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Full text of "Rosalía de Castro"

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HARVARD COLLEGE LIBRARY 

FROM THE INCOMEOF 

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LESTER B.STRUTHERS/1910 



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^^ROSALÍA 



DE CASTRO 



MADRID 

IMP. DE LA REVISTA DE ARCHIVOS 

Infantas^ 42, bajo i\q. 
1906 



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ROSALÍA DE CASTRO 



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ROSALÍA 



DE CASTRO 



MADRID 

IMP. DE LA REVISTA DE ARgHIVOS 

Infantas, 42, bajo i^q. 
1906 



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MAR n 196 



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AL excelentísimo SEÑOR 

D- José María Salvador y Barrera 

OBISPO DE MADRID-ALCALÁ 



A los motivos de gratitud que unen al subdito 
con el superior, existe en mi, respecto á V. E., 
uno más, grabado indeleblemente en micora- 
z ón: el de que, sin méritos míos, sino solamente 
por un acto espontáneo de vuestra gran bon- 
dad, me hayáis confirmado en el cargo de Pro- 
visor y Vicario general de este Obispado, que 
wine desempeñando durante cuatro años con 
vuestro antecesor, elExcmo. Sr. D.Victoriano 
Guisasola, Arzobispo actual de Valencia, cuyo 
recuerdo será también imperecedero en mi 
alma. 

Nada más justo, pues, que dedique á V. E. 
esta humilde Conferencia, pronunciada pocas 
horas antes de Vuestra entrada triunfal en esta 
Villa y Corte para continuar la serie brillantí- 
sima de sus Obispos, pocos en número, pero 
eminentes todos en el celo y en la ciencia. 

Dignaos, Excmo. Señor, aceptar benévola- 
mente esta pobre ofrenda mía, teniendo en 
cuenta, no su mérito exiguo, sino la buena vo- 
' ^ad del más ferviente de vuestros admira- 

Javier Vales Failde. 



Nos el Dr. D. José María Salvador y Barrera, 

POR LA GRACIA DE DIOS Y DE LA SANTA SEDE APOSTÓLICA OBISPO 
DE MADRID-ALCALÁ, CABALLERO GRAN CRUZ DE LA REAL Y DIS- 
TINGUIDA ORDEN DE ISABEL LA CATÓLICA, COMENDADOR DE LA DE 
CARLOS III, CONSEJERO DE INSTRUCCIÓN PUBLICA, CAPELLÁN DE 
HONOR DE S. M., SU PREDICADOR Y DE SU CONSEJO, ETC., ETC. 



Hacemos saber: Que venimos en conceder 
y concedemos nuestra licencia para que en esta 
Diócesis pueda imprimirse y publicarse la 
Conferencia titulada Rosalía de Castro, pro- 
nunciada por el limo. Sr. D. Javier Vales y 
Failde, Capellán de honor de número de la Real 
Capilla, mediante que de nuestra orden ha sido 
leída y examinada y, según la censura, nada 
contiene que se oponga al dogma católico y 
sana moral. 

En testimonio de lo cual expedimos el pre- 
sente, rubricado de Nuestra mano, sellado con 
el mayor de Nuestras armas y refrendado por 
Nuestro Secretario de Cámara y Gobierno en 
Madrid, á 27 de Julio de 1906.— t José María, 
Obispo de Madrid-Alcalá,— Por mandado de 
S. E. I. el Obispo mi señor, Dr. Cayetano Or^ 
ti!{, Secretario, 



CONFERENCIA 

PRONUNCIADA EL DOCE DE MAYO DE MIL NOVECIENTOS SEIS 
EN LA 

Asociación de Conferencias para señoras. 



Señoras (i): 

Años ha que un ameno y castizo escritor (2), 
al estudiar, magistralmente pgr cierto, á la in- 
signe pensadoraConcepción Arenal, la llamaba, 
con razón sobrada, una celebridad descono- 
cida. 

Más desconocida es todavía la genial poeta 
de que vengo á hablaros en esta tarde; porque 
Concepción Arenal usó sieínpre la rotunda, 
llena, grave y majestuosa lengua castellana, y, 
por consiguiente, tuvo y tiene numerosos lec- 
tores en España y América, y Rosalía de Cas- 

(i) Constituye la Asociación de Conferencias toda la 
aristocracia española que tiene su residencia en esta 
Villa y Corte. 
(2) El Rvdo. P. Julio Alarcón, de la Compañía de 
ús, en el excelente y documentado estudio que con- 
jró á la pensadora gallega Concepción Arenal en la 
in revista Ra\ón y Fé, 



ROSALÍA DE CASTRÓ 



tro USÓ habitualmente la tierna y dulce habla 
gallega, desconocida no bien se trasponen las 
fronteras naturales de Galicia; Concepción Are- 
nal, de erudición y cultura peregrinas, apelli- 
dada por Roder, Wines y otros autoridad eu- 
ropea en materias penitenciarias, mereció que 
sus obras se tradujesen á todas las lenguas cul- 
tas, y Rosalía de Castro, tan poco culta y eru- 
dita, que ella misma nos dice con ingenuo can- 
dor que no estudió en «mais escola qu'a d'os 
nosos probes aldeans» no alcanzó honor tan 
preciado (i), no obstante su mérito subidísi- 
mo; las obras de Concepción Arenal, sobre 
todo aquellas que se refieren á la llamada por 
antonomasia cuestión social, que con sobrado 



(i) El hecho de que las obras de Rosalía de Castro 
no fuesen traducidas á otros idiomas lo explican: el 
desdén con que suelen mirarse las lenguas regionales y, 
sobre todo, el que, como observa atinadamente el docto 
gallego Sr. Marqués de Figueroa en su magnífico dis- 
curso leído en el Ateneo de Madrid acerca de La poesía 
gallega, las poesías de Rosalía de Castro son intraduc- 
tibles, dados los diminutivos de que están cuajadas, - 
sin los cuales carecerían de esa dulzura musical que 1. 
caracteriza tanto. 



ROSALÍA DE CASTRÓ 



motivo preocupa á los pensadores todos, y 
cuya solución adecuada no se vislumbra toda- 
vía, alcanzan innúmeras y copiosas ediciones, 
y los libros de Rosalía de Castro están agotados 
hoy, porque su familia, cumpliendo acaso la 
última voluntad de nuestra genial poeta (2), 
no ha querido reimprimirlos (3). ¡Ved, pues, 
señoras, con cuanta razón os decía que Rosa- 
lía de Castro es todavía más desconocida que 
Concepción Arenal! 

Pero si Rosalía de Castro es desconocida en 
el resto de España, es en cambio popularísima 
en Galicia. Todos y cada uno de sus cantares 

(2) Rosalía de Castro ordenó que después de su 
muerte se quemaran todos sus trabajos inéditos, cuyo 
mandato cumplió religiosamente su familia. 

(3) Tan solo del libro de los Cantares se hicieron dos 
ediciones, agotadas hoy, lo mismo que los demás libros 
de Rosalía. Y es tan grande el afán con que se buscan 
dichos libros, que uno de los libreros de antiguo más 
acreditados en esta Corte que posee un ejemplar de 
Follas Novas, al tratar de comprárselo para un amigo, 
me contestó: «No lo vendo, aunque me lo pague á peso 
de oro, y son tantos los compradores para las obras de 
Rosalía de Castro, que estoy tentado— me dijo — á reim- 
primirlas en el extranjero, ya que en España me lo veda 
la ley de propiedad intelectual.» 



[y 



8 ROSALÍA DE CASTRÓ 

forman hoy parte del folk-lore gallego, y en 
los valles más apartados y en las más abruptas 
montañas forman la letra de esos melancólicos 
alalaas, que hacen llorar al gallego y aplaudir 
al extraño; y aun en las ciudades más populo- 
sas, en las que apenas se usa el habla gallega, 
los versos de Rosalía son popularísimos, y 
quien de culto se precie en ellas, se sonrojaría 
si no supiese de memoria los trozos más sa- 
lientes, las estrofas más sentidas. 

Y no creáis, señoras, no creáis que esta po- 
pularidad y este prestigio de Rosalía de Cas- 
tro en Galicia sea caballeroso tributo rendido 
á su sexo, en el que no suelen abundar los poe- 
tas, porque en Galicia han existido siempre 
mujeres que brillaron en el cultivo de las Be- 
llas Artes y, sobre todo, en la poesía, sin duda 
para confirmar aquel aserto de los historiado- 
^5 res romanos respecto á Galicia, en la cual se 

distinguían, según ellos, las mujeres en impro-" 
visar, cantar y tañer (i). 

m-r- 



¡ 



^^■. 



(i) El ilustre polígrafo gallego Fr. Martín Sarmiento, 
en sus notables Memorias para la historia de la poesía y 






ÍMí: 



ROSALÍA DE CASTRO 



Sin remontarnos á épocas lejanas, y fijándo- 
nos solamente en nuestros mismos días, hijas 
son de Galicia: 

Sofía Casanova, que hoy nos honra con su 
presencia, y que desde la infortunada y noble 
Polonia nos regala con sentidísimas, tiernas é 
inspiradas poesías, de las que puede servir 
como tipo el siguiente fragmento de la titulada 
El hombre de mar: 

Todo en la costa anuncia la tormenta: 
las aves que se vuelven asustadas 
y el convulsivo choque de las olas 
por invisibles genios arrastradas. 
Gruesa la mar, la noche negra, y lejos, 



poetas españoles, dice: «He observado que en Galicia las 
mujeres, no sólo son poetisas, sino también músicas na- 
turales. Generalmente hablando, así en Castilla como 
en Portugal, y en otras provincias, los hombres son los 
que componen las coplas é inventan los tonos ó aires, y 
así se ve que en este género de coplas populares hablan 
Io*s hombres con las mujeres ó para amarlas ó para sati- 
rizarlas. En Galicia es al contrario. P-n la mayor parte 
de las coplas gallegas hablan las mujeres con los hom- 
bres; y es porque ellas son las que componen las coplas 
n artificio alguno; y ellas inventan los tonos ó aires á 
ue las han de cantar, sin tener idea del Arte Músico.» 



\0 ROSALÍA DE CAStRÓ 



entre los densos pliegues de las brumas, 

una barca se ve, sola y perdida, 

que arrastra el viento y cubren las espumas. 

^Quién va en ella? El honrado marinero' 

que, padre amante, esposo idolatrado, 

tiene allá, en los confines de la playa, 

un hogar escondido 

al amor y al trabajo consagrado. 

En él la esposa con temor le espera, 

lloran los niños por el padre ausente, 

y lejos, lejos de la ansiada orilla, 

pensando en ellos, desmayar se siente. 

Y grita en vano, que su voz se apaga 

sin que llegue al hogar de sus amores, 

ni acudan á calmarle en su amargura 

las barcas de los otros pescadores. 

Solo en el mar, y de luchar rendido, 

sin esperanzas de encontrar consuelo, 

el hijo de las olas se arrodilla, 

surca el llanto su pálida mejilla, 

á Dios se acoge con ferviente anhelo, 

y así dice: «Señor, ya que la muerte 

voy á hallar en el fondo de los mares, 

mi alma recibe, que á la tuya vuela, 

y á mis hijos. Señor, no desampares. 

Mitiga en ellos el dolor profundo 

que va á causarles su orfandad temprana, 



I 

i 



ÍIÓSALIA DE (ÍASTRO 1 1 



iquedan pobres y solos en el mundo! 

Por mi esposa y mis hijos 

vela. Señor, como amoroso padre, 

que no les nieguen, si mendigan, tristes, 

un pedazo de pan para su madre» (i). 

Narcisá Pérez de Reoyo, que vivió lo que 
una flor, y no obstante, escribió romances tan 
bellos como el titulado La calda de las hojas, 
en el que parece previo su próximo y prema- 
turo fin al decir: 

Adiós, adiós, naturaleza augusta, 
raudal de poesía melancólica. 



A morir voy cuando mi planta apenas 
en el umbral de la existencia toca. 



Avelina Valladares, hermana del novelista y 
filólogo gallego del mismo apellido, humilde y 



(i) Sofía Casanova es muy joven todavía, y, sin em- 
bargo, es autora de innumerables poesías publicadas en 
revistas y periódicos regionales. 

Muchas de ellas fueron recogidas por la autora en* un 
volumen titulado Fugaces, y forma el cuadragésimo 
séptimo tomo de la Biblioteca Gallega que con tanto 
éxito dirige en la Coruña el infatigable bibliófilo D. An- 
drés Martínez Salazar. 



U ROSALÍA DE CASTRÓ 



modesta, retirada siempre en su casa de Vilan- 
costa, situada en las pintorescas márgenes del 
Ulla, no lejos de las ruinas de un feudal castillo 
en el que vio la luz primera el gran Gelmírez, 
el inolvidable Arzobispo compostelano, cuyo 
nombre, como dijo en grandilocuente párrafo 
uno de nuestros mejores oradores sagrados (i), 
debiera estar grabado en oro y diamantes en 
todos los ángulos visibles de la monumental 
Compostela, es inspirada autora de tan senti- 
das y tiernas poesías como la titulada A probé 
orfiñüy que gustosamente voy á leeros: 

Orfiña quedei no mundo 
desqu'a luz do mundo vin; 
nunca agarimo sentin 
dos pais que me deron ser. 
Prendiña d'o seu amor, 
vidiña da sua vida, 
a negra morte estrevida 
non m'osdeixou conocer. 



(i) El M. I. Sr. D. José María Portal, Canónigo Lec- 
tora! de la S. I. M. de Santiago. 



ROSALÍA DE CASTRO 1 3 



Limpo cu lixoso mamei 
alleo leite icoitada! 
e no berce adormentada 
fun por alleo ron-ron. 
Tenras miradas de nai, 
sonrisas, doces biquiños, 
falagos, meigos cariños, 
non houbo pra min |ay! non. 

Amantes falas, consolos 
qu'outras abondo alcanzaron 
tan lonxe de min andaron 
qu'a sentil-os non cheguei. 
Escarriada, sin ventura, 
sin haber, sin acomodo, 
orfiña, soila de todo 
na térra quedei, quedei. 

II 

Por eso o corazón se m'estarrece 
E cheo de mortal malenconia 
Todo arredor de min feo aparece, 
Nada solaz me da nin alegría. 

Cal brétema qu'envolve o cotarelo, 
Ond'o sol facheaba ó amanecer, 



14 ROSALÍA DE CASTRO 

Asi, tamén a min de loito un velo 
Circundoume de súpito ó nacer. 



En balde, pra esparcel- o pensamento 
Corro a escoitar, do campo os paxariños 
Que, tolos rebuldando de contento. 
Cubicada carrexan pr'os filliños. 

Dichosos eles, qu'anqu'ali chilando. 
Da orfandá non comprenden a amargura 
E miran pra seus pais, ledos cantando, 
Sin coidarse da miña desventura! 

|AyI Quen nopeito seu non tivo mágoas 
Nin da no mar probou escollos, 
Mal se decata das alleas bágoas. 
jBoitel.. non sabe que as conten os olios. 

^A ondMrás en busca de con solo, 
orfiña, trist'orfiña, a ond'irás? 
Acá abaixo non hay; no ceo solo, 
Entr'os Anxes de Dios, o atoparás. 

Rompe, Señor, a bóveda fulxente 
Pr'ond'o o sol, sin cair, veloz camina; , 



ROSALÍA DE CASTRO I 5 



Abri as nubes e báixa esprendente 

A tirar de este mundo á probé orfiña (i). 



Filomena Dato Muruáis, de la que, si la ins- 
piración se heredase, podríamos decir que en 
su persona revivían magístralmcnte unidas las 
cualidades poéticas todas de sus próximos deu- 
dos Andrés y Jesús Muruáis, escribió también 
dulces y tiernas poesías, religiosas en su mayor 
parte, y por desgracia, inéditas todavía; y ya 
que no tenga á mano una de éstas que aplaudí 
con entusiasmo cuando la autora se dignó leér- 
noslas en aquel inolvidable Ateneo escolar 
León X!II, de Santiago voy á citar una muy 



(i) Además de esta tierna poesía, escribió Avelina 
Valladares otras varias de marcado sabor regional como 
las tituladas: a Ulla, a Galicia y Os qu'emigran. Y era 
tan modesta, que, según uno de sus biógrafos, el Sr. Al- 
varez Insúa, habiéndola felicitado un literato eminente 
por el mérito de sus poesías, le contestó diciendo: «Sim- 
ples recuerdos de mi vida, impresiones transmitidas al 
papel sin reglas artísticas, harapos que no pueden cons- 
tituir un traje, que nada valen y sólo sirven para des- 
cansar en nuestra biblioteca de familia.» 



1 6 ROSALÍA DE CASTRO 



tierna también y que, á su mérito propio, une 
otro muy interesante, el de poetizar una tra- 
dición muy popular en Galicia acerca de las 
golondrinas. 
Titúlase esta poesía ATon dúbides, y hela aquí: 

Anduriña viaxeica 

que lixeira 
cruzach' a térra y-o mar, 
pousa xa, prob' anduriña 

cansadiña, 
pousa, xa podes pousar. 

Pousa xa, mal pocadiño, 
qu' o teuniño 
xa podes eiquí faguer. 
Baixo de calquertellado 

un sagrado 
pr'os rapaces a de ser. 

Ben saben qu'as anduriñas 
as espinas 
He quitaban ó Señor, 
e qu'e o niño tés bendito 

y-e un delito 
privarbos d'o seu calor. 






ROSALÍA DE CASTRO I7 



Non dúbides, anduriña, 
n-a terrina 
ond'eu nacin, aniñar. 
Non dúbides, qu'o teu niño 

con cariño 
han-o todos de mirar (i). 



Emilia Calé, próxima deuda también de un 
malogrado poeta é historiador gallego, es una 
poetisa fecunda, cuyas poesías tituladas A la 
Religión, Risa y I lanío y Sombras y lu^ y otras 
varias, pueden formar parte de una selecta an- 
tología de poetas castellanos, ya que en esta 
majestuosa lengua están escritos. 

Y hasta la misma Concepción Arenal, ejem- 
plar atávico de los antiguos celtas, entre los 
que solían valer más y raciocinar mejor las 
mujeres que los hombres, no se desdeñó de 
escribir hermosas poesías de las que puede to- 
marse como tipo aquella que consagra á una 



(i) Del libro titulado Follatos, págs. 27 y 28. Orense, 
1891. 

2 



1 



1 8 ROSALÍA DE CASTRO 



persona que le pedía con insistencia apuntes 
para escribir su biografía, y en la que hay este 
soberbio alarde de modestia verdadera: 

^Quién soy? Allá en el bosque, una hoja caída 
Cual otras que ora caen, cayeron, caerán; 
Abril les dio la vida, Noviembre las arroja 
Al suelo, y en su día las barre el huracán (i). 

La admiración y el entusiasmo que Galicia 
entera siente hacia Rosalía de Castro no son 



(i) Apremios del tiempo impidiéronme, bien á pe- 
sar mío, citar otras eminentes poetisas como Clara Co- 
rral, Fanny Garrido, Sara Lorenzana, Carmen Beceiro, 
y otras varias, por lo que á las contemporáneas se re- 
fiere; y con mayor motivo vime obligado á preterir las 
poetisas gallegas antiguas, tan notables como la Condesa 
de Altamira, que mereció formar parte de aquella fa- 
mosa Academia de literatura que presidía la Infanta 
Isabel Clara y Eugenia, y la no menos famosa monja de 
Allariz, Sor Isabel Rodríguez, autora de aquella poesía 
que comenzaba 

Fonseca, fuente fecunda... 

consagrada al hijo ilustre de Galicia Alonso de Fonseca, 
Arzobispo de Toledo, vastago de aquella gran familia de 
Obispos que tan activa parte tuvieron en los sucesos de 
su época, y cuyas estrellas campean en gran número de 
edificios para probar su munificencia. 



ROSALÍA DE CASTRO I9 



debidos, pues, al respeto que toda mujer me- 
rece, ni tampoco á que sea la única poetisa ga- 
llega; lo debe á su mérito real y positivo. Ro- 
salía de Castro pensó, sintió y quiso al unísono 
con Galicia; lloró con sus penas y amarguras; 
alegróse con sus dichas, pocas por cierto, y 
sus poesías están habítualmente escritas en ga- 
llego que, al decir de eximia escritora (i), ga- 
llega también, «aparece en las obras de Rosalía 
dulce, palpitante, cariñosa, de cera para la 
rima, purificada de las asperezas y vulgaris- 
mos que solían afearla en otros poetas, y al 
mismo tiempo francamente aldeana, salpicada 
de giros y locuciones rústicas, cuyo sabor de 
fresa silvestre no habíamos apreciado hasta 
que el poeta nos las brindó servidas en fuente 
de plata». 

Para esbozar figura tan preeminente en la li- 
teratura gallega como Rosalía de Castro bien 
sé que carezco de condiciones; bien sé que, 



(i) Emilia Pardo Bazán: De mi tierra, pág. 28. Ma- 
rid, 1888. 



20 ROSALÍA DE CASTRO 



consagrado por vocación y por deber á estu- 
dios más áridos, que se avienen harto mal con 
las aficiones literarias, no podré llenar cumpli- 
damente la misión con que me brindó la Aso- 
ciación de Conferencias (i) por medio de su 
ilustre y dignísimo Presidente (2); pero al in- 
tentarlo, espero confiadamente que me escu- 
charéis con benevolencia, aunque no sea más 
que por el fin que me propongo, eminente- 
mente altruista, como se dice hoy: Me pro- 
pongo haceros conocer á Rosalía de Castro 



(i) Como su nombre lo indica, esta Asociación tiene 
por objeto fomentar las Conferencias, tan en boga en 
otros países, y casi desconocidas en España. Es costum- 
bre que sean éstas die^ en cada curso, y este año fueron 
encomendadas á los Excmos. Sres. D. Alejandro Pidal, 
el Marqués del Vadillo, al Académico Sr. Saavedra, 
el general Gómez Arteche, Abad del Monasterio de 
Silos, Menéndez Pidal, etc., etc. En los años anteriores 
encargáronse de pronunciar estas conferencias los seño- 
res Obispos de Salamanca y Sión, el Académico fran- 
cés Brunetiére, D. Francisco Sil vela y otras distingui- 
das personalidades. 

(2) El Excmo. Sr. Marqués de Pidal, Académico de 
la Española, de la de Ciencias Morales y Políticas, y < 
la de Bellas Artes. 



ROSALÍA DE CASTRO 41 



para que^ conociéndola^ la améis; amándola^ 
améis también á aquella hermosa tierra^ de la 
que fué Rosalía su ruiseñor más canoro^ y 
amando á Galicia, os decidáis á visitar la , 
curando así el absentismo que hoy llora. 

Y os anticipo, señoras, que si visitáis á Gali- 
cia hallaréis alicientes y encantos que colmen 
vuestras aficiones todas. Las que pocas sema- 
nas ha, escuchabais con embeleso la amena 
conferencia del Rmo. Abad de Silos, demostran- 
do con ello aficiones arqueológicas, id á Galicia 
y allí veréis: el Pórtico de la Gloria de la Cate- 
dral compostelana, espléndida creación del ro- 
mánico terciario, primer monumento icono- 
gráfico del mundo (i), y que inspiró al Dante 
su Divina Comedia; veréis la capilla del Hospi- 
tal compostelano, rival afortunada de San Juan 
de los Reyes de Toledo, al que quizá aventaje 



(i) El Gobierno inglés envió una comisión de sabios 
y artistas á Santiago para modelarlo en yeso, habiendo 
jastadoen ello, según el autorizado testimonio de D. An- 
tonio de la Iglesia, la suma de setenta mil duros. 



1 



2Í kOSALÍA DE ¿AStÜO 



en alguno de sus detalles; el pórtico de la ca- 
tedral de Tuy, ojival de buena cepa, y con sus 
figuras y adornos intactos, no obstante hallarse 
al descubierto, y, por último, veréis á San Este- 
ban de Rivas de Sil, que parece cortado á pico 
sobre la cresta de feraz, sombría y altísima 
montaña y que encierra verdaderas maravillas, 
románicas unas, ojivales otras. Las que en 
vuestras excursiones veraniegas buscáis es- 
plendideces de la Naturaleza, id á Galicia y allí 
hallaréis campiñas perennemente verdes, rías 
y puertos que semejan tranquilos lagos, ma- 
nantiales y arroyuelos abundantes y cristali- 
nos, horizontes nublados y melancólicos, mon- 
tañas azuladas, plomizos picos, valles pinto- 
rescos, temperatura primaveral... Y hasta las 
que aprovecháis las llamadas imperiosas vaca- 
ciones del estío para estudios y observaciones, 
id á Galicia, más pródiga y abundante en tra- 
diciones y romances que la Bretaña, tan salpi- 
cada de ruinas como Escocia, y hasta por re- 
viviscencias griegas, hallaréis en algunas co- 
marcas el más amplio matriarcado que, á fi 



ROSALÍA DE CASTRO 28 



mía y mal que les pese á los antifeministas, 
produce excelentes resultados. 

Prestadme, pues, atención benévola, que os 
prometo no hablar más de una hora, que es, 
como sabéis, el tiempo señalado para la dura- 
ción de estas Conferencias. 



] 



Hay una enfermedad social, muy extendida 
hoy, y que, con permiso de la Real Academia 
Española, pudiéramos llamarla feministofobia. 
Los que la padecen, consideran á la mujer 
consagrada á las letras masculinizada, ó por lo 
menos, un ser neutro incapaz para las afeccio- 
nes y la vida del hogar. 

Si hay alguno de estos seres escuchándome, 
se figurará á Rosalía de Castro una especie de 
George Sand, absorbida por la literatura, pen- 
sando, sintiendo y hasta vistiendo como un 
hombre; socialista á veces, revolucionaria 
otras, inmoral casi siempre y ejerciendo per- 
niciosa influencia en todas las sociedades por 
la brillantez y la magia de su estilo, pocas ve- 



1 



20 ROSALÍA DE CASTRÓ 



ees superado; ó se la figurará una especie de 
madame Girardin, de la que nos dice el más 
dulce y elocuente de sus panegiristas (i) que, 
«admirada su madre de las disposiciones preco- 
ges de dicha escritora para la poesía, la había 
cultivado como se cultiva una única esperanza 
de celebridad doméstica»; ó en otros términos: 
que la consagró por completo su madre á las 
letras, olvidando el verdadero fin que la mujer 
viene á desempeñar en el mundo; y aun los 
más benévolos para nuestra poeta creerán que 
fué una de estas marisabidillas contemporáneas 
que sueñan con que se le faciliten á la mujer 
los medios de instruirse y ejercitarse que tiene 
el hombre, y como éste, quieren ser médicas, 
jurisperitas, filósofas y literatas, tener voto en 
los comicios, tomar parte en la administración 
de la cosa pública... cosas todas buenas en sí, 
si con ellas no corriesen el inminente peligro de 
olvidar sacros é ineludibles deberes, dando la 



(i) Lamartine: Esprit de Madame de Girardin, Pré- 
face. París. 



kOSALÍA DE CASTRO 27 



razón á aquella exagerada frase de Alfonso 
Karr: «La mujer que se dedica á escribir au- 
menta el número de los libros y disminuye el 
de las mujeres» (i). 



(i) Por ser de actualidad palpitante el asunto del fe- 
minismo voy á transcribir el juicio que acerca del mismo 
acaba de emitir Su Santidad el Papa Pío X, tomándolo 
del último número de la revista Roma, y sin traducirlo, 
para mayor fidelidad. 

Trátase de una conversación que el bondadoso Pontí- 
fice sostuvo con la escritora vienesa Camila Wiener en 
los siguientes términos: 

«Le Pape ouvrit la conversation en me demandant^na 
profession. A ma reponse il s'écria; 

«Vous étes done une écrivain? La puissance de la 
plume est grande de nos jours!» 

Et aprés une courte pause il ajouta: 

«Mais grande est aussi la responsabilité des écrivains 
á régard des lecteurs dont ils son guides.» 

Je me permis de lui diré que beaucoup de femmes ca- 
tholiques se demandaient comme moi ce que le Pape 
pensait du feminisme et s'il lui plaisait. 

Le Saint Pére répondit avec vivacité: 

«Mais certainement qu'il me plait, et je le vois de 
tres bon coeur, pourvu toutefois, cela s'entend, qu'il 
n'aille pas á l'encontrede la moralc chrétienne. L'Eglise 
catholique voit de bon coeur et bénit toute forme d'or- 
ganisation qui se propose de toujours élever le niveau 
intellectuel et social de Thumanité. Nous devons tous 



1 



^8 koáALÍA b£ cÁstkó 



Quien así juzgue á Rosalía de Castro se 
equivoca lamentablemente. Rosalía de Castro 
fué, ante todo y sobre todo, excelente hija, 
excelente esposa y excelente madre; coronan- 
do, y robusteciendo y reafirmando estas tres 



travailler— et je puis vous assurer que je travaille pour 
ma part, parfois méme un peu trop— ,et pourquoi done 
serait-il interdit aux femmes de travailler aussi?» 

— Et Votre Sainiété n'a pas de raison qui s'oppose 
á ce que les femmes étudient? 

«Mais pourquoi, pourquoi? Au coniraire, ellesdoivent 
étudier. II est un champ sur lequel les forces de la 
femme ont été jusqu'á nos jours trop peu utiiisées et oú 
elles pourraient faire un grand bien: c'est celui de 
Tassistance publique. La femme devrait se vouer ácette 
oeuvre, en embrasser toutes les branches et prendre 
place méme dans les administrations publiques de cha- 
rité. L'assistance publique sous toutes ses formes, oh! 
elle offre un vaste champ á Tapostolat feminin; et, en 
verité, l'exercice de la charité chrétienne n'estil pas tou- 
jours une maternité?» 

II n'y eut que le feminisme politique contre lequel le 
Pape se pronon9a d'une maniere tres décidée. 

«Des femmes electeurs? des femmes députés? Oh! 
non.» 

Et en disant ees mots, il levait les bras au eiel. 

«Les femmes dans les Parlements? U ne nous man- 
querait plus que eela! Les hommes y font déjá assez de 



r 



ROSALÍA DE CASTRO 



excelencias otra mayor: la de haber sido exce- 
lente cristiana. 

Y así come vosotras, después de cumplir los 
deberes que la familia y la sociedad os impo- 
nen, expansionáis vuestros nobles corazones 
enseñando el catecismo en las Escuelas domi- 
nicales, Catequesis y doctrinas; visitáis al po- 
bre en las Conferencias de San Vicente de 
Paul; alimentáis al huérfano y al desvalido en 
la Inclusa, en la Cuna de Jesús, en los colegios 



confusión! Imaginez done ce que ce serail s'il y avail 
encoré des femmes!» 

Pie X a une belle et forte voix de baryton, et son 
geste trahit bientót l'italien du Nord; quand il le faut, 
il souligne ce qu'il dit par un mouvement special, mais 
ses mains ne sont pas en perpetuelle activité comme 
chez les italiens du Midi. 

II prononfa les paroles suivantes d'une voix plus élé- 
vée et en souligna Timportance par les gestes les plus 
animes: 

«Influence indirecte des femmes méme sur la politi- 
que, certes, j'en admets jusqu'á la necessité. Les fem- 
mes peuvent et doivent avec sagesse inspirer aux elec- 
teurs qu'elles approchent de bien voter; avant tout, les 
femmes doivent élever leurs enfants de telle sortequ'ils 
sachent plus tard satisfaire á leurs devoirs de bons ci- 
toyens. Mais des femmes polítiques, oh! non.» 



1 



30 ROSALÍA DE CASTRO 



de Santa Cruz y la Unión y en los demás or- 
fanotrofios que vuestra caridad sostiene; pro- 
tegéis y amparáis á las jóvenes que están en 
peligro de perderse ó se han perdido ya, por 
medio del Patronato Real para la represión de 
la trata de blancas; proporcionáis ornamentos 
para las iglesias pobres; enviáis oraciones y 
dineros para lejanas misiones por conducto de 
la Propagación de la Fe; promovéis la celebra- 
ción de matrimonios de pobres en nuestra Vi- 
caría (i), y construís iglesias tan hermosas 
como la inaugurada pocos días ha, y pudiéra- 
mos decir edificada en pocas horas, gracias á 
la gran munificencia de una Reina insigne (2), 
á las dádivas de un Prelado ilustre (3) y á 
vuestro propio desprendimiento y la prác- 



(i) Sólo en 1905 han se incoado en la Vicaría de Ma- 
drid dos mil matrimonios de pobres, gratuitamente por 
supuesto. 

(2) S. M. la Reina D.* María Cristina, que consagró 
grandes sumas á la iglesia que lleva su nombre, cons- 
truida en la carretera de Extremadura. 

(3) El .Excmo. Sr. D. Victoriano Guisasola, actual 
Arzobispo de Valencia. 



# 

ROSALÍA DE CASTRO 3 1 



tica de todas estas obras de caridad no empe- 
ce, sino que, antes bien, facilita y aligera el 
cumplimiento de vuestros i'omésticos deberes, 
así también Rosalía de Castro, después de ha- 
ber cumplido escrupulosamente como hija, 
como esposa y como madre, en los ratos de 
tristezas íntimas, de desolaciones y dolores, 
cogía la pluma y rápidamente escribía esas 
inspiradas estrofas de versificación fluida, rima 
fácil y metro variado, con las que enseñó el 
habla gallega á conterráneos suyos que afec- 
taban ignorarla; consoló á millares de almas 
tristes que, allende los mares, lloran la aldea 
perdida; puso al descubierto llagas que corroen 
á la sociedad contemporánea, indicando á ve- 
ces con clarividencia grande el oportuno reme- 
dio, y elevó al Cielo, pocas, sí, pero ardentísi- 
mas poesías religiosas que no se desdeñarían 
de firmarlas Teresa de Jesús, Juan de la Cruz 
ó cualquiera otro de nuestros inmortales mís- 
ticos. 

Rosalía de Castro perteneció á una noble y 
antigua familia gallega, cuyo palacio, que os- 



1 



32 ROSALÍA DE CASTRO 



tenta en flamante escudo los seis róeles de los 
Castro, se halla situado en la falda del monte 
Miranda y dominando la feracísima y apacible 
vega de Padrón, perennemente sembrada de 
flores. 

La familia de Rosalía de Castro es una fami- 
lia de poetas. A ella perteneció Juan Rodríguez 
de la Cámara (i), más conocido por Juan Ro- 
dríguez del Padrón, famoso trovador de las 
cortes de Juan II y Enrique IV y que fué el 
mayor ingenio que produjo Galicia en el si- 
glo XV . Herido prematuramente por desenga- 
ños amorosos —no tan altos como dice la fá- 
bula — y afectado por la trágica muerte de su 
paisano y amigo del alma el trovador Maclas, 
á quien la literatura española conoce con el 
nombre de Maclas el enamorado^ dio un adiós 



(i) Juan Rodríguez de la Cámara debió todo lo que 
fué al gran Cardenal Cervantes, Obispo de Tuy pri- 
mero, y de Avila, Segovia, Burgos y Sevilla después. 
jCuán cierto es que debemos nuestros grandes tesoros 
artísticos y literarios á la protección directa ó indirecta 
de la Iglesia! 



ROSALÍA DE CASTRO 33 



al mundo ingresando en la Orden franciscana, 
no sin antes rendir un sentido tributo á la 
amistad y á Galicia en estas lindísimas es- 
trofas: 

Si te place que mis días 
Yo fenesca mal logrado. 

Tan en breve, 
Plégate que con Macías 
Ser meresca sepultado; 

Y desir debe 
Do la sepultura sea: 
Una tierra los crió. 
Una muerte los levó 
Una gloria los posea. 



En tiempos más modernos hallamos otro 
poeta en la familia de Rosalía de Castro, el 
agustino Fray Martín Salgado Moscoso, muy 
celebrado en su tiempo, hermano del merce- 
dario Fray Gabriel, Rector que fué de la Uni- 
versidad de Alcalá, y del escritor cisterciense 
Fray Miguel, tíos los tres del bisabuelo de nues- 
tra poeta. 

3 



1 



34 ROSALÍA DE CASTRO 



(i) P. Blanco García: La literatura española en el si- 
glo XIX, parte tercera, págs. aSg y 240.— Madrid, 1894. 



Pero todos estos escritores palidecen ante la 
colosal figura de Rosalía, que reúne en sí la 
inspiración, las cualidades y las aptitudes to- 
das de sus deudos poetas, digo mal, de todos 
los poetas gallegos, ya que, en sentir de un 
eminente y malogrado crítico (i), como dis- 
persos rayos de luz que vienen á recogerse en 
un foco, ó notas que se combinan en armo- 
nioso conjunto, así se unieron en el espíritu 
superior de Rosalía de Castro los diversos gé- 
neros de inspiración, representados por los de- 
más poetas de su tierra natal, cuyo paisaje, 
cuyos recuerdos, costumbres y modo de ser, 
nadie sintió ni hizo sentir más hondamente I 
que la autora de Cantares gallegos y Follas I 
Novas. 

Nació Rosalía de Castro en Santiago el 21 de j 
Febrero de iSSy, y fué tan débil y enfermiza 
su constitución física, que su vida oscilante 
constituyó para ella un verdadero martirio. 1 



I 



ROSALÍA DE CASTRO 35 



«Siempre que las durez¿is del invierno com- 
postelano— dice el mejor de sus biógrafos (i)—, 
sus aires fríos y continuas lluvias la ponían al 
borde del sepulcro, en el que tantas veces tuvo 
puesto su pie, tornaba á las alegres vegas de 
Iria Flavia y se bañaba en sus tibiezas y vivía 
de sus claros resplandores. Respirando estas 
brisas, que llevan á un tiempo en sus alas el 
perfume del campo y el de las olas, los heri- 
dos pulmones se renovaban y tomaban nueva 
fuerza; y la que llegaba semejante á una planta 
que se inclina y agosta, se levantaba y rever- 
decía, tornando á la vida, á las ilusiones de la 
juventud, á todo cuanto de risueño llena á su 
hora el corazón de las doncellas.» 

Apenas tenía once años cuando escribió sus 
primeros versos, desgraciadamente perdidos, 
porque su autora los olvidaba y rompía á los 
pocos minutos de haberlos compuesto, y algu- 
nos de los cuales fueron leídos en el famoso 



(i) Manuel Murguía: Los Precursores, pág. 175. — La 
Coruña, 1886. 




36 ROSALÍA DE CASTRO 



Liceo de San Agustín, de Santiago, establecido 
en el destartalado Convento de este nombre, y 
de cuyo Liceo formaban parte: Aurelio Agui- 
rrCy que vivió lo que una pompa de jabón, in- 
currió en lamentables errores y ejerció tan po- 
sitiva influencia sobre la juventud escolar de 
su tiempo, que formó la llamada escuela del 
aguirrismo, que, por supuesto, se extinguió en 
seguida; Eduardo Pondal^ el bardo berganti- 
ñán, que hace revivir, cual ninguno, en viriles 
y aceradas estrofas, algunas desgraciadamente 
de un naturalismo brutal, la inspiración de Os- 
sian, Fingal y de los demás patriarcas de la 
literatura gaélica, tan afín, hasta por el nom- 
bre, de la literatura gallega; Rodrigue^ Seoane^ 
más político y hombre de ciencia que poeta, 
aun cuando alguna de sus poesías, como, por 
ejemplo, la titulada Nieblas (i), es altamente 
delicada, y algunos otros de menor impor- 
tancia. 



(i) Rodríguez Seoane: Mis ideales, pág. 37. — San- 1 
tiago, 1900. ' 



kOSALIA DE CASTRO ^1 



A los veinte años contrajo matrimonio nues- 
tra poeta con el cronista gallego D. Manuel 
Murguía, atildado y ameno escritor, y uno de 
los que más han laborado por el renacimiento 
intelectual gallego, que tan brioso y pujante 
se nos muestra hoy. Y la que hasta entonces 
había sido hija tan amante, que la muerte de 
su madre la costó una larga y penosa enferme- 
dad, al constituir un nuevo hogar consagróse 
por completo á él. 

No penetremos, señoras, en el santuario de 
la familia, y contentémonos con lo que acerca 
de él nos dice el mismo esposo de nuestra 
poeta. «Un día— dice — , un día vino á formar 
conmigo el nuevo hogar y crear una familia. 
Desde entonces una es la voluntad y uno el 
amor bajo este techo, visitado por cuantas 
aflicciones puedan caer sobre las almas heri- 
das perpetuamente. Solos nos dejó la madre 
querida, y solos también aquel hijo amadísimo 
que no vivió más que el tiempo necesario para 
hacer en nuestro corazón eterno el recuerdo, 
inconsolable la pérdida. Entre estos dos sepul- 



1 



38 ROSALÍA DE CASTRÓ 






t 



cros todo un mundo de contrariedades. Bre- 
ves los días de sol, aladas las dichas, fugaces 
las alegrías, sólo constantes y duraderos los 
rigores de la fortuna. Consuélannos los hijos 
que nos rodean, en cuyos ojos brilla ya un 
rayo de aquella inteligencia que, con la san- 
gre, recibieron en el seno de su madre, y cuyo 
corazón parece formado con las mismas gene- 
rosas fibras. Se refleja en ellos, que prometen 
ser corona de su ancianidad, consuelo de sus 
últimos días» (i). 

iMurió Rosalía de Castro el día i5 de Julio 
de i885 (2), y en verdad que la Providencia al 



(1) Murguía: obra citada, págs. 181 y 182. 

(2) He aquí la transcripción literal de la partida de 
defunción de Rosalía de Castro: «Dentro del cementerio 
general de esta parroquia (Iria) se dio sepultura ecle- 
siástica en el día de la fecha al cadáver de D.*^ Rosalía de 
Castro... Hallábase casada con el celebre historiador 
D. Manuel Murguía, natural de San Tirso de Oseiro, en 
el término municipal de Arteijo. Recibió ios Santos Sa- 
crameniú.'iy más auxilios espirituales, Y para que conste, 
extiendo la presente. Rectoral de Iria, diez y seis de 
Julio de mil ochocientos ochenta y cinco. Licenciado 
José Caamaño. 



ROSALÍA DE CASTRO 'ig 

llamar á Sí á nuestra elegiaca por antonomasia, 
la ahorró un dolor intensísimo, que desgarra- 
ría aún más su corazón amante: la muerte de 
su hijo Ovidio, pintor de porvenir brillante, 
que se había revelado con grandes energías 
en la Exposición de Bellas Artes de 1899, 
siendo adolescente todavía, con un hermosí- 
simo paisaje gallego, del que decía un eminente 
crítico (i), gallego también, «que en él había 
sabido reflejar el artista algo de la poesía ín- 
tima y melancólica de Follas Novas». Y este 
pintor que tan briosamente hacía su presenta- 
ción en el mundo del arte, prediciendo inmar- 
cesibles laureles, murió á los pocos meses, co- 
rroborando aquel pensamiento de los poetas 
griegos: «Aquellos que son amados por los dio- 
ses mueren pronto.» 

Si el dolor se halla en proporción con la de- 
licadeza y sensibilidad de las almas que sufren, 
decidme: ¿cuánto no sufriría Rosalía de Cas- 



(i) Prudencio Rovira en el periódico Ei Español de 
7 de Mayo de 1899. 



40 hosalÍa de castró 



tro, de corazón tan sensible que lloraba amar- 
gamente ante las desdichas y dolores ajenos, 
y de complexión tan delicada que el simple 
cambio de las estaciones solían costaría una 
enfermedad, si viese morir en capullo á su hijo, 
heredero de su inspiración y talento? 

Los restos mortales de Rosalía de Castro re- 
cibieron humilde sepultura en el campesino ce- 
menterio de Iria Flavia: 

Simiterio encantador, 
C'os leus olivos escuros 
De vella recordazon (i). 



Y yo conservo cuidadosamente guardada, y 
creo que «Igunos compañeros míos en la Uni- 
versidad de Santiago la conservarán también, 
como recuerdo de una excursión á Iria Flavia, 
una ramita de olivo, de aquel precisamente que 
sombreaba el sepulcro de nuestra inmortal 



(i) Rosalía de Castro: Follas Novas, pág. 71.— Ha 
baña, 1880. 



1 



ROSALÍA DÉ CASTRO 4! 

cantora, y en el que debía esperar la resurrec- 
ción de los muertos, si Galicia no la erigiese, 
como lo hizo, artístico y suntuoso mausoleo 
en la ojival iglesia de Santo Domingo, de San- 
tiago. 

Hay, señoras, almas tan pequeñas, tan rui- 
nes y tan despreciables, que las entristece y 
las molesta el valer ajeno, cuando más bien 
debiera servirlesde noble y legítima emulación. 
Y cuando este mérito es tan sobresaliente que 
no cabe discutirse, ni dudar de él siquiera, la 
negra envidia, que corroe el corazón de estos 
miserables, y que constituye una verdadera y 
triste enfermedad en quien la alienta, impúlsa- 
les á buscar algo en la conducta, en el carácter, 
en la idiosincrasia de los seres envidiados, para 
empañar y aminorar sus merecimientos, y una 
vez hallado esto que creen defecto, cautelosa- 
mente, sigilosamente, lo van insinuando en la 
sociedad, y concluyen por conseguir su objeto. 

Esto pasó con nuestra inmortal poeta. Ro- 
salía de Castro tuvo émulos que, faltos de 
fuerzas para volar ai unísono con ella, qui- 



4^ PÓSALIA DE CASTRÓ 



sieran, si posible les fuese, cortar las alas á esa 
águila caudal, ó, por lo menos, hacer sospe- 
chosa su figura; y para ello, ¿sabéis lo que in- 
ventaron? Que Rosalía de Castro no era cató- 
lica. 

¡Católica! Una mujer que escribió esta poe- 
sía á Santa Escolástica, la angelical creación 
de Ferreiro que se venera en San Martín Pina- 
rio de Santiago: 

¡Yo ya no estaba sola!.. En armonioso grupo, 
Como x'isión soñada, se dibujó en el aire 
De un ángel y una santa el contorno divino 
Que en su nimbo envolvía, vago el sol de la tarde. 

En el sueño del éxtasis, y en cuya frente casta 
Se iransparenta el fuego del amor puro y santo. 
Más ardiente y más hondo que todos los amores 
Que pudo abrigar nunca el corazón humano. 

Aquel grupo que deja absorto el pensamiento. 
Que impresiona el espíritu y asombra la mirada, 
Me hirió calladamente, como hiere los ojos 
Cegados por la noche la blanca luz del alba. 



1 



L 



Rosalía de castuo 



Todo cuanto en mí había de pasión y ternura. 
De entusiasmo ferviente y gloriosos empeños. 
Ante el sueño admirable que realizó el artista. 
Volviendo á tomar vida, resucitó en mi pecho. 



Sentí otra vez el fuego que ilumina y que crea 
Los secretos anhelos, los amores sin nombre. 
Que como el arpa eólica el viento, al alma arranca 
Las notas más vibrantes, sus más dulces canciones. 



Y orando y bendiciendo al que es todo hermosura. 
Se dobló mi rodilla, mi frente se inclinó 
Ante El, y conturbada exclamé de repente: 
¡Hay arte! |Hay poesía!.. ¡Debe haber Cielo! ¡Hay Dios! 

¡Católica! La que pone en boca del pobre 
emigrante esta tierna despedida" á la Virgen: 

Adiós Virxe d'Asuncion, 
Branca com'un serafín 
Levobos no coraron: 
Pedidelle á Dios por min, 
Miña Virxe d'Asuncion (i). 



(i) Cantares, pág. 8i. — Madrid, 1872. 



44 líÓáALÍA bE CASTRÓ 



¡Católica! La que al describir magistralmente 
á un niño abandonado, tiritando de frío y des- 
fallecido por el hambre, sustituye á la protec- 
ción de la madre la protección de la Santísima 
Virgen, al decir: 

Nubes de color de rosa 
Fanlle branca cabeceira, 
Sirvelle de cobertura 
Un rayo de luna cheya, 
Y á Virxen santa vestida 
Con vestido de inocencia, 
Porque de fame non morra, 
E fortiño se adorfne9a, 
Dalle maná do seu peito 
Con qu'os seus labios refresca (i). 

¡Católica! La piadosa mujer que templaba 
sus penas y amarguras, que fueron muchas, á 
los pies de la imagen de Jesús Nazareno, que 
se venera en la capilla de la Corticela de la 
Catedral compostelana, como ella misma nos 
lo dice en su magistral poesía N'a catredal: 






(i) Cantares, pág. io5.— Madrid, 1872 



ROSALÍA DE CASTRO 46 



Com*algun día po-los corrumchos 
D'o vasto tempro 
Vellos e vellas, menlras monean 
Silvan as salves y os padrenuestros; 

Y os arcebispos n'os seus sepulcros 
Reises e reinas con gran sosegó 

N'a paz d'os mármores tranquilos dormen 
Mentras n'o coro cantan os cregos. 
O órgano lanza tristes cramores 
Os d'as campanas responden lexos, 

Y a santa imaxen d*o Redentore 
Pares que suda sangre n'o Huerto. 

¡Señor Santisimo, ós teus pés canto 
Tamen d'angustia sudado teño! 
Mais s'o pecado castigas sempre, 
6 que afrixido vay a pedircho 
Daille remedio (i). 



¡Católica! La fiel devota de la Santísima Vir- 
gen, cuya simpática y tradicional advocación 
gallega d'a Barca nos describe soberanamente 
al decir: 



(i) Follas Novas, pág. 28.— Habana, 1880. 



46 ROSALÍA DE CASTRO 



Bendita á Virxe da Barca, 
Bendita por sempre sea! 
Miña Virxen milagrosa, 
En quen tantos se recrean! 
Todos van por visitala. 
Todos aii van por vela 
Na sua barca dourada. 
Na sua barca pequeña, 
Dond'estan dous anxeliños, 
Dous anxeliños que reman. 
Ali chegou milagrosa 
Nunha embarca9on de pedra,* 
Ali porque Dios o quiso 
Sempre adoradores teña (i). 

Y hasta esos grandes crucifijos de piedra 
(cruceiros), algunos muy artísticos por cierto, 
que con gran profusión existen en Galicia, • 

sobre todo en el cruce de los antiguos caminos 
vecinales, inspiró también á nuestra inmortal 
poeta una estrofa de su celebrada poesía San 
Louren¡{o: 

Y aquel Cristo que n'o arco de pedra 
Abatido a frent incrina, 



(i) Cantares, pág. 40. — Madrid, 1872. 



i 



ROSALÍA DE CASTRO 47 



Soyo, cal s'inda n'o Gólgota 
Loitase c'o as agonias, 
Os corazós oprimidos 
Resignación IP infundia (i). 

Y si estos testimonios, tomados de las obras 
mismas de Rosalía de Castro no bastasen, de- 
muestran el acendrado catolicismo suyo tres 
actos trascendentales de su vida: la última vi- 
sita que hizo, la última visita que recibió y la 
última poesía que compuso. 

La última visita que hizo Rosalía de Castro, 
con visibles é irremediables síntomas de una 
muerte próxima, fué á la iglesia parroquial de 



(i) Follas Novas, pág. 207.— Habana, 1880. 

La existencia de estos cruceiros de granito en nuestra 
Galicia es una prueba más de nuestra afinidad con los 
bretones, entre los cuales erígense con profusión estos 
mismos crucifijos, como lo demuestra la siguiente es- 
trofa de la hermosa poesía de Teodoro Botrel titulada 
La croix bretonne á Lourdes: 

De jolis calvaires 
En ñn granit gris 
De notre pays, 
Le rol des statuaires 
Hernot, de Lannion 
A couvert le sol bretón. 



48 ROSALÍA DE CASTRO 



Iria, para oir el Santo Sacrificio de la Misa, re- 
pitiendo, quizi, las palabras que en idéntico 
trance pronunció el tierno Ozanam: aCest 
ma derniére proménade en ce monde, qu'elle 
soit au moins pour aller á la maison de 
Dieu» (i). 

La última visita que recibió Rosalía de Cas- 
tro fué la del Santo Viático. Yo me imagino, 
dados la popularidad y el prestigio de nuestra 
poeta, y las patriarcales costumbres que por 
fortuna perduran en Galicia, yo me imagino, 
digo, el viático de Rosalía de Castro, muy pa- 
recido al de Don Celso, el de la casona de Ta- 
blanca, tan magistralmente esbozado por ese 
mágico paisajista que se llamó Pereda (2). 

Parece como que escucho el triste son de las 
campanas que llaman á los vecinos para admi- 
nistrar; á éstos, que dejan presurosos los ape- 



(i) Saillard: Les homes célebres du XIX siecle et lafoi 
chrétienne, pág. i42.--Grenoble, 1881. 

(2) José María de Pereda: Peñas arriba, págs. 5o3 y 
siguientes. — Madrid, 1901. 



ROSALÍA DE CASTRO 49 



ros de la labranza, y jadeantes y sudorosos lle- 
gan á la iglesia á tiempo que el párroco sale de 
la sacristía revestido de sobrepelliz y capa plu- 
vial, y el mayordomo reparte candelas, las mis- 
mas que lucieron en el Monumento de Jueves 
Santo, á todos los asistentes. Un segundo toque 
de campanas más triste todavía que el primero 
anuncia que el viático se pone en marcha, los 
hombres en dos filas delante, las mujeres cu- 
briendo su cabeza con el mandil detrás, y en 
medio el sacerdote, que salmodia el Miserere^ 
siguiendo unos y otros, lenta y pausadamente, 
por el agreste y solitario camino que, flan- 
queando pequeñas colinas, cruzando prados y 
vadeando murmurantes arroyuelos, conduce á 
la señorial morada de los Castro, en la cual, 
una inspirada poeta ansiaba recibir al Rey 
de reyes y Señor de los que dominan, para 
unirse indisolublemente con él. 

Y dentro de esta casa señorial me imagino 

un cuadro desgarrador. Me imagino un racimo 

de rubias cabecitas que gimen y lloran descon- 

oladas, porque dentro de breves horas serán 

4 



5o ROSALÍA DE CASTRO 



huérfanas (i); á un esposo amante, que se an- 
gustia ante la idea de perder á su compañera, 
carne de su carne, y testigo y confidente de sus 
penas y alegrías todas; á los criados, que ven 
desaparecer para siempre al Ama, que había 
sabido constituir un hogar, modelo de sociedad 
heril, y que bien merecía que un Gabriel y Ga- 
lán la cantase; á la feligresía entera, que veía 
extinguirse la preciosa vida de aquella mujer 
insigne que tantas veces había entablado con 
ellos cariñosa plática en las umbrías de Arre- 
ten, y, en primer término de este cuadro, á la 
exangüe y procer figura de nuestra poeta, 
tranquila, resignada, más aún^ contenta, por- 
que le había llegado el momento de poder de- 
cir con verdad: 

¡Vida, adiós! Adiós, tormento 
Que con martirio lento, 
M'arrancache astr'os soños d'esperanza 



(i) Las hijas de Rosalía de Castro colocaron sobre el 
cadáver de su madre un ramo de flores, y al exhumarlo 
al cabo de seis años, se halló dicho ramo perfectament 
conservado. 



ROSALÍA DE CASTRO 



D'a desventura miña. 

Vou a crebar ó brazo poderoso, 

AI i donde n'hay dor, nin hay mudanza, 

E s'en térra a inquietude no reposo (i). 

Por último: la última poesía que escribió 
nuestra poeta en aquellos amargos días en que 
todo le hacía presumir una muerte próxima, 
fué la siguiente: 

Tan sólo dudas y dolores siento. 
Divino Cristo, si de Ti me aparto; 
Mas cuando hacia la Cruz vuelvo los ojos 
Me resigno á vivir con mi Calvario. 



Y alzando al cielo la mirada ansiosa, 
Busco á Tu Padre en el espacio inmenso. 
Como el piloto en la tormenta busca 
La luz del faro que lo guíe al puerto. 

Concluyamos esta primera parte de nuestra 
conferencia diciendo que, así como el gran Pon- 
tífice León XIII pudo decir un día: Colwnbus 



(i) Follas Ñopas, pág. i35.— Habana, 1880. 



52 ROSALÍA DE CASTRO 






noster esty porque le autorizaban para ello las 
obras y la conducta del inmortal genovés, asi 
también nosotros podemos decir con satisfac- 
ción vivísima: Rosalía de Castro es nuestra; 
Rosalía de Castro es católica; católica por su 
conducta (i), católica por sus obras, y hasta 
católica por ser gallega, ya que en aquella re- 
gión paradisíaca son, afortunadamente, desco- 
nocidas las mujeres librepensadoras. 



(i) Lá conducta de Rosalía de Castro parece como 
fotografiada en esta hermosa poesía suya: 

En mi pequeño huerto 
Brilla la sonrosada margarita, 
Tan fecunda y humilde 
Como agreste y sencilla. 

Ella borda primores en el césped 
Y finge maravillas 
Entre el fresco verdor de las praderas 
Do proyectan sus sombras las encinas 

Y á orillas de la fuente y del arroyo 
Que recorre en silencio las umbrías. 

Y aun cuando el pie la huelle, ella revive 

Y vuelve á levantarse siempre limpia, 
A semejanza de las almas blancas 

Que en vano quiere ennegrecer la envidia. 



!I 



El primer libro que brotó de la inspirada 
pluma de Rosalía de Castro fué el titulado 
Cantares, que no fué un capullo, ni una flor, 
sino un fruto delicioso, una verdadera explo- 
sión de talento poético. Y la causa ocasional 
de escribirlo es curiosísima. 

Azares de la vida, avara de dichas para nues- 
tra poeta, y pródiga en pesares y amarguras, 
trajéronla, cuando apenas contaba veinticuatro 
años, á la austera, grave y noble Castilla, la 
tierra de 

soledades, 

serenas melancolías, 
profundas tranquilidades, 
perennes monotonías 
y castizas realidades. 



$4 ROSALÍA CE CASTRÓ 

como con inspiradas frases la describió uno de 
sus hijos predilectos (i), poeta cristiano y vaso 
precioso en el que ardió por poco tiempo la 
llama de la inspiración. 

Y al comparar Rosalía de Castro los campos 
siempre verdes, rientes, húmedos y exuberan- 
tes de su amada Galicia con los campos caste- 
llanos, 

los de las pardas ondulantes cuestas, 
ios de los mares de enceradas mieses, 
los de las mudas perspectivas serias, 
los de las castas soledades hondas, 
los de las grises lontananzas muertas. 



como los llama el poeta á que antes aludía^ al 
comparar las poéticas y artísticas casas galle- 
gas, cubiertas por frondosos árboles y rodea- 
das por tupido emparrado, semejando blancas 
palomas asentadas en nidos de verdura, con 
los parduzcos y grises pueblos castellanos sin 
un árbol ni una fuente; al hallarse en un país 
extraño, sin la madre amante y la hija queri- 



(i) Gabriel y Galán en su libro Castellanas, 



ROSALÍA DÉ CASTRO 55 



da su organismo, naturalmente delicado, 

siéntese presa de la nostalgia, esa enfermedad 
connatural al gallego ausente de su país y bajo 
la cual, como dice un orador elocuente (i), 
«dobla el gallego el cuello, y pierde la gana, y 
apaga la mirada, y desmaya de fuerza, y decae 
de color, y olvida el habla, y siente una tris- 
teza tal en todos sus afectos y un dolor tan 
agudo en todo su cuerpo, que concluye el in- 
feliz por la muerte». 

Sintiéndose, pues, triste, debilitada y enfer- 
ma nuestra poeta; creyendo llegado su último 
fin, y bajo el terror que la producía el que sus 
restos mortales durmiesen el último sueño le- 
jos del poético valle que la vio nacer, ansia 
de pronto volver á su tierra, su fresca memo- 
ria aldeana recordóle aquella popular cantiga: 

Airiños, airiños, aires; 
airiños d'a miña térra; 
airiños, airiños, aires; 
airiños, ievaim'a ela. 



(i) Emilio Castelar: Prólogo al libro Follas Novas, 
de Rosalía de Castro. 



56 ROSALÍA DE CASTkO 



1 



Y con mano febril, y como por encanto, la 
glosó admirablemente con la siguiente poesía, 
que exterioriza á maravilla el estado de su 

ánimo: 

Sin ela vivir non podo, 
Non podo vivir contenta, 
Qu'a donde queira que vaya, 
Cróbeme unha sombra espesa. 
Cróbeme unha espesa nube 
Tan preñada de tormentas, 
Tal de sóidas preñada^ 
Qu'a miña vida envenena. 
Levaime, levaime, airiños, 
Com'unha folliña seca. 
Que seca tamen me puxo 
A callen;tura que queima. 
¡Ay! si non me levas pronto, 
Airiños da miña térra. 
Si non me levas, airiños, 
Quixais xa non me conesan. 
Qu'a frebe que de min come 
Vaime consumindo lenta, 
E no meu corazonziño 
Tamen traidora se ceiba. 

Fun n'outro tempo encarnada 
Com'a color de sireixa. 



ROSALÍA DE CASTRO 5^ 



Son oxe descolorida 
Com'os cirios d'as igrexas, 
Cal si unha meiga chuchona 
A miña sangre beberá. 
Voume quedando muchiña 
Com'unha rosa'qu'inverna; 
Voume sin forzas quedando, 
Voume quedando morena, 
Cal unha mouriña moura, 
Filia de moura ralea. 



Levaime, levaime, airiños; 
Levaime adonde m'esperan 
Unha nay que por min chora, 
Un pay que sin min n'alenta, 
Un hirman por quen daria 
A sangre d'as miñas venas, 
E un amoriño a quen alma 
E vida He prometerá. 
Si pronto non me levades, 
|Ay! morrerei de tristeza, 
Soya n'unha térra extraña, 
Dond'extraña m'alomean, 
Donde todo canto miro 
Todo me dic' ¡extranxeiral 



58 kósalía de castro 



|Ay miña probé casiña! 
¡Ay miña vaca bermeilal 
Años que valás nos montes, 
Pombas qu*arrulás ñas eiras, 
Mozos qu'atruxás bailando, 
Redobre d'as castañetas, 
Xas-co-rras-chás d'as cunchiñas, 
Xurre-xurre d'as pandeiras. 
Tambor do tamboriieiro, 
Gaitiña, gaita gallega. 
Xa non m'alegrás dicindo: 
¡Muiñeiral ¡Muiñeiral 
¡Ay quen fora paxariño 
De leves alas lixeirasl 
¡Ay con que prisa voara 
Toliña de tan contenta, 
Para cantar a alborada 
N'os campos da miña terral 
Agora mesmo partirá, 
Partirá com'unha frecha. 
Sin medo as sombras da noite. 
Sin medo da noite negra, 
E que chovera ou ventara 
E que ventara ou chovera, 
Voaria, é voaria 
Piastra qu'alcansase a vela. 
Pero non son paxariño 



ROSALÍA DE CASTkO Sq 



E irey morrendo de pena, 
Xa en lagrimas convertida, 
Xa en suspiriños desfeita. 

Doces galleguiños aires, 
Quitadoiriños de penas, 
Encantadores d'as auguas, 
Amantes d'as arboredas. 
Música d'as verdes canas 
Do millo d'as nosas veigas. 
Alegres companeiriños, 
Run-run de todas las festas, 
Levaime ñas vosas alas 
Com'unha foUiña seca. 
Non permitas qu'aqui morra, 
Airiños da miña térra, 
Qu'ainda pensó que de morta 
Ei de sospirar por ela. 
Ainda pensó, airiños aires, 
Que dimpois que morta sea, 
E aló pó lo camposanto, 
Dond'enterrada me teñan. 
Pases na calada noite 
Runxindo antr'a folla seca, 
Ou murmuxando medrosos 
Antr'as brancas calaveras. 
Inda dimpois de mortiña, 



6o ROSALÍA DE CAStkO 

Airiños da miña térra, 
Eivos de herrar: |Air¡ños, 
Airiños levaime a elal 



Esta poesía, con la que tan gallarda y brio- 
samente se. revelaba nuestra poeta, vio la luz 
pública en el Museo Universaly revista de bas- 
tante importancia entonces, y tal fué el entu- 
siasmo y la admiración que produjo, que bien 
pudo decir Rosalía de Castro lo que Byron al 
día siguiente de publicar su Child Harold: «Me 
he despertado célebre.» 

Espíritu eminentemente sentimental, arpa 
eólica colgada del añoso roble de los celtas, 
debían necesariamente herir su corazón aman- 
te los dolores de su país; y todos, sin faltar 
uno, le han arrancado conmovedoras estrofas. 
Y en este sentido Rosalía de Castro es un 
poeta social, porque esboza, con clarividencia 
grande, los principales problemas sociales que 
se presentan en Galicia, dejándonos entrever 
en ocasiones el oportuno remedio. 

Así el complejo problema de la emigración, 
que debilita, y desangra, y despuebla y desea- 



ROSALÍA DE CASTRO 6 1 



toliza á Galicia; mal necesario en la hora pre- 
sente y que no puede resolverse con leyes 
prohibitivas, porque, dada la desproporción 
que actualmente existe entre la población y 
los medios de subsistencia, vendría á cum- 
plirse en Galicia aquella sentencia de un eco- 
nomista francés: «Guando se impide á una po- 
blación superabundante (i) salir por las puer- 
tas de las fronteras, saldrá por la puerta de la 
tumba»; sino solamente con medidas indirec- 
tas que hagan más intensa la producción, me- 
nores los tributos, perseguible criminalmente 
la usura, aunable la agricultura con las peque- 
ñas industrias, etc., etc., fué magistralmente 
sentido por Rosalía de Castro, presentándonos 
á un gallego que, aunque unido á su terruño 



(i ) La población de Galicia no es superabundante en 
relación con el territorio, pues más poblada es Bélgica, 
y, sin embargo, nadie emigra en aquel país afortunado; 
sino que lo es en relación con la actual producción lí- 
quida de la tierra, sobre la que pesan enormes gabelas 
de todas clases. 

Véase nuestra obra La emigración gallega, impresa 
en Madrid en 1902. 



02 ROSALÍA DE CASTRO 



] 



como la ostra á la peña, vese forzado á aban- 
donar su tierra porque 

ha^tra lie dan de prestado 

A veira por que camina 
O que naceu desdichado. 

Y después de despedirse del huerto que 
tanto amó, de los árboles por él plantados, de 
la fuente que refrigeró su sed, del cementerio 
en que yacen los restos de su padre, y de la 
Virgen de la Asunción, blanca como un sera- 
fín, se dirige á la compañera de su vida, á su 
dulce esposa, y la dice: 

Adiós tamen, queridiña... 
Adiós por sempre quizáis!.. 
Digoch'este adiós chorando 
Desd'a veiriña do mar. 

Non m'olvides, queridiña, 
Si morro de sóidas... 
Tantas legoas mar adentro... 
¡Miña casiña! ¡Men lar! {\), 

Y no contenta nuestra poeta con describir 
tan vivamente la emigración gallega, bucea 



(i) Cantares, págs. 8i y 82.— Madrid, 1872. 



ROSALÍA DE CASTRO 63 



más todavía en este pavoroso problema, pre- 
sentándonos al desnudo su verdadera causa, 
que no es como muchos creen ó aparentan 
creer el espíritu aventurero de los gallegos, ni 
la ambición ó la codicia de riquezas, como 
quieren otros, sino que lo es la pobreza de su 
suelo, la miseria gallega. 

Oigamos á Rosalía: 

i 
Venderon 1 1 'os bois 
Vencieron ITas vacas, 
O pote d'o caldo 
Y-á manta d'a cama. 
Venderon ll'o carro 
Y as leiras que tina, 
Deixarono soyo 
C'o a roupa vestida. 
Maria: eu son mozo, 
Pedir non m'é dado, 
Eu vou pó-lo mundo 
Pra ver de gánalo. 
Galicia está probé, 
Y-a Habana me vou... 
jAdios, adiós, prendas 
D'o meu corazón! 



64 ROSALÍA DE CASTRO 

II 

Cando ninguen os mira 
Vense rostros nubrados e sombrisos, 
Homes qu'erran cal sombras voltexantes 
Por veigas é campios. 
Un, enriva d*un cómaro, 
Sentase caviloso e pensativo, 
Outro, ó pé d*un carbaüo, queda imóvil 
C'o á vista levantada hacia ó infinito. 
Algún cabo d*a fronte recinado 
Pares qu'escoita atento o murmurio 
D'augua que cai, e eisala xordamente 
Tristísimos sospiros. 
¡Van a deixá-1-a patria!.. 
Forzoso, mais supremo sacrificio. 
A miseria está cerca en torno d'eles 
|Ayl ly adiant'cstá o abismo!.. 

III 
O mar castiga bravamente as penas, 
E contr'as bandas d'o vapor se rompen 
As irritadas ondas 
D'o cántabro salobre. 
Chilan as gaviotas 
jAlá lonxe!... ¡moy lonxe! 
N'a prácida riveira solitaria 
Que convida ó descanso y ós amores. 



1 



ROSALÍA DE CASTRO 65 



De humanos seres a compauta linea 
Que brila ó sol, adiantase e retorcese 
Mais preto, e lentamente as curvas sigue 
D'o murallon antigo d'o Parróte. 
O corazón apertase d'angustia, 
Oyense risas, xuramentos s'oyen, 

Y as brasfemias s'axuntan c'os sospiros... 
^Onde van eses homes? 

Dentro d'un mes n'o simiterio imenso 
D'a Habana, ou n'os seus bosques, 
Ide á ver que foy d'eles... 
|No etern'olvido para sempre dormen!.. 
¡Probes nais que os criaron, 

Y as que os agardan amorosas, probesl 

Y con la misma claridad con que nuestra 
poeta expone las causas de la emigración, 
expone también sus efectos en la poesía trans-, 
crita, al decir: 

Este vaise y aquel vaise, 
E todos, todos se van; 
Galicia, sin homes quedas 
Que te poidan traballar. 
Tés en cambio orfos e orfas 
E campos de soledad. 




66 ROSALÍA DE CASTRO 



E nais que no teñen fiUos 
E fillos que non ten pais. 
E tés corazons que sufren 
Longas ausencias mortás, 
Viudas de vivos e mortos 
Que ninguen consolará (i). 

El éxodo rural, esa sugestión continua que 
las grandes capitales, las ciudades tentaculares, 
como gráficamente las llamó Verhaeren (2) en 
su famosa trilogia, ejercen sobre los campesi- 
nos; condenado por los demógrafos, porque es 
contrario al desarrollo físico de la raza; por los 
higienistas, porque aglomera millares de seres 
humanos en infectos tugurios; por los sociólo- 
gos, porque alienta y vigoriza los focos de la 
agitación socialista y anarquista, y por los 
moralistas, puesto que las jóvenes campesinas, 



(i) Follas Novas, páginas 21 3 y siguientes. 
(2) C'est la ville tentaculaire 

La pieuvre ardente et l'ossuaire 
Debout 

Au bout des plaines 

Et des domaines. 

Verhaeren: Les campagnes hallucinées. 




ROSALÍA DE CASTPO 67 

inocentes y confiadas por el medio ambiente 
en que se criaron, son inicua y miserablemente 
explotadas en las grandes capit.iles (i), sin le- 
yes que las protejan, porque las nuestras cas- 
tigan más eficazmente el robo de cinco cénti- 
mos que el robo de la honra y del honor, dando 
razón en cierto modo á los que dicen que las 
leyes solamente están hechas para defensa de 
los ricos, de los propietarios...; esa plaga so- 
cial que se presenta con gran acuidad en Gali- 
cia, hirió también el corazón de Rosalía de 



(i) Los que formamos parte del Patronato Real por 
la represión de la trata de blancas podríamos contar 
hechos que chorrean sangre. Felizmente, para proteger 
á las jóvenes campesinas que vienen á Madrid, creóse 
una altamente simpática institución, presidida en la ac- 
tualidad por la Excma. Sra. Marquesa de la Mina, con 
el nombre de «Asociación del Patrocinio de María para 
la preservación de las jóvenes». 

Para más detalles véase nuestro discurso acerca de la 
^necesidad social á que responde en España la Asociación 
del Patrocinio de María para la preservación de las jó- 
venes, de los medios de que se ha valido para realizar 
su Jin y de los resultados obtenidos», publicado íntegra- 
mente por el periódico católico El Universo en su nú- 
mero novecientos setenta y uno. 



1 



68 ROSALÍA DE CASTRO 



Castro, y á ella consagró aquella hermosa 
poesía que empieza: 

Dios bendiga todo, nena, 

y en la que nos presenta á una anciana men- 
diga que halla en su camino á una joven, y la 
dice: 

Dios bendiga todo, nena; 

Rapaza, Dios che bendiga. 

Xa que te dou tan grasiosa. 

Xa que te dou tan feitiña, 

Qu'anque andiven moitas térras, 

Qu'anque andiven moitas vilas. 

Coma ti non vin ningunha 

Tan redonda e tan bonita. 

|Ben haya quen te pariu! 

;Ben haya, amen, quen te erial 



Halagada la joven por los cumplimientos de 
la anciana, y admirada por lo mucho que ésta I 

sabía, traba conversación con ella, y le dice: 

I 
Moito sabes, miña veiia, I 

Moito de sabiduría! 

I Quen poidera correr mundo i 

Por ser como vos sabida! ] 



ROSALÍA DE CASTRÓ 69 



Qu'anque traballos se pasen 
Aló po las lonxes vilas, 
Tamén ¡que cousas se saben I 
Tamén |que cousas se miran I 

He aquí magistralmente expuesta por nues- 
tra poeta la verdadera causa del éxodo rural 
de las jóvenes: la alucinación que sobre ellas 
ejercen las maravillas y el bienestar de las ciu- 
dades. Era preciso, para evitar que esta joven 
se precipitase hacia las grandes capitales, man- 
geuses d'hommeSy como gráficamente las llama 
Cheysson, porque elles les aspirentsur tout le 
territoire, les projettent dans la fournaise et 
les y consument (i), era preciso, digo, que al- 
guien la aconsejase, y nuestra Rosalía así lo 
hace, poniendo en boca de la anciana las si- 
guientes observaciones, que valen por si solas 
todo un libro: 

4cQuen ven está, ven estea.» 
Deixat'estar, miña filia, 



(i) Véase L'éxode rural et le retour aux champs, por 
E. Vandervelde. — París, iQoS. 



^O " ROSALÍA DE CASTRÓ 



Nin precures correr mundo 
Nin tampouco lonxes vilas, 
Qu*o mundo dá malos pagos 
A quen lie dá prendas finas, 
E ñas vilas mal fíxeras 
Qu'a aqui facer non farias 
Qu'anque ese pan valórenlo 
En todas partes espiga, 
Nunhas apoucado crese, 
Noutras medra qu'adimira (i). 

"El absentismo ó absenteísmo, esa plaga so- 
cial tan dolorosa para la agricultura, tan ge- 
neral que lo mismo se manifiesta en Bélgica, 
que en Francia, que en España, y de tan gra- 
ves consecuencias que en Inglaterra produjo 
en parte la cuestión de Irlanda, en España es 
una de las determinantes de la cuestión agraria, 
en Andalucía y parte de Castilla (2), y en Ga- 



(i) Cantares, págs. i3 y siguientes.— Madrid. 

(2) Por lo que se refiere al absentismo en Castilla 
puede consultarse el notable discurso que acerca de este 
problema pronunció el docto canónigo de la catedral de 
Salamanca D. José de la Mano. 



ROSALÍA DE CASTRO 7 1 



licia, no solamente en la agricultura (i), sino 
en las mismas esferas del arte deja sentir sus 
consecuencias, pues debido á ella desmorónan- 



(i) Oigamos, por lo que dice relación al absentismo 
gallego, á un ameno escritor que ha estudiado como 
nadie á nuestros campesinos: 

«La clase señoril abandonó los campos. La revolución 
industrial operada en los comienzos del siglo xix con- 
centró la vida en los núcleos urbanos y dio el golpe de 
gracia á una aristocracia del terruño que convivía en el 
fundo solariego con los aldeanos y en más ó en menos 
participaba de sus alegrías y trabajos, prosperidades é 
infortunios. Pocas generaciones bastaron para que se 
considerasen extraños los que antes se tenían por afines. 
Hoy el señorito se encuentra en la aldea como sepultado 
en una mansión de horror, y el paisano ve en el dueño 
un testigo incómodo de sus desidias y de sus rutinas. Al 
uno le expulsa el tedio de la granja heredada; el otro se 
torna más huraño en la soledad de su labor; y en este 
alejamiento mutuo se fomenta el antagonismo natural 
de las respectivas condiciones, porque el vínculo común 
de amor á la tierra, tan fuerte en Galicia, pierde toda 
espiritualidad para convertirse en fría subordinación de 
clase explotada á clase explotadora. ¿Qué han hecho las 
clases directivas para atraerse al campesino, para dulci- 
ficar sus costumbres, para curarle de sus resabios? ¿Qué 
elemento de bienestar llevaron á su vida, qué luz de 
cultura á su mente, qué ejen>plos á sus relaciones con 
él? Dejáronles abandonados á sí mismos, y cuando á ellos 



1 



72 ROSALÍA DE CASTRO 



se torres, castillos y palacios (i) de valor in- 
calculable, fué también expuesta por Rosalía 
de Castro en aquella melancólica poesía, glosa 
admirable del cantar popular: 

Como chove, mihudiño; 
Como, mihudiño, chove; 
Como chove, mihudiño, 
Pó la banda de Laiño, 
Pó la banda de Lestrove. 



se llegan los encuentran toscos, desconfiados, burlones 
tal como les hizo la soledad, el abandono y el despego 
con que los trataron.» 

Prudencio Rovira: El campesino gallego, páginas 38 
y siguientes.— Madrid, 1904. 

(i) Sabido es que las más linajudas familias españo- 
las tuvieron su primitivo solar en Galicia, y hoy, si se 
exceptúan el castillo de Mos, tan magistralmente des- 
crito poco ha por la Marquesa de Ayerbe en primoroso 
libro; la torre de Figueroa, habitada por el Marqués de 
este nombre; el palacio de Oca, propiedad de los Mar- 
queses de Camarasa; Santa Cruz de RivaduUa, propie- 
dad de los Condes de Revillagigedo; el palacio de los Du- 
ques de la Conquista, cerca del Ferrol...; todos los de- 
más son un montón de ruinas, en las que campea el 
amarillo jaramago, símbolo del abandono. 



ROSALÍA DE CASTRO 78 



Y refiriéndose al palacio de sus antepasados, 

dice: 

Casa grande lie chamaban 

Noutro tempo venturoso 

Cand'os probes a improraban. 

E fartiños se quemaban 

O seu lume cariñoso. 

Casa grande, cando un santo 
Venerable cabaleiro 
Con tranquilo, nobre encanto, 
Baixo os priegues d'o seu manto 
Cobexaba ó pordioseiro. 

Cand'os cantos ná capilla 
Da gran casa resoaban 
Con fervor e fé sensilla, 
Rico fruto d'a semilla 
Qu'os barons santos sem'braban. 

Ora todo silensioso 
Caus'ali medo e pavura. 
Mora esprito temeroso 
Nos salons ond*ó reposo 
Fix'un niño c'a tristura. 



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^ "« nütan, se ífiíHa, 
^ nos (Ca lod « qaiaier» 
-Sistemando de doíores. 

^*» <í'»qui tan soja miro 
^'**» «cura, triste masa, 
^P** «^«/ pasa, pasa... 
• «« n'és mas qu'un sospiro. 

Meos aTds iajl xa moneron 
"* Amáis t'ahandonaron, 
^ «ens lustros pereceron 

os que millor te quixeron, 
^•mendetis-apartaron. 

_^ Mes tras mes, pedra tras pedra, 

» te irás desmoronando 
^ñiciaporsintasd-edra, 
^entras qu-outra forte medra, 
V>u*as. ó mundo vay volando (i). 

187a. «. páginas ,95 y siguientes. -Mad 



i 



74 ROSALÍA DE CASTRO 

RisaSy cantos, armenia, 
Brandas músicas, contento, 
Festas, dansas, alegria, 
Se trocou na triste e fria 
Xorda vos do forte vento. 



No gran patio as herbas crecen 
Vigorosas sin coidado, 
Y as silveiras que frorecen 
No seu tempo fruto ofrecen 
Os meninos sazonado. 

Y antr'aquel silencio mudo 
Qu'a trubar naide aii chega, 
Antre aquel ¡xa f uní tan rudo, 
Vese inteiro un nobre escudo 
Qu*a desir non son se nega. 

• Craros timbres mostra ufano 
C'un soberbo casco airoso... 
Mais detras d'un son tan vano 
Vese ó probé orgullo humano, 
Homillado e polvoroso. 

Tras da calada visera 
Qu'hay uns olios feridores 



i 



j 



ROSALÍA DE CAStRÓ 



Que nos miran, se dixera. 
Que nos diu tod'é quimera 
Neste mundo de dolores. 



Casa grande! triste casal 
Quen d*aqui tan soya miro 
Parda, escura, triste masa. 
Casa grande/ pasa, pasa... 
Ti xa n'és mas qu*un sospiro. 



Meus avós ¡ay! xa morreron 
Os demais t'abandonaron. 
Os teus lustros pereceron 
y os que miiior te quixeron, 
Tamen de ti s'apartaron. 

Mes tras mes, pedra tras pedra, 
Ti te irás desmoronando 
Ceñida por sintas d'edra, 
Mentras qu'outra forte medra, 
Qu'asi ó mundo vay volando (i). 



(O Cantares, páginas 199 y siguientes. — Madrid, 
187a. 



1 



76 KOSALÍA DE CASTUO 



Exprofeso, señoras que me escucháis, y aun 
á riesgo de molestaros, hice esta larga cita para 
que veáis con qué vivo colorido estudia Rosa- 
lía de Castro las consecuencias del absentismo, 
la principal de las cuales está contenida en es- 
tos tres versos: 

Cand*os probes á improraban, 
E fortiños se quentaban 
O seu lume cariñoso. 

Sí, yo aplaudo, ¿cómo no? estas modernas 
corrientes de construcciones de barrios obre- 
ros, porque al fin algo van ganando éstos; pero 
creo preferible la antigua convivencia de po- 
bres y ricos, porque se ablanda más el cora- 
zón de éstos con la vista continua de las lace- 
rias sociales, y esta convivencia la hace impo- 
sible el absenteísmo por lo que al campo se 
refiere. 

Una de las consecuencias más tristes y do- 
lorosas de la emigración gallega es la penosa 
situación en que al presente se hallan las mu- 
jeres. Sobre ellas pesa^el duro trabajo agrícola 



I 



ROSALÍA DE CASTRO 77 



propio del hombre, pues la mujer gallega cava, 
ara, siega, maja y al mismo tiempo atiende á 
las domésticas faenas. Todo esto obliga á la 
mujer á abandonar durante largas horas á sus 
hijos y.á mal lactarios, causando este proble- 
ma social una aterradora mortalidad infantil y 
el empobrecimiento de la raza, antes tan fuerte 
y viril. Pues bien: este importantísimo tema 
social, más importante en el campo que en las 
ciudades, porque en él no hay instituciones be- 
néficas que atiendan á la infancia abandonada 
como en Madrid sucede con el Asilo de Lavan- 
deras y la Cuna de Jesús, este importantísimo 
tema, digo, fué magistralmente esbozado por 
nuestra poeta al decir: 

Hora^ meu menino, hora, 
^Quen POS ha de dar a teta. 
Si tua nay vay no muhiño, 
E teu pay ná leña seca? 
Eu cha dera, miña xoya. 
Con mil amores cha dera, 
Hastra rebotar meu santo, 
Hastra que mais non quixeras, 
Hastra verte dormidiño 



7^ ROSALÍA DE CASTRO 



1 



( 



Con esa boca fan feita, | 

Sorrindo todo fartiño, I 

Cal ubre de vaca cheya; ' 

Mais.iay, que noite ch'agarda! j 

Mais |ay, que noite ch 'espera! 1 

Qu'anque duas fontes teño, i 

Estas fon tinas non deitan. I 

Hora, meu menino, hora, j 

Canto chorarás por ela, i 

Sin ter con que t'acalente, ^ 

Sin ter con que t'adorme^a, ' 

Que soyo, soyo quedaches 

Com'unha ovelliña enferma. 

Tremando, malpocadiño, 

Com'as oveliiñas treman. 

Sin cobirtor que te cruba 

Nunhas palliñas te deitan 

E nevé e chuvia en ti caen 

Por antr'as fendidas tellas. 

E silva o vento que pasa 

Pó-las mal xuntadas pedras, 

E cal coitelo afilado 

No teu corpino se ceiba. 

lAy cando vena tua nay! 

¡Ay cando ch'a tua nay vena! 

Cal te topara, menino. 

Frió com'a nevé mesma, 



ROSALÍA DE CASTRO 79 

Para chorar sin alentó, 
Rosiña que os ventos creban... 
|Ay, mas valera, menino, 
Que quen te dou non te dera! 
Qu'os fillos dos probes nacen, 
Nacen para tales penas (i). 

. Por último: y perdonadme, señoras, si abuso 
de vuestra benevolencia, Rosalía de Castro 
hace la apología de la pequeña propiedad, efi- 
caz antídoto á mi humilde entender, contra el 
socialismo agrario que se presenta amenaza- 
dor en Andalucía á la hora presente, y que más 
amenazador sería en Galicia sin la sangría 
suelta de la emigración, en aquella sentida poe- 
sía que empieza: 

Miña casiña, meu lar. 
Cantas onciñas 
D'ouro me vals (2). 

Abomina de la dureza de nuestras leyes en 
lo que á los embargos se refiere, y con la in- 



(i) Cantares, páginas loi y 102. — Madrid, 1872. 
(2) Follas Novas, pág. 168, edición citada. 



8o ROSALÍA DE CASTRO 



(í) El art. 1.449 de la vigente ley de Enjuiciamiento 
civil dice: «Tampoco se embargarán nunca el lecho co- 
tidiano del deudor, su mujer é hijos; las ropas del pre- 
ciso uso de los mismos, ni los instrumentos necesarios 
para el arte ú oficio á que el primero pueda estar dedi- 
cado.» 



n 



terpretación extensiva, de las cuales taiito se 
veja al pobre campesino gallego, puesto que 
hemos visto, con manifiesta infracción de las 
leyes vigentes- (i), embargar, no solamente los 
aperos de la labranza, sino la misma ropa del 
lecho y hasta el pote de condimentar el desa- | 

brido caldo, en aquella otra su hermosa poesia, 1 

fiel trasunto del sentir campesino en lo que á las j 

ejecuciones se refiere: 

;Escoita! os algoasiles ¡ 

Andan correndo á aldea, j 

Mais ¿como pagar, como, s'un non pode, ^ 

Inda pagá-l-a renda? . 



Embargarannos todo, que non teñen 
Esas xentes concencia, nin ten alma, 
¡Quedaremos por portas! 
¡Meus fillos d*as entrañas! 



ROSALÍA DE CASTRO 8 1 



I Mala mor te vos mate 
Antes de que aquí entredesl... 
D'os probes, ó sentirvos. 
Os corazós, cal baten tristemente. 

María, se non fora 
Porque hay un Dios que premia e que castiga, 
Eu matara eses homes 
Como mata un raposo a un-ha galiña. 

I Silencio! ¡Non brasfemes, 
Qu'este é un valle de lagrimas! 
^Mais porque a algúns lies toca sufrir tanto 
Y outros á vida antre contentos pasan? (i). 



Por el rápido estudio que de algunas poesías 
de Rosalía de Castro acabamos de hacer, que- 
da evidentemente demostrado que es una poeta 
social, y que á sus obras debe acudir el que 
quiera conocer á fondo la sociología gallega, 
no de otra suerte que Costa acudió á nuestros 
romanceros para estudiar política; Martín Ga- 



(i) Follas Nopas, pág. a58; edición citada. 



82 ROSALÍA DE CASTRO 



mero al Quijote^ para conocer la jurispruden- 
cia de su tiempo; Piernas á este mismo libro, 
para estudiar las finanzas de aquella época, y 
Salillas, por no citar otros autores, á las nove- 
las picarescas para sus conferencias criminoló- 
gicas. 

Y así como Thierry decía de los antiguos 
bretones que vivían de poesía, y sus poetas no 
tenían más que un tema: el destino de su país, 
sus desgracias y sus esperanzas, del mismo 
modo nuestra poeta, hermana por la sangre de 
aquéllos por su origen celta, no vivió más que 
para la poesía, y sus cantos no tuvieron más que 
un tema: las alegrías y los pesares de Galicia. 



I 



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III 



Nunca leo sin emoción profunda una senci- 
lla balada inglesa, recogida, si no recuerdo 
mal, por Walter Scott con el titulo de The 
crown ofcypres, y que dice así: 

«¡Ohy no me entretejáis coronas, ó tejédme- 
las de ciprés! 

»E1 brillo de la flor de lis es demasiado vivo, 
y la hoja del acebo demasiado brillante. 

»La flor de mayo y la del agabanzo sola- 
mente pueden sombrear una frente menos triste 
y dolorida que la mía. 

»¡Que la alegría ciña sus sienes con rientes 
festones de la vid, y que el roble corone al sa- 
bio y al prudente! 

»Pero á mi no me tejáis coronas, ó tejédme- 
las de ciprés. 



84 ROSALÍA DE CASTRO 



»¡Que Inglaterra se adorne con sus rosas fa- 
mosas que la costaron tanto; que la Escocia 
se engalane con guirnaldas, y que Irlanda vea 
brillar sobre su cimera la flor de la esmeralda 
que ama tanto... 

»Pero á mi no me tejáis coronas, ó tejédme- 
las de ciprés.» 

Esta sentimental balada parece como que 
nos la repite hoy Rosalía de Castro, pues fue- 
ron tantas sus amarguras, que las coronas de 
laurel que la consagraban sus admiradores 
trocábanse al ceñir sus sienes en tristes y me- 
lancólicas coronas de ciprés. 

Corazón grande y generoso el de Rosalía de 
Castro, sensibilidad exquisita, sintió como na- 
die las pesadumbres que la rodearon, que fue- 
ron muchas. Ehferniedades casi continuas, 
pérdidas de seres queridos cuando más los pre- 
cisaba, quebrantos en su fortuna, alejamiento 
de Galicia, ella que era propensísima á la nos- 
talgia... todo eso y mucho más sintió Rosalía 
de Castro, porque, al fin y al cabo, el dolor se 



r" 



ROSALÍA DE CASTRO 85 



halla siempre en proporción directa con el ge- 
nio, y Rosalía de Castro fué un genio. 

Y no soy yo, señoras; es su mismo esposo, 
el insigne historiador D. Manuel Murguía, 
quien, al trazar en sentidas páginas la silueta de 
su amada compañera, ños dice: si se refirie- 
ran con su terrible verdad los sufrimientas ex- 
perimentados antes, ahora, en todo tiempo, 
bien se vería qué pocos días de felicidad contó, 
cuan largo y duro fué su cautiverio y de qué 
manera inusitada los contratiempos doblaron 
alma tan enérgica y apasionada. ¡Cómo la fue- 
ron á buscar al silencio de su casa y al aparta- 
miento de su voluntario destierro, hiriéndola 
en medio de sus hijos, ausente el que era su 
amparo, cuando creían que el golpe que la 
asestaban era el único que la faltaba para mo- 
rir» (i)! 

Pues bien: así como el libro de los Cantares^ 
que tan someramente y sólo en parte acabamos 



(i) Murguía: Los precursores, pág. 177. — La Coru- 
ña, 1886. 



86 ROSALÍA DE CASTRO 



1 



de analizar, encierra los principales dolores, I 

las amarguras más intensas de GaUcia, y es, j 



en sentir del P. Blanco García, «un ramillete 
formado con las innumerables flores recogidas 
en las selvas vírgenes y frondosas del saber 
popular, y por eso tienen el agreste y sencillo 
perfume que las caracteriza tanto», así también 
el libro de Follas Novas guarda, cerrado con el 
broche diamantino de cincelado prólogo de 
Castelar, los dolores, las penas y las amar- 
guras que torturaron el alma de Rosalía de 
Castro. 

Así, sus enfermedades casi continuas inspi- 
ráronle la siguiente poesía, que pertenece al 
grupo de VaguedáSy del que dice Castelar (i) 
que pocas veces ha visto expresar tan bien 
esas visitas de las inspiraciones varias, nubes 
sin formas evaporadas del corazón á la mente, 
y que suelen arrebolarse en las tintas de la 
idea y otras veces enrojecerse en el relámpago 
de la pasión. 



I 



(i) Prólogo al libro Follas Novas. 



i^osalÍa de castró 87 



Paz, paz deseada 
Pra min, ^onde está? 
Quixais n'hey de tela... 
jN'a tiven xamaisl 

Sosegó, descanso, 
^Ond'hey d'o atopar? 
N'os mals que me matan 
N'a dor que me dan. 

|Paz! ¡paz tiés mentira! 
|Pra min non'a hay! 



Esos cambios continuos de residencia, que 
tan tristes son para todo gallego que, al decir 
de un orador elocuente, se adhiere al lugar que 
lo vio nacer como la carne al hueso, inspiró á 
Rosalía de Castro otra poesía intensamente 
melancólica, titulada ¡Adiós!, y en la que, 
como su título indica, va despidiéndose nues- 
tra poeta de todos los objetos que la rodearon, 
desde las paredes solitarias de su casa, testigos 
mudos de sus penas, hasta Santo Domingo, 



\ 



\ 

I 

88 ROSALÍA DE CASTRO 

cuya monumental iglesia guarda hoy sus pre- j 

ciados restos. Escuchémosla: 

i 

¡Adiós! montes é prados, igrexas e campanas, 
jAdiosI Sar é Sarela, cúbenos de enramada, 
¡Adiós! Vidán alegre, moiños e hondanadas, 
Conxo ó d'o craustro triste e as soedades prácidas, 
San Lourenzo ó escondido, cal un niño antr'as ramas, ' 

Balbis, para min sempre o d'as fondas lembranzas, | 

Santo Domingo, en donde cant'eu quixen descansa, , 

Vidas d'a miña vida, anacos d'as entrañas. 

E vos tamen sombrisas paredes solitarias j 

Que me vichéis chorare soya e desventurada, j 

¡Adiós! sombras queridas, ¡adiós! sombras odiadas, 
Outra vez os vaivens d*a fortuna 
Pra lonxe m 'arrastran. 



Cando volver, se volvo, tod'estara ond'estaba. 
Os mesmos montes negros y as mesmas alboradas, 
D'o Sar e d'o Sarela, mirándose n'as auguas. 
Os mesmos verdes campos, as mesmas torres pardas, 
D*a catredal severa, olland'as lontananzas; 
Mais os qu'agora deixo, tal com'a fonte mansa 
Ou no verdor d'a vida, sin tempestas nin vagoas. 
Canto, cand'eu tornare vitimas d'a mudanza 



ROSALÍA DE CASTRO 89 



Terán de presa andado, n'a senda d'a desgracial 
Y eu... mais eu nada temo n'o mundo 
Qu'a morte me tarda (i)I 



Esa fiebre moral que se llama genio, ese 
martirio lento con que el ideal oprime y ate- 
naza á los poetas, ese dolor de dolores que 
nosotros no logramos conocer porque, como 
dice Legouvé, «el sentimiento de lo bello está 
rodeado de tantos tormentos que parecen im- 
posibles á los que no los experimentamos», 



(i) Follas Novas, pág. 23; edición citada. 

Dice Castelar hablando de esta poesía: «Rosalía está 
triste, y la tristeza rodea de aureola mística sus sienes, y 
la tristeza se plañe en todos los acordes de su lira. Así 
no podéis menos de llorar cuando se despide de sus pra- 
dos, del claustro donde tantas veces ha gemido; de los 
montes negros plateados por la alborada que brilla en 
el Sar y en el Sarela; de las pardas torres metropolita- 
nas destacándose en las inciertas lontananzas, y al de- 
cirles adiós, considera que esto permanecerá perenne, 
inmóvil, perdurable, mientras los que se creen inmorta-^ 
les, superiores á todos los mencionados objetos, eternos 
como las almas, cada día darán hacia la muerte un paso 
y dejarán en las tortuosidades del camino alguna ilusión 
ó alguna esperanza. 



gO ROSALÍA DE. CASTRO 



1 



hizo también presa en el corazón de Rosalía de 
Castro acibarando más aún sus demás dolores, 
y en este sentido bien pudo decir: 

Mais ve qu'o meu corazón 
E unha rosa de cen follas, 
Y é cada folla un-ha pena 
Que vive apegada n'outra. 

Quitas unha, quitas duas. 
Penas me quedan de sobra, 
Oxe dez, manan corenta. 
Desfolla que te desfolla... 

|0 corazón m'arrincaras 
Des qu*as arrincaras todas (i)! 

Y por último el dolor que produce en el al- 
ma la pérdida de seres queridos fué magistral- 
mente expuesto en la poesía que comienza Pa- 
drón, Padrón, que, á mi humilde entender, es 
la mejor de cuantas produjo nuestra poeta: 



(i) Follas Novas, pág. 17, edición citada. 



KOSALÍA DE CASTkO QI 



¡Padrón!., ¡Padrón! 
Santa Marta.,. Lestrove... 
¡Adiós! ¡Adiós! 



I 



Aquelas risas sin fín^ 
Aquel brincar sin dolor, 
Aquela louca alegría, 
¿Por qué acabou? 
Aqueles doces cantares, 
Aquelas falas d'amor, 
Aquelas noites serenas, 
¿Por qué non son? 
Aquel vibrar sonoroso 
D*as cordas d'a arpa y-os sons 
D*a guitarra malencónica 
¿Quen os levou? 
Todo é silensio mudo 
Soidá, delor, 
Ond'outro tempo a dicha 
Sola reinou... 
¡Padrón!.. ¡Padrón!.. 
Santa Maria, Lestrove... 
¡Adiós! ¡Adiós! 



1 



92 ROSALÍA DE CASTRO 



II 

O simiterio d*a Adina 
N*hay duda qu*é encantador^ 
C'os seus olivos escuros 
De vella recordazon; 
Co seu chán d*erbas e frores 
Lindas, cal n*outras dou dios; 
C'os seus canónegos vellos 
Que n'el se senlan ó sol; 
C'os meninos qu'ali xogan 
Contentos e rebuldós; 
Cas lousas brancas qu'o cruben, 
E c'os húmedos montons 
De térra, ond'algun-ha probé 
O amanecer s'enterrou. 
Moito te quixen un tempo 
Simiterio encantador, 
C'os teus olivos escuros, 
Mais vellos qu'os meus abós, 
C'os teus cregos venerables, 
Que s'iban sentar ó sol, 
Mentras cantaban os páxaros 
As matutinas cancions, 
E c'o teu osario humilde 
Que tanto respeto impon 
Cando d'a luz que n'el arde 



ROSALÍA DE CASTRO. qS 



Vé un de noiie ó resprandor. . 
Moito te quixen e quérote, 
Eso ben o sabe Dios; 
Mas hoxe, ó pensar en ti 
Núbrasem'o corazón, 
Qu'a térra está removida. 

Negra e sin frols. 
¡Padrón!.., ¡Padrón!... 
Santa María, Lestrove... 
¡Adiós! ¡Adiós! 

Fun un dia en busca d'eies. 
Palpitante o corazón 
Fuños chamando un a un 
E ningún me contestou. 
Petey n'unha y-outra porta, 
Non sebtin fala nin voz, 
Cal ñ*unha tbmba valdeira 
O meu petar resonou. 
Mirey po-l-a pechadura, 
jQue silensio!... jque pavor!... 
Vin no mais sombras errantes 
Qu'iban e viñan sin son. 
Cal voan os lixos leves 
N'un rayo d'o craro sol. 
Ergueronsem'os cábelos 
D'estrañeza e de delor, 



96 ROSALÍA DE CASTRO 



I 



Y eu non m'acordo xa s'era aquel cravo, 
D'ouro, de ferro, ou d'amor. 

Solo sei que me fixo un mal tan fondo, 
Que tanto m'atormentou, 

Qu'eu dia e noite sin cesar choraba 
Cal chorou Madanela n'a pasión. 
Señor, que todo 6 podedes, 
Pedinlle un-ha vez á Dios, 

Daíme valor par'arrincar de golpe 
Cravo de talcondicion. 
E doumo Dios e arrinqueino, 
Mais... ^quen pensara?.. Despois 
Xa non sentin mais tormentos 
Nin soupen qu'era delor; 

Soupen só, que non sei que me faltaba 
En donde o cravo faltou, 
E seica, seica tiven soidades 
D'aquela pena... jBon Dios! 

Este barro mortal qu'envolve o esprito 
iQuen-o entenderá, Señor!., (i) 



¡Si alguien preguntase á nuestra poeta cuál 
flor prefería, contestaría seguramente como el 



(i) Follas Ñopas, pág. 10; edición citada. 



ROSALÍA DE CASTRO 97 



insigne músico D. Jesús de Monasterio: «La 
rosa, porque tiene espinas.» Tan connatura- 
lizada estaba con el dolor. 

Nuestra insigne poeta, en las pocas palabras 
que antepuso á su libro Follas Novas, hace la 
siguiente semblanza de las mujeres gallegas: 
«Cando ñas suas confianzas, estas probes mar- 
tires s'astreven á decirnos os seus sacretos, á 

\ chorar os seus amores sempre pipos, á doerse 

\ d'as suas penas, descrobese n'elas, tal delica- 

dej(a de sentimentos, tan grandes tesouros de 
ternura (que á enteires^a d'o seu carácter n'e 
bastante á mermar), un-ha abnegación tan 
grande, que sin querer, sentimonos inferiores 
á aquetas oscuras é valerosas heroinas, que vi- 

[ ven é morren levando a cabo Jeitos maravillo- 

sos por sempre inorados, pero cheos de milagres 
d'amor e d' abismos de perdón. 

En esta semblanza parece como estereotipa- 

1 da su insigne autora. Lo mismo en las poesías 

que consagra á Galicia, y que forman el libro 
de los Cantares y parte de Follas Novas, y de 
los que dice Castelar, «que los hombres de Es- 




g8 ROSALÍA DE CASTRO 



¥ 



tado, los que han tenido el Gobierno en sus 
manos, que hoy lo tienen, pueden estudiar en 
ellos qué cantidad de satisfacciones deben darse 
á Galicia y el remedio que puede colegirse 
para sus antiguos é inveterados males»; que en 
las poesías que consagra á sus propias penas y 
amarguras, apenas esbozadas por nosotros en 
anteriores páginas; que en las mismas poesías 
castellanas que forman el libro A orillas del 
SaVy y que con harto dolor de mi alma debo 
preterir por apremios de tiempo, aun cuando 
hay en él alguna poesía como la titulada Los 
robles (i), importantísima en la hora presente, 



(i) Además del libro A orillas del Sar, muy raro 
hoy, puede consultarse el siguiente folleto: «Cinco poe- 
sías de Rosalía de Castro.» Publícalas la Real Academia 
Española para solemnizar el acto de descubrir la lápida 
que su individuo correspondiente D. Agustín de la Paz 
Bueso y Pineda ha dedicado á la memoria de la insigne 
escritora gallega en la casa donde murió. — Julio de 1900. 

No nos resistimos á la tentación de incluir la última 
de estas cinco poesías que reafirma la religiosidad de 
Rosalía: 

Si medito en tu eterna grandeza, 
Buen Dios, á quien nunca veo, 



r^ 



ROSALÍA DE CASTRO QQ 



porque inicia con ella una campaña proseguida 
luego con gran entusiasmo por el inolvidable 
Obispo de Salamanca R. P. Cámara, y última- 
mente por el correcto, ameno y autorizadísimo 
periodista y académico D. Valentín Gómez 
desde las columnas de El Universo jy que mu- 
cho antes que todos ellos la había iniciado ma- 
gistralmente un gallego insigne, nacido en mi 



Y levanto asombrada los ojos 
Hacia el alto firmamento 

Que llenaste de mundos y mundos... 

Toda conturbada, pienso 

Que soy menps que un átomo leve 

Perdido en el universo; 

Nada, en fin... y que, al cabo, en la nada 

Han de perderse mis restos. 

Mas si, cuando el dolor y la.duda 

Me atormentan, corro al templo, 

Y é los pies de la Cruz un refugio 
Busco ansiosa implorando remedio. 
De Jesús el cruento martirio 
Tanto conmueve mi pecho, 

Y adivino tan dulces promesas 
En sus dolores acerbos, 

Que, cual niño que reposa 
En el regazo materno. 
Después de llorar, tranquila. 
Tras la expiación espero 
Que allá donde Dios habita 
He de proseguir viviendo. 



100 ROSALÍA DE CASTRO 



1 



misma parroquia, allá medio perdida en las 
montañas de Camba, Obispo de Badajoz pri- 
mero, y Arzobispo de Zaragoza y Cardenal de 
la Iglesia después, el eminentísimo Cardenal 
García Gil, cuya circular acerca del arbolado 
guardo como recuerdo preciadísimo. 



r 



IV 



«Recuerdan todavía en la Bretaña francesa, 
dice un escritor gallego (i), la manera grave y 
solemne como fué recibido en aquel país, tan 
amado de sus hijos, el convoy fúnebre que de- 
volvía al suelo patrio los restos mortales de un 
gran poeta. Flotaban al aire las banderas ; las 
cruces de todas las parroquias brillaban al tibio 
rayo de un sol que iluminaba el cielo brumoso 
y triste; las campanas y el cañón de Saint Malo 
saludaban al que había sido gloria de la Fran- 
cia y orgullo de la tierra natal : y era que los 
restos mortales de Chateaubriand venían á pe- 



(i) Manuel Murguía: Ilustración Gallega y Astu- 
riana, tomo II, pág. 75. 



IÓ2 ROSALÍA DE CASTRO 



dir SU Último sagrado asilo á las duras rocas 
de la playa, eternamente batidas por el Océano 
impetuoso.» 

Recuerdan todavía, y recordarán siempre 
los gallegos, diremos nosotros, testigos presen- 
ciales de esta gran apoteosis, la traslación de 
los restos mortales de nuestra genial poeta, 
desde el apacible cementerio de Iria Flavia á 
la monumental iglesia de Santo Domingo de 
Santiago el día 25 de Mayo de 1891. 

Próximamente á las seis de la tarde, tan her- 
mosa y apacible como suelen serlo las tardes 
de Mayo en Galicia, un prolongado silbido de 
la locomotora anunció que llegaba á la estación 
el tren especial que conducía los restos de Ro- 
salía. Minutos después todo el clero compos- 
telano, con cruz alzada, elevaba al cielo los 
graves acentos del canto llano . « Santiago 
— como hizo notar el malogrado Brañas — re- 
cibía los despojos de su hija predilecta con una 
oración; y antes de tributarle ningún otro ho- 
nor pedía para el espíritu, un día á él unido, el 
eterno descanso, la luz perpetua.» 



r' 



ftÓSALÍA DE CASTRO lo3 

Terminado el responso, púsose la fúnebre 
comitiva en marcha. Abríanla dos largas filas 
de niños con velas encendidas, los orfeones 
gallegos con sus estandartes, y el coche, en el 
que iba la lujosa caja que encerraba los restos 
de Rosalía, y cuyas cintas eran recogidas por 
representantes del Ayuntamiento de Santiago; 
colonia gallega de Cuba, á la que se debió en 
gran parte esta apoteosis; Sociedad económica 
de Amigos del País; Juntas regionalistas; escri- 
tores gallegos, y cuerpo escolar compostelano. 
Y después de un coche de respeto y de los 
bomberos voluntarios, seguían los estudiantes 
en masa, directores y redactores de los perió- 
dicos locales, el Rector de la Universidad, Pre- 
sidente de la Audiencia, Sociedad económica, 
Ayuntamiento de Conjo, Universidad de San- 
tiago, Audiencia, Colegio de Abogados, Pro- 
fesores y alumnos del Seminario, Casino, Co- 
rreos y Telégrafos, Banco de España, Cámara 
de Comercio, Escuela Normal, de Artes y Ofi- 
cios y, en una palabra, todas las fuerzas vivas 
de Santiago. 



L'.... 



IÓ4 HOSALÍA de CAStRO 



1 



Y comoquiera que todos los comercios se 
habían cerrado en señal de duelo; no había cla- 
ses en los establecimientos de enseñanza, y 
hasta se habían suspendido muchas obras para 
que los obreros pudiesen tomar parte en esta 
fiesta genuinamente gallega, dos verdade- 
ras murallas de personas extendíanse por el 
largo trayecto que existe entre la estación de 
Cornes y Santo Domingo, y á medida que el 
fúnebre cortejo avanzaba, íbanse sumando con 
el acompañamiento, que engrosaba sin ce- 
sar^ 

Al llegar el carro fúnebre á la plaza de la 
Universidad, paróse ante la amplia escalinata 
por la que se asciende á aquel gran Centro de 
enseñanza. Un orador elocuentísimo ensalzó 
los méritos de Rosalía; un alumno de la Facul- 
tad de Derecho leyó, á su vez, una hermosa 
poesía; los estudiantes hicieron descender una 
verdadera lluvia de coronas de laurel sobre los 
restos de nuestra poeta, y, en medio del si- 
lencio más profundo, el orfeón dejó oir sus 
voces; y, como hace notar un ilustre Cátedra- 



f 



ROSALÍA DÉ CASTRÓ Io5 



tico (i), la hermosísima composición de Stra- 
della, Pietáy Signore! hizo asomar las lágrimas 
á todos los ojos, y todos los que escuchábamos 
arrobados las bellísimas armonías, á maravilla 
interpretadas por el orfeón, unimos nuestros 
deseos, nuestros corazones, al religioso coro, y 
con toda efusión dijimos también: Piedad, Se- 
ñor, para el poeta, 

A las nueve próximamente llegó á Santo Do- 
mingo la comitiva, y allí se presenció un inusi- 
tado espectáculo. Todos los estudiantes de la 
Universidad, que eran muchos en aquel enton- 
ces, esperaban con hachas encendidas los des- 
pojos mortales de Rosalía, y así penetró en el 
ojival templo. Y yo os aseguro, señoras, como 
testigo presencial que he sido de todo esto, más 
aún, como actor, porque me honré muchísimo 
llevando mi correspondiente hacha, que no he 
visto espectáculo más grave, más solemne, 
más conmovedor. Por muchos rostros juveni- 
les rodaban abundantes lágrimas, y yo no sé 

(i) Cabeza León, en un hermoso artículo publicado 
en el número 5 de La Patria Gallega. 



I06 ROSALÍA DE CASTRO 



1 



!.-_ 



deciros si esas lágrimas las producía el pesar de 
haber perdido á nuestra egregia cantora ó la ale- 
gría de considerar cuánto significaba esta apo- I 
teosis para el renacimiento de las letras patrias. | 

Y ¡coincidencias afortunadas, señoras que 
me escucháis! El alma y vida de este tributo 

de admiración y cariño de la juventud escolar j 

hacia Rosalía de Castro lo fué el malogrado ] 

Alfredo Brañás, orador elocuentísimo y econo- ' 

rnista insigne, y hoy sus restos mortales des- ' 

cansan también en la iglesia de Santo Domingo; j 

su sepulcro de granito es uno más en aquel i 

vasto templo que encierra varios otros de la 
casa de Altamira, en los que se ven las legen- j 

darías cabezas de lobo, y su estatua yacente, ' 

vestida con la toga y el birrete académicos, . j 
hace precisamente pendant con el sepulcro de 
Rosalía, pues ambos descansan en la capilla de ; 

la Visitación. 

Y después de una solemne Misa de Réquiem, 
celebrada al siguiente día, inhumáronse los 
restos de nuestra egregia é inolvidable escritora j 
en el precioso mausoleo que inmortalizará se- i 



I 



í 



hosalía de castro i 07 



guramente á su autor el artista gallego D. Jesús 
Landeira. 

Ved cómo describe este mausoleo el también 
malogrado escritor gallego D. José Tarrio: 

«El estilo arquitectónico elegido con plausi- 
ble acierto por nuestro convecino para su obra 
ha sido el del Renacimiento, pues ninguno me- 
jor que el que floreció al asomar la décima 
sexta centuria presta ocasión al artista para 
lucir sus facultades creadoras; ninguno como 
el que importó en España Enrique de Egas, y 
que adopto para obras tan notables como el 
Colegio de Santa Cruz de Valladolid y nuestro 
Hospital Real, permite más libertad á la fanta- 
sía para simbolizar y dar forma plástica á un 
pensamiento. Veamos cómo logró desarrollar 
el suyo nuestro inteligente artista. 

»Dentro de un sencillo, y airos^o arco de me- 
dio punto abierto en el muro, y sin más orna- 
mentación que un bocel en el arranque de la 
cimbra, y en las enjutas dos medallones que 
contienen, en alto y vigoroso relieve, un tro- 
vador y una dama de la época á que se ajusta 



108 ROSALÍA DE CASTRÓ 



1 



la obra, admírase una hermosísima arca cine- 
raria, cuya elegante traza recuerda, en sus 
líneas generales, la forma de una pirámide 
truncada de base superior. Dos bellísimas sire- 
nas soberbiamente labradas constituyen su 
ornato en los ángulos anteriores, y sostienen, 
á guisa de cariátides, con la cabeza y las alas 
desplegadas, el severo cornisamento que co- 
rona á tan notable lucillo, mientras que con 
sus garras hacen presa en el zócalo ornado de 
billetes sobre que descansa. Dos ramas, una de 
laurel y otra de encina, hacen relieve en el 
centro del frontal, y en el campo que encierran 
al unirse los tallos formando corona, vese un 
ramo de violetas y pensamientos agrupados 
con naturalidad y sujetos con un lazo, de entre 
los que surge una cruz de brazos rematados en 
una concha ó venera, y que tiene yuxtapuesta, 
de menor tamaño, otra cruz encomienda de 
Santiago, que ostenta en su centro, á manera 
de clavo, una estrella de cinco radios. Las sire- 
nas, amén de las garras, descompónense en 
un caprichoso follaje que invade el campo del 



ROSALÍA DE CASTRO lOQ 

frontal por debajo de las dos ramas que for- 
man la corona. Un caracol y un grillo, símbo- 
los de la destrucción, ascienden hacia el ramo, 
cuyas flores simbolizan la modestia de nuestra 
gran poeta^ y hacia las cruces alegóricas de la 
pureza de su inquebrantable fe y de la ciudad 
en que abrió los ojos á la luz. 

»En el cornisamento, y rompiendo la mono- 
tonía de la línea de las molduras que lo forman, 
está abierta una serie de caprichosísimas con- 
chas, 

»Tan elegante urna cineraria es de magní- 
fico mármol negro de Bélgica, de gran dureza 
y fragilidad, que, si hace lenta y difícil la fac- 
tura, aquilata, en cambio, la esmerada ejecu- 
ción con que están esculpidos los varios moti- 
vos ornamentales que decoran esta parte de la 
obra, la más importante y de empeño, sin duda 
alguna, de las diversas de que se compone el 
mausoleo. El atrevimiento y la limpieza con 
que están talladas al aire las hojas de laurel y 
de roble, y la morbidez y suavidad déla línea en 
los bustos de las sirenas — cuya hermosa traza 



1 



I 10 ROSALÍA DE CASTRO 



tráenos á la memoria las creaciones del arte 
helénico— permiten calificar á tan preciosa arca 
de verdadera joya de arte, sin temor de incurrir 
en el pecado de la hipérbole. Hay en ella tal ni- 
miedad y franqueza en sus detalles, que mejor 
que cincelada en el mármol parece labor de los 
palillos ejecutada en blanda y dócil arcilla. 

»En el tablero que cierra el vano del arco, 
léese en caracteres rojos abiertos con rigor epi- 
gráfico la siguiente inscripción: 

D. O. M. 

PRA ETERNA MEMORIA 

GALICIA 

FIXO FACER POR SVSCRICIÓN NACIONAL 

ESTE MOIMENTO 

ONDE DESCANSA NA PAZ DO SEÑOR 

A QVE FOI GRORIA DA SVA PATRIA 

SEÑORA DOÑA ROSALÍA CASTRO DE MVRGVÍA 

FINOV EN IRÍA NO 1 5 DE JVLIO 

DO ANO DE i885. 

DOU COMENZÓ A SVSCRICIÓN 

A COLONIA GALLEGA EN CVBA. 

PO-LOS COIDADOS DA SOCIEDADE ECONÓMICA 

DE SANTIAGO 

DOVSELLE CIMA. 



ROSALÍA DE CASTRO 1 1 1 

»Dos esbeltas y bien proporcionadas pilas- 
tras flanquean el arco y la urna descritos, y se 
elevan sobre un pedestal que ostenta en su 
frente una cartela, en la que se habrán de gra- 
bar la fecha del nacimiento y de la muerte de 
la que duerme eterno sueño al abrigo de este 
mausoleo. En la mitad, próximamente, de la 
altura de las pilastras, destácanse, con gran re- 
salto, elegantes ménsulas y doseletes, de muy 
gracioso corte, que sostienen y cobijan á dos 
pequeñas estatuas. Los doseletes, cuyo borde 
lo forma un arco angrelado, tienen abierta una 
concha en su intradós, sostenida por delgadas 
columnitas adosadas á las aristas de la pilas- 
tra, y al exterior exórnalos el gallón, termi- 
nando en un vaso rematado á su vez por una 
caprichosa marcolla. Las ménsulas están for- 
madas por una artística agrupación de hojas, 
tan delicada y pacientemente talladas, que el 
aire circula por entre ellas con libertad, como 
si, extendidas antes, se hubiesen plegado á ca- 
pricho para prestar aquel servicio. Estas mén- 
sulas soportan dos estatuas de mujer; alegó- 



1 



1 1 2 ROSALÍA DE CASTRO 



rica de la poesía, la de la izquierda, muestra 
en sus manos una palnia y una lira; la de la de- ' i 
recha, representando la literatura, sostiene un 
libro abierto y una rama de laurel. Ambas tie- 
nen excelente traza, siendo muy recomenda- 
bles por el buen plegado de los paños, exento 
de convencionalismo, y por la expresión de tris- 
teza que el cincel del artista dejó impresa en , 
sus rostros. 

^Coronan las pilastras dos fantásticos y de- 
licados capiteles, que recuerdan el corintio de j 
los órdenes clásicos; hojas de acanto en su 
parte inferior, y hacia el lugar que en aquéllos i 
ocupan las volutas, aparecen, muy bien escul- 
pidas, dos cabezas que reflejan con bastante 
exactitud la envidia y que sostienen una rama 
de laurel coronando una lira. 

»Si enamora y embelesa el ánimo la contem- 
plación de los miembros descritos, no es me- 
nos agradable la impresión que despierta el 
examen del entablamento que las pilastras sos- 
tienen. Formando contraste con la sencillez y 
severidad de la denticulada cornisa y del ar- 



r 



ROSALÍA DE CASTRO Il3 



quitrabe, destácase un soberbio friso, tallado 
en medio relieve, con tal riqueza y buen gusto 
en los arreos que lo decoran, que él solo bas- 
taría para que el artista ganase las simpatías y 
el aplauso de las personas entendidas en estos 
achaques. He aquí su motivo ornamental: dos 
goniecillos sostienen en sus manos, en el cen- 
tro del friso, una corona de laurel colocada so- 
bre una lira, cuyas cuerdas, rotas y entrelaza- 
das con una yedra, dejan ver el libro abierto 
de Follas Novas. De un caprichoso follaje sur- 
gen dos sirenas portadoras de la fama que pre- 
gonan con sus simbólicas trompetas, ^y que 
también anuncian dos aves mensajeras. Otras 
dos aves fantásticas salen también del follaje y 
sostienen empeñada lucha para evitar que la 
muerte, simbolizada por dos medios esquele- 
tos, armados de guadaña, corte el hilo de la 
vida de las sirenas que cantan los méritos y vir- 
tudes del genio. 

»Como se ve, esta composición resulta una 
excelente macabra; notable por la sobriedad 
con que ha sido compuesta, y de muy buen 

8 



1 



114 



ROSALÍA DE CASTRO 



efecto por la brillantez y el atrevimiento de la ■ 
ejecución, y por el dejo filosófico que se ad- ^ 

vierte en el pensamiento que con tanta fortuna 
ha desarrollado nuestro inteligente artista. 

»En la parte del friso que corresponde en- ' 

cima de los capiteles que lo sostienen, hay dos . ] 
buhos pasmados, y sobre los extremos del en- i 

tablamento descansan dos elegantes vasos fu- j 

nerarios. 1 

»Pone digno remate al mausoleo un frontón 
partido. Sencillo á la par que elegante, sólo inr 
terrumpe la corrección de sus molduras un " 

denticulado, y entre sus cornisas laterales se j 

eleva un acrótera ó pedestal sosteniendo un . 

pebetero con llamas, cuyo vaso exorna una ] 

hermosísima guirnalda formada por la rosa, el 
lirio y la adormidera, que se extiende también 
por las rapantes del frontón. Dicha guirnalda 
es un afortunado alarde de verdad y de belleza j 

que, debido á la altura á que se halla, quizás no j 

se goce y aprecie como en justicia es acreedora. ^ 

»Toda la obra es del mejor mármol de Ca- I 

rrara, á excepción del empleado en la urna I 



J 



i 



ROSALÍA DE CASTRO 1 1 5 



que, como queda dicho, es negro y procede de 
canteras belgas. Mide de altura, desde el zó- 
calo hasta las llamas del pebetero, cinco me- 
tros sesenta y cinco centímetros, por tres y 
treinta de arícho. 

»En breve serán colocados junto á la acró- 
tera que sostiene á aquél los escudos de la 
ilustre progenie de los Castros y Murguías. 

»E1 conjunto es de bellísimas y muy bien 
calculadas proporciones, y con la soltura y ga- 
llardía de sus miembros y la delicadeza y es- 
merada ejecución del ornato, aun en sus más 
pequeños detalks, hacen de este mausoleo una 
riquísima muestra de la arquitectura del gusto 
renaciente ó de la restauración clásica. Como 
algunos llaman al arte que adquirió vigoroso 
desarrollo en la ciudad eterna, bajo el amparo 
y protección del gran León X y de su digno 
antecesor el segundo de los Julios» (i). 

Un detalle para terminar, señoras, pues 
harto abusé de vuestra paciencia. Cuando Ro- 



(i) La Patria Gallega^ 3o de Mayo de 1892. 



1 



1 16 ROSALÍA DE CASTRO 



salia estaba expuesta en la capilla ardiente^ á 
las pocas horas de fallecer, una mujer del pue- 
blo, llorando desconsolada decía: ¡Probé se- 
ñorUj nunca deixaba os probes sin consoló^ é 
cando non lies podia dar limosna daballes con- 
sellos, y parolas doces que se agradecen as ve- 
ces moito mais qu'o diñeiro; y eu nunca viñen 
á vela que me non acompañase hastra a porta. 
Que ésta sea, señoras, la oración fúnebre que 
os entonen cuando Dios se digne llamaros á sí, 
para premiar vuestras buenas obras. Hoy la 
sociedad se cuartea, la familia se agrieta, el 
odio de los pobres contra los ricos y la'dureza 
de éstos para con aquéllos va en crescendo, y 
vosotras, señoras, como os lo decía elocuen- 
temente el Sr. Marqués de Vadillo en la confe- 
rencia que desde este mismo sitio os pronun- 
ció al comienzo de este curso, vosotras en la 
hora presente tenéis una gran misión social 
que llenar, y ésta os la señala Rosalía con su 
conducta: haced todo el bien que podáis en 
derredor vuestro; cuando no podáis dar limosna 
material, dad la limosna del bonneur que dicen 



r 



ROSALÍA DE CAST RÓ 1 1 7 



los franceses; haced agradable la vida á todos, 
y de esta suerte tendréis seguramente pobres 
que os sientan como la pobre anciana padro- 
nesá sintió á Rosalía de Castro, y se os podrá 
aplicar como á ella aquel tierno y cristiano pen- 
samiento que late y alienta en esta estrofa de 
la Voix des cloches del bardo Bótrel, alma ge- 
mela por su inspiración de la de nuestra llora- 
da poeta: 

Puis enfin, la vieillese arrive: 
Doucemenl le juste s'endort; 
Son ame, abandonnant la rive, 
S'en retourne au celeste Port. 
Lorsque vers la tombe on emporte 
Celui que la vie a quitté 
La cloche pour lui faire escorte, 
Pleure á travers rimmensité: 

Tin, tin, tin, 
Ne pleurons pas, c'est le Destín I 
Dit le carillón argentin. 

Digue don. 
Que Dieu lui donne son perdón! 
Sanglote le gros bourdon. 

FIN 



r 



APÉNDICE 



En demostración de la gran importancia 
que Rosalía de Castro tuvo y tiene en la lite- 
ratura gallega contemporánea, hemos recogi- 
do al azar algunas de las muchas poesías 
consagradas á su memoria, y que forman una 
especie, de corona poética de nuestra insigne 
conterránea. 

DESAPARECEMENTO D'OUTRA ESTRELA 
n'a última hora d'a céltiga ovatesa 

ROSALÍA DE CASTRO 



I 

Nai Galicia, teu ceo s'anubra; 
Tuas musas tremelan; 
Podes hoje rodea I a coroa 
D'acianos e gesta, 



1 2Ó ROSALÍA DE CASTRÓ 



II 



Beira-Ulla... jque mal respondiches 

As miñas esperas. 
Eu coidei q'o teu rio d'anacres, 

Cas suas ribeiras. 
Quiñón ¡ai! d'o Praíso perdido, 

D*as Fadas vivenda, 
C'os airiños e son regalado. 

Que mainos te beijan 
A saú restaurases d'a nosa 

Cantora primeira... 
E topei que c'a Morte non podes, 

Q'o cetro lie deixas, 
Q'antr'os lirios tamen s'abr'a tomba 

Pr'os cisnes e estrelas. 



1 



i 



Pois morrendo s'está Rosalía, i 

Tua dulce poetesa, | 

A que tanto c'as augasd*a vida i 

Regou tuas letras. ^ 

Si, aquela q'orlou teus Cantares \ 

Con fios de pelras, j 

C'os que poucos, moi poucos, pintaran | 

Teus gozos e penas; J 

Abandona o seu niño d*amores... | 

Pra sempre te deixa. 



j 



r 



kOSALÍA bE CASrko 121 



E q'os aros d'a lira dourada 

Tamén ahí se creban. 
jAi! Cantora d'as Beiras d*o Sare, 

Mal sabel a perda 
Qué nos causas fugindo d'a vida... 

• ¡Pensalo m'aterral 
Quén poidera soster teu alentó... 

Calmar tuas queixas, 
Afogar as quenturas d*o leito 

¡Qu'ensumen tuas venas! 
iQuén c'o a vida qu'espen'a alborada 

Cruzand'as robredas 
Camiñar'o teu son regalado 

Por vilas e aldeas. 
Por mercados, romages e froulas, 

Fions e'spadelasl.. 
¡Que de cousas de novo cantaras! 

Pro ¡ai! ja non termas. 
^Quén diría, ¡ouh regalo d'as Musas!, 

Que tal s'abateran 
Teus olliños, tua testa, teu todo, 

Agora, cando eran 
Máis adoitos á erguel'os diamantes 

D'as nosas legendas?.. 
^S'hastr'o d'hoje as gallegas baladas 

Tornach'en estrelas, 
N*os cantares coUeitos de novo 



i 2Í2 rosalÍa Dfe CAsrfeb 



Qué soles n'houberas?.. 
Malí-as penas q'asi t*acabaron! 

; Nunca elas nacerán, 
Q'así furlan á patrea os tesouros 

D'a tua esperencea, 
Ese nunie q'a Osián te farían 

D*a Céltica gallega! 
Des que tiloma Pintos e outros 

Frezados poetas-— 
Te doíches q*a céltica lingua 

— D'a aria gemela— 
Fór borrada, com'hoje a polaca, 

D'a Escola e d'a Eireja; 
Ja non houbo Poeta galaico 

Si tér sangu'esgrebia, 
D'a que deu negros dias os fíllos 

De Roma e d'a Meca, 
Que c'a fala d'os bravos Alfonsos 

N'entras'á palestra 
A'ganar un loureiro lucido 

Pra honrar as guedellas. 
Mentras ti c'o civismo q'as altas 

Vertudes inxempra, 
Gloseando cantares e ditos 

C'a mau gutemberga, 
Com'a Aurora os botaches os mundos 

D'a hispanea bandeira. 



r 



koSÁLÍA Dfe CASTRO 12^ 



E cand'hoje gozar ti debías 

D'a farta colleita, 
E groriarte de ver nosa Musa 

Honrada e liberta 
Ir d'o brazo d'a Musa d'o Henares 

. En grave conversa, 
E cruzal as cruxías d'o clastro 

Con lauro n'a testa, 
E franqueand'as canzelas douradas 

Que guian á'scena, .... 
iQué doór, qué penar, qué tristura, 

Qu'engustias acedas 
Sént'a y alma ó pensar que pra sempre 

Tan orfos nos deixas! 

III 

¡Ai-reponte, por Dios, Rosalía; 

Empina esa testa, 
Rico faro de luz esperante 

Na noite d*as penas! 
Volv'a ser rosiñor namorado 

D'a verde pradeira. 
Do remedio d'as nosas penurias. 

O Arco d'a bella. 
Sigue send'o encantiño d'as fontes, 

A gaita d'as festa s, 



^ 



1 



i 24 kóSAL^A D£ (ÍÁáTRÓ 



O sonris d*as gentis alboradas { 

A luz d'a lareira; 
Ju venal contr'os vicios moinantes 

Q'o esprito encadeyan; 4 

Como chuvia de lume purgante | 

Pr'os fillos d'a Suevia. ^ 

jFuge, fugel ¡Abandona ese leitol 

jResoír, aletexal • 

A San Lóis gui'as tuas aliñas ^ 

D'albor tan riquentas; I 

No nos prives d'os brandos arrulos -^ 

D'as tuas ideyas: 
Cal Druidesa d'os céltigos castros 

N'a sagra cristeira, 
Sinta eu resoar tua lira 

D'amores tan cheya. 
Volv'a erguer |ai! d*os nosos decires ^ 

A rica bandeira; 
A coroa d'o sagro carballo 

Non soltes d*as crenchas; 
Non te rindas; a luz vén agora; 

¡Corramos á brega! 
Coma cimbros, d'o brazo coludos, 

Loitemos sin trégoa; 
Vive; coid'os teus fiilos, qu'é cedo 

Pra erguer'ás estrelas 
Dios é pai, e pra ti ten decole I 



ROSALÍA DE CASTRO )25 



Suas portas, abertas... 
» Pro ¡coitados de nos!... ^Non respondes? 

\ ^Non os nosas queixas.^ 

í ^Que batalla sostés n'o sagrareo 

D'a tua cabeza.^* 
^Ja non curas d'a patrea? jAbandonas 

O chau d'as misereas!... 
jEncomendas teus nenos á Virgen!... 
{Es nail... ¡rezas!... ¡rezas!... 



IV 



Entrevélas'o sol d'Iria Flavia; 

Ja dorm'a laberca, 
Estremécéns'os lirios d'o prado 

Suspira a milieira; 
O dorigo pingon s'arrepía 

D'a tomba n'as beiras 
E d'o amargo alciprest'as frondias 

Laíndo brandeyan. 
Non hai aire: parou todo xordo: 

De bal 'a marea; 
Rosalía os olliños baixando 

D'o altor d*as estrelas 
Caer deix'a cabeza es váida, 

Muchad' azuzena, 
Mirradiña d'inzar nosos vales 

De ricas esenzas... 



120 ROSALÍA DE CASTRO 



Negra morte, ¡ail... arceda... C^as áas 

N'apagues infesta, 
Esos olios q'a luz sementaron 

D*o mar hastr'a strra; 
N'aniquilcs d*a musa d'as Follas 

A diáfana vena... 
D'estes campos, ermidas e portos 

|N'acrísel-a estrella!! 



1 



V 

^Onde val o seu son amoroso, 

Decf, padronesas, j 

Qu'en dozor, os paxaros d'a fraga j 

Vencer non poideran? 
Os diamantes e cores devinos ^ 

D'a sua paletra j 

¿Quén jai Dios! poderá combinalos 

Sin sua destreza?... 

VI 

¿Porq'así te magóan tuas Fadas 

Ouh probé poeta.^ 
^Por q'o teu corazón, que pra todos 

E' luz, rosa fresca, 
Rica fonte de vívedas augas ^ 

Pr*as almas inteiras, \ 



\ 



ROSALÍA DE CASTRO 1 27 



Ha de vers'hastr'a morle vistindo 

Camisa espinen ta?... 
^Porq'os mesmos, q 'amantes redimes 

D'o jugo d'as treboas, 
Che se mofan e brindan somenle 

Bebid*amarguexa, 
E con catro sospiros forzados 

Morrendo te deixan?... 
lAil jfeliz si un aprauso che renden 

D'a tomba n'a beiraÜ... 
jChora, chora, Galicia, si podes 

Chorar tanta pérda; 
Si traidor, teu seíño materno 

Tai dór n'empedrellal 
Ja espirou tua ilustre cantora... 

jVenceron as penas! 
Mais c'o teu religioso estandarte 

Traspuxo as esferas. 

seu corpo dexoull'o teu manto, 

Suareod'as letras... 

1 Ve si podes tenderll'o teu manto, 

Erguela d'as herbas; 
Demostrar qu'eres nai sempre dina 

De filias como ela, 
E d'ingenios qu'a vida posponen 

Ás tuas grandezas!! 

Francisco de la Iglesia Gon^áleí{. 



128 ROSALÍA DE CASTRA 



A ROSALÍA CASTRO DE MURGUÍA 



I 

Teño inda n-a memoria os leus falares, 
N-a y-alma ó teu recordó 
N-o corazón teus cantos feitizeiros, 
Tua imaxen nos olios. 

Lonxe, moy lonxe d-o pais d-as brétemas 
D-os pinos rumorosos, 
D-os rios marmoleiros, e d-os montes 
Froléados de toxo; 

Tan so c-as tuas ispiradas cantigas 
O meu corazón hórfo 
Sua paz alcontrou, y-os meus oiiiños 
Reparadeiro soñó. 

^Ay, cantas veces eu biquei as follas 
D'os teus Cantares nóvos, 
Bebendo c-os meus bicos augas virxes 
De prácidos consolos!... 

Déranm'estonces, fortalcz'ó esprito, 
O corazón repouso, 



I 

i 

i 



ROSALÍA DE CASTRO 1 29 



Lumiñentas ideas ó cerebro, 
Axilidad ó corpo... 

II 
Pero xá morta, 
Pero xá fría, 
Sóyo hay recordos 
N-a y-alma miña... 
Hay solo bágoas 
N'a miña lira... 
Sóyo tineblas 
N-a fantesía!... 

III 
Brancas pómbas que cruza-1-os aires, 
Parade mainiñas... 
Non turbes c-os rumores d-as áas 
O prácido sonó d-a gran Rosalía. 

IV 
Espesa névoa d-os nosos montes, 
Húmed'horballo... 
Pousá n-as córdas d-a negra arpa, 
que toca ó bardo 1 

Mollad-as cordas... ¡Soyo molladas 
Cantarán notas 



9 



130 ROSALÍA DE CASTRO 

que se confundan c-os ayes tristes 
D-as Follas Novas! 



Soyo molladas, soyo así froxas 
E destempradas, j 

Darán noticia d-a miña pena^ ! 

D-as miñas bágoas! 

Soyo así roucas, roucas é frías... | 

Así tan soyo, I 

Quero q'as córdas d-a miña arpa 
Toquen á mortol... 



Calade, gaiteiros 
Qu'abruxa-1-a aldea; 
Calade, que choran 
As musas gallegas, 
E n-as suas congoxas de morte 
Nos din lastimeiras: 
«iGallegos, chorade; 
Chorade por ela!... 



Cala, paxariños 
De vivo plumaxen, 
Y-as áas recollidas 



J 



ROSALÍA DE CASTRO i3j 



Batendo no aire, 
N-este trist'e e lutoso concertó 
Tomando vos parte. 
Chora paxariños, 
Por Ela, chorade. 

Cala, miña arpa, 
A d-ásperascórdas... 
I De quen ch'ar rolara 
quedastes xa hórfa!... 
Pois n-o mundo te ves sin amparo, 
O pé d-a sua cóva, 
iCalá, miña arpa... 
Miña arpa, chora! 

M. de Marcos Santos. 



1 32 ROSALÍA DE CASTRO 



jROSALIA CASTRO!! 

(Primer premio en el Certamen celebrado por la Sociedad 
4íLkeo de Artesanos» de La Coruña,^en honor de la 
distinguida poetisa,) 

Lema: 
Airiños, airiños, aires, 
airiños d'a miña térra, • 
airiños, airiños, aires, 
airiños, chora por éla. 



I 
t 



Craro luar, estrelas bulidoras, 
sospiriños d'a brisa embalsamada^ 
amorosas fontiñas 
que fuxides correado cantadoras; 

marmullos que brincades n'a enramada, I 

lixeiras anduriñas j 

que ledas revoades con donaire 
tezendo e destezendo po-l-o aire; 
froles cheirosas, herbas d'a pradeira, 
pinos d'o monte, chopos d'a calzada, 
agreste son d'a beira mar salada 
que roucas n'a areeira 
e n'os penedos temeroso morres, 
riixe-ruxe d'as olas que te escorres, 
po-l-o fondo socabo 
chorando n^aino ou casquexando brabo; J 



1 



w 



kÓSALÍA bÉ ¿ASTRO l5¿ 



ninfas^ nereidas, náyades e ondinas 

que vivides n'as augas cristalinas 

d'os lagos e d'os mares e d'o río; 

melgas fadas e amores 

de aás de gasa e de cores 

que bebedes as pelras d'o recio 

revoando antre as rosas d'as sílveiras; 

sombras todas queridas, feiticeiras 

que, buligando inquietas, 

rebulides n'a mente d'os poetas; 

apagádevos xa, calade preto 

e non rompades d'a delor a calma: 

deixade que en secreto 

padeza e sofra e se retorza a-y-alma. 



Alo'... n'un doce niño 
por loureiros e buxos sombreado; 
á onde chega maino, amorosiño, 
o sospiro d'o mar; onde esmayado 
pousa o sol os seus rayos po-l-a tarde 
cando antre nubes e antre escumas arde; 
alí arrolada po-l-o blando encanto 
que á-y-alma da d'a inspiración a llama; 
sintindo o lume santo 
que a labarada d'o antusiasmo inñama; 
levando un mundo de.quimeiras feito 



1 



1 ^4 HOSAlÍ A DE CASTkO 

n'a tola fantesia 

e outro mundo d'amor dentro d'o peito, 

a Virxe d*a gallega poesía, 

d*amor á térra e d'a pasión escrava 

cal namorado reíseñor cantaba. 

Falas d*amores, queixas de tristuras, 
Suspiros, soedades, amarguras, 
bágoas e risas, cantigas e choros; 
canto garda esta térra 
de remore? soaves ou sonoros; 
canto Galicia n'o seu seyo encerra, 
de Rosalía o nume peregrino 
todo cantóu con latexar divino. 

Mais un día chegóu... ¡cativo día! 
que a disgracia treidora 
cravóu n'ela sua garra tronzadora; 
e a tenra Rosalía, 
de Galicia e d*o arte namorada, 
coma rula magoada 
que os derradeiros layos 
bota ó vento antre lampos e desmayos, 
así lamen cantóu mentras He daba 
seu adiós a esta térra que adoraba. 

E dempois... coma estrela que morrendo 
pérdese n'o infinito; 
coma sol que se apaga esmorecendo; 
coma celeste grito 



\ 



r 



koSALIA DÉ CAstRÓ 1 55 



que n'o alto sona e que n'o vento espira 

alexándose cegó... 

asi morréu o son d'aquela lira, 

asi morréu o Reí señor gallego! 



Daime, alcipreses, fúnebres romores; 
daime, ventos, queixosas armunias; 
quero layos e dores 
e amarguexos e feles e agonías 
pra cantar jouh Galicia! teu crebanto... 
Mais..'. ^pra qué queres canto 
que pinte a pena con que ó Geo cramas? 
¡Que mais canto qu'as bágoas que derramasll 

J. Barcia Caballero. 



A ROLA DE GALICIA 

ROSALÍA CASTRO DE MURGUIA 



Rousiñol d'a miña patria, 
D'a nosa ribeira rola, 
Pombiña con pico d*ouro, 
Xénio esprendente de groria; 



1 



I Í6 ROSALÍA DE CASTRÓ 



Non se¡ que teñen teus cantos, 
Non sei que leñen tuas trovas, 
Qu'o meu curazón inframan 
Cando as digo de mamoria; 
Desqu'as deprendin de neno 
Decote se me recordan. 

Cando escribes teus versiños 
Qulzayes'a pruma mollas 
N'os rayos de sol que tinguen 
Os picoutos de luz roxa, 
Ou de noite cando'a lua 
As augas corrent«s doura 
N'o espello d'o craro río 
O mirarse melancólicas: 
Ti dos niños d'os paxaros 
'As amantes queixas roubas, 

E col les d-o val prefumes, 
E lus e vida d'as hortas, 
Sospiros de cantos sofren, 
E bágoas de cantos choran; 
Pra componer isas cantigas 
Co-as que éntreles e namoras, 
Isas cantiguiñas brandas 
Que falan de moitas cousas... 
Ecos d'as voces d'os ánxeles, 
que ó pé d'o Señor revoan... 

Non sei que dera por ter 



r 



ftOSALÍA DE (ÍASTrO iÍj 



'O teu xénio, miña xoya, 
Rousiñol d'a miña patria, 
D'a nosa ribeira rola. 
Bendita sea a naiciña 
Que t'arrulou coidadosa, 
O pái que che deu alentó 
Y'o marido que t'adoura, 
Os curazós que te queiran 
Y'as almas que te conozan. 

Ti xa ben estar deberás 
Pra gala d'a térra nosa 
N'unha xauliña de ouro 
Chea de pelras preciosas; 
Deberán poñerche logo 
N'a tua frente duas coroas, 
Que xá iras dech'a Galicia, 
E son dolcisima rola, 
Unha, os Cantares gallegos, 
E outra'as últimas Follas, 

V. Lamas Carvajal. 



1 



i 38 hosÁLÜA bÉ Castró 



Á DISTINGUIDA ESCRITORA 

D/ ROSALÍA CASTRO DE MURGUÍA 



( 



Que te garde, Rosalía, 
A Virxe d-a Soledá 
A quen rezas por leu home, 
Teus filliños, e teus pais; 

Si co-a que Dios me dou 
Foras tamén miña hirmán, 
Había de ver o deño 
¡Cómo poderme tentarl 

Con dous ánxeles d'a guarda 
Levándome po-la man, 

Direitiño iría ó ceo | 

Sin volver a cara atrás. 

Cando andaba po-lo mundo, 
Sendo aínda ben rapaz, 
Fallábanme d'o meu lado 
Miña naisiña e meu pai. 

E esperando como eles 
Algúns amigos lopar, 
N-os meus olios, Rosalía, 
Topei lágrimas n-o mais, 

En tal apuro pensando 



J 



r 



kOSÁLIA DE CAStílO i3g 



Cómo ganar un xornal, 
Traballando como manda 
Dios ó home traballar. 

Pintei d'a Virxen María 
Unha imaxen, como está 
O pe d'o santo Calvario 
Chorando... e ó verm'a pintar 
Unha señora mui rica 
E mui santa (que en verdá 
Si hai homes bóos, hay mulleres 
Que se deben adorar) 
Pidiuma, dinlla; e de entonces 
Nunca me faltou o pan. 

E como H'o debo á Aquela 
Que o pide á Quen o da, 
Os paxariños d'os aires 
E ás formiguiñas d'o chan, 
Por non perder seu amor 
Fago o mismo que ti fas. 

José María Posada, 



t4Ó rosalIa dé cAStkó 



1 



ROSALÍA CASTRO! 



¿Quén foi? Unha probé 
muller qu'en cantigas 

lembróu as grandezas | 

d'a térra nativa. 

¿Qué fixo? Cantando 
curar as feridas 

d'as almas que ióitan \ 

n-as ióitas d'a vida. 

¿Que premio lie deron? i 

Vivir esquecía 

n-o médeo d'as campas * J 

n-a branca casiña j 

de todal-as penas 
tan ben conecida. 
¿Sofriu? Como sofren 
as almas altivas. 

¿Chorou? Como choran 
ardentes, roxizas, 
bagullas de lume 
as náis de Galicia. 

¿Morreu? Como morren 
pol-a fe alcendidas, 
as almas que buscan 



r 



ROSALÍA DE CASTRO ' I4I 





a paz infinita. 




1 


¡Hirmáns qu'adorades 






cháu d'a terrina, 




t 


de fúnebres panos 




i 


cobride hoxe as liras! 




t 

\ 
\ 

t 
1 


Morréu ela, a nobre 
cantora qu'altiva 
co-a branca bandeira 
d'a nosa Galicia 
risoña e trunfante 
n-a vanguardea iba... 

jAdiante! ^Que importa 
que cáyan n-as filas 
loitando os que teñen 
as almas máis limpas? 

'Os mortos pregarias 
e térra por riba 
regada c'o spranto 
d'almas feridas. 

jAdiante! A bandeira 
cravemos n-a cima 
si é certo que somos 
a grey escollida... 

Honrémol-o nome 
d'a gran Rosalía, 
exempro seguindo 
d'a nobre puetisa 





1 



142 ROSALÍA DE CASTRO 



que todal-as notas 
d'a célteca lira 
iras deu ás montañas 
y-ós vals d'a terrina, 
y-ós mares que cinguen 
con loucas cariceas 
a térra sagrada 
d'o cháu de Galicia. 

jAdiante! A bandeira 
Gravemos n-a cima 
si é certo que somos 
a grey escoUida. 

¡Atrás os que treman 
c*o medo d'a lizal 
¡Atrás! ¡Pr'os cobardes 
n-hay canto n-as filas! 

Alberto Garda Ferré ¿ro. 



A ROSALÍA CASTRO 



Non é lostrego hermoso, 
é luz perenne e erara 
a luz con qu'alomeas 
ouh sol d'a miña patrea! 

E luz que sémpre brilla 



j 



r 



ROSALÍA DE CASTRO 1 48 



y-0 tempe non apaga. 

Ti alomeach'a aurora 
d'aterna relembranza 
en que'espertou Galicia 
erguendos' alentada. 

Ti fuch'a estreia hermosa 
que n-hourizonte grata 
. un día de ventura 
á pátrea ITanonciabas. 

O dia xa clarexa: 
en huestes apretadas 
os fillos de Galicia 
á loita se porparan 
y-hastra cantar viutoria 
non pousarán as armas. 

Tí qu'antre frondas verdes 
tranquia repousabas 
erguícheste d 'a coba 
pra ser grorificada. 

iQué gozo sentirían 
as tu as cinsas santas 
ó ver com'os gallegos 
s'aprestan á batalla, 
ó ver á nai Galicia 
xa cuas rexenerada! 

Os teus pechados olios 
cicais verteron bágoas. 



1 



144 ROSALÍA DE CASTRO 



cand'os gallegos bardos 
oubich*a tua fala, 
e foi pra tí a coroa 
mais rica y-apreceada 
a de cantares lindo? 
qu'en torno ch'en toaban. 
jGoza, muller subrime, 
en ver cuas'acabada 
a obra xenerosa 
d'erguer á nosa patrea, 
por teu amor inmenso 
con pelras cimentada. 

Filomena Dato Muruais. 



Á ROSALÍA 



^E perguntas quén foi? — Foi o verbo 
D'a Musa gallega; 
Axuntando, cal mestre abelliña, 
D'a humana palabra n-as móviles celdas, 
Os afeutos máis puros d'a y-alma 
Y-o neutar devino d'as frores d'a idea, 
Fixo trebos de mel virxiliana 
N-o meigo cortizo d'a fala d'a térra. 

Mf Nüñe%^ Gon\ále\. 



r 



ROSALÍA DE CASTRO 



Á ROSALÍA CASTRO 



Branca pombiña inocente 
Que non tiveche mais fel 
Que a qu'o mundo e mais os homes 
Déronche'á forza á beber; 
i ' Anduriña viaxeira 

i Qu'unha vez mais outra vez 

Retornache pr'o teu niño, 
I Sin poderte esquecer déi, 

I Nin de viva nin de morta 

' Que n'él viñeche á morrer; 

I Agarimosa ruliña 

A d'o xeitoso xemer 
Qu'en cada layo pousabas 
Unha pingota de mel, 
N'esa mansión onde vives 
Que pátrea d*os xenios é, 
N'a que atopache-I-a calma 
Qu'aquí non pudeche tér, 
Recibirás, miña xoya, 
Anque indina de tí é 
A probé frol c'o poeta 
Vén os teus pes á ofercer. 
jRosalía, Rosalía, 

10 



1 



146 ROSALÍA DE CASTRO 



# « 



Branca pombiña sin fel: 
Si vivir é unha fertuna 
outra fertuna é morrerl 

J. Barcia Caballero. « 

1 

I 

Xa lies tece coroas' os seus fiUos, | 

Xa sabe, como nai, ser nai amante, j 

Xa non deix'os seus mortos insepultos 

N-o campo de combate, ^ 

Relampadol-os os olios e cuberías 

As tuñecas de sangue... 
Xa ten, com'Artemisa pro Mausolo, 
Pr'os teus hósos, muller, mármol que darlles. 
Xa temos patria nos, tí nol-a deche; 
|Tí, qu'estes ermos en xardís trocac'he!... 
Reiseñor inmortal d*as Follas Novas, 
Resocita pra vel-o teu milagre: 

IjUn pobo de rudillas 
Diant'a autora d'un libro de... Cantares! f 

Alberto Garda Ferreiro, 



! 



r 



ROSALÍA DE CÁSTkO 14^ 



Á ROSALÍA 



I 

D'o mar pol-a órela 
Mireina pasar 
N-a frente unha estrela, 
N-o bico un cantar. 
E vin-a tan sola 
N-a noite sin fin, 
Qu*inda recei pol-a pobre d*a tola 
Eu, que non teño quen rece por min! 

II 

A Musa d'os pobos 
Que vin pasar eu, 
Comesta d'os lobos, 
Comesta morreu... 

Os hósos son d'ela 
Que vades gardar. 
¡Ai, d*os que levan n-a frente unha estrela! 
¡Ai, d*os que levan n-o bico un cantar! 

M, Curros Enrique^, 



I 



] 



148 itOSALÍA DE CASTRÓ 



Á ROSALÍA CASTRO DE MURGUIA 



Gando a tua groria tanto eiqui roxe, 
Eu a do ceo pra tí pedín, 
Se xa aló enriba te sentas hoxe, 
Non che s'esqueza falar de min. 

Antonio García V, Queipo, 



'A BOA MEMORIA 

DE 

D.* ROSALÍA CASTRO DE MURGUIA 



Desde qu'o p'e d'os olivos 
D'Adina enterrar che vin 
eu non sey por que me lembro 
d'a miña'patria infelis... 

Tí n'a coba, ela esquencida 
De todos, ¡triste de minl 
¡Cantándoche os teus cantares 
Choro por ela... e por tí!... 

Alfredo Brañas, 



i 



r 



ROSALÍA DÍÉ: ¿ASTfeO Í49 



SURREXIT. 



SONETO 

Rachade o lóito en que s'envolve a lira 
Poetas d*a Rexión, bardos gallegos, 
Alzade a vocé en sacrosantos pregos 
Qu'o esprito, grata emanación rispira. 

O riso que d'os beizos xa fuxira 
Torne anemar o rostro sin renegos, 
E'os olios que d'o pranto estaban cegos 
Os legre apoteóse qu'ademira... 

A pomba non morreu, non, que repousa 
Dimpois de sospirar por Seus airiños 
Co-arrulos de croel melanconía; 

E descobrindo d'ou seu niño a lousa 
D'a térra *a Groria voóu autr'os anxiños 
'iQue soilo alí ten praza Rosalía.,.! 

Galo Salinas e Rodrigue^. 
Pontedeume. 



1 



i 5o kOSALIA DE CASTRÓ 



Á ROSALÍA CASTRO 

N*A TRASLACIÓN DAS SUAS CINiAS'O MAUSOLEO 
DE SAMTO DOMINGO 

Mal pode un triste é mísero xilgueiro 
cantar 'ó reiseñor d'os campos d'Iria; 
¡Disculpe soilo seus ingratos chíos 
ó grande amor qu'o reiseñor lie inspira! 

O niño d'Iria xa quedou valdeiro. 
jCinsas preciosas d'a cantora excelsa 
xa tendes para sempre un currunchiño 
baixo as sagradas bóvedas d'a eirexa! 

Xusto é que durma n'este antigo pobo 
y'o centro d'esta térra amada 
o xenio que xa en vida como en morte 
viveu no corazón sempre d'.a patria. 

Máximo Leyes Posse. 



Á ROSALÍA CASTRO 

Cardaron séus hósos 
O's fillos d'a pátrea, 
N'a fúnebre cripta 
De artística arcada, 



J 



r 



ROSALÍA DE CASTRO l5l 



Onde outras reliquias 
Dispútanlle a fama!.. 
Quizáis millorfora 
Que as cinsas gardaran 
N'un túmulo- Ermida 
De pedras labradas, 
Alán'uri outeiro 
D*á poética Flavia, 
D'onde á Naturaleza, 
Cal noiva ataviada 
Loeira constante 
Suas máxicas galas, 
E bicos Hederá 
De eterna añoranza; 
Alí, soila eiibre, 
D'o espazo n'as ámprias... 

jOu sol que remontas 
De Erin as montanas: 
Lúa que aluméias 
As célticas gándras: 
Paxariños tenros, 
Cantores d'a yalba: 
Soutos, fonteliñas 
D'os regos de prata: 
Loureiros e mirtos, 
Xuncos, espadañas. 



I 52 ROSALÍA DE CASTRO 

Névoda d'os ermos j 

Pradeiras verdeadas..! i 

¡Pedide as súascinzas!.. ] 

Vos sóde-l-a pátrea, \ 

lE tédes direito 1 

Decóte a bicalasl i 

\ 
] 

Por no hacer interminable este apéndice no | 

citamos las poesías que se consagraron á Ro- 
salía en castellano, catalán, bable y portugués, 
que fueron muchas, y algunas, como la de Al- 
fredo Vicenti, Alfredo Dóriga, Teodoro Lló- 
rente, Salvador Cabeza León y Joaquín Rubio 
y Ors, muy hermosas. 



índice 



Páginas. 



INTRODUCCIÓN 



Rosalía de Castro celebridad desconocida. — 
Paralelo entre esta poeta y Concepción Are- 
nal.— Popularidad y prestigio de Rosalía 
de Castro en Galicia, no obstante abundar 
en esta región las poetisas.— Estudio breve 
para comprobar este aserto de Sofía Casa- 
nova, Narcisa Pérez de Reoyo, Avelina Va- 
lladares, Filomena Dato, Emilia Calé y 
Concepción Arenal. — El prestigio de Rosa- 
lía dimana de que pensó, sintió y quiso al 
unísono con Galicia, usando para sus ver- 
sos la dulce habla gallega. — Fin de esta 
Conferencia 



5 á 23 



CAPITULO PRIMERO 

Rosalía de Castro fué, ante todo y sobre todo, 
excelente hija, excelente esposa, excelente 
madre y excelente cristiana. — En los ratos 
de tristezas íntimas escribió poesías, como 
otras mujeres visitan los pobres, enseñan 
el Catecismo, etc. — Nobleza de Rosalía de 
Castro y su parentesco con los poetas Juan 



1 



I $4 ÍNt)ICE 



Páginas. 

Rodríguez de la Cámara y Fr. Martín Sal- 
gado Moscoso. — Su nacimiento. — Sus pri- 
meras poesías. — Matrimonio de Rosalía de 
Castro. — Su muerte. — Émulos de nuestra 
poeta y demostración de que era católica, 
deducida de sus propias poesías, de la últi- 
ma visita que hizo, la última visita que re- 
cibió y la última poesía que compuso. . . 25 á 52 

CAPÍTULO SEGUNDO 

El traslado de Rosalía de Castro á Castilla 
fué la causa ocasional de escribir' la poesía 
AiriñoSf airiños, aires. — Su publicación 
en el Museo Universal y entusiasmo que 
produjo.— Rosalía de Castro es una poeta 
social.— Estudio que hace en sus poesías de 
la emigración gallega, señalando su causa 
y efectos; del éxodo rural, del absentismo, 
de la infancia abandonada y de la pequeña 
propiedad 53 á 82 

CAPÍTULO TERCERO 

Balada inglesa recogida por Walter Scott.— 
Su aplicación á Rosalía de Castro. — Sus 
dolores y amarguras y concreción de todos 
ellos en el libro Follas Nopas. — Poesías 
consagradas á sus enfermedades, á los cam- 
bios de residencia y á la pérdida de seres 
queridos. — Placidez y resignación en los 
dolores, de Rosalía de Castro 83 a 



J 



INDIGE 



i55 



Páginas. 



CAPÍTULO CUARTO 

Traslado de los restos de Rosalía de Castro 
del campesino cementerio de Iria á la iglesia 
de Santo Domingo, de Santiago.— Inusitada 
solemnidad con que tuvo lugar.—Coinci- 
dencia de que Alfredo Brañas, que fué el 
alma de la apoteosis de Rosalía, descanse 
también en la misma iglesia en artístico se- 
pulcro de granito.— Descripción del mau- 
soleo de Rosalía de Castro por Tarrio.-— 
Palabras pronunciadas por una pobre an- 
ciana ante el cadáver de Rosalía de Castro. 
— Su aplicación á las señoras que asistie- 
ron á la Conferencia y misión social que 
éstas deben desempeñar.— Poesía de Teo- 
doro Botrel loi á 117 



APÉNDICE 

Corona poética consagrada á Rosalía de Cas- 
tro por Francisco de la Iglesia, M. de iMar- 
cos Santos, Juan Barcia Caballero, Valen- 
tín Lamas Carvajal, José María Posada, 
Alberto García Ferreiro, Filomena Dato 
Muruais, Manuel Curros Enríquez, Anto- 
nio García Vázquez Queipo, Alfredo Bra- 
ñas, Galo Salinas, Máximo Leyes Posse y 
Manuel Martínez y González 119 á i52 



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