con 
grandes riquezas y un feliz porvenir. 4^ Alvarado se en- 
contraba atemorizado de lo que podría sobrevenirle, y de 
los malos síntomas que advertía en su gente. Manifestó 
haber hecho grandes gastos y sacrificios; asegurando que 
nunca fué su ánimo perjudicar á Pizarro y Almagro, deso- 
bedecer al Rey ni ir contra las disposiciones de la Audiencia 
de México. 5° Conferenciaron ambos jefes en Riobamba y 
celebraron un convenio, en el cual se estipuló que Alvarado* 
se volvería á Guatemala recibiendo antes 120,000- casteUa- 
nos^de oro y dejando en el Perú su tropa, buques y parque. 
El tratado se hizo en forma de escritura pública con fecha; 
26 de Agosto de 1534, ante el escribano Domingo de la Pre- 
sa y testigos. (2) 

Comenzaron, pues, las negociaciones, y cada parte ale- 
gaba los derechos que creía tener á aquella provincia. En el' 
entretanto, las tropas de Alvarado trataban continuamente 
con las de Almagro, y escuchaban allí tales relaciones^ de lae 
riquezas y maravillas del Cuzco, que ya muchos se inclina*' 
baná pasarse á las filas de Pizarro. Hasta su mismo caudillo- 
convencido de que la posesión de Quito no bastaba á com*' 
pensar los trabajos pasados y los que, según lasafiariencias, 
aún le quedaban por sufrir si persistía en su empeño, comen- 
zó á echar de ver la ligereza y temeridad con que había pro- 
cedido, exponiéndose á incurrir en el desagrado de su sobera- 
no. Dispuesto su ánimo de este modo, no era ya difícil que* 



(1) M. de Mendiburu "Dic. Hist. B'iof^. del Perú",tom. 1 pág. 447. 

(2) Firmaron por el Adelantado don Diego de Almagro, por no sabef 
leer ni escribir y á su ruego, el capitán Diego de Mora y Blas de Alienea. 

— Quintana, "Vida de españoles célebres" dice t^ue en ese instrumento 
que él vio, sólo constan 100,000 pesos y lo mismc dice Prescott *'Conq. del' 
Perú" tom. I, pág. 615 que fueron cien mil pesos de oro. 
4 



172 REVISTA HISTÓRICA 



sé arreglasen satisfactoriamente los puntos en cuestión, y se 
convino, por principio, en que el gobernador pagaría á Alva- 
raáo cien mil pesos de oro (1), comprometiéndose este ul- 
timo á entregarle sus navios. Los buques eran doce, entre 
grandes y pequeños, y la suma que recibió en pago, si bien 
crecida, no alcanzaba á cubrir sus desembolsos. 

¿Qué valor intrínseco representaba, en realidad, la suma 
de cien mil pesos oro, base de la estipulación entre Alma- 
gro y Alvarado? 

Para reducir las sumas de que se hace mención en el ac- 
ta que acabamos de citar, dice el señor Prescott en su His- 
toria de la Conquista, tomo I página 527, bastaba haber- 
se aprovechado, como lo hizo antes en la Historia de la 
Conquista de México, de los trabajos del señor Clemencín, 
Secretario que fué de la Real Academia de la Historia de Ma- 
drid. En el tomo 6"^ de las memorias de la Academia, escrito 
todo por él, incluyó este distinguido literato un curioso en- 
sayo sobre el valor de la moneda en el reinado de los Re- 
yes Católicos. Aunque este periodo (el final del siglo XV) 
sea algo anterior á la conqliísta del Pero, con todo, sus cál- 
culos bastan á nuestros propósitos, porque hasta enton- 
ces no se había alterado mucho el valor intrínsico de la 
pieza, es decir, el valor que deriva del peso, ley, etc., del me- 
tal, circunstancias que se determinan íácilmente. Luego hay 
que averiguar el valor comercial ó estimativo de la moneda; 
es decir, el valor fundado en una comparación de la diferen- 
cia entre la cantidad de mercancías que podría comprarse 
con una suma determinada en aquellos tiempos, y la que se 
conseguiría con la misma en nuestros días. En esta última 
averiguación se tropieza con graves obstáculos, por la difi- 



(1 ) No están de acuerdo los escritores en la suma pagada á Alvarado 
por indemnización; pero tanto éste como Almagro en sus cartas al Empe- 
rador, desconocidas hafita mediados del siglo XIX, convienen en la suma 
fijada en el texto. Alvarado se lamenta de que no le quedó otro arbitrio 
que tomarla, aunque le resultaba grave pérdida á él, lo mismo que á la co- 
rona por el malogro de su espedición, segán lo insinúa modestamente. 
(Carta de Alvarado al Emperador M. S.) 

Almagro, sinembargo, sostiene que la suma pagada era tres veces más 
de lo que merecía el armamento, '*é hice este sacrificio," añade "en ob- 
sequio de la paz, que nunca es cara á ningún precio." Opinión estraña en 
un conquistador castellano! Carta de Diego de Almagro al Emperador 
M. S., Octubre 15 de 1 534. 



EL CORREGIMIENTO DE SAÑA 173 

cuitad de hallar un artículo de comercio que pueda conside- 
rarse como la verdadera regla del valor. El trigo por ser de 
cultivo V' su uso tan general, ha sido comúnmente preferido 
por los economistas para base de sus Cc^ilculos. Tomando 
pues, el trigo por base, ha tratado de fijar el valor de las 
principales monedas que corrían en tiempo de los Reyes Ca- 
tólicos. En su tratado no hace mensión del peso de oro 
en que se expresaban casi siempre las cantidades á princi- 
pios del siglo XVI. Pero fija el valor, tanto intrínsico co- 
mo comercial del castellano, el que varios de los escrito- 
res primitivos, como Oviedo, Herrera y Xerez, convienen en 
considerar como exactamente igual al peso de oro. Del re- 
sultado de sus cálculos aparece que el valor intrínsico del 
castellano expresado por él en reales de vellón, es igual á 
tres pesos siete centavos de nuestra monedíi de 48 peniques, 
mientras que el valor comercial es casi cuadruplo, ó sea once 
pesos setenta y siete centavos, igual a dos libras esterlinas^ 
siete chelines y un penique. Considerando ésto como el va- 
lor aproximativo del peso de oro á principios del siglo XVI, 
el lector podrá calcular por sí sólo el valor en aquel tiempo 
del rescate del Inca y lo que á cada uno de los conquistado- 
res le tocó en el; por ejemplo, de los 15 y medio millones de 
pesos (1), apartóse primero el 5^ real, rebajando de él la re- 
mesa hecha ya á España. La parte que se reservó Pizarro 
para sí ascendió á 57,220 pesos de oro—k $ 667,780 y 
2,350 marcos de plata. Tocóle además el asiento ó trono 
del Inca, de oro macizo, evaluado en 25,000 pesos de oro 
[$291,750]. A su hermano Hernando se le señalaron 31,800 
pesos de oro [$ 362,703] y 2,750 marcos de plata. Soto re- 
cibió 17.740 pesos de oro=:($ 207,025) y 724 marcos de 
plata. La mayor parte de los conquistadores de á caballo, 
que eran sesenta, recibieron á razón 8,880 pesos de oro= 
I $ 103,629] y 362 marcos de plata, aunque algunos tuvie- 
ron más y otros mucho menos. De infantería se contaron 
por todo ciento cinco hombres. A la quinta parte de ellos 
tocó á razón de 4,440 pesos de oro=($ 51,814) y 181 mar- 



[1] Xerez. Acta de repartición del rescate de Arahuallpa, "Conquista 
del Perú ap. Barcia, tomo III, página 232. 



174 REVISTA HISTÓRICA 



eos ck plata, es decir, la mitad de lo señalado á la c iballe- 
ría. IrOS demás recibieron una cuarta parte menos, aunque 
aquí también hubo sus excepciones y algunos tuvieron que 
contentarse con una parte mucho más pequeña del bo- 
lín. (1) 

Mientras pasaba todo esto, había salido del Cuzco el 
Gobernador Pizarro, é ignorando hacia á donde se habría 
eneaminado Alvarado, emprendió su marcha para la costa, 
por si acaso viniese por allí. Dejó en el Cuzco á su hermano 
Juan, creyéndolo por sus modales el más á propósito para 
conciliarse el afecto de la población indígena. Dejó igual- 
mente noventa soldados para que sirviesen de guarnición y 
de principio para la nueva colonia, y tomando consigo al 
Inca Manco llegó hasta Jauja. 

No había terminado el año de ISSi- 3' ya se pensaba en 
trasladar la naciente ciudad de Jauja á otro lugar. Se fun- 
daban paradlo en la escasez de agua, en la falta absoluta 
de leña y madera para construcción y, principalmente, en la 
gran distancia que la separaba de la costa. En efecto, el 
Mantaro corre á una legua de la población y no hay cerca 
de ella sino un manantial llamado hoy la Samaritana que 
sólo dá 28 pulgadas cubicas por segundo, así es que á veces, 
segón lo dice el señor Paz Soldán *'falta el agua hasta para 
beber'*. Al norte de la población existe una laguna llamada 
hoy Paca^ de mil quinientos metros cuadrados, y cuyas 
aguas aunque potables, no se aprovechan. La venida del 
Adelantado Alvarado á los llanos, manifestó á Pizarro y 
sus compañeros la conveniencia de establecerse cerca de la 
costa, razón má?, por la cual, abandonaron Jauja el 11 de 
Diciembre de 1534, que distaba del mar 45 leguas y que has- 
ta en la Sierra se hallaba aislada de las demás ciudades, na- 
da menos que á 40 leguas de Huamanca, según la verídica 
relación de Simón Pérez de Torres. (2). El Gobernador se 
encanxinó en seguida á Pachacámac donde recibió la agra- 



[1] Los pormenores de la distribución se encuentran en el Acta de la 
Repm lición del Rescate, instrumento estendido y firmado por el escribano 
Real. El documento es, pues, de autoridad irrecusable. 

[2] Herrera "Ilist. General, dec 5 lib. 6 cap. 14. El Licenciado Fer- 
nando de Montecinos— Anales M. S. de 1,531. Torres Saldamando **Cab¡l- 
dos de Lima" lib. 1. Segunda parte pág. 291. 

"Cabildos de Jauja" üb. 1 pájj. Acta de 4 de Diciembre de 1,534. 



EX. CORREGIMIENTO DE SAXA 175 



dable noticia del convenio de Almagro con Alvarado, y po- 
co después le visitó este caballero en persona, antes de em- 
barcarse. No duró mucho la alegría de Pizarro por el con- 
cierto celebrado en Riobamba: algunos díscolos llevados de 
la maledisencia y envidia le dijeron que se guardase de la 
falsía de Almagro y Alvarado. que íntimamente unidos te- 
nían tramado el modo de despojarlo del gobierno. Aun- 
que esta calumnia alteró el ánimo de Pizarro no le domi- 
nó por completo, conociendo la honradez de Almagro: 
pero á los que apetecían discordias y no querían hubiese 
buena inteligencia entre ambos, era urgente arrebatar á 
Almagro el alto mérito que acababa de contraer por su tino 
y acierto, y la estimación de sus antiguos y de los nuevos 
amigos que había ganado con sus liberalidades. Fomenta- 
ban la enemistad y los odios con las mentiras y malicias 
del partidarismo, sembrado antes y después de la conquista, 
que ha dado copiosos frutos de maldicióny según lo que aho- 
ra mismo vemos, y acaso harán eterna la división y la anar- 
quía en el infortunado Perú, Hacían valer ante Pizarro co- 
mo hechos consumados algunas pretensiones que tuvo Al- 
varado antes del convenio, y á que se negó Almagro en lo 
absoluto, como el haber querido no se negociase por medio 
del dinero; que se le admitiese á la compañía con iguales de- 
rechos que los dos socios; que daría una hija suya para mu- 
jer del hijo de Almagro. 

Puesta á órdenes de éste la fuerza de Alvarado, con ex- 
cepción de unos pocos que quisieron volverse con él á Guate- 
mala, parte de ella quedó con Benalcázar á quien dejó Alma- 
gro en el gobierno de Quito y fundó la ciudad de Popayán en 
1536; el resto marchó en dirección al punto en que estaba 
Pizarro, al cual vino también á presentarse el mismo Alvara- 
do (1). De ambas partes se notó durante la entrevista la 
mayor cortesía y aún cordialidad, puesto que ya no existía 
entre ellos ningún motivo de disgusto; y es de suponerse que 
se contemplarían naturalmente con no escaso interés, habien- 
do ambos alcanzado tan alto nombre en la áspera senda de 
las aventuras. Es verdad que Alvarado ganaba algo en la 
comparación, porque si bien el porte de Pizarro no carecía de 



[1] M. de Mendiburu "I)ic. Hist. Biog. del Perú" tomo VI pág. 449. 



176 REVISTA HISTÓRICA 



autoridad, no tenía la gentileza ni los modales afables y cor- 
tesanos del conquistador de Guatemala, que no menos que 
la blancura de su tez y sus dorados cabellos, le ganaron en- 
tre los Aztecas el sobre-nombre deFonntiuhó **Hijo del Sol'*. 
Todo era fiestas y regocijos en la antigua ciudad de Pacha- 
cáraac, y en vez de los cantares y de los sacrificios á la divi- 
nidad india qne se veían allí con tanta frecuencia, resonaba 
en todo lugar el estruendo de los torneos y de las cañas á la 
morisca y otras diversiones favoritas de los conquistado- 
res. (1). 

Concluidas las fiestas se volvió Alvarado á su goberna. 
ción de Guatemala (2), (así se lo decía en su carta al Empe- 
rador Carlos V, datada en San Miguel de Piura á 15 de Ene- 
ro de 1535), en donde su espíritu inquieto le metió mu\' pron- 
to en nuevas empresas que al cabo atajaron su azarosa ca- 
rrera. Su expedición al Perü pinta muy bien su carácter. 
Con la injusticia por base y la temeridad por guía, no es ma- 
ravilla que acabase infelizmente (3). 

Mexía de Obando en el folio 246 de su célebre **Obandi- 
na'' hace los más merecidos elogios á la ascendencia del Ade- 
lantado don Pedro de Alvarado, de cuyo padre, don García 
de Alvarado, dice haber sido capitán general de los Reyes 
Católicos en la frontera de Portugal y los Alvarado de Ba- 
dajoz, Trujillo y Alconchel le reconocen también por su pro- 
genitor. 

Estando el Adelantado don Diego de Almagro en Piura, 
mandó al Capitán Francisco Pacheco que fundase una pobla- 
ción en Puerto Viejo (Octubre de 1534). 

» 

* * 

Con motivo de la venida del Adelantado don Pedro de 
Avarado al sur del Perü, don Diego de Almagro emprendió 



[1] Peílro Pizarro •'Descubrimiento y Conquista". 

— Nabarro Relación Sumaria. 

[2] Carta de Pizarro al Emperador Carlos V, fechada en PachacAmac 
á 1° de Enero de 1535. 

[3] I'rescott "Historia de la Conquista del Perú" tomo 1 folio 618 
dice "Alvarado murió en 154-1 por haber caido sobre él un caballo querien- 
do subir una cuesta escarpada en la Nueva Galicia/ Por una estraña coin- 
cidencia su bella esposa, doña Ana, pereció el mismo año en Guatemala en 
su propia casa, (jue fué arrebatada por una avenida que bajó de las mon- 
tañas vecinas. • 



EL CORREGIMIENTO DE SANA 177 

en Octubre de 1534 su marcha á San Miguel de Piura para 
de allí seguir á Pachacámac, donde se encontraría á Pizarro; 
y en su tránsito por el valle del **Chiraú'* **miró lugar prove- 
choso y con las calidades convenientes'* para fundar la villa 
de Trujillo y encargó de esto al célebre capitán español Mi- 
guel de Estete, natural de Santo Domingo de la Calzada, 
diócesis de Calahorra. Fué uno de los primeros que entra- 
ron en Cajamarca con Pizarro (1), y que mientras sus com- 
pañeros se ocupaban en matar á los indios que cargaban las 
andas en que era conducido Atahuallpa, él arrebató á éste 
la borla que llevaba en la cabeza y era insignia de su sobe- 
ranía. En 1557 la obsequió á Sayri Túpac al pasar por 
Huamanga, cuando se le conducía á Lima. En 1535 después 
de haber delineado la población deja nueva villa de Trujillo 
y contribuido á la tundación de Lima, fué al Cuzco y allí en 
las discordias de los Pizarro con Almagro, sostuvo por dis- 
posición de éste, la autoridad de Hernando de Soto. Des- 
pués se avecindó en Huamanga, y no vuelve á figurar hasta 
1553, en que suscribió una acta en que los vecinos de esa 
ciudad se negaban á cumplir algunas disposiciones de la 
Real Audiencia, que no creían conformes con las leyes vigen- 
tes. Todos los que en el Perú traen el apellido Cuespo de 
Astete y Zarate son sus descendientes, como lo compro- 
baremos al escribir la historia de la casa de Agüero. 

El delineador de la villa de Trujillo, fué hermano de su 
primer teniente de gobernador Martín de Estete [Astete?] 
el mismo que sacó del Templo del Sol el 6 de Noviembre de 
1535 un sello de oro con perlas. Así lo dice Mendoza en el 
tomo X pág. 312 de sus Documentos Inéditos para la His- 
toria de España. 

ni 

Los yuncas, mochicas y tallancas, que al realizarse la 
conquista española se ofrecieron subyagados por los qui- 
chuas que los habían dominado y vencido poco antes, fue- 
ron en su origen pueblos separados é independientes. Tu- 



(1) M. de Mcndiburu ' 'Diccionario Histórico Biográfico del Perú" tomo 
3 página 378. 

Torres Saldamando " Cabildos de Lima" libro I, página 393. 



178 REVISTA HISTÓRICA 



vieron en su tiempo idioma propio, ritos y costumbres 
particulares y tal vez conocimientos, aspiraciones, cultu- 
ra, exclusivismos de nación y pretensiones autónomas y 
soberanas (1). Al principio no hubo forma regular ningu- 
na de gobierno. Agrupados por tribus aisladas entre sí y 
dispersos por vastos espacios desiertos, el mayor de la fa- 
milia hacía de jefe en cada parcialidad. Los pueblos eran 
pocos, y escasos sus habitadores. Uno de estos jefes, patriar- 
ca, curaca, cacique, ó como quiera llamarse, de natural beli- 
coso y ánimo alentado, á impulsos de su ambición se sobre- 
puso á los demás y redujo muchos otros á su obediencia. 
Así se formaron los primeros centros de dominio, hasta que, 
posteriormente, ensanchándoíse la acción, un sólo señor al 
fin se impuso sobre todos. 

A semejanza de los pueblos del otro continente, los que 
tratamos, acariciaban fantásticas leyendas de sabor miste- 
rioso, en las que jugaban papel principal personajes divinos 
y seres extraordinarios. Creyeron ó aparentaban creer, 
unos, que sus progenitores **habían sido cuatro estrellas, 
procediendo de las dos más brillantes los nobles 6 principa- 
les y de las otras dos más pálidas y pequeñas los humildes 
6 plebeyos"; otros se presentaban como hijos del Mar, naci- 
dos en sus profundidades y trasportados por grandes pejes 
á la ribera. No faltaban algunos que se decían aborto de los 
cerros, surgidos en las cumbres ó salidos de las cuevas, co- 
mo brota el agua de los ríos y de ciertos manantiales. 

Hasta los días de la conquista tenían recuerdos vagos, 
remitiiscencias confusas de pasados conflictos, en que figu- 
raban hordas invadiendo el territorio, jigantes terribles que 
habían llegado sembrando terror y pigmeos apocados, in- 
capaces de resistir el empuje de guerreros de talla corriente. 
Los pobladores de Tumbes guardaban memoria de anti- 
guos viajes por mar 3' no temían confiarse al Océano en sus 
frágiles barcas, consagrados al comercio, para cambiar al- 
godón y otros productos de su industria por el oro del Cho- 



(1) Ricardo García Rosell "Monografía Histórica del Departamento 
de Piura" folios 203 á 22 4-, piilílicada en el Holctín de la Sociedad Geoí^rA- 
fica de Lima; y cuyos preciosos ca])ítulos sobre los Yuncas, Mochicas y Ta- 
llancas, me he tomado la lil)ertad de trascnlñrlos literalmente, dando así 
al César, lo (jue es del César. 



EL CORREGIMIENTO DR SAÑA 179 

có. Losde más al sur contaban leyendas iguales y tenían 
oscuras nociones de otra patria distante. 

Al llegar los españoles los tumberos de la ribera hasta 
treinta leguas arriba, llevaban el pelo corto y su traje con- 
sistía en camisetas ajustadas y paños ó mantas pendiente 
del cuello. Las mujeres usaban unos hábitos largos hasta 
los pies, ceñidos al cuerpo, como un talego grande, [capuz]* 
con las esquinas cortadas para sacar los brazos y una aber- 
cura central para el cuello. 

En Piura, los tallancas andaban arrebozados con unas 
tocas de muchas vueltas á la cabeza, cuyos cabos 6 puntas 
caían sobre el rostro á modo de largas patillas. Esta cos- 
tumbre original que les daba aspecto raro, hacía decir, pro- 
bablemente por burla, que ocultaban un apéndice saliente 
como un dedo tras el cogote; aunque en realidad dichas to- 
cas fueran un preservativo para los ojos, expuestos á mu- 
chas enfermedades en esos climas ardientes, donde el Sol re- 
verbera con ftjerza extraordmaria sobre dilatados campos 
de arena. 

Los mochicas y sus subordinados inmediatos vestían 
camisetas y delantales. Adornábanse la cabeza con madejas 
de lana colorada de hilado muy fino, las que dando vuelta 
hacia á los lados venían á parar bajo la cara en forma de 
barboquejo. Invariablemente llevaban mantas como capuz, 
pues tenían por afrenta andar sin ellas. Las mujeres, en vez 
de camisetas y delantales, vestían el saco ó capuz, en todo 
igual á las de Tumbes: — Había lujo. Había alardes de os- 
tentación en los trajes, prendidos elegantes, brazaletes, co- 
llares, aros de oro en las orejas y broches y plumas del mis- 
mo metal. Los señores principales, muy respetados y i émi- 
dos por sus subditos, se servían con mucho arte, adornán- 
dose con joyas y cuentas que llamaban chaquiras, mediante 
las cuales, según su disposición y acomodo, se conocían los 
linajes y las provincias á que pertenecían. Tenían pajes, ofi- 
ciales, cocineros y numerosa servidumbre. Con frecuencia 
ofrecían banquetes y convites en los que se juntaba mucha 
jente y con gran pompa, pi ofusión y grandeza, se comía y 



l*; Este mismo traje usan actualmente los indios campas y los amue- 
ses en Chanchamavo, y que denominan cus^hma. 
4 



180 REVISTA HISTÓRICA 



se bebía, entre músicos y juglares encargados de alegrarla 
fiesta. Al salir de paseo 6 de viaje, andaban en hamacas, 
que llamaban rampi, suspendidas con ingenia sobre angari- 
llas de madera que cargaban al hombro los portadores. 
Eran en verdad cultos, ceremoniosos y de finas maneras. De 
todo servicio pesado estaban excluidas las mujeres. Eii ge- 
neral se distinguían por su ingenio. Vivas de carácter, her- 
mosas y halagüeñas, habían logrado ascendiente muy pro- 
nunciado sobre los hombres, de suyo impresionables y natu- 
ralmente blandos por lo apacible del clima. Eran muy con- 
sideradas. 

Con ha-ta frecuencia desempeñaban los puestos de man- 
do y gobierno de los pueblos. A esta especie de curacas 6 ca- 
ciques se les acataba bajo el título de CapuIIanas ó Sovapu- 
Has, Se les miraba con gran respeto y se tenían por inspira- 
das sus decisiones, contribuyendo el prestigio á hacer más 
suave su dominio y más profunda la obediencia. 

En época bien distante, los pueblos que tratamos habían 
realizado su concentración bajo un solo régimen. Sea que el 
cacique de Trujillo^ (1) por sucesivos ensanches hubiera ido 
agrandando su dominio, ó sea que una tropa invasora hu- 
biera realizado éste por medio de rápida conquista, es un he- 
cho que de muy atrás Piura formaba parte de los esta- 
dos unidos del Chimú, cuyo poder soberano se extendía por 
la costa desde Paramonga, en el distrito de Pativilca, de la 
provincia de Chancay, hasta Tumbes, (2). 

El licenciado Fernando de Montesinos, á quien hay que 
apelar á cada paso para los tiempos remotos, no obstante 
la poca aceptación con que se han acogido hasta ahora sus 
relatos que las últimas indagaciones tienden á rehabilitar 
[3] á quien apoyan en parte Balboa y Feijó dice: que Ayatar- 
co Cupoy receloso de los extrangeros que á órdenes del Cbi- 



(1) Del Chimú. 

(2) El Licenciado Fernando de Montesinos, Anales de la Conquista M. 
S. 1,534. 

[3] A. de Herrera "Descripción de las Indias Occidentales, tomo I. 
cap. 19 Déc. V lib. 7, cap. 6. 

González Dávila ''Teatro Eclesiástico de las Indias", tom. 2^ pág. 139. 

P Claudio Clemente Tablas Chronológicas". 

Mendoza, "Colección de Documentos Inéditos para la Historia de 
América y Oceanía, tomo 8 pág. 24. 



EL CORREGIMIENTO DE SANA 181 

muy habían invadido Chanchán [á una legua de Trujillo, 
cuyas ruinas aún existen] salió del Cuzco con un poderoso 
ejército y puso guarnición en Vilcas y Limatambo, donde le 
sorprendió la muerte. Su hijo y sucesor Huáscar Titu, do- 
ceno rey Pirhuay regresó al Cuzco para enterrar á su difunto 
padre, constituyéndose de nuevo en Limatambo á proseguir 
las fortaciones contra los Chimvs, que eran gentes mu^' be- 
licosasy que manifiestamente por aquella vez no pudieron ser 
domados. 

Durante varias generaciones continuó el estado de gue- 
rra, 6 mejor dicho, de perma,nente hostilidad entre ambos ve- 
cinos. En Paramonga se ven hasta el día, sobre las eminen- 
cias cercanas, los restos de un castillo formidable, circuns- 
tancia que acredita que allí se marcaban linderos de dos do- 
minios rivales, cuya enemistad prolongándose larguísimo 
tiempo, hizo indispensable el sostenimiento de guarniciones 
estables en continua vigilancia. 

Después de los hechos apuntados que corresponden á 
época bien distante, callan todas las fuentes históricas. Na- 
da se sabe con relación á los llanos de la costa por mucho 
tiempo, hasta que, pasado un período cuya duración no se 
puede precisar, se presentan los Incas de los últimos reina- 
dos en actitud conquistadora. Es probable que por enton- 
ces debió ocurrir algún trastorno que alteró sustancialmen- 
te las condiciones políticas del país. El vasto dominio del 
Cuzco debió sufrir serios quebrantos, fraccionarse ó disol- 
verse tal vez; pues vemos que casi todas las provincias del 
Sur aparecen independientes, constituyendo pueblos sobera- 
nos, que los Incas someten uno á uno, á partir de los alrede- 
dores mismos del Cuzco y del siglo XII, en que se calcula flo- 
reciente Manco Cápac y Mama Ocllo, fundadores del último 
imperio. 

Vagas reminiscencias autorizan la anterior suposición. 
Cosa del 900 años de advenimiento de los Incas, se habla de 
una irrupción de hordas bárbaras procedentes del Brasil, 
que trasmontaron los Andes talando los campos. El rey 
Pirhua, Titu Yupanqui Pachacútec V, fortificado en las 
montaiías, trabó sangrienta pelea con los invasores; pero 
caj'ó muerto de un flechazo, después de ruda batalla y san- 
grienta carnicería. La guerra asumió carácter de estermi- 



182 REVISTA HISTÓRICA 



nio, y el aire viciado por los iniasma? que despedían innu- 
merables cadáveres insepultos, engendró una peste espanto- 
sa que casi despuebla el país. Luego, los ambiciosos, explo- 
tando las circunstancias y general calamidad, negaron su 
obediencia al nuevo rey, se alzaron en varías provincias y 
todo se envolvió en confusión. Entre estos disturbios y las 
contiendas civiles que acarrearon, olvidóse por completo el 
uso de las letras y \a barbarie de nuevo volvió á imperar 
sin contrapeso, trayendo consigo su cortejo obligado de mi- 
serias y de desorden. Los Pirhuas, arrojados del Cuzco, 
conservaron apenas una sombra de poder, refugiadosen po- 
cos pueblos distantes, donde se sucedieron por varias 
generaciones, perdiendo su nombre primitivo, que cambia- 
ron con el de reyes de Tambotoco. El antiguo imperio del 
Cuzco quedó disuelto. Así se explica el largo silencio de las 
tradiciones y así se eslabonan sin violencia los sucesos pos- 
teriores. 

El reino costeño formado por los Cliimúss se conservó y 
robusteció mientras tanto. Sus pueblos al amparo de la 
unidad política, fueron poco á poco fundiéndose y mezclán- 
dose entre sí, aún cuando no llegaron nunca á formar una 
nacionalidad homogénea. Hasta los últimos días prevale- 
cieron en las provincias usos variados y distintos idiomas. 

La lengua Quingan, conocida corrientemente con el nom- 
bre de Yunca, era la que prevalecía desde Pacasmayo hasta 
los límites del reino; pero en la provincia de Piura, se halla- 
ba principalmente otra lengua llamada Sec, propia de los 
Tallancas, y además la Mochica, sin perjuicio de innumera- 
bles dialectos, abreviaturas y cambios finales que hacían 
aparecer ácada pueblo, y aún ácada familia, con lengua pro- 
pia ó vocablos especiales. 

En materias religiosas también habían diferencias. Los 
Tallancas adoraban como divinidad principal á la Luna, á 
le que, ignorantes del origen de la luz, suponían más pode- 
rosa y más útil que el Sol, porque se dejaba ver de noche, 
disipando sus tinieblas y porque eclipsaba á veces al astro 
del día, sin que éste pudiera nunca hacer lo mismo con ella. 
Decían que cuando la Luna faltaba por completo, al cumpHr 
cada revolución ó período, se iba á otro mundo á castigar 
á los ladrones, vicio que aborrecían sobre todo. En obse- 



EL CORREGIMIENTO DE SAÑA 183 

quio de la Luna y para tenerla propicia, en determinadas 
fechas sacrificaban niños de cinco años encima de un altar 
cubierto de algodones coloreados y adornados con frutas y 
cántaros de chicha. 

Los Yuncas adoraban al Mar, cuyas costas habitaban y 
lo llamaban **Ni", ofreciéndole en sacrificio harina de maíz 
blanco, almagre y otras baratijas. Tenían por dioses tute- 
lares, además, ciertas piedras que llamaban Alecpong, las 
que fueron tan veneradas que nadie era osado de pasar cer- 
ca de ellas sin dg arles en ofrenda una muestra de su pie- 
dad, simbolizada por un pedazo cualquiera de madera ó 
guijarro. Había de estas piedras en casi todas las parciali- 
dades y en ellas parece figuraban el culto de los antepasados, 
pues eran consideradas emblema de su primer progenitor, 
conveitido en piedra por la venganza del Sol. 

Las tres estrellas brillantes de la constelación de Orion 
que vulgarmente se decían Marías, figuraban deidades de 
primer orden bajo el nombre de Pata. Una ficción de estilo 
mitológico ó poético, muy generalizada, suponía que la es- 
treí'a del medio era un malhechor famoso á quien la Luna qui- 
so castigar y mandó prender por las otras dos que la llevan 
asida, para entregarla á las cuatro estrellas que aparecen 
más abajo y que dicha leyenda supone buitres carniceros en- 
cargados de devorar al criminaL Las mencionadas siete es- 
trellas, decían los yuncas, fueron colocadas en el firmamento 
para eternizar la memoria del suceso y la justicia de la diosa. 

Esta ficción, vale la pena de hacerlo notar, se parece mu- 
cho á la fábula griega que pinta á Orion como un príncipe 
hermosísimo que desdeña los amores de la Luna, que le cas- 
tiga haciéndole morir picado de escorpiones, y á quien Júpiter 
coloca después en el cielo, para calmar los remordimientos 
que afligen luego á la vengativa diosa. En el fondo ambas 
ficciones descubren ideas análogas. Cualquier amante infiel 
ó desdeñoso se convierte en malhechor á los ojos de la parte 
ofendida. 

Era tenido por práctica piadosa el ayuno, el que emplea- 
ban para aplacar á sus dioses cuando los afligía alguna ca- 
lamidad. En los casos de peste ó de guerra desgraciada lo 
empleaban con todo rigor, hasta con sus animales domésti- 
cos, absteniéndose del uso de la sal y del ají y alejando á sus 



184 RE\aSTA HISTÓRICA 



mujeres. Durante los eclipses de Luna, azotaban á sus pe- 
rros para que gimiesen, lanzando en coro tremendos alari- 
dos. 

Contaban los años, no por las revoluciones del Sol ni de 
la Luna, sino á partir de la aparición de las Pléyades, que el 
vulgo llamaba las siete cabrillas y que ellos denominaban 
Tar. 

Los matrimonios constituían solemne ceremonia. En pre- 
sencia de las familias que trataban el casamiento, ponían á 
los novios y entre estos una vasija nueva de barro con hari- 
na de maíz y grasa. Luego encendían una hoguera que de- 
bían avivar con gran decisión los novios. Cuando el fuego 
se comunicaba al contenido de la vasija, el padre ó padrino 
decía: **ya estáis casados, yaformáisuna pareja, pero adver- 
tid que estáis obligados á igual cariño y á partir por igual 
afanes y venturas; que así como atizáis juntos esta hoguera 
que consume un solo fuego, no debe holgar el uno cuando 
trabaja el otro, ni mostrarse indiferente 3' helado cuando el 
compañero se enciende en llamas de amor, pues debe ligaros 
un solo afecto y^ estar juntos en sus demostraciones de ter 
nura". 

Para los funerales cumplían ritos determinados é inva- 
riables. Nunca procedían al entierro del difunto antes de 
cinco días, durante los cuales le lloraban sus deudos y ami- 
gos, ponderando sus cualidades y virtudes, y repitiendo en- 
dechas cantadas al triste son de las flautas, los acontecimien- 
tos ó acciones más importantes de su vida. Después de la- 
var los cuerpos con gran solicitud, les doblaban las rodillas 
acomodando las piernas sobre el pecho y cruzando luego los 
brazos encima, los sentaban en una actitud manifiesta de 
paciente espera á la vez que de oración y de ruego. Confor- 
me á sus ideas religiosas, los muertos debían pedir al cielo 
por sus almas, y para que lograsen ese fin, no los colocaban 
como mazas inerte tendidos en la tumba, sino que los dispo- 
nían sentados, cual si continuaran vivos aún, meditando si- 
lenciosos y tranquilos, en condiciones de perenne súplica. 
Cuando morían señores principales labraban magníficos se- 
pulcros con bóvedas profundas y los depositaban en ellos, 
junto con algunas mujeres vivas, con provisiones, bebidas y 
criados, más sus armas, joyas y objetos privados de mayor 



EL CORREGIMIENTO DE SANA 185 

aprecio. Las viudas que no se enterraban con el ditunto, se 
cortaban el cabello y asistían al funeral haciendo manifesta- 
ciones de dolor y llanto. 

Tuvieron numerosos templos, construidos invariablemen- 
te en alto, sobre eminencias de ordinario artificiales, donde 
habían ídolos de madera en figura humana, con trajes ale- 
góricos y una especie de mitra en la cabeza. Entre estos 
descollaba el dios del viento 6 de la tespestad, al que llama- 
ban Guatán^ y veían reproducirse en los remolinos de pol- 
vo y arena que suelen formarse en esos extensos despobla- 
dos. Los sacerdotes, que debían ser castos y vestir de blan 
co, se mostraban parcos en las comidas y observaban con- 
ducta honesta y regular. Para las grandes ceremonias del cul- 
to y para los sacrificios, se juntaban en concurso, exhibién- 
dose siempre en traje blanco, acompañados por bandas de 
músicos provistos de atabales, grandes caracoles que hacían 
de bocinas y trompetas de sonido ingrato y acento adolori- 
do. Tuvieron también verdaderos monasterios con vírgenes 
consagradas a la Luna que llamaban Acllascas, Estas 
sacerdotizas, escogidas con esmero, se distinguían por su be- 
lleza y se ennoblecían por razón de oficio, cualquiera que fue- 
se su clase. Estaban obligadas á guardar castidad, pero 
podían casarse con permiso especial del soberano, y única- 
mente con personajes distinguidos. Si manchaban su pure- 
za por alguna liviandad durante su ministerio, se congrega- 
ban los pobladores de la comarca y en presencia de las otras 
escogidas, las despeñaban con su cómplice desde considera- 
ble altura, dando grandes alaridos y profiriéndose horribles 
maldiciones. Lo mismo hacían, aunque con menos aparato 
para casticar á las adúlteras. 

Igualmente severos se mostraban con los ladrones. Los 
colgaban del cuello, abandonándolos vivos, á medio ahorcar 
para que expirasen tras largas horas de angustia y de ago- 
nía. Cuando se realizaba un robo y no se descubría el autor, 
plantaban en los caminos altos maderos con mazorcas de 
maíz y ramas verdes, para comunicar alarma y hacer que 
todos se previniesen, no tanto aguardar en seguro sus alha- 
jas, cuanto haciendo indagaciones y practicando pesquisas. 
Con el anuncio se ofrecían sacrificios á la Luna y á las estre- 
llas y se consultaban agoreros, andando todos día y noche. 



186 REVISTA HISTÓRICA 



vigilantes hasta que parecía el ladrón 3' era castigado, algu- 
nas veces junto con sus padres y parientes, si se les sospecha- 
ba encubridores. Mediante tal diligencia y activa policía, 
la propiedad era celosamente respetada. Las casas no ne- 
cesitaban puertas, ni usaban cerraduras. 

Una ley muy rigurosa reglamentaba los servicios y obli- 
gaciones de los médicos, que se llamaban Óquellúpac^ los 
que hacían estudios y alcanzaban á veces muchos conoci- 
mientos. Curaban aplicando yerbas y prescribien- 
do determinado género de dieta, según el carácter délas 
enfermedades. Eran funcionarios públicos sostenidos por el 
Estado, ordinariamente muy venerados y en posesión de 
muy honsosos privilegios; pero caso de comprobarse que por 
descuido ó ignorancia mataban al enfermo, se les amarra- 
ba con una soga al difunto y se les dejaba delante de lasepul- 
tura, para servir de pasto á las aves de rapiña. Tal severi- 
dad, exponiéndolos á gravísimos peligros, no solo los hacía 
cautos y prudentes, sino exageradamente prevenidos para de 
sahuciará los enfermos graves, los queuna vez declarados sin 
remedio, á fin de ahorrarles sufrimientos, eran entregados 
á los despenaáoreSy cuya misión era acelerar la muerte é im- 
pedir el dolor de la agonía. 

Las ofensas hechas á los dioses, la blasfemia, la irreve- 
rencia en los templos, así como los delitos contra el Rey ó el 
Cacique, se castigaban enterrando vivo al criminal. Todo 
condenado por la justicia se llamaba Rámar^ y este títu- 
lo, que envolvía grande afrenta, se extendía por vituperio á 
sus allegados ó parientes. 

Aunque en formas tal vez poco delicadas y sin los refina- 
mientos de elevada cultura, los pueblos de que tratamos ha- 
bían alcanzado cierto grado de civilización y régimen social 
bastante regular. Sus instituciones todas respondían 
á su estado y llenaban satisfactoriamente las exigencias 
de la vida civil. Tenían á su modo deslindadas las obliga- 
ciones y los derechos y contaban con autoridades respeta- 
bles que guardaban el orden y distribuían la justicia. 

Poco han refleccionado los historiadores que atribuyen á 
los Incas toda la cultura del norte. No se han fijado que en 
esta parte del territorio su dominación, recién establecida al 
presentarse los conquistadores españoles, en pocas provincias 



KL CORREGIMIENTO DE SAÑA 187 

llegó á contar un siglo, en algunas duró apenas pocos años 
y en otras no consiguió nunca arraigarse con firme;?a. 

Comparando las obras que han quedado en el Norte y 
en el Sur, no puede dudarse que en los territorios Yuncas, el 
arte seguía una dirección especial y tendía á perfeccionarse 
á su modo. El re^' Chima dominaba extensas provincias, 
cobraba tributos de ropa y víveres y mantenía seis mil obre- 
ros para que le trajeran de la Sierra oro, plata, chaquiras 
[cuentas] y cobre. En los confines del reino sostenía guar- 
niciones militares, teniendo fortalezas bien provistas en Pa- 
ramonga, en Tumbes, entre los Guambos que hoy partene- 
cen á la provincia de Chota, y en Pacasmayopara obligar la 
obediencia de los pobladores de ese valle que eran de genio 
levantado. 

El Gran Chimú en la costa, parece evidente, lo mismo que 
el gran Capana en el Collao, se conservaron hasta el último, 
más bien como tributarios que como subditos del Inca,losque 
en su carrera de engrandecimiento y de conquista, estaban 
llamados á medirse con los Yuncas. Avanzando hacia el 
Norte, después de reducir uno á uno los pequeños dominios 
independientes del tránsito, tenían que verse atajados en su 
marcha victoriosa, frente á un pueblo capaz de resistencia y 
Jiasta de equilibrar su poderío. Así sucedió. 

Siguiendo por la Sierra en el siglo XI V(año de 1300 de JC) 
había conquistado hasta Latacunga en la vecina república 
del Ecuador, sin tocar ni invadir la costa que permanecía in- 
dependiente, á partir del valle de la Nasca en el departamen- 
to de lea. De allí,después de asegurarse la obediencia de Pu- 
ruhá y Cañar, comprendidos en el territorio de Riobamba y 
Loxa, libres entonces del dominio délos Scyris de Quito,atac6 
y venció á los Cofanes que hoy constituyen los pueblos de 
.Quijos y Canelos de la provincia de Jaén. Luego bajó hacia 
el Occidente, redujo á los Chonos que poblaban Guayaquil y 
celebró alianza con los belicosos isleños de Puna, encerran- 
do de ese modo á los Yuncas y á los Chinchas entre sus po- 
sesiones y el mar, como presa guardada para una próxima 
ocasión. 

Pachacútec Inca, sucesor de Viracocha, teniendo tran- 
quilos los extensos territorios de la sierra, proyectó la con- 
5 



188 REVISTA HISTÓRICA 



quista de los valles costaneros. En dicha zona asentaban 
tres estados independientes y tres distintos soberanos: Chu- 
qujs MnncUy rey ó régulo de Chincha, que gobernaba Luna- 
huaná, Huarco, Mala y Chilca; Cuiz Manca, régulo de Pa- 
cnacáraac, Rímac, Chancay, Huamán y Barranca; y por úl- 
timo el Gran Chimú,que estendía su reino desde Paramonga 
hasta Tumbes. A fin de asegurar el éxito de la empresa man- 
dó Pachacátec se apercibiesen sesenta mil hombres, por 
ser muy poderosos los enemigos que intentaba combatir y 
porque temía se aliasen entre si para resistirle. 

Esta presunción no se realizó. De muy atrás habían vi- 
vido en frecuente hostilidad los Yuncas con los Chinchas. 
Como pueblos vecinos, amenazados por igual, el interés de 
propia defensa les aconsejaba aliarse contra el enemigo co- 
mún; pero su antigua enemistad y las guerras crueles en que 
habían estado empeñados, les impidió apercibir el peligro y 
reconocer la conveniencia de prestarse socorro y aunar sus 
elementos de fuerza y resistencia: separados se presentaron á 
la lucha y uno por uno fueron cayendo en la demanda. 

El gran ejército alistado en el Cuzco por el Inca Pacha- 
cótec bajó á la costa por lea y Pisco, á ordenes de Cápac Yu. 
panqui hermano del Emperador y venció á Chuquis Mancu 
después de alguna resistencia, apoderándose de sus territo- 
rios hasta Chilca. En vista de este resultado, fruto de rápi- 
da campaña en que se evidenciaron los conocimientos mili- 
tares del general de los quechuas, Cui^ Mancu, que prepara- 
ba treinta mil hombres en Pachácamac, perdió sus bríos y 
celebró un tratado de alianza con los Incas. Fuese al Cuzco 
en compañía de los vencedores, incorporarse allí á la familia 
real, tomando en matrimonio una princesa, y se regresó á go- 
bernar en calidad de feudatario sus antiguos estados. 

Los quechuas y los yuncas quedaron desde entonces fren- 
te á frente. Pasaron seis años. Pachacútec mandó un nue- 
vo ejército de 30,000 hombres, al mando no ya de su herma- 
no, sino de su hijo Yupanqui, para atacar de acuerdoconsus 
nuevos aliados, á Chima Canchu que reinaba á la sazón so- 
bre los Yuncas. En las inmediaciones de Paramonga, cuyos 
valles según se asegura contaban entonces cien mil poblado- 
res, tuvo lugar sangrienta batalla y la victoria quedó por el 



EL CORREGIMIENTO DE SAÑ^A 1 89 



Chima Canchu. Los quechuas se vieron obligados á pedir 
refuerzos al Cuzco y esperar la llegada de 20,000 veteranos 
que apresuramente se mandaron en su apoyo. Por mucho 
tiempo se prolongó la guerra con éxito vario. En Chancay 
subsisten algunas ruinas y entre ellas criptas subterráneas 
que, dice la tradición, fueron fabricadas por los quichuas, 
durante la campaña de Yupanqui, para almacenar las pro- 
visiones, pues llegó á tener 120,000 hombres. Murió el Inca 
Pachacútec, y se suspendieron las hostilidades. Alternán- 
dose luego entre períodos de tregua y de activas operacio- 
nes militares, trascurrieron muchos años. 

Tras la batalla de Paramonga, tuvo lugar otra en Huar- 
mey y recios combates en el valle de Santa, cuya población 
era entonces de más de setecientos mil habitantes. Las ope- 
raciones avanzaban lentamente. Para reducir á los coste- 
ños, el Inca Tupac Yupanqui se vio obligado á emprender 
serios trabajos en la sierra y desviar los ríos que descienden 
á los llanos. La energía de los Yuncas, no obstante, se man- 
tuvo y presentaron nueva batalla á las inmediaciones de la 
más tarde villa de Trujillo, en el valle de Chicama, que es 
corrupción de Cbatmay nombre ó título de la reina Chimúy 
y apuraron sus medios de subsistencia. 

Vencidos en ese postrer esfuerzo, capitularon los Yuncas 
comprometiéndose á pagar tributo y á elevar templos al Sol. 
Chimú fué hecho prisionero y llevado delante del Inca. Este, 
con nobleza y singular generosidad, lo trató con distinción, 
cual si fuera un aliado y no un vencido. Le llamó Cbimúc 
Cápac en señal de admiración por su valor y le ordenó vol- 
ver á sus estados haciéndole tributario y obligándole á 
feudo. 

En Trujillo encontraron los quichuas muestras notables 
del arte yunca. El Inca Tópac Yupanqui, entre el botín de 
guerra, llevóse al Cuzco muchos objetos de oro y plata de 
reconocido mérito. El reino del Chimu, y juntó con él los te- 
rritorios de Piura, pasaron á formar parte del Imperio de 
los Incas. Corría á la sazón, por su segunda mitad el siglo 
XV. 

Las legiones del Cuzco, vencedores, aumentaren su poder 
con los dominios recién adquiridos, se hicieron irresistibles. 



190 " REVISTA HISTÓRICA 



A los Yuncas siguieron los Conchucos que tenían su capital 
en Caxamalcfíj y tras estos atacó Tópac Yupanqui el reino 
de Quito, gobernado por la dinastía de los Scyris. 

Hualcopo, que reinaba á la sazón, encargó la defensa á 
su hermano. Epiclachiraa 3' aunque éste se condujo con biza- 
rría no pudo*impedir la ruina de su pueblo. Algún tiempo, 
híiciendo lujo de constancia, se sostuvo en la fortaleza de 
Liribamba; pero el Inca conquistó Quito, como había con- 
quistado á sus vecinos. Allí encontró, según se dice, con sor- 
prcfsa, que se hablaba quichua, es decir su propia lengua, la 
lengua misma del Cuzco. Este hecho tan singular como 
inesperado, á ser cierto, justificaría la tradición que asegura 
que los quichuas en época remota dominaron en Quito, ha- 
biendo llegado por mar A las costas de Piura y el Ecuador. 
Túpac Yupanqui para mantener segura la paz en sus costas 
pasó á Paita, Tumbes y Huancabamba y luego á Cajas 3' 
Casayunca, recibiendo en el tránsito embajadores de todas 
las provincias costaneras, cuyos caciques le enviaban tribu- 
tos en señal de amistad, alianza y sumisión. Siguiendo las 
tradiciones de su gobierno distr¡bu3'ó colonias en distintos 
lugares del territorio, y así la obediencia y tranquilidad de 
las recientes conquistas quedaron aseguradas. 

La solicitud de Túpac Yupanqui á todo proveía. En su 
expedición á Quito se hizo acompañar por Amautas, astró- 
nomos ó sabios, que fueron plantando pirámides en el cami- 
no para averiguar, por la sombra proyectada, el tiempo de 
los solsticios, lo que ha hecho decir que fueron midiendo gra- 
dos de latitud. Este príncipe cuidó con grande acierto los 
intereses del imperio y á su muerte,en 1475 más ó menos,de- 
jó el imperio á su hijo Huayna Cápac, en cu3'0 reinado el 
imperio de los Incas alcanzó á su maj^or extensión. 

Estando Huayna Cápac en Tumbes recibió embajadores 
de Túmbala, cacique de la isla Puna, que ofrecía separarse 
del partido de los Sc3'^ris y concertar alianza con él. Huayna 
Cápac pasó á la isla con su ejército. Fué recibido con ale- 
gres fiestas y muestras calurosas de adhesión. Al regresar á 
Tumbes, en balsas procedentes de Puna, se d :sarmaron es- 
tas en medio del golfo y se ahogaron muchos personajes 
principales. Para castigar esta alevosía juntó Hua\'na Cá- 



EL CORREGIMIENTO DK SAÑA 191 

pac numerosas tropas en Tumbes, acometió á la isla y la to- 
mó á sangre y fuego. Perdonó solo á las mujeres y los ni- 
ños y se dirigió á Guayaquil, de donde volvió á Quito para 
castigar la rebelión de Cacha ScyrL Tras varios encuentros, 
en la última batalla, murió el rey quiteño 3' las tropas pro- 
clamaron por soberana á la princesa Bacha, que era su úni- 
ca hija. Huayna Cápac, cu^'o prestigio militar había crecido 
con la derrota inferida al difunto monarca, entró en negocia- 
ciones y concertó su matrimonio con la nueva soberana, ase- 
gurándose así una paz bien fundada y definitiva. 

Libre desde entonces el Inca de atenciones militares se 
consagró por entero á las negociaciones de la admistración 
y en su tiempo el imperio peruano alcanzó su mayor grande- 
za; pero como suele suceder de ordinario en las grandezas 
humanas, se acercaba por estraños é imprevistos caminos, 
su destrucción y su ruina. 

Estando Huayna Cápac en Tomebamba,su residencia fa- 
vorita, recibió mensajeros que le enviaban de Tumbes en 
1515, anunciándole la presencia de los españoles en la costa 
avistados por los navegantes tumbesinos en sus expedicio- 
nes á Colombia y Centro América. Con tal motivo, comen- 
zaron á correr vagos rumores, que abultaba la fantasía, pro- 
palando que la mar había abortado unos monstros mari- 
nos, como hombres bárbaros que navegaban en casas gran 
des y usaban armas terribles. 

Pasadas, sin embargo, las primeras impresiones, se disi- 
paron tales alarmas. Ni el Inca ni su pueblo, percibieron 
con claridad el inminente peligro que se preparaba. Al mo- 
rir Huayna Cápac, en 1523, mostróse tan seguro y confiado 
que no trepidó en disponer, imprudente, la división del impe- 
rio; error político que hubo de acarrear funestas consecuen- 
cias. 

Conforme á lo dispuesto por el difunto monarca, recibió 
Huáscar la borla encarnada, emblema del dominio, y se hi- 
zo cargo del gobierno en el Cuzco. Atahualpa quedó reco- 
nocido soberano en Quito. Durante cinco años conservóse 
la paz entre ambos pueblos. 

Marco A. Cabero. 

(Se continuará ^. 



IN8TRVCIÓN CONTRA LAS CEREMONIAS, Y RITOS 

QUE VSAN LOS INDIOS 

CONFORME AL TIEMPO DE SU INFIDELIDAD 



CAPÍTVLO PRIMERO 

DE LAS IDOLATRÍAS. 

Comvn es casi á toáoslos Indios adorar Huacas, ídolos, 
Quebradas, Peñas 6 Piedras grandes, Cerros, Cumbres de 
montes. Manantiales, Fuentes, y finalmente qualquier cosa 
de naturaleza que parezca notable y diferenciada de las de- 
más. 

2.— ítem es común adorar el Sol, la Luna, Estrellas, el 
Luzero de la mañana, y de la tarde, las Cabrillas, y otras 
estrellas. 

3. — ítem los defuntos, 6 sus sepulturas, a?S! de los ante- 
passados, como de los Indios ya Christianos. 

4. — Los Serranos particularmente adoran el relámpago, 
el Trueno, el Rayo llamándolo Sanctiago. ítem el arco del 
Cielo, (el qual también es reuerenciado de los Indios de los 
Llanos). ítem las tempestades, los toruellinos, 6 remolinos 
de viento, las lluuias, el granizo. ítem los Serranos adoran 
los montones de piedras que hazen ellos raesmos en las lla- 
nadas, 6 encruzijadas, 6 en cumbreras de montes, que en el 
Cuzco y en los Collas se llaman Apachitas, y en otras par- 
tes las llaman Cotoráyac rumio por otros vocablos. Final- 
mente adoran qualesquiera otros mochaderos de piedras 
donde hallan auerse echado piedras, coca, mayz, sogas, tra- 



INSTRYCIÓN CONTRA LAS CEREMONIAS Y RITOS 193 

pos y otras cosas diferentes. Y en algunas partes délos Lla- 
nos aún ay desto no poco. 

5. — Los Yungas especialmente de los Andes, 6 otros In- 
dios que vieuen en tierras donde ay montañas adoran tam- 
bién animales como Leones, Tigres, Ossos y culebras, ó otras 
Serpientes. 

6.-— Quando adoran las Huacas comunmente inclinan la 
la cabera y al9an las manos y hablan con ellas pidiendo lo 
que quieren. 

7. — También es común quando passan los ríos,6 arroyos 
beuer del agua dcUos por modo de salutación adorándolos, 
y pidiendo que los dexen passar en saluo 3" no los llenen, y á 
las fuentes y manantiales hazen lo mismo para que no los 
dañen. Y á las lagunas, y lagos, y pozos hondos también 
reuerencian por el mismo fin. 

8. — Los'Serranos vsan quando van camino echar en los 
mismos camimos, 6 encruzijadas, en los cerros, ó en rimeros 
de piedras [que según ya se ha dicho se llaman Apachitas] 6 
en las peñas, y cueuas, ó en sepulturas antiguas, calcados 
viejos, plumas, coca mascada, 6 mayz mascado, y otras co- 
sas, pidiendo que los dexen passar en saluo, y les quiten el 
cansancio del camino y les den fuerzas para caminar. 

9. — Vsan los mismos tirarse las pestañas, 6 cejas y ofre- 
cerlas al sol, á los cerros, á los Apachitas, á los vientos, tem- 
pestades, truenos, rayos, á las pf ñas, cueuas, quebradas-, an- 
gosturas, 6 á otras cosas en veneración suya, pidiéndole 
que les dexe yr y boluer en paz. 

10.— ítem vsan quando an de yr lexos de su tierra, enco- 
mendarse á sus Huacas, ó hazer que los hechizeros los enco- 
mienden á ellas: y pedirles que les digan lo que les á de succe- 
der en el viaje, ó en el pleyto, ó negocio que llevan: si mori- 
rán ó boluerán á su tierra. Y para este efecto beuen y hacen 
otras cosas supersticiosas y diuersas ceremonias. Y lo mes- 
mo suelen hacer por ellos sus mujeres, ó hijos, ó deudos: y 
quando llegan adonde van velar de noche en reuerencia déla 
Huaca, ó de algún cerro ó otra cosa y bebiendo y jugando 
hazen particulares ceremonias. 

11.— Los Indios de los Llanos vsan adorar la mar para 
que les de pescado ó no se embrauezca, echando en ella hari- 



194 REVISTA HISTÓRICA 



na de Mayz blanco y almagre, ó otras cosas. También los 
Serranos al modo que reuerencian las lagunas, reuerencian 
la mar aunque no la a3'an visto, y llámanla Mamacocha, 
y los Ay maraes, Mama cota: y en especial los Serranos que 
bajan á los llanos para diuersos negocios adoran la mar con 
diferentes cerimonias, y los llanos. Y la cordillera neuada 
es también reuerenciada y adorada de todos los Indios, ó 
quelesquiera otra sierra alta que tenga nieue. 

12. — También vsan los que van á minas de Plata ,ó Azo- 
gue, ó de otro metal adorar los cerros y minas pidiendo les 
den de su metal, y para esto velan de noche bebiendo y hay- 
lando. 

13. — También vsan en algunas partes poner en medio de 
las Chacras vna piedra luenga para desde allí inuocar la vir- 
tud de la tierra y pafa que le guarde la Chacra. 

14.— En tiempo de la cosecha viendo las papas llamadas 
llallchuas, que son de diferente forma que las demás: 6 vien- 
do majorcas de may^z, 6 otras rayzes de diuersa hechura que 
las otras las suelen adorar, y hazer sus ceremonias particu- 
lares de adorarción, bebiendo y baylando, teniéndolo por 
agüero. Lo mesmo hazen en las Minas que llaman Coya, 
que adoran y reuerencian los metales que llaman, Mama, y 
las piedras de metales que llaman. Corpa, adóranlas besán- 
dolas y haziéndoles diferentes cerimonias. ítem las pepitas 
de Oro, 6 Oro en polvo, y -plata, 6 las huayras donde se fun- 
de la plaia. ítem el metal llamado Soroche. Y el Azogue y 
el Bermellón del Azogue que ellos llaman Ichma, 6 Limpi es 
muy preciado para diuersas supersticiones. 



De los saorifloios y ofrendas 

CAP. 11. 

Es cosa común entre Indios adorar a la tierra fértil, que 
es la tierra que llaman Pachamama, ó Cámac pacha, derra- 
mando chicha en ella, 6 coca, ó otras cosas para que les ha- 
ga bien. 

2.— Y para el mismo efecto en tiempo de arar la tierra, 
barbechar y sembrar, y coger mayz, ó papas, ó quinua, 



INSTRVCIÓN CONTRA LAS CEREMONIAS Y RITOS 195 

Ó yucas, y camotes, ó otras legumbres y frutos de la tierra 
suelen ofrecerle sebo quemado, coca, cuy, corderos y otras 
cosas: y todo esto bebiendo y baylando. 

3. — Para el mismo efecto suelen ayunar, y abstenerse de 
comer carne, sal, axí y otras cosas. ítem tienen por abu- 
sión, que las mugeres preñadas, 6 que están con el mes no 
passen por los sembrados. 

4. — También hazen sacrificios de sebo, cuy, coca, carne- 
ros, y otras cosas quando hazen casa nueva, ó la cubren, y 
de que la acaban las velan de noche, haziendo ceremonias 
diversas, bebiendo y baylando. 

Y todo para que les succeda bien. ítem quando repar- 
tiendo el ganado hazen otro tanto para que multipliquen. 

5. — ítem vsíin sacrificar lo dicho, ó mayz, y plumas blan- 
cas, ó de otras colores, Chaquira (que ellos llaman Molió) 
Conchas de la mar para librarse de los peligros de la mar 
Ríos, Truenos, Rayos, y otros peligros. 

Y lo mismo hazen para purificarse de sus pecados, 6 ma* 
les passados, y para otros fines. 

6.— También vsan algunos asperjar con los dedos la chi- 
cha que an de beber hazia el sol, 6 hazia el fuego, 6 hazia la 
tierra pidiendo que les den paz vida y contento. 

7.— Quando es el año estéril por falta de lluvia, ó por llo- 
uer demasiado, ó por yelo, 6 granizo, y finalmente cuando 
ay falta de temporales suelen pedir ayuda á las Huacas, al 
Sol, á la Luna, y estrellas llorando y ofreciéndoles sacrificios 
de sebo, coca, etc. Y para el mismo fin suelen confessarse al 
hechizero,y ayunar, y mandar ásu muger, ó hijos, 6 criados, 
que ayunen y lloren, y hagan lo mismo que él. 

8.— En algunas partes, especialmente entre los Andes 
vsan sacrificar á las Huacas, 6 cerros, 6 al trueno y rayo, 
algún hombre, ó niño, matándole y derramando la sangre, 
6 haciendo otras ceremonias. También suelen sacrificar su 
propia sangre, 6 la de otro adorando las Huacas, é ídolos 
para aplacarles con este sacrificio. Aduiértase que assi co- 
mo antiguamente el sacrificar niños, ó hombres era para co- 
sas de grande importancia, como pestilencia grande, 6 mor- 
tandad, ó otros trabajos grandes assí también se vsa algu- 



196 REVISTA HISTÓRICA 



ñas veces por este mesmo fin en las partes donde aún toda- 
vía dura este género de sacrificio cruel. 



De los def vntos 

CAP. III. 

Es cosa común entre Indios desenterrar secretamente 
los defvntos de las Iglesias, ó cimenterios, para enterrarlos 
en las Huacas, ó cerros, ó pampas, ó en sepulturas anti- 
guas, ó en su casa, 6 en la del mesmo defvnto, para dalles de 
comer y beuer á sus tiempos. Y entonces beuen ellos, 3»^ bay- 
lan y cantan juntando sus dcudosy allegados para esto. 

2.— También suelen sacar los hechizeros á los defunctos 
los dientes, 6 cortarles los cabellos y vñas, para hazer di- 
uersas hechizerías. 

3. — Vsan también quando entierran sus defiínctos los 
Indios, ponerles plata en la boca, en las manos, en los senos 
6 en otra parte: y vestirles ropas nueuas, y ponerles otras 
dobladas dentro de la mortíija, y también chuspas, y calcha- 
dos, y tocados para que todo esto les sirua en la otra vida, 
y en las endechas que les dizen refieren cosas de sus antepas 
sados del tiempo de su infidelidad. 

4. — ítem vsan mucho dar de comer y beuer en tiempo 
del entierro de sus defunctos, y dar de beuer cantando vn 
canto triste y lamentoso, gastando en esto y otras ceremo- 
nias el tiempo de las exequias que dura en parte ocho días, 
y en partes menos, y vsan hazer sus aniuersarios acudiendo, 
ó de mes á mes, ó de año á año con comida, chicha, plata, 
ropa y otras cosas para sacrificarla ó hazer otras ceremo- 
nias antiguas con todo el secreto que pueden. 

5. — Creen también que las ánimas de los defunctos an- 
dan vagas y solitarias por este mundo padeciendo ham- 
bre, sed, frío, calor y cansancio, y que las caberas de sus de- 
functos 6 sus fantasmas, andan visitando los parientes, ó 
otras personas en señal que han de morir ó les á de venir al- 
gún mal. Por este respecto de creer que las ánimas tienen 
hambre, o sed 6 otros trabajos, ofrecen en las sepulturas 
chicha y cosas de comer y guisados, plata, ropa, lana y 



INSTRVCIÓN CONTRA LAS CEREMONIAS Y RITOS 197 

otras cosas para que aprouechen á los defunctos: y por es- 
to tienen tan especial cuydado de hacer sus aniíiersarios. 
Y las mismas ofrendas que hazen en las Yglesias á vso de 
Christianos las enderezan muchos Indios, y Indias en sus in- 
tenciones á lo que vsaron sus antepassados. 



De los lieoliizeros y lieoliizeriajs 

CAP. IIII. 

Comvn cosa es acudir a los hechizeros,para que les curen 
en sus enfermedades llamándoles á su casa, ó yendo ellos, y 
suelen curar los hechizeros, chupando el vientre, ó en otras 
partes del cuerpo, 6 vntándoles con sebo, ó con la carne, 6 
grossura del Cuj-, 6 Sapo, 6 de otras inmundicias, 6 con yer- 
uas. Lo qual les pagan con plata, ropa, comida &c. 

2.— Del mismo modo acuden álos hechizeros en otras ne- 
cesidades: y para que les adiuinen lo que está por uenir,y les 
manifiesten lo que han perdido ó les han hurtado, y para 
que les encomienden á las Huacas. Para lo qual todo les 
dan siempre ropa, plata, &c. 

3. — También acuden á confessarse con ellos sus pecados, 
y cumplen las penitencias que les dan por muy ásperas que 
sean, de adorar, ó sacrificar á las Huacas, de ayunar, ó de 
dar plata, ó ropa, 6 de hazer cosas penales. 

4. — ítem acuden á los hechizeros, para que les den reme- 
dios para alcanzar vna muger, ó aficionarla, ó para que no 
l^s dexe la manceba: y las mugeres acuden á los mismos pa- 
ra lo mismo. Y para este efecto les suelen dar ropa, mantas, 
coca,y de sus propios cabellos, ó pelos, ó de los cabellos y ro- 
pa del cómplice, y á veces de la misma sangre para que con 
estas cosas hagan sus hechizerías. 

5. — Es cosa vsada en todas partes tener, ó traer consi- 
go una manera de hechizos, ó nóminas del Demonio, que lla- 
man [Huacanqui] para efecto de alcanzar mugeres, ó aficio- 
narlas, ó ellas a los varones. Son estos huacanquis hechos de 
plumas de pájaros, ó de otras cosas diferentes, conforme á la 
inuención de cada provincia. También suelen poner en la 



198 REVISTA HISTÓRICA 



cama dd cómplice, ó de la persona que quieren atraer, 6 en 
su ropa, ó en otra parte donde les parezca que puedan hazer 
efecto, estos huacanquis y otros hechizos semejantes hechos 
de yeruas, ó de conchas de la mar, ó de mayz, ó de otras co- 
sas diferentes. También las mujeres suelen quebrar sus to- 
pos, ó espinas conque asen las mantas ó Ilicllas, creyendo 
que por esto el varón no terna fuer9a para juntarse con 
ellas, 6 la que tiene se le quitará luego: y hazen otras cosas 
diferentes, para este mismo fin. También los varones y las 
mugeres hacen otras diferentes supersticiones, 6 de yeruas, ó 
de otras cosas, creyendo que por allí aura efecto en la gene- 
ración, ó en la esterilidad si la pretenden. 

6.— En algunas partes les dá vna enfermedad de bayle 
que llaman Taqui onco ó ^ara onco: para cuya cura llaman 
á los hechizcros, ó van á ellos, y hazen mil supersticiones, y 
hechizerías, donde también ay idolatría, y confessarse con 
los hechizeros, y otras ceremonias diferentes. 

7.— Para saber las cosas venideras, ó dezir donde está lo 
que «e perdió, ó lo que hurtaron vsan los hechizeros abrir 
diuersos animales como carneros, cuyes, aves, peces, serpien- 
tes, sapos, y en las asaduras y entrañas miran los agüeros 
malos, ó buenos. 

También suelen quemar sebo, cuy, coca, tabaco que 
ellos llaman (fayte) iten, chaquira ó conchas de la mar, y 
otras cosas para adiuinar los succesos que están por venir: 
hazen también en algunas partes sus cercos en el suelo, y ha- 
blan ciertas palabras para esto sabidas, conque invocan al 
demonio, y hablan con él en algún lugar obscuro, y final- 
mente ha«en otras muchas supersticiones para esto. 



De los affveros y abusiones 

CAP. V. 

Comvnmente quando veen los Indios culebras, ó solas ó 
trauadas, serpientes, víuoras, lagartijas, y otras sauandi- 
jas, como arañas, gusanos grandes, sapos, mariposas y 
otras cosas semejantes, creen y dizen que e« mal agüero y 



INSTRYCIÓN CONTRA LAS CEREMONIAS Y RITOS 199 

que ha de venir mal por ello, y á las culebras las pisan con 
el pie yzquierdo después de auerlasniuerto,y orinado en ellas 
para que con é«to no venga el mal agüero: y hazen otras ce- 
remonias por este mismo fin. 

2 — Quando oyen cantar lechuzas, buhos, buytres, galli- 
nas ó otras aues estrañas, 6 aullar perros lo tienen por 
agüero malo y pronóstico de muerte, para si, 6 para sus hi- 
jos, 6 para sus vecinos, y particularmente para aquél en 
cuya casa y lugar cantan, 6 aullan. Y suelen ofrecerles coca, 
ó otras cosas pidiéndoles que maten y dañen á sus enemigos 
y no á elloá. ítem quando oyen cantar al. Ruy señor, ó al 
xirguerito, dizen que han de reñir con alguno, ó á de venir 
algún mal. 

3.— Quando se eclipsa el sol, ó la luna, 6 parece algún co- 
meta, 6 resplandor en el ayie suelen gritar y llorar, 3' hazer 
que otros griten y lloren, y que ladren los perros, ó aullen y 
para esto los aporrean. Suelen cercar sus casas en proces- 
sión de noche con hazes de fuego y hacer otras cerimonias 
para que no les venga el mal que temen y que tienen por 
agüero malo. También tienen por mal agüero y que es para 
morir, 6 para algCín daño graue quando ven el arco del cielo 
y á vezes por bueno, reueréncianlo mucho y no lo osan mi- 
rar, 6 ya que lo miran, no lo osan apuntar con el dedo en- 
tendiendo que se morirán. Y aquella parte donde les parece 
que cae de pie del arco, lo tienen por lugar horrendo y teme- 
roso entendiendo que ay allí alguna Huaca, 6 otra cosa dig- 
na de temor y reuerencia. 

4.— -Quando graniza, ó nieua,6 ay tempestad grande,dan 
gritos entendiendo que así ternán remedio, hazen también 
entonces algunos sacrificios y otras supersticiones. 

5. — Quando están de parto las mujeres suelen, sus mari- 
dos, y aún ellas ayunar absteniéndose de particulares romi- 
das,y se confiessan con el hechizero,y adoran, alas Huacas 6 
cerro», para que el parto salga á luz. Y aduiértase que esto 
del ayunar (que llaman, 9acij) es muy ordinario entre Indios 
para diuersos efectos, absteniéndose de particulares comi- 
das, y de otras cosas, mezclando diuersas ceremonias. 

6. — Si paren dos de vn vientre dizen que el vno dellos 



200 KK VISTA HISTÓRICA 



es hijo del rayo que ellos el día de oy llaman (Sanctiago) 
ofreciéndolos al trueno. 

7. — En los llanos vsan los Indios estando enfermos po- 
ner su ropa en los caminos, para que llenen los caminantes 
su enfermedad, ó los ayres purifiquen sus ropas. También 
ay esta costumbre en algunas partes de los Serranos. 

8. — Suelen también en diuersas partes assí de los Llanos 
como de los Serranos, 6 estando enfermos, ó sanos yrse á 
lauar á los ríos, ó fuentes con ciertas ceremonias, creyendo 
que con esto lauau las ánimas de los pecados, y que los lic- 
úan las aguas, y toman el heno, 6 género de esparto que 
ellos llaman (\chu) y escupen en él, ó hazen otras cerimo- 
nias diziendo sus pecados, allí delante del hechizero con mil 
ceremonias y creen que dcsta manera quedan purificados y 
limpios de pecados, ó de sus enfermedades. Otros suelen que- 
mar la misma ropa conque cometieron los pecados, enten- 
diendo que el fuego los consumirá y ellos quedarán limpios 
y sin culpa y libres de pena. 

9. — Quando tiembla la tierra echan agua en ella, dizien- 
do que las Huacas tienen sed 3'' quieren beber, 6 hazen otras 
ceremonias y supersticiones diferentes. 

10.— Quando les tiemblan los párpados de los ojos, ó los 
labios, 6 zumban los oydos, ó les tiembla alguna parte del 
cuerpo, ó tropiezan los pies, dizen que verán, 6 oyrán algo 
bueno, ó malo: bueno si fué el ojo, ó oydo, ó pie derecho, 
malo si fué el yzquierdo. 

11. — Los enfermos se suelen embadurnar el cuerpo con 
mayz, ó con otras cosas, ó embadurnar á otros para sanar 
de sus enfermedades. 

12.— Del espinco que es vn olor que vsan los Indios y con 
el Isimpi de que se saca el azogue que otros llaman (Ychma) 
suelen hazer diuersas supersticiones, y con cierta flor llama- 
da Craya, y con otras colores de tierra que llaman llimpi, ó 
sihuayro, y los Aymaraes llaman ama, se suelen embíidur- 
nar en tiempo de sus fiestas, ó para otros fines malos, aña- 
diendo ceremonias y supersticiones. ítem algunas naciones 
se suelen señalar ios rostros, las manos y bracos y pier- 
nas con fuego, haziendo ra\'as, ó otras señales por algunos 
fines, hazien lo para esto algunas ceremonias. 



INSTRYCIÓN CONTRA LAS CEREMONIAS Y RITOS 201 



13. — En el fuego quando salta y hazen centellas echan 
mayz, 6 chicha, 6 otra cosa para aplacarlo haziéndole vene- 
ración. 

14. — Para que venga mal ó muera el que aborrecen lic- 
úan su ropa y vestidos y visten con ellos alguna estatua que 
hazen en nombre de aquella persona, y maldízenla escupién- 
dola y colgándola. Assí mismo hazen estatuas pequeñas de 
barro, ó de cera, ó de massa y las ponen en el fuego para que 
allí se derrita la cera, ó se endurezca el barró, ó haga otros 
efectos que ellos pretenden creyendo que con este modo que- 
dan vengados, 6 hazen mal al que aborrecen, y finalmente á 
este propósito hazen diferentes supersticiones y cerimonias. 

15. — Suelen trasquilar de cierta manera, y á cierto tiem- 
po señalado, ó en tal edad á sus hijos, haziendo que les ofrez- 
can plata, ropa, lana, algodón, y otras cosas, bebiendo y 
baylando, y para ésto hazen junta solemne, y gran fiesta. 
Y con ésto los consagran por hijos del sol, ó piden que aquel 
niño viua en prosperidad, y succeda á sus padres, &c. 

16.— Los Yngas y gente del Cuzco suelen agujerear las 
orejas á sus hijos quando llegan á edadde catorze años po- 
co más,ó menos, y ofrecerles plata, ó ropa &c. haziendo bo- 
rracheras y otras supersticiones, y con aquesto les dan señal 
de nobleza, ó los arman caualleros. El día de oy no ay tan- 
to desto, mas los que aciertan á hazerlo es con diferentes ri- 
tos y modos que an inuentado para hazerlo secretamente. 

17. — También es común en la edad de catorze, ó quinzc 
años poner á sus hijos los pañetes con ciertas ceremonias, 
lo qual llaman ( Huarachicuy ) y vsan ordinariamente 
todos los Indios, haziendo bayles y bebiendo y añidiendo 
otras supersticiones. Assí mismo á las donzellas quando les 
viene la primera flor, suelen sus padres ó madres lañarlas y 
peinarlas, y vestirlas, y ofrecerles algo con ciertas ceremo- 
nias y supersticiones. Llaman esta obra que se haze para 
la primera flor (Quicuchicuy). 

En otras prouincias tienen otros modos diferentes, y ca- 
da nación haz? esto conforme al vso de la región. 



202 REVISTA HISTÓRICA 



De los errores contra la fe oatólioa en la que 
snelen oaer alsunos Indios 

CAP. VI 

Dizen algunas veces de Dios que no es buen Dios, y que 
no tiene cu^'dado de los pobres, y que de valde le simen los 
Indios. 

2. — Que no es piadoso ni tan misericordioso Dios, como 
dizen los Christianos. Que no ay perdón de pecados para los 
que an pecado grauísimamente: 6 para otros pecados enor- 
mes. 

3.— Que Dios loscrió para viuir en pecado, y especialmen- 
te para cosas deshonestas de luxuria y de embriaguez, y que 
ellos no pueden ser buenos. 

4. — Que las cosas se hazen por la voluntad de el Sol, y de 
la Luna, y de las Huacas, 6 por algún hedo. Y que Dios no 
tiene prouidencia de las cosas de acá abaxo. 

5. — Que como los Christianos tienen ymágenes y las ado- 
ran, assí se pueden adorar las Huacas, ó ídolos, 6 piedras 
que ellos tienen. Y que las ymágenes son los ídolos de los 
Christianos. 

6.— Que lo que predican los Sacerdotesy Predicadores no 
es todo verdad y que muchas cosas dellas son encarecimien- 
tos, para atemorizar á los livlios. Y que tanta razón ay de 
creer á sus antepassados, y á sus Quipos y memoriales, co- 
mo álos mayores y antepassados de los Christianos y á sus 
Quillcas y escripturas. 

7. — Que no ay para que adorar la Santíssima Trinidad, 
ni á lesu Christo nuestro Señor. Este lenguaje es particular 
de los hechizeros que andan engañando y sonsacando á los 
Indios para apartarlos de la Fe Católica, añidiendo mil 
mentiras contra ellas: y haziendo juntas de Indios secreta» 
mente, donde predican contra lo que Los sacerdotes enseñan 
y abonan su secta falsa. 

8.— Que bien se puede adorar á lesu Christo nuestro Se- 
ñor y al demonio juntamente, porque se han concertado ya 
entrambos y están hermanados. 



INSTRVCIÓN CONTRA LAS CEREMONIAS Y RITOS 203 

9.— Ponen duda y dificultad en algunas cosas de la fe. 
Principalmente en el mysterio de laSanctíssima Trinidad,en 
la vnidad de Dios, en la pasión y muerte de lesu Christo, en 
la virginidad de nuestra Señora,en el Sanctíssimo Sacramen- 
to del altar, en la Resurrección general, y cerca del Sacra- 
mento de la extrema vnción, [por no auérsel«ís administra- 
do hasta aquí] allende que no tenían noticia del, no creyan 
que era Sacramento. 

10.— Dizen que los matrimonios se pueden disoluer aun- 
que sean ratos y consumados: y assí por qualquier ocasión 
que sea, dizen que an de apartarse los casados, 3^ piden que 
los dissueluan. 

11. — Que pecar soltero con soltera no es pecado, y eí len- 
guaje que ay de dezir [no te embaraces con esse casado,ó ca- 
sada que es gran hocha, mejor es que te embueluas con otro 
soltero ó soltera que no es pecado] es común en^re muchos 
Indios: y mucho más entre mugeres. , 

12.— Que estar vh soltero con vna soltera algún tiempo 
amancebados por vía de prueua para auerse de casar, bien 
se puede hazer, y que no es pecado: porque ellos lo hazen pa- 
ra seruir á Dios. Y assí lo hazen comúnmente los Indios sin 
escrúpulo. 

13. — Que el Sacerdote malo, brauo, cobdícioso, desho- 
nesto, ó que tiene otros pecados escandalosos no consagra 
en la missa, ni valen los sacramentos que administra, y que 
no se á de adorar la hostia y el cáliz que los tales al^an en 
el altar. 

14. — Que las ánimas de los defuntos andan vagueando 
y tienen necessidad de comida y beuida y ropa &c. por la 
hambre y sed y frío que passan. 



204 , REVISTA HISTÓRICA 



Svperstioiones de los Indios, sacadas del segrundo 
Oonoilio Proninoial de Lima, que se celebró 
el año sesenta siete. 

Ex capite. 98. Sessionis 

Qve en cada prouincia ay vn templó 6 Huaca principaJ, 
adonde todos los de la tal provincia van á adorar y ocurren 
con sus sacrificios. Y en cada pueblo principal ay otro tem- 
plo, ó Huaca menrtr, donde particularmente ocurre el tal 
pueblo. Y todos estos adoratorios tienen sus ministros, y 
las cosas necesarias para sus supersticiones. 

Ex Cap. 99, 

.En las juntas y encriizijadas de caminos, y en las cum- 
bres y collados de cerros ay los adoratorios, que en la len- 
gua de los Indios llaman (Apachita): en los qu ales los In- 
dios á la passada ofrecen coca, mayz, y plumas de aues, 3' 
echan las oxotas viejas, ó otra cosa alguna dellas que lle- 
nan para su camino: y sino llenan que ofrecer echan á lo me- 
nos vna piedra: porque con esto les parece.que dexan el can- 
sancio del camino y cobran nuevas fuerzas. 

Ex Cap, 100. 

Los Collas y Puquinas, y otras naciones de Indios, vsan 
formar las caberas de los niños en diuersas figuras con mu- 
cha superstición. En algunas partes las hazen muy largas 
(que llaman, ^aito homa) adelgazándolas, y haziéndolas que 
venga al molde de vnos como bonetes que llaman, Chucu, 
angostos y luengos. En otras partes hazen las caberas lla- 
nas y anchas de la frente, que llaman Paltohoma. Y demás 
del daño que hazen á los niños con esta violencia, vsan cier- 
tos sacrificios al sol v á los ídolos. 



INSTRYCIÓN CONTRA LAS CERKMONIAS Y RITOS 203 



Ex Cap, 101. 

De dtuersas maneras se ofrecían y dedicanan los Indios 
á los demonios. Algunas vezes dexando crecer los cabellos 
hasta la cinta, otras vezes tras uilándolos, no de vna mane- 
ra sino de muchas, y es vso que las mugeres que hazen criz- 
nejas los cabellos en las cabe^asde los varones se juntan des- 
honestamente con ellos. También hazen diuefsas supersti- 
ciones quando los varones crían los cabellos largos á mane- 
ra de mugeres, y quando los trasquilan, ó deshazen las criz- 
nejas. 

Ex Cap. 102, 

Svelen principalmente los Curacas, quando mueren ente- 
rrar consigo según su costumbre comida y bebida y vesti- 
duras, 6 otras cosas semejantes: creyendo que después de 
muertos se an de aprovechar dello. Otros quando mueren 
suelen mandar á los suyos ctmio por testamento, no entie- 
rren sus cuerpos en las Yglesias, donde entierran los Chris- 
tianos: y si los entiert an allí por miedo de los Sacerdotes, 
los saquen después de enterrados, y los llenen á los sepul- 
chros de sus mayores. 

Ex Cap. 103, 

Los Ingas del Cuzco y los demás de su linage derrama- 
dos por el reyno tienen por costumbre en señal de su noble- 
za horadarse las horejas en el lugar que las mugeres suelen 
poner zarcillos, haziéndolas muy grandes con ciertos artifi- 
cios al sol, y á las Huacas, según sus costumbres antiguas. 

Ex Cap. 104, 

En diuersos tiempos del año suelen muchos Indios hazer 
muchas cosas supersticiosas quando siembran, 3" coxen los 
panes, al tiempo de llouer, ó de yelo, y en las necesidades 
que succedcn haziendo diuersos sacrificios y ceremonias an- 
tiguas. 



206 REVISTA HISTÓRICA 



Ex Cap. 105. 

Svelen también los Indios mirar en agüeros y vsar cere- 
monias y ritos supersticiosos, como los que hazen quando 
quitan los nombres á los niños, y les ponen otros de nueuo: 
quando los trasquilan y ponen zaragüelles la primera vez. 
Y finalmente ninguna cosa empie<jan de nuevo en que no se 
haga superstición, y miren en agüeros. 

ítem quando entierran los cuerpos de los difuntos se 
trasquilan y se visten cierto género de vestiduras, toman 
atambores, y lloran cantando: traen la ropa de los difun- 
tos por los lugares donde aduvieron mientras vinieron; pó- 
nenles comida y bebida en las sepulturas hazen sacrificios al 
y sol á los demás ydolos. 



» > ♦ < ♦ 



LOS ERRORES Y SVPER8TICI0NES DE LOS INDIOS, SACADAS 

DEL TRATADO \ AUESIGUACIÓN 

QUE HIZO EL LICENCIADO POLO 



De las hvaoas y ídolos 

CAPÍTULO PRIMERO 

Despvés del Víracoclia (á quien tenían por señor supre- 
mo de todo y adorauan con summa honra) adorauan tam- 
bién al Sol, y á las estrellas, y al trueno, y á la tierra que lla- 
maban Pachamama y otras cosas diferentes. Entre las es- 
trellas comúnmente todos adorauan ala que ellos llaman, 
Cólica, que llamamos nosotros las cabrillas. Y las demás es- 
trellas eran veneradas por aquellos particularmente que les 
parecía que auían menester su fauor. Porque atribuyan ádi- 
uersas estrellas diuersos oficios. Y assí los Ouejeros hazían 
veneración y sacrificio á vna estrella que ellos llaman, Vrcu- 
chillay, que dizen es vn carnero de muchas colorts, el qual 
entiende en la conseruación del ganado, y se entiende ser la 
que los Astrólogos llaman L3-ra. Y los mismos adoran á otras 
dos que andan cerca della que llaman, Catuchillay y Vrcuchi- 
llay. Que fingen ser una oueja con vn cordero. Otros que 
viuen en las montañas adoran otra estrella que se llama Chu- 
qui chinchay que dizen que es vn Tigre á cuyo cargo están los 
Tigres, Ossos y Leones. También adoran otra estrella que 
llaman Ancochinchay, que conserua otros animales. Assí 
mismo adoran otra que llaman Machacuay, á cuyo car- 
go están las Serpientes y Culebras, para que no les hagan 



208 REVISTA HISTÓRICA 



mal y generalmente todos los animales y aues que ay en 
la tierra, creyeron que ouiesse vn su semejante en el cielo, á 
cuyo cargo estaua su procreación y augmento. Y assí te- 
nían cuenta con diuersas estrellas, como la que Ilamauan, 
Chacana,y Topatorca, Mamana, y Mirco, y Miquiquiray, y 
otras assí. 

2.— El modo de hazer oración al Viracocha, al Sol, y á 
las estrellas era vno mismo: que es abrir las manos, y hazer 
cierto sonido con los labios (como quien besa) y pedir lo que 
cada uno quería: y ofrecerle sacrificio. Aunque en las pala- 
bras auía diferencia, quando hablauan con el gran Ticci Vi- 
racocha. Porque á él le atribuyan principalmente el poder y 
mando de todo, y á las otras Huacas, como á señores,ó Dio- 
ses particulares cada vno en su cosa: y que eran interceso- 
res para con el Ticci Viracocha. 

3.— -Después del Viracocha, y del Sol, la tercera Huaca y 
de más veneración era el trueno: al qual Ilamauan por tres 
nombres Chuquiilla,Catu illa,Intuillapa: fingiendo que esvn 
hombre que está en el Cielo con vna honda y vna porra, y 
que está en su mano el llouer, y granizar, y tronar, y todo 
lo demás que pertenece á la región del ayre donde se hazen 
los nublados. Esta es Huaca general á todos los Indios, y 
ofrécenle diuersos sacrificios, y en el Cuzco se le sacrificauan 
también niños como al Sol. Quando alguna muger pare en 
el campo en día que truena, dizen que la criatura que nace 
es hijo del trueno: y que se á de dedicar para su seruicio. Y 
assí hay mucho número de hechizeros de estos, que llaman 
hijos del Trueno. 



De las ánimas y defmtos 

CAP. 11. 

Comvmente creyeron que las Animas viuían después de 
esta vida, y que los buenos tenían gloria, y los malos pena. 
Mas de que los cuerpos ouiessen de resuscitar con las Áni- 
mas nunca lo entendieron. Y assí ponían excessi va diligencia 



INSTRVCIÓN CONTRA LAS CEREMONIAS Y RITOS 209 

en conservar los cuerpos y sustentarlos,}." honrarlos después 
de muertos. Y el vulgo de los Indios entendió que las comi- 
das y beuidas y ropa, que ponían álos defuntos les susten- 
taua,y les libraua de trabajo: aun que los más sabios de los 
Yngas no creyeron ésto. 

2.— También endendían comúnmente, que á los que Dios 
auía dado prosperidad en esta vida eran sus amigos, y assí 
les daua gloria en la otra vida. Y de aquí procedía honrar 
to á los señores 3' hombres poderosos, aún después de muer- 
tantos, y al contrario despreciar á los viejos, y á los enfer- 
mos, y á los pobres teniéndolos por desechados de Dios. Y el 
día de oy ay gran ignorancia y error acerca désto en el co- 
mún de los Indios. 

S. — A los cuerpos de los defuntos tenían los descendien- 
tes en gran veneración, haziendo diligencia para que se con- 
seruassen. Y para ésto les ponían ropa y hazían sacrificios: 
Especialmente los señores tenían gran summa de ministros 
que entendían en sus sacrificios, y veneración. Y de los Yu- 
gas cada vno en vida hazía vna estatua su3^a que llamaua, 
Huauqui, á la qual se hazían muchas fiestas, y quando mo- 
ría el Ynga, ninguna cosa de sus tesoros, y ropa, heredaua 
el successor: mas todo se aplicaua para los sacrificios, y ser- 
uicios,y sustento de sus ministros. Y el día que morían ma- 
tauan las mujeres á quien tenían afición, 7 criados, y oficia- 
les para que les fuesen á seruir á la otra vida. Quando mu- 
rió Huayna Cápac íueron mil personas muertas para este 
efecto. Matáuanlas después de muchos cantares y borra- 
cheras. Embalsamauan los cuerpos muertos destos Ingas, 
y de las mugeres: de modo que durauan dozientos años y 
más enteros. Sacrificáuanles muchas cosas, especialmente 
niños y de su sangre hazían una raya de oreja á oreja en el 
rostr(i del defunto. Esta superstición ha cessado después 
que se descubrieron estos cuerpos: mas no cesa entre los In- 
dios el tener gran veneración álos cuerpos de sus antepassa- 
dos, y procuralles comida y beuida, y vestidos, y hazerles 
diuersos sacrificios. 



210 REVISTA HISTÓRICA 



De las estatuas de los Vngas 

CAP. JII. 

Vsaron Los Indios nombrar ciertas estatuas, 6 piedras 
en su nombre, para que tn vida y en muerte se les hiziesse 
la misma veneración que á ellos. Y cada ayllo, ó linage te- 
nía sus ídolos, ó estatuas, de sus Ingas, las quales lleuauan 
á la guerra y sacauan en processión para alcanzar agua y 
buenos temporales y les hazían diuersas fiestas y sacrificios. 
Destos ídolos vuo gran summa en el Cuzco, y en su comar- 
ca entiéndese que á cessado del todo, ó en gran parte la su- 
perstición de adorar estas piedras después yue se descubrie- 
ron. Que fué la primera de Ynca Roca, cabe9a de la princi- 
pal parcialidad de los Yngas de Hanan Cozco. Y por su or- 
den les succedieron Yáhuarhuaqui, Viracocha Ynca, Pacha- 
cuti Ynca, Topa Ynca Yupanqui, Huayna Cápac, Huáscar 
Ynca. De la parcialidad de Vrin Cuzco se cuenta el primero, 
Cinchiroca,tras él Cápac Yupanqui, Lluqui Yupanqui, Maj'- 
tacápac, Tarco huamán. 

3. — El principio que estos indios señalan dizen, hauer si- 
do Manco Cápac, que después del diluuio dizen auer sido 
progenitor y Padre de las gentes, y que éste salió por vna 
ventana en el pueblo de Tambo. Y dizen auerse después con- 
uertido en piedra: á la qual hazían gran veneración. Esta 
superstición ha cessado del todo según se entiende. 



De los asveros 

CAP. IIII. 

En qualquier negocio que quieren poner por obra que 
sea de alguna importancia, como hazer casa, andar camino, 
sembrar, coger, encerrar lo que se coje, casarse, abrir las 
orgas con su solemnidá, 3'r á la guerra, boluer á sus casas. 



INSTRVCIÓN CONTRA LAS CERRMONIAS Y RITOS 211 

y en todos los demás negocios de esta condición, tienen por 
costumbre hazer primero dos preuenciones, Vna es de echar 
suertes, y mirar Jas entrañas,6 assadura de algunos anima- 
les: y la segunda hazer algún sacrificio, 6 oferta á los adora- 
torios, y el que echa las suertes, á de mirar al animal. Tam- 
bién haze primero acatamiento al Viracocha, y al Sol, y al 
chuqui illa, y á alguna Huaca particular de su pueblo,ó par- 
cialidad suya. 



De la (H>nf éasión y penitencia 

que hazian por sus pecados 

CAP. V 

Tenían por opinión que todas las enfermedades venían 
por pecados que vuiessen hecho. Y para el remedio vsauan 
de sacrificios: y vltra desso también se confessauan vocal- 
mente quasi en todas las prouincias,y tenían confessores di- 
putados para ésto: mayores, y menores, y pecados reserua- 
dos al mayor, 3' recebían penitencias, y algunas vezes áspe- 
ras, especialmente se era hombre pobre el que hazía el peca- 
do, y no tenía que dar al confessor. Y este oficio de Confes- 
sar también lo tenían las mugeres. En las prouincias de 
Collasuyo fué y es más vniuersal este vso de confessores he- 
chizeros, que llaman ellos (Ychuri, vel ichuiri). Tienen por 
opinión que es pecado notable encubrir algún pecado en la 
confessión. Y los Ychuris, ó confessores aueriguan 6 por 
suertes, ó mirando la assadura de algún animal, si les encu- 
bren algún pecado, y castíganlo con darles en las espaldas 
cantidad de golpes con cierta piedra, hasta que lo dize todo 
y le dan la penitencia y hazen el sacrificio. Esta confessión 
vsan también quando están enfermos sus hijos, 6 muje- 
res, ó marido, ó su cacique, 6 quando están en^-algunos 
grandes trabajos. Y quando el Ynga estaua enfermo se con- 
fessauan todas las prouincias, especialmente los Collas. 

2.— Los confessores tenían obligación al secreto: pero 
con ciertas limitaciones. Los pecados de que principalmente 
8 



212 REVISTA HISTÓRICA 



se acusavan eran. Lo primero, matar vno á otro fuera de la 
guerra. ítem tomar la muger agena, ítem dar yeruas, ó he- 
chizos para hacer mal. ítem hurtar. Y por muy notable pe- 
cado tenían el descuydo en la veneración de sus Ruacas, 3^ el 
quebrantar sus fiestas: y el dezir mal del Inga: 3'' el no obecer- 
le. No se accusauan de pecados y actos interiores. Y según 
relación de algunos sacerdotes, después que los Christianos 
vinieron á la tierra se acensan á sus 3'churis ó confessores 
etiam de los pensamientos. El Ynga no confessaua sus peca- 
dos á ningún hombre sino sólo al Sol para que él los dijesse 
al Viracocha, y le perdonasse. 

3. — Después de confessado el Inga hazía cierto lauatorio 
para acauar de limpiarse de sus culpas: y era en esta forma, 
que poniéndose en vn río corriente dezía estas palabras, 3'o 
é dicho mis pecados al Sol, tu río los recibe,lléualos á la mar 
donde nunca más parezcan. Estos Lauatorios también vsa- 
uan los demás que se confessauan con ceremonia mu3' seme- 
jante á la que los moros vsan, que ellos llaman el guado, y 
los Indios los llaman, opacuna. Y quando acaecía morírsele 
á algún hombre sus hijos le tenían por gran pecador, dizien- 
do que por sus pecados succedíp que muriesse primero el hijo 
que el Padre. Y á estos tales, quando después de auerse con- 
fessado hazían los lauatorios llamados Opacuna (según es- 
tá dicho) les auía de a<;otar con ciertas hortigas algún Indio 
monstrouso como corcobado, ó contrecho de su nacimien- 
to. &c. 

4.— Si^os hechizeros,ó sortílegos por sus suertes, ó agüe- 
ros afirmauan que auía de morir algún enfermo, no duda- 
ua de matar su propio hijo, aunque no tuviese otro. Y con 
esto entendía que adquiriría salud, diziendo que ofrecía á su 
hijo en su lugar en sacrificio. Y después de auer Christianos 
en esta tierra se á hallado en algunas partes esta crueldad. 



Del modo de saorifloar 

CAP. VI. 

El modo de matar qualquier res chica, ó grande, que 
vsan los Indios según su ceremonia antigua, es la propia 



INSTRYCIÓN CONTRA LAS CEREMONIAS Y RITOS 213 

que tienen los moros que llaman el alquible. Que es tomar 
la res encima del bra^o derecho y boluerle los ojos hazia el 
Sol, diziendo diferentes palabras, conforme á la qualidad de 
la res que se mata. Porque si es pintado, se dirijen las pala- 
bras al Chuqui ¡Ha, ó trueno para que no falte el agua, y si 
es blanco raso ofrécenle al Sol con vnas palabras. Y si es la- 
nudo con otras para que alumbre y crie. Y si es guanaco 
como pardo dirijen el sacrificio al Viracocha. Y en el Cuzco 
se matauan con esta ceremonia cada día vn carnero raso al 
sol, y se quemaua vestido con vna camiseta colorada. Y 
quando se quemaua echauan ciertos cestillos de coca en el 
fuego,que ilamauan (Villca roncon) y para este sacrificio te- 
nían gente diputada y ganado que no seruía de otra cosa. 



Del orden del afto y tíempos 

CAP. VII. 

El año partieron en doze meses por las lunas: y los de- 
más ¿lías que sobran cada año los consumían con las mis- 
mas lunas. Y á cada luna, 6 mes tenían puesto su mojón 6 
pilar al derredor del Cuzco donde llegaua el Sol aquel mes. 
Y estos pilares eran adoratorios principales, á los quales 
ofrecían diuersos sacrificios y todo lo que sobraua de los sa- 
crificios de las Huacas, se lleuaua á estos lugares que se Ila- 
mauan, Sucanca, y el que es principio de Invierno, Puncuy 
sucanca, y el principio de verano, Chirao sucanca. Al año 
nombran, Huata en la Quichua, y en la Aymará de los Co- 
llas, Mará. A la luna, y mes llaman. Quilla, y en la Aymará, 
Pacsi. 

2. — Cada mes del año tenía diuersas fiestas, y sacrificios 
por su orden, como lo ordenó Pachacuti Ynca. El qual hi- 
zo que el año comencjasse desde Diziembre, que es cuando el 
Sol llega á lo último de su curso al Polo Antartico de acá. 
Antes deste Ynga dizen que comen9aua el año desde Enero. 



214 REVISTA HISTÓRICA 



De las fiestas de cada mes del año 



CAP. VIII. 

La primera fiesta y mes principal de todas era, la que 
llaraauanCápacrayrai: que sé hazía en el primer mes del Año 
que era diziembre, que se llama, Raymi. En esta fiesta se 
ofrecían grande summa de carneros y de corderos en sacrifi- 
cio y se quemauan con leña labrada 3»- olorosa. Y trayan car- 
neros, oro, y plata, y se ponían las tres estatuas del sol 3' 
las tres del trueno, padre y hijo y hermano, que dezían te- 
nía el sol y el trueno. En estas fiestas se dedicauan los mo- 
chachos Yngas, y les ponían las guaras, ó pañetes, 3' les ho- 
radauan las orejas, y les aíotauan con hondas los viejos 3" 
vntauan con sangre el rostro todo en señal de que auían de 
ser caualleros leales del Ynga. Ningún extrangero podía es- 
tar en este mes y fiesta en el Cuzco, 3' al cabo de las fiestas 
entrauan todos los de fuera, 3" les dauan ciertos bollos de 
maíz con sangre de sacrificio que comían en señal de confe- 
deración con el Inga. Hazíanse diuersas ceremonias, que 
por haber ya cessado del todo según se entiende no se refie- 
ren. Sólo se advierte que el poner de las huaras, ó pañetes 
á los mochachos, que son de doze á quinze años, dura hasta 
agora, y es mu3'' vsada entre los Indios, 3' llámanla en la 
Quichua, Huarachicuy, y en la Aymará, Vicarassiña. Tam- 
bién aunque no sea por la misma orden, ni por el mismo 
tiempo, vsan en muchas partes, especialmente en Potosí, 3' 
en las tierras alreded">r, hazer la dicha fiesta llamada, ray- 
mi, al tiempo del sembrar, 3^ también por Corpus Christ^ 
vistiéndose, y comiendo y beuiendo y ba3'^lando, y barriendo 
diferentes sacrificios al modo antiguo. 

2. — La fiesta del segundo mes se llama, Cama3', en que 
hazían diuersos sacrificios, 3' echauan las cenizas por vn 
arro3^o abaxo, este mes es Enero. 

3.— Al tercero mes 3'' fiesta del llamauan, Hatun pucu3', 
en que sacrificauan cien carneros como en los otros meses, 
3' este responde á Febrero. 



INSTRYCIÓN CONTRA LAS CEREMONIAS Y RITOS 215 

4.— El quarto mes y fiesta se llamaua, Pacha pucuy, en 
que se ofrecían cien carneros negros, este es Mar90, 

5.— El quinto mes y fiesta se llamaua, Atihuaquiz, en 
que se sacrificauan cien carneros moromoros, que es pinta- 
dos, este responde á Abril. 

6.— El sexto mes se llama, Hatun cuzqu raymora3'', que 
responde á Mayo, también se sacrificaban otros cien carne- 
ros de todos colores. En esta Luna y mes (que es quando se 
trae el mayz de la era á la casa) se hazía la fiesta que oy día 
es muy vsada entre los Indios que llaman, Aymoray vel Ay- 
moraña. Esta fiesta se haze viniendo desde la chacra hasta 
su casa diziendo ciertos cantares, en que ruegan que dure 
mucho el mayz, y hazen cada uno en su casa vna huaca del 
mayz la qual llaman Mamacara, tomando de su chacra cier- 
ta parte de mayz más señalado en cantidad y poniéndola en 
una troxe pequeña que llaman Pirua,con ciertas ceremonias, 
y velando tres noches, y este mayz meten en las mantas más 
ricas que cada vno tiene, y desque está tapado, y adere9ado 
adoran esta Pirua, y la tienen en gran veneración, y dizen 
que es madre del mayz de su chacra y que en ésto se dá y se 
conserua el mayz, y por este mes le hazen un sacrificio par- 
ticular: y los hechizeros le preguntan si tiene fuer9a para el 
año que viene y si responde que no, le llenan á quemar á la 
misma chacra con la solennidad que cada vno puede. Y ha- 
zen otra pirua con las mismas ceremonias diziendo que la 
renueuan para que no perezca la simiente del mayz, y si res- 
ponde que tiene fuerza para durar más, la dexan hasta otro 
año. Esta superstición dura hasta oy día: y es muy común 
entre los Indips tener estas piruas, y hazer la fiesta del Ay- 
moray. 

7.— El séptimo mes que responde á lunio se llama Auca}' 
cuzqui, Intiraymi, y en él se hazía la fiesta llamada Intiray- 
mi, en que se sacrificauan cien carneros guanacos, y que de- 
zían que esta era la fiesta del Sol. En este mes se hazía gran 
summa de estatuas de leña labrada de Ouissuar, todas ves- 
tidas de ropas ricas, y se hazía el bayle que llamauan Cayo. 
Y en esta fiesta se derramauan muchas flores por el camino 
y venían los Indios muy embixados: y los señores con vnas 
patenillas de oro puestas en las barbas, y cantando todos. 



216 REVISTA HISTÓRICA 



Hase de aduertir que esta fiesta cae quasi al mismo tiempo 
que los Christianos hazemo* la solemnidad de Corpus Christi, 
y que en algunas cosas tienen alguna apariencia de semejan- 
(;a (como es en las dantas, representaciones, ó cantares) y 
que por esta causa á auido y ay 03^ día entre los Indios, que 
parecen celebrar nuestra fiesta de Corpus Christi, mucha su- 
perstición de celebrar la suya antigua del Intiraymi. 

8---E1 octavo mes se llama Chaliua huarquis: en el qual 
se queniauan otros cien carneros por el orden dicho todos 
pardos de color de viscacha, y este mes responde á lulio. 

9.— El noueno mes se llama Yapaquis. En el qual se que- 
mauan otros cien carneros castaños, y se degollauan y que- 
mauan mil cuyes, para que el yelo, y el ayre, y el agua, y el 
Sol no dañasse á las chacras: este parece que responde á 
Agosto. 

lO.—El décimo mes se llama Coya raymi, en el qual se 
quemauan otros cien carneros blancos lanudos. En este 
mes (que responde á Septiembre) se hazía la fiesta llamada, 
Citua, en esta forma,que se juntauan todos antes que salies- 
se la luna el primer día, y en viéndola dauan grandes vozes 
con hachos de fuego en las manos dizicndo, vaya el mal fue- 
ra, dándose vnos á otros con ellos. Estos se llaman Pan- 
concos. Y esto hecho se hazía el lauatorio general en los 
arroyos y fuentes, cada vno en su ceque, ó pertenencia, y be- 
uían quatro días arreo. Este mes sacauan las mamaconas 
del Sol gran cantidad de bollos hechos con sangre de ciertos 
sacrificios: y á cada vno de los forasteros dauan vn bocado, 
V también enbiauan á las huacas forasteras de todo el Rey- 
no, y á diuersos Curacas en señal de confederación y lealtad 
al sol y al Inga. Los lauatorios y borracheras y algún ras- 
tro de esta fiesta llamada, Citua, aán dura todauía en 
algunas partes con ceremonias algo diferenciadas, y con 
mucho secreto. Aunque lo principal y público á ya cessa- 
do. 

11.— El vndécimo mes se llama Homa raymi puchayquis. 
En el qual sacrificauan cien carneros, y si faltaua agua, pa- 
ra que llouiesse ponían vn carnero todo negro atado en vn 
llano derramando mucha chicha al derredor y no le dauan 



INSTRVCIÓN CONTRA LAS CEREMONIAS Y RITOS 217 

de comer hasta que llouiesse. Esto se vsa también en mu- 
chas partes, por este mesmo tiempo que es por Octubre. 

12.— El vltimo mes se llama, Ayamarca, en el qual se 
sacrificauan otros cien carneros, y se hazía la fiesta llamada 
Raymi cantarayquis. En este mes (que responde á Nouiem- 
bre) se aparejaua lo necesario para los muchachos, que se 
auían de hazer orejones el mes siguiente, y los mochachos, 
con los viejos hazían cierto alarde dando algunas bueltas. 
Y esta fiesta wse llamaua Itu raymi: la qual se haze de ordi- 
nario quando Ilueue mucho 6 poco, ó ay pestilencia. 



De las fiestas extraordinarias 

CAP. IX. 

La fiesta del, Ytu, no tenía tiempo señalado, más de que 
en tiempos de gran necesidad se hazía. Para ella ayunaua 
toda la gente dos días, en los cuales no llegauan & sus muge- 
res ni comían cosa con sal, ni axí, ni bebían chicha: y todos 
se juntauan en vna plaza donde no ouiesse forastero ni ani- 
males. Y para esta fiesta tenían ciertas mantas y vestidos, 
y aderemos que solo seruían para ella, y andauan en proces- 
sión cubiertas las caberas con sus mantas muy de espacio to- 
cando sus atambores y sin hablar vno con otro. Duraua es- 
to un día y vna noche: y el día siguiente comían, y beuían, y 
baylauan dos días con sus noches. Diziendo que su oración 
auía sido acepta. Y aunque no se haga oy día con toda 
aquella ceremonia: pero es muy general hazer otra fiesta se. 
mejante que llaman, Ayma, con vestiduras que tienen depo- 
I sitadas para ello. Y como está dicho esta manera de proces- 

I sión, ó bueltas con atambores, y el ayuno que precede y bo- 

rrachera que se sigue vsan para vrgentes necessidades. 

2. — Y aunque el sacrificar reses y otras cosas, que no 
pueden esconder de los Españoles las an dexado, á lo menos 
en lo público; pero conseruan todavía muchas ceremonias 
que tienen origen destas fiestas y superstición antigua. Por 
esso es necessario aduertir en ellas, especialmente que esta 



218 REVISTA HISTÓRICA 



fíesta del,Ytu,la hazendissimuladameiiteoydíaenlasdan9as 
del Corpus Christi, haziendo las dañinas de Uamallama, y de 
huacon, y otras conforme á su ceremonia antigua, en lo 
qual se debe mirar mucho. 

3. — Quando auía nueuo Inga re3', y le dauan la borla 
(que era la insignia del Reyno) entre otras innumerables ce- 
remonias y fiestas y sacrificios que hctzían, sacrificauan has- 
ta cantidad de dozientos niños de quatro años nasta diez. 
Mas porque ya esto á cessado del todo no hay que hazer 
más mención dello. Sino solo aduertir que auía otras mu- 
chas fiestas particulares que se hazían por victorias y por 
otros successos: y en cada prouincia vltra de las generales 
auía otras propias y especiales. 



De las hecliizerias 



CAP. X. 



El oficio de hechizero lo vsan siempre personas de poca 
estimación y pobres. Porque dezían ellos que siendo por 
una parte el oficio de hechizeros baxo y vil, y que por otra 
no conucnía que ninguno estuuiesse ocioso en la república, 
era bien que lo vsasse gente baxa. Por lo cual atento á que 
con todo esso lo tenían por necessario, mandaron que lovsas- 
sen aquellos que según su edad y necessidad no pudiesscn 
entender en otros. Y assí se deue aduertir que el día de oy 
los que son hechizeros, son desta condición baxa y vil, 3' que 
compelidos de la necessidad lo vsan; y si algún rico y noble 
lo vsa, será tal que tuvo el oficio de herencia y después enri- 
queció. Ninguna hechizería ni suerte de agüero hazían que 
no fuesse precediendo sacrificio grande ó pequeño según la 
necessidad de la persona, ó causa porque se hazía. Destos 
sacrificios se sustentauan los hechizeros consumida la parte 
que les parecía, bastaua. Y puesto que agora ha cessado la 
mayor parte destos sacrificios: empero no á cessado el ofi- 
cío de hechizeros y los instrumentos, y en lugar de sacrificios 
lleuan premio de plata, ropa, ó comida. Y como son muchos 



1 



INSTRVCIÓN CONTRA LAS CEREMONIAS Y RITOS 219 

los pobres y viejos &c. assí son muchoalos hechizeros. Y ha- 
se de aduertir que fuera de otros modos que auía peira cons- 
tituyr hechizeros (según se dize en esta instrución) se consti- 
tuyan también con ceremonias de hazer ayunar al que hauía 
de ser hechizero por tiempo de vn año, ó más 6 menos, ha- 
ciendo que se abstuviesse de axí, sal ó otras cosas particu- 
lares comidas y actos instruyéndole, y haziendo diversas ce- 
rimonias, y el día de oy los ay constituydos en esta forma 
que se llaman Camasca, ó Soncoyoc, no solo viejos pero 
mo50s,que aun después de auer receñido el baptismo, fueron 
graduados en el oflcio de hechizeros con mil supersticiones 
hechas con mucho secreto: y ellos por la mayor parte curan 
en lugares obscuros ó de noche donde no los vean. 

2.— Destos hechizeros, assí como ay mucho número: assí 
también ay muchas diferencias. Vnos ay diestros en hazer 
confectionos de yeruas, y rayzes para matar al que las dan. 

Y vnas yernas y ra3'^zes ay que matan en mucho tiempa,otras 
en poco conforme á la confectión y mezcla quehazen. Lasque 
hazen semejantes hechizerías son casi siempre mugeres, y 
para estas mezclas vsan tener muelas, dientes, y figuras de 
ouejas hechas de diferente cosas, cabellos, vñas, sapos viuos 
y muertos, conchas de diferente manera, y color, cabe9as de 
animales, 3' animalejos pequeños secoá, y gran diferencia de 
rayzes, y ollas pequeñas llenas de consaciones (?) de 3'^eruas, 
vntos, y arañas grandes viuas, y tapadas las ollas con ba- 
rro. Y en sintiéndose alguno enfermo acude luego á estos 
hechizeros para que deshagan el daño que sospechan auérse- 
les hecho por algún mal suyo, y con visajes y supersticiones 
varias hacen ésto, y muchas vezes con lo que dan á los enfer- 
mos para sanar mueren. Por lo qual son estas hechizeras 
en gran manera temidas aún de los caciques. Otros hechize- 
ros y hechizeras ay que entienden en las hechizerías permiti- 
das por sus leyes. Mas es de aduertir que todas las hechize- 
rías 6 las más de las que vsauan de lo que es permitido,vsan 
también de este otro que era vedado, y se tenía por pecado. 

Y de aquí es que fácilmente confiessan lo que era permitido, 
y estotro con mucha dificultad. Ni los Indios osan descubrir- 
las de temor porque lo vno temen ser hechizados de nueuo 

y lo otro de que también ellas manifestarían los males su- 
9 



220 REVISTA HISTÓRICA 



yos. Este género de hechizeros de ponzoña castigauan los 
Yngas matando los tales hechizeros hasta sus decendientes. 

3. — Otro género de hechizeros auía entre los Indios per- 
mitidos por los Ingas en cierta manera, que son como bru- 
jos. Que toman la figura que quieren y van por el ayre en 
breue tiempo mucho camino; y ven lo que passa, hablan con 
el demonio, el qual le responde en ciertas piedras, ó en otras 
cosas que ellos veneran mucho. Estos siruen de adiuinos, y 
de dezir lo que passa en lugares mu\' remotos, antes que ven- 
ga 6 pueda venir la nueua como aún después que los Españo- 
les vinieron an succedido que en distancia de más dozientas 
6 trezientas leguas se an sabido de los motines, de las 
grandes batallas, y de los al9amientos,y muertes assí de los 
Tyranos como de los que eran de la parte del Rey, y de per- 
sonas particulares, el mesmo día y tiempo que las tales co- 
sas succedieron, 6 el día siguiente, que por curso natural era 
impossible saberlas tan presto. Para hazer esta abusión de 
diuinaciones se meten en vna casa cerrada por de dentro, y 
se emborrachan hasta perder el juyzio. y después á cabo de 
vn día dizen lo que se les pregunta. Algunos dizen y afirman 
que éstos vsan de ciertas vnturas. Los Indios dizen que las 
viejas vsan de ordinario este oficio, y viejas de vna prouin- 
cia llamada Coayllo, y de otro pueblo llamado Manchay, y 
en la prouincia de Guarochirí y en otras partes que ellos no 
señalan. También siruen de declarar dónde están las cosas 
perdidas y hurtadas, y deste género de hechizeros ay en 
todas partes. A los quales acuden muy de ordinario los 
Anaconas y chinas que siruen á los Españoles quando pier- 
den alguna cosa de su amo, ó dessean saber algún successo 
de cosas passadas, ó de las cosas que están por venir: orno 
quando baxan á las ciudades de los Españoles á negocios 
particulares 6 públicos, preguntan si les yrá bien, ó si enfer- 
marán, ó morirán, ó si boluerán sanos, ó si alca^arán 1^ que 
pretenden: y los hechizeros responden sí, ó no auiendo habla- 
do con el demonio en lugar obscuro, de manera que se oye 
su voz mas no se vé con quién hablan ni lo que dizen, y ha- 
zen mil ceremonias 3" sacrificios para este efecto, allende que 
inuocan para ésto al demonio, y emborráchanse (como está 
dicho) y para este oficio particular vsan de vna Uerua lia- 



INSTRVCIÓN CONTRA LAS CEREMONIAS Y RITOS 221 

mada Villca, echando el ^umo della en la chicha, 6 tomán- 
dola por otra vía. Aduiértase qu,e aunque se dize que solas 
las vigas vsan deste oficio de adeuinar y dezir lo que passa 
en otras partes remotas y declarar lo perdido y hurtado, 
también lo vsan el día de oy Indios no solo viejos pero mo- 
(jos y piden para ésto que les traygan coca, cuy, pelos, ó ca- 
bellos, sebo, 6 ropa, ó otras cosas y no quieren ser vistos 
en la obra. Y en lo de las prouincias también se nota que 
no solo en Guarochirí, mas en la comarca del Cuzco, en los 
Collas, en los Guaneas, en los llanos, en la tierra de Guánu- 
co, y de las Chachapoyas y otras muchas prouincias los ay. 



De los sortilesos y adivinos 

CAP. XI 

También auía y ay entre los Indios, hechizeros sortíle- 
gos: officio tenido por muy vtil y nccessario. Y como ningu- 
na cosa hazían ó emprendían los Indios que no la echassen 
á suertes. De aquí nacía que auía mucha cantidad destos 
hechizeros, los quales comunmente eran varones (aunque 
algunas vezes lo vsan mugeres) que todos eran de Conde- 
suyo. Vsan de suertes para saber el successo de qualquier 
negocio que hazen ó quiren hazer, y para saber qual sacri- 
ficio es agradable á la Huaca; y mézclanse ydolatrías y mil 
hechizerías. Los que entienden en ésto son gente baxa y vil 
como los demás hechizeros y los Caciques tienen por oficio 
de elegir por tales sortílegos, á los quales van faltando las 
fuerzas para otros trabajos, y que son pobres, y assí no ay 
pueblo que no tenga destos, y pat-a esta elección preceden di- 
uersas cerimonias 3' ritos y ayunos que les mandan hazer los 
mismos Caciques, ó los hechizeros por su orden. Vsan pues 
este género de suerte con diferentes artificios, en especial con 
pedrezuelas de diferentes colores, ó con pedrezuelas negras, 6 
con mayzes, 6 con molió, y sus successores ó herederos guar- 
dan estas cosas con mucho cuydado, para vsarlas á su tiem- 
po, que es en tiempo de necessidad, 6 á la vejez. Dizen que el 



222 REVISTA HISTÓRICA 



trueno, 6 alguna Huaca dio estas pedrezuelas á los tales he- 
chízeros. Otros dizen que un defuncto se las traxo de noche 
entre sueños. Otros que algunas mugeres en tiempo tempes- 
tuoso se empreñaron del Chuqui illa, y á cabo de nueue me- 
ses las parieron con dolor, y que les fué dicho en sueños que 
serían ciertas las suertes que por ellas se hiziessen. Tienen 
éstos mucho crédito á cerca de los Indios: y si alguno está 
muy enfermo, y le dizen que se á de morir (porque assí pare- 
ce por las suertes) sncrifican el hijo que tiene diziendo que 
truecan la vida de aquél por la suya. También v san para 
las suertes de vnas arañas grandes, que las tienen tapadas 
con vnas ollas, y les dan allí de comer, y quando viene algu- 
no á saber el successo de lo que á de hazer haze primero vn 
sacrificio el hechizero, y luego destapa la olla, 3" si la araña 
tiene algán pie encongido á de ser el successo malo, y si to- 
dos estendidos el successo será bueno. Este género de hechi- 
zería es más vsado en los Chinchaysuyos, y allí veneran mu- 
cho la araña. Y en otras partes á las culebras, y en otras 
otros animales que siruen para este efecto de suertes. Ad- 
uiértase que aún el día de oy no á cessado ésto, y aunque no 
vsan todos de todas estas cosas para mirar los successos 
venideros, más vsan las que en cada prouincia se han inven- 
tando, como el maíjo de la majorca, algón tiesto quebrado, 
la salina en la mano, huziéndola correr por la palma ó de- 
dos, y conforme á cómo corre assí adiuinan los successos, 
y una manera de frisóles colorados llamados (Guayros) 
y otras diferentes cosas que hasta el día de oy las vsan pa- 
ra género de suertes etiam muchos de los Indios ladinos, y 
sus mugeres. 

2.— También ay otros sortílegos para dezir lo porvenir, 
y para esto mascan cierta coca y echan de su (jumo con la 
salina en la palma de la mano tendiendo los dos dedos ma- 
yores della, y si cae por ambos j^gualmente, es el successo 
bueno, y si por el vno solo es malo. Y precede vn sacrificio 
adorando al sol. También lo preguntauan á las Huacas y 
recebían respuesta. 

3. — Las suertes se hazían por todas quantas cosas que- 
rían hazer, como por sembrar, coger, encerrar el pan, cami- 
nar, edificar, casarse, ó hazer diuorcio. También para sa- 



INSTRVCIÓN CONTRA LAS CEREMONIAS Y RITOS 223 

ber qnáles sacrificios agradauan al trueno, á cuyo cargo es- 
taua el llouer, elar granizar, &c. Hazíaii para esto vn sacri- 
ficio pequeñOjparaque declarasse el trueno qué sacrificio que- 
ría,echauan las suertes de conchas de la mar,y si salía que no 
echauan otras suertes que solían hasta que el sortílego apro- 
uaba, entonces se tenía el sacrificio por acepto: y contribu- 
yendo el pueblo lo que les cabía, entregauan todo lo necessa- 
rio á los oficiales del sacrificio (diferentes de los sortílegos): 
los quales tomando cada vno su parte,y yendo todos lo ofre- 
cían en lo más alto de la puna diziendo ciertas palabras: y ca- 
da vno voluiendo al pueblo dezíaloque trueno leauía pedido 
y por qué causa estaua enojado, y si aquel sacrificio le agra- 
daua, 6 no. ó si le auían de hazer más sacrificios, y conforme 
á cómo dezía el hechizero le dauan entero crédito, poniendo 
por obra todo lo quedeclarauaauiendo grandes borracheras 
y bayles de noche y de día y otras ceremonias é ydolatrías. 
Aduiértase que los oficiales del sacrificio, que son muchos y 
muy comunes se eligían en esta forma. Si algún varón, ó 
muger nació en el campo en tiempo que atronaua, se tenía 
quenta con él llamándole Chuqui illa, y quando era viejo le 
mandauan enten.iiesse en ésto, creyendo que el sacrificio he- 
cho por mano déste era más acepto. También auía algunos 
llamados hijos del trueno nacidos de mugeres que afirmauan 
que auían concebido del trueno, y parido. Y á éstos los se- 
ñalauan para ésto. ítem á dos ó tres nacidos de vn vientre, 
y finalmente á todos aquellos en quienes ponía más de lo co- 
mún la naturaleza (entendiendo que no fué sin mysterio) 
los señalauan para ésto llamándolos huacas. Y ni más ni 
menos qualquiera cosa que les succedía, ó en la chacra, ó en 
sus personas diferente que á los otros lo atribuyan á ésto. Y 
si hallauan vna piedra, ó concha, ó cosa señalada la tenían 
en más que si la hallasse otro. 



De los ministros de Saoriftcios 

CAP. XII. 

También auía Indios señalados para hazer sacrificios á 
as fuentes manantiales ó arroyos que passauan por el pue- 



224 REVISTA HISTÓRICA 



blo y chacras y hazíanlos en acabando de sembrar, para que 
no dcxassen de correr, y regassen sus chacras. Estos sacriñ- 
cios elegían los sortílegos por sus suertes, las quales acaua- 
das de la contribución del pueblo se juntaua lo que se hauía 
de sacrificar y lo entregauan á los que tenían el cargo de ha- 
zer los dichos sacrificios. Y hazíanlos al principio del inuier- 
no,que es quando las fuentes y manantiales y ríoscre9en por 
la humedad del tiempo y ellos atribuyanlo á sus sacrificios,no 
sacrificauan á las fuentes y manantiales de los despoblados. 
El día de oy aún queda todavía esta veneración de las fuen- 
tes, manantiales, acequias, arroyos ó líos que passan por lo 
poblado y chacras. Y también tienen reuerencia á las fuen- 
tes y ríos de los despoblados. Al encuentro de dos ríos ha- 
zen particular reuerencia y veneración, y allí se lauan para 
sanar vntándose primero con harina de mayz, ó con otras 
cosas, y añidiendo diferentes cerimonias, y lo mismo hazen 
en los baños. 



De los OTras y medióos 

CAP. XIII. 

También aj' Indios que curan enfermedades, assí hom- 
bres como mugeres que se llaman (Camasca, ó Soncoyoc): y 
no hazen cura que no preceda sacrificio y suertes,ydizen estos 
que entre sueños se les dio el oficio de curar apareciéndoles 
alguna persona que se dolía de su necessidad,y que les dio el 
tal poder. Y assí siempre que curan hazen sacrificio á esta 
persona que dizen se les apareció entre sueños y que les ense- 
ñó el modo de curar, y los instrumentos dello. 

2.— También ay mugeres parteras, y dizen que entre sue- 
ños se les dio este oficio, apareciéndozeles quien les dib el po- 
der é instrumentos. Y estas mismas entienden en curar las 
preñadas para enderezar la criatura, y aún para matarla en 
el cuerpo de la madre con artificios que tien (así) licuando 
paga por ésto. Otras a^^ que curan quebrados, y sacrifican 
mientras dura la cura del lugar quebrado ó desconcertado. 



INSTRVCIÓN CONTRA LAS CEREMONIAS Y RITOS 225 

y generalmente vsan de palabras, de sacrificios, de vnciones 
de sobar, y otras supersticiones, si alguna India pare dos 
de vn vientre, y es pobre desde luego vsa el oficio de partera 
haziéndose sacrificios, ayunos y ceremonias en su parto. 
Qualquiera que tuuo quebrado bra<;o, 6 pierna, 6 otra par- 
te del cuerpo y sanó antes del tiempo que comunmente sa- 
nauan los otros enfermos era tenido por maestro de curar 
semejante enfermedad. Y otros á auido que fingiendo la tal 
enfermedad dezían que auían sanado muy presto, y tenién- 
dolo por milagro acudían á él los enfermos para ser cura- 
dos. Aduiértase aquí que aunque los pobres y mendigos vsa- 
ban este oficio de hechizeros sortílegos sacrificadores&c. con 
todos los ricos y poderosos sabían y saben más destas cosas, 
y eran los que las sustentauan, predicauan y mandauan, 
que se hiziesse (como los Ingas, Caciques, y Curacas) dan- 
do razón de cada cosa, y del origen della. También es bien 
aduertir que en las tierras ricas y abundantes de comida, ó 
ganado, y plata reinan más las Idolatrías y supersticiones 
(como en estas partes del Pirú,)mas enlasprouincias pobres 
como los Chirihuanáes, Chaneses, Tucumanenses, Xuríes, 
Diaguitas hasta el río de la plata, y otras muchas que son 
pobres y necessitadas, aunque algunos adoran al sol, ó algu- 
nas estrellas con solas palabras y meneos del cuerpo y con 
tenerlos en mucho: mas no ponen tanta diligencia y obser- 
uancia de religión supersticiosa, ni vsan de tanta multitud 
de ceremonias, ni sacrificios, ni tienen que sacrificar, y en fin 
no es cosa general, pues son los más los que no tienen ydo- 
latrías, sino que toda su ocupación es coxer con mucho tra- 
bajo lo que comen, y aún lo que beuen, y otras cosas que 
auran menester. 



De los saorifloios y cosas qve saorifieanan 

CAP. XIIII. 

Las cosas que sacrificauan á las Huacas, eran primera- 
mente niños de diez años para abaxo, y ésto para negocios 



226 REVISTA HISTÓRICA 



de mucha importancia y no tan comúnmente, ahogáuanlos 
y enterráuanlos. ítem ropa fina para texer, la qual se ha- 
zían ciertas ceremonias, y hazíanla también de diferente ma- 
nera según la qualidad del negocio. Quemáuanla con dife- 
rentes ritos. ítem el ganado que ellos tienen, teniendo gran- 
de quenta con la edad, qualidad, y color de la res, para con- 
formar con la qualidad de la causa porque se sacrificaua. 
Res que fuesse hembra nunca la sa.rificauan teniendo respec- 
to al multiplico. ítem cuyes, que son vnos animalejos que 
crían en sus casas, mayores que ratones, seruian éstos para 
mirar los agüeros y los successos de las cosas. También ser- 
uía para ésto el ganado que tenían. Estos dos géneros de 
animales sacrificauan. De los siluestres no vsauan porque 
dezían, que para sacrificios de salud y bien no se auía de sa- 
crificar sino cosa que ouiessen adquirido y criado con su 
trabajo. Aduiértase que el día de 03' es muy vsado este géne- 
ro de sacrificio de cuyes assí en los Serranos como en los de 
los Llanos. 

2.— ítem sacrificauan páxaros de la Puna quando auían 
de yr á la guerra para hazer disminuir la fuerza de las huacas 
desuscontrarios.Este sacrificio sellamauaCuzcovÍ9a,óHua- 
11a vi9a,ó Sopa vi^a. Y hazíanla en esta forma: tomauan mu- 
chos géneros de páxaros de la Puna, y juntauan mucha leña 
espinosa (llamada,Yanlli) la qual encendida juntauan los pá- 
xaros(y esta junta llamauanQuÍ9o)y los echauanenelfuego, 
alrededor del qual andauan los oficiales del sacrificio con cier- 
tas piedras redondas y esquinadas, donde estauan pintadas 
culebras, leones, sapos, Tigres, diziendo (Vssachum)que sig. 
nifica succeda nuestra victoria bien y otras palabras en que 
dezían piérdase la fuerza de las Huacas de nuestros contra- 
rios: y sacauan vnos carneros prietos que estauan en pri- 
sión algunos días sin comer que se llamauan [Vrcu] y ma- 
tándolos dezían que assí como los corazones de aquellos es- 
tauan desmayados: assí desmayassen sus contrarios: y si en 
estos carneros, vían que cierta carne que está tras del cora- 
ron, no se auía consumido con los ayunos y prisión passada, 
teníanlo por mal agüero, y trayan ciertos perros negros lla- 
mados, Apurucos, y matáuanlos y echáuanlos en vn llano, y^ 
conciertas ceremonias hazían comer aquella carne acierto gé- 



INSTRVCIÓN CONTRA LAS CEREMONIAS Y RITOS 227 

ñero de gente. También hazían este sacrificio para que el Yn- 
ga no fuesse ofendido con pongoña, y para ésto ayunauan 
desde la mañana hasta que salía la estrella, y entonces 
se hartauan y zahorauan á vso de moros. Este sacrificio 
era el más acepto para contra los dioses de los contrarios. 
Y aunque el día de oy á cessado casi todo ésto por auer ces- 
sado las guerras, con todo an quedado rastros y no pocos 
para pendencias particulares de Indios comunes, 6 de Caci- 
ques, ó de vnos pueblos con otros, y es bien estar muy sobre 
el auiso. 

3. — ítem sacrificauan 6 ofrecían conchas de la mar que 
llaman Molió. Y ofrecíanlas á las fuentes y manantiales, di- 
ziendo que las conchas eran hijas de la mar, madre de todas 
las aguas. Tienen diferentes nombres según la color, y assí 
siruen á diferentes efectos, vsauan destas conchas casi en to- 
das las maneras de sacrificios, y aún el día de oy echan al- 
gunos el molió molido en la chicha por superstición. Este 
molió labrado, que por otro nombre se llama (Chaquira) es 
en todo dañoso por quanto sirue quasi á todo género de sa- 
crificios y ritos: y los Españoles lo an tenido por muy buena 
grangería en especial en Trugillo y su comarca, y en otras 
partes destos llanos, y el día de oy no se dexa de vender en 
algunos lugares. También sacrificauan plumas de diuersos 
colores en especial coloradas y amarillas traydas de los An- 
des llamadas Paucar, pilleo parihuana. También sacrifica- 
uan oro y plata haziendo diferentes figuras pequeñas, 6 va- 
sos, ítem harina de mayz, ó de otras legumbres, 6 de massa, 
6 bollos hechos desta harina. ítem chicha, y otras comidas 
diferentes, coca, ó cestillo della, sebo, cabellos, sangre pi o- 
pia, ó de animales y otras cosas, y finalmente de todo quan- 
to sembrauan,y criauan dende el hijo que engendrauan has- 
ta la vltima cosa que criauan si les parecía conueniente lo sa- 
crificauan. Esto de los niños parece que á cessado á lo menos 
entre Indios que ya tienen conocimiento. En las demás co- 
sas aún todavía quedan grandes rastros y reliquias, en espe- 
cial en cosas de cuyes, coca, comida, chicha, plumas y carne- 
ros y otras cosas assí. &c. Y assí es menester mucho cuyda- 
do y diligencia. 

4.— En lo que toca á las hechizeras viejas ó mo^as, he- 
lo 



228 REVISTA HISTÓRICA 



chizeros viejos y mo^os del tiempo de aora es aún más per- 
nicioso lo nueuo que se ha inuentado, y para ésto es de ad- 
uertir que son en dos maneras, vnos que traen la cara des- 
cubierta y se vé claramente que son hechizeros que hazen lo 
que antiguamente se hazia. Y á éstos no se llegan sino 
Indios, 6 muy desalmados, 6 aquellos que no han recebido 
enteramente la fe, ni saben las cosas de Dios; mas porque 
nunca hazen sus cosas sino con todo el secreto del mundo 
son muy dañosos. Otros ay que allende que visitan los lu- 
gares de los pueblos de Españoles é Indios, vsan su oficio de 
hechizería con especie de Christiandad. Y quando llegan al 
enfermo echan sus bendiciones sobre el enfermo, santíguan- 
se, dizen ay Dios, lesús, 6 otras palabras buenas, hazen que 
hazen oración á Dios, y ponen las manos, y parados ó de 
rodillas, ó sentados, menean los labios al^an los ojos al cie- 
lo, dizen palabras santas, y aconséjanle que se confiesse, y 
que haga otras obras de Christiano, lloran y dizen mil ca- 
ricias, hazen la cruz y dizen que tienen poder para esso de 
Dios, ó de los Padres, ó de los Apóstoles y á bueltas désto 
secretamente sacrifican y hazen otras ceremonias con cuyes, 
coca, sebo, y otras cosas, soban el vientre, y las piernas, 6 
otras partes del cuerpo, y chupan aquella parte que duele 
del enfermo, y dizen que sacan sangre, ó gusanos, ó pedre- 
zuelas, 3'- muéstranlas diziendo que por allí salió la enferme- 
dad: y es que traen la dicha sangre ó gusanos &c. en ciertos 
algodones, ó en otra cosa y la ponen en la boca al tiempo 
del chupar, y después la muestran al enfermo, 6 á sus deu- 
dos, y dizen que ya á salido el mal y que sanará el enfermo, 
y hazen otros mil embustes para ésto. Las viejas ó mo^as 
que vsan désto son herbolarias, parteras, miran las preña- 
das, declaran lo que tienen y matan las criaturas si assí lo 
piden las mismas preñadas por algún respecto, y los varo- 
nes que lo vsan también son herbolarios: y los vnos)' los otros 
algunas vezes (con toda la dissimulación que pueden) 03'en 
los pecados del enfermo preguntándoselos por exquisitos mo- 
dos para que no se entienda que son, Ychuris (que son con. 
fessores antiguos) y al tiempo de oi-rlós ó después de auér- 
selos oydo (3'a que no todos, á lo menos alguna parte, que 
son aquellos que le parece que bastan para aliviar la en- 



INSTRYCIÓN CONTRA LAS CEREMONIAS Y RITOS 229 

fermedad) hazen sus ceremonias diziendo palabras fingidas, 
dan sos penitencias, y con palabras equíuocas les dan á en- 
tender que no dexen los ritos antiguos, pues son buenos pa- 
ra el remedio de sus males. Finalmente so especie de Chris- 
tiandad (azen mil males y hazen más daño que los que des- 
cubiertamente se muestran ser hechizeros; porque á éstos si 
los llaman la primera ó segunda vez, más no la tercera y fi- 
nalmente temen los Indios de encomendarse áellosy hazen es- 
crúpulo grande dello: mas de los fingidos y dissimulados no. 
Quando á estos fingidos los llaman de parte del enfermo, se 
hazen derogar diziendo que ellos no son hechizeros sino Chris- 
tianos,y que por medio de hechizos sea de hazer que noyrán. 
si piesan que sino que se á de hazer la cura y medicinas por 
modo de Christianos. Assí que es tal el modo,que los Indios 
que según está dicho huyan de los hechizeros que á lo descu- 
bierto hazen sus males,no huyen destostantes los Indios muy 
entendidos y que parecen temerosos de Dios se aprouechan de- 
líos entendiendo que no ay malicia en lo que hazen, y con es- 
ta ignorancia los embían á llamar y se curan con ellos: aun- 
que no dexade auer muchos que los llaman con recelo y sospe- 
cha. Y muchos destos hechizeros son tenidos en buena repu- 
tación á lo menos no por hechizeros, y curan algunos públi- 
camente, porque no tienen licencia expressa de los juezes 
eclessiásticos, 6 no se repara en el mal que puede auer, y los 
permiten. Conuiene pues que en ésto aya mucho recato y 
diligencia continua. 



Cómo el Insa dio al modo del Cuzco 

sus hiLaoas á todos sus Reynos 

CAP. XV. 

Qvando el Ynga conquistaua de nueuo vna Prouincia 6 
pueblo, lo primero que hazía era tomar la Huaca principal 
de la tal prouincia ó pueblo y la traía al Cuzco assí por te- 
ner á aquella gente del todo sujeta, y que no se le rebelasse. 
como por que contribuyessen cosas y personas para los sa- 



230 REVISTA HISTÓRICA 



crificios y guardas de las huacas y para otras cosas. Ponía 
esta huaca en el templo del sol llamado, Curicancha, donde 
auía muchos altares, y en ellos estauan las estatuas del Vi- 
racocha, del sol y del trueno y otras huacas, ó ponía las ta- 
les huacas de las prouincias en otras partes diferentes, 6 en 
los caminos conforme al suyo, 6 prouincia que era, y como 
era tanta la gente que acudía allí de toda la tierra, todos se 
industriuan por lo que allí se les enseñaua. 

2. — Y en lo que toca á la veneración de fuentes, manan- 
tiales, ríos, cerros, quebradas, angosturas.collados, cumbres 
de montes, encruzijadas de caminos, piedras, peñas, cuencas 
y en lo del arco del cielo, y en la abusión acerca del canto de 
la lechuza, buho, y otras cosas se hazía y tenía en las de- 
más partes del reyno, y se tenían en reuerencia al modo del 
Cuzco. Y como el Cuzco y su comarca tenía gran suma de 
ídolos, huacas, villcas, adoratorios, ó mochaderos consti- 
tuydos en diferentes partes assí también tenían encada pro- 
uincia particulares huacas y adoratorios, y cada vna otra 
cosa más particular que adoraua, y cada familia cuerpos de 
difuntos que venerar. Finalmente cada tierra y prouincia 
tenía mucha diuersidad de mochaderos, y s¡ agora se an 
deshecho los ídolos, piedras, é instrumentos de sacrificios y 
otras cosas muchas que tenían para sus ritos, con todo es- 
tán en pie los cerros, collados, fuentes, manantiales, ríos, la- 
gunas, mar, angosturas, peñas, Apachitas, y otras cosas 
assí: cuj'a veneración aún dura todavía y es necessario que 
alia mucha vigilancia para desterrar de sus cora9ones esta 
impía veneración. Las Huacas y aloratorios del Cuzco 3' 
algunas leguas al rededor del son, 340. de diuersos nombres, 
y dcuía de auer otras más. De todo lo qual mucha parte se 
á oluidado: más con todo no dexará de auer algún rastro y 
en especial donde a^'^ viejos y viejas, y más donde ay princi- 
pales y Curacas inclinados á estos ritos. (*). 



( •) — Publicóse por vez primera esta instrucción en élConíessionarío pa- 
ra los Cvras de Indios. Con la instrución contra sus Ritos y Exhortación 
para avudaí á hien morir— Los Reres MDLXXX\\ libro rarísimo, y del 
que no se sabe que existan sino dos ejemplares: uno en la biblioteca del que 
.aé ilustre historiador argentino, Geneial don Bartolomé Mitre, en Buenos 
Aires, y el otro que posee nuestro estimable amigo el Doctor don Juan 
Francisco Pazos várela. 



INSTRYCIÓN CONTRA LAS CEREMONIAS Y RITOS 231 




Facsímile de la ñrma del licenciado Polo de Ondegardo. 



Fué este libro el segundo que se imprimió en Lima y debió agotarse 
muy pronto la edición, pues se reimprimió en Sevilla pocos años después.en 
16Ó3. Pero la reimpresión sevillana á su vez se hizo más rara que la edi- 
ción limeña, puesto que ni noticias había de ella, hasta que el insigne biblió- 
grafo chileno don José Toribio Medina la describió en su Biblioteca Hispa- 
no Americana^ T.II. p. 32, de la que dice: **Libro hasta ahora completa- 
mente desconocido, no citado, ni menos descrito por bibliógrafo alguno." 

El ejemplar que el señor Medina tuvo á la vista pertenece al Sr. B. La- 
mas, de Buenos Aires. En la Biblioteca de Lima existe un ejemplar muy 
bien conservado, y recientemente el librero Hiersemann, de Leipzig, ha 
anunciado en venta en sus catálogos un ejemplar en 2000 marcos, ó sea 
cien libras peruanas. 

F' ;íran interés que para la historia antigua del Pera tiene esta Ins- 
trucción y lo buscada que es por todos los que á ella se dedican, mueve á 
la Dirección de la Revista á reproducirla, tomándola de la edición sevilla- 
na que posee la Biblioteca Nacional. 



El Irica Garcilaso 



Entre los historiadores del Perú ninguno más conocido 
y popular que Garcilaso de la Vega, que lleva el renombre 
de Inca, 

Débese esto, no sólo á lo fácil y ameno de su estilo, al 
candor de su relato y á su ingenua franqueza; sino á la an- 
tigüedad de su obra, que fué en su género la primera del 
país; al cariño con que trata su asunto; y al colorido con 
que pinta personajes, hechos y lugares, hasta parecer un es- 
critor de Memorias. 

Ensayemos trazar su boceto biográfico; aprovechando 
sobretodo, y á falta de documentos, de los datos esparcidos 
en sus mismos escritos. 

Nació Garcilaso en el Cusco, metrópoli del Imperio In- 
caico, el 12 de abril de 1539, **ocho años después que los es- 
pañoles ganaron su tierra** [1], 

Su padre, Garcilaso de la Vega, del mismo nombre que 
él, descendía del famoso García Pérez y Vargas,que acompa- 
ñó al Rey don Fernando, el Santo, en la conquista de Sevi- 
lla; y para quien, al decir de la Crónica, **eran pocos siete 
moros.*' 

Garcilaso llegó al Perú en 1534, con la división de Pe- 
dro Alvarado, la mejor que había venido á América, por su 
personal y equipo; siendo él el único Capitán. Obligado to- 
mó parte en favor de Gonzalo Pizarro, al que abandonó en 
Saquisahuana, el 9 de abril de 1548; llevando á su lado á su 
hijo, que entonces contaba nueve años, y que en correr y sal- 
tar competía, según cuenta, con Francisco Pizarro, el hijo 
del Marqués. 




(Copia del cuadro que existe en el Cuzco) 



EL INCA GARCILASO 233 



Fué madre de Garcilaso doña Is ibel Palla Huailas Ñus- 
ta, hija de la Palla Mama Ocllo y de Huallpa Túpac Inca 
Yupanqui, 4*^ hijo del Inca Túpac Yupanqui, hermano de 
Huaina Cápac: siendo por lo mismo doña Isabel sobrina de 
este último monarca [2]. 

El español Juan de Alcobaza sirvió de ayo al joven Gar- 
cilaso; quien nos refiere, que tuvo á Francisco de Almendras 
por padrino de bautismo [3], y de confirmación á Diego de 
Silva [4]. También nos habla de una hermana [5]; y de don 
Juan de Vargas, su tío paterno, muerto de cuatro arcabuza- 
zos que le dieron en la batalla de Huarina, el 20 de octubre 
de 1547, como capitán de infantería [6]. 

Su otro tío, don Alfonso de Vargas, que no vino al Pe- 
rú, sirvió al Rey en la guerra treinta y ocho años, en Italia, 
Francia, Flandes, Alemania y Oran. 

Garcilaso, aunque no lo diga, debió ser hijo natural; por- 
que su padre fué casado con la hermana de la mujer de An- 
tonio Quiñones [7]; y porque el mismo Inca menciona á su 
madrastra como asistente, el 13 de noviembre de 1553, á 
las bodas de Alfonso Loaiza y doña María de Castilla [8]. 

Pudiera ser rinembargo, lo que no encuentro probable, 
que se desposara Garcilaso, en 1538 ó antes, con la Palla 
doña Isabel; y que, muerta en breve, se casara en segundas 
nupcias. 

El infortunado descendiente délos Incas y su familia vi- 
vieron tres años de limosna, por la misérrima situación á que 
IOS redujo la guerra civil, y por la tenaz persecución de Gon- 
zalo Pizarro contra el padre, hasta que éste se afilió en sus 
banderas [9]. 

Muerto el rebelde Francisco Hernández Girón, en 1554, 
diósel^su repartimiento al Conquistador Garcilaso, 3' se le 
nombró Corregidor del Cusco; empleo que sirvió tres años, 
de 1554 á 1556; siendo su Teniente el Licenciado Monjaraz, 
El Marqués de Cañete, don Andrés Hurtado de Mendoza, á 
su entrada al gobierno (junio 29 de 1556), reemplazó á Gar- 
cilaso, en el cargo de Corregidor, con el Licenciado Bautista 
Muñoz. 

Dicho Virrc\', en carta al Emperador, fechada en Los Re- 
yes, á 15 de setiembre de 1556, It expone: que el capitán 



234 REVISTA HISTÓRICA 



Garcilaso de la Vega fué cómplice y uno de los más sospe- 
chosos en las alteraciones del Perú: **que tal por escrito 
consta por confisiones de algunos delincuentes, especial por 
la de Francisco Hern/lndez, que dice que ha de dejar por 
maldición á sus hijos si obedeciesen á Don Carlos, y con esto 
y con ser vecino allí en el Cusco le señalaron de salario el re- 
partimiento del mismo Francisco Hernández, que estaba ta- 
sado en doce mili pesos; y para su Teniente otro salario de 
otro repartimiento que renta otros seis mili pesos. Y esto 
con lo que más tiene gastaba en ciento cincuenta soldados ó 
doscientos que tenía á su mesa y en su casa, todos los días, 
de los culpados en lo de Francisco Hernández 6 en lo de las 
alteraciones de antes" [10]. 

Garcilaso, después de haber estado en la conquista del 
país, en las guerras civiles que la siguieron, y servir de capi^. 
tan en nuevos descubrimientos, murió en 1559, dejando a 
hijo idólatra de su memoria. 

El futuro historiador del Perú no pudo recibir instruc» 
ción sólida y completa, por íalta de escuelas y colegios, y 
aún de maestros: apenas si logró aprender latín y algo de 
Retórica, con once niños mestizos hijos de españoles, enseña- 
dos por el bachiller Juan de Cuellar, natural de Medina del 
Campo, recibido de Canónigo de la Iglesia del Cusco el 4 de 
julio de 1552. Este, entusiasta amigo de la instrucción, se 
propuso cultivar el ingenio de los criollos, y repetía á sus 
discípulos, con lágrimas en los ojos: **¡oh hijos míos! cómo 
quisiera ver una docena de vosotros en la Universidad de 
Salamanca!'*. 

El joven cusqueño estuvo de edad de once á trece años 
en Lima, según aparece de sus palabras: **Este año de mil 
quinientos y cincuenta oy yo contar, estando en la ciudad 
de los ReyeSy que siendo el Ilustríssimo D. Antonio de Men- 
doza Visorre}" &'' [11]. El año debió ser posterior; toda vez 
que Mendoza ejerció el mando del 13 de setiembre de 1550 
al 21 de julio de 1552, y que Garcilaso habla de su gobierno 
como de cosa pasada. 

En el mismo año 50, 6 el 49, sufrió nuestro novelero In- 
ca dos cariñosas docenas de látigos, una dada por el padre 
y otra por el maestro— como cuenta con su genial llaneza,— 



EL INCA GARCILASO 235 



por no haber concurrido á la escuela, para ver arar, en su 
ciudad natal, los primeros bueyes que llevó Juan Rodríguez 
Villalobos, natural de Cáceres [12]. 

Después de la renuncia y cesión que, de sus derechos á la 
Corona del Perú, hizo Sairi Túpac, el 2 de enero de 1558, y 
muerto el año siguiente el conquistador Garcilaso, se dice 
que su hijo fué hecho salir del país: acaso expulsado por el 
Virrey, que temía que él abusara de la influencia que entre 
los aborígenes le daba su linaje. 

Esto parece probable,conocida la suspicacia de Felipe II; 
y porque no se encuentra causa, que obligara á Garcilaso a 
dejar su patria, para no volver á ella, cuando apenas tenía 
cumplidos veinte años, y llevaba á España muy poco cau- 
dal [13]. 

Así puede deducirse de un pasaje del mismo Garcilaso, 
en 'que cuenta la anécdota del Indiecito bufón que, como 
gracejo, decía á ese Virrey, Hurtado de Mendoza, Vueset 
Pestilencia en vez de Vuesa Excelencia, He aquí sus pala- 
bras: *'Aunque los maldicientes que le ayudaban (en sus 
particulares conversaciones) decían, que este apellido le per- 
tenecía más propiamente que el otro; por las crueldades y 
pestilencia que causó en los que mandó matar, y en sus hi- 
jos con la confiscación que les hizo de sus indios, y por la 
peste que echó sobre los que mandó desterrados á España, 
pobres y rotos, que fuera mejor mandarlos matar, y que el 
nombre de Excelencia era muy en contra de estas hazañas. 
Con estas razones, y otras tan maliciosas, glosaban los he- 
chos del Visorrey, los del Perü, que no quisieran que hubiese 
tanto rigor en el gobierno de aquel Imperio" [14]. 

De tránsito para Lima, al venir del Cusco, estuvo Garci- 
laso, el 21 de enero de 1560, en Marcahuasi, heredad de 
Pedro López de Cazalla, ex-Secretario de Gasea: y debió em- 
barcarse en el Callao, en abril de ese año ó poco después 
[15], con rumbo á Panamá. 

El navio que lo condujo tenía por Piloto al que, junto 
con dos mercaderes,trajo dos mil botijas de vino, que se ven- 
dieron las primeras á 360 ducados [16]. 

En el viaje tocó Garcilaso entonces en el valle de Huarcu, 

en Cañete [17]; y luego en Pasau, en la línea equinoccial, en 
11 



236 REVISTA HISTÓRICA 



donde el l)ii(iae demorv') tres días p'ira proveerse de agua y 
leña [18]. 

En Nombre de Dios vio á don Antonio Vaca de Castro, 
hijo del Gobernador que fué del Perú, y que venía á él con 
el Virre^^ Conde de Nieva, por su repartimiento de veinte mil 
pesos [19]. 

Estuvo en Cartagena, esperando quizá la flota que lo 
condujera á la Península [20]. 

Se dirigió á las Azores, de ahí á Lisboa, y luego á Madrid, 
en donde se encontraba á fines de 15G1 [21] y en 1562: sal- 
vado portentosamente, en Portugal, de un naufragio. 

Una vez en la Corte, se alistó en el ejercito del Rey, con 
el grado de capitán, sin sueldo alguno, é hizo la campaña 
en que donjuán de Austria sometió á los moriscos subleva- 
dos en Granada: no habiendo conseguido ascenso ni honores, 
ni la devolución de los bienes confiscados a su padre en el 
Perü. Desengañado al fin, optó por retirarse á Córdova. 

PvSta vieja cuidad. Corte de los Reyes árabes, situada en 
una llanura, á la falda de los montes de Sierra Morena, á la 
orilla derecha del Guadalquivir; rica en monumentos; bien po- 
blada; con una rara y magnífica catedral, sede episcopal, 
monasterios y conventos de diversas órdenes, hospitales 3^ 

seminario : tal fui la residencia que, al dejar el servicio 

de las armas, escogió Garcilaso, para consagrarse exclusiva- 
mente al estudio y al trabajo, escribir tranquilo sus libros, 
y concluir allí en paz sus días. 



« 
« « 



No sé si Garcilaso tuvo prole, si llegó á adquirir familia 
en España, y cómo acertó á pasar allí cincuenta y siete años 
de su vida: tal vez en su testamento, y en los archivos, bus- 
cados con diligencia, se encuentren sobre 61 datos, que nos 
importa reunir. 

Lo positivo es que, como solaz en sus ocios y en su des- 
tierro, se dedicó á las letras y á la composición de sus 
obras históricas, que debían conservar su memoria y ser 
útiles á su patria. 

Su primer trabajo fué la traducción de un libro en 8"^, 



EL INCA GAKCILASO 237 



publicado en Venecia en lñS6, —Din loghi di Amore: sta con 
la Moralc Filosofía di EpittetOy per Leone Hebreo. 

El traductor tituló su obra: 

La Traduzión del Indio de los Tres Diálogos de Amor de 
León Hebreo, hecha de Italiano en Español por Garcilaso 
Inga de la Vega, natural de la gran Ciudad del Cu¿co, Cabe- 
qa de los Reynos y Provincias del Pirú. Dirigidos á la Sacra 
Católica Real Magestad del Rey don Felipe nuestro señor, 
(Escudo de armas reales).— En Madrid. En casa de Pedro 
Madrigal, MDXC; 4^ 316 hojas foliadas+12 preliminares + 
31 al fin sin numerar.— PAi/dnj Sophia son los interlocuto- 
res que figuran en el libro. 

La dedicatoria al Rey es hecha en las Posadas, jurisdic- 
ción de Córdova, el 7 de noviembre de 1589; y allí expone 
el traductor los servicios de sus antepasados. 

Ofreció también el libro á don Maximiliano de Austria, 
Abad mayor de Alcalá la Real, del Consejo de S. M. y más 
tarde Arzobispo de Santiago; escribiéndole de Montilla el 18 
de setiembre de 1586. Don Maximiliano acogió con mucho 
agrado, y elogia, la parte de los Diálogos de Amor que ma- 
nuscritos le remitió Garcilaso, á quien dio las gracias en car- 
ta fecha en Alcalá el 19 de junio de 1587, 

Esto no bastó á impedir, que el Tribunal de la Inquisi- 
ción pusiese el libro en su índice expurgatorio, sin que sepa- 
mos el por qué: pero probablemente por deslices de doctrina 
del autor, y no del traductor. Acaso temía el Santo Oficio 
que se diera más importancia de la conveniente á la moral 
pagana de Epicteto. 

Quince años después del ensa3'o ó extreno del soldado 
escritor, se publicaba: 

La Florida del Inca, Historia del Adelantado Hernando 
de Soto, Gobernador y Capitán General del Rey no de la Fio- 
rida, y de otros heroicos caballeros españoles é indios, — Lis- 
boa, Imprenta de Pedro Craesbeeck, 1605; f* —2'^ edición de 
Madrid, en 1723, por don Nicolás Rodríguez Franco; f.° — 
Ediciones de Madrid, de 1803, Imprenta de Villalpando, 4 
vol. 12'; y de 1829, 2 vol. 8^, Imprenta de doña Catalina 
Piñuela. 

Tradujo la obra, en 1670, Richelet; y con un prefacio de 



238 REVISTA HISTÓRICA 



Lenglet Dufresnoy la publicó Gervasio Glouzier; París, 2 to- 
mos en 12*^. 

Esta traducción se reimprimió en París, en 2 vol. 12*=*, 
1709-1712: en Leytlen, en 1731, en 2 vol. 8*?; y en La Ha- 
ya, en 1735, en 8°.— Edición por D.C. París, 1685, en 12^. 



El trabajo más importante de Garcilaso, el que hace du- 
radera su fama, y que encierra, por decirlo así, su espíritu, es 
la Historia del Perú. 

Compuso la primera parte de ella,— sus Comentarios rea- 
les de los Incas,— m Córdova.de 1602 á marzo de 1604 [22]; 
y la segunda parte, sobre la conquista del país y las guerras 
civiles de los españoles, la escribía en 1610, y la concluyó á 
fines de 1611 [23]; tardando por lo mismo, de nueve á diez 
años en realizar su empeño. 

El título in extenso es: 

Primera parte de los Comentarios reales, que tratan del 
origen de los Incas Reyes que fueron del Perú, de su idola- 
tría, leyes y gobierno en paz y en guerra : de sus vidas y con- 
quistas, y de todo lo que fué aquel Imperio y su República, 
antes que los españoles pasasen á e/. — Escritos por el Inca 
Garcilaso de la Vega, natural del Cozco, y Capitán de Su 
Magestad. — Dirigidos á la Serenísima Princesa Doña Cata- 
lina de Portugal, Duquesa de Braganqa &^. — Con licencia 
de la Santa Inquisición, Ordinario y Pa^o. En Lisboa: — En 
la oficina de Pedro Craesbeeck-Año de MDCIX-0'27 x 0'19 
8 h.n.n. preliminares, con dedicatoria, protmios, adverten- 
cias acerca de la lengua general de los Indi(/S del Perú y ta- 
blas de materias; y 264 hojas del texto, dividido en nueve li- 
bros. 

Por la rareza de esa 1^ edición daremos algunos porme- 
nores de ella. 

Después de la portada, 1 hoja sin foliar; Aprobación de 
Fr. Luis de Anjos (Lisboa, noviembre 26 de 1604); Licencia 
del Consejo de la Inquisición, suscrita por Marcos Teixeiray 
Ruy Pirez de Yeiga (diciembre 4 de 1604); Licencia del Or- 
dinario (setiembre 2 de 1609); y Pase dado el 15 de marzo 
de 1605. 



EL INCA GARCILASO 239 



Al principio están las armas de Garcilaso: en un lado el 
escudo de los Incas; y en otro, armas españolas, con este 
mote de orla — **Con la espada y con la pluma*'. 

(Segunda parte) — Historia general del Perú, trata del 
descubrimiento del, como lo ganaron los Españoles, las gue- 
rras civiles que hubo entre Piqarros y Almagros, sobre la 
partija de la tierra, castigo y levantamiento de tiranos: y 
otros sucesos particulares que en la Historia se contienen. 
Escrita por el Inca Garcilaso de la Vega Capitán de Su Ma- 
gestad. Con privilegio real. Dirigida á la Limpíssima Virgen 
María Madre de Dios y Señora nuestra. (Una viñeta de la 
Virgen con esta letra — Mariam non tetigit primum pecca- 
tum.)— En Córdova, por la viuda de Andrés Barrera, y á su 
costa: 1617; P. 7 h.n.n. +300 +6 de la tabla. 

En seguida de las censuras y licencia está la dedicatoria 
á la Santísima Virgen, y un Prólogo á los Indios, mestizos, 
y criollos de los Reinos y Provincias del Perú, de Garcilaso 
**su hermano, compatriota, y paisano que les desea salud y 
felicidad*'.— Comprende los hechos hasta el Virrey Toledo in- 
clusive. 

Parece que Pinelo vio una edición de la 1* parte de esta 
obra, hecha en 1616, y de la 2^ parte, hecha en 1617 [24]; 
pero pudo inducirlo á error la fecha del tomo segundo. 

Don Andrés González de Barcia Carballido y Zóñiga,con 
el seudónimo de don Gabriel de Cárdenas y Cano, anagra- 
ma imperfecto de su nombre, publicó en Madrid, en 1722 y 
1723, una edición de Garcilaso, aumentada y añadida; co- 
rrigiendo los errores tipográficos; poniendo la vida de Inti 
Cusí Titu Yupanqui penúltimo Inca, 3^ un prolijo índice al- 
fabético de materias.— El primer tomo, de los Comentarios 
reales, consta de 15 h.n.n. + 351 págs. + 17 h.n.n. al fin.— 
El 2"^ tomo tiene 11 h.n.n. +595 págs. +31 h.n.n. 

De 1808 á 1809 se hizo otra edición de la obra en Ma 
drid,en 12*?, en 13 voh^menes,en la imprenta de Villalpando 
y otra allí mismo, en 6 tomos en 8"^, junto con la Conquista' 
de Nueva España de don Antonio de Solís, en 3; cuyos 9 to- 
mos debían formar parte de una Colección de Historiadores 
americanos, que no se llevó á término. 

Nueva edición, Madrid, 1829; 4 volümenes,8'^. Imprenta 



240 REVISTA HISTÓRICA 



de los hijos de Doña Catalina Piñuela; calle del Amor de Dios 
número 14. 

Recordaremos las siguientes traducciones de Garcilaso. 

Le Commentaire royal ov F histoire des Yncas, roys dv 
Perovy contenant leur origine^ depuis le premier Yuca Manco 

Capac ñdellement traduitte sur la versión espagnolle^ 

parj. Bavdoin,— Varis Avgovstin Courbé, 1633,4'? 22h.n.n. 
+1319 pp. + 17 h.n.n.— Portada grabada. 

Histoire des guerres civiles des Espagnols dans les In- 

des mise en frangois par J. Bavdoin,— París, Simeón P¡- 

get, 1638: 14 h.n.n. +631pp. +17 pp. n. n.; con la portada 
grabada.— Sv/Yíe des guerres civiles des Espagnols dans le 
Perou.— París, Simeón Piget, 1658; 4.° 555 págs. + 20 n.n. 
—Edición de 1672, París, 4.° 

Histoire des Incas, nouvellement traduite de T espagnol 
parDalibard,—A París, Chez Prault,1744; 2 vols.l2.°: I,con 
XXIII, 373 pp. + 1 h.n.n., con tres láminas y una carta; II, 
con XII +402 pp., 1 carta y 1 lámina. 

La obra de Baudoin se reprodujo en Amsterdam, en 
1704 y 1706, en 12.°, la 1^ y 2^ parte.-Allí mismo,en 1715, 
en dos tomos 12.°; y en 1737, con La Florida del Inca. 

Después de Baudoin y Dalibard publicaron su traducción 
de la Historia del Perú de Garcilaso, el P. Nicolás de La 
Comte, de la orden de Celestinos (París, 1667-1670), y Ci- 
tri de la Gutte (París, 1685; 8.°). 

Otra edición de la tríiducción de Juan Baudoin se hizo 
en París, en 1830, en 7 volúmenes en 8.°; á costa del Gobier- 
no, para dar trabajo á los tipógrafos. 

Se tradujo al portugués esta Historia de Garcilaso, y se 
publicó en Evora, en 1657, en 8.° 

Al inglés la tradujo Rycaut; y fué impresa en Londres 
en tolio, en 1688. La última versión á ese idiortia se titula: 

First part of the royal Commentaires oí tbe Yncas, 
translated and edited, with Notes and an introduction hy 
Cl R. Marktiam— hondón, Hakluyt Society, 1869-71» 8.°* 
2 volúmenes. 

Hay una versión alemana de Enrique Ludewig: Leipzig, 
1753, 8.° Después la de Meier, impresa en 1723, Zella, 8.°; J 
la de G. C. Bottger, en 1787, en 8.°— Nordhausen. 



KL INCA GARCILASO 241 



Meier tradujo también al alemán la Historia de la Flo- 
rida. 

Es sensible que no se haya intentado traducir, siquiera 
fuese en parte, al qucchun, la obra de Garcilaso. 

« 
* « 

En su traducción de León Hebreo, al hablar al Re}'', tra- 
za Garcilaso el plan de sus libros. Oigámosle: 

**De mi parte no hay en ella (la obra), cosa digna de ser 
recibida en cuenta, sino fuese el atrevimiento de un Indio en 
tal empresa, y el deseo que tuve de dar con ella ejemplo á los 
del Perú, donde yo nací, de como ayan de servir en todo gé- 
nero de oficios á V.C.M. Con este mesmo deseo y pretensión 
quedé ocupado en sacar en limpio la relación que á V. M, 
se ha de hacer del descubrimiento que vuestro Governador y 
Capitán General Hernando de Soto hizo en la Florida, don- 
deanduYO masde quatro años. La qual será obra de impor- 
tancia al aumento de la felicísima Corona de España (que 
Dios ensalce, y en summa Monarquía ponga con larga vida 
de V. M.) porque con la noticia de tantas y tan buenas pro- 
vincias como aquel Capitán descubrió, que hasta aora están 
incógnitas, y vista la fertilidad y abundancia dellas se esfor- 
zarán vuestros criados y vasallos á conquistar, y poblar,acre- 
centando su honra y provecho en vuestro servicio. Con- 
cluida esta relación entenderé en dar otra délas costumbres, 
ritos y cerimonias, que en la gentilidad de los Ingas, Señores 
que fueron del Pirú, se guardavan en sus Reynos: para que 
V. M. las vea desde su origen y principio, escritas con algu- 
na mas certidumbre y propiedad de la que hasta aora se 
han escrito. A. V. C. M. suplico que con la clemencia tan 
propia de Vuestra Real persona se humane á resebir el áni- 
mo destc pequeño servicio, que en nombre de todo el Piró he 
ofrecido y ofrezco". 

Para que se forme concepto del mérito de la Historia 
del Perñ de Garcilaso, y de la crítica de que ha sido objeto, 
citaremos al pié de la letra algunos pasajes, que revelan los 
propósitos del autor al escribir, y el modo como desempeñó 
su labor. 



242 REVISTA HISTÓRICA 



**Y esto baste, para que se ile el crédito que se debe, á 
quien sin pretención de interés, ni esperanza de gratificación 
de Reyes, ni Grandes Señores, ni de otra persona alguna, 
mas que el aver dicho verdad, tomó el trabajo de escrevir es- 
ta Historia, vagando de tierra en tierra, con falta de salud, 

y sobra de incomodidad" **Y á mi me dé (nuestro Señor) 

su favor y amparo, para que de 03»^ mas, emplee, lo que de la 
vida me queda, en escrevir la Historia de los Incas, Reyes 
que fueron del Perú; el origen, y principio dellos, su Idola- 
tría, y Sacrificios, Leyes, y Costumbres. Pin suma, toda su 
República, como ella fué, antes que los Españoles ganaran 
aquel Imperio; de todo lo que está ya la mayor parte pues- 
to en el telar: diré de los Incas, y de todo lo propuesto lo que 
á mi Madre, y á sus Tíos, y Parientes Ancianos, y á toda la 
demás gente común de la Patria, les oí; y lo que yo de aque- 
llas antigüedades alcancé á ver, que aún no eran consumidas 
todas en mis niñeces, que todavía vivían algunas sombras 
dellas. Assí mesmo diré del Descubrimiento, y Conquista del 
Perú, lo que á mi Padre, y á sus contemporáneos, que lo ga- 
naron, les oí; y de esta misma Relación, diré el Levantamien- 
to General de los Indios contra los Españoles, y las Guerras 
Civiles, que wsobre la partija huvo entre Pi^arros, y Alma- 
gros; que assí se nombraron aquellos Vandos, que para des- 
truición de todos ellos, y en castigo de sí proprios, levanta- 
ron contra sí mismos*'. 

**Y de las rebeliones, que después en el Perú pasaron, di- 
ré brevemente lo que oí á los que en ellas, de la vna parte, y 
de la otra, se hallaron; y lo que yo oí,que aunque muchacho, 
conoscí á Gonzalo Pi^arro, y á su Maese de Campo Francis- 
co de Carvajal, y á todos sus Capitanes, y á don Sebastián 
de Castilla, y á Francisco Hernández Girón, y tengo noticia 
de las cosas mas notables, que los Visorreyes, después acá, 
han hecho en el Gobierno de aquel Imperio'* [25]. 

**Ni en abono, ni en mal suceso de nadie, pretendo adular 
á quien quiera que sea, añadiendo ó quitando de lo que fué 3^ 
pasó en hecho de verdad" [26]. 

Tratando de Francisco de Carvajal, que quiso matar al 
padre de Garcilaso, dice éste: '*La obligación del que escribe 
los sucesos de su tiempo, para dar cuenta de ellos á todo el 



EL INCA GARCILASO 243 



mundo, me obliga, y aún fueiza» si así se puede decir, á que, 
sin pasión ni afición, diga la verdíid de lo que pasó; y juro, 
como christiano, que muchos pasos, de los que hemos escri- 
to, los he acortado y cercenado, por no mostrarme aficiona- 
do, ó apasionado, en escribir tan en contra, de lo que los au- 
tores dicen, particularmente el Palentino, que debió ir tarde 
á aquella tierra, y oyó al vulgo muchas fábulas, compuestas 
á gusto de los que las quisieron inventar, siguiendo sus van- 
dos y pasiones*' [27]. 

Cita los rasgos buenos del Inca Atahuallpa, y añade: 
'*La Historia manda y obliga á escribir verdad, so pena de 
ser burladores de todo el Mundo, y por ende infames'* [28]. 

En 1601 escribió á Garcilaso su amigo el Jesuita Diego 
de Alcobaza, dándole noticias de Chile; **sin otras nuevas de 
muchas lástimas que me escribe, que por ser odiosas no las 
digo** [29]. 

En 16 de abril de 1603 escribieron á Garcilaso, á Espa- 
ña, los descendientes de los Incas, acompañándole el árbol 
genealógico de éstos, desde Manco Cápac á Paullu, con re- 
tratos hasta el pecho, en una y media varas de tafetán blan- 
co de la China. **La carta no la pongo aquí, dice nuestro 
Inca, por no causar lástima con las miserias que cuentan de 
su vida*' [30]. 

Por prudencia calla muchas cosas, como lo repite en di- 
versos lugares. 

**Y nosotros hemos dejado de escribir, por no decirlo to- 
do** [31]. 

** Y me contó mucho de lo que hemos dicho, aunque no se 
dice todo** [32]. 

Refiere el Inca, que al Virrey Conde de Nieva **se le siguió 
la muerte, por un caso estraño, que él mismo lo procuró y 
apresuró*' [33]. 

Sobre la matanza de Cajamarca se expresa así: **E1 

General Español, y sus Capitanes escribieron al Emperador 

la relación, que los historiadores escriben; y en contrario 

con grandísimo recato, y diligencia prohibieron entonces, 

que nadie escribiere la verdad de lo que pasó, que es lo que 

se ha dicho** [34]. 

Cuando trata del proceso seguido contra Hernando Pi- 
12 



24-4 REVISTA HISTÓRICA 



zarro, de los 23 años que estuvo preso, y de la muerte de su 
acusador Alvarado,con sospechas de envenenamiento, agre- 
ga: ^'Dcciüios esto en confuso por ser materia odiosa, y por- 
que Diego de Alvarado falleció siguiendo con tantas veras 
su demand i; y porque su muerte fué muy en breve, se sospe- 
chó (como dice Gomara) que fué de yerbas*' [35]. Habla allí 
de la acusación de cohecho, '*que fue causa de que se descom- 
pusieran algunas personas graves". 

Hay en la Historia de Garcilaso un hecho digno de aten- 
ción, y que acredita su reserva y patriotismo: el silencio que 
guarda acerca délos tesoros existentes en las huacas, ú ocul- 
tados por los indios, á la llegada de los españoles, para qui- 
tar á su codicia ese incentivo, y para evitar fuera mayor el 
número de los que vinieran; afianzando así su dominación, y 
haciendo más insoportable la suerte de los naturales del 
país. 

Garcilaso apenas si repite lo que sobre ésto dijeron los 
otros escritores; guardándose el de rectificar ó añadir datos 
sobre el particular. 

Los caudales no recibidos á tiempo para el rescate de 
Atahuallpa, la cadena de Huáscar, las riquezas de los tem- 
píos y de los Incas, se pasan por alto en su relato, después 
de expresarse él con vaguedad estudiada. 

Observa igual silencio sobre el Cusco subterráneo, em- 
balsamiento de cadáveres, yerbas medicinales, y otros secre- 
tos de artes é industrias. 



« 
* * 



Antes de recordar las críticas serias que se han hecho de 
la Historia de Garcilaso, reproduciré el juicio que le mereció 
al Cronista general de Indias don Antonio de Solís. 

**La Historia del Perú, dice, anda separada en los dos to- 
mos que escribió Garcilaso Inga: tan puntual en las noticias, 
y tan suave a'- ameno en el estilo, (según la elegancia de su 
tiempo), que culparíamos de ambicioso al que intentase me- 
jorarle: alabando mucho al que supiere imitarle para seguir- 
le'' [36]. 

Llano Zapata, en el Preliminar de sus Memorias, asegu- 



EL INCA GARCILASO 245 



ra: que Garcilaso supo muy poco del quechua, por haberse 
irlo á España niño; y haber apenas tenido tiempo, para ins- 
truirse en todas las voces, propiedades, elegancias y frases 
de aqusíl idioma, que piden reflexiones de edad más madura. 

Garcilaso no se ausentó niño del país,sinode veinte años; 
y sabía el quechua prácticamente, y con la pureza que lo ha- 
blaban los cusqueños; si bien no conoció entonces la índole 
de la lengua, su forma y mecanismo, por no haberse escri- 
to aún las Gramáticas y Diccionarios de elhi, y porque ni 
había nacido la lingüística americana. 

Lo que le pasó á Garcilaso con el quechua lo cuenta así: 
**Yo podré también decir de mi mesmo, que por no haber te- 
nido con quien hablar mi lengua natural y materna, que es 
la general, se me ha olvidado de tal manera, que no acierto 
ahora á concertar seis ó siete palabras en oración, para dar 
á entender lo que quiero decir; y mas que muchos vocablos 
se me han ido de la memoria, que no sé cuales son, para 
nombrar en Indio tal ó tal cosa. Aunque es verdad, que si 
oyese hablar a un Inca le entendería lo que dijese, y si oyese 
los vocablos olvidados diría lo que significan*' [37], 

El mismo confiesa en algunos casos, que no sabe lo que 
significan ciertas palabras; como MancOy Cosco, Ayar; y 
otros términos, no quechuas, sino de la lengua privativa de 

la Corte, ó aimaráes,'puquinas, yungas, que no alcanza 

á distinguir de otros del idioma general. 

Robertson se expresa así: 

**Garcilaso de la Vega, Inca, puede ser mirado como el 
último historiador contemporáneo déla conquista del Perú; 
porque aunque la primera parte de su historia, intitulada 
Comentarios Reales del origen de los Incas, reyes del Perú, 
no fué publicada hasta el año de 1609, setenta y seis des- 
pués de la muerte de Atahuallpa, último emperador; sin em- 
bargo como había nacido en el Perú, de un oficial distingui- 
do y de una coya, ó mujer de la familia real, lo que le auto- 
rizaba para tomar el nombre de Inca; como además habla- 
ba muy bien la lengua de los Incas, 3' estaba instruido en 
las tradiciones de sus compatriotas, su autoridad es de mu- 
cho peso, y aun preferida frecuentemente ala de todos los 
demás historiadores. No obstante, su obra puede ser esti- 



246 REVISTA HISTÓRICA 



mada como un inventario de los escritores españoles que 
han tratado de la historia del Perú, compuesto de citas 
tomadas de los autores de que he hablado; y esta es la idea 
que el mismo da de sus escritos en el libro I, cap. 10. No so- 
lamente los sigue de una manera servil en la relación de los 
hechos, sino que no manifiesta mayor instrucción que sus 
guías en la explicación de las instituciones y ceremonias de 
sus antepasados, como se vecuando habla de los quipus, que 
lo hace poco más ó menos como Acosta, y cuando cita un 
ejemplo de la poesía de los peruanos, que es un mal retazo 
que copió de Blas de Valera, uno de los primeros misioneros 
cuyas memorias nunca han sido publicadas (1. II, cap. 15). 
Por lo demás,es inútil buscar en los Comentarios del Inca el 
menor orden, ni el discernimiento necesario para distinguir 
lo fabuloso de lo verosímil ó verdadero; con todo, apesar de 
estos defectos, su obra puede ser útil. Se hallan en ella algu- 
nas tradiciones que le comunicaron sus compatriotas. El 
conocimiento que tenía de la lengua peruana le puso en es- 
tado de corregir algunos errores de los escritores españoles, 
y algunos hechos curiosos que insertó en sus Comentn- 
riosy los tomó de autores cuyos escritos nunca fueron publi- 
cados y se han perdido'* [38]. 

El afamado historiógrafo Préscott dice: que es harto in- 
correcta la geografía de Garcilaso, y que es perder el tiempo 
querer criticarla: juicio motivado por la extensión que le 
asigna al Imperio Peruano,al morir Pachacútec [39]; y que, 
dicho sea de paso, es exacta. 

En otro lugar pondera con ironía la fecunda imagina- 
ción de nuestro Inca [40]; y al referir la expedición de Gon- 
zalo Pizarro al País de la Canela, de 1540 á 1542, agrega: 
**E1 lector puede estar seguro, de que la narración no ha per- 
dido nadia al pasar por la mano de Garcilaso" [41]. 

Don Vicente Fidel López, después de dar su etimología 
sánscrita del nombre Perú, discurre en estos términos: '*Se 
puede, si se quiere, preferir á esta etimología, tan natural, la 
absurda historia que el mismo Garcilaso declara haber for- 
jado por analogía (libro I, c. 4), y que, como se sabe, pone 
en boca del primer indígena que tomó Balboa. El aun la da 
como forzoso resultado de la ignorancia recíproca de las 



EL INCA GARCILASO 247 



lenguas entre españoles é indios. Sin embargo, después de 
largos años los españoles poseían intérpretes. El mismo 
Balboa, cuando hizo su expedición tenía en su campo tribus 
enteras que conocían todas las costas, al menos hasta el 
Ecuador [§]. Notamos además, que Garcilaso olvida poner 
la anécdota en su lugar verdadero, y pretende que el hecho 
de que habla se produjo en una data anterior al primer viaje 
de Balboa. Es más sencillo sustituir á este cúmulo de inven- 
ciones absurdas las ideas que hemos expuesto sobre el ori- 
gen de la raza que habita el país del Orientei—el Perú". 

**Por otra parte, Garcilaso 6 nunca supo el quichua 6 lo 
olvidó en España; lo que nada tendría de extraño, puesto 
que él había abandonado su patria á los diez años. No co- 
noció la interpretación de los quipus, y no tuvo en sus ma- 
nos los documentos originales; se contenta con traducir, 
arreglar y completar los manuscritos latinos que el Padre 
Blas de Valera dejó inconclusos. Basta ver como habla de 
su lengua materna, como altera sin cesar los nombres, sin 
darse cuenta de su sentido, para asegurarse, que él nada en- 
tiende de ella. Todo su bagaje de erudición peruana se redu- 
ce á dos fragmentos, el uno de cuatro líneas, tomado de al- 
gún canto amoroso, el otro, un poco más largo, sacado de 
un himno religioso dirigido á la luna. El tomó losados en 
libros de Blas de Valera, y se limita á poner en español la 
traducción latina de este sabio religioso'^ [4-2]. 

El eminente americanista don Marcos Jiménez de la Es- 
pada, cuya pérdida lloran aún las letras, juzga así á nues- 
tro autor [43]: 

*'E1 Inca Garcilaso comentó, no historió' propiamente. 
Las tradiciones de su patria y real linaje adquieren con su 
manera de decir candorosa, entusiasta y persuasiva, un es- 
plendor y una grandeza tales, que no son de creer en una 
tierra y de unas'gentes ganadas y avasalladas en tres días 
por un puñado de españoles. A tomar por lo serio sus ana- 
les de la raza de Manco, difícilmente encontraríamos otra 
alguna, semítica ó ariana, que los pudiera presentar, en épo- 



[§].— Pedro Mártir y Herrera. 



248 REVISTA HISTÓRICA 



ca y condiciones análogas, tan gloriosos y prósperos. En lo 
que se refiere á nuestros hechos, y sobre todo á las personas 
que intervienen ó descuellan en el descubrimiento, conquis- 
ta, guerras civiles y pacificación del Perú, se muestra más 
sensato é imparcial, aunque de cuando en cuando ponga de 
manifiesto el peligro de introducir en el contexto de una his- 
toria, y al lado de observaciones serias y fundadas, y como 
base de crítica, recuerdos de muchacho, venerandas memo- 
rias paternales,3' dichos y cuentos de veteranos, camaradas, 
paniaguados, y amigos de la familia del comentarista. Eso 
sí.los Pizarros, Cepedas, Carvajales, Centenos, Leones, Can- 
días y Alvarados de GarciIaso,no son artificiosos maniquíes» 
sin más alma y carácter que su oficio y cargo público; que 
sólo mueven el brazo en las batallas, las piernas para entrar 
o salir de cabildos, y los labios para pronunciar clásicas 
arengas; son hombres de carne y hueso, acuchillados, man- 
cos ó tuertos; moceros, tahúres ó devotos; pendencieros ó 
mansos; cultos ó broncos; valientes ó fanfarrones; galanes ó 
astrosos; despilfarrados ó tacaños; honrados 6 bellacos; vi- 
ven la vida de su casa ó la de sus comblezas; no ocultan sus 
amistades ni sus odios; descubren los móviles de su lealtad 
ó de su perfidia; hoy son cobardes, esforzados mañana; y ni 
el malo lo es siempre, ni el bueno deja de pecar, cuando lo 
tientan con ahinco y de veras la ambición, el amor, la codi- 
cia ó la venganza". 



• -■ 



Sin la elevación de las ideas y la competencia de estos 
críticos,se ha hecho de moda,para algunos escritores, tratar 
á Garcilaso de crédulo en demasía, de exagerado, de afano- 
so en fingir hechos ó desnaturalizarlos, para realzar el Im- 
perio de los Incas, sus progenitores, sirviendo de eco á tra- 
diciones vulgares, 3' mostrándose ignorante y falto de alcan- 
ces: cargos en verdad poco fundados, y antojadizos en su 
mayor parte. 

Antes que él escribiera, la época primitiva del Perú y el 
Imperio no habían tenido ningún historiador, cuyas obras 
se hubieran publicado y que fuera conocido. Las informacio- 



KL INCA GARCILASO 24Ó 



nes que se tomaron sobre el particular reposaban en los ar- 
chivos; y los escritores españoles, — sin excluir á Herrera, 
Cronista oficial, — ponían empeño en presentar el gobier- 
no de los Incas, no como sabio y paternal, sino como despó- 
tico y tiránico; para disculpar de antemano el cortejo de 
sangre y crímenes de la conquista, y la explotación, la es- 
clavitud, y las ruinas morales y materiales que ella trajo. 

El jesuita chachapoyano Blas Valera, hijo, como Garci- 
laso, de un ccmquistador, escribió en latín, primero que él, su 
Historia, perdida el 1^ de julio de 1596 en el saqueo de Cá- 
diz por los ingleses; **y según parece de sus papeles rotos, lle- 
vaba la misma intención que Garcilaso, en muchas cosas de 
las que escribía, que era dividir los tiempos, las edades y las 
provincias, para que se entendieran mejor las costumbres 
que cada nación tenía" [44]. 

Garcilaso dio importancia sumaá los fragmentos que de 
la obra de Valera llegaron á sus manos; los que califica de 
**perlas y piedras preciosas[45],que no mereció su tierra ver- 
se adornada con ellas"; los reprodujo traducidos, y se debe 
á esto que los conozcamos. 

Por lo demás, si cita con frecuencia á los escritores espa- 
ñoles, lo hace para autorizar su narración, y para comple- 
tar ó rectificar lo que aquellos afirman. 

Puede decirse, que Garcilaso presenció las agonías del 
Imperio Incaico, con su culto, sus costumbres, sus leyes y 
su grandeza, y que asistió al establecimiento y arraigo de 
la dominación extranjera. 

El vio al noble indio trasformado en siervo, y al aventu- 
rero hecho rico y señor: vio desaparecer el gobierno de los 
Incas, y á los vasallos esquilmados y mermados; invadiendo 
el desierto las fértiles campiñas; cegándose los acueductos; 
destruyéndose los caminos grandiosos, sin rival; despoblán- 
dose el territorio como si sobre éste hubiera soplado un 

viento de muerte; y como si el Padre— Sol se hundiera de gol- 
pe en el abismo, dejándolo todo en tinieblas y en sepulcral 
silencio. 

Viviendo nuestro Inca entre los conquistadores, y sien- 
do uno de ellos su padre, tuvo ocasión de conocerlos y tra- 
tarlos; de apreciar sus buenas cualidades, así como susdefec- 



250 REVISTA HISTÓRICA 



tos y SUS vicios; de palpar sus atropellos y violencias con 
los tristes indígenas; y de sentir de cerca el infortunio y la 
opresión de éstos, sin poderlos aliviar. 

Por más que él, como los españoles, considerase provi- 
dencial la conquista, y creyera, que la Santísima Virgen y 
Santiago los ayudaran en su lucha, no podía ver sin emo- 
ción la caida del Imperio, el rápido decrecimiento del pueblo 
y la servidumbre de la raza, que siguieron á la llegada de 
las huestes de Pizarro. Su rango de Inca lo obligaba á lle- 
var en el corazón el luto por su linaje y por su patria; sin 
embargo de ser vasallo humilde de los Reyes de Castilla, y 
de encomiar la conquista, que en pos de sí trajo al Nuevo 
Mundo el Evangelio. 

Aunque del uso de los Quipus [46] supiera tanto Garci- 
jaso como los amantas y nobles, no tuvo tiempo ni oportu- 
nidad de descifrarlos, y de cf)nocer por este medio el pasado 
del país, en provecho de la Historia. Su salida intempesti- 
va del Períi, y su diu turna permanencia en la Península, le 
impidieron consultar esos j^u/pas, recorrer todo el territo- 
torio nacional, y recoger y compulsar las tradiciones diver- 
sas, y aun opuestas, de las razas y pueblos que formaron ei 
Tahuantinsuyu. 

Si esto se hubiera realizado, es casi seguro, que habría 
coincidido Garcilaso con Valera, Cabello de Balboa y Mon- 
tesinos, al tratar de la más remota antigüedad del Perú; su- 
ministrando copiosos materiales a los arqueólogos, lingüis- 
tas y etnógrafos; y previniendo la crítica de los que, por no 
encontrar en él apoyo á sus opiniones, y á tesis aventura- 
das, lo censuran con acritud. 



Se conoce que Garcilaso procede á veces en su relato con 
peno.sa reserva. Mestizo de sangre real y española, oriundo 
de un pueblo sojuzgado, escribiendo en la Corte, á vista de 
los hijos de los conquistadores ó de sus deudos; cuanio una 
simple traducción de él fué condenada todo concurrió pa- 
ra obligarlo á ser discreto, y tener disimulo y cautela. ¿Có- 
mo entonces pintar los horrores de la conquista, los críme- 



EL INCA GARCILASO 251 



nes, la explotación y el despotismo? ¿Cómo revelar los he- ^ 
chos y decir toda la verdad? 

Alma honrada, jamás calumnin, sincero nunca miente. 
Si 3''erra, es que ha bebido en fuentes impuras; es que ha sido 
engañado; es que no puede comprobar sus dichos, porque 
los documentos están sepultados en misteriosos archivos; y 
porque se halla lejos de la Patria, que no volverá á ver, y á 
la que consagra tiernos y postreros recuerdos. 

Referirá consejas, repetirá leyendas forjadas por los es- 
pañoles; porque no le era dable sustraerse al espíritu de su 
época, al influjo extranjero, y al deslumbramiento religioso 
de cuantos le rodeaban. 

A tres mil leguas de distancia del patrio suelo, y á pesar 
de las brumas del Océano, como si columbrara Sacsahua- 
man, la Plaza del Regocijo, el Coricancha, las momias secu- 
lares de los Hijos del sol, el HuiHac-Uma^ las Aellas Es 

un anciano que platica, sin pretensiones ni alarde, de cuan- 
to vio y oyó, de sus gozos y lágrimas. 

Garcilaso traduce en su obra las glorias y bienestar de 
cinco siglos, y los desastres y abatimiento de la centuria 
incompleta que alcanzó á Historiar de la dominación extran- 
jera. 

La mejor prueba del mérito real é indiscutible de su his- 
toria es: que ella, no obstante el trascurso de los años desde 
que se escribió, mantuvo vivo el recuerdo del Imperio de los 
Incas; que lo hizo amable; y que sus naturales no dejaron 
nunca de abrigar el propósito de resucitarlo de sus cenizas, 
llegada la ocasión. Y esto fué tan cierto, que la recelosa po- 
lítica del Monarca llegó, á raíz de la rebelión de Tupac Ama- 
ru, hasta perseguir la obra de Garcilaso, **donde habían 
aprendido los naturales muchas cosas perjudiciales''; man- 
dándola recoger con cautela, y comprar con fondos del real 
Tesoro, por medio de terceras personas, de toda confianza y 
secreto. Esa orden reservada, dirigida al Virrey, se expidió 
el 21 de abril de 1782; y se hizo publica en la época de la in- 
dependencia [47]. 



Cuando se estaba imprimiendo en Córdova el 2.° volu- 
13 



252 REVISTA HISTÓRICA 



men de la Historiíi fiel Perú de nuestro compatriota murió 
éste allí, el 22 de abril de 1617,á los 77 años y 10 días de su 
edad; siendo sepultado en la Catedral, en la tercera capilla, 
á mano derecha, entrando por la puerta de Santa Catalina 
A la nave del Sagrario; y cuya capilla se llamó por esto de 
Giircilaso. 

A los dos lados del altar, en dos lápidas negras, se puso 
el siguiente epitafio: 

E! Inca Garcilaso de la Vega: varón insigne, digno de 
perpetua memoria: ilustre en sangre : perito en letras: va- 
liente en armas: hijo de Garcilaso de la Vega', de las Casas 
de los Duques de Feria é Infantado, y de Elisabeth Palla, 
hermana de Huaina Cápac, último Emperador de Indias: 
comentó la Florida: tradujo á León Hebreo, y compuso los 
Comentarios Reales: vivió en Córdova con mucha religión: 
murió ejemplar: dotó esta capilla: enterróse en ella: vinculó 
sus bienes al sufragio de las ánimas del purgatorio: son pa- 
trones perpetuos los señores Dean y Cabildo de esta santa 
Iglesia: falleció á XXII de abril de M.DC.XVL 

Rueguen á Dios por su Anima. 

« 
« • 

Las casas del padre de nuestro Inca, en el Cusco, esta- 
ban al mediodía de las de Alonso de Mesa, calle en medio, y 
fueron antes de Francisco de Oñate[48]. Pertenecen hoy,por 
herencia paterna, al Canónigo Penitenciario de esa Diócesis, 
actual Representante a Congreso, Doctor Fernando Pacheco. 
Del mismo Conquistador Garcilaso fueron las heredades de 
Chinchapucyu, á 16 leguas del Cusco; y Havisca, chácara 
de coca, cedida á su hijo, y que éste **perdió por irse á Espa- 
ña''[49]. 

**Una heredad', dice el Inca,que yo dejé en mi tierra,enco- 
mendada á un amigo, no faltó quien se la quitó y consu- 
mió'' [50]. 



En el pequeño Museo del Cusco, que ocupa parte de uno 
de los claustros de la Universidad, en el edificio que fué Co- 



EL INCA GARCILASO 253 



legio de la Compañía de Jesús, está el retrato al óleo, de 
cuerpo entero, que me parece de buen pincel, de nuestro com- 
patriota, con vistoso uniforme militar; cuya copia damos 
en la Revista, Apenas llegado á España, pudo Garcilaso re- 
mitir ese retrato á sus deudos, sin que sepamos cuándo; ni 
cómo ha salvado, después de casi dos si]fe,los. O tal vez, es- 
ta es copia moderna de otra más antigua. 

Es probable que en España haya algCín otro letrato del 
mismo, y quizá de cuando había ya entrado en edad madu- 
ra. 

Esperemos que los peruanos que visiten ese país nos den 
esta y otras noticias, que no son de curiosidad solamente, 
sino de interés histórico. 

La Real Academia Española de la lengua considera au- 
toridad á Garcilaso en el uso de ella, como escritor castizo; 
siendo este un nuevo título que recomienda la lectura de sus 
obras, y que lo coloca en el Perú en un rango casi excepcio- 
nal. 

Sería laudable y honorífica empresa, digna del apoyo 
del Gobierno, si el Instituto Histórico reprodujera la obra 
de Garcilaso sobre el Perú, con las anotaciones y documen- 
tos anexos que requiere, y con retratos y grabados para 
ilustrarla: preferencia que, si se acordase, parece justifica- 
da, porque ella obtendría indudablemente mayor número 
de lectores en el país que otra cualquiera sobre el mismo 
asunto. 

Lima, junio de 1906. 

José Toribio Polo. 



\) —Comentarios reales: la parte, 1. I, cup. 19— 2a, parte, 1. II, cap. 25: 
—1. IV, c. 42;-l. V, c. 40 i . . i . 



la. parle. 1. IX, c. 88 

3)— — 2a. parte, 1. lY, c. í) 

4)— — — 1. V. c. 25 

5)- - - 1. IV, c, 10 

<5,— — — 1. IV,c. 20 

7)- - - 1. VII,c.29 

8)- - „ .. 

9)— — 2a. parte, 1. IV, c. 20. 



10)— Coiecc/o/i de documentos inéditos de Mendoza: t. III, pág 87 
W)— Comentarios reales: la parte, 1. IX, c. 9 
12)— — la. parte, 1. IX, c. 17 

13)— — 2a. parU, 1. VI, c. 13 

14)- - - 1. VIII, c. 12 



254. REVISTA HISTÓRICA 



15)— — — I. Y, c. 40 

16)— — la. parte, 1. IX, c. 26 

17)- - - 1. IX,c.29 

18)- - - l.IX,c8 

19)— — 2a. parte, 1. IV, c. 23 

20)— — la. parte, 1. I, c. 13 

21)— — 2a. parte, 1. IV, c.23 

22)— — la. parte. 1. II, c 26— p. 2a, 1. VI, c. 2 

— 1. VII, c. 8 y 25-1. IX, c. 40 
23)- — 2a. parte, 1. Vil. c. lü y 18—1. VIII, c. 1^ 

— 1. VIII, c. 1 
24^)— Biblioteca: t. II, col. 750 
25)— Historia de Ja Florida: 1. VI, c. 21 
2ñ)—Historiu del Perú: 2a. parte, 1. V, c. 25 
27;- - - 1. V,c. 39 

28)- - 1. I, c, 18 

29)— — la. parte, 1. VII, c. 25 

30)- - - 1. IX,c.40 

31)- - 2a. parte, 1. VIII, c. 10 

23)- - - 1. VIII, c. 17 

33)- - - 1. VIII, c. 15 

3f- - - l.I,c.25 

S^)—^{stona de la Conquista de Méjico: 1. I. c. II 

37(— ^'stori/í de la Florida: la. parte, 1. II. c. 6 

^^f'~'V/?^^''^'a de la América', t. III. nota 29— París, 1853; 89 

S^i-Hjstoria de la Conq. del Pera: V I, c. 1'^ 

^^l"" — — — — 1. l,c. 2^, nota7 

4^1 — — — 1. IV c. 4 nota 

4,^^'^^es Races Aryennes du Pérou— Parín 1871: página 336 

4^^ Tercero libro de las Guerras civiles del Perú, por Pedro CieZa de 

Ledn— Madrid 1877: página XXIV. 
^^>—Coin, reales: la. parte, 1. 1, c. 12 
45;— — - 1. II, c. 27 

46)— — — 1. VI, c. 9 

47)— Correo mercantil del Perú, Lima,f9 Número del 23 de enero de 1822 
48)— Cobo,— H/sí. del Nuevo Afu/ií/o- Sevilla 1893— tomo IV,página 19, 

nota 
49)— Co/21. reales: 1. IX, c. 21— L. IV, c. 16 
50)— — 2a. parte, 1. VIII, c. 7 



Facsímile de la firma del Inca Garcilaso 



T (oticia de ícx ciudaGl de (^anta C.extalinc)i de Quadcxícázap 

EE MUQUEGUA 

(CONTINUACIÓN) 



CERTIFICADO 



En Septiembre 5 de 1684-á 268vta.-dice así: **Don José 
de Roa, Corregidor de la villa de Moquegua por su Mages- 
tad, y Alguacil mayor del Santo Oficio de la Inquisición de 
la ciudad de la Paz, certifico: que hoy día de la fecha, como 
á las cuatro de la tarde, poco más, á pedimento del R. P. 
Fr. Antonio de Morales, prior de la Hospedería del orden de 
Predicadores de esta villa, me pidió le diese por testimonio 
cómo en dicha Hospedería se enseñaba gramática á los hijos 
de esta villa, y á leer y escribir. Y habiendo yo, el dicho Co- 
rregidor,ido á dicha Hospedería, hallé debajo de una enrama- 
da que está en el patio principal de dicha Hospedería, que 
cae á la entrada de la capilla que hoy sirve de iglesia, once 
muchachos queen mi presencia les preguntó el dicho P. prior 
algunas oraciones en castellano y las tradujeron en latín. Y 
así mismo en otro patio, más adentro, en una enramada que 
está hecha para resguardo de tres celdas, que están una en 
pos de otra, vi y oí estar leyendo muchos niños. Y para que 
conste doy el presente, á pedimento del dicho padre prior, 
en la villa de Moquegua", &. 

Luego, si antes enseñaban la gramática, á leer y escri- 
bir, ahora ¿por qué no lo hacen? Desearía la ciudad lo hicie- 
sen, pues ésta es la condición de su fundación en esta villa. 

En Enero 1^ de 1742,— á f. 24— D. Manuel Hurtado de 
Mendoza y D'\ Conztanza de Izaguirre dejan todos sus bie- 
nes para una hospedería de la religión de Nuestra Señora de 



256 REVISTA HISTÓRICA 



las Mercedes en el espacio de 20 años, los que pasados y no 
se hiciese, pasen estos bienes al colegio de la Compañía de 
Jesús de esta villa, con las condiciones que esta escritura con- 
tiene. Y si este colegio no la admitiese, pase al convento de 
Santo Domingo de esta villa. 

No se efectuó esta fundación. 

En Diciembre 18 de 1741 se noticia la invasión de la na- 
ción inglesa en estos reinos y mares del Sur, y nuevo im- 
puesto para reunir dos millones de pesos, que son necesarios 
para expeler al enemigo. 

En Diciembre 14 del 743— á f. 275 — el corregidor, con 
asistencia del Cabildo y mucha nobleza de esta villa, dá á 
ésta posesión de un venero de agua que emana de la hacien- 
da de viña de Samegua. de propiedad de D°. María Gárate: 
puestos todos en el paraje llamado San Vicente Ferrer. Es- 
ta es el agua de la fuente pública que á su costa condujo el 
Corregidor D. Pedro Remigio Fernández Maldonado y Chu- 
rrnca en el año de 1770 y siguientes de su gobierno. Es- 
ta hacienda del origen de la fuente pública posee hoy D. 
Juaii Nicolás Montenegro. 

Los martes de cada semana se sacaba el Rosario canta- 
do con Nuestra Señora de la Soledad de esta iglesia Matriz, 
para lo que tiene una pequeña fundación por D. Juan de Ta- 
pia, reconocida hoy en la hacienda de Samegua, de los hijos 
y herederos de D. Teodoro Dávila, y sería de desear que és- 
tos, en años muchos y al presente, descarguen su conciencia 
y paguen este censo, para que de nuevo se fomente este cul- 
to, que ha años cesó. Fecha de esta fundación. Septiembre 
26 de 1745. 

Por los años de 1742, sacaban los PP. del Colegio de la 
Compañía de Jesús por las calles de esta ciudad, el Santísi- 
mo Rosario, con Nuestra Señora del Loreto. Los RR. PP. 
de Santo Domingo sacaban el Santísimo Rosario el primero 
domingo de cada mes; hoy ha cesado éste y aquéllos cultos 
que movían á los pecadores, consolaban á los justos y tem- 
plaba (á) Bclzcbú con sus satélites. Sería de desear se reno- 
vase tan augusta devoción. 

En Abril 17 de 1652, predicó la feria de cuaresma el R. 
P. lector fr. Fernando Valdés, y tanta fué su unción, cari- 



NOTICIA DE MOQUEGUA 257 

ciad y celo, que, después de Dios, él movió á la villa para la 
fundación del convento de Predicadores, Se hizo este día ca- 
bildo abierto y se efectuó el deseo del vecindario. 

Este convento no reconoce otro fundador que la misma 
villa. El Cabildo es el patrón y la villa gastó su dinero pa- 
ra la licencia de hospicio y Real cédula de confirmación, en- 
Marzo 1*^ de 1717, con título del Santísimo Rosario. 

En Enero 29 de 1696, el Cabildo y villa juran á Nuestra 
Señora de Torata en el Misterio de su Purificación por pa- 
trona de Moquegua; hacerle su fiesta en aquel pueblo el 3 
de Febrero de cada año, y que cuando haya necesidad, con 
licencia del limo señor Obispo de la Diócesis se traiga á Mo- 
queííua con toda decencia, y con la misma la regresen. Es- 
to lo hacen á causa de los continuos temblores, sequedades 
y pestes para que los ampare la Virgen Santísima. 

En Agostó 28 de 1752 trató la villa de cimentar un hos- 
picio de los RR. PP. de la observancia de San Francisco de 
Asís. 

En 1757 ya estuvo dicho hospicio en Moaucgua y fue- 
ron sus primeros fundadoresel P. F. Juan Morón, Fr. Jacin- 
to Bailón, predicador general, Fr. Andrés Lozada y otros. 

El patrón de la casa—hospicio de la observancia, es San 
Pascual Baylón. Ocuparon varias casas de gran capacidad, 
en las que daban el pasto espiritual que deseaba el pueblo. 
Muchos vecinos les contribuyen con sus limosnas para for- 
mar su capilla y ajuares religiosos, entre ellos (el) Dor. D. 
Domingo Argüedas donó un negrito; el Capitán teniente co- 
ronel D. Manuel Montenegro y Quezada donó una campana 
para llamar á misa, y así otros. En 1773 ocuparon el cole- 
gio de Tesuitas de esta villa, hasta que vinieron los de Pro- 
paganda de Tarija en 1787, en que se les dio posesión de es- 
te colegio. 

En 1604 hubo un fuerte terremoto que arruinó los dos 
pueblos, el de San Sebastián de Escapagua y el de Santa Ca- 
talina de Moquegua y sus iglesias; las que reedificaron, aqué- 
lla el Almirante D. Juan de Olea y Medina, y ésta D. Alonso 
de Estrada y Vizcarra, mayordomo ecónomo de esta parro* 
quia. 

En Agosto 22 de 1715 hubo otro terremoto muy grande 



258 REVISTA HISTÓRICA 



que destruyó la iglesia. La reedificó el Capitán D. Pedro del 
Alcázar y Padilla, mayordomo ecónomo de esta iglesia. 

Ya se habló del terremoto del 20 de Octubre de 1687, en 
el que igualmente se arruinó la iglesia, y su mayordomo Ca- 
pitán D. Pedro Antonio de Salcedo, y su Cura, Dor. D.Anto- 
nio Coronel Cáceres de Ulloa, trabajan en su reedificación. 

En Mayo 13 de 1782, hubo un fuerte terremoto, á las 
seis de la mañana, con el que se arruinó esta iglesia matriz y 
demás de la población y sus casas y haciendas. Se hallaba 
á la sazón en su santa visita el limo Sor. Dor. D. Fr. Miguel 
González Pamplona, XIX Obispo de At^equipa. La reedificó 
el Cura vicario Dor. D. Lorenzo Vizcarra y Hurtado, su fa- 
briquero; mayordomo ecónomo, presbitero D. Pedro del 
Cuadro, en que se gastó ingente caudal. 

Bien recientes son los dos terremotos, el uno en Octubre 
8 de 1731, alas 9 de la noche; el otro el 18 de Septiem- 
bre de 1833, á las 6 y cuarto de la mañana, los que destru- 
yeron en gran parte los edificios de esta ciudad. La media 
naranja de esta iglesia Matriz la destrozó, y otras averías 
en las torres, sacristía, puerta del pie de la iglesia, buatiste- 
rio y otras partes. La media naranja se reedificó con toda 
fortaleza y de mejor forma en 1838; las demás averías se re- 
pararán cuando el Estado conceda el noveno de diezmos 
que el Sor. Dor. D. Pedro Villagómez previno en justicia de- 
bía darse ala pobreza de esta iglesia y su cura en 1631, sien- 
do tercero Obispo de Arequipa, según se ha calificado con la 
acta capitular de Abril 16 de 1653. 

En 1798, se empezó á reedificar la iglesia de Santo Do- 
mingo de esta ciudad y se acabó en 1828. 

En el citado año de 1782, se arruinó la iglesia del hospi- 
tal Beletmítico de esta ciudad, la que reedificó el R. P. Pre- 
fecto Fr. Juan de Santa Teresa, de adobe. Esta se arruinó 
con el tiempo y la reedificó á su costa, de piedra 3^ cal, D'. 
María Martina Fernández Cornejo y Fernández de Córd ova. 

En Enero 25 de 1716 ocurre el Cabildo al Excmo. Sor. 
Virrey, Excmo. é limo. Sor. Dor. D. Diego Ladrón de Gueva- 
ra, Obispo de Quito, contra los excesos y atropellamientos 
del Corregidor D. Alonso Martín de Almagro y Toledo, 
acompañado de su asesor el licenciado D. Francisco Castro. 



NOTICIA DE MOQUEGUA 259 

En Diciembre 27 de 1740, el Cabildo apela al Rey Tines* 
tro señor contra el Corregidor D. Vicente Julio Rospilliosi, 
pues atropella las esenciones, fueros y privilegios del CabiU 
do; y dá poder al Maestre de Campo D. Francisco Nieto^ 
quien pasa á la capital de Lima á defender los fueros del Ca* 
bíldo, que permanecía el Corregidor en quitarle, y se presen* 
te ante el Excmo. Son Virrey D. Antonio José de Mendoza. 
Caamaño y Sotomayor, Marqués de Villagarda y Cotrdte de 
Barrantes. 

En Agosto 11 de 1768, el Cabildo jura y hace voto de 
guardar por día de üesta, de ambos preceptos, la feria sexta 
después de la dominica infrautabíi (así) de Corpus Chriisti, 
que es día del Santísimo Corazón de Jesfis. Así se observó por 
día festivo hasta el año de 1 782, en que el limo. Sor. D. Pe* 
dro José Chávese Galván y Amado, XX Obispo de Arequipa, 
por justas causas, lo suprimió de tal día festivo. 

En 1741, en 23 de Julio, los señores militares de esta vi* 
Ha se escrituraron de hacer la fiesta y octava co» su not^im 
á la Purísima Concepcitm de Nuestra Señora y ua altar oa^ 
da año el día de Corpus. Tiene su compromiso diee y ocho 
cargos, á que se constituyen: y en Agosto 8 de dicho afk> de 
1741, el Venerable Deán y Cabildo mandó redujesen á escri- 
tura sus condiciones, y así se hizo en Agosto 23 del mismo 
año. Mas, en Septiembre 12 de 1767, revalidan su voto, el 
que existió hasta el año de Í822, en que se olvidaron en uu 
todo de esta augusta devoción. 

En Mar^o 13 de 1768 vendió el Cura vicario Dor. D. An- 
tonio Otazu el solar-casa parroquial, que desde la antigüe- 
dad había en esta villa, al Teniente coronel D. Ángel Igoatrto 
Baráybar, quien afianzando su principal de 3,019 pes¥>s^ en 
los gananciales de una hacienda del convento grande de la 
Merced del Cuztx), todo se perdió, pues su mujer reclamó por 
su dote. Y así se ven los curas de esta parroquia sin casa pa«- 
rroquial,por lo que acrecen sus gastos en medio de la pobreza 
indicada por el Cabildo en Abril 16 de 1653. 

En Mayo 16 y Septiembre 5 de 1652, consta que desde 
la más remota antigüedad había una capilla ó hermita de- 
dicada al segundo patrón de Moquegua, el glorioso apóstol 
San Bernabé, hecha en la cima de un i>equeño monte que es- 

14 



260 REVISTA HISTÓRICA 



tá á la salida de esta población para el Alto déla villa vieja, 
cuyo cerrillo se ha llamado 3' denomina hasta hoy San Ber- 
nabé. Así consta de éstos y muchos instrumentos más anti- 
guos, explicando los linderos de las heredades contiguas á él 
y los sitios y casas á este lado de la ciudad. Fundó esta ca- 
pilla D. Gaspar Fernández Cabeza de Vaca; el primer maes- 
tro de primeras letras que ensenó á la juventud moquegua- 
na, que se lee en este pueblo, era hermitaño, sin votos. 

Se hacía su fiesta al santo como patrón del valle por los 
hacendados de viña por su turno. Así el instrumento Agos- 
to 11 de 1773 á f. 521 vta. y otros instrumentos que de és- 
to hablan. El día del santo, que era día de fiesta antes, 3' 
cuando le hacían los hacendados su función solemne en la 
iglesia Matriz, por la tarde lo sacaban en procesión hasta 
dicho cerrito, en donde le hacían un altar, y el cura con su 
cruz alta y clero cantaba la antífona 3' oración del santo y 
se regresaba por otra calle á su Matriz. Esta fiesta ya no 
la hay el día de hoy muchos años ha. Tal vez por esto ten- 
drán mala cosecha los heredados de este valle. 

En Junio 29 de 1729— á f. 50— consta que cada hacenda- 
do de viña de este valle paga tres pesos de primicia al cura, 
en lugar de una botija de vino, que en la primitiva antigüe- 
dad tenía el propietario del fundo que mandar en su botijue- 
la desde su hacienda hasta la casa del cura 6 puerta del ce- 
menterio de la parroquia; cu3'a remesa érales fatigosa á los 
hacendados, pues las más veces se quebraba en el camino 3' 
tenían que mandar de nuevo. Es antigua tradición que reu- 
nidos los viñateros 3' párroco de ese tiempo, convinieron en 
dar cada hacendado dichos tres pesos 3" que el cura pusiese 
su priminciero ó recaudador. Esta ha sido la práctica, esti- 
lo y costumbre más ha de cien años, que ya no está á la me- 
moria de Hs hombres el dar estos tres pesos cada hacenda- 
do, propuesta hecha por ellos mismos. Y ho3'^ hay algunos 
modernos hacendados que á su voluntad aspiran retrotraer 
el antiquísimo tiempo y dar la botija de vino y que ésta va- 
3'a el cura ó su priminciero á recibirla á la hacienda distan- 
te de la población. Esto no puede ser el controvertir una 
costumbre legítimamente cimentada, prescrita y con todos 
los requisitos de ciencia, presencia 3' advenimiento de par- 



NOTICIA DE MOQUEGUA 261 



tes legítimas; sobre cuyo abuso no lo admite la razón y la 
justicia,pues de allí pende el jornal y merced dignamente ad- 
quirida de los operarios evangélicos. Dejo (que) cada uno 
reflexione en justicia tan delicada materia; jornal impusto 
por el mismo Dios y que la naturaleza lo perentoria. Cuán- 
tos años antes al citado Junio 29 de 1729 se crearía este 
método de pagar la primicia de las viñas con explícito con- 
veniraiento de partes, no lo dice el citado instrumento, ni 
hay hombre hoy existente que lo diga ó se acuerde cuándo 
fué este convenio; de donde se convence ser este pago en el 
modo referido muy antiquísimo en esta doctrina y el querer- 
lo ho3'' trastornar, es ir contra lo establecido fielmente; y le- 
jos de hacerlo se desea se excite la conciencia á los hacenda- 
dos y labradores paguen religiosamente este cargo para 
evadir los anatemas del Cielo. 



ANTIGÜEDAD DE L.\S VIÑAS DE MOQUEGÜA 

En Agosto 16 de 1587— f. 21— consta que Pedro de B6- 
beda vende á Diego de Avila cien botijas de vino del valle de 
Moquegua en cuatrocientos pesos; luego para que este año 
hubiera vino, es necesario que diez años antes, 6 más, hubie- 
sen plantado viñas. 

Los primeros viñaterosque se leen son, Alonso de Andra- 
da y Pedro de Guevara. Así, Julio 16 de 1588, á f. 54.. 

En Junio 7 de 1593 se estaba fabricando, ó premeditaba 
fabricar, el puente de la ciudad de Arequipa, siendo corregi- 
dor de esta ciudad D. Diegj Theves y Birso, quien puso pa- 
ra esta fábrica una excesiva contribución á los vecinos de 
este valle, Cochuna y Moquegua, quienes reclaman ante el 
Señor Visorrey del Pirü un exceso tan sin razón. Así á f. 
196.3' ^^^» ^ principios de año de 1594. 

En Julio 1^ de 1595— á f. 28— consta (que) trajeron una 
india de aspecto de veinte y cinco años con dos hijos suyos 
de nación Ichané ó Chañé, infieles ó gentiles, que los vendió 
en cuatrocientos pesos por diez años, y después yanacones 
perpetuos, Juan Porras Ojeda á Luís Fernández Barchilón, 
beneficiado y vicario de este valle. El nombre de la india es 
Jsabel, pero es nombre postizo; el del hijo mayor es Francis- 



262 REVISTA HISTÓRICA 



eo, pero es nombre postizo, y los mismos nombres se les ha 
de poner cuando se les bautice, de 14 á 15 años; y el menor 
de dos años ya es cristiano y se liama Alonso. 

Lo mismo y en los mismos términos se venden cinco in- 
dios en la escritura siguiente á la antecedente: Julio 28 de 
1595. 

Desde la mayor antigüedad notician estos años existen 
en Moquegua tres cofradías, fundadas en la iglesia de Santa 
Catalina. 1*— la del Santísimo Sacramento; 2*— la de la 
Limpia Concepción de Nuestra Señora; 3*— la de las bendi- 
tas ánimas del Purgatorio. De éstas solo existen la 1* y la 
3*. 

En este año de 1596 tuvo su principio la hermita ó ca- 
püUi hecha á San Bernabé en la cima de un pequeño cerro 
que hay al norte de Moquegua; su fundador fué el hermita- 
ño, sin voto, Gaspar Fernández de Lugo Cabeza de Vaca. 

En 1597 hubo una epidemia grande. 

En Mayo 2 de 1600, se vé á Ana Poma, quien declara 
en su testamento **íís hija de Quillama y de Poma^su muger, 
lilis padres, difuntos,gentiles'\ En la cláusula 4^ de este tes- 
tamento consta: **que la muger de Pedro Díaz que está en el 
vaüe de Cupina es la única parienta de un inga Coro (no 
pone el nombre de esta muger) del pueblo de Acora, difunto, 

El sitio que ocupaba la iglesia antes del terremoto de 
1604 se vendió y se hizo en otra parte, por D. Alonso de Es- 
trada, su mayordomo ecónomo, que es la que hoy existe. 
Así documento. Octubre 24 de 1604, á f. 649. 

Del antecedente instrumento se deduce que en Moquegua 
vivió en la antigüedad del año de 1600 una princesa, ó por 
lo menos una de la sangre real de los emperadores Incas del 
Pera,, que existía en aquella sazón. 

En 1603 se hace relación de la villa de San Antonio del 
Cerro de oro de Caruma,de cuyo Cabildo es regidor Juan de 
Coria, i 397. 

En 1607 consta (que) se descubrieron unas minas de 
piata en Ichilpaca, por las inmendiaciones de la ciudad de 
Arequipa. 

En Noviembre 7 de 1618— á f. 473— consta y parece que 
la igksia de Santa Catalina de Moquegua estaba cerrada 



NOTICIA DE MOQUEGUA 263 

sin decirse misa ni administmse los santos sacramentos ni 
sepultarse ningún cadáver, cuyas funciones en esa época se 
hacían en la iglesia de San Sebastián de la villa de San 
Francisco de Esquiladle. Cuánto tiempo y por qué causa 
estaría cerrada, se ignora; solo se congetura emanaría del 
ruinoso pleito que por espacio de quince años tuvieron unos 
y otros vecinos sobre el paraje en que había de ser la pobla- 
ción y villa. De modo que Moquegua con plietosse concibió, 
creó y pobló: con pleitos se nutrió y creció y con pleitos ha 
de finalizar. 



REGIDORES DE LA VILLA DE SAN FRANCISCO DE ESQUILACHE 

En 13 y 19 de Agosto de 1618 constan algunos regidores 
de los primeros pobladores de la primera villa de San Fran- 
cisco de Borja de Esquilache, y son los siguientes: el Almi- 
rante D. Juan de Olea y Medina, natural de la villa de Villar 
Don-Pardo; D. Cristóbal Fernández Cornejo y Paz; D. José 
Fernández Cornejo y Arana y D^ Diego Fernándezde Córdo- 
va. Alcalde de la Hermandad D. Juan Ponce de Salazar en 
1602. 



REGIDORES DEL PRIMER CABILDO DE SU 

ERECCIÓN DE MOQUEGUA EN 1625. 

Alguacil mayor D. Luís Vélez de Córdova y Vélez La- 
drón de Guevara, natural de Moquegua; le costó la vara 
3,000 pesos. 

Alférez Real, D. Francisco Galdaraes Garay; le costó 
la vara 3,000 pesos. 

Fiel Ejecutor, el Capitán D. Alonso de Vizcarra Bue- 
no de Arana, natural de Moquegua; le costó 7,000 pesos. 

Depositario General, D. Bartolomé Martín Quintanilla, 
natural de la ciudad de San Locar de Barra meda; le costó 
1,050 pesos. 

Alcalde provincial, el Capitán D. Agustín Fernández 
Maldonado y Vizcarra, natural de Moquegua; le costó la 
vara 7,000 pesos. 



264 -REVISTA HISTÓRICA 



Regidor primero, D. Pedro Martínez de Cuéllary Mu- 
ñoz, natural de la ciudad de Cuenca, en España. 

Regidor segundo, D. Diego Fernández Dávila y Avila, 
esposo de D^ María Montenegro y Contreras Méndez Ma- 
dueño, natural de Moquegua. 

Regidor tercero, D. Juan Rodríguez de Ves, natural de la 
villa de Uceda, en- España; le costó la vara 700 pesos. 

Regidor cuarto, el Capitán D. Pedro de Peñaloza, ma- 
yordomo ecónomo de esta iglesia; le costó la vara 700 pe- 
sos. 

El señor Corregidor de esta época lo fué el Capitán D, 
Diego Cáceres de TJHoa. 

El Cura Vicario de esta sazón lo fué el licenciado D. Do- 
mingo Pérez, comisario del Santo Oficio de la Inquisición. 

En 1601 reventó el volcán de San Lino de Omate, por 
cuya causa y haber tapado sus cenizas su iglesia y pueblos, 
se vinieron mucha parte de Indios á avecindarse en Moque" 
gua. 

En Febrero 18 de 1600 reventó con gran estrago el fa- 
moso volcán de Arequipa. * 

En Junio 26 de 1603, día jueves, Pedro Dávila, cirujano, 
abrió por la orina á una niña, D*. Gerónima de Arana y le 
sacó una piedra de onza y media de peso, que la hacía pa- 
decer graves dolores. Quedó la niña buena y sana; de lo que 
su padre, D. Hernán Bueno de Arana, manda al escribano 
Diego Dávila lo certifique y lo ponga en el archivo de este 
pueblo de Señora Santa Catalina de Moquegua. Testigos: 
Diego Fernández de Córdova; Lorenzo de Robles y Hernan- 
do de Tobar. Así á f. 400. 

El Fiel ejecutor D. Alonso de Vizcarra Bueno de Arana y 
los regidores D. Pedro Martínez de Cuéllar y D. Diego Fer- 
nández Dávila no se ha encontrado en cuánto rematarían 
sus varas y oficios. 

En 1630— á f. 230— pide el Cabildo al Excmo. Señor V¡- 
nc}»^ D. Gerónimo Fernández de Cabrera Bobadilla y Men- 
doza, Conde de Chinchón, se quite á este Cabildo la facul- 
tad y costumbre que tenía desde su erección de elegir un al- 
calde ordinario el 1*^ de Enero de cada año. Sin duda que es- 
te Cabildo no se acuerda que en la petición que hicieron los 



NOTICIA DE MOQUEGUA 265 

vecinos de este publo para que se hiciese villa, á la cuarta, 
dice: *'que ha de haber un alcalde ordinario y otro de la her* 
mandad, dos regidores y un alguacil mayor'*. Así Agosto 
14 de 1611, á f. 239. Luego, en este año de 1630 ¿cómo pi- 
den se quite este fuero y regalía en que ha estado en pose- 
sión? 

Ello es que en Diciembre 9 de 1654, cual consta de la ac- 
ta celebrada en Octubre 13 de 1697 quitó esta facultad de 
elegir un alcalde ordinario al Cabildo deMoqueguaelExcmo 
Sor. Virrey Conde de Salvatierra, y la restituyó en 1697 el 
señor Virrey don Melchor Portocarrero Laso de la Vega, 
Conde de la Monclova. Y aquel Sor. Virrey Conde de Salva- 
tierra la quitó, cdusa de un ruidoso pleito que siguieron an- 
te dicho señor Virrey entre D. Francisco Gutiérrez Dasa y D. 
Francisco Rodríguez Trejo; y éste quedó inhabilitado, cual 
parece de la diligencia en el citado día, mes y año (Dic. 9 de 
1654). Y así estuvo este Cabildo privado de este fuero 43 
años, sin elegir alcalde ordinario. 

En Agosto 13 de 1631,— á f. 231 vta, — consta que el em- 
perador Inca mandó abrir una acequia para conducir el 
agua y regar los terrenos de este pueblo. Se congetura sea 
la acequia alta, pues de ella se hace mención en los más an- 
tiguos instrumentos. No designa el presente documento 
cuál Inca sea, pero de todo él se deduce que dicho empera- 
dor Inca, deseó y puso los medios para el adelantamiento 
de este pueblo. 

En Agosto 25 de 1626, indica este instrumento que obra 
á f. 224, ante Pedro de Peñalosa, escribano de Su Magestad, 
haber en este año sacristán mayor de esta iglesia Matriz de 
Moquegua, cuyo empleo es beneficio canónico colativo por 
su institución. Mas, antes de esta fecha no se lee en ningún 
instrumento tal sacristán mayor sacerdote, como lo dice el 
citado documento: y ya desde dicho día 25 de Agosto de 1626 
para adelante se vé en muchos y repetidas instrumentos es- 
te beneficio, de lo que claramente se deduce fué creado en el 
referido año de 1626. 

En Marzo de 1601 consta había en Moquegua la ace- 
quia alta, que es la que viene desde el río 3' pasa por las ex- 
tremidades de arriba de la población. A más de esta ace- 



266 REVISTA HISTÓRICA 



quia, que existe, y en algunos tiempos del año en ejercicio, se 
vé otra acequia que sale del río más "arriba, pasa por el pa- 
go de San José de Samegua y va á descalíezar tras los ce- 
rros de Chenchén, hacia el lado sur de esta ciudad, en donde 
aún se ven los vestigios de sembraduras en esos llanos, co- 
mo son suicos y algunas plantas de maíz, cuyos troncos 
muchos han visto aún recién en el año pasado de 1808. Es- 
ta es la acequia que hizo trabajar el Inca para el bien de es- 
tos naturales; y es cosa que llena de estupor ver aun existen- 
te esta acequia que pasa por el pie de los alfalfares de los 
Tapia, á media legua de esta población, hacia el Oriente, pa- 
go de San José de Samegua, y atraviesa ladereando á bañar 
dichas cimas y lianuncos de los montes denominados Chen- 
chén. Y así lo indica el instrumento antes citado d€ Agosto 
13dcl631,áf. 231 vta. 

En Agosto 22 de 1651— á f. 323— consta y parece que el 
altar privilegiado para sacar alma del Purgatorio, siempre 
que en él se celebre el santo sacrificio de la misa, es el altar 
de la Purísima Concepción déla Santísima Virgen María; cu- 
yo altar y capilla, por otros varios instrumentos,consta ser 
sus insignes benefactores el Regidor D. Cristóbal Carbonem 
y Villarroel, el Regidor, su hijo, D.Bernardo Carbonera Per- 
n/mdez de la Cuadra, y sucesivamente toda esta familia 
hasta nuestros días. 

En Noviembre 29 de 1 655— á f. 342 vta.— con*?ta que D. 
José Manuel Pérez del Cuadro, Alguacil mayor de esta villa, 
y sus cómplices, amputaron ó cortaron con un cuchillo los 
dos compañones ó testículos á José del Alcázar y Padilla, 
negro esclavo del licenciado D. Baltazar del Alcázar y Padi- 
lla, dérigo presbítero; quien se aparta de la querella y cau- 
sa que ha seguido, perdonándoles el atentado. Si el negro 
moriría ó viviría de esta amputación, no lo dice el instru- 
mento. 

En Noviembre 4 de 1655— á f. 334— funda el hospital de 
San Juan de Dios, el Alférez Diego Fernández de Santiago, 
esposo de D^. Antonia Zapata Vélez de Córdova, para cnya 
fund^ición deja todos sns bienes, haciendas, tierras etc. Y si 
no se ftindase, recaigan dichos sus bienes en la hospedería 
de Santo Domingo de esta villa. 



NOTICIA DE MOQCEGUA 267 

En Noviembre 15 de 1661 — á f. 273— consta que D*. 
Mariana Ventura Galdames, mujer legítima de D. Alonso 
Pérez de Tudela, fué sepultada en el altar mayor y presbite- 
rio de esta iglesia Matriz, cuyo fabriquero, D. Pedro del Al- 
cázar y Padilla, le otorga á dicho D. Alonso recibo de cien 
pesos por la limosna de la rotura de la sepultura que se le 
dio en el altar mayor. 

He aquí un ejemplar inusitado y contra el rito sagrado 
de la Iglesia, en que el cadáver de una muger sea enterrado 
en el presbiterio ó en el altar mayor que está en el presbite- 
rio de la iglesia. 

En Noviembre 1^ de 1673— á f. 132— Agustina, negra 
esclava de D. Agustín Fernández Maldonado y Vizcarra, Al- 
calde provincial de esta villa, residente dicha negra en el mo- 
nasterio de la Encarnación de Lima, en compañía de la ma- 
dre María Fernández Maldonado, monja de velo negro, 
quiere ser dicha negra monja de velo blanco, para lo que di- 
cho Alcalde privincial le otorga escritura de libre y horra de 
toda esclavitud. Es regular hubiese profesado de monja es- 
ta feliz negra Agustina. 

La iglesia del hospital de Beletmitas de esta ciudad se 
reedificó de piedra y cal con media naranja, que antes, con 
tres reedificaciones antecedentes, no tenía. En Septiembre 
29 de 1828 se puso la piedra fundamental por el Cura prime- 
ro 3' vicario Dor. D. Juan Antonio Montenegro, para cuyo 
rito sagrado trajo en procisión á la patrona principal, San- 
ta Catalina Virgen y Mártir, con tres capas de coro, cruz 
alta y ciriales, clero de sobrepellices y vecindario numeroso. 
Salió á recibir á la santa patrona Nuestra Señora de Belén 
hasta la primera cuadra del convento, con el P. Prefecto fr. 
José de Santa Gertrudis y Cabello, comunidad y concurso 
de pueblo. Ambas procesiones con velas encendidas en sus 
manos. Así se condujeron al sitio primordial de la coloca- 
ción de la piedra fundamental, que se puso según el rito de 
la Iglesia. Regresó el Cura á su iglesia con la Patrona y re- 
piques, así á su salida como á su regreso; y terminó esta ce- 
remonia sagrada. 

En 29 de Marzo de 1830 bendijo dicha iglesia el expresa- 
do Cura vicario, y en seguida dijo la primera misa rezada. 
15 



268 REVISTA HISTÓRICA 



En 30 de Marzo 1830, día martes, fué la función y misa 
solemne que dijo dicho Cura 1*^ y vicario; le diaconaron los 
presbíteros D.José Bahamonde y Velásquez 3' D. José Ma- 
ría Fernández Dávila, oficiando la misa el sacristán ma^^or 
Dor. D. Baltazar Zevallos, mayordomo ecónomo actual de 
esta iglesia Matriz. 

El segundo día, 31 de dicho Marzo, cantó la misa solem- 
ne el Cura 2"^ de esta ciudad, D. José María Delgado; diaco- 
naron otros eclesiásticos. 

El 3"? día; día 1^ de Abril de 1830, cantó la misa solem- 
ne el R. P. Maestro Fr. Mariano Cuervo, prior del convento 
de Predicadores de esta ciudad. 

El día primero de este estreno predicó el R. P. Fr. José 
Maldonado de Propaganda Fide. hoy ya doctor D. José Ca- 
yetano Fernández Maldonado, Rector del colegiodela Liber- 
tad de esta ciudad. 

El segundo día predicó D. Buenaventura Polar, clérigo 
presbítero secularizado ó exclaustrado del colegio de Propa- 
ganda Fide de esta ciudad, quien ya murió bien mozo en lio, 
en Noviembre 2 de 1836. 

El tercero día predicó el Dor. D. José María Hurtado de 
Mendoza Bueno de Arana Pérez del Pozo, clérigo prebítero, 
quien murió de 58 años, en Diciembre 7 de 1838. 

En todos tres días asistió el Sor. Sub-prefecto y muchisí- 
mo vecindario, corporaciones, etc. manifestando todos su 
cordial contento. 

Esta iglesia se reedificó á expensas de D*. María Marti- 
na Fernández Cornejo, en que gastó más de 30,000 pesos. 
Dejó esta señora expedita la casa para el hospital de muge- 
res, en que gastó más de 7,000 pesos. 

Dr. Juan Antonio Montenegro y Ubaldi. 

I-Se terminará). 



Ur] O^ectiUista 



Aunque se juzgue de poca importancia el saber, si el ca- 
nónigo Doctor Francisco de Avila, expósito, tuvo noticia 
de sus padres; ó si ellos fueron, no sólo impedidos de apare- 
cer tales, sino realmente desconocidos, conviene estf» rectifi- 
cación: exigida en cierto modo por la verdad histórica, y 
que, por lo mismo, hace falta á mi reciente estudio sobre es- 
te antiguo, y casi olvidado escritor peruano. 

En el testamento que otorgó aquí tres días antes de su 
muerte, y que mencioné, deja un legado á doña Josefa Her- 
menegilda de laTorre y á doña Catalina de León, monjas del 
Convento de la Encarnación, á quienes declara sus sobrinas, 
y profesas hacía veintiocho años. 

Pudo pues, decir el Virrey al Monarca, en su informe so- 
bre Avila: **hay opinión de que son conocidos sus padres**. 
El certificado que, una hora después de la muerte de 
nuestro Quechuista, expidió el escribano Fernández de la 
Cruz, vale en mi concepto, por no ser conocido, la pena de 
reproducirse. Dice así: 

**Yo Antonio Fernández de la Cruz, Escribano del Rey 
nuestro Señor, Público del número de esta ciudad de los Re- 
yes del Perú, certifico y doy fee que oy Martes diez y siete de 
septiembre de mil seiscientos y quarenta y siete años, como 
á la una del día poco más ó menos vide muerto naturalmen- 
te á lo que paresía al Doctor Don Francisco Dávila canóni- 
go que filé detesta Santa Iglesia el qual estaua en el aposen- 
to de dormir de las casas de su morada donde dijeron auía 
muerto y estaua tendido en el suelo rrebestido con alúa y 



270 REVISTA HISTÓRICA 



casulla en la forma que se acostumbra amortajar los sacer- 
dotes para enterrarlos y para que de ello conste por manda- 
to de dicho alcalde di el presente en los Reyes en el dicho día 
mes y año dichos.— Testigos: Juan Delgado de León, el Pa 
dre Maestro Fray Miguel de Aguirre del horden de San 
Agustín y el Bachiller Joseph García de Paredes. — Y en fee 
de ello lo signo y firmo.— En testimonio de verdad— i4níomb 
Fernández de la Cruz Escribano Público^*. 

Lima, junio de 1906. 

José Toribio Polo. 



-->♦«- 



Disturbios religiosos eri LíTc\a 



EN EL SIGLDXyiI 



Entre los dogmas del catolicismo, ninguno ha dado lu- 
gar á controversias tan reñidas y tan prolongadas como el 
de la Inmaculada Concepción, desde los albores del cristia- 
nismo hasta que su Santidad el Papa Pío IX lo declaró dog- 
ma de fe, en medio de entusiasmo y pompa indescriptibles, el 
8 de Diciembre de 1854. 

Escribieron en faborable sentido á la excención déla Vir- 
gen del pecado original, el Obispo de leona, San Amfiloquio, 
San Ambrosio y San Juan Crisóstomo en el siglo cuarto de 
la Era cristiana; San Agustín, San Proclo y San Gerónimo 
en el siglo quinto; San Fulgencio en el siglo sexto; Jorge de 
Nicomedia en el séptimo y San Juan Damasceno en el octavo. 
Desde entonces se llenaron gruesos infolios, defendiendo • el 
dogma unos, impugnándolo otros, y en que se exponían con- 
ceptos tan estravagantes, tan absurdos y muchos de ellos 
tan poco honestos, que la cultura de la Revista no permite 
darles cabida en sus páginas. 

Juan Duns Scott, célebre teólogo franciscano, natural de 
las islas Británicas, fué el primero que lo defendió hacia los 
comienzos del siglo X,con todo el rigor de la escolástica; pe- 
ro aunque propuso la sentencia de la preservación, no se 
atrevió á afirmarla. Entonces Scott, joven aún, y que no 
gozaba de la erudicción teológica que después adquirió, ha- 
bló con cierta timidez. Más tarde trató más vigorosamen- 



272 RRVISTA HISTÓRICA 



te la cuestión en l'arís, afirmándose que tuvo célebres dispu- 
tas públicas en las universidades de aquella ciudad y de Co- 
lonia, y que las trató con tal agudeza de ingenio que le valió 
el sobrenombre de wSiítíV, conque pasó á la posteridad. En 
tonces la sentencia Pía echó tales raíces en los corazones cris- 
tianos, que se reputaba un delito apartarse de ese sentir. 

**Después de todo, es cierto que los dominicanos no se 
alistaron en esta parte, baxo las vanderas de Escoto. O el 
zelo de impugnar la novedad, ó el espíritu de partido, ó la 
emulución contra este insigne Teólogo que empezaba ya á 
dividir el Orbe Escolástico, y disputarle á Santo Tomás la 
prerrogativa de ünico Caudillo de la Escuela, hicieron que 
fuese visto por ellos Escoto con menos estimación. Así se 
encendieron ácombatirlo, impugnarlo, yaúnccnsurarlo" (1). 

Y no tardaron mucho los dominicanos en romper lanzas 
contra las opiniones de Scott, pues hacia 1380 un fraile de 
aquella orden, español, llamado Juan de Monzón, que goza- 
ba de reputación de gran escolástico, expuso á pública dis- 
puta catorce proposiciones, entre las cuales habían algunas 
contra la preservación de la Virgen. Pero la Universidad 
parisiense.dispuesta ya al sentir de Scoct,las censuró, y Mon- 
zón se vio abandonado de sus partidarios; y sus colegas los 
dominicanos recibieron orJen de abjurar la sentencia de 
Monzón, y porque no quisieron híicerlo, repudiólos aquella 
Universidad de su cuerpo, quedando vacantes muchas cáte- 
dras, silenciosos muchos pulpitos y originados muchos de- 
sórdenes. 

Ardían las disputas sobre la Concepción cuando en el año 
de 1431 se celebró el Concilio de Basilea y los santos varo- 
nes que lo componían dieron el encargo al dominicano espa- 
ñol fray Juan de Torquemada, que más tarde alcanzó el ca- 
pelo cardenalicio, para que trabajase sobre aquella contro- 
versia. Pero terminada su obra y presentada al Concilio, 
no pudo verse, porque aquella asamblea se ocupaba ya en 
asuntos más tra scendentales. La obra del dominicano español 
se publicó después de su muerte y apareció en ella declarándo- 
se en contra de la Preservación. 



(1) Castro, — Disertación sobre la Concepción de Nuestra Señora. — Li. 
ma 1782 



DISTURBIOS RELKUOSOS EN LIMA 273 

El Papa Sixto IV, franciscano, y que seguía los dictáme- 
nes de Scott, dio en el año de 1476 una constitución á favor 
de la Preservación, en que aprobaba un oficio y una misa 
para la fiesta de la Inmaculada Concepción, y entonces fray 
Vicente Vandelli, General de la orden de los Dominicanos, pu- 
blicó un tratado contradiciendo al Pontífice y asegurando 
que era pecado celebrar y defender la concepción en gracia 
de la Virgen, por lo cual Sixto IV fulminó sus rayos contra 
el dominicano. 

En el año de 1497 un teólogo parisiense llamado Juan 
Vero, predicó públicamente que la Virgen, aunque santifica- 
da en el vientre de su madre, tenía antes contraída la culpa 
original. Causó alboroto y escándalo en París tal sentencia 
y entonces la Universidad de aquella capital, obligó al teólo- 
go á retractarse y expidió un decreto para que en lo sucesivo 
ningún estudiante de su seno recibiese el grado de doctor, si 
antes nojuraba defender la concepción en gracia de la Virgen. 
Ya veremos más adelante cómo la Universidad de Lima adop- 
tó igual resolución. 

Llegó la época del Concilio de Trento y fueron en él muy 
fervorosas las disputas sóbrela naturaleza y transfusión del 
pecado original en toda la humana especie, y cuando se plan- 
teó la cuestión déla preservación de la Virgen, convenían ya 
en ella la mayoría de los padres que asistían al Concilio; pe- 
ro el dominicano fray Pedro Bertano, obispo de Taño la com- 
batió ardorosamente, citando en su apo^'o numerosos y gra- 
ves teólogos, especialmente entre los de su orden. 

Después del Concilio de Trento y al finalizar el siglo XVI, 
las disputas sobre la Concepción se encendieron nuevamente, 
tomando en la contra versia activísima participación los do- 
minicanos. 

Habían dado los pontífices diversas constituciones sobre 
la Inmaculada Concepción y el Papa Gregorio XV en la 
constitución Sünctissimis impone absoluto silencio acerca 
ca de la sentencia menos pía; ni aún permite defenderla pri- 
vadamente, aunque por otra constitución, Bx//n/7, exceptua- 
ba á los dominicanos de esta prohibición (1). 

(1) Castro, Obra citada. 



274 REVISTA HISTÓRICA 



Ya se ha visto, pues, la ruda oposición que desde remo- 
tos tiempos hicieron los dominicanos á la sentencia de la 
Preservación de la Virgen y en qué se apoyaban para com- 
batirla. 



« i 



Los re^'-es de España fueron muy devotos de la Inmacu- 
da Concepción, cuya fiesta se celebraba en aquel reino desde 
los primeros siglos del cristianismo, y Felipe III, primero y 
Felipe IV después, hicieron diversas representaciones ala Sede 
Apostólica en favor de la declaración del misterio. Felipe 
IV pidió su paracer á algunos prelados de sus dominios pa- 
ra reforzar sus exigencias ante la Santa Sede con la opinión 
de los teólogos. 

Véase la cédula dirijida á los prelados, y en virtud de la 
cual, el Obispo de Arequipa Don fray Pedro de Perea, satisfi- 
zo los deseos del soberano: 

'* El Rey, Reverendo in Christo, Padre Obispo de la Igle- 
sia Catedral de la ciudad de Arequipa, de mi Consejo. Por 
que desseando con propio afecto grande, y entrañable devo- 
ción, que su Santidad declare el misterio de la Purísima Con- 
cepción de la Virgen nuestra Señora, é embiado á Roma al 
Maestro Fr. Plácido de los Santos, de la Orden de San Be- 
nito, mi Predicador: y é escrito á su Santidad suplicándole 
aíectuosamente lo mande despichar; porque demás délo que 
partenece á la honra déla Virgen, es justo consolar estos 
Reynos, que con tan gran demonstración aclaman, y procu- 
ran verlo definido, juzgando por cosa muy importante, para 
mover, y disponer su ánimo, que llegue á su noticia, lo que 
ésta tan santa y piadosa pretensión se á estendido: Os rue- 
go, y encargo manifestéys á su Santidad por vuestras car- 
tas lo que sentís en la materia y conocéysdelánirao,yzelode 
todos vuestros subditos, y quan grande, y general alegría, y 
consuelo causará esta determinación, para qaeconcurriendo 
tantas, y tan eficazes deligencias, lo mande resolver conma- 



DISTURBIOS RELIGIOSOS EN LIMA 275 

yor brevedad. Yo el Rey, Por mandado del Rey nuestro 
Señor. Pedro de Ledesma (3). 

No se limitó á ésto solo el Católico Felipe, pues ordenó 
que en todos sus dominios los predicadores principiasen sus 
sermones con esta salutación: Alabado sea el Santísimo Sa- 
cramento y la Virgen concebida sin pecado original, en lo 
cual los dominicanos vieron una imposición contra sus cons- 
tituciones, que les autorizaba á aceptar la sentencia menos 
pía, y entonces traj' Juan Martínez del Prado, Provincial de 
la orden en Castilla, presentó un memorial en que suplicaba 
el Rey que los religiosos de su orden no fuesen comprendidos 
en aquella Pragmática. Pero el memorial tuvo muy mala 
acogida y el provincial fué desterrado de Castilla, destierro 
que no se le levantó sino después que expidió patentes para 
que la Pragmática fuese obedecida por lodos los frailes de su 
orden. A propósito de este incidente, el Padre fray Pedro de 
Alba y Astorga, de la orden de San Francisco, guardián que 
fué del Convento de Lima, y que alcanzó en España alto re- 
nombre por sus obras en favor de la Concepción, escribió un 
librito intitulado: Las Manchas del Prado ó el Prado de la 
Mancha, destinado todo él á rebatir las razones contenidas 
en el citado memorial. 

Alusiva á la devoción de Felipe IV á la Inmaculada Con* 
cepción, se le dedicó, cuando se le hicieron sus honras fúne- 
bres en esta ciudad de los Reyes, la siguiente décima, de su- 
bido corte gongórico: 

En su corona traía 

Misterio, y nombre su frente, 

Pues á Jesüs represente. 

Quien siempre entendió en María 

Quanto la sabiduría 

Dio en este raudal fecundo. 

En Concepción, dando al Mundo 



(3) Copia de la carta qve el Obispo de Arequipa Fray Don Pedro de Pe- 
rea, de la Orden de Sari Agustín escriuió al Rey nuestro Señor Don Felipe IV 
deste Nombre, prouayido la certeza que tiene el auer sido la Virgen concebida 
sin pecado Original: y no poderse definir en la Iglesia la opinián contraria 
Impresso en la ciudad de los Reyes; por Gerónynio de Contreras: Año de 1629, 
16 



276 REVISTA HISTÓRICA 



Nuestro Padre, y nuestro Quarto 
De sus conceptos tal parto, 
Que fué Carlos el Segundo (4). 



La acalorada contraversia que en el Viejo Mundo soste- 
nían los teólogos sobre la Inmaculada Concepción, no podía 
dejar de tener profunda resonancia en el Nuevo Continente, 
sobre todo en un país tan embargado en asuntos místicos y 
tan eminentemente cotólico como el virreinato del Perú. 

El agustino Calancha, el Obispo de Arequipa don Pedro 
de Perea, el D. D. Diego Andrés de Rocha, Oidor de la Au- 
diencia de Lima; el Dr. Don Agustín Sarmiento, Cura de la 
Parroquia de San Sebastián de esta ciudad; el Dr. D, Igna- 
cio Castro [muy porterior á los anteriores] Cura ^ue fué de 
Chacacupe en el Cuzco, y hasta el dominicano fray Francis- 
co de la Cruz, por las razones que más adelante se dirá, v- 
otros muchos escribieron en favor del misterio. 

En 1573 se fundó en esta ciudad un convento de monjas 
bajo la advocación de la Inmaculada Concepción, y prueba 
la devoción de los limeños á la Purísima, las cuantiosas do- 
naciones que se hicieron á esa casa. 

Al igual de la de París, la Universidad de Lima, como he 
dicho más arriba, dispuso que al optar sus alumnos los gra- 
dos mayores y el bachillerato en Teología, jurasen defender 
el misterio de la Concepción [5] y el Tribunal del Consulado 
se había manifestado aún más devoto, pues desde su iunda- 
ción adoptó por armas una Purísima con esta leyenda: Ma- 
ría concebida sin pecado original, 

Pero también en este apartado reino se mostraban los 
dominicanos celosos de sus prerrogativas é intransigentes. 



(4) Oración F^-fiebre á las honras del Rey N. 8. D. Felipe Qvarto el 
Grattde. Predicóla el R P. Fray Diego de Herrera, Padre Perpetuo de la 
Prouincia de los doze Apóstoles — Linm 1666 

(6\ Constituciones, y Ordenanzas antiguas, añadid-as y modernas de la 
R^al Universidad, y estudio general de San Marcos de la ciiidad de los Reyes 
del Perú.— Lima 1735.— Titulo Catorze, Constitución 1 V. 



DISTURBIOS RELIGIOSOS EN LIMA 277 

dando lugar á diversas manifestaciones que por su magnitud 
y duración, adquirieron el carácter de verdaderos disturbios 
religiosos. 

**E1 año de 1620 moraba en la ciudad del Cuzco, metró- 
poli del riquísimo reino peruano— dice el P. Fr. Francisco de 
la Cru2j^ religioso dominicano— dedicado del todo á las disci- 
plinas escolásticas, cuando he aquí que de las regiones de 
Europa se derivó una gran tempestad que llenó y conmovió 
á todo este Nuevo Orbe: la causa, el popular afecto hacia la 
Concepción de la Virgen María. Entra á la ciudad y se lle- 
na toda ella con los clamores de los vociferantes, que tumul- 
tuosamente discurren por todas partes, y amotinándose las 
turbas, la ciudad resuena y arde en confusión: todos claman 
insolentemente contra nuestra orden de Predicadores, como 
hostiles á la señora del Cielo ¿Qué mayor abuso, cuando por 
la Inmaculada Virgen ha sido proclamada como su fidelísi- 
mo baluarte?*' [6]. 

El tumulto adquirió tales proporciones que el Prior en- 
vió al padre Ildefonso Muñoz donde el Obispo, pidiéndole 
que contuviese al pueblo y calmase los ánimos, manifestán- 
dole, á la vez, que seguía las constituciones de su orden, que 
eran contrarias á la sentencia pía. 

Como para probar cuánto puede la disciplina monástica, 
refiere en seguida el padre Cruz, que después de los sucesos 
apuntados,enla noche de aquel día, se retiró á su celda, y que 
estaba en ella entregado á sus meditaciones cuando se le pre- 
sentó un etíope de terrible figura, el cual le amenazaba por 
sus opiniones contrarias al misterio de la Inmaculada; pero 
que él no. se amedrentó y siguió creyendo en la sentencia 
menos pía, tal como la aceptaba su orden. Afirma el padre 
Cruz, que no fué ilusión, que estaba despierto y que, efectiva- 
mente tuvo careo con el horrible negro. 

Pero más que la amenazadora intervención del fantásti- 
co negro pudo la persuasiva y cariñosa palabra del Excmo. 
Sr. Virrey Conde de Salvatierra, pues dice el P. Cruz que el 



(6).— Francisco de la ' ruz Pro Pvritate Concepiionis Beatismn Virgi- 
nis Genitricis Dei Mari(B Theoloffica demonstratio. Lima MDCLIII. 



278 REVISTA HISTÓRICA 



15 de Diciembre de 1652 tuvo una entrevista con el Virrey, 
en la cual le ofreció escribir el libro de que dejo hecha men- 
ción [7]. 

Y que era su Exrcelencia muy devoto y celoso defensor 
del misterio de la Concepción se verá en seguida. 

Aunque los teólogos disputaban sobre el misterio mis- 
mo, en toda la cristiandad se celebraba la fiesta de la Inma- 
culada desde los más remotos tiempos del cristianismo, 3^ en 
esta ciudad aquellas fiestas revestían extraordinaria mag- 
nificencia [8]. La que se celebró en la Catedral de Lima 
el 8 de Diciembre de 1654 fué cxcepcionalmente esplendoro- 
sa. Asistieron el Virrey Conde de Salvatierra, la Audien- 
cia, los Cabildos secular y eclesiástico y cuanto de m is luci- 
do tenía la nobleza limeña. Dijo la misa vestido de Pontifi- 
cal el Ilustrísimo Arsobispo Villagómez, que era muy devo- 
to de la Inmaculada, y pronunció el panegírico el P. Gon- 
zalo de Herrera, Provincial de San Francisco [9]. Termi- 
nada la fiesta y sermón, hízose en el templo una especie de 
asamblea, en la cual los presentes 'Votaron defender y guar- 
dar la pureza y limpia concepción de Nuestra Señora sin pe- 
cado original*'. Primero votó el Cabildo Eclesiástico, des- 
pués el Virrey, en seguida la Audiencia y luego el Cabildo se- 
cular. El Arzobispo recibía los juramentos. 

Terminada esta ceremonia en la Metropolitana hubo 



[7]--Posteriormente d P. Cruz escribió otro libro sobre la Concepción 
intitulado Beatismnw Virgini Genitriri Dei Man(£ Puritatem Svoe (^lu^p- 
tionis manifestam F. Francisco de la Cruz. Lima 1675, 

¡S) — VeHSB a Belación délas fiestas qve ala Inmaculada Concepción de 
la Virgen Nuestra Señora se hizieron en la Real Ciudad de Lima en el Perú 
y principalmente de las que hizo la Congregación de la Expectación del Parto 
en la Compañía de íesús año 1617, Por el Bachiller Antonio Bodriguez de 
León (Pinelo) Lima 1618. 

Hízose esta impresión á Cv^sta de Juan Fernández Higuera, pues dice en 
los preliminares: "Al fin con esto conocerá España que hay también en las 
Indias devotos de la Concepción" 

[9]— El P. Herrera fué elegido provincial de la orden de San Francisco 
en el Perú el 19 de Junio de 1(353. Este sermón se imprimió con el título de: 
Oración Evangélica que predicada en la Cathedral de Lima al juramento que 
hizieron los señores Virrey, Arzobispo, Audiencia, ambos Cabildos y dvmás de 
la ciudad, de tener y defender la Conception Santissima de yfaria el día de su 
fiesta, escrivia al líustrissimo Señor Dor D. Pedro de Villagómez, Arzobispo 
de f ima del Concejo de S,M, la obligación del Muy R. P. Fr. Gonzalo de He- 
rrera &. Lima, por Luis de Lyra. Año de 1655. 



DISTURBIOS RELIGIOSOS EN LIMA 279 

otra muy significativa en la plaza, en qne tomó parte el ca- 
tólico pueblo de Lima. En la tarde salió de aquel templo 
una procesión llevando una imagen de la Inmaculada, la 
cual recorrió las cuatro calles de la plaza, en donde se ha- 
bían levantado cuatro primorosos altares, uno en cada es- 
quina; y mientras la procesión daba la vuelta, el pueblo pre- 
sidido por el Cabildo secular, votaba á la Inmaculada Con- 
cepción por patrona de la ciudad, aunque hacía muchos 
años que por patrona había jurado á Santa Isabel. También 
votó el pueblo limeño hacerle una solemne fiesta el 8 de Di- 
ciembre de cada año. 

Y llegamos al objeto principal de esta narración, á la 
agitación religiosa ocurrida en Lima y motivada por la re- 
sistencia de los dominicanos á acatar la Pragmática de Fe- 
lipe IV, en que ordenaba que en todos sus dominios los ora- 
dores sagrados comenzasen sus sermones con la salutación: 
Alabado sea el Santísimo Sacramento y la Virgen concebida 
sin pecado original. 

Largo ha sido el proemio. 



« « 

Corría por su último cuarto el año de 1662 y todo Li- 
ma, rebozando piedad y júbilo, se preparaba á festejar la 
fiesta de la Inmaculada Concepción, que ocho años antes ha- 
bía jurado por patrona suya, con la magnificencia de siem- 
pre. Y en verdad fué muy lucida la fiesta. 

El viernes 8 de Diciembre, después de un solemne nove- 
nario que se le hizo en San Francisco, en que estuvo todo 
ese tiempo expuesto el Santísimo Sacramento, salió de aque- 
lla iglesia una procesión de aspecto grandioso. Después de la 
cruz alta iba un anda de San Francisco de Asís llevando el 
santo una bandera en la mano, en la cual se había puesto 
con letras de oro esta inscripción: María concebida sin ma- 
guía de pecado original, A ésta seguían doce andas más de 
santos y santas de la orden; tras ellas otra anda del pa- 
triarca Santo Domingo; y cerrando este cortejo de bienaven- 
turados iban doce niñas **que habían salido en suerte en la 



1 



280 REVISTA HISTÓRICA 



Cofradía,cada una con su padrino". Llevaba el Santísimo el 
R. P. Fr. Diego de Adrada, Provincial de la orden de San 
Francisco, y escoltaban á su Divina Magestad,el Virrey Con- 
de de Santisteban, la Audiencia, los Cabildos y tribunales y 
escogidísimo consurso de lo más notable déla sociedad lime- 
ña. La procesión siguió por las calles del Rastro 3' Desam- 
parados hasta la plazuela del Puente; de allí continuó por 
la calle del Hierro viejo, que es la que hoy llamamos de Pa- 
lacio; entró á la Plaza ysigió por los Cajones, esto es. delan- 
te de Palacio, y calle del Arzobispo hasta la esquina donde 
vivía D. Diego de Carbajal y Vargas, de donde, por la calle 
de Aparicio se encaminó al Milagro. 

El 22 de Diciembre de aquel año, el gremio de los Escri- 
banos hizo una fiesta a la Inmaculada Concepción, en la 
iglesia de Santo Domingo, que no pasó sin escándalo, y que 
originó los raros sucesos que comenzaron aquella misma 
noche. Estaban presentes en la iglesia los franciscanos y 
mercedarios y numeroso concurso de fieles. El sermón de- 
bía predicarlo el Prior del Convento, R. P. Domingo de Ca- 
brera, quien ocupó el pulpito y comenzó su oración sagrada 
con la acostumbrada salutación: Alabado sea el Santísimo 
Sacramento, y después de brevísima pausa iba á entrar en 
materia, cuando un clamor general partió de todos los ám- 
bitos del templo: 

—Y la pura y limpia Concepción déla Virgen nuestra Se- 
ñora, concebida sin pecado original, esclamaban sin cesar 
los escandalizados asistentes á la fiesta. 

El padre Cabrera continuaba mudo y el clamor iba en 
aumento, hasta que el predicador murmuró: 

—Así lo digo y lo refiero. 

Pero esto no fué suficiente á calmar los ánimos; era pre- 
ciso que el dominicano repitiese la salutación, y el clamoreo 
subía de punto. Entonces el P. Cabrera dijo con marcado 
desgano, con acento forzado. 

—Y la Virgen concebida sin pecado original. Con lo que 
se traquilizaron, por entonces, los ánimos y continuó la fies- 
ta. 

Mas los dominicanos se sentían profundamente heridos 
por la presión que se había ejercido con su prelado y resol- 



DISTURBIOS RELIGIOSOS EN LIMA 281 

vieron vengarse. Terminada fiesta se hizo una procesión 
conduciendo una Imagen de la Inmaculada, que recorrió los 
claustros del convento y los dominicanos, todos sin excep- 
ción, se encerraron en sus celdas y dejaron solos á los francis- 
canos y mercedarios, y también á los cartularios, acompa- 
ñando el anda. 

Estos hechos causaron profunda excitación en el vecinda- 
rio y movieron á los escandalizados limeños á hacer mani- 
festaciones de desagravio, si nó á obligar á capitular á los 
tercos dominicanos. Las 8 de la noche serían cuando **salie- 
ron unos cuatro ó seis monigotes con algunos muchachos 
de la esquela con dos belas de sebo cantando por las calles: 
la Virgen fué concebida sin pecado originar\ Momentos 
después el grupo había aumentado considerablemente y al 
pasar por la tienda de un indio sastre, vieron aquellos mo- 
nigotes un cuadro al óleo, que representaba la Inmaculada 
Concepción: verlo y apoderarse de él fué cosa de un instan- 
te. Quiso la casualidad que en aquellos momentos acertase 
á pasar por allí, cabalgado en su muía, el doctor Cruz y en- 
tonces le entregaron la imagen para que la llevase. 

A este tiempo ya se habían juntado más de 4,000 perso- 
nas de toda condición social, llevando cada cual su vela de 
sebo y cantando en coro: la Virgen fué concebida sin peca- 
do original. 

La procesión entró á la plaza mayor, ya en número de 
10,000 almas (*) y entonces la Catedral comenzó á repicar, 
imitándola luego todas las iglesias de Lima, menos Santo 
Domingo, que ni abrió sus puertas ni hizo vibrar sus bron- 
ces aún cuando la procesión fué á estacionarse por dos veces 
frente á su iglesia. 

Después de haber andado por toda la ciudad, y casi al 
despuntar el alba, la procesión se dirigió á la iglesia de San 
Francisco y depositó allí la imagen que los monigotes ha- 
bían arrebatado al indio sastre. 

La tenacidad de los dominicanos negándose á repicar y 
recibir á la procesión no hizo más que enconar los ánimos y 
en la tarde del sábado volvió á reunirse el pueblo y sacó de 

(•) — Encuentro exagerado este cálculo de Mugaburu. 



282 REVISTA HISTÓRICA 



San Francisco la misma imagen, en un anda, la cual proce- 
sión se dirigió á la Catedral, en donde la esperaba el Cabildo 
Metropolitano con velas en las manos. De allí se encaminó 
á la iglesia de la Compañía ó San Pedro, de donde siguió á 
la Concepción, cantando en todo el trayecto: María fué con- 
cebida sin pecado original. 

En la noche de aquel mismo día salió de casa del comer- 
ciante D. Pedro del Molino (mi compadre, dice Mugaburu) 
otra procesión, conduciendo una imagen de bulto de la In- 
maculada, y acompañábala todo el comercio de la ciudad, 
con bandas azules en el pecho y cantando, M^na fué concebid 
da sin pecado original. Caminó la procesión toda la noche 
y las dos de la madrugada serían cuando se dirigió hacia la 
iglesia de Santo Domingo, en donde se vio con sorpresa que 
la iglesia estaba abierta y la comunidad con velas y cruz al- 
ta en la puerta esperándola. Para colmo de ventura, las 
campanas comenzaron á repicar alegremente. Algo se tra- 
maba, indudablemente, contra los dominicanos, que ellos 
descubrieron á tiempo, pues dice Mugburu que **este aconte- 
tecimiento causó indescriptible jubilo, que si nó corrían 
grandes pesares los padres dominicanos''. 

Lima estaba en plena efervescencia mística y todos los 
vecinos se dispusieron á imitar el ejemplo de Molino. Fue- 
ron tantas las procesiones que se hicieron, que el diligente 
Mugaburu ya no quiso tomar nota de ellas y se limitó á 
consignar en su diario este dato: 

**Cada noche salían de cada casa processiones por devo- 
ción»'. 

Pero aparte de estas procesiones del vecindario, conti- 
nuaban las que organizaban los gremios ó instituciones. 

El miércoles 27 de Dicimbre, tercer día de Pascua, salió 
de la parroquia de Santa Ana otra procesión de la Inmacu- 
lada, la cual fué hasta la plaza de Armas y^ regresó por San 
Francisco y Santa Clara. El acompañamiento era numero- 
sísimo, é iban cantando los fieles, María fué concebida sin 
pecado original. 

El día siguiente salió de la parroquia de San Sebastián 
una procesión de la Purísima, que tuvo epílogo desgraciado, 
pues apenas comenzaba á dispersarse la gente que la había 



í 



DISTURBIOS RELIGIOSOS EN LIMA 283 

acompañado, cuando se declaró un gran incendio en casa de 
un acreditado comerciante de la ciudad, llamado D. Pedro 
de Murúa, quien tuvo el dolor de ver morir entre las llamas 
á un hijo suyo, niño de 12 años de edad. 

El viernes 29 salió de la Catedral una procesión verda- 
deramente imponente. Formábanla el Coro metropolitano 
y todos los clérigos qué á la sazón habían en Lima, con 
hachas en 1 ís manos llevando bajo palio una imagen de la 
Concepción. La procesión recorrió algunas calles, cantando 
María fué concebida sin pecado oríginal. 

El sábado 30 le tocó su turno á las catalinas y salió de 
ese convento un precioso carro alegórico, que figuraba una 
galera, tirado por cuatro muías muy adornadas. Tripula- 
ban la galera 24, niños vestidos de angelitos, quienes iban 
rodeando una imagen de la Inmaculada. La procesión reco- 
rrió muchas calles y el concurso de gente que llevaba era 
grande, atraído por la novedad del anda. 

El 1^ de Enero de 1663 fué día de gran expectación en Li- 
ma. Celebra la Iglesia en este día la Circuncisión del Señor, 
fiesta que se hacía en la Catedral y que revestía mucha solem- 
nidad entonces, debiendo pronunciar el sermón acostumbra- 
do un fraile dominicano. Tal anuncio era suficiente para lle- 
nar las tres amplias naves del templo ¿Qué iba á pasar allí, 
dado el estado de excitación mística que embargaba á los 
moradores de la ciudad de los Rej-es y la tenacidad de los do- 
minicanos? Ya se verá. 

Comenzó la misa cantada, y cuando llegó el momento 
del sermón, se encaminó al pulpito un padre dominicano, 
cuyo nombre, desgraciadamente, omite Mugaburu. Un pro- 
íundo silencio reinaba en el templo y todas las miradas esta- 
ban fijas en el hijo de Guzmán,quien presa de justificada emo- 
ción comenzó su sermón con la salutación acostumbrada: 
Alabado sea el Santísimo SacramentOy dijo, y se detuvo. 
Como impulsados por un resorte, los canónigos, clérigos, y 
toda la gente que estaba en la iglesia se pusieron de pie, ex- 
tendieron los brazos hacia el pulpito y rompieron á gritar 
desaforadamente: 

—Y la Virgen nuestra Señora concebida sin mancha ni 
pecado original. 
17 



284 REVISTA HISTÓRICA 



Pero el dominicano seguía mudo 3' el vocerío iba en au- 
mento. Era una algarabía indescriptible hasta que algu- 
nos de los más inmediatos al pulpito obligaron á descender 
de él al desventurado fraile; el cual, densamente pálido y 
muy turbado, iba murmurando, á manera de disculpa: 

— Mi Prelado me dijo que no dijera. 

Tanta fué la indignación contra el pobre religioso que 
**á no apadrinarle una media ración (un canónigo medio-ra- 
cionero) que llaman el licenciado Portachuelo, la gente que 
se alió en la iglesia se lo querían comer al tal predicador", 
dice Mugarubu. 

Siguió, pues, la misa sin el esperado sermón y con la 
iglesia casi vacía, porque la mayor parte de los concurren- 
tes habíanla abandonado, deseosos de comentar libremente 
tan extraordinario suceso. 

En la tarde de aquel memorable día salieron dos proce- 
siones de gente inferior,llevando cada una de ellas su respec- 
tiva imagen de la Inmaculada: una de pardos y pardas 
(zambos) de la Catedral: y otra del hospital de San Barto- 
lomé de negros de ambos sexos, las cuales recorrieron gran 
parte de la ciudad. 

No quisieron dejar de hacer sus manifestaciones de desa- 
gravio los caballeros de las órdenes militares que en Lima 
habían, Santiago, Calatrava y Alcántara 3' así las prepara- 
ron con todo el esplendor que á tan nobles instituciones co- 
rrespondía. Tocóles su turno á los caballeros de Santiago, 
quienes el 14 de Enero de aquel año hicieron una procesión 
que excedió en gradeza á todas las que hasta entonces se 
habían hecho. Salió ésta déla iglesia de San Agustín forman- 
do larga fila de andas de todos los santos de la orden. Iba 
después una lujosísima imagen de la Inmaculada y en segui- 
da otra del apóstol Santiago á caballo. Cerraban el cortejo 
todos los caballeros de la orden de Santiago, inclusive el Vi- 
rrey Conde de Santisteban; todos con sus mantos y cantan- 
do, María ha sido concebida sin pecado original. 

La procesión recorrió las calles de Plateros, Mercaderes 
y la Plaza, de donde se encaminó á la plazuela de Santo Do- 
mingo, regresando por el Pozuelo á San Agustín. Habíanse 
levantado cuatro altare», *'los mejores que se han hecho en 



DISTURBIOS RELIGIOSOS EN LIMA 285 

esta ciudad de Lima'*; especialmente el que estaba en la es* 
quina de la Plaza y la calle del Hierro viejo, que era "cossa 
admirable y de mucho gusto*'. 

Mientras la procesión pasaba por la plazuela é inmedia- 
ciones de Santo Domingo, ia iglesia permanecía cerrada y 
las campanas mudas; todo en absoluto reposo, como si tue* 
se la mansión de las tumbas. 

Todavía revistió mayor esplendor la procesión que hi- 
cieron los caballeros de Alcántara y Calatrava el 29 del pro- 
pio mes 3^ año, con la cooperación de los mercedarios. El 
anda de la Virgen figuraba un carro alegórico, halado por 
angelitos, en el cual se había erigido un trono, en donde es- 
taba la imagen de la Concepción. Después seguían **muchas 
figuras del testamento viejo, desde Adán hasta Joseph, muy 
adornadas y con muchas joyas de grandísimo valor*'. Ve- 
nían en seguida los caballeros de la Redención de cautivos y 
muchos angelitos, llevando cada uno un cautivo aprisiona- 
do con cadenas de oro y adornados con joyas valiosísimas. 
Cerrando el cortejo iban el Virrey Conde de Santisteban y 
doce caballeros délas órdenes de Alcántara y Calatrava, 
que no eran todos los que en Lima habían, pues no asistie- 
ron á la fiesta ni D. Alvarado de Navamuel ni D. Francisco 
de Arana, caballeros de Alcántara; ni D. Luís de Mendoza \'' 
D. Pedro Calderón de la orden de Calatrava. 

Habíanse levantado también cuadro vistosísimos alta- 
res; uno de ellos en la esquina del Chasque (Lezcano), hecho 
todo él de espejos, de arriba abajo, y en medio del cual se 
había colocado una imagen de la Purísima Concepción, que 
tenía á sus pies una serpiente enroscada en un manzano, y 
debajo de éste un Adán y una Eva de tamaño natural. 

Esta vez tampoco los dominicanos dieron muestras de 
vida cuando tan lucida procesión pasó delante de su iglesia. 

El 6 de Marzo los juandedianos hicieron también una 
procesión, sin que hubiese nada digno de especial mención. 

Un suceso inesperado vino á cambiar la faz de las acon- 
tecimientos. El domingo 6 de Marzo murió el P. Maestro 
Fr. Francisco de Huerta, Provincial de Santo Domingo: 
trienta horas antes había entregado su alma al Creador Fr. 
Domingo le Cabrera, prior del convejito de Lima, que tan 



286 REVISTA HISTÓRICA 



mal rato pasó el día de la fiesta de los escribanos; causantes 
ambos prelados, á lo que parece, con su tenacidad, de los al- 
borotos religiosos que agitaban la capital. 

Porfiadas disensiones se produjeron en el seno de la or- 
den con motivo de la elección de nuevo provincial, al punto 
de hacer necesaria la intervención del Virrey, quien envió al 
Callao y embarcó en la capitana al P. Hiporry, hasta que 
el 24? de Julio se celebró el capítulo, en que salió electo pro- 
vincial el P. Juan de Barbarán Lezcano, que interinamente 
desempañaba el priorato. Mas este capítulo fué anulado y 
la elección del P. Barbarán quedó sin efecto (*) 

Fuese que el P. Barbarán hubiese recibido instrucciones 
de Roma al respecto, ó que su piedad la hiciese aceptar la 
sentencia de la Preservación, ó por sacar á la orden del ato- 
lladero y malquerencia en que estaba, el hecho es que los 
dominicanos capitularon y que elbábadol9de Julio de 1664, 
á las 5 de la tarde, después de haber cantado las letanías de 
la Virgen, estando la iglesia de Santo Domingo llena de gen- 
te, que había sido convocada al efecto, salió el P. Barbarán 
acompañado de todos los religiosos de la orden, y poniéndo- 
se en el altar maj^or, dijeron en alta voz: **Benditto y alaba- 
do sea el Santíssimo Sacramento del altar y la birgen María 
nuestra Señora concebida sin pecado original desde el ins- 
tante de su concepción". 

En seguida el prelado dio la bendición. 

La gente salió delirante de gozo de la iglesia. Todo era 
en la ciudad alegría y 'entusiasmo. Pero era menester una 
manifestación más pública y que satisfaciese ampliamente el 
herido sentimiento religioso de los limeños, y el martes 29 
del propio mes y año, los dominicanos hicieron una suntuo- 
sísima fiesta á la Inmaculada Concepción. 

El día siguiente salió de su iglesia una procesión que re- 
corrió las principales calles de la ciudad, en que iba la ima- 
gen de la Concepción en las andas de plata en que se acos- 
tumbraba sacar á Santo Domingo, y éste en unas andas dp- 
radas. 



(•) — Véase Meléndez. Tesoros Verdaderos de Indias^ tomo III pp. 688 
-737. 



DISTURBIOS RELIGIOSOS EN LIMA 287 

El acompañamiento fué excepcional mente brillante y nu- 
meroso. Iban el Arzobispo D. Pedro de Villagómez, vestido 
de pontifical; los Cabildos eclesiástico y secular, los tribuna- 
les y toda la nobleza. 

Los dominicanos cantaban, (quizá de mala gana) Ma- 
ría ba sido concebida sin pecado original, á que la proce- 
sión respondía en coro: 

Fué concebida María, 
Remedio de nuestro mal, 
Más pura que el Sol del día. 
Sin pecado original. 



Así terminaron en Lima estos disturbios religiosos, que 
por más de un año tan hondamente habían conmovido á la 
católica ciudad de los Reyes, de los cuales no hay cronista ó 
historiador alguno que dé ni la más ligera noticia y que ha- 
brían quedado perdidos en el abismo de pasados tiempos é 
ignorados, si el insigne Mugaburu no hubiese tenido la ex - 
quisita proligidad de apuntarlos día á día en su minicioso 
diario. 

Lima, Junio de 1906. 

Carlos Alberto Romero. 



♦ > ♦ < ♦ 



1 



T 



^^S!^ 



Canjes y correspondencia, diríjanse al Director de 
la REVISTA HISTÓRICA, señor C. A. Remero, apartado 
de Correos número 1026. 



Revista l)í$tórl(a 



Órgano del mtítiito histórico del Perí 



La wnid4a4 dt MontvsCnoe, por fUbto patr6iu 

Un oidor de U Reait Hiidicnda de lÁim, por lUiCe TareU 7 Orhegoso. 

NoticUdf U dudad de danta Catalina de OiMidaUázjup de^Io^ucgua, (eon- 

duoiéa), por d Dr. 'Juan Hntonio Monttmgro y U¡MáL 
61 corrcgCnHento de Qaila y ct proMema htstórleo de la fundaddn de 

OufUlo^ (eontlmiadón), por ^IareoH• Cabero» 
LoanigociadoreBdiptomátkoB peruanos y cotombCanos desde 1821 tMsta 

i8ao» por % 3. de Iseue. 
JUs ttamitas de piedra del Ciace» por el Dr. Max. OMe» 
Notas hÜMiográfCcss. 
Seeeidn ofldat — Inaiijfuraeldtt del Museo de IKstorla l^aelonaL 



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Df . D. Pablo Patrón 

SECRETARIO 

D. José Toribio Polo 

PRO-SECRETARIO 

D. Rosendo Meló 

DIRECTOR DEL MUSEO HISTÓRICO 

D. José A. de Izcue. 

DIRECTOR DE LA REVISTA HISTÓRICA 

D. Carlos A. Romero. 

INSPECTOR DEL ARCHIVO NACIONAL 

D. Carlos Paz Soldán 

TESORERO 

Dr. D. Julio R. Loredo. 



r 



LA VERACIDAD DE MONTESINOS 



Las pocas noticias que se tienen de Fernando de Monte- 
sinos han sido casi todas suministradas por él mismo. Na- 
tural de Osuna y originario de las montañas de León, pres- 
bítero y licenciado en sagrados Cánones, se sabe que en 
1628 ya estaba en América, pues él mismo refiere que en es- 
te año navegaba en el rio de Chagfes; de manera que lo ase- 
verado por MafFei y Rúa de Figueroa y repetido después por 
Jiménez de la Espada, de que el licenciado Montesinos vino 
al Perú en 1628 en la armada del Conde de Chinchón, no es 
positivo. Él, antes de venir al Perú, viajó por toda la costa 
de Nueva Granada en el Pacífico, y fué con don Martín 
Egües, Presidente de Charcas, con quien entró al Perú. En 
Trujillo el Obispo le hizo su secretario y le confió el rectora- 
do del Seminario, ignorándose el tiempo que permanecería 
allí; de donde pasó aun curato de Potosí, que renunció á po- 
co tiempo, para dedicarse á la minería y á sus ocupaciones 
favoritas, las investigaciones históricas. Lo cierto es, que, 
en el cargo de visitador, que ejerció dos veces, exploró todo 
el Perú; al punto que en quince años había recorrido 1,500 
leguas y atravesado sesenta veces la Cordillera de los An- 
des. En 1634 estaba en Arica; de 1636 á 1639 vivió en Li- 
ma, pues hay noticia de que en 1637 su sobrino Francisco 
de Montesinos sacó, en compañía de Pedro Bohorques, algu- 
nos indios de la Montaña, en la entrada que había hecho 
por Tarma, y se los llevó á casa de su tío; y que en 1639 el 
mismo licenciado escribía en Lima la relación del auto de fe 
habido ese año, y que el año anterior, según relata él mismo 
en sus Anales manuscritos, había impreso en esta ciudad su 



290 REVISTA. HISTÓRICA 



"Beneficio común ó directorio de beneficiadores de metales y 
arte de ellos, con reglas ciertas para los negrillos". La últi- 
ma fecha en que se le encuentra en el Perú es en 1642, en cu- 
3''0 año andaba por Cajamarca. Después debió trasladarse á 
España, en donde, estando de beneficiado y cura de Campa- 
na, villa situada á diez leguas de Sevilla, dirigía, corrido el 
año de 1644, un memorial al Rey pidiéndole como merced 
que le concediera por sus servicios una dignidad, con la cual 
pudiera vivir con quietud en Lima 6 en México. (1) 

Montesinos además de su Oñr y de sus Memorias histo- 
ríales, libros ambos relativos al Perú primitivo, escribió sus 
Anales de 1492 á 1640, aparte de la citada, otras obras so- 
bre minería y la relación del auto de fe que se deja mencio- 
nado. 

De todos estos trabajos los más importantes quedaron 
inéditos. 

En este breve artículo solo se toman en cuenta el Oñr y 
las Memorias^ trabajos tenidos por fruto de la ignorancia, 
de la credulidad, y no pocos avanzan, de la superchería de 
Montesinos. Este último cargo, hecho y repetido principal- 
mente por los escritores modernos, es el que nos proponemos 
desvanecer. 

Montesinos puede haber pecado de crédulo, pero no ha 
sido nunca impostor y por esto es que ha sido bien tratado 
por los autores antiguos. Así, el padre Rodríguez en su obra 
titulada el Marañan y Amazonas, dada, á la prensa en 1684, 
pone á Montesinos como ^'historiador diligentísimo, que 
peregrinó más de mil leguas, por haber de los papeles y ar- 



(1) Los datos biográficos los he tomado de un memorial dirigido por 
Montesinos al Rey. que se encuentra en el Museo Británico, y cuyo extrac- 
to tengo á la vista; y lo demás de las noticias corrientes sobre Montesinos. 
Véase Maffei y Rúa Figueroa, Apuntes para una Biblioteca española sobre 
mineralogía, t, I, págs. 482—485; Memorias Antiguas Historiales r Poli- 
ticas del Perú por Fernando de Montesinos, publicadas por Jiménez de la 
Espada; la ^eristfi de Buenos Aires, ts. XX, XXI y XXII. A vuelta de 
varias inexactitudes dice el Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano 
t. XIII, que Montesinos murió después de 1652. Ponemos esta fecha por 
no saber nada al respecto. Nos ha llamado mucho la atención que un eru- 
dito tan diligente como el señor Medina, á pesar de que cita el Memorial 
de que ya he tratado, no haya aprovechado las noticias bigráfícas que 
contiene para La Imprenta en Lima^ t, I, pág. 316. 



LA VERACIDAD DE MONTESINOS 291 

chivos generales, las cosas que escribe en la segunda parte 
de su Ofir de España ó Anales peruanos" (1). 

Sería curioso poder comparar el Ofir de Montesinos 
hasta ahora inédito, salvo uno que otro fragmento, con el 
Ofir escrito por Cabello Balboa, y que tampoco ha sido da- 
do á luz. (2) 

Pero, indudablemente que el libro más importante de to- 
dos los de Montesinos es el titulado Memorias antiguas 
historiales y políticas del Pera, cuyo libro segundo, publica- 
do en francés por Ternaux Compans en 1840, y por Jiménez 
de la Espada, en castellano, en 1882, es lo único de la dicha 
obra conocido en toda su extensión. Este libro es el que le 
ha valido á Montesinos el poco crédito de que goza, como 
ya se ha dicho. Sin embargo, por peregrino que sea su tex- 
to, hay motivos muy fundados para tomarlo en seria consi- 
deración y estudiarlo con la diligencia y crítica con que se 
analizan hoy las obras de su género. 

No es nuestro ánimo emprender ahora esta tarea que 
requiere mucho tiempo y mucha contracción, sino simple- 
mente poner de manifiesto algunas pruebas que justifiquen 
la veracidad de Montesinos, comparándolo con escritores 
de Indias notables de los siglos XVI y XVII. 



II 

Habla Montesinos del rey Cápac Raymi Amanta XXXVII 
soberano, según él, quien, **por ser tan sabio en los mo- 
vimientos de los astros, llamó al mes de Diciembre, en que 
nació, Cápac Raymi, de su mismo nombre; y luego llama- 
ron al mes de Junio Sítoc Raymi" (3). Y todo esto porque 
el mismo rey **hizo junta de sus sabios y astrólogos, y to- 
dos con el mismo rey, que sabía mucho, hallaron puntual- 
mente los solsticios". (4) 



(1) Lib- 1, Cap. X. p. 49. 

(2) Cabello Balboa Histoire du PéroUy publicada por Ternaux Com- 
pans, p, VII. 

(3) Memorias citadas, ed. Jiménez de la Bspada, p. 71. 

(4) Ibib, p. 70. 



292 REVISTA HISTÓRICA 



Pues bien, en un fragmento atribuido indebidamente al 
padre Blas Valera, cuya obra sobre el Perfise perdió en el sa- 
queo de Cádiz por los ingleses, á fines del siglo XVI, (1) pero 
que debe ser de algún escritor jesuit a muy antigua, dice á la 
letra: **Cápac Raymi Amanta fué un rey del Perú que tuvo 
estos tres nombres y fué muy sabio filósofo. Éste gobernó 
40 años en tiempo del cuarto Sol antes del nacimiento del 
Señor, halló los solsticios y llamólos Raymi, solsticio ma- 
yor, porque entonces son en el Perú los días mayores de to- 
do el año. El otro solsticio que cae por Junio, quiso que se 
llamase Inti Raymi vel Suyo Raymi, solsticio menor, porque 
entonces son los días menores de todo el año en el Perú. 
Éste hizo que comenzase el año desde el solsticio de Diciem- 
bre, habiendo hasta su tiempo comenzado el año desde el 
equinoccio de Marzo. Finalmente, los peruanos llamaron al 
mes de Diciembre Cápac Raymi, en memoria de este rey que 
fué el trigésimo nono rey del Perú". (2). 

A pesar de la indentidad de texto, se advierte que para 
Montesinos el monarca Cápac Raymi es el trigésimo sépti- 
mo de la serie y para el otro escritor el trigésimo nono. No 
pasa lo mismo con el rey Cápac Yupanqui Amanta, que 
tanto para el escritor como para Montesinos fué el cua- 
dragésimo tercero. (3) 

Aunque desgraciadamente no se conozca más del libro 
citado, sin embargo, no falta otro autor que vaya por el 
mismo camino de Montesinos. Me refiero al autor desco- 
cido de una Relación de las costumbres antig-aas de los na- 
turales del Perú escrita hacia 1620 por un jesuita, á jui- 
cio de Jiménez de la Espada. (4) 

El primero de los monarcas peruanos es para Montesi- 
nos Túpac Ayar Uchú, comunmente llamado, seo^ún él, Pi- 
rua Pacari Manco. (5) 

Pues bien, el escritor de la relación citada dice por su 

(1) Garcilaso Comentarios Reales, lib. I, Cap. VI. 

(2) Anello Oliva Historia del Perú y varones insignes en santidad, Li- 
ma 1895, págs. 70—71. Anello Oliva Histoire du Pérou, ed Ternaux Com- 
pans. París 1857, págs. 65—66. 

(3) Anello Oliva, Hist. del Perú, p. 71. Montesinos, Memorias cita- 
das, p. 73. 

(4) Tres Relaciones de Antigüedades Peruanas^ págs. XLII, XLIII. 

(5) Memorias citadas, p. 7. 



LA VERACIDAD DE MONTESINOS * 293 

parte, que el primer monarca y poblador de estas tierras, 
fue el mismo Pirua Pacaric Manco Inca. (1) 

También están acordes Montesinos y el jesuita en consi- 
derar al Inca Pachacútec como el IX de este nombre en la 
lista de los emperadores de esta tierra. (2) 

Estas coincidencias son muy notables y tanto más cuan- 
to que el jesuita cita á cada paso en su relación los quipus 
que ha consultado; hecho que dá á su testimonio un va- 
lor singular. 

Parece que entre los incas hubiera habido un cambio de 
dinastía 6, cuando menos, de familia reinante cuando dice 
Acosta que el primero de ellos de linaje de Hatinn Cuzco fué 
IncaRocca; (3) lo mismo hace Montesinos, quien coloca 
como el primero de los incas á este mismo príncipe. (4) 



III 

Aparte de estos cotejos conviene examinar hasta qué 
punto están á una con la verdad histórica las principales 
aseveraciones de Montesinos. Ellas son dos: la existencia 
de una cultura nre-incaica y también la de una escritura pri- 
mitiva, perdida después y reemplazada por los quipus. La 
primera es ho^»- un hecho perfectamente averiguado y en el 
cual están acordes los historiadores más notables. Y no po- 
día ser de otro modo desde que las ruinas pre-incaicas, prin- 
cipalmente las de Tiahuanaco, los infinitos andenes y cana- 
les de irrigación labrados en los cerros, los vegetales indí- 
genas cultivados, los animales domésticos, los trabajos tex- 
tiles y de tintorería y las obras de cerámica llegados á 
un alto grado de perfección, no podían ser fruto sino de un 
adelanto social muy antiguo y cuyos orígenes han debido 
sobrepasar en mucho los cinco siglos anteriores á la con- 
quista, duración máxima asignada á la dinastía incaica. 



(1) Tres Relaciones de Antigüedades Peruanas, p. 139. 

(2) Afe/norias citadas, Tres Relaciones, p. 163. 

(3) Historia Natural y Moral de Indias, lib. V, cap. VI. 

(4) Memorias citadas, p. 106. 



294 REVISTA HISTÓRICA 



En cuanto á la segunda, muchos no dan un asenso á lo 
referido por Montesinos; p^ro bien considerado el punto, el 
célebre licenciado está en lo cierto y iio son pruebas lo que 
falta. La siguiente breve exposición confirmará lo dicho. 

Entre las tioticias históricas referentes á laescritura pre- 
incaica, una de las más conocidas es la de Santa Cruz Pa- 
chacuti sobre el profeta Tonapa, de quien dice que dio escri- 
ta en un bordón su doctrina al cacique Apotambo; **Rece- 
biéndole el dicho palo ds su mano, de modo que en vn palo los 
recibieron lo que les predicaua, señalándoles y rayándoles 
cada capítulo de las rrazones*' (1). 

El mismo Santa Cruz Pachacuti dice, hablando del nono 
Inca Tupac Yupanqui: **Bn este tiempo el dicho Inca des- 
pacha á Cácir Cápac por vesitador general de las tierras y 
pastos dándole su comisión en rayas de palo pintado" (2). 

Es también muy sabido lo que cuenta Balboa sobre el 
testamento 'Se Huayna Cápac, quien estando próximo á mo- 
rir, tomó un largo bastón en forma de cayado y dibujó sobre 
él rayas de diversos colores, según las cuales se podría cono- 
cer su última voluntad (3). 

Testigo personal es el célebre jesuíta Acosta, quien com- 
para la escritura peruana á la mexicana y dice haberla visto 
en uso en el Perú. **Porla misma forma de pintura y carac- 
teres, dice, vi en el Perú escrita la confesión que de todos sus 
pecados un indio traía para confesarse, pintando cada uno 
de los diez mandamientos por cierto modo, y luego allí ha- 
ciendo ciertas señales como cifras que eran los pecados que 
había hecho contra aquel mandamiento. No tenga duda 
que si á muchos de los muy estirados españoles les dieran á 
cargó, de hacer memoria de cosas semejantes, por vía de 
imájenes, y señales, que en un año no acertara, ni quizá en 
diez" (4).' 

El Cura Cristóval de Molina habla también de figuras 
históricas. ** Y para entender donde tu \'ieron sus idolatrías, 
por que es así que estos no usaron de escritura, y tenían en 



(1) Tres Relaciones, p. 237 

(2) Ib ib, p. 289 

(3) Histoire du Pérou, p. 128. 

(4) Hist. Nat y Moral de Indias, lib. VI, cap, VIL 



LA VERACIDAD DE MONTESINOS 295 

una casa de el Sol llamada Foquen Cancha, que es junto al 
Cuzco, la vida de cada uno de los Incas, y de las tierras que 
conquistó pintado por sus figuras en unas tablas y que orí- 
gen tuvieron y entre las dichas pinturas tenían así mismo 
pintada la fábula siguiente*' (1.) 

Hasta tradición de letras existía en el Perú en tiempo de 
Cieza, quien dice: **Y también hay fama que se hallaron 
ciertas letras en una loza de este edificio" (2). Se refiere á 
las ruinas del viejo pueblo de Huinaque. 

No por tradición sino por haber visto el visitador de 
idolatrías Duarte Fernández la inscripción de la piedra de 
Calango, consta de una manera irrefutable la existencia de 
la escritura en el Perú. No se han conservado hasta el día los 
signos de la piedra de Calango, sino por la figura publicada 
por Calancha, pues el dicho visitador la borró, haciendo pi- 
car la piedra para evitar idolatrías (3). Desde luego es 
inaceptable la conjetura de Llano Zapata, quien se inclina á 
creer obra reciente del tiempo de la conquista los signos de 
dicha piedra. (4) 




La piedra de Calango 

La famosa lámina de Santa Cruz Pachacutí, en la cual 

(1) Fábulas y ritos de los Incas, manuscrito de la colección Zegarra. 

(2) Parte Primera de la Crónica del Perú, cap. LXXXVII. 

(3) Coránica Moralizada de! orden de San Agustín en el Perú , Barcelo- 
na 1639, lib. II, cap. III, p. 328. 

(4) Llano Zapata, Memorias Históricas, Físicas-Apologéticas Lima, 
1904. Art. XX, págs. 477-483. Véase el mismo art. en La Revista Perua- 
na vol. II, pág. 376 y siguientes. 

Jiménez de la Espada tampoco duda de su antigüedad. Del hombre 
blanco en el Perú. Bruselas 1887, págs. 14-77. 



296 REVISTA HISTÓRICA 



si hay mucho de pictórico, hay ciertos signos propios de una 
escritura simbólica, prueban también la existencia de ella en 
el antiguo Perü (1). Lámina I. 

El célebre viajero Humboldt habla de un libro que el pa- 
dre Narciso Girbal, encontró entre los indios panos, y el cual, 
desgraciadamente, ha desaparecido del convento de Ocopa, 
sin que haya una copia y sin que se sepa su paradero ni se 
tenga ninguna otra noticia más sobre él (2). 

Tshudi en sus viajes trae una noticia pertinente, pues re- 
fiere que cuando nace un niño entre los dichos panos del 
Ucayali, le ponen el nombre de algfin animal, el cual es re- 
presentado por algunos caracteres gereoglíficos hechos con 
un pincel de lana sobre dos hojas, las que, á la muerte del in- 
dio, son depositadas en su tumba (3) 

No hay necesidad de atenerse á testimonios sin compro- 
bación y á hechos más ó menos obscuros, cuando hay en to- 
do el terrritorio dominado por las razas andinas rocas, rui- 
nas, lienzos y piezas de cerámica que comprueban plenamen- 
te lo aseverado por Montesinos. 

Así en el paso de Yonán,en elrío Jequetepeque, están á la 
yistSL de cualquiera dos rocas cubiertas de gereoglíficos (4). 
Lámina II. 

En el distrito de Huarmey de la provincia de Santa, á 
menos de una legua de Yanca **se encuentra sobre una loma- 
da entre dos quebraditas secas, varias piedras dioríticas ais- 
ladas con muchos dibujos grabados. Lo que es digno de ci- 
tarse es que estas piedras son de la misma naturaleza que 
las grabadas, que se hallan en el alto de la Caldera, apoca dis- 
tancia de Arequipa, y aún los dibujos tienen alguna analo- 
gía, con la sola diferencia que aquí se repiten las figuras ama- 
nera de estrella, lo cual no es comfin en las piedras del alto 
de la Caldera. Sin embargo, el hecho de escojer la misma cla- 
se de piedra, de hallarse en lugar despoblado y de ser graba- 
das del mismo modo, hacen conocer claramente que estos 



(1) Tres Relaciones, págs. 256-7. Markham, Narratives pp. 84-5. Qui- 
roga» La Cruz en América, Buenos Aires 1901, p. 206. 

(2) Voyage au Región Equinoctial, T, I, p. 164. Rivero y Tschudi 
Antigüedades Peruanas p. 102. 

(3) Travels in Peni, traducción de Tomasina Ross, p. 411. 

(4) Hutchinson Twoyears in Peru^ t. II. 



Revista Histórica, 



Lámina I. 




Potoar. é Imp. SoathwcU. 



Revista Histórica. 



Lámina II 



í v.^.v^ -#.'*?; ^ fe. 





Fotoif. é Inip. Sonthwell. 



LA 'VERACIDAD DE MONTESINOS 297 

dibujos han sido hechos casi en la misma época y por indi- 
viduos de la misma raza". Las piedras son de una roca dio- 
rítica de color verdoso; pero la superficie exterior, como en 
las del alto de la Caldera, está cubierta por una costra rojiza, 
debida á descomposición de los elementos de la roca por los 
agentes atmosféricos habiéndose transformado el protóxido 
de fierro del anfibolo, en peróxido de fierro de color rojizo. 

Ahora, pues, por el color más ó menos rojizo de los dibu- 
jos, se tendrá una idea relativa de su mayor ó menor anti- 
güedad [1]. 

Existen en el alto déla Caldera, á ocho leguas al norte de 
Arequipa, una multitud de grabados sobre granito que re- 
presentan figuras de animales, paralelógramos, círculos, flo- 
res y fortificaciones. Lámina II. 

En la provincia de Castro Virreina, en el pueblo de Huay- 
tará, se hallan las ruinas de un gran edificio de igual cons- 
trucción á la del célebre palacio de Huánuco el viejo, una 
masa de granito de muchas varas de largo con gruesos gra- 
bados semejantes á los de la Caldera. ''En muchas partes 
del Perú, principalmente en sitios muy elevados sobre el ni- 
vel del mar, hay vestigios de inscripciones, si bien muchas ya 
borradas por el ala destructora del tiempo". Tsbudi ha re- 
producida en su obra una inscripción que encontró en una 
población antigua á una legua de Huari, sobre una piedra 
rajada de dos pies de ancho [2]. Lámina III. 

Barranca habla de unos cerros pintados en Paracas, cer- 
ca de Pisco, y dice que ''son dignos de llamar la atención por 
que, como los pintados de Tarapacá, representan una mezcla 
de la escritura gereoglífica y algo de la cuneiforme" [3]. 

También hay una piedra pintada de color rojo con sig- 
nos de 30 centímetros de largo, á siete metros de altura so- 
bre el camino de Sayán á Oyón, en el lugar llamado Piconchi 
[4]. Figura 2. 

El profesor Raimondi envió á Bollaert un apunte sobre 
"los antiguos grabados en piedra observados en varías par- 



Raimondi, El Departamento de Ancash pp. 148-9. 

Antigüedades peruanas pp. 101-2. 

Barranca Oüanta, Lima 1868, p. 57, nota 20. 

Debo el dibujo original á la bondad de mi estimado amigo, el dis- 



tinguido literato Carlos G. Amézaga. 
2 



298 REVISTA HISTÓRICA 



tes del Perú, en donde se ocupa de los del alto de la Caldera, 
de los que ya se-ha hablado, y de los de Locumba'' [1]. 

El mismo Bollaert ha publicado los pintados de Tarapa- 
cá que se encuentran en el camino de Iquique á la Noria, al 
Norte de las Tizas, en el camino de la Noria á la Pampa y 
cerca de la Peña [2]. 

El viajero Forbes trae en dos planchas las inscripciones 
que hay sobre quince grandes piedras situadas entre Uchu- 
mayo y Vítor [3]. 

Figura 2 

Así siguen hasta Cajamarca y Salta, en tierras en que se 
ha hablado la lengua queshua, un gran número de petrogra- 
fías y pictografías [4]. Por su excepcional importancia y 
por ser uno de los puntos más distantes en que se encuentra 
la lengua de los incas, hay que mencionar en particular la 
inscripción polícroma de la gruta de Carahuasi, situada en 
la provincia de Salta, en el departamento de Guachipas [5]. 

Desde luego, no es sorprendente de que exista en el Perú 
este género de inscripciones, desde que se encuentra en toda 
la extensión de América [6]. 

Aún prescindiendo de todos los signos de las rocas, que- 
dan vestigios suficientes en ruinas, telas y piezas de cerámi- 



[1] Memoírs oftbe Anthropoíogical Society, vol. III, p. 354, nota. 

[2] Antiquarian^ ethnoíogical othcr researcbes ofNew Granada, Ecua- 
dor, Perú and Chile, pp. 157-9. 

''3] On the armara indians, pp. 78-9. Láminas XXII, XXIII. 

4f Quiroga, loe cit, cap. IX. 

_5J Ambrosetti J. B. Las grutas pintadas y petroglifos de la provincia 
de Salta en el Boletín del Intituto Geográfico Argentino, t. XVI, Buenos 
Aires 1895, p. 311 y ss. 

[6] Humboldt Voy age an regions Equinoctiales, t. I; Ib. Tableau de 
la Naturc; Bancrof, H. The Native races; Marcano Ethnographie de Vene- 
zuela. Rojas, A. Estudios Indígenas. Isaac J. Estudio sobre las tribus in- 
dígenas del Estado del Magdalena, en Anales de la Instrucción Pública 
de Colombia, t. VIII; Anie^hino F. Antigüedad del hombre en el Plata. 
Garrick Mallery, Pictographs of the North American indians en Fonrtb 
Annual Report of the Bureau of Ethnolog}',V^'ashingion 1886. Ib, Pictury 
writing otthe american indians en Tenth Annual Report oí the Bureau oí 
Ethnoiogy, Washington 1891. 



Revista Histórica. 



Lámina III. 




FolofiT. é Inip. Suulhwell. 



Revista Histórica. 



Lámina IV 





FoioK-. é Imp. Southwell 



LA VERACIDAD DE MONTESINOS 299 

ca é ídolos de piedra y de madera, como ya se ha dicho, pa- 
ra que quede bien Montesinos. Sin ir muy lejos, certifica lo 
dicho el bajo relieve de Pashash reproducido por Wiener y 
en el cual se encuentran algunos signos análogos á los de la 
piedra de Calango [1]. 

En la provincia de Castro Virreina, en Huaytará, Brad- 
ford ha visto una columna de piedra con señales de inscrip- 
ciones [2]. 

La piedra de Chavin abunda en signos simbólicos (3), 
lo mismo que la puerta monolítica de Akapana en Tihua- 
naco (4). 

En las piezas de cerámica el material es muy abundante, 
pero, basta desde luego citar algunas de ellas. Recomiénda- 
se en primera línea el vaso probablemente de Pachacámac 
que traen en su atlas Rivero y Tshudi (5) y muy semejante 
á otro reproducido por Castelnau. Lámina IV. 

El cántaro extraído en Chavin de Huántar, reproducido 
por Wiener, y otro de Recuay dado por el mismo autor (6). 
Es imposible pasar por alto las notables piezas estudiadas 
en la región Calchaquí por Ambrosetti, muy en particular 
las referentes á los dioses de la tempestad (7). 

En las telas, Gilliss ha dado los dibujos simbólicos de 
una chulpa ó bolsa de coca (8) y Wiener hadado specimens 
concluyentes (9); de algunas de las cuales se ha ocupado 

1 1] Péroa et Bolivie p. 702. 
[2] Bollaert, Oh. cit, pp. 217-8. 

(3) Polo J. T. La piedra de Chavin, Lima 1900. 

(4) He dado en un folleto especial titulado Huirakocba, Buenos Aires 
1901, un estudio y descripción de esa portada; ha dado otra D'Angrand 
Lettres sur Tiabuanaco, 

(5) Lámina XXVL Castelanau Expedition dans le part Central de 
VAmerique du Sud, IIL part, planche XIV. 

(6) Pérou et Bolivie, pp. 603-8-714. 

(7) Ambrosetti, Notas de Arqueología Calchaquí, Buenos Aires 1896, 
pp. 83-94. Véase mi estudio titulado Los dioses de la Tempestad, Buenos 
Aires 1901. 

(8) United States Astronomical Expedition. vol. II, p. 138. 

(9) Pérou et Bolivie pp. 64-69; 46-47; 87-88; 550-652; 759-773. Wie- 
ner ha dado pruebas y muestras de cómo se van simplificando y modifican- 
do las figuras por el uso j la costumbre; también Holmes ha mostrado co- 
mo las necesidades del tejido pueden alterar las figuras y como se vá poco 
á poco simplificando en las láminas y en las telas la representación de los 
objetos y de los animales hasta quedar reducida á un dibujo convencional 
muy diferente del modelo primitivo Holmes, Textil Art in its relatione to 
the development oí form and ornament; el mismo, Ancient art oí ihe the 
province of Chiriquy en Sixth annual report oí the Bureau of Ethnology, 
Washington 1888. 



300 



REVISTA HISTÓRICA 



Mallery, y aún ha dado la descifración que, según él, corres- 
ponde á una de ellas (1). 

También hay representaciones simbólicas en láminas de 
oro y plata y en piezas trabajadas con estos mismos meta- 
les. Están en este número, la lamida de oro en que se en- 
cuentran lo que han llamado Marckham y Bollaert el zodia- 
co incaico (2) y el topo ó prendedor cubierto de figuras 
que ha reproducido este último (3). Figuras 3 y 4. 




Figura 3 



(1) Mallerv Pictury- Writing oí tbe american indians en Tentb 
annaul report ofthe Búreau oí Ethnology. pp. 157-58; 575. 707. 

(2) Markham Cuzco and Lima p. 107 Bollaert, loe. cit, pp. 146-47 y 
la lámina. 

(3) Véase la nota anterior. 



LA VERACIDAD DE MONTESINOS 



301 



Sería tarea muy larga seguir enumerando muestras 6 
restos de la escritura pre-incaica cuando casi no hay en la ce- 




Figura 4 

rámica antigua principalmente, pieza en que no se encuentre 
algo. Así á las dichas se pueden agregar los vasos que trae 
Castelnau provenientes uno de la Paz y otro del Cuzco (1) 
Figura 5. 

El indio, tan conservador por naturaleza y tan apegado 
á sus costumbres, no ha perdido aún por completo la tradi- 



(1) Obra y tomo citados, láminas 8 y 52. 



302 



REVISTA HISTÓRICA 



ción de la escritura primitiva, por eso es que Wiener ha en- 
contrado en el valle de Paucartambo la pasión de Cristo 




Figura 5 

puesta por los naturales en una especie de escritura pictóri- 
ca y gereofflífica; y al mismo autor entregó el cura Escobarí 
de Sicasica otra copia análoga de la doctrina cristiana (1). 
En la Sociedad Geográfica de Lima se conserva una gran 
lámina de una escritura semejante á la anterior y provenien- 
te también del Sur del Perú, pues se le atribuye á los habi. 
tantes de la isla de Coatí, en el lago Titicaca (2). 



(1) Wiener Ob. cit. pp, 773-5, Escobary, Analogie^ Pbilologique de 
la ¡aligue aymará, París 1881, p. 9, nota 1. 

(2) Boletín de la Sociedad Geográfica de Lima, t. V. p. 120. Bo- 
llaert habla también de una piel de llama existente en el museo de La Paz 
de uas 34 por 25 pulgadas y cubierta con líneas de caracteres en las cuales 
están representados hechos posteriores á la conquista. En la descripcidn 
que de ellos hace este autor, menciona varios signos gereoglíficos Ancient 
Peravian Graphic reports, en Memoir oíthe Anthropological Socictjr Yol. 
III London 1870, pp. 356-58. 



LA VERACIDAD DE MONTESINOS 303 

Cualquiera que sea el valor de esta escritura y lo que hoy 
pueda entenderse de ella, lo cierto es que Montesinos es el 
único que nos ha conservado la noticia de un hecho tan im- 
portante. La demostración es tan completa, que, aunque 
no se supiera nada sobre la existencia de la escritura pre-in- 
caica, siempre se llegaría á deducir su realidad en vista de 
los ejemplos aducidos. 

No dio Montesinos la última mano á la obra de que se 
trata, pues aparte de los errores en que incurrió por llevar- 
se ciegamente de los indios, ha caído en contradiciones y ana- 
cronismos. Ejemplo de los primeros es cuanto dice del curso 
de las estaciones y de las fechas de los equinoccios y solsti- 
cios, punto sobre los cuales ha trasmitido exactamente los da- 
tos astronómicos de los Amantas, quienes ponían equivoca- 
damente el equinoccio de verano en Mayo y el de otoño en 
Septiembre. La justa y exacta crítica de López so- 
bre el particular, no toca, pues, directamente á Montesinos 

(1). 

Sí es descuido suyo que el rey Manco Auqui Túpac Pa- 
chacuti, antecesor de Cápac Raymi, corrija la reforma del 
año y del calendario hecha por este (2) 

Con todo, Montesinos merece ser considerado entre las 
fuentes históricas más importantes, como lo ha probado 
la exposición anterior. Vacíos y errores los tiene, sin duda, 
pero en esto no se diferencia de los demás historiadores y 
cronistas de Indias, que, cual más cuál menos, todos se en- 
cuentran en el mismo caso. 

Lima, Septiembre de 1906. 

Pablo Patrón. 



(1) Montesinos, Memorias citadas, ed. Jiménez de la Espada, pp. 72 y 
S8. López. Les races aryennes, pp. 163 y ss Patrón La raíz Chi en varias 
lenguas de América, en el Boletín de la Sociedad Geográfica de Lima, t. VII 
pp. 28-30. 

(2) Memoria citada, pp. 66-70. 



Un oidor de la Real Hudíencía de Cima 



•'Conocí en Lima y prediqué á sus honras, al Licenciado D. 
Juan Páez de Laguna, de tantas letras y de virtud tan rara, 
que pudiera honrar la Presidencia de Castilla," así se espre- 
sa el Arzobispo Fray Gaspar Villarroel en su célebre obra 
''Gobierno Eclesiástico pacífico y unión de los dos cuchillos 
Pontificio y Regio" y, parece extraño que D. Manuel de Men- 
diburu, en su monumental Diccionario no suministre dato 
alguno sobre personaje tan eminente como el Oidor Páez 
de Laguna, cuya reputación de talento é integridad fué 
proverbial en la época colonial. 

Nació D. Juan Páez de Laguna, en Gualda, villa de la 
Provincia deGuadalajara, de la legítima unión del licenciado 
D. Antonio de Laguna y Jaraba, Oidor, Gobernador general, 
Justicia mayor. Juez superior y Alcaide mayor de los Esta- 
dos y señoríos de los Marqueses de Cénete, Condes de Salda- 
ña y del Cid, con quienes les ligaba estrecho parentezco, y de 
D* María Páez de Orenes y Nieto, sobrina del Bxcmo. señor 
Duque del Infantado. 

Estudió D. Juan en uno de los Reales colegios, obtuvo el 
grado de Licenciado y se recibió de abogado en la Audien- 
cia de Madrid, incorporándose después al Consejo de S. M. 
Estando en Madrid, el 21 de Setiembre de 1582, contrajo 
matrimonio con D* Jerónima Ramírez de Santa Cruz y Con- | 

treras, madrileña é hija de D. Francisco Ramírez de Santa | 

Cruz y Alvarez de Toledo, sobrino del Duque de Alba, y de 
D* María de Contreras y Muñoz. 

Repartía D. Juan su tiempo entre las labores de su pro- 
fesión en Madrid y el cuidado de sus intereses en Guadalaja- 
ra, donde poseía, entre otras valiosas propiedades, el patro- 



UN OIDOR DE LA REAL AUDIENCIA DE LIMA 305 

nato de los Laguna en el Convento y Capilla Mayor de 
Gualda, y los de San Francisco y Santa Cruic en la villa de 
Cifuentes. 

Su dedicación al estudio y la competencia que había de- 
mostrado, así como las poderosas relaciones de familia de 
quegozaba, llamaron sobre él la atención de Felipe III, quien 
le ofreció la plaza de Fiscal del crimen de la Real Audiencia 
de Lima, plaza que acababa de crear por el considerable re- 
cargo que el Fiscal en lo civil de esa misma Real Audiencia 
tenía en sus labores. 

La importancia del puesto ofrecido y el celo en el servicio 
de S. M. de que había dado revelantes pruebas el Licen- 
ciado, no hicieron esperar la aceptación, y el título corres- 
pondiente fué expedido en Madrid el 23 de Febrero de 1600. 
No dejó allí S. M. el interés que le inspiraba el Licenciado Páez 
de Laguna, sino que, estando en Toledo, el 6 de Abril del mis- 
mo ano, escribió á la Casa de Contratación de Sevilla para 
que entregaran á dicho Licenciado 500 ducados para sus gas- 
tos de viaje, los que le fueron dados en 9 de Enero de 1601, 
por D. Francisco Tello de Guzmán, Tesorero de esa Casa. 

El 6 de Abril de 1600 expidió D. Felipe IIl la licencia que 
para pasar á Indias era indispensable [Doc. 2]; en ella permi- 
tía á D. Juan pasar á Indias con su mujer é hijos, 7 criados 
y 6 criadas. Disponía, además, que no se pidiese información, 
como entonces se estilaba, al Licenciado, su mujer é hijos, ex- 
giéndola sí á la servidumbre. 

En esa misma fecha expidió S. M. otras licencias [Docs. 
3 y 4], la una para que D. Juan pudiese traer hasta 300 
ducados en joyas de oro y plata, y la otra para que, en guar- 
da ydeñnsade su persona y casa, llevase cuatro espadas, 
cuatro dagas, dos arcabuces, dos montantes, dos rodelas, 
dos alabardas y una cota. 

El 19 de Febrero de 1601, salía del puerto de Sevilla, en 
la nave que gobernaba Francisco Ramírez, el nuevo fiscal de 
la Audiencia de Lima y su numeroso séquito; componíase és- 
te, de su esposa, joven de30años,**blanca de rostro, pequeña 
decuerpo y de notable belleza*'; de sus cinco hijos: Antonio, de 
14 años, Juan, de 8, Ana, de 7, Manuela, de 4, y Ángela de 
un año; de sus criados Pedro Fernández Cubero, Agustín de 



306 REVISTA HISTÓRICA 



Alcázar, Juan Quijijo, Gonzalo de la Torre, Lázaro de Mesa y 
Mosquera, [sobrino del Fiscal, á quien éste nohibró al llegar, 
Alcaide de la cárcel de Lima, y casó con D* Juana de Mora- 
les Almonte, de distinguida familia limeña], Manuel Ramí- 
rez, Juana Ramírez y Catalina Martínez; estos criados fue- 
ron autorizados para llevar cada uno un arcabuz ó mosque- 
te para la defensa de su persona. 

A fines de Junio tocó el Fiscal en Portobelo, donde fué 
atendido y agasajado por D. Francisco de Corral y Toledo, 
que estaba allí de capitán de la armada de Tierrafirme; y en 
2 de Julio dejó la ciudad, premunido de un pasaporte que le 
otorgó el mismo D. Francisco, [Doc. 5] y en los primeros días 
de Diciembre llegó al Callao. 

Al llegar á Lima presentó D. Juan al Virrey y Audiencia 
el título de que venía premunido, así como la cédula que ásu 
peti^ón había expedido la Magestad de Felipe III sobre la 
foritia en que debían ejercer sus oficios los Fiscales de las Rea- 
les Audiencias [Doc. 6]. 

El 6 de Diciembre de 1601 fué fijado para el recibimien- 
to del Licenciado Páez de Laguna y en ese día, reunidos en el 
real acuerdo de justicia D. Luís de Velazco, Virrey de estos 
reinos, el Dr D. Diego Núñez de Avendaño, el Licenciado D. 
Juaii Fernández de Boan, y el D.D. Juan Jiménez de Montal- 
vo, Oidores de la Real Audiencia; D.Fernando'de Carbajal, Es- 
cribano de Camarade ella y Secretario del Real Acuerdo dio 
lectura al título y provisión de S. M. que había presentado 
el Licenciado Laguna, quien concurría al acto; pasó después 
el Secretario la Real Provisión al Virrey y á cada uno de los 
Oidores, los que, quitándose la gorra que llevaban, pusieron 
la Provisión sobre sus cabezas y la besaron, obedeciéndola 
con el debido acatamiento y reverencia; inmediatamente to- 
maron el juramento al Licenciado Páez de Laguna y éste, de 
pié, con la mano derecha sobre los Evangelios, prestó el jura- 
mento entonces estilado. Terminado éste, el Virrey hizo sen- 
tar al nuevo Fiscal en una silla preparada al efecto y ordenó 
que los Oficiales Reales tomaserf razón del título original y 
lo devolviesen al interesado. 

En posesión ya de su elevado empleo, dedicóse D.Juan con 
el mayor entusiasmo al cumplimiento de su cargo, tratan- 



UN OIDOR DK LA REAL AUDIENCIA DE LIMA 307 

do de facilitar el pronto desempeño de la justicia de salva- 
guardar los derechos del soberano y de romper viejas corrup 
telas. Su opinión era apreciada no sólo en el Perú, sino en 
la Corte, solicitándose en ella sus informes y sus consejos. 
[Doc. 7]. 

Deseoso el Rey de premiar sus servicios le nombró el 14 
de Noviembre de 1603 Fiscal de la Santa Cruzada, título que 
se recibió en Lima sólo á mediados de 1604, prestando el de- 
bido juramento el 11 de Agosto, ante el Dr. D. Juan Velásquez 
deObando, Arcediano de la Catedral de Lima, antiguo Rector 
de la Universidad y Comisario sub-delegado de la Santa Cruza- 
da, del licenciado D. Juan de Villela, Oidor de la Audiencia de 
Lima, y Asesor del Tribunal y D. Gonzalo de la Maza ySáenz, 
Señor de Ogarrio, antiguo Contador de fábrica del Real mo- 
nasterio del Escorial y Ordenador de la Contaduría mayor de 
Castilla y Contador mayor del Real tribunal de Cruzada del 
Perú, por vida y juro de heredad. (Doc. 8). 

Los servicios y la integridad de D. Juan Páez de Lagu- 
na llegarán á hacerse proverbiales. Villarroel cita varios cu- 
riosos ejemplos en que puesta á prueba su incorruptibilidad 
salió triunfante, y su reputación era tal que el mismo sostie- 
ne en su citada obra que el juramento era inoficioso para tan 
intejérrimo varón. Las buenas nuevas que de él llegaron á 
la metrópoli movieron á S.M. á nombrar al licenciado Lagu- 
na, Oidor de la Real Audiencia de Lima, en reemplazo del Li- 
cenciado Espina, que había fallecido. . 

El título fué expedido en Valladolid el 3 de Mayo de 1605 
y el juramento fué prestado el 1^ de Agosto de 1606 ante los 
Oidores, licenciado Boan, que presidía por fallecimiento del 
Virrey Marqués de Monte Rey, D.D. Juan Fernández de Re- 
calde, D.D. Juan Jiménez deMontalvo y D.D. Juan de Villela, 
con un ceremonial análogo al relatado. (Doc. 9). 

Los servicios del Licenciado Laguna prosiguieron con el 
mismo noble empeño, mereciendo en varias oportunidades 
serelegido Presidente de la Real Audiencia; y S.M. atendiendo 
á estos servicios, y á la numerosa familia que tenía, así como 
á la honrada pobreza en que su integridad y rectitud le tenían 
sumido, ordenó al Virrey del Perú, en 1610, permitiera el ma- 
trimonio de D* Ana Páez de Laguna y Santa Cruz, con per- 



308 REVISTA HISTÓRICA 



sona de calidad del virreynato, á pesar de la expresa prohi- 
bición que impedía á los hijos de Oidores contraer enlaces 
con personas de la jurisdicción de sus padres [Doc. 10]. 

Muy significativa es al respecto la carta que el Virrey 
Marqués de Montesclaros dirigió al Arzobispo Lobo Guerre- 
ro sobre el matrimonio de D* Ana Páez de Laguna "persona 
tan noble é hija de padre que ha servido á S.M. tan bien y 
que por su parte merece tanto" [Doc. 11]. 

Murióel Oidor Páez de Laguna en Lima, sobreviviéndole 
pocos años su esposa; y de sus hijos sólo llegaron á la mayor 
edad: D. Antonio, que regresó á España y se radicó allí por 
haber heredado los patronatos de Gualda y Cifuentes; el 
Maestrede Campo D.Juan, nacido en Madrid el 3 de Noviem- 
bre de 1593, colegial de la Universidad de San Marcos, quien 
volvió á España en 1615, y regresó provisto de Correjidor, 
Justicia mayor y Teniente de Capitán general de Salinas y 
Pccona, en el valle del Mizque: casó en Trujillo con D* Luisa 
de Cha vez y Palacios, Patrona del con vento de N* S^ de Gua- 
dalupe en Pacasmayo, projenitores de los Condes de Olmos; 
y D* Ana, que casó en 1611 con el Capitán D. Alonso Guerra 
de la Daga y Calderón de Vargas, Alcalde de Lima en 1635, 
ascendientes de los Marqueses de Casa Boza. 



DOCUMENTO 1^ 

D. Felipe, por la gracia de Dios, Rey de Castilla,de León 
& &. Por cuanto habiendo sido informado que por ser mu- 
chos los negocios y pleitos que de ordinario haj" y ocurren 
á mi Audiencia y Cancillería real que reside en la ciudad de 
los Reyes, de las provincias del Perú, no puede acudir á to- 
dos un fiscal, que hasta ahora ha habido en ella, y para 
que el breve y buen despacho de ellos conviene que haya dos 
procuradores fiscales, para que el uno atienda á los negocios 
y pleitos criminales que hay y hubiere en la sala del crimen 
de la dicha Audiencia, y el otro á todos los civiles que hay y 
ocurrieren á ella, he acordado que así se haga y por la buena 
relación que se me ha hecho de la suficiencia y buenas letras 



UN OIDOR DE LA REAL AUDIENCIA DE LIMA 309 

de VOS, el Licenciado Páez de Laguna, os he elegidoy nombra- 
do por mi Procurador fiscal y promotor de mi justicia en la 
dicha sala del crimen y cárcel real de la dicha Audiencia de 
los Reyes, para que como tal, de aquí adelante, podáis entrar 
3' estar en ella, pedir y demandar, acusar y defender todasa- 
quellas causas y cada una de ellas que cumplan á mi servicio 
y á la guarda de mi patrimonio y ejecución de mi justicia y 
usar y ejercer el dicho oficio en todos los otros casos y cosas 
á él anexas y concernientes, como lo hacen, pueden y deben 
hacer los Fiscales del crimen de mis Audiencias y Cancillerías 
reales de Valladolid y Granada; 3" por ésta mi carta mando 
á mi Virrey, Presidente y Oidores de la dicha mi Audiencia de 
los Reyes ,que reciban de vos el juramento y solemnidad que 
en tal caso se acostumbra y debéis hacer, el cual por vos he- 
cho vos hayan, reciban y tengan portal mi Procurador fiscal; 
y ellos y mis Alcaldes de la sala del crimen 3' otras cuales 
quiera personas de las Indias Occidentales, usen con vos el di- 
cho oficio, en todo lo á él concerniente, y que os guarden 3' 
hagan guardar todas las honras, gracias, mercedes, franque- 
zas, libertades, exsensiones, preheminencias, prerrogativas 
y inmunidades y todas las otras co^as que por razón de él 
debéis haber y gozar os deben ser guardadas; todo bien y 
cumplidamente, sin que os falte cosa alguna y que en ello, 
ni en parte de ello, embargo ni contrario alguno os pongan 
ni consientan poner; que yo, por la presente, os recibo y he 
por recibido por mi Procurador fiscal 3' promotor de mi jus- 
ticia en las dichos negocios criminales, y os do3'' poder 3" facul- 
tad para usar 3" ejercer el dicho ofic;o,caso que por ellos 6 al- 
guno de ellos á él no seáis recibido. Y es mi merced que ha- 
yáis y llevéis de salario en cada un año con el dicho cargo 
tres mil pesos de á cuatrocientos y cincuenta maravedís ca- 
da uno. Y mando á los Oficiales de mi hacienda, de la dicha 
ciudad de los Reyes que os den y paguen á los tiempos 3" se- 
gún como pagan sus salarios á los mis Oidores y Alcaldes de 
la dicha mi Audiencia, desde el día que, por testimonio signa- 
do de escribano, les constase haberos hecho ala vela en uno de 
los puertos de San Lúcar deBarramedaó Cádiz para ir á ser- 
vir al dicho oficio, todo el tiempo que le sirviéredes, que así 
es mi voluntad, 3»- que asienten esta mi carta en los mis libros 



310 REVISTA HISTÓRICA 



que tienen; y asentada, os la devuelvan originalmente. Da- 
da en Madrid, á 23 de Febrero de 1600 años 

Yo EL Rey 

Yo Juan Ibarra, Secretario del Rey nuestro señor> la hi- 
ce escribir por su mandado— una rúbrica. 



DOCUMENTO 2^ 

El Rey 

Mis Presidentey Jueces Oficiales de la Casa de la Contra- 
tación de Sevilla: yo os mando dejéis pasar á las provincias 
del Perú al Licenciado Páez de Laguna, á quien he proveído 
por Fiscal de la Sala del Crimen de mi Audiencia Real de la ciu- 
dad de los Reyes, llevando consigo á su muger; y que pueda 
llevar sus hijos, siete criados y seis criadas; á él y á la dicha 
su muger é hijos sin les pedir informaciones y los demás pre- 
sentándolas ante Vs. Ms. hechas en sus tierras, ante las justi- 
cias de ellas, y con aprobación de las mismas justicias de có- 
mo no son casados, ni de los prohibidos á pasar á aquellas 
partes y de las (ilegible) de sus personas. Fecha en Toledo, 
á 6 de Abril de 1600 años. 

Yo EL Rey. 

Por mandado del Rey nuestro señor. 

Juan de Ibarra. 



DOCUMENTO 3^ 

El Rey 

Por la presente doy licencia á vos, el Licenciado Páez de 
Laguna, á quien he proveído por Fiscal de la Sala del Crimen 
de mi Audiencia Real déla ciudad délos Reyes, de las provin- 



UN OIDOR DE LA REAL, AUDIENCIA DE LIMA 311 

ciasdel Perú, para que de estos Reinos y Señoríos podáis lle- 
var á ellos hasta en cantidad de 300 ducados de joyas de 
oro y plata labrada, para servicio de vuestra persona y ca- 
sa. Y mando que en ello no se os ponga impedimento algu- 
no. Fecna en Toledo, á 6 de Abril de 1600. 

Yo EL Rey. 
Por mandado del Rey nuestro señor. 

Juan de Ibarra. 



BOCUMENTO 4^ 

El Rey 

Por la presente doy licencia á vos, el Licenciado Páez de 
Laguna, á quien he proveído por Fiscal de la Sala del Cri- 
men de mi Audiencia Real de la ciudad de los Reyes, de las 
provincias del Perú, para que de estos Reinos y Señoríos po- 
dáis llevar á eilos para guarda y defensa de vuestra perso- 
na y casa, cuatro arcabuces, dos montantes, dosrodelas,dos 
alabardas y una cota. Y mando que en ello no se os ponga 
impedimento alguno. Fecha en Toledo, á 6 de Abril de 1600 

años. 

Yo el Rey. 

Por mandado del Rey nuestro señor. 

Juan de Ibarra. 



DOCUMENTO S^ 

Don Francisco del Corral y Toledo, Caballero del hábi- 
to de San Juan y Capitán de la armada y flota de Tierra fir- 
me por su Magestad etc. etc. 

Por la presente mando á los guardas, por mi orden pues- 
tas para el paso de (ilegible) que va al Perú, que dejen pa- 



312 REVISTA HISTÓRICA 



sar al señor Licenciado Páezde Laguna, Fiscal de Su Mages- 
tad, con su casa y criados, contenidos en la licencia que tie- 
ne de el Rey nuestro Señor, que se exhibió ante mí, llevando 
la original y las demás certificaciones y licencias necesarias. 
Fecha en Puerto Belo, 2 de Julio de 1601 años. 

Don Francisco del Corral y Toledo. 
Por mandado de su merced. 



Miguel de Ertés^ 
Escribano Mayor. 



DOCUMENTO 6^ 



El Rey 



Mi Virrey, Presidente y Oidores de mi Audiencia Real 
que reside en la ciudad de los Reyes, délas provincias del Pi- 
rú. El Licenciado Juan Páez de Laguna, á quien he proveído 
por mi Fiscal del Crimen de esa Audiencia, me ha hecho rela- 
ción que conforme á las ordenanzas de mi Consejo de las In- 
dias, en las Audiencias de ellas se hade guardar el mismo or- 
den y gobierno que hay y se guarda en estos Reinos en mis 
Cancillerías de Valladolid y Granada, y que en las leyes rea- 
les del Título de los físcales está dispuesto que los dos fisca- 
les que ha de haber en cada una de dichas Cancillerías ha- 
yan de ser de igual poder*y título, sin limitación alguna,|pa- 
ra ciertas causas, aunque el más antiguo puede elejir el ejer- 
cicio de las causas civiles ó criminales, optando lo que qui- 
siere, y que en esta conformidad, sin distinción ni diferencia 
alguna, de civil ó criminal, se han siempre despachado y des- 
pachan los títulos de fiscales de las dichas Cancillerías, y 
que en el que se le ha despachado al Doctor Pérez Merchán 
y á él de Fiscales de esa Audiencia, se dice que el uno sea de 
lo civil y el otro de lo criminal,de que podrían resultar algu- 
nos inconvenientes y excusas, diciendo cada uno que no fué 



UN OIDOR DE LA REAL AUDIENCIA DE LIMA 313 

nombrado para más que aquellas causas y que no ba de 
acudir, en caso de necesidad 6 irapedimente, á suplir el uno 
por el otro, como se bace y debe bacer en la dicbas mis Can- 
cillerías, y que también se podría poner duda en esa Audien- 
cia en el derecho de opción del más antiguo y en el proveerse 
por mí la plaza, cuando alguno de ellos faltase, para bacer 
el título al nuevamente proveído. Lo cual y otros inconve- 
nientes cesarían si los dicbos títulos se reformasen, sin que se 
pusiese en ellos de civil ó criminal, y que se biciesen conforme 
á los de las dicbas mis Cancillerías 6 que en cualquier caso 
que venga él á conseguir la antigüedad, pueda optar lo civil 
ó la que quisiere, conforme á la ley, sin embargo de que en su 
título se diga que sea Fiscal de lo criminal; y habiéndose 
visto en mi Real Consejo de las Indias, porque en la ley no- 
na, título de los procuradares fiscales del libro segundo de 
la Nueva Recopilación, bay una del tenor siguiente: '*manda- 
" mos que en las nuestras Audencias baya dos fiscales; uno 
" que asista á las causas civiles y otro á las criminales, y que 
'* el más antiguo de los dos fiscales, que residen ó residieren 
*' en las dicbas Audiencias, pueda elegir el cargo de las cau- 
** sas civiles ó criminales como á él pareciere,sin embargo que 
** el fiscal más nuevo sea proveído en lugar del fiscal que so- 
** lía tener el cargo y ejercía las causas civiles 6 en lugar del 
** que trataba las causas criminales*' Y porque mi voluntad 
es que lo contenido en dicba ley suso incorporada se entien- 
da, cumpla y ejecute en esa Audiencia, os mando que así lo 
bagáis, según como en ella se contiene y declara, sin poner 
en ello excusa ni dificultad alguna. 

Fecba en San Lorenzo, á 25 de Septiembre de 1600 años. 

Yo EL Rey 
Por mandado del Rey nuestro Señor. 

Juan de Ibarra. 



314 REVISTA HISTÓRICA 



DOCUMENTO 7*? 

El Rey 

Licenciado Donjuán Páez de Laguna,mi Fiscal déla Sa- 
la del Crimen déla Audiencia de la ciudad de los Reyes: Una 
carta vuestra de 10 de Mayo del año pasado de 1604 se ha 
recibido y visto en mi Consejo de las Indias, y se ha entendi- 
do lo que por ella me avisáis, y en lo que toca á la facilidad 
que decís hay en soltar presos los oidores en las visitas de 
cárceles, por cédula mía, de la fecha de ésta, les ordeno que 
se vayan á la mano en estas solturas. Así mismo, se ha en- 
tendido lo que decís acerca de los inconvenientes que resul- 
tan de los perdones que hacen los virreyes á algunos delin- 
cuentes, después de estar condenados y sentenciados, por lo 
cual convenía innovar y extender más un capítulo de la ins- 
trucción que se dio en esta razón al Virrey Don Martín 
Enríquez. Y conviene que, cuando avisáredes de semgantes 
cosas, digáis particularmente los casos en que hubiere habi- 
do exceso, y así lo haréis. 

Las cosas que se os han cometido tocantes á la visita de 
esa ciudad y otras proseguiréis como decís lo hacíades, y de 
o que resultare avis aréis. 

Dada en Valladolid, á 10 de Mayo de 1605. 

Yo EL Rey 
Por mandado del Rey nuestro Señor. 

Gabriel de Hoa. 



UN OIDOR DE LA REAL AUDIENCIA DE LIMA 315 



DOCUMENTO 8^ 



Don Felipe, por la gracia de Dios,Rey de Castilla,de León 
&&. Por cuanto,para la buena dirección y expediente de las 
predicaciones de las bulas de la Santa Cruzada de las nues- 
tras provincias del Perú, que Su Santidad nos tiene concedi- 
das, para las guerras contra infieles, tenemos ordenado y 
mandado que el Doctor Juan VeUsquez, Arcediano de la 
Santa Iglesia de los Reyes, Comisario Subdelegado General 
en ellas y el Contador Don Gonzalo de la Maza, con asisten- 
cia de uno de los Oidores de la nuestra Audiencia de la dicha 
ciudad, se junten al proveer y despachar las causas y nego- 
cios tocantes á la dicha Santa Cruzada y dependientes de 
ella que se ofrecieren y fueren necesarios para el aumento y 
buen recaudo de lo que procede de la dicha gracia, y porque 
á nuestro servicio conviene nombrar persona tal que sirva el 
oficio de Fiscal en los dichos negocios y asista y se halle pre- 
sente con los susodichos, y así mismo se halle al tomar y 
fenecer las cuentas de la Santa Cruzada, junto con el dicho 
Contador y oficiales Reales, habiéndose visto en el mi Con- 
sejo de la dicha Santa Cruzada, con asistencia del Asesor, 
que en él asiste por el de Indias, y consultándomelo el Licen- 
ciado Don Felipe de Tasis, de nuestro Consejo de la Santa y 
General Inquisición, Prior de la Santa Iglesia de Osma, Co- 
misario Apostólico General de la Santa Cruzada; confiando 
de la persona y suficiencia de vos el Licenciado D. Juan Páez 
de Laguna, nuestro Fiscal en la dicha Audiencia de los Re- 
yes, y entendiendo que así conviene á nuestro servicio, nues- 
tra merced y voluntad es de os nombrar.como por la presen- 
te os nombro, para que ahora y siempre, y de aquí adelante, 
durante fuere nuestra voluntad, sirváis y oficiéis de Fiscal de 
la Santa Cruzada y asistáis y os halléis presente con el dicho 
Don Juan Velásquez, Comisario Subdelegado de ella, y Don 
Juan de Villela Oidor de la mi Audiencia de los Reyes y Asesor 
de la dicha Santa Cruzada, y con el contador Don Gonzalo de 



316 REVISTA HISTÓRICA 



la Maza á la determinación y expediente de los negocios 3' 
causas tocantes á la dicha gracia y demás cosas dependien- 
tes de ella, que se ofrecieren y ante ellos ocurriere, en la for- 
ma y de la manera que se hace en el nuestro gobierno de la 
dicha Cruzada que reside en mi Corte, y que como tal nues- 
tro Procurador Fiscal podáis pedir y demandar,acusar y de- 
fender, alegar y despachar en todos los pleitos, causas y ne- 
gocios fiscales tocantes á nuestro servicio y á la buena expe- 
dición, predicación y cobranza de lo procedido de la dicha 
Santa Cruzada; y que asi mismo asistáis con el dicho Conta- 
dor Don Gonzalo de la Maza y con el oficial ú oficiales 
á quienes tocare para fenecer, tomar > acabar las dichas 
cuentas tocantes á la Santa Cruzada de esas provincias, pa- 
sadas y venideras, y que gocéis de todas las honras,franque- 
zas y libertades que por razón del dicho oficio podéis y debéis 
gozar,según cuales gozan nuestros Procuradores Fiscales de 
los Consejos que residen en mi Corte. Y por ésta nuestra car- 
ta encargamos y mandamos al dicho Subdelegado general 
Asesor y Contador, recibande vos el juramento y sokmnidad 
que en tal caso se requiere y debéis hacer, y hecho os reciban 
y tengan por nuestro Procurador Fiscal y usen con vos el di- 
cho oficio, en todo lo áel tocante y concerniente, mandamos 
al nuestro Virrey, Lugarteniente 3- Capitán General délas di- 
chas nuestras provincias del Perú que al presente es y al que 
adelante fuere, y á los nuestros presidentes y oidores de las 
nuestras Audiencias y á los nuestros alcaldes y otras justi- 
cias, asistentes, gobernadores, caballeros, escuderos, oficía- 
les y hombres buenos de las dichas ciudades, villas y luga- 
res de las dichas provincias, y á otras cualesquier personas, 
nuestros subditos y naturales, de cualquier estado ó digni- 
dad que sean, y á cada uno de ellos, que os tengan por nues- 
tro Procurador Fiscal de la dicha Santa Cruzada. Y es nues- 
tra merced y voluntad que ha^'áís y llevéis de salario en ca- 
da un año, por razón del dicho oficio, dos cientos cincuenta 
pesos de plata,ensayada,de todo el tiempo que asistiereis en 
los negocios y cosas tocantes á la dicha gracia ó el que nues- 
tra voluntad fuere, de los cuales comencéis á gozar y gocéis 
desde el día que fuereis admitido al uso y ejercicio del dicho 
oficio y hubieren recibido de vos el juramento necesario; los 



UN OIDOR DE LA REAI^ AUDIENCIA DE LIMA 317 

cuales mando se os libren y paguen álos tiempos y en la for- 
ma que se libraren y pagaren los salarios que llevan el dicho 
Asesor, Contador y otros oficiales de la dicha Santa Cruza- 
da y, que para ello se tome y saque de la caja de lo procedi- 
de ella; y que el traslado de esta nuestra carta se asiente en 
los libros de la dicha Santa Cruzada y que la original la 
tengáis por título del dicho oficio. 

Fecha en San Lorenzo, á 14 días del mes de Noviembre 
de 1603 años. 

Yo EL Rey 

Por mandado del Rey nuestro Señor. 

Juan de Ibarra. 



DOCUMENTO 9^ 



Don Felipe,por la gracia de Dios Rey de Castilla, de León 
&.&. Acatando lo que vos el Licenciado Don Juan Páez de 
Laguna, mi Fiscal que al presente sois de la sala de los al- 
caldes del crimen de mi Audiencia Real que reside en la ciu- 
dad de los Reyes de las provincias del Perú, me habéis servi- 
do y espero me sirváis, y vuestra suficiencia en letras y 
buenas partes, y por que entiendo que así conviene á mi ser- 
vicio y á la ejecución de mi justicia, es mi merced que ahora 
y de aquí adelante, cuanto mi voluntad fuere, seáis mi Oi- 
dor de mi Audiencia déla dicha ciudad de los Reyes,en lugar 
y por muerte del Licenciado Espina, Oidor que era de ella, y 
que como tal mi Oidor podáis entrar y estar y residir en ella 
y tener voz y voto según le tienen los demás oidores de la 
dicha Audiencia y de las otras de las Indias y de estos rei- 
nos; y expedir, librar y votar todas las apelaciones, pleitos 
y causas que á la dicha Audiencia fueren; y firmar y señalar 
las cartas, provisiones y sentencias y otros mandamientos 



318 REVISTA HISTÓRICA 



y autos que en ella se dieren. Y por esta mi carta, mando 
al mi Virrey, Presidente y oidores de la dicha mi Audiencia 
que reciban de vos el Licenciado Don Juan Páez de Laguna 
el juramento con la solemnidad que en tal caso se acostum- 
bra y debéis hacer. Y habiéndole hecho os hayan y reciban 
y tengan por tal mi Oidor de la dicha mi Audiencia, y usen 
con vos el dicho oficio, en todos los casos y cosas á él 
anexas y concernientes, y os guarden y hagan guardar to- 
das las honras, gracias, mercedes, franquezas, libertades, pre- 
minencias, prerrogativas é inmunidades y todas las otras 
cosas y cada una de ellas que por razón de dicho oficio de~ 
béis haber y gozar y os deben ser guardadas de todo, bien 
y cumplidamente, sin que os falte cosa alguna; y que en ello 
ni en parte de ello os pongan ni consientan poner embar- 
go ni inpedimento alguno, que yo por la presente os recibo 
y he por recibido al dicho oficio y al uso y ejercicio de él, y os 
doy poder y facultad para usar y ejercer,casoque por ellos 6 
alguno de ellos, á él no seáis recibido. Y mando á los oficia- 
les de mi Real Hacienda de la dicha ciudad de los Reyes que 
os den y paguen otro tanto salario, en cada un año como á 
cada uno de los otros mis oidores de la dicha Audiencia, según 
y á los tiempos que á ellos selespague,desde el día que tomá- 
redes la posesión del dicho oficio en adelante, todo el tiem- 
po que sirviéredes, y que con vuestras cartas de pago y tras- 
lado signado de ésta mi provisión, se les reciba y pase en 
cuéntalos maravedís que así os dieren y pagaren; y que la 
üsienten en los mis libros que tienen y sobre escrita os la 
vuelvan para que la tengáis por título del dicho oficio. 

Dada en Vallad olid, á 3 de Mayo de 1605 años. 

Yo EL Rey. 

Yo, Pedro de Ledesma, Secretario del Rey nuestro Señor la 
fice escribir por su mandado. 



ÜN OIDOR DE LA REAL AUDIENCIA DE LIMA 319 



DOCUMENTO 10^ 

El Rey 

Marqués de Montes Claros, pariente,mi Virrey ,Gol3erna- 
dor y Capitán general de las provincias del Perú, ó á la per- 
sona 6 personas á cuyo cargo fuere el Gobierno de ellas. 
Por parte del Licenciado Don Juan Páez de Laguna, mi Oi- 
dor en esa mi Real Audiencia, se me ha hecho relación que 
tiene cuatro hijos, y de ellos el uno y una hija en edad de to- 
mar estado, sin poder tratar de dársele respecto de la prohi- 
bición que hay de no poder casar los oidores ni fiscales de 
la audiencias de las Indias, ni sus hijos, en los distritos de 
las audiencias donde sirven; y que siéndole imposible enviar- 
los á otras partes se habrían de quedar éstos sin remedio 
por su pobreza y los menores sin abrigo, ni amparo si él mu- 
riese; suplicándome tuviese por bien de darle licencia para 
poder casar los dos mayores en ese distrito, sin embargo de 
la dicha prohibición. Y visto en mi Consejo Real de las In- 
dias, y consultádose, me ha parecido que, á lo menos, se po- 
día mandar esta licencia para casar á la hija, pues los hijos 
varones podrían tener y buscar sus comodidades en otras 
partes, pero que ésto sea conque del casamiento no se siga, 
ni pueda seguir incoviniente, que impida el buen uso del ofi- 
cio del padre, por tener la persona con quien se efectuare el 
casamiento, ni sus padres, ni deudos repartimiento de In- 
dios, ni pleitos en esa Audiencia, ni otro de los impedimen- 
tos contenidos en las dichas cédulas de prohibición, y así os 
mando que con todos estos requisitos le concedáis en mi 
nombre la dicha licencia, y no en otra manera. 

Fecha en Madrid, á 7 de Enero de 1610 años. 

Yo el Rey. 

Por mandado del Rey nuestro Señor. 

Pedro de Ledesma. 



320 REVISTA HISTÓRICA 



DOCUMENTO 11^ 

Al Arzobispo, que Dios guarde. Habiéndome remitido 
Su Magestad el dar licencia al Licenciado Don Juan Páez 
de Laguna, Oidor de esta Real Audiencia, para casar á 
su hija, con ciertos requisitos, é deseando que se ofreciese 
ocasión en que poder sacarle de este cuidado, empleando 
tal prenda como se merece; al presente tenemos entre ma- 
nos un negocio, con que se satisface á todo; resta para 
que tenga efecto, la licencia de VS.^ para desposarlos, 
que importa sea con brevedad, dispensando VS*., por 
hacerme á mí merced, el tiempo que se podría ocupar en las 
amonestaciones. Vá el Licenciado á suplicarlo á VS. de par- 
te de entreambos y dar cuenta á VS*. de todo lo demás. 
Quedo muy seguro que VS*. ayudará á (ilegible) tan justa y 
digna de la piedad de VS*. que juzgue medio tome estado 
una persona tan noble é hija de padre que ha servido á Su 
Magestad tan bien, y por su parte merece tanto. Guarde 
Dios (ilegible). 

De estas Casas Reales, 27 de Agosto de 1611. 

El Marqués. 
Lima, septiembre de 1906. 

Luis Várela y Orbegoso 



T(oticia de la ciuclaGl ele ^^nta Qatalina de Quodalcágar 



DE MOQUEGUA 

[CONCLUSIÓN] 



PRIMEROS POBLADORES DE LA VILLA DE MOQUEGUA 



Br. Juan Guerrero de Vargas 

Cura de id. 
Diego Fernández Maldonado 
Ramón Hurtado de Mendo- 
za 
Dn. Alonso de Vizcarra 
Luís del Alcázar y Padilla 
Juan de Mazuelo 
Andrés de Espinoza 
Juan de Adrada 
Francisco Vasco de Saavedra 
CristóvaJ Pérez Cugate 
Luís Vélez de Córdova 
Martín Vélez de Córdova 
Bartolomé Julián Salazar • 
Fernando de Tóvar 
Juanes de Zaconeta 
Diego Fernández Talavera 



Diego Velásquez 

Juan Bueno de Salazar 

Francisco Rodríguez Bailón 

Pedro de Villalobos 

Gabriel Ladrón de Guevara 

Gerónimo de Barrios 

Juan Escobar 

Diego Rodríguez de Santenda 

Julián Martínez 

Baltazar Berru 

Isidro de Cáceres 

Pedro de Quiroz 

Juan de Apráez 

Juan del Río 

Pedro Díaz 

Francisco Rodríguez 

Diego Bravo, y 

Gerónimo Duarte 



Estos son los vecinos del pueblo de Santa Catalina de 

Moquegua en Agosto 14 de 1611. 
5 



322 REVISTA HISTÓRICA 



VECINOS DEL PUEBLO DE SAN SEBASTIAN DE ESCAPAGUA, 
VALLE DE COCHUNA, JUNTO AL DE MOQUEGUA 

Juan de Olea y Medina Juanes de Zaconeta 

Román Hurtado de Mendoza Luís Vélez de Córdova 
Juan de Mazuelo Francisco Corzo 

D*. Clara de Arana Gabriel de Guevara 

D*. Mariana de Saavedra Diego Hernández Talavera 

D*. María de Guevara Juan Cancino 

Bartolomé Martín Quintani- Pedro Villalobos 
lia Juan García 



En Octubre 7 de 1613, á f. 320. 



VECINOS DE MOQUEGUA EN JUNIO 29 DE 1614 

Br. Juan Guerrero de Vargas, Felipe Estrada 

Cura Juanes de Zaconeta 

Almirante Juan de Olea . Cristóval Pérez Cugate 

Diego Fernández Maldonadp ^ Grabriel Vélez de Guevara 
Alonso de Viscarra Luís de Adrada 

Fernando de Córdova Antonio Rodríguez de Corte 

Román Hurtado de Mendoza Real 

Luís del Alcázar y Padilla ^ Francisco Rodríguez Bailón 
Br. Cosme Pérez de Ayala, Juan López 

presbítero , Diego Rodríguez de Castenda 

Juan de Mazuelo , Gerónimo de Barrios 

Rodrigo de Mireles Juan de Rodas 

Juan Ramírez de Adrada Juan del Río 

Andrés de Espinoza Francisco Rodríguez 

Luís Vélez de Córdova Pedro Martín 

Juan Bueno de Arana 

Estos vecinos contradicen el poder antes dado, en Agosr 
to de 1611, ante Diego Dávila, Escribano de Su Magestad. 



NOTICIA DE MOQUEGUA 323 

Los vecinos del pueblo de Moquegua, confirmando la 
paz y concordia, condiciones y capitulaciones que entre los 
vecinos de este pueblo de Moquegua y de la villa de San 
Francisco de Esquiladle en el asiento de Escapagua, valle de 
Cochuna, tienen tratado y concertado el lugar donde ha de 
eregir la población el Iltmo. Sor. Dr. Fr. Pedro de Perea y 
Grimaldo, 2^ Obispo de Arequipa, su fecha Junio 16, á f. 59, 
ante Diego Dávila, son los siguientes: 

Capitán Sargento mayor Francisco de Arteaga y Soto- 
mayor, Alcalde de la Santa Hermandad de esta villa de San 
Francisco de Esquiladle. 

Capitán Rodrigo de Arteaga y Sotomayor, su hermano 

Dn. Pedro de Mesa Montalvo 

Dn. Luís del Alcázar y Padilla 

Pedro de Arvisu 

Gonzalo de Mazuelo 

Hernán Velásquez Dávila 

Luís Vélez de Córdova 

Alonso de Estrada 

Gabriel Vélez de Guevara 

Rodrigo de Mireles 

Bartolomé Martín Quintanilla 

Martín Vélez de Córdova 

Antonio Rodríguez Corte Real 

Juan del Río 

Juan de Pomadera 

Juan de Loayza 

Juan Bautista Escobar 

Diego de Escobar 

Diego Felipe de Ulloa, y 

Juan Rodríguez de Ves, vecino y Teniente general de este 
valle y partido de Colesuyo. 

Este Sor. Teniente de Correjidor Donjuán Rodríguez de 
Ves y los suyos faltaron al comprometimiento hecho en Ju- 
nio 16 de 1620, desairando al limo. Sor. Obispo de Arequi- 
pa, en que se hiciese y fundase la población en el lugar, sitio 
y condiciones delineadas en pro de ambas partes, que dispu- 
so el Obispo. Siguió el pleito adelante y entre otras contra- 



324 REVISTA HISTÓRICA 



dicciones y diligencias que hizo, fué comprometerse á darle á 
Luís Hidalgo, visitador de tierras en este año de 1620, la can- 
tidad de mil pesos para que gane provisión de su Excelencia 
el Sor. Virrey Príncipe de Esquiladle, se haga la población 
de la villa donde todos la pidieron en virtud de los dos an- 
teriores poderes. Así Octubre 25 de 1620, á f. 160. 

A más del anterior compromiso, con fecha Julio 2 de 
1621, hizo 2^ compromiso ádar 2.000 pesos fuertes al Capi- 
tán y Sargento mayor Dn. Francisco Arteaga y Sotomayor, 
y éste gane con todo esfuerzo provisión de dicho Sor. Virrey 
Principe de Esquilache para que cese de todo punto y no que- 
de nombre de villa á la que llaman villa de San Francisco de 
Esquilache. Y si ésto no se pudiese, para que se haga y fun- 
de la villa en este pueblo de Señora Santa Catalina de Mo- 
quegua. 

Retirado á España el Sor. Príncipe de Esquilache, en Di- 
ciembre de 1621, siguió nuevamente el pleito ante la Real 
Audiencia Gobernadora, y más lo siguió ante el Sor. Virrey 
Marqués de Guadalcázar, que después de ser Virrej^ de la 
Nueva España, entró en Lima, en Julio 25 de 1622. 

Más, el Sor. Obispo Dor. Dn. Fr. Pedro Perea de Grimal- 
do, apesar de verse desairado de los vecinos de Moquegua, 
no cesó su celo en amistarlos, mandó en 1624 una misión 
del Colegio de los F'P Jesüitas de Arequipa, y fueron los PP 
Diego Baranda y Juan Bautista Chacón, clérigos predicado- 
res de la Compañía de Jesús, quienes predicaron con tanta 
unción, celo y acierto que lograron reconciliarlos á unos y 
otros vecinos de ambos pueblos entre sí. 

Se hizo esta paz, unión y concordia entre los vecinos de 
la villa de San Francisco de Esquilache, valle de Cochuna, y 
los de este pueblo de Santa Catalina, valle de Moquegua, so- 
bre lafnndación déla villa ápresencia de dichos RR. PP. Die- 
go Baranda y Juan Chacón y de Juan de Mesa Montalvo, 
Teniente General de Correjidor de este dicho pueblo y valle y 
provincia de Colesuyo por el Capitán Dn. Francisco de Paz 
Origüela, Correjidor de dicha provincia, ante quienes se ha- 
blaron y abrazaron unos y otros vecinos, bajo cuatro con- 
diciones que contiene este documento de paz, siendo la pri- 
mera de que estarán y pasarán por lo que el Sor. Virrey sen- 



NOTICIA DE MOQUEGÜA 325 

tenciare. Así ante Pedro de Peñaloza, Escribano de su Ma- 
gestad. 

En fin, dicho Sor. Virrey, á nombre del Rey Dn. Felipe IV, 
la hizo villa al pueblo de Santa Catalina de Moquegua, dan- 
dolé el título de su marquezado de Guadalcázar, y así se ti- 
tula desde Mayo 1"** de 1625. En orden á la existencia de su 
título y confirmación, ya se han dado anteriormente las no- 
ticias que constan en los archivos. 

En Enero 18 de 1823, el Soberano Congreso Constitu- 
yente del Perú, concede á la villa de Moquegua el título de 
ciudad, cuyos nobles hijos proclamaron expontáneamente 
la independencia, en el año de 1814, y han dado apreciables 
testimonios de su valor y constancia en las libertades del 
Perú. 

El mismo Soberano Congreso Constituyente del Perú, 
con fecha Lima y Junio 6 de 1828, decreta: 

Artículo Primero: La ciudad de Moquegua tendrá el tí- 
tulo de Benemérita á la Patria, y el pueblo de Torata el de 
villa. 

Art. Segundo: De los productos de los ramos que con- 
tribuye aquella provincia, se asignarán diez mil pesos anua- 
les, por término de diez años, que empezarán á correr desde 
el de 1830, para la importante obra de dar agua á la que- 
brada de Huaneros y aumentar las del río de Moquegua. 

El año pasado de 1832, salió otro Supremo decreto del 
Soberano Congreso General del Perú, comience Moquegua á 
percibir tres mil pesos para llenar el objeto del anterior de- 
creto. 

Los vecinos dé la villa de Esquilache que firman por esa 
parte la dicha escritura de paz, unión v concordia, son: 

El Almirante Juan de Olea, Regidor de dicha villa. 

Juanes de Zaconeta, Regidor de idem. 

Ramón Hurtado de Mendoza 

Diego Fernández de Córdova 

José Fernández de Córdova y Arana, Regidor de dicha 
villa 

Andrés de Espinoza 

Fernando Tobar, Procurador de dicha villa 

Cristo val Fernández Corpejo, Regidor de idem. 

Juan Martínez de Urdanibia 



326 REVISTA HISTÓRICA 



Los vecinos del otro pueblo que firman dicha amistad, 
paz, unión y concierto, son: 
Juan Rodríguez de Ves 
Diego de Avila 
Gerónimo de Máznelos 
Capitán Don Luís de Alcázar y Padilla 
Pedro de Montalvo 
Pedro de Arbisu 
Francisco de Galdames, y 
Luís Vélez de Córdova. 

Noticia de Doña Usenda de Loayza y Bazan 

Esta antigua señora es hija legítima de Dn. Francisco de 
Loayza y Castilla y de D* Chávez y Valdés, veci- 
nos que fueron de la gran ciudad del Cuzco. Fué mujer de 
tres caballeros; 1° Dn. Domingo de Vargas Carvajal, caba- 
llero del orden de Alcántara, en el año de 1624; 2° Dn. Alber- 
to Cervantes y Carranza, caballero del orden de Calatrava, 
en 1628; y 3^ Dn. Diego Gómez de Sando val, caballero del or- 
den de Santiago en 1639. En tiempo de los dos primeros 
maridos hizo trato con don Cristóval Rodríguez Carbone- 
ra y con el Licenciado Dn. Domingo Pérez,Cura v vicario de 
Moquegua, para que estos cultivasen de viñas, alfalfares y 
huertas, todo lo que pudiesen de todo el valle de Cuptna, 
propio de esta señora, y después partiesen por mitad una 
parte para su dueño, dicha D* Usenda, y la otra parte para 
los dos dichos señores Carbonera y Cura vicario Pérez. 

Esta señora dejó todo su haber que le tocó en Cnpina, 
es decir su media parte de lo labrado y cultivado por aque- 
llos señores, y lo demás que quedó sin cultivar, que era y es 
suyo, al convento grande de la ciudad del Cuzco de nuestra 
Señora de las Mercedes, con los cargos y condiciones quede- 
be tener, sin acordarse para nada de Moquegua, lugar si- 
miente de sus haberes. La otra parte de lo cultivado, lo que 
por mitad de ella perteneció á Don Cristóbal Rodríguez Car- 
bonera, la posee esta íamilia hasta el día de hoy. 

Mas la parte que tocó al Cura vicario Dn. Domingo Pé- 
rez, apenas se vé en algunos instrumentos antiguos que tie- 



NOTICIA DE MOQUEGUA 327 

ne dicho Cura ó le toca y pertenece á dicho Cura tantos y 
tantos miles de dichas haciendas de viña del linaje de los di- 
chos Carbonera; mas no se tiene noticia quién posea la par- 
te de viñas de este Cura. 

Este Cura y vicario se fué á España con condición de que 
cada año mandase fe de vida; así lo ordenó y dispuso el 
limo. Sor. Obispo de Arequipa de esa sazón, Dor. Dn. Pedro 
de Villagómez. En un principio mandó tal fe de vida; des- 
pués dejó de mandarla, cual consta del instrumento de Oc- 
tubre 15 de 1640, en cuya virtud se proveyó el curato en su 
sucesor, que parece en la nomenclatura antecedente de los 
curas de Moquegua. Así se demuestra en varios instrumen- 
tos públicos de este archivo de Cabildo, y no hay más ra- 
zón de tal Cura, ni quien el día de hoy sea legítimo poseedor 
de su parte cultivada de viñas y tierras en este valle de Cu- 
pina. 

Dicha Sr. Da. Usenda de Loayza y Bazán testó en el 
Cuzco, en Junio 25 de 1746, testamento cerrado, ante Barto- 
lomé de Arce,Escríbano público y de Real Hacienda. En el 
protocolo de 1650, á f. 340 del oficio de Cabildo, se hallan 
en testimonio, con cabeza y pie, varias cláusulas de este tes- 
tamento. Sus albaceas son el Dor. Dn. Francisco Calderón 
de Robles, Deán de la Santa Iglesia Catedral del Cuzco; Dn 
Francisco de Loayza y Castilla, su hermano, caballero del 
hábito de Santiago; Dn. Alejo de Salas y Valdés, su primo, 
caballero de orden de Calatrava; Dn. Juan de Salas, su pri- 
mo, feudatario de esta dicha ciudad del Cuzco; y el R. P. M, 
Fr. Marcos de Medina del orden de nuestra Señora de las 
Meicedes de esta dicha ciudad del etc. y sigue lo demás de 
estilo en los testamentos. 

En el instrumento Julio 16 de 1604-á f 386-consta que 
en el año de 1564 ya había en este valle iglesia parroquial, 
en la que se administraban por el cura los Santísimos Sa- 
cramentos, entre ellos el del matrimonio; es decir, que ésto 
fué á los principios de la conquista, pues siendo ésta en 1530, 
por la parte de nuestro Perú, solo dista ésta de aquél año 
33 á 34 años: luego, es congruente hubo iglesia parroquial 
á la par con la parroquial de Arequipa, cuya fundación fué 
el año de 1540. 



328 REVISTA HISTÓRICA 



En Julio 2 de 1601, consta que en 1593 Andrés García se 
casó con Ana Hernández, hija legítima de Nicolás Hernán- 
dez y de Isabel de Cuequica. Y en el mismo día que se cele- 
bró el desposorio y casamiento, antes de consumar cópula, 
se hubo noticia que dicho Andrés García era casado en Es- 
paña; y luego fué preso por el Cura vicario de este valle Dn. 
Luís Fernández Barchilón. Se remitió al Santo Oficio de la 
Inquisición de Lima, quien fué sentenciado por ello y saca- 
do en el auto público de la fe. 

¿Cuántos de esta especie habrán el día de hoy y habrán 
habido antes? En nuestros días se conoció en esta ciudad á 
un José Conti, español, arquitecto de profesión, que casó 
aquí con Da. María Vargas, por lo que huyó y no se supo 
de él nada hasta hoy. 

En el año de 1615 consta (que) los indios tenían dos es- 
pecies de superiores; unos se llamaban Caci ues y los otros 
se denominaban Chilacatos. 

En Febrero 1^ de 1714r-á f. 8-obra el testamento del Ca- 
pitán Dn. José del Alcázar y Padilla y su esposa D* Ana Ma- 
ría de Peñaloza Fernández Maldonado, en el que como no 
tiene hijos ni ascendientes, dejan todos sus cuantiosos bie- 
nes para la fundación de un monasterio, ó á su falta, de un 
beaterio, con título de señor San José, en esta villa. Mas el 
limo. Sor. Dn. Juan Cabero de Toledo, Obispo de Arequipa, 
se lo llevó y fundó en dicha ciudad. 

El Síndico procurador y Cabildo de Moquegua recla- 
man de esta injusticia hecha contra la expresa y terminan- 
te voluntad de sus fundadores. Así el documento Abril 15 
de 1724, y apesar de ésto no se le oye y se funda el monas- 
terio en Arequipa, con título de Santa Rosa. 

En Enero 26 de 1631 el Cabildo, Justicia y Regimiento 
de esta villa pide á su Magestad se funde en ella un conven- 
to de recoletos descalzos de N.P. San Francisco, para el bien 
espiritual de sus habitantes y que ayuden al párroco en su 
ministerio pastoral. Para ello dan su poder á Juan Rodrí- 
guez Pizarro, agente de negocios en las Cortes de su Mages- 
tad. 

Este acto religioso y cuantos se han notado, así del Ca- 
bildo en comün, como de los señores particulares de la villa, 



NOTICIA DE MOQUEGÜA 329 

prueba su religiosidad, celo del catolicismo y amor á la vir- 
tud. Dios quiera renazcan aquellos tiempos en nuestros días, 
así en común como en individuo particular. Amén 

En Junio 1^ de 1630 se remató el rastro de crfrne para 
el abasto de la población, señalando para el rastro las fal- 
das del cerrillo en donde estaba la hermita ó capilla del se* 
gundo patrón de esta villa, San Bernabé Apóstol. Al tenor 
de este documento se vé con repetición otros muchos, cuyo 
ejemplo debe ser norma para poner el día de hoy las carni- 
cerías fuera de la población, pues la inmundicia del rastro 
atrae putrefacción y pestes y es contra la exacta policía de 
un país civilizado como el nuestro. 

En Noviembre 24 de 1606-á f. 161-consta se esperaba 
en este pueblo de Santa Catalina de Moquegua á los frailes 
recoletos descalzos; luego es prueba que muy antiguamente 
ya los había pedido este pueblo y se esperaba su llegada pa- 
ra su total consuelo espiritual. 

En 1630-á f. 200-indica suficientemente que esta villa 
tiene ya en esta época algunos propios; por lo que piden á 
su Magestad la aplicación de las alcabalas, para engrosar 
aquellos. 

En Mayo 17 de 1828 el Sor. Diputado por Moquegua, 
Dor. Dn. Manuel Hurtado y Zapata, giró expediente ante 
el Excmo. Sor. Presidente de la República peruana [para] que 
se aplique á esta iglesia Matriz una hijuela de vinos del no- 
veno de diezmos, en cumplimiento de la Ley 23, Tit. 16, 
Lib. I'' de la Recopilación de Indias y de la cédula de 23 de 
Agosto de 1786, atenta la pobreza calificada de esta Igle- 
sia. Se pasó á la comisión de Legislación y Eclesiástica. El 
Sor. Ministro de Hacienda responde ser justa la petición y 
que la escasez de la gruesa decimal ha entorpecido este lle- 
no. Esto responde el Sor. Ministro de Hacienda, 

Las comisiones responden: que siendo el Congreso ser- 
vido, podrá mandar se lleve á efecto la ley indicada, luego 
que lo permitan el estado déla gruesa decimal y las circuns- 
tancias de la Hacienda Nacional. 

Se instó esta materia en 1835, ante el Excmo Sor. Pre- 
sidente Provisional estando en Arequipa. Su Exea, pidió 
6 



330 REVISTA HISTÓRICA 



infornie al limo. Sor. Obispo de Arequipa, el que, para con- 
testarlo, lo pidió al venerable Deán y Cabildo, el que hasta 
hoy no ha contestado nada, que estamos en 1840. Sería de 
desear que la petición y declaración hecha por el limo. Sor. 
Dn. Pedro de Villagómez en 1631, y reproducida por el Sor. 
diputado en 1828 y 1835, tuviese su cumplido efecto, con 
los sufragios y bondad de las sanas autoridades que nos rí- 
gen en 1840. 

- En Junio 26 de 1609 se noticia que los paredones y de- 
pósitos antiguos de los naturales de este pueblo se llamaban 
Tambochi. Y en esta época ya estaba hecha, en uso y ejerci- 
cio, la hermita ó capilla de San Bernabé, sobre la cima de 
un pequeño cerro que lleva hasta hoy la denominación de 
San Bernabé. 



Matrimonio celebrado tres veces 

Don Luís Vélez de Córdova Ladrón de Guevara, el vie- 
jo, primer Alguacil mayor de esta villa de Moquegua, viudo 
de Da. Teresa de Moran y León, confiere su poder al Licen- 
ciado Dn. Luís de Lobada y Quiñones, Abogado de la Real 
Audiencia de Lima, y esposo de Da. Antonia Vélez de Gue- 
vara, residentes en Arequipa, para que se casé con Da. Leo- 
nor Vélez de Guevara, hermana mayor de dicha Da. Anto- 
nia, residente dicha Da. Leonor en Lima; quien igualmente 
confiere su lioder á su hermana menor, dicha Da. Antonia, 
para que por elle se case con Dn. Luís Vélez de Córdova, re- 
sidente en Moquegua. En esta virtud de dichos ambos po- 
deres, se casaron la primera vez en Arequipa, en Febrero 13 
1641; y los casó el Sor. Chantre de esa iglesia Catedral, con 
licencia del limo. Sor. Obispo. 

Puesta Da. Leonor Vélez de Guevara en Arequipa, ratifi- 
ca dicho matrimonio el enunciado Licenciado Dn. Luís de 
Lozada y Quiñones con la misma Da. Leonor en persona. 
Los casó el Dor. Dn. Francisco Ortuno de Urrieta, Provisor 
y Vicario general de este Obispado de Arequipa, en 23 de 
Septiembre de dicho año de 1641. 



NOTICIA DE MOQUR6UA 331 

Llegó A Moquegua Da. Leonor Vélez de Guevara y rati- 
ficó su matrimonio con la persona de Dn. Luís Vélez de Cor- 
dova Ladrón de Guevara. Los casó el Licenciado Dn. Pedro 
Moran, Cura de Torata, con licencia de Cura de Moquegua^ 
Dn. Melchor Fernández de la Cuadra, en Septiembre 30 de 
dicho año de 1641. 

Conque, veamos aquí un matrimonio contraído tres ve- 
ces; primero: entre los dos apoderados de ambos contrayen- 
tes, en Febrero 13 de 1641; segundo: entre el apoderado de 
un contrayente y el otro contrayente en persona, en Septiem- 
bre 23 de 1641; y tercero: entre los doscontrayente^ perso- 
nalmente, uno y otro, en Septiembre 30 del referido año de 
1641. 

En Octubre 7 de 1650 consta que Diego de Nava admi- 
nistró veneno y tósigo á su mujer Da. Luisa Velásquez de 
Espinosa y Bilbao. Dios nos libre de tanto mal y peligro. 

En el año 1651, consta y parece [que] se descubrieron 
los baños saludables de diversas aguas de azufre y fierro y o- 
tras y agua calienté^en el pueblo de Putina. Esto parece ser en 
la doctrina y pueblo de San Felipe de Carumas, á donde 
van con frecuencia las gentes de Moquegua y otras partes 
que necesitan tales baños. Sería de desear que se allanasen 
la fragocidad y escarpados peligrosos trechos que de Caru- 
mas al dicho baño tiene el camino, y que allí, en favor de la 
doliente humanidad, se hiciese una habitación. 

En Julio 6 de 1652, consta que en la calle mayor, que 
llamamos calle del Medio, hacia tres cuadras de la plaza 
para arriba, como quien vá al hospital que hoy existe de la 
religión Beletmitica, había una hermosa capilla dedicada al 
culto de San Juan. Así á f. 140 v. 

No expresa el instrumento qué San Juan sea, pues la I- 
glesia de Dios ha declarado muchos más santos del nombre 
de Juan que de otros nombres. Se deduce, por consiguiente» 
sería de San Juan Bautista, porque á este glorioso precursor 
de Nuestro Señor Jesucristo se le hacía en la antigüedad su 
fiesta, cual consta de varios instrumentos. Hoy no existe 
la capilla. 

En Septiembre 17 de 1653, consta que don Juan de Quin- 
tanilla gastó el pasado año de 1652 la cantidad de mil quí- 



332 REVISTA HISTÓRICA 



nientos pesos en la fiesta que hizo á San Juan. Reflexione 
cada uno según su devoción en esta materia. 

En Abril 17 de 1653— á f. 113— consta que Tomás An- 
drade, natural de Arequipa, dio muchas heridas á su mujer, 
Florentina de Pastrana, natural de Moqnegua, de cuyas 
heridas murió á pocas horas. 

En Junio 30 de 1653, remite á Dn. Simón Guerra de He- 
rrera, juez pesquisidor, los cómplices de la muerte del Exc- 
mo Sr. Vizconde de Portillo. 

Por superior decreto de Noviembre 23 de 1652, el 
Excmo. Sor. Dn. García Sarmiento de Sotomayor Conde de 
Salvatiera, concedió licencia á nombre de S. M. el Sor Dn. 
Felipe IV, para que en esta villa se funde la hospedería de 
Nuestra Señora del Rosario de frailes predicadores; de cuya 
confirmación en convento y monasterio, fecha en Marzo 10 
por el Sor. Dn. Felipe V; se ha anotado antes. 

En 1661 consta que los RR. PP. de la Observancia de 
San Francisco tienen su hospicio en la casa de Da. Martina 
Quezada Vález de Córdova, hoy casa de Dn. Juan Peñaloza 
Maldonado, cual cabeza de Da. Francisca Casanova Nava- 
rro y Arguedas. 

En Marzo 17 de 1613, consta que el pueblo de Moque- 
gtia es distrito de la Real Audiencia de la Plata. Asi á f. 
417. 

En Abril 11 de 1656 consta que por mandato del jueír 
eclesiástico se demolió la capilla de San Juan, de la que se 
ha hablado antes, en el año 1652. Asf convendría. 

En Octubre 15 de 1660. manda el Corregidor por auto, 
que todos los maestros de sastrería, zapatería y demás ofi- 
cios, den fianza de todas las obras que entran en su poder. 

En Diciembre 11 de 1663 se determinó suprimir la hos- 
pedería de Santo Domingo de esta villa, en cumplimiento de 
la Real Orden general de Diciembre 18 de 1653 de que todo 
hospicio se suprimiese. Y Dn. Francisco Gutiérrez Daga Al- 
férez real, y Dn. Agustín Fernández Maldonado y Vizcarra, 
Alcalde provincial, salen religiosamente valerosos al garante 
de que no se suprima y ocurra al Sor. Virrey y á su Magestad, 
y logran, mediante Dios, susdevotos deseos. Así áf. 327 vta. 

En Septiembre 13 de 1658, Andrés Velásquez de Espino- 



NOTICIA DE MOgUEGUA 333 

sa, en compañía de su criado Juan Angola, esclavo, y otros 
dio muerte á Francisco Galdames por haber adulterado con 
su esposa D* María de la Torre. Se siguió la causa por sus 
trámites y fué libre del homicidio; se desembargaron sus bie- 
nes y fué puesto en libertad por Dn. Francisco Guzmán To- 
ledo, caballero de Calatrava» Corregidor de esta villa. 

En Septiembre 30 de 1650, el Alférez real Dn. Francisco 
Gutiérrez Dada paga doscientos pesos fuertes á Dn. Diego 
Alcón por el valor de la bandera del estandarte real, en que 
se tasó, cual bienes correspondientes á Dn. Fernando Calde- 
rón, Alférez real que fué de esta villa, y como á su hijo se 
los satisface, por ante Gerónimo Villalobos, Escribano de 
S. M. 

En Febrero 22 de 1833 se celebró capítulo en el conven- 
to de Santo Domingo de esta ciudad; se eligió prior al P. 
presentado Fr. Domingo Pico Palacios. 

En Marzo 18 de 1833 se celebró capítulo en el convento 
hospitalario de Beletmitas; se eligió por prefecto al P. Fr. 
José de Santa Gertrudis y Cabello. En éste y aquél capítulos 
procedió á nombre del Sor. Obispo el Cura vicario propio de 
esta ciudad. 

En Febrero 15 de 1688 consta haber un tambo en esta 
villa para comodidad de los transeúntes, arrieros y mar- 
chantes. 

En Agosto 26 de 1658 estuvo en Moquegua el Sor. juez 
visitador de este valle, el M. R. P. de la provincia de los Do- 
ce Apóstoles de Lima, lector jubilado, Fr. Gonzalo Tenorio, 
del orden de San Francisco, y visitó todos los títulos de las 
haciendas de este valle, midió las tierras, &. 

El R. P. M. Fr. Marcos de Medina, albacea testamenta- 
ria de Da. Usenda de Loayza y Bazán, presentó los títulos 
de sus haciendas, que comprenden desde la angostura del río 
Para Osmori, hasta las tierras de los indios de Caramas, 
que es compra y merced que se le hizo por el Excmo. Sor. 
Dn. Andrés Hurtado de Mendoza, Marqués de Cañete, Vi- 
rrey de estos dominios, á Dn. Alonso de Vargas Carbajal, 
en cuyo derecho sucedió Da. Usenda de Loayza Bazán, y en 
el suyo, por herencia, los religiosos de Nuestra Señora de la 
Merced redención de cautivos de la ciudad del Cuzco. 



334 REVISTA HISTÓRICA 



Dicho señor Virrey, 6^ en el Perú, entró en Lima en 5 de 
Julio de 1555 j murió en Lima á principios del año de 1561. ' 
Tal es la antigüedad de los títulos de propiedad de la ma- 
yor parte de este valle en dicha Da. Usenda de Loay2a y 
Bazán. 

En Noviembre 14 de 1741 consta que el Cabildo seguía 
pleito sobre la preferencia de asiento con los señores curas 
de esta villa. No expresa el documento qué asiento querían 
que se les diese al Sor. Corregidor y Cabildo» y qué especie 
de asiento era el de los curas. 

En Diciembre 1^ de 1743— a f. 249— repite el Cabildo y. 
extiende 2^ poder especialmente para el pleito que están si- 
guiendo y defendiendo sobre la preferencia de los asientos de 
Cabildo con los eclesiásticos» al General Dn. Tomás Cbava- 
que, Contador del Tribunal mayor de cuentas de la ciudad 
de los Reyes. Luego este pleito está elevado á los superiores 
tribunales de Lima. 

En Enero 2 de 1751 pide este Cabildo al Excmo. Sor. 
Virrey Dn. José Antonio Manso de Velazco Conde de Super. 
unda» del Consejo de S. M., Gentil hombre de Cámara, li- 
cencia }>ara nombrar un alcalde de segundo voto en cada 
año. 

En Febrero 14 de 1781 el Cabildo y vecindario acorda- 
ron de hacer armas y municiones, á derrama de los vecinos, 
para la defensa de esta villa, como en efecto se hicieron. 

En esta época fué la rebelión del indio José Gabriel Tó- 
pac Amaru. 

En Abril 6 de 1752 Don Juan José Quezada Yélez de Cor- 
dova dio muerte con una daga ó puñal que tenia preparado 
al ñor. Don Juan Bautista Jiménez Aspe y Dasa» Regidor, 
Fiel ejecutor y teniente de Corregidor y Justicia Mayor ac- 
tual de la villa de Moquegtia, hijo legítimo de Don Juan Ji- 
ménez Urbano y Ortega y de Doña Paula Aspe y Dasa; y en 
el mismo instante y con el mismo puñal dio muerte á su le- 
gítima mujer, Doña Fil otea Roa y Carbajal Vélez de Córdo- 
va,casaday velada con dicho capitán Don Juan José de Que- 
zada Vélez de Córdova. Éste hijo legítimo del Alférez Don 
Andrés de Quezada Rodríguez de Ves y de Doña Jordana Vé- 
lez de Córdova Salgado y Araujo;y dicha Doña Filotea Roa 



NOTICIA DE MOQUEGÜA 335 

hija legítima del capitán Don José de Roa Pérez de Tudela y 
de Doña Clara de Carbajal Vélez de Córdova, por ha. 
berlos pescado 6 encontrado á las 6 de la mañana de di- 
cho día adulterando in fraganti rfe/ito, para cuyo efecto esta 
taba preparado y buscando ocasión mucho tiempo antes. 

Se enterró dicho Fiel ejecutor y Justicia mayor el 7 de 
Abril de 1752 por la mañana, en la iglesia del orden de Pre- 
dicadores de esta villa. Edad, 54 años. 

Se enterró el cadáver de Doña Pilotea el 7 de Abril por 
la tarde, en la iglesia Matriz de esta vilia. Edad, 30 años. 
Ambos entierros de cruz alta. 

Dicho Capitán Don Juan José Quezada Vélez de Córdo- 
va fué libre en todos los tribunales de estas dos muertes, y 
pocos años después se casó y veló con Doña Celedonia Zega- 
rra en la ciudad de Arequipa. 

El suceso fué en la casa de la esquina de la pla^a de esta 
villa, frente al reloj de la iglesia Matriz, al lado de la dere- 
cha, hacia arriba, casa que es hoy de Don José Chocano Fer- 
nández Cornejo, 



HEREDEROS Ó PRIMEROS VINATEROS DE ESTE PUEBLO DE SE- 
ÑORA SANTA CATALINA DE MOQUEGÜA, AÑO DE 1597. 

Dn. Alonso de Estrada y Vizcarra 

Dn. Diego Fernández de Córdova 

Dn. Diego Fernández Godines Maldonado 

Dn. Alonso Fernández Andrada 

Dn. Pedro Ladrón de Guevara, el mozo 

Dn. Bernabé Vélez de Córdova 

Dn. Juan de Dios Ochoa 

Dn. Antonio Delgado de Ábriego 

D*. María de Sepálveda 

Dn. Diego Fernández Dávila 

Dn. Pedro Cancino 

La viña Espacalaque 

Dn. Nicolás Hernández 

Dn. Hernán Paria 

Dn. Diego Velázquez 

Dn. Bernabé Rivera Yillalta 



336 REVISTA HISTÓRICA 



Dn. Alonso de Vargas Carbajal 

Dn. Andrés de Espinosa Velásquez 

Dn. Diego de Ochoa 

Dn. Ramón Pares 

Dn. Juan de Dios de Escobar 

Dn. Cristóbal Pérez Cugate 

Dn. Juanes de Zaconeta 

Dn. Pedro Pablo 

Dn. Francisco Corso 

Dn. Manuel de Acosta 

Dn. Diego Fernández Talayera 

Dn. Juan Cancino y Bilbao. 

Tales son los hacendados de viña en 1597, y tales son 
las familias en tiempo que esto era pueblo, las que subsis- 
tían al tiempo de la fundación de la villa en 1625, y muchas 
de ellas subsisten hasta el presente año de 1840 años. 

Es cuanto por ahora puedo exponer de la erección y 
creación de este pueblo, villa y ciudad de Moquegua. He 
omitido otros sucesos por la brevedad del tiempo, por sa- 
lud que no tengo y que me falta que leer mucho. 

Moquegua, y Julio 31 de 1840. 

Dr. JuXn Antonio Montenegro y Ubaldi. 



• > ♦ c > 



EL CORREGIMIENTO DE SAÑA 

Y 

EL PROBLEMA HISTÓRICO DE U FUNDACIÓN DE TRUJILLO 

II 

[Continuaciónl 

Por este tiempo, en 1526, don Francisco Pizarro,tras re- 
petidas contrariedades, superadas con inquebrantable cons- 
tancia, entró, siguiendo rumbo al Sur en el golfo de Guaya- 
quil. De la isla del Muerto, á la que puso por nombre San- 
ta Clara, y donde encontró lisonjeros indicios de la opu- 
lencia del país, pa«ó con su nave al puerto de Tumbes, re- 
conociendo en su travesía una flota de cinco barcas, mon- 
tadas por guerreros tumbesinos, y que iban á atacar á sus 
eternos rivales los isleños de Puna. 

La aparición de la nave española en el puerto de Tum- 
bes fué un acontecimiento estupendo, muy en armonía con 
la trascendencia memorable que tal hecho estaba llamado 
á tt^ner en la historia. 

Tumbesinos y españoles al verse por primera vez, se con- 
templaron con profunda admiración. Hallándose distin- 
tos, con rasgos de idéntica novedad las dos razas, agenas 
á toda prevención, se miraron sin desconfianza ni recelo. 
Revelando sorpresa igual se saludaron en términos amisto- 
sos y con muestras manifiestas de alegría. 

Las primeras relaciones entre indios y españoles se ini- 
ciaron bajo el pie de la más perfecta cordialidad, bajo la más 
grata impresión. Pizarro y sus compañeroa abandonaron el 
puerto de Tumbes, haciendo rumbo al Sur en demanda de la 

7 



338 REVISTA HISTÓRICA 



ciudad de Chincha, cuya riqueza y suntuosidad pondera- 
ban de acuerdo los naturales. 

Doblada la punta de Cabo Blanco, se reconoció la her- 
mosa bahía de Paita, mostrada por un muchacho indígena 
que con ese objeto les habían proporcionado en Tumbes. De 
allí pasaron al Sur al puerto de Tangarará, probablemente 
Colán, donde vinieron al buque muchas balsas con provisio- 
nes. Siguiendo al Sur, llegaron los españoles hasta las cos- 
tas de la provincia actual de Santa. Cerca de las Islas de 
Lobos se oyeron bramidos espantosos, pero habiendo reco- 
nocido dichas islas, se averiguó que procedían de una mul- 
titud asombrosa de lobos que se hallaban reunidos allí; y 
por último, atendiendo reclamos de la tropa, que deseaba re- 
gresar á. Panamá, alegando que ya se habían recogido no- 
ticias bastantes del territorio, se emprendió viaie de vuelta. 

A poco, mientras se preparaba la expedición española 
llamada á invadir el territorio peruano con elementos mili- 
tares de alguna consideración, estalló la guerra entre Ata- 
huallpa y Huáscar. 

Habiendo muerto el Curaca ó Cacique de los Cañaris, 
su hijo y sucesor, con el voto de los principales de la pro- 
vincia, reconoció la soberanía de Huáscar. El rey de Quito 
atacó á los cañaris, tratándolos como á rebeldes y los del 
Cuzco acudieron en auxilio de éstos. Yupanqui, general cuz- 
queño, derrotó á Atahuallpa y lo hizo prisionero; pero bur- 
lados por una mujer sus guardianes, pudo el rej" fugarse de 
la prisión y obtener su libertad. Regresó á Quito, reanimó 
á sus parciales y con un nuevo ejército logró vencer en Am- 
bato las troas de su rival, dispersándolas y quedando due- 
ño y señor de esas provincias, hasta Paita. 

Reorganizadas sus tropas, á las que la victoria había 
envpJentonado, se dividieron en dos cuerpos. Uno recorrió 
los pueblosdel Norte, bajo las inmediatas órdenes del rey, y el 
otro avanzó hacia el Sur, mandado por el general Calcuchí- 
mac, sin encontrar mayor resistencia á sus armas vencedo- 
ras, hasta las inmediaciones mismas del Cuzco. El Gober- 
nador ó Cacique de Tumbes, cuando el ejército del Norte se 
internaba para Cajamarca, salió personalmente al encuen- 
tro de Atahuallpa y lo trajo á sus pro vincias con una parte 



KL CORREGIMIENTO DE SANA 339 

del ejército, para atacar á sus vecinos de Puna, que perma- 
necían fieles al emperador del Cuzco. Mandó Atahuallpa tra- 
bajar gran número de balsas y mientras terminaba tales 
preparativos, ordenó á sus capitanes expedicionaran por el 
interior, donde en pocos meses sometieron Caxamalca, Cha- 
chapoyas y Moyobamba. 

Cuando estuvo lista la flota de balsas, se embarcó Ata- 
huallpa con doce mil hombres, haciendo rumbo á Puna. Los 
isleños estaban esparcidos. Salieron á encontrarle hasta la 
mitad del Golfo. Trabóse terrible combate entre ambas ma- 
rinas y Atahuallpa caj-ó herido gravemente, circunstancia 
que le impidió perseguir á los isleños que se retiraron triun- 
fantes. El rey herido fué llevado á Caxamalca y sus tropas 
se desalentaron. Los isleños entonces emprendieron sobre 
Tumbes, tomaron la ciudad, la saquearon é hicieron 600 
prisioneros. 

Mientras tanto, el ejército de Quito á órdenes del gene- 
ral Calcuchímac, avanzaba camino del Cuzco. En la llanu- 
ra de Quipaypan se libró la batalla y la victoria se decidió 
por aquel. Huáscar fué hecho prisionero. 

El rey de Quito para aprovechar mqor su triunfo, orde- 
nó que el general Quizquiz ocupara el Cuzco y que Calcuchí- 
mac, con el emperador cautivo se replegara á la posición 
central de Xauja. Tomó la borla imperial y se apresuró á 
recibir homenajes como único soberano. 

¡Ya estaba Pizarro en el Perú, y para los hijos del Sol, 
se acercaba el momento de su caída ! 

La hecatombe de Caxamalca poco se haría esperar ! 

El rey de Quito, temeroso de que su hermano Huáscar, 
podría ser muy útil para instrumento de los conquistadores 
por su carácter blando y flexible, se resolvió apartarse de 
una vez de aquel estorbo, condenándolo á la pena capital. 
Sus órdenes fueron puntualmente ejecutadas, y el desdicha- 
do príncipe fué ahogado, según se dijo, en el río de Andamar- 
ca, declarando al tiempo de espirar que los blancos venga- 
rían su muerte y que su ríval no le sobreviviría mucho tiem, 
po (1). Así pereció el desgraciado Huáscar, el heredero 

(1) A de Herrera, Hist. General Dic. 5 lib. 3, cap. 2. 
Xerez, Conq. del Perú, lib. 2, cap. 6. 
Naharro, Relación Sumaria, 



340 REVISTA HISTÓRICA 



legítimo del trono de los Incas, y pocos meses después le 
tocó su turno á su hermano el usurpador, cuja ejecución 
tuvo lugar en la plaza de Caxamalca en la noche dei 29 de 
Agosto de 1533, noche en la que se le aplicó la infamante 
pena del garrote. ¡De esta manera y como un vil malhechor 
pereció el rey de Quito, el último de los Incas! (1). 

El último Régulo independiente del Gran Chimú que res- 
pondía al nombre Chimú Cancho, al reconocerse á mediados 
del siglo XIII tributario del Emperador Pachacútec Inca, 
El Hazañoso, era señor de ocho dilatados valles, el primero 
de ellos daba principio en Haramonga y el último en Tum- 
bes. Esos valles eran conocidos con los nombres siguientes: 

Valle de Saña, 

„ „ Collique, 

„ „ Centu, 

„ „ Tucmi, 

„ „ Sallanca, 

„ „ Mutupi, 

„ „ Puchin, 

„ „ Sullana; y 
Tierra adentro. 

Garcilaso en sus Comentarios Reales, tomo I, pág. 304, 
señala, además, los lugares de Chunana, Chintui, Collan- 
che y Ya cual. 

Chanchán queda en el promedio entre Trujillo y Huan- 
chaco y tenía casi una legua de circuito, con un caserío con- 
tinuado é interrumpido á trechos por terrenos de labranza, 
cuyos surcos se notan en el día. Allí abundan las Huacas, 
que son hipogeos ó montículos que se han formado á mano 
sobre palacios y templos, y que ocultan grandes tesoros, 
siendo las más notables la de Toledo; la de Concha que 
perteneció á don Miguel Concha y Mansuvillaga; la de la 
Misa y la del Obispo, que es de piedra y la más grande 
de todas, y que dista media legua de la de Concha. Se supo- 
ne que hay un pasadizo ó comunicación subterránea que dis- 
ta tres leguas de Trujillo. Según el padre Calancha se sacó 
mucho de la huaca menor llamada Tosca, en él camino de 



(1) Prescott, Conq. del Pera, tomo I, pág. 549. 



EL CORREGIMIENTO DE SAÑA 341 

Huanchaco; y Escobar Corchuelo extrajo de ellas más de 
sesenta mil pesos, sin lo que ocultaron del quinto del Rey. 
En 160Í2 se trabajaba la huaca más grande y se estrajo un 
ídolo ó figura de oro, en forma de obispo, de donde es proba- 
ble le venga el dictado de Huaca del Obispo. Al este de 
Trujillo,á tres cuartos de legua de la ciudad, hay otra huaca 
que se llama El Templo del Sol, y que parece haber tenido 
cerca casa para las vestales [acllahuasi];de allí se divisan la 
ciudad, el valle y el mar. 

El templo del Sol fué hecho en tres días, según la tradi- 
ción, por 200,000 indios que debieron acudir de toda la co- 
marca. Hánse sacado de él en oro y plata grandes riquezas. 
Manifestaron unos de que S. M. llevó 104,000 ducados por, 
el quinto. ¡Algo escondería la codicia y mucho repartiría 
la adulación! (1). 

Allá por los años de 1619, vecinos y soldados trabaja- 
ron con agua para derrumbar esa huaca; y fué de allí de 
donde Martín de Astete, entonces teniente gobernador de la 
villa de Trujülo, extrajo antes del 6 de Noviembre de 1535 
cosa de cien mil pesos y una silla de oro con perlas, que des- 
hizo (2). 

La huaca de Yomayqcgvan [por otro nombre el Peje Chi- 
co] se llama de Toledo porque el español don Garci Gutiérrez 
de Toledo la trabajó por indicación de su compadre don An- 
tonio Chaihuac Casamusa, primer cacique cristiano entre 
los descendientes de Chimú, Chuman Canchuy el que con 
sus compañeros tuvo que expiar siete años en la cárcel el des- 
cubrimiento que hizo. 

Explotada esta huaca produjo al rey por quintos, del 
22 de Julio de 1577 al 12 de Julio del siguiente año 58,527 
castellanos de oro. y 27.020 en 1592, en barras, tteos, ani- 
males y diversas figuras de oro. Por manera que avalúan- 
do el peso 6 castellano de oro en once pesos setentisiete cen- 
tavos [Lp. 2-12-6], los 85,578 pesos de oro darían un 
resultado aproximativo de un millón siete mil pesos de á 



(1) Entre los muchos cronistas que se han ocupado de las riquezas 
del Chimú figura el R. P. de Calancha, Crónicade San Agustín, lib 2, cap. 
35, p4g. 485. 

(2) Mendoza Colección de Documentos Inéditos, tomo X, pág. 312. 



342 REVISTA HISTÓRICA 



48 peniques (1), y esto sin fijarse en la gran diferencia que 
el valor de esas obras de arte en metales preciosos represen- 
tarían tal vez el quintuplo 6 séxtuplo de su valor (2). Y 
como hubo fraudes en la extracción del quinto que al rev 
correspondía, no es aventurado asegurar, que el oro encon- 
trado en esa huaca sumaría otro millón más de duros. Si 
bien es cierto que los historiadores difieren en la cantidad 
extraída de sólo la huaca de Toledo, es porque no vieron 
las partidas originales de los asientos hechos en orden 
cronológico en los libros de las Reales Cajas de Trujillo; de 
manera que, según esos datos, el historiador Lecuanda ava- 
lúa el quinto en 135,541 pesos de oro, cuyo valor intrínsico 
era de 1,595 317 pesos 57 cen. de 48 peniques. 



« 
• * 

El asiento de la corte del Chimú fué el lugar conocido 
hoy con el nombre de Chanchán. La esposa del monarca 
era designada con el nombre deCAacma, de donde vino el de 
Chicama impuesto al valle. El verdadero dominio del Chi- 
mú se extendía, en los días de la conquista, á los valles de 
Parwuncca [Patihuillca], Huarmi [Huarmici], Saeta [San- 
ta], Huanapu [Guañape] y Chimú. Existían allí Pacatna- 
mu] Pacasmayo, Lloc [San Pedro], Saña, Chungala, Chan- 
chán y otras poblaciones. 

Entre los vasallos del Chimú era una insignia de nobleza 
llevar como una aureola tras de la cabeza y sostenida por 
el llauto. la imagen de la luna y adoraban al ídolo Hua- 
mancantac derramándole chicha en la plaza y ayunándole 
(3). Prescindiremos ahora de ocuparnos del ídolo Cata- 
quilla^ venerado en Huamachuco, y de los ritos y ceremonias 
de los indios de estas regiones, porque sería desviamos del 
objeto, y respecto al idioma hemos dicho anteriormente que 
"aunque hubo tres ó cuatro linajes de generaciones de estos 

(1) Clemencín de la Real Academia de la Historia de Madrid, tomo 
6 de las Memorias de la Academia. 

(2) Robertson. Historia de América, tomo I. 

(3) A. de Calancha. Crónica de San Aguztiny tomo 2, cap. XI, pág. 
374. 



EL CORREGIMIENTO DE SAÑA 343 

Yungas, todos ellos hablaban una lengua, tenían unos ritos 
y usaban unas costumbres'*; y el cronista Cieza de León 
afirma de los indios de los llanos "que en parte nunca pudie- 
ron los más de ellos aprender la lengua del Cuzco'* lo que co- 
rrobora Garcilaso al decir que en el valle de Trujillo habla- 
ban los naturales en lengua propia y despreciaban la del 
Cuzco [1]; y el cronista Oviedo asegura que **desde Piura á 
Trujillo se hablaba la lengua Mochica,etc. (2) (Véase JoséT. 
Polo, **Apuntes sobre Trujillo y sus obispos", en el tomo X, 
pág. 347 de los Documentos literarios de Odriozola.) 

La ciudad de Truxillo, que por su posición topográfica, 
sus elementos de civilización, sus ferrocarriles, puertos prin- 
cipales con magníficos muelles, sus valiosos valles con ha- 
ciendas muy bien labradas y demás circunstancias, ha sido 
justamente, y en día no lejano está llamado á ser capital de 
todos los pueblos del norte, es en la actualidad capital del 
Departamento de la Libertad y asiento episcopal; queda á 
63 metros de altura sobre el nivel del mar, 8^ 7' 16'' latitud 
Sur y á 1° 56' 39" longitud occidental del meridiano de 
Lima; se halla al N. de^Lima á 88 leguas comunes de ésta, 
dista tres leguas más 6 menos al puerto principal de Salave- 
rry y dos al pterto de Huanchaco, que dejó de serlo prin- 
cipal por su tasca ó barra peligrosa; y dos millas del mar de 
Huamán. Su diferencia en tiempo con respecto á Lima es 
de 7'33" habiendo observado el rectificador doctor Maw, en 
Diciembre de 1827, que su temperatura era de 66^ á 76°. 

La ciudad de Trujillo, cuyo plano según se ha dicho 
fué levantado por Miguel de Estete, medía entonces mil 
seiscientas treinticuatro varas de ancho y cosa de tres 
millas de extensión y esa fué el área que se encerró dentro de 
sus antiguas murallas en 1685-1687: tiene 56 manzanas 
con 224 cuadras y más de 1850 casas, entre grandes y peque- 
ñas, fuera de lo poblado en los nuevos barrios de San Loren- 
zo y Moche, que antes fueron extra-muros de la ciudad. Se 
divide en cuatro cuartetes, dos al E. y dos al O., cuyas líneas 
divisorias son las calles que corren de la antigua portada de 
Mansiche á Mindívil (ósea el Tambo), y de la portada de 

[1] Garcilaso, Com. Real, lib, 7, cap II. 
[2] Oviedo. Historia de ¡as Indias^ tomo lY, pág. 224. 



344 REVISTA HISTÓRICA 



Huamán al Paseo de aguas 6 caja del estanque. £1 cuartel 
donde se halla el Seminario y la casa de Gallos es el prime- 
ro, San Lorenzo el 2.°, San Sebastián el H^ y la Compañía 
el 4.^ El ancho de las calles varía de 11 á 13 varas y el largo 
por lo regular es de 130 varas. Ei clima es cálido, seco y 
saludable, el terreno arenoso y la campiña que rodea la ciu- 
dad muy fértil, produce la mejor caña de azúcar, arroz, 
trigo, cebada, maíz, etc., etc. y frutas muy esquisitas y agra- 
dables al paladar. 

Trujillo que se fundó un mes doce días antes que la ciu- 
dad de Lima, como se verá poi: el documento que irá más 
adelante, mereció que el Emperador Carlos V y su ma- 
dre doña Juana I de Castilla, por cédula fechada en Va- 
lladolid el 23 de Noviembre de 1537, y expedida á solicitud 
del Procurador General del Perú don Francisco de Zevallos, 
le otorgase título de ciudad y por otra cédula fechada en 
Valladolid el 7 de Diciembre del mismo año de 37, se le con- 
cedió escudo de armas y un cabildo, con un alcalde provin- 
cial y otro de aguas, doce regidores, un defensor de menores 
y un procurador general; gracia que se otorgó después á 
Lima por cédulas de 7 de Diciembre de 1537. El timbre y 
divisa de escudo concedido á Trujillo constituía: escudo, en 
campo azul abrazado por un grifo, con corona imperial 
cerrada que forma la cimera, y el águila, también imperial, 
de un cuello, tendidas las alas, mostrando pies y garras; en 
el centro sobre aguas de mar, dos columnas blancas y azu- 
les, en las que reposan una corona real y otra imperial de 
oro, dos bastones cruzados que bajan de lo alto de las 
columnas y tocan en su base, formando una aspa de San 
Andrés; y al extremo, en el triángulo inferior, que forman los 
bastones, y casi al pie de las aguas del mar, la letra K, ini- 
cial en alemán del nombre de Carlos V. 

El Cabildo secular de Trujilo obtubo del rey el dictado 
de ilustre y era costumbre que al venir al Perú los Virreyes 
presentaran su nombramiento y provisiones reales á dicha 
corporación, y que le exijieran obediencia, jurando ante 
ellos acatar los fueros y prerrogativas de la ciudad: de los 
libros de Cabildo aparece que así lo hicieron el Marqués de 
Cañete, el señor don Francisco de Toledo; el Conde ue 



EL CORREGIMIENTO DE SAÑA. 345 

Monterrey, el Marqués de Montes Claros, el Príncipe de 
Squilache, etc., etc. 

La población de Trujillo en 1575 era de: 

Blancos 1.017 

Mestizos 925 

Indios 1.094 

Negros 1.073 

Total 4.109 



Esa misma ciudad en el censo de 1701 tenía 9,286 habi- 
tantes de todas castas, y por el censo que se hizo en 1876 
subió la masa de pobladores á 10,436 vecinos. 

Los ochenta vecinos fundadores de Trujillo en 1534, 
respondían á los nombres de: 

* Agüero Diego de (1) 
Aguilar Juan de 
Alcántara Francisco Luís de 
Alvarando Alonso de (el Mariscal) 
Arana Gaspar de 

Aranda Francisco de 

Astete ó Estete Martín de, primer teniente de Goberna- 
dor por Pizarro de la villa de Trujillo— 1^ de Enero de 1536 
á 1^ de Febrero de 1536. 

Atienza Blas 

Badajoz Francisco de 

Balboa Náñez de 

Beníus Félix del 

Banda Gaspar de la 

* Barbarán Juan de 

Cabanas Bartolomé (carpintero) 
Calderón Lozano Francisco (bachiller) 



(1) Andrés de Obregón, Escribano del Ayuntamiento de Trujillo con 
fecha 17 de Octubre de 1670 certifica que don Diego fué regidor del Cabildo 
desde 3 de Febrero de 1536. Archivo del General Buendía M. S. 

(♦) Este signo indica las personas que se hallaron en el rescate de Ata- 
hualpa el 17 de Junio de 1533. — Mendiburu — Dic. Híst, Bio^, T III 
págs. 378 á 382. * ' ' 

8 



1 



346 REVISTA HISTÓRICA 



Calderón Juan ! 

Cansino Francisco 

Castellanos Gaspar 

Criado de la Calle Manuel 

Chacón Andrés 

Carrasco Alonso 

Cuadrado Antón 

Chacón de Lara Juan 

Chacón Juan Julio 

Cha vez García de 

Escobar Marcos (hermano del Capitán Diego de Mora) 

• Estete Miguel (el delineador de la villa de Trujillo, cuyo 
plano levantó de orden de Almagro el 26 de Diciembre de 
1534). 

Fernández Pedro 

Gonzalo de Ayala Pedro, (1er encomendero de Chicla- 
yo, 8 de Febrero de 1536), 

González Alonso 

González Pedro (Escribano que extendió d acta de la 
fundación de Trujillo el 6 de Diciembre de 1534). 

González Miguel 

Jiménez Diego 

Jiménez Pedro 

Lazcano Pérez de Francisco 

La Torre Juan de (¿el viejo?) 

Lescano Caona Pedro 

López de Córdova Juan (1er. escribano del Cabildo de 
la villa de Trujillo, 3 de Febrero de 1536), 

• Lozano Rodrigo (Regidor de Trujillo y su Corregidor en 
1570). 

Mora Diego de (fué Corregidor en 1548). 

• Morales F. Alfonso de 
Montenegro Fernando de 
Martín Diego de 
Marañón Sancho de 

Nieto Alonso Gutiérrez (padre de don García el que des- 
cubrió las célebres huacas^ de Toledo^ de que se lia hecho 
mención anteriormente.) 



EL CORREGIMIENTO DE SANA S47 

Holguín Pedro García Alvarez de (2'=' Teniente de Gober- 
nador de la villa de Trujillo en 1536) 

Osorno Alonso 

Osorno Juan 

Pacheco Pedro (Corregidor de Trujillo en 1557), 

Pancorbo Diego 

Picado Antonio (Secretario de Francisco Pizarro) 

Pizarro de la Rúa Alonso . 

Porras Nicolás de 

Roldan de Avila Juan 

Roldan Francisco (negro esclavo de Juan y el que libró 
á Almagro del Cacique de las Piedras— vivía en Trujilo en 
156Í). 

Roldan Luís 

Rodríguez Baltazar 

Rodríguez Malpartida Antonio 

Ríos Pedro de los 

* Ruíz de Alarcón Juan 

Rvd. Padre Juan Rodríguez, de la orden de Predicado- 
res (ayudó á la misa que celebró fray Tomás de San Martín 
el día de la fundación de Trujillo, 6 de Diciembre de 1534^, 

Juan de San Juan 

Sánchez Luís 

* Sandoval Juan de 

San Martín Tomás de (este Rvdo. padre dijo la misa 
de fundación de Trujillo el 6 de Diciembre de 1534 y fundó la 
primera casa de su orden en Trujillo, la que se hizo priora- 
to en 1579 y fué su primer patrón el Regidor don Pedro Ti- 
noco y Gómez de Rivera, dueño del vínculo Facalá.— El con- 
vento de Santo Domingo de Chicama,fué fundado asimismo 
por fray Tomás de San Martín en 1535 y se elevó á priora- 
to en 1586, correspondiéndole las doctrinas de Santiago d^ 
Chicama, Chocope y Cao, todas como curatos. 

Soraluce Domingo de [XIII de la Isla del Gallo, etc.] 

Serpa Jerónimo de [boticario] 

Sotelo Baltazar 

Tinoco Francisco Gómez de 

Tufeno Diego 

Ugió Sancho de 



348 REVISTA HISTÓRICA 



Ulloa Lorenzo de 
Ureñajuan de 
Yalderrama Pedro 

* Verdugo Melchor [Caballero de la orden de Santiago]. 
Verdejo Diego [Alcalde ordinario de Trujillo en 1541]. 
Valverde Juan 

Viejo Juan 

Villafranca de Lescano Juan 
Villafanes Melchor de 
Zamudio Francisco 
Záñiga Ortiz de Iñigo 

• Vásquez Salvador 

La villa de Trujillo queda en el centro del Chimú á una 
legua Sud-Oestedel río de Moche, que lo fecunda y del que se 
sacan acequias para las huertas y casas de la ciudad, las 
cuales son de piedra y buen edificio de adobes, porque hay 
abundancia de materiales de cal, yeso, madera y piedra (1). 
El dicho río de Moche nace de la cumbre de la Cordillera, en- 
la provincia de Huamachnco, délas lagunas de Huaihuasco- 
cha y de San Lorenzo en los pastos de la hacienda de Porcón: 
desemboca en el Pacífico después de un curso de 22 leguas y 
recibe por la derecha los arroyos de las tierras de Huadalhuar, 
Piedra, Caballera, Cueva, Pillaupina, Sinsicap y Julcán, que 
se unen en el trapiche de Menocucho, de donde viene ya el 
río más caudaloso. Pero en rigor, el origen del río Moche 
es el de Cruz-pampa, que se une con el que pasa por la ha- 
cienda de Motil [hoy de la familia González Orbegoso], for- 
mándose el Cruz-pampa de las lagunas de Cerro Neg^o, que 
son varias, de tres 6 cuatro cuadras de circunferencia las 
principales, y que se hallan á cosa de legua y media de la es- 
tancia de San Felipe, en la Cordillera. 

Para aumentarse las escasas aguas del río Moche se de- 
berían aprovechar las de la laguna de Huadalhuar, como se 
hacía en tiempo de los Incas. Dicha laguna está situada al 
NE. de la de Cerro Negro y á mayor altura; su diámetro se- 
rá de dos millas más 6 menos, la cierran, cerros y coli- 
nas, y aún conserva un muro del tiempo de la gentilidad de 

(1) Juan López de VqIslzqo — Geografía y dtscrípción general de la» 
Indias. 



EL CORREGIMIENTO DB SAÑ^ 349 

cincnenta varas de largo por tres de ancho, con un boque- 
ron ó conducto para el desagüe, pudiendo hacerse que sus 
aguas aumenten las del río Cruz-pampa con inmensas ven- 
tajas para la agricultura [según estudios, se calcula que la 
construcción de los sólidos muros y compuertas que requie- 
re esta obra importante, podría hacerse con 300,000 so- 
les, cuyo gasto se comjjensaría con exceso desde que se irri- 
garían más de 50,000 fanegadas de terrenos, hoy abando- 
nadas é improductivas. 

La atarjea ó acequia principal de la ciudad sale del ríe 
Moche, y de ella y de pozos que hay en algunas casas se 
provee de agua el vecindario. En la actualidad la ciudad es- 
tá alumbrada por luz eléctrica y parte goza ya del agua 
potable por cañerías. 

* 
• • 

Con motivo de la invasión de los corsarios irlandeses 
Eduardo Davis y Rebano Luzan y de otros franceses é in- 
gleses en las costas del Perú, fué Trujillo la tercera ciudad 
amurallada, de 1685 á 1687, después de haberlo sido Car- 
tagena de Indias y el puerto del Callao, cuya obra se prin- 
cipió siendo Alcalde ordinario don José Bernardo de Quiroz. 
La muralla se hizo con baluartes y cortinas, con las cinco 
portadas de Mansiche, Miraflores, de la Sierra, Moche, Gua- 
rnan y el Postigo del Deán. Ascendió su costo á 83,000 pe- 
sos de oro; y dio por esto el Rey las gracias al vecindario, 
por cédula fechada en Madrid, el 29 de Enero de 1689.— 
Cuando don Melchor de Navarra y Rocaíull, Duque de la Pa* 
lata, Príncipede Massay Marqués de Tolvalto, [por su espo- 
sa doña Francisca Tovalto y Aragón] caballero de la orden 
de Alcántara, descendiente de los reyes de Aragón y de Nava- 
rra y de los condes de Barcelona y Flandes etc., etc. fué nom- 
brado Virrey del Perú, al salir de España, trajo orden para 
fortificar Portobello, según el plano que se había aprobado. 
La obra se expediría con la gente de los galeones y buques 
mercantes en el tiempo que se detuviesen allí hasta su re- 
greso á Cádiz. Al disponerse el cumplimiento de mandato 
tan poco meditado, se levantó la mayor resistencia, porque 



350 REVISTA HISTÓRICA 



era evidente que ese trabajo en tan mortífero clima, acaba- 
ría con los obreros europeos y dejaría aquellas naves sin 
tripulación. Los habitantes clamaron también contra esa 
medida y la de ocupar subsidiariamente á los indios para 
semejantes faenasen un país inundado siempre por las aguas. 
El Virrey no consiguió se enviasen negros de Curazao, y de- 
jando trazadas las fortificaciones, ordenó al venirse á Lima 
se comprasen en Jamaica, y continuó activando la obra, pa- 
ra la cual facilitó cuantiosos recursos. Pero las cantidades 
remitidas se aplicaban á otros objetos, y fuera de esto hu- 
bo malversación y no se rendían cuentas. La construcción 
fué lenta y no recibió el adelanto que debiera. La suma gas- 
tada en el período del Duque fué muy corta, comparándola 
con la que se había librado para que avanzara aquel tra- 
bajo y fuese revestido de piedra labrada que asegurase su 
solidez. El Virrey, al solicitar en Lima fondos para la em- 
presa, consiguió que el comercio diese cien mil pesos y bene- 
fició cuatro títulos de Castilla [1] que desde el tiempo del 
Conde de Lemos no habían podido conferirse, los cuales pro- 
dujeron en esta ocasión ciento veinte mil pesos. Sobre este 
proyecto el Duque Virrey facultó al Presidente de Panamá 
don Pedro de Aponte para que se ocupara con empeño en 
dirigirlo y regularizarlo del modo que fuese más acerta- 
do [2]. 

Los peligros á que la ciudad de Lima se consideró ex- 
puesta con las incursiones de los piratas y armadas extran. 
jeras en las costas del Pacífico, despertaron el deseo de ase- 



(1) M. de Mendiburu — Dic. Hist. Biog. del Perú. T. VI. pág. 33. 

(2) Los cuatro títulos beneficiados fueron: 

El de Marqués de Corpa, expedido en San Ildefonso el 12 de Junio de 
1683 para el corregidor del Cuzco don Luís Ibáñez djC Segovia y Peralta, 
natural de España. 

El de Marqués de Santa Lucía de Cocbán, expedido en San Ildefonso 
el 12 de Junio de 1683 para don Francisco de la Cueva y Guzmán, caballe- 
ro de la orden de Calatrava, natural de Lima. 

El de Conde de Castillejo, expedido en San Ildefonso el 12 de Junio de 
1683 para don Diego Atanasio de Carbajal y Vargas, caballero de la orden 
de Santiago, 89 Correo mayor de Indias, etc., natural de Lima. 

El de Marqués de Torre Blanca, expedido en San Ildefonso el 12 de Ju- 
nio de 1683 para el Capitán don Luís de Segovia Peralta y Orellana Luna 
natural de Lima. 



EL CORREGIMIENTO DE SAÑA 351 

gurar una población tan principal, que era el centro del go- 
bierno Y del comercio y el punto de reunión de las riquezas 
del Perú. La idea de fortificarla emper.ó á propagarse desde 
1624, año enque Jacobo L'Heremite Clerk amenazó formal- 
mente al Callao con una escuadra respetable y su numerosa 
infantería de desembarco. Pero decaían los ánimos luego 
que se entraba en la investigación de los gastos que tal pro- 
yecto requería; y ante el grave obstáculo de no haber recur- 
sos para verificarlo, el entusiasmo calmaba, dejando apagar 
las voces de los que creían practicable la obra de hacer á Li- 
ma murallas. El capitán Ferruchs escribió en 1 625, dos dis- 
cursos que quedaron sin publicarse en la librería de Barcia, 
uno sobre amurallar y fortificar esta ciudad [1]. Y el otro 
tratando de si convendría hacer un fuerte en el lugar deno- 
minado la Punta, en el Puerto del Callao. Creemos que el 
examen de estas materias y los dichos escritos se origina- 
ron por las hostilidades del holandés Clerk. 

Gobernando como virrey el Arzobispo don Melchor de 
Liñan por los años de 1679, se celebró una junta con el fin 
de acordar los medios más adoptablesy positivos de proveer 
á la seguridad de esta capital, por entonces alarmada con 
las noticias que circulaban de una próxima invasión de ene- 
migos exteriores. Concurrió á aquella reunión, el Sargento 
general de batalla don Luís Venegas Osorio,natural de Tru- 
jillo, quien manifestó su parecer de que se pensase en la 
construcción de los baluartes y cortinas, con que quedaría 
la ciudad libre de cualquiera ataque. Venegas,á quien su pa- 
dre el capitán de milicias disciplinadas de Trujillo, del mismo 
nombre había mandado hacer sus estudios en España, y re- 
cién llegado de la Península,con fama de buen ingeniero mili- 
tar, mereció que sus opiniones fueran bien acogidas; mas, á 
pesarde todo, reaparecieron los antiguos inconvenientes, co- 
brando mayor fuerza con la oposición tenaz, que contra el 
plan de hacer las murallas, desplegaron los agricultores, cu- 
yas huertas y sembríos estaban al rededor y contiguos á la 
población. Más tarde, y cuando el vecindario de Lima se lle- 
nó de cuidados por el saqueo acababa dé arruinar la ciudad 

[1].— M. de Mendiburu Dic. Hist, Biog, del Perú, t. 6, p. 33. 



352 REVISTA HISTÓRICA 



de Vera-Cruz, la alta capacidad del Duque de la Patata, se 
contrajo á examinar los datos, antiguos planos j apunta- 
mientos que encontró en el archivo del Virreynato, referentes 
á la necesidad de fabricar los muros y el costo que esa obra 
tendría. 

El Virrey, luego que se instruyó de este asunto, adoptó el 
proyecto y lo tomó á su cargo para llevarlo á cabo á tra- 
vés de cuanta contradicción pudiera ofrecerse. Los temores 
de una irrupción repentina tenían conmovida la sociedad de 
tal modo que hasta la gente vulgar fijaba sus esperanzas en 
la edificación de las murallas. Aún la misma oposición pa- 
recía ceder, y someterse al dictamen de la mayoría; el inte- 
rés se generalizó por momentos, y hasta los predicadores 
aconsejaban en sus sermones, se levantasen los muros y to- 
rres para salvaguarda de la ciudad. 

Pasó el Virrey al Cabildo con fecha 29 de Octubre de 
1683, una carta diciéndole: **que meditase y propusiese 
los medios más adecuados y menos onerosos, para efec- 
tuar tan grande obra. Que aun que el rey emplearía con 
con mucho gusto sus tesoros en la defensa de una de sus 
joyas, la coronada ciudad de lo*? Reyes, y en guarda 
de la vida, honor y bienes de sus buenos vasallos, no po- 
día hacerlo en esos tiempos porque los aprietos de la mo- 
narquía en las partes más cercanas al corazón necesita- 
ban de todo el socorro de su Real hacienda". El Ayunta- 
miento propuso al Duque varios arbitrios [1]. El Rey, en cé- 
dula de 15 de Julio de 1685, aprobó el plan de amurallar la 
ciudad, mandó se procediese á verificarlo y autorizó al Vi- 
rrey para que eligiese los arbitrios más seguros con tal 
que rindieran caudal para mantener y reparar la obra en lo 
posterior. 

Tratóse de dar principio á la obra y el Virrey hizo venir 
de Saña al Sarjento mayor general Venegas, que estaba en 
esa ciudad de Corregidor, á fin de que formase el plano co- 
rrespondiente y una instrucción acerca del sistema que con- 
vendría seguir en el trabajo y en la contabilidad. No agra- 



[1].— M, de Mendiburu Dic, Hist. Biog, del Perú, t. 6, p. 34, alli esos ar- 
bi trios. 



EL CORREGIMIENTO DE SAÑA 353 

daron al Duque las teorías del ingeniero corregidor y creyó 
que eran complicadas y muy gravosas, porque demandaban 
muchos empleados, salarios y libros; y así determinó hacer- 
lo todo por conciertos con asentistas. El plano de las mu- 
rallas que formó Venegas, fué trazado y delineado por el 
Dr. D. Juan Ramón Koning, capellán de Palacio, Cosmó- 
grafo y Catedrático de matemáticas. Con sujeción á sus 
reglas se hicieron las tres mil varas de ensayo y norma pa- 
ra conocer los gastos, y se continuó el trabajo con buen or- 
den y economía. Los que esas murallas demandaron fueron 
de cerca de setecientos mil pesos, y para ayuda de ellos se 
beneficiaron once títulos de Castilla, [1] que fueron así mis- 
mismo costeados por corporaciones y vecinos. 



[1].— Los once títulos beneficiados para ayudar á la construcción de 
las murallas de Lima, y que importaron 30,000 pesos cada uno, son los si- 
guientes: 

Conde de la Puebla de los Valles, por Real Cédula iéchadaen el Pardo el 
12 de Diciembre de 1683, para el Excmo. señor don Melchor Liñán y Cisne- 
ros ex- virrey del Pero y Arzobispo de Lima. 

Conde de Santa Ana de las Torres, expedido en San Lorenzo el Recd el 
28 de Mayo de 1684; para don Nicolás Dávalos y Ribera, Caballero de la 
la orden de Calatrava, natural de Lima. 

Marqués de la Pica, expedido en San Ildefonso el 18 de Junio de 1684, 
para don Francisco Bravo de Sara vía y Oyalle Pastene, natural de Chile. 

Conde de Villanueva del Soto, expedido en San Ildefonso el 19 de Agos- 
to de 1686, para Dn. García de Híjar y Mendoza, del orden de Santiago, 
natural de Lima. 

El de Conde de la Vega del Ren, expedido en San Lorenzo el Real, en 4 
de JuUo de 1686, para doña Josefa Zorrilla de la Gándara y Mendoza. 

£1 de Conde de Cartago, expedido en San Lorenzo el Real el 31 de Di- 
ciembre de 1686, para Dn. José Hurtado de Cha vez, natural de la villa de 
Cajamarca. ■ 

El de Marqués de Mon térrico, expedido en el Pardo, el 26 de Marzo de 
1687, para D. Melchor Malo de Molina. 

El de Marqués de San Lorenzo dé Valleumbroso, expedido en el Pardo 
á 26 de Marzo de 1687, para Dn. Diego de Esquí vel y Jara va, natural del 
Cuzco. 

El de Conde de las Lagunas de Chancacalle, expedido en San Ildefonso 
el 29 de Agosto de 1687 para el señor Pedro Peralta y de los Ríos, natural 
del Cuzco. 

El de Conde de Villaseñor, expedido en San Ildefonso por Real Cédula 
de 4 de Agosto de 1687, para don Luís Antonio Bejarano y Fernández de 
Córdova, natural de Lima. 

El de Conde de Olmos, expedido en el Pardo, el 26 de Febrero de 1689, 
para el Maestre de Campo Dn. Juan de Verasátegui y Viniegra, natural de 
Villar del Río, en el obispado de Calahorra, en España. 

Todos los títulos costaron 30,000 pesos cada uno. 
9 



354 REVISTA HISTÓRICA 



El Duque, atendiendo la situación de la ciudad de Tru- 
jillo, llenó la necesidad de cercarla, y precaverla de algún 
acontecimiento á que se animaran los piratas por hallarse 
tan inmediata al mar, y así se edificaron sus murallas con 
mucha diligencia en los años de 1685 á 1687, invirtiéndose 
en esta obra 83,000 pesos m/m. bajo la dirección y reglas 
económicas que dictó el Virrey. El Rey costeó un baluarte y 
el Virrey otro: 15 de éstos y 15 cortinas tenían los citados 
muros (destruidos en 1882 y 1883 por la ocupación chile- 
na), en que el Cabildo y el vecindario, hicieron considerable 
gasto. 

# « 

La ciudad de Trujillo tiene dos parroquias, una de espa- 
fióles, ó del Sagrario, y otra de indios ó de San Sebastián; un 
hospital de hombre y otro de mujere**, y uno fuera de la ciu- 
dad para variolosos, bubónicos y enfermedades contagiosas; 
dos conventos de monjas,de Santa Claray del Carmen; y los 
supresosde religiosos déla Merced, San Francisco,San Agus- 
tín y Beletmitas. El principal á censo de los monasterios 
era, el año 1828, de pesos 252,035; y el de los conventos de 
religiosos de pesos 218,098. 

En los claustros de la Merced funcionan la Corte Supe- 
rior de Justicia y los juzgados de primera Instancia. 

Los conventos supresos de Santo Domingo y de San 
Agustín, sirven, el primero de nueva cárcel pública y el segun- 
do de cuartel para los gendarmes y guardia civil; en el con- 
vento de San Francisco funciona el Colegio Nacional de San 
Juan, para hombres, y en el de la Compañía funciona la Uni- 
versidad menor deja Libertad. 

La Catedral, cuya arquitectura pertenece al orden tos- 
cano, está situada en una esquina de la plaza mayor, miran- 
do al S. E.; es de tres cuerpos: tiene 71 varas de largo por 
31 de ancho y una bóveda en que están sepultados los obis- 
pos. En la torre de la derecha,como quien vá de Mansiche á 
la plaza, hay un antiguo y curioso reloj [1] que marcaba 



[1]— Ese reloj lo mandó colocar en 1784, el Iltmo. señor D. Baltazar 
Jídme Martínez Compañón, Obispo de Trujillo. 



EL CORREGIMIENTO DE SAÑA 355 

las lunaciones. De sus cinco portadas hay tres que dan á 
la plaza, una de las colaterales dá á la calle y la otra comu- 
nicaba con la casa episcopal, que en la actualidad se halla 
en ruinas. El templo está en alto, lo mismo que el atrio 6 
cementerio, y una reja de fierro rodea el costado y frontis- 
picio de aquel. 

Hay un pequeño teatro denominado déla Libertad,cons- 
truido por Don Agustín González Pinillos en 1855; mide 75 
varas de fondo por 22 de frente. 

Trujillo posee dos ferrocarriles; el primero lo pone en rá- 
pida comunicación con el mar y el valle de Chicama^ y se 
prolonga hasta Payján y Ascope. Esa vía principal en el 
puerto de Salaverry, (antes Garita de Moche), á los 8° 14' 
12-" latitud sur, toca en la ciudad y de allí continúa hasta 
Chócope, que casi equidista de los pueblos de Ascope y Pay- 
ján y del Océano, siendo la extensión de dicha línea férrea, 
sin contar los ramales, de 63 y íé kilómetros, de los que es- 
tán enrielados 60. De la gran negociación azucarera cono- 
cida con el nombre de Roma, sale otro ramal, que atraviesa 
las haciendas de esa empresa, y las de Chiclín y Chiquitoy, 
con rumbo á Huanchaco. 

El otro ferrocarril, que se debe á la iniciativa y fortuna 
privada del señor José Ignacio de Chopitea y Luna Victo- 
ria, sale de Salaverry al valle de Santa Catalina, y su tér- 
mino será la pintoresca ciudad de Otuzco. En la actualidad 
tiene 40 kilómetros de línea. 

Trujillo es la capital del Departamento de la Libertad y 
de la provincia de su nombre,que colinda al Sur con el distri- 
to de Moche, al N. con el de Chicama, al E. con Chanquín 
(terrenos de Moche) y al O. con el de Huanchaco. Compren- 
de los pueblos de Huamán, Mansiche y Mampuesto, las al- 
deas de Salaverry y Aranjuez y el caserio de Laredo y Pam- 
pa de Santa Catalina. Tiene siete haciendas y veinte cháca- 
ras. Las haciendas son: Menocucho, Galindo, la Trinidad, 
Quiriquec, Santo Domingo, Laredo y Bambas: las cháca- 
ras son: la Merced, Guatape, Los herederos, Santa Rosa, 
Sacachique, el Conde, Belén, Bonasátegui, la Compañía, 
Quevedo, Santo Dominguito, las Animas, Pesqueda, Palo- 
mar, el Deán, Molino, San José, Buenaventura, el Carmen, 



356 REVISTA HISTÓRICA 



el Palmo, Barrionuevo, Santo Tomás, la Concepción, el Sa- 
litral y Id Esperanza; hay también ocho quintas, que son; 
de Mazan, San Andrés, Huerta grande, Navarrete, la Rua- 
ca y la Intendencia; dos Clubs de tiro al blanco: el Tell y 
el Libertad, rodeados de preciosos parques, y el Club Nacio- 
nal. 

El Marqués de Cañete, Don Andrés Hurtado de Mendo- 
za, á su tránsito por Trujillo, en Mayo de 1556, para hacer- 
se cargo del gobierno del Perú, ordenó se fundase en Truji- 
llo un colegio para los hijos de los- vecinos y señaló 500 pe- 
sos en tributos, para los bachilleres qu^ así se formasen. En 
15 de Septiembre del mismo año, decía el Virrey al Monarca, 
que habían estudiantes en ese plantel [1]. Así es que ese cole- 
gio fué el más antiguo del Perú,, sin excluirlos seminarios 
eclesiásticos. 

Por decreto dictatorial del Libertador Don Simón Bolí- 
var, refrendado por el célebre ministro de estado Sánchez 
Carrión, como presidente del Consejo, expedido en Huama- 
chuco el 10 de Mayo de 1824, se erigió la Universidad, nom- 
brándose rector de ella al Arcediano Doctor Don Carlos Pe- 
demonte. La Universidad se estableció el 12 de Octubre de 
1831, con el dictado de la Libertad y bajo la protección de 
Santo Tomás y Santa Rosa, y solo funcionaba confiriendo 
^ados en uno de los ruinosos claustros de los jesuítas, has- 
ta que se suprimió por ley de 16 de Marzo de 1876, pero se 
volvió á habilitar por otra ley, y en el día funciona en el lo- 
cal conocido con el nombre de la Compañía de Jesús. 

El colegio de educandas se mandó establecer por ley de 

22 de Noviembre de 1845 y se instaló el 10 de Abril de 1849. 
El de hombres, creado por supremo decreto de 18 de Mayo 
de 1854, se fundó con el título de Colegio de San Juan, el 

23 de Agosto del mismo año. 

El 31 de Noviembre de 1831, bendijo el cementerio gene- 
ral de Trujillo el Gobernador eclesiástico Dr. D.Juan Igna- 
cio de Machado, y el 2 de Diciembre se hizo el estreno, con- 
duciéndose á él los restos del Iltmo. señor Dn. Francisco Ja- 



[1] — Mendoza, colee, cit. t. 4, pág. 107. 



EL CORREGIMIBNTO I>B SANA 357 

vier de Luna Victoria, dignísimoObispo que fué de Trujillo, 
cuyos restos yacían en el templo de la Catedral. Esta obra 
se debió al Prefecto del departamento Coronel D. Pablo Dié- 
guez y al Cabildo eclesiástico, que contribuyó eficazmente á 
su realización; y se encargó de ella, como director, el acau- 
dalado comerciante Dn. Alfonso González de \sencio y Báez 
de Tejada. 

De los templos y monasterios que encierra dentro de su 
circuito la ciudad de Trujillo, y de los que he hablado ante- 
riormente, sus cimientos, puede decirse literalmente, se echa- 
ron con la venida del Marqués Dn. F'rancisco Pizarro á Tru- 
jillo, en Febrero de 1536. En consecuencia, se echaron los ci- 
mientos de la Catedral, al propio tiempo que los de la ciu- 
dad, y destruido el edificio por el terremoto de 14 de Febre- 
ro de 1619, día de San Valentín, [1] lo reconstruyó el señor 
Obispo Dn. Marcelo Corni. EÍ 20 de Febrero de 1635 perdió 
su techumbre por otro terremoto que hubo á las 10 y media 
de la noche, comenzándose á reparar dicha iglesia á expen- 
sas del Real tesoro y de sus prelados. Estrenada en 26 de Ju- 
nio de 1666, volvió á arruinarse en parte por el terremoto 
de 2 de Septiembre de 1759, y fué después bien reparada. 

Los RR. PP. fray Martín de Rebolledo y fray Dn. Pe- 
dro de ülloa, hijos de la provincia de Castilla, fundaron el 
templo y convento Mercedario, no en 1533, según asegura 
Salmerón, sino en 1536. {Recuerdos Historíeos^ pág. 291). 

Poco después se fundó el convento de San Francisco de 
la Cruz [2]. Por que en 1535 sólo debió tomarse posesión 
del sitio y hacerse el trazo del edificio, como sucedió con el 
convento dominico, fundado por fray Tomás de San Mar- 
tín, al tiempo que la ciudad,como se ha dicho anteriormente 
[3]. Es lo cierto que en 1540, estaba en fábrica en Trujillo, 
el convento Dominico, que contaba en 1565 con tres religio- 
sos; (Meléndez Tesoros dé Indias t. 1 pags. 96 y 399) y en 
1575, según Juan López de Velazco, Geografía y descrip- 



[1].— José Toribio Polo, Apuntes sobre Trujillo y sus obispos.en los Do- 
cumentos literarios de Odriozola, tomo X, p. 347. 

[2].— Cieza de León; aunaue el R. P. Córdova afirma que fué al pro- 
pio tiempo de la fundación de la Ciudad, Crónica libro VI, cap. I, pág. 541. 

[3].— Torres Saldamando, Cabildos de Lima, parte 2* pág. 272. 



358 REVISTA HISTÓRICA 



ción Universal p&g. J-eQ dice: "Hay en Trujillo un monaste- 
** rio francisco con seis religiosos profesos; otro de doraini- 
'* eos con otros seis,* otro de agustinos con ocho y otro de la 
** Merced etc.". 

El hospital de San Sebastián lo fundó el Iltmo. Arzobis- 
po de Lima don fray Jerónimo de Loayza, por los anos de 
1551. 

El convento de San Agustín se fundó de 1558; siendo 
sus insignes benefactores Don Juan de Sandoval y Doña 
Florencia de Mora, hija fuera de matrimonio, del célebre ca- 
pitán español Diego de Mora, Corregidor de Trujillo en 
1548 [1], encomenderos de Huamachuco. El primer prior 
de San Agustín respondía al nombre de fray Dn. Diego Gu- 
tiérrez, y fueron sus compañeros de claustro Dn. fray Luís 
López y fray Diego de Aguilar. 

La creación del colegio é iglesia de la Compañía de Je- 
sús se autorizó por real cédula, su fecha en Madrid á 8 de 
Abril de 1627, mandada cumplir por el Virrey Marqués de 
Guadalcázar en el Callao el 4 de Septiembre del mismo año,á 
petición del padre Alonso Fuertes de Herrera, procurador 
general de la Compañía. Tuvo por fundador á Don Juan de 
Avendaño 3' Gamarra, vecino de Trujillo, quien dio con ese 
objeto su valiosa estancia Yagón y ganados; cooperó mu- 
cho á esa fábrica el más tarde Obispo de Trujillo limo. Se- 
ñor Don Carlos Marcelo Comí. 

El Convento de Beletmitas existe desde 1680. 

El monasterio de monjas de velo negro de Santa Ma- 
ría de la Gracia de Santa Clara, se fundó por el Virrey Con- 
de de Villar-Don-Pardo, con licencia del Arzobispo de Lima 
Santo Toribio Alfonso de Mogrovejo, con fondos del Rey y 
20,000 pesos que dieron los vecinos. S.M. aprobó la funda- 
ción. Las religiosas fundadoras, salidas del convento de 
Santa Clara de Huamanga, fueron: la abadesa Sor. Isabel 
Arias de Bobadilla, natural del Cuzco; Sor. Catharina Ro- 
bles de los Angeles (sobrina de Santo Toribio), y Sor. Ana 



[1].— Dr. D. Nicolás Rebaza, Anales del Departamento de la Libertad. 
—Trujillo 1898, 



BL CORREGIMIE^^TO DE SAÑ.\ 359 

Carrillo de la Concepción; llegaron á Trujillo el 27 de Mar- 
ZQ de 1587 con el padre dominico fray Francisco de Cabre- 
ra, Procurador de Corte, de conocida santidad, y los veci- 
nos de Trujillo las recibieron aparatosamente. El 12 de 
Agosto de ese año se hizo el estreno y el 18 de Agosto de 
1595 se trasladó el convento á otro sitio, con licencia del 
Virrey Don García Hurtado de Mendoza, Marqués de Cañe- 
te, á causa de que el local ocupado primeramente era hóme- 
do, malsano y falto de agua [1], Destruido el edificio por el 
terremoto de 1619, fué restaurado con las limosnas del Rtiy 
y del vecindario. 

La recolección de Carmelitas Descalzas de Santa Teresa 
se inauguró el 5 de Diciembre de 1724. 



« • 

Los terremotos, tan frecuentes en el Perú, y sobre todo 
en la costa, han hecho sentir sus estragos en Trujillo. Pero 
los más terribles han sido los de 1619, 1725 y 2 de Sep- 
tiembre de 1759. El primero de ellos se verificó á la 11 y 
media de la mañana, jueves después de ceniza, y dejó en tie- 
rra todos los edificios; procurando los habitantes conster- 
nados fundar la ciudad en las Pampas de Santa Catalina, 
que distan cerca de media legua de Trujillo. El movimien- 
to se extendió á más de 300 leguas de N. á S. en los llanos 
y más de 60 leguas de E. á O. Demolió desde sus cimientos 
los edificios, despedazó cerros, brotaron manantiales de 
agua, se descubrió el curso subterráneo de algunos ríos y se 
formaron lagunas y cuevas. Quedaron enterradas 130 per- 
sonas; pero los muertos, se hacen ascender á 350 perso- 
nas, como resultados del temblor. Durante 15 días no de- 
jaba de temblar la tierra, en cada uno de ellos una, dos ó 
tres veces, y sobrevino después una plaga de grillos- y rato- 
nes bermejos, como refiere un testigo presencial, el ya citado 
padre fray D. A. de la Calancha [2]. 



[1].-C 
[2].-E 



-Córdova Crónic^a Franciscana, libro V, cap. 10 pág. 457. 
-El R. P. fray D. Antonio de la Calancha, agustino; véase Córdova 
Crónica Franciscana^ libro 3, cap. 9, pág. 188. 



360 REVISTA HISTÓRICA 



Esta catástrofe se afírma que faé predicha por San 
Francisco Solano, el apóstol de las Indias, cuando diez 
y seis años antes predicó en Trujillo, el 12 de Noviembre 
de 1603. Se refiere también que el terremoto de 14 de Fe- 
brero de 1619, que ocasionó tantas muertes, sepultó bajo 
sus ruinas muchas riquezas. 

Sufrió mucho con las lluvias abundantes de 1578 de las 
que me ocuparé en el capítulo de "Citatoria y emplazamien- 
to en forma etc, etc". Así mismo todo el departamento con 
las inundaciones de los años 1624,1701, 1720, 1728 y otras 
que sería largo enumerar. 

• 
• « 

Al concluir el virreynato, la antigua intendencia dé Tni- 
jillo fué declarada departamento por decreto dictatorial de 
12 de Febrero de 1821, expedido en Huaura, 

La intendencia comprendía siete partidos ó provincias: 
Trujillo, Lambayeque, (antes Saña), Huamachuco, C^irazy 
Chachapoyas, con cinco ciudades, dos villas, nueve pueblos 
y ochenta y siete parroquias. Llegaba hasta los 3^ 17' lati- 
tud austral, confinando con la provincia y gobierno de 
Guayaquil de la Capitanía General de Quito; hasta que se 
dictó la ley de 9 de Marzo de 1825 que le dio el nombre de 
Departamento de la Libertad. 

Trujillo fué la primera ciudad que en el Perú proclamó 
su emancipación política de España, el 29 de Diciembre de 
1821, (después de las poblaciones de Huacra, hoy Pueblo li- 
bre en la provincia de Huaylas y Lambayeque). Este acto 
solemne se verificó por los señores Intendente de la provin- 
cia Don José Bernardo Tagle, Marqués de Torre-Tagle y por 
el Alcalde de primer voto Don Manuel Cabero de Francia y 
Bernardo de Quiroz Muñoz, Marqués de Bellavista, y por 
otras muchas personas notables del lugar. 

Por la citada ley de 9 de Marzo de 1826, después de ha- 
ber dado á la provincia de Trujillo el glorioso dictado de 
Departamento de la Libertad, se le agregaron las provin- 
cias de Jaén y Mainas y Chota. Por decreto dictatorial del 
Libertador Simón Bolivar, expedido en Trujillo en Marzo 



EL CORREGIMIENTO DE SAÑA 361 

26 de 1824, se declaró á Trujillo capital provisoria de la 
República, mientran se libertase Lima de la dominación 
española y aún que se ausentase de Trujillo el LÜDertador. 
Por otro decreto de igual fecha se mandó establecer allí una 
Corte Superior de Justicia, con un presidente, dos vocales, 
un fiscal y se instaló dicha corte el 30 de Abril de 1824. 

Hasta la ley de 9 de Marzo de 1825 tenía por límites los 
que tenía su diócesis, y hoy queda reducido á los siguien- 
tes: por el Norte el departamento de Lambayeque y parte 
del de Cajamarca; por el Sur, el de Ancachs, el río Santa, 
ta, por el Este el de Amazonas, y por el Oeste el mar Pacífi» 
co; desde los 7° 10' hasta los 9° 57' latitud. 

La antigua ciudad de Trujillo es hoy la capital del De* 
partamento, que consta de las siguientes provincias: 

Huamachuco con..... 35,703 habitantes 

Otuzco 28,881 

Pacasmayo 13,816 „ 

Pataz 27.748 

Trujillo 25,788 „ 

Total de habitantes 131,936 

Está comprendido entre los 7° 10' y 8° 57' latitud y los 
79° 10' y 82° 5' de longitud, formando una superficie como 
de 1568 leguas cuadradas, que,comparada con su población, 
resulta con poco más de 84 habitantes por legua cuadrada. 

Su territorio puede considerarse dividido por tres zonas 
distintas: la primera de la cost^, hasta las faldas de la gran 
Cordillera; la segunda,de la Cordillera; y la tercera de la ho- 
ya, entre la Cordillera principal del O. 3' otro ramal de la 
misma, que corre por la derecha del río Marañón y paralela 
con éste. En lá primera zona se encuentran todos los pro- 
ductos y temperamentos de la costa; la segunda toda es 
sierra fría, llena de ricos minerales de plata, cobre, hierro, 
etc, etc; en la tercera se enct^entran los productos de la cos- 
ta, en las orillas del Marañón y muchos minerales de oro, 
plata, etc, etc, en la sierra, como más extensamente se dice 
al describir cada una de las provincias de este Departamen- 
10 



362 REVISTA HISTÓRICA 



to. Su región hidrográfica está repartida en Oriental 3'- Occi- 
dental; corresponden á la primera el río Marañón 3' sus tri- 
butarios; y á la segunda los ríos de Chicama, Moche, Virú y 
Santa, que la fertilizan. 

Un prefecto está encargado del mando político del de- 
partamento de la Libertad. La Corte Superior de Justicia 
extiende su jurisdicción en todo el departamento y en el de 
Lamba^'eque. En lo eclesiástico, forma una diócesis que com- 
prende también los departamentos de Piura, Cnjamarca y 
Lambayeque. Fué erigida por Bula de Paulo V, expedida 
en Roma, bajo el anillo del Pescador, en 20 de Julio de 1609. 
Antes de expedirse esta Bula fueron electos dos obispos, que 
no llegaron á tomar posesión de la silla. 

Es un timbre de honor para Trujillo que en ella se hubie- 
se dado, expontáneamente, la libertad á los esclavos antes 
de la revolución de 1854. El señor vocal de la Corte de Tru- 
jillo Doctor don Alfonso González de Asencio y Martínez de 
Pinillos, con fecha 23 de Enero de 1852, manumitió genero- 
samente á 130 esclavos de sus haciendas de Ncpén y Cajan- 
leque. 

Trujillo cuenta entre sus hijos más ilustres y notables, á 
don Manuel Cabero y Muñoz, antiguo Marqués de Bella- 
vista, que encendido en heroico patriotismo, sacrificó en aras 
de su patria, su vida, honores 3^ hacienda al proclamar co- 
mo Alcalde ordinario de Trujillo, su emancipación política el 
el 29 de Diciembre de 1820; á los Ilustrísimos prelados don 
Carlos Marcelo Corni, que lo fué de Trujillo, á don Juan Ca- 
bero de Toledo, del orden de Calatrava, Obispo de las igle- 
sias de Santa Cruz de la Sierra y de Arequipa; al Doc- 
tor don Tomás Diéguez de Florencio, Sedamanos y Roldan 
Dávila, Obispo de Trujillo; al célebre jurisconsulto don Fran- 
cisco Carrasco del Saz; á los venerables padres .\lonso de 
Saldaña, del orden de San Agustín; fra3' Luís Galindode San 
Román, mercenario; al padre Miguel de Ribera, oratoriano; 
el virtuoso Deán don Juan López de Saavedra, 3^, en fin, 
otros muchos hijos ilustres, á quienes mencionaremos al es- 
cribir la monografía histórica 3' genealógica de Trujillo. 

» 



(1) Polo, Apuntes sobre Trujillo y sus obispos. 



EL CORREGIMIENTO DE SAÑA 363 



El Pacificador del Perú» Licenciado don Pedro de la Gas- 
ea, hizo el señalamiento de los límites de la diócesis, exten- 
diéndose la de Quito desde el río Ma\^o, donde terminaba la 
de Popa\'án (cerca de 2° de latitud Norte), hasta 6° de la- 
titud Sur, comprendiendo aquella: Pasto, Quito, Jaén de 
Bracamoros y San Miguel de Piura (1), y principiando de 
allí la arquidiócesis, que abrazaba más de la mitad del te- 
rritorio actual de la República y que confinaba con el obis- 
pado del Cuzco. 

El primer obispo de Lima, D. fray Gerónimo de Loayza, 
pidió á la corona se dividiese su iglesia, ya por la gran exten- 
sión territorial, ya por el aumento de la grey; lo que tam- 
bién solicitó del Monarca el Virrey Marqués de Cañete en 3 
de Noviembre de 1556, proponiendo se erigiese una diócesis 
en Trujillo (2). Convencido de esta necesidad el Sumo 
Pontífice Gregorio XIII, mandó erigir este obispado por 
Bula de 15 de Abril de 1577, lo que no se llevó á efecto por 
no haber tomado posesión de su silla los primeros obispos 
nombrados. (Así el libro de erección de esta diócesis, y To- 
rrubia en su Crónica franciscana. Frasso.por error, dice que 
fué en Septiembre: De Regio Ptronatu Indiarum, Madrid 
1775, tomo I, capítulo XIX, N. 33, página 122; Mendoza, 
colección citada, tomo 8, página 4-0). 

A fin de realizarlo, el Cabildo de Trujillo se dirigió con 
este objeto, en 1607, á las cortes de Madrid y Roma, por 
conducto dei R. P. fray (ionzalo Díaz Piñeiro, del orden de 
San Agustín, definidor nombrado por el j:apítulo general 
de su orden (3). El Rey don Felipe III insistió con igual 
propósito ante su Santidad Paulo V, y éste expidió una Bu- 
la, confirmando la erección de Gregorio XIII el 29 de Octu- 
bre de 1609. 

Por cédula fechada en Madrid el 20 de Agosto de 1611 
se ordenó al Virrey Marqués de Móntesela ros, don Juan de 
Mendoza y Luna, que desmembrase este obispado de los de 
Lima y Quito; hizo la demarcación de acuerdo con el Arzo- 
bispo Lobo Guerrero y el Obispo electo de Quito, Doctor don 
Fernando Arias de Ugarte, librando auto para la división el 

(1) Cevallos, Hist. del Ecuador T. I pág 504 

(2) Mendoza, Documentos Inéditos para la Hist. de Esp. T. III, p. 119. 

(3) Calancha, Crónica citada. T, I, x^ág. 488. 



364 REVISTA HISTÓRICA 



17 de Agosto de 1613. Se hizo ésta por el mismo Virrey' el 
24- de Marzo de 1614, formándose el obispado de los corre- 
gimientos de Trujillo, Chiclayo, Saña, Cajamarca, Chacha- 
poyas y Moyobamba, Luya y Chilhios, Paellas, Cajamar- 
quilla 3' Piura, con 108 curatos: 53 de clérigos 3' 55 de regula- 
res, y teniendo el obispo como renta anual 11,400 pesos. El 
auto de erección lo puso el Obispo don fray Francisco Díaz de 
Cabrera el 14 de Octubre de 1610. y lo autorizo su secretario 
donjuán Ponce de León, dedicando la iglesia ala Concepción 
Inmaculada de María Santísima. Fué aprobado este auto por 
real cédula de 25 de Febrero de 1624, su lecha en Córdoba, y 
se notificó al señor don Carlos Marcelo Corni, dignísimo Obis- 
po entonces; porque» con motivo del terremoto de 14 de Fe- 
brero de 1619, terremoto de triste recordación, llamado de 
San Valentín, que redujo á escombros A Trujillo, el Ilustrí- 
simo señor Cabrera se trasladó con su cabildo á Lambaye- 
que, y, por auto de 10 de Marzo de 1619, estableció en esta 
ciudad su Sede. El Virrey Príncipe de Esquilache dispuso 
que se restituj-ese á Trujillo, pero su Ilustrísima el Obispo 
murió en Lamba \'eque el 25 de Abril de 1619 (1). 

El Doctor don Francisco Díaz de Cabrera, déla orden 
de Predicadores, natural de los reinos de Córdova en Espa- 
ña, hijo legítimo de don Pablo Díaz de Cabrera y de doña 
María Luisa de Córdova, fué colegial de Santo Tomás de 
Sevilla, profesó en la ciudad de su nacimiento el 5 de Sep- 
tiembre de 1574 en manos del parroquial fray Alonso Ca- 
rrillo y Sotomayor, y desempeñó los cargos de lector de Ar- 
tes y Teología en el convento de Granada, maestro de su 
orden 3^ prior de Osuna y Córdova. Electo como IX obis- 
po de Puerto Rico, pasó allí en 1610 y fué promovido 
á Trujillo por Su Santidad el 6 de Octubre de 1614. El R. P. 
dominico fray don Pedro de Luque, tomó en su nombre, po- 
sesión de esta iglesia el 27 de Febrero de 1616 (2); y su Ilus- 
trísima lo hizo personalmente el sábado 3 de Marzo siguien- 
te, saliendo á recibirlo á Mansiche el Corregidor y justicia 
mayor, maestre de campo General don Alvaro Cabero y 
González de Avila, cabildos, regimiento y caballeros nom- 

[1] Federico Villarreal, Excursión al río de Lamhayeque^ en la Re- 
vista ríe Ciencias. 

[2] Poli), obra citada, págs. 347 y siguientes. 



EL CORREGIMIENTO DE SAÑA 365 



brados, que le condtjjeron con repiques de campanas 3' gran 
aparato á su Catedral, á cantar el Te-Deum. Habiendo eri- 
gido su iglesia el 14 de Octubre del mismo año (1616), so- 
brevino á poco el espantoso terremoto, del que hemos ha- 
blado anteriormente. 

La erección de la diócesis de Trujillo abraza todo lo re- 
lativo al gobierno y servicio de la nueva iglesia, división y 
repartimiento de sus frutos, número de prebendas, ministros 
y oficiales que debía haber, y todo lo conveniente al culto 
divino: siendo conforme el auto de erección á los de las igle- 
sias de Cuzco y Lima, y que se sujetaron al ceremonial de la 
de Sevilla. El primer cabildo que se celebró después deman- 
dada erigir la ^diócesis fué el de 9 de Marzo de 1616, con el 
Licenciado don Juan de la Torre y Escobar, el Arcediano 
Doctor don Miguel de Salinas, y los canónigos licenciados 
don Luís de Paz y don Juan de Solís San Martín. El Deán 
La Torre, cuando esta parte del territorio dependía del Ar- 
zobispado de Lima, fué nombrado Vicario eclesiástico de ella 
por Santo Toribio. 

Al erigirse el obispado de Maynas, por cédula de 15 de 
Julio de 1802, se le quitaron al de Trujillo las parroquiasVIe 
Lamas, Moyobamba y Santiago de las Montañas. 

La ley de 29 de Julio de 1831 dispuso que se separasen 
de la diócesis de Trujillo las provincias de Chachapoyas y 
Pataz y que se incorporasen á la de Maynas. El Santísimo 
Padre, por Breve de 15 de Agosto de 1835, encomendó al se- 
ñor Arzobispo de Lima Doctor don Jorge Benavente, la for- 
mación del proceso canónico con vista de las preces que con 
tal objeto dirigió al Gobierno del Perú, y que más tarde 
fueron reiteradas. Por el fin, el Papa Gregorio XVI, por Bu- 
la Ex Sublimi Petri Specala, expedida en Roma el 6 de Junio 
de 1843, confirmó la desmembración del obispado de Trujillo 
y la agregación al de Chachapoyas de las provincias antes 
dichas, poniéndose el exequátur á esa Bula el 22 de Septiem- 
bre de 1844-. Se cuentan 44 prelados en las dípticas de es- 
ta iglesia: 28 que la han regido después de consagrados y 
16 electos no consagrados, ó que no llegaron aposesionarse. 

* 
# # 



36G REVISTA HISTÓRICA 



Xo hemos podido resistir ala tentación de hacer cono- 
cer á nuestros lectores la cédula de Carlos V, fechada en Va- 
lladolid y refrendada por su secretario Juan Vásquezde Mo- 
lina, concediendo escudo de armas á la ciudad de Trujillo 
del Perú. Esa cédula su tenor es el siguiente: 

No hemos podido resistir á la tentación de hacer cono- 
cer á nuestros lectores la cédula de Carlos V fechada en Va- 
lladolid y refrendada por su secretario Juan Vázques de Mo- 
lina, concediendo escudo de armas & la ciudad de Trujillo del 
Perú, esa cédula, es del tenor el siguiente: 

**Don Carlos, por la Divina Clemencia, Emperador de 
Romanos, augusto Rey de Alemania, é doña Juana su ma- 
dre, y el mismo don Carlos por la gracia de Dios, Reyes de 
Castilla, de León, de Aragón, de las dos Sicilias, de Hieru- 
salem, de Navarra, de Galicia, de Granada, de Toledo, de Va- 
lencia, de Mallorca, de Sevilla, de Córcega, de Murcia, dejaén, 
deCórdova,dclosAlgarves, de Algaciras, deGibraltar,de las 
Islas de Canaria, de las Indias, Islas y Tierrafirme de Mar 
Océano; Condes de Barcelona, señores de Vizcaya y de Mo 
lina, Duques de Atenas y Neopatria, Condes de Rosellón v 
Cerdania, Marqueses de Aristán y de Gociano, Archidu 
ques de Austria, Duques de Borgoña y de Bravante, Con 
des de Flandes y Tirol etc. Por cuanto Fernando de Ce 
vallos, en nombre de los vecinos é moradores de la Cib 
dad 'de Truxillo, que es en la provincia de la Nueva Cas 
tilla llamada Perú, nos ha hecho relación que ellos se 
han hallado en la conquista de la dicha provincia» donde nos 
han servido en todas las cosas que se han ofrecido y pa- 
sado en ellas muchos peligros é trabajos y que con deseo 
de continuar nuestro servicio ha hecho y poblado la dicha 
cibdad de Truxillo, donde al presente viven é mortm, y mu- 
chos de ellos tienen sus mugeres y casas de asiento, y Nos, 
habemos mandado nombrar é hecho merced á algunos de los 
vtónos de los oficios de rexiraiento della, é mandándola lla- 
mar é intitular Cibdad de Truxillo; é nos suplicó é pidió por 
merced que acatandlo que los dichos vecinos nos han servido 
en laconquista de ladicha provincia,y nos sirven en ladicha 
población, mandásemos dar armas ala dicha cibdad, según y 
como las tienen las otras cibdades, ó como la nuestra merced 



EL GORREGIMIENTO DE SANA 367 

fuese é Nos acatando lo susodicho, tuvímoslopor bien, é por 
la presente hacemos merced é queremos y mandamos que a- 
gora y de aquí adelante, la dicha cibdad de Truxillo hnya y 
tenga por armas conocidas un escudo dentro del cual estén 
dos colunas, sobre aguas azules y blancas, y encima de 
ellas una Corona de re3'', de oro, cercada de perlas y pie- 
dras, con dos bastones qtie abracen las dichas dos colunas 
y salgan por arriba por dentro de la dicha corona, y en me- 
dio de las dichas colunas esté una líT de oro, que es la pri- 
mera letra de mi nombre propio de mi el Rc}-, en cam- 
po azul; y por timbre encima del escudo un grifo que mire 
á la mano derecha y abrace el dicho escudo, según que aquí 
van figuradas y pintadas.—Dada en Valladolid, á los siete 
días del mes de Diciembre año del nacimiento de nuestro 
Salvador Jesucristo, de mil y quinientos treinta y siete años. 

Yo El Rey. 

Yo Juan Vásquez de Molina, Secretario de su Cesárea 
Cathólica Magestad la fice escribir por su mandado. 

« 
* * 

Más arriba dejamos apuntado el día en que se delineó 
la ciudad de Trujillo y ceremonias que con tal motivo se 
hicieron. La carta del Marques Pizarro que vá en seguida, 
deja ya plenamente esclarecido que no fué él el fundador de 
Trujillo, como hasta ahora se creía. (1) 

"Sacra, Católica, Cesárea Magestad: 

Por que con Antonio Navarro contador de Vuestra Ma- 
gestad, que fué destos reinos, le hice larga relación de to- 
do lo que hasta entonces había de que darla á Vuestra Ma- 
gestad y lo habrá visto, por cumplir siempre con lo que á 
vuestro real servicio debo y deseo que sea avisado de todo 
lo que en estos reinos pasa y se ofrece, escribo esta agora 
para dar cuenta á Vuestra Magestad de todo lo que des- 



[1] Archivo de Indias.— Patronato.-f-Medina,— Colección de (locumci:- 
tos para la Historia de Chile. 



368 REVISTA HISTÓRICA 



pues ha subcedido con la venida de Alvarado á esta tierra, 
y no lo he hecho antes, porque no había navio, por que es- 
toy sirviendo á Vuestra Magestad la tierra adentro, paci- 
ficándola y poblándola en nombre de Vuestra Magestad; y 
así diré que estando el Mariscal don Diego de Almagro con 
cierta gente en la provincia de Quito, conquistándola, entró 
Alvarado en la misma tierra, diciendo ser gobernador de 
ella y del Cuzco, que yo tengo poblado y pacífico, é otras co- 
sas que era más alteración que no de hacer vuestro real ser- 
vicio; y como el Mariscal tenia los más de los indios de la 
tierra pacíficos y debajo del amparo y obediencia de Vuestra 
Magestad, y tuvo nueva que andaba Alvarado destruyendo 
los naturales de la tierra y haciéndoles muchos daños, en- 
vióle á requerir, en nombre de Vuestra Magestad, que no con- 
sintiese ni diese lugar á que fuesen maltratados los indios 
que estaban en paz, y otras cosas que convenían para la 
quietud de la tierra y convenientes á la buena pacificación y 
población de ella y sociego de los españoles vasallos de Vues- 
tra Magestad, y que en ella estaban, y como Alvarado traía 
la intención desasosegada y venía inquieto, cobdicioso de go- 
bernar estas partes por fuerza ó como pudiese, respondió 
ciertas cosas enderezadas en deservicio de Vuestra Mages- 
tad; y no obstante que por parte del Mariscal se tuvieron 
con él todos los cumplimientos que le pareció necesarios pa- 
ra estorbar el rompimiento á que quería dar lugar Alvara- 
do que hobiese, poniue conoció de mi siempre tener este de- 
seo, y por conformarse con mi voluntad y hacer lo que le 
mandé, por que con paz fuese Vuestra Magestad servido y 
estorbar por mi parte la guerra, por que ansí convenia al 
aumento y pacificación destos reinos, por que no habiéndo- 
la, no podría Vuestra Magestad ser de mí bien servido co- 
mo yo querría, pensando Alvarado apoderarse de esta tie- 
rra y tomar por allí la entrada en ella para poseer lo demás, 
estando el Mariscal en una ciudad que tenía poblada en 
nombre de Vuestra Magestad, con ciertos españoles, pos- 
puestos todos los medios que con él había tratado que le 
parecía convenibles para que cesasen escándalos, mueve Al- 
varado ejército de trescientos hombres de pié y de caballo, 
bien armados 3^ apercibidos, y viénese á la ciudad para apo- 



EL CORREGIMIENTO DE SAÑA 369 

derarse de ella á su voluntad, y llegó á ponerse junto á ella, 
encima de un cerro; y como el Mariscal fuese avisado de su 
venida 3' que quería prenderlo, para defenderse de él y estor- 
bar que no efectuase su propósito, pues tanto era Vuestra 
Magestad dello servido, apercibió su gente lo mejor que pu- 
do y teniendo delante los ojos e{ servicio de Dios y á Vues- 
tra Alagestad, y la paz y sociego de los cristianos que con 
él estaban, usó con Al varado todos los medios que le pare- 
ció más convenientes para aseguralle; fué Nuestro Señor ser- 
vido que en aquella hora le convenciese para que se quisiese 
aposentar cerca de la ciudad, do el quiso y tuvo por bien, y 
que darían orden de entrellos, y viendo el Mariscal que los 
españoles de ambas partes estaban tan alterados, cre3'endo 
que no cesarían aquellos movimientos, por que estaba la 
cosa en tanta discordia que pensaba perderse; sintiendo los 
daños que se podían seguir en la tierra \^ temiendo la muer- 
te de los cristianos que se podían ofrecer, si no se buscaban 
medios por do hobiese paz, 3^ se estorbasen, propuso con Al- 
varado los mejores que pudo, 3" después de haberlos mirado 
y platicado en ellos 3' que no podía por aquella vía conven- 
cerle para que se dejase del interés que parecía traer, pare- 
cióle al Mariscal que con cobdicia de dineros podía ganar 
con él la quietud que él deseaba que hubiese en lá tierra, y 
plugo á Nuestro Señor que, como esto le puso delante, de 
asosegalle 3' ponelle en razón, y que se concluyese allí la paz 
por que le prometió que daríamos por el armada que traía, 
que no vale treinta mil castellanos de oro, cien mil; como es- 
to y lo demás Vuestra Magestad había sabido por la rela- 
ción que de todo el Mariscal hizo desde San Miguel, que yo 
aquí no digo por no dar á Vuestra Magestad importunidad 
con más larga escritura, y. puesto que nos cuesta todo lo 
que hemos ganado en servicio de Vuestra Magestad por te- 
ner toda concordia 3' mejor poder servir, he dado 3' do3'' in- 
finitas gracias á Nuestro Señor, y he habido mucha alegría 
en fenecer cosa que tanta revuelta y alteración había pues- 
to en este reino, acabado sin muerte ni daño de españales y 
con tanta paz; por que confío en Dios (¡ue con su a3'uda y 
favor en la buenaventura de Vuestra Magestad se descu. 
brirá con los navios por esta Mar del Sur otro nuevo reino, 

11 



370 RBVISTA HISTÓRICA 



como lo pongo por obra, de do se tenga de mí por mnv ser- 
vido; y ansí vino Alvarado y el Mariscal en mucha confor- 
midad á esta provincia de Pachacámac á verse conmigo, do 
recibió sus dineros y lo despaché con toda brevedad y lo en- 
vié ¿5 su gol^ernación de Guatemala en un navio, por que así 
me pareció que convenía al servicio de Vuestra Magestad; y 
hecho esto, voy al Cuzco <1 reformar aquel pueblo y ver to- 
da la tierríi para hacer relación verdadera á Vuestra Ma- 
gestad, por vista de ojos. En la provincia de Quito tengo 
fundadas, en nombre de Vuestra Magestad, la ciudad de 
Santiago y la villa de San Francisco, y se fundarán todos los 
otros pueblos que ser pudiere, por que es muj' buena tierra 
y donde tengo por cierto que Dios 3' Vuestra Magestad se- 
rán muy servidos; y aunque los indios desta provincia es 
mucha gente y muy belicosa y ha habido grandes recuen- 
tros, ha sido Nuestro Señor servido qne la mayor parte de 
ella esté pacífica y debajo de la obediencia de Vuestra Ma- 
gestad, sin que haya habido muerte de españoles". 

**En esta costa de la Mar del Sur, en la provincia de 
Santa, he poblado en nombre de Vuestra Magestad, la vi- 
lla de Trujillo. La villa la fundó el Adelantado don Diego 
de Almagro el miércoles G de Diciembre de 1534, estan- 
do de tránsito A Pachacámac, en parte que será uno de 
los frescos y honrados y provechosos y bien poblado y 
proveído de las cosas necesarias para la población y sus- 
tentación del que hay poblado en esta tierra, porque tie- 
ne buen puerto cerca del y está en comarca que hay muy 
ricas minas de oro, y en parte que puedan servir en él los 
indios de la Sierra y los de los Llanos sin trabajo. Plega á 
Nuestro Señor se haya fecho en tan buena hora, que reciba 
desta villa Vuestra Magestad el servicio que yo deseo hacer; 
y á la provincia de Puerto Viejo de enviado un capitán pa- 
ra que en nombre de Vuestra Magestad funde en ella una 
villa, por que es buena tierra.'* 

" Con Antonio Navarro, contador de estos reinos, en- 
vié á pedir y suplicar & Vuestra Magestad me hiciese mer 
ced de proveerme é darme con la gobernación que tengo 
el Cuzco, con todas las provincias y tierras quél señoreaba, 
por ser esta la cabeza y principal señorío de toda esta tic- 



EL CORREGIMIENTO DE SAÑA 371 

rra, y conviene al servicio de Vuestra Magestad que todo se 
incluya en una gobernación, por que estando apartado el 
Cuzco desta gobernación, no se puede gobernar ni sostener, 
como convenía al servicio de Vuestra Magestad y al au- 
mento y población della; y como yo le suplico á Vuestra 
Magestad lo mande proveer, será muy servido y yo lo reci- 
biré por galardón de mis trabajos y gastos que he hecho 
en vuestro real servicio; por lo ganar, como lo tengo gana- 
do y poblado y pacificado y es y será dello Vuestra Mages- 
tad muy servido. Muy humildemente suplico á Vuestra 
Magestad, si no está proveído, lo mande proveer, como yo 
lo espero, así por lo que he servido como por lo que espero 
servir y gastar esta poca de vida que me queda en vuestro 
real servicio; y en todo loque de mi parte dijere Lope deldiá- 
quez, criado de Vuestra Magestad, le manda aar entero cré- 
dito, por que como persona ante quien ha pasado las cosas 
de acá, y va á hacerle dellas relación, lo hará con toda ver- 
dad. '' 

** Ya habrá sabido Vuestra Magestad, cómo Don Fer- 
nando de Luque, Obispo y protector desta gol^ernación, es 
fellecido, y el salario que Vuestra Magestad manda dar con 
este oficio sería excusado, siendo servido que se haga en es- 
ta tierra, como se ha hecho en CastiHa del Oro, que lo usa- 
ban los tenientes de gobernador en cada pueblo, había buen 
recaudo en el buen tratamiento de los indios, y acá se pue- 
de hacer proveyéndolo Vuestra Magestad, pues también se 
hará justicia á los indios y excusaría este salario y costa. 
Nuestro Señor vuestra Sacra, Católica, Cesárea Magestad 
guarde y prospere bienaventuradamente con mucha paz y 
obediencia del universo. Deste pueblo de Pachacámac, pri- 
mero de Enero de mil quinientos treinta y cinco años. 
De vuestra Sacra, Católica, Cesárea Magestad, muy hu- 
milde criado y vasallo, que loa muy reales pies y manos de 
Vuestra Magestad beso. 

Francisco P/zarro.— (Hay una rúbrica.) 



372 REVISTA HISTÓRICA 

Pizarro llego á Trujillo hacia principios de 1536 y fundó 
luego el cabildo de la nueva ciudad, como se verá por el ac- 
ta que publicamos en seguida: 

"En el pueblo de Cauchan del Cacique Chiniü, jueves que 
se cuentan tres días del mes de Febrero año de myle quin- 
yentos etrenyta é ceys, en este dicho día se juntaron en ca- 
bildo en presencia demy el dicho escribano y testigo yuso 
escripto, el dicho señor gobernador dixo: que al servicio deS. 
M. y al buen Regimyento de la dicha cibdad y admynistra- 
cionde la justicia Real della conviene nombrar alcaldes é 
Regidores, et en nombre de S. M. dixo: que nombrabay nom- 
bró por alcaldes de la dicha villa de Truxillo al capitán 
diegodcmora é al Maesedecampo Blasdeatienza, e para re- 
gidores al capitán Joan Roldandeavila, capitán Lorenzo 
deUlloa, capitán Alonsofelizdemorales, capitán Dominicus 
desoralucee (Caballero de Espuelas doradas y XIII de la 
isla del Gallo) á Melchorverdugo, (Caballero de la Orden 
de Santiago), al capitán diego de agüero; al aférez Francisco 
Luís dealcántara, al capitán juandesandoval, al capitán 
Alonso Pizarrodelarua y capitán Andreschacón á los qua- 
les y acada uno dellos dixo: que daba é dio todo poder cum- 
plido para usar yexercer los dichos oficios desde agora has- 
ta en fin deste presente "año de quinyentos e treynta é ceys 
de alcaldes é Regidores de la dicha cibdad que presentes se 
hallaron el dicho señor gobernador thomó é Recibió jura- 
mento por dios y por Santa maría sóbrela señal de la Cruz 
enque cadauno dellos pusyeron sus manos derechas Corpo- 
raímente é x)orlas palabras de los santos evangelios,doqui^r 
que más largamente están escritos é bien é fielmente como 
buenos é fieles criptianos themerosos de dios é servidores de 
S. M. usarán yexecerán los dichos oficios que dellos y acá 
da uno dellos por el dicho señor gabernador en nombre de 
S. M., le son encargados este dicho presente año, myrando 
lo que conviene al servicio de S. M. é al bien epro común de 
la dicha villa 6 vecinos é moradores della é obedecerán y 
cumplyrán las provisyones é mandamientos de su Maggd. 
é de dicho Garcia de Olguín mi theniente de governador, en 
su Real nombre; é guardarán los secretos del cabildo y los 
dichos alcaldes admynistrarán justicia sya llevar cohechos 



EL CORREGIMIENTO DE SAÑA 373 

ni derechos demacyados é que en todo ansv los dichos al- 
caldes como los Regidores harán y cunipl3''rán aquello que 
deben segund que son obligp.dos, los cuales dixeron sv juro 
amen Respondiendo á la conclusión de dicho juramento. 
E luego el dicho señor governador dio 3" entregó dos varas 
de justicia ennombre de S. M. á los dychos diegodemora 
é Blasdeat3'en2a para que las traA'gan 3' usen los dichos ofi- 
cios este dicho año, segund dichoes, 3' á ellos y á los dichos 
Regidores dixo que los avía é uvo por recibidos en los di- 
chos oficios 3' al uso 3'exercicio dellos; 3' p3-di6am3% el dicho 
escribano, se lo de así por testimon3'0 testigo Jvan de llerena 
é diego de tufj'no, pcdro de Córdova, escribano de sumagd. 
é de cabildo. {S6) 

francisco piznrro— {hay una rubrica.) 

De los señores alcaldes y regidores del primer cabildo 
de Trujillo, no dejaron descendencia los siguientes: 

Capitán Diego de Mora, Alfonso Francisco Luís de Al- 
cántara. 

Capitán Juan de Sandoval que, aun cuando fue casado 
con hija natural del Capitán Diego dt Mora, ambos falle- 
cieron sin sucesión. 

Capitán Alonso Pizarro de la Rúa (cuya sucesión no 
conozco) y el Capitán Andrés Chacón. 

Marco A. Cabero. 

{Se continuará,) 



(S6) Blas de Aticiiza, Juan Ruldán Davila, Lorenzo de Ulloa, Alonso 
Félix de Morales, Domin^ifo de Soraluce, Melchor Verdugo y Diego de 
Agüero, dejaron ilustre descendencia de la que me ocuparé cuando escriba 
la monografía genealógica de Trujillo. 



♦->í^»i<5;tf^-i'^«t^w<P3;tf-*<->í^>k*^w-**-^^t>)»^^ 



iios n^locls^dor^s dibiomáticos feer-uanos y colombianos 
We 1521 f)asta 1530. 



El tratado de 1829 ajustado, en Guayaquil, entre Co- 
lombia y el Perú, y un protocolo que aparece extendido á mé- 
rito del artículo 5.° del mismo tratado, en Lima, en el año 
siguiente, constituyen los argumentos esenciales de la defensa 
del Ecuador en el negocio de límites con nuestro país que 
ha de ser resuelto, en Madrid, por decisión arbitral de S. M. el 
Rey de España. 

En la última Memoria que presenta al Congreso de Qui- 
to el ex-Ministro de Relaciones Exteriores doctor don 
Miguel Val verde (1), leemos estos conceptos: **Creo que ha 
llegado el momento de poner punto final á tan infundadas 
pretensiones (las pretensiones son los derechos del Perú), 
bien sea por la esperada resolución del Real Arbitro, bien 
porque es ya indispensable que el Ecuador exija el reconoci- 
miento de la línea del Amazonas, dtsde la frontera del Bra- 
sil hasta la boca del Chinchipe, en cumplimiento del acuer- 
do internacional contenido en el protocolo Pedemonte- 
Mosquera, celebrado en observancia del tratado de 1829. 
El protocolo á que me refiero, publicado por primera vez en 
el Ecuador y totalmente desconocido hasta hace poco por el 
Gobierno ecuatoriano, fué descubierto por nuestro muy inte- 



(1) Quito 1905, p. XI. 



LOS NEGOCIADORBS DIPLOMÁTICOS 375 

, f — . , — 

ligente y muy recomendable Encargado de Negocios en Lima 
doctor don Augusto Aguirre Aparicio (2), y es hoy, después 
del tratado de 1829, el más importante de los documentos 
ecuatorianos y el título indiscutible de nuestro derecho de 
posesión sobre la margen izquierda del Amazonas." 

• El señor Valverdc inserta, íntegro, el protocolo, no en 
los anexos, sino en el texto de la Memoria, á causa de la 
importancia excepcional que le atribuye. De las certificacio- 
nes puestas al pie, se deduce que uno de los originales estuvo 
en el archivo de la Legación de Colombia en Lima; que, en 
1870, se tomó una copia auténtica por el Ministro residente 
en las Repúblicas del Pacífico, don Teodoro Valenzuela; y 
que, en 1893, se envió otra copia de Quito á Lima, en la 
que están las firmas del Jefe de la Sección Primera del 
Ministerio del Ramo don Francisco Ruiz y del Sub-Secre- 
tario don A. Villamar. 

En la Colección de tratados del Pera de que es autor 
el doctor don Ricardo Aranda (3), no figura el protocolo 
Pedemonte-Mosquera; tampoco lo hemos visto en las Me- 
morias que conocemos de la Cancillería peruana, ni en los 
periódicos oficiales, ó no oficiales, de la época; y no existe 
en los archivos de Lima, Bogotá }' Quito. Lo expuesto 
ha hecho surgir graves dudas acerca de su autenticidad, que 
sólo el Ecuador puede disipar, exhibiendo el documento ori- 
ginal. 

En los documentos diplomáticos de que hablamos, se 
señala como base de los derechos del Ecuador, el uti possi- 
detis de 1810, ó sean los límites de los Vireinatos de Nue- 
va Granada y del Perú. 



(2) Bl verdadero descubridor fué el doctor don Francisco X. A^fuirre 
Jado, Jefe de la Legación, de la que vino como Secretario el señor Aguirre 
Aparicio. Entre algunos folletos que aquel adquirió, pertenecientes á la bi- 
blioteca del doctor don Francisco Rosas, cayó en sus manos uno, publicado 
imprudentemente, aunque con el carácter de reservado y para uso exclusivo 
de los Representantes á Congreso, por nuestra Cancillería. En ese folleto es- 
taba el protocolo. 

(3) Lima 1892. Los actos diplomáticos con Colombia corresponden 
al tomo III, que lleva la letra C. La no inserción del protocolo en este 
tomo, motivó una reclamación, que no tuvo consecuencias, del Encargado 
de Negocios, hoy Plenipotenciario de Colombia en el Pcrfi, don Luis Tanco 
Argáez. 



376 REVISTA HISTÓRICA 



El Plenipotenciario de nuestro Gobierno que intervino 
en el tratado, fué don José Larrea y Loredo (4). Antes de 
suscribirlo, observó en una conferencia protocolizada: '*Las 
operaciones de los comisionados (para el trazo, sobre el 
terreno, de la línea divisoria) pueden principiarse por el río 
Tumbes, tomando, desde él, una diagonal hasta el Chinchi- 
pe, y continuar en sus aguas hasta el Marañón, que es el 
límite más natural y marcado entre los territorios de am- 
bos países 3' el mismo que señalan todas las cartas geográfi- 
cas antiguas y modernas.** 

El Plenipotenciario de Colombia, don Pedro Gual (5), con- 
testó, inmediatamente, .*'que le era agradable, por la exposi- 
ción que acababa de oir, conocer que ambos se iban acercan- 
do ya al punto de reconciliación que tanto se deseaba.** 

Los negociadores del protocolo de la Memoria del doc- 
tor Valverde, fueron el hombre público y sacerdote peruano 
don Carlos Pedemonte (6) y el general colombiano don 
Tomás Cipriano de Mosquera (7). El primero expuso: **Qiie 



(4) Fué Ministro de Fistailo y representó al Perú en Chile, y cerca del 
Libertador para las negociaciones (|ue narramos. 

{3) Distinguido diplomático colombiano. Ministro de Estado y Ple- 
nipotenciario repetidas veces, representó, junto con el general don Pedro 
Briceño Méndez, á su país en la Asamblea Internacional de Panamá, cuyas 
últimas sesiones .s*; verificaron en la villa de Tacubaya, en México. 

La Acíiílemia Nacional de Historia de Bogotá está publicando la co- 
rrespondencia inédita de Gual con Santander, que escapó á la diligencia de 
los compiladores. {lioletín de Historin y Antigüedades, año IV, N.** 4-0). 
El formuló las instrucciones de la Legación de don Joa(|uín Mosquera, de 
que se ocupa, en su oportunidad, el texto. (Colección de tratados cit., t. 
JII, p. 120, á pesar de que el índice dice 220.) Por su versación y perspica- 
cia de negociador, si no por el estilo de sus notas, la figura de Gual, en Co- 
lombia, se asemeja bastante á la de nuestro don José María de Pando. 

(G) Uno de los hijos más notables de loa. Sacerdote oratoriano, llamó 
la atención por su elocuencia í|ue, del pulpito, pasó á la tribuha parlamen- 
taria. Desplegó actividad y entereza en los trabajt)s de conspiración contra 
la dominación española y de organización del nuevo Estado. Fué Rector del 
Convictorio de San Carlos. Habiendo sido propuesto á la Santa Sede para 
Arzobispo de Lima, no llegó á ser preconizado. 

(7) Secretario privado, S.vretario general, Jefe de Eátado Mayor y Ple- 
nipotenciario de Bolívar, ejerció la Presidencia de Colombia en la época de 
la Nueva Granada. Extremando el programa liberal, desató una perse- 
cución implacable contra la Iglesia católica y las Ordenes religiosas. Tenía 
lucidez intelectual poco común, pero su espíritu era solapado, con inclina- 
ciones á la volubilidad y á la mentiríi. 



LOS NEGOCIADORES DIPLOMÁTICOS 377 

cuando se creó el Obispado de Ma^^nas, la cédula no deter- 
minó claramente sus límites, y se entendieron los vireyes 
para ejercer su autoridad en los desiertos del Oriente"; y 
propuso que se fijase por base para los límites el río Mara- 
ñón, "desde la boca del Yuratf, aguas arriba, hasta encon- 
trarse con el río Huancabamba, y el curso de este río hasta 
su origen en la cordillera; y de allí tomar una línea al Maca- 
rá, para seguir á tomar la cabecera del río Tambes." El 
segundo convino en tales bases, pero las modificó, ponien- 
do por término, no la embocadura del Huancabamba, sino 
la del río Chinchipc, "que conciliaba más los intereses del 
Perú, sin dañar á Colombia". 

El pensamiento del señoF Pedemonte, interpretativo 
del uti possidetis de 1810, coincidía con el del señor Larrea 
y Loredo. 

Termina el protocolo con una declaración del general 
Mosquera no contradicha por el señor Pedemonte: "El 
Ministro de Colombia da, desde ahora, por reconocido el 
perfecto derecho de su país á todo el territorio de la ribera 
izquierda del Marañón ó Amazonas, y reconoce al Perú el 
dominio de la ribera derecha". 

La Cancillería de Lima, en el Alegato que tiene entrega- 
do al Real Arbitrio, debe hal^er desvanecido la fuerza jurídi- 
ca del tratado dé Gua^'aquil y del protocolo complementa- 
rio, en el supuesto de que éste sea auténtico, fundándose, de 
modo principal, en que el primero se negoció con una entidad 
política, la República de Colombia, anterior y distinta á la 
República del Ecuador, 3' en que el último, que versaba sobre 
una cuestión tan grave como la de límites, no fué sometido 
á los Congresos del Perú y de Colombia. 

La lectura atenta que, durante varios años, hemos lleva- 
do á cabo de la correspondencia particular del ' Libertador 
don Simón Bolívar, nos permitirá penetrar en la psicología 
de los negociadores, explicando la arrogancia de los unos 
y la debilidad de los otros, y por qué el Perú, en el campo 
del debate internacional, nada hizo entonces para soste- 
ner el dominio de esa ribsra izquierda del Amazonas, que es 
tan peruana como los valles que circundan á Lima. 
12 



37S REVISTA HISTÓRICA 



La recepción del más 'antiguo de los agentes diplomá- 
ticos enviados aqní por Colombia, don Joaquín Mosquera, 
tuvo lugar el 8 de mayo de 1822 (8). La impresión que la 
capital del Perú le produjo, la trasmitió así al Vicepresiden- 
te encargado del mando en Bogotá, general don Francisco 
de Paula Santander: *'Lima es el país más hermoso que he 
visto: soberbios edificios, torres elevadas, el lujo y la mag- 
nificencia la decoran por todas partes'* (9). Dos meses des- 
pués firmaba con el Ministro de Relaciones Exteriores, don 
Bernardo Monteagudo (10), un **Tratado de unión, ligíi y 
confederación perpetuas*', que aprobaron los Congresos de las 
naciones interesadas (11). 

En el artículo IX hallamos una alusión á la cuestión de 
fronteras: **La demarcación de los límites precisos que ha- 
yan de dividir los territorios de Colombia y del Perú, se 
arreglaran por un convenio particular, después que el próxi- 
mo Congreso Const¡tU3'ente del Perfi haya facultado al 
I^oder Ejecutivo de este Estado para arreglar este punto; y 
las diferencias que puedan ocurrir en la materia, se termina- 
rán por los medios conciliatorios y de paz, propios de dos 
naciones hermanas y confederadas." 

Como se ve, Monteagudo no comprometió en nada nues- 
tros derechos. Antes bien, á fin de que se les esclareciese y 
estudiase, aplazó determinar los límites para un acto diver- 



(8) Gaceta chl Gobierno W 57. p. 1. Mosquera es un eminente per- 
sonaje de la Colombia de Bolívar. Orador, diplomátieo, hombre de letras, 
ejerció con reputación sin tacha, en una época excepcionalmcnte tormen- 
tosa, los más delicados cargos públicos. 

[0] Memorias del general don Daniel F. O'Learv. Caracas 1880, t. 
IX, p. 64. 

[10] El nombre de este hábil, aunque despótico, consejero de San Mar- 
tín, es sumamente conocido. Enaltecen su recuerdo los decretos que re- 
dactó, en Lima, instituyendo la Biblioteca Nacional y un Museo público 
y preservando de ladevastación de la barbarie los restos arqueológicos que 
cubren nuestro territorio. Sus ideíis monárquicas eran fijas y sinceras. 
Una misteriosa puñalaóa cortó el hilo de sus días: el proceso que se siguió 
al asesino se halla íntegro y aón no perfectamente compulsado en el Archi- 
vo de la Corte Suprema dé Justicia. Todavía se diserta acerca del lugar 
donde nació, dividiéndose las opiniones entre Tucfimán 5'' Chuquisaca. 
[¡G. Rene Moreno, Bolivia v Perú: más notas histór ico-biográficas, 
Santiago de Chile lOOo]. 

[11] Colección de IraiaJos del Perú cit., t. III, p. 140. 



LOS NEGOCIADORES DIPLOMÁTICOS 379 



SO y especial. ¡Cuanta diferencia entre su conducta y la de 
Larrea y Loredo, quien, sin el menor inconveniente, admi- 
tía la línea divisoria de los Vireinatos del Perú y Nueva 
Granada, en la forma en que la concebía Bolívar! 

Mosquera persiguió, con tenacidad, que se negociase el 
protocolo previsto; pero tropezó con el obstáculo de que los 
hombres de Estado del Perú querían, como era natural, 
que, antes de comenzar la discusión, estuviese en su poder 
toda la documentación necesaria. La más elemental pru- 
dencia lo aconsejaba. Sin embargo, la demora exaspe- 
raba á Mosquera. Sigámosle en sus cartas á Bolívar: **Aquí 
se ha publicado la Constitución con menos aparato que un 
paseo de bulas. Tagle (12) ha sido nombrado Presidente y 
don Diego Aliaga (13) Vicepresidente. De resto, todo es co- 
mo V. E. lo conoce. Yo desprecio altamente una multitud 
de hablillas vulgares que agitan á algunos, y así no molesta- 
re con fruslerías á V. E. En mi opinión, las cosas de Lima 
son muy accesorias, y fijo mi consideración en la conducta 
del ejercito enemigo y en los medios que puedan hacerlo 
superior al que Y. E. manda. Aún no se han extendido Ins 
instrucciones al señor Galdcano (14) para tratar conmigo, 
pero no omito ocasión ni resorte alguno que no toque para 
concluir el negocio^único que me demora (15)'\ **Hasta aho- 
ra no he podido conseguir que se extiendan las instrucciones 
al señor üaldeano. Berindoaga (16) me dice que estií bus- 



[12] Don José Bernardo Tagle, marqués de Torres Tagle. Nadie igno- 
ra la elevada posición social y de fortuna que ocupaba, sus grandes servi- 
cios ala causa de la Independencia v su ciesgraciado fin en el castillo del 
Callao. 

[13] Descendiente del conquistador del Pcrü y fundador de Lima dí)n 
Gerónimo de Aliaga. Recayó en su familia el título de condes de Luri- 
gancho. 

[14-] El d(K"tor don José María Galdeano. Pertenecía á una antigua 
y acaudalada familia de Lima. Figuró en los Congresos de la época de 
ía Independencia. Fué Ministro de Estado. Después de largo 3' decepcio- 
nado retiro en la vida privada, volvió á tomar parte en los asuntos políti- 
cos durante la Confederación Perú— boliviana, fundada por el Gran Maris- 
cal don Andrés Santa Cruz. 

[15] 23 de noviembre de 1823. Aícmor/as cit. t. IX, p. 20, 

[16] El vizconde de San Donas. La independencia le fué deudora de 
servicios inestimables. Era, quizá, entre los peruanos de su tiempo el más ap- 
to para gobernar el Estado. Un obscuro proceso de traición, que Bolívar 
rT hizo promover, puso ñn á su fecunda existencia. 



380 REVISTA HISTÓRICA 



cando los documentos relativos A la erección del Obispado 
de May ñas, y se estaría buscando pretextos eternamente 
acaso con la intención de eludir un ajuste definitivo en esta 
materia. Para quitarle todo efugio, le he pasado hoy una 
nota, diciéndole que tengo que concurrir al Congreso próxi- 
mo de Colombia y que esta y otras razones no menos fuertes 
me impiden el poder residir por más tiempo en el Perú (17)'*" 
**Berindoaí[a, siguiendo su nueva táctica diplomática, ha 
remitido al Congreso mi última nota, proponiendo que 
se reconozcan los límites antiguos del Perú con la Nueva 
Granada 3'' diciendo que no se han podido encontrar 7os«üíos 
de erección del Obisfutdo de Maynas y posteriores ocurren- 
ciasdejaen (18)/' 

El círculo que constituía el Gobierno de Lima reconoció, 
sucesivamente, dos altos inspiradores diplomáticos, Monte, 
agudo y Berindoaga, que discutían con Mosquera, frente á 
frente, sin cejar un punto en nuestra defensa, como cumplía 
á los representantes de una nación libre, en cuya concien- 
cia estaba que, en los últimos años de la dominación es- 
pañola, los territorios ribereños del Amazonas, del lado 
del Vireinato de Nueva Granada, habían pasado á formar 
parte del Vireinato del Perú. 

No pudo ser encontrado el documento que lo compro- 
baba ó se temía que su exhibición crease dificultades insu- 
perables con el famoso caudillo de la Independencia de Ve- 
nezuela y de Colombia, en quien se divisaba un poderoso 
apoA^o y un aliado natural. De ahí las estudiadas dila- 
ciones con que se detenía á Mosquera; de ahí que el Con- 
greso no llegase á pronunciarse acerca de la nota de Berin- 
doaga. 

Bolívar, no hacía mucho, había incorporado á Colom- 
bia, arbitraria, violentamente, la provincia de Guaj^aquil. 
Los peruanos cuidaban de evitar que, por medio de un 
acto internacional, no basado en un profundo estudio 
de la materia, ó en virtud del despecho que le produciría 



[17] 3 de diciembre de 1823. Memorias cit.. t, IX, p. 2. 
[18] 5 de id. id. Ibjd. t. IX, p. 24, 



LOS NEGOCIADORES DIPLOMÁTICOS 381 

la exhibición de la real cédala, convirtiéndole en enemigo 
nuestro, incorporase también á su país los territorios de 
Maynas y Jaén. 

Nuestros antepasados apreciaban bien el valor de ambos 
territorios y no eran extraños al sentimiento de la respon- 
sabilidad en que incurrían si consentían en que los límites 
de Colombia se extendieran con perjuicio de los del Perú. 
Mosquero, en una de las cartas de que hemos hecho mención, 
escribía: '^E¡ nctiial Congreso está delirando con las go- 
mas, maderas y mil riquezas más en su tierra de Maynas. 
Habiendo dicho un diputado que este asunto era muy sen- 
cillo y y que se debía poner el Marañón por límite, contestó 
Vista Florida [19] **que no era el asunto tan fácil y que 
cualquier pedazo de tierra que se cediera ahora, costaría 
después ríos de sangre. ^^ [20] 

Don Joaquin Mosquera abandonó Lima sin haber obte- 
nido nada positivo á favor de las miras del Libertador. 

Unos cinco años después de estos sucesos, don Tomás 
Cipriano de Mosquera, hermano menor de don Joaquín y re- 
cién ascendido á general debrigada,desembarcabaenel Callao 
en misión especial: venía á consolidarla victoriade diploma- 
cia, 6 mejor dicho'de intriga, que no de guerra, obtenida por 
los colombianos sobre el Presidente Gran Mariscal don Jo- 
sé de la Mar. [21] 

La escena política aparecía cambiada entre nosotros por 
completo. A Galdeano y Vista Florida, á los hombres que 
rodearon á La Mar, bajo la enérgica dirección de don Javier 
de Luna Pizarro [22], cuya protesta fué la primera en le- 



[19] Dori Manuel Salazary Baquíjano. conde de Vista Florida, fué 
miembro de una Junta de Gobierno y Vicepresidente de la República du- 
rante las Administraciones de La Mar y de Orbegoso. ^ 

[20] 3 de diciembre de 1823. Memorias cit. t. X, p. 22*^ 

[21] Mandó con pericia y valor el ala izquierda, toda peruana, 
en la batalla de Ayacucho. Elegido Presidente de la República, declaró la 
guerra á Colombia, y resultó víctima de un motín militar de Gamarra. 
Su carácter era de una rectitud tan bondadosa como inflexible. Carecía de 
dotes políticas. 

[22] Luna Pizarro, joven sacerdote, que había viajado por Europa y 
que poseía vastos conocimientos, dotes dirigentes de primer orden y un ver- 
bo arrebatador, fué el alma de la política en la época inicial de la República, 
encarnando la lucha del elemento civil y culto con el elemento militar. 
Murió de Arzobispo de Lima. 



382 REVISTA HISTÓRICA 



Yantarse contra la Constitución vitalicia y el poder omní- 
modo é intruso de Bolívar en nuestro país, sucedió un gru- 
po de antiguos y sumisos partidarios del Libertador que. 
de acuerdo con él, prepararon la deposición del Presidente 
en Piura, su destierro á Costa Rica y la proclamación del 
Gran Mariscal don Agustín Garaarra [23]. Entre esos hom- 
bres, que representaban la reacción y el servilismo, desco- 
llaban, en uno y otro extremo, Larrea y Loredo y Pede- 
monte. 

Para j uzg¿ir á Larrea 3»^ Loredo, recorramos su corres- 
pondencia con Bolívar: *'Fo moriría seguramente de pe- 
sar y todo sería perdido, si V. E. padeciese de un contras- 
te ó nos faltase su persona" [24], **Yo no he sentido en mi 
vida un dolor más vivo y penetrante que la noche fatal en 
que, privado de la dulce y consoladora vista de V. E., me 
regresé del Callao á esta capital anegado en lágrimas y 
cnagenado de todos mis sentidos. En los momentos en que 
volvía en mí, hacia una revista de las bondades de V, E. pa- 
ra conmigo, más esto no era sino para volver con más fuer- 
za á la amargura de mis penas"'. ** Yo no había tenido bas- 
tante valor para visitar la morada de Y. E. en la Magdale- 
na, hasta ahora pocos días en que fuimos con el Presidente. 
¡Recuerdos tristes los que me agitaron en aquellos momen- 
tos! En fin, se cuida con esmero aquella célebre mansión que 
nadie puede mirar sin un sentimiento involuntario de ad- 
miración y pesar*' [25]. Con motivo de su despedida de 
Bolívar, en el Ecuador, á raiz de haber firmado el tratado 
que celebró con Gual, le agregaba: **Aseguro á Y. E. que no 
he probado en mi vida más acerbo dolor que en los momen- 
tos que dejé de verlo en Cuchurí. Fué entonces tal la cons- 
ternación y embarazo que sentí, que no pude articular ni 
una palabra '* [26] 



[23] Inteligente, atícionndo al estudio, Oaniarra hizo una brillanie c«i- 
rrera como oñcial del ejército realista. Incorporado al patriota.se le debió, 
en buena parte, el triunfo de Ayacucho, donde tenía á sucarj^o el Estado Ma- 
yor. Su actuación pública, informada solo en el dominio i^rsoual, produjo 
>(randcs é irreparables males al país. Cayó, ctmio un soldado, en el cam- 
po de Inga vi, atravesado por las balas enemigas. 

(24) 5 de diciembre de 1825. Memorias cxt,, t. X, p. 447. 

(25) 14 de setiembre de 1826. Ibid t. X, p. 431. 

(26) 22 de noviembre de 1826. I^lbid. t. X, p. 436. 



LOS NEGOCIADORES DIPLOMÁTICOS 383 

Pedemonte era un talento superior, pero extraviado en 
cuanto al porvenir de su país. Creía, de buena fe, que el 
Perú necesitaba del genio y de la gloría de Bolívar, aunque 
perdiera la libertad, hermosa y severa educadora de los pue- 
blos. Darle gusto en todo fué su divisa conocida, en el 
Congreso, en la prensa, en el Ministerio y hasta en el pul- 
pito. En la tíltima carta de Larrea y Loredo que hemos 
puesto á contribución, figuran estas líneas: **Nu€stro doctor 
Pedemonte ha sido nombrado Ministro de Estado y Rela- 
ciones Exteriores [27]**. El Cónsul de Colombiaen Lima, don 
Cristóbal de Armero, p£irticipaba al Libertador, con motivo 
del pronunciamiento de la división del general don Jacinto 
Lara, que marcó el principio de nuestra emancipación del 
yugo colombiano: **E1 doctor Vidaurre [27], por una orden 
suya, ha pretendido recoger los bustos de V.E.,y ha sido bur- 
lado, pues la mayor parte de los que lo tenían no han que- 
rido darlo, distinguiéndose entre estos el señor Pedemon- 
te'' [29]. 

Quedan exhibidos de, cuerpo entero los negociadores pe- 
ruanos con Gual y con el general Mosquera. La política 
interna, incesante mal del Perú, entregó á sus manos por 
razones transitorias, la suerte de nuestro debate de fron- 
teras \', deslumhrados por el nombre y la voluntad de 
Bolívar, no acertaron á hacer sino lo que disponía el Pre- 
sidente de Colombia. 

El mismo protocolo Mosquera-Pedemonte nos revelíi, 
en la forma más sugestiva, lo que acabamos de asegurar, 
por medio de un detalle. El agente de Bolívar, apartíindose 
de los usos de cancillería, saca el original de una carta que 
había recibido del Libertador y se la muestra al íigente pe- 



[27] 20 de octubre de 1829. Memorias cit. t. X, p. 439. 

[28] El doctor don Manuel Lorenzo Vidaurre. Después de haber ejercido 
la magistratura durante la dominación española, presidió el primer Tri- 
bunal Supremo de la República. Jurisconsulto, escritor abundantísimo, espí- 
ritu oripfinal 6 inquieto, fué, con Mariátegni, el iniciador de la sulíleva- 
ción de la división que mandaba Lara. 

[29] 22 de mayo de 1827. Me/nonas cit. t. X, p. 439. Cuando Arme- 
ro habla de bustos de Bolívar, del)e entenderse la Medalla del Busto del Li- 
bertador, mandada abrir por el Congreso peruano y de la cual nuestro na- 
ciente Musco de Historia Nacional posee ya un ejemplar de col)rc, otro de 
plata y otro de oro. 



384 REVISTA HISTÓRICA 



ruano para que se impusiera de cuales eran los límites que 
aquel consideraba convenientes. Pedemonte asintió, como 
de costumbre, con docilidad. 

Que Bolívar estaba de acuerdo con Gamarra lo indica I 

Mti párrafo suyo de una carta á don Joaquín Mosquera, 
quién residía entonces en Popayán, de donde había de salir 
á ocupar la Presidencia de Colombia: **Xo dudo que conse- 
guiremos la paz para junio, por uno de los tres caminos si- I 
gruientes: I*' por la conquista de Guayaquil y la amenaza al 
Perú; 2'' por la llegada de nuestras fuerzas al Pacífico; y 3^ 
por una insurrección combinnda de Gamarra con Santa 
Cruz, que manda ya en Bolivia^ [30] | 

La última duda sobre la duplicidad de Gamarra y el la- | 

zo en que anhelaba que cayese La Mar, se disipa al leer, en 
otra carta de Bolívar al mismo don Joaquín Mosquera: **La 
Mar no ha podido reforzar a Guayaquil, como quería, por- | 

que Gamarra, que lo contraría, se lo ha impedido'', [31J 

La conquista de Guayaquil se convirtió en un imposible 
para los colombianos, una vez quelá guarnición peruana re- , 

chazó valerosamente al general don Juan José Flores [32] 
y condujo presos hasta (i bordo de un buque á los emisarios 
(le Bolívar; y si aquel, al fin, entró en la ciudad, ello obe- 
deció á un arreglo pacífico, posterior al derrocamiento de 
La Mar. Las fuerzas marítimas que Bolívar anunci» iban á 
arribar á nuestras costas, consistían en la fragata Cü/id/na- I 

marca, salida del mar de las Antillas y que tardaría mucho | 

en su viaje por Río Janeiro y el Cabo de Hornos, siendo 
aventurado suponer que, sólo con sus cañones, decidiese la ] 

contienda. Las amenazas de una invasión por tierra mere- 
cían nada más que una sonrisa de quienes no ignoraban que 



1 30] Biblioteca Popahir^ Colección de grandes escritores nacionales y 
extranjeros, Bogotá ISüó, t. XI, p. CtH. Esta obra inserta cartas de Bo- 
lívar que no trae O' Learv en sus Memorias. 

[31] Ibid. t. XI, p. 50. 

[32] Primer Presidente de la República del Ecuador. Originario de Vene- 
zuela. Guerrero denodado de la independencia de Colombia, políiico activo 
y astuto, fué enemigo del Perú, cuya hospitalidad recibió al perder su po> 
fler. Luchó por recuperarlo sin tregua y sin escojjer los medios. Regresó, 
como particular, al hcuador á la sombra del Gobierno de García Moreno, 
Y allí murió. 






LOS NEGOCIADORES DIPLOMÁTICOS 385 



Bolívar, á fuerza de errores políticos, de genialidades y de 
despotismo, no tenía seguro en loa Estados que acababa de 
independizar sino el espacio que hollaba su caballo y don- 
de alzaba su voz bronca, hiriente y terminante, como la 
de un César romano. Los puñales de los conspiradores se- 
tembristas, eco fatal y doloroso del atropello sufrido por 
los derechos de diez millones de hombres, en el momento 
mismo en que tales derechos debían adquirir realidad y efi- 
cacia ¿no amenazaron, en su propio Palacio, su pecho res- 
petado por las balas españolas? 

Era, puerí, la insurrección de Gamarra el punto de a- 
poyo del Libertador para una solución general, compren- 
dida en ella la de las dificultades de fronteras. 

La nulidad militar de Bolívar ante nosotros la declaró 
él mismo, también en carta á Mosquera: "La guerra del Pe- 
rú se ha concluido, y bien pronto la paz quedará sellada, aun- 
que sin garantías, no poseyendo los medios para arrancár- 
selas.'' (33) 

Gamarra, cómplice, por ambición personal, de un aten- 
tado contra su país, atentado que no admite otra atenua- 
ción que la época en que se le cometió, é inspirado por apa- 
sionados devotos del vencedor de Boyacá, tenía que mirar 
con ojos despreocupados y benévolos los actos de Larrea 
y Loredo y Pedemonte. Además, le urgía que la paz in- 
ternacional consolidase su usurpación del mando supre- 
mo. 

Llegamos á la parte de nuestra investigación á la cual 
vinculamos los datos de mayor interés surgidos de en me- 
dio de la sinceridad y del abandono de la correspondencia 
epistolar de los personajes que han desfilado ante los lec- 
tores. 

El general Mosquera comunicó á Bolívar, desde Guaya- 
quil, cuando venía á cumplir sus instrucciones diplomáticas 
en el Perú: "Entre los documentos queme entregó el general 



(33) Biblioteca Popular cit., t. XI, p. 61. 
13 



386 REVISTA HISTÓRICA 



Espinar (34) para la Legación de que he sido encargado, 
hay una copia de la real cédula española que mandó agregar» 
en 1803, la provincia de Majnas al Perú. Según se deduce 
de las comunicaciones de Joaquin mi hermano, cuando estu- 
vo encargado de esta misión, no la hay en el Perú, y pare- 
ce que se quemó en el Archivo del Gobierno. Por tanto, de- 
beré manejar los negocios apoyándome en la cédula que 
agregó la Presidencia de Quito al Vireinato de Nueva Gra- 
nada; pero en caso de que se me presenten documentos feha- 
cienteSy desearía tener intrucciones sobre el particular^ pues 
como el artículo 5.° del tratado sienta por base el uti- 
possidetis de 1809, podrían, con justicia, reclamarla ribera 
izquierda del Marañan. '' ( 35 ) 

Bolívar, Gual y los dos Mosqueras conocían la real 
cédula de 1802 (36) que, descubierta en Chachapoyas, for- 
ma la piedra angular de nuestra defensa en Madrid. En 
Lima, según lo hemos hecho constar, no se la encontró en- 
tonces, ó si se la encontró en un instante para desaparecer 
después, antes de que negociaran Pedemonte y Larrea y Lo- 
redo, no se estimó prudente arrojarla al rostro de Bolívar 
como una prueba que podía adquirir el aspecto de un 
guante de desafío. Larrea y Loredo y Pedemonte, aparte 
de sus estrechas vinculaciones con el Libertador, carecieron 
de documento tan importante y decisivo para desvirtuar las 
declaraciones enemigas y fijar, con certeza que excluj'-e toda 
duda, los límites de nuestro país. 

A la exhumación del protocolo Mosquera— Pedemonte, 
verdadero ó no, realizada entre los aplausos ecuatorianos, 
nos permitimos oponer la frase textual del Plenipotenciario 
colombiano que hubo de negociarlo, frase que es el más explí- 

(34) Don José Domingo Espinar. Natural de Colombia, ftié Secretario 
del Libertador durante la campaña del Perú, hasta la batalla de Junín. 
También lo fué cuando Bolívar vino á Quito con motivo de la campaña de 
Tarqui. En 1 830 desempeñó la Prefectura ^el Istmo (Panamá) y con ese 
carácter dictó un decreto (Odriozola, Documentos históricos del Perú, t. X., 
p. 298) de honores fúnebres al saber ofícialmente la muerte de Bolívar. Re- 
gresó al Perú, donde murió, habiendo vuelto á ejercer funciones públicas en 
varias ocasiones, entre ellas la Dictadura de Salaverrj-, del que nié Secreta- 
rio general. 

(35) Afe/nor/fls cit., t. X., p. 169. 

(36) Esta es la fecha de la real cédula, y no la que le atribuye Mosc^ue- 
ra, quien vuelve á equivocarse más adelante invocando el uti possidetis de 
1809, en lugar de 1810. 



LOS NEGOCIADORES DIPLOMÁTICOS 387 

cito reconocimiento de nuestros derechos: **En caso de que 

SE ME PRESENTEN DOCUMENTOS FEHACIENTES, PODRÍAN, CON 
JUSTICIA, RECLAMAR LA RIBERA IZQUIERDA DEL MaRAÍíÓN.'' 

¿Qué documento más fehaciente que la real cédula men- 
cionada? Expresa en ella, á la letra, el monarca español 
*'que se segregue del Vireinato de Santa Fé [6 Nueva 
Granada] y de la provincia de Quito y se agregue al Vi- 
reinato del Pero el Gobierno y Comandancia general de 
May ñas, por estar á las orillas del río Ñapo ó en las inme- 
diaciones, extendiéndose aquella Comandancia general, no 
solo por el río Marañón abajo, sino también por todos los 
demás rios que entran al Marañón por sus márgenes seten- 
trional y meridional, como son Morona, Huállaga, Pasta- 
za, Ucayali, Ñapo, Jaén, Putumayo, Yapurá y otros menos 
considerables, hasta el paraje en que, por sus saltos 3' rauda- 
les inaccesibles, dejan de ser navegables'*. [37] 

Alfonso XIII, con la cédula de uno de sus antecesores en 
el trono, puede contemplar la clara y minuciosa fijación de 
la zona fluvial de que es dueño el Perú al norte, y tiene en la 
carta del general Mosquera á Bolívar una prueba evidente 
de que las naciones que disputan al Perú, fiadas en circuns- 
tancias imprevistas y en las debilidades de los hombres, de 
las cuales no son responsables los pueblos, esa propiedad, se 
la reconocen en sus momentos de intimidad y honradez. 

Sería curioso saber la opinión del P. Vacas Galindo, die- 
lensor acérrimo del Ecuador y consejero de sus Gobiernos en 
los asuntos de límites (algo así como Valverde fué consejero 
de Pizarro,) respecto á la declaración de don Tomás Cipriano 
de Mosquera que nos ha tocado en suerce sacar, por primera 
vez, á la luz de la discu'iión y de la historia. ]38 ] 

J. A. DE Izcuií. 



[37] Expediente original sobre la erección del Obispado de Maynas y 
su agregación al Vireinato del Perú. Archivos del Gobierno en Lima. 

[38] El ex-Ministro de Relaciones Exteriores, doctor don Javier Prado 
y Ugarteche, á quien juzgamos una obligación patriótica comunicar el des- 
cubrimiento de la carta de Mosquera, trasmitió, en el acto, por cable los 
datos pertinentes á nuestro Plenipotenciario especial en Madrid, á fin de 
que los utilizase en el Alegato; y con el noble entusiasmo con que acoje 
siempre toda labor intelectual, nos indujo á que diésemos forma al presente 
artículo histórico. 



D$ Hattiitas de piedra del €u2co 



Bien conocidas son de todos los peruíxnistas aquellas 
figuras de llamas y alpacas, hechas de piedra, una de las 
formas más comunes en las colecciones que contienen obje- 
tos del Perú antiguo, especialmente del Cuzco. 

Distínguense estas figuritas de otras parecidas que el 
hombre primitivo solía hacer imitando animales, en que tie- 
nen un agujero pequeño, del tamaño de un dedal, practica- 
do en el lomo. El objeto de estas figuritas, no obstante la 
gran abundancia quedeellashayen algunas colecciones, pues 
algunas veces se cuentan por centenares, ha sido un problema 
hasta ahora, y los poseedores de ellas andan tan intrigados 
por resolverlo, que raras veces dejan de inquirir á los que 
deberían saberlo, qué opinión tienen al respecto. 

J. D. von Tschudi se expresa así en los Reiseskixzen^ II. 
pág. 95. 

"Los peruanos pagaron alas llamas y animales afilia- 
dos una adoración casi divina. Guardaban en sus casas, á 
manera de lares, vasos de piedra y de barro, que, aunque de 
una manera tosca, representaban su forma. " 

Faltaba la prueba de esta aserción que, bien se vislum- 
bra, no era sino una hipótesis. No habrían dado los perua- 
nos muestras de cultura si hubiesen adorado figuras de lla- 
mas; y siempre hemos tenido razones para no juzgarlos atan 
bajo nivel. 

Wiener, Péroü et Bolivie, p. 527, dice: que '*los consi- 
deraban como vasos sagrados para incienso. " Pero en los 



LAS LLAMÍTAS DB PIEDRA DEL CUZCO 389 

vasos faltan las huellas de la quemadura, y hay que recha- 
zar entonces esta explicación por falta de prueba concluyen- 
te. Muchas de estas figuritas están hechas de madera, lue- 
go ¿cómo podrían haber sido usadas para incienso? 

El mismo Tschudi , Beitrage zar kenntnies des Alten 
PerUy Wien 1891, p, 103, hace mención de ciertos carneri- 
ilos de barro, ultis, en que echan Iliptay de que dá cuenta Don 
Juan de Santa Cruz Pachacuti {Tres relaciones de antigüe- 
dades peruanas p. 279) y nos quiere hacer creer que los ri- 
cos los usaban de piedra y los pobres de barro para guar- 
dar .su Ilipta, Pero, de un lado, la noticia de Santa Cruz 
Pachacuti no es suficientemente clara, y del otro, falta en- 
teramente la explicación de por qué los ricos guardaban su 
Ilipta en vasos de piedra que tenían la forma de llamas y 
alpaca^. 

Entre los antiguos peruanos, por lo general, todo aque- 
llo en que se imitaba la naturaleza, todo ornamento, era 
simbólico y tenía un sentido más profundo, lo que tendremos 
que determinar por medio del estudio. Por eso, desde hace 
mucho tiempo, he seguido otra senda para aclarar el uso 
de estas figuritas problemáticas. 

Recuerdo haber visto en muchas partes en Bolivia, que 
en los mercados se vendían vasitos de barro, de forma muy 
reducida. 

Se me dijo entonces que los ponían llenos de chicha, de 
vino ó alcohol cerca de los pozos ú otros lugares sagrados, 
como sacrificios á la Pachamama, Después encontré perso- 
nalmente en las cumbres ó faldas de los cerros de los alre- 
dedores de La Paz, ó cerca de los caminos en el interior, va- 
rios de estos sacrificios , muchos de los cuales, sin duda, no 
habían sido arreglados para que fuesen vistos por un ex- 
traño. Entre estos tuve ocasión de ver ai reglados como un 
jardincito, cierto número de vasitos llenos de vino ó alco- 
hol, ó de figuras menuditas de estaño, un cuy muerto y 
muchas banderitas de varios colores, que quizá, tenían por 
objeto atraer la atención del espíritu, ó, tal vez, una signifi- 
cación religiosa, como la tenían las plumas de pájaros en 
toda América en tiempos antiguos. 

En parte, estos sacrificios deben haber sido ofrendas al 



390 



REVISTA HISTÓRICA 



eolio auki, el espíritu del cerro: otros habrán tenido por olv 
jeto implorar que desaparezca una epidemia de las ove- 
jas, etc. 

Pero ¿por qué tienen nuestros vasitos la forma de lla- 
mas ó alpacas? Vínome á la memoria, entonces, que era 
mu3'comán,y es todavía, [véanse, por ejemplo, los artículos 
de venta en la plaza de Puno] esculpir en piedra figuritas de 
animales, que se venden como talismanes para obtener el 
incremento del ganado, de la clase de animales que las tales 
figuritas representan. Así me iba familiarizando con la idea 
de que estas Mamitas de piedra con agujeros en el lomo ser- 
vían para hacer sacrificios pequeños de chicha, etc., á fin de 
lograr el incremento*^ de los ganados de llamas, alpacas, 
etc. Mas, todavía me faltaba la prueba. 

Un día del mes de Mayo de 1905, en que daba un paseo 
por la plaza de Sicuani, con el propósito de ver y estudiar 
los múltiples artículos de industria y comercio indígenas, 
que los indios del valle del Vilcanota ofrecían allí en venta, 
tuve la grata sorpresa de encontrar, entre esos artículos, fi- 
guras de llamitas de piedra, que todas en aquel día eran 
sin agujero, figuritas de carneros y ovejas, labradas en pie- 
dra [berenguela] con agujeritos en el lomo, tal como las re- 
produzco en seguida: 





LAS LLAMITAS DE PIEDRA DEL CUZCO 



391 



Los agujeritos cónicos tienen 20 milímetros de profun- 
didad, sobre poco más ó menos, por 13 milímetros de an- 
cho, y son, entonces, del mismo carácter que las llamitas de 
piedra antiguas. Tienen un leve borde, que las antiguas no 
tenían, pero este es un simple detalle. 




Una cosa resultaba bien clara, y es que los indios de 
aquel valle persistían en su costumbre antigua, con la aña- 
didura de que la extendían ala reproducción de figuras de ani- 
males que habían sido importados por los conquistadores 
españoles. También resultaba claro que era posible reco- 
jer de boca de los mismos indios la explicación del uso de 
tales figuritas, cosa que 3''0 no habría creído nunca antes. 

He aquí la explicación que se me dio en una jerga me- 
dio quechua, medio castellana. 

**Las figuritas sirven para sacrificios á \a Pacbamama 



392 REVISTA HISTÓRICA 



[la tierra.] Se llenan los agujeritos con alcohol, vino ú 
otra cosa sagrada, como coca, etc. 

"Se les entierra en los lugares donde pastan los carne- 
ros. " 

"Con estos sacrificios se paga el pasto que la Pacha- 
mama dá á los animales" [probablemente prenumerando.] 

" Se pone la figurita en la tierra, entre piedras, y se ta- 
pan éstas con otra piedra. " 

"Cada año se renueva el sacrificio con otra figurita. 
Entonces se pone la figurita nueva más abajo [más cerca 
de la Pachamama!] y la vieja más arriba. '' 

Esto explica por qué se ha encontrado á veces varias 
de tales llamitas de piedra juntas en la tierra, como por 
ejemplo en el Collcarapata, en el Cuzco, en el fundo del se- 
ñor Lomellini. 

Las figuritas que sacrifican se llaman cnq^a [oveja 
enq^aj llama enqr'a] y todo el sacrificio hecho así se llama 
ch^uya, 

Lima, septiembre de 1906. 

Dr. Max. Uhle 



Notas bibliográficas 



Tarmnp Pacba-Huaray- Azucenas Quechuas, pitr anos Parias. Tarms. 

1905 
Tnrmapap Pacha buarainin. — Apólogos Quechuas por unos Parias. Tarma 

MPCCCCVI 

Una de las tareas más importantes con respecto á los 
Indios, consiste en recojer v recopilar los reatos de la litera- 
tura antigua que andan dispersos en libros de distinta índo- 
le, 6 que se conservan por tradición oral entre los mismos 
indios, trasmitida de generación en generación. Muy meri- 
torios son, por eso, los trabajos que en ese sentido viénense 
haciendo en Tarma, casi á las puertas de la capital, de al- 
gún tiempo á esta parte. Trae el librito de que me ocupo 
unos cuantos yaravías de Quito, Huánuco, Jauja, Concep- 
ción, Huancayo, Chupaca, Ayacucho, Abancay y Cuzco, 
conteniendo buenos ejemplos de la diversidad de dialectos 
del Quechua, que todavía están en uso en la Sierra; y una 
docena de fábulas rtcojidas por el autor, que sin duda es el 
señor Adolfo Vienrich, de boca de los mismos indios en 
Tarma. 

No puede ponerse en duda que los indios se trasmiten 
todavía esas fábulas de generación en generación, en las 
más diferentes partes de la Sierra y que forman ellas una 
vasta é importantísima literatura. El año pasado, durante 
una excursión que hice al Cuzco, recojí un regular número 
de esas fábulas y puedo decir que ninguna de ellas es 
14 



394 REVISTA HISTÓRICA 



igual á las que el señor Vienrich consigna en su libro. En 
cuanto al valor original de estas fábulas, tampoco puede po. 
nerse en duda; por eso sería de sumo interés que la recopila- 
ción de la literatura indígena se principiase con ellas. Entre 
los yaravíes, pocos son de origen netamente indígena, y res- 
pecto á la originalidad del drama Ollanta, no puede creer 
en ella quien haya leído con atención las observaciones que 
al respecto ha hecho Middendorf. 

La introducción— pp. I— CXXIV— está galanamente es- 
crita y nos comunica muchas valiosas noticias sobre cos- 
tumbres y supersticiones que aún se conservan entre los in- 
dios de aquella provincia, sobre juegos y diversiones y sobre 
unas 18 clases de bailes, muchos de los cuales ha visto el au- 
tor ejecutar y se ejecutan todavía. 

Voy á hacer una indicación: más valor tendrían estas 
publicaciones si el autor ciñese más sus observaciones den- 
tro de los límites de la ciencia moderna. Todo lo que brota 
de la pluma de Vicente Fidel López, reviste muy poco fondo 
científico y ¿para qué sirven las referencias de las lenguas 
peruanas al chino y al azteca, cuando todo el mundo sabe 
que no tienen relación absolutamente con ellas? Estamos 
tan lejos de encontrar una lengua madre de todas las len- 
guas americanas, que parece absurdo buscarla, ó hablar de 
ella. 

No hay que pensar en dos corrientes emigratorias de los 
aborígenes, una de Norte á Sur y otra de Sur á Norte con 
el Quechua. En Quito nunca hubo otro Quechua que el que 
llevó Huaina Cápac junto con sus conquistas, y las variacio- 
nes del Chinchaisuyo con el Quechua del Cuzco, se deben á 
la introducción de éste último entre naciones de diferente 
índole que adaptaban el idioma extraño á su propia mane- 
ra de hablar. 

Es de desearse que el autor siga dando á luz su hermo- 
so material. 

Dr. M. U. 

« 



NOTAS BIBLIOGRÁFICAS 395 



Origen de las piedras de Tiabaanaco y volcán Kaijappia.— Revista Nacio- 
nal tomo XL, entrega VI, Buenos Aires 1905. El Ateneo, tomo 
VII, núm. 39, Lima 1906. 

Oriundo de Polonia, residente en BoHvia, y autor de na- 
da más que mediocres trabajos sobre arqueología america- 
na, el señor Arturo Posnansky ha entrado en un camino en- 
teramente vedado á los hombres de ciencias: en el de publi- 
car como suyos, estampando su firma al pie, frutos de age- 
no intelecto: tal ha pasado con el artículo arriba menciona- 
do que inserta en su número Cv)rrespondiente á diciembre de 
1905 la prestigiosa Revista Nacional de Buenos Aires, y 
que, juzgándolo bueno, reprodujo El Ateneo de esta capital 
en su número correspondiente á marzo de 1906. Salvo cin- 
co líneas, en que el señor Posnansky incurre en graves erro- 
res en cuanto á la clasificación científica de las piedras, todo 
el artículo es una versión castellana de la parte pertinente de 
la monumental obra Die Ruinenstaette von Tiahuanaco, es- 
crita en alemán por los insignes arqueólogos Stübel y Uhle 
y publicada en Breslau en 1S92. 

Quizá el señor Posnansky no ha caído en cuenta en la 
pequenez del globo terráqueo que no permite que nunca 
queden inadvertidas mistificaciones de esta naturaleza, ad- 
judicándose al fin á cada cual lo que es suyo. 



Santo Toribio, Obra escrita con motivo del tercer centenario de la muerte 
de Santo Toribio Arzobispo de Lima, por Monseñor Carlos Garda Iri- 
goyen, individuo de número del Instituto Histórico del Perú. Lima 
1906. 

Tomo I, 12 pp. de preliminares, 386 de texto, 1 de índice y 1 de erratas. 
Láminas intercaladas en el texto. 

Tomo II, 8 pp. de preliminares, 308 de texto, 1 de índice y 3 blancas. Lá- 
minas en el texto. 

En conmemoración del tercer centenario de la muerte del 
Santo Arzobispo de Lima, Toribio Alfonso Mogrovejo, 



396 REVISTA HISTÓRICA 

ocurrida en Saña el Jueves Santo 23 de marzo de 1606, ha 
iniciado Monseñor Carlos García Irígoj^en, Secretario del 
Arzobispado é individuo de número del Instituto Histórico 
del Perú, la publicación de una interesantísima y extensa 
obra llamada á hacer conocer v á perpetuar la prolificua la- 
bor del insigne prelado durante el cuarto de siglo que rigió 
los destinos de la Iglesia Peruana. 

De los dos tomos que hasta ahora han visto la luz, ocúpa- 
seel primero de los antecedentes del nombramiento de Santo, 
Toribio como Arzobispo de Los Reyes y de su venida á esta 
ciudad; de la descripción de la iglesia metropolitana, reu- 
nión de los concilios y visitas pastorales que el prelado llevó 
á cabo. Adorna la portada de este volumen un retrato de 
Santo Toribio, copia del que trae la vida del santo, escri- 
to por Pinelo. 

En el segundo tomo se ocupa el autor menudamente de las 
querellas que el santo varón sostuvo con los Virreyes Don 
García Hurtado de Mendoza y Don Luís de Velasco, en de- 
fensa de los fueros de su iglesia y de su persona; de las fun- 
daciones religiosas que hizo en esta ciudad y de la muerte 
y funeral en Saña del virtuoso prelado. 

Propiamente hablando, no esta obra una vida de San- 
to Toribio, destinada á relatar sus virtudes y milagros 
tan magistralmente escrita por el licenciado Antonio de 
León Pinelo, pero contiene preciosísimas noticias y docu- 
mentos hasta hoy desconocidos, que el infatigable autor sa- 
ca á luz, haciendo inestimable servicio á la historia patria. 

De la entidad de la obra que nuestro distinguido colega 
se propone publicar, puede juzgarse por la carta que vá en 
seguida, dirigida al autor por el erudito Secretario del Ins 
tituto, y que trae á manera de prólogo el tomo II: 



NOTAS BIBLIOGRÁFICAS 397 



Carta honrosísima 

Monseñor doctor Carlos García Irigoyen. 

Ciudad. 
Mi respetado señor y amigo: 

Debemos á la pluma de Ud, los amantes de la Histo- 
ria Nacional, los dos volúmenes ha?ta aquí impresos, que 
llevan el título de Santo Toribio, y forman parte de la ex- 
tensa obra que, para conmemorar el tercer centenario de la 
muerte de tan glorioso Arzobispo, ha querido su ilustre su- 
cesor se edite á la posible brevedad. 

Para ello, interrumpiendo Ud, la Galería del Cabildo 
Metropolitano de Lima, al que pertenece, y en la que esta- 
ba empeñado, ha emprendido hacer conocer la vida y la la- 
bor fecunda y duradera del gran Prelado, que puede consi- 
derarse como el Apóstol 3" Pudre de la Iglesia Peruana; y que* 
durante veinticinco años, llevó la mitra y el cayado, en be- 
neficio de su numerosa grev- 3: de las diócesis sufragáneas, 3^ 
como perfecto modelo de Pastores. 

Sobre las ruinas y escombros del Imperio secular de los 
Incas, qu^Pizarroy los suyos destruyeron, se destácala her- 
mosa figura de este ángel de paz, que sólo trató de disipar 
por completo las tinieblas de la idolatría, de evangelizará los 
indios, de predicar la clemencia 3' el perdón, de reconciliar 
por la cruz al vencido y al vencedor, al amo 3»^ al siervo, y de 
crear un sacerdocio digno, que perseverara después que él, 
en las mismas faenas de la conquista espiritual. 

Relataron la vida y milagros del tercer Arzobispo de 
Lima el Licenciado Antonio de León Pinelo, Macedo, Herre- 
ra, Montalvo, Lorea y otros; pero casi se contrajeron á en- 
salzar las virtudes que lo elevaron á los altares; refiriendo 
con reserva y á medias, ciertos sucesos, ó por no conocerlos 
del todo, ó por razones que entonces hubo de prudencia y dis- 
creción. 

Era pues preciso, —hoy que en todas partes se recons- 
truye la historia,— exponer con claridad lo que pasó sm 



398 REVISTA HISTÓRICA. 



prejuicios, y sin el propósito de ¿cusar á los que resistie- 
ron Y combatieron algunas medidas dictadas por el Santo. 
Tal es el trabajo que Ud, ha realizado, sin otra mira que 
establecer la verdad histórica, y proyectar nueva luz sobre 
un período mal conocido antes. 

Santo Toribio nada pierde con estos estudios; se confir- 
ma su virtud, y se vé á qué móviles obedecían sus actos, re- 
saltando su conciencia delicada, sus escrúpulos, y siempre su 
voluntad inflexible de no ceder un ápice en lo que él creía su 
deber. De allí eu intransigencia algunas veces; los desacuer- 
dos con los Virreyes y con su Cabildo; su negativa á demo- 
rar ó aplazar los Concilios Provinciales; sus largas ausen- 
cias de la Capital, para hacer por sí mismo la minuciosa vi- 
sita de las parroquias, sin respiro, sin descanso, y con peli- 
gro frecuente de su vida 

Después de los tomos de Santo Toribio, publicados, ven- 
drán los Documentos que había aquí, y los traídos del Ar- 
chivo de Indias, inéditos en su mayor parte, y que dan la 
clave de diversos hechos. 

En la correspondencia del Santo, explicando ó justifi- 
cando su conducta, se exhibe al desnudo: dice al Rey, con 
sencillez y verdad, lo que piensa; y se muestra 'tan respetuo- 
so como obediente, en lo que atañe á la conciencia y al ejer- 
cicio de su ministerio. ^ 

Si la obra que juzgo no tuviera otro mérito que la publi- 
cación de esos documentos, preciosos ó ignorados, y la re- 
producción de otros, harto difíciles de conseguir, eso basta- 
ría para asegurarle la acogida más favorable y el aplauso. 

Seguirán á dichos documentos los dos Catecismos de la 
doctrina cristiana en quechua y aimará, para los niños y 
adultos; y las Pláticas, también en esas lenguas, para uso 
de los Párrocos; cuyos libros se imprimieron,— los primeros 
en el Perú,— por mandato del Concilio Provincial de 1583, 
y que son por extremo raros. 

Se editarán, también, las actas y cánones de los Conci- 
lios y Sínodos que reunió ei Ilustrísimo Mogrovejo; y que 
sirvieron, no sólo para la disciplina de las Iglesias del Pierú 
sino para las de la parte austral de Hispano- América. 

Según entiendo, el último volumen de Santo Toribio con- 



NOTAS BIBLIOGRÁFICAS 399 

tendrá el relato de las fiestas del Centenario, y las produc- 
ciones más notables relativas á él; para conservar lo que, 
con esta ocasión, se ha dicho y hecho en homenaje al Santo, 
y para despertar la fe y avivar la caridad de los fieles. 

En el breve plazo que de existencia lleva nuestro Insti- 
tuto Histórico, ha tenido Ud,— que es miembro de núme- 
ro de él,— la suerte de ser el primero que ha hecho una pu- 
blicación de alcance, digno tema de estudio, y que acredita 
su laboriosidad y competencia, 

A mí, como su consocio en el Instituto, y p^^r las bonda- 
dosas palabras con que me favorece en su prólogo, me toca 
felicitarlo efusivamente; deseando que no desmaye, y siga 
la senda que trazaran Cueva Ponce de León, Bermódez y 
García Sanz, cronistas de la Iglesia de Lima. 

Dice Ud, **que lo he enseñado á amar la Historia. *' 

Si hay algo de verdad en este elogio amistoso, pláceme 
muy deveras, por el provecho que el País y la Iglesia Perua- 
na habrán de reportar de los trabajos de Ud, que escribe 
para ilustrar el pasado, sin amor y sin odio, v con la im- 
parcialidad que, cual Juez incorruptible, exige la Historia. 

La serie de libros de que he hablado, y que, como fruto 
del Centenario se dan á la estampa, acrecerán la literatura 
patria, estimularán las investigaciones históricas, y cederán 
en merecido honor de los que las han promovido y llevado 
á cabo. En realidad, nada hay más justo, que los que sin in- 
terés conservan las memorias de otros, para que sirvan de 
noble emulación y ejemplo, salven juntos con la de ellos la 
suya propia y alcancen alguna gratitud. 

Correspondiendo con estas mal escritas líneas el galan- 
te recuerdo deUd,3' satisfecho el deseo que tenía de enco- 
miar en justicia sus trabajos, le renuevo las seguridades de 
mi respeto y amistad, como su atento y obediente servidor. 

José Toribio Polo. 
Lima, á 30 de junio de 1906. 



« « 



Secciór\ Oficial 



INCORPORACIÓN DEL DOCTOR UHLE É INAUGURACIÓN 

del Museo de Historia Nacional 



La ola avasalladora que barrió el país de Sur á Norte 
durante la infausta guerra con Chile el año de 1879, devas- 
tándolo todo, se llevó de encuentro el Museo Nacional, que, 
aunque adolecía de la taita de una clasificación científica y 
de una organización metódica, contenía objetos de inapre- 
ciable valor histórico, hoy irreparablemente perdidos para 
el Perú. 

Dueño el Perú de un territorio que ha sido cuna de las 
más antiguas y esplendorosas civilizaciones del Continente 
Sud- Americano, en donde floreció el poderoso imperio de los 
Incas, cuya organización social podría servir hoy mismo de 
modelo á los más adelantados pueblos del globo; en donde 
tuvo su asiento durante la época colonial una brillante cor- 
te que pudo rivalizar, entonces, con las europeas en fausto y 
poderío; en donde han tenido lugar hechos heroicos, aun- 
que no siempre afortunados, durante las luchas por su inde- 
pendencia y por su difinitiva organización nacional, no po- 
seía un Museo, un santuario, por decirlo así, en donde se pu- 
diesen admirar los restos arqueológicos, evocación de un pa- 
sado glorioso y de grandezas muertas, los de la opulenta 
vida colonial y las reliquias de sus héroes. 




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SECCIÓN OFICIAL 403 



Creado el Instituto Histórico del Perú, y siguiendo el 
desarrollo del plan de alta cultura nacional con que el ilus- 
trado y patriota Gobierno del Excmo. Señor Pardo ha que- 
rido caracterizar su administración, dictó en 6 de Mayo dé 
1905, el Decreto creando el Museo de Historia Nacional, ya 
publicado en las páginas de la Revista. 

Vencidas algunas dificultades para la adquisición y 
adaptación de un local apropiado á este fin, y después de 
un trabajo incesante, digno de todo encomio, el Museo que^ 
dó en condiciones de poderse abrir al público á fines del mes 
de Julio. 

El Museo consta de dos secciones: Arqueológica y de 
las Tribus Salvajes y de la Colonia y de la República. Está 
la primera á cargo del eminente arqueólogo Doctor Máxi- 
mo Uhle, con quien ha celebrado el Gobierno el respectivo 
contrato, y cuya ejecutoria consiste en las magistrales 
obras Tiahuanco, Pacbacámacy Moche, (esta última aún 
en prensa) aparte de su brillante colaboración en diversas 
publicaciones científicas de Alemania, Estados Unidos, Bo* 
livia, etc. Director de la Sección de la Colonia y de la Repú- 
blica es el señor don José Augusto de Izcue, autor de muy 
meritorias publicaciones, miembro de diversas instituciones 
científicas y literarias del país y del extranjero, y cuya com- 
petencia para el cargo que el Instituto le encomendara es 
por todos reconocida. 

Funciona el Museo en los altos del antiguo Palacio de 
la Exposición, para lo cual se ha celebrado un arreglo con 
la Municipalidad, y su distribución es la siguiente: 

La parte del vestíbuio bajo que corresponde al Museo, 
al pié de la escalera de entrada, está destinada para colo- 
car allí esculturas de piedra, como el monolito de Chavín, 
las de Atuncoya, que el doctor Uhle se propone traer del sur, 
etc. El vestíbulo de la parte alta del edificio, servirá para 
exhibir objetos de lá Sierra, en donde, al través de varios si- 
glos, se conservan todavía muchos usos é industrias de la. 
civilización incaica. A la entrada, en la gran sala, se halla 
la sección de las Tribus Salvajes, en donde están expuestos 
muchos objetos curiosos de los iridios Aguarunos, ribere- 
ños del Marañón. Sigue luego la sección Arqueológica, que 
comienza con la valiosa colección chimú, del señor don Luís 



404 REVISTA HISTÓRICA 



N. Larco y que contiene, entre los 900 objetos que la for- 
man, unos 190 huacos de la primera civilización Chimú, de 
algunos centenares de años antes de nuestra era. I^o que 
llama sobremanera la atención en la Sección Arqueológica, 
son los objetos extraídos por el doctor Uhle de algunas rui- 
nas del valle de Lima. Son ellos una revelación. Hasta aho- 
ra las excavaciones en las huacas sólo se han practicado 
por aficionados, sin preparación científica de ninguna clase 
y guiados por el espíritu de lucro, y nó con fines científicos, 
y nada hacía presumir la existencia de una civilización re- 
motísima en este valle. El daño que estos huaqueros han 
hecho es casi irreparable. Los objetos que el doctor Uhle ha 
encontrado en las ruinas de la misteriosa ciudad de Caja- 
marquilla, pertenecen á la civilización más antigua de la Cos- 
ta, contemporánea con las de Nazca, lea, Chancay y Chimú. 
La desatentada labor de los saqueadores de huacas ha he- 
cho desaparecer los vestigios de las civilizaciones que eslabo- 
naban la más antigua del valle de Lima con la última pre- 
hispana. Tiene el distinguido arqueólogo la difícil tarca de 
reconstruir esos eslabones, lo cual le habría sido menos difí- 
cil sin la lamentable destrucción de las huacas. 

Al fondo de la sala y después de la Sección Arqueológi- 
ca, se halla la Sección de la Colonia y de la República, en 
donde se exiben preciosos documentos, multitud de objetos 
antiguos y curiosos y valiosas reliquias históricas, como la 
espada de Bolognesi, el catre de campaña de Sucre, un frag- 
mento del "Huáscar**, la gorra y las charreteras de Grau y 
otras que hablan hondo al corazón de los peruanos. 

El ala izquierda está ocupada por la Sala de Actuacio- 
nes públicas del Instituto y los salones de los cuatro ángu- 
los de la planta alta del Palacio, por la Galería Municipal 
de pinturas, la Dirección del Museo, el salón de sesiones pri- 
vadas del Instituto y el Ateneo de Lima. 

Listo el Museo para ser abierto al público, el 29 de Ju- 
lio tuvo lugar en la Sala de Actuaciones una doble y signifi- 
cativa ceremonia: la incorporación del doctor Uhle, como 
miembro de número del Instituto, para ocupar el sillón va- 
cante por muerte del doctor don Teodorico Olaechea, y la 
inauguración oficial del Museo de Historia Nacional. 




Vista de la Sección Arqueológica 




Vista de la Sección de la Colonia 



SECCIÓN OFICIAL 405 



A las 3 de la tarde y llena la Sala de una concurrencia 
excepcional mente selecta y numerosa, se presentó su Exce- 
lencia el Presidente de la República doctor don José Pardo, 
acompañado de sus ministros &., y fué recibido con una sal- 
va de entusiastas y prolongados aplausos. 

En seguida comenzó la ceremonia, con el siguiente dis- 
curso, que pronunció el doctor don Mariano I. Pradoy Ugar- 
teche. Presidente del Instituto: 



Excmo. Señor; 

Señoras; 

Señores: 

Hace un año se inauguraba solemnemente el Instituto 
Histórico, fundado por S. E. para formar y desarrollar los 
estudios de la Historia Nacional. El Gobierno agrupó en es- 
te centro á los que han consagrado alguna parte de su acti- 
vidad y de su esfuerzo á los estudios históricos del Perú. Y 
V. E. en su discurso inaugural fijó la razón política y social 
de esta Institución, y ofreció para ella el más amplio y deci- 
dido concurso de la acción oficial. 

Conviene recordar en este momento las ideas profunda- 
mente reflexivas que explican la solicitud extraordinaria con 
que el Gobierno de V. E. que hizo nacer esta Institución, ha 
asegurado luego sobre bases definitivas, su amplia estatabi- 
lidad y porvenir. 

En esa solemne ocasión, V. E. recordó que cimentada de- 
finitivamente la función tranquila de las instituciones polí- 
ticas, y olvidados los períodos de agitación que consumieron 
en tarea estéril é infecunda de anarquía y retroceso las acti- 
vidades y las energías de la Nación, había llegado el momen- 
to de queel Estado pudiese llamar con éxito á esas intelegen- 
cias, á esas voluntades y á esas energías, á las labores fecun- 
das de la vida nacional. 

Recuerdo también que entre las necesidades de buen go- 
bierno á que V. E. con noble estímulo aspira en todos los ra- 
mos déla administración pública, estaba, preferentemente el 
despertar la vida del pensamiento y estimular la cultura del 



406 REVISTA HISTÓRICA 

país en atinada equivalencia con el desarrollo de los intere- 
ses económicos y materiales de la Nación; estimando V. E. 
que el estudio de la historia patria es el que debe tener prefe- 
rencia porque de las ramas del saber humano es la que con- 
curre más que ninguna otra á formar el carácter nacional. 

Estos elevados conceptos han pasado de la teoría de 
buen gobierno, y de halagador programa de administración, 
á convertirse en realidad efectiva, mediante la acción perse- 
verante y enérgica, con que el Gobierno de V, E.las ha lleva- 
do á la práctica. 

El Presidente del Instituto Histórico en esta ocasión no 
cumple sino acto de la más estricta justicia, y no hace sino 
la expresión de la más absoluta verdad, al dejar constancia 
de que todo cuanto ha hecho desde su fundación, todo cuanto 
puede ofrecer como fruto de su actividad y su organización, 
representa la empeñosa iniciativa y apoyo del Gobierno de 
V. E. á cuya acción se debe, la adquisición y arreglo para 
el Instituto de este espléndido edificio; la creación del Mu- 
seo Nacional, la publicación de la Revista Histórica y el 
contar para la labor fecunda de la arquelogía y la ciencia 
histórica nacional, del valioso concurso del primer america- 
nista entre los que se dedican al estudio del Perú, del distin- 
guido arqueólogo doctor Max ühle. 

A esa acción superior y previsora es necesario que res- 
respondan los elementos todos del país; es indispensable que 
se deje sentir este esfuerzo de intelectualidad y de cultura, y 
debe ser así, porque en todo orden significa la realización de 
un ideal superior, de un gran deber colectivo: de esos debe- 
res, de esos ideales, de esas aspiraciones, que tienden á unir, 
que llevan á estrechar, que forman ideas comunes, que ligan 
voluntades, que amalgaman sentimientos; que unidos y 
combinados constituyen elementos de la vida moral, que 
son efluvios del alma nacional de un pueblo! 

En todos los tiempos, todos los pueblos han vinculado y 
se esfuerzan por vincular á su historia y á sus tradiciones, un 
sentimiento, un culto y una enseñanza; el sentimiento es el de 
solidaridad nacional; el culto es la religión del pasado; que 
miren las generaciones de hoy, á las generaciones que fue- 



SECCIÓN OFICIAL 407 



ron, culto que por lentas acumulaciones hereditarias esta- 
blecen el vínculo, el lazo de unión estrecha que vá eslabonan- 
do la vida de la humanidad; y la enseñanza es las lecciones 
de la experiencia; lecciones que bien aprovechadas han con- 
ducido á la cúspide de la grandeza á l^s naciones felices de 
la tierra; lecciones que, aunque amargas, en algunas ocasio- 
nes, nunca debe olvidar ningún país que aspira á su regenera- 
ción y á su engrandecimiento; porque la tradición y la histo- 
ria son parte integrante de la personalidad de los pueblos y 
ya que conserve é irradie los resplandores de sus glorias,. co- 
mo despierte el eco de sus dolores, son siempre la página 
palpitante de su vida; porque en la evolución histórica el pa- 
sado de los pueblos, es la base de su presente y genera el 
porvenir; porque los pueblos sin tradición y sin historia, son 
pueblos sin espíritu y sin alma nacional. (Aplausos). 

El desarrollo de la Historia, el cultivo de la Tradición Na- 
cional debe estimularse como en todos los pueblos; debe fo- 
mentarse más que en ninguno otro como una necesidad or- 
gánica, como una ansia de vida, como un elemento eficiente 
de la unidad nacional. 

El Perú debe fomentar también en la América del Sur, 
más que ningún otro, el culto de su pasado, porque ninguna 
otra nación puede ofrecer la historia y los restos de una de 
las más antiguas y más grandes civilizaciones de los tiem- 
pos antiguos, de la grandiosa civilización incaica; porque el 
Perú en los tiempos del virre\'nato fué la metrópoli del mun- 
do americano, porque ninguna como ella reúne en sí los ele- 
mento de la primacía en todo orden de la vida colonial, por- 
que de ninguna se ha extraído y ci^nserva y atesora aún en 
su territorio riquezas arqueológicas de valor inestimable pa- 
ra la Ciencia; y porque sus tradiciones de grandeza y poderío 
son títulos de gloria, y deben ser fuentes de sentimientos, de 
estímulo en la actividad de un pueblo. El Presidente del Ins- 
tituto Histórico en su discurso inagural enumeraba los teso- 
ros arqueológicos y bibliográficos que del Perú poseían otros 
países, y con profundo desconsuelo decía? "y nosotros, los 
dueños de las inagotables fuentes que han producido esas 
reliquias históricas" que poseemos? Nada. 

Ahora podemos decir: algo, lo que tenéis á !a vista en es- 



408 REVISTA HISTÓRICA 

te Museo que hoy se inaugura, á cuyo enriquecimiento es ne- 
cesario trabajar, con patriótico empeño. 

El esfuerzo individual y colectivo debe convertir este 
Museo, boy modesto, en un verdadero templo de la Tradi- 
ción Nacional, debe ser la cátedra siempre abierta, la más 
objetiva, la más eficiente para la enseñanza y el desarrollo 
de la historia patria. 

Ha llegado el momento para que los miembros del Insti- 
tuto, los hombres ide ciencia, las inteligencias todas del país, 
contribuyan á la realización de los fines de esta noble y her- 
mosa Institución. 

Yo confío en el éxito de esa labor: y espero ver conti- 
nuar desarrollándose con mayor intensidad y con provecho 
fecundo las investigaciones y los estudios en los campos de 
la arqueología, de la filología comparada, de la historia y 
de la tradición, estudios que seguramente han de contribuir 
al progreso intelectual, coadyuvando á la obra de engrande- 
cimiento de la patria peruana. (Aplausos.) 



Ocupó la tribuna luego el Dr. Uhle y dio lectura al si- 
guiente discurso de incorporación: 

Excmo. Señor, 

Señoras, 
Señores: 

Al dirigir mi palabra á este distinguido auditorio, ten- 
go la conciencia del honor que se me ha dispensado, á mí, 
al extranjero, de ocupar una curul entre los más selectos 
eruditos de este país. 

Aprecio altamente esta distinción, porque mis trabajos, 
dirigidos á dilucidar cuestiones de la remota antigüedad del 
Perú, no encontrarán mejores jueces que los hijos del país, 
en quienes se asocian el exacto conocimiento de las circuns- 
tancias que sirven de base á mis conclusiones, con un alto 




Director de la Sección Arqueológica. 



SECCIÓN OFICIAL 409 



entusiasrao por la investigación cientíñca de su propia his* 
toria. La aceptación de mis teorías alcanzada aquí, es una 
prueba, para mí fuera de duda, de que me encuentro en 
buen camino, y teniendo la aceptación del Instituto Históri* 
co del Pera me inquieto menos por la de las demás acade- 
mias. 

£1 mundo científico se queja de que todavía se sabe muy 
poco del Perú. De la multitud de problemas que esperan la 
investigación científica, solo muy pocos han sido tocados 
en el extranjero, y si el propio país se dedicara á su resolu^ 
ción, se desarrollaría aquí una vida científica de tal riqueza 
y tan fecunda en resultados, que sería imposible alcanzarlos 
en otras partes donde sólo se ha de estudiar lo que no se ha 
visto. 

Pero yo sé también que al haberme concedido un asien- 
to en este círculu de hombres distinguidos, entusiastas por 
la exploración científica de su país, significa ser más un estí* 
mulo para el trabajo continuo y diligente, que un aplauso 
por lo que se ha hecho. 

El Instituto Histórico desea tener un colaborador en sus 
trabajos, y de la mejor voluntad lo tendrá en mí. Me per- 
mitirán ustedes, señores, exponerles hasta dónde he llegado 
en mis propios trabajos, que, aunque modestos, podrán ser- 
vir de base á nuestras aspiraciones comunes. De otro lado, 
gustosamente sabré, estando cerca de ustedes, quienes me 
aventajan en el conocimiento de muchas condiciones de la 
vida nacional y en el de su antiguo idioma dominante. 

El conocimiento del país, de sus antiguas costumbres y 
de su historia, comenzó con lo que comunicaron como resul- 
tado de sus observaciones Garcilaso de la Vega, de ascen- 
dencia semi-incaica, Pedro Cieza de León, un guerrero con- 
servador de aguda concepción, y jurisconsultos inteligentes 
como Polo de Ondegardo, Fernando de Santillán, etc. En 
esa época no existió ninguna ciencia y ninguna crítica histó- 
rica en el sentido moderno de la palabra, y ningún concepto 
déla palabra desde el punto de vista etnológico moderno. 
Muy poco sabían los aborígenes; vivían en las tinieblas de 
los pueblos que no han hecho todavía su entrada en la His- 
toria; mitos acerca de su origen se mezclaron con una pre- 

16 



410 REVISTA HISTÓRICA 



sunción exagerada de su propio valor histórico; enredado y 
confuso era todo lo que tenían que comunicar respecto á la 
época que precedió á su dominio. Los autores en los siglos 
siguientes no hacían sino reproducir estas noticias. 

Un progreso se notó cuando comenzaron á emplearse 
los métodos modernos de investigación histórica, y el con- 
cepto de pueblos bajo el punto de vista etnológico. El siste- 
jna elevado de crítica que empleó Prescott, dio á conocer la 
suma real de los herhos anteriores, y creó una base para el 
desarrollo de los estudios históricos. 

Vinieron después los grandes resultados de investiga- 
ción prehistórica en Europa, los progresos en la lingüística, 
y los hechos acumulados de la etnología comparada. Un 
trabajo investigador sin tomar en consideración lo que des- 
cubrieron estas ciencias, es hoy imposible. Es ahora la úni- 
ca base para un progreso, pero un progreso con horizonte 
ilimitado, y donde antes parecía que nada podía ya descu- 
brirse, hoy sabemos que estamos solamente al principio de 
los descubrimientos. 

El Perú está lleno de ruinas, de construcciones de adobe 
y de piedra. No se necesitó de grande inteligencia para cono- 
cerque eran de distinto carácter^'-quesus constructores eran 
de distinta índole. 

Pero sabemos cómo clasificar las ruinas; podemos seña- 
lar su lugar fijo conforme á la época en que fueron construi- 
das, y á los pueblos que fueron sus autores; y esto lo agra- 
decemos á la investigación prehistórica. Aunque haya quien 
se resista á aceptar una sucesión de períodos prehistóri- 
cos, contra las conclusiones debidas á métodos científicos, 
no hsLj objeción posible. 

Continuamente al lado de la investigación prehistórica 
penetramos en el estado antiguo del país y ya podemos de- 
clarar: 

1*^ Los Incas no eran de ningún modo, el único pueblo 
civilizado del Perú. Su civilización tuvo muchos predeceso- 
res, y se desarrolló de lo que éstos habían hecho. 

2^ Los distintos pueblos que habitaron el antiguo Perú 
tuvieron sus épocas de unión, y las de variadas tormas de 
cultura 



SECCIÓN OFICIAL 411 



3^ Mucho antes de la época de los Incas pasó por el Pe- 
rú la ola de una civilización homogénea, cuyos monumentos 
más hermosos encontramos en Tiahuanaco, en las cercanías 
del lago Titicaca, y cu3'OS efectos se extendían hacia el nor- 
te hasta el Ecuador. 

4r Pero también la civilización de Tiahuanaco que con- 
forme con la ^3" de la prioridad existió mucho antes, tal veas 
1,500 años antes de la era incaica, no era la primera en este 
sudo, que parece predestinado para el desarrollo de la cultu- 
ra. Fué precedida por una civilización cuyos restos magní- 
ficos últimamente se han descubierto en lea y Nazca. Pero 
estos no son sino un eslabón en una cadena de restos pareci- 
dos. Otros eslabones de la misma cadena encontramos en 
regiones de la Costa más al norte: en el valle del Rímac, en 
Chancay, 3^ de Samanco á Trujillo. 

Hasta ahora los peruanistas atribuían las producciones 
acabadas de esta última región á los chimús vencidos por el 
Inca; pero actualmente sabemos que son originarias de una 
época todavía anterior á la de los monumentos de Tia- 
huanaco. 

Los restos antiguos que tienen parentesco entre sí: de 
lea y Nazca 3' de los valles adyacentes, del valle del Rímac, 
de Chancay y de Samanco, hacia el norte con los ejemplos 
de la más antigua civilización del Perú que 6e había exten- 
dido á lo largo de la Costa de un modo parecido, como más 
tarde la de Tiahuanaco y todavía más tarde aún, la del 
vasto imperio de los Incas. 

5^ En la misma época, pero probablemente ocupando 
un terreno más extenso, antes habitó las caletas del norte, 
por lo menos las de Chorrillos á Pativilca, una raza de esta- 
tura alta, de pescadores antropófagos, cuyas producciones 
primitivas resisten á toda tentativa de comparación con las 
de los pobladores civilizados que vinieron más tarde. 

Sus producciones consistieron en pocos y primitivos ar- 
tefactos cerámicos, múltiples y particulares tejidos de mim- 
bre y de redes; y un gran número de utensilios de hueso, en- 
tre ellos varios de huesos humanos, Por estas últimas se- 
ñales se parecen más á las tribus de pescadores antiguas de 
Chile y á las de la Tierra del Fuego, todavía existentes, que 



412 REVISTA HISTÓRICA 



á los peruanos antiguos civilizados por épocas de millares 
de años por una cultura continua. 

Tomando estos resultados como base para nuestro tra- 
bajo coman, inmediatamente se deduce de ellos un número 
de nuevos problemas. 

¿En qué extensión ocupó la raza antigua de pescadores 
la costa peruana, y será todavía posible descubrir paríen- 
tas de ella en otras partes del Continente? 

¿Las tribus más antiguas civilizadas del Perú, cuyo do- 
micilio actualmente fijamos en lea, Nazca, Lurín, Rfmac, 
Chancaj y Trujillo, vinieron repartidas esporádicamente ó 
formaron una población continua á lo largo de las costas 
peruanas? 

¿Cuál era la razón por que los pobladores conocidos co- 
mo los antiguos civilizados, sobrepasaron por la técnica de 
sus artefactos y por la riqueza de las ideas que en su orna- 
mentación expresaron á todos sus sucesores? 

¿Tuvieron predecesores? 

Habiendo éstos vivido en el territorio nacional debe- 
mos encontrar todavía sus huellas, pero si acaso hubieran 
llegado de otra parte, la prueba del lugar de su procedencia, 
ha de sacarse terminantemente por la comparación con las 
producciones de otros países. 

Pero estas preguntas tan importantes, tan interesantes 
como son, no ofrecen sino un lado del problema que se pre- 
senta al arqueólogo en este país, tan rico en restos del pasa- 
do. Sus estudios no han de ceñirse á la resolución del pro- 
blema, aunque realmente es de inmensa importancia el ori- 
gen general de la civilización peruana. Cada una de las for- 
mas de ella, tanto las generales cuanto las locales, exige 
un estudio separado; pero ninguna con más derecho que la 
del poderoso imperio de los Incas,que hallaron los españoles 
en el último grado de desarrollo, y que destrozaron con un 
ataque sorpresivo. Cuan poco sabemos hasta ahora del ori- 
gen particular de este irai)erio, del principio de su desarrollo 
interno y de su cultura especial. Todavía nos faltan los 
medios seguros para explicar el génesis de las civilizaciones 
que le precedieron en la altiplanicie de los Andes. 

Pero, prescindiendo de todos estos problemas, eminentes 



SBCCIÓN OFICIAL 413 



todavía habría tema bastante para ocupar perennemente 
á nna generación de arqueólogos. 

El pafs está lleno de ruinas de palacios, templos, forta- 
lezas, restos de tambos, de caminos, de sistema de irriga- 
ción; todo hay que estudiarlo aún, salvar sus planos para la 
posteridad j darlos á conocer á los sabios de otras países. 

Despertemos el pasado, reconstruyamos la grandeza de 
sus monumentos, de sus templos, penetremos en su espíritu 
estudiando 3'' dando vida á las costumbres y usos de los an- 
tepasados del suelo patrio. 

Cuántas riquezas de ideas ho encierran los ornamentos 
de alfarería y los dibujos de los tejidos antiguos. Nues- 
tro distinguido colega el doctor Patrón ya lo ha reco- 
nocido, y desde tiempo atrás lo ha hecho objeto de sus in- 
vestigaciones. 

Pero para comprender bien la vida del pasado nacional 
es necesario que estudiemos el presente en sus costumbres y 
usos, en la técnica, en los idiomas, en el folklore y en la mú- 
sica de los indios de nuestros tiempos. 

En pocas partes hay para esto, condiciones tan favora- 
bles como en el Perú. Los antiguos egipcios, los babilonios, 
los helenos ya no hablan, no los vemos en su trabajo, ni los 
observamos en sus ñestas; todo lo que todavía podemos 
oír, ver y observar en el Perú, donde una gran parte de las 
costumbres antiguas, aún son practicadas; hasta la antigua 
oi^antzación gentil, existe todavía en la Sierra, como tam- 
bién el título y el ofício de los Incas. 

La técnica en el- tejer es en la Sierra al presente la mis- 
ma que en los tiempos prehispanos. El arte de teñir, que 
producía tan hermosos y vivos colores, y de una permanen- 
cia que artefactos europeos ya no poseen, existe con nota- 
bles huellas en la Sierra. ¡Ojalá fuese posible salvar algo de 
la perfección técnica y de la paciente diligencia de los anti- 
guos peruanos para el desarrollo industrial moderno! 

El Museo que el Snprerao Gobierno acaba dé formar, di- 
ré nuestro Museo, será el espejo de nuestros trabajos de ex- 
ploración del país, y podemos tener la ambición de poseer 
uno de los mejores museos del mundo, tanto por la clase de 
objetos, cuanto por su organización. La sabiduría de los 



414 REVISTA HISTÓRICA 



hombres de Estado que actualmente dirigen nuestros desti- 
nos, nos ha creado de este modo un centro en el cual se 
dan la mano la exploración cientifíca y la exposición de ob- 
jetos de remota antigüedad. (Aplausos.) 

Antes de terminar hago una apelación al corazón de mi 
auditorio, á los horpbres del Gobierno, á mis colegas, para 
que me ayuden en la tarea que me he impuesto. 

Pido protección para los monumentos del país. 

Es preciso que se expidan leyes que impidan el sa- 
queo délas huacas. Una generación de ignorantes del pueblo 
los buitres de las antigüedades nacionales, arrancan día por 
día objetos que son comerciables de las tumbas antiguas, 
destruyendo tesoros irrecobrables de un valor histórico sin 
precio. 

Pido protección para los monumentos del país que han 
resistido millares de años, que necesitan que se destierre lejos 
de ellos á los vándalos, que allí quieren buscar tesoros: á los 
frivolos que explotan los palacios antiguos para diferentes 
usos de sus haciendas. 

Lo que principia á desmoronarse por la acción del tiem- 
po ó la fuerza de los elementos, hay que restaurarlo, para 
que lo que es el orgullo de la generación presente, sea traspa- 
sado también á la prosperidad. (Aplausos). 

Un pueblo que honra á su pasado y lo estudia, se honra 
á así mismo. El honor que el Perú dispensará al estudio de 
su historia traerá la elevación política del país, y en el respeto 
que le inspiren los mudos testigos de sus grandioso pasa- 
do, encontrará la fuente de su elevación espiritual, sin la 
cual todo progreso es imposible. 

Si así actuamos espero ver el día, no lejano, en que el Pe- 
rú tome un lugar eminente entre las naciones que más flo- 
recen en el mundo por su cultura j su desarrollo intelectual. 

Unámosnos en el trabajo para este fin. 



He dicho. 



« 
* • 



SECCIÓM OFICIAL 415 



. Bajó de la tribuna elSr.Uhleen medio de nutridos áplau- 
y luego subió á ella el sabio doctor don Pablo Patrón, de- 
signado por el Instituto para contestar el discurso de incor- 
poración del Uhle, y lo hizo expresándose de la manera si- 
guiente: 

Excmo. señor; 

Señoras; 
Señores: 

Motivo de gran complacencia es para el Instituto His- 
tórico recibir en su seno á un americanista tan distinguido 
como el s^eñor Uhle, quien nos trae el valioso contingente de 
sus conocimientos especiales sobre la historia antigua del 
Perú. No es de hoy que el señor Uhle se ha dedicado á esta 
clase de investigaciones históricas: aparte de otros trabajos 
secundarios, debo señalar como puntos culminantes de su 
labor, el magistral libro dado á luz en 1892 sobre las ruinas 
de Tiahuanaco, y la no menos importante publicación he- 
cha en 1903 sobre la región de Pachacámac. 

Cierto es que no han sino viajeros científicos los que han 
faltado en el Perú: desde Humboldt hasta Uhle, su número 
es considerable, pero á pesar de eso, antes del último de 
ellos, la arqueología peruana apenas había adelantado. Sea 
por la rapidez de sus travesías ó por haber dedicado su 
atención á diversos ramos de la ciencia, lo positivo es que 
en si mi$mo ó colectivamente el estudio de los centenares de 
restos arqueológicos de cada comarca no había sido pero ni 
siquiera intentado por ellos. 

D'Orbigny habla de las ruinas de Tiahuanaco y hasta 
las copia en su álbum, pero con qué superficialidful y rapi- 
dez. No hay croquis ni modelados exactos, ni medidas de 
los ídolos y piedras allí existentes. 

La expedición de Castelnau es aún más rápida, pues só- 
lo trae en sus grabados el de Curamba. 

Rivero y Tschudi dieron después á luz su notable libro 
sobre Antigüedades Peruanas^ y no obstante su título, 
la arqueología sólo en parte es tema de él; y no avanzó 
tampoco, mucho, pues incurrieron los sabios indicados en 



416 REVISTA HISTÓRICA 



I 



los mismos defectos y vicios de los autores anteriores. A 
tal punto que en su atlas ni la representación de las ruinas 
es tan exacta como debería serlo. 

Es preciso llegar á Squier para encontrar la primera re- 
visión arqueológica metódica de todo el territorio. IBste sa- 
bio arqueólogo estudió las ruinas tales como se presentan á 
la vista, levantando planos y haciéndola descripción de mu- 
chas de ellas. Era un gran paso dado adelante, y no han 
superado su obra Wiener, Hutchinson ni Middendorf, quie- 
nes se ocupan á la vez que de la relación de sus viajes, de ar- 
queología, pero siempre desde el mismo punto de vista es- 
trecho y limitado que sus antecesores. 

Tócales el honor de abrir la era de los trabajos arqueo- 
lógicos científicos en el Perú, á los señores Reiss y Stübel, 
quienes en su exploración del suelo de Ancón encontraron, 
la necrópolis, admirablemente expuesta por ellos, segán los 
principios técnicos más rigurosos. Agregúese á ésto el estu- 
dio directo y comparativo de las momias» de las piezas de 
cerámica, de los tejidos y de los granos y semillas hallados 
por ellos y luego la representación gráfica intachable de to- 
do, y se tendrá una ligera idea de la monumental obra de la 
Necrópolis de Ancón. xi 

En seguida de ellos viene Uhle, quien ha llegado á consti- * I 

tuír difinitivamente en una verdadera ciencia la arqueología 
peruana. Él no escatima e! tiempo, tomando todo el nece- 
cario para el conocimiento de la región escogida. Principia 
por medir y tomar razón minuciosamente de todo cuanto y, 

se encuentra á la vista y al ras del suelo, sigue con la explo- 
tación de éste, haciendo las escavacíones precisas para escu- 
driñar si hay restos humanos ó arqueológicos en las capas 
profundas. Por último, caracteriza y clasifica ordenada- 
mente todo el material obtenido, y uniendo á ésto los usos, 
costumbres, tradiciones y noticias pertinentes de que nos 
dan razón los historiadores, misioneros y viajeros, arregla 
una monografla la más completa posible sobre dicha región. 
Pero no acaba aquí su faena, sino que comparando los he- 
chos puestos en claro en un lugar con los otros, determina 
su semejanza ó disparidad, y así hace la síntesis y obtiene 



SECCIÓN OFICIAL 417 



los sorprendentes resultados que sirven de base á las gran- 
des disquisiciones históricas. (Aplausos). 

He aquí elevada la arqueología al rango que le pertenece. 
He aquí cómo no basta remover el suelo, extraerlos artefac- 
tos, piezas de cerámica y momias que estén á la mano para 
decir que se hace labor arqueológica. Estos objetos están 
íntimamente relacionados con el suelo en que se hallan, con 
la posición que tienen y con la determinada profundidad de 
donde hayan sido tomados; sacarlos sin t(»mar nada en con- 
sideración, es destruir gran parte de su valor histórico, es 
amenguar la luz que arrojnn sobre las tinieblas del pasado. 
Así teniendo en cue:>ta todas las circunstancias apuntadas, 
se comprende qué importancia histórica tan grande pueden 
tener un pedazo de tela desgarrada y unos fragmentos de 
alfarería. 

Según esto, después de su práctica y de sus conocimien- 
tos adquiridos ¿quién mejor preparado que el señor ühle pa- 
ra llevar á cabo con proficuos resultados la exploración ar- 
arquológica de nuestro territorio? 

No es por cierto un espíritu novel y que venga á hacer 
sus primeros ensa^'os en la crítica histórica: él aprecia el al- 
cance y la magnitud de la pesada tarea que vá á tener entre 
sus manos; y acabamos de oírle señalar, con singular acierto 
los puntos que es preciso definir 3' los problemas cuya solu- 
ción hay que procurar. 

En el Perú no se ha dado con el hombre fósil, como en 
otras regiones de América; los vestigios humanos más anti- 
guos descubiertos aquí, y anteriores á toda época de cultu- 
ra, son los muladares primitivos de Piura, los utensilios y 
esqueletos de una tribu de pescadores antropófagos entre 
Ancón y Pativilca, y la osamenta del hombre yacente bajo 
la capa volcánica de Tarapacá. 

Luego, sin ningún enlace con las épocas anteriores, se 
hallan los restos de la civilización de lea, Nazca, Chancay y 
de Samanco á Trujillo, sin que nadie hasta ho\' sepa á cien- 
cia cierta si han sido núcleos aislados ó si han pertenecido á 
una población continua á lo largo del litoral. 

Mientras que seres cultos habitaban en la Costa ¿qué hom- 
bres vivían en la Sierra y en las mesetas de la Cordillera? 
17 



418 REVISTA HISTÓRICA 



Aunque sobre este punto la ignorancia es completa, se pue- 
de suponer que la región andina era desde entonces asiento 
de unas gentes que se alimentaban con la papa amarga pri- 
mitiva y que, quizás, ensayaban ya su cultivo. 

Después se descubre una cultura homogénea que **como 
una ola ha cubierto todo el territorio y cuyos monumentos 
más hermosos encontramos en Tiahuanaco, á las orillas del 
lago Titicaca, y -cuyos efectos se extendían hacia al norte 
hasta el Ecuador". Henos aquí ante la civilización pre-in- 
caica, puesta fuera de duda por las investigaciones moder- 
nas y principalmente por las de Uhle. Así se ha confirmado 
la narración de un escritor de Indias, de Montesinos, quien 
es el único de los historiadores y cronistas antiguos muy co- 
nocidos, que, apartándose del camino trillado seguido por 
los otros autores, se atrevió á hablar y dar cuenta de una 
civilización pre-incaica extendida en todo el Perú, y esto 
cuando nadie sospechaba su existencia y nada se sabía sobre 
el particular. Este triunfo, del que no vacilo en llamar emi- 
nente y veraz historiador, nos pone en el caso de revisar cui- 
dadosamente su texto, y prescindiendo de los errores y equi- 
vocaciones en que pueda haber incurrido, pesar bien sus pa- 
labras y buscar hasta qué punto se encuentra la verdad 
histórica viva y palpitante en el fondo de sus escaitos, máxi- 
me cuando la crítica moderna está de acuerdo con su relato 
Asegura aquella qus entre la destrucción de la cultura de 
Tiahuanaco y su resurgimiento durante el período incaico, 
tuvieron los pueblos del Perú sus épocas de unión más ó me- 
nos extensas, y las de variadas formas de cultura. Pues bien, 
eso mismo consta en Montesinos cuando nos refiere la caída 
de la civilización á causa de las diferentes invasiones del Pe- 
rú por diversas tribus bárbaras y por efecto de las pestes y 
otras plagas. 

• Pero sean cuales fueron las fallas y viscisitudes de la ci- 
vilización en el Perú pre-hispánico ¿cómo es que ha apare- 
cido aquí? En cuanto es posible congeturar sobre ese fenó- 
meno, hay que aceptar que ha venido ya formada de fuera. Se 
funda esta conjetura: primero, en hallarse en la Costa los ras- 
tros de la más antigua cultura; segundo, en no haber conti- 
nuidad posible entre las obras de los hombres primitivos y 
las de los civilizados venidos más tarde; tercero, en la falta 



SECCIÓN OFICIAL 419 



de desarrollo armónico gradual y sucesivo entre la cultura 
de una época y la de las posteriores; sino que, por el contra- 
rio, **los más antiguos civilizados sobrepasaron por la técni- 
ca de sus artefectos y por la riqueza de las ideas que en su 
ornamentación expresaron á todos sus sucesores;" y cuarto 
en las dificultades tan grandes con que se tropieza en el sue- 
lo del Perú para que en él brote una civilización. En efecto, 
Angrand dice: "Siempre que he recorrido las glaciales mese- 
tas de Bolivia y la región desolada tenida por cuna históri- 
ca de los quechuas, me ha parecido imposible que las civili- 
zaciones, cuyas huellas veía, hubiesen nacido en semejantes 
soledades, á más de 4000 metros de elevación. Aparecían 
ante mi vista separadas del resto del mundo por barreras 
infranquebles para cualquier otro que no fuera un hombre 
poseedor de una experiencia colectiva merced á luchas secu- 
lares con la naturaleza; no podía convencerme de que regio- 
nes tan inclementes como insuficientes para satisfacer las 
necesidades de la vida, y en las cuales todos los elementos 
son inertes, hubieran llegado á ser el centro de sociedades 
civilizadas, si éstas no hubieran venido de fuera completa- 
mente organizadas, por decirlo así; ¿cómo suponer, en efecto, 
que el hombre sin tradición social, que tribus aún en estado 
primitivo, ante condiciones físicas tan desfavorables, sin la 
poderosa vitalidad, ni la abundancia de recursos, que úni- 
camente poseen los pueblos iniciados de larga data en el ar- 
te de dominar las fuerzas de la naturaleza, hayan llegado á 
crecer, sin apoyo, sin contacto, sin comunicación externa en 
esos ásperos desiertos? Miré, pues, con evidencia que esas 
razas cuyas imponentes huellas contemplaba habían pene- 
trado en esas regiones inhospitalarias cuando ya tenían un 
pasado remoto y estaban poderosamente preparadas para 
la lucha de la vida social, fecunda y práctica; que dichas ra- 
zas se habían formado en medios más propicios donde ha- 
bían sufrido esa larga iniciación engendradora de la poten- 
cia de la acción colectiva y que debe preceder á la fundación 
de toda sociedad obligada á vivir sola." 

Mas, entonces, ¿de dónde provendrán los creadores del 
progreso en nustro país? ¿Serán unos mismos ó diferentes 
los hombres cultos de lea, Nasca, Chancay y Trujillo, de 
Tiahuanaco y del imperio Incaico? 



420 REVISTA HISTÓRICA 



Al llegar á este punto, permitidme que dedique un senti- 
do recuerdo á la memoria de nuestro malogrado consocio 
doctor Teodorico Olaechea, cuya silla vacante en el Insti- 
tuto Histórico viene á ocupar el señor Uhle, al recordar sus 
ensayos arqueológicos en lea y la creencia que él abrigaba 
de que la costa de este departamento había sido poblada 
por chinos. . 

Apesar de haber este pueblo conocido la brújula desde 
tiempo inmemorial, y de sus viajes al país de Fug-Sang, to- 
mado por muchos historiadores por América, su arribo á 
nuestras playas no ha sido hasta ahora aceptado por falta 
de pruebas concluyentes. (Aplausos). 

Hay algo más. No es posible buscar en Sud América la 
cuna de nuestros primitivos adelantos, pues el Perú ha bri- 
llado como una estrella en medio de la densa y oscura no- 
che que cubría el resto del Continente. Hemos sido sus civi- 
lizadores, según lo manifiesta la difusión de las lenguas an- 
dinas; por el norte, más allá de Pasto varias tribus de Co- 
lombia empleaban voces quechuas para su indumentaria y 
sus alimentos; por el sur alcanzó nuestra influencia hasta 
la Tierra del Fuego, donde los Onas usan hasta hoj' mismo 
vocablos aimaraes. De ninguna manera puede creerse que 
esto sea fruto de los últimos tiempos cuando reinaban los 
Incas, pues en el período de sus conquistas no puede haberse 
infiltrado tanto el quechua, no sólo en los países limítrofes 
como el Ecuador, donde ya se hablaba de antemano, y Chi- 
le, donde el Auracano posee un extenso vocabulario quechua, 
sino todavía más lejos, en Cuyo, donde la lengua Allentiac 
estaba plagada de palabras andinas; en Catamarca, donde 
se conserva hasta hoy el quechua como lengua nacional; en 
el Tucumán y regiones vecinas, y esto hasta el extremo de 
haberse formado en pleno Chaco argentino una lengua co- 
mo la Vilela, híbrida entre la quechua y las del Chaco. 

Las ruinas de Tiahuanaco, ligadas sin fundamento bas- 
tante por D* Angrand á los Toltecas, indios oriundos de 
América del Norte, han permanecido durante siglos mudas 
é impenetrables, hasta que nuestro distinguido consocio el 
doctor Uhle ha dado la clave para aclarar su misterio al 
ver graba-da la imagen de Huiracocha en la monolítica 
portada de Acapana. Revelación de suma importancia, des- 



SECCIÓN OFICIAL 421 



de que el culto de este dios ha perdurado hasta los últimos 
días del período pre-hispánico; y como su nombre es que- 
chua, así como lo es la lengua esparcida en América del Sur 
por los hombres de la época pre-incaica, resulta que la co- 
munidad del idioma y de las crencias enlazan íntimamente 
la cultura de Tiahuanaco con la incaica. 

Bien sabido es entre nosotros que el que os habla ha es- 
tablecido una teoría sobre el origen asiático de la civiliza- 
ción del Perú primitivo. Las lenguas andinas, los dioses, la 
arquitectura son sus principales fundamentos, 

La lengua, por infinidad de radicales comunes entre las 
andinas y la súmera, y por las voces de esta última exis- 
tentes en el quechua, las cuales resuenan en América á mi- 
llares de leguas de su punto de origen y después de milla- 
res de años, cuando los hombres que la hablaban ya no exis- 
ten. 

Los dioses, por haber sido adorados allá y acá, el fuego, 
los elementos de la tempestad, el abismo de las aguas, el Sol 
y la Luna. 

La arquitectura, por la identidad de las paredes de ado- 
bes y de masas de barro pi;sonadas en su propio lugar. Por 
las estupendas murallas de piedra y las enormes moles le 
Yantadas con **esfuerzo casi sobrehumano'* tanto aquí co- 
mo en Asiría, y en un todo semejantes á las de Judea, la an- 
tigua Persia, la Siria, las colonias fenicias y la Grecia arcai- 
ca, sin que esto quiera decir que hayan pisado nuestro sue- 
lo judíos, persas, asirios, fenicios, ni pelasgos sino que en to- 
das estas obras se reflejan la imitación y el influjo de la añe- 
ja civilización mesopotámica. 

La misma arquitectura, tanto por la igualdad de un 
mortero bituminoso y por el grosor excesivo de los muros 
respecto al área de las habitacioness limitadas por ellos, co- 
mo por el sistema general de construcción, en gradas 3" en 
pirámides truncas superpuestas, y también por los planos de 
los palacios, templos y fortalezas. 

La cerámica, por la semejanza reconocida por todos en- 
tirelas piezas peruanas, las grego-orientales ylasetruscas, no 
porque ha^-an venido acá, vuevo á repetir, griegos ni etrus- 
cos, sino por su relación general con la cerámica de Oriente. 

La escritura, porque el que os habla juzga haberla des- 



422 REVISTA HISTÓRICA 



cubierto en los huacos y telas antiguas, confirmando así la 
noticia de Montesinos de haber sido ella usada en época re- 
mota y de haberse perdido después. Su lectura no puede ha- 
cerse sino recurriendo á la vieja lengua súmera y á los va- 
lores fonéticos de los signos de la escritura cuneiforme. 

Pero, para poder ver bien claro si por este camino se vá 
en pos de la verdad, supremo objetivo del hombre de cien- 
cia, lo que urge es hacer toda la luz posible sóbrela antiquísi- 
ma civilización peruana. Hacerla revivir en todo su esplen- 
dor aprovechando para ello los datos coservados por los 
historiadores y cronistas, cuanto subsiste aún de las cos- 
tumbres antiguas de los indios y de todo el tesoro arqueoló- 
gico que aún existe en el país. 

Que llegue el día en que esta reconstrucción sea una her- 
mosa realidad es lo que todos deseamos vivamente, y con 
tal fin han sido creados en hora feliz y con certera mirada 
el Instituto Histórico y el Museo de Historia Nacional. 

El primero abarca en su radio todos los cambios y fa- 
ses por los cuales ha pasado la vida nacional desde su más 
remoto origen hasta el presente. £1 segundo está llamado 
á ser, contando con la experta intervención del señor Uhle, 
el gran libro en que se vean patentes las épocas de civiliza- 
ción por las cuales ha atravesado este país cuando aún re- 
gían sus destinos sus naturales. La sección Arqueológica 
será por su método una maravilla, pues en ella se expondrán 
todas la regiones tales como han sido, y así el Perú ten- 
drá plena conciencia de su antiguo valor y del papel que ha 
desempeñado antes en el Continente. (Aplausos). 

Y antes este soberbio cuadro nos hemos de estimular pa- 
ra no desdecir de nuestros antecedentes, y habremos de es- 
forzarnos porque el Perú llegue en el futuro á la grandeza y 
rango de sus pasados días (Aplausos). 

* 
* * 

Terminada la ceremonia de la incorporación del Dr.Uhle, 
su Excelencia el Presidente se dirigió á la entrada de la Sala 
del Museo, en donde lo esperaban los Directores señores Uhle 
é Izcue, quien pronunció estas palabras invitando al Jefe del 
Estado á inaugurar el establecimiento: 




Director de la Sección y de la Colonia y de la República. 



SECCIÓN OFICIAL 423 



Excelentísimo Señor: 

Como encargado de V. E., bajo la alta dirección del se- 
ñor Ministro de Instrucción Pública, de acuerdo con el sabio 
arqueólogo doctor Uhle, con la cooperación de los emplea- 
dos del Ministerio y de un grupo de hombres trabajadores, de 
adaptar en este hermoso edificio á un nuevo destino y de ins- 
talar en él las instituciones intelectuales que florecerán, len- 
ta pero seguramente, á su sombra, tengo á honra invitaros 
á inaugurar el Museo de Historia Nacional. 

Basta un hecho así para que vuestro nombre quede ins- 
crito en el mismo severo recinto, modesto todavía, que ha- 
béis ideado levantar. Se dirá de vos que poseéis las conci- 
liadoras miras de San Martín, el valor de Salaverry para 
batir en alto, sobre todo y sobre todas, la bandera de lapa- 
tria; la cultura de Vivanco; el interés cariñoso y profundo 
de Castilla para que nuestro país no perdiera el puesto que 
nos corresponde en el concierto de las naciones hispano-ame- 
ricanas; el anhelo previsor y generoso de orden, de ley y de 
progreso que ciñe con triple aureola al gobernante de 1872. 

Dignaos pasar, Excelentísimo Señor. 



En cortas pero significativas frases declaró inaugurado 
el Museo de Historia Nacional el Excmo. Señor Pardo y en 
seguida visitó detenidamente todas sus instalaciones. 



1 



Canjes y correspondencia, diríjanse al Director de 
la REVISTA HISTÓRICA, señor C. A. Romero, apartado 
de Correos número 1026. 

"^i^ 



Revista I)i$t6rica 



Órgano M Tnsiítuto l)i$f6ilco del Pera 



JU eotuctón de todos tos problemas reUtivos á CrlstóM Cotón, por ^Ia- 

nuet 0onzátez La Ro«u 
et primero y el último proinnctat de ta CompaiiU de 7esú8 en el perú, por 

enrique Corres Saldamando* 
dn conwnto franciscano» ( f undadén del de Ca)amarca«) % €• p* 
ei corregimiento de 8aila y el problema histórico de la fundación de Tru ji« 

lio (conclusión I por M^rco H. Cabero. 
6xamen de la primera parte de los Comentarios Reales (fragmento de un 

tnaxyo sobre los historiadores peruanos) por ^os^ de la Riva Hgütro« 
flotas bibliográficas. C*H«R* 
Xndice del tomo 1. 



tomo T-trtmcttre 1U 



anm~P€.^h 

OfkiM tipofrMca d( "tM OpMM itacioMl" 

€h^emioSt 44 > 
lÍ06 



IinstitUto Histórico del Perú 



IMBECTOBIO PAI^A 1906-1907 



PRESIDENTE NATO 

El Excmo. Sr. Presidente de la República. 

YICE-PRESIDENTE NATO 

El Sr. Ministro de Instrucción Pública. 

PRESIDENTE 

D. Eugenio Larrabure y Unanue. 

PRIMER VIO E -PRESIDENTE 

Dr. D. Mariano I. Prado y Ugarteche. 

SEGUNDO VICE-PRESIDENTE 

Dr. D. Pablo Patrón 

SECRETARIO 

. D. José Toribio Polo 

PRO-SECRETARIO 

D. Rosendo Meló 

DIRECTOR DEL MUSIÍO HISTÓRICO 

D. José A. de Izcue. 

DIRECTOR DE LA REVISTA HISTÓRICA 

D. Carlos A. Romero. 

INSPECTOR DEL ARCHIVO NACIONAL 

D. Carlos Paz Soldán 

TKSORERO 

D. Kicardo Oarcía Rosoli 



Ca $clttcl6n dé todos lo$ problemas 

reblivof ^ Ciistóbal Celta y m partloiUir de aquellos rclacieiiates coi tot 
orlaenes d pretendldoi tasphratforeí 4el <k$cii»riMietto 4el Rucvo mtmae. 



MEMORIA LEÍDA EN EL CONGRESO DE AMERICANISTAS (1900) 
(Traducido del francés para la Revista HiatórícB) 

Las indagaciones históricas de las cuales os he anuncia* 
do sucintamente los resultados, datan de cerca de diez años, 
cuando á la aproximación de las fiestas del IV centenario 
del descubrimiento de América, tuve el honor de ser invita- 
do por el secretario del comité oficial de Madrid á coloborar 
en la gran Revista que se fundó entonces con el título de El 
Centenario. 

Desde ese tiempo me entregué exclusivamente al estudio 
de todos los puntos obscuros de la vida de Colón y de los 
verdaderos orígenes de su gran descubrimiento, lo que me 
ha obligado á abandonar otros trabajos que eran mi sostén 
á dos mil leguas de mi país. 

En medio de todos aquellos sacrificios, no se puede ima- 
ginar la cantidad de obras consultadas y de materiales acu- 
mulados para la solución de tantos problemas que había 
emprendido; pero la cosecha ha sido tan abundante, más 
allá de todas mis previsiones, que me creo hoy ampliamente 
indemnizado, aunque me encontrase impedido de presenta- 
ros esta obra de largo aliento. 

La causa está en que la máquina, habiéndose forzosa, 
mente detenido por falta de combustible, hace cerca de tres 



426 REVISTA HISTÓRICA 



años, me encontré de tal manera desanimado q ue para res- 
guardar al menos el derecho á descubrimientos, escribí lo 
siguiente, en junio de 1899, en la introducción á un atlas 
geográfico, que me fué encomendado por los editores Bouret: 

**Hay tales enigmas y le^'endas en la vida de Colón y en 
la historia de su descubrimiento de América, que el sabio es- 
pañol señor Fernández Duro, uno de los más competentes en 
estas materias, les ha llamado muy propiamente, nebulosas. 
El autor de estas líneas ha consagrado también muchos años 
al estudio exclusivo de estos problemas, de los cuales espera 
poder someter la solución al mundo sabio, cuando las cir- 
cunstancias se lo permitan. Para el caso de que se encon- 
trara en la imposibilidad de hacerlo entonces, debemos de- 
clarar aquí: que entre otros asuntos de los cuales creemos 
haber encontrado la solución incontestable, figura la de 
los pretendidos inspiradores de Colón, y en consecuencia 
probaremos: que ni la astronomía, ni la supuesta correspon- 
dencia de Colón con los astrónomos no tuvieron ninguna 
parte en el descubrimiento de América,^^ 

Antes de estos datos, y aún antes de las fiestas de 1898 
en Florencia, en honor de Toscanelli, había acabado de reu- 
nir mis materiales y todas las pruebas de este, problema; co- 
mo de todos losdcmás,y no me faltaba sino la obra de coor- 
dinación y redacción final, cuando la lucha por la vida me 
arrancó bruscamente á mis estudios, para volver á esas co- 
laboraciones anónimas, ó nó anónimas, á las cuales están 
condenados los sabios sin fortuna que viven en el extran-- 
jero. 

He hecho, sin embargo, partícipes de mis pequeños descu- 
brimientos colombianos, después de cuatro años, á muchos 
sabios, entre otrps, á nuestro eminente Presidente, el doctor 
Haray, al cual declaré entonces, delante del distinguido Con- 
servador de la Biblioteca Nacional, M. Gabriel Mercel: que 
las cartas atribuidas á Toscanelli eran apócrifas y que Co- 
lón no había conocido el libro Alliaco antes de 1494, á lo 
cual me respondió textualmente: será necesario probarlo. 
M. Marcel, testigo y confidente de mis indagaciones 
en la Biblioteca NaCÍQnal,losha conocido desde los primeros 
tiempos, y los ha ??eguido, á medida que le comunicaba los 



I 



LA SOLUCIÓN DE TODOS LOS PROBLEMAS 427 

resultados, con una benévola simpatía por la que estoy pro- 
fundamente agradecido. Puedo decir otro tanto y aún más, 
de mi venerado y muy querido amigo M. Henry Vignaud, 
para el cual no he tenido ningún secreto, y que entusiasma- 
do con la fuerza de los argumentos que desenvolvía delante 
de él en nuestras largas conversaciones, está hoy de tal ma- 
nera persuadido de la verdad de mi tesis sobre Toscanelli, 
que no he titubeado en exponerla ante vosotros, con algu- 
nas ligeras reservas, concediendo, desde luego, con su bien 
conocida lealtad, que la tesis me pertenece exclusivamente á 
mí, que la he demostrado, y que, el primero en el mundo, 
después de un estudio profundo de todas las fuentes, he prepa- 
rado un libro documentado para probar que las cartas, así 
como los mapas atribuidas á Toscanelli son esencialmente 
apócrifas. 

En la época de las fiestas que se organizaron en Floren- 
cia, en 1898, en honor de Toscanelli, bajo la influencia de su 
infatigable apologista M. Ugielli, debí, en vista de los obs- 
táculos de que he hablado más arriba, renunciar al proyecto 
que había concebido por un instante, (del cual he hablado 
á esos amigos) de escribirle á éste para declararle: que el 
profesor Pablo, no habiendo escrito jamás nada á Martins 
ni á Colón, era falsa la inscripción en la que se le llamaba 
/Diciador de su descubrimiento. M. Ugielli me hubiera res- 
pondido entonces como el doctor Hamy: probadlo! y yo me 
hubiera callado. 

Hubiera quedado reducido, entonces, por tan penosas 
circunstancias, á dejar dormir en mis cuartillas las investi- 
gaciones que me han exigido tanto tiempo, sacrificios pecu- 
niarios superiores á mis fuerzas, y á dejar ignorar durante 
años y quizás para siempre, las conclusiones á las cuales ha- 
bía llegado, aunque se trate de soluciones que cambian com- 
pletamente la biografía de Colón y la historia de los oríge- 
nes del descubrimiento de América,— si no hubiera recibido 
la invitación de tomar parte en los trabajos del Congreso 
de Americanistas. He creído deber aprovechar esta feliz 
oportunidad para presentaros, aguardando la publicación 
de mi obra, al menos el programa 6 resumen más sucinto de 
los problemas á los cuales me he dedicado y sobre todo al 



428 REVISTA HISTÓRICA 



de Toscanelli. Así se explica el título que he dado á esta co- 
municíición: Solución de todos los problemas relativos á Cris- 
tóbal Colón j, en particular^ de los de los orígenes ó de lus 
supuestos inspiradores de su descubrimiento de un Nuevo 
Mundo. 

Hubiera querido hablaros exclusivamente del problema 
de los orígenes, y, en especial de las falsas cartas atribuidas 
á Paolo Toscanelli. Pero he modificado mi plan cuando su- 
pe queá mi respetado amigo M. Vignaud le había agradado 
de tal manera la tesis en la que he logrado aventajarlo, que 
la ha escojido como tema de su comunicación al Congreso 
en esta misma sesión. Como no hay sacrificio de amor pro- 
pio que yo no estuviera pronto á hacer para probarle mi 
amistad agradecida, espero poder hablaros del carácter 
esencialmente apócrifo de las cartas llamadas de Toscanelli 
al canónigo de Lisboa y Cristóbal Colón, tratando, cuanto 
es posible, de presentaros otros argumentos y otros puntos 
de vista: de esta manera nuestras memorias se completarán, 
tal vez. 



Sería imposible tratrar aquí á fondo, ni aun el solo pro- 
blema de los orígenes y mucho menos todos los demás, so- 
bre los que no diré sino algunas breves palabras, detenién- 
dome, sobre todo, en la cuestión Toscanelli, aunque dándoos 
forzosamente simples bosquejos de mis pruebas, que son 
muy numerosas y documentadas. 

Ved aquí algunas, al correr de la pluma. 

Las Historias de Fernando Colón y de Las Casas, que 
son las fuentes oficiales, redactadas con los datos suminis- 
trados ó dejados por el mismo Colón, sostienen que los dos 
principales inspiradores del proyecto de éste fueron: el libro 
de Pedro d'Ailly, más conocido bajo la forma latina de 
Alliaco, rimago Mundiy y el modesto médico astrónomo de 
Florencia, el maestro Paolo, más conocido hoy con el nom- 
bre de Toscanelli. 

Esto ha sido ideado para hacer creer que Colón fué un 
sabio y que á los sabios fué á quienes debió las primeras 



L\ SOLUCIÓN DE TODOS LOS PROBLEMAS 429 

ideas de la existencia de un Nuevo Mundo al Oeste, cuyo 
descubrimiento sería debido á las meditaciones y lecturas 
del sabio y de ninguna manera al conocimiento del secreto 
de un desgraciado piloto. 

Sostengo y estoy pronto á probar, no solamente que el 
volutnen de Alliaco ixo fué impreso sino en momentos que 
Colón dejaba Portugal, sino, sobre todo, que el ejemplar 
de la Colombina pertenece seguramente á Bartolomé Colón, 
quien lo ha anotado, lo mismo que el volumen de PíoII, an- 
tesde volver á encontrar á su hermano en Santo Domingo, lo 
menos después de diez años, en abril de l^O^. El examen 
profundo que he hecho de estas notas, en gran parte de la 
escritura de Bartolomé, lo prueba,— así como otros argu- 
mentos—especialmente aquella nota en que Bartolomé fija 
el dato del equinoxiodel491:eqfíJ/noxiií/22,er/í Aocanno 1491 
etc. Todas las notas de Cristóbal Colón son, pues, posterio- 
res á 1494 y el libro no ha podido inspirar un descubrimien- 
to enteramente realizado. 

Pero la cuestión de Tlmago nos llevaría lejos, y nos pre- 
cisa volver á Toscanelli y á las cartas que no pensó nunca 
en escribir. 

Estas cartas nos las presentan bajo dos formas; una la- 
tina, que es un verdadero 6orrac/or de la segunda, que está 
en español, aunque ésta nos ha sido dada como simple tra- 
ducción; pero que no es, en suma, sino la recomposición y la 
redacción deñnitiva hecha sobre el texto latino, el cual solo 
era embrionario. 

Ese texto español en Las Casas es idéntico al italiano de 
la versión del libro de Fernando Colón, quien, á su vez, no 
puede haberlo tenido sino de su padre, mientras que á Las 
Caáas ese texto le ha sido dado **tal cualy^* como él lo dice, 
con todos sus italianismos, faltas de español y numerosas 
adiciones que revelan seguramente su origen colombino. 
Ningún español podría redactar tal traducción donde hay pa- 
labras y formas italianas. En fin, de una carta se ha hecho 
dos y se supone otras todavía. 

Nos bastará esta simple observación para concluir: que 
la supuesta copia- misa C. C etc, que se léeen la primera foja 
de las guardias finales del libro de Pío II, no es una copia si- 



430 REVISTA HISTÓRICA 



no el original, 6 primer debido á la misma pluma que la ha 
retocado y pulido en español, dándole así su forma definiti- 
va, y más aceptable que en latín, colocando al medio de la 
carta española el pasaje más importante, que, en el texto 
latino, no parece ser sino un post-scriptum, después de la 
fecha final. Se vé bien que el falso copista y traductor se ha 
ofuscado y ha tratado de llenar los claros que fatalmente ha 
tenido que notar en su primer borrador. 

Es imposible examinar los dos textos atribuidos á Tos- 
canelli sin compararlos y sin ir á buscar su fuente común; 
pues ambos nos han llegado por el intermediario de Colón, 
de su hijo y de su historiador oficial Las Ciisas, al cual la 
familia había confiado todos los autógrafos del célebre Ge- 
novés, como también todos los tesoros de la Biblioteca Co- 
lombina, depositados con este objeto en el convento de los 
dominicos de Sevillla, donde el padre Las Casas se hospeda- 
ba en esta época. No hacemos aquí más que señalar de pa- 
so este hecho, que por sí mismo es una prueba concluyente 
de la superchería, y vamos á examinar las que se despren- 
de de la carta misma, en sus relaciones ron ToscanelH, 

Toscanelli era, en efecto, un sabio y sp.nto astrónomo, 
aunque su mérito ha sido demasiado exagerado por su tan 
erudito abogado, M. Gustavo Uzielli. En todo caso, fué un 
hombre serio, sin duda, muy modesto y algo taciturno, que 
no hablaba sino cuando lo interrogaban, como dicen sus 
amigos. Vivió ochenta y cinco años, y sin embargo, no nos 
ha dejado ningún libro de medicina, ni de astronomía, ni de 
geografía, ni aún de cartas banales. Todo lo que tenemos de 
él, es el pequeño manuscrito que un desconocido ha intitula- 
do: Los inmensos trabajos y largas vigilias de Paulo dalP 
Pozzo Toscanelli, y que se reduce á algunas copias de 
otros astrónomos y á los cálculos que hizo de la órbita de 
ciertos cometas. En cuanto á la geografía no se encuentra 
sino el cuadro graduado y blanco de un mapa por hacer, en 
lugar del original que debe haber servido para las dos co- 
pias de las cartas marinas (que no estuvieron nunca gra- 
duados) que se dice haber sido enviadas á Martins y á Colón. 
Por otra parte, esto no es sorprendente; porque este astró- 
nomo, que estudió las constelaciones, sobre todo para fijar 
aquello que llamaban el punto los astrólogos de su tiempo, 



LA. SOLUCIÓN DE TODOS LOS PROBLEMAS 431 

estaba tan escaso en cuanto á verdaderos mapas, que tuvo 
necesidad de pedir prestado el de uno de sus vecinos, un se- 
ñor Castellani, cuando en 1459, llegaron ciertos comisarios 
de Portugal, los que le hablaron, sin duda, de la amplitud de 
los descubrimientos del príncipe Enrique en la costa africa- 
na. Este mapa Tosoanelli lo guardó hasta su muerte en 
1482 y no fué devuelto por sus herederos sino en 1484; he 
aquí todo el arsenal del supuesto cartógrafo, á quien se le 
supone acostumbrado á formar mapas náuticos (¿?^ sola- 
mente para la exportación! 

La base, el punto capital de la famosa carta, es la indi- 
cación precisa que se encuentra allí, de 26 espacios de 250 mi- 
llas, que era la distancia en línea recta, de Lisboa á las isla 
de Cipango y á Quinsay, capital del Catay ó China. Pero, 
ningún sabio serio, como lo era Toscanelli, podía osar afir- 
mar dogmáticamente un hecho semejante, como si fuese una 
vía abierta, ó en caso de serlo, habría que demostrarlo cla- 
ramente en 1474; porque entonces como hoy, todos los as- 
trónomos reunidos no se hubieran atrevido nunca á fijar la 
extensión de un océano, del cual no se conocían sino las cos- 
tas europeas, sin haber podido determinar previamente 
las líneas de las costas de la China (Catay) y, sobre todo, las 
de las islas de Cipango, etc, que nadie había visto ni notado 
pues que no figuran sino en Marco Polo, que las ha nom- 
brado muy vagamente. Para poder avanzar alguna cosa, 
siempre poco más ó menos, cuando faltan las observaciones 
geodógicas, hubiera sido preciso comenzar por probar que 
el sistema de Ptolomeo, universalmente admitido entonces 
ien el mundo sabio, era falso y que el de Marin de Tyv, que él 
había refutado, ó cualquier otro que acortase el Océano, era 
preferible científicamente, cosa que no ensayó aún el autor 
de la carta de que se trata. Habla al contrario, como un 
verdadero oráculo y parece tomar al rey de Portugal y á 
sus consejeros por unos imbéciles, que aceptaban ciega men 
te los vaticimos del astrólogo florentino, aunque éste no ha- 
ble sino como el último de los charlatanes. 

Es verdaderamente sorprendente que tantos hombres de 
ciencia como el padre Jiménez, Humbolt, Peschel, Uzzielli y 
todos los modernos historiadores de Colon, no hayan pen- 



432 REVISTA HISTÓRICA 



sado en ésto antes que nosotros, y se hayan lanzado inge- 
nuamente en infinitos cálculos para explicar esas famosas 
distancias, con el fin de rehacer un mapa que no ha existido 
nunca y que no ha podido ser trazado por un sabio que se 
respete, como lo era Toscanelli. Lo que hay de verdad es: 
que la teoría de los espacios, el pequeño mar y todo lo de- 
más está en oposición con las ideas reinantes entonces entre 
los sabios, y que no fué sino destiempo que se ha querido, 
con el famoso mapa, dar aires científicos al más feliz de los 
hallazgos. 

El famoso mapa no contiene, por otra parte, sino bana- 
lidades 6 datos copiados textualmente de Marco Polo ó 
de Juan Mandeville (impresos en 1483 y 1485 más ó menos) 
que viene á ser lo mismo; confunde la Etiopía del Pretre— 
Jean ó Abisinia con el Cata^' ó China, y toma por embajado- 
res de esas regiones á los obispos jacobitas que asistieron 
al concilio de Florencia en 1439, etc.; al mismo tiempo se 
sirven allí, de una frase de Landino qut coloca este en la ter- 
cera: Magister Pnulus cosdiligenter interrogavit, me presen, 
te. Es sensible que este pasaje en el que Landino comenta 
lo que dijo Virgilio sobre la isla de Tule (Islandia) se re- 
fiera á viajeros venidos á Florencia, no del Catay, ó al menos 
de la ciudad de Tañáis, sino de las fuentes del río Tañáis, 
sean del Don los mapas de la época, es decir del norte de la 
Rusia; y he aquí porque Toscanelli les hizo una multitud de 
preguntas sobre el clima, la duración de los días en las re- 
giones árticas, etc. {ab initia Tañáis). 

La primera edición del comentario de Virgilio por Lan- 
dino, es de Florencia (1487) y el trozo de las Geórgicas de 
donde el autor de la carta, fechada en 1474, ha tomado su 
diligenter interrogaviy ha sido ya citado á propósito de esto 
mismo por Humboldt y Uzielli, pero truncada; y su verda- 
dero sentido se les ha escapado, por que no han leído como 
nosotros todo el texto y su comentario, que no tiene nada 
que hacer con el Oriente ni el Catay. Que todo era banal y 
aún del dominio público, hemos dicho, en la carta tan alaba- 
da: la esfericidad de la tierra, la medida del grado y déla 
circunferencia terrestre, la existencia de los Antípodas, de la 
que hablaba el mismo poeta Pulci en su Margante, escrito 



LA SOLUCIÓN DE TODOS LOS PROBLEMAS 433 

en Florencia en vida de Toscanelli, los datos sobre el Catay, 
Cipango, Zayton, Quínsay y sus fuentes, etc., todos son de- 
bidos á Marco Polo. En cambio, todo aquello que parece 
original, como las distancias precisas de las costas, de los 
puertos y de las islas que se dice situadas en el mapa inha- 
llable del inmenso océano desconocido, no son dignas de un 
sabio serio; son la obra de un charlatán ó de un farsante, 
quien ha aplicado al pasado los resultados ya adquiridos 
por el descubrimiento real del Nuevo Mundo. 

Por otra parte, no es concebible que un sabio florentino, 
que vivió ochenta y cinco años y no dejó casi nunca su ciu- 
dad natal, no haya dejado traslucir, por lo menos en su in- 
timidad, sobre todo á su sobrino el dortor Ludovic, muerto 
doce años después de él,— las razones que le hicieron creer en 
la facilidad de llegar á las Indias ó al Catay por el Oeste, 
mientras reservaba las primicias á los portugueses, y á Co 
lón, que era para él cualquiera. Así pues, cuando en Floren- 
cia, en 1494, á pesar de los pasos del Duque de Ferrara, no 
se prestó fe ninguna al supuesto proyecto que se atribuía en 
España á Toscanelli y á sus relaciones con Colón, fué por- 
que los florentinos sabían á qué atenerse en ésto: que Tosca- 
nelli, fuera de la astronomía y de la medicina, no se ocupó de 
estudios geográficos; y que si lo hubiera hecho habría revé- 
lado sus planes á los Médicis, sus amigos, para que aprove- 
chasen, desde luego, á la República. 

Todos los que, como yo, se han dedicado á estudiar to- 
do lo que de lejos ó de cerca, se refiere á la vida de Toscane- 
lli, saben que entre los florentinos de su tiempo que han he- 
hecho su elegió, ninguno ha hablado tanto de él como su 
amigo Cristóbal Landino, quien vivió hasta 1504, fijaos 
bien. Este, en la introducción de sus comentarios sobre laDi- 
F/uaCoraec/iadelDante (impresa en Florencia en 1481), hace 
un resumen de la historia literaria de Florencia y desús hom- 
bres ilustres. Aunque no quiere hablar sino de los muertos, 
dice, quiere hacer una excepción por nuestro Toscanelli,— lla- 
mado entonces solamente maestro Paolo el médico, y ha- 
ce un gran elogio de él en 1481, un año antes de su muerte, 
llamándolo ** venerable anciano, respetable representante de 
la antigüedad, etc." 
2 



4-34 REVISTA HISTÓRICA 



Bien, pues, es este solo el que el famoso florentino Fran- 
cisco Sansovino y otros editores de la misma obra han su- 
primido en las ediciones del siglc XVI, dejando subsistir en 
dicho prefacio apologético muchos otros nombres bien se* 
cundarios, mientras tanto que se borra únicamente de un 
golpe todo lo que se dice del maestro Paolo: ¿es que se ha 
podido hacer esto á la lijera \' sin causa grave? No quiere de- 
cir ésto que, en Florencia, los sucesores inmediatos del ob- 
servador de los cometas, no creían fundada la leyenda de 
sus proyectos trasatlánticos, aún después del falso de la edi- 
ción de la Stera de Danti de Rinaldi? Este argumento, entre 
otros mil, merece ser profundizado por los que, sin apasio- 
namiento, estudian á fondo este problema histórico. 

Ved aquí el testimonio del respetable cronista florentino 
Fierre Parenti, prior de la Signoria de Florencia en 1482, 
justamente en el instante de la muerte de Toscanelli. Con 
fecha de fines de marzo de 1493(-4) cuenta, en su volumino. 
sa y preciosa crónica, inédita, cómo se recibió en la ciudad 
donde, como dice Perrens, todot^ vivían en la calle, la pri- 
mera noticia del descubrimiento del Nuevo Mundo. Se lee 
allí estas palabras textuales, que traduzco del italiano: 

**E1 Rey de España ha descubierto y encontrado con sus 
navegantes muchas nuevas y grandes islas, de las que no 
se había tenido nunca noticia alguna, donde se encrpntra 

oro, etc " y añade esto: **Ha habido sin embargo gentes 

que han pretendido que antes se había tenido indicios á es- 
te respecto y que, como prueba, mostraban un mapa (carta 
picta) que había pertenecido (no á Tosconelli) al cardenal 
de Nicea (Bessarion) 5'' en el cual se veía islas semejantes á 
estas, {Doue simil isole erand notate.y^ 

Ni Parenti, que conocía á Toscanelli hacía mucho tiem- 
po, ni los otros florentinos que se expresaron de esta mane- 
ra, encontraron, pues, en sus recuerdos nada que se refiera á 
un descubrimiento tan grande, en los trabííjos de su sabio 
compatriota: nada de las famosas cartas ni de los mapas 
que se dice haber sido enviados por él á Lisboa. Se limita- 
ron á mostrar el mapa del célebre cardenal griego Bessarion, 
muerto diez aüos antes.de nuestro maestro Paolo. . El mis- 
mo silencio de parte de otro amigo y colga de la Sociedad 



LA. SOLUCIÓN DE TODOS LOS PROBLEMAS 435 

Minera de Monte Catini, de donde nuestro astrólogo era el 
principal accionista, Tribaldo de Rossi, quien en su Jour- 
nal, fecha de marzo del mismo año 1493 (=94st. fl.) con- 
signa la llegada á Florencia de la gran noticia. Sucede lo mis- 
mo con Juliano Dati, quien la ha comentado en pequeño- 
poema, impreso algunos meses después en la misma ciudad; 
y también en el manual de geografía Zacarías Lulius, intitu- 
lada: Orbis Brehiarium, (impreso en Florencia, 1493). Siem- 
pre y por todas partes reina el mismo silencio, sobre todo en 
Florencia, donde vivían todavía Landino, Ficino, Berlinghie- 
ri, Politien y otros de sus amigos, así como los sobrinos de 
Toscanelli. donde el mayor era un antiguo médico, el que 
habría debido entonces pedir una recompensa y hacer cono- 
cer en todas partes: que á un florentino, su tio, el feliz geno- 
vés debía el plan primitivo de su colosal descubrimiento. 

En medio de este silencio fatal, el Duque de Ferrara, Breó- 
le de Este, recibió, no de Florencia, sino de sus agentes de Se- 
villa ó de Lisboa, cartas haciéndole saber: que se aseguraba 
que á los consejos del maestro Paolo, era á los que Colón 
atribuía el descubrimiento que acababa de hacer. El Duque 
escribió inmediatamente, en junio de 1494, á su embajador 
en Florencia, Manfredo de Monfredi, suplicándole de hacer 
todo lo posible por obtener de los herederos los papeles de 
Toscanelli sobre este asunto. Manfredo ha debido hablar al 
Gobie iio^ á los sabios y á otras personas que habían cono- 
cido al taciturno astrónomo; pero sobre todo al doctor Lu- 
dovico Toscanelli y á sus otros sobrinos, han debido exami- 
nar, uno á uno todos los manuscritos y cartas del tío, y si 
se hubiera encontrado la más pequeña cosa, la familia y to- 
dos los florentinos, se hubieran apresurado á pregonar á to- 
dos los vientos la gloriosa nueva, aún antes de que el embaja- 
dor lo hubiera comunicado al Duque de Ferrara. Mientras 
tanto, los resultados fueron tan negativos, que ese silencio 
tan significativo se fué prolongando, y en nuestros días, á 
pesar de las más minuciosas investigaciones, no se ha podi- 
do encontrar en los archivos de Módena, sino el pedido del 
Duque Ercole, no así la repuesta de su embajador, que debía 
ser abrumadora. Si ésta hubiera sido afirmativa, gran nú- 
mero de escritores florentinos de ese tiempo nos lo hubieran 
hecho saber, y su patriotería no hubiera tenido necesidad de 



436 REVISTA HISTÓRICA 



adornar con guirnaldas le leyenda de Vespuccio para hacer 
paralelo á la de Colón, si se hubiera podido entonces probar 
que el descubrimiento de un mundo había sido inspirado por 
su compatriota Toscanelli. Los falsarios quedaron reduci- 
dos en el siglo XVI, para rejuvenecer la leyenda, á inventar 
el talso atribuido á Danti di Rinaldi, que hacía hablar á Tos- 
canelli doce años después de su muerte, y el del famoso Pie- 
tro Vaglienti, quien, haciendo elel<»gio de don Manuel, Rey 
de Portugal, dice que el maestro Paolo, muerto desde hacía 
treinta años, le había sugerido la idea de la circunnavega- 
ción del África, 

Según los documentos encontrados por el mismo M. 
Uzielli, más serios que los de Vaglienti, Toscanelli, cuando 
la carta de 1474, estaba á la cabeza de una compañía de 
minas.y en lugar de la Geografía se ocupaba deotras especu- 
laciones comerciales y agrícolas, para ocupar á su sobrino 
que no contaba sino con él. Si en esta época, á los setenta 
y siete años, en 1474, tuvo el proyecto del colosal descubri- 
miento que se le atribuye, hubiera tratado de hacerlo pro- 
ductivo, y con este objeto hubiera preferido mil veces reve- 
lar su secreto, para hacerlo poner en ejecución, á Lorenzo 
de Médicis, su amigo y socio en dicha compañía minera. 

La carta á Martins no es conocida sino por la dirijida, á 
Colón, enviada mucho después de las guerras de Casti- 
lla con Portugal, como se lee en el texto español rehecho. 
Pero sabemos que el tratado de paz, firmado en septiembre 
de 1479, no fué ratificado en Toledo sino en marzo de 1480, 
y no pudo ser conocido en Florencia por Toscanelli, de edad 
de ochenta y tres años entonces, sino mucho después, hacía 
fines del año ó en 1481, es decir un año antes de su muerte 
(acaecida en mayo de 1482) y,por consiguiente, en una edad 
muy avanzada, en la que el hombre vejeta esperando «u 
fin sin ocuparse de las empresas de este mundo, 

¿Es creíble que llegado á la decrepitud, Toscanelli, se hu- 
biera puesto entonces á copiar cartas y mapas marinos, pa- 
ra enviarlos, no á un amigo, sino á un extranjero descono 
cido que le habría escrito de Lisboa? 

Esto es tanto más increíble, que el autor del texto espa- 
ñol en las cartas, no habla solamente de una carta, sino de 
dos ó más tanto de Colón como de Toscanelli, y esto que 



LA SOLUCIÓN DE TODOS LOS PROBLEMAS 437 

es ya un anacronismo por una sola carta, es más absurdo 
por varias, que serían fatalmente postumas. En fin, proba- 
i:emos: que el proyecto de Colón es muy posterior á su par- 
tida de Portugal en 1484, y fueron, probablemente, los flo- 
rentinos Juanoto Berardi y Vespuccio, sus banqueros y ami- 
gos, los que le revelaron en 1493 la existencia de su sabio 
compatriota sin decirle que había muerto ya, muj^ viejo, en 
la primavera de 1482. 

No olvidemos que Las Casas dice: **que Colón estaba 
seguro del éxito de su empresa, como si hubiera tenido los 
Indios en el bolsillo (sic)*': no se vá así con tanta seguridad, 
cuando no se tiene en el bolsillo sino una carta tan vulgar 
como la atribuida á Toscanelli. 

Volvamos todavía, aunque de paso, al texto mismo de 
las cartas. 

El supuesto Toscanelli nos dice al principio de su carta, 
que, de parte del Rey Alfonso, le preguntan si tendría una 
vía más corta, breviori vía, que aquella que los portugueses 
seguían para.ir al país de las especias por la Guinea. 

Así pues, en 1474, no se buscaba en Portugal ninguna 
vía para llegar al país de las especias, ni por la Guinea ni 
por el Oeste; no se podía saber entonces cuál era la vía más 
larga ni la más corta, porque no se les conocía para poder 
así compararlas. Si alguien habiera podido conocerlas, ha- 
bría sido más bien el rey y no el astrólogo florentino, y 
por consiguiente, no puede ser de éste la frase de que se tra- 
ta, quien, mucho menos todavía, puede haber hablado antes 
á Mártins sobre esto {tecum alias locutas siim de breviori 
vía, etc.) 

En efecto, la supuesta cíirta de Toscanelli á Fernando 
Martínez, pero destinada á ser trasmitida al Rey de Portu- 
gal, Alfonso Y, así como la copia posterior de esta y las 
otras misivas (á los 84 años!) que hubiera dirijido más tar- 
de á Cristóbal Colón, después de las guerras de Castilla 
(1481 ó 1482?), no tienen razón de ser bajo ningún punto. 
El rey no podía pensar en pedir datos á ningún italiano so- 
bre las cosas de África y del Océano pues que los portugue- 
sas los conocían mejor que nadie en ermundo; no pensaba 
tampoco en el descubrimiento de la India por ninguna vía, 
ni enot'ra.co3a que en el matrimonio con Doña Juana, su so- 



438 REVISTA HISTÓRICA 



brina, y en la guerra con los españoles, á fin de llegar á ser 
á la vez rey de España y de Portugal. Si Alfonso V hubie- 
ra pensado alguna vez en buscar el camino de las Indias, 
sea por el Este, sea por el Oeste (en lo que no pensó jamás, 
sobre todo después de la muerte del Príncipe Enrique en 
1460) habría sido el mejor informado de todos los reyes por 
sus marinos; pero era tan indolente que prefirió asegurar 
sus posesiones de la Guinea á un Gómez de Lisboa en cam- 
bio de una modesta utilidad. Además, sabemos que á fines 
del mismo año de 1474, concedió apernando Telley la autori- 
zación para hacer descubrimientos en el Atlántico, por su 
propia cuenta, sin esperar los informes del florentino, que 
éste ignoraba, y que no se le habrían podido pedir en esta fe- 
cha de Portugal. 

Si nos detenemos un momento para examinar el lengua- 
je de la carta, no es necesario ser de grandes alcances para 
persuadirse que no ha podido ser redactada por uno de los 
buenos latinistas florentinos del Renacimiento, entre los 
cuales estaba ToscanelH, según dicen sus contí^mporáneos. 
¿Como poder imaginar que el amigo Landino, deCusa.de Al- 
berti, el conciudadano de Bruni, Poggio, Politien, Pico, Ve- 
rino, Ticino, etc. etc, hubiera podido escribir, por ejemplo: 
Carta navigacionis en lugar de tabula náutica; determina^ 
v/en el sentido español y del todo moderno de **tomar una 
resolución, decidida'* cuando podía decir, en buen latín, de- 
creviy statui, etc.,? Hay otras incorrecciones y focmas en la 
carta, que son características del mal latín de los hermanos 
Colón en sus anotaciones marginales, pero que serían in- 
concebibles en un humanista como ToscanelH. 

¿Cómo, por otra parte, suponer que se tratase de una 
verdadera copia del original latino de ToscanelH, cuando 
vemos figurar el párrafo fundamental de la carta ( A civi- 
tate, etc,) como un post-scriptum en el texto autógrafo de 
Colón y lo vemos después en mediojde dicha carta, en la ti- 
tulada traducción italo-española, que Las Casas no hace 
sino reproducir tal como se le ha entregado, como tiene cui- 
dado de hacerlo notar? Pues que ToscanelH trasmitió á Co- 
lón, al cabo de varios años, la copia de su carta á Martins, 
no es creíble que hubiera dejado figurar en post scríptum el 
trozo capital y el único original de su pro^'ecto de viaje. Pe- 



JLA SOLUCIÓN DE TODOS LOS PROBLEMAS 439 

ro aquello que no parece haber hecho, contra toda probabi- 
lidad, lo ha hecho siii reparo su falso traductor, quien no so- 
lamente ha puesto todo el párrafo en su verdadero lugar en 
el texto, sino ha retocado é interpolado éste, añadiendo en- 
tre otras cosas, la famosa frase: **Ha días, antes de las gue- 
rras de Castilla"; es decir, donde Toscanelli declara á Colón 
que bacía tiempo que había escrito su carta á Martins, an- 
tes de la guerra de Portugal con España (fines de 1474). 
Pero un verdadero traductor no se hubiera atrevido á hacer 
tales cambios, tanto más cuando no se trataba aquí de una 
recomposición literaria, sino esencial, pues que se añade un 
hecho capital y predso, que debía ignorar un traductor en 
España, y del que no podía hablar sino el mismo autor de 
la carta y de la trascripción. Así pues, aquel que redactó el 
texto español, tan lleno de italianismos, como lo hemos di- 
cho, no fué un traductor sino el verdadero autor del borra- 
dor ¡atino de la Colombina, que nos dá como simple copia 
de la carta que Toscanelli dirijiría á Colón, sin fecha, y sin 
ninguna de las fórmulas usuales de cortesía al principio y al 
fin de la misiva. ¿Sería que al cabo de tantos años, Toscane- 
lli no había encontrado ningún argumento nuevo que aña- 
dir á su primitiva carta al canónigo?. 

En cuanto al nombre del conónigo y confidente del rey, 
Fernando Martins (en español Martínez) no se encuentra 
la menor huella, sin embargo de que debió ser un personaje 
bastante notable. He hojeado todo, he examinado todo lo 
que está escrito en las crónicas y libros religiosos de Portu- 
gal relativo á esta época; he consultada á este respecto, 
en 1895, al sabio y atento director de los Archivos de la 
Torre do Tombo, señor José Basto, al cual pedí un testimo- 
nio de la no existencia de ese nombre en documentos que le 
son tan conocidos. He logrado solamente encontrar, en la 
Crónica de Alfonso V por Ruy de Pina, un capellán, no un 
canónigo, que acompañó al rey Alfonso á Francia en 1476; 
no se llamaba Femando sino Estevao (Esteban) Martínez. 
En el testamento de Colón he encontrado también como 
testigo uno de sus servidores civiles, el único que lleva el 
nombre de Fernando Martínez; pero nadie pretenderá inden- 
tificarle con el inhallable canónigo. En cuanto á los portu- 
gueses en sus relaciones en Italia, con el Cardenal Cusa y 



440 REVISTA HISTÓRICA 



con Toscanelli, en quien M. UzielH quiere reconocer nuestro 
iamoso canónigo Martínez en 1464, y aun en 1454, es decir 
diez ó veinte años antes de la carta de 1474, probaremos 
más tarde en nuestro libro que esas aproximaciones son 
fantásticas; que el Fernando Matim (ó Martin) del Tetralo- 
gas de Cusa fué un gentil-hombre de la comitiva de Leonor 
y del Duque de Valencia, que iban á Roma en 1451; y que el 
nombre del canónigo médico, testigo en 1464 del testamento 
que firma Magister Ferdinandus de Rorig, no es la abrevia- 
ción de Martínez de Rorig, como lo desearía ingeniosamente 
M. Uzielli en su muy erudita obra, fuente inagotable para 
refutar sus teorías favoritas sobre Toscanelli. 

El espacio limitado que se me ha acordado me obliga á 
suspender aquí estas sucintas consideraciones, trajadas al co- 
rrer de la pluma; reservo un número bastante considerable 
de pruebas y autoridades para la obra bien voluminosa que . 
preparo, y la cual, al menos la parte relativa á Toscanelli, 
si las circunstancias son propicias, podrá ser publicada deS'* 
de luego. Entonces, los que conserven todavía algunas du- 
das sobre esas cartas, como sobre el mapa marino, se con- 
vencerán que estas piezas constituyen una farsa, que no es la 
única en la historia de Colón y de sus contemporáneos; lo 
probaremos sin dificultad, y será preciso rendirse á la evi- 
dencia sin vacilación: Árnicas Plato, etc. 



II 

Voy á enumerar ahora sumariamente, y sólo para to- 
mar nota,algunos de los otros problemas, de los que creo ha- 
ber encontrado la solución definitiva y que serán materia 
para algunas monografías. He aquí lo que voy á probar: 

1^ Se ha aumentado la edad expresamente á Colón, pa- 
ra poder explicar sus viajes imaginarios y otras leyendas; 
nació en Genova y no en Savone (á pesar de ciertos docu- 
mentos) en 1451, probablemente el 25 de julio, día de San 
Cristóbal. Esta fecha es capital, y una vez fijida todo lo 
demás se explica fácilmente. Las vacilaciones de M. Harris- 
se entre 1446 y 1451, quien en el fondo está-de acuerdo con 
nosotros, provienen de que él no ha tomado el verdadero 



LA SOLUCIÓN DB TODOS LOS PROBLEMAS 441 

sentido de las leyes municipales de Genova en el siglo XV 
sobre las mayorías^ y que nosotros hemos estudiado (ed. 
1498.) 

2^— Cristóbal Colón llegó á Genova sin haber estudia- 
do en la Universidad de Pavia, en septiembre de 1475; en* 
tro de servicio en la flota que su país envió bajo las órdenes 
de Spinola y Negri, al socorro de la colonia genovese de 
Chio ó Scio. 

3^— Colón partió de Chio, en la misma flota, cerca de un 
año después para Inglaterra, probablemente con un carga- 
» mentó de mástic, muy abundante en Chio, como él lo dice. 
A la altura del cabo Santa María, como dice Placencia, fren- 
te de Faro, más bien que del cabo San Vicente, como dicen 
otras narracioniones menos precisas publicadas en la Rae- 
colta por el señor Sal vagnini, los navios genoveses fueron 
batidos y medio suraerjidos por la flota del célebre almiran- 
te pirata Coulon y de su segundo Jorge el Griego, llamado 
Coulon el joven. Colón se encontró entre los tripulantes 
que pudieron refugiarse en Lisboa y quedaron allí de sep- 
tiembre á diciembre de 1476. He aquí la llegada enteramen- 
te inesperada, de Colón á Portugal, donde se quedó enton- 
ces, á mediados de 1477, si aceptamos que el \o hizo des- 
pués que el resto de los navios hubieron terminado el viaje 
á Inglaterra, lo que él poéticamente ha trasformado en via- 
je ultra Tbtíle (sic) en pleno invierno, febrero de 1477. 

4^— Instalado en Lisboa en el barrio de los marinos, cer- 
ca del noble convento de Santos ó Veilho (hoy parroquia) 
sin otro capital que su juventud, logró captarse la buena 
voluntad de una de las novicias, Felipa Moniz, hija l3astar- 
da de uno de los hijos del secretario general, del famoso Con- 
destable Alvarez de Pereira, tronco de la casa de Braganza. 
Probaré que la mujer dt Colón no fué la hija de Bartolomé 
Perestrello, sino su nieta, pues que su madre fué la única da- 
ma soltera que quedó de la primera unión, y su padre fué 
Diego Gil Moniz — veadorda facenda, 6 sea intendente del 
Príncipe Don Fernando— casado con una de las hijas del se- 
ñor de Ulm e Chamusca Gómez da Silva, y aliado después 
con los Braganza de Faro y Oderaira. 

5*^— Colón, ligado con los principales personajes de la casa 
3 



442 REVISTA HISTÓRICA 



de Braganza, ha debido prestarles algunos servicios, muy 
conñdenciales, cerca de los Reyes Católicos y otra parte, du- 
rante su lucha con el Rey Juan II que ahogó en la sangre la 
conspiración de la rama menor, en 1484. En esta fecha des- 
pués de la ejecución de Dn. Fernando y del asesinato del Du- 
que de Viseu por el monarca, Colón tomó la fugay como lo 
confiesa indirectamente Las Casas, diciendo que partió lo 
más secretamente que pudo. En tales circunstancias la hui- 
da se explica muy bien, políticamente, al frente de un rey 
que perseguía, por todo los medios posibles, á sus enemigos 
á través de la Europa (V Pina); pero no hay necesidad de 
suponer que un hombre huya de un país por el sólo hecho 
de no ver aceptada la proposición del descubrimiento de un 
nuevo mundo. Este descubrimiento no fué propuesto á nin- 
gún soberano, fuera de los Reyes Católicos, sin embargo de 
lo que dicen algunos historiadores, influenciados por los Co- 
lón y los Braganza, sus amigos y aliados 

6' — En efecto, el historiógrafo oñcial de Colón, designa- 
do por la familia, es el Padre Las Casas, quien tuvo en 
su convento todos los autógrafos y libros de los Colón, y 
aun, gracias á la influencia del Conde de Gelves, casado con 
la hija de Diego Colón, y á la de otros miembros de la ca- 
sa, ya reinante^ de Braganza, pudo consultar preciosos ma- 
nuscritos portugueses, comprendiendo aquí el de Azurara, 
que estaba en los archivos de Lisboa, el mismo ejemplar so- 
bre vitela que está hoy en la Biblioteca Nacional de París. 
Todo parece probar que los cronistas portugueses, tanto 
como los españoles, estuvieron altamente influenciados pa- 
ra fundar la leyenda de Colón deprimiéndola, y á expensas 
del Rey Juan II, enemigo de los Braganza entonces reinan- 
tes. 

7** — Cuando Colón y sus cuñados, como también los so- 
brevivientes de la casa de Braganza, se refugiaron en Espa- 
ña, á la sombra de los Reyes Católicos, quienes les presta- 
ron grandes servicios, su hermano Bartolomé partió con 
uno de los miembros más comprometidos de dicha familia, 
el Conde de Penamacor para Inglaterra y Flandes,donde és- 
te fué perseguido por Juan II, como lo relata Ruy de Pina. 
He aquí por qué Bartolomé se encontraba en Londres en 



LA SOLUCIÓN DE TODOS LOS PROBLEMAS 343 

enero de 1488; por qué fué el quien compró el Imago Mundi 
que acababa de «perecer, y por qué partió para España con 
el conde en 1493, cuando éste dejó la Torre de Londres, 
donde su pariente había logrado hacerlo encerrar. Eso que 
dice Las Casas de los piratos sterlings y de la proposición 
hecha á Enrique Vil, no es sino pura leyenda. 

8^ — Así, pues, el descubrimiento no fué propuesto á nin- 
gún otro rey, y mucho menos todavía á la República de Ge- 
nova, como lo cree M. Markham; no fué un proyecto cientí- 
fico, resuelto de tiempo atrás, después de haber consultado á 
Toscanelli y el libro de Pedro de Ailly; fué el hallazgo, del 
momento, de un derrotero, sea el de Sánchez de Huelva ó 
el de cualquiera otro, cuyo raanustrito había sido deposita- 
do en La Rábida, y que el Padre Pérez donó á Colón. No 
ha^*^ otra razón para explicar que los Reyes de España, que 
eran tan pobres, hubieran aceptado inmediatamente los ar. 
gumentos que les presentó el monje, y que los decidieron, sólo 
entonces prestar dinero para armar la expedición de 1492. 

Todo el mundo iba á golpe seguro y por la misma cau- 
sa: los reyes, Colón y el monje. 

9*^ -La misteriosa firma ó iniciales de Colón: 

S. 

S. A. S. 

X. M. Y. 

que han hecho la desesperación de los escudriñadores, signi- 
fica simplemente: Xristophorus, 6 como él firmaba: Xpo 
Ferens (halló) Más Indias, es decir, leyendo de abajo para 
arriba, y traduciendo las palabras españolas y el verbo so- 
bre entendido: Crítóbal ha encontrado ó descubierto otras 
Indias^ lo que es más simple y lógico, sin ir á buscar inter- 
pretaciones atrevidas. 

El tiempo me falta para hablaros de otros problemas 
secundarios de la historia del descubrimiento de América y 
de los que completan mis investigaciones sobre la historia 
de la Geografía del siglo XV, como: los mapas y viajes fa- 
bulosos de don Pedro, Duque de Coimbra, los de Conti, la 
legendaria Academia de Sagres, el famoso globo llenado sin 



444- REVISTA HISTÓRICA 



razón de Behaim y el mapa que se atribuye á Juan de la Co- 
sa, etc., etc., pero tengo que detenerme. 

Os ruego solamente que me prestéis un poco de crédito, 
hasta el momento en que publique todas mis indagaciones, 
empresa sin premeditación de ninguna clase, ni con otro ob- 
jeto que la sola averiguación de la verdad, á la cual siempre 
he sacrificado todo. Si no he podido publicar otros traba- 
jos, que permanecen olvidados en mi carpeta desde hace 
treinta años, ó que se me han perdido en mis viajes, voy al 
menos á consagrar lo que me resta de vida á esta obra de 
tan largo aliento, donde creo haber puesto las solas bases 
sólidas y difinitivas de la biografía crítica de Colón, y reve- 
lado los verdaderos y los falsos orígenes del descubrimiento 
de América. 

Las nuevas tesis, cuya demostración ofrezco, van á herir 
preocupaciones seculares, difíciles de arrancar; pero en un 
siglo de crítica como el nuestro, es preciso inclinarse* ante 
las pruebas, aún cuando ellas sean presentadas por el más 
modesto de los sabios, quien sin fortuna, sin ambición y sin 
ninguna clase de estímulo, trabaja únicamente para la 
posteridad. 



I 



Manuel González la Rosa. 



El jopimepo y eí último provincial 

de la Qomjoañía de Jesús en eí Perú ^ 



EL PADRE Gerónimo Rufz del Portillo, primer provincial 

Las repetidas instancias de los Virreyes, y muy particu- 
larmente las de don Andrés Hurtado de Mendoza, determi- 
naron á Carlos V á solicitar de San Ignacio de Loyola, Ge- 
neral primero y fundador de la Compañía, que enviase á sus 
dominios de América algunos religiosos de su Orden, cuyos 
trabajos se hacían en ellos necesarios para la conquista y 
reducción de los indios y para la reforma de costumbres de 
los conquistadores. El General nombró al P. Gaspar de Ace- 
vedo y á otro jesuíta tan ilustre como éste, pero no tuvo 
efecto la misión. 

La demanda del Emperador se renovó por su hijo y su- 
cesor, Felipe II, quien, en carta de 3 de marzo de 1566, soli- 
citó del General San Francisco de Borja y del Comisario de 
la Compañía P. doctor Araos, que mandaran veinte jesuí- 
tas á América; y como no se hubiera accedido á esta peti- 
ción con la prontitud que deseaba, repitió Felipe II sus pre* 
ees en 1567. Entonces San Francisco resolvió nombrar á 
los padres que debían realizar los deseos del monarca. 



(1).— Al morir en Santiago de Chile don Enrique Torres Saldamando' 
legó, por cláusula testamentaria, la parte que quedó inédita de su obra so* 
bre los Antiguos Jesuítas del Perú al eminente bibliógrafo don José Toribio 
Medina, quien, á su vez, considerando el valor que para la historia del Perú 
tenían aquellos apuntes, los obsequió á la Biblioteca Nacional de Lima. De 
allí tomamos estas dos biografías. 



I 



446 REVISTA HISTÓRICA 



Señaló como superior ó Provincial para el Perú al P. Ge- 
rónimo Ruíz del Portillo, predicador elocuente, hombre de 
letras 3' austeras costumbres, que reunía en su persona las 
eminentes cualidades necesarias para llevar á feliz término 
la difícil empresa encomendado á sus cualidades. Los jesuí- 
tas traían al Pera la misión de reducir al cristianismo á la 
multitud de infieles que vagaban errantes por las selvas del 
interior del país, doctrinar á los indios conquistados, espar- 
cir la ilustración en los conquistadores y procurar la refor, 
ma de las costumbres. 

Ruíf del Portillo era natural de Logroño, en Castilla la 
Nueva. Fué recibido en la Compañía en el Colegio de Sala- 
manca, siendo ya sacerdote 3' cuando contaba 34 años de 
edad, en 1554, catorce años después de confirmado el Insti* 
tuto por la Santidad de Paulo IIL que lo hizo por Bula de 
27 de septiembre de 1540. Concluido el noviciado le ocupa- 
ron los superiores de ministro de la casa de Simancas, sien- 
do Rector de ella el P. Bartolomé de Bustamante, á quien 
sucedió como Rector y maestro de novicios; empleo este úl- 
timo de gran estimación en la Compañía. De maestro de 
novicios pasó el P. Portillo á ser Rector de Valladolid en 
1560, donde, desempeñando este cargo, recibió él grado de 
coadjutor espiritual. Después, en 1565, se le nombró Vice- 
Provincial en Castilla, lo que era cuando fué designado pa- 
ra venir al Perú, en el mes de octubre de 1567, con cuyo ob- 
jeto se le concedió la segunda profesión. 

Acompañaban al P. Portillo el P. Luís López, natural 
de Estepas, perteneciente, como aquél, á la provincia de Cas- 
tilla; el P. Miguel de Fuenteé, valenciano, y'el hermano Pe- 
dro Lóvet, de Mallorca, ambos de la de Aragón; de la de 
Andalucía, los hermíinos Diego de Bracamonte, natural de 
Granada, y Juan García, que lo era de Yanguas; y de la Pro- 
vincia de Toledo el P. Antonio Alvarez, ministro que había 
sido del Colegio de Murcia, natural deZamora, y el P. Fran- 
cisco de Medina, natural de AlcrJá de Henares. Las cuatro 
Provincias jesuítas de España contribu^^eron así á la crea- 
ción de la del Perú. Rl P. Portillo y sus compañeros se em- 
barcaron en San Lúcar de Barrameda el 2 de noviembre de 
1567. Llegaron á Cartagena en 23 de diciembre de aquel 



EL PRIMERO Y EL ÚLTIMO PROYIN'CIAL EN EL PERÚ 447 

año y á Nombre de Dios el 3 de enero del siguiente. En Pa- 
namá enfermó gravísimamente el P. Alvarez, 3' dejándole allí 
al cuidado del P. Medina, continuaron los demás el viaje al 
Callao. 

Hizo la navegación el P. Portillo en 36 días, lo que se 
atribuía á milagro, porque el viaje más lijero se hacía enton- 
.ces en dos meses, y llegó al Callao el 27 de marzo de 1568. 

Cuatro días permanecieron en el Callao los jesuítas ejer- 
ciendo su ministerio, acudiendo el pueblo presuroso á su lla^ 
mamiento. 

Los padres entraron á Lima el 1*^ de abril y pocos días 
después se unió á ellos el P. Medina, dejando sepultado en 
Panamá al P. Alvarez, que sucumbió á su enfermedad. Des- 
.de aquel día se dedicaron con incesante empeño y con la 
constancia proverbial de su Orden, al cumplimiento de sus 
deberes apostólicos. 

Hospedáronse en el convento del Rosario, á donde les 
condujo el Provincial de Santo Domingo R. P. Fr. Juan de 
Obando, que con ellos había venido de España. Allí fueron 
tratados los jesuítas con la sinceridad, atenciones y respe- 
to hijos del espíritu religioso de la época y como ellos se 
merecían. Por su parte, procuraron corresponder dignamen- 
te á aquellas manifestaciones, predicando el P. Portillo en el 
templo del Rosario y haciendo- los jesuítas vida común con 
los dominicos, como si hubieran sido de una misma religión. 

Había traído el P. Portillo una cédula expedida por Fe- 
lipe n en 11 de junio de 1567, recomendando la Compañía 
al Licenciado Lope García de Castro, Gobernador del Vi- 
rreinato, en la cual se le ordenaba, que señalara sitio para 
la fundación de Iglesia y Colegio, concediéndole la protec 
ción y ayuda que para esto fuese necesario. 

Presentada la cédula al Gobernador, dictó éste las órde- 
nes convenientes para su cumplimiento, y reconocido 3'' ta- 
sado que fué el sitio que se creyó más apropiado para resi- 
dencia de los jesuítas, expidió provisión en 17 de abril, orde- 
nando á los poseedores de las fincas que en ese lugar se en- 
contraban que las desocuparan, tan luego que el Provincial 
abonara su importe. La Audiencia por toda protección, re- 
solvió en acuerdo de de junio dar á la Compañía dos mil 



448 REVISTA HISTÓRICA 

doscientos pesos ensayados. Las fincas importaban doce mil 
seiscientos setenta, y fueron adquiriéndose ya por compra ó 
por cesión de sus dueños. La primera de que se posesiona- 
ran los jesuítas fué la que ocupaba el sitio donde está hoy 
la Penitenciaría de San Pablo. 

Los jesuítas, atendiendo á que la cantidad cedida por la 
Audiencia no sólo no proporcionaba á la Compañía renta 
alguna para su sostenimiento, sino que ni aún alcanzaba 
para comprar el local en que debían establecerse, solicita- 
ron la protección real en alivio de su situación, pero el So- 
berano se limitó á repetir por cédula de 29 de marzo de 1573 
dirijida al Virrey don Francisco de Toledo, la misma reco- 
mendación que había hecho al Licenciado Castro. 

Conforme á esta cédula el Virrey pudo hacer algo en fa- 
vor déla Compañía, pero sus facultades se limitaron por 
otra cédula de la misma fecha, en la cual se le indicaba que 
se había juzgado necesario oír su informe res})ecto del sitio 
que se pretendía adquirir, del estado de la obra que en él se 
hacía, lo que podría costar 3' la merced que más convenien- 
te fuera conceder. 

No sabemos si el Virrey emitió ó no el informe que se le 
pedía, pero es lo cierto que hasta el gobierno del Virrey Don 
García Hurtado de Mendoza no se concedió nada á los je- 
suítas. Este Virrey recibió una real cédula por la que se le 
ordenaba que adjudicara á la Compañía algunas de las tie- 
rras que resultaran vacantes en la remensura general que 
se le había ordenado practicar. Don García por provisión de 
11 de junio de 1595 dio al Colegio de San Pablo, A solicitud 
de su procurador el P. Juan Martínez, la hacienda de Villa, 
cuyos terrenos nadie había pretendido, y que colindaba con 
la hacienda de San Juan que poseía aquel Colegio por dona- 
ción de uno de sus fundadores. 

Adquirida por el P. Portillo la casa que antes hemos in- 
dicado, la cual se compró á Juan Cortez en dos mil setecien- 
tos cincuenta pesos en que fué tasada, se dedicó el Provin- 
cial á arreglar en ella convenientemente una capilla y el co- 
legio de que tenían necesidad, todo lo cual estuvo termina- 
do el 30 de junio de 1569, en cuyo día el Iltmo. Arzobispo D, 
Fray Gerónimo Loayza colocó la primera piedra de un tem- 



EL PRIMERO Y EL ÚLTIMO PROVINCIAL EN EL PERÚ 449 

pío mejor acomodarlo. Logróse ésto con las limosnas de los 
fieles que constantemente recojía el Iltmo. Arzobispo D. 
Fray Gerónimo de Loaj'za, y aun cuando este señor dio. 
cuatro mil pesos á los jesuítas, éstos ios cedieron al hospi- 
tal de Santa Ana, que por entonces construía el Iltmo. Arzo- 
bispo. 

En aquel día se posesionaron los jesuítas de su casa, 
después de haber permanecido por más de un año en el Con- 
vento del Rosario. El templo y colegio lo dedicaron á 
San Pablo, cuyos méritos conmemora la Iglesia en ese día. 
Se nombró por primer Rector al P. Diego de Bracamonte. 

La Provincia Peruana de la Compañía de Jesús quedó 
desde entonces definitivamente organizada, extendiendo su 
jurisdicción á la América española del Sur. 

Posesionado el P. Portillo de su Colegio estableció en él 
las cátedras necesarias para la instrucción de la juventud y 
una escuela pública gratuita. Portillo comprendía que era 
indispensable difundir la ilustración en la raza conquistado- 
ra al mismo tiempo que se doctrinaba á los naturales. Al 
terminar su gobierno funcionaban en San Pablo las cáte- 
dras de latinidad, gramática, artes, teología, casos de con- 
ciencia y lenguas del país, y se habían presentado algunas 

! actuaciones públicas, de las cuales fué la primera una de 

teología, actuada en 1572 por los Padres José de Acosta 3' 
Andrés López y el hermano Diego Martínez. 

Los trabajos de los jesuítas, dedicados desde su llegada 
á la predicación, no solo en el templo del Rosario sino en los 
otros de la ciudad, y por las calles y plazas públicas de ella, 
no tardaron en producir los benéficos resultados que eran 
. de esperarse, atendidas las virtudes y dotes especiales que 
adornaban al P. Portillo y á sus escojidos compañeros. No- 
tables conversiones se realizaron y muchas personas de ele- 
vada posición social, pertenecientes á la más distinguida 
nobleza, despreciando los honrosos puestos y dignidades 

, de que gozaban, abrazaron con entusiasmo la vida religiosa 

en las diversas órdenes hasta entonces establecidas en Lima. 
En la Compañía tomó la sotana de novicio el 11 de mayo 
de 1568, cuarenta y un día después de estar en Lima los je- 

^ suítas, el Licenciado don Pedro Mejía, oficial de la Real Au- 

4 



450 REVISTA HISTÓRICA 



diencia. Con esta admisión quedó establecido el noviciado 
y el Provincial Portillo nombró primer Maestro de novicios 
al P. Miguel de Fuentes. 

A Mejía imitaron el Canónigo del Cuzco don Juan Sán- 
chez, que se encontraba en Lima para asistir al Concilio 
Provincial de 1568, el Deán Juan Toscano, el Secretario de 
gobierno Francisco López, el Escribano Juan Gutiérrez y 
otras muchas personas. El Provincial Portillo recibió cin- 
cuenta novicios, de los cuales fué el sexto Martín Pizarro, 
primer peruano que se hizo jesuíta. 

No sabemos si antes que se trasladaran los jesuítas al 
Colegio de San Pablo estuvo el noviciado en la casa destina- 
da para este Colegio ó en el convento del Rosario junto con 
los padres. Sólo consta de los documentos del Archivo Na- 
cional que los novicios se recibieron en San Pablo, después 
del día antes mencionado, hasta el 1° de febrero de 1583 
que el Provincial P. Sebastián de la Parra, lo estableció en 
el pueblo del Cercado,que tenían á su cargo los jesuítas. An- 
tes de aquella fecha no se determina en el libro respectivo el 
lugar en que fueron recibidos. 

Los pocos jesuítas que vinienron con el R. Gerónimo 
Ruíz del Portillo á fundar la Provincia del Perú, no eran 
bastantes para establecer con ellos las misiones y colegios 
que exigía el estado del país, y por esto se limitaron á predi- 
car en Lima y sus alrededores. En 1569 vinieron nuevos 
operarios á órdenes del P. Bartolomé Hernández y entonces 
pudieron darse mayor amplitud á sus trabajos. El Iltmo. 
Arzobispo Loayza y el Virrey don Francisco de Toledo soli- 
citaron del Provincial que estableciera misiones ó residen- 
cia en Lunahuaná ó Huarochirí, pero como no hubieran 
entonces en San Pablo sino diez religiosos, sólo se encarga- 
ron de las misiones en Huarochirí. 

Enviáronse á este lugar al P. Diego de Bracamonte, Rec- 
tor de San Pablo, Alonso de Barcena, Hernán Sánchez y 
Sebastián Amador con el hermano Juan Sánchez, que, co- 
mo ya hemos referido, se recibió en Lima, siendo canónigo 
del Cuzco. Permanecieron estos padres en Huarochirí poco 
más de un aíío, pues el mal temperamento de los lugares que 
visitaron habían ocasionado á todos ellos graves enferme- 



EL PRIMERO Y EL ÚLTIMO PROVINCIAL EN EL PERÚ 551 

dades y á dos de ellos la muerce. Sin embargo, en ese tiem- 
po consiguieron reunir en ocho pueblos las setenta parciali- 
dades que habían á su entrada en la provincia. Después 
aceptó el Provincial la doctrina de Huarás que el Arzobispo 
concedió á la Compañía, que la sirvió por algún tiempo, de- 
jándola después para que el ordinario la proveyese en la for- 
ma ordinaria, á favor de clérigos seculares. Tuvo la Com- 
pañía algunas otras doctrinas, pero sólo conservó hasta su 
extrañamiento las cinco de Juli, que admitió el Provincial 
José de Acosta, y la del pueblo del Cercado, aceptada por el 
Provincial Portillo. 

El arreglo que los Virreyes habían hecho de las mitas, la 
obligación impuesta á los indios por los encomenderos de 
verificar el entero del tributo en el lugar donde estos residían 
y la institución de los yanaconas atraían constantemente á 
Lima á un gran número de esos infelices que permanecían 
largo tiempo exparcidos por la ciudad, privados de la ense- 
ñanza religiosa de que tanto necesitaban. 

El Gobernador Licenciado Lope García de Castro, desean- 
do evitar que se aumentaran la fatales consecuencias que se 
experimentaban por el abandono en que se consentía á los 
indios, resolvió reunir en un pueblo inmediato á la ciudad á 
todos los que tuvieran que venir á ella por cualquiera de las 
circunstancias expresadas. Para ejecutarlo, expidió en 11 
de noviembre de 1568 una provisión ordenando que el Co- 
rregidor de Lima, don Alonso Manuel de Anaya, acompaña- 
do de Diego de Porres Sagredo, informaran cuál de los lugares 
inmediatos á Limaera el más aparente para fundar el nuevo 
pueblo; y los comisionados escogieron las tierras de la enco- 
mienda de don Fernando Niño, situada á un cuarto de legua 
al E.de la ciudad. 

El Gobernador, aceptado el procedimiento de los comi- 
sionados.dió principio á la fundación haciendo construir igle- 
sia, hospital, casa para el Cabildo y de habitación para el 
cura y los indios que debieran residir en el pueblo. A Castro 
se le reemplazó en el gobierno del Virreynato con don Fran- 
cisco de Toledo el 26 de noviembre de 1569, cuando no esta- 
ba terminado el pueblo, pero Toledo, á quien en las instruc- 
ciones que se le confirieron por el Rey en 19 de diciembre de 



452 REVISTA HISTÓRICA 



1568, se le había encargado que tratara de aliviar, de la me- 
jor manera posible, la desgraciada situación de los indios, 
procuró con empeño llevar adelante la obra comenzada por 
su antecesor, para lo que comisionó al mismo Forres Sagre- 
do y al Oidor don Cristóbal Ramírez de Cuenca. 

El pueblo estuvo terminado á principios de 1571 y se le 
dio el nombre de Santiago, pero fué generalmente conocido 
por el de Cercado por habérsele rodeado de paredes altas 
que solo tenían dos puertas de comunicación con la ciudad 
y una con el campo; las cuales se cerraban por la noche pa- 
ra evitar que los indios fueran molestados por los vecinos. 

Los indios se trasladaron al pueblo en aquel año. Se 
había dividido en treinta y cinco cuadras y estas en treinta 
y seis solares, que se repartieron por encomiendas y según 
el número de indios que de cada una de ellas debían venir á 
Lima. Cada solar convenientemente cercado y arreglado se 
tasó en 537 pesos y 7 tomines, cuyo importe se pagó por 
las Cajas Reales, en parte con el producto de la venta de 
los solares que los indios reducidos poseían en la ciudad. El 
Gobernador Castro había pagado á los dueños de las tierras 
en que se construj''© el pueblo, Antonio López, Beatriz Sal- 
cedo y Baltazar de los Reyes, 15,326 pesos y 2 tomines, con- 
arreglo á la tasación que hizo Juan de Herrera. 

Don Lope había dispuesto que la Compañía se encar- 
gara de la nueva doctrina que iba á crearse para que aque- 
lla enseñase y doctrinara á los indios, cuya instrucción reli- 
giosa estaba algo descuidada. Toledo, animado por las mis- 
mas convicciones que su antecesor, ordenó por provisión de 
5 de marzo de 1571 expedida en el Cuzco, que fuera servida 
por dos sacerdotes y un coajutor de la Compañía, á los cua- 
les señaló por estipendio quinientos pesos ensayados anua- 
les, que debían satisfacer proporcionalmente los poseedores 
de las encomiendas á que pertenecieran los indios que se 
avecindaran en el pueblo. Esto no tuvo cumplimiento y los 
curas se sustentaron con las primicias que ofrecieron los 
indios y con un peso anual que pagaban los que tenían 
edad de tributar. Fué el primer cura el P. Diego de Or- 
tún, que vino al Perú con el P. Hernández y se había ordena- 



I 



EL PIIIMERO Y EL ÚLTIMO PROVINCIAL EN EL PERt5 453 

do en Lima. La fundación del pueblo se aprobó por Felipe 
II en real cédula de 6 de febrero de 1571. 

Después de arreglada la misión de Huarochirí resolvió 
el Provicional Portillo visitar las poblaciones más impor- 
tantes del país predicando en todos los pueblos de su transl- 
imito, llevando en su compañía á su socio 3" Secretario P. 
Luís López, y los P. P. Gonzalo Ruíz y Antonio González de 
Ocampo. En aquel tiempo se preparaba también Don Fran- 
cisco de Toledo para recorrer el Virreinato en cumplimiento 
de las órdenes de su soberano, y uniendo éste con las perso- 
nas de su comitiva á los jesuítas, dieron principio á sus res- 
pectivas misiones. 

Siguió Portillo con el Virrey hasta Huamanga, y deján- 
dole allí, se dirijió al Cuzco. Aquí se trató por el Cabildo y 
vecinos notables de la fundación de un colegio de la Compa- 
ñía, para lo cual compraron la casa que fué de Hernando 
Pizarro, hermano del Marqués, pagando por "ella doce mil 
quinientos pesos ensayados. Llegó entonces el Virrey á la 
ciudad y concedió el permiso neccvsario, y á más algún dine- 
to de las Cajas Reales para la adquisición de la casa, cuyo 
precio se completó con limosnas de los fieles. 

Arreglado como era necesario, estableció el Colegio el 
P. Portillo en mayo de 1571, nombrando Rector de él á su 
compañero P. Diego de Bracamonte, á quien dio como ope- 
rarios á los PP. Alonso de Bárcana, Bartolomé, de SaMtiago 
y Blas Valera, á los cuales hiso pasar de Lima. En seguida 
reunió el Provincial á stis consultores y resolvieron nom- 
brar Procurador á Roma y Madrid que diera cuenta del es- 
tado de la Provincia, y fué designado para esa comisión el 
P. Bracamonte, al cual reemplazó en el Rectorado el P. Luís 
López, compañero del Provincial. 

Cuatro años más tarde, el I'' de enero de 1576, sucedió 
al P. Portiliio en el Provincialato el P. José de Acosta, que 
le mandó á fundar el Colegio de Potosí. El año siguiente 
fué llamado el Rector del Cuzco P. Juan de Zúñiga de Rec- 
tor á San Pablo y se nombró al P. Portillo en lugar de éste. 
Durante su Rectorado, Doña Teresa Ordóñez, viuda del Ca- 
pitán Diego de Silva, dio treinta mil pesos para la perma- 
nente fundación del Colegio, lo que aceptó el Rector Porti- 



454 REVISTA HISTÓRICA 



lio por delegación del Provincial, á quien autorizó para cele- 
brar el contrato de fundación el General Everardo Mercuria- 
no el 9 de septiembre de 1578. 

El Capitán Silva y su esposa sostuvieron á los jesuítas 
desde su llegada al Cuzco hasta que se les declaró fundado- 
res del Colegio, aceptando la donación que hicieran. Porti- 
llo gol3ernó el Colegio hasta 1581, que pasó al de Potosí,que 
había fundado su sucesor, el P. José de Acosta. Creemos 
que en este Colegio fué también Rector el P. Portillo, en 
1583 en lugar del P. Juan Sebastián de la Parra, elegido se- 
gundo Procurador por la Congregación que celebró en Li- 
ma el P. Baltazar de Pinas el 3 de diciembre de 1582. 

En su Rectorado del Cuzco estableció el P. Ruíz del Por- 
tillo una cátedra de latinidad para la juventud y otra de 
teología para los jesuítas que debieran recibir las órdenes 
sagradas, y empezó la construcción de un templo, en cuya 
fábrica se emplearon ocho años. Fué terminado en 1587, 
cuando era Rector el P.José Tiruel y Provincial el P.Juan 
de Atienza. Posteriormente se reemplazó con el que se con- 
serva hasta hoy cuando era Rector el P. Juan de Urquiza. 

No se limitaron los trabajos del P. Portillo, durante su 
Provincialato á fomentar debidamente los Colegios de San 
Pablo y del Cuzco que había logrado establecer, se extendie- 
ron aún más, pues constantemente empleó á sus subditos en 
misiones continuas en Arequipa, La Paz, Chuquisaca y Po- 
tosí, misiones que fueron el origen de los Colegios que en 
esas ciudades se fundaron después, y de los cuales algunos 
se convirtieron en públicas universidades. 

El P. Ruíz del Portillo, lleno de santa satisfácelo ii, con- 
templando el estado de prosperidad que había alcanzado la 
Provincia de que el era fundador, mediante sus esfuerzos y 
los de sus dignos sucesores los venerables Padres José de 
Acosta, Baltazar de Pinas y Juan de Atienza, abandonó es- 
te mundo en el Colegio de San Pablo, el 2 de febrero de 
1592 á los 86 años de su edad, 52 de jesuíta, y 24 de segun- 
da profesión y de apostólicos trabajos en el Perú. 

La vida ejemplar del P. Portillo fué escrita por el P. Nie- 
remberg en Varones ilustres tomo III, por el P. Anello 
Oliva en el capítulo I del libro II de su obra del mismo títu- 



EL PRIMBRO Y EL ÚLTIMO PROVINCIAL EN EL PERÚ 455 

lo, por el P. Bartolomé Alcázar en la Cronohistoría de 
la Provincia de Toledo^ y por el P. Jacinto Barrasa en la 
Historia de Ja Provincia del Pera, Le tributan á aquel Pro- 
vincial merecidos elogios: Nadarsi, Echave y Assu en la Es- 
trella de Lima; Montalvo en Sol del Nuevo Mundo; Fray 
Juan Meléndez en Tesoros verdaderos de las Indias y los 
cronistas Córdova Salinas y Calancha, y otros muchos au- 
tores. Los PP. Oliva y Barrasa, además de los capítulos 
que dedican á su vida, le elogian en diversas partes de sus 
citadas obras. 



El P. José Pérez de Vargas, último 

provincial de la compañía en el perú 



Nació en Lima el 20 de julio de 1703 y fueron sus padres 
D. Diego Pérez de Vargas y^ doña Dominga Jácome de las 
Nieves. El 25 de julio de 1716 fué recibido en la Compañía y 
en ella estudió retórica, filosofía, teología y derecho canóni- 
co, y profesó el 15 de agosto de 1735. Fué catedrático de 
teología en Chuquisacaj prefecto de estudios del Colegio de 
San Martín y Rector de los de Potosí, Arequipa y Trujillo y 
procurador en Roma y Madrid, elegido en primer lugar en la 
congregación de 6 de julio de 1758 con los P.P. Bartolomé 
Jiménez y Antonio Claramunt, á quien en 1767 sucedió en el 
gobierno de la Provincia. Como Provincial tomó el P. Pé- 
rez por compañero al P. Manuel Bustos. 

No sospechaba el P. Pérez Vargas al ascender á Provin- 
cial que se le acercaban á la Compañía días terribles de de- 
solación, de angustia y de abandono. El Rey Carlos III por 
decreto firmado en el Pardo á 27 de febrero de aquel año, 
1767, **por gravísimas causas relativas á la obligación en 
que se hallaba constituido de mantener en subordinación, 
tranquilidad y justicia á sus pueblos, 3»- otras urgentes, jus- 
tas y necesarias que reservaba en su real ánimo'* ordenó 
que los jesuítas fueran extrañados de todos sus dominios. 

El Conde de Aranda, autor principal de aquella tremen- 



I 



4-56 REVISTA HISTÓRICA 



da disposición, circuló instrucciones declarando las reglas & 
que debían sujertarse las autoridades á las cuales se encar- 
gaba de su ejecución. Estos documentos se enviaron al Pe- 
ra por la vía de Buenos Aires y el 20 de agosto fueron en- 
tregados al Virrey D. Manuel de Araat y Junient, por el 
Capitán D. José Ignacio de Merlo,comisionado porel Gober- 
nador de Buenos Aires D. Francisco de Paula Buc£»relli pa- 
ra este objeto, y con igual comisión cerca del Presidente de 
Charcas. 

Amat recibió junto con el real decreto una esquela del 
Rey, en la cual se le decía. **Por asunto de gran importancia 
** en que se interesa mi servicio y la seguridad de mis reinos 
** os mando obedecer 3'' practicar lo que en mi nombre os 
** comunica el Conde de Aranda, de mi Consejo Real, y con 
** él sólo os corresponderéis en lo relativo á él. Vuestro celo, 
*• amor y fedilidad me aseguran de su ejecución. El Pkrdo, á 
** 1^ de marzo de 1767— Yo el Rey'\ 

El Secretario oe Estado Marqués deGrimaldi,acompañó 
á Amat oficialmente esta carta del Rey; el Conde de Aranda 
le pasó otra refiriéndose á las instrucciones y autorizándole 
para proceder como fiíera conveniente, hasta el caso de ha- 
cer uso de las armas si por parte de los jesuítas se presenta- 
ba resistencia; que resolviese por sí las dudas que pudieran, 
ocurrírsele, y aún que aplicará, en lo que creyera adaptable 
para el Perú, las instrucciones que se habían dictado para 
España; sobre todo, se le encargaba el mayor secreto y que 
procediese de tal manera que no fuera sabido en un punto lo 
hecho en otro antes de estar en aquel cumplida la real or- 
den. El Gobernador de Buenos Aires y el Presidente de 
Charcas remitieron también cartas á Amat tratándole del 
asunto. 

El Virrey dispuso que el 8 de septiembre se ejecutara la 
real disposición. En la memoria que presento á su sucesor 
dice que se le presentaban dos dificultades: **La primera la 
** falta de tropas para el caso de tener que hacerse obedecer 
** á todo trance, pues aunque jamás tuve la más remota du- 
** da de la lealtad y sumisión de estos fidelísimos vasallos, 
** principalmente de los que componen el cuerpo de la noble- 
** za; pero reflexionaba que con novedades menos interesan- 



EL PRIMERO Y EL ÚLTIMO PROVINCIAL EN EL PERÚ 457 

** tes se han visto en el mundo más ruidosas y perjudiciales 
** revueltas; y como en los sucesos políticos no se vé el rever- 
** so de la medalla, sólo el éxito suele ser el más seguro cri- 
** sol que les dá ley. La segunda y más principal era el secre- 
** to que demandaba una tan vasta expedición que debía ser 
** simultánea y ejecutada por muchos; al mismo paso que 
** por su delicadeza necesitaba, más que otra alguna, reser- 
*' va para que fuese efectiva la sorpresa; y siendo este un 
** punto en esta ciudad, por la viveza de sus habitantes, mu- 
** cho más arduo que en otros países, fué menester apurar 
** hasta el extremo la sagacidad á fin de que no se llegase á 
** traslucir. Con esta idea y la de entretener al vulgo, para 
** que no incubase en el principal objeto de la venida del ofi- 
** cial con pliegos, que hizo montar á todos en curiosidad, 
** desde luego mandé aprestar el navio de guerra nombrado 
** **San José el Peruano", aparentando, según las provisio- 
** nes de víveres y guarnición, que el viaje se dirigía á la otra 
*• costa ó puerto de Acapulco. Mientras con esta novedad 
** 3' el deseo de adivinar el destino del navio, se divertía el 
** público, discurriendo cada uno según las reglas de su ca- 
** pricho, que extendieron hasta unos puntos donde no al- 
** canza la imaginación, me tomé yo el tiempo que había me- 
** nester la práctica de tan prolijo como dificultoso proyec- 
** to, y contrayéndome con mi Asesor general Don José Per- 
** fecto de Salas, y confiándome únicamente de mi Secreta- 
** rio de cartas D. Antonio Eléspuru (á quien recibí nuevo 
** juramento con pena de la vida) di principio á los prepara. 
** tivos en lo concerniente al distrito de esta Real Audiencia, 
** formando las instrucciones necesarias y nombrando comi- 
** sionado para el Cuzco, &'\ 

La manera como fué ejecutada por Amat la orden de ex- 
trañamiento se refiere por el General D. Manuel de Mendi- 
buro en su Diccionario bistóríco biográfico del Ferá como 
sigue: 

**E1 sábado 8 de Setiembre con ocasión de una fiesta en 
** el templo de Monserrat á que asistían las tropas, dispuso 
** el Virrej'- que formasen diez compañías de Granaderos, y 
** que se les obsequiase en los cuarteles de Palacio con re- 
" fresco y una cena en la noche, estando con sus oficiales á 
5 ' 



458 , REVISTA HISTÓRICA 

la vista y permitiéndose música y baile, pero con las puer- 
tas cerradas y orden de que nadie saliese. El Virrey asis- 
tió á la Comedia y á su vuelta, á las diez de la noche, fue- 
ron entrando por una puerta excusada que está en el lado 
frontero á los Desamparados, varios oidores, altos funcio- 
narios y alcaldes, llamados por el Virrey por medio de un 
billete escrito de su puño, en que lee prevenía el lugar de la 
entrada y la prontitud con que debían comparecer. Desde 
luego quedó en las familias la inquietud consiguiente á un 
llamamiento tan extraño por la hora, y que debía crecer 
con la tardanza de aquellos fuera de sus casas". 

** A las dos de la mañana llegó á Palacio una compañía 
de infantería venida del Callao para refuerzo; y á las tres 
y media bajó el Virrey con un numeroso séquito dividido 
ya en cuatro secciones. A cada una de estas le designó 
una competente fuerza de infantería y caballería y todas 
marcharon con sus comisionados á la cabeza á los desti- 
nos que les fueron señalados, á saber: el convento máximo 
de San Pablo, el noviciado, la casa de los Desamparados 
y la del Cercado. Casi á un mismo tiempo se les abrieron 
las puertas, y acto continuo^ presentes los miembros de la 
comunidad, quedó obedecido el decreto de arresto y extra- 
ñamiento, los bienes asegurados, y guarnecidos de tropas 
los interiores y las avenidas de dichas casas. Llegado el 
día empezó á saberse lo que acababa de suceder, circulando 
luego rápidamente, y causando la admiración y temor de 
todos. El Virrey, antes de amanecer, tuvo una conferencia 
con el Arzobispo, previno á los religiosos de las demás ór- 
denes que se abstuvieran de salir de sus claustros, y man- 
dó que varias patrullas montadas recorriesen la ciudad 
para no permitir grupos de gente en paraje alguno. Segui- 
damente encargó á tres canónigos y otros sujetos secula- 
res el gobierno y administración del Colegio de San Mar- 
tín cuyas labores no se interrumpieron. Encomendó á les 
proveedores que había previsto el cuidado y buena asis- 
tencia de los PP. reclusos. 

**Se recibieron convenientemente los partes de quedar 
cumplidas las órdenes y desalojados los jesuítas del Cole- 
gio de Bellavista y de las haciendas de Bocanegra, Santa 



EL PRIMERO Y EL ÚLTIMO PROVINCIAL EN EL PERÚ 459 

** Beatriz, San Juan, Calera, San Tadeo, Luríny otras de 
** los contornos hasta Chancay; con cuyas noticias creció la 
** impresión del público y un asombro por no haberse tras- 
" cendido ninguna de tantas providencias dictadas con sin- 
'* guiar cautela y ejecutadas con tan rara exactitud. El 
** Convento máximo de San Pablo fué el lugar de reunión de 
'* los jesuítas presos, y á él se condujeron en coches y con es. 
" colta los de las demás casas y establecimientos de la Com. 
** pañía á excepción de los muy ancianos y enfermos quo sé 
** custodiaron erí el convento de San Francisco''. 

Todos losjesuitas aprendidos en Lima, más los de to- 
dos los Colegios, casas y residencias de la Provincia perua- 
na, que comprendía no solo el territorio del Perú, sino el de 
la Audiencia de Charcas con las provincias de Mojos y Chi- 
quitos, fueron extrañados, aún aquellos que se separaron 
en el convento de San Francisco y que alcanzaron á vivir 
hasta que se mandó á Europa la última expedición de des- 
terrados. De los novicios solo tres siguieron la suerte de la 
comunidad. Los jesuítas de Chile se mandaron al Callao 
por el Presidente Don Antonio Guill y Gonzaga. La prisión 
de estos tuvo lugar el 26 de agosto y permanecieron en el 
Callao desde Í2 de marzo hasta 3 de mayo de 1768. De los 
jesuítas chilenos quedaron tres en el país, con licencia por 
enfermedad y graves motivos, y de los novicios tres se ocul- 
taron y ocho desaparecieron al tiempo de embarcarse y 60 
religiosos perecieron en el navio La Herznita á su salida de 
Chile. 

Larga y penosa fué la navegación de losjesuitas, délos 
cuales muchos perecieron durante el viaje en un naufragio, 
y no pocos dejaron de existir antes de llegar á su término 
por diversas causales. El P. Pérez Vargas pudo soportar 
los sufrimientos que les agoviaron y avecindándose en Pe- 
rrera, vivió allí entregado á la meditación, penitencia y 
cumplimiento de sus deberes de sacerdote católico. Falleció 
el 15 de agosto de 1772, dejando las siguientes obras: 1* 
—De babitihus; 2*— Z>e ente supernaturale; 3*— Competid 
dio de derecho canónigo; 4* — Panegíricos y sermones mo- 
rales, de cuyas obras dá noticia Monseñor García Sanz en 
su Historia Eclesiástica, 



460 REVISTA HISTÓRICA 



El General Mendiburu continúa refiriendo los sucesos de 
aquella época: *' Prolijas tareas se emprendieron por foncio- 
" narios de inteligencia para la facción de inventarios y reci- 
'* bir formalmente los archivos, cuentas, biblioteca y otros 
** documentos de la esfera administrativa; á todo atendió 
** la previsión del Virrey, y sus medidas bien concertadas 
*' produjeron los mejores resultados. Publicó un bando pa- 
I* ra que en ocho días se diera razón de los créditos activos 
•* y pasivos con los jesuítas: el cCimulo de negocios que éstos 
** abarcaban, se dio á conocer por la multitud de reclama- 
** ciones y asuntos pendientes que se ofrecieron á la conside- 
** ción del Gobierno. Las ocupaciones del Virrey fueron tan- 
** tas y de naturaleza tan extraordinaria y urgente, que le 
** fué necesario entregar á dos oidores el despacho diario; y 
** que dos regidores desempeñasen las atenciones de los al- 
.** caldes por hallarse estos empleados en otras tocantes á 
'* las circunstancias.'* 

**La Real Pragmática de 5 de Abril de 1769, para el ex- 
.** ñamiento de los jesuítas se promulgó en Lima y el Callao 
** por bando público á voz de pregonero y con aparato mi- 
** litar el día 7 de Enero de 1768 autorizando este acto el Dr. 
** D. Manuel Antonio de Borda y Echeverría, alcalde del crí- 
** men de la Audiencia. Organizóse el 15 de Noviembre una 
" oficina titulada Dirección general de Temporalidades de la 
** extinguida Compañía de Jesús para el manejo de todos 
** los bienes de ella. En sueldos de empleados gastó dicha 
** oficma 14,390 pesos anuales hasta el año 1785, en que 
** quedó como administración en virtud de real orden de 3 
** de Diciembre de 1781. Después fué modificada con supre- 
** sión de plazas y sueldos. Un oidor hacía de juez comisio- 
•* nado en este complicado ramo. En 15 de Junio de 1770 y 
** en cumplimiento de una cédula de 7 de Julio de 1769 sefor- 
** mó una Junta Superior de aplicaciones de las propiedades 
** que fueron de los Jesuítas, presidida por el Virrey, siendo vo- 
" cales el Arzobispo, el oidor don Domingo de Orrantía,elfis- 
** cal Don Manuel Gerónimo de Ruedas y el Conde de Villa- 
** nueva del Soto Protector fiscal de indios." 

Esta Junta procedió á la aplicación y destinode los tem- 
plos, casas y colegios de la Compañía, que por cerca de tres 



EL PRIMERO Y EL ÚLTIMO PROVINCIAL EN EL PERÚ 461 

años habían permanecido cerrados. Para las aplicaciones 
se tomó en consideración algunas reales cédulas expedidas 
anteriormente en favor de ciertos establecimientos creados 
ya ó cuya institución estaba ordenada á solicitud del Virrey 
Las misiones de infieles, en las cuales los jesuítas habían lo- 
grado reducir á la vida civil y cristiana multitud de salva- 
jes, han ido desapareciendo, sin dejar más que las huellas que 
quedan siempre por do quiera que pasa la civilización del 
Evangelio. 

Los jesuítas poseían en 1767 el Colegio máximo de San 
Pablo, el Noviciado, la casa de probación del Cercado, la 
profesa de los Desamparados, el Colegio Real de San Martín 
y el de Caciques, todos estos en Lima; en el Cuzco: el de la 
Transfiguración, el Real de San Bernardo y el de San Fran- 
cisco de Borja para caciques; en Chuquisaca: el de San Fran< 
cisco Javier, y el Real de San Juan Bautista, y además los 
colegios de Arequipa, Bellavista, Cochabamba, Huamanga, 
Huancavelica, lea, Moquegua, Oruro, La Paz, Pisco, Poto- 
sí y Trujillo, las misiones de Mojos y Chiquitos, la residen- 
cia de Santa Cruz de la Sierra y los cinco curatos de Juli, y 
el del Cercado. Las aplicaciones que se dieron á cada uno 
de esos colegios y residencias se refieren en los artículos co- 
rrespondientes á sus respectivos fundadores. 

Las haciendas y fincas de la Compañía se calcularon en 
650.000 pesos. Eran 203 entre grandes y pequeñas y en tiem- 
po de Amat se remataron 90 en 782,157 pesos; los censos 
que la gravaban eran de 71,173. No todo el valor del rema- 
te se exhibió de contado, quedó reconocida una tercera parte 
sobre las mismas fincas, por laque se estipuló el tres por cien- 
to de interés anual y uno por ciento de amortización. 

En los colegios y haciendas tenían 5,224 esclavos; se en,- 
contró á los jesuítas 173,048 pesos en moneda, 52,268 mar- 
cos de plata y 6,793 castellanos de oro, que contenían los 
paramentos y alhajas de sus templos. El haberse encontra- 
do todo estj prueba que los jesuítas no tenían aquellos f^- 
bulosos tesoros que hasta ho3'' se creen ocultos, como si pu- 
diera guardar dinero quien tenía que sostener y fomentar 
los grandes gastos que ocasionaban sus propiedades, sus 
misiones y sus colegios. 



462 REVISTA HISTÓRICA 



Los créditos activos liquidados ascendían á 817. 561 
pesos; los censos del mismo género 48.436; los créditos pa- 
sivos á 539.466 pesos; las capellanías legas, colativas, ani- 
versarios y otras fundaciones de patronato 6 administra- 
ciones de los jesuítas eran 337; los capitales de ellas compo- 
nían la suma de 1,401.391 pesos, sus intereses la de 40.440 
y sus gravámenes montaban 20.413. 

En la subsistencia, trasporte y otras atenciones de los 
expulsados se gastó cerca de medio millón de pesos, y al 
Rey se mandó en numerario 800.000. Los vasos sagrados, 
ornamentos, reliquias, alhajas y otros objetos del culto que 
tenían en los templos de Lima, se destinaron á treinta y 
ocho templos de parroquias, cárceles, colegios, beateríos &. 
de dentro y fuera de Lima, y las librerías se adjudicaron á 
la Universidad para que en ella se estableciese una bibliote- 
ca pública, de la que se nombró primer director al Dr. D. 
Cristóbal Montano. 

Amat, después de ejecutada la prisión de los jesuítas pa- 
só una circular á los Obispos del Cuzco, Huamanga, Arequi- 
pa y Trujillo, en la cual les decía: **Aunque no dudo que debe 
** haber sorprendido á VS. la noticia del suceso relativo á 
** la perpetua expatriación de los jesuítas, me persuado 
** igualmente que la mirará con rostro firme y sereno luego 
** que sepa que esta justa resolución se ha derivado directa- 
** mente del trono &". 

Para que se conozca la manera cómo se manejaron los 
bienes de los jesuítas, tomamos de diversos artículos del Dic- 
cionario del General Mcndiburu lo que respecto de ellos se 
refiere. 

** Hizo pagar (Guirior) los réditos correspondientes á 
' ** los capitales que por censos gravaban á la real hacienda, 
" después de haberse rebajado del 5 al 3 por ciento; resolu- 
** ción que se verificó sin violencia devolviendo los principa- 
** les 3'' subrogándolos con el caudal de obras pías pertene- 
** cientes á las temporalidades de los jesuítas, ó continúan 
** do las imposiciones con aquella rebaja, cuando los intere- 
** sados voluntariamente se sometían á ella. Esos gra^áme- 
** nes pasaban de 900.000 pesos y los réditos de 48.377 que- 
** daron reducidos á 29.000, ahorrándose 19.300 pesos 



EL PRIMERO Y EL ÚLTIMO PROVINCIAL EN EL PERÚ 463 

* Continuáronse en el período de este Virrey enagenándose 

* los bienes de la extinguida Compañía y la dirección de 

* temporalidades desde julio de 1776 hasta el mismo mes 

* del año 1780, tuvo ingresos que ascendieron á 965.745 

* pesos y gastos que montaron casi á la mitad'*. 

*' Con respecto á la ^renta) que producían los bienes de 

* temporalidades de la extinguida Compañía de Jesús hubo 
' en el gobierno de Jáuregui el movimiento que diremos en 

* seguida. Las enagenaciones hechas en Lima, Cuzco y Pis- 

* co apreciadas en 23.339 pesos se verificaron con el aumen- 

* to de 12.118 pesos. Los ingresos en tesorería desde 22 de 

* julio de 1780 hasta 3 de abril de 1784 sumaron 831.441 

* pesos, importando la salida 827.997. De esta cantidad se 

* pusieron á censo en la renta de tabacos 414.870 y en las 

* cajas reales 55.955, remitiéndose á España en el navio 

* **San Pedro" 90.000 pesos. Se debían por los censos indi- 

* cados 108.250. Se redimieron por los que gravaban sobre 

* los fundos ocupados 37.900. La administración de tempo- 

* ralidades de Chile adeudaba á la general de Lima por su- 

* plementos 41.050 pesos; la de la Paz 17.250 y la de Chu- 

* quisaca 14.497, cuya recaudación por más diligencias 

* practicadas estaba todavía por realizarse. 

'* Al fin del gobierno de Croix (1790) no se había conse- 

* guido, después de pasados tantos años, que la dirección de 

* temporalidades de jesuítas presentase un manifiesto gene- 

* ral de los capitales, rentas y administración de esos bienes, 

* ni que se rindiesen cumplidas cuentas por las diferentes de- 

* pendencias que entendían en el manejo de ellas. Creada la 

* oficina central á cargo de D. Cristóbal Francisco Rodrí- 

* guez, que había sido oficial real de estas cajas, avanzó po- 

* co en su objeto, aíin no llegó íi formar un reglamento que 

* normase las operaciones de la dirección, su contaduría y 
tesorería, ni tuvo oficiales de bastante inteligencia y bien 

* dotados. Las labores eran muchas y llegaron á existir 

* más de cuatro mil expedientes en giro. I-as sumas de in- 

* gresos procedentes de capitales se trasladaban á las cajas 

* reales; redimiéndose con ellas los censos que reconocía la 

* real hacienda, y subrogándose en su lugar las tempcrali- 

* dades y obras pías. Las cantidades dimanadas de los pro- 



464 REVISTA HISTÓRICA 



'' ductos, se reservaban en tesorería para pago de deudas, 
" pensiones, y sueldos, remitiéndose á España lo sobrante". 

**Hemos visto un estado que es parte de los que acaba- 
** mos de indicar y se halla en la Biblioteca pública de esta 
** capital. Según lo que en él está demostrado los capitales 
** que reconocían á interés las haciendas de la Compañía en 
** favor del fomento de colegios y dependencias de ella mis- 
'* ma ascendían á 2,663,299 pesos. Los capitales que se 
** trasladaron á la Real Caja con motivo de la venta de ha- 
" ciendas y otros bienes importaron hasta 30 de junio de 
'* 1785—532,355 pesos, y los que se pasaron al estanco de 
** tabacos por igual causa 406.870. Los capitales que mu- 
'* chos particulares reconocían sobre sus fincas en favor de 
'* establecimientos de la Compañía y de crecido número de 
'* obras país que ella manejaba subían á la cantidad de 
** 338,785. Estas cinco partidas suman 3.941,310 pesos. Di- 
** versas dependencias y personas debían por arrendamien- 
** tos de fincas, deudas secuestradas y otras causas hasta el 
** año citado de 1785, la cantidad de 496.392 pesos. Lo que 
** se debía A la Compañía por réditos devengados era 
** 336,814 pe.sos. Estas dos últimas partidas y 29,291 pesos 
** de existencia metálica, entregados por la extinguida di- 
** rección á la nueva administración de temporalidades im- 
** portaron 862»497 pesos. En dicho estado constan todos 
** los pormenores que pueden desearse á cerca de la proce- 
** dencia de esas cifras que arroja el resumen, y en gran 
** parte correspondían á capellanías, dotes, misiones y mu- 
** chas obras pías. Tiene la fecha de 30 de junio de 1790 y 
** está firmado por el tesorero Don Rafael Francisco Menén- 
** dez. En marzo de dicho año había entregado el mando el 
** Caballero de Croix, que fué quien dispuso la formación de 
*' estados en cumplimiento de la real orden ya citada de 16 
" de setiembre de 1785.*' 

** Gil hizo en las oficinas de temporalidades de jesuítas, 
** reformas económicas mediante las cuales se ahorraron 
** 8.050 pesos anuales en sueldos. Por efecto del mejora- 
** miento que hubo en Jas labores, se vio que se habían deja- 
** do de comprender en anteriores cuentas, fondos importan- 
** tes 1,066.867 pesos, con que se aumentaron los capitales 



EL PRIMERO Y EL ÚLTIMO PROVINCIAL EN EL PERÚ 465 

** conocidos ya ascendentes á 4«,408.678 pesos. En el gobier- 
*' no de este Virrey (1790-1796) los productos del ramo de 
** temporalidades, mandados á España, subieron á 922.042 
*' pesos, después de hacerse los gastos del ramo, valor de 
'* 234.604 pesos". 

•* El rendimiento de temporalidades de jesuítas se aplicó 
'* en 1798 á la extinsión de vales reales, incorporándose pa- 
** ra ello en la hacienda fiscal. En 1806 estaba reducido á 
** 3,200.000 pesos de capital: las entradas eran 95.645, los 
^^ gastos por los objetos piadosos á que se atendía 19.800 
** y los sueldos 14.502 pesos; quedaba un residuo de 61.000. 
** Las deudas contraídas desde que se expulsaron losjesuí- 
** tas subían á 680.000 pesos. El año de 1802 se enviaron á 
** España 798.968 pesos para su aplicación á redimir vales 
" reales*'. 

Lo expuesto manifiesta la poca rectitud y honorabili- 
dad que hubo en el manejo de los bienes y los caudales dé 
los jesuítas, pues cuando las doscientas tres fincas y hacien- 
das que poseían se tasaron solo en 650,000, hemos visto que 
noventa de ellas se remataron en más de 700,000 y que los 
gravámenes por que respondían todos aquellos bienes im- 
portaban 2.663,299. Después,cuandoen 1816 se tazaron los 
que existían, fueron valorizados en cinco millones. 

Esas ingentes cantidades han desaparecido sin que ha- 
yan servido jamás para los fines piadosos á que las tenían 
destinadas los jesuítas. 

La falta que éstos han hecho en el país para la conquis- 
ta y reducción de los salvajes de nuestras ricas y feraces 
montañas y para la educación de la juventud, no es necesa- 
rio manifestarla, por que está en la conciencia de todo el 
que recuerde á la Compañía sin el odioso encono de las pa- 
siones. 

Enrique Torres Saldamando. 



Un conpeitfo franciscano 



Documento antiguo, y que merece ser conocido, es el que 
ahora publicamos, sobre la fundación del convento de San 
Antonio de Cajamarca y sobre la predicación en esa provin- 
cia de los religiosos franciscanos; documento que data del año 
1637, y que consultó Diego de Córdova Salinas, para su 
Crónica^ impiesa aquí en 1650. 

En esa pieza insértase la Real Cédula, fecha en Madrid á 
31 de diciembre de 1635, para que las autoridades de todo 
orden, así civiles como eclesiásticas, suministrasen noti- 
cias al entonces Cronista mayor de las Indias don Tomás 
Tamayo de Vargas, para que, en el término de tres años, 
escribiera en latín la Historia eclesiástica de la América es- 
pañola, **con claridad, certeza y ajustamiento á la verdad." 

La Relación de que tratamos, hecha con ese fin, y de la 
que se sacó este traslado, autenticado por la comunidad del 
Convento de Cajamarca, en noviembre de 1763, robustece, 
sino adelanta, los datos del Padre Córdova, y no carece por 
lo mismo de interés para los lectores. 

Muerto Tamayo de Vargas, en setiembre de 1641, el 
Cronista, su sucesor, Gil González Dávila, hizo en 1649 y 
1656 la publicación del Teatro eclesiástico de las /nrfias, que 
debía reemplazar la Historia eclesiástica en latín que quizo 
se escribiese Felipe IV. 

/. T. P. 



UN CONVENTO FRANCISCANO 467 



traslade de la fmidacKi del eoaoento de Saa Xiitoaio de Caxamarca» la entrada 
y Predicación de los frayles de $aii Tranclsco en aanella Provincia y de la 
Posesión aue ti dichos frayles se les di6 en nombre de $• 111 del eerro llama- 
do Santa Jfrolonia, une está dentro de la misma üilla. 



Auto.— Fr. Juan de Aispe3'tia, de la regular observancia 
de N. S. P. S. Francisco, Pe. Perpetuo de esta Santa Provin- 
cia de los doze Apóstoles de Lima, y Guardián del Convento . 
de San Antonio de Caxamarca.— Por quanto N. P. Fr. Pe- 
dro Ordóñez: Flores, Ministro Provincial de esta dicha Pro- 
vincia de los doze Apóstoles, ha dado una Patente en forma 
del thenor siguiente: Fray Pedro Ordóñez Flores, de la regu- 
lar observancia de N. P. S. Francisco, Predicador, Ministro 
Provincial y sirvo de los Frayles menores y Monjas de Santa 
Clara, de esta Provincia de los doze Apóstoles del Perú y 
Tierrafirme, &. A los P, P. Guardianes y Presidentes de es- 
da dicha nuestra Provincia, salud y paz en el Señor. Hago 
saber á VV. RR. que en el aviso próximo passado que llegó 
de España á los vltimos de Agosto de este presente año, re 
cebí vna carta del Rey Nro. Sor., que felices años viva, y una 
Instrucción de don Fernando de Contreras, Secretario de 
S. M., que son del thenor siguiente: 

El rey. — Por quanto tengo mandado á Don Thomás 
Tamayo de Vargas, mi Chronista mayor de las Indias escri- 
ba en latín una Historia Eclesiástica de aquellas Provincias 
dentro de tres años; y por que para poderlo hacer con la 
claridad, certeza y ajustamiento á la verdad se necesita de 
particulares advertencias, y relaciones de todo lo sucedido 
desde su descubrimiento; y para que se execute con toda pre- 
cisión, he tenido por bien de dar la presente, por la cual or- 
deno y mando á mis Virreyes, Presidentes, Audiencias y Go- 
vernadores de mis Indias Occidentales, y Islas adyacentes á 
ellas, y ruego y encargo á los M. RR. in Xpto. PP. Arzobis- 
pos y Obispos de las Iglesias Metropolitanas y Cathed rales 
de ellas, y encargo á mis Cabildos Eclesiásticos, Vniversi- 
dades, y Superiores de las Religiones de las dichas Provin- 
cias, que cada uno por su parte, cometan á personas parti- 



468 REVISTA HISTÓRICA 



culares, doctas, é inteligentes, recojan todos los papeles, y 
relaciones que pudieran hallar, de que se pueda tomar la 
Luz, y noticia de los sucessos, y cosas que han passado desde 
su descubrimiento hasta agora con tanto ajustamiento y 
claridad como es menester para tan importante materia, 
que ha de llegar á tantas manos; y para que lo puedan hacer 
con menos trabajo, van con esta mi cédula advertencias par- 
ticulares, y firmadas de mi Infrascrito Secretario, por donde 
se podrán guiar para el mejor acierto de lo que se pretende. 
Todo lo qual encargo á los unos y á los otros, procuren se 
execute con la brevedad que es metester para que el dicho 
Chronista pueda acabar la obra con la que se desea, y que 
las relaciones, y papeles, vengan authénticas, que en ello me 
daré por bien servido, y de cada uno me dé luego aviso del 
recibo de este despacho, y de lo que en su conformidad se hi- 
ciere. Fecha en Madrid, á treinta y uno de Diciembre de mil 
y seiscientos, y treinta y cinco años. — Yo El Rey. — Por man- 
dado del Rey Nuestro Señor. — Don Fernando Raíz de Con- 
t re ras. 

Lo que Su Magestad— Dios le guarde— manda que se 
averigüe por personas de conocida noticia, 3'' verdad, y se re- 
mita luego para que Dn. Thomás Tamayo de Vargas su 
Chronista mayor de las Indias, pueda escribir con toda par- 
ticularidad, la Historia General Eclesiástica de ellas en la 
forma que se lo tiene mandado, es lo siguiente: Las fundacio- 
nes de las Iglesias Metropolitanas, sufragáneas, Parrochia- 
les, y Hospitales con el año, mes y día, y particularidades de 
su erección; las rentas y obras pías que en ellas hay con las 
circunstancias de su fundación. Todas las Bullas en cuya 
virtud se hizo. Los Arzobispos, y Obispos que ha habido 
con la suma de sus virtudes, vidas, y acciones dignas de me- 
moria hasta su muerte. Todos los Concilios que se han cele- 
brado y constituciones que se han hecho. Las vidas de los 
Clérigos que han sido conocidos por virtuosos, y de los se- 
glares, ó que lo han sido, ó hecho obras de tanta piedad que 
merecen que se haga mención de ellas. Relación de todo lo 
-que ha passado en las iglesias en lasvacantescon las del Go- 
vierno de cada Iglesia, números de sus dignidades y Preven- 
dados en las Cathed rales, como en las Parrochialeslossacer- 



UN CONVENTO FRANCISCANO 469 

dotes, las obras pías, las capellanías, los entierros de más 
nombre, las rentas, las cofradías, y en los Hospitales la fun- 
dación, y Hospitalidad y todo ¡o demás que tocare al culto 
divino. Las mismas diligencias se han de hacer en todos los 
Monasterios y Conventos de Religiosos, y Religiosas, advir- 
tiendo el año, y circunstancias de su fundación, la forma de 
sus entradas, el número de sus Religiosos, qué Provincias 
tienen, quántos Conventos,qué rentas,qué patronzgos y qué 
obras pías; qué Misiones han hecho; á qué doctrinas han sali- 
do,qué fruto tiene á particular de ella,qué ayudas de costa les 
ha dado S.M. y qué Religiososy en qué parte les ha sustenta- 
do. Qué varones de conocida virtud, 3»' santidad y doctoshan 
tenido y tienen, 3^ todo lo que tocare á reducción de aquellas 
gentes á la Iglesia. Qué mártires han tenido desde sus princi- 
pios; lo particular de sus martirios, como la ocasión, el tiem- 
po, el lugar, las patrias y profesión de losmártires,como tam- 
bién de todos los que hubieran sido célebres en santidad. 
Qué imágenes son veneradas con más señalada devoción; 
qué milagros hay calificados. La misma diligencia se ha de 
hacer en todas las vniversidades, avisando los Rectores, las 
Cáthedras y lo demás que fuere digno de memoria en las Es- 
cuelas; las Bullas de Iglesias. Conventos, vniversidades. y 
de todo quanto' los Sumos Pontífices han concedido gene- 
ral, y particularmente á aquellos Reinos, y de todo quanto 
á juicio de la prudencia fuere conveniente para el fin que 
S. M. desea; advirtiendo que aunque esta historia (que 
S. M manda escribir en Latín, y también saldrá en Roman- 
ce,) ha de ser Eclesiástica, porque conviene así por causas 
muy justas, de tal suerte lo será que no falte en ella acción 
ialguna de las más importantes, y famosas de la seglar, co- 
mo las conquistas, hazañas, Goviernos y lo demás que es 
adorno y noticia más señalada de lo sagrado; y assí conven- 
drá remitir todo lo particular que hubiere tocante á estas 
cosas, assí de las órdenes de Su Magestad pertenecientes al 
mejor govierno de aquellos Reinos en todas materias, como 
de las acciones singulares de los que goviernan, y de los que 
obedecen;fueradeésto, todos los estados envíen relaciones par- 
ticulares, y si hay algunas historias, óimpressasó de mano, 
relaciones, descripciones, descubrimientos antiguos, ó nue- 



470 REVISTA HISTÓRICA 



VOS, se remitan al Consejo para que de ello se aproveche pa- 
ra la historia general que tanto se dessea, y tan necesaria es 
y en que se interesa al servicio de Dios y de S. M. y la noti- 
cia particular de las cossas de aquellos Reinos con provecho 
de todas las gentes desde sus principios. — Don Fernando 
Raíz de Contreras, 

Por tanto, por virtud de las presentes, firmadas de 
nuestro nombre, selladas con el sello mayor de nuestro ofi- 
cioy-y refrendadas de nuestro Secretario, ruego y encargo á 
Vs. Rs., y á mayor mérito se lo mando por Santa obedien- 
cia, en virtud del Espíritu Santo, que cada uno de VV. RR., 
así Guardianes como Presidentes en el Convento donde lo 
son y sus doctrinas y Conventos de Monjas, vean por su pro- 
pia persona,6 por algún Religioso inteligente los Archivos de 
él y los papeles que hay, y todos los que pareciere que son 
apropósito conforme á las cossas que ep la carta é instruc- 
ción de S. M. se piden, los saquen authénticos, y assí los re- 
mitan al P. Predicador Fr. Diego de Córdova, Chronista 
General en estos Reinos del Perú, que reside en este nuestro 
Convento de Jesús de Lima, con toda la brevedad posible; y 
esta nuestra Patente se lea en pública comunidad y 
trasladada en el libro del Convento, se despache al que le 
sigue por el orden que vá al margen. Lo qual mando por 
Santa obediencia y que ningún inferior mío impida la execu- 
ción de ella. Que es dada en este dicho nuestro Convento de 
Jesús en Lima, en veinte y cinco de diciembre de este dicho 
año de mil y seiscientos y treinta y siete. — Pedro Ordoñez 
Flores, Ministro Provincial.— Por mandado de su Paterni- 
dad.— Fr. Gonzalo de Herrera, 

Por tanto, en conformidad de lo que esta Patente man- 
de, el dicho nuestro P. Ministro Provincial, habiendo visto 
los papeles del Archivo de este dicho Convento de San Anto- 
nio de Caxamarca, pareció en ellos la relación siguiente: 

Relación de los principios del conocimiento de dios que 
TUVO ESTA Provincia de Caxamarca, y la vida del San- 
to P. Fr. Matheo Jumilla. 

En la Provincia de los doze Apóstoles del Perú está una 
Provincia de Indios, la más afamada que hay en todos estos 



UN CONVENTO FRANCISCANO 471 

Reinos, por muchas causas, que justamente ha merecido, y 
merece el título y renombre que desde que estos Reinos se con- 
quistaron ha tenido; y assí por cosa memorable se ha re- 
nombrado siempre la gran Provincia de Caxamarca la nom- 
brada, y no es mucho que desde el tiempo de los conquista" 
dores de este Reino haya tenido este apellido, porque Dios 
tuvo por bien y fué servido plantar nuestra Fé Cathólica en 
todos estos Reinos, tenía su Divina Magestad determinado 
que el principio de la predicación del Santo Evangelio se co- 
menzase á divulgar en esta Provincia en tiempo que el Rey na- 
tural de ella tenía su asiento, y reinadoen ladicha Provincia 
en el primero más principal de ella, que se llama el día de hoy 
San Antonio de Caxamarca, que fué en aquel tiempo el que 
mandaba en toda esta tierra el Rey y señor de ella el Inga, 
tan nombrado como ha sido, eí Inga Ata?iUalpa;quando en- 
traron los primeros Xptianós cti esta tierra, como consta y 
parece por las Chrónicas de estos Reinos del Perú en tiempo 
de éste dicho Inga, y después acá, ha habido mucho número 
de pueblos de Indios en esta dicha Provincia; tanto que has- 
ta el tiempo del doctor Quenca, que fué Visitador de la di- 
cha Provincia, se hallaban passados de quinientos pueblos, 
los quales vinieron á reducirse por mandado de Francisco 
Alvarez de Cueto, que fué después Visitador de la misma 
Provincia, en muchos menos Pueblos; y el día de oj' quedan re- 
ducidos los Indios de esta Provincia en diez y siete Pueblos 
por la visita y numeración que hizo Francisco Alvarez de 
Cueto, siendo Visitador, que habrá trece años se hallan qua- 
renta mil, y quatrocientos, y noventa y una ánimas en toda 
dicha Provincia, y después acá como no se ha hecho otra vi- 
sita general, no se puede saber el número cierto de las que 
hay; pero como son más sin comparación los que nacen y 
multiplican que los que se han muerto, tiénese por más cier- 
to que habrá en la dicha Provincia al pie de cinquenta mil 
almas, algunas menos. 

Los antiguos viejos Indios dicen que el primer sacerdote 
que entró en esta Provincia fué un clérigo ,y estuvo poco en 
ella porque passada la batalla de Gonzalo Pizarro, y muerto 
en Quito el Vice Rey Blasco Núñez Vela, viniendo luego por 
Presidente y Govefnador de esta tierra el Presidente de la 



472 REVISTA HISTÓRICA 



Gasea, por mandato y orden suyo entraron en esta Provin- 
cia para doctrina y administración de Santos Sacramentos, 
Religiosos del orden de N. P. S. Francisco y desde entonces 
hasta ahora han perseverado, y están los Religiosos de la 
dicha Orden. Habrá doze años masó menos que los Prelados 
de ella, por causas que tuvieron, dejaron la doctrina y Pue- 
blos de la dicha Provincia y entnaron en ella clérigos y Reli- 
giosos de la Orden de San Agustín. No estuvieron en ella 
más de un año, porque el Vice Rey que fué de toda esta tie- 
rra Dn. Francisco de Toledo, dio orden y mandó que volvie- 
se á la dicha Provincia Religiosos de la orden de N. P. S. 
Francisco, como antes estaban á instancia de los propios 
Indios, y de D^. Jordana Mejía, en quien están encomenda- 
dos los Indios de la dicha Provincia, mujer que fué del enco- 
mendedero Melchor de Verdugo, uno de los conquistadores de 
este Reino; y^ á esta causa, y por ser la primera cosa que pe- 
día y rogaba el Virrey á los Prelados de la dicha Orden lue- 
go que entró en este Reino, tuvieron por bien, y acordaron 
los Prelados que volviesen á la dicha Provincia los Religio- 
sos de nuestra Orden, como después acá han estado, y es- 
tán, y administran los Santos Sacramentos y la predicación 
del Santo Evangelio á los Naturales de ella, en la qual están 
de ordinario doze, y trece sacerdotes y un Frayle lego, ó un 
donado, divididos todos por los pueblos, que al presente 
son diez y siete, como dicho es. Los quales Religiosos están 
sujetos á un Guardián, que lo es de todos los Pueblos y ca- 
sas de la Provincia y por orden del dicho Guardián y del 
síndico que está de ordinario en el dicho Pueblo principal, y 
Convento de la dicha Guardianía, se les distribuye, y provee 
todo lo necesario á todos los Religiosos de la dicha Provin- 
cia. Después que han estado los dichos Religiosos en la di- 
cha Provincia, se halla por número cierto haber baptizado 
en ella quarenta y un mil, y doscientas, y ochenta y ocho 
ánimas; y esto se halla en algunos pocos libros de Baptismo 
que son los que parecen, y otros muchos se han perdido y no 
parecen en todos los más pueblos, en los quales debía de ha- 
ber asentados mucha infinidad de Baptizados. 

Los cassados han sido después que los dichos Religiosos 
han estado en la dicha Provincia diez mil, y trecientos, y 



UN CONVENTO FRANCISCANO 473 

seis; 3' esto se halla por los libros que parecen, que en los 
que faltan, sin duda hay otros muchos, como dicho es, assí 
de cassados como de Baptizados. 

En el Archivo de e^sta Provincia, que está en el Conven- 
to y casa principal, hay una Bulla de Su Santidad del Señor 
Papa Gregorio tercio— décimo para sacar una ánima del 
Purgatorio diciendo missa en el altar de N. S"^ que está en la 
dicha Iglesia del Convento principal. No se sabe por qué 
fué impetrada esta Bulla, más de que está concedida en par- 
ticular para el altar sobredicho de la Iglesia de San Anto- 
nio de Caxamarca Vastissimoe Provincioe duodccim Aposto- 
lorum del Pirú, que son palabras formales deesta Bulla. 

Ha3« otra Bulla para la Cofradía de la Limpia Concep- 
ción de la Madre de Dios que está en una capilla de la dicha 
Iglesia, la qual fué establecida por comunicación déla Co- 
fradía que está fundada en nuestra casa en hi Ciudad de los 
Re3^es, en la [qual hay indulgencia plenaria para el día de la 
Concepción, Anunciación Asumpción de la Madre de Dios y 
para el día del glorioso S. Buenaventura. Hay otra para el 
día de N. P. S. Francisco. Ha3^ otra Bulla para los días de 
los bienaventurados San Antonio de Padua, S. Luís Obispo, 
San Bernardino, Santa Clara virgen, Santos de nuestra Or- 
den. 

Hay en el dicho Archivo otros Recaudos, papeles y Pro- 
visiones de los Viso Reyes y Audiencia de la Ciudad de los 
Reyes en favor de los Religiosos y bien de los Naturales. 

El señor Arzobispo Dn. Thoribio Alfonso Mogrovejo en 
la visita que vá haciendo en todo su Arzobispado, después 
que vino á esta Provincia, dexa instituida otra Cofradía 
del Santísimo Sacramento en este Convento principal, por- 
que siempre de ordinario hay en la dicha Iglesia Santísimo 
Sacramento y lámpara que arde á costa del Convento. 

Dexa también instituida otra Cofradía de las Animas 
del Purgatorio, y ésta queda en todos los demás pueblos de 
esta Provincia. Y dexa consagradas tres campanas en este 
Convento principal, qtje en toda esta tierra no creo hay otras 
consagradas, si no es una en la Iglesia ma3'or de los Reyes, 
y otra en la ciudad de la Paz; 3" clexa benditas la Imagen de 
7 



474 REVISTA HISTÓRICA. 

la Madre de Dios de bulto, lalma^ende la Concepción, Her- 
mita de Santa Apolonia y otras Imágenes [que] hay en este 
Pueblo de Caxamarca. 

Vna Hcrmita de la bienaventurada Santa Apolonia que 
fue edificada á instancia de los Indios, por respeto que en 
este lu/j:ar todos los más años se. les helaban las chácaras, y 
se perdían los mantenimientos, y después que les cupo por 
suerte esta í<loriosa Santa, es para alabar á Dios ver que 
ningún año les han faltado sus comidas, y todos los años 
van muy fértilesen todas sus chácaras, 3' sembrados. Yassí lo 
confiessan los propios Indios dando gracias á Dios por tanta 
merced como les ha hecho; y assí. el día de su fiesta, va todo 
el Pueblo con los sacerdotes y Religiosos, todos en procesión 
general, con muchas fiestas 3' danzas á la dicha Hermita que 
está en un cerrillo alto donde se dice la missa con mucha so- 
lemnidad, y se predicaba al Pueblo y en otros muchos días 
del año quando ay alguna necesidad particular en el Pueblo 
de las sementeras que faltan las aguas, acuden y van á la di- 
cha Hermita en procesión,porlo que piden los Indios con mu- 
cha instancia. Teniendo grandísima fe en la gloriosa Santa 
Apolonia les ha de alcanzar de Nuestro Señor lo que con de- 
voción ellos piden, y Nuestro Dios y Señor les hace siempre 
particulares mercedes por los merecimientos de esta Santa 
gloriosa. 

Dexa también licencia el señor Arzobispo para que ha- 
gan otras tres hermitas en este valle de Caxamarca: las dos 
junto al Pueblo, y la otra á una legua del pueblo en unos ba- 
ños calientes que están en el propio valle. Son estos baños 
buenos y principales, que se duda haber otros mejores que 
ellos en toda España, según dicen los que lo han visto, y ex- 
perimentado. Vienen á ellos de muchas partes de toda esta 
tierra lo» enfermos y necesitados á tomarlos, y como haya 
cuidado en saberlos tomar, son de maravilloso efecto. 

Hay en este Pueblo de Caxamarca una de las mejores 
Iglesias, y templos que hay en toda esta tierra, y en Pueblos 
de Indios ninguna tan buena como ella, y un ceminterio 
muy agraciado, 3" vistoso con mucha arboleda que divide 
las calles del mismo ceminterio para los días que hay proce- 
sión, 3" con ser bien grande, y capaz la Iglesia, no cabe la 



UN CONVENTO FRANCISCANO 475 

gente del Pueblo en ella por ser casi infinita la que ha}'; y 
assí se les dice missa los Domingos y fiestas en una Capilla 
pegada en la misma Iglesia, que está hecha en el ceminterio, 
en el qual están todos los del pueblo toda la mañana rezan- 
do la Doctrina hasta que se hace la hora de Doctrina, digo 
de missa mayor, la qual siempre los Domingos, y fiestas se 
celebra con tanta solemnidad, que en algunas Iglesias de es- 
te Reino holgarían tener la másica de cantores que tiene este 
Pueblo, y Convento, como de ello fué muy edificado el señor 
Arzobispo, deseando llevar á su Iglesia á la Ciudad de los 
Reyes, algunos de los cantores que tiene este Pueblo. 

Y porque como dice el Profeta David: In memoria eterna 
erit justus, es mucha razón que el que ha alcanzado para 
con los hombres alguna fama, y opinión de haber sido justo 
delante de Dios, según piadosamente se puede creer, y opinar 
no se tenga del olvido, antes parece que conviene se hnga 
del tal alguna memoria para que siempre Nuestro Señor sea 
glorificado, será bien tratar sumariamente de la vida, y exer- 
cicios loables, en esta Provincia tuvo un bendito Frayle lego 
de la orden de N. P. San Francisco llamado Fr. Matheo de 
Xumilla. Fué este Religioso de la Provincia de Murcia en 
los Reinos de España; ha más de quarenta años que pasó á 
estas partes en compañía de N. P. Fr. Gerónimo de Villa Ca- 
rrillo, Comisario General que ha sido de estos Reinos y Pro- 
vincias del Perú, y en compañía del P. Fr. Francisco de Al- 
cocer, Provincial que ha sido en esta Provincia de los Doze 
Apóstoles. Fué este Religioso Fr. Matheo uno de los prime- 
ros que entraron en esta Provincia de Caxamarca á doctri- 
nar á los Naturales de ella, \^ porque el que ha de predicar á 
otros, y más á gente nueva en la Fe, conviene que su vida co- 
rresponda á la doctrina que enseñare, procuró este siervo de 
Dios armarse muy deveras con la señal de la Cruz, dentro y 
fuera para poder mejor comenzar la obra tan santa, que lue- 
go en entrando en esta Provincia, hizo traerla en las manos 
y tratarla de noche, y de día con un maravilloso espíritu 
que Dios le dio; porque siendo como era Frayle lego, que no 
tenía letras ni ciencia de las que se alcanzan por estudio hu- 
mano, ayudado de la Gracia, y favor de Dios, comenzó á 
)nnt'<^T l^^.go más de cinquenta niños de los que comunmente 



470 REVISTA HISTÓRICA 



sonde edad para poder saber ya la Doctrina. Teniendo licencia 
de sus Prelados y superiores iba á visitar toóos los Pueblos 
de esta Provincia acompañado de los niños y muchachos de 
la Doctrina, los quales iban unos delante, y otros siguiéndo- 
le, llevando una cruz alta con una bandera y descalzo, re- 
zando torio el camino en alta voz con dichos muchachos el 
Pater Nostcr y las demás oraciones tocantes A la Doctrina. 
Eran en aquel tiempo antes de la reducción los Pueblos de 
esta Prouincia quinientos y más de quinientos ]>oblados á 
legua y á media legua, y u más ó menos, y tenía la dicha 
Provincia entonces más de cien leguas de visita para ir de 
unos pueblos á otros, atravesando de una parte á otra; y es- 
to es muy cierto, porque el día de hoy para visitar el Guar- 
dián en los Pueblos ya reducidos, quando ha dado vuelta á 
toda la provincia, ha caminado más de ochenta leguas. Y 
siendo como son los caminos de esta Provincia los más ás^ 
peros y fragosos que hay en toda esta tierra, el bendito Fr. 
Matheo, acompañado de sus cinquenta muchachos, que los 
iba mudando por los dichos Pueblos, cansado y fatigado, á 
pie,y descalzo, con la Cruz en las manos, íbase animando á 
si propio, y enseñándoles la Doctrina á los muchachos, re- 
partiéndoles de algunos pedazos de panqué siempre traía en 
las mangas del hábito llenas para eáte efecto. Donde le toma- 
ba la noche, en poblado ó fuera dé!, recojido en algún lugar 
secreto, se daba á la oración con mucha devoción, acomodan- 
do primeros los muchachos de la Doctrina como mejor po- 
día para pasar la noche, tomando él una piedra por cabece- 
ra quando quería reposar algún poco, porque nunca se le 
halló llevar cama consigo. Iba por los caminos aderezán- 
dolos lo mejor que él podía para poder llegar á los Pueblos, 
y en llegando á ellos procuraba quitar y estorbar las dema- 
sías que tenían los Indios en el beber, quitandoy deshaciendo 
las huacas, y adoraciones de sus ídolos antiguos, apartán- 
doles de otras muchas supersticiones que entonces tenían, 
Era tanta la constancia que ponía en visitar continuamen- 
te los Pueblos, que ni por hambre, ni sed, ni frío, ni cansan- 
cio, ni por las continuas aguas que había, cesaba de ir predi- 
cando por todos los pueblos. Quando le acontecía tener al- 
guna enfermedad de calentur^is, ú otro qualquier mal, decía 



UN CONVENTO FRANCISCANO 477 

que eran regalos, y singulares mercedes que el sumo Dios A 
quien él les predicaba le hacía,y quetuvitsen por cierto les se- 
ría á ellos las enfermedades para salvación de sus almas, su- 
triéndolas con paciencia, y por amor de Dios. 

Y para que su predicación fuesse de más efecto traía con- 
tinuamente una ca,lavera tratándoles de la muerte, de las 
penas del Infierno, y como traía puesto su blanco en Dios y 
fundaba en El sus razones, y predicaciones, hechos sus ojos 
de fuentes de lágrimas, predicaba con tanto espíritu, que por 
el efecto, y fruto de sus palabras, y sermones, como después 
parecía, era visto no ser él que los decía sino el Espíritu San- 
to que le meniaba la lengua, dándole gracias para alumbrar 
los interiores ojos ciegos de los oyentes, y ablandar los cora- 
zones duros que tenían los naturales, porque los más de ellos 
tocados de Dios, se apartaban del mal vivir que tenían en el 
vicio de la sensualidad, y de otros vicios, 3^ pecados públicos 
con que ofendían á la Magestad de Dios. Y assí confiessan y 
dicen los de aquel tiempo que por medios de la predicación, y 
vida exemplar de este siervo de Dios, comenzaron los Indios 
á tener más noticia de Dios y vivir como Xptianos. Nunca 
jamás se pudo acabar con él que en tan largos y trabajosos 
caminos subiese alguna vez á caballo, porque decía que no lo 
permitía la regla de su P. gloriosísimo San Francisco, que la 
señal de la Cruz que traía en sus manos le ayudaba para ir 
á pie descalzo, y para todo quanto él podía tener de traba- 
jos. Era muy charitativo con los pobres, 'dándoles todo lo 
que él podía, assí de comida como de alguna, ropa, la qual 
procuraba sacar de las Huacas, y adoratorios antiguos y de 
los entierros que usaban hacer los Indios, y por cumplir con 
esta obra de Charidad, y suplir la necessidad de los pobres, 
partía con ellos el manto y túnica que traía vestido; y vien- 
do ésto algunas personas le acudían con algunas piezas de 
ropa para que él las repartiese á los pobres. 

Estando un día este siervo de Dioí con muchos Indios 
haciendo una casa de cinco ó seis estados en alto, aconteció 
caerse la casa con el Religioso y toda la gente, 3' muchos de 
ellos se quebraron las piernas, 3' brazos, y otros quedaron 
muy lastimados en todo el- cuerpo; y fué Dios servido que lla- 
mando al bendito Fraile á Nuestra Señora que le valiese, y 



478 REVISTA HISTÓRICA 



socorriese, se levantó sano, y bueno; y predicando otro día 
á los Indios con muchas lágrimas les persuadió tuviesen por 
devotos algunos de los Santos, en particular á la Madre de 
Dios, para que por su intercesión alcanzasen de Nuestro Se- 
ñor misericordia, y perdón de sus pecados. 

Las cossas perdidas, no pudiéndolas hallar los Indios, re- 
zando el siervo de Dios el Padre nuestro se levantaba A bus- 
carlas, y luego las traía mostrándolas á los Naturales, que- 
dando ellos admirados de lo que vían hacía Dios por su sier- 
vo. Toda su vigilancia, y cuidado le ponía en que Dios no fue- 
se ofendido, deshaciendo todas las Huacas antiguas, que en 
aquel tiempo había muchas; hacíalas quemar; lloraba sobre 
los cuerpos de los muertos antiguos,'diciendo á los presentes 
la condenación, y fuego eterno donde estaban ardiendo para 
siempre las almas de aquellos desventurados que murieron 
sin la agua del Baptismo. 

Caminando este siervo de Dios un día con mucha gente 
que le acompañaba de un Pueblo á otro, siéndole forzoso 
pasar por una stnda muy peña de una cuesta peligrosa, 
subiendo por una i^eña grande, que no había otro cami- 
no, permitió Dios, para gloria suya, cayese su siervo de la pe- 
ña y fuese desjjeñado más de cien brazas abajo, y yendo los 
Indios á buscarle, porque le tenían ya por muerto, viéronle 
sano y bueno, que no se había hecho ningún daño en parte 
alguna de su cuerpo. 

Fué después á la ciudad, y Convento de Chachapoyas, 
donde habiendo precedido muchas cosas muy loables, y dig- 
nas de ser puestas en memoria, acabó la vida muy santa- 
mente, yendo todo el cuerpo, digo Pueblo, á su entierro, di- 
go antes de su entierro, á besarle los pies, donde hasta el día 
de hoy todos le tienen mucha veneración. Viendo ésto los 
Indios que estaban presentes, y oyéndolo contar después de 
todos los demás de la dicha Provincia, por estas, y otras 
obras semejantes le llamaban todos á una voz el Padre San- 
to, y tienen tanta fe con él que por su respeto hasta el día 
de hoy qualquier Frayle lego que viene á la Provmcia, ó do- 
nado le llaman los Indios el P. Santo. Con mucha devoción 
le cortaban el hábito, trayéndolo por gran reliquia. 



UN CONVENTO FRANCISCANO 479 

Hacía muy áspera penitenciíi, usando de mucho rigor 
consigo propio en las disciplinas; comía de ordinario muy 
templadamente, guardando los ayunos con mucha abstinen- 
cia; y siempre traía á raíz de sus carnes ceñido un cerco muy 
grueso de hierro. 

Petición.— En el Pueblo de San Antonio de Caxamarca 
estando en una casa que está comenzada á labrar, y comen- 
zados á hacer los cimientos de otras casas de ella que dicen 
que es para Monasterio y Convento de San Francisco, día de 
año nuevo.y principio del año de mil 3' quinientos, y setenta 
y dos años,antcel muy magnífico señor Francisco Alvarez de 
Cueto, Visitador General de esta Provincia, pareció presente 
el M. R. P. Fr. Francisco de Zamora, Comisario Provincial por 
el M. R. P. Fr. Diego de Medellín, Ministro Provincial de los 
Dozc Apóstoles del Perfi, y de la Custodia de Tierra firme, en 
nombre del Convento }>' Monasterio de este Pueblo de San An- 
tonio de Caxamarca de la orden del Bienaventurado Señor 
San Francisco, y en nombre de los Religiosos que residen en 
esta Provincia, y dixo: que como á su merced es notorio, el 
dicho Monasterio ha estado de prestado en la casa que al 
presente está; y por que ellos tienen señalada y fecha mucha 
parte de esta casa y Monasteríocon la Iglesia, y Claustro, y 
todo lo demás que está en la plaza de este asiento donde 
ha mucho tiempo se les está señalado; y aunque ha muchos 
años que tienen la posesión de ello: Por tanto, en nombre 
del dicho Convento y Monasterio pedía, y pidió á su merced 
que por virtud de los poderes otras (así) del muy excelente 
señor^Don Francisco de Toledo, Viso Rey de estos Reinos del 
Períí, que á mayor abundamiento le mande dar la posesión 
del dicho sitio, y casa^ que además de hacerse en ello servicio 
á Dios Nuestro Señor, recibirá merced, y limosna, y que en se- 
ñal de posesión el dicho P. decía missa. mayor. Y sobre to- 
do, ello pidió justicia, y lo firmó, siendo presentes por testigos, 
Francisco Hurtado de Colmenares, Christóbal Chiquero y 
Alonso Gutiérrez de Merodio, residentes en este asiento. — 
Fr. Francisco de Zamora, Comisario Provincial, — Ante mi: 
Fr. Thomás Moreno, Secretario de Visita, 

Luego, visto por el dicho señor lo pedido por el dicho 
Comisario Provincial, y la missa que- dixo en señal de pose- 



480 REVISTA HISTÓRICA 



sión dixo; que está presto de le dar la dicho pasesión 
por virtud de los poderes que de su Exea, tiene para seña- 
lar sitio á las Iglesias y Monasterios, y darles la posesión 
de ellos, y assí lo proveyó, y mandó, y firmó. — Francisco 
Álvarez de Cueto. — Ante mi.— Fr. Thomás Moreno^ Secreta- 
río de Ja Visita. 

Y luego, el dicho señor Visitador en cumplimiento de lo 
por su merced proveído, tomó por la mano al dicho P. Fr. 
Francisco de Zamora, y lo metió en la dicha cassa, y Mo- 
nasterio, desuso declarado. Y el dicho P. se paseó por la Igle- 
sia, y echó en ella tres piedras, diciendo; en nombre del P. y 
del Hijo, y Espíritu Santo; y luego metió al dicho P. en el 
claustro y casa, el qual tomó quatro piedras 3Has echó en 
cruz, y echó fuera á los que dentro estaban. Se quedó en el 
dicho claustro y casa, y assí mismo echó fuera una piedra 
junto al humilladero. 

Todo lo qual hÍ7,o, y dixo: que en señal de posesión to- 
maba y aprehendía quieta y pacíficamente, sin contradicción 
alguna. Y el dicho señor Visitador dixo: que se le amparaba 
en la dicha posesión, y el dicho P. lo pidió por testimonio á 
mí el dicho escribano. La qual dicha posesión, yo el presente 
Escribano, doy fe que el dicho señor Visitador se la dio sin 
contradicción alguna, siendo testigos los dichos Francisco 
Hurtado de Colmenares y Xptóbal Chiquero, y Alonso Gu- 
tiérrez de Merodio, residentes en este asiento. — Franciscu 
Álvarez de Cueto. — Ante mí.— ir. Totn/is Moreno, Escribano 
de Visita. 

Y yo. Luís Sánchez, Escribano de S. M., fui presente al 
dar de la dicha posesión, la qual el dicho S. Visitador dio 
como de suso está dicho. Y el dicho P. Fr. Francisco de Za- 
mora la tomó quieta y pacíficamente, sin contradicción al- 
guna, en el dicho día, mes, y año susodicho, y en fe de ello 
fice aquí este mi signo á tal. En testimonio de verdad. — 
Luís Sanchezj Escribano de Su Magestad. 

E después de lo susodicho, en quatro días del mes de fe- 
brero de mil y quinientos, y setenta y dos años, en continua- 
ción de la dicha posesión, el dicho señor Visitador señaló pa- 
ra la dicha casa y Convento de San Francisco, de que está 
tomada posesión, otra quadra de tierra para huerta, y lo 



UN CONVENTO FRANCISCANO 481 

que es al presente cercada toda de pared; por manera, que 
Iglesia, y casa, y ceminterio, y huerta es todo tres quadras, 
según la traza del Pueblo que al presente, en la qual el dicho 
señor Visitador metió en la posesión de ello al P. Fr. Fran- 
cisco de Zamora, Difinidor y Comisario Provincial de la di- 
cha orden; el qual, en cumplimiento de ello, entró en la dicha 
Huerta de una parte á otra, y tomó piedras y las arrojó, y 
cortó algunas ramas, y hizo otros autos de posesión, y dixo 
que la dicha Huerta la señalaba para el servicio del dicho 
Convento. Y en nombre de 1 1 qual dicha posesión tomó quie- 
ta y pacíficamente sin contradicción de persona alguna que 
lo contradijere, y lo pidió por testimonio; y el dicho señor 
Visitador lo mandó dar, y yo le di en desde, ques fecho del 
dicho día, mes, y año dicho, siendo testigos Pedro Hernández 
y Gerónimo de Aviña y Gómez de Chávez, estantes en este 
dicho Pueblo. Y el dicho señor Visitador lo firmó aquí.-Fran- 
cisco Alvarez de Cueto, 

E yo, Balthazar Ortiz, Escribano de la Magr. Real, presen- 
te fui á lo que dicho es con el dicho Señor Visitador é por en- 
de fize mi aquí signo á tal. En testimonio de verdad.— Ba/- 
thazar Ortiz^ Escribano de S. M. 

E después de lo susodicho, quatro días del mes de febre- 
ro de mil, y quinientos, y setenta y dos años, el dicho señor 
Visitador Francisco Alvarez de Cueto, dixo: que por quanto 
para el servicio del dicho Monesterio y Convento de que 
asiste dada posesión al P. Fr. Francisco de Zamora, Comi- 
sario Provincial, conviene que para el servicio de yanaconas 
que en él han de estar, haya una parte coraojunto al Mones- 
terio para que el dicho servicio esté á la mano, para que cum- 
plan al servicio como están obligados, porque de estar 
apartados era inconveniente, que por evitar que los Religio- 
sos no tengan trabajos en irlos á buscar. Por tanto, que les 
señalaba y señaló en las quadras más cercanas del Conven- 
to casas, y sitios para ellos quanto el dicho servicio fuere 
menester, y tuviesen necessidaJ; lo qual le señala en nombre 
deS.M.para que de aquí adelante sean para el dicho servicio 
del dicho Monesterio, sin que en ello ni en parte de ello se le 
ponga ningún impedimento, ni embargo alguno por alguna 
persona, ni cacique, so pena de destierro de la Provincia. A 

8 



482 REVISTA HISTÓRICA 



las quales casas y asientos pueda señalar para el dicho efec- 
to el Prelado que lo fuere de la dicha Orden en la quadra 6 
quadras, como no hay en ellas casa de Cacique ni principal, 
que para todo ello dá comisión en forma á Xptóbal Chique- 
ro, é Francisco de Arévalo Cedeño, é Diego de Olivares; 3' 
lo firmó de su nombre el dicho señor Visitador.— Pranc/sco 
Alvarezde Cueto -Ante mí.— Balthazar Ortiz, Escribano de 
S.M. 

Muy Magnífico Señor.— En el Pueblo de San Antonio de 
Caxamarca, en siete días del mes de Enero de mil, y quinien- 
tos, setenta y dos años, ante el mu^- magnífico Señor Fran- 
cisco Alvarez de Cueto, Visitador General de la dicha Pro- 
vincia, presentó esta petición el M. R. P. Fr. Francisco de 
Zamora, Comisario Provincial de la dicha Provincia. 

Fr. Francisco de Zamora, Difinidory Comisario Provin- 
cial de esta Provincia de los doze Apóstoles por el M. R. P. 
Fr. Diego de Medellín, Provincial de la dicha Provincia, di- 
go: que en este Pueblo de San Antonio de Caxamarca hay 
un cerro que los Indios han tenido, y se presume tienen to- 
davía por Huaca, y porque Nuestro Señor no fuese deservi- 
do con idolatrías, los días passadosse hizo en el dicho cerro 
una Hermita, cuya advocación es de Santa Apolonia, y por- 
que la dicha advocación se ha de mudar á la Iglesia que al 
presente tenemos quando se acabe la nueva que se está ha- 
ciendo, 3'' dexando el dicho cerro sin templo sería Nuestro 
Señor ofendido con las dichas idolatrías, y otros pecados 
que en él se hacían, á Vmd. pido en nombre de su Santidad 
y por virtud de los privilegios que de los sumos Pontífi- 
ces tenemos para recibir de nuevo Iglesias, y casas en estos 
Reinos, me manda dar á nuestra orden, y á mí en su nom- 
bre, la posesión del dicho cerro, con toda la falda que en 
torno tiene de peña, hasta llegar á las tierras de sembrar, y 
porque hasta allí con sin (sic) perjuicio de los Indios; por 
los quales límites desde ahora pido á Vmd. licencia para 
cercarlo desde luego, para que con más reverencia pueda ha. 
ber en él un templo con la decencia que conviene, CU3- a advo- 
cación desde agora se llamará San Francisco del Monte Alver- 
ne, donde Nuestro Señor sea servido, 3' se eviten los da- 
ños que de poseerle los dichos Indios se podría recrecer, en lo 



UN CONVENTO FRANCISCANO 483 

qual hará Vmd. á Dios Nuestro Señor, y á la dicha Orden de 
N. P. S. Francisco charidad, y limosna.— Fr. Francisco de 
Zamora^ Diñnidor y Comisario Provincial 

E vista la dicha petición por el dicho señor Visitador, di- 
xo: que atento á que él está informado que los naturales de 
este Pueblo, y Provincia tenían en el dicho cerro su Huaca, 
y adoratorio, y celebraban en él sus ritos, y ceremonias de 
que Dios Nuestro Señor era muy deservido, y para excusar 
que de aquí adelante cesen las dichas ceremonias, ó idola- 
trías, en nombre de S. M. y por virtud de las comisiones, 6 
instrucciones que trae del muy excelente Señor Don Francisco 
de Toledo, Viso Rey de estos Reinos, adjudicaba, y adjudicó 
al dicho P. Fr. Francisco de Zamora, Comisario Provincial de 
la dicha Orden de San Francisco, en nombre de los frayles y 
Convento de ella, el dicho cerro con toda la falda que en 
torno tiene de peñas, hasta llegar á las tierras de sembrar 
para que en él se labre, ó' edifique la dicha hermita, templo ó 
Monesterio de San Francisco de Monte Alvemia, donde 
Nuestro Señor sea servido, y se eviten las dichas ceremonias 
ó idolatrías que en él solían, y acostumbraban hacer los na- 
turales de esta Provincia; y así dixo: que lo mandaba é 
mandó, é firmó de su nombre. — Francisco Alvarez de Cueto. 
— Ante mí. — Diego Méndez, Escribano de S. M, 

E después de lo susodicho, el dicho día, mes y año sobr^ 
dicho, estando en el cerro de este Pueblo de San Antonio de 
Caxamarca, cu3*a advocación es de Santa Apolonia, ante el 
muy magnífico señor Francisco Alvarez de Cueto, Visitador 
General de la dicha Provincia, pareció presente el M. R. P. 
Fr. Francisco de Zamora de la orden de San Francisco, Difi- 
nidor de esta Provincia y Comisario Provincial, é dixo: que 
por su merced le había sido adjudicado el dicho cerro en 
nombre de la dicha Orden, Frailes y Convento de ella con 
toda la falda que en torno tiene de peña para edificar en él 
una Hermita de San Francisco del Monte Alverna á honor 
de Dios Nuestro Señor, que pedía y pidió á su Merced para 
que lo susodicho hubiese el efecto que se deseaba, le man- 
dase dar la posesión del dicho cerro. E luego el dicho señor 
Visitador tomó por la mano al dicho P. Francisco de Zamo- 
ra, y en nombre de S. M. y para que Dios Nuestro Señor sea 



484- REVISTA HISTÓRICA 

'^servido, le metió en la dicha Hermita, cuj'a advocación es 
Santa Apolonia, y le dio la posesión de ella y del dicho cerro 
con toda la falda que en torno tiene de peña, hasta llegar á 
las tierras de sembrar; y mandó que ninguna persona se la 
^mpida ni inquiete, so pena de caer ó incurrir en las penas en 
que caen, é incurren los que impiden ó inquietan las posesio- 
nes dadas por los jueces de S. M. 

E luego, en señal de la dicha posesión, se bendij^^ la dicha 
Hermita por el* dicho P. Comisario y se celebró en ella el 
Santíssimo sacrificio de la missa, estando presente el dicho se- 
ñor Visitador, y otras muchas personas que presentes esta- 
ban. La qüal dicha posesión se dio quieta, y pacíficamen- 
te, sin contradicción de persona alguna, estando presentes 
muchos Indios y principales de este asiento, á los quales se dio 
noticia de ello. Y el dicho P, Comisario tomó la dicha pose- 
sión en nombre déla Orden y Conventos de Señor San Fran- 
cisco, estando presentes p-^r testigos Gerónimo de Montal 
vo, y Alonso Gutiérrez de Merodio, digo fulano de Montal- 
vo, alguacil mayor de la visita, y Pedro López de Figueroa, 
y Bartolomé Xil, estantes en este asiento; y para que conste 
de ello me lo pidió por testimonio.- Ante mí.— Diego Méndez, 
Escribano de S. M. 

E yo, el dicho Diego Méndez, Escribano de S. M. y de la 
Visita de esta Provincia por el muy excelente señor don 
Francisco de Toledo, Viso Rey de estos Reinos, presente fui á 
los dichos autos de posesión y lo fice escribir en este libro, 
segün que ante mí passó, é signé de mi signo, que esa tal. En 
testimonio de veráad.— Diego Méndez, Escribano de S, M. 

Todo lo qual contenido en estas seis fojas, y parte de es- 
ta siete, está conforme á su original, que se guarda en el ar- 
chivo de este Convento de San Antonio de Caxamarca, de 
que damos fé, el P. Fray Joan de Aspeytia, Guardián de es- 
te dicho Convento, 3»^ los P.P. Discretos del Fr. Martín Quinte- 
ro, Predicador, Fray Xptóbal Mireles, Predicador y Vicario 

y en testimonio lo firmaron de sus nombres, en veinte días 

del mes de marzo de mil, y seiscientos, y treinta y ocho años. 

—Fr. Joan de Aspeytia.— Fr. Maün Quintero.— Fr, Xptóbal 

Mireles. 



UN CONVENTO FRANCISCANO 485 

Sacóse este Traslado de la fundación del Convento de 
San Antonio de Caxamarca del Orden de N. S. P. S. Fran- 
cisco según el Original que se halla en el Archivo ¿leí sobre 
■dicho Convento, siendo Guardián el P. Fr. Andrés Carbajal 
y para que conste lo firmó dicho Guardián con todos los Re- 
ligiosos del dicho Convento, en seis días del mes de noviem- 
bre de 1765. 

Fr. Andrés de Carbajal. Fr.Juazi de Alfaro Fr. Hernando de Zamora 
Guardián. 

Fr. Roque Milán, Fr. Manuel Garzía de Sierra. 

Por conventual 

Fr.Juan Antonio Bazán de el Clavo. 

Fr. Laureano de Barrera. Fr. Pablo Loli de Zosa. Fr. Jpb. Ortiz. 
Fr. Jpb. Sebastián Vergel. 



EL CORREGIMIENTO DE SAÑA 

Y 

EL PROBLEMA HISTÓRICO DE LA FUNDACIÓN DE TRUJILLO 



[continuación] 



A la llegada del Gobernador D. Francisco Pizarro á Tru- 
jillo, procedió á encomendar entre los vecinos y fundadores 
de la nueva ciudad, los pueblos de indios del que fué podero- 
so reino de los Chimüs de la manera siguiente: 



Al Capitán D. Diego de Mora, natural de Ciudad Real 
en España, hijo legítimo de Antonio de Mora y de Floren- 
cia de Escobar, y nieto de Diego de Mora y de Juana Poble- 
te, le cupieron en suerte las encomiendas de indios de Chica- 
ma y puerto de Huanchaco en los valles del Chimú. 



II 

Al Capitán donjuán de Valverde Pizarro (primo herma- 
no del Marqués gobernador) natural de Villagueda en el Con- 
dado de Oropcsa, sobrino carnal legítimo del Iltmo señor 
don Fray Vicente de Valverde, Obispo del Cuzco, se le enco- 
mendaron los indios, caciques y principales de Mansiche. 



EL CORREGIMIENTO DE SAÑA 487 



III 



El Capitán don Juan de Sandoval, insigne benefactor del 
convento de San Agustín de Trujillo, fué encomendero de to- 
da la provincia de Huamachuco. 



IV 



El Capitán don Melchor Verdugo, natural de Avila, Ca- 
ballero de la orden de Santiago, fué encomendero de la pro- 
vincia de Caxamalca. 



El Capitán Don F'rancisco Pérez de Villafranca Lezcano, 
natural de Madrid, hijo legítimo del Capitán Don Miguel Pé- 
rez de Lezcano, primer encomendero del valle de Pacasmayo 
muerto á causa de una herida en la caÍ3eza.que en 1536 le hi- 
cieron los indios de Conchucos que se habían rebelado, y de 
Doña Catalina Pérez, todos naturales y vecinos de Madrid. 
(1) — Don Francisco fué encomendero además de Cherrepe. 

VI 

Don Alonso Carrasco, vecino poblador de la Villa de 
Truxillo, fué encomendero del pueblo de Jayanca. (2) 

vil 

Don Salvador Vásquez, uno de los primeros vecinos, fué 
encomendero del repartimiento de Keque. 

VIII 

Al Capitán Don Alonso Félix de Morales, natural del 
Reino de Córdova, se le encomendó el pueblo de Saña. 



(1).— Luís Várela y Orbe^íoso, Apantes citados pág. 116. 
(2). — Doctor don Miguel Fe YJoo, Relación descriptiva de la. ciudad y 
provincias de Trajillo del Perú, 1763, pág. 11. 



488 REVISTA HISTÓRICA 



IX 

Al Capitíín Donjuán Roldan de Avila, natural de Mo- 
guer, le tocaron las encomiendas de indios de Tucume é Yllimo . 



& 



Al Capitán Juan ele Barbarán se le adjudicó la encomien- 
da del repartimiento de Lambayeque. 



XI 



Al Capitán Alonso de Osorio, se le adjudicó la enco- 
mienda de indios de Ferreñafe. 



XII 



Don Pedro González de Ayala, fué encomendero de los 
repartimientos de Jequetepeque y San Pedro de Lloc. 



XIII 



Al segundo gobernador de Trujillo, Capitán García de 
Holguín» se le adjudicaron las encomiendas de los pueblos 
de Santa y Huambacho. 



XIV 



Al Capitán Domingo de Sorialuce, uno de los trece de la 
Isla del Gallo, se le adjudicó la encomienda de Motupe, que 
cambió después por la de Truxillo. 



XV 



Al Capitán Don Pedro Lozano se le adjudicaron las en- 
comiendas de Huamán y deGuañapechao(Guañape y Chao) 



EL CORREGIMIENTO DE SAÑA 489 



XYI 

Al Capitán Alonso Gutiérrez Nieto, se le encomendó Cas- 
ma la Alta. 



XVII 

Al Capitán don Lorenzo de UUoa, extremeño, se le enco- 
mendaron los repartimientos de Catacaos y Guambos. 



XVIII 

Al Maestre de Campo Blas de Atienza, se le dio la enco- 
mienda de indios de Collique, cerca de Saña. 



XIX 

A don Antón Quadrado, se le dio la encomienda de 
Huambacho. 



XX 

Al Capitán Andrés Chacón, se le encomendaron los In- 
dios de Casma la Baja. 

XXI 

Al Capitán don Francisco de Fuentes, se le adjudicó la 
encomienda de indios de Payján. 

XXII 

A don Pedro Lezcano Gaona, gentil-hombre de Cáma- 
ra de S. M. se le encomendaron los indios del pueblo de Sin- 
tu. 



490 REVISTA HISTÓRICA 



En fin, para concluir este ya cansado capítulo diremos 
que con justicia, 6 bien fundada razón, se poblaron pronta- 
mente estos valles, logrando el deseo en la construc- 
ción de la ciudad con grandes y espaciosas quintas, que 
convidaban al descanso de las fatigas que padecieron nues- 
tros conquistadores: ocurrieron muchos así atraídos de las 
delicias del terreno, después de haber experimentado la in- 
comoda estación de las sierras nevadas, como movidos de 
las encomiendas y repartimientos de indios que dio Fran- 
cisco Pizarro, como premio á los conquistadores. Co- 
mo no estaba autorizado aún para lo último, expresó lo 
mismo que Hernán Cortés en México, que entregaba los 
indios en depósito, para que de ellos se sirviesen en sus ha- 
ciendas y labranza mientras se hacía el repartimiento gene- 
ral ó se proveía otra cosa, quedando por consiguiente, suje- 
tos al capricho de sus amos. Sólo estuvo facultado para el 
reparto por cédulas de 13 de Marzo y 26 de Mayo de 1536, 
en las que se declaró que las encomiendas no sólo fueran pa- 
ra durante la vida de los agraciados, según costumbre, sino 
para sus herederos después de él; todos los cuales estaban 
obligados al buen tratamiento de los indios, según la instruc- 
ción que dichas cédulas contenían; cédulas que sirvieron des- 
de entonces de norma, no únicamente en el Perú, sino en la 
América entera para las concesiones posteriores. 

En el cuadro de encomiendas de las Audiencias de los 
Reyes, Quito y Charcas, con expresión del número de indios 
tributarios, encomendados en cada una de dichas Provin- 
cias, tributo anual que satisfacían, quinto perteneciente á 
S. M. y diferencia á favor de los encomenderos, arreglado 
por Luís Morales de Figueroa en 1591, Trujillo tenía 34 
encomenderos; 17,597 indios tributarios que pagaban 
62,100 pesos de tributo al año; quinto de S. M. 12,520 pe- 
sos, y daban á los encomenderos una renta de 49,680 pesos- 



♦ * 



EL CORREGIMIENTO DE SAÑA 491 

A Martin de Astete, .primer Teniente de go- 
bernador de TrujíUo, (1) sucedió D. Pedro García Alvarez 
Holguín. Bra éste natural de Trujillo en Extremadura y vi- 
no de Guatemala, con el adelanto D. Pedro de Alvarado, des- 
pués de haber hechq la conquista deMéxico con Hernán Cortés. 
Después del 6 de Diciembre de 1534, en que su firma aparepe 
entre los vecinos notables que fundaron la ciudad de Truji- 
llo, lo encontramos en 1537 de capitán de las tropas que 
niaiv.laba en el Cuzco el General Don Alonso de Alvarado, de 
orden del Gobernador Pizarro, con motivo del regreso de 
Chile de Don Diego de Almagro, por haberle declarado éste 
Gobernador de la Nueva Toledo. Alvarado hizo encerrar 
en estrecha prisión á unos emisarios que le envió Almagro 
para proponerle avenimiento ó que se retirara del territorio 
del Cuzcp. Holguín se opuso mucho á una medida que vio- 
laba la inmunidad que debía guardarse á dichos comisio- 
nados, y salió con treinta de á caballo á tomar noticias y 
reconocer á los de Almagro, que se decía estaban en movi- 
miento; pero el Capitán Don Francisco Chávez, para espe- 
rarlo, se emboscó en paraje muy bien elejido, y consiguió de 
sorpresa apoderarse de Holguín y su partida, escapando so- 
lo tres soldados. 

Hallándose prisionero en el Cuzco convino Holguín su 
fuga á Lima con algunos otros; súpolo el Capitán Lorenzo 
de Aldana, que era su primo, y aunque procuró hacer- 
lo desistir de su intento, no lo consiguió. Entonces lo puso 
en conocimiento de Almagro para que le detuviese, sin pasar- 
le por ello ningún perjuicio. El Adelantado reconvino á Hol- 
guín, que siendo amigo suyo abrigaba tal pensamiento, y 
mandó que, bajo pleito homenaje de caballero, permaneciese 
en su casa sin moverse de ella. Holguín se quejó de Aldana; 
éste se defendió por el juramento y desde entonces quedó de- 
sagradado. 

Pasada la derrota de Alvarado en Abancay, emprendió 
Almagro su campaña en dirección á Chincha, dejando en él 



(1).— El primer Teniente de Gobernador de la villa de Tnixillo, respon- 
día al nombre de Martín de Astete. Mendoza Documentos Inéditos^ tom- 
10 pag. 312. 



492 REVISTA HISTÓRICA 



Cuzco no pocos prisioneros, entre los que se contaban Gon- 
zalo Pizarro y el mismo Alvarado; pero cuando estos me- 
diante el soborno de sus carceleros se vieron libres, mar- 
charon con Aldana, que mandó llevar también á Holguín. 
Avergonzado éste y sin traquilidad, por que faltaba á su 
juramento, no queriendo seguir con los otros se ocultó, re- 
gresándose desde Apurímac al Cuzco, resuelto á mantener 
su compromiso; pero así que volvió Almagro con su ejército, 
ya en guerra abierta con Pizarro, le aceptó Olguín una colo- 
cación, y combatió en la célebre batalla de las Salinas el 26 
de Abril de 1538. 

No le hostilizaron los vencedores y teniéndolo el Gober 
nudor Pizarro en Lima á principios de 1541, le encomendó 
el descubrimiento del país de los Chunchos y conquista de 
Mojos,en que había sido desgraciado dos años antes el Capi- 
tán Pedro Anzuras de Campo-redondo. 

Holguín al llegar al Cuzco se ocupó de los preparativos 
necesarios para la empresa; y como se mostrará poco satis- 
fecho de Don Francisco Pizarro, se hizo luego sospechoso 
y le crej'-eron inteligenciado con los planes de los Alraagris- 
tas en favor del hijo de D. Diego. Holguín, con poca circuns- 
pección, había hablado de una conpiración que fermentaba 
en Lihia, opinaado ser muy factible la muerte del Goberna- 
dor. Cuando se supo en el Cuzco, á los pocos meses, el asesi- 
nato del domingo 26 de Junio de ese año, Holguín se hallaba 
en marcha para su destino; y muchas personas visibles de 
esa ciudad emigraron al Collao para alejarse de la revolu- 
ción que prendió en el Cuzco, proclamando á Don Diego de 
Almagro el Mozo. Desde Ayaviri, Gómez de Tordoya,'el Li- 
cenciado Gama y otros, enviaron á Francisco Almendras 
cerca de Holguín para pecsuadirle de que debía dejar para 
otra época la jornada al interior, ofreciendo obedecerle co- 
mo á Capitán General, si regresaba á ser caudillo contra la 
revolución hecha en Lima. Almendras que venía de Chuqui- 
saca con una comisión igual de aquellos vecinos, pronto al- 
cazó á Holguín, quien enterado de todo tomó á su cuenta el 
restablecimiento del orden y vengar la muerte del Marqués 
Pizarro. Hizo su contr-marcha saliendo de Chuquiabo (La 



EL CORREGIMIENTO DE SAÑA 493 

Paz), y en Chucuito unió á su tropa algunos soldados, con 
que le recibió Gómez de Tordoya. 

Caminó la vuelta del Cuzco, en cuya ciudad entró hacien- 
do huir á los de Almagro, y exijió le reconociera el Cabildo 
como Capitán G'íneral. El Capitán don Gabriel de Rojas 
que allí mandaba, le hizo ver que si bien en fuerza de las cir- 
cunstancias aparecía el Cuzco dependiendo de Almagro, es- 
to no significaba una rebelión contra el Rey, y que no había 
por qué admitirle en clase de Capitán General. Apesar de 
todo, el Cabildo rodeado de soldados, tuvo que convenir en 
la demanda de Holguín. Este se negó á dar las fianzas que 
se le pedían, ofreciendo sí, regirse por los consejos de las per- 
sonas más dignas y experimentadas. Holguín se preparó pa- 
ra la guerra, envió agentes á Arequipa para qué no tomase 
cuerpo la decisión que había por Almagro, y para extraer 
alguna gente, en particular la que estaba recién llegada de 
España en un navio del Obispo de Plasencia. El Capitán 
Pedro Anzures, con filgima tropa, se vino de Chuquisaca á 
Arequipa, y después de cooperar al buen éxito de las dispo- 
siciones de Holguín, subió al Cuzco con buen refuerzo y se pu- 
so á sus órdenes. 

El Emperador escribió á Holguín y á otros auxiliares 
excitando su celo para que coadyuvasen á extinguir Ja anar- 
quía y cimentar un orden dt cosas estable. Alonso ae Alva- 
rado organizó una tuerte columna en Chachapoyas y entró 
en relaciones con Holguín. Este rompió su marcha pa- 
ra dirijirse por las cimas hacia el Norte con 300 hombres; en 
Huamanga exijió que sus oficiales notificasen su nombra- 
miento de Capitán General, 3'' discutiendo con ellos sobre la 
campaña, unos opinaron que se buscase á Almagro para 
combatirlo, y otros más cuerdos, que se debía tratar sólo de 
la reunión con Alvarado y el Licenciado Cristóbal Vaca de 
Castro, consejero del Re}', que venía ya por Quito con ins- 
trucci