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Full text of "Segunda parte de La crónica del Perú : que trata del señorío de los Incas yupanquis y de sus grandes hechos y gobernación"

DEL señorío de LOS INCAS, 



ES PROPIEDAD. 



Tomo V de la Biblioteca Hispono-Ultrammino . 



BIBLIOTECA HISPANO-ULTRAMARINA 



SEGUNDA PARTE 

DE LA 

CRÓNICA DEL PERÚ 

QUE TRATA DEL SEÑORÍO 

DE LOS INCAS YUPANQUIS Y DE SUS GRANDES HECHOS 

Y GOBERNACIÓN, 



SCRITA POR 



PEDRO DE CIEZA DE LEÓN. 



LA PUBLICA 



MARCOS JIMÉNEZ DE LA ESPADA. 



^ OF THB^ 






MADRID. 

IMPRENTA DE MANUEL GINES HERNÁNDEZ, 
Libertad, i6 duplicado, bajo. 
1880. 






u 



¿7^'' 




Al dar á luz en el tomo segundo de la Bibliote- 
ca Hispano-Ultramarina el Tercero libro de las 
GUERRAS civiles DEL Perú, el cuol se llama La Guerra 
DE Quito, hecho por Pedro de Cieza de Leon^ uno de 
los que componen la Cuarta parte de su gran Crónica 
DEL Perú, expuse en largo prólogo cuanto sabia de 
este insigne historiador y se me alcanzaba de sus 
obras; pero además, dediqué por completo el apéndi- 
ce 6.° de mi edición a la Segunda parte de aquélla, 
que hoy publico con el título que Cieza anunciaba en 
el Proemio de la Primera^ al declarar que en la Se- 
gunda trataria ''Del señorío de los ingas yupangues, 
reyes antiguos que fueron del Perú, y de sus grandes 
hechos y gobernación; qué número dellos hubo, y los 
nombres que tuvieron; los templos tan soberbios y 
suntuosos que edificaron; caminos de extraña gran- 
deza que hicieron y otras cosas grandes que en este 



reino se hallan. También en este libro se da relación 
de lo que cuentan estos indios del Diluvio y de cómo 
los ingas engrandecen su origen/' Remitir simple- 
mente a mis lectores al indicado apéndice, seria poco 
menos que obligar al que no lo tuviera a que se pro- 
curase el tomo segundo de nuestra Biblioteca, y 
como uno de los propósitos de los que la publicamos 
es que las obras de su repertorio puedan adquirirse y 
leerse separadamente, aunque me exponga a repetir 
textos ya en ella insertos, voy á copiar a la letra lo 
que allí decia y puede servir ahora de preliminares 
con añadir tan solamente dos rectificaciones indis- 
pensables. 

'*Hace ya algunos años, habiéndome llamado la 
atención la especie divulgada por Prescott en su Con- 
quista del Perü, de que el limo. Sr. Don Juan de Sar- 
miento, Presidente del Consejo de las Indias, — el cual 
jamás estuvo en ellas, y presidió este cuerpo, si acaso, 
veinte meses (*), — hubiese escrito la exacta y minucio- 
sa Relación de la sucesión y gobierno de los incas ^ señores 
naturales que fueron del Perú^ etc.^ en este reino y re- 
corriendo sus provincias con aquel carácter, traté de 
consultar una copia de ese documento conservada en 



(*) Véase su biografía en la HISTORIA DEL COLEGIO viejo de San 
Bartolomé, mayor de la célebre universidad de Salamanca.— 2.** 
edición. — Primera parte, pág. 336. 



la Biblioteca de la Academia de la Historia, y ya en e . 
título vi que dicha Relación se habia compuesto no 
por sino para aquel distinguido personaje. Y procu- 
rando averiguar por su lectura el nombre del verda- 
dero autor, por cierto que no tardé en descubrirlo en 
multitud de referencias y alusiones que en ella se ha- 
cen a la Primera parte de la Crónica del Perú de Pe- 
dro de Cieza de León, tan claras, que parece imposi- 
ble que aquel historiador no cayese en la cuenta. Pero 
no solamente no cayó, sino que hubo de emitir acerca 
de Sarmiento y el Tratado de los Incas, y de Cieza y 
su Crónica tales juicios, que por ellos resultan dos 
personalidades perfectamente definidas y dos autores 
completamente diversos (*). No es ahora del caso ci- 
tar uno por uno los pasajes donde se hallan dichas alu- 
siones; basta el siguiente, que hace inútiles todos los 
demás. En el capítulo ''que trata la riqueza del templo 
de Curicancha y de la veneración que los incas le te- 
nían" se dice textualmente: ''.... y a una obra que vi 
en Toledo cuando fui a presentar la Primera parte de 
mi corónica al príncipe don Felipe;" lo cual es poco 
menos que la firma del autor, porque sólo hay una 
Primera parte de crónica relativa á Indias dedicada a 
ese príncipe, la de Cieza; y en acudiendo a ella con la 



(*) La Conquista del Perú. Adic. á los lib. I y VI. 



guía de ese indicio, se encuentran tantas referencias á 
la Relación de los Incas, como en esta á la Primera 
parte de la crónica. 

^'Faltábanme, por el tiempo en que tuve la tácil 
fortuna de descubrir en la obra dedicada á Sarmiento 
la Segunda parte de la crónica del Perú del desgracia- 
do Cieza de León, medios de darla á la estampa. 
Quedó el asunto en tal estado. Y más tarde, a poco de 
circular el prospecto de la Biblioteca Hispano-Ul- 
TRAMARiNA, supe por el señor don Pascual de Gayan- 
gos que un distinguido peruano, el señor la Rosa, se 
ocupaba en publicarla, restituyéndola en su verdadero 
título y á quien le pertenece. A estas horas lleva ya 
más de un año de impresa, y hé aquí el motivo de que 
no aparezca antes de la Guerra de Qiuito^ conforme á 
lo que en dicho prospecto se anunciaba. Mas, como el 
señor la Rosa destina la edición, si mis informes son 
exactos, única y exclusivamente a su patria, creo que 
no holgarán en esta nota las noticias del manuscrito, 
primero atribuido a don Juan de Sarmiento, después 
anónimo y últimamente á quien le corresponde. 

''Guárdase en la Biblioteca del Escorial, códice L j 5, 
donde ocupa desde el folio i .°, que es la cubierta y 
portada de la Relación, hasta el 130 inclusive. Es una 
copia, detestable por todo extremo, de mediados ó 
fines del siglo XVI; de dos ó tres letras grandes y cla- 
ras; bien conservada; fáltale la primera hoja, por lo cual 



el manuscrito comienza en el segundo de sus folios — 
que están paginados al mismo tiempo que la copia 
se hizo, — y con estas palabras: ^'.... ¿ellos mas de lo que 
yo cuento va á un lugar deleitoso^ etc.'' Los capítulos ca- 
recen de numeración, y no es fácil restablecerla, por- 
que si bien la falta de sólo un folio induce á suponer 
que la del manuscrito afecta nada más que á una parte 
del primero de sus capítulos, hay que tener presente 
que Cieza de León, la única vez que cita en la Primera 
parte de su Crónica capítulo determinado de la Segun- 
da, dice: ''Muchos de estos indios cuentan que oyeron 
á sus antiguos que hubo en los tiempos pasados un 
diluvio grande y de la manera que yo lo escribo en el 
tercero capítulo de la Segunda parte (*)." Y de tai 
acontecimiento no se habla poco ni mucho en ningu- 
no de los que comprende el manuscrito del Escorial. 
"En la cubierta y primer folio del códice, encima 
del título, se lee, de letra más moderna: "De las rela- 
ciones del tiempo de la visita;" lo cual, en mi enten- 
der, explica el error de haber tenido por anónimo este 
escrito de Cieza. El que puso esa nota lo encontraría — 
acaso falto ya del primer folio ó sin nombre de autor 
— al lado de la copia de la Suma y narración de los in- 
cas de Juan de Betánzos, encuadernada en el mismo 



(*) Primera parte de la Crónica del Perú, cap. C al principio. 



códice Lj 5, y de las mismas letras que la Relación de 
la sucesión y gobierno de los incas ^ — y con la información 
ó relación de Hernando Santillan acerca de las leyes 
y gobierno de esos soberanos, y quizá con las de Polo 
de Ondegardo y Bravo de Sarabia, hechas en tiempo 
de los vireyes don Antonio de Mendoza, conde de 
Nieva y marqués de Cañete, á consecuencia de varias 
cédulas reales ordenando visitar los repartimientos y en- 
comiendas del Perú y averiguar si los indios tributaban 
más ó menos que en tiempo de sus señores naturales; y 
viendo que trataba la misma materia que los otros, le 
atribuyó la misma procedencia; refiriéndose probable- 
mente en aquella visita á la famosa que giraron en 
1559 ó ^o> gobernando el conde de Nieva, el licen- 
ciado Briviesca de Muñatones y Diego de Vargas 
Carvajal. 

^'Este documento anónimo y mal titulado de la Bi- 
blioteca del Escorial, es lo único contemporáneo ó 
casi contemporáneo que se conserva de la Segunda 
parte de la Crónica del Perú de Pedro de Cieza de 
León. Traslados suyos son el que ha publicado el señor 
la Rosa, el que se guarda en la Academia de la His- 
toria, hecho con bastante negligencia, y el que existia 
en la rica colección del lord Kingsborough, del cual á 
su vez procede el que envió Mr. Rich á Mr. Prescott 
con el por en lugar de para Don Juan de Sarmiento. 
Creo que el manuscrito de dicha parte, propiedad de 



la persona á que me refiero en la nota de la página 
XXI de mi prólogo, tampoco es original. (*) 

^'Herrera tomó también directamente de la copia 
escurialense, unas veces a la letra, otras en extracto, 
ordenando a su modo los asuntos, intercalando algu- 
nos trozos del libro sexto de la Historia natural y mo- 
ral de las Indias del P. Acosta, pero dejando intactos 
muchos de los errores característicos de aquélla, el 
texto de los capítulos Vía XVII del libro III, y I al 
VIII inclusive del IV de su Década V.'' 

Las dos rectificaciones que los párrafos copiados 
necesitan son estas: 

Primera: que me parece anduve muy ligero al indi- 
car que la visita a que se referia la nota puesta de otra 
mano y con posterioridad á la fecha del MS. dirigido 
á don Juan de Sarmiento, era la del conde de Nieva y 
comisarios, porque después la he visto en documen- 
tos de la misma especie y en otros interesantes en su 



(*) El pasaje del prólogo á que aludo y la nota venían á decir, que la 
tercera parte de la crónica de Cieza, que se ocupa en la conquista de Nueva 
Castilla, y los libn>s primero y segundo de la cuarta, titulados Guerra de 
Salinas y Guerra de Chupas, aunque no los habia visto, me constaba de 
cierto que existían y dónde; que motivos de delicadeza me impedían ser 
en este punto niás explícito; pero que el inteligentj y activo bibliófilo que 
disponía de tan preciosos documentos contaba con medios de publicarlos 
como corresponde, y era de esperar que pronto se disfrutasen por los 
amantes de la historia patria. 

En efecto, la Guerra de las Salinas apareció poco después en el 
tomo L XVII I de la Colección de documenfos inéditos para la Historia de 
España. 



mayor parte á la historia y geografía del Nuevo Mun- 
do, que de cierto proceden de la minuciosa y fructuo- 
sísima visita que hizo al Consejo de las Indias su ver- 
dadero organizador, el ilustre estadista Juan de Ovan- 
do, durante lósanos de 1568 á 1571, en que pasó á 
presidirle. Pero no dejaré de observar, que la remisión 
del MS. de la Segunda parte de la Crónica del Perú^ de 
Cieza — aunque en calidad de anónimo y con otro título 
que el suyo propio — a don Juan de Sarmiento, coin- 
cide con una orden que este presidente del Consejo de 
las Indias dirigió a 29 de noviembre de 1563 al inqui- 
sidor de Sevilla licenciado Andrés Gaseo, mandándole 
^^que enviase al Consejo la Historia de Cieza que tenia de 
mano y otro libro de Gonzalo Fernández de Oviedo.'' 
Esta orden, incluida por Antonio de León Pinelo 
en los extractos, copias y apuntes que hizo de los li- 
bros de registro de dicho Consejo, siendo su relator, 
en un tomo voluminoso, que se conserva en la Biblio- 
teca de nuestra Academia de la Historia, es otra ex- 
plicación, por lo menos interina, del dudoso origen 
del MS. del Escorial; pero da segura noticia del pa- 
radero, hasta hoy desconocido, de las obras del gran 
cronista del Perú, tres años después de su muerte, en 
poder de una persona que acaso fué su amigo y es- 
cogiera por testamentario, fiando en su honradez y 
bondad públicas y notorias en Sevilla. 

Segunda y más importante: que en realidad no exis- 



ten los motivos que yo creía para no publicar en esta 
Biblioteca la Segunda parte de la crónica de Cieza; 
porque después de escrito el apéndice 6.** he llegado a 
saber de una manera averiguada y positiva, que obs- 
táculos muy serios se oponen hoy y se opondrán en mu- 
chos años á que termine su edición el sabio presbítero 
señor la Rosa; y no existiendo dichos motivos, era na- 
tural que yo volviese á mi antiguo propósito, como he 
vuelto, resolviéndome á reparar cuanto antes el aban- 
dono que por unas cosas y otras padece la primera hísr 
toria del Perú que de tiempos anteriores á su con- 
quista se ha compuesto, y la vergüenza de que se siga 
atribuyendo por escritores de nuestros dias á otro 
que no es su autor. Cual si la adversidad que malogró 
la corta y trabajada vida del buen Cieza, se obstinase 
en perseguirle aún en sus obras, a los tres siglos y 
medio de una oscura muerte. 

Por desgracia, una reparación que satisfaga entera- 
mente su memoria es imposible. ¿Quién le devuelve 
ya el renombre que mereció gozar antes que nadie y 
desde 1552, de primer analista de los Incas y sus he- 
chos? ¿El inca Garcilaso de la Vega hubiera disfrutado 
hasta el presente el monopolio de la autoridad en ma- 
teria de antigüedades peruanas é historia de aquellos 
monarcas, si la Segunda parte de la Crónica de Cieza 
hubiera aparecido, como pudo, medio siglo antes que 
Los Comentarios Reales^ De seguro que no. 



Pero aún hay más; para el que se interese y se apa- 
sione — como a mí me sucede — por la persona y los 
asuntos de Cieza, la pronta y completa publicación de 
sus obras es de suma importancia. Ningún historiador 
de los que yo conozco ha sufrido en su fama de hombre 
honrado un entredicho como el que le ha puesto el 
tosco narrador Pedro Pizarro en su Relación del descu- 
brimiento y conquista de los reinos del Perü^ acabada en 
1 571 y publicada, aunque tarde (¿2), antes que los escri- 
tos que pretendía desacreditar. ^'Porque he entendido, 
dice, hay otros coronistas que tratan de ellas [las guer- 
ras civiles del Perú] aprovechándose de las personas 
que en ellas se han hallado, de dos cosas: de informar- 
se cómo pasaron y de pedir interese por que les pon- 
gan en la corónica, cohechándoles á doscientos y tres- 
cientos ducados porque les pusiesen muy adelante en 
lo que escribían. Esto dicen hacia Cieza en una coró- 
nica que ha querido hacer de oidas, y creo yo que muy 
poco de vista, porque, en verdad, yo no lo conozco, 
con ser uno de los primeros que en el reino entraron.'* 
Y si bien este ataque viene de quien, primero que atre- 
verse á manchar honras agenas, no le hubiera estado 
del todo mal lavar la suya, con todo eso, el mejor abo- 
gado de Cieza es su crónica, y hasta que se conozca y 



{a) Vio la luz en 1 844 en el tomo V de la Colección de documentos 
inéditos para la Historia de España. 



se publique, á ser posible, como yo lo he hecho con la 
Guerra de Quito, acompañada con documentos coe- 
táneos que la justifiquen, la fama del primero de los 
historiadores del Perú no quedará completamente 
limpia. 

Dos palabras acerca del sistema que he seguido en 
la ilustración del MS. que ve la luz en este tomo. El 
principal y casi exclusivo objeto de mis notas ha sido 
purgarle de los infinitos errores introducidos en su 
texto por un bárbaro copiante, sobre todo en los nom- 
bres geográficos y de personajes, particularmente indí- 
genas, y en las frases redactadas en quichua; pero 
dudo muy mucho haberlo alcanzado, así como me 
temo no haber suplido algunas veces lo necesario para 
restaurar ciertos pasajes faltos ó cuya lectura han hecho 
por extremo difíciles los yerros del amanuense. He de- 
jado intactas las cuestiones de fondo. Los hechos y su- 
cesos de los Incas y hasta sus nombres y genealogías 
varían notablemente en los autores que de ellos tratan, 
que no son pocos; una nota con pretensiones de ilus- 
trar cualquier asunto de los que toca Cieza en su libro, 
hubiera equivalido á una extensa Memoria llena de 
largas citas y comentarios, y todas las notas juntas 
hubieran ciertamente sumado cuatro veces más que el 
texto del manuscrito. 

M. Jiménez de la Espada. 



ÍNDICE DE CAPÍTULOS. 



Páginas. 

Capítulo III i 

Cap. IV. — Que trata lo que dicen los indios deste 
reino que habia antes que los Incas fuesen 
conocidos, y de cómo habia fortalezas por los 
collados, de donde sallan á se dar guerra los 
unos á los otros 2 

Cap. V. — De lo que dicen estos naturales de Ti- 
civiracocha, y de la opinión que algunos tie- 
nen que atravesó un Apóstol por esta tierra, 
y del templo que hay en Cachan, y de lo que 
allí pasó 5 

Cap. VI. — De cómo remanecieron en Pacarec 
Tampu ciertos hombres y mujeres, y de lo 
que cuentan que hicieron después que de allí 
salieron 13 

Cap. VII. — Cómo estando los dos hermanos en 
Tampu Quiru, vieron salir con alas de pluma 
al que hablan con engaño metido en la cueva, 
el cual les dijo que fuesen á fundar la gran 
ciudad del Cuzco, y cómo partieron de Tam- 
pu Quiru 19 

Cap. VIII. — Cómo después que Manco Capac vio 
que sus hermanos se habían convertido en 



PágilKlS. 

piedras, vino á un valle donde encontró algu- 
nas gentes, y por él fué fundada y edificada 
la antigua y muy riquísima ciudad del Cuzco, 
cabeza principal que fué de todo el imperio 
de los Incas í^y 

Cap. IX. — En que se da aviso al lector de la u 
causa por quel autor, dejando de proseguir 
con la sucesión de los reyes, quiso contar el 
gobierno que tuvieron, y sus leyes, costum- 
bres qué tales fueron 29 

Cap. X. — De cómo el Señor, después de tomada 
la borla del reino, se casaba con su hermana 
la Coya, ques nombre de reina, y cómo era 
permitido tener muchas mujeres, salvo que, 
entre todas, sola la Coya era la legítima y 
más principal 32 

Cap. XI. — Cómo se usó entre los Incas, que del 
Inca que hobiese sido valeroso, que hobiese 
ensanchado el reino ó hecho otra cosa digna 
de memoria, la hobiese del en sus cantares y 
en los bultos; y no siendo sino remisio y co- 
barde, se mandaba que se tratase poco del. . 34 

Cap. XII. — De cómo tenían coronistas para saber 
sus hechos, y la orden de los quipos cómo 
fué, y lo que dello vemos agora 39 

Cap. XIII. — Cómo los señores del Perú eran 
muy amados por una parte y temidos por 
otra de todos sus subditos, y cómo ninguno 
dellos, aunque fuese gran señor muy antiguo 
en su linaje, podia entrar en su presencia 
si no era con una carga, en señal de grande 
obediencia 44 

Cap. XIV. — De cómo fué muy grande la riqueza 
que tuvieron y poseyeron los reyes del Perú, 
y cómo mandaban asistir siempre los hijos de 
los señores en su corte 48 

Cap. XV. — De cómo se hacían los edificios para 
los Señores, y los caminos reales para andar 
por el reino 5i 



Páginas. 

Cap. XVI. — Cómo y de qué manera se hadan las 

cazas reales por los Señores del Perú 56 

Cap. XVII. — Que trata la orden que tenían en las 
conquistas {a) los Incas, y cómo en muchos 
lugares hacían de las tierras estériles fértiles, 
con el proveimiento que para ello daban. . . 09 

Cap. XVIII. — Que trata la orden que había en el 
tributar las provincias á los reyes, y del con- 
cierto que en ello se tenia ,^ 

Cap. XIX. — De cómo los reyes del Cuzco man- 
daban que se tuviese cuenta en cada año con 
todas las personas que morían y nacían en 
todo su reino, y cómo todos trabajaban, y 
ninguno podia ser pobre con los depósitos. . . ^^ 

Cap. XX. — De cómo había gobernadores puestos 
en las provincias, y de la manera que tenían 
por armas unas culebras ondadas con unos 
bastones 74 

Cap. XXI. — Cómo fueron puestas las postas en 

este reino 79 

Cap. XXII. — Cómo se ponían los mitimaes, y 
cuantas suertes dellos había y cómo eran es- 
timados por los Incas jS^ 

Cap. XXIII. — Del gran concierto que se tenía 
cuíindo salían del Cuzco para la guerra los 
Señores, y cómo castigaban los ladrones. ... 90 

Cap. XXIV. — Cómo los Incas mandaron hacer á 
los naturales pueblos concertados, repartien- 
do los campos en donde sobrello podrían 
haber debates, y cómo se mandó que todos 
generalmente hablasen la lengua del Cuzco. 94 

Cap. XXV. — Cómo los Incas fueron limpios del 
pecado nefando y de otras fealdades que se 
han visto en otros principes del mundo. ... 98 

Cap. XXVI. — De cómo tenían los Incas conseje- 



(a) Lo subrayado falta jior equivocación en el titulo de este capítulo 
en el texto. 



Páginas. 

ros y ejecutores de la justicia, y la cuenta 

que tenian en el tiempo loi 

Cap. XXVII. — Que trata la riqueza del templo 
de Curicancha, y de la veneración que los 
Incas le tenian 103 

Cap. XXVIII. — Que trata los templos que sin 
éste se tenian por más principales, y los 
nombres que tenian 108 

Cap. XXIX. — De cómo se hacia la Capaccocha, 
y cuanto se usó entre los Incas, lo cual se 
entiende dones y ofrendas que hacian á sus 
ídolos 114 

Cap. XXX. — De cómo se hacian grandes fiestas 
y sacrificios á la grande y solemne fiesta lla- 
mada Hátun Raimi 118 

Cap. XXXI. — Del segundo rey ó Inca que hobo 

en el Cuzco, llamado Sinchi Roca 124 

Cap. XXXII. — Del tercero rey que hubo en el 

Cuzco, llamado Lloque Yupanqui 127 

Cap. XXXIII. — Del cuarto Inca que hobo en 
el Cuzco, llamado Mayta Capac, y de lo que 
pasó en el tiempo de su reinado 131 

Cap. XXXIV. — Del quinto rey que hobo en el 

Cuzco, llamado Capac Yupanqui 133 

Cap. XXXV. — Del sexto rey que hubo en el 
Cuzco y lo que pasó en su tiempo, y de la 
fábula ó historia que cuentan del rio que 
pasa por medio de la ciudad del Cuzco 137 

Cap. XXXVI. — Del sétimo rey ó Inca que en el 

Cuzco hobo, llamado Inca Yupanqui 140 

Cap. XXXVII. — Cómo, queriendo salir este 
Inca á hacer guerra por la provincia del 
Collao, se levantó cierto alboroto en el Cuzco, 
y de cómo los Chancas vencieron á los Qui- 
chuas y les ganaron su señorío 142 

Cap. XXXVIII. — Cómo los orejones trataron so- 
bre quien seria Inca, y lo que pasó hasta que 
salió con la borla Viracocha Inga, que fué el 
octavo rey que reinó 145 



Páginas. 

Cap. XXXIX. — De cómo Viracocha Inga tiró 
una piedra de fuego con su honda á Caito- 
marca, y cómo le hicieron reverencia i5o 

Cap. XL. — De cómo en el Cuzco se levantó un 
tirano, y del alboroto que hobo, y de cómo 
fueron castigadas ciertas mamaconas, porque, 
contra su religión, usaban de sus cuerpos fea- 
mente, y de cómo Viracocha Inga volvió al 
Cuzco i53 

Cap. XLI.— De cómo vinieron al Cuzco embaja- 
dores de los tiranos del Collao^ nombrados 
Sinchi Cari y Zapana, y de la salida de Vira- 
cocha Inca al Collao i56 

Cap. XLII. — De cómo Viracocha Inca pasó por 
las provincias de los Canches y Canas, y an- 
duvo hasta que entró en la comarca de los 
Collas, y lo que sucedió entre Cari y Zapana. i6o 

Cap. XLIII. — De cómo Cari volvió á Chucuito, 
y de la llegada de Viracocha Inca y de la paz 
que entre ellos trataron 164 

Cap. XLIV. — De cómo Inca Urco fué recebido 
por gobernador general de todo el imperio 
y tomó la corona en el Cuzco, y de cómo los 
Chancas determinaban de salir á dar guerra 
á los del Cuzco 167 

Cap. XLV. — De cómo los Chancas allegaron á 
la ciudad del Cuzco y pusieron su real en 
ella, y del temor que mostraron los que esta- 
ban ella, y del gran valor de Inca Yupanqui. 170 

Cap. XLVI. — De cómo Inca Yupanqui fué resce- 
bido por rey y quitado el nombre de Inca á 
Inca Urco, y de la paz que hizo con Hastu 
Guaraca .' I74 

Cap. XLVII. — De cómo Inca Yupanqui salió 
del Cuzco, dejando por gobernador á Lloque 
Yupanqui, y de lo que sucedió 176 

Cap. XLVIII. — De cómo el Inca revolvió sobre 
Vilcas y puso cerco en el peñol donde esta- 
ban hechos fuertes los enemigos 180 



Páginas. 

Cap. XLIX. — De cómo Inca Yupanqui mandó á 
Lloque Yupanqui que fuese al valle de Xau- 
xa á procurar de atraer á su señorío á los 
Guaneas y á los Yauyos sus vecinos que 
caen en aquella parte 183 

Cap. L. — De cómo salieron de Xauxa los capita- 
nes del Inca y lo que les sucedió, y cómo se 
salió de entre ellos Ancoallo 186 

Cap. LI. — De cómo fundó la casa real del sol en 
un collado que por encima del Cuzco está, á 
la parte del Norte, que los españoles comun- 
mente llaman la Fortaleza, y de su admira- 
ble edificio y grandeza de piedras que en él 
se ven 191 

Cap. LII. — De cómo Inca Yupanqui salió del 

Cuzco hacia el Collao, y lo que le sucedió. . . 196 

Cap. LIII. — De cómo Inca Yupanqui salió del 

Cuzco, y lo que hizo 199 

Cap. LIV. — De cómo hallándose muy viejo Inca 
Yupanqui, dejó la gobernación del reino á 
Tupac Inca, su hijo 203 

Cap. LV. — De cómo los Collas pidieron paz, y de 

cómo el Inca se la otorgó y se volvió al Cuzco. 206 

Cap. LVI. — De cómo Tupac Inca Yupanqui sa- 
lió del Cuzco, y cómo sojuzgó toda la tierra 
que hay hasta el Quito, y de sus grandes he- 
chos 208 

Cap. LVII. — Cómo el rey Tupac Inca envió á 
saber desde Quito cómo se cumplía su man- 
damiento, y cómo dejando en orden aquella 
comarca, salió para ir por los valles de los 
Yuncas 214 

Cap. LVIII. — De cómo Tupac Inca Yupanqui 
anduvo por Los Llanos, y cómo todos los 
más de los Yuncas vinieron á su señorío. . . 218 

Cap. LIX. — Cómo Tupac Inca tornó á salir del 
Cuzco, y de la recia guerra que tuvo con los 
del Guarco, y cómo, después de los haber 
vencido, dio la vuelta al Cuzco 222 



Páginas. 

Cap. LX. — De cómo Tupac Inca tornó á salir 
del Cuzco, y cómo fué al Collao y de allí á 
Chile, y ganó y señoreó las naciones que hay 
en aquellas tierras, y de su muerte 228 

Cap. LXI. — De cómo reinó en el Cuzco Guayna 

Capac, que fué el doceno rey Inca 232 

Cap. LXII. — Cómo Guayna Capac salió del Cuz- 
co, y lo que hizo 236 

Cap. — LXIII. — De cómo el rey Guayna Capac 
tornó á mandar hacer llamamiento de gente, 
y cómo salió para lo de Quito 240 

Cap. LXIV. — Cómo Guayna Capac entró por 
Bracamoros y volvió huyendo, y lo que más 
le sucedió hasta que llegó á Quito 246 

Cap. LXV. — De cómo Guayna Capac anduvo por 

los valles de Los Llanos, y lo que hizo 249 

Cap. LXVI. — De cómo saliendo Guayna Capac 
de Quito, envió delante ciertos capitanes su- 
yos, los cuales volvieron huyendo de los ene- 
migos, y lo que sobre ello hizo 262 

Cap. LXVII. — Cómo, juntando todo el poder de 
Guayna Capac, dio batalla á los enemigos y 
los venció, y de la grand crueldad que usó 
con ellos 256 

Cap. LXVIIL — De cómo el rey Guayna Capac 
volvió á Quito, y de cómo supo de los espa- 
ñoles que andaban por la costa, y de su 
muerte 269 

Cap. LXIX. — Del linaje y condiciones de Guas- 

car y de Atahuallpa 264 

Cap. LXX. — De cómo Guascar fué alzado por 

rey en el Cuzco, después de muerto su padre. 266 

Cap. LXXL — De cómo se comenzaron las dife- 
rencias entre Guascar y Atahuallpa, y se die- 
ron entre unos y otros grandes batallas. . . . 270 

Cap. LXXÍL— De cómo Atahuallpa salió del 
Quito con su gente y capitanes, y de cómo 
dio batalla á Atoco en los pueblos de Am- 
bato 273 



Páginas. 

Cap. LXXIII. — De cómo Guascar envió de nue- 
vo capitanes y gente contra su enemigo, y de 
cómo Atahuallpa llegó á Tomebamba, y la 
gran crueldad que allí usó, y lo que pasó en- 
tre él y los capitanes de Guascar 276 




CAPITULO IIL 



dellos más de lo que yo cuento, va á un lugar delei- 
toso lleno de vicios y recreaciones, adonde todos co- 
men, y beben y huelgan; y si por el contrario ha 
sido malo, inobediente á sus padres, enemigo de la 
religión, va a otro lugar oscuro y tenebroso. En el 
primer libro traté mas largo estas materias (¿2), por 
tanto, pasando adelante, contaré de la manera questa- 
ban las gentes deste reino antes que fíoresciesen 
los Incas ni del se hiciesen señores soberanos, por 
lo que todos afirman que eran behetrias sin tener 
la orden, y gran razón, y justicia que después 
tuvieron, y lo que hay que decir de Ticiviraco- 
cha, á quien llamaban y tenían por Hacedor de to- 
das las cosas. 



(¿i) Primera pajte de la Crónica del Pei-ú. especialmente en el 
cao. LXII. 



Del Señorío de los Incas. 



CAP. IV, — Que trata lo que dicen los indios 
deste reino que habia antes que los Incas fue- 
sen conocidos, y de cómo habia fortalezas por 
los collados, de donde salían á se dar guerra 
los unos á los otros. 



MUCHAS veces pregunté á los moradores destas 
provincias lo que sabian que en ellas hobo an- 
tes que los Incas los señoreasen, y sobre esto dicen 
que todos vivian desordenadamente, y que muchos 
andaban desnudos, hechos salvages, sin tener casas 
ni otras moradas que cuevas de las muchas que 
vemos haber en riscos grandes y peñascos, de donde 
salian á comer de lo que hallaban por los campos. 
Otros hacian en los cerros castillos, que llaman puca- 
rá, desde donde, ahullando con lenguas estrañas, sa- 
lian á pelear unos con otros sobre las tierras de labor, 
ó por otras causas, y se mataban muchos dellos, 
tomando el despojo que hallaban y las mugeres de 
los vencidos; con todo lo cual iban trunfando á lo 
alto de los cerros, donde tenian sus castillos, y 
allí hacian sus sacrificios á los dioses en quien ellos 
adoraban, derramando delante de las piedras é ído- 
los mucha sangre humana y de corderos. Todos 



Capítulo IV, 



ellos eran behetrías sin orden, porque cierto dicen 
no tenian señores ni mas que capitanes con los 
cuales salían a las guerras: si algunos andaban 
vestidos, eran las ropas pequeñas, y no como ago- 
ra las tienen. Los llantos y cordones que se po- 
nen en las cabezas para ser conocidos unos entre 
otros, dicen que los tenían como agora los usan. 
Y estando estas gentes desta manera, se levantó 
en la provincia del Collao un señor valentísimo lla- 
mado Zapana, el cual pudo tanto, que metió de- 
bajo de su señorío muchas gentes de aquella pro- 
vincia; y cuentan otra cosa, la cual si es cierta ó 
no sábelo el altísimo Dios que entiende todas las 
cosas, porque yo lo que voy contando no tengo 
otros testimonios ni libros que los dichos de estos 
indios; y lo que quiero contar es, que afirman por 
muy cierto, que después que se levantó en Hatun- 
coUao aquel capitán, ó tirano poderoso, en la pro- 
vincia de los Canas, questá entre medias de los 
Canches y Collao, cerca del pueblo llamado Chun- 
gara se mostraron unas mugeres como si fueran 
hombres esforzados, que, tomando las armas, com- 
pelían á los questaban en la comarca, donde ellas 
moraban, y questas, casi al uso de lo que cuentan 
de las amazonas, vivían sin (a) sus maridos ha- 
ciendo pueblos por sí; las cuales, después de haber 
durado algunos años y hecho algunos hechos fa- 



{a) Con dice e' original. 



Del Señorío de los Incas. 



mosos, vinieron á contender con Zapana, el que 
se había hecho señor de HatuncoUao, é por defen- 
derse de su poder, que era grande, hicieron fuer- 
zas y albarradas, que hoy viven, para defenderse, 
y que después de haber hecho hasta lo último de 
potencia, fueron presas y muertas, y su nombre 
deshecho. 

En el Cuzco esta un vecino que ha por nombre 
Tomás Vázquez, el cual me contó que yendo él y 
Francisco de Villacastin al pueblo de Ayavire, viendo 
aquellas cercas y preguntando á los indios naturales 
lo que era, les contaron esta historia. También cuentan 
lo que yo tengo escripto en la primera parte (^), que en 
la isla de Titicaca, en los siglos pasados hobo unas 
gentes barbadas, blancas como nosotros, y que saliendo 
del valle de Coquimbo un capitán que habia por nom- 
bre Cari, allegó á donde agora es Chucuito, de donde, 
después de haber hecho algunas nuevas poblaciones, 
pasó con su gente á la isla, y dio tal guerra á esta 
gente que digo, que los mató á todos. Chirihuana, 
gobernador de aquellos pueblos, que son del Empe- 
rador, me contó lo que tengo escripto, y como esta 
tierra fuese tan grande, y en parte tan sana y apare- 
jada para pasar la humana vida, y estobiese inchido 
de gentes, aunque anduviesen en sus guerrillas y 
pasiones, fundaron é hicieron muchos pueblos, y los 
capitanes que mostraron ser valerosos, pudieron que- 



{a) Cap.C. 



Capitulo V, 



darse por señores de algunos pueblos; y todos, se- 
gund es público, tenían en sus estancias ó fortalezas in- 
dios los más entendidos, que hablaban con el Demo- 
nio, el cual, permitiéndolo Dios todopoderoso por lo 
que él sabe, tuvo poder grandísimo en estas gentes. 



CAP. V. — De lo que dicen estos naturales de 
Ticiviracocha, y de la üpinion que algunos 
tienen que atrapesó un Apóstol por esta tierra, 
y del templo que hay en Cachan y de lo que 
allí pasó. 



ANTES que los Incas reinasen en estos reinos ni en 
ellos fuesen conocidos, cuentan estos indios otra 
cosa muy mayor que todas las que ellos dicen, porque 
afirman questuvieron mucho tiempo sin ver el sol, y que 
padeciendo gran trabajo con esta falta, hacian grandes 
votos é plegarias a los que ellos tcnian por dioses, pi- 
diéndoles la lumbre de que carecían; y questando des- 
ta suerte, salió de la isla de Titicaca, questá dentro de 
la gran laguna del CoUao, el sol muy resplandeciente, 
con que todos se alegraron (a). Y luego questo pasó,di- 



(fl) Toea esta misma materia en el cap. CIII, de la citada Primeya patie. 



Del Señorío de los Incas. 



cen que de hacia las partes del Mediodía vino y rema- 
nesció un hombre blanco de crecido cuerpo, el cual en 
su aspecto y persona mostraba gran autoridad y vene- 
ración, y queste varón, que así vieron, tenia tan gran 
poder, que de los carros hacia llanuras y de las llanu- 
ras hacia cerros grandes, haciendo fuentes en piedras 
vivas; y como tal poder reconociesen, llamábanle Hace- 
dor de todas las cosas criadas, Principio dellas, Padre 
del sol, porque, sin esto, dicen que hacia otras cosas 
mayores, porque dio ser a los hombres y animales, y 
que, en fin, por su manó les vino notable beneficio. Y 
este tal, cuentan los indios que á mí me lo dixeron, 
que oyeron a sus pasados, que ellos también oyeron en 
los cantares que ellos de lo muy antiguo tenían, que 
fué de largo hacia el Norte, haciendo y obrando estas 
maravillas, por el camino de la serranía, y que nunca 
jamás lo volvieron á ver. En muchos lugares diz que 
dio orden á los hombres cómo viviesen, y que les ha- 
blaba amorosamente y con mucha mansedumbre, amo- 
nestándoles que fuesen buenos y los unos á los otros 
no se hiciesen daño ni injuria, antes, amándose, en to- 
dos hobiese caridad. Generalmente le nombran en la 
mayor parte Tici viracocha, aunque en la provincia del 
Collao le llaman Tuapaca, y en otros lugares della Ar- 
nauan (a). Fuéronle en muchas partes hechos templos, 
en los cuales pusieron bultos de piedra á su semejanza, 



(a) En el cap. LXXXIV dice que Tici viracocha era el nombre que da- 
ban al Hacedor los Huancas, nación del valle de Xauxa . 



Capítulo V. 



y delante dellos hacían sacrificios: los bultos grandes 
questán en el pueblo de Tiahuanacu (¿?), se tiene que 
fué desde aquellos tiempos; y aunque, por fama que 
tienen de lo pasado, cuentan esto que digo de Ticivira- 
cocha, no saben decir del más, ni que volviese á parte 
ninguna deste reino. 

Sin esto, dicen que, pasados algunos tiempos, vol- 
vieron á ver otro hombre semejable al questá dicho, 
el nombre del cual no cuentan, y que oyeron á 
sus pasados por muy cierto, que por donde quiera 
que llegaba y hobiese enfermos, los sanaba, y á los 
ciegos con solamente palabras daba vista; por las 
cuales obras tan buenas y provechosas era de todos 
muy amado; y desta manera, obrando con su palabra 
grandes cosas, llegó á la provincia de los Canas, en 
la cual, junto á un pueblo que ha por nombre Cacha, 
y que en él tiene encomienda el capitán Bartolomé de 
Terrazas, levantándose los naturales inconsiderada- 
mente, fueron para él con voluntad de lo apedrear, y 
conformando las obras con ella, le vieron hincado de 
rodillas, alzadas las manos al cielo, como que invo- 
caba el favor divino para se librar del aprieto en que 
se veia. Afirman estos indios más, que luego pareció 
un fuego del cielo muy grande que pensaron ser 
todos abrasados; temerosos y llenos de gran temblor, 
fueron para el cual así querían matar, y con clamores 



(a) De estas estatuas habla en el cap. CV de la Primera parte de su 
Crónica. 



8 Del Señorío de los Incas. 



grandes le suplicaron de aquel aprieto librarlos qui- 
siese, pues conocian por el pecado que habían come- 
tido en lo así querer apedrear, les venia aquel castigo. 
Vieron luego que, mandando al fuego que cesase, se 
apagó, quedando con el incendio consumidas y gasta- 
das las piedras de tal manera, que á ellas mismas se 
hacían testigos de haber pasado esto que se ha escripto, 
porque sallan quemadas y tan livianas, que aunque sea 
algo crecida es levantada con la mano como corcha. 
Y sobre esta materia dicen más, que saliendo de allí, 
fué hasta llegar a la costa de la mar, adonde, tendiendo 
su manto, se fué por entre sus ondas, y que nunca 
jamás paresció ni le vieron; y como se fué, le pusieron 
por nombre Viracocha, que quiere decir espuma de la 
mar. Y luego questo pasó, se hizo un templo en este 
pueblo de Cacha, pasado un rio que va junto a él, al 
Poniente, adonde se puso un ídolo de piedra muy 
grande en un retrete algo angosto; y este retrete no es 
tan crecido y abultado como los questán en Tiahuanaco 
hechos á remembranza de Tici viracocha, ni tampoco 
parece tener la forma del vestimento que ellos {a). 
Alguna cantidad de oro en joyas se halló cerca del. 



{a) Escribe Cieza en el cap. XCVII de la Primera parie de la Cró- 
nica del Perú: "Y en el pueblo de Chaca (por Cacha) había grandes 
aposentos hechos por Topainga Yupangue (Tupac Inca Yupanqui). Pasado 
un rio, está un pequeño cercado, dentro del cual se halló alguna cantidad 
de oro, porque dicen que á conmemoración y remembranza de su dios 
Ticivíracocha, á quien llaman Hacedor, estaba hecho este templo y puesto 
en él un ídolo de piedra de la estatura de un hombre, con su vestimenta y 



Capitulo V. 



Yo pasando por aquella provincia, fui á ver este 
ídolo (a), porque los españoles publican y afirman que 
podria ser algún apóstol, y aun á muchos oí decir que 
tenia cuentas en las manos, lo cual es burla, si yo no 
tenia los ojos ciegos, porque aunque mucho lo miré, 
no pude ver tal ni más de que tenia puestas las manos 
encima de los cuadriles, enroscados los brazos, y por 
la cintura señales que debrian significar como que la 
ropa que tenia se prendía con botones. Si este ó el 
otro fué alguno de los gloriosos apóstoles que en el 
tiempo de su predicación pasaron á estas partes, Dios 
todopoderoso lo sabe, que yo no sé que sobre esto 
me crea más de que, á mi creer, si fuera apóstol, 
obrara con el poder de Dios su predicación en estas 
gentes, que son simples y de poca malicia, y quedara 
reliquia dello, ó en las Escrituras Santas lo hallá- 
ramos escrito; mas lo que vemos y entendemos es, 
que el Demonio tuvo poder grandísimo sobre estas 
gentes, permitiéndolo Dios; y en estos lugares se ha- 
cían sacrificios vanos y gentílicos; por donde yo creo 
que hasta nuestros tiempos la palabra de Santo Evan- 
gelio no fué vista ni oída; en los cuales vemos ya del 



una corona ó tiara en la cabeza-, algunos dijeron que podía ser esta hechu- 
ra á figura de un apóstol que llego á esta tierra; de lo cual en la segunda 
parte trataré lo que desto sentí y pude entender y lo que dicen del fuego 
del cielo que abajó, el cual convirtió en ceniza muchas piedras. „ 

{a) "Yendo yo el año 1649 á los Charcas, á ver las provincias y 
ciudades que en aquella tierra hay..., {Primera parte de la Crónica del 
Perú, cap. CCV.) 



10 Del Señorío de los Incas, 

todo profanados sus templos, y por todas partes la 
Cruz gloriosa puesta. 

Yo pregunté á los naturales de Cacha, siendo su 
cacique, ó señor, un indio de buena persona y razón, 
llamado don Juan, ya cristiano, y que fué en per- 
sona conmigo a mostrarme esta antigualla, en re- 
membranza de cuál Dios habian hecho aquel tem- 
plo, y me respondió que de Ticiviracocha. Y pues 
tratamos deste nombre de Viracocha, quiero desen- 
gañar al lector del creer que el pueblo tiene que los 
naturales pusieron á los españoles por nombre Vira- 
cocha, ques tanto decir como espuma de la mar; y 
cuanto al nombre es verdad, porque vira es nombre de 
manteca, y cocha de mar; y así, pareciéndoles haber 
venido por ella, les habian atribuido aquel nombre, lo 
cual es mala interpretación, según la relación que yo 
tomé en el Cuzco y dan los orejones; porque dicen 
que luego que en la provincia de Caxamarca fué preso 
Atahuallpa por los españoles, habiendo habido entre 
los dos hermanos Huáscar Inca, único heredero del im- 
perio, y Atahuallpa, grandes guerras y dádose capitanes 
de uno contra capitanes de otro muchas batallas, hasta 
que en el rio de Apurimac, por el paso de Cotabamba, 
fué preso el rey Huáscar y tratado cruelmente porCali- 
cuchima, sin lo cual el Quízquiz en el Cuzco hizo gran 
daño y mató, según es público, treinta hermanos de 
Huáscar é hizo otras crueldades en los que tenian su 
opinión y no se habian mostrado favorables a Ata- 
huallpa; y como andando en estas pasiones tan grandes 
hobiese, como digo, sido preso Atahuallpa y concerta- 



Capítulo V, 1 1 



do con él Pizarro que le daria por su rescate una casa 
de oro, y para traelle fuesen al Cuzco Martin Bueno, 
Zarate y Moguer (d)^ porque la mayor parte estaba en 
el solene templo de Curicancha; y como llegasen estos 
cristianos al Cuzco en tiempos y coyunturas que los 
de la parte de Huáscar pasaban por la calamidad dicha, 
y supiesen la prisión de Atahuallpa, holgáronse tanto 
como se puede significar; y así, luego, con grandes su- 
plicaciones imploraba su ayuda contra Atahuallpa, 
su enemigo, diciendo ser enviados por mano de 
su gran dios Ticiviracocha, y ser hijos suyos, y 
así luego les llamaron y pusieron por nombre Viraco- 
cha. Y mandaron al gran sacerdote, como a los de- 
más ministros del templo, que las mugeres sagradas 
se estuviesen en él, y el Quízquiz les entregó todo el 
oro y plata. Y como la soltura de los españoles haya 
sido tanta y en tan poco hayan tenido la honra ni 
honor destas gentes, en pago del buen hospedage 



{a) Agustín de Zarate, bajo la fe de Rodrigo Lozano [Historia del Pe- 
r/í.lib. 2.0, cap. VII), y Garcilaso {Com. re., 2.-'» parte, lib. 1 .», cap. XXVIII) 
cuentan que los primeros castellanos que Francisco Pizarro envió al Cuzco 
fueron Hernando de Soto y Pedro del Barco, natural de Lobon; y Pedro Pi- 
zarro, testigo de vista, dice que los españoles mandados al Cuzco y prime- 
ros que entraron en esta ciudad, fueron sólo dos, Martin Bueno y Pedro 
Martin de Moguer. [Relación del descubrimienío y conquista de los reinos 
del Perú.') Don Juan de Santacruz Pachacuti, en su Relación de antigüeda- 
des dtl Peni, escribe también que fueron dos; pero no Bueno y Martin de 
Moguer, sino Barco y Gandia (Pedro de). Yo creo que quien está en lo cier- 
to es Pedro Pizarro. 

La partida de estos enviados al Cuzco fué de Cassamarca á 1 5 de febrero 
de l533; permanecieron en la capital del imperio de los Incas una semana. 



12 Del Señorío de los Incas, 

que les hacían y amor con que los servían, corrom- 
pieron algunas vírgenes y á ellos tuviéronlos en 
poco; que fué causa que los indios, por esto y por 
ver la poca reverencia que tenían á su sol, y como 
sin vergüenza ninguna ni temor de Dios violaban (a) 
sus mamaconas, que ellos tenían por gran sacrile- 
gio, dijeron luego que la tal gente no eran hijos de 
Dios, sino peores que Supais^ que es nombre del Dia- 
blo; aunque por cumplir con el mandado del señor 
Atahuallpa, los capitanes y delegados de la cibdad los 
despacharon sin les hacer enojo ninguno, enviando lue- 
go el tesoro {b). Y el nombre de Viracocha se quedó 
hasta hoy; lo cual, según tengo dicho, me informa- 
ron ponérselo por lo que tengo escripto, y no por la 
significación que dan de espuma de la mar. Y con tan- 
to contaré lo que entendí del origen de los Incas. 



{a) Ynuocavan, dice nuestro original. 
(¿) Enviando luego íesoreto, en n. orig. 



Capitulo VI, 1 3 



CAP. VL — De cómo remanecieron en Pacarec 
Tampu ciertos hombres y mugeres, y de lo que 
cuentajt que hicieron después que de alli sa- 
lieron . 



YA tengo otras veces dicho (tí), cómo, por ejercicio 
de mi persona y por huir los vicios que de la 
ociosidad se recrecen, tomé trabajo descrebir lo que 
yo alcancé de los Incas y de su regimiento y buena 
orden de gobernación; y como no tengo otra relación 
ni escriptura que la que ellos dan, si alguno atinare á 
escrebir esta materia mas acertada que yo, bien podia; 
aunque para claridad de lo que escribo no dejé pasar 
trabajo, y por hacerlo con más verdad vine al Cuzco, 
siendo en ella corregidor el capitán Juan de Sayave- 
dra (<^), donde hice juntar a Cayu Túpac, que es el que 
hay vivo de los descendientes de Huaina Capac, 
porque Sairi Túpac, hijo de Manco Inca, está retirado 
en Viticos, á donde su padre se ausentó después de la 



(a) En \ aiios lugares del Lil>ro tercero de la Cuarta parte de la CrJ- 
nica del Per/t, titulado La guerra de Quito. 
(d) A piincipios del año de i55o. 



14 I^^l Señorío de los Incas. 

guerra que en el Cuzco con los españoles tuvo, como 
adelante contaré (¿?), y á otros de los orejones, que 
son los que entre ellos se tienen por más nobles; y con 
los mejores intérpretes y lenguas que se hallaron les 
pregunté, estos señores Incas qué gente era y de 
qué nación. Y parece que los pasados Incas, por en- 
grandecer con gran hazaña su nacimiento, en sus 
cantares se apregona lo que en esto tienen, que es, 
questando todas las gentes que vivían en estas regio- 
nes desordenadas y matándose unos á otros, y estando 
envueltos en sus vicios, remanecieron en una parte 
que ha por nombre Pacarec Tampu, ques no muy 
lejos de la ciudad del Cuzco, tres hombres y tres 
mugeres. Y según se puede interpretar, Pacarec 
Tampu quiere tanto decir como casa de producimien- 
to. Los hombres que de allí salieron dicen ser Ayar 
Uchú el uno, y el otro Ayar Cachi Asauca, y el otro 
dicen llamarse Ayar Manco: las mugeres, la una había 
por nombre Mama Huaco, la otra Mama Cora, la 
otra Mama Rahua {b). Agunos indios cuentan estos 



{a) En los libros II y 111 de la Cuarta parte de la Crónica del Ferú, 
titulados Guerra de Chupas y Guerra de Quito. 

(¿) Miguel Cabello Balboa {^Miscelánea austral. Tercera parte, cap. 1) 
dice que salieron de Pacarec Tampu ó Tampu Toco cuatro hermanos y 
cuatro hermanas, llamados, los primeros. Manco Capac, Ayar Cacha, Ayar 
Auca y Ayar Uchi. y los segundos, Mama Guaca, Mama Cora, Mama 
Ocllo y Mama Arahua, El licenciado Fernando de Montesinos {Memorias 
antiguas del Perú, Lib. 2.'', cap. I) nombra á los ocho hermanos: Ayar 
Manco Tupac, Ayar Cachi Tupac, Ayar Sauca Tupac y Ayar Uchú Tu- 
pac, Mama Cora, Hipa Huacum, Mama Huacum y Pilco Huacum. Y Gar- 



Capítulo VL 1 5 



nombres de otra manera y en más número, mas yo á 
lo que cuentan los orejones y ellos tienen por tan cierto 
me allegara (sic), porque lo saben mejor que otros nin- 
gunos. Y así, dicen que salieron vestidos de unas 
mantas largas y unas a manera de camisas sin collar ni 
mangas, de lana riquísima, con muchas pinturas de di- 
ferentes maneras, que ellos llaman tucapu^ que en 
nuestra lengua quiere decir vestidos de reyes; y quel 
uno destos señores sacó en la mano una honda de oro, y 
en ella puesta una piedra; y que las mugeres salieron 
vestidas tan ricamente como ellos y sacaron mucho ser- 
vicio de oro. Pasando adelante con esto, dicen más, 
que sacaron mucho servicio de oro, y quel uno de los 
hermanos, el que nombraban Ayar Uchú, habló con los 
otros hermanos suyos, para dar comienzo á las cosas 
grandes que por ellos habían de ser hechas, porque su 
presunción era tanta, que pensaban hacerse únicos se- 
ñores de la tierra; y por ellos fué determinado de ha- 
cer en aquel lugar una nueva población, á la cual pu- 
sieron por nombre Pacarec Tampu; y fué hecha breve- 



cilaso {Com. re., Part. l/\ lib. I.*», cap. XVIII) conviene también en 
que eran cuatro hermanos y cuatro hermanas: Manco Capac, Ayar Cachi, 
Ayar Uchú y Ayar Sauca. pero nombra solamente una de las hembras. 
Mama Ocllo, muger de Manco Capac. Juan de Betanzos {Suma y narración 
de los Incas) nombra por el orden en que .salieron de la cueva misteriosa 
las parejas siguientes: Ayarcache y Mamaguaco, Ayaroche y Cura, Aya- 
rauca y Raguaocllo, Ayarmango (después Mango Capac) y Mama Ocllo. 

Esta conformidad respecto del número y casi de los nombres de los 
fundadores del linaje imperial y la circunstancia de llamarse uno de los 
tres varones mencionados por Cieza Ayar Cachi Asnuca (en el original 



1 6 Del Señorío de los Incas. 

mente, porque para ello tuvieron ayuda de los natu- 
rales de aquella comarca; y andando los tiempos, pu- 
sieron gran cantidad de oro puro y en joyas, con otras 
cosas preciadas, en aquella parte, de lo cual hay fama 
que hobo mucho dello Hernando Pizarro y don Die- 
go de Almagro el mozo. 

Y volviendo a la historia, dicen quel uno de los 
tres, que ya hemos dicho llamarse Ayar Cachi, era 
tan valiente y tenia tan gran poder, que con la honda 



Ayar hacJi e-ara uca), cual si se hubiesen refundido dos nombres en uno 
solo (^Ayar Cachi y Ayar Sanca), me inducen á sospechar ó que nuestro 
autor entendió mal á les intérpretes que le informaban en el Cuzco de 
estas cosas, ó que hay en el manuscrito escurialense grave error de copia; 
sin embargo de que esta segunda suposición me parece menos verosímil, 
atendiendo á que sólo, se nombran tres hermanas y se calla la principal, 
Mama Ocllo. Además, cerca del fin de este capítulo, dice el mismo Cieza 
que eran ires hermanos. 

Hay un autor muy poco conocido, el mercedario Fray Martin de Mo- 
rúa, que en su Historia del origen y genealogía de los Incas, escrita por 
los años de l590 y aún inédita, se expresa de muy diferente modo respecto 
á los nombres de aquellos hermanos y de sus primeros hechos relacionados 
con la fundación del Cuzco. 

"El principio, dice, de los Incas no se puede saber cierto, por haber tantos 
años, más de que fabulosamente quieren decir, que de una cueva ó ventana, 
en cierto edificio en paraje del Cuzco que llaman Tambo Toco, por otro 
nombre Pacaric Tambo, que está cuatro leguas del Cuzco, salieron ocho 
hermanos ingas, aunque dicen otros que no más de seis; y la mejor opinión 
y la más verdadera que en esto hay, es de que fueron ocho, los cuatro 
varones, que se llamaban, el mayor Guanacauri, el segundo Cuzco Huanca, 
el tercero Mango Capac y el cuarto Tupa Ayar Cache; y las hermanas, la 
mayor Tupa Uaco, la segunda Mama Coya, la tercera Curi Ocllo y la 
cuarta Ipa Huaco. Y questos ocho hermanos juntos salieron de la dicha 
ventana á sus aventuras y á buscar tierra donde poder poblar, y antes de 



Capitulo VL 17 



que sacó, tirando golpes ó lanzando piedras, derri- 
baba los cerros, y algunas veces que tiraba en alto, 
ponia las piedras cerca de las nubes, lo cual, como 
por los otros dos hermanos fuese visto, les pesaba, 
pareciéndoles que era afrenta suya no se igualar en 
aquellas cosas; y así, apasionados con la envidia, dul- 
cemente le rogaron con palabras blandas, aunque 
bien llenas de engaño, que volviese a entrar por la 
boca de una cueva donde ellos tenian sus tesoros, a 



llegar á esta dicha ciudad, pararon en un pueblo que se dice Apitay, que 
agora llaman Guanacauri; y questando la hermana tercera Curi Ocllo, co- 
mo más entendida y sagaz, con parecer de los demás hermanos, dejándolos 
allí, salió á buscar tierra que fuese tal para poder poblar-, y que llegando 
á los caseríos de esta ciudad del Cuzco, que entonces estaba poblada de 
indios Lares y Foques y Huallas, que era una gente baja y pobre, antes de 
llegar á ella encontró un indio de los Foques y lo mató con cierta arma, 
llamada raticana, que llevaba secretamente, y le abrió y sacó los bofes, los 
cuales hinchó de viento y con ellos en la boca, toda ensangrentada, entró 
en el pueblo; y los indios, atemorizados de vella así, creyendo que comía 
gente, desampararon las casas y fueron huyendo. Y pareciendo buen asiento 
para poblar y que la gente era doméstica , volvió á donde estaban los her- 
manos y los trajo, excepto el hermano mayor, que quiso quedar allí en 
Apitay, donde murió, y en su nombre y memoria llaman á aquel asiento y 
cerro Guanacauri. Y luego en llegando, fueron recibidos sin resistencia, y 
nombraron, de conformidad, por principal del pueblo, al hermano segundo 
Cuzco Huanca, de cuya causa se nombró este asiento Cuzco, como cosa 
principal y cabeza del reino, que de antes se llamaba Acamama. E muerto 
éste, que falleció en Curicancha, le sucedió el tercero hermano, llamado 
el gran Manco Capac." 

Esta historia ó leyenda se aproxima bastante á la verdad de lo que averi- 
guó acerca del principio de los Incas y de su ciudad, el virey don Francisco 
de Toledo, según documento que publicaremos, si nos queda espacio para 
ello. 

2 



1 8 Del Señorío de los Incas, 



traer cierto vaso de oro que se les había olvidado, y á 
suplicar al sol, su padre, les diese ventura próspera para 
que pudiesen señorear la tierra. Ayar Cachi, creyendo 
que no habia cautela en lo que sus hermanos le decian, 
alegremente fué a hacer lo que dicho le habian, y no 
habia bien acabado de entrar en la cueva, cuando los 
otros dos cargaron sobre él tantas piedras, que quedó 
sin más parecer; lo cual pasado, dicen ellos por muy 
cierto que la tierra tembló en tanta manera, que se 
hundieron muchos cerros, cayendo sobre los valles {a). 
Hasta aquí cuentan los orejones sobre el origen de 
los Incas, porque como ellos fueron de tan gran pre- 
sunción y hechos tan altos, quisieron que se entendie- 
se haber remanecido desta suerte y ser hijos del sol; 
donde después, cuando los indios los ensalzaban con 
renombres grandes, les llaman ¡Ancha hatun apu^ in- 
tipc ¡uri!^ que quiere en nuestra lengua decir: ¡Oh 
muy gran señor, hijo del sol! Y lo que yo para mí 
tengo que se deba creer de esto questos fingen, será, 
que así como en Hatuncollao se levantó Zapana, y 
en otras partes hicieron lo mismo otros capitanes 
valientes, questos Incas que remanecieron, debieron 
ser algunos tres hermanos valerosos y esforzados y 
en quien hobiese grandes pensamientos, naturales de 
algún pueblo destas regiones, ó venidos de la otra 
parte de las sierras de los Andes; los cuales, hallando 



(a) Todas estas milagrosas hazañas y otras más, generalmente se atri- 
buyen á Ayar Uchú y no á Ayar Cachi. 



Capitulo VII. 1 9 



aparejo, conquistarían y ganarían el señorío que tu- 
vieron; y aun sin esto, podría ser lo que se cuenta de 
Ayar Cachi y de los otros ser encantadores, que seria 
causa de por parte del Demonio hacer lo que hacían. 
En fin, no podemos sacar dellos otra cosa questo. 
Pues luego que Ayar Cachi quedó dentro en la cue- 
va, los otros dos hermanos suyos acordaron, con al- 
guna gente que se les había llegado, de hacer otra 
población, la cual pusieron por nombre Tampu Qui- 
ru, que en nuestra lengua querrá decir dientes de 
aposento ó de palacio^ y así, débese entender questas 
poblaciones no eran grandes ni más que algunas fuer- 
zas pequeñas. Y en aquel lugar estuvieron algunos 
dias, habiéndoles ya pesado con haber echado de sí á 
su hermano Ayar Cachi, que por otro nombre dicen 
llamarse Huanacaure. 



CAP. VII. — Cómo estando los dos hermanos en 
Tampu Quiru, vieron salir con alas de pluma 
al que hablan con engaño metido en la cueva, 
el cual les dijo que fuesen á fundar la gran 
ciudad del Cu{co; y como partieron de Tampu 
Quiru. 



RosiGuiENDO k rclacíon que yo tomé en el Cuzco, 
dicen los orejones, que después de haber asentado 
en Tampu Quiru los dos Incas, sin se pasar muchos 



p 



20 Del Señorío de los Incas. 



dias, descuidados ya de más ver Ayar Cachi, lo vieron 
venir por el ayre con alas grandes de pluma pintadas, y 
ellos con gran temor que su visita les causó, quisie- 
ron huir; más él les quitó presto aquel pavor, dicién- 
doles: ''No temáis ni os acongojéis, que yo no vengo 
sino porque comience á ser conocido el imperio de 
los Incas; por tanto, dejad, dejad esa población que 
hecho habéis, y andad más abajo hasta que veáis un 
valle, adonde luego fundad el Cuzco, ques lo que ha 
de valer; porquestos son arrabales, y de poca impor- 
tancia, y aquella será la ciudad grande, donde el tem- 
plo suntuoso se ha de edificar y ser tan servido, hon- 
rado y frecuentado, quel sol (¿z) sea el más alabado; y por- 
que yo siempre tengo de rogar á Dios por vosotros, 
y ser parte para que con brevedad alcancéis gran se- 
ñorío, en un cerro questá cerca de aquí me quedaré 
de la forma y manera que me veis, y será para siem- 
pre por vos y por vuestros descendientes santificado y 
adorado, y llamarle heis Guanacaure; y en pago de 
las buenas obras que de mí habéis recibido, os ruego 
para siempre me adoréis por Dios y en él me hagáis 
altares, donde sean hechos los sacrificios; y haciendo 
vosotros esto, seréis en la guerra por mí ayudados; y 
la señal que de aquí adelante terneis para ser estima- 
dos, honrados y temidos, será horadaros las orejas de 
la manera que agora me veréis.'' Y así, luego, dicho 



{a) Así en el original, yo creo que debe decir: que aquél, ó que él sólo 
sea el más alabado. 



Capítulo VIL 21 



esto, dicen que les pareció verlo con unas orejas (a) 
de oro, el redondo del cual era como un geme. 

Los hermanos, espantados de lo que vían, estaban 
como mudos, sin hablar; y al fin, pasada la turbación, 
respondieron que eran contentos de hacer lo que 
mandaba, y luego á toda prisa se fueron al cerro que 
llaman de Guanacaure, al cual desde entonces hasta ora 
tuvieron por sagrado; y en lo más alto del volvieron á 
ver Ayar Cachi — que sin dubda debió de ser algún de- 
monio, si esto que cuentan en algo es verdad, y permi- 
tiéndolo Dios, debajo destas falsas apariencias les hacia 
entender su deseo, quera que le adorasen y sacrificasen, 
ques lo quél más procura; — y les tornó á hablar, dicién- 
doles, que convenia que tomasen la bolrra ó corona del 
imperio los que habían de ser soberanos señores, y que 
supiese como en tal acto se ha de hacer para los man- 
cebos ser armados caballeros y ser tenidos por nobles. 
Los hermanos respondiéronle que ya habian primero 
dicho que en todo su mandado se cumphria, y en se- 
ñal de obidiencia, juntas las manos y las cabezas in- 
clinadas, le hicieron la mocha, ó reverencia, para que 
mejor se entienda; y porque los orejones afirman que 
de aquí les quedó el tomar de la bolrra y el ser arma- 
dos caballeros, pornélo en este lugar, y servirá para no 
tener necesidad de lo tornar en lo de adelante á rei- 
terar; y puédese tener por historia gustosa y muy 
cierta, por cuanto en el Cuzco Manco Inca tomó la 



(a) Quizá orejeras. 



22 Del Señorío de los Incas. 

bolrra ó corona suprema, y hay vivos muchos espa- 
ñoles que se hallaron presentes a esta cirimonia, é yo 
lo he oído a muchos dellos. Es verdad que los indios 
dicen también quen tiempo de los reyes pasados se ha- 
cia con más solenidad y preparamientos y juntas de 
gentes y riquezas tan grandes, que no se puede inu- 
merar. 

Según parece, estos señores ordenaron esta orden 
para que se tomase la bolrra ó corona, y dicen que 
Ayar Cachi en el mismo cerro de Guanacaure se 
vistió de aquesta suerte: el que habia de ser Inca 
se vistia en un dia de una camisola negra, sin collar, 
de unas pinturas coloradas, y en la cabeza con una 
trenza leonada se ha de dar ciertas vueltas, y cubierto 
con una manta larga leonada ha de salir de su aposen- 
to é ir al campo á cojer un hace de paja, y ha de tar- 
dar todo el dia en traerlo sin comer ni beber, porque 
ha de ayunar, y la madre y hermanas del que fuere 
Inca, han de quedar hilando con tanta priesa, que en 
aquel propio dia se han de hilar y tejer cuatro vesti- 
dos para el mesmo negocio, y han de ayunar sin co- 
mer ni beber las que en esta obra estuvieren. El 
uno destos vestidos ha de ser la camiseta leonada y 
la manta blanca, y el otro ha de ser la manta y cami- 
seta todo blanco, y el otro ha ser azul con floca- 
duras y cordones. Estos vestidos se ha de poner el 
que fuere inca, y ha de ayunar el tiempo establecido, 
que es un mes, y a este ayuno llaman zaziy (a), el cual 



{a) Cocí ó ^ogi en el original. 



Capitulo VII, 2 3 



se hace en un aposento del palacio real sin ver lumbre 
ni tener ayuntamiento con muger; y estos dias del 
ayuno las señoras de su linage han de tener muy gran 
cuidado en hacer con sus propias manos mucha canti- 
dad de su chicha, ques vino hecho de maíz, y han de 
andar vestidos ricamente. Después de haber pasado el 
tiempo del ayuno, sale el que ha de ser señor, llevando 
en sus manos una alabarda de plata y de oro, y va á 
casa de algún pariente anciano a donde le han de ser 
tresquilados los cabellos; y vestido una de aquellas 
ropas, salen del Cuzco, á donde se hace esta fiesta, y 
van al cerro de Guanacaure, donde decimos questa- 
ban los hermanos, y hechas algunas cirimonias y sa- 
crificios, se vuelven a donde está aparejado el vino, 
donde lo beben; y luego sale el Inca á un cerro nom- 
brado Anaguar, y desde el principio del va corriendo, 
porque vean cómo es ligero y será vaHente en la guer- 
ra, y luego baja del trayendo un poco de lana atado 
a una alabarda, en señal que cuando anduviere pelean- 
do con sus enemigos, ha de procurar de traer los ca- 
bellos y cabezas dellos. Hecho esto, iban al mesmo 
cerro de Guanacaure á cojer paja muy derecha, y el 
que habia de ser rey, tenia un manojo grande della, de 
oro, muy delgada y pareja, y con ella iba otro á cerro 
llamado Yahuira (a)^ a donde se vestia otra de las ro- 



(«) o Yavirá. En memoria de éste, pusieron los Incas conquistadores de 
Quito el misHiO nombre á un cerro que tiene la ciudad al SO., llamado vul- 
garmente Panecillo, modificado, al parecer, artificialmente, y en cuya cima 
dicen que estaba el templo erigido al sol por los antiguos Quittts 6 Caras. 



24 I^^l Señorío de los Incas, 



pas ya dichas, y en la cabeza se ponía unas trenzas ó 
ilautu que IhnacLtí pillaca, ques como corona, debajo del 
cual colgaban unas orejas (a) de oro, y encima se ponía 
un bonete de plumas cosido como diadema, que ellos 
llaman furuchuco (3), y en la alabarda ataban una cin- 
ta de oro larga que llegaba hasta el suelo, y en los 
pechos llevaba puesta una luna de oro; y desta 
suerte, en presencia de todos los que allí se hallaban, 
mataba una oveja, cuya sangre y carne repartían en- 
tre todos los más principales, para que cruda la co- 
miesen; en lo cual significaban, que sí no fuesen va- 
lientes, que sus enemigos comerían sus carnes de la 
suerte que ellos hablan comido la de la oveja que se 
mató. Y allí hacían juramento solene, á su usanza, 
por el sol, de sustentar la orden de caballería y por la 
defensa del Cuzco morir, sí necesario fuese; y luego 
les abrían las orejas, poniéndolas tan grandes, que tiene 
un geme cada una dellas en redondo; y hecho esto, 
pónense unas cabezas de leones fieros, y vuelven con 
gran estruendo a la plaza del Cuzco, en donde estaba 
una gran maroma de oro, que la cercaba toda, soste- 
niéndose en horcones de plata y de oro: en el come- 
dio desta plaza bailaban y hacían grandísimas fiestas 
á su modo, y andaban los que habían de ser caballeros 
cubiertos con las cabezas de leones, que tengo dicho, 



{d) Orejeras tal vez. 

(<5) Esta palabra está borrada y enmendada de una manera casi ininte- 
ligible; pero se adivina que el principio de ella es píiru, calabaza ó media 
calabaza, forma del bonete-, y el final chuceo, sombrero ó tocado. 



Capitulo VIL 2 5 



para dar á entender que serian valientes y fieros como 
lo son aquellos animales. Dando fin á estos bailes, 
quedan armados caballeros, y son llamados orejones, 
y tienen sus privilegios, y gozan de grandes liber- 
tades, y son dignos, si los eligen, de tomar la corona, 
ques la borla; la cual cuando se da al señor que lo 
ha de ser del imperio, se hacen mayores fiestas, y se 
junta gran número de gente, y el que ha de ser em- 
perador ha primero de tomar a su misma hermana por 
muger, porquel estado real no suceda en linaje bajo, 
y hace el zaziy grande, ques el ayuno. Y en el inter que 
estas cosas pasan, porque estando el Señor ocupado 
en los sacrificios y ayunos no sale a entender en los 
negocios privados y de gobernación, era ley entre 
los Incas, que cuando alguno fállesela, ó se daba a otro 
la corona ó borla, que pudiese señalar uno de los 
principales varones del pueblo y que tuviese maduro 
consejo y gran autoridad, para que gobernase todo el 
imperio de los Incas, como el mesmo señor, durante 
aquellos dias; y á este tal le era permitido tener 
guarda y hablalle con reverencia. Y hecho esto, y re- 
cibidas las bendiciones en el templo de Curicancha, 
recibe la borla, que era grande y salia del llautu 
que tenia en la cabeza cubriéndole hasta caer encima 
de los ojos, y este era tenido y reverenciado por so- 
berano. Y á las fiestas se hallaban los principales seño- 
res que habia en más de cinco leguas quellos manda- 
ron, y parescia en el Cuzco grandísima riqueza de oro 
y plata, y pedrería, y plumajes, cercándole toda la 
gran maroma de oro, y la admirable figura del sol, que 



26 Del Señorío de los Incas. 

era todo de tanta grandeza, que pesaba, a lo que afir- 
man por cierto los indios, más de cuatro mili quin- 
tales de oro; y si no se daba la borla en el Cuzco, te- 
nian al que se llamaba Inca por cosa de burla, sin 
tener su señorío por cierto {a)\ y así, Atahuallpa no es 
contado por rey, aunque como fué de tanto valor y 
mató tanta gente, por temor fué obedecido de muchas 
naciones. 

Volviendo á los questaban en el cerro de Guana- 
caure, después que Ayar Cachi les hobo dicho de la 
manera que habían de tener para ser armados caballeros, 
cuentan los indios, que, mirando contra su hermano 
Ayar Manco, le dijo que se fuese con las dos mugeres 
al valle que dicho le había, á donde luego fundase el 
Cuzco, sin olvidar de venir hacer sacrificios aquel lu- 
gar, como primero rogado le habían; y que como esto 
hobiese dicho, así él como el otro hermano se convir- 
tieron en dos figuras de piedras, que demostraban te- 
ner talles de hombres, lo cual visto por Ayar Manco, 
tomando sus mugeres, vino a donde agora es el Cuz- 
co, a fundar la ciudad, nombrándose y llamándose 
dende adelante Manco Capac, que quiere decir rey y 
señor rico. 



(a) For cierto ni orne, dice en el original; pero habiéndome sido impo- 
sible interpretar el ni orne, me decido á suprimirlo, tanto más cuanto que 
no padece el sentido del texto. 



Capitulo VIII. 27 



CAP, VIII — Cómo después que Manco Capac vio 
que sus hermanos se habían convertido en pie- 
dras, vino á un valle donde encontró algunas 
gentes^ y por él fué fundada y edificada la anti- 
gua y muy riquísima ciudad del Cu{co, cabera 
principal que fué de todo el imperio de los Incas. 



REÍ DOME he de lo que tengo escripto destos indios: 
yo cuento en mi escriptura lo que ellos a mí con- 
taron por la suya, y antes quito muchas cosas que añido 
una tan sola. Pues como Manco Capac hobiese visto lo 
que de sus hermanos habia sucedido, y llegase al valle 
donde agora es la ciudad del Cuzco, alzándolos ojos al 
cielo, dicen los orejones que pedia con grande humil- 
dad al sol que le favoreciese y ayudase en la nueva po- 
blación que hacer queria, y que, vueltos los ojos hacia 
el cerro de Guanacaure, pedia lo mesmo a su herma- 
no, que ya lo tenia y reverenciaba por dios, y miran- 
do en el vuelo de las aves y en las señales de las es- 
trellas y en otros prodigios, lleno de confianza, te- 
niendo por cierto que la nueva población habia de 
florecer, y él ser tenido por fundador della y padre 
de todos los Incas que en ella hablan de reinar. Y así, 
en nombre de su Ticiviracocha y del sol y de los otros 
sus dioses, hizo la fundación de la nueva ciudad, el 



28 Bel Señorío de los Incas, 

original y principio de la cual fué una pequeña casa 
de piedra cubierta de paja que Manco Capac con sus 
mugeres hizo, a la cual pusieron por nombre Curican- 
cha^ que quiere decir cercado de oro, lugar donde des- 
pués fué aquel tan célebre y tan riquísimo templo del 
sol, y que agora es monesterio de frayles de la orden de 
Santo Domingo; y tiénese por cierto, que en el tiempo 
questo por Manco Inca Capac se hacia, habia en la co- 
marca del Cuzco indios en cantidad; mas como él no 
les hiciese mal ni ninguna molestia, no le impidian 
la estada en su tierra, antes se holgaban con él; y así. 
Manco Capac entendía en hacer la casa ya dicha, y 
era dado á sus religiones y culto de sus dioses, y fué de 
gran presunción y de persona que representaba gran 
autoridad. 

La una de sus mugeres fué estéril, que nunca se 
empreñó; en la otra {a) hobo tres hijos varones y una 
hija: el mayor fué nombrado Inca Roca Inca, y la hija 
Ocllo, y los nombres de los otros dos no cuentan 
ni dicen más de que casó al hijo mayor con su herma- 
na; a los cuales mostró lo que habían de hacer para 
ser amados de los naturales y no aborrecidos, y otras 
cosas grandes. En este tiempo, en Hatuncollao se ha- 
bían hecho poderosos los descendientes de Zapana, y 
con tiranía querían ocupar toda aquella comarca. Pues 
como el fundador del Cuzco, Manco Capac, hobo casa- 
do á sus hijos y allegado a su servicio algunas gentes 



(a) Por nombre Mama Ocllo Huaco. 



Capitulo IX, 29 



con amor y buenas palabras, con los cuales engrandeció 
la casa de Curicancha, después de haber vivido muchos 
años, murió estando ya muy viejo, y le fueron hechas 
las obsequias con toda sumptuosidad, sin lo cual se le 
hizo un bulto para reverencialle como a hijo del sol. 



CAP, IX. — En que se da aviso al lector de la 
causa porquel autor, dejando de proseguir con 
la sucesión de los reyes, quiso contar el gobier- 
no que tupieron, y sus leyes, costumbres qué 
tales fueron. 



AUNQUE pudiera escribir lo que pasó en el reinado 
de Sinchi Roca Inca (a), hijo que fué de Manco 
Capac, fundador del Cuzco, en este lugar, lo dejé, pa- 
reciéndome quen lo de adelante habria confusión para 
saber por entero la manera qtie se tuvo en la goberna- 
ción destos señores, porque unos ordenaron unas leyes 
y otros otras, y así, pusieron unos los mitimaes y otros 
las guarniciones de gente de guerra en los lugares es- 



[a] Antes le llama Inca Roca Inca, pero es conocido por esos dos 
nombres en las tradiciones ó memorias de los quipucamayoc ó analistas 
peruanos. 



3o Del Señorío de los Incas. 

tablecidos en el reino para la defensa del; y porque 
son todas cosas grandes y dignas de memoria, y para 
que las repúblicas que se rigen por grandes letrados 
y varones, desto tomen aviso, y unos y otros conciban 
admiración, considerando que pues en gente bárbara 
y que no tuvo letras se halló lo que de cierto sabemos 
que hobo, así en lo del gobierno como en sojuzgar las 
tierras y naciones, porque debajo de una monarquía 
obedesciesen á un Señor que sólo fuese soberano y 
digno para reinar en el imperio que los Incas tuvie- 
|ron, que fueron más de mili é doscientas leguas de 
costas; así, por no variar en decir que unos dicen que 
ciertos dellos constituyeron lo uno, y otros lo otro, en 
lo cual muchos naturales varían, pondré en este lugar 
lo que yo entendí y tengo por cierto, conforme á la 
relación que dello tomé en la ciudad del Cuzco y de 
las reliquias que vemos haber quedado destas cosas 
todos los que en el Perú habemos andado. Y no pa- 
rezca á los letores que en tomar esta orden salgo de 
la que al libro conviene que lleve; para que ellos con 
más claridad lo entiendan se pone, como declaro; y 
esto haré con gran brevedad, sin querer ocuparme en 
contar cosas menudas, de que siempre huyo, y así, con 
ella misma proseguiré en tratar el reynado de los In- 
cas y la sucesión dellos, hasta que con la muerte de 
Huáscar y entrada de los españoles se acabó. Y quie- 
ro que sepan los que esto leyeren, que entre todos los 
Incas, que fueron once, tres salieron entre ellos bas- 
tantísimos para la gobernación de su señorío, que 
cuentan y no acaban los orejones de loarlos; y estos 



Capítulo IX. 3 1 



no se parescieron en las condiciones tanto como en el 
juicio; los cuales son Huayna Capac, Tupac Inca 
Yupanqui, su padre, é Inca Yupanqui, padre del uno 
y agüelo del otro. Y también se puede presumir, que 
como estos fuesen tan modernos, que está el reyno 
lleno de indios que conocieron á Tupac Inca Yupan- 
qui, y con él anduvieron en las guerras, y a sus padres 
oyeron lo que Inca Yupanqui hizo en el tiempo de su 
reinado, podria ser destas cosas, vistas (a) casi por los 
ojos, tener más lumbre para las poder contar, y lo 
sucedido á los otros señores, sus proxinitores, haberse 
dello mucho olvidado. Aunque, cierto, para lo tener 
en la memoria, y que no se pierda en muchos años, 
tienen grande aviso, para no tener letras, que estas ya 
tengo escripto en la primera parte desta Crónica (^), 
cómo no se han hallado en todo este reino, ni aun en 
todo este orbe de las Indias. Y con tanto prosigamos 
lo comenzado. 



(a) Ca no vistas dice nuestro original. 

(¿) Cap. XXXVIII, donde dice además, tres ó cuatro veces, que tenia 
ya compuesta esta Segunda Parte de la Crónica, consagrada á los Incas, 
sus hechos, gobierno, etc. 



32 Del Señorío de los Incas» 



CAP, X. — De cÓ7no el Señor, después de toma-' 
da la borla del reino, se casaba con su herma- 
na la Coya, ques nombre de rey na; y cómo era 
permitido tener muchas mu g eres, salvo que, 
entre todas, sólo la Coya era la legítima y más 
principal. 



CONTÉ brevemente en los capítulos pasados cómo 
los que habían de ser nobles se armaban caballe- 
ros, y también las círímonías que se hacían en el tiem- 
po que los Incas se coronaban por reyes, tomando la 
corona, que es la borla que hasta los ojos les caía; y 
fué por ellos ordenado, quel que hobíese de ser rey, 
tomase á su hermana, hija legítima de su padre y ma- 
dre, por muger, para que la sucesión del reino fuese 
por esta vía confirmada en la casa real, pareciéndoles 
por esta manera, que aunque la tal muger, hermana 
del rey, de su cuerpo no fuese casta, y, usando con al- 
gún hombre, del quedase preñada, era el hijo que nas- 
ciese delia y no de muger extraña; porque también mi- 
raban, que aunque el Inca se casase con muger gene- 
rosa, queriendo, podia hacer lo mismo y concibir con 
adulterio, de tal manera, que no siendo entendido, 
fuese tenido por hijo del señor y natural marido suyo. 
Por estas cosas, ó porque les paresció á los que lo or- 



Capítulo X, 33 



denaron que convenia, era ley entre los Incas que el 
señor que entre todos quedaba por emperador, tomase 
á su hermana por muger, la cual tenia por nombre 
Coya, ques nombre de reyna, y que ninguna se lo lla- 
maba, — como cuando un rey de España casa con alguna 
princesa que tiene su nombre propio, y entrando en 
su reyno, es llamada reyna, así llaman las que lo eran 
del Cuzco, Coya. Y si acaso el que habia de ser tenido 
por señor no tenia hermana carnal, era permitido que 
casase con la señora más ilustre que hobiese, para que 
fuese entre todas sus mugeres tenida por la más prin- 
cipal; porquestos señores, no habia ninguno dellos que 
no tuviese más de setecientas mugeres para servicio 
de su casa y para sus pasatiempos; y así, todos ellos 
tuvieron muchos hijos que habían en éstas que tenian 
por mugeres ó mancebas, y eran bien tratadas por él y 
estimadas de los indios naturales; y aposentado el rey 
en su palacio, ó por donde quier que iba, eran miradas 
y guardadas todas por los porteros y camayos, ques 
nombre de guardianes; y si alguna usaba con varón, 
era castigada con pena de muerte, dándole á él la 
misma pena. Los hijos que los señores hablan en estas 
mugeres, después que eran hombres, mandábanles 
proveer de campos y heredades, que ellos llaman chá- 
caras, y que de los depósitos ordinarios les diesen ropas 
y otras cosas para su aprovechamiento, porque no que- 
rían dar señorío á estos tales, porque en habiendo 
alguna turbación en el reyno, no quisiesen intentar 
de quedarse con él con la presunción de ser hijos del 
rey. Y así, ninguno tuvo mando sobre provincia, aun- 

3 



34 I^^l Señorío de los Incas. 

que, cuando salían a las guerras y conquistas, muchos 
dellos eran capitanes y preferidos a los que iban en los 
reales; y el señor natural que heredaba el reyno los 
favorescia, puesto que si urdian algún levantamiento, 
eran castigados cruelísimamente; y ninguno dellos 
hablaba con el rey, aunque más su hermano fuese, que 
primero no pusiese en su cerviz carga liviana y fuese 
descalzo, como todos los demás del reyno, a le hablar. 



CAP. XI. — Cómo se usó entre los Incas que del 
Inca que hobiese sido valeroso, que hobiese 
ensanchado el reyno ó hecho otra cosa digna 
de memoria, la hobiese del en sus cantares y 
en los bultos; y no siendo sino remisioy cobar- 
de, se mandaba que se tratase poco del. 



ENTENDÍ, quando en el Cuzco estuve (¿2), que fué 
uso entre los reyes Incas, que el rey que entre 
ellos era llamado Inca, luego como era muerto, se ha- 
cian los lloros generales y continos, y se hacian los 
otros sacrificios grandes, conforme á su religión y 
costumbre; lo cual pasado, entre los más ancianos del 



(«) Por agosto de 1 55o. 



Capítulo XI , 35 



pueblo se trataba sobre qué tal había sido la vida y 
costumbres de su rey ya muerto, y qué había aprove- 
chado á la república, ó qué batalla habia vencido que 
dado se hobiese contra los enemigos; y tratadas estas 
cosas entre ellos, y otras que no entendemos, por en- 
tero, se determinaban, si el rey difunto había sido tan 
venturoso que del quedase loable fama, para que por 
su valentía y buen gobierno meresgiese que para 
siempre quedase entre ellos, mandaban llamar los 
grandes quipos-camayos, donde las cuentas se fenes- 
cen y sabían dar razón de las cosas que sucedido ha- 
bían en el reyno, para que estos lo comunicasen con 
otros quentrellos, siendo escogidos por más retóricos 
y abundantes de palabras, saben contar por buena or- 
den cada cosa de lo pasado, como entre nosotros 
se cuentan por romances y villancicos; y estos en 
ninguna cosa entienden que en aprender y saberlos 
componer en su lengua, para que sean por todos oídos 
en regocijos de casamientos y otros pasatiempos que 
tienen para aquel propósito. Y así, sabido lo que se 
ha de decir de lo pasado en semejantes fiestas de los 
señores muertos, y si se trata de guerra por el consi- 
guiente, con orden galana cantaban de muchas bata- 
llas que en lugares de una y otra parte del reyno se 
dieron; y por el consiguiente, para cada negocio tenían : 
ordenados sus cantares ó romances, que, viniendo á \ 
propósito, se cantasen, para que por ellos se animase la ■ 
gente con lo oir y entendiesen lo pasado en otros ] 
tiempos, sin lo inorar, por entero. Y estos indios que 
por mandado de los reyes sabían estos romances, eran 



36 Del Señorío de los Incas, 

honrados por ellos y favorescidos, y tenían cuidado 
grande de los enseñar a sus hijos y á hombres de sus 
provincias los más avisados y entendidos que entre 
todos se hallaban; y así, por las bocas de unos lo sabian 
otros, de tal manera, que hoy dia entre ellos cuentan 
lo que pasó ha quinientos años, como si fueran diez. 
Y entendida la orden que se tenia para no se olvi- 
dar de lo que pasaba en el reyno, es de saber, que 
muerto el rey dellos, si valiente habia sido y bueno 
para la gobernación del reyno, sin haber perdido pro- 
vincia de las que su padre les dejó, ni usado de baje- 
zas ni poquedades, ni hecho otros desatinos que los 
príncipes locos con la soltura se atreven a hacer en su 
señorío, era permitido y ordenado por los mismos re- 
yes, que fuesen ordenados cantares honrados y que 
en ellos fuesen muy alabados y ensalzados, en tal ma- 
nera, que todas las gentes admirasen en oir sus haza- 
ñas y hechos tan grandes, y que estos no siempre ni 
en todo lugar fuesen publicados ni apregonados, sino 
cuando estuviese hecho algún ayuntamiento grande 
de gente venida de todo el reyno para algún fin, y 
cuando se juntasen los señores principales con el rey 
en sus tiempos y solaces, ó cuando hacían los ta- 
quis {a) ó borracheras suyas. En estos lugares, los 
que sabian los romances, á voces grandes, mirando 
contra el Inca, le cantaban lo que por sus pasados ha- 
bia sido hecho; y si entre los reyes alguno salia remisio. 



[a] Triqnis. en nuestro original. 



Capítulo XI. 



cobarde, dado á vicios, y amigo de holgar sin acres- 
centar el señorío de su imperio, mandaban que destos 
tales hobiese poca memoria ó casi ninguna; y tanto 
miraban esto, que si alguna se hallaba, era por no ol- 
vidar el nombre suyo y la sucesión; pero en lo demás 
se callaba, sin contar los cantares de otros que de los 
buenos y valientes. Porque tuvieron en tanto sus me- 
morias, que, muerto uno destos señores tan gran- 
des, no aplicaba su hijo para sí otra cosa que el seño- 
río, porque era ley entre ellos que la riqueza y el apa- 
rato real del que habia sido rey del Cuzco, no lo hobiese 
otro en su poder, ni se perdiese su memoria; para lo 
cual se hacia un bulto de mano (¿z), con la figura que 
ellos ponerle querían, al cual llamaban del nombre del 
rey ya muerto; y solían estos bultos ponerse en la pla- 
za del Cuzco, cuando se hacían sus fiestas, y en re- 
dedor de cada bulto destos reyes estaban sus muge- 
res y criados, y venían todos, aparejándose allí su 
comida y bebida, porque el Demonio debía de hablar 
en aquellos bultos, pues que esto por ellos se usaba; 
y cada bulto tenia sus truanes ó decidores, questaban 
con palabras alegres contentando al pueblo; y todo el 
tesoro que el señor tenía siendo vivo, estaba en poder 
de sus criados y familiares, y se sacaba á las fiestas 
semejantes con gran aparato; sin lo cual, no dejaban 
de tener sus chácaras, ques nombre de heredades, 
donde cogían sus maízes y otros mantenimientos con 



{a) Manió, en n. orig. 



38 Del Señorío de los Incas. 

que sustentaban las mugeres con toda la demás familia 
destos señores que tenian bultos y memorias, aunque 
ya eran muertos. Y cierto esta usanza fué harta parte 
para que en este reyno hobiese la suma tan grande de 
tesoros que se han visto por nuestros ojos; y á espa- 
ñoles conquistadores he oydo que, cuando, descu- 
briendo las provincias del reyno, entraron en el 
Cuzco, habia destos bultos, lo cual paresció ser verdad, 
cuando dende a poco tiempo, queriendo tomar la borla 
Manco Inca Yupanqui, hijo de Huayna Capac, públi- 
camente fueron sacados en la plaza del Cuzco, a vista 
de todos los españoles é yndios que en ella en aquel 
tiempo estaban. 

Verdad es, que hablan ya habido los españoles 
mucha parte del tesoro, y lo demás se escondió y 
puso en tales partes, que pocos ó no ninguno debe 
saber del; ni de los bultos ni otras cosas suyas grandes 
hay ya otra memoria que la que ellos dan y tienen en 
sus cantares (a). 



(a) Veinte años después de escrito esto, el licenciado Polo de Ondegar- 
do, daba con el escondrijo en que los indios ocultaron los dichos bultos, ó 
sea los cuerpos de los Incas y Coyas embalsamados y envueltos en ropas , 
para tributarles secretamente los homenajes y ceremonias de costumbre. 



Capitulo XII . 39 



CAP. XIL — De cómo tenían coronistas para 
saber sus hechos, y la orden de los quipos 
como fué, y lo que dello vemos agora. 



FUE ordenado por los Incas lo que ya habernos 
escripto acerca del poner los bultos en sus fiestas, y 
en que se escogiesen algunos de los más sabios dellos, 
para que en cantares supiesen la vida de los señores 
qué tal habia sido y cómo se habian habido en el 
gobierno del reyno, para el efecto por mí dicho. Y es 
también de saber, que, sin esto, fué costumbre dellos 
y ley muy usada y guardada, de escoger cada uno, 
en tiempo de su reynado, tres ó cuatro hombres an- 
cianos de los de su nación, a los cuales, viendo que 
para ello eran hábiles y suficientes, les mandaba que 
todas las cosas que sucediesen en las provincias du- 
rante el tiempo de su reynado, ora fuesen prósperas, 
ora fuesen adversas, las tuviesen en la memoria, y 
dellas hiciesen y ordenasen cantares, para que por 
aquel sonido se pudiese entender en lo foturo haber 
así pasado; con tanto questos cantares no pudiesen 
ser dichos ni publicados fuera de la presencia del 
Señor; y eran obligados estos que habian de tener 
esta razón durante la vida del rey, no tratar ni 



40 Del Señorío de los Incas, 

decir cosa alguna de lo que á él tocaba, y luego 
que era muerto, al sucesor en el imperio le decían, 
casi por estas palabras: ''¡Oh Inca grande y podero- 
"so, el Sol y la Luna, la Tierra, los montes y los 
"árboles, las piedras y tus padres te guarden de 
"infortunio y hagan próspero, dichoso y bienaven- 
'• turado sobre todos cuantos nacieron! Sábete, que 
"las cosas que sucedieron á tu antecesor son éstas." 

Y luego en diciendo esto, los ojos puestos al suelo, 
y bajadas las manos, con gran humildad le daban 
cuenta y razón de todo lo que ellos sabian; lo cual 
podrian muy bien hacer, porque entre ellos hay 
muchos de gran memoria, subtiles de ingenio, y de 
vivo juizio, y tan abastados de razones, como hoy 
dia somos testigos los que acá estamos é los oimos. 

Y así, dicho esto, luego que por el rey era enten- 
dido, mandaba llamar á otros de sus indios viejos, 
álos cuales mandaba que tuviesen cuidado de saber 
los cantares que aquéllos tenían en la memoria, y 
de ordenar otros de nuevo de lo que pasaba en el 
tiempo de su reynado, y que las cosas que se gas- 
taban y lo que las provincias contribuían, se asen- 
tasen en los quipos, para que supiesen lo que daban 
y contribuyan muerto él y reynando su progenitor. 

Y sí no era en un dia de gran regocijo, ó en otro 
que hobíese lloro ó tristeza por muerte de algún her- 
mano ó hijo del rey, porque estos tales días se permi- 
tía contar su grandeza dellos y su origen y nascí- 
miento, fuera destos, á ninguno era permitido tratar 
dello, porque estaba así ordenado por los señores 



Capítulo XIL 41 



suyos, y si lo hacían, eran castigados rigurosamente. 
Sin lo cual tuvieron otra orden para saber y en- 
tender cómo se habia de hacer en la contribución, en 
las provincias, de los mantenimientos, ora pasase el 
rey con el ejército, ora fuese visitando el reyno, ó 
que sin hacer nada desto, se entendiese lo que entraba 
en los depósitos y pagaba a los subditos, de tal 
manera, que no fuesen agraviados, tan buena y sub- 
til, que ecede en artificio a los carastes que usaron los 
mexicanos para sus cuentas y contratación; y esto 
fué los quipos, que son ramales grandes de cuerdas 
anudadas, y los que desto eran contadores y enten- 
dían el guarismo destos nudos, daban por ellos razón 
de los gastos que se hablan hecho, ó de otras cosas 
que hobiesen pasado de muchos años atrás; y en estos 
nudos contaban de uno hasta diez, y de diez hasta 
ciento, y de ciento hasta mili; y en uno destos ramales 
está la cuenta de lo uno, y en otro lo del otro; de tal 
manera esto, que para nosotros es una cuenta donosa 
y ciega, y para ellos singular. En cada cabeza de 
provincia habia contadores á quien llamaban quipos- 
camayos (¿?), y por estos nudos tenian la cuenta y razón 
de lo que hablan de tributar los questaban en aquel 
distrito, desde la plata, oro, ropa y ganado, hasta la 
leña y las otras cosas mas menudas, y por los mismos 
quipos se daba á cabo de un año, ó de diez, ó de 
veinte, razón á quien tenia comisión de tomar la 



\a) Propiamente quippucamayoc. 




42 Del Señorío de los Incas. 

cuenta, tan bien, que un par de alpargatas no se 
podían esconder. 

Yo estaba incrédulo en esta cuenta, y aunque lo oia 
afirmar y tratar, tenia lo más dello por fábula; y 

y estando en la provincia de Xauxa, en lo que llaman 
Marcavillca (¿2), rogué al señor Guacarapora (J?) que 
me hiciese entender la cuenta dicha de tal manera 
que yo me satisficiese á mí mismo, para estar cierto 
que era fiel y verdadera; y luego mandó a sus criados 
que fuesen por los quipos, y como este señor sea de 
buen entendimiento y razón para ser indio, con mucho 
reposo satisfizo á mi demanda, y me dijo, que para que 
mejor lo entendiese, que notase que todo lo que por 
su parte habia dado á los españoles desde que entró 
el gobernador don Francisco Pizarro en el valle, es- 
taba allí sin faltar nada: y así vi la cuenta del oro, 
plata, ropa que hablan dado, con todo el maíz, ga- 
nado y otras cosas, que en verdad yo quedé espan- 

y tado dello. Y es de saber otra cosa, que tengo para 
mí por muy cierto, según han sido las guerras largas, 
y las crueldades, robos y tiranías que los españoles 
han hecho en estos indios, que si ellos no estuvieran 
hechos a tan grande orden y concierto, totalmente 
se hubieran todos consumido y acabado; pero ellos, 
como entendidos y cuerdos y que estaban impuestos 



(a) Maycavilca, en nuestro original, y Maricabilca en el cap. LXXXIV 
de la Primera Parte. 

{b) En n. orig. Guacoa (muy enmendado) para que me. 



Capítulo XII. 43 



por príncipes tan sabios, entre todos determinaron 
que si un ejército de españoles pasase por cualquiera 
de las provincias, que si no fuere el daño que por nin- 
guna vía se puede escusar, como es destruir las se- 
menteras y robar las casas y hacer otros daños mayores 
questos, que en lo demás, todas las comarcas tuviesen 
en el camino real, por donde pasaban los nuestros, 
sus contadores, y éstos tuviesen proveimiento lo más 
amplio que ellos pudiesen, porque con achaque no los 
destruyesen del todo; y así eran proveídos; y después 
de salidos, juntos los señores, iban los quipos de las 
cuentas, y por ellos, si uno había gastado más que 
otro, lo que menos habían proveído lo pagaban, de tal 
suerte, que iguales quedasen todos. 

Y en cada valle hay esta cuenta hoy día, y siempre 
hay en los aposentos tantos contadores como en él 
hay señores, y de cuatro en cuatro meses fenescen 
sus cuentas por la manera dicha; y con la orden 
que han tenido, han podido sufrir combates tan gran- 
des, que si Dios fuese servido que del todo hobíe- 
sen cesado con el buen tratamiento que en este 
tiempo reciben, y con la buena orden y justicia que 
hay, se restaurarían y multiplicarían, para que en 
alguna manera vuelva a ser este reyno lo que fué, 
aunque yo creo que será tarde ó nunca. Y es verdad 
que yo he visto pueblos, y pueblos bien grandes, y de 
una sola vez que crípstíanos españoles pasen por él, 
quedar tal, que no parecía sino que fuego lo había 
consumido; y como las gentes no eran de tanta razon^ 
ni unos á otros se ayudaban, perdíanse después con 



44 Del Señorío de los Incas, 

hambres y enfermedades, porque entre ellos hay poca 
caridad, y cada uno es señor de su casa, y no quiere 
más cuenta. Y esta orden del Perú débese á los seño- 
res que lo mandaron y supieron ponerla en todas las 
cosas tan grande como vemos los que acá estamos, 
por estas y otras cosas mayores; y con tanto pasaré 
adelante. 



CAP, XIII. — Cómo los Se flores del Perú eran 
muy amados por una parte y temidos por 
otra de todos sus subditos, y cómo ninguno de 
ellos, aunque fuese gran señor muy antiguo, 
en su linage, podia entrar en su presencia, si 
no era con una carga en señal de grande obe- 
diencia. 



Es de notar, y mucho, que como estos reyes man- 
daron tan grandes provincias y en tierra tan larga, 
y en parte tan áspera y llena de montañas y de pro- 
montorios nevados, y llanos de arena secos de árbo- 
les y faltos de agua, que era necesario gran prudencia 
para la gobernación de tantas naciones y tan dis- 
tintas unas de otras en lenguas, leyes y religiones, 
para tenellas todas en tranquilidad y que gozasen 
de la paz y amistad con él; y así, no embargante 



Capítulo XIII. 45 

que la ciudad del Cuzco era la cabeza de su impe- 
rio, como en muchos lugares hemos apuntado, de 
cierto en cierto término, como también diremos, 
tenian puestos sus delegados y gobernadores , los 
cuales eran los más sabios, entendidos y esforzados 
que hallarse podían, y ninguno tan mancebo que ya 
no estuviese en el postrer tercio de su edad. Y como 
le fuesen fieles y ninguno osase levantarse, y tenia 
de su parte á los mitimaes, ninguno de los naturales^ 
aunque más poderoso fuese, osaba intentar ninguna 
rebelión, y si alguna intentaba, luego era castigado 
el pueblo donde se levantaba, embiando presos los 
movedores al Cuzco. Y desta manera eran tan temi- 
dos los reyes, que si sallan por el reyno y permitían 
alzar algún paño de los que iban en las andas, para 
dejarse ver de sus vasallos, alzaban tan gran alarido, 
que hacían caer las aves de lo alto donde iban vo- 
lando, á ser tomadas á manos; y todos los temían 
tanto, que de la sombra que su persona hacia no osa- 
ban decir mal. Y no era esto solo; pues es cierto, que 
si algunos de sus capitanes ó criados sallan á visitar 
alguna parte del reyno para algún efecto, le sallan á 
recibir al camino con grandes presentes, no osando, 
aunque fuese sólo, dejar de cumplir en todo y por 
todo el mandamiento dellos. 

Tanto fué lo que temieron á sus príncipes en tierra 
tan larga, que cada pueblo estaba tan asentado y bien 
gobernado como si el Señor estuviera en él para casti- 
gar los que lo contrario hiciesen. Este temor pendía 
del valor que habla en los señores y de su misma jus- 



46 Del Señorío de los Incas. 

ticia, que sabían que por parte de ser ellos malos, si lo 
fuesen, luego el castigo se habia de hacer en los que lo 
fuesen, sin que bastase ruego ni cohecho ninguno. Y 
como siempre los Incas hiciesen buenas obras a los 
questaban puestos en su señorío, sin consentir que 
fuesen agraviados, ni que les llevasen tributos dema- 
siados, ni que les fuesen hechos otros desafueros, sin 
lo cual, muchos que tenian provincias estériles y que 
en ellas sus pasados habian vivido con necesidad, les 
daban orden que las hacian fértiles y abundantes, pro- 
veyéndoles de las cosas que en ella habia necesidad; y 
en otras donde habia falta de ropa, por no tener gana- 
dos, se los mandaban dar con gran liberalidad. En fin, 
entendíase, que así como estos señores se supieron ser- 
vir de los suyos y que les diesen tributos, así ellos les 
supieron conservar las tierras y traellos de bastos á 
muy pulíticos, y de desproveídos, que no les faltase 
nada; y con estas buenas obras, y con que siempre el 
Señor a los principales daba mugeres y preseas ricas, 
ganaron tanto las gracias de todos, que fueron dellos 
amados en estremo grado, tanto que yo me acuerdo 
por mis ojos haber visto a indios viejos, estando á 
vista del Cuzco, mirar contra la ciudad y alzar un 
alarido grande, el cual se les convertía en lágrimas 
salidas de tristeza, contemplando el tiempo presente y 
acordándose del pasado, donde en aquella ciudad por 
tantos años tuvieron señores de sus naturales, que 
supieron atraellos á su servicio y amistad de otra ma- 
nera que los españoles. 

Y era usanza y ley inviolable entre estos señores del 



Capítulo XIII. 47 



Cuzco, por grandeza y por la estimación de la digni- 
dad real, questando él en su palacio, ó caminando con 
gente de guerra, ó sin ella, que ninguno, aunque fue- 
se de los más grandes y poderosos señores de todo su 
reyno, no habia de entrar á le hablar, ni estar delante 
de su presencia, sin que primero, tirándose los zapa- 
tos, que ellos llaman oxotas, se pusiese en sus hom- 
bros una carga para entrar con ella á la presencia del 
Señor, en lo cual no se tenia cuenta que fuese grande 
ni pequeña, porque no era por más de que supiesen el 
reconocimiento que habían de tener á los señores su- 
yos; y entrando dentro, vueltas las espaldas al rostro 
del Señor, habiendo primero hecho reverencia, quellos 
llaman mocha, dice á lo que viene ó oye lo que les man- 
dado, lo cual pasado, si quedaba en la Corte por algu- 
nos dias y era persona de cuenta, no entraba más con 
la carga; porque siempre estaban los que venian de las 
provincias en la presencia del Señor en convites y en 
otras cosas que por ellos eran hechas. 



48 Del Señorío de los Incas 



CAP. XIV. — De cómo fué muy grande la ri- 
que{a que tuvieron y poseyeron los reyes del 
Perú Y cómo mandaban asistir siempre hijos 
de los señores en su Corte, 



POR la gran riqueza que habernos visto en estas 
partes, podremos creer ser verdad lo que se dice 
de las muchas que tuvieron los Incas; porque yo creo, 
lo que ya muchas veces tengo afirmado, que en el 
mundo no hay tan rico reyno de metal, pues cada dia 
se descubren tan grandes veneros, así de oro como de 
plata; y como en muchas partes de las provincias co- 
giesen en los rios oro, y en los cerros sacasen plata, y 
todo era por un rey, pudo tener y poseer tanta gran- 
deza; y dello yo no me espanto de estas cosas, sino co- 
mo toda la ciudad del Cuzco y los templos suyos no 
eran hechos los edificios de oro puro. Porque, lo que 
hace a los príncipes tener necesidad y no poder ateso- 
rar dineros, es la guerra, y desto tenemos claro ejem- 
plo en lo que el Emperador ha gastado desdel año que 
se coronó hasta este; pues aviendo más plata y oro 
que ovieron los reyes d'España desde el rey don Ro- 
drigo hasta él, ninguno dellos tuvo tanta necesidad 
como S. M. y si no tuviera guerras, y su asiento fuera 



Capitulo XIV, 49 



en España, verdaderamente, con sus rentas y con lo 
que ha venido de las Indias, toda España estuviera tan 
llena de tesoros como lo estaba el Perú en tiempo de 
sus reyes. 

Y esto tráigolo a comparación, que todo lo que los 
Incas habian, lo gastaban no en otra cosa que arreos de 
su persona y ornamento de los templos y servicio de 
sus casas y aposentos; porque en las guerras, las pro- 
vincias les daban toda la gente, armas y mantenimien- 
tos que fuese necesario, y si [a] alguno de los mitimaes 
daban algunas pagas de oro en alguna guerra que ellos 
tuviesen por dificultosa, era poca y que en un dia lo 
sacaban de las minas; y como preciaron tanto la plata 
y oro, y por ellos fuese tan estimada, mandaban sacar 
en muchas partes de las provincias cantidad grande 
della, de la manera y con la orden que adelante se 
dirá. 

Y sacando tanta suma, y no podiendo el hijo dejar 
que la memoria del padre, que se entiende su casa y 
familiares con su bulto, estuviese siempre entera, esta- 
ban de muchos años allegados tesaos, tanto, que todo 
el servicio de la casa del rey, así de cántaros para su 
uso como de cocina, todo era oro y plata; y esto no en 
un lugar y en una parte lo tenia, sino en muchas, es- 
pecialmente en las cabeceras de las provincias, donde 
habia muchos plateros, los cuales trabajaban en hacer 
estas piezas; y en los palacios y aposentos suyos habia 
planchas destos metales, y sus ropas llenas de argente- 
ría y desmeraldas y turquesas y otras piedras preciosas 
de gran valor. Pues para sus mugeres tenian mayores 

4 



5o Del Señorío de los Incas. 



riquezas para ornamento y servicio de sus personas, y 
sus andas todas estaban engastonadas en oro y plata y 
pedrería. Sin esto, en los depósitos habia grandísima 
cantidad de oro en tejuelos, y de plata en pasta, y te- 
nían mucha chaquira, ques en estremo menuda, y otras 
joyas muchas y grandes para sus taquis y borracheras; 
y para los sacrificios eran más lo que tenían destos 
tesoros; y como tenían y guardaban aquella ceguedad 
de enterrar con los difuntos tesoros, es de creer que 
cuando se hazian los osequias y entierros destos reyes, 
que seria increíble lo que meterían en las sepulturas. 
En fin, sus atambores y asentamientos y estrumentos 
de música y armas para ellos eran deste metal; y por 
engrandecer su señorío, paresciéndoles que lo mucho 
que digo era poco, mandaban por ley que ningún oro 
ni plata que entrase en la ciudad del Cuzco, della pu- 
diese salir, sopeña de muerte, lo cual ejecutaban luego 
en quien lo quebrantaba; y con esta ley, siendo lo que 
entraba mucho y no saliendo nada, habia tanto, que si 
cuando entraron los españoles se dieran otras mañas y 
tan presto no ejecutaran su crueldad en dar la. muerte 
á Atahuallpa, no sé qué navios bastaran á traer á las 
Españas tan grandes tesoros como están perdidos en 
las entrañas de la tierra y estarán, por ser ya muertos 
los que lo enterraron. 

Y como se tuviesen en tanto estos Incas, mandaron 
más, que en todo el año residiesen en su corte hijos 
de los señores de las provincias de todo el reino, por- 
que entendiesen la orden della y viesen su magestad 
grande, y fuesen avisados cómo le habían de servir y 



Capítulo XV. 5 1 



obedecer, de que heredasen sus señoríos y curacazgos; 
y si iban los de unas provincias, venían los de otras. 
De tal manera se hacia esto, que siempre estaba su 
corte muy rica y acompañada; porque sin esto, nunca 
dejaban destar con él muchos caballeros de los orejo- 
nes, y señores de los ancianos, para tomar consejo en 
lo que se habia de proveer y ordenar. 



CAP, XV. — De cómo se hacían los edificios para 
los Señores, y los caminos reales para andar 
por el reino. 



UNA de las cosas de que yo mas me admiré, contem- 
plando y notando las cosas deste reino, fué pensar 
cómo y de qué manera se pudieron hacer caminos tan 
grandes y soberbios como por él vemos, y que fuer- 
zas de hombres bastaran á los hacer, y con que herra- 
mientas y estrumentos pudieron allanar los montes y 
quebrantar las peñas, para hacerlos tan anchos y bue- 
ncS como están; p_orque me parece que si el Empera- 
dor quisiese mandar hacer otro camino real, como el 
que va del Quito á Cuzco, ó sale de Cuzco para ir á 
Chile, ciertamente creo, con todo su poder para ello 
no fuese poderoso, ni fuerzas de hombres le pudiesen 
hazer, sino fuese con la orden tan grande que para 



52 Del Señorío de los Incas, 

ello los Incas mandaron que hobiese. Porque si fuera 
camino de cincuenta leguas, ó de ciento, ó docientas, 
es de creer, que aunque la tierra fuese más áspera, no 
se tuviera en mucho, con buena diligencia, hacerlo; mas 
estos eran tan largos, que habia alguno que tenia mas 
de mili y cien leguas, todo hechado por sierras tan 
ágras y espantosas, que por algunas partes, mirando 
abajo, se quitaba la vista, y algunas destas sierras dre- 
chas y llenas de piedras, tanto, que era menester cavar 
por las laderas en peña viva, para hacer el camino an- 
cho y llano; todo lo cual hacian con fuego y con sus 
picos. Por otros lugares habia subidas tan altas y áspe- 
ras, que sallan de lo bajo escalones para poder subir 
por ellos á lo más alto, haciendo entre medias dellos 
algunos descansos anchos para el reposo de las gentes. 
En otros lugares habia montones de nieve, que era 
más de temer, y esto no en un lugar, sino en muchas 
partes, y no así como quiera, sino que no va pondera- 
do ni encarecido como ello es ni como lo vemos; y 
por estas nieves, y por donde habia montañas de árbo- 
les y céspedes, lo hacian llano, y empedrado, si menes- 
ter fuese. 

Los que leyeren este libro y hobieren estado en el 
Perú, miren el camino que va desde Lima á Xauxa 
por las sierras tan ásperas de Huarochiri (¿z), y por la 
montaña nevada de Pariacaca (^), y entenderán, los 



(«) Guayachire, en nuestro original. 
{h) Pavacaca, en n. orig. 



Capitulo XV, 53 



que á ellos lo oyeron, si es más lo que ellos vieron, 
que no lo que yo escribo; y sin esto, acuérdense de la 
ladera que abaja al rio de Apurírnac (a), y cómo viene el 
camino por las sierras de los Paltas, Caxas y Ayaua- 
cas (/^) y otras partes deste reyno, por donde el ca- 
mino va tan ancho como quince pies, poco más ó 
menos; y en tiempo de los reyes estaba limpio, sin 
que hobiese ninguna piedra ni hierba nacida, porque 
siempre se entendia en lo limpiar; y en lo poblado, 
junto á él, habia grandes palacios y alojamiento para la 
gente de guerra, y por los desiertos nevados y de cam- 
paña, habia aposentos donde se podian muy bien 
amparar de los frios y de las lluvias; y en muchos 
lugares, como es en el CoUao (í"), y en otras par- 
tes, habia señales de sus leguas, que eran como los 
mojones d'España con que parten los términos, salvo 
que son mayores y mejor hechos los de acá. A estos ta- 
les llaman topos, y uno dellos es una legua y media de 
Castilla (d). 

Entendido de la manera que iban hechos los cami- 
nos y la grandeza dellos, diré con la facilidad que 



{a) Aptiraina, en n. orig. 

(¿) Paltasgaxas Yayavacas, en n. orig, 

(¿•) Callao, en n. orig. 

{d) Topo ó Tupu, es también medida en general y agraria, represen- 
tando en este caso la porción ó unidad de tierra que á cada vasallo man* 
daban repartir los incas. Dicha porción era de sesenta pasos de largo por 
cincuenta de ancho-, y como medida se conservó y admitió en algunas 
comarcas del Perú, hasta el siglo XVIII por lo menos. 



54 J^^l Señorío de los Incas, 

eran hechos por los naturales, sin que les recreciese 
muerte ni trabajo demasiado; y era, que determinado 
por algún rey que fuese hecho alguno destos caminos 
tan famosos, no era menester muchas provisiones ni 
requerimientos ni otra cosa que decir el rey, hágase 
esto, porque luego los veedores iban por las provin- 
cias marcando la tierra y los indios que habia de (a) 
una a otra, á los cuales mandaba que hiciesen los tales 
caminos; y así, se hacian desta manera, que una pro- 
vincia hacia hasta otra á su costa y con sus indios, y en 
breve tiempo lo dejaban como se lo pintaba; y otras 
hacian lo mismo, y aun, si era necesario, a un tiempo 
se acababa gran parte del camino, ó todo él; y si alle- 
gaban á los despoblados, los indios de la tierra adentro 
questaban más cercanos, venian con vituallas y herra- 
mientas a los hacer, de tal manera, que con mucha 
alegría y poca pesadumbre era todo hecho; porque no 
les agraviaban en un punto, ni los Incas ni sus cria- 
dos les metían en nada. 

Sin todo esto, se hicieron grandes calzadas de exce- 
lente edificio, como es la que pasa por el valle de Xa- 
quixaguana, y sale de la ciudad del Cuzco, y va por 
el pueblo de Muhina. Destos caminos reales habia 
muchos en todo el reyno, así por la sierra como por 
los llanos. Entre todos, cuatro se tienen por los más 
importantes, que son los que salían de la ciudad del 
Cuzco, de la misma plaza della, como crucero, á las 



{a) Jba, en n. orig. 



Capitulo XV, 55 



provincias del reino, como tengo escripto en la Pri- 
mera parte desta Crónica, en la fundación del Cuz- 
co (a)\ Y por tenerse en tanto los señores, cuando 
salian por estos caminos, sus personas reales con la 
guarda convenible iban por uno, y por otro la demás 
gente; y aun en tanto tuvieron su poderío, que muer- 
to uno de ellos, el hijo, habiendo de salir a alguna parte 
larga, se le hacia camino por sí mayor y más ancho que 
el de su antecesor; mas esto era si salia [a] alguna con- 
quista el tal rey, ó á hacer cosa digna de tal memoria 
que se pudiese decir que por aquello era más largo 
el camino que para él se hizo. Y esto vemos claro, 
porque yo he visto junto á Vilcas tres ó cuatro cami- 
nos; y aun una vez me perdí por el uno, creyendo 
que iba por el que agora se usa; y á estos llaman, al 
uno camino del Inca Yupanqui, y al otro de Tupac 
Inca; y el que agora se usa y usará para siempre, es el 
que mandó hacer Huaina Capac, que llegó acerca del 
rio de Angasmayo, al Norte, y al Sur, mucho ade- 
lante de lo que agora llamamos Chile; caminos tan 
largos, que habia de una parte á otra más de mili y 
doscientas leguas. 



■.SIT7] 



I . 



[a) Cap. XCIl. 



56 Del Señorío de los Incas. 



CAP, XVI. — Cómo y de qué manera se hacían 
las ca^as reales por los Señores del Perú. 



EN la primera parte {a) conté ya cómo en este reino 
del Perú había suma grandísima de ganado do- 
méstico y bravo, urcos, carneros y pacos, vicunias y 
ovejas, llamas, en tanta manera, que así lo poblado 
como lo que no lo era andaba lleno de grandes mana- 
das; porque por todas partes había y hay excelentes 
pastos para que bien se pudiese criar. Y es de saber, 
que aunque había tanta cantidad, era mandado por los 
reyes, que so graves penas, ninguno osase matar ni 
comer hembra ninguna, y sí lo quebrantaban, luego 
eran castigados, y con este temor no lo osaban comer. 
Multiplicábanse tanto, ques de no creer lo mucho 
que había en el reino cuando los españoles entra- 
ron en él; y lo principal porquesto se mandaba, es 
porque hobíese abasto de lanas para hacer ropas; 
porque, cierto, en muchas partes, si faltase del todo 
este ganado, no sé cómo podrían las gentes guarecer- 



{a) Cap. CXI, acompañado con un excelente dibujo grabado en madera, 
que quizá sea la primera representación gráfica de estos animales que se ha 
publicado en Europa. 



Capitulo XVL 57 

se del frió, por la falta que tenían de lanas para hacer 
ropas. Y así, con esta orden, eran muchos los depósitos 
que por todas partes habia llenos de ropa, así para la 
gente de guerra, como para los demás naturales; y la 
más desta ropa se hacia de la lana del ganado de los 
guanacos y vicunias. 

Y cuando el Señor quería hacer alguna caza real, 
es de oír lo mucho que se mataba y tomaba á manos de 
hombres; y tal día hubo, que se tomó más de treinta 
mili cabezas de ganado; mas cuando el rey lo tomaba 
por pasatiempo y salía para ello de propósito, ponían- 
le las tiendas en el lugar que á él le parescía; porque 
como fuese en lo alto de la serranía, en ninguna parte 
dejaba de haber este ganado y tanto como habernos 
dicho; de donde, habiéndose ya juntado cincuenta ó 
sesenta mili personas, ó cíen mili, si mandado les era, 
cercaban los breñales y campañas de tal manera, que 
con el ruido que iban haciendo en el resonido de sus 
voces, bajaban de los altos á lo más llano; en donde 
poco á poco se vienen juntando unos hombres con 
otros, hasta quedar asidos de las manos, y en el re- 
dondo que con sus propios cuerpos hacían, está la caza 
detenida y represada, y el Señor puesto á la parte que 
á él más le place, para ver la matanza que della se 
hace; y entrando otros indios con unos que se llaman 
ayllos, ques para prender por los píes, y otros con bas- 
tones y porras, comienzan de tomar y matar; y como 
hay tan gran cantidad de ganado detenido y entre 
ellos tantos de los guanacos, que son algunos mayores 
que pequeños asnillos, largos de pescuezos, como ca- 



58 Del Señorío de los Incas, 

mellos, procuran la salida, echando por la boca la roña 
que tienen {a\ en los rostros de los hombres, y con 
hender por donde pueden con grandes saltos. Y cier- 
to, se dice ques cosa despanto ver el ruido tan grande 
que tienen los indios por les tomar, y el estruendo que 
ellos hacen para salir, tanto, que se oye gran trecho de 
donde pasa. Y si el rey quiere matar alguna caza sin 
entrar en la rueda questá hecha, lo hace como a él 
le place {b). 

Y en estas cazas reales se gastaban muchos dias; 
y muerta tanta cantidad de ganado, luego se mandaba 
por los veedores llevar la lana de todo ello á los de- 
pósitos ó a los templos del sol, para que las mamaco- 
nas entendiesen en hacer ropas finísimas para los reyes, 
que lo eran tanto, que parescian de sargas de seda, 
y con colores tan perfectos cuanto se puede afirmar. La 
carne de esto que sacaban, della comian los que esta- 
ban allí con el rey, y della se secaba al sol (¿r), para 
tener puesta en los depósitos, para proveimiento de la 
gente de guerra; y todo este ganado se entiende que 
era de lo montesino, y no ninguno de lo doméstico. 
Tomábase entre ellos muchos venados y biscachas, 
raposas y algunos osos y leones pequeños. 

{a) Escupiendo simplemente con fuerza la saliva. Aún hoy dia exis- 
te en Chile la preocupación de que lo hacen por ser su saliva venenosa y 
ofender con ella al que los acosa ó molesta; y no faltan en Madrid per- 
sonas que crean lo mismo de los que existen en el Parque del Retiro y yo 
traje de Santiago de Chile. 

(¿) Esta cacería se llamaba chaco. 

{c) Es el charqui, que hoy se hace de llama, de huanacu y también 
de vaca. 



Capitulo XV 11. 59 



CAP, XVII. — Que traía la orden que tenían los 
Incas, y cómo en muchos lugares hadan de 
las tierras estériles fértiles, con el proveimiento 
que para ello daban. 



UNA de las cosas de que más se tiene envidia á 
estos señores, es entender cuan bien supieron 
conquistar tan grandes tierras y ponellas, con su pru- 
dencia, en tanta razón como los españoles las hallaron, 
cuando por ellos fué descubierto este nuevo reyno; y 
de questo sea así muchas veces me acuerdo yo, estando 
en alguna provincia indómita fuera destos reynos, oír 
luego a los mismos españoles: '*' Yo seguro, que si los 
Incas anduvieran por aquí, que otra cosa fuera esto;'' 
es decir, no conquistaron los Incas esto como lo otro, 
porque supieran servir y tributar. Por manera, que, 
cuanto á esto, conocida está la ventaja que nos hacen, 
pues con su orden las gentes vivían con ella y cre- 
cían en multiplicación, y de las provincias estériles 
hacian fértiles y abundantes, en tanta manera y por tan 
galana orden como se dirá. 

Siempre procuraron de hacer por bien las cosas y 
no por mal en el comienzo de los negocios; después, 
algunos Incas hicieron grandes castigos en muchas 
partes; pero antes, todos afirman que fué grande la 



6o Del Señorío de los Incas, 

benevolencia y amicicia con que procuraban el atraer 
a su servicio estas gentes. Ellos salían del Cuzco con 
su gente y aparato de guerra y caminaban con gran 
concierto hasta cerca de donde habían de ir y querían 
conquistar, donde muy bastantemente se informaban 
del poder que tenían los enemigos y de las ayudas que 
podían tener y de qué parte les podrían venir favores, 
y por qué camino; y esto entendido por ellos, procu- 
raban por las vías á ellos posibles, estorbar que no 
fuesen socorridos, ora con dones grandes que hacían, 
ora con resistencias que ponían; entendiendo, sin esto, 
de mandar hacer sus fuertes, los cuales eran en cerros 
ó laderas, hechos en ellos ciertas cercas altas y largas, 
con su puerta cada una, porque perdida la una, pu- 
diesen pasarse a la otra, y de la otra hasta lo más alto. 
Y enviaban escuchas de los confederados para marcar 
la tierra y ver los caminos y conoscer del arte ques- 
taban aguardando, y por donde había mas manteni- 
miento; y sabiendo por el camino que habían de llevar 
y la orden con que habían de ir, enviábales mensajeros 
propios, con los cuales les enviaba decir quel quería 
tenerlos por parientes y aliados, por tanto, que con 
buen ánimo y corazón alegre, saliesen á lo recebir y 
recibirlo en su provincia, para que en ella le sea dada 
la obediencia, como en las demás; y por que lo hagan 
con voluntad, enviaba presentes á los señores na- 
turales. 

Y con esto, y con otras buenas maneras que te- 
nían, entraron en muchas tierras sin guerra, en las 
cuales mandaba á la gente de guerra que con él iba, 



Capítulo XV IL 6 1 



que no hiciesen daño ni injuria ninguna, ni robo, ni 
fuerza; y si en esta provincia no habia mantenimien- 
tos, mandaba que de otras partes se proveyese; por- 
que á los nuevamente venidos á su servicio no les 
paresciese, desde luego, pesado su mando y conoci- 
miento, y el conocelle y aborrecelle fuese en un tiem- 
po. Y si en alguna destas provincias no habia ganado, 
luego mandaba que le diesen por cuenta tantas mili 
cabezas, lo cual mandaban que mirasen mucho y con 
ello multiplicasen, para proveerse de lana para sus 
ropas; y que no fuesen osados de comer ni matar nin- 
guna cria por los años y tiempo que le señalaba. Y si 
habia ganado y tenian de otra cosa falta, era lo mismo; 
y si estaban en collados y breñales, bien les hacian 
entender con buenas palabras, que hiciesen pueblos y 
casas en lo más llano de las sierras y laderas; y como\ 
muchos no eran diestros en cultivar las tierras, ave- 
zábanles como lo habian de hacer, emponiéndoles en 
que supiesen sacar acequias y regar con ellas los 
campos. 

En todo lo sabian proveer tan acertadamente, que 
cuando entraba por amistad alguno de los Incas en 
provincias de estas, en breve tiempo quedaba tal, que 
páresela otra, y los naturales, le daban la obidiencia, 
consintiendo que sus delegados quedasen en ellas, y lo 
mismo los mitimaes. En otras muchas que entraron 
de guerra y por fuerza de armas, mandábase que en 
los mantenimientos y casas de los enemigos se hiciese 
poco daño, diciéndoles el Señor: ''presto serán estos 
nuestros como los que ya lo son." Como esto tenian 



\ 



62 Del Señorío de los Incas. 

conocido, procuraban que la guerra fuese la mas li- 
viana que ser pudiese, no embargante que en muchos 
lugares se dieron grandes batallas, porque todavía los 
naturales dellos querían conservarse en la libertad 
antigua, sin perder sus costumbres y religión por to- 
mar otras extrañas; más durando la guerra, siempre ha- 
blan los Incas lo mejor, y vencidos, no los destruyan de 
nuevo, antes mandaban restituir los presos, si algunos 
habia, y el despojo y ponerlos en posesión de sus 
haciendas y señorío, amonestándoles que no quieran 
ser locos en tener contra su persona real competen- 
cias ni dejar su amistad, antes quisieran ser sus ami- 
gos, como lo son los comarcanos suyos. Y diciendo 
esto, dábanles algunas mujeres hermosas y piezas ricas 
de lana ó de metal de oro. 

Con estas dádivas y buenas palabras, habia las volun- 
tades de todos, de tal manera, que sin ningún temor 
los huidos a los montes se volvían á sus casas, y todos 
dejaban las armas; y el que mas vezes via al Inca, se 
tenia por bien aventurado y dichoso. 

Los señoríos nunca los tiraban á los naturales. A to- 
dos mandaban unos y otros que por Dios adorasen el 
sol; sus demás religiones y costumbres no se las proi- 
vian, pero mandábanles que se gobernasen por las le- 
yes y costumbres que usaban en el Cuzco, y que todos 
hablasen la lengua general. 

Y puesto gobernador por el Señor con guarnicio- 
nes de gente de guerra, parten para lo de adelante; y 
si estas provincias eran grandes, luego se entendía 
en edificar templo del sol, y colocar las mujeres que 



Capítulo XVIL 63 



ponían en los demás, y hacer palacios para los seño- 
res; y cobraban los tributos que hablan de pagar, sin 
llevarles nada demasiado, ni agravialles en cosa nin- 
guna, encaminándoles en su pulida y en que supiesen 
hacer edificios, traer ropas largas, y vivir concertada- 
mente en sus pueblos; á los cuales, si algo les faltaba, 
de que tuviesen necesidad, eran proveídos y enseña- 
dos como lo habian de sembrar y beneficiar. De tal 
manera se hacia esto, que sabemos en muchos lugares 
que no habia ganado, lo hubo y mucho desdel tiem- 
po que los Incas lo sojuzgaron; y en otros que no ha- 
bia maíz, tenello después sobrado. Y en todo lo de- 
mas andaban como salvages, mal vestidos y descal- 
zos, y desde que conocieron á estos señores , usaron 
de camisetas, lazos y mantas, y las mujeres lo mismo, 
y de otras buenas cosas; tanto, que para siempre ha- 
brá memoria de todo ello. Y en el CoUao y en otras 
partes mandó pasar mitimaes á la sierra de los Andes, 
para que sembrasen maíz y coca, y otras frutas y raí- 
ces, de todos los pueblos la cantidad conviniente; los 
cuales con sus mujeres vivían siempre en aquella 
parte donde sembraban, y cogían tanto de lo que 
digo, que se sentía poco la falta, por traer mucho des- 
tas partes y no haber pueblo ninguno, por pequeño 
que fuese, que no tuviese destos mitimaes. Adelante 
trataremos cuantas suertes había destos mitimaes, 
y [que] hacían los unos y entendían los otros. 



64 Del Señorío de los Incas. 



CAP, XVIIL — Que trata la orden que había en 
el tributar las provincias d los reyes, y del 
concierto que en ello se tenia. 



PUES en el capítulo pasado escribí la manera que en 
sus conquistas los Incas tuvieron, será bien decir 
en éste cómo tributaban tantas naciones, y cómo 
en el Cuzco se entendia lo que venia de los tributos; 
pues es cosa muy notoria y entendida, ningún pueblo 
de la sierra ni valle de los llanos dejó de pagar el 
tributo de derrama que le era impuesto por los que 
para ello tenian cargo; y aun tal provincia hubo, que 
diciendo los naturales no tener con que pagar tributo, 
les mandó el rey que cada persona de toda ella fuese 
obligada de le dar cada cuatro meses un cañuto algo 
grande lleno de piojos vivos, lo cual era industria del 
Inca, para emponellos y avisallos en el saber tributar, 
y contribuir; y así, sabemos que pagaron su tributo de 
piojos algunos dias, hasta que, habiéndoles mandado 
dar ganado, procurar de lo criar, y hacer ropas, y 
buscar con que tributar para el tiempo de adelante. 

Y la orden que los orejones del Cuzco y los más 
señores naturales de la tierra dicen que se tenia en 
el tributar, era esta: que desde la ciudad del Cuzco, 
el que reinaba, enviaba algunos principales criados 



Capítulo XVIIL 65 

de su casa a visitar por el uno de los cuatro reales 
caminos que salen de aquella ciudad, que ya tengo 
escripto (a) llamarse Chincha Suyo el uno, en el cual 
entran las provincias que hay hasta Quito, con todos 
los llanos de Chincha para abajo hacia el Norte; y el 
segundo se llama Conde Suyo, ques donde se incluyen 
las regiones y provincias questán hacia la mar del 
Sur y muchas de la serranía; al tercero llaman Co- 
lla Suyo, ques por donde contaron todas las provincias 
que hay hacia la parte del Sur hasta Chile. El último 
camino llaman Ande Suyo (/^); por este van a todas 
las tierras questán en las montañas de los Andes, que 
se estiende en las faldas y vertientes dellas. 

Pues como el Señor quisiese saber lo que hablan de 
tributar todas las provincias que habia del Cuzco hasta 
Chile, camino tan largo, como muchas veces he dicho, 
mandaba salir, como digo, personas fieles y de con- 
fianza, las cuales iban de pueblo en pueblo mirando 
el traje de los naturales y posibilidad que tenian, y la 
grosedad de la tierra, ó si en ellas habia ganados, ó 
metales, ó mantenimientos, ó de las demás cosas 
quellos querian y estimaban; lo cual mirado con mu- 
cha diligencia, volvian á dar cuenta al Señor de todo 
ello; el cual mandaba hacer Cortes generales y que 
acudiesen a ellas los principales del reino; y estando 
allí los señores de las provincias que le habían de 



{a) Cap. XCII de la Primera parte. 
(¿) De suyo, en n. orig. 



66 Del Señorío de los Incas, 

tributar, les hablaba amorosamente, que pues le tenían 
por solo Señor y monarca de tantas tierras y tan gran- 
des, que tuviesen por bien, sin recibir pesadumbre, 
de le dar los tributos debidos a la persona real, el 
cual él queria que fuesen moderados y tan livianos, 
que ellos fácilmente lo pudiesen hacer. Y respondídole 
conforme a lo que él deseaba, tornaban á salir de 
nuevo con los mesmos naturales algunos orejones á 
imponer el tributo que habian de dar; el cual era en 
algunas partes más que el que dan los españoles en 
este tiempo; pero con la orden tan grande que se 
tenia en lo de los Incas, era para no sentirlo la gente, 
y crecer eii multiplicación; y con la desorden y dema- 
siada codicia de los españoles, se fueron disminuyendo 
en tanta manera, que falta la mayor parte de la gente, 
y del todo se acabara de consumir por su codicia y 
avaricia que los más, ó todos, acá tenemos, si la mise- 
ricordia de Dios no lo remediara con permitir que las 
guerras hayan cesado, ques cierto se han de tener por 
azotes de su justicia, y que la tasación se haya hecho 
de tal manera y moderación, que los indios con ella 
gozan de gran libertad y son señores de sus perso- 
nas y haciendas, sin tener más pecho ni subsidio que 
pagar cada pueblo lo que le ha sido puesto por tasa. 
Estotra de adelante. Un poco más largo (a). 

Visitando los que por los Incas son enviados las 



{a) Así en la copia del Escorial. Yo entiendo que debe decir: esto tra- 
tare adelante wt poco más largo. 



Capitulo XVIIL 67 

provincias, entrando en una, en donde ven por los 
quipos la gente que hay, asi hombres como mujeres, 
viejos é niños, en ella (¿?), y mineros de oro ó plata, 
mandaban a la tal provincia, que puestos en las minas 
tantos mili indios, sacasen de aquellos metales la can- 
tidad que les señalaban, mandando que lo diesen y en- 
tregasen a los veedores que para ello ponian; y porque 
en el inter que andaban sacando plata los indios que 
eran señalados, no podian beneficiar sus heredades y 
campos, los mismos Incas ponian por tributo a otras 
provincias que les viniesen a les hacer la sementera a 
sus tiempos y coyuntura; de tal manera, que no que- 
dase por sembrar; y si la provincia era grande, della 
mesma sallan indios a cojer metales y a sembrar y la- 
brar las tierras; y mandábase, que si estando en las mi- 
nas adolesciese alguno de los indios, que luego se fue- 
se á su casa y viniese otro en su lugar; mas que nin- 
guno cojiese metales que no fuese casado, para que 
sus mujeres le adrezasen el mantenimiento y su breva- 
je; y sin esto, se guardaba de enviar mantenimientos 
bastantes á estos tales. De tal manera se hacia, que 
aunque toda su vida estuvieran en las minas, no lo tu- 
vieran por gran trabajo; ni ninguno moria por dárselo 
demasiado. Y sin todo esto, en el mes le era permitido 
dejar de trabajar algunos dias, para sus fiestas y sola- 
zes; y no unos [mismos] indios estaban á la continua 
en los mineros, sino de tiempo á tiempo los manda- 
ban, saliendo unos y entrando otros. 



[a) Sin ella, en n. orig. 



68 Del Señorío de los Incas, 

Tal manera tuvieron los Incas en esto, que les sa- 
caban tanto oro y plata en todo el reino, que debió 
de haber año que les sacaron más de cincuenta mili 
arrobas de plata, y más de quince mili de oro, y siem- 
pre sacaban destos metales para servicio suyo. Y estos 
metales eran traidos á las cabeceras de las provincias, 
y de la manera y con la orden con que los sacaban en 
las unas, los sacaban en las otras, de todo del reino; y 
si no habia metal que sacar en otras tierras, para que 
pudiesen contribuir, echaban pechos y derramas de 
cosas menudas, y de mugeres y muchachos; los cuales 
se sacaban del pueblo sin ninguna pesadumbre, porque 
si un hombre tenia un solo hijo ó hija, este tal no le 
tomaban, pero si tenia tres ó cuatro, tomábales una 
para pagar el servicio. 

Otras tierras contribuian con tantas mili cargas de 
maíz como en ella habia casas, lo cual se daba cada co- 
secha {a) y á costa de la misma provincia. En otras 
regiones proveian por la mesma orden de tantas car- 
gas de chuño (J?) seco como los otros hacian de maíz; 
lo cual hacian otros, y contribuian de quínua {c) y 
de las otras raíces. En otros lugares daban cada uno 
tantas mantas como indios en él habia casados, y en 
otros tantas camisetas como eran cabezas. En otros se 
echaba por imposición que contribuyesen con tantas 



{a) Cosa hecha, en n. orig. 

{b) Chumo en n. orig. Es la patata seca después de helada. 

\c) Quimia en n. orig. {Chenopodhwi quinad). 



Capítulo XVIII. 69 

mili cargas de lanzas, y otras con hondas y ayllos con 
todas las demás armas que ellos usan. A otras provin- 
cias mandaban que diesen tantos mili indios puestos 
en el Cuzco, para que hiciesen los edificios públicos de 
la ciudad y los de los reyes, proveyéndoles de mante- 
nimiento necesario. Otros tributaban maromas para 
llevar las piedras; otros tributaban coca. De tal ma- 
nera se hacia esto, que desde lo más menudo hasta lo 
más importante les tributaban á los Incas todas las pro- 
vincias y comarcas del Perú; en lo cual hobo tan gran- 
de orden, que ni los naturales dejaban de pagar lo ya 
debido é impuesto, ni los que cojian los tales tributos 
osaban llevar un grano de maíz demasiado. Y todo el 
mantenimiento y cosas pertenecientes para el provei- 
miento de la guerra, que se contribuian, se despendía 
en la gente de guerra ó en las guarniciones ordinarias 
questaban puestas en partes del reino, para la defensa 
del. Y cuando no habia guerra, lo más de todo lo co- 
mían y gastaban los pobres, porque estando los reyes 
en el Cuzco, ellos tenían sus anaconas (a), que es nom-| 
bre de criado perpetuo, y tantos, que bastaban á labrar 
sus heredades y sus casas y sembrar tanto manteni- 
miento que bastase, sin lo que para su plato se traia de 
las comarcas siempre, muchos corderos y aves, y pes- 
cado, y maíz, coca, raíces, con todas las frutas que se 
cogen. Y tal orden habia en estos tributos que los na- 
turales los pagaban, y los Incas se hallaban tan podero- 



(a) Propiamente Yanacunas. 



yo Bel Señorío de los Incas. 

sos, que no tenían guerra ninguna que se recreciese. 
Para saber cómo y de qué manera se pagaban los 
tributos y se cogían las otras derramas, cada giiata^ 
que es nombre de año, despachaba ciertos orejones 
como juezes de comisión, porque no llevaban poder 
de más de mirar las provincias y avisar á los morado- 
res si alguno estaba agraviado lo dijese y se quejase, 
para castigar a quien le hubiese hecho alguna sinjus- 
ticía; y recibidas las quejas, sí las había, ó entendido si 
en alguna parte algo se dejaba por pagar, daba la vuel- 
ta al Cuzco, de donde salía otro con poder para casti- 
gar quien tuviese culpa. Sin esta diligencia, se hacia 
otra mayor, que era, que de tiempo á tiempo parecían 
los principales de las provincias, donde el día que á 
cada nación le era permitido hablar, proponía delante 
del Señor el estado de la provincia y la necesidad ó 
hartura que en ella había, y el tributo sí era mucho ó 
poco, ó si lo podían pagar ó no; á lo cual eran despa- 
chados a su voluntad, estando ciertos los señores Incas 
que no mentían, sino que les decían la verdad; porque 
si había cautela, hacían gran castigo y acrecentaban el 
tributo. Las mugeres que daban las provincias, dellas 
las traían al Cuzco para que lo fuesen de los reyes, y 
dellas dejaban en el templo del sol. 



Capítulo XIX, ji 



CAP, XIX, — De cómo los reyes del Cuíco man- 
daban que se tuviese cuenta en cada año con 
todas las personas que morían y nacían en todo 
su reino, y cómo todos trabajaban y ninguno 
podía ser pobre con los depósitos. 



PARA muchos efectos concuerdan los orejones que 
en el Cuzco me dieron la relación, que antigua- 
mente, en tiempo de los reyes Incas, se mandaba por 
todos los pueblos y provincias del Perú, que los seño- 
.res principales y sus delegados supiesen cada año los 
hombres y mugeres que habian sido muertos, y todos 
los que habian nacido; porque así para la paga de los 
tributos, como para saber la gente que habia para la 
guerra y la que podia quedar por defensa del pueblo, 
convenia que se tuviese ésta; la cual fácilmente podian 
saber, porque cada provincia, en fin del año, mandaba 
asentar en los quipos por la cuenta de sus nudos todos 
los hombres que habian muerto en ella en aquel año, y 
por el [con] siguiente los que habian nacido. Y por 
principio del año que entraba, venian con los quipos 
al Cuzco, por donde se entendía, así los que en aquel 
año habian nacido, como los que faltaban por ser 
muertos. Y en esto habia gran verdad y certidumbre, 
sin en nada haber fraude ni engaños. Y entendido 



72 



Del Señorío de los Incas, 



esto, sabían el Señor y los gobernadores los indios que 
destos eran pobres y las mugeres que eran viudas, y si 
bien podian pagar los tributos, y cuánta gente podia 
salir para la guerra; y otras muchas cosas que para en- 
tre ellos se tenian por muy importantes. 

Y como sea este reino tan largo, como en muchos 
lugares de esta escriptura tengo dicho, y en cada 
provincia principal habia número grande de depósitos 
llenos de mantenimientos y de otras cosas necesarias 
y provechosas para el provehimiento de los hombres; 
si habia guerra, gastábase, por donde quiera que 
iban los reales, de lo questaba en estos aposentos, sin 
tocar en lo que los confederados suyos tenian, ni alle- 
gar á cosa ninguna que en sus pueblos hobiese; y si 
no habia guerra, toda la multitud de mantenimientos 
que habia, se repartia por los pobres y por las viu- 
das. Estos pobres habian de ser los que eran viejos 
demasiadamente, los que eran cojos, mancos ó to- 
llidos, ó toviesen otras enfermedades; porque si es- 
taban sanos, ninguna cosa les mandaban dar. Y lue- 
go eran tornados á hinchir los depósitos con los tri- 
butos que eran obligados á dar; y si por caso venia 
algún año de mucha esterilidad, mandaban así mesmo 
abrir los depósitos y prestar á las provincias los man- 
tenimientos necesarios; y luego, en el año que hobiese 
hartura, lo daban y volvían por su cuenta y medida 
cierta. Aunque los tributos que á los Incas se daban no 
sirvieran para otras cosas que para las dichas, era 
bien empleado, pues tenian su reino tan harto y bien 
proveido. 



Capítulo XIX. j3 



No consentían que ninguno fuese haragán y andu- 
viese hurtando el trabajo de otros, sino á todos man- 
daban trabajar. Y así, cada señor, en algunos dias, 
iba á su chácara y tomaba el arado en las manos y 
aderezaba la tierra, trabajando en otras cosas. Y aún 
los mismos Incas lo hacian, puesto que era por dar 
buen ejemplo de sí; porque se habia de tener por 
entendido, que no habia de haber ninguno tan rico 
que por serlo quisiese baldonar y afrentar al pobre; y 
con su orden no habia ninguno que lo fuese en toda 
su tierra, porque, teniendo salud, trabajaba y no le 
faltaba, y estando sin ella, de sus depósitos le proveían 
de lo necesario. Ni ningún rico podía traer más arreo 
ni ornamento de los pobres, ni diferenciar el vestido y 
traje, salvo á los señores y curacas, que estos, por la 
dignidad suya, podían usar de grandes franquezas y 
libertades, y lo mesmo los orejones, que entre todas 
las naciones eran jubilados. 



74 I^^l Señorío de los Incas, 



CAP, XX. — De cómo había gobernadores pues- 
tos en las provincias, y de la manera que te- 
nían los reyes, cuando salían d visitarlas, y 
cómo tenían por armas unas culebras ondadas 
con unos bastones. 



POR muy cierto se averigua de los reyes deste 
reino, en el tiempo de su señorio y reinado tu- 
vieron en todas las cabeceras de las provincias,— como 
eran Vilcas, Xauxa, Bombón, Caxamalca, Guanea- 
bamba, Tomebamba, Latacunga (¿z), Quito, Caran- 
gui; y por la otra parte del Cuzco, hacia el Medio- 
dia, Hatuncana, Hatuncolla, Ayavire, Chuquiabo, 
Chucuito, Paria, y otros que van hasta Chile, — sus 
delegados; porque en estos lugares habia mayores 
aposentos y mas primos que en otros muchos pueblos 
deste gran reino, y muchos depósitos; y eran como 
cabezas de provincias ó de comarcas, porque de tan- 
tas a tantas leguas venian los tributos a una destas 
cabeceras, y de tantas á tantas, iba á otra; habiendo en 
esto tanta cuenta, que ningún pueblo dejaba de tener 



(«) En nuestro original: Eticas; Xauxa, Bomboa, Caxamalca, Guanea, 
Bombacome, Bonba-Caia, Quraga. 



Capítulo XX. 75 



conocido á donde había de acudir. Y en todas estas ca- 
beceras tenian los reyes templos del sol y casa de 
fundición y muchos plateros, que no entendían en 
todo el tiempo en más que en labrar ricas piezas de 
oro, ó grandes vasijas de plata; y habia mucha gente 
de guarnición, y, como dije, mayordomo mayor ó de- 
legado que estaba sobre todos, y á quien venia la 
cuenta de lo que entraba, y el que era obligado a la dar 
de lo que salía. Y estos tales gobernadores no podían 
entremeterse en mandar en la jurisdicción agena y que 
tenia á cargo otro como él; mas en donde él estaba, 
sí había algún escándalo y alboroto, tenía poder para 
castigarlo, y más si era cosa de conjuración ó de le- 
vantarse algún tirano, ó de querer negar la obidíencia 
al rey; porque es cierto que toda la fuerza estaba en 
estos gobernadores. Y si los Incas no cayeran en po- 
nerlos y eñ que hubiese los mitimaes, muchas veces se 
levantaran los naturales y esimieran de sí el mando 
real; pero con tantas gentes de guerra y tanto pro- 
veimiento de mantenimientos, no podían, sí entre 
todos, los unos y los otros, no hobíese trama de trai- 
ción ó levantamiento; lo cual habia pocas veces, por- 
que estos gobernadores que se ponían, eran de gran 
confianza, y todos orejones y que los más dellos te- 
nian sus chácaras, que son heredades, en la comarca 
del Cuzco, y sus casas y parientes; y si alguno no sa- 
lía bastante para gobernar lo que tenia á cargo, luego 
le era quitado el mando y puesto otro en su lugar. 
Y estos, si en algunos tiempos venían al Cuzco á 
negocios privados ó particularss con los reyes, deja- 



76 Del Señorío de los Incas, 



ban en sus lugares tenientes, no á los que ellos que- 
rían, sino á los que sabian que harian {a) con mas fi- 
delidad lo que les quedaba mandado, y mas á servicio 
de los Incas. Y si alguno destos gobernadores ó de- 
legados moria en su presidencia, los naturales, cómo 
y de qué habia muerto con mucha presteza enviaban 
la razón ó probanza dello al Señor, y aun los cuerpos 
de los muertos llevaban por el camino de las postas, 
si vían que convenia. Lo que tributaba cada término 
destas cabeceras y contribuían los naturales, así oro, 
como plata, y ropa y armas, con todo lo demás que 
ellos daban, lo entregaban por cuenta a los camayos 
que tenian los quipos, los cuales hacian en todo lo 
que por este les era mandado en lo tocante á despen- 
der estas cosas con la gente de guerra, ó repartillo con 
quien el Señor mandaba, ó de Uevallo al Cuzco; pero 
cuando de la ciudad del Cuzco venian á tomar la 
cuenta, ó á que la fuesen á dar al Cuzco, los mesmos 
contadores con los quipos la daban ó venian a la dar 
á donde no podia haber fraude, sino todo habia de es- 
tar cabal. Y pocos años se pasaban sin dar cuenta y 
razón de todas estas cosas. 

Tenian gran autoridad estos gobernadores y poder 
bastante para formar ejércitos y juntar gente de guer- 
ra, si súpitamente se recresciese alguna turbación ó 
levantamiento, ó que viniese alguna gente extraña por 
alguna parte a dar guerra; y eran delante del Señor 



[a) Heran, en n. orig. 



Capítulo XX. 77 



honrados y favorecidos; y desto se quedaron, cuando 
entraron los españoles, muchos dellos con mando per- 
petuo en provincias. Yo conozco algunos dellos y 
estar ya tan aposesionados , que sus hijos heredan lo 
que era de otros. 

Cuando en tiempo de paz salian ios Incas a visitar 
su reino, cuentan que iban por él con gran magestad, 
sentados en ricas andas, armadas sobre unos palos 
lisos, largos, de maderas excelentes, engastonadas en 
oro y en argentería; y de las andas salian dos arcos 
altos, hechos de oro, engastonados en piedras precio- 
sas, y caian unas mantas algo largas por todas las 
andas, de tal manera, que las cubrian todas; y si no 
era queriendo el que iba dentro, no podia ser visto, 
ni alzaban las mantas sino era cuando entraba y salía; 
tanta era su estimación. Y para que le entrase aire 
y él pudiese ver el camino, había en las mantas 
hechos algunos agujeros. Por todas partes destas 
andas habia riqueza, y en algunas estaban esculpidos 
el sol y la luna, y en otras unas culebras grandes 
ondadas, y unos como bastones que las atravesa- 
ban; — esto traían por insinia (a), por armas; — y es- 
tas andas las llevaban en hombros de señores los 
mayores y más principales del reino, y aquel que 
más con ellas andaba , aquel se tenia por más hon- 
rado y por más favorecido. 

En redor de las andas y á la hila iba la guarda 



(a) Encima en n. oríg. 



jS Del Señorío de los Incas. 



del rey con los archeros y alabarderos, y delante 
iban cinco mili honderos, y detras venian otros 
tantos lanceros, con sus capitanes, y por los lados 
del camino y por el mesmo camino, iban corredores 
fieles descubriendo lo que habia y avisando la ida 
del Señor; y acudia tanta gente por lo ver, que parecia 
que todos los cerros y laderas estaban llenos della; 
y todos le daban sus bendiciones alzando alaridos y 
grita grande á su usanza; llamándoles ^¿Anc 'a hatun 
^"^apu^ intipchuri ^ canqui zapallaapu tucuy pacha ccampa 
^^uyay sullull (ay.^ -^ que en nuestra lengua dirá: "Muy 
"grande y poderoso Señor, hijo del sol, tú sólo eres 
"Señor, todo el mundo te oya en verdad." Y sin 
esto le decian otras cosas más alto; tanto, que poco 
faltaba para le adorar por Dios. 

Todo el camino iban indios limpiando, de tal mane- 
ra, que ni yerba ni piedra no parescia, sino todo lim- 
pio y barrido. Andaba cada dia cuatro leguas, ó lo que 
él queria; paraba lo que era servido, para entender el 
estado de su reino; oia alegremente á los que con que- 
jas le venian, remediando y castigando á quien hacian 
injusticia. Los que con ellos iban, no se desmandaban 
á nada ni salian del camino un paso. Los naturales 
proveian de lo necesario, sin lo cual lo habia tan cum- 
plido en los depósitos, que sobraba, y ninguna cosa 
taltaba. Por donde iba, salian muchos hombres y muge- 



\a) En n. orig.: Ancha haiujiapo yndichiri campa capaila apaíuco pa- 
cha canba colla xulliy. No se si habré acertado con la interpretación. 



Capítulo XXL 79 



res y muchachos á servir personalmente en lo que les 
era mandado; y para llevar las cargas, los de un pueblo 
las llevaban hasta otro, de donde los unos las tomaban, 
y los otros las dejaban; y como era un día, y cuando 
mucho dos, no lo sentían, ni dello recebian agravio 
ninguno. Pues yendo el señor desta manera, caminaba 
por su tierra el tiempo que le placia, viendo por sus 
ojos lo que pasaba, y proveyendo lo que entendia que 
convenia: que todo era cosas grandes é importantes; 
lo cual hecho, daba la vuelta al Cuzco, principal ciu- 
dad de todo su imperio. . 



CAP, XXI. — Cómo fueron puestas las postas 
en este reino. 



ERA tan grande el reino del Perú, que mandaban 
los Incas lo ya muchas veces dicho desde Chile 
hasta Quito, y aun del rio de Maule hasta el de Angas- 
mayo; y si estando el rey en el un cabo destos, hobiera 
de ser informado de lo que pasaba en el otro con quien 
anduviera por jornadas, aunque fueran grandes, fuera 
una cosa muy larga; porque, á cabo de haber andado 
mili leguas, ya seria sin tiempo lo que se habla de pro- 
veer, si conviniera, ó remediar otros negocios de go- 
bernación. En fin, por esto, é por en todo acertar a go- 
bernar las provincias, los Incas inventaron las postas, 



8o Del Señorío de los Incas. 

\ que fué lo mejor que se pudo pensar ni imaginar; y esto 
I á sólo Inca Yupanqui se debe, hijo que fué de Viraco- 
I cha Inca, padre de Tupac Inca, según del publican los 
cantares de los indios, y afirman los orejones. No sólo 
lo de las postas inventó Inca Yupanqui, que otras co- 
sas grandes hizo, como iremos relatando. Y así, des- 
de el tiempo de su reinado, por todos los caminos rea- 
les fueron hechas de media legua a media legua, poco 
más ó menos, casas pequeñas bien cubiertas de paja é 
madera, y entre las sierras estaban hechas por las lade- 
ras y peñascos de tal manera, que fueron los caminos 
llenos destas casas pequeñas de trecho á trecho, como 
es dicho de suso. Y mandóse que en cada una dellas 
estuviesen dos indios con bastimentos, y que estos 
indios fuesen puestos por los pueblos comarcanos, y 
que no estuviesen estantes, sino, de tiempo á tiempo, 
que fuesen unos y viniesen otros; y tal orden hobo en 
esto, que no fué menester más de mandarlo para nun- 
ca dejarlo de hacer mientras los Incas reinaron. 

Por cada provincia se tenia cuidado de poblar las 
postas que caian en sus términos, y lo mismo hacian en 
los desiertos campos y sierras de nieve los que estaban 
más cerca del camino. Y como fuese necesario dar avi- 
so en el Cuzco ó en otra parte a los reyes de alguna 
cosa que hobiese sucedido ó que conviniese á su ser- 
vicio, salian de Quito ó de Tomebanba, ó de Chile ó 
de Caranqui, ó de otra parte cualquiera de todo el rei- 
no, así de los llanos como de las sierras, y con dema- 
siada presteza andaban al trote sin parar aquella me- 
dia legua; porque los indios que allí ponían y manda- 



Capítulo XXL 8 1 



ban estar, de creer es que serian ligeros y los más suel- 
tos de todos. Y como llegaba junto a la otra posta, 
comenzaba á apellidar al que está en ella y á le decir: 
''Parte luego, y ve á tal parte, y avisa desto y esto que 
ha acaecido, ó desto y esto que tal gobernador hace 
saber al Inca." Y así como el que está lo ha oido, par- 
te con mayor priesa, y entra, el que viene, á descansar 
en la casilla, y á comer y beber de lo que siempre en 
ella está, y el que va corriendo hace lo mesmo. 

De tal manera se hacia esto, que en breve tiempo 
sabian a trescientas leguas, y quinientas, y ochocien- 
tas, y más y menos, lo que habia pasado ó lo que 
convenia proveer y ordenar. Y con tanto secreto 
usaban de sus oficios estos que residian en las postas, 
que por ruego ni amenaza jamás contaban lo que 
iban á avisar, aunque el aviso hobiese ya pasado 
adelante. Y por tales caminos, así de sierras ásperas 
como de montañas bravas, como de promontorios de 
nieves y secadales de pedregales llenos de abrojos y 
de espinas de mili naturas, van estos caminos, que se 
puede tener por cierto y averiguado, que en caballos 
ligeros ni muías no pudiera ir la nueva con más 
velocidad que estos correos de pié; porque ellos son 
muy sueltos, y andaba más uno de ellos en un día, 
que anduviera en tres un correo á caballo ó á muía; 
y no digo siempre un indio, sino cómo y de la orden 
quellos tenían, que era andar uno media legua, y otro 
otra media legua. Y es de saber, que nunca por tor- 
menta ni por cosa que sucediese, habia de estar posta 
ninguna despoblada, sino en ella los indios que digo, 

6 



82 Del Señorío de los Incas. 

los cuales, antes que de allí se fuesen, eran venidos 
otros á quedar en su lugar. 

Y por esta manera eran avisados los señores de 
todo lo que pasaba en todo su reino y señorío, y 
proveian lo que más les parescia convenir á su ser- 
vicio. En ninguna parte del mundo no se lee que se 
haya hallado tal invención, aunque sé que, desbaratado 
Xerxes el Grande, fué la nueva así, por hombres de 
pié, en tiempo breve. Y cierto fué esto de las postas, 
muy importante en el Perú, y que se vé bien por ello 
cuan buena fué la gobernación de los señores del. 
Y hoy dia están en muchas partes de las sierras, 
junto á los caminos reales, algunas casas destas en 
donde estaban las postas, y por ellas vemos ser verdad 
lo que se dice. Y aun también he visto yo algunos 
topos, que son, como atrás dije, á manera de mojones 
de términos, salvo que estos de acá son grandes y 
mejor hechos, y era por donde contaban sus leguas, 
y tiene cada uno legua y media de Castilla. 



Capítulo XXIL 83 



CAP. XXII. — Cómo se ponian los mitimaes, y 
cuántas suertes dellos habia, y cómo eran es- 
timados por los Incas. 



EN este capítulo quiero escrebir lo que toca a los in- 
dios que llaman mitimaes, pues en el Perú tantas 
cosas dellos se cuentan, y tanto por los Incas fueron 
honrados j previlegiados y tenidos, después de los 
orejones, por los más nobles de las provincias; y esto 
digo, porque en la Historia^ que llaman, de Indias^ está 
escripto por el autor, que estos mitimaes eran esclavos 
de Huaina Capac (a). En estos descuidos caen todos 



[a) El autor es Francisco López de Gomara, que en el capítulo de la 
citada historia, intitulado La tasa que de los tribuios hizo Gasea, dice: 
"También dejó muchos que llaman mitimaes y que son como esclavos, se- 
gún y de la manera que Guainacapa los tenia, y mandó á los demás ir á 
sus tierras; pero muchos dellos no quisieron sino estarse con sus amos, 
diciendo que se hallaban bien con ellos y aprendían, cristiandad con oir 
misa y sermones, y ganaban dineros con vender, comprar y servir." Por 
donde se ve que López de Gomara equivocó los mitimaes con los yanacu- 
nas, que no eran enteramente esclavos, sino criados perpetuos. 

Por lo demás, esta censura de Cieza prueba que retocaba y ampliaba 
esta Segunda parte de su Crónica después del año de l552, en que salió la 
primera edición de la Historia de Gomara. 

Y ya que el nombre del célebre autor de Hispania vicírix me sale al 
paso, y toda vez que son tan pocas las noticias que de su vida se tienen, 



84 Del Señoyno de los Ltcas. 



los que escriben por relación y cartapacios, sin ver ni 
saber la tierra de donde escriben, para poder afirmar 
la verdad. 

En la mayor parte de las provincias del Perú^ ó en 
todas ellas, habia y aun hay de estos mitimaes (a), y 
tenemos entendido que hobo tres maneras ó suertes 
dellos; lo cual convino grandemente para la sustenta- 
ción (/^) del y para su conservación, y aun para su po- 
blación; y entendido cómo y de qué manera estaban 
puestos estos mitimaes y lo que hacian y entendian, co- 
nocerán los letores cómo supieron los Incas acertar en 
todo para la gobernación de tantas tierras y provin- 
cias como mandaron. 

Mitimaes llaman a los que son traspuestos de una 
tierra en otra; y la primera manera ó suerte de miti- 
maes mandada poner por los Incas, era, que después 
que por ellos habia sido conquistada alguna provincia 
ó traída nuevamente a su servicio, tiiyieron tal orden 
para tenella segura, y para que con brevedad los natu- 
rales y vecinos della supiesen cómo la habian de servir 



daré aquí una, á mi juicio desconocida: que era vecino de Gomara, junto á 
Soria, y que habiendo muerto en su tierra (casi sin duda el mismo pueblo 
de cuyo nombre hizo su segundo apellido), se mandaron traer al Consejo de 
Indias los papeles que dejó tocantes á Historia, á l6 de setiembre de l572; 
fecha que bo andarla muy lejos de la de su muerte, si es que habia de sur- 
tir efecto la ocupación de sus papeles históricos. 

{a) Mucho después de haberse escrito esto, todavía se diferenciaban las 
casas de mitimaes de las de los naturales de algunos pueblos de Quito, en 
la forma de sus techos y chimeneas. 

(¿) Sustancia en n. orig. 



Capitulo XXIL 85 



y de tener, X__para desde luego entendiesen lo demás 
que entendían y sabían sus vasallos de muchos tiempos, 
Y para que estuviesen pacíficos y quietos, y no todas 
veces tuviesen aparejo de se rebelar, y si por caso se 
tratase dello, hobiese quien lo estorbase, — trasmutaban 
de las tales provincias la cantidad de gente que della 
parecía convenir que saliese; á los cuales mandaban i 
pasar á poblar otra tierra del temple y manera de don- 
de salían, si fría fria, si caliente caliente, en donde les 
daban las tierras y campos y casas tanto y más como 
dejaron; y de las tierras y provincias que de tiempo 
largo tenían pacíficas y amigables y que habían conos- 
cido voluntad para su servicio, mandaban salir otros 
tantos ó más y entremetellos en las tierras nuevamente 
ganadas y entre los indios que acababan de sojuzgar^ 
para que dependiesen dellos las cosas arriba dichas, y 
los impusiesen en su buena orden y pulicía, para que, 
medíante este salir de unos y entrar de otros, estuvie- 
se todo seguro con los gobernadores y delegados que 
se ponían, según y como dígimos en los capítulos de 
atrás. 

Y conoscíendo los Incas cuánto se siente por todas 
las naciones dejar sus patrias y naturalezas propias, 
porque con buen ánimo tomasen aquel destierro, es 
averiguado que honraban á estos tales que se muda- 
ban, y que á muchos dieron brazaletes de oro y de 
plata y ropas de lana y de pluma y mugeres, y eran 
privilegiados en otras muchas cosas; y así, entre ellos 
había espías que siempre andaban escuchando lo que 
los naturales hablaban é intentaban, de lo cual da- 



86 Del Señorío de los Incas. 

ban aviso á los delegados, ó con priesa grande iban al 
Cuzco a informar dello al Inca. Con esto, todo es- 
taba seguro y los mitimaes temian á los naturales y 
los naturales a los mitimaes, y todos entendian en 
obedecer y servir llanamente. Y si en los unos ó en 
los otros habia motines ó tramas ó juntas, hacianse 
grandes castigos; porque los Incas, algunos dellos fue- 
ron vengativos y castigaban sin templanza y con gran 
crueldad. 

Para este efecto estaban puestos los unos mitimaes, 
de los cuales sacaban muchos para ovejeros y rabada- 
nes de los ganados de los Incas y del sol, y otros para 
roperos, y otros para plateros, y otros para canteros y 
para labradores, y para debujar y esculpir y hacer bul- 
tos; en fin, para lo que más le mandaban y dellos reque- 
rían servir. Y también mandaban que de los pueblos 
fuesen a ser mitimaes a las montañas de los Andes, a 
sembrar maíz y criar la coca y beneficiar los árboles de 
fruta, y proveer de la (a) que faltaba en los pueblos 
donde con los fríos y con las nieves no se pueden dar 
ni sembrar estas cosas. 

Para el segundo efecto que los mitimaes se pu- 
sieron, fué, porque los indios de las fronteras de los 
Andes, como son Chunchos y Moxos Cheriguanaes, 
que los más dellos tienen sus tierras a la parte de 
Levante á la decaída de las sierras, y son gentes bár- 
baras y muy belicosas, y que muchos dellos comen 



{a) Con la en n orig. 



Capítulo XXIL 87 



\ carne humana, y que muchas veces salieron á dar 
guerra á los naturales de acá y les destruyan sus cam- 
pos y pueblos, llevando presos los que dellos podían; 
~ para remedio desjo^ habm en.m^ partes capitanías 
y guarniciones ordinarias, en las cuales estaban algu- 
nos orejones. Y^jpgrque la fuerza de la guerra no 
estuviese en una nación, ni presto supiesen concertar- 
se para alguna rebelión ó conjuración, sacaban para 
soldados destas capitanías, mitimaes de las partes y 
provincias que convenían, los cuales eran llevados á 
donde digo, y tenían sus fuertes, que son pucaraes, 
para defenderse, si tuviesen necesidad; y proveían de 
mantenimiento a esta gente de guerra, del maíz y 
otras cosas de comida que los comarcanos proveían de 
sus tributos y derramas que les eran echadas; y la 
paga que se les hacia, era, en algunos tiempos manda- 
lies dar algunas ropas de lana y plumas ó braceletes de 
oro y de plata á los que se mostraban más valientes; 
y también les daban mujeres de las muchas que en 
cada provincia estaban guardadas en nombre del Inca; 
y como todas las más eran hermosas, teníanlas y 
estimábanlas en mucho. Sin esto les daban otras cosas 
de poco valor; lo cual tenían cargo de proveer los 
gobernadores de las provincias, porque tenían mando 
y poder sobre los capitanes a quien estos mitimaes 
obedecían. Y sin las partes dichas, tenían algunas 
destas guarniciones en las fronteras de los Chachapo- 
yas y Bracamoros, y en el Quito, y en Caranque, que 

I es adelante del. Quito, al Norte, junto á la provincia 
que llaman de Popayan, y en otras partes donde seria 



88 Del Señorío de los Incas. 

I menester, así en Chile como en los llanos y sierras. 
La otra manera de poner mitimaes era más ex- 
traña; porque, aunque esotras son grandes, no es 
novedad poner capitanes y gente de guarnición en 
fronteras, puesto que hasta agora no ha faltado quien 
así lo haya acertado á hacer; y era, que si por caso, 
í andando conquistando la tierra de sierras ó valles ó 
i campaña ó en ladera aparejada para labranza y 
j crianza, y que fuese de buen temple y fértil, que 
i estuviese desierta y despoblada, que fuese como he 
dicho y teniendo las partes que he puesto, luego 
con mucha presteza mandaban que de las provin- 
cias comarcanas que tuviesen el mismo temple que 
aquellas, para la sanidad de los pobladores, que vi- 
niesen tantos que bastasen a poblarlas, a los cuales 
luego repartian los campos, proveyéndolos de gana- 
dos y mantenimientos todo lo que hablan menester^ 
hasta tener fructo de sus cosechas; y tan buenas obras 
se hacian a estos tales, y tanta diligencia en ello 
mandaba poner el rey, que en breve tiempo estaba 
poblado y labrado y tal, que era gran contento verlo. 
I Y desta manera se poblaron muchos valles en los 
i llanos y pueblos en la serranía de los que los Incas 
vian, como de los que por relación sabian haber en 
otras partes; y á estos nuevos pobladores, por algunos 
años no les pedian tributo ni ellos lo daban, antes 
eran proveídos de mujeres y coca y mantenimientos, 
para que con mejor voluntad entendieren en sus 
poblaciones. 

Y desta manera habia en estos reinos, en los tiempos 



Capítulo XXIL 89 



de los Incas, muy poca tierra que pareciese fértil que 
estuviese desierta, sino todo tan poblado como saben 
los primeros chripstianos que en este reino entraron. 
Que por cierto no es pequeño dolor contemplar, que 
siendo aquellos Incas gentiles é idólatras, tuviesen tan 
buena orden para saber gobernar y conservar tierras 
tan largas, y nosotros, siendo chripstianos, hayamos 
destruido tantos reinos; porque, por donde quiera 
que han pasado chripstianos conquistando y descu- 
briendo, otra cosa no parece sino que con fuego se 
va todo gastando. Y háse de entender, que la ciudad 
del Cuzco también estaba llena de gentes estranjeras, 
todo de industria; porque habiendo muchos linages 
de hombres, no se conformasen para levantamiento 
ni otra cosa que fuese deservicio del rey; y [de] esto 
hoy dia están en el Cuzco Chachapoyas y Cañares y 
de otras partes , de los que han quedado de los que 
allí se pusieron. 

Tiénese por muy cierto de los mitimaes, que [se] 
usaron desde Inca Yupanqui, el que puso las postas|| 
y el primero que entendió [en] engrandecer el templo 
de Curicancha, como se dirá en su lugar; y aunque 
otros algunos indios dicen que fueron puestos estos 
mitimaes desde el tiempo de Viracocha Inca, padre 
de Inca Yupanqui, podrálo creer quien quisiere, que 
yo hice tanta averiguación sobre ello, que torno [á] afir- 
mar haberlo inventado Inca Yupanqui; y así lo creo 
y tengo para mí; y con tanto, pasemos adelante. 



9o Del Señorío de los Incas. 



CAP. XXIIL — Del gran concierto que se 
tenia cuando saliaft del Cuíco para la guer- 
ra los Señores, y cómo castigaban los la- 
drones. 



CONTÉ en los capítulos de atrás de la manera que 
salía el Señor á visitar el reino, para ver y enten- 
der las cosas que en él pasaban; y agora quiero dar á 
entender al lector cómo salían para la guerra y la 
orden que en ello se tenia. Y es, que como estos indios 
son todos morenos y alharaquientos y que en tanto 
se parecen los unos a otros, como hoy día vemos los 
que con ellos tratamos; para quitar inconvenientes 
y que los unos á los otros se entendiesen, porque 
si no era cuando algunos orejones andaban visitando 
las provincias, nunca en ninguna dejaron de hablar 
en lengua natural, puesto que por la ley que lo orde- 
naba eran obligados á saber la lengua del Cuzco, y en 
los reales era lo mesmo, y lo que es en todas partes; 
pues está claro, que si el Emperador tiene un campo 
en Italia, y hay españoles, tudescos, borgoñones, fla- 
mencos 'é italianos, que cada nación hablará en su 
lengua; — y por esto, se usaba en todo este reino, lo 
primero, de las señales en las cabezas diferentes las 



Capítulo XXIII . 9 1 



unas de otras; porque si eran Yuncas (d)^ andaban 
arrebozados como gitanos (b)\ y si eran Collas, tenian 
unos bonetes como hechura de morteros, hechos de 
lana; y si Canas; tenian otros bonetes mayores y muy 
anchos; los Cañares traían unas coronas de palo delga- 
do como aro de cedazo; los Guaneas unos ramales que 
les caían por debajo de la barba, y los cabellos entren- 
chados; los Canchis {c) unas vendas anchas coloradas ó 
negras por encima de la frente; por manera, que así es- 
tos como todos los demás, eran conocidos por estas [se- 
ñales] que tenian por insinía (¿/), que era tan buena y 
clara, que aunque hobiera juntos quinientos mili hom- 
bres, claramente se conoscieran los unos á los otros. Y 
hoy día, donde vemos junta de gente, luego decimos, 
estos son de tal parte, y estos de tal parte; que por 
esto, como digo, eran unos de otros conocidos. 

Y los reyes, para que en la guerra, siendo muchos, 
no se embarazasen y desordenasen, tenian esta orden: 
que en la gran plaza de la cibdad del Cuzco estaba la 
piedra de la guerra, que era grande, de la forma y he- 
chura de un pan da azúcar, bien engastonada y llena 
de oro; y salía el rey con sus consejeros y privados a 
donde mandaba llamar á los principales y caciques de 



{a) Ingas, en nuestro original. 

(¿) Especialmente los que vivían cerca de los grandes arenales. 

{c) Chanchas, en nuestro original. Y no interpreto Chancas, porque 
tastos usaban otro tocado muy diferente; mientras que las vendas son de 
los Canchis. 

{d) Encima, en n. orig. 



92 Del Señorío de los Incas, 

las provincias, [para saber] de los cuales los que entre 
sus indios eran más valientes, para señalar por mando- 
nes y capitanes; y sabido, se hacia el nombramiento; que 
era, que un indio tenia cargo de diez, y otro de cincuen- 
ta, y otro de ciento, y otro de quinientos, é otro de mili, 
é otro de cinco mili, y otro de diez mili; y estos que 
tenian estos cargos, era cada uno de los indios de su 
patria, y todos obedecían al capitán general del rey. 
Por manera, que siendo menester enviar diez mili hom- 
bres [á] algún combate ó guerra, no era menester más 
de abrir la boca y mandarlo, y si cinco mili (a)^ por el 
consiguiente; y lo mesmo para descubrir el campo, y 
para escuchas y rondas, a los que tenian menos gente. 
Y cada capitanía llevaba su bandera, y unos eran hon- 
deros, y otros lanceros, y otros peleaban con macanas, 
y otros con ayllos y dardos, y algunos con porras. 

Salido el Señor del Cuzco, habia grandísima orden, 
aunque fuesen con él trescientos mili hombres; iban 
con concierto por sus jornadas de tambo á tambo, á 
donde hallaban proveimiento para todos, sin que nada 
faltase, é muy cumplido, é muchas armas y alpargates 
y toldos para la gente de guerra, y mugeres é indios 
para servirlos y llevarles sus cargas de tambo á tambo, 
á donde habia el mesmo proveimiento y abasto de 
mantenimiento; y el Señor se alojaba y la guarda esta- 
ba junto á él, y la demás gente se aposentaba en la re- 
donda en los muchos aposentos que habia; y siempre 



{a) En mi concepto, el original diría ciení mili. 



Capitulo XXIIL 93 

iban haciendo bailes y borracheras, alegrándose los 
unos á los otros. 

Los naturales de las comarcas por donde pasaban, 
no hablan de ausentarse ni dejar de proveer lo acos- 
tumbrado y servir con sus personas a los que iban á 
guerra, sopeña de que eran castigados en mucho; y 
los soldados y capitanes, ni los hijos de los mismos In- 
cas, eran osados a les hacer ningún mal tratamiento ni 
robo ni insulto, ni forzaban á muger ninguna, ni les 
tomaban una sola mazorca de maíz; y si salian deste 
mandamiento y ley de los Incas, luego les daban pena 
de muerte; y si alguno habia hurtado, lo azotaban har- 
to más que en España, é muchas veces le daban pena 
de muerte. Y haciéndolo ansí, en todo habia razón y 
orden, y los naturales no osaban dejar de servir y pro- 
veer á la gente de guerra bastantemente, y los solda- 
dos tampoco querían roballos ni hacelles mal, temien- 
do el castigo. Y si habia algunos motines ó conjura- 
ciones ó levantamientos, los principales y más movedo- 
res llevaban al Cuzco á buen recaudo, donde los metían 
en una cárcel que estaba llena de fieras, como culebras, 
víboras, tigres, osos, y otras sabandijas malas; y si al- 
guno negaba, decían que aquellas serpientes no le ha- 
rían mal, y si mentía, que le matarían; y este desvarío 
tenían y guardaban por cierto. Y en aquella espantosa 
cárcel tenían siempre, por delitos que hecho habían, 
mucha gente, los cuales miraban de tiempo á tiempo; 
y sí su suerte tal había sido que no le hobiesen mor- 
dido [á] algunos dellos, sacábanlos, mostrando grande 
lástima, y dejábanlos volver á sus tierras. Y tenían en 



94 Del Señorío de los Incas, 

esta cárcel carceleros los que bastaban para la guarda 
della, Y P^^^ 4^^ tublesen cuidado de dar de comer á 
los que se prendían, y aun a las malas sabandijas que 
allí tenian. Y cierto, yo me reí bien de gana cuando 
en el Cuzco oí que solia haber esta cárcel, y aunque 
me dijeron el nombre, no me acuerdo, y por eso no 
lo pongo (a). 



CAP. XXIV. — Cómo los Incas mandaron hacer 
d ios naturales pueblos concertados, repartien- 
do los campos en donde sobre lio podrían haber 
debates, y cómo se mandó que todos general- 
mente hablasen la lengua del Cuíco. 



EN los tiempos pasados, antes que los Incas reinasen, 
es cosa muy entendida que los naturales destas 
provincias no tenian los pueblos juntos como ahora 
los tienen, sino fortalezas con sus fuertes, que llaman 
pucaraes (^), de donde salían á se dar los unos á los 
otros guerra; y así siempre andaban recatados y vivían 
con grandísimo trabajo y desasosiego. Y como los In- 



(a) Llamábase Samka huasi y Savika cancha. 
(¿) Furacaez, en n. orig. 



Capítulo XXIV. 95 

cas reinaron sobre ellos, paresciéndoles mal esta orden 
y la manera que tenían en los pueblos, mandáronles, 
procurándolo en unas partes con halagos y en otras con 
amenazas, y en todos lugares con dones que les hacían, 
á que tuvieren por bien de no vivir como salvajes, mas 
antes, como hombres de razón, asentasen sus jnieblos 
en los llanos y laderas de las sierras juntos en barrios, 
como y d£_krnanera qufi la..disposicion de la tierra io 
ordenase; y desta manera, los indios, dejados los pu- 
caraes que primeramente tenían, ordenaron sus pue- 
blos de buena manera, así en los valles délos llanos, 
como en la serranía y llanura de Collao; y para que 
no tuviesen enojo sobre los campos y heredades, los 
mismos Incas les repartieron los términos, señalando 
lo que cada uno había de tener, en donde se puso lími- 
tes, para conocimiento de los que habían y después de- 
llos nasciesen. Esto claro lo dicen los indios hoy día, 
y a mí me lo dijeron en Xauxa, á dónde dicen que uno 
de los Incas les repartía entre unos y otros los valles 
y campos que hoy tienen, con la cual orden se han que- 
dado y quedarán. Y por muchos lugares destos que» 
estaban en la sierra, iban echadas acequias sacadas de 
los rios con mucho primor y grande ingenio de los que 
las sacaron; y todos los pueblos, los unos y los otros, 
estaban llenos de aposentos y depósitos de los reyes, 
como en muchos lugares está dicho. 

Y entendido por ellos cuan gran trabajo seria cami- 
nar por tierra tan larga y á donde á cada legua y a 
cada paso había nueva lengua, y que seria gran difi- 
cultad el entender á todos por interpretes, escogien- 



96 Del Señorío de los Incas, 



do lo mas seguro, ordenaron y mandaron, so graves 
penas que pusieron, que todos los naturales de su im- 
perio entendiesen y supiesen la lengua del Cuzco ge- 
neralmente, así ellos como sus mujeres; de tal mane- 
ra, que aun la criatura no hobiese dejado el pecho de 
su madre, cuando le comenzasen á mostrar la lengua 
que habia de saber. Y aunque al principio fué dificulto- 
so, y muchos se pusieron en no querer deprender más 
lenguas de las suyas propias, los reyes pudieron tanto, 
que salieron con su intención, y ellos tovieron por 
bien de cumplir su mandado; y tan de veras se enten- 
dió en ello, que en el tiempo de pocos años se sabia y 
usaba una lengua en más de mili y doscientas leguas; 
y aunque esta lengua se usaba, todos hablaban las 
suyas, que eran tantas, que aunque lo escribiese no lo 
creerían. 

Y como saliese un capitán del Cuzco ó alguno de 
los orejones á tomar cuenta ó residencia, ó por juez 
de comisión, entre algunas provincias, ó para visitar 
lo que le era mandado, no hablaba en otra lengua que 
la del Cuzco, ni ellos con él. La cual es muy buena, 
breve y de gran comprehension y abastada de muchos 
vocablos, y tan clara, que en pocos dias que yo la 
traté, supe [lo] que me bastaba para preguntar muchas 
cosas por donde quiera que andaba. Llaman al hom- 
bre en esta lengua luna [runa], y á la mujer guarare 
[huarmi], y á el padre yaya^ y al hermano {a) guayqui 



{a) Pero hermano del hermano. 



Capítulo XXIV. 97 

[huauque], y á la hermana (a) nana [ñaña], y a la luna 
quilla^ y al mes por el consiguiente, y al año guata ^ y 
al dii3. pinche [punchau], y á la noche tota [tuta], y á la 
cabeza llaman orna y a los orejas lile [rinri], y a los 
ojos naui [ñahui], y á las narices sunga [zenca ó singa] 
y los dientes queros [quiru], y a los brazos maqui y á 
las piernas chaqui. 

Estos vocablos solamente pongo en esta Corónica, 
porque agora veo que para saber la lengua que 
antiguamente se usó en España, andan variando, 
atinando unos a uno y otros a otro; porque los tiem- 
pos que han de venir, es sólo para Dios saber los 
sucesos que han de tener; por tanto, para si algo 
viniere que enfrie ó haga olvidar lengua que tanto 
cundió y por tanta gente se usó, que no estén vaci- 
lando cuál fué la primera ó la general, ó de dónde 
salió, ó lo que sobre esto más se desea. Y con tanto, 
digo que fué mucho beneñcio para los españoles 
haber esta lengua, pues podian con ella andar por^ 
todas partes, en algunas de las cuales ya se vá per- i 
diendo. 



(a) Hermana de la hermana 



98 Del Señorío de los Incas. 



CAP. XXV. — Cómo los Incas fueron limpios 
del pecado nefando y de otras fealdades que 
se han visto en otros príncipes del mundo. 



EN este reino del Perú, pública fama es entre todos 
los naturales del, cómo en algunos pueblos de la 
comarca de Puerto Viejo se usaba el pecado nefando 
de la sodomia, — y también en otras tierras habria malos 
cómo en las demás del mundo. Y notaré de esto una 
gran virtud destos Incas, porque, siendo señores tan 
libres y que no tenian á quién dar cuenta, y ni habia 
ninguno tan poderoso entre ellos que se la tomase, y 
que en otra cosa no entendian las noches y los dias 
que en darse á lujuria con sus mujeres, y otros pasa- 
tiempos; — y jamás se dice ni cuenta que ninguno dellos 
usaba el pecado susodicho, antes aborrecian a los que 
lo usaban, teniéndolos en poco como a viles apocados, 
pues ^n semejante suciedad se gloriaban. Y no 
solamente en sus personas no se halló este pecado, 
pero ni aun consentían estar en sus casas ni palacios 
ningunos que supiesen que lo usaban; y aun sin todo 
esto, me parece que oí decir, que si por ellos era 
sabido de alguno que tal pecado hubiese cometido, 
castigábanle] con tal pena, que fuese señalado y co- 
nocido entre todos. Y en esto no hay que dudar, 



Capítulo XXV, 99 

sino antes se ha de creer que en ninguno dellos cupo 
tal vicio, ni de los orejones, ni de otras muchas 
naciones; y los que han escripto generalmente de los 
indios, condenándolos en general en este pecado, 
afirmando que son todos sodométicos, han acargádose 
en ello y, cierto, son obligados a desdecirse, pues ansí 
han querido condenar tantas naciones y gentes, que 
son harto más limpios en esto de lo que yo puedo 
afirmar. Porque, dejando aparte lo de Puerto Viejo, 
en todo el Perú no se hallaron estos pecadores, sino 
como es en cada cabo y en todo lugar uno, ó seis, ó 
ocho, ó diez, y estos, que de secreto se daban á ser 
malos; porque los que tenian por sacerdotes en los 
templos, con quien es fama que en los dias de fiesta se 
ayuntaban con ellos los señores, no pensaban ellos 
que cometian maldad ni que hacian pecado, sino por 
sacrificio y engaño del Demonio se usaba {a). Y 
aun que por ventura podria ser que los Incas inorasen 
que tal cosa en los templos se cometiese; [y] puesto que 
disimulaban algo, era por no hacerse mal quistos, y 
con pensar que bastaba que ellos mandasen por todas 
partes adorar el sol y á los más sus dioses, sin entre- 
meterse en proibir religiones y costumbres antiguas, 
que es á par de muerte á los que con ellas nascieron 
quitárselas. 

Y aun también tenemos por entendido, que anti- 



(a) Sobre este asunto véase también lo que dice el mismo Cieza en el 
Cap. LXIV de la Pñm. parte de su Crón. 



100 Del Señorío de los Incas, 

o-uamente, antes que los Incas reinasen, en muchas 
provincias andaban los hombres como salvajes, y los 
unos salian a se dar guerra á los otros, y se comian co- 
mo agora hacen los de la provincia de Arma y otros 
de sus comarcas; y luego que reinaron los Incas, como 
gente de gran razón y que tenian santas y justas cos- 
tumbres y leyes, no solamente ellos no comian aquel 
manjar, porque de otros muchos ha sido y es muy es- 
timado, pero pusiéronse en quitar tal costumbre a los 
que con ellos trataban, y de tal manera, que en poco 
tiempo se olvidó y totalmente se tiró, que en todo su 
señorío, que era tan grande, no se comian ya de mu- 
chos años antes. Los que agora han sucedido, mues- 
tran que en ello les vino beneficio notable de los In- 
cas, por no imitar ellos a sus pasados en comer aqueste 
manjar, en los sacrificios de hombres y niños. 

Publican unos y otros, — que aún, por ventura, algún 
escriptor destos que de presto se arroja lo escribirá, — 
que mataban, habia dias de sus fiestas, mili ó dos mili 
niños y mayor número de indios; y esto y otras cosas 
son testimonio que nosotros los españoles levantamos 
á estos indios, queriendo con estas cosas que dellos 
contamos, encubrir nuestros mayores yerros y justifi- 
car los malos tratarñientos que de nosotros han rece- 
bido. No digo yo que no sacrificaban y que no mata- 
van hombres y niños en los tales sacrificios; pero no 
era lo que se dice ni con mucho. Animales y de sus ga- 
nados sacrificaban, pero criaturas humanas menos de 
lo que yo pensé, y harto, segund contaré en su lugar. 

Así que, tengo sabido por dicho de los orejones an- 



Capítulo XXV L 10 1 

tiguos, que estos Incas fueron limpios en este pecado, 
y que no usaban de otras costumbres malas de comer 
carne humana, ni andar envueltos en vicios públicos, 
ni eran desordenados, antes ellos a sí propios se corre- 
gian. Y si Dios permitiera que tuvieran quien con ce- 
lo de chripstiandad, y no con ramo de codicia, en lo 
pasado les dieran entera noticia de nuestra sagrada re- 
ligión, era gente en quien bien imprimiera, segund 
vemos por lo que agora con la buena orden que hay 
se obra. Pero, dejemos lo que se ha hecho, á Dios, quél 
sabe por que; y en lo que de aquí adelante se hiciere, 
supjiquémosle nos dé su gracia, para que paguemos 
en algo a gentes que tanto debemos y que tan poco nos 
ofendió para haber sido molestados de nosotros, estan- 
do el Perú y las demás Indias tantas leguas d'España, 
y tantos mares en medio. 



CAP. XXV I. — De cómo tenían los Incas conse- 
jeros y ejecutores de la justicia, y la cuenta 
que tenían en el tiempo. 



COMO la ciudad del Cuzco era la más principal de 
todo el Perú, y en ella residían lo más del tiem- 
po los reyes, tenían en la misma ciudad muchos de los 
principales del pueblo que eran entre todos los más 
avisados y entendidos, para sus consejeros; porque to- 
dos afirman, que antes que intentasen cosa ninguna y de 



102 Del Señorío de los Incas. 

importancia, lo comunicaban con estos tales, allegan- 
do su parecer á los más votos; y para la gobernación 
de la ciudad, y que los caminos estuviesen seguros, y 
por ninguna parte se hiciesen ningunos insultos ni la- 
trocinios, de los más reputados (a) destos, nombraban 
para que siempre anduviesen castigando á los que fue- 
sen malos; y para esto, andaban siempre mucho por 
todas partes. De tal manera entendian los Incas en 
proveer justicia, que ninguno osaba hacer desaguisado 
ni hurto. Esto se entiende cuanto á lo tocante á los 
que andaban hechos ladrones, ó forzaban mujeres, ó 
conjuraban contra los reyes; porque en lo demás, mu- 
chas provincias hobo que tuvieron sus guerras unos 
con otros, y del todo no pudieron los Incas apar tallos 
dellas. 

En el rio que corre junto al Cuzco se hacia la justi- 
cia de los que allí se prendian ó de otra parte traian 
presos, á donde les cortaban las cabezas y les daban 
muerte de otras maneras, como á ellos les agradaba. 
Los motines y conjuraciones castigaban mucho, y más 
que á todos, los que eran ladrones y tenidos ya por 
tales; los hijos y mujeres de los cuales eran aviltados y 
tenidos por a rentados entre ellos mismos. 

En cosas naturales alcanzaron mucho estos indios, 
asi en el movimiento del sol como en el de la luna; y 
algunos indios decian había cuatro cielos grandes, y 
i todos afirman que el asiento y silla del gran Dios Ha~ 



{a) RepvsadoA en n. orig. 



Capítulo XX VIL io3 



cedor del mundo es en los cielos. Preguntándoles yo 
I muchas veces si alcanzan quel Mundo se ha de acabar, 
I se ríen; y sobre esto saben poco, y si algo saben, es lo 
que Dios permite quel Demonio les diga. A todo el 
Mundo llaman Pacha^ conociendo la vuelta quel sol 
hace, y las crecientes y menguantes de la luna. Conta- 
ron el año por ello, al cual llaman guata^ y lo hacen de 
doce lunas, teniendo su cuenta en ello; y usaron de 
I unas torrecillas pequeñas, que agora están muchas por 
los collados del Cuzco algo cuidadas [a)^ para por la 
sombra quel sol hacia en ellas, entender en sementeras 
y en lo que ellos más sobre esto entienden. Y estos In- 
cas miraban mucho en el cielo y en las señales del, lo 
cual también pendia de ser ellos tan grandes agoreros. 
Cuando las estrellas corren, grande es la grita que ha- 
cen y el mormullo que unos con otros tienen. 



CAF. XXVII, — Qiie trata la riqueza del tem- 
plo de Curicancha y de la veneración que los 
Incas le tenían. 



CONCLUIDO con algunas cosas que para mi propósi- 
to convienen que se escriban, volveremos luego 
con grand brevedad á contar la sucesión de los reyes 



{a) Sospecho que no ha de ser esta la palabra del original, sino m^ís 
bien descuidadas ó caídas. 



104 Del Señorío de los Incas, 

que hobo hasta Guascar; y agora quiero decir del 
igrande, riquísimo y muy nombrado templo de Curi- 
/ cancha, que fué el más principal de todos estos reinos. 
Y es público entre los indios, ser este templo tan 
antiguo como la mesma ciudad del Cuzco; más de 
que Inca Yupanqui, hijo de Viracocha Inca, lo acres- 
centó en riquezas y paró tal como estaba cuando los 
chrisptianos entraron en el Perú; y lo más del tesoro 
fué llevado á Caxamarca por el rescate de Atahuallpa, 
como en su lugar diremos. Y dicen los orejones, que 
después de haber pasado la dudosa guerra que tuvie- 
ron los vecinos del Cuzco con los Chancas, que agora 
son señores de la provincia de Andaguaylas, que como 
de aquella vitoria que dellos tuvieron quedase Inca 
Yupanqui tan estimado y nombrado, de todas partes 
acudían señores á le servir, haciéndole las provincias 
grandes servicios de metales de oro y plata; porque, 
en aquellos tiempos, habia grandes mineros y vetas 
riquísimas; y viéndose tan rico y poderoso, acordó de 
j ennoblecer la Casa del Sol, — que en su lengua llaman 
1 Indeguaxi [Intihuasi], y por otro nombre la llamaban 
j Curicancha^ que quiere decir cercado de oro, — y acre- 
centilla con riqueza. Y por que todos los que esto 
vieren ó leyeren acaben de conocer cuan rico fué el 
templo que hobo en el Cuzco y el valor de los que edi- 
ficaron y en él hicieron tan grandes cosas, porné aquí 
la memoria del, segund que yo vi é oí á muchos de los 
primeros chripstianos que oyeron á los tres {d) que vi- 



(«) En otra parte los nombra, y fueron, según él, Martin Bueno, Zarate 



Capítulo XXVII. io5 

nieron desde Caxamarca, que [le] habian visto; aunque 
los indios cuentan tanto dello y tan verdadero, que no 
es menester otra probanza. 

Tenia este templo en circuito más de cuatrocientos! 
pasos, todo cercado de una muralla fuerte, labrado' 
todo el edificio de cantería muy excelente de fina pie- 
dra muy bien puesta y asentada, y algunas piedras 
eran muy grandes y soperbias; no tenian mezcla de 
tierra ni cal, sino con el betún que ellos suelen hazer 
sus edificios, y están tan bien labradas estas piedras, 
que no se le parece mezcla ni juntura ninguna. En 
toda España no he visto cosa que pueda compararse 
á estas paredes y postura de piedra, sino la torre que 
llaman la Calahorra, questá junto con la puente de 
Córdoba, y á una obra que vi en Toledo, cuando fuíj 
á presentar la Primera parte de mi Coránica al príncipe | 
don Felipe, ques el hospital que mandó hacer el ar- 
zobispo de Toledo Tavera (¿2); y aunque algo se pare- 
cen estos edificios á los que digo, los otros son más 
primos, digo cuanto á las paredes y á las piedras estar 



y Pedro de Moguer. Pedro Pizarro, testigo de vista, dice, sin embargo, que 
fueron sólo dos: Martin Bueno y Pedro Martin de Moguer. 

(a) El hospital de Afuera ó de San Juan Bautista. Comenzóse á 9 de 
diciembre de 1641 y hasta 1624 no se dijo la primera misa en su capilla. 
Remitióse la actividad de la fábrica en 1645, por muerte de don Juan Ta- 
vera, y después, en 1649, por haberse hecho jesuíta el arquitecto que le 
ideó y dirigió, Bartolomé de Bustamante. 

En nuestro prólogo de La Guerra de Quito (págs. CIX y CX) hemos ; 
demostrado que Cieza debió presentar la Primera parle de su Crónica al '; 
principe, en Toledo, por los años de l552. 



io6 Bel Señorío de los Incas, 

primísimamente labradas y asentadas con tanta sotili- 
dad; y esta cerca estaba derecha y muy bien trazada. 
La piedra me pareció ser algo negra y tosca y excelentí- 
sima (a). Habia muchas puertas, y las portadas muy bien 
I labradas; a media (b) pared, una cinta de oro de dos 
\ palmos de ancho y cuatro dedos de altor. Las portadas 
y puertas estaban chapadas con planchas de este metal. 
Más adentro estaban cuatro casas no muy grandes 
labradas desta manera, y las paredes de dentro y de 
fuera chapadas de oro, y lo mesmo el enmaderamiento, 
y la cobertura era paja que servia por teja. Habia dos 
escaños en aquella pared, en los cuales daba el sol en 
saliendo, y estaban las piedras sotilmente horadadas y 
I puestas en los agujeros muchas piedras preciosas y 
• esmeraldas. En estos escaños se sentaban los reyes, y 
si otro lo hacia, tenia pena de muerte. 

A las puertas destas casas estaban puestos porteros 
que tenian cargo de mirar por las vírgenes, que eran 
muchas hijas de señores principales, las más hermosas 
y apuestas que se podían hallar; y estaban en el templo 
[ hasta ser viejas; y si alguna tenia conocimiento con 
I varón, la mataban ó la enterraban viva, y lo mesmo 
hacían á él. Estas mujeres eran llamadas mamaconas^ no 
entendían en más de tejer y pintar ropa de lana para 
servicio del templo y en hacer chicha^ que es el vino 



{a) En el ms. del Escorial: ...algo negrilos cay eccelentísima. Para 
que se vea por esta muestra qué cosa es la copia que interpretamos aquí, en 
algunos lugares, con tanto trabajo como incertidumbre. 

{b) Maestra, en n. orig. 



Capítulo XXVII, 107 

que hacen, de que siempre tenían llenas grandes 
vasijas. 

En la una destas casas, que era la más rica, estaba la 
figura del sol, muy grande, hecha de oro, obrada muy 
primamente, engastonada en muchas piedras ricas; y 
estaban en aquélla algunos de los bultos de los Incas 
pasados que habian reinado en el Cuzco, con gran mul- 
titud de tesoros. 

A la redonda deste templo habia muchas moradas 
pequeñas de indios questaban diputados para servicio 
del, y habia un cercuito donde metian los corderos 
blancos y los niños y hombres que sacrificaban. Teniaa 
un jardin que los terrones eran pedazos de oro fino, y 
estaba artificiosamente sembrado de maizales, los cua- 
les eran [de] oro, así las cañas dello como las hojas y 
mazorcas; y estaban tan bien plantados, que aunque 
hiciesen recios vientos no se arrancaban. Sin todo esto 
tenian hechas más de veinte ovejas de oro con sus 
corderos, y los pastores con sus hondas y cayados, que 
las guardaban, hechos deste metal. Habia mucha can- 
tidad de tinajas de oro y de plata y esmeraldas, vasos, 
ollas y todo género de vasijas, todo de oro fino. Por 
otras paredes tenian esculpidas y pintadas otras mayo- 
res cosas. En fin, era uno de los ricos templos que 
hubo en el mundo. 

El gran sacerdote, llamado Vilaoma [Villac Umu], 
tenia su morada en el templo, y con los sacerdotes ha- 
cia los sacrificios ordinarios con grandes supersticiones, 
segund su costumbre. A las fiestas generales iba el 
Inca á se hallar presente á los sacrificios, y se hacian. 



io8 Del Señorío de los Inca^. 

erandes fiestas. Había dentro en la casa y templo más 
de treinta trojes de plata, en que echaban el maíz, y te- 
nia este templo muchas provincias que contribuían con 
tributos para su servicio. En algunos dias era visto el 
Demonio por los sacerdotes, y daba respuestas vanas y 
conformes á el que las daba. 

Otras muchas cosas pudiera decir deste templo, que 
dejo, porque me parece que basta lo dicho para que se 
entienda cuan grande cosa fué; porque no trato de la 
argentería, chaquira, plumaje de oro y otras cosas, que 
si las escribiera, no fueran creídas. Y, lo que tengo di- 
cho, aún viven chripstianos que vieron la mayor parte 
dello, que se llevó a Caxamaca para el rescate de Ata- 
hualpa; pero mucho escondieron los indios y está per- 
dido y enterrado. Aunque todos los Incas hablan ador- 
nado este templo, en tiempo de Inca Yupanqui se 
acrecentó de tal manera, que cuando murió y Tupac- 
Inca, su hijo, hobo el imperio, quedó en esta perficion. 



CAP. XXVIII. — Que trata los templos que siw 
este se tenían por más principales , y los nom- 
bres que tenían. 



MUCHOS fueron los templos que hobo en este reino 
del Perú, y algunos se tienen por muy antiguos, 
porque fueron fundados antes, con muchos tiempos, 
que los Incas reinasen, así en la serranía de los altos, 



Capítulo XXVIIL io9 

como en la serranía (así) de los llanos; y reinando los 
Incas, se edificaron de nuevo otros muchos en donde se 
hacian sus fiestas é sacrificios. Y porque hacer mención 
de los templos que habia en cada provincia en particu- 
lar, seria cosa muy larga y prolija, determino de con- 
tar en este lugar solamente los que tuvieron por más 
eminentes é principales. Y así, digo, que después delj 
templo de Curicancha, era la segunda guaca de los\ 
incas el cerro de Guanacaure, que está á vista de la í 
ciudad, y era por ellos muy frecuentado y honrado 
por lo que algunos dicen quel hermano del primer In- 
ca se convertió en aquel lugar en piedra, al tiempo que 
sallan de Pacaritambo [Pacarec Tampu], como al princi- 
pio se contó. Y habia en este cerro antiguamente 
oráculo por donde el maldito Demonio hablaba; y es- 
taba enterrado á la redonda suma de grande tesoro, y 
en algunos dias se sacrificaban hombres y mujeres, á 
los cuales, antes que fuesen sacrificados, los sacerdotes 
les hacian entender que hablan de ir a servir [á] aquel 
Dios que allí adoraban, allá en la gloria que ellos fin- 
gían con sus desvarios que tenían; y así, teniéndolo 
por cierto los que habían de ser sacrificados, los hom- 
bres se ponían muy galanos y ataviados con sus ropas 
de lana fina, y llautos de oro, y patenas, y brazaletes, y 
sus oxotas con sus correas de oro; y después de haber 
oído el parlamento que los mentirosos de los sacerdo- 
tes les hacian, les daban a beber mucho de su chicha 
con grandes vasos de oro, y solenizaban [con] cantares 
el sacrificio, publicando en ellos, que, por servir á sus 
dioses, ofrecían sus vidas de tal suerte, teniendo por 



a 10 Del Señorío de los Incas. 

alegre recebir en su lugar la muerte. Y habiendo bien 
endechado estas cosas, eran ahogados por los ministros, 
y puestos en los hombros sus quipes (a) de oro y un jar- 
rillo de lo mesmo en la mano, los enterraban á la re- 
donda del oráculo, en sus sepulturas. Y á estos tales 
tenian por santos canonizados entre ellos, creyendo 
sin duda ninguna que estaban en el cielo sirviendo a 
su Guanacaure. Las mujeres que sacrificaban iban ves- 
tidas asimismo ricamente con sus ropas finas de colores 
y de pluma, y sus topos de oro, y sus cucharas, y escu- 
dillas y platos, todo de oro; y así aderezadas, después 
que han bien bebido, las ahogaban y enterraban, cre- 
yendo, ellas y los que las mataban, que iban á servir á 
su diablo ó Guanacaure. Y hacíanse grandes bailes y 
cantares, cuando se hacían semejantes sacrificios qucs- 
tos. Tenian este ídolo, donde estaba el oráculo, con sus 
chácaras, yanaconas, y ganados, y mamaconas, y sa- 
cerdotes que se aprovechaban de lo más dello. 
I El tercero oráculo y guaca de los Incas era el tem- 
plo de Vilcanota, bien nombrado en estos reinos, y a 
donde, permitiéndolo nuestro Dios y Señor, el Demo- 
nio tuvo grandes tiempos poder grande y hablaba por 
boca de los falsos sacerdotes, que para servicio de los 
ídolos en él estaban. Y estaba este templo de Vilcano- 
ta poco más de veinte leguas del Cuzco, junto al pue- 
blo de Chungara; y fué muy venerado y estimado y 
que se ofrecieron muchos dones y presentes, así por los 



[a) Kquepi, significa hatillo ó maletilla de camino. 



Capitulo XXVIII . III 

Incas y señores, como por los ricos hombres de las co- 
marcas [de] donde venían a sacrificar; y tenia sus sacer- 
dotes y mamaconas y sementeras, y casi cada año se 
hacian en este templo ofrendas de la capacocha, que es 
lo que luego diré. Dábase grande crédito á loque el De- 
monio decia por sus respuestas, y á tiempos, se hacian i 
grandes sacrificios de aves y ganados y otros animales. ' 
El cuarto templo estimado y frecuentado por los In-| 
cas y naturales de las provincias, fué la guaca de An-i 
cocagua, donde también habia oráculo muy antiguo y 
tenido en gran veneración. Estaba pegado con la pro- 
vincia de Hátun Cana, y á tiempos iban de muchas 
partes con grand veneración á este demonio á oir sus 
vanas respuestas; y habia en éí grand suma de tesoros, 
porque los Incas y todos los demás los ponían allí. Y 
dícese también, que sin los muchos animales que sacri- 
ficaban á este diablo, que ellos tenian por dios, hacian 
lo mesmo de algunos indios é indias, así y como conté 
que se usaba en el cerro de Guanacaure. Y que hobiese 
en este templo la riqueza que se dice, tiénese por ver- 
dad, porque después de haber los españoles ganado al 
Cuzco con más de tres años, y haber los sacerdotes y 
caciques alzado los grandes tesoros que todos estos 
templos tenian, oi decir que un español llamado Diego 
Rodríguez Elemosin {así) sacó desta guaca más áe¿ 
treinta mili pesos de oro; y sin esto se ha hallado más,\ 
y todavía hay noticia de haber enterrado grandísima 
cantidad de plata y oro en partes que no hay quien lo 
sepa, si Dios no, y nunca se sacarán si no fuera acaso 
ó de ventura. 



1 1 2 Del Señorío de los Incas, 



Sin estos templos, se tuvo otro por tan estimado y 
frecuentado como ellos, y mas, que habia por nombre la 
Coropuna, que es en la provincia de Condesuyo, en un 
cerro muy grande cubierto á la contina de nieve que 
de invierno y de verano no se quita jamás. Y los reyes 
del Perú con los más principales del visitaban este tem- 
plo, haciendo presentes y ofrendas como á los ya di- 
chos; y tiénese por muy cierto, que de los dones y ca- 
pacocha que á este templo se le hizo, habia muchas 
cargas de oro y plata y pedrería enterrado en partes 
que dello no se sabe, y los indios escondieron otra 
suma grande que estaba para servicio del ídolo y de los 
sacerdotes y mamaconas, que también tenia muchos el 
templo {a)\ y como haya tan grandes nieves, no suben á 
lo alto, ni saben atinar á donde están tan grandes teso- 
iros. Mucho ganado tenia este templo, y chácaras y ser- 
vicio de indios y mamaconas. Siempre habia en él gen- 
te de muchas partes, y el Demonio hablaba aquí más 
sueltamente que en los oráculos dichos, porque á la 
contina daba mili respuestas, y no á tiempos, como los 
otros. Y aun agora en este tiempo, por algún secreto 
de Dios, se dice que andan por aquella parte diablos 
visiblemente, que los indios los ven y dellos reciben 
grand temor. Y á chrisptianos he yo oido que han visto 
los mesmos en figura de indios y aparecérseles y des- 
aparecérseles en breve espacio de tiempo. Algunas ve- 
ces sacrificaban mucho en este oráculo, y así mataban 



{a) Muchos templos, en n. orig . 



Capítulo XXVIII. ii3 

muchos ganados y aves* y algunos hombres y mujeres. 
Sin estos oráculos, había el de Aperahua, en donde 
por el troncón de un árbol respondía el oráculo, y que 
junto á él se halló cantidad de oro; y el de Pachacama, ' 
ques de los Yuncas, y otros muchos, así en la comarca 
de Andesuyo, como en la de Chinchasuyo y Omasuyo, 
y otras partes deste reino, de los cuales pudiera decir 
algo más; mas, pues que lo dije en la Primera par- 
te (¿2), que trata de las fundaciones, no trataré desto 
más que de los oráculos, los que tenian más devoción 
todos los Incas con las demás naciones, sacrificaban al- 
gunos hombres y mujeres y mucho ganado; y á donde 
no había este crédito, no derramaban sangre humana 
ni mataban hombres, sino ofrecían oro y plata. A las 
guacas que tenian en menos, que eran como ermitas, 
ofrecían chaquira y plumas y otras cosas menudas y de 
poco valor. Esto digo, porque la opinión que los espa- 
ñoles tenemos en afirmar que en todos los templos sa- 
crificaban hombres, es falsa; y esto es la v^erdad segund 
lo que yo alcancé, sin tirar ni poner más de lo que yo 
entendí y para mí tengo por cierto. 



[a] De su Crónica del Perú, passim. 



114 ^^^ Señorío de los Incas, 



Cap. XXIX, — De cómo se hacia la Capacco- 
cha y cuánto se usó entre los Incas, lo cual se 
entiende dones y ofrendas que hacían á sus 
ídolos. 



EN este lugar entra bien, para que se entienda, lo de 
la capaccocha, pues todo era tocante al servicio de 
los templos ya dichos y de otros; y por noticia que se 
tiene de indios viejos que son vivos y vieron lo que 
sobre esto pasaba, escribiré lo que de ello tengo enten- 
dido que es verdad. Y así, dicen que se tenia por cos- 
tumbre en el Cuzco, por los reyes, que cada año ha- 
cian venir á aquella ciudad a todas las estatuas (a) y 
bultos de los ídolos que estaban en las guacas, que eran 
los templos donde ellos adoraban; las cuales eran traí- 
das con mucha veneración por los sacerdotes y cama- 
yos dellas, ques nombre de guardianes; y como entra- 
sen en la ciudad, eran recebidas con grandes fiestas y 
procesiones y aposentadas en los lugares que para 
aquello estaban señalados y establecidos; y habiendo 
venido de las comarcas de la ciudad, y aun de la mayor 



(a) Todas los estatutos, en n. orig. 



Capítulo XXIX. ii5 

parte de las provincias, número grande de gente, así 
hombres como mujeres, el que reinaba, acompañado 
de todos los Incas y orejones, cortesanos y principales 
de la ciudad, entendian en hacer grandes fiestas y bor- 
racheras y taquis. 

Ponian en la plaza del Cuzco la gran maroma de 
oro que la cercaba toda, y tantas riquezas y pedrería, 
cuanto se puede pensar por lo que se ha escripto de 
los tesoros questos reyes poseían; lo cual pasado, se en- 
tendía en lo que todos los años por ellos se usaba, que 
era, questas estatuas y bultos y sacerdotes se juntaban 
para saber por boca dellos el suceso del año, si habia 
de ser fértil, ó si habia de haber esterilidad; si el Inca 
tenia larga vida, ó si por caso morirla en aquel año; si 
hablan de venir enemigos por algunas partes, ó si algu- 
nos de ios pacíficos se hablan de revelar. En conclusión, 
eran repreguntados destas cosas y de otras mayores y 
menores que va poco desmenuzarlas; porque también 
preguntaban si habría peste, ó si vernia alguna morri- 
ña para el ganado, y si habría mucho multiplico del. Y 
esto se hacia y preguntaba, no a todos los oráculos jun- 
tos, sino á cada uno por sí; y si todos los años los Incas 
no hacían esto, andaban muy recatados y vivían des- 
contentos y muy temerosos, y no tenían sus vidas por 
seguras. 

Y así, degrado al pueblo y hechas sus solenes borra- 
cheras y banquetes y grandes taquis y otras fiestas 
que ellos usan, diferente en todo a las nuestras, en 
que los Incas están con gran triunfo y á su costa se 
hacen los convites, en que habia suma de grandes tina- 



ii6 Del Señorío de los Incas, 

jas de oro y plata, y vasos de otras cosas, porque todo 
el servicio de su cocina, hasta las ollas y vasos de ser- 
vicio, era de oro y plata; — mandaban a los que para 
aquello estaban señalados y tenian las veces del Gran 
Sacerdote, que también estaba presente á estas fiestas 
con tan grand pompa y triunfo como el mesmo rey, 
acompañado de los sacerdotes y mamaconas que allí se 
habian juntado, — que hiciesen á cada ídolo su pregunta 
destas cosas, el cual respondía por boca de los sacerdo- 
tes que tenian cargo de su bulto; y éstos, como esta- 
ban bien beodos, adivinaban lo que más vían que hacia 
al gusto de los que preguntaban, inventando por ellos 
y por el diablo, questaba en aquellas estatuas. Y hechas 
las preguntas a cada ídolo, por ser los sacerdotes tan 
astutos en maldades, pedían algund término para res- 
ponder, para que con más devoción y crédito dellos 
oyesen sus desvarios; porque decían que querían hacer 
sus sacrificios, para que estando gratos a los altos dio- 
ses suyos, fuesen servidos de responder lo que había 
de ser; y así, eran traídos muchos animales de ovejas y 
corderos, y cuis y aves, que pasaba el número de más 
de dos mili corderos y ovejas; y estos eran degollados, 
haciendo sus exorcismos diabólicos y sacrificios vanos 
á su costumbre; y luego denunciaban lo que soñaban ó 
lo que fingían, ó por ventura lo que el diablo les decía; 
y al dar de las respuestas, teníase gran cuenta en mirar 
lo que decían y cuantos dellos conformaban en un 
dicho ó suceso de bien ó de mal; y así hacían con las 
demás respuestas, para ver cuál decía verdad y acerta- 
ba lo que había de ser en el dicho año. 



Capítulo XXIX, 117 



Esto hecho, luego salian los limosneros de los re)res 
con las ofrendas que ellos llaman capaccocha^ y juntán- 
dose la limosna general, eran vueltos los ídolos á los 
templos; y si pasado el año habian acaso acertado algu- 
no de aquellos soñadores, alegremente mandaba el Inca 
que lo fuese de su casa. 

La capaccocha^ como digo, era ofrenda que se paga-j 
ba en lugar de diezmo a los templos, de muchos vasos ¡ 
de oro y plata y de otras piezas y piedras, y cargas de 
mantas ricas, y mucho ganado. Y a las que habian sa- 
lido inciertas y mentirosas, no les daban el año veni- 
dero ninguna ofrenda, antes perdian reputación. Y 
para hacer esto, se hacian grandes cosas en el Cuzco, 
mucho más de lo que yo escribo. Y agora, después de 
fundada la Audiencia y haberse ido Gasea á Espa- 
ña {a)j entre algunas cosas que se trataban en ciertos 
pleitos, se hacia mención de esta capaccocha\ y ello y 
todo lo demás que hemos escripto es cierto que se 
hacia y usaba. Y contemos agora de la gran fiesta de 
Hátun Raimi (b). 



{d) Se fué por enero de l55o. 
[b) Aníinilayme, en n. orig. 



ii8 Del Señorío de los Incas. 



CAP, XXX. — De cómo se hacían grandes fies- 
tas y sacrificios á la grande y solene fiesta 
llamada Ilátun Raimi. 



MUCHAS fiestas tenian en el año los Incas, en las 
cuales hacían grandes sacrificios conforme á la 
costumbre deilos, y ponerlas todas en particular, era 
menester hacer de solo ello un volumen; y también 
hacen poco al caso y antes conviene que no se trate 
de contar los desvarios y hechicerías que en ellas se 
/ hacian, por algunas causas; y solamente porné la 
j fiesta de Hátun Raimi (a)y porque es muy nombrada. 
En muchas provincias se guardaba, y era la principal 
de todo el año y en que más los Incas se regocijaban, 
I y más sacrificios se hacian; y esta fiesta celebraban por 
1 fin de agosto, cuando ya habian cogido sus maices, 
[ papas, quinua (¿), oca (c), y las demás semillas que 
siembran. Y llaman á esta fiesta, como he dicho, Há- 
tun Raimi^ que en nuestra lengua quiere decir fiesta 
muy solene, porque en ella se habian de rendir gracias 
y loores al gran Dios hacedor de los cielos y la tierra,, 



(a) Atrinlaisme, en n, orig. 
(¿) Quina, en n. orig. 
(<) Acá, en n. orig* 



Capitulo XXX. ii9 

á quien llamaban, como muchas veces he dicho, Tici- 
viracocha, y al Sol, y a la Luna, y a los otros dioses 
suyos, por les haber dado buen año de cosechas para 
su mantenimiento. Y para celebrar esta fiesta con ma-; 
yor devoción y solenidad, se dice que ayunaban diez I 
ó doce dias, abstiniéndose de comer demasiado y no • 
dormir con sus mugeres, y beber solamente por la 
mañana, que es cuando ellos comen, chicha, y después, 
en el dia, tan solamente agua, y no comer ají, ni traer 
cosa en la boca, y otras cirimonias que entre ellos se 
guardaban en semejantes ayunos. Lo cual pasado, ha- 
bian traido al Cuzco mucha suma de corderos, y de 
ovejas, y de palomas y cuis, y otras aves y anima- 
les, los cuales mataban para hacer el sacrificio; y ha- i 
hiendo degollado la multitud del ganado, untaban con 
la sangre dellos las estatuas y figuras de sus dioses, ó ' 
diablos, y las puertas de los templos y oráculos, a donde \ 
colgaban las asaduras; y después de estar un rato, los 
agoreros y adivinos miraban en los livianos sus seña- 
les, como los gentiles, anunciando lo que se les 
antojaban, á lo cual daban mucho crédito. 

Y acabado el sacrificio, el grand sacerdote con los 
demás sacerdotes iban al templo del sol, y después de 
haber dicho sus salmos malditos, mandaban salir á las 
vírgenes mamaconas arreadas ricamente y con mucha 
multitud de chicha quellas tenían hecha, y entre todos 
los que se hallaban en la gran ciudad del Cuzco se 
comían los ganados y aves que para el sacrificio vano 
se habían muerto, y bebían de aquella chicha, que 
tenían por sagrada, dándosela á beber en grandes 



I20 Del Señorío de los Incas, 

vasos de oro, y estando ella en tinajas de plata de las 
muchas que había en el templo. 

Y habiendo comido y muchas veces bebido, estan- 
do, asi el rey como el grand sacerdote, como todos 
los demás, bien alegres y calientes dello, siendo poco 
mas de mediodia, se ponian en orden y comenzaban 
los hombres a cantar con voz alta los villancicos y 
Iromances que para semejantes dias por sus mayores 

fue inventado, que todo era dar gracias a sus dioses, 
prometiendo de servir los beneficios recebidos. Y 
para esto tenian muchos atabales de oro engastonados 
algunos en pedreria, los cuales les tañian {a) sus muje- 
res, que juntamente con las mamaconas sagradas les 
ayudaban á cantar. 

Y en mitad de la plaza tenian puesto, á lo que 
dicen, un teatro grande con sus gradas, muy adorna- 
do con paños de plumas llenos de chaquira de oro, y 
mantas grandes riquísimas de su tan fina lana, sem- 
brados de argentería de oro y de pedreria. En lo alto 
de este trono ponian la figura de su Ticíviracocha, 
grande y rica; al cual, como ellos tenian por Dios so- 
berano hacedor de lo criado, lo ponian en lo más alto 
y le daban el lugar más eminente; y todos los sacer- 
dotes estaban junto a él; y el Inca con los principales 
y gente común le iban á mochar, tirándose los alpar- 
gates, descalzos, con grand humildad; y encogían los 
hombros y, hinchando los carrillos, soplaban hacía él, 
haciendo la mocha, que es como decir reverencia. 



(a) Tenian, en n. orig. 



Capítulo XXX, 131 



Abajo deste trono se tenia la figura del sol, que no 
oso afirmar de lo que era hecha, y también ponian la 
de la luna y otros bultos de dioses esculpidos en palos 
y en piedras; y crean los letores, que tenemos por rnuy 
cierto, que ni en Jerusalem, Roma, ni en Persia, ni en 
ninguna parte del mundo, por ninguna república ni 
rey del se juntaba en un lugar tanta riqueza de meta- 
les de oro y plata y pedreria como en esta plaza del 
Cuzco, cuando estas fiestas y otras semejantes se 
hacian; porque eran sacados los bultos de los Incas, 
reyes suyos, ya muertos, cada uno con su servicio y 
aparato de oro y plata que tenian, digo los que ha- 
biendo sido en vida buenos y valerosos, piadosos con 
los indios, generosos en les hacer mercedes, perdona- 
dores de injurias; porque á estos tales canonizaba su 
ceguedad por sanctos, y honraban sus huesos, sin 
entender que las animas ardian en los infiernos, y 
creían questaban en el cielo. Y lo mesmo era de algu- 
nos otros orejones ó de otra nación, que por algunas 
causas que en su gentilidad hallaban, los llamaban 
también sanctos. Y llaman ellos á esta manera de ca- 
nonizar ylla^ que quiere decir cuerpo del que fué 
bueno en la vida {a)\ y en otro entendimiento, yllapa 
significa trueno ó relámpago; y asi llaman los indios a 
los tiros de artillería yllapa^ por el estruendo que 
hace (b). 



(a) Más bien que bueno, venturoso, poderoso y rico. 

[b] Y también llamaban Santiago al tiro y al arcabuz, por la voz de 
los españoles al dispararlos. 



122 Del Señorío de los Incas. 



Pues juntos el Inca y el grand sacerdote con los corte- 
sanos del Cuzco y mucha gente que venia de las comar- 
cas, teniendo sus dioses puestos en tálamo, los mocha- 
ban, que es hacerles reverencia, lo que ellos usaban 
ofreciéndoles muchos dones de ídolos de oro peque- 
ños y ovejas de oro, y figuras de mujeres, todo peque- 
ño, y otras muchas {d) joyas. Y estaban en esta fiesta 
de Háíun Raimi quince ó veinte dias, en los cuales 
se hacian grandes táquis y borracheras y otras fiestas a 
su usanza; lo cual pasado, daban fin al sacrificio, me- 
tiendo los bultos de los ídolos en los templos, y los de 
los Incas muertos en sus casas. 

El sacerdote mayor tenia aquella dignidad por su 
vida, y era casado, y era tan estimado, que compe- 
tía en razones con el Inca, y tenia poder sobre todos 
los oráculos y templos, y quitaba y ponia sacerdotes. El 
Inca y él jugaban muchas veces á sus juegos, y eran es- 
tos tales de grand linaje y de parientes poderosos, y no 
daban la tal dignidad á hombres bajos ni oscuros, aun- 
que tuviesen mucho merecimiento. — Nobles se llaman 
todos los que vivían en la parte del Cuzco, que llama- 
ban orencuzcos y anancuzcos (^), y los hijos descendien- 
tes dellos, aunque en otras partes residiesen en otras 
tierras. Yo me acuerdo, estando en el Cuzco el año pa- 
sado de mili quinientos y cincuenta por el mes de agos- 
to, después de haber cogido sus sementeras, entrar los 



(fl) Mugeres, en n. orig. 

Kb) Orenacuzcos y anacuzcos, en n. ori^. 



Capitulo XXX, 123 



indios con sus mugeres por la ciudad con gran ruido, 
trayendo los arados en las manos y algunas pajas y 
maíz, hacer fiesta en solamente cantar y decir cuanto 
en lo pasado solían festejar sus cosechas. E porque no 
consienten los apos {a) y sacerdotes questas fiestas gen- 
tílicas se hagan en público, como solían, ni en secreto 
lo consintirian, si lo supiesen; pero como haya tantos 
millares de indios sin se haber vuelto chripstianos, de 
creer es, que, en donde no los vean, harán lo que se les 
antojare. La figura de Ticiviracocha, y la del sol y la\ 
luna, y la maroma grande de oro, y otras piezas cono- 
cidas, no se han hallado, ni hay indio, ni chripstiano 
que sepa ni atine á dónde están {b)\ pero aunque mu- 
cho, esto es poco para lo que está enterrado en el 
Cuzco y en los oráculos y en otras partes deste grand 
reino. 



{a) Chapos, en n. orig. 

{b) La del sol la encontraron el año de l572 los españoles en poder 
de Túpac Amarú en los Andes, al hacerse dueños de este inca y de su 
campo en la expedición mandada por García de Loyola. (V. Tres relacio- 
nes de antigüedades peruanas, p. XIX y XX. 



124 Del Señorío de los Incas. 



CAP, XXXI. — Del segundo rey ó Inca que 
hoto en el Cu{co, llamado Sinchi Roca {a). 



PUES con la más brevedad que pude escribí lo 
que entendí de la gobernación y costumbre de los 
Incas, quiero volver con mi escriptura á contar lo que 
hobo desde Manco Capac hasta Guascar, como atrás 
prometí. Y así, deste como de otros no dan mucha no- 
ticia los orejones, porque, á la verdad, hicieron pocas 
cosas; porque los inventores de lo escripto y los más 
valerosos de todos ellos, fueron Inca lupanqui y Tu- 
pac Inca, su hijo, y Guayna Capac su nieto; aunque 
también lo debe causar la razón, que ya tengo escrip- 
ta, de ser éstos los más modernos. 

Luego, pues, que fue muerto Manco Capac y 
hechos por él los lloros generales y osequias, Sinchi 
Roca Inca toma la borla ó corona con las cirimonias 
acostumbradas, procurando luego de alargar la casa 
del sol y allegar á sí la más gente que pudo con hala- 
gos y grandes ofrecimientos, llamando, como ya se lla- 
maba ala nueva población. Cuzco. Y algunos de los 
indios naturales del afirman, que á donde estaba la 



(a) Ancharoca, en n. orig. 



Capítulo XXXI, i2> 

i grande plaza, ques la misma que agora tiene, habia 
I un pequeño lago y tremedal de agua que les era difi- 
cultoso para el labrar los edificios grandes que querian 
comenzar y edificar; mas, como esto fuese conocido 
¡por el rey Sinchi Roca {a)^ procura con ayuda de sus 
aliados y vecinos deshacer aquel palude, cegándolo 
•con grandes losas y maderos gruesos, allanando 
> por encima donde el agua solia estar, de tal manera, 
que quedó como agora lo vemos. Y aún cuentan más, 
fl que todo el valle del Cuzco era estéril y jamás daba 
buen fruto la tierra del de lo que sembraron, y que de 
dentro de la grand montaña de los Andes trajeron mu- 
chos millares de cargas de tierra, la cual tendieron por 
todo él; con lo cual, si es verdad, quedó el valle muy 
\ fértil, como agora lo vemos. 

Este Inca hobo en su hermana y mujer muchos 
hijos: al mayor nombraron Lloque Yupanqui (J?). Y 
visto por los comarcanos al Cuzco la buena orden que 
tenian los nuevos pobladores que en él estaban, y 
cómo traian á su amistad las gentes más por amor y 
binivolencia que no por armas ni rigor, algunos ca- 
pitanes y principales vinieron á con ellos tener sus 
pláticas, holgándose de ver el templo de Curicancha 
y la buena orden con que se regian; que fue causa 
que firmaron con ellos amistades de muchas partes. 
Y dicen más, que como hobiesen venido al Cuzco,^ 



id) Anchiroca, en n. orig. 

{b) Quelloque Yapangue, en n. orig. 



120 Del Señorío de los Incas, 



entre estos que digo, un capitán del pueblo que lla- 
man Zañu (^), no muy lejos de la ciudad, que rogó á 
Sinchi Roca (J?), con gran veemencia que en ello puso, 
que tuviese por bien que una hija que él tenia muy 
apuesta y hermosa, la quisiese recibir para darla por 
mujer á su hijo. Entendido esto por el Inca, pesóle, 
porque era lo que se le pedia cosa, que si lo otorgaba, 
iba contra lo establecido y ordenado por su padre, y 
si no concedía al dicho deste capitán, quél y los demás 
los ternian por hombres inhumanos, publicando que 
no eran más de para sí. Y habiendo tomado consejo 
con los orejones y principales de la ciudad, paresció a 
todos que debia de recibir la doncella para la casar con 
su hijo, porque hasta que tuviesen más fuerza y po- 
tencia, no se habian de guiar en aquel caso por lo que 
su padre dejó mandado. Y así, dicen que respondió 
al padre de la que había de ser mujer de su hijo, que 
la trajiesen; y se hicieron las bodas con toda solenidad, 
á su costumbre é modo, y fué llamada en el Cuzco 
Coya; y una hija que tenia el rey, que habia de ser mu- 
jer de su hermano, fué colocada en el templo de Curi- 
cancha, á donde ya habian puesto sacerdotes y se hacían 
sacrificios delante de la figura del sol, y habia porteros 
para guarda de las mujeres sagradas de la manera y 
como está contado. Y como este casamiento se hizo, 
cuentan los misnos indios que aquella parcialidad se 



{a) f añono, en n. orig. 
(¿) Cincheroca, en n. orig. 



Capítulo XXXII. 127 

juntó con los vecinos del Cuzco, y haciendo grandes 
convites y borracheras, confirmaron su hermandad y 
amistad de ser todos unos; y por ello se hicieron 
grandes sacrificios en el cerro de Guanacaure y en 
Tampuquiro y en el mesmo templo de Curicancha. 
Lo cual pasado, se juntaron más de cuatro mili man- 
cebos, y hechas las cirimonias que para ello se habian 
inventado, fueron armados caballeros y quedaron te- 
nidos por nobles, y les fueron rasgadas las orejas y 
puestos en ellas aquel redondo que usar solian. 

Pasado esto y otras cosas que sucedieron al rey 
Sinchi Roca, que no sabemos, después de ser viejo y 
de dejar muchos hijos y hijas, murió y fue muy llora- 
do y plañido, y le hicieron osequias muy suntuosas, 
guardando su bulto para memoria que habia sido 
bueno, creyendo que su ánima descansaba en los 
cielos. 



CAP, XXXII. — Del tercero rey que hubo en el 
Cuíco, llamado Lloque Yupanqui. 



MUERTO, de la manera que se ha contado, Sinchi 
Roca, Lloque Yupanqui, su hijo, fué recebido 
por Señor, habiendo primero ayunado los dias para 
ello señalados; y como por sus adivinanzas y pensa- 
mientos se tuviese grande esperanza que en lo futuro 



128 Del Señorío de los Incas, 

la ciudad del Cuzco había de florescer, el nuevo rey 
comenzó a la ennoblecer con nuevos edificios que en 
ella fueron hechos, y rogó, a lo que cuentan, a su 
suegro, quisiese con todos sus aliados y confederados 
pasarse a vivir a su ciudad, á donde le seria guardado 
su honor y en ella ternia la parte que quisiese. Y el 
señor ó capitán de Zañu {a) haciéndolo asi, se le dio 
y señaló para su vivienda la parte más occidental de 
la ciudad, la cual, por estar en laderas y collados, se 
llamó Anancuzco; y en lo llano y mas bajo, quedóse el 
rey con su casa y vecindad; y como ya todos eran 
orejones, ques tanto como decir nobles, y casi todos 
ellos hobiesen sido en fundar la nueva ciudad, tuvié- 
ronse siempre por ilustres las gentes que vivian en 
los dos lugares de la ciudad, llamados Anancuzco y 
Orencuzco. Y aun algunos indios quisieron decir que 
el un Inca habia de ser de uno destos linajes, y otro 
del otro; mas no le tengo por cierto, ni que es mas de 
lo que los orejones cuentan, que es lo que ya está 
escripto. Por una parte y por otra de la ciudad habia 
grandes barrios en los collados, porque ella estaba 
atrazada en cerros y quebradas, como se contó en la 
Primera parte desta Corónica (b). 

No dan relación que en estos tiempos hobiese guer- 
ra notable; antes afirman, que los del Cuzco, poco a 
poco, con buenas mañas que para ello tenian, allega- 



(a) De Canono, en n. orig. 

(¿) Cap. xcn. 



Capitulo XXXII. 129 

ban á su amistad muchas gentes de las comarcas de su 
ciudad Y acrescentaban el templo de Curicancha, asi 
en edificios como en riqueza; que ya buscaban metales 
de plata y oro, y dello venia mucho á la ciudad al 
tianquez (a) 6 mercado que en ella se hacia; y metíanse 
en el templo mujeres para no salir del, segund y como 
está dicho en otros lugares. 

Y reinando desta manera Lloque Yupanqui en el J 
Cuzco, pasándosele lo mas de su tiempo, allegó á ser I 
muy viejo, sin haber hijo en su mujer. Mostrando \ 
mucho pesar dello los vecinos de la ciudad, hicieron 
grandes sacrificios y plegarias á sus dioses, así en Gua- 
nacaure como en Curicancha, y en Tamboquiro; y 
dicen que por uno de aquellos oráculos donde iban 
[por] respuestas vanas, oyeron que el Inca engendra- 
ría hijo que le sucediese en el reino; de lo cual mostra- 
ron mucho contento, y alegres con la esperanza, 
ponían al viejo rey encima de su mujer la Coya, y 
con tales burlas, á cabo de algunos días, claramente se 
conoció estar preñada, y á su tiempo parió un hijo. 

Lloque Yupanqui murió, mandando primero que la 
borla ó corona del imperio fuese puesta y depositada 
en el templo de Curicancha, hasta que su hijo tuviese 
edad para reinar, al cual pusieron por nombre Mayta 
Capac; y por gobernadores dicen que dejó á dos de 
sus hermanos, los nombres de los cuales no entendí 



{a) El nombre quichua de mercado no es éste sino Ca¿íu, de donde! 
los españoles llamaron Ga¿í? al mercado de indios de la plaza de Lima. 

8 



1 3o Del Señorío de los Incas, 

Muerto el Inca Yupanqui, fué llorado por todos los 
criados de su casa, y en muchas partes de la ciudad, 
conforme a la ceguedad que tenian, se mataron mu- 
chas mujeres y muchachos, con pensar que le habian 
de ir á servir al cielo, donde ya tenian por cierto que 
su ánima estaba; y santificándole por sancto, manda- 
ron los mayores de la ciudad que fuese hecho bulto 
para sacar á las fiestas que se hiciesen. Y cierto, gran- 
de es el preparamiento que se hacia para enterrar á uno 
de estos reyes, y generalmente en todas las provincias 
le lloraban, y en muchas dellas se tresquilaban las 
mujeres, ciñéndose sogas de esparto; y al cabo del año 
se hacian unas lamentaciones y sacrificios gentílicos, 
mucho más de lo que se puede pensar. Y esto, los que 
se hallaron en el Cuzco el año de mili quinientos y 
cincuenta, verian lo que allí pasó sobre las honras 
de Paulo (¿x), cuando le hicieron su cabo de año; que 
fué tanto, que las más de las dueñas de la ciudad subie- 
ron á su casa á lo ver; y yo me hallé presente, y cierto 
era para concebir admiración. Y háse de entender que 
era aquello nada en comparación de lo pasado. Y diré 
agora de Mayta Capac. 



{a) Paullu Tupac Yupanqui, hijo de Huaina Capac. Vivia en el Cuzco 
en las casas que fueron de su hermano Huáscar, muy querido y considera- 
do de españoles é indios. El licenciado Vaca de Castro consiguió que se 
bautizase con el nombre de Cristóbal. Murió en mayo de 1649. 



Capitulo XXXIIL i3i 



CAP. XXXIIL — Del cuarto Inca que hoho en 
el Cu\co, llamado Mayta Capac y de lo que 
pasó en el tiempo de su reinado. 



PASADO, pues, lo que se ha escripto, Mayta Capac, 
se fué haciendo grande; el cual, después de haber 
hecho las cirimonias que se requerían, le fueron abier- 
tas las orejas; y siendo más hombre, en presencia de 
muchas gentes, así naturales como extranjeros, que 
para ello se juntaron, rescebió la corona ó borla del 
imperio; é porque no tenia hermana con quien casar, 
tomó por mujer á una hija de un {a) señorete ó capi- 
tán del pueblo de Orna, que estaba del (J?) Cuzco hasta 
dos leguas; la cual por nombre habia Mama Cahua 
Pata. 

Hechas las bodas, estaba un barrio cerca de la ciu- 
dad, donde vivia un linaje de gente á quien llamaban Al- 
caviquiza (c), y estos no habian querido tener amistad 



{a) Su, epx n. orig. 

{b) En el, en n. orig. 

{c) Allcay Villcas, escribe Cabello Balboa; y Alca Vieza y Alca-yiza, 
Juan de Betánzos (V. la anécdota de la pedrada que atribuye en otra for- 
ma, como Balboa, al dicho inca Mayta Capac); Alcauhas ó Alca/iuizas, en 
la información hecha por don Francisco de Toledo en el Cuzco el año de 
1572, acerca de los primeros Señores de aquella ciudad. 



1 32 Del Señorío de los Incas, 



con los del Cuzco ninguna, y estando llenos de sospe- 
chas unos de otros, dicen que yendo a tomar agua 
una muger del Cuzco a ciertas fuentes que por allí es- 
taban, salió un muchacho del otro barrio y le quebró 
el cántaro y habló no sé qué palabras; la cual, dando 
gritos, volvió al Cuzco; y como estos indios son tan 
alharaquientos, salieron luego con sus armas contra los 
otros, que también habian tomado las suyas al ruido 
que oian, para ver en lo que paraba el negocio; y lle- 
gando el Inca con su gente cerca, se pusieron en orden 
de pelea, habiendo tomado por achaque cosa tan liviana 
como entre la india y muchacho habia pasado, para 
querer sojuzgar los de aquel linaje ó que la memoria 
dellos se perdiese. 

Y esto por los de Alcaviquiza bien era entendido; y 
como hombres de valor, salieron á la batalla con 
grand denuedo, que fué la primera que se dio en 
aquellos tiempos, y pelearon gran rato así los unos 
como los otros, porque habiendo sido el caso tan súpi- 
to, no habian podido allegar favores ni buscar ayudas 
los de Alcaviquiza; los cuales, aunque mucho pe- 
learon, fueron vencidos después de ser muertos todos 
los más, que casi no escaparon cincuenta con la vida. 
Y luego el rey Mayta Capac, tomando posesión en 
los campos y heredades de los muertos, usando de 
vencedor, lo repartió todo por los vecinos del Cuzco, y 
se hicieron grandes fiestas por la vitoria, yendo todos 
á sacrificar á los oráculos que tenían por sagrados. 

Destc Inca no cuentan los orejones más de que 
Mayta Capac reynó en el Cuzco algunos años; y es- 



Capitulo XXXIV. i33 

tando allegando gente para salir á lo que llaman Con- 
desuyo, le vino tal enfermedad, que hobo de morir, 
dejando por su heredero al hijo mayor, llamado Capac 
Yupanqui. 



CAP. XXXIV. — Del quinto rey que hobo en el 
Cuíco, llamado Capac Yupanqui, 



PARÉCEME, que destos Incas que al principio de la 
fundación del Cuzco reinaron en aquella ciudad, 
que los indios cuentan pocas cosas dello; y, cierto, 
debe ser lo que dicen, que entre los Incas, cuatro ó 
cinco dellos fueron [los que] tanto se señalaron y que 
ordenaron é hicieron lo que ya [he] escripto. 

Muerto Mayta Capac, le fueron hechas las ose- 
quias como se usaba entre ellos, y habiendo puesto 
su bulto en el templo, para lo canonizar por santo 
conforme á su ceguedad, Capac Yupanqui tomó la 
borla con grandes fiestas que para solenizar la coro- 
nación fueron hechas; y para ello, de todas partes 
vinieron gentes. Y pasadas las alegrias, que lo más es 
beber y cantar, el Inca 'determinó de ir a hacer sacri- 
ficio al cerro de Guanacaure, acompañado del Gran 
Sacerdote y de los ministros del templo, y de muchos 
orejones y vecinos de la ciudad. 

Y en la provincia de Condesuyo se habia entendido 



1 34 Del Seítorío de los Incas, 

cómo al tiempo que el Inca pasado murió, estaba deter- 
minado de él ir á dar guerra, [y] habíanse apercebido, 
porque no los tomase descuidados; y dende a pocos 
días tuvieron también noticias de su muerte y de la 
salida que queria hacer Capac Yupanqui, su hijo, á 
hacer sacrificios al cerro de Guanacaure, y determina- 
ron de venir a le dar guerra, y a cojer el despojo, si 
con la victoria quedasen. Y así lo pusieron por obra, 
y salieron de un pueblo que está en aquella comarca, á 
quien llaman Marca, y así llegaron á donde ya era ve- 
nido el Inca, que siendo avisado de lo que pasaba, es- 
taba a punto aguardando lo que viniese; y sin se pasar 
muchos dias, se juntaron unos con otros y se dieron 
batalla; la cual duró mucho espacio, y que todos pelea- 
ron animosamente; mas al fin, los de Condesuyo fue- 
ron vencidos con muerte de muchos dellos; y así, el 
sacrificio se hizo con más alegría, matando algunos 
hombres y mugeres, conforme á su ceguedad, é mucho 
ganado de ovejas y corderos, en las asaduras de los 
cuales pronosticaban sus desvarios y liviandades. Aca- 
bados estos sacrificios, el Inca dio la vuelta al Cuzco, 
á donde se hicieron grandes fiestas y alegrías por la 
victoria que habia habido. 

Los que escaparon de los enemigos, como mejor 
pudieron, fueron a parar a su provincia, á donde de 
nuevo procuraron de allegar gente y buscar favores, 
publicando que habian de morir ó destruir la ciudad 
del Cuzco, matando todos los advenedizos que en ella 
estaban; y con mucha soberbia, inflamados en ira, se 
daban priesa á recoger armas, y sin ver el templo de 



Capitulo XXXIV. 1 35 

Curicancha, repartían entre ellos mesmos las señoras 
que en él estaban. Y estando aparejados, se fueron ha- 
cia el [cerro] de Guanacaure, para desde allí entraren el 
Cuzco; donde había aviso destos movimientos y Capac 
Yupanqui había juntado todos los comarcanos al Cuz- 
co y confederados, y con los orejones aguardó a sus 
enemigos, hasta que supo estar cerca del Cuzco; á don- 
de fueron a encontrarse con ellos, y entre los unos y 
los otros se dio la batalla, animando cada capitán á su 
gente. Mas, aunque los de Condesuyo pelearon hasta 
más no poder, fueron vencidos segunda vez con muer- 
te de más de seis mili hombres dellos, y los que esca- 
paron, volvieron huyendo á sus tierras. 

Capac Yupanqui los fué siguiendo hasta su propia 
tierra, donde les hizo la guerra de tal manera, que vi- 
nieron á pedir paz, ofreciendo de reconoscer al Señor 
del Cuzco, como lo hacían los otros pueblos que esta- 
ban en su amistad. Capac Yupanqui los perdonó y se 
mostró muy alegre con todos, mandando á los suyos 
que no hiciesen daño ni robasen nada a los que ya te- 
nían por amigos. Y en aquella comarca fueron luego 
buscadas algunas doncellas hermosas para llevar al 
templo del sol que estaba en el Cuzco. Y Capac Yu- 
panqui anduvo algunos días por aquellas comarcas em- 
poniendo á los naturales dellas en que viviesen orde- 
nadamente, sin tener sus pueblos por los altos y pe- 
ñascos de nieve; y así fué hecho como él lo mandó, y 
volvióse á su ciudad. 

La cual se iba ennobleciendo más cada día y se 
adornaba el templo de Curicancha; y mandó hacer 



1 36 Del Señorío de los Incas, 

una casa para su morada, que era la mejor que hasta 
en aquel tiempo se había hecho en el Cuzco. Y cuen- 
tan que hobo en la Coya, su legítima muger, hijos que 
le sucedieron en el señorío; y como ya se extendiese la 
fama por todas las provincias comarcanas al Cuzco de 
la estada en ella de los Incas y orejones y del templo 
que habían fundado, y de cuanta razón y buena orden 
había en ellos, y de cómo andaban vestidos y adere- 
zados, de todo esto se espantaban, y la fama discurría 
por todas partes, dando pregones destas cosas. 

Y en aquellos tiempos, los que tenían señorío a la 
parte del Poniente de la ciudad del Cuzco, y se exten- 
día hasta donde agora es Andaguaylas, como lo oye- 
sen, enviaron á Capac Yupanquí sus embajadores con 
grandes dones y presentes, envíándole á rogar los 
quisiese tener por amigos y confederados suyos; á lo 
cual respondió el Inca muy bien, dándoles ricas piezas 
de oro y de plata que diesen a los que los enviaron. 
Y haciéndoles buen tratamiento y hospedage, estu- 
vieron estos mensajeros algunos días en la ciudad, 
paresciéndoles más lo que veían, que no lo que habían 
oido; y así lo contaron en sus tierras, desque allá fue- 
ron vueltos. Y algunos de los orejones del Cuzco 
afirman, que la lengua general que se usó por todas 
las provincias, que fué la que usaban y hablaban estos 
Quíchoas, los cuales fueron tenidos por sus comarca- 
nos por muy valientes, hasta que los Chancas los des- 
truyeron. Habiendo, pues, el Inca Capac Yupanqui 
vivido muchos años, [murió] siendo ya muy viejo; y 
habiendo ya pasado los lloros y días de sus honras, su 



Capítulo XXXV. 1 37 

hijo fué recibido sin contraste ninguno por rey del 
Cuzco, como su padre lo habia sido; el cual habia por 
nombre Inca Roca Inca (a). 



CAP, XXXV. — Del sexto rey que hubo en el 
Cuíco j lo que pasó en su tiempo, y de la 
fábula ó historia que cuentan del rio que pasa 
por medio de la ciudad (}el Cu{co. 



M 



UERTO por la manera que se ha contado Capac 
Yupanqui, sucedió en el señorío Inca Roca Inca, \ 
su hijo, y para el tomar de la borla, vinieron, como lo » 
solian hacer, de muchas partes número grande de 
gente á se hallar presentes á ello; y fueron hechos 
grandes sacrificios en los oráculos y templos, confor- 
me a su ceguedad. Y cuentan estos indios, que al 
tiempo que le fueron rasgadas las orejas á este Inca, 
para poner en ellas aquel redondo que hoy en dia 
traen los orejones, que le dolió mucho la una dellas, 
tanto, que se salió de la ciudad con esta fatiga y fué á 
un cerro que está cerca de ella muy alto, á quien lla- 
man Chaca, á donde mandó a sus mugeres y a la 
Coya, su hermana, Micai Coca (^), la cual en vida de 



[a] Ingaroqueynga, en n. orig. 
\f) Nicaycoga, en n. orig. 



1 38 Del Señorío de los Incas, 

su padre había recibido por muger, que con el estu- 
viese. Y cuentan en este paso, que sucedió un miste- 
rio fabuloso, el cual fué, que como en aquel tiempo 
no corriese por la ciudad ni pasase ningún arroyo ni 
rio, que no se tenia por poca falta y necesidad, porque 
cuando hacia calor se iban á bañar por la redonda de 
la ciudad en los rios que habia, y aun sin calor se ba- 
ñaban, y para proveimiento de los moradores habia 
fuentes pequeñas, las que agora hay; y estando en 
este cerro el Inca desviado algo de su gente, comen- 
zó a hacer su oración * al gran Ticiviracocha, y a 
Guanacaure y al sol y a los Incas sus padres y abue- 
los, para que quisiesen declararle cómo y por dónde 
podrian, a fuerzas de manos de hombre, llevar algún 
rio ó acequia a la ciudad; y que estando en su oración, 
se oyó un trueno grande, tanto, que espantó a todos 
los que allí estaban; y quel mesmo Inca, con el miedo 
que recibió, abajó la cabeza hasta poner la oreja iz- 
quierdo en el suelo, de la cual le corría mucha san- 
gre; y que súpitamente, oyó un gran ruido de agua 
que por debajo de aquel lugar iba; y que, visto el 
misterio, con mucha alegría mandó que viniesen 
muchos indios de la ciudad, los cuales con priesa 
grande cavaron hasta que toparon con el golpe de 
agua que, habiendo abierto camino por las entrañas 
de la tierra, iba caminando sin dar provecho. 

Y prosiguiendo con este cuento, dicen más, que des- 
pués que mucho hobieron cavado y vieron el ojo de 
agua, hicieron grandes sacrificios a sus dioses, creyen- 
do que por virtud de su deidad aquel beneficio les ha- 



Capitulo XXXV, 1 39 

bia venido, y que con mucha alegría se dieron tal 
maña, que llevaron el agua por medio de la ciudad, 
habiendo primero enlosado el suelo con losas grandes, 
sacando con cimientos fuertes unas paredes de buena 
piedra por una parte y por otra del rio; y para pasar 
por el, se hicieron á trechos algunos puentes de 
piedra. 

Este rio yo lo he visto, y es verdad que corre de la 
manera que cuentan, viniendo el nacimiento {a) de ha- 
cia aquella sierra. Lo demás, no sé lo que es, más de es- 
cribir lo que sobre ello cuentan; y bien podria ir algún 
ojo de agua metido en la mesma tierra, sin ser visto 
ni oido el ruido del agua, hechálo por la ciudad, como 
agora lo vemos; porque en muchas partes deste gran 
reino van ó corren rios grandes y pequeños por deba- 
jo de la tierra, como ternan noticia los que por los 
llanos y sierras del hubieren andado. En este tiempo, 
muladares grandes hay por la orilla deste rio, lleno de 
inmundicias y bascosidades, lo que no estaba en tiem- 
po de los Incas, sino muy limpio, corriendo el agua 
por encima de las losas dichas; y algunas veces se iban 
á lavar los Incas con sus mugeres; y en diversas veces 
han algunos españoles hallado cantidad de oro, no 
puro, sino en joyas menudas, y de sus topos, que de- 
jaban ó se les caian cuando se bañaban. 

Después de pasado esto, Inca Roca salió, á lo que 
dicen, del Cuzco á hacer sacrificios, procurando con 



{a) Cimienio, en n. orig. 



140 Del Señorío de los Incas. 

grandes mañas y buenas palabras atraer á su amistad 
las gentes que mas podía; y salió y fué hacia lo que lla- 
man Condesuyo; a donde, en el lugar que llaman Po- 
matambo, tuvo una batalla con los naturales de aque- 
llas comarcas, de la cual quedó por vencedor y señor 
de todos; porque, perdonando con muchas liberalida- 
des y comunicando con ellos sus cosas grandes, le to- 
maron amor y ofrecieron a su servicio, obligándose 
de le acudir con tributos. Después de haber estado al- 
gunos dias en Condesuyo y visitado los oráculos y 
templos que hay por aquellas tierras, se volvió victo- 
rioso al Cuzco, yendo delante del indios principales, 
guardando su persona con hachas y alabardas de oro. 
Tuvo este Inca muchos hijos y no hija ninguna; y 
habiendo ordenado y mandado algunas cosas grandes 
y de importancia para la gobernación, murió, habiendo 
primero casado á su primogénito, que por nombre ha- 
bía Inca Yupanqui, con una señora natural de Ayar- 
maca, á quien nombraban Mama Chiquía. 



CAP. XXXVI. — Del séptimo rey ó Inca que en 
el Cuíco hobo, llamado Inca Yupanqui. 



MUERTO que fué Inca Roca acudieron de Conde- 
suyo, Vicos, de Ayarmaca, y de las otras partes 
con que había asentado alianza y amistad, mucha gen- 



Capítulo XXXVI. 141 

te, así hombres como mugeres, é fueron hechos gran- 
des llantos por el rey difunto; é muchas mugeres de 
las que en vida le amaron y sirvieron, conforme a la 
ceguedad de los indios general, de sus mesmos cabe- 
llos se ahorcaron, y otras se mataron por otros modos, 
para, de presto, enviar sus ánimas para servir á la de 
Inca Roca; y en la sepoltura, que fué magnífica y sun- 
tuosa, echaron grandes tesoros y mayor cantidad de 
mugeres y sirvientes con mantenimientos y ropa fina. 

Ninguna sepoltura destos reyes se ha hallado; y 
para que se conozca si serian ricas ó no, no es menes--' 
ter más prueba que, pues se hallaban en sepolturas 
comunes á sesenta mili pesos de oro y más y menos, 
¿•qué serian las que metían estos que tanto deste metal 
poseyeron y que tenían por cosa importantísima salir 
deste siglo ricos y adornados? 

Así mesmo le fué hecho bulto á Inca Roca, contán- 
dole por uno de sus dioses, creyendo que ya descan- 
saba en el cielo. 

Pasados los lloros y hechas las osequias, el nuevo 
Inca se encerró á hacer el ayuno; y porque con su au- 
sencia no recreciese alguna sedición ó levantamiento 
de pueblo, mandó que uno de los más principales de su 
linage estuviese en público representando su mesma 
persona; al cual dio poder para que pudiese castigar al 
que hiciese por qué, y tener la ciudad en todo sosiego 
y paz, hasta que él saliese con la insinia real de la bor- 
la. Y este Inca, dicen que tienen por noticia que fué 
de gentil presencia, grave y de autoridad. El cual en- 
tró en lo más secreto de su palacio, á donde hizo el 



142 Del Señorío de los Incas. 

ayuno, metiéndole á tiempos el maíz con lo que más 
comía, Y se estaba sin tener ayuntamiento carnal con 
muger. Acabado, se salió luego, mostrando con su vista 
las gentes gran contento; y se hicieron sus fiestas y sa- 
crificios grandes; y pasadas las fiestas, mandó el Inca 
que se trajese de todas partes cantidad de oro y plata 
para el templo; y se hizo en el Cuzco la piedra que 
llaman de la guerra, grande, y las engastonadas en oro 
y piedras (a). 



CAP. XXXVII. — Cómo, queriendo salir este 
Inca á hacer guerra por la provincia del Co- 
llao, se levantó cierto alboroto en el Cu^co, y 
de cómo los Chancas vencieron d los Quichuas, 
y les ganaron su señorío. 



ESTANDO Inca Yupanqui en el Cuzco procurando de 
lo ennoblecer, determinó de ir a Collasuyo, que 
son las provincias que caen a la parte del Austro de la 
ciudad, porque tuvo aviso que los descendientes de Za- 
pana, que señoreaban la parte de Atuncollao, eran ya 
muy poderosos y estaban tan soberbios, que hacían 
junta de gente para venir sobre el Cuzco; y asi, man- 



(a) Asi en la copia del Escorial, pero no me satisface el sentido. 



Capitulo XXXVIL 143 

dó apercibir sus gentes. Y como el Cuzco mucho 
tiempo no sufre paz, cuentan los indios, que como ho- 
biese allegado mucha gente Inca Yupanqui para la jor- 
nada que queria hacer, estando ya para se partir, como 
hobiesen s^enido algunos capitanes de Condesuyo con 
gente de guerra, trataron entre sí de matar al Inca, 
porque si de aquella jornada salia con victoria, que- 
daria tan estimado, que á todos querria tener por vasa- 
llos y criados. Y así, dicen que estando el Inca en sus 
fiestas algo alegre con el mucho vino quebebian, allegó 
uno de los de la liga y que habían tomado el partido ya 
dicho, y alzando el brazo, descargó un golpe de bastón 
en la cabeza real, y que el Inca turbado y con ánimo, 
se levantó diciendo: ''¿Qué hiciste, traidor?" Y ya 
los de Condesuyo habían hecho muchas muertes; y 
el mismo Inca se pensó guarecer con irse al templo; 
mas fué en vano pensarlo, porque alcanzado de sus 
enemigos, le mataron, haciendo lo mesmo a muchas 
de sus mugeres. 

Andaba gran ruido en la ciudad, tanto que no se 
entendian los unos a los otros: los sacerdotes se habían 
recogido al templo y las mujeres de la ciudad, aullan- 
do, tiraban de sus cabellos, espantadas de ver al Inca 
muerto de sangre, como si fuera algún hombre vil. 
E muchos de los vecinos quisieron desamparar la ciu- 
dad, y los matadores la querían poner a saco, cuando, 
cuentan, que haciendo gran ruido de truenos y relám- 
pagos, cayó tanta agua del cielo, que los de Condesu- 
yo temieron, y sin proseguir adelante, se volvieron, 
contentándose con el daño que habían hecho. 



144 ^^^ Señorío de los Incas, 



Y [cuentan ó dicen] los indios, que en este tiem- 
po eran señores de la provincia que llamaban An- 
daguailas los Quichuas {a), y que de junto á un la- 
go que habia por nombre Choclococha (/^), salie- 
ron cantidad de gente con dos capitanes llamados 
Guaraca y Uasco, los cuales vinieron conquistando 
por donde venian, hasta que llegaron á la provin- 
cia dicha; y como los moradores della supieron su 
venida, se pusieron á punto de guerra, animándose 
los unos á los otros, diciendo que seria justo dar la 
muerte á los que habian venido contra ellos; y así, 
saliendo por una puerta que va á salir hacia los Ayma- 
raes, los Chancas con sus capitanes venían acercándose 
á ellos, de manera que se juntaron y tuvieron algunas 
pláticas los unos con los otros, y sin quedar avenidos, 
se dio la batalla entre ellos; que, cierto, según la fama 
pregona, fué reñida y la victoria estuvo dudosa; mas, 
al fin, los Quichuas fueron vencidos y tratados cruel- 
mente, matando á todos los que podian á las manos 
haber, sin perdonar á los niños tiernos, ni á los inúti- 
les viejos, tomando á sus mujeres por mancebas. Y he- 
chos otros daños, se hicieron señores de aquella pro- 
vincia y la poseyeron como hoy dia la mandan sus 
descendientes. Y esto helo contado, porque adelante 
se ha de hacer mucha mención de estos Chancas. 

Y volviendo á la materia, como los de Condesuyo se ^ 



(o) V. el cap. XC de la Prim. parte de la Crónica del Perú. 
(¿) Sachoclococha, en n. orig. 



Capítulo XXXVIIL 145 

fueron del Cuzco, fué limpiada la ciudad de los muer- 
tos y hechos grandes sacrificios; y se dice por muy cier- 
to, que á Inca Yupanqui no se le hizo en su entierro 
ia honra que a los pasados, ni le pusieron bulto como á 
ellos, y no dejó hijo ninguno. 



CAP, XXXVIII. — Cómo los orejones trataron 
sobre quien seria Inca, y lo que pasó hasta que 
salió con la borla Viracocha Inca, que fué el I ^ 
octavo rey que reinó. ' 



PASADO lo que se contó conforme á la relación que 
los orejones del Cuzco dan de estas cosas, dicen 
más, que como se hobiese hecho grandes lloros por la 
muerte del Inca, se trató entre los principales de la ciu- 
dad quién seria llamado rey é merescia tener la tal dig- 
nidad. Sobre esto habia diversas opiniones; y porque 
tales hobo que querian que no hobiese rey, sino que 
gobernasen la ciudad los que señalasen, otros decian 
que se perdia sin tener cabeza. 

Sobre estas cosas habia gran ruido; y temiendo su 
porfía, se cuenta que salió una mujer de través de los 
Anancuzcos, la cual dijo: ''¿En qué estáis ahí? ¿Por qué 
no tomáis á Viracocha Inca, pues lo merece tan bien.?" 
Oida esta palabra, como son tan determinables estas 
gentes, dejando los vasos del vino, á gran priesa fue- 

10 



146 Del Señorío de los Incas. 

ron por Viracocha Inca, hijo de Inca Yupanqui (a), di- 
ciéndole, como le vieron, que ayunase lo acostumbra- 
do y recebiese la borla que darle querian. Viniendo 
Viracocha en ello, se entró á hacer el ayuno y encargó 
la ciudad á Inca Roca Inca, su pariente, y salió al tiem- 
po con la corona, muy adornado, y se hicieron fiestas 
solenes en el Cuzco, y que muchos dias duraron, mos- 
trando todos gran contento con la elección del nuevo 
Inca. 

Del cual algunos quisieron decir que este Inca se 
llamó Viracocha por venir de otras partes y que traia 
traje diferenciando, y que en las faiciones y aspecto 
mostró ser como un español, porque traia barbas. 
Cuentan otras cosas que más cansaran, si las hobiese 
de escribir. Yo pregunté en el Cuzco a Cayo Tupac 
Yupanqui y a los otros más principales que en el 
Cuzco me dieron la relación de los Incas que yo voy 
escribiendo, y me respondieron ser burla y que nada 
es verdad; porque Viracocha Inca fué nascido en el 
Cuzco y criado, y que lo mesmo fueron sus padres y 
abuelos; y que el nombre de Viracocha se lo pusieron 
por nombre particular, como lo tiene cada uno. 

Y como le fué entregada la corona, se casó con él 
una señora principal, llamada Runtu Caya {b)^ muy 
hermosa. Y como la fiesta del regocijo hobiese pasa- 



[d) Asi, aunque antes dijo que Inca Yupanqui no dejó hijo ninguno. 
En esto, como en otras muchas cosas, Cieza se separa de todos los analistas 
inquefios, 

(¿) Rondo-caya, en n. orig. 



Capítulo XXXVIIL 147 

do, determinó de salir á conquistar algunos pueblos de 
la redonda del Cuzco que no habian querido el amis- 
tad de los Incas pasados, confiados en la fuerza de sus 
pucaraes; y con la gente que quiso juntar, salió del 
Cuzco con sus ricas andas, con guarda de los más 
principales, y endrezó su camino á lo que llamaban 
Calca (<3), á donde habian sido rescebidos sus mensaje- 
ros con mucha soberbia; más, como supieron los del 
Cuzco ya estaban cerca dellos, se juntaron, armándo- 
se de sus armas, y se ponian por los altos de los colla- 
dos en sus fuerzas y albarradas, de do desgalgaban (J?) 
grandes piedras encaminadas á los reales del Inca, para 
que matasen á los que alcanzasen. E los enemigos, po- 
niéndolo por obra, subieron por la sierra, y apesar de 
los contrarios, pudieron ganarles una de aquellas fuer- 
zas. Como los de Calca {c) vieron los del Cuzco en sus 
fuerzas, salieron á una gran plaza, á donde pelearon 
con ellos reciamente, y duró la batalla desde por la 
mañana hasta el medio dia, y murieron muchos de 
entrambas partes, y fueron más los presos. La victoria 
quedó por los del Cuzco. 

El Inca estaba junto á un rio, donde tenia asen- 
tados sus reales, y como supo la victoria, sintió mu- 
cha alegría. Y en esto, sus capitanes abajaban con la 
presa y cativos. Y los indios que habian escapado de 
la batalla con otros capitanes de Calca y de sus co- 



(a) Cale, en n. orig. 

(¿) De donde cgalgaban, en n. orig. 

(í) Calua, en n. orig. 



148 Del Señorío de los Incas, 

marcas, mirando que pues tan mal les había cuadra- 
do el pensamiento, que el final remedio que les que- 
daba era tentar la fe del vencedor y pedirle paz con 
obligarse a servidumbre moderada, como otros mu- 
chos hacian; y así acordado, salieron por una parte de 
la sierra, diciendo á voces grandes: ''Viva, para siem- 
pre viva el poderoso Inca Viracocha, nuestro Señor/' 
Al roido que hacia el resonante de las voces, se pu- 
sieron en armas los del Cuzco, más no pasó mucho 
tiempo, cuando ya los vencidos estaban postrados por 
tierra delante de Viracocha Inca; á donde, sin levan- 
tar, uno que entre ellos se tenia por más sabio, alzando 
la voz, comenzó a decir: "Ni te debes. Inca, ensober- 
becer con la Vitoria que Dios te ha dado, ni tener 
en poco á nosotros por ser vencidos, pues á tí y 
á los Incas es permitido señorear las gentes, y á 
nosotros es dado con todas nuestras fuerzas defen- 
der la libertad que de nuestros padres heredamos, y 
cuando con ello salir no pudiéremos, obedecer y re- 
cibir con buen ánimo la subjecion {a). Por tanto, 
manda que ya no muera más gente ni se haga daño, 
y dispon de nosotros á tu voluntad." Y como el indio 
principal hobo dicho estas palabras, los demás que allí 
estaban dieron aullidos grandes, pidiendo miseri- 
cordia. 

El rey Inca respondió, que si daño venido les ha- 
bía, que su ira había sido la culpa, pues al principio 



(a) Subcesion, en n. orig. 



Capitulo XXXVIII. 149 



no quisieron creer sus palabras ni tener su amistad, 
de que á él habia pesado; y liberalmente les otorgó 
que pudiesen estar en su tierra poseyendo, como pri- 
mero, sus haciendas, con tanto que, a tiempo y confor- 
me a las leyes, tributasen de lo que hobiese en sus 
pueblos al Cuzco; y que dellos mismos fuesen luego 
a la ciudad y le hiciesen dos palacios, uno dentro 
della y otro en Caqui (a), para se salir á recrear. Res- 
pondió que lo harian, y el Inca mandó soltar los cati- 
vos, sin que uno sólo faltase, y restituir sus haciendas 
á los que ya tenian por sus confederados; y para que 
entendiesen lo que hablan de hacer y entre ellos no 
hobiese disensiones, mandó quedar un delegado suyo 
con poder grande, sin quitar el señorío al señor na- 
tural. 

Pasado lo que se ha scripto. Inca Viracocha envió 
un mensajero a llamar a los de Caitomarca (^), ques- 
taban de la otra parte de un rio hechos fuertes, sin 
jamás haber querido tener amistad con los Incas que 
habia habido en el Cuzco; y como llegó [el] mensajero 
de Viracocha Inca, le maltrataron de palabra, llamando 
al Inca loco, pues así creia que ligeramente se habían 
de someter á su señorío. 



( ú! ) Asi, por (^aqui ó Xaqui; pero falta Xahuana, como puede verse 
más adelante en el capítulo que trata de los tiranos del Collao, Cari 
y Zapana. 

(¿) Cuíomarca, en n. or'x'g. 



1 5o Del Señorío de los Incas, 



CAP. XXXIX, — De cómo Viracocha Inca tiró 
una piedra de fuego con su honda d Caito- 
marca, y cómo le hicieron reverencia. 



LUEGO que hobo enviado el mensajero Viracocha 
Inca, mandó á sus gentes que, alzado el real, cami- 
nasen para se acercar a Caitomarca. Y andando por el 
camino, llegó junto á un rio, a donde mandó que para- 
sen para refrescar; y estando en aquel lugar, llegó el 
mensajero, el cual contó cómo los de Caitomarca ha- 
bían burlado del, y cómo decían que ningún temor 
tenían á los Incas. Y cómo fué entendido por Vira- 
cocha Inca, con gran saña subió en las andas, mandan- 
do a los suyos que caminasen a toda priesa; y así lo 
hicieron hasta ser llegados á la ribera de un rio cauda- 
loso y de gran corriente, que creo yo debe ser el de 
Yucay {a)\ y mandó poner sus tiendas el Inca, y quisie- 
ra combatir el pueblo de los enemigos, que de la otra 
parte del rio estaban; más iba el rio tan furioso, que 
no se pudo poner en efecto. Los de Caitomarca llegaron 
á la ribera, desde donde con las hondas lanzaban mu- 
chas piedras al real del Inca, y comenzaron de una y 



{a) Y lo es en efecto. 



Capítulo XXXIK, i5i 

otra parte á dar voces y gritos grandes; porque en 
esto es estraña la costumbre conque las gentes de acá 
pelean unos con otros, y cuan poco dejan a sus bocas 
reposar. 

Dos días cuentan questuvo en aquel rio el Inca 
sin pasarlo, que no habia puente ni tampoco se usa- 
ban las que agora hay antes que hobiese Incas; porque 
unos dicen que sí y otros afirman que nó. Y como 
pasase el rio Viracocha Inca, dicen que mandó poner 
en un gran fuego una piedra pequeña, y como estu- 
viese bien caliente, puesto en ella cierta mestura ó 
confacion, para que pudiese en donde tocase enpren- 
der la lumbre, la mandó poner en una honda de hilo 
de oro, conque, cuando a él placia, tiraba piedras, y 
con gran fuerza la echó en el pueblo de Caitomarca; y 
acertó á caer en el alar de una casa que estaba cubier- 
ta con paja bien seca, y luego con ruido ardió de 
tal manera, que los indios acudieron por ser de noche 
al fuego que vian en la casa, preguntándose unos á 
otros qué habia sido aquello y quien habia puesto el 
fuego a la casa. Y salió de través una vieja, la cual 
dicen que dijo: ''Mira lo que os digo y lo que os 
conviniere, sin pensar que de acá se haya puesto 
fuego á la casa, antes creed que vino del cielo, porque 
yo lo vi en una piedra ardiendo, que, cayendo de lo 
alto, dio en la casa y la paró tal como la veis. 

Pues como los principales é mandones con los más 
viejos del pueblo aquello oyeron, siendo, como son, 
tan grandes agoreros y hechiceros, creyeron que la 
piedra habia sido enviada por mano de Dios, para cas- 



1 52 Del Señorío de los Incas, 



tigarlos porque no querían obedecer al Inca; é luego ^ 
sin aguardar respuesta de oráculo ni hacer sacrificio 
ninguno, pasaron el rio en balsas, llevando presentes 
al Inca; y como fueron delante su presencia, pidieron 
la paz, haciéndole grandes ofrecimientos con sus per- 
sonas y haciendas, así como lo hacían los confederados 
suyos. 

Sabido por Viracocha Inca lo que habían dicho los 
de Caitomarca, les respondió con gran disimulación, 
que si aquel día no hubieran sido cuerdos en venir, 
que el siguiente tenia determinado de dar en ellos con 
grandes balsas que había mandado hacer. Y pasado 
esto, se hizo el asiento entre los de Caitamarca y el 
Inca; el cual dio al capitán ó señor de aquel pueblo 
una de sus mujeres, natural del Cuzco, la cual fue es- 
timada y tenida en mucho. 

Por la comarca destos pueblos corría la fama de los 
hechos del Inca, y muchos, por el sonido della, sin ver 
las armas de los del Cuzco, se le mandaban á ofrescer 
por amigos y aliados del rey Inca, que no poco conten- 
to con ello mostraba tener, hablando á los unos y á 
los otros amorosamente y mostrando para con todos 
gran benivolencia, proveyendo de lo que él podía a 
los que veía tener necesidad. Y como vído que podía 
juntar grande ejército, determinó de hacer llamamiento 
de gente para ir en persona á lo de Condesuyo. 



Capitulo XL. 1 53 



CAP, XL, — De cómo en el Cuíco se levantó 
un tirano, y del alboroto que hobo, y de cómo 
fueron castigadas ciertas mamaconas, porque, 
contra su religión, usaban de sus cuerpos fea- 
mente, y de cómo Viracocha Inca volvió al 
Cuíco. 



DE todas las cosas que a Viracocha sucedían iban 
al Cuzco las nuevas; y como en la ciudad se con- 
tase la guerra que tenia con los de Caitamarca, dicen 
que se levantó un tirano hermano de Inca Yupanqui el 
pasado, el cual, habiendo estado muy sentido, porque 
el señorío y mando de la ciudad se habia dado a Vira- 
cocha Inca y no a él, y aguardaba tiempo oportuno pa- 
ra procurar de haber el señorío. Y este pensamiento 
tenia éste, porque hallaba favor en alguno de los ore- 
jones y principales del Cuzco del linaje de los Oren- 
cuzcos; y con la nueva desta guerra que el Inca tenia, 
paresciéndoles que tenia harto que hacer en la fenecer, 
animaban a este que digo, para que, sin mas aguardar, 
matase al que en la ciudad por gobernador habia que- 
dado, para se apoderar della. 

Capac, que así habia por nombre, codicioso del se- 
ñorío, juntados sus aliados, en un dia questaban en el 
templo del sol todos los más de los orejones y entre 



1 54 Del Señorío de los Incas, 

ellos Inca Roca, el gobernador del Inca Viracocha, to- 
mando las armas, publicando libertad del pueblo y que 
Viracocha Inca no pudo haber el señorío, arremetie- 
ron para el lugarteniente y lo mataron así á él co- 
mo á otros muchos; la sangre de los cuales regaba los 
altares donde estaban las aras y santuarios y las figuras 
del sol. Las mamaconas con los sacerdotes salieron con 
grand ruido, maldiciendo a los matadores, diciendo, 
que, tan grand pecado, grand castigo merecía. De la 
ciudad acudió grand golpe de gente á ver lo que era; 
y entendido, unos, aprobando lo hecho, se juntaron 
con Capac; otros, pesándoles, se pusieron en armas 
sin querer pasar por ello; y así, habiendo división, caian 
muchos muertos de una parte y de otra. La ciudad se 
alborotó en tanta manera, que reendiendo por los aires 
el sonido de sus propias voces, no se oian ni entendían. 
En esto, prevaleciendo el tirano, se apoderó de la ciu- 
dad, matando á todas las mugeres del Inca, aunque las 
más principales habían ido con él. Huyéronse de la 
ciudad algunas, las cuales fueron á parar á donde Vi- 
racocha Inca estaba; y como por él fue entendido, di- 
simulando el pesar que sintió, mandó á su gente que 
caminasen la vía del Cuzco. 

Pues volviendo á Capac el tirano, como hobo toma- 
do la ciudad en sí, quiso salir en público con la borla, 
para por todos ser tenido por rey; más como el primer 
ímpetu fuese pasado, y aquel furor conque los hom- 
bres, saliendo de su entero juicio, acometen grandes 
maldades, los mesmos que lo incitaron á que se levan- 
tase, riéndose de que quisiese la dignidad real, le inju- 



Capítulo XL, 1 55 



riaron de palabra y le desampararon, saliendo a encon- 
trarse con el verdadero Señor, a quien pidieron perdón 
por lo que habian cometido. 

A Capac no le faltó ánimo para llevar el negocio 
adelante; mas, viendo la poca parte que era, muy tur- 
bado, viendo la mudanza tan súpita, maldecía a los que 
le habian engañado y a sí propio, por fiarse dellos; y 
por no ver con sus ojos al rey Inca, castigó el mesmo 
su yerro, tomando ponzoña, [de que] cuentan que mu- 
rió. Sus mujeres y hijos con otros parientes le imitaron 
en la muerte. 

La nueva de todo esto iba a los reales del Inca, el 
cual, como llegase a la ciudad y entrase en ella, fué 
derecho al templo del sol a hacer sacrificios. Los cuer- 
pos de Capac y de los otros que se habian muerto, 
mandó que fuesen echados en los campos, para ser 
manjar de las aves, y buscando los participantes en la 
traición, fueron condenados a muerte. 

Entendido por los confederados y amigos de Vira- 
cocha Inca lo sucedido, le enviaron muchas embajadas 
con grandes presentes y ofrecimientos, congratulán- 
dose con él; y a estas embajadas respondió alegre- 
mente. 

En este tiempo, dicen los orejones que habia en 
el templo del sol muchas señoras vírgenes, las cuales 
eran muy honradas y estimadas y no entendían en mas 
de lo por mí dicho en muchas partes desta Historia. Y 
cuentan que cuatro dellas usaban feamente de sus 
cuerpos con ciertos porteros de los que las guardaban, 
y siendo sentidas, fueron presas y lo mesmo a los adul- 



1 56 Del Señorío de los Incas, 

teradores, y el sacerdote mayor mandó que fuesen jus- 
ticiados ellas y ellos. 

El Inca estaba con determinación a lo de Condcsu- 
yo, mas, hallándose cansado y viejo, lo dejó. Por en- 
tonces, mandó que le fuesen hechos en el valle de Xa- 
quixaguana unos palacios para salirse á recrear en 
ellos; y como tuviese muchos hijos y conosciese que el 
mayor de ellos, que habia por nombre Inca Urco, en 
quien habia de quedar el mando del reino, tenia malas 
costumbres y era vicioso y muy cobarde, deseaba pri- 
varlo del señorío, para lo dar á otro más mancebo, que 
por nombre habia Inca Yupanqui. 



CAP. XLI. — De cómo pinieron al Cuíco em- 
bajadores de los tiranos del Collao, nombra- 
dos Sinchi Cari (a) y Zapana, y de la salida de 
Viracocha Inca al Collao (b). 



MUCHAS historias y acaecimientos pasaron entre los 
naturales destas provincias en estos tiempos; mas, 
como yo tengo por costumbre de contar solamente lo 
que yo tengo por cierto según las opiniones de los 



{a) Chinchipari, en n orig, 
(¿) El C ollero^ en n. orig. 



Capítulo XLL 1 57 



hombres de acá y la relación que tomé en el Cuzco, 
dejo lo que inoro é muy claramente no entendí, y tra- 
tare lo que alcancé, como ya muchas veces he dicho. Y 
así, es público entre los orejones, que en este tiempo 
vinieron al Cuzco embajadores de la provincia del Co- 
llao; porque cuentan, que, reinando Inca Viracocha, 
poseía el señorío de Hátun (a) CoUao un señor llama- 
do Zapana, como otro que hobo deste nombre; y que 
como en el palude de Titicaca (b) hobiese islas pobla- 
das de gente, con grandes balsas, entró en las islas, a 
donde peleó con los naturales dellas, y se dieron entre 
él y ellos grandes batallas, de las cuales el Cari {c) salió 
vencedor {d)\ mas, que no pretendía otro honor ni 
señorío masque robar y destruir los pueblos, y car- 
gado con el despojo, sin querer traer cautivos, dio la 
vuelta á Chucuito, a donde habia hecho su asiento y 
por su mandado se habían poblado los pueblos de Hi- 
lave, Xulli, [ó Chulli], Cepita, Pumata (e) y otros; y 
con la gente que pudo juntar, después de haber fe- 
cho grandes sacrificios a sus dioses, ó demonios, 
determinó de salir a la provincia de los Canas; los 
cuales, como lo supieron, apellidándose unos [á otros], 
salieron á encontrarse con él y se dieron batalla, en la 
cual fueron los Canas vencidos con muerte de mu- 



{a) Hatrin, en n. orig. 

(¿) Tiraca, en n. orig. 

(c) Candi, en n. orig . 

{d) V. Cap. C de la Primera parte de la Crónica del Perú. 

{e) Ilabaxula é Ilapwnata, en n. orig. 



1 58 Del Señorío de los Incas, 



chos dellos. Habida esta victoria por Cari, determinó 
de pasar adelante, y haciéndolo así, llegó hasta Luro- 
cachi, a donde dicen que se dio otra batalla entre los 
mismos Canas y en la cual tuvieron la misma fortuna 
que en las pasadas. 

Con estas victorias estaba muy soberbio Cari, y la 
nueva habia corrido por todas partes; y como Zapana, 
el Señor de Hátun Collao, lo supiese , pesóle por el 
bien del otro, y mandó juntar sus amigos y vasallos, 
para le salir al camino y quitarle el despojo; mas, no 
se pudo hacer tan secreta la junta, que Cari no enten- 
diese el designio que Zapana tenia, y con buena or- 
den se retiró a Chucuito por camino desviado, de 
manera que Zapana no le pudiese molestar; y lle- 
gado á su tierra, mandó juntar los principales della, 
para que estuviesen apercebidos para lo que Zapana 
intentase, teniendo propósito de procurar su des- 
truicion y que en el Collao uno solo fuese el Se- 
ñor; y este mesmo pensamiento tenia Zapana. 

Y como se divulgase por todo este reino el valor de 
los Incas y su gran poder y la valentia de Viracocha 
Inca, que reinaba en el Cuzco, cada uno destos, que- 
riendo granjear su amistad, la procuraron con emba- 
jadores que le enviaron para que quisiese mostrarse 
su valedor y ser contra su enemigo. Partidos estos 
mensajeros con grandes presentes, llegaron al Cuzco 
al tiempo quel Inca venia de los palacios ó tambos 
que para su pasatiempo habia mandado hacer en Xa- 
quixaguana; y entendido a lo que venian, los oyó, 
mandando que los aposentasen en la ciudad y prove- 



Capitulo XLL 1 59 



yesen de lo necesario; y tomando parescer con los 
orejones y ancianos de su consejo sobre lo que ha- 
ría en lo tocante á las embajadas que habian venido 
del Collao, se acordó de pedir respuesta en los orácu- 
los. Lo cual hacen delante de los ídolos los sacerdotes, 
y encojiendo sus hombros, meten la barba en los pechos, 
y haciendo grandes papos, que ellos mesmos parecen 
fieros diablos, comienzan hablar con voz alta y ento- 
nada. Algunas veces, yo, por mis ojos, ciertamente he 
oido hablar a indios con el Demonio; y en la provincia 
de Cartagena, en un pueblo marítimo llamado Bahayre, 
oi responder al Demonio en silvo tenorio, y con tales 
tenores, que yo no se cómo lo diga, mas que un 
cripstiano que estaba en el mesmo pueblo más de me- 
dia legua de donde yo estaba, oyó el mesmo silvo, y 
despanto, estuvo algo mal dispuesto; y los indios die- 
ron grandísima grita otro dia por la mañana publican- 
do la respuesta del Diablo. Y en algunas partes desta 
tierra, como los defuntos los tengan en hamacas, 
entran en los cuerpos los demonios algunas veces y 
responden. A un Aranda oí yo decir, quen la isla de 
Cárex (a) vio también hablar á uno destos muertos, y 
es para reír las niñerías y embustes que les dice. 

Pues como el Inca determinase de haber respuesta de 
los oráculos, envió los que solían ir á tales casos, y 
dicen que supo que le convenia ir al Collao y pro- 
curar el favor de Cari; y como este hobo entendido, 



[a) En la bahía de Cartagena de India.s. 



1 6o Del Señorío de los Incas, 

mandó parescer ante sí á los mensajeros de Zapana, 
á los cuales dijo que dijesen a su Señor, que él sal- 
dría con brevedad del Cuzco para ver la tierra del 
Collao, á donde se verían y tratarían su amistad. A 
los que de parte de Cari vinieron, dijo que le dijesen 
cómo él se quedaba adrezando para ir en su ayuda y 
favor, que presto sería con él. Y como esto hobíese 
pasado, mandó el Inca hacer junta de gente para sa- 
lir del Cuzco, dejando uno de los principales de su 
linaje por gobernador. 



CAP, XLIL — De cómo Viracocha Inca pasó 
por las provincias de los Canches y Canas, 
Y anduvo hasta que entró en la comarca de los 
Collas (a) y lo que sucedió entre Cari y 
Zapana, 



DETERMINADO por cl Inca de ir al Collao, salió de la 
ciudad del Cuzco con mucha gente de guerra, y 
pasó por Móyna, y por los pueblos de Úrcos y Quiqui- 
xana. Como los Canches supieron la venida del Inca, 
acordaron de se juntar y salir con sus armas á le de- 
fender la pasada por su tierra; y por él entendido, les 



{o) Callaos, en n, orig. 



Capítulo XLII. i6i 

envió mensajeros que les dijesen que no tuviesen tal 
propósito, porque él no queria hacerles aquel enojo, 
antes deseaba de los tener por amigos; y que si para 
él se venian los principales y capitanes, que les daria á 
beber con su propio vaso. Los Canches (a) respon- 
dieron á los mensajeros que no estaban por pasar por 
lo que decian, sino por defender su tierra de quien 
en ella entrase. Vueltos con la respuesta, encontraron 
con Viracocha Inca en Cangalla, y lleno de ira por lo 
poco que los Canches tuvieron su embajada, caminó 
con más priesa que hasta allí, y llegando á un pueblo 
que ha por nombre Combapata, junto á un rio que 
por él pasa, halló á los Canches puestos en orden de 
guerra, y allí se dio entre unos y otros la batalla, 
donde de ambas partes murieron muchos, y fueron los 
Canches vencidos, y huyeron los que pudieron, y los 
vencedores tras ellos, prendiendo y matando. Y ha- 
biendo pasado gran rato, volvieron con el despo- 
jo, trayendo muchos cautivos, así hombres, coma 
mujeres. 

Y como esto hobiese pasado, los Canches de toda 
la provincia enviaron mensajeros al Inca para que les 
perdonase y en su servicio recebiese, y como él otra 
cosa no desease, lo otorgó con las condiciones que 
solia, que era, que rescibiesen por soberanos señores á 
los del Cuzco y se rigiesen por sus leyes y costum- 
bres, tributando con lo que en sus pueblos hobiese^ 



(a) Chancas, en n. orig. 

11 



102 Del Señorío de los Incas, 



conforme como lo hacían los demás. Y habiendo es- 
tado algunos días entendiendo en estas cosas y en 
hacer entender a los Canches que los pueblos tuviesen 
juntos Y concertados, y que entre ellos no se diese 
guerra ni hobiese pasión, y pasó adelante. 

Los Canas habíanse juntado número grande dellos 
en el pueblo que llaman Lurucachi (¿2), y como en- 
tendieron el daño que hablan rescebido los Canches, y 
como el Inca no hacia injuria á los que se daban por 
sus amigos, ni consentía hacerles agravio, determi- 
naron de tomar amistad con él. A esto, el rey Inca 
venia caminando, acercándose á Lurucachi (J?)y y en- 
tendió la voluntad que los Canas tenian, de que 
mostró holgarse mucho; y como estuviese en aquella 
comarca el templo de Aconcagua, envió grandes pre- 
sentes á los ídolos y sacerdotes. 

Llegados los embajadores de los Canas, fueron bien 
recebidos por Inca Viracocha, y les respondió que fue- 
sen los principales y más viejos de los Canas allá cerca, 
donde se verían, y que como hobiese estado algunos 
días en el templo de Vilcanota, se daría priesa á verse 
con ellos. Y dio á los mensajeros algunas joyas y ro- 
pas de lana fina, é mandó á su gente de guerra que 
no fuesen osados de entrar en las casas de los Canas, 
ni robar nada de lo que tuviesen, ni hacellos daño 
ninguno; porque el buen corazón que tenian no se 
les turbase y tomasen otro pensamiento. 



{d) Cucacache, en n. orig. 
(¿) Curucachi, en n. orig. 



Capítulo XLII. 1 63 



Los Canas, oída la respuesta, mandaron poner mu- 
cho mantenimiento por los caminos y abajaban de los 
pueblos a servir al Inca, que con mucha justicia enten- 
dió en que no fuesen agraviados en cosa alguna, y eran 
proveidos de ganado y de suvica (a) y que es su vino; y 
como hobiere llegado al vano templo, hicieron sacrifi- 
cios conforme á su gentilidad, matando muchos cor- 
deros para el sacrificio. De allí caminaron para Ayavi- 
re, donde los Canas estaban con mucho proveimiento 
y el Inca les habló amorosamente, y con ellos asentó 
su asiento de paz como solia con los demás. Y los 
Canas, teniendo por provechoso para ellos el ser go- 
bernados por tan santas y justas leyes, no reusaron pa- 
gar tributo ni el ir al Cuzco con reconocimiento. 

Esto pasado, Viracocha Inca determinó de se partir 
para el Collao, a donde ya se savia todo lo que por él 
habia sido hecho, así en los Canches como en los Ca- 
nas, y estaban aguardándole en Chucuito, y lo mismo 
en Hátun Collao; á donde Zapana estaba ya entendiendo 
cómo Cari se habia gratulado con Viracocha, y que le 
estaba aguardando; y porque no se hiciese más pode- 
roso, acordó de le salir á buscar y dar batalla antes que 
el Inca se juntase con él; y Cari, que debia de ser ani- 
moso, salió con su gente á un pueblo que se llama Pau- 
-carcoUa (/^), y junto á él se afrontaron los dos más po- 
derosos tiranos de la comarca, con tanta gente, que se 



{^a) Palabra casi ilegible en el ms. del Escorial, por estar enmendada 
dos ó tres veces. Puede decir chicha, azúa, ahha, huiñapu, ó sora. 
(3) laucorcollao, en n. orig. 



164 ^el Señorío de los Incas. 

afirma que se juntaron ciento y cincuenta guarangas (a) 
de indios: y entre todos se dio la batalla á su usanza, 
la cual cuentan que fué muy reñida y a donde murie- 
ron mas de treinta mili indios. Y habiendo durado 
gran rato, Cari quedó por vencedor, y Zapana y los 
suyos fueron vencidos con muerte de muchos; y el 
mismo Zapana fué muerto en esta batalla. 



CAP. XLIIL — De cómo Cari volvió á Chuctii- 
to, Y de la llegada de Viracocha Inca y y de la 
pa{ que entre ellos trataron. 



LUEGO que Zapana fué muerto, Cari se apoderó de 
su real y robó todo lo que en él habia, con la cual 
presa dio la vuelta a Chucuito; y estaba aguardando á 
Viracocha Inca, y mandó adreszar los aposentos y pro- 
veerlos de mantenimientos. El Inca supo en el camino 
el fin de la guerra y cómo Cari habia vencido, y aunque 
en lo público daba a entender haberse holgado, en lo 
secreto le pesó por lo sucedido, porque con haber di- 
ferencias entre aquellos dos, pensaba él fácilmente ha- 
cerse señor del Collao, y pensó de se volver con bre- 
vedad al Cuzco, porque no le sucediese alguna des- 
gracia. 



(a) Huarancca es mil. 



Capitulo XLIIL i65 

Y como estuviese ya cerca de Chucuito, salió Cari 
con los más principales de los suyos a le recebir, y fué 
aposentado é muy servido; y como desease la vuelta al 
Cuzco con brevedad, habló con Cari, adulándole con 
palabras de lisonjas sobre lo mucho que se había hol- 
gado de su buena andanza, y que venia á le ayudar con 
toda voluntad, y que para que estuviese cierto que 
siempre le seria buen amigo, le queria dar por muger 
á una hija suya. A lo cual respondió Cari, que era muy 
viejo y estaba muy cansado, que le rogaba que 
casase á su hija con mancebo, pues habia tantos en 
que escoger, y que supiese que él se habia de tener por 
señor y amigo y reconocerle en lo que él mandase; y 
así, le ayudarla en guerras y en otras cosas que se 
ofrescicsen. Y luego, en presencia de los más principa- 
les que allí estaban, mandó traer Viracocha Inca un 
gran vaso de oro y se hizo el pleito homenaje entre 
ellos desta manera: bebieron un rato del vino que te- 
nían las mujeres, y luego el Inca tomó el vaso ya 
dicho, y poniéndolo encima de una piedra muy lisa, 
dijo: ^'La señal sea esta, que este vaso se esté aquí y 
que yo no le mude ni tú le toques, en señal de ser cier- 
to lo asentado/' Y besando, hicieron reverencia al 
sol, y hicieron un gran taqui y areyto con muchos 
sones; y los sacerdotes, diciendo ciertas palabras, lle- 
varon el vaso á uno de los vanos templos donde se 
ponían los semejantes juramentos que se hacían por 
los reyes y señores. Y habiéndose holgado algunos 
días Viracocha Inca en Chucuito, se volvió al Cuzco, 
siendo por todas partes muy servido y bien recebido. 



1 68 Del Señorío de los Incas, 

crificios; y se hicieron en el Cuzco á su usanza mu- 
chas fiestas Y grandes borracheras. 

Habiase casado Inca Urco con su hermana para ha- 
ber hijo en ella que le sucediese en el señorío. Era tan 
vicioso y dado a lujurias y deshonestidades, que sin cu- 
rar della, se andaba con mujeres bajas y con mancebas, 
que eran las que queria y le agradaban; y aun afirman 
que corrompió algunas de las mamaconas questaban en 
el templo, y era tan de poca honra, que no queria que 
se estimasen. Y andaba por las más partes de la ciu- 
dad bebiendo; y desque tenia en el cuerpo una arro- 
ba y más de aquel brebaje, provocándose al vómito, 
lo lanzaba, y sin vergüenza descubria las partes ver- 
gonzosas, y echaba la chicha convertida en orina; y á 
los orejones que tenian mujeres hermosas, cuando las 
via, les decia: ''Mis hijos, ¿cómo están?'' Dando a en- 
tender que habiendo con ellas usado, los que tenian 
eran del y no de sus maridos. Edificio ni casa nunca 
lo hizo; era enemigo de armas; en fin, ninguna cosa 
buena cuentan del sino ser muy liberal. 

Y como hobiese tomado la borla, después de ser pa- 
sados algunos dias, determinó de salirse á holgar á las 
casas de placer que para recreación de los Incas esta- 
ban hechas, dejando por su lugar teniente á Inca Yu- 
panqui, que fué padre de Tupac Inca, como adelante 
contaré. 

Estando las cosas del Cuzco de esta manera, los 
Chancas, como atrás conté, hablan vencido a los Qui- 
chuas y ocupado la mayor parte de la provincia de 
Andabailes, y como estuviesen victoriosos, oyendo lo 



Capitulo XLIV. i69 



que se decia de la grandeza del Cuzco y su riqueza y 
la majestad de los Incas, desearon de no estarse encoji- 
dos ni dejar de pasar adelante, ganando con las armas 
todo lo a ellos posible; y luego hicieron grandes ple- 
garias a sus dioses ó demonios, y dejando en Anda- 
bailes, que es lo que los españoles llaman Andaguay- 
las (a), que está encomendada a Diego Maldonado el 
rico, gente bastante para la defensa della, y con la que 
estaba junta para la guerra, salió Hastu Huaraca y (^) 
un hermano suyo muy valiente, llamado Omoguara, y 
partieron de su provincia con muy gran soberbia, ca- 
mino del Cuzco, y anduvieron hasta llegar á Curam- 
pa (í"), donde asentaron su real, y hicieron gran daño 
á los naturales de la comarca. Mas como en aquellos 
tiempos muchos de los pueblos estuviesen en los altos 
y collados de las sierras, con grandes cercas, que llaman 
pucaraes, no se podian hacer muchas muertes, ni que- 
rían cativos, ni más que robar los campos. Y salieron 
de Curampa (¿T) y fueron al aposento de Cochacassa (e) 
y al rio de Amancay (/), destruyendo todo lo que halla- 



(a) Es muy extraña esta distracción de Cieza; pues el nombre de An- 
dabaiUi, que él nos quiere dar por el propio y con más pureza pronuncia- 
do de la provincia peruana, es justamente el más distante de la pronun- 
ciación indígena, Antahuaylla\ mientras que el españolizado, Andaguaylas, 
suena casi como éste. 

{b) En n. orig., salió hasta Guarancay, 

{c\ Corumba, en n. orig. 

{d) Corumba, en n. orig. 

\e) Cocha Capa, en n, orig. 

(y) Ambacay, en n. orig. 



1 68 Del Señorío de los Incas, 

crificios; y se hicieron en el Cuzco á su usanza mu- 
chas fiestas Y grandes borracheras. 

Habíase casado Inca Urco con su hermana para ha- 
ber hijo en ella que le sucediese en el señorío. Era tan 
vicioso y dado a lujurias y deshonestidades, que sin cu- 
rar della, se andaba con mujeres bajas y con mancebas, 
que eran las que queria y le agradaban; y aun afirman 
que corrompió algunas de las mamaconas questaban en 
el templo, y era tan de poca honra, que no queria que 
se estimasen. Y andaba por las más partes de la ciu- 
dad bebiendo; y desque tenia en el cuerpo una arro- 
ba y más de aquel brebaje, provocándose al vómito, 
lo lanzaba, y sin vergüenza descubría las partes ver- 
gonzosas, y echaba la chicha convertida en orina; y á 
los orejones que tenian mujeres hermosas, cuando las 
via, les decia: "Mis hijos, ¿cómo están?" Dando á en- 
tender que habiendo con ellas usado, los que tenian 
eran del y no de sus maridos. Edificio ni casa nunca 
lo hizo; era enemigo de armas; en fin, ninguna cosa 
buena cuentan del sino ser muy liberal. 

Y como hobiese tomado la borla, después de ser pa- 
sados algunos dias, determinó de salirse á holgar á las 
casas de placer que para recreación de los Incas esta- 
ban hechas, dejando por su lugar teniente a Inca Yu- 
panqui, que fué padre de Tupac Inca, como adelante 
contaré. 

Estando las cosas del Cuzco de esta manera, ios 
Chancas, como atrás conté, habian vencido á los Qui- 
chuas y ocupado la mayor parte de la provincia de 
Andabailes, y como estuviesen victoriosos, oyendo lo 



Capítulo XLIV, i69 



que se decía de la grandeza del Cuzco y su riqueza y 
la majestad de los Incas, desearon de no estarse encoji- 
dos ni dejar de pasar adelante, ganando con las armas 
todo lo á ellos posible; y luego hicieron grandes ple- 
garias a sus dioses ó demonios, y dejando en Anda- 
bailes, que es lo que los españoles llaman Andaguay- 
las {a)y que está encomendada a Diego Maldonado el 
rico, gente bastante para la defensa della, y con la que 
estaba junta para la guerra, salió Hastu Huaraca y {b) 
un hermano suyo muy valiente, llamado Omoguara, y 
partieron de su provincia con muy gran soberbia, ca- 
mino del Cuzco, y anduvieron hasta llegar á Curam- 
pa (f), donde asentaron su real, y hicieron gran daño 
á los naturales de la comarca. Mas como en aquellos 
tiempos muchos de los pueblos estuviesen en los altos 
y collados de las sierras, con grandes cercas, que llaman 
pucaraes, no se podian hacer muchas muertes, ni que- 
rían cativos, ni más que robar los campos. Y salieron 
de Curampa {d) y fueron al aposento de Cochacassa (<f) 
y al rio de Amancay (/), destruyendo todo lo que halla- 



(a) Es muy extraña esta distracción de Cieza; pues el nombre de An- 
dabaiUi, que él nos quiere dar por el propio y con más pureza pronuncia- 
do de la provincia peruana, es justamente el más distante de la pronun- 
ciación indígena, Antahuaylla\ mientras que el españolizado, Andaguaylas, 
suena casi como éste. 

{b) En n. orig., salió hasta Guarancay. 

{c) Corumba, en n. orig. 

{d) Corumba, en n. orig. 

{e) Cocha Capa, en n. orig. 

(/) Ambacay, en n. orig. 



lyo Del Señorío de los Incas, 

ban, y así se acercaron al Cuzco, adonde ya había ido 
la nueva de los enemigos que venían contra la ciudad; 
mas, aunque fué sabido por el viejo Viracocha, no se 
le dio nada, mas antes, saliendo del valle de Xaquí- 
xaguana, se fué al valle de Yucay con sus mujeres y 
servicio. Inca Urco también dicen que se reía, teniendo 
en poco lo que era obligado á tener en mucho; mas^ 
como el ser del Cuzco estuviese guardado para ser 
acrecentado por Inca Yupanqui y sus hijos, hobo él de 
ser el que libró de estos miedos, con su virtud, a to- 
dos; y no solamente venció á los Chancas, mas sojuzgó 
la mayor parte de las naciones que hay en estos rei- 
nos, como adelante diré. 



CAP. XLV. — De cómo los Chancas allegaron 
a la ciudad del Cu^co y pusieron su real en 
ella, y del temor que mostraron los que esta- 
ban en ella, y del gran valor de Inca Yu- 
panqui, 



DESPUÉS que los Chancas hobieron hecho sacrificios 
en Apurima, y llegasen cerca de la ciudad de 
Cuzco, el capitán general que llevaban, ó señor de- 
llos, Hastu Guaraca (¿2), les decía que mirasen la alta 

{a) Hasta guaraca, en n. orig. 



Capítulo XLV. 171 



empresa que tenían, que se mostrasen fuertes y no tu- 
viesen pavor ni temor ninguno de aquellos que pen- 
saban espantar la gente con pararse las orejas tan 
grandes como ellos se ponian; y que si los vencian, 
habrian mucho despojo é mujeres hermosas con quien 
holgasen; los suyos le respondían alegremente que ha- 
rían el deber. 

Pues como en la ciudad del Cuzco hobiesen sabida 
ya de los que venían contra ella, é Viracocha Inca ni 
su hijo Inca Urco no se diesen nada por ello, los ore- 
jones y más principales estaban muy sentidos por ello^ 
y como ya supiesen los enemigos cuan cerca estaban, 
fueron hechos grandes sacrificios á su costumbre, y 
acordaron de rogar á Inca Yupanqui que tomase el 
cargo de la guerra, mirando por la salud de todos. Y 
tomando la mano uno de los más ancianos, habló con 
él en nombre de todos y él respondió, que cuando 
su padre quería á él darle la borla, no consintieron, 
sino que fuese Inca el cobarde de su hermano, y que 
él nunca con tiranía ni contra la voluntad del pue- 
blo pretendió la dignidad real, y que pues ya habían 
visto Inca Urco no convenir para ser Inca, que hicie- 
sen lo que eran obligados al bien público, sin mirar 
la costumbre antigua no fuese quebrantada. Los ore- 
jones respondieron, que, concluida la guerra, enten- 
derían en hacer lo que á la gobernación del reino 
conviniese; y dicen que por la comarca enviaron men- 
sajeros que todos los que quisiesen venir á ser veci- 
nos del Cuzco, les serían dadas tierras en el valle y si- 
tio, para casas, y serian privilegiados; y así vinieron de 



172 Del Señorío de los Incas. 

muchas partes. Y pasado esto, el capitán Inca Yupan- 
qui salió a la plaza donde estaba la piedra de la guer- 
ra, puesta en su cabeza una piel de león, para dar á 
entender que habia de ser fuerte como lo es aquel 
animal. 

En este tiempo llegaban los Chancas a la sierra 
de Villcacunga (a)^ y Inca Yupanqui mandó juntar la 
gente de guerra que habia en la ciudad, con determi- 
nación de le salir al camino, nombrando capitanes los 
que más esforzados les pareció; mas, tornando á tomar 
parecer, se acordó de los aguardar en la ciudad. 

Los Chancas llegaron á poner su real junto al cerro 
de Carmenga, que está por encima de la ciudad, y pu- 
sieron luego sus tiendas. Los del Cuzco habian hecho 
por las partes de la entrada de la ciudad grandes ho- 
yos llenos de piedra y por encima tapados sotilmente, 
para que cayesen los que allí anduviesen. Como en el 
Cuzco las mujeres y muchachos vieron {b) los enemi- 
gos, hobieron mucho espanto y andaba gran ruido. 
Inca Yupanqui envió mensajeros á Hastu Guaraca para 
que asentasen entre ellos, y no hobiese muerte de 
gentes. Hastu Guaraca, con soberbia, tuvo en poco la 
embajada, y no quiso mas de pasar por lo que la guer- 
ra determinase; aunque, importunado de sus parientes 
y más gente, quiso tener plática con el Inca y así se 
lo envió á decir. — La ciudad está asentada entre cerros 



{a) Vilcay angas, en n, orig, 
ib) VinUron, en n. orig. 



Capitulo XLV. 173 



en lugar fuerte por natura, y las laderas y cabos de sier- 
ras estaban cortados y por muchas partes puestas púas 
recias de palma, que son tan recias como de hierro y más 
enconosas y dañosas (a). — Llegaron á tener habla el 
Inca y Hastu Guaraca; y estando todos puestos en arma, 
aprovechó poco la vista, porque encendiéndose más con 
las palabras que el uno al otro se dijeron, allegaron á las 
manos, teniendo grandísima grita y ruido; — porque los 
hombres de acá son muy alharaquientos en sus peleas, 
y más se teme su grita que no su esfuerzo por nosotros; 
— y pelearon unos con otros gran rato;ysobreviniendo 
la noche, ceso la contienda, quedándose los Chancas 
en sus reales, y los de la ciudad por la redonda della, 
guardándola por todas partes, porque los enemigos no 
la pudiesen entrar; porque el Cuzco ni otros lugares 
destas partes no son cercados de muralla. 

Pasado el rebato, Hastu Guaraca animaba los suyos 
esforzándolos para la pelea, y lo mesmo hacia Inca Yu- 
panqui á los orejones y gente que estaba en la ciudad. 
Los Chancas, denodadamente salieron de sus reales 
con voluntad de la entrar, y los del Cuzco salieron con 
pensamiento de se defender; y tornaron á la pelea, á 
donde murieron muchos de ambas partes; mas, tanto 
fué el valor de Inca Yupanqui, que alcanzó la vitoria 
de la batalla con muerte de los Chancas todos, que no 
escapó, á lo que dicen, sino poco más de quinientos, y 



{a) Este peí iodo parece que está fuera de su lugar y que vendría me- 
jor seis renglones antes, á seguida de habieron mucho espanto y andaba 
gran ruido. 



174 D^^ Señorío de los Incas. 

ente ellos su capitán Hastu Guaraca, el cual con ellos, 
aunque con trabajo, llegó á su provincia. El Inca gozó 
el despojo y hobo muchos cativos así hombres como 
mujeres. 



CAP. XLVI. — Be cómo Inca Yupanquifué res- 
cebido por rey y quitado el nombre de Inca á 
Inca TJrco^ y de la pa\ que hi\o con Hastu 
Guaraca, 



DESBARATADOS los Chancas, entró en el Cuzco Inca 
Yupanqui con gran triunfo y habló á los princi- 
pales de los orejones sobre que se acordasen de cómo 
habia trabajado por ellos lo que habian visto, y en lo 
poco que su hermano ni su padre mostraron tener 
á los enemigos; por tanto, que le diesen á él el señorío 
y gobernación del imperio. Los del Cuzco, unos con 
otros, trataron y miraron, así el dicho de Inca Yupan- 
qui, como lo más que Inca Urco le [asi) habia hecho, y 
por consentimiento del pueblo, acordaron de que Inca 
Urco no entrase más en el Cuzco y que le fuese quita- 
da la borla ó corona y dada á Inca Yupanqui; y aunque 
Inca Urco, como lo supo, quiso venir al Cuzco á jus- 
tificarse y mostrar sentimiento grande, quejándose de 
su hermano y de los que le quitaban de la gobernación 
del reino, no le dieron lugar ni se dejó de cumplir lo 



Capítulo LXVL lyS 



ordenado. Y aun hay algunos que dicen que la Coya, 
mujer de Inca Urco, lo dejó sin tener hijo del ningu- 
no, y se vino al Cuzco, donde la recebió por mujer su 
segundo hermano Inca Yupanqui; que, hecho el ayu- 
no y otras cirimonias, salió con la borla, haciéndose en 
el Cuzco grandes fiestas, hallándose á ellas gentes de 
muchas partes. Y a todos los que murieron de la parte 
suya en la batalla, los mandó el nuevo Inca enterrar, 
mandando hacerles osequias á su usanza; y a los Chan- 
cas, mandó que se hiciese una casa larga a manera de 
tumba en la parte que se dio la batalla, adonde, para me- 
moria, fuesen desollados todos los cuerpos de los muer- 
tos, y que inchiesen los cueros de ceniza ó de paja, de 
tal manera, que la forma humana paresciese en ellos, 
haciéndoles de mil maneras; porque a unos,paresciendo 
hombres, de su mesmo vientre saliaun atambor, y con 
sus manos hacia muestra de lo tocar; otros ponían con 
flautas en las bocas. De esta suerte y de otras estuvie- 
ron hasta que los españoles entraron en el Cuzco. Per 
Alonso Carrasco y Juan de Pancorvo, conquistadores 
antiguos, me contaron a mí de la manera que vieron 
estos cueros de ceniza, y otros muchos de los que en- 
traron con Pizarro y Almagro en el Cuzco. 

Y dicen los orejones que habia en este tiempo gran 
vecindad en el Cuzco, y que siempre iba en crecimiento, 
y de muchas partes vinieron mensajeros a congratular- 
se con el nuevo rey; el cual respondió a todos con 
buenas palabras, y deseaba salir a hacer guerra a lo 
que llaman Condesuyo; y como por experiencia hobie- 
se conocido cuan valiente y animoso era Hastu Guara- 



176 Del Señorío de los Incas, 

ca, el señor de Andaguaylas, pensó de lo atraer á su 
servicio; y así, cuentan que le embió mensajeros, ro- 
gándole con sus hermanos y amigos se viniese á hol- 
gar con él; y entendiendo que le seria provechoso alle- 
garse á la amistad de Inca Yupanqui, fué al Cuzco, 
donde fué bien recebido. Y como se hobiese hecho lla- 
mamiento de gente, se determinó de ir á Condesuyo. 
En este tiempo cuentan que murió Viracocha Inca, 
y se le dio sepultura con menos pompa y honor que á 
los pasados suyos, porque en la vejez habia desampa- 
rado la ciudad y no querido volver á ella cuando tu- 
bieron la guerra con los Chancas. De Inca Urco no 
digo más, porque los indios no tratan de sus cosas 
sino es para reir; y dejando á él aparte, digo que Inca 
Yupanqui es el noveno rey que hobo en el Cuzco. 



CAP, XLVII, — De cómo Inca Yupanqui salió 
del Cuíco, dejando por gobernador á Lloque 
Yupanqui, y de lo que sucedió. 



COMO ya por mandado de Inca Yupanqui se hobie- 
se juntado cantidad de más de cuarenta mili hom- 
bres, junto á la piedra de la guerra se hizo alarde y 
nombró capitanes, haciendo fiestas y borracheras; y es- 
tando adrezado, salió del Cuzco en andas ricas de oro 
y pedrería, yendo á la redonda del su guarda con ala- 



Capitulo XLVIL 177 



bardas y hachas y otras armas; junto a él iban los se- 
ñores; y mostrava más valor y autoridad este rey que 
todos los pasados suyos. Dejó en el Cuzco, a lo que 
dicen, por gobernador á Lloque Yupanqui, su herma- 
no. La Coya y otras mujeres iban en hamacas, y afir- 
man que llevaban gran cantidad de cargas de joyas 
y de repuesto. Delante iban limpiando el camino, que 
ni yerba ni piedra pequeña ni grande no habia de 
haber en él. 

Llegado al rio de Apurima, pasó por la puente que 
se habia echado, y anduvo hasta los aposentos de Cu- 
rahuasi (a). De la comarca salian muchos hombres y 
mujeres y algunos señores y principales, y cuando lo 
vian, quedaban espantados, y llamábanlo ^'Gran señor, 
Hijo del Sol, Monarca de todos/' y otros nombres 
grandes. En este aposento dicen que dio á un capitán 
de los Chancas, llamado Tupac Uasco (J?)^ por mujer, 
una palla del Cuzco y que la tuvo en mucho. 

Pasando adelante el Inca por el rio de Apurima y 
Cochacassa, como los naturales de aquella parte estu- 
viesen en los pucaraes fuertes y no tuviesen pueblos 
juntos, les mandó que viviesen ordenadamente sin te- 
ner costumbre mala ni darse la muerte los unos á 
los otros. Mucho se alegraron con estos dichos, y les 
fué bien de obedecer su mandamiento. Los de Curam- 
pa (c) reian dello, y entendido [de] Inca Yupanqui, y 



{a) Curaguaxe, en n. orig. 
(<5) Topa Vasco, en n. orig. 
{c) Curacamba, en n. orig. 

12 



178 Del Señorío de los Incas, 



no bastando amonestaciones, los venció en batalla, 
matando á muchos y cativando á otros. Y porque la 
tierra era buena, mandó á un mayordomo suyo que- 
dase a reformarla y á que se hiciesen aposentos y tem- 
plo del sol. 

Ordenado esto con gran prudencia, el rey salió de 
allí y anduvo hasta la provincia de Andaguaylas, á 
donde le fué hecho solene recebimiento, y estuvo allr 
algunos dias determinando si iria a conquistar á los 
naturales de Guamanga, ó Xauxa, ó los Soras y Ru- 
canas {a)\ mas, después de haber pensado, con acuer- 
do de los suyos, determinó de ir a los Soras. Y salien- 
do de allí, anduvo por un despoblado que iba a salir 
á los Soras, los cuales supieron su venida y se junta- 
ron para se defender. 

Habia inviado Inca Yupanqui capitanes con gentes- 
para otras partes muchas á que allegasen las gentes á 
su servicio con la más blandura que pudiesen, y á los 
Soras envió mensajeros sobre que no tomasen armas 
contra él, prometiendo de los tener en mucho sin 
les hacer agravio ni daño; mas, no quisieron paz con 
servidumbre, sino guerrear por no perder la liber- 
tad. Y así, juntos unos con otros, tuvieron la batalla, 
la cual, dicen los que della tuvieron memoria, que fué 
muy reñida, y que murieron muchos de ambas par- 
tes, mas quedando el campo por los del Cuzco. Los 
que escaparon de ser muertos y presos, fueron dando 



(tí) Chucanes, en n. 01 ig. 



Capitulo XLVIL 179 



aullidos y gemidos á su pueblo, á donde pusieron al- 
gún cobro en sus haciendas, y sacando sus mujeres, 
lo desampararon y se fueron, según es público, a 
un peñol fuerte, questá cerca del rio de Vilcas, donde 
habia en lo alto muchas cuevas y agua por naturale- 
za; y en este peñol se recogieron muchos hombres 
con sus mujeres; é hízose por miedo del Inca, prove- 
yéndose del más bastimento que pudieron. Y no 
solo los Soras se recogieron á este peñol, que de la 
comarca de Guamanga y del rio de Vilcas y de otras 
partes se juntaron con ellos, espantados de oir que 
el Inca queria ser solo Señor de las gentes. 

Vencida la batalla, los vencedores gozaron del des- 
pojo, y el Inca mandó que no hiciesen daño a los cati- 
vos; antes los mandó soltar a todos ellos, y mandó ir 
un capitán con gente a lo de Condesuyo por la parte 
de Pumatampu (¿?); y como entrase en los Soras y su- 
piese haberse ido la gente al peñol ya dicho, recebió 
mucho enojo y determinó de los ir a cercar; y así, 
mandó a sus capitanes que con la gente de guerra ca- 
minasen contra ellos. 



{a) Poniaiamho, en n. orig. 



1 8o Del Señorío de los Incas, 



CAP. XLVIII. — De cómo el Inca revolvió so- 
bre Vilcas y puso cerco en el peñol donde es- 
taban hechos fuertes los enemigos. 



MUY grandes cosas cuentan los orejones deste Inca 
Yupanqui y de Tupac Inca, su hijo, j Guayna 
Capac, su nieto; porque estos fueron de los que se 
mostraron más valerosos. Los que fueren leyendo sus 
acaecimientos, crean que yo quito antes de lo que su- 
pe, que no añadir nada, y que para afirmarlo por cier- 
to, fuera menester lo que es causa que yo no afirme 
más de lo que {d) escribo por relación destos indios; y 
para mí creo esto y más por los rastros y señales que 
dejaron de sus pisadas estos reyes, y por el su mucho 
poder, que da muestra de no ser nada esto que yo es- 
cribo para lo que pasó; la cual memoria durará en el 
Perú mientras hubiese hombres de los naturales. 

E volviendo al propósito, como el Inca tanto desease 
haber á las manos á los questaban en el peñol, andaba 
con su gente hasta llegar al rio de Vilcas. Los de la 
comarca, como supieron su estada allí, muchos vinie- 
ron á le ver, haciéndole grandes servicios, y firmaron 



{a) Quiza de que lo. 



Capítulo XLVIIL i8i 

con él amistad, y por su mandato comenzaron á hacer 
aposentos y edificios grandes en lo que agora llama- 
mos Vilcas, quedando maestros del Cuzco para dar la 
traza y mostrar con la manera que habian de poner las 
piedras y losas en el edificio. Llegando, pues, al peñol, 
procuró con toda buena razón de atraer a su amistad a 
los que en él estaban hechos fuertes, enviándoles sus 
mensajeros; mas ellos se reian de sus dichos y lanzaban 
muchos tiros de piedra. El Inca, viendo su propósito, 
determinó de no partir sin dejar hecho castigo en ellos. 
Y supo cómo los capitanes que envió á la provincia de 
Condesuyo, habian dado algunasbatallas á los de aque- 
llas tierras y los habian vencido y metido en su seño- 
río los más de la provincia; y porque los del Collao no 
pensasen que habian de estar seguros, conociendo ser 
valiente Hastu Guaraca, el señor de Andaguaylas, le 
mandó que con su hermano Tupac Uasco (a) se par- 
tiese para el Collao á procurar de meter en su señorío 
a los naturales. Respondieron que lo harían como lo 
mandaba, y luego partieron para su tierra, para desde 
ella ir al Cuzco a juntar el ejército que habian de 
llevar. 

Los del peñol, todavía estaban en su propósito de 
se defender, y el Inca los habia cercado, y pasaron 
entre unos y otras grandes cosas, porque fué largo el 
cerco; y al fin, faltando los mantenimientos, se hobie- 
ron de dar los que estaban en el peñol, obligándose 



{a) Tipabasco, en n. orig. 



1 82 Del Señorío de los Incas. 



de servir, como los demás, al Cuzco, y tributar y dar 
gente de guerra. Y con esta servidumbre quedaron en 
gracia del Inca, de quien dicen no hacerles enojo, 
antes mandarles proveer de mantenimientos y otras 
cosas, y enviallos a sus tierras; otros dicen que los 
mató a todos sin que ninguno escapase. Lo primero 
creo, aunque de lo uno y de lo otro no sé más de de- 
cirlo estos indios. 

Acabado esto, cuentan que de muchas partes vinie- 
ron a ofrecerse al servicio del Inca, y que recibia gra- 
ciosamente á todos los que venian; y que salió de allí 
para volver al Cuzco, y halló en el camino hechos 
muchos aposentos, y que en las más partes se hablan 
abajado de las laderas los naturales, y tenian en lo 
llano pueblos concertados como lo mandaba y habia 
ordenado. 

Llegado al Cuzco, fué recebido á su usanza con 
gran pompa, y se hicieron grandes fiestas. Los capi- 
tanes que por su mandado hablan ido á hacer guerra 
á los del Collao, hablan andado hasta Chucuito, y tu- 
vieron algunas batallas en partes de la provincia, y 
saliendo vencedores, sujetábanlo todo al señorío del 
Inca; y en Condesuyo fué lo mesmo. E ya era muy po- 
deroso y de todas partes acudían señores y capitanes á 
le servir con los hombres ricos de los pueblos, y tri- 
butaban con grande orden, y hacían otros servicios 
personales, pero todo con gran concierto y justicia. 
Cuando le iban á hablar, iban cargados livianamente; 
mirávanle poco al rostro; cuando él hablaba, tembla- 
ban los que le oían, de temor ó de otra cosa; salía po- 



Capitulo XLIX. 1 83 



cas veces en público, y en la guerra, siempre era el 
delantero; no consentia que ninguno, sin su manda- 
miento, tuviese joyas ni asentamiento ni anduviese en 
andas; en fin, este fué el que abrió camino para el go- 
bierno tan excelente que los Incas tuvieron. 



CAP, XLIX, — De cómo Inca Yupanqui mandó 
á Lloqiie Yupanqui que fuese al palle de Xauxa 
á procurar de atraer á su señorio á los Guan- 
eas y á los Yauyos (á), sus vecinos, con otras 
naciones que caen en aquella parte. 



PASADO lo que se ha escripto, cuentan los orejones 
que como se hallase tan poderoso el rey Inca, 
mandó hacer llamamiento de gente, porque queria co- 
menzar otra guerra mas importante que las pasadas; y 
cumpliendo su mandato, acudieron muchos principa- 
les con gran número de gente armada con las armas 
que ellos usan, que son hondas, hachas, macanas, aillos 
dardos y lanzas pocas. Como se juntaron, mandó ha- 
cerles convites y fiestas, y por alegrarlos, cada dia salia 
con nuevo traje ó vestido, tai cual tenia la nación que 
aquel dia queria honrar, y pasado, se ponia de otro^ 



{a) Yayos, en n. orig. 



184 Del Señorío de los Incas. 

conforme á lo que tenían los que eran llamados al con- 
vite y borrachera. Con esto, holgábanse tanto cuanta 
aquí se puede encarescer. Cuando hacían estos gran- 
des bailes, cercaba la plaza del Cuzco una maroma de 
oro que se había mandado hacer de lo mucho que tri- 
butaban las comarcas, tan grande como en lo de atrás 
tengo dicho, y otra grandeza mayor de bultos y an- 
tiguallas. 

Y como se hobiesen holgado los días que les pares- 
ció á Inca Yupanqui, les habló cómo quería que fue- 
sen á los Guaneas, y á los Yauyos {a\ sus vecinos, y 
procurar de los traer (J?) en su amistad y servicio sin 
guerra, y cuando nó, que, dándosela, se diesen maña de 
los vencer y forzar que lo hiciesen. Respondieron todos 
que harían lo que mandaba con gran voluntad. Fue- 
ron señalados capitanes de cada nación, y sobre todos 
fué por general Lloque Yupanqui, y con él, para con- 
sejo, Tupac Yupanqui (í-); y avisándoles de lo que 
habían de hacer, salieron del Cuzco y caminaron has- 
ta la provincia de Andaguaylas, a donde fueron bien 
recibidos por los Chancas, y salió con ellos un capitán 
Ancoallo con copia de gente de aquella tierra, para 
servir en la guerra al Inca. 

De Andaguaylas fueron á Vílcas, á donde estaban 
los aposentos y templos del sol que Inca Yupanqui 
había mandado hacer, y hablaron con todo amor á los 



(a) Yayos, en n. orig. 
(Jf) Tratar, en n. orig. 
{t) Copa Yupangui, en n. orig. 



Capítulo XLIX. 1 85 

que entendían en aquellas obras. De Vilcas fueron por 
los pueblos [de] Guamanga, Azángaro, Páreos, Picoy, 
Ácos (a) y otros, los cuales ya habían dado la obe- 
diencia al Inca y proveían de bastimentos y de lo que 
más tenían en sus pueblos, y hacían el camino real 
que les era mandado, grande é muy ancho. 

Los del valle de Xauxa, sabida la venida de los 
enemigos, mostraron temor y procuraron favor de 
sus parientes y amigos, y en el templo suyo de Guari- 
vilca hicieron grandes sacrificios al demonio que allí 
respondía. Venídoles los socorros, como ellos fuesen 
muchos, porque dicen que había más de cuarenta mili 
hombres á donde agora no sé sí hay doce mili, los ca- 
pitanes del Inca llegaron hasta ponerse encima del 
valle, y deseaban sin guerra ganar las gracias de los 
Guaneas y que quisiesen ir al Cuzco á reconocer al rey 
por Señor; y así, es público que les enviaron mensaje- 
ros. Mas, no aprovechando nada, vinieron á las manos 
y se dio una gran batalla en que dicen que murieron 
muchos de una parte y otra, mas que los del Cuzco 
quedaron por vencedores; y que siendo de gran pru- 
dencia Lloque Yupanquí, no consintió hacer daño en 
el valle, evitando el robo, mandando soltar los cativos; 
tanto, que los Guaneas, conocido el beneficio y con la 
clemencia que usaban teniéndolos vencidos, vinieron 
á hablar y prometieron de vivir dende en adelante 
por la ordenanza de los reyes del Cuzco, y tributar 



{a) En n. orig., Guamanga, a Camgaron, Parcospico y Acos. 




1 86 Del Señorío de los Incas, 

con lo que hobiese en su valle; y pasando sus pueblos 
por las laderas, los sembraron, sin lo repartir, hasta 
que el rey Guayna Capac señaló a cada parcialidad lo 
que habia de tener; y se enviaron mensajeros. 



CAP. L. — De cómo salieron de Xauxa los 
capitanes del Inca y lo que les sucedió^ y có- 
mo se salió de entre ellos Ancoallo, 



Los naturales de Bonbon habian savido, según estos 
cuentan, el desbarate de Xauxa, y cómo habian 
sido los Guaneas {a) vencidos, y sospechando que los 
vencedores querian pasar adelante, acordaron de se 
apercibir, porque no los tomasen descuidados; y po- 
niendo sus mujeres é hijos con la hacienda que pudie- 
ron en una laguna que está cerca dellos (i»), aguarda- 
ron á lo que sucediese Los capitanes del Inca, como 
hobieron asentado las cosas del valle de Xauxa, salie- 
ron y anduvieron hasta Bonbon, y como se metieron 
en la laguna, no les pudieron hacer otro mal que co- 
merles los mantenimientos; y como esto vieron, 



(a) Chancas, en n. orig. 

(¿) La de Bombón {^Pumpii) ó Chinchaicocha. 



Capítulo L, 187 



pasaron adelante y allegaron á lo de Tarama, á donde 
hallaron a los naturales puestos en arma, y hobieron 
batalla en que fueron presos y muertos muchos de los 
Taramentinos, y los del Cuzco quedaron por vencedo- 
res; y como les dejasen en la voluntad del rey, [que] 
era que le sirviesen y tributasen como hacían otras 
muchas provincias, y que serian bien tratados y favo- 
recidos, hicieron todo lo que les fué mandado, y en- 
vióse al Cuzco relación de todo lo que se habia hecho 
en este pueblo de Tarama. 

Cuentan los indios Chancas, que como los indios que 
salieron de su provincia de Andaguaylas con el capitán 
Ancoallo hobiesen hecho grandes hechos en estas 
guerras, envidiosos dellos y con rancor que tenian con- 
tra el capitán Ancoallo de más atrás, cuando el Cuzco 
fué cercado, determinaron de los matar; y así, los man- 
daron llamar; y como fuesen muchos juntos con su 
capitán, entendieron la intención que tenian, y puestos 
en arma, se defendieron [de los] del Cuzco, y aunque 
murieron algunos, pudieron los otros, con el favor y 
esfuerzo de Ancoallo, de (así) salir de allí; el cual 
se quejaba á sus dioses de la maldad de los orejones, 
é ingratitud, afirmando, que, por no los ver más ni 
seguir, se iria con los suyos en voluntario destierro; 
y echando delante las mujeres, caminó y atravesó las 
provincias de los Chachapoyas y Guánuco, y pasando 
por la montaña de los Andes, caminó por aquellas 
sierras hasta que llegaron, según también dicen, á 
una laguna muy grande, que yo creo debe ser lo que 
cuentan del Dorado, á donde hicieron sus pueblos 



1 88 Del Señorío de los Incas. 

y se ha multiplicado mucha gente. Y cuentan los in- 
dios grandes cosas de aquella tierra y del capitán An- 
coallo. 

Los capitanes del Inca, pasado lo que se ha escripto, 
dieron la vuelta al valle de Xauxa, donde ya se habian 
allegado grandes presentes y muchas mujeres para lle- 
var al Cuzco, y lo mesmo hicieron los de Tarama. La 
nueva de todo fué al Cuzco, y como fué sabido por el 
Inca, holgóse por el buen suceso de sus capitanes^ 
aunque hizo muestras [de] haberle pesado lo que ha- 
bian hecho con Ancoallo. Mas era, según se cree, 
industria, porque algunos afirman que por su mandado 
lo hicieron sus capitanes. Y como Tupac Uasco y los 
otros Chancas hobiesen ido á dar guerra a la provin- 
cia del Collao y hobiesen habido victoria de algunos 
pueblos, recelándose el Inca que, sabida la nueva de 
lo que habia pasado con Ancoallo, se volverian contra 
él y le harian traición, les envió mensajeros para que 
luego viniesen para él, é mandó, so pena de muerte, 
que ninguno les avisase de lo pasado. 

Los Chancas, como vieron el mandado del Inca, 
vinieron luego al Cuzco, y como llegaron, el Inca 
les habló con gran disimulación amorosamente, encu- 
briendo la maldad que se usó con el capitán Ancoallo, 
y daba por sus palabras muestras de habelle dello pe- 
sado. Los Chancas, como lo entendieron, no dejaron 
de sentir el afrenta, mas, viendo cuan poca parte eran 
para satisfacerse, pasaron por ello, pidiendo licencia a 
Inca Yupanqui para volver a su provincia; y siéndoles 
concedido, se partieron, dándole privilegio al señor 



Capítulo L. 1 89 



principal para que se pudiese sentar en el duho [a) en- 
gastonado en oro, y otras preminencias. 

Y entendió el Inca en acrescentar el templo de Cu- 
ricancha con grandes riquezas, como ya está escripto. 
Y como el Cuzco tuviese por todas partes muchas 
provincias, dio algunas a este templo, y mandó poner 
las postas, y que hablasen una lengua todos los súdi- 
tos suyos, y que fuesen hechos los caminos reales, y 
los mitimaes; y otras cosas inventó este rey, de quien 
dicen que entendia mucho de las estrellas y que tenia 
cuenta con el movimiento del sol; y así tomó él por 
sobrenombre Inca Yupanqui, que es nombre de cuen- 
ta y de mucho entender. Y como se, hallase tan pode- 
roso, no embargante que en el Cuzco habia grandes 
edificios y casas reales, mandó hacer tres cercados de 
muralla excelentísima y dina la obra de memoria, y 
tal paresce hoy dia, que ninguno la verá que no alabe 
el edificio y conozca ser grande el ingenio de los 
maestros que la inventaron. Cada cercado destos tiene 
más de trescientos pasos: al uno llaman Pucamarca, y 
al otro Hátun Cancha, y al tercero Cassana (J?)\ y es de 
piedra excelente y puesta tan por nis^el, que no hay 
en cosa desproporción, y tan bien asentadas las pie- 
dras y tan pegadas, que no se divisará la juntura de- 
llas. Y están tan fuertes y tan enteros los más destos 



{a) üho, en n. orig. Asiento bajo á modo de banquillo ó taburete; pero 
los Incas no le llamaban así, sino tiyana. 
(¿) Caxanca, en n. oñg. 



1 9o Del Señorío de los Incas, 

edificios, que si no los deshacen, como han hecho otros 
muchos, vivirán muchas edades. 

Dentro destas cercas ó murallas habia aposentos 
como los demás quellos usaban, donde estaban canti- 
dad de mamaconas y otras muchas mujeres y mance- 
bas de los reyes, y hilaban y tejian de la su tan fina 
ropa, y habia muchas piezas de oro y de plata y vasijas 
destos metales. Muchas destas piedras vi yo en algu- 
nas destas cercas, y me espanté cómo, siendo tan gran- 
des, estaban tan primamentepuestas. — Cuando hacian 
los bailes y fiestas grandes en el Cuzco, era hecha 
mucha de su chicha por las mujeres dichas y bebían- 
la. — Y como de tantas partes acudiesen al Cuzco, 
mandó poner veedores para que no saliese sin su li- 
cencia ningún oro ni plata de lo que entrase, y pusié- 
ronse gobernadores por las mesmas partes del reino, 
y á todos gobernaba con gran justicia y orden. Y 
porque en este tiempo mandó hacer la fortaleza del 
Cuzco,, diré algo della, pues es tan justo. 



Capítulo LL i9i 



CAP. LL — De cómo fundó la casa real del 
sol en un collado que por encima del Cu{co 
está, á la parte del Norte, que los españoles 
comunmente llaman la Fortale{a, y de su ad- 
mirable edificio y grandeía de piedras que en 
él se ven. 



LA ciudad del Cuzco está edificada en valle, ladera 
y collados, como se escribe en la primera parte 
desta historia (¿2), y de los mesmos edificios salen unas 
formas de paredes anchas, en donde hacen sus semen- 
teras, y por compás salían unas de otras, que pares- 
cian cercas, de manera que todo estaba destos ándenles, 
que hacia más fuerte la ciudad, aunque por natura lo 
es su sitio; y así, lo escogieron los Señores della entre 
tanta tierra. Y como ya se fuese haciendo poderoso 
el mando de los reyes, é Inca Yupanqui tuviese los 
pensamientos tan grandes, no embargante que tanto 
por él habia sido ilustrado y enriquecido el templo del 
sol, llamado Curicancha, é hobiese hecho otros gran- 
des edificios, determinó que se hiciese otra casa del 
sol que sobrepujase el edificio a lo hecho hasta allí, y 



(fl) Cap. XCII. 



1 92 Del Señorío de los Incas. 

que en ella se pusiesen todas las cosas que pudiesen 
haber, así oro como plata, piedras ricas, ropa fina, ar- 
mas de todas las que ellos usaban, munición de guer- 
ra, alpargates, rodelas, plumas, cueros de animales 
y los de aves, coca, sacas de lana, joyas de mili géne- 
ros; en conclusión, habia todo aquello de que ellos po- 
dian tener noticia. Y esta obra se comenzó tan sober- 
bia, que si hasta hoy durara su monarquía, no estu- 
viera acabada. 

Mandóse que viniesen de las provincias que seña- 
laron veinte mili hombres, y que los pueblos le en- 
viasen bastimento necesario, y si alguno adolesciese, 
entrando en su lugar otro, se volviese á su natura- 
leza, aunque estos indios no residían siempre en la 
obra sino tiempo limitado, y viniendo otros, salían 
ellos, por donde sentían poco el trabajo. Los cuatro 
mili destos quebrantaban las piedras y sacaban las 
piedras; los seis mili las andaban trayendo con gran- 
des maromas de cueros y de cabuya (¿z); los otros es- 
taban abriendo la zanja y abriendo los cimientos, 
yendo algunos á cortar horcones y vigas para el enma- 
deramiento. Y para estar á su placer, estas gentes 
hicieron su alojamiento cada parcialidad por sí, junto 
a donde se habia de hacer el edificio. — Hoy día pa- 
recen las más de las paredes de las casas que tuvieron. 
— Andaban veedores mirando como se hacían, y 
maestros grandes y de mucho primor; y así, en un 



(a) Fibra del Agave tuberosa ó pita peruana. 



Capitulo LI. 1 93 



cerro que está á la parte del Norte de la ciudad, en 
lo más alto della, poco más que un tiro de arcabuz, se 
•fabricó esta fuerza que los naturales llamaron Casa del 
Sol, y los nuestros nombran la Fortaleza. 

Cavóse en peña viva para el fundamento y armar el 
cimiento, el cual se hizo tan fuerte, que durará mien- 
tras hobiere mundo. Tenia, á mi parecer, de largo 
trescientos y treinta pasos, y de ancho doscientos. 
Tenia muchas cercas tan fuertes, que no ay artillería 
que baste á romperlas. La puerta principal era de ver 
cuan primamente estaba y cuan concertadas las mu- 
rallas para una no salir del compás de la otra; y en 
estas cercas se ven piedras tan grandes y soberbias, 
que cansa el juicio considerar cómo se pudieron traer 
y poner y quién bastó á labrallas, pues entre ellos se 
ven tan pocas herramientas. Algunas destas piedras 
son anchas como doce pies y más largas que veinte, 
y otras más gruesas que un buey, y todas asentadas 
tan delicadamente, que entre una y otra no podrán 
meter un real. — Yo fui á ver este edificio dos veces: la 
una fué conmigo Tomas Vázquez, conquistador, y la 
otra Hernando de Guzman, que se halló en el cerco (tí), 
y Juan de la Playa (J?)\ y creed ios que esto leyerdes, que 
no os cuento nada para lo que vi. Y andándolo notan- 
do, vi junto á esta fortaleza una piedra que* la medí 
y tenía doscientos y setenta palmos de los mios de re- 



{a) El que puso al Cuzco Manco Inca el año de l536. 
{b) Dudo que este apellido esté bien escrito; mucho será que ni> sea la 
Rea y no Playa. 

13 



i94 D^l Señorío de los Incas. 

dondo, y tan alta, que páresela que había nacido allí, 
y todos los indios dicen que se cansó esta piedra en 
aquel lugar, y que no la pudieron mover más de allí {a)y- 
y cierto, si en ella misma no se viese haber sido labra- 
da, yo no creyera, aunque más me lo afirmaran, que 
fuerza de hombres bastara á la poner allí, adonde es- 
tará para testimonio de lo que fueron los inventores de 
obra tan grande, pues los españoles lo han ya desbara- 
tado y parado tal, cual yo no quisiera ver la culpa 
grande de los que han gobernado en lo haber permiti- 
do, y que una cosa tan insigne se hobiese desbaratado 
y derribado, sin mirar los tiempos y sucesos que pueden 
venir y que fuera mejor tenerla en pié y con guar- 
da {b). 



{d) Varias versiones hay del cuento ó tradición indígena relativa á este 
nonolito, llamado \ü piedra cansada [ íaicum, saúusca] y también Calla 
cunchu\ pero la más curiosa y menos conocida es la que trae el P. Morúa 
en su Hist . de los Incas MS. Dice que un inca de sangre real, por nombre 
Urco ó Urcon, gran ingeniero y arquitecto, íué el que dirigió la conduc- 
ción de la piedra cansada, y que al llegar al sitio donde se cansó, le mata- 
ron los indios que la arrastraban. Este Úrcon trazó y asentó la fortaleza 
del Cuzco, y además concibió la idea, y la puso por obra, de trasportar de 
Quito la mejor tierra de patatas para surtir de este tubérculo la mesa del 
emperador, con la cual tierra hizo el cerro llamado Allpa Stmíu, que está al 
Oriente desdicha fortaleza. 

{b) De este no menos generoso que apasionado arranque de indigna, 
cion tienen la culpa, no los españoles, sino la falta, muy natural, de cono- 
cimientos arqueológicos en Cieza y su excesiva credulidad en los relatos de 
las orejones y descendientes de los Incas, para los cuales todo lo bueno y 
grande que encontramos allí era obra exclusiva de estos soberanos. Hoy ya 
se sabe y se tiene por eosa averiguada que las ciclópeas y antiquísimas f;'i- 
bricas del Cuzco se erigieron por gentes muy anteriores á Inca Yupanqui 



Capítulo LL 1 95 

Había muchos aposentos en esta fuerza, uno encima 
de otros, pequeños, y otros entre suelos, grandes; y 
hacíanse dos cubos, el uno mayor que otro, anchos y 
tan bien sacados, que no sé cómo lo encarecer, según 
están primos y las piedras tan bien puestas y labradas; 
y debajo de tierra dicen que hay mayores edificios. Y 
cuentan otras cosas, que no escribo, por no las tener 
por ciertas. Comenzóse a hacer esta fuerza en tiempo 
de Inca Yupanqui; labró mucho su hijo Tupac Inca y 
Guayna Capac y Guascar, y aunque ahora es cosa de 
ver, lo era mucho más sin comparación. Cuando los 
españoles entraron en el Cuzco, sacaron los indios de 
Quizquiz gran tesoro della, y los españoles aún halla- 
ron {a) alguno, y se cree que hay a la redonda della 
mayor número de lo uno y lo otro. Lo que desta for- 
taleza y la de Guarco ha quedado seria justo mandar 



y aun á Manco Capac, si por ventura éste apareció por aquella comarca á 
principios del siglo XI; y no se ignora que los mismos Incas destruian unas 
veces y otras dejaban sin concluir edificios y monumentos de sus enemi- 
gos. No todas las ruinas del Perú deben cargar sobre nuestra conciencia 
Además, es de saber que el virey don Francisco de Toledo y otros, lejos 
de contribuir á la destrucción de la fortaleza del Cuzco, trataron de conser- 
varla y se opusieron en más de un caso á que la utilidad de particulares 
y de corporaciones coadyuvase á los estragos del tiempo, como sucedió 
el año de l577 con los jesuitas del Cuzco, que pidieron que para su mo- 
nasterio y casa se les dejase sacar la piedra que hubieran menester de la 
fortaleza del Inca. 

{d) En n. orig., en hablar. Dudo, no obstante, en haber' acertado con 
ja interpretación. El que quiera enterarse con minuciosidad de lo que ha" 
liaron los conquistadores en los sótanos de la fortaleza, consulte la Rela- 
£Íe?t de la conquista del Perú de Pedro Pizarro. 



1 96 Del Señorío de los Incas. 

conservar (a) para memoria de la grandeza desta tier- 
ra y aun para tener en ellas tales dos fuerzas, pues á 
tan poca costa se las hallan hechas. Y con tanto, vol- 
veré a la materia. 



CAP. LIL — De cómo Inca Yupanqui salió del 
Cuíco hacia el Collao y lo que le sucedió. 



COMO estos indios no tienen letras ni cuentan sus 
cosas sino por la memoria que dellas queda de 
edad en edad yde sus cantares y quipos, digo esto, por- 
que en muchas cosas varían, diciendo unos uno y otros 
otro, y no bastara juicio humano a escrebir lo escripto, 
sino tomara destos dichos lo que ellos mismos decian 
ser mas cierto, para lo contar. Esto apunto para los es- 
pañoles questán en el Perú que presumen de saber 
muchos secretos destos, que entiendan que supe yo y 
entendí lo que ellos piensan que saben y entienden y 
mucho más, y que de todo convino escribirse lo que 
verán, y que pasé el trabajo en ello que ellos mismos 
saben. 

Y así, dicen los orejones, que estando las cosas de 



(a) La de Huarco ya la mandó conservar y guarnecer pocos años des- 
pués el virey don Andrés Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete. 



Capitulo LIL 1 97 



Inca Yupanqui en este estado, determinó de salir del 
Cuzco con mucha gente de guerra á lo que llaman 
Collao y sus comarcas; y así, dejando su gobernador 
en la ciudad, salió della y anduvo hasta ser llegado al 
gran pueblo de Ayavire, adonde dicen que, no que- 
riendo venir los naturales del en conformidad, tuvo 
cautela como, tomándolos descuidados, mató a todos 
sus vecinos, hombres y mujeres, haciendo lo mesmo 
de los de Copacopa (¿2); y la destruicion de Ayavire 
fué tanto, que todos los más perecieron, que no que- 
daron sino algunos que después quedaban asombra- 
dos de ver tan grande maldad y como locos furiosos 
por las sementeras, llamando a los mayores suyos con 
grandes aullidos y palabras temerosas {b). Y como ya 
el Inca hobiese caido en la invención tan galana y pro- 
vechosa de poner los mitimaes, como viese las lindas 
vegas y campañas de Ayavire y el rio tan hermoso 
que por junto á él pasa (r), mandó que viniesen de las 
comarcas la gente que bastase con sus mujeres a po- 
blarlo; y así fué hecho, y se hicieron para él grandes 
aposentos y templo del sol, y muchos depósitos y casa 
de fundición; de manera que, poblado de mitimaes, 
Ayavire quedó más principal que antes, y los indios 
que han quedado de las guerras y crueldad de los es- 



{d) Coxacopa, en n, orig. 

{b] Esta campaña sangrienta y cruel de Inca Yupanqui, la cuenta Cieza 
«n el cap. XCVIII de la Primera parte, 
[c) El Nanea» 



1 98 Del Señorío de los Incas, 

pañoles, son todos mitimaes advenedizos y no natura- 
les, por lo que se ha escripto. 

Sin esto cuentan más, que habiendo ido por su man- 
do ciertos capitanes con gente bastante á dar guerra á 
los de Andesuyo, que son los pueblos y comarcas ques- 
tan en la montaña, toparon unas culebras tan grandes 
como maderos gruesos, las cuales mataban todos los 
que podian, tanto, que sin ver otros enemigos, hicie 
ron ellas la guerra de tal arte, que vinieron pocos de 
los muchos que entraron; y que recebió enojo grande 
el Inca con saber tal nueva; y estando con su congoja, 
una hechicera le dijo que ella iria y pararia bobas y 
mansas las culebras susodichas, que mal á ninguno no 
hiciesen aunque en ellas mesmas se sentasen. Agrade- 
ciendo la obra, si conformaba con el dicho, le mandó 
lo pusiese en ejecución, y lo hizo, al creer dellos y no 
al mió, porque parece burla; y encantadas las culebras, 
dieron en los enemigos, y subjetaron muchos por 
guerra y otros por ruego y buenas palabras que con 
ellos tuvieron. 

El Inca salió de Ayavire, dicen que por el camino 
que llaman Omasuyo, el cual para su persona real fué 
hecho ancho y como lo vemos; y caminó por los pue- 
blos de Oruro (¿?), Asillo, Azángaro, en donde tuvo 
algunos recuentros con los naturales; mas, tales pala- 
bras les dijo, que con ellas y con dones que les dio, 
los atrajo a su amistad y servicio, y dende en adelante 



(fl) Horato en n. oñg. 



Capítulo Lili. 1 99 



usaron de la pulida que usaban los demás que tenían 
amistad y alianza con los Incas, y hicieron sus pueblos 
concertados en lo llano de las vegas. 

Pasando adelante Inca Yupanqui, cuentan que vi- 
sito los más pueblos que confinan con la gran laguna 
de Titicaca, que con su buena maña los trajo todos á 
su servicio, poniéndose en cada pueblo del traje que 
usaban los naturales, cosa de gran placer para ellos y 
con que más se holgaban. Entró en la gran laguna de 
Titicaca y miró las islas que en ella se hacen, mandan- 
do hacer en la mayor de ellas templo del sol y palacios 
para él y sus descendientes; y puesta en su Señorío, y 
todo lo demás de la gran comarca del Collao, se volvió 
á la ciudad del Cuzco con grande triunfo; á donde 
mandó, luego que en ella entró, hacer grandes fiestas 
á su usanza, y vinieron de las más provincias á le ha- 
cer reverencia con grandes presentes; y los goberna- 
dores y delegados suyos tenían gran cuidado de cum- 
plir en todo su mandado. 



CAP. Lili. — De cómo Inca Yupanqui salió del 
Cuíco, y lo que hiio. 



VOLABA la fama de Inca Yupanqui en tanta manera 
por la tierra, que en todas partes se trataba de sus 
grandes hechos. Muchos, sin ver bandera ni capitán 



200 Del Señorío de los Incas, 



suyo, le vinieron á cono.cer, ofreciéndosele por vasa- 
llos, afirmando con sus dichos que del cielo hablan caí- 
do sus pasados, pues sabian vivir con tanto concierto y 
honra. Inca Yupanqui, sin perder su gravedad, les 
respondió mansamente que no queria hacer agravio á 
nación ninguna, sino viniesen á le dar la obediencia, 
pues el sol lo queria y mandaba. Y como hobiese tor- 
nado a hacer llamamiento de gente, salió con toda ella 
á lo que llaman Condesuyo y sujetó á los Yanaguaras 
y á los Chumbivilcas, y con algunas provincias desta 
comarca de Condesuyo tuvo recias batallas; mas, aun- 
que le dieron mucha guerra, su esfuerzo y saber fué 
tanto, que con daño y muerte de muchos le dieron la 
obediencia, tomándolo por Señor, como lo hacian los 
demás; y dejando puesta en orden la tierra, y hechos 
caciques á los naturales, y mandándoles que no hicie- 
sen agravio ni daño á estos subditos, se volvió al Cuz- 
co, poniendo primero gobernadores en las partes prin- 
cipales, para que impusiesen á los naturales la orden 
que hablan de tener, así para su vivienda, como para 
le servir y para hacer sus pueblos juntos, y tener en 
todo gran concierto, sin que ninguno fuese agraviado, 
aunque fuese de los más pobres. 

Pasado esto, cuentan más, que reposó pocos dias en 
el Cuzco, porque quiso ir en persona á los Andes, á 
donde habia enviado sus adalides y escuchas para que 
mirasen la tierra y le avisasen del arte que estaban los 
moradores della; y como por su mandado estuviese 
todo el reino lleno de depósitos con mantenimientos, 
mandó que proveyesen el camino quél habia de llevar, 



Capitulo LIIL 20 1 



é fué hecho así; y con los capitanes y gente de guerra 
salió del Cuzco, á donde dejó su gobernador para la 
administración de la justicia, y atravesando las mon- 
tañas y sierras nevadas, supo de sus corredores lo de 
adelante, y de la grande espesura de las montañas, y 
aunque hallaban de las culebras tan grandes que se 
crian en estas espesuras, no hacian daño ninguno, y es- 
pantábanse de ver cuan fieras y monstruosas eran. 

Como los naturales de aquellas comarcas supieron 
la entrada en su tierra del Inca, como ya muchos dellos 
por mano de sus capitanes habían sido puestos en su 
servicio, le vinieron á hacer la mocha, trayéndole 
presentes de muchas plumas de aves y coca y de lo 
más que tenian en su tierra, y á todos lo agradecía 
mucho. Los demás indios que habitaban en aquellas 
montañas, los que quisieron serle vasallos, enviáronle 
mensajeros, los que no, desampararon sus pueblos y 
metiéronse con sus mujeres en la espesura de la mon- 
taña. 

Inca Yupanqui tuvo gran noticia que, pasadas algu- 
nas jornadas, á la parte de Levante, habia gran tierra 
y muy poblada. Con esta nueva, codicioso de descu- 
brirlo, pasó adelante; mas, siendo avisado como en el 
Cuzco habia sucedido cierto alboroto, y habiendo alle- 
gado é un pueblo que llaman Marcapata, revolvió con 
priesa grande al Cuzco, donde estuvo algunos dias. 

Pasados estos, dicen los indios, que como la provincia 
de Collao sea tan grande y en ella hubiese en aquellos 
tiempos número grande de gente y señoríos délos natu- 
rales muy poderosos, como supieron que Inca Yupanqui 



202 Del Señorío de los Incas 



había entrado en la montaña délos Andes, creyendo que 
por allí seria muerto ó que vendría desbaratado, con- 
certáronse todos á una, desde Vilcanota para adelante, 
á una parte y á otra, con muy gran secreto, de se re- 
belar y no estar debajo del señorío de los Incas, di- 
ciendo que era poquedad grande de todos ellos, ha- 
biendo sido libres sus padres y no dejándolos en cau- 
tiverio, sujetarse tantas tierras y tan grandes á un Señor 
solo. Y como todos aborreciesen el mando que sobre 
ellos el Inca tenia, sin les haber él hecho molestia ni 
mal tratamiento, ni hecho tiranías, ni demasías, como 
sus goberdadores y delegados no lo pudieron entender, 
juntos en AtuncoUao y en Chucuito, donde se halla- 
ron Cari, y Zapana, y Humalla, y el Señor de Azánga- 
ro, y otros muchos, hicieron su juramento, conforme á 
su ceguedad, de llevar adelante su intención y deter- 
minación; y para más firmeza, bebieron con un va- 
so [a) todos ellos juntos, y mandaron que se pusiese 
en un templo entre las cosas sagradas, para que fuese 
testigo de lo que se ha dicho; y luego mataron á los 
gobernadores y delegados que estaban en la provincia, 
y á muchos orejones que estaban entre ellos; y por 
todo el reino se divulgó la rebelión del Collao, y de la 
muerte que habían dado á los orejones; y con esta nue- 
va intentaron novedades en algunas partes del reino, 
y en muchos lugares se levantaron; lo cual estorbó la 
orden que se tenia de los mitimaes y estar avisados los 



(a) Vinieron con un viejo, en n. orig. 



Capitulo LIV. 2o3 



gobernadores, y sobre todo, el gran valor de Tupac 
Inca Yupanqui, que reinó desde este tiempo, como 
diré. 



CAP, LIV. — De cómo hallándose fnuy viejo Inca 
Yupanqui, dejó la gobernación del reino á Tu- 
pac Inca, su hijo. 



No mostró en público sentimiento Inca Yupanqui 
en saber la nueva del alzamiento del Collao, antes, 
con ánimo grande, mandó hacer llamamiento de gente, 
para en persona ir á los castigar, enviando sus mensa- 
jeros a los Canas y Canches, para que estuviesen fir- 
mes en su amistad, sin los ensoberbecer la mudanza 
del Collao; y queriendo ponerse a punto para salir del 
Cuzco, como ya fuese muy viejo y estuviese cansado 
de las guerras que habia hecho y caminos que habia 
andado, sintióse tan pesado y quebrantado, que sin- 
tiéndose poco bastante para ello, ni tampoco para en- 
tender en la gobernación de tan gran reino, mandó 
llamar al Gran Sacerdote y á los orejones y más princi- 
pales de la ciudad, y les dijo, que ya él estaba tan viejo, 
que era más para estarse junto á la lumbre, que no para 
seguir los reales, y pues así lo conoscian y entendian 
decia en todo verdad, que tomasen por Inca á Tupac 
Inca Yupanqui, su hijo, mancebo tan esforzado como 
ellos habían visto en las guerras que habia hecho, y 



204 ^^^ Señorío de los Incas. 



que le entregaría la borla, para que por todos fuese 
obedecido por Señor y estimado por tal; y quél se da- 
ria maña como los del CoUao fuesen castigados por su 
alzamiento y muertes que habian hecho á los orejones 
y delegados que entre ellos quedaron. Respondieron 
á estas palabras, los que por él fueron llamados, que 
fuese hecho como lo ordenase, y en todo mandase lo 
quél tuese servido, porque en todo le obedecerían como 
siempre habian hecho. [En] el Collao y en las provin- 
cias de los Canches y Canas le hicieron grandes rece- 
bimientos con presentes ricos, y le habian hecho, en lo 
que llaman Cacha, unos palacios al modo de como ellos 
labran, bien vistosos. 

Los Collas, como supieron que Tupac Inca venia 
contra ellos tan poderoso, buscaron favores de sus ve- 
cinos, y juntáronse los más dellos con determinación 
de le aguardar en el campo á le dar batalla. Cuentan 
que tuvo de todo esto aviso Tupac Inca, y como él 
era tan clemente, aunque conoscia la ventaja que tenia 
á los enemigos, les envió de las Canas, vecinos suyos, 
mensajeros que les avisasen cómo su deseo no era de 
con ellos tener enemistad ni castigallos conforme á lo 
mal que lo hicieron, cuando sin culpa ninguna mata- 
ron á los gobernadores y delegados de su padre, si 
quisiesen dejar las armas y dar la obediencia, pues para 
ser bien gobernados y regidos (¿x), convenia reconocer 
Señor y que fuese uno y no muchos. 

Con esta embajada envió un orejón con algunos 



{a) Recogidos, en n. orig. 



Capitulo LIV, 20 3 



presentes para los principales de los Collas, mas no 
prestó nada ni quisieron su confederación, antes, la 
junta questaba hecha, teniendo por capitanes los se- 
ñores de los pueblos, se venieron acercando a donde 
estaba Tupac Inca; y cuentan todos, que en el pueblo 
llamado Pucará, se pusieron en un fuerte que allí hi- 
cieron, y como llegó el Inca, tuvieron su guerra con la 
grita que suelen, y al ñn se dio batalla entre unos y 
otros, en la cual murieron muchos de entrambas 
partes, y los Collas fueron vencidos, y presos mu- 
chos, así hombres como mujeres; y fuéranlo más, si 
diera lugar á que el alcance se siguiera, el Inca, más 
esforzado (¿2); y á Cari, señor de Chucuito, habló áspe- 
ramente, diciéndole, cómo habia respondido á la paz 
que puso su abuelo Viracocha Inca?, y que no le 
quería matar, mas que lo enviaría al Cuzco, á donde 
seria castigado; y así á este como á otros de los pre- 
sos mandó llevar al Cuzco con guardas; y en señal 
de la vitoria que hobo de los Collas, en el lugar suso- 
dicho, mandó hacer grandes bultos de piedra, y rom- 
per, por memoria, de un pedazo de una sierra, y hacer 
otras cosas que hoy día, quien fuere por aquel lugar, 
verá y notará, como hice yo, que paré dos días, para lo 
ver y entender de raíz {h). 



(a) La violenta trasposición que dificulta la lectura de este pasaje, 
acaso no sea culpa del copista, sino más bien una prueba de que Cieza no 
acabó de limar su tratado de los Incas. Léase: y fuéranlo tnás, si el Inca 
diera lugar á que el alcance se siguiera más esforzado, ó con más esfuerzo. 

(lí) En el cap. CU de la Primera parte, dice-. "Yo estuve un día en 
este lugar [Pucará] mirándolo todo " 



2o6 Del Señorío de los Incas. 



CAP, LV. — De cómo los Collas pidieron pai, 
y de cómo el Inca se la otorgó y se volvió 
al Cuíco, 



Los Collas que escaparon de la batalla, dicen, que, 
muy espantados del acaecimiento, se dieron mu- 
cha prisa á huir, creyendo que los del Cuzco les iban 
á las espaldas, y así, andaban, con este miedo, volvien- 
do de cuando en cuando los rostros á ver lo que ellos 
no vieron, por lo haber estorbado el Inca. Pasado el 
Desaguadero, se juntaron todos los principales y to- 
mando su consejo unos con otros, determinaron 
de enviar a pedir paz al Inca, conque si los recebia 
en su servicio, pagarían los tributos que debían desde 
que se alzaron, y que para siempre serian leales. 
A tratar esto fueron los más avisados dellos, y halla- 
ron a Tupac Inca que venia caminando para ellos, y 
oyó la embajada con buen semblante, y respondió con 
palabras de vencedor piadoso, que le pesaba de lo que 
había hecho por causa dellos, y que seguramente 
podían venir á Chucuíto, á donde se asentaría con 
ellos la paz de tal manera, que fuese provechosa para 
ellos. Y como lo oyeron, pusiéronlo por obra. 

Mandó proveer de muchos bastimentos, y el Señor 
Humalla fué á los rescebir, y el Inca le habló bien, asi 



Capítulo LV. 207 



á él como á los demás señores y capitanes; y antes que 
se tratase la paz, cuentan que se hicieron grandes bai- 
les y borracheras, y que, acabados, estando todos jun- 
tos, les dijo que no queria que se pusiesen en necesi- 
dad en le pagar los tributos que le eran debidos, pues 
eran suma grande; mas, que pues sin razón ni causa se 
habian levantado, quél había de poner guarniciones 
ordinarias con gente de guerra, [y] que proveyesen de 
bastimentos y mujeres á los soldados. Dijieron que lo 
harian, y luego mandó que de otras tierras viniesen 
mitimaes para ello, con la orden que está dicha; y asi- 
mismo entresacó mucha gente del CoUao, poniendo la 
de unos pueblos en otros, y entre ellos quedaron go- 
bernadores y delegados para coger los tributos. Esto 
hecho, dijo que habian de pasar por una ley que queria 
hacer para que siempre se supiese lo que por ellos ha- 
bía sido hecho, y era que no pudiesen entrar jamás en 
el Cuzco más de tantos mili hombres de toda su pro- 
vincia y mujeres, so pena de muerte si más osasen en- 
trar de los dichos. Desto recibieron pena, mas conce- 
diéronlo como lo demás; y es cierto que si había Collas 
en el Cuzco, no osaban entrar otros, sí el número estaba 
cumplido, hasta que salían, y si lo querían hacer, no 
podían, porque los portazgueros y cogedores de tribu- 
tos y guardas que había para mirar lo que entraba y 
salía de la ciudad, no lo permitían ni consentían, y en- 
tre ellos no se usaba cohecho para poder hacer su vo- 
luntad, ni tampoco jamás se les decía á sus reyes men- 
tira en cosa ninguna, ni descubrieron su secreto; cosa 
de alabanza grande. 



20 8 Del Señorío de los Incas, 



Asentada la provincia de Collao y puesta en orden, 
y habládoles lo que habian de hacer los señores delia, 
el Inca dio su vuelta al Cuzco, enviando primero sus 
mensajeros a lo de Condesuyo y á los Andes, y que 
particularmente le avisasen lo que pasaba, y si sus go- 
bernadores hacian algunos agravios, y si los naturales 
andaban en algunos alborotos; y acompañado de mu- 
cha gente y principales, volvió al Cuzco, donde fué 
recebido con mucha honra, y se hicieron grandes sa- 
crificios en el templo del sol, y [por] los que entendian 
en la labor del gran edificio de la Casa Fuerte que habia 
mandado edificar Inca Yupanqui; y la Coya, su mujer 
y hermana, llamada Mama Ocllo, hizo por sí grandes 
fiestas y bailes. Y como Tupac Inca tuviese voluntad 
de salir por el camino de Chinchasuyo á sojuzgar las 
provincias que están más adelante de Tarama y Bon- 
bon, mandó hacer gran llamamiento de gente por to- 
das las provincias. 



CAP, LVL — De cómo Tupac Inca Yupanqui 
salló del Cu^co, y cómo sojuzgó toda la tierra 
que hay hasta el Quito, y de sus grandes he- 
chos. 



ESTA conquista de Quito que hizo Tupac Yupanqui, 
bien pudiera yo ser más largo; pero tengo tanto 
que escribir en otras cosas, que no puedo ocuparme 



Capítulo LVL 2o9 



en tanto, ni quiero contar sino sumariamente lo que 
hizo, pues, para entenderlo, bastara lo divulgado por la 
tierra. La salida que el rey queria hacer de la ciudad 
del Cuzco, sin saber á qué parte ni dónde habia de ser 
la guerra; — porque esto no se decia sino a los conseje- 
ros, — juntáronse más de doscientos mili hombres, con 
tan gran bagaje y repuesto, que henchian los campos; 
y por las postas fué mandado á los gobernadores de 
las provincias que de todas las comarcas se trujesen 
los bastimentos y municiones y armas al camino real de 
Chinchasuyo, el cual se iba haciendo no desviado del 
que su padre mandó hacer, ni tan llegado que pudiesen 
hacerlo todo uno. Este camino fué grande y soberbio, 
hecho por la orden y industria que se ha escripto, y 
por todas partes habia proveimiento para toda la mul- 
titud de gente que iba en sus reales, sin que nada fal- 
tase, y con la haber, ninguno de los suyos era osado 
de coger tan solamente una mazorca de maíz del cam- 
po, y si la cogia, no le costaba menos que la vida. Los 
naturales llevaban las cargas y hacian los otros servi- 
cios personales, mas, creed que cierto se tiene, que no 
las llevaban más de hasta el lugar limitado; y como lo 
hacian con voluntad y les guardaban tanta verdad y 
justicia, no sentían el trabajo. 

Dejando en el Cuzco gente de guarnición con los 
mitimaes y gobernador escogido entre los más fieles 
amigos suyos, salió del llevando por su capitán gene- 
ral y consejero mayor á Capac Yupanqui, su tio, no el 
que dio la guerra á los de Xauxa, porque éste dicen 
que se ahorcó por cierto enojo; y como salió del Cuz- 



2IO Del Señorío de los Incas, 



co, anduvo hasta llegar á Vilcas, adonde estuvo algu- 
nos dias holgándose de ver el templo y aposentos que 
allí se habían hecho, y mandó que siempre estuviesen 
plateros labrando vasos y otras piezas y joyas para el 
templo y para su casa real de Vilcas. 

Fué á Xauxa, á donde los Guaneas le hicieron sole- 
ne recebimiento, y envió por todas partes mensajeros 
haciéndoles saber cómo él quería ganar el amistad de 
todos ellos, sin les hacer enojo ni darles guerra, por 
tanto, que pues oían que los Incas del Cuzco no ha- 
cían tiranías ni demasías á los que tenían por confede- 
rados y vasallos, y que, en pago del trabajo y horrie- 
naje que les daban, recebian dellos mucho bien, que 
le enviasen sus mensajeros para asentar la paz con él. 
En Bonbon súpose la grand potencia con que el Inca 
venia, y como tuviesen entendido grandes cosas de 
su clemencia, le fueron a hacer reverencia; y los de 
Yauyo hicieron lo mismo, y los de Apurima y otros 
muchos, á los cuales recibió muy bien, dándoles á 
unos mujeres, y á otros coca, y á otros mantas y ca- 
misetas, y poniéndose del traje que tenia Ja provincia 
donde él estaba, que fué por donde ellos recibían más 
contento. 

Entre las provincias que hay entre Xauxa y Caxa- 
malca, cuentan que tuvo algunas guerras y penden- 
cias y mandó hacer grandes albarradas y fuertes para 
defenderse de los naturales, y que con su buena maña, 
sin mucho derramamiento de sangre, los sojuzgó, y 
lo mesmo lo de Caxamalca; y por todas partes dejaba 
gobernadores y delegados y postas puestas, para tener 



Capítulo LVL 211 



aviso y no salir de ninguna provincia grande sin pri- 
mero mandar hacer aposentos y templo del sol y 
poner mitimaes. Cuentan, sin esto, que entró por lo 
de Guánuco y que mandó hacer el palacio tan primo 
que hoy vemos hecho; que yendo a los Chachapoyas, 
le dieron tanta guerra, que aina de todo punto los 
desbarataran; mas, tales palabras les pudo decir, que «^ 
ellos mesmos se le ofrecieron. En Caxamalca dejó de 
la gente del Cuzco mucha, para que impusiesen a los 
naturales en cómo se habian de vestir y el tributo que 
fe habían de dar, y sobre todo, cómo habian de ado- 
rar y reverenciar por dios al sol. 

Por todas las más de las partes le llamaban padre, 
y tenia gran cuidado en mandar que ninguno hiciere 
daño en las tierras por donde pasaba, ni fuerzas á nin- 
gund hombre ni mujer; al que lo hacia, luego por su 
mandado lo daban pena de muerte. Procuraba con 
los que sojuzgaba, que hiciesen sus pueblos juntos y 
ordenados y que no se diesen guerra unos á otros, ni 
se comiesen, ni cometiesen otros pecados reprobados 
en ley natural. .....>..-»--— 

Por los Bracamoros entró y volvió huyendo, por- 
que es mala tierra aquella de montaña; en los Pal- 
tas y en Guancabamba, Caxas y Ayavaca y sus co- 
marcas, tuvo gran trabajo en sojuzgar aquellas na- 
ciones, porque son belicosas y rebustas, y tuvo guerra 
con ellos más de cinco lunas; mas, al fin, ellos pidie- 
ron la paz, y se les dio con las condiciones que á los 
demás; y la paz se asentaba hoy y mañana estaba 
la provincia llena de mitimaes y con gobernadores, 



212 Del Señorío de los Incas. 

sin quitar el señorío á los naturales; y se hacian depó- 
sitos y ponian en ellos mantenimientos y lo que más 
se mandaba poner; y se hacia el real camino con las 
postas que habia de haber en todo él. 

De estas tierras anduvo Tupac Inca Yupanqui has- 
ta ser llegado á los Cañares, con quien también tuvo 
sus porfías y pendencias, y siendo dellos lo que de los 
otros, quedaron por sus vasallos, y mandó que fuesen 
dellos mesmos al Cuzco, a estar en la misma ciudad, 
más de quince mili hombres con sus mujeres y el se- 
ñor principal dellos, para los tener por rehenes, y fué 
hecho como se mandó. Algunos quieren decir questa 
pasada de los Cañares al Cuzco fué en tiempo de 
f Guayna Capac. Y en lo de Tomebamba mandó hacer 
grandes edificios y muy lustrosos. En la primera parte 
traté como estaban estos aposentos y lo mucho que 
fueron (a), Deste lugar envió diversas embajadas á 
muchas tierras de aquellas comarcas, para que le qui- 
siesen venir á ver, y muchos, sin guerra, se ofrecieron 
á su servicio, y los que no, enviando capitanes y 
gente, les hacian hacer por fuerza lo que otros hacian 
de su voluntad. 

Puesta en orden la tierra de los Cañares, fuese para 
Tiquizambi, Cayambi, los Puruaes (J?) y otras muchas 
partes, á donde cuentan del tantas cosas que hizo, 
ques de no creer, y el saber que tuvo para hacerse 



{a) Cap. XLIV. 

(f>) Tiacambe y Cayacofnbe, los Furarés, en n. orig. 



Capitulo LVL 21 3 



monarca de tan grandes reinos. En La Tacunga tuvo 
recia guerra con los naturales, y asentó paz con 
ellos después que se vieron quebrantados, y mandó 
hacer tantos y tan insines edificios por estas partes, 
que excedian en perfección á los más del Cuzco. Y en 
La Tacunga quiso estar algunos dias, para que sus 
gente descansasen; y viníales casi cada dia mensajero 
del Cuzco del estado en que estaba lo de allá, y de 
otras partes siempre venian correos con avisos y cosas 
grandes que se ordenaban en el regimiento de las 
tierras por sus gobernadores. Y vino nueva de cierto 
alboroto que habia en el Cuzco entre los mesmos ore- 
jones, y causó alguna alteración, recelándose de no- 
vedades; mas, seguido, vino otra nueva cómo estaba 
llano y asentado y se habían hecho por el gobernador 
de la ciudad castigos grandes en los que habian causa- 
do el alboroto. ,«..——' 
De La Tacunga anduvo hasta llegar á lo que deci- 
/mos Quito, donde está fundada la ciudad de Sant 
JFrancisco del Quito, ypareciéndole bien aquella tierra, '^^^'^^ 
y que era tan buena como el Cuzco, hizo allí funda- 
vcion d e la población que hobo, á quien llamó Quito, y 
teoblóla de mitimaes, y hizo hacer grandes cavas y edi- 
ficios y depósitos, diciendo: ''El Cuzco ha de ser por 
una parte cabeza y amparo de mi gran reino; por otra 
ha de ser el Quito.'' — Dio poder grande al gobernador 
de Quito; por toda la comarca del Quito puso gober- 
nadores suyos y delegados; mandó que en Caranquí 
hobiese guarnición de gente ordinaria para paz y gue- 
rra, y de otras tierras puso gente en éstas, y destas 



dL 



214 ^^^ Señorío de los Incas. 

mandó sacar para llevar en las otras. En todas partes 
adoraban el sol y tomaban las costumbres de los Incas, 
tanto, que parecía que habian nacido todos en el Cuz- 
co; Y queríanle y amábanle tanto, que le llamaban Pa- 
dre de todos, buen Señor, justo y justiciero. — En la 
provincia de los Cañares, afirman que nació Guayna 
Capac, su hijo, y que se hicieron grandes fiestas. Todos 
los naturales de las provincias que habia señoreado el 
gran Tupac Inca con su buena industria que les dio, 
ordenaron sus pueblos en partes dispuestas, y hacían 
en los caminos reales aposentos; entendían en apren- 
der la lengua general del Cuzco, y en saber las leyes 
que habian de guardar. Los edificios, hacíanlos maes- 
tros que venían del Cuzco y emponían á los otros en 
ello; y así se hacían las demás cosas que por el rey eran 
mandadas. 



CAP, LVIL — Cómo el rey Tiipac Inca envió 
á saber desde Quito cómo se cumplía su man- 
damiento^ y cómo^ dejando en orden aquella 

¡comarca^ salió para ir por los palles de los 

' Yuncas. 



COMO Tupac Inca Yupanqui hobiese señoreado la 
tierra hasta el Quito, segund se ha dicho, estando 
él en la mesma población del Quito entendiendo que 



Capitulo LVIL 2(5 

se cumpliesen y ordenasen las cosas por él mandadas, 
de donde mandó, a los que entre los suyos tenia por 
más cuerdos, que en hamacas fuesen llevados por los 
naturales, y unos por una parte y otros por otra, mira- 
sen y entendiesen en la orden questaban las nuevas 
provincias que se hacian, y que tomasen cuenta á los 
gobernadores y cogedores de tributos y que mirasen 
cómo se habian con los naturales. A las provincias 
que llamamos de Puerto Viejo, envió sus orejones á 
algunas dellas para que les hablasen y quisiesen tener 
su confederación, como los demás hacian, y que los 
impusiesen en cómo habian de sembrar, y servir, y 
vestir, y reverenciar al sol, y hacelles entender su bue- 
na orden de vivir y pulicia. Cuentan questos fueron 
muertos en pago del bien que iban á hacer, y que Tu- 
pac Incainvió ciertos capitanes con gente á castigarlos; 
mas, como lo supiesen, se juntaron tantos de los bár- 
baros, que mataron y vencieron a los que fueron, de 
que mostró sentimiento el Inca; mas, por tener ne- 
gocios grandes entre las manos, y convenir en persona 
volver al Cuzco, no fué él propio á dalles castigo por 
lo que habian hecho. 

En Quito tuvo nueva cuan bien se hacia lo que por 
él habia sido mandado y cuánto cuidado tenian los de- 
legados suyos de imponer aquellas gentes en su servi- 
cio, y cuan bien los trataban, y ellos cómo estaban 
alegres y hacian lo que les era mandado; y de muchos 
señores de la tierra le venian cada dia embajadores y 
le traian grandes presentes, y su corte estaba llena de 
principales, y sus palacios de vasijas y vasos de oro y 



2i6 Del Señorío de los Incas, 



plata y otras grandes riquezas. — Por la mañana comía, 
y desde medio dia hasta ser algo tarde, oia en público, 
acompañado de su guarda, á quien le queria hablar. 
Luego gastaba el tiempo en beber hasta ser noche, que 
tornaba a cenar con lumbre de leña, porque ellos no 
usaron sebo ni cera, aunque tenían harto de lo uno y 
de lo otro. 

En Quito dejó por su capitán general y mayordomo 
mayor a un orejón anciano, quien todos cuentan que 
era muy entendido y esforzado y de gentil presencia, 
á quien llamaban Chalco Mayta, y le dio licencia para 
que pudiese andar en andas y servirse con oro, y otras 
libertades que él tuvo en mucho. Mandóle, sobre to- 
das cosas, que cada luna le hiciese mensajero que le 
llevase aviso particularmente de todas las cosas que 
pasasen, y del estado de la tierra, y de la fertilidad 
della, y del crecimiento de los ganados, con más lo que 
ordinariamente todos avisaban, que era, los pobres 
que habia, los que eran muertos en un año y los que 
nacian, y lo que se ha escripto en lo de atrás que sin 
esto sabian los reyes en el mesmo Cuzco; y con haber 
tan grande camino desde Quito al Cuzco, que es más 
que ir de Sevilla á Roma, con mucho, era tan usado 
el camino como lo es de Sevilla á Triana, que no lo 
puedo más encarecer. 

Dias habia que el grand Tupac Inca tenia aviso de 
la fertilidad de Los Llanos y de los hermosos valles 
que en ellos habia, y cuánto se estimaban los señores 
dellos, y determinó de les enviar mensajeros con do- 
nes y presentes para los principales, rogándoles que le 



Capitulo L VIL 1 1 7 

tuviesen por amigo y compañero, por quél queria ser 
igual suyo en el traje cuando pasase por los valles, y 
no dales guerra si ellos quisiesen paz, y que daría á 
ellos de sus mujeres y ropas, y él tomarla de las suyas, 
y otras cosas destas. Y por toda la costa habia volado 
ya la nueva de lo mucho que habia señoreado Tupac 
Inca Yupanqui, y cómo no era cruel ni sanguinario 
ni hacia daño sino á los cavilosos y que querian opo- 
nerse contra él; é loaban la costumbre y religión de los 
del Cuzco, tenian los orejones por hombres sanctos, 
creyendo que los Incas eran hijos del sol, ó que en 
ellos habia alguna deidad. Y considerando estas cosas 
y otras, determinaron muchos, sin haber visto sus 
banderas, de tomar con él amistad, y asi se lo envia- 
ron á decir con sus propios embajadores, con los 
cuales enviaron muchos presentes al mesmo rey, y le 
rogaban quisiese venir por sus valles á ser dellos ser- 
vido y á holgarse de ver sus frescuras; y alabando el 
Inca tal voluntad, hablando de nuevo al gobernador 
de Quito lo que habia de hacer, salió de aquella ciudad 
para señorear los Yuncas. 



2i8 Del Señorío de los Incas. 



CAP. LVIII. — De cómo Tupac Inca Yupanqui 
anduvo por Los Llanos, y cómo todos los más 
de los Yuncas vinieron á su señorío. 



COMO el rey Tupac Inca determinase de ir á los 
valles de Los Llanos, para atraer á su servicio y 
obediencia los moradores dellos, abajó á lo de Túm- 
bez y fué honradamente rescibido por los naturales, á 
quienes Tupac Inca mostró mucho amor, y luego se 
puso del traje quellos usaban para más contentarles, y 
alabó a los principales el querer sin guerra tomarle 
por Señor, y prometió de los tener y estimar como á 
hijos propios suyos. Ellos, contentos con oir sus bue- 
nas palabras y manera con que les trataba, dieron la 
obediencia con honestas condiciones, y permitieron 
quedar entre ellos gobernadores y hacer edificios; 
puesto que, sin esto que algunos indios afirman, tenían 
otros que Tupac Inca pasó de largo sin dejar hecho 
asiento en aquella tierra, hasta que Guayna Capac 
reinó; mas, si hemos de mirar estos dichos de los 
indios, nunca concluiremos nada. 

Saliendo de aquel valle, caminó el rey Inca por lo 
más de la costa, yendo haciendo el camino real tan 
grande y hermoso como hoy parece lo que del ha 
quedado; y por todas partes era servido y salian con 



Capitulo LVIII. 2i9 



presentes á le servir; aunque, en algunos lugares, afir- 
man que le dieron guerra; pero, no fué parte para 
quedar sin ser vasallos suyos. En estos valles se esta- 
ba algunos dias bebiendo y dándose á placeres, hol- 
gándose de ver sus frescuras. Hicieron por su man- 
dado grandes edificios de casas y templos. En el valle 
de Chimo dicen que tuvo recia guerra con el Señor 
de aquel valle, y que teniendo su batalla, estuvo en 
poco quedar el Inca desbaratado de todo punto; mas, 
prevaleciendo los suyos, ganaron el campo y vencie- 
ron á los enemigos, á los cuales Tupac Inca, con su 
clemencia, perdonó, mandándoles, a los que vivos que- 
daron, en sembrar sus tierras entendiesen, y no toma- 
sen otra vez las armas para él ni para otros. Quedó 
en Chimo su delegado; y lo más destos valles iban con 
los tributos á Caxamalca; y porque son hábiles para 
labrar metales, muchos dellos fueron llevados al Cuz- 
co y á las cabeceras de las provincias, donde labraban 
plata y oro en joyas, vasijas y vasos, y lo que más 
mandado les era. De Chimo pasó adelante el Inca, y 
en Parmunquilla {a) mandó hacer una fortaleza, que 
hoy vemos, aunque muy gastada y desbaratada. 

Estos Yuncas son muy regalados, y los señores, vi- 
ciosos y amigos de regocijos; andaban á hombros de 
sus vasallos; tenian muchas mujeres, eran ricos de oro 
y plata y piedras y ropa y ganados. En aquellos tiem- 
pos, servíanse con pompa; delante dellos iban truha- 



{a) Paniinquilla, en n. orig. 



.^iJfci 




220 Del Señorío de los Incas. 

nes Y decidores; en sus casas tenían porteros; usaban 
de muchas religiones. Bellos, de voluntad se ofrecie- 
ron al Inca, y otros, se pusieron en armas contra él; 
mas, al fin, él quedó por soberano Señor dellos todos 
y monarca. No les quitó sus libertades ni costumbres 
viejas, conque usasen de las suyas, que de fuerza ó de 
grado se habian de guardar. Quedaron indios diestros 
que les impusieran en lo que el rey queria que supie- 
sen, y en aprender la lengua general tuvieran cuidado 
grande. Pusiéronse mitimaes, y por los caminos, pos- 
tas; cada valle tributaba moderadamente lo que dar 
de tributo podia que en su tierra, sin lo ir a buscar á 
la agena, hobiese; á ellos guardábase la justicia, mas 
cumplían lo que prometían; cuando nó, el daño era 
suyo y el Inca cobraba enteramente sus rentas. Seño- 
río no se tiró a señor natural ninguno, pero sacáron- 
se de los hombres de los valles muchos, poniéndose 
de los unos en los otros, y para llevar a otras partes 
para los oficios que dicho se han. 

Dióse el Inca a andar por- los demás valles con el 
mejor orden que podia, sin consentir que daño nin- 
guno fuese hecho en los pueblos ni en los campos de 
las tierras por do pasaban; y los naturales tenian mu- 
cho bastimento en los depósitos y aposentos que por 
/los caminos estaban hechos. Y con esta orden, el Inca 
I anduvo hasta que llegó al valle de Pachacama, donde 
I estaba el templo tan antiguo y devoto de los Yuncas, 
muy deseado de ver por él; y como llegó á aquel va- 
lle, afirman que solamente quisiera que hubiera el 
templo del sol, más como aquel era tan honrado y 



Capítulo LVIII. 221 



tenido por los naturales, no se atrevió, y contentóse 
con que se hiciese casa del sol grande y con mama- 
conas y sacerdotes, para que hiciesen sacrificios con- 
forme a su religión. Muchos indios dicen que el mes- 
mo Inca habló con el demonio que estaba en el ídolo 
de Pachacama, y que le oyó como era el hacedor del 
mundo, y otros desatinos que no pongo por no con- 
venir; y que el Inca le suplicó le avisase con qué ser- 
vicio seria más honrado y alegre, y que respondió 
que le sacrificasen mucha sangre humana y de ovejas. 
Pasado lo sobredicho, cuentan que fueron hechos 
grandes sacrificios en Pachacama por Tupac Inca Yu- 
panqui, y grandes fiestas; las cuales pasadas, dio la 
vuelta al Cuzco por un camino que se le hizo, que va 
a salir al valle de Xauxa, que atraviesa por la nevada 
sierra de Pariacaca, que no es poco de ver y notar su 
grandeza, y cuan grandes escaleras tiene, y hoy dia 
se ven por entre aquellas nieves, para la poder pasar. 
Y visitando las provincias de la serranía, y proveyen 
do y ordenando lo que más convenia para la buena 
gobernación, allegó al Cuzco, á donde fué recebido 
con grandes fiestas y bailes, y se hicieron en el tem- 
plo grandes sacrificios por sus victorias. 



222 Del Señorío de los Incas, 



CAP, LIX, — Cómo Tupac Inca tornó á salir 
del Cuíco, y de la recia guerra que tuvo con 
los del Guarco, y cómo después de los haber 
vencido, dio la jmelta al Cu{co, 



L. A provincia de Chincha fué en lo pasado gran cosa 
en este reino del Perú, y muy poblada de gente, 
tanto, que antes deste tiempo hablan con sus capita- 
nes salido y allegado al Collao, donde, con grandes des- 
pojos que hobieron, dieron la vuelta á su provincia, 
donde estuvieron y fueron siempre estimados de los 
comarcanos, y temidos. El Inca padre de Tupac Inca, 
se dice que envió desde los Soras un capitán con gen- 
te de guerra, llamado Capac Inca, á que procurase 
atraer a los de Chincha al señorío suyo; mas, aunque 
fué j lo procuró, fué poca parte, porque se pusieron 
en arma, y de tal manera se querian defender, quel 
orejón, lo mejor que pudo, se volvió; y estuvieron sin 
ver capitán del Inca ninguno hasta que Tupac Inca 
los sojuzgó, a lo quellos mesmos cuentan; porque yo 
no sé en esto más de lo que ellos mismos cuentan. 

Volviendo al propósito, como Tupac Inca hobiese 
llegado al Cuzco, como se ha escripto, después de se 
haber holgado y dádose á sus pasatiempos los dias que 
le pareció, mandó de nuevo hacer llamamiento de 



Capítulo LIX, 223 



gente, con intención de acabar de señorear los indios 
de Los Llanos. Su mandado se cumplió, y prestamen- 
te parecieron en el Cuzco los capitanes de las provin - 
cias con la gente de guerra que habian de traer, y 
después de puesto en orden lo de la ciudad y lo 
que más el rey había de proveer, salió del Cuzco y| 
abajó a Los Llanos por el camino de Guaytaray. Sa-| 
biendo de su ida, muchos le aguardaban con inten- 
ción de le tomar por Señor, y muchos con voluntad de 
le dar guerra y procurar de conservar [se] en la liber- 
tad que tenian. En los valles de los Nazcas habia copia 
de gente y apercibidos de guerra. 

Llegado Tupac Inca, hobo embajadas y pláticas en- 
tre unos y otros, y aunque hubo algunas porfías y 
guerrilla, se contentaron con lo que el Inca dellos 
quiso por cimiento {así): que se hiciesen casas fuertes y 
que hobiese mitimaes, y pagar lo que de tributo les pu- 
sieron. Y de aquí fué el Inca al valle de lea, á donde I 
halló resistencia más que en lo de la Nazca; mas, su ' 
prudencia bastó [á] hacer, sin guerra, de los enemigos 
amigos, y se allanaron como los pasados. En Chincha 
estaban aguardando si el Inca iba a su valle, puestos 
más de treinta mili hombres á punto de guerra, y 
esperaban favores de los vecinos. Tupac Inca, como 
lo supo, les envió mensajeros, con grandes presentes 
para los señores y para los capitanes y principales, 
diciendo á los embajadores que de su parte les hicie- 
sen grandes ofrecimientos, y quél no queria guerra 
con ellos, sino paz y hermandad, y otras cosas desta 
suerte. Los de Chincha oyeron lo que el Inca decia, 



224 ^^^ Señorío de los Incas, 

y recibiéronle sus presentes, y fueron para él algu- 
nos principales con lo que habia en el valle, y ha- 
blaron con él y trataron el amistad, de tal manera, 
que se asentó la paz, y los de Chincha dejaron las 
armas y recibieron á Tupac Inca, que luego movió 
para Chincha. Esto cuentan los mesmos indios de 
Chincha y los orejones del Cuzco; otros indios de 
otras provincias he oído que lo cuentan de otra ma- 
nera, porque dicen que hobo grande guerra; más yo 
creo que sin ella quedó por Señor de Chincha. 

Llegado el Inca a aquel valle, como tan grande y 
hermoso lo vio, se alegró mucho. Loaba las costum- 
bres de los naturales, y con palabras amorosas les ro- 
gaba que tomasen de las del Cuzco las que viesen que 
les cuadraban, y ellos le contentaron y obedecieron 
en todo; y dado asiento en lo que se habia de hacer, 
partió para lea, de donde fue á lo que llaman del 
Guarco, porque supo questaban aguardándole de 
guerra; y así era la verdad, porque los naturales de 
aquellos valles, teniendo en poco á sus vecinos por- 
que así se habian amilanado y, sin ver porqué, dado 
la posesión de sus tierras á rey estraño, y con mucho 
ánimo se juntaron, habiendo hecho casas fuertes y 
pucaraes en la parte perteneciente para ello, cerca de 
la mar, en donde pusieron sus mujeres, y hijos. Y 
andando {a) el Inca con su gente en orden, allegó á 
donde estaban sus enemigos, y les envió sus emba- 



ía) Haciendo, en n. orig. 



Capitulo LIX, 225 



jadas con grandes partidos, y algunas veces con ame- 
nazas y fieros; mas, no quisieron pasar por la ley de 
sus comarcanos, que era reconoscer á extranjeros, y 
entre unos y otros, al uso destas partes, se trabó la 
guerra y pasaron grandes cosas entre ellos. Y como 
viniese el verano y hiciesen grandes calores, adoles- 
ció la gente del Inca, que fué causa que le convino re- 
tirar; y así, con la mas cordura que pudo, lo hizo; y 
los del Guarco salieron por su valle, y cogieron sus 
mantenimientos y comidas, y tornaron a sembrar los 
campos, y hacian armas, y aparejábanse para, si del 
Cuzco viniesen contra ellos, que los hallasen aper- 
cebidos. 

Tupac Inca revolvió sobre el Cuzco; y como los 
hombres sean de tan poca constancia, como vieron 
que los del Guarco se quedaron con lo que intentaron, 
comenzó a haber novedades entre algunos dellos, y 
se rebelaron algunos y apartaron del servicio del 
Inca. — Estos eran naturales de los valles de la mes- 
ma costa. — Todo fué a oido del rey, y lo que quedaba 
de aquel verano, entendió en hacer llamamiento de 
gente y en mandar salir orejones para que fuesen 
por todas partes del reino á visitar las provincias, 
y determinó de ganar el señorio del Guarco, aunque 
sobre ello se le recreciese notorio daño. Y como vi- 
niese el otoño y fuese pasado el calor del estío, con 
la más gente que pudo juntar, abajó a Los Llanos y 
envió sus embajadores a los valles dellos, afeándolos 
su poca firmeza en presumir de se levantar contra 
él, y amonestóles que estuviesen firmes en su amis- 

45 



220 Del Señorío de los Incas, 

tad, donde nó, certificóles que la guerra les haría 
cruel. Y como llegase al principio del valle del 
Guarco, en las haldas de una sierra, mandó á sus gen- 
tes fundar una ciudad a la cual puso por nombre 
Cuzco, como á su principal asiento, y las calles y 
collados y plazas tuvieron el nombre que las verda- 
deras. Dijo, que hasta quel Guarco fuese ganado y 
los naturales sujetos suyos, habia de permanecer la 
nueva población, y que en ella siempre habia de haber 
gente de guarnición; y luego que se hobo hecho lo 
que en aquello se ordenó, movió con su gente a don- 
de estaban los enemigos, y los cercó, y tan firmes es- 
tuvieron en su propósito, que jamás querian venir 
a partido ninguno, y tuvieron su guerra, que fué tan 
larga, que dicen que duró tres años, los veranos de 
los cuales el Inca se iba al Cuzco, dejando gente de 
guarnición en el nuevo Cuzco que habia hecho, 
para que siempre estuviese contra los enemigos. 

Y así, los unos por ser señores, y los otros por no 
ser siervos, procuraban de salir con su intención; pero 
al fin, al cabo de los tres años, los del Guarco fueron 
enflaqueciendo, y el Inca, que lo conoció, les envió 
de nuevo embajadores que les dijiesen que fuesen 
todos amigos y compañeros, quel no queria sino casar 
sus hijos con sus hijas, y por el consiguiente, sustener 
en todo confederación con gran igualdad; y otras co- 
sas dichas con engaño, paresciéndole á Tupac Inca 
que merescian grand pena por haberle dado tanto 
trabajo; y los del Guarco, paresciéndoles que ya no 
podrian sustentarse muchos dias, y que con las condi- 



Capítulo LIX, 227 



Clones hechas por el Inca sería mejor gozar de tran- 
quilidad y sosiego, concedieron en lo que el rey Inca 
queria; que no debieran, porque dejando el fuerte, fue- 
ron los más principales á le hacer reverencia, y sin 
más pensar, mandó á sus gentes que los matasen á 
todos, y ellos con gran crueldad lo pusieron por obra, 
y mataron á todos los principales y hombres más hon- 
rados dellos que allí estaban, y en los que no lo eran, 
también se ejecutó la sentencia; y mataron tantos 
como hoy dia lo cuentan los descendientes dellos y 
los grandes montones de huesos que hay son testigos; 
y creemos, que lo que sobre esto se cuenta es lo que 
veis escripto. 

Hecho esto, mando hacer el rey Inca una agracia- 
da fortaleza tal y de tal manera que yo conté en la 
Primera parte (a). Asentado el valle y puestos miti- 
maes y gobernador, habiendo oido las embajadas que 
le vinieron de los Yuncas y de muchos serranos, mandó 
ruinar el nuevo Cuzco que se habia hecho, y con 
toda su gente dio la vuelta para la ciudad del Cuzco, 
donde fué recebido con gran alegría, y se hicieron 
grandes sacrificios con alabanza suya en el templo y 
oráculos, y por el consiguiente se alegró el pueblo 
con fiestas y borracheras y táquis solenes. 



^rt) Cap. LXXIll; en donde se ocupa de esta guerra del Huarco, y 
dice, adenoás, que la trata en la segunda parte de su Crónica. 



228 Del Señorío de los Incas. 



CAP. LX, — De cómo Tupac Inca tornó á salir 
del Cu{co y cómo fué al Collao y de allí á 
Chile, y g'anó y señoreó las naciones que hay 
en aquellas tierras, y de su muerte. 



COMO Tupac Inca hobiese llegado al Cuzco con 
tan grandes victorias como se ha escripto, estuvo 
algunos días holgándose en sus banquetes y borrache- 
ras con sus mujeres y mancebas, que eran muchas, y 
con sus hijos, entre los cuales se criaba Guayna Capac, 
el que habia de ser rey, y salia muy esforzado y brio- 
so. Pasadas las fiestas, el gran Tupac Inca pensó de 
dar vista al Collao y señorear la tierra que más pu- 
diese de adelante; y para hacerlo, mandó que se aper- 
cebiesen en todas partes gentes, y se hiciesen muchos 
toldos para dormir en los lugares desiertos. Y comen- 
zaron á venir con sus capitanes, y alojábanse á la 
redonda del Cuzco, sin entrar en la ciudad otros que 
los que la ley no proibia, y á los unos y á los otros 
proveían cumplidamente de todo lo necesario, tenien- 
do en ello cuenta grande los gobernadores y proveedo- 
res de la mesma ciudad. Y como se hobiesen juntado 
todos los que hablan de ir á la guerra, se hicieron 
sacrificios á sus dioses, conforme á su ceguedad, po- 
niendo á los adivinos que supiesen de los oráculos el 



Capítulo LX. 229 



fin de la guerra; y hecho un convite general y muy 
espléndido, salió del Cuzco Tupac Inca, dejando en 
la ciudad su lugarteniente y su hijo mayor Guayna 
Capac, y con grand repuesto (a) y majestad, caminó 
por lo de Collasuyo, visitando sus guarniciones y tam- 
bos reales, y holgóse por los pueblos de los Canas y 
Canches. 

Entrando en lo de Collao, anduvo hasta Chucuito, 
donde los señores de la tierra se juntaron á le hacer 
fiesta; y habia con su buena orden todo recaudo y 
abasto de mantenimientos, sin que faltase á más de 
trescientas mili personas que iban en sus reales. Algu- 
nos señores del Collao se ofrecieron de ir por sus 
personas con el mesmo Inca, y con los que señaló, 
entró en el palude de Titicaca, y loó á los que enten- 
dían en las obras de los edificios que su padre mandó 
hacer, cuan bien lo habian hecho. En el templo 
hizo grandes sacrificios, y dio al ídolo y sacerdotes 
dones ricos, conforme á tan gran señor como él era. 
Volvió á su gente y caminó por toda la provincia 
del Collao hasta salir della; envió sus mensajeros áj 
todas las naciones de los Charcas, Carangas y más! 
gentes que hay en aquellas tierras. Déllas, unos le 
acudían á servir y otros á le dar guerra, mas, aunque 
se la dieron, su potencia era tanta, que bastó á los 
sojuzgar, usando con los vencidos de gran clemencia> 
y con los que se venian, de mucho amor. En Paria 



(tf) Probablemente respeto. 



23o Del Señorío de los Incas. 

mandó hacer edificios grandes, y lo mesmo en otras 
partes. Y cierto debieron pasar a Tupac Inca cosas 
grandes, muchas de las cuales priva el olvido, por 
la falta que tienen de letras, y yo pongo sumaria- 
mente algo de lo mucho que sabemos, por lo que 
oimos y vemos, los que acá estamos, que pasó. 

Yendo victorioso adelante de los Charcas, atravesó 
muchas tierras é provincias y grandes despoblados de 
nieve, hasta que llegó a lo que llamamos Chile, y 
señoreó y conquistó todas aquellas tierras, en las cua- 
les dicen que llegaron al rio de Maule. En lo de 
Chile hizo algunos edificios, y tributáronle de aquellas 
comarcas mucho oro en tejuelos. Dejó gobernadores 
y mitimaes, y puesto en orden lo que habia ganado, 
volvió al Cuzco. 

Hacia la parte de Levante envió orejones avisados, 
en hábito de mercaderes, para que mirasen las tierras 
que hobiese y qué gentes las mandaban; y ordenadas 
estas otras cosas, volvió al Cuzco; de donde afirman 
que tornó á salir á cabo de algunos dias, y con la 
gente que convino llevar, entró en los Andes, y pa- 
só grand trabajo por la espesura de la montaña, y 
conquistó algunos pueblos de aquella región, y man- 
dó sembrar muchas sementeras de coca, y que la lle- 
vasen al Cuzco, donde él dio la vuelta. 

Y dicen que pasados pocos dias, le dio cierto mal 
que le causó la muerte, y que encomendando á su 
hijo la gobernación del reino y á sus mujeres é hijos, 
y diciendo otras cosas, murió. Y se hicieron grandes 
lloros y tan notable sentimiento desde Quito hasta 



Capítulo LX. 23 1 



Chile, ques extraña cosa de oír á los indios lo que 
sobre ello cuentan. 

Adonde, ni en qué lugar está enterrado no lo 
dicen. Cuentan que se mataron grand número de! 
mujeres y servidores y pajes para meter con él, con! 
tanto tesoro y pedrería, que debió montar más de un ¡ 
millón; y seria poco, pues los señores particulares 
se enterraban algunos con más de cient mili caste- 
llanos. Sin la gente tanta que metieron en su sepul- 
tura, se ahorcaron y enterraron muchas mujeres y 
hombres en partes diversas del reino, y en todas 
partes se hicieron lloros por un año entero y se 
tresquilaron las más de las mujeres, poniéndose todas 
sogas de esparto; y acabado el año, se vinieron á' 
hacer sus honras. Y lo que dicen que usaban hacer 
no lo quiero poner, porque son gentilidades; y los 
chripstianos questaban en el Cuzco el año de mili 
y quinientos y cincuenta, acuérdense de lo que vieron 
que se hizo por las honras y cabo de año de Paulo 
Inca, con se haber vuelto chripstiano, y sacarán lo 
que seria en tiempo del reinado de los reyes pasados, 
antes que perdiesen su señorío. 



2 32 Del Señorío de los Incas, 



CAP. LXI. — De cómo reinó en el Cuíco Guay- 
na Capac que fué el domeño rey Inca, 



MUERTO que fué el gran rey Tupac Inca Yupanqui, 
se entendió en hacer sus obsequias y entierro al 
uso de sus mayores, con gran pompa. Y cuentan los 
orejones, que de secreto tramaban entre algunos de 
cobrar la libertad pasada y eximir de sí el mando de 
los Incas, y que de hecho salieran con lo que intenta- 
ban, si no fuera por la buena maña que se dieron los 
gobernadores del Inca con la gente de los mitimaes y 
capitanes, que pudieron sustentar en tiempo tan re- 
vuelto y que no tenia rey, lo quel pasado les habia en- 
cargado. Guayna Capac no descuidó ni dejó de cono- 
cer que le convenia mostrar valor para no perder lo 
que su padre con tanto trabajo ganó. Luego se entró 
á hacer el ayuno, y el que gobernaba la ciudad le fué 
fiel y leal. No dejó de haber alguna turbación entre 
los meamos incas, porque algunos hijos de Tupac Inca, 
habidos en otras mujeres que la Coya, quisieron poner- 
se a pretender (a) la dignidad real, mas el pueblo, que 
vían estaba con Guayna Capac, no lo consintió, mas. 



(«) Prender, en n. orig. 



Capítulo LXI. 233 



estorbó el castigo que se hizo. Acabado el ayuno, 
Guayna Capac salió con la borla muy galano y adere- 
zado, y hizo las cirimonias usadas por sus pasados, con 
el fin de las cuales el nombre de rey le pusieron, y así, 
á grandes voces decian (a): Guayna Capac Inca Zapalla 
tucuillacta uya\ que quiere decir; ^'Guayna Capac solo 
es rey; á él oyan todos los pueblos." 

Era Guayna Capac, según dicen muchos indios que 
le vieron y conocieron, de no muy grand cuerpo, pero 
doblado y bien hecho; de buen rostro y muy grave; de 
pocas palabras, de muchos hechos; era justiciero y cas- 
tigaba sin templanza. Queria ser tan temido, que de 
noche le soñaran los indios. Comia como ellos usan, y 
así vivía vicioso de mujeres, si así se le puede decir; 
oía á los que le hablaban bien, y creíase muy de ligero: 
privaron con él mucho los aduladores y lisonjeros, que 
entre ellos no faltaban, ni hoy deja de haber; y daba 
oídos á mentiras, que fué causa que muchos murieron 
sin culpa, A los mancebos que tentados de la carne 
dormían con sus mujeres ó mancebas, ó con las que es- 
taban en el templo del sol, luego los mandaba matar á 
ellos, y a ellas castigo igual. A los que él castigó por 
alborotos y motines, privó de las haciendas, dándolas a 
otros; por otras causas, era el castigo en las personas 
solamente. — Mucho desto disimulaba su padre, espe- 
cial lo de las mujeres, que cuando se tomaba alguno 
con ellas, decía que eran mancebos. — Su madre de 



(«) De gran, en n. orig. 



234 ^^^ Señorío de los Incas, 

Guayna Capac, señora principal, mujer y hermana que 
fué de Tupac Inca Yupanqui, llamada Mama Ocllo, di- 
cen que fué de mucha prudencia, y que avisó a su hijo 
de muchas cosas que ella vio hacer á Tupac Inca, y que 
le queria tanto, que le rogó no se fuese á Quito ni á 
Chile, hasta que ella fuese muerta; y así, cuentan que 
por le hacer placer y obedecer á su mandado, estuvo 
en el Cuzco sin salir hasta que ella murió y fué enter- 
rada con grand pompa, metiéndose en su sepultura 
muchos tesoros y ropa fina y de sus mujeres y servido- 
res. Los más tesoros de los Incas muertos y heredades, 
que llaman chácaras, todo estaba entero desde el pri- 
mero, sin que ninguno osase gastarlo ni tocarlo, por- 
que entre ellos no tenían guerras ni necesidades que el 
dinero hobiese de las remediar; por donde creemos 
que hay grandes tesoros en las entrañas de la tierra 
perdidos; y así estarán para siempre, si de ventura, al- 
guno, edificando ó haciendo otra cosa, no topare con 
algo de lo mucho que hay. 



Capítulo LXIL 235 



CAP. LXIL — Cómo Guayna Capac salió del 
Cuíco y lo que hi{0. 



GUAYNA Capac había mandado parescer delante de 
sí a los principales señores de los naturales de las 
provincias, y estando su Corte llena dellos, tomó por 
mujer á su hermana Chimbo Ocllo, y por ello se hi- 
cieron grandes fiestas, dejando los lloros que por la 
muerte de Tupac Inca se hacian. Y acabadas, mandó 
que se saliesen con él hasta cincuenta mili hombres de 
guerra, con los cuales queria ir acompañado para ir á 
visitar las provincias de su reino. Como lo mandó, se 
puso por obra, y salió del Cuzco con más pompa y au- 
toridad que su padre; porque las andas serian tan ri- 
cas, a lo que afirman los que llevaron el rey en sus 
hombros, que no tuvieran precio las piedras preciosas 
tan grandes y muchas que iban en ellas, sin el oro de 
que heran hechas. Y fué por las provincias de Xaqui-^^ 
xaguana y Andaguaylas, y allegó a los Soras^ y Luca-| 
ñas (¿?), donde envió embajadas a muchas partes de 
los llanos y sierras, y tuvo respuesta dellos y de otras, 
con grandes presentes y ofrecimientos. 



(a) Lucas, en n. orig. 



236 Del Señorío de los Incas, 

Volvió desde aquellos lugares al Cuzco, donde es- 
tuvo entendiendo en hacer grandes sacrificios al sol y 
á los que más tenian por dioses, para que le fuesen fa- 
vorables en la jornada que queria hacer, y dio grandes 
dones a los ídolos de los guacas; y supo de los adivi- 
nos, por los dichos de los demonios, ó porque ellos lo 
inventaron, que le habia de suceder prósperamente en 
las jornadas que hacer queria, y que volveria al Cuzco 
con grande honra y provecho. Esto acabado, de mu- 
chas partes vinieron gentes con sus armas y capitanes^ 
por su mandado, y alojados, de la ciudad eran pro- 
veídos. 

En el edificio de la fortaleza se entendia, sin dejar 
de labrar dia ninguno los para ello señalados. En la 
plaza del Cuzco se puso la grand maroma de oro, y se 
hicieron grandes bailes y borracheras, y, junto á la 
piedra de la guerra, se nombraron capitanes y mando- 
nes, conforme a su costumbre; y ordenándoles, hizo un 
parlamento Guayna Capac, bien ordenado y dicho con 
palabras vehementes, sobre que le fuesen leales así 
los que iban con él, como los que quedaban. Respon- 
dieron que de su servicio no se partirían, el cual dicho 
loó y dio esperanzas de les hacer mercedes largas. Y 
estando aparejado lo que para la jornada era menester, 
salió del Cuzco con toda la gente de guerra que se 
habia juntado, y por un camino grande, tan soberbio 
como hoy dia paresce, pues todos los de acá lo vemos 
y andamos por él, anduvo hacia el Collao, mostrando 
por las provincias donde pasaba tener en poco los 
grandes servicios que le hacían; porque dicen que 



Capítulo LXII, 23 j 



decía que á los Incas todo se les debía. Entendía en 
saber lo que le daban de tributo, y la posibilidad de la 
provincia; recogió muchas mujeres, las mas hermosas 
que se podían hallar; dellas tomaba para sí, y otras 
daba a sus capitanes y privados; las demás eran pues- 
tas en el templo del sol y allí guardadas. 

Entrando en el Collao, le trajeron cuenta de las 
grandes manadas que tenía de ganados, y cuántas mili 
cargas de lana fina se llevaban por año á los que ha- 
cían la ropa para su casa y servicio. En la isla de Titi- 
caca entró y mandó hacer grandes sacrificios. En 
Chuquiabo (a), mandó que estuviesen indios estantes 
con sus veedores á sacar metal de oro con la orden y 
regimiento que se ha escripto. Pasando adelante, man- 
dó que los Charcas y otras naciones hasta los_^^ic.has, 
sacasen cantidad grande de pastas de plata, que se lle- 
vasen al Cuzco por su cuenta, sin que nada faltase; 
trasportó algunos mitimaes de una parte en otra, aun- 
que había días que estaban alojados; mandaba que to- 
dos trabajasen y ninguno holgase, porque decía que la 
tierra donde había holgazanes, no pensaban otra cosa 
sino cómo buscar escándalos y corromper la honestidad 
délas mujeres. Por donde pasaba, mandaba edificar 
tambos y plazas, dando con su mano la traza; repartió 
los términos á muchas provincias y límite conocido, 
para que, por aventajallo, no viniesen á las manos. Su 
gente de guerra, aunque era tanta, iba tan corregida, 



{a) Chuaguabo, en n. orig. 



238 Del Señorío de los Incas, 

que no salía de los reales un paso; por donde pasaban, 
los naturales proveían de lo necesario tan cumplida- 
mente, que era más lo que sobraba que lo que se 
gastaba. En algunos lugares edificaron baños, y en 
otros cotos, y por los desiertos se hicieron grandes 
casas. Por todas partes quel Inca pasaba, dejaba hechas 
tales cosas, que es admiración contarlas. Al que erraba 
castigaba sin dejar pasar por alto nada, y gratificaba á 
quien bien le servia. 

Ordenado estas cosas y otras, pasó de las provincias 
subjetas agora á la Villa de la Plata, y por lo de Tu- 
cuman {a) envió capitanes con gente de guerra a los 
Chiriguanaes; mas no les fue bien, porque volvieron 
huyendo. Por otra parte, hacia la mar del Sur, envió 
más gente con otros capitanes, á que señoreasen los 
valles y pueblos que del todo su padre no pudo con- 
quistar. El fué caminando con toda su gente hacia 
Chile, acabando de domar, por donde pasaba, las gen- 
tes que habia. Pasó gran trabajo por los despoblados, y 
fué mucha la nieve que sobre ellos cayó; llevaban toldos 
con que se guarescer y muchos yanaconas y mujeres 
de servicio. Por todas estas nieves se iba haciendo el ca- 
mino, ó ya estaba hecho, y bien limpio, y postas pues- 
tas por él. . .v^,;^v< o-f^o-^ 

Allegó á lo que llamaban Chile, á donde estuvo más^ 
de un año entendiendo en refrenar aquellas naciones y 
asentarlas de todo punto; mandó que le sacasen la can- 



(a) Ttiquimo en n. oríg. 



Capítulo LXIL 239 

tidad que señaló de tejuelos de oro; y los mitimaes 
fueron puestos, y trasportadas muchas gentes de aque- 
llas de Chile de unas partes en otras. Hizo, en algunos 
lugares, fuertes y cercas a su uso, que llaman puca- 
raes, para la guerra que con algunos tuvo. Anduvo 
mucho más por la tierra que su padre, hasta que dijo 
que habia visto el fin della, y mandó hacer memorias 
por muchos lugares para que en lo futuro se enten- 
diese su grandeza, y formas de hombres crecidos (a). 

Puesto en razón lo de Chile, y hecho lo que con- 
vino, puso sus delegados y gobernadores, y mandó que 
siempre avisasen en la corte del Cuzco lo que pasara 
en aquella provincia. Encargóles que hiciesen justicia 
y que no consintiesen motin ni alboroto que no mata- 
sen los movedores sin dar la vida a ninguno. 

Volvió al Cuzco, a donde fué recebido de la ciudad 
honradamente y los sacerdotes del templo de Curican- 
cha le dieron muchas bendiciones, y él alegró al pue- 
blo con grandes fiestas que se hicieron. Y nacíanle mu- 
chos hijos, los cuales criaban sus madres, entre los 
cuales nació Atahuallpa, segund la opinión de todos 
los indios del Cuzco, que dicen ser así, y llamábase su 
madre Tuta Palla, natural de Quillaco, aunque otros 
dicen ser del linaje de los Orencuzcos; y siempre, desde/ 
que se crió, anduvo Atahuallpa con su padre, y era dd 
más edad que Guascar. 



{a) ¿No diría en el original y fuera más de hombres creída} 



240 Del Señorío de los Incas. 



CAP. LXIII* — De cómo el rey Guayna Capac 
tornó á mandar hacer llamamiento de gente, 
Y cómo salió para lo de Quito. 



COMO Guayna Capac se hobiese holgado algunos me- 
ses en el Cuzco, y en él se hobiesen juntado los 
sacerdotes de los templos y adivinos de los oráculos, 
mandó hacer sacrificios, y la ofrenda de la capacocha 
se hizo bien grande y rica, y volvieron bien llenos de 
oro los burladores de los hechiceros. A cada uno daban 
respuesta como les páresela que el rey sería más con- 
tento. Lo cual con otras cosas pasado, mandó Guayna 
Capac que se entendiese en hacer un camino más real, 
mayor y más ancho que por donde fué su padre, que 
llegase hasta Quito, á donde tenia pensado de ir; y que 
los aposentos ordinarios y depósitos de las postas se 
pasasen á el. Para que por todas las tierras se supiese 
ser esto su voluntad, salieron correos á lo avisar, y 
luego fueron orejones á lo mandar cumplir, y se hizo 
un camino el más soberbio y de ver que hay en el 
mundo, y más largo, porque salía del Cuzco y allega- 
ba á Quito y se juntaba con el que iba á Chile. Igual 
a él, creo yo que desde que hay memoria de gente, no 
se ha leído de tanta grandeza como tuvo este camino, 
hecho por valles hondos y por sierras altas, por mon- 



Capitulo LXIIL 241 

tes de nieve, por tremedales de agua y por peña viva 
y junto á rios furiosos; por estas partes iba llano y em- 
pedrado, por las laderas bien sacado, por las sierras 
deshechado, por las peñas socavado, por junto a los 
rios sus paredes, entre nieves con escalones y descan- 
sos; por todas partes limpio, barrido, descombrado, 
lleno de aposentos, de depósitos de tesoros, de templos 
del sol, de postas que habia en este camino. ¡Oh! ¿Qué 
grandeza se puede decir de Alexandre, ni de ninguno 
de los poderosos reyes que el mundo mandaron que 
tal camino hiciesen, ni inventasen el proveimiento 
que en él habia? No fué nada la calzada que los roma- 
nos hicieron, que pasa por España, ni los otros que lee- 
mos, para que con este se comparen. Y hízose hasta 
en más poco tiempo de lo que se puede imaginar; por- 
que los Incas, más tardaban ellos en mandarlo, que sus 
gentes en ponerlo por obra. 

Hízose llamamiento general en todas las provincias 
de su señorío, y vinieron de todas partes tantas gentes, 
que hinchian los campos; y después de haber hecho 
banquetes y borracheras generales, y puesto en orden 
las cosas de la ciudad, salió della Guayna Capac con 
iscaypachaguaranga runas^ que quiere decir, con ^'dos- 
cientos mili hombres de guerra,^' sin los yanaconas y 
mujeres de servicio, que no tenia cuento el número 
dellos. Llevaba consigo dos mili mujeres y dejaba en 
el Cuzco más de cuatro mili. 

Habían proveído los delegados y gobernadores que 
asistían en las cabeceras de las provincias, que de to- 
das las partes acudiesen [con] bastimentos y armas, y 

16 



242 Del Señorío de los Incas. 

todo lo demás que siempre se recogía y guardaba para 
cuando se hacia guerra; y así hincheron todos los 
grandes aposentos y depósitos de todo ello, de manera, 
que de cuatro a cuatro leguas, que era la jornada, es- 
taba entendido que se habia de hallar proveimiento 
para toda esta multitud de gente, sin que faltase, si- 
no que sobrase más de lo que ellos gastasen y las mu- 
jeres, y muchachos y hombres que servian personal- 
mente de lo que les era mandado, y que llevaban el re- 
puesto del Inca y el bagaje de la gente de guerra de un 
tambo á otro, donde estaba el proveimiento que en el 
pasado. 

Como saliese Guayna Capac, por el camino que por 
su mandado se habia mandado hacer, del Cuzco, anduvo 
hasta que llegó á lo de Vilcas, donde paró algunos 
dias en los aposentos que le habian hecho pegados con 
los de su padre; y holgóse de ver que estaba el templo 
del sol acabado, y dejó cantidad de oro y pastas de 
plata para joyas y vasos; mandó que se tuviese grand 
cuidado del proveimiento de las mamaconas y sacerdo- 
tes. Sobióse á hacer oración en un terrado galano y 
primo que para ello se habia hecho; sacrificaron, con- 
forme á su ceguedad, lo que usaban, y mataron muchos 
animales y aves, con algunos niños y hombres, para 
aplacar á sus dioses. 

Esto hecho, salió de aquel lugar con su gente el 
rey, y no paró hasta el valle de Xauxa, donde habia al- 
guna controversia y división sobre los límites y cam- 
pos del valle, entre los mismos que del eran señores. 
Como Guayna Capac lo entendió, después de haber 



Capítulo LXIII. 243 

hecho sacrificios, como en Vilcas, mandó juntar los se- 
ñores Alaya, Cucichuca, Guacaropa (¿2), y entre ellos 
con equidad repartió los campos de la manera que hoy 
dia lo tienen. A los Yauyos envió embajadas; lo mis- 
mo hizo á los Yuncas, y a Bonbon envió algunos do- 
nes á los señores naturales de aquella tierra; porque, 
como tenian fuerza en la laguna, en partes que nada- 
ban, hablaban sueltamente, y por rigor no quiso ha- 
blar con ellos hasta ver la suya. Los señores de Xauxa 
le hicieron grandes servicios, y algunos de los capita- 
nes y gente de guerra le fueron acompañando; y an- 
duvo hasta Bonbon, donde paró poco, porque quiso ir 
á Caxamalca, más aparejado lugar para descansar y 
comarcano con provincias grandes y muy altas. Y por 
el camino siempre le venian gentes con grandes em- 
bajadas y presentes. 

Como llegó á Caxamalca, paró algunos dias para 
descansar del camino, y mandó que su gente de guer- 
ra se alojase á la redonda de aquella tierra, y que co- 
miese lo que recogido en los depósitos estaba; y con la 
gente que le paresció entró por los_GujLrLcachupac^ i 
y tuvo recia guerra, porque no del todo quedaron los 
naturales de allí en gracia de su padre y conformidad; 
mas, tanto pudo, que lo allanó y sojuzgó, poniendo 
gobernadores y capitanes, y eligiendo de los naturales 
señores, para que mandasen las tierras, los que más les 
paresció; porque ellos, de antigüedad, lio conocian se- 



(a) Guacarapora lo llama en la Primera parte, cap. LXXXIV. 



244 ^^^ Señorío de los Incas. 

ñores á otros que los que, siendo más poderosos, se le- 
vantaban y acaudillaban para hacer guerra, y otorga- 
ban paz cuando ellos querían. En los Chachapoyas 
halló Guayna Capac gran resistencia; tanto, que por 
dos veces volvió huyendo desbaratado á los fuertes 
que para su defensa se hacian; y con favores que le vi- 
nieron, se revolvió sobre los Chachapoyanos y los que- 
brantó de tal manera, que pidieron paz, cesando por 
su parte la guerra. Dióse con condiciones provechosas, 
al Inca, que mandó pasar muchos dellos a que residie- 
sen en el mesmo Cuzco, cuyos descendientes hoy vi- 
ven en la mesma ciudad; tomó muchas mujeres, porque 
son hermosas y agraciadas y muy blancas; puso guar- 
niciones ordinarias con soldados mitimaes, para que es- 
tuviesen por frontera; dejó gobernador en lo principal 
de la comarca; proveyó lo que más ellos usaban; casti- 
gó á muchos de los principales, porque le dieron guer- 
ra; lo cual hecho, á Caxamalca se volvió, donde pro- 
siguió su viaje, y puso en orden las provincias de Ca- 
xas, Ayahuaca, Guancabanba {a) y las demás que coa 
ellas confinan. 



(o) Carcas, Yaboca y Na7icabamba en n. orig. 



Capítulo LXIV, 245 



CAP. LXIV, — Cómo Guayna Capac entró por 
Bracamoros y polvió huyendo, y lo que más le 
sucedió hasta que llegó á Quito, 



PÚBLICO es entre muchos naturales de estas partes 
que Guayna Capac entró por la tierra que llama- 
mos Bracamoros, y que volvió huyendo de la furia de 
los hombres que en ella moran; los cuales se habían 
acaudillado y juntado para defender a quien los fuese 
á enojar; y, sin los orejones del Cuzco, cuenta esto el 
señor de Chincha, y algunos principales del Collao y 
los de Xauxa. Y dicen todos, que yendo Guayna Capac 
acabando de asentar aquellas tierras por donde su pa- 
dre pasó y que había sojuzgado, supo de cómo en los 
Bracamoros había muchos hombres y mujeres que 
t€nian tierras fértiles, y que bien adentro de la tierra 
había una laguna y muchos ríos, llenos de grandes 
poblaciones. Cobdicioso de descubrir y ganoso de se- 
ñorear, tomando la gente que le paresció, con poco 
bagaje, mandó caminar para allá, dejando el campo 
alojado por los tambos reales, y encomendado á su 
capitán general. Entrando en la tierra, iban abrien- 
do (a) el camino con asaz trabajo, porque pasada la 



{(i) Abreviando, en n. orig. 



246 Del Señorío de los Incas, 

cordillera de los promontorios nevados, dieron en la 
montaña de los Andes y hallaron ríos furiosos que 
pasar, y caian muchas aguas del cielo. Todo no fué 
parte para que el Inca dejase de llegar a donde los na- 
turales por muchas partes puestos en sus fuertes le 
estaban aguardando, desde donde le mostraban sus 
vergüenzas, afeándole su venida; y comenzaron la 
guerra unos y otros, y tantos de los bárbaros se jun- 
taron, los más desnudos sin traer ropas, á lo que se 
afirmaba, que el Inca determinó de se retirar, y lo hizo 
sin ganar nada en aquella tierra. Y los naturales que 
lo sintieron, le dieron tal priesa, que a paso largo, a 
veces haciendo rostro, á veces enviando presentes, se 
descabulló dellos y volvió huyendo a su reino, afir- 
mando que se había de vengar de los rabudos; lo cual 
decía, porque algunos traían las maures (a) largas que 
les colgaban por encima de las piernas. 

Desde estas tierras, donde ya había reformado, se 
afirma también que envió capitanes con gente la que 
bastó, á que viesen la costa de la mar lo que había á 
la parte del Norte, y que procurasen de atraer a su 
servicio los naturales de Guayaquil y Puerto Viejo; y 
que estos anduvieron por aquellas comarcas, en las 
cuales tuvieron guerra y algunas batallas, y en unos 
casos quedaban vencedores, y en otros no del todo; y 

I ansí anduvieron hasta Colliquc, donde toparon con 
gentes que andaban desnudas y comían carne huma- 



(fl) Pampanillas, taparrabos 6 ¿npavergiunzas. 



Capítulo LXIV, 247 

fna, y tenian las costumbres que hoy tienen y usan los 
comarcanos al rio de Sant Juan; de donde dieron la 
vuelta, sin querer pasar adelante, a dar aviso a su rey, 
que con toda su gente habia llegado a los X^eiñares; á 
donde se holgó en estremo, porque dicen nacer (¿2) allí, 
y que halló hechos grandes aposentos y tambos, y 
mucho proveimiento, y envió embajadas á que le vi- 
niesen a ver de las comarcas; y de muchos lugares le 
vinieron embajadores con presentes. 

Tengo entendido que, por cierto alboroto que in- 
tentaron ciertos pueblos de la comarca del Cuzco, lo 
sintió tanto, que, después de haber quitado las cabe- 
zas a los principales, mandó expresamente que los in- 
dios de aquellos lugares trajiesen de las piedras del 
Cuzco la cantidad que señaló, para hacer en Tome- 
bamba unos aposentos de mucho primor, y que con 
maromas las trujiesen; y se cumplió su mandamiento. 
Y decia muchas veces Guayna Capac, que las gentes 
destos reinos, para tenellos bien sojuzgados, convenia, 
cuando no tuviesen que hacer ni que entender, hacer- 
les pasar un monte de un lugar a otro; y aun del Cuz- 
co mandó llevar piedras y losas para edificios del 
Quito, que hoy dia tienen en los edificios que las 
pusieron. 

De Tomebamba salió Guayna Capac y pasó por los 
Puruaes, y descansó algunos dias en Riobamba, y en 
Mocha y en La Tacunga descansaron sus gentes y tu- 



(a) Es decir: ^ue nació allí 6 haber nacido allí. 



248 Del Señorío de los Incas. 



vieron bien que beber del mucho brebaje que para 
ellos estaba aparejado y recogido de todas partes. Aquí 
fué saludado y visitado de muchos señores y capitanes 
de la comarca, y envió orejones fué el de su linaje {a) 
á que fuesen por la costa de Los Llanos y por la serra- 
nía á tomar cuenta de los quiposcamayos, que son sus 
contadores, de lo que habia en los depósitos, y a que 
supiesen cómo se habian con los naturales los quel te- 
nia puestos por gobernadores, y si eran bien proveidos 
los templos del sol y los oráculos y guacas que habia 
en todo lugar; y al Cuzco envió sus mensajeros para 
que ordenasen las cosas que dejaba mandadas y en todo 
se cumpliese su voluntad. Y no habia dia que no le 
venían correos, no uno ni pocos, sino muchos, del 
Cuzco, del Collao, de Chile y de todo su reino. 

De La Tacunga anduvo hasta que allegó á Quito, 
donde fué recebido, a su modo y usanza, con grandes 
fiestas, y le entregó el gobernador de su padre los te- 
soros, que eran muchos, con la ropa fina y cosas más 
que á su cargo eran; y honróle con palabras, loando 
su fidelidad, llamándole padre y que siempre le esti- 
marla conforme á lo mucho que á su padre y á él habia 
servido. Los pueblos comarcanos á Quito enviaron 
muchos presentes y bastimento para el rey, y mandó 
que en el Quito se hiciesen más aposentos y más fuer- 
tes de los que habia; y púsose luego por obra, y fueron 
hechos los que los nuestros hallaron cuando aquella 
tierra ganaron. 



(a) Así en el MS. del Escorial. Quizá sohvt fué él. 



Capitulo LXV, 249 



CAP. LXV. — De cómo Guayna Capac anduvo 
por los valles de Los Llanos^ y lo que hi^o. 



UNOS de los orejones afirman, que Guayna Capac 
desde el Quito volvió al Cuzco por Los Llanos 
hasta Pachacama, y otros que no, pues quedó en el 
Quito hasta que murió. En esto, inquerido lo que es 
más cierto, lo porné conforme a como lo oí á algunos 
principales que se hallaron por sus personas con él en 
esta guerra; que dicen, que estando en el Quito, le vi- 
nieron de muchas partes embajadores a congratularse 
con él en nombre de sus tierras; que teniendo, y ha- 
biendo tomado [de] seguro y por muy pacífico [modo] 
á las provincias de la serranía, pensó que sería bien ha- 
cer jornada a las provincias de Puerto Viejo y á lo que 
llamamos Guayaquil, y a los Yuncas, y tomando su 
consejo con sus capitanes y principales, aprobaron su 
pensamiento y aconsejaron que lo pusiera por obra. 
Quedaron en el Quito muchas de sus gentes; con la que 
convino salió, y entró por aquellas tierras, en donde 
tuvo con algunos moradores dellas algunas refriegas; 
pero, al fin, unos y otros quedaron en su servicio y 
puestos en ellas gobernadores y mitimaes. 

La Puna tenia recia guerra con Túmbez, y el Inca- 
habia mandado cesar las contiendas y que le recebiesen \ 



2 5o Del Señorío de los Incas, 

jen la Puna, lo cual Túmbala sintió mucho, porque era 
Señor della; mas, no se atrevió a ponerse contra el 
Inca, antes lo recebió y hizo presentes con fingida paz; 
porque, como salió, procurándolo con los naturales de 
la tierra firme, trataron de matar muchos orejones con 
sus capitanes que con unas balsas iban á salir á un rio 
para tomar la tierra firme; mas Guayna Capac lo supo 
y sobre ello hizo lo que yo tengo escripto en la Prime- 
ra parte en el capítulo Lili; y hecho grand castigo, y 
mandando hacer la calzada, ó paso fuerte, que llaman 
de Guayna Capac (^), volvió y paró en Túmbez, don- 
de estaban hechos edificios y templo del sol; y vinie- 
ron de las comarcas á le hacer reverencia con mucha 
humildad. Fué por los valles de Los Llanos poniéndo- 
los en razón, repartiéndoles los términos y aguas, 
mandándoles que no se diesen guerra, y haciendo lo 
que en otros lugares se ha escripto. Y dicen del, que 
yendo por el hermoso valle de Chayanta, cerca de Chi- 
mo, que es donde agora está la ciudad de Trujillo, 
estaba un indio viejo en una sementera, y como oyó 
i que pasaba el rey por allí cerca, que cogió tres ó cua- 
r tro pepinos que con su tierra y todo se los llevó, y le 
dijo: — Ancha Atunapii micucampa; que quiere decir: 
''Muy gran Señor, come tú esto.'' — Y que delante de 
los señores y más gente, tomó los pepinos, y comiendo 
de uno de ellos, dijo delante de todos, por agradar al 



{a) Por donde hoy está asentada la ciudad de Guayaquil, cuyo asiento 
conservaba aún en el siglo XVII el nombre de Paso de Huaina Capac. 



Capitulo LXV, 25 1 



viejo: Xuylluy^ ancha mizqui cay; que en nuestra len- 
gua quiere decir: "En verdad que es muy dulce 
esto." De que todos recebieron grandísimo placer. 

Pues pasando adelante, hizo en Chimo y en Gua- 
ñape, Guarmey, Guaura, Lima y en los más valles, lo 
quél era servido que hiciesen; y como llegase á Pacha- 
cama, hizo grandes fiestas y muchos bailes y borra- 
cheras; y los sacerdotes, con sus mentiras, le decian 
las maldades que solian, inventadas con su astucia, y 
aún algunas por boca del mesmo Demonio, que en 
aquellos tiempos es público hablaba a estos tales; y 
Guayna Capac les dio, á lo que dicen, más de cient 
arrobas de oro y mili de plata y otras joyas y esme- 
raldas, con que se adornó más de lo que estaba el 
templo del sol y el antiguo de Pachacama. 

De aquí, dicen algunos de los indios que subió al 
Cuzco, otros que volvió al Quito. En fin, sea • desta 
vez, ó que haya sido primero, que va poco, él visitó 
todos Los Llanos, y para él se hizo el grand camino que 
por ellos vemos hecho, y ansí, sabemos que en Chincha 
y en otras partes destos valles, hizo grandes aposentos 
y depósitos y templo del sol. Y puesto todo en razón, 
lo de Los Llanos y lo de la sierra, y teniendo todo el 
reino pacífico, revolvió sobre el Quito y movió la 
guerra á los padres de los que agora llaman Huam- 
bracunas (¿2), y descubrió á la parte del Sur hasta el 
rio de Augasmayu. 



{d) Gnamabaconas, en n. orig. 



252 Del Señorío de los Incas. 



CAP. LXVL — De cómo saliendo Guayna Capac 
de Quito, envió delante ciertos capitanes su- 
yos, los cuales polvieron huyendo de los 
enemigos, y lo que sobre ello hi{0. 



ESTANDO ea Quito Guayna Capac con todos los capi- 
tanes y soldados viejos que con él estaban, cuentan 
por muy averiguado, que mandó que saliesen de sus 
capitanes ^con gente de guerra a sojuzgar ciertas 
naciones que no habian querido jamas tener su amis- 
tad; los cuales, como ya supiesen su estada en el 
Quito, recelándose dello, se habian apercebido y bus- 
cado favores de sus vecinos y parientes para resistir 
á quien a buscarlos viniese; y tenian hechos fuertes 
y albarradas é muchas armas de las que ellos usan; 
y como salieron, Guayna Capac fué tras ellos para re- 
volver a otra tierra que confinaba con ella, que toda 
debia de ser la comarca de lo que llamamos Quito; y 
como sus capitanes y gentes salieron á donde iban 
encaminados, teniendo en poco á los que iban á bus- 
car, creyendo que con facilidad serian señores de sus 
campos y haciendas, se daban prisa andar; mas, de 
otra suerte les avino de lo que pensaban; porque al 
camino les salieron con grande vocería y alarido y 
dieron de tropel en ellos con tal denuedo, que mata- 



Capitulo LXVL 253 



ron y cautivaron muchos dellos, y así los trataron, 
que los desbarataron de todo punto y les constriñeron 
volver las espaldas, y á toda furia dieron la vuelta 
huyendo, y los enemigos vencedores tras ellos, ma- 
tando y prendiendo todos los que podian. 

Algunos de los más sueltos anduvieron mucho en 
grand manera, hasta que toparon con el Inca, á quien 
solamente dieron cuenta de la desgracia sucedida, que 
no poco le fatigó, y mirándolo discretamente, hizo un 
hecho de gran varón, que fué, mandar á los que se 
hablan venido que callasen y á ninguna persona con- 
tasen lo que ya él sabia, antes volviesen al camino y 
avisasen á todos los que venian desbaratados, que hicie- 
sen en el primero cerro que topasen, cuando á él viesen, 
un escuadrón, sin temor de morir el que la suerte les 
cayere; porque él, con gente de refresco, daria en los 
enemigos y los vengaría; y con esto se volvieron. Y 
no mostró turbación, porque consideró que si en el 
lugar quel estaba sabian la nueva, todos se juntarian y 
darían en él, y se vería en mayor aprieto; y con disimu- 
lación les dijo que se aparejasen, que quería ir á dar 
en cierta gente que verían cuando á ella llegasen. 
Y dejando las andas adelante de todos salió y cami- 
nó dia y medio, y los que venian huyendo, que eran 
muchos, [como] vieron la gente que venia, que era 
suya, á mal de su grado pararon en una ladera, y los 
enemigos que los venian siguiendo, comenzaron de 
dar en ellos, y mataron muchos; mas Guayna Capac, 
por tres partes dio en ellos, que no poco se turbaron 
de verse cercados, y de los que ya ellos tenían ven- 



254 ^^^ Señorío de los Incas, 

cidos, aunque procuraron de se juntar y pelear, tal 
mano les dieron, que los campos se hlnchian de los 
muertos, y queriendo huir, les tenia tomado el paso; 
y mataron tantos, que pocos escaparon vivos, sino 
fueron los cautivos, que fueron muchos; y por donde 
venian estaba todo alterado, creyendo que al mismo 
Inca habian de matar y desbaratar los que ya por él 
eran muertos y presos. Y como se supo el fin dello, 
asentaron el pié llano, mostrando todos grand placer. 

Guayna Capac recobró los suyos que eran vivos, 
y á los que eran muertos mandó hacer sepolturas y sus 
honras, conforme á su gentilidad, porque ellos todos 
conocen que hay en las ánimas inmortalidad; y tam- 
bién se hicieron, en donde esta batalla se dio, bultos 
de piedra y padrones para memoria de lo que se 
habia hecho; y Guayna Capac envió aviso de todo 
esto hasta el Cuzco, y se reformó su gente, y fué 
adelante de Caranque. 

Y los de Otavalo, Cayanbi, Cochasqui, Pifo (¿z), 
con otros pueblos, habian hecho liga todos juntos 
y con otros muchos, de no dejarse sojuzgar del Inca, 
sino antes morir que perder su libertad y que en sus 
tierras se hiciesen casas fuertes, ni ellos ser obligados 
de tributar con sus presentes ir al Cuzco, tierra tan 
lejos como habian oido. Y hablado entre ellos esto, 
y tenido sus consideraciones, aguardaron a el Inca, 
que sabian que venia á les dar guerra; el cual con 



(a) Cayanla, Coches, Quiya, Pipo, en n. orig. 



Capítulo LXVI. 255 



los suyos anduvo hasta la comarca destos, donde 
mandó hacer sus albarradas y cercas fuertes, que 
llaman pucaraes, donde mandó meter su gente y 
servicio. Envió mensajeros a aquellas gentes con 
grandes presentes, rogándoles que no le diesen guer- 
ra, porque él no queria sino paz con condiciones 
honestas, y que en él siempre hailarian favor, como 
su padre, y que no quería tomalles nada, sino dalles 
de lo que traia. Mas estas palabras tan blandas apro- 
vecharon poco, porque la respuesta que le dieron 
fué, que luego de su tierra saliese, donde no, que 
por fuerza le echaban della; y así, en escuadrones 
vinieron para el Inca, que muy enojado, habia puesto 
su gente en campaña; y dieron los enemigos en él 
de tal manera, que se afirma, sino fuera por la for- 
taleza que para se guarescer se habia hecho, lo lleva- 
ran y de todo punto lo rompieran; mas, conociendo 
el daño que recebia, se retiró lo mejor que pudo al 
pucará, donde todos se metieron los que en el campo 
no quedaron muertos, ó, en poder de los enemigos, 
presos. 



256 Del Señorío de los Incas, 



CAP. LXVIL — Cómo, juntando todo el poder 
de Guayna Capac, dio batalla d los enemigos 
y los venció y de la grand crueldad que usó 
con ellos. 



COMO aquellas gentes vieron como habían bastado 
a encerrar al Inca en su fuerza, y que habían muer- 
to á muchos de los orejones del Cuzco, muy alegres, 
hacían muy grand ruido con sus propias voces, tan- 
to, que ellos mismos no se oían; y traídos atabales, 
cantaban y bebían enviando mensajeros por toda la 
tierra, publicando que tenían al Inca cercado con 
todos los suyos; y muchos lo creyeron y se alegraron 
y aún vinieron a favorescer á sus amigos. 

Guayna Capac tenia en su fuerte bastimentos, y había 
enviado á llamar a los gobernadores de Quito con parte 
de la gente que a su cargo tenían, y estaba con mucha 
saña, porque los enemigos no querían dejar las armas; 
á los cuales muchas veces intentó, con embajadas que 
les envió y dones y presentes, atraerlos á sí; mas, era 
en vano pensar tal cosa. El Inca engrosó su ejército, y 
los enemigos hecho lo mesmo, los cuales determinada- 
mente acordaron de dar en el Inca y desbaratarlo, ó 
morir sobre el caso en el campo; y así lo pusieron por 
obra, y rompieron dos cercas de la fortaleza, que á no 



Capitulo LXVIL 267 

haber otras que iban rodeando un cerro, sin duda por 
ellos quedara la victoria; mas, como su usanza es hacer 
un cercado con dos puertas, y más alto otro tanto, y 
así hacer en un cerro siete u ocho fuerzas, para si la una 
perdieren, subirse á la otra, el Inca con su gente se 
guaresció en la más fuerte del cerro, donde, al cabo de 
algunos dias, salió y dio en los enemigos con gran co- 
raje. 

Y afirman, que llegados sus capitanes y gente, les 
hizo la güera, la cual fué cruel, y estuvo la victoria 
dudosa; mas, al fin, los del Cuzco se dieron tal maña, 
que mataron, grand número de los enemigos, y los que 
quedaron fueron huyendo. Y tan enojado estaba dellos 
el rey tirano, que de enojo, porque se pusieron en 
arma, porque querían defender su tierra sin reconocer 
subjecion, mandó á todos los suyos que buscasen todos 
los más que pudiesen ser habidos; y con grand dili- 
gencia los buscaron y prendieron á todos, que pocos 
se pudieron dellos descabuUir; y junto á una laguna, 
que allí estaba, en su presencia, mandó que los dego- 
llasen y echasen dentro; y tanta fué la sangre de los 
muchos que mataron, que el agua perdió su color, y no 
[se] via otra cosa que espesura de sangre. Hecha esta 
crueldad y gran maldad, mandó Guayna Capac pare- 
cer delante de sí á los hijos de los muertos, y mirándo- 
les, dijo: Campa mana, pucula íucuy huambr acuna {a) Que 



(a) En n. orig. Cambamana pucula tucuy guamaracona . No adivino 
lo que debió escribir el copiante en vez de pucula\ sino es que esté por 

17 



258 Del Señorío de los Incas, 



quiere decir: "Vosotros no me haréis guerra, porque 
sois todos muchachos agora". Y desde entonces se les 
quedó por nombre hasta hoy á esta gente los Guambra- 
cunas (a)^ Y fueron muy valientes; y á la laguna le quedó 
por nombre el que hoy tiene, que es Taguarcocha, 
que quiere decir "lago de sangre". Y en los pueblos 
destos Guambracunas se pusieron mitimaes y goberna- 
dores como en las más partes. 

Y después de se haber reformado el campo, el Inca 
pasó adelante hacia la parte del Sur, con gran reputa- 
ción por la victoria pasada, y anduvo descubriendo 
hasta el rio de Angasmayo, que fueron los límites de 
su imperio. Y supo de los naturales cómo adelante 
habia muchas gentes, y que todos andaban desnudos 
sin ninguna vergüenza, y que todos comian carne hu- 
mana, todos en general, y hacian algunas fuerzas en 
la comarca de los Pastos; y mandó á los principales que 
le tributasen, y dijieron que no tenian que le dar, y 
por los componer, mandó que cada casa de la tierra 
fuese obligada a le dar tributo, cada tantas lunas, de 
un canuto de piojos algo grande. Al principio, riéron- 
se del mandamiento; mas, después, por muchos quellos 
tenian, no podian enchir tantos canutos. Criaron con 
el ganado que el Inca les mandó dejar, y tributaban de 
lo que se multiplicaba, y de la comida y raíces que hay 



puccuna, que venga á^pticcuni, medrar, madurar, hacerse grande; en cuyo 
caso Cieza traduce mal, y lo que Guayna Capac quiso decir, es: "Vosotros, 
ó vuestra nación, ya no es grande (6 fuerte ó viril), todos sois muchachos." 
{a) Gtiamaracone.s en n. orig. 



Capitulo LXVIIL 259 

en sus tierras. Y por algunas causas que para ello tuvo, 
Guayna Capac volvió al Quito, y mandó que en Caran- 
qui estuviese templo del sol y guarnición de gente con 
mitimaes y capitán general con su gobernador, para 
frontera de aquellas tierras y para guarda dellas. 



CAP. LXVIII. — De cómo el rey Guayna Capac 
volvió á Quito, y de cómo supo de los españo- 
les que andaban por la costa, y de su muerte. 



EN este mesmo año andaba Francisco Pizarro con 
trece cripstianos por esta costa (a), y habia dellos 
ido al Quito aviso á Guayna Capac, á quien contaron 
el traje que traian, y la manera del navio, y cómo eran 
barbados y blancos y hablaban poco y no eran tan 
amigos de beber como ellos, y otras cosas de las que 
ellos pudieron saber. Y cudicioso de ver tal gente, 
dicen que mandó con brevedad le trujiesen uno de 
dos que decian haber quedado de aquellos hombres, 



(a) El de l526. Los trece, llamados de la fama, cuyos nombres toda- 
vía no he visto escritos con propiedad en ninguno de los historiadores de 
Indias antiguos y modernos, eran: Bartolomé Ruiz, el piloto, Cristóbal de 
Peralta, Pedro de Candia, Domingo de Soraluce, Nicolás de Ribera, Fran- 
cisco de Cuéllar, Alonso de Molina, Pedro Alcon, García de Jaren, Antón 
<le Carrion, Alonso Briceño, Martin de Paz y Juan de la Torre. 



200 Del Señorío de los Incas, 



porque los demás eran ya vueltos con su capitán á la 
Gorgona, donde habían dejado ciertos españoles con 
los indios é indias que tenian, como en su lugar con- 
taremos {a). Y dicen unos destos indios, que después 
de idos, á estos dos, que los mataron, de que recebió 
mucho enojo Guayna Capac. Otros cuentan que soñó 
que los traian, y como supieron en el camino su muer- 
te {b\ los mataron. Sin esto, dicen otros que ellos se 
murieron. Lo que tenemos por más cierto es, que los 
mataron los indios dende á poco que ellos en su tier- 
ra quedaron (c). 

Pues, estando Guayna Capac en el Quito con gran- 
des compañas de gentes que tenia, y los demás seño- 
res de su tierra, viéndose tan poderoso, pues mandaba 
desde el rio de Angasmayo al de Maule, que hay mas 
de mili y doscientas leguas, y estando tan crecido en 
riquezas, que afirman que habia hecho traer á Quito 
más de quinientas cargas de oro, y más de mili de pla- 
ta, y mucha pedrería y ropa fina, siendo temido de to- 
dos los suyos, porque no se le osaban desmandar, 
cuando luego hacia justicia; cuentan que vino una gran 
pestilencia de viruelas tan contagiosa, que murieron 
mas de doscientas mili ánimas en todas las comarcas, 
porque fué general; y dándole á él el mal, no fué parte 



(a) En la Tercera parte de su Crónica del Perú, aún inédita. 

(¿) De Huayna Capac. 

{c) Sobre estos sucesos léase ¿Herrera (Déc. III, lib. X, cap. III á VI; 
y Déc. IV, lib. II, cap. Vil y VIII), que es leer al mismo Cieza, pues de él 
Umó todo lo que alli dice. 



Capitulo LXVIIL 261 

todo lo dicho para librarlo de la muerte, porque 1 
gran Dios no era dello servido. Y como se sintió to- 
cado de la enfermedad, mandó se hiciesen grandes sa- 
crificios por su salud en toda la tierra, y por todas las 
guacas y templos del sol; mas yéndole agraviando, 
llamó á sus capitanes y parientes, y les habló algunas 
cosas, entre las cuales les dijo, a lo que algunos dellos 
dicen, que él sabia que la gente que hablan visto en el 
navio, volverla con potencia grande y que ganarla la 
tierra. Esto podría ser fábula, y si lo dijo, que fuese 
por boca del Demonio, como quien sabia que los es- 
pañoles iban para procurar de volver á señorear. Di- 
cen otros destos mismos, que conociendo la gran tier- 
ra que habla en los Quillacingas (a) y Popayaneses, y 
que era mucho mandarlo uno, y que dijo que desde 
Quito para aquellas partes fuese de Atahuallpa, su hijo, 
á quien quería mucho, porque habia andado con él 
siempre en la guerra; y que lo demás mandó que seño- 
rease y gobernase Guascar, único heredero del impe- 
rio. Otros indios dicen que no dividió el reino, antes 
dicen que dijo á los que estaban presentes, que bien 
sabían cómo se hablan holgado que fuese Señor, des- 
pués de sus dias, su hijo Guascar, y de Chincha (^) 
Ocllo, su hermana, con quien todos los del Cuzco 



(a) QuHcangas, en n. orig. 

[6] Debe de ser Chimpu y todo el nombre Ciui Chimpu Runtu, segun- 
da mujer legítima de Huaina Capac. Sin embargo, según el parecer de la 
mayoría de los autores, el nombre de la madre de Huáscar ó Inti Tupac 
Cusí Huallpa, es Rahua Ocllo. 



202 Del Señorío de los Incas, 

mostraban contento; y puesto que si él tenia otros hi- 
jos de grand valor, entre los cuales estaban Nanque 
Yupanqui, Tupac Inca, Guanea Auqui, Tupac Gual- 
pa, Titu {a)j Guarnan Gualpa, Manco Inca, Guascar, 
Cusi Hualpa (b)^ Paullu Tupac {c) Yupanqui, Cono- 
no, Atahuallpa, quiso no dalles nada de lo mucho 
que dejaba, sino que todo lo heredase del, como él lo 
heredó de su padre, y confiaba mucho guardaria su 
palabra, y que cumplirla lo que su corazón queria, aun- 
que era muchacho; y que les rogó lo amasen y mirasen 
como era justo, y que hasta que tuviese edad perfeta 
y gobernase, fuese su ayo Colla Tupac (<^), su tio. Y 
como esto hobo dicho, murió. 

Y luego que fué muerto Guayna Capac, fueron tan 
grandes los lloros, que ponian los alaridos que daban 
en las nubes, y hacian caer las aves aturdidas de lo muy 
alto hasta el suelo. Y por todas parte se divulgó la nue- 
va, y no habia parte ninguna donde no se hiciese senti- 
miento notable. En Quito lo lloraron, á lo que dicen, 
diez dias arreo; y dende allí lo llevaron a los Cañares, 
donde le lloraron una luna entera; y fueron acompa- 
ñando el cuerpo muchos señores principales hasta el 
Cuzco, saliendo por los caminos los hombres y mujeres 
llorando y dando aullidos. En el Cuzco se hicieron más 
lloros, y fueron hechos sacrificios en los templos, y 



(a) Topagual, Palito\ en n, orig, 

(¿) Cuxequepa, en n. orig. 

( c) Paulotilca, en n. orig. 

{d) O Cayu Tupac? Cabello Balboa le llama también Colla Tupa 



Capítulo LXVIIL 263 

aderezaron de le enterrar conforme a su costumbre, 
creyendo que su anima estaba en el cielo. Mataron, 
para meter con él en su sepoltura y en otras, más de i 
cuatro mili ánimas, entre m.ujeres y pajes y otros cria- 
dos, tesoros, pedreria, y fina ropa. De creer es que seria 
suma grande la que pornian con él. No dicen en dónde 
ni cómo está enterrado, mas de que concuerdan que su 
sepoltura se hizo en el Cuzco. Algunos indios me di- 
jeron á mí que lo enterraron en el rio de Angasmayo, 
sacándolo de su natural para hacer la sepoltura; mas 
no lo creo, y lo que dicen de que se enterró en el 
Cuzco, sí {a). 

De las cosas deste rey dicen tanto los indios, que no 
es nada lo que yo escribo ni cuento; y cierto, creo que 
del y de sus padres y abuelos se dejan tantas cosas de 
cscrebir, por no los alcanzar por entero, que fuera otro 
compendio mayor que el que se ha hecho. 



{a] Y creia bien. Por el año de i57l averiguó el virey don Francisco 
de Toledo, mediante información, que Huayna Capac fué enterrado en la 
capital de su imperio en donde Polo de Ondegardo halló su momia con 
otros muchos de la estirpe inquefia. (V. Tres relaciones de antigüedades 
peruanas. — Carta dedicatoria.) 



264 D^^ Señorío de los Incas, 



CAP- LXIX, — Del linaje y condiciones de Guas- 
car y de Atahuallpa, 



ESTABA el imperio de los Incas tan pacífico cuando 
Guayna Capac murió, que no se halla que en tierra 
tan grande hobiese quien osase alzar la cabeza para 
mover guerra ni dejar de obedecer, así por el temor 
que tenían á Guayna Capac, como porque los mitimaes 
eran puestos de su mano, y estaba la fuerza en ellos. 
Y así como muerto Alexandre en Babilonia, muchos 
de sus criados y capitanes allegaron á colocarse por 
reyes y mandar grandes tierras, así, muerto Guayna 
Capac, como {así) luego hobo entre los dos hermanos 
hijos suyos guerras y diferencias; y tras ellas entraron 
los españoles. Muchos de estos mitimaes se quedaron 
por señores, porque siendo en las guerras y debates 
muertos los naturales , pudieron ellos granjear la gra- 
cia de los pueblos para que en su lugar los recibie- 
sen de los pueblos {así). 

Bien tenía que decir en contar menudamente las con- 
diciones destos tan poderosos Señores, mas no saldré de 
mi brevedad, por las causas tan justas que otras veces 
he dicho tener. — Guascar era hijo de Guayna Capac, y 
Atahuallpa también. Guascar de menos dias; Atahuall- 
pa de más años. Guascar, hijo de la Coya, hermana de 



Capitulo LXIX, 263 

su padre, señora principal; Atahuallpa, hijo de una india 
Quilaco, llamada Tupac Palla (a). El uno y el otro na- 
cieron en el Cuzco, y no en Quito, como algunos han 
dicho y aun escripto para esto, sin lo haber entendido 
como ello es razón. Lo muestra, porque Guayna Capac 
estaba [estuvo?] en la conquista de Quito y por aquellas 
tierras aun no doce años, y era Atahuallpa, cuando 
murió, [de] más de treinta años; y señora de Quito, 
para decir lo que ya cuentan que era su madre, no ha- 
bia ninguna, porque los mesmos Incas eran reyes y se- 
ñores del Quito; (J?) y Guascar nació en el Cuzco, yj 
Atahuallpa era de cuatro ó cinco años de más edad! 
que no él. Y esto es lo cierto, y lo que yo creo. — 
Guascar era querido en el Cuzco, y en todo el reino, 
por los naturales, por ser el heredero de drecho; Ata- 
huallpa era bien quisto de los capitanes viejos de su 
padre y de los soldados, porque anduvo en la guerra 
en su niñez, y porque él en vida le mostró tanto amor, 
que no le dejaba comer otra cosa que lo que él le daba 
de su plato. Guascar era clemente y piadoso; Atahuall- 1 
pa, cruel y vengativo: entrambos eran liberales, y el' 
Atahuallpa hombre de más ánimo y esfuerzo, y Guas- 
car de más presunción y valor. El uno pretendió ser 
único Señor y mandar sin tener igual: el otro se de- 



(a) Topapalla, en n. orig. Según otros autores Tocio Odio Cuca. 

[i) Alude á López de Gomara y en especial al capítulo de su Historia 
titulado Linaje de Atabaliba. El P. Velasco, que en su Historia de Quito 
siguió y amplificó la opinión de Gomara, dice que la reina de Quito se lla- 
maba Scyri Paccha. 



266 Del Señorío de los Incas. 



terminó de reinar, y por ello quebrantar las leyes que 
sobre ello á su usanza estaban establecidas por los In- 
cas, que era que no podia ser rey sino hijo mayor del 
Señor y de su hermana, aunque otros de más edad ho- 
biesen habido en otras mujeres y mancebas. Guascar 
deseoso [deseaba?] de tener consigo el ejército de su pa- 
dre; Atahuallpa se congojó porque no estaba cerca del 
Cuzco, para en la mesma ciudad hacer el ayuno y salir 
con la borla para por todos ser recebido por rey. 



CAP. LXX. — De cómo Guascar fué aleado por 
rey en el Cuíco, después de muerto su padre. 



COMO fuese muerto Guayna Capac y por él hechos 
los lloros y sentimiento dicho, aunque habia en 
el Cuzco más de cuarenta hijos suyos, ninguno in- 
tentó salir de la obediencia de Guascar, á quien sabian 
pertenecian el reino; y aunque se entendió lo que 
Guayna Capac mandó, que su tio gobernase, no faltó 
quien aconsejó á Guascar saliese con la borla en pú- 
blico y mandase por todo el reino como rey. Y como 
para las honras de Guayna Capac hablan venido al 
Cuzco los más de los señores naturales de las provin- 
cias, pudo ser la fiesta de su coronación grande y de 
presto entendida y sabida, y así lo determinó de hacer. 
Dejando el gobierno de la mesma ciudad á quien por 



Capítulo LXX. 267 



su padre lo tenia, se entró á hacer el ayuno con la 
observancia que su costumbre requeria. Salió con la 
borla muy galano, y hiciéronse grandes fiestas, y pu- 
siéronse en la plaza la maroma de oro con los bult03 
de los Incas, y conforme á la costumbre dellos, gasta- 
ron algunos dias en beber y en sus areytos; y acaba- 
dos, fuéles nueva á todas las provincias y mandado 
del nuevo rey de lo que habian de hacer, enviando á 
Quito ciertos orejones, y que trujesen las mujeres de 
su padre y su servicio. 

Fué entendido por Atahuallpa cómo Guascar habi:i 
salido con la borla, y cómo queria que todos le diesen 
la obediencia; y no se habian partido de Quito ni de 
sus comarcas los capitanes generales de Guayna Capac, 
y habia entre todos pláticas secretas sobre que era bien 
procurar, por las vías á ellos posibles, quedarse con 
aquellas tierras de Quito sin ir al Cuzco al llamamiento 
de Guascar, pues era aquella tierra tan buena y á 
donde todos se hallaban tan bien como en el Cuzco. 
Algunos habia entre ellos que les pesaba, y decian 
que no era lícito dejar de reconocer el gran Inca, pues 
era Señor de todos. Mas Illa Tupac (a) no fué leal á 
Guascar, así como Guayna Capac se lo rogó y él se lo 
prometió, porque dicen que andaba en tratos y secre- 
tas pláticas con Atahuallpa, que entre los hijos de 
Guayna Capac mostró más ánimo y valor, causado 



(a) Antes le llama Cc¿¿a Tupac. Yo sospecho que es el mi?nia Cayu 
T'.ipac de quien Cieza se informaba en el Cuzco sobre el asunto de este 
tratado. 



268 Del Señorío de los Incas. 



por su atrevimiento y aparejo que halló, ó con lo que 
su padre mandó, si fué verdad, que gobernase lo de 
Quito y sus comarcas. Este habló a los capitanes Ca~ 
licuchima {a) y Aclagualpa (^), Rumiñahui (f), el 
Quizquiz, Zopozopanqui (¿/) y otros muchos, sobre 
quisiesen favorecerle y ayudarle para que él fuese In- 
ca de aquellas partes, como su hermano lo era del 
Cuzco; y ellos y el Illa Tupac (^), traidor a su se- 
ñor natural Guascar, pues que habiéndole dejado por 
gobernador hasta quél tuviese edad cumplida, le ne- 
gó y se ofreció de favorescer á Atahuallpa, que ya 
por todo el real era tenido por Señor, y le fueron en- 
tregadas las mujeres de su padre, a quien él recibió 
como suyas, que era autoridad mucha entre estas gen- 
tes; y el servicio de su casa y lo demás que tenia, le 
fué dado para que por su mano le (así) fuese ordenado 
todo a su voluntad. 

Cuentan algunos, que algunos de los hijos de Guay- 
na Capac, hermanos de Guascar y Atahuallpa, con 
otros orejones, se fueron huyendo al Cuzco y die- 
ron dello aviso a Guascar; y así él como los orejones 
ancianos del Cuzco, sintieron lo que habia hecho 
Atahuallpa, reprobándolo por caso feo, y que habia 
ido contra sus dioses y contra el mandamiento y or- 



(a) Catícuc/iema, en n. orig. 

(/') Es la primera vez que veo escrito este nombre. ¿Será Adlahuallpa> 

(c) Uriminavi, en n. orig. 

{d) Sepocopagua, en n. orig. 

(í) Ahora le nombra Allitopa. {Alli Tupar.\ 



Capitulo LXX. 269 



denanza de los reyes pasados. Decían que no habían 
de sufrir ni consentir que el bastardo tuviese nombre 
de Inca, antes Je habían de castigar por lo por él in- 
ventado, por el favor que tuvo de los capitanes y gente 
del ejército de su padre; y así, Guascar mandó que 
se apercibiesen en todas partes y se hiciesen armas, y 
los depósitos se proveyesen con las cosas necesarias, 
porque él había de hacer guerra a los traidores, si jun- 
tos todos no le reconociesen por Señor. Y a los Caña- 
res envió embajadores, esforzándoles en su amistad, 
y al mesmo Atahuallpa dicen que envió un orejón á 
que le amonestase que no intentase de llevar adelante 
su opinión, pues era tan mala, y a que hablase a Colla 
Tupac (¿?), su tío, para que le aconsejase se viniese 
para él. Y hechas estas cosas, nombró por su capitán 
general á uno de los principales del Cuzco, llamado 
Atoco (^). 



(a) Collapopa le llama ahora. 
(<í) Atoe en otros autores. 



2'^o Del Señorío de los Incas, 



CAP. LXXL — De cómo se comentaron las di- 
ferencias entre Guasca r y Atahuallpa, y se 
dieron entre unos y otros grandes batallas. 



ENTENDIDO era por todo el reino del Pirú cómo 
Guascar era Inca, y como tal mandaba y tenia 
guarda y despachaba orejones a las cabeceras de las 
provincias a proveer lo que convenia. Era de tan buen 
seso y tenia en tanto á los suyos, que fue, lo que reinó, 
querido en extremo dellos, y seria cuando comenzó a 
reinar, a lo que los indios dicen, de veinticinco años, 
poco más ó menos. Y habiendo nombrado por su ca- 
pitán general a Atoco, le mandó que tomando la gente 
que le pareciese de los lugares por donde pasase, mi- 
timaes y naturales, fuese a Quito a castigar el albo- 
roto que habia con lo que su hermano intentaba, y tu- 
biese aquella tierra por él. 

Y estos indios cuentan las cosas de muchas mane- 
ras. Yo siempre sigo la mayor opinión, y la que dan 
los más viejos y avisados dellos, y que son señores; 
porque los indios comunes, en todo lo que saben, no 
se ha de tener, porque ellos lo afirmen, por verdad. 
Y así, unos dicen, que Atahuallpa, como hobo deter- 
minádose á no solamente no querer dar la obidiencia á 
su hermano, que ya era rey, mas aun pretendió haber 



Capítulo LXXL 27 



el señorío para sí por la forma que pudiese, tenido, 
como ya tenia, de su parte á los capitanes y soldados 
de su padre, vino á los Cañares, á donde habló con los 
señores naturales y con los mitimaes, colorando, con 
razones que inventó, su deseo no era de hacer daño á 
su hermano por querer solamente el provecho para si? 
sino para tenellos a todos por amigos y hermanos y 
hacer otro Cuzco en el Quito, donde todos se holga- 
sen; y pues él tenia tan buen corazón, que para cercio- 
rarse que ellos le tenían para con él, diesen lugar que 
en Tomebamba fuesen hechos para él aposentos y 
tambos, para que, como Inca y Señor, pudiese holgar 
con sus mujeres en ellos, como hizo su padre y su 
abuelo; y que dijo otras palabras sobre esta materia 
que no fueron oídas tan alegremente como él pensó; 
porque el mensajero de Guascar era llegado y había 
hablado a los Cañares y mitimaes cómo Guascar les 
pedia la fe de amigos, sin que quisiesen negar su for- 
tuna, y que para ello imploraba el favor del sol y de sus 
dioses; que no consintiesen que los Cañares fuesen 
consentidores de tan mala hazaña como su hermano 
intentaba; y que lloraron con deseo de ver a Guascar, 
y alzando todos sus manos, que le guardarían lealtad 
prometieron. 

Y teniendo esta voluntad, Atahuallpa no pudo con 
ellos acabar nada; antes afirman que los Cañares con 
el capitán y mitimaes lo prendieron, con intento de lo 
presentar á Guascar; mas, poniéndolo en un aposento 
del tambo, se soltó y fué á Quito, donde hizo entender 
haberse vuelto culebra por voluntad de su Dios, para 



272 



Del Señorío de los Incas, 



salir de poder de sus enemigos; por tanto, que todos se 
aparejasen para comenzar la guerra pública y al des- 
cubierto, porque así convenia. Otros indios afirman 
por muy cierto, que el capitán Atoco con su gente 
allegó a los Cañares, donde estaba Atahuallpa, y que 
él fué el que lo prendió, y se soltó como está dicho. 
Creo yo para mí, aunque podría ser otra cosa, que 
Atoco se halló en la prisión de Atahuallpa, y muy sen- 
tido porque así se habia descabullido, sacando la más 
gente que pudo de los Cañares, se partió para Quito, 
enviando por todas partes á esforzar los gobernadores 
y mitimaes en la amistad de Guascar. Tiénese por ave- 
riguado, que Atahuallpa se soltó haciendo con una 
coa {a)y que es palanca, que una mujer Quella le dio, un 
agujero, estando los que estaban en el tambo calientes 
de lo que habían bebido, y pudo, dándose priesa, alle- 
gar al Quito, como está dicho, sin ser alcanzado de los 
enemigos, que mucho quisieran tornarlo haber á las 
manos. 



[a) No acierto con la ortografía de esta palabra. 



Capítulo LXXIL 273 



CAP. LXXIL — De cómo Atahuallpa salió del 
Quito con su gente y capitanes^ y de cómo dio 
batalla á A toco en los pueblos de Ambato. 



COMO las postas que estaban en los caminos reales 
fuesen tantas, no pasaba cosa en parte del reino 
que fuese oculta, antes era pública por todo el lugar; 
y como se entendió Atahuallpa haberse escapado por 
tal ventura y estar en Quito allegando la gente, luego 
se conoció que la guerra seria cierta, y así, hobo divi- 
sión y parcialidades y novedades grandes y pensa- 
mientos enderezados á mal fin. Guascar, en lo de ar- 
riba, no tuvo quien no le obedeciese y desease que sa- 
liese del negocio con honra y autoridad. Atahuallpa 
tuvo de su parte los capitanes y gente del ejército, y 
muchos señores naturales y mitimaes de las provincias 
y tierras de aquella comarca; y cuentan que luego en 
Quito, con celeridad mandó salir la gente, jurando, 
como ellos juran, que en los Cañares habia de hacer 
castigo grande, por el afrenta que allí recibió. Y como 
supiese venir Atoco con su gente, que pasaría, alo que 
dicen, de cuarenta guarangas, que eran millares de 
hombres, se dio priesa á se encontrar con él. 

Atoco venia marchando porque Atahuallpa no tu- 
viese lugar de hacer llamamiento de gente en las pro- 

17 



274 ^^^ Señorío de los Incas, 



vincias, y como supo que venia á punto de guerra, 
habló con los suyos, rogándoles que se acordasen de 
la honra del Inca Guascar, y que se diesen maña á 
castigar la desvergüenza con que Atahuallpa venia; 
y por justificar su causa, envióle, según dicen, ciertos 
indios por mensajeros, amonestándole que se conten- 
tasen con lo que habia hecho y no diese lugar á que 
el reino se encendiese en guerra, y se conformase con 
el Inca Guascar, que seria lo más acertado. Y aunque 
eran principales orejones estos mensajeros, cuentan 
que se rió del dicho que Atoco le enviaba á decir, y 
que, haciendo grandes fieros y amenazas, los mandó 
matar, y prosiguió su camino en ricas andas que le 
llevaban á hombros de los principales y más privados 
suyos. 

Cuentan que encomendó la guerra á su capitán 
general Calicuchima y á otros dos capitanes, llamados 
el Quizquiz, y el otro Ucumari; y como Atoco no 
parase con la gente, pudieron encontrarse cerca del 
pueblo llamado Ambato, á donde, á la usanza del pue- 
blo, comenzaron la batalla y la riñeron entre ellos 
bien; y habiendo tomado un collado Calicuchima, salió 
á tiempo convenible con cinco mili hombres holgados, 
y dando en los que estaban cansados, los apretaron 
tanto, que después de muertos los más dellos, volvie- 
ron, los que no [lo] eran, las espaldas con gran espanto, 
y el alcance se siguió y fueron muchos los presos y el 
Atoco entre ellos. Lo cual, cuentan los que desto me 
informaron, que lo ataron á un palo, donde con gran 
j crueldad ©cuitadamente lo mataron, y que del casco 



Capítulo LXXIIL 275 

,j de su cabeza hizo un vaso Calicuchima, para beber, 
' engastonado en oro. La opinión mayor y que debe ser 
más cierta, a mi juicio, de los que murieron en esta 
batalla de ambas partes, fueron quince ó diez y seis 
mili indios; y los que se prendieron, fueron los más 
dellos muertos sin piedad ninguna, por mandado de 
Atahuallpa, — Yo he pasado por este pueblo y he 
visto el lugar donde dicen questa batalla se dio; y, 
cierto, según hay la osamenta, debieron aún de morir 
más gente de la que cuentan. 

Con esta victoria quedó Atahuallpa muy estimado, 
y fué la nueva divulgada por todo el reino, y llamáron- 
le, los que seguian su opinión. Inca, y dijo que habia 
de tomar la borla en Tomebamba, aunque, no siendo 
en el Cuzco, teníase por cosa fabulosa y sin fuerza. De 
los heridos mandó curar; y mandaba como rey, y así 
era servido; y caminó para Tomebamba. 



CAP, LXXIIL — De cómo Guascar envió de 
nuevo capitanes y gente contra su enemigo, y 
de cómo Atahuallpa llegó d Tomebamba , y 
la gran crueldad que allí usó, y lo que pasó 
entre él y los capitanes de Guascar, 



Pocos dias se tardaron después que en el pueblo de 
Ambato el capitán Atoco fué vencido y desbara- 
tado, cuando, no solamente en el Cuzco se supo la 



276 Del Señorío de los Incas, 



nueva, mas en toda la tierra se extendió, j recibió 
Guascar grande espanto y temió más el negocio que 
hasta allí. Mas, sus consejeros le amonestaron que no 
desmamparase al Cuzco, sino que enviase de nuevo 
gentes y capitanes. Y fueron hechos grandes lloros por 
los muertos, y en los templos y oráculos hicieron sa- 
crificios conforme á lo que ellos usan; y envió á lla- 
mar Guascar muchos señores de los naturales del Co- 
llao, de los Canches, Cañas, Charcas, Carangas, y á los 
de Condesuyo, y muchos de los de Chinchasuyo; y 
como estuviesen juntos, les habló lo que su hermano 
hacia y les pidió en todo le quisiesen ser buenos ami- 
gos y compañeros. Respondieron á su gusto los que 
se hallaron á la plática, porque guardaban mucho la 
religión y costumbre de no recebir por Inca sino aquel 
que en el Cuzco tomase la borla, la cual habia dias 
Guascar tenia, y sabia el reino le venia derechamente. 
Y porque convenia con brevedad proveer en la guerra 
que tenia, nombró por capitán general á Guanea Au- 
qui, hermano suyo, según dicen algunos orejones, por- 
que otros quieren decir ser hijo de Ilaquito. Con éste 
envió por capitanes otros principales de su nación que 
habian por nombre Ahuapanti {a)^ Urco Guaranca é 
Inca Roca. Estos salieron del Cuzco con la gente que 
se pudo juntar, yendo con ellos muchos señores de los 
naturales, y de los mitimaes, y por donde quiera que 
pasaba Guanea Auqui, sacaba la gente que quería con 



(a) Así interpreto, no sé si acertadamente, el Abante de n. orig. 



Capitulo LXXIIL 277 

lo más que era necesario para la guerra; y caminó á 
mas andar en busca de Atahuallpa, que, como hobiese 
muerto y vencido a Atoco, como de suso es dicho, si- 
guió su camino endrezado a Tomebamba, yendo con 
él sus capitanes y muchos principales que habian ve- 
nido á ganalle la voluntad, viendo que iba vencedor. 
Los Cañares estaban temerosos de Atahuallpa, porque 
habian tenido en poco lo que les mandó y habian sido 
en la prisión suya; recelaban no quisiese hacelles algún 
daño, porque lo conocian que era vengativo y muy 
sanguinario; y como llegase cerca de los aposentos 
principales, cuentan muchos indios a quien yo lo oí, 
que por amansar su ira, mandaron á un escuadrón 
grande de niños y a otro de hombres de toda edad que 
saliesen hasta las ricas andas, donde venia con gran 
pompa, llevando en las manos ramos verdes y hojas 
de palma, y que le pidiesen la gracia y amistad suya 
para el pueblo, sin mirar injuria pasada; y que con 
tantos clamores se lo suplicaron y con tanta humildad, 
que bastara a quebrantar corazones de piedra. Mas, 
poca impresión hicieron en el cruel de Atahuallpa, 
porque dicen que mandó a sus capitanes y gente que 
matasen a todos aquellos que habian venido, lo cual 
fué hecho, no perdonando sino era algunos niños y 
á las mujeres sagradas del templo, que por honra del 
sol, su dios, guardaron sin derramar sangre dellas 
ninguna. 

Y pasado esto, mandó matar algunos particulares en 
la provincia, y puso en ella capitán é mayordomo de su 
mano, y juntos los ricos de la comarca, tomó la bor- 



278 Del Señorío de los Incas. 



la y llamóse Inca en Tomebamba, aunque no tenia 
fuerza, como se ha dicho, por no ser en el Cuzco; mas, 
él tenia su drecho en las armas, lo cual tenia por bue^ 
na ley. También digo que he oido [á] algunos indios 
honrados, que Atahuallpa tomó la borla en Tome- 
bamba antes que le prendiesen ni Atoco saliese del 
Cuzco, y que Guascar lo supo y proveyó luego. Pa- 
résceme que lo que se ha escripto lleva más camino. 

Guanea Auqui dábase mucha priesa [á] andar, y qui- 
siera llegar á los Cañares antes que Atahuallpa pudie- 
ra hacer el daño que hizo. Y alguna de la gente que 
escapó de la batalla que se dio en Ambato, se habian 
juntado con él. Afirman todos que traerla más de 
ochenta mili hombres de guerra, y Atahuallpa llevaria 
pocos menos de Tomebamba; á donde luego salió, afir- 
mando que no habia de parar hasta el Cuzco. Mas, en 
la provincia de los Paltas, cerca de Caxabamba, se en- 
contraron unos con otros, y después de haber esforzado 
y hablado cada capitán á su gente, se dieron batalla; en 
la cual afirman que Atahuallpa no se halló, antes se 
puso en un cerrillo á la ver; y siendo Dios dello ser- 
vido, no embargante que en la gente de Guascar habia 
muchos orejones y capitanes que para ellos entendian 
bien la guerra, y que Guanea Auqui hizo el deber 
como leal y buen servidor á su rey, Atahuallpa quedó 
vencedor con muerte de muchos contrarios, tanto, que 
afirman que murieron entre unos y otros más de trein- 
ta y cinco mili hombres, y heridos quedaron muchos. 

Los enemigos siguieron el alcance, matando y cauti- 
vando y robando los reales; y Atahuallpa estaba tan 



Capítulo LXXIIL 279 

alegre, que él decía que sus dioses peleaban por él. Y 
porque ya los españoles habían entrado en este reino 
había algunos días, y Atahuallpa lo supo, fué causa que 
él en persona no fuese al Cuzco. 

No daremos conclusión a estas guerras y batallas 
que se dieron entre estos indios, porque no fueron con 
orden, y por llevarla, se quedará hasta su lugar. 

Hasta aquí es lo que se me ha ofrecido escrebir de 
los Incas, lo cual hice todo por relación que tomé en el 
Cuzco. Si acertare alguno a lo hacer más largo y cierto, 
el camino tiene abierto, como yo no lo tuve para hacer 
lo que no pude, aunque para lo hecho trabajé lo que 
Dios sabe; que vive y reina para siempre jamás. Que 
fué visto lo más de lo escripto por el doctor Brabo de 
Saravia, y el licenciado Hernando de Santillan, oído- 
res de la Audiencia real de Los Reyes. 



FIN. 



SUMA Y NARRACIÓN DE LOS INCAS 



ES PROPIEDAD, 



Tomo Vdc la Biblioteca Hispano- Ultramar ina. 



BIBLIOTECA HISPANO-ULTRAMARINA. 



SUMA Y NARRACIÓN 



DE 

LOS INCAS, 

QUE LOS INDIOS LLAMARON CAI'ACCUNA, 

gUE FUERON SEÑORES DE LA CIUDAD DEL CUZCO Y DE TODO 

LO A ELLA SUBJETO, 

escrita por 

JUAN DE BETÁNZOS, ^.,^tí:';>''^ 



t.v^ 



pirnLicALA 



MARCOS JIMÉNEZ DE LA ESPADA. 



N. 



MADRID. 

IMPRENTA DE MAiNUEf. G. HERNÁNDEZ, 

Libertad, i6 duplicado. 
1880 



Desde que por los años de 1607 ^^ erudito domi- 
nico fray Gregorio García dio noticia en el proe- 
mio y cap. VII del libro último de su Origen de los 
indios de la historia hecha por Juan de Betánzos del 
principio, descendencia y sucesión de los Incas y de 
sus guerras y sucesos hasta la entrada de los españoles 
en el Perú, añadiendo que la tenia en su poder y le 
habia ayudado mucho para aquel su escrito, no creo 
que nadie se haya ocupado en ella ni dado cuenta de su 
paradero con posterioridad á la muerte de García, 
acaecida en su convento de Baeza. Salvo la ligera 
mención que les merece á León Pinelo y Nicolás An- 
tonio, y esa de referencia á lo que dijo el dominico, el 
libro de Betánzos no vuelve á sonar hasta nuestros 
dias, citado dos ó tres veces, y no con distinción, por 
Prescott en su Conquista del Perú^ entre los materiales 
de que se sirvió para recomponer ó fantasear el pasa- 



do de aquella vastísima monarquía. Pero el título bajo 
el cual hace sus cortas citas, demuestra que el manus- 
crito que tuvo á la mano no es el de fray Gregorio, 
original ó copia, sino un traslado de la que existe en 
el mismo códice L j 5 de la biblioteca del Escorial 
que guarda anónima la Segunda parte de la crónica del 
Perú de Cieza de León, y que el célebre historiador 
norte-americano recibiría probablemente con otro tras- 
lado de esa segunda parte, endosada por quien lo sacó 
de los papeles del lord Kingsborough a Juan de Sar- 
miento, y remitido de Londres por Mr. Rich; y á la 
copia del libro de Betánzos existente en el Escorial, 
le falta mucho, por desgracia, para estar completa. 
Por lo menos, tal como yo la hallé el verano de 1875 
en un grueso volumen encuadernado largos años 
atrás y con todos sus folios — y presumo que de igual 
suerte la hallaría el que sacó la copia para Kings- 
borough — constaba solamente de los principios y de los 
diez y ocho primeros capítulos, el último incompleto. 
Y no es eso lo peor, sino que, en mi entender, dicho 
fragmento, aunque considerable, es lo único que hoy 
se conoce de la SuíMa y narración de los Incas. El 
silencio de los bibliófilos y de los cronistas dominica- 
nos, por una parte, y por otra el ningún resultado de 
mis gestiones en busca del MS. que tuvo y aprovechó 
tray Gregorio, y que seguramente legaría al convento 
donde murió, son indicios de mal agüero. 



Ahora, lo que conviene examinar, con vista de estas 
fatales presunciones, es si aquellos principios y capítu- 
los valen la pena de ser publicados antes y con tiem- 
po, ó si será preferible esperar á que parezca lo res- 
tante, y, con todo junto, formarse cabal idea de la im- 
portancia de la obra y mérito del autor y decidir en- 
tonces si merecen el honor de la estampa. 

No negaré que en estas cosas, como buen español, 
peco de impaciente; pero, ¿y si Betánzos tuviera que 
aguardarse por los siglos?, que bien pudiera suceder. 
Además, por lo que hace á los restos de su tratado, yo 
los creo de verdadera importancia y de no poca utili- 
dad para el estudio de las antigüedades peruanas; y no 
tan sólo por las noticias únicas que en ellos se consig- 
nan, y por la inestimable circunstancia de haberse re- 
cogido y averiguado todos los datos que contienen 
desde los primeros años de la Conquista hasta el de 
1551, sino muy especialmente por su estilo, que los 
hace sin par. Nadie como Betánzos, al referir las obras, 
hechos, acciones y pasiones de los indios peruanos, 
retrata con más verdad el carácter de esta gente, su 
flema, su calma, y los súbitos arranques de crueldad, 
alegría, tristeza ó miedo que con ella contrastan; las 
cosas, en su historia, suceden á lo indio, no como en 
Cieza y Garcilaso y otros las leemos, á la española, ó 
quizá á la romana y á la griega. Cuando habla un per- 
sonaje habla y se produce como en su tierra, discur- 



riendo prolijamente, remachando los conceptos, repi- 
tiendo, sin necesidad, unas mismas frases, escaseando 
los sinónimos. Bien se le puede creer á Betánzos lo 
que dice en la dedicatoria á don Antonio de Men- 
doza: que para hacer su historia verdadera tuvo que 
traducir como ello pasaba y guardar la manera y orden de 
hablar de los naturales. 

Pues un trabajo de estas condiciones no debe conti> 
nuar inédito. 

En cuanto a lo que atañe a la personalidad de su 
í autor, siquiera no fuese más que porque se sepa que 
I compuso antes que la Suma y narración de los Incas 
^ una doctrina cristiana y dos vocabularios quichuas, los 
primeros, quizás, que se han escrito, era buen pretex- 
to la publicación de aquélla, supliendo así las omisio- 
nes de Pinelo, Nicolás Antonio, del mismo fray Gre- 
gorio, que es lo más extraño, y del erudito bibliógrafo 
gallego don Manuel Murguía, el cual da como senta- 
do que Betánzos es paisano suyo, fundándose, sin 
duda, en el apellido, que no siempre es fundamenta 
bastante en ese género de deducciones. Lo cierto y 
averiguado acerca de la persona de este escritor oscu- 
recido, es que pasó á la conquista del Perú con Fran- 
cisco Pizarro, y que habiéndose consagrado, sin des- 
cuidar otros intereses, al estudio del idioma quichua^ 
fué nombrado lengua ó intérprete oficial del goberna- 
i ¿21 LíIH^-P^^^ ^^ ^^ Audiencia y de los vireyes sucesi- 



vos. AA^;edndósexU_e_LCuzc^ aunque no de los prime- 
ros, y tenia sus casas al barrio de Carmenca, no lejos de 
las que fueron de Diego de Silva, hijo del famoso no- 
velista Feliciano de Silva. Muerto el marqués don 
Francisco Pizarro, casó con una de sus mancebas, lla- 
mada Añas, según creo, en su gentilidad, y al bau- 
tizarse doña Angelina, ñusta ó princesa real, her- 
mana de Atahuallpa y madre de don Francisco Pi- 
zarro, tercero hijo del marqués y único que murió sin 
legitimar. Este casamiento y su reputación de gran 
lenguaraz le valieron ser nombrado el año de 1558 
por el marqués de Cañete, intérprete y negociador 
con fray Bautista García en la conversión y reduc- 
ción de Inca Xairi Tupac Yupanqui, retirado en los 
Andes, las cuales se llevaron a cabo felicísimamente. 
También hubo de intervenir después, en tiempo del 
gobernador Lope García de Castro , en las primeras 
negociaciones que se entablaron con el otro inca re- 
belde Titu Cusí Yupanqui. Ignoro cuando Betánzos 
falleció; sólo sé que su muerte, y antes la del virey 
Mendoza, que le mandó escribir la Suma y narración 
DE LOS Incas, terminada en el año de 1551 (*), impi- 
dieron que este libro se publicase. 

Al hacerlo yo, sigo la misma norma que he adopta- 



(*) Véase la página 100, al fm. 



do en la edición de la Segunda parte de la crónica 
DE Cieza; esto es, limitarme á la restauración del MS., 
que es de la misma letra y calidad que el otro, y excu- 
sar en lo posible observaciones críticas tocantes al fondo 
del tratado, así porque su extensión las haria impro- 
pias de unas notas, como porque semejante trabajo 
tendría que ser, por fuerza, defectuoso, á causa de 
hallarse inéditos todavía ó muy mal traducidos, otros 
libros donde se historia largamente de los antiguos 
monarcas peruanos y las cosas de su monarquía. 

M. Jiménez de la Espada. 



índice de capítulos, 



Capítulo I. — Que trata del Con Tici Viracocha, 
que ellos tienen que fué el Hacedor, é de 
cómo hizo el cielo é tierra é las gentes indios 
destas provincias del Perú 

Cap. II. — En que se trata cómo salieron las gen- 
tes desta tierra por mandado de Viracocha é 
asimesmo de aquellos sus viracochas que 
para ello enviaba; y cómo el Con Tici Vira- 
cocha ansimesmo se partió, é los dos que le 
quedaron, á hacer la mesma obra, y cómo se 
juntó, al fin de haber esto acabado, con los 
suyos, y se metió por la mar, adonde nunca 
más le vieron 

Cap. III. — En que trata del sitio y manera en que 
tenia el lugar do ora dicen y llaman la gran 
ciudad del Cuzco, y del producimiento de los 
Orejones y según que ellos tienen que produ- 
cieron y salieron de cierta cueva 

Cap. IV. — En que trata cómo Ayar Mango se 
descendió de los altos de Guanacaure á vivir 
á otra quebrada, donde, después de cierto 
tiempo, de allí se pasó á vivir á la ciudad del 
Cuzco en compañía de Alcaviza, dejando 



Pá;4tna.s. 



Páginas. 

en el cerro Guanacaure á su compañero Ayar 
Oche hecho ídolo, como por la historia más 
largo lo contará 13 

Qj^p V. — En que trata cómo murió Ayar Auca, 
compañero de Mango Capac, y cómo hubo 
un hijo Mango Capac, el cual se llamó Sinchi 
Roca; é cómo murió Mango Capac, y cómo 
murió después desto Alcaviza después; y de 
los Señores que deste Sinchi Roca sucedieron 
hasta Viracocha Inca, y de los casos y cosas 
que acaecieron en los tiempos destos hasta 
Viracocha Inca 16 

Cap. VI. — En que trata de cómo habia muchos 
Señores en la redondez del Cuzco, que se in- 
titulaban reyes y Señores en las provincias 
donde estaban; é de cónao se levantó de entre 
estos un Señor Chanca que llamaron Usco- 
vilca, é cómo hizo guerra él y sus capitanes 
á los demás Señores, é los sujetó, é cómo 
vino sobre el Cuzco tiniendo noticia de Vira- 
cocha Inca, é de cómo Viracocha Inca le in- 
vió á dar obediencia, é después se salió Vira- 
cocha Inca á cierto peñol, llevando consigo 
todos los de la ciudad 19 

Cap. vil — En que trata cómo después de que- 
dado Inca Yupanqui en la ciudad, Uscovilca 
invió sus mensajeros á Viracocha Inca como 
supo que se habia retraído al peñol; y cómo 
ansímismo, sabido que Inca Yupanqui se 
quedaba en la ciudad y al fin que se queda- 
ba, y cómo le invió sus mensajeros ansímis- 
mo al Inca Yupanqui; y cómo Inca Yupan- 
qui envió á pedir socorro á su padre y á las 
demás provincias en torno de la ciudad, y lo 
que entre ellos pasó 26 

Cap. VIII. — En que trata del ser y virtudes de 
Inca Yupanqui, é de cómo, apartado que fué 
de sus compañeros, se puso en oración; é 
cómo tuvo, según dicen los autores, revela- 



Páginas. 

cion del cielo; é cómo fué favorescido y dio 
batalla á Uscovilca y le prendió y mató en 
ella, y de otros casos y cosas que acaecieron. 33 

Cap. IX. — En que trata cómo Inca Yupanqui, 
después de haber desbaratado y muerto á 
Uscovilca, tomó sus vestidos y ensinias de 
Señor que traia, é los demás capitanes pri- 
sioneros que habia traido, y las llevó á su 
padre Viracocha Inca, y las cosas que pasó 
con su padre, é cómo ordenó el padre de lo 
matar, y cómo se volvió Inca Yupanqui á la 
ciudad del Cuzco; é cómo desde cierto tiempo 
murió Viracocha Inca, y de las cosas que 
entre ellos pasaron en este medio tiempo; é 
de una costumbre que entre estos Señores te- 
nian en honrar los capitanes que de la guer- 
ra venian victoriosos {a) 39 

Cap. X. — En que trata de cómo Inca Yupanqui 
hizo juntar su gente y les repartió el despojo; 
y lo que se hizo de la gente que el Viracocha 
le diera por la oración que á él hiciera; y 
cómo tuvo nueva de la gente que hacian los 
capitanes de Uscovilca, y de cómo fué sobre 
ellos y los venció, y cómo, después de esto, 
tornó otra vez á partir el despojo que en esta 
batalla hubieron; y de las cosas que en este 
tiempo pasaron 63 

Cap. XI. — En que trata de cómo Inca Yupanqui 
hizo la Casa del Sol, y el bulto del sol, y de 
los grandes ayunos, idolatrías y ofrecimien- 
tos que en ello hizo 62 

Cap. XII. — En que trata cómo Inca Yupanqui 
hizo juntar los señores de toda la tierra que 



{a) Todo lo que en este epígrafe se anuncia desde la vuelta de Inca 
Yupanqui al Cuzco, falta en el texto del capítulo. Debió ser distracción de 
Betánzos-, porque, según su historia, Viracocha no muere ni debe morir 
hasta el cap. XVII. - .' .. 



Páginas. 

hasta allí á él eran subjetos, y cómo fortale- 
ció é hizo repartir las tierras en torno de la 
ciudad del Cuzco; y cómo hizo hacer los pri- 
meros depósitos de comidas é otros provei- 
mientos que para el bien de la república en 
el Cuzco eran necesarios 72 

Cap. XIII. — En que trata de cómo se juntaron, 
después de un año pasado, los señores caci- 
ques, y cómo Inca Yupanqui hizo reparar 
los dos arroyos que por la ciudad del Cuzco 
pasan; y cómo casó los mancebos solteros 
que habia, y cómo dio orden en el provei- 
miento de comidas que en la ciudad del 
Cuzco eran necesarias y república del 79 

Cap. XIV. — En que trata cómo Inca Yupanqui 
constituyó y ordenó la orden que se habia 
de tener en el hacer de los orejones, y los 
ayunos, cerimonias ó sacrificios que en el tal 
ordenar se habian de hacer, constituyendo, 
en este tiempo que esto se hiciese, una fiesta 
al sol, la cual fiesta y ordenamiento de ore- 
jones llamó y nombró Raymi 89 

Cap. XV. — En que trata de cómo Inca Yupanqui 
señaló el año y los meses y los puso nom- 
bre, y de las grandes idolatrías que consti- 
tuyó en las fiestas que ansí ordenó que se 
hiciesen en los tales meses; é de cómo hizo 
relojes de sol por los cuales viesen los de la 
ciudad del Cuzco cuando era tiempo de sem- 
brar sus sementeras loi 

Cap. XVI. — En que trata cómo Inca Yupanqui 
reedificó la ciudad del Cuzco, é cómo la re- 
partió entre los suyos 106 

Cap. XVII. — En que trata de cómo los señores 
del Cuzco quisieron que Inca Yupanqui to- 
mase la borla del Estado, viendo su gran 
saber é valerosidad, y él no la quiso rescebir, 
porque su padre Viracocha Inca era vivo, é 
sino fuese por su mano, que no la pensaba 



Páginas. 

rescebir; é cómo vino su padre Viracocha 
Inca y se la dio; é de cierta afrenta que des- 
pués desto hizo á su padre Viracocha Inca, 

é de la fin é muerte de Viracocha Inca ii6 

Cap. XVIII. — En el cual se contiene cómo Inca 
Yupanqui Pachacuti juntó los suyos, en la 
cual junta les mandó que todos se aderezasen 
con sus armas para cierto dia, porque queria 
ir á buscar tierras é gentes que ganar é con- 
quistar é sujetar al dominio é servidumbre 
de la ciudad del Cuzco; é cómo salió con 
toda su gente é amigos, é ganó é conquistó 
muchos pueblos y provincias, é de lo que en 
la tal jornada le acaeció á él y á sus capi- 
tanes 130 



SUMA Y NARRACIÓN DE LOS INCAS 
que los indios llamaron Gapaccuna^ que fueron 
Señores en la ciudad del Cu^co, y de todo lo á 
ella subjeto, que fueron mili leguas de tierra, 
las cuales eran desde el rio de Maule, que es 
delante de Chile , hasta de aquella parte de la 
ciudad del Quito; todo cual poseyeron y seño- 
rearon hasta que el marqués don Francisco Bi- 
zarro lo ganó é conquistó é puso debajo del 
yugo é dominio real de Su Ma gestad, en la cual 
Suma se contiene la vida y hechos de los Incas 
Capaccuna pasados. Agora nuevamente 
traducido é recopilado de lengua india 
de los naturales del Perú por Juan 
de Betúnaos , vecino de la gran 
ciudad del Cu{co. La cual 
Suma y historia va 
dividida en dos 
partes. 



% 



TABLA 

de los Incas y Capaccuna, Señores que fueron 
destas provincias del Perú, 



I." — Mango Capac [Manco Capac], 

i."" — Chincheroca [Sinchi Roca]^ su hijo. 

3.° — Lloque Yupanque [Lloque Tupanqui\ su hijo. 

4.° — Capac Yupanque [Capac Tupanqui\ su hijo. 

5.° — Mavta Capac, su hijo. 

6.° — Yngaroca Inga [Inca Roca Inca\ su hijo. 

7.° — Yaguar Guacac Inga Yupanque [Tahuar 
Huacac Inca Tupanquij, hijo mayor. 

S."" — Viracocha Inga [Huiracccha Inca], su hijo. 

9."" — Ynga Yupanque Pachacuti Ynca [Inca Tu- 
panqui Pachacutec Inca], hijo menor. 
io.° — Yamque {a) Yupanque [Inca Tupanqut]. 
ii.° — ToPx\ Inga Yupanque [Tupac Inca Tupanqut], 
12.° — GuAYNA Capac [Huatna Capac], 
13.° — Atagualpa [Atahuallpa], su hermano? 



(a) Yamque ó Yaniqtiit^ nombre que equivalen título de alta y rancia 
nobleza; pero aquí creo que lo puso el copiante por equivocación en lugar 
de Tuca. 



Los que después de la muerte de Atagualpa 
nombró el marqués Yngas: 

Topa Gualpa [Tupac Huallpa\ Mango Ynga 
{Manco Inca]. 



El que nombraron los capitanes de Mango Inga: 

Saire Topa [Xairi Tupac\ que agora está en las 
montañas. 



AI Illustre y Excelentissimo Señor Don Anto- 
nio de Mendoza, Vtssorey y Capitán general 
por Su Ma gestad en estos reinos y provincias 
del Perú, 



ILUSTRÍsiMO Y EXCELENTÍSIMO Señor: Acabado de 
traducir y recopilar un libro que Doctrina chripstiana 
se dice, en el cual se contiene la doctrina chripstiana y 
dos Vocabularios^ uno de vocablos, y otro de noticias y 
oraciones enteras y coloquios y confisionario, quedó 
mi juicio tan fatigado y mi cuerpo tan cansado, en seis 
años de mi mocedad que en él gasté, que propuse, y 
habia determinado entre mí, de no componer ni tradu- 
cir otro libro de semejante materia en lengua india, 
que tratase de los hechos y costumbres destos indios 
naturales del Perú, por el gran trabajo que dello vi 
que se me ofrecia y por la variedad que hallaba en el 
informarme destas cosas, y ver cuan diferentemente los 
conquistadores hablan dello, y muy lejos de lo que los 
indios usaron; y esto creo yo ser, porque entonces, no 
tanto se empleaban en sabello, cuanto en sujetar la tier- 



ra y adquirir; y también, porque, nuevos en el trato 
de los indios, no sabrían inquirillo y preguntallo, fal- 
tándoles la inteligencia de la lengua, y los indios, rece- 
lándose, no sabrian dar entera relación. Fácil cosa po- 
dría parecer escribir semejantes libros, y muy difícil 
contentar al lector; porque los ojos, conténtanse con 
que sea bien legible la letra, mas, el delicado, y experi- 
mentado juicio de Vuestra Ilustrísima Señoría 
requería estilo gracioso y elocuencia suave, lo cual ya, 
para presente y servicio que yo á Vuestra Excelen- 
cia hiciese, en mi falta, y la historia de semejante ma- 
teria no da lugar, pues para ser verdadero y fiel tradu- 
cidor, tengo de guardar la manera y orden del hablar 
de los naturales. Y viniendo al propósito, digo, que en 
esta presente escriptura algunos ratos empleará Vues- 
tra Excelencia los ojos para leella, la cual, aun- 
que no sea volumen muy alto, ha sido muy trabajoso; 
lo uno, porque no le traduje y recopilé siendo informa- 
do de uno solo, sino de muchos, y de los más antiguos 
y de crédito que hallé entre estos naturales; y lo otro, 
pensando que había de ser ofrecida á Vuestra Exce- 
lencia. Háme sido también muy penosa, por el poco 
tiempo que he tenido para ocuparme en ella, pues para 
el otro libro de la Doctrina era menester todo; y sobre 
todo, añadióse al trabajo haber de dar fin á este libro en 
breve, agora que Vuestra Excelencia me lo man- 
dó. Los nombres de los Ingas que los indios llamaron 
Capaccuna, que á su entender quiere decir, que mayor 
no lo hay ni puede haber ^ é cuyos hechos y vidas aquí 
escribo, la tabla de los cuales se hallará en fin de este 
prólogo, si alguno me quisiere redargüir que en la ma- 



teria deste libro hay algo supérfluo ó que dejé algo de 
decir por olvido, será sin motivo, dicho de indios co- 
munes que hablan por antiojo ó por sueños, que ansí 
lo suelen hacer, ó porque á los tales reprendedores 
les parecia, cuando se informaban, que los indios co- 
munes querian decir lo que ellos agora afirman con- 
tando estas cosas, no lo entendiendo retamente. Ni 
aun las lenguas, en los tiempos pasados, no sabian in- 
quirir y preguntar lo que ellos pretendían saber y ser 
informados. Bien veo ser niñerías y vanidades lo que 
estos indios usaban y yo escribo aquí; mas, relatarlas 
yo siendo mandado, tengo de traducir como ello pasa- 
ba; y por tanto este libro resciba favor de Vuestra 
Excelencia. 

Excelentísimo Señor : La vida y estado de 
Vuestra Excelencia, Nuestro Señor prospere con 
mucha felicidad. 



CAPITULO PRIMERO,— Que trata del Con 
Tici Viracocha (a), que ellos tienen que fué el 
Hacedor, é de cómo hi{o el cielo é tierra é las 
gentes indios destas provincias del Perú. 



EN los tiempos antiguos, dicen ser la tierra é pro- 
vincia del Perú escura, y que en ella no habia lum- 
bre ni dia. Que habia en este tiempo cierta gente en 
ella, la cual gente tenia cierto Señor que la mandaba y 
á quien ella era subjeta. Del nombre desta gente y del 
Señor que la mandaba no se acuerdan. Y en estos 
tiempos que esta tierra era toda noche, dicen que salió 
de una laguna que es en esta tierra del Perú en la pro- 



{a) Aunque en todo el MS. que nos sirve de original se halla este nom- 
bre escrito constantemente Contitiviracocha, nosotros seguimos á la ma- 
yoría de las autoridades en la materia, que escriben tizi, tici, ticci, tizci y 
ticsi. Bien es verdad que la segunda / del tiii de Betánzos, puede ser una tz- 
ó / suave, como la de los vascongados é ingleses. 

1 



Suma y narración de los Incas, 



vincia que dicen de Collasuyo, un Señor que llamaron 
Con Tici Viracocha, el cual dicen haber sacado con- 
sigo cierto número de gentes, del cual número no se 
acuerdan. Y como este hubiese salido desta lagu- 
na, fuese de allí á un sitio ques junto á esta lagu- 
na, questá donde hoy dia es un pueblo que llaman Tia- 
guanaco, en esta provincia ya dicha del CoUao; y como 
allí fuese él y los suyos, luego allí en improviso dicen 
que hizo el sol y el dia, y que al sol mandó que andu- 
viese por el curso que anda; y luego dicen que hizo 
las estrellas y la luna. El cual Con Tici Viracocha, 
dicen haber salido otra vez antes de aquella, y que 
en esta vez primera que salió, hizo el cielo y la tier- 
ra, y que todo lo dejó escuro; y que entonces hizo 
aquella gente que habia en el tiempo de la escuridad 
ya dicha; y que esta gente le hizo cierto deservicio 
á este Viracocha, y como della estuviese enojado, 
tornó esta vez postrera y salió como antes habia he- 
cho, y á aquella gente primera y á su Señor, en cas- 
tigo del enojo que le hicieron, hízolos que se tornasen 
piedra luego. 

Así como salió y en aquella mesma hora, como ya 
hemos dicho, dicen que hizo el sol y dia, y luna y 
estrellas; y que esto hecho, que en aquel asiento de 
Tiaguanaco, hizo de piedra cierta gente y manera de 
dechado de la gente que después habia de produ- 
cir, haciéndolo en esta manera: Que hizo de piedra 
cierto número de gente y un principal que la gober- 
naba y señoreaba y muchas mujeres preñadas y otras 
paridas y que los niños tenían en cunas, según su uso; 



Capitulo /. 



todo lo cual ansí hecho de piedra, que lo apartaba á 
cierta parte; y que él luego hizo otra provincia allí en 
Tiaguanaco, formándolos de piedras en la manera ya 
dicha, Y como los hobiese acabado de hacer, mandó á 
toda su gente que se partiesen todos los que él allí 
consigo tenia, dejando solos dos en su compañía, á los 
cuales dijo que mirasen aquellos bultos y los nombres 
que les habia dado á cada género de aquellos, señalán- 
doles y diciéndoles: ^'éstos se llamarán los tales y sal- 
drán de tal fuente en tal provincia, y poblarán en ella, 
y allí serán aumentados; y éstos saldrán de tal cueva, y 
se nombrarán los fulanos, y poblarán en tal parte; y ansí 
como yo aquí los tengo pintados y hechos de piedras, 
ansí han de salir de las fuentes y rios, y cuevas y cer- 
ros, en las provincias que ansí os he dicho y nombra- 
do; é iréis luego todos vosotros por esta parte (seña- 
lándoles hacia donde el sol sale), dividiéndoles á cada 
uno por sí y señalándoles el derecho que deba de 
llevar/*" 



Suma y narración de los Incas, 



CAP. 11. — En que se trata cómo salieron las 
gentes desta tierra por mandado de Viracocha 
é asimesmo de aquellos sus viracochas que 
para ello enviaba; y como el Con Tici Vira- 
cocha ansimesmo se partió, é los dos que le 
quedaron, á hacer la mesma obra, y cómo se 
juntó, al fin de haber esto acabado, con los 
suyos, y se metió por la mar, adonde nunca 
más le vieron. 



Eansí se partieron estos viracochas que habéis oido, 
los cuales iban por las provincias que les habia 
dicho Viracocha, llamando en cada provincia, ansí 
como llegaban, cada uno de ellos, por la parte que 
iban a la tal provincia, los que el Viracocha en Tia- 
guanaco les señaló de piedra que en la tal provincia 
habian de salir, puniéndose cada uno destos viracochas 
allí junto al sitio do les era dicho que la tal gente de 
allí habia de salir; y siendo ansí, allí este Viracocha 
decía en alta voz: "Fulano, salid é poblad esta tierra 
que esta desierta, porque ansí lo mandó el Con Tici 
Viracocha, que hizo el mundo." Y como estos ansí 
los llamasen, luego salían las tales gentes de aquellas 
partes y lugares que ansí les era dicho por el Viraco- 
cha. Y ansí dicen que iban estos llamando y sacando 



Capitulo II, 



las gentes de las cuevas, rios y fuentes é altas sierras, 
como ya en el capítulo antes déste habéis oido, y po- 
blando la tierra hacia la parte do el sol sale. 

E como el Con Tici Viracocha hobiese ya despa- 
chado esto, y ido en la manera ya dicha, dicen que los 
dos que allí quedaron con él en el pueblo de Tiagua- 
naco, que los envió asimismo a que llamasen y sacasen 
las gentes en la manera que ya habéis oido, devidien- 
do estos dos en esta manera: Que envió el uno por la 
parte y provincia de Condesuyo, que es, estando en 
este Tiagu anaco las espaldas do el sol sale, a la mano 
izquierda, para que ansímismo fuesen hacer lo que 
habían ido los primeros, y que ansímismo llamasen los 
indios y naturales de la provincia de Condesuyo; y 
que lo mismo envió el otro por la parte y provincia 
de Andesuyo, que es a la otra manderecha, puesto en 
la manera dicha, las espaldas hacia do el sol sale. 

Y estos dos ansí despachados, dicen que él ansímis- 
mo se partió por el derecho hacia el Cuzco, que es 
por el medio destas dos provincias, viniendo por el 
camino real que va por la sierra hacia Caxamalca; por 
el cual camino iba él ansímismo llamando y sacando 
las gentes en la manera que ya habéis oido. Y como 
llegase a una provincia que dicen Cacha, que es de 
indios Canas, la cual está diez y ocho leguas de la ciu- 
dad del Cuzco, este Viracocha, como hobiese allí lla- 
mado estos indios Canas, que luego como salieron, que 
salieron armados, y como viesen al Viracocha, no lo 
conociendo, dicen que se venían a él con sus armas 
todos juntos a le matar, y que él, como los viese venir 



Suma y narración de los Incas. 



ansí, entendiendo á lo que venían, luego improviso 
hizo que cayese fuego del cielo y que viniese que- 
mando una cordillera de un cerro hacia do los indios 
estaban. Y como los indios viesen el fuego, que tu- 
vieron temor de ser quemados y arrojaron las armas 
en tierra, y se fueron derechos al Viracocha, y como 
llegasen a él, se echaron por tierra todos; el cual, como 
ansí los viese, tomó una vara en las manos y fué do 
el fuego estaba, y dio en él dos ó tres varazos y luego 
fué muerto. Y todo esto hecho, dijo a los indios cómo 
él era su hacedor; y luego los indios Canas hicieron en 
el lugar do él se puso, para quel fuego cayese del cie- 
lo y de allí partió a matalles, una suntuosa guaca, que 
quiere decir guaca adoratorio ó ídolo, en la cual guaca 
ofrecieron mucha cantidad de oro y plata éstos y sus 
descendientes, en la cual guaca pusieron un bulto de 
piedra esculpido en una piedra grande de casi cinco 
varas en largo y de ancho una vara ó poco menos, en 
memoria de este Viracocha y de aquello allí subcedido; 
lo cual dicen estar hecha esta guaca desde su antigüe- 
dad hasta hoy. — Y yo he visto el cerro quemado y las 
piedras del, y la quemadura es de más de un cuarto de 
legua; y viendo esta admiración, llamé en este pueblo 
de Chaca (a) los indios é principales más ancianos, é 
pregúnteles qué hobiese sido aquello de aquel cerro 
quemado, y ellos me dijeron esto que habéis oido. Y 
la guaca de este Viracocha está en derecho desta que- 



(a) Aií por Cacha. 



Capítulo 11, 



madura un tiro de piedra della, en un llano y de la 
otra parte de un arroyo que está entre esta quemadu- 
ra y la guaca. Muchas personas han pasado este arro- 
yo y han visto esta guaca, porque han oido lo ya 
dicho a los indios, y han visto esta piedra: que pre- 
guntando á los indios que qué figura tenia este Vira- 
cocha cuando ansí le vieron los antiguos, según que 
dello ellos tenian noticia, y dijéronme que era un 
hombre alto de cuerpo y que tenia una vestidura blan- 
ca que le daba hasta los pies, y questa vestidura traia 
ceñida; é que traia el cabello corto y una corona hecha 
en la cabeza á manera de sacerdote; y que andaba des- 
tocado, y que traia en las manos cierta cosa que a ellos 
les parece el dia de hoy como estos breviarios que los 
sacerdotes traian en las manos. Y esta es la razón que 
yo desto tuve, según que los indios me dijeron. Y 
pregúnteles cómo se llamaba aquella persona en cuyo 
lugar aquella piedra era puesta, y dijéronme que se 
llama Con Tici Viracocha Pachayachachic, que quiere 
decir en su lengua, Dios hacedor del mundo. 

Y volviendo á nuestra historia, dicen que después 
de haber hecho en esta provincia de Cacha este mila- 
gro, que pasó adelante, siempre entendiendo en su 
obra, como ya habéis oido, y como llegase á un sitio 
que agora dicen el Tambo de Urcos, que es seis le- 
guas de la ciudad del Cuzco, subióse a un cerro alto 
y sentóse en lo más alto del, de donde dicen que 
mandó que produciesen y saliesen de aquella altura los 
indios naturales que allí residen el dia de hoy. Y por- 
que este Viracocha allí se hubiese sentado, le hicieron 



8 Suma y Jiarracion de los Incas. 



en aquel lugar una muy rica y suntuosa guaca, en la 
cual guaca, porque se sentó en aquel lugar este Vira- 
cocha, pusieron los que la edificaron un escaño de oro 
fino, y el bulto que en el lugar deste Viracocha pusie- 
ron, le sentaron en este escaño; el cual bulto de oro 
fino, en la parte (a) del Cuzco que los chripstianos 
hicieron cuando le ganaron, [valió ó pesó] diez y seis 
ó diez y ocho mili pesos. Y de allí el Viracocha se par- 
tió y vino haciendo sus gentes, como ya habéis oido, 
hasta que llegó al Cuzco; donde llegado que fué, dicen 
que hizo un Señor, al cual puso por nombre Alcaviza, 
y puso nombre ansímesmo a este sitio, do este Señor 
hizo, Cuzco; y dejando orden como después quél pasa- 
se produciese los orejones, se partió adelante haciendo 
su obra. Y como llegase a la provincia de Puerto Vie- 
jo, se juntó allí con los suyos que ante él inviaba en la 
manera ya dicha, donde como allí se juntasen, se metió 
por la mar juntamente con ellos, por do dicen que 
andaba él y los suyos por el agua ansí como si andu- 
vieran por tierra. Otras muchas cosas hobiera aquí 
más escripto deste Viracocha, segund que estos indios 
me han informado del, sino, por evitar proligidad y 
grandes idolatrías y bestialidad, no las puse; donde 
le dejaremos y hablaremos del producimiento de los 
orejones de la ciudad del Cuzco, que ansímesmo van 
[usan] y siguen la bestialidad é idolatría gentílica y bár- 
bara que ya habéis oido (b). 



{a) Entiéndase reparto del botin. 

(¿) Estos capítulos I y II trasladó, mudando el estilo, el P. Gregorio 



Capitulo III, 



CAP, III. — En que trata del sitio y manera en 
(asi) que tenia el lugar do ora dicen y llaman 
la gran ciudad del Cu{co, y del producimiento 
de los Orejones y según que ellos tienen que 
producieron y salieron de cierta cueva. 



EN el lugar y sitio que hoy dicen y llaman la gran 
ciudad del Cuzco, en la provincia del Perú, en los 
tiempos antiguos, antes que en él hobiese Señores Ore- 
jones, Incas, Capaccuna, que ellos dicen reyes, habia 
un pueblo pequeño de hasta treinta casas pequeñas pa- 
jizas y muy ruines, y en ellas habia treinta indios, y 
el Señor y cacique de este pueblo se decia Alcaviza; y 
lo demás dentorno deste pueblo pequeño, era una 
ciénega de junco, [y] yerba cortadera, la cual ciénega 
causaban los manantiales de agua que de la sierra y lu- 
gar do agora es la fortaleza sallan; y esta ciénaga era 
y se hacia en el lugar do agora es la plaza y las casas 
del marqués don Francisco Pizarro, que después esta 
ciudad ganó; y lo mismo era en el sitio de las casas 
del comendador Hernando Pizarro; y asimismo era 



García, en el capítulo VII del libro último de su Origen de los indios del 
Nuevo Mundo. 



ro Suma y narración de los Incas. 



ciénaga el lugar y sitio do es en esta ciudad, de la par- 
te del arroyo que por medio della pasa, el mercado ó 
tiánguez, plaza de contratación de los mismos natura- 
les indios. Al cual pueblo llamaban los moradores del 
desde su antigüedad Cozco; y lo que quiere decir este 
I nombre Cozco no lo saben declarar, mas de decir que 
! ansí se nombraba antiguamente. 

Y viviendo y residiendo en este pueblo Alcaviza, 
abrió la tierra una cueva siete leguas deste pueblo, do 
llaman hoy Pacaritambo, que dice Casa de produci- 
rniento; y esta cueva tenia la salida della cuanto un 
hombre podia caber saliendo ó entrando á gatas; de la 
cual cueva, luego que se abrió, salieron cuatro hom- 
bres con sus mujeres, saliendo en esta manera. Salió 
primero el que se llamó Ayar Cache y su mujer con él, 
que se llamó Mama Guaco; y tras éste salió otro que 
se llamó Ayar Oche, y tras él su mujer, que se llamó 
Cura; y tras éste salió otro que se llamó Ayar Auca, y 
su mujer, que se llamó Ragua Ocllo; y tras éstos salió 
otro que se llamó Ayar Mango, a quien después lla- 
maron Mango Capac, que quiere decir el rey Mango; 
y tras éste salió su mujer que llamaron Mama Ocllo; 
los cuales sacaron en sus manos, de dentro de la cueva, 
unas alabardas de oro, y ellos salieron vestidos de unas 
vestiduras de lana fina tejida con oro fino, y a los cue- 
llos sacaron unas bolsas, ansí mismo de lana y oro, muy 
labradas, en las cuales bolsas sacaron unas hondas de 
niervos. Y las mujeres salieron asimismo vestidas muy 
ricamente, con unas mantas y fajas, que ellos llaman 
chumbis, muy labradas de oro, y con los prendederos 



Capítulo III. II 



de oro muy fino, los cuales son unos alfileres largos 
de dos palmos que ellos llaman topos; y ansí mismo sa- 
caron estas mujeres el servicio con que habian de ser- 
vir y guisar de comer a sus maridos, como son ollas 
y cántaros pequeños, y platos y escudillas y vasos para 
beber, todo de oro fino. Los cuales, como fuesen de 
allí hasta un cerro questá legua y media del Cozco, 
Guanacaure, y descendieron de allí, a las espaldas deste 
cerro, á un valle pequeño que en él se hace, donde 
como fuesen allí, sembraron unas tierras de papas, 
comida destos indios, y subiendo un dia al cerro Gua- 
nacaure para de allí mirar y devisar donde fuese me- 
jor asiento y sitio para poblar; y siendo ya encima del 
cerro, Ayar Cache, que fué el primero que salió de la 
cueva, sacó una honda y puso en ella una piedra y 
tiróla á un cerro alto, y del golpe que dio, derribó el 
cerro y hizo en él una quebrada; y ansímismo tiró 
otras tres piedras, y hizo de cada una una quebrada 
grande en los cerros altos; los cuales tiros eran y son, 
desde donde los tiró hasta donde el golpe hicieron, 
según que ellos lo fantasean, espacio de legua y media 
y de una legua. 

Y viendo estos tiros de honda los otros tres sus 
compañeros, paráronse á pensar en la fortaleza deste 
Ayar Cache, y apartáronse de allí un poco aparte, y 
ordenaron de dar manera como aquel Ayar Cache se 
echase de su compañía, porque les parescia que era 
hombre de grandes fuerzas y valerosidad, y que los 
mandaría y subjetaria andando el tiempo, y acordaron 
de tornar desde allí a las cuevas donde habian salido; 



12 Suma y narración de los Incas. 

y porquellos al salir habian dejado muchas riquezas de 
oro y ropa y del más servicio dentro de la cueva, or- 
denaron, sobre cautela, que tenian necesidad deste 
servicio, que volviese a lo sacar Ayar Cache; el cual 
dijo que le placia, y siendo ya a la puerta de la cueva, 
Ayar Cache entró agatado, bien ansí como habia sali- 
do, que no po^ian entrar menos; y como le viesen los 
demás dentro, tomaron una gran losa, y cerráronle la 
salida y puerta por do entró; y luego, con mucha pie- 
dra y mezcla, hicieron á ésta en toda [entrada?] una 
gruesa pared, de manera que cuando volviese á salir, 
no pudiese y se quedase allá. Y esto acabado, estuvié- 
ronse allí hasta que dende á cierto rato oyeron cómo 
daba golpes en la losa de dentro Ayar Cache, y viendo 
los compañeros que no podia salir, tornáronse al asiento 
de Guanacaure, donde estuvieron los tres juntos un 
año y las cuatro mujeres con ellos; y la mujer de Ayar 
Cache , que ya era quedado en la cueva, diéronla á 
Ayar Mango, para que le sirviese. 



Capitulo IV, 1 3 



CAP, IV. — En que trata cómo Ayar Mango 
se descendió de los altos de Guanacaure d vivir 
d otra quebrada, donde, después de cierto 
tiempo, de allí se pasó d vivir d la ciudad del 
Cuíco, en compañía de Alcavi^a, dejando en 
el cerro Guanacaure d su compañero Ayar 
Oche hecho ídolo ^ como por la historia más 
largo lo contará. 



Y el año cumplido que allí estuvieron, paresciéndo- 
les que aquel sitio no era cual les convenia, pasá- 
ronse de allí media legua más hacia el Cuzco, á otra 
quebrada, questuvieron otro año, y desde encima de 
los cerros desta quebrada, la cual se llama Matagua, 
miraban el valle del Cuzco y el pueblo que tenia po- 
blado Alcaviza, y parescióles que era buen sitio aquel 
do estaba poblado aquel pueblo de Alcaviza; y des- 
cendidos que fueron al sitio y ranchería que tenían, 
entraron en su acuerdo, y parescióles quel uno dellos 
se quedase en el cerro de Guanacaure hecho ídolo, é 
que los que quedaban, fuesen á poblar con los que 
vivían en aquel pueblo y que adorasen á éste que ansí 
quedase hecho ídolo, y que hablase con el sol, su pa- 
dre, que los guardase y aumentase y diese hijos, y los 
inviase buenos temporales. Y luego se levantó en 



14 Suma y narración de los Incas, 



pié Ayar Oche y mostró unas alas grandes y dijo quél 
habia de ser el que quedase allí en el cerro de Guana- 
caure por ídolo, para hablar con el sol su padre. Y lue- 
go subieron el cerro arriba, y siendo ya en el sitio do 
habia de quedar hecho ídolo, dio un vuelo hacia el cielo 
el Ayar Oche, tan alto, que no lo devisaron; y tornóse 
allí, y díjole á Ayar Mango, que de allí se nombrase 
Mango Capac, porque él venia de donde el sol esta- 
ba, y que ansí lo mandaba el sol que se nombrase; y 
que se descendiese de allí y se fuese al pueblo que 
habían visto y que le seria fecha buena compañía por 
los moradores del pueblo; y que poblase allí; y que su 
mujer Cura, que se la daba para que le sirviese, y 
quél llevase consigo á su compañero Ayar Auca. 

Y acabado de decir esto por el ídolo Ayar Oche, 
tornóse piedra ansí como estaba, con sus alas, y luego 
se descendió Mango Capac y Ayar Auca a su ranche- 
ría; y descendidos que fueron, vinieron donde el ídolo 
estaba muchos indios de un pueblo de allí cercano, y 
como vieron el ídolo hecho piedra, que le habían visto 
cuando el vuelo dio en lo alto, tiráronle una piedra y 
desta piedra le quebraron al ídolo una ala; de donde, 
como ya le hubiesen quebrado una ala, no pudo volar 
ya más; y como le viesen hecho piedra, no le hicieron 
más enojo. 

Y volviéndose estos indios que esto hicieron ansí á 
su pueblo. Mango Capac y su compañero Ayar Auca 
salieron de sus rancherías, llevando consigo sus cuatro 
mujeres ya nombradas, y caminaron para el pueblo de 
el Cozco, donde estaba Alcaviza. Y antes que llegasen 



Capítulo IV, 1 5 



al pueblo, dos tiros de arcabuz, estaba poblado un pue- 
blo pequeño, en el cual pueblo habia coca y ají; y lal 
mujer de Ayar Oche, el que se perdió en la cueva, lla-¡ 
mada Mama Guaco, dio a un indio de los deste pueblo! 
de coca un golpe con unos ayllos y matóle y abrióle( 
de pronto y sacóle los bofes y el corazón, y á vista de| 
los demás del pueblo, hinchó los bofes soplándolos; yf 
visto por los indios del pueblo aquel caso, tuvieron 
gran temor, é con el miedo que habian tomado, luego 
en aquella hora se fueron huyendo al valle que llaman 
el dia de hoy Gualla, de donde han procedido los in- 
dios que el dia de hoy benefician la coca de Gualla. Y 
esto hecho, pasaron adelante Mango Capac y su gente, 
y hablaron con Alcaviza, diciéndole que el sol los in- 
viaba a que poblasen con él alli en aquel pueblo del 
Cozco; y el Alcaviza, como le viese tan bien aderezado 
á él y a su compañía, y las alabardas de oro que en las 
manos traían, y el demás servicio de oro, entendió que 
era ansí y que eran hijos del sol, y díjoles que poblasen 
donde mejor les paresciese. Y el Mango Capac agra- 
descióselo, y paresciéndole bien el sitio y asiento do 
agora es en esta ciudad del Cuzco la casa y convento 
de Santo Domingo, que antes solía ser la Casa del Sol, 
como adelante la historia lo dirá, hizo allí el Mango 
Capac y su compañero, y con el ayuda de las cuatro 
mujeres, una casa, sin consentir que gente Alcaviza 
les ayudase, aunque los querían ayudar; en la cual casa 
se metieron ellos dos y sus cuatro mujeres. Y esto he- 
cho, dende á cierto tiempo el Mango Capac y su com- 
pañero con sus cuatro mujeres, sembraron unas tierras 



1 6 Suma y narración de los Incas, 

de maiz, la cual semilla de maíz dicen haber sacado 
ellos de la cueva, á la cual cueva nombró este Señor 
Mango Capac, Pacarictambo, que dice, Casa de produ- 
cimiento^ porque, como ya habéis oido, dicen que salie- 
ron de aquella cueva. Su sementera hecha, holgábanse 
y regocijábanse Mango Capac y Alcaviza en buena 
amistad y en contentamiento. 



CAP. V. — En que trata cómo murió Ayar Auca, 
compañero de Mango Capac, y cómo hubo un 
hijo Mango Capac, el cual se llamó Sinchi 
Roca {a); é cómo murió Mango Capac, y cómo 
murió después de esto Alcapi^a después; y de 
los Señores que deste Sinchi Roca sucedieron 
hasta Viracocha Inca, y de los casos y cosas 
que acaecieron en los tiempos destos hasta Vi- 
racocha Inca. 



DENDE á dos años que allí vino Mango Capac, mu- 
rió su compañero Ayar Auca, y quedó la mujer en 
compañía de las demás de Mango Capac, sin que en 
ellahobiese habido hijo ninguno de Ayar Auca, y ansí, 
quedó solo Mango Capac con su mujer y las otras tres 



[a) En n. orig. se halla escrito constantemente Chincha Roca. 



Capítulo V, 17 



de sus compañeros ya dichos, y sin que tuviese que ver 
con ninguna dellas para en cuanto a tenellas por mu- 
jeres propias, sino con la suya propia; en la cual, dende 
á poco tiempo hubo un hijo, al cual hizo llamar Sinchi 
Roca. Y siendo ya Sinchi Roca mancebo de hasta 
quince ó diez y seis años, murió su padre Mango 
Capac, sin dejar otro hijo sino fué este Sinchi Roca. E 
dende cinco años que murió Mango Capac, murió Ai- 
caviza. Y como fuese ya de edad de veinte años este 
Sinchi Roca, hijo de Mango Capac, usó por mujer una 
señora llamada Mama Coca, hija de un cacique Señor 
de un pueblo questá una legua del Cuzco, que llaman 
Zañu, en la cual señora hubo Sinchi Roca un hijo lla- 
mado Lloque Yupanqui. Este Lloque Yupanqui nació 
con dientes, y luego que nació, anduvo, y nunca quiso 
mamar; y luego habló cosas de admiración, que a mi 
parescer debió de ser otro Merlin, según que las fábu- 
las dicen. Y ansí como este nació, que tomó una piedra 
en las manos y tiróla á otro muchacho descendiente de 
Alcaviza, que al presente por allí pasaba, el cual iba 
por agua á una fuente con cierta vasija en las manos, 
de la cual pedrada Lloque Yupanqui, el recien nacido, 
quebró una pierna al muchacho de Alcaviza ya dicho, 
del cual caso los agoreros dijeron, que los que descen- 
dieren de este Lloque Yupanqui serian grandes Se- 
ñores, y que señorearian aquel pueblo; y que los des- 
cendientes de los de Alcaviza serian echados de aquel 
pueblo por los descendientes de Lloque Yupanqui; lo 
cual así fué, como la historia lo dirá adelante, según que 
lo dijeron los que dieron razón dello. Y porque este 



1 8 Suma y narración de los Incas, 



Lloque Yupanqui no hizo cosas más notables questa ya 
dicha, en el tiempo que vivió, le dejaremos. 

Y después de los dias de éste sucedió en su lugar 
un hijo suyo, que se llamó Capac Yupanqui, del cual 
se dice no haber procurado {a) más ser que su padre 
Lloque Yupanqui le dejó. Y después de los dias de 
éste, sucedió en su lugar un hijo suyo que se dijo 
Mayta Capac, el cual dicen no haber procurado más 
ser que sus pasados. Y después de los dias de éste, 
sucedió en su lugar un hijo suyo que se dijo Inca 
Roca Inca, del cual dicen haber habido en seis muje- 
res que tuvo, treinta hijos y hijas. Y después de los 
dias deste, sucedió en su lugar un hijo suyo y mayor 
de los otros, que se llamó Yaguar Guacac Inca Yupan- 
qui. Déste dicen que nació llorando sangre, y por eso- 
le llamaron Yaguar Guacac, que dicen, llorar sangre. 
Deste dicen que tuvo veinte mujeres, en las cuales 
hubo cincuenta hijos y hijas; del cual dicen no haber 
procurado más ser que le dejaron sus pasados. 

Y después de los dias deste, sucedió en su lugar un 
hijo suyo que llaman Viracocha Inca, porque era muy 
amigable á los suyos y afable y los gobernaba en 
mucha quietud, dándoles siempre dádivas y haciéndo- 
les mercedes. Y como éste fuese ansí, amábanle los 
suyos con gran voluntad; y levantándose un dia por 
la mañana, salió alegre á los suyos, y preguntándole 
los suyos que de qué se regocijaba, dicen que les res- 



(a) Pagado, en n. orig. 



Capítulo VI. 1 9 



pondió que el Viracocha Pachayachachic le habia ha- 
blado aquella noche, diciendo que Dios le habia ha- 
blado aquella noche {asz)\ y luego se levantaron todos 
los suyos y le llamaron Viracocha Inca, que quiere de- 
cir, Rey y Dics] y desde allí se nombró este nombre. 



CAP, VI. — En que trata de cómo habia muchos 
Señores en la redondel del Cu{co, que se intitu- 
laban reyes y Señores en ¡as provincias donde 
estaban; é de cómo se levantó de entre estos un 
Señor Chanca que llamaron Uscovilca, é cómo 
hi{0 guerra él y sus capitanes á los demás Se- 
ñores, é los sujetó, é cómo vino sobre el Cu^co, 
tiniendo noticia de Viracocha Inca, é de cómo 
Viracocha Inca le invió a dar obediencia, é 
después se salió Viracocha Inca á cierto peñol, 
llevando consigo todos los de la ciudad. 



EN el tiempo deste Viracocha Inca habia más de dos- 
cientos Señores caciques de pueblos y provincias, 
cincuenta y sesenta leguas en la redondez desta ciudad 
del Cuzco, los cuales se intitulaban y nombraban en 
sus tierras y pueblos Capac Inca, que quiere decir Se- 
ñores é reyes\ y lo mismo hacia este Viracocha Inca, é 
intitulábase, como arriba diximos, Dios; de donde vie- 
ron los demás Señores ya dichos, que se intitulaba de 



20 Suma Y narración de los Incas. 



mas ser que ninguno dellos. Y como un Señor destos, 
de nación Chanca, que se decia Uscovilca, el cual era 
señor de mucha suma de gente é tenia seys capitanes 
muy valerosos, sus sujetos, que se llamaron Malma (a)^ 
y otro Rapa, y otro Yanavilca (¿^), y otro Teclovilca, y 
otro Guamanguaraca, y otro Tomayguaraca; y este 
Uscovilca, como tuviese noticia que en el Cuzco resi- 
dia Viracocha Inca y que se intitulase de mayor señor 
que él, siendo él más poderoso de gente é intitulándo- 
se él Señor de toda la tierra, pareciéndole bien ver qué 
poder era el de Viracocha Inca, y para ver esto, estan- 
do este Uscovilca en el pueblo de Paucaray (í-), que es 
tres leguas de Páreos, entró en consulta con los su- 
yos qué orden debiesen tener para este hecho; y vien- 
do que su poder era grande, acordaron en su acuerdo 
que debian ir sus capitanes á descubrir por las partes 
de Condesuyo é provincias, é ansímismo por la parte 
de Andesuyo á lo mismo, y que él ansímismo, con 
dos capitanes de los suyos y con la gente que le que- 
dase, fuese por medio destas dos provincias derecha- 
mente á la ciudad del Cuzco, y que desta manera seria 
Señor de toda la tierra, y que él de su mano sujetarla 
á Viracocha Inca. Y ansí, salió de su acuerdo; y des- 
que hobo salido, mandó que para un dia señalado se 
juntase toda su gente en aquel lugar é llano de Pau- 



(a) Ó Macma. 

(¿) Yanalvica, en n. orig. 

{c) Pacauray, en n. orig. 



Capitulo VL 2 1 



caray (¿2), donde él era natural; y ansí se juntaron todos 
ios suyos el día que les fué mandado. Y siendo ansí 
juntos, mandó á sus capitanes que hiciesen tres partes 
toda aquella gente; y siendo ya apartados y hechas las 
tres partes, mandólos proveer de armas á todos, que 
fueron lanzas, alabardas y hachas, y porras, y hondas 
y ayllos y rodelas; de las cuales, siendo ya proveídos 
deste menester, mandóles proveer de muchos mante- 
nimientos para su camino, como es carne seca, y maíz, y 
pescado seco y de las demás comidas, haciéndoles la 
gracia y merced de todo el despojo que en la guerra 
hobiesen de ganado, ropa y oro y plata é mujeres y 
otras piezas é anaconas que ansí en la guerra hobiesen. 
Y dando una parte destas gentes á los capitanes de los 
suyos, que se llamaron Malma y Irapa (^), a los cuales 
mandó que luego se partiesen, y que fuesen conquis- 
tando por la provincia de Condesuyo hasta donde gen- 
te no hallasen que conquistar pudiesen. Y ansí se fue- 
ron estos dos capitanes ya dichos, llevando la gente ya 
dicha; y al tiempo que se despidieron del Señor, dié- 
ronle grandes gracias y loores, ansí los capitanes como 
la demás gente, por la merced que les fué hecha del 
despojo. Y ansí fueron conquistando estos dos capita- 
nes Malma y Irapa por la provincia de Condesuyo, lle- 
vando gran poder de gente; y fué tanta la ventura des- 
tos dos capitanes, que ganaron é sujetaron yendo des- 



(a) Pucaray, en n. orig. 

{b) Antes Rapa; la forma de ahora debe ser efecto de la conjunción y. 



22 Suma y narración de los Incas, 



del pueblo de Paucaray por la provincia de Condesuyo, 
hasta llegar a las dichas cincuenta leguas más allá de 
los Charcas. 

Dejaremos estos capitanes y hablaremos de los otros 
dos que invió ansímismo Uscovilca por la parte de 
Andesuyo, los cuales se llamaron Yana Vilca y To- 
quello Vilca (¿z); á los cuales como les diese su Señor 
Uscovilca la otra parte de gente, partieron de allí de 
Paucaray; á los cuales, al partir, les fue mandado por 
Uscovilca que no llegasen al Cuzco con diez leguas, 
sino que pasasen apartados del, porquel Uscovilca 
queria esta empresa del Cuzco para sí. Y ansí, se 
apartaron estos dos capitanes, metiéndose por la 
provincia de Condesuyo, ganando y conquistando 
provincias hasta llegar á los Chiriguanes, donde los 
dejaremos y hablaremos de Uscovilca. 

El cual, como hobiese despachado sus cuatro capi- 
tanes en la manera que ya habéis oido, y tuviese {b) 
gran voluntad de por su persona ir é sujetar al Cuzco 
y al Viracocha Inca, tomando la otra tercia parte de 
gente que le quedó, dejando su tierra y pueblo con el 
recaudo y guarda necesaria, para que si alguno sobre 
él se viniese le avisasen para volver en su guarda y 
reparo; — é ansí, ya hecho esto y proveído, se partió 
con su gente, y llevando consigo sus dos capitanes, en 
busca é demanda de Viracocha Inca. El cual estaba 



(a) Antes Teclovilca. Este Toquello ¿no será Toclla ó Tullu'> 
(¿) Obtuviese, en n. orig. 



Capítulo VL 23 



muy quieto de aquella zozobra, porque él no hacia 
guerra á nadie ni procuraba tomar ni quitar á nadie 
lo suyo. 

Y estando ansí quieto desta guerra que sobre él 
venia, llegaron a él dos mensajeros que le inviaba 
Uscovilca, por los cuales le inviaba á decir que la 
diese obediencia, como a Señor que era, donde nó, que 
se aparejase, quel le iba á hacer guerra, é que pensaba 
dalle batalla é sujetalle; que le hacia saber quél que- 
daba en Vilcacunga, que es siete leguas de la ciudad 
del Cuzco, y que seria bien breve con él. Y como Vi- 
racocha Inca viese la tal embajada que el Uscovilca le 
invió, y que traía gran poder, y que todo lo que atrás 
dejaba á él quedaba sujeto, invióle á decir que le placia 
de le dar obidiencia, y que queria comer y beber con 
él. Y salidos que fueron estos mensajeros de la ciudad 
del Cuzco con esta embajada de Viracocha Inca, hizo 
juntar sus principales y entraron en su acuerdo para 
ver lo que debian hacer, porque fueron tan breves los 
mensajeros de Uscovilca, que no le dieron lugar á 
que con los suyos tomase parecer en lo que debia res- 
ponder; y ansí, respondió lo que habéis oido; y des- 
pués entró (a); y estando en ella, consideraron que 
Uscovilca venia con gran poder de gente, y que 
venia soberbio y que, dándosele ansí tan fácilmente, 
que serian tenidos en poco, y acordaron, para con él 
mejor capitular las cosas que más les hacian á su con- 



(a) Aquí falta algo, como en sn junta 6 congregación. 



24 Suma y narración de los Incas, 

servacion, y aunque quedasen subjetos, no quedarían 
tanto cuanto si fácilmente se diesen, — de se salir desta 
ciudad del Cuzco el Viracocha con toda la gente de 
la ciudad, y con los más de los comarcanos que se- 
guirlos quisiesen, irse á un peñol questá siete leguas 
desta ciudad del Cuzco, por cima de un pueblo que se 
dice Calca, el cual peñol y fuerte se llama Caca Xaqui 
Xahuana (a). 

Viracocha Inca en esta sazón tenia siete hijos; tenia 
uno de ellos menor de todos, el cual se llamaba Inca 
Yupanqui; y en aquel tiempo que Viracocha Inca se 
queria salir del Cuzco, este su hijo Inca Yupanqui, 
aunque era menor, era mancebo de gran presunción y 
hombre que tenia en mucho su persona; y pareciéndo- 
le mal que su padre Viracocha Inca hacia de desmam- 
parar su pueblo y quererse dar á subjetacion, así como 
ya se habia ofrecido, parecióle que era mal caso y gran 
infamia para las gentes que desto tuviesen noticia; y 
viendo questaba acordado por su padre y los demás 
señores del Cuzco de se salir, prosupuso en sí de no 
salir él y juntar la gente que pudiese, y ya que Uscovil- 



{a) En n. orig. Cagua xaque xaguana. Yo interpreto Cagua ó Caqua, 
Caca, piedra, peñasco, peñol, risco; aunque más adelante (cap. IXj lo es- 
cribe de modo que hace dudosa esta interpretación, y es más posible que 
la primera parte de la palabra sea Y-ucai, y el autor se refiera, por tanto, 
á los edificios que en el valle de este nombre dice Garcilaso que construyó 
Huiracocha. 

Puede ser también Cahua Xaquixahuana, pero no he leido ni oido 
nunca este nombre de pueblo. Tampoco me extrañaría que dijese Calca 
Xaqui Xaguana, en razón de estar el peñol junto a Calca. 



Capítulo VL 25 



ca viniese, él no darle tal obidiencia, sino morir antes 
que decir que vivia en subjecion; y que por ventura 
podria juntar tanta gente y su ventura ser tal que 
venciese al Uscovilca, y ansí se libertaria su pueblo. 

Y prosuponiendo lo que ansí habia pensado, fuese 
en busca de tres mancebos, hijos de señores y amigos 
suyos, y hijos de aquellos señores con quien su padre 
habia entrado en consulta para se salir y dar obidiencia 
al Chanca, — los nombres de los cuales mancebos eran, 
el uno Vica Quirao (d)^ y el otro Apo Mayta, y el 
otro Quilescachi Urco Guaranga; — y juntándose Inca 
Yupanqui con estos tres mancebos señores, consultó 
con ellos lo que tenia pensado, y díjoles que antes se 
debia presuponer y holgar de recebirse la muerte, que 
no vivir en tal subjecion é infamia, no habiendo sido 
nacidos subjetos. Y estando todos cuatro ansí juntos, 
los mancebos holgaron de que Inca Yupanqui les dijese 
aquello, é diéronle palabra de hacer lo que él hiciese; y 
siendo todos cuatro de una opinión y parescer. Vira- 
cocha Inca salia ya de la ciudad para su peñol llevando 
consigo la gente del Cuzco, y la más de los comarca- 
nos que pudo llevar consigo. Inca Yupanqui y los tres 
señores mancebos ya dichos, quedáronse en la ciudad 
con cada sendos criados que quedarse quisieron con 
ellos, los cuales criados se llamaban Pata Yupanqui, y 
Muru Uanca (^), y Apo Yupanqui, Uxuta Urco 



(út) Aquí Viguirao; pero más delante Vicaquirao, que creo es su ver- 
dadero nombre. Otros escriben Vecaquéroa. 
(í) Muro Uonga en n. orig. 



26 Suma y narración de los Incas, 



Guaranga; los cuales quedaron solos, que no quedó 
con ellos otra persona más destos criados suyos. Y visto 
por Viracocha Inca que su hijo Inca Yupanqui se que- 
daba con aquel propósito, rióse mucho y no hizo caso 
del, porque llevó consigo sus seis hijos, y con ellos el 
mayor y más querido suyo, que se llamaba Inca Urco, 
en quien pensaba dejar el lugar y nombre de su per- 
sona. 



CAP. VIL — En que trata cómo después de que- 
dado Inca Yupanqui en la ciudad, Uscovilca 
invíó sus mensajeros d Viracocha Inca como 
supo que se habia retraído al peñol; y cómo 
ansimismOy sabido que Inca Yupanqui se que- 
daba en la ciudad y al fin que se quedaba, y 
cómo le invió sus mensajeros ansímismo al 
Inca Yupanqui; y cómo Inca Yupanqui envió 
á pedir socorro d su padre y d las demás pro- 
vincias en torno de la ciudad, y lo que entre 
ellos pasó. 



SABIDO que fué por el chanca Uscovilca lo que ha- 
bia hecho Viracocha Inca, acordó de le enviar un 
capitán suyo que se decia Guarnan Guaraca, para que 
con el Viracocha Inca concertase lo que le paresciese y 
bien le tuviese; el cual capitán llegó, y el Viracocha 



Capítulo VIL 27 



Inca le recibió muy bien en el peñol dó estaba. Y des- 
pachado este capitán por Uscovilca a Viracocha Inca, 
supo cómo se habia quedado en el Cuzco Inca Yupan- 
qui con los tres señores ya dichos, y con cada un criado 
que le sirviese, y con el propósito de morir é no ser sub- 
jetos; y sabida esta nueva por Uscovilca, holgóse mu- 
cho, porque le paresció, que venciendo a este Inca Yu- 
panqui, hijo de Viracocha Inca y á los tres señores que 
con él eran, que podria triunfar, y más tomándolos den- 
tro en el Cuzco, a dondél venia encaminado. Y un ca- 
pitán deste Uscovilca, llamado Tomay Guaraca, sabida 
la nueva deste propósito de Inca Yupanqui, pidió á 
Uscovilca, su Señor, que le hiciese merced desta em- 
presa; quél queria ir al Cuzco y prender y matar á Inca 
Yupanqui y á los que con él eran. Y Uscovilca le res- 
pondió, que semejante empresa que aquella, que para 
sí la queria, y que por su mano la queria él acabar; y 
luego invió un mensajero suyo á Inca Yupanqui, por el 
cual le invió á decir que se holgaba mucho de saber 
que con él quisiese probar sus fuerzas y ánimo de man- 
cebo, que se aderezase él y los suyos que con él estaban, 
que de allí a tres meses se queria ir á ver con él; que 
porque del no se quejase, le queria dar espacio de tres 
meses para que con él mejor se pudiese ver, y ansí mis- 
mo aderezarse de las armas y gente que le paresciese. 
Porque, como el Uscovilca hobiese sabido que Vira- 
cocha Inca se habia salido huyendo de la ciudad del 
Cuzco, y llevado consigo toda su gente, y la más que 
pudo llevar de los demás pueblos comarcanos á la ciu- 
dad del Cuzco, tuvo este Uscovilca que no le acudiría 



28 Suma y narración de los Incas, 



nadie al Inca Yupanqui que parte fuese á resistir el 
poder que el traia. Y visto por Inca Yupanqui lo que 
le inviaba á decir Uscovilca, respondióle quél era 
presto de morir peleando antes de ser subjeto, por quél 
libre habia nascido y señor, y si su padre daba obi- 
diencia, que la podia dar por sí y por los que con él 
tenia allá en el peñol do estaba, y que él no estaba en 
aquello, sino que si él habia de ser Señor del Cuzco é 
intitularse de tal, que peleando con él y venciéndole, 
ternia la tal nombradla; y que se holgaba que su padre 
hobiese desmamparado k ciudad del Cuzco y salídose 
de ella, siendo de opinión de se rendir, lo cual el Cuzco 
nunca tal habia hecho ni sido vencido por nadie, desde 
que Mango Capac lo habia fundado. Y oida su emba- 
jada y respuesta, se salió del Cuzco, y fué á su Señor 
Uscovilca, que estaba en aquella sazón holgándose con 
los señores que traia consigo, allí en el asiento de Vil- 
cacunga; y oido por Uscovilca la respuesta que Inca 
Yupanqui le inviaba con su mensajero, holgóse della, 
porque pensaba triunfar del Cuzco, como ya habéis 
oido. 

El changa (a) entró en su acuerdo con los tres se- 
ñores que consigo tenia, y acordaron de inviar cierto 
mensajero á Viracocha Inca su padre, por el cual le 
inviase á decir, que mirase la deshonra que le venia y 
que el Cuzco nunca habia sido subjeto desde que 



(a) Así en n. orig.; pero evidentemente debe decir Inga ó Inca ó Mea 
Yupanqui. 



Capítulo VIL 29 



Mango Capac lo había poblado; que le parescia, si á él 
le paresciese, que debían de defender su ciudad, y 
que no permitiese que del se dijese semejante cosa 
que hobiese desmanparado su pueblo, y después se 
diese y rindiese á sus enemigos; que se viniese a su 
ciudad, que él le . prometía, como su hijo que era, de 
morir delante de su persona, si él ansí volviese, y de- 
fendella, por quél tenía presupuesto de morir antes 
que del se dijese que se había dejado subjetar siendo 
señor y habiendo nacido libertado. 

Y luego fué uno de los cuatro mozos que allí te- 
nían, al cual se le dijo que llevase la embajada que ya 
habéis oído; el cual mensajero se partió y llegó donde 
estaba Viracocha Inca, y díjole su embajada de parte 
de Inca Yupanquí. Y oído por Viracocha Inca lo que 
su hijo le inviaba á decir, rióse mucho de la tal em- 
bajada y dijo: ^'Siendo yo hombre que comunico y 
''hablo con Dios, y sabido por él he sido avisado que 
"no soy parte para resistir á Uscovilca, y siendo ansí 
"avisado me salí del Cuzco para mejor poder dar ór- 
"den cómo Uscovilca no me haga deshonra y á los 
"míos maltratamiento, y ese muchacho Inca Yupan- 
"quí quiere morir y presumir que yo he sido mal 
"acordado? Volved y decilde que me rio de su moce- 
"dad, y que se venga él y los suyos que consigo tiene, 
"y sí no lo quiere hacer, que me pesa, porqués mi 
"hijo y quiera morir desa manera." El mensajero le 
respondió a estas palabras que le decía Viracocha Inca, 
que su señor tenia presupuesto aquello, y que en nin- 
guna manera dejaba de morir ó vencer él y los que 



3o Suma y narración de los Incas. 

con él estaban antes que venir en subjecion. Y á esto 
le respondió Viracocha Inca, que se volviese, y pues 
era aquella la opinión de su señor y voluntad suya, 
que pelease é hiciese todo su poder, que lo quenten- 
dia que habia de ser al fin de su batalla, que seria ser 
preso é muerto mozo y sin entendimiento; é que 
les dijese a sus señores, quél no pensaba ir allí y que en 
ninguna manera le tornase a inviar con embajada se- 
mejante. Y esto oido por el mensajero, se partió con 
su respuesta a donde su señor estaba, y llegado que 
fué, díjole lo que su padre Viracocha Inca le inviaba á 
decir en respuesta de su mensaje. Todo lo cual oido 
por Inca Yupanqui, rescibió pesar de la tal respuesta, 
porque pensó que su padre le inviara algún socorro, y 
que como viesen los comarcanos de los pueblos ques- 
tán en torno de la ciudad del Cuzco que su padre Vi- 
racocha Inca le socorría con algún favor y ayuda, que 
ansí mismo le acudirían y darían favor los tales co- 
marcanos. 

Y estando así triste él y los suyos por lo que ya ha- 
béis oido, parescióle que era bien inviar sus mensajeros 
a los caciques de los pueblos comarcanos, haciéndoles 
saber en la necesidad en questaba y cómo habia invia- 
do sus mensajeros a su padre, el cual no le habia que- 
rido inviar ningún socorro; que les rogaba que le fa- 
voresciesen con sus poderes y gente. Y esto ansí pen- 
sado por Inca Yupanqui, llamó a aquellos cuatro mozos 
que allí tenia, á los que les mandó, y a cada uno por 
sí, que fuesen con la embajada que habéis oido a los 
caciques y Señores que ansí eran en torno de la ciudad 



Capítulo VIL 3 1 



en espacio de tres leguas; y siendo divididos {asi) por 
Inca Yupanqui estos mensajeros, se partieron cada uno 
por sí á los pueblos y caciques con la embajada que ya 
habéis oído; donde, como hobiesen llegado á los caci- 
ques y Señores, do su señor los inviaba, y oido por los 
tales caciques la embajada y ruego que les inviaba Inca 
Yupanqui, respondiéronles á estos mensajeros en esta 
manera: "Volved, hermanos, y decid á vuestro señor 
Inca Yupanqui, que nos llamamos (a) de corazón y 
voluntad, é que holgaremos de le hacer esa ayuda que 
nos pide y socorrerle con nuestras gentes y poder; 
mas, que nos paresce que el poder de Uscovilca Chan- 
ca, que sobre él y sobre nos viene, que es mucho y 
muy grande, y que como él [no] tenga más gente de á 
su persona y á sus compañeros, y que el poder que 
ellos le podían dar y ayudar era ansímismo poco, y 
que no le podian socorrer, y que si acaso fuese aque- 
llos le socorriesen, no tiniendo él más poder del que 
hasta allí tenia, seria echarse á perder él y ellos, — por- 
que ansímismo ellos estaban en dar obidiencia al Chan- 
ca, como su padre pensaba hacer, cada y cuando que 
por el Chanca se les fuese pedida, lo cual hasta allí no 
les habia sido por el Chanca inviado á pedir cosa; mas 
que lo [que] ellos harían con él era, que como él bus- 
case de alguna parte ó por alguna vía tuviese algún 
tanto de poder de gente, que ellos ansímismo estaban 
prestos de le ayudar en semejante necesidad é resis- 



{d) ¿No diria hallamos en el original? 



32 Suma y narración de los Incas. 



tencia que quería hacer, cosa que no solamente á él 
solo tocaba, sino á ellos ansimismo, y á cada uno por 
sí; y que ansimismo inviarian a las demás provincias y 
pueblos que con cada uno confinaba (a)^ á pedir sus so- 
corros y favor, y que con sus gentes y con las tales 
ayudas, aquellos le prometían de le ayudar y socorrer, 
cada y cuando aquellos viesen que él tenia alguna par- 
te de gente para ponerse en la tal resistencia; la cual 
le agradecían y rogaban que ansí lo hiciese, que ellos 
ansimismo lo harían lo que dicho tenían.'' Todo lo 
cual oido por los mensajeros, se volvieron donde su 
señor estaba, al cual dijeron la respuesta que ya habéis 
oido. Y oido por Inca Yupanqui, rescibió muy grande 
pena por verse solo, viendo la voluntad y ofrecimien- 
tos que los caciques le hacían, considerando en sí que 
tenían junto (J?) y pedían lo que era razón, quel tuviese 
alguna gente, con la cual la de los tales caciques y 
ayuda que le fuese hecha [se juntase]. Y estando en 
esta pena, dicen que seria ya hora del sol puesto y que 
ya oscurecía la noche, y como fuese anochecido, que 
dijo á sus compañeros y á los demás sus criados, que se 
quedasen todos allí juntos como estaban, é que ningu- 
no saliese con él; y ansí se salió del aposento solo sin 
llevar otro ninguno consigo. 



[a) Confiaba, en n. orig. 

(¿) Parece que debería decir: era fusta 



Capítulo VIII. 33 



CAP, VIH — En que trata del ser y virtudes de 
Inca Yupanqui, é de cómo, apartado que fué 
de sus compañeros y se puso en oración; é cómo 
tuvo, según dicen los autores, revelación del 
cielo; é cómofuéfavorescidoy dio batalla á Us- 
covilca y le prendió y mató en ella, y de otros 
casos y cosas que acaecieron. 



INCA Yupanqui era mancebo muy virtuoso y afable 
en su conversación; era hombre que hablaba poco 
para ser tan mancebo, é no se reía en demasía de ma- 
nera, sino con mucho tiento; y muy amigo de hacer 
bien á los pobres; y que era mancebo casto, que nunca 
le oyeron que hobiese conocido mujer; y que nunca le 
conocieron los de su tiempo decir mentira é que pusiese 
cosa que dejase de cumplir. E como él tuviese estas 
partes de virtud y valeroso señor, aunque mancebo, y 
fuese de grande ánimo, considerando su padre a este 
ser de Inca Yupanqui su hijo, reinó envidia en él y 
aborresciale, porque quisiera que un hijo mayor suyo, 
que se decia Inca Urco, tuviese este ser de Inca Yu- 
panqui; y como él viese que esta virtud reinase en Inca 
Yupanqui, no consentia que se pusiese delante del, ni 
daba ocasión para que nadie conosciese del que le ama- 



34 Suma y narración de los Incas, 



ba; porque, como viese que tenia tan grandes partes, 
temia que después de sus dias los señores del Cuzco é 
la demás comunidad le alzasen á este por tal Señor, é 
que aunquél dejase á Inca Urco por tal Señor, los tales 
señores le privarían deste estado, por ver en él que era 
algo simple é que no reinaba en él aquella capacidad é 
ser que en Inca Yupanqui; al cual amaban todos de 
gran voluntad, como ya habéis oido. 

E como el Viracocha quisiese a Inca Urco dejarle 
en su lugar después de sus dias, hacia que le hiciesen 
los señores de la ciudad del Cuzco y la demás gente 
aquel acatamiento y respeto que hacian á su persona; y 
ansí, le hacia servir é que le sirviesen los señores del 
Cuzco con las insinias reales que á su persona hacian; 
que eran, que delante del no parescia ninguno, por se- 
ñor que fuese, ni ninguno de sus hermanos, con zapa- 
tos en los pies, sino descalzos y las cabezas bajas todo 
el tiempo que delante del estuviesen hablando ó que le 
trujesen algún mensaje; comía solo, sin que nadie osase 
meter mano en el plato quél comia; traíase en andas y 
hombros de señores; si salia á la plaza, sentábase en 
asiento de oro; tenia tirasol hecho de pluma de aves- 
truces teñidas de colorado; bebia en vasos de oro, y 
ansímismo eran las demás vasijas del servicio de su 
casa, de oro; tenia muchas mujeres; de todo lo cual era 
muy ageno Inca Yupanqui, por ser, como ya habéis 
oido, aborrecido de su padre, y tener amor á Inca 
Urco. Y ansí, cuando vido Viracocha Inca que se habia 
quedado Inca Yupanqui en la ciudad del Cuzco, hol- 
góse dello, pensando que allí acabaría sus dias, y cuan- 



Capítulo VIH. 35 



do le invió á pedir el socorro que ya habéis oido, no 
lo quiso socorrer. 

E apartándose Inca Yupanqui de sus compañeros la 
noche que ya la historia os ha contado, dicen que se 
fué á cierta parte do ninguno de los suyos le viesen, 
espacio de dos tiros de honda de la ciudad, é que allí se 
puso en oración al Hacedor de todas las cosas, que 
ellos llaman Viracocha Pachayachachic, y questando en 
su oración, que decia en esta manera: ^' Señor Dios que 
^'me hiciste é diste ser de hombre, socórreme en esta 
''necesidad en que estoy; puesto eres mi Padre, y tú 
''me formaste y diste ser y forma de hombre, no per- 
emitas que yo sea muerto por mis enemigos; dame 
''favor contra ellos; no permitas que yo sea subjeto 
"dellos; y pues tú me hiciste libre y sólo a tí sub- 
"jeto, no permitas que yo sea subjeto destas gen- 
"tes que ansí me quieren subjetar y meter en ser- 
"vidumbre; dame. Señor, poder para podellos resis- 
"tir, y haz de mí á tu voluntad, pues soy tuyo.'' 
E cuando (a) estas razones decia, las decia lloran- 
do de todo corazón. E que estando en su oración, se 
cayó dormido, siendo vencido del sueño; y questan- 
do en su sueño, vino a él el Viracocha en figura de 
hombre, y que le dijo: "Hijo, no tengas pena, que yo 
"te enviaré, el dia que á batalla estuvieres con tus ene- 
amigos, gentes con que los desbaratar y quedes victo- 
"rioso." 



(a) Quien, en n. orig. 



36 Suma y narración de los Incas. 

E que Inca Yupanqui, entonces, recordó deste sue- 
ño que seria ya hora que quería amanescer, y como es- 
tuviese deste sueño alegre, tomó ánimo, y que se fué á 
los suyos, y que les dijo que estuviesen alegres, porque 
él lo estaba, é que no tuviesen temor que no serian 
vencidos de sus enemigos, que él ternia gente cuando 
menester la hobiese; y no les quiso decir más, ni otras 
cosas de qué, ni de cómo', ni de dónde, aunque ellos 
se lo interrogaron. Y que de allí adelante, cada noche 
se apartaba de sus compañeros é se iba al sitio do su 
oración habia hecho, á do siempre la continuó hacer 
ni más ni menos que la primera vez lo hizo, y no 
para que le viniese cada noche el sueño que la pri- 
mera. 

Mas de que, la postrer noche, questando él en su 
oración, que tornó á él el Viracocha en figura de hom- 
bre, y estando despierto, y que le dijo: ^'Hijo, mañana 
^te vernán los enemigos á dar batalla, y yo te socorre- 
''ré con gente, para que los desbarates y quedes victo- 
''rioso.'' Y otro dia de mañana, dicen que descendien- 
do Uscovilca con su gente por Carminga [Carmenca] 
abajo, que es un cerro que estaba a la descendida á la 
ciudad del Cuzco, yendo de la ciudad de Los Reyes, y 
como descendiese este Uscovilca con todo su poder y 
gente, que asomaron veinte escuadrones de gente no 
vista ni conoscida por Inca Yupanqui ni los suyos, la 
cual gente asomó por la parte de Collasuyo, y por el 
camino de Acha, y por el camino de Condesuyo; y 
como llegase esta gente a do Inca Yupanqui estaba, el 
cual estaba mirando con sus compañeros cómo deseen- 



Capítulo VIII, 37 



dian á él sus enemigos, y que como á él llegasen los que 
en su favor venían, que le tomaron en medio dicién- 
dole: Apu Capac Inca aucaccata atipullac chaymiccanqui 
hiña (?) punchaupi {a)\ que dice : '' Vamos, solo rey, y 
'Venceremos a tus enemigos, que hoy en este dia ter- 
inas contigo prisioneros/' Y que ansí se fueron a la 
gente de Uscovilca que venia con todo hervor los cer- 
ros abajo, y encontrándose, trabaron su batalla y pe- 
learon desde la mañana, que fué la hora que se junta- 
ron, hasta medio dia; y fué de tal suerte la batalla, que 
de la gente de Uscovilca murió muy mucha cantidad 
de gente, é ninguno fué tomado a mano que no mu- 
riese. En la cual batalla el Uscovilca fué preso y 
muerto; y como los suyos le viesen muerto y viesen la 
gran matanza que en ellos se hacia, no acordaron de 
aguardar más, y dando la vuelta por el camino por do 
habian venido, huyeron (J?) hasta llegar al pueblo de 
Xaquixaguana, donde se tornaron á recoger y re- 
hacer. 

Y escapando deste desbarate algunos capitanes de 
Uscovilca, enviaron á hacer saber esta nueva luego á 
su tierra, y que les inviasen socorro; y ansimismo in- 
viaron á hacer saber esta nueva a los capitanes Malma 
y Rapa, capitanes que habian ido conquistando por las 
provincias de Condesuyo hasta la de los Chichas, como 
ya la historia lo ha contado; los cuales volvían ya vic- 



{d) Con duda interpretamos lo que se lee en n. orig.: Acucapa yuga 
nucaguita aíixullac xaymocran quihenia punchaopi. 
{b) Huyendo, en n. orig. 



38 Suma y narración de los Incas, 

toriosos y triunfando de las provincias que en esta 
jornada habían sujetado y conquistado, y venian muy 
prósperos, y traian grandes despojos. Y ansimismo 
inviaron sus mensajeros los capitanes desbaratados que 
en Xaquixaguana hacian junta, á los otros dos capita- 
nes que ansimismo habia inviado Uscovilca desde su 
pueblo de Paucaray á descubrir y conquistar las pro- 
vincias y pueblos que hallasen; los cuales habian en- 
trado por la provincia de los Andes y habian ido con- 
quistando hasta aquella parte de los Chiriguanaes, que 
es doscientas leguas y más, á donde llegaron desde este 
Paucaray; los cuales capitanes se llamaban Yana Vilca 
y Teclo Vilca, a los cuales toparon los mensajeros, que 
venian ya de vuelta victoriosos y con grandes [despo- 
jos?]. Y como los unos y los otros supiesen la muerte de 
su señor Uscovilca, y cómo le hobiesen desbaratado y 
de la manera, diéronse toda la más brevedad que pudie- 
ron, ansí los unos como los otros, con los capitanes que 
del desbarate de Uscovilca habian escapado, que hacian 
juntas en Xaquixaguana, como ya habéis oído; donde 
siendo ya todos juntos, los dejaremos y volveremos á 
hablar de Inca Yupanqui, que estaba victorioso. 



Capitulo IX. 39 



CAP, IX. — En que trata cómo Inca Yupanqui, 
después de haber desbaratado y muerto á Us- 
covilca^ tomó sus vestidos y ensinias de Señor 
que traía, é los demás capitanes prisioneros que 
había traído, y las llevó á su padre Viraco- 
cha Inca, y las cosas que pasó con su padre, 
é cómo ordenó el padre de lo matar, y cómo 
se volvió Inca Yupanqui á la ciudad del Cu{- 
co; é cómo desde cierto tiempo murió Viraco- 
cha Inca, y de las cosas que entre ellos pasa- 
ron en este medio tiempo; é de una costumbre 
que estos Señores tenian en honrar los capita- 
nes que de la guerra venían victoriosos. 



EL cual, después de haber muerto á Uscovilca, man- 
dó tomar sus vestiduras é insignias que en la 
guerra traia, ansí de oro y plata, [y] joyas que sobre él 
traia, como de ropa de plumas, plumajes y armas y 
arreos de su persona; y metiéndose en unas andas, se 
partió para do su padre Viracocha Inca estaba, llevan- 
do consigo a sus amigos, los tres que con él habian 
quedado, como ya la historia os lo ha contado, Vica- 
quirao, Apu Mayta y Quiliscachi Urcoguaranga, y dos 
mili hombres de guerra que guardaban su persona. 



40 Suma y narración de los Incas, 

Donde, llegado que fué á donde su padre estaba, le 
hizo el acatamiento que á su Señor y padre debía, y an- 
simismo le puso delante las insignias, armas y vestidos 
del chanca Uscovilca, que él habia ya vencido y muer- 
to; y rogóle que se las pisase aquellas insignias del ene- 
migo que habia vencido, y ansimismo le rogó que le 
pisase ciertos capitanes de Uscovilca que presos él allí 
llevaba, haciéndoselos echar por tierra. Porque, habrán 
de saber, que tenían una usanza estos Señores, que 
cuando algún capitán y capitanes venían victoriosos 
de la guerra, traían las insignias y adornamentos de 
los tales señores que en la guerra mataban y prendían; 
y como entrasen los tales capitanes por la ciudad del 
Cuzco victoriosos, é traían delante de sí las insinías y 
prisioneros, é poniénlas delante de sus Señores, y los 
Señores, viendo el tal despojo é insinías y prisioneros 
delante de sí, levantábase el tal Señor, é pisábalo é daba 
un paso por encima de los tales prisioneros. Y esto ha- 
cían los tales Señores, en señal de que rescíbian los tales 
que lo traían triunfo y favor del Señor, y era acetado 
en servicio el trabajo que ansí habían pasado en suje- 
tar y vencer los tales enemigos. Y ansimismo, el Señor 
á quien era pedido que písase las tales cosas y prisione- 
ros, recibía y había, haciendo aquello, posesión y se- 
ñorío de las tales tierras que ansí eran ganadas y va- 
sallos que en ellas vivían. 

Y al fin de aquesto, queriendo tener Inca Yupan- 
quí todo respeto á su padre, aunque no le habia queri- 
do dar favor, le trujo delante del todas las cosas que 
habéis oído, para que su padre del resabíese aquel ser- 



Capitulo IX. 41 



vicio y aprendiese la posesión de los tales enemigos 
por sus vasallos, sujetados por capitán suyo. El cual, 
como viese las tales insignias delante de sí, y los capi- 
tanes que ansí le traia presos en señal de su victoria, y 
quél le pidia que se los pisase como tal su Señor y pa- 
dre, en esta sazón tenia consigo el Viracocha Inca un 
principal del Uscovilca que le habia sido enviado por el 
Uscovilca, para que con él concertase de la manera que 
se le habia de dar y las condiciones que con él quería 
poner; y como hasta aquella hora no hubiese dado or- 
den, teníale él consigo, y no habiendo él sabido lo que 
le habia pasado con el Uscovilca, Viracocha Inca no 
tuvo por cierto ser aquello que el Inca Yupanqui traia 
delante del, de Uscovilca, y que él le hubiese muerto 
y desbaratado; y como él no estuviese satisfecho de lo 
que via, mandó que paresciese allí delante aquel prin- 
cipal que con él estaba, el cual se llamaba Guarnan Gua- 
raca, que es el que Uscovilca inviaba para hacer los 
conciertos, como ya habéis oido; y como cosa que te- 
nia por sueño, preguntó el Viracocha Inca al Guaman 
Guaraca: ^'Díme, ¿tú conoces estos vestidos y insinias 
que sean de tu señor Uscovilca?" Y como los viese el 
Guaman Guaraca, y conociese y viese los capitanes de 
su Señor echados por tierra, puso los ojos en el suelo 
y comenzó a llorar, y echóse allí en tierra con ellos. 

Y como esto viese Viracocha Inca que era verdad 
que hubiese habido victoria de sus enemigos Inca Yu- 
panqui, su hijo, tomó gran pesar y envidia dello, por 
gran odio que le tenia, como ya os he contado; todo lo 
cual conoció en él Inca Yupanqui su hijo, con gran pe- 



42 Suma y narración de los Incas, 

sar. Y no tiniendo respeto á aquello, sino á que era su 
padre y Señor, tornóle á rogar Inca Yupanqui que le 
pisase como su Señor y padre; a lo cual respondió Vi- 
racocha Inca, que lo mandase meter en cierto aposen- 
to y que lo pisase primero su hijo Inca Urco, que era 
el hijo quél más queria, en quien él pensaba dejar des- 
pués de sus dias su estado y lugar de su persona, como 
ya hemos contado. A lo cual respondió Inca Yupanqui, 
que á él, como á su padre, rogaba que se lo pisase, 
que él no habia ganado victoria para que se lo pisasen 
semejantes mujeres como eran Inca Urco y los de- 
más hermanos; que se lo pisase él como persona á 
quien él tenia por su Señor é su padre; si no que se 
iria. 

Y estando en esto, hizo llamar Viracocha Inca un 
señor de los que consigo tenia, y hablándole á solas, 
le dijo que sacase secretamente la gente de guerra que 
consigo tenian, é que la llevase á cierta quebrada de 
monte y paja alta donde estuviese secretamente; y 
que tan de mientras quél iba, quél ternia en palabras á 
Inca Yupanqui en cierto aposento, mientras él embos- 
case allí á la gente; y que dentro del aposento, si él 
pudiese, á manos le matarla; y que si de allí escapase, 
que le matase él en la quebrada del monte por do 
habia de tornar á volver el Inca Yupanqui. Y esto 
concertado, salióse aquel señor á hacer lo que le man- 
daba Viracocha Inca. 

Viracocha Inca volvióse á Inca Yupanqui é comen- 
zóle de hablar con buenas palabras y á mostrarle 
rostro alegre. Ya que le paresció que habría hecho 



Capítulo IX, 43 



aquel capitán suyo lo que le había mandado, levantóse 
el Viracocha Inca y rogó a Inca Yupanqui que metie- 
se aquellas cosas que llevaba de Uscovilca dentro del 
aposento do antes le habia rogado que las mandase 
meter, para que las pisase su hijo Inca Urco y que 
luego se las pisase él. Tornóle a responder Inca Yu- 
panqui que las pisase él, si quisiese, y si no que se iria, 
como ya le habia dicho. Y viendo Viracocha Inca que 
no podia acabar con él que las pisase Inca Urco, pen- 
sando de le matar dentro del aposento, dijo que lo 
mandase meter dentro del aposento, questando ellos 
solos, lo pisaria delante del. Y estando en esta porfía, 
llegáronse a Inca Yupanqui sus tres buenos amigos, y 
sospechando la traición que Viracocha Inca queria 
hacer, no consintieron que Inca Yupanqui entrase en 
el aposento. 

Y estando en esto, llegó a Inca Yupanqui un capi- 
tán suyo de los que él con la gente de guarda traia, 
y díjole que hablan visto salir cierta gente de guerra 
de allí del peñol, los cuales hablan salido uno a uno y 
de dos en dos, y que era mucha cantidad de gente la 
que habia salido, y que algunos de ellos llevaban lan- 
zas y alabardas, é que iban por el camino do ellos 
hablan venido; que sospechaba que aquestos fuesen a 
tomar algún paso para desque volviesen, ó que fuesen 
á tomar y robar lo que ellos en la cibdad del Cuzco 
tenian, y á tomársela. Y como aquesto le dijese aquel 
su capitán delante de sus tres buenos amigos, rióse 
Inca Yupanqui de ver que su padre le queria matar de 
aquella manera, v de conocer que reinaba envidia en 



44 Suma y narración de los Incas, 

él, y estándole él rogando que se sirviese de todo ello 
y que se lo acetase en servicio. Y como hubiese oído 
lo que aquel capitán le decia, dijo a los dos de aquellos 
sus tres amigos que tomasen la mitad de la gente que 
él en su guarda allí habia traido, y que ansí como ha- 
bían salido los del peñol á le hacer traición, que ansí 
los inviasen ellos uno á uno é dos á dos, los cuales 
fuesen en siguimiento de los que por Viracocha eran 
inviados, y que mirasen si los tales se emboscasen en 
algunos montes ó quebradas, y si iban al Cuzco; y con 
lo que ansí viesen y entendiesen, volviesen á el a le 
avisar de lo que ansí pasaba, para que él, teniendo en- 
tendimiento é siendo avisado de lo que era, diese or- 
den en lo que habia de hacer con los que quedaban; é 
si caso fuese que los tales tuviesen hecha alguna em- 
boscada, que allí do tuviesen razón y entendimiento 
dello, hiciesen alto, no avisando ni poniéndose de ma 
ñera que los enemigos tuviesen entendimiento que 
los habían entendido; y que se fuesen luego con toda 
brevedad, porque él concluiría en breve con su padre, 
y con lo que ansí hiciesen luego se volverían. 

Y ansí, sus buenos dos amigos, rogándole [rogáron- 
le] que por ninguna vía entrase á solas en el aposento 
con su padre, porque no le matasen en alguna traición; 
y lo mismo encargaron á Apu Mayta, que quedaba con 
él, que mirase por su señor; y ansí salieron estos dos 
señores y mandaron entrar dentro do Inca Yupanqui 
estaba docientos indios con sus hachas en las manos, 
á los cuales mandaron que se pusiesen en torno de don- 
de Inca Yupanqui estuviese, y que le mirasen y guar- 



Capitulo IX, 45 



dasen, no le fuese hecha alguna traición. A la demás 
gente que allí quedaba, mandaron que se quedase a la 
puerta do Inca Yupanqui estaba, y que si sintiesen al- 
gún estruendo de gente dentro, entrasen de golpe to- 
dos, y que mirasen por su señor. 

Y esto hecho, tomaron la gente que Inca Yupanqui 
les habia mandado, y echando delante cincuenta in- 
dios, uno a uno, dos á dos, cubiertas sus mantas {asi\ 
muy disimuladamente, bien así como habían salido los 
que habia mandado Viracocha Inca que delante salie- 
sen; los cuales cincuenta indios fueron descubriendo y 
mirando por sus enemigos. Y como fuesen derramados 
y grande espacio unos de otros, un indio destos que 
delante iba, ya que llegaron junto a la quebrada de la 
leña y arroyo do la paja alta era, vio los enemigos que 
estaban emboscados; los cuales, como los viesen aso- 
mar, dejáronse todos caer sobre la paja, pensando que 
los habían visto. Y este indio, como los viese, sentóse 
en el suelo y hizo que se pasaba a atar cierta atadura 
de sus zapatos, la cual disimulación era seña y aviso 
para sus compañeros que detras del venian; al cual, 
como le viesen en la manera que habéis oído, de uno 
en otro volvió la nueva a los dos señores que detras 
dellos venian, los cuales, como entendieron que era 
emboscada, mandaron a todos los suyos que se reco- 
giesen é juntasen allí do la voz les habia tomado, ex- 
cepto a los cincuenta que delante habían salido; á los 
cuales mandaron que se anduviesen por allí mirando é 
descubriendo a los que estaban en la emboscada si sa- 
lian ó pasaban delante, y avisasen al que ataba los za-^ 



46 Suma y narración de los Incas, 



patos, llegando un indio bajamente á él, el cual le di- 
jese que mostrase que ataba y desataba sus zapatos y 
otras cosas de su traer, con lo cual mostrase disimula- 
ción de lo que allí entendia. 

Y dejando esto en este estado, volvamos á Inca Yu- 
panqui, el cual, como hobiese proveido en lo que ha- 
béis oido, rogó á su padre que le pisase aquellas insig- 
nias de prisioneros que allí le habia traído de Usco- 
vilca, al cual respondió Viracocha Inca, que no que- 
ría, si no lo pisaba primero Inca Urco; y á esto dijo 
Inca Yupanqui, que por ser él su padre y por le tener 
respeto y dalle obidiencia como a tal su Señor, habia 
él venido allí á su pueblo á que le pisase aquello, y 
ansímismo a le rogar que se volviese á su pueblo é 
ciudad del Cuzco; pues él, como su padre y en su nom- 
bre le habia ganado aquel empresa, que quisiese salir 
de allí y irse a la ciudad del Cuzco y entrase triunfan- 
do con aquellos capitanes y cosas de Uscovilca, por- 
que aquella habia sido su intención é á lo cual habia 
venido alH; que otra manera, que no tenia él que 
traer lo quél habia ganado á que lo pisase semejante 
Inca Urco, su hijo mayor. Y acabado de decir esto 
Inca Yupanqui a su padre Viracocha Inca, mandó to- 
mar las vestiduras y lo demás de Uscovilca, y mandó 
levantar los prisioneros del suelo, que hasta aquella 
hora habían estado tendidos en tierra, é ansí se salió 
Inca Yupanqui, enojado y corrido de que su padre 
no hubiese querido pisarle sus prisioneros é lo que ya 
habéis oido. Y pesábale que su padre mostraba estar 
tan mal con él que le quisiese matar é procurar la 



Capítulo IX. ^rj 



muerte, viendo él en sí que no le había dado causa 
para que del hobíese enojo é del tuviese malqueren- 
cia, sino que antes procuraba y habia procurado ha- 
cerle todo servicio, y hacerle todo placer y contenta- 
miento; y como conociese que el enojo y pasión que 
del tenia era por invidia de ver quel escedia á todos 
sus hermanos, tenia algún tanto de pasión por ello. 

En ansí se salió de donde su padre estaba, conside- 
rando estas y otras muchas cosas; y cómo llegase á do 
sus dos buenos amigos estaban con su gente esperán- 
dole y tiniéndole avisado de la traición que le tenían 
armada, pensando de le tomar descuidado, dijo allí á 
sus capitanes que hiciesen tres partes aquella gente, 
y que las dos dellas fuesen divididas, la una por la 
parte del camino, y la otra por la otra, y la otra que 
fuese allí con él; y que estas dos partes que ansí iban 
divididas, fuesen encubiertas lo más que ser pudiesen, 
y que él entraría por el camino y por medio del mon- 
te, y que diesen por do la emboscada; y como sus 
capitanes dijesen: C ac' ayac- a yaque^ que dice: \A ellos^ 
á ellcs\ (¿z), que luego su gente saliese, la que ansí iba 
cercando el monte, y que diesen en los enemigos, y 
que sin tener respeto á ninguno, no dejasen ninguno 
á vida. 

Y esto ansí hecho y proveído, partió esta gente de 
guarda en la manera que ya habéis oído, é Inca Yu- 
panqui con la que ansí quedó, é yendo por el camino 



[d) En los diccionarios quichuas esta voz de ataque es Chaya-Chaya. 



48 Suma y narración de los Incas. 

derecho; y llegando á la quebrada, Inca Yupanqui, do 
el monte estaba y la emboscada le era hecha, ya que 
iba al medio de ella, llevando su gente apercibida y 
avisada de lo que sospechaban, tiráronle {a) de dentro 
de la montaña una piedra a Inca Yupanqui y no le 
acertaron, mas de que dieron á uno de los que las an- 
das llevaban; y visto esto por Inca Yupanqui y sus 
tres buenos amigos, dijeron en alta voz: \A ellos ^ á 
ellos\\ y como su gente, que ya tenian el monte cerca- 
do, oyesen la voz, dieron en los de la emboscada de 
tal manera, que no se les escapó hombre. 

Y llegado que fué Inca Yupanqui a la ciudad del 
Cuzco, mandó á su amigo Vicaquirao que volviese a 
su padre Viracocha Inca, y que le dijese que viniese a 
su ciudad, que le tenia guardadas las cosas ya dichas 
para que dellas triunfase; y ansí mandó que saliesen 
con él tres mili hombres que le guardasen y acompa- 
ñasen. Y ansí, se partió Vicaquirao; y llegado que fué 
al peñol do Viracocha Inca estaba, hallólo que estaba 
en grande llanto él y los suyos por la muerte de los 
que Inca Yupanqui les matara en la emboscada, en la 
cual habian sido muertos muchos señores principales de 
los que con él tenia; y como tuviese nueva Viracocha 
Inca que de hacia el Cuzco venia gran golpe de gente 
de guerra, tenia que volvia su hijo sobre él a le matar 
á él y á los suyos que consigo tenia, y entró allí en 
breve consulta con los suyos, en la cual acordaron. 



(«) Tirándole, en n. orig. 



Capitulo IX, 49 



que si de guerra venia su hijo sobre él y caso fuese 
que á plática viniesen de algún concierto ú otra cosa 
en que fuese pedille vasallaje, que hiciese todo aquello 
que por él le fuese pedido é demandado. E para saber 
quién venia, ó en qué demanda venia el que allí venia, 
mandó Viracocha que saliese un señor de los que con 
él estaban puesto de luto y llorando, y que ansí mis- 
mo con él otros diez indios en la misma manera, é que 
saliesen del peñol uno en pos de otro, y queste señor 
fuese delante y que los indios que detrás del iban^ 
mirasen de qué arte los recibían la gente que ansí ve- 
nia, si les prendía ó hacían algún enojo, y de lo que 
ansí viesen le volviesen á avisar. 

Y ansí, salió este señor en la manera ya dicha; y 
como llegasen á do Vicaquírao venia y llegasen a él, 
hizo su acatamiento, y lo mismo á él Vicaquírao; y 
como le viese ansí venir llorando, preguntóle que qué 
pasión había habido, aunque él bien sospechaba lo 
que era, porque él le había muerto por sus manos 
un hermano suyo en la emboscada. El señor le dijo 
que lloraba por un hermano suyo que en la embosca- 
da había muerto; todo lo cual el Vicaquírao le riñó y 
le dijo ser mal hecho y acordado. El señor le respon- 
dió que él no era culpante en ello, y que Viracocha 
Inca lo había proveído sin darles parte. A esto le res- 
pondió Vicaquírao, que si Viracocha Inca lo había 
proveído, que lo que de allí había ganado que lo guar- 
dase, que no restituía tan aína los amigos y deudos 
que allí había perdido. El señor dijo que ya aquello 
era hecho, y que en ello no había que hacer ni hablar^ 

4 



5o Suma y narración de los Incas, 



que en acuerdo loco lo había proveído Viracocha 
Inca; que le rogaba que le dijese que a qué volvía y 
qué era su demanda. Vicaquirao se lo dijo, y entonces 
aquel señor le dijo a Vicaquirao el arma que les había 
dado 7 acuerdo que hablan tenido, y lo que en el tal 
acuerdo se había acordado, y á lo que él había salí- 
do. Todo lo cual oído por Vicaquirao, le tomó muy 
gran risa a él y á los suyos que allí estaban en torno, 
y fué tan de gana este reír, que aquel señor se rió con 
ellos. Ansí, todos juntos se fueron a do estaba Vira- 
cocha Inca; y como ansí fuesen un espacio, éste rogó á 
Vicaquirao que le dejase ir delante, para asegurar a 
Viracocha Inca, que le había dejado alborotado á él y 
á todos los suyos con temor de lo que ya le habia di- 
cho; y ansí se fué este señor a do Viracocha estaba y 
le dijo a lo que Vicaquirao iba. Y dende a poco, llegó 
Vicaquirao a do el Viracocha Inca, y hízole su aca- 
tamiento, y díjole la embajada que de parte de Inca 
Yupanqui le llevaba que ya habéis oído; al cual res- 
pondió Viracocha Inca quél holgara de hacello si no 
entendiera que volver a el Cuzco, habiendo salido del 
huyendo,Íe era cosa afrentosa, y que no estaría á él 
bien entrar en la ciudad, habiéndola desamparado y 
habiendo habido vítoria un muchacho, como era su 
hijo Inca Yupanqui; que allí do estaba en aquel peñol 
de Cayuca Xaquixaguana (tí), pensaba hacer un pueblo 
con la gente que consigo tenia, y allí pensaba morir; 



(a) En el cap. VI va escrito este nombre de otra manera. 



Capítulo IX. 5 1 



y que más no le esperasen en el Cuzco, que no pensa- 
ba entrar más en él en sus días. Y así lo hizo Viraco- 
cha Inca, que pobló en aquel peñol, por cima de Calca, 
siete leguas del Cuzco, y hizo un pueblo las más de 
las casas de cantería. 

Y como entendiesen y conociesen todos los más 
que con Viracocha estaban en el peñol, que Inca Yu- 
panqui era tan guerrero y tan amigable á todos, lo 
cual le conocían desde su niñez, y tenían que siendo se- 
ñor, como era, y habiendo acabado una empresa tan 
grande, que no podría dejar de hacer grandes mercedes 
á los que á él se llegasen y le quisiesen servir, y consi- 
derando esto, muy mucha gente, de la que allí consigo 
tenia Viracocha Inca, se fué á la ciudad del Cuzco. 
Inca Yupanqui los recibió con rostro alegre; y descul- 
pábansele los tales que ansí iban y decíanle, que si le 
habían desmamparado, que su padre los había llevado; 
y él los respondía á esto que le decían, que no tenia 
enojo contra ellos, que si habían ido con su padre, que 
habían hecho como buenos, que su padre era su Señor 
y de todos ellos. Ansí, como llegaban do él estaba vi- 
niéndose de donde su padre estaba, los rescibia bien, 
y dábales tierras, mujeres, y casas, y ropa, y nunca 
quitó á ninguno cosa de las que allí habia dejado, 
cuando con su padre saliera, como eran casas, tierras, 
depósitos de comida, é ropas que en sus casas ansí ha- 
bían dejado; antes les decía á los tales, que él habia 
quedado en guarda de sus haciendas, que como en- 
tendiese dellos que se habían ido á recrear con su pa- 
dre, que él habia quedado en guarda de sus haciendas 



52 Suma y narración de los Incas, 

todas, que cada uno mirase si le faltaba alguna cosa 
de su casa, que él como guarda que habia quedado de 
ellas, les daria cuenta dello, é que á ninguno le falta- 
ría cosa. Todo lo cual él habia hecho proveer; é mandó 
á ciertos señores que no consintiesen que entrase na- 
die en ninguna casa que ansí habian dejado despobla- 
da, porque siempre tuvo que los tales moradores de 
ellas, constándoles á cada uno por sí su gran magnifi- 
cencia, se volvería cada uno ansí a su casa; y ansí se 
volvían, como ya habéis oído. 

E tornando á hablar de Vicaquirao, que habia que- 
dado con Viracocha Inca persuadiéndole y rogándole 
que se quisiese venir á su ciudad, lo cual nunca pudo 
acabar con él; y pasados los tres días que allí estuvo 
en su compañía, constándole que Viracocha Inca esta- 
ba en no querer volver al Cuzco, se volvió Vicaqui- 
rao. Llegado á la ciudad del Cuzco, dijo á Inca Yu- 
panquí la respuesta que Viracocha Inca le dijera, que 
ya habéis oído, y lo demás que con él pasara; todo lo 
cual oído por Inca Yupanquí, pesóle, por ver que su 
padre no quisiera venir á ser Señor como lo era antes. 



Capítulo X. 53 



CAP, X. — En que trata de cómo Inca Yupanqui 
hi^o juntar su gente y les repartió el despojo; 
y lo que se hiio de la gente que el Viracocha le 
diera por la oración que á él hiciera; y cómo 
tuvo nueva de la gente que hadan los capi- 
tanes de Uscovilca, y de cómo fué sobre ellos 
y los venció y y cómo, después de esto y tornó 
otra ve{ a partir el despojo que en esta ba- 
talla hubieron; y de las cosas que en este 
tiempo pasaron. 



Y viendo aquello, mandó juntar toda su gente la 
que con él al presente era, que dicen seria más de 
cincuenta mili hombres de guerra; y estos eran los 
que los señores comarcanos quedaron de le dar, si 
gente tuviese, que como viesen la multitud de gente 
que en favor de Inca Yupanqui venian, y como hu- 
biesen quedado de le ayudar, lanzáronse ellos con toda 
su gente á le ayudar, con la gente que ansí venia en 
favor de Inca Yupanqui; [é] ansí le dieron favor estos 
comarcanos. Y dicen que acabada de dar la batalla á 
Uscovilca, y habido vitoria por Inca Yupanqui, que 
la gente que el Viracocha le inviara, que luego se le 
desapareciera y que no viera consigo más destos cin- 
cuenta ó sesenta mili hombres, que fueron los que 



54 Suma y narración de los Incas, 



mezclaron los comarcanos entre la gente que habéis 

oído. 

Y haciendo Inca Yupanqui juntar su gente, mandó 
que ante sí trujesen todo el despojo de la batalla, to- 
mando dello lo mejor que le paresció, para hacer de- 
lio sacrificio al Viracocha, por el favor y vitoria que le 
diera de sus enemigos; y todo lo demás del despojo dio 
é repartió á todas sus gentes, conforme á su calidad y 
servicios. Y sabido que fué por la redondez y comar- 
ca desta ciudad la gran magnificencia del nuevo Se- 
ñor y cómo sabia gratificar los servicios, hubo en toda 
la redondez gran contentamiento; y ansí se le vinieron 
muchos caciques y gente a se le ofrescer de todas par- 
tes y tener por Señor. 

Y estando Inca Yupanqui en esta manera que ya 
habéis oido, vino a él un mensajero de un capitán 
suyo, que al presente estaba en guarda de la ciudad, 
dos leguas deila, procurando saber de sus enemigos lo 
que hacían en la junta do se juntaban, por el cual le 
invió á decir, que ios capitanes que se escaparon de la 
batalla huyendo do matóse a Uscovilca, que ya habéis 
oido, questaban ya rehechos en Xaquixaguana y con- 
federados con los naturales della, y que de su tierra 
les habia venido mucha gente y socorro; y que ansi- 
mismo eran ya llegados allí los otros cuatro capitanes 
de Uscovilca que de Paucaray él les mviara á descubrir 
por las provincias de Condesuyo é Andesuyo, que ya la 
historia os ha contado; que como ya fuesen todos jun- 
tos, partían otro día por la mañana á le dar la batalla 
y a vengar la muerte de su señor Uscovilca. 



Capítulo X, 55 



Sabida la nueva por Inca Yupanqui, mandó á ios 
tres sus buenos amigos y á los demás caciques y señores 
que en su corte y servicio habian venido, que luego 
juntasen la gente de guerra y la sacasen á cierto cam- 
po, cada uno con sus armas, é que los contasen todos 
uno á uno. Y sacados y contados, hallaron de número 
cien mili hombres de guerra, la cual gente se le habia 
juntado por la gran fama que del se publicó. Y dicen 
que los enemigos que eran casi doscientos mili hom- 
bres. Y ansí, mandó Inca Yupanqui que fuesen he- 
chos cuatro escuadrones desta su gente, mandando 
que cada cacique señor de los indios que allí eran, fue- 
sen caudillos de su gente; y así repartidos, [nom- 
bró.?] por generales de los tres escuadrones a sus tres 
buenos amigos, tomando para sí el uno de ellos; y pro- 
veídos todos ellos de las armas necesarias, mandó mar- 
char su campo en busca de sus enemigos; los cuales, 
como supiesen que eran salidos del Cuzco, tornáronse á 
volver á Xaquixaguana, donde le esperaron. Y el Inca 
Yupanqui con su gente, el dia de la batalla, como se 
viese á vista de sus enemigos, y para romper y frontar 
con ellos, dicen que volvió la cara atrás á ver su 
gente é escuadrones, los cuales estaban divididos y 
cada uno por sí, [y] dicen que vio tanta gente que se le 
habian llegado en aquella sazón para le ayudar, que no 
se pudo contar; y afrontóse con sus enemigos tomán- 
dolos en medio y dándoles por todas partes, que fué 
tan cruel y tan reñida esta batalla, que la comenzaron 
ya alto el sol, que seria á la hora de las diez, según ellos 
señalan, y á hora de vísperas fué conocida vitoria 



56 Suma y narración de los Incas, 



della por Inca Yupanqui, donde fueron muertos de la 
parte de Inca Yupanqui más de treinta mili hombres, 
y de los Chancas, que eran los enemigos, no quedó 
hombre á vida; entre los cuales se hallaban que se ha- 
bían metido los naturales de Xaquixaguana, y se ha- 
bían hecho inciensar {a) los cabellos. 

Y conocida la vitoria y vencida la batalla, apartá- 
ronse á una parte todos los de Xaquixaguana, y todos 
juntos fueron delante de Inca Yupanqui, y echáronsele 
por tierra, á los cuales los de Inca Yupanqui quisieran 
matar por haber visto la muerte de los suyos. Inca 
Yupanqui se lo defendió, diciendo que no los matasen, 
que si con los Chancas se habían hallado, que seria por 
haber sido la junta en su tierra, é que no podían hacer 
otra cosa; y ellos ansímismo decían las mismas pala- 
bras y daban la misma satisfacción. Y luego mandó 
Inca Yupanqui, que por cuanto eran orejones, que 
luego les fuesen trasquilados sus cabellos; y ansí ellos 
mismos se trasquilaron todos, viendo la voluntad del 
Inca y viendo que les hacia merced en aquello, y por- 
quel traje de Inca Yupanqui y de los del Cuzco era an- 
dar atusados. Y esto hecho, mandóles que se fuesen 
todos á su pueblo, é que viviesen en paz; y mandó á 
sus capitanes que no consintiesen que a aquestos de 
Xaquixaguana nadie les hiciese enojo ninguno ni les 
tomasen cosa, y si alguna cosa de sus haciendas en 



{a) Por perfumar. Probablemente seria uso de los chancas ungirse 
darse olor en el cabello con algún aceite ó especie de pomada. 



Capítulo X, 5j 



aquel despojo les fuese tomada, luego se la hiciesen 
volver. 

Y luego mandó que todos los prisioneros fuesen 
traidos delante de sí; á los cuales, como allí fuesen, les 
preguntó ¿qué habia sido la causa, constándoles que 
era su poder grande, que con él hiciesen otra vez ba- 
talla? Y siendo allí entre los prisioneros que allí fueron 
habidos los cuatro capitanes de Uscovilca que habian 
ido a descubrir, como ya la historia os ha contado, [di- 
jeron, respondieron?] que la causa que les movió hacer 
la junta que hicieron en dar aquella batalla, que fué ha- 
ber visto que su ventura era grande en las jornadas 
que habian andado é tierras que habian conquistado, 
dándole allí razón de las batallas y recuentros que en tal 
jornada cada uno dellos habia habido, y que en ninguna 
de ellas nunca habian habido desgracia, sino que siem- 
pre habian sido victoriosos; y como esto les hubiese 
acaescido, teniendo que siempre su vitoria estaba en 
pié, que habian querido dar aquella batalla, pensando 
restaurar aquella pérdida de su Señor y vengar su 
muerte. A lo cual respondió Inca Yupanqui, que lo ha- 
bian mirado mal, é que si fueran gentes de entendi- 
miento, que habian de presumir, que si habian habido 
Vitoria por la tierra que le decian que habian andado, 
que habian de considerar que la habian habido en ven- 
tura de su Señor Uscovilca, que en la tal demanda los 
habia inviado, y que como viesen y hobiesen sabido que 
su Señor era desbaratado y muerto, que habian de pre- 
sumir que ya les era acabada la ventura, y que él ni 
ellos no la tenian ya; y que para que ellos fuesen casti- 



58 Suma y narración de los Incas, 



gados y otros mirasen é oyesen, que en aquel sitio serian 
castigados ellos y todos los demás; é porque no fuesen 
otra vez [á] hacer gente, la cual á él le desasosegase 
y fuesen causa ellos de que otros questaban inocentes 
de se hallar en semejantes casos por donde perdiesen las 
vidas, como habia sido muy muchos que ellos [á] aque- 
lla junta habian hecho juntar, que en aquel sitio serian 
castigados. Y ansí, los mandó llevar de delante de sí, 
y que en el sitio do la batalla se diera, y para que della 
hobiese memoria, en presencia de todos los de su cam- 
po mandasen hincar muchos palos de los cuales fuesen 
ahorcados, y después de aderezados [ahorcados], les 
fuesen cortadas las cabezas y puestas en lo alto de los 
palos; y que sus cuerpos fuesen allí quemados y hechos 
polvos, y desde los cerros más altos fuesen aventados 
por el aire, para que desto hobiesen memoria. Y ansí 
mismo mandó que ninguno fuese osado de enterrar 
ningún cuerpo de los enemigos que ansí habian muer- 
to en la batalla, porque fuesen comidos de zorros y 
aves y los gusanos [huesos] de los tales fuesen allí vis- 
tos todo el tiempo. Todo lo cual fué hecho general- 
mente en la manera que habéis oido. 

Y esto acabado, mandó hacer Inca Yupanqui que se 
recogiese todo el despojo y joyas de oro y plata que en 
el tal despojo se habia habido, todo lo cual fué fecho; y 
traído delante del y visto por él, mandó que ansí jun- 
to como estaba, lo llevasen á la ciudad del Cuzco, 
donde lo pensaba repartir y dar á sus amigos. Todo lo 
cual fué ansí llevado á él y se partió juntamente con 
ello para la ciudad del Cuzco, donde, llegado que fué, 



Capitulo X, 59 



dio y repartió el tal despojo á los suyos, dando á cada 
uno lo que le paresció que le bastaba y conforme a la 
calidad de su persona. Y esto hecho y repartido, man- 
dó que de su ropa é grandes ganados que en la ciudad 
habia, [é] de otros bastimentos, mandó {así) que le fue- 
se allí traido cierta cantidad, la que a él le parescia que 
á todos bastase; todo lo cual ansí traido, mandó á sus 
capitanes que lo repartiesen entre toda su gente; todo 
lo cual fué repartido. 

Y hechas estas mercedes y otras muy muchas más 
que á sus capitanes él hizo, mandó que se fuesen á sus 
tierras á descansar, y agradecióles el favor y ayuda que 
le habían dado, y ansí se fueron todos, é Inca Yupan- 
qui quedó en su ciudad con los suyos. E al tiempo que 
del se despedían los tales señores para se ir á sus tier- 
ras, le rogaron que los quisiese rescibir debajo de su 
amparo y merced y por sus tales vasallos, é que que- 
rían tomase la borla del Estado y ser de Inca; todo lo 
cual les agradesció Inca Yupanqui y respondióles, que 
al presente era vivo su padre y Señor, y que no era 
justo que mientras su padre viviese, él tomase la borla 
del Estado; que si al presente estaba allí, que era por- 
quél era capitán de su padre; y que les rogaba dos co- 
sas que por él hiciesen, que era la una, que de allí, 
ansí como 'iban, fuesen a do su padre estaba y le res- 
petasen y hiciesen lo que él les mandase como tal Se- 
ñor que era; y ellos dijeron que ansí lo harían. E que 
la otra era, que le tuviesen á él por su tal amigo y 
hermano, y que cada y cuando que por él les fuese 
inviado á les rogar, que lo hiciesen; y ellos dijeron que 



6o Suma y narración de los Incas, 



ellos no tenían otro Señor sino era él, y como á sus 
tales vasallos, de ellos podia hacer aquello que bien le 
estuviese; y él se lo agradeció. 

Y ansí, se partieron (¿z), y Inca Yupanqui se quedó en 
la ciudad, y los tales señores caciques se fueron de allí 
derechos do Viracocha Inca estaba; y después de le 
haber hecho su debido acatamiento, como Inca Yu- 
panqui se lo había mandado, le dijeron cómo Inca Yu- 
panqui los inviaba allí a que viesen en qué era servido 
que ellos le sirviesen; y como Viracocha Inca los viese 
delante de sí y tan gran multitud de señores y de tan- 
to poder, holgóse mucho de ello, porque dellos tenia 
gran necesidad al presente, para que le favoresciesen 
con algún tanto de sus rentas, para edificar aquel 
pueblo que allí quería hacer; é díjoles que fuesen muy 
bien venidos, é levantóse de su asiento y abrazólos á 
todos y tornóse á sentar en su silla, y mandólos á todos 
que ansí se sentasen; y mandó que sacasen muchos 
vasos de chicha, y que les diesen a beber; y luego les 
hizo sacar mucha cantidad de coca, una yerba preciada 
que ellos siempre traen en la boca, la cual yerba la his- 
toria adelante dirá. Y ansí repartida entre aquellos se- 
ñores, levantóse en pié Viracocha Inca, [y] consideran- 
do, que pues su hijo le inviaba aquellos señores y ellos 
tanto le amaban y le querían por Señor, que era justo 
que él ansimismo en ello les animase, les hizo cierta 
oración, por la cual él de su parte les agradescia lo 



{a) Repartieron, en n. orig. 



Capítulo X, 6 1 



que por él y por su hijo habían hecho, y que ya sabían 
y habían oído decir que él hasta allí había sido Señor 
del Cuzco, é que él se había salido del por causas que 
para ello le movieron; y que de allí adelante Inca 
Yupanquí, su hijo, había de ser Señor en la ciudad del 
Cuzco, y que á él obedeciesen y respetasen, como su 
tal Señor, y que él desde allí se desestia d.e la insignia 
y borla real y la ponía en la cabeza de su hijo Inca 
Yupanquí. Todo lo cual oído por los señores, se le- 
vantaron en pié, y uno á uno fueron á él y le dieron 
grandes gracias, y mostraron que rescibian en gran 
merced ellos el hecho del tal desistírse de la tal dig- 
nidad y darla á su hijo Inca Yupanquí, que ellos tan- 
to amaban é querían por Señor; y esto hecho, se torna- 
ron á sentar. 

Y Viracocha Inca les rogó, que por cuanto él que- 
ría allí en el peñol do estaba edificar un pueblo, y 
que para ello tenia necesidad de su ayuda y gente, 
que les rogaba que tuviesen por bien de darle aquella 
ayuda; á lo cual le respondieron aquellos señores, que 
ellos habían venido allí para que él viese lo que ellos 
le pudiesen hacer algún servicio, como su Señor Inca 
Yupanquí se lo había mandado; é que aquello y otra 
cualquier cosa que él mandarles quisiese estaban pres- 
tos de lo hacer; que les dijese el tiempo y mes en que 
quería comenzar [á] hacer su obra, para que ellos ín- 
víasen allí sus principales é indios para que entendie- 
sen en la hacer y hiciesen los tales edificios; y que él, 
entretanto, diese la traza del tal pueblo, y hiciese hacer 
de barro la figura de los tales edificios, que ellos le 



62 Suma y narración de los Incas. 



inviarian allí maestros que los supiesen bien hacer, ansí 
de cantería, como de la manera quél los quisiese. Y Vi- 
racocha Inca su hijo (así) se lo agradeció á todos 
ellos, y luego mandó sacar muchas cosas, como fueron 
hondas y petacas de coca, y ciertas piezas de ropa 
fina y otras muchas cosas entre ellos muy preciadas; 
todas las cuales fueron traídas delante del, y siendo, él 
allí mesmo por sus manos las dio y repartió á aque- 
llos señores; y esto hecho, mandóles dar a beber, y 
que asímesmo les íuese repartida cierta cantidad de 
coca. Y esto hecho, Viracocha Inca se levantó en pié 
y les agradeció la voluntad y amor que á él y á su 
hijo le mostraban y tenían; y díjoles el mes y tiempo 
en que habían de enviarle sus indios y gentes para 
que edificasen su pueblo; é ansí, los señores se levan- 
taron en pie, é quedando con él de se los inviar, como 
dicho tenían, le hicieron su acatamiento, é ansí se des- 
pidieron del; donde le dejaremos, y hablaremos de Inca 
Yupanqui. 



CAP. XI. — En que trata de cómo Inca Yupan- 
qui hiio la Casa del Sol y el bulto del sol, y de 
los grandes ayunos, idolatrías y ofrecimientos 
que en ello hizo. 



SALIDOS que fueron aquellos señores caciques de 
donde Inca Yupanqui estaba, y fueron á do Vira- 
cocha Inca estaba, como ya la historia os ha contado, 



Capítulo XI. 63 



é Inca Yupanqui quedase solo en su ciudad con los 
suyos, después de haber reposado dos días, parescióle 
que tenían ya ociosidad, é habia tomado por recrea- 
ción el ejercer de su persona; é ansí, salió un dia de 
mañana de la ciudad del Cuzco, é llevando consigo los 
señores que allí consigo tenia, anduvo aquel dia todas 
las tierras que en torno de la ciudad eran, y lo mismo 
hizo otro dia siguiente; [y] después de las haber bien 
visto y mirado, vio la mala repartición é arte que el 
tiempo que allí su padre estuvo ellas tenian. El tercero 
dia, también ansímismo anduvo mirando, juntamente 
con los señores, el sitio donde la ciudad del Cuzco es- 
taba fundada, todo lo cual, ó lo más dello, eran ciéna- 
gas y maniantales, como ya la historia os lo ha conta- 
do, y las casas de los moradores della eran pequeñas y 
pajizas é mal edificadas y sin proporción de arte de 
pueblo que calles tuviese; y bien ansí como es el dia de 
hoy junto á esta ciudad un pueblo que llaman Cayau- 
cachi, era en aquel tiempo las casas y pueblo que ago- 
ra es la gran ciudad del Cuzco. 

Y como Inca Yupanqui viese tan mal parado este 
pueblo del Cuzco, é ansímismo las tierras de labran- 
zas que en torno del eran, parescióle, viendo que te- 
nia tiempo y gran aparejo para de nuevo reedificarla, 
y que primero que en el pueblo hiciese casa, ni el 
reparto de las tierras, que seria bien hacer y edificar 
una casa al sol, en la cual casa pusiesen y fuese puesto 
un bulto en el lugar do el sol reverenciasen y hicie- 
sen sacrificios; porque, aunque ellos tienen que haya 
uno que es el Hacedor, á quien ellos llaman Viraco- 



64 Suma y narración de los Incas, 



cha Pachayachachic, que dice Hacedor del mundo ^ y 
ellos tienen que éste hizo el sol y todo lo que es criado 
en el cielo y tierra, como ya habéis oido; caresciendo 
de letras, y siendo ciegos del entendimiento en el sa- 
ber, casi muchos varian en esto en todo y por todo, 
que unas veces tienen al sol por hacedor, y otras veces 
dicen que el Viracocha; y por la mayor parte, en toda 
la tierra y en cada provincia della, como el Demonio 
les traiga ofuscados, y en cada parte que se les demos- 
traba les decia mil mentiras y engaños, y ansí los traía 
engañados y ciegos, y en los tales lugares do ansí le 
vian ponían piedras en su lugar, á quien ellos reve- 
renciaban y adoraban. Y como les dijese unas veces 
que era el sol, y a otros en otras partes decia que era 
la luna, y a otros que era su Dios y Hacedor, é á otros 
que era su lumbre que los calentaba y alumbraba, é 
que ansí lo verían en los volcanes de Arequipa (¿2); en 
otras partes decia que era el Señor que habia dado el 
ser al mundo, y que se llamaba Pachacama, que dice, 
Dador de ser al mundo\ y ansí los traya, como tengo 
dicho, engañados y ciegos. 

Y volviendo a nuestra historia, este Señor Inca Yu- 
panqui, como quisiese hacer casa y adoratorio a quien 
él reverenciase y los demás de su pueblo, quiriendo lo 
hacer a reverencia y semejanza del que habia visto an- 
tes de su batalla, y considerando él quel que ansí vie- 
ra, a quien él llamaba Viracocha, que le vio con gran 
resplandor, según ellos dicen, y en tanta manera que 

(a) Requipa, en n. orig. 



Capitulo XI. 65 



le paresció que todo el dia era allí delante del y su lum- 
bre, lo cual viendo delante de sí, dicen que hubo gran 
pavor, y que nunca le dijo quién fuese; considerando 
él en sí, cuando esta casa quería edificar, que aquel que 
viera, según la lumbre que en él habia visto, que debía 
de ser el sol, y que como llegase á él y la primera pa- 
labra que le dijese ^'Hijo, no tengas temor,^' y ansí los 
suyos, como la historia os ha contado, le llamaron des- 
pués Hijo del Sol; y tiniendo él ansí lo que ya habéis 
oído, propuso de hacer esta Casa del Sol. 

Y como la propusiese, llamó los suyos y los señores 
de la ciudad del Cuzco que allí consigo tenia, y díjoles 
lo que ansí tenia pensado y que quería edificar esta 
casa; y ellos le dijeron que diese la orden y traza del 
edificio della, porque tal casa como aquella, ellos, los 
naturales y propios de la ciudad del Cuzco la debían 
edificar é hacer; é Inca Yupanqui les dijo que la casa 
debía ser edificada luego, porque él ansí lo tenia pen- 
sado. Y visto por él el sitio do a él mejor le paresció 
que la casa debía de ser edificada, mandó que allí fuese 
traído un cordel, y siéndole traído, levantáronse del 
lugar do estaban él y los suyos, y siendo ya en el sitio 
do habia de ser la casa edificada, él mismo por sus ma- 
nos con el cordel midió y trazó la Casa del Sol; y ha- 
biéndola trazado, partió de allí con los suyos y fué a 
un pueblo que dicen Salu (^;, que es casi cinco leguas 



{a) Ó Sallu, más propiamente. En el cap. XVI lo escribe de otro modo, 
Saluoma [Sallu Urna]. 



66 Suma y narración de los Incas, 



de esta ciudad, ques do se sacan las canteras, y midió 
las piedras para el edificio desta casa, y ansí medidas, 
de los pueblos comarcanos pusieron las piedras que les 
fué señaladas y las que fueron bastantes para el edificio 
desta casa; y juntamente con esto, trujeron todo lo de- 
más que para el edificio desta era necesario; y siendo 
ya allí, pusieron por obra el edificio della, bien ansí 
como Inca Yupanqui la habia trazado y imaginado. 
Ando él siempre y los demás señores encima de la 
obra, mirando cómo la edificaban, y ansí él como los 
demás, trabajaban en el tal edificio; la cual obra, como 
allí tuviese juntos los materiales y menesteres della, 
que en breve tiempo fué acabada. 

Y como ya fuese acabada esta otra Casa del Sol que 
habéis oído, mandó Inca Yupanqui que luego fuesen 
juntas quinientas mujeres doncellas, y como allí fuesen 
traídas, ofreciólas al sol, para que allí siempre estas ta- 
les doncellas sirviesen al sol y estuviesen allí dentro, 
bien ansí como las monjas son encerradas; y luego, 
allí, llamando á un señor anciano y natural de la ciu- 
dad del Cuzco que á él le pareció que era hombre ho- 
nesto y de buen exemplo y fama, que estuviese y re- 
giese allí en la Casa del Sol, y que fuese mayordomo 
del sol y de la tal casa. Y luego mandó que allí fuesen 
entregados doscientos mozos de servicio del sol; y an- 
símismo en aquella hora señaló ciertas tierras para el 
sol, en que sembrasen estos doscientos yanaconas. 

Y esto hecho, mandó Inca Yupanqui á los señores 
del Cuzco que, para de allí á diez dias, tuviesen apare- 
jado mucho proveimiento de maíz, ovejas y corderos. 



Capitulo XI, 67 



y ansímismo mucha ropa fina, y cierta suma de niños y 
niñas, que ellos llaman Capacocha, todo lo cual era 
para hacer sacrificio al sol. Y siendo los diez dias 
cumplidos y ésto ya todo junto, Inca Yupanqui man- 
dó hacer un gran fuego, en el cual fuego mandó, 
después de haber hecho degollar las ovejas y corde- 
ros, que fuesen echados en él, y las demás ropas y 
maíz, ofreciéndolo todo al sol; y los niños y niñas que 
ansí habian juntado, estando bien vestidos y adereza- 
dos, mandólos enterrar vivos en aquella casa, que en 
especial era hecha para donde estuviese el bulto del sol; 
y con la sangre que de los corderos y ovejas habian 
sacado, mandó que fuesen hechas ciertas rayas en las 
paredes desta casa; todo lo cual hacia y los sus tres 
amigos é otros; todo lo cual sinificaba una manera de 
biendecir y consagrar esta casa; en el cual sacrificio 
andab?'. Inca Yupanqui y sus compañeros descalzos y 
mostrando gran reverencia a esta casa y al sol. E ansí- 
mismo con la misma gente [sangre?] el Inca Yupan- 
qui hizo ciertas rayas en la cara [á] aquel señor que era 
señalado por mayordomo desta casa, y lo mismo hizo 
á aquellos señores, sus tres amigos, y á las mamaconas 
monjas que para el servicio del sol eran allí. Y luego 
mandó que todos los de la ciudad, ansí hombres como 
mujeres, viniesen á hacer sus sacrificios allí á la casa 
del sol; los cuales sacrificios que ansí la gente co- 
mún hizo, fué quemar cierto maíz y coca en aquel 
fuego que ansí era hecho, entrando cada uno destos 
uno a uno y descalzos, los ojos bajos; y al salir que 
.ansí salían, después de haber hecho su sacrificio, á cada 



68 Suma y narración de los Incas, 



uno destos por sí mandó Inca Yupanqui que aquel 
mayordomo del sol hiciese la raya misma que habéis 
oido, con la sangre de las ovejas, en los rostros destos 
que ansí salían, á los cuales les era mandado, que des- 
de aquella hora hasta que el bulto del sol fuese hecho 
de oro, todos estuviesen en ayuno, y que no comiesen 
carne ni pescado ni aun guisallo, ni llegasen á mujer, 
ni comiesen verdura ninguna, y que solamente comie- 
sen maíz crudo y bebiesen chicha, sopeña que el que 
el ayuno quebrantase, fuese sacrificado al sol y quema- 
do en el mismo fuego. El cual fuego mandó Inca Yu- 
panqui que siempre estuviese ardiendo de noche y de 
día; la leña del cual fuego mandó Inca Yupanqui que 
fuese labrada y quemada mientras al ídolo se hiciesen 
en el fuego sacrificios, los cuales mandó que durante 
este tiempo hiciesen las mamaconas del sol; las cuales 
ansímismo estaban en grande ayuno y lo mismo el 
Inca Yupanqui y los demás señores. 

Y esto hecho y proveído, mandó Inca Yupanqui 
que viniesen allí los plateros que en la ciudad habia, 
y los mejores oficiales, y dándoles todo aparejo allí 
en las Casas del Sol, les mandó que hiciese un niño de 
oro macizo y vaciadizo, que fuese el tamaño del niño 
del altor y proporción de un niño de un año y desnu- 
do; porque dicen que aquel que le hablara cuando él 
se puso en oración estando en el sueño, que viniera á 
él en aquella figura de un niño muy resplandeciente, y 
que él vino á él después, estando despierto, la noche 
antes que diese la batalla á Uscovilca, como ya os he 
contado, que fué tanto el resplandor que vio que del 



Capítulo XL 69 



resultaba, que no le dejó ver qué figura tenia; y ansí 
mandó hacer este ídolo del tamaño y figura de un niño 
de edad de un año; el cual bulto se tardó de hacer un 
mes, en el cual mes tuvieron grandes sacrificios y 
ayunos. 

Y este bulto acabado, mandó Inca Yupanqui que 
aquel señor que habia señalado por mayordomo del 
sol, que tomase el ídolo, el cual le tomó con muchas 
reverencias, y vistióle una camiseta muy ricamente 
tejida de oro y lana é de diversas labores, y púsole 
en la cabeza cierta atadura á uso y costumbre de ellos, 
y luego le puso una borla según la del estado de los 
Señores, y encima delia le puso una patena de oro, y 
en los pies le calzó unos zapatos, uxutas {a) que ellos 
llaman, ansímismo de oro. Y estando ansí el bulto, 
llegó Inca Yupanqui a do el bulto estaba, el cual iba 
descalzo, y como llegase á él, hízole sus mochas {h) y 
gran reverencia, mostrándole gran respeto; é ansí, 
tomó el bulto del ídolo en sus manos y llevólo á do 
era la casa y lugar do él habia de estar; en la cual casa 
estaba hecho un escaño, hecho de madera y muy bien 
cubierto de unas plumas de pájaros tornasoles de di- 
versas maneras y colores, de las cuales y con las cua- 
les era muy vistosamente labrado; en el cual escaño 
puso Inca Yupanqui el bulto del ídolo. Y siendo allí 
puesto, hizo traer un brasero de oro, y siendo encen- 



(a) Xutas, en n. orig. 
ib\ Manchas, en n. orig. 



7 o Suma y narración de los Incas, 

dido en él fuego, mandóle poner delante del ídolo, en 
el cual fuego y brasero hizo echar ciertos pajaricos y 
ciertos granos de maíz, y derramar en el tal fuego 
cierta chicha; todo lo cual dijo que comia el sol, é que 
haciendo aquello, le daba de comer; y de allí adelante 
se tuvo aquella costumbre ordinariamente; lo cual 
hacia aquel mayordomo del, ansí como si fuera perso- 
na que comiera y bebiera; ansí se tenia especial cui- 
dado de le guisar de comer diversas comidas y mane- 
ras de manjares, y ansí las quemaban delante, a la 
tarde y á la mañana en braseros de oro y plata, en la 
manera que ya habéis oido. Y dende allí adelante 
adoraban en aquel ídolo; y no entraban dentro del 
ídolo donde estaba, sino eran los señores principales, 
entrando con mucha reverencia y veneración, los za- 
patos quitados, y las cabezas bajas; y el Inca Yupan- 
qui entraba sólo, y él mismo por su mano sacrificaba 
las ovejas y corderos, haciendo él el fuego y queman- 
do el sacrificio. Y cuando él ansí estaba haciendo el 
sacrificio, ningún señor osaba entrar dentro, y todos 
se quedaban en el patio, y allí hacían ellos fuera sus 
sacrificios y sus mochas y adoramientos. Y para en 
que la gente común adorasen allá fuera, porque no 
habian de entrar allá dentro si no fuesen señores, y 
éstos en el patio, hizo poner en medio de la plaza del 
Cuzco, donde agora es el rollo, una piedra de la hechu- 
ra de un pan de azúcar, puntiaguda para arriba y 
enforrada de una hoja de oro; la cual piedra hizo ansí- 
mismo labrar el dia que mandó hacer el bulto del sol, 
y esta piedra, para en quel común adorase, y el bulto, 



Capitulo XI, 71 



en la Casa del Sol, los señores; la cual casa era reve- 
renciada y tenido en gran reverencia, no solamente el 
bulto, mas las piedras della y los sirvientes y yanaco- 
nas dclla eran tenidos por cosa bendita y consagrada. 
Y al tiempo que la edificaban, estando asentando 
cierta piedra, quebróse de la juntura de la tal piedra un 
pedazo como tres dedos en ancho y largo, y mandó 
Inca Yupanqui que luego fuese allí derretida cierta 
plata y vaciada de tal manera en la piedra y quebrado 
della, que viniese al justo de lo que la piedra se quebró; 
todo lo cual era de cantería, y la juntura de la tal can- 
tería de piedra con piedra era tan sotilmente asenta- 
do, que parescia raya hecha con un clavo en una pie- 
dra. En la cual se enterraban los señores principales 
en los patios y aposentos, excepto donde el ídolo esta- 
ba; y el dia quel ídolo se puso en la casa, entraron 
en la ciudad, que no lo saben ni pueden inumerarlo, 
mas que dicen que la vez que menos ovejas y cor- 
deros allí sacrificaron, que pasaba de más de qui- 
nientos. 



2 Suma y narración de los Incas. 



CAP. XIL — En que trata cómo Inca Yupanqui 
hiio juntar los señores de toda la tierra que 
hasta allí d él eran subjetos, y cómo fortaleció 
é hi{0 repartir las tierras en torno de la ciudad 
del Cu{Co;y cómo hi{0 hacer los primeros de- 
pósitos de comidas é otros proveimientos que 
para el bien de la república en el Cuíco eran 
necesarios. 



ACABADO de dar orden Inca Yupanqui é de haber 
hecho los ídolos y casas del sol, que habéis oido, 
mandó en la ciudad del Cuzco que en un cierto dia 
señalado fuesen juntos en ella todos los señores, caci- 
ques y principales que en las provincias y comarcas de 
en torno de la ciudad del Cuzco vivian y á él habian 
dado obidiencia, para [por] que tenia ciertas cosas que 
comunicar con ellos; é oido el mando por los principa- 
les del Cuzco, luego inviaron sus orejones por las pro- 
vincias y comarcas que ya habéis oido, con los cuales 
inviaban a mandar á los tales señores de ellaa el man- 
do que el Inca Yupanqui tenia hecho, y que para aquel 
dia señalado fuesen todos a la ciudad. Y como los ta- 
les señores supiesen el mando que el Inca Yupanqui 
mandaba, con la más brevedad que posible les fue, se 
vinieron á la ciudad del Cuzco; y siendo ya todos jun- 



Capítulo XII, 73 



tos, Inca Yupanqui les dijo, que ya vían que el sol era 
en su favor y que no era justo que se contentasen con 
poco; que le páresela que, porque andando el tiempo 
la guerra no les daria lugar á hacer sus tierras y re- 
partirlas (a) de la manera que de una vez queria que se 
repartiesen, que para perpetuamente ellos y sus descen- 
dientes sembrasen y se sustentasen, que le parescia 
que seria bien que cada uno tuviese sus tierras seña- 
ladas y conoscidas, para que las sembrasen y adereza- 
sen cada uno dellos con la gente de sus casas y ami- 
gos, todo lo cual decia á los señores y moradores de la 
ciudad del Cuzco. Y ansí, todos juntos, viendo la 
merced grande que les hacia de darles las tierras que 
conosciesen para perpetuamente á cada uno de ellos, 
todos juntos y a una voz le dieron grandes gracias, 
llamándolo é intitulándolo Intipchuri^ que dice ^'Hijo 
del sol/' 

Y luego de allí mandó Inca Yupanqui que todos 
fuesen a cierto sitio do las tales tierras estaban pinta- 
das, donde, como allí fuesen, dio y repartió las dichas 
tierras, dando a cada uno de ellos las tierras que le 
paresció que le bastaban. Y esto hecho, mandó luego 
que aquellos tres señores sus amigos se las fuesen á 
repartir á todos los de la ciudad, bien ansí como se 
las habia dado y señalado, y que esto hecho, volviesen 
todos ellos delante del. Y ansí, los señores fueron y 



(a) En el epígrafe y en casi todo el texto del presente capítulo usó el 
copista equivocadamente del verbo r&parar por el de repartir. 



74 Suma y narración de los Incas, 



dieron y repartieron las tierras, y metieron en las po- 
sesiones de ellas a los tales que ansí les fué hecha la 
dicha merced por el Inca Yupanqui. [¿Mandó?] á los 
señores caciques que allí estaban, que le trujesen por 
cuenta cada uno de ellos los indios que allí consigo 
tenian; y luego los señores caciques le trujeron por 
quipo, que dice cuenta, la suma de los indios que te- 
nian; y sabido por el Inca Yupanqui los indios que ha- 
bia, mandó {a) á los señores que luego los repartiesen 
por casas; y ansí fué hecho. Y mandó que luego otro 
dia, que cada uno de los del Cuzco, como le habia ca- 
bido la suerte de las tierras, saliesen a las aderezar y 
reparar y hacer sus caños y regaderas, todo lo cual 
fuese reparado y hecho de piedra de cantería, porque 
fuese el tai edificio de tal manera hecho, que para per- 
petuamente durase, mandándoles que pusiesen sus lin- 
deros y mojones altos, de tal manera hechos, que nun- 
ca se perdiesen, debajo de los cuales mojones y de cada 
uno dellos fuese puesta cierta carga de carbón, dicien- 
do, que si en algún tiempo se cayese el mojón, que 
por el carbón que allí se hallase conocerían los linde- 
ros de las tales tierras. Y esto proveído. Inca Yupan- 
qui estuvo algunos días, mientras en el aderezar de 
las tierras se daba orden, holgándose y recreándose 
viendo como cada uno trabajaba y aderezaba la parte 
que le habia cabido, y al que via que con algún trabajo 
lo hacia, dábale ayuda. 



(a) Alendado, en n. orig. 



Capítulo XII . 75 



Y como viese que el edificio y reparación de las 
tales tierras iba largo y que según iban los reparos que 
los tales hacian, y que era edificio que no se podia 
acabar sin (a) ayuda, mandó que los señores y caciques 
que allí eran se juntasen en su casa cierto dia, y luego 
fueron juntos bien ansí como él lo mandó; y siendo 
allí en su casa, díjoles que habia gran necesidad que 
en la ciudad del Cuzco hubiese depósitos de todas co- 
midas, ansí de maíz como de aji y frísoles é chochos, 
y chichas y quínua, y carnes secas, é todos los demás 
proveimientos y comidas curadas que ellos tienen; y 
que para aquello habia necesidad que de sus tierras lo 
mandasen traer. Y luego los señores caciques dijeron 
que les placía de toda voluntad de lo mandar traer, 
que mandase que de la ciudad del Cuzco fuesen algu- 
nos orejones en compañía de los indios que ansí ellos 
inviasen, para que en sus tierras les constase á los que 
allá eran que era su voluntad que el tal proveimiento 
hiciesen á la ciudad del Cuzco, porque aquel era el 
primero que ellos hacian, y por ellos muy mucho 
deseado de hacer el tal servicio á la ciudad del Cuzco 
y á su Señor Inca Yupanqui. Todo lo cual les fué agra- 
decido por Inca Yupanqui y mandó luego á aquellos 
señores del Cuzco que proveyesen allá en sus posadas, 
juntamente con aquellos caciques y señores, los orejo- 
nes que ansí habían de ir por los pueblos y provincias 
a juntar y traer las tales comidas y mantenimientos. 



{a) Con, en n. orig. 



yó Suma y narración de los Incas. 

Y ansí, fueron los señores é sus capitanes é hicieron 
allá su junta ellos y los caciques, y repartieron lo que 
cada una provincia habia de traer y contribuir. Y ansí 
se les repartió á los caciques que allí eran los depósitos 
que ansí habían de hacer, y se les mandó y señaló el 
tiempo que de tantos á tantos años se le hiciesen in 
perpetuum^ si por el Inca no les fuese mandado otra 
cosa; todo lo cual acetaron de hacer los tales caciques, 
porque entendían que Inca Yupanqui era Señor que 
sabia bien satisfacer todo servicio que le fuese hecho. 
Y luego allí en su junta los señores señalaron los 
orejones que habían de ir, é ansí mismo los caciques, 
los principales que con ellos inviaban; é ansí, se par- 
tieron estos orejones y principales á traer las tales co- 
midas y proveimientos. Y los señores caciques salie- 
ron de su junta y fueron do Inca Yupanqui estaba, al 
cual le dijeron lo que ansí habían hecho y ordenado, 
como [á] ellos habían ordenado y avisado, y que los 
señalase los sitios y lugares do habían de ser hechos 
los depósitos, porque los que cada uno de ellos habia 
de hacer, ya entre ellos los tenían repartidos. Y luego 
Inca Yupanqui les señaló ciertas chapas {a) y laderas 
de sierras que en torno de la ciudad del Cuzco están 
y á vista de él, y aUí les mandó que luego fuesen edi- 
ficados los tales depósitos, para que, cuando el tal pro- 
veimiento fuese traído, hallasen en qué lo meter. Y 



{a) No entiendo esta palabra, como no venga de chapascca, cosa poseí- 
da y hecha propia, que se aplicaba principalmente á los terrenos baldíos. 



Capítulo XIL 77 



luego fueron los señores á los sitios que por el Inca 
les fueron señalados y pusieron por obra y edificio los 
tales depósitos. Y tardóse en hacer estos depósitos y 
repartir las tierras cinco años, porque fueron muy 
muchos los depósitos que hicieron, los cuales manda- 
ba hacer Inca Yupanqui, por tener mucha cantidad de 
comida y tanta que no le faltase. Y mediante la co- 
mida que ansí tuviese, queria edificar la ciudad del 
Cuzco de cantería y reparar los arroyos que la cercan; 
y tenia en sí, que teniendo bastimentos en tanta canti- 
dad que no le faltasen, que podia echar la gente que 
él quisiese [a] hacer y edificar los edificios y casas que 
ansí reedificar queria. 

Y los depósitos hechos y proveidos, y siendo ya las 
tierras repartidas y acabadas de repartir. Inca Yupan- 
qui mandó juntar los caciques y señores que, en todo 
lo ya dicho, le habían hecho servicio, y pareciéndole 
que era justo hacelles algunas mercedes y dalles algún 
contentamiento, y siendo ansí juntos, dióles y repar- 
tióles muchas joyas de oro y plata que mediante aquel 
tiempo que en la obra estuvieron las habia mandado 
labrar; y ansímismo les dio á cada dos vestidos de las 
ropas de su vestir, é a cada uno dellos les dio una se- 
ñora naturales del Cuzco, de su linaje, para que fuesen 
cada una destas mujeres principal del cacique a quien 
ansí le habia dado, é que los hijos que en las tales hu- 
biesen, fuesen herederos de los tales estados é señoríos 
que sus padres tuviesen; fundándose Inca Yupanqui 
por el deudo que con ellos por esta vía habia, que 
nunca ninguno dellos en sus dias se le rebelaría, é que 



yS Suma y narración de los Incas. 



habría entre ellos é de los de la ciudad del Cuzco per- 
petua amistad y confederación. Todo lo cual ansí 
hecho, y visto por los caciques las grandes injurias {a) 
que les hacia, todos se inclinaron a le besar los pies y 
á le dar grandes gracias. A los cuales mandó Inca 
Yupanqui que se fuesen a descansar á sus tierras, y 
que dende á un año volviesen á la ciudad del Cuzco, 
é que en este tiempo, cada uno de ellos en sus tierras 
hiciesen sembrar muchas sementeras de todas comidas, 
porque tenia que seria menester, andando el tiempo; é 
que les encomendaba que en sus tierras no hobiese 
ociosidad en los mancebos y en las mujeres, porque 
no fuesen causa las tales ociosidades de tener los suyos 
resabios de mal ejemplo; que procurasen ejecutar 
[ejercitar], todo tiempo que no entendiesen en hacer 
sementeras, en las cosas de guerra, que los [y en los] 
semejantes ejercicios, como era en saber esgrimir hon- 
das, tirar flechas, jugar con hachas á manera de pelea 
en batalla, blandir lanzas con rodelas en las manos; 
todo lo cual habian de hacer en sus tierras los mance- 
bos, haciendo poner tantos á un cabo como á otro. 
Todo lo cual oido por los caciques, dijeron que ansí 
lo harian y que los decía lo que era bueno. Y ansí el 
Inca los despidió, y ellos, haciendo su acatamiento, se 
salieron y se fueron. 



[a) Así en n. orig. ¿Qué palabra habrá dado lugar á este gazafatón del 
copiante? 



Capítulo XIIL 79 



CAP. XIII. — En que trata de cómo se juntaron, 
después de un año pasado, los señores caciques, 
y cómo Inca Yupanqui hiio reparar los dos 
arroyos que por la ciudad del Cu^co pasan-, y 
cómo casó los mancebos solteros que había, y 
cómo dio orden en el proveimiento de comidas 
que en la ciudad del Cuíco eran necesarias y 
república del. 



IDOS que fueron los caciques á sus tierras, aquel año 
que los tales caciques habian destar en sus tierras é 
Inca Yupanqui, mediante este tiempo, que no tuviese 
que hacer, tomó por ejercicio de irse á cazar, lo cual 
hacia los más de los dias; y otros dias se andaba por la 
ciudad mirándola y el sitio della, imaginando él en sí 
la orden que le habia de dar y el edificio é reedifica- 
ción que en ella pensaba hacer, como viese que aque- 
llos dos arroyos que la ciudad tomaban en medio, que 
eran gran perjuicio en ella; porque, como las lluvias vi- 
niesen cada año, ellos venian de avenida, écomo ansí vi- 
niesen siempre, comian la tierra y se iban ensanchando 
y metiendo por la ciudad, y via que aquello era per- 
juicio para la ciudad y para los moradores della, y que 
para hacer sus edificios y casas que en ella pensaba edi- 
ficar, que era necesario reparar primero las veras de 



8o Suma y narración de los Incas. 



aquellos dos arroyos, y que éstos reparados, podría edi- 
ficar todo cualquier edificio sin temor que las tales ave- 
nidas se los desluciesen. 

Y el año cumplido que á Inca Yupanqui le pareció 
que ya era tiempo que tales señores comarcanos vinie- 
sen, invióles sus mensajeros, por los cuales les invia- 
ba a decir, que ya era tiempo que viniesen á la ciudad, 
como ya él les habia dicho cuando de allí fueron; y que 
ansímcsmo trujesen todos los más ganados que pudie- 
sen, é comidas é mantenimientos, porque era ya lle- 
gado el tiempo que dellos é dello ternia necesidad. To- 
do lo cual oído por los caciques, como ellos tenían ansí- 
mismo en cuidado lo que así les mandara cuando 
del se partieron, luego se pusieron en camino, porque 
ellos ya tenían junto todo aquel menester para traerlo, 
y ansí estaban ya en camino; con todo lo cual se par- 
tieron é vinieron á la ciudad del Cuzco é trujeron 
consigo toda la más gente que pudieron. 

E llegados que fueron á la ciudad del Cuzco, hicieron 
su acatamiento al Inca en esta manera, porque esta era 
la usanza que se tenia cuando delante del se vían: que 
como delante del fuesen, alzaban las manos é los ros- 
tros al sol, haciéndoles sus mochas é acatamientos, é 
luego ansímesmo las hacían al Inca no menos; y las pa- 
labras que ansí le decían cuando ansí le saludaban, que 
le decían: "¡Ah, Hijo del sol amoroso é amigable á 
los pobres!'' Esto dicho, poníanle delante sus pre- 
sentes que ansí le traían, é luego le sacrificaban cier- 
tas ovejas é corderos delante del con todo respeto é 
acatamiento, como a hijo del sol; y esto ansí hecho, 



Capitulo XIII, 8 1 



el Inca los saludaba diciéndoles que fuesen bien veni- 
dos, y preguntándoles si venían buenos é si lo estaban 
ansímesmo sus tierras. Todo lo cual que habéis oido 
hicieron estos señores caciques con Inca Yupanqui, 
cuando delante del se vieron, y él ansímismo dijo lo 
que habéis oido. E díjoles que diesen aquello que ansí 
traían á aquellos señores del Cuzco que allí estaban, é 
ansí se salieron de do el Inca estaba, y ellos y aquellos 
señores del Cuzco fueron do los depósitos eran, é pu- 
sieron todo el mantenimiento que traian a recaudo. 

Y después de haberse holgado con el Inca é con los 
señores del Cuzco cinco dias, en sus fiestas é regocijos, 
Inca Yupanqui les dijo lo que pensaba hacer, é como 
quería reparar é fortalescer aquellas veras de aquellos 
dos arroyos que por la ciudad pasaban, contándoles el 
perjuicio que la ciudad rescebia; y ellos dijeron questa- 
ban prestos para hacer todo aquello que por él les fue- 
se mandado; que les dijese la manera quen ello se ha 
bia de tener, porque proveerían lo que para ello fuese 
necesario. E ansí. Inca Yupanqui les señal(5 los naci- 
mientos de los arroyos, y desde á donde a él le pares- 
ció que habían de comenzar los tales fortalecimientos 
y reparos, hasta la junta de los dos arroyos, que es el 
remate de la ciudad do ellos llaman Pumachupa [Pu- 
mapchupan], que dice ^'cola de león'' (¿z); é de allí 
mandó que este fortalecimiento é reparo llegase hasta 
Muyna (^), ques cuatro leguas desta ciudad. E ansí 



(a) Colcidelon, en n. orig. 
(í$) Machina, en n. orig. 



82 Suma y narración de los Incas, 



los señores caciques medieron con sus cordones el es- 
pacio que habia desde el comienzo de donde Inca Yu- 
panqui [dijo] que comenzasen, hasta la junta de los 
arroyos; é ansí medido, repartieron entre sí la parte 
que á cada uno cabia del edificio que ansí habían de 
hacer; y esto hecho, mandólos Inca Yupanqui que hi- 
ciesen traer mucha piedra tosca, porque de piedra tosca 
habia de ser el reparo, é que la mezcla que habia de en- 
trar entre piedra y piedra, que mirasen que habia de 
ser un barro pegajoso, que ya que el agua lo mojase, 
no lo despegase, y que antes estuviesen las piedras más 
asidas unas con otras y el agua no comiese la tal mez- 
cla. Y ansí, los caciques dieron orden en buscar el tal 
barro é mezcla é traer la piedra tosca que ansí les era 
mandado todo; lo cual ansí traído, comenzaron su edi- 
ficio. E mandó que este edificio é fortalecimiento lle- 
gase hasta la Muyna {a)\ porque, como fuese reparado 
este arroyo de la ciudad de abajo, por donde las tierras 
é sementeras eran, y á las lluvias viniesen las tales ave- 
nidas, este arroyo no rompiese las barrancas é se en- 
trase por las tierras é hiciese mal y daño en los tales 
sembrados. 

Y esto hecho é proveído, mandó á los señores del 
Cuzco que para cierto día quería con ellos comunicar 
cierta cosa que convenia mucho al bien de la ciudad é 
su república; á los cuales dijo, como ya ansí fuesen jun- 
tos, que habia gran necesidad de hacerse depósitos de 



{a) Machina, en n. orig. 



Capítulo XIII, 85 



ropa en cantidad, y que para aquello quería hacer una 
gran fiesta á los caciques, en la cual fiesta, viendo él 
que estaban contentos, que se lo queria decir é mandar 
que ansí lo hiciesen é lo proveyesen de sus tierras. E 
los señores dijeron que era cosa muy conveniente é 
bien acordada, que ellos querían dar orden é mandar 
que se hiciese mucha chicha; y esto hecho é adereza- 
do, hiciéronselo saber al Inca; el cual, como supiese 
que todo hecho estaba, dijo que otro dia queria que co- 
menzase la fiesta; é ansí mandó llamar todos aquellos 
caciques señores, é siendo delante del, les dijo cómo se 
queria holgar é regocijar con ellos, y ellos lo recibieron 
á gran merced. 

Eotro dia de mañana fué traída mucha juncia y echa- 
da por toda la plaza é traídos muchos ramos que hinca- 
ron en ella, délos cuales ramos fueron colgados muchas 
flores é muchos pájaros vivos; é ansí, los señores del 
Cuzco salieron muy bien vestidos de las ropas que ellos 
más preciadas tenían, y el Inca juntamente con ellos; é 
ansímismo vinieron los caciques, los cuales traían vesti- 
dos los vestidos que el Inca les diera. 

E luego fueron sacados allí a la plaza mucha y muy 
gran cantidad de cántaros de chicha; y luego vinieron 
las señoras, ansí las mujeres del Inca como las demás 
principales, las cuales sacaron muchos y diversos man- 
jares; é luego se sentaron á comer todos, é después 
de haber comido, comenzaron á beber, é después de 
haber bebido, el Inca mandó sacar cuatro atambores 
de oro, é siendo allí en plaza, mandáronlos poner á 
trecho en ella, é luego se asieron de las manos todos 



84 Suma y narración de los Incas, 



ellos, tantos á una parte como a otra, é tocando los 
atambores, que ansí en medio estaban, empezaron a 
cantar todos juntos, comenzando este cantar las seño- 
ras mujeres que detrás dellos estaban; en el cual can- 
tar decian é declaraban la venida que Uscovilca habia 
venido sobre ellos, é la salida de Viracocha, [é cómo] 
Inca Yupanqui le habia preso é muerto, diciendo que 
el sol le habia dado favor para ello, como á su hijo; é 
cómo después ansímismo habia desbaratado y preso y 
muerto á los capitanes que ansí habian hecho la junta 
postrera. E después deste canto, dando loores y gracias 
al sol é ansímismo a Inca Yupanqui, saludándole como 
á hijo del sol, se tornaron á sentar. E ansímismo co- 
menzaron á beber la chicha que allí tenían, que según 
ellos dicen habia muy mucha, y en muy gran cantidad. 
E luego les fué traída allí mucha coca é repartida 
entre todos ellos; y esto así hecho, se tornaron á levan- 
tar é hicieron, ansímismo como habéis oído, un canto 
y baile. 

La cual fiesta duró seis [dias], en fin de los cuales, el 
Inca les dijo á aquellos caciques señores, que para el 
ser del Cuzco convenia que en él hobiese depósitos de 
ropa, ansí de lana como de algodón; é que ansímismo 
convenia que hubiese depósitos de unas mantas de ca- 
buya bastas é gruesas, con unos cordeles de á dos pal- 
mos en las puntas dellas, con los cuales las atasen á 
los pescuezos como mejor les paresciese a los indios 
que ansí se diesen, las cuales se habian de repartir a 
los trabajadores é obreros que en los reparos de la 
obra de los arroyos andaban, é á los que ansímesmo en 



Capítulo XIIL 85 



los demás edificios habian de andar, para que en las 
tales mantas de cabuya trujesen é acarreasen la tierra é 
piedra que ansí era necesaria para la tal obra, é que 
como tuviesen estas mantas ya dichas, no gastasen las 
suyas propias, que eran de lana é algodón, é sus capas 
con que ellos se cubren. Todo lo cual oido por los 
señores caciques que allí eran, dijeron a Inca Yupanqui 
que les placía y holgaban de lo hacer bien ansí como 
el Inca se lo había mandado. 

E salidos de allí, luego enviaron a sus tierras, pue- 
blos é provincias; é para que hubiese efecto este bene- 
ficio, mandaron que luego en sus tierras fuesen juntas 
muchas mujeres, é puestas en casas y corrales, les fue- 
se repartida mucha lana fina é de diversos colores, y 
que ansímesmo fuesen puestos y armados muchos te- 
lares, é que ansí hombres como mujeres, con toda la 
más brevedad que fuese posible, hiciesen la ropa que 
les había cabido, cada uno por sí, según la medida del 
largor y anchor que les fué dada. Y esta ropa ansí 
hecha é acabada, fué traída a la ciudad del Cuzco; 
é como allí fuese, el Inca mandó á los principales del 
Cuzco que la mandasen poner en los depósitos que 
para tal ropa ansí habian mandado hacer. 

Y esto ansí hecho, el Inca é los señores é los demás 
caciques, anduvieron fortaleciendo y reparando estas 
veras destos dos arroyos de la ciudad del Cuzco, que 
ya habéis oido, andando siempre ansí él como ellos 
sobre los tales obreros que en la tal obra andaban, 
dándoles la más prisa que podían á que con toda bre- 
vedad hiciesen y acabasen los tales reparos y fortalecí- 



86 Suma y narración de los Incas. 



mientos, en la cual obra estuvieron cuatro años, dán- 
dose la brevedad que les fué posible hacer é acabar 
su obra. 

Donde, como fuese acabada, el Inca ordenó é man- 
dó que se hiciese otra fiesta, según que las que ya os 
hemos contado, en la cual fiesta participasen é gozasen 
della ansí los señores como los demás sus subditos; en 
la cual fiesta estuvieron treinta dias; en fin de los cua- 
les mandó el Inca que luego saliesen de la ciudad del 
Cuzco cierta suma de orejones, los cuales fuesen por 
las tierras de aquellos señores que allí eran é supiesen 
é le trujesen por cuenta qué suma habia en las tales 
tierras é pueblos de mancebos solteros é mozas solte- 
ras, mandándoles á los caciques é principales que in- 
viasen á hacer saber á sus mayordomos , llaciacamayos 
que ellos llaman, que aquella era su voluntad é mando, 
é que luego con toda brevedad les dijesen é diesen la 
cuenta á los tales orejones de lo que se enviaba á sa- 
ber, los cuales con toda brevedad volviesen; todo lo 
cual fué ansí hecho é despachado. E habida por los 
orejones en los tales pueblos é provincias la cuenta é 
razón de su demanda, volvieron á la ciudad del Cuz- 
co, donde, siendo delante del Inca, le dieron la razón 
de lo que ansí habían sabido. 

Y entendido por el Inca la cantidad de mancebos é 
mozas solteras que habia en los tales pueblos é provin- 
cias, mandó á aquellos señores, sus tres buenos amigos, 
que luego se partiesen para los tales pueblos é provin- 
cias, é que llevasen consigo todos los caciques é señores 
que al presente allí eran con él, en presencia de los 



Capítulo XIIL 87 



cuales, en cada pueblo é provincia que llegasen, casa- 
sen los mozos de una provincia con las mozas solteras 
de la otra, é las mozas solteras de la otra con los man- 
cebos de la otra; é ansí fuesen haciendo por las tier- 
ras é subjeto de aquellos señores caciques que con él 
eran, para que creciesen é multiplicasen é tuviesen 
perpetua amistad, deudo y hermandad los unos con 
los otros. Y esto ansí proveído, el Inca hizo muchas y 
grandes mercedes [á] aquellos señores caciques, dán- 
doles muchas dádivas; é ansí, se partieron aquellos se- 
ñores del Cuzco é los demás caciques, y fueron á hacer 
lo que ya habéis oído. 

E ansí, quedó el Inca en la ciudad del Cuzco con los 
de la misma ciudad é con algunos señores de los pue- 
blos de los que en torno de la ciudad están á una le- 
gua, é á media, é á menos; á los cuales mandó, é ansí- 
mesmo á los de la ciudad del Cuzco, que luego truje- 
sen delante del, un señor de aquellos por sí, los man- 
cebos é mozas solteras que ansí en sus pueblos tenían. 
É siendo traídos delante del los tales mozos é mozas, 
el mismo Inca los casó á todos; y esto hecho, mandó 
sacar de los depósitos la ropa necesaria que á todos 
estos bastase, y él por su mano la dio é repartió á to- 
dos, ansí hombres como mujeres, dando á cada uno 
dos vestidos; y ansímesmo les dio á cada uno des- 
tos una manta de cabuya más de los vestidos que les 
daba, para que con la tal manta trabajasen sus labores 
y ejercicios é no gastasen en aquellos los vestidos 
que les daba; y ansímismo les repartió é les hizo re- 
partir el maíz y carne seca é pescado seco, é ovejas 



88 Suma y narración de los Incas. 

cupre {a) c loza con que se sirviesen, é todo lo demás 
que á él le pareció que necesario les era para tener 
casa cada uno dellos é lo necesario que les era tener 
en ella. Y mandó que cada cuatro dias se diese é re- 
partiese a todos los del Cuzco lo que cada uno habia 
menester de comida é proveimiento, visto y sabido por 
la casa del [el?] número de servicio [que] cada uno de- 
llos tenia, [é] que ansí les fuese dado el proveimiento 
que ansí les fuese necesario para sí é para su servicio, 
mandando que de los depósitos se sacasen los tales 
bastimentos é comidas, é que dellos se hiciesen en la 
plaza de la ciudad grandes montones de las tales co- 
midas, y de allí se les fuese repartiendo por su medida, 
cuenta y razón, dando a cada uno lo que ansí hobiese 
menester; el cual beneficio mandó que siempre se hi- 
ciese é durase el tiempo que la ciudad del Cuzco fuese. 
Y ansí duró deste señor Inca Yupanqui este beneficio 
é proveimiento, hasta que los indios fueron subjetos 
con la entrada de los españoles en estos reinos, con 
cuya entrada todo esto se perdió é cebsó. 



{a) Así. <No será kquepi, avíos? 



Capítulo XIV. 89 



CAP, XIV. — En que trata cómo Inca Yupan- 
qui constituyó y ordenó la orden que se había 
de tener en el hacer de los orejones ^ y los ayu- 
nos, cerímonias é sacrificios que en el tal orde- 
nar se habiaii de hacer, constituye?tdo en este 
tiempo que esto se hiciese, una fiesta al sol, la 
cual fiesta y ordenamiento de orejones llamó y 
nombró Raymi. 



ACABADO de proveer Inca Yupanqui la orden que 
se había de tener en el proveimiento de la ciudad 
del Cuzco é su república, volvieron los señores sus 
tres buenos amigos que ansí él habia enviado a casar 
los solteros, como ya la historia os ha contado; é 
siendo ya en el Cuzco estos señores é los demás que 
en la ciudad eran, mandó Inca Yupanqui que todos se 
juntasen en su casa otro dia de mañana, porque queria 
comunicar con ellos cierta fiesta, la cual fiesta queria 
que se hiciese cada año al sol, por la vitoria que le ha- 
bia dado y hecho Señor; y porque desta fiesta hubiese 
memoria, queria constituir en ella cierta cosa que allá 
con ellos en su junta comunicaria. Y otro dia de ma- 
ñana se juntaron estos señores en las casas del Inca, 
que comunicó con ellos la fiesta que ansí queria hacer; 
é para que della hobiese memoria para siempre, díjoles 




9o Suma y narración de los Incas. 



Inca Yupanqui que quería bien que en esta fiesta se 
hiciesen los orejones con ciertas cerimonias y ayunos, 
porque una cosa semejante que aquella, que era señal 
y insignia para que por toda la tierra fuesen conoscidos 
dende el menor hasta el mayor de aquella ciudad por 
tales señores é hijos del sol, porque le parecía que, des- 
de allí adelante, habían de ser tenidos é respetados los 
de aquella ciudad por los de toda la ciudad (a) y de la 
tierra mas que habían sido hasta allí; é que porque ha- 
bían de ser llamados hijos del sol, quería que fuesen he- 
chos y ordenados orejones en aquella fiesta del sol con 
muchas cerimonias é ayunos; porque los que habían sí- 
do hechos orejones hasta allí, ellos y sus padres les ho- 
radaban las orejas cada y cuando que querían é bien les 
estaba, é porque aquello era cosa que tan fácilmente se 
debiese de hacer, por lo que ya tenía dicho, que le pa- 
recía que en lo tal era bien que hubiese orden é cerimo- 
nias en la manera siguiente: Que se juntasen los deu- 
dos del mozo que ansí había de ser hecho orejón, como 
fuese natural de partes de padre de la ciudad del Cuz- 
co y que él y su padre y madre fuesen señores, y sino, 
lo fuese el padre; y si caso fuese que no tuviese padre, 
que los deudos de su padre é más cercanos; y que éstos 
hiciesen cierta fiesta á todos los demás deudos, y que 
en esta fiesta diesen orden é dijesen como querían hacer 
orejón á aquel tal su hijo ó deudo; que les regocí... (b) 



(o) Así en n. orig ; quizá debiera decir, por los de todas las ciudades de 
la tierra (de su imperio, se entiende). 
{b) Así en n. orig. iregocijaba} 



Capitulo XIV. 9 1 



que en la tal fiesta se hallasen y con sus prosperida- 
des y mantenimientos le favoreciesen; [é] aunque fuese 
el que la tal fiesta habia de hacer el más rico de los 
deudos, se habia de encomendar a que le favoreciesen 
los demás sus deudos en la tal fiesta y otras cosas que 
ansí le subcediesen, con lo que ansí tuviesen; porque 
les quería dar a entender, que por prósperos que fue- 
sen, habían de tener en mucho a los que tenían no tan- 
to, porque, al fin, podría ser posible que el que al pre- 
sente se vía en prosperidad, que podría perderse, y el 
otro que no tenia tanto, estar aumentado en bienes y 
le podría socorrer; y porque siempre tuviesen una her- 
mandad y confederación, daba aquella orden é aquella 
manera. E que de allí adelante, que demás del nom- 
bre que de (a) Señor tenia, el sobrenombre que ellos 
y los demás le nombrasen cada y cuando que con él 
alguno hablase, que le nombrasen Huaccha ccuyac (^), 
que dice ''amoroso de los pobres,'' {c) [de] la cual 
institución, los demás sus descendientes ansí se intitu- 
laran. 

Y volviendo al caso, díjoles, que, siendo ansí jun- 
tos, señalaran un día en el cual día se juntasen las mu- 
jeres de los tales deudos del que ansí habia de ser he- 
cho orejón, y siendo ansí juntas las tales mujeres, que 
los tales padres del mozo trujesen cierta lana negra, la 



{a) Bel, en n. orig. 

(¿) Gtiachay Coya, en n. orig. 

(í) Padres, en n. orig. 



92 Suma y narración de los Incas. 

que bastase para una camiseta para su hijo, y ansí traí- 
da, la repartiesen entre aquellas mujeres; y que otro 
dia, en aquel mesmo sitio, la hilasen é diesen hecha; 
y que el tal mozo, aquel dia que la tal camiseta se hi- 
ciese, parta de allí por la mañana y vaya ayunando al 
campo, y lleve otros mozos consigo deudos suyos, y 
él y ellos cojan é traigan cada sendos haces de paja, 
porque no haya en ellos ociosidad, sino que sepan é 
deprendan a ser domeñados, é que si acaso fuere tu- 
vieren necesidad de comida, que sepan qué cosa es an- 
dar en el trabajo é ayunando; é ansí traída esta paja, 
la den é repartan entre aquellas mujeres que la cami- 
seta le han hecho; [éJ dende á cinco días, se tornen á 
juntar otra vez é hagan otra fiesta, en la cual fiesta ha- 
gan aquellas mujeres cuatro cántaros de chicha, los 
cuales cántaros de chicha estén hechos desde que en 
esta fiesta fueren hechos, hasta que toda la fiesta del 
sol se acabe, é questén siempre bien atapados; los cua- 
les cántaros lleva cada uno cinco arrobas; y que dende 
á cinco dias, este mozo vaya ayunando al cerro de 
Guanacaure, yendo solo, y coja otro haz de paja y re- 
pártala á aquellas mujeres que la chicha le hicieron; el 
cual mozo, desde que la camiseta se le teja é haga, ha 
de ayunar siempre hasta el dia que haya uno de ser ar- 
mado orejón; é que no coma sino fuere maíz crudo, é 
que no coma carne, ni sal, ni aun tenga que hacer con 
mujer; y dende á un mes que este ayuno comenzare, los 
tales parientes le traigan una moza doncella que no ha- 
ya conocido á varón, la cual moza, estando ansímismo 
en el ayuno, haga cierto cantaríUo de chicha, el cual 



Capítulo XIV. 93 



cantarillo llamen cáliz (¿z); y esta moza ande siempre en 
compañía deste mozo en los sacrificios é ayunos que 
mientras la fiesta durare [hiciere?], sirviéndole; y esta 
chicha hecha por la tal moza, los parientes del novel la 
tomen y lleven por delante, é ansímesmo la moza con 
él llevando aquel cantarillo de chicha llamado caliz-^ y 
ansí le llevan al tal novel á la guaca de Guanacaure, 
que es legua y media de la ciudad, y en una fuente 
que allí hay, los parientes laven todo el cuerpo á este 
novel, y después de lavado, le tresquilen el cabello 
muy tusado, y después de tusado, vístanle aquella ca- 
miseta que le hicieron aquellas mujeres primeras, de 
lana negra, y cálcenle unos zapatos hechos de paja, los 
cuales el mozo haya hecho estando en su ayuno, para 
que sepan, que si en la guerra anduviere y le falta- 
ren zapatos, que los sepa hacer de paja y seguir los 
enemigos con ellos; y ansí estos zapatos calzados, pón- 
ganle en la cabeza una cinta negra, y encima desta 
cinta pónganle una honda blanca, y átenle al cuello 
una manta blanca que cuelgue á las espaldas, la cual 
haya de ser angosta de dos palmos en ancho é que le 
tome de la cabeza hasta los pies; y esto hecho, póngan- 
le en las manos un manojo de paja del gordor de una 
muñeca, las puntas de la cual paja lleve para arriba, 



(a) No doy con esta palabra, que debe estar notablemente alterada por 
el amanuense ó no ser de la lengua quichua. Pero es de notar, que uno de 
los sitios donde se practicaba cierta ceremonia de esta prolongada fiesta del 
horadar de las orejas, se llamaba Calispucquiu, ó sea fuenie ó manantial 
{pucquiti) de Calis, 



94 Suma y nai^racion. de los Incas, 



según aquella nace, y del remate desta paja cuélguen- 
le cierto copo de lana larga, que casi parece un copo 
de cáñamo blanco y largo; y ya questé ansí, llegue á 
do la guaca está, é la moza que ansí consigo lleva, de 
aquel cantarillo cáliz hincha dos vasos pequeños de 
chicha y délos al novel, el cual beba el uno, y el otro 
délo á beber al ídolo, el cual derramará delante del. 
Y esto hecho, se descienda el tal novel y sus parientes 
de la guaca, y vénganse á la ciudad; y el novel traiga 
aquella paja, así enhiesta, en las manos; é siendo ansí 
en la ciudad, vistan al novel una camiseta colorada é 
con una lista blanca de abajo arriba por medio de la 
camiseta, con cierta flocadura según por el remate de 
la camiseta, y pónganle en la cabeza una cinta colora- 
da con una lista de cualquier color; y estando ansí, 
pónganle aquella manera descapulario en las espaldas; 
y de allí, vayan á una guaca que yo mañana señalaré, 
la cual se llama Anaguarque, y llegados allí, hagan su 
sacrificio ofreciéndole cierta chicha y haciendo delan- 
te della un fuego, en el cual fuego le ofrezcan algún 
maíz é coca y sebo; é cuando ansí fueren, lleven los 
parientes deste novel, que casi quieren imitar á pa- 
drinos, unas alabardas grandes y altas de oro é plata, 
y siendo ya el sacrificio hecho, aten en lo alto, en los 
hierros destas alabardas, aquella paja que en las manos 
ansí llevan, colgando [de] los tales hierros aquella lana 
que ansí cuelga de la paja; y estando ya ansí atada es- 
ta paja, den á cada uno de sus noveles una alabarda 
destas en las manos; y esto ya hecho, júntenlos todos 
á estos noveles que allí se hallaren y mándenles que 



Capítulo XIV, 95 



partan de allí corriendo todos juntos con sus alabardas 
en las manos, bien ansí como si fuesen siguiendo al- 
cance de enemigos, y este correr sea desde la guaca 
hasta un cerro do se parece esta ciudad; [é] estén allí 
en este sitio, para que vean ciertos y [seguros?] cómo 
llegan estos caballeros noveles corriendo, y quién es 
aquel que primero llegare corriendo, y este tal hónren- 
le los suyos y denle cierta cosa y díganle que lo hizo 
como buen orejón, é denle por sobrenombre guarnan, 
que dice ^'halcón''; y estos tales que ansí se extremaren, 
cuando orejones fueron hechos, sean conocidos, para 
cuando la ciudad del Cuzco tuviere guerra, suban a 
los peñoles, como más ligeros, é combatan con los 
enemigos. 

E otro dia salgan de la ciudad, é yo ansímismo se- 
ñalaré otra guaca, la cual guaca se llamará Yavirá, la 
cual será el ídolo de las mercedes; é siendo ya en ella, 
hagan hacer un gran fuego é ofrezcan á esta guaca é 
al sol estas ovejas é corderos, degollándolos primero, 
con la sangre de los cuales les sea hecha una raya con 
mucha reverencia por los rostros, que les tome de ore- 
ja á oreja; y ofrezcan ansímismo á este fuego mucho 
maíz é coca, todo lo cual sea hecho con grande reve- 
rencia é acatamiento, ofreciéndolo al sol, y allí le pidan 
estos noveles, é cada uno por sí, que le dé prosperi- 
dades y le aumente sus ganados, y los mire y libre de 
cualquier mal que les venga. Y esto acabado, les sea 
tomado juramento á cada uno por sí, delante del ídolo, 
que ternán cuidado de siempre acatar y reverenciar al 
sol y labrarle sus tierras, y ser obedientes al Inca é 



96 Suma y narración de los Incas, 



siempre tratarle verdad y serle leal vasallo é no tratar- 
le traición, é que cada y cuando que sepa que traición 
le hace alguno al Inca, se lo manifestará é dirá; é que 
lo mismo será leal á la ciudad del Cuzco; y que cada y 
cuando que el Inca tenga guerra ó la ciudad del Cuzco, 
que servirá con su persona é armas en la tal guerra, é 
que morirá en defensa della é del Inca. 

Y esto jurado, el señor que allí estuviere en la gua- 
ca, ante quien la jura hiciere, le responda en nombre 
é lugar del sol é de aquel ídolo, que se lo agradece, é 
que ansí lo haga; é que le diga que el sol há por bien 
que sea auqui (a), que dice ^'caballero/' Y esto hecho, 
que el tal novel rinda gracias por ello ahí al sol, é que 
luego allí le vistan una camiseta muy pintada, y le 
pongan una manta muy pintada encima, todo lo cual 
sea ropa fina, y que le cuelguen de las orejas unas 
orejeras grandes de oro colgando, con un hilo colora- 
do atadas, y que le pongan una venera de oro grande 
en los pechos, y que le calcen unos zapatos de enea, é 
que le pongan en la cabeza una cinta muy pintada, que 
llaman pillaca llauto\ que encima desta cinta le pongan 
una patena de oro, y que hasta allí ningún mozo se la 
pueda poner, é si cosa fuere que allí se le olvidare de 
poner, nunca se le pueda poner en sus dias. Y que 
esto hecho, le hagan tender los brazos al tal no- 
vel, é que aquellos sus parientes que allí andan con 
él como padrinos, le den ciertos azotes en los brazos 



(a) Avaqui, en n. orig. 



Capítulo XIV. 9j 



con unas hondas, para que se acuerde y tenga memo- 
ria de la tal jura que allí hace y merced que le fué 
hecha. Y esto hecho, desciendan ansí todos juntos a 
la plaza desta ciudad, ansí vestidos é adornados como 
estuvieren, donde han de hallar á todos los señores del 
Cuzco vestidos de unas camisetas largas é coloradas 
que les dé hasta los pies, los cuales tengan sobre sus 
mesmas cabezas [pieles de leones con sus rostros] (a)^ 
é los rostros destos leones tengan en drecho (^) de 
los suyos mismos, las cuales cabezas de leones tengan 
ansímismo unas orejas de oro; é ansímismo han de te- 
ner consigo estos señores que en la plaza ansí están, 
cuatro atambores de oro. 

E como los noveles lleguen á la plaza, pónganse en 
ala á la parte de abajo, los rostros hacia do el sol sale; 
y como ansí lleguen, hinquen las alabardas que ansí 
traen, en el suelo, cada uno delante de sí. Y como esto 
sea hecho, los señores que allí están, comiencen su 
canto y toquen los atambores; y después de haber 
cantado y holgádose, siéntense todos ansí en ala 
como están, y beban cada dos vasos de chicha y otros 
dos ansímismo ofrezcan al sol, derramándolos delante 
de sus alabardas, y dende á poco, levántense y tornen 
á su cantar; en el cual canto han de dar grandes loores 



{a) Suplimos esta frase, imitando el monótono estilo que Betánzos 
empleaba en su traducción, y seguros de no equivocarnos en su parte sus 
tancial, porque la tomamos de otros autores que tratan de esta ceremonia 
-del huararJiicuy. 

{h) Trecho, en n. orig. 

7 



98 Suma y narración de los Incas, 



al sol y rogarle que á su pueblo é á sus noveles guar- 
de é aumente; y este canto acabado, tornen á beber. 
Y esto han de hacer treinta días, desde el dia que 
comience. — Y desta manera van cada noche bien arro- 
pados de chicha; porque su principal felicidad, en todas 
sus obras é cosas que hacen, es el bien beber, y mien- 
tras más beben, más señor, porque tienen posibilidad 
para ello. 

É ordenó que estos treinta dias cumplidos, se junta- 
sen allí en la plaza los parientes destos noveles é tru- 
jesen los noveles allí consigo, é que hincada la alabar- 
da, y estando ellos en pié, tomasen con las manos la 
alabarda, é ansí, tendidos los brazos, los parientes les 
diesen con una honda en ellos, para que tuviesen me- 
moria é se acordasen desta fiesta; y que esto hecho, 
fuesen de allí á una fuente que dicen Cdixpucquiu (a)y 
que dice ''el manantial del Calix'' (J?)^ y siendo ya allí, que 
se laven todos, á la cual fuente han de ir ya que quie- 
ra anochecer. E siendo ansí lavados, hánse de vestir 
otras camisas preciadas, y ansí vestidos, sus parientes 
los apedrean con unas tunas (r), y cada pariente, ansí 
como le haya apedreado con las tunas, sean obligados á 
les ofrecer á los tales noveles ciertas joyas é piezas de 



[a) Calixpuqüco, en n. orig. 

(i) Pero no se entienda por el vaso así llamado; porque Calix, ó es 
nombre propio mal escrito, ó corrupción de Callis, que alguien traduce es- 
forzado, valeroso. También pudiera ser este calix el cantarillo especial de 
chicha usado en estas ceremonias, y haber dado su nombre á la fuente. 

(f) Es decir, con el fruto, que es á modo de los higos chumbos ó de 
pala, llamado ceco ó quizco (^Cereus peruvianus) 



Capitulo XIV. 99 



ropa, é denle ansímismo, en fin desto, á cada uno des- 
tos noveles, una honda. Y esto acabado, cada uno des- 
tos noveles ha de volver á su casa, la cual casa ha de 
hallar muy limpia, é muy buena lumbre hecha en ella, 
y todos sus parientes é parientas en ella; y entonces 
han de sacar los cuatro cántaros de chicha que hicie- 
ron en el principio de la fiesta, de los cuales cántaros 
han de beber todos, y al tal novel han de imbriagar 
con la tal chicha de tal manera, que no (a) tenga senti- 
do; é desque ya esté ansí, hánle de sacar del aposento, 
y donde ellos mejor les pareciere, allí le horaden las 
orejas. Y otro dia de mañana, salgan todos los noveles 
á la plaza todos juntos y en orden de pelea y bien ansí 
como si quisieran dar batalla, con sus hondas en las 
manos y á los cuellos unas bolsas de redes, en las cua- 
les traigan muchas chinas; y puestos tantos de un 
cabo como de otro en la plaza, comiencen á batallar; 
la cual batalla han de dar á fin de que han de enten- 
der que ansí han de pelear con sus enemigos. Y desta 
manera me parece que han de ser estas cirimonias, y 
deste arte ternan orden [en] el hacer de los orejones y 
no lo que ha sido hasta aquí. 

Oido por los señores lo que Inca Yupanqui tenia or- 
denado, dijeron que aquello estaba muy bien ordenado 
é pensado, que así se hiciese de allí adelante, é que les 
dijese, que desde cuándo quería que comenzase aque- 
lla fiesta? Les dijo, que de allí á treinta dias se podría 



[a) Sino, en n. orig. 



100 Suma y narración de los Incas, 



comenzar, porque de allí comienza el mes de do prin- 
cipiaba el año; y ellos le rogaron, que porque hasta allí 
no habían tenido orden por do conociesen el año é los 
meses del, que tuviese [por bien?] de señalárselo y de- 
.cilles de donde comenzaban, é los nombres de los tales 
meses. Y el Ynca les respondió, que después de aquella 
fiesta del sol, tenia él pensado de dar orden en aquello; 
mas, pues que ellos le rogaban que se los dijesen y 
señalasen {así)^ que él los quería hacer aquella merced; 
é que al presente no había lugar de les dar razón de 
aquello, porque pensaba señalar y ordenar en los tales 
meses otras fiestas en que todos ellos se regocijasen 
é hiciesen sus sacrificios; que de allí á diez días, les 
diría la orden que en aquello habían de tener é las fies- 
tas que les habían de regocijar é sacrificios que ansí 
habían de hacer. Y esto dicho, salieron de su acuerdo 
él y los demás señores, los cuales se fueron cada uno á 
su posada, donde comenzaron á dar orden á sus fiestas, 
que ya habéis oído que dende á treinta días habían de 
comenzar; los cuales treinta días pasados, hicieron su 
fiesta en la manera que habéis oído; y dende entonces 
lo continuaron hacer en la manera ya dicha, hasta este 
año en que estamos de mili y quinientos y cincuenta y 
un años. — Esta fiesta y las demás que este Señor cons- 
tituyó, aunque se las quieran quitar en esta ciudad del 
Cuzco, las suelen ellos hacer oculta ó secretamente 
en los pueblecillos que están en torno de la ciudad del 
Cuzco. 



Capítulo XV. loi 



CAP. XV. — En que trata de cómo Inca Yu-j 
panqui señaló el año y los meses y los puso 
nombre, y de las grandes idolatrías que cons- 
tituyó en las fiestas que ansí ordenó que se hi- 
ciesen en los tales meses; é de cómo hi{0 relo- 
jes de sol por los cuales viesen los de la ciudad 
del Cu{co cuando era tiempo de sembrar sus 
sementeras. 



PASADOS que fueron los diez días que Inca Yupan- 
qui dijo á los señores que después de aquellos se 
juntasen con él otra vez, en la cual junta les habia de 
decir la orden que ansí le pedian que hiciese del 
año y meses é de las más fiestas que ellos habian de 
tener é guardar, Inca Yupanqui les dijo que él habia 
muchos años que habia imaginado los meses é tiempo 
del año, los cuales habia hallado que eran doce, é que 
no pensaba decilles destos doce meses é tiempos cosa, 
sino fuese bien ansí como fuesen entrando y las tales 
fiestas que ellos en ellos habian de hacer él fuese cons- 
tituyendo; mas, pues ellos se lo habian pedido, que él se 
lo quería pedir (así) y decir y declararles las fiestas é 
sacrificios que en los tales meses ansí habian de ha- 
cer, que estuviesen atentos é los tomasen bien en su 
memoria; que demás desto, ansí mesmo habia pensa- 



ro2 Suma y narración de los Incas, 



do de hacer cierta cosa que él llamó F achaunanchan- 
go, que quiere decir "conocedor de tiempo'' {a)^ — que 
podemos presumir por relox, — por el cual ellos y sus 
descendientes, ya que perdiesen la cuenta de los me- 
ses, para que le entendiesen cuando era el tiempo del 
sembrar, é laborar, é aderezar sus tierras. 

E ansí, los señores estando atentos, Inca Yupan- 
qui les dijo: á este mes que viene, en el cual se han 
de hacer los orejones, como ya os tengo dicho, que 
es de donde el año comienza, le llamareis y llamarse 
ha Pucuy quillaimi (^), que es nuestro mes de di- 
ciembre; y al mes de enero llamaba ha tiempo Coyquis\ 
y al mes de hebrero llamó CcoUappoccoyquis (r); y al 
mes de marzo llaman Pachapoccoyquis (d); y al mes de 
abril Jyrihuaquis {e)\ y al mes de mayo llaman Ay- 
morayquis quilla (/). En este mes constituyó é man- 
dó Inca Yupanqui que se hiciese otra fiesta al sol, 
muy solene, en la cual se hiciesen grandes sacrificios, 
á fin de quél les habia dado la tierra y el maíz que 
en ella tenían, y que desde que entonces comenza- 
ran á cojer sus maíces, comenzase la fiesta y durase 
hasta en fin del mes de junio; y que en este mes de 
junio, que llamó Hátun cosqui quillan, que los que en 



{a) Más propiamente, señalador del tiempo. 

{b) Pucorquillame, en n. orig. 

(¿•) Allapocuyquis, en n. orig. 

(í/) Pachapocoyquis, en n. orig 

(ít) Ayngaquis, en n. orig. 

{/) Aricayquesquilla, en n. orig 



Capítulo XV. io3 



el mes de diciembre pasado eran ordenados orejones, 
en aquesta fiesta que constituía en este mes de junio, 
se vistiesen de camisetas tejidas de oro y plata y de 
plumas tornasoles, y que ansí puestos de sus plumajes 
y patenas é brazaletes de oro, saliesen á esta fiesta; y 
que en esta fiesta diesen fin á sus ayunos y sacrificios, 
que desde que eran ordenados orejones hasta allí ha- 
bían hecho; y comenzasen de allí á holgarse y celebrar 
la otra que ansí constituía' que se había de hacer al 
sol por las simenteras, á la cual fiesta que ansí comen- 
zaba desde el mes de mayo hasta fin de junio, como 
ya habéis oído, llamó é nombró Tahuarincha ay mo- 
ray {a). La cual fiesta mandó que se hiciese en la 
plaza do agora es el espital, en la ciudad del Cuzco, 
que es á la salida desta ciudad, do llaman Rimacpam- 
pa; á la cual fiesta habían de salir vestidos los señores 
de la ciudad de unas camisetas coloradas que les daba 
hasta en píes; en la cual fiesta mandó que se hiciesen 
grandes sacrificios á los ídolos, do se les quemase é sa- 
crificase muchos ganados é comidas é ropa, y en las 
tales guacas fuesen ofrecidos muchas joyas de oro y 
plata. 

Al mes de julio le llamaron Cahuarquis {p), en el cual 
no mandó que se le hiciese fiesta ninguna, mas de que 
les dijo que en este mes se habían de regar sus tierras, 
é habían de comenzar a sembrar su maíz é papas é qui- 



{a) Yaguaricha ymaray, en n. orig. 
(¿) Caguaqiiil, en n. orig. 



104 Suma y narración de los Incas, 

nua(¿í) hasta el mes que entraba é salida del setiembre; 
y al mes de agosto llamó Capacsiquis (^); y al mes de se- 
tiembre llamó Cituaiquis (c). En este mes dicen que cons- 
tituyó Inca Yupanqui que se hiciesen dos fiestas, la una 
que casi quiere parecer á la que nos hacemos de San 
Juan, porque se levantan á media noche y se lavan 
hasta que rie el dia, y llevan ciertos hachos encendidos; 
y después de ser lavados, dánse con estos hachos en las 
espaldas, é dicen que echan de sí toda dolencia é mal 
que tengan. E la otra fiesta es [la] que llamó este Inca 
Yupanqui Purappucquiu (¿/), [é] ansímismo la hacia é 
mandó hacer en este mes; la cual mandó que se hiciese 
a las aguas, é que ansímismo las hiciesen sacrificios; y en 
estos sacrificios mandó que se ofreciese mucha ropa y 
ovejas y coca, y que de todas cuantas yerbas y plantas 
que habia en los campos, trujesen las flores dellas; todo 
lo cual mandó que ofreciesen á las aguas en esta mane- 
ra: que tomasen mucha cantidad de ropa y la echasen 
en aquel rio del Cuzco en lá parte do se juntan los dos 
rios; que ansímismo trujesen muchas ovejas é corde- 
ros é que los ofreciesen al agua y los degollasen en 
aquel lugar do la ropa era echada, y que hiciesen luego 
allí un gran fuego en el cual quemasen estas ovejas é 
corderos, é la ciniza de los tales ansí quemados, la lan- 
zasen en el agua en aquel mesmo sitio, y que luego 



{d) Quintuya, en n. orig. 

(<5) Carpasiquis, en n. orig. 

(f) Siiuayquis, en n. orig. 

id) Porapuipia, en n. orig. 



Capítulo XV. io5 



tras esto, lanzasen en el rio las flores que ya habéis 
oido; é tras esto, mandó que echasen en el agua mucha 
coca molida é desmenuzada. Y tras esto se ponia, cuan- 
do se ponia el sol (¿z), en cierto sitio, en el cual estuvo 
seguro en pié en una parte donde bien ver se pudiese, 
y ansí como conociese desde aquel sitio do él se para- 
ba, el curso por do el sol iba cuando se ponia, en aquel 
derecho, en lo más alto de los cerros, hizo hacer cuatro 
pirámides ó mármoles de cantería, los dos en medio 
menores que los otros dos de los lados, y de dos esta- 
dos de altor cada uno, cuadrados, é apartado uno de 
otro una braza, salvo que los dos pequeños de enme- 
dio hizo más juntos, que del uno al otro habrá media 
braza. Y cuando el sol salía, estando uno puesto do Inca 
Yupanqui se paró para mirar y tantear este derecho, 
sale y va por el derecho y medio destos dos pilares, y 
cuando se pone, lo mismo, por la parte do se pone; por 
donde la gente común tenia entendimiento del tiempo 
que era, ansí de sembrar, como de coger; porque los 
relojes eran cuatro á do el sol salía, y otros cuatro á 
do se ponia, do se diferenciaban los transcursos y mo- 
vimientos que así el sol hace en el año. Erróse el Inca 
Yupanqui en el tomar del mes para que vinieran á una 
y á nuestra cuenta los meses del año que ansí señaló, 
porque tomó de diciembre, habiendo de tomar de ene- 
ro; mas, al fin, él supo de entenderse y dar orden á su 
república. 



(a) Corregimos así con toda reserva este pasaje, que dice en n. orig.: Y 
iras esto se ponia según do se ponia, el qual se puso en cierto sitio, etc. 



io6 Suma y narración de los Incas. 



CAP. XV I. — En que trata cómo Inca Yupanqui 
reedificó la ciudad del Cuíco, é cómo la repar- 
tió entre los suyos. 



DESPUÉS que Inca Yupanqui hubo hecho é dado 
orden en el año é meses é fiestas que en él se 
habían de celebrar, y hechos los relojes, habiéndose re- 
creado é holgado en las cosas que habéis oido tiempo 
y espacio de dos años, el cual tiempo gastó este Señor 
en estarse en su pueblo, porque los naturales é caciques 
que a él estaban sujetos tuviesen espacio y tiempo para 
holgarse en sus tierras del trabajo que habian pasado 
en el reparo que ansí habian hecho en los arroyos de la 
ciudad del Cuzco, é porque ansí tuviesen espacio é 
tiempo de sembrar é coger grandes sementeras, con 
las cuales se reparasen de comidas é todos proveimien- 
tos, é tuviesen con que poder servir é contribuir á la 
ciudad del Cuzco y a los depósitos que en ella eran; 
pareciéndole que ya rescibia su persona é los demás al- 
gún tanto de pena por la ociosidad que ansí tenían él y 
los demás, ajuntóse un día con los principales de la 
ciudad del Cuzco é díjoles: que ya había ociosidad; que 
le parecía que ya era tiempo que los caciques é señores 
á él subjetos viniesen con sus comidas é bastimentos á 
la ciudad del Cuzco é trajesen consigo toda la más 



Capitulo XV L 107 



gente que ser pudiese, porque tenia en sí acordado de 
hacer reedificar la ciudad del Cuzco de tal manera, que 
para perpetuamente fuese hecha y fabricada de ciertos 
edificios que él en sí tenia pensado, é que después que 
fuesen hechos, ellos los verían; para lo cual era necesa- 
rio mucha y muy gran cantidad de gente, é que para 
esto era necesario que saliesen de la ciudad ciertos se- 
ñores de los que allí en aquella junta con él eran; é que 
luego allí viesen los que querían ir, porque, con los que 
quedasen, él tenia necesidad, mientras los que habían 
de ir fuesen, de hacer é proveer lo que para el tal edi- 
ficio fuese necesario. E luego allí fueron nombrados 
diez señores, con veinte orejones, los cuales se partie- 
ron luego de allí é fueron á los pueblos é provincias a 
hacer traer y proveer lo que ya habéis oído. 

Inca Yupanqui é los demás señores que allí queda- 
ron, así como fueron salidos de su consulta, fueron 
por todo el torno de la ciudad en cinco leguas, y en 
el [lugar] que les pareció, buscaron é miraron do ho- 
biesen sierras é sitios do se pudiese sacar piedra y can- 
tería, é barro, é tierras para hacer las mezclas que los 
tales edificios habían de llevar; donde hallaron que en 
el sitio de Saluoma (a) había mucha y muy gran canti- 
dad de piedra é muy grandes canteras. E visto por el 
Inca é los demás señores que ya allí tenían aparejo é 
recaudo é mucha y muy gran cantidad de cantería, se 



(a) Sallu Orna ó Sallu Urna. Antes, en el cap. XI, le llama simple- 
mente Salu \Salhi\. 



io8 Suma y narración de los Incas, 



volvieron á la ciudad, donde dieron orden, luego que 
llegados fueron, en la manera que ansí habian de traer 
é acarrear la tal cantería; para lo cual mandaron que 
fuesen hechas muchas y muy gran cantidad de sogas 
gruesas, é maromas de niervos é de cueros de ovejas. 
[Ya] que esto ansí fué hecho. Inca Yupanqui trazó 
la ciudad é hizo hacer de figuras de barro, bien ansí 
como él la pensaba hacer y edificar; é luego questo 
fué hecho, llegaron en aquella sazón é tiempo aquellos 
orejones é señores que habian ido á hacer traer pro- 
veimiento y comida é cantidad de gente para hacer los 
tales edificios, como ya la historia os ha contado; é 
como ansí llegasen, los caciques saludaron al Inca en 
la manera que ya os digimos, y el Inca los recibió con 
intrañable amor, con los cuales le pareció que seria 
bien holgarse con ellos cinco dias, y así fué hecho. En 
cabo de los cuales, paresciéndole al Inca que seria bien 
dar orden en que se comenzase á poner por obra el 
fabricar de la ciudad, pareciéndole que ya la tal gente 
que ansí era llegada habia de descansar el tiempo que 
le bastase, luego mandó a los caciques que cada uno 
juntase su gente en cierta campaña é llano é la pusie- 
sen cada uno por sí, porque les quería repartir á todos 
ellos la obra que ansí habian de hacer, é dalles la or- 
den que en ello habian de tener. Y siendo ansí juntas 
las tales gentes, repartió su obra entre los tales caci- 
ques, mandando a unos que acarreasen piedra tosca 
para los cimientos, y a otros que trujesen barro el que 
les pareciese, que fuese bueno é pegajoso; con el cual 
barro é piedra tosca mandó hacer los cimientos de los 



Capitulo XVI. io9 



tales edificios, sacándolos de cimiento, que era el ci- 
miento y asiento de ellos desde donde topaban con 
agua, para lo cual mandó que se edificasen de piedra 
tosca é barro pegajoso, á fin de que si el agua entrase 
por ellos, no fuese parte a deshacer é comer este barro; 
porque, como ya os dijimos, todo lo más del asiento de 
la ciudad eran ciénegas é manantiales de agua; todos 
los cuales manantiales mandó que fuesen tomados é 
repartidos de tal manera, que á las casas de la tal ciudad 
fuesen por sus caños y hechos fuentes para el servicio 
y proveimiento della. 

Y ansímesmo á otros mandó que sacasen y abriesen 
los cimientos de las tales casas y edificios de la ciudad, 
y á otros mandó que acarreasen cantería para el edificio 
que se habia de edificar después que estos cimientos 
fuesen ansí altos en el peso y ser que habían de ser; é a 
otros mandó hacer adobes de barro é tierra pegajosa, 
en los cuales adobes se echase mucha cantidad de paja; 
la cual paja es á manera de esparto d'España; la cual 
tierra é paja fuese amasada de tal manera, que los tales 
adobes fuesen bien hechos y tupidos, con los cuales 
adobes se habia de edificar desde la obra de cantería 
para arriba hasta que los tales edificios é casas estuvie- 
sen en el altor y ser que habian de llevar. A otros 
mandó que trujesen y acarreasen mucha cantidad de 
maderos de aliso (a) largos é derechos, dándoles el lar- 
gor y medida que habian de tener. Y ansímesmo 



{a) Betiila nigra. 



lio Suma y narración de los Incas. 

mandó que para cuando fuesen hechos y altos los edi- 
ficios é puestos en proporción y en el ser que habían 
de tener, que para [que] la mezcla que ansí habían de 
llevar en el lucimiento de las casas, ansí por de dentro 
como por de fuera, pegase y no se resquebrajase, man- 
dó que trujesen para aquel tiempo mucha cantidad de 
unos cardones que ellos llamaban aguacolla quizca (a)^ 
con el zumo de los cuales fuesen untadas las tales pa- 
redes; é siendo la mezcla muy bien amasada é mezcla- 
da con mucha cantidad de lana, fuese puesta en las 
tales paredes sobre la mojadura que ya habéis oido de 
los tales cardones, y que en la tal mezcla, si no quisie- 
sen echar lana, echasen paja, la qual fuese muy mucho 
molida, é ansí se diese lustre á las tales paredes y 
edificios. 

Todo lo cual que oido habéis siendo proveído, to- 
das estas cosas é cada una de ellas, se levantaron aque- 
llos caciques y luego pusieron por obra los tales 
edificios y proveimientos de pertrechos que así les era 
mandado que para lo tal era necesario, y luego mandó 
Inca Yupanqui que se saliesen todos de la ciudad del 
Cuzco de sus casas, é sacasen todo lo que dentro 
dellas tenían, é se pasasen a los pueblezuelos que por 
allí juntos eran; é como esto fuese ansí hecho, mandó 
que las tales casas fuesen derribadas por tierra. Donde, 
como esto fuese hecho é limpio é llano (^), él mesmo 



{a) Cereus peruvianus. 

{b) El limpió é allanó, en n. oñg. 



Capitulo XV I. 1 1 1 



por sus manos juntamente con los demás señores de 
la ciudad, haciendo traer un cordel, les {a) señaló y 
midió con el tal cordel los solares é casas que ansí 
se hablan de hacer, é cimientos é edificios dellas; de 
todo lo cual ansí señalado abiertos los cimientos, y 
siendo los pertrechos necesarios para la tal obra [traí- 
dos, aparejados?], comenzaron á hacer y edificar su 
ciudad é casas della; los cuales edificios y casas fueron 
hechos andando en la obra y edificios dellos conti- 
nuamente, mientras la obra duró, cincuenta mili in- 
dios; é tardóse, desde que Inca Yupanqui mandó co- 
menzar a reparar las tierras é rios de la ciudad é la tal 
hacer y edificar, hasta que todo lo cual que oido habéis 
fué hecho y acabado, veinte años. 

E como ya la ciudad fuese hecha é puesta en perfi- 
cion, mandó Inca Yupanqui que todos los principales 
del Cuzco é los demás vecinos é moradores del, fue- 
sen juntos en cierta campaña rasa; é siendo ansí jun- 
tos, mandó traer allí la traza de la ciudad é pintura 
que ansí había mandado hacer de barro, é tiniéndolas 
delante de sí, dio é repartió las casas é solares ya edifi- 
cados y hechos como oido habéis, á los señores del Cuzco 
y á los demás vecinos é moradores del, todos los cua- 
les eran orejones descendientes de su linaje é de los 
demás Señores que hasta él habían sucedido desde el 
principio de Manco Capac, poblándolos é mandándo- 
los poblar en esta manera: que los tres señores sus 



{a) Del, en n. orig. 



1 1 2 Suma y narración de los Incas. 



amigos poblasen desde las Casas del Sol para abajo, ha- 
cia la junta de los dos ríos, en aquel espacio de casas 
que entre los dos rios se hicieron, y desde las Casas del 
Sol para abajo, al cual sitio mandó que se llamase Hu- 
rin Cuzco, que dice ''lo bajo del Cuzco,'' y el remate 
postrero de la punta desto, mandó que se nombrase 
Pumap Chupan, que dice "cola de león;" en el cual 
sitio poblaron estos tres señores, ellos y los de su lina- 
je, de los cuales y de cada uno por sí comenzaron é 
decindieron los tres linajes de los de Hurin Cuzco; los 
cuales señores se llamaron Vica Quirao, y el otro Apu 
Mayta, y otro Quilliscachi Urco Guaranga {a). E de 
las Casas del Sol para arriba, todo lo que tomaban los 
dos arroyos hasta el cerro do agora es la fortaleza, dio 
é repartió á los señores más propincos deudos suyos é 
descendientes de su linaje por línia recta, hijos de se- 
ñores é señoras de su mesmo deudo é linaje; porque 
los tres señores que de las Casas del Sol para abajo 
mandó poblar, según que ya habéis oido, eran hijos 
bastardos de señores, aunque eran de su linaje, los 
cuales habian habido en mujeres extrañas de su nación 
é de baja suerte, á los cuales hijos ansí habidos, llaman 
ellos Guaccha Cconcha^ que quiere decir "provenidos de 
pobre gente é baja generación;" y estos tales, aunque 
sean hijos del Inca, son llamados ansí, é no son tenidos 
ni acatados ninguno destos, ansí hombres como muje- 
res, de los demás señores, sino por un orejón de los 
otros comunes. 



(a) Qtiilis cochevt a guaranga, en n. orig. 



Capítulo XVL ii3 



Porque habrán de saber, que el Inca que ansí es Se- 
ñor, tiene una mujer principal: esta [no] ha de ser 
deuda de pobres, y esta tal mujer ha de ser principal 
é deuda, hermana ó prima hermana suya, á la cual mu- 
jer llaman ellos Pi ui uarmi (a) y por otro nombre 
Mamanguarmt; y la gente común, como á tal mujer 
principal del Señor, llaman, cuando ansí la entran á sa- 
ludar, Pocaxa (?) intichuri capac coya guace hacuyac (^), 
que dice ^'Hija del Sol é sola reyna amigable a los po- 
bres;^' y esta tal señora habia de ser de padre é madre 
derechamente señor é deuda del Inca, sin que en ella 
hubiese raza ni junta de Guaccha Concha^ que es lo que 
ya habéis oido. Y esta tal señora recibía el Inca por 
mujer principal suya el día que tomaba la borla del 
Estado é insinia real, é los hijos que ansí en esta tal 
señora habia, se nombraban Pihuichuri^ que dice como 
si dijésemos hijos legítimos; y el mayor destos era se- 
ñor del Estado y heredero legítimo; é si caso fuese que 
el Inca muriese dejando este tal niño que no supiese 
gobernar, hacíanle {c) Señor, é poníanle la borla en 
la cabeza, aunque este tal estuviese mamando, é lla- 
mábanle al tal niño Guayna Capac^ que dice ^'mancebo 
rey;'' aunque los que construyen este nombre, no en- 
tendiendo lo que quiere decir, [dicen?] que dice man- 



ió) Fiviganarme, en n. orig. 

ib) Pocaxa yndinsus capaicoiagua echacoiac, en n. orig. — Según la 
traducción que da Betánzos, sobra la palabra pocaxa, que no he podido en- 
contrar en los diccionarios quichuas. 

if) Haciéndole, en n. orig. 

H 



114 Suma y narración de los Incas, 

cebo rico\ porque habrán de saber, que Capa^ siendo 
postrera, dice rico^ y Guaina dice mancebo^ é si dijera 
este nombre Capa Guaina^ dijera mancebo rico\ mas dice 
Guaina Capac^ con c postrera, que dice mancebo rey. 

É ansí mesmo construyen otro nombre los que no 
lo entienden, que dice mancebo [a] Viracocha^ que quie- 
re decir y podremos tener dice T)ios^ porque este nom- 
bre nombran ellos al que dicen é tienen que fué el Ha- 
cedor-^ é como los españoles viniesen a esta tierra y ellos 
viesen gente muy agena de su ser, como la historia 
adelante os contará, llamáronlos á todos y á cada uno 
por sí, Viracocka\ y queriendo construir este nombre 
los que les parecía que iban entendiendo el hablar, pa- 
rábanse á pensar y imaginar que vira quiere decir en 
esta lengua ''manteca,'' y cocha dice "mar;" todo lo 
cual declaraban é decían que quería decir "manteca de 
la mar," y "espuma de la mar;" lo cual no quiere 
decir aquello, sino propiamente T>ios. Y ansí, cuando 
los españoles vinieron á esta tierra, los llamaron deste 
nombre é tuvieron por dioses. 

E volviendo á nuestra historia, á este tal niño seña- 
lábanle sus ayos y gobernadores, los cuales gobernasen 
todo el tiempo que viesen que no era de edad para go- 
bernar; é si el Inca, después de haber recibido á esta 
por mujer, ó antes desta, tuviese otras cincuenta muje- 
res hermanas y deudas suyas, porque ansí era su cos- 
tumbre de tener á todas sus hermanas por mujeres, los 



id) Esta palabra parece que sobra. 



Capítulo XVL ii5 



tales hijos que en estas habia no heredaban ninguno 
destos su estado, si no fuese el hijo de la tal Pihui^ mu- 
jer legítima, que ellos dicen. Y si caso fuese que esta 
tal no hobiese el Inca en ella hijos, ó la tal pariese hijas, 
en el tal caso el Estado se daba, por fin de los dias del 
Inca, al hijo mayor que ansí hobiese habido en cual- 
quiera de las otras mujeres sus hermanas ó deudas, 
como viesen que el tal mostraba en sí ser é capacidad 
para rigir y gobernar su reino é república; é si no era 
tal cual debiese, escogían entre sus hermanos el que 
mejor les parecía que los podría gobernar, é a este tal 
é con este tal daban é casaban la tal su hermana, en la 
manera que ya habéis oído, que ansí su padre habia ha- 
bido en la tal Pihuihuarmi ó mujer principal, a la cual 
tenían é respetaban, ansí los señores de la ciudad del 
Cuzco como los demás señores de toda la tierra, como 
á su tal reina é señora principal de todos ellos. 

E volviendo al propósito del repartir de la ciudad é 
casas della. Inca Yupanqui las repartió en la manera 
que habéis oído, tomando él para sí en ella las casas é 
solares que ansí vio que le bastaban. Y esto ansí hecho, 
mandó, que porque no hubiese en esta ciudad mezcla 
de otras gentes ni generación, sino fuese la suya y de 
sus orejones, porque esta ciudad tenia él que habia de 
ser la más insigne ciudad de toda la tierra, y aún que 
todos los demás pueblos habían de servir é reveren- 
ciar, según que antiguamente fué nuestra Roma; que 
los del linaje de AUcahuiza (¿2), el cacique señor que 



{a) Alcavica, en n. orig. 



ii6 Suma y narración de los Incas. 

Manco Capac hallara poblado en aquel sitio, según que 
ya la historia os ha contado, que estos tales poblasen 
allí junto al Cuzco, casi dos tiros de arcabuz de la ciu- 
dad; é ansí poblaron; a los cuales dio Inca Yupanqui 
favor y ayuda para que les ayudasen á hacer sus casas; 
el cual pueblo, después que lo tuvieron hecho y acaba- 
do, mandó Inca .Yupanqui que se nombrase este pue- 
blo Cayaucachi; é ansí, estos de Allcahuiza [a) fueron 
echados de la ciudad del Cuzco, é ansi quedaron sub- 
jetos é avasallados; los cuales podrían decir que les vino 
güesped que los echó de casa. 



CAP. XVII. — En que trata de cómo los señores 
del Cuíco quisieron que Inca Yupanqui toma- 
se la borla del Estado, viendo su gran saber 
é valerosidad, y él no la quiso rescebir, porque 
su padre Viracocha Inca era vivo, é si no fuese 
por su mano, que no la pensaba rescebir; é 
cómo vino su padre Viracocha Inca y se la 
dio; é de cierta afrenta que después desto hi^o 
á su padre Viracocha Inca, é de la fin é muerte 
de Viracocha Inca, 

DESPUÉS de haber Inca Yupanqui dado é repartido 
la ciudad del Cuzco en la manera que ya habéis 
oído, puso nombre a todos ios sitios é solares, é á toda 

{a) Alcavica, en n. orig. 



Capitulo XVII. 117 

la ciudad junta nombró Cuerpo de Leon^ diciendo que 
los tales vecinos y moradores del eran miembros del 
tal León, y que su persona era la cabeza del. E como 
los tales señores de la ciudad hubiesen visto las gran- 
des y crecidas mercedes que les habia hecho é cada dia 
les hacia, é considerando ellos que si (a) su gran sabidu- 
ría y el celo grande que ellos en él conocían que tenia 
del bien de su república, andaban imaginando todos 
ellos juntos y cada uno por sí, cómo le hiciesen un ser- 
vicio señalado, del cual servicio él fuese dellos bien 
servido y á él fuese agradable. Para lo cual todos ellos 
se juntaron un dia, en la cual junta ordenaron é con- 
certaron que el servicio que le debían hacer era poner- 
le la borla del Estado é insignia de rey que ellos te- 
nían, según era su usanza é costumbre antigua, é dar- 
le otro nuevo nombre. Todo lo cual ansí hecho é acor- 
dado por ellos, se salieron muy alegres, pensando que 
habían acordado con qué el Inca le fuese agradable; y 
esto ansí acordado, se salieron todos é se fueron, ansí 
todos juntos como estaban, a la casa del Inca; al cual 
hallaron que no estaba ocioso, el cual estaba pintando 
é debujando ciertas puentes y la manera que (b) habían 
de tener, é cómo habían de ser edificados; y ansí mes- 
mo debujaba ciertos caminos que de un pueblo salían 
y iban á dar á aquellas puentes é ríos. Gomo esto fue- 
se ageno del entender de aquellos señores, que quisie- 



(«) Sobra el que si ó está quizás por ansí, también. 
{b) De, en n. orig. 



1 8 Suma y narración de los Incas. 



sen ver este debujo, luego que llegaron do el Inca es- 
taba, después de le haber saludado y hecho su debido 
acatamiento, le preguntaron ¿qué era aquello que ansí 
debujaba? Á los cuales respondió, como los vio ansí ve- 
nir a todos juntos, todos los cuales habían entrado 
muy alegres delante del: "Decime vosotros, ¿qué de- 
manda traéis todos juntos é a qué venís, que me pare- 
ce que venís alegres? ¿Qué es esto que me preguntáis? 
Cuando sea tiempo, yo os lo diré é mandaré que ansí 
se haga y á cada uno de vosotros, en la suerte que 
ansí le cupiere; é no me lo tornéis a preguntar, porque, 
como ya os digo, yo os lo diré; que ya habréis enten- 
dido de mí, que cuanto ha que de aquí salió mi padre, 
que yo no [he] entendido sino ha sido en cosas que os 
convengan é más bien os sea vuestro; lo cual, tened de 
mí, que todo el tiempo que yo viviere, siempre haré y 
acostumbraré a hacer.'' 

Los señores le rendieron gracias por ello é le roga- 
ron que ansí lo hiciese é por ellos mirase; y el Inca les 
dijo que le dijesen a lo que venían, y que luego se 
volviesen, porque le hacían perder el tiempo. Y ellos 
le dijeron, que a lo que ellos allí habían {a) venido, 
era a rogalle que les dijese que cuándo pensaba tomar 
la borla del Estado, porque les parecía que era ya 
tiempo; é que ellos querían dar orden é proveer los 
menesteres é cosas que para ello eran necesarias, é 
para la fiesta é ceremonias é ayunos que en tal caso 



(a) Venían, en n. orig. 



Capítulo XVII. ii9 



ansí se habían de hacer. E como el Inca esto oyese, di- 
cen que se rió é dijo: que estaban muy lejos, é que sus 
pensamientos dellos estaban muy atrás de do el suyo 
iba caminando, é que ellos pasaban muy adelante al 
suyo, el dellos; que, al presente, que no gastasen tiem- 
po con sus pensamientos en semejante cosa, por- 
que [a] ellos hacia saber, que mientras su padre vivie- 
se, él no pensaba ponerse tal cosa en su cabeza, por- 
que él pensaba que su padre habia de dar la tal borla 
a su hijo Inca Urco después de sus dias, la cual él pen- 
saba írsela á quitar de la cabeza, é la cabeza juntamen- 
te con ella, por las palabras que su padre le habia di- 
cho, que fueron, que pisase Inca Urco las insignias del 
Chanca Uscovilca, que él venciera; é que les prometia 
de no tomar la tal borla mientras su padre viviese, 
si no fuese en tal manera, ó si no fuese que su padre 
viniese á la ciudad del Cuzco á se la poner él de su 
mano en su cabeza; é de aquella manera, que él la ace- 
taría. Que él les agradecia la voluntad que para aque- 
llo ellos le habían mostrado, é que les juraba, que él 
les satisfaría la deshonra que su padre les hiciera a ellos 
y á su ciudad en desampararla. Y restituyendo el cual 
juramento, hizo en esta manera: que tomó un vaso de 
chicha en sus manos, é vaciólo por el suelo, diciendo, 
que su sangre fuese derramada bien ansí como él 
había vaciado aquel vaso de chicha por el suelo, si él 
de la tal afrenta no tomaba satisf?cion de su padre, é 
haciéndole á su persona otra tal cual él á ellos les hicie- 
ra [é] á su ciudad. A todo lo cual, conociendo de Inca 
Yupanquí aquellos señores su voluntad, para en lo que 



120 Suma y narración de los Incas, 



tocaba a lo que ellos habian venido, viéndole enojado, 
no le respondieron á aquella cosa. Jtí. luego les dijo, 
que si querían otra cosa?, si no que se fuesen. E los se- 
ñores le respondieron que no habian venido á otra cosa 
más de aquello que le habian dicho. 

E ansí, se salieron estos señores é se tornaron á 
juntar como de antes habian hecho; en la cual junta 
platicaron cómo diesen orden para que Inca Yupan- 
qui tuviese la borla del Estado que ellos tanto desea- 
ban. É ansí, acordaron dellos por sí y en nombre de- 
llos mismos, de enviar sus mensajeros á Viracocha 
Inca, por los cuales le enviasen a rogar que tuviese por 
bien de venir á la ciudad del Cuzco, haciéndole saber 
el nuevo edificio della, el cual se holgaría de ver; é 
por les hacer a ellos merced y contentamiento, tuviese 
por bien de dar a su hijo Inca Yupanqui, de aquella 
venida que ansí viniese, la borla del Estado, pues él 
se habia disistido della é dicho á los cpciques que á 
verle habian ido, que él se disistia della é la daba a su 
hijo Inca Yupanqui, para que de allí adelante la tuviese 
é fuese puesta en su cabeza por ellos; lo cual no habia 
querido hacer por le tener el respeto como á su padre. 

Y esto ansí acordado por los señores de la manera 
que habéis oído, enviaron sus mensajeros á Viracocha 
Inca donde estaba poblando en su pénol; el cual Vira- 
cocha Inca, como viese la embajada que los señores le 
enviaban, vino a la ciudad del Cuzco; la cual venida, 
como fuese sabida por el Inca, salióle a rescebir al ca- 
mino é saludóle como á su Señor y padre; é ansí en- 
traron entramos juntos en la ciudad. Y viendo Vira- 



Capítulo XVII, 121 



cocha Inca la ciudad tan bien obrada y edificada é los 
edificios della, é supo {a) la orden y gobierno que Inca 
Yupanqui en ella habia puesto, ansí de los depósitos 
como de lo demás, tocante al bien de su república, y 
el amor que todos le tenian, ansí los de la ciudad como 
los demás caciques y señores, por el buen gobierno con 
que los gobernaba y mercedes que él ansí les hacia, en 
presencia de todos los señores del Cuzco y caciques que 
allí estaban, viendo la suntuosidad que representaba la 
ciudad é sus edificios, dijo Viracocha Inca a Inca Yu- 
panqui: ^'Verdaderamente tú eres hijo del sol; yo te 
^'nombro rey y Señor." Y tomando la borla en sus 
manos, quitándola de su misma cabeza (b). Y era una 
costumbre entre estos Señores, que cuando aquello 
así se hacia, el que la tal borla le ponia en la cabeza al 
otro, juntamente con ponérsela, le habia de nombrar 
el nombre, el cual habia de tener de allí adelante. E 
ansí, Viracocha Inca, como le pusiese la borla en la 
cabeza, le dijo: "Yo te nombro para de hoy más te 
"nombren los tuyos é las demás naciones que te fue- 
"ren sujetas, Pac':acutec (c) Tupanqui Capac Indichu- 
"n;" que dice: "Vuelta de tiempo, Rey Yupanqui, 
Hijo del Sol." — El Tupanqui es el alcuña é linaje de 
do ellos son, porque ansí se llamó Manco Capac (¿/), 
que por sobrenombre tenia Tupanqui, 



{a) Sin la palabra supo haría mejor sentido todo este pasaje. 
(¿) Aquí falta lo que el lector adivinará fácilmente, es á saber: Se la 
puso ó la puso ó la colocó en la cabeza de Inca Yupanqui. 
(¿r) Pachucac, en n. orig. 
{d) Llamaban Go capac, en n. orig. 



122 Suma y narración de los Incas. 



É ansí nombrado Inca Yupanqui por rey y Señor, 
en presencia de los que allí estaban, Inca Yupanqui 
mandó que fuese allí traida una olla que fuese usada, 
é que ansí como (a) la hallasen en la casa de do saca- 
sen la tal olla, sin más lavar, sino que ansí como estu- 
viese, se la trujesen; é siendo ansí traida, mandó que 
la inchiesen allí de chicha, ansí sucia como estaba, é 
siendo ansí llena, mandó que la diesen á su padre Vi- 
racocha Inca, al cual mandó que ansí la tomase é ansí 
mismo la bebiese sin dejar en ella cosa [gota?]. 

É visto por Viracocha Inca lo que ansí le era man- 
dado por el nuevo Señor, tomóla, é sin le responder 
cosa ninguna, bebió la tal chicha, é luego que la hubo 
bebido, se abajó é inclinó a él, é le pidió perdón. Al 
cual el nuevo Señor respondió, que él no tenia de que 
perdonarle, que si lo decia por la gente que le habia 
echado para le matar, cuando le habia ido a ver, que 
de aquello él estaba bien satisfecho; que aquello no lo 
habia él hecho sino en nombre de la ciudad del Cuzco 
é de aquellos señores que allí estaban presentes, por 
haber hecho sus cosas como mujer, y pues lo era, que 
no debia él beber sino en semejantes ollas como aque- 
lla en que habia bebido. A todo lo cual el Viracocha 
Inca estaba en el suelo é inclinada la cabeza para él, é 
respondiendo de cuando en cuando á lo que ansí el 
nuevo Señor le decia, chocayun^ que dice: "¡Mi cruel 
padre!'' é ''yo conozco mi pecado" (^). 



(a) Mismo, en n. orig. 

(¿) No acierto con la forma verdadera de chacay un, y dejo á la respon- 



Capítulo XVII. 123 



É luego le hizo levantar é llevóle consigo á su casa, 
donde le aposentó suntuosamente; é luego comieron 
los dos juntos, é de allí adelante procuró el nuevo Se- 
ñor de le hacer toda honra y placer é contentamiento. 

E luego los señores del Cuzco dieron orden en el 
proveimiento que era necesario para las fiestas é sacri- 
ficios é ayunos que el Inca habia de hacer, é la su tal 
mujer que en aquella fiesta habia de rescebir. E siendo 
ansí hecho é proveído, el Inca se metió en un aposen- 
to, cual para aquello era señalado, é su mujer é suegra 
fueron metidas en otro, los cuales estuvieron ayunan- 
do, que no comían sino maíz crudo é beber chicha, 
diez días; é lo mesmo ayunaban los deudos del é della, 
aunque andaban por la ciudad. Mediante los cuales 
días, los señores del Cuzco hicieron muchos y muy 
grandes sacrificios a todos los ídolos y guacas que es- 
taban en torno de la ciudad, en especial en la Casa del 
Sol, do fueron sacrificados gran suma de ganados, 
ovejas, corderos é venados, é de todos los demás 
animales que para aquella fiesta pudieron haber; de 
muy mucha suma de aves, como son águilas, halcones, 
perdices, avestruces, é de todas las demás aves bravas 
que pudieron haber, hasta patos é otras aves domes- 
ticas; é otros muchos animales, tigres, leones, gatos 



sabilidad de Betánzos la traducción de la palabra, que nos parece algo 
libre, si no es que el copista omitió algunas otras que debian acompañarla. 
Chucacayani ó Chocacayani, por virtud de la partícula caya, significa estar 
postrado en tierra de alguna pedrada ó golpe recibido; acaso aquí el golpe 
sea en sentido metafórico. 



124 Suma y narración de los Incas, 



monteses, ecepto zorras, porque con las tales tienen 
odio é mal querencia, que si las ven cuando en estas 
fiestas semejantes están los que ansí entienden en hacer 
estos sacrificios, lo tienen por mal agüero. Ansímesmo 
fueron sacrificados muchos niños y niñas, á los cuales 
enterraban vivos muy bien vestidos é aderezados, los 
cuales enterraban de dos en dos, macho y hembra; é 
con cada dos destos enterraban mucho servicio de oro 
y plata, como eran platos y escudillas y cántaros, 
ollas y vasos para beber, con todos los demás menes- 
teres que un indio casado suele tener, todo lo cual era 
de oro y plata; é ansí enterraban estos niños con todos 
estos ajuares, los cuales eran hijos de cacique y prin- 
cipales. Y mientras estos sacrificios se hacían, todos 
los de la ciudad estaban en grandes fiestas y regocijos 
en la plaza de la ciudad. 

Y estos días pasados, los padres de la moza é los de- 
más deudos iban al Inca llevándole la tal mujer delan- 
te de sí, vestida de ropa fina tejida de oro y plata fina, 
los cuales vestidos iban presos por la parte de arriba y 
junto al pescuezo, con cuatro alfileres de oro de á dos 
palmos de largo cada uno, los cuales suelen pesar dos 
libras de oro; y en la cabeza puesta una cinta de oro 
tan ancha como un dedo pulgar, que casi quiere pare- 
cer corona; é ansímesmo llevaba fajada por la cintura 
una faja tejida con lana fina é oro, en la cual faja iban 
muchas y diversas pinturas. Llevaba por cobertor otra 
manta pequeña, ansímismo tejida de oro y plata fina, 
é de diversas labores, según su uso de vestido; llevaba 
calzados en los pies unos zapatos de oro según su usan- 



Capítulo XV IL 125 

za, las ataduras de los cuales son ansímismo de oro; 
la cual iba muy limpia é peinada é aderezada. E como 
así llegasen do el Inca estaba, los sus padres é deudos 
rogaron al nuevo Señor Pachacuti Inca Yupanqui, 
que tuviese por bien de recebir por mujer la tal su hija 
é deuda; y el nuevo Señor, como viese que era cosa 
que le convenia é á él perteneciente, dijo que la rece- 
bia por la tal mujer; é luego allí mandó á los señores 
del Cuzco que í»llí eran, que la recebiesen por la tal 
su Señora; é luego los padres de la tal Señora le rindie- 
ron gracias, é los señores del Cuzco la recebieron por 
la tal su Señora; a la cual, luego allí se levantó Vira- 
cocha Inca, padre del nuevo Señor, é la abrazó é besó 
en un carrillo, é lo mismo hizo ella á él; y esto hecho, 
la hizo gracia y donación de ciertos pueblos pequeños 
que allí en torno tenia de su patrimonio. Y luego el 
Pachacutec {a) y nuevo Señor abrazó é besó la tal su 
esposa é mujer, é dióla é ofrecióla cien mamaconas, 
mujeres para su servicio; é luego fué llevada de allí á 
las Casas del Sol, la cual hizo allí su sacrificio, y el sol 
la dio, é su mayordomo en su nombre, otras cincuenta 
mamaconas. E salida de allí, é siendo ya en las casas 
del Inca, los señores de la ciudad le fueron a ofrecer 
sus dones, los cuales le sirvieron de mucho servicio de 
oro é plata, como son cántaros de oro y de plata, pe- 
queños é grandes, é platos y escudillas y ollas y vasos 
para su beber, é mucho servicio de yanaconas, que pa- 
saron de más de doscientos. 



{a) Pachaqtil, en n. orig. 



120 Suma y narración de los Incas. 



Y esto ansí hecho, é siendo las fiestas acabadas^ Vi- 
racocha Inca dijo á su hijo que ya era tiempo de se vol- 
ver á su pueblo, porque en las fiestas y regocijos que 
se hablan hecho, [se habia?] tardado tres meses, en el 
cual tiempo él habia estado siempre allí. El Pachacuti 
le dijo que se fuese cada y cuando que quisiese; y sien- 
do proveído por Inca Yupanqui todo lo necesario, ansí 
de bastimento como de todo lo demás de quél tuviese 
necesidad en su pueblo, se partió Viracocha Inca; al 
cual rogó Inca Yupanqui, que siempre que hubiese fies- 
tas en el Cuzco, se viniese hallar en ellas, y él dijo que 
lo haría; el cual, cada y cuando que fiestas habia en la 
ciudad, siempre venia él á hallarse en ellas. El cual Vi- 
racocha Inca, dende á diez años de la coronación de 
Pachacuti Inca Yupanqui, estando en su pueblo del pe- 
ñol llamado Cagua Xaquixahuana (¿2), que es por cima 
del pueblo de Calca, siete leguas de la ciudad del Cuz- 
co, holgándose y regocijándose, enfermó de cierta en- 
fermedad, de la cual, en cuatro meses que enfermó 
este señor Viracocha Inca, murió; el cual murió sien- 
do de edad de ochenta años. 

Al cual, después de muerto. Inca Yupanqui le hon- 
ró muy mucho, haciendo traer su cuerpo en andas bien 
adornado, bien ansí como si fuera vivo, á la ciudad 
del Cuzco, cada é cuando que fiestas habia, haciendo 
honrar y respetar su persona á los señores del Cuzco 
é á los demás caciques, bien ansí como si fuera vivo; 



(a) Caqucaxaxraguana, en n. orig.— V. la nota del cap. VI, pág. 24. 



Capítulo XVII. 127 



delante del cual bulto hacia sacrificar é quemar muchas 
ovejas é corderos, é ropa, é maíz, é coca, é derramar 
muy mucha chicha, diciendo, que el tal bulto comia, é 
que era hijo del sol, é questaba con él en el cielo. E 
hizo hacer muy muchos bultos, y tantos, cuantos Seño- 
res habian sucedido desde Manco Capac hasta su padre 
Viracocha Inca; é ansí hechos, mandó que se hiciesen 
ciertos escaños de madera muy galanamente labrados 
y pintados, en las cuales pintaduras fueron pegadas 
muchas plumas de diversas colores. Y esto ansí hecho, 
mandó este Señor que todos estos bultos fuesen asen- 
tados en los escaños juntamente con el de su padre, a 
los cuales mandó que todos acatasen y reverenciasen 
como á ídolos, é que ansí, les fuesen hechos sacrificios 
como á tales. Los cuales fueron puestos en sus casas, y 
cada y cuando que algunos señores entraban á do el 
Inca estaba, hacían acatamiento al sol, y luego á los 
bultos, y luego entraban á do el Inca estaba y hacían 
lo mismo. 

Para el sacrificio de los cuales bultos señaló y nom- 
bró cierta cantidad de yanaconas é mamaconas^ y dióles 
tierras para en que sembrasen y cojiesen para el ser- 
vicio destos bultos; y ansímismo señaló muchos gana- 
dos para los sacrificios que ansí se le debían hacer; y 
este servicio é tierras y ganados dio é repartió a cada 
bulto por sí, y mandó que se tuviese gran cuidado de 
continuamente, a la noche y á la mañana, de dar de 
comer y beber á estos bultos é sacrificarlos; para lo 
cual mandó é señaló que tuviesen cada uno destos un 
mayordomo de los tales sirvientes que ansí les señaló; 



128 Suma y narración de los Incas, 



é ansímismo mandó á estos mayordomos é á cada uno 
por sí, que luego hiciesen cantares, los cuales canta- 
sen estas mamaconas é yanaconas en los loores de 
los hechos que cada uno destos Señores en sus días 
ansí hizo, los cuales cantares ordinariamente todo tiem- 
po que fiestas hubiese cantasen cada servicio de aque- 
llos por su orden y concierto, comenzando primero el 
tal cantar é historia é loa los de Manco Capac; é que 
ansí, fuesen diciendo las tales mamaconas é servicio, 
cómo los Señores habían sucedido hasta allí, y que 
aquella fuese orden que tuviesen desde allí adelante, 
para que de aquella manera hubiese memoria dellos y 
sus antigüedades. Los cuales yanaconas é servicio Inca 
Yupanqui mandó que tuviesen sus casas é pueblos y 
estancias en los valles y pueblos en torno de la ciudad 
del Cuzco, y que estos y sus descendientes tuviesen 
siempre cuidado de servir aquellos bultos, á quien él 
los habia dado é señalado. Todo lo cual fué ansí hecho 
desde entonces hasta el dia de hoy, que lo hacen oculta 
é secretamente, é algunos público, porque los españo- 
les no entienden lo que es. Y estos tales bultos tienen 
metidos en orones, que son trojes en que acá se echa 
el maíz é la demás comida, y otros en ollas y en tina- 
jas grandes, y en huecos de paredes, y desta manera 
no los pueden topar. 

A los cuales bultos Inca Yupanqui mandó, cuando 
ansí los mandó poner en los escaños, que les fuesen 
puestas en las cabezas unas diademas de plumas muy 
galanas, de las cuales colgaban unas orejeras de oro; y 
esto ansí hecho, mandó que les pusiesen ansímismo en 



Capítulo XVII. Í29 



las frentes, á cada uno destos bultos, unas patenas de 
oro, é que siempre estuviesen dos mamaconas mujeres 
con unas plumas coloradas largas en las manos é ata- 
das unas varas, con las cuales oxeasen las moscas que 
ansí [en] los bultos se sentasen; el servicio de los cua- 
les é que ansí se hiciese á estos (a) bultos, fuese muy 
limpio; é que las mamaconas é yanaconas, cada é cuan- 
do que delante destos bultos pareciesen á les servir y 
reverenciar, é otros cualesquier que fuesen, viniesen 
muy limpios é bien vestidos, é con toda limpieza é re- 
verencia é acatamiento estuviesen delante destos tales 
bultos. E desta manera, hizo este Señor en esto dos 
cosas: la que hizo que sus pasados fuesen tenidos y 
acatados por dioses, é que hubiese memoria dellos; lo 
cual hizo porque entendía que lo mismo se haria del 
después de sus dias. 



(fl) Ciertos, en n. orig. 



1 3o Suma y narración de los Incas, 



CAP, XVIIL — En el cual se contiene cómo Inca 
Yupanqui Pachacuti juntólos suyos, en la cual 
junta les mandó que todos se aderezasen con 
sus armas para cierto dia, porque queria ir á 
buscar tierras é gentes que ganar é conquistar 
é sujetar al dominio é servidumbre de la ciu- 
dad del Cuíco; é cómo salió con toda su gente 
é amigos, é ganó é conquistó muchos pueblos y 
provincias, é de lo que en la tal jornada le 
acaeció d él y á sus capitanes. 



YA que Inca Yupanqui se vido Señor, en la orden y 
manera que ya la historia os ha contado, é que ya 
no tenia que entender en edificio de la ciudad, des- 
pués de se haber holgado con los suyos, mandó que 
todos los señores de la ciudad del Cuzco é los demás 
caciques y principales se juntasen en la plaza, los cua- 
les ansí fueron juntos. E siendo allí todos, díjoles, que 
él tenia noticia en torno de aquella ciudad había mu- 
cha y muy gran cantidad de pueblos y provincias, é 
para él, que tenia fuerzas, que era mal vivir con poco; 
que tenia pensado y ordenado de se partir de aquella 
ciudad de allí en dos meses, a buscar, adquirir y suje- 
tar los tales pueblos y provincias á la ciudad del Cuzco, 
é quitar los nombres que cada señorcillo de los tales 



Capítulo XVIII , i3i 



pueblos é provincias tenían de Capac^ é que no habia 
de haber sino sólo un Capac, y que ese lo era él; y que 
si caso fuese que, andando en la tal conquista, él topase 
algún señor con quien él probase sus fuerzas y le su- 
jetase, que él holgaria de le servir, de lo cual él no te- 
nia temor, porque el sol, como ya vian, era con é); 
para la cual jornada tenia necesidad de cien mili hom- 
bres de guerra, que para aquellos dos meses se los tu- 
viesen juntos en aquella ciudad del Cuzco, con sus ar- 
mas y los demás proveimientos que necesario les fuese 
para la tal jornada. A lo cual le respondieron, que 
ellos estaban prestos de le dar la tal gente y servir con 
ella, y que ansímismo harian con sus personas; que le 
rogaban que consigo los quisiese llevar, é que fuese 
su voluntad de les dar espacio de tres meses, porque 
tenían necesidad de tal tiempo para hacer la tal gente. 
E Pachacuti Inca Yupanqui holgó dello, mandán- 
doles que en sus tierras dejasen todo recaudo de princi- 
pales é mayordomos, los cuales echasen en el rio, cada 
uno de los orejones del Cuzco, ciertos vasos de chi- 
cha, é que ansímismo le diesen los tales orejones otros 
ciertos vasos de chicha, finjendo que bebían con las 
aguas. Porque habrán de saber, que tienen una cos- 
tumbre y manera de buena crianza estos señores é 
todos los demás de toda la tierra, y es, que si un señor 
ó señora va á casa de otro á vísitalle ó á velle, ha de 
llevar tras sí, si es señora, un cántaro de chicha, y en 
llegando á do está aquel señor ó señora á quien va á 
visitar, hace escanciar de su chicha dos vasos, y el 
uno bebe el tal señor que visita y el otro se bebe el tal 



1 32 Suma y narración de los Incas, 

señor que la chicha da; y así beben los dos; y lo mismo 
hace el de la posada, que hace sacar ansímismo otros 
dos vasos de chicha, y da el uno al que ansí le ha ve- 
nido a visitar, y él bebe el otro. Y esto hácese entre 
los que son señores, y esta es la mayor honra que 
entre ellos se usa; y si esto no se hace cuando se visi- 
tan, tiénese por afrentada la persona que ansí va á 
visitar al otro y esta honra no se le hace de dalle á 
beber, y excúsase de no le ir más á ver; y ansímismo 
se tiene por afrentado el que da á beber á otro y no 
lo quiere rescibir. Ansí que, quando este sacrificio 
que habéis oido hacen a las aguas, dicen que beben 
con ellas, que echan un vaso de chicha en el rio y el 
que ansí le echa bébese el otro. 

E ansímismo mandó Inca Yupanqui que, cuando 
este sacrificio se hiciese, fuesen dos señores del Cuz- 
co, yendo el uno por una parte del rio y el otro por 
la otra, los cuales llevasen consigo cada uno por sí 
cada diez indios é los que más quisiese, los cuales in- 
dios llevasen unos palos largos en las manos, para que 
si las tales cosas que fueran sacrificadas en el rio se 
parasen en la agua á vera de los indios, con sus palos 
las echasen al medio, para que las aguas las llevasen; é 
que estos señores que estos indios llevasen para que 
echasen al medio del rio las tales cosas é sacrificios, 
fuesen por las veras del rio treinta leguas el rio abajo, 
porque en parte ninguna no parasen. Y porque vie- 
sen que ya la tierra daba fruto mediante las aguas, 
mandó que fuesen, en aquel mes que este sacrificio se 
hiciese, por toda la tierra, é que para aquel dia señala- 



Capítulo XVIIL i33 

do trujesen [de] todas sus tierras toda la más cantidad 
de comida que en ese tiempo apuntase á sazonar é que 
se pudiese comer, la cual comida se pusiese enmedio 
de la plaza del Cuzco, é de allí fuese repartida en toda 
la ciudad, para que el común entendiese que, median- 
te el sacrificio que ansí a las aguas se hacia é median- 
te ellas, la tierra daba frutos de que todos participaban 
é se sustentaban. La cual fiesta se mandó hacer por 
este Señor en este mes que ya habéis oido, siendo de- 
mediado á la luna llena; y en este mes que ya habéis 
oido se hiciese, la tal fiesta é sacrificio duraba cuatro 
días. E al mes de octubre nombró este señor Ornar ai- 
miqíiis (a). En este mes no constituyó que se hiciese 
ninguna fiesta en la ciudad, sino fuese la de Oma, en 
su pueblo, que es legua y media de la ciudad; a los 
cuales hÍ3o merced y á los Ayarmacas, y á los Qui- 
vios [Quizcos], y á los Tambos que se pudiesen oradar 
las orejas, con tal que no se cortasen los cabellos, por- 
que se conociesen que eran subditos del Cuzco; por- 
que los orejones del, [que] eran los señores y los que lo 
hablan de ser en toda la tierra, tenian tusado el cabe- 
llo y aguzadas las cabezas para arriba, por la cual 
señal hablan de ser conocidos por toda la tierra cada y 
cuando que del Cuzco saliesen é por ella pasasen. Al 
mes de noviembre llamó este Señor Cantarayquis (b). 
En este mes comienza á hacer la chicha que han de 



{a) Omarimequis, en n. orig. 
(¿) Cataraquis, en n. orig. 



1 34 Suma y narración de los Incas. 



beber en el mes de diciembre y enero, do comienza el 
año, Y l^acen la fiesta de los orejones, según que la 
historia os ha contado. 

A los cuales meses Inca Yupanqui nombró en la 
manera que ya habéis oido, y diciendo á estos señores 
que cadal mes destos tenia treinta dias, y que el año 
tenia trescientos y sesenta; y porque andando el tiempo 
no perdiesen la cuenta de estos meses y los tiempos 
que habia de sembrar y hacer las fiestas, que ya les 
habia dicho que habia hecho aquellos pachaunanchac^ 
que dice relojes, los cuales habia hecho en estos diez 
dias que se tardó en no les querer declarar lo que ya 
habéis oido; los cuales relojes es desta manera: Que 
todas las mañanas é tardes miraba el sol en todos los 
meses del año mirando los tiempos del sembrar y cojer, 
y ansímismo cuando el sol se ponia; y ansímismo mi- 
raba la luna cuando era nueva é llena é menguante; 
los cuales relojes hacia hacer encima de los cerros más 
altos a la parte do el sol salia y a la parte donde se 
pone 



Aquí termina bruscamente la copia manuscrita de 
que me sirvo, y esta sensible circunstancia, sobre pri- 
varnos del resto de la Suma y narración de los Incas, me 
impide a mí poner en su propio lugar una extensa nota 
sobre los meses peruanos; pues, poco seguro de haber 
restituido a sus nombres la forma que tenían en el 



Capitulo XVIIL 1 35 

original, quiero suplir el defecto con la serie compa- 
rativa de las variantes con que los hallo escritos en 
los tratados que he podido consultar. Vaya por consi- 
guiente la nota, ya que no en su sitio, á modo de aña- 
dido ó apéndice postrero. 

No todos los autores están conformes en el mes que 
era cabeza de año, y así, pongo al lado de cada nombre 
de los doce nuestros, el número ordinal correspon- 
diente en el año de los Incas. 



JUAN DE BETANZOS. 



3 

4 

5 
6 

7 
8 

9 

lO 

11 

12 
I 



" — Enero Cóyquis [Coyáquis?]. 

° — Febrero Ccollappoccóyquis. 

*" — Marzo Paghappoccóyquis. 

** — Abril Ayrihuáquis. 

' — Mayo Aymoráiquis quilla. 

" — Junio Hátun Cosqui quíllan. 

■' — Julio Cahuárquis. 

^ — Agosto Capacsíquis. 

^ — Setiembre... Cituáyquis. 

^ — Octubre Omaraymíquis. 

° — Noviembre. Cantaráyquis. 

^ Diciembre.. Puccuyquillaimi [Pugguyqui- 

LLA RAIMI?]. 



1 36 Suma y narración de los Incas. 
DIEGO FERNÁNDEZ DE FALENCIA. 

(Historia del Perú.) 

8. ' — Enero Pura Opiáyquiz. 

9.^— Febrero Cag Máyquiz. 

10.^ Marzo Pauca Ruaráyquiz [PAucar 

Uaráyquiz]. 

ii.*" — Abril Ariguáquiz. 

12.*^ — Mayo Aymuráyquiz. 

i.*^ — Junio ÁUCAY CUXQUI. 

2.^ — Julio Chaguar Uáyques. 

3.° Agosto....... ClTUÁQUIZ. 

4.^ — Setiembre. . . Puzquáyquiz. 

5.^ Octubre CaNTARÁYQUIZ. (Aunque Fernández no 

explica este nombre, viene de cantaray, una 
manera de hacer la chicha que se consumía 
en la gran fiesta de Capac Raimi. Así lo dice 
el P. Molina ) 

6.^ — Noviembre. I.ayméquiz [Raymíquiz]. 
7.^ — Diciembre.. Camáyquiz. 

P. CRISTÓBAL DE MOLINA. 

(Fábulas y ritos de los Incas.) 

9-*^ — Enero Atún pucuy. 

10.^ — Febrero Pacha pucu. 

ii.""— Marzo Páucar huara. 



Capítulo XVIIL 1 37 



12."- 


-Abril 


Ayrihuay. 


I."- 


-Mayo 


Haucay llusqui. 


2."- 


—Junio 


Gahuay ó Chahuarhuay. 


3.^- 


-Julio 


Morón Passa ó Tarpuiquilla. 


4.^- 


—Agosto 


Coya raymi. 


^^- 


—Setiembre... 


Omac raymi. 


6.^- 


-Octubre 


Ayarmaca raymi. 


7.'- 


—Noviembre. 


Capac raymi. 


8."- 


-Diciembre. . 


Camay quilla. 




P. JUAN DE VELASCO. 






(Historia de Quito.) 


2.'^- 


—Enero 


UcHUG pucuY Ó Colla pucuy. 


3-'- 


-Febrero 


Átun pucuy. 


4.^- 


-Marzo 


PÁUCAR HUÁTAY. (Velasco dice que 



debe escribirse htiatay y no huarny, porque 
según él, este mes ataba la primavera con 
el resto del año Pero todos los demás es- 
critores están conformes en que es huaray, 
á causa del huarachicuy , ó fiesta de los 
huaros, pañetes, zaragüelles ó calzoncillos, 
que en dicho mes se celebraba.) 

5.*^ — Abril Ayrihua. 

6."^ — Mayo Aymuray, Cusqui. 

y."" — Junio Inti Raimi. 

9.**— Julio Anta Citua. 

9.*^ — Agosto Capac Citua. 

10.^ — Setiembre... Uma Raimi, Coya Raimi. (ei 

nombre de Uma Raimi lo hace derivar de 



I 38 Suma y narración de los Incas. 



urna, cabeza, encabezamiento; suponiendo, 
sin razón ni prueba alguna, que en ese mes 
se hacia uno de todo el imperio. Betánzos 
y el P. Molina convienen en que setiembre 
se llamaba así por los Ornas ó Urnas, pueblo 
de los cercanos al Cuzco, cuya fiesta prin- 
cipal, adoptada ó consentida por los incas, 
se celebraba por aquel tiempo del año, y 
consistía también en ponerse las huaras, 
bragas ó zaragüelles.) 

I I <^ Octubre AyARMACA. (Derívalo de aya, muerto, y 

asegura que en él se celebraba la Conme- 
moración de los Difuntos; pero viene del 
nombre de otro pueblo de los alrededores 
del Cuzco, Ayarmaca, que tenia su fiesta en 
este mes; la cual estaba en el mismo caso 
que la de los Ornas. El P. Molina lo dice 
así expresamente.) 

12.^ — Noviembre. Capac Raimi. 
i.^ — Diciembre.. Raimi. 



MARIANO E. DE RIVERO Y DIEGO TSCHUDI. 

(Antigüedades peruanas.) 

Comienzan estos autores el capítulo de los meses 
peruanos con las siguientes palabras: 

"Seguimos la etimología derivada de la lengua qui- 
chua; mas, como hay otra cuyo origen es menos claro, 
no siendo quichua pero ni perteneciente a otra lengua 
vecina, hemos creído conveniente citar al fin de cada 
mes estos nombres particulares." — Los cuales, en 
verdad sea dicho, son los mismos que da Fernández 



Capitulo XV IIL I 39 



de Falencia, copiados tan a la letra, que no se salvan 
muchos de sus evidentes errores de ortografía ó de 
impresión. Por lo demás, en la mayor parte de ellos 
no hay de extraño á la lengua quichua más que la ter- 
minación quis ó quiz'^ sus raíces se descubren en algu- 
nos fácilmente y pueden encontrarse, teniendo la prác- 
tica que yo no tengo, en los vocabularios de aquel 
idioma. 

Más adelante añaden los señores Ribero y Tschudi 
^'que los incas contaban los meses desde el 20, 21 ó 
22, según el solsticio, hasta el mismo dia del mes si- 
guiente; de modo que el mes que llamamos Raymi, in- 
cluye 21 dias de enero." De aquí el que en los autores 
que antes copio, por no tomar algunos en cuenta esta 
circunstancia, se vea corresponder dos meses de los 
nuestros inmediatos con uno determinado de los in- 
cas; por ejemplo: Collappoccóyquis es febrero para Be- 
tánzos, y enero para Velasco, y para el P. Mossi 
(Dic. de la lengua quichua); Umaraymi^ octubre para 
Betánzos y setiembre para el P. Molina; Aucay Cuxqui, 
Hátun Cosqui quillan , Haucay Llusqui ó Cusqui, junio 
para Betánzos y Fernández de Palencia, y mayo para 
el P. Molina y el P. Juan de Velasco, etc. 

La tabla de los meses según Ribero y Tschudi, es 
como sigue: 

2.*^ — Enero Húchhuy - póccoy. — Fura 

Opiáyquiz. 
3.^ — Febrero Hátun - póccoy. — Cac MAy- 

QUIZ. 



140 Suma y narración de los Incas, 

4.^ — Marzo Páucar-huátay, Páucar huá- 

RAY. — Pagar {así) Ruará- 

QUIZ. 

5/' — Abril Ayríhuay. — Arihuáquiz. 

6 .^ — Mayo Aymuray. — Aymuráyquiz. 

y.*' — Junio Inti-Raymi. — Aucay Cuxqui. 

8.^ — Julio Anta Asitua. — Chahuar 

HuÁYQUIZ. 

9.'' — Agosto Capac Asitua, Yapay (?) Asi- 
tua. — CituAquiz. 
10.*^ — Setiembre... Umu-Raymi, Coya-Raymi. — 

PUZCUÁYQUIZ. 

II.'' — Octubre Aya-marca ó Ayar-maca. — 

Cantará YQUIZ. (En concepto de 
los señores Rivero y Tschudi debe ser Aya 
marca, de aya "muerto" y maca, "llevar en 
brazos.") 

1 1."" — Noviembre. Capac-Raymi. — Laiméquiz. 
I .*^ — Diciembre. . Raymi. — Camáiouiz. 




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